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Full text of "Algunas obras del doctor Francisco Lopez de Villalobos"

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HARVARD 
COLLEGE 
LIBRARY 



r 



ALGUNAS OBRAS 



PEL OOCTOH 



FRANCISCO LÓPEZ DE VILLALOBOS. 



1 



Imprenu 4t Miguil Giniita, Cunpoman«t, 8. 



u 

a 



ALGUNAS OBRAS,, 



DEL DOCTOR 



FRANCISCO LÓPEZ DE VILLALOBOS. 

publIcalai 
LA SOCIEDAD Vi?, BIBLIÓFILOS ESPAÑOLES. 




MAOHll) 
MDCCCLXXXVI 



HARVARD COLLEGE LfBRARY 

FROM THE LIBRARY OF 

FERNANDO PALHA 

DECEMBER 3, 1928 



NOm. 



244. 



Sr. D. Fernando Palhii 



PRÓLOGO. 



rf»»»»»»^»^^» 



I. 



NACIMIENTO, PATRIA, ORÍOEN Y FAMILIA 

D£ VILLALOBOS. 



El cuidado de esta edición de las obras inéditas y raras 
de Villalobos no debió correr á cargo de quien esto escribe, 
sino del Sr. D. Bonifacio Montejo y Robledo, de buena 
memoria, que había consagrado al estudio de Villalobos lar- 
gos y sin duda fructíferos trabajos; pero después de aceptar 
el encargo de nuestra sociedad, sintió escrúpulos de incom- 
petencia, porque el Sr. Montejo habia estudiado á Villalobos 
como médico, y más especialmente como sifilógrafo, y para 
la obra que iba á publicarse era lo principal estudiarlo como 
literato y aun como poeta; no sé por qué creyeron mis 
compañeros que yo sería á propósito para desempeñar este 
encargo, pues no paso de ser un mero aficionado, así á las 
ciencias déla vida, como á la amena literatura: no pude, 
á pesar de mis reparos, lograr que me excusaran de este 
trabajo, y otros muchos que sobre mí han cargado en los 



— 2 — 

Últimos años, han sido parte para que se retrase más de lo 
justo la publicación de este volumen de nuestra colección, 
del cual vá á poderse decir con mucha razón, por las que 
ya dejo apuntadas, que ha salido á luz t tarde y con daño.t 

Ni siquiera he podido, para compensar en algo tales 
inconvenientes, consagrar al desempeño de mi tarea el 
tiempo y la paciencia que hubieran sido menester, porque el 
asunto, si no se reduc^ á la mera impresión del manuscrito 
copiado del que existe en el Museo Británico, se presta, ó, 
por mejor decir, convida á largas investigaciones y á comen- 
tarios muy extensos; pues Villalobos ocupó lugar muy á 
propósito en la Corte para conocerla y dárnosla á conocer 
en época tan interesante y gloriosa para España como fueron 
los reinados de los señores Reyes Católicos D. Fernando y 
D.* Isabel, y de su insigne nieto el Emperador Carlos V. 
Además, la vida del famoso médico despierta grandísima 
curiosidad que no satisfacen las breves noticias de Morejon 
y de Chinchilla, las que dan. en su traducción de Ticknor 
los Sres. Vedia y Gayangos, ni las más extensas que se con- 
tienen en la obra que consagró á Villalobos el Dr. Jorge 
Gaskoin (i), gracias á los datos que generosamente le pro- 
porcionó el Dr. Montejo. 

Felizmente las cartas halladas en el Museo Británico y 
las latinas que están al fin de las Congrestones, hasta ahora 
no estudiadas, dan gran luz sobre Villalobos; y si á tales 
elementos, y á otros que he logrado allegar, se uniera la habi- 
lidad de que carezco, se podria dar á conocer á nuestro céle- 
bre físico con tanta exactitud como á un personaje contem- 
poráneo. 

Es ya sabido que Villalobos no nació en Toledo, como 
dijo Nicolás Antonio; y aunque no de una manera directa, 
muchos indicios demuestran que vio la primera luz en la 
provincia de Zamora , en tierra de Benavente , y casi con 
seguridad en el pueblo de Villalobos, de que tomó el ape- 
llido, que unió al de López, patronímico de su familia. 



(i) Tlie medical works of Francisco Lope^ de Villalobos. The 
celebrated court physician ofSpain^ efe— London, MDCCCLXX. 



— 3 — 

En efecto, en una de las primeras coplas del Sumario de 
Medicina, hecho por mandado del segundo Marqués de 
Astorga, dice Villalobos dirigiéndose á este magnate: 

«Aun hasta en los ñsicos ay tal concierto, 
que son de su casa por línea y suceso. 
Mi agüelo del suyo fué ñsico experto. 
Mi padre del suyo, y aun suyo es por cierto; 
^o estoy reservado á seguir tal proceso.» 

El segundo Marqués de Astorga, D. Pedro Alvarez 
Ossorio, era además tercer Conde de Trastamara y señor y 
Conde de Villalabos, el señorío de este último pueblo era 
muy antiguo en su casa, y por tanto es verosímil que tuvie- 
ran la suya en él los antecesores de Villalobos, físicos de 
aquellos señores , y que, según costumbre de Castilla, para 
distinguirse de los muchos que en ella tenian y usaban el 
patronímico de López, añadirían que eran del lugar de 
Villalobos. 

Confirma estos indicios, hasta el punto de producir el 
más completo y racional convencimiento, lo que dice Villa- 
lobos en la carta (i) de i5 de Octubre de iSio, dirigida á 
D. Cosme (ó D. Gómez) de Toledo, Obispo de Plasencia; 
lamentándose de haber dado oidos á la ambición, exclama: 
«¡Desdichado de mí, que si todas estas cosas hubiera reflexio- 
nado atentamente, ni traspasara soberbio el umbral paterno, 
ni hubiera rechazado desdeñoso la honra alcanzada por mi 
padre. Era éste médico en su tiempo no poco reputado, 
habitaba constantemente en reducida aldea, no pasando 
nunca de segura y feliz medianía. Hizo vida frugalísima, 
conservando hasta su término el ánimo sereno, el espíritu 
tranquilo, y encerrado entre las paredes de su pequeña 
morada, ni temia los tiros de la suerte, ni le espantaban las 
maquinaciones de los hombres. Constantemente siguió tan 
cuerda conducta, que si hubiera presenciado en imagen el 
fin del mundo, hubiera permanecido tranquilo con su acos- 



tó Esta carta es la X de las que están al fin de las Congresiones. 



— 4 — 

tumbrada sonrisa en los labios. Pasó al cabo de esta vida sin 
darnos muestra alguna de pesar, y fué á poseer el Reino 
que por la infinita misericordia de nuestro Redentor le 
estaba reservado. Su muerte me arrancará lágrimas mientras 
viviere.! 

De este bello retrato que hace de su padre Villalobos se 
deduce la condición modesta y feliz de su familia, y si vivió 
siempre en pequeña aldea, como lo era y todavía lo es el 
lugar que dio su nombre á nuestro físico y á sus predeceso- 
res y sucesores, es claro que no pudo menos de ver en él la 
luz primera. Todavía se infiere con más claridad que no era 
del Reino de Toledo, sino de Castilla la Vieja, de la siguiente 
digresión que se lee al principio del diálogo de las fiebres 
interpoladas que mandó añadir á los Problemas D. Esteban 
de Almeida, Obispo de Astorga: he aquí las palabras de 
Villalobos, que no necesitan comentario: 

tYo trabajaré aquí en declarar y allanar esta materia por 
el más claro lenguaje castellano que yo pueda, y no será el 
de Toledo, aunque allí presumen que su habla es el dechado 
de Castilla, y tienen mucha ocasión de pensarlo así por la 
gran nobleza de caualleros y damas que allí viuen. Mas deuen 
considerar que en todas las nasciones del mundo la habla del 
arte es la mejor de todas. Y en Castilla los curiales no dicen 
«hacien» por thacian.» ni «comien» por «comian,» y assí 
en todos los otros verbos que son de esta conjugación; ni 
dicen «albaceha,» ni «atmutacen,» ni «atayforico» (i), ni otras 
palabras moriscas con que los toledanos ensucian y ofuscan la 
polideza y claridad de la lengua castellana. Esta digression 
he hecho aquí, aunque es fuera de propósito, porque las 
damas de Toledo no nos tengan de aquí adelante por 
gofios. • 

El año del nacimiento de nuestro médico lo determinó 
con exactitud el Dr. Montejo, deduciéndolo de la carta 
latina (2) dirigida al Dr. Gonzalo de Moros el 22 de Abril 



(1) Diminutivo de ataifor, escudilla de cobre. Véase Dozy, Gtosaair^ 
des mots espaf^noh et portugais derivé de V árabe, pág. 309. 

(2) Es la 111 de las que van al fín de las Congresiones. 



— 5 — 

de 1 507, en la que dice, vertidas las palabras al castellano: 
«Perdone quienquiera que él sea las injurias, y en cuanto 
á mí, si Dios me tiene de su mano y la suerte no se ensaña 
conmigo, el que de mí nació jamás será médico, á no eman- 
ciparse de mi potestad ó mientras la Parca no corte el hilo 
de mi vida, que hasta ahora sólo deja á las espaldas treinta 
y tres años.» Si el de iSoy tenia treinta y tres años Villa- 
lobos, es claro que nació de 1473 á 1474. Esta fecha se con- 
firma con otras indicaciones del mismo Villalobos, así, por 
ejemplo, en las coplas dirigidas desde Zafra al Almirante en 
10 de Mayo de i525, dice': 

•Cincuenta años he remado 
con vientos y vanidades.» 

No se necesita ser muy aritmético para deducir que si 
habia vivido ya cincuenta años el de i525, debió nacer 
Villalobos, lo más tarde, en 1473, como antes se dice. 

Aunque hasta ahora nadie lo habia indicado, resulta evi- 
dente del más somero estudio de las obras de Villalobos, que 
éste era de familia de judíos, y es de presumir que lo fué él 
mismo, pues le llaman, y él se reconoce, confeso; es decir, 
que habia profesado la religión mosaica. Nadie ignora que 
en España, durante la Edad Media especialmente, era la 
Medicina una de las profesiones que con mayor predilección 
ejercian los judíos; y también es cosa sabida que en muchos 
casos, los que pertenecian á esta raza, si bien cristianos en 
la apariencia, continuaban en secreto fieles á su antigua reli- 
gión; y esto fué mucho más general que antes, después de 
decretada la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos, 
siendo posible que la familia de Villalobos, y aun él mismo, 
no se convirtieran hasta después de aquel suceso. Las prue- 
bas de que Villalobos era judío son tantas, que sería muy 
prolijo aducirlas todas: en la carta dirigida á Jufre desde 
Madrid el 18 de Marzo de i5i8, dice: «Muchos golpes crue- 
les me diste y con ninguno me sacaste sangre sino cuando 
me la descubriste. « En otra carta dirigida al Condestable de 

Castilla el 25 de Noviembre del mismo año, dice: t que 

yo no puedo negar á V. S. esta maldita naturaleza que 



— 6 — 

saqué de su tierra, y tan sucia, que no la he podido lavar 
con todo el Jordán y el Spíritu Santo encima del, porque no 
me vino á mí en figura de paloma como al Conde de Haro 
y á los otros samaritanos de su linaje.» Pero todavía resulta 
esta circunstancia más clara en las coplas que dirigió el 
Almirante á Villalobos cuando éste se retiró de la Corte 
en i32S, en las cuales, por hallarse cerca de Córdoba, 
le dice: 

«He mucho temor que os toque 
la influencia del Lucero. • 

A lo que contestó Villalobos desde Zafra el lo de Mayo 
del mismo año de i525: 

«Y si Lucero en Judea 
las doce tribus juzgare, 
Lusitania nos ampare, 
provincia de Galilea.» 

La persecución del inquisidor Lucero en Córdoba contra 
los judaizantes es famosa, y de ella trata con extensión don 
Juan Antonio Llórente en su Historia de la Inquisición, 
y es, además, sabido que con motivo de aquellos sucesos se 
refugiaron en Portugal muchos judíos de Castilla. Como 
Villalobos al salir de la Corte se fué á las tierras del Marqués 
de Priego, cerca de Córdoba, el Almirante amenaza entre 
veras y burlas á Villalobos con la persecución del cruel 
inquisidor, á quien por sus hechos pusieron el apodo de 
Tenebrero. El mismo Almirante , en otra poesía dirigida á 
Villalobos, y aludiendo á que su linaje habia sido causa de 
que sufriera el desaire que le determinó á abandonar la 
Corte , dice : 

•Y pues de vuestro linaje 
os ha nacido el ultraje 
sabiendo más que Avicena, 
mientras la casa se ordena 
le deueis servir de paje.» 



— 7 — 
A lo cual contestó con harta razón Villalobos: 

•Si el físico se tomase 
para hacer generación , 
era muy justa razón 
que el linaje se mirase.» 

Se ha dicho antes que Villalobos consintió el calificativo 
de confeso, y en prueba de ello véase lo que en los versos 
del Almirante^ citados antes, dice este magnate: 

«Que si temió que un gran precio, 
según escribe Voecio, 
hará al confeso errar. » 

A esto sólo contesta Villalobos lo siguiente: 

«Nunca hizo en sus ovejas 
apartamiento el Señor; 
esto digo al confesor 
si cupo en estas consejas, 
y si hubo allá memoria 
de traiciones perentorias, 
jamás en nuestro servicio, 
fué hallado aqueste vicio; 
busquen todas sus historias.» 

La calidad y origen judío de Villalobos, aunque le pro- 
dujera algunos inconvenientes^ no dejó de tener para él 
grandes ventajas, porque los de esta raza emparentaron, espe- 
cialmente por las mujeres, con los magnates más esclarecidos 
de Castilla, y quizá esto explique el favor que desde muy 
joven alcanzó en la Corte el famoso médico, que presumía 
ser pariente de ellos: en una carta dirigida al Duque de 
Nájera, que aunque no tiene fecha, por su contexto parece 
ser de fines de i532 ó principios del año siguiente; hablando 
déla hija de este personaje, dice: «La Sra. D.^ Guiomar 
(Dios me la guarde, porque es honra de iodo nuestro linaje. 



— 8 — 

está muy buena, etc.;» y en otra carta al mismo Duque, y 
hablándole también de su hija, se expresa en estos términos: 
«Y volviendo al tema de vuestra muy cuerda y muy devota 
epístola, digo que yo estaba con gran recelo que la señora 
D.' Guiomar habia de venir tan bo^al dessas montañas, que 
en todo lo que hiciese y dixese nos habia de poner en ver- 
güenza, y es cierto que el dia primero que entró en Palacio 
fué luz y espejo de todo vuestro linaje, porque allende de 
ser tan gentil dama como la que más lo es, se supo también 
tratar con las otras damas y con la Emperatriz, y tan medida 
en el callar y en el hablar, y todo ello con tan buena autori- 
dad y gracia, que todos echamos mil bendiciones al vientre 
en que anduvo, que á éste sólo se deben dar las gracias 
mucho más que al padre que la engendró, porque si algún 
bien saliese de vuestra casa, d nosotros se debe, que somos 
genus electum regale sacerdotium, y no á vosotros los 
Manriques, quia pars diaboli estis. Perdóneme mi señor el 
Inquisidor mayor si le hago polvo, que otro dia me hará 
él á mí humo. En lo que toca á la salud de esta señora mi 
sobrina, etc.» 

En una de las cartas latinas puestas al fin de las Congre- 
siones dá noticia Villalobos de haber sido acusado y preso 
porque sus émulos atribulan á hechicerías y á sortilegios 
su favor en la ^Córte, y no es muy aventurado suponer, en 
vista de lo que en la carta de que se han copiado algunos 
conceptos dice del Inquisidor, que fué su orígen judío la 
causa de la persecución que sufrió. De todos modos es curioso 
é interesante el contenido de esta carta latina, porque dá 
noticia de un grave incidente de su vida, de que hasta ahora 
no habia hablado ninguno de sus biógrafos; hé aquí sus 
palabras: 

«De ninguno de estos avisos me curé, yo el más insensato 
de los hombres; antes, enredado en los lazos del engañoso 
mundo, no me aparté de la vía de perdición en que los malos 
reciben castigo y por donde caminan á los infiernos. Así que, 
hinchado de vanidad por mi calidad de cortesano y médico 
del Rey, ofrecíme al ludibrio de la plebe, que me señalaba 
con el dedo. Todavía esta misera condición despertó la en- 



— 9 — 

▼idia en el pecho de hombres por demás miserables y necios 
que me llamaron mago conocedor de filtros jr maleficios, 
cual si de airo modo me hubiera sido imposible alcanzar 
tan alto grado de fortuna. De aquí surgió la sospecha, j^ 
llegando la vof d los sagrados oidos de los inquisidores^ 
fui presoy tenido en estrechísima cárcel con gran dolor de 
mi amada mujer y lástima de mis amigos, por donde toda 
mi gloria quedó reducida á polvo y se convirtió en afrenta 
tan de repente que apenas se pudiera creer. Entre el vulgo 
corrian sobre mí muchos y variados juicios. — tTiene el diablo 
en el cuerpo y lleva un familiar en el anillo,» decian unos. — 
tNo, replicaban otros, sino que es charlatán y hechicero, que 
por medio de ciertos pactos y contratos con los demonios, 
engaña á los demás y gana sus voluntades.» — Estos afirmaban 
que era adivino y presagiaba lo futuro é interpretaba los 
oráculos milagrosamente escritos, y no eran pocos los que 
aseguraban que era dueño de ligar y desligar y de hacer 
que las mujeres acudiesen de noche contra su voluntad á mi 
llamamiento. Estas y otras muchas cosas de este jaez se propa- 
laban entre las gentes mientras yo seguia encarcelado. Seria 
largo y enojoso referir el laberinto de cuidados, las tristezas 
y tenebrosos espantos de aquella horrible soledad, sólo cono- 
cida de los que la han sufrido. Mas dejando atrás esto, pues 
la mente se me resiste á examinar tales sinsabores, digo que 
al cabo de ochenta dias, por misericordia de Dios y patro- 
cinio de la verdad, salí de la cárcel libre y con honra.» 

Estas pruebas y otras muchas que fácilmente se encon- 
trarán examinando las obras de Villalobos y entre todas sus 
cartas castellanas y latinas, demuestran el origen judío del 
insigne doctor, circunstancia que, si le produjo contrarieda- 
des y grandes amarguras, fué origen de sus relaciones con los 
magnates de Castilla, lo cual, juntamente con su extraordi- 
nario mérito, le elevó, joven todavía, al codiciado puesto de 
médico del Rey Católico D. Fernando, á quien asistió, como 
se verá luego, hasta su último suspiro. 



— lO — 



II 



ESTUDIOS DE VILLALOBOS. — SUS PRIMERAS OBRAS. 



Sin duda las relaciones de su familia proporcionaron á 
Villalobos la protección de los Grandes^ en especial la del 
Marqués de Astorga, pues, como vá dicho y resulta de 
una de las primeras coplas del Sumario de Medicina, los 
antecesores de Villalobos fueron médicos de los del Mar- 
qués, y aquéllos, según la cláusula del testamento de Juan 
Alvarez Osorio, señor de Villalobos y Castroverde, otor- 
gado en este último lugar á 25 de Agosto de 1477. que 
insertó el Sr. Gástelo y Serra en su discurso inaugural de la 
Academia de Medicina del año de 1868, solian costear los 
estudios de algunos jóvenes en la insigne Universidad de 
Salamanca. 

En ella estudió también Villalobos, pues asi lo declara 
en el Sumario, donde se llama ^estudiante en el estudio 
de Salamanca;! y por los antecedentes expuestos y por el 
elogio que hace del Marqués de Astorga en dicha obra, 
es de inferir que allí viviese á expensas de este magnate, 
del que dice: 

«Que en ver yo un Señor y de tanta escelencia 
Mandarme una cosa por grave que sea, 
La gruesa rudeza se torna en sapiencia, 
La crvda pereza en muy gran diligencia, 
Y el muy pervertido querer ya desea. 
Por quél, del mayor y mejor Rey cristiano 
Es su carnal primo, segund que sauemos; 



— II — 



Aqueste es Osorio que ha puesto la mano 
Contra hombres y diablos y todo tirano, 
Y nunca sus armas sin sangre las vemos. 



Bien basta que mire el que quiere sus daños 
Para que le otorgue la mas alta ley, 
Que siendo niñito de solos doce años 
Con sus lobos vino arramando rebaños 
Armado en servicio de su propio Rey. 
Y tal daño dieron al otro pastor 
Que entraba á hurtar en los hatos ágenos, 
Que no siendo injusto al estoriador, 
Dirá maravillas de aqueste Señor 
Por este y por otros mil hechos tan buenos.» 

En efecto, D. Pedro Alvarez Osorio, segundo Marqués 
de Astorga y tercero de Trastamara, era hijo de D.* Leonor 
Enriquez, hermana de D.^ Juana Enriquez, madre del Rey 
Católico, y sucedió en esta casa á su padre el primer Mar- 
qués de Astorga, de edad de doce años, «á tiempo que suce- 
dió la muerte del Rey don Henrique Quarto, que fué causa- 
dora de grandes guerras y diferencias entre los Reynos de 
Castilla y Portugal sobre la sucesión de ellos, diuidiéndose 
los caualleros dellos en grandes bandos y parcialidades, acu- 
diendo el Marqués á la parte y servicio de los Reyes Católicos 
don Fernando y doña Isabel, juntando en sus tierras buen 
número de hombres de armas y ginetes con más de dos mil 
infantes, en edad tan floreciente, que sólo tenia catorce años, 
y se fué con ellos al real que estaua sobre Toro, donde se 
hallaua este Católico Príncipe, del cual fué graciosamente 
recibido, agradeciéndole mucho el servicio que le hacía en 
tal ocasión, donde dentro de pocos dias se dio la batalla. 
Y escriben los que tratan destas materias, que el escuadrón 
que primero arremetió fué el de la gente del Marqués, por ser 
el mayor, juntándose luego con el del Duque de Alúa; ambos 
dieron en el cuerpo de la batalla de los Portugueses, que los 
desbarataron, vencieron y ganaron la honra desta victoria, y 



>■ 



12 — 

el Marqués quedó, aunque de tierna edad, engolosinado del 
gusto deste suceso, que no quería quitarse las armas para 
comer ni dormir, hasta que el Rey le dijo que ya no eran 
menester, que las guardase para otra ocasión; y así, en todas 
las que adelante se ofrecieron para la pacificación de los 
Reynos contra Moros, y en otras, se halló el Marqués, siempre 
con su gente y persona, y últimamente en las del Rey no de 
Granada, donde tuvo felicísimos sucesos.» Esto dice López 
de Haro en su Nobiliario^ y aunque el cronista Pulgar cuenta 
de modo muy diferente el suceso de la batalla de Toro, con- 
viene en que á ella asistió «D. García de Osorio con la gente 
del Marqués de Astorga, su sobrino» (i), y debe darse fé á 
las coplas del Sumario, cuyo sentido resulta claro con estas 
indicaciones, sirviendo para comprobar el curioso hecho his- 
tórico á que en ellas se alude. 

De la extensión y aprovechamiento de los estudios de 
Villalobos dan amplísimas pruebas sus obras, en las que 
demuestra que era consumado humanista y que se dedicó 
también á la filosofía, revelándose en todos sus escritos la 
gran importancia que daba á esta ciencia y el conocimiento 
profundo que tenía de las doctrinas de Aristóteles, algunas 
de cuyas obras tradujo y comentó, según él mismo declara, 
como luego veremos. Con tal preparación escribió su Suma- 
rio de Medicina, que publicó cuando apenas contaba veinti- 
cuatro años, en el de 1498, y, como se sabe, en este libro iban 
inclusas las Coplas sobre las pestíferas buvas, que dan 
señaladísimo lugar á Villalobos en la historia de la Medicina. 
En este mismo año la ejercia ya en Zamora, según clara- 
mente resulta de la carta latina fechada en esta ciudad á 16 
de Agosto y dirigida á su padre en respuesta á la que éste le 
escribió dándole consejos sobre el ejercicio de su profesión, 
y de esa misma carta aparece que ya en aquel año estaba 
casado, pues habiéndole recomendado su padre la castidad 
como una de las virtudes que deben resplandecer en el médico 
que practica su arte, le contesta con el espíritu burlón que 



(1) Crónica de los Reyes Católicos. Valencia; Moníbrte, pá^ 86. 



— i3 — 

reina en machos de sus escritos: •Secundum utique probo. 
Domine me castissime vivere necessitas ipsa cogiu Mulier 
enim quam dedisti mihi adolecentulam etformosam radU 
calem totum divellit humorem tU nihil reliquet distribuen- 
dum sumpsiL Et nunc Francisce fornicare si potest, qui 
adtic, hercule, domi non suficiens, si fas esset collega tibi 
explorandum erat.r^ 

Aunque la primera carta latina dirigida al Dr. Gonzalo 
de Moros en el año de iSoí no expresa el lugar en que fué 
escrita, es racional suponer que aquel año tenia Villalobos 
todavía su domicilio habitual en Zamora, y que allí, además 
del ejercicio de su profesión, se dedicaba á los estudios que 
ya le debiah haber conquistado justo renombre entre físicos 
y literatos, pues la carta á que se alude es contestación á una 
consulta que le habia hecho aquel doctor sobre la inteligen- 
cia de unas palabras de Plinio, autor que comentó, y que . 
sin duda era ya en iSoí objeto especial de su estudio, aunque f 
el privilegio para imprimir este libro lleva la fecha del i3 de 
Agosto de 1524, y en este mismo año fué impreso en Alcalá 
por Miguel de Eguía. 

Confirma esta inducción lo que dice Villalobos en la carta 
á D. Cosme de Toledo, de i5 de de Octubre de ib 10, antes 
citada: tYo, olvidando el modo de vida y el carácter de mi 
padre, quise hacerlo, no en la aldea, sino en la ciudad, y no 
en una cualquiera, sino en lugar populoso;» éralo, sin duda, 
Zamora en aquel tiempo, sobre todo comparada con los demás 
lugares de Castilla, como lo es aún en el nuestro, y más toda- 
vía en el de Villalobos. 

Ya en el año de i5o7 deberla formar parte nuestro físico 
de la familia del Duque de Alba, y por esta circunstancia 
debió intimar sus relaciones con los demás Grandes del 
Reino: así, la primera carta de esa fecha que forma parte de 
las que van al fin de las Congresiones, tiene por objeto dar 
noticias al Dr. Gonzalo de Moros de la salud del ilustrisimo 
Conde, que es casi seguro que era el de Benavente. De esta 
carta resulta además que, cuando menos, en aquella fecha 
tenía ya un hijo Villalobos, del que, consultado el horós- 
copo por un astrólogo, habia dicho que seria afortunadísimo 



— 14 — 

médico, á lo cual replica Villalobos con su acostumbrado 
donaire, que si habia de ser médico no podría ser afortunado, 
y si era afortunado no podia ser médico, por los muchos 
trabajos y miserias que éstos tienen que sufrir en su ingrato 
oficio, y que, por tanto; él no habia de consentir que tal 
profesión abrazase nadie que bajo su potestad estuviese: esta 
carta ha servido para fijar la edad de Villalobos, como al 
principio se ha dicho, pues al escribirla en 1S07 tenia ya 
(f cumplidos treinta y tres años. 

La otra carta, que es la IV entre las latinas, está fechada 
en Santa María del Campo á 25 de Setiembre de 1S07, 
y es respuesta á otra en que su padre le habia manifes- 
tado grandes deseos, para su buen concepto de médico, 
de que mejorara la salud del Duque de Alba, D. Fadrique, 
que, según la respuesta de Villalobos, debia estar por enton- 
ces en gravísimo y peligroso estado. También le habia pre- 
guntado su padre qué ganancias habia alcanzado por sus 
trabajos y por su destierro, palabra que con toda claridad 
indica que en aquella fecha habia Villalobos salido de su 
patria y ordinario domicilio para acompañar, sin duda, al 
Duque, su señor, el cual por entonces seguia á la Corte; pero 
todavía no era médico de ella Villalobos, pues habiéndole 
pedido su padre noticias de la vida y sucesos de Hernando 
de la Vega, con cuyo padre tuvo el de Villalobos antiquísima 
amistad, le contestaba: tYo, á la verdad, como pasajero en 
la Corte, ni le conozco ni sé de estas cosas.» No tardó, sin 
embargo, mucho en alcanzar tan anhelado puesto, y sin duda 
se refiere á sus pretensiones el siguiente párrafo de la carta 
escrita el 23 de Julio de i5o8 al Dr. de la Parra, proto- 
médico (i), en el cual se confirma además que era entonces 
médico del Duque de Alba. Hé aquí dicho párrafo: t Ahora 
verá Vmd., ilustre doctor, cómo al pedir con tantos traba- 
jos á nuestro ilustrísimo Duque la servidumbre, perdí á un 
tiempo patria, padres, fortuna y libertad. Todo lo dejamos 
por seguirte, y ahora, ¿qué vá á ser de nosotros? Nada digo 



(i) Es la VI de las latinas que van al fin de las Congresiones, 



-- i5 — 

de Vmd.y que perdió cuanto podia perder. Sólo nos queda 
la esperanza, peor mil veces que el sepulcro, puesto que 
con sus eternas ilusiones y constantes martirios vá empujando 
los hombres al infierno. Una madura resolución tengo adop- 
tada para nuestros asuntos. Conocida os es la costumbre de 
este sujeto. Siempre que se propone no hablar al Rey en 
favor de los que, postrados á sus pies, le piden algo, y res- 
ponde este único adverbio, Bien, debe sobreentenderse Mal; 
y cuando, cediendo á los ruegos, mueve la cabeza como quien 
otorga y dice Muy bien, quiere decir Muy mal. Creo, pues, 
que debemos proveernos de una soga, y cuando conteste á 
nuestras súplicas Bien, echárnosla al cuello; pero cuando 
diga Miiy bien, entonces se acabó, estamos perdidos y debe- 
mos ir corriendo á colgarnos en lo más alto de la Torre de 
Babel para no tocar con los pies al suelo.» El Duque era 
primo del Rey D. Fernando, y por los grandes servicios que 
le habia prestado en todas las vicisitudes de su vida, aun 
antes de ocupar el Trono, compartia el mayor grado de 
favor é influencia con su pariente el Almirante D. Fadrique; 
por tanto, es racional suponer que lo que le pedia Villalobos 
para el Rey era que le hiciese su médico; y como logró su 
deseo, es asimismo natural suponer que debió este puesto, 
además de su mérito, á la poderosa intercesión de este mag- 
nate. Antes de ocuparlo, y ya formando parte de la fami- 
lia del Duque, Villalobos anduvo, como se ha dicho, en su 
compañía, y esto se confirma en otros pasajes de la carta 
de que hemos tomado lo que antecede. Infiérese de ella que 
curado de sus dolencias el Duque de Alba, y deseoso Villalo- 
bos de ver á su familia, emprendió un viaje cuyas peripecias 
refiere al Dr. Parra á quien dice: oEl primer lugar adonde me 
encaminé después de separarnos fué Salamanca, y al entrar 
por las puertas salióme al encuentro mi excelente Bernar- 
dino, que abrazándome tiernamente, me llevó consigo y me 
obligó á echar pié á tierra á la puerta de su casa, donde, en 
su compañía y la de su buena mujer y de algunos amigos, 
me detuve tres dias;» que pasó sin duda Villalobos recordando 
sus buenos tiempos de estudiante y tratado por su huésped 
á cuerpo de rey; los excesos de la comida le produjeron unal 



— i8 — 



III. 



VILLALOBOS MÉDICO DEL REY CATÓLICO. 



Puede tenerse por seguro que Villalobos alcanzó el puesto 
de médico del Rey Católico lo más tarde en 1 509, pues de 
que ya lo era en i5io dá testimonio irrecusable la carta de 
10 de Octubre de este año, dirigida también al Obispo de 
Plasencia, que es la última de las latinas puestas al fin de 
las Congresiones; se ha hecho mención de ella para aducir 
una prueba de la calidad de confeso de nuestro médico, 
y sin duda por la persecución que esta circunstancia le pro- 
dujo, y principalmente por su carácter, que, bajo aparien- 
cias de alegre y festivo, era profundamente melancólico, 
ya en aquella fecha tenía pensamiento de abandonar la Corte, 
pues decia al Obispo al final de esta carta: «Y por lo que 
hace á lo presente, diré, ilustre Prelado, que para en adelante 
renuncio á la Corte, á fin de que, saliendo incólume de este 
valle de miserias, consiga volar á la del Rey Eterno, donde 
ni temeré el enojo de los grandes ni retrocederé ante la 
repulsa de los picaros porteros, ni me arredrarán los varios 
accidentes ni las ilusiones de la fortuna. Mas por cuanto 
todavía no tengo resuelto á dónde me encamine ni en dónde 
me establezca, esta carta no lo revelará á V. E., sino otra, si 
á Dios place.» Parecia, pues, que sería cosa inmediata la reti- 
rada de Villalobos á algún lugar pequeño y apartado para 
imitar la conducta de su padre; mas por de pronto no cumplió 
semejante resolución, aunque constantemente reinaba en su 
mente aquel pensamiento, cosa muy ordinaria en los que 



— 19 — 

viven en la Corte, y que explicó con su habitual elegancia 
Rioja diciendo: 

«Fabio, las esperanzas cortesaiias 
Prisiones son do el ambicioso muere 
Y donde al más astuto nacen canas. • 

No murió en ellas Villalobos, pero sí le nacieron canas^ 
porque, contra lo que dicen la mayor parte de sus biógrafos, 
no se retiró definitivamente de la Corte hasta una edad 
avanzada. 

La serie de las cartas latinas de Villalobos termina con la 
de I o de Octubre de i5o9, y las castellanas empiezan por 
la dirigida á Jufre, Aposentador del Rey en Flándes, escrita 
en Madrid el 8 de Enero de i5i2; que entonces estaba 
Villalobos en la Corte lo demuestra el texto de esta saladí- 
sima epístola, escrita toda ella de burlas en estos términos: 

«Las nuevas de acá son que en la primera semana de Di- 
ciembre, á las diez horas del dia, aparecieron aquí muchas 
estrellas alrededor de la luna. Algunos astrólogos dijeron que 
era señal que los cristianos habían de cercar á los moros; otros 
dijeron que se habian de descubrir muchos tesoros y cosas 
secretas; otros que vendrá el Rey y se juntarán á él todos los 
Grandes. Yo dije en aquella consulta que no era sino que 
en esta Corte nos hacen ver las estrellas á mediodía.» No 
revela esta carta el más leve deseo de abandonar la Corte, 
aunque la última frase copiada indica que no era todo satis- 
facciones la vida de los que estaban al lado del Rey. Villa- 
lobos, según todos los indicios, continuó en su puesto, aun- 
que sin duda cada accidente de su fortuna despertara en él 
la idea de abandonarlo, no sólo para vivir tranquilo, sino 
para consagrarse con más espacio á sus aficiones científicas 
y literarias. 

Los cuidados propios de su cargo, que ya por entonces 
debían ser muy graves por el estado de la salud del Rey 
Católico, y los continuos viajes á que le obligaba la movi- 
lidad de la Corte, no impedían á Villalobos consagrarse al 
estudio, como lo prueba la circunstancia de que en el año 



— 20 — 

de 1 5 14 acabó de escribir las Congresiones, á cuyo final se 
lee lo siguiente: nExplictt liber duodecim principiorum qm 
ettam Congresiones epellatur in oppido Madrid assistente 
Caiholico Rege, martii quinta decima anno Christi milie- 
simo quingeniessimo quarto décimo, » Este libro fué impreso 
el mismo año en Salamanca, como se verá más adelante. 
Al siguiente terminó la traducción de la comedia de Planto 
titulada Amphitrion, según resulta de la carta dirigida A un 
Grande del Reino, que vá impresa al ñn de ella en las varias 
ediciones que existen, siendo de notar que, según su contexto, 
en aquella fecha persistía en su pensamiento de abandonar la 
Corte, pues dice asi al principio de ésta, que es una de sus 
más elegantes cartas: a Muy magnífico señor: Con las livian- 
dades de Júpiter, como con las plumas de gallo, he pescado 
aquí galanes como truchas para metellos en la santa doctrina 
del amor virtuoso, y maguer que ellos sé congojarán de salir 
de sus piélagos, no deja por eso de ser buena pesca. Esto les 
doy en pago de cuantas mercedes y favores en esta Corte 
me hacen, porque estoy de voluntad, si Dios quisiere, de 
dejallos muy presto, E si la grave enfermedad del Rey, 
nuestro Señor, no me detuviese, que seria mal caso dejar 
á S. A. en tan gran necesidad, ya me hauria yo arribado en 
algún puerto y remanso donde escapase de los peligrosos 
golfos y tempestades deste mar.» Esta carta se escribió en 
Calatayud el 6 de Octubre de i5i5, donde el Rey D. Fer- 
nando fué para asistir á las Cortes de Aragón, que, por 
cierto, le negaron los servicios de ellas solicitados para las 
graves atenciones del Reino, y, como dice Zurita, t partió el 
Rey de Calatayud para Madrid, entrado el mes de Octubre 
con todo el descontentamiento y desagrado que se puede 
pensar de sus subditos y naturales, á quien él tanto hauia 
amado y favorecido, y fué por Buytrago por correr monte, 
y la Reyna se vino á Zeragoza, y de aquí pasó al Principado 
de Cataluña para asistir á las Cortes que se hauian convocado 
á los catalanes para la ciudad de Lérida. Su partida fué muy 
arrebatada de aquella ciudad de Calatayud para volverse á 
Castilla, con tanto desgrado de los aragoneses, padeciendo 
mucho tormento de una tan graue y larga dolencia, y teniendo 



— 21 — 



tan presente la muerte, se pareció mucho con la que hizo el 
Rey Don Hernando, su agüelo, de Barcelona, cien años antes, 
estando para espirar, con el mismo sentimiento y queja de 
los catalanes, en tanto extremo, que declararon bien el uno 
y el otro, en cuanto más estimaban ser Gobernadores de 
aquellos Reynos que con aquella libertad de los subditos 
reinar en los suyos.» 

Sabido es que el Rey Católico murió en Enero del año 
siguiente de i5i6 en la aldea de Madrigalejo, en medio 
de las dificultades que ofrecía la situación de España y sin 
abandonar hasta el último instante los negocios públicos; 
es de suponer que Villalobos le acompañó hasta el último 
trance de la vida, y que, muerto el Rey, siguió á la Corte, 
pues en ella se hallaba el 17 de Marzo de iSiy, según la 
carta dirigida á Garci-Jufre desde Madrid en dicha fecha. 
Esta carta, escrita en burlas menos el párrafo final y algunos 
conceptos, empieza de este modo: «Vuestra carta fué vista 
por los señores del Consejo Real. 9 Y más adelante dice: 
«Las nuevas de acá son que tenemos todos tanta sed con 
la venida del Rey , que con todo cuanto de allá yiene 
quedamos tan satisfechos como vos lo estaríades en un buen 
banquete con un jarro de agua fria. Van Embajadores y 
vienen Embajadores, y el Rey estáse quedo.» Era grande, 
en efecto, el ansia con que se esperaba en Castilla la venida 
del Príncipe D. Carlos, por las dificultades que nacian del 
estado de su madre D.^ Juana y de las disposiciones que con 
este motivo había dictado en su testamento su abuelo el Rey 
Católico D. Fernando. Sin duda Villalobos, en aquella inte- 
rinidad, conservaba la posición de médico de Palacio, y esto 
explica el último párrafo de esta carta á Jufre, á quien dice: 
«Un negocio tengo allá en poder del Sr. Thesorero: pídoos 
por merced que hagáis á su merced memoria del, y perdo- 
nadme, por amor de Dios y por la santa cuarentena en que 
estamos, la descortesía de hablaros en seso, porque la nece- 
sidad me hace salir fuera de términos.» De dineros debia 
ser ésta, que expresa repetidas wccqs Villalobos, el cual, 
quizá por su naturaleza judía, daba no pequeña importancia 
á los bienes terrenales, y sin duda el negocio á que aquí alude 



K 



— 22 — 

consistiria en el pago de su estipendio como médico de los 
Reyes; cualquiera que fuese su índole, es lo cierto que tardó 
en resolverse, lo cual se explica, así por la confusión en que 
andaban por entonces las cosas de la Corte y las del Reino, 
como por las dificultades que nacian de la ausencia del que ya 
todos llamaban Rey D. Carlos, de la gran distancia á que se 
hallaba de Castilla y de lo largo y penoso de las comunica- 
ciones en aquella época. Esto explica el contexto de la carta 
de 7 de Julio del mismo año de i5 17, dirigida por Villalobos 
también desde Madrid — donde se estableció la Corte durante 
esta especie de interinidad por los Gobernadores el Cardenal 
Cisneros y el deán de Lovayna Adriano — á Diego López de 
Ayala, canónigo de Toledo, que era uno de los enviados á 
Flándes para acelerar la venida del Rey, y sin duda para 
explorar sus disposiciones y propósitos respecto al régimen y 
gobierno de España; de esa carta se deduce, y más clara- 
mente todavía de otras, que, á pesar de su constante pensa- 
miento de retirarse de la Corte, Villalobos no abandonaba 
sus asuntos, pues dice en esta carta: «Ya he prouado al señor 
Thes^rero, que es hombre de seso; después díme á passar 
tiempo con Jufre, que es hombre de burlas; ahora tentaré 
á Vmd., que es hombre de seso y de burlas; á la postre 
escribiré á un flamenco de esos que ni son para en seso ni 
para enburlas , y así habré discurrido por todas las especies 
de la suficiente división sin sacar la conclusión.» Y al fin 
de esta carta, que contiene otras noticias interesantes rela- 
tivas al estado de la Nación y de la Corte, dice: tUn me- 
morial envió á Vmd. : si aquello se puede hacer , vos lo 
haréis, y si no lo hacéis, no se puede hacer. Cualquiera de 
estos partidos será mejor para mí que vivir suspenso en 
vida tan corta, por lo que ha de quedar acá después que allá 
se partiere.» Es de inferir que el objeto de este memorial 
fuese la petición de continuar en su cargo, pues otros aná- 
logos hicieron por entonces muchos de los que los ejercían 
en la Corte, y todos ellos estaban con la natural zozobra 
porque temian que con la venida del Rey y de los flamencos, 
que eran sus familiares y favoritos, habia de haber en esto 
grandes mudanzas. 



— 23 — 

Como se sabe, el Rey D. Carlos I de España llegó á sus 
Estados ea Setiembre de iSiy, desembarcando en Villavi- 
ciosa de Asturias, acompañado de los españoles que habian 
ido á Flándes, del famoso Xeures, del Canciller Laxao y 
demás flamencos, que fueron causa de tanto disgusto, y á la 
larga, de tan graves disensiones en el Reino; la comitiva 
caminó muy despacio, y, según las personas de aquel tiempo 
á que se refiere Sandoval (i), con el propósito de que el Rey 
no viera al Cardenal Cisneros, ya muy enfermo, y á quien 
los médicos presagiaban próxima muerte; no consta si Villa- 
lobos acompañó á Cisneros en este último viaje, pero de la 
carta que dirigió al doctor de la Reina desde Zaragoza el 6 de 
Agosto de 1 5 18, resulta que continuó después de la venida del 
Rey al lado de la Corte y solicitando su continuación en ella; 
así se infiere claramente, no sólo del texto de otras cartas 
de Villalobos, sino de los sucesos que por entonces ocurrie- 
ron en España. Según la opinión más generalmente recibida, 
el Cardenal Cisneros, que ya estaba gravemente enfermo, 
murió de la pena que le produjo la carta que le dirigió el 
Rey y que entendió que era una despedida cortés de su 
servicio; suceso de gran trascendencia que tuvo lugar en la 
villa de Roa el domingo 8 de Diciembre de iSij, porque es 
de suponer que si el Cardenal no hubiese muerto, hubiera 
contrarestado en el ánimo del Monarca la perniciosa influen- 
cia de los flamencos. 

Llegó por estos dias D. Carlos con su comitiva á Mojados, 
donde recibió á los del Consejo Real, confirmándolos en sus 
oficios; pero no hizo lo mismo con los de la Cámara, esto 
es, con la servidumbre del Rey Católico, porque, á pesar de 
que lo solicitaban vivamente, se oponian á ello por todos los 
medios los que desde Flándes venian con el nuevo Monarca 
ocupando aquellos puestos; hay motivos para suponer que el 
principal entre los médicos lo tenía ya Narciso, en quien llegó^ 
á poner D. Carlos toda su confianza, y parece probable que 
mientras Villalobos no consiguió volver á su cargo, ejercería 



(i) Vida del Emperador Carlos V, 



— 24 — 

el de médico de la Reina viuda D/ Germana; por esto debió 
estar en la Corte durante su permanencia en Valladolid, donde 
se reunieron las Cortes de Castilla, que después de muchas 
dificultades y debates — en los que alcanzó gran fama el doctor 
Zumel defendiendo los derechos de aquel Reino — reconocie- 
ron y juraron por Rey á D. Carlos. 

Terminadas las Cortes de Valladolid, fué el Rey á Zara- 
goza para celebrar las del Reino de Aragón, acompañándole 
muchos Grandes y principales caballeros, llegó en los primeros 
dias del mes de Abril de i5i8, «llevando consigo á la Infanta 
D.*^ Leonor, su hermana, y á la Reina D/ Germana» (i). En 
la comitiva iba, sin duda, Villalobos, que en 6 de Agosto 
escribía desde Zaragoza al doctor de la Reina una carta que, 
con lo que vá dicho, tiene fácil explicación, sobre todo el 
siguiente párrafo: 

«Aquí nos andamos Jufre y yo mano sobre mano, y el 
otro dia me sacaron de seso que fuese á Palacio á solicitar 
un negocio mió, y topé á la puerta de la sala con Antonico 
el Gigante, que me estorbaua la entrada. Yo pensé que acaso 
se me ponia delante, porque no era aquel su oficio, y procuré 
de colarme dentro; enojóse Antonico, y púsome el hierro 
del langon á la boca del estómago haciéndole temblar; y con 
ojazos torcidos y un espantoso bramido, me amenazaba de 
tal manera, que ya pensaba yo que estaba á la garganta del 
cangervero. Apenas le hube bien entendido, quando arrebaté 
de un tramo á la escalera y baxé por ella no tan disimulada- 
mente que no me vieran ir trompicando algunos conocidos 
mios; y díxome Pedro de Mendo<;a: tAsí es el mundo, señor 
doctor:» y otras cosas me dixeron, mas no veamos pesar, que 
yo no les entendí; tanta era mi ansia de tomar la muía.» Es 
decir, que el médico y el aposentador de D. Fernando no 
tenian por entonces ocupación en la nueva Corte, y que 
Villalobos, que antes gozaba entrada franca en Palacio, era 
ahora rechazado por los porteros, dando motivo á que le 
recordaran las vicisitudes de la fortuna. 



(i) Sandoval, obra citada, pág. 139. t. L 



— 25 — 

No duró, sin embargo, mucho el disfavor del ilustre y 
gracioso físico, porque según cuenta en carta dirigida al 
Condestable de Castilla, también desde Zaragoza, el 23 de 
Noviembre de aquel año, ya en esta fecha habia vuelto á su 
cargo con la ocasión siguiente. «Ya estaba yo con estas dila- 
cioDes(dice Villalobos) por echar una soga á la garganta, 
sino me proveyera Dios de una muy buena vindimia, en que 
hubo tantas avenidas de cámaras por flamencos y españoles, 
que me podrían ellos dezir lo que dezia la otra á su ruñan 
quando reñian: tVellaco, de mi culo comes, de mi culo 
bebes. » Por aquí se despachó mi asiento con el Rey, y por 
aquí entré en conocimiento con todos los extranjeros; así, 
que yo entré en Palacio por la puerta falsa de Mosiur de 
Xeures. No habia bastado la Rey na (D.* Germana), ni el 
Conde (de Benavente), ni los Duques (el de Alba entre 
otros), ni todo el Consejo para ello; quiso Dios mostrar que 
todo es nada quanto procuramos y todo es suziedad, y cer- 
róme las calles públicas y todas las puertas y los muros, 
y hizome entrar por do no cupiera un bodoque.» En medio 
de las burlas de esta caria, infiérese que la pericia de Villa- 
lobos como médico le valió entrar en la cámara del Rey 
D. Carlos, por haber devuelto la salud al más íntimo de sus 
favoritos. 

La carta que también desde Zaragoza escribió Villalobos 
al Almirante de Castilla el 7 de Diciembre de este mismo 
año de i5i8, es por varios conceptos muy interesante. 
Era D. Fadrique Enriquez el magnate más ilustrado de su 
época, y no sólo tenía gran afición á la poesía, sino que se 
consagraba al culto de las musas, como ya podia deducirse de 
las famosas preguntas que dirigió á Fr. Luis D'Escobar y á 
que éste dio contestación , así como á otras^ de donde resultó 
el curioso libro titulado Quatrocientas respuestas á otras 
tantas preguntas, etc. , de que se han hecho varias ediciones, 
aún no bien estudiadas por nuestros bibliógrafos. Hubiérase 
podido creer que las preguntas eran supuestas para motivar 
las contestaciones, pero con las noticias que Villalobos dá en 
esta carta y con las coplas de que se hablará luego, resulta 
demostado que el Almirante cultivaba la poesía castellana 



— 26 - 

de tal modo, que dio motivo á que en la carta de que se vá 
hablando, le dijera en su peculiar estilo el gracioso físico: 
«Tomaste, empero, tan á pechos la injuria de la injuriada, y 
hizistes os tan familiar de la nunca vista ni conocida, que se 
deue creer que es enfermedad ésta que V. 5. tiene de 
coplear; esfluxo de coplas como de cámaras, 6 es puxo en 
que se leuantan muchas veces y no hacen nada.» 

Antes, sin embargo, y ocupándose en esta misma carta 
de las coplas que le habia enviado el Almirante, dice 
Villalobos: «Aquellas coplas son muy buenas, y todo 
cuanto V. S. haze es sabroso y dulce; por esso, es bien 
que las vean todos, mas no conviene que les muestre V. S. mi 
carta, porque quien le viere así burlar de los amores y supiese 
que V. S. es enamorado, luego conocerá que aquellas coplas 
assí crueles y vengativas, son más para vengar la vejez 
luxuriosa del señor, que para defender la casta juventud de 
la señora.» Viva curiosidad despiertan estas alusiones, pero 
no es fácil satisfacerla. ¿De qué señora se hablaba en estas 
coplas del Almirante? Pero es mayor aún la que producen 
estas palabras de Villalobos que siguen á las que van tras- 
critas. «Cierto; en aquel librillo que yo tengo dedicado al 
nombre de V. S. , mejor colocación os doy que cena me 
dieron vuestras coplas la noche pasada.» Ninguna de las 
obras que se conocen de Villalobos, especialmente las que se 
sabe que son anteriores al año de i5i8, en que fué escrita 
esta carta, vá dirigida al Almirante de Castilla. El Sumario 
de Medicina, impreso en 1498, fué dedicado al Marqués de 
Astorga. Las Congref iones , al proto- médico Fernando 
Álvarezen i5i4, y el Amphitrion, publicado al año siguiente 
de i5i5, termina con la carta A un Grande del Reino, cuyo 
nombre se calla, de quien no se hace elogio alguno, y que 
nada indica que fuese el Almirante; parece pues, indudable, 
que Villalobos alude en este pasaje á otra obra que se des- 
conoce y que se ignora si llegó á imprimirse. 

Muy notable es también el párrafo de la carta de que se 
trata, en que Villalobos dice de sí mismo: 

«Mándame V. S. que, dexadas todas las cosas, entienda 
yo solamente en mi medicina. Hallo mi entendimiento con 



— '^1 — 

tantos senos, que caben en él envoltorios de cosas diversas 
sin que las unas empachen á las otras, » Este juicio que de 
su inteligencia hace Villalobos, aunque no modesto, es tan 
justo como lo demuestra la variedad de asuntos que trató en 
sus obras, y como debia suponerse en quien no sólo era 
dator en medicina, sino también en artes, que, según la 
nomenclatura de aquel tiempo, equivale á lo que ahora 
llamamos filosofía en su sentido más lato. 



— 28 — 



IV. 



VILLALOBOS MÉDICO DEL EMPERADOR. 



Después de muchas dificultades y alborotos, pues llegó 
el caso de que pelearan en las calles de Zaragoza las gentes 
de los Condes de Benavente y Aranda, las Cortes de Aragón 
juraron y recibieron por Rey á D. Carlos, y terminadas 
aquellas diligencias, partió el Rey para Barcelona con el 
mismo objeto á principios del año de j5i9, en cuya ciudad 
\ encontramos á Villalobos ya en su calidad de médico de la 
cámara del Rey, según varias cartas suyas escritas en aquella 
ciudad, la primera en 20 de Marzo de dicho año, dirigida 
al Arzobispo de Santiago, que luego lo fué de Toledo, don 
Alfonso Fonseca, hijo del famoso Patriarca de Antioquía, 
Arzobispo también de Santiago. En esta carta, llena de inte- 
resantes noticias de la Corte, se dice que el Rey se ocupaba de 
su elección de Emperador de Alemania, que tuvo lugar el 2li 
de Junio de este año, y también del casamiento de la Reina 
D.*^ Germana, que todavía no se habia hecho, pero que 
no tardó en verificarse en aquella misma ciudad, donde 
el dia antes de la fecha de la carta, aunque en ella no se 
dice, se celebró Capítulo de la Orden del Toisón, entrando 
en ella varios Grandes del Reino. 

Aún mayores dificultades que las de Aragón y Castilla 
opusieron las Cortes de Cataluña para jurar y reconocer por 
Rey á D. Carlos, y los catalanes al principio se mofaban 
de la docilidad de castellanos y aragoneses; pero al fin se 
vencieron todos los inconvenientes y se sometieron los que 
repugnaban aquellos actos, fundándose en las razones ya 



— 29 — 

sabidas, esto es, en que D.* Juana, que aun vivía, era la 
propietaria de todos los Reinos que formaban la Monarquía. 

Estando D. Carlos en Barcelona recibió la noticia de su 
elección de Emperador de Alemania, y juntamente con ella 
la súplica de que se trasladara cuanto antes á sus nuevos 
Estados y tomara posesión de ellos, por el peligro, así de 
trastornos interiores en Austria, que no tardaron en produ- 
cirse, como de los planes y malquerencia del Rey de Francia 
Francisco I, que habia sufrido el desaire de no ser elegido 
Emperador, aunque lo solicitó ardientemente. Por esta causa, 
según dice Villalobos en otra carta dirigida al mismo Arzo- 
bispo de Santiago desde Barcelona el 8 de Setiembre de i520, 
tel Rey, nuestro Señor, manda ya apercibir los aparejos de 
su embarcada y se parten muchos flamencos para su tierra.» 
Con esta ocasión instaron á Villalobos para que formase 
parte de la comitiva; pero él no consintió en ello, como 
consta de los siguientes conceptos del fin de la carta á que 
se vá haciendo referencia: «Yo no puedo acabar conmigo 
de ser alemán, porque ni Dios me hizo para aquel fin cuando 
me ponía la color, ni me parió para eso mi madre. Si Spaña 
no basta para sustentarme, bastará la misericordia de Dios: 1 
es muy corta la vida para poner sobre ella tan gran jornada, ^ 
y es muy ruin mercaduría curar calenturas donde no hay 
sino nieves y la mar cuajada. Unos compañeros mios más 
viejos que yo están muy regocijados con esta partida; mas si 
ellos no son locos, yo soy necio, y por esso me quiero 
quedar.» 

En esta segunda carta, dirigida, como se ha dicho, desde 
Barcelona el 8 de Setiembre de i5i9 al Arzobispo de San- 1 
tiago, dá noticia Villalobos de haber sufrido una larga 
y peligrosa enfermedad en aquel año» en los siguientes tér- 
minos: tYo prometo á V. S. que si no tuviésedes aquí un 
hombre tan vigilante y tan importuno en las cosas de vuestro 
servicio, que me ha sacado de mi seso para que pierda mi 
autoridad y preheminencia, que yo tenía determinado no 
escribiros en toda mi vida. Porque sepa V. S. qué cosa 
es saber que está hombre á la muerte dos meses al arreo y no 
tener cuidado de saber si es vivo ó muerto. » En esta misma 



-3o- 

carta dice Villalobos: tDespues de acabadas las cosas de aqui 
y las de Valencia, unos dicen que S. A. quiere ver á Granada 
y á Sevilla; otros dicen que ha de embarcarse en la Coniña. 
El Rey ha dicho lo uno y lo otro, en caso que son dos cosas 
incompatibles.» 

Terminadas las Cortes de Cataluña, D. Carlos, á pesar 
de sus propósitos, no pudo celebrar las de Valencia, y los 
valencianos no quisieron tenerlas sin que él personalmente 
asistiera á ellas, y ya á principios del año siguiente de 1620 
volvió de Barcelona á Castilla, donde empezaban los anun- 
cios de las Comunidades; para resolver las graves cuestiones 
pendientes convocó las de este Reino para Santiago, pues 
habia mandado reunir la armada que le habia de llevar 
á Alemania, en la Coruña. 

Ya estaba en Galicia el Emperador electo, á donde no le 
acompañó Villalobos, cuando, con fecha 10 de Marzo de 1 520, 
escribió éste desde Medina de Rioseco al Almirante de Cas- 
tilla, y del contexto de esta carta resulta que resistió todas 
las instancias que se le hicieron para ir á Alemania. 

«Algunas persecuciones, dice, pasamos antes que tomá- 
semos aqui nuestro asiento, y la que yo sentí más graue fué 
de sacar de rayz mi casa de Alúa y despedirme de la buena 
compañía del Duque. Él se marchó con propósito de apre- 
miarme y forjarme para la yda de Flándes. Si Dios no socorre 
por intercesión de V. S., mis fuerzas no serán bastantes para 
defenderme. Después acá he tenido recuestas y tentaciones 
de muchas partes; excusóme de todos con aquella respuesta 
que dio Nuestro Señor Jesuchristo á la Cananea: •Non sum 
mtssus ntsi ad oues qui parierunt domun Isrrael. » No la 
vuelvo en romance, porque no piense V. S. que yo estoy 
vengativo de las coplas de Qarago^a.» 

Esta alusión á las coplas del Almirante es una prueba 
de que en ellas, lo mismo que en las que antes se han citado 
del propio autor, éste recordaba á Villalobos su origen judío, 
el cual se venga del agravio devolviéndoselo á D. Fadrique, 
á quien con más claridad recordó en otras ocasiones que 
también él descendia de la familia de Abraham. Por otra 
parte, se infiere de lo que dejamos antes copiado que Villa- 



— 3i — 

lobos se habia considerado hasta entonces, y sin duda lo era, 
familiar del Duque de Alba, por lo que mantenía su casa 
en el pueblo de este nombre; y aunque de lo que vá copiado 
puede inferirse que se habia establecido de asiento en Medina 
de Rioseco, esto no impidió que hiciera después de la fecha 
de la carta varios viajes á diferentes sitios; en ella dá noticia 
de un peligro á que habia estado expuesta su familia, en 
estos términos: tPocas noches há que se quemaron dos casas 
á pared y media de la mia, y como este elemento es algo 
sospechoso y la turbación fué grande, de poner en salvo los 
niños y los muebles, estuuo muy cerca mi mujer de mouer 
lo que tenia en el vientre.» De donde se infiere, además, que 
Villalobos tuvo numerosa descendencia de su primer matri- 
monio. 

Por último, en esta misma carta anuncia el próximo 
viaje del Emperador electo desde Galicia á Alemania, pues 
dice: tLas nuevas de acá son que el Rey, nuestro Señor, 
con toda la nobleza de Spaña, está en los postreros términos 
de Occidente, los unos para meterse en la mar huyendo de • 
nuestra vista, y los otros para echarse en la mar desesperados 
de la suya.» 

No habia trascurrido un mes déla carta anterior, cuando 
en 7 de Junio de i52oescribia Villalobos desde Valladolid 
al clavero D. Diego de Guevara, una carta interesantí- 
sima por varios conceptos. £1 clavero de Calatrava, que 
tal oficio desempeñaba D. Diego, era hijo segundo del primer 
señor de Salinillas, D. Pedro Vélez de Guevara, que lo era á 
su vez del Conde Oñate (D. Iñigo), quien fundó para aquél 
ese mayorazgo y casa (i). López de Haro dice que don 
Diego de Haro casó con una señora alemana, de quien tuvo, 
entre otros hijos, á D.*^ Juana, que casó con el Marqués de la 
Corzana. Del tenor de esta carta resulta que este señor salió 
de Barcelona acompañando á Xeures y que permaneció en 
Alemania mientras estuvo allí el Emperador, en cuyo tiempo 
contrajo, sin duda, el matrimonio de que habla Salazar. 

Pero lo más notable de esta carta es la mención y juicio 



(i) Nobiliario de López de Haro, tomo I, ]>ág. 5oo. 



— 32 — 

que ya se hace en ella de las Comunidades y de las revueltas 
que por entonces habia, no sólo en Castilla, sino en casi toda 
la Península, de las cuales pinta Villalobos el siguiente cuadro: 

tLa república de Spaña anda trastornada: juzgados y 
sentenciados los jueces, y hechos jueces los juzgados; lot 
señores solos son los vasallos, y las Comunidades son los 
señores. Hay la mayor disensión que nunca se vio, en la 
mayor conformidad que nunca se oyó; la discordia y la con- 
cordia tan juntas y entretexidas, que entre sí no hacen 
diferencia los anos hijos de los otros; los más ruynes de los 
pueblos mandan ahorcar por justicia á la misma justicia y á 
los que tienen voz y apellido del Rey, y como tal edificio 
vá sobre flacos cimientos, es forzado que brevemente perezca 
hasta que no quede teja sobre teja, si la venida del Rey se 
dilata.» 

Sin duda influia en el ánimo de Villalobos, para trazar 
tan negra pintura, el espectáculo de los desordenas y de las 
atrocidades que entonces se cometieron: entre otras víctimas 
de aquellos tumultos, lo fué con muy especiales circuns- 
tancias el aposentador del Rey Católico Garci-Juirey gran 
amigo y corresponsal de Villalobos, como antes se ha visto, 
el cual, por estas causas, escribe, en la carta de que se vá 
hablando, á este propósito estas significativas palabras: 

• Todos estos dias estoy muy triste y muy quebrantado 
con la desastrada muerte de nuestro amigo Jufre, que padeció 
su cuerpo martirios muy crueles y corrió su alma peligro de 
otros peores.» La ocasión de esta atrocidad y sus circunstan- 
cias, dignas de ser conocidas, las refiere Sandoval (i) tomán- 
dolas de una relación de la Comunidad de Burgos, donde em- 
pezaron los tumultos en el mes de Junio de este año de 1S20; 
siendo el cabeza de los amotinados el cuchillero Bernal de 
la Rixa. Después de haber acometido los amotinados la casa 
del Condestable (2) y la del procurador que habia sido de la 
ciudad en las últimas Cortes, Garci-Ruiz de la Mota, se diri- 



(1) Vida del Emperador Carlos V, 

(3) Es la famosa casa llamada del Cordón, que todavía existe en 
Burgos, aunque en grave peligro de ser demolida* 



— 33 — 

gieron á la de Jufre, según resulta del siguiente relato: 
lY con el mismo ímpetu fueron y derribaron la casa de un 
aposentador del Rey llamado Garci-Jofre, el cual, aunque 
era natural de Francia, auia mucho que servia al Rey 
Católico y al Emperador. Estaua casado y auezindado en 
aquella ciudad. Contra el cual, indignados solamente porque 
el Emperador le auia confirmado la tenencia de la casa y 
castillo de Lara, que Burgos pretendia ser suya, y se la pi- 
dieron, y él dijo que tenia aquel castillo por el Rey, que no 
lo podia dar sino á él, fueron para le matar. Y no paró en 
esto la fiíria popular comenzada contra él, porque auiendo 
el triste Jofre halládose allí aquel dia, que yua con el Emba- 
lador del Rey de Francia, como Jofre vio que le derribauan 
las casas, fuese para Lara diziendo que esperaua en Dios de 
tomar venganza y de hazer sus casas muy mejores con los 
dineros de los Marranos que se las derribauan, y de sus 
huesos auia de hazer los cimientos, y la cal auia de amasar 
con su sangre. Sabido esto en la ciudad (que se lo dijo un 
carbonero á quien Jofre lo dixo en el camino) embiaron tras 
el secretamente á cierta gente de á cauallo, y alcanzáronle 
en un pequeño lugar, Viuar del Cid, tres leguas de Burgos, 
y allí lo prendieron, sacándolo de una iglesia; y el cura sacó 
el Santo Sacramento, rogándoles que por aquel Señor en 
quien creyan le perdonasen, mas no aprovechó; antes le 
hirieron junto al altar. Acudieron algunos caualleros á ver 
si lo podian librar de sus manos, y los que más hizieron 
fueron Gerónimo de Castro y Pedro de Cartagena. Y Pedro 
de Cartagena, que era muy valiente y discreto cauallero, 
comen<;ó á burlarse con ellos y desafiarlos á luchas y saltos, 
y con esto los entretuuo para que allí no hizieren pedazos al 
pobre Jofre, mas no bastó, y Iraxéronlo preso á Burgos, y 
metiéronle en la cárcel; en la cual, á golpes y heridas, lo 
mataron luego, y atado de los pies lo llevaron al suelo de 
su casa, dándole de estocadas. Y uno le dio una por entre 
los huesos, y no pudiendo sacar la espada, puso el pié sobre 
él como si fuera un perro, y tiró de la espada. Y assí muerto, 
le trageron arrastrando por las calles, y lo ahorcaron colgán- 
dole de los pies y la cabera abaxo. » 



-34- 

Aun no habian pasado dos meses después de escrita esta 
carta, cuando tuvo Villalobos la desgracia de perder á su 
mujer, que murió de parto en Rioseco durante la ausencia 
de su marido, que se hallaba en aquella ocasión en Zamora, 
ciudad que consideró siempre como su patria. De este triste 
suceso dio noticia Villalobos á la Marquesa de Denia en carta 
fechada en Rioseco el i5 de Agosto de i52o. Era esta señora 
de la ilustre familia del Almirante de Castilla, se llamaba 
D." Francisca Henriquez y era prima hermana del Rey Cató- 
lico D. Fernando, que la casó con D. Bernardo de Sandoval 
y Rojas, segundo Marqués de Denia y primer Conde de 
Lerma, el cual, justamente en la época á que este suceso se 
reñere, combatió y venció al ejército de la Comunidad que 
se habia apoderado de Tordesillas, donde estaba retraída la 
Reina D.^ Juana al cuidado de los Marqueses de Denia. los 
cuales tenian del Emperador aquel encargo de tan gran con- 
fianza. En medio del tono jovial y hasta chocarrero que 
tienen ordinariamente las cartas de Villalobos, forma notable 
contraste el que reina en ésta que dirigió á la Marquesa de 
Denia, á quien dice: «A cinco dias de este mes mi mujer, 
criada y servidora de V. S., hizo su fin de la misma manera 
que ella lo negociaba en vida, y por muy arrebatada que 
le vino la muerte, no la pudo hallar desapercibida para la 
jornada, porque siempre andaba á punto de partir. Murió tan 
gloriosamente, que en toda esta tierra ha dejado espanto 

y dolor Y porque yo no conocia ni agradecía á Dios 

la merced que con tal mujer me hacía, quitómela degracia- 
damente viniendo de Zamora á la nueva de su parto, habiendo 
caminado la noche con propósito de tomalla entre los brazos 
y hacelle mil regalos. A la puerta de la casa me dixeron como 
la mañana de antes la habian enterrado.» 

La ternura de sentimientos y la pena que estas palabras 
demuestran son uno de los rasgos del complicado é intere- 
sante carácter de Villalobos, festivo en el trato de las gentes, 
melancólico y tierno en el fondo de su alma. 

Desde la misma villa de Medina de Rioseco, que era por 
entonces su residencia ordinaria, escribió Villalobos con 
fecha 22 de Enero del año de 1 52 1 «á D.* María de Toledo, en 



- 35 — 

la Corte de Alemania, 9 y, aunque no de un modo seguro, 
puede creerse que esta señora era hija del primer Duque 
de Alba, D. García Alvarez de Toledo, y de D.^ María 
Enríquez, porque, como resulta de cuanto vá dicho, no sólo 
era Villalobos familiar muy íntimo del Duque de Alba, sino 
que por su medio y conducto tenía estrechas relaciones y 
quizá parentesco con la larga y esclarecida familia de los 
Enriquez. Esta señora, que fué dama de la Reina Católica 
D.* Isabel, casó con el segundo Conde de Feria, D. Gómez 
Suarez de Figueroa (i), magnate que acompañó mucho al 
Emperador, de quien fué muy favorecido. 

Villalobos dá en esta carta extensa noticia del estado de 
Castilla, donde las Comunidades estaban en el momento 
de mayor poder, que, por otra parte, fué tan efímero, aunque 
á los que presenciaban los sucesos les causara grandísimo 
temor, como lo demuestran estos conceptos del atribulado 
físico: 

«La vida que de un mes á esta parte he tenido es andar 
armado cada noche por la ronda desde las doce hasta la 
mañana, porque tenemos cobrado tan gran miedo á la Comu- 
nidad, que no pensamos que anda por los caminos, sino que 
vuela su exército por los aires y que es una alimaña encantada 
que traga los hombres vivos Ha traido los dias pasados arrin- 
conados los Grandes en sus barreras, que le dexan todo el 
coso sin haber quien ose echalle una vara, y trae la Santa 
Junta un Obispo que sus hazañas son dinas de perpetuar 
memoria. Dos dias há que no se desarma ni de dia ni de 
noche, y duerme una hora no más sobre un colchón puesto 
en el suelo, arrimada la cabera al almete; come las más veces 
cauallero en un cauallo saltador que trae; ármase de tantas 
armas, que el peso dellas es incomportable; ha combatido 
tres ó cuatro fortalezas, y él es el primero que llega á poner 
fuego á las puertas; vá entonces su excelentísima señoría 
delNixo de un carro, y sobre el carro trillos ó puertas en que 
recibe los esquinazos; pónese á gatas con todo el peso y 
ocupación de sus armas, tirando del carro más que quatro 



(1) Nobiliario de López de Haro, lib. IV, pág. 222 del tomo I. 



— 36 — 

hombres; y á cada esquinazo que le arrojan, dice: «¡Ojalá! 
muchas gracias te doy, bendito trillo.» Y si es puerta, dice: 
«Dexa essa, á otra puerta.» Pone su fuego, y después, por 
desuiarse presto de la llama, toma el trillo á cuestas, y asi 
vestido en pontifical, sale fuera y santigua la fortaleza con 
su artillería. Sus congoxas y vascas y su furor con los caua- 
Ueros y sus enemistades con Dios y con el próximo, que es 
la perfecta charidad, todo ello parece de la librea del infierno; 
rescata y roba por los lugares, y háceles entender que les dá 
la vida y que Dios le envia por la saluacion y universal 
reparo del Reyno.» 

No es halagüeño este retrato del Obispo de Zamora, como 
hecho por pincel enemigo; pero de todas suertes, dá idea 
de lo que era un Prelado guerrero, como hubo muchos, hasta 
que con la conquista de Granada fueron arrojados los moros 
del Reino; y si bien Acuña fué tal vez el último Obispo que 
manejó las armas en Castilla, todavía, por desgracia, en otros 
tiempos ha habido eclesiásticos que las han empuñado para 
terciar en otras discordias civiles, revelando más condiciones 
de soldados que de ministros de una religión de paz y de 
mansedumbre. 

Toda esta carta es interesantísima, y sin duda la escribió 
Villalobos para que llegasen á noticia del Emperador las 
grandes perturbaciones y la ruina d& Castilla; por eso dice 
al fin de ella lo siguiente: «Assí que esta enfermedad del 
pueblo no tiene cura sin la presencia del Rey; y si ésta tarda, 
los miembros están tan corruptos, que presto llegará el daño 
á la cabe(;a.» 

No fué necesaria la presencia del Emperador para que, 
rehechos los Grandes del Reino, que aún no habian perdido 
sus hábitos guerreros, formasen ejército más disciplinado que 
el de la Comunidad, que no era sino una muchedumbre 
confusa, como lo probó la rota de Villalar, á que se siguió 
luego la conclusión de aquellos tumultos, que si hubiera sido 
posible convertir en ordenada y enérgica protesta, tal vez 
hubieran salvado las libertades públicas, aunque era muy 
difícil en aquellas circunstancias evitar el creciente desarrollo 
del poder real, que habia ya sojuzgado á los Grandes convir- 



-37- 

tiéadolos en dóciles instrumentos de su política, y que anuló 
también la influencia de las ciudades y villas, que decla- 
rándose enemigas de los caballeros, facilitaron el triunfo de 
la Monarquía, que no tuvo después límite alguno en el ejer- 
cicio de su autoridad omnipotente. 

El temor que las Comunidades inspiraban á los partidarios 
déla Monarquía y de la Corte, fué, sin embargo, grandísimo, 
Y de él dá pruebas evidentes, no sólo la carta de Villalobos 
de que se ha dado noticia, sino otra del mismo sin fecha, 
dirigida al Obispo de Falencia; los sucesos que en ella se 
narran indican claramente que debió escribirse en el mismo 
año de i52i, y probablemente después de la que dirigió 
á D.^ María de Toledo, aunque por aquellos mismos dias, 
pues en ella habla también el físico en términos burlescos 
de su miedo y de sus ocupaciones militares. Por otra parte, 
ayuda á determinar esta fecha la circunstancia de que el 
Obispo de Falencia, á quien la carta de que se habla vá diri- 
gida, no pudo ser otro sino D. Pedro Ruiz de la Mota, de la 
ilustre familia de Burgos, de este apellido, de cuya ciudad 
era natural el Obispo, según González Dávila (i), quien dice 
de él que fué maestro en Sagrada Teología, eminente predi- 
cador y del Consejo del Emperador Maximiliano, limosnero 
del Emperador Carlos V y de su Consejo de Estado; sirvióle 
en Flándes, en Alemania y España; presentóle para el Obis- 
pado de Badajoz; de esta Sede fué promovido para la de 
Falencia, y de ella tomó posesión en 22 de Agosto de i52o, 
probablemente por procurador, porque se infiere que en 
aquella época estaba con el Emperador en Alemania, pues 
volvió en su compañía y desembarcó con él tocado de una 
calentura lenta que le vino siguiendo hasta llegar á Herrera 
de Pisuerga, del Obispado de Palencia, donde le esperaba 
la muerte, que le llevó á mejor vida en 3o de Setiembre 
de 1 522. Como á D.* María de Toledo, dá noticia Villalobos 
á este Prelado del estado de Castilla, y para poner en su punto 
la narración, termina su carta en estos términos: 

tDe mí puedo decir á V. S. que de puro miedo he perdido 



(I) Teatro EclesidsticOy tomo 11, pág. 182. 



— 38 - 

el sentido, y viene la cosa tal, que ando armado lo más del 
tiempo. La otra noche, á las dos horas que andaba por la 
ronda en la ordenanza de un capitán, y porque no le entendí 
bien quando me dixo que calase la pica, llamóme cabrón. 
Dije yo: «Esso merezco yo por dexar mi oficio de matar y 
tomar el vuestro, que me maten; cierto, á estas trasnochadas 

ganaua su hacienda el puto de mi abuelo ;• y este ardid 

de guerra hiciéralo yo de muy buena gana, porque tenía gran 
miedo; que nos hauian dicho que á media legua Uegaua ya 
todo el exército de la Junta con tres culebrinas gruesas y un 
canon pedrero y un Obispo de Qamora y otros diez tiros 
medianos, y no nos venía socorro de Tordesillas, donde 
estaba el Almirante con toda la gente.» Como se vé, el 
Obispo Acuña era el terror de los enemigos de la Comu- 
nidad y le cuenta Villalobos entre las piezas de artillería de 
su ejército. 

Viudo Villalobos todavía de buena edad y en estado de 
fortuna envidiable, aunque con frecuencia se quejaba de su 
mala suerte, era natural que le asediasen los que por incli- 
nación, por interés ó por miras piadosas se dedican á con- 
certar bodas. Esto resulta claramente de la carta picana y 
desvergonzada que escribió Villalobos en 1 8 de Febrero 
de 1 521 á la Sra. D.*^ Francisca Sarmiento, que sin duda 
pertenecia á la ilustre casa de los Condes de Santa Marta, 
del Reino de Galicia, la cual se enlazó con las principales 
de Castilla; á esta señora decia con su natural donaire Villa- 
lobos: tTomando este papel para escribir á V. S., llegó aquí 
de camino un casamentero conocido mió y hablóme de 
achaque de casamiento. Dame gran priesa para que luego 
me parta, porque hay peligro en la tardanza, según la dili- 
gencia que otros traen por llevalla. Deñéndome del con 
dalle á entender que no me puedo determinar sin cónsul- 
tallo primero con V. S.» No era este, sin embargo, el ver- 
dadero objeto de la carta, sino un medio de provocar la risa 
de la señora y mover su ánimo para lo que más adelante 
expresa Villalobos en estos términos: 

«Lo otro que yo entendia escribir aquí era suplicar 
á V. S. que tomase tan de veras la cobranza de mi libra- 




-39- 

miento, que mi criado venga con buen recaudo de los dine- 
ros, que 6i vuestra intercesión no me vale, nunca el Almi- 
rante me hará esa merced ni otra que valga menos, porque 
en saber que soy de su tierra le tengo enhastiado, y esto no 
es sino por su gran humilad, que se tiene en tan poco, que 
todas sus cosas piensa que son las más ruines de todas. • Sin 
duda este libramiento debia proceder de sus salarios de 
médico de Palacio, y como el Almirante habia quedado, 
en unión con el Condestable y el Cardenal Adriano, encar- 
gado de la gobernación del Reino durante la ausencia del 
Emperador, debia intervenir más ó menos directamente en 
los asuntos de Hacienda; Villalobos tenía, como se ha visto 
y se verá después, con este magnate íntimas relaciones; pero 
siempre habla de él en tono agridulce y le pinta como hombre 
tacaño, poco amigo de hacer favores y de tal condición, que, 
como suele suceder de ordinario, despreciaba las cosas y las 
personas de su tierra, por lo cual, según refiere Villalobos 
en esta misma carta, prefería á los de Castilla los médicos 
catalanes, de cuyo saber y pericia tenía muy menguada idea 
el físico castellano. También se muestra en esta carta des- 
contento de la Condesa de Medina, y dice que no quiere 
encargarle su negocio porque está toda empleada en ejerci- 
cios religiosos. Estas razones alega Villalobos para que doña 
Francisca Sarmiento ponga gran diligencia en la cobranza 
de su crédito; pero tales estaban por entonces las cosas en 
Castilla y tal era la escasez de dineros que en ella se sentia 
y de lo que el Tesoro público sufria más que los particula- 
res, que es de suponer que no lograse Villalobos el inme- 
diato cobro de sus salarios. Así se infiere de la carta que 
en 4 de Abril de este mismo año de i52i escribió, también 
desde Medina de Rioseco, al Almirante de Castilla, y que 
parece respuesta á alguna de este magnate en que se discul- 
paría de no haber satisfecho las reclamaciones del físico, 
pues éste le dice: «En muchas cartas me ha prometido y 
plantado V. S. grandes mercedes, y con la sequedad de esta 
primavera no han prendido ni echado fruto. Dizen que 
quando V. S. promete mucho, es menester buscar otro 
que cumpla las promesas, porque entrambas cosas no las 



— 40 — 

puede hacer uno solo. Yo sirvo en vuestra casa por todas 
las vías y fuerzas que mi persona puede bastar; la paga de 
esto otro la Ueuara, porque tampoco caben en uno solo 
entrambas cosas. Tan descansado queda V. S. después de 
hauerme scripto sus esclarecidas razones, como yo quedo 
despagado de mis negros trauajos.i» 

La carta inserta en los Problemas, con la cual envió 
V/Villalobos desde Valladolid al Arzobispo D. Alonso Fonseca 
^el «diálogo que passó entre un Grande de este Reyno de 
Castilla, estando con el frío de la quartana, y el Dr. Villa- 
lobos,» fué sin duda escrita antes de Abril del 1324, pues 
en esta fecha D. Alfonso de Fonseca dejó de ser Arzobispo 
de Santiago por haber tomado, como se ha dicho, posesión 
de la mitra d¿ Toledo, á que le elevó el Emperador Carlos V 
por sus méritos y por la influencia de su poderosa familia. 



— 41 — 



V. 



RETÍRASE VILLALOBOS DE LA CORTE. 



En la correspondencia que se conserva y conoce de Villa- 
lobos hay, después de la carta dirigida al Almirante, un 
paréntesis de cuatro años que no es difícil de llenar, y en los 
cuales no parece probable que sufriera grandes vicisitudes 
el insigne físico del Emperador; vuelto éste de Alemania, 
desembarcó en Santander el i6 de Julio de i522, y con su 
presencia y su hábil y prudente política, devolvió la tran- 
quilidad á estos Reinos, iniciándose entonces una época de 
paz interior que ha sido la más larga que desde sus orígenes 
ha gozado España. La unión entre sus naturales y los Prín- 
cipes de la Casa de Austtia fué tan estrecha, que durante dos 
siglos los españoles consideraron como suyas las causas que 
eran peculiares de aquellos Príncipes, y sabido es que lucha- 
ron con indomable valor durante dos siglos en todas las 
regiones de Europa, defendiendo los derechos patrimoniales 
de la dinastía austríaca, en mucha parte no sólo distintos, 
sino opuestos, á los verdaderos intereses nacionales. La gloria 
del poderoso Emperador Carlos V ofuscó á España, que 
llegó bajo su reinado al apogeo de su poder y grandeza, 
pues no sólo parecia que la victoria era su esclava, sino que 
mientras asentaba su poder en Europa se extendia el terri- 
torio de la Monarquía por el Nuevo Mundo, sometiendo á su 
cetro en aquel continente los Imperios de Méjico y del Perú, 
más grande cada uno de ellos que la Europa entera. 

Es, pues, de suponer que Villalobos, desde el año de 1 522 
hasta el de i525, ejerció su oficio en la Corte y alcanzó en 



— 42 — 

ella gran valimiento por su saber, por sus letras, y, sobre 
todo, por sus donaires, que, como se infiere con entera cla- 
ridad de las cartas de que se hablará luego, eran muy del 
gusto del Emperador y de los Grandes de su Corte, aunque 
Villalobos afirma con repetición que no le fueron de gran 
provecho. En tales circunstancias y tan favorables, sufrió 
Villalobos una contrariedad, en la que es de suponer que oo 
tuviera poca parte su carácter: fué el caso que el Emperador 
dio preferencia como médico, sobre los demás de su cámara, 
á un joven de nación italiana y conocido bajo el nombre 
de Narciso; según la opinión de Villalobos, era este moco de 
pocas letras y de menos pericia en la medicina, y, sin em- 
bargo, ganó la confianza del César, fenómeno frecuente en 
el ejercicio de esta profesión, en el cual no son siempre 
el saber y la experiencia lo que constituye el crédito de los 
médicos, sino el capricho y hasta la moda, de lo cual se han 
visto y se ven cada dia ñ'ecuentes y de ordinario tristísimos 
casos por las consecuencias que esto puede tener para los 
pacientes. Era natural que esta preferencia injusta ofendiese 
vivamente á un hombre como Villalobos, de claro enten- 
dimiento, de gran valer en su facultad y en quien no res- 
plandecia la humildad, ni siquiera la modestia, como se 
deduce de lo que se ha referido de una de las cartas dirigidas 
al Almirante, en que le dice que tenia en el entendimiento 
muchos senos en que cabian envoltorios de diversas cosas, 
contestando á aquel magnate, que le habia dicho que sólo 
entendiese en la medicina. 

Es de suponer que con motivo de una enfermedad que 
padeció el Emperador en el año de 1 524, ocurrieron graves 
diferencias entre Narciso y Villalobos acerca del tratamiento 
á que habia de someterse al ilustre enfermo, á lo que alude 
Sandoval (i) en estos términos: «El Emperador, como arriba 
se ha visto, estaua en Valladolid al tiempo que el Rey de 
Francia se puso sobre Pavía, y teniendo aviso de lo que sus 
capitanes hauian acordado, y aprouándolo, escribió luego al 
Infante Archiduque de Austria, su hermano, para que ayudase 



(I) Vida del Emperador Carlas V, lib. Xil, pág 618. 




— 43- 

y^Tortciese la venida, de los alemanes. Visto que los vene- 
cimoB querían estar A la mira y que el Papa se inclinaua á la 
piite francesa, embió á dar la mejor orden que pudo para que 
de Ñipóles y de España su campo fuese socorrido de dinero. 
Y vá hilo otros proveymientos necessarios. Y puesto en 
estol agriado9^ le sobrevino una penosa enfermedad de 
jÉartanas, para remedio de la qual pareció d los médicos 
pit no era huen lugar Valladolid, y por su consejo acordó 
k reverte á Madrid, como lo hijo; y antes de su partida 
embió á la Infanta D.* Catalina, su hermana, á Portugal para 
cddnr las bodas con el Rey, como estaua concertado. 
Ueuáronla á la ciudad de Vadajoz D. Aluaro de Zúñiga, 
Duque de Vejar, y el Obispo de Sigüenza, donde llegaron 
á It acompañar D. Juan Alonso de Guzman, Duque de 
Mcdina-Sidonia, y D. Francisco de Zúñiga y Sotomayor. 
Conde de Venalcá^ar, que después fué Duque de Vejar por 
ser casado con D.* Teresa de Zúñiga y de Guzman, sobrina 
del Duque de Vejar. Y llegaron á Vadajoz los Infantes de 
Portugal y otros señores y caualleros de aquel Reyno á la 
receñir, á los quales fué entregada y se effectuó aquel 
casamiento. Y fué una de las excelentes Reynas que tuvo 
en su tiempo el mundo. Partida la Reyna, el Emperador 
vino d Madrid, donde tuvo la Pascua de Navidad j^ fin del 
año ( 1 524) con no pequeño enojo de su enfermedad^ gran 
cuidado de la guerra de Italia, proueyendo para ello todo 
lo posible. » 

Este enojo sería causa muy principal de las disputas y 
diferencias de los médicos, porque sabidos son los que pro- 
duce una enfermedad larga en cualquier familia, y mucho 
más tratándose de paciente tan ilustre y cuya vida era tan 
preciosa. Sin duda estas circunstancias motivaron la resolu- 
ción que tomó Villalobos de retirarse de la Corte con gran \ 
sorpresa de los que la formaban, como expresa el Almirante ^ 
en carta que le escribió desde Medina de Rioseco el 1 5 de 
Abril de i525, en la cual le dice: «A toda Castilla teneys 
espantada, señor doctor, de la mudanza que haueis hecho, 
porque todos los médicos cuentan por suma felicidad viuir 
con el Emperador y seruir á S. M. con su oñcio, y vos, 



— 44 — 

teniendo tan buen lugar en la Corte, tanta cabida con todos 
los Grandes y tan buen salario en la Casa Real, hauerot 
salido de la Corte tan determinado y desterrado de vuestra 
naturaleza, donde vos teneys tantos y tan buenos feligreses, 
por viuir en Extemadura, tierra inculta é inhabitable, aunque 
sea en casa de tan gran señor y tan estimado como es el señor 
Marqués de Pliego, cosa es, cierto, de gran misterio, y en que 
vos estáis obligado de dar á todos razón y cuenta de tan gran 
novedad para no caer de la estima en que por vuestras letras 
y discreción érades tenido.» 

Como se vé en esta carta, un personaje tan insigne como 
lo era el Almirante, dá testimonio del alto concepto que en 
su tiempo alcanzó Villalobos, especialmente como médico, 
pues á él debia que en su patria, esto es, en Castilla, tuviera 
tantos y tan buenos feligreses; sin duda en su calidad de tal, 
y también por sus letras y discreción, por lo que «tenía tan 
buen lugar en la Corte y tanta cabida con todos los Grandes,» 
de donde resulta que carece de fundamento la especie vertida 
por algunos escritores de que Villalobos fué desgraciado en 
el ejercicio de su profesión y no logró en ella gran concepto 
ni resultados halagüeños. 

La carta del Almirante de que se vá hablando ofrece una 
prueba más de que Villalobos no era del Reino de Toledo, 
como alguien ha dicho, y es tan directa y concluyente, que no 
debe omitirse: refiriéndose aquel magnate á la retirada de 
Villalobos á Extremadura, dice: «Si fué cosa accidental de 
algún enojo ó agravio que re<^ebistes, más cerca pudiérades 
tomar la satisfacción, porque si vos queréis veniros á vivir 
á Vailadoiid, que es el riñon de vuestra patria, los seño- 
res que están en esta comarca, y yo con ellos, os daremos 
doscientos mil maravedís de salario.» Valladolid era ya por 
entonces, tanto ó más que Burgos, la verdadera capital de 
Castilla la Vieja, como lo prueba el haberse reunido muchas 
veces en ella las Cortes de aquel Reino bajo el reinado del 
Emperador Carlos V. 

Dio cumplida respuesta Villalobos á la carta del Almirante 
en otra muy desenfadada, y casi pudiera decirse insolente, 
fecha en Zafra il lo de Mayo de i525: dice en ella que su 




-45- 

resolución no fué tan súbita ni tan desconocida de la gente, 
pues la habían sabido los caballeros de Zaragoza y de Valen- 
cia» que le requirieron para que estableciese allá su casa; 
nueva y concluyente demostración del universal y favorable 
concepto que alcanzaba Villalobos en todos los Reinos de 
España: mostrándose además quejoso y agraviado de los de 
su patria, después de decir lo que antecede, añade en su res- 
puesta: «Usía ni los Grandes del Reino de León no pueden 
en este caso pretender ignorancia, pues que entre ellos y mí 
pasaron muchas cartas* sobre esta razón, y para más cierta 
información de todo, yo ñií personalmente á visitar al Conde 
de Benavente, que á la sazón estaba enfermo, y pasé por casa 
de V. S., y presencialmente os notifiqué cómo yo determi- 
naba no estar en la Corte por físico, donde Maestre Narciso 
era el caudillo de todos los médicos imperiales, mancebo 
italiano de muy pocas letras y de ninguna experiencia, que 
há pocos dias que le conocimos mo<;o de D. Hernando de 
Castriote (i); después assentó de viuienda con Maestre Luys, 
físico de S. M., y ahora exercita la prefatura y tiranía de la 
medicina tan absolutamente, que en la Cámara de S. M. no 
entra ni sale otro médico sino aquel que le obedece en todos 
sus desvarios. Y si de ellos no dependiesse la vida de muchos 
hombres, yo le obedecería, porque soy más ruin que él, mas 
hacíaseme conciencia lisonjear á un hombre de poco valor, 
con muerte de hombres muy valerosos, y señaladamente con 
peligro de la vida del César, á quien él tuuo, por sus errores, 
en peligro de muerte de la más liviana quartana que en estos 
años hauemos visto.» Estas últimas palabras están confirma- 
das por lo que antes se ha trascrito acerca de la enferme- 
dad que sufrió el Emperador á fines de 1524, referida por 
Sandoval, y de la que habla P. M. de Angleria en carta diri- 
gida al Arzobispo lusentino desde Valladolíd en el mes de 
Agosto (2), siendo muy de notar que ningún biógrafo de 

(1) Marqués de Civita de Sant'Angel, que murió en la batalla de Pa- 
vía, según algunos, á manos del mismo Rey Francisco I. Oviedo le dedica 
d diálogo 58, batalla 3/ de la 2.' quinquagena. 

(3) La referida carta empieza con estas palabras: MQuartana pressum 
ha^emus Ccesarem, Tristis est curia. Parum negotiatur,9 



-46- 

Villalobos baya dado noticia de este suceso de su vida, mien- 
tras casi todos suponen que se retiró de la Corte con motivo 
de la muerte de la Emperatriz, sin que exista razón alguna 
para suponerlo, y, por el contrario, todo indica que siguió en 
ella años después de aquel triste suceso, retirándose al cabo 
definitivamente por su propia voluntad, y tan bienquisto del 
Emperador y de los Grandes como lo fué siempre el ilustre 
físico. 

En la carta de que se vá haciendo referencia repite Villa- 
lobos sus quejas contra el Almirante y sus acusaciones de 
poco generoso, pues le dice: tMas parece que no queréis com- 
prar los buenos esclavos cuando se os ofrecen, sino esperar 
que se mueran de hambre por hauellos de balde;» aunque 
al fin de la carta reconoce que el Almirante, con todas estas 
tachas, es mejor que los otros, y que por eso no dejaría de 
reconocer el servicio y vasallaje que le debia. Es digno de 
notarse que el autor de las Quatrocientas respuestas al 
Almirante, en la que dio á la pregunta de éste, que lleva el 
número 279, sobre lo que debia hacer para enmendar su vida 
y dar buena cuenta á Dios, le dice: 

«Y en saber lo que deueys 
tal diligencia se Ueue 
qual vemos que la poneys 
en la renta que tenéis 
y en cobrar lo que se os deue. 
Que no es de justa consciencia 
olvidar lo que deuemos 
y ponello en negligencia 
buscando con diligencia 
deudas viejas que cobremos.» 

De seguro que si D. Fadrique hubiera sido un maniroto, 
como suelen serlo los grandes señores, no hubiera sido nece- 
sarío que Fr. Luis D'Escobar le diese este consejo, sino tal 
vez el opuesto. 

Unida á la carta de Zafira iban varias coplas en que Villa- 
lobos contestaba á las que el Almirante le habia dirigido con 



_ 47 — 

la suya; de todas se ha hecho mención para demostrar el orí- 
gen judío de Villalobos, pero una de ellas confirma también lo 
que se ha dicho acerca del año de su nacimiento, pues dice: 

« Cincuenta añas he remado 
con vientos y tempestades 
buscando mil vanidades.» 

Y como esto se escribió en el año de i525, resulta que 
empezó á remar en el proceloso mar de esta vida terrena 
hacia el de 1474. 



-48- 



VI 



VUELVE VILLALOBOS A LA CORTE. 



Pronto cesó el enojo que determinó la retirada de Villa- 
lobos de la Corte, pues sin que se sepa la ocasión ni el motivo, 
se le vé de nuevo en ella en el año de i526. Sin duda coad- 
yuvarían al mismo fin las gestiones de los Grandes y el 
arrepentimiento de Villalobos, que echaria muy de menos 
el trato de los cortesanos en su retiro de Zafra, porque 
á su edad y con la cultura de su entendimiento, no le 
podia ser muy agradable la conversación de los rústicos en 
una época en que ya florecian en la Corte de Castilla muy 
peregrinos ingenios, asistiendo en ella, además de los natu- 
rales, otros insignes literatos extranjeros. Precisamente coin- 
cide con la breve ausencia de Villalobos y con su vuelta á 
Palacio el estar acreditado como Embajador cerca de la 
persona del Emperador el célebre Andrea Navagiero, que 
representaba á la República de Venecia, á quien por cierto 
dedicó Fracastoro su poema Sífilis, posterior á las famosas 
Coplas sobre las pestíferas bubas, de Villalobos. También 
se hallaba entonces en España, como Nuncio del Papa, el 
Conde Baltasar Castiglione, autor del renombrado libro 
titulado El Cortesano y que tradujo maravillosamente á 
nuestra lengua Boscan, quien residia en aquellos dias entre 
los palaciegos como ayo del que fué luego Gran Duque de 
Alba, según consta en la carta á la Duquesa de la Soma, 
que vá al frente de las poesías á la italiana de Roscan, com- 
puestas, según él mismo dice, siguiendo las indicaciones de 
Navagiero. Contábanse entre otros, en el séquito del gran 



-49 - 

Monarca, Lucio Marineo Sículo, Pedro Mártir de Angleria y 
otros insignes humanistas españoles y extranjeros, y es claro 
que quien lo era tan entusiasta como Villalobos, habia de echar 
en las dehesas de Extremadura muy de menos aquella culta 
y áuQ reñnada sociedad, compuesta, además, de grandes 
Príncipes y magnates, por lo que á este propósito dice Sando- 
val en su Vida del Emperador, que la Corte de España era 
la más concurrida y magnífica de aquel tiempo, y para darle 
aún mayor esplendor, estaba entonces prisionero en Madrid 
el Rey Francisco I de Francia, siendo el giayor^ trofeo de la_ 
gloriosa victoria alcanzada en Pavía por las armas imperiales! 
Aunque para ello no exista ningún dato, es de presumir 
que cuando el Arzobispo de Toledo, con otros magnates y 
lucidísimo acompañamiento, marchó á Badajoz á recibir á la 
Infanta D/ Isabel de Portugal, que á ruego de las Cortes de 
Castilla fué la única esposa del Emperador Carlos V, acudiera 
desde Zafra el Marqués de Priego á formar parte del brillante 
séquito que para honrar á la futura Emperatriz se reunió en 
aquella ciudad, y que con él fuese Villalobos, quien, olvida- 
dos sus agravios, volvería á ser médico de Palacio, pues como 
se verá luego, la Emperatriz Isabel le mostró en adelante 
particular afecto, siendo el físico de su maLjpr confianza. 

Sea de esto lo que fuere, es lo cierto que en Diciembre 
de 1 526 Villalobos escribió desde Madrid al Comendador 
griego Hernan-Nuñez Pinciano una de las cartas más inte- 
resantes y curiosas de cuantas se conservan del ilustre mé- 
dico. Habia éste publicado en 1524 unos Comentarios á los 
dos primeros libros de Plinio, que fueron impresos en Alcalá 
por Miguel de Eguía, y habia enviado un ejemplar de su obra 
al famoso helenista pidiéndole su parecer sobre ella. El Co- 
mendador, severísimo Aristarco, contestó en los términos más 
acerbos y descorteses á Villalobos, y haciendo alarde de una 
erudición que tiene mucho de pedantesca, le decia: «El que 
ha de entender á Plinio y mostrarse parte competente para 
escribir sobre él, ha de tener, si no me engaño, estas partes: 
ha de ser mediano philosopho y más natural que moral, pues 
que él escribió historia natural, y philosopho no de burlas ni 
de Joanes Andrés, ni de Versorio ni de Coronel, sino philoso- 

d 



\ 



— 5o — 

pho aristotélico, y que haya visto todas sus obras Sobre 

todo esto, y lo más principal, ha de ser gran latino y griego, 
que sepa muy bien todos los rincones y particularidades de 

entrambas lenguas Délas susodichas cosas, ¿qué parte os 

toca, señor, á vos? Nadie hay que mejor lo sepa que vos mis- 
mo, que pues curáis las enfermedades agenas, de creer es que 
no ignoráis las vuestras. Una cosa os sé decir: que si como 
os consejaste con los que decís en el principio de vuestra 
obra, el Papa Adriano, los del Consejo Real, el Comendador 
mayor Hernando de la Vega, el Licenciado Vargas, Pedro 
Mártir y otros, de los cuales unos son imperitos de estas fa- 
cultades, y per consequens ineptos para ser jueces en ellas, 
Ovot xara Ti]v >.upauy hoc est asifii üd lyram , otros grandes 
señores, que, como ellos, nunca de nadie quieren oir verdad, 
tampoco la quieren decir á nadie; así que, si como os aconse- 
jasteis con éstos os aconsejáredes con tal montaraz como yo, 
que no tiene que perder sino la capa en el hombro, no oviera 
padecido vuestra hacienda, ni lo que más es de doler, vuestra 
honra, tanto detrimento.» Parece achaque inherente á los que 
hacen profesión de gramáticos esta destemplanza y acrimonia 
en los juicios, y esta soberbia y vanidad por lo que saben, 
que hizo famosos en la antigüedad á Aristarco y á Apolonio 
Discolo, y que no ha dejado de tener en España dignos repre- 
sentantes, de los que quizá no hayan sido los últimos don 
Antonio Puigblanch y D. Bartolomé José Gallardo. 

No era hombre Villalobos que llevase con paciencia tales 
insultos, y contestó á ellos como vá dicho, desquitándose con 
razón, sin duda, pero con poca mansedumbre y con menos 
modestia, dando con esto ocasión á hacer públicas interesan- 
tes noticias de su vida y escritos. Empieza su carta recha- 
zando y negando la competencia de Hernan-Nuñez en la 
materia, después de hacer notar que el romance de su carta 
no era tan primo como el que habia puesto en el Comentario 
6 Glosa de los trescientos refranes, dícele luego que habia 
dejado de comunicarle su obra, porque casi toda ella era de 
filosofía natural y de las cuatro artes liberales que usa la 
demostración; y como en esto no le habia visto nunca dar 
puntada , pensó que iba fuera de su jurisdicción; pero sar- 



— 5i — 

cásticamente confiesa que se ha equivocado, y que no sólo 
es, según de si mismo dice, en dichas doctrinas facundísimo, 
mas ante su ingenio seráfico, á todos los demás entendimien- 
tos (quantunque doctissimi sint) á unos llamaba indoctos, á 
otros ineptos y á otros asnos, y entrando en el fondo del 
asunto, sostiene Villalobos que para entender un autor, si ha 
sido vertido en otras lenguas, no es necesario conocer la 
suya, y que los errores y omisiones de traductores y copistas 
los suple y enmienda el que domina la materia á que la obra 
se refiere: opinión excesiva, pues si no es de absoluta nece- 
sidad, nadie puede negar que la crítica filológica es gran 
auxilio para la inteligencia de cualquier escrito, y en la época 
presente — más que en la de Villalobos, en que ya empe- 
zaron estos estudios — se les dá gran importancia, pues estu- 
vieron, como los demás, muy abandonados en la Edad Media, 
en cuya época se conocía á Aristóteles por las exposiciones 
de Averroes, y á Hipócrates y á Galeno por las de Avicena; 
pero Villalobos era, á pesar de sus estudios y de su entendi- 
miento, hombre de su época, y siguiendo lo que en ella se 
creía, dice en la respuesta á Hernan-Nuñez: 

•Desta manera tengo puestos en limpio muchos libros de 
Galeno, y señaladamente los de Virtutibus naturalibus, que 
es una obra de muy pocas hojas; y si hubiere algún griego 
que, por su original, dentro de seis meses la entienda, yo me 
obligo por ésta, firmada de mi nombre, de le dar cient duca- 
dos, v No ha llegado hasta ahora á encontrarse esta obra de 
Villalobos, que sería interesantísima para la historia de la 
medicina patria, porque quizá fuese el primer intento hecho 
en ella para sacudir el yugo de la medicina arábiga, anun- 
ciando el movimiento hipocrático, de que Valles fué, sin 
duda, el más ilustre representante. Por lo demás, es sabido 
que la mayor parte de los textos latinos y griegos que desde 
el descubrimiento de la imprenta empezaron á publicarse, 
estaban corrompidos hasta el punto de que algunas obras, 
muy especialmente la Historia natural de Plinio, los libros 
de Aristóteles sobre las partes de los animales, y otros, resul- 
taban casi del todo ininteligibles , y justamente es gloria de 
nuestra patria que en ella, poco después que en Italia, em- 



— 52 — 

pezaran , aunque sin los elementos necesarios, á hacerse las 
correcciones de esos textos, habiéndolas hecho Heman-Nuñez 
muy interesantes al mismo Plinio y á Pomponio Mella, si 
bien no se publicaron sino mucho después de la fecha de esta 
carta (i), por lo que, rechazando Villalobos el consejo que 
le daba el Comendador de que no prosiguiera su trabajo de 
cementar á Plinio, le dice: aPor esta vez, con perdón de vuesa 
merced, no tomaré su consejo, en que me mandays hazer 
silencio en la glosa de los libros siguientes; tal consejo como 
este nunca Dios quiera que yo $e lo dé á Vmd., sino exhor- 
taros á la scriptura, y no que todo sea palabras, sino doctrinas 
sustanciales y sólidas^ porque los que deseamos ser vuestros 
discípulos gozemos de los hondos secretos sacados de ese 
po^o inexhausto de sabiduría, que mucho mayor y más 
generosa virtud sería reprehender á los otros con la su- 
blimidad de vuestra doctrina que con la baxeza de la suya, 
porque lo primero es mantener y lo segundo morder: esto 
pertenece á las fieras y aquello á los inmortales, y pues que 
la sapiencia especulativa os hizo en vuestros tiempos unigé- 
nito suyo, y todo el resto del mundo son expurios y bastardos, 
ingratitud le habéis cometido más de cincuenta años arreo 
en no hauernos comunicado algunas migajuelas.» 



( I ) La primera edición de la obra de Hernan-Nuñez es como sigue: 

Portada grabada en madera (en folio menor), y en el centro el escudo 
de armas del Obispo Bobadilla. 

Observationes-Fredenandi Pintiani Professoris utriusque lingus éí 
humanorum studiorum in indita Academia Salmanticensi, in loca obscura, 
aut deprauata historis naturalis C. Plinii cum retractationibus quorundam 
locorum geographis Pomponii Melae. Locisque alus non paucis in diversiis 
utriusque- lingus auctoribus, vel castigatis vel expositis a nemine hactenus 
animadversis. 

Impresss in urbe clarissima Salmatica in ofñcina eximii virí Joanis 
Giuntae. Jussu et impensis Reuerendissimi in Christo patrís & illustrisimi 
antistitis. D. Francisci Bobadilis. Episcopi Cauriensis. Archidiocani Tole- 
tani &.* Anno MDxliiij mense lanuario. Cum privilegio nequis exudataut 
vendat. 

A la vuelta una advertencia. 

Sigue en la segunda hoja una carta del autor al Obispo de Coria, Bo- 
badilla, que ocupa dos hojas , á la que sigue la respuesta de Bobadilla al 
Pinciano, que ocupa la hoja siguiente. 



— 53 — 

Como arriba se ha visto, Hernan-Nuñez se manifestaba 
en su carta condolido de que Villalobos hubiese gastado su 
dinero en la impresión de su Comentario á Plinio, y para 
tranquilizarlo en este punto, el médico del Emperador le 
dice: t Y quiero consolaros de la jactura de mi hacienda, que 
tengo siempre mil ducados sobrados que derramar por esas 
calles en todo lo que á mí me agradare, y éstos no me sobran 
viviendo por ordinario, sino teniendo muy buenas muías y 
acémilas y muchos aforros y muchos sclavos y sclavas, y con 
lo que S. M. me manda pagar muy bien, cada año tengo 
trescientos mil maravedís de salario. Bien sé que direys que 
nunca medre quien me los dá.9 Aunque en esto haya alguna 
jactancia, en el fondo no puede menos de ser exacto, pues no 
babia de mentir Villalobos en cosas que debia saber todo el 
mundo, y, por tanto, á pesar de sus lamentaciones y de lo que, 
apoyados en ella, han dicho algunos, el Emperador pagaba 
espléndida y puntualmiente á Villalobos, no obstante los apu- 
ros del Erario, y éste vivía, no ya con holgura, sino con mag- 
nificencia y con todo el aparato de un señor de la Corte. 

No son menos interesantes, sobre todo para los literatos 
y aficionados á libros, las noticias que acerca de la publica- 
ción del Comentario d Plinio se dan en esta carta; á renglón 
seguido se lee en ella: «En lo de esta impresión el Licenciado 
Vargas ayudó en sus dias con cient ducados, y dos mercaderes 
de Sevilla que tienen trato en Florencia y en Roma tomaron 
la mitad de la obra en lo que costó. A mí me cabrá doce 
ó quince ducados; por éstos no se mese Vrad., que acá los 
cumpliremos cayendo y levantando. Digo cayendo enfermos 
y levantándolos yo: awícwm contrario.» Las comunicaciones 
literarias eran ya muy frecuentes entre españoles, italianos, 
franceses y flamencos, hasta el punto de que se reproducían ó 
se imprimían por primera vez obras españolas en Roma, en 
Venecia, en Ambéres, en León de Francia y en París, y tam- 
bién era frecuente que grandes señores ó personas que, sin 
serlo, tenían afición á las letras, costeasen las ediciones en todo 
ó en parte, como en esta ocasión lo hizo el Licenciado Vargas. 

No había de dejar sin réplica Villalobos lo tocante á su 
honra, y sobre esto dice: 



I 



-54- 

tDel muy amargo y lacrimoso dolor que Vmd. tiene de 
la cayda de mi honrra, no sé cómo pueda consolaros. Nuestro 
Señor Jesuchristo, por los méritos de sus plagas, os consuele 
y se duela de vuestros pecados. Mas en este artículo también 
quiero deziros una cosa: que en esto de la honrra no hay una 
regla general á todos, porque la honrra del pellejero es hacer 
buenos puntos en la gamerra, y sobre esta razón passan ellos 
entre sí grandes competencias y congoxas. Ninguna cosa 
destas toca á la honrra de un cauallero, sino aprouecharse 
bien de las armas y muy poco de las palabras. En esta com- 
paración están los gramáticos y los philosophos: los de 
vuestro triunvirato; porque no puse bien algunas palabras 
de gramática y otras que tocan á sus Florisandros y Explan- 
dianes, con que gozan de la niñez siendo viejos, tiénenme 
por el más amenguado hombre del mundo; yo en haber 
cumplido con los philosophos y artistas, tanto, que ellos lo 
entiendan bien, aunque lo escriuicra todo bárbaro no se me 
daria nada, porque assí lo hazía Plotino, que fué tenido por 
más excelente hombre que Platón; así que éstos no miran 
cómo ninguna sentencia entienden de cuanto está scrípto 
fuera del verano, y están descontentos de mi trauajo, no 
embargante que es mucho mayor el que tiene el uno dellos 
á las madrugadas quando ha jugado hasta la camisa toda la 
noche; con mi insuficiencia estoy consolado prcesertim, que 
por ella me hace honrra el mundo ingrato y desconocido, 
que á tal hombre deza andar hasta la vejez con la capa en el 
hombro.» Y abundando en estas consideraciones, dice Villa- 
lobos más adelante: 

tYo no puedo estar quezoso de mis naturales ciudada- 
nos, porque este segundo libro de Plinio hasta ahora nunca 
se leyó todo, porque no le entendían, y muchos lugares del 
se llamaban mostra pleniana, y yo abrí la puerta de manera 
que, aunque hallen algunos defectos en la glosa, como en 
todas cuantas están scriptas, por ella se puede vadear el libro 
y leerse todo sin quedar una palabra por entender, y con tan 
buena orden en tantas y tan varias cosas como la tuvo Aris- 
tóteles en sus doctrinas, y por esta misma glosa se comentó á 
leer en París en el mes de Septiembre.! Mucho deben ale- 



— 55 — 

grarse los aficionados á las letras de que no fuera en estas 
noticias y apreciaciones modesto Villalobos, como no lo suelen 
ser los que las cultivan, pues por su propio testimonio vemos 
que mereció alto aprecio de sus contemporáneos dentro y 
fuera de España, siendo una de las mayores honras á que un 
hombre de ciencia ó de letras podia aspirar en aquel tiempo, 
que sus doctrinas se aceptasen por la Universidad de París, 
que con las de Bolonia y Salamanca eran los tres grandes focos 
de donde irradiaba la luz de la ciencia por todo el mundo. 

Concluye Villalobos esta carta anunciando á Hernan- 
Nuñez que se verán muy pronto, que tratarán ampliamente 
estas materias, y que haria á los estudiantes de Plinio algu- 
nas lecciones en partes donde nunca las oyeron, siendo muy 
de notar el siguiente rasgo de injusta soberbia y desmedida 
presunción de Villalobos: «De aquí adelante (dice al Comen- 
dador), si algunas cartas nos escribimos en latin, Ueuarme 
heys tanta ventaja en la sublimidad de la eloqüencia quanta 
es del cielo á la tierra; mas yo os la Ueuaré tan grande en el 
entendimiento y llaneza del sermón quanta es de la tierra al 
cielo, y pues nos hauemos de ver en la pellegería de Sala- 
manca, no digo más.» No hemos podido encontrar rastro de 
la especie de certamen á que en esta carta se alude, pero no 
hay nada que indique que Villalobos dejase de ir á Sala- 
manca, centro á que acudían ya por entonces todos los que 
aspiraban á que fuesen aceptadas sus doctrinas científicas, 
exponiéndolas y discutiéndolas ante el concurso de ilustres 
catedráticos y alumnos que mantenían allí vivo el entusiasmo 
científico. Justamente por aquel tiempo, ó poco más adelante, 
el insigne P. Las Casas procuraba que se examinasen en 
Salamanca sus doctrinas sobre los indios, materia que tan 
vivamente discutió con Juan Ginés de Sepúlveda y con otros 
teólogos y filósofos. 

Ya se ha dicho que probablemente Villalobos se uniria al 
séquito que acompañó á la futura Emperatriz de Badajoz á 
Sevilla, donde se celebró el matrimonio del César; apoya 
esta conjetura una alusión al convento de cartujos de Santa 
María de las Cuevas, cerca de aquella ciudad, que hace en 
una de sus cartas. La Corte fué luego á Granada á pasar el 



— 56 - 

verano, y de allí, á fines del año, á Valladolid, donde llega- 
ron los Emperadores después de un viaje muy lento, sin duda 
por el estado interesante en que ya estaba D.* Isabel. A prin- 
cipios del siguiente de 1527 nació allí el Principe D. Felipe, 
y en el siguiente de 1 528 la GSrte se trasladó á Valencia, 
porque, como antes se ha dicho, no habia sido jurado don 
Carlos Rey de aquel Reino por haber tenido que precipitar 
su viaje para tomar posesión del Imperio en i52i, desde 
cuya fecha tantos y tan importantes sucesos habian estorbado 
que se cumpliese este requisito, como se hizo al fin el 4 de 
Mayo de i528. Con este motivo se celebraron en la ciudad 
conquistada por el Cid y por el Rey D. Jaime grandes fiestas, 
y para dar noticia de ellas escribió Villalobos desde Valencia 
en 17 del mismo mes al Arzobispo de Toledo D. Alfonso de 
Fonseca, que lo fué antes de Santiago, según se dijo al escri- 
bir sobre otras cartas que le habia dirigido siendo Fonseca 
Prelado de la iglesia compostelana, ocupada sucesivamente 
por tres individuos de esta familia, lo que dio lugar á que el 
Cardenal Cisneros, cuando los Reyes Católicos trataban de 
conferir aquel cargo á este D. Alonso, dijera con su santa 
libertad que lo mejor sería declarar la iglesia de Santiago 
feudo de los Fonsecas; pero como esta familia era muy pode- 
rosa y habia prestado grandes servicios en tiempos difíciles á 
D. Fernando y D.* Isabel, y como continuaron teniendo sus 
individuos gran favor en la Corte, el Emperador, después del 
breve Pontificado del flamenco Croix, elevó á la Silla primada 
de España á D. Alfonso, digno además de tan alto puesto por 
sus calidades , entre las que brillaban su amor á las letras y 
su protección á los que las cultivaban, lo cual explica muy en 
favor suyo las relaciones que siempre mantuvo con Villalo- 
bos, y que fueron tan intimas como demuestran las tres dedi- 
catorias del Comentario al segundo libro de Plinto, dirigida 
á este ilustre Prelado. En la primera de ellas cuenta Villalobos 
que hablando en Burgos con el Arzobispo Fonseca, éste le 
manifestó su predilección por Plinio y el deseo de que se 
aclarasen sus lugares oscuros; Villalobos dijo que él lo habia 
intentado, pero quesus ocupaciones en la Corte, que por su 
pobreza no podia abandonar, le impedian consagrarse á estas 




-57- 

tareas; más adelante fué huésped del Arzobispo, y en aquella 
ocasión emprendió el trabajo que por este motivo le dedica. 

La carta en que Villalobos daba noticia al Arzobispo Fon- 
seca de las fiestas celebradas en Valencia, está fecha, como 
se ha indicado, en esta ciudad el 17 de Mayo; la primera de 
que habla es un auto de fé, y acerca del asunto dice: 

tEl primer juego de los principales fué el jueves 14 de este 
mes, en que por la mañana se quemaron i3 hombres y mu- 
jeres con otra multitud de státuas, y hubo muchos recon- 
ciliados, y aunque id per jocum factum est, miseris tamen 
patíentibus serio preuertebatur. Aquí pagan muy bien á 
los oficiales que se introducen en los actos de estos juegos, 
mas yo de mala gana fuera persona en esta scena.» Son de 
notar en estas palabras las que dedica en idioma latino á los 
que padecian aquel tormento que se ofrecia en espectáculo 
al público, y además la última frase, que sin duda le fué ins- 
pirada por el recuerdo de la persecución que él mismo sufrió 
de parte de la Inquisición y del temor de que pudiera volver 
á ser victima de ella á causa de su origen judío (i). 

Aquella misma tarde hubo juego de cañas, en que el Em- 
perador tomó parte y salió el más esmerado jugador de todos, 
y el más gentil hombre , por lo cual no faltaba sino que las 
damas de la ciudad le adorasen; éstas brillaron en el baile que 
hubo dos dias después, hasta el punto de oscurecer á las de la 
Corte: y la fiesta hubiera sido preclarísima si no la hubiera 
oscurecido la noticia que llegó de Italia del desastre de la 
armada que mandaba O. Hugo de Moneada en las aguas 
de Salerno, donde murió este Capitán y otros tan ilustres 
como César de Feramosca, D. Vernal de Villa-Marin, D. Pe- 
dro de Córdoua , Luis Guzman y otros muchos, y fueron 
prisioneros el Marqués del Vasto, el de Corata, Antonio 
Colonna, sin contar los menos ilustres (2). 



(ij En el año de i855 se publicó, por la Redacción del periódico titula- 
do El Crisol Médico, un opúsculo titulado: Biografías de médicos per- 
seguidos por la Inquisición f en que por primera vez, y fundándose en la 
carta inserta al fín de las Congresiones^ dirigida á D. G>sme de Toledo, 
se dá noticia de la persecución de Villalobos. 

(2} Sandoval, Vida del Emperador Carlos V. 



- 58 — 

El Emperador fué en este año á Monzón á tener Cortes 
del Reino de Aragón que había convocado para aquella villa 
el I .° de Junio, y Villalobos, que sin duda tenía encargo del 
Arzobispo de darle cuenta de lo que ocurriese, le escribió 
el 12 de dicho mes, y la carta está casi toda dedicada al fa- 
moso desafío que hizo el Rey Francisco al Emperador, y del 
que tanto se ha hablado y escrito desde que vinieron á España 
los reyes de armas Guiana y Clarinceo, portadores del car- 
i tel con que el Rey de Francia trató de lavar, no la injuria 
que habia recibido , sino la mancha que sobre su honra de 
caballero habia echado él mismo, faltando á los más solemnes 
compromisos y á su palabra de honor, á pesar de haber dicho 
al Emperador, en el coloquio que ambos tuvieron paseando 
por los campos de lUescas, que si no cumplía lo pactado en la 
capitulación de Madrid, sería lache et mechant, por lo cual, 
cuando supo el Emperador que no otorgaba lo ofrecido, dijo 
en Sevilla á los Embajadores del Rey que éste lo había hecho 
lachement et mechan temen t. 

La carta de Villalobos es muy interesante, por que dá 
testimonio del carácter magnánimo y sereno del Emperador 
en estos términos: «limo. Señor: Nunca los vivos vieron un 
hombre tan alegre á todas horas, ni tan regocijado como está 
el Emperador después que está desafiado para matarse con el 
Rey de Francia; ni pudiera yo creer que en el linaje de los 
hombres habia diferencia de uno á otro en tan gran distancia 
como hay en este caso de mí á S. M., porque no tocándome 
^ este negocio en la persona, de pensallo solamente me tiembla 
< la paxarilla en el cuerpo, y si yo uviese de salir á la batalla 
I con aquella bestia, por Nuestro Señor que me metiese fraile 
y me escondiese en las Cuevas de Sevilla y aun en las cuevas 
y cavernas de la Tierra.» Ya se ha dicho que aquí alude Vi- 
llalobos al famoso convento de Cartujos de Santa María de 
las Cuevas, que fundó el Cardenal Mena en la orilla derecha 
del Guadalquivir, en lugar muy ameno y muy cercano á las 
ruinas de la antigua Italia, y en cuya iglesia tuvo su primera 
sepultura el gran descubridor del Nuevo Mundo, Cristóbal 
Colon. 

Para completar la idea del estado psicológico, como ahora 



-59- 

se llama, del Emperador flespues del famoso desafío, conviene 
citar uno de los últimos párrafos de esta carta, que dice así: 
cSu Majestad come y duerme mejor que nunca y engorda y 
tiene lustre de un dia para otro, y tiene tan sabrosa conver- 
sación con todos nosotros, que ya estamos enhadados del y le 
tenemos por importuno. Y si la cosa no ha de venir á las 
manos. Dios Nuestro Señor sea servido en que siempre viva 
desafiado, porque toda la llaga y aspereza se scupa en el 
enemigo, y los miembros que somos suyos quedemos libres 
de las malas reumas y corrimientos.» Las Cortes marchaban 
con su acostumbrada lentitud, hija principalmente de las 
dificultades que siempre habia en otorgar los servicios pedi- 
dos, y que eran tan necesarios para sostener las guerras, que 
apenas cesaron un momento en aquel glorioso reinado: fué 
uno de estos breves períodos de paz el que siguió á las gran- 
des victorias alcanzadas en Italia, especialmente después que 
se ajustó con Francia el tratado de Cambray; pero ya empe- 
zaban las alteraciones de Alemania, y el Emperador, que 
habia residido siete años continuos en Castilla, era vivamente 
reclamado por sus subditos del Imperio, que esperaban que 
su presencia bastaria para aquietar á los revoltosos y dar splu- 
cioQ satisfactoria á las graves dificultades políticas y religiosas 
que entonces empezaron á suscitarse. 

El Emperador determinó acudir á tales urgencias, y ya 
que los asuntos de Italia parecían definitivamente resueltos, 
acordó emprender su viaje á aquella Península y proceder 
luego á su solemne coronación como Emperador de Alema- 
nia, á cuyo fin, arregladas las cosas de Castilla y dejando al 
frente del Gobierno á la Emperatriz, partió de Barcelona 
el 28 de Julio de 1529 con numeroso y lucidísimo acompa- 
ñamiento de Grandes y caballeros, y llegó á Genova el 12 de 
Agosto siguiente. 



— 6o — 



VIL 



VILLALOBOS DURANTE LA AUSENCIA DEL EMPERADOR 

DE I 529 Á I 53o. 



Desde Valladolid, donde residia la Corte en ausencia del 
Emperador, escribió Villalobos en 10 de Febrero de 1 53o una 
salidísima carta al Duque de Nájera: lo era entonces D. Anto- 
nio Manrique de Lara, segundo Duque de dicho título, que 
fué persona de las más ilustres de su tiempo, no ^lo por per- 
tenecer á una de las familias más antiguas y poderosas de Cas- 
tilla, sino por sus cualidades y por los grandes servicios que 
prestó á la Nación y á sus Monarcas desde fines del siglo xv 
hasta el año de i535, en que falleció en su villa de Navarrete 
la noche del i3 de Diciembre (i). En premio de sus méritos 
obtuvo grandes distinciones, y entre ellas la de ser elegido 
caballero del Toisón en el Capítulo de la Orden que celebró 
el Emperador en Barcelona en 1 5 18. La carta de Villalobos, 
escrita en burlas, aunque no contiene noticias de carácter 
general y público, las dá en cambio interesantísimas de los 
personajes de la Corte, en términos harto libres y desen- 
fadados; así empieza diciendo sin ninguna salutación ni 
preámbulo: 

«¿Por qué razón la Emperatriz y la Marquesa de Lombay 
están gordas y todas las damas han enflaquecido? Porque las 
unas hubieron muy buen verde, y las otras oliéronlo y no se 
lo dieron.» 



(I) Salazar, Historia de la Casa de Lara, lib. VIII, pág, 173, 
tomo XX. 



— 6i - 

Fácil es comprender el sentido de esta especie de charada; 
si se recuerda que la Emperatriz, al separarse del Empera- 
dor, habia quedado en cinta, habiendo dado á luz pocos meses 
adelante al Infante D. Fernando, que vivió poco tiempo. 
Este suceso se celebró con grandes fiestas en Bolonia, donde 
residia entonces el Emperador; jugáronse cañas á uso de 
España y sacaron cuadrillas el Marqués de Astorga y el 
Duque de Escalona; justaron cuatro dias arreo italianos» 
flamencos y españoles, y lucieron en una y otra fiesta riquí- 
simas invenciones (i). 

Es de suponer que la Marquesa de Lombay estaria en el 
mismo estado interesante que la Emperatriz, y que las otras 
damas no se hallaban en el mismo caso, teniendo muchas, 
si no todas ellas, ausentes sus maridos, que habian acompa- 
ñado al Emperador en su viaje á Italia y á Alemania. 

No necesita comentario lo que sigue en la carta de Villa- 
lobos: 

«¿Por qué razón (dice) todos los casamientos de las damas 
pararon en sólo el del Marqués de Astorga? Es porque ellas 
quedaron muy malas de contentar y el Emperador muy 
escarmentado de prometer.! 

En la época á que pertenecen estos sucesos, los Reyes 
eran los casamenteros de los Grandes, disponiendo sus matri- 
monios como lo estimaban conveniente, y el no obedecerlos 
en este punto era cosa grave y de trascendencia, como lo 
demostró lo ocurrido justamente al Duque de Nájera, á quien 
esta carta iba dirigida, y que refiere Sandoval en estos tér- 
minos: 

«Daré fin á este libro contando un caso que en este 
año (1529) uviera de poner en cuidado y vandos los mejores 
de Castilla, por ser notable y por lo que debo á los Mar- 
queses (Duques) de Nájera. Doña Luysa de Acuña fué hija 
y sucesora de D. Henrique de Acuña, Conde de Valencia, 
Alcayde de las torres de León, nieto de D. Juan de Acuña 
y de Portugal, Duque de Gijon, á quien mató con una porra 



(i) Sandoval, Historia del Emperador Carlos V, lib. XVIII, pár- 
rafo 4.*, pág. 74, tomo XX. 



— 62 — 

D. Juan de Robles, su cuñado. Pretendieron casar con ella 
D. Manrique de Lara, el Marqués de Astorga y el Conde de 
Mayorga, primogénito de Benavente. Sobre esta pretensión 
huuo entre estos caualleros y sus parientes muchas pesa- 
dumbres, y por ataxarlas mandó el Emperador que traxesen 
á O.* Luysa á su palacio hasta que se determinase con quién 
hauia de casar. I>espues escribió á D. Juan Tabera (que ya 
era Cardenal), Presidente de Castilla, desde ^Barcelona á 26 
de Julio, año de 1529, que la depositassen en un monasterio 
donde más segura estuviese. Hízose el depósito en Santo 
Domingo el Real de Toledo, y estando allí depositada por el 
mes de Agosto de 29, ó, según otros dicen, siendo trayda á 
instancia de la Priora, que la pidió á la Emperatriz por tres 
ó cuatro dias para tenerla en el Monasterio. D. Alonso 
Manrique, Arzobispo de Sevilla, Cardenal y Inquisidor 
general, hijo de D. Rodrigo Manrique, Maestre de Santiago 
y Conde de Paredes, persona, demás de ser de tan alta san- 
gre, que hauia hecho señalados servicios á los Reyes, desseaua 
que D. Manrique casase con O.* Luisa. Para esto concertó 
que D. Manrique y un capellán llamado Muriez fuesen muy 
de mañana al locutorio de las monjas. Dixo también á don 
Rodrigo de Abalos, su sobrino, capellán mayor de la capilla 
de los Reyes nuevos, que le esperase á la puerta del locutorio. 
Poco después llegó el Arzobispo, y llamando con los artejos 
de la mano en la puerta del locutorio, se abrió y cerró, sin 
que nadie viese, de los que acompañauan al Arzobispo, quién 
le abría ni cerraua. Luego mandó á su caudatario diesse la 
falda á D. Rodrigo, y entróse dentro. Estaua aderezado un 
altar en el locutorio por la parte de fuera, y las rejas se qui- 
taron de manera que pudo salir O.* Luisa. Dijo el capellán 
misa y velólos en presencia del de Seuilla y de D. Rodrigo, 
que tenia una fuente con las arras. Hecho esto, el Arzobispo 
se volvió á su casa, y dizen que lleuó los novios consigo. 
La Emperatriz sintió esto grandemente, y el Emperador. El 
Arzobispo perdió el de Toledo, que vacó presto, por esta 
razón. Otros dizen que porque negoció mejor D. Joan Tabera 
con D. Francisco de los Couos, que pretendia el Adelanta- 
miento de Cazorla.» 



— 63 — 

Para completar este cuadro de las costumbres de aquel 
tiempo, conviene reproducir lo que sobre este mismo suceso 
refiere Salazar, que además dá idea de la magnificencia del 
Duque de Nájera, á quien dirigió varias cartas Villalobos 
sobre los sucesos de la Corte de Castilla por el año de 1 529 
á i53o. 

«A estos años corresponde lo que del Duque D. Antonio 
dixo la Emperatriz D.* Isabel, y anda impfeso en la Floresta 
española, pues como estando S. M. y Carlos V en Toledo, 
pasase el Duque á visitarlos con grande acompañamiento de 
deudos y domésticos adornados de riquísimas libreas, la 
Emperatriz, que gustó de ver su entrada, dixo á los que le 
acompañauan: Mds viene el Duque á que le veamos que 
á vernos. 

•Recreciósele grande disgusto el año de 1329 con el 
casamiento que el Conde D. Manrique, su hijo, celebró con 
D.* Luisa de Acuña, hija y heredera del Conde de Valencia, 
porque no sólo fueron extrañas las circunstancias de esta 
boda, pero las hacía más gravosas el estar el Conde capitu- 
lado antes. con D.* Aldonza de Urrea, su prima hermana, 
hija de los Condes de Aranda, y tener ya un hijo en aquella 
señora. Por este suceso estuvieron presos muchos meses 
D. Rodrigo y D. Bernardino, hijos del Duque; fueron des- 
terrados de la Corte el Cardenal D. Alonso Manrique, Ar- 
zobispo de Sevilla, y la Duquesa de Nájera: y el Duque, des- 
pués de dos años de asistencia en la Corte para la solicitud 
de este negocio, no hallando que la Emperatriz, estando 
ausente Carlos V., lo determinaua por gouierno, ni que el 
Consejo de Castilla, á quien se sometió el exceso de sus hijos, 
tomaua resolución por justicia, embió á Alemania á D. Juan 
Manrique, su hijo, y á D. Francisco, su hermano, después 
Obispo de Orense, para que, valiéndose de una instrucción 
que les dio, supiesen la voluntad del Emperador. Esta dili- 
gencia facilitó la libertad de D. Rodrigo y D. Bernardino, 
y cometiéndose á los jueces eclesiásticos lo que tocaba al 
matrimonio del Conde con D.* Aldonza de Urrea, pudo el 
Duque bolverse á su casa, donde le hallamos en Nájera á 2 
de Noviembre de iS32, dotando en el Monasterio de Santa 



-64- 

Maria la Real de aquella ciudad, la memoria perpetua de 
que todos los sacerdotes que dijesen misa en el altar mayor, 
fuesen obligados á decir un responso sobre la sepultura del 
Duque D. Pedro, su padre, y de D. Manrique, su hermano, 
que es cerca de dicho altar. Lo cual dice que habia de ser 
por servicio de Dios y descanso de las almas de dicho Duque 
y de la Duquesa Guiomar de Castro, y de sus abuelos y her- 
manos: y á ello se obligaron el Abad y monjes de aquella 
casa, y lo aprobó el M. Rdo. Sr. D. Fr. Alonso de Toro, 
Abad de San Benito de Valladolid» (i). 

No suele Villalobos ser en sus escritos muy benévolo con 
las mujeres, aunque hizo un elogio especial de ellas como en 
descargo de su conciencia, y buena prueba es de esto lo que 
dice en la carta á que se vá haciendo referencia: 

«¿Por qué razón la hermosura de la Duquesa de Frias es 
más nombrada que las otras hermosuras? Es por la misma 
razón que la pequeña riqueza en el hombre que no toca en 
ella es mucho mayor que la gran riqueza en los hombres 
gastadores.» 

La Duquesa de Frias á que se refíere Villalobos no puede 
ser otra sino D.* Juliana Angela de Aragón y Velasco, mujer 
de D. Pedro Fernandez de Velasco, cuarto Condestable de 
Castilla, tercer Duque de la ciudad de Frias, quinto Conde 
de Haro y Camarero mayor del Rey, que durante esta ausen- 
cia del Emperador habia quedado por Capitán general del 
Reino. Este matrimonio, en que los cónyuges eran primos 
hermanos, no tuvo sucesión, y quizá á esto alude Villalobos 
al decir lo que dice de la hermosura de la Duquesa: 

«¿Por qué razón (dice Villalobos en esta misma carta) el 
Conde de Monterey presume de gentil hombre? Es porque 
nació feo.t 

Trátase aquí de D. Alonso de Acevedo y Zúñiga, tercer 
Conde de Monterey, señor del Estado de Viedma y Ulloa, 
que, cuando se escribió esta carta, estaba en Bolonia acompa- 
ñando al Emperador, á quien siguió á Alemania; hallándose 
en el socorro de Viena; era uno de los magnates más ricos y 



(i) S alazar y Castro, Casa de Lara, tomo 11, Ub. VIII, pág. 175. 



— 65 — 

ostentosos de la Corte (i)* y por eso, sin duda, dice Villalobos 
que presumía de gentil hombre; que fuese feo no consta en 
las crónicas del tiempo; pero sin duda lo sería cuando Villa- 
lobos hace notar esta circunstancia. 

No es difícil determinar quiénes fueron D. Juan y don 
Francisco Manrique de Lara, de quienes habla Villalobos en 
esta curiosa carta, diciendo del primero: 

t¿Por qué razón D. Juan Manrique de Lara no viene á la 
Corte? Por no enamorarse otra vez. » 
Y del segundo: 

«¿Por qué razón D. Francisco Manrique sólo está rico 
entre los Manriques? Porque es mucho mayor la renta que el 
gasto.» 

Tengo por cierto que ambos eran hijos de ganancia del 
Duque D. Pedro, llamado el Fuerte, y, por tanto, hermanos 
bastardos del Duque de Nájera, á quien la carta vá dirigida, 
pues consta que D. Pedro tuvo hijos de varias mujeres, y 
entre ellos menciona López de Haro, en su Nobiliario, á don 
Alvaro, D. Luis, D. Felipe, D. Jorge, D. Juan, D. Claudio 
Clavero de Alcántara, D. García, Canónigo y Tesorero de 
Toledo, D.* Ana, D.* Catalina y D.* Inés. 

Don Francisco fué Obispo de Salamanca y de Sigüenza, y 
González Dávila dá de él estas noticias: 

tNació en el año r5o3, en la muy noble villa de Nájera; 
fueron sus padres D. Pedro Manrique de Lara, primer Duque 
de Nájera, y D.* Guiomar de Castro. Crióse en la casa de su 
tío el Cardenal de Burgos. Leuantóse en Castilla el alboroto 
de las Comunidades, y D. Francisco fué con 3oo hombres á 
defender los Estados de su padre; y en su defensa se mostró 
valeroso y prudente. El Emperador le mandó dejar la espada 
y que tomase el hábito clerical, y le dio título de Capellán 
mayor de la Capilla Real de Granada. Y en el tiempo que 
residió en su Corte le mandó que le dijese misa, por la buena 
presencia que tenía y devoto modo de decirla. Con este título 
le envió á Francia á tratar de pazes con el Rey Francisco. 
Asentólas, y vuelto á España, le presentó para el Obispado 



(i) Nobiliario de López de Haro, tomo I, lib. V, pág. 577. 



— 66 — 

de Orense en el año i S42, y asistió en el Concilio de Trento, 
y donó á su iglesia la cabeza de Santa Constanza y ornamen- 
tos para el servicio de sus altares. Gouernando su Sede ganó 
sentencia contra la ciudad de Orense, de ser el Obispo, y los 
que le sucediesen verdaderos señores de la ciudad, y sus 
términos en las jurisdicciones civil y criminal, y manda al 
Consejo, Justicia y Regidores de la ciudad no perturben este 
derecho, so graves penas. Siendo Obispo de Orense, acom- 
pañó al Rey de Bohemia, D. Fernando, desde España hasta 
Alemania, y dejándole en su Corte, pasó al Concilio de 
Trento. Bolvió á España, y desta iglesia fué promovido para 
la de Salamanca; y ñié el último Obispado que presentó el 
Emperador antes que renunciase el Imperio y las Coronas, y 
tomó su posesión en 1 1 de Junio de i556. Recibió en Laredo 
á la Reyna María de Ungría, y á la Reyna Leonor de Fran- 
cia, y las acompañó hasta Valladolid. En el govierno de 
su obispado fué marauilloso Prelado. No huuo necesidad en 
todo él que no la socorriese la misericordia de su piadosa 
mano. En persona visitaua las casas de muchos pobres, y 
ninguno dexó de participar del fruto de sus limosnas. En el 
año de i36o, en 1 3 de Abril, fué promouido para la de 
SigÜenza, de que tomó posesión en 6 de Agosto, y llegando 
á Toledo á besar la mano al Rey, murió en esta ciudad 
en 1 1 de Noviembre del 1 36o, en cincuenta y siete de su 
edad, y diósele á su cuerpo sepultura en el convento de San 
Juan de los Reyes, de religiosos Franciscos.» 

