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Full text of "Anales de la Academia de Filosofia y Letras"

rBRARY 



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ANALES 1)K LA ACADEMIA 



I ILOSOl ÍV V LETRAS 



IMPinoNTA V CASA EDITORA DE COXI IIi;i!MAN< 
l'EIÍl', 6S4. lifENOS AIRES 



UNIVEKSIDAD NAIHiNAL DK UUKNus AIRES 



A.NALKS 1)1-: LA ACADEMIA 



líLOSOl ÍA V LKTKAS 



T O .M O I 



VK'KXTK (!. IJTESADA : iiKitKiiii) i)i; i'ATitox.vTi) 



.1 



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G^ 



V 



V 



BUENOS AIRES 

FACCr.TAD DE FILOSOriA Y LETIÍAS 
13Ü. viAMOxTi:, 430 



AS 



A h V i: irr i: x: I A 



Los cstaliilns (1<- l;i niii\ risidail de Únenos Aires, ¡ii)i<)h¡ul()s por 
«U'Ci-eto (le agosto de 1!MM¡, en enniplinnento de la ley de.jnlit> ."i de 
issr», disponen en sn eapítnio XI, de las (ícadcmias de la au'un'rs'i- 
di'd, lo .siiiniente: 

Alt. 66. — ll;il>rii en t;i(l;i fiíciiltiul una coi poiaric'in de 2') iiiicinUids, dciio- 
iiiinadn iii-ailfinia. 

Alt. 67. —La acatlemia elegirá sus |)i<)i)i<is iniemldos. 

Para ser acatléinic» se requiere haber formado parte de los consejos directi- 
vos, ó ser ó liaber sido profesor que se haya distinguido en la enseñanza, con an- 
tigüedad no menor de diez año.s, 1) halier sohresalidiMn proiluccioncs cicntíticas. 
El cargo de académico es ad ritaiii. 

Art. 68. —Son atribuciones de la academia : 

1" estudiar y dilucidar cuestiones de carácter cientítico. concernientes á los 
diversos ramos del saber y enseñanzas universitarias : 

2» evacuar las consultas de orden científico, ([ue les hicieren el consejo supe- 
rior ó los consejos directivos : 

S^informar á los consejos <lirectivos sobre ¡iliincs de estudios : 

4" enterarse de la marcha de la enseñanza de las facultades lespcctivas, para 
lo cual deberán éstas facilitarles los elementos necesarios : 

5° presentar al consejo superior ó á los consejos directivos, memorias sobre 
el régimen cientílico de las facultades y hacerse representar por dos delegados 
en las sesiones en (pie aquéllas deban tratarse: 

6° nombrar miembros honorarios y corresponsales : 

7" en las ceremonias universitarias, los académicos tendrán los mismos sitios 
de distinción (|ue los miembros de los consejos directivos. 

Art. 69. — Los académicos titulares y honorarios, y los miembros correspon- 
sales presentes, podrán formar parte <le tribunales de examen y de jurados, para 



dictaminiír solne trabajos presentados á los concursos (jne se estalilezcan, áoli- 
jeto de estimular la producción científica. 

Art. 70. — El consejo superior y los consejos directivos reglamentarán, de 
acuerdo con las bases anteriores, lo dispuesto en este capítulo, en lo que corres- 
ponda, respectivamente. 



Eli SU coHseeneuciii, > — ])revia integración del núujcvo de aca- 
démicos, — la nueva covporación, en su sesión de 1!> de Julio de 
11)09, nombró sus autoridades en la forma (|ue expresa el acta si- 
guiente: 

En Buenos Aires, á los lí) días del mes de julio de 1909, los (jue subscriben, 
miembros de la academia de filosofía y letras de la universidad nacional de 
Buenos Aires, resolvieron nojubrar para presidente al señor doctor don Vicen- 
te G. Quesada, para vicepresidente primero al señor doctor Manuel F. Mantilla, 
para vicepresidente seftuiulo al señor doctor Rafael Oblioado, y ¡lara tesorero 
al señor Juan B. Auibrosctti. 



»imuelA. Liiíoiic (Jiicrnh,. M. F. Mantilla. 
E. E. li'iraidla, ./iKdi A.tlairia. lúifacl 
Ohlii/adn. Clemente L. Frci/cini. Calixta 
Oi/in'la . J. N. Matieiisa. Juan H.Ambro- 
sctti.J. M. Hamux Mejia. M. A. Montes 
lie (lea. Frain'iKea L. (lan-ia, l,'..J. Cáreano. 



El reglamento de la academia fué sancionado en la sesión de 21 
de octubre de ] ÍKIÍ), y dice asi : 

Art. 1". — La academia de rtlosolía y letras tiene por fines cai)itales los que 
le atribuyen los estatutos de la universidad de Buenos Aires, y esjtecialmente 
fomentar el estudio las ciencias filosóficas é históricas y de la literatura ameri- 
cana y europea. 

Art. 2". — Laacadeuiia se dividirá en tres secciones, á saber : 1' <-ieucias fi- 
losóficas: 2" historia, geografía y antropología; '¿^ estética y literatuia. 

Art. 3". — Todo miend)n> titular deberá adscribirse á la sección (|ue i)rclie- 
ra, pudiendo hacerlo también alas demás. 

.\rt. 4". — .■\I frente de la academia habrá una jauta dirertixa coiupues- 
ta : 1" lie uu presidente: 2" \U- un vicepresidente 1": 3" de un v¡eei)r(^sideu- 
te 2": 4" de un secretario-tesorero : .">" de uu l)ibliotecari() director di' publica- 
ciones : 6" de los directores <le seceiiiu, del>¡(>ndo todos sei- uiieuiliios titulares 
y residir en Buenos Aires. 



Avt. 7i\ — Lii> iiiii'Uil>ii>s lie la junta dirertiva sciiiu (•lc;^i(los aiiualiiiiiiti-, 
piuliemlo ser rei-lectos, y teiulrúli las atril iiicii)nes y (Icliercsiiut* oidinariaiiicn- 
tf i'onvsponiU'u á sus respectivos carfjos. salvo lo (pío se (letcrininc pordispo- 
sicioues especiales. 

Art. H". — t'aila seeeii'm iionil)rani auuahniiilc mi din rliir \ un sii K'lai io, de 
entre sus propios niiend)ros, y ( unan iza ni sus rraliajos. dando cninla al ]ircsi- 
ileiite. 

Art. 7". — La academia se reunirá ordinariamente una vez al mes, >alvo en 
dicicmlire, enero y febrero, y extraordinariamente siem|Me iine la convo(|ue el 
presidente i'i lo pidan ciin-o miemliros. 

.\rt. S". — -Los académicos residentes en la capil ti, ipie dejaren de acudir ¡i 
cinco citaciones consecutivas sin licencia de la junta directiva, serán tenidos 
por renunciantes y sus puestos serán declarados vacantes por la misma junta. 

.Vrt. !(". — Las vacantes de académicos scnin llenadas por la academia en ple- 
no, especialmente citada al efecto, con menciihi de los nondtres y títulos de los 
«•andidatos (pie Iiuliievau sido po))Utstos ¡i la junta directiva i>or tres académicos, 
cuando menos. 

.\rt. 1(1. — A falta de ])rcsidente y vicepresidentes, ejercer:! la presidencia el 
académico más anti^aio, pretiriéndose entre los de ifíual antiijiiedad el de ma- 
yor edad. 

El secritavio. il dire<Iorde pulilicaciones y los directores de sección, conser- 
varán sus car-íos hasta la elecciiin de sus reenipla/aiilcs, aun<|ue liiiya vencido 
el año para (pie fueron desi<;na(los. En caso necesario, la junta directiva llcna- 
i-ii provisionalmente estas vacantes. 

Art. 11. — La junta directiva resuelve todos los asuntos de canicter urjíentc 
y efectivo, y loma las medidas necesarias para el cuMi|ilini¡eiito de las disposi- 
ciones universitarias pertinentes. 

Proyecta y s(unete á la academia los dictiiuicncs solicitados por el consejo 
superior de la universidad. (> por el coiis(ji) dirccrivo de la lai-iiltad de lilosofia 
y letras. 

Hará pnlilicar, liajo la dirección del liililintccario, una revista de la acade- 
mia en (pie se consi<;neii los traliajos de esta corporación. La revista será envia- 
da jrratnitamente á todos los profesores de la facultad de filosofía y letras. 

Art. 12. — Los directores de secci('m darííii cuenta á la academia, en las reu- 
niones ordinarias (> extraordimirias de la ntisnia, de los trabajos de su ramo 
respectivo, sin peijuicio de las comunicaciones (pie la academia pueda recibir 
directamente de cuali;uiera de sus miembros. 

l'ostciioniiriitc, fii la scsi(')ii (le iiox iciiilirc "_'.") di'l uiisiim afio, \ 
lialiicmlo lallccido el acadiMiiico doctor .Mantilla, st- n-soU i('> lo si- 
onifiite : 

...En seguida .se pasii á la orden del día y puesta á votaci<hi la vacante del 
puesto de vice|)residente primero, en reemplazo del doctor Manuel F. Mantilla, 
resnlti'i electo jtor unanimidad el doctoi líal'cl iH)li;;ado. Habiendo icsiiltado por 



la designación anterior, vacante el cargo de vicepresidente segundo, se votó y 
resultó electo por unanimidad el doctor Norberto Pinero. 

De acuerdo con el artículo 4" del reglaiueno ,se procedió á la elección de un 
bibliotecario director de publicaciones, resultando electo por unanimidad el doc- 
tor Ernesto Quosuda... 

Por nltiino en la sesií'm ordinaria de 2."! de julio de 1!)1(( se re- 
solvió lo siyuieiite : 

« En Buenos Aires, á 28 días del mes de julio de 1910, reunidos los señores 
académicos doctores Jium Agustín García, Samuel A. Lafone Quevedo, Juan 
B. Ambrosetti, Enrique E. Rivarola y Clemente L. Fregeiro, bajo la presiden- 
cia del doctor Rafael Obligado, abierta la sesión, se procedió á leer el acta de 
la sesióii anterior, que fué aprobada. 

«Acto continuo, y de acuerdo con el artículo 5" de! reglamento de la acade- 
mia, se procedió á la elección de la mesa directiva, quedando constituida en la 
forma siguiente : presidente, doctor Vicente G. Quesada, reelecto: vicepresi- 
dente 1", doctor Rafael Obligado, reelecto : vicepresidente 2°, doctor Juan 
Agustín García; secretario-tesorero, doctor Juan B. Ambrosetti, reelecto : y 
bibliotecario, director de pulilicaciones, doctor Ernesto (Jnesadn, reelecto. » 

La academia, entonces, lia (luedado actnalnientt' conipnesta en 
la sio-niente forma : 



A( ADKMIA I>K FILOSOFÍA V LETRAS 

Presidente 
Doctor Vicente {i. (¿uesada Libertad, 9-tS. 

]'¡repi-es¡(leiife 1" 
Doctor Rafael Obligado .luncal, lloO. 

Mrepyexiih'iite H" 
Doifoi Juan A. ÍTarcía Ayacuclio, 1896. 

1 'ora I ex 

Doctor Joaquín V. González Victoria, 1582. 

Doctor Ernesto Weigel Muñoz Bartolomé Mitre, 2227. 



D.utor Fnuuisio L. Gania Cavíos l'cll. .íriiii. 12r>:{. 

n..ot()r Ro.lolf.) Rivarolii Coronel Díaz, S()9. 

Doctor Norberto Pifu-ro Sar^fUto Carral, 7S. 

Doctor .José Nicolás Maticnzo Santa Fe, :í77t). 

Doctor Samuel A. Lafone Qnevedo. . San Martín, Sítl . 

Doctor José M. Kanios Mejía Vianionte, 15-lít. 

Doctor Uo<|ue Sáenz Peña Santa Fe, S17f>. 

Doctor Luis M. Drajío Iiinín. y¿. 

Doctor .Juan A. Ar-;ericli huical. JI I 1 . 

Doctor Kauíón.l.Cárcano Talcalmiino. IJUn. 

Doctor Clemente L. Frejieiro Lcnia. :¡1 . 

Doctor Manuel A. Montes de Oca . . Florida, óSi. 

Doctor Calixto Oynela Quesada, 2:U;H. 

Doctor David Peña Bustamante, 40. 

Doctor Euriiiue E. Ki varóla 47-(i97, La Plata. 

Doctor An^el Gallardo Arenales, 105!). 

Doctor Florentino Amegliino Perú, 208. 

SfífCldlid-tCXOlVIII 

Doctor .luán B. Amluosetti Santiago del Estero, 1298. 

IHhHiitcriirio. ilirntor (le pitbUciicioncu 
Doctor Ernesto <¿iiesaila Li1)ertad. 94(i. 

Loial ili- l<i iirailfiiiiii : Faciiltadac tilosotia y letras. Viauíoute 430. 

Fiíiiiniii. ¡iilt'iiiiis. cDiiii) iic;iilt''inic(».s hoiionuios, los sciiorcs: 

Don Carlos (iuido Spano Canning, 2717. 

Doctor Indalecio fitimez Legación argentina. 

(Boilíii. AUinaiii.T 

Doctor Lcuenzo Anad.in Legación argentina. 

(Sniitiiifín ili- Clnlcl 

l'ov riltiint), l;i Fiíciiltiid de tilosofía y letras se cncufiiUa coii^ 
tituída, t'ii su i>»'is(>iial diivclivo. en esta í'oiiua : 

Decano 
Doctor .losé Nicolás .Matienzo Santa Fe, H770. 



Viccdrcaiio 



I)ói-t(,i- Rutad Ohli.uMdi: 



.Juncal. 1130. 



Coiixíjei-i 



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Doc 


toi- líicaid. 


1 E. 


Cn 


uiwcU 



Liberta.l. !UH. 
San Maitin, SÍU . 
.liinín, ó'2. 

SantiaiiO del Estero, r298. 
Quesada, 2343. 
Victoria, 1532. 
Loria, 81. 
Covouel Díaz, S()9. 
Sargento C'abral, 7S. 
Cliarc.a.s 767. 
Rodríguez Peña, 1657. 
Montevideo, 1466. 
Santa Fe, 1042. 



V el cMicfix) docente es liov el sioiuente 



/ 'rofestn-cft tit II lii ir.v 



D' Rodolfo Rivanda Ética y Metafísica Coromd Díaz. .soy. 

r>' Clemente L. Fregeiro. . . Geografía Loria, 31. 

!)'■ José Nicolás Matieiizo. . . Lógica Santa Vi', 3770. 

D'- Saiiiiicl A. Laf(>iu-<,>iicv(- 

do Ar(|iU'ología americana San Martín. 3!tl. 

!)'■ Calixto Oyiicla Literatura castellana y i\r 

la Europa meridiona 

D' Róiiiiilo E. Maitini Latín 



D' Antonio A. Poi<liietti . . . 

!)'■ Antonio Dellepiane 

D' Horacio f4. Pinero 

D' Francisco ('apello 

D' Ernesto Quesada 

1)'' Camilo Morel 

!)'■ Juan A. García 

D''Rol)crloLcliiiiann-Xitsclic 

D'- Carlos (><-liiv¡o Hiing»' . . 
Ing. .Iiilio Lcdcrcí , . . . 
D' Ricardo E. Ciainvcll 



Latín 

listoria universal 

Psicología 



(.luesada, 2343. 
Estacii'm Florida 

C. C. A.). 
Tacuarí, 1339. 
Viamonte, 1465. 
Charcas 767. 



Griego y literatura griega Rivadavia, .si 4. 

Sociología Libertad, 946. 

Estética y literatura general Conde, 1700. 
Historia universal Ayacudio, 1396 

Antropología 



(F. 



Ciencia de la ediicaciiin 

(■reugrafía 

Latín 



Museo de historia natu- 
ral de La Plata. 
Mcnitevidco, I4(i6. 
Aráoz, 2592. 
Santa Fe, 1042. 



— XI 



D' José Iiifít-íiuit-ros l'siiolouíii S:mt;i Vi-. 1 \2s. 

X)' Alejiíntlro Korii llistmia (!»• la tilosolia Callt- il. n" "lis. 



l'ift'e>!o¡rx .suple II tc" 

\y Uavitl l'cña Historia aifíeiiliiia lliistamaiitc. 40. 

!)'■ Juan H. Auibrosetti .... .\r(imM>loj;ía auiciiíaiia S. del Ksti-ro, r29S. 
D'' Euiitiiu- del Valle lliorlii- 

ci-a Hi.stoiia uiiivei-sal Hi" liainlia. '22'.i. 

IV PaMo Cárdenas Liteíatnra de la Eniopa 

meridional Avenida Alveai, II!'. 

!)'■ Silvio Majcnasco Geoy:ratía (íiienies, :-!04í>. 

IK Franeiseo de Vevfía Psicolo-jía Hartolonié .Mitre, 134l'. 

1)'' Maurieio Nirensteiu .... liiteratnia de la Kiiropa 

nievidional .Vzcucnajía, 475. 

!)'■ Tei>tilo Weihsler Literatura latina M. de Iris'<>.veu. 1478. 

U' Félix Outes .Vntr.iiM.lom'a Calle."), u 1(>SS. La 

Plata. 

D' Mariano de Vedia.\ Mitre. Historia ar-ieiifina .Vv. de Ma.vo. 127(i. 

U'' Carlos Rodri<;uez Kteliart. P.sicoloíiia Ksiueralda, ()42. 

D' Matías G. Sáneliez Soron- 

do Histíuia universal Charcas, l'iPi. 

D'' Leopoldo Maupas. Lógica .Moreno, 724. 



I' ni tenor lid hoiiorim 
I>. Carlos E. Znherbüliler. . Historia del arte .\v. Quintana. 7S. 

Aluna liifii, CU la i-t-conlada ,sc.«ii(')ii de iiovicmhif '17\ de IDOK, 
á raíz del iioinhramieiito de director de piiblieacloues, .se resolvió 
lo si^iieute: 

«De acuerdo con este últiiiin nonibraniicnlo, .se resolviii dar princi])io á las 
publicaciones de la academia, y se expresó el deseo de t\\w éstas deberían ini- 
ciar.se con un trabajo inédito del señor presidente titular, doctor Vicente G. 
Quesada, para lo cual «jueilaba autorizado el señor vicei>residente 1 " á üu de 
hacer las gestiones del caso ». 

En su couscciiciicia. el \ iccprc.-Nidciitc T (lixior líalacl Oliliü.-i- 
do, o'estionó — yol)tn\(i — del presidente titular l;i autnii/.aciiui 
para pulilicar conin irnuo piiuiero de ios AikiIis di lii Aiatlimuí su 



lil)ro inédito sobre <lereclio áe patronato, inserto en el presente 
volumen. 

En el acta <le la sesión de julio '_'.'! de IIHO, se lee lo tpie sigue : 

«Eu seguitla se dio cuenta de ima nota del señor presidente doctor Vicente 
G. Quesada, en la que comunica su agradecimiento por la resolución de la aca- 
demia, sobre publicación de nna obra suya, y manitíesta que trata de Derecho 
púhUco eclesidutico el volumen que ha escrito. 

« Teniéndose conocimiento que la impresii'm de la obra del doctor Vicente 
G. Quesada está próxima á terminarse, se resolvió aceptar el ofrecimiento he- 
cho por el académico díjctor Clemente L. Fregeiro, de su obra Formación fcrri- 
ioridl II piilitiiii (h- hi I,'f¡)i'ililirii Ariiciilhiii . piíra ser iini)r('sn eu los Aiiiür^ de. 
til (ic<iih'»)i<i . 

En adelante se irán publicando sucesivamente en los Anales — 
los cuales aparecerán sin periodicidad ñja, y á medida que las ne- 
cesidades lo exii>au, — los diversos libros, memorias ó trabajos de 
miembros de la academia, y que ésta resuelva incluir en sus publi- 
eiones. Los Analcn servirán, por lo tanto, para presentar el resul- 
tado de los trabajos de la academia, y de las investigaciones de 
sus miembros en las diversas disciplinas, compreudidas bajo la de- 
nominación genérica, de ñlosoíía y letras. La niieva publicación 
viene á inc()riiorarse al número délas ya numerosas, que dan hoy 
á luz las diversas facultades y cüri»oraciones de la universidad na- 
cional de Buenos Aires, y que exteriorizan la labor proficua y 
constante de su personal académico y docente. 

Buenos Aires, asosto ile 1010. 

Kl director de piiblicacioneíi, 

E. Q. 



|<.U. 



UERECllO PÜltLIUO ECLESIÁSTICO 



DEUKCIIO DE PATUONATO 



IXFLrEXCIA POLÍTICA V SOCIAL 
ÜE LA IGLESIA CATÓLICA EN AMÉRICA 



VICENTE G. QCESADA 

Ei liiiuiütru uli-nliHitcucliirio v fuviadu extraordinario de la Repiiblicu ArKeutiua 

«idente de In aiJidemla de tltoaofia V letras de la iiilivcrsidad de BueuuH Aires ; forrespoiidii- 

del iiialituto hlslúrie» V ¿eo"ratico del Brasil : de la sociedad de bisluria 

V fieoírafia de Méxle« : de las reales academias española y de la historia en Madrid : 

CorresiHjniIieute de la SiKuiish society of Aineriea. etc.. etc.. etc. 



i)Ei{i:( no di: patkoinato 



CAriTlLO I 

LA IXFLIKNCIA POLÍTK'A V SOCIAL DE LA lULKíilA CATÓLICA 
EX AMÉRICA 



Frailes y clérigos. — Obispos y t-anónigos. — Arzobispados, obispados y cabildo ecle- 
siástico. — Las órdenes nioná.sticas. — Escuelas eu los conventos y enseñanza del 
idioma casti-Uauo. — Riqueza territorial y comercio íí que se dieron sin reato las 
órdenes monásticas. — Medidas dictadas por el virrey del Perú, don Manuel de 
Aniat. á ün «le contener tales abusos. 



Para aineciar cou verdad v acierto la intlueiicia política y >ioeial 
que ejerció eu América el eleuieiito religioso, con las diversas 
agrnitacioiies de frailes, canóuií'os, obispos, ar7,ol)is|»os y clerecía, 
es iudispeusable couocer en <iué medio auibiente liabíau nacido, 
crecido y educádose los liombres que Ainieron á la conquista; 
l)or(|ue así, frailes y clérigos, como militares y empleados civiles, 
cualesíjuiera (pie sean la raza y la nación á que pertenecen, con- 
servan en sus hábitos y tendencias el influjo jxxleroso de la tradi- 
ción gubernativa bajo la cual stM'ducaron eu su Juventud, yes tan 
persistente esa influencia (jue, para poder ser niodilicada, ne- 
cesita el individuo «lue circunstancias especiales le tran.stbrmen 
por la necesidad; y precisamente tal influencia tradicional forma 
el carácter propio y distintivo de las agi-upaciones luimanas. 

íío voy á estudiar las instituciones religiosas desde el i)uuto de 
vista del dogma y del rito, sino de la manera cómo se gobernaron 
en la diveisidii<l de susin.stitutos, ya monasterios, ya obi.spados ; 



l)ovqut' frailes ó clérigos, creyentes y evangelizadores fuerou hom- 
bres criados en cierto medio ambiente moral en la península, cnya 
tradición trajeron y de la cnal no se emanciparon, dejando en las 
sociedades nuevas los gérmenes fecundos y la persistente prueba 
de cómo se gobierna, cuando no se ha vivido l»ajo el poder de un 
centralismo gubernativo omnipotente, sino bajo la influencia de 
de las v; cartas-pueblos y fueros, para el régimen administrati^'o, 
bajo la dirección de los concejos, linaje de repúblicas de índole 
enteramente popular». Cuando se estudia la historia de la iglesia 
en las ludias desde este i)unto de vista, se ve como de relieve per- 
sistir la tradicitm descentralizadora, y ajustarse, en su régimen 
administrativo, á las divisiones geográtícas de las gobernaciones 
que formaba el rey, cuando concedía por vía de capitulaciones ó 
contratos el derecho de descubrir, conquistar y iK)blar la exten- 
sión territorial que demarcaba el contrato mismo ; fuera de cuyos 
límites no tenían derecho de gol)ernar, ni podían traspasarlos, bajo 
pena de ])erder las concesiones y favores otorgados en compensa- 
ción del capital invertido en cada empresa. 

Me alimenta la esperanza que si el cardenal llampolla leyese 
estos estudios, se convencería de la franca lealtad con (pie muy sin- 
ceramente le exponía mis ideas de prudente armonía en las rela- 
ciones de la iglesia y del estado, y yo no olvidaré al inteligentísi- 
mo cardenal, cuya conversación me dejó recuerdo imborrable. No 
eran generalidades banales la base de mi creencia, cuando le de- 
cía que dejaba aparte mis convicciones religiosas para conside- 
rar la materia como hombre de estado, convencido (pie la religión 
es base ineludible de orden social y elemento conservador, sin ser 
inmutable como el dogma, ])orque el gobierno de la iglesia debe te- 
ner en cuenta el medio en (pie actúa : jirudente y conciliador en la 
acción, porque la iglesia docente es el evangelio y no el fana- 
tismo. 

La subdivisión de las gobernaciones en materia política, admi- 
nistrativa- y religiosa, constituye la raíz del sistema colonial espa- 
ñol; ponpie, presciudiendo de teorías y de doctrinas de gobierno, 
esa subdivisión era una necesi(hul iueludible por la grande exten- 
sión del nuevo nuuido, que hizo enteramente irrealizable formar 
un gobierno centralizado, por cuanto la dificultad de comunicacio- 



— 3 — 

lies iiiiiiosiUilitaba (k'l todo la i-eiitializai-ióii ütilu'iuativa. Así, la 
tradirióu patria (iiu' intluía en los coiKiuistadores se rolnisteció 
después por las necesidades del nuevo uumIío, á establecerse <'ii el 
cual vinienni, tanto que los frailes pretendían enuineiparse á las 
veces de la.jurisdicciiMi de los obispos ; y cada «•obenuKlnr defen- 
día, hasta con las armas, el territin-io de su «■obierno ; aspiraba 
siempre á ensanchar, nunca á disminuir, aunen los casos de imjx)- 
sibilidad material «le hacerse obedecer, l.o natural y lógico resul- 
taba ser la subdivisión administrativa, lo te«')ricoy artilicial la cen- 
tralización bajo la autoridad del rey, quien conservó la jurisdic- 
ción real inherente á la corona. 

Expulsados los árabes y moriscos de Esiiaña desi)ués de una 
guerra de ocho siglos, « el sistema político, merced á las circuns- 
tancias , fué apropiado i)ara estimular la iniciativa indivi<lual y 
para animar la industria (1). Los reyes conquistadores, — dice el 
ilustrado Arias y Miranda, — i)roce(lienilo con sano consejo, de- 
claraban incorporados á la corona real los pueblos ((ue con<iuista- 
ban, otoriiiíndoles cartas-pueblos y ñieros i)ara su régimen admi- 
nistrativo, bajo la dirección de los concejos, linaje de repúblicas 
de índole enteramente popular, en las que tenía rejiresentación 
el estado llano: y á todos era permitido sin de.sdoro vi\ ir del tra- 
bajo y dedicarse á los oticios comunes. Celosos los concejos jior 
mantener incólumes sus inmunidades, empuñaban las armas al 
primer amago de agresión por parte de los señores. Los reyes favo- 
recían esa resistencia, porque esperaban más de los pueblos eman- 
cipados (pie de una aristocracia díscola y altanera; y, mediante su 
protección, pudieron extenderse y crecer en reiiresentación y pres- 
tigio las municipalidades (2). Tal fué el medio ambiente en que 
se habían educado los conipiistadores de todas las clases sociales, 
y de todos los estados, tanto religiosos como civiles y militares. 
Así dice, C(ui muchísima verdad y justicia, el autor antes cita- 
do, que formado el cna<lro civil y político de la península españo- 
la en aquella fecha, es decir, desi)ués de veiu'idos los árabes y des- 



(1) JiiSK Ahias y Mihanda, F.xamcn crítko-hintórico del influjo iiiic tiifo ea el co- 
mercio, indunlria ¡i población de IJupañn. «« dominación en Atnvrica. Madrid, 1854. 

(2) Ob. cit. 



cubierta la América, envista de la situación y necesidades de cada 
territorio, ofrecía cierta conformidad tradicional de intereses entre 
los reinos que inte<>ral»an la nionar(|uia ; pues el reino de Castilla, 
los de Aragón, de Galicia, Navarra, Burgos, León y otros, se sub- 
dividían en provincias con jurisdicción gubernativa propia y ex- 
cluyeute, con intereses regionales privativos, resultantes de la geo- 
grafía y de la topografía de esos mismos reinos y de sus provin- 



CKIS. 



Esas intiuencias poderosas habían formado en la juventud y en 
la edad madura el carácter de los que vinieron á descubrir, con- 
((uistar y poblar la América, y es evidente (pie, habituados á tal 
índole de instituciones, las establecieron en los países nuevos; y 
por ello, al fundar cada ciudad, se le otorgaba su constitución, sus 
ordenanzas municipales, á imitación de las cartas-pueblos de la 
península. Tal es la, verdad histórica ; porcpie ni los frailes, habi- 
tuados á la obediencia por sus institutos religiosos, ni los milita- 
res, sujetos á la organización unlitar, pudieron olvidar, ni olvida- 
ron en los hechos ([ue ha recogido la historia, el prestigio de las mu- 
nicipalidades del término en que nacieron, el amor á los fueros re- 
gionales, la costunil>re de que la corona otorgase cartas-pueblos. 
Por esto fué que en los concejos de las ciudades entrase el estado 
llano y la nobleza titular, sin más fuero (pie su honradez, sin otra 
condición que la de ser vecino. 

La aspiración de los frailes fué fundar, como lo hicieron, pro- 
vincias religiosas autónomas, y para- la elección de sus provincia- 
les se convocaban y reunían los priores de todos los conventos de 
la provincia ; así, en la práctica, instituían y observaban en su ré- 
gimen interno la independencia de cada provincia religiosa, y al 
votar á los inelados, en la elección del provincial, se cumplía la 
fórmula embrionaria, del principio electoral : la sumisión á la ma- 
yoría, dentro de cada instituto monástico. La inñuencia poderosa 
de la tradiciíui del régimen administrativo peninsular los guiaba 
(piizás en la constitución de sus provincias monásticas, siendo fre- 
cuentísimas las gestiones para crearlas niievas, según las necíesida- 
des de buen gobierno, y de acuerdo con la geografía de la tierra 
en (lue se habían estal)lecido ; así como, una vez creadas ]n-evios 
los trámites legales, cada provincia guardaba con celoso interés la 



¡mtoiioiiiía (le l:i luisina. iinii i-naiido tuviese sii autoridiidjcraniuía 
supeiior y central, según el instituto tle las ('ndenes reliíiiosas á 
que perteneciera. 

Los adelantos de la recon(|UÍsta habían aumentado en Kspafia 
los concejos, ri.uiéndosc no ya ciudades aisladas, sin(» provincias 
enteras, jior ios principios consuetudinarios del sistema muni- 
cipal (1), sistema implantado en América i>or los comiuistadores, y 
autorizado y ordenado i)or las leyes, y (iucconsl;i del libro y litulo 
resjíectivos en la Rrvopilticióii de lenes de Indias. 

En el siglo xvi el espíritu reliuioso y el poder nacional lial>ÍMii 
llegado á su ajtogeo, con el auxilio d«' los tesoros metálicos i|ue 
arribaban de las Indias, cm))lcados en las fábricas (pie liabia en 
coustrucciíni, todas de pasnn)sa grandeza y (]ue ocupaban para su 
ejecuci(jn artistas eminentes ; como lo compruel)an todavía, por 
ejemplo, el enrejado y sillería de la catedral de Toledo, y como lo 
muestran Burgos, Sevilla, (iranada, Ciirdoba. Salamanca, Valen- 
cia y Valladolid, cuyas iglesias brillan decoradas con obras iiuuor- 
tales (2). Los cabildos, las universidades y los ayuntamientos te- 
nían estipemliados los mejores maestros de obra. Kii Kspaña se 
liallalKín difundidos y aclimatados los adelantos fabriles; y el 
cuerpo de profesores era competente y numeroso (:'»). 

Para algunos, — dice Arias y Miranda. — las opulentas funda- 
ciones de monasterios, iglesias y colegios, son meramente ol)ras 
del fanatismo, extravíos de una piedad exagerada, pero no ven 
que, aun i»rescindiendo del culto religioso (pie las inicia y (pie en 
ellas se comprueba, al realizarse en obras estéticas el sentimiento 
(pie las inspira. i»rotégese á los artistas, y estiuiúlanse las artes 
y las ciencias. Tantos monumentos como descuellan i)or toda 
la faz del territorio peninsular, costeados unos por i>articulares, 
otros por corjxu-aciones, otros por el común, indican ciertamente 
beneficencia y religiosidad ; pero también maniliestan riípieza y 
bienestar » (4). Esas mismas ideas, idénticas ambiciones, quizá la 



(1) Josí: Arias y Miüanda. ul). cit. 

(2) Ob. cit. 

(3) Ob. cit. 

(4) Ob. cit. 



misma rivalidad de las commiidades religiosas entre sí, llevaron á 
América iguales propósitos, y por ello tal vez se explique la mul- 
tiplicidad y la relativa grandiosidad de iglesias, conventos y cate- 
drales, para cuyas liibricas necesitaron amaestrar y formar artífices 
en lasiioblaciones con(iuistadas del nuevo mundo. Las costumbres 
heredadas, el poder de la tradición, explican bien el sorprendente 
celo que en esta materia desplegaron las comunidades religiosas 
y los obispos, enseñando los frailes su fabricación con ladrillos de 
cal, el laboreo de canteras de piedras, y lo mismo la arquitectura, 
la i)intura, la escultura, y, en particular, el tallado en madera, de 
lo que quedan soberbios ejem]»los en las iglesias de México y de 
Lima, obras de artistas eximios, aunque anónimos, porque fueron 
en gran parte indios. 

Es necesario reconocer <[ue la generación española existente á 
la aparición del nuevo mundo, era altamente industriosa (1), pues 
no por el lieclio de ir á la conípiista, como fueron en su mayoría, 
movidos del interés privado y en fuerza del principio de asocia- 
ción, habían de olvidar lo aprendido y aquello á que estal)au acos- 
tumbrados en la metrópoli. Por esa razón se apresuraron á intro- 
ducir en los países descubiertos las semillas, la caña de azúcar, los 
frutales, los animales domésticos, los carneros de las mejores 
Cubanas de Castilla, como aconteció en México; y, como era lógico 
y forzoso, la agricultura y la industria de las tierras de donde eran 
oriundos, deiguíil modo que aportaban todo lo característico de la 
regióu de que procedían, hasta giros y modismos del leng-uaje. El 
poder de la tradición, esa segunda naturaleza que transforma al 
hombre, se ve predominar con sorprendentes claridades en la civi- 
lización americana, ya bajo la iniciativa de los sacerdotes, ya, por 
la fuerza de las armas. Á sii vez, el descubrimiento de América 
produjo en la península resultados singuliu-mente extraños. La 
abundancia de los metales encareció el precio de los jornales y de 
los mantenimientos, por la conocida ley económica de que la mo- 
neda es un iijuste en el cambio comercial entre el que produce y el 
que consume; pero cuando se impidió (jue la plata amonedada ó 
labrada saliese de España, abundó en inanerii tal, (¡ue se necesitó 

(1) José Aiíias y Mika.nda, ob. cit. 



iiiayur r;iiitiil;ul ilf iiidiieda para satist'a<fi- las iiiisiiias lu-cesida- 
tles, \ (le a(|iu' nai-ió el peruicioso sisteiua it'nlaiui'iitaiio (|iu' sujetó 
á tasa v\ luccid áv las lueiradfrías y t'l salario di- los ohivios; ([ue 
fijó hasta la calidad de los productos, iiroliibicudo <pic se fabrica- 
sen paños finos, á fin de »iue, por la excelencia de la calidad, no 
determinasen la elevación <lel precio ; inoliibiéndose la exportación 
de sederías, y hasta se (pliso (pie no fueran á Anun-ioa prodnctos 
de las industrias peninsulares, con el fin de impedir (pie el aumen- 
to en la demanda elevase el precio del artículo: la reglamentación 
oficial mató la industria! (1). 

v; Al tenor, pues, — dice Arias y ^Miranda, — de las ideas (pie di- 
cho sistema envuelve, se revistió á la autoridad pública de la facul- 
tad de dar al trabajo una dirección oficial y de intervenir en actos 
(¡ne sólo interesaban á los particulares, y que á ellos, y á nadie más, 
tocaba arreglar según su conveniencia y las circnnstancias; porque 
fuera de las leyes que fijan las bases generales de las convencio- 
nes... lo demás hade ceñirse á la libre voluntad de los (pie en ellas 
intervienen - (2). ^ació entonces y llegó á su auje, durante los rei- 
nados del emperador Carlos V y de Felipe II, la escuela económica 
reglamentaria, la de los arbitristas, especie de curanderos rentísti- 
cos, como los llama el autor últimamente citado ; los cuales crearon 
el gobierno providencia, prohibieron la cría demulasy asnos, para 
fomentar la caballar ; prohibieron la importación de materias pri- 
mas, necesarias para las industrias ; atacaron la agricultura, para 
dar amplitud á la cría caballar: y pusieron gabelas tales á industrias 
florecientes, (pie casi exterminaron la de tejidos de lana, sedas y 
y algodón, la de curtimiento de pieles, y todas las (pie con ella se 
relacionaban; gabelas (pie hicieron tanto mal, (píelas moreras tpie 
mantenían el gusano de seda, industria próspera desde el ticmix) 
de los árabes, tuvieron luego que servir solamente para leña! (o). 
Entretanto los oltreros, sujetos á la reglamentación de los gre- 
mios, agobiados por gastos excesivos, dejaban las fábricas y se 
entregalian á la mendicidad! A esta malluuhula escuela, (pie juzgó 



(1) José Arias y Mihanda, ob. cit. 

(2) Ob. cit. 

(3) Ob. cit. 



posible conservar en la iienínsnla los metales de las minas de Amé- 
rica, sin exportar en cambio el producto de las industrias que tan 
absurda reglaraeutaciini arruinaba, no se le ocurrió que echaba al 
tráfico por los caminos del comercio ilícito y del contrabando... 

Agregúese á estos males la expulsión de los judíos; y, — como 
dice raagistralmente el autor que antes lie citado, — si bien du- 
rante el reinado de Isabel y Fernando, España hizo laudables pro- 
gresos y la acción de los monarcas fué benéfica, al lado di; lauda- 
bles pensamientos, « figura el establecimiento de la in(piisición y 
el destierro injusto de las íamilias heln-eas, que jamás habían cons- 
pirado contra la seguridad del reino > (1). 

En el reinado del emi)erador, rodeado de consejeros fiamencos, 
la reglamentación oficial del tral)ajo fué tan perniciosa en la penín- 
sula, que pudiera sospecharse que esa ruina era premeditada para 
favorecer industrias similares en los Países Bajos y dominios espa- 
ñoles en Italia; así se aminoró la jiroducción de las lanas y de la 
seda, se echó en iiernieiosa holganza á los hábiles artesanos del 
tiempo de la prosperidad industrial; afluyeron á los conventos 
jóvenes quedaban la espalda al trabajo, desde (pie el precio del 
jornal, lo mismo que el de la venta del jiroducto, fué materia de 
gobierno : las guerras mantenidas en Europa durante los reinados 
de Carlos V y de Felipe II quitaban brazos necesarios á la ganar 
dería, á la agricultura y á las industrias, y el espíritu codicioso de 
navegar alas Indias no sólo cundía en los soldados, sino que alcan- 
zaba también al negociante y al artesano, al letrado y al labrador, 
porque todos veían en la América un campo florido de especula- 
ción y medro (2). 

Las ideas económicas ])redominaiites eran tan absurdas que se 
hizo una petición á las cortes de Yalladolid, con objeto de que no 
se consintiese embarcar para los reinos de Indias géneros íabrica- 
dos en los de España, por ser gravemente i)eijiidicial este tráfico. 
Los principios y doctrinas que prevalecían en Es])aña durante el 
siglo XVII, pueden apreciarse por lo (pie queda apuntado : que- 
rían abaratar los efectos, y, como medio de lograrlo, negarles la 



(1) José Akias y Miuanda, ob. cit. 

(2) Ob. cit. 



s;ili(l;i! (1). Las <;al»el:is soltrc la iiuliisiria no podiaii s(i|)i)itars("; y 
al principiar el si<>lo xvir no existían ni inaiintacturas ni piodnc- 
eióu (le primeras materias, y sólo jior su exeeleueia había podido 
resistir aluiiiia ¡i la eomúii destriieeióii. eu medio de contratiemiios 
y vieisitndes. 

El océano se había cubierto de piratas franceses, holandeses»'' 
ingleses, verdaderos piratas «'n el mar y tilibnsteros en tierra, (pie, 
á la sombra de la unerra con Kspaña y estinuilados de la codi- 
cia, se a])oderaban de los tesoros (pu' conducía la flotilla de Indias; 
y asaltaban, sa(pieaban y destruían, las ciudades americanas (pu- 
se encontraban en los puertos de mar indefensos. El comercio se 
efectuaba á travi'-s de innúnu^ros obstáculos, diticultades y peli<;ros. 

El sistema económico de los arbitristas fué el que sirvió de mo- 
delo i)ara la lejíislación eu las colonias, á las cuales se [trohibió el 
cultivo de la viña, i)ara favin-ecer los vinos de la península; del 
olivo, i»ara beneficiar sus aceites; vedándoseles hasta el cambio 
intercolonial de productos y la exportación para el extranjero : se 
proponían producir sí'iIo para el consumo, y el estancamiento en- 
gendraba la polueza y la haraüauería... 

Esta legislación económica, perniciosa para la ri(pieza y el liien- 
estar de la península y de sus posesiones americanas, empujal)a á 
la juventud hacia la carrera eclesiástica, en busca de pan sajuro ; 
y como de América se jíedía incesantemente el envío de cateípiis- 
tas, tanto religiosos como seculares, la demanda siiiieraba, i)uede 
decirse, á la abundancia de frailes españoles. Muchos había sin 
vocacií'm, impulsados solamente por la necesidad, y itonpie, con 
el carácter de sacerdotes, les era fácil embarcarse |)ara América, 
mientras (pie, como i>articulares, necesitaban licencia (|ue al fin se 
hizo extensiva para todos, aunque otorgada con dificultad, con 
objeto de impedir la despoblación, sobre todo de artesanos y agri- 
cultores. 

La preocupación en todoera tasar los efectos, tasar los jornales, 
tasar los com(\stibles, acicalnr las ordenanzas, fortificar los gremios 
con proiiibicioiu's para dar y ])rohii)icioiies ])ara recibir (2). Los 

(1) .losí: AuiA> V Miit.WDA. olí. c-it. 

(2) Ob. cit. 



— 10 — 

fabricantes é iudust ríales clamabau coutra su ruina, y el remedio 
((ue se aconsejaba consistía en mayores xiroliibiciones, en más pro- 
tección, es decir, mayor estancamiento! En los reinados de Carlos 
V y Felipe II, cuanto España ganó en victorias y en fastuosa 
nombradla lo perdió, ay ! en lil)ertad y en nacionalidad. «; Delirio 
hubo en las prohibiciones, delirio en la formación de ordenanzas, 
por más (pie á los áulicos riamencos, por cuyas manos pasaban los 
negocios, les constase (pie el sistema contrario producía en su país 
los mfijores efectos ;> (1). 

Ese mismo estado de cosas se reñejaba en las posesiones ameri- 
canas, con la notabilísima diferencia de (pie los pol)ladores que de 
España iban á Ann-rica, eran otros tantos brazos menos ])ara la 
península; pero como en vstñ había comenzado la vagancia, por la 
ruina de las industrias, estaban generalmente poco habituados al 
trabajo los (¡ue se embarcaban para las Indias, sin perjuicio de 
(jue « es principio reconocido, ({ue los hombres (pie se trasladan á 
países distantes, dejan en el suyo i)arte de los vicios que los 
corrompen > . 

Pero ¿cuál fué el lugar (pie ocupó en América el estado ecle- 
siástico? Esta es cuesti()n ( pie me interesa estudiar á ñn de que 
quede demostrado el error de los políticos ultranKtiitaiios de la 
escuela en que el ] (residente Sáenz Peña fué á buscar ministro de 
relaciones exteriores, y cpie duró felizmente poco, como fué corta 
esa presidencia. 

Los primeros catequistas fueron virtuosos, humildes y desinte- 
resados, i)or lo general. Para que se comprenda la imparcialidad 
de mis apreciaciones sol(re materia tan ardua y espinosa, voy á 
recurrir, entre otros, al testimonio de un escritor español, expuesto 
en memoria premiada por la real academia de historia, fundando en 
hechos cuál fué el i)ai)el social y político (pie desempeñó el ele- 
mento religioso. <: Más adelante, — dice Arias y Miranda, — 
cuando ya no existían los primeros apóstoles, el celo en los que 
los siguieron se entibió bastante, reprodujéronselas controversias 
antiguas entre dominicos y francis(!anos, en las que, añilándoselas 
otras religiones, eran causa muchas ^■eces de escándalos y desaso- 



(i)()i,. 



siegos que coiuitroriietíau la tiaii(|iiili(la(l pública, pues con IVecueu- 
fia se llevaltan los agravios al pulpito, y se hacía de las disputas 
casos de conciencia! (1). Estas jtalaluas justilicau cuanto *'\puse 
al eniinentisinio cardenal Kauípolla en las conferencias (|ue he de 
historiar »*n este libro, cuando cxponua los pormenores de mi 
misión ante la santa sede. 

A tal extremo ile desuniím licuaron las (Milenes mon;ist¡cas, ipie 
el comisario d«' los franciscanos en (i na témala, en representación 
hecha á nombre de los reliiniosos de su provincia, manifestaba que 
los institutos de franciscanos y dounnicos convenía fuesen dividi- 
dos «le tal manera que donde se admitiera á los unos no lo fueran 
los otros, y aureuaba ([ue no convenía (pie los nu'rcedarios fuesen 
á América, porque ikstrui/cn // no idifivnu... {'!). 

Se hizo tan pernicioso admitir individuos del clero secular, <pie 
sin oficio ni beuelicio ii)an de Esi»aña, á veces escapados por sus 
excesos, que la corresi»ondencia oficial délos virreyes está llena de 
denuncias contra el comportamiento de algunos eclesiásticos, fun- 
dadas en quejas de los ayuntamientos; no menos amargas fueron 
las (pie elevaban al rey los di(»cesanos y los prelados de las conui- 
nidades. A lin de cortar tales abusos, se despacharon provisiones 
para (pie los dominicos obedeciesen á las audiencias, con objeto de 
(pie cesasen las desavenencias entre agustinos y franciscanos, y 
Itrohibiemh» hiciesen mal uso del ministerio de hi predicación... (3). 
Procede consultar á este efecto, el título XX, libro 1. de la Rnopi- 
laciúit de Indias, sobre materia eclesiástica (4). 

Hernán Cortés, escribiendo al emperador, en México, á 15 de 



(1) José Arias v Mihanda. oh. tit. 

(2) Ob. cit. 

(3) Ob. cit. 

(4) Lo que expongo en el texto es el mejor eonientario á estas palabras de! minis- 
tro (le relaciones exteriores : « Por mi parte, no podría aceptar ó prolongar una nego- 
ciación animada del espíritu y tenor literal de las instrucciones indicadas; pues creo 
que, con arreglo á ellas, nada se obtendrá de la santa sede, y no se verán otros 
resultados (|ne el desarrollo funesto del indiferentismo religioso, del ateísmo y de 
un positÍYÍsuio ó sensualidad enervantes del carácter nacional, ahondando los gran- 
des males que labran desgraciadamente á nuestro país... » E¡ miniíitro de relaciones 
exlerioret), doctor don Tomds S. de Anchorena, al plenipotenciario Qiiesada. Buenos Aires, 
20 de febrero de 1893. Carta confidencial reproducida en el capitulo final. 



octuln'e (le 1524, le decía que, con los procuradores Antonio de 
Quiñones y Alonso Dávila, los concejos de las villas de ÜSÍneva 
España y él, su]tlicaron á su majestad les proveyese de obispos ú 
otros prelados para la administración de los oficios y culto divino; 
pero que habiendo retiexionado más maduramente sobre esta ma- 
teria, pensaba que el mejor medio era (pie fuesen á atpi ellas partes 
muchas personas religiosas con las (pie se hiciesen casas y monas- 
terios por las lirovincias, dándoseles los diezmos para sus conven- 
tos, y lo demás fuese para las iglesias y ornamentos de los j)ue- 
blos, donde estuviesen los españoles y clérigos que las sirvieran; y 
agrega estas palabras, sobre las cuales llaniío la atenci(jn : « porque 
liabieiulo obispos y otros prelados, no dejarían de seguir la cos- 
tumbre (pie por nuestros pecados lioy tienen, en disponer de los 
bienes de la iglesia : en pompas y otros vicios, v y en dejar mayo- 
razgos á sus hijos y parientes » (1). De manera que, según la opi- 
nión del conquistador de México expresada al mismo emperador, 
la corrupción del clero era de pública notoriedad; y todavía, para 
hacer más evidente su afirmación, agrega (pie los natural(^s de 
aquellas comarcas tu vieron en sus tiempos personas religiosas ]»ara 
sus ritos y ceremonias, « recogidos, así en honestidad como en 
castidad >, bajo pena de muerte encaso contrario, y « si viesen las 
cosas de la iglesia y servicio de Dios, en poder de los canónigos ú 
otras dignidades... y los viesen usar de los vicios y profanidades, 
(pie alnn-a se acostumbran en los reinos de España, sería menos- 
l)reciar su santa fe. Por último, suplica á S. M. que conceda su 
poder y sean sus delegados las dos personas princi]>ales de los reli- 
giosos, una de la orden de san Francisco y oti-a de la orden de 
santo Domingo - (2). 

El i)rimer arzo))is[)() de Méxi(X), fray .Juan de Zumárraga (o), de 
(|uien me ocuparé oi)ortunameute, así como de su emi)eño en ins- 
truir á las niñas indias y formar asilos para su educaciiín, atendía 



(1) Colecekhi de (hiciimnilos iiiédit»^ del archivn de Iiid¡n.'<, Umw V, página 557. 

(2) Ob. tit. 

(o) « Lleva cdiisík", — lüi'f el inarqiii's de Ijciiia, halilandci del obispo Zumárraga, 
— ya qui! no los religiosos que desealia., muchos hombres casados, artesanos, phintas, 
frutos, animales, y todos los medios que su celo le sugiere, para implantar allí un 
sistema de industria y de cultivo agrícola, que hiciere olvidar á los españoles el cli- 



oou solifitutl á foiuentar la ruiueza del país, pedía para ello que se 
llevasen de ("astilla siiiiieutes de lino v eáñanio, personas (|ue en- 
señasen su eultivo, entre éstas, nioriseos de (iranada para el hene- 
rieio de la seda, y, en fin, que se ohliuase á los maestros de naves 
á transportar merinos, ¡dantas vivas y sarmientos, ¡lues de est« 
modo, añadía, no estarían los esjiañoles i)iando \nn- ("astilla, ine- 
<liante (pie tendrían atpií sus frutos... y que i»ara la pohlaeión y la 
perpetuidad iniptn-fa que olviden á Ksiiaña. y que Iomk n amor y 
voluntad de jiermanecer en la tierra ^ (1). 

Aun el iirimer eoneilio mexieano, — pues ya en aípiellos tiem- 
l»os los hnlu» en :Méxieo y en el Perú para la disciplina y i-ohieruo 
de la iíilesia. y fonuMito de los intereses religiosos reíjionales, — 
cediendo á la tradieit'ui descentralizadora, no se limitó á estatuir 
sobre materia religiosa, sino (pie exi»res('> al emperador sus deseos 
y súplieas en favor de la riípieza y i)rosperidad de Xueva Esijaña, 
en estos notables términos, al remitir las constituciones (pie había 
formado para la real aprobación : « Estos prelados, capellanes de 
Y. 31., suplicamos luimildemeute seamos favorecidos en estas 
cosas (pie a(pií en estas cartas suplicamos... que se mande fundar 
uu hospicio en el Lencero ó en .Iala])a, para el socorro de los que 
enfermasen al ir ó venir de Hs]iaña; (pie se remedie el puerto de 
Yeiíi Cruz, i)or l(»s males ([ue sufre la contratación, y las naves se 
abroman, luidren l()s cables y i)erece mucha gente... suplicamos se 
hagan ediñcios donde en breve se descarguen las mercancías, de 
modo que navios y gente se despachen prontamente; «jue se mude 
al pueblo de Y uva Cruz á lugar decente y más considerable al pare- 
cer de los (pie mejor entienden la tierra, porque el sitio (pie al pre- 
sente tiene es sei)ultura de vivos, y está expuesto á (pie entre el 
río; (pie la gente holgazana (pie hierve en Nueva Esi>aña se derra- 
me hacia otras partes, como hacia la Fhu-ida (2). 



nía, los b:íbitos y las uomodidadfs ile la patria, y tornarles agradable aqindla tierra 
qne había de ser la suya, inspirííndoles así mayor interés y deseo por la conserva- 
ción de la misma. El amor del prelado al país y íí la grey (lue la providencia le había 
deparado, se manifiestan ya en estos casos. » (La iglesia en la América española, con- 
ferencia por el señor marqués de Lema. Madrid, 1892). 

(1) JOSÍÓ AUIAS V MtliAXDA, ob. cit. 

(2) Ob. cit. 



Estas palabras deimiestran que el elemento religioso, represen- 
tarlo jtor los prelados reunidos en el eoueilio mexicano, ó sínodo, 
fomo otros lo llaman, suplicaba al emperador la construcción de 
obras (pie facilitasen el comercio y desarrollasen la riqueza; no do- 
minó, pues, exclusivamente á aquellos i)relados el fervor religioso, 
ni fué la disciplina de la iglesia su vínica preocupación, sino el 
bienestar, el progreso de Nueva España. En las Antillas, los frai- 
les Jerónimos introdujeron el cultivo de la caña de azúcar y fun- 
daron los primeros trapiches i>ara su elaboración, contribuyendo 
así á crear una de las más valiosas producciones de la isla de Cuba. 

El licenciado Carrasco, electo obisjto de León, provincia de Ni- 
caragua, j)inta con tristísimos colores la situación en (jue halló la 
diócesis para que había sido electo, el abuso del excesivo número 
de alcaldes mayores, la pobreza de los indios obligados á expender 
sus cortos haberes en las flestas para el recibimiento de aquellos 
alcaldes, habiendo llegado la penuria á tal extremo que nuichos 
clérigos se habían ido al Perú y otros i)untos; (pie como la tierra 
.se iba cada día des])oblando, los diezmos disminuían, que la cares- 
tía de los mantenimientos era excesiva, por no haber dinero con 
(pié comju'ar, sin embargo de ser provincia fértil. Para remedio de 
aquellas i)ol>rezas, solicita que S. M. couce(hi el permiso de in- 
troducir (iOO.üOO negros, man(hiu(h)les pagar en 8 años, para 
formar heredamientos de cacao, (pie es la riqueza de las Indias, 
habiéndose perdido allí esos cultivos por v. halierse cuasi consu- 
mido todos los indios > ; observa (jue la provincia de (luatemalaes 
rica sólo por tener el caí^ao en tres ó cuatro pueblos de indios; que 
l)odrían formarse tand)ién grandes heredamientos de se(hi, grana 
y otras muchas cosas, (pie valiesen mucho en todas las Indias y en 
España, de todo lo cual se carece por falta de negros, porque los 
indios sólo sirven para sus maizales; y, por último, solicita la di- 
minución del almojarifazgo, derecho (jue se cobraba sobre todas las 
mercancías que se introducían (1). 

El arzobispo de México, en BcJacióit sobre recaudación de tribu- 
tos y otros asuntos referentes á las órdenes religiosas, dirigida al 
concejo de las ludias, (hitada en México á 15 de mayo de 155(i, 

(1) Colección ríe dociimenlos inéditim del nrch'tvu ili: Indias, vol. V, págiua 526. 



infoniiii qm'. ]»ara satisfacer lo ordenado i>or real eédula de 1") I.;, 
los diezmos se eohrarou desde el tieiiq») del obispo Zniuárraiia, en 
üiiiiados, sedas, ele. (1). 

VjU México, los iiat males ciilli\al>aii cierta es|iccie de seda y la 
tejían; iiidiisiria i|iie iii;ís tarde, con la introdncci(')n de la morera 
y del gusano de seda, i»rosi>eró tanto (jue fueron muy estimados 
los terciopelos y sederías mexicanas. ^Tasesa industria decay('>por 
las mismas cansas (pie en Ivspaña, pues no [lodían exjiorlar los te- 
jidos, y las leyes suntuarias (¡ue proliil)íau el uso de la seda á cier- 
tas clases sociales redujeron el munero de consumidores, con lo 
(pie mataron la industria, y los indios ciuemaron al fin como leña 
las tau famosas moreras... La prueba de que lii producci('tn de la 
seda era importante antes de la conquista, se tiene en las palabras 
del arzobisiio citado, reliriendo ([ue en ella, desde tiempo del pri- 
mer obis|)o, se cobraban los dieznms, como en ganados y otros 
productos. 

Por su parte el obispo Zuuiárrana, para imi)ulsar esa misma in- 
dustria, lial)ía i)edido al em])erador «pie se enviasen moriscos de 
Granada. Fuenuí las malas leyes las (pie en la i)enínsula, tanto 
como en las colonias, imjjidieron la riípieza, trabaron el comercio, 
y produjeron la miseria y la haraganería. No es la raza es])ariola 
perezosa, puesto (pie en la época del desculirimiento de América 
sus industrias y aüricultura fueron prásjteras: lo (pie engen(lr('>esa 
pereza, lo (pn- di(') oriti'en ú la tradicional liol.üanza, fué la excesiva 
re.uiamentaci('»n olicial del trabajo, la prohibicicHi de exportar y 
comi)etir con industrias similares extranjeras, lastrabas á la liber- 
tad comercial. 

La industria de sedería, pré»spera é importantísima desde el 



(1) Conviene observar que las autoridades de la iglesia, arzobispos y obispos, re- 
riirren á la autoridad civil, como al consejo de las Indias, de manera que no es ma- 
nía de origiualida<l de los gobiernos liberales, sino la tradicic'in legal del ;iciierdo y 
armonía de ambas potestades, para el gobierno de la iglesia, mostrando lo .jnstilicado 
que es el derecho de patronato. No es cierto que el romano pontílice sea ni haya sido 
indeclinable, sino prudentemente conciliador para evitar los conflictos producidos, 
como actualmente en Francia, que terminaron por la separación do la iglesia y del 
estado ; son los políticos ultramontanos, quienes sostienen tal doctrina y en mala 
hora tuvieron voz y poder on el ministerio del presidente Sííeuz Peña, logrando 
aplazar un modus vivendi conveniente. Insisto para demostrar que yo, como diplo- 
mático, estaba en el buen terreno del derecho público eclesiástico y de la historia. 



— 16 — 

tieiu])() de los árabes en España, fué arruinada porque la ley impi- 
dió exportar sus productos; y, para abaratar el consumo, se admi- 
tían li1)res d(^ derechos las sederías de Ñapóles! Proliibido el uso 
de los trajes de seda á cierta clase social, y libre de impuesto la 
introducción de sedas extraujeras, reducido el consumo, se mató 
esa industria. 



II 



En los primeros tiemitos de la coucpiista, los frailes fueron dig- 
nos de alabanza y admiración por el empeño que pusieron en 
aprender las lenguas indias, estudiándolas cieutíflcamente para 
poder formar gramáticas y vocabularios; á ellos se debió que los 
indios aprendiesen la lengua castellana y recibiesen en sus escue- 
las la enseñanza primaria y, más tarde, la de la lengua latina, en 
la cual muchos uiexicanos fueron eximios. 

Como en todas las instituciones humanas, al brillo evangélico y 
á las virtudes cristianas sucedieron [)oco á i)oco la relajación y la 
decadencia. Por esta razón, decía al eminente cardenal RampoUa 
que sólo la virtud y el saber sostienen la autoridad de la iglesia, 
porque no basta la institución canónica. El ejemplo es eficaz ense- 
ñanza, y la iglesia docente debe impregnarse más en el evangelio, 
menos en las sutilezas teológicas y en las amenazas del infierno. 

Tr(\s éi)ocas bien caracterizadas distinguen á las órdenes mo- 
násticas en las colonias españolas : el siglo xvi, el primero y se- 
gundo tercio del siglo xvii, y el xviii, por último. El siglo de oro 
monástico en México, especialmente, es, sin duda alguiui, el siglo 
XVI ; en los posteriores comenzaron y llegaron á su extremo la re- 
lajación y decadencia de los frailes (1). 

Los vocabularios, gramáticas, catecismos, sermonarios y prácti- 
cas de confesonario, (pie en los idiomas indios escribieron los reli- 
giosos, son en tan crecido número y tan importantes, que bastan 
para constituir un monumento histórico filológico, que no tiene 



(1) Agustín Rivkua, Principios críticos sobre el virreinalo de la Xiiciui Expaña y ¡a 
revolución de la independencia, tomo III. Lagos, 1889. 



pmeiitlo. Di'sde liiR's cU-1 si <> lo XVI comeuzó la icliíjaiii'm de los 
monjes, aiuniMitó con las ri(|ue/.as durante el siglo w ii y l'ur abso- 
luta Y completa en el siülo xviii. Los monjes (pie vinieion á Nue- 
va España tueron los franciscanos de hábito azul, los dominicos, 
los agustinos, los carmelitas, los mercedarios, los dieguinos, los 
jnaninos, los l)etlemitas y los hipólitos. El sacerdote Kivera, al 
enumerar las órdenes monásticas, omite á los jesuítas. Las mismas 
órdenes y con el mismo vesidtatlo, fueron á todas las colonias es- 
pañolas, verdad (pie no en todas fundaron simultáneamente con- 
ventos. En las dos capitales de los dos más gi-andes y primeros vi- 
rreinatos, .México y Linia, es donde mayores fuentn, i)nede afir- 
marse sin disputa: en estas dos ciudades su niunero llcf-ó á tal 
exceso. (|uc la misma corte se c.ímveució déla inevitable necesidad 
de limitarlo. Una vez más (pieda históricamente recordado que la 
auti»ridad soberana del territorio ejerce la alta \ ¡¡revisora direc- 
ción de conceder, negar ó limitar tanto el número de las órdenes 
monásticas, como todo cnanto al gobierno externo de la iglesia se 
relaciona, y por eso el derecho de patronato es inherente á la sobe- 
ranía territorial, cual(|uiera (lue sea el dogmatismo erróneo de 
los menos, — si bien es res])etable toda convicción siu('era — 
como acontecía en la manera como exponía sus doctrinas el mi- 
nistro de relaciones exteriores del primer momento del gobierno 
del i)residente Sáenz Tefia, sosteniendo la pretensiónde celebrar un 
concordato, cuando la santa sede, conciliadora y i)rudente, no ma- 
nifestó tal deseo en la misión confidencial que tuve el honor de 
desemi>eñar. 

Los historiailores católicos, aun aquellos (pie no i)ueden ser 
tildados jior sus opiniones liberales, reconocen (pu' la díM-adencia 
de las órdenes monásticas comenzó al terminar el siglo xvi (1). 

Es evidente (pu- hubo honrosas y meritorias excepciones entre 
a<piellos numerosos monjes, pues (piiíMies fueron notables como 
historiadores y cronistas, (|ni(''nes como fih'dogos, ge«3grafos y na- 
turalistas. 

La relajaciiMi de la vida monástica se explica tácilmeiite, pcn- 



(1) Kn la obra intitulada Don Fray .Juan de Zumárruria. du-f don .lii;i<|uín García 
Icazbalcuta : « las órdenes religiosas no eran en México lo ¡[W antis liabían sido ». 



— 18 



<ivie muchos religiosos vivían fuera de sus conventos, en sus casas 
particulares, con familia, viviendo con lujo tal, que mostraban que 
la pol )reza á (lue estaban obligados era lo que menos observaban (1). 
Amaban las fiestas, el tambor y la chirimía, los repiques y los co- 
hetes; y las procesiones se habíau convertido en verdaderas mas- 
caradas, en que salían gigantes y las tarascas, sin que íaltaran ca- 
rreras, silbidos y gritos de los muchachos y de la plebe, que pro- 
ducían chacotera hilaridad, hasta en los frailes. En las fiestas 
religiosas eran dados á comilonas — que el príncipe de la Paz llamó 
orgías religiosas ! — con mengua del culto y de la gravedad, edifi- 
cación y honestidad de las costumbres (2).' íío hay exageración en 
ese cuadro; así se conservaron las cosas en el siglo xviii en todas 
las colonias. Frecuentemente se permitía á las poblaciones indias, 
en aquellas verdaderas mascaradas llamadas tiestas de los patro- 
nos de los pueblos, que celebrasen bailes en los atrios de los mismos 
templos; y de antiguo se observó la costumbre de los entremeses 
y autos, que profanamente se representaban hasta en las catedra- 
les ! Entonces determinó el clero dar al pueblo la misma clase de 
espectáculos, con todo decoro, representándolos en las iglesias ca- 
tedrales. 8in embargo de esto, lejos de extinguirse el mal (pie se 
quería remediar, aumentó considerablemente, por(iue se unió al 
aparato religioso la libertad del teatro, al grado que los sacerdotes 
representaban vestidos de rutianes, rameras y matachines ! Llegó 
á tanto el abuso, que Inocencio III prohibi(') á los clérigos intervi- 
niesen en las llamadas tarsas ó naisterios (o). 

Los autos sacramentales tienen ese origen, y no sólo en las co- 
lonias sino en España y en Italia. En el siglo xvi y posterior- 
mente, el drama sagrado se llamó auto, y los destinados á celebrar 
el (Jorpus Christi fueron sostenidos en España por los ayunta- 
mleutos. En México se representaron apenas hecha la conquista, y 
fueron los mismos misioneros los que introdujeron la costumbre; 
la representación se verificaba en los templos, más tarde en los 



(1) Agustín- Rivkka, Príncipion críticos, etc. 

(2) 01). cit. 

(3) Francisco Pimkxtk.i.. Historia crítica de la literatura y Ae '«« ciencias en Mé- 
xico, 1885. 



— 19 — 

atrios, y liltiiuauu'iite eu las plazas y c-alles, al aiiv Mitre (1). Así 
se vio timar esas pnícticas en todo el siglo xvii. Snpoimo (pie eo.sa 
análoga sucedió en Lima, jinripif aun después de la iiMU'i)enden- 
c-ia algo de ello se eonservó i'U las procesiones en las provincias 
del Alto Perú, que después constituyeron la repúMica de Holivia. 

En esas representaciones dadas en las iglesias y en los conven- 
tos, tomaban parte los discíjiulos, y tal acontecía eu los colegios 
(lelos jesuítas. 

Gage retiere, como testig<» presencial, que el prior del convenio 
de Santo Domingo en \'era Cruz, era un fraile joven y de costum- 
bres poc«) severas, cuyos modales eran los de un .joven alegre y 
divertido. Describe la celda de aquel fraile, ricamente entapizada 
de telas de algodón, engalanada con adornos de i)lunms de Mi- 
choacán, con cuadros de mérito; tapices de rica seda cultrían las 
mesas, ¡(orcelanas de ("hiña adornaban las alacenas; y, para com- 
plemento de a(|uel esi»ectáculo, tomó el fraile la guitarra y cantó 
una letrilla escabrosa... (2). Cito al que refiere lo «pie vio, y como 
sus atirmaciones concuerdan con la general opinión de los cronis- 
tas é hi.storiadores, no liay fundamento para sospechar de .su exac- 
titud. Estos hábitos livianos eu un prior de un convento muestran 
cuáles serían los de la comunidad. 

El mismo (íage asegura que vio en Jalai>a á un fraile francis- 
cano, caballero eu una hermosa uuila, con su mozo de espuela ó 
lacayo, y su reverencia lle\ aba enfaldados los hábitos, de manera 
que lucía media de seda de ctdov de naranja, zajtato de tafilete, 
calzones de lienzo de Holanda con sus lazos y trencillas de cuatro 
dedos de ancho. Algunos, debajo de sus anchas mangas, lucían 
chaquetas bordadas de .seda, camisas de holanda y puños de encaje. 
Por la noche se entretenían en el juego, y aquel convento se con- 



(1) Garcí.i Ica/,l);ilcet.-i (Memoria» de la academia mexicana, currexpondiciite de la 
real española, tomo II. n» 3, pág. 276), dice : « ... instituyéronlas representaciones sa- 
cras : primero dentro <le los templos, luego en los atrios, y al fin en campo abierto, 
por no caber ya en edificio alguno la inmensa muchedumbre que asistía á presen- 
ciarlas. Aprovechaban entonces los indios la carrera de las procesiones para osten- 
tar en ella sus variadas invenciones de enramadas, bosques artificiales, arcos de 
flores en incalculable numero, altares, músicas y danzas... » 

(2) Tosías Gagk, .Viifra relación que contiene ««« riajen en la Xnern Eupaüa. París. 
1838, 2 vol. 



— 20 — 

vertía en mi garito. Al juego acomi»aüaba el lieor, y al exceso de 
aiinél seguía la licencia de la enibriaguez (1). 

La relajación había llegado á su apogeo desde (jue decayeron la 
fe religiosa, la moral, y la ol)serYancia de las reglas de la vida en 
comunidad. La enseñanza y las escuelas reñejai-on aiiuella deca- 
dencia, así como el abandono del cultivo de las letras profanas. La 
haraganería frailesca engendn') la avaricia y la corrupción, y la 
autoridad moral de los monjes quedó perdida. Xo menos triste es 
el cuadro <iue pinta Ferrer del Río, al hablar de los conventos de 
Esi)aña {2). 

Para denu)strar que esta pintura es históricamente verdadera 
en el fondo, bueno será no olvidar lo (|ue decía el licenciado don 
(xregorio ]Martín de Guijo, secretario metroi>olitano en México. 
En lt!55 llegaron cédulas enviadas de Madrid para los monjes, en 
las cuales 8. M. advertía á los prelados que se le había dado noti- 
cia por el virrey de los i)rocedimientos y trajes de acpu'dlos y de la 
poca religión en los monasterios, con evidente relajación de la ob- 
servancia de sus institutos, puesto que i)úb]icamente llevaban 
sombreros de castor y medias de seda, iban en carrozas y en muías, 
con umchos otros escándalos. El virrey llamó á palacio á todos los 
]»relados y allí los re])ren<li(') por la conducta de sus comunida- 
des (o). El virrey era á la sazón el du<iue de Albuquerque (4). 
Al llamado del virrey concurrieron los franciscanos, los domi- 



(1) Xiiern n-lachin, y.a citad;!. 

(2) Cuando se trataba de hacer respetar la autoridad soberana del territorio, soste- 
nía sin embargo el uiinistro Anchorena : «... todo eso por la natural prevención de 
nuestros gobiernos liberales, que, despreciando toda creencia, les agrada asumir las 
atribuciones del pontífice... » 

(3) Agustín Rivkra. rrii¡f¡¡)¡o« criticoK. etc. Tres fueron las reales cédulas ;í ijne 
me refiero. 

(4) Este dato histórico demostrará que era otra la tradición española y americana, 
respecto de las relaciones de la iglesia y del estado, que la sostenida en las, en mi 
concepto, erróneas doctrinas del ministro que suspendió mi misión ante la Santa 
Sede, siendo sus opiniones contrarias ií las enseñanzas de la historia. « La iglesia 
católica, — dice, — es de institución divina... y no puede aceptar el derecho propio 
de los gobiernos para inmisc'uirse activamente en la sanción de las leyes y en la elec- 
ción de los prelados... » Los principios de la disciplina católica y moral, en el inci- 
«lente referiilo, los imiionía t-l virrey liara poner límite ;í los escáiulalos en los con- 
ventos 1 



— 21 — 

iiicos, los aftiistinos, los Jesuítas, ios riirmclitas, los mcrccdarios, 
los (lieüiiiiios, los juanillos y los liipólitos. 

El) t'sa ('poca ya in) usaliaii los liailt's las caimclias caladas, sino 
los soiiilncros, (|uiz!i |toii|n»' lialtiaii (U'Jado de ser Imunldes y i»o- 
lues, puesto (pie en Ki.").» eran dueños de tres cuartas partes de la 
ciudad de México, por obras i)í:is, oai)ellauías y reutas de reliüio- 
sos: los inenes de íHrtHos HiKcrírt.s crecían en la niisuia iiroporción 
de la relajación de los monasterios (1). 

En los primevos siylos de la dominación <'olonial, los americanos 
fueron admitidos al sacerdocio. Se exi»lica fácilmente (pie fuese 
una carrera amliicioiíaila por las familias, tanto de origen español 
como mestizas é indias, por la influencia social (pie adípiirían por 
este medio. Los varones se hacían religiosos ó cUM-igos, y las muje- 
res monjas, no s('ilo por vocación religio.sa, sino como garantía i)ara 
la conservaci(')n de los intereses y de la influencia de los suyos, y 
c(mio medio defensivo contra la terrible infpiisición, contra los em- 
pleados españoles, ]»uesto (pie ni los virreyes ni oidores ]iodían ja- 
más vincularse al país (pie iiobernaban, ni por el matrimonio ni 
por las amistades, desde ipie las leyes los rodealiaii de loda clase 
de i>roliibiciones y estaban condenados á un aislamiento pernicioso 
so pena de ]>erder sus elevados emi)leos y crecidos sueldos. 

Un hecho histórico contirmará la precedente atirmación, pues 
no lo refiero como excejicional sino frecuente y generalizado en 
aquella (^poca. 

Don Antonio de Ore fundó el unmasterio de Santa Clara, en 
(iuamanga, reino del Perú, todo á su costa con trabajo de su [tev- 
sona y gasto de su hacienda , como se dice en el documento qne 
me í>-niará en esta noticia. Vm ese monasterio [u-ofesaron señoras 
principales, hijas y nietas de compiistadores, y entre ella.s, cuatro 
hijas del mismo fundador, una de las cuales fu»' la inimera abadesa, 
sucediéndole luego en este cargo sus tres hermanas. 1 )e igual luodo, 
cuatro hermanos, hijos del mi.smo don Antonio, liicií'ronse frailes 
franciscanos, y desde su niñez siguieron los estudios y letras y 
por los cai»ítulos iirovincialcs fueron jíromovidos al oficio de pre- 
dicadores . 1",1 padre ¡ra.\ l'edro de ( )rc fu('- deliiiidor mayor. i\\i- 

(li Ar.rvrí.N KiVKitA. nlira antes citada. 



- 22 — 

rante dos términos, de la provincia fraiiciscaua del Perú, guardián 
de los conventos de la ciudad de La Plata y de la villa imperial 
del Potosí, en la de C'liuquisaca y en Guamanga, dos veces custo- 
dio en Tierra Firme, y guardián en Panamá. Su hermano, fray 
Antonio de Ore, era guardián en la ciudad de Arequipa en 1 (>()(>, 
y lo tué en Cajamarca, en el valle de Jauja. Fray Dionisio de Ore, 
otro hermano, iué vicario en Cajamarca, en el valle de Jauja y en 
otros lugares <; y ])or ser hábiles en las lenguas indias, como naci- 
dos en el Perú, fueron predicadores». Fray Luis Jerónimo de 
Ore era lector de teología y de las lenguas generales del Perú, y 
autor de muchas obras, entre ellas la intitulada Simholo ratólico 
indiano. Hizo un viaie á Madrid para impetrar la licencia de reim- 
primirla, « por estar mandado por el arzobispo de los reyes y por 
los obispos del Cuzco, Charcas, Quito y Tucumán, useu de él los 
curas indios en todos sus curatos > (1). 