Aunque cuando se escribió esta carta todavía no era don 
Francisco Manrique Obispo de Orense, era ya Capellán mayor 
de Reyes en la Catedral de Granada, pues con esta calidad 
fué á tratar las paces con Francia, que se ajustaron en Agosto 
de 1 329, y sin duda gozaba pingües beneficios eclesiásticos que 
le producían las rentas de que habla Villalobos, más grandes 
que sus gastos, porque siendoclérígo no podían ser tantas como 
las de un caballero de alta alcurnia asistente en la Corte. 

Termina Villalobos en esta carta la serie de los Manri- 
ques, diciendo: 

«¿Por qué razón el Duque de Nájera engendra más que 
el Condestable? Porque no es tanfrío.» 



-67- 

Además, y como se ha visto por los hijos legítimos y bas- 
tardos que tuvo su padre el Duque D. Pedro, le venía de casta 
á D. Antonio el ser prolífico. 

Continuando su curiosa enumeración de magnates y caba- 
lleros, dice Villalobos: 

«¿Por qué razón el Conde de Oñate e% frió y habla mucho? 
Porque no está sano.» 

Era este Conde de Oñate cD. Pedro Velez de Gueuara, 
segundo Conde de Oñate, señor de la casa de Gueuara y otros 
vasallos, en quien tuvo fin el señorío del valle de Lénis; 
sucedió al Conde D. Iñigo, su abuelo, en la casa y señorío de 
Oñate; sirvió, antes de gozar de su casa y Estados, á los 
Reyes Católicos y á los Reyes D. Phelipe I y D.* Juana, y 
al Emperador D. Carlos, su hijo, Rey de las Españas, en las 
alteraciones de estos Reinos, con mucho valor, y en las demás 
ocasiones de su tiempo, como se escriue en la primera parte 
de la Crónica de este Príncipe, fól. 210; casó con D.* Mencía 
de Velasco, hija de D. Iñigo Fernandez de Velasco, Condes- 
table de Castilla, y de la Duquesa D.* María de Touar, su 
mujer. Marquesa propietaria de Verlanga.t El dar por razón 
de hablar mucho este Conde de Oñate, que no estaba sano, 
indica, al parecer, que no gozaba de su cabal juicio, ó quizá 
que chocheaba, como vulgarmente se dice. 

Picana es la cuestión que propone Villalobos y que 
resuelve en estos términos: 

t¿Por qué razón el Conde de Paredes hizo hijas tan her- 
mosas? Porque les cupo muy poco de la pieza.» 

Hablase aquí de D. Rodrigo Manrique de Lara, tercer 
Conde de Paredes, á quien dedica Salazar el cap. VI del 
libro X de su obra sobre la Casa de Lara, y en él dice que 
ya en un privilegio dado por los Reyes Católicos en 1482 le 
llaman Conde de Paredes de Nava; tuvo las encomiendas de 
Alhambra y Solana en la Orden de Santiago y siguió el par- 
tido del Rey Católico en las diferencias que tuvo con su yerno 
D. Felipe el Hermoso. En tiempo de las Comunidades se 
unió con su gente al ejército de los Gobernadores en Medina 
de Rioseco, y tomó parte en las operaciones, que terminaron 
con la derrota y sumisión de los comuneros; después de estos 



— 68 — 

sucesos hizo su habitación contínua en Villa-Palacios y Vi- 
Uaverde; murió en aquella villa el 6 de Enero de iS36 y fué 
sepultado en el monasterio de San Francisco, de Villaverde; 
casó dos veces: la primera con D.* Isabel Fajardo, y la segunda 
con D.*^ Ana de Jaén, que después se llamó Manrique, criada 
de su casa, aunque de noble y limpio origen; de ambos 
matrimonios tuvo muchos hijos y otros naturales, y las hijas, 
cuya hermosura pondera Villalobos, fueron D.* Leonor Man- 
rique, que casó con D. Luis de Guzman, cuarto señor de la 
Algava; D.* Luisa y D.^ Isabel, que fueron religiosas en el 
convento de Calabazanos; D.^ Mencía, que casó con D. Luis 
de Vich, señor de las baronías de Laurin y Matada en el 
reino de Valencia, Camarero del Emperador, y D.* Magda- 
lena, que casó el año de ib34 con D. Francisco de Monroy, 
Conde de Deleitosa. Estas fueron hijas de D. Pedro y de 
D.* Isabel Fajardo, de quien, entre hembras y varones, tuvo 
nueve hijos; en su segunda mujer, D.* Ana, tuvo otros seis, 
y entre ellos á D.^ Juana Manrique, que casó con el capitán 
Jerónimo Aliaga, que fué uno de los conquistadores del Perú; 
además de estos i5 hijos legítimos llegó á tener hasta 32, 
y de los i7 bastardos fueron hembras D/ Mariana, D.* Fran- 
cisca, D/ Aldonza, D/ Margarita, D/ Luisa, D/ Inés y 
D.* Catalina; casi todas ellas fueron religiosas, y la última 
casó con Diego Ruiz de Solís, Comendador de Villanueva de 
la Fuente en la Orden de Santiago, Visitador general de la 
provincia de Castilla y Gobernador del Campo de Montiel. 
Tal fué la larga descendencia de este verdadero Patriarca^ 
que además tuvo la gracia de engendrar hijas muy her- 
mosas, según nos dice Villalobos, que continúa su carta de 
este modo: 

a¿Por qué razón el Adelantado de Castilla es tan cuerdo? 
Porque trocó las costumbres con el estado.» 

Ejercia á la fecha de esta carta el Adelantamiento mayor 
de Castilla D. Antonio Manrique, sobrino del Duque de 
Nájera, de su mismo nombre y apellido, que fué Adelantado 
porque se casó con D.* Luisa de Padilla, señora de las villas 
de Santa Gadea, Soto-Palacios, Coruña, Calatañazor, Villo- 
veta y otras, en cuya casa habia vinculado esta alta dignidad 



-69- 

el Rey D. Enrique IV; los herederos de ella, que tomaron el 
apellido de Padilla con preferencia al de Manrique, fueron 
más adelante Condes de Santa Gadea. Sin duda D. Antonio 
Manrique habia sido mozo alegre y ligero antes de celebrar 
este matrimonio, mediante el cual no sólo mudó de estado en 
la acepción que ordinariamente tiene esta frase, sino por 
haber adquirido el que tan alta dignidad le daba. Según 
Salazar, fué de los pocos Grandes que concurrieron á las 
últimas Cortes generales de Castilla celebradas en i538, y 
ano de los doce primeros Diputados que el martes 6 de 
Diciembre nombró por votos el brazo de la nobleza para 
eicaminar las proposiciones de aquellas Cortes. A 25 de Julio 
de 1542 le escribió el Emperador desde Monzón, diciéndole 
que tuviese prestas 20 lanzas de hombres de armas, los 
mejores que hubiese en su casa y tierra, pagados por cuatro 
meses, para enviarlos á la parte que se le avisase; pues, aun- 
que otras veces habia servido y podia servir con mayor 
número, S. M. queria reducirlo á aquél para su mejor 
apresto; y estando todos sus subditos obligados á interesarse 
en la defensa de sus Reinos , tocaba esto señaladamente al 
Adelantado por ser principal parte en ellos. En efecto, en 
esta época el Emperador se disponía á la guerra de Alema- 
nia, que tan gloriosamente concluyó, y por ir él en persona 
tenían, según fuero y costumbre, obligación de acompañarle 
los Grandes, títulos y caballeros de Castilla. 

Vivía aún el Adelantado D. Antonio Manrique en el año 
de i55o, en que D." Inés Carrillo de Acuña hizo su testa- 
mento dejándole cierto legado; pero, según Salazar, falleció 
antes en i56o(i). 

Esta es, en resumen, la biografía de los personajes de que 
habla Villalobos en su carta de 10 de Febrero de i53o, diri- 
gida al Duque de Nájera. 

Otra carta de Villalobos al mismo Duque aparece fechada 
en 26 de Octubre, y por los sucesos que en ella se refieren 
es evidente que fué escrita en ese día del mismo año de 1 53o. 
Hablase en ella de la llegada á Ocaña, á donde se habia 



(1) Salazar, Casa de Lara, lib. XI, cap. IV. 



— 70 — 

trasladado la Corte, del Conde de Benavente y del Mar- 
qués de Astorga, el cual había acompañado al Emperador 
á Italia. Sabido es que á fines del año anterior de 1&29 
Carlos V ajustó una paz universal, en que entraron casi todos 
los Principes cristianos, quedando sólo excluidos de ella los 
luteranos y Florencia; después de esto, y en virtud de la 
reconciliación y amistad con el Papa Clemente VII, que tan 
enemigo habia sido hasta entonces del Emperador, se verificó 
la ceremonia de la coronación en Bolonia con una solemni- 
dad y magnificencia extraordinarias el 22 y 23 de Febrero. 
Terminadas las cosas de Italia, se disponía el Emperador á 
marchar á Alemania, y en 7 de Marzo mandó volver á España 
al Marqués de Astorga y al Duque de Escalona, enviando 
con ellos al Condestable de Castilla cartas en que daba cuenta 
de todo lo sucedido (i). Lo largo y penoso del viaje y las 
detenciones del camino explican que el Marqués de Astorga 
no llegara hasta fines de Setiembre ó principios de Octubre 
á Ocaña, y que en esta fecha diera noticia del suceso Villa- 
lobos al Duque de Nájera. Hablase también en esta carta 
de la enfermedad del Emperador como de cosa ya pasada, 
y, en efecto, no se sabe que el César tuviera en aquel año más 
dolencia que la que padeció en Bolonia antes de la corona- 
ción, sobre la cual dice Sandoval: «Dióle al Emperador estos 
dias una enfermedad de esquinancia, de que se vio bien fati- 
gado, y se tuvo algún temor de su salud, no tanto por ser la 
enfermedad muy peligrosa, quanto por ser mal heredado de 
padre y abuelo. Pero con el fauor divino y con la ayuda del 
Dr. Narciso guareció pronto de ella.» No califica del mismo 
modo la enfermedad Villalobos, el cual dice: «Bien sabemos 
que está bueno S. M., aunque tuvo unas fuertes tercianas;! 
pero como no le asistió en esta dolencia, y estaba tan lejos 
el paciente, no podia tener de ella más noticias que las que 
le suministraban los familiares del Emperador, y es de creer 
que fuera una afección de la garganta y de las vías respira- 
torias, que reconocía por causa su temperamento humoral 
hereditario, porque en varias de las cartas que en este mismo 



í I) Sandoval , Ub. XIX, párrafo i3. 



— 7» — 

año de i53o escribió desde Roma al Emperador el Cardenal 
García de Loaysa (i), su confesor, le dice qtie se le oye el 
fecho desde lejos, y que, por lo tanto, se prive de comer 
pescados y otros manjares que le eran dañosos, consejo que 
nunca siguió el Emperador, cuyos desórdenes en la comida 
fueron parte muy principal de sus enfermedades y de su 
muerte, como se prueba por la relación de su residencia en 
Yuste, donde falleció. 

Dos veces habla Villalobos en esta carta de D.* Catalina 
de Mendoza, en términos que hacen suponer que mantenia 
con el Duque de Nájera, ya anciano, relaciones más que 
amistosas, pues dice primero: «Mas la Sra. D/ Catalina de 
Mendoza virgen está después de vuestra partida; no sé si lo 
hace por guardar á V. S. la debida lealtad, ó si es porque 
quedó flaca y muy desganada de la quartana doble que ha 
tenido;» y más adelante añade: «Ayer, á<ia mesa de la Empe- 
ratriz, D.* Catalina de Mendo<;a vio la carta de V. S. y rego- 
cijóse, aunque anda siempre melancólica, tomada del diablo, 
y dijo que érades más gracioso en ausencia que en presencia. 
Digo: Todos los vinos de Navarrete tienen eso, que son mejo- 
res cargados que al tapón.» Por este tiempo residia el Duque 
de Nájera en su villa de Navarrete, donde murió, como se ha 
dicho, el año de i535, y sospecho que esta D.* Catalina es la 
misma que con gran encarecimiento recomienda á sus hijos 
en el testamento que otorgó en aquel lugar y año. 

No es para reproducido el cuento de que es héroe don 
Alvaro de Ayala, y que se contiene en esta carta, por su 
extraordinario desenfando, si bien lo contó á las damas de 
Palacio Villalabos, y «aunque no lo entendian, porque no 
saben qué cosa es caualgar más que unas bestias, fué tan 
reido de ellas, que pensaron ahogarse.» Y por cierto que el 
cuento de que se trata recuerda la aventura del vizcaino 
referida por Cervantes en el Quijote en el lenguaje atribuido 
á ambos personajes, porque Ayala y el escudero de las señoras 
del coche eran paisanos. 



(I) Colección de cartas del Cardenal García de Loysa, publicadas por 
Heine. Berlín, 1848. 



— 72 — 

Es casi seguro que la carta dirigida al Dr. Xuarez desde 
Barcelona tiene errada la fecha, pues por los sucesos á que 
se refiere no pudo ser escrita en el año de i53i, sino en el 
de 1 533, como se demostrará luego, siendo sin duda anterior, 
aunque quizá no mucho, la dirigida al Duque de Nájera sin 
lugar ni año de fecha, pues en ella se habla de la venida del 
Emperador como de cosa aun no acontecida, y en la dirigida 
al Dr. Xuarez como de suceso ya realizado: en aquélla dá 
Villalobos noticia al Duque de una enfermedad que habia 
sufrido, en estos términos: 

«Después que recibí una carta de V. S. no he tenido espa- 
cio de responder á ella, porque nuestro Señor me escribió 
otra en cifras, que, aunque más provechosa (si yo lo sé cono- 
cer), no fué tan graciosa como la vuestra para mi gusto, por- 
que las cifras eran una cólica la más cruel del mundo, de un 
grande apostema que me nació dentro de la tripa, el cual 
conocí yo y curé á poder de sangrías y de medicinas frías 
que si el paciente no fuera físico tal cual, siete doctores le 
matarian con emplastos calientes como el fuego, t Aparte del 
interés que esto tiene para las teorías médicas del tiempo, y 
para la terapéutica que en él se usaba, resulta de lo que vá 
copiado que á fines de 1 532 ó principios del siguiente año 
padeció grave dolencia Villalobos, y que debió ser en este 
tiempo, se prueba porque en la misma carta dice más ade- 
lante: «La Emperatriz, nuestra Señora, cum prole regia, y 
con toda su casa están todos buenos, á Dios gracias, y muy 
contentos con la venida del Emperador. Creo yo que entre 
las casadas que tienen allá sus maridos haurá para el verano 
gran tresquila de ganado.» 

Sabido es que además de los Grandes, títulos y caballeros 
que fueron en el año de 1529 con el Emperador á Italia y á 
Alemania, cuando el César determinó ir en socorro de Viena 
salieron de España otros muchos á tomar parte en aquella 
gloriosa empresa, y entre ellos fueron los maridos de muchas 
damas de Palacio, que volvieron con el Emperador cuando 
éste regresó á Barcelona el mes de Abril de i533. 

Vuelve Villalobos á hablar en esta carta de D.* Catalina, 
que es la misma señora de que se ocupa en la fechada en 



i 



— 73- 

Oaha,y dice de ella: «La Sra. D/ Catalina tiene deseo de 
saber siesta V. S. algo vejezuelo después que se partió de 
id, porque dize que andábades ya á borde, y á mí me parece 
que las damas no miran tanto la vejez en el rostro quanto 
la consideran spiritualmente en las potencias del ánima, por- 
que sus mercedes son muy espirituales.» No podia ser mozo 
ni parecerlo el Duque de Nájera, á quien, como se ha visto, 
llamaban ya Duque los Reyes Católicos en 1482 y que murió 
de edad avanzada en i535, es decir, sólo dos ó tres después 
de la fecha probable de esta carta. En cuanto á la manera 
de juzgar la vejez que atribuye Villalobos á las damas, el 
lector curioso la comprenderá sin comentarios. 

Ya se hizo mención del último párrafo de esta carta al 
tratar del origen judío de Villalobos, que habla en él de la 
segunda hija del Duque de Nájera, D.*^ Guiomar, á quien, 
como se verá luego, habian enviado á Palacio para asistir en 
la Corte, como era propio de su jerarquía. Esta señora, que 
á la fecha de la carta debia ser muy joven, casó en 1 542 con 
D. Antonio Manrique de Lara, quinto Conde de Paredes de 
Nava, señor de las villas de Bienservida, Riopal, Cotilla, 
Villapalacios y Villaverde, con quien los Duques D.* Juana 
de Cardona y D. Manrique de Lara, madre y hermano de esta 
señora, capitularon este casamiento en Nájera á 9 de Julio de 
dicho año, asignándole en dote siete quentosy ochocientos 
mil maravedís, en que se incluian los dos quentos de que 
Carlos V y la Emperatriz D/ Isabel, su mujer, le hicieron 
merced. Falleció la Condesa D.* Guiomaren Paredes á 28 de 
Julio del año siguiente de i543, y fué su hija única doña 
Inés Manrique, sexta Condesa de Paredes. Villalobos hace 
de esta señora repetidos elogios, pues en la carta de que se 
vá hablando dice de ella: aLa Sra. D.* Guiomar (Dios me la 
guarde, porque es honra de nuestro linaje) está muy buena, 
y es la más ilustre dama en gesto y en seso y en conversa- 
ción, que se ha visto jamás.» 

De estas frases se deduce que antes de esta carta habia 
recibido Villalobos la que el Duque de Nájera le escribió en 
estos términos: tSeñor doctor, nunca pensé que tenía nece- 
sidad de vos hasta que vi mi hija en Palacio. Soñó el judío 




— 74 — 

de vuestro abuelo, y no digo padre, que á la primer calen- 
turilla que le venga le querreys catar el hígado y aun el ba^. 
Acordaos, señor doctor, que podría ser de vuestra sangre, y 
que los mejores amigos que en este mundo tenéis somos 
la Duquesa y yo, excepto el Cardenal D. Alonso Manrique, 
Inquisidor general.» Ya hemos visto á este famoso Prelado, 
que además de Inquisidor general era ya Cardenal y Arzo- 
bispo de Sevilla, haciendo en Toledo el año de 1629 el 
casamiento clandestino de su sobrino el Conde de Treviño 
con D.* Luisa de Acuña , y al decir el Duque de Nájera que 
tenia gran amistad á Villalobos^ le dá á entender que por su 
cargo de Inquisidor general le libraba de las persecuciones 
del Santo Oficio. Por no alargar este capitulo se omiten las 
noticias de D. Alonso Manrique, que fué uno de los más 
ilustres y famosos personajes de su tiempo, el cual, habiendo 
estado á punto de ser Arzobispo de Toledo, murió cargado 
de años en su metrópoli de Sevilla el 28 de Setiembre 
de iS38 (i), donde el año antes el venerable Contreras, en 
un sermón apologético de San Ildefonso, aludiendo á las 
liviandades de la juventud del Arzobispo, le dijo: «Vos, 
Alonso y el Alonso, lo que vá de Alonso á Alonso.» 

A esta carta contestó Villalobos con otra no menos salada 
que la del Duque, quien tenia gran concepto de gracioso, 
en estos términos: 

a No osaría V. S. escribirme tales motes como estos si 
no tuviese tales abogados en su casa, assi que la gran con- 
fianza de los deudos mios, que teneys debajo de vuestras 
manos, os haze ser tan atrevido, y con mucha'razon, porque 
estas mis señoras son tales, que por su contemplación no 
digo á V. S. que es un villanazo de Ocon; mas al hi de puta, 
puta, puto de Luzero perdonarla.! Ya se sabe que este Lu- 
cero fué el famoso inquisidor de Córdoba, y el agravio que 
hizo á Villalobos fué, sin duda, su prisión, de que se ha 
hecho mérito al hablar de la carta latina dirigida al Obispo 



(1) Véase, entre out>8 autores, ¿ Salazar, Casa de Lara, cap. XVII, 
libro X, pág. 446, y ¿ Ortiz de Zúñiga, Anales de Sevilla, afio de i5a4 
y tiguientes. 



-75- 

de Plasencia, D. Cosme de Toledo, el ro de Octubre de i5ia 
Después de este gracioso exordio, toda la respuesta al 
Duque de Nájera está consagrada á su hija D.* Guiomar, j 
es su texto tal como sigue: 

•Y volviendo al tema de vuestra muy cuerda y muj 
deuota epístola, digo que jro estaba con gran rebelo que la 
señora Guiomar habia de venir tan bo^ dessas montanas, 
que en todo lo que hiciese y discese nos hauia de poner en 
▼ergQenza: y es cierto que el dia primero que entró en 
Pdacio fué luz y espejo de todo vuestro linaje, pwque 
allende de ser tan gentil dama como la que más lo es, se 
supo tan bien tratar con las otras damas y con la Empera- 
triz, y tan medida en el callar y en el faaUar, y todo ello con 
Un buena autoridad y grada, que todos echamos mil bendi- 
ciones al vientre en que anduvo.» Conx> se vé, en esta carta 
sólo se habla de la Emperatriz, pwque sin duda duraba aún 
la ausencia del Emperador, y, por lo tanto, así como las dos 
de que últimamente se ha hablado, son anteriores al mes de 
Abril de i333. 



-76- 



Vlll. 



SUCESOS DE L.\ VIDA DE VILLALOBOS DESPUÉS 
DE LA VUELTA DEL EMPERADOR, EN 1 533. 



De todo lo expuesto se infiere claramente que la carta 
dirigida por Villalobos al Dr. Xuarez desde Barcelona 
el 27 de Abril, es del año de i333, y no del 3i, como dice 
el manuscrito de que se ha copiado, pues la Emperatriz 
dispuso su viaje para fin de Febrero de i533; llegó al mo- 
nasterio de Santa Fé, de religiosos Bernardos, distante poco 
más de una legua de Zaragoza, el martes 4 de Marzo, entró 
en la ciudad el dia siguiente, haciéndosele solemnísimo re- 
cibimiento, y salió para Barcelona el 17 del mismo mes (i). 
A dar cuenta de todos estos sucesos y de la llegada á la 
Corte dedicó Villalobos un escrito á que alude en la refe- 
rida carta, en los siguientes términos: 

«Señor: La Rcyna de Portugal me mandó que la escri- 
biese lo que acá pasaba después de llegado el Emperador, 
nuestro Señor, á Barcelona. Yo escribí á S. A. lo que verá 
por el traslado que aquí vá; por esto no diré más de contar 
una cosa que aconteció en mi posada la noche pasada, t Lás- 
tima que no se encuentre este traslado en que referiría Villa- 
lobos la gloriosa vuelta del Emperador después de su corona- 
ción y de su triunfo sobre los turcos, vuelta que, como ya se 
ha dicho con repetición, tuvo lugar en el mes de Abril 
de 1 533, viniendo de Genova, donde fué muy obsequiado por 
el Príncipe de Amalfi, Andrea Doria. 



( 1 ) Dormer, A n ales de A ragon. 




— 7J — 

Sin duda el Dr. Xuarez era médico de la Reina de Por- 
tugal . hermana de Carlos V, y el suceso que le refiere Vi- 
llalobos consiste en que la noche antes de escribirle habia 
llegado á su casa, estropeado y roto, un hijo suyo con un 
oegro, su compañero de aventuras y prisiones; pues según 
de la carta se infiere, el hijo de Villalobos, llamado Lorenzo, 
en doce años de ausencia, cinco habia sido soldado y cuatro 
cautivo. La descripción que de él hace Villalobos es chistosa: 
tYo no le pude conocer (dice), porque con la mala vida viene 
muy corcovado, que no lo solia ser, y tan negro como un 
etiope, y en esto parece moro; y trahe la spada arrecha. Digo: 
Caya, león, y en esto parece cristianillo, y trae las calzas 
todas rotas por el culo, y en esto parece puto, y trae la barba 
muy negra y muy sucia, y en esto parece cabrón, y con la 
hambre que trae parece perro, y tiene un dedo de la mano 
quemado, y viene muy necio; assí que, sobre todos los otros 
títulos, es también Scévola y es Bruto.» 

Por lo que se vé, Villalobos logró que este hijo no fuese 
médico; pero siendo soldado no alcanzó grandes prosperida- 
des, pues al fin de esta carta dice que le costaría unos cien 
ducados la bienaventurada venida de este hijo. 

A poco de llegar el Emperador á Barcelona adoleció gra- 
vemente la Emperatriz, y como el César tenía convocadas las 
Cortes del Reino de Aragón para el mes de Mayo en la villa 
de Monzón, dejó, por lo que luego veremos, al cuidado de 
Villalobos á la ilustre enferma en Barcelona, y se trasladó 
á Monzón , donde por diferentes causas se fué prorogando 
hasta Julio el principio de aquella Asamblea, de que dá larga 
noticia Dormer en sus Anales de Aragón. Mejoró la salud 
de la Emperatriz; pero, aún no del todo convalecida, marchó 
á reunirse con su marido, de lo cual dá cuenta con intere- 
santes detalles Villalobos en una carta sin fecha , y que no 
consta á quién fuese dirigida, en la cual dice lo siguiente: 

«Después que Dios me hizo tanta merced que la Empe- 
ratriz partiese de Martorell, acordaron SS. MM. que el Prín- 
cipe y la Infanta no entraran en Monzón con temor de las 
viruelas que allí perseveran, y mandaron que yo solo viniese 
á estar con ellos en este lugar, que es dos leguas de Monzón. 




-78- 

Y porque la c(mversacion del Príncipe es noy reposada, 
fuéle dado por acompañado el Príncipe de Piamonte, que 
ni el muy vivo azogue, ni el aguja de marear, ni el doc- 
tor de Melgar cuando tiene buen juego, nunca fueron tan 
desasosegados como el más cuerdo de estos señores.» El Prín- 
cipe de que habla Villalobos era D. Felipe, que apenas tenia 
á la sazón seis años, y ya era notable su conversación, por lo 
reposada^ indicio de su carácter reservado y solemne de que 
tanto hablan en sus relaciones los diferentes Embajadores 
venecianos que le conocieron en su largo reinado; entre 
ellos, Leonardo Donato cuenta, en su reladon al Senado, d 
siguiente dicho del Embajador de Francia: cEl Rey es tal» 
Jr que aunque tuviese un gato dentro de las bragas, no se mo- 
^ vería ni mostraria alteración alguna. • 

Dice luego en esta carta Villalobos que la Emperatriz 
habia ido al pueblo donde estaban los Príncipes, y con ellos 
el físico, y nota que si bien tS. M. se ha holgado con sus 
hijos como lo manda la razón, mas con todo eso los dezará 
esta noche, porque habet aliam legem in membrís suis 
repugnatem. Quedará sola la compañía de las mujeres tris- 
tisque senectus^ que aquí mora mientras duraren las Cortes.» 
Claro está que esa ley no era otra que la de acompañar al 
Emperador su esposo; por cierto que la carta concluye con 
una anécdota que no deja de tener relación con esa ley, 
ocurrida con la camarera de la Emperatriz, que confirma lo 
que se ha dicho de la enfermedad que ésta habia padecido, 
aunque tratando materias muy delicadas, que no ponian, sin 
embargo, obstáculo á la desenfadada pluma de Villalobos: 

«Cuando partimos de Martorel (dice) venia la camarera 
muy medrosa de la conversación del Emperador , pensando 
que la cópula sería causa de recaidas.t Después de esto, no 
hay que extrañar el sesgo y los términos de la conversación 
sostenida sobre el particular entre la camarera y el físico, 
reproducida por éste al final de la carta, conservando en 
ella hasta las frases portuguesas que usó la camarera, quien 
vio confirmados sus temores, pues la Emperatriz recayó varias 
veces en sus dolencias, según resulta de estas noticias que 
nos dá Sandoval. «Estuvo muy mala la Emperatriz este año. 



— 79 — 

y el Emperador con harto cuidado de su salud, como parece 
por las cartas que escribió al Condestable desde Mondón á 20 
de Julio y á 22 y á 3o; y á 14 (debe ser á 4) de Agosto estaua 
con mejoría, y á 6 de Agosto le acudió vna terciana sobre 
mucha flaqueza, y á 10 estaua mejor, y á 17 estaua para 
ponerse en camino, que todo parece así por las cartas que se 
escribían al Emperador, y él escribía al Condestable de 
Castilla! (f). 

A fines de este año de i533 y terminadas las Cortes de 
Monzón, el Emperador fué desde Barcelona á Alcalá de 
Henares con la Emperatriz. Como antes habia muerto el Papa 
Gemente VII, que olvidando su reconciliación con el César 
habia vuelto á confederarse con el Rey de Francia Francisco I, 
pudo el Emperador volver su atención al peligro con que 
amenazaba Barbaroja, apoderado de Túnez y de la Goleta, á 
España y á Italia, pues los franceses favorecían sus piráti- 
cas empresas. A este fin se dispuso la expedición que con 
tanta gloria de las armas españolas pasó á África, dirigida 
personalmente por Carlos V. Durante los largos preparativos 
de esta campaña, escribió, sin duda, Villalobos la breve carta 
al Duque de Nájera fechada en Madrid el 7 de Diciembre, 
casi seguramente del año de i534, pues dice en ella á este 
magnate: «Con la carta de V. S. recibí mucha merced antes 
que la abriese, y después de leyda me dio pena. Por cierto 
tengo que, cesando los rigores del tiempo y volviéndose el 
aire plácido y sereno, V. S., con ayuda de Dios y con las expe- 
riencias de la medicina, recibirá bastantes beneficios.» Acertó 
en su pronóstico Villalobos, pues el Duque de Nájera hubo 
de aliviarse de sus dolencias, si bien le duró poco la mejoría; 
pues según refiere Salazar envió á su hijo el Conde de Tre- 
viño y á sus hermanos á asistir al Emperador en la conquista 
de Túnez en el año de i535, aballándose ya tan postrado á 
una larga y prolija enfermedad, que acabó susdias en Navar- 
rete la noche del sábado i3 de Diciembre.» La carta á que 
pertenece el párrafo que se ha copiado no puede menos de 



(i) Vida del Emperador Carlos K, párrafo 12, lib. XX, tomo II, pá- 
^na 178. 



■^ 8o — 

ser del año anterior, pues en Diciembre del año de 1 531 
estaba el Emperador en España, y en dicha carta, volvic 
Villalobos, después de las sentidas frases con que la empi 
á su tono alegre y picaresco, dice: 

«Acá me hicieron grandes preguntas por la salud de V 
el Emperador y la Emperatriz, y en verdad que la de 
mucho, y toda la Corte, y las damas lo mismo, que ni 
vieron hombre tan bienquisto. D/ Catalina me pregun 
mucho qué mal tenía V. S., y yo le dixe que todo era ei 
partes gagueras, y que todo lo delantero estaba buei 
Como se vé, vuelve Villalobos en esta carta á sus pica 
alusiones á los vínculos que existian entre el Duque 
Nájera y D.* Catalina. 

Al fin del MS. de las cartas de Villalobos, que se cons 
en el Museo Británico, hay un curioso diálogo entre el I 
qués de Lombay y el Eco, que contiene noticias intere 
tes referentes á Villalobos, las cuales se refieren á é\ 
anterior á la muerte de la Emperatriz, ocurrida en Toleí 
año de i539; dicho diálogo va precedido de una explica 
que dice: 

tAl Marqués de Lombay, yendo á ca^a, se le perdi< 
gerifalte, y apartándose de sus caladores en busca del hal 
dando voces parece que le respondian de lejos, y no era 
la reverberación de sus mismas voces, á quien los p< 
llaman Eco; y como iba cansado, acordó reposar allí un ] 
y preguntar, á (ver) qué le respondian, las primeras ( 
que le viniesen á la memoria, y como andaba algo dolí 
acordóse de los físicos. Pongamos una M cuando hal 
el Marqués, y una f cuando hablare Eco.» 

No sabemos que antes de Villalobos usara ningún e 
tor español de este artificio, pero después de él el regoci 
poeta Baltasar del Alcázar escribió su diálogo entre un § 
y el Eco, empleando el mismo procedimiento. 

El Marqués de Lombay, de quien se vale Villalobos 
expresar sus quejas de los pocos favores que le haciai 
Emperadores, es el famosísimo D. Francisco de Borja, 
acompañó el cadáver de la Emperatriz desde Toledo á 
nada, y de quien se cuenta que el sentimiento que le c 




— 8i -^ 

la muerte de aquella señora y el estrago hecho por ella eil 
su bellísimo cuerpo motivaron su resolución de retirarse del 
mundo y de entrar en la Compañía de Jesús , de que fué 
General, donde brilló por las virtudes, que le valieron ser 
contado en el número de los Santos que hoy veneramos en 
los altares. Esta tradición, que ni desmiente ni confirma 
la historia^ ha producido el bellísimo Romance del Duque 
de Rivas, en que se refiere, y ha inspirado á otros muchos 
artistas, entre los cuales se debe contar el autor del cuadro 
que vimos en la última Exposición de Bellas Artes cele- 
brada en Madrid en la primavera del año de 1884. 

En la explicación que se ha copiado dice Villalobos que 
el Marqués se acordó de los ñsicos porque andaba doliente, 
y aunque pudo estarlo más de una vez, no hay razón para 
asegurar que no ñiera durante esta misma dolencia cuando 
ocurrió lo que refiere Cienfuegos en la Vida de San Fran* 
cisco de Borja en estos elegantes párrafos: 

«Asistía en su enfermedad al Marqués aquel famoso médico 
del Emperador, el Dr. Villalobos, bien conocido por sus 
donaires y por sus aciertos, pues entretenía los males con su 
genio salado, otro tanto como los aliviaba con las máximas f 
de Galeno. Tomó el pulso al enfermo un dia, después de 
muchos meses, que duraba rebelde á todos los remedios la 
cuartana, y reconoció que aquel humor funesto y misterioso, 
nunca bien entendido, estaba ya casi agotado; y preguntó al 
Marqués qué le ofrecia si le diese una alegre noticia de que 
aquella seria la última cuartana. Respondió el Marqués con 
generosidad de señor, dejando á su arbitrio la elección de 
aquella alhaja que fuese más de su agrado: estaba á vista el 
aparador con rica vajilla, edificio vistoso que empezaba á 
levantarse con cuatro fuentes de plata, en que el arte excedía 
á la naturaleza, y eran como las primeras piedras labradas de 
aquella torre de plata y oro que sirve de ostentación á la 
vanidad. Y mirando hacia la vajilla, dijo que se contentaba 
con uno de aquellos platos. Asintió el Marqués gustoso, y 
hubiera ofrecido bizarramente toda la vajilla dorada si el 
médico no tuviese en pedir la templanza que en las demás 
acciones de su vida. Volvió al cuarto dia á la hora que solia 



— 82 — 

repetir la cuartana, y halló en el semblante del Marqués toda 
la alegría con que se asoma la salud á la cara. Luego que el 
Marqués le vio entrar por la sala, dijo: — cParéceme, doctor 
Villalobos, que habéis ganado el plato, porque siento en mi 
disposición la verdad de vuestro vaticinio.» — Llegó á recono- 
cer el pulso, y halló que, aunque era imperceptible la calen- 
tura, habia algunas cenizas calientes de su llama* al modo 
que humean por algún tiempo las ruinas del edificio que asoló 
un incendio; y si bien se escondía entre las venas la cuartana, 
tanto, que fuera difícil al más perito reconocer que estaba 
viva, aunque espiraba, por no faltar á la legalidad y á la inte- 
gridad de su profesión, instándole el Marqués que no le dila- 
tase tan apacible noticia, hizo donaire de un suspiro, y usando 
oportunamente de un equivoco con aquella sentencia del 
filósofo, que se hizo ya axioma del vulgo, exclamó: — •Ami- 
cus plato, sed magis árnica veritas. Yo, señor, perdí el 
plato; porque aunque la cuartana es tan débil y el calor tan 
tibio que apenas se deja rastrear por el tacto; pero, en fin, es 
alguna, que no pudiera ocultar el médico sin llevar en el plato 
á su casa una mentira.! 

«Celebró mucho el Marqués la prontitud de esta agudeza, 
y mucho más aquella fidelidad tan exacta: mandó luego 
que le llevasen á su casa dos de aquellos platos, admirado 
de que ni el deseo de ver cumplido su pronóstico, ni el 
interés, le moviesen á disimular un hecho que estaba tan 
oculto y tan vecino al otro extremo; y mucho más admi- 
rado, y aun confundido, de ver tan escrupulosa la verdad 
en Palacio» (i). 

Volviendo al diálogo entre el Marqués de Lombay y el 
Eco, después de preguntar por las mercedes que haria el Em- 
perador á los doctores Alfaro y Melgar, dice: 

•Ai. ¿Y qué han dado á Villalobos? 

E, Lobos. 

M. No os burléis conmigo; yo os pregunto qué le ha 
dado el Emperador en esta jornada. 

E. Nada. 



(i) Oeofuegos, Vida de San Francisco de Borja. 



- 83 — 

M. Pues dezíanine que S. M. le había enviado 3oo duca- 
dos de pensión para su hijo, y que este correo los traxo. 

E. Xo.» 
Parece probable, y en todo caso es verosímil, que el hijo 
de que aquí se habla fuera aquel Lorenzo que se presentó á 
Villídobos estropeado y roto, y con un dedo quemado, en Bar- 
celona» en compañía de un negro, después de doce años de 
ausencia, de los cuales cinco habia sido soldado; y que la 
pensión no otorgada se pidiera por su padre en premio de 
aquellos servicios; si así ñiera podria también suponerse con 
verosimilitud que la jornada de que se hace mención fué 
la ida de la Corte á esperar al Emperador el año de i533, á 
lo que dá mayores probabilidades lo que luego se dice de la 
Emperatriz; pero antes el Marqués, en su diálogo con Eco, 
replica en estos términos: 

ttAf. No me maravillo, porque el Emperador diz que le 
tiene por peor que Mariano. 

E, Ya no. 

M. Pues cómo le dexó en esta consulta, ¿olvidóse ó de- 
terminóse? 

E. No sé. 

M, Si es porque el Emperador cree que no hay física, y 
por eso cuando estuvo quartanario en Valladolid envió á Villa- 
lobos á Extremadura, y quedó Ponte por médico de los prin- 
cipales; y como el dicho Ponte era hijo de un molinero, 
aprendió á llevar trigo al molino y otras experiencias no. 

E. Asno. 

M. La ciencia del asno es llevar trigo al molino; mas 
<en qué pensays que trataba su padre después que dexó el 
molino? 

E. Lino. 

M. Es verdad que trataba en lino, y las más de las no- 
ches, estando borracho, quemaba las manadas; y aun el 
señor su hijo no está á todas horas en buen concierto. 

E. Cierto. 

M, Tan cierto como vos estays ahí, aunque yo no sé 
quién soys; querría saber si soys hombre ó mujer, si soys 
persona de paz ó de revuelta.» 



-84- 

Ya se ha referido la historia del voluntario destierro 
de Villalobos de la Corte y su breve residencia en Extrema- 
dura, por celos del físico Narciso, cuyo apellido, por lo que 
\ aquí se vé, era Ponte, lo cual está de acuerdo con su origen 
Utaliano. No olvidaba, sin duda, Villalobos su resentimiento 
con este antagonista y émulo, y aprovechó los recursos que le 
ofrecia el diálogo con el Eco para llamarle asno, y además nos 
dá la noticia que, por la pasión que hacia él tenia no puede 
parecer fidedigna, de que el médico favorito del Emperador, 
Narciso Ponte, era hijo de un molinero que después se dedicó 
á comerciar en lino, y que lo mismo el padre que el hijo 
solían embriagarse: dichas estas cosas por vía de episodio, 
vuelve Villalobos á tratar de sus propios asuntos por boca del 
Marqués, el cual dice: 

uM. Mas dexemos estas filosofías y tornemos á nuestro 
Villalobos. Yo sé que Pedro González de Mendoza Ueua este 
negocio mucho á su cargo; veamos en qué ha de romper. 

E, Per. 

M, Catad ahí vna gentil resolución de negocios; mas 
¿qué tal quedará de esso el Arcediano de Toledo? 

E. Ledo. 

M. Y D. Hurtado, su hermano, ¿qué dirá? 

E. Dirá.» 

Estos Mendozas eran, sin duda, hijos ó nietcs del gran 
Cardenal de España D. Pedro González de Mendoza, que 
los tuvo de varias mujeres: de D/ Mencía de Lemos tuvo al 
Marqués del Zenete, D. Luis, que usó los apellidos de su 
padre Gonjalej de Mendoza, y á D. Diego, que se llamó 
Hurtado de Mendoza; por la época en que el diálogo debió 
escribirse, se infiere que el D. Hurtado*de que habla es Don 
Diego, primer Conde de Melito, que después de las' guerras 
de Granda y de Ñapóles se estableció en Toledo, donde 
murió el año de i536, fué abuelo de la famosa Princesa de 
Eboli D.* Ana de Mendoza y de la Cerda, mujer de Ruy 
Gómez de Silva (i); y si esto es así, como todo contribuye á 



(i) Salazar, Crónica del Gran Cardenal» 



— 85 — 

indicarlo, el curioso diálogo que analizamos debe haber sido 
escrito antes de este año de i536. 

Continúa tratándose en él de las pretensiones y quejas de 
Villalobos, que dice por boca del Marqués: 

•M. La Emperatriz, ¿no hará algún socorro en la tem- 
pestad de essa nao? 

E. Nad (no, en portugués). 

M. Veamos: en estas cosas de Villalobos, ¿ha hablado la 
Marquesa de Lombay? 

E. Bay (sí, en vascuence). 

M. Y aprovechóle alguna vez. 

f. Ez (no, en vascuence). 

M. Amiga, no me respondas en vascuence, que ni le sé 
ni le creo. 

E. Creo. 

M. Ahora dexemos á Villalobos, que está ya tal, que 
presto nos dexará.» 

Otra vez se manifiesta el propósito de abandonar la Corte, 
que al fin realizó Villalobos^ como luego veremos. 

El diálogo se ocupa después de los casamientos de las 
damas de palacio y de las condiciones que éstas apetecian en 
los que hubieran de ser sus maridos, y concluye con estas 
notables palabras inspiradas en los sentimientos místicos de 
Villalobos: 

«Después que el Marqués hubo alternado con Eco, y Eco 
con el Marqués, conoció el Marqués que por medianería del 
ayre se hazian en este mvndo todas las cosas, y que, pues 
todo es ayre, deueriamos de volar con los pensamientos de 
nuestros deseos en mayor altura, porque en aquella caqa el 
trauajo es menos, el deleyte más, y la presa es de tanta exce- 
lencia, que ni los ojos de los vicios la vieron, ni los corazo- 
nes humanos la pudieron comprehender.» 

Notable es, por varios conceptos, la carta que dirigió 
Villalobos tal General de la Orden de San Francisco, porque 
no recibia en esta Santa Orden un muy docto hombre, sos- 
pechando que era confeso. » Su tono difiere del que ordina- 
riamente emplea en las demás cartas, sin duda por la mate- 
ria que en ella trata, con gran elevación y con espíritu más 



— 86 — 

propio de los tiempos modernos, que de aquél en que \ 
el famoso físico, quien combate victoriamente las preocí 
ciones que en él reinaban contra los descendientes d< 
judíos, á pesar de haber dado en Castilla á la Iglesia 
Estado varones tan insignes como los famosos Santa Mai 
Cartagena. El calor con que abogaba Villalobos por los 
fesos se explica porque, según todos los datos y noticias 
en este estudio se han aducido, haciéndolo defendía su pr 
causa. 

La carta de que vamos hablando no tiene lugar ni 
de fecha; pero en ella se dice: «Hay por este Reyno al{ 
sospecha de que V. P. consiente semejantes insultos; poi 
también hemos visto que una ordenanza que ahora hs 
hecho contra los conversos, nunca se hizo desde San F 
cisco hasta que en la religión suya hubo General 
fuese de España.* Con este dato se pone en claro qi 
carta de que se trata fué dirigida al Rmo. P. Fr. Fran< 
Lunel, natural de Barbastro (i) en el Reyno de Aragón, 
fué electo cuadragésimonono General en el Capitulo ¿ 
Orden celebrado en Niza en i535, y gobernó hasta el 
de 1 540. Fué el P. Lunel varón de mucha virtud y ciei 
y de tan gran humildad, que siendo ya de los más eminc 
de su Orden, se empleaba sin afectación en los menesi 
mecánicos, barriendo el convento y fregando las escudi 
Por razón de su mérito el Emperador Carlos V le envi 
Concilio de Trento, donde le eligieron Presidente de t 
los teólogos, alcanzándole la muerte en aquella ciuds 
año de iSSo, donde se le dio sepultura en el convento ¿ 
Orden. De todo esto se deduce que la carta al General di 
Franciscanos se escribió, sin duda, entre los años de 
y 1 540, pero no puede precisarse más su fecha. Pocas not 
biográficas se pueden sacar de ella, porque no caben e 
espíritu ni conducían á su objeto; pero en cambio los retí 
que contiene de los malos frailes, y los argumentos que a* 
contra sus ridiculas vanidades, especialmente la de ser 



(1) Cuarta parte de la Crónica de N. P. San Francisco^ por 
Antonio Dt^, parte 3.*, cap. IV. 



-87- 

tianos viejos, son verdaderamente admirables, bastando esta' 
carta para colocar á Villalobos entre los primeros escritores 
castellanos. Merece, por otra parte, especial mención lo que 
en ella se dice del gran Duque de Alba, muy joven, sin duda, 
cuando la carta se escribió, aunque ya habia alcanzado gran 
gloria como soldado en el sitio de Fuenterrabía y en el so- 
corro de Viena; porque lo que de él cuenta Villalobos revela 
ya el carácter enérgico y severo de que dio tantas pruebas en 
su larga vida; hé aquí las palabras del físico: «Lo que yo sé 
decir del Duque es que en Alba hay una devota cofradía de 
disciplinantes de la Cruz, en la cual los cofrades ordenaron 
que no fuese admitido ningún confeso á ella. Muchos dixeron 
que fué inducimiento del Guardian, y no creo que fué sino 
sugestión de Satanás, que há gana que éstos se agoten y 
aflijan por su amor, que es envidioso de las buenas obras. 
En el Duque supo el estatuto, y con gran enojo lo desbarató 
y mandó que aquéllos entrasen en la cofradía si quisiesen, y 
fuesen en ella los primeros y preeminentes; y sé que un 
alcalde de Castro-Nuño, muy honrado, hizo atestiguar falsa- 
mente contra un convertido de Alba; y como el Duque fué 
certificado dello, por quitar de trabajo á los inquisidores, 
mandó tomar su alcalde y azotarle públicamente por la villa 
de Alba.» 

Al fin de la carta confirma Villalobos lo que los cronistas 
de la Orden de San Francisco dicen de la humildad del Padre 
Fr. Vicente Lunel, pues exponiendo los motivos que le habian 
inducido á escribirle, dice: «Dos cosas me han movido á ello: 
la una el conocimiento que tengo del dicho agravio, que es 
mucho más de lo que tengo dicho y cállase por la honra de 
la Religión; la otra, la noticia que tengo de la humildad j' 
mansedumbre vuestra, con la cual soléis curar muchos estó- 
magos, y por esto os he descubierto el mió, sometiéndome en 
todo á la corrección de la Iglesia y á la corrección y enmienda 
deV. P.» 



— 88 — 



IX. 



ÚLTIMOS AÜOS DE LA VIDA DE VILLALOBOS. 



Después de la última carta de Villalobos al Duque de 
Nájera, que, como se ha demostrado, fué escrita en 7 de 
Diciembre de i534, y de la que dirigió al General, que no 
pudo menos de serlo después de i535, hay en las que se 
conservan del insigne físico una laguna de más de seis años, 
pues la dirigida al Secretario Samano, cuya fecha consta, es 
de 7 de Agosto de 1542. En este espacio de tiempo ocurrie- 
ron graves sucesos, y uno entre ellos tristísimo, que influyó 
grandemente en la vida de nuestro físico; la muerte de la 
\ Emperatriz. La mayor parte de los que han escrito sobre 
Villalobos afirman que este suceso le hizo caer en desgracia 
con el Emperador, pero no hay fundamento alguno para ase- 
gurarlo, aunque sin duda contribuyó á que realizase, si bien 
no inmediatamente, el pensamiento que desde su primera 
juventud le asediaba de vivir retirado de la Corte, consa- 
grado á sus estudios y á la santificación de su vida. Así lo 
dice él mismo en la introducción á la glosa de aquella can- 
ción suya que empieza: 

t Venga ya la dulce muerte.» 

Véanse sus palabras: 

aQuando aquella muy bienaventurada hembra, la Empe- 
ratriz, nuestra Señora, se fué huyendo de las lágrimas y con- 
golas desta vida, y se acogió á los placeres y descansos que 
agora tiene, yo quedé tan triMe y tan descontento del mundo, 
que deseaua (si Dios fuese servido) morirme en aquella sazón 




-89- 

con su buena gracia. Y como esto no se alcanza hasta que 
sea llegada la hora y los términos que tiene constituidos el 
Señor de la vida y de la muerte, quédeme embeuecido con- 
templando en los amores de la deseada muerte. Porque ya 
tenía aborrecida la vida, con quien yo hauia estado abarraga- 
nado tanta multitud de años, tan mal gastados y tan mal 
empleados, como han pasado por mi. Que verdaderamente, 
si agora hiciese (como dizen) palacio y mostrase los vergon- 
906OS actos que en presencia de Dios he hecho por todo el 
discurso de mis edades, yo quedarla tan confuso, que nunca 
más osaría parecer delante de las gentes. Así que, estando 
arrebatado en la dicha contemplación, acordé, como buen 
enamorado, de buscar con toda diligencia las mejores formas 
que yo pudiese para alcanzar la presa; conviene saber, una 
sosegada y dulce muerte, de que abaxo hablaré más larga- 
mente. E paréceme que tal joya como esta no se vende públi- 
camente en la Corte, sino es en algunos rincones della, apar- 
tados de toda conversación y palacio, y tan escondidos, que 
son muy pocos los oficiales que los pueden hallar para sus 
señores. Y como yo tenía larga experiencia de los heruores 
y ansias que allí andan en las cosas del mundo, y de las tibie- 
zas y menosprecios en las cosas del cielo, y auiá pasado por 
mí muchas cópetencias y rancores con mis próximos, y gra- 
des inuidias de verlos yr deláteros y primeros, y quedarme 
repagado y postrero sin culpa mia; y otras infinitas pertur- 
baciones que tiranizan y toman de su parte á la voluntad, y 
roban el imperio y señorío de la razo, y haze de lo dulce 
amargo y de lo amargo dulce, como los malos y viciosos 
humores, que perturban el sentido del gusto, determiné de 
buscar otra morada, dóde, con menos estropiezos^ pudiese 
caminar por camino más llano y más seguro á la mi muy 
amada y muy deseada muerte. Porque ya la jornada es muy 
breve, y la bestia en que voy, quáto más vieja y más can- 
sada, tato corre mejor las postas para llegar al cabo. Y assí, 
có licecia y gracia de S. M., vine á hazer mi assiento fuera 
de la Corte. Y escreui estos versos, que por parecer muy 
cópendiosos y prouechosos para los hóbres que son como yo, 
les di la siguiente glosa.» 



— 90 — 

Como se vé, la retirada que al fin hizo Villalobos de la 
Corte fué voluntaria, y no impuesta, sino consentida por el 
Emperador; además, no la llevó á cabo Villalobos el año 
de 1539, inmediatamente después de la vida del Emperador, 
sino algunos después, según claramente resulta de la glosa 
de los versos de esta misma canción, que dicen: 

«Quédese á Dios la esperanza 
del bien que se dá por suerte,» 

w 

en la cual se leen estas palabras: t Y como yo anduve en la 
Corte hasta los setenta años, y entendí las cosas del mundo, 
hablé conmigo de esta manera.» Ahora bien; si, como queda 
demostrado, Villalobos nació del año de 1472 á 1473, no 
cumplió los setenta años hasta el de 1542 ó 43, esto es, tres 
ó cuatro después de la muerte de la Emperatriz, y, por 
tanto, permaneció en la Corte todo ese tiempo después de 
aquel doloroso suceso, no obstante la honda impresión que 
produjo en su ánimo, y que sólo fué un motivo de los 
varios que le impulsaron á realizar su deseo. 

Sin duda cumplió su propósito Villalobos en 1542, pues 
de la carta dirigida el 3 de Agosto de dicho año al Secretario 
Samano (i) se infiere que ya en aquella fecha estaba retirado 
de la Corte, y probablemente establecido en Valderas, aun- 
que la carta está fecha en Medina del Campo; dá en ella 
noticia de haberse casado en segundas nupcias, y toda está 
consagrada á este objeto, empezando por las siguientes pala- 
bras, que dan idea del tono en que está escrita: «Muy magnf- 



( I ) En el archivo del Sr. Marqués de Alcañices hay un Diálogo corres- 
pondiente á la batalla 3.* de la quinquagena 3 *,de Gonzalo Fernandez de 
Oviedo, en que se trata del Secretario Johan de Samano. 

Fué paje del Secretario Conchillos, y le sucedió en el oficio de Secre- 
tario de Indias por nombramiento del Emperador Carlos V; filé caballero 
de la Orden de Santiago y señor del palacio y casa del Prado de los 
marroquines en Samano; fué Notario mayor del Reino de León; se hizo 
rico con sus oficios y compró al Conde de Salvatierra D. Anastasio de 
Ayala, que habia sido comunero, los lugares de Semijana, MoríUas, Mor- 
nijana; labró un barrio en Valladolid, donde tuvo su casa cerca de la Chao- 
díleria; se casó dos veces y tuvo muchos hijos. 



— 9> — 

fico Señor: Yo he dicho en este mundo algunos donayres, 
mas nunca hize ninguno, porque dezir y hazer no es para 
todos, y por esso acordé antes que muriese de hazer un 
donayre de que se ría toda la gente, y fué sainando honor; 
cáseme con una mo9a fresca y forastera.» El estilo burlesco 
de esta carta daría motivo á sospechar que el segundo casa- 
miento de Villalobos fué una mera invención suya para decir 
donaires, si no contuviera tantos y tan curiosos detalles, que 
desde luego indican que el matrimonio fué real y positivo; 
entre otros, las circunstancias en que la boda se hizo, «cuando 
ya estaba esperando para tragalla (á su mujer) la serpiente 
de Aldeanueva, que es vna sepultura viva de vírgenes y de 
mártires;» esto es, un convento de religiosas donde dice que 
le mataron de hambre á una hija suya, y arrebatándole 
aquella presa, se vengó de tan triste suceso. 

Con razón dice Villalobos que su casamiento haria reir 
á toda la gente; pues aunque todavía no habia publicado sus 
Problemas, muchos de los opúsculos contenidos en este 
libro eran conocidos, como lo prueba la carta del Dr. Alma- 
zan que vá al fin de la obra, fecha en Madrid el 23 de Junio 
de 1 539. Y no puede darse contradicción mayor que la que 
existe entre el hecho de casarse Villalobos á los setenta años, 
y lo que dice en el tratado segundo de aquella obra «del 
viejo que se casa,» resumido en el metro XIX, que es como 
sigue: 

«Porque se casa de gana 
un viejo con mil dolores, 
y que sufra sus hedores 
una mo^a limpia y sana. 

Quando refrescar presume 
el vicio, que es del demonio, 
por consumir matrimonio 
su triste vida consume. » 

Villalobos es en esto, como en otras muchas cosas, espejo 
fiel de la mísera naturaleza humana, y no de un carácter 
rígido é inflexible, que cumple y realiza en su vida las ideas 



— 92 — 

y principios que formula su entendimiento; así le hemos visto 
predicando el menosprecio del mundo y de sus grandezas, y 
anhelando al propio tiempo las distinciones y favores de la 
Corte, como él mismo confiesa en la glosa de la canción de 
que se ha dado noticia; y ahora le vemos casándose en la 
vejez, después de haber dicho estas palabras: tGran locura 
es la del viejo que se casa con mujer mo^a , porque hace 
locura quando se casa, y haze otras muchas después de 
casado.» Lo más curioso es que, si bien de un modo bur- 
lesco, refuta en la carta á Samano lo que habia dicho sobre 
el asunto en los Problemas; asi, por ejemplo, se lee en este 
opúsculo: «De manera que el pobre novio haurá de procurar 
con todas las fuerzas que tiene, y que no tiene, de consumir 
el matrimonio, pagando el débito á la muger que toma, y 
no pagándole la tercia parte de la deuda; no consumirá el 
matrimonio, sino á sí mismo y á su vida mortal;» á lo cual 
contesta el mismo Villalobos en la carta á Samano: «Y lo que 
dicen que la muger mo^a acarrea la muerte al hombre viejo, 
yo hallo, por mi experiencia, que no saben lo que dicen, por- 
que la moqa no hace daño sino al mo^o, porque quiere y 
puede; al viejo no le puede dañar, porque no quiere y menos 
puede. » ¡Cuan cierto es que el corazón y el entendimiento del 
hombre son abismos insondables, llenos de contradiccicjies, 
de oscuridades y de dudas, y su vida un tejido de luchas 
entre la razón y los apetitos! 

Según ya se ha indicado, á la fecha de esta carta habia 
dejado la Corte Villalobos, aunque, sin duda, poco tiempo 
antes, pues así se explica el siguiente párrafo de ella: 

«Ahora juzgad vos cuál es mejor vida: ésta ola que hasta 
ahora he tenido, suzia y salvajina, en poder de gabarros 
suzios y traidores, y en poder de hijos que están en continua 
asechanza á ver si me sale el alma, que ya la querían ver 
fuera, aunque fuese en las uñas del diablo. Yo estoy ahora 
con más descanso que nunca; y dexéle de tomar antes, por- 
que para los hombres pobres es muy trabajosa vida traer 
muger en la Corte, assicomo es buena estando de assiento, > 

Se hizo antes mención de esta carta, porque contiene 
una prueba más de que Villalobos era confeso, y tan clara y 




-93- 

evidente» como que él mismo lo declara; y al propio tiempo 
dá noticia de que también lo era el Dr. Almazan, famoso 
médico de su tiempo y amigo de Villalobos, á quien escribió 
la carta laudatoria de los Problemas de que antes se ha 
hablado. En efecto, refiriéndose á su nueva esposa, dice: 

«Es una muger mesurada, y con aquella su gravedad 
Dunca haze sino decirme en secreto mucho mal de los con- 
fesos, y que no los puede ver más que al diablo. Yo dígole 
que tiene razón, porque son tan judíos el dia de hoy como 
el dia que nacieron. En este articulo se parece mucho á Vmd. 
quando descansaua con la calentura y me rogábades que yo 
solo tomase el cargo de la cura, porque no os fiábades del 
doctor Alma^an, ni de hombre que fuese confeso. Para esta 
inocencia de mi muger yo he mandado á dos amigos que la 
desengañen, porque no se destemple tanto, y nunca se lo 
han osado decir; mas yo la desengañaré también, en llegando 
á mi casa^ plaziendo á Dios que ella quede corrida de lo 
pasado.» Dedúcese además de este párrafo que Villalobos, 
estando en Medina del Campo, donde lo escribía, no estaba 
en su casa, sino en camino para ella, y por eso se ha dicho 
antes que, retirado de la Corte, se fué á vivir de asiento á 
Valderas, 

Sin duda desde este pueblo hacia frecuentes excursiones 
á distintos lugares, según lo demuestra el principio de la 
carta dirigida de Valladolid al Comendador mayor de León, 
Francisco de los Cobos, Secretario, como Samano, del 
Emperador Carlos V; y aunque sólo está fechada en 1 2 de 
Setiembre, sin duda fué escrita después del año de i543, 
pues repite, como en otras, que habia estado en la Corte 
hasta los setenta años. De esta interesante y curiosa carta 
se conservan dos copias: una en el Museo Británico, y otra 
en el archivo de la Real Academia de la Historia, y si bien 
entre ambas existen muchas variantes, son sólo de impor- 
tancia literaria, pues dicen en el fondo lo mismo, y confir- 
man el juicio que brevemente hemos expresado acerca del 
carácter de Villalobos, el cual refiere de un modo pintoresco 
las luchas de su espíritu entre su deseo de vivir retirado y 
las seducciones de la Corte. La carta empieza asi: «Muy 



— 94 — 

ilustre señor: Quando en Valladolid, en casa de V. S. ) 
compañía del Sr. D. Juan Manuel (i), estoy arrepentid 
siento soledad del regocijo de la Corte, ¿qué haré en Vi 
ras, sino ahorcarme de una encina? Todos quantos dia 
eran allá mis conocidos, se vienen á juguetear conmi| 
ponerme delante mil tentaciones. «Después de esto enun 
con su natural gracejo todas las sugestiones que le hacen 
diablos para que vuelva á la Corte, y entre ellas una 
debia ser para Villalobos de gran ñierza, á saber, la fort 
de sus hijos, sobre lo cual dice: 

«Viene otro y dízeme que no hay esperftfa de reo» 
acá para mis hijos, y allá sf, porque un dia tras otro, vi 
dome el Emperador, se acordarla de dalles de comer; y 
no se vá sin respuesta, porque yo le digo que bastó esp 
hasta los setenta años; pues hay muy pocos hombres 
lleguen á ellos, y cuando á este plazo no hauiamos medra 
excusado era esperar más. Replicó el diablo que Fons 
después de los setenta, esperó la vacante de la encomie 
maior y salió con ella; y el gran Chanciller esperaui 
Papa, y en medio del camino perdió el resuello; y 
Diego Ossorio esperaua ser Maiordomo de la Emperatrí 
como vio que se tardaua la vacante murióse de viejo, qi 
espera un poco más todavía la llevara; el Obispo de A 
esperaua la vacante de Toledo, y D. Luis de la Cerda el c 
miento del Príncipe para ser ayo de su hijo maior. • Dt 
cese de lo dicho que Villalobos no alcanzó para sus I 
los favores que del Emperador pretendía, y aunque 
fuese así, no basta para acusar á Carlos V de poco gene 
con su físico, el cual confiesa, como se ha visto en su c 
al Comendador Hernan-Nuñez Penciano, todo lo contrari 
en esta misma dirigida á Cobos otra de las sugestiones qi 
hace el diablo para que vuelva á la Corte, es como sigu( 

«Viene otro diablo que gobierna la ñsica, y dize: c¿ 
puedes tú ganar en Valcíeras, sino un lechon, que I 



(i) D. Juan Manuel fué caballero del Toisón y señor de Cévioo 
Torre y Belroonte de Campos. Salazar de Mendoza, Crónica del Can 
Ta»era^ pág. 121. 



-95- 

prorecbo te haga, y una cestilla de uvas colgadas? ¿Y quál 
ganancia era la de la Corte, que hauia con ella para gastar y 
jugar como un duque, y andar siempre con la bolsa llena de 
ducados?» No niega en su respuesta Villalobos esto, sino que 
responde: «Digo: más vale el dinero que acá dejaré de jugar, 
que todo lo que allá ganaba, y veslo ahí en lo que me sobró 
cuando me vine.» Ya sabemos, por confesión propia hecha en 
la carta á Heman-Nuñez, que Villalobos vivia espléndida y 
lujosamente, y si además jugaba, £ácil es comprender que 
no bastaran sus salarios en la Corte, y sus ganancias como 
médico de los Grandes, para hacerse rico y dejar pingüe 
herencia á sus hijos; era, no obstante su origen judio, poeta 
y hombre de letras Villalobos, y es sabido que con estas 
condiciones no suele ir junta la avaricia, ni siquiera la par- 
simonia, y por eso acompaña de ordinario la pobreza á los 
que cultivan las musas. 

El cuadro que en esta carta pinta Villalobos, de la vida 
galante de la Corte de Carlos V, es digno de contem- 
plarse: 

cLuégo vino (dice Villalobos) el diablo de las damas y 
dice: «¿No te se acuerda de la vida que tenias en palacio? Una 
hermosa te tomaba y otra te dejaba, y los caballeros, porque 
salias de entre ellas, todos tenian cuenta contigo y te daban 
mil abrazos, y cuando adolecían luego te llamauan y te paga- 
uan por amor de amigo.» Estas frases traen á la memoria 
que habia sido Nuncio del Papa en aquella Corte el autor 
del Cortesano, y que este libro, que tradujo en i533 Boscan, 
andaba en manos de los. caballeros castellanos que formaban 
la Corte, y era el código á que ajustaban su vida; sin em- 
bargo, Villalobos, como todos los viejos, era laudator tem- 
ports actí, y en este mismo párrafo dice: tYa era pasado el 
tiempo en que medráuamos con los caballeros por amor de 
las damas, desde que murió el Condestable D. Bernardino y 
el Duque de Alba. Estos, siendo finos enamorados, eran en 
este caso cabezas de bandos, y cada vno dellos regia y acau- 
dillaba á los que eran de su parte, y como eran generosisi^ 
mos, ayudaban largamente á los que no podian llevar ade- 
lante la costa de los amores, y andaba la cosa tanto sobre 



-96- 

porfía de quererse aventajar los vnos á los otros, que las 
damas triunfaban mucho y no perdian nada los que se lle- 
gaban á ellas. » El Condestable de Castilla de que aquí se 
habla, como ya se ha dicho, era D. Bernardino Fernandez de 
Velasco, tercer Conde de Haro, Camarero mayor del Rey y 
primer Duque de Frias; quien fué además tres veces Capitán 
general de Castilla y Virey del Reino; el Duque de Alba, 
que competia con él como cabeza y jefe de uno de los bandos 
de los enamorados, no era el Gran Duque D. Femando Al 
varez de Toledo, que sobrevivió á Villalobos, y que no se 
sabe que se distinguiera por sus ostentosos galanteos, á pesar 
de que era discípulo de Boscan, sino su abuelo D. Fadrique, 
de quien dice López de Haro, confirmando el juicio de 
Villalobos, que fué generosísimo señor y de grande casa y 
autoridad; su hijo primogénito D. García no llegó á heredar 
el título, porque murió antes que su padre en la isla de los 
Gelves, donde hizo cosas de famoso capitán, peleando con 
sobrado ánimo contra los moros, por lo que sucedió en la 
casa su hijo D. Fernando. 

Enumera Villalobos en esta carta, como la última y la 
más poderosa razón que le hacía echar de menos la Corte, la 
consideración que á él y á sus deudos daba el puesto y el 
favor que alcanzó en ella, y esto revela un nuevo aspecto de 
su carácter, pues á pesar de su intermitente misticismo, y 
del desprecio de las grandezas humanas de que tanto habla 
en todos sus escritos, en esta carta, y estando ya consagrado, 
como dice, á granjear la salvación de su alma, se expresa en 
estos significativos términos: 

«Tras éstos todos viene el mismo Satanás y dice: «Quando 
estañas en la Corte todos los Grandes te hai^ian mucha más 
honra de la que tu merecias, y tus deudos eran honrados en 
sus tierras por amor de tí, y preciábanse de ser tus parientes; 
ahora, metido en Valderas, serás tan ruyn como vno dellos. 
Este vcUaco me hizo llorar toda una madrugada, porque 

supo dar el corte por la coyuntura » A pesar de tales y 

tantos recuerdos y tentaciones, manifiesta Villalobos su deci- 
sión de continuar en el retiro, pues dice á Cobos: cY no 
piense V. S. que son fábulas las de esta carta, que verdade- 




— 97 — 

ramente pasa esto por mi, sino es ver la cara del diablo; mas 
bien se conoce que es él en las turbaciones que roe pone, 
porque espíritu bueno no habia de aconsejar á un viejo que 
Un gran experiencia tiene de la vida y peligros de la Corte» 
que se volviese i ella, ni yo lo baria ya si no perdiese el 
sesso; antes he recogido mis libros, que los tenía derramados 
por mil partes, y ahora verá V. S. qué tal letrado he de salir 
para el otro mundo.» Esto último es prueba de que el amor 
de Villalobos á las ciencias y á las letras sobrevivió á todas 
sus vicisitudes, y que á ellas dedicó sus últimos años, pues 
como se verá luego, ya retirado en Valderas, en el año de 1 544 
dio al público el libro que lleva el título de Problemas, á 
que debe el honroso lugar que ocupa en la historia de la 
literatura castellana. 

Al final de esta carta, según una de sus copias y según la 
otra en forma de postdata, dá Villalobos noticia de la enfer- 
medad que probablemente le Uevaria al sepulcro; y á pesar 
de que como físico no podia desconocer su gravedad mayor 
en aquel tiempo que en éste, lo hace en estos regocijados 
términos: «Oluidóseme una cosa que ha passado por mí 
de bienaventurada recordación: yo venía pensando en criar 
yeguas de casta en el monte de Valderas, porque soy aficio- 
nado á potros de buen talle; plugo á Nuestro Señor hazer el 
comienzo, y hame dado una potra de ruyn casta. Digo: Señor, 
potros querria yo, que no melón de invierno.» Así habla 
Villalobos de la hernia, que en su edad no podría menos de 
causarle grandes molestias. 

Habrá, sin duda, quien note que en esta carta dá Villalo- 
bos al Secretario Cobos el tratamiento de Señoría, mientras 
que sólo dá el de Merced á Samano, y esto, sin duda, no es 
casual ni arbitrario, sino que se explica porque Cobos, á más 
de ser Comendador mayor de León en la Orden de Santiago, 
era á la fecha de la carta Adelantado de Cazorla, y habia 
alcanzado bulas del Pontífice para que se perpetuaran en 
su casa los estados que formaban el Adelantamiento, con 
lo cual fué origen y principio de una de las ilustres familias 
de este Reino, que se unió muy pronto con las más antiguas 
y aristocráticas. Por cierto que todos los escritores, aun 



k 



-98- 

el mismo Salazar , panegirista del Cardenal Tavera, dicen 
que corrió muy válido el rumor de que éste alcanzó el Ar- 
zobispado de Toledo, que creyó obtener el Cardenal don 
Alonso Manrique, porque ofreció á Cobos dicho Adelanta- 
miento; Salazar, como era de suponer, no dá crédito á estos 
dichos de la Corte, que de ser ciertos presentarían á Tavera 
como reo del delito de simonía; pero lo cierto es que, así 
Samano como Cobos, sacaron grandes provechos del ejerci- 
cio de sus elevados cargos, en especial el segundo, de cuyo ca- 
rácter hace una pintura poco halagüeña en su Historia de 
las Indias el P. Las Casas, porque sin haber residido en 
ellas, era uno de los que tuvieron mayores repartimientos de 
indios, que le producían cuantiosas rentas. 

Aunque más breve que otras, no es menos interesante la 
carta que escribió Villalobos al Duque de Nájera el 12 de 
Agosto de 1646; lo era éste desde i536 D. Manrique de Lara, 
hijo de D. Antonio, de quien se ha dado larga noticia, por 
ser gran amigo y uno de los más asiduos corresponsales de 
Villalobos. £1 Duque D. Manrique nació en el año de i S04; 
muy joven aún le envió su padre en socorro de los caballeros 
de su familia á Álava, donde se habian refugiado persegui- 
dos por los comuneros que capitaneaba el Conde de Salva- 
tierra; estuvo en la campaña de Túnez con el Emperador, á 
quien acompañó también en la guerra de Güeldres; allí 
enfermó el año de i545, por lo que le mandó el Empera- 
dor á curarse en Flándcs, viniendo después á convalecer á 
España; además, ya se ha referido su casamiento con doña 
Luisa de Acuña, hecho con circunstancias tan notables por 
su tio el Cardenal Arzobispo de Sevilla D. Alonso Manri- 
que, suceso que cuenta, en su Crónica del Cardenal Tavera, 
Salazar, de donde lo tomó Fr. Prudencio de Sandoval para 
su Vida de Carlos V, Por último, el Duque D. Manrique 
murió en su villa de Valencia el 12 de Enero de ¡558 (i). La 
carta que le dirigió Villalobos en 12 de Agosto se esclarece 
teniendo en cuenta la dolencia contraida en la guerra de 



(I) Salazar y Castro, Casa de Lara, lib. VIH. cap. IX, tomo II, pá- 
ginas 181 y siguientes. 




— 99 — 

Aiemama, tporque le hizo mucho daño andar armado y dor- 
mir al descubierto, porque el Emperador lo hacía así,» según 
dice Sandoval en la obra tantas veces citada. Aún no estaría 
del todo sano el Duque, cuando Villalobos empieza su carta 
en estos téiminos: «limo. Señor: Deseo mucho la salud 
de V. S- assí por ser ella muy preciosa, como por tener un 
hombre de mi tierra con quien se pueda hablar. • Después de 
esto, cuenta elocuentemente Villalobos la situación en que 
se hallan los que alcanzan el privilegio tan ansiado y tan 
triste de prolongar su vida, diciendo: «Y como en el proceso 
de mis edades se me han muerto dos ó tres generaciones con 
quien yo trataba, tan muerto soy para los que quedan, como 
los que yo he visto.» Enumera luego las personas y las cosas 
que habian dejado de existir, con palabras llenas de melan- 
colía. «Murióse el Rey (dice) con toda aquella camarada; 
muriéronse los Grandes; murióse la moneda y los que la ate- 
soraban; muriéronse los Arzobispos y otros Arzobispos y los 
Arzobispados con ellos; y ¿quien no es muerto, pues se murió 
Perico Ayala, delicias del linaje humano, y el bastardico, y 
ahora Ménica? ¿y no murió D. Miguel? Muriéronse la damas 
primas y las torzuelas, y las fiestas y la liberalidad y todos 
los placeres, y toda la buena simiente de las virtudes, y los 
hombres de la razón, porque quien lo hauia de resucitar todo, 
por nuestros pecados no puede estar sino ausente de la 
patria.» No hay para qué decir que estas palabras se refie- 
ren al Emperador, á quien con tanta pena veian sus subditos 
españoles lejos de estos Reinos sosteniendo una gigantesca 
lucha que, si bien fué fecunda en gloria para las armas espa- 
ñolas, no lo fué para el bien y prosperidad interior de la 
patria, víctima de aquel extraordinario esfuerzo, que no bastó 
á asegurar, ni siquiera á conservar por mucho tiempo, el 
inmenso poder que logró alcanzar la Casa de Austria. 

El estado valetudinario del Duque le obligaba á recurrir 
á los físicos, y por eso Villalobos trata de ellos en esta carta 
en términos muy interesantes y curiosos para los que estu- 
dian las costumbres de Castilla en el reinado de Carlos V. 
tAquí me dixeron (escribe Villalobos) que está con V. S. el 
Dr. del Águila, de que he holgado mucho por la buena 



— 100 — 

relación que oí de su doctrina y de su juicio; mas dixéronme 
también que habla requerido al Dr. León, que tiene U cáte- 
dra de Alcalá, y desto me pesó mucho, porque no se puede 
sufrir en compañía de otro, y es hombre que por sostener una 
opinión e9poco para él matar todos los enfermos de una oto- 
ñada y aún á los físicos, porque trae debaxo de la loba un 
bracamante, y en disputando con alguno, nunca quita la 
mano de la empuñadura. Yo le vi leer una vez á los escola- 
res, y era tanto el hervor y el aceleramiento con que leya, 
que no pudo sufrir la angostura de la cátedra, y apeóse de 
ella en mi presencia y vínose con tan desordenado ímpetu, 
que me hizo temblar la paxarilla en el cuerpo. Quiso Dios 
que no lo habia conmigo, porque llegado al fin de la carrera 
que se hace entre aquellos bancos, volvióse por el mismo 
camino; y tanto era el esgrimir de los brazos, que unas veces 
corría y otras saltaba, con los ojos salidos fuera, echando es- 
pumas por la boca como los sacerdotes de la cueva de Ero- 
phemio.» Digno es del pincel de Velazquez este retrato del 
Dr. León, el cual, asi como el Dr. del Águila, está compren- 
dido en la lista que pone Lobera de Avila después del pró- 
logo de su Regimiento de Sanidad de los ilustres y doctísi- 
mos médicos de su tiempo, en la que se dice que el Dr. León 
era catedrático en Alcalá, y el Dr. del Águila médico de la 
Cámara del esclarecido Príncipe nuestro Señor; esto es, del 
que fué luego Rey D. Felipe II de este nombre. 

El final de esta carta confirma lo que ya se ha dicho 
acerca del estado de salud del Duque D. Manrique, á quien 
escribe Villalobos: «Suplico á V. S. que mande á su secre- 
tario que haga relación, con los que vienen ala feria, de 
la disposición de V. S., porque si mi facultad bastase para 
ello, nunca cesarían los correos que me diessen cada dia 
nuevas del Duque de Náxera, mi señor, y de mi señora la 
Duquesa» (i). 

(r) Kn Medina de Rioseco, por concesión de 1477, ^ celebraban do« 
ferias, una el 6 de Abril y otra el 18 de Setiembre; á los que habían de 
ir á esta segunda se refiere Villalobos, que escribe el rs de Agosto, y esto 
prueba que hacía larga residencia en aquella villa, como la habia hecho 
años atrás, según se inQere de sus cartas. 



— lOI — 

La última carta que se conoce escrita por Villalobos es 
de 2 de Mayo de 1 549, y aunque no cita el lugar en que está 
fecha, se infiere que también se escribió en Medina de Rio- 
seco, donde habia ido á asistir á la Duquesa de Medina, mu- 
jer del Almirante de Castilla, á quien la carta vf dirigida. 
No era ya éste el famoso autor de las Cuatrocientas pregun- 
tas que falleció en el año de 1 538, el dia 9 de Enero» con 
quien Villalobos tuvo, como se ha visto, correspondencia, sino 
su hijo el limo. Sr. D. Luis Enriquez, á quien dedicó Fran- 
cisco de Alfaro la edición de las Preguntas del Almirante 
y de las Respuestas que dio á ellas Fr. Luis de Escobar, que 
si bien guardó el anónimo, diciendo sólo que era fraile menor, 
reveló su nombre en los versos acrósticos que forman la 
invocación ó prólogo de la Letanía de quinientos proverbios 
y avisos, que forma la parte se . ta de esta curiosísima y aún 
00 bien estudiada obra; véanse los acrósticos: 

«Fé, esperanza y caridad, 
Rey de tus siervos christianos, 
á tí levanto mis manos 
y toda mi voluntad. 

Lo que por mi poquedad, 
vergüenza me es demandallo, 
yo me atrevo á suplicallo 
sólo por tu gran bondad. 

Dame en esta letanía 
el decir y el entender, 
según siempre es menester 
cada hora y cada dia. 

O santa Virgen María, 
bendita, ruega por mí, 
alúmbreme Dios por tí. 
Reina y abogada mia.» 

Empieza la carta de Villalobos á D. Luis Enriquez en 
estos notables términos: tilmo. Señor: Las nueuas de la 
Corte son estas. Anda en ella una señora, que se llama 
D.' Speran9a, que trae perdida la mayor parte de los corte- 



— 102 — 

sanos, y aunque ella es muy gran puta que á todos se dá, son 
muy pocos los que alcanzan lo que promete, t De esta ma- 
nera picaresca expresa Villalobos el mismo pensamiento 
que con tanta elegancia expuso luego Rioja en su epístola 
moral diciendo: 

«Fabio, las esperanzas cortesanas 
prisiones son do el ambicioso muere, 
y donde al más astuto nacen canas; 
y el que no las limase ó las rompiere, 
ni el nombre de varón ha merecido, 
ni subir al honor que pretendiere.» 

Temia Villalobos que el Almirante fuese también víctima 
de las esperanzas cortesanas, y le dice: «Aunque V. S. hizo 
esta jornada solamente por servir á S. M. y al Príncipe, sin 
otro respecto de interese ninguno, después de esto ha cenado; 
si la dicha puta vieja acordare de tracUe suspenso y enga- 
ñado, mi parecer es que desespere y se vuelve á su casa.» 
No es fácil averiguar qué pretensiones tendría en la Corte el 
año de 1649 el Almirante, aunque puede suponerse quesería 
el ejercicio de los cargos que desempeñaron sus antepasados, 
y que tan gran importancia les daban; pero es lo cierto que, 
no obstante su parentesco con la Casa Real, después de la 
muerte del Almirante D. Fadrique, sus sucesores no ocupa- 
ron en la Corte el lugar que aquél y sus antecesores tuvie- 
ron en ella. 

La alusión que en este párrafo de la carta se hace al Car- 
denal Silíceo, sin duda no tiene más objeto que el servir de 
pretexto á estos conceptos: «Esto es, dice Villalobos, lo que 
pasa en la Corte desde César el primero hasta César el pos- 
trero, y desde un Pedro hasta una piedra, porque Silíceo 
quiere decir piedra, á quien dijo S. M.: «Tú eres Pedro, y 
sobre esta piedra edificaré mi Iglesia de Toledo, t En efecto, 
en el año de 1 545 fué electo Arzobispo de Toledo Juan Mar- 
tineZ| preceptor del Príncipe D. Felipe, que se llamaba Gui- 
jarro, y latinizó su apellido usando el de Siliceo. 

El cuadro que de las costumbres de la época nos traía 



— io3 — 

Villalobos después al hablar de la enfermedad de la Duquesa 
de Medina, demuestra que siempre es la humanidad victima 
de sus preocupaciones y de su ignorancia» y en lo que á la 
Medicina se refiere, ni las clases más elevadas ni las perso- 
nas más instruidas se libran de las consecuencias de esos 
achaques de nuestra naturaleza; véase á este propósito lo que 
dice Villalobos en esta carta: 

•Las nuevas de Medina, que á mf me han acaecido con 
mi señora la Duquesa, son estas: Yo le tengo merecido á Dios, 
por el pecado de la soberbia, como la statua del Nabucodo- 
nosor, que tenía la cabeza de oro y los pies de hierro y lodo, 
porque cuando estaba en la Corte ó en Valladolid, yo pre- 
sumía que era el principe de la Medicina, y assi todos los 
otros doctores en nuestras juntas me tenian mucho acata- 
miento, y esto desde el tiempo de los Sermos. Reyes Cathó- 
iicos hasta el tiempo de la villa de Medina, adonde he venido 
á ser las hezes y el desecho de toda la Medicina, t 

tYo me contentaría de andar á la par con el Dr. López, 
mas precédeme en el crédito la de Trueba, y la bruxa del 
patio, y la beata hechicera del hospital, y la saludadora de 
Santiago, y el hombre derrengado que cura el mal de ijada 
con el estiércol de ratones; y quando alguna destas están en 
la cámara, no me dexan á mí entrar, y mandan que no se 
hag^ nada de lo que el Dr. Villalobos dixere, porque ha de 
matar á la Duquesa como á la Emperatriz.» 

La ocasión y el tono en que dice aquí Villalobos que 
desde el tiempo de los Reyes Católicos presumía ser el rey 
de la Medicina, y que los demás doctores le tenian mucho 
acatamiento, es una prueba concluyente en contra de los 
que han afirmado que no gozó gran concepto como físico. 
Por lo demás, ya se vé que entonces, como ahora, los char- 
latanes y los empíricos tenian gran prestigio entre el vulgo 
y aun entre los que no pertenecen á él, porque, como hemos 
oído decir á un doctor famoso de nuestros tiempos, en 
medicina todo el mundo es vulgo; por esto, y porque los 
que sufren apelan á todos los recursos para recobrar la salud, 
tienen gran éxito los específicos y los remedios secretos que 
explotan con mayor ó menor luibilidad algunos que en Es- 



— I04 — 

paña, y más todavía fuera de ella, han labrado grandes fortu- 
nas á costa de la humanidad doliente. 

Pero lo más interesante de esta carta es el final del pár- 
rafo que hemos copiado, pues en él aparece que era creencia 
general que Villalobos habia matado d la Emperatri^f, lo 
cual no tiene más valor ni mayor importancia que los que se 
debe atribuir al juicio harto común que atribuye al médico 
que asiste á la última dolencia la muerte del enfermo, sin que 
sea tan frecuente que se atribuya la cura á su acierto. Villa- 
lobos, con su exterioridad festiva, que encubria de ordinario 
la amargura y tristeza de su espíritu, solia hacer chacota 
de esa creencia vulgar, y sin duda por eso se cuenta de él la 
siguiente anécdota: lEl Dr. Villalobos, estando la Corte en 
Toledo, entró en vna yglesia á oir misa, y púsose á rezar en 
un altar de la Quinta Angustia, y á la sazón que él estaba 
rezando pasó junto á él una señora de Toledo, que se llamaba 
D.* Ana de Castilla, y como le vio scomien^a á decir: «Qui- 

táme de cabe este judío, que matóá mi marido ;• porque 

le hauia curado en una enfermedad, de la qual murió Un 

mo^o llegóse al Or. Villalobos muy de prisa, y díiole: tSeñor, 
por amor de Dios que vays, que está mi padre muy malo, á 
verle. • Respondió el Dr. Villalobos: «Hermano, ¿vos no veys 
que aquélla que vá allí, vá vituperándome y llamándome 
judío, porque maté á su marido; (y señalando al altar): 7 ésta 
que está aquí, está llorando y cabizbaja, porque dice que le 
maté á su hijo; y queréis vos que vaya ahora á matar á 
vuestro padre?» Otra anécdota, que además se refiere al 
temor, de que tan frecuente alarde hacía Villalobos, por lo 
que se le podria llamar fanfarrón del miedo, se funda tam- 
bién en el concepto que generalmente se tiene de los médi- 
cos, á quienes suele el vulgo llamar mata-sanos. Hé aquí la 
anécdota, que por referirse al Príncipe D. Felipe y á las con- 
diciones de su espíritu, ofrece especial interés: tEl Príncipe 
D. Felipe, siendo pequeño, corrian unos toros en la Corre- 
dera de Valladolid, y como arremetiese un toro tras un hom- 
bre, frontero á la ventana do él estaua, houo miedo y estre- 
mecióse. La Emperatriz, muy congoxada, dixo: «Por cierto 
que temo que este niño ha de ser cobarde.» Respondió el 




— io5 — 

Dr. Villalobos: cNo tenga V. M. miedo, que en verdad quando 
yo era pequeño, que era el mayor judihuelo de la villa, de 
cada cosa temia, y ahora ya veis lo que hago, que no dexo 
nadie que no mate.» 

No tiene más fundamento que este 1q que se refiere á la 
muerte de la Emperatriz, y, como ya se ha demostrado, no 
influyó aquel suceso en la posición de Villalobos en la Corte, 
sin que haya tampoco motivos para creer que se valiera de 
aquella desgracia el Dr. Andrés Laguna para deshancar á 
su compañero; pues no se encuentra prueba alguna directa ni 
indirecta de que existieran celos profesionales entre el tra- 
ductor de Dioscórides y el autor de los Problemas, y de 
seguro algún rastro de ellos se encontraría en los escritos de 
éste, como los dejó de su lucha con el médico preferido del 
Emperador, Narciso Ponte t (i). 

Cuando Villalobos escribió esta carta al Almirante de 
Castilla D. Luis Enriquez, si su fecha es exacta, y no hay 
razón alguna para ponerla en duda, tenia el famoso físico la 
avanzada edad de setenta y cinco ó setenta y seis años, y es 
de presumir que muriese á poco. No se ha podido hasta ahora 
encontrar prueba ninguna directa del dia y año de su muerte, 
pero hay un indicio, cuyo valor se deja al juicio de los lecto- 
res, de que muriese en este año de 1549. Ya se ha dicho 
antes que el famoso Dr. Lobera de Avila, de Avila, al pié del 
prólogo de su Regimiento de Sanidad, dirigido Al estu- 
dioso lector, pone una lista de «los ilustres y doctísimos 
médicos de nuestro tiempo,» en la que figuran los siguientes: 

«Doctor <;auallos, protomédico de su magestad. 

» Doctor andrés de bexalio, médico de su magestad. 

•Doctor del águila, médico de la cámara del esclarecido 
principe nuestro señor. 

«Doctor moreno, médico de la cámara del esclarecido 
príncipe nuestro señor. 



(i) El Dr. Laguna, natural de Segovia, estudió en esta ciudad, y des- 
pués en Salamanca y en París, de donde volvió en i536; fué catedrático 
de Alcalá y acompañó al Emperador durante su larga residencia en Ale- 
mania de 1342 en adelante.— Colmeiro, La Botánica y los botánicos 
españoles. 



— io6 — 

» Doctor abarca, médico de su magestad y de la cámara de 
la esclarecida rey na de bohemia. 

«Doctor francisco de almazán, médico de su magestad. 

tDoctor montaña, médico de su magestad. 

»Doctor yrure, médico de su magestad. 

9 Doctor pero lopez, médico de su magestad. 

»E1 doctor ledesma, médico de la sancta inquisición, 
teniente de protomédico. 

•Doctor rodriguez, cathedrático en ualladolid. 

tEl Doctor peñaranda, cathedrático de philosophia en 
ualladolid. 

nDoctor céspedes, cathedrático en ualladolid. 

tDoctor león, cathedrático en alcalá. 

tDoctor vega, <:athedrático en alcalá. 

•Doctor reinoso, cathedrático en coimbra. 

tDoctor alderete, cathedrático en salamanca. 

» Doctor del hierro, médico en sevilla. 

«Doctor cabra, médico en sevilla. 

«Doctor inquiiina, médico en córdoba. 

«Doctor aguilar, médico en toledo. 

•Doctor fabricio, médico en segovia. 

"Doctor vega, médico en avila. • 

Como se vé, no consta en esta lista el Dr. Villalobos, y 
como el privilegio para la impresión del Regimiento de 
Sanidad está tdado en la villa de Valladolid á i8 dias del 
mes de Diciembre, año del nacimiento de nuestro Salvador 
Jcsu-Christo de 1549 años,» es probable que en esta fecha 
habría ya fallecido Villalobos, pues sólo asi se explica la 
omisión de tan ilustre físico en la lista formada por Lobera 
de Avila, aunque éste dice que no los pone todos por evitar 
prolixidad. 



OBRAS DE VILLALOBOS. 



OBRAS científicas. 



I. 



EL SUMARIO D£ MEDICINA Y EL TRATADO SOBRE 

LAS PESTÍFERAS BUBAS. 



Ya se ha dicho que el primer libro que publicó Villalo- 
bos fué el Sumario de Medicina, con un tratado sobre las 
pestíferas bubas, impreso en Salamanca, por Antonio de 
Barreda, en 1498, cuando tenía el autor no más que veinti- 
cuatro años. En el prólogo latino que le precede explica 
Villalobos los motivos que le movieron á escribirlo, que no 
fué sólo complacer á su protector el Marqués de Astorga, á 
quien la obra vá dirigida, sino procurar algún remedio á los 
males que causaba la ignorancia de muchos de los médicos 
de su tiempo y la falta de ellos en casos de enfermedad; 
por lo cual lo compuso en romance trovado. Para juzgar con 
acierto esta otra, así como las demás de carácter científico del 
autor, sería menester emplear largo espacio y una suma de 
conocimientos muy superior á la que posee el que esto 
escribe; ante todo era necesario determinar con precisión el 
estado de las ciencias en general, y en particular de las mé- 
dicas en la época de Villalobos, y esto no sólo en España, 
sino en el resto de Europa, cosa harto difícil y larga; pues á 
fines del siglo xv, y principio del siguiente, fué cuando se 
inició con extraordinario vigor aquel impulso de la vida inte- 
lectual en Occidente, que se conoce con el nombre de Rena- 



— no — 

cimiento, protegido en especial por los Pontífices, y que 
tuvo su principal centro en Italia. Mediante los Estados 
que en aquella península poseía la Corona de Aragón, este 
impulso se comunicó muy pronto á España, y no sólo porque 
muchos de sus naturales acudian de antiguo á completar 
su educación en la insigne Universidad de Bolonia, sino 
también porque vinieron por aquel tiempo á España italia- 
nos tan ilustres como Pedro Mártir de Angleria, Lucio 
Marineo Sículo y P. Mártir Rizo, que se naturalizaron en 
estos Reinos y ejercieron en ellos cargos públicos importan- 
tes, habiendo tratado de nuestras cosas en libros tan curiosos 
como las Décadas de orbe novo y las Cosas memorables de 
España. 

Sabido es que el carácter dominante del Renacimiento, á 
que nos vamos refiriendo, así en las ciencias como en las 
letras y en las artes, consistió principalmente en la infusión 
en la civilización cristiana de nuevos elementos de la anti- 
güedad griega y romana; los escritores clásicos fueron enton- 
ces objeto de una verdadera pasión en todos los órdenes del 
conocimiento; los amantes de la filosoña emprendieron con 
ardor el estudio de las obras aristotélicas, empezando por 
depurar los textos tan corrompidos en los manuscritos que 
de ellas se conservaban; lo mismo se hizo con los de los auto- 
res latinos, ayudando á estos trabajos de erudición de una 
manera eficadísima la imprenta, que acababa de inventarse, 
y que, después de los libros sagrados, se empleó con gran 
actividad en la reproducción de las obras de griegos y lati- 
nos, que con gran afán se buscaban por todas partes, espe- 
cialmente en las bibliotecas de los antiguos monasterios de 
Europa y de Asia; los jurisconsultos se consagraban con afán 
al estudio de los Fondéelas desde que se descubrió el manus- 
crito de Amalfí, y los médicos al de las obras de Hipócrates, 
y especialmente á las de Galeno. 

En España, esta corriente científica se mezcló, quizá más 
que en otra parte, con la que traia su origen de fines del 
siglo XI, y que influyó, sin duda, de un modo eficacísimo en 
aquel primer renacimiento intelectual del Occidente en el 
siglo XIII que produjo en Italia á Dante, á Petrarca, á Santo 




— III — 

Tomás, 7 entre nosotros á D. Alonso X y á los sabios que flo- 
recieron en su reinado. 

Después de las grandes catástrofes que sufrió Europa 
desde el cuarto al sétimo siglo de nuestra Era, sucedió una 
época de tinieblas, en la que pareció que el Occidente habia 
retrocedido á los tiempos de antigua barbarie anteriores á la 
civilización greco-latina; pero como la obra de la civilización 
jamás se interrumpe, los gérmenes de ella, que parecian 
extinguidos en Europa, brotaron en Oriente bajo el domi- 
nio de los califas árabes, y más todavía durante la dinastía 
persa de los descendientes de Mahoma; como los sectarios 
del Profeta extendieron su dominación á España, la civiliza- 
ción, que llamaremos musulmana, tuvo uno de sus principa- 
les focos en nuestra Península, y Córdoba primero y Toledo 
después, alcanzaron en el siglo xn la supremacía intelectual 
de Europa, viniendo á estudiar á sus escuelas muchos letra- 
dos de las demás naciones. 

Dos ilustres sabios, persa el uno y español el otro, repre- 
sentaron más especialmente la civilización islámica. Ibn- 
Sina, llamado vulgarmente Avicena, é Ibn-Roch, que se 
conoce con el nombre de Averroes, ambos fueron filósofos, 
médicos y jurisconsultos. 

Avicena nació en Afchana, cerca de Bukhara, el año 
de 988, y murió en io3ó; fué de un saber universal; como 
filósofo profesó la doctrina peripatética, y en Medicina siguió 
especialmente á Galeno; su obra principal en esta ciencia fué 
el Cánofiy dividido en cinco partes, que tratan: la primera, de 
generalidades de la ciencia; la segunda, de materia médica; 
la tercera, de enfermedades particulares; la cuarta, de enfer- 
medades comunes á diversos órganos ó regiones, y la quinta, 
de la farmacopea. 

Después del Canon, la obra más importante de Medicina 
que escribió es su compendio en verso, cuyo original lleva 
el nombre de Ardju^a, derivado del del mttxo Redje:^; tam- 
bién se llama Mendhouma, es decir, poema, y en las nacio- 
nes latinas Conticum. El Canon fué traducido al latin por 
Gerardo de Cremona y por Almago, y se publicó en Roma 
con el texto árabe. 



— 112 — 

Mr. G. Dugat hace el siguiente juicio de Avicena (i): 

tDice Cbahrastani: Toda la ca^a está en el vientre del 
onagro (2), hablando de Ibn-Sina, que es el mayor de los 
filósofos árabes, como el onagro es la mayor pieza de caza. 
Toda la filosoña árabe está en sus obras, y cuando llegue- 
mos á comprenderlo bien conoceremos la filosofía árabe; mas 
para esto sería menester que nos fuesen asequibles todos sus 
escritos, y se sabe que desgraciadamente algunos se han per- 
dido porque fueron saqueados y destruidos por los ortodoxos, 
y los que quedan están diseminados en las bibliotecas de Eu- 
ropa y de Oriente. 

blbn-Sina empezó su vida como todos los que han alcan- 
zado gran fama por un trabajo excesivo. Devorado por la 
sed ardiente de conocerlo todo, adelantó muy pronto á su 
primer maestro, que vino á ser, en cierto modo, su discípulo; 
á los diez y ocho años sabía cuanto se podia saber en su 
época: ciencias exactas, ciencias especulativas, artes y bellas 
letras. Sus obras no bajan de ciento siete, de diferentes dimen- 
siones, sin contar diversos escritos que no se pueden clasificar 
rigurosamente.» 

No debe juzgarse ligeramente la filosofía de Ibn-Sina: 
espíritu tan poderoso no podia ser un plagiario ni ir á remol- 
que de ninguna escuela, aun cuando fuese la de Aristóteles; 
no olvidemos que emprendió por sí mismo el estudio de las 
ciencias, y sólo conociendo bien sus principales obras se 
podrá penetrar su íntimo pensamiento; se dice vulgarmente 
que su filosoña es en la esencia peripatética, pero no se han 
distinguido hasta ahora lo bastante los elementos que hay en 
ella extraños á la doctrina de Aristóteles, y que le son per- 
sonales y propios. Aparte de sus obras enciclopédicas, tales 
como el Chefa y el Nedja, en que sigue el plan de Aristó- 
teles y de su libro La justicia, El Infaf, en que comenta 
todas las obras del Stagirita, escribió obras originales, como 



(r) Histoire des Philosophes et des Theologicus musulmans, Pt- 
rís, 1878. 

(3) Sobre este proverbio véase el libro de Abd-cl-Kader, traducido 
por G. Dugat; pág. ?36. 




— ii3 — 

La filosofía oriental. La Filosofía celeste j El libro de las 
discusiones^ en el que trata las cuestiones metafísicas pro- 
puestas por su discípulo Bahmiar, y otras dirigidas á El 
Biruni. Su última obra, El libro de las indicaciones, Kitab 
el Jcharat, uno de los más importantes, ha sido objeto de 
numerosos comentarios. Sobre la filosofía de Ibn-Sina puede 
consultarse lo que Munck ha dicho en su Miscelánea de filo- 
sofía drabey judia (i): las investigaciones de este sabio bas* 
tan para conocer en general algunos de sus aspectos. 

»Dice Munck que Ibn-Sina ha hecho frecuentes concesio- 
nes á las ideas de su tiempo, pero no precisa su índole y natu- 
raleza, t Aunque parece, dice Munck, que Ibn-Sina hace con- 
ceslones^á los Motecallemin;» y en otra parte: «Aunque haya 
hecho numerosas concesiones á las ideas de su época, • mon- 
sieur Renán ha adoptado esta opinión, pero nuestro filósofo 
no vivia en una época de libre examen. Funcionario de la 
Administración de los Príncipes Samanidas, que fueron sus 
protectores; servidor del Príncipe Bouide, que tenía ideas 
expansivas y de tolerancia, compuso algunas obras relativas 
á la religión musulmana, y comentó algunas suras del Coran; 
escribió un tratado sobre la ascensión de Mahoma al cielo, 
Miradj, y Hdji Kalfa afirma que Ibn-Sina demuestra en él 
que la ascensión fué posible, sin duda ésta es una concesión 
á una creencia popular; mas para juzgar el libro sería nece- 
sario conocerlo, pues nada fútil ha debido salir de su pluma. 
Por lo demás, atacó á los Motecallemin en sus escritos, y ha 
demostrado con frecuencia lo falso de sus razonamientos, así 
como su ignorancia; por ejemplo, cuando contradicen la defi- 
nición que dan los geómetras del punto que no admite 
división. 

•Munck dice también en su Miscelánea (2) que Ibn-Sina 
acepta la inspiración profética, y parece que de este modo 
indica que admite también la revelación. Pero Ibn-Sina trata 
de la profecía como filósofo y psicólogo, y no como musul- 
mán creyente; véase lo que acerca de esto dice el ortodoxo 



(i) Véanse las páginas 356 y siguientes de la obra citada, 
(a) Pág. 365. 



— 114 — 

Ibn-Kaldun: «No debe darse ninguna importancia á las pala- 
bras de Ibn-Sina cuando rebaja el profetismo al nivel de la 
visión y dice que es acto de la imaginación que envia una 
imagen al sentido común, i 

«De esto se deduce cuan imprudente es formar juicios 
sobre un filósofo como Ibn-Sina antes de estudiarle con 
atención. Cuando le vemos, celoso de las prerogativas de la 
razón y de la ciencia, tratar como lo hace á los astrólogos y 
á los mágicos de su época, demostrando lo vacío y absurdo 
de sus investigaciones, no se puede decir que halague las 
preocupaciones de su tiempo; no se recata para demostrar lo 
vano de la astrología que no se funda en ninguna demos- 
tración, y que hace depender la felicidad ó la desgracia de 
los hombres de la influencia de las estrellas. «No hay en 
este mundo, dice Ibn-Sina, ni felicidad ni desgracia abso- 
luta, y cada cual está descontento de lo que Dios le ha 
dado, menos de la razón. • También es opuesto á los par 
tidarios de la alquimia, «que quieren alcanzar la riqueza sin 
trabajo y sin fatiga, convirtiendo el cobre en plata y la plata 
en oro.» 

tIbn-Sina no era tal que hiciese concesiones de ninguna 
suerte en el terreno de los principios; era, sí, prudente, y para 
que pasaran sus escritos filosóficos, los principiaba y los ter- 
minaba con invocaciones á Dios y á Mahoma, y les ponia 
títulos extravagantes para no llamar la atención de los orto- 
doxos (i). Donde podrian hallarse concesiones, es en frases 
como las siguientes: 

«El mejor movimiento es la oración; el reposo más ejem- 
plar, el ayuno; la beneficencia más útil, la limosna; el mere- 
cimiento más puro, el sufrimiento, y el primer conocimiento, 
el conocimiento de Dios (2). Recomienda que no se olviden 
las instituciones legales, y que se glorifiquen las tradiciones 
divinas, y dice que el mejor acto es el que procede de una 



(i) Por ejemplo, la epístola de año nuevo, Ez-vicala, Cn-Niruzia, diri- 
gida á un amigo, á quien dice ba}o este título fótil que el regalo más 
noble que poília hacerse era un libro de filosofía. 

(2) Su testamento dirigido á Ibn-Abul-Katr el Sufi. 




— ii5 — 

intención pura; la mejor intención la que procede de la 
ciencia, j que ía filosofía es la madre de las virtudes. 

»Ibn-Sina era músico y poeta al par que filósofo, médico, 
matemático y gramático; todas sus obras llevan la marca de 
su garra de león; no fué vulgar en nada.t (i) 

Bafo muchos aspectos, es semejante á Ibn-Sina el famoso 
andaluz Ibn-Rosche vulgarmente conocido bajo el nombre 
de Averroes, que nació hacia el año 1120 de nuestra Era y 
que cultivó también todos los ramos de la ciencia, tal como 
se conocía en su tiempo y con arreglo á la doctrina de Aris- 
tóteles, siendo su célebre Comentario el texto fundamental 
del peripatetismo, no sólo entre los árabes y judios, sino 
también entre muchos cristianos del Occidente y habiéndose 
prolongado el influjo de sus doctrinas hasta los tiempos mo- 
dernos en la escuela de Pádua. Mr. Renán ha escrito, bajo el 
título de Averroesy el averroismoy un libro interesante sobre 
la persona y el sistema del famoso filósofo; pero la verdad es 
que aún no están bastante estudiadas en su conjunto las 
escuelas filosóficas y médicas de los árabes, y por tanto no se 
pueden determinar con exactitud las analogías y diferencias 
que existen entre los filósofos y médicos árabes; sin embargo, 
que entre Avicena y Averroes existen relaciones científicas 
de gran importancia, es evidente, no sólo porque ambos 
eran aristotélicos y galenistas, sino porque consta que una 
de las obras más conocidas de Averroes es su Comentario al 
poema de Ibn-Sina, el cual, como se ha dicho, es un resu- 
men de la Medicina, que sin duda sirvió de modelo para 
escribir el suyo á Villalobos. 

Sabido es que la Medicina árabe reinó sin rival en toda 
Europa, no sólo durante la Edad Media, sino años después 
de haberse iniciado el renacimiento, y en testimonio de esta 
verdad, no hay sino examinarlas Ordenam^as de la Univer- 
sidad de Salamanca, hechas en el año de i56i, que contie- 
nen un plan completo y detallado de los estudios que en ella 
se hacian, y en lo que se refiere á la enseñanza de la medí» 
ciña, se establece lo siguiente: 



(I) Dugat. Histoire des phUosiphes et theologiens árabes. 



~ ii6 - 



TÍTULO XIII. 

DE LO QUB HAN DB LEER LOS CATHEDRÁTICOS DE MBDICIlfA. 

« I . En la Cáthedra de Prima de Medicina, está señalado 
que se lea el primer año la Fen, primera de Auicena. Y es 
justo que en los dos meses primeros hasta Nauidad, se lean 
los tres capítulos de las tres doctrinas hasta llegar á la doc- 
trina cuarta de humoribus exclusive. 

»2. ítem, desde principio de Enero hasta todo Febrero, 
se deuen leer los capítulos de la quarta doctrina , que son de 
humoribus el vno y el otro de qualitate generationis eorum. 

•3. ítem, de membris, que es la doctrina quinta, se lea 
hasta Pascua de flores. 

»4. ítem, se lea la doctrina sexta, hasta el fin de toda la 
Fen.: lo cual se lea todo hasta sant Juan. 

»5. En el segundo año, se lea la Fen. primera del quarto 
de Auicena : los dos primeros meses, hasta Nauidad, se lea 
todo el tratado primero, dexando de leer lo de Ephimeris que 
no se suele leer. 

)*6. ítem, desde Enero hasta Antruejo, ó principio de la 
segunda semana de Quaresma, se lean siete capítulos arreo, 
sin dexar ninguno del tractado segundo. 

97. ítem, hasta Pascua de flores se lean todos los capítu- 
los de correctione accidentium. 

»8. ítem, hasta sant Juan se lea los capítulos más prácti- 
cos que se suelen leer, como de cura tertiane con la esencia 
y señales, y defebri sanguinis, y de signis, y de cura^ y 
de causone y de las fiebres flemáticas, y quartanas, y pesti- 
lenciales y de variolis. 

•9. En el tercero año está asignada la Fen, segunda del 
primero ; déuense leer ocho capítulos de la primera doctrina 
hasta Nauidad. 

• 10. ítem , desde Enero hasta principio de Quaresma se 
lea de la segunda doctrina y tercera, los más principales ca- 




— 117 — 

pitillos ad vota audientíum , que tengan tanta lectura como 
lo que antes se dijo. 

. >i I . ítem , toda la Quaresma se lea de pubibus^ y desde 
Pascua hasta sant Juan de urinis. 

>i2. Y en el quarto año se ha de leer la cuarta Fen. del 
primero de Auicena, y hanse de leer hasta Nauidad los tres 
capítulos primeros , y hasta principio de Quaresma diez y 
sífete capítulos , y el capítulo vigésimo de phlebototnía hasta 
Pascua de flores, y todo lo que resta de la Fen. , hasta sant 
JuaD : y si algo quedare de leer que no se pueda auer acabado 
en este año ó en los pasados, acábelo el sustituto y sea obli- 
gado á ello. 

>i3. En la cáthedra de vísperas se léala primera de 
Aphorismos, hasta Nauidad, y la segunda hasta Pascua de 
flores , y la tercera hasta sant Juan. 

114. En el segundo año se lea la quarta hasta Quaresma, 
y la quinta hasta Pascua de flores, y seita y séptima hasta 
sant Juan. 

» c 5. En el tercero año lea el primero todo del Techni, y 
del segundo, hasta de cerebro exclusive; y hasta Quaresma 
lea hasta de testiculis inclusive , y hasta Pascua lea la mitad 
de lo que queda, y hasta sant Juan la otra mitad. 

» 16. En el cuarto año lea hasta Nauidad , que llegue al 
texto venereorum vero, y hasta Quaresma lea hasta el texto 
Curatio quidem cutn habet modum , y hasta Pascua hasta el 
texto Si cum ulcere, esta primera, que es texto Arábigo,, y 
acabe el libro todo hasta sant Juan. 

917. En la cáthedra de la mañana, de diez á once, se lea 
el primero de Crisibus hasta Nauidad , y todo lo que resta 
hecho tres partes , lea la una parte hasta Quaresma y la otra 
hasta Pascua, y la otra hasta sant Juan. 

1 1 8. El segundo año todo el primero libro de pronósticos 
lea hasta Nauidad, y el segundo hasta Pascua de flores, y el 
tercero todo hasta sant Juan. 

• 19. El tercero año lea el primero libro de victus ratione 
hasta Nauidad , y el segundo hasta Quaresma , y el tercero 
hasta Pascua de flores, y el quarto hasta sant Juan. 

• 20. En la cáthedra de la tarde se lea el nono ad Alman- 



— ii8 — 

sorem; la, mitad del libro hecho cuatro partes, y cada dos 
meses lea cada cuarta parte : de manera que para Nauidad 
lea la primera cuarta parte de la mitad de todo el libro, y la 
segunda cuarta parte basta Quaresma , y la tercera hasta Pas- 
cua de flores, y lo que resta ^ hasta sant Juan se acabe. Y de 
la mesma manera se baga el segundo año, que se ha de leer 
la otra mitad del nono sobredicho. 

>2i. En el tercero año lea hasta Nauidad tres libros pri- 
meros del Méthodo, ó á lo menos más que dos , y hasta Qua- 
resma otros dos libros, de manera que haya leido cinco, y 
hasta Pascua de flores lea dos, y hasta sant Juan acabe el nono 
por lo menos. En el cuarto año, todo lo que falta para cum- 
plimiento de todo el Méthodo, se haga quatro partes , y cada 
dos meses acabe cada parte , de forma que hasta Nauidad lea 
la primera de quatro partes de todo lo que ouiere de leer en 
todo el año : y hasta Quaresma lea la segunda parte dellos, 
y la tercera parte lea hasta Pascua, y acabe todo el libro 
hasta sant Juan. 

»22. ítem, ordenamos que desde sant Juan hasta vacacio- 
nes, quando el rector tomare votos para nombrar sustitutos 
con acuerdo del cathedrático de prima de Medicina, nombre 
lo que ha de leer y passar en la tal sustitución aquel año. 

CÁTHEDRA DE ARATOMÍA. 

» I . Estatuimos y ordenamos que el cathedrático de Ana- 
tomía haga seys Anatomías universales enteras desde el dia 
de sant Lucas hasta sant Juan, vnade solos los músculos, otra 
de solas las venas , otras de sólo huesos , otra de solos nier- 
uos y dos enteras de todo el cuerpo humano. Y en el dicho 
tiempo haga doze particulares; dos de cabeza, dos de ojos, 
dos de ríñones, dos de coraron, dos de músculos y venas del 
brazo y dos de músculos y venas de la pierna. Las seys ge- 
nerales se han de hacer en la casa de la Anatomía edificada 
á este fin , y las doze particulares , ó en el hospital del estu- 
dio ó en el general de Medicina, no gastando en ellas más 
que hora y media á la hora de la cáthedra de Anatomía. 
Más las Anatomías universales empegarse han en saliendo 



— 119 — 

de lecaon de Prima hasta la tarde antes de lection de víspe- 
m, de manera que nunca se pierda de leer en la cáthedra 
de Prima y de Vísperas. 

93. ítem, que por causa del olor en las Anatomías uni- 
versales no excederá de dos ó tres días en ellas, sólo tratando 
el uso y el nombre , y alegando precisamente donde la trata 
Galeno y Vesalio, y lo demás que quisieren, declarando lo 
más llegado á razón. 

»3. ítem , que baya de hauer de salario de su cátbedra 
desde sant Lucas hasta vacaciones , leyendo una lection, y 
pasando según el rector por sant Lucas, le asignare diez y 
seys mil marauedís de salario, y por cada Anatomía uni- 
versal que hiziere, dos mil marauedís, y por cada disección 
particular mil marauedís. Y solamente se le paguen las que 
constare hauer hecho perfecta y cumplidamente. 

>4. ítem , quedando de la universidad prouision real y 
recaudos bastantes, sea obligado el dicho cathedrático á po- 
ner diligencia para hauer cuerpos humanos do se hagSl las 
dichas disecciones, y no pudiendo hauerse lo que fuere 
leyendo en su lección y cáthedra , lo vaya mostrando en las 
estampas y figuras de Vesalio, para que se entienda lo que 
se va leyendo. Y entre año haya algunas veces conclusiones 
de Anatomía , á las cuales se halle presente el dicho cathe- 
drático. 

Nótase ya en este plan de enseñanza médica el infiujo del 
método de observación directa; pero se vé el predominio que 
en ella tenía la enseñanza meramente especulativa y la in- 
fluencia que aún conservaba la Medicina árabe, y en espe- 
cial la de Avicena, cuyo Canon fué, como su nombre indica, 
el fundamento doctrinal de toda la ciencia. Si tal era el es- 
tado de los conocimientos médicos en Europa en i56o, fácil 
es comprender cuál sería en 1498, cuando Villalobos escribió 
el Sumario. Sin embargo, una de las circunstancias que le 
distinguen entre los médicos de su tiempo, es su carácter 
original y una desconfianza notabilísima del valor científico 
délas teorías médicas reinantes, especialmente de las doc- 
trinas de los árabes , como lo demuestra la carta escrita á su 



— 120 — 

padre en el mismo año de 1498, en que publicó el Sumario. 
Era esta carta respuesta á otra que, siguiendo el método esco- 
lástico, resumió en seis conclusiones, de las cuales la última 
se refiere á la Medicina, en cuya ciencia, según se infiere de 
la refutación que de ella hace Villalobos, su padre se mues- 
tra partidario convencido y entusiasta de las doctrinas de los 
escritores árabes , y sobre este asunto dice Villalobos lo si- 
guiente, que parece escrito por un médico filósofo de nues- 
tros dias: 

« En cuanto á la última conclusión, téngola seguramente 
por falsa , pues si la Medicina engaña al médico y á los pa- 
sientes haciéndoles pasar grandes trabajos, destruyendo sus 
cuerpos y sumiéndolos en la miseria, ¿cómo llamarla fidelísi- 
ma? No niego la utilidad de sus preceptos higiénicos ni de 
sus métodos evacuativos, digestivos, alterantes y otros aná- 
logos; pero no deben extremarse sus elogios, pues ocupán- 
dose esta ciencia en cosas contingentes y que caen bajo el 
poder de Dios y de la naturaleza, engaña sin rebozo y miente 
cuando promete de sus experiencias felices y seguros efectos; 
los que á ciertos electuarios y compuestos se atribuyen , son 
de escasa virtud y casi pudiera decirse vanos, pues más for- 
talece la albóndiga mojada en caldo, la cual en todas partes 
se encuentra, que la preparación del alkermes, que sólo se 
halla en los alcázares ó en los palacios de los señores, y lo 
mismo sucede con el pan tierno mojado en vino generoso; la 
ventilación del aire fresco conforta más que las piedras pre- 
ciosas y el diamante , y más que el oro y las esmeraldas que 
se traen del Oriente. No se rompe la piedra en la vejiga por 
la virtud de los medicamentos , ni se estirpa el tumor de las 
articulaciones como se extrac el dardo de la herida; todas 
estas son, en mi sentir, falsas invenciones acreditadas por los 
que corren detrás de los charlatanes como los carneros de 
Panurgo. Siendo, pues, la Medicina infiel é insegura, debe 
recusarse el testimonio de los árabes, por cuanto los infieles 
pueden conocer la fidelidad , como el ciego les colores. » 
Todo este párrafo, que debiera escribirse con letras de oro, 
demuestra que Villalobos pertcnecia á aquella generación 
de sabios que iniciaron el segundo renacimiento clásico, y 



— 121 — 

si bien todavía no habia olvidado las enseñanzas de Avicena 
ni las de Averroes, daba la preferencia á las de los autores 
griegos y latinos, aunque no era helenista y trataba con 
desden á los gramáticos de su tiempo, como se ha visto en la 
carta que dirigió á Hernán Nuñez Pinciano en 1 626; en ella 
misma nos dá un testimonio directo de que se habia consa- 
grado al estudio de los escritores griegos, pues dice al famoso 
Comendador que ttenía puestos en limpio muchos libros de 
Galeno, especialmente el De virtutibus naturalibus,9 y más 
adelante añade que tholgara ponerse en examen contra toda 
Turquía en las obras de Aristóteles, y Theofrasto, y Platón, 
y Plotino, y Galeno. » 

Como ya se ha dicho, las doctrinas de la filosofía arábiga 
tuvieron en Occidente su principal centro en la escuela de 
Pádua, donde se prolongó el reinado científico de Averroes 
hasta mediados del siglo xvii. Uno de los sabios más célebres 
de esa escueta fué Pedro Abano, que murió en i3i5, y que 
escribió el libro titulado Conciliator diferentiarum philoso- 
phorum et medicorum , fundamento de las doctrinas médicas 
de Pavía, que ampliaron luego Zimara y Tomitano. Aunque 
Abano no conocía el Colliget ni las otras obras especiales de 
Medicina de Averroes, la suya está sacada de los libros filoso- 
fíeos del sabio andaluz , y como alcanzó tan grande autoridad 
entre los médicos, fué conocida por Villalobos; pero éste no 
era de sus sectarios y consagró uno de los doce principios de 
su obra titulada Congresiones , á combatir las doctrinas de 
Abano, si bien defendiendo á Avicena, cuyas teorías, así 
filosóficas como médicas, se acercaban más á las de los griegos 
que las de Averroes, y mucho más que las de los averroistas 
de la 'escuela de Pádua. La conclusión ó principio en que 
trata Villalobos del libro de Pedro de Abano, ó aponense, es 
el noveno, y lleva por epígrafe De ultione avicence. La 
materia á que se refiere Abano es el origen del dolor, y 
combate la teoría de Avicena que defiende Villalobos , apo- 
yándose justamente en el texto de Galeno, que, según afirma 
nuestro físico, no habia interpretado bien el doctor Patavino. 
Todo lo dicho y lo que fácilmente pudiera deducirse de 
las obras de Villalobos • confirma lo que hemos manifestado 



— 122 — 

sobre sus ideas en orden á las ciencias de la naturaleza en 
general, y en particular á las de la vida, de que es un ramo 
especial la Medicina; pero nos llevaría muy lejos de nuestro 
propósito analizar dichas obras, bastando con que indiquemos 
que las teorías de Villalobos, acerca de lo que los aristotélicos 
llamaban física, y los modernos^i/o^q/íía de la naturaleza, 
están expuestas en los primeros tratados de los Problemas 
que llevan por epígrafes: Del sol. Venus y Mercurio y De 
la luna; ambos ajustados al tratado de Coelo, de Aristóteles; 
en el De los cuatro elementos; en el Del fuego; y en el Del 
aire y tierra^ agua. Estas teorías, en el fondo son las 
mismas que sirven de fundamento al Comentario del segundo 
libro de la Historia natural de Plinio. La filosofía médica 
de Villalobos está especialmente expuesta en la obra titulada 
Congresiones vel duodecim principiorum liber; en El 
diálogo de las fiebres enterpoladas ; en el que ahora por 
primera vez se publica entre Villalobos y su vriado; en el 
del calor natural , y claro es que en el Sumario de Medicina, 
que no obstante su carácter eminentemente práctico, consagra 
las primeras coplas, que forman una verdadera introducción, 
á las generalidades ó principios especulativos. 

Si queremos calificar en dos palabras á Villalobos como 
médico, podríamos decir que era humorista en patología, y 
polifarmaco en terapéutica > y que aun cuando su elevado 
entendimiento y sus estudios filosóficos le hicieron desde 
muy temprano considerar con desdén y desconfianza la espe- 
culación y el empirismo que reinaban y reinaron después de 
su vida en el arte de curar, todavía no pudo alcanzar los 
resultados que la anatomía y la fisiología experimental han 
producido en las ciencias de la vida que tan gran desarrollo 
han alcanzado en nuestra época, merced á los trabajos de 
Claudio Bernard, de Wirchow y de Dubois-Raymond, de 
Pasteur y de otros ilustres doctores. 

En el Sumario describe Villalobos los cuatro humores, 
y con la doctrina del frió, del calor, de la sequedad y de la 
humedad, y según las combinaciones de estas entidades, 
explica las dolencias que después enumera, así como los 
medicamentos apropiados para su curación; porque el Suma'^ 



— 123 — 

no es á la vez una patología, una terapéutica y una farma- 
copea, puestas al alcance de los profanos, muy parecidas en 
lo esencial á las que se contienen en la Sevillana medicina^ 
del médico del Rey D. Pedro de Castilla, Juan de Aviñon, 
publicada por Monardes, y no muy diferentes de las que 
informan, como ahora se dice, el Regimiento de la salud, del 
Dr. Lobera de Avila, médico del Emperador Carlos V; pues 
ks tres obras, inspiradas en los mismos principios, tienen 
idéntico objeto, que es poner la Medicina al alcance de todos. 
Si bajo el aspecto científico el Sumario de Medicina tiene 
un interés meramente histórico, no sucede lo mismo como 
obra literaria, pues es quizá el primer ejemplar que se produjo 
en la literatura castellana de un poema didáctico (i); ya se 
ha dicho que sin duda sugirió á Villalobos la idea de escri- 
birlo el Canticum de Avicena, y por esto es testimonio de la 
influencia de la poesía arábiga en la nuestra. El Sr. Ticknor 
no hace mención de esta obra de Villalobos en el cap. V de 
la 2.' época de su Historia de la literatura^ y la hace de las 
Cuatrocientas respuestas, de Luís de Escobar, que califica 
de obra didáctica, cuando su carácter predominante es moral 
y ascético, y de las Trescientas cuestiones naturales con 
sus respuestas, por Alonso López de Corellas; ambos escritos 
son muy posteriores al poema médico de Villalobos, y sólo 
el segundo es de índole análoga á éste, aunque más parecido 
todavía á los Problemas del mismo Villalobos, así por la 
forma y términos en que se hacen las preguntas, como por 
que Corellas, además de la respuesta en verso, la amplía en 
prosa y en forma de comentario. 

El Sumario de medicina es anterior á la época en que 
empezó á reinar el gusto italiano en la poesía castellana, así 
es que está escrito en coplas de arte mayor, y en el estilo 
que solian emplear para ellas los poetas anteriores á Garci- 
laso; la materia de este poema no se presta á las galas de la 



(i) El maestro Diego del Cobo escribió un poema de que se conserva 
parte en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional con este 
título: «El segundo tratado de la cirujfa rimada,» y según los versos con 
que coocluye, se acabó de escribir esta obra el 3o de Mayo de 141 2. 



— 124 — 

forma ni á los arrebatos de la imaginación; pero no se puede 
desconocer que la obra de Villalobos se ajusta á las condi- 
ciones del género á que pertenece, y no se le debe tampoco 
negar la gloria de haber sido entre los españoles el primero 
que intentó popularizar la medicina, combatiendo de este 
modo la pedantería, que suele ser achaque tan general en 
los que se dedican á su estudio y su ejercicio, y sin duda 
debió tener presente esta producción de Villalobos Sorapan 
de Reinos, al escribir su Medicina en refranes vulgares. 

Por todas estas consideraciones se ha resuelto reimprimir 
en el volumen XXIV de la colección de los Bibliófilos el 
Sumario de Medicina, pues su rareza es ya tal, que sólo exis- 
te, que se sepa, el ejemplar que posee el Sr. Marqués de San 
Román, y el que, según manifiesta el Sr. Jorge Gaskoin, se 
conserva en el Museo Británico^ porque si bien éste habla 
en su libro sobre Villalobos, de un ejemplar que exbtia en 
la biblioteca del Sr. Marqués de la Romana, incorporada ya 
en la Nacional, y de otro que habia en este establecimiento, 
según las noticias que le comunicó el Dr. Montejo, han sido 
inútiles las tentativas que se han hecho para encontrarlo. 

Como las coplas sobre las pestíferas bubas forman parte 
del volumen en que se contiene el Sumario^ no hemos que- 
rido suprimirlas para dar idea exacta de tan raro libro, aun- 
que han sido varias veces reimpresas, especialmente por el 
Sr. Morejon en el apéndice III de su Historia bibliográfica^ 
y por el Sr. Chinchilla en su Historia de la medicina espa- 
ñola, además á este tratado debe principalmente Villa- 
lobos la fama de que goza como médico, sobre todo en el 
extranjero. 

Sería muy largo, y además fuera de lugar, exponer cuanto 
se relaciona con el asunto de las bubas; basta decir que la 
enfermedad á que se refiere y su tratamiento, constituyen hoy 
una de las pocas especialidades ó monografías bien estudia- 
das y constituida casi con carácter científico. Desde su apa- 
rición en el año de 1493 se han consagrado á su estudio mu- 
chos médicos, y se han escrito y se escriben cada dia muchas 
obras acerca del asunto, empezando por la cuestión relativa 
á su origen, teniéndose ya por indudable que la sífilis fué 



— 125 — 

importada en Europa por los primeros descubridores de Amé- 
rica, según ha demostrado con entera claridad y con gran 
copia de datos el Dr. Montejo en la Memoria que leyó en el 
Congreso de Americanistas, celebrado en Madrid en 1881, é 
impresa en las actas de aquella reunión científica. 

Villalobos fué uno de los que primero trataron de la sífi- 
lis (i), y aunque sobre su naturaleza y caracteres no sean hoy 
aceptables sus opiniones, y aunque no haya prevalecido el 
nombre de sarna egipciaca que propuso para esta. enfer- 
medad, y sí el de sífilis que le dio Fracastoro en su poema 
sobre la misma dolencia, escrito treinta años después del 
de Villalobos^ éste describió con admirable exactitud todos 
los síntomas del padecimiento, haciendo notar que el chancro 
era, por decirlo así, su primer momento, y que después de 
un período más ó ménOs largo aparecían los síntomas llama- 
dos secundarios y terciarios, postillas, dolores^ durujones y 
úlceras. 

En cuanto al plan curativo que para tan grave mal pro- 
pone , no podia menos de ser el que para las enfermedades 
análogas se usaba en su tiempo, y especialmente los evacua- 
tivos; sin embargo, se ha notado por los que han estudiado 
con detenimiento el Tratado sobre las pestíferas bubas, que 
si bien en las primeras coplas habla en contra del uso del 
abogue, luego lo emplea en la confección de alguna de las 
recetas que se recomiendan para curar ciertos síntomas de esta 
terrible dolencia. 

No seríamos justos si al hablar de las coplas de Villalobos 
que forman el Tratado sobre las pestíferas bubas, no hicié- 
ramos mención especialísima del discurso inaugural de la 
Academia de Medicina de Madrid leidoen 1868 por el señor 
Gástelo y Serra , discurso que tiene por objeto la exposición 
crítica de los tres poemas á que ha ciado materia la sífilis, á 
saber: las coplas castellanas de Villalobos^ el poema latino 
dividido en tres libros , de Fracastoro, de que ya se ha hecho 



( I ) Poco antes escribió también sobre esta dolencia el famoso valen- 
daño Gaspar Torrella, que fué Obispo y médico del Papa, su tratado De 
pudendagra seu de morbo gálico. 



— 126 — 

mencicn , y el que escribió en francés á mediados de este siglo 
Mr. Barthelemy , literato ajeno á los estudios médicos, por 
lo cual este poema lleva notas del Dr. Giraudeaux de Saint- 
Gervais, y tiene por principal objeto combatir el uso del 
mercurio en la curación de esta enfermedad, recomendando 
el del Rob de Lafecteur, específico que perdió todo su pres- 
tigio desde que el Dr. Le Canu , catedrático de la Escuela 
de Farmacia de París, publicó un estudio sobre este medica- 
mento, descubriendo que en su composición no entrabt 
ninguna sustancia eficaz, y su objeto no era más que explotar 
la ignorancia de los pacientes, como sucede con casi todos 
los específicos; y, por otra parte, la ciencia médica tiene hoy 
el mercurio y sus sales, especialmente las de cloro y iodo, 
por el verdadero remedio de la sífilis , como ya sostuvo el 
Dr. Bañares en su Apología del mercurio, aunque puedan 
coadyuvar á la curación de tan rebelde dolencia los sudorí- 
ficos y evacuativos ; pero ya hemos dicho que no es nuestro 
ánimo tratar con extensión las cuestiones de medicina que 
surgen al examinar las obras de Villalobos, si bien no pode- 
mos menos de decir algo acerca de ellas, y por lo qué á la 
sífilis se refiere, reconocer la gloria que le cabe en haber 
sido el primero que trató este asunto con acierto, afirmando 
que era una dolencia nueva, no conocida hasta su tiempo, 
según manifiesta explícitamente en la tercera copla del Tra- 
tado de las bubas, que dice así: 

«Fué una pestilencia no vista jamás 
en metro, ni en prosa, ni en sciencia, ni historia, 
muy mala y perversa, y cruel sin compás, 
muy contagiosa y muy sucia en demás , 
muy brava y con quien se alcanza vitoria; 
la qual hace al hombre indispuesto y gibado, 
la qual en mancar y doler tiene extremos , 
la qual escurece el color adcerado; 
es muy gran bellaca, y asi a comentado 
por el más bellaco lugar que tenemos.» 

Ya indicamos antes, que si bien Villalobos incurrió, al 
tratar de la sífilis, en los errores que eran consecuencia natural 




— 127 — 

de las doctrinas médicas reinantes en su tiempo, atribuyendo 
esta dolencia á alteraciones de los humores que suponia elabo- 
rarse en el hígado, y, por consiguiente, no llegó á conocer que 
saor^n era la inoculación de un virus especial; partiendo 
de su primera manifestación describió la dolencia y sus 
evoluciones de un modo tan exacto, que, como dice con 
razoo el Sr. Gástelo en el discurso antes citado, nada han 
podido añadir en este punto los antiguos sifiliógrafos ni aun 
los modernos, entre los cuales debe colocarse en primer tér- 
mino al fiamofio Jbon Hunter, pues á su lado no pueden 
ocupar sino lugar secundario Ricord, Fournier y otros que 
han seguido y siguen en sus escritos las doctrinas que, inspi- 
radas sin duda en las observaciones de Villalobos, expuso en 
«as obras el célet»'e cirujano inglés. 

El cuadro de la sífilis está magistral y definitivamente 
trazado en la copla trigésimaoctava , que es como sigue : 

«Mas quando en tal miembro esta buba ó llaguita, 
mayormente si es sin dolor y está dura , 
dolor de cabeza y color negrecita, 
espaldas cargadas y el sueño se quita 
y aquello en que sueña es en loco y no tura, 
en labios y en párpados de ojo negrura 
y en su trabajar perezoso y aflito 
y tiene la vista turbada y escura, 
á tal como á este, si tienes cordura, 
dirás que le viene la sarna de Egito.» 

En cuanto al régimen curativo propuesto por Villalobos, 
ya se ha dicho lo bastante , y como sólo una larga experiencia 
y muchas tentativas inútiles podian descubrir el camino y 
los remedios más adecuados, sería exigir lo imposible, que 
á los cinco ó seis años de haber aparecido la sífilis y de pre- 
senciar sus horrorosos estragos, hubiera acertado con ellos el 
insigne físico. 



— 128 — 



II. 



CONTINUACIÓN DE LAS OBRAS CIENTÍFICAS 

;S£GUN SU PROBABLE ORDEN CRONOLÓGICO. 

LAS <CONGR£SIONES,> LOS DIÁLOGO! SOBRE LAS FIEBRES. 






En el año 1 5 14 dio Villalobos á la estampa una obra de 
Medicina que, á diferencia del Sumario y del Tratado sobre 
las bubas f tiene un carácter exclusivamente teórico; esta 
obra lleva el siguiente epígrafe bajo el escudo de armas de 
los Reyes Católicos, que ocupa la mayor parte de la portada: 

• Congresiones: vel duodecim principiorum 
liber nuper editas,^ 

En el verso de la misma portada, se lee: 

• Operis pr(Bmium.9 

« Liber duodecim principiorum quem nuper composuit 
Franciscus de Villalobos, artium et medicine doctor et 
medicus catholici principis. Ferdinandi hispaniarum et 
utriusque sicilie regis omnis a^vi regum invictissimi feli- 
citer incipit, » 

Sigue á estas lineas la dedicatoria de la obra en estos 
términos: 

^Fammosisimo doctori Fer diñando Alvare^ hispama- 
rum et siciliarum prothomedico Franciscus Villalobos. » 

Este recuerda al protomédico que en sus conversaciones 
se habia quejado de la incuria y ociosidad de los médicos 




— 129 — 

españoles que no discutian ni publicaban obras científicas 
sobre su facultad, y Villalobos, siguiendo tal indicación, dice 
que se lanzó á la palestra sosteniendo los principios y doc- 
trinas que en el libro se contienen , aun á riesgo de suscitar 
contradicciones y críticas. Terminada la dedicatoria expone 
el plan de la obra en estos términos: 

• Conttnet opus hoc dúos tractatus, in primo principia 
disputanda simpliciter ac nude ponentur cum introductione 
quandam per singulo principio inteligendo ad philosophos 
directa, qui nondum medicinan vocabulis operam dedere. In 
secundo vero principia ipsa probata et verificata consu- 
mabunturw (i). 

A esta explicación del método sigue el primer tratado, 
que empieza con la enunciación de los doce principios, 
seguido cada uno de una explicación brevísima, en esta 
forma : 

« Tractatus primus : 
principium primum de materia nutritionis.i> 

« Omnes humores naturales cum sanguine materia sunt 
nutrimenti membrorum, solus enim sanguis omnia nutriré 
membra non valet.» 

No hay para qué decir cuan diferente es la doctrina hoy 
reinante sobre las funciones de nutrición, ni que el error de 
Villalobos consiste en la teoría humoral de su tiempo, según 
la cual habia cuatro, por decirlo así, primitivos y de igual 
importancia. 

<tDe prior itate membrorum compositorum: 
principium secundum.i> 

a Membrorum animalis tempore atque nobilitate sunt 
priora composita simplicibus. » 



(i) Contiene esta obra dos tratados: en el primero se ponen pura y 
simplemente los principios que se examinan, con ciertas introducciones 
para la inteligencia de cada principio, dedicada á los ñlósotbs que aún no 
conocen los términos ó vocablos de la Medicina; en el segundo se prueban 
y verifican los mismos principios. 



— i3o — 

Para comprender este principio es menester considerar 
lo que se entendía en tiempo de Villalobos por miembros 
simples y compuestos, que casi equivale á lo que hoy deno* 
minamos órganos y aparatos, y en tal supuesto, el principio 
tomado de la metafísica escolástica, es insostenible, pues la 
embrologia moderna enseña que todo organismo empieza por 
una célula; de lo que á la nobleza se refíere, nada hay que 
decir sino que es un concepto inaplicable al organismo. 

9 De excelencia spirítus: príncipium tertíum.9 

vSpirítus qui in cor de hominis est et ab eo per alia 
membra difunditur: formaliter animatum esse perfectioni 
excelentiorique moduquam reliquas humani corpori partes 
in presente principio asseveramus. n 

En las introducciones relativas á este principio expone 
Villalobos lo que entiende por spiritUj diciendo que es un 
cuerpo tenuísimo é invisible , el cual se divide en tres espe- 
cies , que son el espíritu vital , que reside en el corazón , de 
donde se difunde por las venas á los demás miembros; el 
espíritu animal, que tiene su asiento en el cerebro y se distri- 
buye por los nervios , y el espíritu natural , que existe en el 
hígado y preside á las funciones de nutrición. Este concepto 
del spiritu y su división, que corresponde al concepto de la 
vida, tai como lo admitian los aristotélicos, reinó por mucho 
tiempo en la Medicina; pero hoy la tendencia positivista 
dominante en la ciencia lo rechaza, si bien no puede menos 
de admitir que la materia orgánica tiene cualidades especiales 
y propias , que no bastan á explicar las físicas y químicas, 
que son peculiares de la materia inorgánica. La vida, digan 
lo que quieran los positivistas, es un quid irreductible, y. 
según los principios de la filosofía hegeliema, un momento de 
la idea, el superior en el mundo de la naturaleza que abarca y 
comprende, y, por lo tanto, destruye, con virtiéndolos en otro 
nuevo, los momentos anteriores, idea que ya expresaron en 
cierto sentido otras escuelas, diciendo, aunque con diferente 
forma que el hombre era un micro-cosmos. Por lo demás, es 
notable que en el estado actual de la ciencia, lo que antes se 



— i3i — 

IhmalNi spiritu animal » inherente á la sustancia medular, sea 
idéntico á lo que denominó Fleurens^fífWo nérveo^ así como 
la irritabilidad 9 que es la manifestación general de la vida, 
corresponde en cierta manera á la noción aristotélica del 
spriiu que forma y anima el organismo. 

cZ)e temperamento spiritu: 
principium quartum.9 

^Cúmplexio spirítus humani cuiuslibet mixti comple- 
xione temperatior existit ac magis ad médium reducía 
Ínter extrema qualitatum primarum. » 

Aplica aqui Villalobos al spiritu la doctrina de los tempe- 
ramentos, y como ésta es tan conocida, nada diremos sobre 
este principio. 

•De prioritate musculorum in motu voluntario: 
principium quintum. » 

• Positionem Averrois in quinto sustinemus principio in 
qua tenet musculum esse prius mobilem motu voluntario 
quam nervus priusque in se recipere virtutem animalem 
voluntarle motivam, » 

Este principio es inadmisible á pesar de la autoridad de 
Averroes que en su defensa se alega , pues ya no hay quien 
dude de que el movimiento voluntario y aun los involunta- 
rios son determinados por las corrientes nerviosas. 

•De comunitaie soluiionis continuitatis : 
principium sextum.n 

t^Membris consimilibus et membris organicis apud 
médicos equaliter debetur continuitatis solutio: nec primo 
simplicibus quam compositis aut compositis quam simplici- 
bus convenire potest.9 

Este principio es antecedente necesario de la teoría del 
dolor, que, como se verá luego, es quizá la parte más intere- 
sante de las Congresiones , pues en ella defiende Villalobos 
la doctrina de Avicena contra lo que en su Conciliator 
sostenía el famoso Pedro Abano, oponense. 



— l32 — 

«JDe eucraíisima veris constítutionem: 
príncipium vn.» 

aPositionem Galeniin séptimo principio defendimus in 
qua tenet constitutiones continentis in veré absolute fieri 
temperatisimam. 9 

El fundamento de este principio consiste en la teoría de 
las estaciones del año; según la doctrina de Galeno, reinante 
todavía en tiempo de Villalobos, el verano era seco y caliente, 
el otoño caliente y húmedo, el invierno frió y húmedo, y en 
la primavera se equilibraban estas cualidades, por lo que se 
decia que su constitución era eucratisima, 

*De única et inmediata doloris causa: 
principium octavum.^ 

« Única et inmediata doloris causa solutio continuitatis 
est. Malitia vero complexionis in quantum talis non est 
causa doloris, 9 

Este principio está íntimamente enlazado con el siguiente: 

«Z)e ultione Avicenne: 
principium nonum,» 

<tln illa diferentia septuagésima sexta qua redarguit 
Avicenam conciliator contradicit sensui sibi ipsi et veritati, 
absque modestia et sine ratione improperat Avicenam me- 
dicinales doctrine (\) prothomagistrum: ac demum inad- 
vcrtenter exponit liter'am Galeni, » 

En el capítulo único de la introducción referente á este 
principio dá noticia Villalobos de la obra titulada el Conci- 
liador, del famoso Pedro de Abano, que, como hemos dicho, 
fué el primero y más ilustre representante de las doctrinas 
avcrroistas de la escuela de Pádua, en lo que á la Medicina 
se reñere. Dice Villalobos que la obra de P. de Abanóse divide 



(i) Se advierte que se ha conservado la ortografía de los textos latinoit, 
por lo que se notará que muchas veces se ponen en lugar de los diptongos 
las vocales que expresan el sonido de v3stos; v. gr.: e en lugar de ct. 



— i33 — 

en doscientos diez capítulos que se llaman diferencias, en 
que se exponen las opiniones y doctrinas médicas , anali- 
zándolas y juzgándolas, y era como un manantial cuyas 
aguas se habian difundido por todas las escuelas. Sin negar 
el mérito del autor afirma que Avicena le aventaja como un 
gran monarca á un soldado estrenuo y famoso; por donde se 
vé que Villalobos, á pesar de lo que dice en la carta dirigida 
ásu padre en 1498 sobre la Medicina árabe, era partidario 
de su representante más ilustre, aunque no tanto de sus suce- 
sores ni aun del mismo Galeno, como se verá luego, si bien 
procuraba conciliar las opiniones de éste con las del famoso 
Ibn-Sina (i). 

El examen de la teoría del dolor, expuesta por Villalobos 
conforme á la doctrina de Avicena, exigiría un espacio que 
no podemos aquí dedicarle; diremos, sin embargo, que el 
concepto de la enfermedad y del dolor en su manifestación 
ordinaria, tal como lo exponen muchos médicos modernos, y 
como lo expresó Heghel en su Filosofía de la naturaleza, 
concuerdan de un modo notable y digno de atención con la 
doctrina de Avicena; pues la teoría de la enfermedad á que 
se alude consiste en la separación ó independencia de una 
función, esto es, en el desequilibrio y falta de armonía entre 
lasque en conjunto constituyen la vida. 



(i) tConciliator est quídam líber ínter médicos celebratus qui continet 
ducenta decem capitula que diferentie apellantur, in eis enim omnes dis- 
cordie et opiniones de quibus in medicina versatur: et adhuc in parte phi- 
losophie naturalis: composuit autem hoc volumen quídam Petrus appo- 
nensis patavinus civis et preclarus doctor in omnígena doctrina eruditi- 
simus, ut aparet in discursu eiusdem operis, in quo quídem aparuít in 
prímis portas medicinalíum disputationum ab istoque fonte profluent 
amnes plurímí quibus universe medicine schole irriguntur: ab eo enim 
omnes moderni doctores hausere doctrinas plures ejusque vestigia olta- 
cere et anímum atque audatiam scríbendi ab eodem obtinuere. Quando 
cumque in omni loco omnique materia unum invenies dimicatem quos- 
dam quidem fugantem alios autem vulnerantem, plurisnusque laceran- 
tem; devastantemque et predam insectatem, que nulli peperit hic est 
Petrus opponensis ve! de Abano, sea tanto eo maior fuit noster Avicena, 
quanto optirous monarcha prevalebit strenuo atque famoso militi ut in 
progresu probationis principii noni apparebíL^Con^reítonej, fól. IV.» 



- i34 - 

•De virtute humiáitatis: 
principium decimwn.^ 

•Non est minoris virtutis ponenda humiditas in corpori" 
bus elementorum; sed forte mayor est quan siccitas eorum. • 

Villalobos explica en el capitulo único de la introducción 
relativa á este principio lo que debe entenderse por hume- 
dad, que es, lo mismo que la sequedad, una cualidad pasiva 
de los cuerpos, siendo las activas de éstos el calor y el frió, y 
añade que la humedad es inherente al aire, la sequedad á la 
tierra, el calor al fuego y la frialdad al agua; como se vé, 
estos son conceptos de la filosoña de la naturaleza, tal como 
se comprendía esta ciencia desde los tiempos de Aristóteles. 
hasta que Bacon y Descartes abrieron nuevos caminos para 
el estudio del universo. 

•De humiditates gradu actione: 
principium undecimum.» 

La introducción relativa á este principio tiene dos capí- 
tulos, en que explica Villalobos la doctrina de los grados en 
Medicina, que, como es sabido, eran cuatro, según la propor- 
ción de las calidades ó los elementos de los cuerpos. 

a De efficatia Avicenne contra Galenum in capitulo 
defebre sanguinis: principium duodecimum,» 

Como hemos de ocuparnos más adelante de la materia de 
ñebres, al examinar los tratados que á ella dedicó Villalo- 
bos, sólo diremos ahora que, según antes indicamos, nuestro 
físico se muestra más partidario de Avicena que de Galeno, 
cuya doctrina defcndia Abano en el Conciliador, á quien se 
complace en refutar Villalobos, siendo de. notar estas pala- 
bras en el Diálogo del calor natural: «Y esta es la opinión de 
Galeno, aunque diga otra cosa el Conciliador y otros esca- 
ramufadores de las cátedras»» 

Los doce principios, que mejor debieran llamarse propo- 
siciones ó conclusiones, después de expuestos y explicados 
sumariamente en el primer tratado de las Congresiones, se 
desenvuelven y demuestran á la manera escolástica en el 



— i35 — 

segundo; basta con lo dicho para que se forme idea de esta 
obm de Villalobos, interesante para el estudio del desarrollo 
de las doctrinas médicas en España. 

Con fundamento expresó Villalobos el temor de suscitar 
contradictores á las doctrinas por él sostenidas en las Con- 
gresiones^ y la noticia de uno de ellos ha llegado felizmente 
basta nosotros. Fué éste el famoso médico portugués Joan 
Rodriguez, quien escribió, en contestación á Villalobos, un 
opúsculo con el siguiente título, en caracteres rojos encer- 
rados en una ancha orla, que ocupa toda la portada de la 
obra impresa: 

•Excelentissimi Joannis Roderici sacre Cesar ee impe- 
ratrtcis medid peritissimi tractatus contra sex conclusio- 
nes XII prindpiorum Francisci de Villalobos, sacre Cesa- 
ree Maiestates Medid una cum aliis conclusionibus noua- 
rum fantasiarum nunc, ab eodem Joanne Roderico in lucem 
ediditis.» 

Al verso de la primera página está la dedicatoria del 
opúsculo al primer protomédico del Rey D. Juan III de 
Portugal, Dr. Diego López, y en el folio siguiente (a ii) em- 
pieza la refutación de las seis conclusiones de Villalobos en 
intrincada forma escolástica. Los seis principios que im- 
pugna el médico portugués son los siguientes, según el orden 
en que los examina y discute: «Z)e prioritate membrorum 
compositorum; de excelentia spiritus; de temperamento spi- 
ritus; de prioritate musculorum in motu voluntario; de 
única et inmediata doloris causa, y de virtute humiditates. » 

Concluye este opúsculo rogando el Dr. Joan Rodriguez 
al protomédico del Rey de Portugal que le acepte como 
pequeño obsequio, pues sus ocupaciones y falta de salud no 
le han consentido hacer obra más lata, y fecha el escrito el i S 
de Agosto de i525, en Zafra, de los estados del Marqués de 
Feria, donde dice que le habia convenido pasar algún tiempo 
por negocios particulares suyos; y, como antes se ha dicho, 
consta que en lo de Mayo de este mismo año residía Villa- 
lobos en Zafra; pues en esa fecha escribió desde aquella ciu- 
dad al Almirante de Castilla, de donde es natural inferir que 



— i36 — 

ambos médicos residian juntos en este pueblo el año de iSiS, 
y tal vez á esta circunstancia se deba, muy príncipalmeoleí 
que Joan Rodríguez escribiera el tratado de que vamos diodo 
noticia. 

En el rarísimo ejemplar impreso que examinamos ágoe 
inmediatamente á la impugnación de Villalobos el otro trt- 
tado de que hace mención la portada antes trascrita, j 
que consta de cinco conclusiones originales del médico por- 
tugués, quien dedica su opúsculo al protomédico del Empe- 
rador Carlos V, rival de Villalobos y causa de que se reti- 
rara éste de la Corte y viviera alejado de ella, aunque por 
poco tiempo, en Zafra, como familiar y médico del Marqués 
de Priego; nos referimos á Narciso Ponte, de quien nos 
hemos ocupado en la primera parte de este trabajo. Todas 
estas coincidencias son curiosísimas, aunque no tengan 
grande importancia. El Dr. Rodriguez, como era natural, 
prodiga á Narciso grandes elogios, no sólo por su pericia mé- 
dica, sino por su ingenio y buena conversación, recordán- 
dole los agradables coloquios que entre ambos pasaban 
cuando estaban juntos en la Corte del Emperador, pues 
según refiere el médico portugués, se habia ausentado de ella 
á ruego de la Emperatriz, para ir á Turin á asistir al parto 
de la Duquesa de Saboya, y en aquella ciudad fecha esta 
dedicatoria después del parto de la Duquesa á 3 de Abril 
de 1 526. £1 opúsculo se imprimió en Turin en este mismo 
año el 26 de Mayo en casa de Pedro Pablo de París, según 
se lee en su Colofón; pero hay muchos motivos para creer 
que estas fechas están equivocadas, porque, como se verá 
luego, Joan Rodriguez acompañó á la Emperatriz D.* Isabel 
cuando vino á casarse con Carlos V á principio de i526; de 
seguro entonces fué cuando conoció y trató á Narciso, y, 
por tanto, no es verosímil que en Abril de aquel año estu- 
viese ya en Turin asistiendo á la Duquesa de Saboya; por 
otra parte, de esta señora, hermana de D.* Isabel é hija del 
Rey de Portugal D. Manuel, no se sabe que tuviese hijos 
en 1 526, y consta que dio á luz uno en i528, por lo que es 
de suponer que en este año fué cuando escribió Joan Rodri- 
guez su opúsculo y la dedicatoria á Narciso. Las cinco con- 




— 117 — 

pítalos ai vota audientium, que tengan tanta lectura como 
lo que antes se dijo. 

. » 1 1 . ítem , toda la Quaresma se lea de pulsibus^ y desde 
Pascua hasta sant Juan de urinis. 

» 1 2. Y en el quarto año se ha de leer la cuarta Fen. del 
primero de Auicena , y hanse de leer hasta Nauidad los tres 
capítulos primeros , y hasta principio de Quaresma diez y 
sibte capítulos , y el capítulo vigésimo de phlebotomta hasta 
Pascua de flores, y todo lo que resta de la Fen. , hasta sant 
Juan : y si algo quedare de leer que no se pueda auer acabado 
en este año ó en los pasados, acábelo el sustituto y sea obli- 
gado á ello. 

»i3. En la cáthedra de vísperas se léala primera de 
Aphorismos, hasta Nauidad, y la segunda hasta Pascua de 
flores , y la tercera hasta sant Juan. 

» 14. En el segundo año se lea la quarta hasta Quaresma, 
y la quinta hasta Pascua de flores, y sexta y séptima hasta 
sant Juan. 

• 1 5. En el tercero año lea el primero todo del Techni, y 
del segundo, hasta de cerebro exclusive; y hasta Quaresma 
lea hasta de testiculis inclusive , y hasta Pascua lea la mitad 
de lo que queda, y hasta sant Juan la otra mitad. 

»i6. En el cuarto año lea hasta Nauidad , que llegue al 
texto venereorum vero, y hasta Quaresma lea hasta el texto 
Curatio quidem cum habet modum , y hasta Pascua hasta el 
texto Si cum ulcere, esta primera, que es texto Arábigo,, y 
acabe el libro todo hasta sant Juan. 

• 17. En la cáthedra de la mañana, de diez á once, se lea 
el primero de Crisibus hasta Nauidad, y todo lo que resta 
hecho tres partes , lea la una parte hasta Quaresma y la otra 
hasta Pascua, y la otra hasta sant Juan. 

» 1 8. El segundo año todo el primero libro de pronósticos 
lea hasta Nauidad , y el segundo hasta Pascua de flores, y el 
tercero todo hasta sant Juan. 

» 19. El tercero año lea el primero libro de victus ratione 
hasta Nauidad , y el segundo hasta Quaresma , y el tercero 
hasta Pascua de flores , y el quarto hasta sant Juan. 

•20. En la cáthedra de la tarde se lea el nono ad A Imán- 



— i38 — 

debe contarse entre los castellanos por haber escrito sus 
obras en nuestra lengua y porque residió constantemente en 
España desde que vino á ella con su padre en i526 hasta que 
falleció en Granada en 1 570, desempeñando el oficio de pri- 
mer organista en la catedral de la ínclita ciudad del Dauro. 

Las fechas que hemos citado confirman lo que hablamos 
dicho en la biografía de Villalobos; pues aparece casi con 
evidencia que éste y Juan Rodriguez irian á reunirse en Ba- 
dajoz con el cortejo que acompañó á D.^ Isabel desde la 
Frontera de Portugal hasta Sevilla, donde se celebró su 
matrimonio con el Emperador, que allí residirian ambos 
médicos todo el tiempo que permaneció la Corte en la capi- 
tal de Andalucía, acompañándole después á Granada y últi- 
mamente á Valladolid; en estos viajes y residencias, los 
insignes físicos conocerían y tratarían á los poetas, literatos. 
Embajadores y Grandes que tanto brillo daban á la Corte del 
Emperador; así se explica que, como dice Cáceres en su dis- 
curso, «siendo Silvestre de casi catorce años, vino en servi- 
cio de D. Pedro, Conde de Feria, do la sazón florecía entre los 
poetas españoles Garci Sánchez de Badajoz.» aunque, por lo 
que ya se ha dicho, eran anteriores las relaciones del padre 
de Silvestre con la casa de Feria. 

Además del Sumario de Medicina^ del Tratado sobre 
las bubas y de las Congresiones, deben contarse entre las 
obras, especialmente médicas, de Villalobos, el Didlogqjíe 
las fiebres interpoladas, que forma parte de los Problemas^ 
y el Diálogo entre Villalobos y su criado^ que ahora por 
primera vez se publica: ambos tratan de la misma materia, 
y, como se ha dicho, son en gran parte reproducción el uno 
del otro; por lo que se refiere á las doctrinas que en ellos se 
sustentan, casi es excusado decir que son los de Galeno y 
Avicena sobre las fiebres^ asunto capital en Medicina y 
objeto de las especulaciones de los médicos antiguos y mo- 
dernos. En tiempo de Villalobos no se habia suscitado aún 
la célebre cuestión de las fiebres esenciales y sintomáticas, y 
se admitia generalmente la teoría de que la fiebre era 
resultado áéi podrimiento de los humores; fundado en ella 
Villalobos, en su Diálogo de las fiebres enterpoladas expone 



Olla hipótesis ingeniorfsima, y de que se muestra muy orgu« 
lioto, para explicar la periodicidad de las fiebres, y aunque 
iioysea inadmisible , tiene gran interés para el estudio de 
las doctrinas médicas » especialmente en España , donde en 
érta como en otras ciencias, brillaron nuestros sabios durante 
d sig^ XVI. y los Villalobos, los Servet, los Gómez Pereira 
j las Valift, por no citar otros nombres, ocupan altísimo 
lugar en la historia de la Medicina. Véase cómo explica 
Villalobos, con su admirable estilo, el misterioso fenómeno de 
la intermitencia de las fiebres: 

«Ya he dicho en lo passado que este humor que haze la 
terciana ó la quartana, comunmente sale de las venas y 
corre por los miembros hasta parar en alguno dellos que 
tenga capacidad y vasija en quien quepa, y que no tenga 
fuerzas para defenderse del y echarlo fuera como lo echa 
los otros miembros por do passa. Y también auemos de saber 
que ningún humor no haze calentura hasta que se podresce, 
porque con el pudrimiento arde como un muladar, y ardiendo 
echa humos podridos de sí. que suben hasta el coraron. 
Y como el coraron es un horno donde se cria toda la calor 
que se reparte por el cuerpo, enciéndese mucho más con los 
dichos humos, que son una leña muy aparejada para infla- 
marse y dar más fuego de lo que es menester. Y este fuego 
extiéndese desde el coraron, generalmente por todos los otros 
miembros del cuerpo, porque vá por los pulsos . que todos 
nascen en el coraron, y se reparten por todo el cuerpo, y 
assí todos los miembros padescen grande ardor y calentura. 
De manera que el humor no haze calentura hasta que sea 
podrido. 

»A. Quando estaua este humor en las venas, ¿por qué no 
hazia calentura? 

• V. Porque aún no estaua podrido. 

»i4. Si no estaua podrido, ¿por qué lo lan(;auan fuera 
de si? 

» V. Porque estaua tan aparejado para corromperse, que 
natura no lo podia corregir, y con aquella mala qualidad 
hazia tan gran sinsabor en las venas, que no lo pudiendo 
sufrir lan^vanlo fuera de si con gran furia, como haze el 



— 140 — 

estómago quando siente de sí alguna cosa muy contraria á su 
naturaleza, y muy enemiga de su condición , que á pesar de 
su dueño, la echa de sí haziendo vómitos con gran ímpetu 
y violencia, como acontece á muchas personas delicadas 
cuando toman purga , ó á los que beuen ponzoña. Assí que 
las venas, con su instinto natural, sintiendo el humor que 
está á punto de dañarse y que es disconueniente á su natura, 
echánlo fuera antes que acabe de dañarse , y todas las otras 
partes por do passa también lo echan como á mal huésped 
que viene herido de pestilencia. 

•i4. Y en las venas ¿no acontece algunas veces que haya 
humores podridos y corruptos? 

» V. Sí acaesce, porque no pudieron más que ellos para 
lanzarlos. 

»i4. Y destos ¿qué se haze? 

»F. Házese la calentura continua, que dura hasta que 
sane ó muera el enfermo, y si este humor es cólera, házese 
terciana continua. 

9 A. Si es continua, ¿por qué la llaman terciana? 

« V. Porque guarda la proporción y semejanza de ter- 
ciana, arreciándose á los terceros dias. Y si es flegma, házese 
cotidiana continua, que sube y abaja cada dia. Y si es melan- 
cholía, házese quartana continua, que cresce al quarto dia. 
Y si es sangre, está siempre en una igualdad. 

•A, La doctrina es dulce, mas pasemos más adelante. 
Sepamos: ¿dónde estaua la calentura de la terciana, quándo 
se quitó y cómo viene tan concertadamente á sus plazos? 

nV. La calentura, en la hora de la huelga, no está actual- 
mente en ninguna parte. Porque cada una que viene, ella 
misma quema y consume el humor que la haze. Y acabado 
de quemar, acábase ella , como se acaba el fuego cuando la 
leña se haze ceniza. 

•A. Si el humor se acaba, ¿por qué razón buelue otra y 
otra calentura? 

» V. Buelue por razón del mal humor que queda en las 
venas. 

»i4. ¿Pues no decís que lo echan fuera de sí, y que no lo 
consienten quedar allá? 




— 121 — 

si bien todavia no había olvidado las enseñanzas de Avicena 
ni las de Averroes» daba la preferencia á las de los autores 
griegos y latinos, aunque no era helenista y trataba con 
desden á los gramáticos de su tiempo, como se ha visto en la 
carta que dirigió á Hernán Nuñez Pinciano en 1 5^6 ; en ella 
misma nos dá un testimonio directo de que se habia consa- 
grado al estudio de los escritores griegos, pues dice al famoso 
Comendador que ctenía puestos en limpio muchos libros de 
Galeno, especialmente el De virtutibus naturalibus,» y más 
adelante a&ade que tholgara ponerse en examen contra toda 
Turquía en las obras de Aristóteles , y Theofrasto» y Platón, 
y Plotino, y Galeno.» 

Como jra se ha dicho, las doctrinas de la filosofía arábiga 
tuvieron en Occidente su principal centro en la escuela de 
Pádua, donde se prolongó el reinado científico de Averroes 
hasta mediados del siglo xvu. Uno de los sabios más célebres 
de esa escueta fué Pedro Abano, que murió en i3i5, y que 
escribió el libro titulado ConciUator diferentiarum philos<y- 
phorum et medicorum , fundamento de las doctrinas médicas 
de Pavía, que ampliaron luego Zimara y Tomitano. Aunque 
Abano no conocia el Colliget ni las otras obras especiales de 
Medicina de Averroes, la suya está sacada de los libros filosó- 
ficos del sabio andaluz, y como alcanzó tan grande autoridad 
entre los médicos, fué conocida por Villalobos; pero éste no 
era de sus sectarios y consagró uno de los doce principios de 
su obra titulada Congresiones , á combatir las doctrinas de 
Abano, si bien defendiendo á Avicena, cuyas teorías, así 
filosóficas como médicas, se acercaban más á las de los griegos 
que las de Averroes, y mucho más que las de los averroistas 
de la 'escuela de Pádua. La conclusión ó principio en que 
trata Villalobos del libro de Pedro de Abano, ó aponense, es 
el noveno, y lleva por epígrafe De ultione avicence. La 
materia á que se refiere Abano es el origen del dolor, y 
combate la teoría de Avicena que defiende Villalobos , apo- 
yándose justamente en el texto de Galeno, que, según afirma 
nuestro físico, no habia interpretado bien el doctor Patavino. 

Todo lo dicho y lo que fácilmente pudiera deducirse de 
las obras de Villalobos , confirma lo que hemos manifestado 



_ ,42- 

que en ella están comprendidos, modificados y anulados, no 
es ni puede considerarse como el conjunto de funciones, lú 
como la fuQpion única y total de la misma vida, por lo cual 
la hipótesis ó teoría que trate de explicar la salud y la enfer- 
medad como una fermentación, sei^ incompleta, y, por lo 
tanto, falsa, pues no comprenderá la totalidad de los fenómenot 
normales que constituyen la vida, ni todos y cada uno de los 
anormales, que son la enfermedad; la manifestación más 
completa de ésta es la fiebre , por lo que algunos filósofos la 
han llamado la enfermedad pura ó la enfermedad por exce- 
lencia , y ya Hipócrates en su libro de las Epidemias^ en sus 
Aforismos y en sus Pronósticos, consideró la fiebre como 
una afección esencial que puede complicarse con todas las 
enfermedades y complicarlas todas. En efecto, la fiebre es el 
esfuerzo total de la vida para reducir á la unidad una ó varias 
funciones anormales del organismo, concepto que formuló 
con entera precisión y claridad nuestro Gomeif Pereira , de 
quien sin duda lo tomaron varios médicos, entre otros Haller, 
quien definió la fiebre diciendo que nest ipsa naturas instru- 
mentum quo partís ptiris ab impuris recemit,* definición 
menos filosófica que la de Gómez Pereira, y en su fondo 
idéntica al concepto que de la fiebre expone Villalobos en el 
diálogo de que hemos copiado los anteriores trozos. 

No han llegado á nosotros las demás obras de Medicina 
de que el mismo Villalobos dá noticia en varios de sus escritos, 
entre las cuales es de sentir la pérdida, más que de otras, 
de una de que habla en su Diálogo del calor natural en estos 
términos. «En latin tengo, escripto esto y otras cosas, en un 
tratado que se dice De potentia vitaii. Mas los impresores de 
España no quieren imprimir libros de latin si el mismo autor 
no pone la costa de su casa. Y como yo no soy librero, tengo 
por pesadumbre trabajar en el estudio de la obra y gastar la 
hacienda en el provecho de los que no lo han de agradecer. 
Antes espero que aura muchos rapazes que mordiéndome 
quieran ganar honra conmigo.» De estas palabras se infiere 
que no son sólo de estos tiempos la falta de afición al estudio, 
la mordacidad de la crítica y la escasez de lectores para los 
libros serios , mayormente si están escritos en latin. También 



-143- 

se sabe que tradajo y coineotó VülaloJM» Tariot libras de 

Gileiio 7 de otros autores, de que dá nocida en su carta á 

fldnan-Nuñez Pinciano. 
El Diálogo del calornatiaral^ aunque no es estrictamente 

00 tratado de Medicina, tiene con esta ciencia estrecUnma 
idacion, y por eso daremos aquí sucinta noticia de la opinión 
de Villalobos sobre tan importante y misterioso asunto. 
Bueno es recordar el papel que en la Medicina galénica y en 
b de los árabes, reinante hasta los tiempos modernos, hacen 
d calor y el Crio, la sequedad y la humedad, y, por tanto, 
entre los médicos de aquellas escuelas el problema del calor, 
llamado por ellos, natural, era de la mayor importancia; la 
opinión de Villalobos no difiere de las de los fikSsofbs arísto- 
tdiccs, entre los que él mbmo se cuenta, pues en este diálogo, 
discutiendo las opiniones y teorías relativas á la digestión, 
dice: «Mas nosotros responderemos por otro camino más 
conforme á la vía de los peripatéticos, pues que somos de su 
vando;* y en armonía con las doctrinas de esta escuela, expone 
Villalobos la teoría del calor natural en estos términos: 
tSabed que la causa principal de este calor es el ánima, que 
haze todas las obras mediante los instrumentos que tiene 
para venir en los actos segundos , porque primeramente ella 
da ser al cuerpo para que sea lo que es; y tras esto, es causa 
de todas las operaciones que se hazen en el cuerpo, y esto se 
llama acto segundo. El instrumento que ella tiene para 
engendrar esta calor en el corazón y en el espíritu que está 
dentro del y de todos los pulsos, es el incesante movimiento 
que hace el mismo coraron y los pulsos que nascen del, 
porque todo movimiento, como está dicho, es causa de calor 
actual, no solamente en los animales, sino también en los 
inanimados.» Como se vé, el fenómeno vital de que se trata 
no es para Villalobos más que una aplicación del principio 
motus est causa caloris, que, según los descubrimientos 
de la moderna termo-dinámica, podria también formularse 
diciendo calor est causa motus, porque como dicen con 
Grove todos los físicos modernos, existe una unidad superior 
de todas las fuerzas físicas ; pero es lo cierto que ellas solas 
no bastan para explicar el calor natural, como no bastan 



— «44 — 

para explicar los demás fenómenos de la vida, por lo que 
tampoco basta á explicar aquel fenómeno la oxigenación de 
la sangre, asimilada por los fisiólogos modernos á la combus- 
tión: el movimiento orgánico, la oxigenación, las fermenta- 
ciones y secreciones que se verifican en el organismo, contri- 
buyen á la producción del calor, efecto y manifestación de 
la vida, que, como hemos dicho, abraza y comprende todos 
los momentos anteriores y los varios fenómenos que consti- 
tuyen la esfera de la naturaleza; por lo demás, la importancia 
del calor en el organismo es tal, que con razón se ha dicho: 
El calor es la viday el frío la muerte. 



-.45- 



III. 



LA GLOSA DE LOS DOS PRIMEROS LIBROS DE PLINIO. 
EL TRATADO DE CUERPOS NATURALES. 



J 



Al dar noticia de las interesantes cartas que mediaron 
entre Francisco López de Villalobos y Hernan-Nuñez Pin- 
ciano, hemos hablado de los comentarios latinos que aquél 
escribió sobre los dos primeros libros de la Historia natural 
de C. Plinio Segundo, comentarios fundados en las doctri- 
nas peripatéticas sobre la filosofía de la naturaleza, expues- 
tas luego en lengua castellana en los tratados que forman la \ 
primera parte de los Problemas* La obra del escritor latino 
tuvo hasta los tiempos modernos una gran importancia, y 
sufrió, más que otras de la antigüedad, las consecuencias de 
los errores cometidos por los amanuenses ó copistas; fueron 
aquéllos tantos y tan notables, que hacian el texto en muchos 
lugares oscuro y hasta ininteligible, habiendo dado lugar á 
que esas frases se conocieran con el nombre de monstra pli- 
niana. Con este motivo fué objeto la obra que nos ocupa, 
desde muy antiguo, de numerosos comentarios gramaticales 
los más, y algunos que pueden llamarse filosóficos; Villalobos, 
en la advertencia al lector que precede á los suyos, manifiesta 
un desdén poco justificado hacia los primeros, y expresa su 
propósito de explicar el texto de Plinio á la luz de la filosofía 
natural. 

Ni aun los adelantos de la crítica moderna han bastado 
para depurar el texto de Plinio, que probablemente fué 
siempre incorrectísimo y oscuro, como no podia menos de 
suceder, dada la manera como el autor latino escribió su obra, 



— 146 — 

que no es más que un centón de las de infinito número de 
autores griegos y latinos, que habian escrito sobre muy diver- 
sas materias, y de los que dá noticia al final de cada libro, 
llegando su número á dos mil, según el testimonio de su 
sobrino Plinio el menor en una de las dos curiosísimas cartas 
que éste escribió sobre la vida de su ilustre y famoso deudo. 
Lo que en ella dice de la actividad intelectual de su tío, si 
bien puede creerse exagerado, desde luego revela la afición de 
Plinio al estudio y su insaciable curiosidad científica; pues 
en medio de las atenciones de los importantes cargos públicos 
que desempeñó, y del cuidado que consagraba á cultivar la 
amistad del Emperador, dedicaba largas horas á la lectura, 
haciendo siempre extractos y comentarios que escribia con 
gran rapidez, según se refiere en las cartas á Marco, á que 
antes aludimos, en las que dice Plinio el joven que su tio le 
dejó ciento sesenta comentarios, escritos de letra muy menu- 
da por una y otra parte, y según éste le refirió, cuando aun 
no eran tantos en número, siendo Gobernador de España 
pudo venderlos á Largio Licinio en 400.000 sextercios. 

La antigua autoridad de Plinio ha disminuido mucho en 
los tiempos modernos, pero no es justa la crítica severa que 
han hecho algunos escritores contemporáneos de la única 
obra suya que ha llegado hasta nosotros; pues en la carta á 
que nos referimos se dá noticia de otras muchas que escribió 
sobre muy diferentes materias. Cuando menos, es menester 
convenir en que sin la Historia natural careceríamos de la 
noticia de muchos autores y de muchos libros, de que sólo 
por su conducto la tenemos; y, por otra parte, sería absurdo 
juzgar á un escritor de la antigüedad con el criterio de las 
ideas y de los conocimientos modernos. Mr. Litré, que es uno 
de los últimos traductores de Plinio, después de exponer el 
juicio que de él hicieron Bufón, Cuvier y Blainville, enco- 
miástico con exceso el primero, prudente y comedido el del 
gran naturalista de la época napoleónica, y harto injusto y 
severo el del último, manifiesta el suyo, que es hoy el gene- 
ralmente admitido. Según el sabio francés, Plinio adolece, 
en cuanto á las doctrinas fundamentales y filosóficas, de los 
defectos propios de los escritores que viven en épocas de 



— 147 — 

transición; esto es, de inseguridad y vacilación en sus opinio- 
nes, de io que es testimonio evidente el cap. VII del Ub. 11^ 
que trata de Dios; en él, siguiendo las doctrinas de la escuela 
aocrática, sostenidas por' platónicos y aristotélicos, y tal vez 
¡afluido por el cristianismo, ridiculiza el politeísmo, que no 
sólo convertía en dioses, personificándolas, las fuerzas de 
la naturaleza y seres reales ó supuestos, sino las cala» 
midades, plagas y dolencias que suelen afligir á la humani- 
dad, recordando con este motivo el templo que se habia 
levantado en Roma á la fiebre; pero al mismo tiempo resulta 
confusa é indeterminada la idea de Dios; pues por una parte 
parece que acepta su intervención eficaz en todas las cosas» 
por otra niega su omnipotencia, y, por último, al final de 
este interesante capítulo, dice: n^Per quem declarant haud 
dubie natura potentiat id quoque esse quod Deum voca- 
muSf9 que es la fórmula más clara y concreta del más abso- 
luto naturalismo. 

En cuanto á lo que propiamente constituye lo que hoy 
llamamos ciencias naturales, no fué Plinio, sin embargo de 
sus viajes y de su permanencia en diversas regiones de la 
tierra, como Aristóteles, un observador atento de los seres 
naturales; porque como ya hemos indicado , su carácter pre- 
dominante era la erudición; conocia las cosas, no por la 
observación directa, sino por los libros, y falto además de las 
doctrinas que podian servirle de guía, admite sin reparo lo 
mismo los hechos ciertos y comprobados que las invenciones 
más absurdas, hijas de la extravagente fantasía de escritores 
antiguos, ó de personas indoctas que de ellas les daban noticia. 
De los treinta y siete libros que se conservan de esta obra, 
sólo algunos tratan de minerales, plantas y animales; la 
astronomía, la geografía, las artes mecánicas y bellas son 
objeto muy principal de este trabajo enciclopédico, y en 
estas materias dominan las teorías v los conocimientos del 
tiempo en que escribía Plinio; ya hemos dicho que su estilo 
es oscuro y confuso, á lo que contribuye, no sólo la rapidez 
con que, sin duda ninguna, redactaba sus obras, sino su 
afectado laconismo y el uso del lenguaje figurado, que es tan 
impropio de las materias científicas. 



— 148 — 

El primer libro de la Historia natural es un prefacio ó 
introducción dirigida al Emperador Vespasiano, en el que 
menciona los principales autores de que tomó los elementos 
de su obra, indicando, además, los asuntos á su parecer más 
curiosos que en ella trata; el libro segundo contiene las teo- 
rías generales sobre la naturaleza, y es el que tiene más carác- 
ter científico, como fácilmente se deduce de los epígrafes 
que se suelen ponerá los ciento doce capítulos de que consta, 
y que no se enumeran por no alargar extraordinariamente 
^ste escrito, bastando á nuestro propósito indicar que el pri- 
mero es como sigue: An finitus sit mundus an unus; y en 
él, consecuente Plinio con sus doctrinas naturalistas, asevera 
del mundo numen esse credi par est eternum, inmensum, 
ñeque genitum, ñeque interiturum unquam; y el último, 
que trata de armónica mundi ratiOj según la cual la tierra 
que habitamos nonagesiman sextam millessimam totius 
mundi partem fecit. Basta con lo dicho para que se com- 
prenda el gran interés que tiene la exposición literal y los 
comentarios de Villalobos á este segundo libro de Plinio, pues 
de su estudio aparece cuál era el estado de las ciencias de la 
naturaleza en España al principio del siglo xvi, cuando aún 
no habian causado las doctrinas de Galileo y de Copémico la 
profunda revolución que echó las bases de la moderna cos- 
mología, y mucho antes de que Bacon hiciera prevalecer para 
estos ramos del saber el método experimental á que se deben 
los adelantos que son legítimo título de orgullo de esta 
última época de la historia. Todavía para Villalobos, como 
para los sabios de Europa de su tiempo, el concepto general 
del mundo es tal como lo expone D.^ Oliva Sabuco de Nan- 
tes en los siguientes términos: «Pues imagina (Sr. Veronio) 
un huevo de avestruz, grande, redondo, con tres claras y 
once cascaras. En este huevo la yema pequeña redonda es la 
tierra, y la primera clara pequeña que la cerca es el agua 
(que toda la cercaba), y la segunda clara mayor es el aire, y 
la tercera, muy más mayor, es el fuego. La primera calcara 
es el primer cielo, y la segunda es el segundo cielo, etc.; y 
estos cuatro elementos son la materia de todas las cosas de 
este mundo, y de esta materia toman sus varías formas todos 




— M9 — 

los mixtos que tienen cuerpo, y toman su forma las que tie- 
nen la parte vegetativa, como plantas; y de esta materia toman 
su forma las que tienen vegetativa y sensitiva, como anima- 
les; y de esta segunda forma de elementos, y tercera de ani« 
males, toma su forma el cuerpo del hombre natural, todo lo 
que tocaá la vegetativa, porque la intelectiva y racional (que 
es el alma) tomó del cielo. Del elemento del aire está lleno 
todo lugar; ninguno puede estar vacio en tanto que el agua 
sube arriba; si le quitas el aire á una paja ó canon sorbién- 
dola hacia arriba, y el plomo ó tierra subirá también si le 
quitan el aire circunstante» (i). 

Estas hipótesis rectificadas, ó, mejor dicho, refutadas por 
la ciencia moderna, son las que informan, como ahora se 
dice, las glosas de Villalobos al libro segundo de Plinio, al 
cual precede una introducción, dividida en seis capítulos, que 
ofrece un interés particular para nuestra historia científica y 
literaria; el encabezamiento de esta curiosa introducción es 
como sigue: 

•Evpositio liieralis in Plinium veronensem Francisci 
de Villalobos medid divi Charo li cesar is Augusti romano- 
rum, Hispanorum et utriusque Sicilia^ invictissimi regís et 
insularum occeani occidentalis et vastissimi continentis 
usque ad alteram ierras faciem imperatoris portentissimi. 
Feliciter incipit. 

Operis prefatio in sex capitula divissa, 

Ilustrissimo principi et reverendissimo presuli domino 
Alfonso de Fonseca Toleiano Archiepiscopo atque Hispa- 
niarumprimati Franciscas de Villalobos artium medicine 
profesoris S. P. 

Capitulum primum.9 

En este capítulo refiere Villalobos cómo el Arzobispo 
Fonseca despertó en su ánimo el deseo de emprender esta 



(i) Nueva filosofía déla naturalei^a del /tom^r^.— Coloquio en que 
se trata de la compostura del mundo como está. 



— i5o — 

obra de los comentarios de Plinio, por virtud de una conver- 
sación que pasó entre ambos en Burgos; el Arzobispo se ma- 
nifestó admirado de que no hubiera alguien en España que 
aclarara las obscuridades de Plinio, nacidas de su concesión 
y elegancia, á lo que respondió Villalobos que él lo baria 
de buena gana, sino se lo impidiera su pobreza, que le obli- 
gaba á vivir en medio del bullicio de la Corte y á andar con 
ella vagabundo; y si además pudiera proporcionarse los 
libros necesarios para su trabajo. Sin duda lo intentó á poco. 
á pesar de sus circunstancias, pues dice que cuando fué más 
adelante huésped del Prelado, revisó el manuscrito del primer 
libro y emprendió los comentarios del segundo, que le dedica. 

ítem ad eundem hispaniarum prímatenti (Cap. II.) 

Dice Villalobos que para ejercitar los ánimos dormidos 
de nuestra España, resolvió abrir las puertas de Plinio, cer- 
radas durante tantos siglos, y que, obstruidas por el tiempo, 
hicieron al abrirse gran ruido, descubriéndose y saliendo 
á la luz del sol los ricos tesoros que encerraban , de los que 
desde entonces podrían gozar los aficionados al estudio. De 
estas frases, que no dan idea exacta de las grandilocuentes y 
pretenciosas del texto latino , se infiere que Villalobos estaba 
satisfecho y aun orgulloso de su trabajo, y así se explica el 
efecto que debió producirle la cruel y desdeñosa critica«que 
de él hizo Hernan-Nuñez Pinciano en la carta de que antes 
hemos dado noticia , así como de la respuesta de Villalobos, 
que como solia rendir culto á las musas, revela en ella el 
genus irritabile vatuum, 

Benevolis lectoribus. (Cap. III.) 

Manifiesta en él Villalobos que no acepta todas las opi- 
niones de Plinio, el cual dice que expone breve y compen- 
diosamente las ideas de los antiguos. Esta salvedad, más que 
á las doctrinas científicas que se contienen en la Historia 
natural y las cuales se apartan muy poco de las que reinaban 
en la época de Villalobos, se refieren á lo que en esta obra se 
relaciona con los dogmas del Cristianismo; y la protesta del 
ilustre físico tiene fácil explicación si se recuerda que habia 



— i5i — 

sido acusado de nigromante y de judio, y perseguido por la 
Inquisición. Dice además Villalobos en este capítulo, que su 
objeto es sólo aclarar el texto de Plinio, y que aunque se 
proponía comentarlo todo, como la obra era larga y la vida 
breve» publica los dos libros que tenía esclarecidos aun sin 
haberlos corregido del todo, para que otros pudieran conti- 
nuar y perfeccionar el trabajo comenzado, por lo cual pide 
que los estudiosos lo corrijan (sine calumnia) en las márgenes. 

Circa traduccionem Plinii in sermonis vulgaris 
qidbus iam barbarus factus est. (Cap. IV.) 

Villalobos dice en este capítulo que ha visto una traduc- 
ción de Plinio en idioma toscano, y que ha oido decir que 
se estaba haciendo otra de esta lengua á la española , y con 
este motivo advierte que, como en la versión toscana se con 
servan y aun aumentan las oscuridades y los errores del 
texto de Plinio, si en la española se corrigen y esclarecen 
algunos con arreglo á sus comentarios, sin nombrarlo se 
cometerá un hurto y denunciará al traductor ante los jueces. 
No hemos podido averiguar si llegó á hacerse la traducción 
española de Plinio de que habla Villalobos, y casi se puede 
afirmar que á lómenos no llegó á imprimirse, pues, como se 
sabe, sólo se conoce en nuestra lengua la que publicó Jeró- 
nimo García de la Huerta, médico y familiar del Santo Oficio, 
con escolios y anotaciones, en 1624. 

De modo in presentí, explanatione servando. (Cap. V.) 

Expone Villalobos en este capítulo el método que ha se- 
guido en su obra, y que consiste en poner primero de mani- 
fiesto el pensamiento oscuro del autor; después procede á la 
explicación literal, y si alguna palabra del texto no es de 
origen latino, y de lengua que él ignora, la explica según su 
sentido; para mayor claridad, divide en párrafos los capítulos 
y comenta separadamente cada uno de ellos. 

De presentís voluminis subjetís enarrandis. (Cap. VI.) 

Este capítulo, como su texto indica, contiene una enume- 
ración de las materias que se contienen en el segundo libro 



— l52 — 

de Plinio, y Villalobos las ordena y expone con acierto en 
estos términos: «Trátase en general del cielo, del mundo y de 
su plenitud, y especialmente de las estrellas, de los elementos, 
de los cuerpos que se engendran en el aire y de los efectos y 
casos admirables de todas las cosas, y al hacerlo dá noticias 
de la teología platónica, de la antigua astrología, de las mate- 
máticas, y principalmente de filosofía natural. Este libro se 
puede dividir en tres partes: en la primera se trata del cielo 
y de los elementos en general, también de las estrellas, y acci- 
dentalmente de Dios; en la segunda se habla del aire y de 
todo lo perteneciente á él, y en la tercera se discurre de la 
tierra y de las cosas anexas á ella, como el agua y el fuego 
que en la tierra existen. 

Ya hemos dicho que los asuntos comprendidos en el 
segundo libro de Plinio y explicados por Villalobos en sus 
Comentarios, son en parte objeto de la primera división de los 
Problemas, que, como dice su autor, contienen dos tratados: 
el primero es de cuerpos naturales, que comprende seis 
metros con sendas glosas; en aquéllos están formuladas en 
verso, á manera de problemas, las cuestiones que luego en 
éstas se dilucidan . y que se refieren al sol y á la luna y á los 
principales planetas, á los cuatro elementos, al fuego, al aire 
y á la tierra; el sexto metro trata del Paraíso terrenal, y 
tiene por objeto combatir la opinión de los que tdixeron que 
el Paraíso terreno que Dios crió para el hombre en los prin- 
cipios de la creación del mundo, estaba en una montaña tan 
alta, que quasi alcanzaba al cielo de la luna.» 

Estos problemas, que tratan de cuerpos naturales, están 
planteados en la siguiente forma : 

METRO PRIMERO. 

¿Por qué el Sol, desde su esphera 
haze un dia natural 
menor que otro, jque es su igual , 
siendo todo una carrera? 
¿Y por qué sus compañeros 
Mercurio y Venus, con él 



— i53 — 



delanteros y ^agüeros , 
tan poco se apartan del ? 



No hay para qué decir que los actuales conocimientos 
astronómicos destruyen las explicaciones dadas por Villa- 
lobos, así de la revolución diurna de la tierra como de la 
posición relativa de Mercurio y Venus. 



METRO SEGUNDO. 



¿Por qué la Luna, dotada 
de belleza y señorío, 
no tiene de su natío 
claridad, sino emprestada? 
Y se hace en todos meses 
quarta y media , y toda entera 
por una y otra ladera , 
con otros mil entremeses. 

Lo mismo que de los anteriores puede decirse de estos 
problemas, debiendo sólo advertir que Villalobos participa 
de las opiniones de su tiempo sobre el influjo de la luna, 
materia todavía oscura y dudosa. 

METRO TERCERO. 

¿Por qué los quatro elementos, 
siendo grandes enemigos, 
en un cuerpo están amigos, 
abracados y contentos? 
¿Y por qué el fuego no enciende 
todo el orbe por mil modos, 
pues es mayor y se extiende , 
y es más potente que todos? 

Como se vé, aquí se trata de la teoría aristotélica de los 
elementos y de la doctrina de los mixtos ^ de que se hace 
mención en el fragmento de D.* Oliva Sabuco, que hemos 
copiado. 




— 124 — 

forma ni á los arrebatos de la imaginación; pero no se puede 
desconocer que la obra de Villalobos se ajusta á las condi- 
ciones del género á que pertenece, y no se le debe tampoco 
negar la gloria de haber sido entre los españoles el primero 
que intentó popularizar la medicina, combatiendo de este 
modo la pedantería, que suele ser achaque tan general en 
los que se dedican á su estudio y su ejercicio, y sin duda 
debió tener presente esta producción de Villalobos Sorapan 
de Reinos^ al escribir su Medicina en refranes vulgares. 

Por todas estas consideraciones se ha resuelto reimprimir 
en el volumen XXIV de la colección de los Bibliófilos el 
Sumario de Medicina, pues su rareza es ya tal, que sólo exis- 
te, que se sepa, el ejemplar que posee el Sr. Marqués de San 
Román, y el que, según manifiesta el Sr. Jorge Gaskoin, se 
conserva en el Museo Británico^ porque si bien éste habla 
en su libro sobre Villalobos, de un ejemplar que existia en 
la biblioteca del Sr. Marqués de la Romana, incorporada ya 
en la Nacional, y de otro que habia en este establecimiento, 
según las noticias que le comunicó el Dr. Montejo, han sido 
inútiles las tentativas que se han hecho para encontrarlo. 

Como las coplas sobre las pestíferas bubas forman parte 
del volumen en que se contiene el Sumario ^ no hemos que- 
rido suprimirlas para dar idea exacta de tan raro libro, aun- 
que han sido varias veces reimpresas, especialmente por el 
Sr. Morejon en el apéndice III de su Historia bibliográfica^ 
y por el Sr. Chinchilla en su Historia de la medicina espa- 
ñola, además á este tratado debe principalmente Villa- 
lobos la fama de que goza como médico, sobre todo en el 
extranjero. 

Sería muy largo, y además fuera de lugar, exponer cuanto 
se relaciona con el asunto de las bubas; basta decir que la 
enfermedad á que se refiere y su tratamiento, constituyen hoy 
una de las pocas especialidades ó monografías bien estudia- 
das y constituida casi con carácter científico. Desde su apa- 
rición en el año de 1493 se han consagrado á su estudio mu- 
chos médicos, y se han escrito y se escriben cada dia muchas 
obras acerca del asunto, empezando por la cuestión relativa 
á su origen, teniéndose ya por indudable que la sífilis fué 



— i55 — 

la tierra y las aguas dulces que en ella abundan están 
dispuestas para la existencia de los hombres ; y sin duda en 
vista del espectáculo que ofrecia el mundo en su tiempo con 
el descubrimiento de América, dice: «Aunque ya la ingratitud 
y la avaricia han crecido tanto que está tan poblada quasi la 
mar de hombres como de peces, y en ella nascen y en ella 
mueren, y no perdonan los golfos, ni los estrechos, ni otros 
monstruos marinos, ni los rigores del tiempo, ni las tempes- 
tades, ni los cielos notos, ni los ignotos, ni el polo Ártico, ni 
el polo Antartico, todo lo rodean, todo lo ciñen por arriba y 
por abajo con muerte de los otros y de sí mismos, y con 
estragos y crueldades nunca oidas, como más largamente se 
dirá adelante, y finalmente, todos acaban en el agua y comien- 
zan en el niego, que nunca se acaba.» 

Ya se ha dicho que el metro sexto, que tan poca relación 
tiene con los cuerpos naturales ^ se refiere al lugar en que 
estaba el Paraíso, y puede considerarse como una transición 
á las cosas morales de que tratan los problemas sucesivos, y 
su texto es el siguiente : 

METRO SEXTO. 

¿Por qué hay opinión alguna 
del Paraíso terrenal , 
que diga que es quasi igual 
en altura con la luna? 
Y que si Adam no cayera 
de aquel lugar soberano, 
con un buen salto que diera 
la alcanzara con la mano. 

Para demostrar la analogía, en cuanto á la forma, de estos 
metros con las preguntas del licenciado Alfonso López de 
Corellas, que sin duda tuvo aquéllos presente ^ pues él 
publicó las suyas en 1546, véanse algunas de ellas: 

I.* La primera es por qué son 
los hombres de alta figura. 



— i56 — 

2.* Y por qué es de carne dura 

el hombre de ingenio grueso. 
3.* Por qué el furioso en exceso 

es de cabecea pequeña. 
4.* Por qué de lo que uno sueña 

se nota la complescion (i). 

Ya se ha dicho también que análoga forma tienen las 
famosas preguntas del Almirante^ «de las cuales la tercia 
parte es de preguntas de dubdas naturales.» 



( I ) Trescientas preguntas de cosas naturales,^., 1 346. 



- i57- 



OBRAS LITERARIAS. 



IV. 



TRADUCCIÓN DEL AMPHITRION DE PLAUTO, EL TRATADO 
DE LOS PROBLEMAS DE COSAS MORALES» ETC. 



' La primera obra literaria de que se tiene noticia debida 
á la pluma de Francisco López de Villalobos, es la traducción 
y glosas de la comedia llamada Amphitrion del famoso poeta 
latino Plauto. Los bibliógrafos españoles afirman que fué 
impresa en el año de i5i5, aunque ninguno de ellos asegura 
haber visto esta edición, que tampoco nosotros hemos logrado 
encontrar; pero ya aparece formando parte del volumen 
impreso en Zamora en i543, que contiene la primera edición 
de los Problemas. 

No puede dudarse que esta obra fué escrita antes de i5i5, 
pues en su proemio, dirigido á D. Garci-Fernandez Man- 
rique, se lee lo siguiente: «Si esta comedia no tubiesse auto- 
ridad, deue ser tenida en mucho por parte de Vmd., á quien 
es dirigida y recomendada, por tres partes que hay en 
vos, que cualquier dellas es materia de muy alta poesía. 
La primera es vuestra cxcellente genealogía. Que por la 
parte del Sr. Conde de Osorno, á quien Dios dé salud, 
cuyo hijo primogénito vos sois por línea derecha, descen- 
déis del muy esclarecido tronco de los Reyes de España 
y de la antigua y noble sangre de los godos. Y por la parte 
de la Sra. Condesa, vuestra madre, hija del Sr. D. Gar- 
cialuares de Toledo, illustrísimo Duque Dalua, venís de 
los Emperadores de Constantinopla, de cuya rayz vino á 



■V 



— i54 — 



METRO QUARTO. 

¿Y por qué el fuego de acá 
alumbra todo lo oscuro, 
y no dá luz el de allá , 
siendo más neto y más puro? 
¿Y por qué el fuego engendramos, 
cada hora que queremos , 
y cuando agua no hallamos, 
sin agua nos quedaremos? 

La explicación que dá Villalobos del primer problema, 
es digna de notarse, dice ad : «Y fué necesario que el fuego, 
en su esfera, fuese invisible, porque su sutileza y transparencia 
es tan celestial, que la vista corporal no la puede juzgar, ni 
cae debaxo de su jurisdicción material,» opinión que recuerda 
la de Heghel, que al tratar de la luz y de su visibilidad, dice 
cque la luz pura es la obscuridad pura,» y que, por consi- 
guiente, para hacerse visible es menester el contraste y 
oposición de la luz y de las tinieblas. 

METRO Qunrro. 

¿Por qué el aire y la tierra 
nunca pelean los dos, 
habiéndolos hecho Dios, 
contrarios de buena guerra? 
¿Y por qué el agua del mar 
no es más potable y mejor, 
pues la hizo el Hacedor, 
y la puso en su lugar? 

No dá Villalobos explicación de lo que, según la doctrina 
de los elementos, no podia tenerla, esto es, de que la tierra 
y el aire no obraran como el agua y el fuego. Por lo que 
respecta á la condición del agua del mar, dice que es salada 
porque su objeto es servir de habitación á los peces, asi como 



— i55 — 

la tierra y las aguas dulces que en ella abundan están 
dispuestas para la existencia de los hombres; y sin duda en 
vista del espectáculo que ofrecia el mundo en su tiempo con 
el descubrimiento de América, dice: «Aunque ya la ingratitud 
y la avaricia han crecido tanto que está tan poblada quasi la 
mar de hombres como de peces, y en ella nascen y en ella 
mueren, y no perdonan los golfos, ni los estrechos, ni otros 
monstruos marinos, ni los rigores del tiempo, ni las tempes- 
tades, ni los cielos notos, ni los ignotos, ni el polo Ártico, ni 
el polo Antartico, todo lo rodean, todo lo ciñen por arriba y 
por abajo con muerte de los otros y de sí mismos, y con 
estragos y crueldades nunca oidas, como más largamente se 
dirá adelante, y finalmente, todos acaban en el agua y comien- 
zan en el fuego, que nunca se acaba.» 

Ya se ha dicho que el metro sexto, que tan poca relación 
tiene con los cuerpos naturales ^ se refiere al lugar en que 
estaba el Paraíso, y puede considerarse como una transición 
á las cosas morales de que tratan los problemas sucesivos, y 
su texto es el siguiente: 

METRO SEXTO. 

¿Por qué hay opinión alguna 
del Paraíso terrenal , 
que diga que es quasi igual 
en altura con la luna? 
Y que si Adam no cayera 
de aquel lugar soberano, 
con un buen salto que diera 
la alcanzara con la mano. 

Para demostrar la analogía, en cuanto á la forma, de estos 
metros con las preguntas del licenciado Alfonso López de 
Corellas, que sin duda tuvo aquéllos presente, pues él 
publicó las suyas en 1546, véanse algunas de ellas: 

i.^ La primera es por qué son 
los hombres de alta figura. 



— i6o — 

Como dice VíUalobos, la traslación del original, fuera de 
las supresiones indicadas, está fielmente hecha con arreglo al 
texto entonces conocido y después muy perfeccionado» espe- 
cialmente con vista de los fragmentos descubiertos hacia el 
año de 1840 por ú célebre bibliotecario de la vaticana^ Angelo 
Maí, que han servido de base á las ediciones críticas de Plauto, 
hechas en Alemania, donde se profesa tan fervoroso culto al 
cómico latino, que justamente la obra traducida por Villa- 
lobos fué representada en su primitiva lengua el año de 1844 
en el teatro de Berlín, por los estudiantes de la Universidad, 
ante la Corte y los profesores de aquélla, sirviendo de inter- 
medios algunas odas de Horacio puestas en música para este 
efecto. 

Aunque el original en ésta como en las demás obras dra- 
máticas de griegos y latinos, no tenía las divisiones que hoy 
se usan, Villalobos repartió el Amphitríon en escenas que 
marcan el curso de los sucesos, y al principio de cada una 
expone el que en ella se desenvuelve; además la ilustra con 
extensas glosas, en que más que explicaciones históricas y 
mitológicas, abundan las reflexiones morales y aun las mís- 
ticas; no pertenece, por cierto, á este género la última glosa; 
pero como revela la índole del ingenio de' Villalobos, y su 
espíritu de observación, la pondremos aquí por muestra de 
las demás. » Allí donde dice: No me pesa de partir los bienes 
con Júpiter, etc., nota tque los muy esforzados son la gente 
del mundo que con mejor paciencia sufre el cuerno, y que 
más presto han gana de satisfacerse con cualquiera excusa- 
ción que les den; y de aquí viene que sus mujeres se atreven 
á ellos mucho más que á los ruynes hacen sus mujeres. La 
razón dello es que los generosos ánimos contra las cosas 
flacas no quieren tener fortaleza, y desdéñanse de hacer mal 
á la mujer; como los feroces lebreles de Irlanda, no quieren 
satisfacer sus sañas contra los pequeños gozques, maguer que 
de sus ladridos sean importunamente perseguidos. Mas los pu- 
silánimes, como se les dobla el ánimo contra la cosa vencida, 
son sus mujeres así temerosas y sojuzgadas de ellos como lo 
son las ovejas delante del hambriento lobo. Pero si éstos 
aciertan con mujer matrera y varonil, fáltales el corazón y 



— i6i — 

sufren los cuernos á ojo, sin que osen hablar en ello. De 
cualquiera cosa destas podríamos muchos ejemplos de la 
historia alegar, sí nuestra intención no fuese no poner hastío 
á los lectores. Así que á Amphitrion luciéronle entender que 
era Dios del cielo el que se echaua con su -mujer, siendo el 
más yellaco hombre y el más dissoluto y adúltero y el más 
bestial nigromántico que jamás ouo.» En consonancia con 
el espíritu de esta glosa, está la apostilla ó explicación de la 
escena final de la comedia, que dice: «Hácense las amistades 
entre Júpiter y Amphitrion, y vayase el diablo para ruyn.» 

«El cumplimiento de la comedia sacado de otro original» 
con que pone fin Villalobos á su versión, á pesar de aquel 
epígrafe, ni es de la pluma de Planto ni cabe en el plan de 
la comedia, ni en las ideas reinantes en su época, y me inclino 
á creer, aunque sin haber hecho las necesarias investigacio- 
nes, que es una adición del mismo Villalobos para completar 
lo referente á la fábula de Hércules, que, como se sabe, 
mató en la cuna las serpientes enviadas por Juno para ven- 
garse de la infidelidad de Júpiter, y me fundo para creerlo 
asi, en primer lugar, en lo que de la pasión de los celos se 
dice en esta añadidura, idéntico á lo que expone Villalobos 
en las Sentencias que siguen á la comedia, y en segundo^ en 
el corte y accidentes át farsa villanesca que tiene la escena 
donde el desvergonzado Socías se permite las más picantes 
chanzonetas con Alcumcna y con sus esclavas, que en castigfo 
le aporrean en presencia de sus dueños. 

Las sentencias que sirven de comentarios al Amphitrion 
de Planto forman un tratado sobre el amor, asunto que en 
tiempo de Villalobos tenía una importancia superior á la que 
se le dá en el nuestro, y que sirvió de materia no sólo á obras 
literarias, sino á escritos filosóficos como la exposición del 
Diálogo de Platón, El convite hecho por Marcilio Fescino, 
el cual refiere que fué ocasión de su obra el propósito que 
realizó Lorenzo de Médicis de renovar el Banquete, á cuyo 
fin dispuso Francisco Bandino celebrar uno con regio apa- 
rato el 7 de Noviembre, á que fueron convidados nueve pla- 
tónicos, en la Villa de Cartegi, los cuales eran M. Antonio 
del Agli, Obispo de Fiésole; el maestro Ficino, médico; 

k 



— l62 — 

Cristóbal Landino, poeta; Bernardo Nuti, retorico; Tomás 
Benci, Juan Cavalcanti y los hermanos Cristóbal y Carlos 
Marsupini, hijos del poeta Carlos. 

Las doctrinas de Villalobos no están inspiradas en las 
ideas platónicas, aunque quizá algo influyeran aquéllas en lo 
que dice en el cap. IX de estas Sentencias, que trata del 
«muy excelente y soberano amor,» pero, como este epí- 
grafe indica, el espíritu dominante en este capítulo es el mis- 
ticismo cristiano, que tan alta expresión tuvo en los escritos 
de Santa Teresa. Para dar idea de las Sentencias de Villalo- 
bos bastará poner aquí los epígrafes de los diez capítulos en 
que están divididas: tDel amor en general»» cap. I. tCómo 
el amante se conuierte y transforma en la cosa amada,» capí- 
tulo II. «De la diuision del amor,* cap. III. tDe la gran 
perdición y total destruicion del amante vicioso,» cap. IIII. 
«Cómo el amante se torna de naturaleza de bestia,» cap. V. 
tCómo el amador es loco de atar,» cap. VI. «De los celos,» 
capítulo VII. cCómo el celoso es loco de atar»» capítulo 
VIII. tDel muy excellente y soberano amor,» cap. IX. 
tFin de la obra y recomendación de las mujeres»» cap, X, el 
cual es tan breve como digno de ser notado, porque no siem- 
pre sale bien librado el bello sexo en los juicios que de él hace 
en otros escritos el ingenioso físico. Hé aquí el texto del 
que examinamos: tAvemos vituperado el amor vicioso del 
hombre á la mujer, lo mismo amonestamos á ellas que se 
guarden dellos: que mayor daño les viene, porque son más 
delicadas, y concurren en ellas más circunstancias de perdi* 
cion. Mas de amor honesto y virtuoso ellas son dignas, y 
merecedoras de ser amadas por muchas prerrogativas y gra- 
cias de que fueron dotadas. Primeramente porque son cria- 
turas de Dios, capaces de razón y de entendimiento como 
los hombres, hechas de su misma masa á la imagen y seme* 
janza de su Hazedor^ otrosí por la gran hermosura que les 
fué dada, que debaxo del cielo no ay cosa tan deleytable 
para la vista de los ojos, y para dar gracias al maestro de 
tales imagines como es ver una mujer muy hermosa y 
bien apuesta, ca resplandesce más en ellas la belleza por su 
len^a y esquiuidad: porque las cosas vistas y como- 



— i63 — 

nicacbís pocas veces deleytan más la vista, por ser más nue- 
uas, que se miran con mayor deseo, como dice el Aristóteles 
en el lo de la Ethica. Tienen assimismo inclinación natural 
á las cosas de Dios, y exercitan los oficios diuinos sin can- 
sancio ni fatiga, antes resciben en ello recreación y con- 
suelo, y por esto las llamó la Yglesia linaje denoto. Tienen 
también mucha obediencia y mansedumbre, que donde son 
compañeras se hazen sieruas compradas por precio, y sufren 
los insultos de los hombres y los de la fortuna con gran 
paciencia. ítem, son muy moderadas en comer y beuer, y 
sentirlo has si mantienes veynte hombres y veynte mujeres: 
no ay borracherías entre ellas, ni bodegones; no ay juegos, 
ni blasfemias, ni juramentos sacados de las entrañas y tuéta- 
nos de la Fé Cathólica; no ay homicidios, ni robos, ni otros 
enormes pecados que á cada paso cometen los hombres. 
Otrosí, la castidad halló en ellas espaciosa morada, y cono- 
cerlo has en una cosa; que si en una gran ciudad ay diez 
mujeres erradas, de aquellas se habla por los cantones, de 
aquellas se hazen los corros por las pla(;as, como de cosa 
nueua y monstruosa; mas de los hombres con quien erraron 
no dizen nada, siendo en ellos mayor la culpa, así como en 
cualquiera escándalo el agresor y acometedor tiene mayor 
culpa que el acometido y perseguido; y aun estas mujeres 
erradas, con toda su infamia, son más honestas y más reco- 
gidas que los hombres honestos del pueblo. Y esto no lo hazc, 
sino que quisieron ellas tomar para sí la observancia y regla 
de la virtud tan estrecha, que los pecados que son veniales 
y liuianos en los hombres, los hizieron en sí muy graues y 
muy mortales, y ellos tomaron la vida tan ancha, que un 
ladrón muy maluado y muy borracho osa decir en medio 
desa pla<;a que él no es hombre que ha de hazer cosa que no 
deua, y sobre esta razón no duda de matarse con otros dos, 
y dan con él en el infierno: y dicen luego los que le llenan á 
enterrar, que juran á Dios que hizo bien, ¿para qué es la 
vida? y que dan al diablo la vida que no se pone al tablero 
por la honra. Y sale otro más fiero de entre ellos, y dize: no, 
no: esa raya se la Dios del casco, que hago voto á Dios la 
vida y el alma pierda cient vezes si me tocan en la honra en 



— 164 — 

tanto como este pelito; y saca el pelito de la capa, que ap¿nas 
le falla, y sóplalo. ¿Parécete agora que es bien ancha regla la 
destos vellacos, que piensan que hazen lo que deben en 
hurtar y en ser profanos y viciosos de todo género de peca- 
dos? Y sí una mujer tuerce el ojo, ella misma há vergüenza 
de parecer entre las otras. Y no embargante todo lo susodi- 
cho, y mucho más que se podría dezir, no ha faltado quien 
murmurasse de todas las mujeres en general, y escríuiese 
juycios y sentencias contra sus honras. En verdad me pare- 
cen sentencias vanas sin fundamentos de razón, y de jueces 
apasionados, porque alguna dellas no respondió á sus desor- 
denadas y torpes demandas. Y no es de marauillar, que aun 
á Dios reprehenden y maltratan, porque los tiempos y otras 
cosas que crió no responden á sus locas voluntades para hen- 
chir sus hambientas y tragonas auaricias. Que la Diuina 
Providencia cura de nosotros como un padre muy piadoso 
cura de sus niños, cumpliendo con todas sus necesidades, y 
no satisfaciendo á todas sus peticiones, porque son inocentes 
y no saben lo que piden; esto no les agrada á los que tienen 
mucha pasión de lo que desean y poco cuidado de la gouer- 
nacion del mundo. Assí que á las mujeres entonces las mal- 
tratan más quando menos culpa tienen; y la ponzoña que 
conciben de una sola, derrámanla sobre todas. Qué vileza tan 
grande, ofender á quien no se defiende, y alargar mucho la 
lengua en injuriar á quien no responde por sí.» 

Este panegírico de la mujer tal vez sugiriera la idea del 
que hizo Joan de Spinosa en su q Diálogo en laude las muje- 
res,» intitulado Gincecepcenos, dividido en cinco partes (i), 
obra curiosísima en la cual, además de tratarse muy por 
extenso la materia con el apoyo de la autoridad de las Sagra- 
das Escrituras de los Santos Padres y de los filósofos anti- 
guos, se hace una larga enumeración de las mujeres famosas 
de todos les tiempos, y entre ellas de las españolas que vivian 
cuando escribía el autor, quien cita entre ellas á la Duquesa 
deSessa, D.* Francisca de Córdova; á D.* María Sarmiento, 



(i) Impreso en Milán en la oñcina de Michel Ttni en el aík> del 
Señor i38o. 



— i65 — 

su cuñada; á D.' Gracia de Olazaval y D.* Menda de 
Múzica, &ta mujer y aquélla madre de D. Juan de Idiaquez; 
i la mujer del Gran Duque de Alva, D. Fernando Alvarez 
de Toledo; á la Duquesa de Alburquerque, señora de Medi- 
naceli, D/ Juana de la Lama. Contra la opinión vulgar y 
maldiciente, encomian, lo mismo Villalobos que Spinosa, la 
castidad y el recato de la mujer, y por cierto que es digno de 
notarse que la ciencia confirme plenamente este juicio, sobre 
el cual puede leerse la obra del famoso Darwing, titulada 
De ¡a selección sexual^ donde se demuestra que es ley común 
en toda la escala animal que el impulso erótico sea peculiar 
7 característico del macho, mientras que la hembra es de 
ordinario repulsiva ó indiferente en la función sexual: en 
este mismo espíritu está tratado por Villalobos, en su Resu- 
men de medicina, el mal de amores, al cual dedica las siguien- 
tes curiosísimas coplas: 

Del mal de amores que Auicena llamó ilisci y los griegos 

le llaman hereos. 

Amor hereos, según nuestros autores, 
es una corupta imaginación 
por quien algún hombre se aquexa de amores; 
y en éste, que es hito de los trouadores, 
sin ser lisongero diré mi razón: 
sabed por muy cierto quel entendimiento 
jamás no se mésela en aquestas pendencias; 
la imaginatiua y bestial pensamiento, 
como es gran potencia y padece el tormento, 
engaña consigo á las otras potencias. 

Prosigue. 

Esta es la que mueue los otros sentidos 
para que no tiren sino en este puesto, 
memoria, y deseos, y ojos y oydos, 
á todos los tiene ya tan conuertidos, 
que todos se ocupan en no más daquesto, 



— i66 — 

que el tal pensamiento vencido del gesto, 
á todos los otros sentidos informa 
ser lindo, y gracioso, y ornado y honesto, 
do alguna esperanc^a se muestre tras esto 
por do en adquirirlo se deue dar forma. 

Prosigue, 

Y el entendimiento después que allá entró 
por falsos testigos tan falsa sentencia, 
la qual por injusta contino aprobó, 
perdió su juizio, sus fuerzas perdió, 
perdió su ra^on, su consejo y prudencia; 
helos todos ciegos, á causa de un ciego, 
ques el pensamiento y la imaginatiua 
que dio al corazón tan maldito sosiego, 
metiéndole dentro ardentíssimo fuego 
do siempre el deseo lo atyza y lo aviua. 

De las señales que se muestran cuando alguno 

está enamorado. 

Verásle al paciente perder sus continos 
negocios y sueños, comer y beuer, 
congoxas, sospiros y mili desatinos, 
desear soledades y lloros mesquinos, 
que no hay quien le valga ni pueda valer; 
perdida la fuerza, perdido el color, 
y quando le hablan d*amor, luego llora, 
y el pulso es sin orden y mucho menor, 
y nunca se esfuerza y se haze mayor 
sino cuando puede mirar su señora. 

De la cura. 

El medio daquesto no está contenido 
sino en distraelle daquesta locura 
de su pensamiento questá corrompido. 




— 167 — 

7 aquesto en diez partes será repartido, 
7 en ellas se pone cumplida la cura: 
primero mandando que vaya á cagar; 
segundo, que pesque do hay muchos pescados; 
tercero, que siempre se ocupe en jugar; 
y quarto» ante muchos le hagan estar, 
7 quinto, que vaya á esparcirse á los prados. 

Prosigue. 

Y sesto, que amigos y nobles parientes 
y hombres prudentes y de autoridad, 
con sus ortaciones le hagan presentes 
los muchos peligros, los inconuenientes, 
y agoten y aflijan su carnalidad; 
seteno, le pongan en muy gran pendencia 
de tratos de suma, y en mucho cuidado; 
octano, le aparten con gran diligencia 
daquella señora, como en pestilencia 
se apartan los hombres del ayre dañado. 

Prosigue. 

Noueno, alcahuetes le hagan querer 
á otras señoras por más distraello; 
dezeno, le hagan casar con muger, 
después vejezuelas le deuen traer 
á que le desliguen, que bien saben dello, 
y denle á comer vn sabroso manjar 
en quien mucha sangre y sustancia s'engierra, 
y tinto con blanco le deuen aguar, 
que siempre hemos visto del emborrochar 
caer los amantes y amores en tierra. 

Del contexto de estas coplas aparece que el mal de amores 
es peculiar al hombre, de quien únicamente en ellas se trata, 
y los remedios que para curarlos se recomiendan, sólo al hom- 
bre pueden aplicarse. Por otra parte, el aspecto patológico 



— i68 — 

con que se presenta el amor en ellas, coincide de un modo 
digno de atención con la manera de concebirlo y explicarlo 
que tiene el famoso filósofo Schopenhauer en su Tratado sobre 
el amor, las mujeres j' el matrimonio^ lleno de profundas 
observaciones, aunque campea en ellas el negro pesimismo, 
que es el espíritu de todas sus obras. No trata el solterón 
egoista y atrabiliario de Francfort con ternura á las mujeres, 
les niega casi su naturaleza racional, apoyándose, por cierto, 
en lo que dice Juan Huarte en su Examen de ingenios para 
las ciencias; pero basta decir que considera natural la poli- 
gamia, alegando para ello el opúsculo De concubinatu^ de 
ThomasiuSy para que se comprenda que el erotismo no puede 
ser, en su concepto, calidad dominante en la mujer. 

Hemos dado á estas observaciones más extensión de la 
que tal vez alguno crea necesaria; pero nos servirá de dis- 
culpa lo interesante de la materia y el tratar tan de propó- 
sito de ella Villalobos, con ocasión de la comedia de Planto, 
aunque no tiene esta obra el amor por principal objeto. 
Después de Villalobos, otros escritores han vertido más ó 
menos fielmente al castellano el Amphitrion (i); pero la 
traducción más conocida, si tal nombre merece, es la de 
Fernán Pérez de Oliva, hecha con el objeto que manifiesta 
en el prólogo que le puso, y que dice así: 

«Muestra de la lengua castellana en el nacimiento de 
Hércules, ó comedia de Amphitrion, tomado el argumento 
de la latina de Plauto.» 

El maestro Fernán Perej de Oliva, 
d su sobrino Agustin de Oliva. 

«Suelen los hombres, entre los cuidados que para la vida 
son necesarios, tomar otros para su recreación; y así, unos 
plantan, otros edifican y hacen otros semejantes exercicios. 
Mas todo este cuidado he yo puesto en adornarte á tí de letras 
y virtudes. Si tal saliere el fruto qual es la diligencia que yo 



( 1 ) Tengo entendido que el Sr. Heredia posee un ejemplar de una tra- 
ducción impresa con caracteres góticos, que no es la de Villalobos ni la de 
Pérez de Oliva. 



— 169 — 

porné, iquH deleyte de los otros será al mió comparable? 
Ninguno yerdaderamente, porque ni edificios ni jardines ni 
otras cosas semejantes son tan deleytables de ver, como de 
oir el sabio, ni tan provechosas para quien las tiene, como el 
virtuoso para todo el pueblo. Principalmente que la sangre 
me lo demanda y el esperanza que de tí tengo me lo acon- 
sejó. Plega á Dios que con buenas obras tú me lo merezcas 
y que sea el provecho que hicieres igual á mi deseo. El prin- 
cipio de aqueste mi propósito he querido tomar de lo que tú 
me parece que has primero menester, digo, usar bien de la 
lengua en que naciste. Porque sabrás que en el hombre dis- 
creto es parte muy principal de la prudencia saber bien su 
lengua natural. Y demás desto, ella es la atadura de las amis- 
tades, testigo del saber y señal de la virtud. Las quales cosas 
fundamento son de vida ilustre, como experimentado espero 
que sabrás. Esto se suele hacer por arte que requiere ingenio 
más maduro que no el tuyo. Agora en exemplos quiero mos- 
trarte el fruto della, porque gustado primero, con mayor 
deseo la procures. Y aquesto haré no en cosas muy graves, 
que tu ingenio sobrepujen y fatiguen, sino en cosas claras de 
entender, aunque no serán tan fáciles de imitar, las quales 
te serán suaves leyendo y anotando provechosas. Hete, pues, 
escrito el nacimiento de Hércules, que primero escribieron 
griegos y después Planto en latin. Y helo hecho no sola- 
mente á imitación de aquellos autores, pero á conferencia de 
su invención y sus lenguas, porque tengo yo en nuestra cas- 
tellana confianza que no se dexará vencer. Léelo con dili- 
gencia, porque las comedias antes escritas fueron fuentes de 
la eloqüencia de Marco Tulio, que mucho amó á su familiar 
Terencio, y á los otros que en semejante estilo escribieron. 
Si exemplo de tan grande fuerza no te mueve, la razón tam- 
bién te lo mostrará. Porque el estilo de de(;ir en comedia es 
tan diverso como los movimientos de los hombres. A veces 
vá tibio, y á veces con hervor, unas con odio y otras con 
amor, graves algunas veces, y otras gracioso; unas veces como 
historia, otras como razonamiento y otras veces es habla 
familiar. Así que de todas maneras exercita la lengua con 
tanta suavidad, que es cosa muy dañosa y digna de gran 



— 170 — 

reprehensión enjerir vileza en ello. Vileza llamo representa- 
ción de alguna cosa, que en pensarla con placer se corrompa 
la pura limpieza del ánimo. Aquesto digo contra algunos que 
no piensan deleytar, si no dicen suciedades. Las quales yo te 
viedo no solamente á la lengua, mas también á los oidos. 
Porque solo el pensamiento, mueve mucho, incitando al 
deleyte que consigo trae. General amonestación es esta, no 
pienses que es una, porque no hay vicio en el hombre que 
no sea con su consentimiento al vicio, sino por considera- 
ción á su deleyte. Recibe, pues, este don que por respeto 
tuyo también recibirán los otros tus iguales. Agora te provoco 
con esta dulce lición al amor de las letras; quando deste 
amor bien preso te tuviere, te daré cosas de mayor severidad.» 
No tuvo, pues, el maestro Oliva propósito de llevar á la 
escena la comedia de Plauto, sino meramente dar una lección 
práctica de retórica á su sobrino, y al propio tiempo demos- 
trar que la lengua castellana era apta para el desarrollo de 
una fábula dramática; por esto usó el literato cordobés con 
gran libertad de la obra del cómico latino, que apenas siguió 
en su imitación, dando más importancia al nacimiento de 
Hércules que al engaño que Júpiter hizo á Amphitrion y á 
Alcumena, que es el verdadero argumento de la obra de 
Plauto. Sobre las dos versiones de ella, hechas por Villalobos 
y Pérez de Oliva, emite el Sr. Schack, en su Historia de la 
literatura dramática española, un juicio no del todo con- 
forme con lo que resulta del estudio de estas obras que hemos 
consignado antes: tVillalobos, médico de cámara de Fer- 
nando el Católico y de Carlos V, dice Schack, vertió en prosa 
corriente castellana, en 1 5 1 3, el Amphjrtryon latino, en verso, 
y, al parecer, con el objeto de que se representase, supri- 
miendo ó compendiando diversas escenas, para concentrar 
más el interés de la acción dramática. La misma senda em- 
prendió después Fernán Pérez de Oliva, de Córdoba, cate- 
drático de filosofía y teología en Salamanca, tradudendo 
también, hacia i53o, en prosa castellana, varios dramas anti- 
guos. Pero con la Electra de Sófocles (á la que tituló Aga- 
menón vengado), con la Hecuba de Eurípides y el Amphjr- 
tryon de Plauto usó de mayor libertad que con este último 



— 171 — 

Villalobos. No sólo abrevió el original, sino le hizo algunas 
adiciones, por lo común poco atinadas, y que entorpecen el 
curso de la Cábula, y no lo aceleran como las de su predece- 
9or, El diálogo de Oliva, cuando no traduce fielmente, ado- 
lece de expresiones metafóricas é hinchadas que, como prue- 
ban muchas imitaciones de la Celestina, comenzaron á 
emplearse en este tiempo» (i). Nada diremos del juicio que 
merece al crítico alemán el estilo del retórico cordobés, y que 
consiste principalmente en el propósito de imitar los giros 
de la lengua latina, no siempre propios de la índole del cas- 
tellano; pero lo que no puede menos de notarse es el error 
de hecho en que incurre Schack, quien si hubiera leido y 
entendido bien lo que dicen Villalobos y Pérez de Oliva, 
hubiera visto que ni uno ni otro tuvieron el propósito de 
adaptar á la escena española el Amphitrion de Plauto. 
Tampoco estuvo acertado Schack al afirmar que el Amphi- 
tirón de Pérez de Oliva fué escrito hacia el año de i53o, 
pues en el Registrum librorum de D. Fernando Colon consta 
que el autor le regaló un ejemplar de esta comedia, impresa 
suelta en Sevilla el año de i525, y Salva poseía otro, que des^ 
cribe en su Catálogo, en el que también dá noticia de una 
traducción distinta de las de Villalobos y Pérez de Oliva, 
impresa en Toledo en casa de Juan de Ayala el año i554. ^^ 
sabemos con qué fundamento dice Salva que es una taracea 
de las dos anteriores versiones, pero nos parece este juicio 
poco verosímil. 

Ya se ha dicho que es general entre los Bibliófilos la 
creencia de que se publicó aparte la comedia de Amphi- 
trion^ y de todas suertes está demostrado que Villalobos la 
tradujo antes del año de i5i5; pero esta obra es una de las 
que contiene el libro titulado Problemas desde su primera 
edición en el que se contienen además otras escritas evi- 
dentemente antes que los dos tratados, que en realidad son 
los que llevan el referido nombre de Problemas. Ya hemos 
hablado, al tratar de las obras científicas de Villalobos, de los 



(i ) Páginas 207 y 3o8 dd tomo I original de la Historia de Schack. 



— 172 — 

Diálogos de las fiebres interpoladas y del calor natural, 
que están en ese caso, y ahora, al ocuparnos de las morales y 
literarias, debemos notar que sucede lo mismo con el que 
«passó entre un Grande deste Reino de Castilla estando con 
el frió de la quartana, y el Dr. Villalobos, que estaba allí 
con él, en presencia de sus hijos y de la noble juventud de su 
v^ casa,» el cual fué, sin duda, escrito antes del año de 1524, 
porque precede á esta obra una carta en que le pedia copia 
de ella á su autor don Alonso de Fonseca, Arzobispo de San- 
tiago, y es cosa sabida que este famoso Prelado, tan amigo de 
Villalobos, filé trasladado de la Silla compostelana á la de 
Toledo, primada de España, en el citado año de 1524; por 
cierto que dicha carta contiene un juicio de Villalobos, como 
escritor, que ha confirmado la posteridad y que era general 
entre las personas de ingenio y letras de su tiempo. Dice así el 
Arzobispo Fonseca: «Pocos dias há que el Sr. D. Gómez me 
mostró un diálogo vuestro, en que muy claramente vi que 
nuestra lengua castellana excede á todas las otras en la gracia 
y dulzura de la buena conversación de los hombres, porque 
en pocas palabras comprehedistes tantas diferencias de donay- 
res, tan sabrosos motes, tantas delicias, tantas flores, tan agra- 
dables demandas y respuestas, tan sabias locuras, tan locas 
veras, que son para dar alegría al más triste hombre del 

mundo etc.;» por donde se vé que era tal la afición que 

se tenía á las regocijadas ocurrencias de Villalobos, que sus 
escritos corrían de mano en mano, antes de imprimirse, 
entre las personas de buen gusto. 

Lo primero que se ocurre al leer este diálogo es pregun- 
tar quién sería el Grande que sirve de interlocutor á Villalo- 
bos; y según se dice en la carta del doctor de Escoriaza, que 
vá al fin de la obra, fué el Duque de Alba, D. Fadrique, 
abuelo del famoso D. Fernando Alvarez de Toledo, y no 
éste, que no tenía hijos capaces de asistir á aquella escena en 
el tiempo en que probablemente ocurrió; sin embargo, por 
el espíritu y por la forma de los conceptos que le atribuye 
Villalobos, y más todavía por el incidente del diálogo en que 
habla el Duque de los favores que habia hecho á Villalabos, 
pudiera creerse que el Grande que buscamos no puede ser 



— 173 — 

ano el Almirante de Castilla, Duque de Medina de Rioseco, 
el cual dice á Villalobos en el lugar á que aludimos: 

•D. La razón es buena; y sin ella está clara la verdad de 
lo que aueis dicho: en mi seso estoy de hazeros mercedes, 
como os las be hecho, más por vuestra buena razón que por 
la física. 

•Z). (Aparte.) Tal salud os dé Dios como me auejrs hecho 
las mercedes, y aun como me las haréis. 

9Z). ¿Qué estáis gruñendo entre dientes? etc.» 

Este pasaje recuerda los de las cartas al Almirante que 
hemos copiado, en que Villalobos se queja de la ruindad de 
aquel magnate y de lo poco que habia hecho en su obsequio; 
7 aunque Villalobos estaba quejoso^ por los mismos motivos, 
de otros personajes, y muy particularmente del Emperador, 
de ninguno tanto como de D. Fadrique Enriquez; además, 
en este mismo diálogo, contestando Villalobos al Duque, que 
le proponía que dejase el servicio del Rey para entrar al suyo, 
le contestó: tYo, señor, no vivo con el Rey por lo que él me 
dá, sino por loque me puede dar sin poner nada de su bolsa; 
y viviendo yo con él, V. S. puede ahorrar el salario que me 
habia de dar y seruirse de mí, queya sabemos que nunca os 
apartareis del Rey si la muerte no os aparta.^ Ahora bien; 
el Almirante, como tan cercano pariente de D. Fernando el 
Católico y de D. Carlos, gozó de la intimidad y favor de 
ambos como ningún otro magnate, y por eso sin duda dice 
Villalobos que era cosa sabida que no se apartaría del Rey 
sino lo apartaba la muerte; sin embargo, el Duqye contestó 
á Villalobos que estaba resuelto á retirarse á su casa para 
mirar por síy velarse; y así lo hizo el Almirante Duque, 
muriendo, como ya se ha dicho, retirado de la Corte en su 
villa de Medina de Rioseco. 

Sea lo que quiera de estas conjeturas que sometemos al 
juicio de los críticos, el diálogo de que nos ocupamos con- 
tiene entre otras agudezas la que se refiere al Dr. Torre- 
Has, del que dice Villalobos: aY de mí también tiene envidia, 
porque huelga el Rey de hablar conmigo. Y un dia, riendo 
Su Alteza mucho de un cuento que yo le contaba de las damas, 
no lo pudo sufrir Torrellas, y dixo al Rey: tYo, señor, soy 



— 174 — 

doctor y maestro, y como me doy á las cosas de la specula* 
cion, no me curo destas gracias, que son cosas de chocarreros. » 
El Rey, afrontándose mucho por amor de mí, echóme los 
ojos, y volvíme á Torrellas y díxele: «Amaéstreme Vmd. á 
ser necio, pues que soys maestro, y no seré gracioso por no 
enojar á Vmd.» Fué tanta la risa de todos y tanto su corri- 
miento, que se salió huyendo de la cámara» (i). 

El cuento de la ayuda aplicada por la dueña Mari Rodrí- 
guez al Conde de Benavente, aunque no nada limpio, es muy 
gracioso y está referido con el desenfado que caracteriza á 
Villalobos, quien se complace en pintar al vivo cuadros 
que las costumbres modernas no consentirían exponer á la 
vista de los lectores. 

El Tratado de las tres grandes, incluso también en el 
libro de los Problemas, fué escrito antes que éstos, según 
declara expresamente en el prólogo que le puso, dirigido, 
como todo el volumen, al Príncipe D. Luis de Portugal, que 
dice así: 

«En la obra pasada de Las tres interrogaciones (serení- 
simo Príncipe) se pusieron muchas artes y costumbres de la 
vida humana. Y verdaderamente si yo tuuiera la casa de mi 
entendimiento tan ancha y tan espaciosa que cupieran en 
ella todas las cosas que he visto en esta Corte de Castilla; y 
en las que han pasado de once años á esta parte, yo vuiera 
emprendido, con el favor de V. A., de hazer un gran volu- 
men por estimarlo tan claro como el passado, que fuera 
como un espejo en que se pudieran mirar todos los cortesa- 
nos, conoscer cada uno por él sus fealdades y defectos, para 
que así vistos y reconocidos se enmendasen y curasen dellos. 
Ñfás la dicha casa es tan angosta que apenas puedo yo caber 
dentro della para entenderme á mí mesmo, y corregirme de 
tantos errores como las mundanas costumbres me han hecho 
adquirir^ que florescen más en la Corte que en otras partes. 
Y son tan pestilenciales y tan contagiosas, que con sola la 
habla se pegan de unos en otros, y no perdonan edades, ni 



(i) El Torrellas de esta anécdota era hermano del Obispo y médico dd 
Papa de que antes hemos hablado y no menos fiímoio que éste. 



-175- 

hábítof, ni hombres, ni mujeres, todo lo manzillan y todo lo 
tienen en su negra color. De manera, señor^ que solamente 
escriuí para enuiar á V. A. lo que en mi propio ejemplar y 
dechado halle para que otros lo vean y escarmentados no se 
descuiden (como yo) para alcanzar hasta la vejez con las 
ignorancias y delictos de la juventud. Después de haber 
escripto aquello y puesto el diálogo para recreación de los 
leyentes, hallé dentro de mis envoltorios vnos papeles de mi 
letra, que contenían este tractado que se sigue, Y como me 
pareció del metal de todo lo otro, quise lo juntar con ello. 
Llámase el tratado De las tres grandes; conuiene saber: de 
la gran parlería, de la gran porña y de la gran risa, todas 
ellas son grandes tomándolas cada una por sí, mas á todas 
no supe darles nombre apropiado, porque tienen parte de 
enfermedad, y parte de locura, y parte con necedad, y parte 
de liuiandad y de otras sabandijas y coxixos participan de 
tal manera, que nombre apropiado que fuese común á todas 
tres no se hallaua. Porque si las llamasen enfermedades, 
cierto es que se agrauaria totalmente la locura; si locuras, 
quexaríase la necedad, y si necedades, haríase injuria á la 
liuiandad, y si liuiandades, enojaríanse las otras; aunque son 
compañeras son tan mal avenidas, que á cada una dellas les 
pesa del bien de las otras. Llámense, pues, Las tres grandes, 
porque quede comentado el nombre para que lo acabe cada 
uno á su voluntad. Tractado es de que algunos no se descon- 
tentan. Si á V. A. no le parece así, por eso es bien que vaya 
puesto en el cabo; mándelo quitar, pues que la obra es suya, 
y acá no la daremos á los impresores. =Vale. 9 

Demuestran las palabras de Villalobos que hemos subra- 
yado, que éste habia escrito el Tratado de las tres grandes 
antes que los Problemas, y si se hubieran de interpretar 
estrictamente sus conceptos, hasta parece que lo habia olvi- 
dado, pues necesitó ver que estaba de su letra y que era del 
mismo metal que lo recien escrito, para reconocerlo por suyo, 
como lo es, sin duda, y por cierto de lo más exquisito y per- 
fecto que salió de su pluma y ha llegado á nosotros; las Tres 
grandes son la gran parlería, la gran porfía y la gran 
risa, y Villalobos retrata estos vicios ó pasiones» como él 



— 176 — 

las llama, de mano maestra: el tipo del estudiante hablador 
de Valladolid es tal, que sin duda ha servido de modelo á 
todos los que de esta manía existen en nuestro teatro y en 
general en nuestra literatura; y el remedio que empleó Villa- 
lobos para curarle es ingeniosísimo, como lo es también la 
teoría de las causas de esta pasión; aunque fundada en las 
ideas médicas de su tiempo, hoy mismo no puede negarse 
que el espíritu y el cuerpo y sus mutuas relaciones originan 
esta cualidad, como casi todas las que son propias del hom- 
bre, pues no hay quien ignore que el estado físico en que nos 
encontramos influye de un modo notable en nuestra facundia 
ó en nuestra taciturnidad, sin que la voluntad baste siempre 
á dominar esa influencia. 

La gran porfía, que vulgarmente se conoce con el nom- 
bre de espíritu de contradicción, está observada y descrita 
con gran profundidad y acierto, despertando natural curio- 
sidad el señor en quien Villalobos se fijó para su estudio, y 
al cual demostró su flaqueza, haciéndole firmar de su mano 
las cosas que porfiaba, resultando que no con intervalo de 
dias, sino de horas , habia defendido las más contradicto- 
rias. ¿Quién sería este personaje atrabiliario? No es posible 
saberlo, pero todos encontramos cada dia en el mundo mu- 
chos que se le parecen y que por irresistible impulso ó por 
hacer gala de ingenio, defienden con calor el pro y el contra 
de todas las cosas, sin otro motivo más que el placer de con- 
tradecir la opinión de sus interlocutores. 

La gran risa dice Villalobos que es de dos maneras: 
natural ó verdadera y falsa, y al tratar de esta última pre- 
senta un cuadro de la Corte y de los cortesanos, que es digno 
del pincel de tan gran artista. cNo tiene causas naturales, dice 
Villalobos, ni procede de humor ninguno (la falsa risa), antes 
es puramente pasión moral. Porque los hombres de Corte, 
como son más conversables y más ociosos que la otra gente, 
tienen en gran precio ser donosos, y es lisonja entre ellos 
reyrse los unos de lo que dicen los otros, con condición que 
se lo paguen en lo mismo, y algunos hay que quando no 
acuden con la risa á lo que ellos dixeron, ríense ellos. Otros 
hay que antes que comiencen á contar el donaire, se ríen 



— 177 — 

de antemano, y otros que en tanto que lo dicen se caen de 
risa. Esto es convidar á risa á los oyentes como si dixesen: 
Yo bebo á tos, y para que se sepa que es cosa de reyr y que 
no sean necios. Y éstos, por la mayor parte, quedan después 
del donayre tristes y frios, salvo si son príncipes ó grandes 
priuados, porque éstos en comentando á reyr hazen á todos 
k» otros caerse de risa, unos sobre las arcas, y otros sobre 
los bancos; otros sobre los hombros de sus compañeros; otros 
llorando de risa, que sus ojos se tornan fuentes perenales; 
otros juran que les duelen las ancas; otros que se les desen- 
cajan las quijadas. Y creólo, porque las baten por fuerza y 
contra su voluntad. Otros hay que rien y paran, y después 
tornan á rehacer la risa con otro rebenton, para dar á enten- 
der que la detuuieron por fuerza, y que se les tornó á soltar. 
Porque se vea cuántos brinquillos y cuántos joguezuelos 
tiene madama lisonja.» 

Los dos tratados que forman los Problemas fueron escri- 
tos por Villalobos después de las obras de que hasta aquí 
hemos dado noticia; varias son las pruebas que se pueden 
aducir en apoyo de esta opinión, y la primera de todas es el 
prólogo de la obra dirigida al Infante D. Luis de Portugal, 
cuñado del Emperador, prólogo que se ha suprimido en 
algunas ediciones de esta obra, especialmente en la de 1574, 
y que literalmente es de este tenor: 

Al muy altoy muy esclarecido Príncipe y señor, el señor 
Infante D, Luysde Portugal, etc. 

PRÓLOGO. 

f Reciba V. A. debaxo de su guarda y amparo este librillo, 
que vá intitulado y dedicado ásu nombre, porque si V. A. le 
fauoresce. todos auran miedo de decir mal del por no enojar 
á quien aman. La razón que hay para que V. A. sea tan 
generalmente amado y querido de todos, díganla los que han 
tratado más que yo la Real conuersacion y generosa huma- 
nidad de V. A. Lo que yo alcan(;o es que son necessarios 

/ 



-178- 

grandes méritos para que vn Príncipe sea muy amado de los 
que no son sus vasallos ni sus conoscídos, y lo que claramente 
puedo saber es que, haziendo el inuictissimo César, vues- 
tro hermano, en tiempo tan contrarío aquella muy peligrosa 
jornada contra los Turcos y Carthaginenses, Vuestra Alteza, 
de su proprio motiuo y voluntad, se ofresció á los inmensos 
trabajos de la expedición, sufriendo aduersidades y discrimi- 
nes por mar y por tierra, y ofresciendo con alegre ánimo la 
vida en la más dudosa guerra que entre los hombres jamás 
se aya visto; acabó V. A. su viaje, sin querer otras gracias 
ni otra honra más de la que forzosamente se deue á tan loa- 
bles determinaciones, y no fué por cierto digno de tener en 
tan poco el fructo de vuestro trabajo (que no importasse 
gran parte de la victoria), porque fué tanto el plazer y la con- 
fianza que V. A. con su llegada puso á toda la nobleza de la 
juuentud de España y á la grande armada de los caualleros 
y hidalgos de Portugal, que bastaua para poner gana de 
pelear á los que no la Ueuassen, y acrescentarlo á los que 
como buenos caualleros la tenian; y esto, á la verdad, es lo 
que encamina después de Dioslas grandes victorias en poder 
de vn capitán más que de otro. Assí que, dexando aparte el 
que no tiene comparación entre los nascidos, que es el Em- 
perador, nuestro señor, cuyo ánimo fué fecho para tomar las 
empresas impossibles á los hombres y salir con ellas, cuyas 
memorables hazañas nunca serán acabadas de loar de sus 
chrónicas; dejando, pues, esto para en su lugar, digo que 
Su Majestad y toda la honra de España deuen mucho á Vues- 
tra Alteza por la presteza con que llegó oportunamente á la 
dicha jornada, y por el aliento que dio á toda la gente con 
su yda, y por el grande ánimo que todos sintieron en él, á 
las coyunturas más preciadas y de mayores peligros, y por la 
muy agradable compañía que V. A. hizo en sus trabajos á la 
majestad del César, y por las muchas gentilezas y liberalida- 
des que vsó con todos, y por las pocas gracias que quiso res- 
cebir de actos tan graciosos, y tan dignos de grandes alaban- 
zas, antes fué V. A. huyendo de la honra que merescíades 
con tanta presteza, como cuando la venistes á buscar. Esto 
es lo que todos sabemos; en lo demás (como digo), yo me 



— 179 — 

reporto á los que han comunicado á V. A. más que yo. Por 
estas razones, y porque he sabido que V. A., en las horas de 
la necessidad, ha holgado alguna vez dé leer mis burlas, 
acordé de intitular esta obra á vuestro nombre. Contiene 
diuersas reprehensiones en muchos estados y condiciones de 
hombres en estilo más palanciano que pesado, y hay doctrinas 
morales y auisos que no son de menospreciar. No se alegan 
autoridades, aunque van muchas miserias en la obra, porque 
estas allegaciones más son para mostrarse el hombre bien 
ley do, que para la claridad de la escriptura, y por esto se 
hizo en lenguaje llano, sin rhetórica ni affection alguna. No 
la he consentido imprimir hasta que V. A. mande que sea 
corregida por algún hombre docto de sus familiares; Vues- 
tra Alteza perdone el atreuimiento, pues que Dios agradesce 
mucho á los que offrescen poco, si no pueden más. Lo mejor 
de la obra (si algo tiene de bueno) es la glosa, los metros son 
como compendios y sumarios de lo que en ella se trata. 
Reciba V. A. lo que más le agradare, y á mí me reciba en el 
número de sus criados y familiares; pues que lo soy por obli- 
gación y lo tengo de ser por mi voluntad, esto poco que me 
queda de vida.» 

Hablase aquí como de cosa pasada de la jornada del Em- 
perador á Túnez, la cual se verificó en el año de i535. 
El P. Sandoval confirma lo que dice Villalobos de la oportu- 
nidad y presteza con que vino á lomar parte en ella el Infante 
D. Luis de Portugal, pues dice que en Mayo de dicho año, 
en la ciudad de Barcelona, estando ya casi lodo aprestado 
para darse á la vela el Emperador, quiso que se hiciese una 
solemne procesión, sacando el Santísimo Sacramento, la cual 
salió de la Iglesia Mayor y el Emperador llevó una vara del 
palio sin querer cubrir la cabeza; el Infante D. Luis de Por- 
tugal, que por la posta había llegado á la ciudad, llevó la 
otra, el Duque de Calabria la tercera, y la cuarta el Duque 
de Alba (i). 

Villalobos, con una modestia de que no siempre dio prue- 
bas, dice que no se resolveria á imprimir su libro hasta 



(i) Sandoval, Vida del Emperador Carlos V, 1. 11, lib. XXII, pág. 7. 



— i8o — 

que S. A. mandase que fuera corregido por algún hombre 
docto de sus familiares; no sabemos si el Infante daria á 
alguien este encargo, pero es lo cierto que antes de imprimir 
su libro Villalobos le mandó al Dr. Descoriaza; es de presu- 
mir que esto lo haria no mucho después de terminar los Pro- 
blemaSf y el doctor le escribió desde Valladolid á 23 de Junio 
de 1 539 la siguiente carta: 

t Yo he visto los Problemas y los otros tratados que Vmd. 
me escribió, y estuve tan lejos de importunarme con la pro- 
lijidad de su escritura, que antes me pesaua en el alma 
quando se me yva acabando. Porque dexadas aparte las gra- 
cias que pasastes con el Sr. Duque de Alúa, tan dulces y tan 
rechazadas de la una parte á la otra, que en éstas yo confieso 
mi liuiandad, que quienquiera que me las viere leer me 
tuuiera por loco, según era la risa y los visajes que yo hacia 
en todos los pasos que van allí tan bien tratados. Mas aun en 
lo que toca á la filosofía natural y á los principios de la medi- 
cina, lo hiziste tan sabroso, que me quitaste todo el hastío 
que yo tenía en estas sciencias, porque siendo ellas de suyo 
tan ásperas y tan puestas en pleyto, les distes una muy palan- 
ciana y muy buena conuersacion, con una claridad y unos 
testimonios traydos hasta el sentido, que ningún mathemá- 
tico puede prouar sus figuras con ciertas demostraciones que 
las que allí están puestas. Espánteme de ver la razón por 
donde el elemento del fuego no puede inflamar al ayre que 
está incluso dentro del, y por donde no puede alumbrar. 
Porque si yo fuese muy ambicioso, no puedo dezir que las 
he visto en otra parte, y si fuese muy envidioso no las puedo 
contradezir. Y aquellas materias de las fiebres periódicas y 
del calor natural, y de la virtud vital, ¿quién las vio tan decla- 
radas y con tantos secretos como allí reuelastes? Perdóneme 
Vmd., que en verdad, ego non tetanti faciembam ni alcanzo 
cuándo estudiastes aquello, ni adonde lo hallastes con aquella 
copia y con aquel estilo y brevedad y llaneza y sotileza que 
allí haueis puesto. Yo suplico á Vmd. que tome mi parecer 
en esto y lo encomiende á la impresión, que, en verdad, ello 
hará mucho en la honra de la medicina quando vieren los 
que no son médicos que tan bien fundados tiene sus edifi- 



— i8i — 

cíos, y que no son fábulas ni patrañas las cosas que en ellas 
se tratan. Y porque esta mi carta se escribió de priesa, por 
ser ageno el mensajero, recibiré gran merced que luego sea 
rasgada, porque no venga á noticia de los que no son tan 
amigos mios, como lo esVmd., de quien yo puedo fiar todos 
mis bienes y mis males. — De Madrid á veynte y tres de 
Junio de MDXXXIX años.» 

El Dr. Descoriaza juzga en su carta más especialmente el 
primer tratado de los Problemas, en que se habla de cosas de 
filosofía natural, y los dos diálogos del calor y de las fiebres 
interpoladas, porque éstas eran las materias propias de su 
profesión, y no sólo su juicio es laudatorio, sino muy fundado, 
siendo de notar que hace especialísima mención de los dos 
puntos más ingeniosos que en esta parte de la obra se contie- 
nen, á saber: la explicación de la intermitencia de las fiebres 
y el relativo á las cualidades del fuego elemental, usando 
con buen gusto de la figura preterición para celebrar las gra- 
cias del Diálogo que pasó entre un Grande de Castilla y el 
doctor Villalobos, y dando por sin duda que dicho Grande 
era el Duque de Alba, afirmación que no destruye nuestras 
conjeturas por las razones que antes hemos alegado; pero lo 
que pueda echarse de menos en las breves líneas del doctor 
Descoriaza, lo encontrará el lector en la siguiente 

Carta de un Padre collegialy regente en Sancta Teología 
en el insigne collegio de Sanct Gregorio de Valladolidj 
de la Orden de los predicadores, dirigido al Sr. Dr. Vi- 
llalobos, autor de la presente obra, 

f El Padre rector deste nuestro collegio me mandó leer 
este libro de Vmd., y aunque al principio yo rescibí alguna 
pesadumbre en ello, porque no sabía la qualidad de la obra 
ni conoscia el auctor della, pensaua sería como otras muchas 
scripturas que vienen á ser examinadas á este collegio, en 
las cuales se gasta tiempo y se sufre en acabarlas de leer no 
pequeña importunidad. Y cstaua á la sazón tan ocupado en 
mis lecciones y continuo excrcicio de estudio, que de nccesi- 



— l82 — 

dad me habia de dar gran desabrimiento y pena cualquier 
otro nueuo embarazo. Con todo esso comencé á hazer lo que 
me maudauan, y fuéme paresciendo tan bien á mí y á otros 
mis compañeros (que juntamente oyan lo que yo yua leyendo) 
la escriptura, las preguntas y respuestas, la gracia de los diá- 
logos, el ingenio de las cosas^ el lenguaje y explicación 
dellas, finalmente el rhetórico artificio en disputarlas, de 
arte, que al cabo de la lección quedó assi el lector como los 
oyentes, sin ningún fastidio y cansancio, antes con muy 
sabroso dexo; que entendí bien que no es éste de los libros 
que se hallan á cada rincón, sino de los muy raros y estima- 
dos que suelen por dicha salir de quando en quando. Yo bien 
osaría afirmar de cuantos Padres oyeron el libro, que nin- 
guno dexó de proponer de hauerlo, en pudiendo, á las manos, 
y de mí digo ciertamente que no lo dexaria por ninguna 
cosa. Porque hallo en él muy buenas doctrinas, y juntamente 
eran recreación y deleyte en verlas, que son cosas, como 
saben bien los que han leydo muchos libros, que con difi- 
cultad se hayan en ellos. Yo me daua por muy satisfecho del 
tiempo que empleé en leer la obra de Vmd. y del trabajo 
que pasé en ello, y falta que á otras mis ocupaciones hize 
con el fruto y recreación que de la lectura oue, y me tenía 
por muy pagado con mucha demasía. Pero porque no me 
fuesse alabando del lance, mándame el Padre rector, en pago 
de la buena obra que del libro reccbimos, que yo escriba 
aquí mi parecer y censura del. Por cierto que mi parecer es 
muy corto para poner la lengua en una escriptura que tan 
largamente merece ser alabada, y bien sé que no se podrá 
dignamente loar el libro, sino alguno que alcanzase el inge- 
nio y elegancia castellana que en él se contiene, de las qua- 
las dos cosas sé yo bien que estoy muy lejos. Y la mejor 
manera de alabar la obra sería para mí referirme á lo que en 
ella se trata, y á lo que arriba he dicho, do tengo escripto 
mi parecer sin pensar que tomaba argumento tan desigual á 
mis pocas fuerzas. Con todo eso, si no puedo escapar sin dezir 
una palabra, como de paso, por cumplir con la obediencia, 
lo que siento es que el censor de la obra presente hauia de 
ser uniuersal en muchas sciencias^ y tener experieacia de 



— i83 — 

cosas varias, porque el libro es muy erudito y vario. Digo 
que hauia de ser philósopho, poeta, theólogo, médico, sol- 
dado, cauallero, cortesano; para todas suertes de personas 
tiene escogidas sentencias y particulares avisos, gracias y 
donayres muy á propósito. En cada qual destas profesiones 
tome cada uno y encarezca lo que hace á su caso, que si no 
me engaño, bien hay en qué meter la mano. En lo que yo 
podría tener voto es en las cosas de philosophia y materias 
de vicios y virtudes que en el libro se contienen. Todo me 
paresce que está resuelto por el cabo, y que ygualmente ansí 
en los Problemas como en los Diálogos, compiten ingenio, 
eloquencia, gracia y donayre, pero sobre todo grande expli- 
cación y facilidad, con la qual cosas muy ocultas y delicadas 
de philosophia haze palpables al sentido. Si alguno piensa 
que esto se dize por encarecimiento, lea el diálogo entre el 
señor doctor y Azeuedo, y verá tomar con la mano al médico 
ingenioso, lo que antes con el entendimiento no podía bien 
alcaiiqar. No quiero dezir en particular quan cristianamente 
diga mal de algunos vicios, que hazen grande estrago en las 
personas, do una vez hazen assiento, como es la auaricia, la 
ambición, la lisonja y otras semejantes, quan bien se enoja 
con ellos y los dissuade con fuert^a y muchas razones viuas 
y chirtianas. Porque esto sería alargar mucho la carta, que 
ya se vá haziendo prolixa; yo me refiero á los que vieren la 
obra, y oso affirmar que qualquier hombre de ingenio se 
satisfará mucho della y la tendrá, como es razón, en gran pre- 
cio. — Nuestro Señor quede con Vmd.»> 

Las alabanzas de estas cartas no son exageradas; por for- 
tuna no habia llegado el período de nuestra literatura en que 
se recomendaban con grandes hipérboles, en sonetos y can- 
ciones puestas al principio de ellas, las obras más baladíes, y 
así como la posteridad ha corroborado el juicio que del mérito 
de Villalobos hicieron sus contemporáneos, hoy ni siquiera 
se recuerda el nombre de tantos como se calificaron de insig- 
nes poetas, de profundos filósofos y de sapientísimos doctores 
en la época de nuestra decadencia literaria; por esto sería de 
desear que se hiciera una edición completa y correcta de las 
obras castellanas de Villalobos, pues la de los Problemas, que 



— i84 — 

se contiene en el tomo de la Biblioteca de Autores españo* 
les, de Rivadeneyra, que lleva el titulo de Curiosidades 
bibliográficas^ es poco manejable y no está al alcance de 
todos, siendo seguro que no hallarian menos placer que los 
benditos frailes del colegio de Valladolid, que tan afanosos 
se mostraban de poseer el libro de Villalobos, á mediados del 
siglo XVI, los que ahora pudieran saborear sus agudezas y el 
gallardo y castizo estilo en que están escritas. 

Pero no es este el único ni el principal mérito del ilustre 
físico, quien, aparte del que le pertenecía en su tiempo por 
su saber en filosofía natural y en los diversos ramos que cons- 
tituyen la Medicina, tiene otro que es permanente, que no 
corre el peligro de hacerse anticuado y que hoy alcanza el 
mismo valor que cuando Villalobos escribía; aludimos á su 
profundo espíritu de observación, y á sus atinados juicios 
acerca de los vicios y virtudes de los hombres, siendo lo que 
llaman los franceses un gran moralista que se puede compa- 
rar, sin desventaja, con el autor del Pantagnuely Rabellais, 
y con la Brouyere, cuya obra los Caracteres se recuerda al 
leer algunos pasajes de los Problemas, escritos muchos años 
antes que aquélla. 

Sería tarea muy larga exponer las observaciones á que se 
prestan las treinta y tres glosas del tratado segundo, que habla 
de las costumbres humanas, empezando por la que se refiere 
á las malas artes del diablo que sirve de natural proemio á 
las consideraciones morales de Villalobos, pues sin llegar al 
dualismo de los maniqueos, el genio del mal, aunque sólo se 
le considere como una personificación de los instintos de la 
pura animalidad, no puede menos de tener gran influjo, 
si bien no decisivo, pese á la doctrina determinista en boga, 
en las acciones de los hombres. 

Las dos coplas ó metros que tratan de los soldados, y la 
que habla de los que huyen en la batalla, tienen extensas 
glosas dignas de atención y de estudio por varios conceptos: 
la primera especialmente es un elocuentísimo alegato en 
contra de la guerra, de la que dice Villalobos que «es una 
granjeria del diablo para ganar mucho en poco tiempo,» aña- 
diendo que tel padre y la madre que engendran la guerra. 



— i85 — 

son el soberbio ánitno y la desenfrenada avaricia, las herma- 
nas de ellas mayores á quien ella obedece son la yracundia y 
la envidia;» el apólogo que finge Villalobos cuando dentro 
de la cámara del entendimiento entran en consejo las cuatro 
perturbaciones susodichas, no sólo es ingeniosísimo, sino de 
una verdad moral resplandeciente, y como dato curioso para 
formar idea de lo que era y del modo de reunir un ejército 
en los tiempos de Villalobos, es de gran provecho la enume- 
ración prolija de lo que se necesitaba entonces para empren- 
der una campaña. 

Para demostrar los inconvenientes de la guerra, la razón 
convocada al consejo de las cuatro perturbaciones que la pro- 
ponen, cita, por vía de ejemplo, loque aconteció entre el Rey 
de Francia y el Emperador Carlos V. «No há muchos años, 
dice, que el Rey de Francia debia al Emperador dos millones 
de escudos, y sus letrados y confessores determinaron que no 
los deuia pagar, y assí lo hiziera ni no tuuiera empeñados y 
captiuos á sus hijos por el dicho oro. Al Emperador informa- 
ron sus letrados y confessores que se deuia pagar, porque el 
otro le auia mouido guerra injustamente, y fué preso en ella, 
y con todos aquestos escudos no pagaua lo que el Emperador 
por su causa auia perdido. Si el Rey de Francia tomara el 
consejo que yo le daua, él pagara en buena concordia los 
dichos escudos, y holgara en su casa sin perder más. No 
quiso sino creeros á vosotras, y embió un grande exército 
sobre Ñapóles, donde perdió de su casa más de seis millones 
de escudos, y todo el thesoro de Francia, y toda la nobleza 
de la juuentud con todos sus capitanes, y al cabo vino á pagar 
los dos millones que deuia con otras circuntancias muy gran- 
des.» Alúdese aquí, sin duda, á la campaña de i538 en el 
reino de Ñapóles, que terminó con la huida de los franceses, 
que tenian puesto cerco á aquella ciudad, después de la muerte 
de Lutrech el 23 de Agosto de aquel año, suceso que fué un 
inmenso desastre para las armas de Francisco I. y como Villa- 
lobos dice que no habia muchos años que aquello habia acon- 
tecido, se demuestra que los Problemas fueron escritos poco 
antes del año iSBp, en que los envió en consulta al doctor 
Descoriaza. 



— i86 — 

Después de haber hablado tan mal de la guerra y pintado 
tan al vivo sus horrores, creyó sin duda alguna Villalobos 
que era menester decir algo en defensa del Emperador que 
tantas habia sostenido; y en efecto, termina esta interesante 
glosa con las siguientes palabras: tBien conocerán todos los 
que esto leyeren que ninguna destas cosas se dicen contra 
nuestro invictísimo César, pues en las guerras que hasta agora 
ha seguido, siempre ha sido prouocado, y en todas las jorna- 
das ha tenido justíssima y santíssima causa, como es defen- 
sión de la fé y de la patria, y assi Dios, con manifiestos y 
evidentes milagros, se ha mostrado de su parte.» La historia, 
con su fallo imparcial, cada dia corrobora este juicio de los 
contemporáneos del César, pues los celos producidos por su 
poder y grandeza, fueron la verdadera causa de las guerras 
que tuvo que sostener, sin que bastaran sus victorias á ase- 
gurar por mucho tiempo el predominio que la Casa de Aus- 
tria alcanzó de resultas de varias circunstancias que no depen- 
dieron de la ambición personal de aquellos Príncipes, sino de 
haber reunido en sus sienes tantas coronas por virtud del 
derecho hereditario entonces vigente. 

El metro IX, que es el segundo, que trata de las cosas 
de la guerra, se ocupa de las asonadas y motines, tan frecuen- 
tes en los ejércitos de la época de Villalobos, y de las malas 
costumbres de la soldadesca. Al leer la glosa de este metro, 
vienen involuntariamente á la memoria las turbulencias 
militares que tuvieron por remate el saco de Roma, y que 
sin duda inspiraron las dolorosas exclamaciones que ponen 
fin á esta glosa, á la que sigue el metro en que se habla de 
ios que huyen de la batalla, en el cual no sólo se afea la 
cobardía, sino que además se demuestra que en la guerra 
corren mayor peligro los que huyen que los que combaten. 
Estas consideraciones recuerdan los alardes de cobardía que 
hace Villalobos en algunas de sus cartas, señaladamente en 
las que se habla de los sucesos de las Comunidades, y acor- 
dándose sin duda de que en aquellos lances y en otros no 
brilló por su heroismo, dice Villalobos: «;0h, quántos caua- 
Ueros veo de los que leerán esta obra, que han de decir que 
no sé lo que me digo, y que hablo y disputo en lo que no 



-i87- 

sé, y que hablo desde la ventana, y no como hombre que ha 
de poner las manos en la massa, y que doy á los otros la 
doctrina que no tomaré para mí, y que ellos me vieron ya 
mirando la batalla desde un cerro alto, y que era tan grande 
el miedo que yo tenía, que se me hacía el cerro más llano que 
la palma de la mano. Y que me concertaua con una mujer 
enamorada que allí estaua, que si viniesen los franceses al 
cerro se pusiese ella de rodillas delante de mí, como que se 
confessaua; porque los enemigos perdonassen al falso peni- 
tente y al más falso confesor. Y también dirán que una noche 
passando yo por una calle estrecha se me pusieron al encuen- 
tro dos caualleros y me preguntaron quién era yo; yo, díxeles 
luego mi nombre. Preguntáronme cómo se llamaua mi padre, 
y díxelo; y assí hiziera de mi agüelo y mi visagüelo. A lo pri- 
mero respondo que es verdad, que yo me hallé en aquel cerro, 
mas también vi passar por allí huyendo dos caualleros que 
no osaron parar donde yo estaua, hasta que les di bozes que 
boluiesen, que ya los nuestros auian desuaratado á los fran- 
ceses. Y si alguna couardía yo hize en esta jornada, fué no 
descubrir quién eran, porque me amenazaron si lo dijese 
que me cortarían la cabera. Y digo que yo hablo por lo que 
he visto con fundamentos de philosophia moral y natural; y 
no ay tal juez como el que está fuera del negocio, porque 
juzgará sin pasión. A lo segundo digo que no tengo yo por 
couardía dezir la verdad por escusar un par de cuchilladas 
por la cara; peor fuera huyr y licuarlas en la nuca. Y esto 
baste para declaración del metro passado.» 

Despierta natural curiosidad el lance de que en las ante- 
riores líneas habla Villalabos, y aunque es difícil averiguar 
la batalla que presenció desde un cerro, nos inclinamos á 
creer que fuera alguno de los incidentes del memorable sitio 
de Fuenlerrabía, que en el año de 1524 pusieron las tropas 
de Castilla, al mando del Condestable Fernandez de Velasco, 
quien logró tomar la plaza, que defendieron con gran tena- 
cidad los franceses. Esta guerra fué por entonces muy seña- 
lada, y en ella hizo sus primeras armas el gran Duque de 
Alba, cuyos biógrafos aseguran que allí aprendió del Con- 
destable el difícil arte de la guerra, en que luego brilló tantp; 



— i88 — 

su bizarría hizo que, desobedeciendo á su abuelo, saliese á 
escondidas de su casa, con otros caballeros, para tomar parte 
en aquella campaña; el Condestable aplacó el enojo de don 
Fadrique, y es de suponer que éste enviase á Villalobos á 
cuidar de la salud de su nieto y heredero. Para creerlo así nos 
fundamos en que consta que Villalobos no acompañó á Car- 
los V en el viaje que hizo á Alemania para tomar posesión 
de la dignidad imperial, permaneciendo en Castilla durante 
su ausencia, en la cual tuvo lugar el principio de la guerra 
de Fuenterrabía; y como en el pasaje de que nos ocupamos 
se dice que la batalla que vio desde el cerro era entre caste- 
llanos y franceses^ claro es que Villalobos no pudo presenciar 
combates entre éstos sin salir de España, como no fuese en 
la ocasión que vá indicada, y que debió ser una de las varias 
salidas que durante el cerco hicieron los franceses sitiados en 
Fuenterrabía. 

Nada hay que decir de la mujer enamorada con que pa- 
rece que se concertó Villalobos para fingirse confesor, pues es 
sabido que en aquella época, más que en el dia, solian seguir 
á los ejércitos muchas desgraciadas, que se conocian en aquel 
tiempo con el nombre de mujeres enamoradas, no tanto por- 
que lo estuviesen de los soldados que componian las huestes 
cuanto porque hacian granjeria y oficio del amor, aunque 
se profane este nombre aplicándolo á las que en las mance- 
bías y en los ejércitos satisfacian los apetitos carnales; pero 
es lo cierto que en Castilla la palabra meretriz solia tradu- 
cirse usando el eufemismo de mujer enamorada. 

En cuanto á los dos caballeros que vio pasar huyendo 
Villalobos desde el cerro, hasta que les dio voces diciéndoles 
que los franceses iban desbaratados, ni aun después del 
tiempo trascurrido quiso el físico publicar su ignominia, 
cuando ya no debía, sin duda alguna, temer sus amenazas 
de muerte. 

El otro lance, que consistió en que unos perdonavidas 
detuvieron á Villalobos de noche en una calle y le hicieron 
decir su nombre y el de sus padres, es un rasgo de costum- 
bres que han llegado hasta nosotros, pues aún se usan bro- 
mas y provocaciones de esa especie en algunos pueblos, y 



— 189 — 

00 se necesita ser muy viejo para haberlas visto, usadas en 
algunas ciudades de estos reinos. 

El metro siguiente, que lleva el número XI, habla de 
los caballeros, y empieza Villalobos en su glosa por estu- 
diar las causas de la decadencia de su poder, atribuyéndola, 
con gran acierto, fundándose en el ejemplo de la antigua 
Roma, á la importancia que habia adquirido la dignidad 
Real, sobre lo cual dice textualmente: «Por esta razón, los 
Grandes de nuestros tiempos se hallan algo escuros con la 
venida de nuestro felicísimo Augusto, no porque tiraniza la 
claridad de la fama como los otros, ni porque toma para sí 
los cultos divinos, sino porque sus esclarecidas hazañas 
sobrepujan tanto á las facultades humanas, que todo lo de 
los otros hombres paresce poco cotejado con ellas. Assí que 
no me maravillo dellos, aunque no sean tan valerosos ni tan 
generosos como sus predecesores, de gloriosa memoria, que 
tampoco lo fueran éstos, si agora vivieran.» Villalobos parece 
recordar con cierta pena aquellos tiempos en que los mag- 
nates de Castilla oscurecian con su poder y con su fausto á 
los monarcas, porque sin duda no presenció los atentados que 
cometieron en los tristes reinados de D. Juan II y D. Enri- 
que IV, poniendo el reino en espantosa anarquía; los Reyes 
Católicos empezaron á refrenarlos, y Carlos V, convirtiéndo- 
los en una aristocracia palatina, acabó con su importancia, 
echando los cimientos del poder absoluto de la Monarquía, 
porque la mayor parte de los Grandes no unieron, como en 
Inglaterra en el reinado de Juan Sintierra, su causa á la de 
las ciudades y villas, pudiendo haberlo hecho cuando las 
Comunidades, y sin duda, si hubieran dirigido aquel mo- 
vimiento, hubiesen afianzado para siempre las libertades 
políticas del reino, pero las ideas de lealtad yac fidelidad al 
Rey prevalecieron en aquella ocasión, que no volvió á ofre- 
cerse semejamente en larguísimos años. 

Tratan los metros siguientes, que llevan los números XII 
y XIII, de los casamientos, y en ellos se tocan, con gran 
acierto, los inconvenientes que se siguen de hacerlos obede- 
ciendo al apetito carnal ó á la avaricia, siendo de notar que 
el concepto caballeresco del amor habia producido ya ese 



culto á la mujer, que casi fué una idolatría, como resulta de 
estas palabras de Villalobos: tLa razón es ésta: que ellas 
quedan muy regaladas y presuntuosas de los servicios pasa- 
dos, que no se contentaban ellos con decirles que eran sus 
señoras y que las habian de servir como esclavos y morir por 
ellas; mas dicenles que son sus diosas y que para ellos 
no hay otro dios ni en el cielo ni en la tierra, y que si se 
mueren, no quieren yrse donde dios estuviere, sino donde 
ellas están. Y como ellas salen acostubradas desta adoración 
tan loca y tan vana, piensan todavía que son diosas y sufren 
con mucha molestia la subjeccion que es anexa al matri- 
monio.» 

Lo que dice Villalobos de los que se casan por dinero 
prueba que ni es de hoy la raza de perseguidores de dotes, á 
quienes otros llaman coburgos, por los ventajosos casamien- 
tos que han solido hacer los pobres príncipes alemanes de 
esc nombre, pues sobre el particular dice el físico moralista: 
•Y es tanta la hambre que los hombres tienen de haber dine- 
ros, que á los que estuvieren per casar les parecerá bien lo 
que aquí digo, y tras esto, en ofreciéndoles hazienda, toma- 
rán por mujer al diablo en fígura de cabrón, y aun le darán 
la paz adonde las bruxas la dan: con su pan se lo coman, y 
buen prouecho les haga.» 

Trata Villalobos muy sobre peine, en los metros XIV, XV 
y XVI, de los vicios de los prelados y de los frailes, sin duda 
porque le imponia prudente reserva el recuerdo de haber 
sido castigado, ó, á lómenos, perseguido, por la Inquisición; 
pero si en las glosas es breve, en los metros es enérgico y 
claro, diciendo en el XIV : 

•;Y por qué en la gerarchía 
de la Iglesia, un buen prelado 
quiere mayor obispado, 
si le basta el que tenía? 

¿Por qué quieren precedencia, 
pues qués menor el mayor, 
y el que se hace menor 
será de más excelencia ? » 




— 191 — 



y en el XV: 



«¿Por qué tratan de ambiciones, 
por qué los pobres desdeñan, 
y á sus ouejas ordeñan 
y trasquilan sus bellones?» 

«¿Por qué no adornan altares, 
por qué tan mucho litigan, 
por qué tan poco castigan 
á los sus corregulares?» 

Y aunque con razón dice en la glosa que testa copla se 
puede aplicar á muy pocos prelados de nuestra España, por- 
que la Cesárea Majestad los escoge á ellos para las dignidades, 
y no á las dignidades para ellos, y los pasa primero por el 
cribo para que salga el grano limpio;» pudiendo afirmarse 
sin lisonja, como decia Villalobos: «Y de verdad, yo creo que 
desde San Ildefonso acá, nunca nuestra nación floreció tanto 
de buenos obispos como agora.» Las reprensiones que con- 
tienen las coplas se fundan, sin duda, en el recuerdo de los 
prelados ambiciosos é inquietos, más amigos de manejar la 
lanza del guerrero que el báculo del pastor, que no fueron 
raros á fines del siglo XV; y aunque algunos, como los 
Mendozas y Acevedos, prestaron grandes servicios á los 
Reyes Católicos y á la patria, es lo cierto que sus costumbres 
no eran las más á propósito para la edificación de sus dioce- 
sanos, ni las que deben brillar en los sucesores de los após- 
toles de Jesucristo. 

Vá dirigido el metro XVI contra los malos frailes, y 
dice la glosa que son muy pocos los religiosos á quien toca, 
«después que los Católicos Reyes, de felicísima recordación, 
hicieron reformar las Ordenes y recogerse á la santa obser- 
vancia;» pero reconoce Villalobos que habia algunos frailes 
idiotas, indoctos y soberbios que se preciaban de ser villanos y 
de traer bandos y parcialidades; conceptos que recuerdan los 
de la enérgica y valiente carta que escribió al General de los 
Franciscanos, de que antes hemos dado amplia noticia: tam- 
bién critica la codicia de algunos frailes, de los que dice: 



— 192 — 

a Y ellos, si tienen algo de lo ageno, no hay justicia ni razón 
arbitraria que baste para sacárselo de las manos. Y dicen 
luego que ellos no defienden causa propia, sino la hacienda 
de Nuestra Señora, como si Nuestra Señora fuese servida de 
hurtar ó de robar lo ageno.» 

Los abogados, que en tiempo de Villalobos se llamaban 
más generalmente letrados, dan materia al metro XVII, 
reprendiendo en él á los que defienden causas injustas, vicio 
que no se ha extinguido, por desgracia, pues es de nuestros 
dias una anécdota característica de los abogados trapaceros. 
Cuéntase que un deudor se presentó á un abogado andaluz 
y le dijo: Yo confieso que debo la cantidad que se me recla- 
ma, pero no quisiera pagarla; ^habrá medio de conseguir mi 
deseo?» A lo que contestó el abogado, señalando á la librería 
que adornaba su despacho: «Todos esos libros se han escrito 
para no pagar.» Al achacar á la vanidad el poco escrúpulo 
de los abogados, dá Villalobos estos curiosos datos del traje 
de los de su tiempo, a Por ser abogados, y tener causas, y traer 
mangas y jubón de raso carmesí, y chapeos con aun borla 
pingante sobre el collar; por estas y otras insignias, engólfanse 

en los pleitos injustos ;» de donde se infiere que no era el 

rojo, como hoy, el color característico de la facultad de juris- 
prudencia. 

Sirve de transición el metro XVIII para los siguientes, 
que tratan de los viejos, pues empieza hablando de la manía 
de pleitear que éstos suelen tener, y termina por los que andan 
enamoradas «faltando la herramienta.» 

Del metro XIX y de la extensa glosa en que se explica, 
que trata del viejo que se casa, hablamos al examinar la 
salpimentada carta de Villalobos, en que dá cuenta de su 
segundo matrimonio. Según lo minuciosamente que trata el 
asunto, no parece sino que procura persuadirse de los incon- 
venientes del matrimonio^ para rechazar la idea de contraerlo 
á sus años, y ya se sabe que en esta lucha venció en el físico 
el apetito á la razón, prueba evidente de la debilidad humana 
aun en los que presumen de rígidos censores y estrictos mo- 
ralistas. Ya se ha dicho que la glosa de este metro es de las 
más extensas, y á la par de las más saladas; sirva de ejemplo 




— 193 — 

el siguiente cuadro, que lo es también de las costumbres de 
su tiempo: habla de la imposibilidad en que el viejo casado 
está de tener su pensamiento en Dios, y dice: «Este precepto, 
oi él lo podrá cumplir, ni ella, especialmente quando viere 
al mancebo con una barba luenga y entornadas las puntas 
della para adelante, que de esto traen ellos gran cuidado de 
poner la barba que parezca que amenaza dar cornadas: y 
quando le viere todo harpado y la cal(;a tra(;ada, con los 
muslos descubiertos y con otras insignias de ferocidad que 
aquí no se declaran.» 

El metro XX vá contra la vieja que se pinta y afeita, 
y la glosa empieza con esta observación, que confirma la 
experiencia de todos los tiempos. «Las mujeres que quando 
eran mo<;as fueron hermosas y se preciauan dello,. nunca 
después pueden tragar la vejez, nunca pueden creer que son 
viejas. Por tanto, para encubrir los defectos de la cara, que 
han hecho los muchos dias, que se van como un soplo, y los 
muchos tratos que ellas han dado siempre al cuero del rostro, 
que aunque fuera un cuero de un cabrón le tuvieran ya esti- 
rado y ensangrentado, para cubrir, como digo, sus defectos, 
acuerdan de aluziarse y pintarse, como si aquello pudiese 
revocar la juventud y como si por allí se engañase la vista 
de los hombres.» 

De los mimos y dengues que hacen las viejas de que trata 
el metro anterior, para parecer niñas, habla el siguiente, y en 
su glosa dice Villalobos que se podría fundar y demostrar el 
dogma de la inmortalidad del alma «en la verdura que tiene 
el ánimo de un viejo, que si no fuesse por la vergüenza y 
por la grita que todos le darían, más liviandades haria un 
viejo vicioso, que todos los mancebos, y si las ánimas fueran 
perecederas como los cuerpos, enuejescerian ellas también 
como ellos, y cessarian todos los apetitos juntamente con el 
húmido radical y con el calor natural y con todas las poten- 
cias naturales.» 

Concluye la materia de la vejez en el metro XXII 
en términos que revelan lo mal que llevaba la suya Villa- 
lobos, no muy conforme con las consideraciones de Cicerón 
en su tratado de senectutCy ni con lo que la religión enseña, 

// 



— 194 — 

pues dice: «Como no vive el viejo en otra cosa, sino en 
sentir las penas y cansancios del cuerpo y del ánima, y las 
tristezas, y vuelcos, y congoxas y muertes de hijos y de otros 
que duelen más que hijos, y ninguna cosa gozan de lo que 
la gente llama vivir. Considerando todo esto y otros incon- 
venientes que aquí no se di^en, no sé por qué razón no 
ruegan todos á Dios que los defienda y los guarde de la 
vejez.» 

Villalobos combate en el metro XXIII la costumbre de los 
lutos, que cree contraria á la razón y á la fé católica; á los 
muertos claro es que no les aprovechan, y de los vivos dice 
que « ni es consolación auer gran pesar, ni es descanso ni 
salud andar cargados de luto hediendo á tinta, y andando 
teñidos y sucios con ella.i Estas razones no han prevalecido 
hasta ahora, y aun después de lo dicho por Villalobos^ los 
lutos eran rigurosísimos y tan molestos como él indica, pues 
usábanse hasta fines del siglo xvi, en señal de él, los capi- 
rotes y sayos de bayeta, que eran una pesada y hedionda 
carga. 

En los metros siguientes trátase dé los físicos, y en la 
glosa del primero de ellos, que es el XXIV, parece inspirado 
en el dicho latino medice cira ie ipsuniy pues tratando del 
físico doliente dice Villalobos: «Yo vi en Montpeller un físico 
que llamauan maestre Falcon, y era tan sordo que no podia 
oir campanas ni trompetas, y todos los que ensordecían por 
aquellas tierras, se venían á curar con él, porque dezian que 
conoscia bien la enfermedad y esto parescia á ellos que bas- 
taua, aunque boluiessen á sus casas mucho más sordos que 
quando salieron dcUas.» El dato biográfico de Villalobos que 
se contiene en esta anédocta, es interesante, pues habla del 
único viaje de que se tiene noticia que hiciese Villalobos 
fuera de los reinos que en su tiempo formaban la monarquía 
española; no puede ni aun aproximadamente determinarse 
la época en que lo hizo, pues no es fácil averiguar cuándo 
floreció en Montpeller el físico sordo, maestre Falcon, cuyo 
apellido, que tal vez sería Falcó, parece catalán; pero no sería 
temerario suponer que Villalobos hiciera su excursión á 
Montpeller en alguna de las diversas veces que estuvo en 




— igS r- 

Cataluña formando parte de la Corte del Emperador ó de los 
Reyes CatólicoSi- 

Las malas artes de los físicos vanagloriosos dan materia 
á los metros XXV y XXVI; este vicio y las rivalidades y divi- 
siones que entre la clase médica produce, son de todos los 
tiempos, y todavía hoy podria decirse con Villalobos: «¿No 
sería mejor que hiciesen tal unión con los otros médicos que 
la Medicina fuese un cuerpo y no muchos pedamos, y que se 
biziese fuerte, pues hay tantos fuera della que la combaten?» 
Por lo demás, los cuadros que pinta de las disputas y de las 
trapacerías de los médicos, recuerdan los que trazó Mo- 
lliére en su Malade imaginaise y en la farsa de Mr. de Pour- 
ceaugnac. 

Los metros siguientes, desde el XXVII hasta el XXXI inclu- 
sive, tratan de diferentes formas de la vanidad, y especial- 
mente de la que se disfraza con el nombre de honra, que en 
lenguaje vulgar llamamos puntillo^ y que cada cual pone 
en cosa distinta, de donde resultan con frecuencia absurdos 
y ridiculeces como los que aparecen en la anécdota que refiere 
Villalobos en la glosa del metro XXXI. «Y por cierto yo soy 
testigo (dice) de un azemilero mancebo que tenía, que conos- 
ciéndole por muy vano, le quise tentar y roguéle que se casase 
con una hija mia, y respondióme que lo hiziera de buena 
voluntad por hazerme plazer; mas ¿con qué cara volveria á 
su tierra sabiendo allá sus parientes que era casado con mi 
hija? Digo: oTú lo haces como hombre que tiene sangre en el 
ojo, mas yo te certifico que no entiendo esta tu honra ni la 
mia.» Destos móntruos engendra el Diablo infinitos.» Para 
comprender bien el sentido de esta anécdota es menester 
recordar que Villalobos era de origen judío y que á pesar de 
su situación en la Corte, su azemilero, que sin duda era de 
alguna familia noble de las. montañas de Asturias ó de León, 
ó á lo menos cristiano viejo, temía que los suyos le deshon- 
rasen si se casaba con la hija de un confeso perseguido por 
la Inquisición y tal vez por ella castigado. 