Felipe 11, i>or real cédula expedida en San Lorenzo, á 111 de oc- 
tubre de 155)4, maud(') al virrey del Perú, marqués de Cañete, que 
le informase sobre la utilidad y necesidad de imprimir los libros 
compuesto i)or fray Luis Geré)nimo de ( )re, del orden de san Fran- 
cisco. Examinados, fué aprobado el que lleva por título Símholo 
católico indiano ¡lor el arzobispo de Lima, obis]>os del Cuzco, Char- 
cas, Quito y Tucumán, y en su virtud se había imi)reso con licen- 
cia del mismo martiués de Cañete, como consta, según se dice, en 
la citada edición. Pretendía el autor reiuiprimirlo, con nuevas y 
muy necesarias adiciones, y, además, imprimir un tScrmonario, Arte 
y Vocabulario, en tres lenguas : castellana, quichua y aimará. Fe- 
lipe III le concedió permiso para ir á España con objeto de practi- 
car las debidas diligencias (2). 

Los antecesores de esta familia de monjas y religiosos luerou, 
como he dicho, Antonio de Ore y su esposa Luisa Díaz de Eojas, 
vecinos principales de la ciiulad de Guamanga : él fué conijuista- 
dor, y obtuvo encomiendas, como polihidor de la ciudad de su re- 
sidencia. El virrey don Luis de ^>lazco, como sus hijos no podían 



(1) Documento del arehivo de IndUm, 1604. Expediente promorido por frnij Luis Jeró- 
nimo, del orden de San Francisco, etc. 75, 6, 4. Manuscrito. 

(2) Jrehiro de Indias, (lo<-uiiiento citado. Manuscrito. 



lu'ii'darle en la encomienda, por ser franciscanos, dio la mitad de 
tila á su soluino Antonio de Ore. 

Kl padre fray Luis.Ierónimode Ore produjo iuformacit'm de tes- 
tigos sobre todos estos particulares, á lin de (|ue aquella reimpresión 
fuese hecha por onU'U y á vista de S. M.. p<ir no tener su convento 
el <linero suticiente jtara imiuiuur libros tan necesarios para la en- 
señan/a religiosa de hts indios. El (htctor 1-Vrnando Arias deUgar- 
te, oidor de \a real audiencia de La Plata, dice que ; es de gran 
importancia se impriman dicho.'* libros, y le parece que es nniy ne- 
♦•esario que los doctrinantes no estén sin ellos, por el gran Iruto 
(|ue de ello se seguirá, y ([ue así lo debe mandar S. ]M. > (1). El 
obispo de Tucumán, fray Fernando de Trejo, informa en fi de 
diciendne de 159"), (pie ha exaudna<lo las obras señalada.s: «que 
es eosa muy necesaria se impriman, y <pie el autor entiende y .sabe 
constuuadamente las lenguas generales del Perú, las cuales ha eu- 
•señaih) y en ellas predicado » (2). El cabildo, justicia y regimiento 
<le la villa imperial de Potosí, dice áS. ]M. : «; Entre las personas 
que hay en este reino con partes y calidad que la.s hacen dignas de 
traerlas á la memoria de S. 31. y (pie jtodamos representarla con 
verdaderos m(!'ritos, de virtml, prudencia y religituí, es la estimada 
jiersona y letras de fray Luis de Ore, de la orden de san Fran- 
cisco. (|ue en estos reinos tanto Horece, imitando los preceptos 
evangélicos, con raro ejemplo y ediJicaci(>u de estas nuevas tierras, 
en cuyo ejercicios .se distingnie desde .sus primeros años i)or ser 
nacido acá ij ser hijo de uno de los conquistadores de este reino - (3). 
líeliere el cabildo (pie el autor ha ocupado prelacias, (lue lia predi- 
cado el evangelio, (pie los libros (pie ha c>icv'úo para enseñamiento y 
doctrina de los naturales son útiles y (pie, por la |)obreza de su con- 
vento, <; .se iminiíiiieron con gran diticiiltad por la (pie hay cii la iiii- 
]irenta en este reino, y i»oreste inconveniente no se [uiblican otros, 
(pie c(m gTan trabajo tiene hechos de mucha imiiortancia ¡tara el 
mismo fin. (pie será ca.si imposible .si no se imprimen y expiden 
ptir cuenta de S. yi., á (piicu humildemente suplican... Esta pe- 



(1) ifcirfom. Miinnscrito. 

(2) Ibidem. Maniiserito. 

(3) Jrchivo de Indian. ilocuiiiunto citado. Manuscrito. 



— 24 — 

tición está datada en la villa imperial de Potosí, á 21 de marzo 
de IGOl (1). 

En cuanto al mérito de las referidas obras, reproduciré el juicio 
de íray Miguel Agia, franciscano, lector de teología en el convento 
de la ciudad de Lima, por ser de autoridad y competencia. « El Arte 
de ht (iromátícd de las don Umjiím, quichua y aymará, — dice, — 
que ha compuesto el padre fray Luis Jerónimo de Ore, ])redicadoi- 
y lector de teología de este convento de San Francisco del Cuzco, 
es libro necesarísimo y de grande utilidad y pro^'ecllü para todos 
los profesores de las dichas lenguas, así por la claridad, elegtincia 
y estilo con que está cojiipuesto, como por laprojíiedad, curiosidad 
y perfección con (pie el autor le ha trabajado y escrito, por su con- 
sumada habilidad en ambas lenguas, por lo cual se puede y debe 
imprimir para provecho general de los (pie tratan de saber las di- 
chas lenguas, principalmente no teniendo cosa contraria ni repug- 
nante para nuestra santa fe católica . Este juicio fué dado en 
la ciudad del Cuzco, á (i de diciembre de ItíO."). En cuanto al Yo- 
cahiüariodr laa hii<iuas ¡icncrales, quichua y aymará, dice el mismo 
padre (lue es > obra muy deseada, por su mucha necesidad y utili- 
dad, y ])or la singular opinión y erudici(jn del autor, en la perfecta 
sabiduría de las dichas lenguas... se puede y debe imi)rimir (2). 

Además de estos libros, el mismo padre compuso el intitulado 
BiUml peruano, mandado aprobar por la cima romana. Y otro lla- 
mado Tratado de iadulf/eneias, para cuya importación á América 
tuvo que impetrar la real licencia. Todos los citados libros fue- 
ron presentados ai real concejo de Indias para la licencia real, y 
en 19 de octubre de KKM» se i)asar<)n al fiscal para su examen. 
W Eiiual liabía sido impreso en latín, eü Ñapóles en 1607, con 
licenciíi de la curia romana; y el fiscal opinó cpie no halla 
cosa en él contra el i)atronazgo real », advirtiendo que en los 
folios .301 y 142 hay erratas de consideración (]ue pide se en- 
mienden y (pie, en lo (pie se refiere á las lenguas indias, se remite 
á persona ((ue las entienda (o). Ignoro si esas obras fueron ó no 



(1) Ihidem. llanuscrito. 

(2) Ibidcni. Maniiscrito. 

(3) Ibidcni. Manuscrito. 



25 — 



iiiipit'sas. iioiqne el exi)etlient(' que se eoiiservii vn »•! ¡ucliivo de 
Imliiis teriiiiiiii con el precedeiite tlietaiueii. 

De manera iiue, por todas las circnnstancias ipie dejo expuestas, 
por la asiduidad en el desempeño de las funciones sacerdotales y 
por el estudio de los lenunajes aniericanos, la clerecía criolla se 
liizo notalde, así como por la i»osicióu de las jtersonas y i»or(|ue se 
«lieron al cultivo de las letras religiosas y profanas, con lo cual ase- 
guraban su prestigio. Tan convencido estoy (|ue la virtud y el sa- 
ber en los sacerdotes es la l»ase sólirla de su autoridail social, (jue 
expuse esa opinión al ilustre cardenal KampoUa, secretario de es- 
tado durante el papado de LiMuí Xlll, en-la misión ciuilidencial 
(pie me cupo la honra de desempeñar. 

La clerecía peninsular veía en ese lieclio el peligro de per- 
der, ó cuando menos de <liücnltarse por la competencia, la oca- 
sión de llegar á las altas y lucrativas jeranpiías eclesiásticas, y 
por ello se interesaba en impedir (jue los americanos tuvieran 
fácil acceso á la carrera sacerdotal. La lucha nacía por intere- 
ses nuimianos, pero nacía irresistible ]>or la naturaleza de las 



cosa.- 



Kl padre Mendieta sostiene que ; la totalidad tle la población 
indígena no era más (pie una inmensa escuela de nii'ios, necesi- 
tada únicamente de maestros y tutores >. Pero pretendía (pie esos 
niños no llegaban á la madurez de la inteligencia, para emanci- 
l)arse de tutores y manejarse, por sí mismos, con independencia. 
Esa pretensión era el fundamento de la ambicionada teocracia, á 
la cual se opusieron siempre briosamente los m/dlistits, defensores 
de la autoridad real. La sociedad colonial engendraba gí'iinenes 
de anarquía peligrosos. 

Ese mismo fraile historiador fué enemigo irrecíuiciliablc de la 
ierartpiía de los obispos. Según t'd, eran viciosos, dominados por 
el interés personal, ignorantes de las lenguas imlias, enemigos de 
los religiosos é ineptos para doctrinar indios (1). 

Como l(ts religiosos servían la mayoría de los curatos, á veces 
ponpie conocían las lenguas de los feligreses, otras por motivos 
distintos, al tin el rey resolvió secularizar los curatos de imlios, 

(1) FuAV .Iki!i'>.mmi> i>k Mkxi>ikta, Uintoria echuiíística indiana, v.tc. 



proveerlos eu clérigos, ]»ara (jne los frailes hicieran vida monás- 
tica. Por esta reforma, la provisión de los beneficios correspon- 
dió al obispo y al vicepatroiio; pero las órdenes monásticas resis- 
tieron y se opusieron á nua reforma que lesi)rival)a <le la influen- 
cia directa que ejercían sobre los indios. La lucha de los frailes se 
entabló contra los obispos : la anar(|uía se encendía en el seno de 
la iglesia, como ya he observado. 

El padre Mendietafué ardiente opositor á esa reforma; noque- 
ría la secularización de los curatos, creyendo (pie los servían me- 
jor frailes, fuera de los conventos, olvidados de la observancia 
de la clausura monacal. 

Había transcurrido ai)enas medio siglo desde la con(piista, y ya 
la constitución de la sociedad se había modificado, ponpie, si aun 
no salía del estado em1)rionario, había emi)ero adelantado y no 
admitía el sistema (pie defendía el padre Meudieta respecto de la 
sumisión de los indios, bajo la exclusiva tutela de los frailes (1). 
La verdad es que á medida que se relajaron las órdenes religiosas, 
se levantó la clerecía nativa, la cual ganaba en saber y considera- 
ción lo (pie los otros iban perdiendo. 

Los obispos y los AÍrreyes no pudieron permanecer indiferentes 
ante los numerosos privilegios, la riqueza y el poder de los frailes, 
emancipados de la jurisdicci('>n del oltisi)o, y pon liándose frente á 
frente de los virreyes. 

Lo que acontecía en Xueva España aconteció en los virreinatos 
del Perú, de Nueva Graiuida y de Buenos Aires. 

A fin de que pueda a))reciarse con buen criterio a(piella lucha 
social, y á la vez el calor de las pasiones eu juego, recordaré las 
l)alal)ras del padre IVIendieta al ])adre comisario general fray Fran- 
cisco de P>ustaniante ; son palabras de un coetáneo y constituyen 
un testimonio precioso : <; no es de maravillar, — le dice — (pie ni 
yo ni otro alguno perdiese en balde su vergüenza, en especial en- 
tendiendo el poco crédito y reputación (pie de algunos días á esta 
jtarte de los religiosos de esta Jíueva España se ha tenido, y el po- 
co caso que de sus escritos y dichos en las audiencias y consejos se 
ha hecho... - Afirma el mismo escritor (pie ha decaído la predica- 

(1) García Icazbalceta, ob. cit. 



— 27 — 

oióii del t'vaiifivlio, poniue los roliftiosos que salieu las lenuuas 
indias easi sin <;iisto se aproveelian de ellas , deseando única- 
mente licencia liara volverse á España. Va murió el jirimitivo 
espíritu , a,ure<;a. El citado religioso jiropone una serie de medi- 
ilas, ii fin de (\iw á su vez las defienda y proponjia el comisario 
{•eneral ante 8. M., y el padre Meudieta, para decirlo de una vez, 
se muestra contrario á ([ue los criollos se eleven al sacerdocio. 
<. Y juntamente con esto .se mande que de su jiarlc sean amones- 
tados los señores ohisitos, — dice, — que no pon.nan en uso de 
admitir ni para clériy-os comunmente, los en esta tierra nacidos, 
.sino muy raros, ajiroliatlos y conociilos, y en ninumia manera 
me-stizos. 

De manera que los reliiiiosos, clérigos, y lo mismo liomUrcs ci- 
viles i'. militares, (luerian que á los naturales les fuesen cerradas 
todas las carreías, y precisamente este propó.sito de humillará los 
nacidos en la tierra tenía por objeto que los peuin.sulares, los con- 
quistadores, en una palabra, tuvieran todas las ventajas de (jue pri- 
vaban á los naturales. Así resultaban dos clases: la de los jirivile- 
fíiados, por liaber nai-ido en España, y la de los deslicrcdados, á 
causa de su nacimiento en América. Tal situación no podía perpe- 
tuarse por su irritante inju.sticia. Los religiosos querían ser los tu- 
tores de los indios, por eso deseaban que ni los mestizos pudieran 
ser sacerdotes: los clérinos peninsulares ambicionaban las altas je- 
raripiías de la iglesia, por cuya causa les interesal)a mantener en la 
ignorancia á los americanos; y éstos, como era natural, no podían 
someterse sino á la fuerza Los religiosos no (¡uerían estar sujetos á 
la jurisdicción del obisito, y cada cual aspiraba á explotar á las po- 
blaciones aborígenes. 

La exi»osición que hizo el padre ]Mendieta al comisario general 
de su orden, está datada en el nuniasterio de Tolnca, cu 1" de ene- 
ro de 15tí2. 

Ladi.scordia existía entre religiosos y clérigos; éntrelas mismas 
órdenes monásticas, ;. situación lamental)le llegada ya á muy alto 
punto en el último tercio del siglo xvi (1) . No menos resalta la 
discordia, — <lice el .señor (Jarcia Icazbalceta, — entre las (ude- 

(1) Xuera colección de documenUm para la hintoria de iléxieo, y:i citiuta. 



lies y las autoridades civiles, originada del empeño de a(|iiel]as 
eu mantener la preponderancia adquirida en los primeros tiempos 
de la conquista ; y de los esfuerzos de las otras jiara afirmar y 
extender la jurisdicción real, ó más bien la suya propia (1). 

Ya lie expuesto que los religiosos obtuvieron privilegios ex- 
cesivos en los ¡(rimeros tiempos de la conquista; el espíritu de 
cuerpo que los dominaba convirti<j esos favores en graves incon- 
venientes, (pie engendraron la discordia y la relajación. Esos 
privilegios pudieron ser necesarios en los primeros tiempos, y 
lo fueron, según la opinión de señor (farcía Icazbalceta, para los 
misioneros, cuando por escasez de clerecía sirvieron los curatos y 
abandonaron la vida en comunidad. Se establecieron, al fin, obis- 
pados y fué entonces forzoso cercenar esos privilegios y facultades 
otorgadas á las órdenes monásticas. La necesidad de someterlas á 
la jurisdicción ordinaria de los obispos se liizo inevitable. Paradlo 
se secularizaron los curatos, como antes expuse ; y los religiosos, 
previendo (pie podían ]>erder sus facultades y privilegios, se ojm- 
sieroii, como el padre ]Meudieta, para tpie se ordenasen de clt^rigos 
los criollos, que eran naturalmente los llamados al lieneflcio de los 
caratos de indios. Por eso se exjilica también que en sus memoria- 
les y Bchíciolics los religiosos se quejasen de los oidores, goberua- 
d()res y regidores, y denunciasen á la corona sus menores faltas, y, 
á su vez, los que allí eiercían la autoridad real, revelaban los abu- 
sos y relajación de los frailes. 

Los mismos obispos no defendieron á los frailes ni éstos á los 
obispos, porque los primeros querían someterlos á su jurisdicción 
ordinaria diocesana, mientras los segundos se amparaban en j)rivi- 
It^gios (pie los bacía indei)endientes. <;; Deben los prelados celar la 
educación y enseñanza de los indios, — dice Kivadeneyra, — 
reconociendo sus doctrinas, ó parrocjuias, aunque observando ¡¡ara 
esto los medios i)reveni(los por el concilio mexicano sobre la dipu- 
tación de personas discretas y virtuosas, que investiguen solíci- 
tamente el estado de las doctrinas, y todo lo demás concerniente á 
la administración de los sacramentos, observancia de los sagrados 
cánones y concilios y bien de aquellas almas : señalándoles tales 

(1) l'odicc J'nnu-'iKcauo, sisjlii xvi. 



— 21t — 

«listiitos. inu' no ext-etlaii tle 4(l(» indios (-¡Kla uno; salvo si la 
riena y disposición dt* los imt'blos oldiíjucn á su aumento, ó mino- 
ración. Para lo cual dchciá picccilcr ciuisciitiinifutu de los vicc|ia- 
tronos (1). 

Paréccmc innecesario insistir en la conveniíMicia de comi»arar 
estas oi)iniones con las e(iui vocadas por absolutas, del ministro que 
no quiso i»rolon_iiai' mi misión ante el vaticano jior suponer que na- 
da se obtendría, y i)or(pu' aml>icional)a (pie se celehrase un concor- 
dato, cuando los estados que lo tienen lo deiunician. como Francia, 
ó quieren reformarlo, como Ksi)aña. 



ni 



El emperador Carlos Y, por cédula (pie dató en Granada, á 1 7 
de noviembre de 1.1 '_'(>, mandó (píelos descubridores y pobladores, 
capitanes y oticiales, hiciesen entender á los indios, por medio de 
intc'-rpretes, ipie los enviaba para enseñarh^s Imenas costumbres, 
apartarlos de vicios, de comer carne liumana, y para instruirlos en 
la fe católica, á liii de que fuesen tratados, favorecidos y defendi- 
dos, tanto como los otros subditos y vasallos, debiendo clí^riijíjs y 
reliíiiosos enseñarles los misterios de la santa fe cati'dica (2). 

La jn-edicacióu del evangelio fué el más vehemente propósito (pie 
tuvieron los reyes de España, y esa fué también la causa de las 
concesiones (pie obtuvieron de los pontífices, comprometiéndose 
á extender la reliíii('>n católica en las nuevas tierras descubiertas. 
El papa Alejandro VI, — dice el manpiés de Lema. — c<mcedió á 
les reyes católicos el señorío de las ludias y la jtosesión de los 
diezmos (pie allí se percibiesen, siempre (pie ast-giiraseu la satis- 
faccií'in de las necesidades religiosas en las colonias, y la dotación 
previa de sedes é iglesias catedrales suficientes, y jn-oveyesen de 
medios á los ministros «leí culto. Con el establecimiento de esas 
.sedes episcopales debía quedar, por consiguiente, realizado el lin 



(1) Manual compendio del regio patronato indiano, ett- 

(2) Ley 1-^, titulo 1, Ileeopilación df Indias. 



— so- 
que perseguían los reyes oatólicos, en lo que se refiere al orden re- 
ligioso (1). 

En efecto, se crearon sucesivamente los siguientes arzobispados 
y obispados : Santo Domingo, con 5 sufragáneos, á saber : Ca- 
racas, Cuba, Luisiana, Puerto Eico y Guayaba ; México, con ocho 
diócesis siguientes: Tlascala ó Puebla de los Angeles, A'alladolid 
de Meshxacau, Oajaca ó Anteciuera, Guadalajara, Yucatán ó Meri- 
da, Nueva Vizcaya ó Durango, Leiju ó Linares, y Sonora : Guate- 
mala, con las tres iglesias sufragáneas de Concuyagna ú Hondu- 
ras, ííicaragua y Chiapa: Lima, con estas nueve: Arequipa, Tru- 
jillo, Quito, Cuzco, ÍTuauíanga, Panamá, í:>antiago de Chile, Con- 
cepción y Nueva Cuenca ; Charcas ó La Plata, con las cinco diócesis 
siguientes : Nuestra Señora de la Paz, Tucumán, Santa Cruz de la 
Sierra, Paraguay ó la Asunción y Buenos Aires (2) ; Santa Fe de 
Bof/otá, con cuatro obispados : Popayán, Cartagena, Santa Marta, y 
Mérida de Maracaibo (.'>). 

Debo observar que, respecto de los obisi)ados suñ'agáneos del 
arzobispado de Charcas, después de creado el virreinato de las i)ro- 
vincias del Eío déla Plata, en 1776, hubo modiñoación en los iilti- 
mos tiempos, dividiéndose la diócesis de Córdoba del Tucumán en 
dos : una con este mismo nombre y otra con el de fSalta, agregán- 
dose á la primera de éstas la jirovincia de Cuyo, que se separó del 
obispado de Santiago de Chile. En el reino de Chile se erigió el 
arzobisi>ado de Santiago, teniendo i)or sufragáneas las iglesias de 
Concepción, La Serena y otras. 

El gobierno eclesiástico siguió las evoluciones (pie el progreso 
de las colonias hacía indisi)ensable, subdiviéndose las diócesis pri- 
mitivas en muchas vicarías, á fin de armonizar la división territo- 
rial eclesiástica con la política. La subdivisión de las parroquias 



(1) Mauquks de Lema, La ¡ylesia en la América española. 

(2) « Eu este distrito se contienen también seis iglesias catedrales, — dice el vi- 
rrey don .Juan José de Vertiz, — esta de Buenos Aires, la metropolitana de Charcas, 
la de la Paz, la de Santa Cruz de la Sierra, la del Tucumán y la del Paraguay »... 
Memoria ó relación de gobierno del virrey Vertí:, diriyida á su sucesor el señor marqués 
de Lorito. Buenos Aires, 12 de marzo do 1874 {Revista del archivo general de Buenos 
Aires-, tomo 3°, página 269). 

(3) N. DE Paso y Delgado, La iylesia de ICspaña en Indias. Véase El Centenario. 
Madrid, 1892, número 35. 



— si- 
tué iiiim1íIíi'íi«1;i ;í iiuMÜdií qiu' crt'cíii la polilacifMi t-ii las ciudades, 
por ser iiuposililc ([iic lu-riiiam'cii'se iiiiiiutal)l<' el üiiliieiiio eeie- 
siástieo de los |niiiieros tiempos. La snl>di\ isi/di de las diócesis y 
paiTO(|UÍas lespKiidía á necesidades de buen <i<)l>ieiiio, de acuerdo 
con la íieofíiafía y topografía délas comarcas. La división era «es- 
tíonada á las veces por los mismos obisptts, imi)osil)¡litados de 
gobernar diócesis extensísimas ó geográficamente inadecuadas, 
como acontecía en la diócesis de Santiago de Chile, mientras tuvo 
Jurisdicción eclesiástica en la provincia de Cuyo, i»or(|ue el prela- 
do, con daño ]>ara su gre\, ditícilnientc [xidía cuMi|>lir el del>er de 
la visita cantuiica de la diócesis. Estos antecedentes históricos 
sobre creación de nuevas diócesis están justitícando la razón con 
que solicité del eminentísimo secretario de estado, cardenal líani- 
polla, la aprobación caiuuiica de las nuevas diócesis creadas por el 
gobierno argentino, rogándole (pie la santa sede confiase en el cri- 
terio del gobierno en lo relativo á los límites geográficos <le su 
jui-isdicción diocesana, puesto (pie, obligado constitucioualnicuteá 
sostener el culto católico, debía haber estudiado y aceptado lo me- 
jor, quizá para armonizar la división territorial eclesiástica en la 
política, como se procedía durante el gobierno colonial. Tal era la 
doctrina del presidente Pellegrini, concorde en uu todo con las 
tradiciones legales é históricas, tanto coloniales como patrias. 

La legislaci('m de Indias testifica el interés con (pie los reyes de 
España miraron la predicación del evangelio, pues son terminan- 
tes y expresas las leyes dictadas en este seut¡(h). < Los arzobisjios, 
obispos, curas de almas y otros cualesquiera ministros, predicado-, 
res ó maestros, á los cuales, — dice la ley — i»or oficio, comisión 
(') facultad i)ertenece la enseñanza de la doctrina cristiana, tengan 
muy ))articular cuidado y pongan cuanta diligencia sea jtosible en 
prtxlicar, enseñar y persuadir á los indios los artículos de la santa 
fe católica > (1). 

Felipe II, en la Ordenanza de jmhhuiuius, expedida en 13 de 
julio de 1573, exi)resamente manda á los gol)erna(lores y jmblado- 
res que observen el (u-den que fija para la predicación y enseñanza 
religiosa. Les recomienda «pie se concierten con el caciiiue princi- 

(1) Ley 3". titulo 1. libro 1. Uecopilación de Indias. 



— 32 — 

l»a], que estnvieNe eu paz y fuese limítrofe délos indios de guerra, 
á tin de fine se lu'ocurase atraer á éstos á su tierra para divertirse 
¡I á otra vosa sciiirjdiilc, y (|ue allí se aprovechara la ocasión para la 
[)redicaeión del evangelit>, - y, para (pie la oigan con más venera- 
ción y admiraeión, los sacerdotes estén revestidos á lo menos con 
albas ó sol)rei)ellices ó estolas -. Se les advierte con igual objeto, 
que « podrán usar de nu'isica de caiitores y ministriles... con que 
conmuevan á los indios, ó de juntas y de otros medios, para aman- 
sar, paciflcar y persuadir á los que estuviesen de guerra » (1). 
Más aun, el mismo monarca manda á los virreyes, audiencias y 
gobernadores, : que tengan muy especial, cuidado de la conversión 
y cristiandad de los indi()s » (2). La autoridad real i»ouía todos los 
medios i)ara cumplir su propósito, sin confiar únicamente en el 
celo de los religiosos y prelados. En la catecpTizacióu de los indios 
el tesoro real noe(H)nomizó gastos; costeando misioneros, constru- 
yendo iglesias, y contribuyendo al mantenimiento del culto. 

Por todas estas causas, á los mismos reyes de España correspon- 
día la presentación de los arzobispos y obispos y provisi(ni de cura- 
tos, v; por ser suyo el patronato déla iglesia de Indias, — dice Paso 
y Delgado, — con tanto ó mayor motivo que el de la del resto de 
la monaripiía, pues nadie ignora que el título principal de los ori- 
ginarios de aquél es la fundación ; y si España lo tiene con perfecto 
derecho respectit de su iglesia restaurada ó redimida del poder de 
los mahometanos, á costa de una conípiista de cerca de ocho 
siglos > (.')), de igual manera le correspondía en Indias, porque el 
nuevo mundo fué descubierto con su tesoro y con(piistado con sus 
armas, y fué allí oficialmente fundachi y costeada la religión, como 
en la misma España (4). 

El rey católico don Fernando hal)ía i)retendi<lo (¡ue se crease el 
patriarcado <U' las Indias, . siench) su intencicui indudablemente 



(1) Ley 4'' ilrl iiiisim> titulo y liliro. 

(2) Ley 5'' del mismo título y lil)ro. 

(3) Paso y Delgado, artículo ya citado del Ceii.tciuirio, etc. 

(4) Conviene que ponga eu presencia de esta doctrina, la afirmación del ministro 
Anchorena, diciendo : « La santa sede... jamás reconocerá ese patronato ó esos dere- 
chos como iiilinriitcK á la Kohcraiiiíi, pues á niuijiin j;"l>ierno, absolutamente á ningu- 
no, lo ha concedido cu esa forma. » 



(|uc t'stftuvit'ra la Jiirisdicci.Mi inopia de diclio caruo. ami(|in' resi- 
diera <'ii Kspaña , con inteiveneióu del rey, couio señor de las 
tierras desciil)i<Tta> \ palnnio de su ifilesia (i). Kl l>aiia. empero, 
temió sin duda ipic pndiera ser origen de nn eisiiia conici el de 
Oriente, y otoryi') el honor del titulo .sí/íc ir, proliüiiendo (pie el 
pntriarea fuese á las Indias. Sostienen otros autores q\H> fué b'eli- 
pe 11 «inien ol>tu\o de l'io \' la eveeeión del palriarcado de las 
Indias oeeidentales, iid lidiioron. con residencia en Madrid (_). 
En esto mismo aparece evidenciado el |ir¡ncip¡(> de las iniinen- 
ciíis regiíuiales dando por resultado la desnienihraeión del poder, 
porque si el patriarcado de Indias se hubiera constituido con las 
facultades <iue tuvieron los demás patriarcas, la iglesia americana 
hnhiera teiddo su autonomía ha.jo la jurisdicción del patriarca, sin 
constituir por eso una iglesia emancipada de la jurisdicción supre- 
ma del ponlítice. ni (|nelirantar poi'su parte la unidad déla iglesia 
eatiWica. 

La liaciemla real costeó la editicación délas iglesias, suminis- 
trando lo necesario para su fábrica, dote, oriuito y st-rvicio del culto, 
])Uesto i\\u' el rey era ¡yatroiu) : de todas las iglesias metrojíolita- 
nas, catedrales, colegiales, abadías, prebendas, benelicios y oficios 
eclesiásticos ; tanto es así (¡ue se había ordenado á los virreyes, 
presidentes y gobernadores, (pu' informasen y diesen cuenta de las 
iglesias que se hubiesen fundado > de las ipie fuese conveniente 
fundar (:{). ^Miiy terminantemente lo dice la ley '.V\ á la ]tar (pie 
dicta disposiciones para sufragar el costo de construcciones futu- 
ras : « Habií''iidose fabricado todas las iglesias catedrales y parro- 
quiales de españoles y naturales de nuestras ludias, desde su 
descubrimiento, á costa y expensas de nuestra real liaciemla, y 
aplicado i»ara su servicio y dote la parte de los diezmos (pie nos 
pertenecían ])(>r concesiones apostólicas, cuando pareciese necesa- 
rio (pie se construyesen nuevas para catedrales, se costeasen en la 
siguiente manera: una jtarte por la real liaciemla, otra por los 
indios del arz()bispa(lo i'i obis])ado, y la otra por los vecinos enco- 



(1) Paso y Dki.gaix), oIj. «-it. 

(2) ídem, ídem. 

(Hi I.rv I', titulo 'J. lil>ri) 1, líeropilación de India». 



— 34 — 

menderos déla diócesis ». En los pueblos de indios encomendados 
á la corona, debían contribuir la real liacienda como cada nno de 
los encomenderos, y, en una palabra',' todos, tanto españoles como 
indios, debían contribnir, « pnes tienen obligación, al edificio de 
la catedral, — dice la ley, — sin perjuicio délas sedes vacantes de 
lasqne se linbiese hecho limosna para el edificio » (1). Las iglesias 
])arro(|niales debían ediñcarse á costa del rey, vecinos é indios (2). 
Las leyes establecen con minuciosidad quienes estaban obligad- 
dos á estas construcciones, y fijaban la proporción en que les co- 
rrespondía. 

Era necesaria la licencia previa de S. M. i)ara « fabricar iglesiji, 
convento y hospicio de religiosos , á la vez (|ue las del i)re]ad() 
diocesano y del virrey, de la audiencia y del gobernador. Tamlvién 
se abría información jtara demostrar su necesidad y utilidad. En 
el caso que no se observasen estos requisitos, sería demolido lo 
edificado « sin admitir excusa ni dilación ». Las mismas disposi- 
ciones se debían observar para los monasterios de monjas. 

Dispúsose por la Jey cuál debería ser el distrito jurisdiccional 
de los olnspados (3) : límites y distritos que los prelados quedaban 
obligados á respetar. Fiu^ fundado en estos antecedentes legales, — 
á los cuales obedecían arzobispos y obispos, poripie era atribución 
del real patronato y de necesidad á fin de (¡ne ambas potestades obra- 
sen en armonía prudente, — que el gobierno argentino creó los 
nuevos obispados, confiando á la misión confidencial que desem- 
peñé solicitar la aprol)ación apostólica, y aunque el cardenal Eam- 
polla me manifestó (pie convenía enviar un delegado apostólico 
para examinar los límites geográficos de los nuevos obispados, á 
mis observaciones, que ni aceptó ni rechazó, prestó sin embargo 
aquiescencia, puesto (pie me ofreció que á mi vuelta á Eonux se 
arreglaría esta cuestión. No pude volver, porque el ministro de 
relaciones exteriores no quiso que el partido liberal argentino 
arreglase todas las cuestiones con la santa sede, á pesar de que co- 
metía una falta de respeto y cortesía con el sumo pontífice, pero 



(1) Ley '2'' del mismo libro. 

(2) Ley 3» di-l mismo lil.iro. 

(3) Ley 3", título 7. libro P ile la misma RecopiUiciúii. 



— 35 — 

el Vaticano acccili»'» al jumIíiIo ariii'urino — rt'coiiociciKlo así í/c 
furto su patronato — y jior ella hoy las nncvas diócesis están ae- 
tnalniente servidas ¡lor obispos diocesanos, mostrando así la ]H'n- 
dencia de la santa sede, en cuyos consejos de ^i'obierno, entonces, 
las intransinencias no tenían i)iedoniinio. 

Sncedi('> más de una vez suscitarse pleitos con motivo de la cdi- 
ticación de con ventos ó catedrales, teniendo losa> nntamifiitosqne 
recurrir á la audiencia real de su distrito para (pie mandasen sus- 
pender las obras nuevas, (pu'eran perjudiciales al vecindario, como 
aconteció con la del convento de .San Francisco, en Buenos Aires, 
en 158Í). El procurad«)r íioueral de la ciudad de la Trini<lad acu- 
«lió á la real audiencia de La Plata, exi)onieudo que en la funda- 
ción de Buenos Aires el ceneral .luán de (íaray había señalado 
dos cuadras para el convento de San Francisco, junto á la i»laza 
donde ha de ser el comercio y contratación desde el puerto; ¡lero 
ipie el l'undailor entendió <pie cada cuadra ó manzana había de 
estar divitlida de la otra por medio de una calle, para (pie los veci- 
nos se pudieran servir de ella, y, en contra de ésto, el guardián de 
San Francisco, fray Francisco Komano, las había cercado y cerrado 
l)ara el tránsito contra la voluntad del cabildo, y todavía intentó 
cerrar otra calle (pie va desde el puerto á espalda de las dichas cua- 
dras, para (piedar el convento con más de 4 cuadras . En vista 
de eHo el procurador pidió Justicia, entablando la acción legal 
llamada denuncia de ol)ra nueva, y entonces la real audiencia de 
Charcas mandó (pie la < nueva obra cesase por tiempo de 12 
meses y no se labre ni prosiga en ella», dando traslado de la 
demanda al gniardián de dicho convento (1). El resultado fué (pie 
la obra no se realizó. 

El mismo cabildo acudió á dicha real audiencia de Charcas 
denunciando la obra de la iglesia mayor, por avanzar de hecho y 
contra derecho en tierra (pie no le había sido señalada en la fun- 
daciijn de la ciudad de Buenos Aires, en perjuicio del vecindario, 
pues cerraba el tránsito hasta el río. En este caso ocurrió un grave 
incidente, cual futí negarse al procurador de la ciudad los testimo- 
nios de lo actuado para recurrir al citado tribunal, bajo de exconni- 

(1) Reri»ta del archivo ficneral de Uunwx AirCK. tomo I, año lX(j9, pájjiuüs 70 :i 7;i. 



Ilion ; pero la audiencia de Charcas, en vista déla peticiini del pro- 
curador, se dirigi*') al obispo de l.i provincia del Paraguay y liío de 
la Plata, manifestándole que se le había denunciado que en vez de 
ocu]>ar el sitio concedido por el fundador de la ciudad para iglesia 
mayor, « el obisjx) se había metido en diferente solar, de hecho y 
contra derecho, tapando y cerrando el comercio del río, lo cual era 
en gran daño y perjuicio de la población , (piedando denunciada 
la obra nueva. Visto lo cual, se mandó ]»or el presidente y oidores 
dar carta... para v (pie luego (jue con ella sean retpieridos... se le 
dé cumplimiento '■. Los términos con (lue finalizaba el auto son los 
siguientes : v y encargamos y rogamos á vos el dicho obisjio y de- 
más jueces eclesiásticos susodichos, (|ue por término de un año 
cese la dicha obra nueva y no se contiui'ie en ella, lo cual así cum- 
plid, so pena d(í la nuestra merced y de perder la naturaleza y tem- 
poi'alidades que habéis en los nuestros reinos y señoríos, y (|ue 
seréis habidos por ajeiuts y extraños de ellos ». Dado eu la Plata, 
á. <S de agosto en 1501 (1). 

Lo que se puede afirmar es que el terreno que ocupa actinil- 
meute el edificio de la catedral de Buenos Aires es el (pie preten- 
día el cabildo y no el que quiso ocupar el obispo. Eeflero estos 
hechos no como mera curiosidad anecdótica, sino para demostrar, 
cuantas veces la ocasión se presente, cuál fué el papel histíjrico de 
los cabildos coloniales eu la defensa de los intereses del común, y 
cuál el de las reales audiencias, conociendo y resolviendo como 
casos judiciales los conflictos entre las autoridades, sin violencia, 
sin necesidad de pronunciamientos ni revoluciones. Además, á fiu 
de probar con la historia que la autoridad eclesiástica no estuvo 
emancipada del poder territorial de los gobiernos, puesto que los 
tribunales civiles conocían y fallaban pleitos para contener preten- 
siones ilegales de los obispos. 

Las órdenes religiosas, lo mismo (pie los prelados (lio(/,esanos, 
gestionaron la más adecuada división territorial ]»ara establecer 
sus jurisdicciones respectivas, y las primeras ¡¡romovieron la crea- 
ción de nuevas provincias monásticas, á medida que la necesidad 
lo hacía inevihible; por cierto en conformidad con el criterio (pie 

(1) (Hi. cit., píininas 71-77. 