Repréndese en el metro XXXII el vicio de la gula, que se 
habia extendido mucho en Castilla por aquel tiempo, pues 
empieza con estas palabras: 



— 196 — 

t¿Por qué la gente se ha dado 
al muy sobrado comer?» 

De donde puede inferirse que los tudescos que vinieron 
con el Emperador, introdujeron costumbres contrarias á la 
renombrada sobriedad de los castellanos; de Carlos V se sabe 
que era muy amigo de los manjares especiados y picantes. 
Villalobos dice con razón que no hay mejor salsa que el 
hambre, por lo cual hablando de las tres cosas en que con- 
siste el deleite de la comida, afírma que la de su proceso y 
medio tes que las viandas sean escogidas y de muy agradables 
sabores. Desta gozarían mejor los Reyes y señores si no les 
faltase la primera, que es la hambre, con quien hauian de 
comentar; mas por cuanto comen sobre hartura é indigestio- 
nes, yo me atengo á los morteros de ajos con azeite y á los 
repollos que salen de la olla echando vapores de suavidad, y 
al pan del labrador con que hinche toda la boca sin dexar en 
ella cosa vacía.» Este cuadro recuerda el admirable de las 
bodas de Camacho, que con tan diestro pincel trazó Cervan- 
tes en su Quijote. 

La avaricia es la materia del metro XXXIII, y en su glosa, 
para demostrar hasta qué extremos lleva ese abominable 
vicio, dice Villalobos: tContaré aquí un incomparable exem- 
plo de avaricia que acaeció en León estando yo allí: Vendió 
un hombre común cient hanegas de trigo á dos reales cada 
una en el mes de Mar^o, y después encarecióse tanto el pan, 
que vino á valer por Mayo á ducado la hanega; él rescibió 
desto tanto dolor, que acordó de ahorcarse de una viga, y 
para esto fué á comprar una soga. Llevándola á su casa pare- 
cióle áspera á la garganta, y volvió á trocarla por un cordel 
más liso y más suave, y daua un maravedí sobre la soga á 
trueque del cordel; el cabestrero no queria menos de tres 
maravedís y anduuo quatro meses arreo altercando sobre si 
daria un maravedí ó tres maravedís, hasta que el cabestrero 
se importunó un dia y le dixo: «¿Para qué diablos dais tantas 
vueltas sobre dos maravedís? Si os aueys de ahorcar con este 
cordel, ¿qué más monta un maravedí que tres? ¿Si que no 
aueis de llevar con vos dos maravedís?» Dixo el hombre: «No 



— 197 — 

lo digáis burlando, que para eso lo quiero, porque esta soga es 
muy áspera para la garganta; dadme vos el cordel y si no me 
ahorco con él, yo os daré un real.» Dixo el cabestrero: aCon 
esa condición yo os lo doy;» y así se llevó el cordel y se des- 
partieron muertos de risa el uno del otro. Dende á dos horas 
vino la nueva al cabestrero y por toda la ciudad, como el 
hombre era ahorcado.» No hay motivo para dudar de la 
veracidad de Villalobos, pero es lo cierto que ni á Plauto ni 
á Molliére se les ocurrió cosa semejante al proceder del avaro 
leonés para poner de relieve este vicio. 

El ansia de crecer en su estado y honra, es materia del 
metro XXXIV, y en la glosa se recomienda y ensalza en estos 
términos la medianía: • Quienquiera que tuviere mediano 
estado no desee tenerlo mayor, sino sepa que no se desea 
descanso, sino trabajo, ni desea plazer, sino enojo.» Rioja 
expresa el mismo concepto en aquellos conocidos versos de 
su epístola: 

•Una mediana vida yo posea, 
un estilo común y moderado 
que no lo note nadie que lo vea.» 

En esta glosa hay una indicación curiosa de lo que pasaba 
en Castilla en las familias poderosas, pues haciéndose cargo 
de los que disculpan su ambición con el deseo de favorecer 
á sus hijos, hace esta consideración: «Y si alguno dixere que 
no lo desea sino para remediar á todos sus hijos, está enga- 
ñado, que sólo el hijo mayor podrá remediar, los otros así 
como así han de pasar necesidad, aunque sean hijos de 
un rey.» 

Del metro XXXV dice Villalobos: «Esta copla vá contra 
los sophislas, que es un género de hombres que ni ellos quie- 
ren saber cosa ninguna ni quieren consentir que otro lo sepa.» 
Y por cierto que es digno de notarse lo que luego añade sobre 
los estériles ejercicios de la dialéctica meramente formal, que 
es como sigue: «Desde el tiempo de Platón y mucho antes 
andan estos egipcianos por el mundo y se quexauan dellos 
todos los filósofos de substancial y sana doctrina; agora, de 



— 198 — 

pocos años acá, vá cesando la furia destos nominales^ y se 
dan todos á la realidad de la verdad, y aunque los varones 
doctos entienden y saben estos sophismas y se aprouechan 
dellos para que no les echen zancadilla, pero no los usan 
porque los estudiantes no gasten su vida en estas sotilezas 
que son muy primas, como telas de araña, y no se puede 
hacer dellas toca, ni camisa, ni otra cosa de provecho.» De 
esto se inñere que, contra la opinión generalmente recibida 
en España, se sintió en ella el influjo, desde antes de mediar 
el siglo XVI, de la nueva tendencia de) espíritu científico, y 
que ya se reconocia la vanidad de las disputas interminables 
á que se dedicaban los degenerados discípulos de la filosofía 
escolástica. 

Tratan los metros XXXVI y XXXVII: el primero, de los 
médicos, y el segundo, de los abogados que se suponen posee- 
dores de toda la ciencia y creen que no hay quien se les 
aventaje en la que profesan; el metro XXXVIII se refiere al 
corregidor de condición dura y cruel, del que dice: 

tY era tanta su alegría, 
quando las horcas poblana, 
que á sus deudos convidaua 
á las fiestas de aquel dia.» 

La glosa que á esta copla pone Villalobos, tiene un valor 
histórico digno de ser notado. «En tiempo de los Reyes 
Cathólicos, de gloriosa memoria, dice, hauia tanta severidad 
en los jueces, que ya parescia crueldad, y era entonces nece- 
sario, porque aún no estañan apaciguados del todo estos 
reynos ni acabados de domar en ellos los soberuios y tinmos 
que hauia, y por eso se hacian muchas carnecerías de hom- 
bres y se corlauan pies y manos, y espaldas y cabezas, sin 
perdonar ni disimular el rigor de la justicia. Y quando los 
juezes hazian estas cosas, teniendo principal intento á la paci- 
ficación y bien universal de la república, pesándoles del daño 
particular de sus próximos, tolerable era; mas si holgauan 
de hallar ocasiones para hazer esas terríficas y espantables 
anatomías, porque lo supiese la Reina, y porque los tuuiesse 



— 199 — 

• 

por grandes hombres de aquel officio, y por hacer entender 
que ellos dauan authoridad al Consejo Real, y finalmente lo 
encaminauan todo á su interese propio; en tal caso como 
este, ellos no podian ser buenos juezes y corrían gran peli- 
gro de su daño y perdición. Y assí acaesció que algunos des- 
tos murieron malas muertes, differenciadas de las otras, en 
que páresela que nuestro Señor daua á entender acá el enojo 
que dellos tenia. Agora, gracias á Dios, no hay nada desto, 
porque tenemos un César, en cuyo tiempo ha florescido la 
paz en estos reynos de España y fructificado de. tal manera, 
que se ha extendido por todo el orbe christiano. Y junto con 
esto, es piadoso y oluida las injurias y perdona muchos delic- 
tos capitales, porque no piensa que de allí se puede seguir 
atrevimiento contra la Real Majestad. Esto le viene á él de 
muy animoso corazón y de muy inuencible y generoso ánimo. 
Y juntamente con esto, tiene un Consejo que demanda estre- 
cha cuenta á los juezes, y castígalos muy bien si hacen 
desórdenes, y los alcaldes no discrepan cosa alguna de la vir- 
tud heroyca de sus superiores. Y assí anda toda la armonía 
déla justicia tan bien concertada, que desde el más alto 
tiple al más bajo contra, no ay destemple ninguno.» 

La severidad de la Reina Católica fué, en efecto, tal como 
de las palabras de Villalobos resulta, y sus consecuencias salu- 
dables para la patria, tales como indica; en apoyo de todo 
esto, puede citarse lo que ocurrió en Sevilla, donde entró 
D.* Isabel en 25 de Julio de 1477: durante largos años, la 
ciudad habia sido víctima de la verdadera guerra civil que 
sostenían el Duque de Medina -Sidonia y el Marqués de 
Cádiz; los asesinatos, violencias y robos eran continuos y 
espantosos, y para castigar aquellos desmanes, la Reina, que 
llegó sin acompañamiento de soldados y sin más recursos 
que el esplendor de su autoridad, constituyó tribunal que 
ella misma presidia en su palacio, y decretó grandes castigos, 
imponiendo la pena de muerte, sin contemplaciones, á los 
facinerosos que habían asolado la ciudad y su tierra, causando 
hondo temor en todos tanta severidad, hasta que el Obispo 
de Cádiz, Gobernador de la diócesis, en audiencia solemne 
que pidió á la Reina, impetró, acompañado de ambos Cabíl- 



— 200 — 

dos y de eclesiásticos y varones virtuosos, la Real clemencia. 
D.' Isabel escuchó la súplica «entre benigna y severa, y por 
entonces no condescendió con las palabras, difiriendo la res- 
puesta (i); pero al cabo otorgó perdón general, y desde 
aquella época reinó una larga paz, que contribuyó mucho á 
la extraordinaria prosperidad que en lo sucesivo gozaron la 
ciudad y tierra de Sevilla.» 

El metro XXXIX compara la solercia de los animales en 
saberse curar de sus males, con la ignorancia del hombre, y, 
por tanto, es un paralelo entre el instinto y la razón, que dá 
origen á muy elocuentes consideraciones, inspiradas en el 
ascetismo casi pesimista que reina en la mayor parte de los 
escritos de Villalobos, quien termina la extensa glosa de este 
metro en los siguientes términos: «Y aun después que los 
hombres son ya mancebos, y aun viejos, ignoran lo que con- 
viene para curarse de sus flaquezas y enfermedades en ausen- 
cia del médico, y éste asimismo á las veces es tal, que sería 
mejor estar sin él. Y para esto yo tenia pensado de poner 
aqui muchos remedios con que, en ausencia del médico, se 
pudiesen los hombres curar de qualquiera enfermedad que 
tuuiessen, aunque no la conosciessen. Mas por no acabar 
esta colación con tan ruines bocados, como son los de la 
Medicina, quedará reservada la ordenación de esto para un 
tratado singular que dellos haré, plaziendo á Dios, que será 
no menos provechoso para la república que dañoso para los 
indoctos médicos, porque tengan cuidado de aqui adelante 
de estudiar en el arte que tanto importa para el bien común.» 
No se sabe si Villalobos llevaria adelante este pensamiento, 
que, como hemos visto, es el mismo que inspiró su Sumario 
de medicina en romance trovado; pero sea de esto lo que 
fuese, se vé claro que era en el ilustre físico idea fija la de 
popularizar la Medicina, quitándole el carácter arcano y mis- 
terioso que todavía tratan de conservarle algunos charla- 
tanes. 

Aunque de las palabras que dejamos copiadas parece que 
el metro XXXIX debiera, sin ser el último del segundo tra- 



(I) Zúñiga, Anales de Sevilla^ pág. 3Si . 



— 201 — 

udo de los Problemas^ después de él siguen dos con este 
epígrafe: Estas dos coplas siguientes son dirigidas al Prin' 
cipe nuestro señor. La materia de ellas es la lisonjay men- 
tira, que suelen vivir en los palacios, y que tan íntimo enlace 
tienen. El Príncipe á quien se dirige Villalobos, como 
resulta de las glosas que pone á los metros, es el primogé- 
nito del Emperador, que reinó luego con el nombre de Fe- 
lipe II; muy mozo era cuando escribia esta obra Villalobos, 
y tal vez lo que aquí dice haya servido de fundamento á los 
que afirman que fué su médico; pero todo indica, según 
hemos procurado demostrar, que, siéndolo del Emperador, 
se retiró de la Corte y murió ausente de ella antes que don 
Felipe ocupara el trono. Los consejos morales, que, para que 
huyese de aquellos vicios, le dá Villalobos, van unidos al 
elogio del' Emperador, de quien afirma que fué siempre 
enemigo de la lisonja y de la mentira; de este vicio dice, 
poniendo fin al segundo tratado: «De todas estas burlas van 
fuera los Reyes de España de muchos años acá, y más que 
todos la Majestad del César, vuestro padre, que desde niño 
le plantaron esta disciplina en el pecho, y siempre ha perse- 
uerado en ella hasta guardar verdades en daño y perjuicio 
suyo á los más mentirosos hombres que hay en el mundo, que 
son los Reyes moros. Por este exemplo se gobierne V. A., y 
de esta ropa se vista, y verá quán bien paresce con ella á Dios 
y al mundo.» Entre los Reyes de España de que habla Villa- 
lobos, no se ha de contar á D. Fernando V, bisabuelo de 
D. Felipe, del cual dice Guiciordeni: «En una palabra, es un 
Rey muy notable y con muchas y grandes prendas, y sólo se 
le acusa, sea ó no cierto, de no ser liberal ni buen guardador 
de su palabra» (i). Además, según una anécdota muy cono- 
cida, D. Fernando se jactaba de haber engañado varias veces 
al Rey de Francia. 



(i) Colección de libros de antaño, tomo VIII; Viajes por España^ 
página 214. 



— 202 — 



V. 



CANCIÓN DE VILLALOBOS, CON SU GLOSA 



De los diferentes escritos que forman el volumen gene- 
ralmente conocido bajo el nombre de Problemas, cl último 
que salió déla pluma de Villalobos es la glosa de la Canción^ 
de que vamos á ocuparnos; pues según en su biografía hemos 
hecho notar, dice en ella: «Como yo anduve en la Corte hasta 
los setenta años;» ahora bien, hemos demostrado con un con- 
junto de datos, que constituyen prueba plena y acabada, que 
Villalobos nació en el año de 1473; por lo tanto, cumplió 
los setenta de su edad en i543, fecha en que publicó la colec- 
ción de sus escritos, impresa en Zamora. Tal vez la canción 
fué anterior algunos años á la glosa, que por el calor que en 
ella se nota, parece haber brotado espontánea de la pluma 
del ilustre físico, como una elocuente improvisación inspirada 
por los sentimientos que se revelan en las palabras con que la 
principia, y que, según hemos dicho, han inducido á error á 
la mayor parte de sus biógrafos, quienes dan por seguro que 
Villalobos cayó en desgracia del Emperador por la muerte 
de su esposa D.^ Isabel, y que de resultas de esto se retiró 
despechado de la Corte, cuando en realidad vivió en ella algu- 
nos años después de aquel suceso, aunque le inspirara tristes 
pensamientos y fuera motivo para que se renovase en su 
ánimo el que siempre tuvo de vivir apartado de las agitacio- 
nes de la vida palaciega, consagrado á sus estudios y á sus 
meditaciones religiosas. De todas maneras es digno de aten- 



— loS — 

don que la muerte de la Emperatriz produiera electos seme- 
jantes en d Duque de Gandk j en sa &ico t amijro Villalo- 
bos: coincideiicia que se explica por las extraordinarias cali- 
dades de aqoella ilastre Princesa, en quien briUart^n la más 
admiraUe hermosura y tui extraordinaria fbrlaleza de espi- 
rim, que, según se cuenti, ni siquiera los agudos dolores 
del parto le arrancaron un lamento, cuando dio á luz á su 
prínx^énito D. Felipe. La muerte de tan poderosa soberana 
7 de tan extraordinaria mujer en k plenitud de la vida, y en 
medio de las felicidades mundanas, era muy á proposito para 
recordar, como recordó Villalobos, las palabras sobre la vani- 
dad de las cosas terrestres con que terminó Salomón su libro 
inmortal, y para que formulase sus pensamientos en la can- 
ción á que dio su nombre, donde se elevó, quizá por única 
vez, á la verdadera poesía, aunque no tanto como Jorge Man« 
fique en la que ha hecho célebre su nombre, habiendo entre 
ambas un fondo común formado por las ideas religiosas, que 
fueron el alma de la civilización española. El poeta caballero 
había dicho con inefable melancolía: 

c Recuerde el alma adormida, 
avive el seso y despierte 
contemplando 
como se pasa la vida, 
como se viene la muerte 
tan callando.» 

No muchos años después, el insigne físico, con análogo 
sentimiento, escribe: 

«Venga ya la dulce muerte 
con quien libertad se alcan(;a, 
quédese á Dios la esperan<;a 
del bien que se dá por suerte. 

Quédese á Dios la fortuna 
con sus hijos y privados, 
quédense con sus cuidados 
y con su vida importuna. 



— 204 — 

Y pues al fin se convierte 
en vanidad la pujan(;a, 
quédese á Dios la esperanza 
del bien que viene por suerte.» 

La explicación que nos dá Villalobos de las fuentes de su 
inspiración, es tan interesante como puede verse en los pri- 
meros párrafos de la glosa de la causación, que por contener 
preciosos datos biográficos, copiamos en la primera parte de 
este escrito. 

No creemos que nos ciegue el amor que produce el estu- 
dio de las obras de un autor, al afirmar que el comentario 
que puso Villalobos á su canción es uno de los más acabados 
modelos de elocuencia que hay en nuestra lengua; y esto 
parece más notable cuando se considera que es anterior á las 
obras de Fr. Luis de Granada, á las del maestro Fr. Luis 
de León, á las de Mariana, á las de Cervantes y á las de los 
demás escritores que, según la opinión general, llevaron 
nuestra lengua al grado supremo de su perfección y belleza; 
sólo pueden compararse con los grandilocuentes períodos del 
sabio médico los que por el mismo tiempo escribieron Juan 
y Alfonso de Valdés, siendo muy de notar ciertas analogías 
que, no sólo en cuanto á la forma^ sino también en cuanto 
al fondo, existen entre las ideas místicas de Villalobos y las de 
Juan de Valdés (i). Ya se ha dicho que, á diferencia del que 
suele usar Villalobos en los otros escritos castellanos, el estilo 
de estas glosas no sólo no es alegre ni picaresco, sino que brilla 
por su majestad severa y por su profunda melancolía, reve- 
lando una faz de su carácter que, según ya hemos hecho notar, 
aparece como el fuego oculto entre cenizas desde las prime- 
ras cartas que de él se conservan escritas en su mocedad, y 
cuando ya era famoso por su ingenio picante, hasta el punto 
de que, como hemos visto, se le tuviera entre sus contem- 



(i) Véanse los tratados publicados por Bcehiner, Bonn, 1880, pues 
es sabido que no se ha hallado el original de las ciento die:{ consideracio- 
nes íntegras y tales como se publicaron en italiano. 



— 205 — 

poráneos por el hombre más chocarrero y de burlas que 
habia en Castilla. La glosa de la canción es como sigue: 

«Venga ya la dulce muerte, 
con quien libertad se alcanza.» 

«Dos géneros hay de muerte. La una es dulce, la otra es 
amarga. La primera y la más principal de estas dos muertes 
es aquella por cuyo medio se van todos los vivientes de la 
subjection y servidumbre á la muy verdadera libertad: esta 
es la muerte que es buena para los justos. ^ 

vQuantas servidumbres y yugos tenga el hombre en este 
mundo, cada uno, si quisiere pensar en ello, lo verá en sí 
mismo. Porque desde que nacemos somos cautivos y subjetos 
á las necesidades del mundo adonde venimos; conviene saber: 
á la hambre, á la sed, á los grandes frios y á las grandes calo- 
res, á las enfermedades y dolores, y á las veces á los tiranos 
y naturales, y á las veces á los tiranos y malos jueces, á las 
pasiones de la carne y á sus concupiscencias. Y, finalmente, 
<á quién no servimos? Servimos á la tierra, que fué hecha para 
nuestro servicio; servimos lo labrado en ella para que nos dé 
de comer; servimos á los animales que nos fueron dados por 
esclavos. Porque, ¿quién no cura de su caballo? ¿quién no le 
dá la comida? ¿quién no le frega y le rasca y le alimpia? Y á 
las veces se haze esto en tanto extremo, que si no fuese por 
la crisma, querria más ser el caballo que su dueño. ítem, ser- 
vimos á los bueyes y á los otros ganados, y también somos 
subjectos á los peligros y destemplancjas y corrupciones de la 
tierra, y del agua, y del ayre, y á los terremotos, y á las tem- 
pestades del mar. y á los truenos y rayos y relámpagos del 
fuego. Y somos subjetos á las guerras y tumultuaciones y 
dissensiones del linaje humano. Y, en fin, ¿á quién no somos 
nosotros subjectos? pues que hasta las moscas y las chinches 
nos ofenden y no podemos defendernos de ellas, ni de las 
pulgas, ni de las langostas, ni de los otros cocos y gusanos 
de los huertos,/ y otros muchos y muy diversos géneros de 
animales semejantes á ellos. Y, sobre todo, somos esclavos del 
pecado, porque quien hace el pecado es el esclavo del pe- 



":f 



— 2o6 — 

cado y esclavo de todos los diablos que le tientan y le persi- 
guen. De todas estas subjectiones y servidumbres, y de otras 
muchas que por evitar prolijidad y hastío no se ponen aquí, 
de todas ellas nos libra la dulce muerte susodicha; que en ver- 
dad, los que huyen de ella y los que no andan tras ella son 
ingratos de sus beneficios, y no la conocen ni saben bien pon- 
derar ni estimar el valor que tiene; pues que con ser muerte, 
nos quita la mortalidad y nos hace vivir de asiento con un 
señor que servirle no es servidumbre, sino reynar para siempre 
y no de cualquiera reyno, sino del mismo reyno suyo, y gozar 
perpetuamente del mismo señor y de todo cuanto él tiene 
como verdadero Rey nuestro. Así que esta es la muerte que 
se debe pedir á Dios, y comprársela con obras de amor, por- 
que esta es la moneda que él más quiere, que sin ella, cierto 
es que todas ]as otras monedas son falsas y no valen nada. 
Que si le amamos de corazón limpio á él y á todas sus cosas, 
desamando y despreciando lo que no es él, ni por él, no hay 
hacienda ni bienes en todo el universo mundo que sean tan 
grandes, y por estimados que sean puedan comparar con 
aquéllos y darlos á trueque de la buena muerte. Y mirad qué 
compra tan sin engaño es ésta, que el mismo vendedor os 
dará tanta ayuda de costa para comprarla joya, que quasino 
poneys nada de vuestra casa, porque si os vé comenzar con 
algún buen respeto á contratar con él, de su casa pone todo 
lo demás, por confirmarse con vos en buena y verdadera 
confederación y amistad. Y en este punto se engañan infini- 
tas ciudades y reynos y naciones, y gran multitud de prínci- 
pes y señores de la tierra que no tienen por delito ni ofensa 
de Dios quererse mal unos á otros. Y es tanto como no que- 
rer bien & Dios, que manda que nos amemos unos á otros, 
como él nos ama á nosotros. Agora no se hace así, pues que 
por el interese, ó por un humo de honrra y de cuidados ven- 
gativD». iiuicrc mal el hermano al hermano, y procura la 
nuici te el hijo ni padre y aun el padre al hijo. Cierto, no es 
buena moneda esta para comprar con ella la buena muerte 
y la libertad susodicha.» 

« Ay otro género de muerte y esta es muy amarga quando 
llega, y dcxa mucho mayor amargura después de venida. 




porque es de lodo en todo cooti aiu á la que está dicha. Esta 
es la muerte de los roalareiitmdos que miierai en serricio 
del díaMo. Este es un tirano que no les dá descanso de los tnn 
bajos que pasaron por €L en estarida, ni les dá libertad de las 
servidumbres y subjectiones que turieron en ella, ante los 
lleva de unos trabajos livianos á otros tan grandes y de tan 
crueles tormentos, que no basta la lengua humana, ni la es- 
críptura de todos los tfieólogos que hablaron en esto, para 
poderlos explicar. Porque las crueldades del Turco, y los 
tormentos que inventó Falaris, y los de Silla, y Mario, y 
Ñero, y otros tyranos, si los uvo peores que éstos, no eran 
tormentos, sino halagos y baños de agua rosada, en compa- 
ración de las crueldades que haze el diablo á sus servidores 
en remuneración y paga de lo mucho que trabajaron en su 
servicio. Que verdaderamente la vida de los viciosos, con 
toda su prosperidad, es muy trabajosa en este mundo. ¿Qué 
trabajos se pueden comparar á los del avaro? ¿Qué trabajos y 
peligros pasan los enamorados y carnales por un momento 
de pla<;er con muy largo arrepentimiento? ¿Qué trabajos son 
los del invidioso y ios del celoso? ¿Qué trabajos son los de la 
honrra y ambición, que un punto de sosiego no dexan á su 
dueño? Sino véase por los que andan en vandos sobre esta 
negra honrra, que por sostenerla, la derriban mil ve<;es con 
mil trayciones y fealdades hechas en servicio de la honrra. 
De manera que los postes con que la piensan sostener son 
tiros de artillería que dan con ella en tierra, son unas minas 
con que la hunden debaxo de tierra, en daño suyo y de todos 
sus descendientes. Y todos estos trabajos y otros infinitos 
con que aíiijen y quebrantan sus cuerpos los malos hombres, 
no son nada en comparación de las bascas y congojas morta- 
les que sienten dentro de sus pensamieutos. Porque como el 
ánima humana (por mala que sea) es de un metal celestial y 
divino, á las veces adevina el gran mal, ó bien que le está 
aparejado. Y por esto los malos padecen acá grandes congo- 
jas de espíritu y grandes fuegos en sus pensamientos sin saber 
la causa, y es que su ánima prophetiza su perdición. Y que 
sean mayores los trabajos del pensamiento que los del cuerpo, 
manifiestamente se paresce en esto. Que ninguno por cavar 



— 208 — . 

y remar, ni por otros afanes, por grandes que sean, se deses- 
peran; y muchos hombres y mujeres, por una congoja 6 
triste pensamiento, se dan crueles muertes, unos despeñán- 
dose, otros dándose de estocadas, otros ahorcándose, otros en 
agua y otros en fuego. Porque es tan grande la pasión del 
ánima, que cualquiera muerte tienen en muy poco por acabar 
la tormenta que padescen. Los malos padescen muchos de 
estos trabajos, según que cada uno verá en sí mismo. ¡Quánto 
reposo y quánto descanso trae dentro de su espíritu quando 
haze lo que deue! ¡Y qué tempestades y bueltas de fortuna 
siente quando haze lo que no deve! Este de todas las cosas 
há miedo, sino á Dios; y el otro á ninguna cosa teme, sino 
á Dios. Y por cuanto el temor de Dios es sosiego y seguridad 
de todos los otros temores, por esta razón se paresce el con- 
tentamiento del bueno y el descontentamiento del malo. De 
quien dize el propheta que su corazón no tiene más sosiego 
que la mar quando está herviendo con las grandes tempesta- 
des. Cor impii sicut marefervens quod quiescere non valet. 
Esta es la paga que dá el diablo á sus vasallos en esta vida 
quando más le sirven. Pues, ¿qué será lo de la tierra quando 
los lleva, no libertados, sino cautivos, y los aposenta, no como 
acá, en palacios muy ricamente labrados y muy regalada- 
mente servidos, sino en la más escura y más hedionda cárcel 
que nunca fué ni será? Y los pages no serán muy hermosos 
mancebos, sino muy espantables cabrones. Y los manjares 
serán, no pavos nuevos, ni perdices gordas, ni tórtolas ceva- 
das; sino muchos y muy crueles dolores y tantos géneros de 
tormentos, quantos no puedan caber en las fantasías huma- 
nas. Y de todo esto doy por testigo á los tantos theólogos que 
tratan de esta razón, como hombres llenos de Dios, inspira- 
dos por el espíritu sancto, que los dexa dezir una cosa por 
otra. Assí que la canción no pide á Dios en mi nombre tal 
muerte como esta, para escapar de las molestias y trabajos 
de la Corte, que no sería buena grangería huyr el hombre 
las moscas y acogerse á los leones hambrientos; mas pide la 
otra muerte que es dulce y dá descanso y libertad, y limpia 
todas las lágrimas y tristezas de los que van agraviados desta 
vida. Que para los que mejor negocian en ellas es tal, que el 




— 209 — 

bien mayor que ella tiene es lo que todos tienen por mal, 
conviene saber: ser breve y acabarse presto, sino que no lo 
eotendemos ni lo sabemos gozar, i Dice más: 

tQuédese á Dios la esperanza 
del bien que se dá por suerte.» 

«Después que he pedido á Dios la muerte, que es buena y 
preciosa delante su acatamiento, comiendo á despedirme del 
mundo. Y principalmente de la Corte, que es el corazón del 
mundo, donde todos los otros miembros y partes de la repú- 
blica se gobiernan y rigen. Donde la esperanza del medrar 
trae á los hombres borrachos y encantados, sufriendo traba- 
jos y peligros mortales por mar y por tierra, y á las vezes es 
más lo que distribuyen de sus interesses y del patrimonio 
que ya posseen, que lo que esperan y nunca lograrán. Que 
ciertamente no sirven allí los hombres al Rey porque es Rey y 
Señor suyo, digno de ser acatado y servido, sino por la grande 
esperan<;a que tienen de los bienes y mercedes que están es- 
perando de su gran liberalidad. Y á estos llamo yo bienes 
que se dan por suerte, porque vienen como quando echan 
suertes, que á pocos acierta la joya, y toda la otra multitud 
se queda en blanco. Y es de saber que la mayor parte de los 
bienes de fortuna no consiste en méritos humanos ni en obras 
de naturaleza, sino en las opiniones de las gentes; v. gr., si 
un mercader es más dichoso que su vez! no, es por la opinión 
de la gente que se aficiona á su casa y quieren darle los 
prouechos antes que al otro, y lo mismo aconlesce en los 
officiales. Y un capitán de quien se tiene mejor concepto 
y mayor confianza, será más dichoso en la guerra que otro, 
porque los suyos pelearon con mayor voluntad y tendrán 
menos miedo, y los contrarios le temen y pelean de mala 
gana. Assí que también esta fortuna buena consiste en las 
opiniones, y por esto se dan con mucha razón todas las gra- 
cias del triunfo al capitán; aunque no es más de un hombre 
solo, que no puede en ninguna manera vencer por sí solo 
con sus proprias fuerzas, sino con las agenas. ítem, las merce- 
des y favores que dan los Príncipes comunmente, son bienes 

m 



— 210 — 

que bienen como suertes, porque se dan por la opinión de 
los que hazen las informaciones, que algunas vezes se pueden 
engañar. Y como los Príncipes no son dioses, sino hombres, 
quédanse algunas veces los que más han merecido con menos 
premio, y los que merescen ser ahorcados los vemos puestos 
en la cumbre de la senda. Y permite Dios estas cosas, porque 
consisten en el libre aluedrio de los hombres; al cual no quiere 
forjar, porque con él merezcan y desmerezcan. Y como yo 
anduve en la Corte hasta los setenta años, y entendí las cosas 
del mundo, hablé comigo desta manera: Yo he servido hasta 
la muerte, porque ya lo que queda de vivir no es vida, sino 
para sentir las penas y passiones que la edad trae consigo; y 
he trabajado, no en hazer gapatos de viejo á los pobres labra- 
dores, sino en procurar la salud á los más altos y mejores 
Príncipes que ay en el mundo. Y esto hize con todo mi estu- 
dio, passando muchas noches en sospiro y sin sueño, y otras 
echando estos huessos secos sobre las alhombras. Y sabiendo 
todo esto Sus Majestades como testigos de vista, nunca uvo 
lugar para que yo medrasse en su casa; ni dieron siquiera de 
comer para un hijo, que es la cosa que más ligeramente pue- 
den hazer. Esto no ha venido sino por una de dos causas, ó 
por entrambas, conviene saber: que ó yo no lo merezco, aun- 
que pienso que sí, ó qui(;a los que hazen las informaciones en 
las consultas olvídanme á mí y acuérdanse de otros que tie- 
nen á la mano, á quien yo por ventura precedo en servicios 
y en ancianía. Y no há lugar la esperanza de estos bienes 
íbrtuytos, porque está combatiéndome la muralla quien no 
consiente que goze yo de ellos, que la muerte me tiene mi- 
nados todos los cimientos del edifício, y la fortaleza tiene 
aportillada y batida por muchos lugares. Porque los ojos ya 
quasi no veen, ni oyen las orejas, y la barba cana está toda 
por el suelo, que no ay un diente para comer, aunque agora 
me lo diessen. Y pues que así es, yo determino de darme á 
partido, con que me dexen salir la persona libremente, aun- 
que vaya desnudo como salí del vientre de mi madre, y des- 
pídeme del mundo y de sus vanas esperanzas. Porque ya de 
aquí adelante no se pueden llamar espéranos, pues no dan 
tiempo para gozar lo que se espera. Y concluyo, que nos 




vamos de aquí; y venga ya la dulce muerte, con quien liber- 
tad se alcanza; quédese á Dios la esperaui^a del bien que se 
dá por suerte. » Dize más: 

tQuédese á Dios la fortuna 
con sus Hijos y privados.» 

tEsta es la segunda parte de la canción, en que se declara 
quién son aquellos que reparten estos bienes de fortuna, y en 
quién ponen toda la esperaui^a los que andan en la Corte. 
Y despidome de importunarlos más, en razón de la dicha 
esperanza, por esperar en otro señor, con quien ellos pueden 
vivir, y en otros bienes más verdaderos y de muy mayor 
estima. Y es la verdadera y virtuosa esperanza, que muchas 
veces viene á los desesperados del mundo, porque vistas sus 
falacias y sus iniquidades, huyen y declinan sus jurisdiccio- 
nes y apela de la tierra al cielo, y de los hombres á Dios, 
porque saben que allí no hay accepcion de personas, y que 
cada vno vale por su precio, y si él quiere será estimado en 
mucho más de lo que vale; y tal desesperación como ésta, es 
de inestimable fructo, como dicho es. Y la esperan(;a, de 
quien van huyendo, es de incompotable afán, porque nos 
trae burlados y afanados por lodo el discurso de nuestras eda- 
des. Ella nos haze subir en los hombros una piedra muy 
pesada, cient mil vezes, á la cumbre de una gran montaña. 
Ella nos haze, con la gran sed, llegar el agua del rio fresco 
á la boca, sin que pueda entrar en ella una gota de agua. 
Ella nos trae trasportados y olvidados de Dios y del infierno 
y de la muerte. Ella nunca nos dá un punto de reposo, y de 
tal manera corremos tras ella, como sino oviesse otro bien en 
el cielo ni en la tierra más de lo que ella pretende. Y es el 
bien que espera tal, que aún después de alcan^^ado no ay 
descanso con él, porque luego se fijen otras y otras esperan- 
zas peores y de mayores trabajos que la primera, y dexamos 
á Dios que se nos dá con los bravios abiertos, y que sus bienes 
son tales, que teniéndolos paran allí todos los deseos y las 
esperant^as. Porque no hay más bien que dessear, ni más bien 
que se pueda esperar. Y volviendo á la declaración de los 



— 2IÍ — 

versos, es de saber que los hijos de la fortuna son los gran- 
des señores y los príncipes del mundo, porque éstos son 
heredados de sus bienes. Y los privados de la fortuna son los 
que gobiernan sus Estados y andan siempre al lado de los 
dichos sus hijos; á los unos y á los otros tienen ojo los que 
andan por medrar. Éstos traen la rueda de la anoria, para 
vaziar á los unos y henchir á los otros. Y en fin, aunque el 
Príncipe sea mayor que Octaviano, y más liberal que Ale- 
xandro, serán pocos los que alcanzarán la presa, porque el 
vniverso no es bastante para henchir la hambre y la avaricia 
de los que pretenden sus dones y mercedes. Y muy peores 
son de satisfazer y de contentar los que han medrado que los 
desmedrados, y por esta causa es grande la multitud de las 
esperanzas que salen en vazío. Y porque la mia era una des- 
tas, acordé, aunque tarde, de no seguir más la empressa; y 
á más no poder me vine, con licencia de S. M., á hazer mi 
assiento de vivienda con Dios; y assí me despido de andar 
más al remo en la galera de la fortuna, y de importunar más 
á los Príncipes y señores del mundo. Y porque sepan todos 
que, bien mirado todo, no es más holgado el estado de la 
grandeza y prosperidad que el estado de la pobreza, y que 
por esto no debemos de anhelar ni trafagar tras esta espe- 
peran^a.o Dice adelante la canción: 

c Quédense con sus cuydados 
y con su vida importuna. » 

«Los grandes cuydados que siempre tienen los poderosos 
Príncipes, ellos solos, que los padescen de dia y de noche, 
los conoscen y los pueden explicar, porque la experiencia 
les enseñará y les dará copia de vocablos para darlos á enten- 
der. Que, ciertamente, los hombres que son de mediano 
estado, no entienden el bien que tienen si desean ser gran- 
des Príncipes, porque en su estado no tienen acuestas la 
carga de todo un reino ó de muchos reinos; ni diversas len- 
guas y naciones; ni los han de defender y morir por ellos; 
ni los ha de gobernar en igualdad y justicia; ni han de ser 

portunados de todos ellos y de cada uno por sí; ni ha de 



— 2l3 — 

sentir mortales fatigas con las competencias de los enemi- 
gos injustos y malos; ni les Fadran un millón de perros de 
Oriente y Occidente y de todas las partidas del mundo, con 
cartas y con temores horribles; ni padescen sueños y fantas- 
mas de furias infernales; ni han de dar cuenta á su reputa- 
ción ni á Dios de cada cosa y parte de éstas; antes comen á 
sus mesas con buena gana, y duermen en sus camas con 
sossiego de espíritu, y levántanse, sin andar pidiendo nada á 
sus vezinos, para defender los hogares y las mujeres y hijos. 
Estos tales, si bien lo entienden, más bienandantes son en 
esta vida que lo fué Alejandro y Julio César, quando hazian 
temblar el mundo. Y pues que assí es, no les ayamos invidia, 
ni les demos más enojos ni más importunidades: basta dexar- 
los con sus cuidados y con sus importunidades. Tras esto, la 
canción concluye diziendo que ya que todas las prosperidades 
del mundo fuessen agua limpia, sin tener mezcla de fatigas 
y trabajos incomportables, al cabo cabo todo para en una 
gran vanidad y un sueño, que en despertando halla que todas 
son nada quantas torres de viento hazía. Y por esso, el Rey 
sabio, que hauia gustado y gozado de los bienes y deleytes 
del mundo más que todos los nascidos, sin hauer contraste 
ni revés en todo quanto sus ojos deseaban, estando en medio 
de todas sus prosperidades, dio por sentencia definitiva que 
lodo era una vanidad llena de vanidades, y que ninguna cosa 
hauia en la vida del hombre que tuviesse ser ni substancia, 
sino el temor de Dios y el guardar sus mandamientos, por- 
que esto hace al hombre ser hombre y capaz de razón. Y para 
esto fué criado, y no para las otras cosas. Y esto dura con él 
para siempre, y le defiende del rigor del juizio, para que den 
á Dios buena cuenta de sus obras. Y con esto el dicho Rey 
cierra su libro, y conforme á esto, nuestra canción concluye. 
Que, pues, al fin se convierte en vanidad la pujan(;a. Para 
mayor declaración de estos versos, que son la tercera parte 
de la canción, diré aquí lo que vi en Zaragoza, estando en 
ella S. M., antes que se casasse. Murió allí el gran Chanci- 
ller de un paroxismo de apoplexia, que súbitamente le vino. 
Este era vn hombre que, después de S. M., mandaba todos 
sus reinos y le obedescian todos los principados y magistra- 



— 214 — 

dos de ellos. Y estando assí dando el alma á cuya era, estaba 
la cama cercada de sus criados, entre los cuales estaba un 
mo(;o barbero y otros mo<;os de despensa, que en poco tiempo 
hauian ganado con su favor muchos millares de ducados; y 
acaso durmióse vno de ellos, sobre las almohadas del gran 
Chanciller, muy abierta la boca y con gran ronquido. Y los 
otros quitan la cruz de los pechos del gran Chanciller, y 
pénenla con gran diligencia sobre el otro que se dormia; y 
reventando todos de risa, comienzan á cantarle un responso. 
Yo espantado, contemplando en aquella horrible visión de 
aquel malaventurado y de aquellos bienaventurados, digo: 
Ninguna cosa se huelga hoy de la potencia y prosperidad 
que ayer tuvo, ni se le dá vn maravedí por toda aquella 
pujanza, ni se enoja del poco acatamiento que éstos le tienen, 
ni de la poca guarda que hay en sus puertas, porque todos 
entramos quantos queremos, sin que haya quien nos dé con 
el puño en los pechos. Ayer temblaba la tierra delante del, 
hoy le pueden dar éstos cient papirotes en la nariz, sin que 
él ni otro ninguno les diga que hazen mal. Ayer le hauian 
invidia los más prósperos, y hoy no se trocarian por él los 
más míseros. Sigúese que toda su pujanza brevíssimamente 
se convirtió en humo y en vanidad. Y lo mismo se puede 
juzgar de la felicidad de Pompeo y de Octaviano, y de 
Trajano. y de todos los otros hijos de la fortuna. Y con tanto, 
me despido della; y no solamente me despido de sus bie- 
nes, mas aun de la esperan(;a dellos me aparto, con propó- 
sito de no importunar á ninguno sino á Dios, rogándole por 
la vida de S. M., porque en mi pobre retraymiento me man- 
tiene, para que pueda llevar adelante esta sancta y descan- 
sada empresa.» • 

Es cosa digna de notarse que Villalobos empieza y acaba 
su vida literaria escribiendo en verso, pues lo primero que 
salió de su pluma fué el Sumario de Medicina en romance 
trovado, y ya hemos dicho que puede considerarse como su 
última obra la Canción, con su glosa, de que acabamos de 
hablar, lo cual prueba, que si no era poeta en el sentido más 
alto de esta palabra, á lo menos conservó toda su vida amor 
vehementísimo á la poesía, y buscó en ella desahogo ó con- 



-" 2l5 — 

suelo en todas las peripecias de su agitada existencia. El señor 
Morel-Fatio, en su erudito y curioso libro titulado España en 
los siglos XVI j^ XVII, le trata, á nuestro juicio, con extremada 
severidad al juzgarle como poeta, y en efecto, las poesías de 
Villalobos que contiene el Cancionero de Zaragoza, publi- 
cadas por el literato francés, y que hemos reproducido, no 
son de gran mérito; pero las que ahora por primera vez se 
publican tomadas del MS. del Museo Británico, merecen, en 
nuestro concepto, juicio más benévolo, sin duda porque su 
carácter epigramático es más conforme con el genio del autor; 
los versos enviados desde Zafra al Almirante, y el epigrama 
con que acompañó la tela encarnada para hacer las cruces con 
que se distinguieron los que iban á combatir á los comuneros, 
son saladísimos, y, por otra parte, no se puede disputar á 
Villalobos la gloria de ser, en el orden cronológico, como 
hemos demostrado, el primero de los poetas didácticos cas- 
tellanos cuyas obras se han publicado. 



— 2l6 — 



VI. 



BIBLIOGRAFÍA DE LAS OBRAS DE VILLALOBOS. 



Según hemos dicho varías veces en el curso de este escrito, 
la primera obra que Villalobos dio á la estampa fué el Suma- 
rio de Medicina en romance trovado, impreso por Antonio 
de la Barreda en 1498; el Sr. D. Antonio Hernández More- 
jon, en su Historia bibliográfica de la Medicina espa- 
ñola (i), dice acerca de este curioso libro. «El Tratado de las 
enfermedades de las bubas, por Villalobos, debe colocarse, 
según la expresión de Astruc, entre las cosas deseadas de la 
Medicina. Así es que el libro de las bubas y su Sumario se 
han hecho tan raros ya, que no es extraño que el erudito 
Astruc no lo conociera, cuando Villalba, diligente investiga- 
dor de nuestra literatura antigua, no pudo verlos, y este es el 
motivo que me ha obligado á reimprimirlos. 

i>He debido á la benevolencia de mi buen amigo don 
Ignacio Ruiz de Luzuriaga el poder copiarlo de un ejem- 
plar (acaso el único que ha quedado en España), que guarda 
cuidadosamente en su exquisita y numerosa librería.» 

Como la obra de Morejon se publicó después de su muerte, 
no sería justo culparle por los errores y por la confusión que 
se notan en esta breve noticia. El Sumario, con el Tratado 
de las pestíferas bubas, forman un solo volumen, y, por 
lo tanto, no son dos libros, sino uno solo, y en la obra 
de Morejon se ha reimpreso y forma el apéndice III del 
tomo I únicamente el Tratado de las pestíferas bubas, por 



(1) Toxnol, pág. 317. 



— 217 — 

lo cual hemos resuelto reimprimir ahora ambas obras, que, 
como se ha dicho, forman el volumen impreso por Antonio 
de la Barreda el año de 1498. El Sr. Montejo dio noticia á 
M. Jorge Gaskoin de tres ejemplares de este curioso libro, 
7 supone éste, en el que escribió sobre Villalobos, de que ya 
hemos hablado, que existe uno en la Biblioteca Nacional 
y otro en la que estaba en el Ministerio de Fomento, pro- 
cedente del Sr. Marqués de la Romana. Las diligencias que 
hemos hecho para examinar estos dos ejemplares han sido 
infructuosas; ambos debian existir hoy en la Biblioteca Na- 
cional, donde se trasladó hace ya tiempo la del Marqués de la 
Romana; pero es lo cierto que no se han podido encontrar, 
y aunque desgraciadamente ha habido en los últimos años 
algunas sustracciones fraudulentas de libros preciosos en 
aquel establecimiento, no quisiéramos creer que entre ellos 
han sufrido esta triste suerte los ejemplares del Sumario, y 
suponemos que estarán meramente extraviados dentro del 
estrecho local donde hoy se aloja la Biblioteca con las malas 
condiciones que sabemos los aficionados á los estudios lite- 
rarios, siendo, por lo tanto, urgentísimo que terminen cuanto 
antes las obras de la nueva, que se construye en el paseo de 
Recoletos. De resultas de lo que dejamos dicho, hoy puede 
decirse que no existe en España más ejemplar del Sumario 
que el que posee el Excmo. Sr. Marqués de San Román en 
su escogida librería, y con su acostumbrada generosidad nos 
lo ha facilitado para esta reimpresión, por lo cual le manifes- 
tamos nuestra gratitud en nuestro propio nombre y en el de 
los aficionados á nuestra literatura y á nuestra historia cien- 
tífica; hé aquí la descripción de tan curioso libro. Es un 
volumen impreso en letra gótica á dos columnas: consta 
de 28 folios sin numerar, y las dimensiones de la caja de 
imprenta son 0,22 milímetros de alto por 0,1 5 de ancho; 
impreso en Salamanca, año 1498. 

La segunda obra de Villalobos, que sepamos que se dio á 
la prensa, es el libro de las Congresiones, del cual no habia 
tenido noticia ninguno de sus biógrafos hasta que la dio 
D. Ildefonso Martinez y Fernandez en los números del Bole- 
tín de Medicina, C/ri/^/a^ Farmacia correspondientes al 14 



V 



— 2l8 — 

y 21 de Marzo de i852, y M. Gaskoin publicó, en el libro 
que ya hemos citado, las que le comunicó el Sr. Montejo, 
quien las adquirió del Sr. Sancho Rayón, poseedor del único 
ejemplar hasta hoy conocido, y que procedía de la biblioteca 
de Gallardo. Forman las Congresiones parte de un volumen 
en que además se contiene la glosa de Plinio, de que luego 
hablaremos, y el opúsculo de Juan Rodríguez, de que hemos 
hecho mención al examinar las Congresiones; éstas constan 
de 38 hojas en folio menor, impresas en caracteres góticos. 
Ocupan las armas reales la mitad de la primera plana del 
primer folio, y debajo de ellas se lee: 

í Congresiones vel duodecim 
principiorum liber nuper editus, 

Cum privilegio. 

Al verso del folio XXXVIII, y en su parte inferior, se vé 
el siguiente colofón: 

í Explicit liber duodecim principiorum qui etiam 

congressiones appellatur in oppido Madrid assisten- 

te catholico rege, martii quintadecima anno xpi mil- 

lessimo quingetessimo quarto décimo. 

\ Ex impressione Salmantina per honorabi- 

lem virun Laurentii de Liom dedeis anno 

domini millessimu quingetessimo décimo quarto, 

5 Laus deo. 

En el recto del folio siguiente, marcado por error con los 
caracteres li, está la dedicatoria ad lectorem de las cartas 
latinas, de que se ha dado extensa noticia, que concluyen al 
recto del folio Xliiij con este colofón: 

í Impressum Salmantice & exactissime castigatum ex ex- 

pensis venerabilis viri Laurentii de Liom dedeis an- 
no domini millesimo quingetessimo décimo quarto^ déci- 
ma quinta. Afensis septembris. 

j Laus deo. 



— 219 — 

Ya hemos dicho que la comedia Amphitrion^ de Plauto, 
traducida por Villalobos, según la opinión de algunos litera- 
tos y bibliógrafos, fué impresa suelta antes de qué formara 
parte del volumen que empieza con los Problemas, Moratin, 
en sus Orígenes del teatro, cita una edición de Zaragoza, 
de i5i5, y Salva, en el catálogo de su biblioteca, dice que le 
parece que era del mismo traductor una que vio de Alcalá* 
Arnao Guillen de Brocar, en 4.®, impresa en caracteres góti- 
cos en 1 5 17. 

Sólo dos ejemplares hemos logrado ver de las Glosas 
de Villalobos á los dos primeros libros de la Historia natu- 
ral de Plinio; el uno en la Biblioteca Nacional, que tiene la 
signatura 5-3- 1; y el otro, que forma parte del volumen 
del Sr. Sancho Rayón de que ya hemos dado noticia: nin- 
guno de los dos es completo; pero con ambos se puede for- 
mar idea exacta de las peculiaridades de este libro, que son 
notables. 

Empieza por un terno señalado con asteriscos y por un 
cuaderno con manecillas; el recto de la primera hoja lo ocupa 
la portada en esta forma: 



INITIUM SAPIENTiE TIMOR DOMINI. 

(ARMAS DEL ARZOBISPO D. ALFONSO FONSECA.) 

1 GLOSSA LITERALIS IN PRIMUM ET 
SECUNDUM NATURALIBÜS HISTORIE LIBROS. 



En el verso empieza una dedicatoria con estas palabras: 

Ad lector em, 

^ Francisci de Villalobos artium ac medicine 

doctor is proemium Plinii glossa incipit 

Ejusdem ad lectorem. 



— 220 — 

Esta dedicatoria llega hasta la mitad del recto del ter- 
no *II, y al verso empieza la tabla de los capítulos del libro 
segundo (el primer libro de Plinio no tiene divisiones), que 
termina en la hoja *III, en cuyo verso empieza el texto y las 
glosas del libro primero, que llegan hasta el fin del cuader- 
no W^m , y termina con las palabras: 

1 Deo grafías. 

El libro segundo, además de estar formado de cuadernos 
señalados con letras desde la il á la 5, está foliado desde 
el I al CWl, al que sigue una hoja sin numeración, en cuyo 
recto está el privilegio, y al verso un elogio latino en verso, 
de Felipe Sbarroya; sigue una hoja en blanco, y á ella otra 
en que se contiene una fé de erratas con el epígrafe: 

Operis castigationes, 
á que sigue una dedicatoria especial: 

í Insigni doctori de Cartagena Complulensi collegio 

[cathedram medi- 
cine primam ascendenti^ medico atqüe philosofo eminentsi- 

[mo^ S. P. 

Como se indica en esta dedicatoria, el Dr. Antonio de 
Cartagena fué con los doctores Tarragona, León y Reinoso 
los encargados por el Cardenal Cisneros de establecer la 
enseñanza de la Medicina en la Universidad de Alcalá; no 
se sabe, aunque es de presumir, que pertenecia á la familia 
de los célebres Obispos D. Pablo y D. Alfonso de Santa María 
ó de Cartagena, judíos de origen como Villalobos. 

En el folio I empieza el prefacio del libro segundo de la 
obra, con este epígrafe: 

^ EXPOSITIO LITERALIS EN PLINUM VEBONENSEN. 

Francisci Villalobos medid diui choroli cesaris Augusti 

[Romanorum 
Hispaniarum & utriusque Sicilice invictissimi ¿l insularum 

[ocea- 
ni occidentalis & vastissimi contínentis usque ad alteram 
ierre faciem imperatoris potentissimi feliciter incipit 




— 221 — 

Este prefacio, como ya hemos dicho, está dividido en seis 
capítulos, y dedicado al 

t ILUSTRISSIMO PBINCIPI ¿L BRVEBENDISSIMO PBESULI. 

Dñd Alfonso de Fonseca archiepiscopo atque hispaniarum 
primaii Franciscus de Villalobos artium medicineque pro- 

[fesoris, S. P, 

El texto y la glosa empiezan al verso del folio II, y ter- 
minan, como hemos dicho, en la hoja que sigue sin numero 
al folio CVI, con este colofón: 

í Commentarium in natura lem Plinii historiam Francisci 

de Villalobos medid Imperatorii: opus quidem preclarum 

ac luculentum nostra tempestate nunc primo editum ceteris 

incognitum: Feliciter expliciuntur, Absolutum compluti in 

amplissima officina Michaelis de Guia viri 

ingenionisimi ac in típica arte solertis-s- 

simi. Anno dómini Miles simo quin- 

gentesimo vigésimo quarto 

Idibus Octobrir. 

* * * 

Al dorso de esta hoja, que, como vá dicho, no está 
foliada, se lee el elogio de Sbarroya á Villalobos, impreso en 
caracteres latinos, y es como sigue: 

Philippi Sbarroya in operis 
commendationem Carmen. 

Si eternus debetur bonos & sécula famam 
Perpetuam tribuunt atque indelebile nomen 
Aesionio euveni qui primus in equora classem 
Duxerit immensumque rudi resecauerit audax 
Puppe fretum & coelo consulto lintea ventis 
Incertis pandenda dedit certoque relicto 
Litore, inexpertum tentaverit iré per altum. 



— 222 — 

Et rábidas lignis parere coegerit undas 
Nulla tuis ausis equales témpora laudes 
Concedent Francisce tibi nec fama valebit 
ínclita condigno tua gesta extoUere cantu. 

NuUus adhuc magni espumosa per equora Plinii 
Ausus erat vexisse ratem. sed litora circum 
Spectabant trepidi tetros in sidera fluctus 
Surgere & horrendis misceri flátibus equor. 
Nubibus obductis d cum sua sidera coelum 
Conderet, insani timuere pericula ponti 
Máxima & horrisonis nova carbasa pandere ventis. 

At tu, cui facinus soli tot sécula tantum 
Servarunt, tantumque decus tüa fatatulere, 
Primus inaccessum viri resecare carina 
Ausus es oceanum & rabiem superare profundi 
Indomitasque diu tot tempestatibus vndas 
Frondiferis cogis nunc primum cederé remis 
Et moiem sentiré novam, fluctusque furentes 
Obuia mirari curuate pondera navis. 

Nunc igitur freta lata patent que, maximus olim 
Plinius obstruxit tantisque tumescere iussit 
Aestibus, ¿L rabidis pertingere fluctibos ether. 
Per uia iam navis discunt parere serenum 
Et sua detectis coelum dat nubibus astra. 

Securam nunc ergo ratem committite ventis 
Et primus docuit qui tantum ñaue profundum 
Findere, perpetuos grati referamus honores 
Quando sola bonos nunque moritura labores 
Gloria viuenti per sécula nomine pensat. 

No hay para qué notar la influencia de Horacio en este 
elogio, en que se compara á Villalobos con Jason; lo único 
que diremos es que probablemente no contribuiría poco este 
desmesurado elogio á que escribiera Hernan-Nuñez la carta 
insolente y acrimoniosa de que hemos dado noticia que diri- 
gió al comentador de Plinio, y que tal vez le movió á hacer 
las correcciones, que fueron impresas mucho después del 




— 223 — 

texto, y que concluyen con estas palabras, que parecen diri- 
gidas al Comendador griego, quien, como se ha visto, decía 
que, entre otras cosas, se necesitaba saber la lengua del Ática 
para entender á Plinio, por lo cual dice Villalobos al fín de 
sus Castigationes: 

í Similiter et infolio 53 suntventorum nonnulla nomina 
greca in suis casibus non debite posita: quia tamen de sen- 
tentia nihil mutant: ideo ea grecis corrigenda relinquo. 

Aunque tenemos por cierto que debieron imprimirse 
algunos otros libros de Villalobos en su tiempo, no hay de 
ello noticia, y después de estas glosas de Plinio hay un 
período de diez y nueve años, hasta el de i543, en que se 
imprimieron por vez primera los Problemas, de que se cono- 
cen las ediciones siguientes: 

Villalobos (Francisco de). 

í Libro intilulado los Pro \ blemas, de Villalobos , que 
tra I ctan de cuerpos naturales y mo | rales. Y dos diálogos de 
medi I ciña, y el Tratado de las tres \ grandes. Y una Can- 
ción, y I la comedia de Amphytrion. \ MDxliii.(Alfin.) ^ Fué 
impresso el presente libro d*l doctor Villalobos. Conuiene 
saber, los Pro \ blemas. Y los Diálogos, Y el Tratado de las 
tres grandes. Y la comedia de Amphytri \ on, quetraduxo el 
dicho auctor: en la magnífica, noble y antiquíssima ciudad 
d'Zamo | ra. Por elhonrrado varón Juan Picardo, impressor 
de libros, vezino d' la dicha | ciudad. A costa y expensas del 
virtuoso varón Juan Pedro Mussetti, mer | cader de libros, 
vezino de Medina del Campo. Acabóse á nueue di | as del 
mes de Febrero. Año del nascimiento d' nuestro Salua | dor 
Jcsu Christo de M. D.xliij. Años. 



FóL— 1. g.-LXXXVIll h\ foK en todo-sign. A— L~á 
dos col. — sin recl. — con muchas equivocaciones en la fol*. — 
todos los cuadernos de 8 h. 

Port. (Dentro de una orla el escudo de armas de Portugal, 
sobre el a Con priuilegio imperial» — y debajo el título y fecha 
arriba copiados.)— t Prólogo. í tAl muy alto y muy esclare- 



— 224 — 

cido príncipe y señor, el señor infante don Luys de Portu- 
gal.» — tTabla de los metros y capítulos contenidos en este 
libro.» — Texto. — Nota final. 

La comedia Amphytrion empieza en la h. 7.* de la sig- 
natura H, tiene port. orí. dentro de la cual un escudo de 
armas imperiales, y debajo este tít. \ tLa comedia del Plauto, 
Ha I mada Amphytrion^ que tra | duzia el doctor Villalo- 
bos. I La qual glosó él en algunos | passos obscuros. Agora 
nue I vamente impressa: vista y | emendada por el mismo | 
author. Año. M. | D.xliii.» 

Además de lo que se indica en la port. principal, contiene 

después de la canción una «carta del doctor Descoriaza » 

Madrid á veynte y tres de Junio d' MDXXXjx. Años. — 

y otra de «vn padre collegial y regente en santa theología 

en el insigne collegio de sant Gregorio de Valladolid, de la 

orden de los predicadores » (sin fecha), ambas dirigidas 

al autor. 



Libro I intitulado Los Proble \ mas de Villalobos , que 
tractan de | cuerpos naturales y morales. | Y dos diálogos d' 
medicina: y el Tractado de las tres \ grandes: y una Can \ 
cionj y la come | dia de Am \ phytrion. \ * | MDxliiij. 
(Al fin.) í Fué impresso el presente libro del doctor | Villa- 
lobos. Conuiene saber: los Problemas: y los Diálogos: y el | 
Tractado de las tres grandes: y la comedia de Amphytrion 
que I traduxo el dicho auctor: en la muy noble y leal ciudad 
de I Qarago^a, encasa de GeorgeCoci: á expensas de | Pedro 
Bernuz, y Bartholomé de Nágera. | Acabóse a quinze dias 
dU mes de Enero. | Año de nuestro Saluador Jesu Chri | sto: 
de mil y quinientos y | quarenta y qua | tro. 

Fol.— 1. g. — LXXII h». fol". más dos al principio sin nume- 
rar. — sign. A — M — á dos col. — sin red. — todos los cuad*. son 
de 6 h". menos el M, que tiene 8. 



Port. orlada, y en el centro el tít. en rojo y negro: en la 
parte supr. un escudito con la cifra del impresor y en la infe- 



— 225 — 

ríor otro con la cifra en rojo (¿de Pedro Bemuz? — y.^ Ded.— 
Tabla.— Texto (Fól. I, sig. Aüj.- Colofón— v/ de la últ. h. E. 
del i. 

La comedia Amphy'tríon empieza en el fól. L. tiene en 
la port. un gran E. de a. i. y debajo el sig. tít. t «La come- 
dia del Planto, llamada Ampkytrion: \ que traduzia el doc- 
tor Villalobos. La qual glosó él | en algunos passos obscuros: 
nueuamente impressa | y emendada por el mismo author. 
Gmtiene esta 2.* ed**. lo mismo que la i/» 



Libro intitulado | Los Problemas de Villalo | bos , que 
trata de cuerpos | naturales y morales. Y | dos diálogos d* 
medí I ciña , y el Tratado de \ las tres grandes: 7 | una 
Canción: y la | Comedia | d' Am \ phf^on \ % | MDL. 
(Al fin.) Fué impreso el presente libro del | doctor Villalo- 
bos en la muy noble y muy | leal ciudad de Seuilla, por 
Christo I ual Aluarez. Acaben á tre | ynta de Octubre. De 
mil I y quinientos y cin | quenta años. 

Fól. — 1. g. (redonda para las anotaciones de la Comedia, 
titulillos y primera linea de algunos encabezamientos) — 
LXVII h«. fol*. (la ült. dice equivocadamente Ixx) más 3 al 
principio sin numerar. — Sign. A, b-i. — Todas de 8 h'. menos 
la i, que tiene 6 sin red. 



Port. (Frontis y en el centro el título: en la parte supe- 
rior del frontis esta leyenda: tFortuna devame la vida, — 
pves que mverte me convida.)— v. sub. — Al muy alto y muy 
esclarecido príncipe y señor, el infante D. Luys de Portu- 
gal, zc. Prólogo. — Tabla de los metros y capítulos conteni- 
nidos en este libro, p. sub. — Texto, (fól I., sign. Aiiij) — 
Nota final. 

Contiene lo mismo que las ediciones anteriores. No tiene 
portada especial para la Comedia Amphxtrion, que empieza 
en el fól. XLVI. 




— 226 — 

Port. orí. — V. sub. — Lie. para imprimir esta obra por 
una sola vez, concedidas á Hernan-Perez» vezino de la villa 
de Monesterio: Madrid, 23 Octubre de iSjB. — E. de a. grab. 
en mad. (¿de D. Diego Nuñez-Perez?) — Ded. del impresor al 
illustre Sr. Diego Nuñez-Perez. — ^Texto. — Port. de la Come- 
dia «La Come | dia de Plavto — ^llamada Amphjrtrion,9 que 
tra I duzia el doctor Villalobos. La qual | glossó en algunos 
passos obscuros: nueuamente impressa y emen | dada por el 
mesmo | author. (E. del i.) Con licencia. | En Sevilla. | En 
casa de Hefnando Diaz, en la | calle de la Sierpe. Año 
de I M.DrLXXIIII. — Texto.— p. sub. — «Prólogo sobre cier- 
tas sentencias del auctor.» — Sentencias. — Carta (al infante de 
Portugal?); Calatayud, 6 Octubre i5i5. — Tabla. — Nota final. 




— 227 "~ 



APÉNDICE. 



. Terminado é impreso nuestro anterior trabajo, hemos 
encontrado en la colección de Salazar los siguientes docu- 
mentos que se refieren á Villalobos, y que confirman cuanto 
acerca de este personaje hemos dicho; están incluidos en el 
tomo de esta preciosa colección, que se refiere á nuestro 
ilustre historiador Jerónimo Zurita, el cual era hijo del doc- 
tor d*Alfaro, protomédico del Emperador, y por tanto com- 
pañero de Villalobos; también publicamos la carta dirigida 
por Carlos V al Dr. d*Alfaro, para que fuese á curar al Rey 
de Francia Francisco I durante su prisión en Madrid. 



EL REY. 



«Doctores, vi vuestras letras y tengos en seruií^io el cui- 
dado que tenéis de la salud de la Emperatriz, y porque de su 
indispos¡v;ion tengo la pena é congoxa que es razón, aunque 
sé que es demasiado encomendaros su servicio y su cura, 
todavía os mando y encargo mucho que hagáis en ello lo 
que deueis, y lo que haríades con mi misma persona; pues 
en la verdad en más terne esto, y mayor seruicio resqebiré, 
como confío que lo haréis, y cada dia me avisad de su mejo- 
ría. De ^arago<;a álII de abril de quinientos é veinte é nueve 



— 228 — 

años. — Yo EL Rey. — Por mandado de S. M., Francisco de 
ios Cofco5.— (En el sobrescrito: Por el Rey á los doctores 
d^Alfaro é Villalobos, sus físicos.)» 

Bib. de la R. Acad. de la Hist^CoI. Salazar.— A.— no.— fól. i4.-»OriginaI. 



o Copia testimoniada de un poder otorgado ante Alonso 
de Sepúlveda, en la ciudad de Toledo, estando en ella Sus 
Majestades, á cuatro dias del mes de Abril de i534 años, para 
reclamar de Martin Hurtado el resto de lo que debia al doc- 
tor d*Alfaro, en virtud del contrato celebrado con éste en su 
nombre y en el del Dr. Villalobos, cediéndole una cédula de 
merced á ellos concedida para sacar de Castilla y entrar en 
Portugal lo.ooo fanegas de trigo.» 

Col. Salazar.— A.- no.— fol. 17. 



EL REY. 



a Nuestros médicos: Por la que vá con ésta, os doy las gra- 
cias del trabajo que haueys passado en curar de la salud del 
Príncipe; después llegó vuestra letra de XXI del passado, y 
he holgado mucho de saber que huuiesse tantos dias que 
estaua syn calentura, aunque ya le tenía por libre y sano con 
lo que primero scriuistes, y no hauia entendido que le 
hubiese vuelto; plazerá á Dios, que desta vez lo quede para 
mucho tiempo, y porque sé el cuidado que tenéis de lo que 
para esto es menester, no os lo recomiendo más. De Moremo 



— 229 — 

á XV de noviembre de MDXXXV. — Yo el Rey.— Por 
mandado de S. M., Jaques. --{En el sobrescrito: Por el 
Rey á sus médicos.)» 

Col. Salazar.— A.— lio.— fól. i5. 



EL REY. 



«Doctor dalfaro, nuestro médico, porque el christianf- 
simo Rey de francia, está con alguna indisposycion, yo vos 
mando que luego, como ésta veays, todas cosas dexadas, os 
partays y vays á la villa de madrid, donde está, y le cureys 
todo el tiempo que fuere menester, como lo haríades á mi 
Real persona, que en ello seré servido; y yros eys á alarcon, 
que le tiene en guarda, que él os guiará cómo lo aueys de 
hazer: del bosque de segovia cinco de setiembre de dXXV 
años. — Yo EL Rey.— (En el sobrescrito dice: Por el Rey. — 
Al doctor dalfaro, su médico.) 

Bib. de la Real Acad. de la Híst.— Col. Salazar.— A.— iio.— fól. i3. 

Es .'original. 




CARTAS CASTELLANAS. 



EL DOCTOR. VILLALOBOS X JDFR.E, APOSENTADOR 
DE SD MAJESTAD EN FLÁMDES. 



[Madrid, 8 de Enero de tSia.) 



PAGARÁ V. m. dos reales de porte, y, después 
que ayais leydo la carta, por vos y por ella 
no me daría medio real. 
Acá nos dizen que medrays poco y que no pri- 
uays nada, y estoy espantado de tan gran novedad, 
porque todos los puertos por do suele ir la priuan^a 
tenéis tomados; vos soys castellano y soys franges; 
soys muy cuerdo y muy loco; soys diligente y floxa- 
rron; soys cuidadoso y descuidado; soys amigo de 
buenos y amigo de ruynes; soys hombre y diablo; soys 
templado en comer y en beber, y soys un cuero de 
vino; soys gentil hombre, burgés y mercader y ofHcíal 
y pagés '. Pues la priban^a, que suele andar por uno 



Probablemenie deberd leerae page. 



destos caminos, cómo se os va? Cosa imposible parece, 
sino es que se quiere acabar el mundo, y múdanse los 
cursos de la naturaleza. 

Dízenme que dezis muchos donayres, y que no 
hay quien los tome; en verdad os digo que ellos son 
malos de hallar y andan muchos en busca dellos ; y si 
después de hallados se pierden, más querría que se 
me acedase el vino en el estómago; perdone v. m. 
porque hablo en vino. 

Las nueuas de acá son que en la semana primera 
de Diziembre, á las diez horas del dia, parecieron aquí 
muchas estrellas al derredor de la luna. Algunos 
astrólogos dixeron que era señal que los chrístianos 
habían de cercar á los moros ; otros dixeron que se 
habian de descubrír muchos tesoros y cosas secretas; 
otros que vendrá el Rey y se juntarán á él todos los 
Grandes. Yo dixe en aquella consulta que no era sino 
que en esta Corte nos hazen ver las estrellas k me- 
diodia. 

El aposentador Bríones, vuestro compañero en 
armas, nunca quiso aposentar á los físicos, porque dixo 
que ya no eran menester. Ellos lo hicieron con él más 
liberalmente, que adoleció y curaron del siete físicos, y 
en siete dias le aposentaron en Santa Cruz, ante el al- 
tar de Nuestro Señor Jesuchristo; y fué tanta la príesa 
de ponelle en la posesión de su posada, que á duras 
penas le dexaron confesar. Diéronle una muy estrecha 
camarita; mas una buena purga se lleva en el cuerpo, 
con que hará media dezena si es hombre para ello. 

Los tiempos suc<^eden de tal manera, que os doy 
por consejo que, á la mayor furía que podays, os ven- 
gáis luego acá, y como seays llegado, en el mismo dia 




* 



— 3 — 

os partireys por las postas camino de Flandes, y luego 
incontineiití os bolued acá, y después allá y después 
acá, y assí hareys hasta que os muráis , porque no es- 
teys allá con deseos de acá , ni acá con deseos de allá; 
y porque veays cómo el un deseo y el otro atormea- 
tan y no aprovechan ; y para que sepays cómo cual- 
quiera de los dos partidos es trabajoso, porque quiere 
Nuestro Señor que tan gran buenaventura como sería 
la venida del Rey, no se alcance sin algunas tribula- 
ciones. 

Hasta ahora no haueys perdido nada en estaros 
allá, porque aún no están todos los vinos hechos ; de 
aquí adelante es vuestro perder , porque se ha cogido 
ogaño en España más vino que nunca fué de tiempos 
inmemoriales acá; tanto que en muchos lugares daban 
á los vendimiadores la mitad de lo que cogian, y no se 
hallaron vasijas do tanta multitud cupiese. Y comien- 
zan ya á salir los vinos cada uno con su invención; 
unos vienen rascador^itos, que os hacen cerrar los ojos 
y amoxinar las orejas; otros dulces y conversables, que 
os hazen morir de risa ; otros graues y ásperos , que 
os paran atónito y embelesado; otros muy cerrados 
intrínsecos, que hazen de vos un majadero; otros cla- 
ros y de buenas entrañas, que se os entran hasta el 
coraron; otros cabezudos, que os darán con la cabera 
por essas paredes; otros humosos brauosos, que os 
harán renegar de la puta borracha que os parió, ha- 
blando con acatamiento; otros donzeles y corteses, 
que no os dirán peor de vuestro nombre, no son sino 
unos orates; holgamos con su conversación porque son 
graciosos y no ay placer sino do ellos están, y si vos 
no estays ahora con esta farca arrebatado en contem- 



— 4 — 
pladon, todo quanto di^en de los beatos es burla. 
Más nuevas ay, que se quedarán para otra carta, 
porque quedeys ahora con la boca dulce. Nuestro Se- 
ñor os dé lo que deseays, que si acá venis , á buen 
barato lo haureys. De Madrid ocho de Enero de mil 
quinientos doze años. 



II. 



EL DOCTOR VILLALOBOS Á UN GRANDE DEL REINO ^ 



{Calatayudy 6 de Octubre de i5i5.) 



MUY. magnífico Señor : Con las liuiandades de 
Júpiter como con las plumas de gallo, he 
pescado aquí galanes como truchas para me- 
tellos en la sancta doctrina del amor virtuoso; y ma* 
guer que ellos se congoxarán en salir de sus piélagos, 
no dexa por eso de ser buena la pesca. Esto les doy 
en pago de quantas mercedes y fauores en esta Corte 
me hacen, porque estoy de voluntad, si Dios quisiere, 
de dexallos muy presto. E si la graue enfermedad del 
Rey, nuestro Señor, no me detuviesse, que seria mal 
caso dexar á S. A. en tan gran necessidad, ya me auría 
yo arribado en algún puerto y remanso donde escapase 
de los peligrosos golfos y tempestades deste mar; que 
en verdad, si toda la Corte es bullicio y turbación y 



I Publicada al fin del libro intitulado Los Problemas de Villalobos. 



— 6 — 

desasosiego, los que hacen la Corte, que son los que 
residen en ella, turbados andarán y bulliciosos y desa- 
sosegados; y no queráis mayor vengan9a de los que mal 
quisierdes, porque paresce que comen, y no comen, 
pues no toman gusto ni sabor en el manjar; paresce 
que duermen, y no duermen, que mil vueltas dan en 
las camas; paresce que ríen, y no ríen, que no les viene 
la rísa del placer que sienten, mas dan aquellas arca- 
das y singultos mortales, para hacer palacio y buena 
conversación; paréscete que hablan, y no hablan, por- 
^ que en su habla no declaran su concepto, sino la 
lisonja, y lo que al otro ha de agradar, las cautelas, 
las falacias, los engaños y las ypocresías. 

En fin, que es ya tanto el miedo que todos tienen 
de decir verdad, que escogen, huyendo della, meterse 
por los peligros antes que con ella ampararse dellos. 
El pobre dice que es ríco, y si torna á ser ríco, dice 
que es pobre; de manera que no huye de parescer 
pobre ni rico, sino de confesar la verdad. Paresce que 
oyen missa, y no la oyen, porque no entienden lo que 
dicen , ni lo que se dice , ni a quién se cHce. Paresce 
que se confíessan, y no se confiessan, porque de la 
más liuiana cosa que tratan llevan más cuidado y ma- 
yor agonía que de todas cuantas oíFensas hicieron á 
Dios. 

Assí que todos los actos de su vida son por este 
tenor; de manera que paresce que viuen, y no viuen; 
corren deshalentados , rebentando por las yjadas, tras 
una liebre, atraviessa otra y dexan la primera, atra- 
viessa otra y dexan la segunda, y atraviessa otra y 
dexan la tercera; al cabo no toman ninguna y quedan 
hechos pedamos. £ si por gran dicha, uno entre mil 



alcanza la liebre que los otros levantaron, el que la 
mata no la come, sino pan duro y de dolor, atado con 
cadenas de príuan^ y metido en la ceguedad y em- 
beuecimiento del fauor, vasqueando y gruñendo por 
salir á ca^ar; y los que ca^an con ellos cómense las 
liebres, que son sus herederos y sucessores. Estos 
go^an de la ca^a , y meten sus galgos en las tinieblas 
exteriores, donde son los aullidos y regañar de los 
dientes. 

Auemos visto esta burlería, no en uno, sino en 
diez; no en diez, sino en ciento. Burlamos de los que 
assí mueren y no escarmentamos, antes auemos invidia 
de sus vidas. Y los mismos que mueren , burlaron ya 
y chiflaron de otros que murieron primero que ellos 
en la misma locura. Este es el juego de los negros que 
van en carnes, que cada uno se cae de risa de la feal- 
dad del otro. • 

Assí que esta enfermedad de los cortesanos bien 
paresce desde agora en lo que ha de parar; señales 
mortales tiene; trabado tiene el infierno, que en ella 
veréis las entradas y vueltas del. De manera que 
cuando allá entrare el desuenturado podrá decir: ¡Oh 
casa triste y escura, con cuanto dolor y trabajo te 
hallé, y cuánto fuera mejor no hallarte! En el camino 
te vi muchas veces y pudiera desuiarte si quisiera; 
agora querría y no puedo. ¡Oh ciega y engañosa mer- 
caduría, que solamente porque cuestas cara engañas 
y sollicitas á los compradores para que no te dexen 
pensando que vales algo, y las cosas de valor despre- 
cian porque son barato ! 

Plega á Dios y á su Sancta Madre que me guien y 
me pongan en camino llano, por donde pueda passar 



— 8 — 

esta breue carrera con pocos estropie^os, y á v. m. 
haga muy gran señor, con tal condición que sea para 
servicio suyo y descanso vuestro. Amen. De Cala- 
tayud en seis de Octubre de mU quinientos quince 
años. 



III. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL MISMO JUFRE. 



(Madrid, i8 de Mar^o de iSiy.) 



VUESTRA carta fué vista por los Señores del 
Consejo Real, y fué con solemnidad ley da 
ante la Majestad de la Serenísima Reina , y á 
la Señora Camarera con las damas. Fueron festejados 
con mucha risa vuestras borracherías y olavides ', 
pues de todos que andan trasquilándome en concejo, 
y no lo sabian, en mi casa entendila toda, yjdixe entre 
mí: este noble señor conmigo habla; parece que me 
responde; el romance es de puro castellano, la retórica 
es de toscano , la prolixidad de siciliano , la venganza 
de marrano,] los disparates de Jufre; así, que gran 
consulta y conjunción de diuersos votos deuia estar 
presente quando me escribistes, ó vos teneys muchas 
fariñas y soys compuesto de diuersas maneras. 



I En estas palabras hay sin duda errores y omisiones que las hacen 
ininteligibles. 



— lO — 

Examinando los capítulos de vuestra santa epístola, 

en cada uno d ellos me mudábades muchos propósitos: 

digo, theólogo es éste, no es sino a9emilero; philósopho 

I es, mas antes es veodo; buena pascoa te dé Dios, mala 

: muerte mueras. 

Ora mirad quánta fuerza teneys en vuestro officio, 
que tomamos acá por pasatiempo de mirar el gesto al 
que lee vuestra carta , porque haze tantos visages y 
locuras quantas vezes vos meays cada dia y quantas 
haceys luchar á la razón con el cuero y days con ella 
patas arriba. 

Muchos golpes crueles me distes, y con ninguno 
me sacastes sangre, sino cuando me la descubrístes. 
Algunas notables moralidades hallé sembradas y ahoga- 
das entre las espinas de vuestros desvarios. Amena- 
zaisme con ser aposentador; querría mas un maravedí, 
porque tan ocioso vivireys por acá con ese cargo, 
como los monteros en la mar y como los marineros en 
la montaña, y como los pescados en el campo y como 
los galgos en el río. Una higa para vos, que ya son 
proveydas todas las possadas de Bruselas y de Madrid. 
Soys vos aposentador de Trinópoli ó de LaudÍ9Ía , y 
vsurareys dello quando el Rey, nuestro Señor, con- 
quistare la Tierra Santa , y en el campo de Josaphá. 

Las nuevas de acá son , que tenemos todos tanta 
sed con la venida del Rey, que con todo quanto de 
allá viene quedamos tan satisfechos como vos lo esta- 
ríades en un buen banquete con un jarro de agua fria. 
Van embaxadores y vienen embaxadores, y d Rey 
estase quedo. 

La Señora Doña Beatriz de Spe3 se os encomienda 
mucho» y por su fatiga os dexa descriuir , que tiene 




— II — 

(Dios nos guarde) después que entró cuaresma, tanto 
pujamiento de carne en los muslos, que le haze estar 
el cuero muy estirado y muy luzio; y aunque su mer- 
ced come y duerme bien, tiene esta flaqueza: que 
cuando esta harta, nunca puede comer con gana, y des- 
pués que se levanta de la cama, no duerme hasta que 
se torna a echar, sino es algunas vezes quando arrima 
la cabera; y en tener todo el rostro blanco y colorado, 
es señal que debe estar llena de cóleras. 

Aquí ay ahora muy grandes bandos, y tan traua- 
dos que no se podrán atajar aunque venga el Rey, 
porque el Conde Don Hernando defiende el partido 
de los vinos de Riuadauia y de Santiago. Acá tenemos 
por mejores los de San Martin y Arenas. Hágoos 
saber que cada dia pelean y ay muchos cuerpos que 
hauríays lástima de verlos por ahí tendidos, echando 
espumarajos por las bocas. Véngase v. m. á departir 
este ruydo, y descargarán todos sobre vos como sobre 
el asno del cura. Este bocadillo os guardé para la 
postre, porque siempre acabeys de leer mis cartas. 

Un negocio tengo allá en poder del Señor Theso- 
rero: pídoos por merced que hagáis á su merced me- 
moria del , y perdonadme por amor de Dios y por la 
santa quarentena, en que estamos, la descortesía deí 
hablaros en seso, porque la necesidad me hace salir 
fuera de términos. En Madrid diez y ocho de Mar^o 
de mil quinientos diez y siete años. 




IV. 

EL DOCTOR VILLALOBOS Á DISCO LOPBZ DE AYALA, 
CANÓNIGO DB TOLEDO, EN LA CORTE DE FLÁNDES. 



{Madrid, 7 de Julio de 1317.) 



YA he prouado al Sr. Thesorero que es hombre 
de seso; después díme á passar tiempo con 
Jufre que es hombre de burlas ; ahora tentaré 
á V. m. que es hombre de seso y de burlas: á la 
postre scribiré á un flamenco de essos que ni son para 
en seso ni para en burlas, y asi habré descurrido por 
todas las especies de la suficiente división sin sacar la 
conclusión. 

Todos dizen que venis , mas ninguna señal de las 
que suelen pre9eder á la venida del Señor hemos visto 
por acá, porque ni el Marqués de Villena se mueve 
para el recibimiento, aunque de allá le dan priesa que 
lo haga , ni estos frayles nos amonestan para ello; de 
manera que pues los coxos no andan ni los pobres 
evangelizan, si será éste el año en que haueis de venir, 
an aliud expectamus. 



— 14 — 

Yo no estoy ahora tan gracioso como es menester 
para ganar la voluntad de v. m., porque con las hon- 
das corrientes que de allá vienen y con los maestros de 
la obra que acá son, ha hecho en nuestras partes tal 
vuelta la rueda de la fortuna, que nos ha vaciado las 
vasijas para henchirlas del otro lado, y anda el artificio 
de tal manera fabricado que ni las dauijas hazen ruido, 
ni se quebrantan en piezas los arcaduzes, ya no valen 
nada los amenazadores ni los guerreros, los frailes 
ganan el juego como á la primera, do los sietes valen 
más que los caballeros ni las otras figuras. 

Ya me voy haziendo también negociador como el 
bastardico, que nunca está bien sino con los muertos, 
y siempre anda en bando con los presentes, y haze 
asonadas contra los que le han de aprovechar. Yo solia 
ser gran servidor de v. m. quando no valíades nada 
con el Rey, y yo si ; ahora que haueys mostrado por 
mil testimonios el valor de vuestra persona y teneys 
autoridad en Flándes y en Spaña, si no me envia- 
redes á rogar que os encargase mis negocios , no me 
acordaua si érades nacido, y he quitado la habla al 
Cardenal y al Obispo de Avila, porque después de 
Dios me pueden hazer y deshazer. 

Un memorial envió á v. m. ; si aquello se puede 
hazer, vos lo hareys, y si no lo hazeys, no se puede 
hazer. Qualquiera destos partidos sera mejor para mí 
que vivir suspenso en vida tan corta por lo que ha de 
quedar acá después que allá se partiere. En Madrid á 
siete de Julio de mil quinientos diez y siete. 



V. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL DOCTOR DE LA REYNA. 



{Zaragoza, 6 de Agosto de i5i8.) 



PUES que V. m. se ha hecho gracioso, morirse 
quiere; porque mudar costumbre (como dizen) 
es á par de muerte. Esto no lo hace sino la sed 
insaciable que tenéis de amontonar en vos solo las 
haziendas y las prerrogativas de todos los físicos. 
Esta que tenia yo describir donayres, ya me la haueis 
soruido con esa boca de infíemó; no falta sino que 
tomeys también al Doctor de Herrera la casilla y el ma- 
juelo, que ya él andaua quexándose que le robáuades 
su sudor. Poco medrará v. m. con el Rey, y mal 
año tenéis con Gebres, que asi lo hazemos todos los 
graciosos, porque melones ni donayres por estableci- 
miento real no han de entrar por la puerta de la cade- 
na adentro. 

Aquí nos andamos Jufre y yo mano sobre mano» 
y el otro dia me sacaron de seso que fuese a pala- 
cio á solicitar un negocio mió, y topé a la puerta de 
la sala con Antonico el Gigante, que me estorbaua 



— i6 — 

la entrada. Yo pensé que acaso se me ponía delante 
porque no era aquel su oficio, y procuré de colarme 
dentro; enojóse Antonico y púsome el hierro del lan- 
9on á la boca del estómago haciéndole temblar, y con 
los ojazos torcidos y un espantoso bramido me ame- 
nazaba de tal manera , que ya pensaba yo que estaba 
á la garganta del can ^eruero. Apenas le hube bien 
entendido, quando arrebaté de un tranco á la escalera, 
y baxé por ella no tan dissimuladamente, que no me 
vieran ir trompicando algunos conocidos mios; y 
dixome Pedro de Mendo9a : Assi es el mundo, Señor 
Doctor; y otras muchas cosas me dixeron, mas no 
veamos pesar que yo no les entendí: tanta era mi 
ansia de tomar Ja muía. Duróme más de ocho días, 
que no se me quitaba de delante los ojos la fantasma 
de Antonico. Assi que, señor, créame v. m., y no seays 
gracioso, sino scríbid de aquí adelante vuestros dos 
rengloncillos cargados y llenos de frialdades, porque 
como dize Perico de Ayala , no se ha de igualar con- 
migo un hecha- piedras. Y porque viene sobre habla, 
la Rey na dize que por no venir acá, lebantays lo de 
las piedras que hechastes, como el Doctor Alfaro la 
potra de Logroño. El dicho Doctor besa las manos 
de V. m. por la memoria que de él se haze en vuestra 
carta , mas también os envia á avisar que no vengays 
por acá sin haber muy bien pasado el Almagesto y 
las Tablas del Rey D. Alonso, porque no es en su 
mano sufrir de otros. Paré9eme que se pica v. m. 
un poquito de nómina , como el Licenciado de Jorde- 
humos ' : en tan buena edad os toman las súmulas como 



I Tordehumof? 



— 17 — 
al Doctor Julián la música que aprende ahora. Terne- 
^itos son los pimpoUitos para florecer en ellos las artes 
liberales. Comience v. m., pues assi es, a tomar amo- 
res, y hagamos un par de coplitas porque se junte del 
todo la cabera de la edad con la cola : ya sabéis lo que 
dizen al que se haze rosca. Otras cosas tenia para scrí- 
bir que se quedarán para otra carta, porque son en 
seso y no hay aqui lugar para ellas. En Carago^a á 
seis de Agosto de mil quinientos diez y ocho años. 




VI. 



EL DOCTOR VILLALOBOS Á DON PEDRO LASO DB LA VEGA. 



{Sin fecha,) 



OTRO mejor historiador quisiera yo que bus- 
cara V. m. para dalle á entender las cosas 
de la Corte, porque no las puede entender 
sino quien las vee, ni las puede relatar sino quien 
las oye ; que no basta la vista para dar á entender lo 
que se entiende si no aprende nuevos vocablos el 
relator. 

Aqui hay castellanos y flamencos, y cada uno 
dellos trabaja por perder su naturaleza, y no puede 
cobrar la del otro; querrían comunicarse y no pueden, 
porque son tan diferentes animales como caballos y 
asnos. Las mujeres se pueden participar de la una 
na^on á la otra, porque la matería dellas siempre fué 
dispuesta para recibir en sí differentes formas. Gobier- 
nan los flamencos y negocian los castellanos. Los unos 
no entienden las calidades y méritos de los que nego- 
cian; los otros no aceptan la hora ni el camino por do 



— 20 — 

se halla el despacho: assí los unos de importunados y 
los otros de agraviados se quexan todos, y cada cual 
tiene justa querella y justa excusación. 

También hay aquí novedades en los amores, por- 
que las flamencas quedan muy re9agadas en la inteli- 
gencia dellos, que aún no pueden entender lo que las 
quieren sus servidores, y las castellanas van muy 
delanteras, que lo entienden y pasan adelante á los 
términos del matrimonio. Quieren casarse por hazer lo 
que ellos quieren, aunque ellos no quieran; asi que 
las unas por cagueras y las otras por delanteras, no 
se pueden alcancar sin quedar el alcan^ador alcan9ado 
del pié a la mano. 

El Rey, nuestro señor, trata de amores con la 
Señora Doña Fulana; á los terceros dias la viene á 
ver; y entre estos y éstas no hay más memoria que si 
nunca la viera. Es una derecha terciana de Mayo, en 
que creo yo que los frios afligen más á la paciente que 
las calenturas. No se criaron en tanta dieta los dolien- 
tes españoles, ni la souerana y excelente virtud y mo- 
deración del Rey podrá ser manjar deleitoso á tan 
desordenados apetitos como los nuestros. 




VIL 



£L DOCTOR VILLALOBOS AL CONDESTABLE DE C/ 



[Zaragoza, 2Í de Noviembre de i5i8.) 



TODOS los rios vienen á la mar, y la ma 
está llena, porque van grandes y viene 
des y el Condestable está quedo. Crey( 
mos que V. S. espera dos cosas, que se caseí 
mas y que venga el Turco, por huyr de la uní 
do el coraron no manda las carnes y hallarse ei 
do se hazen los miembros de acero. 

Lo que por acá siento, no lo quiero dezir, 
tengo mucha gana de ser privado; mas si V. 
de asiento en su tierra, hágamelo saber y se 
hemos algunas cartas, que*yo no puedo negar 
esta maldita naturaleza que saqué de su tierr 
suzia que no la he podido lavar con todo el J 
el Spíritu Santo encima del ,/ porque no me vi 
en figura de paloma como al Conde de Haro, 
ñor, y á los otros samaritanos de su linage. 
Las nuevas que ahora más regozijadas a 



— 12 — 

toda esta Corte son de la venida del Turco, que si de 
aquí á Navidad camina tanto como de quatro dias acá 
le hazen caminar estos caballeros del otro cabo de 
León, pasará á tener la ñesta en Galicia. Anda tan 
alegre la gente, como si viniese á salvar el linaje 
humano; mas yo le mando mal año, que hombres 
entran cada dia en el Consejo de la Guerra que le 
harán atestar la gauaneta. 

La Reina está muy buena, y tan amiga de V. S. 
como suele. 

El Conde de Benauente tiene negocios en casa 
del Rey y en casa de la Reina y en mi casa: los unos 
son de hazienda, y los otros de carne, y los otros de 
' sangre. Esta es de almorranas, porque me cupiese á 
mi la más ruin parte; mas ninguna envidia tengo á su 
amiga, porque nunca está con ella una hora que no 
venga en escocimiento de orina por un dia. £1 se des- 
culpa mucho á su amiga, y júrale que no es escoci- 
miento de orina sino potra, porque todos los nublados 
le hazen mal. Mas diga él quantos juros quisiere y 
haga mucho del gallo, que qualquiera de los dos par- 
tidos impide la negociación, sino lo remediase todo 
el Sr. D. Pedro Girón con la suya, que siempre trae 
calcadas unas bragas con más cerraduras que los can- 
dados de Hercules, y pártese della á bragas enxutas, y 
hecha media dozena de piedras cada semana por el su 
cañón pedrero, y sobre esto atónito penco el bobo y 
muy espantado fj/V^, porque no las alcanza, y dize 
que si ama no viene, les yrá bien con ellos al Duque 
de Gandía, que come catorce perdizes cada dia, y á 
D. Juan de Velasco, que desbanda quantos huertos 
hay en Zaragoza. 



— 23 — 

La partida del Rey depende de las Cortes, y las 
Cortes de los Síndicos , y los Síndicos de las Univer- 
sidades, y las Universidades de los Greuges, y los 
Greuges del Rey, y el Rey de las Cortes , y las Cortes 
de los Síndicos, y así anda la rueda, que no tiene cabo. 
Ya estaba yo con estas dilaciones por hechar una soga 
á la garganta, sino me proueyera Dios de una muy 
buena vindimia, en que huuo tantas avenidas de 
cámaras por flamencos y spañoles, que me podrían ellos 
dezir lo que dezia la otra á su rufián quando reñían: 
<Vellaco, de mi culo comes, de mi culo bebes. > Por 
aquí se despachó mi asiento con el Rey, y por aquí 
entré en conocimiento con todos los extrangeros; assí 
que yo entré en Palacio por la puerta falsa de Mosiur 
de Xevres. No había bastado la Reyna , ni el Conde, 
ni los Duques, ni todo el Consejo para ello; quiso Dios 
mostrar que todo es nada quanto procuramos, y todo 
es suziedad, y cerróme las calles públicas y todas las 
puertas y los muros, y hízome entrar por do no cupiera 
un bodoque. 

Suplico á V. S. que mande al Licenciado de Al- 
ma9an que me escriba cómo le va en vuestra casa, 
porque hay un señor en esta Corte que me mata por- 
que le saque de ahí y le lleve á la suya. En verdad 
eUa es una casa, que si Dios le haze merced que entre 
en ella , aunque viva cient años , nunca le faltará laze- 
ria. De Caragoza veintitrés de Noviembre de mil 
quinientos diez y ocho. 



VIII. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL ALMIRANTE DE CASTILLA. 



(Zaragoza, 7 de Diciembre de i5i8.) 




üNQüE yo no he catado el pulso á V. S. , días ' 
ha que conozco como teneys mucha gana de í 
maltratarme. No me ayude Dios si ella no es \ 
para conmigo obra de ingratitud; mas hay apetitos cor- 
rutos en el alma también como en el cuerpo, y como 
los unos vienen de malos humores, los otros son de 
malas informaciones, que hazen su obra do hallan dis- 
puesta la materia. 

Aquellas coplas son muy buenas, y todo cuan- 
to V. S. haze es sabroso y dulce; por esso es bien que 
las vean todos , mas no conviene que les mues- 
tre V. S. mi carta, porque quien la viere así burlar de 
los amores, y supiere que V. S. es enamorado, luego 
conocerá que aquellas coplas, assí crueles y vengativas, 
son más para vengar la vejez luxuriosa del señor que 
para defender la casta juventud de la señora. 

Cierto, en aquel librillo que yo tengo, dedicado al 



— re- 
nombre de V. S., mejor colación os doy que cena me 
dieron vuestras coplas la noche pasada; mas ya, gra- 
cias á Dios, haueys parido lo que concebísteis; tal es 
lo uno como lo otro: con^epit dolorem et peperit iniqui- 
tatem. Bendito sea el que lo sacó á puerto de claridad; 
descansado estoy, aunque sea vuestro et parto y se 
me pasen á mí los entuertos. 

En lo que toca á la fee y creencia que yo tengo, 
digo que tengo y creo firmemente que V. S. nunca 
hace conciencia destas cosas que dize, aunque son muy 
graves por salir de boca á quien se debe dar gran cré- 
dito y autoridad. La misma inclinación halla sus des- 
culpas para hazer tiuiano el pecado; y por eso, quanto 
en mí es, yo lo perdono á V. S.; y si todos hazen otro 
tanto, podrase llamar general indulgencia, porque son 
muchos los amenguados y pocos los escogidos. 

Mándame V. S. que, dexadas todas las cosas, 
entienda yo solamente en mi medicina. Hallo mi en- 
tendimiento con tantos senos, que caben en él en- 
voltorios de cosas diversas, sin que las unas empachen 
á las otras; mas yo quiero tomar de aquí adelante el 
parecer de V. S.; y para reconocimiento de la buena 
obra, quiero ofreceros la primera recepta, como quien 
da las primicias de la fruta al hazedor della. 

Aquella Señora estaba muy ufana con mi carta, 
porque ella la mandó hazer así para burlar de los ena- 
morados y para sacar á pla^a lo que pide en todo su 
seso, como quien no me da nada , y hállanse agravia- 
dos porque no les concede la honra y la onestidad y 
la vida la que no los conoce ni los verá jamás dentro 
á tres dias. V. S. no tuvo entrada ni participación en 
este negocio, y tres meses antes que aquí llegásedes, 



_ 27 — 
era ya passada la razón dello. Tomastes , empero, tan 
á pechos la injuria de la injuriada, y hizistes os tan 
familiar de la nunca vista ni conocida, que se deue creer 
que es enfermedad ésta que V. S. tiene de coplear: es 
fluxo de coplas como de cámaras , ó es puxo en que 
se levantan muchas veces , y no hacen nada. 

Este, por la mayor parte, procede de ventosidades. 
Apártese V. S. de las cosas ventosas, y allegúese a las 
sustanciales y ma^i^as, porque éstas , aunque son me- 
dicinales y desabridas, huelen muy bien, y las otras 
hieden. V. S. sabrá preparar la medicina mejor que 
nadie, y dándole buen sabor , la hará provechosa para 
toda la república. En Carago^a , siete de Diziembre, 
mil quinientos diez y ocho. 



í 




IX. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL DüQUB DE GANDÍA. 



{Sin fecha ) 



MANDA V. S. que yo me desocupe un rato 
para ordenar una bula en que trate de la 
redempcíon de los captiuos, que representara 
la far^a que tenéis ordenada para delante la Reyna y 
las damas. Ella es materia muy diferente de las que 
tratan los libros por do yo estudio, y no sé cómo acer- 
taré yo en ella; mas ya he hallado un buen camino para 
no errar, y es perdiendo el seso quando ordenare la 
bula, pues que V. S. le ha de perder quando la predi- 
caren; y será desta manera : 

Este es el traslado , sacado del latin en romance, 
de la bula original, otorgada y concedida por el nuestro 
muy Santo Padre León quinto dézimo, para la re- 
dempcion de los caualleros captiuos en las provincias 
de la iuuenta, vil y viciosa barbaria y la caballería, 
cuyo tenor es el siguiente : 

León quinto dézimo, obispo, sieruo de los sieruos 



IX. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL DUQUE DE GANDÍA. 



{Sin fecha ) 



MANDA V. S. que yo me desocupe un rato 
para ordenar una bula en que trate de la 
redempcion de los captiuos, que representará 
la far^a que tenéis ordenada para delante la Reyna y 
las damas. Ella es materia muy diferente de las que 
tratan los libros por do yo estudio, y no sé cómo acer- 
taré yo en ella; mas ya he hallado un buen camino para 
no errar, y es perdiendo el seso quando ordenare la 
bula, pues que V. S. le ha de perder quando la predi- 
caren; y será desta manera: 

Este es el traslado , sacado del latín en romance, 
de la bula original, otorgada y concedida por el nuestro 
muy Santo Padre León quinto dézimo, para la re- 
dempcion de los caualleros captiuos en las provincias 
de la iuuenta, vil y viciosa barbaria y la caballeria, 
cuyo tenor es el siguiente : 

León quinto dézimo, obispo, sieruo de los sieruos 



— 3o — 

de Dios, á todas las damas piadosas y fíeles, salud y 
apostólica bendición. Sabed que, por parte de muchos 
caballeros, nos es hecha relajón cómo el tirano Cupi- 
do, que se nombra emperador y presidente general de 
las letras de amor, principe de las provincias de la 
juuenta, vil y viciosa barbaria y la caualleria, duque 
de Celosía y de Bramantes, señor de Brutania y de 
Cornualla, infiel y enemigo aduersarío de todo cora- 
zón y libertad humana, tiene captiuos prisioneros mu- 
chos nobles y generosos caballeros en muy escuras y 
horribles prisiones, do ellos padecen tantas opresiones, 
vexaciones y tormentos, que cada uno dellos incurre 
gran peligro de renegar de la puta perra que los parió, 
si la diuina misericordia no permite alguna limosna y 
charidad vuestra. Y porque mas seays conmovidas a 
compasión y dolor de estos vuestros próximos aflixidos 
y tristes, se darán aquí expresados, y se darán algunas 
de las maneras y formas que este pérfido enemigo 
tiene en aquellas crueldades y ferocidades que contra 
ellos usa. 

Primeramente, él les muestra las damas hermosas, 
de agradable postura y gracia, y mándales que las 
miren con mucha atención, y á ellas que les echen los 
ojos graues, pero alegres, mansos y favorables; y de 
los ojos hermosos dellas salen cinco rayos de claridad, 
que casi encandilan y ^iegan los sentidos de todos, y 
en el cabo de cada rayo dellos viene puesto un anzue- 
lo, ceuado con gusanillos verdes, serpientes muy pon- 
zoñosas: y. en los míseros corazones dellos ponen pól- 
uora encendida con el su inextinguible fuego de Vd- 
cano y de la concupi^ien^ia , porque si alguno de los 
escarmentados no quisiere picar con el anzuelo y rehu- 



. — 3i — 

sare el peligro, la fuerza de aquel fuego le ponga des- 
asosiego y angustias, turbaciones y oluidan^a, para 
que, cerradas y selladas todas las puertas de la razón 
por do él podría salvarse y acogerse, y abiertas las 
ventanas y portillos de los sentidos , por do él pueda 
ser combatido y lombardado, él se viene á rendir muy 
locamente y traga el anzuelo, y mételo dentro de sus 
entrañas. Aquellos garfios emponcoñados trauan del 
malauenturado y triste coraron, que á la vez siente 
por entonces la furia de aquel veneno, porque tal es 
la calidad de aquellos gusanos verdes , que hazen su 
obra poco a poco, sin ser sentida ni reconocida; mas 
cuando ya se apoderan de todas las potencias y fuer- 
cas del coraron, y le tienen preso y aherrojado, haze 
bascas, da mil vuelcos dentro del cuerpo, no sosiega 
en casa ni halla remedio fuera, pierde el seso, pierde 
el sueño, pierde el comer, muere por ver la dama, no 
se la muestran cuando él quiere, muestrángela á incier- 
tas horas, no para que goze de la vista, sino para re- 
verdecer y avivar la virtud de la poncoña: y la dama 
cruel, arma y ministerio del diablo que la lleve y del 
tirano susodicho, como siente preso y rendido el caba- 
llero, muéstrale los ojos turbios así como eran al co- 
mienco suaves; muéstrale el rostro torcido; disimula y 
haze que no le mira. Con estas gotas de agua se en- 
ciende la fragua en que el triste es quemado y abrasado 
muchas veces en el dia, y otras le reconoce con sem- 
blante y humanidad alegre. Así le trae fluctuando de 
acá para allá, dándole mayores penas con los halagos 
que con los tormentos, y curándole las llagas para tor- 
nallas á acrecentar, recreándole con esperanca para que 
venga más furiosa la desesperación. 



— 32 — 

Y ¿qué más haze el perverso Príncipe para que los 
mismos presos no se consuelen ni descansen unos con 
otros, como suelen hacer todos los aflixidos? Siembra 
zizaña y discordia entre ellos, rencores y odios secre- 
tos; haze á la dama del uno que mire y fauorezca al 
otro, y preso el segundo vuélvese al primero, y así 
hace con el tercero y con el quarto. De lan^e en lan^e 
cres^e la confusión, la desorden y los desatinos de tal 
manera, que ni el cora9on que lo siente lo entiende, 
ni la lengua humana lo puede dar a entender. 

Por tanto, vista la razón y examinada por nos en 
el nuestro concilio, hallamos aquí muchos inconvenien- 
tes, señaladamente hay dos muy graues : el uno es la 
desenfrenada licencia deste tirano y su desmedida 
crueldad por tan nuevas maneras de tormentos exer- 
citada en estos míseros caualleros, de quien tenemos 
gran piedad; el segundo es la desordenada ingratitud 
y diabólica soberuia de las damas: y porque ellas están 
engañadas con su vana elación y presunción, nos 
plugo de retexer y inxerir en esta bula el origen y na- 
cimiento dellas , porque sepan por dotrina de la Sa- 
grada Scriptura cuánto le deben y cuan poco le pagan 
al hombre. 

Nuestro Señor Dios , en los principios de la crea- 
ción, formó la mujer de una costilla del hombre, y 
sus huesos y su carne prestado lo tiene del hombre, y 
es obligada, por pura deuda y restitución, de dar el 
cuerpo al hombre quando ge lo pidiere, que él es tal 
que luego se le volverá, y á las veces doblado. Y pues 
la carne de la muger es una con la del hombre, no se 
debe apartar ni hazer agena, que así lo dixo Adam en 
el Genisi: <Esta es carne de mi carne y hueso de mis 




— 33 — 

huesos>; por tanto niega el hombre á su padre y á su 
madre, y pega con la muger y hácense una misma 
carne. Aquí hay lugar de gran tentación para todo fiel 
chrístiano. 

Tiene sobre sí la muger otra segunda obligación: 
que así como la costilla fue hecha para guarda y am- 
paro del cora9on, que le defiende de los incursos y en- 
cuentros mundanos, así la muger, hecha de la costilla, 
debe guardar el cora9on del hombre , no aflegille , no 
lastimalle, no enchille de cuydados, de sobresaltos, 
de tristezas, de ^elos y rauias mortales , que ya no es 
costilla la muger del hombre, sino costa que le cuesta 
la vida y la hazienda y la salvación. Esta es una in- 
gratitud tan grande de las damas que por ella deben 
ser anatematizadas y malditas por la Sede apostólica. 

Qué diremos si no que debe la muger al hombre 
todo aquello que es suyo proprio del hombre, y tan 
suyo, que aun Dios Nuestro Señor no quiso tener po- 
der ordinario en ello; que la infinita potencia de Dios 
crió el alma del hombre con una voluntad libertada, 
que hiciese de sí lo que quisiese y le pluguiese; y la 
dama tiene poder sobre la voluntad del caballero, que 
él no tiene más ser ni más voluntad de quanto ella 
quiere y manda; y quanto ella más ligado y más preso 
le tiene el albedrío, y quantos más premios le pone, 
tanto él se tiene por más bienaventurado? 

Con todo eso, los tratan como á enemigos las ene- 
migas de Dios; córrenJos, corridas sean; deséchanlos, 
desechadas sean; aféanlos, feas se tornen; acornéan- 
los, cornudas sean; cánsanlos, cansadas se vean; tráen- 
los debaxo de los pies , debaxo se vean ; maldízenlos, 
malditas se vean, y todas las maldiziones dellos vcn- 

3 



-^4- . 
gan sobre ellas , si luego no pusieren por obra la re- 
dempcion destos captiuos caballeros. 

Por tanto, mouidos con entrañas de misericordia y 
compasión, concedemos y otorgamos esta bula y breue 
para todas las damas que quisieren usar de caridad 
con sus caballeros. Gánanse los perdones sin dar dine- 
ro, sino un sí, y una joya de su cuerpo, qual ellos la 
pidieren; y porque se les hará vergonzoso dezir el sí 
públicamente, mandamos á nuestro comisario el Re- 
verendo Arzobispo de Braga que tome un plato en 
sus manos y una varita puesta en él, y discurriendo 
por todas ellas á pedir la limosna, la dama bendita y 
limosnera que tocase en la verga es tanto como si 
dixesse sí, y le son concedidas todas las gracias de la 
bula y breue. Dada en Roma, etc. 




X. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL ARZOBISPO DE SANTIAGO. 



{Barcelona y 20 de Mar^o de iSiq.) 



UNA carta reciuí de V. S. que fué comencada 
en el aldea por Septiembre, y acabóse en 
Salamanca por Noviembre, y vino a Barce- 
lona á mis manos por Hebrero, el año de la fecha no 
se sabe, mas es de creer que fué después que V. S. 
vino de Roma, porque antes, cuando érades Aldnso de 
Bejar, no nos scribíades tan perezosamente. Después 
que las damas vieron la carta, sopláuanme con sonidos 
como a negro. No pude vengarme de sus mercedes, 
porque todo el mal y daño que se les puede hazer es 
mucho menos de lo que ellas querrían; ni puedo satis- 
facerme de V. S., porque estays tan amparado de 
todas partes, que no hay quien pueda picaros en 
la hazienda, ni en la sangre, ni en la carne: la una 
guardáysla vos, la otra guárdaosla Dios, la otra guar- 
dóse ella de vos; assí que V. S. ha ganado gentilmente 
honrra conmigo hasta que Dios quiera que vengays á 



— Jó- 
la Corte in aternum con D. García de Padilla , et cum 
angelis suis. Entonces, Señor, podrircys vuestra sangre, 
y combatiendo yo por las mañanas y el Duque de Alúa 
por las noches , desataremos presto el edificio que ha 
fundado con tanto trabajo el Doctor de Oropessa. 

El Rey, nuestro señor, trata en esto de Imperio, 
porque después que fallesdó el Emperador, su abuelo, 
todas las comunidades de Alemania le piden, y los 
electores están de buen propósito, no embargante que 
la competencia del Rey de Francia es grande, porque 
suele negociar asegurando, y pone mayor diligencia 
donde muestra mayor descuido; siembra sÍ9añas; cor- 
rompe juezes y haze otras artes que son del mayo- 
razgo de la casa de Francia. Mas todo esto no le 
bastará, porque los alemanes le desaman mucho, y el 
Rey, nuestro señor, es su natural, y quiérenle bien. 
Ora véysle aquí Emperador al nuestro. ¿ Si será por 
eso mejor ó peor para nosotros ? Cierto es que no le 
veremos más en Castilla, y que cessarán las Cortes y 
los tratos y el dinero; mas viuiremos como philósophos 
y saluaremos nuestras almas, porque no nos tentará 
el mundo, que estaremos fuera del ; ni el diablo, por- 
que no querrá dexar la Corte; ni seremos tentados de 
la carne, porque todos pereceremos de hambre. 

Las nuevas del casamiento de la Reyna que acá se 
dizen, allá deben andar más rezias, porque la fama 
crece de boca en boca, y assí dizen della que mobilitate 
vigeí viresque adquirit eundo. Hasta ahora no es hecho, 
mas hazerse ha plaziendo á Dios , porque Mosiur de 
Xevres lo negocia, y el Rey lo ha gana y la Reyna 
también. 

De las damas nos faltaron en Carago^a Doña Ana 



-37- 
de Cerbato, que era la luz del alúa, y Doña Beatriz 
Icarte» que alumbraua la noche, conviene a saber, á 
D. Pedro de Mendoza. Assí que aquellas á quien hizo 
Dios dúo luminaria magna y luminar e maius ut presseí 
nocíiy entresacólas y quedamos oscuras con solas las 
erráticas; y ahora también se nos va Doña Speran^a, 
que era muy buena masa, y Doña María de Men- 
doza, muy buena leuadura. Hauremos de venir de 
aquí á poco á quedar royendo en los cortezones de 
Palafox : esta nunca nos faltará hasta la hora de nues- 
tra muerte, ni aún después de muertos, si hauemos 
de yr do merecemos. De la una muerte y de la otra 
nos libre Dios. De Barcelona veinte de Marzo de 
mil quatrocientos diez y nueve. 



XI. 



BL DOCTOR VILLALOBOS AL ARZOBISPO DE SANTIAGO. 



* {Barcelona, 8 de Setiembre de iSig.) 




üiEN esta de assíento en Salamanca, aunque 
sea tan gran señor como V. S. , es obligado 
de importunar con cartas á los de la Corte 
más que una monja encerrada, porque después que 
hubiere V. S. hablado con los juristas y dixeren que 
no compete, y los artistas que no hay vacuo, y los 
médicos que no hay digestión , y los caualleros que no 
es buena tierra de pan lleuar, no queda más que hazer 
por todo aquel mes, sino es cerrarse en una cámara y 
despachar cartas para toda la Corte. Y por esto deuo 
estar yo muy sentido, siendo tan criado y servidor 
de V. S. , y tan buen corredor para cambiar y vender 
todas las ropas de Palacio, nunca más hauerse acordado 
describirme, después que me embiastes aquella carta 
con treynta medias mangas, puntas y collar. Yo pro- 
meto á V. S. que si no tuviésedes aquí un hombre 
tan vigilante y tan importuno en las cosas de vuestro 



— 40 — 
servicio, que me ha sacado de mi seso para que pierda 
mi autoridad y preheminencia , que ya tenia determi- 
nado de no scribiros en toda mi vida. Porque sepa V. S. 
qué cosa es saber que está hombre a la muerte dos 
meses al arreo, y no tener cuydado de saber si es vivo 
ó muerto; y no quiero tocar más en esta materia, 
porque á las veces comienza en el hombre la ra9on 
burlando, y en el proceso della se enoja de quien no 
estaba enojado sin haber entreuenido menos deméri- 
tos; desta manera me ha deshonrrado la Reyna mu- 
chas veces en este mundo. 

Y porque viene á propósito hablar de su Alteza, 
digo que nunca el Rey, nuestro señor, t'rauajó tanto 
por ser Emperador, ni Julio César por ser Monarca, 
cuanto ella trabaja y suda por no ser Reina; y no em- 
bargante que la virtud del Rey, su marido, bastaua 
para hazer Reynas á las piedras que tocaua, como la 
piedra de los alquimistas, que según dize D. Almeri- 
que, haze oro al plomo con quien se mezcla, con todo 
esso, la Reyna hubiera ya salido largamente con su 
empresa , sino fuera por unos amores que el Duque 
ha tomado en su casa. Hasta que estos se acaben 
durará la far9a, y luego quedarán las personas en sus 
proprias dignidades. 

El Rey, nuestro señor, manda ya apercibir todos 
los aparejos de su embarcada, y se parten muchos 
flamencos para su tierra, y mañana se va de aquí 
Madama de Xevres con todas las señoras y damas que 
hay acá de Flándes. Los cathalanes no se mueven por 
eso más apriesa en despachar sus Cortes, porque no 
andan passo sin espolada; y como son espantadizos, a 
las veces tornan atrás todo lo que han andado. 



_ 41 — 

Después de acabadas las cosas de aquí y las de Va- 
lencia, unos dizen que su Alteza quiere ver a Granada 
jr á Seuilla ; otros dizen que ha de embarcarse en la 
Coruña el verano que viene. El Rey ha dicho lo uno 
y lo otro, en caso que son dos cosas incompatibles* 

Acá no hay hombre que alcance un ducado: los 
grandes señores y los chicos todos toman dineros a 
cambio, y pagan en tres meses do^e por ciento, y va 
la cosa estrechándose de tal manera, que de aquí a 
poco nos hallarán ciento por ciento. El Rey tiene más 
necesidad que todos juntos. 

Esto es para que sepamos que el acrecentamiento 
de los estados y la corona imperial ha de crezer la mi- 
seria y el trauajo de su Señor y la envidia de sus veci- 
nos, y que esta sed que trahemos se satisface mejor 
con lo poco que con lo mucho. Yo no puedo acabar 
conmigo de ser alemán, porque ni Dios me hizo con 
aquel fin, cuando me ponía la color, ni me parió para 
eso mi madre. Si Spaña no basta para sustenerme, 
bastará la misericordia de Dios: es muy corta la vida 
para poner sobrella tan gran jornada, y es muy ruyn 
mercaduría curar calenturas donde no hay sino nieves 
y la mar coajada. Vnos compañeros mios, más viejos 
que yo, andan muy regocijados con esta partida, mas 
si ellos no son locos, yo soy necio, y por esso me 
quiero quedar. De Barzelona ocho de Septiembre de 
mil quinientos diez y nueve años. 



XII. 



£L DOCTOR VILLALOBOS AL ALMIRANTE D£ CASTILLA. 



{Medina de Rioseco, lo de Mayo de iSao.) 



BESO las manos á V. S. por la merced y buena 
esperanza que me dio con su carta: nunca Dios 
me dé lugar para que la sirua sino con la espada 
en la mano, porque quien me viere esgrimir con ella 
vivirá primero más años que Mathusalem. 

Algunas persecuciones pasamos antes que tomáse- 
mos aquí nuestro asiento, y la que yo sentí más graue, 
fué de sacar de rayz mi casa de Alúa, y despedirme de 
la buena compañía del Duque. El se marchó con pro- 
pósito de apremiarme y forjarme para la yda de Flan- 
des. Si Dios no socorre, por intercession de V. S., mis 
fuerzas no serán bastantes para defenderme. Después 
acá he tenido recuestas y tentaciones de muchas par- 
tes, y escúsome de todos con aquella respuesta que 
dio Nuestro Señor Jesuchristo á la Cananea: Non sum 
missus nisi ad oues qui perierunt domum Isrrael. No la 
vuelvo en romance, porque no piense V. S. que yo 
estoy vengativo de las coplas de Carago^a. 



— 44 — 

Pocas noches ha que se quen^aron dos casas a pared 
y media de la mia ; y como este elemento es algo sos- 
pechoso y la turbación fué grande, de poner en saluo 
los niños y los muebles estuuo muy cerca mi muger 
de mouer lo que tenia en el vientre. Plugo á EMos que 
con beneñcio de la noche, que fué lluviosa y sosegada 
de vientos, se atajó presto la gran flama, de manera 
que no nos tocó : ciertamente no era ésta la fiesta que 
nosotros buscábamos. 

Las nueuas de acá son que el Rey, nuestro señor, 
con toda la nobleza de Spaña , está en los postreros 
términos del Occidente, los unos para meterse en la 
mar huyendo de nuestra vista, y los otros para echarse 
en la mar de desesperados de las suyas. Hanos traydo 
Dios á tiempo que ninguna consolación se halla , sino 
la que siempre desechamos y aborrecemos, y es el 
amor y uso de la virtud , estimando todas las cosas 
prósperas y aduersas por su justo valor y no más, y 
con esto cada cual se contentará de sus muros adentro, 
y no andará congojoxo y sudando en busca de tantas 
locuras y vanidades. De Medina de Ruyseco diez de 
Mayo de mil quinientos veinte. 



XIII. 



EL DOCTOR VILLALOBOS A DON DIEGO DE GUEVARA, 

CLAVERO DE CALATRAVA. 



( ValladoUd, 7 de Junio de i52o.) 



Q 



üANDo el Rey, nuestro Señor, estaba triun- 
fante en Spaña, sin que nadie sospechase su 
partida para Flándes, estando acá v. m. 
en su naturaleza, en tan buen lugar puesto que 
cualquiera gran Señor negara su casa por llegar á 
do vos alcansáuades , acordastes de menospreciallo 
todo y partiros para Flándes. Todo el mundo apelli- 
daua contra tan gran desuarío: vuestros enemigos con 
mucha ira, y los otros con gran risa, disputaban de los 
motiuos con que aceptaste tan mal consejo. 

M o vistes vuestra casa de Barzelona camino de 
Bruselas las arcas llenas de oro, y hasta la mitad del 
camino fuistes acompañado de Monsiur de Xevres 
con toda la flor y nobleza de Spaña; y de allí se gastó 
vuestra jornada en las palmas de los franceses, sin 
embaraco ni contraste de la fortuna. Como Uegastes 



-46- 
alia, el Rey, nuestro Señor, fué elegido (^észTj y ga- 
nastes gracias de la elección, como si fuéraddi un al^ 
man : tras esto gozastes de la yda de su Magestad allá 
y de su presencia. Si estas cosas dispone la fortuna, 
ella es ciega y no conoce lo que hace; y si Lis haze 
Dios, nosotros somos los ciegos que no conocemos sus 
juycios. Dígolo porque v. m. no haze tan santa 
vida que 'merezca tantos regalos, porque sabemos 
que comeys mejor que nadie, y bebéis mas vino de 
Sant Martin que una puercasuera ', y gozays de la 
humanidad con que dura la humanidad, y assí lleua- 
reys hasta la postre vuestra carrera; y después, con 
sola una hora que os ocupeys en podar la ^epa, que 
así se deue llamar, y con un pimpollico verde que se 
le salga, echareys fruto de vida perdurable; y Don 
Alonso Tellez, podreciendo su sangre con los negocios 
ágenos, perdiendo todos los dias el sueño y el comer 
por mil cosas en que no le va nada, y reuolviendo con 
su fantasía tantas veces la redondez del mundo quantas 
vueltas da el barril en la rueda del cantarero, cargado 
de rosarios y envejecido en ayunos y abstinencias, 
todo maltratado, mal dispuesto y barbudo, vereys 
como al tiempo de la cogeta, ya cuando estén las espi- 
gas llenas de grano, con un granito del diablo, ó con 
una niebla del mundo, se le quemará todo, y darán 
con la paja en el fuego. Estos son los juizios escon- 
didos de Dios: passan por v. m. estas buenas ven- 
turas, que no hay quien os diga nada, y ando yo con 
tanto estudio y trauajo buscando la vida, que si los 



I No conozco esta palabra y me inclino á creer que es error de copia, 
y que debe leerse puerca suero, con lo que resultaría clara la frtie: cbe- 
beis más vino de Sant Martin que una puerca suero.» 



— 47 — 
otros no adolecen, yo no puedo comer; y si alcanzo 
á la mano ^ient ducados, los unos dizen que me lo 
prometió Jesuchrísto en el monte Caluario, y los otros 
me leuantan un falso testimonio, con que todo vaya 
en hora mala. 

La república de Spaña anda trastornada: juzgados 
Y sentenciados los juezes, y hechos juezes los juzga- 
dos; los Señores solos son los vasallos, y las comuni- 
dades son los Señores. Hay la mayor disensión que 
nunca se vio, en la mayor conformidad que nunca se 
oyó; la discordia y la concordia tan juntas y tan entre- 
texidas, que entre sí no hazen diferencia, los unos 
hijos de los otros; los más ruynes de los pueblos man- 
dan ahorcar por justicia á la misma justicia, y á los 
que tienen voz y apellido del Rey; y como tal edificio 
va sobre flacos y falsos cimientos, es forjado que 
breuemente perezca hasta que no quede teja sobre 
teja, si la venida del Rey, nuestro Señor, se dilata. 

Aquí anda un cauaUero flamenco, que se Uama 
Grupayn, que no osa mudarse de su lugar , como los 
niños que han meado en la cama, hasta que se seque; 
bebe el jarrazo del agua que le haze renegar de la leche 
que mamó; y por parecer castellano da muías y quanto 
tiene, y dize que no cree en Dios á cada paso. Enviad- 
nos acá de essos flamencos más brauos, que en ocho 
dias apriendan todo esto en las escuelas de la Santa 
Comunidad de Castilla. 

Todos estos dias estoy muy triste y muy quebran- 
tado con la desastrada muerte de nuestro amigo Jufre, 
que padeció su cuerpo martirios muy crueles, y corrió 
su alma peligro de otros peores. Era hombre de todos 
oficios y maneras de hombres , y así todos los officios 




-48- 
y linages de hombres sin ninguna humanidad lo ma- 
taron; y porque del todo se le turbase la con^ien^ia, 
antes que muriese vio delante sus ojos quemar y des- 
truir toda su hazienda, porque en él habia cambiado 
la fée y la speran^a y la caridad, y sin dalle espacio de 
arrepentimiento, ni aliento para suspirar, miembro 
por miembro le cortaron todo. 

Otras nueuas no las escribo, porque sí hablo contra 
el Rey seré traydor, y si contra la Comunidad seré 
puto, porque ya no quieren ahorcar a ninguno sino de 
los pies, y si hablo contra el tiempo sería herege, por- 
que es delito contra el primer mandamiento, y no fal- 
tará quien me lo acuse. En Valladolid, siete de Junio, 
mil quinientos veinte años. 



I 



XIV. 



EL DOCTOR VILLALOBOS A LA MARQUESA DE DÍNIA. 



(Medina de Rioseco^ i5 de Agosto de iSao.) 



A cinco días dcste mes, mi mugcr, criada y 
servidora de V. S., hizo su fin de la misma 
manera que ella lo nego^iaua en la vida, y por 
muy arrebatada que le vino la muerte, no la pudo 
hallar desapercibida para la jornada, porque siempre 
andaba á punto de partir. Morió tan gloriosamente, 
que en toda esta tierra ha dexado espanto y dolor. 
Nuestro Señor con su muerte hizo dos satisfaccio- 
nes, la una á ella y la otra a mí; á ella le dio en el ^ielo 
por sus méritos el maior galardón y deleite que se puede 
pensar, y á mí en la tierra por mis pecados el maior 
castigo y tormento que se puede sufrir; la señal desto 
es que la lleuó en la maior perfección de su vida y en 
la maior disolución de la mia. Y porque yo no conoda 
ni agradecía á Dios la muger que con tal merced me 
hazia, quítemela desgraciadamente viniendo de (¡Za- 
mora a la nueva de su parto , habiendo caminado la 



— 5o — 

noche con propósito de tomalla entre los brazos y 
hacelle mil regalos. A las puertas de casa me dixeron 
como la mañana de antes la hauian enterrado. 

Desta nueua ninguna pena sentí, porque ningún 
sentido me quedó con ellas ; mas ahora, de dia en dia, 
como voy cobrando el aliento, assí le voy perdiendo 
con la fuerza del dolor; y hago mil contemplaciones 
piadosas de los enojos y agrauios que hize a la corderita 
mansa, y de los trauajos y cuidados en que la ponía, 
y de otras cosas, que ó ellas han de perderse de la 
memoria, ó la memoria se perderá con ellas. 

Lo que a V. S. demando en merced y limosna, es 
que encomiende á la Señora Doña Ana y a otras bue- 
nas religiosas la bendita alma de esta vuestra criada, 
que ella está en parte do lo podrá pagar á V. S. y á su 
casa, la cual prospere y guarde Dios para su servicio. 
De Medina de Rioseco quince de Agosto de mil qui- 
nientos veinte años. 




XV. 



EL DOCTOR VILLALOBOS k DOSa MARÍA DE TOLEDO, 

EN LA CORTE DE ALEMANIA. 



(Medina deRiosecOj ai de Enero de ¡bit.) 



EL Otro dia me dieron una carta de v. m.: por 
quantas mercedes en ella me offre^eys, no me- 
receys gracias, porque teneys vi^io de hazer 
virtudes como los otros de ser pecadores. Holgado he 
que no haya llegado á. manos de v. m. ninguna carta 
de las mias, porque todo quanto se escribe con mucha 
pasión, contiene en sí grandes necesidades ' y pesa- 
dumbres. 

La vida que de un mes á esta parte he tenido es 
andar armado cada noche por la ronda desde las doce 
hasta la mañana, porque tenemos cobrado tan gran 
miedo a la Comunidad, que no pensamos que anda por 
los caminos, sino que vuela su exército por los ayres, 
y que es una alimaña encantada que traga los hombres* 



I Tal vez deba leerse necedades. 



— 52 — 

vivos. Ha traydo los dias passados arrinconados los 
Grandes en sus barreras que le dexan todo el corro, 
sin haber quien ose echalle una vara, y trae la Santa 
Junta un Obispo que sus hazañas son dinas de perpetua 
memoria. Dos dias ha que no se desarma ni de dia ni 
de noche, y duerme una hora no más sobre un colchón 
puesto en el suelo, arrimada la cabera al almete; come 
las más veces cauallero en un cauallo saltador que 
trae; ármase de tantas armas que el peso dellas es 
incomportable; ha combatido tres ó cuatro fortalezas, 
y él es el primero que llega á poner fuego a las puer- 
tas; va entonces su excelentísima señoria deuaxo de 
un carro, y sobre el carro trillos ó puertas en que 
recibe los esquinazos; pónese á gatas con todo el pesso 
y ocupación de sus armas , tirando del carro más que 
quatro hombres; y á cada esquinazo que le arrojan 
dize: <¡Oxalas, muchas gracias te doy, bendito trillo!> 
y si es puerta dize: <Dexa á essa otra puerta;> pone 
su fuego, y después, por desuiarse presto de la llama, 
toma el trillo á cuestas, y assí vestido en pontifical, 
sale afuera y santigua la fortaleza con su artillería. 
Sus congoxas y vascas y su rifar con los caualleros y 
sus enemistades con Dios y con el próximo, que es la 
perfecta charidad, todo ello parece de la librea del 
infierno; rescata y roba por los lugares y házeles en- 
tender que les da la vida y que Dios le enuia por la 
saluacion y uniuersal reparo de los reynos. 

Tras esto se sigue Juan de Padilla y todas las 
comunidades, y aunque la impresa que trae es pcruer- 
sa, él en sí es buen cauallero y enemigo de hazer mal 
á nadie. A estos se llega toda la gente dañada y 
desesperada, hombres condenados, ladrones, rufianes 



— 53 — 

y blasfemadores, y otro qualquier género de maluados 
y endemoniados. 

Lo que se puede seguir desta tal Junta, a la cual 
ellos llamaii Sacrosanta, v. m. lo puede ver desde 
allá. Todo el reyno está destruydo, ningún estado 
se asegura desta persecución: los Grandes no tienen 
qué comer, todos los que de allí baxan no lo pueden 
ganar, antes lo que tienen unos lo pierden por los 
caminos á manos de sus enemigos , y otros lo pierden 
en las yglesias, do lo esconden, á manos de sus amigos, 
porque debaxo del altar se lo hurtan. Esto passa en 
las villas y ciudades deste reyno, que no hay quien 
tenga en su casa una cama en que duerma : tanto es 
el miedo de saquear, que huyen los de un lugar á otro 
lugar, pensando que á do quiera estarán más seguros 
que alli do ellos tienen el miedo; y á do van, allá les 
sigue el asombramiento como la sombra, y vuéluense 
y andan en deuaneo, que nunca se vio tan desasosegada 
y tan loca vida. 

El Almirante nunca entiende sino en conciertos y 
pazes, y para esto desuélase y haze cartas más elegan- 
tes que Séneca y Tulio, las quales, leydas en pulpito 
á la gente baxa y menuda, que son los que ahora tra- 
tan la masa , entienden los primores y sutilezas dellas 
como las ouejas y las uacas entendian los altos ver- 
sos que les contaba la Sibila. No sé cómo puede haber 
concierto con la gente que nunca lo tuuo, y menos 
ahora, que viven sin el yugo del Rey y sin el freno 
de la justicia, cómo se podrán someter á razón los 
jornaleros y báruaros que nunca tuuieron uso de 
razón humana. 

Nunca se pueden ganar todos los votos que son 



- 54- 
infinitos, ni se puede hazer nada si uno desconsiente, 
maiormente si tiene alto el tono de la voz; alguna 
vez milagrosamente acaece que se conforman todos 
Y conocen la 9eguedad y perdición que traen, hallán- 
dose muy fatigados y cargados con su exérdto, asn 
poft^ue son muy malos huéspedes y ladrones, y les 
cometen muchos estupros y violen9Ías con sus mu- 
geres y hijas, como por las grandes sisas y tributos 
que pagan, y otras miserias que padecen innumera- 
bles; assí que se conforman y hablan de paz, y quando 
ya la tienen casi concluida, como son de naturaleza 
inconstante y mudable , de un dia para otro se per- 
vierten y contradizen. 

Ayúdanles mucho en esta confusión las predica- 
ciones de algunos religiosos amigos de escándalos y 
desouedien^ia , y sobreuienen los satélites del dicho 
Obispo y sus caualleros, y dizen assi: «¡O pobres de 
hombres que assí os quereys tan presto cometer ' y fiar 
de vuestros capitales enemigos , que son los Grandes, 
sabiendo muy bien que son vemno y ponzoña mortal 
de la república, y que dellos ha venido todo vuestro 
daño y perdición; y ahora de nuevo quieren con 
vuestra sangre crecer sus estados y alcanzar las gran- 
des dignidades y officios para sus hijos; y quando el 
Rey, nuestro señor, no quiera mantener ni guardar 
los capítulos que ellos conciertan ' ¿ante quién les pedi- 
reys la fee y obligación ^ que se oíTre^en? Y quando 
hayan descabezado ó ahorcado tres ó cuatro mil hom- 
bres de vosotros, ¿a quién se quexaran las tristes viu- 



I Someter parece que debiera leerse. 

3 Concierten (?}, 

3 A que le ofrecen (?). 



— 55 — 

das? Y después desto los nobles y generosos caua- 
Ueros que han oluidado sus casas y patrimonios por 
sostener y amparar los vuestros, ¿á dónde los quereys 
enviar que no hay en el mundo Rey ni provincia 
que les valga? Este será el galardón que ellos merecen 
por seruiros, y pluguiese á Dios que sus caberas 
pagasen por el pueblo, y que vosotros quedásedes 
libres y no esclauos en perpetua servidumbre; mas 
ellos pássarán por el cuchillo de su santo y glorioso 
martirio, y se ternan por muy dichosos en morir por 
la patria y escapar de la subjeccion de los alemanes y 
flamencos.» A esta sazón se leuantan quatro ó cincb 
escandalosos del pueblo, y con lágrimas en el rostro, 
que apenas pueden hablar, dizen: «Señor, esse es el 
Evangelio, en esse creemos y por él queremos morir; 
cada uno de nosotros dará un quinto de su hazienda 
para sostener la gente de guerra y los caballeros que 
nos hacen espaldas; y nuestras cabecas serán las prime- 
ras que se pierdan por libertad común.» Luego toda la 
otra multitud, dando gritos, responden que ellos están 
prestos para hazer lo mismo, y assí rehazen de nueuo 
el exército y son peores que antes que se tratase la paz. 
Assí que esta enfermedad del pueblo no tiene 
cura sin la presencia del Rey; y si ésta se tarda, los 
miembros están tan corruptos, que presto llegará el 
daño á la cabeca. Quando vuestra merced tuuiere 
ociosidad para escribirme, gran merced me hará con 
sus cartas , y si éstas no se pueden hauer, á lo menos 
haued paciencia con las mias , que irán allá tan espesas 
como piedras al tablado. De Medina de Rioseco vein- 
tidós de Enero de mil quinientos veintiuno. 




XVI. 



£L DOCTOR VILLALOBOS AL OBISPO DE FALENCIA. 



{Sin fecha,) 



ACÁ estamos espantados cómo en estos reynos 
hay una piedra sobre otra, porque un hombre 
muy loco es bastante para destruir un pueblo, 
¿pues qué sera adonde todos los pueblos son los más 
desatinados locos de atar que hay en el mundo ? Ellos 
piden por sus bocas que venga luego el Rey, nuestro 
señqr, y por sus obras dessean que nunca venga. 
Piden que su Magestad no les de huéspedes corteses 
y nobles; y ahora toma cada uno por su voluntad 
media dozena de soldados en su casa, que le comen á 
discreción , y se echan con su muger y con sus hijas, 
y á las vezes con él mismo. Piden que su Alteza no 
saque la moneda fuera del reyno, y ellos no la con- 
sienten entrar en sus villas y ciudades; no dexan hauer 
tratos y mercadurías, ni quieren que nadie gane de 
comer, ni se da ni se toma sino en picas y coseletes y 
pólvora con las otras municiones. Piden a su Magestad 



— 58 — 

que administre justicia, y ellos no la quieren ver 
dentro ni fuera de los muros, antes es hauido por cosa 
execrable y abominable el nombre de justicia, y los 
juezes, por parte de juezes, son condenados por tray- 
dores , y entre ellos tanto es alguno mas absoluto go- 
bernador, quanto es más disoluto malhechor. Piden 
al Rey, nuestro señor, que eche de su casa diez ó 
doze Ofñciales, porque hay sospecha que son robado- 
res, aunque dan cada un año estrecha cuenta de sus 
cargos ; y ellos crian ahora y mantienen veinte mil la- 
drones públicos , que sin dar cuenta a nadie roban lo 
poblado y lo despoblado, y despojan por las aldeas á 
los pobres labradores, hasta dexallos encueros. Y esto 
es bien empleado, porque desnudo el villano, con las 
tripas en la mano, dize que < ¡ Viva la Santa Comu- 
nidad ! » 

Escogen de todos los pueblos los más excelentes 
desorejados y blasfemadores que se puedan hallar para 
enviar á su exército; destos se haze la Junta, que es 
la Sancta Sanctorum destos ; predican en los púlfñtos 
y por las plazas el santo propósito de la Santa Junta, 
y si hay alguno que no esté del todo ^iego y perdido 
como todos, y los quiere poner en razón, mátanle 
luego, y si no le matan , no le escuchan ó no le en- 
tienden, y al cabo responden: <¡Viua la Santa Comu- 
nidad ! » No sé cómo pueden ser santos todos juntos, 
siendo cada uno dellos herege y traydor y ladrón y 
puto y cornudo y pobre, ó en qué hallan que es santo 
el cuerpo que se compone de tan vellacos miembros. 

Si Jufre hablara tan comedidamente como yo 
ahora , no le maltrataran en Burgos tan descortesmen- 
te , que á pocas le huuieran dado una bofetada ; asá 



-59- 
que estos señores santos muy mala vida nos dan, y 
peor se la toman para sí. 

De mi puedo dezir á V. S. que de puro miedo he 
perdido el sentido^ y viene la cosa tal, que ando 
armado lo mas del tiempo. La otra noche, á las dos 
horas que andaua por la ronda, en la ordenanza de 
un Capitán , y porque no le entendí quando me dixo 
que calase la pica, llamóme cabrón. Digo yo: <Esso 
merezco yo por dexar mi ofñcio de matar y tomar 
el vuestro en que me maten; cierto, á estas tras- 
nochadas ganaua su hazienda el puto de mi abuelo.» 
Yo, señor, no tenia culpa, porque cuando él me dixo: 
<Cala essa pica», como no entiendo bien este lenguaje 
de guerra, en verdad que pensé que dezia: <Caga esa 
pica»; y este ardid de guerra hiziéralo yo entonces de 
muy buena gana porque tenia gran miedo; que nos 
hauian dicho que á media legua Uegaua ya todo el 
exército de la Junta con tres culebrinas gruesas y un 
cañón pedrero y un Obispo de Camora y otros diez 
tiros medianos , y no nos venia socorro de Tordesillas, 
donde estaba el Almirante con toda la gente. Plugo á 
Dios que fué todo mentira , y assi escapamos aquella 
noche de tan gran peligro. 



XVII. 



£L DOCTOR VILLALOBOS A LA SESoRA DORa FRANCISCA 

SARMIENTO. 



(Medina de Rioseco^ i8 de Febrero de iSai.) 



TOMANDO este papel para escribir á V. S., llegó 
aquí de camino un casamentero conocido mió, 
y hablóme de achaque de casamiento. Dame 
gran priesa para que luego me parta, porque hay peli- 
gro en la tardanza según la diligencia que otros traen 
por Ueuarla. Defiéndome del con dalle á entender 
que no me puedo determinar sin consultallo primero 
con V. S. : la relación del negocio es ésta. 

Es una dueña que aún no llega a los quarenta años; 
tiene de renta ochenta cargas de trigo y doce mil ma- 
ravedises de yerba, con otras menudencias; deue hauer 
veynte años bienauenturados que ella es manceba de 
un clérigo bien honrado y gordo, el cual (santa gloria 
haya) la llamaba sobrina, y le dexó ahora esta hazien- 
da. Quanto á su disposición, es verdad que ella tiene 
una rija que le mana siempre, mas de todo lo otro 



— 62 — 

no se podría pintar una imagen tan fea ni tan vellaca. 
Sobre esta información podra V. S. darme su parecer 
para que despachemos a este hombre de bien. 

Lo otro que yo entendia scríbir aquí , era suplicar 
a V. S. que tomase tan de veras la cobran^ de mi 
libramiento, que mi críado venga con buen recaudo 
de los dineros ; que si vuestra intercesión no me vale, 
nunca el Almirante me hará esta merced ni otra que 
valga menos, porque en saber que soy de su tierra le 
tengo enhastiado, y esto no es sino por su gran humil- 
dad, que se tiene en tan poco, que todas sus cosas 
piensa que son las mas ruynes de todas. La misma 
condición tenia el Rey de Francia, antecesor deste, 
que siendo goloso de higos verdes, estaua en León de 
Sur-le-rron ' donde los hay los mejores del mundo, 
y no los podía comer sino le juraban que llegauan en- 
tonces de Ñapóles ó de Barcelona. 

El Almirante tiene por muy buena grangería traer 
de Cathalunia para Castilla físicos como cuescos de 
aluericoques , y el cirujano ha de ser de Sicilia, y ha 
de cerrar todas las herídas con unos poluos de estor- 
nudar que tiene; y aunque a su Señoría hagan enten- 
der que los Bachilleres comunes de Castilla tienen mas 
letras y mejor experíencia que los excelentes Doctores 
de Cathalunia , en ningún caso ha de aceptar físico ni 
cirujano sino fueren orientales. No sé qué secreto ha 
hallado en ellos, sino que son muy excelentes menti- 
rosos , y assi como la mentira es de muy buena diges- 
tión y no empalaga nada en el vientre , asa la verdad 
es dura y atraviésase en la boca del estómago. Y á 



I León sobre el Ródano. 



— 63 — 

estos cathalanes hales parecido poco mentir de lo pas- 
sado y de lo pressente , y por esso se pican todos de 
astrólogos para poder mentir largamente en todo lo 
que está por venir hasta que el mundo se acabe. 

Esta es una consideración con que yo estoy muy 
consolado, y me pessaría si entrasse en gracia del Al- 
mirante; ni quiero tampoco seruir á la Condesa de 
Medina, mi señora, porque según la doctrina de San 
Pablo, es tanta su conversación en el cielo que allá 
aguarda todas sus cosas, pensamientos, cuydados, 
joyas de plata y de oro, y mantequillas de León, y todo 
cuanto le traen, que no podemos alcanzar cosa dellas 
los terrenales que somos, por mucho que saltemos. 

Assí que. Señora, vista y examinada la complision 
destos señores, hallo que será bien cobrado este libra- 
miento del Rey por vuestra mano, no mouelles más 
los humores. De Rioseco á diez y ocho de Febrero 
de mil y quinientos y veynte y uno. 




XVIII. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL ALMIRANTE DE CASTILLA. 



{Medina de Rioseco, 4 de Abril de iSai.) 



EN muchas cartas me ha prometido y plantado 
V. S. grandes mercedes, y con la sequedad desta 
primavera no han prendido ni echado fruto. Di- 
zcn que cuando V. S. promete mucho, es menester 
buscar otro que cumpla las promesas, porque entram- 
bas cosas no las puede hazer uno solo. Yo siruo en 
vuestra casa por todas las vías y fuerzas que mi per- 
sona puede bastar ; la paga desto otro la Ueuará , por- 
que tampoco caben en uno solo entrambas cosas. 

Tan descansado queda V. S. después de hauerme 
scripto sus esclarecidas razones, cuanto yo quedo des- 
pagado dellas de mis negros trauajos. La primera uez 
son dulces al paladar, como miel, los halagos del señor, 
mas la miel sola para muchas veces no vale nada, 
porque no sólo no da mantenimiento al cuerpo, mas 
assí haze perder al cuerpo su propia sustancia, como 

yo pierdo todos mis méritos con la dulzura de vuestras 

5 



— 66 — 

cartas , pues en ellas se consume toda la satisfacción. 

De aquí adelante mándeme V. S. ásperamente, 
como tirano, y seruiré por fuerza con maior voluntad, 
porque me quedara esperanza y recurso á vuestra con- 
ciencia; y no me mandeys graciosamente como señor, 
porque lo hago con maior libertad; en esso tengo 
menos voluntad , pues veo que toda la buena gracia 
es palabra gratis data, y que no hay ohrz gratius faciens. 

Yo bien claro hablo, mas aprovéchame tan poco, 
quanto es poco lo que se me da por ello, por lo poco 
que dura lo que se da, y quien lo da y el que lo reci- 
be. De Medina de Rioseco á cuatro de Abril de mil 
quinientos veinte y uno. 




XIX. 



EL ALMIRANTE DE CASTILLA AL DOCTOR VILLALOBOS* 



{Medina de Rioseco, i3 de Abril de iSaS.) 



A toda Castilla teneys espantada , señor Doctor, 
de la mudanza que haueys hecho, porque 
todos los médicos cuentan por suma felicidad 
viuir con el Emperador y seruir á su Magestad con 
su officio; y vos, teniendo tan buen lugar en la Corte, 
tanta cabida con todos los Grandes y tan buen salario 
en la casa Real , haueros salido de la Corte tan deter- 
minado y desterrado de vuestra naturaleza, donde vos 
teneys tantos y tan buenos feligreses, por viuir en 
Estremad ura, tierra inculta y inhabitable, aunque sea 
en casa de tan gran señor y tan estimado como es el 
Sr. Marqués de Pliego, cosa es cierto de gran miste- 
rio, y en que vos soys obligado de dar á todos razón 
y cuenta de tan gran nouedad, para no caer de lástima 
en que por vuestras letras y discreción érades tenido. 
Si fué cosa accidental de algún enojo ó agrauio 



— 68 — 

que re^ebistes, mas cerca pudiérades tomar la satis- 
facción ; porque si vos quereys veniros á viuir á Va- 
llad olid, que es el riñon de vuestra patria, los se- 
ñores que están en esta comarca, y yo con ellos, os 
daremos dozientos mil marauedises de salario; y 
quando os hubiéremos menester, os pagaremos vues- 
tro trauajos ' como vos sabeys que lo solemos hazer; y 
por ésta quedo por fiador de lo dicho, y os doy mi fee 
de lo cumplir como aquí digo. Hecha en Medina de 
Rioseco a quince de Abril de mil quinientos veinte y 
cinco años. 

Respondedme también á essas coplas, porque 
quiero ver si entre los pastores haueys también per- 
dido el metro como la prosa. 

Aunques plazer, cauallero, 
que os alegre tanto el troque, 
he mucho temor que os toque 
la influencia del luzero; 
que de la vieja querella 
que no teneys oluidada, 
Córdoua está inflexionada 
y vos estay s cerca della. 

No hagays ahí profesión , 
pues que no basta defensa , 
quando se prueua la ofensa 
de la Santa Inquisición. 



I Debe decir, y diria sin duda el Almirante: Mvuetro trabajo» ó vntei^ 
tros trabajos»; probablemente lo primero. 




-69- 

La vuelta nada os empache , 
ni el descanso ni el sosiego, 
que he temor que os tome el fuego 
como a paja el azauache. 

Aunque guarden vuestra ley 
los señores de essa casa , 
por ser todos de una masa 
no os defenderán del Rey. 
La tierra de promission 
que en esas partes hallastes , 
no olvide la que dexastes , 
que acá no hay Inquisición. 

Pues su merced lo merece , 
haze en ella tan gran obra , 
que de la sangre que os sobra 
le cumplays la que fallece: 
de vuestra sangre no huya, 
que será dalle la vida , 
pues en ley, es tan subida 
la vuestra, como la suya. 



XX. 



BL DOCTOR VILLALOBOS AL ALMIRARTB DB CASTILLA. 



{(^fra^ 10 de Mayo de i5a5.) 



MI apartamiento no fué cosa súbita, pues que 
antes que rompiese como trueno, derramé 
muchos relámpagos por toda España. En este V 
tiempo me requirieron los señores y caualleros de Ca- 
rago^a y los de Valencia para que assentasse allá mi 
casa , como hombres que sin escribírselo yo eran aui- 
sados del agrauio que yo recibía en la Corte, y de la 
voluntad que tenia de sacar mis huesos de la ingraU 
patria. 

V. S. ni los Grandes del reyno de León no 
pueden en este caso pretender ignorancia, pues que 
entre ellos y mí pasaron muchas cartas sobre esta 
razón ; y para más cierta información de todo, yo fui 
personalmente á visitar al Conde de Benauente, que á 
la sazón estaba enfermo, y passé por casa de V. S. y 
presendahnente os notifiqué como yo determinaba de 
no estar en la Corte por físico, donde maestre Ñaruso 



— 7a — 
era el caudillo de todos los médicos imperiales , man- 
cebo italiano de muy pocas letras y de ninguna expe- 
riencia, que ha pocos dias que le conocimos mo^o de 
don Hernando de Castriote, y después assentó de 
viuienda con maestre Luys, físico de su Majestad, y 
ahora exercita la prefatura y tiranía de la mediana, 
tan absolutamente que en la Cámara de su Majestad 
no entra ni sale otro médico sino aquel que le obedece 
en todos sus desuaríos . Y si dellos no dependiesse la 
vida de muchos hombres, yo le obedecerla, porque 
soy más ruin que él , más hacíaseme con^ien^a lison- 
jear á un hombre de poco valor, con muerte de hom- 
bres muy valerosos, y señaladamente con peligro de 
la vida del César, á quien él tuuo por sus errores en 
peligro de muerte de la más liviana quartana que en 
estos años hauemos visto. 

Todo esto supo V. S. y lo ponderábades más que 
yo, mas por esso no r^e hablastes palabra de assiento, 
ni me distes esperanza ni consolación ninguna; y pen- 
saba yo que aunque V. S. no tuuiera necesidad de 
mí, acordándoos que yo hauia tenido mucho fauor 
con el bienauenturado Rey Cathólico, y viéndome 
ahora tan corrido, me recogiérades en vuestra casa con 
tanto fauor y abundancia que no sintiera mis adversi- 
dades; que para tales cosas como éstas habia de ser 
vuestra casa y las de los otros Grandes, porque mu- 
riésemos en los ríos dulces los que venimos huyendo de 
las ásperas aguas de la mar, mas parece que no quereys 
comprar los buenos esclauos quando se os ofrecen, 
sino esperar que se mueran de hambre por hauellos 
debalde ; y al que os ha menester, por el mismo caso 
le desechays, aunque sea muy importante y proue- 



- 73 - 
choso para vuestro serui^io; que es tan grande el miedo 
que teneys de hazer bien á nayde , que por no caer en 
este peligro, quereys incurrir en daño de vuestras 
honrras y vidas. 

La misma consolación hallé en casa del Conde de 
Benauente, y entonces dixe como San Pablo: <Pues 
que estos judíos á quien principalmente somos veni- 
dos, no nos quieren recibir, vamos en busca de los 
gentiles.» Con esta inclinación passé los montes, y 
vine á repastarme a las dehesas de Stremadura, do 
he hallado tan buen acogimiento en estos señores, que 
ya no podré negalles la persona y la vida, specialmente 
ahora que tienen de mi gran necessidad. Assí que no 
se espante V. S. de mis nouedades, mas espantaos de 
vuestras viejas y peruersas costumbres, que quando 
sentís que se llegan á vosotros , encerrays las manos y 
encrespays las espinas como erizos, de manera que 
gozando de nuestra fruta, nos lastimays con vuestros 
aguijones. Y con todas estas tachas soys mejor que 
todos los otros, y por esto no dejaré de reconocer el 
vasallaje y seruicio que debo a V. S. do quiera que 
estuuierc. De Cafra diez de Mayo de mil quinientos 
veinticinco años. 




XXI. 



RBSPUBSTA DB LAS COPLAS. 



/\l campo de Guadiana, 
hondón de toda la tierra , ^ 
vine huyendo de la guerra 
de la natura italiana; 
vine a buscar nueva gente 
riberas de Portugal, 
porque no me haga mal 
aquel gar9on de la fuente '. 

Y si Lucero en Judea 
las doce tribus juzgare, 
Lusitania nos ampare, 
provincia de Galilea : 
y también si en aquel suelo 
no aprouecha el bien viuir, 
no puede el hombre huyr 
de so la capa del cielo. 



I Narciso, que se enamoró de sí mismo al contemplarse en el cristal 
de una fuente, Villalobos designa de este modo al médico itaUano dd Em- 
perador. 



-76- 
Aquí hallo la razón 
de aquellos vuestros calientes ; 
aquí hallo mil parientes 
de Rubén y Simeón. 
Aquí ninguno me ofende 
y todos me dan fauor : 
qué razón esta , Señor , 
para el puto que la entiende. 

Cincuenta años he remado 
con vientos y tempestades 
buscando mil vanidades ; 
ando afligido y brumado 
y echando siempre en olvido 
los saludables senderos; 
por brauos despeñaderos 
voy destro9ado y perdido. 

Tiempo es ya de recordar 
de tan gran sueño profundo, 
y pues que nos dexa el mundo 
comentémosle a dexar. 
Dexemos la levadura 
vieja de nuestra maldad, 
y de nueva humanidad 
hagamos la vestidura. 

(^esen ya nuestros heruores 
como de mar tempestuoso; 
busquemos algún reposo, 
^esen ya tantos ardores; 
que el plazer que no es eterno 




— 77 — 
es muy liviano sintomo ^ 
y es más pesado que el plomo 
para hundirse en el infierno. 

Este fué mi dispidiente 
en buscar este otro Norte , 
y perder el de la Corte 
do está el peligro evidente, 
donde hemos visto morir 
á hombres sabios locas muertes ; 
do hemos visto mil suertes 
todas en blanco salir. 

Do hemos visto que al que tiene 
la suerte de ser priuado, 
viue más desconsolado 
que aquel que nada no tiene; 
passa los dias crueles 
tras veynte puertas cerrado, 
porque en saliendo, es pillado 
de los hambrientos lebreles. 

Unos le comen los ojos 
por más que abaxe las cejas; 
muérdenle otros las orejas 
con importunos enojos; 
unos le trauan los pies 
que no le dexan andar; 
otros le empujan después 
quando quiere descansar. 



I No consta esta palabra en el Diccionario; ¿equifale á MintomM? 



- 78 - 
Quando á su rincón se encierra 
y aquestos perros le dexan, 
fieras vivoras le aquexan, 
invidia le hace la guerra; 
mil temores le perturban 
al oido allá en su silla, 
alli Caríbdis y Scilla 
con sus golfos le trastumban. 

Si aquesto es bueno, Señor, 
de su bondad desespero; 
no me espanteys con Luzero 
que aunque me queme es mejor, 
que el quemado á sin razón 
puede haber descanso luego, 
y estos, caminando en fuego , 
parando, no ay redempcion. 

O clarísimo Almirante, 
justo padre de la patria, 
huyamos de esta idolatría ' ; 
miremos lo de adelante, 
y pues vemos y hemos visto 
los peligros desta nave, 
anclemos en Jesuchristo 
que es piedra firme y suave. 



I Nótese la acentuación de la palabra idolatría. 




XXII. 



ITRA DEL DICHO DOCTOR VILLALOBOS CONTRA LOS 

VANOS PLACERES. 



di el placer se pasa en valde 
y todo se va corriendo» 
¿donde estz el plazer? tomalde \ 
tomalde, que no le entiendo. 

Viene y vase tan apriesa 
que no hallo en qué consiste; 
por las postas atraviesa 
y al despedir es muy triste. 
Si es relámpago, miralde 
no eche rayo en el estruendo: 
tal es el plazer, dexalde, 
dexalde, que no le entiendo. 



Esta trasposición de letras aún la usa el Tulgo en muchas provin- 
s de Espa&u 




XXIII. 



OTRA DEL MISMO. 



£éL pía: 



Lzer nunca es estante 
ni pueden dezir éste es , 
porque en viéndole delante 
se vuelve luego al revés. 

Es manera de letargo 
que adormece con sus tiros, 
risa llena de sospiros, 
fuera dulce y dentro amargo; 
es mentiroso, inconstante, 
y es tan torpe y descortés 
que á quien le mira delante 
se vuelue luego al reués. 




XXIV. 



OTRA DEL MISMO. 



Oí en hazer lo que es honesto 
gran trauajo se recrece , 
miremos todos en esto 
que el trauajo pasa presto 
y la virtud permanece. 

Y si el deleyte muy ciego 
nos convida á la maldad^ 
quédase la torpedad 

y el deleyte vase luego. 

Y pues tan claro es aquesto 
como el sol cuando parece, 
¿porqué cegamos tan presto 
en dexar lo que es honesto 

si algún deleyte se ofrece? 



r 



XXV.' 

CONTRA LOS BIENES DE FORTUNA. 

Venga ya la duhe muerte 
con quien libertad se alcanza; 
quédese á Dios la esperani^a 
del bien que se da por suerte. 

Quédese á Dios la fortuna 
con sus hijos y priuados ; 
quédense con sus cuidados 
y con su vida importuna: 

Y pues todo se convierte 
en vana y triste mudanza, 
quédese á Dios la esperanza 
del bien que se da por suerte. 



I 



I Ella canción, con su gtosa , fonna parte del libro (xneralmenie co- 
)ckJo bajo el nombre de Problemas de VÍ¡\a¡obos, y en U edkjon de 
:vil[a, de i583. utd insería en la pAgina i64, pero con ci 
I la última rEdondilla: 

Y pues alfin se conviene 
en vanidad ¡a pujaitfa, 
quédese i Dios la eaperan^i 
del bien que viene por luertc. 



^ 




XXVI. 



£L ALMIRANTE AL DOCTOR VILLALOBOS. 



i üES con mal os va a la mano 
nuestro gran Emperador, 
vos deueys señor Doctor 
seruille de cortesano. 
Y pues de vuestro linaje 
os ha na^do el ultrage 
sabiendo más que Aui^ena, 
mientras la casa se ordena 
le deueis seruir de paje. 

Bien fuera que su excellen^ia , 
si físicos castellanos 
en su mal no hallaua sanos, 
los tomara de prudencia; 
que si temió que un gran precio, 
según scribe Voecio 
hará al confeso errar, 
debiérase de pensar 
qué hará al villano necio. 




XXVII. 



RESPUESTA DEL DOCTOR. 



LíA santa Comunidad 
I que huuo curado a Castilla, 
como es gente sin mancilla 
1 cura de su Majestad : 
los físicos italianos 
que son leales y sanos 
por delante y por detrás, 
son cabera y son compás 
de los maestros castellanos. 

Mas yo porque tuue punta 
de seruir á vuestro lado, 
por sospechoso y culpado 
no soy llamado á la Junta. 
No sé si al Emperador 
por confeso el confesor 
le defiende mi presencia, 
recibámoslo en paciencia 
pues que le place al Señor. 



— 90 — 
Y si vuestra señoría 
de tan gran mal se recela, 
volued por la parentela, 
no sufráis descortesía. 
Y pues que somos nacidos 
de grandes Reyes ungidos 
y de fuertes Capitanes, 
no nos den tantos afanes 
que turben nuestros sentidos. 

Si el físico se tomase 
para hacer generación, 
era muy justa razón 
que el linaje se mirase; 
mas para ver los meados 
y los humores dañados 
y examinar los hedores, 
mirar los antecesores 
son decretos muy sobrados. 

Galeno é Hipocras 
gentiles fueron por cierto, 
y con ellos hemos muerto 
un millón de hombres y más. 
Abiíjena moro es, 
Isac y Rabí Moisés 
judíos son de natura, 
mas por ende su scriptura 
no fué quemada después. 

Nunca hizo en sus ouejas 
apartamiento el Señor, 




_ 91 — 

esto digo al confesor 
si cupo en estas consejas; 
y si hubo allá memorias 
de trayciones perentorias, 
jamás en nuestro seruicio 
fué hallado aqueste vi^io; 
busquen todos sus historias. 



En tiempo de las Comunidades scribió el Almi- 
rante al Doctor Villalobos que le hiciese buscar una 
pie^a de raso carmesí, para hazer della cruces para 
poner los caualleros sobre las armas. Enviósela el 
Doctor con esta copla: 

Podeys hacer sin rebelo 
cruz y señal desta tela, 
señal para vuestra abuela 
y cruz para vuestro abuelo; 
con una destas banderas 
hareys la tierra temblar, 
con la otra abrir la mar 
partida en doce carreras. 




XXVIII. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL ALMIRANTE. 



L/E gatilla tiene el tono 
quando más alto se entona, 
de la cinta arriba es mona, 
de la cinta abaxo es mono; 
los pies de macho los toma, 
las piernas son de vencejo, 
algo tiene de conejo, 
mucho tiene de paloma. 



XXIX. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL COMENDADOR GRIEQO. 



{Madridy Diciembre de i536.) 



MUY noble Señor: El licenciado Acevedo, mi 
sobrino, me dio una carta de v. m.: y aunque 
el romance della no era tan primo como el que 
pusistes en las 3oo, la sentencia a lo menos venia bien 
clara. Yo habia dexado de comunicar aquella obra ' 
con V. m., porque casi toda ella es de philosophía 
natural, y de las quatro artes liberales que úsala demos- 
tración; y porque en éstas nunca os vi dar puntada, 
pensé que yua fuera de vuestra juridi^ion, y decliné 
á otros, que son tenidos en las dichas profesiones por 
muy aprobados; mas ahora conozco que yo fui enga- 
ñado por testimonio, del hombre más eminente que 
hay en el mundo, que soys vos: y assí, según parece 
por vuestra letra , no solamente en las dichas doctri- 
nas soys fecundíssimo , mas ante el ingenio seráfico 

I La obra á que se alude son los Comentarios á los dos prímeros 
libros de PUnio, impresos por Miguel de Eguía en Alcalá en 1524. 



-96- 

vuestro todos los otros entendimientos (quamtunuunh 
que doctissime sint) unos llamays indoctos, otros impe- 
ritos y á otros asnos, y la escriptura de Galeno y Aui- 
^ena y otras desta calidad» hallays erradas y aportilla- 
das por tres partes: por parte de los autores, y de los 
traductores y de los entendedores, y sin sacar excep- 
ción alguna, toda nuestra profesión condenays por 
errada, no embargante que entre nosotros hay algunos 
que, aunque no entiendan griego, presumen de enten- 
der aquellas obras mejor que los griegos, como ya en 
muchas cosas lo hauemos sacado y sacaremos á luz, 
porque aunque el traductor se errase en muchos vo- 
cablos, y por dezir, verui gratia^ jovis, dixcse lbork, 
y en otras partes falte renglón entero, y en otras sobre; 
pero sabemos ya las materias de que habla, porque 
las aprendimos y edifñcamos sobre cimientos, no de 
palabras y plumas, sino fundamentos de lógica y ele- 
mentos ma^i^os y sólidos de philosophía y las otras 
artes. Assi que sabemos las materias de que trata d 
texto, y aquellas mismas hauemos leydo por el mismo 
autor en aquellas partes donde la traducción acertó a 
no ser errada: y así, cotejando las unas con las otras, 
como maestros de ^ifras, sacamos la letra en limpio, 
mucho mejor que el griego, que no entiende sino la 
lengua, y cuanto a la sentencia ninguna cosa le entra 
de los dientes adentro. 

Desta manera tengo puestos en limpio muchos li- 
bros de Galeno, y señaladamente los De viriutihts 
naturalibus y que es una obra de muy pocas hojas: y á 
huuiere algún griego que por su original, dentro de 
seys meses la entienda, yo me obligo por ésta, firmada 
de mi nombre , de le dar cient ducados, y por dárselo 




^ 97 - 
yo á entender no quiero otra ganancia sino que no nos 
maltraten: porque el Spíritu Santo no se encierra sólo 
en las varias lenguas, que también se puso en las pro- 
phedas y predicaciones, y en otras muchas partes (como 
haueis, señor, ley do si pudistes sufrir paraiolam hanc); 
asi que esto es lo que yo pensaua y holgara de poner- 
me en examen contra toda Turquía, en las obras de 
Aristóteles y Theophastro y Platón y Plotiño y Ga- 
leno; mas ahora por la sentencia de v. m., veo que en 
esto y en todo estamos tan errados que ninguna otra 
consolación nos queda sino ser assí toda la uniuersidad 
del mundo, que no saluastes perlados, ni los del Con- 
sejo, doctísimos varones, ni oradores, ni philósophos 
facundíssimos , ni al Papa, sino al que no tiene capa 
que soys vos (según blasonáis por vuestra carta) en 
que dezis que no había de examinar aquella obra sino 
vos, que soys un manjarroz ^ con la capa en el hom- 
bro, ques tanto como dezir que penetrando hasta los 
abismos y volando con la razón hasta los cielos más 
altos, andays por acá entre nosotros dissimulando 
hecho manjarroz con la capa en el hombro; assí que, 
señor, v. m. sólo es un sol en la tierra, que todas las 
otras luces oscureceys; soys un Júpiter en el cielo, 
que con vuestros rapidísimos rayos de elocuencia todo 
lo fulminays y cubrís de niebla. Mas quiero, señor, 
que sepays que todos los que fuéremos huyendo de 
la persecución que v. m. nos haze en la publicación 
de nuestras misserias , tenemos gran refugio en dezir 
que no podeys ser buen Juez entre nosotros, porque 
no somos dioses inmortales, y nuestras obras son para 



I Manjarroz , significará hamhrientcl? 



-98- 
de unos entre otros, que nos entendemos sicut baUíi 
ialuoSj Y si nos habéis de juzgar por el exemplar 
tan excelso de vuestro celestial ingenio, de todo lo que 
no fuere vos mismo, haureys abominación é indigna- 
ción. Yo por mí mismo digo: h^ec angelicum vallo mi 
motronicum grecum legercj nollo medicum nesfium; con 
esto podremos gozarnos con nosotros de nuestra fama, 
y renegando de Apolo le diremos que se vaya con 
sus Musas al monte Parnaso. 

Quanto al dolor tan grande como el que v. m. 
muestra de la jactura ' de mi hazienda y de mi honrra, 
yo pensé, en verdad, que ahora comentábamos nuestra 
amistad de nueuo , la qual yo granjeaba como quien 
quita de su heredad los espinos y la ^izaña, quam su- 
perseminare solet minusculus homo y como dize en el euan- 
gelio desto. Algunos amigos vuestros me hablan avisa- 
do antes que la obra se imprimiese (dum essé placaium 
trepido me tu capieiamusj, porque me dezian que os te- 
níades por un Platón en las tinieblas de Plinio ', y que 
si viésedes entrar claridad en vuestro reyno, hauíades 
de salir con gran furia á ha^er otro rebato peor que 
de Proserpina; assi, como esta familiaridad comen^ba 
ahora, no pensé que tan familiares éramos, ni pensé 
que tan claro aviso me diérades quando ya no era me- 
nester consolación, mas todavía es razón besaros las 
manos por cualquier cosa que se haga sui titulo ne- 
cessitudinis y y quiero consolaros en la jactura de mi 
hazienda; que tengo siempre mil ducados sobrados 



I Jactura, voz latina que significa pérdida, daño ó detrimento. 

3 El maestro Lcon dice en el prólogo de los refranes que el Coinenda- 
dor habia escrito sobre Plinio; y en efecto, esta obra y otras sobre Meta y 
Séneca fueron impresas. Véase número i. 




— 99 — 
para derramar por essas calles en todo lo que á mi me 
agradare, y estos no me sobran viviendo por ordinario, 
sino teniendo muy buenas muías y acémilas y muchos 
aforros y muchos sclauos y sclauas , y con lo que su 
Majestad me manda pagar muy bien cada año tengo 
trescientos mil maravedises de salario. Bien sé que 
direys que nunca medre quien me los da. En lo desta 
impresión el señor licenciado Vargas ayudó en sus dias 
con cient ducados, y dos mercaderes de Sevilla, que 
tienen trato en Florencia y en Roma, tomaron la mitad 
de la obra en lo que costó. A mi me cabrá doze ó 
quinze ducados; poi* estos no se mese v. m., que acá 
los cumpliremos cayendo y levantando. Digo cayendo 
enfermos y levantándolos yo aut cum contrario. 

Del muy amargo y lagrimoso dolor que v. m. tie- 
ne de la cayda de mi honrra, no sé cómo pueda con- 
solaros. Nuestro Señor Jesuchristo, por los méritos de 
sus plagas, os consuele y se duela de vuestros pecados. 
Mas en este artículo también quiero deziros una cosa: 
que en esto de la honrra no hay una regla general á 
todos, porque la honrra del pellegero es hazer buenos 
puntos en la ^amarra, y sobre esta razón passan ellos 
entre sí grandes competencias y congojas. Ninguna 
cosa destas toca á la honra de un cauallero sino aprove- 
charse bien de las armas y muy poco de las palabras. 
En esta comparación están los gramáticos y los philó- 
sophos, los de vuestro triunvirato; porque no puse 
bien algunas palabras de gramática y otras que tocan 
á sus florisandros y explandianes, con que gozan de la 
niñez siendo viejos, tiénenme por el más amenguado 
hombre del mundo; yo en haber cumplido con los 
philósophos y artistas tanto que ellos lo entienden 



— lOO — 

bien, aunque lo scríuiera todo báruaro, no se me 
daua nada; porque assí lo hazia Plotino, que fué teni- 
do por más excelente hombre que Platón, asi que es- 
tos no miran como ninguna sentencia entienden de 
quanto está scripto fuera del verano, y están descon- 
tentos de mi trauajo, no embargante que es mucho 
mayor el que tiene el uno dellos á las madrugadas, 
quando ha jugado hasta la camisa toda la noche; con 
mi insuficiencia estoy consolado praesertím que por 
ella me hace honrra el mundo ingrato y desconocido, 
que á tal hombre dexa andar hasta la vejez con la capa 
en el hombro. 

Por esta vez, con perdón de v. m., no tomaré 
su consejo, en que me mandays hazer silen9Ío en la 
glosa de los libros siguientes; tal consejo como éste 
nunca Dios quiera que yo se lo dé á v. m., sino 
exhortaros á la scriptura, y no que todo sea palabras, 
sino doctrinas sustanciales y sólidas, porque los que 
dessean ser vuestros discípulos gozemos de los hondos 
secretos sacados de ese piélago inexausto de sabiduría, 
que mucho maior y más generosa virtud seria repre- 
hender á los otros con la sublimidad de vuestra doc- 
trina que con la baxeza de la suya, porque lo primero 
es mantener y lo segundo morder; esto pertenece á 
las fieras y aquello á los inmortales; y pues que la 
sapiencia expeculativa os hizo en nuestros tiempos 
unigénito suyo, y todo el resto del mundo son expu- 
rios y bastardos, ingratitud le habéis cometido más 
de cinquenta años arreo en no hauemos comunicado 
algunas migajuelas. 

Esta carta es del más verdadero amigo vuestro, 
que las lisonjas con que cada dia os tratan amigos 



— lOI — 

vuestros griegos, que juegan ]as vonitas ' con la adu- 
lación como con pelota de viento, y son tan diestros 
en el juego, que nunca se les cae de las manos; y 
apartándose de los latinos como de leproso, hazen es- 
quadron por si todo lleno de scopeteros, matando a 
diestro y á siniestro, sin que veamos las pelotillas con 
que nos matan, porque ponen inxertos del griego con 
el latín, para que no entendamos ni el latín ni el grie- 
go. Esta desuentura nunca la pagó la lengua latína 
como ahora de ser ya hecha bárbara y manceba, que 
cada dia le da la griega mil rasguños y cuchilladas por 
aquella cara, y solia ser legítíma y muy casta muger, 
que en el tíempo que florecian en Roma el latin y el 
griego, no andaba la triste tan herida ni desmelenada 
como ahora, porque cuando uno de aquellos grandes 
oradores ponia una palabra con caracteres griegos, ha- 
uia muy gran vergüenza como que cometiese adulte- 
rio á la latina; mas ahora por más hi de cornudo se 
tiene el que más renglones pone de latin y menos de 
griego, y después, vuelto todo en latin, es descobrir 
las vergüencas, assí que fuera mejor dexallo estar cu- 
bierto con su ropa , que no que hiciera palacio. Ya 
pluguiese á Dios que una de mil partes entendiésemos 
bien de lo que está scripto en latin, y que nuestro 
principal intento fuessen los buenos conceptos y sen- 
tencias de la oración, y hablásemos siquiera en roman- 
ce ó en vascuence cum honor is per fectione; porque todas 
las sentencias (como mejor sabeys), de los barbaros 
vinieron á los griegos y destos á los latinos, y de los 
griegos y latinos se voluieron á los bárbaros; assí que 
caminan las sentencias de Oriente á Poniente con los 

I Juegan las vonitas: no sé qué especie de juego de pelota es éste. 



— loa — 

lenguajes como en bestias de posta, sin que por parte 
de la lengua se mude un punto de la sustancia de la 
doctrina, y por eso no ha de presumir ninguno de la 
lengua que es una bestia, sino de lo que va encima della, 
que es cosa diuina y excelente con que los hombres 
participan con los angeles y con Dios; y esto me parece 
á mí, si no ando desuariado como en todo lo otro. 

Yo no puedo estar quexoso de mis naturales ciu- 
dadanos; y porque este segundo libro de Plinio hasta 
ahora nunca se leyó todo, porque no le entendían y 
muchos lugares del se llamaban mostra pliniana^ y yo 
le abrí la puerta de manera que aunque hallen algunos 
defectos en la glosa, como en todas quantas están 
scriptas, por ella se puede vadear el libro y leerse 
todo sin quedar una palabra por entender, y con tan 
buena orden en tantas y tan varías cosas como la tuvo 
Aristóteles en sus doctrinas, y por esta misma glosa se 
comentó á leer en París en el mes de Septiembre. 

Todo esto callarán en Castilla mis amigos y publi- 
carán por pregón la falta de algunos vocablos y histo- 
rías, reprehensiones por cierto, muy pueriles de erro- 
res en que han caido todos los scriptores, porque des- 
pués de viejos se descuidaron de aquellas niñerías, y 
assí no escapó ninguno de ser combatido de la canalla 
de su tiempo. Auicena llamaba mudos á los que presu- 
mian mucho y no escribian nada, qui vitam in silentio 
transeunt: y por esso á los que le dezian que fuera me- 
jor no haber hablado que haber oydo tantas reprensio- 
nes, respondia: Essa ventaja tienen los mudos, que es 
no poder oyr. Y es verdad que los que no pueden 
andar en perjuyzio de los otros, se refríegan y arri- 
man á ellos como muías lerdas. No pudo glosar Nico- 



— io3 — 

las Peroso en el prohemio sino una hoja del prohemio, 
y en ella fué notado de tantos errores como escriuió 
palabras. Y no saben reprehender los inflados latinos 
honesta y moderadamente, sino con tantos truenos y 
relámpagos, que no parece que le quiere castigar y 
dexarle, sino hundirle debaxo del infierno: señal de 
ruines luchadores, que de puro miedo no osan soltarle, 
y no miran que el que scribió sin deuerles nada les da 
quanto tiene y quanto por su trauajo pudo hauer. Sino 
les agrada la obra, déxenla, que no les hazen fuerza 
que la tomen, y si les agrada déxenla á el que esta en 
gracia: á un zapatero se la harían, y en hazer lo con- 
trario pecan grauemente, y mucho más cuando des- 
pués de passado el rio que era innavegable, puestos 
en salvo, dizen mal del barquero. 

V. m. bien léxos va de todo esto, porque de mí no 
decis nada sino*á mí mismo; y pues haueys usado de 
esta virtud conmigo, yo seré presto muy con vos, pla- 
ciendo á Dios, para daros cuenta de lo passado y por- 
venir, y para hazer á los estudiantes de Plinio algunas 
lectiones en partes donde nunca las oyeron, y assí en 
vuestra presencia seré quizá mejor desengañado que lo 
estoy ahora. De aquí adelante si algunas cartas nos scri- 
biéramos en latín, lleuarme heys tanta ventaja en la su- 
blimidad de la elocuencia, cuanta es del ^ielo ala tier- 
ra; mas yo os la licuaré tan grande en el entendimiento 
y llaneza del sermón quanto es de la tierra al cielo; y 
pues nos hauemos de ver en la pellegería de Salamanca, 
no digo más. De Madrid, año de 1S26 de Diciembre '. 

I Sobrescripto 

Al muy sarnoso estudiante, 

que por nombre, saluo honor, 

le llaman Comendador. 




XXX. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL ARZOBISPO DB TOLEDO ' 



(Valencia, 17 de Mayo s. a *.) 



ILLMO. Señor: Después que el otro día screuí á 
V. S., se halló esta ciudad preñada de tantos jue- 
gos y fiestas, que no cabiéndole en el vientre, unos 
ha parido a pares y aun a dieces, y otros ha mouido 
echados antes de su tiempo. 

El primer juego de los principales fué el jue- 
ves 14 deste mes, en que por la «mañana se quemaron 
trece hombres y mugeres con otra multitud de statuas, 
y hubo muchos reconciliados, y aunque ¿/ per iocum 
factum est miseris tamen patientibus serio preuertebatur. 
Aquí pagan muy bien a los oficiales que se introducen 



1 Sacada de una copia de letra del siglo xvi, que se conserva en la 
Biblioteca de la Real Academia de la Historia.— Col. Salazar.— N— 44.— 
fol. 3 1 5. 

2 Indudablemente esta carta es de 17 de Mayo de iSaS, en cuya fecha 
estaba el Emperador en Valencia, donde le prestaron juramento de fideli- 
dad el dia 4, los tres Estados, eclesiástico, militar y real, según refiere 
Dormer en los anales de Aragón. 



— io6 — 

en los actos de los juegos, mas yo de mala gana fuera 
persona en esta scena. 

En este mismo dia, á la tarde, hubo un gran juego 
de cañas, en que su Majestad salió el más esmerado 
jugador de todos y el más gentil hombre. No falta 
sino que le adoren todas las damas de Valencia, que 
son tantas y tan gentiles como adelante verá V. S. 
quidquid dicant alterius partís assentatores. 

A otro día, viernes, se hizo aborso de la procesión 
y fiesta del Corpore Christi^ en que hubo tantas repre- 
sentaciones y tan bien hechas que no se podrían scre- 
bir. En acabando de comer se comentaron los juegos. 
Su Majestad y la Reina miraban de una ventana, 
y todas las otras ventanas miraban á ésta: la cosa más 
adornada y pomposa que nunca los vivos vieron. En 
la procesión iba innumerable número de personas, y 
muy gran cosa de reliquias y muy gran riqueza de 
cosas sagradas de oro y de plata y de piedras preciosas. 
Acabóse de entrar toda la procesión en la Seu de noche, 
donde se cree que estarían cien mili personas y dos 
millones de candelas encendidas, que si no se mirara 
con tanta apretura, «pareciera cosa del cielo. 

El sábado adelante fué la fiesta de las damas de 
Valencia, que si no la escureciera la nueva de Italia, 
que llegó entonces, fuera cosa perclarisima '. Serían más 
de ciento y ochenta damas de la ciudad las que se jun- 
taron en la sala, que como grandes avenidas de ríos 
se soruieron y derribaron á las de la Reina. Habría 
entre ellas ciento cinquenta ropas de brocado, pelo y 
de oro tirado, y de ellas hauia tan hermosas que no 

I La nueva á que aquí se alude, ñió la derrota de las naves que man- 
daba Don Hugo de Moneada, en las aguas de Salerno. 




— 107 — 
se puede más decir; y todas á una mano tan dulces 
para tractar con ellas, que no parece cosa humana, 
sino mas adelante. Danzarían por maravilla setenta 
dellas, y duró la fiesta desde las cinco de la tarde hasta 
la media noche, y mee quien pudiere. 

Deste maravilloso spectáculo no tomó mucho gusto 
el Emperador, porque estaua muy sentido de la 
muerte de tantos y tales criados '. De esto no podemos 
decir sino que es ira et nitro domini in transgressores 
et utinam seuiat inconsentientes. Allá sabrá más por es- 
tenso V. S. cómo pasó todo en la mar. 

A lo que V. S. dice en el fin de su carta, inquo et 
festiuius et eleganter sentís y quod tan melius vales quam 
nos absumuSy mihi vestrae huius orationis partes et recte 
videntur et vera sunt; si tamen perferam non assumeren- 
tur nos nec tune absumus quando melius valeSy alioqui non 
descessuri etiamsi in reddenda valitudine nobis moriendum 
esset. Gratular ergo et saluti tu¿e a qua vita dependet 
nostra^ et indulgentissimi patris ccelestis erga te dilectioni 
qui te morbo non afficiat nisi presentem haber e possis me- 
dicinam. 

De Valencia, domingo de mañana, diez y siete de 
Mayo, en presencia del Secretario y de Pedro Gon- 
zález. — limo. Señor, las manos de V. S. besa. — El 
doctor de Villalobos. 



I Según reñere Sandoval (Vida del Emperador), en esta batalla, ade- 
más de Moneada murieren: Don Hugo Cesar de Feramosca, Doq Vernal 
de Villa-Marin, Don Pedro de Córdova, Luis Guzman, y otros muchos 
capitanes, y fueron prisioneros el Marqués del Vasto, el de Corata, 
Ascanio Colonna y otros. 



XXXI. 



BL DOCTOR VILLALOBOS AL ARZOBISPO DB TOLBDO. 



(IfoiufOff » 19 d€ Jmio #.«'.) 



ILLMO. Señor: Nunca los viuos vieron un hombre tan 
alegre a todas horas ni tan regocijado como esta el 
Emperador después que esta desafiado para matar- 
se con el Rey de Francia, ni pudiera yo creer que en 
el linage de los hombres habia diferencia de uno a otro 
en tan gran distancia como hay en este caso de mi a su 
Magestad; porque no tocándome este negocio en la 
persona, de pensallo solamente me tiembla la paxarilla 
en el cuerpo. Y si yo vuiese de salir a la batalla con 
aquella bestia, por Nuestro Señor que me metiese 
frayle y me scondiese en las cuevas de Seuilla y aun 



I Copiada de la original, existente en It Biblioteca de k Real Acade- 
mia de la Historia.— Col Salazar.— N— 44,— fols. Ssg y 33o. 

Esta carta es del la de Junio de ibíS, pues consta que el Emperador 
vino de Valencia á Monzón á tener Cortes de Aragón, Cataluña j Vale»- 
cia, que habia convocado para i.* de Junio^Ty d 7, día de la Trinidad» IkfA 
el heraldo Guiena con el cartel de desafio diel Rey de Francia. Véaaa San» 
doral, Dormer j otros. 



— no — 

en las cuevas y cavernas de la tíerra. Y teniendo eU 
Emperador en esta vida todo quanto en ella se puede 
desear, de ninguna prosperidad ni dulzura de quantas 
posee gusta tanto como de saber que esta desafiado 
para dexallas todas y la vida con ellas. 

¡Qué prouidencia de Dios tan grande para que no 
tengamos invidia los unos de los otros, ni queramos 
trocar nuestros estados por los suyos! Yo certifico a 
V. S., sobre mi fe, que hasta ora yo biuia muy des- 
contento con ser físico con las condiciones que á tal 
oficio se requieren; y agora yo quiero más tener ell 
orinal en la mano yzquierda quel sceptro imperial en la 
derecha, porque con ell orinal está ell hombre como 
con ell arco en la mano, que á quien quiere fcrir ficre 
y á quien quiere matar mata, y con el sceptro está 
obligado á que le maten tan bien como á matar. 

¡O ferocíssimos corazones de hombres, que no se 
pueden cevar sino con sangre de hombres, y estos que 
sean Grandes, Príncipes y Reyes! Toda mi consola- 
ción es contemplar en cómo entre tan grandes y tan 
poderosos señores y tan capitales enemigos, no se 
podrá hallar en el mundo campo seguro; y todo su 
estudio dell Emperador es fantasear cómo se pueden 
hazer tablados sobre la mar, donde aun con seguridad 
dentrambos puedan peligrar entrambos, y tener mane- 
ra como nazcan yervas y flores encima de las indoma- 
bles y furiosas ondas. 

Su Majestad come y duerme mejor que nunca, y 
engorda y tiene lustre de un dia para otro, y tiene tan 
sabrosa conuersa^ion con todos nosotros, que ya esta- 
mos enhadados del y le tenemos por inportuno. Y si 
la cosa no ha de venir á las manos. Dios Nuestro Se- 



— III — 

ñor sea servido en que siempre biua desafiado, por- 
que toda la llaga y aspereza se escupa en ell enemigo, 
y los miembros que somos suyos quedemos libres de 
las malas reumas y corrimientos. 

Esto tengo entendido de toda la estoria del desa- 
fío; lo demás remito á los autores de la corónica, por- 
que las palabras de los carteles y las razones y justifi- 
caciones de las partes que sean asi ó que sean así, que- 
rría más un maravedí. 

En lo de las Cortes todos dicen q ue con este agui- 
jón correrán más ayna, y que el seruicio será más lar- 
go que nunca; y si agora con este calor no se licuda ' la 
massa de presto, no se podría dexar de corromperse 
con las dilaciones acostumbradas. 

El Conde de Benavente anda muy fatigado de sus 
pasiones, y ya tiene dos sangrías aparte; yo no estoy 
sin rebelo que se le ha de hazer allí alguna mala cosa, 
porque lo tiene muy enconado y muy diferenciado de 
otros hombres. De Mondón, doze de Junio. — 
M. Y. S. — Las yllustrisimas manos de V. S. besa. — 
El doctor Villalobos ^. 



1 Licuda, líquida. 

2 En el sobrescrito. ^W yllustríssimo Señor Arzobispo de Toledo, raí 
señor. 




XXXII. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL DUQUB DON MANRRIQUB 

DB LARA. 



( Vaiadolid^ 10 de Febrero de i53a) 



POR qué razón la Emperatriz y la Marquesa de 
Lombay están gordas, y todas las damas han 
enflaquecido? Porque las unas huuieron muy 
buen verde, y las otras oliéronlo y no se lo dieron. 

¿ Por qué razón todos los casamientos de las damas 
pararon en sólo el Marqués de Astorga ? Es porque 
ellas quedaron muy malas de contentar, y el Empera- 
dor muy escarmentado de prometer, 

¿ Por qué razón el Condestable dize que tiene mas 
gracia que el Duque de Nájera? Giuia cacus non hene 
iudicat de cokribus. 

¿ Por qué razón la hermosura de la Duquesa de 
Frías es más nombrada que las otras hermosuras que 
son maiores que ella? Es por la misma razón que la 
pequeña riqueza, en el hombre que no toca en ella, es 
mucho mayor que la gran riqueza en los grandes 
gastadores. 



— 114 — 

¿ Por qué razón el Conde de Monterey presume 
de gentil hombre? Es porque nació feo. 

¿Por qué razón don Juan Manníque de Lara no 
viene á la Corte ? Por no enamorarse otra vez. 

¿ Por qué razón don Francisco Manrrique solo está 
rico entre todos los Manrriques? Porque es mucho 
maior la renta que el gasto. 

¿Por qué razón el Duque de Nágera engendra más 
que el Condestable? Porque no es tan frío. 

¿Por qué razón el Conde de Oñate es frío y habla 
mucho? Porque no está sano. 

¿ Por qué razón el Conde de Paredes hizo hijas tan 
hermosas ? Porque les cupo muy poco de la pie^. 

¿Por qué razón el Adelantado de Castilla es tan 
cuerdo? Porque trocó las costumbres con el estado. 

¿Por qué razón don Hierónimo de Padilla da cuanto 
tiene de limosna ? Por no dexallo á otro ninguno. 

Las manos de mi señora la Duquesa beso. De 
Valladolidy diez de Febrero de mil quinientos treinta 
años. 




XXXIII. 

EL DOCTOR VILLALOBOS Á DON ANTONIO MANRRIQU£, 

DUQUE DE NÁJERA. 



{Ocaña, 26 de Octubre >.) 



YO pensé que en llegando V. S. á su tierra, luego 
perdiera el cacarear, mas paréceme que tan 
reciente lo tiene ahora como en la Corte: no sé 
si lo haze que aun dura el pan de la boda. Por cierto 
la partida de V. S. y de mi señora la Duquesa nos ha 
hecho gran soledad á los que somos seruidores de su 
casa, y no tenemos otra consolación sino pensar que 
estays fuera de las congoxas y sujec^iones pasadas, 
que era gran prisión para gente tan libre. Plega á 
Dios que por muchos años gozeys desta exempcion, 
con todos los bienes que della se pueden seguir, tem- 
porales y espirituales. Esto postrero es porque los 
sayones de vuestro pariente no nos acusen de mal latín. 
La Corte esta trasplantada en Ocaña, donde las 



I Esta carta debe ser de i33o, por las noticias que contiene. 



— ii6 — 

damas pade9en gran apretura de aposento, y la nuúor 
parte de la Corte también, mas las personas reales creo 
que se hallaran -mejor aquí plaziendo á Dios. Con la 
venida del Conde de Benavente y del Marqués de As- 
torga, estamos más poblados de galanes para que arri- 
men las damas por essas paredes; mas la señora doña 
Catalina de Mendoza, virgen esta después de vuestra 
partida, no sé si lo haze por guardar á V. S. la debida 
lealtad, ó si es porque quedó flaca y muy desganada 
de la quartana doble que ha tenido. Del Conde de 
Benavente están todos contentos, porque es bien en- 
tendido y de buen trato para su edad. 

De Alemania no ha venido respuesta ni demanda 
más ha de dos meses, y han venido nuevas, por la vía 
de Sicilia y de Roma á la Emperatriz, muy largas. 
¿Quién les dixo á estos que no sabia la Emperatriz 
estas nueuas de su marido primero que ellos , para 
que tuuiesen atreuimiento describille cosas que hauia 
más de un mes que eran passadas? Hay gran duda. 

Bien sabemos que está bueno su Majestad, aunque 
tuvo unas recias tercianas. De las opiniones luteranas 
y de otras herejías, son reducidas a la fée muchas 
ciudades de Alemania y echados fuera los herejes " . 

Y yo iba por la calle ayer tarde , y topé con don 
Aluaro de Ayala, gobernador, y preguntándole por su 
mujer, dixe: ¿Qué tal está la señora mi sobrina? Díxo- 
me: Qué tai ha de estar, que juro á Dios que me juró 
en una ara el vellaco del vizcayno que la hauia caual- 
gado esta noche diez veces. Digo: ¿A quién, a vuestra 



I Dice Sandovál que la enfermedad que tuvo el Emperador, ñié una 
esqucnencia ó angina, de que le curó su médico Nardso. Libro XVIII, 
pliego 5.* 



— 117 — 
mujer? Dice: Nó; nunca> madre quien me parió, que 
pensé que preguntabades por doña Luisa, que se veló 
ayer. Digo: Daquí adelante mirad cómo respondeys, 
que en verdad no me quitarán ya de la cabeca que fué 
á vuestra mujer. Dice: No me digays eso, que juro á 
Dios que me vaya a tornar y luego me voy á mi casa 
á saber la verdad. Con esto me dexó y se va corriendo, 
y aunque las damas no entienden el cuento, porque 
no saben qué cosa es caualgar mas que unas bestias, 
ha sido tan reydo dellas, que pensaron ahogarse. 

Ayer, á la mesa de la Emperatriz doña Cathalina de 
Mendoza vio la carta de V. S. y regocijóse, aunque 
anda siempre melancólica, tomada del diablo, y dixo 
que érades mucho más gracioso en ausencia que en 
presencia. Digo: Todos los vinos de Navarrete tienen 
eso, que son mejores cargados que al tapón. 

No me dio tanto pesar la mouidura de la señora 
doña Luysa, quanto plazer huue de su preñez, porque 
en la preñez ganamos una criatura y una habilidad 
para otras muchas, plaziendo á Dios; y esta misma 
nos queda ahora, con que aunque ellos son viejos, 
nuestro Señor suplirá las faltas, maiormente que esta 
casta de las palomas es muy engendradora, según se 
ha visto por todos essos palomares de Castilla y de 
Portugal. 

Al Sr. D. Manrique quisiera scribir y no acabar 
esta carta de aquí á mañana, tanta es la gana que 
tengo de hablar con vosotros , y más con mi señora la 
Duquesa, á quien yo quiero más que á mi vida; mas 
danme priesa unas ^doentes de paa^o>. De Ocaña, 
veintiséis de Octubre. 



XXXIV. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL DOCTOR XÜAREZ, SOBRE 
LA VENIDA DE UN HIJO SUYO SOLDADO. 



(Barcelona j 27 de Abril de i53i.) 



SeSor : la Reyna de Portugal me mandó que la 
escríbiese todo lo que acá passaba después de 
llegado el Emperador, nuestro señor, á Barze- 
lona. Yo scribí á su Alteza lo que verá por el treslado 
que aquí vá, por esto no diré más de contar una cosa 
que aconteció en mi posada la noche passada. 

Vínose para mí un negro de los ladinos con una 
mano cortada, soldado muy platico, y con él otro sol- 
dado hecho mil pedaijos, que aunque no era etiope, 
estaba tan negro y tan mal parado que el otro negro 
parecia un alemán. Hedían mucho entrambos; cierto, 
á mí se me encresparon todos los pelos del cerro con 
el horror y escándalo que me hizieron los inusitados 
huéspedes. Algunas vezes sospeché que me querían 



— I20 — 

matar, otras que me querían robar, porque me toma- 
ron solo, que estaban cenando mis mo^os. 

El negro propuso desta manera : Yo y éste pobre 
compañero, ha nueve años que andamos juntos ún 
apartar cama ni mesa, aunque por la gracia de Dios 
pocas camas y pocas mesas hauemos ensuziado en todo 
este tiempo, specialmente los quatro años que estuui- 
mos en un algibe en poder de Barbarroja, hasta que 
Dios envió, al Sr. Andrea Dona, que nos libró con 
otros muchos que escaparon en aquella jomada. Yo 
vengo á V. m. para que por intercesión deste señor 
compañero, me socorráis para cubrir estas negras car- 
nes que andan padeciendo tantos años con esperan^i 
de algún buen saco, porque hemos sido él y yo tan 
dichosos , que aunque fuimos en el saco de Roma y 
en la entrada del castillo de Sant Ángel, nunca pu(U- 
mos alcan(^ar pressa que valiese diez ducados; y assi 
andamos, como v. m. vee, las barrigas de fuera, que 
aun siquiera la muerte no ha querido dárnosla IXos, 
porque sabe que la deseamos; y si él assí nos trata, 
juro á Dios que hauemos de matar a alguno porque 
nos maten á nosotros. 

Diziendo esto comentaron los ladrones a llorar, y 
siempre con las manos apretando las empuñaduras de 
las espadas. Yo, la verdad que os diga^ con grandísimo 
miedo respondí: Con mi pobreza yo holgaré de socor- 
reros en vuestra necesidad; hacedme llamar essos mo- 
^os que están cenando y luego se hará lo que dezis, 
mas mejor será que los llame yo. Y luego comencé á 
gritar: ¡Mo^os, mo^os, mis mo^os! Vinieron luego y 
cierto me volvieron el alma al cuerpo. 

Entonces dixe al negro: Ahora quiero que me 



— lai — 

digays qué méritos tiene este soldado más que vos, 
que dezís que por su inter9esion tengo de socorre- 
ros. Dize: Este señor es Lorenzo de Villalobos, vues- 
tro hijo, que en doce años que ha hecho de ausen- 
cia, los cinco ha sido soldado y los quatro captivo, y 
en todos estos nueve años hemos sido amigos y com- 
pañeros en el algibe, Génoua, Florencia y Roma, por 
la mar de venecianos y contra turcos, hasta cerca de 
Alexandría. 

Yo, como vi que mi hijo era ya africano y legas- 
tico capitolino, adriático y poloponehi^ino y assiático, 
di gracias á Dios, mas no podia creher que era él, 
porque solia tener la dispussi^ion passadera. Del no 
pude tomar seña ninguna, porque nunca leuantaba 
los ojos del suelo; mas tentando mucho con preguntas 
al negro, entendí del que hauian venido en tanta po- 
brera por culpa de Lorenzo en lo demás , y yo no le 
pude conocer, porque con la mala vida viene muy 
corcouado, que no lo solia ser, y tan negro como un 
etiope, y en esto parece moro, y trahe la spada arrecha. 
Digo: Caya león, y en esto parece christianillo ; y 
trae las calcas todas rotas por el culo , y en esto 
parece puto; y trae la barba muy negra y muy suzia, 
y en esto parece cabrón; y con la hambre que trae 
parece perro; y tiene un dedo de la mano quemado y 
viene muy necio; assí, que sobre todos los otros tí- 
tulos es también Scéuola y es Bruto. 

Assí que , señor Doctor, de aquí adelante no os 
igualeys conmigo, que no teneys vos tal hijo, ni aun 
el puto de vuestro linaje. Perdone V. S. que hable 
el hombre con passion de unos cient ducados que me 
costará la bienauenturada venida deste hijo, que aún 



— 121 — 

también si miramos la cadena que tuuo quatro años al 
pes9uezo y la negrura del gesto, le podemos dar 
título de Torcato y de Albino, y pápate esse hongo. 
De BarzeJona, a veintisiete de Abril de mil quinientos 
treinta y un años. 



XXXV. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL DUQUE. 



{Sin fecha K) 



DESPUÉS que recibí una carta de V. S., no he 
tenido espacio de responder á ella, porque 
Nuestro Señor, me scribió otra por ^ifras, que 
aunque más prouechosa (si yo lo sé conocer), no fue 
tan graciosa como la vuestra para mi gusto, porque 
las cifras eran una cólica, la más cruel del mundo, de 
un grande apostema que me nació dentro de la tripa, 
el cual conocí yo y curé á poder de sangrías y de me- 
dicinas frías; que si el paciente no fuera físico tal cual, 
siete doctores le matauan con emplastos calientes como 
fuego. Y crea V. S. que para esta vez me aproucchó 
mucho no tener buena voluntad al dicho fuego, y 
tómame ahora la maior risa del mundo de mí, que 

I Casi es seguro que esta carta es de ñoes de i332 ó principios del si- 
guiente año, pues se habla de la próxima venida del Emperador devuelta 
de su glorioso viaje por Italia y Alemania, después de la dieta de Augusta, 
y de la derrota de los turcos que con Solimán habian llegado á las puer- 
tas de Vicna. 



— 124 — 

quedo muy ufano porque escape como Fonseca, que 
quinze días antes que muriese, andando ya mas muer- 
to que ahora lo esta , me contaba de una gran dolen- 
da que habia escapado y de la gran merced que Dios 
le habia hecho, y cómo tenia deternünado de no san- 
grarse en las primaveras, porque dizen que vuelve la 
sangre cada año a la costumbre de las sangrías. 

La Emperatriz , nuestra Señora , cum prole regia 
y con toda su casa están todos buenos a Dios gracias 
y muy contentos con la venida del Emperador. Creo 
yo que entre las casadas que tienen alia sus maridos, 
haurá para el verano gran tresquila de ganado. 

La señora doña Catalina tiene deseo de saber ú 
esta V. S. algo vejezuelo después que se partió de 
acá , porque dize que andábades ya a borde, y a mi 
me parece que las damas no miran tanto con los ojos 
la vejez en el rostro, quanto la consideran spirítual- 
mente en las potencias del ánima, porque sus merce- 
des son muy spirituales. 

La señora doña Guiomar (IXos me la guarde, 
porque es honra de todo nuestro linaje), esta muy 
buena, y es la más ilustre dama en gesto y en seso y 
en conuersa9Íon que se ha visto jamás; en fin , ella es 
hija de mi señora la Duquesa; y si no fuese en per- 
juicio de su Señoría, que es la mejor hembra que IXos 
ha criado en nuestros tiempos, yo juraría que ésta 
no es vuestra hija, porque un ángel como éste nunca 
Dios quiera que sea hija de los diablos. A mi me 
tomaron de gran príesa para scríbir esta carta, por 
eso no diré otras cositas de por casa. 



XXXVI. 



EL DOCTOR VILLALOBOS A ' 



(Sin fecha ^) 



ILMo. Sr.: si desde acá presumiesse yo de dar con- 
sejo ó consolación á Y. S. para sus quartanas, aún 
seria más necio que si estando presente lo hiciesse; 
y si sobre esto acae^iesse, lo que spero en Dios que 
será, que llegando esta carta fuesen quitadas las quar- 
tanas, quedaría tan majadero y tan frió mi consejo, 
que no se podria usar del sino para alimpiar aquellas 
señoritas que suelen curar la quartana mejor que los 
doctores, y echalla por donde ella meresce. 

Después que Dios me hizo tanta merced que la 



1 De una copia de la Colección Salazar (Bib. de la R. Acad. de la His- 
toria.), N— 44, fol. 3i5 V*. Está falta del final. 

2 Por los sucesos de que en esta carta se habla , debe ser de ñnes del 
año de i333, pues en este año el Emperador había convocado las Cortes 
de Aragón y Cataluña para el iD de Mayo en Monzón, la Emperatriz 
tuvo que quedarse en Barcelona por estar enferma, y vino ya en 
tiembre á Mozón. 



— 126 — 

Emperatriz partiese de Marturel y viniesse en salvo 
á poder de su marido, y acordaron sus Majestades 
que el Príncipe y la Infanta no entrasen en Mondón, 
con temor de las viruelas que allí perseveran , manda- 
ron que yo sólo viniesse a estar con ellos en este lugar, 
que es dos leguas de Mondón. Y porque la conver- 
sación del Príncipe es muy reposada, fuéle dado por 
acompañado el Príncipe de Piamonte, que ni el muy 
viuo abogue, ni el aguja de marear, ni el Doctor de 
Melgar quando tenia buen juego, nunca fueron tan 
desasosegados como el mas cuerdo d estos mis señores; 
y burlan sus Altezas tan pesadillamente que si no me 
moviesse el interese que spero de las mercedes que 
me podrían hacer, si quieren, de aquí á veinte ó treinta 
años, yo no los podría sufrir. Mas pásasse la persona 
con la mocedad estas cosas, por tener hecha su senara 
para la vejez; y otro tanto hacen como yo, don IXego 
Osorio y don Iñigo Manrique, que están en esta 
compañía ó en esta casa de orates , donde no se sabe 
quáles lo son más, los niños por natura ó los viejos 
por elección; y si todos lo son igualmente, a todos 
ellos sobrepuja el físico que los cura, porque le podrían 
decir: cura te ipsum. 

La Emperatriz vino aquí anoche a visitar estos 
hijos que Dios le dio, y que Dios le guarde; y cierto, 
su Majestad nunca en su vida estuvo tan gentil dama 
como el dia de hoy. Dios la dé salud. Vinieron con 
ella todas las damas , salvo doña Aldon^a de Toledo, 
que a la hora que estaba vestida y apretada la cintura, 
con el regocijo de la partida le vino tan desapoderada 
calentura, que mal de su grado dio con ella en la cama. 
Estas otras me han parecido en estremo hermosas, 



— 127 — 

assí porque ellas verdaderamente lo son, como porque 
ha tres semanas que yo no las habia visto; que también 
la hermosura muy acostumbrada es enfadona , como 
dicen las portuguesas. 

Su Majestad se ha holgado con sus hijos como lo 
manda la razón, mas con todo esso los dexará esta 
noche, porque habet aliam Ugem in membris suis repug- 
nantem. Quedará sola la compañía de las mujeres tris- 
tisque senectuSy que aquí mora, en tanto que las Cortes 
duraren. 

Y porque no se me pase de la memoria, quiero 
contar á V. S. un acto que pasé con la Camarera 
mayor, que es digno de memoria; mas ha de ser 
secreto, porque el señor pecador quiere que lo sea, 
que se cae de risa cada vez que le vienen a la memoria 
algunos pasos de la s^ena. 

Quando partimos de Marturel venia la Camarera 
muy medrosa de la conversación del Emperador, pen- 
sando que la cópula seria causa de recayda, y dezia 
que hauia algunos dodos que se cuidauan que aquí la 
^uzidade nan lies faz nojo a as mulheres. Esta e muyto 
gran zobaria que aynda lies faz mas mal , y quedan 
muyto mas quebrantadas, porque todo carga sobre 
sus costas. Con esto y con otras cosas que supo lá^ 
Marquesa de Lombay, sintió que de aquí podrían salir 
algunos buenos saínetes , y concertó conmigo que yo 
hablase con ella y le agrauiase más el negocio, y guar- 
dase bien en la memoria quantas palabras dixesse y 
quantas gesticulaciones sobre este caso hidesse, porque 
las tiene muy graciosas quando habla con passion. 



— 128 — 

Colloquitores : Villalobos^ Camarera. 

Villalobos. Yo requiero de la parte de Dios a 
V. m., que auise á su Majestad que se defienda desta 
obra hasta que esté muy conualesdda, porque de otra 
manera podría ser que le costase la vida, que no haze 
Dios milagros por nosotros cada dia , y es menester 
que nos guardemos, que para esso nos dio razón y 
entendimiento. 

Camarera. ¿La vida Ue costaría? 

Villalobos. Sí, por cierto. 

Camarera. Otro que sería ja boo. 

Villalobos. ¿Quál trueque? 

Camarera. Dar sua vida a troque de merda. Puu. 

Villalobos. No escupa v. m. Respóndame a lo que 
le digo, pues que va en ello tanto a todos. 

Camarera. E vos ¿por qué lie nam dizedes esso? 

Villalobos. No me meta v. m. los dedos en los ojos, 
que yo no tengo culpa. Ya v. m. sabe la honestidad 
de la Emperatriz, y no se sufre que hombre del mundo 
osase hablar á su Majestad en esse caso, aunque fuese 
el Rey, su hermano. Este es offício de v. m., assi 
porque sois Camarera, como porque le críasteis desde 
la cuna. 

Camarera. Palay vos muyto pera maa co el, como 
He falais otras zom barias piores y dizeyle a verdade, 
que si ele quer meter a sua muller uha faca polo corpo 
que folgue desto! é que nam lie desengañe ningueyn. 

Villalobos. Yo bien ge lo diré a él, mas no apro- 
uechará nada, si le toma la tentación. 

Camarera. ¿Qué é esso? 




— 129 — 

Villalobos. ¿Quál? 

Camarera. Isso da tenta^am. 

Villalobos. Es un romadizo que él toma a manera 
de corrimiento, con que se le hincha la cabera del 
, adonde corre, como este puño. 

Camarera. E isso corrimiento ¿nam tei otro reme- 
dio? Demo eudo, o corrimiento que se cura con tal 
^uzidade. Pu, pu. 

Villalobos. Yo 



XXXVII. 



DON ANTORIO MANRIQUB, DUQUE DB KÁJKRA, 
AL DOCTOR VILLALOBOS. 



SiRoR Doctor, nunca pensé que tema necesidad 
de vos hasta que ví mi hija en Pala^. Soñó el 
judío de vuestro abuelo, y no digo padre, que i 
la primer calenturilla que le venga le querreys catar 
el hígado y aun el ba^o. Acordaos, señor Doctor, que 
podría ser de vuestra sangre, y que los mejores ami- 
gos que en este mundo teneys somos la Duquesa y 
yo, e^epto el señor cardenal don Alonso Manrrique, 
inquisidor general. 

t No hay dato» para ñjsr ni aún apraxinudarocDU Ut fechu de eiti 
carta y de la que sigue, que es retpuetta í ella, mat parece potierior A 



XXXVIII. 



RESPUESTA DEL DOCTOR VILLALOBOS k LA CARTA 

ANTERIOR. 



{Sin f echa) ^ 



NO osaría V. S. scríuirme tales motes como 
estos, si no tuuiese tales abogados en su casa; 
assi que la gran confianza de los deudos mios 
que teneys debajo de vuestras manos, os haze ser tan 
atreuido, y con mucha razón, porque éstas mis se- 
ñoras son tales que por su contemplación no digo a 
V. S. que es un villanazo de Ocon, mas al hi de 
puta puto del Luzero perdonaría. 

Y volviendo al tema de vuestra muy cuerda y 
muy deuota epístola, digo que yo estaba con gran 
rezelo que la señora doña Guiomar habia de venir 
tan bo^ dessas montañas, que en todo lo que hifiese 
y dixese nos hauia de poner en vergüenza: y es cierto 
que el dia prímero que entró en Palacio, fué luz 



I No encuentro datos ptrt detennintr la iBcha de «ta carta. 



— i34 — 
y espejo de todo vuestro linaje, porque allende de ser 
tan gentil dama como la que más lo es/ se supo tan 
bien tratar con las otras damas y con la Emperatriz, 
y tan medida en el callar y en el hablar, y todo 
ello con tan buena autoridad y gracia, que todos echa- 
mos mil bendiciones al vientre en que anduuo, que 
á éste sólo se deben dar las gracias mucho más que al 
padre que la engendró, porque si algún bien saliere 
de vuestra casa, á nosotros se debe, que somos genus 
electum regale sacerdotium^ y no á vosotros los Manri- 
ques, quia pars diaboli estis. Perdóneme mi señor el 
Inquisidor maior si le hago poluo , que otro dia me 
hará él á mi humo. 

En lo que toca la salud de esta señora mi sobrina, 
y á las otras cosas de su serui^io, yo haré lo que 
deuo muy complidamente, y assi lo diga V. S. á mi 
señora la Duquesa , cuyo merecimiento tiene robados 
los coracones de los hombres, y aun la voluntad de 
£)ios. No escribo á su señoría, porque hay harto para 
entrambos, y se trata de cada uno como merece. 



XXXIX. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL DOQUE DE NÁJERA. 



(Madrid, 7 de Diciembre '.) 



CON la carta de V. S. recibí mucha merced an- 
tes que la abriese, y después de leyda me dio 
pena. Por cierto tengo que, cesando los rigores 
del tiempo y volviéndose el aire plácido y sereno, 
V. S., con ayuda de Dios y con las experiencias de 
la medicina, recibirá bastantes beneficios. 

Acá me hizieron grandes preguntas por la salud 
de V. S. el Emperador y la Emperatriz, y en verdad 
que la dessean mucho, y toda la Corte y las damas lo 
mismo, que nunca vieron hombre tan bien quisto. 
Doña Cathalina me preguntaba mucho qué mal tenia 
V. S.; yole dixc que todo era en las partes gagueras, y 
que todo lo delantero estaba bueno: dize quál sea la 
tu salud. En Madrid, siete de Diciembre. 



I No es posible señalar el año en que fué escrita esta carta, solo que 
es anterior á i539, pues se habla en ella de la Eraperatríz, que como 
sabe murió en Toledo en Abril de dicho año. 



XL 



BL DOCTOR VILLALOBOS AL SECRITARIO SAMANO. 



{Medina del Campo^ 3 de Agosto de 1542.) 



MUY magnífico señor: Yo he dicho en este 
mundo algunos donayres, mas nunca hize 
ninguno, porque dezir y hazer no es para 
todos, y por esso acordé, antes que muriese, de hazer 
un donayre de que se ría toda la gente, y mi fée sal- 
uando honor, cáseme con una mo^a fresca y forastera; 
conviene á saber, hijadalgo, que la tenian para meter 
monja; y cuando ya estaba esperando para tragalla la 
serpiente del Aldeanueua, que es una sepultura viua 
de las vírgenes y mártires, arremetí como un Sant 
Jorge y líbrela de la boca del dragón, y vengúeme de 
una hija que me mataron allí de hambre, que es un 
género de muerte la más rabiosa de todas. Assi que yo 
me vine con la presa para mi casa, donde la mo^a esta 
muy seruida y regalada, dando gracias a Dios por la 
merced que la hizo; mas no es posible que dure mucho 
en este contentamiento, viniéndole algunas vezes el 
desseo de la carne, porque yo no la puedo dar carne. 



— i38 — 

sino pescado ^ezial ' lleno de ventosidades; y ella pas- 
sará negra vida si no se consuela en pensar que en 
Aldeanueva no la dieran carne, ni pescado, ni camisa, 
ni sueño, ni servicio, ni libertad. 

Es una mujer mesurada, y con aquella su graue- 
dad nunca haze sino dezirme en secreto mucho mal 
de los confesos, y que no los puede ver más que al 
diablo. Yo dígole que tiene razón, porque son tan ju- 
díos el dia de hoy como el dia que nacieron. En este 
articulo se parece mucho a v. m., quando deuancaba- 
des con la calentura y me rogábades que yo solo to- 
mase el cargo de la cura , porque no. os fiábades del 
Doctor de Alma^an ni de hombre que fuese confeso. 
Para esta inocencia de mi mujer, yo he mandado á 
dos amigos que la desengañen porque no se destemjde 
tanto, y nunca se lo han osado dezir; mas yo la desen- 
gañaré también en llegando a mi casa, plazíendo í 
Dios, que ella quede corrida de lo passado. 

También he menester deraygalle otra necesidad 

muy grande que tiene. Piensa que es en mi mano al^ar 

la cada vez que yo quisiere, y que si la tengo 

cayda lo hago adrede, porque no la quiero bien, y 

por esta razón le vuelvo siempre las espaldas; y le he 

jurado muchas vezes a Dios, que lo primero no es 

en mi mano, y que yo no la puedo más mancar que la 

oreja; y que en el volver de las espaldas, es verdad 

que yo lo hago á sabiendas, porque parezcaníos á 

unos camafeos , que tienen de un cabo esculpida una 
donzella hermosa y del otro la muerte, para que la 

juuentud vea en lo que ha de parar. 

I Cecial :=scco y curado al aire, por lo que dice Covarrubias en su 
Tesoro, que esta palabra viene de cierno. 



-r- i3g — 

Estas cosas dígolas yo a y. m. como á un amigo 
que no le puedo encubrir los secretos de mi coraron, y 
por esso no las deue reuelar á otro ninguno. Tras esto 
se sigue que mis deudos y algunos de mis amigos me 
reprehenden el matrimonio. A los deudos yo no digo 
nada, porque son unos cabrones y quisieran veerme 
la casa como si fuera huerta sin guarda; mas al amigo 
que merecia satisfacción , pregúntele : Si mi mujer la 
primera fuera viua, ¿seria yo casado? Dixo que sí. 
Digo: ¿Pues por qué me culpáis si lo soy ahora? Dixo: 
Hay mucha differencia de una mujer anciana y de 
autoridad á una mujer mo^a y regalada. Digo: Esso es 
8Í yo quisiere la mujer para cobrar con ella méritos y 
ancianía, mas quiérola para holgarme honestamente con 
ella, y no para refregar una vejez con otra, que harta 
mala ventura para un hombre es tener una vejez sen- 
zilla, sin que la tenga de dos altos. Bien parece que 
no os hauíades de echar vos con la otra si fuera viua, 
mas ahora tratays de la virtud en cuerpo ageno. 

Yo vi echados en una cama al señor Licenciado 
Acuña y á su mujer, y parecióme una cosa tan fea, 
que di muchas gracias á Dios porque mi mujer no habia 
envejecido en mi compañía. Mal por mal, más me 
quiero estar á par desta, que no he asco della, y si ella 
lo huuiere de mí, suya será la peor parte. Hay mu- 
chos que por estar bien seruidos dan cient ducados 
por una sclaua, yo alcancé con ésta sclaua y dineros, 
y sírueme con más amor y piedad, y no es p)ecado 
tenella en la cama; y cuanto á pagalle la deuda, el que 
la debe ha quebrado y no puede ni es obligado á pagar 
más de lo que tiene. 

Ahora juzgad vos cuál es mejor vida, ésta ó la 



— I40 -r 

que hasta ahora he tenido, suzia y saluajina, en poder 
de galfarros ' suzios y traydores, y en poder de hijos 
que están en continua a^echan^a á ver si me sale el 
alma, que ya la querían ver fuera, aunque fuese en 
las uñas del diablo. Yo estoy ahora con más descanso 
que nunca, y dexele de tomar antes, porque para 
hombres pobres es muy trabajosa vida traer mujer 
en la Corte, assí como es buena estando de assiento. 
Y lo que dizen que la mujer mo^a acarrea la muerte 
al hombre viejo, yo hallo por mi speríenda que no 
saben lo que dizen, porque la moza no haze daño 
sino al mo9o, porque quiere y puede; al viejo no le 
puede dañar porque no quiere y menos puede. De la 
pobre paciente es de hauer compassion , que se vee y 
se dessea ; mas cuando ella se quexare yo apelaré para 
la Priora del Aldeanueua, que la hará renegar de la 
leche que mamó. 

Aquí se acaba la historia del matrimonio nueuo en 
cuerpo viejo, enxerído como medias mangas y collar. 
De Medina del Campo, tres de Agosto de mil qui- 
nientos cuarenta y dos años. 



I Galfarro^ hombre ocioso y de mala vida, también equivale á «i- 
guacil 6 corchete. 



XLI. 



EL DOCTOR VILLALOBOS X COBOS, COMENDADOR MAIOR 

DB LEÓN. 



( Valladolid, 12 de Setiembre, sin año t.) 



MUY Ilustre señor: Quando en Valladolid, en 
casa de V. S. , y en compañía del señor don 
Juan Manuel estoy arrepentido y siento so- 
ledad del regocijo de la Corte, ¿qué haré en Valderas 
sino echar carne de una encina de aquellas? Y no es 
posible otra cosa, por que los diablos, que eran allí 
mis conocimientos, se vienen acá a brincar conmigo 
con muchas maneras de tentaciones. 



I Dice en esta carta Villalobos, que tenia setenta años, y como nadó 
en 1473, resulta que la escribió en 1542 ó i543. 

De esta carta hay otra copia además de la del Museo Británico, en 
la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. (Papeles varios de Je- 
suitas, T. ii5, fol. 36 y 37.) El texto de esta última diñeredetal manen 
del de aquella, que por esta causa se inserta á continuación. 

EL DOCTOR VILLALOBOS AL COMENDADOR MAYOR. 



(De Valladolid, la de Setiembre. Sin dfio.) 

Muy ilustre Señor: Quando en Valladolid en casa de V. S. y en com- 
pañía del señor don Juan Manuel, estoy arrepentido y tiento soledad del 



— 142 — 
Viene el diablillo de la primera, y dame ^inquenta 
y cinco de mano, y á los otros otros tantos; y como 
ellos echan el resto, hago yo de la bestia en esta con- 
templación : me estoy holgando en extremo; y como 
yo veo después que no es nada, siento la pena doblada 
y querría volverme allá á probar mi ventura. Viene 
luego otro diablo muerto de risa , y éste es el autor 
de las buenas conuersa9Íones, y muéstrame la cena de 
V. S. , con la mesa llena de velas y platos, con todas 
aquellas bocas muertas de risa y de lisonja , unos gra- 
ciosos y otros frios, otros mudos y otros noveleros, y 
quién allí, fuera del juego, nota las 9egueras que se 
hazen, y gusta mucho dellas. Yo, entre medias de 
negociar mis miserias, tenia entre algunos n^o^ios 
mis ciertos solazes, con que ahora me da en el rostro 
este vellaco y me fatiga mucho. 

regocijo de la Corte, ¿qué haré en Valderas sino ahorcarme de una encina? 
Todos quantos diablos eran allá mis conocidos, se bienen acá á ju^etar 
conmigo, é pónenmc delante mili tentaciones. Ei uno me da cincuenta y 
cinco de mano, y á los otros otras tantas, y como etloi echan el reato, 
hago yo de la bestia; y en esta contemplación estoime holgando hatea que 
beo que no es nada, y como entonces siento la pena doblada, querría 
volberme allá á probar mi ventura. Bicene (asi) luego otro diablo muerto 
de risa, muéstrame la mesa de V. S. llena de velas y de platos, con todas 
aquellas bocas llenas de risa y de lisonja, vnos graciosos, otros irios, otros 
mudos y otros nouclcros; y entre medias de negociar mis miserias, como 
estaba fuera del juego, notaba las cegueras de los otros, y tenia aUí algu- 
nas noches mis ciertos solaces, con que agora me da en rostro este vellaco 
y me fatiga mucho. Viene otro, y dícemc que aquí no hay esperanza de 
remedio para mis hijos, y allá sy, porque vn dia tras otro, viéndome el 
Emperador, se acordarla de darles de comer. Este no se vá sin respuesta, 
porque yo le digo que bastó esperar hasta los setenta años, pues que hay 
muy pocos hombres que lleguen á ellos; y qiiando á este paso no había- 
mos medrado, escusndo era esperar más. A esto respondió que Fonseca, 
después de los setentti, esperó la vacante de la Encomienda mayor y salió 
con ella; y el Gran Chanciller esperaba ser Papa, y si no perdiera ei resollo 
al medio camino, quiyá saliera con su propósito; y don Diego Osorío es- 
peraba ser Mayordomo mayor de la Emperatriz, y si no se muriera de 



- 143 - 
Viene otro, y dízeme que no hay esperanza de 
remedio acá para mis hijos, y allá sí, porque un dia 
tras otro, viéndome el Emperador, se acordaría de 
dalles de comer ; y éste no se va sin respuesta, porque 
yo le digo que bastó esperar hasta los setenta años, 
pues hay muy pocos hombres que lleguen a ellos; y 
quando á este plazo no hauíamos medrado, excusado 
era esperar más. Replicó el diablo que Fonseca, des- 
pués de los setenta, esperó la vacante de la enco- 
mienda maior, y salió con ella; y el gran Chanciller 
esperaua ser Papa, y en medio del camino perdió el 
resuello; y D. Diego Ossorio esperaua ser maiordomo 
maior de la Emperatriz, y como vio' que se tardaua 
la vacante, murióse de viejo, que si espera un poco 
más todavía la llevara; y el Obispo de Avila esperaba 
la vacante de Toledo, y D. Luis de la Cerda el casa- 
viejo todavía lo fuera; y el Obispo de Avila esperó la vacante de Toledo; 
y don Luis de la Cerda el casamiento del Príncipe, por ser ayo de su pri- 
mogénito. Viene luego otro diablo que sute (asi: suele) estar de morada 
eo la cámara del Emperador, y dice. ¿Quándo soñó el puto de vuestro 
abuelo que entrásedes vos en la cámara, quedando muchos Grandes fuera 
della, y que su Majestad tuviese por bien de trabar hablas y conversa- 
clones con vos, siendo quien sois y él siendo vn Monarca tan celebrado 
en el mundo, que los que vinieren de aquí á mil años, darán mucho pre- 
cio por ver su ymágen al propio, quanto mas si le pudiesen ver bibo y 
tratarle como vos ha^íades? A este dígole yo: ¡Oh, cómo eres vellaco mun- 
danal ! Bien veo, bien veo ques muy gran ñesta tener conrersacion con 
su Majestad, mas esto es para quien medra con ello; á mí no me aprove- 
chaba nada, porque le juro á Dios, que acabando de reyr con él, si llegaba 
á pedirle algo, me mostraua vna cara tan diferente de la pasada, con vnos 
ojos tan turbios, que me hacia temblar la pajarilla en el cuerpo, y cortá- 
bame tanto, que con qualquier respuesta le dexaba; y más te digo, ques 
cosa perdida tener amistad con el Emperador, por quel que la trata él mu- 
cho á su ventaja, á mí me costaba el cuerpo haciéndole mili pedazos en ser- 
UÍ9Í0 de sus hijos, y costábame el alma perdiéndola con muchas turbaciones 
despíritu y grandes turbulencias y angustias de corazón, que yo sintia 
con sus dolent^ias, y á él no le costaba syno aquella risa y aquel pasa- 
tiempo con que me Rebaba del ayre. Quando esto oyó el diablo, fuese hu- 



l 



— 144 — 
miento del Principe para ser -ayo de su hijo nuuor. 
Viene luego otro diablo que suele estar de inorada 
en la Cámara imperial, ¿y cuándo soñó d puto de 
vuestro abuelo que entrásedes vos en la Cámara, 
quedando muchos Grandes fuera della, y que S. M. 
tuuiese por bien de trauar hablas y conuersadones, 
siendo vos quien soys y él siendo un Monarcha tan 
celebrado, que los que leyeren su historia de aquí 
á mil años darán mucho por ver su retrato, quanto 
más si le pudiesen ver vivo y tratarle como vos hada- 
des? A éste dígole yo: ¡Oh, cómo eres vellaco y mun- 
danal!; bien veo que es muy gran fiesta tener conuer- 
sacion con el Emperador, mas esto es para quien me- 
dra con ella: á mí no me aprovechaba nada, porque le 
juro á Dios que acabando de reyr con S. M. en amor 
y compañía, si llegaba á pedille algo, me mostraua una 

yendo para don Luis de Zúñiga, y don Enrique de Toledo j los oompt- 
ñeros. Viene otro diablo muy mezquino, y.dize: ¿Qué puedes tú ganu* en 
Valderas sino vn lecho que te haga mal prouecho y vna (estilla de fruts 
que vale dos maravedises? Igual ganancia era la de la Corte, queauisen 
ella para gastar y jugar como un Duque. Digo: Más vale el dinero que acá 
dejare de jugar, que todo lo que allá ganaba; y verlo as en lo que me sobró 
quando me vine. Demás desto en Valderas hay buen aparejo para ganar 
vna heredad, que sobrepuja á todas las otras gañanías; ésta es el alms, 
que ya el tiempo desta vida para mí es muy breue, y ávn he miedo, que 
vengo tarde á negociar para el tiempo de la obra que minea se acaba. 
Viene otro y díñeme: ¿No se te acuerda de la vida que tenias en Palado 
quando vna dama hermosa te dejaba y otra te tomaba, y los caualleros, 
porque salias de entrcUaF» todos tenían quenta contigo, j quando adole- 
(ian luego te llamaban y te pagaban por amor de amigaT Digo: Tú no 
sabes que quando yo me vine, ya no había damas, por que las vnas se 
fueron con sus maridos, y en llegando luego concibieron y dejaron de ser 
damas; y á las otras, por sus delitos ó malos deseos, les ñieron dadss por 
cárceles las casas de sus padres; y á las otras lebaron por el rabo como 
gtttas de algalia á meter en la gaula, porque caguen mejor algalia les dan 
á comer palominos y tortillas de huevos; y los caualleros que difcs que 
me llamaban y me pagaban bien, tal sea tu vida; antes te digo que en 
pago de las curas me pedían dineros prestados. Ya era pasado el tiempo 




- 145- 

cara tan diferente de la passada, con unos ojos tan tur- 
bios, que me hazia temblar la paxarílla del cuerpo; y 
páreseme que el gesto segundo, cotejándole con el pri- 
mero, era de mano de algún aprendiz. Y más te digo, 
que la amistad mia con S. M. era mucho a su ventaja, 
porque á mí costábame el cuerpo, haziéndole en la 
vejez mil pedazos en seruicio de sus hijos, y costá- 
uame el alma con muchas aflicciones despíritu y gran- 
des turbulencias y angustias de coraron que sentia con 
sus dolencias, y a él no le costaba sino aquella risa y 
aquel passatiempo que tomaba conmigo. Quando esto 
oyó el diablo, fuesse huyendo para D. Luis de Cúñiga 
y D. Enrique de Toledo y los otros sus compañeros. 
Viene otro diablo que gobierna la física, y dize: 
¿Qué puedes tú ganar en Valderas sino un lechon y 
buen prouecho te haga, y una cestilla de ubas colgadas? 

con que medráuamos con los cauallcros por amor délas damas, desde que 
murieron el Condestable don Bernardino y el Duque de Alúa. Estos, 
siendo finos enamorados, eran en este caso cabezas de bandos, y cada vno 
dellos recogía y acaudillaba á los que eran de su parte, y como eran übc- 
ralísimos, ayudaban largamente á los que no podían lleuar adelante la 
costa de los amores, y andaba la cosa tanto sobre porfía de quererse aven- 
tajar los vnos sobre los otros, que las damas triunfaban mucho y no per- 
dían nada los que se allegaban á ellas. Agora no habla ya sino caualleros 
syn cabezas, como estatuas antiguas, y era menester pedir para ellos como 
para las ánimas de purgatorio. Tras estos todos viene el mismo Sactanás 
y dice: Quando tú estabas en la Corte todos los Grandes de España te 
hacían mucha más honra de la que tú merecías, y tus deudos eran hon- 
rados en sus tierras por amor de tí y preciábanse de ser tus parientes; 
agora, metido en Valderas, serás tan ruin como vno dellos. Este vellaco 
me hizo llorar toda vna madrugada, porque me supo dar el corte por la 
coyuntura, que somos todos tan amani;ebados con esta vanagloria, que 
por vn puntillo de honra pasamos la más trabajosa vida del mundo, y por 
allí la perdemos, porque en viéndonos pompositos luego nos dicen las be- 
llaquerías, de manera que entonces compramos la honra máscara quando 
ella vale menos, sino curamos della nos la dan de balde; ansí que yo quedé 
muy quebrantado con este encuentro. No piense V. S. que son fábulas 
las desta carta, que verdaderamente pasó por mí esto todo, aino es ver 

lo 



— 146 — 
y ¿ quál ganancia era la de la Corte, que hauia en ella 
para gastar y jugar como un duque y andar siempre 
con la bolsa llena de ducados ? Digo: Más vale el dine- 
ro que acá dexaré de jugar, que todo lo que allá ga- 
naua, y verlo eys en lo que me sobró quando me vine. 
Demás desto, en Valderas hay buen aparejo para ganar 
una heredad que sobrepuje á todas las otras ganan- 
cias, esta es, el alma, que ya el tiempo de esta vida 
para mi es muy breue, y aún he miedo que vengo 
tarde a negociar para el tiempo de la otra que nunca 
se acaba. Este también echó á huyr, y fuese á la 
Corte. 

Luego vino el diablo de las damas, y dize: ¿No 
te se acuerda de la vida que tenias en Palado? Una 
hermosa te tomaba y otra te dexaba, y los caballeros, 
porque salias de entre ellas , todos tenian cuenta con- 
tigo y te daban mil abramos, y cuando adolecían luego 



la cara del enemigo. Mas bien se conoce ques d! en las turbadona que 
me pone, porque si fuese espíritu bueno, no había de aooniejar á vn Uuo 
que tanta experiencia tiene de la Corte y de sus peligros y trabajot, que 
se volviese á ella, ni yo lo haría ya si no perdiese el seso; ántet he rea>- 
jido mis libros, que los tenia derramados por los lugares de mi pere g r in a- 
cion, y ahora verá V. S., si Dios quisiere, que tan gran letrado he de 
salir para el otro mundo; y ¿un creo que no seré tan mal hombre como 
allá, porque acá no habrá jugar, no habrá souerbia, ni enuidia, ni mal- 
querencia, que no puedo ser agrauiado de otros que sepan menos que yo, 
como lo era en la Corte, y por esto no podia estar en perfecta caridad con 
mis próximos, ques vna cosa más peligrosa para el alma de lo que la 
gente piensa. Físico hay en la Corte que quando por caso halle alguna 
cosa para dezir primero que los otros, es tanta su presunción, que piensa 
que nunca nadie alcanzó aquello, porque como es para él cosa nueua^ cree 
que lo es así para todos; como los desarropados, que quando alcan^n Tn 
jubón nucuo, piensan que no hay otro jubón sino el suyo. Este es vn hom- 
bre muy enamorado de sí mismo, y todas sus cosas, por feas que sean, 
le parecen hermosas. Cierto, son estos sus amores muy descansados para 
él, porque los alcanzará cada vez que quisiere y no tiene competidor nin- 
guno. Estos vestiglos y otros tales, echándome mili agraces en los Ofos, 




— 147.— 
te llamaban y te pagaban por amor de amigo. Digo: 
Tú, vellaco, no sabes que cuando yo me vine, ya no 
haüia damas» que las unas se fueron con sus maridos, 
y en dándose las manos conciuieron , y luego dexaron 
de ser damas, y á las otras por sus delitos y malos 
desseos, les fueron dados por cárceles las casas de sus 
padres, y á las otras Ueuaron por los rabos como gatos 
de algalia á meter en la jaola; y porque saquen me- 
jor algalia les dan palominos y tortillas de huevos. Y 
los caballeros que dices me llamaban y me pagaban 
bien, tal sea tu vida, antes te digo que en pago de la 
cura me pedian dineros prestados. Ya era pasado el 
tiempo en que medráuamos con los caualleros por 
amor de las damas, desde que murió el Condestable 
D. Bernardino y el Duque de Alúa. Estos, siendo finos 
enamorados , eran en este caso caue^as de bandos , y. 



hicieron más clara la vista para considerar el camino de la salud. De Va- 
lladolid, XII de Setiembre. 

Esto que agora diré se me oluidaba en el tintero. Yo venia pensando 
entrar yeguas de casta en aquel monte de ValderaSf porque soy afícionado 
á potros de buen talle; y á Nuestro Señor le plugo de hacer el comien^, 
y el San Jolian buena estrena, y hame dado vna potra muy hermosa. 
Digo: Señor, potros quena yo, que no melón de invierno. No ha muchos 
dias que se dixo en la Corte que V. S. traba otra; pésame porque no salió 
verdad, quisiera que como somos grandes amigos, fuéramos también com- 
pañeros en la mercaduría, aunque sé que á mi señora no le pluguiera de 
la granjeria de las potrancas. Siempre temí que en esto habían de parar 
mis vientos, no los medre Dios, que como vieron que yo los echaba del 
corral á gujinchones, arremetieron á romper las barreras y huyeron 
al montecillo, y después encerráronse todos en el bolsón del valle, por- 
que me comprendiese la maldición de Nuñrica de Almeyda, que quando 
estaba enojada de mí nunca me dicia sino «á malos traques mueras;» y 
no seria cosa muy nueva, que mis compañeros Frías y Alfaro desto 
mismo murieron. No escribo más largo, por la gran prisa que me da este 
mensajero, para otro dia alargaré mucho más la mana Las manos 
de V. S. besa:— El Doctor Villalobos. 



— ,14» — 
cada uno dellos regia y acaudillaba a los que eran de 
su parte; y como eran liberalísimos, ayudaban larga- 
mente a los que no podian llevar adelante la costa de 
los amores; y andaba la cosa tanto sobre porfía de 
quererse aventajar los unos sobre los otros, que las 
damas triunfaban mucho, y no perdian nada los que 
se llegaban á ellos. Ahora no hauia más que caualle- 
ros sin caberas, como estatuas del tiempo viejo, y era 
menester pedir para ellos como para las animas del 
purgatorio. Este diablo, también huyó dando los maio- 
res sospiros del mundo. 

Tras estos todos viene el mismo Satanás , y dize: 
Quando estauas en la Corte, todos los Grandes de Es- 
paña te hazian mucha más honra de la que te merecías, 
y tus deudos eran honrados en sus tierras por amor 
de tí, y preciábanse de ser tus parientes; ahora metido 
en Valderas serás tan ruyn como uno dellos. Este ve- 
llaco me hizo llorar toda una madrugada, porque me 
supo dar el corte por la coyuntura, que somos todos 
tan amanceuados con esta vanagloria, que por un 
puntillo de honra passamos la más trauajosa vida del 
mundo, y por alli la perdemos; porque en viéndonos 
pompositos, luego nos dizen las vellaquerias , de ma- 
nera que entonces compramos la honra máscara cuando 
más la perdemos, y cuando no curamos della nos la dan 
de valde. Assi, que yo quedé muy quebrantado con 
este encuentro; y no piense V. S. que son fábulas las 
de esta carta, que verdaderamente pasa todo esto por 
mí, sino es ver la cara al diablo. Mas bien se conoce 
que es él en las turbaciones que me pone, porque espí- 
ritu bueno no hauia de aconsejar á un viejo que tanta 
experiencia tiene de la vida y peligros de la Corte, 



— 149 — 
que se volviese á ella , ni yo lo haría ya si no perdiese 
el sesso, antes he recogido mis libros, que los tenia 
derramados por mil partes, y ahora verá V. S. , si 
Dios quisiere, que tan letrado he de salir para el otro 
mundo; y creo que no seré tan mal hombre ni tan di- 
soluto como allá, porque acá no habrá jugar, ni ira, 
ni soberuia, ni envidia ni mal querencia, porque no 
puedo ser agrauiado de otros que sepan menos que yo, 
como lo era en la Corte , y por esto no podia estar en 
perfecta charídad con mis próximos, que es una cosa 
más peligrosa para el alma de lo que la gente piensa. 

Físico hay en la Corte, que cuando por caso halla 
alguna cosa que dezir prímero que los otros, queda 
con tanta presunción que piensa que nunca nadie al- 
canzó aquello, porque como es para él cosa nueua, 
créelo que es assí para todos, como los desarrapados 
que cuando alcancan un jubón nueuo piensan que no 
hay otro jubón sino el suyo. Este es un hombre muy 
enamorado de sí mismo, y todas sus cosas, por feas 
que sean, le parecen hermosas. Cierto, son estos sus 
amores muy descansados para él, porque los alcanzará 
cada vez que los quisiere, y no tiene competidor nin- 
guno. Estos vestiglos y otros tales, echándome mil 
agraces en los ojos, me hizieron clarificar la vista para 
considerar el camino de la salud. 

Oluidáseme una cosa que ha passado por mí, de 
bienauenturada recordación. Yo venia pensando en 
criar yeguas de casta en el monte de Valderas, porque 
soy aficionado á potros de buen talle; plugo á Nuestro 
Señor de hazer el comiendo, y hame dado una potra 
de ruyn casta. Digo: Señor, potros querría yo, que no 
melón de invierno. 



— 1 5o — 

No ha muchos dias que se dijo en la Corte que 
V. S. criaua otra; a mí me pesa porque no salió ver- 
dad, porque quisiera, como somos grandes amigos, 
que fuéramos también compañeros en la mercadería, 
aunque á mi señora doña María no le pluguiera de 
la granjeria de las potrancas. Siempre temí que en 
esto hauian de parar mis vientos; no los medre Dios, 
que como vieron que yo los echaua del corral á guin- 
chones, arremetieron a romper las barreras y huye- 
ron al montezillo, y después encerráronse todos en 
el bolsón del valle, porque se cumpliese la maldición 
de Nufrica del Almeida, que quando estaba enojada 
de mi, nunca me dezia sino <á malos traques mueras>; 
y esto no será cosa muy nueua , porque mis compa- 
ñeros Frias y Alfaro , Dios los perdone , desto mismo 
murieron. 



XLII. 



£L DOCTOR VILALOBOS AL DUQUE DON MANRRIQUE 

DE LARA. 



{Rioseco, 1 3 de Agosto de 1546.) 



ILMO. Señor: Desseo mucho la salud de V. S., | 
assí por ser ella muy preciossa, como por tener un 1 
hombre de mi tierra con quien se pueda hablar, que / 
por acá , si no fuese el Alrpirante , yo no los entiendo ( 
ni ellos á mí, assí son para conmigo sordos y mudos, - 
y yo también con ellos ; y como en el proceso de mis 
edades se me han muerto dos ó tres generaciones con 
quien yo trataua, tan muerto soy para los que quedan 
como los que yo he visto; y aún he hecho mejor, 
porque ninguno de los siete durmientes ha hallado tan 
trocado el mundo y los edificios y las monedas, como 
yo lo he hallado ahora acordándome de los siglos pa- 
sados. 

Murióse el Rey con toda aquella camarada; mu- 
riéronse los Grandes ; murióse la moneda y los que la 
athesorauan; muriéronse los Arzobispos y otros Ar^o- 



— l52 — 

bispos , y los arzobispados con ellos ; y ¿ quién no es 
muerto, pues se murió Perico de Ayala, delicias del 
linaje humano, y el bastardico, y ahora Ménica, y no 
murió D. Miguel? Muriéronse las damas primas y 
las tor^uelas ' y las ñestas y la liberalidad y todos los 
plazeres y toda la buena simiente de las virtudes, y 
las lumbres de la razón, porque quien lo habia de 
resucitar todo, por nuestros pecados no puede estar 
sino ausente de la patria. En fin , toda la gentilleza es 
muerta, y quien se crió y creció en ella no puede con- 
servarse sin heder á todos, aunque esté hecho tasajo 
y cargado de sal , porque' la sal que solia ser buena, 
ahora esta tan infutuada, que la echan fuera para 
hollarla con los pies. 

Aquí me dixeron que está con V. S. el Doctor 
del Águila, de que he holgado mucho, por la buena 
relación que oí de su doctrina y de su juizio; mas 
dixéronme también que habia requerido al Doctor 
León, que tiene la cáthedra de Alcalá, y desto me 
pesó mucho, porque no se puede sufrir en compañía 
de otro, y es hombre que por sostener una opinión, 
es poco para él matar todos los enfermos de una oto- 
ñada, y aun á los físicos, porque trae debaxo de la 
loba un bracamante, y en disputando con alguno 
nunca quita la mano de la empuñadura. Yo le vi leer 
una vez á los escolares, y era tanto el heruor y el 
aceleramiento con que leya, que no pudo sufrir d an- 
gostura de la cáthedra, y apeóse della en mi presencia 
y vínose con tan desordenado ímpetu, que me hizo 



I Tor^uelas, palabra de volatería, se aplica al halcón que sale el ter- 
cero del nido, porque los dos primeros empollados por el halcón suelen 
ser hembras, y se llaman primas. 




— i53 — 

temblar la paxarílla en el cuerpo. Quiso Dios que no 
lo hauia conmigo, porque llegado el fin de la carrera 
que se haze entre aquellos bancos, volvióse por el 
mismo camino; y tanto era el esgrimir de los bracos 
que unas vezes corría y otras saltaua con los ojos 
salidos afuera, echando espumas por la boca como los 
sacerdotes de la cueua de Trophemio, y, cierto, las 
cosas que dezia no eran tan diuinas que mereciesen 
aquellas gesticulaciones. Y como el juyzio que es me- 
nester para curar las passiones deue ser sin passion y 
andar con gran sosiego de anima, atentadamente dis- 
^irniendo entre tantas variedades de cosas para escoger 
lo menos malo, parecióme que yo no osaría curarme 
con aquel hombre. 

Assí que, señor, pues que V. S. ha tomado los 
físicos á la imagen de los euangelistas, el buey y el 
hombre^ico y ahora el águila, guárdese del león, por- 
que nunca volvió del propósito, aunque fuesse errado, 
sino semper ante faciem suam ambulabat et ubicumque erat 
Ímpetus spiritus^ illuc grediebatur, sin esperar el voto 
del compañero, ni otra razón por buena que fuesse. 

Supplico á V. S. que mande á su Secretario que 
haga relación con los que vienen á la feria de la dis- 
pussicion de V. S., porque si mi facultad bastasse 
para ello, nunca cessarian los correos que me diessen 
cada día nuevas del Duque de Nájera, mi señor, y 
de mi señora la Duquesa, á quien prospere Dios mu- 
chos años. De Rioseco, trece de Agosto de mil qui- 
nientos cuarenta y seis. 



XLIII. 



£L DOCTOR VILLALOBOS AL ALMIRANTE DE CASTILLA. 



(i2 ^£ Mayo de 1549.) 



LMO. Sr. : Las nueuas de la Corte son éstas. Anda 
en ella una señora que se llama doña Speran^a, 
.que trae perdida la maior parte de los cortesanos; 
y aunque ella es muy gran puta , que á todos se da, 
son muy pocos los que alcanzan lo que promete, y 
estos, si son gente baxa> no tienen qué perder, todos 
ganan con ella, los grandes todos pierden, porque vale 
mucho menos la presa que esperan que lo que ellos 
despenden de su patrimonio tras ella. Esta señora anda 
siempre preñada, como dizen los naturales de las hem- 
bras de los conejos, que estando preñadas se empreñan 
otra y otra vez ; y así , los galapos que traen en el 
vientre, unos comienzan y otros demedian despluma- 
dos, y otros están enteros con su pelo. Assi la señora 
susodicha trae en el vientre unas speran^as grandes, y 
otras menores, y otras más chicas, y éstas dan muy 
mala huelga á los que viuen con su madre trayéndolos 



— i56 — 

de oficial en oficial, y de ' con tantos caminos y tan 

de valde, que ningún sosiego ni descanso pueden traer 
el día ni la noche. 

Yo en este caso mejor librados tengo á los deses- 
perados y porque estos , a lo menos , gozan de lo que 
tienen , sin dar sospiros ni vuelcos en la cama por lo 
que esperan; y aunque V. S. hizo esta jomada sola- 
mente por seruir á su Majestad y al Príncipe, sin 
otro respecto de interese ninguno, después desto ha 
ceuado, si la dicha puta vieja acordare de traelle sus- 
penso y engañado, mi parecer seria que desespere y 
se vuelva á su casa. Esto es lo que anda en la Corte 
desde Céssar el primero hasta Céssar el postrero, á 
quien Dios guarde muchos años, y desde un Pedro 
hasta un piedra, porque Sili^eo quiere dezir piedra, á 
quien dixo su Majestad : Tu eres piedra y sobre esta 
piedra edificaré la mi iglesia de Toledo *. 

Las nueuas de Medina que á mí me han acaecido 
con mi señora la Duquesa, son éstas. Yo lo tengo 
merecido á Dios por el pecado de la soberuia , como 
la státua del Nabucodonosor, que tenia la cabera de 
oro y los pies de hierro y lodo, porque quando estaba 
en la Corte ó en Valladolid , yo presumía que era el 
príncipe de la medicina, y assí todos los otros docto- 
res en nuestras juntas me tenian mucho acatamiento, 
y esto desde el tiempo de los Serenísimos Reyes Cathó- 
licos hasta el tiempo de la villa de Medina', adonde 
he venido á ser las hezes y el deshecho de toda la 
medicina. 

Yo me contentarla de andar a la par con el doctor 

I Hay un claro en el manuscrito. 

7 Juan Martínez Silíceo fué electo Arzobispo de Toledo en i545. 



- i57- 
López, mas precédeme en el crédito la de Trueba, 
y la bruxa del patio, y la beata h^chizera del hospital, 
y la saludadera de Santiago, y el hombre derrengado 
que cura el mal de hijada con el estiércol de ratones; 
y quando alguna destas están en la Cámara, no me de- 
xan á mi entrar, y mandan que no se haga nada de lo 
quel doctor Villalobos dixere, porque ha de matar 
á la Duquesa como á la Emperatriz '. 

Viniéronle á su Señoría unas tercianas antes que 
pariese, y con el buen parto que huuo y la gran pur- 
gación, no fué menester hazelle cosa de medicina, sino 
curalla con sus caldos como á parida, y assi se le qui- 
taron las tercianas, y como yo no era bastante para 
tanto como esto, fué llamado Rodríguez. 

Esto digo á V. S., no para que lo remedie de allá, 
sino porque descansan los enfermos en quexarse de 
sus trabajos. Una cosa no dexaré de la cámara: des- 
mándesele la parte baxa y despidió un gran viento. 
Dixo: Pápate ese hongo, y como vi que todo era viento 
salime de la cámara. No es muy sabrosa la fruta de 
postre desta carta, mas tales manjares hay en ella, que 
puede passar por buena. Fecha á doce de Mayo de 
mil quinientos cuarenta y nueve años. 



^ Al Marqués de Lombay, yendo á ca^a, se le per- 
dió un gerifalte, y apartándose de sus caladores enbus- 

1 Nótese esta frase de Villalobos, fundamento de la opinión acerca del 
motivo de su retirada de Palacio. 

2 Este diálogo no debe formar parte déla carta anterior, y por su 
contexto se ve claro que se hubo de escribir mucho antes que ella, pues 
el año de 1549 hacia diez que había muerto la Emperatriz, y algunos 
que el Marqués de Lombay habia entrado en la Compañía de Jesús. 



— i58 — 

ca del alcon, donde dando voces parecióle que le res- 
pondían de léxos , y no era sino la rebenieradon de 
sus mesmas vozes, a quien los poetas llaman Eco; 
y como yba cansado, acordó reposar alli un poco 
y preguntar á qué le respondían las primeras cosas 
que le viniesen á la memoria, y como andaua algo 
doliente , acordóse de los físicos. Pongamos una M 
cuando hablare el Marqués, y una E cuando ha- 
blare Eco. 

M. Los doctores de Alfaro, de Melgar y de Vi- 
llalobos, ¿qué harán ahora sus mercedes? 

E. Cedes. 

M. ¿Qué han dado sus Majestades al doctor 
Alfaro después de tanta vejez y fatiga ? 

E. Higa. 

M. Si es aquella que trae en el ojo, ¿qué cosa es? 
porque me dizen que se hizo cuando era mo^o de estu- 
diar tanto en el arte de Lebrija. 

E. Rija. 

M. ¿Y qué han de hazer del a la fin? 

E. Fin. 

M. Y el doctor de Melgar, ¿ qué quieren hazer 
del? decidlo presto, acabad. 

E. Abad. 

M. ¿Y qué pide si en la Abadía de San Isidro 
hubiere suspensión? 

E. Pensión. 

M. Y después que todas esas cosas acabare de 
procurar, ¿en qué ha de parar? 

E. Arar. 

M. ¿Y qué le han dado á Villalobos? 

E. Lobos. 



- i59 - 

Ai. No os burleys conmigo: yo os pregunto qué 
le ha dado el Emperador en esta jornada. 

E. Nada. 

M. Pues dezianme que su Majestad le había en- 
viado trescientos ducados de pensión para su hijo, y 
que este correo la traxo. 

E. Xo. 

Ai. No me maravillo, porque el Emperador diz 
que le tiene por peor que Arriano. 

£. Ya no. 

Ai. ¿ Pues cómo le dexó en esta consulta, olvidóse 
ó determinóse? 

E. No sé. 

Ai. Si es porque el Emperador cree que no hay 
física, y por esso cuando estaua quartanarío en Valla- 
dolid, envió á Villalobos á Estremadura y quedó 
Ponte por médico de los principales; y como el dicho 
Ponte era hijo de un molinero, aprendió muy bien a 
llevar trigo al molino, y otras experiencias nó. 

E. Asno. 

M. La ciencia del asno es llevar trigo al molino, 
mas ¿en qué pensays que trataba su padre después 
que dexó el molino? 

E. Lino. 

M. Es verdad que trataba en lino, y las más de 
las noches, estando borracho, quemaba las manadas; 
y aún el señor su hijo, no está todas horas en buen 
concierto. 

E. Cierto. 

Ai. Tan cierto como vos estays ahí , aunque yo no 
sé quién soys; querría sauer si soys hombre ó mujer, 
si soys persona de paz ó de revuelta. 



— i6o — 

E. Vuelta. 

M. Ya yo os entiendo, dezís que soys la vuelta 
de mis ultimas voces, así que el rechazo de mis pala- 
bras es respuesta de mis preguntas. Ya yo hauia oido 
dezir de vos en las fábulas de los poetas, mas nunca 
pude creer que fuéssedes mujer, porque no soys nada 
prolixa , antes respondey s á todo lo que os preguntan 
con medias palabras , y áim essas tomays prestadas; 
mas dexemos estas philosophías y tornemos a nuestro 
Villalobos. Yo sé que Pedro González de Mendo^i 
lleua este su negocio mucho á cargo , veamos en qué 
ha de romper? 

E. Per. 

M. Catad ahí una gentil resolución de negocios, 
mas ¿qué tal quedará de esso el Arcediano de Toledo? 

E. Ledo. 

M. ¿Y D. Hurtado, su hermano, que dirá? 

E. Dirá. 

M. La Emperatriz ¿no hará algún socorro en la 
tempestad dessa nao? 

E. Nao. 

M. Veamos: en estas cosas de Villalobos ¿ha 
hablado la Marquesa de Lombay? 

E. Bay. 

M. ¿Y aprovechóle alguna vez? 

E. Ez. 

M. Amiga, no me respondays en vascuence, que 
ni le sé ni le creo. 

E, Creo. 

M. Ahora dexemos á Villalobos, que está ya tal 
que presto nos dexará á nosotros. Vamos á ver las 
damas si han gana de casarse , si le consultan entre sí. 




— i6i — 

E. Sí. , 

M. Y el marido ¿qué tal quieren que sea? 

E. Que sea. 

M. No basta que sea, sino que ha de tener alguna 
buena propiedad. 

E. Edad. 

M. ¿De viejo ó de mo^o? 

E. M090. 

M. Y esse quieren que sea tuerte como Sansón, 
rico como el Conde de Benavente, suelto como don 
Pedro Guadix. 

E. Dix. 

M. Veamos: ¿no se contentarán que sea como el 
Conde de Miranda, apartado de vicios y buen chris- 
tiano ? 

E. No. 

M. ¿Qué se les da que descuyde? Tiénenlo por 
señal mortal? 

E. Tal. 

M. Hora pues, digan ellas lo que quisieran, que 
yo sé que cada vez que habla con la Emperatriz es á 
prouecho de algunas dellas , y algunas vezes lleua de 
un golpe dos. 

E. Pedos. 

M. Qué esperanza vuestra de mi gerifalte? 

E. Falte. 

M. Essa es la que á mí me escueze, que de todo 
esto otro me quedaua muy poco resabio. 
E, Sabio. 

Después que el Marqués huuo alternado con Eco, j 
y Eco con el Marques , conoció el Marqués que por 

II 



— 102 — 

medianería del ayre se hazian en este mundo todas las 
cosas; y que pues todo es ayre, deuríamos de volar 
con los pensamientos de nuestros deseos en mayor 
altura, porque en aquella ca^a el trauajo es menos y 
el deleyte es más, y la presa es de tanta excelenda, 
que ni los ojos de los vicios los vieron, ni los corazones 
humanos lo pudieron comprehendcr. 




XLIV. 

EL DOCTOR VILLALOBOS Á DON ALONSO DE FONSECA, 
ARZOBISPO DE SANTIAGO, ENVIÁNDOLE UN DIÁLOGO 

QUE LE había PEDIDO '. 



{Sin fecha ) 



ALLÁ envió el dialogo, como lo tiene el señor 
don Gómez. Si V. S. lo quiere para burlar 
de mí, dígalo claro, que buen compañero soy 
para acudir y rechazar. La otra escaramuza, como 
V. S. dice, fué más trabada que la primera, porque 
con la quartana el paciente no estaba muy philósopho, 
y con el vino el philósopho no estaba muy paciente. 

Aquellos señoritos , como son buenos despartido- 
res de ruydos, gustaron mucho más de las veras que 
de las burlas, y deseaban, con gran charidad que hay 
en ellos, que viniéssemos á las greñas. Y porque estas 
cosas que se hacen con calor y con gestos y meneos 
furiosos son graciosas durante la far^a, y no valen na- 
da escriptas , no las encomendé á la memoria, y por 
esso no las envió á V. S. De Valladolid, etc. 

I Publicada en el libro intitulado Los problemas de Villalobos, Re- 
ñérese al «Diálogo que passó entre un Grande deste Reyno de Castilla, es- 
tando con el frió de la quartana, y el Doctor Villalobos que estaba alH 
con él. i 



XLV. 



EL DOCTOR VILLALOBOS AL GENERAL DE LA ORDEN 

Dt SAN FRANCISCO ^ 



{Sin fecha,) 



AQUÍ arribaron á mi posada unos religiosos de 
vuestra orden que venian de Francia á nego- 
ciar con vuestra Paternidad , y antes que sc 
volviesen a la provincia Aquitania, adonde hicieron 
profesión, anduvieron con vuestra licencia por algunos 
lugares de todos reinos, visitando sus padres y her- 
manos, y en el camino pasaron por algunos conventos 
de su orden, donde fueron muy maltratados y vitu- 
perados de los Perlados, y señaladamente del convento 



1 De una copia, de letra del siglo xvi, que posee el Sr. Sancho Rajroo. 
A la cabeza de ella se lee: «Copia de la carta que el doctor Villalobos invió 
al General de los frailes de San Francisco, porque no recibía en esta santa ^ 
orden un muy docto hombre, sospechando que era confeso.» Este general ' 
de la orden de San Francisco, fué sin duda el Reverendo Padre Frajr 
Vicente Lunel , natural de Barbastro , elegido en el capitulo general de la 
misma celebrado en Niza en i535; gobernó la orden seis años cumplidos, 
y solo este dato existe para ñjar la fecha de esta carta. 



— i66 — 

de Alba fueron echados abiltadamente. La razón que 
dio por sí aquel reverendo Guardián, fíié porque eran 
de linaje de conversos, y que el Duque de Alba no era 
servido que los tales entrasen en los conventos de su 
tierra , y no embargante que sobre aquello hubo man- 
damiento en contrario de vuestra Paternidad, ni por 
su parte fué obedecido ni por la vuestra fué castigado. 
Hay por este reino alguna sospecha de que vues- 
tra Paternidad consiente semejantes insultos, porque 
también hemos visto que una ordenanza que ahora 
habéis hecho contra los conversos, nunca se hizo desde 
; San Francisco, hasta que en la religión suya hubo Ge- 
neral que fuese de España. Lo que os ha movido a tan 
feo y escandaloso establecimiento y tan contrario á la 
doctrina evangélica, las razones que hay en contrario, 
todo el mundo las sabe, y porque este es negocio que 
toca á la mayor parte de la nobleza de España, acordé 
de inviar esta petición a vuestra Paternidad, porque 
alegando de derecho hablaré algo libertadamente con- 
tra los adversarios , no se dice con ánimo dañado lú 
para injuriarlos, sino para hacer más dará mi justicia, 
y para que sepa vuestra Paternidad cuáles son los que 
debéis constituir por jueces, y cuáles son los adver- 
sarios ; y ñnalmente, aquí no se retratarán los buenos 
religiosos de vuestra orden, porque estos sabemos 
cierto que son un pilar de los que sostienen la Iglesia 
de Dios, y los que siempre se ponen entre su saña y 
nuestros pecados para detener la justicia y punidon 
de Dios, para que nos espere á penitencia: contra los 
malos y fingidos religiosos hablaré, á los cuales también 
demando perdón de lo que en guarda de mi derecho 
dijere. 



— 167 — 
En los tiempos pasados hubo en España gran diso- 
lución de herejías secretas y públicas, y andaba la furia 
de ellas y el riguroso castigo para formar ' la religión 
cristiana, y nunca tal estatuto hicistes, porque siempre 
hallastes mucha limpieza en vuestra orden; antes en 
las tablas de vuestro navio escaparon muchos del nau- 
fragio de la Iglesia, en que sus padres y deudos hablan 
padecido ', agora que por la miseración divina todos los 
malhechores han acabado, y con fuego están todos los 
descendientes y nietos purificados y limpios, y entre 
ellos hay excelentes hombres de gran ejemplo y doc- 
trina; y estando ya hecha tranquilidad de las tempes- 
tades pasadas, ¿por qué razón se habian de recentar 
las llagas viejas contra una gente que tanto os ama de 
corazón , y de quien tal limosna y caridad habéis re- 
cibido y recibis? A todos tenéis atónitos y los habéis 
puesto sospechas muy feas contra los ofendidos y 
contra los ofensores. Este linaje, que así anatematizáis 
y cortáis de vuestro consorcio, os pregunta si los tenéis 
por ñeles ó por infieles ; si son ñeles , porqué habéis 
querido ir contra el mandamiento del buen pastor que 
mandó en su testamento que todas sus ovejas no tu- 
viesen más de un corral, y todas debajo de un pastor, 
y manda que no haya excepción de personas, porque 
como dice Santiago: Si autempersonam accipitis peccatum 
operamini redar guíi a lege quasi transgresores. Vosotros 
hacéis dos corrales y hacéis excepción de personas, 
como lo testifican vuestros establecimientos; y si estos 
averiguadamente son infieles, vosotros ¿no sois por 
ventura los que blasonáis que queréis ir á tierra de 

1 Reformar ? 

2 Perecido ? 



— i68 — 

moros á predicar la fe católica y ser mártíres por la fe 
de Jesucristo, á quien el Espíritu Santo enseñaba todos 
los lenguajes y les daba gracia que fuesen oidos antes 
que martirizados, para que siempre sacasen de muertes 
temporales fruto de vidas espirituales y perdurables? 
Mas agora que no hacéis por gracia de Espíritu 
Santo todos vuestros secretos, no sabéis arábigo, y la 
mayor parte no sabe latin, aun siquiera para decir misa; 
y algunos hay tan torpes y tan groseros, que ape- 
nas entienden el romance, ¿qué aprovecharía morír en 
tierra de moros, pues antes de ser entendidos ni oidos, 
seríades ahogados de aquellos animales brutos incapa- 
ces, y así llevaríades casi tan provechosa empresa, 
como si os anegásedes en la mar? Para combatir ios 
pecados mejor empresa me parece a mí sería predicar 
y comunicar la fe y la caridad a los que tenéis vosotros 
acá por inñeles y condenados, que entienden vuestro 
lenguaje y os escucharán sin peligro vuestro, y quie- 
ren por su voluntad estar con vosotros y participar de 
dia y de noche sometidos al yugo de vuestra obedien- 
cia, pacientes, con ánimos mansos sometidos alas ad- 
versidades de la orden, hombres doctos y estudiosos 
capaces de cualquiera disciplina. Razón era que confía- 
sedes que vuestra buena compañía y exemplo les 
aprovecharía mucho, porque a los libres albedríos 
mucho les puede enderezar ó torcer la costumbre de 
los compañeros; y si esto no bastase, aprovecharía y 
obraría la gracia de Dios, que procura de salvar a todos 
los hombres , y para esto ayudaría la eficacia de la 
verdad, la llaneza y piedad, y en venganza ' los mérítos 



I Esto C5 en satisfacción. 



— 169 — 
de San Francisco y de los santos religiosos de vuestro 
hábito, que fueron y son muchos, y la fuerza de 
vuestra religión, y finalmente el temor de la deshonra 
y castigos temporales. Todo esto habíades de confiar 
que los convertiria, y especialmente tomando los man- 
cebos bon¿e indoliSy que es materia dispuesta para los 
saludables y buenos edificios; como hubiésedes con- 
vertido uno de estos que tratáis como infieles, gana- 
riades aquella ánima para la gloria, que vale más que 
un reino temporal , y hariades grandes placeres á los 
ángeles que tanto gozo recibieron (supra uno peccatore 
panitentia agente). 

Este, que es tan propio oficio de vuestra vida 
apostólica, no queréis usar del, antes algunos man- 
cebos que han dexado gruesos patrimonios, toman la 
cruz á cuestas por seguir á Jesucristo en vuestro há- 
bito, y tenéyslos en vuestra compañía por aprobados 
en vida y costumbre; y si á cabo de algún tiempo se 
os dice que son hijos de conversos ó que les toca algo 
de este linaje, hecháyslos deshonradamente, no les valen 
lágrimas ni singultos, ni ponerse de rodillas delante 
de vosotros con piadosas y humildes suplicaciones, ni 
con ansias y dolores mortales ; ni les valió virtud , ni 
perseverancia, ni caridad, ni fé. ¿Qué pensáis que harán / 
estos sino desesperar, si la gracia de Dios no los socor- 1 
re? Todo esto acaesció pocos dias há en el convento^ 
de Salamanca. ¿Qué ferocidad tan villana, qué cruel- 
dad de fariseos podria en nuestra edad ser mayor que 
ésta? Así que en lugar de sanar y cazar almas, que se 
os vienen al señuelo hechas ya y domadas, las perdéis; 
y cuanto en vosotros es, todo se trabaja porque se 
tornen judíos ó moros. Esta es muy capital transgre- 



— lyo — 

sion de los mandamientos de Dios propíer tradiciones 
ves tras. 

Desean mucho saber estos que tenéis por herejes, 
á qué pensáis que entran en vuestra religión, porque 
ellos no entran á ser judíos, porque como veis no es 
compañía la vuestra idónea para exerdtar tal oficio; 
demás de esto, todo judío tiene por condenado al que 
muere confesando el Credo por la boca, y al que muere 
besando y adorando la cruz , aunque tenga otra cosa 
en el pensamiento, y al que vive y muere recibiendo 
los Sacramentos de la Iglesia; y esto todo han de hacer 
en vuestra compañía en vida y en muerte : pues pen- 
sando estos que van á perder sus almas, ¿en qué pen- 
samiento cabe que vayan en busca de vuestros jnojos 
y á sufrir ignominias de sus compañeros, y en busca 
de vuestra hambre y frió, y á hacerse esclavos de vues- 
tros perlados, pudiendo andar sueltos a su placer exer- 
citando la herejía fuera de vuestras casas mucho mejor 
que dentro de ellas? Tampoco van a convertir los 
frailes á la inñdelidad, porque ninguno se osaría fiar 
de vosotros en tal cosa, y para esto, como sabéis, me- 
jor aparejo hallarían fuera de la orden. No entran á 
comer bien, ni á vestir ricamente, antes dexan las co- 
midas espléndidas y los vestidos de viso y púrpura, y 
se van á comer sopas sucias en peores vasijas que ar- 
tesones, y se visten de costales; y no van á ser libres, 
pues están á obediencia muchas veces de sus enemigos 
y de hombres apasionados, indignos, idiotas, villanos, 
expúreos, brutos. De estos, aunque no hay muchos en 
vuestra religión, tienen principales votos en ella, por- 
que como son pertinacísimos y no domables, y los 
sabios que sois queréis antes sufrir en detrimento 



— lyi — 
d« vuestras almas, que no se publique que haya escán- 
dalos y discordias entre vosotros. Los susodichos no 
van á holgazanear , pues que han de barrer y traer 
cai^s acuestas , y cabar y guisar de comer ' y lavar 
platos y rezar las horas y trasnochar y madrugar. 
No van á procurar beneficios ni dignidades, porque no 
las hay en vuestra orden, y más fácilmente las ganarían 
fuera, como otros lo han hecho, con méritos y letras 
y favores; apártanse de sus padres y hermanos y pa- 
rientes, destiérranse de sus patrias; pues luego ¿á qué i 
se puede sospechar que entran en vuestras casas sino 
á dexar el mundo y servir á Dios? Creo yo que si uno 
de éstos alcanzara San Francisco á las manos, le besara 
los pies y le pusiera sobre su cabeza , y con él fuera 
todo su deleite y descanso. 

Vosotros decís que dexais el mundo y sus vanas 
honras y bullicios , con todos los otros aparejos del in- 
fierno; y pues que así es verdad, ¿por qué se consien- 
ten generales bandos y enemistades y envidias, que 
está averiguado, según dicen, que si algún religioso 
de la parte de estos conversos sale grande hombre de 
vida y humildad y predicación, luego los vuestros vi- 
llanos le muerden y le esconden donde nunca parezca, 
y á las veces le inj ungen * graves penas? ¿Qué más 
harían los gentiles en tiempo de las espar^iones? ' Y 
consentís que haya entre vosotros linajes como entre 
las rameras, sino que es muy diferente lo de ellas, . 
que sus apellidos son nobles, como la señora Mendo- 



f Véase como es castizo el rótulo que todavía vemos en los figones y 
que dice ese guisa de comer.» 
1 De injwigo, imponer, cargar. 
3 Esparciones ¿persecuciones? 



— 172 — 
za, la señora Osorio, la señora Quiñones, la señora 
Guzman, la señora Vivero, mas ios frailes no se pre- 
cian sino de fray Juan Redondo, fray Gil Becerro, 
fray Antón Borrego, fray Bastian Pascual; y final- 
mente, el fraile que se tiene por más zafio labrador, 
anda coUeándose ' entre los otros tan hinchado como 
si hubiese gran carestía de ellos en la religión. 

Qué podemos decir de ios malos disdpulos de San 
Francisco, ya mal de su grado salen con ellas, sino que 
son de baja suerte y pésima generación de labradores, 
genimina viperarum^ que no vinieron á la religión para 
conseguir con ella el principal fin á que la enderezó y 
encaminó su Maestro, sino para escapar de la ignomi- 
nia de acemileros y alcanzar la honra de. la religión 
para librarse de ser pecheros y tributarios, y cobrar la 
exempcion de frailes por huyr el trabajo de jornaleros 
y bárbaros, y los ardores del estío, y entrar en los rc- 
fitorios y dormitorios templados? Y pues toman la reli- 
gión por las utilidades y preeminencias temporales, no 
I son discípulos de Jesucristo más son fariseos hipócritas; 
' ■ estos son los que con envidia persiguen a Jesucristo, 
el cual dice: Ciuod vni ex minimis meis fecistis mihi fi- 
éis ti. 

Estos no quieren que haya letrados ni hombres 
de sustancia en la orden; estos son los que no entien- 
den la misa que dicen, ni los psalmos que rezan: antes 
pronuncian grandes capitales errores en las santas 
palabras de los Evangelios, donde se encierran los al- 
tos misterios; estos son los que estiman mucho la honra, 
porque la ganaron con el hábito; estos son los puer- 



I (^ollcándosc. f\ir^HÍaido el cuello? 



-|73- 
eos que cebáis en la religión, bogadores y conquiría- 
dores ' de la santa orden, gruñidores y glotones y llenos 
de escándalo; estos son los infladores y soberbios con- 
I tra quien los buenos no osáis hablar, porque os acon- 
tece con ellos como con el tiempo de la Comunidad; 
que cien caballeros armados y diestros no osaban aco- 
meter á cincuenta labradores desarmados, porque 
habian miedo que se levantarían las piedras y los ele- 
mentos en favor de la canalla; mas luego como comen- 
zaron á las manos con ellos, sin lan^a ni espada eran 
derríbados los villanos comuneros, y caían unos sobre 
otros, de manera que el escuadrón se tornaba parva, y 
el caracol se hacia gavilla, porque el escuadrón y 
caracol se tenian por injuriados con ellos , y los envia- 
ban, con daños de sus cabezas á las parvas y á las ga- 
billas donde los habian sacado. 

Otro tanto haríades vosotros los generosos y ver- 
daderos frayles, si quisiésedes esforzaros contra vues- 
tra canalla, tomando delante el celo de la fe y el pen- 
dón en San Francisco y de la vida evangélica, y assí 
arrancaríades las espinas que nacen en vuestra here- 
dad, con que se ha ahogado la buena simiente, y <:as- 
tigariades los maluados y enemigos vuestros , que os 
arrancan el buen grano y sobresiembran cizaña. Por 
que estos terrestres frayles son gigantes hijos de la 
tierra, que pelean, no contra Júpiter (como fingen las 
fábulas), sino contra las cosas espirituales y divinas, y 
aman tanto á la dicha madre, y ^ debaxo de ella abs- 
conden el talento que les fué encomendado para que 



1 Este nombre es derivado del verbo latino conquiro que significa 
buscar con ansia ó atisiar. 

2 Que? 



— 174 — 
ganasen con él, por que son tan enemigos de U ga- 
nancia, que quieren antes aventurar el caudal de su 
dueño. 

Contra estos habla Jesucristo por Sanct Mateo en 
el capítulo 23 las palabras siguientes, las cuales se di- 
rán en romance porque las entiendan el Guardian de 
Alba y el de Valladolid: <¡ Ay de vosotros, escribas y 
fariseos hipócritas» que como tengáis profesión de 
saber la ley y los mandamientos de Dios, por do pa- 
resce que teneys la entrada y la Uabe del reyno de los 
cielos, no solamente vosotros no entráis allá, mas á los 
que quieren entrar les cerrays las puertas, teniendo 
por oñcio de abrirlas; impedís la entrada á los que vie- 
nen de su voluntad , teniendo vosotros por oficio el 
despertarlos y convidarlos a que entren quando ellos 
cesasen: todo esto nasce de tener vosotros por fin prin- 
cipal la honra y los intereses y pasiones vuestras! ¡Ay, 
ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que so 
color de religión devoráis y tragáis las casas de las viu- 
das, á las cuales imponéis tributos con falsa especie de 
santidad, porque simulays hacer por ellas graves sa- 
crificios y oraciones en público, no teniendo vosotros 
dentro del ánimo otro respeto sino la rapiña que ha- 
céis á las simples mujercillas, cuando ellas piensan que 
estáis hablando con Dios! ¡Ay, ay de vosotros, escri- 
bas y fariseos hipócritas, porque andáis por tierras y 
mares para traer algún hombre á la profesión de la ley, 
y después que le haueis conquerido terna pernicio- 
sas y peruersas costumbres, y no solamente no se haze 
siervo de Dios y heredero del cielo, mas se queda peor 
que antes, y más obligado, juntamente con vosotros, 
á las penas del infierno! ¡Guiadores de ciegos que, pro- 



- 175 - 

feriéndoos de enseñar á los otros, no entendéis lo que 
enseñáis, y encamináis la doctrina á vuestro propio in- 
terés! ¡ Ay de vosotros que en las ordenanzas que tocan 
á vuestros intereses y pasiones, aunque sean de poco 
provecho para la verdadera caridad y piedad, allí 
cargáis la mano y haceys las execuciones rigurosas, y 
no teneys en nada aquello en que va mucho á la ver- 
dadera religión, y de quien depende la justÍ9Ía y el 
juicio y la misericordia y la fe! '> Estas y otras muchas 
pretensiones son dichas en aquel capítulo por la boca 
de la verdad, que nunca puede engañar ni mentir, con- 
tra los falsos religiosos , que se dé vuestro loor cada 
día en vuestros refítoríos por que cesase ya de algu- 
nos corazones la vuestra hipocresía y los intereses y 
pasiones y acepción de personas y otras cosas desta 
calidad, que en los seglares parescerian feas y vergon- 
zosas, y en gran perjuicio del pueblo. 

A lo que el Guardian de Alba decia del Duque, 
por la reuerencia que yo debo al hábito y al sacerdo- 
cio, que aquel tiene, no le diré que miente, y vuestra 
Reverendísima Paternidad , como superior, se lo debe 
de decir y castigalle, por que las notas de sus envidias y 
pasiones quiere echar á las cuestas de tan cristianísimo 
señor, pudiendo llevar sobre las suyas esta carga y 
otras mayores. Lo que yo sé del Duque es que en Alba 
hay una devota cofradía de disciplinantes de la Cruz, 
en la cual los cofrades ordenaron que no fuese admi- 
tido ningún confeso á ella. Muchos dixeron que fué 
induzimiento del Guardian, y no creo que fué sino su- 
jestion de Satanás, que ha gana que estos se acoten y 

1 Esta traducción de los versículos t3.® y siguientes dd capítulo sS, del 
Evangelio de San Mateo, no es litpral. 



— 176 — 

aflijan por su amor, que es envidioso de las buenas 
obras. En ñn, el Duque supo el estatuto, y con gran 
enojo lo desbarató y mandó que aquellos entrasen en 
la cofradía si quisiesen, y fuesen en ella los primeros 
y preeminentes; y sé que un alcalde de Castro-Nuño, 
muy honrado, hizo atestiguar falsamente contra un 
convertido de Alba; y como el Duque fué certificado 
dello, por quitar de trabajo á los inquisidores mandó 
tomar su alcalde y azotarle públicamente por la villa 
de Alba. 

Este señor es muy temeroso de Dios y muy celoso 
de la justicia, y su generoso ánimo es para grandes 
Príncipes y no para tener pasión con tan rendidos 
competidores, pues que saben que todos le sirven de 
rodillas con más amor que la otra gente, cuando es 
menester. 

Estas quexas se representan delante de vuestra 
Reverendísima Paternidad con esperanza que, si por 
vuestra parte no se remedia, hay recurso al Supremo 
Juez, el cual, si dilata, será por que quiere haberse 
con esta nueva gente como se hubo con la otra en la 
primitiva Iglesia , cuando les dixo: Tradet enim frater 
fratem et pater filium eí insurgent filii in par entes et marte 
eos affícient et exitis odio ómnibus hominibus propter ña- 
men meum , qui autem perseuerauerit usque in finem hic 
saluus erit. 

Desta manera quiere Dios confirmar su gracia en 
los nuevos corazones, y así estos nuevos religiosos 
mancebos salen muy alegres a conspectu concilii quia 
digni habiti sunt pro nomine Jesu contumeliam pati. Allá 
se avengan aquellos por quien en vuestros concilios ha 
venido el escándalo. 