— 37 - 

inedoiuiíin al dirtarse ivsol liciones reales, iioniuc la (lesccnlraliza- 
ción estal)a en la tratlieión y las eustumbies. 

Ti»!' lina (le las ordenan/as del concejo real de las Indias, en el 
año de I.")!»!, se estal)leció lo qiie sisiie: ^ T»'nt;ase siempre inten- 
to t|iie la divisi(')n para lo teiii|>oral se \a.va coiitorinaiido .\ corres- 
pondiendo, cuando se sufriere, á lo espiritual. Los arzoltispados 
y provincias délas reliuii>nes, con los distritos de las audiencias; 
los obispados, con las tfobernaciones y alcaidías mayores ; los arci- 
l)restazgos, con los corre<>iinieutos ; y los curatos, con las alcaidías 
ordinarias (1). 

De acuerdo con estos princijtios, cuando se formó en 15.")()hi 
nueva jirovincia de la orden dominica, llamada de San Vicente de 
C'liia[ia y (iualeniaia. m- le (ItMiiarcanm los mismos limites juris- 
diccionales (pie tenía la real audiencia de los Contines, es decir, las 
l»rovincias de (iiiatemala, Chiapa, Nicaraijiiay Honduras (2). Esta 
nueva divisiíín era conveniente, porque antes los conventos situa- 
dos en las diversas provincias estaban sujetos á distintos prelados 
diocesanos, (pie eran sufra,í>áueos de otros tantos arzobispos, como 
los de Santo Dominiio, ^íéxico y Lima. 

La provincia dominica del Perú, llamada de San .liiaii l'.autista, 
fiu' dividida en tres. Lii el capítulo provincial (pie se celelin'» en 
Lima en 1581, considerando la muclia extensií'jii (pie tenía esta 
|trovincia relif»iosa, jtor la cual era imposible (pie el ])adre i)rovin- 
cial la visitase, se i)idi(j al "eneral de la orden la conveniente divi- 
sií'm. Fu(' entonces dividida así: la de Santa Catalina mártir, en 
(j)iiit(>: la de San Lorenzo, en Cliile; y la primitiva de Lima, con 
el mismo y anti.i>uo nombre de San Juan Bautista (.'í). Kn esta úl- 
tima provincia dominica liabía 2íS címventos, y 7."> doctrinas de 
indios, es decir, pucliios de indíjienas, cuya administracicui y 
conversi('>n corría á cari>() de más de 80 religiosos ; á la vez (pie 
todos los frailes de los conventos señalados llegarían al número 
de 4()(». S(')l(i en el de Lima, hasta el año Kíl.".. lialtíaii ]»ro1esado 

(1) Fi!. Antonio ni: Hkmksai,, HMorUi de la proriiicia ríe Sun ¡'Urnlr de rhitipa ij 
Guatemala, di; la ovdni dr ntientrn glorioxo pudre sanio Dominfio. etc., etc., p!í(;iiia 
532. 

(2) Remksai.. »1). cit. 

(3) Ob. cit. 



551 religiosos (1). Había en la misma itroviiioia dominica, luiivei- 
sidades de la orden, donde se enseñaban artes y teología, á saber: 
en Lima, Cuzco y Charcas (2). 

El vicario provincial de la orden de predicadores, en el reino de 
Chile y provincias de Tucumán y Eío de la Plata, fray Francisco 
de Eivero, otorgó poder, datado en la ciudad de Buenos Aires, 
siendo prior del convento de Santiago de Chile, á favor de fray 
Diego Moran, taml)ién dominico, para (pie en su nimibre y en el 
del citado convento de iSantiag<j de Chile y de los de estas provin- 
cias, como persona que sabe la necesidad y pobreza de dicha pro- 
vincia de iSan Lorenzo de Chile, á cuya ¿ansa no ha podido ni pue- 
de enviar definidor ni procurador, x)ara que signifique el estado aKSÍ 
espiritual como temporal, « por no tener que le dar para el cami- 
no > ; y el i»oder es conferido para que solicite al reverendísimt) 
(general !) de dicha orden las cosas necesarias y convenientes, con 
facultad para ociurir ante su santidad y el rey don Felipe, para 
« pedir y demandar todo aquello (pie ha visto y ve es necesario 
para el bien y aumento de dicha orden >. Este documento está da- 
tado en Buenos Aires, á 17 de.junio de 1(¡05. En el mismo mes y 
a,ño, el vicario in capite del convento de Santo Domingo, en Buenos 
Aires, fray Bernardino de Lárraga, otorgaba poder al hermano 
Bernardo Oran Pecador, para que solicitase de su santidad y del 
rey y supremo concejo de las Indias, recompensas por haberse 
ociipado de la conversión de los naturales y demás ministerios 
eclesiásticos (;í). 

El iKidre dominico fray Domingo de Neyra, natural de Buenos 
Aires, recibió la comisión secreta de solicitar del rey y del supre- 
mo pontífi(;e, la división de la provincia dominica e separando las 
conventualidades de esta orden en Buenos Aires, Tucumán y Pa- 
raguay, de las del reino de ( Jhile », á cuya provincia religiosa esta- 
ban sometidas (4). 

Es evidente (]ue esta pretensión contrariaba los intereses de los 



(1) Oh. cit.. iiÚKiua Ó48. 

(2) Ihidem. 

(3) Revista de la fíihlioteea de liuenon Airéis, tomo III. 

(4) Serxstd de lliienos Airen, tomo V, i):íf;iiias 546 y siguientes. 



nuiles rt-sideiites en (liilf, iioniue, al (lisiiiiuuir el tcnilinio <lc su 
Jurisdicción, aiiit'iitiii.ilia su poder y sus recursos. Tan cierto es esto 
que el padre inovincial, fray N'arrera, natural de Cliile, dcfemlía 
la inteürlda<l de la provincia dominica, > ;i tin de contrarrestar las 
ii'estituies <iue pudiera iiacerel padre Neyra, coniision('> ¡i otro frai- 
le para «pn-sele opusiera, más acpiélse i-mltarcó en Buenos .Vires, 
dirigiendo una carta á su ]»rcladt»en l'J dejulio de 17'_'2. El padre 
Neyra, después de vencer «irandes dilicultades, obtuvo en Konia, 
del general de la orden dominica, la patente Hrmada en Santa I\Ia- 
ría sitpcr Mitiirraiii, de procurador de los convenios de Buenos 
Aires, TiHMUiiiin y l'ara.i;ua\. con independencia de la pro\ ¡ncia de 
Chile. 

l'na vez en .Madrid, |ircscnt(') un memorial ante el consejo de 
ludias, solicitando ipie 8. M. le reconociese como apoderado de 
los conventos dominicos referidos, á tin de .solicitar la división de 
la provincia dominica de San Lorenzo de Cliile. Obtuvo despacho 
favorable del concejo, y el asunto pasó á la resolución del rey. Se 
fundaba la solicitud cu (|ue los conventos de las tres provincias 
ya nombraihis eran capaces de constituir provincia relijiiosa inde- 
pendiente, y por ello lo intentaban, ("onu) en el consejo de indias 
se hallaltau personas que habían vivido en las Indias, .sabían prác- 
ticamente la grandísima extensión »iue comprendía la provincia 
religiosa de cuya división se trataba, y, por lo tanto, las diliculta- 
des nniteriales para su administración, puesto que el padre |tr()vin- 
cial no podría visitarla en las épocas que señalan las constitucio- 
nes de la orden iloniinica. Hntre esos per.sonaJes se halla!>a don 
•luán .losé .Mutiloa, consejero de hacienda (¡ue había regresado de 
liuenos Aires, á donde, en 1 712, fué á desempei'iar una comisiiui 
de gobierno, y apoy<') las pretensiones del padre Neyra (1). Por 
real cédula fechada en San Ildefonso, á 5 de uoviemln-e de IT'J.'í, 
se le dio permiso ])ara pasar á Roma, á solicitar del general de la 
orden dominica la división de la i)rovincia, cuya utilidad sejus- 
titical)a por ios docunu'utos é informes de cpie se había provis- 
to. l'arti('> el padre Neyra inmcdiatauíente para liorna, donde el 
|)adrc jesuíta Alcnuiíi. encargado de iiiipc(i¡rln. lialiía hecho ti'al)a- 

(1) Ub. cit. 



jos en oposición á las i)reten.sioues del dominico aiueiiciino, que al 
ñu obtuvo el más feliz resultado, pues alcanzó de su santidad 
la erección <le la nueva provincia de San Agustín, de Buenos 
Aires. 

La concesión del pontítice para la erección de la nueva provin- 
cia dominica necesitaba ser confirnia<la i>or el rey, no sin (pie in- 
terviniera el consejo de Indias, más al caito todo (juedó terminado 
á satisfacción del dominico negociador. Esta nueva fué celebrada 
con fiestas iJÚblicas en las ciudades de Santiago del Estero, Cór- 
doba y Birenos Aires (1), dándose luego Ordenunsas para el goMcr- 
no de la nueva provincia. 

En cuanto á los religiosos de San Francisco, en 1551 celebra- 
ron jtuita (') capítulo, y el padre Francisco de Bustamante, comisa- 
rio de la orden, dit') á ésta el título de custodia, con el nombre de 
Jesús de (Tuatemala. Clonstituídosen jtrovincia, procuraron asen- 
tar y conocer los lugares (pie les pertenecían, para fundar conven- 
tos en ellos, y darles títulos de guardianes y presidentes » (2). Esto 
originó una gran discordia entre dominicos y franciscanos, solu'e 
el territorio de sus jn-ovincias religiosas. Al ñu, en 15(i5, se unie- 
ron las dos custodias de Jesús de (luatemala y de San José de 
Yucatán en una sola provincia. El monarca, en cédula fecliada en 
^'allad()li(l, á 2li de enero de 155(>, dice: . Estoy maravillado de 
vosotros tener competencias por cosas semejantes, poripie como 
veis, de vuestra conformidad, unión y amor, dei>ende el bien ge- 
neral de la conversión é instrucción, así de los naturales como de 
los españoles (¡ue en esas provincias habitan >. Esto decía el mo- 
narca, dirigiéndose á las órdenes monásticas indisciplinadas y en 
abierta hostilidad. Por cédula dada en Válladolid á 1" de agosto de 
1 55S, el rey, dirigiéndose al presidente y oidores de la real audien- 
cia de los Confines, les manda y encarga (pie cuiden, con especial 
interés, de la conversión de los indios, y (pie llamando á los i)ro- 
vinciales, priores y guardianes de las órdenes, les recomienden 



(1) olí. cit., doude pueden consultarse todos los interesantes detalles que el mis- 
mo padiíí Ncyra refiero, y que me han servido para las noticias que en el texto lie 
referido. 



(2) Remesal, o1>. cit., pííg. 589. 



— 41 — 

coiitiinuMi t'u la pitMlicación del evanf>elio ron el iiiisiiu» celo (\nv 
habían iiiostnulo, inociiraiulo (|U(' ciitie las niisnias órdenes liava 
(•(intoiiiiitlail , \ (|iie, cuantío se trate de fiiiid.ir iiiicnos conven- 
tos, setenua |(resente . «'1 bien y ensefiaiidenlii de los indios, más 
que la satisfaceión de los relifiiosos ^ (1). 

El gran interés, el deeidido i)ropósito (jne demuestran las reales 
resolueioni's. son diriniflos á la eonversión de los indios, y como 
franeiseauos y dominicos se liahian puesto en puuua por conve- 
niencias mundanas, por anil>ici('>n de tierras, poi' <-elo (|ue oriyina- 
Ua la posesión de mayor ó menor territorio, poi- sus respectivas 
¡»rov¡ncias religiosas, les amonesta la corona para <iue se jtacitñiuen 
y cesen sus disputas. Más terminante es otra cédula del nnsmo 
mes y año, en la cual, diriüiéndose el monarca á la expresada real 
audiencia de los Contines, le recuerda (pu' la orden de santo I)o- 
miujío era (piinee años más antiuna allí (pie la de san Francisco, 
había mostrado celo en la conversión de los indios; pero (pu^ de 
algunos años á esta parte, ha habido entre la una orden y la otra 
alguna disconformidad sobre el sitio de las ca.sas. Lo cual, demás 
del estorbo (pie es para la conversi(ui de los naturales de esas par- 
tas, se .siguen otros inconvenientes, del que J)ios nuestro señor es 
deservido > (2). 

Para evitar esto, se mandó (pie los religiosos de una orden no se 
entremetiesen á visitar lo (pie hi otra hubiera visitado, de manera 
que cada una tuviera su privativa extensión territorial para ejer- 
cer sus fuuciones .sacerdotales. Las discordias entre dominicos y 
Iranci.scauos .se extendieron más tarde entre los mismos frailes y 
los agustinos contra el obispo de (iuatemala, de (piien si> «luejaban 
p(n-(pie favorecía á los clérigos con perjuicio de los religio.sos ; lle- 
gando á tal punto las cosas, <iue el rey se dirigii') ¡i la audiencia 
de los Confines recomendáiuhile que, si ()l)servase (jue el obis]»! 
molestaba á las órdenes ndigio.sas hostilizáiuhdas, .se le advir- 
tiera (lue debía protegerlas, y, en cuanto á los clérigos (pie hu- 
biese en dicho obis]ia(lo, .se les recomendara (pie fuesen morales 
y no diesen mal (-Jemiihí, y que dicho prelado tenga muy gran 

(1) tÍKMESAI., Ob. cit 

(2) Ob. eit., página 591. 



cuidado (le iuforiiiar cóuio viven... y de corregiv y ca^stig■•<u' » á 
los (|ne no fuesen honestos y reeatados (1). 

La orden de San Agustín se fundó en (íuateniala, liajo la pro- 
teeeión del capitán Manuel Esteves, quien t)fi'eció para este obje- 
to 2 4. ()()() tostones, cuya donación aceptó el capítulo de aiiuélla, 
en México, en 1011, previos el asentimiento de dominicos y fran- 
ciscanos, y venia de la real aiuliencia ; y envi('), por consiguiente, 
fniiles [)ara el nuevo convento {'!). 

La enemistad entre frailes y clérigos llegó al extremo de que el 
rey resolviese (pie, donde administrasen religiosos, no se pusiesen 
clérigos: rencillas que creo innecesario observar cuan perjudicia- 
les serían para la predicación del evangelio, y la paz y orden de 
la iglesia en América. A pesar de estos conflictos, los frailes aten- 
dían á la C(mversióu de los indios, y como se hubiese observado 
que en la enseñanza ocurrían dificultad, por la disconformidad 
con que interpretaban y traducían las lesguas indias, se mandó 
(pie el padre fray Francisco Cepeda, dominico, fuese á México y 
allí imijrimiese las artes y gramáticas de las lenguas de Chiapa, 
Zoques, Celdales y Oiuacantecas ; y hecho así, v las trajo, no ya im- 
presas, sino muy enmendadas y corregidas, y las repartieron por 
toíhi la tierra, lo (pie no sólo causó contento en los religiosos sino 
entre los indios, (pie vieron sus jialaln'as naturales de molde, y 
que no sólo el latín y el romance se comunicaban en aquella 
forma » (3). 

El padre dominico, fray duan Méndez, gestionó cerca del gene- 
ral de la orden, de su santidad y del rey, que se formase una 
nueva provincia dominica en el nuevo reino de (Granada; así lo 
obtuvo, y se asignaron como límite de aquella el arzobispado de 
Santa Fe de Bogotá, y los obispados de Cartagena, Santa Marta y 
l'opayán, territorio desmembrado con este objeto de la antigua 
luovincia dominica del Perú, siendo (;onfirmada esta división por 
el capítulo general de la orden, celebrado en Aviñón en ir»72. 
Coin]irendi('i, i)ues, esta mie\'a [)rovincia, Kí conventos ad- 



(1) lÍK.MKSAI., lll). cit.. ]li 

(2) Ob. cit. 

i'.i) Üb. cit., pátíiuii 6;í7. 



- 43 — 

iiiiiiistiiulos l»;ij<> la thMioiuinacióu (le prioratos, con más de KM) 
religiosos, y una casa de estudios para enseñar artes, teología y 
gramátiea, leccioiieN que cDiiien/aroii en 1 ."><;;; (I), 'raiuliiéii tenia 
á sn carino iiiimerosas misiones de imlios. dependientes de las dis- 
tintas casas conventuales. 

El mismo padre Méndez, (pn- lialtía solicitado y eonseunido la 
formación ile la nueva jMovineia dominica, se propuso ol)1ener (pie 
se autorizase á la orden para fundar universidad, coiun l;i tenía el 
convento del liosario, en lama, y con esa mira emprendi('i niu'vo 
viaje para Kspaña, alcanzando ipie el rey expidiese cédula, datada 
eu Madrid á Ui de noviembre de KíT:!, dirii-ida á la real audien- 
cia, para (pie informase sohre la conveniencia de esa fundacichi, si 
fuese sin perjuicio de la real hacienda (I')- 

De manera (pie estos r(dif;iosos no s('>lo se ocuparon de la con- 
versi('»n de los indios, estudiando sus idiomas para escribir gramá- 
ticas y vocabularios, sino (pie se interesanuí por tiindar, y funda- 
ron en efecto, colcüios, y á las veces universidades, presentándo- 
senos e.ste período con una fase enteramente beneticiosa para la 
ci^^lizaci('•ll de las coioniasamericanasí.'í). Lasenemistadesydispu- 
tas entre las eoinunidades produjeron, indudablemente, escándalos 
y perturbaciones tanto más <>raves cuanto (pn- por ellos comenza- 
ba el desi»resti,üio de los monasterios, aumentando después por la 
relajaciini de los frailes, nos(')lo ávidos de ri(piezas, sino olvidados 
del cultivo de las letras, á (|iie antes liabíanse consa.urado con me- 
ritísima constancia. 

Cuando los jesuítas comenzaron á establecerse en América, des- 
ple.uaron uran actividad en la fundaciíui de sus c(deuios, (pusieron 

(1) HMoria de la pioriiuiti de San .luloniu del ¡mero reino de Cranuda, del orden de 
predieadores, por el padre 1'. M. fray Alonso ilo Zamora, su coroiiista, hijo del con- 
vento <le Nuestra Señora del Rosario, de la ciudad de Santa l'"e, su patria. 

(2) Ob. cit. 

(3) García Icazbalceta recluida lo que « hizo en favor de la instrucción de los 
indios el íusíruc lego llauu-neo Iray Pedro de Gaute, eousanguiueo del emperador 
Carlos V. Xo fué fuuilador del colegio de San .hian de Letráu, couui generalmente 
se afirma, sino de la gran escuela de San Francisco de México, que rigió durante me- 
dio siglo. Hallábase edificada, según costumbre, detras de la iglesia del convento, 
alargándose hacia el norte, y contigua á la famosa capilla de San .José de Heleni, de 
naturales, la mejor iglesia de México, inclusa la catedral antigua. Reunió alli. 
nuestro lego hasta 1000 nifios. á quienes daba educación religiosa y útil. Añadui des- 



apodenirse de la eiiseñauza de la juventud, y se pioiiusierou sui)e- 
rav la ('(iiniíetencia (jue en esta materia les pudieran hacer domini- 
cos y franciscanos ; tan activos fueron y tal em])eño tomaron, (jue 
la tama de sus colesiios se hizo general, y á ellos acudían los hijos 
de las familias principales. Tal vez fué superior su enseñanza, qui- 
zá tuvieron mejores maestros ó pusieron más vivo interés en ad- 
(juirir crédito como instituciém docente; el liecho es que ejercieron 
intiuencia poderosa en la educación de la juventud. Al mismo 
tiempo desplegaron igual celo y semejante iierse\'erancia en la ad- 
quisición de territorios, en la acumulación de ricjuezas, haciendo 
de sus misiones religiosas factoría-s de comercio, como en las misio- 
nes del Paraguay, del Uruguay y del Paraná. 

]Muy largas, calurosas y agrias competencias suscitaron contra 
(htminicos y franciscanos, esj)ecialmente jiara (jue no tuvieran uni- 
versidades, y éstas c(nTÍeran bajo su dirección exclusiva ; porcjue 
sus discíi)ulos debían ser, y naturalmente serían, otros tantos me- 
dios de poder y de influencia en la socieihid americana. El hecho 
histórico es (|ue la comiiañia de Jesús llegó á constituir un verda- 
dero poder dentro el estado, por su riqueza territorial y i)rosperi- 
dad i>roductiva de sus misiones ; que formó misiones que fuerou 
verdaderas colonias de trabaja(h)res en beneticio de dicha compa- 
ñía, manejando los padres cuantiosos capitah's, con (pie interesa- 
ban la codicia de españoles intíuyentes en el gobierno y de otros 
qiie no lo eran. Su acción fué tanto más eficaz cuanto que, en 
aparien<'ia, la dulzura y mansedumbre de los i)adres parecía po- 
nerlos á cubierto de tcxhi ambición mundana, haciéndolos pare- 



])iit-» el estiuliii ili-l liitíii, di' In iinisicii y del canto, «un lo ([iie iiii- de ürande utilidail 
á los religiosos. No satist'eeho con eso reunió también adultos, con los que estable- 
(■ii') una escuela de bellas artes. Proveía á sus iglesias de iuiágenes de pincel ó de 
bulto ; de ornamentos bordados, á reces una mezcla de obras de plumería, en que 
tanto se distingo íau los indios, de cruces, de ciriales, y de otros muchos efectos ne- 
cesarios para el culto, no menos de operarios para la fábrica de las mismas, pues te- 
nía en aquella casa pintores, escultores, talladores, canteros, carpinteros, bordado- 
res, sastres, zapateros, y otro oficiales. Causan ijrofunda admiración los gigantescos 
esfuerzos de .aquel lego inmortal, que siu más reoirsos que su indomable energía... 
sostenía tantos años una magnífica iglesia, un liosi>ital, y uu gran establecimiento, 
que era .al mismo tiempo escuela de primeras letras, colegio de instrución superior... 
academia de bell.as artes y escuela de oficios. » .Ioaquín García Icazüat-Cuta, Me- 
morias de la academia mcxivana, correHpondienle de la real espartóla, tomo 2, uúm. 69. 



ccr |>r(M)cii|iiiilns solaiiKMit*- ilr i'iist'fiíir y <Mr»'(|iiiz;ir ;'i los indids. 
l-;i cnMiiiiiñíii (le .Icsi'is, (|in' ctiii tal asliicia l!c¡4<') al apdiico de 
la iutiiu'iicia \ <lcl iiotlcr, l'iH' cxjiiilsada por (arlos 111, proc<Mli»''ii- 
tlost'. al atloptar <'sa medida, con ijiíial siyilo, aiuiloüa tiiiiic/.a y la 
misma uiiitormidad. ron que los padres Iialiiaii olnado. Tan ricos 
hablan Ueiiudo ;í ser, ipie las /< /H^joíVí/iV/ííí/r. «<.('> ItienescpU' le fueron 
oontiscados, sirvieron i>ara dar un Aigoroso impulso á la enseñan- 
za, i)Ues no íKTeeieron el tesoro real, á causa lU' no liaher (pK lido 
el rey (pie pudiera atrilmirse á codicia el móvil de la cxpulsii'in. Kn 
los mismos edificios (pn- los jiadres construyeron para coleiiios, 
contiuiiaron otros colcuios bajo el nuevo réyinuMi con más libera- 
les propósitos y más amplias enseñanzas. Sus rivales los dominicos 
y franciscanos, (pu- alcanzaron ciertamente menos poder y menor 
inñnencia, no fueron expulsados; porcpu- no inspiraron los temo- 
res <iue la compañía de .lesi'is. 

La orden de betlemitas, fundada por el hermano Pedro de Be- 
thencourt, tenía ]tor objeto principal facilitar la asistencia á los 
pobi-es indios en sus enfermedades, y la primera enseñanza á sus 
hijos, con cuyo lin llevó dt' Nueva España ó .México esta con.i>re<>a- 
cióu al Perú el con<le de Lemos, su virrey (1). 

El obisjto del líio de la l'lata, en memorial dirigido ;i S. M., da- 
tado en Rueños Aires, á 1 ."> de julio de 1 ")!)!(, informa (pie los «o- 
bernadores estaban enseñados á u o respetar á los obispos: che 
pasado no menos trabajos, — dice, — (pie mis antecesores, (pie con 
justa razón pudiera haber dejado la tierra y luit-stome en la pre- 
sencia de \'. M. y los mayores han sido con el _si()beriiador (híii 
Diego Valdez ("J). En efecto, el primer obispo, fray Pedro Ca- 
rranza, tuvo serios contlictos con el üolíernador. A otro obispo, 
fray Pedro de la Torre, franciscano, le tino jireso el gobernador 
Felipe de ("áceres, y despui's de haber dicho el general ('áceres 
— dice el oi)isii(» del I{ío de la Plata — algunas cosas contra la le, 
el obispo, el clero y el pueblo prendieron al general: y el obisjio. 



(1) .JosK AniAs V Mm!asi>a. Kxamen crílicu-hiflúricu (Id injiíijii que tuvo <« ti cunier- 
eio, induHtria i/ población ric Eipaña, xu dominación en .Inierica, i-tc. ()l>i;i jireiiiiaila 
piir la academia de la historia, 18r>4. 

(2) Jvchiro de Indias. Carta del obixpo del Ilio de la Plata á S. M. ICj-pediente presen- 
tado ante el convejo de lan Indian. lóílí). — 74, 6, Maunsfritii. 



travéiidole para España... inuriú en el Bi-asil (1). De otro obispo, 
fray Alonso Guerra, doiuiuico, sucesor del auterior, dice ', le ecLa- 
i'on del puerto de Buenos Aires, y fué 400 leguas á la audiencia de 
C'buquisaca á <]ue le restituyesen y le deshiciesen los agravios... » 
iS. M. cortó el coníiicto, nonil)rándole obispo de Michoacán, en Mé- 
xico. La sede estuvo vacante hasta que fué promovido á ella el 
obispo, autor del memorial. 

Informa, además, «(ue durante esa época hul)o muchas discusio- 
nes entre los clérigos y el goberna(k)r del obisi)ado, < clérigo sin 
ninguna jurisdicción >, dice. Afirma (|ue eran muy pf»cos los indios 
del distrito del puerto de Buenos Aires ; (pie los más infieles ha- 
cía más de 7 años que pedían el l>autisnio ; que él los bautizó y les 
construyó una iglesia < junto á las islas del río ». « Los indios de 
tierra firme, ([ue liacia el estrecho de Magellanes hasta llegar á los 
Césares — dice — V. IVI. había demandarse Cíuiquistaren : todos 
son infieles, auncpie algunos acuden á pedir el bautismo; son pocos 
los (pie reconocen amos ; hanse consumido muchos de esta provin- 
cia, dicen, por el mal gobierno y rigor de los amos » (2). 

Eefiere (pie en Buenos Aires había un convento de franciscanos 
desí^alzos, una iglesia parroquial, otros dos monasterios en todo el 
obispado y una casa de la coiujiañía de Jesús, en la catedral de la 
.Vsiiuciíni del Paraguay, y agrega estas palabras : « clérigos que 
se han ordenado sin poderse ordenar, hay hartos, y los (pie V. M. 
envió conmigo y otros (pie yo traje y con los que acá había anti- 
guos, están las iglesias razonables > (.'5). Las iglesias, según ex^jo- 
ne el mismo ju-elado, necesitaban libros, misales, campanas, y lo 
demás, ; aunque tienen frutos las fábricas con que comprarlos, no 
los hay en toda esta provincia; si V. M. no manda que por el puer- 
to de Buenos Aires yo pueda meter lo que fuese necesario para el 
culto divino, no se puede proveer de otra manera, y á V. M. supli- 
co me haga á mí la misma merced i)ara que pueda vestirme, man- 
dando ])ueda sacar frutos y entrar por este puerto la cosas nece- 
sarias de libros, vestidos jtara mí y jtara mis criados, ]ior(pie, de 



(1) Archieo fJc India", docuiiieuto ya citado, iiiauuscrito. 

(2) Ihidrm. 
(.3) IhUlrm. 



otra maiK'iii, no es posildc iiodci- \ivir »'ii esta tierra tan ¡lolirc y 
tan (lfs\ iaila... (1). 

El <i<il)ciiiail(ir Hcinandaiias dv Saavedra int'ornió á S. M.. por 
l>or earta tV'clunla en líiicnos Aires, á ."> de junio de KiOS, (|iie los 
padres frauoiscanos lial)ían reconido uran fruto en la predicacii'm 
del evauuelio y conversión de los naturales, <'on singular ejeni- 
jdo de obras y palabras, y no eo» menos trabajos en redueirlos, en 
(pie actualmente están ocupados algunos ;> ('_'). Tenían fundados, 
estos reliiiiosos, cinco conventos en cinco distritos ciudades de la 
fjobernacii'in, aun cuando por la pidtrcza los edificios eran de paja y 
lie madera muy pocosí'dida. que cada dos años necesitaban reedilicaí' 
los. lílojiia el nobernador la caridad de los frailes |»ara con los indios, 
su empeño en convertirlos, su extrema pobreza, poniue las limosnas 
que recibieron las empleaban en sostener los conventos, y como «d 
de la ciudad de liuenos Airesamenazaba ruina, enviaron un religio- 
so al Brasil para traerla madera necesaria para la reedificación (3). 
Aunque las pestes pasadas, — dice — han hecho mucho daño 
en las ciudades de este fjobierno, doinle se han iinierto suma de 
naturales, con cpu» han <pu'dado faltos de ellos, hay otras en (|ue 
se van reducienih) y atrayendo otros cpie no estaban tan domésti- 
cos, y así serán siempre los religiosos de esta orden de mucho efec- 
to por su grande caridad, con (pie acuden á servir á nuestro señor 
y á V. M. en este trabajoso ministerio para el cual no son tantos 
cuantos son necesarios, y los clérigos son pocos y no todos se apli- 
can á esto, ponpie la pobreza de los indios es grande, y la vida ipie 
con ellos se pasa, áspera y en muchos lugares peligrosa, jior lo cual 
hay muchos pueblos y reducciones sin quien los (h)ctrine... - En 
virtud de todo lo expuesto, solicita ipu' 8. M. mande seis religiosos 
más, « para que con ellos tuvieran comodi(hid de salir de dos en 
dosá las doctrinas y reducciones (4). 

Este informe del gobernador de la provincia, de ipu- ya hice en 



(1) Archirio de Indiai, docunieuto ya uitiido, manuscrito. 

(2) Archivo de ¡ndiax. documento 74, 4, 12. Carla del gobrrntid,,,- -1,1 i;,,, ,l, hi rhii'i 
á S. M., 1608, manuscrito. 

(3) Ihidcm. 

(4) Archiru dr India», docunirnti) citado, niauu.'ícrito. 



otra ocasión referencia, es docnniento de fuerza probatoria, y i)or 
lo tanto no puede desconocerse el pai)el histórico desempeñado en 
aípiellos remotos tiem})os por los religiosos de San Francisco, en 
])aís pobre, en conventos cubiertos con paja, en medio de indios po- 
brísimos y con riesgo déla vida. En esta misión no pudieron estar 
animados de ningún interés terrenal, ni sed de riquezas, ni ambi- 
ciones de poder; á lo único ([ue aspiraban era á cateciuizar á las j)o- 
blaciones indianas, mucho más atrasadas que las del Perú y de ííue- 
va España, porque los indios del Río de la Plata eran verdadera- 
mente salvajes, mieutraslosotros estaban relativamente civilizados. 
La inñuencia de estos religiosos fué adecuada i)ara pacificar, en lo 
liosil)le, las poblaciones indias, y verosímil es ((ue muclias se asi- 
milaran á los con(piistadores, mientras otras se alzaron y vivieron 
en las soledades del sur y en la pampas intermedias, en constante 
lucha contra los blancos, valiéndose ya de las facilidades qiie les 
daban ios caballos, i-eproducidos en cantidad extraordinaria. 

La iglesia católica en América estuvo siempre sujeta al real pa- 
tronato, y los rcf/(t listas defendieron constantemente y sin el me- 
nor retraimiento la jurisdiccicui real y la sol)eranía territorial, 
para contenerlas ambiciones de las comunidades ó de los prelados 
diocesanos generalmente peninsulares. En los frecuentes conflic- 
tos entre el poder real y el eclesiástico, las audiencias conocían 
y fallaban, como casos jurídicos; y, cuando de sus resoluciones se 
apelíiba, resolvía en definitiva el consejo de Indias, ó el rey dicta- 
ba reales cédulas, estableciendo su fallo soberano; sobre esta ma- 
teria son numerosísimas las cédulas qne pudieran recordarse. 

« El rey obraba con jtarcimonia en todo lo concerniente á nego- 
cios eclesiásticos, dice Arias y Miranda. Si en España no le parecía 
mal que el clero creciese en prestigio para fortalecer su propia au- 
toridad, imi)ortábale mucho que en sus dominios lejanos no resul- 
tase otro poder ([ueel ([ue directamente emanaba del suyo. Se pro- 
l)uso desde luego moderar (il desarreglo (pu' podría nacer de un 
exceso d(^ i)iedad, (sn la nuiltiplicación de casas religiosas, preveyen- 
do que ninguna se funchise sin [)revia real licencia; (pie los funda- 
dores no pudiesen ocupar más terreno ([ue el que se les señalase, 
debiendo éste ser el preciso para la cómoda habitación de los frailes ; 
y que los conventos no pudiesen estar unos de otros á menor dis- 



taucia i|ii(' lie seis Icüiias. VA iiiisiim csiiirilu se (Icsciiliría cu otras 
leyes didadas cdii ixislcrioridad. Ni el iiiisticisiiKt laciluiiK» y 
áritlo (le Fidipe 111, ni los devotos arrohaiiiieiitos de su ineto, fue- 
ron liarte á alejarlo d(d sistema (|ue dt^ó planteado Felipe II. Kn 
Indias iincd<'> cnartaila, la facultad de establecer cofradías, iiciiuan- 
dades, coniireiiaciones. parnxpiias, patronatos y memorias, sin oit- 
teuer antes el permiso del consejo, que e(|nivalia á una prohibición 
al»s<dnta. ("arlos 11. con sus escrúpulos y sus liecliizos, no se con- 
tentó con esto, sino (pie niaudí» ipic nadie, con pretexto de devo- 
cii'm, obras jiías, ('»con otr(>cual(|UÍcra, ¡lidicsc lismosnas, si las can- 
tidades que i»roduJ«'se la colecta estaban destinadas á salir del ]>aís. 
Asi es como se evitó (pu' el clero en aipiellos<lonMni()s lleyaseá ser 
nniy numeroso, ni dcspioporcionadamente rico, ni (pie su ori;ani- 
zación se resintiese de complicada con institutos heterogéneos y 
multiplica<los. Si á pesar de todo llegó á introducirse alguna relaja- 
ción en las costumbres y la disciplina eclesiástica, no fué de seguro 
l>or exuberancia de sus rentas, ni ]»or(pielas leyes les diesen dema- 
siado a.scendiente en la gobernaci(')n curial (1). Sin embargo, la 
ciutlad de ^léxico muestra en sus editicios cual fué la abiuuhincia 
(le comunidades y de ricpiezas, y en Ccu'doba del 'Pucumán ipiedó 
impreso en los mismos esa omnipotencia di' las (h'denes monás- 
ticas, y, en and>os países, la autoridad territorial estaltiecic'» la 
libertad de cultos y se incautó de acpiellos dominios de mauos 
muertas. V esto piucl),! (pie la santa sede aceptó el hecho de que 
los gobiernos inteiviuiesen ncttrfDUCutc en la sanción de las leyes, 
en cuanto al iiatrouato .se refiere, y son, por ello, docí riñas contra- 
rias á las prerrogativas nacionales las (pie ])reteiiden atribuirlo á 
l>royectos lilierticidasen losípieson <V(/(í/(.s/«,s doctrinarios. Insisto 
sobre este punto, para exitar extravíos poco patrióticos. 

La verdad histórica es ipie tal fué la corrupción y tan general, 
(pie el monarca tuvo (pie hacer repetidas veces H^comendacionesá 
los prelados diocesanos, para poner coto á la desmoralizacií'ni del 
clero y restablecer la rígida disciplina en las (mlenes monásticas. 
El señor Arias y Miiauda, cu el empeño (le ]>resentar la doniina- 
cií'in colonial «•«mili liciiigiia \ digna de ser admirada, llega hasta 

(1) .losí; AitiAs V Mii;.vNi>.\, «ili. cit. 



afirmar que liubo en América relativa toleraueia en materia de reli- 
gión, comi)ara(los los liechos con el estado de la jíenínsula. Es verdad 
que los indios estaban exentos de la jnrisdiiíoión del santo oficio 
de la inquisición, y no podían ser penados por sus prevaricaciones, 
limitándose la autoridad á ordenar que los dogmatizantes de la 
idolatría fuesen distribuidos por los conventos, para que allí fuesen 
doctrinados ; pero es necesario (convenir que si los indios hubiesen 
l)odido ser condenados á los autos de fe del santo oficio, habría sido 
preciso quemarlos á todos, con rarísimas excepciones, porque aun 
los ((ue recibieron el bautismo conservaron secretamente las prác- 
ticas idólatras, según la afirmación de los religiosos, clerecía y pre- 
lados de su tiempo. No era hacedero aplicar á los indios el r\gov que 
Felipe II tuvo con los protestantes en Flandes, ni la inexorable 
severidad con que en España fueron tratados los sospechosos de 
herejía! No es posible negar que la inquisición en México y en 
Lima celebró atroces autos de fe, y que «allí también se quemaba 
herejes, aun cuando es cierto, — como dice Arias y Miranda, — 
((ue las tres inquisiciones de América no alcanzaron á quemar lo 
que quemó en su primer año la establecida en Sevilla (1). 

Hubo fanatismo religioso y hubo relajación en la clerecía, cun- 
diendo el mal ejemplo de clérigos españoles, á quienes su mala 
conducta había hecho escapar de la jurisdicción de sus prelados. 
Des])ués de mucho tiempo volvió á captarse público resi)eto el 
clero, cuando el de América se dio, por inteiés, ])or amor y por 
vocación, al cultivo de las letras, llegando áadípiirir la buena tama 
y veneración que el saber y la virtud se con()uistan; si bien debe 
exceptuarse á los curas de indios, cuya depravación y codicia des- 
criben don Jorge Juan y don Antonio Flloa, reñriendo lo que 
vieron. 

El clero americano fué, i)or lo conuin, liberal é instruido, incu- 
rriendo por ello en la mala voluntad de los ()bisi)os de origen 
español, como el arzobispo Lorenzana, en Méxi«'o, y otros, entre 
(piienes también hay (pie indicar muy meritorias excepci(Uies, como 
la del obisi)o Yillarroel. 

El virrey de las provincias del Eío de la Plata, don Juan José 

(1) .JosÉAlílA.s y MiHAXDA. ol). eit. 



Vertiz, en su ^^emoria dv (lohUrno, exponía (pie el clem icünlar y 
seenlar del obispado de líuenos Aires, en su eoneepto, era ucneral- 
niente de los más ajustados, aunque alguna otra ve/ he tenido (pie 
contener en los religiosos tVanciseanos. — decía, — la indiscreta 
libertad 6 las expresiones poco meditadas con (pie lian dcclaiiiado 
en los itúlpitos en odio de las providencias del noliierno, sin pene- 
trar su verdadero espíritu y necesarios tines á (pie proitendian, 
y sin acercarse antes á manilestarme los defectos (pie presu- 
mían..." (I). Cito este liedlo para mostrar címiio las autoridades 
coloniales contenían los abusos de los reli^iiosos, (piieiies no pue- 
den ni deben valerse del pulpito para atacar al <>()bierno, (pie sos- 
tiene el culto; i»or(|iie si bien son inviolables en lo relativo al 
dogma, no están fiieía de la Jiirisdicciou de la autoridad «íuberna- 
tiva en materia disciplinaria y de orden |uil)lico (2). Así decía el 
mismo virrey Wntiz ipie de tal conducta, como la (pie él había 
tenido que moderar, resultaba que las determinaciones del gobier- 
no se hacían el asunto común de las conversaciones, ocasionándose 
cierta pública impiietud, cuando la predicaci(ni no era de paz. como 
la enseña Cristo en su evangelio, sino de sedici(')ii y determinada- 
mente en ofensa y agravio del gobierno (o). 

Como este virrey, procedieron en casos análogos los de Mt^xico 
y del Perú, obligados á dictar serias medidas para imiu^dir (pie des- 
de el pulpito se atacasen las resoluciones gubernativas. En los 
mismos conflictos de autoridad real y eclesiástica, los virreyes 
fueron siemin-e celosos defensores de sus fueros, ])rerrogativas y 
preeminencias, aconteciendo (pie, á las veces, inierilidades del 
ceremonial fueron origen de a(piellos. 

El mismo virrey Vertiz tuvo serios disgustos con el obisjK) de 
la diócesis de Huenos Aires, formándose con tal motivo expedien- 



(1) Memoria ó relación (le gobierno que el rirrey don Juan .loaé Vertí: diriiif á su Huce- 
Kor el mart¡uéJt deLorelo. Buenos Aires, 12<le mayo 178+ . 

(2) Fundado en este ejemplo, dije al eardenal Rampolla, en una eonlerencia du- 
rante mi misión conlideneial, (jue la predicación no estalla convenientemente servida, 
que había carencia de oradores sagrados... le observé el mal efecto (pie proflucia 
<iue algunos sacerdotes abusasen de la cátedra sagrada para atacar las leyes del con- 
greso... (Véase el capítulo tinal.) 

(3) Memoria citada. 



tes sobre los eiiales recayeron reales resoluciones, i)ues, como lo 
decía el citado virrey á su sucesor... la deíeusa y jurisdicción 
del real patronato, escrupulosaiuente encargada y que ha de soste- 
nerse i)()r los medios y esfuerzos posibles, y las i)rerrogati^'as debi- 
das á la dignidad de los virreyes, viva imagen que representa inme- 
diatamente la real i)ersona en estas distancias, le eran imposible á 
este prelado, aun á vista de las leyes más constantes... > (1). Fre- 
cuentísimas fueron estas cuestiones, porque ocurría (pie los dioce- 
sanos, cuando tenían levantisco el (íanu^ter, las promovían sin que 
jamás cediesen los virreyes. Los prelados prudentes, como el obis- 
l>o Villarroel, evitaban cuidadosamente' i)romoverlas : tempera- 
mento discreto (pie en su celebrada ol)ra aconseja. Se hizo tau 
peligrosa la permanencia simultánea del virrey y del obispo en 
Buenos Aires, (jueel rey, para obviar inconvenientes, i)romovi(')al 
último al arzobispado de Santiago de Chile, al mismo tiempo (pie 
di(') la razíín al virrey Vertiz. 

Es innegable (pie la influencia civiliza(h)ra de la iglesia dejó 
homhis y benéñcas huellas. Fueron los frailes los primeros maes- 
tros que á los indios enseñaron á leer, escribir y contar, así como 
la música y el canto, lo mismo la i)intura (jue las artes mecánicas 
('' industriales. Ellos, en efecto, y esi)ecialmente los primeros fran- 
ciscanos (pie llegaron á ]M léxico, formaron artesanos para to(hi clase 
de oficios, siendo tantos y tan diestros los (pie entre los indios 
salieron (pie juidieron com[»etir ventajosamente c<m los mismos 
españoles; amaestráronlos en construir instrumentos músicos, y 
los pusieron en actitud de ser los ((ue mayor parte tomaron en la 
ediíicaciíín délas ciudades. Numerosos han sido los artistas anóni- 
mos de esa raza, que han deiado valiosos tral)ajos de madera talla- 
da ; y tanto unos como otros, así eximios pendolistas como hu- 
manistas memorables, todos demuestran la valía de sus maestros. 

La primera imi)reuta se introdujo en Aint-rica Viajo los auspicios 
del virrey Mendoza y del obispo /umárraga, y en muciías ciuda- 
des de las colonias los jesuítas plantearon el arte de Gutenberg. 
En el estudio de las lenguas indias, en la formación de gramá- 
ti(!as y vocabularios, los frailes y jesuítas no fueron superados por 

(1) Alcnwria ó rvlarión, t.-tc, citada. 



— 53 — 

nadie, oni fuese elérijio orii seular. De manera (|ne el papel liistc')- 
rieo de la iglesia en la eivilización americana, á pesar de las som- 
bras y de las époeas de fanatismo y relajación, liic meritorio y 
provechoso, i)aJo estos asiH'ctos. 

Me he extendido en estas reflexiones liisti'iricas para dciiiostrar 
que la misión contiilencial (pu* me con1i<'» el presidente l'ellenrini 
y sn ministro doctor /ehallos, fm' perfectamente conceliida para 
conciliar diliciiltailcs y restalilcccr la armonía con la santa sede, y 
la manera bondadosa y cortés con ([ue el eminente cardenal Kam- 
polla me recibió, aplazando para mi regreso á líoma la discusión y 
arreglo de cuestiones pendientes, no jnstitica esta resolución mi- 
nisterial : Apercibido el gobierno de his dificultades (|ue sur- 
girían para la resolnci«'in correspondiente respecto de la renuncia 
del doctor (¡elabert ilel obisjtado del Paraná, lo misnu) (pn- llegar 
á un acuerdo definitivo con la santa sede sobre los otros puntos 
que se determinan en las instrucciones, lia resuelto suspender, por 
ahora, la gestión de ellos, esperando la ojiortunidad para reabrirla.» 
Esta res(dución fué dictada en la presidencia del doctor Sáenz 
Peña, por el ministro doctor Andiorena. Mientras tanto, el carde- 
nal KampoUa me liabíji prometido (pie su santidad me recibiría 
cuando volviese á Poma para c(mtinuar la negociación, ajdazada 
l»or deber c(mcurrir en lusitana á las fiestas del cuarto centenario 
del descubrimiento de América. 

Ahora me ocupan'' por separado de las (U'denes religiosas en su 
misión evangeliza(h)ra y docente, el interés con (pie estudiáronlas 
lengiias indianas y facilitaron generalizar el idioma castellano, 
terminando por enritprecerse en tales términos por la adquisición 
territorial y el comercio á <pie algunas asociaciones religiosas so 
dieron, que tJivo (pie intervenir la autoridad civil para contener el 
desorden. 



IV 



Para apreciar con buen criterio el pai>el histórico desempeñado 
por his (U'denes monásticas en la civilización de Améri(;a, bajo el 
doble asi»ecto de su infinencia ejerciíhi en favor de las razas indí- 
genas y de la iniciativa eficaz (pie (;omo poder docente tuvieron en 



las letras profanas y religiosas, y eoiiio conseeueucia, en la geue- 
ralizaoióu de la lengua española, conviene (pie me detenga en re- 
ferir las bases fundamentales sobre que he de formular mi juicio; 
porque, si bien es históricamente cierto (pu^ la relajación las des- 
A'ió de su misión evangélica y civilizadora, no puede negarse que 
en los comienzos de la concpiista y durante el siglo xvi, su papel 
liistórico merece elogios y aplausos imiiarciales. 

Los cronistas de la primera época de la conquista, nuiclios mon- 
jes, numerosos testigos coetáneos de los acontecimientos, y no 
pocos actores en ellos, estaldecen el hecho de que los misioneros 
destruyeron por el fuego, por el hacha y con el martillo, templos, 
ídolos, pinturas, jeroglíficos y escritxiras figurativas de los aztecas, 
tarascas, mixtecas, mayas y demás naciones indias (1). Pero esta 
destrucción no tuvo por mira borrar la historia anterior á la cou- 
<iuista, ni se fund('> en el odio á la raza vencida ; el exclusivo móvil 
<pie indujo á su destrucción fué atacar y vencer la gentili<lad y 
sus ceremonias religiosas, á fin de dejar expedito el camino para la 
Itredicación del evangelio. 8i el hecho en sí mismo es lamentalde 
por haber desaparecido los monumentos históricos, el propósito y 
la intencicni son disculpables y no merecen el estigma con que, con 
severidad, se ha venido repitiendo su memoria por escritores más 
ó menos bien informados. 

Conviene ante todo considerar, — como lo observa el erudito me- 
xicano (iarcía Icazbalceta, — que los templos aztecas eran al mismo 
tiempo fortalezas, y por ello se comprende, sin grande esfuerzo, 
(pie su destrucción fuese una medida de necesidad estratégica para 
los coiKiuistadores, que se veían coadyuvados por los intereses re- 
ligiosos de los misioneros. Los mismos aztecas habían dado el 
ejemplo, puesto que la señal de sus victorias era precisamente el 
incendio del tcoaill i)rincipal del luieblo (pie habían vencido y eso 
se comprueba invariablemente p(n' la lectura jeroglífica que aun se 
conserva (2). De manera (pie la destrucción del templo-fortaleza 
estaba en las costumbres y en los usos guerreros anteriores á la 
con(piista española; yes evidente (pie, como medida de guerra. 



(1) I'rinctpion críticos, efi-. 

(2) ]>iin fidil ■Inan (Ir ZiimáirtKjd. etc.. ptí^iiia 343. 



como conveniencia estratéiiica i>araase<;niar las victorias, no pue- 
fle ponerse en (huía su iitilitlad, y no hay razón para releriria como 
un rasjio (le l)arliarie, ni airihnirla á iierversidatl l'análica culos 
con(i\iistailorcs. 

Esto exiilica ipic ios unnicrosos tt>niplos aztecas fuesen destruí- 
dos, i»ues no eran adaplaltles jiara otros oltjetositor los vencedíU'es, 
|)recisaniente porípie su construccii'ni respondía á los usos militares 
de l(js vencidos, y siendo pocos los con(iuista(U)res españoles, era 
precaverse contra un ¡¡osihle levantamiento de las poblaciones so- 
metidas por la fuerza (> por la astucia, l'ara demoler esos templos- 
fortalezas, se necesit(') la cooperacicui de los mismos indíjienas. 
Taml)i('Mi conviene á mi intento recordar (pie los primitivos cro- 
nistas, los (|ue vieron c>os templos, refieren ([ue las paredes esta- 
ban con una verdadera costra de sangre humana, como asimismo 
el suelo, lleno todo aípudlo de re[»unuante hediondez, pues el culto 
era sauf-uinario, los sacriñcios humanos frecuentes, numerosísi- 
mas las víctimas ofrecidas á sus dioses sedientos de san<¡re, y los 
despojos humanos, cual se sabe, eran á las veces comidos como 
parte de la ritualidad del culto. 

La destruccií'in de semejantes Icocolis era una necesidad nos(')lo 
■;uerrera sino de hiiiiene: su conservación podría ser úlil como 
monumento histórico para el estudio, pero no es frecuente (lue las 
couípiistas se ha.üan con miras ar(|ueol('»gicas. La demolición fué 
necesaria para extini>uir la i(h>latría y los sacriticios humanos, y 
e.sto sólo bastaría ¡tara la excusa del hecho. Tor eso, no s(')lo lueron 
h)s misiimeros los (pie de.struyeron los teocalis, sino los mismos 
con(piistadores, los militares. 

El padre (Jante y sus ."íOd discípulos iudí.ücnas tuvieron en 
l.'rjit como una de las principales (jcupaciones la de demoler 
a(piellos temidos, en cuya tarea fuerím ayudados por los soldados. 
En Michoacan. en Xalisco, en Oaxaca, en Yucatán, los misioneros 
destruyeron los templos y los ídolos. El obispo Zumárra,í>a en su 
carta de 1'-' de junio de I.").'!!, dirigida á los fraiu-iscanos reunidos 
en capítulo ycncral, les decía : « Sabed (pie andamos muy oculta- 
dos con grandes y continuos traltajos en la conversión de los 
infieles (por la gracia de Dios); píU' manos de los religiosos déla 
orden de nuestro serálico padre san Francisco déla regular obser- 



— 56 — 

vancia, .se han bautizado más de 1.000. 000 de per.souas, 500 
temidos de ídolos derribados por tierra y más de 20.000 figuras 
de demonios que adoraban bau si(b) hecbas pedazos .^ (1). Sobre 
esta carta ba publicado atinadas observaciones y comentarios el 
señor García Icazbalceta. 

Es indudable que esas fi<>nras ([ue el buen obispo llama de de- 
monios, pudieron ser los jeroí>líficos de las escrituras figurativas 
indianas, y quizá contenían el ritual religioso; muy interesante 
fuera sin duda haberlos conservado, y serían hoy base de impor- 
tantes estudios; pero necesario es tener presente que los misione- 
ros de la primera época no tuvieron ni tiempo, ni los medios, para 
investigaciones históricas y científicas, preocupados de enseñar el 
evangelio y absorbidos en aprender con gran dificultad y admira- 
ble paciencia, las lenguas indianas. Pocos ])udieron dedicarse á 
otros estudios; ¡tero entre esos pocos, la historia recuerda con ala- 
banzas á fray Andrés de Olmos, fray ]Motolonia, fray líernardo de 
Sahagun (2), P. Molina y otros. Por lo demás, consta (pie desde 
1525 la gran preocupación fué destruir los archivos ó salones 
donde se g'uardaban eu rollos aquellas escrituras figurativas, ])in- 
tadas en tela o en paiíel de maguey {'.'>). 

Fray Jerónimo de Mendieta asegura (pu' por orden del i)resi- 
dente ile la real audiencia de México, don Sebastián IJamírez de 
Fuenleal, obispo (jue fué de la isla Esi>añola, y de fray Martín de 
Valencia, custudio de la orden de san Francisco, se encargó el 
padre fray Andrés de Olmos, (|ue era (juien conocía mejor la len- 



(1) rrinc'qiios críticos sobre el virrciimto, etc. 

(2) Lü obra, monumental del pudro fray licniíirdiiiii de Saliaifúu, intitulada Cosas 
de Nuera España, existe en la liiUlioteea de la real a.Mclemia de la historia, forma un 
códice del siglo xvi, que traducido, fué publicado en México por Bustamante y des- 
pués por Lord Kingsboroush ; pero ni el texto uauatl, ni el glosario que forma la ter- 
cera columna de los manuscritos que se conservan, ni las láminas ó pinturas, han 
sido hasta ahora publicadas. En la. citada biblioteca existe un fragmento de la obra, 
y otro en la del real palacio. Por orden de Felipe II se recogieron los manuscritos 
que existían en poder del autor, para que fuesen examinados por el real consejo de 
Indias, y se supone que éste sea el origen de los dos fragmentos citados. La obra 
integra se encuentra en la biblioteca Laurenciana de Florciici.i. Kl señor Seeler tiene 
preparados los originales de la obra del padre Sahagún ¡lara ]inblicarla oportuna- 
mente. El Centenario, artículo por don Antonio Fabié, entrega luimei-o 28. 

(3) Principios críticos sobre el virreinato, etc. 



jiUii mexicíiuii, i|iit' MiiMsc (-11 un ühio las autiyiit'ilailcs de estos 
naturales indios, cu fs|ic(¡al de México, Tc/cnco y 'i'laxcala, para 
(jne tic dio lnilticra alniuia memoria... Y el dicho padre lo liizt) así, 
(jne habiendo visto totlas las |>inturas ([ne los cacitines y principa- 
les de estas ¡irov incias teuian de sus antiguallas, y habiéndole dado 
los ancianos n-spnesta á todo lo ipie les i pliso ]»rei>untar, hi/i» de 
todo un libro muy co]>ioso. y ilel se sacaron tres ó cuatro trasun- 
tos que se enviaron á España, y el ori,<;inal lo dio después á cierto 
i-eligioso ([ue también iba á Castilla, de suerte (pu' no le ipiedó co- 
pia de este libro (1). Hl padre Olmos esevibió, se<>iin «pieda re- 
ferido, en vista del examen de las pinturas, porque en ellas con- 
sistía la escritura de los aborí<;enes, y teniendo en ciu'nta his 
relaciones y noticias (pie le dieron los cacicpies y ancianos de 
^léxico, Tezcuco, Tlaxcala, iiuexotziuco, Cholnla, Tepeaca, Tla- 
manalcoy de las demás cabeceras. En esa época ya estaban demo- 
lidos casi todos los temjdos antiuiios, y los ídolos de piedra, los 
de palo y barro cocido, rotos y destruidos, y las itinturas (pie 
tenían hechas ;i ])incel (piemadas. Y sin embaruo el citado padre 
examiiK) muchas (pie conserval)an todavía los caci(pies, lo (pie me 
induce á creer (pie <>ran parte de los archivos en los tem|»los eran 
.S()lo referentes ,i la ritualidad de sus cultos gentílicos. 

Los misioneros encontraron ]K)blaciones cultas, ciudades popu- 
losas, vi«hi civil, leyes, instituciones, autoriilades, temi)los, ídolos 
y un culto religioso sanguinario; pueblos con industrias é intere- 
ses propios, es decir, con civilización. Las lenguas extrañas de 
aquellas poblaciones niimei-osas les eran desconoci(his y, sin em- 
bargo, la conquista española se c(ms(di(l('). substitny(')en gran parte 
su lengua á la multitud de idiomas indios, su culto al culto id('>la- 
tra, su civilizaci(')n cristiana á la civilizacií'in altorigen. Obra es esta 
compleja, difícil y digna de ser estudiada en los detalles de los 
procedimientos; los cuales han dado un resultado verdaderamente 
sorprendente en la historia de todas las e«lades. 

Hernán Cortés comprendié> uo stilo las diticnltades de la guerra 



(1) Fkav .Jki!('ini.mii i>k Mkndmíta, «le la orden <1ü sau Fraucisco : Hiitoria ecleiiiáii- 
tica indiana, obra escrita á fines «leí si};l(> xvi. La publica por primera vez Joaquín 
García leazlialceta. M(5xico, 1870. 



sino la trauscéudeucia df la transíbviuacióii <le las poblaciones ven- 
cidas (') espoutáneamente sometidas. Kecoiiocía, y se lo manifes- 
taba á 8. M., la relajación de los ministros del culto católico y por 
ello suplicaba que se concediese á los monjes que vinieron como 
misioneros, amplios poderes, y á los franciscanos y dominicos, pro- 
bablemente por sugestiíu-i de los mismos, ([ue no estuviesen sujetos 
á los prelados y ol)ispos sino á la autoridad real. Germina el espí- 
ritu anúrcpiico en el seno mismo de la iglesia : los monjes ambicio- 
naron siempre emanciparse de los obispos. 

Evidente era (pie tratándose de colonias fundadas por católicos, 
y estando los coiupiistadores á la mira de extender la fe de Cristo, 
pues ese había sido el propósito más alardeado de los reyes de Es- 
paña, la creación de obispados y la tlesignacii'm de obispos no 
l)odíau imi)edirse; pero el emi)erador los proveyó, según el deseo 
de Cortés, en sujetos tan pobres, humildes y despojados del mundo, 
(íomo los otros sacerdotes que venían á América sin cargo (1). 

Los misioneros de la nueva fe venían á predicarla donde, al de- 
cir de Cortés, los sacerdotes del cuito gentílico habían sido reco- 
gidos en honestidad y castidad, y si entre a(|ue]los misioneros vi- 
nieran tales como Cortés recuerda los había en España, la predi- 
caci(jn evangélica iniciara nna lucha desventajosa con la religi<ui 
de los vencidos. Los sacerdotes necesitaban <h'l prestigio de la vir- 
tud, de la enseñanza del ejemplo, de la castidad práctica, condi- 
ciones indispensables para atraer á las poblaciones por medio de 
la. predica,('ión en favor de una fe religiosa altamente superior, por 
otra parte, á la (pie adndtía como esencia de la ritualidad los sa- 
criíicios humanos. La manera como el concpiistailor expcmía la si- 
tuación é indical)a las calidades morales de los sacerdotes para la 
eticacia de su ministerio, es digna de llamar la atención. 

Fray -lerónimo de Mendieta deseribe nuiy al piu'menor la ma- 
nera cómo los i)rimeros misioneros aprendieron los idiomas indios, 
como enseñaban la lengua castellana á los discíjjulos, y como éstos, 
muy despiertos é iííteligentes, se hicieron capaces de explicará su 
vez la nu(!va fe, y ayudar como intérpretes, en la predicación de 
los monjes, los cuales juzgaron (jue la destrucción de ídolos y tem- 

(1) RMor'ui ccleiiünlica intliiina, l-Xk. 



píos erii iieci'sariü pnra (U'siicdstunibnir á las itolilacioiii's de sus 
ritos profanos, sin preocuparse del interés liistórieo para salvarlas 
pinturas y las escrituras. Comenzaron esa destiuccituí en 'Pe/cuco, 
donde los templos eran muy Iutuiosos y lorreados, y esto tue, 
sef-ún el citado i>adre. en i .">'J."> (1 ). Lo mismo liicieron en México, 
Tlaxcala y Iliu'xozin,i;'>. I'íH'í' lo «-nal los reliüio.sos llevaron como 
auxiliares á los niños y mo/iu-los á (piienes eiiseñalian, liijosdelos 
caciques y señores principales, y .'i ellos se aure.nó la ücnle |m)|iii- 
lar. (^)m-maron lo (pie ya dije, y con tanta rapidez (|ue no pudo 
haber resistencia ni consejo ; lo cual lucieron no sin fírandes pelí- 
jjros, i»or(|ue pndiéra.se haber lierido el fanatismo de las pol)lacio- 
nes y provocad») el levantaudento <:enend. De manera i|ue. sino 
hubieran estado animados del ardor rellítioso. Iialnian temido por 
sus vi(his; pero, como misioneros, no les arre<lraba ni el martirio. 

El padre Mendieta, cuyo testimonio es el de un erudito liombre 
de letras y el de un creyente, y (|iu' por and)os conceptos nun'ece 
fe, expone con fran(iue/.a (|ue contra el procedimii'uto, (|ue no puede 
ponerse en dtnla, de destruir por medio del tueu'o ídolos, templos 
y pinturas de indios, se aruuy<'» diciemlo á los (|ue lo emi»leaban 
<. (pie no se les podía liacei' con Inicua conciencia ese daño en sus 
edificios (pie les destruyeíon. y en las ropas, atavíos y cosas de 
ornato de los ídolos y temi)los (¡ue allí se abrasaron y iierdie- 
ron > (2). 

Toda esa destnu'ciéin fué obra de los franciscanos: el testimonio 
que de ello da un religioso de su orden no puede tacharse. Ijo hi- 
cieron por su propia iniciativa, porque, atunpu^ se ase<>nva «pie 
Cortés di(') orden para i|IUí coutinuase aquella destrnc-ciíni, el mis- 
mo padre agrejia tpu' Cortí's y los suyos destruyeron poco, ponpie 
lo liacídit como ami th ¡kíso, mientras los franciseauos obial»an de- 
liberadamente y como tarea necesaria. Es probable (pu' esos tem- 
ph)s fuesen saípieados i)or la soldadesca, para ajioderarse de las 
joyas y adornos; ¡(ero á los soldados les interesaba poco las linu- 
ras y jerosilílicos allí conservados. 

He teni(h> en mis manos el papel de ina.uuey de (|Ue se servían 



(1) HiHloria e<-lenidntien indiana, yji citaila. 

(2) Uinloiia eclegiÚKlica indiana, ya citada. 



los aborígenes para pintar sus jeroglíficos y formar sus relaciones 
históricas, sus cuentas, sus estadísticas y mapas. En el museo na- 
cional de México se conservan algunos de eisos rollos de papel de 
maguey, que se i)arecen algo al de arroz usado por los chinos, 
aunque lo considero más consistente ; la superficie no es tersa sino 
mate. Juzgo (lue del maguey formarían una pasta y la vaciarían 
sobre piedras de superficie no muy lisa, estirándola liasta darle un 
espesor como de hojas de papel. La forma de rollos y la larga ex- 
tensi('»n de las liojas, las asemejan á los papiros egipcios. El ejem- 
plar que he tenido en mis manos pertenece al señor García Icaz- 
balceta; data de la i>rimera época de la conquista, pues tiene letre- 
ros en castellano ; pero papel y pinturas son aztecas. Hoy se ha 
perdido la memoria del procedimiento para fabricar ese pai)el, y 
nadie sabe servirse de la escritura figurativa y simbólica. Esos 
rollos se conservaban en los archivos que fueron destruidos por 
el fuego. 

A fin de (pie pueda apreciar el curioso empeño y cuanto traba- 
jaron los padres franciscanos para aprender las lenguas indias, re- 
(^omiendo la lectura del capítulo XLIV de la obra del ])adre Men- 
dieta intitulado: I>c lo macho qnc cíícrihicroii los rcJif/iosos (tiifif/uos 
en l<(s h'nf/uu.s de los 'nidios (1). En ese capítulo hay una relaci<'in cir- 
cunstanciada de las gramáticas y de los diccionarios que trabajaron. 

»Se lia pretendido y lo aseveran escritore~s españoles antiguos y 
contemi)oráneos {"!), que el obispo Zumárraga hizo una hoguera 
con los archivos de Tezcuco, pero el erudito señor García Icazbal- 
ceta niega (jue el obispo quemara los archivos referidos, y (pie 
l)ers¡guiera con furor los manuscritos (3), y exponiendo el pro y el 
contra de esta cuesti()n histórica, observa (pte según se refiere con 
la autoridad de Duran, Sahaguu, Toniuemada é Ixtlixochitl, que 
así lo afirman, la i^'-rdida de los archivos comenz() á fines del siglo 
xvi, pero (pi(^ de la misma époc-a sólo dice (pie los mism(3s indios 



(1) Hixlorid (■cli-xiáslii-d ¡ndiiiiiii. ya. citaibi. 

(2) D(iu .Iiiaii ViUei'ii, dice « vi arzobispo Zumárraga armó i^ii México una ho- 
guera con los hieroglíficos aztecas ». La revista ilustrada (Ir Xnr )'(irl,-. ciitrefta de 
diciembre de 1S91, página 7.S0. 

(3) . Joaquín García ICAZIIALCETA, Dmi Fniii.liimi (Ic/iimárniiiii. primrr uiúsim y 
arzobiipo de México. Kstiidio biogrático y l)ililiii_nráli<ii. ISSI. 1 vol. 



tUR'iiiaroii i'ii Tczcnco l;is pinturas ((iie st- lialn'aii s.ilvadiMlfl iii- 
c-eii(lit) tU' los arcliivos por los tliaxt-alti^cas. (!<> temor del señor 
/lunárrajiu, porque no las atribuyese á cosas de idolatría puest«> 
que en atpiella sax.iui estaba acusado ¡lor idólatra, después de ser 
hauti/.ailo, iloii Carlos ( )nietock/.in, hijo de Ne/aliual|>iHi... Los 
texcanos, al ver ipie se procesaba por idólatra á su señor (que debe 
ser el mismo mencionado porSnárez Teralta) temieron (pielaaeu- 
saciiMi se extendiese ;i otros . 

Sostiene el mismo erudito (|ue no se lia demostrado la existen- 
cia de j>ramles archivos de csiijiura jeroglítica ólifiurativa, ni m<'- 
nos que fuesen documentos soine la Instoria. Pero si tal prueba 
attrmativa no existiese, ]M>r inducción puede atirmarse (pie esos 
jeroítlíficos eran incuestionablemente preciosos anlec«'deiites para 
la historia, poripie eran i'inicos y su pérdida ha hecho imposible 
las indaüaciones sobre el pasado de aipudlos ¡¡uebios. Si fueron los 
mismos fraili's los (pie qiu'maron «'• si fueron los indios inducidos 
por ellos ó por temor al obispo, el hecho es (pie esos archivos des- 
aparecieron. í]ste liecho está eomi)robado por los coetáneos, y so- 
bre su importancia sólo los mismos indios pudieron dar testimonio 
y lo dieron. ; Cómo ha de ser jiosible es]ieciticar caríios sobre el 
uúuiero y valor de tales jerouliticos .* Los indios, por temor de ser 
acusados <le idólatras, no se atrevieron á salvarlos; losccuKpiistado- 
res no tuvieron interés en su conservación, y á los misioneros do- 
minó la creencia de cpie eran pinturas de demonios, ritos idólatras. 

De manera que, si al tiii los misioneros comprendieron la utili- 
dad de conservarlos como documentos para la historia, eso mismo 
justifica su importancia. Se salvó la i)intiira linurativa del Uamatlo 
Coili'X Z intuir ni(i((. manchado con sanme huinana, y se salvó por 
el mismo obispo cuando ya habían desaparecido las uramles colec- 
ciones de los archivos, lia pérdi(hi están iricparaltlc como diüiia 
de serlamenta(hi. 

Hay un liccho histórico bien comprobado: la existencia de las 
librerías de los indios; y el mismo señor ÍTarcía Icazbalceta afirma 
.- que puede probarse (pie existían, precisamente cuando más se 
lloraba su distrucción (1). Así resulta, en efecto, de una curiosa 

(1) Don l'riiti Jiiuii rfi Ziimríiiatja, etc., pií-^iua 36"). 



— 62 — 

correspoiideucia de los jesTiítas Tovar y Acosta. En efecto, el ])a- 
(Ive Tovav refiere que deseoso don Martín Enríquez, virrey de 
Xueva España, de saber y tener eonooimiento de las antiguallas 
de los indios, ; mandó juntar las liln-erías que ellos tenían de es- 
tas cosas y los de México, '^l^ezcnco y Tula se las trajeron > por- 
(jue eran historiadores y sabios. Así, pues, los indííienas tenían 
librerías sobre su historia antigua : el hecho está perfectamente 
comprobado. En cuanto á los archivos (pie los religiosos quema- 
ron, constituyen una pérdida deplorable (pie justifica las lamen- 
taciones de los historiadores Torcpiemada y Ixtlicohictl, ijuesto 
(pie las librerías reunidas y conservadas por orden del citado vi- 
rrey, eran los restos salvados de la multitud (pie habían sido que- 
madas por creerlas pinturas de demonios. Tal es la verdad hist(')- 
rica. 

Es empero innegal)]e (pie, posteriormente, los mismos misione- 
ros, los obispos y los gol)ernantes, se empeñaron en recoger y per- 
petuar las tradiciones (pie conservaban los indios : hicieron inter- 
pretar (') traducir las antiguas pinturas geroglíficos y formar otras 
nuevas, con las (pie fuese fácil á los indios referir sus historias. El 
l)adreJiian de Tovar, decía al padre jesuíta José de Acosta, que él 
haltía visto toda esa hist(n-ia en caracteres y geroglíficos, que no 
podía entender ; ¡lero (pie por mandato del mismo virrey se los ex- 
l)licaron y tradujeron los sabios indígenas de México, Tezcuco y 
Tula. Así, pues, á medida que esos sabios interpretaban las pintu- 
ras y geroglíficos, el padre iba escribiendo su historia, la cual aca- 
bada llev(') al doctor Portillo, (piien prometi() hacer dos traslados ('» 
copias con ricas pinturas ó reproducciones délas hechas por los in- 
dios, uno para el rey y otro para los jesuítas. El tal doctor Portillo 
se fué á España y se llev(') el manuscrito, (jue nunca pudo recobrar 
el autor. Sin enil)ai'go, asegura él mismo (|ne teniendo en la memo- 
ria los estudios ((U(^ había hecho ]>ara redactar la historia á (¡iie 
me he referido, y en su poder un libro escrito i)or un fraile domi- 
nico, cuyo nombre omite, emi)reudi('> la tarea de volver á escribir, 
y el resultado de este trabajo fué la historia (pie vi('>yley() eli)adre 
José de Acosta. Para niayorautoridad, el i)a(lre Tovar consult('> de 
nuevo á los ancianos y sabios indígenas. La obra original del padre 
Tovar intitulada : Historia de los indios mexicanos por el padre 



— (¡3 — 

.hv.in (le Tovíir. se cnciiciiti"! cu l;i hihliolccii de I.cnnx, cu l;i ciii- 
• liid lie Niifv:i York (1). 

i)c luaiicni (|iic si es iiidiihiliililc t|iie los rciiüiosds de I:i priiiicra 
época destruyeron por »■! tiicuo los fraudes archivos de pinturas y 
.i;ero«ílíñcos, no es menos cierto (pie la historia anterior ¡i la conipiis- 
ta ha sido escrita por los mismos religiosos, por los mismos coii- 
(|UÍstadores, oyendo de viva vo/ la explicaciíni de las tradiciones 
(pie conservaltan en la nieinoria y en las ]>intnras los ancianos in- 
dios, los nol)les y los caciiiues. listan fuera de discusión los merito- 
rios tralta.jos lingüísticos de los misioneros, sus extensas <'rónicas, 
sus historias, y lo cpie debe lamentarse Juntamente con la des- 
trucci<'>u de los archivos indios, es ipie se hayan ]>erdido, ó no se 
hayan ini])reso, ohras como la <le los padres Olmos y ToNar. 

Para apreciar con e(|uidad y justicia el verdadero mérito de los 
misioneros, bastará conocer c('»mo aprendii'ron las lenuuas indias, 
cómo enseñaron la española y cé)mo escribieron las tradiciones, 
poesías y discursos, cpie se conservaban en la memoria de yentecn 
ííente en los eoleíiios aztecas, según lo detallan el ]iadre 'Po\ ar y 
fray .Jeréuiimo de Mendieta, jiuesto que ni la ])intura ligurativa ni 
los g-eroglíticos eran apropiados para expresar las frases y |)alabras 
con exactitinl, ni las ideas abstractas. En este contlicto de la civi- 
lizaciém rinlinientaria azteca, recurrieron á un procedimiento natu- 
ral y sencillo : la memoria. Los más ancianos reix'tían de viva voz 
lo que los discípulos debían conservar en hi meinoria, y cctnio 
la ejercitaban recordando, la tradicié)n oral llegc) á constituii' una 
ciencia histéirica. Cuando los misioneros habían enseñado el caste- 
llano y aprendido á su vez las lenguas indianas, ¡ludieron escribir 
aquella tradicié>u (ual, con tanta exactitud como es humana- 
mente posible, ])uesto (pu' los niños indígenas aprendieron el cas- 
tellano y el latín, y traducían f;ícilinente i'U éstos sus idiomas 
nacionales. 

Entre esos discíjtulos, hubo eximios latinistas como don Anto- 
nio Valeriano, Hernando de Ilivas, Juan Berardo, Diego A<lriano, 
don Franci.sco Antonio de Contreras v los aUunnos del colegio de 



(1) Don Juan de Xumárraga, etc. Véase las noticias 1ii1)lii);;r;íli(as <|Ue 
Tior Icazl)alci-ta, páginas 266 y 267. Documentos. 



Tlaltelolco. Educación análoga á la que daban los franciscanos en 
sus colegios, recibían losjovenes aztecas en el de Tepoízotlan, fun- 
dado y dirigido por los jesuítas; losjovenes tarascos en el de San 
Nicolás de Páztcuaro, fundado i)or don Vasco de (lUiiroga ; y los jó- 
venes indios de otros colegios, aun(|ue poquísimos, y, según el señor 
Jvivera, hostilizados i»or los españoles, aunen esaéjxK'aque fué el si- 
glo de oro de los monasterios en América (1). 

Está fuera de duda que la misma instrucci(')n liubieran alcanza- 
do los otomites, los liuaxtecas, los za|)otecas, los totonacos y los de 
todas las naciones indias, si en ellas se hubiesen fundado colegios 
l)ara la educación secundaria y superior. Mientras los indios re- 
cibían instrucci(')n literaria y científica, los clérigos seculares espa- 
ñoles, (lue eran muchos en la época del padre Mendieta, pues sólo 
el niimero de curas alcanzaba á 2."!!», eran en general ignorantes 
é inferiores en saber á los discípulos de los colegios (2) ; pero los es- 
pañoles combatían esa instrucción dada á los indios pretendiendo 
((ue se debía, pues así convenía, conservarlos en inferioridad inte- 
lectual con relaciona los l)lancos, y por ello duró sólo .30 años el 
tiunoso colegio de Tlaltelolco (.">). 