— 177 — 
Vuestra Paternidad los debe aconsejar que se com- 
pongan con Dios lo mejor que pudieren, pues tan mal 
amenazados los tiene. Vuestra Reverendísima Paterni- 
dad me perdone la libertad de que he usado en esta 
petición, que dos cosas me han movido a ello: la vna, 
el conocimiento que tengo del dicho agravio , que es 
mucho más de lo que tengo dicho y callase por la 
honra de la religión; la otra es la noticia que tengo 
de la humildad y mansedumbre vuestra , con la cual 
soléis curar muchos malos estómagos» y por esto os 
he descubierto el mió, sometiéndome en todo a la cor- 
rección de la Iglesia y a la corrección y enmienda de 
vuestra Reverendísima Paternidad, a la cual nuestro 
Señor Dios ponga para su Reino. Amen. — El doctor 
Villalobos. 



II 



XLVI. 



bl doctor villalobos al comendador hernando 
nijEJez. ' 



1 



MDY noble señor. Después que ví á vuestra 
merced en Alcalá de Henares en vida del 
Señor Cardenal, no se ha ofrecido ocasión de 
más veros y hablaros, aunque lo he deseado mucho, 
así por otras causas como por pediros por merced que 
antes que se imprimiera enmendárades una obra mia 
que he hecho sobre el segundo libro de Plinio, del 



r Impreso ya todo lo anterior, el Sr. D. Pascual de Gayángos me ha 
permiildo transcribir , de un tibro manuscrito de su rica y escogida 
Biblioteca, las dos sigulenies cartas, copias hechas de mano del Doctor 
Juan Paez de Castro, capellán y cronista de Felipe 11, ñ Ja» que sigue «i 
dicho manuscrito otra copia incompleta de la réplica de Villalobos al miimo 
Comendador, inserta en la página rfi de este tibro en toda su eitensióii, 
pudiendo el lector ver en el Apfindice las variantes que entre una y otra 
se han notado. Debían por lanío estas dos cartas preceder & lo XXIX de 
esta colección. 

1 Como ya indicamos en la carta XXIX, la fecha de aquélla, asi como 
la de ¿sta y de la siguiente, debe ser de fines del año de i3i4. pues el Co- 
mentario del libro í." de Plinio se ncabóde imprimir en Ali:alí,por Miguel 
de Eguia, el la de Octubre del miaino año. 




— i8o — 

qual vos sois catedrático en esa Universidad, de la 
qual obra creo que del doctor Salaya y de otros habréis 
tenido relación. Yo envió a ese estudio a Alexandrc 
de Cánovas ciertos volúmines para que los venda y dé 
uno á vuestra merced. Bien sé que por vuestra in- 
tercesión no valdrán ellos menos , y asi os lo pido por 
merced, y que me escribáis como amigo y a la clara lo 
que de la obra os parece. — Nuestro Señor etc. 



XLVII. 



EL COMENDAÜOR HERNANDO NoReZ AL DOCTOR 
VILLALOBOS. ' 



Respuesta á la carta anterior. 

fSíi» feeha.} 



MOV noble señor. Vi la carta de vuestra 
merced y la obra sobre Plínio; y pues me 
mandáis que diga mi parecer sobre ella, 
cumpliré vuestro mandamiento , pero diré primero lo 
que Plutarcho escribe que dixo Phocyon á Antípatro, 
rey de Macedonia, como habréis, señor, leído: Non 
potes uti me aduiaíere et amico. Así que diré á la clara, 
como á amigo, lo que siento. 

El que ha de entender á Plinio, y mostrarse parte 
competente para escribir sobre él , ha de tener, si no 
meengaño, estas partes. Ha de ser mediano phílósopho 
y más natural que moral, pues que él escnbió historia 
natural, y philósopho no de burlas, ni de Joannes 



De la nisDiB procedencia que li a 



i 



— l82 — 

Andres,|ni de* Versorio, ni Majoris^ ni Coronel^ sino phi- 
lósopho aristotélico, y que haya visto todas sus obras; 
pero principalmente ha de haber leido con exacta dili- 
gencia aquellos nueve libros de historia animalium y 
los cinco de generatione^ y los quatro de parfibus anima- 
lium^ Ítem los metheoros y los problemas^ los de sensu et 
sensilibus con los otros que llamáis parvos ; item los de 
miranda audiíione^ que algunos piensan ser de Theo- 
phrasto, y otros algunos más que dexo por evitar 
verbosidad. ítem, ha de haber leido y casi decorado ' 
los libros de Theophrasto de stirpibus, y los seis de cau- 
sis plantarum^ que han de ser leidos con la misma 
curiosidad y diligencia. ítem, ha de ser comunal 
mathemático, mayormente astrólogo y arithmético. 
ítem , ha de haber leido grace et latine todos los phi- 
lósophos, oradores, poetas, historiographos , geógra- 
phos y scriptores de agricultura, autores ambigui tituU 
que en entrambas lenguas duran hasta nuestros tiem- 
pos; de los antiguos hablo, que de los modernos 
ningún caudal hago. 

Sobre todo esto, y lo más principal, ha de ser gran 
latino y griego, que sepa muy bien todos los rincones 
y particularidades de entrambas lenguas. Quien ovierc 
tenido tanto ocio, copia de libros, diligencia y gana 
de saber, que esto haya visto, como fueron en nues- 
tros tiempos Hermolao Var, Georgio Miróla, Baptista 
Guarino, Georgio Valla, Politiano, Nicolao Leovi- 
ceno, y el que habia de decir primero que todos, 
Virgilio Marcello, secretario florentino, y añadiere 
sobre esto experiencia de muchas cosas de la mar y 



2 Es decir, sabido de coro. 



_ i83 — 

de la tierra, que él por si haya experimentado ó sabido 
por agena relación, tenerle he yo á este por suficiente 
para poner las manos en tan grave y trabajoso autor. 
Los otros todos parécenme litigare in alieno foro^ 
como dice Marcial. 

De las sobredichas cosas qué parte os cabe, señor, 
a vos, nadie hay que mejor lo sepa que vos mismo, 
que pues curáis las enfermedades agenas, de creer es 
que no ignorareis las vuestras. Una cosa os sé decir; 
que si como os consejastes con los que decis en el 
principio de vuestra obra, el Papa Adriano, los del 
Consejo Real, el Comendador mayor Hernando de 
Vega, el licenciado Vargas, Pedro Mártir y otros, de 
los cuales unos son imperitos destas facultades y 
per consequens ineptos para ser jueces en ellas: óvoi xará 
tyív iúpav; hoc est^ asini adlyram; otros, grandes señores 
que, como ellos nunca de nadie quieren oir verdad, 
tampoco la quieren decir á nadie ; así que si como os 
aconsejastes con estos, os aconsejárades con tal mon- 
taraz ' como yo, que no tiene que perder, sino la capa 
en el hombro, no oviera padecido vuestra hacienda, 
ni lo que más es de doler, vuestra honra, tanto detri- 
mento. Paréceme que vuestra merced debe sobre- 
seer en lo demás que decis que queréis escribir sobre 
el dicho autor, ne sit quod ait Thucydides xaxbv xavÁ 
Oeparnt-ütiv ^ id est ^ malum malo curare. Otras cosas más 
que pasé acá con el señor licenciado Azevedo sobre 
el caso, por no ser prolixo, las dexo para que del 
las sepáis, y perdóneme si he sobrado en algo, porque 



r Esta frase aclara las de la carta XXIX de Villalobos, donde, sin 
duda por error de copia, se dice manjarra\^ en lugtf de moiitertff. 



— i84 — 
lo uno ser yo religioso y la conciencia , y lo otro d 
amistad y querer cumplir vuestro mandado , fueron 
causa que escribiese tan claro lo que sobre d n^;odo 
me pareció. 




CARTAS LATINAS. 



AD LECTORES.' 



Epístolas quasdam iocosas libuit hic insererc; vt 
qui ex bello pretérito duodecim congressionum 
defatigati et fastidiosi remanserint : alíquantulam 
recipiant mentalem recreationem. Non ergo dijudicet 
eas lector ¡inmodestas. Nam de morbis in qualibeC 
domo contingentibus referunt hystorias lepidas atque 



Á LOS QUE LEYEREN. 



Yo quise poner aquí ciertas cartas festivas , para que en 
su lectura hallase alguna recreación e! ánimo fatigado con 

el enojo de las pasadas doce disputaciones. No por eso se 
tema que sean desvergonzadas, pues ellas refieren casos 
chistosos y divertidos de las enfermedades que suelen ocu- 
rrir en las familias! aunque sí amonesto á los lectores que 



I EsiBs carus latinas se imprimieron por primen «ez en ti libro del 
doctor VilUIobos, litulado: Con^eisiones: vel duodecim prmdpiorum 
liber Huper edUus. Cum prÍ¡iÍlegio.—M Bl. JS vuelto. ^ ^ Expücit ]ib«r 
duodecim príncipiorum qui etiam congrestíones ippcllitur, in oppido Hk* 
drid, isslítente caiholico rege,, martij quintadecima anno xpi. millesimo 
quingenicsimo quarto décimo. ^ Ex impresKÍone Salmantina per hono- 
rabilcm virum Laurentium de Liom dedeis. Anno domini milleiímo ijuiD- 
gentuimo décimo quarto. 1 Liut Dea. 




— i88 — 

facetas. Hortor quoque lectores ne quis audeat e 
ad sermonem traducere patríum. Habet enim latinu 
eloquium quandam etiam in rebus absurdis moder 
tionem et honestatem : quibus quilibet festiui sermón 
absque calumnia per médium litteratorum pertrans: 
possunt : cum tamen eosdem in barbárica lingua pr 
ferré esset nefas. Alias quoque epístolas meas quas 
vita scripsi amicis et optimatibus viris rcseruaui eqv 
dem ponendas in ñne operis mei : in que seriem Ari 
totelis exposui que de generatione et de partibus ar 
malium disseruit. Nunc autem suffidant he tanquai 
transacto spectaculo in conuiuio fructus oblatus. 

ninguno sea osado á trasladarlas al patrio idioma; pues tiei 
el latino, aun para los propósitos desatinados, cierta h 
nestidad y templanza con que pueden pasar sin censoí 
entre los ¡literatos cualesquiera sales y donaires que ser 
indigno exponer en nuestro vulgar romance. Otras cart 
mías, escritas en diversos tiempos á los amigos y á los Grai 
des, reservé para el fin de la obra en que expuse las docti 
ñas de Aristóteles que tratan de la generación y de las part 
de los animales. Sean, pues, las primeras á modo de la (iru 
que, terminado el banquete, se presenta en las mesas. 



EIUSDEM DOCTORIS EPISTOLE QUEDAM 
FAMILIARES DE VITA EIUS ET FORTUNA PARUM 

TANGENTES. 



I. 



VENSRANDO GSNITORI. FRANCISCUS DE VILLALOBOS 
HUMILIS FILIÜS. SALÜTEM PLURIMAM. 

(Í498.) 

EX tua salubérrima epístola, dilectissíme mihi pa- 
ter: sex accepi conclusiones: quarum quinqué 
diriguntur ad me velut paterne charitatis con- 
silia : quibus vtar in prímis cum volare indpio. Sexta 
vero incidentalis est quam eduxisti ex arabum sen- 
tentia. Prima itaque sentit conclusio quod medicus. 

ALGUNAS EPÜSTOLAS FAMIUARES DEL DOCTOR VILLALOBOS, QUE 
TOCAN LIGERAMENTE EN SU VIDA Y SUCESOS. 



I.— De Francisco de Villalobos, humilde hijo, ásu vene- 
rado padre, — 1498. 

De la carta de vuestra merced, llena de saludables avisos, 
he venido á sacar, muy amado padre, seis conclusiones, 
cinco de las cuales van enderezadas á mí, á mañera de 
consejos del paternal cariño que han de guiar los primeros 
pasos de mi carrera: la sexta, que sacasteis de la doctrina de 
los árabes , es incidental. 

Declara la primera que el médico, depuesto todo desea- 



— 190 — 

abiecta procacitate: suis conciuibus adeo debet fieri 
beniuolus vt etiam in sui laborís premium minus quam 
ipsi sponte soluerint libenter accipiat. Secunda cst vt 
is omnifaria sit vigilantissima castitate vallatus qua ab 
innumeris libidinibus quibus vndiquaque pulsaturac 
oppugnatur gloriosus euadat. Tertía cst vt non fadlc 
proferat circa morbos iudicium máxime prenosdcum 
veluti rurales medid aut anus supersticiose atque ridi- 
cule faciunt. Quarta quidem est quod eo sit iugitcr 
studíosus quo indiuiduorum infinitatem vniuersaliuin 
premedítala scientia cautus amplectatur. Quinta vero 
est quod alieni honoris in qualibet domo sit fideüs 
custos: et secretorum que sibi reuelata fuerint sit 
profundissimus irregressibilisque puteas. Vltima dicit 
conclusio medicinam apud árabes artem esse fidclissi- 
mam. Ecce mi pater admonitiones tuas arctato cálamo 
perstrinxi : quibus obediens ego daré operam magno- 

ro, debe hallarse animado de tal benevolencia hacia sus con- 
ciudadanos, que acepte gustoso menos aún de lo que ellos de 
su grado le ofrecieren en premio de su trabajo. Es la segun- 
da que viva escudado en la más vigilante y perfecta castidad, 
para salir con victoria de los ataques y asechanzas con que 
la sensualidad ha de hostigarle por todas partes. La tercera. 
que no pronuncie de ligero el diagnóstico, menos aune! pro- 
nóstico de las enfermedades, como suelen hacerlo los médi- 
cos de aldea y las viejas ridiculas y supersticiosas. La cuarta. 
que se consagre con tal ardor al estudio, que su maduro sa- 
ber le permita abarcar juiciosamente la inmensidad de los 
individuos universales. La quinta, que sea fiel custodio del 
honor ajeno en todas las casas, y para los secretos que se le 
confiaren, á manera de profundísimo pozo, del que nunca 
sale lo que una vez cayó en él. La última afirma que la me- 
dicina es arte segurísima entre los árabes. 

Tales son, padre mío, vuestras amonestaciones, reducidas 




— 191 — 
pere moliar. Attamen si^ libet vt certior fiam aliquan- 
tisper in ipsis immoremur. Videor cnim mihi: vt in 
adolescentum reuertar exordia : primam esse apud me 
conclusionem impossibilem : secundam necestariam: 
tertiam possibilem vt in paucis : quartam contingeiitem 
raro: quintam veram: et sextam falsam arÜtrabar 
antequam ei aquiesceres. Primum ergo sic dedudtur: 
etenim minus nihilo impossibile est. condues autem 
mei pro impenso labore corporí lacerato nihilum sol- 
uunt: quonam ergo modo minus acdpiam? Sunt nam- 
que mihi totius incole duitatis vel amid vel non anúd: 
primos profecto titulo charítatis amiddeue non remu* 
nerare: alteros vero non accersire opportet. Sumut 
enim hoc in pelagus plurimi velut riuuli confluentes 
medid : quorum cuique apud amicos satis est laborare. 
Mihi etiam aduc iuniori et ignoto vitas committere 
non exiguum cuiuslibet sudoris premium extimant: 

á breves palabras. Yo procuraré con todo ahinco obedecerlas; 
pero para mayor certidumbre mía , plegué á vuestra merced 
que nos detengamos algún tanto en su examen. 

Paréceme , argumentando á modo de los exordios de los 
jóvenes, que la primera conclusión es, por lo que á mf toca, 
imposible; la segunda, necesaria ; la tercera, en pocos casos 
posible; la cuarta, rara vez contingente; la quinta, verdade- 
ra, y en cuanto á la sexta, teníala por falsa hasta veros adop- 
tarla. 

Argumento así respecto á la primera. Es imposible imagi- 
nar menos que nada: mis conciudadanos nada me dan en 
recompensa de los trabajos que fatigan mi cuerpo; /luego 
cómo he de aceptar menos de lo que recibo? Los habitantes 
todos de esta ciudad, ó son mis amigos, ó mis contrarios; los 
primeros, á título de cariño ó de amistad, no parece bien que 
me retribuyan, y los segundos es natural que no me llamen; 
pues venimos á ser en este mar los médicos á modo de muí- 



— 192 — 

sed tanto magnum quanto.vita cunctís muneríbos 
prefertur. Promittunt et insuper alii totis viribcs 
et armis se perículis oblaturos et alios médicos ocó- 
ssuros plurimaque commissuros nefanda, dum rahi 
libitum fuerit et in solatium acceptauero. Quid ergo 
ab his accipiam? Secundum vtique probo. Quomam 
me castissime viuere necesitas ipsa cogít. Miüier emm 
quam dedisti mihi adolescentulam et formosam adeo 
radicaliter totum diuellit humorem vt nil reliquis dis- 
tríbuendum supersit. Id est. nunc Frandsce fornicare 
si potes: qui aduc: hercule: domi non suffidens ¿ fas 
esset collega tibi explorandus erat. Dedaratur et ter- 
tium. Quippe hac nostra in etate sunt grabatulis infir- 
morum astantes matrone et accuratissime pretérita re- 
ferentes : et importunissime interrogantes futura : quas 
certe sicut preterí torum relationem in minutisfimas 
partes vsque ad fastidium protractam dilatare iuuat: 
ita venturorum presagia questiunculis pertinadbus in- 

titud de arroyos afluentes, á cada uno de los cuales le basta 
con trabajar por sus amigos. Y á mi, todavía Joven y sin 
nombre, creen otorgarme recompensa no pequeña de cual- 
quier trabajo con poner entre mis manos sus vidas, y tanto 
mayor^ cuanto que éstas se prefieren á todos los dones. Pro- 
métenme otros que arrostrarán armados y con todas sus 
fuerzas, los peligros; darán muerte á los demás médicos, y 
se arrojarán á los más nefandos delitos, sólo con que así me 
plazca, ó con que quiera aceptarlo como satisfacción. De és- 
tos ¿qué voy á recibir? 

Pruebo también la segunda, diciendo que la misma ne- 
cesidad me obliga á vida castísima , pues la mujer que me 
disteis, joven y hermosa, tan radicalmente agota toda mi 
sustancia, que para las demás nada queda. Debierais antes 
decirme: «Cumple, Francisco, si puedes, con tus deberes 
conyugales;» pues, por Dios, que no bastando para cumplir- 




— 193 — 

cessanter querere delectat : vsque adeo vt eas subter- 
fugere medico sit valde diffícile príusquam incopsulte 
ludida proferat in médium. Hec etiam necessitas inua- 
lescit aliquo interueniente procerum aut nobili femma: 
tune enim non satis est velut Esayas prophetarc : sed 
dígito velut Joannes ostendere: hoc est presdssum 
daré iudidum et horam et punctum omnis euentus 
liquido sermone particularissimaque sententia prenun- 
dare: alioquin in blasfemiam prorsus et ignominiam 
inddere. Condusio ergo si possibilis est in pauds erit 
languentibus miseris ac despectis. Quartum vero a me 
propositum sic exponitur. Quoniam cum studere nil 
aliud sit quam mentem litterís ardenter applicare: fieri 
nequit ínter populorum concursus atque ínextrícabíles 
curas vrgentes ánimos frequentissime. studium ergo 
capessere aut domi aut in deserto quíetis viris dun- 
taxat licebit. sed medico raro contingit vt valeat adesse 

los, iba á consultaros si me sería permitido tomar un au- 
xiliar. 

Digo respecto al tercero, que en nuestros días rodean lot 
camastros de los enfermos esas comadres, relatadoras minu- 
ciosas de lo ocurrido, é importunísimas preguntadoras de lo 
futuro, las cuales^ tanto como se deleitan en alargar hasta el 
fastidio con los más insignificantes detalles la relación de lo 
pasado, se complacen en hacer interminables y porfiadas pre- 
guntas respecto á lo por venir. Y esto hasta tal extremo, que 
se hace harto difícil al médico esquivarlas sin pronunciar in- 
considerado juicio. Crece el apuro cuando interviene algún 
magnate ó noble dama, porque entonces no basta profetizar 
como Esaías; hay que señalar con el dedo como Juan: esto 
es, emitir decisivo parecer, y pronosticar en lenguaje co- 
rriente y con toda particularidad la hora y el punto preciso 
de cuanto ha de ocurrir, so pena de caer irremisiblemente 
en blasfemia é ignominia. Así, pues, la conclusión, de ser po* 

13 



— 194 - 
domui vel inesse deserto: ñeque vt quiete degat. in 
cuius equidem testimonium omnes: te iudice: médicos 
fíde dignos mihi contestes adduco. Quintam autem 
conclusionem. nuUa exceptione apposita: nullaque 
arctante limitatione: simpliciter veram et approbandaní 
fateor. Sed vltimam equidem arbitraban falsam. Quan- 
doquidem medicina suos subditos inmenso cum labore 
ductatos quassatos corpore atque inopes plerumque 
fallit. ergo non fidelissima. Nam eius conseruatiuuin 
régimen : euacuationes iterum : digestiones : alteratio- 
nes et alia hoc genere vtilia fore non infídor : de his 
tamen modérate loquendum est. Sed medicina que 
circa contingentia et que in potestate dei et nature 
omnino sunt posita versatur: tune aperte fallit et palam 
mentitur dum suis experimentis prósperos et indutñ- 

sible, lo será en algunos pocos, miserables j despreciados 
enfermos. 

Al cuarto punto contesto que, como el estudio otra con 
no sea que aplicur ardientemente la inteligencia á las letras, 
hácese esto imposible entre el concurso de las gentes y el in- 
trincado laberinto de cuidados con que tan á menudo batalla 
el espíritu. Sólo á hombres libres de toda inquietud es licito 
entregarse al estudio en sus casas ó en el desierto ; pero el 
médico rara vez puede permanecer en su casa, hallarse en el 
desierto ó disfrutar de tranquilidad; y sdanme testigos» y 
juez vuestra merced, los médicos todos dignos de fe, confor* 
mes con mi opinión. 

Declaro sencillamente que la quinta conclusión es ver- 
dadera y digna de completo asentimiento, sin excepción ni 
limitación alguna. 

En cuanto á la última, ciertamente teníala por falsa, pues 
si la medicina deja las más veces chasqueados á sus adeptos, 
después de hacerlos pasar grandes trabajos, de destruir sus 
cuerpos y de sumirlos en la miseria, ¿cómo llamarla fidelísima? 




- 195- 

tatos policitatur effectus. Preterea quod electuarijs 
quibusdam et confectionibus attribuitur fragilis est 
effícatie et vt ita dixerim vanum quidem : plus enim 
confortat offella in aquam carnis immersa que vtique 
preparata reperitur confectione alkermes non nisi in 
regia vel apud magnates inuenta. ítem in vino aromá- 
tico mollis madefactus pañis: aerísue frígida venti- 
latió plus letificat gemmis preciosis et adamante: plus- 
que auro et smaragdo aductis ab oriente, ñeque fran- 
gitur lapis intra renes medicine virtute: ñeque a iun- 
cturís flemma sicut gassum (?) extrahitur. omnia nisi 
fallor commentitia hec reliquis post primum mendacem 
more pecudum currentibus: succreuere. Quandoque 
ergo incerta et infidelis est medicina, ñeque in hac 
vtique lite iudices árabes sunt recipiendi quoniam in- 

No niego la utilidad de su régimen higiénico, ni de sus prin- 
cipios evacuativos, digestivos, alterantes y otros de este gé- 
nero; si bien no deben extremarse sus elogios; pero ocupán- 
dose en cosas contingentes y que caen enteramente bajo la 
mano de Dios y de la Naturaleza, engaña sin rebozo y 
miente descaradamente cuando promete de sus experiencias 
felices y seguros efectos. Además, los que á ciertos electuarios 
y compuestos se atribuyen son de escasa virtud, y por de- 
cirlo así, vanos; pues más fortalece la albóndiga mojada en 
agua de carne, la cual en todas partes se encuentra, que la 
preparación del alkermes que sólo se halla en los alcázares ó 
en los palacios de los señores. Lo mismo sucede con el pan 
tierno mojado en vino generoso; y la ventilación del aire 
fresco alegra más que las piedras preciosas y el diamante, y 
más que el oro y las esmeraldas que se traen del Oriente. Y 
ni se quiebra la piedra en la vejiga por virtud de la medici- 
na, ni se extirpa el tumor de las articulaciones como se ex- 
trae el dardo. Falsas invenciones todas , en mi sentir, acre- 
ditadas por los que á modo de ovejas corrieron tras el primer 



— 196 — 

fideles de ñdelitate arbitran po 
coloribus iudicare. Vale. Zamor 
Anno Xpi. millesimo quadring 
octauo. 

charlatán. Siendo, pues, la medicini 
recusarse en esta cuestión el testiir 
cuanto los infieles pueden conocer 
de los colores. 

Guarde Dios i vuestra merced. 

De Zamora, i 16 de Agosto de i 



II. 



GONSALO DE MOROS EGREGIO MEDICINE DOCTORI. 
FRANCISCUS DE VILLALOBOS. S. P. 



(i5oi.) 



EXPRESSAM verborum Plinij sententíam quam 
queris a me: doctor egregie: optarem quidem 
intelligere: sed si dicam intelligo mentíar. Fa- 
cillius enim esset quosdam illius virí conceptas: nuUo 
suo verbo dictante: prophetare quam sermonis inac- 
cesibilem sensum explicare, nec is etiam si reuixisset 
ab inferis planum suimet intellectum expremere va- 

//. — De Francisco de Villalobos al egregio Doctor 
m édico Gon^a lo de Moros, — 1 5o i . 

Bien quisiera , doctor insigne , comprender el sentido 
de las palabras de Plinio, sobre que vuestra merced me 
consulta ; pero si dijere que le entiendo, mentiría. Más fácil 
fuera, en efecto, adivinar algunos conceptos de aquel escritor, 
sin texto suyo, que explicar el impenetrable sentido de sus 
frases; ni aunque volviese de los infiernos lograría hacer 
claramente comprensible su pensamiento. Hácenseme insu* 



— 198 — 

luisset. Ego veré iam ferré nequct 
modi qui volunt suas nobís intentio 
per ignotiora verba : nostrasque de 
rebus forte innaníbus et in sententi 
iUis rebus librorum non esset adeo 
eis operam daré vita hominum inte 
absque alia cura degens non sufBdi 
tauit Plinius quod: exacto suo di 
opere hoc : omnia ceterorum auctoi 
tinas deleturus esset: omnia enim c 
bus non ineleganter tractat. et beni 
propter copiam oppulentiamque do 
extra suum librum esset querere 
apud plerosque vt propter sermoni 
penuriam nihil intra ipsum esset inu 
quereris illum animam esse mortalí 

fribles estos hombres que se propone 
sus intenciones expresadas en oscuro 
nuestra inteligencia con cosas por de 
juicios, cual si de semejantes materias 
cía tal de libros, que para estudiarlos < 
cutera de un hombre libre de males y d( 
pensó Plinio que, escrita su obra de 
á quedar inútiles todas las de los demás 
lo abarca y de todo trata con eleganti 
luna, pues al pretender que la abundi 
doctrina excusase de buscar nada fuera 
que muchos, i causa ■ dz la elegancia 
breza del fondo, nada más pudieran ei 
Duélese vuestra merced de que 1 
alma es mortal. No hallo por qué se 



Je Fr'.rler 



— 199 — 
est quod mireris in homine presertím hoc qui tantum 
sensibus tríbuit vt minime crederet nisi quod eisdem 
discemere posset. quamobrem nec de angelis seu inte- 
Iligentijs mentíonem fedt cum tamen illa non esse 
sit impossibile demonstratum : aut motus esset sine 
mouente dandus. ñeque etiam de ipso Deo virilius 
arbitratus est quam illi quos deliramenta atque pueri- 
lia sequutos detestatur. qui etiam exanimis auctoritate 
Homeri seducitur vt dum cecus cecum duxisset ambo 
in foueam ceciderint vbianimamPlinius inunortaliorem 
nunc sentit quam desiderat: quia eterni cruciatus di- 
gnus digna patitur mentís, nam si visu etíam ipso con- 
templaretur qualiter motu rapto sol ab alio corpore 
regitur: aliam molem solé digniorem atque potentío- 
rem vtíque iudicaret: antequam solem deifícaret. aduc 
autem et si oculi eius discipulorum Xpi. qui sua 
tune etate flagrabant miraculosa ostenta cerneré me- 

como éste que concedió tai importancia á los sentidos, que 
sólo daba crédito á io que por ellos conocía ; por lo cual , ni 
hizo mención de los ángeles ó inteligencias, cuando tan im- 
posible es demostrar que no existen como suponer movi- 
miento sin motor; ni discurrió acerca del mismo Dios con 
más fuerza de raciocinio que aquellos de quienes abomina 
por adoptar delirios y puerilidades, para venir luego él 
mismo, falto de energía, á dejarse seducir por la autoridad 
de Homero, y caer, como ciego guiado por otro ciego, en el 
abismo, donde ahora conoce que el alma es más inmortal de 
lo que quisiera, pues merecedor de eternos suplicios, pade« 
ce los que sus hechos le acarrearon. Si con su propia vista 
hubiera contemplado cómo el sol en su arrebatado movi- 
miento es regido por otro cuerpo, antes que deificar á aquél, 
seguramente hubiera imaginado la existencia de otra mole 
más sublime y poderosa que el citado astro ; y si sus ojos 
hubieran sido dignos de presenciar los estupendos milagros 



— loo — 
ruissent a corruptís certe et horreni 
lucem redeuntibus animam permane 
porum reassumptionem pasúm con 
quod profecto nemo philosophorum 
quentium infíciatus est. Et eo mag 
Plinius vir in doctrinis dissertus ac i 
diocris indagator quo phílosophos i 
qui eñam de ípsa natura pluríma 
pluraque mendada ad sensum impo 
tuntur: qui non modo inter sapient 
putandi verum etiam si nostro aeuo 
derna chantas instolidorum carcere 
duxisset. quis namque sane mentís í 
nuam origine celesti natam non fate 
cum istorum quedam pars sublu 
anima et perfectione carentium vt 
negare non poterit? Enimuero su[ 

que en sus días verificaban los discipulc 
bicra podido aprender il cada paso de lo: 
dos cadáveres, vueltos á la vida, la ir 
alma y la resurrección de la carne; cosa 
merced sabe . no ha puesto en duda nin¡ 
que sensatamente escribieron. Y es tanto 
ciCín Plinio. hombre por otra parte de | 
notable observador de la naturaleza, por ■ 
líos tilásofos que sobre ella escribieron 
se empeñaron en acreditar multitud d 
al sentido común, A los tales, no sólo 
entre los sabios, .sino que, á vivir en c 
de nuesiros no poco avisados contemp 
encerrado en las cdrcelcs, para que a 
locura. <Quc hombre de sano ¡«icio n 
alma, libre por bu celestial oripcn, I 
cuando le es imposible ncpar la indcsti 




— 20I — 

que inmedíate orbis lunam deferentís concauitatém in- 
colit impossibile est vt corrumpatur: quomodo enim 
poterít corrumpi nisi in aliud conuertatur elementum? 
pars autem alteríus elementi vsque ad illum ascenderé 
locum nullatenus valebit quin prius conuerteretur in 
ignem. quamobrem suprema pars elementaris ignis 
incorruptibilis erit : et maxime conseruata a sempiterno 
contactu ipsius ceii : syderisque potentissimi conserua- 
toris Ínter agentia phisica. Corpus ergo elementare 
corporum imperfectissimum incorruptibile esse. et 
animam rationalem corruptibilem fore ridiculosum vi- 
detur: presertim cum ipsa eadem anima sit superis 
affínis et propinqua magls quam ille ignis. nam quem* 
admodum ceii rectores corporum inferiorum com- 
probantur ita et substantie incorporee celos mouentes 
inferiorum animarum rectores gubematoresque po* 
nuntur. harum autem substantiarum seu angelorum 

parte de estos cuerpos sublunares , que carecen de alma y 
no admiten perfeccionamiento? No es ciertamente posible 
que la región superior del fuego, que inmediatamente llena 
el espacio del círculo conductor de la luna , sea corruptible; 
pues ¿cómo había de serlo sin convertirse en otro elemento? 
Ahora bien, ninguna parte de otro elemento podría llegar 
hasta allí sin transformarse antes en fuego, y por tanto, la 
parte superior del elemento fuego será incorruptible, y es- 
pecialmente conservada por el eterno contacto del mismo 
cielo y del potentísimo astro conservador entre los agentes 
físicos. Cosa por cierto ridicula sería que el cuerpo, el más 
imperfecto de los elementos corpóreos, fuera incorruptible» 
y que no lo fuese el alma racional ; sobre todo cuando esta 
misma alma es más añne y propincua á Dios que aquel 
fuego; pues así como está averiguado que los cielos rigen los 
cuerpos inferiores, así se admite que las sustancias incorpó* 
reas que mueven los cielos, dirigen y gobiernan las almas 



— 202 — 

vicinitatem anime nostre sortientes tanto efíicatius ab 
eis confouentur et conseruantur quanto angelí celis 
efñcatiores sunt agentes atque fortiores: et quanto 
animarum ad eos propinquitas vicinitasque veracior cst 
quam illa que ignis ad orbem lune : illa enim est per 
accidens. scilicet per quantitatem: hec vero per essen- 
tiam nobilem et substantiam : qua vnus ángelus altcri 
propinquiordicitur quam angelis celorum corpora. phi- 
losophice igitur posset probare vel cognoscere Plinius 
animas esse hominum immortales. Acdpe ergo: doctor 
insignis: epistolam hanc corrigendam aduersus Plinium 
machinatam. et da veniam familiaritati. nunquam enim 
huiusmodi concertationem apud alium ausurus sum. 
tecum tamen aperto corde conceptus reticere non 
valeo. Problemata que ad me misistí auidissime sus- 
cepi: gratias ago. pater amantissime. ceterum de visi- 



inferiores. Nuestras almas, pues , por influjo de la vecindad 
de aquellas sustancias ó ángeles, son por éstos sostenidas y 
conservadas con tanta mayor eficacia cuanto que los ángeles 
son más enérgicos y poderosos agentes que los cielos, y 
cuanto es más cierta la inmediación y cercanía de las almas 
á ellos que la del fuego al circulo de la luna; pues aquella 
lo es por accidente , es decir, por cantidad , y ésta por esen- 
cia noble y sustancia; lo que hace que digamos que un ángel 
está más cercano á otro que los cuerpos celestes á los ángeles. 
Bien pudo, pues , Plinio conocer ó probar por filosofía que 
las almas de los hombres son inmortales. 

Reciba vuestra merced, insigne doctor, debajo de su 
corrección esta epístola dirigida contra Plinio, y perdone el 
exceso en la confian¿a; que si nunca con otro me atrevería 
á debate semejante, con vuestra merced abro mi corazón y 
me es imposible callar lo que pienso. Recibí con gran entu- 
siasmo los problemas que me enviasteis, y doy gracias á mi 



— 2o3 — 
tatione pauperis miUtís ac nostra conuíctu quicquid 
dccreucris faciatn. Junij vicésima. Anno quingenté- 
simo primo. 

amantisimo p^dre. Sobre la visita del pobre i>oldado y sobre 
nuestro convite, har;: lo que mandáredes. 
A 20 de Junio de i Soi años. 



; 




III. 



GONSALO DE MOROS MEDICINE DOCTORI CELEBRANDO. 
FRANCISCUS DE VILLALOBOS. S. P. 



(i5o7.) 



1LLUSTRISÍM1 comitis mein prímis salutis narrationem 
expostulas, impossibile est quod petis: quod enim 
non est enarrari se prohibet : indefinibile est : inena- 
rrabile est. ipse namque profecto neo habet ñeque 
habere desiderat valitudinem. cumque plurímis abun- 
det superfluis euacuandis nil tamen ita superíluum 
hic velut medicum video, etenim hypocraticas vias 
ex aduerso adeo libenter errat vt pontem a tergo 

///. — De Francisco de Villalobos á Gonzalo de Moros, 
célebre Doctor médico. — iboj. 

Desea vuestra merced, ante todo, que le dé noticias de 
la salud del ilustrísimo Conde ; y esto es imposible, porque 
lo que no existe escapa á toda narración. Ello es cosa indefi- 
nible é innarrable, porque ni el Conde tiene mejoría ni 
quiere tenerla; y aunque en él hay superabundancia de hu- 
mores, de que convendría librarle, nada veo aquí más 
supérfluo que el médico. Deleitase tanto en ir contra los pre* 
ceptos de Hipócrates, que, como suele decirse » de|a corúulo 



— 2o6 — 

rumpat: vt aiunt ne fuge vel spcs redeundi su- 
persit: quoniam dum ei febris cum ímmodento 
inualescit errore: eumque coníligit vsque ad infcri 
portas non piget: pudet: aut penitet eum medi- 
corum regulis deuiasse: seque omnino contra stímu- 
lum calcitrasse; sed potius hec in verba prorumpit: O 
flagrantissimum atque tartareum incendium et o men- 
dacissimum Hypocratem ac meretriculam Auicennam. 
deinde clamitans ait: testor Deum predosissimamque 
Dei genitricem me mediéis non crediturum ñeque 
eorum legibus obtemperaturum: sed que lilis tre- 
menda fugiendaque produntur me in posterum com- 
missurum. Iterum et post paulumper Auicennam allo- 
quitur tanquam feminam inquiens: quidnam ais tu 
canitula sarracena: viperamne esse funestam? confi- 
ciatur ergo protinus mihi viperarum cibus: ego cum 
tollam et bibam per immortalem Deum. hec et alia 

el puente á sus espaldas para no conservar esperanza de 
huida ó de vuelta; pues cuando la fiebre se le agrava con sus 
excesos, consumiéndole hasta ponerle á las puertas del in- 
fierno, ni se duele, ni se avergüenza, ni se arrepiente de ha- 
ber violado los preceptos de los médicos y dado coces contra 
el aguijón, sino que por el contrario, exclama: — ¡Qué arden- 
tísimo y qué infernal fuego! ¡Falsísimo Hipócrates y mise- 
rable meretriz Avicena! — Y continúa en voz alta sus lamenta- 
ciones: — Pongo á Dios y á su preciosísima Madre por testi- 
gos de que ni daré fe á los médicos, ni obedeceré sus man- 
datos, antes haré lo que ellos condenan como funesto y acon- 
sejan se evite. — Luego vuelve á tomarla con Avicena, y cre- 
yéndola mujer, encárase con ella, y dice:— ¿Por qué afirmas 
tú, miserable perra sarracena, que la víbora es dañosa? Há- 
ganme al punto un caldo de ellas, que, por Dios vivo, voy á 
bebérmele. — Estas y otras muchas injurias de este género vo- 
mita incesantemente contra los médicos; y cuando le deci- 




— 207 — 

plura in hanc sententíam assiduo clamore contorquet 
in médicos, et dum aliqucxl epulum a nobis pronun- 
ciatur exitiale tune sese attoUit erígitque supra lectum 
more tremebundi gigantis et radiantibus oculis vo- 
ceque rauca ac horrendo latratu : ait : quisnam ex au- 
toríbus hoc vobis prodidit xpianissimi? at vero ego 
humilis admodum et contractus ore trémulo Auicen- 
nam refero tradidisse. ad hoc autem Ule mihi : o ana- 
thema et tu me canibus sarracenis crediturum admo- 
nes: ego te ignibus comburendum tradam per euan- 
gelia sacra. 

Hec ergo sunt: reuerende doctor: que in promptu 
mihi offeruntur narranda tibi: preter alia plurima 
quorum seriem equidem ad hystoriam potius quam 
epistolam pertinere arbitror. de prenostico vero 
astronomi quo meum natum fortunatissimum medi- 
cum futurum recitas si quid sentiam interroges dicam 

mos que tal manjar es pernicioso, incorpórase y se levanta en 
la cama, y á modo de espantable gigante, con ojos cente- 
lleantes, voz ronca, y horrible alarido, exclama: — ¿Cuál de 
vuestros autores, cristianos nuevos, os lo enseña? — Lleno de 
humildad, encogido , y con voz temblorosa , contéstele que 
Avicena, y entonces me dice: — ¡Maldición! ¿Y eres tú quien 
me aconseja que dé crédito á los perros sarracenos? ¡Por los 
Santos Evangelios que te haga entregar á las llamas para que 
te consuman! 

Esto es, honrado doctor , lo que por ahora se me ofrece 
escribiros, dejando aparte otras muchas cosas que, en mi sen- 
tir, más son para historia que para carfa. Si me preguntareis 
mi parecer acerca del horóscopo del astrónomo, según el 
cual decís que mi hijo ha de ser médico afortunadísimo, 
diría á vuestra merced qué es absolutamente imposible que 
cosas incompatibles concurran en un mismo sujeto. Porque 
si médico, ^cómo afortunadísimo? Y si afortunadísimo» 



— 2o8 — 

incompatibilia in idem coincidere omnino esse impossi- 
bile. Nam si medicus non fortunatíssimus : si fortuna- 
tissimus non medicus. nec alio teste indigemus ab eo 
quem in presentiarum adduximus. quomodo enim 
fieri fortunatus potest qui assiduo crudatu corpore 
laborare et spiritu angi quotidie cogitur? Quilibet enim 
artifex quantumlibet mechanicus proprij domicilij non 
egreditur limina vt suum exerceat opus etiam si ad 
ducum atque potentium necessitates explendas fieri de- 
beat: medicus tamen in quantalibet sublimitate con- 
stitutus: vellit: noUit: omnes percurrere domos: per- 
qué cuneta pauperum debet semper euagari tuguria. 
non rígido procellosoque: non tonitruis pleno atque 
fulmíneo tempori parcit. ñeque etiam feruidas ct es- 
tuantes ñammas puluerulentaque vitat incendia, non 
trémulas cauet scalas dubiorum graduum in sursum 
perpendiculariter erectas: nec lectulos sórdidos hu- 
leóme podrá ser médico? Ni para probarlo hace falta más 
testimonio que el que ya aduje. <;Cómo puede ser afortuna- 
do el que cada día siente destruido su cuerpo por incesante 
tormento, y trabajado su espíritu por indecible angustia? 
Todo artífice , hasta el mecánico, no pasa para trabajar en 
su menester los umbrales de su domicilio, aun cuando lo 
haga por encargo de duques y poderosos; el médico, en 
cambio, por reputado que esté, de grado ó por fuerza tiene 
que visitar una casa tras otra, y recorrer sin tregua los tugu- 
rios todos de los pobres; y ni los hielos ó las tormentas, los 
truenos ó los rayos le detienen , ni se guarda de las polvare- 
das y ardores del estío, ni le arredran las movedizas escaleras 
de inseguros y enhiestos peldaños, ni le causan asco los su- 
cios camastros empapados en sudor y rebosando mugre, ni 
los pestilentes y nauseabundos olores le repugnan, ni el mor- 
tífero contagio le espanta. Con esto, no consigue escapar á 
los baldones de la suerte , ni eximirse de las acusaciones de 




— ao9 — 
mentes sudore ac ceno delibutos abominatur: non 
execrandos pestílentesque dedignatur olores, ñeque 
mortalitatis contagia exhorresdt : non vtique fortuitas 
fugare valet ignominias : ñeque homiddiorum depe- 
Uere notas, et ad sununum noctu diuque iu^ter labo- 
rando aut inopem dudt senectam aut íilios pauperes 
ostetricesque filias superstites relinquit. Ex his ergo 
ac ceteris que ností astronomi tui apertum videbis 
mendadum : ignoscat ille conuidjs quisquís sit. et pre- 
fecto d me superi faueant ñeque eousque mecum 
fortuna seuiat ex me genitus nunquam erit medicus 
nid extra meam se potestatem erípiat aut nid presdssa 
dt vdut a texente vita mea. dum aduc ordiar: nunc 
enim non nid trícesimum ac tertíum annum post ter- 
gum relinquo. Vale. Aprilis vicésima secunda anno 
Xpi. millesimo quingentésimo séptimo. 

homicida, para venir al cabo, tras incesante trabajo de día y 
de noche, á consumir su yejez en la pobreza, y á dejar á sus 
hijos en la miseria y á sus hijas de comadres. 

Por éstas y por las demás circunstancias que son conoci- 
das de vuestra merced, os será manifiesto el error de ese astró- 
nomo. Perdone, quien quiera que él sea, las injurias; y en 
cuanto á mí, si Dios me tiene de su mano, y la suerte no se 
ensaña conmigo, el que de mí nació jamás será médico, á 
no emanciparse de mi potestad, ó mientras la Parca no corte 
el hilo de mi vida, que hasta ahora sólo deja á las espaldas 
treinta y tres años. 

Conserve Dios la persona de vuestra merced. 

22 de Abril de 1 607. 



u 




IV. 



VBNBRANDO GENITORI. FRANCISCUS DB VILLALOBOS 

HUMILIS FILIUS SALUTBM. 




(i5o7.) 

^RosPBRAM illustrissimi ducis Federíd valitudi- 
nem te meam ob causam appríme cupere dids. 
gratias ago dilectíssime mihi pater. at qualiter 
succedat me interrogas, de hoc certe nihilum hactenus 
boni dijudicare valeo. innumeris enim morbis ipsum 
circumuallatum noueris. hac febres nouelle cum vete- 
ribus complícate congrediuntur. illac autem virtutb 
imbedllitas cum apetitus deiectione atque nauseatiua 

IV .--Francisco de Villalobos, humilde hijo, dsu vene' 
rada padre. — 1 507. 

Díceme vuestra merced que desea mucho, principal- 
mente por mí, la mejoría del ilustrísimo duque don F«- 
drique ; y yo agradezco á mi querido padre su deseo. Pre- 
gúntame luego vuestra merced sobre lo futuro; 7 acercí de 
esto hasta ahora nada bueno puedo pensar; porque habéis 
de saber que le asedian infinitas dolencias, y por una parte 
le combaten nuevas fiebres, complicadas con las antigaas« 
por otra le acechan el decaimiento de ñierxas » la fidta de 



— 212 — 

satietate obsidionem parat. a dextris vero et a sinistrís 
meatuum obstructíones menbrorumque nobilium du- 
rissime opilationes infestant : hinc ethica istínc insultat 
hydrops. Iterum et profluuium ventrís indigestum 
corporis edifícium dissoluit sitísque validissima atque 
inexorabilis cruciat. quid multa? ita equidem totum 
Corpus tirannice occupatum ab hoste video vt quam 
in arcem anima tuta confugiat non fadle introspidam: 
de cetero in meam salutem magnam ac preferendam 
impenderé curam admones. faciam equidem dum tem- 
pus adsit. nunc autem quoniam mihi viuere nefandum 
esset alteri vt moriar opportet. Nos enim dum alienas 
custodire vitas machinamur interim amittere proprias 
non dubitamus. nostrum quoque obeundi modum 
fugere non licet. quippe transfretantes procellosum in 
mare summerguntur. milites vero horrendo truddan- 
tur in bello atque venatores inter nemorum saltus 

apetito y el nauseabundo hastío; por ambas le acosan 
cruelmente obstrucciones de las vías é hinchazones de 
sus nobles miembros , y si por un lado le ataca la fiebre 
ética, por otro le toma la hidropesía. Además, la diarrea 
destruye la desordenada trabazón de su cuerpo, y una ar- 
diente é insaciable sed le devora. ¿Para qué he de decir más? 
Baste que observo al enemigo enseñoreándose con tal tiranía 
del cuerpo todo, que no veo fácilmente á dónde ha de refu- 
giarse el alma para estar segura. 

Por lo demás, aconséjame vuestra merced que atienda 
ante todo al cuidado de mi salud. Así lo haré cuando tenga 
tiempo para ello, que ahora, como mirar por mi vida sería 
criminal, conviene que la sacrifique por la de otro. Nosotros 
los médicos, mientras andamos discurriendo medios para 
salvar lasagenas, no vacilamos en perder las propias, sin 
que nos sea dable escapar á nuestro género de muerte; pues 
si los navegantes se ahogan en los borrascosos mares, los 




— 2X3 — 

lacerantur. medici tamen feculentis humoríbus vapo- 
ríbusque funestis ingurgitatí suffocamur: pessimum 
genus mortis post miserrímum vite genus. Deinde. mi 
pater: in concertationibus nunquam victoríam aut glo- 
ríam sed beniuolentían ex doctoríbus querere iubes. 
nos vtique ínter nos non confligimus sed vnanimes 
egrum de malo regimine corrígere tentamus ab eoque 
sedulo victi restamus. Iterum et quid me pro tanto 
labore pariter et exilio lucri fecerim expetis. hactenus 
nihil certe preterquam plurimas noctes gélidas insom- 
nes capere: nec inter diu quietem aut respiratíonem 
excipere. et innumeris pulicum ac dmicum turbia 
escam de propria carne distribuere: est enim curia in 
exiguo vicu et nos angustíssimo in hospitio. ítem aS 
atro et infinito muscarum agmine inportabiliter obsi- 
deri. pessimam volucrem obliuiosam et incastigabilem 
detestor. preterea inter assiduas animi tristitias mero- 

soldados caen sin vida en la horrible guerra , y los cazadores 
perecen desastradamente en lo intrincado de las selvas, los 
médicos sucumbimos asfixiados entre densos vapores y da- 
ñosas emanaciones; pésimo género de muerte tras una vida 
miserabilísima. Prcviéneme después vuestra merced que en 
las discusiones con los doctores nunca busque la victoria ó 
la gloria, sino la benevolencia. Nosotros no luchamos unos 
con otros, sino que unánimes tratamos de corregir de su mal 
régimen de vida al enfermo, el cual frecuentemente triunfa 
de nosotros. También me preguntáis qué ganancias he repor- 
tado de mis grandes trabajos y de mi destierro. Hasta aquí 
ninguna otra sino muchas noches pasadas en claro y con frío, 
sin hallar por el día respiro ni descanso, y teniendo que dar 
la propia carne en alimento á inmensas nubes de pulgas y 
mosquitos, puesto que la corte asienta en mezquina aldea, y 
estamos albergados en reducidísima posada. Luego nos en- 
vuelve negro é insoportable enjambre de moscas, insecto 



— 214 — 

rosque íluctuari: Ínter medicine impotentíam et patien- 
tis impatientiam drcumuolui. hec et alia id genus mea 
lucra fuisse scito. rursus darissimi viri Femandi de 
Vega vitam fortunamque: amantissime pater: scire de- 
sideras quandoquidem parentis eius vetustissimam te 
contraxísse amiciciam summopere laudas, ego equidem 
non noui hominem. peregrinus enim sum in curia, et 
hec ignoro, quod tamen audiui pauds verbis edisse- 
ram: eam fortunam sortitum esse fertur vt apud catho- 
licum regem nulli secundus extimetur. et eam vitam 
constanter assectatum vt eius animus prudentie: tem- 
perantie: fortitudinis et iusticie nostro aeuo domid- 
lium iudicetur. Ter me illum vidisse memini viri as- 
pectum philosophum: sapientem raramque loquelam 
atque sobrium incessum admirabar. videbarque mihi 
quendam Fabium Cunctatorem Leliumue ab inferís 
transfugisse: ceterum de meo in patriam regressu 

que detesto por olvidadizo é imposible de castigar. Con esto, 
fluctuar entre continuas pesadumbres y aflicciones de espí- 
ritu , y vivir encerrado entre la impotencia de la medicina y 
la impaciencia del paciente. Estas y otras semejantes han 
sido mis ganancias. 

Asimismo desea vuestra merced noticias de la vida y 
sucesos del dignísimo varón Hernando de Vega, por cuanto 
tenéis en mucho la antiquísima amistad que con su padre os 
une. Yo, á la verdad, como pasajero en la corte, ni le co- 
nozco, ni sé de estas cosas; mas diré en breves palabras lo 
que he oido. Dicen que ha sido tan afortunado, que se le 
tiene por el primero en el favor del rey Católico; y que por 
su constante modo de vida repútase su juicio como asiento 
de la prudencia , de la templanza , de la fortaleza y de la 
justicia en nuestros días. Tres veces me acuerdo de haber 
visto á aquel sujeto, cuyo aire de filósofo, sabia y poco fre- 
cuente palabra, y noble andar, me llenaban de admiración. 



— IIÍ — 

Deus nouit cuius sunt omnia. Vale. Septembns vicc- 
^ ama quinta anno Xpi, miUesimo quingentésimo sep- 
dmo. in Sancta Mana de Campo. 

pareciíndome estar viendo á otro Fabio Cunctator ó á un 
nuevo Lelio, vuelto de los inñernos. 

De mi regreso á ta patria. Dios, en cuya mano está todo, 
■abrá el plazo cierto. Él quede con vuestra merced. 

De Santa María del Campo, á aS de Setiembre de 1S07. 



i 



V. 



PRINCIPI STRENUISSIMO DOMINO GARSIE DE TOLETO 

ILLUSTRISSIMI DOMINI FEDERICI DUCIS DS ALBA DI- 

LECTISSIMO PRIMOGÉNITO. SALÜTBM PLURIMAM. 



(i3o8.) 



EPÍSTOLA M tuaní iocosis vrbanitatíbus plenam ac- 
cepi eamque preclarissimo patre ac omni proce- 
rum turba circumstante coram legi: cuius morda- 
cissima elegantía omnes in risum paríter et stuporem 
coegit: at vero ego solus non ridebam. quem omnia 
transñgebant tela, attamen si dijs placet inultus non 

V. — Al valeroso Principe Don García de Toledo, primo- 
génito del Ilustrisimo Señor Don Fadrique^ Duque de 
Alba, — i5o8. 

Vuestra carta, llena de sabrosos donaires, llegó á mis 
manos, y la leí á vuestro ilustre padre y al cortejo de gran- 
des señores que le rodeaban, los cuales, á un tiempo mismo 
rieron sus incisivos y elegantes conceptos, y quedaron es- 
tupefactos. Solo yo, en quien venían á clavarse todos los 
dardos, no me reía; pero placiendo á Dios, no quedaré sin 



— ai8 — 
moriar. Paterne dispositionis: fortissime vir: ex meque- 
rís ' : deinde Hypocraten Galenumque detestarís. De 
cetero me dei parricidam cálumniaris. et fidelium cru- 
delissimum hostem proscríbis. hec in summa sunt 
iacula quibus fulminas, ad quorum primum hoc vnum 
dicam me prophetam non esse. si cur id referam in- 
terroges. quia non paterne imbecillitatís presentem 
queris statum : sed f uturi atque desideratássiini obitus 
certum celereque presagium me predicturum expos- 
tulas, hoc vtique verius est recentiusque parríddium: 
non quesitum inuentumue vltra millesimum quadrín- 
gentesimum septuagesimum annum. O funestum de- 
siderium. cum pater tibi libentissime dederít esse: tu 
eum non esse ardentissime cupis: ille te vsque ad sy- 
dera tollere non desinet: tu iUum vsque ad bíferos 

venganza. Vuecencia, esforzado señor, me pregunta por el 
estado de salud de su padre, y luego abomina de Hipócra- 
tes y de Galeno, y al cabo me acusa de parricida de Dios, 
y me condena como cruelísimo enemigo de los fíeles. Tales 
son, en suma, las acusaciones que contra mí lanza. A la pri- 
mera le respondo que yo no soy profeta; y si me preguntare 
por qué lo digo, contestaré que porque no quiere saber de 
mí el estado actual de postración de su padre , sino que le 
pronostique pronta y seguramente su futuro y ansiado falle- 
cimiento. Este sí que es más cierto y nuevo parricidio, 
nunca preguntado ni inventado después del año 1470. ¡Oh, 
funesto deseo! Vuestro padre os dio el ser muy de su grado, 
y vos deseáis ardientemente que le pierda; él no cesa de en- 
salzaros hasta las estrellas, y vos no dejais de deprimirle hasta 
los infiernos; él anhela que por todas partes se os escuche, y 
vos ansiáis que no sea oido en ninguna. Esta perniciosa 



I Hay errata en esta frase, y parece que debió escribirse : púUme du^ 
positionis statum (ó b\tn presagium) etc 




— ai9 — 

summergere non cessabis. Ule te vbique audire ardet: 
tu illum nusquam audiri flagras. Pemitiosum hoc fla- 
gicium adeo tenadter fíxum est precordijs ossibüsque 
inheret vt iam ipsa consuetudo peruersa non sit altera 
sed prima et principalis natura quod geniti parentibus 
ita gratis succenseant sicut genitores ardenter amare 
fílios eadem natura cogit. Deinde Hypocratem detes- 
taris et Galenum calcitras quasi grauissimam tibi infe- 
rentes iniuriam ex eo quod vitam parentis illesam 
vehementissime custodire moliuntur. Sed iam illud 
in vulnus ferré non valeo quod in me infligere tentas 
me. scilicet. fídelium hostem crudelem. Napi quis 
duce fidelior? quis te duds inimicior? Ad cetera tán- 
dem quid referendum nosti: quippe Redemptorem 
nostrum ab iudeis falso accusatum et a paganis prop* 
ter scelera nostra inique condemnatum accepimus. 

infamia se encuentra tan profundamente arraigada en las 
entrañas y pegada á los huesos, que ya esta perversa costum- 
bre no es segunda, sino primera y principal naturaleza, que 
hace que los hijos se irriten contra los padres, con tan poco 
fundamento, como grande es el ardor con que la misma na- 
turaleza obliga á los padres á amar á los hijos. 

Abomina vuestra Excelencia de Hipócrates, y maltrata á 
Galeno, cual si os infiriesen la mayor injuria con procurar 
ardientemente mantener ilesa la vida de vuestro padre. Pero 
lo que no puedo llevar en paciencia es la herida que vuestra 
Excelencia trata de inferirme llamándome desapiadado ene- 
migo de los fieles. Pues ¿quién más fiel que el Duque? ¿Y 
quién más enemigo del Duque que vuestra Excelencia? 

Finalmente, sabéis bien lo que debe decirse del resto de 
vuestra carta, pues nos consta cómo nuestro Redentor fué 
falsamente acusado por los judíos, y á causa de nuestros 
pecados inicuamente condenado por los paganos. A decir 
verdad, ignoro de cuáles es vuestra Excelencia; elija, pues» 




— 220 



Tu vero quorum sis nesdo: elige ergo. bene potes et 
conuitia portare communia non egre feras. Vale. 
aprílis quintadecima anno quingentésimo, vüj. 

como puede, y acepte resignado la parte que en los pecados 
de todos le corresponde. 

Viva vuestra Excelencia muchos años. 

Abril 1 3 de iSoSaños. 



VI. 



REOERENDO DOCTORI DE LA PARRA PROTHOMEOICO. 
FRANCISCUS DE VILLALOBOS. P. P. 



(i5o8.) 



DuM nuper a te digrederer primitus salamanticam 
petij : portasque ciuitatís ingressus egregium 
Bernardinum meum obuiam habui: qui me op- 
tatissime amplexus secumque ducens suam in domum 
iumento desilire coegit: vbi cum eodem ac vxore mo- 
desta quibusdamque amicis congratulantibus milü 
tríduum moras feci. quo equidem in tempore in para- 
diso mihi epicúreo quieuisse visus sum : inter ampias 

VI. — De Francisco de Villalobos al honrado doctor de 
la Parra, protomédico. — i5o8. 

El primer lugar á donde me encaminé después de sepa- 
rarnos, fué Salamanca; y al entrar por las puertas, salióme 
al encuentro mi excelente Bernardino, el cual, abrazán- 
dome tiernamente con gran anhelo, me llevó consigo y me 
obligó á echar pié á tierra á la puerta de su casa, donde en 
su compañía y en la de su modesta mujer y de algunos 
amigos que vinieron á felicitarme, me detuve tres dfas. Todo 



— 222 — 

dapes: exquisitos peregrinosque cibos: et nonnulla 
vina decennia suauissime fragrantia : ac omnia genera 
camis volatilium et quadrupedum a montuosis sturnis 
fasianisque vsque ad domesticorum crura salitorum 
non certe porcorum sed anserum : iam intelligis quid 
pro quo: sic enim interdum vtitur apud nostram fami- 
liam. quid multa, postquam ventrem valde oneratum 
atque epulis vsque ad guttur plenum sensi tune recesa: 
et Metinnam pergens dum in quodam vicu intermedio 
sisterem oculos attollens ecce video vniuersum orbem 
ruentem : fugientes arbores : atque circumgirari tellu- 
rem horrenda quoque in aere phantasmata ac rerum 
inaccessibiles vmbras. His ego perterritus ncuissimam 
soeculi diem ratus antequam orís limine simbolum apos- 
tolorum iamiamque egredientem mitterem stomachus 
iaculans et os felle et aceto ingurgitans cunetas dba- 
riorum reliquias magno cum discrimine mentís euo- 

este tiempo me parece haber descansado en epicúreo paraíso, 
entre espléndidas comidas, raros y esquisitos manjares, algu- 
nos vinos añejos de diez años y de suavísima fragancia, y 
todo género de carnes de animales y volátiles, desde los sil- 
vestres estorninos y los faisanes, hasta los pemiles salados, no 
ciertamente de los puercos, sino de los domésticos ansarones. 
Ya entiende vuestra merced el quid pro quo, que así se acos- 
tumbra á las veces entre nosotros. En suma, cuando me sentí 
con el vientre bien repleto, y atascado de comida hasta el 
cuello, salí de allí camino de Medina; mas al detenerme en 
cierta aldea intermedia, levanto los ojos y veo que el universo 
se desploma, que los árboles huyen, que la tierra da vueltas 
en derredor mío, y que por los aires vuelan horribles fantas- 
mas y sombras impalpables de los objetos. Sobrecogido de 
espanto, y creyendo llegado el fin del mundo, traigo á mis 
labios el Símbolo de los Apóstoles; pero antes de pronunciar 
la primera palabra, con el estómago levantado y la boca 




— 223 — 

muere, tune equidem magnos boatus et sonos more 
hird conflabam: nec illam desini crepitantem musicam 
quousque toto exonerato ventre villid domidlium 
impleui. inde ergo adminiculo seruorum assurgens lee- 
tulum arripui. inuasit me rigor et hórrida fractio quem 
subsequuta est tertiana quedam ex puris cuius equidem 
occasione Metinne commoratus pharmacum hauñ: et 
euasi deo gratias. Hinc itaque domum profidscor vU 
vxorem crassam reperí sucd plenam et pulcram expec- 
tantem nuptias et expetentem non modo presentes ac 
possibiles : verum etiam cum preteritis futuras vsque 
ad impossibile: obstupui. heu me miserum quo pergam 
quoue fugiam. vndique drcumstant pericula: vndique 
naufragia cum nuper ob repletionem semanimis enataui: 
nunc autem ob inanitionem timor mortis conturbat me. 
opportebit enim ómnibus sudare medullis totumque 
caloris pabulum antelucanis absumere. In hoc vtique 

rebosando hiél y vinagre, vomité, á punto de volverme loco, 
los restos de cuanto había comido. Siguiéronse grandes mu- 
gidos, eructos y ruidos como de macho cabrio; estrepitosa 
música que no cesó hasta que , exonerado completamente el 
vientre, dejé bien repleta la casa del rústico. Luego, levan- 
tándome con ayuda de los criados, me metí en la cama, y 
allí me acometió horrible frío y quebrantamiento de huesos, 
seguidos de una franca terciana que me obligó á trasladarme 
á Medina y apurar la farmacopea. Al fin escapé salvo, á Dios 
gradas. 

Marché á mi casa, y hallé á mi mujer robusta, llena de 
vigor y hermosa , esperando sus bodas , y pidiendo no sólo 
deudas recientes y de posible pago, sino Us atrasadas y las 
futuras hasta lo imposible. Quédeme estupefacto. ¡Ay de mí, 
desdichado! exclamé; ¿dónde huiré ó adonde me encaminaré? 
Por todas partes me rodean peligros y naufragios; pues ape« 
ñas escapado de la indigestión, casi exánime, la debilidad me 



— 224 — 

cogitationum conflictu dum essem intra me dicebam. 
ego hercule plusquam possim non laborabo: eamusergo 
cubitum: menbrum enim cuius est expeditiohec statuet 
prefinietque metham vltra quam labor irritus crit. Ita- 
que bellum ex vtraque parte impetuose committitur: 
sed in primo congressu cecidit dux generatiue militie 
et tune virtutes omnes abierunt terga vertentes: cgo 
autem stertere profundissime cepi. at illa tum furibunda 
manus in me violentas atque superbas iniecit inquiens: 
Nonne pudet prope finem biennij hora noctis prima 
somnum ñngere vulpécula: adeo repente me fastidio 
habuisti vt similitudinem stupendi cadaueris accipere 
preeligeres quam mihi tu o expectatissimo aduentui 
gratulanti te dulcis et vsitate conuersationis preberes. 
loquere tantummodo nil tt aliud quicquam peto: ncc 
tibi inherere mihi licebit per deum atque hominum 
fidem. Ego vero cum quid referrem nesciebam pa- 

causa temores de muerte, como quiera que va á serme pre- 
ciso sudar los tuétanos y consumir hasta el amanecer todo el 
calor natural. En este batallar de mis pensamientos» decía 
para mí : «Vive Dios, que yo no he de trabajar más allá de 
mis fuerzas; con que vamonos á la cama, que ya la parte á 
quien tales funciones tocan sabrá definir y señalar el límite 
fuera del cual todo esfuerzo es perdido.» Trábase el combate 
con igual ardor por ambas partes; mas al primer encuentro. 
desmaya el general de la hueste generativa , y con esto todas 
las fuerzas abandonan el campo, volviendo las espaldas. A 
poco comencé á dar fuertes ronquido^, y entonces mi mujer, 
furiosa, me sacudió con violenta ira y me dijo: «¿No te da 
vergüenza, miserable zorro, de venir al cabo casi de dos años, 
y en las primeras horas de la noche á hacerte el dormido? ¿Tan 
pronto te has hastiado de mí que prefieres tomar la aparien- 
cia de un rígido cadáver á entregarte á la dulce y acostum- 
brada conversación con tu mujer, que se regocijaba de tu 



— 225 — 

rumper obmutui. Illa autem a tergo asseuerantissinie 
stimulans in effrenatum ac indomitum risum me pro- 
rumpere coegit. sed illa quid: inquit: rídes inuerecunde: 
ludisne me. ego autem respondí, non ludo certe mu- 
lier sed rideo quia cum iuste accusatus sim excusalí 
nequeo nisi in verum ex fído cadauere amuertan 
enimuero labore pretérito iugiter laceraius apud 
egram ducis dispositionem : plurimis quoque peregri- 
nationibus admodum fessus: ac tándem precedenti 
morbo extenuatus. et imbecillis si forte modo somnum 
quietemque non excipiam quid futurum censes: nisi me 
in repentinum atque inopinatum tumulum transferri. 
Tune vtique spiritu sancto cooperante annuit illa : v^ 
niamque petiuit. De cetero nec multum inmioratus 
sum apud vxorem. quatriduo nanque ibidem exacto 
accersitus domum illustrissimi comitis Beneuenti perre- 
xi: eius enim primogénita charissima languescebat. 

anhelado regreso? Habla, no te pido otra cosa, pues por Dios 
y por los hombres te juro que no has de acercarte á mí.» 
Estábame yo callado, no sabiendo qué contestar, y entonces 
ella, dándome fuertes empujones en las espaldas, me hizo 
prorrumpir en desenfrenada risa que no era dueño de conte- 
ner, i ¿De qué te ríes, desvergonzado? me dijo, ¿te estás bur- 
lando de mí?» — i No me burlo, mujer, le contesté yo, pero 
me río de que, acusado justamente, no puedo excusarme» 
sin convertirme de muerto de burlas en muerto de veras; 
pues enteramente abatido con la pasada fatiga de la en- 
fermedad del Duque; cansado sobremanera de tanto viaje, y 
últimamente, débil y extenuado por reciente dolencia, si no 
logro dormir bien y reposar, ¿qué piensas va á ser de mf sino 
caminar á una muerte repentina é inesperada?» Quiso el 
Espíritu Santo que con esto se convenciera y me pidiese 
perdón. 

No estuve mucho tiempo en su compañía» porque A los 

15 



— 226 — 

hic tamen nihil memoratu dignum mihi contigisse no- 
ueris preter nobilissime puelle dei opera valitudinem 
restitutam. inde dilectissimum mihi visitaui parentem: 
eumque moribundum inueni: perqué senium iamprí- 
dem deñcientem. quam ob causam omnia eius bona a 
domesticis subrepta predonibus propter absendam 
meam intellexi. sed patrem miser obiturum lamentans 
nil de patrimonio curaui. et quoniam morbus incurabi- 
lis erat patiebatur enim in etate decrepita omnium 
ferme menbrorum paralisim atque mollifícationem ideo 
rebus dispositis et patre sororibus commendato meis 
inde mestissimus abscessi absque vlla spe reuidendi 
parentem. domumque reuertens vxorem cum liberis: 
eumque libris ceterisque supellectilibus in Mctinam 
transtuli vbi et nunc bene valentes deo gratias: rcspi- 
ramus: in Albam disponente deo profecturi. Nunccrgo 
doctor insignis opportune vidcbis qualiter impetrata 

cuatro días me llamaron de casa del ilustre conde de Bena- 
vente, cuya hija mayor, á quien tanto ama, estaba enferma. 
Nada digno de nota me pasó allí, fuera de la recuperación de 
la salud, que por obra de Dios consiguió la noble doncella. 
Desde allí marché á visitar á mi amado padre. Hállele 
moribundo, y como ya de largo tiempo teníale postrado la 
vejez, y yo había estado ausente, advertí que la casa estaba 
saqueada por los ladrones domésticos; mas el dolor de la 
próxima muerte de mi padre hizo que para nada me curase 
de mi patrimonio. Así que , conociendo lo incurable de su 
dolencia, pues que á su decrépita edad se une una parálisis 
casi completa y un reblandecimiento de los tuétanos, déjelo 
todo arreglado y su persona encomendada á los cuidados de 
mis hermanas, con lo que salí de aquella casa afligidkimo y 
sin esperanza alguna de volverle á ver. De regreso en mi 
casa, llevé á mi mujer y á mis hijos, con los libres y demás 
menaje, á Medina, donde al presente, á Dios gracias, disfru- 




— 227 — 

inmensis cum laboríbus seruitute ab illustríssimo duce 
nro. patríam: patrem: patrímonium: pariter et liberta- 
tem amissi. ecce nos relinquimus omnia et sequuti su- 
mus illum« quid ergo erit nobis. de te equidem nil lo- 
quor. tantum enim perdidisti quantum perderé potuistí:. 
sola nobis superest spes: que deteriorest sepulcro quip- 
pe qui semper fallendo et assidue crudando in tartán 
mittit homines. nunc autem premeditatum consilium 
habeo nris. in rebus. est enim homini mes: vt nosti: 
quod quotiens nihilum acturus est apud regem pro 
his qui adorant et petunt aliquid ab eo totiens hoc 
solum respondet aduerbium: scilicet bene: ibi vero sub- 
intelligendum est male: iterum denique supplicatus 
mouens quidem caput more annuentis didt optime. id 
est pessime. singulos ergo nobis laqueos accipiendos 
duco. cumque nris. in supplicationibus id responsum 
dederit scilicet bene. tune vtique coUis admouendi sunt 

tamos salud, y nos disponemos, con su auxilio, á salir para 
Alba de Tormes. 

Ahora verá vuestra merced, ilustre doctor, cómo al pedir 
con tantos trabajos á nuestro ilustrísimo Duque la servidum- 
bre, perdí á un tiempo patria, padre, fortuna y libertad. 
Todo lo dejamos por seguirle; y ahora ¿qué va á ser de no* 
sotros? Nada digo de vuestra merced, que perdió cuanto po- 
dia perder. Sólo nos queda la esperanza, peor mil veces que 
el sepulcro, puesto que con sus eternas ilusiones y constantes 
martirios va empujando á los hombres al infierno. Una ma- 
dura resolución tengo adoptada para nuestros asuntos. Co- 
nocida os es la costumbre de este sujeto. Siempre que se 
propone no hablar al Rey en favor de los que postrados á 
sus pies le piden algo, y responde este único adverbio: Bien! 
debe sobreentenderse. Mal!; y cuando cediendo á los ruegot« 
mueve la cabeza como quien otorga , y dice: Muy bienff 
quiere decir: Muy mal! Creo, pues, que debemos proveemos 




— 228 — 

laquei. sed cum dixcrit optime actum est: pcrij: statim 
ergo nos suspendere opportet a summitate turrís babel 
ne forte pedibus attingamus terram. Plurimas iam face- 
tias dixi: deus nos in prosperum ducat euentum. Vale, 
julij vicésima tertía anno. m. quingentésimo octauo. 

cada uno de una cuerda, y cuando conteste á nuestras súpli- 
cas: Bien!, echárnosla al cuello; pero cuando diga: Mu}" 
bien!, entonces se acabó, estamos perdidos, y debemos ir 
corriendo á colgarnos en lo más alto de la torre de Babel, 
para no tocar con los pies al suelo. Dije ya demasiadas 
gracias. ¡Quiera el Señor sacarnos con ventura! Él os dé su 
bendición. 

23 de Julio de i5o8 años. 



VIL 



ILLUSTRISSIMO DNO DNO FEDERICO DE TOLETO DOCI 
DE ALBA MARCHIONÍQUE CAORIENSI FRANCI8CUS 

DE VILLALOBOS. S. P. 



(iSog.) 



N^OBiLEM virginem Annam de qua auidissime 
querís Ulustrissime dux quamque ardes in- 
mense a sua iam euasisse tertiana: tibi quidem 
importuna míhi autem inamena et onerosa noueris. 
appetitus preterea hactenus sibi defectus iam inci¡ñt 
ciborum in gustu irritan, attamen ego camem dun- 

VIL — De Francisco de Villalobos al ilustre Señor, el 
Señor Don Fadrique de Toledo, Duque de Alba y Marqués 
de Coria. — iSog. 

Ha de saber vuestra Excelencia, ilustrfsimo Duque, 
que la noble doncella Ana por la que con tanto afán me 
pregunta, y á quien tan ardientemente ama, está ym 
libre de su terciana , que si á vuestra Excelencia ha cau- 
sado pesadumbre, á mí no me ha servido de solaz ni de 
descanso. Comienza á recobrar el apetito hasta aquí per- 
dido, y á hallar sabor en los manjares; aunque yo, du- 




— 23o — 

taxat pullorum: te absenté: illi tríbuendam iubeo. sed 
cum veneris inclite dux licebit ei humana carne potirí. 
vtinam sit illa dicta nutríbiliorista. antiquusenimgallus 
minoris potentie atque virtutis solet esse quam puUus. 
Dnam Beatricem tenuit hestema die febrís quedam 
lenta precedente rigore que cum iamque decKnatura 
in sudorem cogeret precepi cam pannis opertam iacerc. 
at vero illa vt se credulam consilijs et obsequentissi- 
mam medicorum legibus prestaret vix ego preceptum 
fínieram dum audiuit tibiam tubamque clangentem 
procul a suo recessu vbi tum iacebat. quibus auditis 
protinus e lectulo repentinum arripuit saltum: totam- 
que male precinctam se obtulit in choream et ibi con- 
cursans ante retroqué rediens dextrorsum atque sinis- 
trórsum velocissime circumfertur. perqué totam febris 
declinationem pernicissime tripudiauit et statim quieuit 
incendium: habeat ergo sibi hypocrates suos sudores. 

rantc vuestra ausencia, sólo la he prescrito carne de pollo; 
pero cuando vuestra Excelencia venga , podrá tomar carne 
de hombre. Y ojalá le sea más nutritiva que la otra, porque 
el gallo viejo suele tener menos virtud y sustancia que el 
pollo. 

A Doña Beatriz atacó ayer una fiebre lenta, precedida de 
trío, y cuando ya iba cediendo, y empezaba á presentarse el 
sudor, mándela que se acostase, abrigándose bien con mantas. 
Ella sin embargo, para probar su fe en los consejos y su 
obediencia á los preceptos de los médicos, no bien hube aca- 
bado mi receta, cuando oyendo desde su alcoba resonar á lo 
lejos un pífano y una trompeta, saltó de repente de la cama, 
y A medio vestir fue á mezclarse en el corro de los que bai- 
laban, donde ya avanzando, ya retrocediendo, girando en 
rapidísimas vueltas á izquierda y derecha, estuvo bailotean- 
do con gran agilidad de piernas mientras le duró la calentura, 
con lo que al punto cesó todo el ardor. Allá se tenga, pues. 



— 23l - 

nos autem in posterum die crisima tripudia comodiora 
egris ministrabimus. Martij prima anuo quingentc- 
»mo nono. 

Hipócrates sus sudores, que en adelante nosotros recetaremos 
á los enfermos en los días de crisis bailes, que son más 
cómodos. 

Primero de Marzo de i3o9 anos. 



^ 



VIII. 



REUERENDISSIMO DNO. COSME DE TOLETO PLACBNTINO 
PRESULI FRANCISCOS DE JTILLALOBOS. S. P. 



(i5o9.) 



LIBIDO feruet in curia, omnes euim sine discrimine 
tenet cupido et etates vniuer^as indiíFerenter 
captat. frequentes ludos: préndente venere: 
magna cum pompa in dies exercent. atque nundine 
luxuríantis mercis instituuntur. hic autem citherea sola 
adoratur dea: cuius leges obseruantíssime coluntur. 
primo enim omnis cera noctu traditur igni sacrífícanda 
in festiuitatibus dee celebrandis. et omnia bonapossessa 
ac questuose vsuraríeque explorata in omatu seruo- 

VIII, — Francisco de Villalobos al Reverendísimo Señor 
Don Cosme de Toledo, Obispo de Plasencia, — iSog. 

Toda la corte está devorada por el ansia de placeres; en 
todos sin excepción reina la pasión amorosa, y de todas las 
edades indistintamente se enseñorea. Celébranse cada día 
con gran pompa multitud de juegos á que preside Venus, 
y se instituyen ferias de lujosas mercaderías. No se adora 
aquí otra divinidad sino á la diosa de Citeres, cuyas leyes 
se observan con escrupulosidad suma , pues en su honor se 
quema por la noche toda la cera, y se dilapidan todos los 
bienes heredados ó adquiridos por el interés ó la usura, en la 
pompa de los juegos y en el atavío de criados y de cabalga* 



— 234 — 
rum bestiarum et ludorum dispcrguntur. ítem ct 
omnes viri sub diuo pemoctant hy mbrc vel gélido rorc 
cadente, atque ínter luctus et suspiría cythcrcas virgi- 
nes implorant. omnes quoquc per dies cxpcriuntur 
vires : corporaque passim crudeliter concuriuntur ct 
in sumptuosa martiria sponte confluunt. Prctcrca om- 
nes alias curas ab vniuersa memoria radicitus euellunt. 
scilicet domus: familias: negocia: seipsos: et deum. hcc 
autem et reliqua id generis sunt veneris statuta que 
quamquam laboriosa inportabiliaque sunt postremo 
tamen ad inferos adducunt animas, infinitus est numc- 
rus stultorum. homines: hercule: videbis in curia quos 
mérito iam in rogum portatos arbitrabcris quandoqui- 
dem ex corporibus eorum piares iam partes vel in 
fumum absunt vel in cinerem redacte sunt: depilaos 
caluis: euulsis dentibus: oculis lacrimantibus ct con- 
tractis: húmido radicali lapideo: squallentibus mcnbris 

duras. Los hombres lodos pasan la noche al raso, sufriendo la 
lluvia ó el frío de las madrugadas, implorando con lágrimas 
y suspiros el amor de las vírgenes de Citeres. Durante el dia 
todos ejercitan sus fuerzas; á cada paso se dan terribles en- 
cuentros, y corren alegres á suntuosos martirios. Con esto, 
borran enteramente de su memoria todo otro cuidado, como 
la casa, la familia, los negocios, su propia persona y á Dios 
mismo; que tales son, con otras semejantes, las leyes vene'- 
reas, las cuales, si bien son penosas é insufribles, al cabo dan 
con las almas en el infierno. Infinito es el numero de los ne- 
cios. Por Dios, que habia de ver en la corte vuestra ilustrísi- 
ma, hombres que con razón juzgara enterrados, como quiera 
que varias partes de su cuerpo ó se disiparon en humo ó se 
convirtieron en cenizas; calvos, desdentados, con ojos lloro- 
sos V consumidos; el húmedo radical, como piedra; de miem- 
bros escuálidos V trémulos, y todo el cuerpo encorvado; pues 
estos tales toman parte sin embargo en los juegos, alardeando 




— 235 — 

et tremulis: et toto corpore circumAexo. nihilominus 
tamen ingrediuntur in ludum vbi se nouicíos appellari 
superbiunt. nouicios octogenarios quisnam vnquam 
vidit presertim in legione venérea, nequeo mihi tem- 
perare quominus aliqua (nominatim referam quisquís 
sit futurus exitus. dñs Gar. de Toleto ule qui scríbit 
contra me amaritudines nunc autem in carceríbus cu- 
piditatis ligatus extenuatam ardet femellam : et stipu- 
lam siccam persequitur. sed equidem etiam solatíum 
quod sibi prebet admiror : ita enim inquit. quamois 
amasie nre. pellis consumptis carnibus adhereat ossi* 
bus : f ríuola tamen est et insulsa : quibus compedibus 
teneor indissolubilis. dñs etiam marchio frater eius 
incatenatus est in excelsa turrí: eum namque gigantei 
cruciant amores, at vero eius socius et affinis vester: 
dum inclinato capite: irriquisque oculis assidua rapitur 
cogitatione : hec tándem in verba prorumpit. o cunctis 

de galanes. ¿Quién vio jamás donceles de ochenta años, sobre 
todo en la legión de Venus? 

No puedo contener mi pluma sin citar algunos nombres» 
suceda lo que suceda. Don García de Toledo, aquel que tan 
desabridamente escribe contra mi, preso en la cárcel del 
deseo, arde en amores de una extenuada jovenzuela, y corre 
tras una seca pavesa. Cierto que me maravilla el consuelo 
que ha hallado para su mal, cuando dice: — t Aunque, consu- 
midas las carnes, el pellejo de mi dama se adhiera á sus 
huesos, sin embargo, es casquivana é insulsa la que irremi- 
siblemente me tiene encadenado en sus grillos.» 

El Marqués, su hermano, gime prisionero en elevada 
torre, pues abrasan sus entrañas gigantescos amores. Su 
compañero y deudo vuestro, cuando con la cabeza baja y 
ojos llorosos se entrega á su constante preocupación, pro- 
rumpe en estas palabras: — «¡Doy á todos los demonios á mi 
dama que, tan sin merecerlo yo, así me atpnnenta!»«— D^ 



— 236 — 

demonibus commendo dominam meam : que ita me 
torquet inmeritum. Sed ego generosissime presul hanc 
elicio condusionem: nam cum illa sit incredibOis defor- 
mitatis sequitur ipsum in belzebub ejicere demonia. 
Franciscus vero Ule tuus paruam puellam candidulas 
tenellamque amat perdite. valde propinqui sunt: vis 
ne scire quam prope : quippe illa decennis est : ipse 
vero septuagenarias, ergo non plures quam sexagina 
annos intermedios computabis: quos quidem illam 
progredi: aut illum regredi opportet: antequam copu- 
lentur. Sexcenta sunt que narrem si tempus adsit. dicto- 
rum tamen dicendorumque summa est in curia pluerc 
aquas quibus homines prudentes incptire fabulatur: 
fontemque iordanis hinc scaturire: quo repuerascun: 
senes. Vale et mihi rescribas obsecro. Martíj nona. 
Anno quingentessimo nono. 

lo cual, generoso Prelado, deduzco este argumento: que 
siendo ella de una fealdad increible , sigúese que él lanza 
los demonios contra Beicebú. 

Aquel vuestro amado Francisco está perdidamente ena- 
morado de una inocente y tierna doncella, de condiciones á 
las suyas tan iguales que, por si tuvierais curiosidad de saber 
cuánto lo son, os diré que ella cuenta diez años y él setenta; 
de modo que sólo hallareis de diferencia entre los dos, sesen- 
ta, que ella tiene que andar ó desandar el, si alguna vez han 
de reunirse. Miles de casos como estos podría referiros, si 
tuviera tiempo. Baste que la sustancia de lo que se dice y 
de lo que debe decirse es que en la corte Hueven aguas con 
las que se cuenta que los hombres sensatos pierden el juicio. 
y que aquí brota la fuente del Jordán en que se rejuvenecen 
los viejos. 

Guarde Dios á vuestra Ilustrísima, á quien suplico me 
conteste . 

A 9 de Marzo de iSoq años. 



IX. 



DNO COSME DE TOLETO PLACENTINO PRESULI 
FRANCISCUS DE VILLALOBOS. S. P. 



(l5lo,) 



N^EQüE promissorum euentum expectandum: 
ñeque pluñum minarum executíonem tímen- 
dam admoneo, est enim humanis in animis 
adeo inserta innataque libertatis dulcedo: vt sponte 
cruciari quam coacte mulceri tolerabilius sit. ex hac 
profecto radice innumerí coalescunt rami. inde est vt 
cum necessitas est pernoctare somnum compescere non 

IX. —Francisco de Villalobos al Obispo de Plasencia, 
Don Cosme de Toledo. — i5io. 

Es parecer mío que si debe confiarse poco en el cumpli- 
miento de las promesas , tampoco debe temerse la ejecución 
de muchas amenazas, pues es tan innato y está tan arrai- 
gado en el corazón humano el dulce sentimiento de la li- 
bertad , que se nos hace más llevadero padecer por nuestro 
gusto que gozar obligados. Raiz es esta de donde nacen 
multitud de ramas. De aquí procede el que si tenemos 



— 238 — 

valemus : qui plurimas noctes insomnes libenter pcr- 
transire solemus. dumque famem aut sitim vniushort 
perpeti iubemur: molestissime fcrtur: quíbus mtcnl^ 
niente risu aut ludo nil ieiunio facilius. Et cum intn 
ciuitates menia propter commissum crimen mdudi 
cogimur : celos rabie mordemus : quorum voluntas 
pluribus annis campos habuit inuisos: cumque necesse 
sit ad eternam salutem peccata fateri patrem sobrium 
et secretarium fidelem alloqui tedet: qui non tantum- 
modo commissa scelera: verum etiam falsa et com- 
menticia proditoribus sceleratisque hominibus profitcri 
non ambigimus. quid multa: hinc ortum plurima faci- 
nora atque discrimina vite habuere. et inde est fuga 
virtutis et origo malorum. hinc illud odium nascitur 
omnium debitorum aduersus creditores: quos ludis ct 
hystrionibus ceterisque vanis in rebus aurum gratis 
impenderé delectat: modestis vero ac prudentibus vi- 

que trasnochar nos venza el sueño, cuando solemos pasar 
muchas noches en vela por nuestro gusto; y que cuando se 
nos ordena resistir el hambre ó la sed durante una hora, 
á duras penas lo suframos, siéndonos ligero el ayuno si se 
tercia el juego ó la risa. Si el crimen cometido nos obliga á 
estar encerrados en las murallas de la ciudad, cogemos el 
cielo con los dientes de rabia; y hemos pasado largos años 
sin deseo de contemplar la campiña. Para conseguir nuestra 
salvación hócesenos duro confesar nuestros pecados á un dis- 
creto sacerdote o á un fiel amigo; y no vacilamos en rcfenr 
á traidores y malvados no sólo los delitos cometidos, sino 
los falsos á inventados. ¿Para qué más ejemplos? De aquí 
nacieron multitud de atentados y peligros de muerte; de aquí 
la pérdida de las virtudes y el origen de los males; de aquí 
el odio contra los acreedores de todo deudor, que con gusto 
derrocha todo su dinero en el juego, con histriones, 6 en otras 
vanidades, pero á quien duele pagar el debido interés á pni- 



— 239 — 
ris fenum soluere debitum torquet. et quemadmodum 
iUe qui debet terribilem creditoris congressum exho- 
rret : ita qui dedit eius cui muñera obtulit recessum 
timet: quare alterum blasfemijs indignatíonibusque 
fugare, alterum autem gratia et muneribus retiñere 
conatur. sic itaque magnorum amicicia ante fortune 
splendorem nacta in illa status mutatione prescinditur. 
grauissima enim est : non valet sursum ascenderé, as- 
cendentes quippe dóminos secundum ánimos et afFec- 
tus transforman opportet : vsque adeo vt omnia pre- 
térita odio habeant: domum. scilicet. iectum: vasa: 
iumenta: ornatus: seruos: et tándem amicos. omnia 
enim vsitata spernentes nobis duntaxat delectantur. 
velut qui carcere atro aut morbo longo euadunt qui- 
bus omnia que tune illis grata placebant nunc in horro- 
rem abominationemque vertuntur. Sed rancores et 
pretérita odia eorum qui fastigantur ad culmen rote: 

denles y moderados sujetos. Y tanto como al que debe le 
espanta el terrible encuentro del acreedor, otro tanto teme 
el que dio sus bienes la fuga del primero, por lo cual éste se 
esfuerza en ahuyentar al otro con blasfemias y malas razones, 
y el último en retener á su deudor con amabilidad y regalos. 
Así la amistad contraida con los poderosos antes de su en- 
cumbramiento, se interrumpe con el cambio de posición, 
pues siendo pesadísima, no puede seguir el mismo movi- 
miento ascendente; y los que se encumbran han de transfor- 
marse según su voluntad y afectos, hasta el punto de aborre- 
cer todo lo pasado, como la casa, el lecho, la vajilla, la 
cabalgadura, el atavío, la servidumbre y, finalmente, los ami- 
gos, pues desdeñando cuanto usaron, sólo con nosotros se 
complacen, como los que salen de oscuro calabozo ó escapan 
de grave dolencia, que aborrecen y detestan cuanto antes les 
agradaba. Mas los odios y rencores antiguos de los que suben 
á lo alto de la rueda , por cuanto se transforman completa- 



— 240 

quoníam in alios homines penitus conuertuntur: suffh- 
gia sunt quibus presens beniuolentia validior fiat. crgo 
minarum acerbitatem non timendam asseritur. iara 
nosti sacre pater quid velim. His crgo querelis sepe 
stimulatus atque vulneratus omnia tua promissa abdico 
generosissime presul prorsusque renuncio ct tcstor me 
te nusquam vidisse. hoc tantum scio te esse episcopuin 
placentinum virum quidem valde tacitumum cui 
semper déficit et scribendi materia et rescribendi vo- 
luntas mihi qui frequentibus et sepissíme iteratis lit^ 
ris tuum interrumpere silentium nondum valui. ñeque 
tante mutationis causam ex te quero qui me nunquam 
noueris: sed tue nobilissime dispositionis de sanitate 
interrogo qui auide te noscere cupio. Vale. lanuarij 
vicésima, anno quingentésimo décimo. 

mente en otros hombres^ vienen á ser buenas disposiciones con 
que se robustece el afecto reciente. Luego claro se muestra que 
no debe temerse el rigor de las amenazas. Ya sabe vuestra 
Ilustrísima, reverendo padre, mis deseos. Movido pues, v 
lastimado frecuentemente por estas quejas, prescindo, gene- 
roso Prelado, de todas vuestras promesas; renuncio á ellas 
por completo, y juro no haberos visto en parte alguna. Sólo 
sé que sois el Obispo de Plasencia , sujeto por demás tacitur- 
no, á quien siempre falta materia para escribir y voluntad 
para contestarme á mí, que todavía no he logrado romper 
su silencio con tantas y tan repetidas epístolas. No pregunto 
la causa de tamaña mudanza en vuestra Ilustrísima, que 
nunca ha de conocerme ; sólo anhelo saber del estado de 
salud de tan noble sujeto, á quien tanto deseo conocer. 

Nuestro Señor prospere la vida de vuestra Ilustrísima. 

20 de Enero de i5io años. 



X. 



DNO SÜO DNO COSME DE TOLETO PLACBRTIRO PRBSÜLI 
FRANCISCUS DE VILLALOBOS. S. P. 



(l3io.) 



ExpETis me generosissime pater status fortune 
mee narrationem explicitam. ego vero in pri- 
mis interrogationis elementa negó, nec enim 
fortunam habeo: nec si haberem ipsam tamen in statu 
sed in casu precipitem fore concederem: ñeque iterum 
quid sit fortuna intelligo. nisi sit peccatum. qui enim 
non peccat fortune non subest: sed sobria mediocri- 
tate atque paupertate modesta contentus delectatur: 

m 

X, — Francisco de Villalobos á su Señor, el Señor Don 
Cosme de Toledo, Obispo de Plasencia. ^i5io. 

Pídeme vuestra Ilustrísima, generoso Prelado, una mi- 
nuciosa narración del estado de mi fortuna. Empiezo por no 
reconocer el fundamento de la pregunta ; porque ni tengo 
fortuna, ni si la tuviera, adtaiitiría que se mantuviese en buen 
estado, sino en camino de ruina. Ni entiendo yo qué tea 
fortuna, sino es pecado, pues el que no peca, no arriba á la 
fortuna. Este sí vive contento en su sobria medianía y en 

l6 




— 24^ — 

non timet ruinam ñeque infamiam : viuit vtique ató: 
secumque loquitur et quiescit: nec possessis perditís 
ñeque vanis cruciatur expectatíonibus. et aduc ipsa 
mors quantumlibet deformem et horrendam in pictu- 
ris vides apud ipsum supra omnem pulcritudinem 
mundi valde longe conspicua et speciosa est. in illo 
cnim conflictu cernitur desiderata victoria contra pe- 
ssimum et antiquum hostem. et ab eo suisque satclliti- 
bus copiosa de tot iniurijs de tot laboríbus et miseríjs 
vindicta capitur. ibidem dei genitrix realiter ac prescn- 
tialiter videtur sub cuius ductu concursantes virgines 
et exultantes sanctorum omnium exercitus conspidun- 
tur. et demum dei humanitas cum totius trinitatis 
indiuisibili substantia videtur aduenire circumdata 
angelorum varietate atque inenarrabili gloría: ad cuius 
sacrosanctas manus anima ipsa benedicta euolare vide- 
tur: expiata ab inmundicijs: et eluta ab his sentinis: a 

su modesta pobreza, sin temerá la ruina ni al baldón, y 
viviendo sólo para sí, habla consigo mismo y disfruta de des- 
canso. Ni el recuerdo de los bienes perdidos le atormenta, 
ni le angustia el anhelo de vanas esperanzas; y hasta la mis- 
ma muerte, por deforme y horrible que se la pinte, esa sus 
ojos resplandeciente y hermosa sobre todas las hermosuras 
del mundo; pues en aquel trance se contempla la deseada 
victoria contra el perverso y antiguo enemigo, y se alcanza 
de él y de sus sate'lites completa venganza de tantas injurias, 
de tantos trabajos y de tantas miserias. En aquel punto se ve 
realmente y en persona á la Madre de Dios, seguida de 
alcores coros de vírgenes y de todo el regocijado ejército de 
los santos; y últimamente aparece la divinidad humanada 
con la sustancia indivisible de la Trinidad, rodeada de varie- 
dad de dngeles y de indecible gloria, á cuyas sacrosantas 
manos parece volar la misma alma, limpia de sus manchas y 
puriíicada de las inmundicias de este mundo, libre de la 



— 243 — 

tetroque et caliginoso carcere liberata et omata véate 
nuptíali atque pulcherrima. vbinam ergo est defonm* 
tas hec quam indifFerenter omni mortí asscríbunt: 
illaque imago stu penda quam sitñ defúngunt. heu heu 
me miserum. hec enim omnia si profunde consíderassem 
nec patrios fines excessissem superbus: ñeque paternos 
honores vilipendens repulissem. meus erat medicus 
pater sua quidem in etate valde celebratus : qui tutt 
et áurea mediocrítate vtens semper exiguum incolébat 
vicum. et vitam serena fronte ad extremum vsque 
terminum eius tenui victu peregit: et'intra muros 
angusti larís indusus nec tela metuebat fortune : nec 
erectas mundi machinas trepidabat. Sed adeo pruden- 
ter constanterque se gerebat vt etiam si horrendum 
seculi fínem oculis viderat in similitudine tam rídentis 
sua iugiter alacrítate tranquillus manserat. Postremo 
autem absque pena recessit nobis manifesta ad possi- 

oscura y tenebrosa cárcel, y engalanada con nupcial y espíen* 
dida vestidura. ¿ Dónde está, pues, esa deformidad que átoda 
muerte por igual se atribuye, y esa imagen horrenda que de 
ella se forjan? Desdichado de mí,. que si todas estas cosas' 
hubiera reflexionado atentamente, ni traspasara soberbio el 
umbral paterno, ni hubiera rechazado desdeñoso la honra al- 
canzada por mi padre. Era éste médico, en su tiempo no 
poco reputado; habitaba constantemente en reducida aldea; 
no pasando nunca de segura y feliz medianía , hizo vida fru- 
galísima , conservando hasta su término la tranquilidad del 
espíritu, y encerrado entre las paredes de su reducida mora- 
da, ni temía los tiros de la suerte, ni le espantaban las ma- 
quinaciones de los hombres. Invariablemente siguió tan 
cuerda y juiciosa conducta, que si hubiese presenciado en 
imagen el terrible fin del mundo, hubiera permanecido 
tranquilo con su acostumbrada sonrisa en los labios. Pasó 
al cabo de esta vida, sin darnos muestra alguna de pesar» y tvd 



_ 244 — 
dendum regnum quod sibi paratum erat ab inmensa 
clementia redemptoris nri. cuius equidem funus dura 
viuo semper eñt lachrimabile mihi. ego itaque morís 
et paterne conditionis oblitus non certe vicum incolui 
sed^-o^idum: nec oppidum qualecunque sed ingentem 
ciuitatem: ñeque ciuitatem denuo sed totum nisus 
habitare regnum totumque clima regias fores ingressus 
sum. vtque medicus essem catholici regís laboraui: 
totisque viribus: inuito rege: insudaui. ad hec autem 
ratio clamabat mihi: quonam vadis Frandsce: cur dds 
perditum. si scires vtique exitialem curie pestem: niá 
insanisses: retro cederes. teñe loco pedem et contem- 
plare quanta magnorum et conscriptorum patrum 
limina ambienda sunt: et quanta grauia ac indigna fc- 
renda quantumque onus humeris portandum blan- 
diendi. scilicet. fallendi: mentiendi: simulandi: atque 
dissimulandi. et quantum liuorem actiuum passiuumque 

á poseer el reino que por la infinita misericordia de nues- 
tro Redentor le estaba reservadojSu muerte me arrancará 
Idgrimas mientras viviere. 

Yo, olvidando el modo de vida y el carácter de m¡ padre, 
quise habitar, no en la aldea, sino en la villa, y no en una 
cualquiera^ sino en ciudad populosa. Luego, no contento 
con esto, y pretendiendo ocupar el reino y la región toda, 
puse el pié en palacio, trabajé por ser médico del rey Cató- 
lico, y á pesar suyo, gasté todas mis fuerssas en el empeño. 
Contra esto se sublevaba la razón diciéndome: t¿Cómo cor- 
res, Francisco, á tu perdición? Si conocieras el pernicioso 
contagio de la corte, á no estar loco, hubieras ya retrocedido. 
Detente, pues, y considera cuántos umbrales de magnates y 
consejeros habrás de pisar; cuánta ofensa y ultraje te será 
preciso sufrir, y qué peso habrán de sobrellevar tus hombros 
de adulaciones, engaños, falsedades y disimulo; añade á esto 
el envidiar y ser envidiado, y los frecuentes viajes y amargoi 



— 245 — 

tolerandum. quantas peregrinatíones et acerba queris 
exilia : quibus karissime vxorís ac liberonun molestas 
ierres absentias : et quibus fidelium amicorum iactura 
crudaberis. nonne etiam prospids quanta medicorum 
turba habitat seu vagat in curia: vbi non primum: nec 
secundum: ñeque tertium: sed postremum inferioremr 
que locum occupabis. aduc autem et non cogitas quod 
nec honorem vt vides per multos distribuendum : ñe- 
que etiam ibi diuitias cumulare valebis: totus enim 
impendes quantum inter tot tantosque lucratus fueris* 
que ergo phantasmata sunt hec quibus te fallís: que 
rerum spedes inanes oculos tuos caligantes et obnu« 
bilatos faciunt. et ad summum cur super uacuas curas 
incumbís: et manifestam ruinam: exddiumque aními 
atque corporis explorasti. Sed de his onmibus nihil 
curaui hominum imprudentissimus : attamen mundi 
fallacis tendiculis illectus a via leua non deflexi que 

destierros que te acarreas, los cuales te harán penosísima la 
ausencia de tu casa, de tu mujer y de tus hijos, y dolorosa la 
pérdida de tus amigos. No miras tampoco la turba de médicos 
que, ó habitan en palacio ó le frecuentan; y cómo no ocu- 
parás entre ellos el primero, ni el segundo, ni el tercer 
lugar, sino el último y más humilde; y no consideras que n 
alcanzarás honores, según ves por muchos, ni lograrás all 
acumular riquezas, pues habrás de gastar cuanto ganares 
entre tantos y tan poderosos señores. ¿Qué ilusiones son» 
pues, las que te forjas.'^ ¿Qué engañosas apariencias de las 
cosas oscurecen y anublan tus ojos? Finalmente, ¿p«r qué te 
preocupan vanos cuidados, y vas á buscar la perdición segura 
del alma y la ruina del cuerpo? » 

De ninguno de estos avisos me curé, yo el más insensato 
de los hombres ; antes enredado en los lazos del engañoso 
mundo, no me aparté de la vía de perdidón en que ios 
malos reciben su castigo y por donde caminan á los infier» 



— 2^6 

malorum exercet penas et ad impia tártara mitdt. se 
itaque iam ego curialis regiusque phisicus mtumescens 
dedi me fabule populi meque dígito ostendebant. Sed 
hujusmodi miseri status inuidia succreuit in pectoribus 
miserrimorum atque stultorum hominum: vsque adeo 
vt me magum : me veneficum : meque incantatorcm 
predicaren t. quasi aliter inpossibile foret ad tantum me 
fortune iugum ascenderé potuisse. hinc indeergosus- 
pitione nata sacrís auríbus insusurauit inquisitorum 
fama, vnde captus et in carcerem missus optime cus- 
toditus fui : non sine magno merore dilecte vxoris : ct 
amicorum commiseratione. ecce nunc gloría mea in 
puluerem reducta et in obprobrium versa: tam repente 
vt vix credibile esset. multiplex opinio de me et varia 
iudicia Ínter vulgus spargebantur : alij enim diccbant 
quia demonium habet: et familiarem spirítum in anulo 
secum ducit. alij vero non nisi quia circulator ct malc- 

nos. Asi que, hinchado de vanagloria por mi cualidad de corte- 
sano y medico del Rey, ofrecíme al ludibrio de la plebe, que 
me señalaba con el dedo. Todavía esta mísera condición des- 
pertó la envidia en el pecho de hombres por demás misera- 
bles y necios, hasta llamarme mago, conocedor de filtros y 
maleficios, cual si de otro modo me hubiera sido imposible 
llegar á tan alto grado de fortuna. De aquí surgió la sospe- 
cha, y llegando la voz á los sagrados oidos de los inquisi- 
dores, fui preso y tenido en estrechísima reclusión, con gran 
dolor de mi amada mujer y lástima de mis amigos; por 
donde toda mi gloria quedó reducida á polvo y se convirtió 
en afrenta tan de repente que apenas pudiera creerse. Entre 
el vulgo corrian de mí muchos y variados juicios. — Tiene el 
diablo en el cuerpo, y lleva un familiar en el anillo, decían 
unos. — No, replicaban otros, sino que es charlatán y hechi- 
cero, que por medio de ciertos pactos y contratos con los 
demonios engaña á los demás y gana sus voluntades.~-Estos 




— 247 — 
ficus est: quibusdamque pactis et federíbus demonum 
alios sedudt et aliorum beniuolentías captat. aüj autem 
dicebant quia diuinator est et futurorum presagia 
atque oracula miraculose scrípta predidt. plurimi autem 
affirmabant etiam quia ligare potest et dissoluere. fe- 
minasque sibi inuitas aducere noctu: hec et alia hoc 
genere infinita apud rem publicam dbseminabantur. et 
ego interim in custodia tenebar. longum esset et iname- 
num inextricabiles curas et mesticias: caligínososque 
animi pauores illius horride solitudinis narrare, solí 
norunt experti. sed hoc post tergum demisso: has enim 
erumnas speculari refugit mens: in fine octoginta die- 
rum: dei beneficentia veritatisque patrodnio liberatus 
ethonoratus euasi. nunc vtiquequodadpresensspectat 
dicam me predarissime pater deinceps curiam noUe vt 
incolumis ex hac valle miseriarum discedens ad cu- 
riam regis eterni aduolare possim : vbi nullam proce- 

afirmaban que era adivino, presagiaba lo futuro^ é inter- 
pretaba los oráculos milagrosamente escritos; y no eran 
pocos los que sostenían que era dueño de ligar y desligar, y 
hacer que las mujeres acudiesen de noche contra su volun- » 
tad á mi llamamiento. Estas y otras muchas cosas de este 
jaez se propalaban entre las gentes, mientras yo continuaba 
encarcelado. Sería largo y enojoso referir el laberinto de cui- 
dados, las tristezas y tenebrosos espantos de aquella horrible 
soledad, sólo conocidos de los que lo han pasado. Mas 
dejando atrás esto^ pues la mente se resiste á examinar tales 
sinsabores, digo que al cabo de ochenta dias, por misericor- 
dia de Dios, y patrocinio de la verdad, salTde la cárcel libre 
y con honra. Y por lo que hace á lo presente, diré, ilustre 
Prelado, que para en adelante renutKJo Ji Ja cpj^ , á fin de 
que, saliendo incólume de este valle de miserias , consiga 
volar á la corte del Rey eterno, donde ni temeré el enojo de 
los grandes', ni retrocederé ante la repulsa de los picaros 



— 248 — 

rum indignatíoncm: nullamque ianitorum furdfcrum 
tímebo repulsam. ñeque varios fortune casus aut fc- 
menta metuam. Sed quia impresentiarum nondum csr 
mihi firma sententía: quo pergam quoue pedem figam: 
propositum meum hac in epistola non vídebis. ad aíiam 
ergo spectat fauente deo: Vale. Octobris decima, anno 
xpi. m. quingentésimo décimo. 

Impressum Salmantice et exactissime castigatum ex ex- 

pensis venerabilis viri Laurentij de Licm dedeis. 

Anno domini milUsimo quingentésimo décimo 

quarto. decima quinta. Mensis septembris. 

Laus deo. 

porteros, ni me arredrarán los varios accidentes n¡ las ilusic- 
nes de la fortuna. Mas por cuanto todavía hoy no tengo re- 
suelto á dónde me encamine, ni en dónde me establezca. 
esta carta no revelará á vuestra Excelencia m¡ propósito, sino 
otra, si á Dios place. 

Él quede en vuestra compañía. 

10 de Octubre de c5io años. 

Fué impresa y fielmente revisada la presente obra en 

Salamanca, á costa del honrado sujeto Lorew^o de 

Lian Dedeis, año del Señor de mil y quinientos 

y catorce, á quince del mes de Setiembre. 

Laus Deo, 




xr. 



(S. a.) 



TuüM mihi salubemmum consilium, illustrissime 
Princeps, non recuso; iniquum procul dubio et 
exitíale certamen esset unius imbecillis et iner- 
mis tyronis aduersus dúos et fortes et armatos mili- 
tes quorum alter materiam belli aptam et omataih 
apparat; alter vero prestantissimam inducit formam, 
quam Groeci quidem endelechiam, nos autem spedem 
rationemve appellare consuevimus. Diuerso tamen 

XL — (Sin año,) 

No rechazo, ilustre Principe, vuestro saludable aviso; que 
inicua y desastrosa había de ser ciertamente la lucha de un 
de'bil é inerme bisoño contra dos fuertes y armados guerre- 
ros, uno de los cuales dispone adecuados y abundantes 
aprestos de guerra , y el otro adopta aventajadísima forma, 
que los griegos llaman endelechia, y nosotros solemos decir 
apariencia ó razón. En esto, sin embargo, sucede muy de 
otra manera que en las cosas de la naturaleza, pues en 



I Sacada de una copia, de letra del siglo xvi, que se conserva en la 
Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Colección Salazar, N. 44^ 
folio 3i5 vuelto. No tiene fecha, ni dice á quién filé dirigida. Sólo ae lee 
al principio la palabra eiusdem, con relación á la carta anterior del mifino 
volumen, manuscrito que también es de Villalobof . 



— 25o 

modo hic fíeri quam in naturalíbus contingit, namque 
apud naturam materia prior est quas vehemente: 
appetit et repente quoerit formam; apud te veré, sa- 
pientissime proesul , prius est inuenire rationem adeo 
limatam, concissam, compendiosam , lepidam et subc- 
lem, ut etiamsi Vergara prudentissimus et elegantissi- 
mus non esset, ipsa per se sufficcret et orationem 
condere, et rudem atque rusticam orationem urbanam 
elegantemque reddere. Libenter ergo atque ¡ngenue 
cedo et ex benignitate tanti victoris sola mihi salure 
concessa in perpetuam me tibi seruitutem tradere es: 
consilium. Vale. 

estas, la materia es la primera que apetece ansiosamente y 
busca al punto la torma, y en vuestra Ilustrísima, sapicnlí- 
simo Prelado, es antes que todo hallar la razón tan correcta, 
tan lacónica , tan compendiosa , tan delicada y sutil , que 
aunque no existiera el discreto y elegantísimo Vergara, ella 
sola bastaría para componer el discurso, y para convertirle de 
rudo y grosero en elegante y culto. Me rindo, pues, sincera- 
mente y de la mejor gana, y resuelvo constituirme en perpe- 
tuo esclavo de vuestra Ilustrísima, con sólo que la magna- 
nimidad de tan ilustre vencedor me otorgue la vida. 
Dios conserve la de vuestra Ilustrísima. 



DIALOGO 

DE VILLALOBOS Y SU CRIADO. 



DIALOGO 

DE VILLALOBOS Y SU CRIADO' 
Fr, Martin. — yUlalobos. — Bustamavle. 



I 



Fr. Martin. Bustamante me ha rogado mucho 
que le sea buen medianera para con vos , y si yo no 
me engaño, algo parece justa su petición. 

Villalobos. ¿Cómo puede ser que pida cosa justa 
un hombre tan injusto? 

Fr. Martin. Dice que él ha de curar aunque no 
quiera por toda aquella tierra, y querría que le diese- 
des una orden con que no curase tanto que causase 
peligro á los dolientes. 

yUlalobos. Esa orden querría yo que me diese á 
mí Jesucristo. 



I Ssc«do de una copií. i b que al parecer bita el final, de letra del 
(iglo 3TI. que se coDserva en ta Real Academi* de la Historia, Colcecioa 
Salazar, N, 44, M. 3o6. El illulo que va al frente de este diAlogo lo liemoa 
lomado del que irae la copia en el sobretcrilD, puei en el ptinapio de 
iquilla afilo se lee; G.*y liíttmtf collación. 



— 254 — 

Fr. Martin. No creo que se me acuerda bien lo 
que él me dijo. Venga y explique su demanda. 

Villalobos. Bustamante, ¿qué es aquello que has 
pedido al P. Fr. Martin ? que no hay cosa que yo no 
haga por aquella santa representación de anoche, con 
que nos hiciste caer á todos de rísa, aunque mejor di- 
jera yo ausentacion que representación, porque lo 
mejor de la fiesta no fué cierto tu presencia, sino tu 
zaguera. 

Bustamante. Señor, aquello hicelo yo por serviros, 
y estoy tan corrido dello, que no he de parescer de- 
lante de la gente, y por eso tenéis obligación de hacer 
por mí. 

Villalobos. Ora di lo que quieres. 

Bustamante. Acuerdóme que vino una vez Juan 
Osorio con esta misma demanda. 

Villalobos. Y es. 

Bustamante. Dijo que él vivia el más del tiempo 
en Mestajes ', que es una aldea suya muy ruin, y que 
adolescian de calenturas y de otros males él y su casa 
y sus labradores. Pidió que en tanto que venía algún 
físico, le diésedes alguna orden de lo que habia de 
hacer que aprovechase algo y no dañase, y dístesle 
por escrito una regla con que curaba por toda aquella 
tierra, y en Jorma le tenian por buen médico. 

Villalobos. Yo soy contento, pues que ansí como 
ansí has de matar hombres de darte un regimiento, 
con que no mates tantos, y téngote por tan gran asno, 
que te quiero preguntar si sabes conoscer una terciana. 



I Sic. ¿Será Mes tajas, despoblado sito en el partido judidtl de Lt 

Bañcza, provincia de Leen? 




— 255 — 

No digo que conozcas las causas della, que esto escu- 
sado seria pensailo; pero si conocerás qué son tercianas 
cuando alguno las tuviere. 

Bustamante. ¿ Yo en qué diablos lo tengo de cono- 
cer? ¿Soy yo bachiller? 

Villalobos. Pestilencia mala venga sobre ti solo, 
porque con tu muerte serian librados de pestilencia de 
todos aquellos gobernadores que están debajo de tu 
gobernación. ¿Quién hay en el mundo que no sepia 
que la terciana sencilla viene al tercero dia, de manera 
que un dia viene frío y calentura, y otro nó? 

Bustamante. Eso bien lo entiendo, mas pensé que 
era la del monte. 

Villalobos. ¿Qué cosa es la del monte, Bustamante? 

Bustamante. No sé, por Dios. 

Villalobos. \ Gentil físico es este ! Ora yo te quiero 
dar tal regla en la terciana, porque quedes siquiera 
tercianero como calderero, y por aquí te irás desasnan- 
do por las otras enfermedades. ¿Tú sabes por ventura 
donde está el pulso? 

Bustamante. Bien sé que lo catan en la muñeca, 
mas no sé si de la banda de dentro ó si á la banda de 
fuera. 

Villalobos. Amuéstrame ese brazo de acémila que 
tienes. Este es el pulso que dá estos latidos; pon los 
dedos en él; apríeta un poco más. ¿ Sientes agora los 
latidos ? 

Bustamante. Cata, cata el pulso. 

Villalobos. Ese era el pulso. Plegué á Dios que 
perdido le tengas antes de mañana. Pues mira bien; 
cuando este pulso anduviere despacio, como agora ves 
que anda el tuyo, entonces dirás que no hay calentura. 



— 256 — 
BustamanU. ¿Y anda en todos los hombres de una 



manera: 



J'i.lilcbcs. Bien pregunta la bestia. No anda en 
todos de una manera, porque en los muchachos se 
mueve más apresuradamente, y en los viejos mas 
fíacamente, y á los que vienen cansados les anda mis 
á menudo. Mas la regla que has de tener para ver si 
es calentura ó no, es esta: poner las manos en las áenes 
V en la garganta, y si lo hallares templado, no hay 
calentura aunque ande alterado el pulso, y si lo hallares 
ardiendo , cierta es la calentura. 

Fr, Mdrtin. ;Y si un hombre ha corrido hasta 
subdar, no le arderá todo eso? Porque me parece á mí 
que los muy cansados se ahogan de calor. 

/ illdlzhQS. Es verdad que sienten gran calor dentro 
del cuerpo, mas el tacto de las carnes templado le 
tienen , aunque estén subdando. 

F'\ .A/u'V;;;. Eso es para mí cosa nueva. 
/ V.Vj.'. /jj . ¿ H asme entendido ? 
fi;<j;.;;;.\;;;;c. Enriendólo tan bien, que no me tro- 
caria por el Dr. Bustamante mi tio. 

/7.V.;,./:.f. En eso razón tienes, porque es mayor 
asno que tú y acuerda de andar siempre en competen- 
cias con el Doctor de la Reyna, que es el ídolo del 
Rey nuestro señor. 

Ir. M.:n:K. ¿Y el pulso cómo lo conocerá en el 
pulso: porque hay muchos que tienen las manos y la 
nariz tria, y acaece que no tienen frió de azession. 

J'i'.'S.cbcs, El frío es peor de conocer en el pulso; 
mas yo le daré una regla con que en ninguna manera 
le engañe. Primeramente, el pulso se encoge tanto con 
el trio, que parece que anda hormigueando, y quien 




— 2Sy — 

conosce aquel pulso cuando está sin el frío, ligeramen- 
te conoscerá la diferencia. Mas porque este asno ha 
menester doctrina más palpable, y también porque á 
las veces acertará con persona que en salud tiene el 
pulso encoxido, póngale la mano en la frente y en los 
pechos, y si tiniendo la nariz y los pies fríos ardieren 
las partes ya dichas, sepa que es frió verdadero. 

Fr. Martin. Por cierto que no me pesa á mí de 
saber esa regla, y aun podrá ser que á muchos físicos 
que no la saben; y deseo de saber la causa desto que 
que esté un hombre temblando con el frío, y que 
tenga ardor en la frente y en los pechos. 

Villalobos. Cuenta larga es menester para respon- 
der á esa pregunta y no ' albeiteria; mas hablan- 
do en suma, sepa V. R.** que cuando algún humor 
corre por las espaldas y por los morcillos, hace sen- 
tir frío, aunque el humor sea caliente; como si os 
echasen por las espaldas agua ó vino caliente, sentiría- 
des luego escalofríos; y aquel mismo que corriendo 
hace frío, va á parar en algún miembro que está 
dispuesto para recibirlo, a las veces en el estómago 
y otras en los ríñones ó en otras partes, y en parando 
el dicho humor, luego se enciende y hace ardor en las 
carnes que están más cerca del corazón, de manera 
que casi comienzan juntos el frío y la calentura y 
andan en compaña alguna parte de la azession. Y 
acontece que está el cuerpo ardiendo como un ti^on, y 
no osa el paciente sacar el bra^o ni revolverse, por- 
que luego es con el frío. 

Fr. Martin. Yo estoy satisfecho sin que digáis 



I Hay en el manuscrito dos ó tres palabras ilegibles. 

17 



— 258 — 

mas, porque en buen romance y en pocas palabras me 
lo habéis dado a entender. Y agora que sé adonde vi 
á parar ese humor, fáltame de saber de qué parte 
viene. 

Villalobos. El humor que hace las calenturas, co- 
munmente sale de las venas, que lo echan de sí como 
á cosa mala. 

Fr. Martin. ¿Y cómo lo echan de sí? 

Villalobos. Como echan el sudor, que también sale 
de ella por unos agujeritos invisibles que llamamos 
poros. Todo el cuerpo está lleno dellos para ciertas 
necesidades y sola natura los vee con su grande y 
maravillosa providencia; nosotros no los podemos ver 
sino por esta conjuntura que vemos recumar el sudor 
y no vemos por donde sale. Desta manera sale aquel 
mal humor de las venas y vá á parar adonde tengo 
dicho, y corriendo hace frió, y parando hace calentura; 
y tanto dura el frió cuanto dura el correr del humor 
que viene poco á poco, á las veces viene tan vagarosa- 
mente, que dura el frió á las vueltas tanto como las 
calenturas casi, porque la parte que vá primera comien- 
za primero á encenderse y hacer calentura. 

Fr, Martin. En mi vida nunca oí philosophía tan 
subtil y tan palpable, y si de aquí adelante yo fuera im- 
portuno en el preguntar, vos tenéis la culpa en el res- 
ponder, porque son tan sabrosas las respuestas, que 
quedo harto y satisfecho con ellas, y me ponen hambre 
para cobdiciar otras. Ora quiero saber con qué virtud 
echan de sí las venas este mal humor. 

Villalobos. Cada uno de los miembros tiene cuatro 
virtudes naturales, conviene a saber: atractiva, con que 
atrae á sí el mantenimiento que há menester para 




— 259 — 
rehacerse; la segunda es retentiva, con que detiene en 
sí el mantenimiento hasta que haga en él digestión 
entera yres^iba de la substancia que le conviene; la 
tercera digestiva, con que digiere el manjar que en sí 
retiene, hasta que lo va convirtiendo en su propia 
substancia; la quarta expulsiva, con que alanza y echa 
de si lo que le sobra é no le conviene; y esta quarta 
virtud que hace al propósito y a pregunta, quiero de- 
clarar para que la veáis más palpable, y para esto se 
debe considerar que el estómago, después que se man- 
tiene y se harta del manjar que tiene dentro de sí, claro 
está que lo que le sobra que lo echa de sí, y nosotros 
no vemos ni sentimos cómo lo echa, pero sabemos que 
hoy está lleno; y si no comiésemos, mañana estaría 
vacío, y la madre que tienen las mujeres, echa de sí 
la criatura cuando ya no conviene que esté más allá. 
Todo esto hace natura mediante la virtud expulsiva 
natural que todos los miembros de el animal poseen; 
y ansí las venas echan de sí el humor que se vá corrom- 
piendo, y el celebro echa de sí las reumas, y la vejiga 
echa de si las orinas; y de esta manera hacen todas las 
otras partes. ¿Entiéndeme bien V. R.*? Si nó dárselo 
hé más claro. 

Fr, Martin. Antes estoy corrido y encandilado de 
tanta claridad que basta para que lo entienda un niño. 

Villalobos. ¿Pues por qué os habéis parado solícito 
y pensativo? 

Fr. Martin. Porque estoy contemplando en la om- 
nipotencia y sabiduría de Dios que tanto supo hacer; 
y con todo eso presumía un asco de un hombre philó- 
sopho de limitar el poder y la providencia divina. 
Agora me queda otra demanda, y hela preguntado 




— 26o 

muchas veces á otros doctores, y creo que ellos me 
respondían lo cierto, mas yo nunca los podía entender, 
y la pregunta es esta. Quando en la terciana ó cola 
quartana acaba de quitarse la una calentura, ¿í áóoát 
queda ascondida la otra calentura que viene despuesá 
su hora cierta á tercero día ó quarto? I^jrque si viene 
de otras partes ó de otras tierras es cosa maravillosi 
de pensar. ¿Quién lo trae? ¿Cómo siempre viene á un 
tiempo y á un mismo enfermo aunque se mude de un 
lugar para otro, y cómo viene con tan gran conderb) 
que paresce que tiene propósito y que sabe lo que 
hace, y en verdad que creo que por esto la ruda gen- 
tilidad hace templo á la ñebre y la adorauan por diosa? 
Y si no viene de otra parte sino que queda ascondida 
dentro del cuerpo, ¿cómo guarda tan gran concierto 
t|uc no se descubre sino á hora cierta, la una al tercero, 
1.1 otra al quarto día? 

yUlaUbos. ¿Quiere decir más V. R.'? 

Fr. Mariüi. No hé menester decir más á tan buen 
entendedor. 

yUlalohs. Ya he dicho en lo pasado queste humor 
que hace la terciana ó la quartana, comunmente sale 
Je las venas y corre por los miembros hasta parar en 
unu dcllos que tenga capacidad y vasija en que quepa, 
y que no tenga fuerzas para defenderse del y echallo 
de sí como lo echan los otros miembros por do pasa; y 
también habéis de saber que ningún humor hace calen- 
tura hasta que se podrece, porque con el pudrimiento 
arde como un muladar, y en ardiendo, echa humos de 
sí que suben hasta el corazón; y como el corazón es 
antro donde se cria todo el calor y se reparte por 
todu el cuerpo, enciéndese mucho más con los dichos 




— 26l — 

humos, que son una kñm muy iqparexada parm in^ 
flamar y dar mas fíi^o de lo ques menester; y este 
fíi^o envíalo el corazcm a todo el cuerpo por los 
pulsos, que todos nascen de allí; y an» todos los 
miembros padecen calor y calentura, de manera que 
el humor, no hace calentura hasta que esté podrido. 

Fr. Martín. Quando estaba este humor en lu 
venas, ¿porqué no hi^o calentura? 

Villalobos. Porque aún no estaua podrido. 

Fr. Martín. Si no estaua podrido, ¿porqué lo 
echauan de sí? 

Villalobos. Porque estaua tan aparejado para cor^ 
romperse que natura no lo podia corregir y hada tan 
gran sinsabor en las venas, que no lo pudiendo sufrir, 
lánzanlo de sí con gran furia , como ha^e el estómago 
que siente dentro de sí alguna cosa muy contraria i 
su naturaleza y muy enemiga de su gusto, que i 
pesar de su dueño la echa de sí haciendo gómitos con 
grande ímpetu y violencia, como acontesce a personas 
delicadas quando toman alguna purga, ó a los qus 
beben alguna ponzoña; ansí que las venas con su inS' 
tinto natural sintiendo el humor que esta k punto rfs 
dañarse ques disconviniente para su íMMfñ le hi^ 
echarlo fuera antes que acabe de podrecer^r , y Uh\m 
las partes por do pasa también lo echan amuf k un 
mal huésped herido de pestilencia^ 

Fr. Martín. Y en las venas ^ acontes» 4\u% hiy 
humores podridos y corruptM? 

Villalobos. Sí líOMCt^ \;ff^f\U€ tup fm^imm ¥4m 
ellos para alanzaDr/s foera^ 

Fr. Martín. ; Y átfiáM^ ^i4¿ se hMéf 

ViliaUbos. Háccw ttímümn a/^MÍsmmí ^|M# Amu 



— 202 

hasta que sana ó muere el enfermo ; y si este humor 
es cólera, hácese terciana continua. 
\ Fr. Martin, Si es continua, ¿porqué la llaman ter- 



ciana ? 



Villalobos. Porque guarda la proporción y seme- 
janza de terciana, arreciándose á los terceros dias; y 
si es flema, hace cotidiana continua que sube y abaxa 
cada dia; y si es melancolía hácese quartana contínuí 
que cresce al quarto dia; y si es sangre, es continua 
todos los dias por igual. 

Fr. Martin. En verdad que la dotrína es muy 
dul^e; mas vengamos á la pregunta principal, que 
es saber dónde estaua esta calentura que tan concerta- 
damente viene á sus ciertos planos. 

Villalobos. La calentura no está naturalmente en 
alguna parte, porque cada una que viene, ella misma 
quema y consume el humor que la hace, y acabado 
de quemar, acábase ella como se acaba el fuego quando 
la leña se acaba de hacer ceniza. 

Fr. Martin. Pues si el humor se acaba, ¿con qué 
causa vuelve una y otra calentura? 

Villalobos. Con el mal humor que queda en las 
venas. 

Fr. Martin. ¿No decís que lo echan fuera de sí? 

Villalobos. Echan fuera lo que está más aparexado 
para corromperse, mas queda allá otro que no les di 
fatiga hasta que se llega su hora, conviene á saber: su 
tercero ó quarto dia, que es el tiempo de su corrup- 
ción, y entonces las venas échanlo fuera y va a parar 
adonde hace otra terciana ó quartana. 

Fr. Martin. Y ésta agora sepamos, ¿porqué 
tan cierta orden de tercero ó de quarto dia? 




— 263 — 

Villalobos. Porque á todas las cosas natura les 
guarda orden y planos en sus corrupciones. Vemos 
que la carne de la vaca dura en verano ocho ó diez 
dias sin dañarse, y otro tanto diremos de la carne del 
pabo y del águila; y el perdigón no dura un dia entero. 
Si alguno preguntase porqué tarda más la carne de 
vaca que la del perdigón en dañarse, la respuesta esta 
en pronto, porque el perdigón es más muelle y más 
delicada carne, y las causas de la corrupción , que son 
calor y humidad, hallan mayor aparejo en él para impri- 
mir que no en la vaca. Mas presupuesto que la carne 
de la vaca dura ocho dias en la despensa en dañarse, 
si alguno preguntase porqué son ocho dias y no seis, 
ó porqué no son do^e, esta pregunta sería inútil, como 
si alguno preguntase porqué tarda el Sol en hacer su 
vuelta diurna veinte y quatro horas y no tarda veinte 
y seis ú treinta horas; ú porqué tarda el fuego en 
quemar una vela seis horas y no tarda quatro ú diez. 
Y volviendo á los humores, si alguno preguntare por- 
qué se corrompe más presto la cólera que la melanco- 
lía ', es fria y seca, que son calidades que contradicen 
á las causas del pudrimiento que son calor y humida- 
des, etc. Pero si preguntare porqué la cólera tarda 
dos dias en podrecerse, y no tres ó cuatro, la pregunta 
sería vana, porque cada uno de los cuerpos corrupti- 
bles tiene limitados por la naturaleza los tiempos, y 
las tardanzas de sus movimientos y corrupciones, y 
también tiene dellas las calidades, y por eso no pre- 
guntamos porqué quema el fuego y porqué enfría 
la nieve. 



I Alt en la copia manuscrita. Parece que faltan palabras análogas á 




— 264 — 

Fr. Martin. Ansí que la cólera acude con su o- 
lentura á los terceros dias. 

Villalobos. Ansí paresce. 

Fr. Martin. ¿Y la cólera es siempre de una mi- 
nera sin que haya diferencias en ella? 

Villalobos. Muchas diferencias y diuersidades tiene; 
porque hay una ques muy pura, y otra que es mis 
aguda con flema más subtil y más gruesa, y otras dis- 
tinciones que no es menester expresallas aquí. 

Fr. Martin. ¿Y todas se podrezen á un mismo 
pla(jo? 

Villalobos. Todas vienen á podrecerse casi al 
tercero dia, pero unas vienen más presto y éstas llama- 
mos anticipantes , porque la cólera dellas es más del- 
gada y más furiosa; y otras vienen más tardías y 
llámanse ponientes, porque la cólera gruesa tarda más 
en podrezerse; pero en fín las unas y las otras no 
yerran del tercero dia. 

Fr. Martin. Y si las tercianas tardan en sanar 
cinco ú seis meses y la quartana dos ó tres años, como 
yo lo he visto en un religioso de nuestra Orden, ¿cómo 
es posible que queda en las venas tanta cantidad de 
humor que baste para resistir las calenturas de todo 
este tiempo? 

Villalobos. Imposible seria aunque las venas fue- 
sen odrinas. 

Fr. Martin, Pues ¿cómo duran tanto las calen- 
turas? 

Villalobos. Otra dotrina os habré de leer en 
que tardéis otro poco. Sabed que cada dia se engen- 
dran en el hígado y en todas las venas todos quatro 
humores. 



— 265 — 

Fr. Martin. ¿En qué manera? 

Villalobos. Lo que se come con lo que se beue, 
cué9ese en el estómago como en una olla; y luego el 
estómago toma dello la rabión que vé há menester 
para su refección, según dice Galeno; y ansí es la 
verdad bien probada y examinada por él , y lo que le 
sobra es para mantener todos los miembros del 
cuerpo. 

Fr. Martin. De manera que el estómago primero 
recauda para si. 

Villalobos. Como de su trabaxo , como los bueyes 
que andan trillando. 

Fr. Martin. Cosa de San Pablo es esa. Diga más 
adelante. 

Villalobos. Lo que le sobra al estómago échalo al 
hondón, y allí los otros miembros sus vecinos con sus 
astillas enuian á demandar su parte. Las tripas lleuan 
para sí las hezes de la vianda para mantenerse de al- 
gún <jumo y substancia que va con ellas. El hígado tie- 
ne unos caños delgados que calan al estómago y á los 
intestinos superiores, y éstos chupan como unas sangui- 
juelas el 9umo y substancia de la vianda que esta en el 
hondón del estómago y en la parte alta de los intesti- 
nos, y llévanlo á una vena muy ancha que está en la 
concavidad del hígado , y de allí se reparte todo este 
^umo por todas las venillas del hígado, que son infini- 
tas, y en ellas hace otro cocimiento segundo para tor- 
narse sangre, y en este cocimiento hay una parte que 
es más gruesa, como hezes de las otras, y éste es el 
humor melancólico; hay otra parte que es más del- 
gada, como espuma, y ésta es cóiera; hay otra parte 
que es igual y 0(iqi|j||y|||||^^ es la 




sangre, naturalíssimo y excoxido nutrimento de 
miembros; hay otra parte que no acaua de cocerse 1 
y ésta es la flema, que es sangre mal cocida. La o 
paracion de esto es como el mosto cuando cuece ei 
cuba, porque en él hay una parte delgada como es 
ma, y ésta se sube á lo alto; hay otra parte que 
las hezes, y éstas se van á lo hondo; hay otra p; 
que es vino perfecto, y hay otra que no acabó 
cocer y quédase mosto; y sentímoslo quando be 
mos vino nueuo. De manera que todos los días 
hacen en el hígado los quatro humores, y cuando 
cuerpo está enfermo por pujanza de cólera que hay 
las venas, claro esta que se criará en éste más col 
que en los otros cuerpos, y de ésta se ceuan las ten 
ñas; y si está enfermo por melancolía, criará cada 
más melancolía que otros; y de aquí se ceuan las qu 
tanas, aunque duran treinta años, como dicen c; 
duraron á la santa Condesa de Haro; y la causa q 
dan algunos maldicientes es que competía con la Re) 
D.' Isabel, y que tenía invidia porque la Reyna te 
más parte en el reyno que no ella, y desto se le qi 
maha la sangre, y se le alargaba la quartana. 

Fr. Martin. Todas las nieblas habéis derramac 
y nunca oí tan buen proceso de medicina. 

Bustamante. Maldita !a letra que yo he pxjdi 
entender, sino aquello del vino nueuo, y he holgs 
tanto de lo oyr que pesó cuando iba acauando. 

Villalobos. Lo primero bien lo entendiste. 

Busiamante. ¿Quál? 

l'illalobos. De cómo has de conocer si hay cal 
tura y si es terciana. 

Bustamante. Eso si. 




— 267 — 
Ulcbos. Tórnelo á decir. ¡Válgate el diablo! 
^ propósito roznaste agora? 
lamente. Porque bien entendí lo que dijistes y 
catar un pulso cotexándole con el mió para ver 
* calentura; mas no lo sabré decir más que un 
j por eso acordé de roznar. 
íéüobos. Respondistes como quien tal eres. 
Martin. Agora os encomiendo á Dios que 
bastáis para hacemos á todos locos de risa. 
lalobos. Quiérote enseñar confusamente cómo 
e curar la terciana sencilla, de manera que no 
errores de que puedan acusarte. Primeramente 
de poner en dieta delgada siete dias arreo , que 
ma sino lechugas ó calabais ó borrajas ó espina- 
uisadas con aceite y vinagre, y puede comer 
as-pasas al principio y peras asadas, unas manca- 
la postre , y si fuera alguna persona flaca acos- 
rada á tragar mucha carne en salud , porque no 
tmaye le darás una presa de caldo de pollo con 
lartillo ó medio al comer y al i^enar, su dieta 
á los otros '. 



18 doctrinas expuestas en este diálogo no sólo son idénticas, sino 
mucha parte están expresadas con las mismas palabras que usa 
)Os en el Diálogo de las fiebres interpoladas que añadió á sus 
ñas por mandado del Obispo de Astorga. 




POESÍAS. 




I. 



Cscrivo burlas de veras, 
Padezco veras burlando 

Y ^ufro dissimulando 
Mil angustias lastimeras, 
Que me hieren lastimando; 

Y con risa simulada 
Dissimulo el llanto cierto, 
Que, aunque vea al descubierto 
Vuestra burla tan burlada, 

Lo que siento esté cubierto. 



Y no porque sienta afrenta 
En sentir lo que hazeys^ 
Porque en lo que vos podeys 
Es justo que se consienta 
Todo lo que vos quereys. 
Que sea salud la dolencia. 
La desdicha buena suerte. 
Que lo flaco sea muy fuerte. 
Que sea salvo por sentencia 
El que condenays á muerte. 



— 272 — 

Y pues ya en mi mal alcanza 
Que soys vos quien ordenays. 
En las heridas que days, 
Quando mas meteys la lan9a. 
Pienso yo que me curays. 

Yo con este pensamiento. 
En que creo que no mengano. 
Ningún dolor mes estraño. 
Antes quando mas tormento 
Tengo por menos el daño. 

Los que curan con primor , 
Viendo mortal la herida 

Y ell esperanza perdida, 
Quando os dan mayor dolor, 
Os dizen que os dan la vida. 

Y por esto yo en mi cura, 
Quando siento vuestra mano, 
Veome sano y ufano; 

Mas veo luego mi locura, 
Quando veo ques sobre sano. 

Y buscando algún señal 

El questá en estrecho puesto. 
Para saber manifiesto 
Si su herida es mortal. 
Mira al que le cura el gesto; 
Assi yo en mis graves males 
Que después que os vi consiento. 
Ved, cuytado, lo que siento. 
Pues no mienten las señales 
En vuestro merecimiento. 



-273 - 
Pero aunquestos sean testigo 
Que la verdad me matizen 

Y jamas se contradicen, 
No creo deüos lo que digo, 
Por creer lo que otros dizen. 

Y acordándome que os vi. 
Pensando siempre en que os veo. 
Ningún señal mortal creo, 

Y por quedar siempre asst ' 
Quedo muerto de deseo. 



n. 



I 



A ONA PARTIDA. 

Ved lo que os duele no os ver, 
Quen la partida 
La esperanca de la vida 
Es el bolver. 

Y en ausencia tan amarga 
Trayo tan perdido juego, 
Que, aunque la buelta sea luego, 
El esperanza es ya larga, 
Pues ¿quien podra sostener 
Mal tan largo en corta vida, 
Siendo cierta la partida 
Y no el bolver? 



^ 



— 274 — 

III. 

VILLANCICO. 

Mi pesar ya no es pesar. 
Aunque sé ques muy crueJ, 
Sino el que os dó yo con él. 

Esto alcanca solo el seso 
Con el peso del pesar. 
Vos de un cabo y de otro el peso 
Ser obligado a tornar, 
Pues tengo de que pagar. 
Mi pesar no mes cruel 
Sino el que os dó yo con el. 