IjOS indios de los colegios fueron ayudas y cooperadores de los 
estudios y escritos délos frailes, esi)ecialmente en las traducciones 
del español á las lenguas indias y viceversa. líl padre 8ahagún así 
lo reconoce, y asegura (píelos colegiales eran peritos en la lengua 
latina y á los mismos ])adres les dal>an á conocer la i)ropiedad de 
los vocablos indígenas y la manera de hablar, com])arán<lol()s con 
los castellanos y latinos, y para (pie las traducciones fuesen exac- 
tas, los colegiales las corregían ». Eran eximios en ortografía y de 
muy buena letra. 

Muy grande gloria es la de aípiellos maestros, de aquellos mi- 
sioneros que, despreciando los ataques de espíritus menguados, 
dieron á los indios una instrucción superior y literaria, mostrando 
fácilmente cuan hacedero era que se asimilasen á la civilización cris- 
tiana. « A(piel admii'able ]>eríodo de estrecho consorcio de ambas 



(1) l'iiiicii>¡o« critiro.t. (>br;i ya citiidn 

(2) Obra citada. 

(3) ídem. 



i:iz;is, — dice el señor (iiirci.i Iciizitalcfta, — t'niidatlo por hi rcli- 
.i;i('>ii y aliriiiadi» por ella cii el claustro contra las a>>itafioiH's del 
imiiulo, no (It'hía ser, por dcs^nicia, de larna duración (1). 

Fray .luán Bautista cita los nombres de los indios notables la- 
tinistas, los cuales cooperaron en las obras de t'l, ;i lin di' traducir- 
las en mexicano; y elouia á Hernando ile Hibas, como nniy «irán 
latino, (piien con tacili<lad trailucía cnal(|uier cosa de la latina y 
«•astellana en la mexicana, y, para mostrar su i;ran traliajo, expresa 
(|ueescribi(') si'iloen Iraduccioncs m;isde treinta manos de pajK-r . 
l',l indio .luán llerardo es( riliia cartas en latín, « confí'ruo \ apaci- 
ble , (|ue, seiiún el padre citado, daba gusto leerlas. VA indio Die- 
íi'o -Vdriano com|tonía tíicihaente en letras de molde en cnal(|uier 
lengua y traducía del latín al mexicano. I']l indio don l''rancisco 
l'>autista de t'ontreras escrii)ía también cartas en latín i\\n' lioni- 
lires muy discretos se maravillaban de leerlas >. Fué muy buen la- 
tino el indio Eistebau Bravo, ([ue traducía del castellano y del latín 
al mexicano con ele<iancia y facilidad. Otro indio, don Antonio 
N'aleriano, fué uno de los mejoi'cs latinos y retóricos salidos del co- 
le.íiio de Santa Cruz, con tales t(''rminos (|ue imi)ro\isaba con l'aci- 
lidad y ctn-rección en latín. 

Este buen religioso termina el ¡irc'iloíi'o de su obra diciendo (pu^ 
la lengua mexicana esele<¡ante, copiosa, abundante, tanto (pu' pa- 
ra traducir del castellano ó del latín á aquel idioma indiano, se ne- 
cesitaba emi)lear doble número de vocablos, |)or más (pie esta cir- 
cunstancia del idioma, sin menoscabo de su copia, más <iue de 
eleo'ancia me parece traída á cuenta de impropiedad y falta de pre- 
cisión. F]l mexicano es una lengua indiana (pie se barbarizó des- 
pués de la conquista española, pues ya en la prinu'ra época de los 
misioneros enc(»ntral>an los indios sabios, salidos de los cole<>'ios, 
dificultad en entender la excelencia de la cultura de los antiíjuos 
escritos mexicanos, l'osteriormente esa len<>ua no se escribió, no 
se estudie'» en escuelas, no se enseñó por maestros, con excepción 
de los franciscanos; no la cultivaron literatos ni sabios, y lógica- 
mente se fué corrompiendo ; perdi('» sns excelencias, pues en gene- 
ral era hablada porel |Mielilo poco culto. 

(1) BihlÍ0(iinf¡H mexicuna del «í/íh .VJV. p:íf;ina 25!<. 



— 66 — 

Durante la ép(»ca de la (loiniíiaoióii española y después, es cierto, 
lio se íundaroii seniiuarios para enseñar las ciencias eclesiásticas 
á los indios cristiaiH)S, pues los <pie llegaron á liacerse sacerdotes 
se educaron en seminarios de españoles (1). Más anu, el mismo 
mexicano señor Alaman, tan partidario de todo lo español, reco- 
noce que se juzgó (pie no convenía dar demasiada instrucción á 
los indios, « porque podría resultar peligro para la seguridad de 
estos dominios. » Llevados de estos propósitos mezquinos, los con- 
(piistadores dejaron en decadencia los colegios fundados por los 
primeros misioneros ; no consintieron (pie se fuudasen nuevos, 
y por eso el caci(pie «Ion .Juan de Castilla gestiom'» en vano en 
]Madrid, á fines del siglo ])asado, el permiso para fundar en Puebla 
un colegio inun sus compatriotas. Y sin embargo no se conserva, 
ni es posible asegurar su estabilidad, un gobierno qne necesita 
como base la ignorancia del pueblo á quien manda. Ese error pro- 
duce, por la misma necesidad de remediarlo, la independencia, 
l)or(pie ni los iudividnos, ni los pueblos, pueden ser condenados 
á la perpetua ignorancia cuando quieren y aspiran ala instrucción. 

íío sería posible darse exacta cuenta de la sociedad colonial 
liispano-americaua, si no se estudiaran todos estos antecedentes : 
factores que influyen en el desenvolvimiento de las sociedades. 

En la Rtlueión de Jos fraiwiscanos <Jc Guadalajard, con motivo de 
la visita de (Ovando, resulta el hecho curioso de que los padres, en 
vez de enseñar á los indios la lengua castellana, les enseñaban la 
mexicana, (piizá p(n' ser ya conocida en acpiella provincia desde 
(lue allí pasaron las tril)us aztecas, creyendo que era mejor gene- 
ralizarla (pie introducir un idioma enteramente extranjero. Ade- 
más, se recuerda el hecho úv (pie en a(piellos tiempos solía el 
gobierno mandar colonias tlaxcaltecas á poblar entre las tribus 
bárbaras á ñii de(jue las redujeran á la vida culta, y [)or ello gene- 



(1) Lds franeiscaiHis, — dice Garría Icazlialcfta, — tenían cu sus t-onvinitos oáteilras 
(le materias eclesiásticas ; pero los aiíustinog fueron los primeros que establecierou 
casas de estudios en forma, donde acudían españoles y criollos que deseaban abrazar 
el instituto ó habían entrado ya á él. La más antigua fué la de Tripitio, fundada 
en 1540 y trasladada después á Atotonilco. El padre fray Alonso de la Vera Cruz 
fundé en 1575 el gran colegio de San Pablo. Memorian de la academia mexicana, 
correspondiente de la academia española, tomo II, número 3 : Joaquín García Ica/- 
HALCISTA, La instrncoión ptíblioa en México durante el siglo decimosexto. 



niliz;il);iii la lfiii;nii de los colonos (1). Suikihü'o (|1u' los rcl ¡diosos 
llevaban (|ni/.á la mira de alejará los indios del conlaclo de ios 
t'spafiolcs y ¡inr ello les cnscñaUan una Jcnuna indiana. 

Eu esto se proeedía con violaci('>n de exi)resas resoluciones 
reales. Por cédula exiu'dida en \alladolid á 7 de junio de ].■>.")(», 
la reina ü'»l'eniadora, en vista ile (jiic uno de ios medios más eli- 
caces liara la jiredicacióu del evangelio e.s i»rocurar (|ue esas 
•i'eutes sean enseñadas en nuestra len<tna castellana v (|ue tomen 
nuestra iiolicía y buenas costumbres, ponjue [)or esta vía con más 
facilidad podrán entender y ser doctrinados en las cosas de la 
reliiiii'in cristiana > manda i|ne todos los reli,í;i<isos de la orden 
de San Anustín procuren p(U' todos los nu'dios posililes enseñar 
la lengua castellana (L'). 

De manera (|ue los franciscanos, en \ ez de ciunplir esta dispo- 
sición, ¡tuesto <|ue no sólo á los agustinos sino á todas las órdenes 
relifíiosas se <'nconieud(') en diferentes ocasiones lo mismo, ense- 
ñal)an la leni;iia mexicana y violaban expresamente una ley. 
Im nhicióii (¡I- ¡tis fniiicis<((iu>.s (te (huiddlujara está datada en S de 
noviemlire de I ."«(¡'.I, lirniada por ios ¡ladres guardianes de ."i 
conventos, quienes exponen como han procedido en la predica- 
ción del evan<«el¡o, y dicen ipie, en vista de la diversidad de los 
idiomas de la tierra, resolvieron enseñar la lengua mexicana para 
que en ella entiendan la doctrina cristiana, y que esta lengua lian 
enseñado y enseñan los religio.sos en sus conventos. Empero, el 
hecho expuesto por los guardianes de cinco conventos de francis- 
canos Jnstilica la necesidad de generalizar un idioma para extin- 
guir la midtitud de lenguas y dialectos que s('>lo |niiei(an el aisla- 
miento de los pueblos y lo limitado de su cultura ; i>or«pie i>uebIos 
encerrados ilentic) de los límites de su terruño, son necesariamente 
atrasados. Asinúsmo lo habían reconocido los romanos, y como 
ellos los aztecas y los (piichuas, las dos grandes naciones couípiis- 
tadoras en el nue\o mundo. Esta consideración explicaría (píese 
hubiera enseñado como lengua general la castellana, á lin de uni- 
licar las poblaciones y como ba.se fumlamental de buen gobierno: 



(1) Códice franeincano, siglo xvi. 

(2) Cedulurio de Fuga, tomo II, uilii'iiiii 1879. Mi-xico. 



— 68 — 

el proceder de los guardianes de kSau Francisco contrariaba los 
propósitos inherentes á toda concjuista que inii)lanta su civiliza- 
ción, y, como i'asgo prominente, su propio lenguaje. 

Lo singular es que oñcialmente expusieran su procedimiento, 
precisamente para satisfacer la investigación que hacía el visitador 
licenciado Juan de ( )vando, por orden de tS. 31. Los religiosos no 
obraban de mala í'e, sino por consideraciones (pie juzgaron ecpii- 
tativas tal vez. 

Los religiosos tenían en cada convento un indio maestro que 
enseñaba á leer, escribir, contar y tañer, á los muchachos de la 
escuela, y eran ya muchos los que habíaú aprendido y cantaban 
en las ceremonias religiosas. Así iban propagando la civilización 
cristiana entre los indios, constituyéndolos en maestros para ge- 
neralizar y facilitar la enseñanza. 

Estos hechos, exi)uestos con ingenua verdad por los mismos 
misioneros, son la mas amplia justificación de que ni los con<iuis- 
tadores, ni el gobierno español, tuvieron el deliberado propósito 
de destruir las razas aborígenes, y que los males y gravámenes 
que sufrieron son los (pie caracterizan más ó menos á todas las 
conquistas, cualesíiuiera cpie sea la raza de los conquistadores, 
pues los ingleses, en vez de civilizar á los indios en la Amt^rica 
del norte, los mataron. Los españoles se proi)usieron con más ó 
menos acierto, asimilarse las poblaciones indianas por su cultura, 
aun cuando los religiosos pretendiesen que sus habitantes debían 
ser siempre tratados como niños y conservados bajo tutela ; pero 
enseñándolos á leer, escribir y contar, los ponían en el camino de 
apro])iarse la civilización cristiana y emanciparse de tutores á medi- 
da <pie la instrucciónse hubiera generalizado. Los ingleses tomaron 
otro camino : usaron el plomo y el whisly para desalojar ]»or la 
muerte á los aborígenes de la tierra (pie a(piellos querían ocupar, á 
fin de plantear en ellas sus ideas religiosas. Compárese con inq)ar- 
cialidad cual de estos procedimientos es más humano, y si hubo fa- 
natismo en los misioneros españoles, no sé cómo pueda calificarse el 
de los puritanos y cuáqueros que extinguieron las razas indias (1). 



(1) « Era tautü el desoo de salur. — dice (im-cia Iiazlialct-ta, — y tantos Ui.sjíivi-ui-s 
eme pasaban á España para completar allí su eduLación, que la tierra se desploliaba. 



— 69 — 

Eu la liiuR'ntabh- perversión «le la historia eoiiveiieioual, hay 
poltres /¿entes, espíritus ineapaces de levantarse eontra el error 
tradicional. (|iif llaman raza de tigres á los españoles y entonan 
alalíanzas inconscientes á los puritanos y cuáqueros : espíritus en- 
fermos por las ideas (pie los ciegan, (pie creen (pie las naciones 
hispanas no han llegado aún al itrogreso material de los Estados 
Unidos st')lo por haber sido españoles los con(|UÍsta(lores. Yo, (pu- 
no reniego ni de mi raza, ni tic mi ii-ngua, ni de mi rcligi('ni. iré 
exponiendo la verdad de lo (pie tiu' la viihi colonial liispano-ame- 
ricana, y dejaré (pie de la verdad resulte el tallo imparcial. 

En esta materia juzgo interesante citar á los mismos frailes 
(pie tuvieron á -su cargo esta tarea. 

Fray Francisco de Hemesal expone (pie l'u<'' estilo antiguo, usado 
invarialilemente jior los comjuistadores, jirivar á los vencidos no 
stilo de libertad y hacienda sino del lenguaje (¡ue antes tenían, 
forzándolos á recibir su propia lengua y usar de ella : medio único 
jtara la paz y comercio entre victoriosos y vencidos. De conformi- 
dad con estos principios, recuerda la cédula dirigida al Yciwrahlf 
U devoto pudrí' provincial ib 1(1 onJi II ili s(iitti) Dduiíiiiju, ih lii pru- 
vinria dv Gnütimahí (1). 



se^ín atirnian rrli-jiosos (loiiiiiiicos..Pi>ro tal recurso sólo estaba al aleanee de fami- 
lias acouiodadas, y era jireeiso formar letrados, « porque habiendo de veuir todo de 
K.spaTia, era violeuto y no dural>le. » General era el deseo de tener aquí casa de es- 
tudios, y por eso la eiudad pidió al rey que se fundase una universidad, donde los 
naturales y los hijos de los españoles fueran industriados en las cosas de la santa fe 
catúlica y en las demás facultades. » (García Icazbalceta, ya citado. Memorias 
lie la academia mejicana, correupondiente de la real española, tomo II.) 

(1) El rey. Venerable y devoto p.idre provincial de la orden de santo nominf;» 
de la provincia de Guatemala : Conu) tenéis entendido de nuestra real voluntad, nos 
deseamos eu todo lo )|ue es posible, procurar de traer á los indios naturales de esas 
partes al conocimiento de nuestro Dios, y dar orden de su instrucción y conversión á 
nuestra santa fe católica, y habiendo uuicha.s veces platicado en ella, uno de los me- 
dios principales que ha parecido que se debía tener para conse^iuir esta obra, y ha- 
cer en ella el fruto que deseamos, es : procurar que esas gentes sean bien enseñadas 
eu nuestra lengua easttdlana. y que tomen nuestra policía y buenas costumbres ; 
l>orque por esta vía con más facilidad podrían entender y ser doctrinados en las co- 
sius de la religión cristiana. Y conuí los religiosos de vuestra orden que en esa tierra 
residen, tr.it.-in más ordinariamente con es.TS gentes, y conversan más con ellas, como 
persou.is que entienden en sn instrucción y conversión, parece que los podrían más 
buenamente entender en enseOar á los indios la dicha lengua castellana, que otra.s 
personas qne lo tomarían de ellos con más voluntad y se sujetarían á la de apren- 



He reproducido en nota el texto de la real cédula, á fiu de ave- 
riguar cinno pudieron cumidir los padres dominicos con tan pe- 
rentoria recomendación para enseñar la lengua castellana, y nada 
más concluyente que la exposición (pie sobre esta materia hace 
fray Antonio de Eemesal. Cuando se repartían los padres por la 
provincia de Cliiapa, refiere no estaba despachada esta cédula, y 
:; pienso (pie aunque la estuviera dejarían su ejecución para otro 
tiempo, y por entonces siguieran el medio (lue acogieron de apren- 
der la lengua de la provincia ó puebh» que á cada uno le cupiere, 
por ser más fá(!Íl que esperar (pie todos los moradores aprendiesen 
la lengua castellana: . Y este fué el criterio natural y necesario para 
l)roceder, por(iue los hechos son más poderosos (pie las prescrip- 
ciones generales de la ley, y por más conveniente (pie fuese gene- 
ralizar la lengua de los conquistadores, esa no era obra de im- 
provisar, ni aun de posible eiecución, powpie pueblos enteros com- 
puestos de liondires, mujeres, ancianos y niños no podían ir á 
las escuelas, ni hoy hay ni hubo entonces, ni posible fué (jue hu- 
biese, maestros bastantes para tal enseñanza. La real cédula esta- 
blecía los ideales y proi)ósitos de la corona, ])ero los frailes eran 
los únicos llamados á realizarlos, y éstos obraron c(ui arreglo á 
las circunstancias. 



<1< r cou iluiyor amor, por la aftción que les tieneii, ;í causa de las buenas obras que 
<lr ellos reciben. Por ende yo vos ruego y encargo que proveáis como todos los re- 
ligiosos de vuestra orden que en esa provincia residen, procuren por todas las vías 
á (illos posibles, de enseñar Sí los indios de esa tierra nuestra lengua castellana, y en 
ello pongan todo cuidado y diligencia como cosa muy principal y que tanto importa ; 
porque por este medio, como está dicho, parece que míís brevemente esas gentes 
podrían venir al conocimiento de nuestro verdadero Dios, y ser instruidos eu las 
cosas de nuestra santa fe, en cuanto á ellos va. Y porque esto se haga con más re- 
caudo, nombraréis personas de vuestra orden, que particularmente se ocupen y en- 
tiendan en esta obra, sin se ocupar en otra cosa ninguna, y que tengan continua re- 
sidencia, como la deben tener preceptores de esta calidad, y señalen horas ordina- 
rias para ello, á las cuales los indios vengan, que yo escribo al nuestro presidente 
y oidores de los Confines que para ello os den el favor y calor necesarios. En lo 
cual demás de cumplir vos con la obligación que tenéis al servicio de Dios nuestro 
señor y ampliacií'm de nuestra santa fe católica, seremos de ello muy servidos. De 
la villa de Valladolid, á 7 días del raes de junio de 1550 años. Maximiliano. — La 
Heixa. Por mandato de S. M., sus altezas eu su nombre, Juan de Samano. CFray 
Antonio dh Kioiesai-, Hintorin de la prorincia de Chiapa y anaiemala, libro VI, 
capítulo VI, página ^29.) Advierto (|ue lie cambiado la ortografía para hacer más 
fácil la lectura del documento. 



Kl patín- tVay Tomás Casillas, (•(nivi-iicido tic (\nc el miiiisifíio 
(Ule sf (itVfcía á los nuevos a]>óstol('s, t'ra la iii(>|ia,<iai'i<'iii de la te 
entre aquellas naciones hárltaias, y de (|ue ésto no se podria hacer 
sino oyendo y entendiendo al predicador, encariió á to<los los jia- 
dres (pie aprendieran las leniiuas de las provincias adonde il>an, 
con toda la brevedad posiMe, para (|ue cuanto más ¡ironlo la su- 
l>iesen, más presto se ejercitasen en enseñar ;i los indios (1). Des- 
de CSC tiemi>o, — aurcüa el padre líenu'sal. — se ha tenido ií'ran 
cuidado de jirocurar (|uc los religiosos (pu' tbrmahau la ¡novincia 
de la orden dominica, sepan las leuiiiias de las tierras en (pu- vi- 
ven. Y á estos primeros padres se debe mucho, puesto <iue coa 
<>Tan fatifia y trabajo, haciéndose niños, sieudo hond)res perfec- 
tos y viejos los más y entrados en días, resolvieron los princi- 
pios de la gramática y cosas tan olvidadas como nominativos, de- 
clinaciones, verbos, conju.üacioncs y tiempos, para reducir ;i doc- 
trina, enseñanza y modo de ciencia, las len<>uas báibaras (pie 
hablaban los naturales de estas tierras > (2). 

¡ Y en verdad ([lu- es i>loriosa y meritísima la manera como 
atpu'Uos venerables frailes cuin|>lieron su misi(')n evangélica, sin 
más auxilio (pU' la fe, en medio de aquellas muchedumbres de idí'»- 
latras y de pueblos vencidos! 

En 1.14S, en la visita (pu' hizo el padre fra> Domingo de Ara al 
couvento dominico de (luatemala, man(l('i al padre fray Juan de 
Torres «pie hiciese arte y vocabulario de la lengua cackihpud, cpic 
es la de a»iuella provincia, y ordem') (pm diariamente tuviesen los 
religiosos conferencia sobre la lengua de la tierra : trabajo improbo 
y constancia digna de las alabanzas de la posteridad. lOn el capítu- 
lo de la orden celebrado en (luatemala en I.")(!4, se manda á los 
l)riores cpie cada uno cu su convento escoja el religioso (pie me- 
jíu- su])icre la lengua del distrito y le mande hacer aite y vocabula- 
rio (le ella : \ los cartapacios encuadernados, — dice el padre Re- 
mesal — se p(»ngan en las librerías conuiues, para (|ue se apro- 
vechen de ellos . 



(1) Krav Ankimo ki-, 1{i;mi:.sai.. Hinloria (Ir la pror'uwin (Ir Cliiapa ,1/ (liiatniuiht. 
página 2!l!t. 

(2) Oljia litada. 



— 72 — 

Curiosos é iustructivos pormenores son éstos, qxie constituyen 
lioura altísima de las órdenes monásticas en los pi"imeros tiempos 
de la conciuista, en los cuales ésto se mandaba y, porque la obe- 
diencia es regla monástica, se cumplía. « Parece que esta obra tan 
necesaria se comenzó, — dice fray Eemesal — y con otras ocupacio- 
nes se habían divertido de ella los (jue la tenían á su cargo. Fm el 
capítulo siguiente que se celebró en Col)an, año de 1500, se les 
A'uelve á mandar por obediencia (pie todos los <]ue lian comen- 
zado á escribir artes y vocabularios los acaben, y los den para 
que todos se aprovechen de ellos » (1). A consecuencia de haberse 
hecho con demasiada extensión algunos de estos trabajos, en el 
capítulo de la orden celebrado en ('iudad IJeal en el año de láG.S, 
se mandó (pie fuesen abreviados i)ara «pie con mayor facilidad y 
rapidez pudieran utilizarse, y se reitei'ó lo prescripto en el cele- 
brado en (Tuatemala el año 1572. Eefiero estos pormenores como 
prueba del empeño (pie ponía laorden dominica en aprenderlas 
lenguas indianas áñu de predicar el evangelio, y de <pie no podían 
proceder como se les recomendaba por la real cédula, enseñando 
la lengua castellana, porque era preciso aprender la de las poblacio- 
nes. Así es (jue, — según fray Eemesal, — fué C( )stumbre y ley en la 
provincia religiosa de cuya historia trata, ipie ningún religioso que 
viniese de España, por antiguo, docto y grave (lue fuese, confesa- 
ra ni predicara antes de saber alguna de las lenguas de estas pro- 
vincias. Y [ior((iie no se cpiedase sólo en tradición, se consignó en 
acta en el capítulo de Ciudad Eeal el año de 157() y se confirnu') 
en algunos capítulos siguientes (2). 

La experiencia de estos buenos frailes en la predicación del 
evangelio los hal)ía convencido de la necesidad de saber las len- 
guas indianas, mientras (pie, lUTicho después, transcurridos largos 
años, el arzobispo de México señor Lorenzana sostenía qne los cu- 
ras no necesitaban saber la lengua de los feligreses para que éstos 
aprendiesen la del cura. < Amuchofavor de nuestro señor, — dice 
Eemesal, — se puede atribuir el haber los padres ipie envió desde 
Chiapa el padre fray Tomás Casillas aprendido con tanta perfec- 



(1) Obra citada. 

(2) Obra citada. 



fióu las IfUüuas, sin luz, sin maestro, sin arte, sin platicante, sin 
Yocalmlaiio, ni otra industria liniuana, eu tan breve tiempo como 
las aprendieron. Hl padre fray Pedro Calvo á los "JO días (pie apren- 
día la leu;nna de Cliiapa, predicó en ella v enseñaba la doctrina á 
los indios y á los dos meses la hablaba con tan elefantes frases co- 
mo los naturales más ]>ulidamente la podían pronunciar. V auncpie 
los otros padres tardamn ali^o más en saberla, nin.iiuno á los tres 
meses dejó de en.señar y ¡iredicará los indios. Kn('opanal>atla, fray 
Jorge «le León aprendi(') la lengua en i)oeo más de un mes, y todos 
en sus visitas dentro de muy breve tiempo merecían la comida (pie 
los indios les daban, porijue caila uno en su lengua les enseñaban la 
fe y declaraban los misterios de su redencicui > (1). El Jesuíta \'al- 
divia ai)rend!a con el mismo empeño y rapidez la lengua de los 
indios chilenos y de los (iuarjies en Cuyo. 

Yo pregunto, ¿pudiera ahora citarse ejemi>l<> parecido en al- 
guna de las naciones que sostienen colonias en Asia <» Afri<ii .' ; Hay 
ejemplo en la historia (pie supere á este admiral)le ahinco, este su- 
premo esftierzo de los buenos frailes de la primera época de la co- 
lonización en América ' Nada conozco que pueda igualarse con 
esta admirable y edificante abnegación. 

Para apreciar con verdadero criterio tilos('ilico la obra de la co- 
louizacii'm americana y conocer la raíz de las socieíhules actuales, 
preciso es recurrir á las fuentes, á los primitivos cronistas, estu- 
diar con ánimo despreocupado los mandatos y disposiciones de la 
corona y la verdad entonces se presentará sin esfuerzo con sus ad- 
mirables enseñanzas. Esta obra compleja, en la cual pudo lial)er y 
hubo sin duda, errores y temeridades, tiene empero singularísimo 
realce, cuando se comprueban las intenciones levantadas y civili- 
zadoras de los monarcas españolas eu los primeros tiempos. 

El padre líemesal, cuya obra merece ser estudiada por su clara 
exposición, ingenui(hid de sus relatos y sensatas observaciones, 
dice que cuando comenzó á ordenar su Historia se i>ropuso es- 
cribir .sobre las creencias religiosas de los indios, tanto más cuan- 
to que se encontró con una provisión de 8. M. fechada en San 



(1) Fray Antonio he Rkmksal, Historia de la procinriit dr San l'icciile rfc Vhiupa 
y Guatemala de la orden de .Santo Domingo, página 300. Impresa eu Ma<lri(l, 1G19. 



Lorenzo el real á 1) de junio de 157;}, en la cual se recomen- 
daba que los ininiístros eclesiástico.s tuviesen noticia de los ídolos 
([ue adoraban los indios en tieniix» de su infidelida<l, y de los sa- 
crificios que les hacían, para demostrarles su superstición y ense- 
ñarles la doctrina de la fe. Así le fué mandado ademjís á la real 
audiencia de Guatemala, por cédula despachada en Badajoz á L'. '5 
de septiembre de 1580 (1). 

De manera que los reyes querían (jue se estudiasen los ritos 
antiguos de los indios, su modi» de gobierno, en una palabra, el 
estado de su cultura; y cito el hecho para que se reconozca (pie 
los reyes de España no tuvieron por iinica mira en sus dominios 
de América el aumento de sus rentas y el enri(iueciniient<> de 
su tesort), sino que se preocuparon y dieron disposiciones par;i 
couoeer las civilizaciones embrionarias americanas. .Tusticia es 
ésta (pie la posteridad les debe, y han llegado ya los tiempos de 
hacerla, desvaneciendo los errores de la historia convencional for- 
jada por escritores extranjeros, <pie no han buscado la verthid en 
testimonios auténticos. 

Ese propósito de estudiar acpiellas civilizaciones americanas, 
tuviéronlo también los padres de la provincia religiosa de Santo 
Domingo, lo tuvieron los franciscanos en México, y todos los reli- 
giosos en el Perú y en toda la América. 8e ha repetido que los 
españoles no hicieron sino destruirlos pueblos indios y borrar su 
historia con la crueldad más inexcusable; conviene, pues, estudiar 
ahora los fundamentos de estas acusaciones generalizadas y admi- 
tidas. 

Aquellos padres (pie trataron con los indios idólatras, — dic« el 
padre Eemesal, — tuvieron gran cuidado en sal)er las historias de 
las supersticiones, el origen de sus dioses, el principio de la idola- 
tría, y de donde lo tuvo la abominación de sus sacrificios, ; y el pa- 
dre fray ])omingo de Vico escribió en la lengua cachi(piel y de la 
Vera l'az un libro grande de este argumento, para que los i)adres 
(pie viniesen después y aprendiesen la lengua para [)re(licar la ver- 
dad, (pie había de hacer sentir á los indios, supiesen la mentira de 
los (pie los hal)ían de ahuyentar. De los ídolos y de la provincia de 

(1) Obni i-it;i(lM. 



Zao;iiml;i. tit'iic lil>ro en l:i li'iniua «li- aiiiicllii tit-nii el jiatlrc fray 
Salvador dt- San ('ii>iiain>. \ iiu' It- «lii'i. \ yo If <'iivi('- al iiailrc tVay 
. I lian <lt' Aylloii. como t|iiit'ii raiuliiéii sabe la h'Uíiua, i)ara qiu' me 
tratliijt'se lo <|iu' jtaiccia (HU- mi' convenía (1). 101 mismo liistoria- 
dov refiere (|iie el padre fray Tomás Cnellar. en sns escritos sobre 
algunos padres de la provincia dominica de Santiago de .México, 
se ocupa de los ídolos de la provincia de (iuatemala, y por esta ra- 
z«)n se abstiene aípiel de tratar de esta materia, para no incurrir 
en la repetición de c(tncei>íos ya esplanados. 

Es curiosísima la exitosicióu que el mismo padre llemesa! hace 
del estado en cine •Micontraron á los indios en las comarcas «pie 
emprendía la provincia religiosa llamada de San N'iceiite, es decir, 
los territorios de (liiapa y (iuatemala. toda la América cculral. 
Los indios estaban desnudos, s(')lo se cubrían y se ceñían con una 
venda de cuatro dedos de ancho, (pie llamaban martel, i)intábanse 
con buen betún colorado ó negro, sucio > ascpieroso. El cabello, 
que de su natural es grueso y negro, lo lle\aban encrespado é> re- 
bujado en las cabezas como estopa, á causa de que iio se hi ¡leina- 
ban. Las uñas de las manos, sucias y largas como de gavilán, por- 
(jue nunca se las cortaban : para las necesidades naturales, — dice 
el i»adre, — tenían menos instinto que jierrosi') gatos ('_'). Entendían 
que el bautizarse era Inn-erse perro de (astilla y tener algún favor 
con los españoles, jiara asegurarse contra los malos tratamientos. 

Hubo oeasioues en que los religiosos. aliiuniados]i(ireI trabajo, 
las miserias y la excesiva pobreza en que vivían, y además creyen- 
do que los ludios de Nueva España como de l)uen entendimieuto 
eran fieles á lo que se les mainhiba, mientras (jiie los de ( 'hiapa por 
momentos .se les iban á idolatrar á los montes, y muchos (pie te- 
nían en.señado, por no dejar las mujeres y sus toritezas, noipierían 
recibir el bautismo >, solicitan irse á Xueva Esi)aña. Mas el padre 
fray Tomás Casillas los consohj en sus trabajos y desmayos, y los 
convencii) de (pie era obra santa no abamhmar á a(piellos indios. 

Siendo tal el estado de los indios de ("hiapa y (iuatenuila. y tan 
grandes las miserias y pobreza de los frailes dominicos, • era por 



(1) Obr,a citada. 

(2) Olira litada. 



— 76 — 

ventura posible (]ne se enseñase á esas poblaciones la lengua cas- 
tellana ! Eran tan abyectos aquellos indios, tan salvajes, que tal 
enseñanza fué verdadeva mente inq)osil)le, y el único medio de mo- 
dificar su miserable condición tuvo que ser el adoptado por los 
frailes, comenzando i>or aprender las lenguas indianas, é ir pocoá 
])oco instruyéndolos, civilizándolos, reuniéndolos en poblaciones 
tijas para que cultivasen la tierra y se habituaran á un trabajo re- 
gular y continuo. La enseñanza de la lengua castellana, pin- útilísi- 
ma que fuese, debía ser una consecuencia del sometimiento y ca- 
tequización de los indios. 

El progreso de los Estados ITnidos tuvo por factor i)rincipal la 
inmigración europea, la cual, asinulándose á la población de los 
i;; estados que se emanciparon, ha producido el asombroso cre- 
cimiento de esa nación ; pero es error, en mi opinión, atribuir el 
hecho únicamente al sistema colonial inglés. No puede tampoco 
sostenerse (pie jiara tal in'ogreso fuese preciso destruir las razas 
aborígenes, para que el país se poblase únicamente de raza euro- 
]>ea y de esclavos negros. La colonización española que se asimiló 
la raza aborigen, produciendo los mestizos, no ha podido dar 
hasta ahora los mismos resultados, i)orque las naciones hispanas 
están relativamente poco pol)la(las. Cuando las mismas poderosas 
corrientes inmigratorias se establezcan para aquellas naciones, por 
estar ya muy condensada la población en el norte del nuevo con- 
tinente, el progreso y la ri(pieza, resultarán en virtud de los mis- 
mos factores (pie los han producido en los Estados L'nidos. Xo es 
cuestión de razas, lo es sim})lemente de [)oblaci('»n. 

Es lo que acontece actualmente en la Eepública Argentina y 
constituye una prueba, pues la ciudad de Buenos Aires es de ac- 
tivísimo movimiento y su edificación tan rápida que se transfor- 
ma á ojos \istos, como vulgarmente se dice. 

Los escuelas durante la época colonial no fueron abundantes ni 
entre la jtoblación española y mestiza, ni en las ciudades, mucho 
menos pudieron serlo en h»s pueblos de indios. Los religiosos fue- 
ron los maestros al princiiúo, después en las aldeas lo fueron los sa- 
cristanes, í cómo era posil)le ])r(ítender (pie los indios aprendiesen 
la lengua castellana ? lis i)recis() tener en cuenta las circunstancias 
para comi)ren(ler cpie esa pretensión fué una (piimera. 



En las inisioiit's icli,iii<)sas los indios vivían \n\]o la diivcción es- 
piritual del iiadic, podían tal vez los niños ir á la escuela y ajtren- 
der á leer \ escribir cu castcllaiin : pciu im lo podían los adiillos ni 
los viejos, ni las mujeres. N'cccsiialiau Irahajar, ial)rar la I ierra pa- 
ra vivir, y ya cía hasiaule ipU' fuesen ¡i la iglesia .i aprender el ca- 
teeisino y los rezos, euseñadns cu su idinuia : exigir ui;is Imliiera 
sido absurdo. 

Esas misiones no estaban en coulacln enu las poblaciuries Illan- 
cos, ¿cónu) podrían aprender aipu'llos naturales una U'unua que lal 
vez no oían .' Se pedía un nulay-ro al pretender «pu', dadas las cir- 
cunstancias, los dos siglos y medio transcurridos desde la conciuis- 
ta bastasen para la üeueraliza<'ión de la lengua castellana. Ctnindo 
se estudian Impareiahncnte los hechos se ven claramente surgir 
diricidtades tales, (pie hacen jiensar ipie esa generalizacit'in no lui- 
do ser más r;ii)ida de lo (pu' fué, y (pie los resultados son la más 
amplia justilicaci('m del acierto con (píese procedií'i. Ks muy fácil 
criticar olvidando las circunstancias, y más lo es atril)U¡r al pasa- 
do los errores (pie al jn-esente cometen los gobieriids y los pue- 
blos indcpendientí's. (|iie nada han hecho para continuar genera- 
lizando entre los indios, muy numerosos en algunas re]u'iblieas, 
la lengua castellana. 

En los rei)artimientos y en las encomiendas de indios de la ('-[x)- 
ca cohmial, si es \erdad (pie era obligatorio enseñarles la doctrina 
cristiana, es evidente (pie para cumplir tal deber necesitaban sa- 
cerdotes que hablasen las lenguas indias, [xinpie allí no había es- 
cuelas puesto (pie no hubo maestros. ¿ Cíuiu) pudo informar al rey 
el arzobispo Lorenzana «pie larazcni porlacnal no se hallaba gene- 
ralizada la lengua castellana entre los indios, consistía en la ojx»- 
siciíui de los curas piírrocos naturales '! VA hecho es inexacto, y |)or 
ello sostengo (pie el dicho fiu' malicioso. 

Para demostrar (pie las circunstancias fueron in;is poderosas (pie 
la buena voluntad de los hombres, en la hip(')tesis de (piefuera sin- 
cero de generalizar la lengua castellana, conviene tener presente 
lo que voy á recordar. Actualmente en las repúl)licas de México y 
Guatemala, la iglesia lia sido separada del estado, ¿(pié se ha he- 
cho para mejorar la suerte de los indios ? En liolivia, el Pen'i y el 
Ecuador, el culto es oficial, sostenido por el tesoro de cada una de 



— 78 — 

esas repúblicas, ■, qné se ha lieelio para mejorar lo suerte de los in- 
dios ! Ni los arzobispos, ni los obispos, ui los cxiras, bajo el régimen 
de la libertad y separación de la iglesia y el estado, hicieron nada 
en este concepto, ni tampoco lo hacen bajo el régimen del cnlto 
oficial, y en algunas naciones exclusivo. 

De manera (pie el problema de la civili/ación de las muchedum- 
bres indianas está sin solución, preciso es reconocerlo con fran- 
queza. Durante el régimen colonial se intentaba resolverlo, como 
resulta del presente estudio, mientras ((ue l)ajo los gobiernos in- 
dependientes y populares no se ha. dictado medida alguna que 
acelere la mejora y la definitiva civilización de la raza indiana. 
Esta es la triste verdad. Debo recordar sin embargo cpie el gobierno 
de Guatemala convocó á \u\ concurso para el estudio de este pro- 
blema, y la obra de Bati'es tuvo ese (n-igen. 

Muy lejos estoy de sostener (pu' el régimen español fuera con- 
veniente, puesto (pie ni lo afirmaban los mismos prelados, como lo 
expresaba el virtuoso fray Antonio de 8an Miguel, obispo que fué 
de Michoacau, en un informe (pxe él y su cabildo dirigieron al )'ey, 
en 23 de octubre de 1 705 (1). ;. Los indios y los castas están en 
la mayor humillación, decía. El C(dor de los indios, su ignorancia, 
y más (pie todi», su uiiseria, los ponen á una distancia infinita de 
los blancos, (pie son los (pu' ocupan el i)rimer lugar en la pobla- 
ción de la Nueva España. Los privilegios (pie al parecer conceden 
las leyes á los indios, les proi)orcionan pocos beneficios y casi se 
puede decir ([ik^ los dañan. Hallándose reducidos al estrecho espa- 
cio de (i(M) varas que una ley antigua señala á los pueblos de in- 
dios, [Hiede decirse ((ue axpiellos naturales no tienen propiedad 
individual y están obligados á cultivar los bienes concejiles. » 
Esta organizacióu social era viciosísima, tal cultivo era una car- 
ga lnsoportabl(% puesto (pie de ello no sacaban ningún pro^•echo 
personal (2). Esa fué la organización azteca y quichua. 

líl reglamento fuiubidoen hi Ordenan ::a de intendentes, prohibía 
(pie los naturales recibiesen socorros de la caja de la comunidad, sin 



(1) Agustín K. Gonzái.iíz, Historia dol entuíio de .¡¡iiias CatienlKK. 1 vohiinon de 518 
páginas con mapas. México, 1881. 

(2) Obra citada. 



70 — 



permiso espccijil ilc l:i Jiuilii supciiov de l¡i iciil liiiciciida, de iiiaiio- 
va que tnibajiíliaii |>ara la comniiidad. y rsla no les ayudaba con 
ju'éstauíos para su cultivo privado»'» individual. La ley prohibía <|ue 
los ai.it<is se luczclasen : los blancos no podían establecerse en l(»s 
pueblos de indios, y esta separaci('>n, obser\a el buen obispo, es- 
torba á la civilizacitMi. Ijos indios se nobiernan por sí uiisuios y 
to<los los uiauistrados concejiles son indios (|ue \iven á exi»ensas 
de la iiobJaciiHi. y líindan mi autoridad en <'1 nacimiento ó sobre 
amaños (|ue la hacen iiereditaiia (I). Los naturales no podían otor- 
{>ar escrituras públicas por valor «pie excediese <le .") ])esos, de ma- 
nera «pu' el ahorro era inútil ; no ]»odían ad<|uirir la lieria, y el in- 
dio ama con pasión la projíiedad del luyar ipie cultiva y en ipu' ha- 
bita. 

Por otra i»arte, las <'i(st<is descendientes de ue,<>ros esclavos, es- 
taban tildados de infames y payaban tributo. ;: Kiitre la raza de hicz- 
clfí, esto es, entre los mestizos y los mulatos, Jiaii iinirlias familias que 
por su color, su fsouomía y móflales podrían coni'undirse con los es- 
l>añoles; pero la ley los mantiene envilecidos y nuMiospreciados : 
dotados estos hombres de color de un carácter enérgico y ardiente, 
— decía el obispo de ^richoacán, — viven en un esta<lo di- constante 
iniciativa contra los blancos, siendo mara\ illa (pie su resentindento 
no los arrastre con tVecuencia á la venganza ('J). Más todavía: este 
buen obispo obser\a (pu' los indios y los mestizos están sujetos á 
las justicias territoriales cuya inmoralidad ha contribuido no 
l>oc(> á su nnseria . Los alcaldes los ex|(lolaban. Ilntonccs, como 
ahora, el alcalde, el c((rre.i;'idor y el cura párroco, eran un azote (3). 

Se suprinnenuí repartimientos, y en virtud de la Real ordenanza 
de /ji/c)(í/r)(/r.s se nombraron, en vez de alcaldes mayores, los llama- 



(1) M...„. 

(2) Iiiforiiii' ;il rey dil iiliispo ilc Mulioaian. fray Aiitunid ilc San MiffUfl on 25 de 
octubre dp 1795. Obra citada. 

(3) Era derecho de los corrcjíidorcs de proveer á los indios de toda clase de iiie- 
nndencia.s, ¡í los precios que aquellos quisieren y estaban obligados los indios á acep- 
tarlos y pagarlos porque no podían comprarlos en otra parte, según lo informaban 
don .Jorge .Inan y don Antonio do UUoa. En el ejercicio de tal derecho se cometían 
los más irritantes abusos, porque ni aún se permitía á los indios elegir los géneros. 
Ksto era una fuente de enriquecimiento para los corregidores, de modo cine el tra- 
bajo del indio no bastaba para pagar el tributo, á los curas, rejinilimenton de merca- 



dos snlHlelegados, sin sueldo fijo, y éstos fucrou una forma nueva 
de explotar á los pobres indios. 

Dicho prelado, español de nacimiento, decía al rey: «¿qué afi- 
ción puede tener al gobierno el indio menospreciado, envilecido, 
casi sin propiedad y sin esperanza de mejorar de suerte; en fin, sin 
ofrecerle el menor beneficio el vínculo de la vida social?... Si la 
nueva 1egislaci(')n que la España espera con impaciencia no atien- 
de á la suerte de los indios y de las gentes de color, no bastará el 
ascendiente del clero, por grande (pie sea el corazón de estos infe- 
lices, para mantenerlos en la sumisión y respeto debido al sobe- 
rano : (1). 

Pues bien, esta, pésima constitución de la sociedad civil, ha per- 
sistido después de la independencia délas colonias españolas ; úni- 
camente en la república del Salvador es donde, hace pocos años, 
se su[)riniió el réginuMi de la comunidad y se procedió á la subdivi- 
sión de la tierra en los antiguos pueblos de indios, jyroduciendo ex- 
celente residtado. 

Solórzano afirma que en el real y suprenio consejo délas Indias 
se había discutido la conveniencia de obligar á los indios á que 
aprendiesen la lengua castellana, y recuerda que en el concilio 
límense lll se ordeiii') (pie se les enseñasen las oraciones en su 
idioma y en él fuera predicada la doctrina y cateciuizados, sin obli- 
garlos á aprender la lengua castellana si no lo quisieren volunta- 
riamente. La i)ropagación de este idioma se quería que fuese sin 
violencia; pero la necesidad debía al fin demostrar, que era iuevi 
table imponer su enseñanza como obligatoria, para garantizar el 
éxito de la doctrina cristiana (2). Cédulas antiguas é instrucciones 
(pie están recopiladas, según Solórzano, en el cuarto tomo de las 
impresas, disponían lo mismo. Los padres Acosta y (Tarcilaso juz- 



«lerías, y fiestas religiosas ; de modo que se vierou condenados á uua situación peor 
que la de esclavos, porque éstos son mantenidos por los amos. El corregidor dispo- 
ne así del trabajo del indio, de sus animales para el transporte, porque con él se 
entienden los pasajeros y él guarda para sí una parte de la paga á cuenta de lo que 
siempre supone que le adeudan los pobres indios. (Noticias secretas de AnuU-ica, por 
don Jorge Juan y don Antonio de UUoa. Londres 1826.) 

(1) Informe antes citado, dirigido al rey. 

(2) Política indiana, 'A^ edición, tomo I, página lítS. 1736. 



f;al»iiii (|Uc lio li;il)i;i (Icrcclio ¡laia niiitar sus ¡(liornas .i los indios, 
por lo cual era priidciiti' recurrir al razoiíaiiiioiito para coii\ ciiccr- 
los. Pretendían (|uc era más c(|uitativo (pie los coiupiisladores 
aprendiesen los idiomas indios, por ser preeisam*'nte más intelij>en- 
tes y capaces, y adeiiiiis ponpie se contrajo la obligaciini de predi- 
carles el cristianismo, y por ello la car<>a de a|>reiider un idioma 
extraño debía ser para los españoles (1). La nal (('dula de 10 de 
mayo de 1 7 70 dispuso imperativamente (pie se enseñase á los in- 
dios la len,i>iia castellana y los ohliyase á altandonar sus dialectos 
é idiomas. 

(j>uedaría incompleta esta argumentación sino refiriese la deca- 
dencia de las instituciones monásticas, cuando la riipie/a territorial 
se hizo aliiisiva, y el conicrcio ;i (pie se entregaron algunas sin pu- 
dor, las (les\ i('i de la iii¡si(')ii c\aug('lica de los primeros tiempos de 
la doniiiiaciiui española. 

He creído ipuí convenía [iracticar todas estas indagaciones á tin 
decpu' s»' juzgue de las relaciones (pu' se mantuvieron entre los reli- 
giosos y las poblaciones americanas, y ponpie en todos los detalles 
de la vida colonial se muestra el ejercic'io del derecho de patronato 
<lesemi>eñando una iiilliiencia benéttca, conteniendo abusos ecle- 
siásticos, estimulando laslmenas obras y obligando á los religiosos 
de las comunidades á »|ue fundaran escuelas, aprendiesen la* len- 
guas indianas y su historia antigua, fueran generalizan(h) el idio- 
ma de los con(|uistadores. lie emprendido ahora estos estudios 
con motivo de una de las misiiuies de mi vida diplomática, ponpuí 
lu'ecisainentc fué en el desempeño de ella (pie reuní libros, tomé 
notas é hice las investigaciones (pie me fue'' ]»osible, jiara apreciar 
las rehu-iones legales de la iglesia y del estado, l'aréceme de Justi- 
cia recordar el bien (pie liicicron los frailes, sin que i)or ello desco- 
nozca (pu^ apoderándose de las mejores tierras y del comercio, cons- 
tituyeron al Un lili clciiienro perturbador, y para completar estas 
noticias reproduciré un informe del virrey del l'erú, don Manuel de 
Amat: •: ... El comercio t pie los eclesiásticos y principal mente los re- 
gulares, — dice, — han fomentado y jialiado con el expendio de sus 
jiropios frutos, hace iiiiis de dos siglos, (pie cuando fiu'' engrosando 

(1) ()l.r:i citnila. 



se constituyó más reparable y digno de ¡iplicarle las ]))ecaucioues, 
(|iie previene la ley, por el desmedro conocido (pie comenz»') á sen- 
tir laliacienda real con la inmunidad de derechos (pie se les otorgó. 
Yo, desde (pie pis(_^ la Ainérit^a, comprendí cuánto liabía crecido 
este gigante, y aunfpie siendo presidente de Chile tirt- algunas 
líneas á debilitarlo, me enseñó la experiencia (pie eran muy ])ro- 
fundas a(piellas raíces... Luego que llegué á esta capital, por un 
recurso (pie me hizo la religión de Santo Domingo, conocí había 
juicio pendiente sobre el asunto con estos oficiales reales, (pie opri- 
midos del mismo desorden con que traficaban sus efectos libres de 
contribución los regulares, tenían hecha cierta representación; de 
(pie luego me cercioré recibiendo una real orden en (pie se me 
mandaba examinar este punto, acompañado de la delacitni (pie 
hizo don dristóbal Francisco Rodríguez, fiíctor interino de estas 
cajas; y aiin(pie s(Slo se me prevenía hacer de ella el uso que con- 
venía al real servicio, era formalizar este expediente: le di su debi- 
do curso, y substanciado por todos sus términos, se conocieron los 
cientos de miles en (pie era defraudada la real hacienda por estos 
efJesiásticos, y los de Chile in'incij)alniente, y con incom])arable 
exceso por los regulares de la (pie se intitulaba compañía de .Jesús, 
siempre que expedí con dictanien del real acuerdo alguna resolu- 
ción provisional, que bastase al menos á alejar el exceso á (pie cada 
día iba ascendiendo este intolerable abuso, di cuenta á S. M. con 
testimonio de autos y un mapa comprensivo de lo (pie en un (piin- 
(pienio dejaba, de percibir la real hacienda. 

Manifiesta (pie fué instruyéndose del comercio de dichas órde- 
nes mcmásticas y señaladamente délos jesuítas, que aumentaban 
el tráfico y alniltaban más y más sus corresi)ondencias y tragines, 
encapitando los géneros y especies de los seculares en fraude de 
las leyes y de los reales intereses ». Para contenerlos, dice (pie pre- 
vino al provincial que hiciese restituir á sus provincias á los pro- 
curadores de las de Quito y Chile, cuya cargazón era la (pie más 
resonalia por mar y por tierra. Entonces redactó el informe pre- 
cautorio, (pie dice así : : Señor; la religión de la conqtañía tiene 
en esta ciudad una oficina llamada procuraduría, donde residen 
todos los i»rocuradores de esta Améri(?a meridional, en distancia, 
de (!er(!a de 2(K> á lOOO leguas. Á ella conducen todos efectos 



- S3 — 

(k* lahricas, triyos, viims. ¡(••niivdieiites, solios, ycilia del Para- 
iíimy, azúcar, loza, vidrios y demás con (|iie altastcccn todas las 
imliterías, y tit'iidas di' ropas llamadas de la tierra : lo mismo eje- 
cutan por las restantes cimlades del reino, de modo (|He su comer- 
cio en estos géneros es casi el único, y como un estanco, para «pie 
los particulares comerciantes no |)uedau con él í;irar; ¡loripie no 
jiayando a<piéllos c(Uitril)uci('m alguna, ni teniéndoles costo los 
agentes, venden á menores precios, tomando el dinero contante, 
dejando á los seculares vasallos de S. .M. el cuidado del resto, «pie 
son deudas y (piieliras de los (pie les compran con jiapeles: estas 
exliorltitantes <;anancias, ó se emplean en nuevas y diarias com- 
pras de hacienda y fábricas, ó el dinero se remite donde no parece 
en ninguno de los registros de Esi)aña. Si lo in-imero. salen las 
lincas de mano (pie contribuya á V. ^T. y entran en privilegiadas: 
con sus frutos y las de las haciendas (pie antes poseían, come y 
viste la coniuiiidad : \ si resulta la segunda parte (pie hace per- 
suadir lo mismo (pie (pieda dicho, ignorándose el curso (pie toma 
el caudal de tanto como veuíhni. En esto son impenetrables, y lo 
l»ropio auiupie uno sospeche con fundamentos muy s(')lidos de (pie 
los seculares giran sus caudales por a(piellas manos, y (pie comer- 
cian bajo sus inteligencias, con la mira de ahorrarse los derechos, 
será punto menos (pie imposible averiguarlo con evidencia, p(mpie 
estos itrocuradores (') comerciantes sagrados, ávidos de caudal y 
partifh), como bien instruidos en estas y mayores máximas, saben 
ocultarlo todo. Yo, señor, que miro muy de cerca los pocos intere- 
ses (pie rei»orta V. M. de estos dominios, las muchas cargas de su 
corona de España y la América, y la ruina y el riesgo á (pie éstos 
están e.Kpuestos, sino se re]»ara C(m la mayor veloci(hid, y también 
»iue siendo contra la misma religi()n y su decoro (pie tengan casas 
de público comercio, en (|ue ultrajan su pundonor, viéndoles el 
vulgo, como yo mismo diariamente, en los mercados y puertas de 
tabernas, puli)erías y tiendas, hasta con una tableta en la mano 
(pieles sirve para címtar la inoiMMhi (pie perciV)en de las ventas 
anuales (pie practican, en (pie también dejan al secularismo ofen- 
dido, ¡(onpie á ese no le (picíhi arbitrio, sino en nniy cortas cosas, 
en (pie ejercitar su negocio sobre los inencionados (afectos, y de 
ocho años á esta parte su mal (jeinplo va cundiendo, y pegándose 



á las demás religiones, cuyo daño si toma mayor cuerpo, me he 
determinado, no á privarles el comercio, qne esto lo espero de 
resultas de lo ([uecon autos informé á V. M. en techa 22 de marzo 
de 17()5; sino que el procurador de Quito, que con ropa inunda 
este reino sin embargo de ser de otra provincia y de otro virrei- 
nato, como también el procurador de Chile, (pie aun hace mayor 
comercio que aquél, distando su ])rovincia de la de Lima 400 
leguas, se retirasen ambos á sus domicilios; loque es una muy 
pequeña parte del remedio universal que urgentemente se nece- 
sita, y de (pie me ha parecido dar cuenta á V. M.; ponpie como no 
dudo reclamarán con empeño y tenacidad (|ue en tocándoles el 
despotismo siem[»re han tenido en estos remotos dominios de Y. 
M. C(m informes y otros medios menos lícitos, con que han cons(^- 
guido amedrentar á los corazones no tan constantes como el mío, 
en todo cuanto pueda ser de peijuicio á su real corona. Los bue- 
nos de los jesuítas, á cuya astucia acaso se les traslució como vero- 
síndl que yo informase á V. M., comenzaron á manejar el negocio 
con dol)le artiñcio y sagacidad, y aun(pie me dieron un memorial, 
en (pie emprendieron indemnizarse con varios coloridos, recaba- 
ron en lo extrajudicial alguna esi)era, tal vez con la idea de des- 
cuidarme y anticipar al real y supremo consejo, ó á S. M. en 
persona, alguna de aquellas abultadas ((nejas con que siempre 
supieron ganar por la mano, mahpiistaudo los más circunspectos 
é íntegros magistrados del rey, cuando no condescendían á sus 
instancias; y así aun(pie en el exterior hacían semblante de obe- 
decer, poniéndose ambos procuradores en movimiento de partirse, 
pretestando >a enfermeíhides, ya otros impedimentos con que 
apoyar la demora, era su traslaci(')n en lo (pie menos pensaban; y 
así al cabo de muchos meses se presentó en la ciudad de Trujillo 
uno de estos regulares, llamado José Joaquín Escobedo, desde 
(h)nde con fecha 28 de febrero de 1707, me participó que venía 
de la provincia de (^uito á mudar á su antecesor, acompañando 
esta carta con otras recomendaciones de mayor autoriíhid ; y yo 
luego (pie reconocí la trama, al margen de la misma carta despa- 
ché al provincial, para ([ue cumpliese con lo prevenido en el pri- 
mero, añadiendo al ((ue escribía desde Trujillo se le hiciese volver 
á su provincia. Con esta providencia corrieron los jesuítas el velo 



ií su desitotismo y atn'viniit'iitti, dantlo á luz un luanitiesto, (pie 
tenían muy tialiajado, sobre el asunto, tocando a(iuellns exlioilii- 
tantes y olirei>ticios privilejiios, «¡ue para cuanto (pudría su antojo 
obtuvo esta reli<>ión, satirizando aipiella resolución c»)n el título 
de destierro; tlespui's de traerá paralelo el trático de las otras reli- 
fíiones, descendían últinianiente á desafiar como desde un palen- 
((Ue al .iit>l>ienio, á (píese les justitícase los fraudes ipu' hacían á 
la real liacicnda. con precedente li(piiilaci('in y ajustamiento de sus 
cuentas y libros, siüuií'ndose el formulario de un auto (pie acá 
llaman de luesidentes. Mas yo, (pie ju-esentí el lazo insidioso (pie 
iba á prejiararse, entrándome insensiblemente en asuntos extra- 
ños, con la esperanza de verme dar aliiún errado i)aso, (pie les sir- 
viese de motivo para reclamar el anatema (pie siempre acostum- 
braron, y las más veces (ditiivieron, liiirt('' diestramente el cuerpo 
de a(piel capcioso escollo: me valí del conocimiento práctico y 
notorio (pie tenían todos, no sí'ilo de sus excesi\as neijociaciones, 
sino de la desenvoltura con (jue las ejercían sin el menor disimulo, 
á vista, ciencia y paciencia del reino y de sus üoliernadores. con 
infracciíHi maniíiesta de las leyes y bulas mandadas <>uardar, con 
escándalo del seciilarismo, y universal fastidio de cuantos lo mira- 
ban, entrando en el número de éstos, aun aquellos (jue afectaban 
sus adictos y apasi(uiados ; por lo cual al mareen de su misma repre- 
sentaci(jn. inaiub' estam]»ar el decreto siguiente : Lima, L'.S de abril 
de 17()7. Por cuanto el ruego y encargo (jue este siiix-rior gobier- 
no ha dirigido al reverendo iiadre iiroviucial de la compañía de 
.Tesús de estas provincias del Perú, para (jue mandase retirar á las 
de Quito y Chile á los jiadres procuradores de ellas, no tuvo por cau- 
sa motivo, alguna fumhuhi sospecha de introducci(jn de efectos i>or 
alto fiíera de i)artida de registro ; (> (pie se valiesen de otro alguno 
de los rei)robados medios regulares, con que suele frecuentemente 
defraudarse la real hacienda de aipiellos justos derecli(>s(|iie adeu- 
dan los géneros (¡ne se introducen, (> salen por sus aduanas; por 
no ser verosímil la práctica de un arbitrio difícil y subsidiario, 
teniendo á mano el ordinario, que les ministra la omnímoda fran- 
queza de estos gravámenes, mediante una sola raz(')n jurada, (pie 
oportunamente presentan, cuando se ofrece, contestando ser suyos 
los frutos (') de su comunidad los (pie transportan; y en atencií'm á 



— 86 — 

(¡lie la i)i'iucipal causa, que entre otras dio mérito á aquella provi- 
dencia económica y gubernativa (distante de la ominosa sindica- 
ci(')n y nota de destierro) es la de evitar (¡ue con este decente pre- 
texto los religiosos adscriptos á una provincia, salgan de ella y 
vengan para otra, ó residan fuera de la suya sin particular licencia 
del rey, que necesitan á más de la de sus superiores, según el espí- 
ritu de las leyes 83 y (So, título 1 4, libro l'Me las Rccop'ihidns de estos 
dominios; liaciéndose más rei)arable su transgresión por la agra- 
vante circunstancia que añaden en el sórdido ejercicio del comer- 
cio, ó negociación (pie paladinamente ejercen por las calles, plazas 
y mercados, con asombro del secularism'o y de los almacenes de 
sus propias casas, sin miramiento á no profanarlas, y de que en 
todas estas operaciones se constituyen reos de las severas penas 
fulminadas por nuestro santísimo padre Clemente JX, cuyo breve 
dado á 1 7 de junio de Kiííí) está mandado que se guarde, cumpla 
y observe en ambas Américas, y que sus respectivos virreyes lo 
lleven á puro y debido efecto, por las leyes 33 y 50 del citado 
título y lil)ro, y la 5", título VI del mismo libro, á que lejos de 
resistir los prelados, debieran contribuir en la parte que les toca, 
y les encomienda el mencionado rescripto pontiñcio ; que en ave- 
riguando estos excesos, y contíscando los bienes, aplicados en la 
forma (pie les prescribe, procediendo á expulsar de los lugares á 
los religiosos negociantes, que auncpxe sea una sola vez, ó que pre- 
texten ejecutarlo en nombre de sus comunidades ó provincias, y 
uo traer á colación el estilo totalmente diverso de las demás reli- 
giones y comunidades, las cuales á más de no traficar por sus pro- 
pias personas, ui tener sujetos destinados, (jue vistiendo el santo 
hábito exi>enden frutos tras un mostrador, ó en una feria, y (¡ue 
recauden sus imi)ortes, visitando á todas hoi'as las tabernas, pana- 
derías, velerías y las más imi)uras oficinas, cuyo ejercicio es de 
mayor indecencia del que les vedó la ley .S2 del enunciado título, 
ciñendoátan corto número los efectos délo (pie á nombre de ellas 
se tragina, sin destinar procuradores, que no eipiivale su monto 
en un ([uluípumio á lo que la compañía de Jesús conduce sólo en 
un año: por tanto, declarando, como declaro, no haber lugar por 
ahora á la información, cotejos y demás diligencias prevenidas en 
el auto (pie llaman de pirsidcntcs, (pie instruye la forma y modo de 



proceder nmtia U>s liit-ues de eclesiásticos iisiiri)adores de reales 
derechos, de (|ue hoy uo se trata, y (|ue podrá practicarlo por sí el 
reverendo padre provincia!, si lo tuviere por conveniente, y de- 
biera haberlo practicado para buen ejeiuido y servicio del rey: 
guárdense y cúmplanse los anteriores decretos exhortatorios y se 
lleve á debida ejecución lo dispuesto por las leyes y bulas pontiti- 
cias: á cuyo tin, no mostrando para lo contrario expresa licencia 
de 8. ^I. i|uc dcbcní exhibir dicha sajiíada reli<>ión, expedirá las 
dili<iencias correspondientes para que, cesando la ne<><)ciación y 
público comercio (pie personalmente hacen los intitulados procu- 
i'julores de dos provincias extrañas, se restituyan inmediatamente 
á las suyas, respecto de estar ciuuplido y pasado con exceso el tér- 
mino (pie se les prorrogó; ejecutándose todo en virtud de este 
decreto; sirva de tercer exhorto en forma, del cual y de la con- 
sulta, ó representación ([lU' lo motiva, se (hirá á las partes el testi- 
monio ó testimonios (pie |)idiercii, para iustrucoióü de sus recursos. 
Dox Maxuel dk Am.vt. l'or nuindato de su excelencia : Martín de 
Martiarena > (1). 

He reproducido el extensísimo documento olicial (pie precede, 
porque está escrito con la verdad sencilla y sugereute de lo vivido, 
y porque es la más evidente prueba que las órdenes monásticas, 
cuyo elogio con lealtad y verdad me he complacido en referir, se 
habían transformado en verdaderas sociedades de comercio, exeu- 
tíís éstas de contribuciones, aumentáudose las propiedades con- 
ventuales y su comercio en tales proporciones, que el AÍrrey del 
Perú expidi(> los antecedentes decretos; más aun, (pie la corrup- 
ci('»u había crecido en proporci(')n tal, (pie con traje clerical y tras 
el mostrador vendían los mismos pa (bes jesuítas, y si ese proceder 
y otros i)rodujo su expulsión de los dominios españoles, queda la 
enseñanza jtrovcchosa de la intervención del gobierno soberano 
en la manera c('»mo los eclesiásticos viven y su jurisdicción indis- 
pensable jiara la defensa de la sociedad, justificación del derecho 
de patronato y de las regalías inherentes al gobierno civil. 

He (pierido historiar la influencia que las órdenes monásticas 



(1) l'UAXClscii DK Paci.a (.. \ icii., I)iuii>fn df la aiitoiirlnd rfr /o» ijuhiernox ii de los 
obiKpo», etc.. tomo 4». Lima, isiii. 



— 88 — 

ejercieron en América, su papel digno de elogio en aprender y 
cultivar las lenguas indianas, sus escuelas en que en los primeros 
tiempos educaron á los niños indios, ;s no he (juerido ocultar, por- 
que mi guía es la A'erdad, el peligro social de la ricpieza de tales 
órdenes dadas al comercio con una publicidad tal, (pie nada 
puedo agregar, al cuadro tomado del natural por el virrey Araat. 
Fué inevitable, cuando la inde])en(lencia de las colonias se consu- 
mó y se formaron nuevas naciones, la secularización de los bienes 
de manos muertas, la reforma, como históricamente se llama, sal- 
vándose con mayor prestigio el derecho de patronato y las rega- 
lías, objeto de mi estudio. De modo que, al aceptar la misión que 
ante el Vaticano me encomendó el gobierno del presidente Pelle- 
grini, lo hice obedeciendo á hondas convicciones históricas, fun- 
dadas en el conocimiento de la historia colonial y i)atria, pues el 
derecho de patronato ha sido inherente á la soberanía en Améri- 
ca, i)or concesión de la santa sede á los monarcas esi)añoles y, por 
ende, á sus actuales sustituyentes los gobiernos americanos: las 
mismas razones (pie obligaron entonces á la santa sede á reconocer 
tal derecho en la corona de España militan en la actualidad y no 
creo que haya estadista alguno serio — prescidiendo de su fervor ó 
indiferentismo religioso, de su liberalismo ó tiltra montañismo — 
(pie abdicara tal prerrogativa de gobierno. No caben en América 
los concordatos, pues el derecho de patronato reglamenta todas las 
relaciones posibles entre la iglesia y el estado : el Vaticano lo re- 
conoce ya defacto, siendo secundario (pie lo haga de jure, no su- 
friendo la iglesia con ello en lo mínimo, antes bien cuanto más 
conciliadora se muestre la santa sede más generosos se revelarán 
los gobiernos, dotando con largueza los puestos eclesiásticos y mar- 
chando siempre de acuerdo con las autoridades eclesiásticas. Es 
más cuestión de prudencia (pie de controversias : y por eso consi- 
deré ai'caica y errónea la doctrina sostenida por el gobierno del 
])residente Sáenz Peña al susjiender mi misicui — cuando ya tenía 
virtualmente conce<lido todo lo más importante — y declarando 
(pie las instrucciones del anterior gol)ierno eran atentatorias con- 
tra el derecho de la santa sede... Pero no he querido que mi i)ro- 
testa al respecto pueda considerarse como un simple desahogo per- 
sonal : respeto todas las convicciones cuando son sinceras, pero 



— 89 — 

creo ((lie ;il<iunas son itcniiciosas paia el país niando se ejereitaii 
desde el jiobieino y (lue, por ello, se las debe coiiiliatir para (pie no 
prosperen ó no se repitan : haciéndolo con pruebas al eanto, evo- 
cando á la historia, recordando la legislación, demostrando la ra- 
zón de mantener una facultad de gobierno basada tu la tradición, 
eu la ley y en la misma recíproca conviencia ilc todos. l'>xiste, cier- 
to es, una considerable literatura. jurídica argentina regalista, des- 
de el Memori(tl ajitstitdn, en (pie intervino cabalniciilf <■! paiire del 
ministro (pie después se reveló tan ultramontano, hasta la nuino- 
irrafía de Vélez Sarslield, el alegato de Navarro Viola v tantos otros 
escritos: pero ni atpií, ni en otra parte de América, se ha interro- 
gado jamsís al pasado histórico para mostrar cómo, durante la larga 
época colonial, se ejercite') el patronato real eu las incidencias de 
la vida diaria ; esto es lo (pie he (pierido presentar ahora al lector 
imparcial, i»ara (pie se juzgue de las hondas raices ([ue atpiel dere- 
cho tiene en la historia de América. 



CAIMTILO II 



i)i;i;i;(ii() ni: r.vTüONATo 



Politiea pontilicin en América. —La santa sede y los ivycs de España 
Derecho piiblico eclesiástico 

No t's iMisilílc coiKictT > ;ii>rcci;ir t-n vcnliid l;i \ i(l;i coiniiKil 
liisitaiio-aiMt-riciiiiii si se iüiioia fuá! fin'' el ori.ut'ii, la cxtfiísii'ni y 
el íundanuMitodcl «U'icclio de patnmatu, puesto que. desde el des- 

cnlminiento, couíiuista v eolonizaeióu del uuev nudo liasta 

la euiaueii»aei<')ii <le las colonias espailolas, la i.ülesia ayudó al 
poder civil, contriliuyi) á la civilización de los indios, los defeiulió 
y los catequizó; y, jioi- otra parte, uo se deUe olvidar (pie la predi- 
cación del evan.üclio fué el objetivo y la [ueocupación de los reyes 
católicos; por consiguiente, no puede ueiiurse su inHueneia, ni 
ocultarse .sus errores y la relajación posterior, cuando la ava- 
ricia reemplazó á la virtud de lt)s primeros misioneros. 

El derecho de patronato no tuvo en mira esclavizar ¡i la iglesia, 
ni entremeterse en el dogma, sino contener y moderar la ambición 
de ]n-elados y coiiinnidades monásticas, dominados ¡lor intereses 
imramente temporales. (|ne liubieran puesto en peligro la sociedad 
civil por la teocracia sin freuo: ese derecho debe c(»nsiderarse 
como una necesidad ile biu'ii gobierno, para salvar la .socie<lad en 
armonía \ concordia con la religión. 

No puede decir.se (jne tuviera i»or propósito contrariar :í la igle- 
sia, puesto (pie la so.stenía con el dinero <le la corona .\ con lascon- 
ti-ibucioues de los ñeles; su origen y supermanecia fué i)ara defen- 
der los intereses temporales. Los expositores de la teoría de ese 
derecho. — los nfidli.stas, como se les llamaba : deíeusores de las 



regalías reales contra el poder invasor teocrático, — ]niblicaron sus 
obras bajo uua doble censura: la ((ue ejercía la autoridad real, y la 
(jue desempeñaba al mismo tiempo la autoridad de la iglesia, de 
manera que sus (Ux-trinas son perfectamente armónicas á lo que 
es meramente eclesiástico, y es absurdo (pie, posteriormente, los 
fanáticos nieguen ese derecho por pretender (jue ataca la libertad 
de la iglesia. 

Melle deservir de la autoridad de dos jurisconsultos notables, 
entre otros, cuyas obras son clásicas en la materia : Wolórzano y 
Kibadeneyra, para no recargar con fi'icil eriidiciihi esta materia. Las 
obras de ambos autores fueron ajjrobadas por la autoridad de la 
iglesia, y así debe tenerse líresente para evitar erradas interpreta- 
ciones. Y no es posible olvidar á fray Gaspar Yillarroel, en su Go- 
bierno eclesiástico iMcífico (1). El obispo de Chile, después promovido 
al obispado de Arecpiipa y i)osteriormente al arzobispado de Char- 
cas, nació en el Cuzco, y las elevadas posiciones que ocupij en las 
iglesias de las colonias, dan á sus opiniones autoridad y prestigio 
« por la grande im])arcialidad que mostró escribiendo sobre las pre- 
rrogativas civiles, cuando, por su estado y muy especialmente por 
las tendencias de los religiosos de su época, » acostumbraban estos 
defender sin mesura la potestad eclesiástica. El obispo, por el con- 
trario, dejó admiraldes documentos para el uso é inteligencia del 
patronato real. 

Bajo hi égida de estos maestros, jurisconsultos eminentes los 
primeros y prelado de la iglesia el último, no temo entrar á expo- 
ner la doctrina sobre la materia. Recurriré también á otros muchos 
tratadistas antiguos y modernos. 

Fray Felipe Gómez Tardió decía en su censura datada en Madrid, 
á 20 de julio de 1 7.55, previo examen de la obra del erudito mexi- 
cano, intitulada: Manual compendio del reíjio patronato indiano, 
para su más fácil uso en las materias conducentes á su práctica (2) : « no 



(1) Gobierno eelcxiásüeo pacifinn i/ unión de loa dos ciiehillos, pontificio y reyio — segunda 
parte — por el doctor don fray Gaspar de Vülarroel, de la ordeu de san Agustín, 
obispo de Santiago d(í Chile, y al presento de la santa iglesia de Areqiiipa, en los 
reinos y provincias del Perú, del consejo do S. M. Al rey nuestro señor en su supre- 
mo real consejo de las Indias. — M;i(lvid. Año de 1657. 

(2) Manual compendio \ de el níjiti pitlriinato indiano, | para .111 máx fácil uso en las 



liallo »'ii t'I cosa que se opoiii»;! ;í las buenas costniíihics, ni á la 
imreza ilc nuestra santa te. 

De manera i\\\f nial pinUeran aetualinente los ultramontanos 
pretender (|ue esc derecho, iulierenteá la soberanía y del «aial están 
eu po.sesñni las naciones hispano americanas, sea «'> pueda sercon- 
trariit á la pureza de la te, y preciso es (pie así lo liana observar, 
ponpie niniii'in gobierno ariicntino podría consentir ipie dentro del 
territorio tic la >obci"niia nacional hubiese un üobieriio rclinioso 
subordinado e\ciusi\ amenté al extranjero, aun (pie sea la sania 
selle, por cuanto la constitucii'ui ar.íieutina e\i>rcsamciilc manda 
(jue las ludas y disitosiciones pontiiicias obtenjian el cxcqualiir dtd 
representante de la soln-ranía territorial, y arzobispos y obisitos 
están obligados ;i prestar Juramento ante el u'obierno ci\ il, sin lo 
cual no pueden ejercer su Jiu'isdiceión eclesiástica (1). Tor otra 
parte, personalmente he tenido la oi)ortunidad de reconocer (pie 
la santa sede no tiene esas i)retensiones, puesto que el eminentísimo 
cardenal h'ampolla me indicaba que, para evitar rozamientos, el 
tjobieruo argentino procediese como otros, itropcmiendo coiitideii- 
cial y reservadamente á los (|ue in-esentase para esas funciones ecle- 
siásticas, á lin de «pie, si la santa sede, — por motivos (\\w no puede 
comunicar, — objetase á los candidatos lo t'ncse en reser\a, de ma- 
nera (pie la ]iresentaci('>n oticial lítese un trámite y una tormula para 
la iiistitiic¡('>n camunca Jurisdiccional del prelado, damas conocí un 



malenan coiidiicrutes á la prácliva: \ Dedicado al Rey Nuestro Señor | Don Feruamlo 
VI el Amado | Por don Antonio Jouehiuide Ribadcucyra | y Zarrientos, abojiado de 
la Real Audiencia de México de pobres de su | Sala de Presos del Santo Oficio de la 
Inquisición de Nueva España, | y su consultor por la Suprema, Colei;ial mayor eu 
el Viejo de Santa María | de Todos Santos de dicha ciudad, del Consejo do S. M. 
ante» Oidor de la | Real Audiencia de Guadalajara, Reyuo de Nueva Galicia, | y hoy 
fis(?al del Crimen de la de México | Con privilegio I Madrid. aiTo M.D.C.C.L.V. 1 
vol. de .531 p.'ííi. eu folio (IT.").",). 