Mas pues está en la moneda 
En que haveys de ser pagada. 
Poca vida es la que queda 
Para vivilla penada; 
Pero anda recatada 
No de mi pesar cruel 
Sino del que os doy con el. 



IV. 



i'ARTIF.NDO, PÜROIE DFZIA UNA DAMA SER LO QUE DIZEN 
QUIEN DK M'S AMORES SE ALGXA. 



Siendo falto mi temor, 
Serafina, de quien temo, 
Y las obras de dolor. 



- ^^s- 

Que vos hazeis en estremo. 
Entonces serán de amor, 
Y porque quien del se alexa 
Nunca halló lo que dexa. 
No dexaré mi tormento. 
Mas del pierdo assi la quexa: 
Que por vos soy del contento, 
Si lo soys porque lo siento. 



: LA MISMA SBÜORA. 



Atájese esta question. 
Aunque mi mal no se ataje, 
I Y la dissimulacion 
Quen vos halla mi mensaje 
Siga vuestra condición. 
E pues esta es quien os dexa, 
Dexáme á mí sin querella, 
Dexáme, señora, en ella 

Y morir en esta quexa. 
Porque vos vivays sin ella. 

Pues justo es que padezca 
Desta causa esta fatiga, 
Vuestra voluntad parezca 

Y sed vos ya quien la diga, 
Yo seré quien la obedezca. 




— 276 — 

y esta grande merced tanta 
Que me hareys en dezillo. 
Ya os la sirvo con sufríllo. 
Vedes aqui mi garganta. 
Descubrí » vuestro cuchillo. 

■ 

Bien sé lo que ganaré 
Sentada en esta sentencia, 
Pero, si alia nos veré, 
Ningún cargo de consdencia 
Sé cierto que llevaré. 
Pero deste bien notorio 
Que mi voluntad no quiso. 
Vos podeys tomar aviso. 
Que quiero mas purgatorio. 
Señora, que parayso. 

VI. 

PARTIÉNDOSE. 

Pues que me parto sin veros, 
No sé yo que pueda ver, 
Pues, en quanto pueda ser, 
No puede ser no quereros 
Ni que me podays querer; 
Y pues esto es assi cierto. 
Muy cierto será el concierto 
Entre la muerte y la vida: 
Vos con la muerte servida, 
Yo con vida por vos muerto. 



I Sic: por descubrid. 



vn. 



sospecmjLndo que havu h£cho del lo que duranoajite 

DE su AHIGA Ó SU AMIGA DÉl.. 

Durandarle, Durandarie, 
Mas yo en averte mirado, 
Aun por tí muerto y llagado. 
Seré siempre en cualquier parte 
Buen cavalUro prevado. 

To te ruego que hablemos 
Lo que sabes que callado, 
Ya sin mí en tí trasportado, 
Como viste en mis estremos 
En aquel tiempo passado. 

Ojiando en Justas r torneos 

Y do quier que te has hallado, 
Quando mas por tí penado, 
De huyr mis devaneos 
Publicaste tu cuydado. 

Ojiando venciste á los moros 

Y á mi de mí renegado, 

Y aun alia estava pagado 
De ser mi muerte y mis lloros 
En campo par mi aplazado. 



1 



— 278 — 

Y agora desconoscido^ 

Sin conoscer que vó errado 
Ni conoscer tu pecado. 
Sin yo ha vello merescido. 
Di y ¿porqué me as olvidado? 

Palabras son lisonjeras 
Las que a mí man encumbrado. 
Pues quedo en tierra postrado 

Y vos con ellas enteras, 
Señora y de vuestro grado. 

Que si amor quereys comigo^ 
Es sin testigo abonado 

Y es sobre falso dorado, 

Y en pensar questo es testigo 
Teneyslo muy malpensado. 

Porque amasteys a Gayferos 
Vi quera de vuestro grado, 

Y por esto condenado 
Pensé en algo mereceros, 
Qiuando yo fuy desterrado. 

Y por no sufrir ultrage^ 
De vos y de mí engañado, 
Yo seré de mí ultrajado, 
Porque os sirva este mensaje 
Moriré desesperado. 



GLOSANDO : MUERTO QUEDA DimANDARTE. 

Aunque nuevas de pesar 
Sea pesar descubrillas 
A do engendran mil renziUas, 
Mas de placer an de dar, 
Gran plazer será dezillas, 
Quanto mas esta ques darte 
Que la diga do no daña 
Antes para contentarte: 
Muerto queda Durandarle 
.■11 pif duna gran montaña. 

Y tan grande que, aunque al pie, 
Es do la vida le falta; 
El murió en causa tan alta 
Que, pues no muere su fe, 
Perpetua vida lesmalta 
Danos esmaltes tan finos, 
Servicios que os deseara 
Quen su alma van continos. 
Con ¿I queda Montesinos 
Que á su muerte se /¡aliara. 

Do hallo á vos causadora 
Della y de su perdición, 
Que, aunque fuese su pasión 
De su muerte essecutora, 
Era de su condición, 
Y perdonar los despechos. 



— 28o — 
Quen vos siempre acá hallava, 
Que pues ellos perdonava 
DesarmaTtdok los peches 
T el coraron le socava. 

Y en él toma tal aviso 
Que su desvalor tal es 
Quen ver que no le queres 

Y acordando lo que os quiso 
Se te cae entre los pies. 

Y aun alia en la tierra yerma 
Por vuestro amor le dexara, 
Que solo lo levantara 

Para llevallo á Belerma 
Cerno él se le regara. 

Y esto no por bien querer 
Lo que vos no haveys querido, 
Pero que tengays sabido. 

Si en vida no pudo ser, 
Quen la muerte os ha servido; 

Y esto del conosciendo, 
Aunque muerto le llorava, 
Mucha embidia del haviendo. 
Palabras Usía diziendo 

Que la tierra lastimava. 

Es tan grande el sentimiento 
De tu grave malandanza 
Oue me obliga á la venganza, 
Mas ver tu contentamiento 
Me ha embotado ya la tan^a; 



— 28l — 

Que, pues la muerte no es parte 
Ni lo fué tu mal sin calma, 
Que lo perdones sin arte: 
/ Durandarte^ Durandarie, 
Dios perdone la ¡u alma ! 

Herde quexa de tu suerte, 
Si en vida no as acertado 
Ni á Belerma contentado, 
Demos gracias a la muerte, 
Pues en ella lo has hallado; 
Y con este bien profundo 
Que esfuerza lo que desmaya 
Dios te dé alia bien jocundo 
y á mí saque desle mundo 
Para que contigo vaya. 



i 



UN CORTESANO, ESTANDO PENSATIVO, FUE PREGUNTADO 
rOR 3U DAMA QUE ¿EN QUÉ PENSAUA? Y ÉL LE RESPONDIÓ 

ESTE mote: 

Pienso que mi pensamiento 
No piensa que pienso yo. 

Glosa. 

Si por pensar enojaros 
Pensase no aborresceros, 
Pensaría en no quereros 
Por no pensar desamaros; 



— 282 

Mas pensando en mi tormento. 
Sin pensar por donde vó. 
Pienso que mi pensamiento 
No piensa que pienso yo. 



X. 



AL TIEMPO BUENO. 



¡O memoria de mi vida. 
Como me causas dolor. 
Dolor que nunca se olvida. 
Pena muy mas que crecida , 
Que va de mal en peor ! 

Hallóme de angustias Heno 
Por la gloria en que me vi. 
¡ Ay de mí triste que peno! 
Tiempo bueno, tiempo bueno, 
¿Quién te me apartó de mí? 

Mis placeres fenecieron, 
Mi descanso se perdió, 
Los males que me vinieron 
Tan disforme me pusieron 
Que no me conozco yo. 

Pues mi bien ya lo perdí , 
A mí mesmo me condeno. 
Señora, ¿donde estás, di? 



— 283 — 
Quen solo pensar en ti 
Todo plazer mes ageno. 

O fortuna, ¿donde estás, 
Donde hazes tu aposento 
Que á quien mas placeres das, 
Le maltratas mas y mas 
Quando vive mas contento? 

Yo vi mis fueras tan sanas 
Quanto nunca se pensaron, 
Son ya míseras y vanas. 
Tiempo fué y oras ufanas 
En que mis días se gozaron. 

Todo está ya demudado. 
Pues el tiempo lo mudó. 
Quanto más fui prosperado 
Me siento muy mas turbado. 
Petuando lo que passó. 

Las gracias que s'emplearon 
En mis potencias humanas 
Yo sé bien que se acabaron 
Y sé quen ellas sembraron 
La simiente de mis canas. 

¿Quien está tan vitorioso 
Que no sienta algún recelo? 
¿Y quien es tan poderoso 
Quel re^o tiempo mañoso 
No dé con él en el suelo? 



-284- 



^u^ 

Todas las cosas passadas. 
Por mas que fuesen pwnosas. 
Con las presentes pensadas. 
Medidas y compassadas 
Os parecerán sabrosas. 



¿Donde para sabiamente 
Sufrir qualquiera cuydado 
Aunque mas, mas se le aumente? 
¿Quien busca mas acídente 
De lo quel tiempo le ha dado? 

Yo me vi con al^^, 
Plazer y consoladon, 
Yo me vi que posseya 
Tanto quanto bien quería 
Libre de toda pasión; 

Yo me vi muy prosperado 
Bien y bien y bien encima. 
De plazeres adornado; 
Yo me vi ser bien amado 
Con deseo en alta cima. 

Veome agora quel tormento. 
Dolor y penas extrañas 
Tienen ya hecho su asiento 
En el mesmo fundamento 
De mis abiertas entrañas. 

Tanto ha hecho en mí el cuydado - 
Quen pensallo siento grima. 



— 285 — 
Y de verme tan trocado 
Contemplar en lo pasado 
La memoria me lastima. 

Soy aquel en mi penar 
Que por ell agua sosfúra 
Y, si la pienso alcanzar 
Con mi mucho dessear, 
Mas á príessa se retirá. 

La vida no me consiente. 
La muerte de sí me arroja. 
Vivo en este inconviniente, 
Y, pues todo me es ausente, ' 
No sé ya questremo escoja. 

Las cosas muertas y vivas 
Me tienen enemistad , 
Nocivas y no nocivas 
Se me muestran mas esquivas 
Que la mesma esquividad. 

Tiembla[n] ya como la hoja 
Mis ojos bueltos en fuente, 
Fuente viva que me moja; 
Bien y mal todo me enoja. 
¡Cuytado del que lo siente! 



Tenga buena la intend 
Quien quiere s^uir boiui 
Y en lo que toca i razón 
No siga su voluntad. 
Ni tampoco lo vulgar. 
Pues su daño conoscemos 
y en el correr á parar 
Hagamos lo que devenios 

Dexando lo ques vedad 
Para passar esta vida. 
Pues la carne bien regida 
Haze al dueño concertado 
Que la bienaventuranza. 
Desde la culpa de Eva, 
Sin passiones no se alcanza 
Que seria cosa nueva. 

Y en mundo tan infortu 

Sitramoi \n nii(í<! míior 



-187- 
Teniendo tal resistencia 
Fin aquello que sucede, 
Que pueda nuestra paciencia 
Lo que la carne no puede. 
Que, aunque vemos questá muerta, 
En las cosas de la vida 
Eli entrada y la salida. 
Ambas son por una puerta. 



Como morimos nacemos, 
Gimiendo por permission 
Los yerros deste mesón 
Do gastamos y comemos; 
Sin quedar rico ni pobre, 
Desdel cetro al hospital , 
Dulce, agro ni salobre. 
Que no se cate por sal. 



1 



Por esso deve mirar 
El nombre de Rey qué aclara: 
Do se verá que su vara 
Por nada deve doblar. 
Y quel pastor al señor 
Del ganado que apacienta 
Ha de dar estrecha cuenta 
Desde el mayor al menor. 



Y será muy contmentc. 
Casto, franco, verdadero. 
Mirando que de la gente 
Ha de ser norte y luzero. 




— 288 — 

Y debe el Rey ser esento, 
Tener mucha libertad. 

Con concierto y mucho tiento 
Contrastar su voluntad. 

E, pues [que] es superior, 
Debe ser nuestro dechado. 
Ni será desgastador 
En lo que toca á su estado. 
En cosas de candad , 
Si quiere, tienda la mano, 
Pues el juez soberano 
Tiene tanta facultad , 

Que, mirando solo á él. 
Sin respeto mundanal. 
Acrecentará su caudal 
Como el ganado de Abel. 

Y pues vemos quel morir 
No tiene limitación, 

No queramos presumir 
Contra su juridicion. 

E mirar quel gran estado 
Kn libertar su posada 
No vive mas rest[r]ibado 
Quel pobre questá sin nada; 
Ni sigan su voluntad 
En cosas que son de viento. 
Pues nuestra sensualidad 
No tiene ningún assiento. 



— 289 — 

Pues los grandes han de ser 
En ambas vidas sojuzgados, 
Deven vivir recatados, 
Por conservar su poder, 
Sin exceso, sin desorden 
De cuenta, peso y medida, 
Mirando quen muerte y vida 
Tanto les cumple la orden. 

Ni por cosas de añdon 
No olviden lo intellecto, m 

Y aquello que es de preceto 

Y de tanta obligación. 
Deve[n] mirar su comiendo, 
No extremarse entre la gente, 

Y que un pedazo de liento 
Ha de ser su expediente. 

Este tal no excederá 
En el gasto de su renta, 
Quando temiere la cuenta 
Quen muerte se sumará. 
Que gran copia de su grado 

Y mucha tierra á montones 
No se tiene sin cuydzdo / 

Y graves persecuciones. 

Que si el estado mayor 
No tiene quien le merezca. 
Mejor libra el que es menor. 
Aunque todo le fallezca. 



— 2qo — 

Pues estando do no cabe 
Sin cuerdamente go2udlo. 
Es tenello y no gastallo 
Tesorero de su llave. 

Y no queden los perlados 

Y la santa religión, 

Y aquellos que profession 
Hizieron de sus estados 
Para dar de su recibo 
Buena cuenta y de su vida, 
Porquestando de partida 

No esté quebrado el estribo. 

Ni tener donde descargue 
El descargo de su cargo , 
Que haze el dexo tan amargo. 
Por más que el tiempo se alargue. 

Y mirar que lo que tienen 
Que son bienes de menores 

Y deven ser curadores 

De aquello que no mantienen. 

A los estados profanos 
Remitan magnificencia , 

Y no despleguen sus manos 
Sino en cargos de conciencia; 
Y, si noble condición 
Haze franco y virtuoso. 
No de ve ser generoso 

Sino en cosas de devoción. 



— 29* — 
£1 medico cavallero, 
Ques estado mundanal. 
No desgrane como azero 
Si se muda el temporal. 
La bonanza no se haga, 
No se sepa conosccr 

Y que á nadie satisfaga 
El mando de su poder. 

Digamos de la substancia 
Del que mucho compra y vended 

Y quantas vezes ofende 
La sobra de su ganancia; 
Quanto más quando da al traste 
Lo que se suele soltar 

Como agua dalbañar 

Por disfamia ó por desastre. 

Quando sallega sin tiento, 
No sabiendo para qué, 
Pues nuestro contentamiento 
De hondo no tiene pie; 
Pues vemos quien mal alcanza 
Del grado que aquí s'encierra 
Que no para su abundancia 
Sin un pedazo de tierra. 

No se salve el oficial 
De no traer á montón 
Su aguja y su dedal 

Y su fragua y su carbón, 




— 29* — 

Y los otros menestrales 

En mil tratos de otra suerte. 

Si viven descomunales, 

¿ Qué sentís que harán en muerte? 

No se sabiendo esemir 
De aquello que los condena. 
En 9ufrir ni en su vivir 
No les veo cosa buena. 
Que passan tan trabajados, 
Con tan immensa fatíga, 
En especial los menguados, 
Que dellos no sé que diga. 

Pues la gente jornalera 

Y otra baldía ^n trato. 

Si son malos ¡quan barato 
Dan la gloria que s'espera! 
Los unos en impedir 
El tiempo de su labor, 

Y otros mil en no sufrir 
Los desgrados del señor. 

Los cansados labradores. 
Si no son buenos, ¿qué harán, 
Viviendo de sus sudores 

Y escotando assí su pan? 
Pues su vida les da espacio 
A passar con más sosiego, 
Sin chamuscarse del fuego 
En los cargos del palado. 



— 29$ — 



XU. 

GABRIEL DIO AL ALNIKANTE, SD SSfíOR, UK MACHO, 

, QUEDANDO Á PIE EN TORRE DE LOBATON, ESCRIVIO ESTA CARTA 

AL ADELANTADO, HERMANO DEL ALMIRANTE, PIIm£nDOLK 

UNA CAVALOADUSA. 

Muy magnifico señor. 
Un cantor, 

Questá aqui casado en Torre, 
Hstá í pié por su dolor 
Y sé que desto se corre 
Aunque no es gran corredor. 
E sí es mengua para mí 
Verme assi. 

Para otrí es mas empacho, 
Si se le acuerda del macho 
Que le di. 

E pues no tengo en qué yr. 
Sin mentir, 

Vuestra Merced lo provea. 
No demando que lo vea, 
Ques pedir 

Lo que no podeys cumplir. 
Si no vimere animal 
Irracional, 

Venga, señor, la respuesta. 
Pues la demanda me cuesta 
Este mo^o y un real. 



— 196 — 

Si acá se pudiera aver 
No enojara, 

Pues con menos se pagara 
El alquiler. 

£ con esto me despido 
Mas no de lo suplicado. 
Porque basta lo trobado 
Para quatro pies que pido. 
En Torre de Lobaton, 
Hecha el primero de Octubre 
En esta casa do cubre 
La muerte mi corazón '. 



I Esias poesías de \il1alobos fueron publicadas por primera vy 
/■:¡ Cancionero general de obras nuevas, nunca hasta ahorj 11 
prfí.tjs asi pnr el arte española como por la toacana.—Zanpat, ? 
KstéKnnn. JeNijcra. ihby. de que se conoce un solo ejcmplir. ei-jsr 
en la bibliolfi;a ducal de Wolfcnbiutcl. reproducido por Mr. Mo^c^Fl: 
en su obra VEspagneau XVI ei -Vt-'Z/iiec/e.— Heilbronti. t87<t 





— 295 — 



xu. 



GABRIEL DiO AL ALXttAirTE, Sü SD«NI, ÜH HACSO, 

T, QUEDANDO Á PIE EX TOUE DE LOBATOlf, B lC Km O ESTA CA^TA 

AL ADELANTADO, HERMAJ» DO. ALMÜAIOV, HDdlIDOLB 

CHA CATALGAMnU. 



Muy magnifico señor. 
Un cantor, 

Questa aqui casado en Torre, 
Esta a pié por su dolor 
Y sé que desto se corre 
Aunque no es gran corredor. 
E si es mengua para mí 
Verme assi, 

Para otri es mas empacho. 
Si se le acuerda del macho 
Que le di. 

E pues no tengo en qué yr. 
Sin mentir, 

Vuestra Merced lo provea. 
No demando que lo vea, 
Qucs pedir 

Lo que no podeys cumplir. 
Si no viniere animal 
Irracional, 

Venga, señor, la respuesta. 
Pues la demanda me cuesta 
Este mo^o y un real. 



— 196 -^ 

Si acá se pucHera aver 
No enojara, 

Pues con menos se pagara 
El alquiler. 

E con esto me despido 
Mas no de lo suplicado. 
Porque basta lo trobado 
Para quatro pies que pido. 
En Torre de Lobaton, 
Hecha el primero de Octubre 
En esta casa do cubre 
La muerte mi corazón '. 



I Estas poesías de VillaloboB fueron publicadas por prímera vj 
El Cancionero general de obras nuevas , nunca haila akor» 
pressas asi por el arte española como por la toscana.^ZttMfptt. 
Esiébnn G. de Nájera. 13^4: de que te conoce un solo ejemplar, eini 
en Ib biblioteca ducal de Wolfcnbiutcl, reproducido por Mr. MorcM 
en su abra L'Espagne au XV/ el XVII iiecle.—Heilbmnn, 1878. 





EL SUMARIO DE LA MEDECINA 

CON ÜN TRATADO 

SOBRE LAS pestíferas BUUAS. 




PROHEMIUM\ 



CoNsiDERANTi inquam mihi plura: minime aliud 
videtur nisi quod medicandi ars in salutem 
conferat egrotantis. quod quidem cuipiam 
mirum forte videtur. eum namque improbitas opi- 
nionis credere duxit ipsam inutilem sanandis extitisse 
corporibus. plurimi itaque artem excellentissimam 
hanc ignorantes vituperant. hi namque sensibus inex- 
perti: ac intellectu obnubilati. non potentes attingere 
ad ea que medicina promittit. cum non solum dispo- 
siciones corporis doceat exteriores cognoscere. ve- 
rum etiam interiores, nec tantum presentía, verum 
et futura, putant equidem reliquis vt sibi eucnire. vt 
summus inquit conciliator. mentís igitur defectum 



I Ha servido para la publicación de estos dos tratados el precioso y 
acaso único ejemplar que conserva en su selecta biblioteca el Excelentí- 
simo Señor Teniente general Marqués de San Román. Es un yolúmen 
impreso en letra gótica, ¿ dos columnas; consta de veintiocho folios sin 
numerar, y las dimensiones de la caja de imprenta son ©■,22Xo^,i5. Im- 
preso en Salamanca, año 1498. 



— 3oo — 

nobilissimc computant sciencie. NonnuUi vero qi 
vulgus producit eandem existimant vanatn. natu 
lia minime operari putantes cum vnusquisque i 
necnon salutis ab inicio creadonis sibi superíus c 
titutum compleat periodum. sanat idcirco dici 
quod sanaturum moriturumque perit. horum ci 
fatuitas satis aperta fugiat. quos enim de hoc an 
gere potuit cum herbas atque arbores intueatur q 
rum ad sensum qualitates corpus alterant. hec cale 
ciendo in lapsum corpora ducunt. illa frigore obi< 
lánguida mortalia in pristinam reducunt salutem c 
neo minime phebi. febres adurentes noscitis fieri. ac 
que eucrasia hec preseruando has remouendo to 
venenum quoque: viuentia reddere mortua: huic ti 
ca opponendo viua detinet ista. repletum corpus: i 
dicina facit inane, et vim imbecillem fomentum cfi 
fortem. quisquis profunda mente vestigat verum q 
ignis censeo calefacit inferius videbit. eiusque flam 
sursum leuitas vehit. et aqua in frigus id calefací 
conuertit. eiusque deorsum eam grauitas deprimit 
minus cernet quanta viciosorum hominum pateat ir 
mitas, et regulares adipiscuntur salutis bonum q 
appetunt. hoc namque futurum viuens: si se in igi 
proiicit quis dubitat eum in cinerem conucrti. 
pellumque sumptum: ad inferos ipsum duxisse. 
hoc si faceré nequit. istorum falsitas arbitrium peí 
cat liberum. Nihil itaque video cur dessentirc quisp 
possit medicinam inter omnes excellentiorem a 
computan, vt maior ómnibus. Hypo dixit in lege. t 
ex parte subiecti quod vnamquamque nobilitat artii 
ut inquit phisicus de anima in suo principio, cor 
namque existit humanum. cui omnia prophetadia 




— 3oi — 

generabilia varíis sortita nominibus subiiduntur. tum 
etiam necessitatis mérito, vitam enim viuentíbus nobi- 
lioris procurat. cui eorum affectus vehementíssime 
submittuntur. de consolatíone. iü. omne namque ani- 
mal salutem tueri elaborat: mortem pernidemque 
deuitat. pulcra etiam et decora ars sanatiua dicatur. 
clara micante auro flammasque imitante piropo, est 
enim sita sublimibus alta colunnis fugatiua mali puta 
senectutis et mortis que quidem improba et contra 
naturam dicuntur. vt ait phisicus celi. ii. et mundi 
phisicorum. v. nec non in libro de tabe. qui enim sa- 
natiuam ignorant dietam decens est: citius quam suam 
nature rationem. morí, de sanitatis ga. regi. sexto. 
hec resistit debilitatque superum vires satumi frígus 
compescit medicamine calido. Infrigidat arte radiosque 
apolinis fulmina et martis vulnera cruorílenti mucronis 
curat et remouet pestem. ad malum namque impri- 
mendum yle indispositum reddit. quod vnumquodque 
dispositum secundo de anima, requirít agens quodque. 
licet enim tempore omnia phi. iiii. senescant. hec se- 
nium retardat vt tercio ipse tegni significat hali. 

Nihilominus hec quam excellentissimam fuldo in 
tantum est vilipendium deuenta. ut non solum medi- 
corum fatui imperíti quoque scolares eam vsurpare 
videntur verum et in alus de sperati mecanids victu 
carentes se médicos expertissimos interíorumque cor- 
porum speculatores ínter vulgus fingentes. eodem me- 
dicaminis modo omnia curare promittunt. nesdentes 
miseri quod sanis corporibus. hiis quidem dulda illis 
vero amara conueniant. egrí etiam quidam leuius qui- 
dam vero acríus adiuuantur. non solum itaque in vi- 
tuperíum sciende et eius canonice sequadum panem 



— 3o7, 

iustorum rapiunt. immo vitas miseras innocentiiu] 
credulorum. crudeliter occidunt. heu quot miscranc 
vulgares hos propter similitudinem insequuntur qt 
sine aliorum penitencia huius penitentes facti aura ce 
vesci amplius nequeunt: et tanquam improuide bdu 
alieno stimulo tristi offerunt morti. quorum magn 
spes facinorum machina repentino atque insprcato scp 
fine destruitur qui ab eis non morbi sui remedia sus 
cipiunt. sed adhuc contumacis doloris fomenta que 
dam sunt. 

Horum atrocem sceleratamque mentem mccui 
excogitans dixi. Si idipsum quod eis licere creditu 
auferatur magna ex parte sceleratorum hominum pcn 
releuabitur. huius autem aliquod compleri potcrit 
ipsis considerantibus nocumenta que suis media 
minibus cuicumque egro inferre possint. huius ver 
noticiam adimplere nequeunt si vestigia aliqua medí 
cine olfacere non vrgeantur. Summarium igitur nw 
dicine in iingiia sibi nota per placidaque verba facer 
decreui. que et isti ignorantiam atque audaciam suat 
erga tantorum que nobilium viuentium aperto in 
tueantur visu. et illi in sciencia parum instructi: capí 
tulorum medicine variorumque morborum memorial 
quoddam obtineant. quo reddere rationem cius quo 
in promptu eis queratur agnoscant: et cum hac mcdi 
cine portione aliam complete nosse desiderent. ali 
etiam latino sermone carentes terminorum signifer 
notent: artisque seriem conspiciant. eorumque animuí 
ferat huic subiacere loquelle ac ipsorum varia hau( 
iniuste apud hoc vertatur solertia. nobiles quoqui 
viri ac generosi aliqua medicine principia prelibata te- 
neant: et eius optata eiusque odiosa conspiciant; 




— 3o3 — 

videant etíam quaiis mentís integrítas medico iusit vt 
quos probos improbosue censuerint et quos premio 
quosue supplicio dignos arbitrantur. 

Et si ego hoc administrare offidum minime queam 
hec enim angiporta non mihi preuia existunt transuer- 
saque ignauia me precipitare faciat. legentes supplid- 
ter queso vt hanc oblatíonem sine molestia redpiant. 
alia namque mea quibus studiosius incedam opera pa- 
tefient. in eisque romano sermoni adulteríum non 
commitam que equidem a viribus ómnibus non vide- 
buntur deserta: et huius operis non mihi: sed excellen- 
tiori atque ülustrí domino meo marchioni culpam me 
cogentí computent. 

Et tu que perpetua mundum ratíone gubernas fili 
patris pater: et vtriusque spiritus: da fontem lustrare 
sciencie: da luce reperta. da luddum fieri intellec- 
tum fulmine tuo. tu o quam peperit primo absque 
imundicia mater cuius nostri fructus animi tulit lan- 
guores qua nil pulcrius in térra celisue credendum ex 
his que fecit imensa factoris potentía. preter inquan 
ex te. solem hominibus ortum da gratíam verbis: ani- 
mique sapientiam infunde et his ceptís o virgo aspira 
meis. vt hoc influxu potens vertatur natura: et hoc 
fauore opusculum finem attíngat. 



■^ AAWW ^^ 



\ 




EL SUMARIO DE LA MEDICINA 

BN ROMAN9S 

TROUADO POR EL LICENCIADO DE VILLALOBOS, 

ESTUDIANTE EN EL ESTUDIO DE SALAMANCA, 

HECHO k CONTEMPLACIÓN DEL MOY MAGNIHCO 

Y YLUSTRE SEI^OR EL MARQUES DE ASTORGA SEGUNDO, 

AL QUAL DIZB: 

MUY magtiiñco y ylustre señor: mucha gana 
tenia vuestra ylustre señoría que yo sacasse 
el trasunto de algunos libros de medecina de 
la lengua latina en romance, porque en su tierra ay 
muchos físicos bien expertos y letrados en ella que k 
estudiaron en otra lengua, y como esta fuese destos 
reynos y prouincias rematada quedáronse los dichos 
físicos con la sciencia en la voluntad y en potencia no 
mas, faltándoles el principal instrumento con que la 
pudiesse manifestar y reduzir en acto, y dexomelo 
demandar vuestra ylustre señoría conociendo que de 
solo este prouecho se podrían muchos y no peque* 
ños inconuenientes conseguir, porque vista la sdenda 
en roman9e no solamente la vsarian los que ocm justa 



— 3o6 — 

razón y titulo pudiessen estando bien introduzú 
principiados en ella, mas aun otros muchos cobi 
osadía de la usurpar y tiranizar pensando que n 
necessario para praticar el arte y poderse aprout 
della, mas de ver aquellos libros que contienen i 
las enfermedades y las curas dellas por estilo asaz 
y manifiesto. 

Grandissimo error verdaderamente seria de c 
muchos y mas peligrosos errores sucederían, pe 
la mayor parte de nuestra sciencia en sus princ 
consiste, que son como el conocimiento de las 
plexiones de los humores de los miembros y sus 
cipados hechuras y anatomias y el conocimiento á 
potencias, espritos y operaciones, y la noticia d 
enfermedades y sus señales con pulsos y horinasy 
muchas y muy graues cosas, cuia noticia solan 
se alcanca en los estudios con gran trabajo y ( 
cicio, que como podría saber por aquellos libros < 
la fiebre de humor quien no supiesse primero que 
es humor é sus especies, y todas las otras cosas 
presciencia se requiere , las quales muchas diuer 
des y controuersias hazen en las curas, tanto que 
misma passion por ser en complexiones diuersas j 
rios tiempos requiere curas quasi contrarias; por ( 
fueme forcado de buscar medio con que no se in 
riese en los dichos inconuenientes , y vuestra yli 
señoría fuese servido en lo que tenia voluntad. 

Hize vn sumario que comprende todas las ci 
medades vniuersales y particulares, según que las ] 
Auicena, con el cual ligeramente podra quien qi 
que en la dicha sciencia tenga principios, acord 
de las pesquisas que deue hazer en qualquiera es 




— 3oj — 

medad, y de las formas con que la cure; tras esto, 
cada uno de los físicos de vuestra señoría sabrá buscar 
medecinas simples y compuestas apropiadas al intento, 
tomando exemplo y semejanza de algunas que alH 
verá expresadas, puesto que no tuuiessen libro algu- 
no, quanto mas que los tienen avnque no perfectos, 
viendo asimismo por allí las significaciones de los 
términos y nombres de enfermedades; con poco que 
en el latin se les trasluza sabrán buscar qualquier ca- 
pitulo y entendello, y dende conseguir libremente su 
effecto. 

ítem, ^prouechará el dicho sumario á todos los 
fisicos nouelos y algunos de los ancianos qne curan 
sin auer bien pertratado y passado los libros de la 
practica de Auicena y Galieno y los otros, de manera 
que primero veen las enfermedades en los pacientes 
que en los libros. Con este ternan vna noticia y memo- 
rial de todas, para que por alli se acuerden de lo que 
acullá se escriue extensamente, y sepan dar cuenta y 
razonar de qualquier pasión en prompto y sin estudio; 
sabrán asimismo la orden de los capítulos de Auicena, 
y acordárseles ha qual viene tras qual y que se contie- 
ne en aquel: singular prouecho es este, y gran estimulo 
para traelles á estudiar aquello que la suma les sig- 
nifica. 

Otrosí, es muy vtile y prouechoso para los seño- 
res y para letrados de otras facultades que quieren 
saber algo en la medecina para hablar con los médicos, 
preguntar y experimentar, y también si estos depren- 
den á entender el dicho sumario alcan9aran harto, y 
aun se podran por algunos dias aprouechar en tanto 
que viene el fisico do vuiere falta del. 



— 3o8 — 

Resciba pues vuestra ylustre señoría esta obra, que 
si ella buena no fuere, bien sabe que el fundamento 
suio que es la voluntad y gana con que le siruo es tal 
que solo á Dios deue lo que della falta, al qual [d^ 
de conseruar y prosperar el muy magnifico estado de 
vuestra ylustre señoría con luenga vida por largos 
tiempos. 

COMIENZA LA OBRA TROCADA. 

OoN mucha instancia el Marqués mi señor, 
aquel tan ilustre y real cauallero, 
se muestra auer gana da questa labor 
adonde se coja lo mas de la flor 
de la medecina en estilo ligero; 
por esto mouido a estudiar en la sdenda 
me hallo afrontado en tan áspera via , 
mas todos favores y toda osadia 
que quita la rustica y ruda ynoscencia, 
me pone el seruicio de su señoría. 

Que en ver yo un señor y de tanta excelencia 
mandarme vna cosa por graue que sea, 
la gruesa rudeza se torna en sapiencia, 
la cruda pereza en muy gran diligencia; 
y el muy peruertido querer ya desea 
porquel del mayor y mejor rey cristiano 
es su carnal primo, segund que sabemos, 
aqueste es Osorio que a puesto la mano 
contra hombres y diablos y todo tirano, 
y nunca sus armas sin sangre las vemos. 




— Jo9 — 
Bien basta que mire el que quiere sus daños 
para que le otorgue la mas alta ley, 
que siendo niñito de solos doze años, 
con sus lobos vino arramando rebaños, 
armado en seruido de su propio rey; 
y tal daño dieron al otro pastor 
que entraua a hurtar en los hatos ágenos, 
que no siendo injusto el estoriador, 
dirá marauillas daqueste señor, 
por este y por otros mil hechos tan buenos. 

Que si el es encargo a su rey natural 
por altas mercedes que del resdbió, 
su rey les encargo porque es muy leal 
y en siempre guardar la corona real 
afruentas y gloria y mercedes ganó; 
y callen con este otros muchos señores 
y en toda lealtad le conoscan ventaja, 
y dengela en armas y en antecessores 
y en antigüedad de los sus seruidores 
tan finos que siempre leuantan la paja. 

O quantos hidalgos su casa sostiene 
que todos son suyos de padres y agüelos, 
pues miren la casa que siempre mantiene 
y miren los antecessores do viene, 
que su gloria y fama penetra los cielos; 
avn hasta en los físicos ay tal concierto, 
que son de su casa por linea y succeso, 
mi agüelo del suyo fue físico experto, 
mi padre del suyo y avn suyo es por cierto, 
yo estoy reseruado a seguir tal processo. 



— 3io — 

Es tan liberal y assi sabe tratallos 
a todos los hombres de suma y de cuenta, 
que siempre les da de vestir y cauallos, 
iaezes y muías, y plata y vasaUos; 
después asimismo se pone en afruenta, 
no quiero volar mas por tan grande altura 
que faltan mis alas y quemóme yo; 
remito este caso a su propia escritura, 
yo quiero tornarme a hazer con gran cura 
aquello que su señoría mandó. 

Por ende la gracia diuina yo imploro 
y a aquel de quien mana suplico humilmente 
que como alquemista que haze tesoro 
de piezas de plomo tornándolas oro, 
asi mi juicio conuierta en prudente 
y haga que en poca y estrecha escritura 
comprenda las sumas daquesta dotrina 
pues tan general y tan gran medicina 
metió en aquel vientre de tanta estrechura 
daquella su madre gloríosa diuina. 

Después a Esculapio que fue el primer seno 
do en la medecina principio se ordena, 
después a Ypocras aquel claro y sereno, 
después Archigenes, después Galieno, 
después el Rasis y después Auicena, 
suplico me den su fauor y razón 
para proceder nel comiendo que e dado, 
y en sus escrituras me muestren el vado 
por donde no halle muy hondo el hondón 
y pueda passarme sin ser ahogado. 




— 3ii — 

Diffinicion de la medecina. 

Y digo primero que la medecina 
es sciencia por quien todas disposiciones 
del cuerpo del hombre se muestran ayna, 
de parte que sana o que enferma dotrina 
y enseña por senso y por claras razones 
que la sanidad se deue guardar, 
y como se guarde nos muestra cautela 
y de lo contrario se auisa y recela 
diziendo que aquesto se deue apartar 
y como se aparte descubre y reuela. 

De eomplexione. 

Aquesta nos dize que la complexión 
es tal qualidad la qual viene y procede 
daquella renzilla y acción y passion 
de las qualidades que contrarias son 
quando entre las tales muy poco se excede; 
asi que doquiera que en este comedio 
se topan y encuentran los cuatro elementos 
quebrantan sus fuerzas y aguzamientos, 
y la qualidad que asi queda en el medio, 
es la complexión y los temperamentos. 

Ix. miembros de complexión. 

Pero como sea impossible de ser 
la tal qualidad ygual totalmente, 
a uezes se halla mas humedescer, 
y a uezes mas seca se puede hazer 
y a uezes mas fría, también mas caliente, 
y a uezes mas húmida y firia acontesce; 



— 3l2 

también firia y seca se puede hallar, 
y seca y caliente podra resultar, 
y húmida y calida a uezes paresce, 
y a uezes ygual que es la mas singular. 

Qjuatro humores y sus complexiones. 

También aquesta arte nos muestra y nos 
y da la noticia de nuestros humores 
de colera y (lema y de melancolía, 
y sangre que nutre y en su compañia 
se mezclan los otros y son accesores, 
y destos la colera es calida y seca , 
la sangre es caliente con mucha humidad; 
es húmido el flema y de gran frialdad 
la malenconia como tierra peca, 
pues que es fria y seca de su qualidad. 

Qjuatro humidades. 

Mas antes que passe la sangre a nutrir 
se muda primero en las quatro humidades, 
primero se muda queriendo salir 
de las venas chicas para se infundir 
por todos los miembros y porosidades; 
segundo se muda desques infundida 
por los dichos miembros para humedecellos; 
tercero se muda desque dentro en ellos 
en los lugar ej os do ay parte perdida 
se mete a cobralla para sostenellos. 

Prosigue y diuide otra vez los humores. 

Y quarto, se muda desque en tal lugar 
se embeue en el miembro y se toma como c 




' — 3i3 — 

esto es por cobrar y por restaurar 
aquello que hizo el calor ya gastar 
y el ayre y mudanzas del mundo cruel; 
y a uezes son sanos y son naturales 
aquestos humores de quien he hablado, 
y a uezes alguno, es corrupto y dañado 
por las mutaciones de bs animales; 
también por el aire corrupto espirado. 

El miembro y los principales» 

Y dize que el miembro es un cuerpo tal 
compuesto de humores por su comistión, 
y deste son muchos nel cuerpo humanal, 
mas digo que entre ellos el mas principal 
según el filosofo, es el cora9on, 
tras este el celebro do están los sentidos, 
al qual sigue el higado en su perfection, 
tras este los miembros de generación; 
asi que son quatro los mas escogidos 
que guardan los biuos con su operación. 

Complexiones de los principales y del cuerpo todo. 

Mas el coraron es muy seco y caliente, 
es frío el celebro y de húmido a nombre, 
el higado es calido y humedesdente, 
y asi compensados se queda excediente 
en calido y húmido el cuerpo del hombre 
por quanto en los dos ay excesso en calura 
y solo en ell uno es pujante frialdad; 
Ítem en dos ay sobrada humidad , 
y solo en ell uno ay exceso en secura, 
que sobra humidad y calor ya es verdad. 



-3i4- 

Virtiuits. 

Y aquestos son casas y r 
do las tres virtudes están p 
que en el coraron están las 
celebro es la casa de las aní 
el hígado es casa de las nut 
vital es aquella por quien t 
y por la nutríbile nos mant 
por la otra sentimos, tambí 
y qualquiera destas despuc 
en otras especias que aquí 

Esprito y caler ñ 

Y destas virtudes su pro 
y aquel que las trae es espi 
l'esprito es vn cuerpo delg 
que en el coraron tiene hec 
nel vientre siniestro mas nc 
este es el que pulsa en los 
este es el que haze alentar 
este es el que haze mouer ; 
este es el que trae el calor 
a todos los miembros para 

Enfermedad* 
Ya puede ocurrir qualqi 
al cuerpo por vna de dos ii 
que o puede venir en la sir 
de sola vna especie de mali 
o ay muchas especies en ce 
la simple diuidola en tres g 




— 3iS — 

que o es por malicia de la complexión, 
o es por malicia de composición, 
o es de apartarse los miembros yguales 
y hazerse diuisa su continuación. 

De las enfermedades compuestas. 

Compuesta es aquella la cual se compuso 
daquestas especies o de algunas dellas 
de son que en vn miembro o en vn cuerpo nos 
el daño o la causa que a ello dispuso, [puso] 
dos destas especies o tres que son ellas 
enxemplo si en mano o en cabeca o en pie 
nasció vn apostema aqueste en verdad 
pecó en solución de la continuidad 
y en la complexión gran malicia alli fue 
y en composición también vuo maldad. 

Diuide la malicia de la complexión. 

Y luego me fundo sobrestá razón 
primero que hable de mal ni dolor, 
que toda malicia de la complexión 
por quien viene daño a la operación 
o es sin humor o sera con humor; 
asi que el celebro si es concalescido, 
de alguna calor que alli Tes impidiente, 
o es sola calor la que alli le a empescido , 
o es por humor alia dentro metido, 
que haze apostema o dolor o accidente. 

Las señales del celebro caliente y frio^ y de su cura. 

Si ay calor nel celebro su conoscimíento 
está en velle ardor y no verle encargado, 



— 3i6 
vi^a y congoxa ay en si 
y siente en lo frío muy g 
y piensa mil cosas y es pi 
pero si está frío podrase i 
por otras señales contrarí 
la cura por cierto no es n 
las cosas contrarías que p 
el frío o calor que alli est 

Señales y cura del celeh 
Pero si el celebro vuo 
veraslo en el poco dormii 
si tiene humidad abrá luc 
dentrar en vn sueño que 
la cura es como esta que 
mas sí este tal daño en la 
está duplicado de dos cali 
la cura y señales es comp 
de la cura y señales que 
y están aplicadas a simplí 

Señales de la complexión de 
Y si el daño procede c 
y es como colora o sangr 
ay poca graueza y ay mi 
gran sed y secura y cetri 
y siendo de sangre es m: 
pero sí el humor fuere fi 
señales contrarias abrás c 
y si ay apostema en el di 
caliente verás graueza y 
dolor, calentura y agudc 



\ 




-3i7- 

Señales de apostema frió del celebro^ y de su cura 

en general. 

Si fuere flemático ay sueño y duido, 
y el pulso es vndoso y graueza mayor, 
y si es malenconico el seso es perdido, 
cabera pesada, pulso enduresddo, 
la cura daquestos es deste tenor : 
primero, si sangre te daña y empide, 
de parte contraria le haz la sangría 
de vena cefálica al caso se pide, 
y en esto el capitulo no se t^oluide, 
nel libro primero de flobotomia. 

Prosigue. 

Y si otra materia fue aqui malignante 
y el daño no fuere si no en la cabera, 
aquesta se purgue con propio euacuante; 
mas si en todo el cuerpo el humor es pecante, 
en todo aya cura, no en sola vna pie^a: 
primero, aplicando lo ques lenitiuo; 
segundo, purgando; tercero emplastrando; 
y usar en los cibos el que es digestí uo, 
que haga buen chilo no euaporatiuo, 
y en tiempos diuersos diuersificando. 

De soda. 

La soda es por cierto dolor capital , 
causado por causas que auemos nombrado; 
su cura y señales dixe en general, 
pero si lo quieres ver mas especial, 
en el Auicena lo abras espresado; 




— 3i8 — 

si es por cualidad, su maldad contrariar, 
con potos y cibos y emplastros y vndones, 
si es sangre, atraer, ventosar j sangrar, 
si humor o vapor, digerir y purgar; 
y en esto no quiero alargar de razones. 

De emigranea^ y de su cura. 

Emigranea es en media cabe^ vn dolor 
de dentro del cráneo o en la tela de fíiera, 
el qual a las vezes se causa de humor 
o ventosidades de algún vapor 
que sube de miembros daquella ladera; 
la cura es sangría según que as sabido, 
y mas en la fruente si vees que conuiene, 
y púrgalo al tiempo que abras conosddo 
que quiere venir el dolor tan crescido, 
y vnta y emplastrale al tiempo que viene. 

De 5 ir sen o frenesis. 

Frenesis o sirsen nel celebro es furor, 
su causa fue colera o humor muy caliente 
y es vn apostema en la parte anterior; 
da fiebra continua y secura y dolor, 
y es blanca la vrína y muy loco el paciente, 
euacua el hunior que azalli le ocurrió, 
después repercute, resfria y mitiga 
el fuerte accidente y dolor que causó; 
después le resuelue el humor que quedó 
y en fin esfor9arle el celebro se siga. 



- 3i9- 

De lilargia. 
Litargia nel celebro es vn frío apostema' 
questá entre los cascos y sesos tuscido, 
su causa son crudos humores y (lema, 
da liebre continua que mucho no quema, 
y echa gran sueño, pereza y oluido; 
pnmero le sangren sí no hay impidientes, 
segundo clisteres agudos le den, 
tercero le embroquen con repercudentes, 
después le resuelvan con cale&dentes, 
y en ñn le digeran y pui^en muy bien. 

De congelación. 
. La congelación es que alguno está ekdo, 
sin senso y sin moto espantado adormido, 
los ojos abiertos como hombre pintado, 
ni oye ni vee, y asi trasportado 
que piensa la gente que al cielo es ya ido; 
la causa es secura y muy gran frialdad, 
en cuerpo y humor y grosseza de sprito, 
por do no se mueue con agilidad, 
y asi falta el moto y la sensualidad 
y en la litargia su cura he escrito. 

De subeth sahari. 
Subeth saharí es composición 
de la frenesis y de la litargia, 
y es vn apostema que tiene mistión 
de colora y Üema, y tos desta passion 
no duermen nt velan la noche ni el dia, 
y asi se interpreta subeth saharí: 



— 3ao 

ques sueño que vela; y p< 
su cura .y señales ya las e 
en la litargia y en el frene 
la cura daquellos mesclad: 

De subet. 
Subeth es un sueño qu 
y viene de gran henchtmii 
ios cuales retraen la virtu 
y dan a la parte anterior ( 
flemáticos y otros cojmoso 
y aquestos st suben de nü 
dcvcysios purgar el' celeb 
primero sangrando si fue; 
haziendo ruido y clamore 
y pónganle olores y estén 

De vigilia y s 
Vigilia es defecto de si 
que o viene de gran cong 
o viene al celebro do exc< 
o de indigestión que tiene 
o de captinoso vapor eleu 
si liS sin humores mala qi 
aplica el contrario como a 
y si es con humores tal ei 
euacua y emplastra aplica 
al seco celebro questá en( 

De memoria ce 

Memoria corrupta es ^ 

con quien la memoria olu 




— 321 — 

y viene al celebro de alguna frialdad 
compuesta con húmido o con sequedad 
de humor o sin él en la parte trasera; 
si su causa fue sequedad y calor, 
o qualquier qualidad, ya tu sabes la cura; 
pero si conosces flemático humor, 
xarab de cantueso digere mejor, 
después con cochias purgalle procura. 

De manja y melancolía. 

La manja es locura que espritos llamaron, 
do piensan que hablan almas estrangeras; 
y vino este yerro porquellos miraron 
que algunos manjacos ya profetizaron 
las cosas presentes y las venideras; 
la melancolía desta es apartada 
porquesta de colera adusta se haze, 
mas la otra de flema ó de sangre quemada, 
y la frenesis no es entre estas contada, 
por quanto en aquella muy gran fiebre yazc. 

De cura. 

Desque esté el humor con xarabes digesto 
y ayudas do entren epitimo y sen, 
con pildoras indias le purguen muy presto, 
o de fumo terre, y embroquen tras esto 
con leche de hembra al paciente muy bien; 
repréndanle siempre su loca porfia, 
manjares calientes le den a comer, 
y denle cordiales, plazer y alegría, 
y auisese el físico en no dar sangría, 
y mas nel maniaco, sin gran menester. 



tí 



— 322 

Del tnal de amares que Auicena llamo ilisci y los irugcs 

le llaman hereos. 

Amor hereos según nuestros autores 
es vna corrupta imaginación 
por quien algún hombre se aquexa de amores; 
y en este ques hito de los trouadores, 
sin ser lisongero diré mi razón: 
sabed por muy cierto quel entendimiento 
jamas no se mesda en aquestas pendencias; 
la imaginaliua y bestial pensamiento, 
como es gran potencia y padece el tormento, 
engaña consigo á las otras potendas. 

'Prosigue. 

Esta es la que mueue los otros sentidos 
para que no tiren sino en este puesto, 
memoria y deseos y ojos y oydos 
a todos los tiene ya tan conuertidos 
que todos se ocupan en no mas daquesto, 
que el tal pensamiento vencido del gesto 
a todos los otros sentidos informa 
ser lindo y gracioso y ornado y honesto, 
do alguna esperanza se muestra tras esto 
por do en adquerirlo se deue dar forma. 

Prosigue, 

Y el entendimiento después que alia entró 
por falsos testigos tan falsa sentencia, 
la qual por injusta contino aprobó 
perdió su juyzio, sus fuerzas perdió, 
perdió su razón, su consejo y prudencia; 



\ 




— 323 — 

helos todos ciegos a causa de vn ciego 
ques el pensamiento y la imaginatiua 
que dio al corazón tan maldito sosiego^ 
metiéndole dentro ardentissimo fuego 
do siempre el deseo lo atyza y lo aviua. 

De las señales que se muestran quando alguno 

está enamorado. 

Verasle al paciente perder sus^ continos 
negocios y sueños, comer y beuer, 
congoxas, sospiros y mili desatinos, 
desear soledades y lloros mesquinos, 
que no hay quien le valga ni pueda valer; 
perdida la fuerza, perdido el color, 
y quando le hablan d'amor luego llora, 
y el pulso es sin orden y mucho menor, 
y nunca s'esfuer(ja y se haze mayor 
sino quando puede mirar su señora. 

De la cura. 

El medio daquesto no esta contenido 
si no en distraelle daquesta locura 
de su pensamiento questá corrompido, 
y aquesto en diez partes será repartido 
y en ellas se pone complida la cura: 
primero, mandando que yaya a ca^ar; 
segundo, que pesque do hay muchos pescados; 
tercero, que siempre se ocupe en jugar, 
y quarto, ante muchos le hagan estar, 
y quinto, que vaya a espaciarse a los prados. 



-3l4 

Prosigí 
Y sesto, que umgos y 
y hombres prudentes y c 
con sus ortadones le hag 
los muchos peligros, los : 
y acoten y aflijan su can 
seteno, le pongan en mu 
de tratos de suma y en n 
octauo, le aparten con gi 
daquella señora, como ei 
se apartan los hombres d 

Prosigí 
Noueno, alcahuetes \t 
a otras señoras por mas t 
dezeno, le hagan casar c 
después vejezuelas te de 
á que le desliguen, que 1 
y denle á comer vn sabn 
en quien mucha sangre ] 
y tinto con blanco le dei 
que siempre hemos viste 
caer los amantes y amor 

yérlig 
Vértigo no es otro m 
y es que hay nel celebro 
o sube de abaxo como v 
y asi lo que vee el pacie 
en el derredor es mouid 
la cura es sangrar la cef: 




— 325 — 

si sangre y edad y virtud le sintieres; 
después nel pescuezo ventosa es muy buena, 
y si hay otro humor, digestiuos le ordena, 
después purgatiuos, y mas no lo esperes. 

De incubo ó strangulaiar. 

£1 incubo digo ques vna pasdion 
con quien el paciente emmagina en su sueño 
que alguna persona le da cargazón, 
la qual le quebranta y le ahoga en tal son, 
que piensan el vulgo ques trasgo, ques dueño; 
la causa es subir algún grueso vapor 
quen los principales encierra el esprito, 
y asi están los miembros sin senso y calor 
quebrados, cansados, que no hay mouedor; 
la cura sabrás por aquello que he escrito. 

De epilensia. 

La epilensia es la gota coral 
causada de gruesso y flemático humor, 
que cierra las vias y aquella canal, 
por do la motiua virud y animal, 
les viene a los miembros del mas superior; 
y en ser tan contrario el humor y dañado, 
le huie el celebro y se atropa y se encierra, 
y asi queda el cuerpo sin senso y finado, 
y súpito cae en la tierra su estado, 
y espuma le sale en la tal cruda guerra. 

De la cura. 

Primero sangrar si ay de sangre enchimiento, 
y echarle en el muslo y pescuezo ventosas , 



— 3a6 - 

y en el oximel esquilitico i 
hazer digestión y hazer afa 
en estas materias muy gru 
las pildoras fétidas < sueleí 
aquestas materias después 
las de lapis lazuli deues de 
do humor malenconico vie 
y huye del apio en passion 

De apopUxi 
Mas la apoplexia es el r 
y aquesta diñere de la ant< 
porquesta es aguda y mas 
que mas quita el senso y e 
questá colocada y está con: 
muy gran voz aleando se c 
quando esta passíon venirli 
ni oye ni vee ni entiende n 
de agudas agujas picarse ci 
asi que difieren en menos j 

De cura. 

Como en la passada le sí 

si alguna abundancia de sai 

y ambas cefálicas rompa el 



t PiliJoras lútidnx de Mcsuc. Según Juv 
de tudas Ijh medicinal (^'alladolid. Di^o f 
su compo^icinn us la sif'uicnic: Scrapini a 
i:oloquintida;, nrmí:!, aloes, cpithiiri, «na d 
lorum, nkcbran, nnn draonng dues; kcstik 
momi, «pictc, croci. cannruJ, ana Jracmam 
tuor; zinzibcris, drncniam unam ct aeniisK 
ditolvantur gumini in aqua poiri, et tiat tna 




— 327 — 

después las sofenas y aquesto profiero 
do gran enchimiento y virtud conoscieres, 
después le administren agudo clister, 
do esté coloquintida epitimo y gera ', 
y en el paroxismo deueis proueer 
de hazer fregadones y emplastros poner 
en ese celebro, que esfuerce y no muera. 

Fen. II. — De las passiones de los neruios^ y primero 

de parlesia. 

Parálisis es ser algún miembro toUido, 
do no va el espríto sensual ni motiuo, 
por opilación entrel vuo venido, 
y la parte trasera del miembro subido ; 
humor frió y húmido es desto efectiuo, 
después que hizieres alguna apercion 
doze o treze dias con sus digestiuos, 
con sus apropiades haz euacuacion, 
después con el oleo costino haz vncion, 
después haz que sude con calefactivos. 

De spasmo y tethano. 

Spasmus nel miembro es un encogimiento 
el qual le ocurrió de la parte neruosa, 
do el neruio se encoge aza su nacimiento, 
por gran sequedad o por resfriamiento, 
o gran repleción de materia viscosa ; 
y quando se encoge adelante y atrás, 
es thetano dicho y es spasmo perfecto , 



I Gera: sobre \^%gera$ véase Juvera, o^. ctt, cap. LXX, fiük) 64. 



— 3a8 - 
mas si aza vna parte s'eno 
spasmo se llama, y su curs 
por lo sobre dicho ú fuere 

De tremer 
Tremor es temblar algu 
con miedo o flaqueza daqi 
que del mouimiento nos es 
y aquesta sera porque! mié 
terna grauedad según es si 
a ueces luxuria su causa s< 
y el mucho beuer y tambii 
a lo primitiuo el contrarío 
en flema xarab de cantuess 
las pildoras fétidas son de 

De stupor 
Stupor es estar algún m 
con falta de senso y a uezi 
frialdad será causa o venei 
o gran sequedad o humor 
que opilan el miembro y d 
si fuere de sangre es muy 
de parte contraría después 
después digestión si otro 1 
y como en tremor a este t 
si es causa exterior manda 

De torturi 

Tortura es^torcerse el g 

tirándose un cuero y el oti 

porque en sus lacertos ay 




— 329 — 
que boca y vn ojo aza tras lo a tornado; 
las causas de spasmo aqui no repitiendo, 
no mueuas humor hasta el dia seteno; 
mas si ay sequedad con ayuda le ablanda 
después digerir y purgarle es lo bueno , 
y fregale el rostro según Galieno, 
y como all espasmo curarse le manda. 

De salto que se llama jectigacion. 

El salto si quiera la jectigacion 
es un mouimiento en lacertos y cuero 
de encogimiento y de dilatación; 
y tal mouimiento es porque ay repleción 
de humor o de viento o vapor muy grossero; 
apártale el ocio y ventoso manjar, 
asi como nabos, legumbres y habas; 
después de purgado le haze vaporar 
con ruda y castóreos que es muy singular, 
ventosas le pon si con otro no acabas. 

Fen. III. — De las disposiciones de los ojos y primero 
de dolor y mala complexión en los ojos. 

De humo y de viento les viene dolor, 
o de calidad con materia y sin ella , 
si ay sangre está rúbeo con algún tumor, 
citrino es si hay colora, y rubio y ardor; 
si de causa exterior es, apártale della; 
do ay sangre sangrar la cefálica vena, 
y pon defensiuo en maxillas y fruente, 
y si ay otro humor dale purga muy buena, 
con ^umo de hinojo les laua Auicena, 
vnguento alcahiusay diz que es excelente. 



— 33o - 

De optaJmi 
La vera optalmia vn xp 
nascido en la túnica ques i 
que haze que corra del oj< 
humor y lagaña que clara 
y haze dolor y la vista da 
la causa daquesta es algún 
que por su color y dolor s 
y la que no es vera no da 
por cuanto se haze de cau 
mas perturbación en la vis 

De cura. 
La no verdadera ñ es c 
curarse a apartándole lo pi 
con agua rosada se laue el 
y el albo colirio en tal casi 
y el ^umo de hinojo es res 
curarse a la vera con gran 
poniendo al principio sus i 
sangrando do hay sangre i 
purgando el humor de qu' 
guardando los tiempos y < 

De botor en la conjuntitu 
Botor son vexigas nel b 
del ojo, de humores que i 
y a ueces aquestas están c 
en la conjuntiua, y a vew 
están en la comea, lugar i 
con mucha estrecheza sea 



\ 




— 33i — 

do ay sangre sangrar la cefálica vena, 
y desque ya esté del humor relaxado, 
con agua de claras de hueuos lauado 
sea el ojo contino, y tutia es muy buena. 

Di vlceras y exituras en el ojo y la cornea. 

La vlcera o sanies siquier exitura 
nel ojo de seyte maneras contesce; 
humor pungitiuo, apostema y rotura 
son causa de todas y en todas la cura 
es vna en especie según me paresce 
en purga y sangría como en la obtalmia , 
después alimpiar, desecarle conuiene; 
cerusa lauada ematistes, tutia 
en poluo o colino le pon cada dia, 
preuistas las causas del mal que alli tiene. 

De la cornea y sus passiones. 

La cornea después de lo blanco paresce, 
y es vna telilla sola conjuntiua, 
y en aquello escuro do aquesta fallesce 
la comea lo cubre y al senso se ofFre^e, 
y en esta hay passiones y hay medecina; 
aquesta padece primera passion 
que son las vexigas siquiera viruelas; 
el sicio, acafran y acacia le son 
buenos al principio, y quando hay mas razón 
con purga y sangria salud le reuelas. 

De rotura en la cornea y de cáncer. 

Segundo padece la cornea rotura 
en todas o algunas de sus pielecitas. 



— 33i ■ 
la qual le da turpe y inflai 
según me parece administi 
de vlceras dicha en las co[ 
tercero padece la cáncer li 
es vn apostema de adusta 
con pildoras indias euacue 
y en los lauatoños su curi 
con la de las lagas seguid 

De algarah en el 
Algarab es fistula en el 
causada dalgun apostema 
del qual fue la causa por 
mayormente fria, mas su i 
qual la de optalmia que ai 
y cura la fístula ya conosc 
con agua y vnguentos mu 
miel y armoniac ' les es ce 
y ruda y balostias y púdia 
y otros colirios de incama 

De adición y diminución de co 
y de aliarfi 
En ellos hay carne mer 
por falta o por sobra de s: 
cauterio, incisión, quando 
aloes y memíta quando es 
y otros colirios de incama 
el altarfatt es vna manchu 



I Armoniaco 
por Laguna, cap. CXIl, p*g. 3)9. 



^ 




— 333 — 

nel ojo nascida, bermeja o negrita, 
después de purgado y sangrado tu pela 
dellala vn palomo y echa en la tela 
la sangre del cabo de aquella plumita.' 

De las lagrimas que corren del ojo. 

Las lagrimas vienen por enfermedad, 
sudando en el ojo sus venas locales 
por descendimiento de aguosidad, 
y a uezes es calida su calidad, 
y a uezes es fría según sus señales; 
después de sangrado, si sangre le empece, 
purgalle de aquella humidad con cochias; 
tras esto los desecatiuos le ofrece, 
y en su regimiento el paciente se endresce 
huiendo del vino humidad maluasias. 

De albugen y sebeU 

Albugen, que es nube en la cornea, procede 
de humores subtiles quando ella es delgada, 
también cicatriz de apostema ser puede; 
con agua caliente ablandar se concede, 
y el poluo muscino Tes cosa probada; 
sebel es paniculo en la conjuntiua, 
de rubio color que a la comea alcanza; 
la causa daqueste es materia sanguina, 
purgado el humor, de sangrar determina, 
tras esto colirios y vnguentos le lan^a. 

De vngula. 

La vngula es una telilla cresciente 
nel ojo, y es fecha de muchas maneras, 



— 334 — 
de humor gruesso y mucho es aqueste acódente; 
cochias le purguen tras d digerente, 
después hazle vnguentos si sanallo esperas, 
esta sola cornia la vuea y es tela 
que sobre la vista esta continente, 
y haze agujero por do la mñuela 
se muestra y traspare, y por do se reuela 
al ojo la cosa que tiene presente. 

Las enfermedades de la niñuela^ y primero de la dihuaácn 
della^ que se llama en arauigo aliniisar. 

Aquesta contesce destar dilatada 
por quanto a la vuea cresció su agujero, 
la mucha albugínea la tiene ensanchada 
o humor o calor que la hizo estirada, 
por donde rescibe gran daño el luzero; 
des questé purgado le da v na sangría 
do gran henchimiento de humores le vieres, 
con agua salada memita ' y tutya 
le laua con esta asi mismo leíFria 
sin purga si sola calor conoscieres. 

De la constricion de la pupila o niñuela del ojo^ 
y del estrabo so o tuerto. 

Estrechase a causa de alguna secura 
o sobre la vuea es humor comprimente; 
si es sequedad está clara su cura, 
y si es henchimiento purgarle segura, 
y el poluo muscino en tal caso es valiente; 
straboso es el tuerto que tiene encogido 



I Memitha ó Glaucio. Véase Dioscórídes, traducido por Laguna, 
capítulo XCIV, pág. 32Q. 




— 335 — 

vn lacerto del ojo y el otro estirado, 
si es niño hazelle mirar lo luzido 
en parte contraria, y si es hombre crescido 
curadle aquel ojo por miembro espasmado. 

De los ojos salidos y de las liendres de las pestañas. 

A uezes se salen los ojos afuera 
por puxo o humor o inflación o flaqueza; 
después de sangrado purgadle con gera 
si peca de flema, y con venda ligera 
se ligue, y el cibo le dad a escaseza; 
criar las pestañas las liendres bien cabe 
por materia pútrida al cuero espelida, 
digesta y purgada, los parpados laue 
con agua de alumbre y de sal, desque acabe 
d'abelle expulgado vna mo^a garrida. 

De silac y de pestañas bueltas. 

Silac en el párpado es vna gordura 
muy seca de humor y materia nitrosa; 
sangrarle y purgarle y bañarle es su cura; 
tras esto, templar su adustion y calura 
lauando los ojos con agua de rosa; 
a uezes los párpados son trastornados, 
conuiene a saber, lo de dentro haza fuera: 
las causas y cura es como en los passados , 
y sean en cada semana purgados 
y hazles colirios daquella manera. 

De la flaqueza de la vista. 

Flaqueza de vista vendrá por humores 
o por calidades o malos vezinos 



— 336 

a las calidades sus contr 
a humores sus propios e 
y si es por vejez bueno: 
con agua caliente abland 
do ouiere secura de hun 
y en causa caliente es m 
la ruda y hinojo en la ci 
y en húmida causa es m 

De noctii 
Noctilupa es vista de 
podiendo con ella de dia 
por gruessa sustanda y 
del ojo o de humores d( 
que el sol solo haze diaf 
si sangre pecare dale vni 
y purga con áureas flem 
las pildoras indias ' en n 
y tome triaca con vino 3 
colirio de miel y de hiél 

Z)í encegimiento áe los párf. 
A uezes los farpados 
por pasmo o gordura de 
los secos cibados y humi 
pero los pasmados y los 
en los sobredichos su cu 
es la catarata humidad o 
questá entre la cornea y 
impide la vista: si cstz c 

I Pildoras indias. Juvera, op. cil.. 



\ 




— 337 — 
mosquitas o pelos o d aire turbado 
vee el ojo al comiendo que el mal le ha venido. 

De la cura de la catarata. 

Con la gera pigra al principio purgar 
y dar subtiliantes también digerentes; 
pero si la vista comienza a turbar, 
purgar muchas vezes, mengualle el manjar, 
de vino y mugeres le huyan las mientes; 
huyr cosa húmida y cosa cozida, 
la hiél en tal caso se halla aprouada: 
y quando esperanza ya fuere perdida, 
sacar la materia que alli esta metida 
con punta da guia en lo blanco lan^a. 

De las otras passiones de las pestañas. 

Y otras passiones suelen padescer, 
las quales tan breues pone el Auicena 
que mas breuedad no les puedo poner 
en el repertorio, y aquerdo a hazer 
su cuenta, y dexallas como él las ordena; 
padescen gese que es dificultad 
de abrir y cerrar por humor seco y gruesso: 
también inflación por vapor y humidad 
padescen gordura de vntuosidad, 
padescen berruga en dos modos por eso. 

Prosigue. 

Padescen también la conglutinación, 
y es que se pegan los párpados a vna; 
padescen prurito, que es la comezón , 
padescen pelarse, y es depilación. 



%% 




— 338 — 

por agudo humor o por sama alguna; 
padescen también las pestañas crespura, 
boluiendo haza Tojo y topando con él, 
y padesce el perpado llaga y fisura, 
y padesce grando que es una infladura 
como vn granezito questa puesto en él. 

Prosigue. 

Padescen ordeolo, y es una hinchazón 
que d'un lagrimal hasta el otro alcanza; 
como vn grano de ordio es su comparación, 
y en todas aquestas común curación 
es dar la sangría si hay sangre en pujanza; 
tras esto hazer digestión al humor 
mirando quién es y de qué calidad; 
cochias y áureas, ' según el autor, 
euacuan la tíema, y tras este tenor 
azeytes y vngüentos y emplastos le dad. 

Fen. IV. — De las passiones de los oy dos ^ y primero 

de la sordeza. 

Por flacos vezinos ensorda el oydo; 
por cris, por flaqueza o por. su complexión, 
o por gruesso humor en la entrada tenido, 
o está en aquel neruio do vien el sentido: 
las mas veces frío es desto ocasión; 
aloes coloquintida pueden purgar 



I Pildoras áureas. Juvera, op. cit, cap. CXII, folio 128.— Píldc 

cochias. ídem, id., cap. CXVII, folio 134, 




— 339 — 
y pildoras áureas el flema digesto, 
do hay colora, ^umo de rosas mezclar, 
y con gera pigra es bien gargarizar, 
y azeyte estilar nel oydo tras esto. 

Del dolor de oydos. 

Ya suele venir al oydo dolor 
por frío ó calor, sin materia o con ella, 
o por apostema o coquito o tumor: 
y si es de frialdad, halla bueno el calor, 
y si es con materia hay graueza con ella; 
después de purgado o sangrado al sanguino, 
estila al oydo en la causa que es fría 
azeyte de ruda y azeyte nardino, 
enforbio y castóreo en azeyte costino *, 
el mijo y la sal donde viento se cria. 

Prosigue y propone. 

En causa caliente el azeyte rosado 
y leche de dueña que hembra parió, 
con canfora y sándalos sea enplastrado 
debaxo el oydo, y en mal muy sobrado 
en su cura pongo narcóticos yo; 
de purga y sangria en aquestas passiones 
yo quiero una regla poner general , 
por quanto no andemos doblando razones 
en lo venidero, mas por conclusiones 
sepamos purgar y sangrar qualquier mal. 



I Oleum de costo. Juvcra, op. cit., cap. CXCVIII, fólk> 043. 



— 340 



De la forma de purgar y sai 
de oydo. 

Cefálica vena do sangr 
nel mal del oydo se mam 
oximel desquila do nema 
será el digestiuo, y sí se 
con el de cantueso, podrí 
cochías y áureas geralogc 
euacuan la Aema y en sir 
turbit, coloquintida y ga 
sus purgas mas propias, 
comprendo crudeza y la 

Prosigt 
A colora el ^umo de r 
ruibarbo y los mirabolan 
si de ambos humores el 
compon tú la purga, pU' 
el simple y compuesto p 
yten do está melanconio 
xarabe de epítimo es bui 
elelx)ro negro es el su p 
epítimo y pildoras yndia 
las de lapis lazuli es bue 

Del liniío y sonido que 

Tinito y ruido contec 

como es de molinos o di 

humores ventosos le ha; 

de golpe o flaqueza pod 




— 34-1 — 
y de todos estos ay claras señales; 
tras purga y sangría si vuiere lugar, 
el cibo estrechando donde ay henchúniento, 
azeyte de almendras deueys destíUar 
dentro del oydo, y después sahumar 
^ con betónica y sopo laurel calamento. 

De la sanie y podre que mana del oydo. 

La sanies o podre al oydo acontece 
de llaga, apostema y agudos humores; 
si es roto apostema la fiebre descrece; 
si purga, el celebro ya mengua, ya cresce; 
si es llaga o si es sarna, no ay fuertes dolores ; 
pimienta y mostaca hará estornudar 
después de purgado y estrecha dieta; 
castóreo y encienso es bien puluerízar, 
y trosciscos de andronio en xarab desatar 
y echar nel oydo, es la cura perfecta. 

Del fluxo de sangre del oydo y de la opilación del. 

Si fluxo de sangre viniere al oydo 
por sangre abundante y por vena resgada, 
sangrarseha del lado que no está empesddo, 
acacia, lanceola y llantén esprímido 
echad nel oydo con agua rosada; 
contesce al oydo destar opilado, 
por todas las causas que viene sordeza 
en ella y tinito, está éste curado; 
pero si está dentro gusano lanzado, 
matalle y sacalle con mucha destreza. 



-341 

De apostema en la r. 

Por uno de los qiiatro 
detras de la oreja prouíei 
vermejo es y agudo y ce 
ú es colora 6 sangre, y e 
si es melancolía, y es mu 
tras la euacuacion no po 
no tienda el humor a lo i 
enxundias y azeytes pon 
pon maduratiuos y resol 
y al frío más fuerte le p< 

Fen. V. — De las passiones di 
de los daños del 
Altera y corrompe y a 
estar opilado su propio ii 
en menos y mas es su di 
jiero el buen olor por ho 
es que ay dentro cáncer 
como en la sordeza haz ] 
y los gargarismos freque 
y en causa caliente en aq 
azeyte violado, pero en i 
disuelue castóreo en aze^ 



Del fiuxo de satigr 

El fluxo de sangre de 
por gran henchimiento ei 
o tal subtileza la sangre < 
o de tal dolor y passion I 



— 343 — 
que rasga las venas del naso ya llenas; 
sangrías pequeñas y muchas nel dia 
le haz en la parte contraria, y ventosas, 
después la cabeca y la fruente resfria, 
engruesa la sangre y consuelda la vía, 
y dale trosciscos y estípticas cosas. 

Del romadizo ó catarro. 

La reuma y catarro es un fluxo de humor 
que a nuestras narizes de arriba desciende; 
coriza le llama también el autor, 
por flaco celebro que atrae el vapor 
y algunas materias que bien no díspende; 
quando es de humor calido siente amargura 
y ardor en !a fruente y en eso que sale; 
y si es de humor frió, frialdad y espesura 
está en el humor, y graueza en natura , 
y dáñale el frió, el calor mas le vale. 

De su cura. 

Xarab de papauer en causa caliente, 
engruessa el humor y le da digestión, 
cefálica rompe do ay sangre creciente ; 
. con ^umo de rosas se purgue el paciente 
la colora, y hazle alguna enbrocacion 
con hojas de salze, nenúfar, violetas, 
y beua agua tepida yendo a dormir; 
en flema son pildoras áureas perfectas, 
después gargarismo, estornudos, tabletas, 
sahumerios, triaca, le hazcn guarrir. 



— 344 

De las vkeras de las narizes y < 

Contescen les vlceras i 
de humor muy agudo, o 
la purga y sangría en tu 
con óleos y gomas sean i 
con psilio y nenusar sesf 
emorroydes y pólipo al r 
y es que ay dentro del v 
que a ueces es blanda y 
otra es dura y negra, qu 
y a ueces por cáncer es « 

De las causas y cura de lai 
La blanda es de flema ' 
o de sangre aguoso, mas 
de sangre dañado y corr 
pero en los humores ay 
y malenconia do el cancí 
la blanda se corte y echa 
del poluo de afrodilos ei 
pero a la segunda cauter 
después con vnguento e 
y la euacu ación a esto pi 



k" 



Fen. VI. — De las disposicione 
en sus enfertí 

De los daños de la lengua ei 

La lengua ya pierde, 
o gusta en k cosa contr 
y habla muy mal, o no 




— 345 — 
todo esto o le viene de otro lugar 
o en si misma tiene apostema o humor; 
si fuere apostema por tal le curad, 
y si es por humor desque fuere sacado 
en causa caliente le gargarizad, 
con 9U1A de cidra y granada, o echad 
majorana y saluia do flema a pecado. 

De spasmo y de perlesía en la lengua^ y del tartamudo. 

Aquestos le hazen hablar grauemente , 
de alguna hynchazon o apostema prouiene, 
o de litargia que el neruio mouiente 
le spasma y le daña que no le consiente 
su lengua mover con humor que alli tiene; 
como en perlesía sea su regimiento, 
o asi como en pasmo será su remedio, 
y el gargarizar mas en esta consiento; 
también tartamudo ay de su nascimiento 
y deste no curo que no Ueua medio. 

De la grandeza de la lengua y de la postema della 

ránula o ranilla. 

A ueces las lenguas se hazen mayores 
por sangre o por flema subtil, y es muy nota, 
también se aposteman por los quatro humores 
y crian ranilla por gruessos vapores 
que alli hazen vulto como una auellota; 
en todas, después de lo que es general, 
les haz gargarismos y haz fregadones, 
y mira el humor de que peca este mal, 
y en el apostema su cura es ygual 
de los apostemas de otras regiones. 



— 346 

De aifolay vleeroi 
Aleóla es vtcera en le 
de agudos humores y aj 
si colora peca amargor 1 
la llaga es vermeja do sí 
si es flema no ay sed y \ 
laualde la boca, ú. no ay 
con ^umo de rosa, buglt 
de psidia y balostias haz 
y do esto no basta hazec 
después ablandalda y lai 

Del hedor de 
Las causas de auer et 
es dientes o enzias podr 
o auer en el estomago p 
o hazello llaga o dañado 
o de las narizes se ha pa 
quando es de otro miem 
pero si estuuiere la enzi 
sangrar y purgar el hun 
si es diente dañado, arra 
lauar con pelitre en vins 

Fen. v!i. — De las passiene. 
deldeli 



/ 



Por causas estrinsecas 
asi como frió o calor o [ 
por frios humores, o hi; 
por ventosidad o aposte 




— ^47 — 
o porque la enzia es corrupta y dañada 
la sangre les haze el dolor pulsativo, 
la flema mas manso y con mucha humidad, 
la colora agudo y mordicatíuo, 
la malenconia seco y granatiuo, 
mouible y pulsante la ventosidad. 

De la cura. 

Con paños calientes, do frío empeciere, 
y azeytes de ruda, de been y castor 
se cure, pero do calor él sintiere, 
con oleo de salze y rosado requiere; 
y aquesto es do no ay apostema o humor; 
do ay sangre sangrar y después ventosar, 
purgar los humores como as ya sabido, 
si apostema es defender madurar, 
y con gargarismo y fregando gastar 
la causa del daño que alli está metido. 

Del diente que se mueue y de su podrimiento y corrosión. 

Los dientes se mueven por mucha humidad 
que afloxa los nervios y los Ugamientos; 
si sangre abundare, primero sangrad, 
después con cochias la flema purgad, 
después con estíptico hazer fregamientos; 
podrescense y roense a uezes los dientes; 
materias podridas son causa daquestas, 
desque euacuardes las antecedentes, 
deueys preseruar de los putrefacientes 
con mirra y endenso y otras como estas. 



De todas las otras passiones dt 
en suma, cutas curas de 



También les contescí 
en verde, amarillo, o e 
alargase el diente y se i 
y cría dentera siquiera 
a causa de humor o ma 
también a los dientes le 
que rugen y rumian de 
por flaco lacerto, el qu; 
daquellas maxillas, o hi 
o viene a los niños lom 

Prosii 
Y a uezes se tardan 
por flaca virtud o mate 
también nascen mas de 
como en muchos hombí 
nascerles colmillo encin' 
también las enzias pade 
de muelles y flacas y di 
y vlceras, llagas y aposi 
los labios padescen taml 
Asuras, también emorrc 

Fen. IX. — De las passione 
Suele atrauesarse en 
do está la trachea y tan 
espina o pagita; sacalda 
con mano o tragando ar 



— 349 — 
asi mismo vómitos valen aqui; 
y si sanguijuela en aqueste lugar 
se entró, conoscerla has en el escaruamiento, 
y en la biua sangre contino manar; 
con buena assafetida gargarizar, 
vinagre y mostaza beuerle consiento. 

De squinancia^ que es sufocación. 

Squinancia, por cierto, es vn mal apostema 
que impide el aliento o el tragar, o las dos, 
da fiebre que a uezes es fuerte que quema; 
sus causas son sangre o colora o flema, 
y gran enchimiento de reuma y de tos; 
no tarde el sangrar si lo quieres ver biuo, 
cefálica luego, y después de la lengua, 
y haz gargarismo que sea defensiuo 
mezclando con él algún resolutiuo 
asi como miel a do flema no mengua. 

Prosigue la cura. 

Cumo de cortezas de nuez diamoron 
es buen gargarismo, y ^umo de llantén, 
después dalle ayudas de fuerte atracion, 
ventosas nel cuello, y después purgación, 
mirando el humor que alli peca muy bien; 
y con lana sucia de fuera emplastar, 
y azeite de oliua o de manganilla, 
después del principio deueis madurar, 
abrir asi mesmo y mundificar, 
padesca gran hambre si puede sufrilla. 




— 3So — 

Del apostema de la vna^ y del caso o reluxación deüa. 

La vnilla padesce apostema y padece, 
caerse y llamárnoslo relaxapon; 
donde ay apostema dolor se recres^e, 
pero si es cayda, dolor no se offrece, 
sino impidimiento de su operación; 
en esta conuiene purgar la humidad 
después de sangrado do sangre se tema; 
y quando es cayda, el lugar le lauad 
con <^umos y poluos destipticidad; 
la otra curalda como vn apostema. 

Ven. X. — De las passiones del pulmón y pecho^ y primero 

de asma. 

La asma es passion con quien el paciente 
no puede escusar el aliento ahogoso, 
como hombre corrido y cansado assi siente 
salir el aliento, y de entrar no es potente» 
o entra y no sale si no trabajoso; 
algún apostema o alguna inflación, 
o ventosidades o gruessos humores, 
impiden el moto del pecho y pulmón, 
y cierran las venas y poros, que son 
para rescebir aquel ayre y vapores. 

De la cura. 

De los paroxismos se deue guardar 
purgando vna vez o dos en el mes; 
xarabe de squila para madurar 
la flema, y con garico puede purgar, 
e diacalamento tras esto vsarés; 




— 35i — 

mirar bien la causa do esta prouiene, 
y vsar el contrarío en el cibo y dieta; 
y si desquinancia o de otro mal viene, 
aqueste se cure, y en lo otro esta tienc^ 
la cura de tos: allí ved su recebta. 

De la ronqueza de la voz. 

Ronqueza de voz de clamor, de secura, 
de humor, de catarro y de sangre procede, 
de apostema en pecho y pulmón, o abertura, 
o de qualidad que perturba y obscura 
la voz, y el lacerto mouerse no puede; 
si de otra passion mas primera ha venido, 
aquesta se cure, y después la ronqueza; 
pero si es humor nel lacerto metido, 
con propios xarabes será digerido, 
y desque digesto purgar sin pereza. 

Prosigue la cura. 

En calido y seco xarope violado, 
regaliza y gomadraganto alquetira '; 
en flema aprouecha xarope esquilado, 
triaca, diaprasio, después de purgado, 
y purgue mas vezes sino se le tira; 
dar le has cañafistola y cumo de rosas 
y los tamarindios do colera veas; 
después diadraganto y similes cosas; 
las cenas dexadas le son prouechosas; 
no beua agua cruda si bien le desseas. 



I Goma tragacanto 6 alquitira. 



Déla 

De azedo y salado y 
y de quantas causas ror 
procede la tos, la qual i 
del pecho y pulmón po 
del daño y fíematíco hu 
si viene del cibo, vsar 1 
huyendo la causa que li 
y aquello que he dicho 
en cura de tos también 
y en ambas passiones si 

Delfiuxo de sangre en escu¡ 
Emoptoyca es vn flu 
que sale en escupo arra 
por ser mucha sangre j 
que vena ha rompido e 
y tiene otras causas a q 
tú de la sofena le sangr 
y de la basílica dende á 
con áspera cuerda o co 
le ate las manos y pies 
y el pecho aya vncione 

Del pleí 
Es el pleuresis el do 
y es vn apostema sobn 
mas vezes de colora ó 
con aguda fiebre y alie 
y agudo dolor en aque 



/ 




— 353 — 

la tos muy continua, y el pulso serrino 
y desordenado, y espeso y muy duro, 
que fiebre ni tos no la tiene contino; 
de tal dolor falso al presente no curo. 

De la cura. 

De parte contraría le da vna sangría, 
después en la parte paciente si vieres 
questá confirmado en el tercero dia, 
con leues ayudas le ablanda y resfria, 
y purga si mas henchimiento sintieres; 
la purga sea leue y do no ay gran calor, 
y dale xarope que ablande y madure, 
de capilii venerís * ó otro mejor, 
y emplastra después de aliuiado el humor, 
y beua vrdiate ^ y del vino no cure. 

De peripkmonia. 

Periplemonia apostema es caliente 
de sangre flemático, y es nel pulmón; 
da fiebre terrible, su aliento es frecuente, 
como que se ahoga, y contino se siente 
dolor en el pecho con infiamadon; 
cargados los pechos, y gran vermejura 
tiene en las maxillas; su lengua es quemada: 
si colora peca mayor ahogura, 
y mayores congoxas padesce natura 
assi en el dolor como en fiebre sobrada. 



1 Capilii veneris, yerba llamada vulgarmente eulantríttO' 

2 Vrdiate. Tisana de cet>ada. 

93 




— 354 — 

De la cura. 

Como el pleuresis sera este curado, 
pero los saquitos y emplastros y unciones 
mas fuertes serán que en dolor de costado, 
porque este apostema esta mas apartado, 
no vayan quebradas las operaciones; 
iten, si del pleuresis ha venido, 
por via de termino aquesta passion; 
no sangres si vieres que está enflaquecido, 
e si ardor y fiebre no estíl muy crescido, 
ventosas sin sangre do duele le pon. 

De las llagas del pulmón , de las guales se pone la piisica. 

La ptisica es llaga en pulmón, a la qual 
acompaña etica e gran sequedad; 
de ajo y pimienta y de carnes de sal, • 
de humor corrosivo y putredinal; 
de tos y catarro viene esta maldad; 
verasle al paciente los ojos sumidos 
y agudas narices con ruynes quexadas: 
la tos no le dexa, ni escupos podridos, 
y sobre comer los calores crecidos, 
la fiebre es mansica en las otras vegadas. 

Pronostico e cura. 

Galieno nos dice, Auicena le embida, 
que el ombre que tiene los honbros aleados 
y el pecho estrechuelo y garganta salida, 
el cuello crescido y la pierna torcida. 




— 35S — 

a tísica cierta le enbian los hados; 
su cura es la llaga bien mundificar 
y de las materias hazer espulsion, 
después desecar, y el catarro estoruar; 
tras esto ayudaUe a consolidar 
si fuere curable la dicha passion. 

Prosigue la cura. 

Sangrando y purgando al principio, n viere 
que hay necesidad y virtud nel padmte, 
y deue ser poco el manjar que comiere, 
e muy nutrítíuo, que asi se requiere 
a estomago flaco en muy seco doliente; 
xarabes y emplastros e gran diligencia 
harán desecar a la llaga si sana; 
en fiebre ni en tos no es de echar negliencia; 
son muy singulares en esta dolencia 
la leche, aguamiel y la buena ptísana. 

De empima. 

La empima es vn escupo podrido 
que sale del pecho o pulmón porque ay llaga, 
o algún apostema que ya está rompido, 
o humores podridos que alli an descendido 
de alguna esquinancia que ya se deshaga; 
si fuere apostema, sangrar e purgar, 
después madurar e también resoluer, 
tras esto a la llaga es de mundificar, 
después la virtud restaurar, confortar, 
y buen regimiento en el dbo tener. 



/ 



Fen. XI. — Délas efísposicio. 

y primero pone aquellas coi 

de la complexio 

El rey de los míeml 

es el coraron, y el mai 

y su complexión genei 

y en particular será bii 

por estas señales del n 

hechura de pecho, y p 

y por aquel vello que 

también por el cuero t 

por fuerza y costumbí 

se alcanza qual es, y t 

Del tremor del coraren 
Aqueste padece can 
y es cuando se dente t 
como que quisiesse ala 
o las qualidades, o alg 
que llega a su casa a q 
y aquesto, o le viene [ 
o por algún miembro i 
assi como estomago o 
celebro o el higado, o 
de otro o de si aquestt 

De las . 

Señales si aquesta pi 

serán que andan el pul 

la sangre o vapor las n 

de ser causa desto, y c 




- - 357 - 
espesa la vrina y el pulso inflamado; 
si humor melanconíco d daño hiziere 
será el pulso duro y terna gran tristeza, 
ardor demasiado si colera fuere, 
y mucha humidad quando flema empeciere 
como que nadasse, y ay mucha flaqueza. 

Prosigue las señales y pone la cura. 

Si fuere apostema o es llaga o rotura, 
muy presta denuncian la muerte al paciente; 
si fueren lombrices veras su letura, 
si fuere ponzoña, ay desmayo y quexura, 
V si es calidad mostrarlo ha su accidente, 
la diestra basilica mandan sangrar 
si sangre empeciere, pero si es vapor 
será la siniestra por mas appropiar , 
después medicinas cordiales le dar, 
conserva de rosa y buglosa es mejor. 

Prosigue. 

La gera roñni, si es malenconia, 
le purgue después que estuuiere digesto, 
si fuere de colora, esfuerza y resfria 
y sus propiedades al caso le embia, 
y assi en cada humor según tes manifiesto; 
y desque sacada la causa humoral, 
templar el destemple de su calidad, 
y siempre le da medecina cordial; . 
diamargariton ' es al caso especial 
confectio alkermes ' es estremo en bondad. 



1 Diamargariton. Véase Juvera, op, dt» Mió i6f , cap. l35i. 

2 Confectio alchermes. ídem, id., ftlb ifiB» o^ Ha 




De sinc 

El sincopts es un desi 
de nuestras virtudes qu 
porque aquel espríto qii 
se gasta y resuelue o nc 
por do passe al cuerpo i 
o también será causa la 
de ayre dañado o bocad 
resuelue al espríto la en 
opilase a causa de gran 
retraese huyendo el vaj 

De cu 
Si es por calidad que 
no tiene remeíÜo, mas i 
su cura se reza en el at 
e la ynanicion será resti 
y en cosas cordiales se 
e si por ponzoña el desi 
triaca diamusco y el bu 
e si es por vapor qne d 
aquel cura luego y esft 
porque no reciba el vaf 

Prosigue la cura quanto n 

Y en la hora que tiei 

nel rostro agua fría mo 

que cierre la boca y nai 

(i) Trátase de los dos contravena 

triaca almizclida y el electuario mitríil 
íus fúrmulas las Farmaeopeat. 



— 3Í9 — 
y los pies y bracos ansi ligarás, 
que las ligaciones serán dolorosas; 
y hazle comer buenas sopas en vino, 
fregar pies y manos tan recio que sude, 
y en su nariz entre algún poluo musdno, 
o ámbar o almizque que sea muy fino, 
y poluos de euforbio para que estornude. 

Fen. XII. — De las passiones de las Mas^ e primero 
de la minorado de la leche en las tetas y y de su cura. 

A las tetas falta la leche por quanto 
teman calidad de secura ó calor, 
o porque la sangre y gouiemo no e3 tanto, 
o en la digestión hay flaqueza y quebranto, 
o porquel infante no es buen chupador; 
primero se purgue el humor corrompido, 
también rectifiqúese la digestión, 
gallinas, perdices y huevo soruido 
serán sus manjares, y el miembro guarido 
será con emplastro y con embrocación. 

De la exuber ación y multitud de la leche y de su cura^ 
e de la corrupción de la leche. 

Y si ay mucha leche y por mucha es dañosa, 
sangrar la sofena y mengualle el manjar, 
embrocar con vinagre y azeyte de rosa, 
y el armoniac dizen ques buena cosa 
disuelto en vinagre para desecar; 
no sobra ni mengua pero hase dañado 
por mala materia que alli se mezcló, 



— 36< 
conoscese en essa color 

a tal como a esta despu 
con muy buen gouierm 

De la caieaciot 
La leche en las tetas 
por mucho calor que d 
también frialdad la han 
y qualquiera destas con 
con cosa contraría que 
assi como azeite vtoladi 
o con verdolagas en caí 
y si es causa fría, embt 
con vino y con agua d( 
ysopo y eneldo e algur 

De leí apostema 
Apostema en tetas d 
y el nombre le da aque 
erisipela es si de colora 
y zimia si es Berna, y i 
de sangre, y es cáncer 
si es sangre, primero sí 
después la basílica en r 
la repercussion en lo Cí 
después maduralle y qi 
abrilde después, y tras 



/' 



^ 



Prosigue la cura epom 

Y si es de otro hum 
purgarle después, y de 




— 36i — 

y en los apostemas hablar me profiero 
la cura daquestos en suma, y no quiero 
en esto al presente mas metros gastar; 
si no es apostema y vlcera es, 
con yema y con miel deuen mundificaile; 
después las agallas y nuez de ciprés, 
^umaque y balostias ' en vino echares, 
y desque heruido con esto laualle. 

Fen. XIII. — De las passiones del meriy Jelesiomago, 
y primero pone todas las enfermedades del meri. 

Meri o el ysophago es el tragadero, 
y aqueste no puede tragar por secura, 
o que ay apostema en aquel agujero, 
o que ay gran flaqueza e no puede ligero 
mouerse el lacerto, o que ay llaga y rotura; 
quando es de secura darás al paciente 
xarab de nenúfar, xarab violado, 
y vnte el pescuezo con violado vnguente; 
y si es de flaqueza esforzar el doliente, 
y con diamoron ' será gargarizado. 

Prosigue. 

Y si es de frialdad o humidad, apliquemos 
sus propios contrarios vntando y beuiendo, 
curar los estremos con otros estremos; 
y si ay apostema, este tal curaremos 



I Balaustia llama Plinio á la flor del granada 
3 Diamoron de Nicolai (v^ase Juvera , folio 48^ cap. 53) ea d jarabe 
de moras. 




— 362 — 

primero euacuando y repercudendo: 
si vlceras tíene deuemos curarlas 
con cosas estípticas glutinatiuas, 
y deue el paciente de gargarizarías , 
y muy de vagar le conuiene tragarlas, 
que paren y obren y estén permansiuas. 

De las enfermedades del estomago. 

Incurre el estomago en muchas passiones 
comunes y similes y ofñdales; 
las similes son las malas complexiones, 
que son diez y seys por las sus diuisiones, 
entre materiales y no materiales; 
comunes serán solución y rotura, 
que a todos los miembros venir son possibles, 
pero la ofñcial es pecante en figura, 
en sitio y grandeza, y enplasma y hechura 
que trae a natura passiones sensibles. 

De las señales de las complexiones y de las quantidades. 

Los fumos y sed significan calor, 
y la indigestión y azedia frialdad, 
e si hay humidad, el escupo es mayor; 
la sed y apetito es con esta menor, 
la sed y aspereza mostró sequedad, 
e si es con materia, el sabor sentiri 
de qualquiera humor ó vapor que se apaña, 
graueza y hastio y vomito avrá; 
pero si es enplasma, el sentido dirá 
qual es de los géneros el que le daña. 




— 363 — 

De la cura. 

Aplica el contrario si daño humeroso 
con las qualidades alli no se assienta; 
si es calido, dale xarabe acetoso, 
xarabe de asensios ' es muy prouechoso 
do hay frío, y emplastros de asensios y menta; 
al húmido y seco de suyo se entienda, 
e donde hay materia digesta tesea, 
e purga la flema que cría o desciende 
con turbit e garíco y pildoras dende 
ruibarbo en la colora y escamonea. 

Prosigue. 

Eléboro negro y epitimo y sen 
de malenconia serán purgatiuos , 
después de purgado esfor^alde muy bien, 
y su lectuario apropiado le den, 
emplastros, trosciscos y confortatiuos; 
si en dos qualidades su excesso pujó, 
conponles la cura por lo sobrescríto, 
pero si all estomago llaga ocurríó 
o algún apostema se alli contropó, 
en su lugar propio diré otro poquito. 

De la flaqueza del estomago^ y apetito. 

Flaqueza d'estomago en su apetito 
verná de la causas que ya dichas son, 
y en lo sobredicho su cura he escríto: 
los vómitos son vn remedio bendito 



1 Ajenjo. 




— 364 — 
quando esta flaqueza causó repleción; 
también serán causas daquesta passion 
preñez ó lombrizes o mucha tristura: 
curad la tristeza con consolación 
y con los manjares de confortación; 
las otras curaldas con su propia cura. 

De la corrupción del apetito. 

A uezes el nuestro apetito enflaque9et 
también se corrompe y dessea carbones; 
de humor muy dañado y podrido recrece 
mayormente frió, y quien esto padece 
comience por vomito y por digestiones; 
y aquesto con vn oximel se hará, 
y vse estomáticas pildoras este, 
después la triaca le descoxará , 
y confortatiuos tras esto hará: 
lo calido estiptico es bueno en aqueste. 

Del apetito canino. 

Canino apetito es vn mal dessear 
de siempre tragar y comer como perro: 
la causa es gran frió que atropa el manjar 
o humor malenconico azedo al gustar, 
o flema acetoso de azedo de hierro; 
si es frió, en ayunas le deuen dar vino, 
ya sabes purgar el humor que dañare, 
y coma manjar vntuoso contino, 
el buen diarrodon ' para este es muy fino, 
y es mal si lo azedo y lo pontico vsare. 



1 Diarhodon Abates, de Nicolai. Véase Juvera, op.ciU fóHo ibi, ca- 
pítulo 129, 




— 365 — 

De bolismo. 

Bolismus es hambre quen miembros a entrada 
estando el estomago en mucha hartura; 
la causa es tener el sentido enbotado 
de algunos humores en que está forrado, 
o de qualidades de estraña natura: 
curalde con cosa caliente olorosa 
como ámbar y espica y xUaloes, 
el vino oloroso diz ques buena cosa, 
y purgúese aquella materia viscosa 
y en causa caliente contrario harés. 

m 

De la hambre sincopal. 

La sincopal hambre es vn mal y passion, 
con quien no comiendo desmaya el paciente; 
la causa daquesta es buena razón, 
flaqueza d'estomago y gran sensación; 
la cura es como esta que está precedente, 
y cata no tardes de dalle el manjar 
cuando él lo pidiere, con su vino aguado: 
en causa caliente esforzar y esfriar, 
y quando desmaya, en su propio lugar 
te he dicho la cura del ques desmayado. 

De la sed. 

La sed, quando vieres que no es natural, 
de sol, de cansancio y de vino procede; 
también de secura y calor desigual, 
también de materia ques putredinal, 
colérica o salsa, que de ambas ser puede; 
tú purga la cólera o flema salada. 




— 366 — 

que a hecho digesta el xarabe acetoso; 
lo húmido y frío lechuga y granada, 
azeyte violado y ptisana colada, 
y el buen vino aguado les es prouechoso. 

De la flaqueza y corrupción de la digestión. 

Apocase y quitase la digestión, 
también se corrompe dañando el manjar; 
diñeren según remission y intensión: 
la causa daquesto es la gran repleción 
que nuestro calor haze mortificar; 
también calidades serán causa destas, 
gastando o matando la dicha calor, 
materias o ventosidad alli puestas; 
comer muchas vezes, no estando digestas 
las viandas passadas ni hechas humor. 

De la cura. 

Obserua las reglas questan contenidas 
en la fen tercera en el su regimiento; 
si son calidades serán remouidas, 
y siendo materias serán resoluidas 
en siendo digestas, q ueste es el cimiento: 
xarabe de ysopo y el de calamento 
para digestión de la flema darás, 
y con diaturbit purgaras con buen tiento, 
y estiptico azeyte le pon en vnguento, 
y emplastros de almástiga y ámbar harás. 

Prosigue. 

En cólera el vomito es gran medicina, 
y su digestión con xarab de granadas. 




— 367 — 
y en suero de cabras desaten ayna 
de ^umo de rosa o diaprunis muy ñna 
y su cañañstola bien preparada, 
y denle triasandalos para templar, 
y a9ucar rosado que esfuerza y consuela; 
y en causa flemática deuen le dar 
alguna triaca después del purgar, 
y diacalamento y gengibre y canela. 

De la dureza del estomago. 

A uezes dureza all estomago viene 
de humor malenconico o de frialdad; 
quando es por humor, azedia allí tiene, 
y si es solo frió que en él se contiene, 
el tacto le siente y descierne en verdad; 
hazelde purgar, desque bien se digera, 
con cosas que purguen humor tan nociuo; 
después trementina y enxundias y cera, 
bedelio y spica e los desta manera, 
le hagan emplastro molliñcatiuo. 

De eructuacion. 

La eructuacion es rehueldo, y es cosa 
de ventosidad quel estomago alanza 
por indigestión y materia ventosa, 
por gran repleción o por flema viscosa; 
pero su señal el sentido la alcan9a: 
si ay daños estrinsecos sean remouidos, 
y denle muy poco manjar no ventoso; 
los fríos humores serán digeridos, 
y con gera o garico bien resoluidos; 
después diacimino es marauilloso. 




— 368 — 

De los apostemas del estomago. 

Padesce el estomago por mal humor 
algún apostema o frío o caliente; 
si es calido, punge con fuerte dolor, 
da ñebre y angustia, congoxas y ardor; 
si es frió, es mas manso qualquier accidente, 
y allí donde duele muy duro se siente; 
y quando sospira, el dolor mas le crece, 
y donde le duele tentar no consiente, 
por miedo del dedo que no le atormente, 
tan fuerte dolor a los neruios se oíFrece. 

De la cura. 

Dañosa al principio es la euacuacion, 
y es buena sangría en la causa caliente, 
y con cosas frías la repercussion; 
después ablandar y esforzar la región, 
después aplicalle algún buen resoluiente; 
si es frío, xarabe de asensios digera, 
y con gera pigra sea mundificado, 
y no le maduren en otra manera 
sino confortando al principio siquiera; 
después con dialtea sea molificado. 

De las vlceras del estomago. 

De algún apostema que no se secó, 
o humores colerícos mordicatiuos 
lestomago de vlcera y llaga enfermó; 
también podrá ser que manjar lo causó, 
que oruga y mostaza son vlceratiuos; 
daquestas proceden intensos dolores. 




— 369 — 
y mas quando come manjar acetoso; 
dar luego aguamiel y mundifícadores, 
después los trosctscos y desecadores, 
y purga que ablande Ves muy prouechoso. 

De la inflamación del estomago. 

También all estomago viene inflación 
por gruesso vapor o de ventosidad, 
la qual se engendró por ser flaca la acción 
del calor natural y también cibacion 
de cibo ventoso e superfluidad; 
por quanto de ventosidad se cimienta 
la cura de eructuacion le consiento, 
y gasten la ventosidad que le afruenta 
anís y hinojo y orégano y menta, 
y dalde buen vino y diacalamento. 

Del vomito e nausea. 

En nausea y en gomito essa diferencia, 
que nausea es arcadas sin que aya expulsión, 
y el gomito expele sin mas resistencia; 
sus causas nespecia tendrán conueniencia, 
pero en mas y menos es su división: 
el mucho beuer y la muy gran comida, 
y sobre comer la pelota jugar, 
gran frió o calor o ponzoña o herida , 
y colora o flema all estomago yda, 
podran ser las causas sin mas alargar. 

De cura. 

La nausea es curada assi como flaqueza, 
y el vomito, quando es de mucho comer, 




— 3^0 — 

dexalde salir, que natura os abeza 
que no quiere carga de tanta graueza, 
y que otra vez no lo deueys de hazer; 
pero quando fue de abundancia de humor, 
y vierdes que no s'enflaque^e natura , 
dexalde salir, que aquello es lo mejor; 
mas si es mucho y trae flaqueza y dolor 
estiptico cibo y emplastro le cura. 

Prosigue. 

En causa caliente violetas y rosa, 
membrillos y peras, coral, bolo armeno, 
balostias y psilia, azedera amoglosa, 
todo hecho en emplastro sera buena cosa; 
también vn bebrajo daquestas es bueno, 
pero en causa fria vn emplastro harés 
de almástiga, encienso, espinarde y canela, 
asensios y menta e de nuez de ciprés, 
y tales manjares y emplastros darés 
si del henchimiento ya no se rebela. 

De singulto. 

Singulto es sollozo el qual es contracción 
que estomago haze con frió o calor, 
también le procede de mordicación 
que hazen humores, por cuya expulsión 
natura se mueue daqueste tenor; 
darleys a comer quando es por vacuidad, 
mouelde los vómitos si ay enchimiento, 
y desque digesto y purgado esforzad, 
e al frió castóreo nel vino le dad, 
y de oleo de asensios le hazed un vnguento. 



-37. - 

Fen. XIV. — De ¡as pass iones del hígada e primero 
de la malicia de su complexión. 

El hígado enferma en la su complexión 
por fría o caliente, por húmida o seca; 
la calida viene de calefacion, 
de sol, de trabajos o de cibacion, 
de ajo y pimienta y de quien assi peca; 
e de sus contrarios vendrá frialdad, 
como es de la nieue y holgura e pescados; 
de húmidas cosas le viene humidad, 
y de sus contrarias verná sequedad, 
y desto está mucho en los metros passados. 

De las señales. 
El poco apetito es señal de calor ; 
coléricos vómitos, sed y amargura; 
de cosas calientes su daño es mayor; 
contrario daquestas y blanco color 
o verde a las uezes demuestran friura; 
muy seca egestion y en el pulso dureza, 
e sed y amargor, sequedad certifican^ 
e mas quando vieres de sangre pobreza, 
y rarefacion en el cuerpo y tíaqueza; 
contrarios daquesto humidad significan. 

De la cura. 
A las calidades deueis contrastar, 
pero si materia sanguina es aquesta, 
alguna sangría le deuen de dar; 
endiuía y triasandalos deue tomar , 




— 3y2 — 

xarabe acetoso, oxizacra compuesta; 

si es cólera pura el sangrar dexaran , 

mas con tamarindios templar se conuiene, 

en flema xarab de cantueso darán, 

iten , con agárico le purgaran ; 

y aquesto quienquiera sabido lo tiene. 

De la fiaqueza del hígado^ que llaman epatica. 

Flaqueza en el higado es de opilación , 
o fluxo o flaqueza de miembro vezino, 
o de qualidades que ya dichas son; 
y desta flaqueza la demostración 
es verle el color buelto en verde o citrino: 
si fuere apostema su cura sabrás; 
si es opilación buscarás su lugar; 
si es por sus vezinos sus curas veras; 
si es por qualidades ya quedan atrás; 
después con trosciscos se deue esforzar. 

De las opilaciones del higado. 

Opilase el higado con frialdad , 
o con repleción de manjares o humores, 
o por apostema o por ventosidad , 
y a uezes se opila su carnosidad, 
y a uezes las venas de sus derredores; 
verás la color del paciente perdida, 
y aquella región muy pesada y muy dura , 
y purga materia no bien digerida; 
la vrina blancaza v descolorida, 
y poco apetito y flaqueza en natura. 



— 373 — 

De la cura. 
Si es fria la causa desopilarán 
la cassia y el gárico y cosas calientes, 
el apio y caparras prouecho harán; 
si es calida, endivia y borrajas darán, 
y algunos xarabes templados y abrientes; 
y si es opilada la gibbosidad , 
purgad con diuréticos que abran la vrina, 
pero si es el daño en la concauidad, 
por fluxo de vientre el humor le purgad, 
sangria al principio en tal caso es maligtta. 

De la ventosidad del fisgado y del dolor del. 

Si ventosidad en el higado está, 
conrtscese por la eminencia que tiene; 
digesta y purgada resueluase ya, 
anis, calamento y ysopo lo hará, 
espica y almástiga al caso conuiene; 
pero si en el miembro sintiere dolor, 
será por humores o por calidades, 
o por apostemas o algún mal tumor; 
ya sabes curar quando ay daño de humor 
e quando dañaren las otras maldades. 

De los apostemas del higado. 
Al higado viene apostema ventoso, 
o duro o de colora o flema o sanguino: 
fuere de colora es muy doloroso; 
es nema, es cargado y es mas porfióse; 
es sangre, haze rúbeas maxiUas contino; 
es ventosidad es mas alto y inflado, 




— 374 — 
pero quando es duro en el tacto se siente; 
y en todos el diestro ypocondrío es cargado 
y d uele , pero quando está en lo gibado 
paresce de fuera vna luna cresdente. 

De la cura. 

Si fuere sanguino se deue sangrar 
de aquel mismo lado basilica vena , 
e con cañañstola lenificar, 
e su defensiuo al principio aplicar; 
después confortarle, según Auicena, 
con oleo rosado y con oleo mirtino, 
mezclando con estos el de manganilla ; 
después madurar, resoluer con buen tino; 
si colora es, no se sangre contino; 
mas esta es su cura sin mas repetilla. 

Prosigue. 

Y si este apostema es porque ay retención, 
de Huxo asueto curalde primero, 
si es duro, hazelde molificación, 
e con oximel le harés digestión, 
e purgue después con epitimo en suero; 
si es flema o ventoso huirán defensiuos, 
sin que tengan mezcla de algún resoluiente, 
dale apio y hinojo y desopilatiuos, 
darle han subtiiiantes también lenitiuos, 
e la purga fuerte este tal no consiente. 

De cacesia. 

Cacesia es la disposición que antecede, 
y a vn es de vna especie con la ydropesia, 



-3yS- 
de sus mismas causas por cierto ser puede: 
en pies hinchazón, y en el rostro procede 
daquesta passion, y gran sed todo el dia; 
tú purga el humor, si hay señal manifiesta, 
con purga aromática, y el miembro templa, 
esfuercalo y abre, por la orden ques puesta 
en la ydropesia, y pues quella y aquesta 
son tan convenibles, alli la contempla. 

De la ydropesia y sus ¡res especies. 
Es la ydropesia vna enfermedad 
de fría materia e aguosa inflatiua 
en todos los miembros do está vacuidad, 
y mas en el vientre, y es por la maldad 
del higado y de su virtud digestiva; 
llamóse yposarca la especie primera, 
de flema quen miembros ha hecho su assiento; 
la otra es asclites, que ha hecho minera 
de agua en el hondo del vientre si quiera; 
otra es timpanites, ques hecha de viento. 

De la yposarca e sus causas e señales. 
La sangre flemosa, según que yo siento, 
que va en la yposarca por sus miembros ciertos, 
en ellos no pega ni es buen nutrimento, 
y queda en lo hueco daquestos retento, 
do haze hinchazón de vnos cuerpos ya muertos, 
y assi todo el cuerpo en aquesta es hinchado; 
las otras especies nel vientre son mas, 
un hoyo se haze en el miembro apretado, 
y desque se suelta, a su ser es tornado, 
su pulso muy ancho y muy blando verás. 




— 376 — 

De asclites y de sus causas y señales. 

Eli agua que suele yr a los reñones, 
virtud no apartándola como solía, 
por higado flaco o por opilaciones, 
nel vientre se encierra en sus huecos rencones, 
y aquesta es asclites de la ydropesia; 
si de vn lado al otro se vuelue el paciente, 
hará como vn cuero do está floxo el vino, 
sus miembros son flacos, y el vientre saliente; 
tan flacos no están como en el subsequente, 
su pulso está chico y frecuente contino. 

De timpanites y de sus señales y causas. 

Verná timpanites por ser corrompida 
virtud digestiua faltando el calor, 
o por la materia ser mucha y crescida, 
conuiertese en viento y haze manida 
nel hueco del vientre, eleuando tumor; 
si hieres el vientre parece atabales 
o cuero de viento, assi haze el sonido; 
lombligo es muy alto, y los miembros son tales 
que secos parecen al sol e mortales, 
y es mas quen las otras su pulso cresddo. 

De las señales comunes a todas^ y de la cura, 

Pero en todas tres en los pies son hinchados, 
e flaco apetito el color se le troca, 
los parpados altos, los ojos inflados, 
gran sed y secura, y de aliento apretados, 
y en causa caliente amargor en la boca; 
en todas tres tenga muy buen regimiento, 



i 



-377- 
e coma muy poco manjar, y no beua, 
y siendo su causa algún fluxo retento, 
aqueste se abra sin detenimiento, 
y los quartos dias vn vomito mueua. 

Prosigue y cura en ypesarcha. 
Y para el estomago y la opilación, 
xarabe de asensios te den a beuer, 
después denle purga con confortación 
de spica y almástiga y gera en mistión, 
que esfuercen y puedan la flema atraer; 
con pildoras hechas al caso purgar 
en cada semana, le es gran medicina, 
después con trosciscos secar y esforzar, 
e con oximel diacucurma mezclar, 
es aperitiuo y prouoca la orina. 

Prosigue e cura en ascliles. 
Con el ruibarbo e con mirabolanos, 
mezclando abridores y confortatiuos, 
son para purga en ascütes muy sanos, 
el baño e sudor y exercicíos mundanos 
en su hora tomados le son sanatiuos, 
las pildoras dich.^s de mezereon 
son nesta aprouadas de nuestros autores: 
si causa caliente hay en esta passion, 
en contemperar trastornad la intención 
con confortatiuos y con abridores. 

Prosigue y cura la íimpaniles. 
Dar agua de cndiuia y las frias amientes 
en la timpanites aprueuo por bueno, 



castóreo, estorac, en eznpla: 
e mirra arteimsa son marau 

Fen. XV. — De las passiones de la ¡ 
de la ictericii 

Ictericia es voluerse dtrii 
o muy verde o negro por ir 
daqucstos colores colérico i 
por opilación y flaqueza tnti 
la colora muda su propio se 
que en vez de seguir su car 
del hígado al ba^o y a hiél, 
cada vna dará su color por 
y sed e amargura e calor d< 
la verde y citrina son de un 

De la cura. 
Si es causa caliente en la 




— 379 — 
y suero de cabras nel daño humoroso, 
y emplastro en el hígado es muy prouechoso; 
aquel de fermento diz ques afNropíado, 

Prosigue. 

Si vuiere apostema deueysle sangrar , 
esfriar, confortar y vaziar el humor, 
y la opilación deue abrir subtiliar 
después de sangrado do vuiere lugar; 
tras esto purgalle es la cura mejor; 
si es negra ictericia, un xarabe le den 
de rayces, tras esto conuiene purgalie 
con enblicos indios, epítimo y sen ; 
pero si apostema tuuiere el espíen 
o ques opilado, esto es bien remedialle. 

De la malicia de la complexión del ba^o. 

En su complexión el ba^o adolece 
por todas las causas que en higado as vido; 
si es calida, sed y dolor se le offrece, 
si es fria^ tristeza y hastio padece, 
y si es con materia hay graueza y rugido; 
sangralde, si sangre este daño ha traido 
la vena del arca del ysquierdo bra^o, 
purgad si otro humor alli vuiere empecido, 
y en todo lo otro si aueys ya sabido: 
la cura del higado es cura del ba^o. 

De los apostemas del tafo. 

El ba^o si tiene apostema caliente, 
la sed y el ardor y el dolor darán muestra, 
si es frío, graueza y dureza allí 9Íeati», 




— 38o — 

si es ventosidad es inflado y diente, 

si es flema, está floxo y dolor no demuestra: 

si sangre empeciere, sangría darés 

de la dicha vena y sutil regimiento, 

y en todas las cosas que hagan después, 

e si otro humor fuere que medio temes, 

del higado a este tomad documento. 

De las opilaciones del bofo. 

Y si opilación en el ba^o se ordena 
que por la color y en el tacto se alcanza, 
do hay sangre, sangrar la siniestra sofena 
y la saluatela en tal caso es gran vena; 
y si hay otro humor, con la purga se alanza; 
do esté diacartamo epitimo y gera , 
polipodio, agárico, spica y buglosa 
e aperítiuos de dentro y de fuera 
como escolopendria y simiente abridera, 
rayz de alcaparra y almendra amargosa. 

Prosigue. 

Xarab de rayzes o alguno mejor 
harán digestión para mas bien purgarle , 
y desque digesto y purgado el humor 
trosciscos y emplastros y vnguento abridor 
le deuen hazer, y a menudo es de vntarle; 
donde hay causa fria abridores calientes, 
do fuere caliente los frios mezclar; 
el higado y este no son diferentes 
en sus curaciones, sino en parar mientes, 
ques mas noble el higado y mas de mirar. 



— 38i — 

fíff. XVI. — De ¡as passienes de las intestinos; 
primero del fluxo del vientre. 

Del cibo y del poto podría ocurrir 
el fluxo de vientre y de malos vezinos, 
y el qucs de vezinos podeys diuidir, 
que o de mesaraycas podrá prouenir, 
o hígado o ba^o o cahe9a o intestinos; 
y por abreuiar en manera tan varia, 
según los modernos diuidolo en tres, 
que o es disinteria, lienteria o diaria, 
sin e! tenasmon de que en otra sumaría 
y de la colérica escrito veres. 

De lienteria. 
Lienteria es vn fluxo y es intestíiiitl, 
que tal qual se come y se beue lo espele, 
por falta que abrá de calor natural, 
e la retentiua retiene muy mal ; 
su causa frialdad o enchímiento ser suele : 
si es frío, curalde con calefactiuos 
y confortatiuos y emplastros v vncion; 
mas antes, si ay flema, dar leys digestiuos, 
tras esto los vómitos son sanatiuos, 
y purgas y ayudas de confortación. 

De diaria. 
Diaria es vn fluxo do salen humores 
e cibos digestos o casi digestos, 
y desta podrán, según nuestros autores, 
todos cinco miembros ser sus causadores. 



se cura en los otros, y esto 

De disinteriú 

Y la disinteria es vn fluX' 
con vlcera y llagas en los in 
de flema salada .o de colora 
que punge y deshuella quali 
da liebre y congoxa e doIor< 
y en antes que purgue da, < 
a estomago y tripas dolor y 
y en esto difiere de diaria y 
y si con la sangre viene otri 
conusce se allojo en aquella 

De cura. 

Sy es sangre la causa, dei 
si tiene virtud que lo pueda 
si es colora, purgúese antcl 



Prosigue quanto a la colora y quanto al fiema salió. 
Bolo armeno, acacia y la tierra sellada 
y la gomarábica y yema de hueuo, 
buglosa y. poquistidos y agua rosada, 
llantén y la sangre de drago majada, 
azeyte rosado y de cabra algún sebo, 
daquesto se haga vn cristel mensurado, 
y háganse poluos de consolidar; 
pero si su causa es el flema salado; 
después que los quebulos le ayan purgado, 
mestuer(;o tostado le puede esforzar. 

Prosigue. 
Xarab de membrÜIos y basÜicon, 
^umaque y tostado coral es loado, 
y coma el paciente daquesta passion, 
de aues assadas por confortación, 
el poto sea poco y^sea azerado; 
tras esto, trosciscos y emplastros harás 
de cosas que al caso valer se presuma, 
en todos los fluxos asi curarás; 
y agora no esperes que yo diga mas,- 
pues no he de poner el traslado en la suma. 

De la colérica passion. 
Colérica passio es vn espelcr 
por gomito y cámaras todo el manjar, 
corrómpese y dañase todo el poder 
de la digestiua y del retener; 
con esto no puede el manjar restaurar, 
euacua el humor que a la vista se ofTrece 



por d mismo gomiti 
después adre^r la v 
y como en el fluxo s 
y en su gran flaquei 

Del i 
Nel recto yntestir 
y llamase puxo en el 
su causa es gran fri< 
o Berna salado en qt 
o flema muy gtuessi 
después de ablandad 
con pildoras fétidas 
y la cañañstola en ce 
con malua y bismali 
si sobre secura este 

Pr 
Pero si prouiene i 
hazerle has ayudas ( 
y ponle vn vnguent 
de enxundias de ans 
y el voto de puerco 
si es llaga, después i 
almástiga y mirra la 
e si es apostema de 
sofena y basílica sea 
y repercusiuos desp 

Di punch 

Punción o puntac 

verná por las causas 



— 385 — 
que cuando se opila y se haze maior 
es ella la cólica, e por el autor 
la cura de cólica en esta conuiene; 
mirachia es punción nel mirach situada 
de algún apostema o agudos humores, 
en estas ya dichas está considerada 
e por sus señales alli está curada, 
que no differe^en sino en ser maiores. 

De cólica. 
La cólica en el intestino colon 
en las partes baxas a hecho su asiento; 
es ella en las hiezes gran induración, 
y en los intestinos grande opilación; 
da fuertes dolores y graue tormento: 
podrán ser sus causas frialdad y secura 
y ventosidad y calor que deseca, 
o algún apostema o llaga rotura 
que abrán hecho humores de aguda natura, 
o hazelo llema viscosa y muy seca. 

Di la cura. 
No apliques, si fueren las causas calientes 
los calefactiuos de dentro ni fuera; 
mitiga primero dolor y accidentes, 
e dale cristeles que sean lenientes, 
y euacua la colora en buena manera; 
si vieres que tiene tan fuerte el dolor 
que mitigatiuos no pueden bastar, 
con algún narcótico amansa el furor; 
e si ay apostema de cálido humor 
con mezcla de sangre, deueisle sangrar. 



Pn 

Si el daño es de fli 
de anís, fenogreco y 
y échale ayuda con s 
de la cañañstola y su 
acá en yliaca te entie 
la ventosidad será Ihi 
con vaporaciones y a 
y en esto no cabe ya 
y si algo aquí falta d 
a la yliaca en los mel 

De U 
Yliaca y cólica sot 
por quanto yliaca es 
en los intestinos que 
la otra en los baxos < 
y en todo lo otro mi 
la causa es estar mu] 
con secas materias o 
o con frialdades, y ei 
por todas las causas 
que cólica viene que 

De las sei 
Las señas daquest 
en los yntesñnos que 
purgar por la boca e 
salir por abaxo, lo qi 
congoxas, vigilias y ¡ 
por boca y por baxo 



— 387 — 
!a purga y cristel Ic dareys sin recelo, 
después sobrel vientre poned resoluientc 
ai vierdes que el mal no es de causa caliente, 
de cosas calientes en un ha^eruelo. 

Prosigue. 
La sal y simiente de eneldo y de lino 
y mijo, anis y panizo y auen:i 
tostados en teja y ruciados con vino 
y la dialtea y el vnto porcino 
encima del vientre, son cosa muy buena: 
después de esto con cañaüstola echad 
algún diacartamo y purgue la flema: 
si es causa caliente otramente purgad; 
si es causa sanguina, primero sangrad 
y mas quando vierdes que tiene apostema. 

De las lombrizes. 
Mirad que miraglo de nuestro hazedor 
que quando en natura algún cuerpo podrece 
por rectificar su hediondo vapor 
que all ayre no dañe y corrompa el hedor, 
le enviste de forma en la qual permanesce: 
y assi del podrido, del agua y la tierra 
s'engendran culebras y moscas sin medio, 
y el flema corrupto que al cuerpo s'encíerra 
la humana natura adretjando al que yerra 
le haze lombrizes si no ay más remedio. 

De su diuision v señales. 
y destas abrá tres especies sabidas, 
porque hay larga y ancha y redonda lombriz, 




— 388 — 

las señas que traen son muy conosddas: 
de noche las bocas muy humedecidas, 
de día secura y comer de nariz; 
hazerle has ayudas de cosas calientes, 
de garico y cártamo y de calamento, 
epitimo, asensios, son sus malquerientes, 
y gera y triaca; pero si ardor sientes, 
darle has verdolaga y vinagre en tormento. 

Fen. XVII. — De las passiones de la silla. 
De las emorroideSy que son almorranas. 

De las emorroides tres especies son, 
la peor de las quales es la verrucal, 
de humor melanconico es su emanación; 
la otra es de sangre mas mansa passion, 
y por su color fué su nombre moral; 
la tercia es vual de purpureo color, 
compuesta de sangre y de melancolia, 
y alguna hay que hizo flemático humor, 
y a uezes traen fluxo do mana liquor, 
y a uezes son sordas y tienen porfía. 

De la cura. 

Primero deueys el humor digerir 
y bedelías pildoras deue de vsar, 
hazelde muy buen regimiento seguir, 
y viendo ques bueno quererlas abrir, 
sangrad la sofena o bañar y ablandar; 
pero cosa estíptica deue aplicar 
sí aquel fluxo es malo y se deue estreñir, 



— 389 — 
y do no ay mas medio y las quiere cortar, 
con hilo de seda las deue de atar, 
y con diaquilon al dolor recurrir. 

Escujase porqué no habla de las oirás enfermedades 
desíe miembro. 



No quiero hablar de las otras passiones 
por no dar al metro y las coplas mas mengua, 
que son manifiestas en sus curaciones, 
y esta es vna habla do abrá reprensiones, 
tan suzios lugares tratar con la lengua; 
por ende miraldas en nuestro Auícena 
estas seys o siete passiones que callo, 
a do en estudiallas no abreys mucha pena, 
porquel assi breues alli las ordena, 
que mas breuedad neste estilo no hallo. 

Fen. xviii. — De las passiones de los reñones, y primero 
de ¡a mala complexión y dolor y flaqueza dellos. 

Como otros padescen también los reñones 
mala complexión y dolor y flaqueza; 
todo esto o les viene porque ay soluciones, 
o por calidad que hay en estas regiones, 
y porque ay humor o apostema o dureza; 
quando es de calor y sintiere amargura, 
o sed en la boca y ardor nel lugar, 
comer verdolaga y lechuga es su cura, 
y vnguento violado o rosado procura, 
que par los reñones es muy singular. 



-39= 

Prosi^ 
Y si es con materia ) 
sangrad la del arca y so 
ayuda de leche de ouej! 
si sebo de cabras con el 
y azeyte rosado, y des[ 
ruibarbo en la colora y 
en flema el agárico y el 
agripa y dialtea son mu 
en las causas frías, y et 
según lo passado curad 

Dt les apostemas 
También apostema 1< 
en lo alto, en lo baxo, 
por gran henchimiento 
natura reglar el humor 
contropasse y hincha d 
trae fiebre continua coi 
dolor nel reñon donde 
si es diestro, el dolor a 
y si es nel izquierdo ai 
es blanca la vrina quan 

Déla. 
En causa sanguina s 
la purga en la colora st 
deueys cañafistola en s 
y dalla a beuer o a clis: 
quel rezio purgar en ts 
y guarda al principio n 



-39' - 

por dentro y por fuera harás defensión, 
y si intoíerabics serán los dolores, 
tiloiiio y narcóticos son valedores, 
madura y después le haz resolución. 

Prosigue. 
Si fuere íiematicü e! tal apostema, 
no ay tanto dolor y ay muy gran cargamiento 
después de digesta y purgada la Hema; 
emplastros calientes yo tengo por tema, 
si ay dentro laurel que harán conpÜmiento, 
y si es apostema esclirotico y duro, 
este es malenconico y tiene graueza, 
y secas las piernas como etico puro, 
y muy poca vrina el color tiene obscuro; 
curad como al higado donde ay dureza. 

De las vUeras de los reñones. 
Las vlceras nuestros reñones padecen 
de humores agudos o flema salobre, 
ó son de apostema del qual no guarecen, 
también de rotura o de piedra recresccn, 
o de complexión; do tal obra se obre 
verás que echa pelos y podre en la orina, 
cortezas bermejas con escozimiento; 
pero si son blancas cortezas se asigna 
ques en la vexiga la llaga maligna; 
la cura se ordena por este cimiento. 

De la cura. 
Donde es menester comen<;ar por sangría 
y darle aguamiel para mundificar, 



^ 



podran confortar y liin|Mar po 
tras esto secar y encarnar se r 
con bolo y espodio en su lechi 

De la piedra en les reñones y . 
La piedra se cria en reñon j 
de gruessa matetia y sobrada i 
de apostemación podra ser qui 
o de alguna llaga, la qual cont 
I» Tuertea espulsiua y atraya el 
el qual, retenido en vexiga y r 
y siendo terrestre muy gruess" 
contropasse y hazese en él con 
gastando calor lo subtil, y en I 
se engendran las piedras y el ( 

De la cura. 
De cibos grosseros se deue 
como ánsar y vaca y fruta innr 
y es muy prouechoso contino 



— 3g3 — 

Di las medednoi que quebrantan la piedra. 

Rayzes de costo y assensos y altea, 
y la saxigragta y el pentafilon , 
y la escolopendria y la yerua polea, 
bedelio y el apio que montano sea, 
casia y calamento y el escordeon, 
rayzes de rubia, raíz de laurel, 
cardo y carpobalsamo y goma de selua, 
simiente de rauano y raiz de athel, 
perexil macedónico junto con él, 
garuando negrillo con estos s'enbuelua, 

:. XIX. — De las passienes de la vexiga, y primero 
de ¡a piedra en ella. 
También la vexiga padesce passiones 
como otro cualquiera de los oficiales; 
padesce apostemas y opilaciones , 
y vlcera y piedra, y también incisiones , 
y sobra de humor complexiones no yguales: 
la piedra en vexiga se cura en la suerte 
que hauemos curado la piedra passada, 
mas la mededna daquesta es mas fuerte 
por quanto es mas fria, y el humor conuierte 
en mas dura piedra y muy mas congelada. 

De los apostemas calientes de la vexiga. 
Asi que padesce apostema caliente 
de colora mucha o materia sanguina, 
el qual da dolor y da gran fiebre ardiente; 
desque ayas sangrado, pon repcrcuciente 
como olio rosado y azeyte vnfancina, 



y algunas ayudas le 
do esté cañañstola y 
y enbroca con cosa: 
y repercusiuas y mi 
narcóticos pon en di 

aceras 
La vlcera viene i 
por todas las causas 
de alli sus señales p 
de azedo y salado s< 
y con aguamiel haz 
y porque deseque y 
trescisco allrelrengí 
y blancos colirios de 
sarcocola y plomo y 
después stríngalle, j 

Del ardo 
A uezes conte^e 
como si vrinasen vr 
por quen la vexiga 
o algún apostema o 
de ser muy aguda I 
purgalle con cosa m 
si vuiere enchimient 
si ay podre, con cui 
y es bien siringar ca 
con clara de hueuo 



al vez deba leerse trosiso 
n Juver*. fó\. ípS. 




— 395 — 

De la distilacion de la vrina o stranguria. 

Tenerse la vrina se Uama estranguria» 
y esto es quando sale goteando y poquita; 
si no sale nada, llamárnosla suría, 
y si sale a ratos, se Uama disuria; 
y es vna la cura en todas escrita: 
aquesto procede de alguna frialdad, 
o llaga o calor, o de algún apostema 
questá en la vexiga, o en su vezindad, 
o está en la virtud esta enfermedad, 
o es por humores mayormente flema. 

Pone las señales e la cura^ en la qual se comprende 
I dolor y el podre y la sangre congelada , que son también 

'passiones de la vexiga. 

Si es frió la causa, en la vrina ay blancura, 
y si es de calor, la vrina es ardiente, 
si es piedra o si es llaga, apostema o infladura, 
sus señas son dichas, y aquellas procura; 
si humor solo es causa, en la vrina se siente, 
si de spasmo es, nel lacerto mouiente, 
o si es apostema, si es piedra, si es Haga, 
sus curas son dichas en lo precedente; 
pero si dolor es la vrina inpidiente, 
con algún narcótico el tal se deshaga. 

Prosigue. 

Si es podre que opila y alli se entrepone 
con una siringa le mueuan de alli, 
y si es humor gruesso, oximel le dispone, 



— 396 — 

después diaturbit en la purga se pone, 
triaca y diuréticos valen aquí; 
si es sangre cuajada de arriba venida^ 
sangrar la delKarca y después la sofena, 
y estoruar el fluxo segura su vida; 
pero si es veruga o es carne añadida, 
la molificante siringa es muy buena. 

Del inuoluntario salir de la vrina^ que se llama diam^ 

Diamne es salirse la vrína sin grado 
y sin voluntad da quel que la echa, 
porque aquel lacerto está molificado, 
o tiene gran frió o calor muy sobrado, 
o porque dureza en las tripas es hecha; 
si es por frialdad, le daréis a beuer 
estipticos potos que sean calientes, 
y algunos emplastros le deuen poner 
para confortar y hazer retener 
a aquellos lacertos que están impotentes. 

Prosigue de la cura y de los que se vrinan en sueñi 

Los kebulos mirabolanos tostados, 
la mirra y olíbano y clauos y rosas, 
encienso, arayhan, corales colorados, 
beuidos son buenos, también emplastrados 
metridato y triaca son muy buenas cosas: 
y algunos verás orinarse en la cama; 
a niños pequeños viene este destemple, 
es muy ruin passion para estar con la dama, 
no menos aquesta diamne se llama, 
y su cura es desta y allí se contemple. 



-3,7- 



Diabetes es mucha y muy fuerte espulsíon 
de vrina, que tal qual la beue la espele, 
porquen los ríñones ay calefacíon 
tan grande que hazen aquella atracción; 
también de frialdad y Haqueza ser suele, 
de mucha calor las mas vezes se cria; 
trosciscos de espodio son buenos para ella, 
la sed se le mate con mucha agua fria; 
y vntalde con populeón cada dia, 
y emplastros estípticos valen en ella. 

Prosigue y pene de la multitud de la vrina capitule. 
Do entren membrillos y verga pastor 
y fariña de ordeo y azeyte rosado, 
y acacia y balostia, vinagre, alcanfor, 
y pámpanos verdes Á están en su lior; 
y denle a beuer del xarope violado, 
y si es fria causa, con oleo nardino 
y azeyte castor los reñones le vntad, 
y emplastros de encienso y cortezas de pino, 
y con esta cura y por este camino 
a la multitud de la vrina curad. 

Del orinar de la sangre. 
Por ser los renones con mucha flaqueza, 
conte9e orinarse la sangre en la orina, 
o porque la sangre es de gran subdleza, 
o porque en las venas ay mucha lleneza, 
o viene por termino en fiebre malina, 
por llaga, apostema o por miembro rasgado, 



d 



— 39* — 

o hígado flaco que se manifieste; 
después que le tengas dos vezes sangrado 
de todo lo otro ya esta relatado 
en los otros metros primeros daqueste. 

Fen. XX. — De Lis passiones de los genitiuoi 
y miembros de la generación^ y primero del poco t 

y facultad de líos.- 

Los miembros que engendran, por muy 
se cuentan, y son de gran beneficio; 
también estos sienten passiones y males, 
el mas lastimero y peor de los quales 
es falta de coito y no vsar bien su officio; 
la causa es nel miembro y la sangre frialda 
que haze menguar apetito y esperma, 
o calor que gasta la ventosidad, 
por quien resuscita la sensualidad, 
o algún miembro noble o vezino que cnfci 

Prosigue las causas y pone la cura. 

Como es el celebro o el coraron 
de los quales vienen virtud y apetito, 
o es porque entrellos ay opilación 
por donde a los miembros de generación 
no passa materia, virtudes ni esprito; 
si es este defecto por los superiores, 
sus señas y curas ya están sobrescritas, 
y si es porque ay falta de sangre y humor 
la leche y los hueuos son restauradores, 
el vino y el sueño de las tardezitas. 



r 



- 399 — 

Prosigue. 
Si es por frialdad, de qualquiera manera 
metridato y triaca en ella se aprueua, 
y el diasatirion en aquesto s'esmera, 
y si es de calores, de la dormidera 
sacad la simiente, y en vino la beua; 
los pezes salados, anguilla y cecina 
despiertan á Venus, con puros engaños 
mantienenia vinos de Coca y Medina, 
paloma y perdiz, codorniz y gallina, 
y fresca mochacha de diez y seys años. 

De gemorrea. 
Gomorrea se dice cuando vno padece 
salirse la esperma sin su voluntad, 
de flaca virtud retentíua recresce, 
o de la espulsiua que se enfortalesce 
a causa de humores o de calidad; 
estrecha el comer en aqueste paciente, 
y dale manjares que apoquen la esperma, 
lentejas, nenúfar, en causa caliente, 
y en fria agno casto, euforbio, y simiente 
de ruda, y en cama muy dura se duerma. 

De priapismo. 
Priapismo es contino la verga estar tiesa 
sin gana de coito, su causa es ventosa; 
la poca calor será causa daquesta; 
si mucha humidad estuviere alli puesta 
acerca del miembro do viene tal cosa; 
después de sangrado la vena mediana. 



I 




— 400 — 

mouerle algún vomito sobre comer, 
y sobre el reñon vna vndon es muy sana 
con populeón cada noche y mañana, 
y fríos bebrages le den á beuer. 

De polución. 

Ya suelen los hombres hazer polución 
soñando que se echan con qualque su amiga; 
el sueño del perro es aquesta passion, 
que sueñan en otra la empreñacion 
y desque despiertos esta en su barriga: 
las causas, las señas, la cura y el como 
daquesta y gomorrea todos es vno, 
y deuesle a este poner sobrel lomo, 
sino hay impidiente, una plancha de plomo, 
y agua de lentejas le den en ayuno. 

De los aluminados. 

Los aluminados padescen dolencia 
de ser putos, y es muy absurda y muy ciega, 
y desta en Italia diz que hay pestilencia; 
y en nuestras partidas, si no hay resistencia, 
en algunos buenos y honrados se pega: 
aquestos desean de ver y palpar 
la suzia luxuria de otros o dellos, 
y no pueden el su deseo acabar 
sin otros encima; deueislos curar 
con hambre y con frío, a<^otaIlos, prendellos. 

De los apostemas de los genitiuos. 

Si viene apostema en los genitiuos 
conoscese como los antepasados: 




— 40I — 
si es calido, sangra y pon repercusiuos 
como mucilages refrígeratíuos 
y vinagre y agua y azeyte rosados, 
y purgue con mechas y ayuda d humor, 
harina de hauas y miel le madure, 
y el diaquilon será resoluedor, 
y si es frío y no trae fanto dolor, 
sin el defensiuo y sangría se cure. 

De la hernia y sus diuisiones. 

En aquella tela sifac que se extiende, 
y los intestinos y zirbo el circunda, 
contesce rotura, por do se desciende 
el zirbo y las tripas, y todo ello pende 
hasta las vedijas, do en hernia se funda; 
por relaxacion daquellos dindinos 
do se hazen camisas a los genitales, 
se baxan el zirbo y los intestinos, 
do se haze otra hernia, la qual trae signos; 
y aun ay otras hernias que son humorales. 

Prosigue la diuision y pone la cura. 

Ay otras aguosas por mucha humidad 
que se entra en la bolsa daquestos señores, 
mas otras se hazen de carnosidad; 
ay otras rellenas de ventosidad, 
y otras de venas muy gruessas de humores; 
la hecha dé relaxacion y rotura, 
se cure con cosas muy consolidantes, 
la momia y consuelda real por ventura 
son cosas probadas, y para la cura 
vn tirabraguero le hagan en antes. 

16 



^ 402 — 

Prosigue la cura. 

De frutas ventosas, como es auellana, 
y del enchimiento, se aparte contíno, 
y deue tomar cada tarde y mañana 
del poluo molido de v{deriana 
vna drama y media masado con vino, 
y quando las tripas abaxo vinieren, 
se deue primero amansar el dolor, 
después adre^allas lo mas que pudieren, 
y pónganle emplastros según se requieren, 
aquel que hizo el Guido es buen consolador. 

Prosigue. 

Mas otros las curan abriendo al paciente 
y cauterizándole como les plaze; 
para esto se busque algún hombre prudente, 
experto en ell arte y muy gran diligente, 
y miren la hora en que aquesto se haze; 
la hernia aguosa y también la ventosa 
se curen haziendolas resolución, 
y purguenle desa materia humorosa; 
asi como en la ydropesia carnosa, 
y todo su ñn será desecación. 

De las vlceras de la verga y los genitiuos. 

Padesce la verga y los sus compañones 
postillas y vlceras dentro y de fuera; 
curad vnas y otras como en los reñones, 
y como en vexiga en sus vlceraciones 
resfriar y limpiar y secar se requiera. 




— 4o3 — 

poniendo al principio canforado vnguento, 
después el vnguento litargirío o verde; 
llaualle con agua do esté cozimiento, 
daloes y tutia y los deste cuento, 
y a qualquiera llaga secarse os acuerde. 

De las passiones de la madre. 

Fen. XXI. — T primero de la esterilidad y difficuüad 
de empreñar por culpa del esperma. 

La causa de no poder empreñar 
la madre o el esperma lo habrán causado, 
por ser muy caliente no puede engendrar, 
por húmido y frió no puede cuajar, 
por seco o por gruesso, o por ser muy delgado; 
por ser mal dispuesto marido o muger, 
por questá borracho, o ques niño o ques viejo, 
o no ay conueniencia en los dos para ser 
la generación y podríase hazer 
de qualquiera dellos con otro parejo. 

De la esterilidad por culpa de la madre o matriz. 

Aculpa la madre porque ay complexión, 
o malos humores en ella metidos, 
o porque ay defecto de su purgación, 
o porque no puede hazer atracion, 
ni puede tener los simientes vnidos; 
o tiene en los labios dureza o íloxeza, 
o esperma mas tarde quel hombre o mas presto, 
o tiene apostema y muy poca limpieza, 
o no está bien puesta o padesce flaqueza, 
o llaga o rotura o algo como esto. 



— 404 — 

De la cura. 

Sí aculpa el esperma en el concebín 
ya es dado el remedio de restaurallo, 
y si la matriz tiene tal nocumento, 
padesce frialdad, según tu pensamieni 
con cosas calientes es bien remediallo; 
xarab de rayzes, xarab de cantueso, 
harán digestión en la flemo»dad, 
geralogodion euacua lo gruesso, 
y con tragectorio vn liquor muy espe 
do esté policaria y centaurea le echad. 

Prosigue. 

Y en el tragectorio o la mecha si vi 
poned coloquintida para purgar, 
pero si calor o secura empeciere, 

la colora o sangre sacar se requiere 
con cosas templadas, tras esto templai 
acacia y poquistidos, cuerno ceruino, 
mezclados con ámbar do frió le empec 
en secura almendras y grana de pino, 
y en ventosidad diacimino fino, 
y destos emplastros o cibo se adresce. 

Del regimiento de las preñadas. 

Y deues regir la preñada muger, 
con buenos manjares y muy lenitíuos, 
ciruelas y caldo delante el comer, 

y vino oloroso y muy bueno beuer; 




— 4^5 — 

huir los azedos y aperitiuos, 

y huia el temor y la yra y tristura, 

y aparte el correr y el saltar aza tras, 

y sobre comer dale pera madura 

o algún buen membrillo, y en lugar de cura 

algún diamargariton le darás. 

Regimiento para sacar las paries o el aborto maerto. 

La dueña en el parto si parias no echa, 
asi que dexó alia la secundina, 
el estornudar para esto aprouecha, 
y si esto no basta sacalda con mecha 
o con sahumerio de ruda y sauina; 
iten, aristologia majar, 
y con artemisa y sauina y mestuer^o, 
y con hiél de vaca vna mecha mezclar, 
podreys al infante abortiuo sacar, 
y parias con esta poniéndole esfuerzo. 

De mola que llama el vulgo preñez de trasgo. 

La mola es nel vientre vna grande hinchazón 
que haze a la dueña pensarse preñada; 
por quanto en las tetas sintió repleción, 
también le a dexado la su purgación, 
y mueuese dentro la cosa engendrada; 
la causa daquesto es que ay carne criada 
del mestruo femineo y su propia simirnte, 
o hazelo el mestruo y la sangre encerrada; 
curarseha después de purgada y sangrada 
como vn apostema muy duro eminente. 



— 4o6 — 

De la dificultad y trabajo del parte 

Por ser la que pare gniessa o pcqu 
o porque el que nasce esta grande o i 
o por la madriz estar seca o estrechue 
o por ser el tiempo que quema o que 
o la secundina es de duro compuesto; 
o porqués muy simple y ruin la parte 
o por ser enfermos los miembros vczi 
por todas las causas daquesta manera 
padesce mal parto, y no es mucho qu< 
quien pare y con fuertes dolores conti 

De la cura. 

Por ende es muy bien quando el pa 
regirla con caldos y blando manjar, 
y entrar a las vezes en baño es muy s 
también recebir sahumerio liuiano, 
y el vino oloroso no deue dexar; 
y quando el dolor comentare acusar, 
haz que unte la vulua con óleos calien 
y si es muger gruessa, mandarleas ests 
de bru(jos pariendo, y sera bien cortar 
a la secundina si dura la sientes. 

De la superfluidad de los mestruos o fluxo ú 

de la madre. 

Yerna sangre hiuia ques fluxo mest 
por sangre caliente y de mucha agude 
que rompe las venas, o la madre es ta 
que tiene apostema o enchimiento hun 
o sobra en calor o padesce flaqueza; 




_ 407 — 

si está con la sangre mixtura de humor 
conoscese desque tomada en vn paño, 
que allí cada uno dexó su color, 
y si es apostema trae fiebre y dolor, 
y si es de calor, manifiesto es su daño. 

De la cura. 

Quando es de espulsion natural o enchimiento 
no deue cessar si flaqueza no viene, 
si colora peca sacalle el cimiento 
con mirabolanos y los deste cuento; 
si es Uaga o apostema, capitulo tiene 
la flebotomia do sangre abundare, 
y alguna ventosa debaxo la teta; 
es bueno el llantén do calor dominare, 
estípticos pon do flaqueza dañare, 
y dale trosciscos de buena recebta. 

De las vlceras y de las ragadías de la tnadre. 

Ragadias y Uagas a la madre vienen 
por todas las causas quen otras e puesto, 
las mismas señales y cura aquí tienen, 
mas las medecinas daquesta conuienen 
ser secas, no muelles, y esto es manifiesto; 
con paños muy limpios se limpien primero» 
y lauen con ^umo de rosa o llantén, 
y con aguamiel mundifiquen tercero, 
alumbre las laue y deseque postrero, 
y otros como esta y trosciscos le den. 



— 4o8 — 

Del prurito y comezón y de la fistola de ¿a % 
y de la flaqueza y del dolor y del liquor o sper 

que corre della. 

Prurito en la madre, ques comezón, 
como el priapismo es curado se cura; 
la ñstola cura con desecación, 
si tiene flaqueza de su complexión, 
templando y purgando se esfuerza y segur 
si tiene dolor será causa del 
alguna passion de las dichas de suso, 
qualqulera que fuere curar Tas con él, 
si sale liquor desta madre cruel 
o esperma, su ^ura en gomorrea se puso. 

De la retención de los mestruos. 

Retención de mestros es enfermedad, 
esto es la madriz no purgar como suele, 
por su propio vicio o por su vezindad, 
por quanto es n^el higado alguna maldad, 
que por sus señales se muestre y reuele; 
por opilación en aquellos senderos 
por donde a la madre la tal sangre yua, 
por ser poca sangre o humores grosseros, 
a su purgación no caminan ligeros 
por flaca expulsiua y muy gran retentiua. 

De la cura. 

Quando es de secura, frialdad o calor, 
el daño y lo muestran sus notas señales, 
o si es apostema, si es llaga o tumor. 




— 409 — 
o si es poca sangre, o si es mal humor, 
ya sabes de suso curar estos males; 
si es de opilación o que esta enduresdda, 
curar con sahumerios y calefacientes, 
y en desopilalle consiste su vida, 
y tras la rodilla, si ay sangre cresdda, 
se sangre según los dotores presentes. 

Prosigue. * 

Las frías simientes do ay calefadon, 
y algún aromático en ellas embudto, 
y grama y esparrago y pentaíilon, 
y vndon resumptiua do ay desecadon, 
y los baños dulzes y el sueño le sudto; 
oximel esquilitico en flema propina, 
y pildoras fétidas para purgalle, 
con oleo de lilio, de ruda y sauina 
le vnta el ombligo y la vulua, y contina 
a dalle abridores y aromatizalle. 

De los daños en el sitio de la madre ^ y primero de clausura 
y de la precipitación de la madre. 

Pero si la madre, por carne añadida, 
por tela o por llaga padesce clausura, 
y es questá cerrada y no tiene salida, 
de su nasdmiento o de nueuo venida, 
abrirla con hierro es sola su cura; 
mas si está salida y predpitada, 
lo qual Auicena augmento Uamó, 
si a poco y es niña, podrá ser curada 
echándole ayudas, después fomentada 
con lana do ^umo de acada ae echó. 



— 4IO — 

Prosigue la cura y pone capitulo de la declinación 

de la madre. 

Y emplastra el ombligo con nuez de ciprés, 
y clauos y almástiga^ encienso y lapdano, 

y espica céltica y ligno aloes, 
y algún aromático a olerle darés, 
asi como ámbar y almizque muy sano; 
pero si la madre se tuerce aza vn lado, 
sangralle del otro si pujan las venas, 
y si ay enchimiento, sea disterezado, 
y con oleo de herua el lugar ablandado; 
después la destuerzan parteras muy buenas. 

De los apostemas de la madre. 

Postema en la madre si calido fuere, 
de colora o sangre por cierto sera, 
la vena dell^arca y sofena si vuiere 
pecado la sangre, sangrar se requiere; 
si es colora un minoratiuo le da, 
y algún defensivo le pon, quando es nueuo, 
de rosas, balostias y psidia y llantén, 
y dentro en la madre vn cristel yo le aprueuo 
de azeyte rosado y de clara de hueuo; 
después del estado resueluase bien. 

Prosigue la cura. 

Y con man<^anilla se haga maduro, 
corona de rey y linaza y altea, 

y yemas de hueuo vn emplastro haz puro; 
mas si es apostema esdirotico y duro. 




— 411 — 

con óleos y enxundias ablandado sea; 
si fuere de flema, después de digesto 
le purga, y ya sabes con que material; 
de los defensiuos ya te es manifiesto 
ser malos en este, mas yo te amonesto 
que luego resuelua y madure este tal. 

De la prefocacion de la madre. 

La prefocacion es passion con quien viene 
la gota coral y desmayos mortales, 
por cuanto ell esperma y la sangre se tiene 
de dentro la madre, y daquesto prouiene 
luego al coraron y celebro estos males; 
que así retenido ell esperma y podrido, 
se toma en ponzoña y enbia vapor 
do el celebro se encierra y se encoge a su nido, 
y del coraron el espríto deuido 
no sale aza el cuerpo por este temor. 

De la cura. 

Curarse ha si fuere de esperma retento, 
y es virgen o biuda, casando la enferma; 
si quiere ser casta quite el pensamiento 
de hombres, y guárdese aquel regimiento 
questa en la gomorrea, y euacue ell esperma; 
si humores dañados aquello causaren, 
purgalles y mundificar su veneno; 
pero si los mestruos no se purgaren 
y con su ponzoña tan rezio dañaren, 
ya sabes para esto bascar lo ques bueno, 



— 4'^ — 

Prosigue la cura quanto a la presencia del paroxismo. 

Y en la hora que aquel paroxismo le vino, 
y veys quel aliento detiene consigo, 
metelle en la boca vnas sopas en vino, 
y con altas vozes le llamen contino; 
ventosas le pongan enbaxo ell ombligo, 
y pónganle olores agudos y horribles 
dentro en las narizes, y enbaxo suaues, 
y atenía con ligaciones terribles 
las manos y pies, y serán conuenibles 
para este lugar fregaciones muy graues. 



Fen. XXII. — "De laspassiones que vienen en las 

de los miembros^ y primero de la hernia. 

Agora conuiene que reporte yo 
la fen. veynte y dos y sus enfermedades, 
adonde Auicena hablar prometió 
de aquellas passiones que Dios permitió 
los miembros tener en sus extremidades; 
conuiene saber en los miembros de fuera, 
por quanto hasta agora hablo en los de dentro: 
primera es rotura, o es hernia si quiera, 
la qual nel si tac se a hecho en manera 
que tripas y zirbo salió de su centro. 

Del augmento del ombligo. 

Y pues que e hablado ya en otro lugar 
daquesta passion, cesara en la presente, 
y quiero, según Auicena, hablar 
de otra passion que se sude causar. 




— ^i3 — 

y es quando d ombligo cresddo se siente; 
por agua o por viento que alli se t metido, 
o son intestinos porque vuo rotura, 
o sangre de venas que alli a ocurrido, 
y en esta no ay cura, y en lo otro e sabido 
que solo con hierro se haze su cura. 

De la gibosidad y coreaba de la espalda opeeho^ 
o de alguno de los lados. 

Contesce hazerse la gibosidad 
por quatro razones en espalda o pecho: 
que o es por cayda y herida o humidad, 
o por apostema o por ventosidad, 
y a uezes se haze el vn lado contrecho; 
si es por humidad o se hizo por viento, 
primero purgar la materia procuro, 
después con estiptico emplastro le asiento 
la giba, y si fuere de apostemamiento, 
curalle como vn apostema muy duro. 

De las varices y elefancía. 

Varices son venas de piernas y pies 
hinchadas de sangre que no esta dañada, 
que en ñn arebientan y Uagan después; 
si es en los pies mismos, defanda es 
que los haze gruessos con sangre sobrada; 
quando es la elefanda maligna y llagada, 
si el pie no se cortan otra cura no se; 
si es malenconia o si es flema mezclada, 
purgallas, y el vomito es cosa appropiada; 
después aya emplastro estiptico el pie. 



— 414 — 

Del dolor de layjaday del dolor de la espalda. 

Dolor de la yjada y de espalda f>rouicne 
de frió o de viento o de muy cruda flema, 
por coito o trabajo o por giba que tiene, 
por flaca madriz o reñones le viene, 
o porquel pulmón ya padesce apostema; 
como en las junturas se curan aquestos, 
y si es de otro miembro, curalle primero; 
las purgas y emplastros serán manifiestos, 
y usan ponelles, quando es frío el destos, 
estopas sahumadas de endenso y romero. 

De los dolores de las junturas^ como artética^ sciatica^ eu 

La ciragra y podagra, artética y scia, 
y qualquier dolor de junturas ser puede 
de flema o de colora o melanoolia, 
o sangre o de ventosidad que se cría 
alli en la juntura do el daño procede; 
o puede venir de mistión destos tales, 
o de complexión sin materia o de herencia, 
también de espulsion de los mas principales, 
y junto con esto auer anchos canales 
por do los humores van sin resistencia. 

De las señales que trae^ de qualquier humor que sea. 

Si es sangre, verás pulsación nel dolor, 
y rubio el lugar y ques hombre sanguino, 
si es colora, siente congoza y ardor, 
si es flema, no muestra en el cuero color, 
y ay poca calor y el dolor mas contino; 
la melanconia el dolor a ocultado. 




-4i5- 

y el miembro enflaquesce, pero si es ventosa, 
el miembro estendido el dolor remudado; 
mas hora le daña lo que a aprouechado, 
y agora aprouecha do ay mezcla Rumorosa. 

De sus nomhres y cura. 

La dragra es gota en las manos no mas, 
la podagra en pies y tobillos recresce, 
y quando en ell anca dolores veras, 
sdatica a esta passion llamaras, 
artética en todas junturas contesce; 
y son apostemas en este lugar, 
y como apostemas se curan do duelen; 
si fuei^n de sangre se deuen sangrar 
de parte contraria, y el miembro esfor9ar, 
pero las mas vezes de flema ser suelen. 

Prosigue. 

La colora purguen, según Auicena, 
mas redo primero y después leuemente, 
después de purgado la vndon es muy buena, 
despodio y acacia y memita y berbena, 
viniendo el estado mezdar resoluiente; 
si fueren de tíema, según sus señales, 
hazer digestión en los primeros dias; 
tras esto hermodatiles en estos males, 
y pildoras dellos son muy espedales, 
que purgan y esfuercan y estrechan las vias. 

Prosigue. 

En este no vale la repercusión, 
ni menos sangría ni estupefactiuos. 



— 4^6 — 

después de purgado hazelde vna vncion 
muy subtiliatiua y con calcfadon, 
después del estado sus resolutíuos, 
y asi en la melancolia curad; 
la ventosidad resolverla sabes, 
y en fin, destas cosas le cauterizad, 
con sarja o ventosa el humor le chupad, 
llagad porque purgue y soldalle después. 

Fenesce el libro tercero de Auicena reportado por 
el dicho licenciado. 

Sigúese el libro quarto. 



LIBRO QÜARTO. 

Fen. I. — De las fiebres ^ y primero pone la diffimáon 

de la fiebre. 

La fiebre es estraño calor que se enciende 
en el cora9on de do al cuerpo se embia, 
mediante el esprito y la sangre desciende 
por venas y arterias, y asi el cuerpo ofFende, 
que sus naturales acciones desuia, 
y nota quel cuerpo tres cosas contiene: 
la vna es los miembros y corporeydad, 
la otra es aquel esprito que viene . 
por pulsos y alientos y el alma sostiene, 
la otra es humores y toda humidad. 




— 417 — 

Pone la diuision de la fiehre proporcionada a las partes 

quel cuerpo humano contiene. 

Y asi qualquier fiebre no puede hazer mal 
sino a estas tres partes do quiera que acierta, 
si inflama el espríto efímera es tal, 
si es en los humores se llama humoral, 
si enciende los miembros es etica cierta; 
de suerte quen fiebre tres géneros son: 
efímera y etica y fiebre de humor, 
mas como el espríto es de composición 
muy clara y delgada, la su inflamación 
es fiebre de un dia y de poco temor. 

De las causas de la efimera fiebre. 

Las causas daquesta, si yo no m'engaño, 
serán exteriores y calefacientes, 
como es ayre, abrígo, o sol, o es el baño, 
o frió que encierra el calor ques estraño, 
o vino muy puro y manjares calientes; 
el mucho trabajo, la angustia y tristeza, 
el mucho dormir, el muy gran mouimiento, 
velar o reyr o la mucha pereza, 
la yra, vergüenza, temor y flaqueza, 
harán calentura, y el gran pensamiento. 

De las causas de la efimera que están dentro del cuerpo. 

También hazen fiebre las dispoñdones 
questan dentro el cuerpo, como es hambre pura, 

«7 



— 4i8 — 

el gran enchimiento, las euacuaciones, 
hartura, apostema y las opilaciones, 
dolor y desmayo y en poros clausura; 
todas estas causas harán calentura 
que enciende el esprito quando otro no pu( 
la qual quando no es gouemada con cura, 
en miembros o humores posada procura, 
o quando estas causas son fuertes y excede 

Dé las señales de la efimera. 

Eñmera es si el calor es liuiano 
y tiene buen pulso y digesta la horína, 
y suda en la ñn vn sudor de hombre sano; 
y vino de sol ó exerdcio mundano, 
o causa exterior y apartase ayna, 
la infamación no es aguda y crescida; 
si viene dolor de cabe9a es pequeño, 
y a uezes la horína es vn poco teñida; 
Ítem, con vn espeluzno es venida 
tal fiebre, y con vn poquitico de sueño. 

De la cura. 

La cura será, quando fue de cnchimienti 
vazialle con vomito o con vn clister, 
si tiene azedia dar diacalamento, 
si de frialdad el sudor, fregamiento 
y vnciones calientes le deuen hazer; 
si fue de otra causa de las que e nombrado 
la causa quitar y aplicar el contrario, 
resfriar y templar con xarope violado, 
y trias vnciones detrás del costado, 
y en pecho y cabeza, y este es el sumario. 




— 419 — 

Enxemplo quanto a la cura de la efimera fcr su contrario. 

Y quiero poner vn exemplo en tal via: 
si viene esta fiebre de alguna tristura , 

la cura en contrarío es hazelle alegría 
y darle cordiales que coma aquel dia, 
y con óleos fríos hazelle la vntura, 
según esta cura y por esta manera, 
será todo lo otro so aquesto incluso; 
pero si apostema o dolor la hiziera, 
la cura es curalle la causa prímera, 
lo qual en los metros passados se puso. 

Capitulo deputredine^ que es el podrimiento de los humores. 

Contesce al humor la putrefacion 
por malos manjares y do orden caresce, 
o porque en el cuerpo ay opilación 
que impide al humor hazer respiración; 
y asi aquel vapor retenido podresce, 
y del humor pútrido vn vapor emana 
que va al coraron, do la fiebre se afina; 
y si es malenconico hazen quartana, 
pero si es de colora, haze terciana, 
cotidiana de flema, y de sangre contina. 

Prosigue. 

Y qualquiera destos humores, o esta 
de dentro en las venas o fuera dellas, 
si es dentro, la fiebre continua sera, 

si es fuera, es la fiebre como es dicho ya, 
y es doble o senzilla qualquiera daquellas; 
la que no es continua sera interpolada. 




— 4^o — 

y gasta el humor ya quando ella se apura, 
pero la calor allí queda apegada 
en essa materia que está incinerada, 
y apañan humor para mas calentura. 

Capitulo de la fiebre colérica y sus diuisiones. 

Y pongo vn enxemplo en la colora asi: 
si su podrición es de venas remota, 
terciana con- huelga se engendra dalli, 
es pura si colora sola está aqui; 
do av mezcla de flema llamárnosla nota; 
si dentro en las venas es su podrición, 
aHige contino sin dar huelga al hombre, 
y si es en las venas cerca el coraron, 
a tal como aquesta llamamos causón, 
si es lexos, terciana continua es su nombre. 

De las señales de qualquier fiebre colérica. 

Comienza con frió y con fuerte temblor, 
la horina es vermeja, que tiende aza fuego, 
excepto si ay mezcla dalgun otro humor; 
trae sed y dolor de cabera y furor, 
sin sueííü, con yra y con poco sosiego, 
y quando es continua mayor calor siente 
de tres en tres dias, y se manifiesta 
no en el causón, porque está mas presente 
cerca el coraron, y qualquier acidente 
es muy mas furioso y mas fuerte que en esta. 

De la cura. 

Primero en los dias de la calentura 
no deucs mouer ni el paciente comer, 



— 421 — 

y si esta terciana es de colora pura, 
resfriar el humor y purgalle es su cura; 
xarabe acetoso le den a beuer, 
ablándenle el vientre cristeles liuianos, 
y desque digesto el humor sea purgado 
con su cañañstola y mirabolanos, 
ruibarbo y también tamarindio? son sanos, 
y si hay flema a bueltas, turbit sea mezclado. 

Prosigue. 
La terciana nota se cura como esa, 
según ay de flema asi deues mezclar, 
y en todas mirar si la orina está gruessa, 
y en dalles sangría sea estonces tu priessa; 
pero en el causón ay peligro en sangrar, 
aqueste, y continua se deuen purgar, 
sin mas aguardar, los humores digestos, 
y luego a la lengua resfriar y ablandar, 
la espalda y cabera y el higado untar 
con populeón, sandalino y como estos. 

De ¡afiebre sanguina y sus diuisiones. 
Pensó Galieno la sangre podrida 
conuertirsc en colora su podrimiento, 
que fiebre de sangre no la ay corrompida; 
mas esta opinión por errada es auida 
no alcanzo porqué ni por qual fundamento, 
y ay fiebre sanguina de sangre ques buena, 
mas es mucha y hinche las venas do es puesta; 
por donde natura en estar tan rellena, 
se ahoga el calor y se inflama y da pena; 
la otra es el sinocho, y sinocha es esta. 



4 




— 4^2 — 

Prosigue en diuidir y pone las señales. 

Si augmastica es, hasta el fin va creciendo, 
por ser lo podrido mas que lo gastado, 
y si es peraugmastica va descreciendo, 
y si es homotena en vn ser procediendo, 
con sus acidentes va hasta el estado; 
tal fiebre es continua y pro[x>rcionada, 
con rubias mexillas y aprieto de aliento, 
la venas infladas, la habla pesada, 
el pulso muy lleno, y si es sangre dañada, 
mas fuerte es su daño en calor y encimiento. 

De la cura de la fiebre de sangre no corrompía 
que se llama sinocha^ y de la corrompida 
que se llama sinocho. 

La sinocha sangra de mediana vena 
hasta que desmaye, según los autores, 
después le resfria, según Auicena, 
con ^umo de azeda granada, ques buena; 
y auiendo flaqueza da confortadores, 
después con ayudas ablande natura, 
do esté cañañstola, prunas y mana, 
engruessa el humor si es sutil su figura, 
si es gruesso, adelgaza, y al sinocho cura 
asi como a sinocha y como a terdana. 

De la flemática cotidiana. 

La fiebre de flema viene cada dia, 
y desta ay continua y ay interpolada, 
de quatro maneras de flema se cria. 




— 4^3 — 

y si es flema vitrea o azeda es mas fría, 

y a uezes proviene de dulce o salada; 

en esta ay gran frío y pequeño rígor, 

no sed ni el ardor como en las sobrescrítas; 

flemáticos gomitos, poco sudor, 

ruin digestión y blancazo el color, 

si es gruessa o delgada asi añades o quitas. 

De las fiebres empialos y liparia. 

Ay del flema vitreo otra fiebre grosera, 
que empialos, según dizen, se llama, 
que es fria de dentro y enciende de fuera, 
por quanto al vapor que acá sale le altera 
prímero el calor y asi fuera se inflama; 
mas ay otra fiebre que desta es contraría, 
que fuera resfria y de dentro escalienta, 
y diole Auicena por nombre liparia, 
a donde el calor a matería tan varía 
podresce, y por esto se mete en su centro. 

De otra especie de fiebre flemática compuesta 

de las dos sobredichas y y de la fiebre diurna y notuma^ 

y de la fiebre sincopal humorosa. 

Y ay otra fiebre daquestas compuesta, 
por quanto el humor en dos partes es puesto; 
ay otra diurna y de dia viene esta, 
noturna de noche su mal manifiesta, 
ser ambas flemáticas es manifiesto; 
también fiebre ay sincopal humorosa 
con quien cuando viene desmaya el paciente, 



— 424 — 
por gran multitud de materia viscosa 
y estomago flaco, y virtud muy astrosa, 
y es muy peligrosa y peruersa y potente. 

Prosigue y pone otra fiebre que se llama siucopal mitm:. 

Queriendo esforcar la virtud con comer 
en esta tal fiebre acrescientas el daño; 
queriendo el humor ponzoñoso espeler, 
desmaya y no puede virtud sostener; 
así, que en qualquier de las dos ay engaño; 
y ay otra ñebre también sincopal 
minuta, y aquesta de colora viene; 
aquesta passada es mas repledonal; 
mas esta es mas ñera y aguda y mortal, 
que quatro o tres dias de termino tiene. 

La cura de cualquiera fiebre flemaiica. 

Primero en natura harás lenicion 
a qualquier flemática ñebre que vieres, 
y hazle de gomitos prouocacion, 
subtilia el humor y harás incisión; 
y desque esto hecho, le purga si quieres; 
oximel diurético es subtiliatiuo 
y la cañañstola es ablandador, 
tras esto el diacartamo es su purgaciuo, 
si es flaco ell estomago, vn confortatiuo 
se mezcle en la purga y en el lamedor . 

Prosigue. 

Mezclad con lo dicho, si es flema salado, 
de cosas que a colora tengan respecto; 
si es flema acetoso o si es vidriado. 




— 4^5 — 

xarabe de asensios se mezcle al pasado \ 
y con diaturbit diasene es perfecto; 
y esfuer9a el estomago con un vnguento 
de almástiga, ysopo y asensios y menta; 
si es rúbea la vrina, con engrosamiento, 
no es malo sangrar si le vees buen aUento, 
triaca y trosciscos, en fin, son de cuenta. 

La cura de la sincapal humorosa y minuta. 

Deues proceder a esta fiebre en su* cura 
de purga subtil a vn poquito mas fuerte, 
hazer fregaciones contino procura 
que atrayan abaxo el humor de la altura; 
y si hay gran flaqueza, el remedio es la muerte; 
la ques sincopal y minuta llamada 
deueis confortar el estomago luego 
con su espodio y sándalos y agua rosada; 
después confortar la virtud derrocada, 
dalle agua de frutos que temple aquel fuego. 

De quartana. 

Quartana de humor malenconico viene, 
y aqueste se haze de adustos humores; 
si sangre es adusta, la orina que tiene 
es rúbea, y tras fiebres de sangre prouiene; 
si es flema es mas fria y de menos sudores; 



I Este verso demuestra que las palabras xarabe y lamedor son 
sinónimas, y en Andalucía se usa con más frecuencia la segunda que la 
primera. 



— 4^6 — 

si es colora viene con frío y rígores, 
el pulso aquexoso, el paciente importuno; 
si es malenconia adusta, dolores 
padece en el ba^o, y durezas mayores, 
la orina indigesta y sudor no nenguno. 

De la cura. 

Si es hecha de sangre y aun ay enchimi( 
no dexes de dar al principio sangría; 
con pollo y borrajas sea su regimiento, 
ayudas, xaropes, harán linimento, 
xarabe de epitimo haga la guia, 
no euacues humor sin que sea digerído; 
mas da cañañstola en minoratiuo, 
con frió y con húmido sea regido, 
el higado y ba^o sera socorrido, 
y a estomago pon algún confortatiuo. 

Prosigue. 

Y purguenle ' indios y epitimo en suer 
también lapislázuli, eléboro prieto, 
y mira el humor de quien vino primero, 
y aqueste sabido ternas tino entero 
en mezclar la purga si fueres discreto; 
y ponle al estomago estomaricon, 
al bacjo desopilatiuo el vngüente, 
los vómitos hazen muy buena atradon, 
y de la ptisana se haga mención; 
triaca tras purgas es muy excelente. 



I Está sobreentendida la palabra miraManoSy que son de 
pecies: québulos^ cetrinos^ índicos. 




— 4*7 — 

De la etica. 

Ya sabes que la etica es fiebre raigada 
en los mismos miembros, y el cuerpo deseca, 
es etica en primera especie nombrada, 
si es en la segunda humidad colocada 
que llaman rudo, el qual ya se seca; 
si toca en el cambio tercera humidad, 
es etica dicha de especie segunda , 
si seca la quarta glutinosidad 
es etica tercia, y es enfermedad 
de quien sin remedio la muerte redunda. 

De sus señales. 

t 

Dureza en el pulso te doy por señal, 
y no ay tal calor como en sinocha ende, 
y siempre en vn ser el calor es ygual, 
mas cuando a comido, en qualquier tiempo es tal 
quel pulso le cre^e y la fiebre se extiende; 
los de la segunda están ya denegridos, 
la orina vntuosa y con gran residencia, 
nariz afilada y los ojos sumidos, 
muy ruines quexadas, cabellos cresddos, 
y corúas las vñas con gran impotencia. 

De la cura. 

Su cura se haze, si bien lo has mirado, 
con solo esfríalles y humedescer, 
beuiendo acetoso y xarab violado, 
teniendo su cama en lugar resfriado, 
y vsar verdolaga y lechuga al comer; 
y azeyte de salzes y nenufarino. 



— 4íi8 — 

y vnguento violado le hagan vncioní 
y con agua dulce se bañe contino, 
y vse la leche y cangrejo maríno, 
ptisana y muy frías las odoraciones. 

De la etica senectutis^ que se llama ma 

Marasmo aldubul es vna secura 
quel cuerpo se seca y en etíca viene, 
y aquesta consigo no trae calentura, 
mas es frialdad y flaqueza en natura, 
que no atrae sangre con que se manti 
la cura daquesta es con cosas caliente 
y húmidas, como es el vino y la leche 
en carnes y en yemas de hueuos ten r 
y baños y vnciones de calefacientes, 
y el clisterizar y el fregar no deseche. 

De la fiebre pestilencial. 

A uezes all ayre empon9oña y podn 
aquello que all agua y también a la tiei 
no en cuanto elemento tal daño pades^ 
pero por mistión de vapores recresce 
de lagos o cuerpos matados en guerra; 
también esto viene de alguna iníluends 
y constelación de planeta dañoso; 
y asi a nuestros cuerpos, que tienen pe 
de pulso y aliento, les da pestilencia 
aquel resolgar do ay vapor [x>nzoñoso. 

De las señales. 

Si es seco o si es húmido aqueste vaj 
tal es la passion que de alli se defiere. 



— 429 — 

y según questa el cuerpo dispuesto en vigor, 
'' o tiene Haqueza, o según el humor, 
i añ la ponzoña le hyere o no hyere; 
* la fiebre es mas fuerte de dentro que fuera, 
ay muy grande acezo y el pecho crescido, 
gran sed, gran flaqueza, congoxa muy fiera, 
gran gomito, hastío y sudor, de manera 
que hyede, y a uezes el huelgo es podrido. 

De la cura. 

Sangralle si es sangre, mas si otro humor es 
purgar fuertemente sin mas digestión, 
de salzes y rosas la casa enchirés, 
con agua y vinagre se riegue después, 
oler cosas frías para el coraron, 
y sobre la fruente abrá enbrocadon 
de sándalos, canfora y agua rosada; 
socórrase luego con gran cibacion 
de cosas azedas do ay desecación, 
y beua acetoso y agua esfriada. 

De la preseruacion de la pestilencia. 

Y para que al cuerpo no enpesca este mal, 
es bien preserualle primero que venga, 
vsando triaca, ques muy especial, 
vsando vinagre y limón y otro tal, 
y siempre en su casa vnas pildoras tenga 
que hizo Rasis, que contienen tres cosas 
que aprueua Auicena tomar cada dia; 
adresce su ayre con muy olorosas, 
como ámbar y encienso y almizque y las rosas, 
y sándalos, murta y vinagre que esfría. 




— 4^8 — 

y vnguento violado le hagan vnciones, 
y con agua dulce se bañe contino, 
y vse la leche y cangrejo marino, 
ptisana y muy frías las odoraciones. 

De la etica senectutiSy que se llama marasmo. 

Marasmo aldubul es vna secura 
que) cuerpo se seca y en etíca viene, 
y aquesta consigo no trae calentura, 
mas es frialdad y flaqueza en natura, 
que no atrae sangre con que se mantiene; 
la cura daquesta es con cosas calientes 
y húmidas, como es el vino y la leche; 
en carnes y en yemas de hueuos ten mientes, 
y baños y vnciones de calefacientes, 
y el clisterizar y el fregar no deseche. 

De la fiebre pestilencial. 

A uezes all ayre emponzoña y podres^e 
aquello que all agua y también a la tierra 
no en cuanto elemento tal daño pades^e, 
pero por mistión de vapores recresce 
de lagos o cuerpos matados en guerra; 
también esto viene de alguna influencia 
y constelación de planeta dañoso; 
y asi a nuestros cuerpos, que tienen potencia 
de pulso y aliento, les da pestilencia 
aquel resolgar do ay vapor ponzoñoso. 

De las señales. 

Si es seco o si es húmido aqueste vapor, 
tal es la passion que de alli se defiere. 




— 4^9 — 
según questá el cuerpo dispuesto en vigor, 
o tiene Haqueza, o según el humor, 
asi la pon(joña le hyere o no hyere; 
la fíebre es mas fuerte de dentro que fuera, 
ay muy grande acezo y el pecho crescido, 
gran sed, gran flaqueza, congoxa muy ñera, 
gran gomito, hastio y sudor, de manera 
que hyede, y a uezes el huelgo es podrido. 

De la cura. 

Sangralle si es sangre, mas si otro humor es 
purgar fuertemente sin mas digestión, 
de salzes y rosas la casa enchirés, 
con agua y vinagre se riegue después, 
oler cosas frías para el coraron, 
y sobre la fruente abrá enbrocacion 
de sándalos, canfora y agua rosada; 
socórrase luego con gran cibacion 
de cosas azedas do ay desecación, 
y beua acetoso y agua esfriada. 

De la pre ser nación de la pestilencia. 

Y para que al cuerpo no enpesca este mal, 
es bien preserualle primero que venga, 
vsando triaca, ques muy especial, 
vsando vinagre y limón y otro tal, 
y siempre en su casa vnas püdoras tenga 
que hizo Rasis, que contienen tres cosas 
que aprueua Auicena tomar cada dia; 
adresce su ayre con muy olorosas, 
como ámbar y encienso y almizque y las rosas, 
y sándalos, murta y vinagre que esfria. 




— 4^0 — 

De las viruelas y el sarampión. 

Morbilo y varióla en latino hablar 
es el sarampión y viruelas acá, 
de ayre corrupto se suelen causar, 
también por la sangre heruir y apartar 
la espuma quel mestruo nel vientre le da; 
mas antes que vengan se vee nel dolor 
que carga detras y en nariz comezón, 
punción en los miembros» nel sueño temor, 
dolor de cabera y bermejo el color, 
ronqueza» esperezos y fiebre y passion. 

De la cura. 

Antes que se muestren le da una sangría, 
o jarsa, y después no, sino ay gran pujan9a, 
y agua de ráizes le da cada dia, 
y ^umos azedos con mucha osadia, 
guardarle del frío que encierra do alcanza, 
y beua dell agua de apio o ceuada, 
y coma de higos y pollo y los tales; 
defiéndele el ojo con agua rosada, 
con canfora y croco y acacia mezclada; 
abrirlas después y curar las señales. 

De ¡a fiebre del apostema. 

La fiebre, a quien hizo apostema, no sale 
de efimera o pútrida o pestilencial, 
de causas y señas hablar ya no cale 
y si es podrimento essa cura le vale 
ques dicha en la fiebre ques putredinal; 
curando pero el apostema primero, 




— 4^1 — 

porqués la rayz do la fiebre floresce; 
la cura daqueste veras por entero, 
según sus especias, en lo venidero; 
no beua agua fría quien esto padesce. 

De las fiebres compuestas. 

En todas las fiebres que auemos nombrado, 
de unas con otras ay composición, 
y a uezes son dos de linaje apartado, 
como etica a quien humoral se ha juntado, 
y a uezes entramas d^un genero son, 
como si se juntan terciana y sanguina, 
o terciana doble o tresdoble se haze, 
o fiebre de huelga con fiebre contina; 
terciana y quartana son desta dotrína, 
también cotidiana y terciana si os plaze. 

Del emitriteo y sus especies. 

Pequeña emitrítea es si la cotidiana 
es dentro en las venas y terciana fuera 
y si es al revés emitrítea es mediana, 
si es fuera terciana y está la quartana, 
en venas metida, emitrítea es entera; 
pero si terciana y flemática están 
de fuera las venas siendo interpoladas, 
de fiebre compuesta su nombre le dan, 
y aquí mas razones no se gastarán, 
pues son todas estas ya especificadas. 

Fenesce lafen. primera de fiebres. 



— 4^2 

Fen, III. — De los apostemas^ y primero pone la dtf^tu 

de apostema y su diuision. 

Es el apostema hinchazón añadida 
de humor o materia ventosa o aguosa 
questa en la substancia del miembro embeuidi 
la qual haze al miembro exceder su medida. 
y contra natura se haze tal cosa; 
y a uezes es bueno el humor do este viene, 
y a uezes podrido, y a uezes es puro, 
y a uezes mezclado, y aquel nombre tiene 
según el humor que alli mas le sostiene, 
y a uezes es muelle, y a uezes es duro. 

De flemón. 

Flemón apostema es sanguino y caliente, 
su causa es de sangre auer gran enchimiento 
trae muy grande ardor y dolor muy potente, 
y gran pulsación y febril acidente; 
si ay mezcla de colora, ay mas sentimiento; 
de parte contraria al principio sangrar, 
después de la misma do ay gran repleción; 
si ay colora, luego se deue purgar 
y sus defensiuos deueis aplicar; 
después procuralle la maduración. 

Prosigue la cura. 

Defiéndase luego con verga pastor, 
acacia y llantén, por sus ^umos lo digo, 
después all estado pon resoluedor, 
harina de trigo y la yema es mejor. 




— 433 — 

y azeyte rosado mezclado consigo; 
y quanto la declinación mas viniere, 
mas rezios pomas los molifícatiuos, 
y en todo apostema que asi procediere, 
a este tenor de curar te refiere, 
y cura después con sus desecatiuos. 

De erisipela y la diferencia del afleman. 

Erisipela es vn apostema causado 
de colora, y es mas caliente y mas fuerte, 
y muy mas bermejo quel antepasado, 
quell otro es negrito, verde y colorado, 
mas hondo y de quien mas materia se vierte; 
después de purgado el humor abundante 
con su cañafístola y cumo de rosas, 
pornás defensiuos como es dicho de ante; 
y desque mostrare el color denigrante, 
pon molificantes y coma frías cosas. 

De fórmica. 

Fórmica en el cuero es centella muy biua, 
y es mas que erisipila agudo apostema, 
della ay corrosiua y no corrosiua, 
y qualquiera dellas es ambulatiua; 
ay otra miliar donde ay mezcla de flema; 
pues que esta es de colora y la antepasada 
por su misma forma de cura os seguid, 
mas no humedescais la que fuere vlcerada, 
y quando la colora fuere purgada, 
mezclad en fórmica miliar del turbid. 

a8 




— 4^4 — 

De la pruna y huego pérsico. 

El pérsico huego y ia pruna o carbón, 
de colora son venenosa y mas gruessa, 
la cual roe y quema con vexigacion, 
y el miembro ennegresce con su combustión 
la pruna, y muy poca humidad ay en esa; 
su cura es sangralle, y cuando es muy malina, 
hasta que desmaye le sangra Auicena, 
y como a erisipila hazer determina; 
mas no sea tan fría qualquier medecina, 
ni estiptica tanto ni húmida es buena. 

De esere. 

El esere es pústula y chica centella, 
y es con comenzon y algo rubia esta tal, 
y vienen angustias de noche con ella; 
la que no es tan rubia sera causa della 
el flema, y la otra será sanguina!, 
si fuere de sangre, después de sangrado, 
templando la colora deues purgar, 
será ell apostema después resfriado; 
pero si procede de flema salado, 
turbit con los mirabolanos mezclar. 

De estiomeno y ascachilos y cancrenay y la diferencia 

en ir ellos. 

Herpestiomeno, ascachilos, cancrena 
son putrefaciones nel miembro por cierto, 
cancrena comenta, según Auicena, 
pero en ascachilos es hecha ya llena 




— 435 — 

la putrefacion, con que el miembro es ya muerto; 

herpestíomeno es daquestas compuesta, 

do es hecha y se haze la putrefacion, 

y es muy mas delgada la colora desta , 

el senso y calor se destruye con esta, 

y hiede y destruye el color y facion. 

De cura y de carbúnculo. 

Quando es ya la putrefacion comentada 
y vees podrescerse la carne y roer, 
con bolo y vinagre y tierra sigilada 
s^estorua , y sino sea la llaga jarsada, 
tras esto impedille de mas podrescer. 
Carbúnculo es vn apostema y tumor 
de sangre muy gruesa, dañada y maligna, 
es rúbeo y negrillo en mezclada color, 
que da intolerable y terrible dolor 
y haze vexiga royente y dañina. 

Del ántrax que Auicena llamó akhoboin. 

El alchoboin o el ántrax también es 
carbúnculo, sino ques mas pon9oñoso, 
de su misma parte sangrarle deues, 
si es pestilencial el tiempo, y después 
purgar si ay virtud el humor tan dañoso; 
y hazle al principio una infrigidación 
de espongía mojada en su agua y aceto; 
como en pestilencia sea su cibacion, 
mas no repercutas si fué de expulsión 
de algún miembro noble o es de humor muy infeto. 




— +36 — 

De los apostemas en los miembros glandosos^ 
asi como encardio^ y de las exituras. 

En miembro glandoso apostemas nociuos, 
como ingrc y sobaco^ podrán contesccr; 
en estos no pongas los repercusiuos, 
mas pon al principio molifícatiuos 
después de euacuado, y después resoluer. 
¿Sabéis a quien llama Auicena exitura? 
A aquel apostema do ay concavidad^ 
do apaña materia que viene a madura, 
do es para curar necessario abertura; 
y destos en el libro quarto estudiad. 

De vdimia. 

Udimia o la ziniia es un blanco apostema 
ques húmido y blando y no hace dolor, 
es hecho de ventosidad o de llema; 
primero en purgalle comience tu tema 
después de digesto el flemático humor; 
la repercusión que al principio hizieres, 
sea junta con cosa que seque y resuelua, 
asi como espongia en vinagre, si quieres, 
o el diaquilon, y tras esto, si vieres 
que ay disposición, se madure o disuelua. 

■ 

De ncdo y de glándula y de scrofula^ y sus differencias 

El nodo y la glándula, ques el lobino, 
son hechos de flema ya dura y contrita; 
la cura al principio es fregallos contino, 
romper aquel cuero, do están, con buen tino; 



— 4^7 — 
tras esto sacallos con su pielezica; 
del nodo la escrófula se dífcre^e 
qucl nodo se mueue, la escrófula no, 
la qual muchas uezes nel cuello paresce, 
y como estas otras de flema recresce, 
sino que en aquesta mas se endúreselo, 

De la cura de ¡a escrófula. 

En su regimiento le ordena primero 
de todo flemático cibo esquiuando, 
como agua y legumbres, y pato y cordero, 
y desque digesto el humor por entero, 
purgar con turbit, y do ay sangre, sangrando; 
Ítem, la escrófula molificar, 
también resolver con algún apropiado, 
es el diaquilon a esto tal singular, 
pero si quisierdes mas fuerte emplastrar, 
el Guido o Auicena os dará buen recado. 



De sclirosis que /íuuena llama sephiros. 

Sclirosis es vn apostema muy duro 
que no haze dolor, su color es plomada; 
esto es cuando es malenconico puro, 
si av mezcla de flema el color no es obscuro, 
mas como el del cuerpo y su cura es mezclada; 
después de purgado pomas medecina 
que ablande y resuelua el humor tan maligno, 
asi como exundias de garca o g 
cañada de cieruo y también vitulina, 
bedelio y el galuano y el serapino. 





— 438 — 

De cáncer. 

El cáncer es un apostema causado 
de colora adusta o de melanconia, 
con quien el colérico humor se a mezclado; 
en este ay dureza y dolor muy sobrado» 
es negro y redondo» y extiéndese y cria; 
ay otro vlcerado que fué de adustion 
de sangre y de colora» el qüal es calloso» 
y duros los labios con denigración» 
este es mas difñcile en su curación» 
y mas si emanó del que no es vlceroso. 

De la cura. 

Primero se deue sangrar la mediana 
si sangre abundare» y después tomara 
de epitímo en cada quarta mañana 
media on9a con suero» y do ay virtud sana» 
la gera de eléboro mas obrara; 
y al cáncer que no es vlcerado pomés 
vnguento que llaman diapanphilogos» 
y al ques vlcerado deueis socorrer 
cortándole el miembro a mas no poder, 
y dexen salir harta sangre» por I^os. 

De la vena medeni y de los apostemas ventosos. 

La vena medeni es una pústula 
que haze vexiga en el cuero» la qual 
contiene vna cosa bermeja y negrilla 
que anda so el cuero así como anguilla, 
y algunos dixeronla ser animal 
pues n 'estas partidas aquesta no viene. 




— 4^9 — 
y dize Galieno que nunca ia'vió, 
por esso no escríuo la cura que tiene; 
pero si apostema ventoso prouiene, 
la cura de vdimia le haria yo. 

De la lepra. 

La lepra es passion muy maldita y dañada, 
de colora adusta o de melancolía, 
la qual por los miembros esta derramada, 
y no podresdda, mas es conculcada, 
y asi les podresce y corrompe y resfria, 
la qual haze luego bermejo el color, 
que tiende aza negro, y la voz enronqueze, 
y hidele el cuerpo y aliento y sudor, 
y siente en el sueño tristeza y temor; 
su pelo y cabello se pela y peresce. 

De la cura. 

Si está confirmada no puede curarse, 
y si es vlcerada sanarse no espere, 
y si es al principio, conuiene sangrarse; 
después la materia podra adelgazarse 
con algún xarab de bisan^is, si vuiere, 
y purgue después con geralogodion, 
y eléboro negro y lapide armeno, 
epitimo, kebulos, teodoricon, 
echados en pildoras o en decocion, 
según Auicena y según Galieno. 

Prosigue la cura. 

Asi que se purgue vna vez en el mes, 
y antes que coma que haga exerdcio. 




_ 440 — 

y con óleos húmidos se unte después, 
también con triaca a este tal fregares, 
y biuora coma, ques gran beneficio; 
mas preparada según los autores, 
y el oleo daquesta valdrá para vntar; 
Ítem, los baños le son valedores, 
la leche y manjares humedecedores, 
no frios ni calidos deue de vsar. 

Fen. ív. — De la solución del continuo y conuiene saber ^ di 

qualquier rotura o abertura y llaga en qualquier miembro, 

y primero habla del vulno y de la differencia entre il 

y V le era. 

El vulno de vlcera es diferente, 
quel vulno es nel miembro reciente abertura 
que avn no apaña podre ni humor impidiente; 
la vlcera es llaga do ya está presente 
el podre o humor de corrupta natura: 
el vulno en tomalle la sangre es su cura 
después que salió quantidad necesaria, 
y si es menester, e desangralle procura; 
si el caso lo quiere, hacerle as costura, 
después defensiuo es la cura ordinaria. 

Remite lo que queda de la cura. 

Y quiero dexar lo de los cyrujanos, 
pues no han menester en su officio sumario, 
mayormente en esto do hay obra de manos, 
que solo en costumbre, si no son liuianos, 
consiste su sciencia y está su inuentario; 
y pues que las vulneras an de venir 
a vlceras luego, alli mirarás 




— 441 — 
aquello que al caso se deue sentir, 
por do al libro tercio deueys recurrir, 
también adelante veréis algo mas. 

De cayda o forrada entretalla dura^ y machucamiento 

de carne. 

Si alguno ha c^do o que fué aporreado, 
o fué entretallado, o su carne majada, 
de parte contraria sea luego sangrado, 
y con leue ayuda sea clisterizado, 
después se resuelua la sangre cuajada; 
el baño y sudor y calientes vnciones 
valdrán para el caso, y do aquestos no bastan, 
ponelle ventosas y escalpeladones, 
y si hay sangre muerta en profundas regiones 
socrocios y emplastros la traen y gastan. 

De la quemadura con agua o fuego. 

Y quando algún miembro es quemado con fuego 
o agua heruiendo a caydo sobrél, 
con lodo muy frió le resfrien luego, 
llantén, bolo armeno harán gran sosiego 
y poluo de sándalos junto con el; 
si a hecho vexiga, sea luego rompida, 
y con fría cosa se cure la llaga; 
la clara de hueuo es en esto escogida, 
y el vnguento blanco, con tal que se pida 
del que es canforado, y mandar que se haga. 

De fluxo de sangre. 

El fluxo de sangre de artería o de vena 
sus causas son dichas n^el libro tercero; 




_ 442 — 

si es fluxo arterial sale sangre muy buena, 
con salto, y purpurea, según Auicena; 
si es fluxo venal sale humor mas grossero; 
a parte contraría le haz llamamiento 
con chicas sangrías y algunas ventosas, 
y sobre la llaga pon restreñimiento 
con poluo de murta, y haz encarnamiento; 
y en fluxo de nares veras otras cosas. 

De ¡as vlceras. 

La vlcera es hecha de vulno y rutura, 
o de solución de la continuidad, 
o de alguna pústula o rota exitura 
do aquel nutrímiento que envia natura 
conuiertese en podre y superfluidad; 
pon en todas vlceras desecatiuos, 
sino donde ay sangre majada y atríta; 
vsar do ay humores sus euacuatiuos, 
y sangra do ay sangre, y sean tus motiuos 
en mundificar la materia maldita. 

Prosigue la cura. 

Fomenta la llaga, si muy dura esta, 
con agua caliente hasta embermejecella, 
vnguento do yema y almástiga va 
con plomo quemado mundificara; 
balostias y alumbre con cera ó sin ella; 
y si es llaga sórdida do ay gruesso humor, 
los mundificantes se pongan más fuertes, 
la miel, ^umo de apio y los deste tenor, 
y quando se limpia y se haze mejor, 
en desecatiuos tu cura conuiertes. 




_ 443 — 

Fen. V. — De restauración^ y hablo de dislocación 

y quebradura. 

La dislocación es desencasarse 
el hueso de su situación natural; 
conuiene con agua caliente embrocarse, 
después adre^arse y con paño ligarse, 
y mójese en claras de huevo este tal; 
pero si algún hueso estuuiere quebrado, 
como es la canilla, adiutorio y mufieca, 
después que á su propio lugar es tomado, 
primero se entable, después sea ligado, 
y pon defensiuos según Tumor peca, 

Fen. VI. — "De los venenos y ponzoñas. 

Qualquiera ponzoña contraria y maligna 
o haze aquel daño con su calidad, 
asi como arsénico y liebre marina, 
o sin calidad a la muerte camina, 
como es el napelo con su propiedad; 
aquel que poncoña ha tomado o beuido, 
él siente vn sabor y vn olor aborrihle, 
congoxas y arcadas y el color perdido, 
si es fría ponzoña esta todo adormido 
con gran frialdad, perezoso, inmouible. 

Prosigue las seríales y pone la cura. 

Gran sed, gran congoxa, gran fiebre y ardor 
y rabia terna si ponzoña es caliente; 
do no siente daño de frío o calor, 
mas tiene desmayo, flaqueza y sudor, 
es porque con su propiedad le 



con agua caliente y azeyte cualquiei 
hazed reuesar al que tíene el venene 
si el vientre debaxo del daño se altei 
echalde una ayuda en qualquiera ma 
después metridato beuido es muy bi 

Prosigue la cura. 

Y si la ponzoña se siente quemar, 
gran golpe de leche le den a beuer, 
y agua esfriada le deuen de dar, 
con sándalo y canfora el vientre empl 
trosciscos de rosas le hagan comer; 
si es frió el veneno, tras lo vniuersal 
le den a comer muchos ajos y vino, 
si con propiedad a causado este mal 
triaca para esto es muy especial, 
y con sus cordiales le esfuerza contin 

De la ponzoña del perro rabioso o otro qualq 

de aquella manera. 

Si algún animal enpon^oña y estrag 
o perro rabioso, asi le curad: 
dexar harta sangre salir de la llaga; 
si fuere pequeña, mas grande se hags 
y todas sangrías y purga dexad; 
metridato y triaca en bebrajo le dad, 
la llaga emplastrad, desque bien desai 
con ajo y cebollas, y desque en verda 
es dentro el veneno, dalla le sacad 
con purgas, y asi como a la antepassa 




_ 445 — 

* Prosigue. 

Y en dias quarenta no hagays soldacion 
de la dicha llaga, y ligad fuertemente 
en medio daquesta y del coraron , 
y en un año todo le dad su ración 
de algún bezariaco o triaca potente; 
y de otras pon9oñas no quiero hablar, 
que con los que saben, bastar deue aquesto, 
y si algún dañado y perverso vulgar 
con armas como estás quisiere matar, 
no quiero hazergelo aqui manifiesto. 

Fen. VII. — De decoración^ que es de ¡a medecina que toca 

en la hermosura y ielleza. 

De la generación del cabello y de la depilación del. 

Ya nasce el cabello de un vapor fumoso 
cuajado en los poros, y nasce sobrellos, 
y aquel vapor sube de un cuerpo vntuoso 
y húmido en nuestro alimento y viscoso; 
esta es la materia de todos cabellos, 
y peíanse a causa de poco vapor 
o poca humidad de quien este se cria, 
o falta el vapor porque falta el calor, 
o el poro es cerrado o se hace menor, 
asi quel cabello no halla su via. 

De alopicia y tina. 

Mas el deraygarse se llama alopida, 
porque a su rayz van corruptos humores 
que con su maldad se destronca y descuida 



— 446 — 
y cualquiera humor mostrara su malic 
nel cuero, que alli dexaran siís colores 
euacua el humor o la sangre que sobr 
si es nueua alopicia, hazle un lauatori 
de murta y de yedra, que en esto mu 
y con linimiento el cabello se cobra 
compuesto según el humor acessorío. 

Para mudar el cabello de la forma que qu 

El negro hiusquiamo le estorua el i 
y el opio y la rana si quieres pelallo; 
y si lo quisieres mas crespo hazer, 
haz feno y agallas y mirra cozer, 
con óleos y exundias podras allanallo; 
pero si quisieres tardar la caneza, 
no cesses purgar la humidad y la flem 
acacia y agallas y espica y corteza 
de nuez y lapdano harán sin pereza 
mancebo al cabello y aun puesto de te 

Lexia para enrubiar el cabello^ y de vna en 

que se llama fúrfur. 

Ceniza de leña y sarmiento en lexia 
cantueso cetrino y la hyez y alastran, 
y mirra entre muzes, todo esto algún 
echado en el agua, por cierto haría 
a qualquier cabello enrubiar sin afán: 
es fúrfur saluado, y es vna passion 
que se haze en el cuero, y es que se 1 
la cura daquesta tal escoriación, 
es con mucilages hazer lenicion, 
y azeyte de almendras es cosa muy sa 




— 447 — 

Para hacer el gesto hermoso y quitar los httfos 
de las viruelas y las pecas. 

Quien quiere hazer a su gesto hermoso, 
costriña la sangre que venga aza él 
con vino y manjar muy subtil y sabroso; 
el higo para esto es muy marauilloso, 
y ell agua de dátil y cibos con miel; 
y si de viruelas ay hoyos n^el gesto, 
vntalde con queso y con miel y con sal, 
y vnguento cetrino es muy bueno para esto; 
si recas o paño en el rostro esta puesto, 

colirio de mirra aprouecha a este mal. 

• 

De morfea y alboras. 

La blanca morfea es de /lema salado, 
de humor melanconico adusto es la prieta, 
son manchas nel cuero que le an afeado, 
pero solo al cuero el color an mudado, 
dexando la carne debaxo perfeta; 
muy blanca es la mancha que haze albaras, 
que en cuero y en carne da su turpitud, 
por peor que las otras a aquesta ternas; 
quando estas vinieren, gran falta dirás 
questá en el asimilatiua virtud. 

De la cura. 

En negro albaras y la negra morfea, 
si sangre abundare se deue sangrar, 
después muy purgado el adusto humor sea, 
y epitimar do la mancha se vea. 



— 44» — 
leche trezna y cebolla harán vexigar; 
pero en la ques blanca, la sangre estt 
y purgúese dése flemático humor, 
el gomito sobre comerse conceda, 
la sangre azal cuero traer, si ser pue 
con baños y vnciones que hagan dolc 

De sahafaU. 

El sahafati es botor y postillas 
quen rostro y cabeca mas suelen ven 
son rúbeas, 9umosas y a uezes sequi 
comienzan muy chicas con unas punt 
las nuncias de lepra se suelen dezir; 
las húmidas vienen de aguda húmida 
mala y corrosiua, con sangre mezcla( 
gastó lo subtil, quedó viscosidad; 
las secas de melanconia, en verdad, 
se hazen, o colora en sangre juntada 

De la cura. 

Sangría es primera do sangre creso 
y do ay humidad sea purgada despu< 
también la postilla fregar se requiere 
con sal y vinagre, pero a la que fuer 
antigua, mas fuertes vnciones harés; 
mas en la ques seca, después que pu 
la melancolia y la sangre aliuiare, 
muy rezio aquel sahafati fregares, 
hasta que se sangre, y después lauar 
con sal y vinagre, y es bien si sudare 




— 449 — 

De los empeines. 

Empeine es del ^ahafati compañero, 
que casi vna causa es la dambos y cura, 
mezclada humidad con humor muy grossero; 
y esta es corrosiua que rompe aza el cuero, 
y aquesta se gasta, y lo gruesso alli tura; 
aqui es menester en materia tan gruessa, 
cortar, subtiliar, resolver y ablandar, 
por cuanto se mezcla subtil con espesa; 
la goma de pino y vinagre en aquesa 
es muy buena vncion, con espuma de mar. 

De la sarna que se llama scabies^ y del prurito. 

La sarna se engendra de sangre delgada 
mezclada con colora y melanconia, 
y esta es sarna seca y materia ingrossada; 
ay otra con mezcla de flema salada, 
y es húmida sarna do podre se cria, 
y destos humores es la comezón, 
sino quanto son mas subtiles y menos, 
y asi no hazen sarna ni escoriación, 
mas entre dos cueros hazen su mansión, 
y este es parayso de los sarracenos. 

De la cura. 

Deueis de sangrar si el humor es sanguino, 
y purgue el humor salado y adusto, 
epitimo y mirabolano cetrino 
son buenos, y denle a beuer de contino 
en suero aloes si fuere hombre robusto, 
y purguenle pildoras de fumo terre, 

»9 



De la dtsuaaetony de ¡ 
La desudacion es espeso 
que bien no se limpia, y at 
si fuere muy mucho sangr 
tras esto purgar la agudez; 
después con bañarse y fr^ 
es la planta noctis vna com 
que viene en la noche con 
por ser fría la noche haze c 
y asi en los vapores ay tal i 
la cura es como en la passa 

De las verrugas y de ¡as hen 
Verrugas se hazen de sa 
o melanconia con flema mu 
primero, si ay sangre, en s 
después euaquar la húmida 
después con amargos vntall 
si el cuero se hiende y pad< 
después de purgado el hun 



-4Sl- 

con murta y alumbre se laue después, 
y cosa olorosa a comer le darés, 
como es casialignea y espica molido; 
los piojos se crían d'un humor podrido, , 
al qual la natura así pudo adrei^ar, 
que pudo de anima ser influido 
por ser subtiliado y ser concalescido; 
como ei precedente se puede curar. 

Del panarizo y apostemas de las vñas. 
Es el panarizo apostema caliente 
que trae a la vña dolor y congoxa, 
si el cuerpo está lleno euacuarse consiente, 
y pónganle luego algún repercuciente; 
llantén siempre viua el dolor mucho ailoxa, 
balostias y psídia y acucar rosado 
se ponga al principio por repercusiuo; 
en todo lo otro ya estas informado, 
como es la erisipila o flemón curado, 
que ya soy prolixo en lo mas que ora escríuo. 






^^^^P Quando los Príncipes mi 
^^^K muy quistos, muy juntos ] 
^^^B que quiso que fuesen asi v 
^^^H tan sabios, tan fuertes y ta 
^^^H los reys don I^ernaniio y di 
^^^H tenían su fama muy bien d 
^^^H por el vniuerso, do ay hoit 
^^^" y toda soberuia tirana dom 
y toda su tierra con paz gq 
destruidos tiranos, vassdlos 

En tiempo que cstauan i 
en quien permanezcan acá 
muy buenos con Kos y mi 
con mucha grandeza en el ; 
con mas esperanza en aqud 
estando en Madrid en aquí 
por nueuos pecados de qui 
prouino de Dios general mi 
por toda prouincia y por ta 
que nos aicancamos y^^ 




— 453 — 

muy braua y con quien no se alcanza vitoria; 
la qual haze al hombre indispuesto y gibado, 
la cual en mancar y doler tiene extremos, 
la cual escurece el color aclarado; 
es muy gran vellaca, y asi a comen9ado 
por el mas vellaco lugar que tenemos. 

Pone la opinión de los teólogos cerca el aduenimiento 

deste mal. 

Dirán los teólogos queste mal vino 
por nueuos pecados de las cristiandades. 
¡O gran prouidencia o juizio diuino, 
que tan propia pena executas contino 
según el camino de nuestras maldades; 
que vista la cisma y la gran disensión 
de tus propios hijos y tus paniguados,, 
do yglesia y seglares con pura opinión 
de apitonamiento sin otra razón 
son puestos en armas tan desordenados! 

Habla en persona de Dios. 

Dexiste pues vos: No queréis pelear 
contra infieles porqués mi seruicio, 
y aquellas potencias que yo os quise dar, 
quereislas illicitamente vsurpar 
stirpando la yglesia y dañando su offido; 
el angelo quiero enbiar percuciente, 
quen estas potencias os manque y os hiera, 
que braceo ni pierna ni miembro mouiente 
os dexe que en armas no sea impotente, 
con crudos dolores de mala manera. 



— 4^4 — 

Responde a una duda que a lo dicho podría haZi 

Y en ver los caudillos que mas an pccc 
daqueste mal saluos, no dubdes en esto, 
que ya desquel ángel se va desmandado 
no mira ni cura quien es mas culpado, 
mas hiere al que halla y conosce dispuesto 
que quando en Egipto Dios quiso matar 
a los mayorazgos de sus enemigos^ 
las casas judaicas mandó señalar; 
que si esto no fuera» también fuera a dar 
el ángel combate a sus propios amigos. 

Segunda respuesta^ y concille. 

También acontesce, y no sé yo el mist< 
pagar las ouejas pecando el pastor; 
por esto en pecado del gran adulterio 
daquel gran profeta que hizo el salterio, 
murió muy gran pueblo biuiendo el Señoi 
y en ver la cizaña ser tan general, 
y aquesta dolencia en cristiana nación, 
y en ver ques muy nueuo lo vno y lo al, 
conuiene saber el pecado y el mal, 
confirmo por buena la dicha opinión. 

Segunda opinión teologal. 

Algunos dixeron la tal pestilencia 
venir por luxuria en que oy peca la gente 
y muéstrase propia y muy justa sentencii 
qual es el pecado tal la penitencia, 
la parte pecante es la parte paciente; 
por este pecado en la Sacra Escritura 



-+5S - 
al rey Pharaon le hallamos tenella, 
por quel fué vencido de gran hermosura 
de Sarra, y hirióle Dios en su natura 
daquesta passion o de otra como ella. 

Aprueba. 
Y asi hallareys ya los mas que rehusan 
aqueste pecado beuir sin dolor, 
y aquellos que aquesto contino mas vsan 
daquesta passion por miraglo se excusan, 
por justa sentencia del justo Señor; 
también hallareys ya los hombres tornados 
tan castos, que no osan llegar a muger. 
¡O alto misterio, que somos forjados 
hazer penitencia de nuestros pecados, 
pues no la quesimos de grado hazer! 

Pone la opinión de los astrólogos cerca el auetiimiento 
desta passion. 

Astrólogos dizen que por conjunción 
de Saturno y Mares ' el tal daño ha sido; 
Saturno es señor de la adusta passion, 
y Mars de los miembros de generación, 
por donde este mal nel comiendo a venido; 
y en hallarse Mares en este lugar 
tan mal con Saturno, enemigo muy fiero, 
quando hora tos actos queremos vsar 
de Venus y Mares, vamos a mirar 
no esté allí Saturno, ques mal compañero. 



5k: por Harte. 



¥ 



— 456 — 



Pone la opinión de los fisicos cerca lo sol 

Los médicos dizen que fué de abi 
de humor melanconico y flema saladt 
que en todos los miembros a hecho i 
la cual se fundó en vna gran destem 
que al higado seco y caliente a toma 
y aquesta fundóse del ayre dañado, 
y malas costumbres y mantenimientc 
y junto con esto lo ya processado, 
an hecho este daño ser tan porfiado, 
que no basta cura ni buen regimient 

Pone la opinión de un dotor cerca el ser 

destas postillas. 

Vn sabio dotor que en aquesto ha 
dixo estas postillas ser el sahfati, 
de quien Auicena en el quarto escrii 
la causa que aquesto dezir le mouió 
y sus persuasiones, mostrars'an aqui 
el dize que aquel sahfati ya nombra( 
conuienc con estas en vn mismo hur 
porqués melanconico, adusto, quem; 
muy gruesso y mezclado con flema 2 
que haze en el cuero tan gruesso bo 

Prosigue. 

Y es en su comiendo primero con 
pequeño y muy fixo y diuiso en lug 
de rúbeo color es también como aqi 




-457 - 
con otras señales que son manifiestas 
en el libro quarto, si bien lo estudiares; 
probars^a esto mismo, pues quellas no son 
ni sarna ni lepra, ni de otra ralea 
de aquellas que al cuero ayan hecho expulsión; 
asi que concluye por esta induction 
ques el sahfati, pues no ay otro que sea. 

Repugna la dicha opinión por muchas razones. 

Demando perdón a su sdenda y bondad, 
y ^go que aquestas asi no conuienen; 
no son de una misma materialidad, 
difieren en forma y en su propiedad, 
en sitio y en cura y color que ambas tienen; 
y pruebo el primero por tal regla y norma 
que humor pudrescido con pestilencial , 
so vn genero nunca jamás se conforma, 
y asi diferesce en materia y en forma 
la fiebre de peste con fiebre humoral. 

Pone la menor do infiere^ y despídese desta razón. 

Mas estas postillas él mismo concede 
ser de ayre corrupto y ser pestilenciales, 
pero el sahfati contescer siempre puede, 
y sin infection en humores procede, 
ni las sus postillas se ponen por tales; 
y si él respondiere en aquesta razón 
que del sahfati también ay pestilencia, 
no quiero altercar en su replicadon 
por ser breue, y porque esta mi probadon 
no es muy manifiesta y probada en la sdencia. 




consigue la torma tan eseí 
que do ella se halla él de 
mas estas muy gran diferí 
daquel sahfati en propiedi 
con estas dolores muy fue 
en todas junturas, y al pti 
al miembro que haze las g 

Concluye y pone a 
Pero el sahfati no tiene 
ni algún autor k apprQpi<i 
por esto daquesta opinión 
y por mi razón necessario 
que aquestas difñeren en i 
asi que he probado U foriS 
en estas dos pústulas ser d 
asimismo en esto está dad| 
en sus propiedades no au 
y aquestas dos pruebas e; 

Come diferescen en iifi{ 




— 4^9 — 
que cuando es en lo alto, en lo baxo no esta; 
mas destas de agora que no están escritas, 
en todas las partes son casi infinitas, 
según que experiencia mostrado nos ha. 

Como diferescen en color y en cura. 

Difiere el color, según dice el autor, 
que en el sahfati son bermejas postillas, 
y destas ay blancas y con bermejor, 
cetrinas y de cenizienta color, 
plomeñas y verdes y negras, pardillas; 
iten, aquellas passiones que son 
diuersas en cura, difieren en sí, 
mas destas postillas la su curación 
que dio aquel dotor, tiene gran diuision 
de la que Auicena dio en el sahfati. 

Pone otro argumento contra la dicha opinión. 

Iten, arguyo en aquesta manera, 
que si el sahfati por aquestas fué puesto, 
el nuestro Auicena menguado escriuiera, 
pues nel libro quarto noticia no diera 
de ciertos bubones que nascen nel gesto, 
los quales le hazen embermegeddo 
de mala manera, y también abubado; 
los nuncios de lepra mil vezes an sido, 
según que alcanzamos por nuestro sentido, 
asi que Auicena no ha destos hablado. 

Prosigue. 

Pues mas razón es de dezir y afifirmar 
ques el sahfati aqueste gesto buboso. 



— 460 — 

pues del se podrá con verdad predicar, 
que no que se diga Auicena hablar 
daquestas postillas tan defectuoso, 
pues n'el no appropió aquel dolor y gr 
quen todas junturas dan estas postillas 
ni puso en los bracos y piernas manqu< 
ni los durujones, dolor y dureza, 
y llagas que acuden a las espinillas. 

Concluye y comienza nueua opinión. 

Ni puso hazer su comiendo primero 
n'el sexo viril o en el ques de muger, 
ni puso tornarse el color negro y fiero» 
ni puso otras cosas, por donde yo infie 
aquestas muy gran diferencia tener; 
y si estas se escriuen en algún lugar, 
lo qual yo no apruebo ni tengo por de 
en ese capitulo deuen destar 
de sarna, y su especie en el nuestro vu 
también en latin le llamamos mal muerl 

De la conuenioicia de aquella scabie con estas 

Conuiene con estas en su material, 
pues se haze de adustos y gruessos huí 
y no menos qu estas es crónico mal, 
y no tiene asiento en lugar especial; 
también n'esta vienen muy gruesos bot 
en ella se hallan diuersas colores, 
según las materias de quien se compon 
manquezas, angustias y graues dolores 
en los superiores y en sus inferiores, 
según que en aquestas postillas se pone 




— 4^1 — 

Recita dos argumenios quel dicho dotar opuso 

a esta opinión. 

Contra esto el dotor sobredicho argüyó, 
por dos diíFerencias que aquestas dos tienen, 
por quanto en la especie de scabie halló 
ser pruriginosa, pero en estas no, 
por do concluyo que las dos no conuienen; 
segundo, difíere de scabie porque es 
de humor mas delgado y mas penetratiuo, 
por do en el scabie contíno veres 
ser muchas postillas, do conduirés, 
su diferecer según este motiuo. 

Responde al primer motiuo. 

Respondo al primero que la come2u>n 
no viene a la especie de scabie forzosa, 
mas viene según que en ella ay admistion 
de humores, do ay sal y do ay mordicación; 
y do estos no vienen no es pruriginosa, 
y en estas postillas lo mismo verás, 
do ay colora en mezcla o algún flema salso, 
las tales traerán comezón en demás, 
y algunos no cessan rascarlas jamás, 
el senso nos muestra que aquesto no es falso. 

Responde al segundo motiuo o dificultad^ y concluye. 

Respondo asi mismo al motiuo segundo, \ 

negándole el antecedente do infiere *« 

por quanto esta especie en la qual yo me fundo, 
de muy grueso humor es si lo ay en el mundo, 
que en esto a las otras especies difiere; 




— 460 — 

pues del se podra con verdad predicar, 
que no que se diga Auicena hablar 
daqu estas postillas tan defectuoso, 
pues n'el no appropió aquel dolor y graueza 
quen todas junturas dan estas postillas, 
ni puso en los bracos y piernas manqueza, 
ni los durujones, dolor y dureza, 
y llagas que acuden a las espinillas. 

Concluye y comienza nueua opinión. 

Ni puso hazer su comiendo primero 
n'el sexo viril o en el ques de muger, 
ni puso tornarse el color negro y fiero, 
ni puso otras cosas, por donde yo infiero 
aquestas muy gran diferencia tener; 
y si estas se escriuen en algún lugar, 
lo qual yo no apruebo ni tengo por cierto, 
en ese capitulo deuen destar 
de sarna, y su especie en el nuestro vulgar, 
también en latín le llamamos mal muerto. 

De la conuenieffcia de aquella scabie con estas pústulas, 

Conuiene con estas en su material, 
pues se haze de adustos y gruessos humores, 
y no menos questas es crónico mal, 
y no tíene asiento en lugar especial; 
también n^esta vienen muy gruesos botores, 
en ella se hallan diuersas colores, 
según las materias de quien se compone, 
manquezas, angustias y graues dolores 
en los superiores y en sus inferiores, 
según que en aquestas postillas se pone. 




— 463 — 

)e las causas desta passiotty y primero de las vniuersales 

y equiuocas. 

La causa primera daquesta passion 
fué mala impression de los cuerpos celestes, 
que hizo en ell ayre dañada infecion 
por do en nuestros cuerpos causó corrupción, 
hallando dispuestas las causas terrestes; 
y aquesto prouino de algún mal compuesto 
y costelacion de infortunos planetas, 
y aquesto en nuestra arte nos es presupuesto 
de la astrologia, do las causas desto, 
según sus principios, no son muy secretas. 

Las causas inferiores y extrínsecas. 

Las causas de abaxo son ayre dañado, 
y el ques melanconico mantenimiento, 
y aquellos que crian el flema salado, 
como ajos y oruga y cebolla y pescado, 
cecinas, legumbres y los deste cuento; 
flaqueza en los cuerpos de vsar con muger, 
dispone a la peste, según Auicena, 
la gran repleción de comer y beuer, 
la yra y furores y poco plazer, 
gran frió y secura, a lo mismo se ordena. 

De las causas antecedentes y conjuntas. 

La causa interior es la gran quantídad 
de humores adustos en higado y venas, 
y flema salado y alguna humidad 
que haga correr con su subtilidad 



por do no aprouecha tnaldl 

Prosigue y propene la (nusa t 

La causa es también la 
quel daüo de dentro aza tk 
ayuda el error de la asimili 
la causa conjunta es la escd 
matena que haze postilla y 
la causa de auer en juntuí 
es bien que se note por mU 
por quanto responde a la di 
y desta no hizo mención d 
avnque era obligado de no 



Las c 



s del dolor de 



Como ay en las venas gi 
daquella materia que digo 
no haze dolor hasta que hl 
en algún lugar, pero en él. 
apostema el miembro y le 1 




- 465 — 

Prosigue. 

Y aquellos que pueden al cuero alanfalla, 
alli donde la echan se haze postilla, 
si al cuero no pueden, procuran de echalla 
al ques menos noble, y aquel no tomalla 
si puede, y si no, queda en él la manziUa, 
y de lance en lance es forjado parar 
en algún lugar que no pueda mas quella, 
pero la juntura es muy flaco lugar, 
y es frió y es hueco do puede apañar 
qualquiera materia y en si retenella. 

Prosigue y concluye. ^ 

Iten, es lexos de los principales, 
y es poco el esprito y calor que le viene; 
iten, sus motos son tantos y tales, 
que atraen el humor y son muy materiales 
los mantenimientos de que se mantiene; 
iten, es duro y de poros cerrado, 
por do no se haze la euentancion; 
también es de nervios y cuerdas poblado, 
do el senso del tacto esta fortificado, 
por do este dolor sigue a esta passion. 

Las causas de comentar esta passion por los miembros 

vergonzosos. 

La causa por questa passion comentó 
por aquestos miembros que son vergon90sos, 
es por quanto el higado en ingres echó 
algunos encordios, de quien se escupió 
el daño en aquestos vezinos famosos; 

3o 




— 464 — 

los gruessos humores por partes agenas; 
y a uezes daquesto es la causa humor vno, 
y a uezes de muchos es hecha mestura, 
mas ueces son causa los muchos quell uno, 
asi como colora y flema en consuno, 
por do no aprouecha frialdad ni calura. 

Prosigue y propone la causa del dolor de junturas. 

La causa es también la virtud expulsiua, 
quel daño de dentro aza el cuero lo alan9a, 
ayuda el error de la asimilatíua, 
la causa conjunta es la escoríatiua, 
materia que haze postilla y estanca; 
la causa de auer en junturas dolor 
es bien que se note por muy singular, 
por quanto responde a la duda mayor, 
y desta no hizo mención el dotor 
avnque era obligado de no la callar. 

Las causas del dolor de las junturas. 

Como ay en las venas gran copia y medida 
daquella materia que digo espelerse, 
no haze dolor hasta que haga manida 
en algún lugar, f>ero en el ya trayda 
apostema el miembro y le haze dolerse; 
y desque la venas en los miembros echan 
aquesta materia, no quieren sufrilla, 
pero de su daño y malicia despechan, 
y en otros mas flacos que si la desechan 
y algunos al cuero podrán sacudilla. 



- 465 — 

Prosigue. 
Y aquellos que pueden al cuero alancalla, 
aili donde la echan se haze postilla, 
si al cuero no pueden, procuran de echalla 
al ques menos noble, y aquel no tomalla 
si puede, y si no, queda en él la manzilla, 
y de lance en lance es forijado parar 
en algún lugar que no pueda mas quella, 
pero la juntura es muy flaco lugar, 
y es frió y es hueco do puede apañar 
qualquiera materia y en sí retenella. 

Prosigue y concluye, ^ 

Iten, es lexos de los principales, 
y es poco el esprito y calor que le viene; 
iten, sus motos son tantos y tales, 
que atraen el humor y son muy materiales 
los mantenimientos de que se mantiene; 
iten, es duro y de poros cerrado, 
por do no se haze la euentancion; 
también es de nervios y cuerdas poblado, 
do el senso del tacto está fortificado, 
por do este dolor sigue a esta passion. 

Las causas de comentar esta passion por los miembros 
vergonzosos. 
La causa por questa passion comentó 
por aquestos miembros que son vergon90sos, 
es por quanto el hígado en ingres echó 
algunos encordios, de quien se escupió 
el daño en aquestos vezinos famosos; 



— 466 — 

y son muy dispuestos de tal recebir, 

por ser carne tierna y que presto se altere, 

si no es de escupido es porque ha de occurrir 

la horina por ellos, do puede venir 

del higado humor corrosiuo que vlcere. 

Prosigue y da causa porque comienfa a parescer el m 
en estos miembros tantos dias antes que venga. 

Por quanto a este mal nel comien9o primen 
destemplase el higado en seco y caliente, 
do se haze el humor tan adusto y grossero, 
el qual n'el principio no esta tan entero, 
y el higado está de espelerlo potente; 
que viéndose del fatigado y dañado, 
alánzalo luego por sus albañares 
antes que en las venas esté derramado, 
por do en estos miembros asi a comentado, 
muchos dias antes que en otros lugares. 

De las señales que se muestran quando la enfermedoá 

a de uenir. 

Mas quando en tal miembro está buba o Uagui 
mayormente si es sin dolor y está dura, 
dolor de cabera y color negrecita, 
espaldas cargadas, y el sueño se quita, 
y aquello que sueña es en loco y no tura; 
en labios y en parpados de ojos negrura, 
y en su trabajar perezoso y aflicto, 
y tiene la vista turbada y oscura; 
a tal como a este, si tienes cordura, 
dirás que le viene la sarna de Egipto. 



-4*7- 

De las señales quando la passton es presente. 
Mas quando ya vienen las negras postillas, 
dan luego vn dolor de junturas terrible, 
primero en los hombros, después en rodillas, 
y deltas desciéndese a las espinillas, 
y en sus telas haze un dolor ímpassible; 
y de controparse el humor en aquellas 
gastando lo ques mas subtil la calor, 
vnos duru jones se hazen en ellas, 
la fruente y cabera padesce como ellas 
de secas y nodos de aquel gruesso humor. 

Las señales guando viene de sangre adusta. 
Si fué la adustion deste humor tan maligno, 
de sangre, con ellas muy gran calor tiene, 
las palmas y plantas le queman contíno, 
y su color dellas es rúbeo, sanguino; 
también come<¡on y materia les viene; 
es fuerte el dolor y no es muy permanente, 
y esfuérzase mas aza las madrugadas, 
y crian de dentro materia caliente; 
an gran bermejura y calor en la fruente, 
dolor en espaldas, y están quebrantadas. 

Las señales quando viene de colora adusta. 

Si colora peca ay muy poco sosiego 
y muy mas calor, gran dolor no durable, 
el rostro se carga de pústulas luego, 
y vnas vexiguitas le salen de fuego 
por mano y muñecas, de ardor espantable, 
y costras ardientes en palmas y en pies, 



i 



— 468 — 
y bubas cetrinas y alguna rabieta 
pequeñas y muchas, y comen después^ 
y en su complexión ya colérico es, 
y aza el mediodia el dolor mas le aprieta. 

Las señales quando viene de fiema adusta. 

Si de flema salso fué aquesta adustion, 
no ay tan gran calor ni dolor tan mortal, 
son grandes postillas y con comezón, 
y todas hendidas y ásperas son, 
y tienen color de plomado metal; 
y si es flema blanco, tema frialdad, 
en pecho y cabera muy gran carga miento 
blancazas postillas con mucha humidad, 
dolor mas durable en menor calidad, 
y aza medianoche el dolor mas sin tiento. 

Las señales quando viene de melancolia adusi 

Pero si de humor melanconico fuere 
aquesta adustion, son mas secas y frías, 
ser grandes y sin comezón se requiere, 
y el gesto obfuscado con ellas se espere, 
y en su curación son mas que otras tardÍ2 
y son muy pesadas, no tan doiorosas, 
son ásperas mucho y salen poquitas, 
y aza prima noche son mas aquexosas, 
y traen tristezas y ansias llorosas, 
harán seco el cuerpo y las carnes flaquitas 

Las señales quando viene de mezcla de humores a 

Mas si esta adustion acontesce de ser 
de muchos humores alli congregados. 



— 469 — 

mezclando las señas darán a entender, 

a quien lo que e dicho quisiere bien ver, 

quien son !os humores que aquí son mezclados; 

y ias mas vegadas es desta manera, 

que aquesta passion de diversos es hecha, 

alguna es de flema y de sangre grossera, 

y alguna es de colora con compañera, 

y en tales frialdad ni calor no aprouecha. 

Di la cura^ y primero pone diuersas opiniones en ella, 
las quales coníradize. 

En ver ta passion que tan queda se estaua, 
y siendo tan mala ser tan porfiosa, 
que malo ni bueno provecho no daua, 
la gente destonces atónita andaua, 
y aun entre letrados estaua dudosa, 
algunos dezian quel mucho hartar 
a estomago y vientre de quanto pidiese, 
haria mas presto al paciente sanar, 
y que enflaquecía el hazelle apartar 
de todo dañoso que bien se supiesse. 

Daña esta opinión y otra que recita luego. 

Aquestos dezian que purga y sangría 
se diese en el jarro, mas no en la persona, 
y quel buen xarope en Medina lo auia, 
en Coca y Arenas y cU Andaluzia, 
y a estos por beudos les doy la corona; 
mas otros que a flsica son mas vezinos, 
dezian ser buena la euacuacíon, 
las purgas, sangrías, xaropes continos 



¥ 




— 470 — 
y el poco comer ser remedios diuinos, 
y aquesta también era errada opinión. 

Da vna notable razón contra las purgas erradicatiuas. 

Quel mucho purgar en materia como esta^ 
al higado augmenta calor y secura, 
do el daño se dobla, cosa es manifiesta; 
también la materia por ser indispuesta, 
no euacua, mas mueuela y hazela dura, 
que para purgarse del miembro el humor 
en las venas chicas a luego de entrarse, 
y destas a otra y a otra mayor, 
y desta va al higado auiendo vigor, 
y deste all estomago do a de purgarse. 

Prosigue y concluye contra la dicha opinión. 

Pues diga este fisico, cómo es posible 
questando el humor en el miembro inuiscado, 
se arranca y se mete por vena inuisible, 
subiendo al reues de la sangre nutrible, 
ques ir agua arriba y sin ser subtiliado 
humor tan viscoso y tan ingros3ado, 
que engludo paresce, qual fuerza podra 
metelle por vn tan estrecho horado, 
que siempre de sangre está lleno y tapado, 
que a todos los miembros del higado va. 

Recita otra forma de cura vntando las junturas^ 

y destruyela también. 

Mas otros curaban aquesta passion, 
que siempre auian sido de albardas maestros, 
haziendo de azogue y de vnto vna vndon 




— 471 — 
que daua al dolor muy gran mitígacion, 
y aquesto era hecho por modos siniestros, 
que como ell azogue es mortificatiuo 
y ell vnto ablandaua aquel cuero encogido, 
haziase el azogue mas penetratiuo 
y al miembro mataua el estupefactiuo, 
quitaua el dolor destruiendo el sentido. 

Prosigue y destruye otra opinión de curar. 

Y asi yierays luego aquel miembro do auia 
entrado la vncion, no tener fuerza alguna, 
mas como natura de noche y de dia 
de esprito animal a este tal proueya, 
tomaba el sentido y dolor todo a una; 
mas otros tenian por muy aprobado 
curar con sudor al principio del mal, 
gastaba el sudor el humor mas delgado, 
que daua lo gruesso un terrón desecado, 
que fuera imposible purgarse este tal. 

Pone la cura según la regla y medios mas razonables 

y experimentados. 

La cura mas propia que aqui poner quiero 
sera recogida de nuestros autores, 
primero al humor ceniziento y grossero 
deueis digerir y tornalle ligero, 
después aplicalle sus euacuadores; 
mas miren primero si sangre pecó, 
y sángrese luego basilica vena, 
de parte contraría si vn hombro dolió, 
si duelen los dos juntamente mandó 
sangralle ambos bra^s el nuestro Auicena. 



— 47^ — 

Prosigue. 

Y el de fumoterre xarope le dad, 
ques muy appropiado en humores adustc 
y do ay flema salso es extremo en bondaí 
dos on^as de un golpe sea su quanddad, 
mezclando el de epítimo en hombres robi 
por queste mas gruessos humores alanza 
y siempre echa mas del primero que dest 
con dos de xarabe tres de agua le lan^a; 
de la palomina y buglosa en templanza 

o suero do colora o sangre moleste. 

De los clisteres. 

Y algunas ayudas le echad apropiadas 
do cuezan anis y ^intoria y hinojo, 
epítimo y cártamo, y pasas mondadas, 
mancanilla, violetas y prunas mezcladas, 
sea partes yguales echado en remojo; 

y desque cozido y colado esto tal, 
de la cassiafistola echalde on^ y media, 
de gera y bendita vna on^a en ygual, 
y su miel y azeyte común y su sal, 
aquesta le ablanda, euacua y remedia. 

Del minoraíiuo que se deue íomar por la bo 

Passado con esto ocho dias contínos, 
deueis minoralle con tal decocion, 
vna on^a de mirabolanos cetrinos, 
y sendas de indios y kebulos finos 
e dos de ciruelas con esta mixtión, 
y sendas de epítimo y de cantueso. 



-473 - 
e de tamaríndio onca y media será, 
e de palomina vna on^a con eso, 
e vna onca de passas, y cueza todo eso 
en tres iitiras de agua, y las dos gastará. 

Y en seys on^as desta deueys desatar 
vna onca de la cassiañstola munda, 
de buena mañana la deue tomar, 
y en muchas vegadas es bien de la vsar, 
pues della purgar e ablandarse redunda; 
después continuar los xarabes de suso 
hasta que ya esté el humor bien digesto, 
y vsar las ayudas según se allí puso, 
y desque algún tiempo os durare aqueste vso 
purgad fuertemente el humor si es despuesto. 

Las señales de la digestión. 
Vereys ques digesto el humor, en que ya 
el fuerte dolor y vigilias le afloxan, 
no salen mas bubas ni el higado está 
con tan grande ardor, ni la fuerza se va; 
las palmas y bubas y pies se descoxan, 
no está tan delgada y tan cruda la horina, 
y sale la ypostaás blanca y muy buena, 
también la color de su gesto se afína, 
también su egestion sale buena y contina, 
a tal como aqueste tal purga se ordena. 

De la purga erradicaíiua. 
De pildoras indias tomad quinze granos, 
y treynta de pildoras de palomina, 
y diez de hermodatÜes blancos liuianos, 





— 474 — 
de spica y almástiga diez granos sanos; 
todo esto mezclado es muy gran medicina, 
y con su xarabe las puede massar, 
y hazer siete pildoras por la presente; 
mediada la noche las deue tomar, 
y el físico puede amenguar o esforzar 
la purga según la virtud del paciente. 

Otra forma de purga. 

O purgúese fuerte daquesta manera: 
de kebulos y mirabolanos y prietos 
e passas tomar sendas on^as siquiera, 
de hojas de sen de cantuesos qualquiera 
tomad sendas on^as y sean perfectos, 
y de polipodio seys dramas tomad, 
y cinco del eupatorio escogido» 
e quatro de la palomina mezclad, 
todo esto en tres libras de suero lo echad 
e gaste las dos como arriba aueis vido. 

Y echad, desque aquesto ya fuere colado, 
vna on^a de epitimo y hierua sin llama, 
y desque heruiere sera luego fregado, 
después sea colado y alli desatado, 
de eléboro negro escogido vna drama, 
e de cassiafístola vna on^a mondada, 
y echad media drama de agárico bueno, 
y si la quisierdes mas fortificada, 
echad media drama muy rectificada, 
según Auemesue de lapide armeno« 




-475- 

Como tomará la triaca, e de otra forma de minoratiuo. 

Y desque ya esté derraygado el humor, 
darleys, si reliquias quedaron algunas, 

de tres en tres dias triaca mayor, 
y tómela en suero, porqués el mejor 
quanto vna auellana beuida en ayunas, 
y en todos los tiempos que vuiere manida 
d aquel mal humor y el hartasse ya, 
de la cassiafístola ques aborrida 
media on^a de epítimo sea disoliiida 
en suero de cabrás, y aquel vsara. 

Para corregir el hígado. 

Y adresce el higado, ques el cimiento 
en criar este humor tan adusto y maligno, 
vntandole con el violado vnguento, 

o con el rosado, o con el de fermento, 

o con el que llaman acá sandalino; 

y desque estuuiere todo este sermón 

compUdo por orden y regularmente, 

remedios locales dad en la passion 

en todas las bubas haziendo vna vndon, 

yo hallo ques muy singular este vnguente. 

Ungüento para las bubas. 

De chimia de plata, no de otros metales, 
y de litargirio, cerusa y calcanto, 
de azogue, aloes, todo partes iguales, 
y el vnto de puerco mezclad a estos tales, 
y azeyte de oleandro y vinagre otro tanto; 
será todo aquesto en mortero majado, 




— 476 — 
y con del azeyte vn poquito mecello, 
después del vinagre sera vn poco echado, 
después del azeyte, y asi sea tratado 
hasta que se haga vn vnguento con ello. 

Otro vnguente mas fuerte. 

Y si otro quisierdes mas fuerte y mas fino, 
podéis componelle daqueste tal modo: 

de ambos arsénicos sufre citrino, 
de eléboro negro y de goma de pino 
sean partes iguales, y mézclese todo; 
con esto ceniza de ajos majad, 
y mirra y encienso, aloes y neguilla, 
y el vnto y azogue matado mezclad 
con agro de cidra o limón lo juntad 
y azeyte, y ponelde sobre la pustíUa. 

De emplastros para las junturas. 

Y hazle vn emplastro para las junturas 
de estierco y manteca de vaca con miel, 

y si tu conosces, por tus congeturas, 

que son menester muy mas fuertes la curas, 

hazerle as emplastro mas fuerte que aquel; 

recibe quatro on^as de la trementina, 

y quatro de nitre de Alexandria, 

de euforbio tres dramas, ques gran medecina, 

y del fenugreco tornado harina 

será media libra en su compañía. 



y 



Con esto seys dramas echad de yreos, 
de oppopanac quatro dramas serán. 



— 477 — 
con esto seys on^as de azeyte aued vea, 
y hazed un emplastro, que mediante Dios, 
todos los dolores con este saldrán; 
y si lo quisierdes mas fuerte que aquesto, 
mayor quanddad del euforbio echares, 
y echad armoniac y bedelio con esto, 
y azeyte vnfancino, que al caso es dispuesto, 
y todo se haga en emplastro después. 

Y M otros emplastros quisierdes o vnciones, 
catad a Auicena en la fen. veynte y dos, 
adonde se escriue, por largas razones, 
el mal de junturas y sus curaciones; 
allí contemplad, si soys físico vos, 
y quando el dolor fuere brauo a matar, 
mayormente siendo de humores calientes, 
narcótico vnguento te aueis de aplicar; 
catad a Auicena en el dicho lugar, 
do pone remedios y muy excelentes. 



De ios baños. 

Y háganle baños, ya en declinación, 
de su manganilla y anís y hinojo, 
y rosas, violetas, aquí buenas son, 
ruda y palomina haya tal decocion, 
bismalua y las maluas y el apio y abrojo; 
y báñese nueve o diez dias arreo, 
y échese luego en la cama a sudar; 
si aquesto se haze por orden, yo creo 
que aqueste hombre tal complirá su deseo, 
por queste es camino de presto sanar. 





— 478 — 

Para socorrer el iofo^ y para ¡as llagas. 

Mirad bien el ba^o no tenga dureza, 
que cuando esta tiene se tarda el dolor, 
y si la tuuiere curad con destreza, 
según nel capitulo suyo se reza, 
para esto es Tunguento desopilador; 
y miren si vlcera alguna le viene, 
y cúrela luego algún buen ^urujano» 
ya sabe la causa de que esta prouiene, 
asi mismo sabe la cura que tiene, 
no falta sino que le ponga la mano. 

Para curar las durezas y rectificar el regimienío, 

Y a los durujones curad como nodos, 
o como apostema esclirotico duro, 
en molificar y ablandallos a todos, 
después resoluelles, y con tales modos 
se lleua el paciente muy saluo y seguro; 
y deue guardarse en el su regimiento, 
porqués el cimiento de toda su cura, 
que huya manjares de mal nutrimiento, 
que huya mugeres y mal pensamiento, 
que huya la ira, furor y tristura. 

De los manjares convenibles. 

Que coma gallina, cabrito y ternera, 
faysanes, perdizes y tórtolas buenas, 
y las palomitas son desta manera, 
y aue pequeña que no sea grossera; 
camero de vn año de carnes bien llenas, 
y yemas de hueuos si bien frescas son. 



— 479 — 
y peces de rio escamosos, chiquitos, 
y truchas palmares son desta intención, 
y todo manjar de subtíl digestión, 
y buen nutrimento como los escritos. 

Prosigue y da fin. 

Y el vino que beua sea tinto y aguado 
con agua azerada, ques muy singular, 
y no traya el cuerpo contino afanado, 
ni menos le tenga baldio y holgado, 
y sobre comer no se deue mudar; 
el sueño del dia se deue excusar, 
y las colaciones, y el mucho beuer, 
y nunca se deue el paciente hartar 
puesto que sea muy bueno el manjar, 
y es bien pasearse delante el comer. 

Fwíf. 



% 



Loores y gradas te do yo. Señor, 
que enciendes candela do falta el pauilo, 
que en tales tinieblas das tal resplandor, 
que en tan juuenil y barbárico estilo 
s'encierre vna suma de tanto valor; 
y pues que lo hizo tu lumbre y fauor, 
no sé con que sirua tan gran beneficio, 
sino que me ofrcsco por tu seruidor 
en vida y en muerte, en plazer y dolor, 
y ofresco la obr?. a tu nombre y seruicio. 




— 48o — 

Y no des lugar a la enbidia malina 
que calle lo bueno y pregone los yerros; 
que muchos letrados de la mededna, 
por cuanto concurren en vna rapiña, 

se muerden asi como gatos y perros; 
que por remorderme ya en vna disputa 
el juez contra mi confirmó tal razón, 
que igual complexión puntual y absoluta 
de la medecina es su consideración, 
lo qual por falsissimo acá se reputa. 

Y en otra disputa el juez desigual, 
por darme la mengua afirmó en su dezir 
quel minimo cuerpo se puede partir, 
guardando su forma y su ser natural, 

lo qual por muy falso se deue sentir; 
y pues que los sabios, sabiendo la sciencia, 
por ser maldizientes la quieren torcer, 
remitolo todo a tu sancta clemencia, 
que a los ponzoñosos hará resistencia, 
y a las falsas lenguas hará enmudescer. 

Fenesce el Sumario de la Medecina hecho por el 
licenciado Francisco López de Villalobos, enmendado 
y corregido por él mismo. Imprimido en la dbdad de 
Salamanca^ a sus espensas de Antonio de Barreda, 
librero. Año del nascimiento de Nuestro Saluador de 
mili ccccxc. e viii. 

Deo gracias. 



FIN. 



í 



i 



ÍNDICE DE MATERIAS. 



PRÓLOGO. 

I.— Nacimiento, patria, origen y familia de Villalobos.... i 

II.— Estuclios de Villalobos. — Sus pnmeras obras 10 

ni.— Villalobos médico del Rey Católico i8 

IV.— Villalobos médico del Emperador 18 

V.— Retirase Villalobos de la Corte 41 

VI.— Vuelve Villalobos á la C6rte 48 

VII. — Villalobos durante ta ausencia del Emperador, 

de 1 519 S 1 530 60 

VIII.— Sucesos de la vida de Villalobos después de Ib 

vuelta del Emperador, en 1533 , 76 

IX.— Últimos años de la vida de Villalobos W 



OBRAS DE VILLALOBOS. 

OBRAS aB^<TÍ^CAS. 

I.— El «Sumario de Medicina» y el «Tratado sobre las pes- 
tíferas bubas» 109 

II. — Continuación de tas obras científicas según su proba- 
ble orden cronológico.— Las «Congresiones,* los di&lo- 
gos sobre las fiebres tiS 

III.— Lb glosa de los dos primeros libros de Plinio.— El 
«Tratado de cuerpos naturales» 14$ 



Á 




Página!. 



OBRAS LITERARIAS. 



IV.— Traducción del «Amphitríon» de Plauto, el «Tratado 

de los problemas de cosas morales,» etc 157 

V.— Canción de Villalobos, con su glosa 202 

VI.— Bibliografía de las obras de Villalobos. 216 



CARTAS CASTELLANAS. 

I.— El doctor Villalobos á Jufre, aposentador de S. NL ea 
Flandes.— Madrid, 8 de Enero de 1512 t 

II.— El doctor Villalobos á un Grande del Reino. — Cala- 
tayud, 6 de Octubre de 151 5 5 

III. — El doctor Villalobos al mismo Jufre. — Madrid^ 18 de 
Marzo de 1 517 • 9 

IV.— El doctor Villalobos á Diego López de Ayala, canó- 
nigo de Toledo, en la Corte de> Flándes.— Madrid, 7 de 
Julio de 1 5 17 13 

V.— El doctor Villalobos al doctor de la Reina. — Zara- 
goza, 6 de Agosto de 1518 15 

VI. — El doctor Villalobos á D. Pedro Laso de la Vega.— 
(Sin fecha.) 19 

VIL— El doctor Villalobos al Condestable de Castilla.— 
Zaragoza, 23 de Noviembre de 1518 ai 

VIII.— El doctor Villalobos al Almirante de Castilla. — Za- 
ragoza, 7 de Diciembre de 1518 25 

IX.— El doctor Villalobos al Duque de GandSa. — (Sin 
fecha.) 29 

X. — El doctor Villalobos al Arzobispo de Santiago. — Bar- 
celona, 20 de Marzo de 1519 35 

XI. — El doctor Villalobos al Arzobispo de Santiaga — Bar- 
celona, 8 de Setiembre de 1 519 39 

XII. — El doctor Villalobos al Almirante de Castilla. — 

Medina de Rioseco, 10 de Mayo de 1520 43 

XIII.— El doctor Villalobos á D. Diego de Guevara, cla- 
vero de Calatrava. — Valladolid, 7 de Junio de 1520.. ... 45 
XIV. — El doctor Villalobos á la Marquesa de Denia. — 
Medina de Rioseco, 1 5 de Agosto de 1 320 49 



— 483 — 

XV.— El doctor Villalobos á D.* María de Toledo, en la 
Corte de Alemania.— Medina de Rioseco, 22 de Enero 

de 1 521 51 

XVI.— El doctor Villalobos al Obispo de Palencia.— (Sin 

fecha.) 57 

XVII.— El doctor Villalobos á la Sra. D.* Francisca Sar- 
miento. — Medina de Rioseco, 18 de Febrero de 1521.. . . 61 
XVIII.^El doctor Villalobos al Almirante de Castilla.— 

Medina de Rioseco^ 4 dé Abril de 1 521 65 

XIX.— El Almirante de Castilla al doctor Villalobos. — 

Medina de Rioseco, 15 de Abril de 1525 67 

XX.— El doctor Villalobos al Almirante de Castilla. — 

Zafra, 10 de Mayo de 1 525 jt 

XXI. — ^Respuesta de las coplas 75 

XXII.— Otra del dicho doctor Villalobos contra los vanos 

placeres 79 

XXIII.— Otra del mismo 81 

XXIV.— Otra del mismo 83 

XXV. — Contra los bienes de fortuna 85 

XXVI.— El Almirante al doctor Villalobos 87 

XXVII.— Respuesta del doctor 89 

XXVIII.— El doctor Villalobos al Almirante 93 

XXIX.— El doctor Villalobos al Comendador griego. — 

Madrid, Diciembre de 1 526 95 

XXX. — El doctor Villalobos al Arzobispo de Toledo.— 

Valencia, 17 de Mayo, s. a, (1528?) 105 

XXXI.— El doctor Villalobos al Arzobispo de Toledo. — 

Monzón, 12 de Junio, s. a. (1528?) 109 

XXXII.— El doctor Villalobos al Duque D. Manrique de 

Lara. — Valladolid, 10 de Febrero de 1 530 113 

XXXIII.— El doctor Villalobos á D. Antonio Manrique, 

Duque de Nájera. — Ocaña, 26 de Octubre, s. a. (1530?). 115 
XXXIV. — El doctor Villalobos al doctor Xuaret, sobre la 
venida de un hijo suyo soldado. — Barcelona, 27 de Abril 

de 1 53 1 1 19 

XXXV. — El doctor Villalobos al Duque. — (Sin fecha.-^ 

1532?) 123 

XXXVI.— El doctor Villalobos á (Sin fecha.— 1533?). • 125 

XXXVII.— D. Antonio Manrique, Duque de Nájera» al doc- 
tor Villalobos.— (Sin fecha) 131 



— 484 — 

XXXVIII. — Respuesta del doctor Villalobos á la carta i 

terior. — (Sin fecha.) 

XXXIX.— El doctor Villalobos al Duque de Nájera.— M 

drid, 7 de Diciembre 

XL. — El doctor Villalobos al Secretario Samano. — Medi 

del Campo, 3 de Agosto de 1 54a 

XLI. — El doctor Villalobos á Cobos, Comendador may 

de León.—- Valladolid, 12 de Setiembre, s. a 

XLII. — El doctor Villalobos al Duque D. Manrique < 

Lara. — ^Rioseco, 1 3 de Agosto de 1 546 

XLIII.— El doctor Villalobos al Almirante de Castilla. 

1 2 de Mayo de 1 549 

XLIV. — El doctor Villalobos á D. Alonso de Fonseca, A 

zobispo de Santiago, enviándole un diálogo que le hab 

pedido. — (Sin fecha.) 

XLV.— El doctor Villalobos al General de la Orden de Si 

Francisco. — (Sin fecha.) 

XLVI. — El doctor Villalobos al Comendador Hemaní 

Nuñez.— (Sin fecha.) 

XLVII. — El Comendador Hernando Nuñez al doctor \ 

llalobos. — (Sin fecha.) 



CARTAS LATINAS. 

Ad lectores , 

1. — Venerando genitori Franciscus de Villalobos. — 1498. 
II. — Gonsalo de Moros, egregio medicinae doctoríy Frai 

ciscus de Villalobos. — 1 501 

III. — Gonsalo de Moros, medicinas doctorí celebrandi 

Franciscus de Villalobos, 1 507 

IV. — Venerando genitori PVanciscus de Villalobos. — 150 
V. — Principi strenuissimo domino Garsiae de Toleto, illu 

trissimi domini Fcderici ducis de Alba, dilectissimo pr 

mogenito (Franciscus de Villalobos). — 1508 , 

VI.— Reverendo doctori de la Parra, prothomedico, Frai 

ciscus de Villalobos. — 1508 

VII. — Illustríssimo dno. Federico de Tolete, duci de Alb 

niarchionique Cauricnsi, Franciscus de Villalobos.- 

'509 



— 485 — 

Pig\ns. 
VIH.— Reuertndissimo dno. Cosme de Toleto, planentíno 

presuli, Franciscos de Vülalobos, — 1509 «33 

IX.— Dno. Cosme de Toleto, pUcentíno presuli, Franeis- 

cus de Villalobos. — 1510 137 

X. — Dno. suo dno. Cosme de Toleto, placentino pretuli, 

Franciscus de Villalobos. — 1510. 141 

XI.-(Sin dirección ni año.) a« 

DIÁLOGO DE VILLALOBOS V 5U CRIADO 33 1 



POESÍAS. 

I.— Escribo burlas de veras 171 

II. — Canción. A una partida tfi 

III.— Villancico >74 

iV. — Partiendo, porque deiia una dama ser lo que dlien: 

Quien de sus amores se alexa ,. S74 

V, — A la misma señora S75 

VI.— Pariiéndose- «76 

VII.— Sospechando que había hecho del lo que Durandarte 

de su amiga, ó su amiga del 177 

VIII. — Glosando: «Muerto queda Durandarte. > íj^ 

IX.— Un cortesano, estando pensativo, fué preguntado por 

su dama que ¿en qué pensaba? y él respondió este mote. »8i. 

X.— Al tiempo bueno afii 

XI. — Otra cana, hablando de los estados 386 

XII.— Gabriel dio al Almirante, su señor, un macho, y 

quedando á p¡£ en Torre de Lobaton, escribió esta carta. 

a! Adelantado, hermano del Almirante, pidiéndole una 

cabalgadura ajQ 



EL SUMARIO DE LA MEDECINA, 

CON UN TRATADO SOBRE LAS FESxfFEBAS BUDM. 

Prohemium S99 

Dedicatoria al Marqués de Astorga 305 

Comienza la obra trouada 308 

Dininicion de la medecina j....> ]ll 



— 486 — 

De complexiones 

Ix. miembros de complexión. • . 

Quatro humores y sus complexiones 

Quatro humidades 

Prosigue y diuide otra vez los humores 

El miembro y los principales 

Complexiones de los principales y del cuerpo todo 

Virtudes 

Esprito y calor natural 

Enfermedades 

De las enfermedades compuestas 

Diuide la malicia de la complexión 

Las señales del celebro caliente y frío, y de su cura... 

Señales y cura del celebro húmido ó seco 

Señales de la complexión del celebro con humor 

Señales de apostema frío del celebro, y de su cura en 

neral 

De soda 

De emigranea, y de su cura 

De sirsen 6 frenesis 

De litargia 

De congelación 

De subeth sahari 

De subeth 

De vigilia y sabara 

De memoria corrupta 

De manja y melancolía 

De cura , 

Del mal de amores, que Auicena llamó ilisci y los gríe| 

le llaman hereos 

De las señales que se muestran quando alguno está ei 

morado , 

De la cura. 

Vértigo 

De incubo ó strangulator , 

De epilcnsia , 

De la cura 

De apoplcxia 

De cura 

Uc las pasiones de los nervios y prímcro de parlesia. . 



— 4»? — 

PÍ<lMt. 

Be spasmo y tetheno 337 

De tremor 318 

De slupor 3í8 

De tortura 3^8 

De salto que se llama iectígacion 319- 

De las disposiciones de los ojos y primero de dolor y mala 

complexión en los ojos 33(t 

De optalmia 330 

De cura 53* 

De botoren la conjumiua 6 blanco del ojo 33» 

De ulceras y eiti turas en el ojo y la comea.... 33r 

De la cornea y sus passioaes 331 

De rotura en la cornea y de cáncer 331 

De algarab en el lagrimal 3 ja 

De adición y diminución de carne en los lagrimales, y de 

altarfati 33a 

De las lagrimas que corren del ojo 333 

De albugen y sebel 333 

De úngula 333 

Las enfermedades de la niñuela, y primero de la dilata- 
ción della, que se llama en arauigo alintisar 334 

De la conslricion de la pupila ó niñuela del ojo, y del es- 

iraboso ó tuerto 334 

De los ojos salidos y de las liendres de las pestañas 335 

De silac y de pestañas vueltas 33} 

De la flaqueza de la vista. 335 

De noclilupa 336 

De encogimienio de los parpados y de la catarata 336 

De la cura de la catarata 337 

De las otras passiones de las pestañas 337 

De las passiones de los oydos, y primero de la sordeza.. . . 338 

Del dolor de oydos 339 

De la forma de purgar y sangrar en cnalquíer mal de 

oydos 340 

Del linilo y sonido que viene á los oydos 340 

De la sanie y podre que mana del oydo 341 

Del fiuxo de sangre del oydo, y de la opilación del., ..... 341 

De apostema en la raíz de la oreja 341 

De las passiones de las narÍKS, y prífnero de tos daños del 

adóralo , 34a 



— 486 



De compleí 

Ik. miembros de complexión. . . — 

Quairo humores y sus complexiones 

Q.uatro humidades 

Prosigue y diuide otra vez los hume 

El miembro y los principales. 

Complexiones de los principales y ¿ 

Virtudes 

EspHto y calor natural 

Enfermedades 

De las enfermedades compuestas. . . 
Diuide la malicia de Is complexión. 
Las señales del celebro cahente y fe 
Señales y cura del celebro húmido 
Señales de la complexión del celebí 
Señales de apostema frió del celebr 

De soda 

De emigranca, y de su cura 

De sirsen ó frencsís 

De litargia , 

De congelación . 

De subeth sahari 

De subeth 

De vigilia y sabara 

De memoria corrupta 

De manja y melancolía 

De cura 

Del mal de amores, que Auícena lia 

le llaman hercos 

De las señales que se muestran quí 

morado 

De la cura 

De incubo ó strangulator 

I)c cpilcnsia 

Déla cura 

De apoplcxia , 

De las pasiones Je los nervios y prii 



— 487 — 

De spasmo y icihano , 337 

De tremor •■•> 3*B 

Oe stupor •■ •■•■ yA 

De tortura jaB 

De salto que se llama jcctigadon 319- 

De las disposiciones de los ojos y primero d« dolor y mala 

complexión en los o}os 319 

De optalmia J]0 

De cura 33» 

Debotorcn la conjuntíua ó blanco del ojo 336 

De ulceras y exituras en el ojo y la comea.. ■ 331 

De la cornea y sus passiones 331 

De rotura en la cornea y de cáncer 331 

De algarab en el lagrimal , 332 

De adición y diminución de carne en los lagritnales, y de 

aliarfati 33a 

De las lagrimas que corren del ojo 333 

De albugen y sebel 333 

De úngula 33) 

Las cnrermedndes de la ninuela, y primero de la dilata- 
ción della, que se llama en arautgo alintisar 334 

De la constricion de la pupila 6 niñuela del ojo, y del tsr- 

traboso ó tuerto 33f 

De los ojos salidos y de las liendres de las pestañas 335 

De silac y de pestañas vueltas 335 

De la flaqueía de la vista 335 

Ue noctilupa 336 

De encogimiento de los parpados y de la catarata 336 

Déla cura de la catarata , 337 

De las otras passiones de las pestañas 337 

De las passiones de los oydos, y primero de la aordeía.. . . 336 

Del dolor de oydos 339 

De la forma de purgar y sangrar en cualquier mal de 

oydos 340 

Del linilo y sonido que viene & los oydos 340 

De la sanie y podre que mana del oydo 341 

Del fluio de sangre del oydo, y de la opilación del 341 

De apostema en la raíz de la oreja 34a 

De las passiones de las narizes, y primero de los da&os del 

odorato yVL 



! 



^ 



— 490 — 

I 

Prosigue e cura en asclites 

Prosigue y cura la timpanites 

De las passiones de la hiél y el ba^o, y primero de la icte- 
ricia 

De la malicia de la complexión del ba^o 

De los apostemas del ba^o 

De las opilaciones del ba(¿o 

De las passiones de los intestinos, primero del fluxo del 
vientre 

De licenteria 

De diaria 

De disintcría 

Prosigue quanto á la colora y quanto al flema sako 

De la colérica passion 

Del tenasmon 

De punción y mirachia 

De cólica 

De la yliaca 

De las lombrizes 

De las passiones de la silla. De las emorroides, que son 
almorranas 

Escusasc por qué no habla de las cftras enfermedades deste 
miembro 

De las passiones de los reñones, y primero de la mala com- 
plcxion y dolor y flaqueza dellos 

De los apostemas de los reñones 

De las ulceras de los reñones 

De la piedra en los reñones y en la vexiga 

De las mcdccinas que quebrantan la piedra. 

De las passiones de la vexiga y primero de la piedra 
en ella 

De los apostemas calientes de la vexiga 

Ulceras de la vexiga 

Del ardor de la urina 

De la distilacion de la urina o stranguria 

Pone las señales e la cura en la qual se comprende el dolor 
y el podre y la sangre congelada, que son también pas- 
siones de la vexiga 

Del inuoluntario salir de la urina, que se llama diamne.. 

Prosigue de la cura, y de los que se urinan en sueño 



— 487 — 

Be spasmo y tethano 337 

De iremor JSS 

De slupor. • • • 33S 

De tortura <•>• 3^ 

De salto que se llama jectigacion 339- 

De las disposiciones de los ojos y primero de dolory mala 

complexión en los ojos jixt 

De optalmia 330 

De cura 330 

De botor en la conjuntiua ó blanco del ojo 33^ 

De ulceras y exituras en el ojo y la comea 331 

De tu cornea y sus passiones 331 

De rotura en la cornea y de cáncer 331 

De algarab en el lagrimal 333 

De adición y diminución de carne en los la^^rimales, y de 

altarfali 33> 

De las lagrimas que corren del ojo 333 

De albugen y sebel 333 

De úngula 333 

Las enfermedades de la niñuela, y primero de la dilata- 
ción dcUa. que se llama en arauigo alintisar 334 

De la constrícion de la pupila 6 niñuela del 0)0, y del es- 

traboso 6 tuerto 334 

De los ojos salidos y de las liendres de las pestañas 335 

De silac y de pestañas vueltas 335 

De la flaquera de la vista 335 

De noctilupa 336 

De encogimienio de los parpados y de U catarata 336 

De la cura de la catarata 337 

De las otras passioncs de las pestañas 337 

De las passiones de los oydos, y primero de la sordesa.. . . 336 

Del dolor de oydos 339 

De la forma de purgar y sangrar en cualquier mal de 

oydos Sft* 

Del tinilo y sonido que viene á los oydos 34a 

De la sanie y podre que mana del oydo J4I 

Del Huxo de sangre del oydo, y de la opilación del 341 

De apostema en la raíz de la oreja 34* 

De las passiones de las nadies, y primero de los dafioi del 



^ 



_. 492 — 

De las señales que trae, de qualquier humor que sea 41^ 

De sus nombres y cura 41 ¡ 

De las fíebres, y primero pone la difñnicion de la fiebre. 4i( 
Pone la diuision de la fíebre proporcionada á las partes 

quel cuerpo humano contiene 41; 

De las causas de la efímera fíebre 41' 

De las causas de la efímera que están dentro del cuerpo. 41' 

De las señales de la efímera 41I 

Enxemplo quanto á la cura de la efímera por su contrarío. 4i< 
Capitulo de putredine, que es el podrimiento de los hu- 
mores 4i< 

Capitulo de la fíebre colérica y sus divisiones. 4a( 

De la fíebre sanguina y sus divisiones 42 

De la cura de la fíebre de sangre no corrompida, que se 

llama sinocha, y de la corrompida que se llama sinocho. 42: 

De la flemática cotidiana 42: 

De las fíebres empialos y Uparía 42 ^ 

De otra especie de fíebre flemática, compuesta de las dos 
sobredichas, y de la fíebre diurna y notuma, y de la fie- 
bre sincopal humorosa 42] 

Prosigue y pone otra fíebre, que se llama sincopal mi- 
nuta 42^ 

La cura de cualquiera fíebre flemática 414 

La cura de la sincopal humorosa y minuta 421 

De quartana 42j 

De la etica 42^ 

De sus señales 42' 

De la etica senectutis, que se llama marasmo 42S 

De la fíebre pestilencial 42I 

De la preservación de la pestilencia 42( 

De las viruelas y el sarampión 4^ 

De la fíebre del apostema 4y. 

De las fíebres compuestas 431 

Del emitriteo y sus especies 431 

De los apostemas, y primero pone la diffínicion de apos- 
tema y su división 43: 

De ñemon 43: 

De erisipela y la diferencia del aflemon 433 

De fórmica 43^ 

De la pruna y hucgo pérsico 43^ 



49^ — 



P*>'M 



De esere 434 

De estiomeno y ascachilos y cancrena, y la diferencia entre 

ellos 434 

De cura y de carbúnculo 435 

Del ántrax que Auicena llamó alchoboin 43 j 

De los apostemas en los miembros glandosos, asi como 

encordio, y de las eiituras 436 

De udimia 4j6 

De nodo y de glándula y de scrofula, y sus diferencias . . . ^6 

De la cura de lascrofula 437 

De sclirosís, que Auicena llama sephiros 437 

De cáncer 438 

De la vena medeni y de los apostemas vendosos 43S 

De la lepra 439 

De la solución del continuo, coaviene saber, de qualquier 
rotura ó abertura y llaga en qualquier miembro, y pri- 
mero habla det vulno, y de la diferencia entre él y ul- 
cera 4*0 

De cayda ó porrada entretalla dura, y macbucamienio de 

carne 441 

De la quemadura con agua ó fuego 441 

De ñuxo de sangre 441 

De tas ulceras 443 

De restauración, y hablo de dislocación y quebradura., . . 443 

De los venenos y pom^onas. 443 

De ia ponzoña del perro rabioso ó otro cualquier animal 

de aquella manera 44t 

De decoración, que es de la medecina que toca en la her- 
mosura y belleza 44; 

De alopicia y liña 44; 

Para mudar al cabello de la forma que quisieren 446 

Lexia para enrubiar el cabello, y de una enfermedad que 

se llama fúrfur 44S 

Para hacer el gesto hermoso y quitar los hoyos de las ci- 
ruelas y las pecas 44^ 

De morfea y albarás , 447 

De sahafati 448 

De los empeines 44g 

Déla sarna que se llama scabies, y del prurito 449 

De la desudacion y de planta noctis 450 



r 



— 494 — 

De las verrugas y de las hendeduras del cuero. 

Del hedor de los sobacos y pies, y de los piojos 

Del panarizo y apostemas de las uñas. 

Sobre las contagiosas y malditas bubas: estoriay mede- 

ciña 

Pone la opinión de los teólogos cerca el aduenimiento 

deste mal 

Habla en persona de Dios 

Responde á una duda que á lo dicho podría hacerse. 

Segunda respuesta, y concluye 

Segunda opinión teologal 

Aprueba 

Pone la opinión de los astrólogos cerca el auenimiento 

dcsta passion 

Pone la opinión de los físicos cerca lo sobredicho 

Pone la opinión de un doctor cerca el ser y nombre destas 

postillas 

Repugna la dicha opinión por muchas razones 

Pone la menor do infícre y despídese de esta razón 

Segunda razón y argumento 

Concluye y pone correlario 

Cómo difcrescen en sitio y en numero 

Cómo difcrescen en color y en cura 

Pone otro argumento contra la dicha opinión 

Concluye, y comienza nueva opinión 

De la conueniencia de aquella scabie con estas pustíllas.. 
Recita dos argumentos quel dicho dotor opuso á esta 

opinión 

Responde al primer motivo 

Responde al segundo motivo 6 dificultad, y concluye.... 
Comienza á hablar en la passion lo que le paresce, y dice 

el nombre que la deuen poner 

De la ditinicion desta enfermedad, que se llama sama 

egipciaca 

De las causas desta passion, y primero de las universales y 

equiuocas 

Las causas inferiores y extrínsecas 

De las causas antecedentes y conjuntas 

Prosigue y propone la causa del dolor de junturas. 



— 495 — 

PiglnM. 

Las causas dd dolor de las junturas. i... ^ 

Las causas de comentar esta passion por los miembros 

vcrgotii^osos 465 

Prosigue, y da causa por qué comienza á parescer el mal 

en estos miembros tantos dias antes que venga 466 

De las señales que se muestran quaudo la enfermedad ha 

de venir. 466 

De las señales quando la passion es presente 467 

l.as señales quando viene de sangre adusta 4^7 

l.as señales quando viene de colora adusta 467 

Las señales quando viene de nema adusta 468 

L.3S señales quando viene de melancolia adusta 4C8 

Las señales quando viene de mezcla de humores adustos. 468 
De la cura, y primero pone díuersas opiniones en ella, las 

quales contradize 469 

Daña esta opinión y otra que recita luego 41^ 

De una notable razón contra las purgas erradicatiuas. . , . 470 

Prosigue, y concluye contra la dicha opinión 470 

Recita otra íorma de cura untando las junturas, y destru- 
yela también 470 

Prosigue, y destruye otra opinión de curar 471 

Pone la cura según la regla y medios más rasonabtes y 

experimentados 471 

De los clisteres 47I 

Del minora tiuo que se debe tomar por la boca 47S 

Las señales de la digestión 473 

De la purga erradicatiua 473 

Otra forma de purga 474 

Cómo tomará la triaca, e de otra forma de mínoratiuo... 475 

Para corregir el hígado 475 

Ungüento para las bubas 475 

Otro ungüente más fuerte 47$ 

De emplastros para las ¡unturas 476 

De los baños 477 

Para socorrer el ba^o y para las llagas 476 

Para curar las durezas y rectificar el regimiento 478 

De los manjares convenibles 478 

Prosigue y dá ñn 479 



\ 



ÍNDICE 



4 



NOMBRES PROPIOS Y GEOGRÁFICOS' 



Abano (Pedro).— isr. líj. 

Abures (ElDr,|.-ioñ. 

Acevedo (El licenciado).— 9 S. 1SS. 

Azcvedo y Zúñiga (D. Alonca de). 
Conde de Monterey.— 64. 1 H. 
. Acuña (D. Antonio de), Obiapn de 
Zamora,— 36, 38. Si, S9, 

Acufia (Kl licenciado).— < 39. 

Acuña (Ti.* Luisa de).— 61, fl3. 

Acuña y de Portugal (D. Juan de], 
Duque deCi¡on— 6r. 

Adelantado (EI)deCaslilla.-V.Man- 
rique (D. Amonio). 

Adriana (Kl Dean de Lovaina y Car- 
den» I). -a 1, 3g, 5o, 188, 

Águila (El Dr del).-9g, 100, to5, 1 St. 



Aguil! 



;i Dr.)-io6. 



Alba, tugar.— lO, 3o, (3, 
Alba (El Guardian del.— nt. 
Alba (El Duque de).-(i, i3, 14. I5. 
16. a5, 3i, 3á. 48, 87, 96. t57. 173, 

179. 181, 187,59. 1(7. m,(7s.«n. 
119. 

Alba de Tormes. — 16, M7. 
Alburqucrque ( La Duquesa de) — 

Alcalá de Henares,— 13, 100, iio.lSI, 



Alcáísr (Baltasar dd),-8o. 
Aldeanueva.- 91, (37,140. 
Aldereie (El Dr.) -loC. 
Alemania.— 3o, 3i, 35, JI6. KS. 
AItaro(ElDr Francisco de).— 8>, IM, 

21'. 119, (6, (SD, ISR. 
Alfonso X.-(6. 
Almazán (El Dr.).-t|i, 9?. 106, 1), 

138. 

Almeida (D. Esteban de), (.)bi(po de 
Astori».— 4. 

AIrperique(D.>,— (0. 

Almirante (El) de Castilla.-V. Enri- 
que» (D. Fadriquel. 

Alvares (Fernando), prolomédio). — 
iti, líS. 

Alvarez OESorio (Juan), señor de VÍ> 
llalobos y Castroverdc — 10. 

Alvareí Ussorio (D. Pedro), segutxfa 
Marques de Astorga. Conde de 
Traslamara. señor y Conde de Vi- 
llalobos.- 3, 10, 11,13,16.61,61, 
7,), 109, 113, M8. SOS, SOS. 

Anibcres.-5J. 

Ana. noble doncella.— 17. ttS. 

Andrís (Joannes).-45. tSl 

Antonico el gigante.- 1^, 1t. 1C 



lo 9c rc<l«ren il Prólogo j lot ot: 




— 49» — 



Aragón.— 20, 28. 

Aragón y Velasco (D.* Juliana An- 
gela), Duquesa de Frías.~64, 443, 

Aranda (El Conde de).— 28. 

Arenas.— I \ . 

Aristóteles.— 12, 5i, 121. 

'Astorga (El Marqués de).— V. Alvarez 
Ossorio (D. Pedro.) 

Astorga (El Obispo de).— V. Almeida 
(D Esteban de). 

Averroes.— I2Í. 

Avicena.— 6, iii, 112, 116, iip, i3^ 
1 33, 1 38, 87, 90, 4 02, 206, 207, 807, 
840,822, 446.456,459. 

Avila (El Obispo de).-4 4, 443. 

Ayala (D. Alvaro de).— 71, 4 46. 

Ayala(D. Pcdrode).— 46, 452. 

Badajoz.— 49, 55. 

Barcelona.— 21, 28, 3i, 5q, 76, 37. 44, 

45, 4 49, 422. 
Barreda (Antonio de).— loc), 480. 
Bcjar (Alonso de).- 35. 
Bcjar (El Duque de).— 43. 
Bcnavcnte.— 2. 
Bena vente (El Conde de).— 13, 16, 25, 

28, 45, 174,22,74,73,444, 146,464. 
Bexalio (El Dr. Andrés de) — io3. 
Bobadilla (D. Francisco de). Obispo 

de Coria.— 52. 
Boecio.— 7. 
Bolonia.— 55. 
Borja (D. Francisco de), Marqués de 

Lombay.— 80, 457. 
Boscan.— 48. 

Brioncs(El aposentador)— 2. 
Bruselas.— 40, 45. 
Buitrapo.— 20. 
Burgos.— 33, 58. 

Cabra (El Dr.).-io6. 
Cácercs y Espinosa (Pedro de).— 137. 
Calabria (El Duque de).— 170. 
Calatayud.- 20, 8. 
Camarera (La) de la Emperatriz.— 
4 27, 4 28. 



Canciller (El Gran).- 21?. 21;. 
Cánovas (Alexandre dci — f ^^. 
Carlos V (El Empcrad r)- 2. :: 

23, 24, 25, aH. ao, 3o. 3i. ^i, ^-. 

7Z» 79» 88, 90, 99, 1^5. :v:. 

202, 227, J, J, U, 13, il. M. 40. 

44, 46, 57. 67. 87, 406. 119, 

446,449, 428,443,436.159. 
Cartagena (Dr. Antonio deJ.— 2? 
Cartagena (Pedro de).— 3.\ 
Cast¡glione( El Conde Balusari.- 
Castilla.— 4, 6, 7, ao, 62. 67. 
Castilla (D.' Ana de).- 104. 
Castriote (D. Hernando dei. Mar: 

de Civita de S. Ángel —4?. Ti. 
Castro (Jerónimo de).— 33. 
Castro (La Duquesa D.* Guiomar 

Condesa de Paredes.—?. S, 64. 

75. 424. 438. 
Castro-Nuño.»4 76. 
Catalina (La Infanta D.*).— 4?. 
Cataluña —20, 28, 62. 
Cauallos (El Dr.).— io5. 
Cerbato (D.* Ana de).— 86. 
Cerda (D. Luis de la>.— 448. 
Céspedes (El Dr.).-ic6. 
Chinchilla.»2. 
Cisneros (Fr. Francisco Jinn 

de).— V. Jiménez de Cisneros. 
Clarinceo, rey de armas de Frar 

co I.-58. 
O>bo (El maestro Diego del) — 
O>bos (D. Francisco de losL— ío, 

97. <^«. 
Colon (D. Fernando).— 171. 
Comendador gríef») (El).— V. Pin 

no (Hernán -Nuñez). 
0>ndcstable (El) de Castilla.— V I 

nandez de Velasco (D. Pedro). 
Córdoba.— 6, 68. 
Oirdova (D.* Francisca de), Duqi 

de Sessa.— 164. 
Coronel.— 4g, I8<. 
Coruña.— 3o, 44. 
Corzana (El Marqués de ItX— 3i 



— 499 — 



Denia (La Marquesa de).— V. Enrí- 

ríquez (D.* Francisca). 
Donato (Leonardo).»78. 
Doria (Andrea).~76, 1 20. 

Eguía (Miguel de).— 13, 49. 

Emperatriz (La), mujer de Carlos V.- 
V. Isabel de Portugal. 

Enrique IV de Castilla.— 11. 

Enríquez (D. Fadrique), Almirante 
de Castilla.— 5, 6, 7, i5, a5. 26, 3o, 
38, 39.41, 44, 46, loi, 173. Í5. 48, 
58, 59. 6i, 65, 67, 71, 78, 87. 98. 
451, 155,195. 

Enriquez (D.* Francisca), Marquesa 
de Denia.— 34, 49. 

Enriquez (D.' Juana).— 11. 

Enríquez (D. Luis), Almirante de 
Castilla.— 101, 103. 

Enriquez (D.* María).- 25. 

Escalona (El Duque de).— ói. 

Escobar (Fr. Luis de).— 25, 46, loi. 

Escoriaza (El Dr. de).— 172, 180, 181, 
i85. 

Esperanza (D.'), personaje figura- 
do.— loi, 87, 455. 

Espinosa (Juan de).— 164. 

Extremadura.— 49, 67, 159. 

Fabrício(El Dr.).— 106. 
Falcon (Maestre) —194. 
Felipe (El Príncipe D.), primogénito 

de Carlos V.— 56. 78. 104, 201, 228, 

126. 
Fernando V de Aragón.— 9, 11, i5. 

18, 19. 20, 21, 23, 34, 173, 201, 5, 72, 

151,214,244,246. 
Fernandez Manrique (Garci).— ihy, 

1 58. 
Fernandez de Velasco (D. Pedro), 

Condestable de Castilla, Duque de 

Frías y Conde de Haro.— 5, 25, 32, 

64,66.96,187,21,113,147. 
Flándes— 22, 23, 3o, 40, 48, 45. 
Florencia.— 53. 
Fonseca (D. Alfonso de). Arzobispo 



de Santiago primero, y despuet de 
Tolcdo.—aS, 29, 40, 49, 56, 57, 149, 
173, 321, 85, 89, 105, 109, 168. 

Fonseca, Comendador mayor.— -1 41. 

Fracastoro.— 48, i25. 

Francisco I, Rey de Francia.— -sg, 33, 
49, 58. i85, 337, 339. 86, 109. 

Frías (El Dr.).— 150. 

Frias (La Duquesa de).— V. Aragón y 
Velasco (D.* Juliana Angela). 

Fueotcrrabía.— 1 87. 

Galena-i3i, i33. i33, i38, 90, 118, 
919,265,807,810. 

Galicia.— 3o, 3i. 

Gandía (El Duque de).-M, 29. 

García de la Huerta (JerónimoX*— 
i5i. 

Gaskoin (Dr. Jorge).— 3. 

Genera! (El) de la Orden de San 
Francisco.— V. Lune! (P. Fr. Vi- 
cente). 

Genova,— 59, 76. 

Germana (L41 Reina D.').— 34, 35, 38, 
22, 28, 36, 40. 

Girón (D. Pedro).— 22. 

Gómez (D.).- 168. 

González de Mendoza (D. Pedro).— 
84, 160. 

Granada.— 55. 41. 

Grupayn, caballero flamenco.— 47. 

Guadiana.— 75. 

Guadix (D. Pedro).— 161. 

Guarino (Baptista).— 182. 

Guevara (D. Diego de), clavero de 
Calatrava, 3i, 45. 

Guiana, rey de armas de Fnn- 
cisco I.— 58. 

Guiomar (D.»).-V. Castro (D.» Guio- 
mar de). 

Guzman (La Sra.X— 171. 

Guzman (D. Juan Alonso de). Duque 
de Medinasidonia.— 43. 

Haro (El (>>nde deX-6, 21. 
Haro (La Condesa de).— Mtt. 



— 5oo 



Hcrrcra(ElDr. de).— 15. 
Herrera de Pisuerga.— 37. 
Hierro (El Dr. del).— 106. 
Hipócrates. '205, 206. 218, 219. 
Hurtado (Martin).— 228. 

Icarte (D.* I^triz).— 37. 

Idiaquez (D. Juan de).— 163. 

Inquilina (El Dr.)— 10b. 

Isabel I de Castilla.— 35, 199, 266. 

Isabel de Portugil, mujer del Empe- 
rador Carlos V.— 8, 46, 49, 53, 56, 
59, r», 72, 76, 77, 78, 80. 88. 104, 
137, 202, 2o3, 227, 118, 116, 117, 
124, 126, 127, 12S, 134, 135, 157, 
161. 

Jiménez de Cisneros (El Cardenal 
Kr. Francisco).— 22, 23, 220. 

Jordehumos^El licenciado de). (Tor- 
dehumos?).— 16. 

Juana (La Rcyna D.'), madre de Car- 
los V\— 21, 29, 34. 

Jufre, aposentador del Rey en Flán- 
dcs.— 5, 19, 21, 22, 24, 32. 33, 1 , 9, 
13, 15, 58. 

Julián (El Dr.).-17. 

Laguna (El Dr. Andrés).— io3. 
Lama (D.* Juana de la).— i<J5. 
Lara (La casa y castillo de).— 33. 
Lara (El Duque D. Manrique de).— 

113, 151. 
Las Casas (El P. Fr. Bartolomé 

dc).-53. 
Laso de la \'cga(D. Pedro).— 19. 
Laxao (El Canciller).— 23. 
Lcbrija (Antonio de).— 158. 
Ledesma (El Dr.).— loí"). 
León (El Dr.) — loo. lo^"), 220, 152. 
Lcon XV, personaje imaginario.— 29. 
Lcon, capital del Reino del mismo 

nombre —63, 7L 
León de Francia.— 53. 
Leoviceno (Nicolás).— 182. 
Lérida.— 20. 



Loaysa (El Cardenal D. d 

Lobera de Avila.— 100, i>.>: 

Logroño.— 16. 

Lombay (El Marques do. 

(D. Francisco de>. 
Lombay (La Marquesa ¿i 

413. 427, 460. 
López, primer apellido J 

llalobos.— 3, 3. 
López (El Dr.).— ¡o3, lo^i, 
López de Ayala (Diego) - 
López de Corellas (Alto 

i55. 
Lucero (El inquisidor;.— '~> 

75. 78. 1 33. 
Luis (D.), Principe de Port