(1) Patronato nacional. « Ksta pot4;stad del gobierno federal sobre el culto catolieo, 
tiene su doble fundamento en nuestra constitución : en la naturaleza de nuestro 
gobierno, y en los pn'cedentes históricos. Segiín los principios de la constitución, la 
soberanía reside origiuariamente en el pueblo, para que nadie pueda ni dictar leyes, 
ui gobernar dentro de ella, ni fundar autoridad alguna que no esté por ella misma 
creada, reconocida ú ordenada en su constitución, ó en los tratados y leyes sanciona- 
das en su cumplimiento. Ku tal sentido, el patronato es un poder inherente al gobier- 
no de la nación argentina». .lo.^QL'fx V. González, Manual (k la vonxtituciÓH anjen- 
tina etc., 1 vol. de 82(i piígiuas. Rueños Aires, 1897. 



esi)ívitn más íiUiíiiieute conciliador, más pi-iulente como inteligen- 
cia levantada, y que conoce la sociedad moderna. Ni me indicó cele- 
bración de concordato, puesto qne era fácil y prudente establecer un 
modtis vivendi sin pactos internacionales que traerían la discusión 
en el congreso y podrían dar motivo para desear la separación de la 
iglesia y del estado: otras (ñausas establecen diverso criterio tra- 
tándose de los gobiernos europeos, y allí mismo la situación que 
ha surgido entre el gobierno de Francia y la santa sede conduce 
á la separacióii de la iglesia y fiel estado. La libertad de cultos es 
actualmente una imposición del esi>íritu moderno, y esa libertad 
esta vigente en todos las naciones americanas (1). 

Un escritor católico y erudito expone el origen, extensión é im- 
portancia de ese derecho de patronato, en los siguientes términos : 
« Fué opinión de algunos, — dice, — que el patronato real en Amé- 
rica se derivaba de la bula misma de Alejandro Yí, en que concedió 
á los reyes católicos el señorío de his ludias, ó más bien les enco- 
mendó la c()nversi(>n de los naturales. Decían que pues en la bula 
se mandaba al rey que enviase varones virtuosos y temerosos de 



(1) Citaré estas palabras de la introdiiccióu del Memorial ajustado, donde se estu- 
dia el patronato reconocido y ejercido por el /jobieriio desde el principio de la rerolnción. 
« Llegrt después de todo la época de la reforma iuleiada en el año de 1821 de los 
tres órdenes de la república, civil, eclesiástico y militar : y por ella ejercieron la 
legislatura y el gobierno los actos más evidentes de estas regalías : se suprimieron 
los monasterios y se aplicaron sus propiedades, según se creyó más conveniente, ú 
las exigencias de la república. >Se mandaron secularizar por el ordinario los religio- 
sos que, por su edad ú otros motivos, no gustasen continuar la clausura en otros 
piuitos fuera de ella, en virtud de su jurisdicción ordinaria primitiva, reasumida en 
la comunicación con la silla apostólica. Se crearon dos prebendas más en la iglesia 
<^atedral, y se variaron los nombres y tíicios de todos los canónigos. En una pala- 
bra, hizo la sala de representantes y el gobierno el más completo uso, en esta parte, 
de las atribuciones que le establecen las leyes del patronato al soberano patrono de 
de las iglesias, para enmendar, corregir, ampliar, establecer de nuevo, y declarar, 
en la creación y fuera de ella, y en todo cuanto concierna al mejor régimen y eco- 
nomía exterior de ellas que le parezca más conveniente». Memorial ajustado de los 
diversos expedientes seijuidos sohre la provisión de obispos de esta iqlesla de Buenos Aires, 
etc. etc., página 16. Buenos Aires, 1834. El doctor Mariano Medrano levantó la 
voz contra los procedimientos del gobierno ; llevándole á mal que hiciese por el puro 
bien general lo que los reyes habían hecho mil veces por el solo interés de su do- 
minación : y fué necesario que ejerciese un nuevo acto de patronato y soberanía, 
mandándolo separar del destino piíblico que ocnpalm cu la iglesia. Con esta medida, 
los negocios eclesiásticos continuaron regularizados, y no volvieron á ocurrir tropie- 
zos. {Ob. cit.) 



Diosií pit'tiiciii- <■! cxitiiyt'li"'. t-r.-ijiistn cdurfíirlf ;il inisiiiii liciMpt» 
la tacviltjiil (le iKimliiiirlos. líc.iliiicnlc no liav nrccsidiid ^\^• n-iiioii- 
tarse t.-nitn. pues cxisic l,i Itiihi de Julio II Uiiirirsali.s VíVc/csíV/, da- 
da ii '_'s d<' jiilid de 1 ."iDS, (11 (|Ui' se concedió i'i losrey«'sc] patroua- 
h) de las Indijis, y ím- inreipietada en el sentido más lato. Kn 
virtud lie ella, de otras concesiones ohtenidas posterioinu'ute y de 
un alyo de costunilire ('• corruiitcla, \'inieron ;í adipiirir los reyes 
de España tal niano cu el üoliierno eclesiástico de Anu'-rica, (pie, 
con exceiici<Mi de lo puramente esjjiritual, ejercían una autcuidad 
(pie parecía iiontiticia. Sin su |)ermiso no s<' ]>(>día editicar iulcsia, 
monasterio ni h<is]>ital: menos eriyir ol)ispado ú parnupiia. Cléri- 
•>os y reliiiioso- no |)asal>an á Indias sin licencia exju'csa. Los reyes 
noinhrahan obispos, y sin aíjuardar c<mtirmación los despacliaban 
á administrar su di(')cesis. Señalaban los límites á los obispados, y 
los variaban cuaiido Ic^ jiaiccia. Les corres]>ondía la presentaci<')n 
ó nombramiento á todo beneticio ó empleo, hasta el de sacristán, 
si querían, deprendían severamente, llamaban á Hsjiaña ó deste- 
rraban á euahpiier i>er.s(ma eelesiástica, inclusos los obispos, ipiic- 
nes, si muchos andaban en contradicciones con los üobeniadorcs, 
nunca desoían la voz del re\. .Vdministraban v iicrcibían los djcz- 
mos, residvían ([uiénes debían i»a<iarlos y cóuio, sin hacer caso de 
bulas de exeiu-icui : lijaban lasrentasde los beneíicios, y las aumen- 
taban <• disminuían como lo juzgaban ci>nveniente. Conocían de 
muchas causas eclesiásticas, y con los recursos de tuerza ¡uiraliza- 
ban la acción de los tribunales ó ])relados de la ifílesia. lín tin, nin- 
f{iina disposición del soberano pontífice podía ejecutarse sin el be- 
neplácito ó pdst' del rey. lOn nuestra primitiva historia eclesiástica, 
]>ara una bula, breve ó rescrijíto de líonni, se encuentran cien cé- 
dulas, provisiones ó cartas aconhnlas del rey y del consejo. Sin sa- 
lir del corto jteríodo (\nv abraza este libro, vemos que el emi)erador 
jiresenta al señor /um;'n raiia para el obispado de Mc'xico, y sin 
ajiuardar la picconizacii'm, que en aiiuellas circunstancias eia ini- 
l)Osible, le envía á su dii'icesis, no erinida ni deslindada todavía. 
Forma en ella el ele<-to la admiiiistiaci('>n. se tilula AiiHshs .{¡ms- 
tóUra í't Ounniiiothi <iii'li>ril<(t<\ ju/.i;a causas, y lleya hasta ¡louer 
censuras á la audiencia y eiiti-ediclio á la ciudad, ("asi tiesaños 
después se le e\]iiden -.us l)ulas : retiénelas el emperador, poniue 



— 9(5 — 

duda de su fidelidad : laándale ir á España para (jue el cousejo le 
juzgue : acude liumildemeute el obispo, y sólo al cabo de cinco 
años y cuatro meses despules de la preseutacióu, logra verse cou- 
sagrado. Al rey, no directamente al papa, presenta el episcopado 
sus dudas, y nos asoml)ra ver que las relativas al bautismo se re- 
mitan al consejo : siempre el poder civil interpuesto entre nuestra 
iglesia y el supremo i»astor. Hace después el rey á su arbitrio la 
división de los obispados, y resuehe las disputas que acerca de 
ella se suscitan. Funda parroquias, y las provee de ministros. Dis- 
pone de las reutas eclesiásticas, y organiza á su gusto las nuevas 
iglesias ;• (1). 

Este cuadro verídico, y hecho con sobriedad, establece de modo 
indubitable la transcendente importancia del derecho de patronato, 
de manera tal ([ue no i>odría bajo su imperio radicarse la teocra- 
cia de la iglesia ni la influencia absoluta del papado: bajo ese ré- 
gimen, dadas las costumbres de la época actual y el imperio de los 
gobiernos constitucionales, no hay ni puede haber temor de con- 
flictos graves entre la autoridad eclesiástica y el poder civil : la so- 
beranía está garantizada contra toda intromisión extranjera en el 
régimen interno, aun contra la elección y nombramiento del per- 
sonal eclesiástico, (|ue debe ser nacional, identiñcado con el país ; 
no hay libertades <pie queden sujetas á la buena ó mala -voluntad del 
poder de los prelados, ni éstos pueden, en cuanto al dogma, temer 
la acción constituci(mal y prudente de los gobiernos. Considero este 
régimen legal más previsor y conveniente que la separación de la 
iglesia y del estado, extranjera en su origen y en sus objetos y fines, 
])()r(pie preciso es tomar en cuenta la tradición, el carácter y los 
hábitos de las naciones his])ano-americanas, así como las necesida- 
des de las razas indias y del pueltlo inculto ó poco instruido. 

Las causas en que se funda este derecho fueron la edificación, 
la dotación y la fundación, á cuyas cargas correspondieron ])or par- 
te de la iglesia los honores concedidos, no sólo la potestad de pre- 
sentar al beneficio vacante, ocupar el primer asiento en la iglesia. 



(1) Do» .Iniín de Ziiiiiíírnii/n, prinici' oliispo y aizoliispo de México. Estudio liiojírá- 
fico y bililio^nílico, por .IdaiíI'Ín (íaucía Ica/.hai.ckta, 1 toL, piígiiias 128-130. — Mé- 
xico, IXSl. 



— 97 — 

reciltir la pa/ en el liiüar primen», y dcluT ser sustentado en caso 
de necesidad por la misma iyiesia patronaila ; sino también ¡lor lo 
(jue coiidiu-e á las earjias en la edllieaeiini, dotacií'di, fundación y 
tuioióu de Itis bienes de la ¡«i'lesia, eomo expresan los textos ea- 
nóuieos (1). 

Estas eai-fias del sol»erano tenitoiial (pu' patroua la iglesia (pie 
editi<a, ciean derechos eoiuo consecuencia lóf>iea y forzosa, los cua- 
les uo son nnn-a concesión y privilegio hechos á los reyes de Espa- 
ña, puesto que su tiin<lamento no es por consideración á la persona 
del soberano; no es un derecho personal, sino real, necesario é in- 
herente al territorio, derivado de la naturaleza de las cosas. De otra 
manera preciso tuera decir (pie los gobiernos de las reitúblicasliis- 
pano-aniericanas no edilicaron, dotaroír y fundaron iglesias, con- 
tribuyendo á los gastos del culto, y, en los primeros tiempos, per- 
mil ieiido el pago de diezmos, (|ue, — si son cargas, como lo son, — 
crean derechos conn» los ejercidos durante la colonia por el ¡ui- 
(roiiato iiidiiiiio. 

Y en los nnsmos precedeute.s antiguos déla iglesia se encuentra 
<pie el nombramiento de los obispos fu(''porelecci()U, y si el ])ueblo 
l)odía hacerlo, más justiticado es y fué, que fuesen presentados jtor 
la autoridad del teiritorio. poi' (piieu sufraga el gasto, fundando y 
ediñcandi). 

í; El cat<)lico .lustiniano, — dice IJibadeneyra, — escribiemh» al 
pret(n-io Atarbio, estableció (pie la elección de los obispos en caso de 
vacante se hiciese ])()r el pueblo de cada ciudad, ]n'oponiendo éste 
tres jiersonas de recta fe, lionesta vi(hi y virtudes púl)licas. para 
que de ellas se eligiese el más iíhnieo al episcopado: siguiendo el 
eJem]>lo de losap('»stoles, que para la elección de los diáconos con- 
vocaban toda la multitud de sus discípulos, como se vio en la elec- 
ción del santo proto-mártir Esteban, y sus seis compañeros Filipo, 
Prochocoro, Nicanor. Timón, Parmenas y Nicolao» (2). Y agrega : 
« Aprolmse este estilo de los ap(')stoles por los sumos ixnitífices en 
los princijiios de la iglesia. >: Se conservó esta costumbre cerca de 

(1) Maiuiat mmpendio del regio pnlmnnlii indiano, por don AxToxio .lOAClllx 1>K Tíi- 
BADESBYRA Y Barkih.ntos, jiliofíiulo i\v la leal aiidic-ucia lie México y liscal del cri- 
men. 1 vol. — M.idrid 17.55. 

(2) 01>. cit. 



— 98 — 

oclio siglos y medio, pero á causa <le los abusos de los emperadores 
de orieute y occideute, (pie empleaban su autoridad eu las eleeeio- 
ues, se prohibió que los príncipes legos se mezclasen en ellas. 

Así, pues, la postulación del clero y del pueblo para llenar las \a- 
cantes, demuestra que no fué contraria ni á la independencia de la 
iglesia, ni á la conservación del dogma, y que ese origen i)opular 
para la elección de los beneficios vacantes, reconocido hasta por 
los mismos pontífices, como lo decidió León I, justifica la posesión 
en (jue están hoy los gobiernos americanos del derecho de patro- 
nato, sin necesidad de concordatos, ponpie ese derecho deriva de 
la naturaleza délas cosas y se funda en la jurisdicción del territo- 
rio, que i)ei'tenece al poder civil. 

Si la iglesia [»or medio de sus concilios modificó estas prácticas 
en beneficio de la centralización oligánpiica de! clero, sei)arándose 
del sistema democrático de la elección por el pueblo, ello no jiuede 
servir de fundamento para usiu'par al poder soberano lo que le 
l>ertenece, por([ue nadie da lo que no tiene. Y esa modiflcaci(jn, que 
es disciplinaria, no es materia de dogma, y no obliga sino al sol)e- 
rano que libremente la reconoce. 

Las causas de tal práctica las expone Eiljadeneyra y dice : pu- 
so la elección y presentación de los obispos, no solo en la mano 
de los príncipes, reyes y emperadores, sino aun en las de parti- 
culares. Esto fué en las ])resentaciones mayores, lo que componen 
las i)relacías de las iglesias : pero en los beneficios menores de las 
prebendas, canongías, etc., fué tal el abuso (pie introdujo la abun- 
dancia de privilegios en los particulares patronos, (pie obligó al con- 
cilio de Trento á su reformación y á establecer por títulos <lel dere- 
cho de patronato la fundación, <'» dotación auténtica y legítima : la 
antigua costumbre (') prescripción jurídica. > De esta regla fueron 
exceptuados los patronatos concedidos á los emperadores, reyes y 
l>ríncii)es soberanos, y los universales de las catedrales. 

Los i)rincipios en <pie se funda el patronato no tienen origen en 
ios concordatos : son preexistentes ; ponpie si en alguno de los cele- 
brados se renunciase tal derecho, esa renuncia de lo que era rega- 
l¡(( pudo ser legítima y válida jjara los qiie la pactaron, pero no mo- 
<UHca la naturaleza de los hechos. Así, en el concordato celebrado 
en liorna á 'JO de febrero de 1753, por el i)lenii)otenciario español y 



¡lor el ciirdt'ual (|iu' (U'siiiii(')sii s¡mti(l;i(l, por el cu;!! el it-v se reservó 
;'; su privativa i-olacióii y <lf sus sucesores la prox isi('»n de los lieuefi- 
eios {\\H' señala, su santidad eoiieedió á su vez, eoiuo ími itosesióu 
lejiítiuia á S. M. y ¡i los reyes sus sucesores, el derecho luiiversal de 
uoudtrar y lu-eseiitar indisiiiuauíeule en todas las i<;lesias luetro- 
lK)litauas, (-atedíales, colegiatas, y di('»cesis ile los reinos de las Ks- 
pañas, (|ue actualmente ]iosee, á las diüuidades mayores, post poii- 
tificuhm, y ;í las (leni,'i> de las catedrales y colcuiatas, canonicatos, 
raciones, etc., de todas las iglesias de sus dominios, amplia, uni- 
versal, y generalmente subrojjando á S. M. y sus sucesores en lu- 
j»ar de la santa sede, ¡tara (pie tengan el derecho universal de nom- 
brar y presentar aún los iienelicios antes reserva(h)s á la santa se- 
de, á lili de (pie puedan usar de dicha t'acullad en el misino modo 
(pie usa S. 31. y ejerce lo restante al [latronato perteneciente á su 
realc(n'ona(l). En virtud de la emaucipac¡('m de Ksiiaña y de la inde- 
pendencia (Mmípiistada y recíuiocida, las naciones del nuevo mun- 
(hi retuvieron las \ ciitajas, prerrogativas y cargas de la corona, 
(pie jior su iia)iiiale/a sean iiiliereutes á hi soberanía, y entre ellas, 
las del (h'rechode patronato, (jue es carga (pie crea (U'rechos, en 
manera alguna personales. Por ello sostengo ipie la ])osesi('»ii y 
ejercicio de ese derecho, robustecido por la prescri]>ci(')n, y en cuya 
pacífica ]»osesi(')n estuvo la corona, no puede ¡xuierse en duda ni 
menos ad(piirirse nuevamente p(U' concordato, i)or(pie sería absur- 
do adquirir lo (pie es propiedad soberana (2). 



(1) RlHAUKXKYKA, ob. cit. 

(2) l'iopugnáriilo \ histórico-canónico-poUtico-legal, \ <i\\v descubre | los l'oiulos ile la 
más precios.! jiiedr.-i | de la corona España, 1 y comprueba con sus antiguos nioiiu- 
nieutos, I y nicnioria.s el incontrastable derecho do sus iiu)narca.s, á la protecciiín j 
de las iglesias de su inonar(|UÍa, y al universal patronato | de los beneficios de ellas. 

I Derivado | de la catholica piedad de sus primeros gloriosos | Reyes, eu fundarlas : 
Lie »u gloriosa libcraliilail. en <'iirií|uecerlas : De su | invencible vali>r y poder, en 
restaurarlas: líe su vigilante ))rovideucia. | eu del'euderlas : Y de su real solicitud, 

I en conservarlas. | Klucidaeión caui'mico-legal | De la ley XVUI. Titulo V. Partida 
1 I y sus concordantes | Sobre | El Real Patronato | De la corona de l^^spsña | Consá- 
grale I Ala Augusta. Catholica Majestad | Del Rey Nuestro Seííor | Don Felipe Quin- 
to, I Por mano | del oxcclentísinio señor don Joseplí Patino. | Cab.-illero de la iusig - 
ue Orden del Toisón de oro | Comendador de Alcuefra, eu la de | Santiago, del Con- 
sejo de Estado de .S. M., etc. | Don Miguel Cirer y Zorda, | Doctor en ambos dere- 
chos I y abogado de los Reales consejos | Con privilegio ; Madrid. Año de M. D. C. C. 
XXXVI. Esta obra famosaymiiy rara, aprobada por la censura eclesiástica del revé- 



— 100 — 

« Nadie (luda, — dice Eil>adeiieyra, — ser los reyes de España, 
como reyes de Castilla y Lei'tii, patronos absolutos y únicos en las In- 
dias de todas sus iglesias, no sólo en el modo regular canónico, con 
que este derecho de patronato nace y se funda entre los canonis- 
tas, sino aun en los modos civiles, con qi;e proviene y se conside- 
ra según las disposiciones de las leyes seculares. Fueron conforme 
ií éstas considerados como patronos los protectores y abogados, 
l)or([ue en su proteccióii y abogacía reconocieron los clientes un de- 
recho de tuici('»n, defensa y patrocinio en todas sus causas, y esta 
txiición y defensa expresamente se enumera entre los derechos del 
patrono, según el texto can(niico : y nuestros reyes católicos go- 



leudisiiuo padre l'ray Agustín Eura. luaestru vn sagrada teología, etc., con licencia 
del ordinario y aprobación del señor Ramón <le Bernia, abogado de los reales conse- 
jos y la licencia de los señores del consejo de 3 de mayo de 1756, dice : « Tres razo- 
nes señala, qne afianzan en la española corona ésta, que llama Honra y Mayoría: La 
primera, la conquista y reducción de las mezqxiitas á, iglesias. La segunda, la funda- 
ción de ellas, donde antes no las había ; y la tercera, la dotación y liberalidad, qne 
ejercitaron en ellas. En estas tres causas productivas de este derecho, se incluye con 
cuantos competen por la variedad de títulos, que investigaron los escritores. El de 
la recuperación de las tierras del yugo sarraceno, presupone ivna especie de revisa- 
cióu ó postliuiinio del patronato, que floreció en la soberanía é imperio godo, que 
)>or la mahometana irrupción estaba interrumpido. El de fundación y erección de 
las iglesias donde no las hubo, no Umita esta católica y regia liberalidad de los re- 
yes sucesores del glorioso Pelayo ; ni persuade que no fuese consecuencia continua- 
da del manifiesto derecho, que se derivó de los monarcas godos, desde el glorioso 
Recaredo ; antes bien acredita que en el primer oriente de la religión y la monar- 
quía, lo mismo fué rayar el sol del catolicismo en estas provincias, respirando los 
fieles de las persecusiones que iiadecieron, que abrirse los templos á impulso del 
fervor católico, fabricarse de nuevo las iglesias, y propagarse con felices progresos 
el divino astro, llevando el compás de este contento, celestialmente músico, los vi- 
carios de Cristo, que, gobernando la nave de la iglesia católica, iban delineando el 
diseño de esta piadosa prerrogativa, conservándose, como en la semilla, el fruto de 
la cátedra de San Pedro, de cuyos indultos y privilegios fué con la sucesión de los 
siglos tomando nombre, y cualidades el derecho de patronato ; y así, los sagrados 
cánones, qne sobre él dispusieron, hallaron hollado el camino como las leyes, que 
proceden de costumbre. Finalmente, la dotación y esmero de la piadosa liberali- 
dad en dotar y enriquecer las iglesias, vino á ser causa del honor y utilidad que 
radicaba en sus bienhechores, para protegerlas y proverlas de ministros idóneos, y 
de aquel recíproco vínculo que induce la caridad, y que la naturaleza impele de 
una eterna nieiiuiria y agradecimiento del beneficio ; pues no pudiéndose hallar otro 
más elevado que el de darlas el ser material en la fundación, y en la dotación el 
medio para conservarse, (|uidaba una obligación correspectiva al honor, reveren- 
cia y obsequio para el patrono, dejando á su confianza la gloria misma, que a 
proveyese de i)astor celoso quien de la nada la liabia sacado á ser casa de oración, 
V refugio ciiuuTu de la necesidad. » 



— 101 — 

zaii sobre todas las ijilesias de Indias de una absoluta y universal 
protección, íiiieión y defensa, y usan, ejercitan y mantienen, pro- 
tegiendo, defendieudn y amparando con real brazo y absoluto po- 
der á todas las ijilesias, y personas eclesiásticas y espirituales, en 
(pie los pr«>lados, i) las comunidades por sí, ó sus indi\ idiios tu lo 
l)articular, frecuentemente lo imitloran, á lin de tpu', observadas 
las leyes naturah's, cantiiiicas y municipales, no se liana violencia 
alfiuna :i sus vasallos (1). ii'ibjulcneyra sostiene (pie el dereclio 
de i>atronat() es consi<>uientc á la soberanía, y por ello se le llam(> 
sctlorlo real, de manera (pie, cnalcpiiera ipic sea la forma de go- 
bierno, ese derecho existe en el ipie reinvsenta la sol>eraiiía, y por 
ello los gobiernos liispano-americanos lo continúan ejerciendo de 
fado, después (le la indciieiideiicia. 

rualesípiiera (pie sean las ¡tatabras de las bulas pontiñcias con- 
cediendo (') ampliando este derecho á favor de los reyes de España ; 
aunque aparezcan mota pntprio, no es en ellas donde estala raíz y 
el fundamento legal, sino en los hechos mismos, en la naturaleza 
de las cosas, en la esencia de la soberanía. Los jxtntíftces aparecen 
concedi(''ndolo, con el mismo fundamento con (pie hicieron la di- 
visi(3u del nuevo mundo en favor de España y Portugal, y los mis- 
mos reyes en las leyes, cuando hablan del real |)atronato, se ex- 
presan como concedido por la santa sede ; pero estas íormulas de 
cortesía no fumhin ni dan deivcho, (pie na<íe en causas más ¡«jde- 
rosas y menos transitorias : en la sobeiauia territorial. Tan claro, 
evidente y necesario, sería ese derecho de patronato del poder civil, 
concedido ó no jtor la santa sede, que, .sin el consentimiento expre- 
so del soberano, no podrían fundarse iglesias ni ejercerse el culto 
jiúblico. ni los fieles y ni el clero pueden ejercer aut()ri(hi(l públi- 
ca, ni cuiii]ilir mandatos, t'niidados en las prescripciones de su san- 
tidad ; ])or(pie carecerían de medios jtara hacerlas ejecutar y cum- 
plir (2). Tan es así «pie, en los países (huide la iglesia está sejtara- 



(1) RiBADENBVRA, ol>. cit. 

(2) La ci)nstituc:i<'(U nacional estalilfico vu el capitulo 1'% .íliibiicioiies del miKjreHo, 
artículo 64, inciso 20: «Admitir en el territorio de la nación otras órdenes religiosas 
:í más de las existentes ». En el capítnlo 3», artículo 83, inciso 8" : « Ejerce los derechos 
del patronato nacional en la presentación de obispos para las iglesias catedrales, á 
propuesta en terna del senado ; 9» Concede el paso ó retiene los decretos de los con- 



— 102 — 

da del estado, coiiio en los Estados Uuidos y eu México y Guate- 
mala, el clero ui si(]uiera viste eu la calle traje sacerdotal, el culto 
sólo se ejerce dentro de cada iglesia, mantenida y costeada i)or los 
creyentes, (lue como son los que contribuyen deben tomar parte 
en la elección de sus curas ó pastores. Los (jue nieguen el derecho 
de patronato se echan de bruces en la iglesia libre, autónoma dr 
f(fcto, aunque sul)ordinada en cuanto al dogma, (pie su santidad 
reconoce, respeta y halaga, conio puede informarlo el cardenal Gib- 
bons eu los Estados Unidos, y los obispos mexicanos reconocen 
expresamente <pie ante todo son ciudadanos y subditos de la na- 
ción. Así, el territorio en el cual se ejerce el culto modifica su ejer- 
cicio externo sin alterar el dogma, y en la época actual de pruden- 
te conciliación, de necesarias concesiones, de respeto á la coucien- 
cia individua], la autorichid moral de la iglesia debe ser muy cauta 
y liberalmeute ejercida, para uo fomentar el indiferentismo reli- 
gioso. Así como sería insensatez revivir el tribunal de la incpiisi- 
ción é imposible celebrar autos de fe, es evidente (|ue la santa sede 
TÍO puede pretender ejercer autoridad contra la soberanía de nin- 
gún estado: hay imposibilidad de toda imposibilidad. 

Las censuras y las excomuniones, en vez de servir, atacan las 
creencias y les cpiitan la serenidad de su acción moral y prudente. 

Evidente es (pie en la Eepiiblica Argentina la constitución no 
necesita, i»ara ser obedecida y observada, de concesión pontificia, y 
desde que ella prescribe el derecho de patronato, el de presentar 



cilios, las bulas, breves y rescriptds del suinii iidiitilice eon acuerdo de hi suprema cor- 
te : requiriéndose luia ley cuando coutienen disiPos¡cioue§ generales >>. Edic. de 1858. 
Eu el Diario (le sesione» del soberano congreso general constituyente eu Santa Fe, 1853, 
en la sesión de 24 de abril de 1853, el doctor Gorostiaga dijo : «que la comisión no ha- 
bía creído que el congreso fuese un concilio ecuménico, ni que los diputados viniesen 
á discutir puntos dogmáticos; que en el artículo eu mención sólo se habla de la liber- 
tad política para ejercer otros cultos, qu(^ era de la competencia del congreso, en 
cuyo sentido había sancionado ya el artículo 2" de esta constitución ; que el congre- 
so tiene derecho y obligación de establecerlo, y ipu' lii comisióu no había hecho otra 
cosa que cousignarlo ; que así estaba establecido cu los tratados con Inglaterra, los 
que compreuden á todos sus habitantes y á todos los puntos del territorio : que los 
que so han hecho ciudadanos eu virtud de ese tratado, y los que hubiesen de obtener 
carta de ciudadanía, debían ser protegidos en el ejercicio de su culto... (jue, respec- 
to á la liliertad do cultos y á la de escribir por la prensa, .sería reglamentado su 
ejercicio piu- una ley del congreso...» 



s;ll•l■l■(l()I('^ pMlll ;il/.(ihi>|i(t. (iliispos y (Icllüis l)('ll('tici<i> ccloiiíst icos, 
por ciniiili) ("s el riiiico culto que sostiene el tesoro iiiici(Hi;il, <> l;i 
iiiitori(l;nl eclesii'islic;i iiceptii estas eoiulicloues coiisliliicioiíales, 
jurando el ai/,oltis])o y oliisitos la ohediencia á esa constitución, 
como lo liaccii i-econocieuiio «pie pue<le fcleiief i'i coiK'ciier el pase 
á las halas, breves y rescriptos pontilicios. es decir, expresamente 
acatando los ¡(receptos constitucionales (pie maniliesta la sobera- 
nía. (') se busca la separación de la iglesia catiMica del estado, para 
ser ejercida liltreuieute como los otros cultos dentro de sus iglesias 
y c(Ui sus autoridades, poique todas, en cuanto se relacione con las 
ceremonias públicas, están sometidas á la antinidad soberana del 
territorio. De manera (pie, cualquiera <iue sea el origen ilel dere- 
cho de patronato, los hechos demiiestraii (pie la santa sede reconoce 
alpatnmato como inherente á la soberanía, ponpie no es esencial 
qne lo conceda expresamente en esa forma, (pie era la jn-eocupa- 
(•¡«'(11 — en la presidencia Saenz Peña — del ininisrro de relacio- 
nes exteriores, (pie había jurado sin embargo cum|)Iir la constitu- 
ci»')n cuando eiitr('> á (jercer esc cargo oticial. Si me detengo en 
la invcstigacií'm histórica del origen del derecho de ¡(atronato y 
demás nyulius^ cítmo se llaman conveucionalmente á ciertos de- 
rechos soberanos, es sinii>lenieiite para demostrar «pie, bajo este 
aspecto, los tuíjiiUstas det'eiidíaii la verdad y el buen derecho pú- 
blico eclesiástico. 

Los curas de españoles ó indios, sin obtener ni ¡ledir licencia á 
los obispos, ponpie en los primeros tiempos no los había, y todo 
dependía de la direcci()n y administración ó iiomiiiaci(ui del rey, ó 
de los que hacían sus veces, ejercieron sus cargos eclesiásticos. 
. Lo misuK) sucedía en l((s obispados, dice el doctor \'élez 8ars- 
lield. El rey designaba los límites de ellos, y los conlórmaba á la 
división jtolitica sin anuencia ni noticia alguna del i)ontífice, lo 
(pie sin (luda im cicía poder hacer en los obisjiados de Ivspaña. 
Nombraban un obisjto y h) presentaban al papa; pero en el entre- 
tanto ordenaban á los cabildos (pie le entregaran el goltierno del 
obispado; y así se hizo desde el princi|>io de la compiista hasta 
(pie acabó en .Vmérica el poder español. Los ])onlííices lo veían, 
lo consentían, y los cabildos eclesiásticos obe(h'cían siempre órde- 
nes semejantes. Toda causa entre los obispos, los curas, los cañó- 



— 104 — 

uigos y (ligiiidade.s sobre su,s beueñcios, ó sobre la capacirlad ca- 
iKÍnica para obtenerlas, la decidía sólo el soberano de las ludias, 
aunque se miraba como cosa espiritual, y entre personas del fuero 
eclesiástico ;> (1). 

Esto confirma que el eiercicio de tales derechos era en el fondo 
inherente á la sol)erauía, aunque el pontitice no lo hubiese decla- 
rado en ningún documento, y al soberano le bastase ejercerlo sin 
<lisputa, aunque aceptase la bendición ai)ostólica y la concesión 
pro forma de su santidad. 

Conviene (pie recuerde algún antecedente histórico argentino 
(pie compruebe (pie los mismos obispos reconocían los derechos 
de patronato del soberano del territorio. El doctor don Mariano 
Medrano, o\A>>\>o iii partihus infidelium de Aulon, primero, y obispo 
diocesano de Buenos Aires, después, en 24 de marzo de 1834 
prestó juramento en presencia del ministro de relaciones exteriores, 
en esta forma : ;. ¿Juráis, á Dios y á estos .santos evangelios, ser 
fiel á la nación, reconociendo la soberanía y alto patronato ; 
que le guardaréis en todo y por todo, llanamente y sin impedi- 
mento alguno; que no serviréis ni aceptaréis dignidad alguna 
«pie no os confiera el gobierno de la nación, ó sin su exjjreso con- 
sentimiento ; (jue os abstendréis en vuestras comunicaciones 
con la santa sede de ciunito por las leyes está prohibido ; (pie cum- 
pliréis con las obligaciones (jue elhis impcmen con respecto á los 
despachos, bulas y comisiones que recibiréis de la corte romana, y 
de que nada haréis cpie se opoiiga á este juramento de fidelidad 
(pie prestáis á la nación ! Si juro », contestó simple y llanamente 
el obispo (2). Más aun, en la sala capitular, en presencia de los 
miembros del senado del clero, después de jurar obediencia á las 
leyes de la iglesia y al sumo pontífice, agregó: ;. Y juro y pro- 
meto guardar todo lo solu'e dicho, sin perjuicio del juramento de 
fidelidad (pie tengo hecho á la nacicni, y en cuanto no perjudique 
á los derechos y regalías de ella, leyes existentes del país ó (pie en 



(1) Dalmacio VÉi-liZ Sarsfiei.d. I'n-i'dio piíbüco ecleaiiísiicú. Uclaeiomx del estado 
con la iglesia en la antigua América española, paginas 21 y 22. liiicuos Aires, 1871. 

(2) Cesáreo Chacaltana, abofíiiclo délos tribunales del Peni. Patronato nacional 
argentino. Cuestiones de actualidad sobre las reciprocas relaciones de ¡u iglesia y del 
estado, página 136. — Buenos Aires, 188.5. 



iuleiaute se liiiiereii, ilisi-iplina <U' c-1, It'iiítiiiiiiN cD^lumlucN. ni ;'i 
otros cuiiles(|uiera derechos adquiridos (1). 

C'oii iimclia mayor ra/óu, — diie KiltatU'uevra, — deberían es- 
eriii)ulizar los (jiie iiuisiesen iinimiiiiar una regalía de nuestros re- 
yes, tan sentada ¡iiir tantos autores, tan ct'latla por tantas leyes y 
íau eorriente por tantos ai'ios. Pues á más de la sa<;rada decisión del 
tridentino, (jue declara injusto privar de sus lefiítimos derechos 
á los patronos, la real cédula dice (pie el ir contra este derecho es 
pecado; y la bula de.Iulio 11 excomulga á los (pie van y contra- 
vieneu á este derecho (■on(edi(h) en ella. Y tiicia de esta tremenda 
indiüiiacií'm de los santos ap('>stoles, en que los declara incursos 
dicha bula, se liarán reos de la in(li«>naci(m real, como se explica- 
ba aun en medio (le su barbaridad, con los bizantinos aípiel Atheas, 
rey de hjs Scytas : JS'o (jitirais dilriiiteiitar mis rrí/alíds, ¡xiniiic irán 
mis yei/uas ú hchcr ufiuu tuirc vosotros > ("_'). 

Este derecho debe ser apreciado y juzgado en las serenas regio- 
nes de la íilosüluí legal, de los intereses sociales, de las necesida- 
des positivas : porque las naciones no son asociaciones mera- 
mente creyentes, ni comunidades religiosas, ni se trata de con- 
vertir en convento la sociedad civil. La fe no vive i)or el miedo; 
nace [»or el amor y se conserva por la ra/.(')n. Los tiempos nuevos 
no se amohbín al fanatismo viejo. 

< Todos los emperadores, reyes y principes absolutos del cristia- 
nismo, — dice Solíírzano, — por solo ser dueños del suelo en (pie 
.se fiíndan y edifican las iglesias de sus estados, toman en sí, como 
de derecho i)ropio y real, comunmente la protecci()n y defensa de 
ellas, y especial de las catedrales, según la oi»ini('>n común de todos 
los que tratan de esta materia (o). 



(1) Ibidem, pagina 137. 

(2) RiBAOEXKYKA. olira citada. 

(3) PoUtiea Indiana | De el U. D. Jlax de Solókzako | Pkrkira. Cavallero del 
Orden de | .Santiago, del Consejo del Rey | N. .S. en los de Cas | tilla y de las | In- 
dias I Dirigida | al Rey nuestro §■■ | en su Real y Snprenio Consejo | de las Indias | 
Por mano del Excmo | Sr Conde de Castrillo | Presidente del mismo | Consejo | Con 
Privilegio en Madrid en la Officina | de Diego dias de la Carrera | .A-fio de 1647. 1. 
vol. in folio de 1040 páginas y el « índice muy copioso de las materias, puntos y sen- 
tencias más notables de esta Política, y textos, y cédulas reales. f|ue en día se refie- 
ren, se explican ó ilustran ». 



— 106 — 

El mismo señor García Icazl)alceta, (jae opiua (ine la gran iglesia 
(le América gimió largos años oprimida por el poder civil, reco- 
noce, y lo declara, que es de Justicia confesar que eu los prime- 
ros años « el patronato fué para el rey una carga (pie llevó noble- 
mente. » Los hechos posteriores se exceptúan jtor sí misinos, por 
la relajación en que cayeron los monasterios y la clerecía, por sus 
disputas de predominio temi)oral entre los peninsulares y los na- 
tivos, por la peligrosa acumulación de las riípiezas de manos muer- 
tas, y por la pretensión mundana del i)oder teocrático con peligro 
del poder civil, lo (¡ne dio origen á los hechos y conflictos de que es 
abundantísima la historia colonial, á meclida (¡ue fué creciendo, 
como es históricamente cierto, la deplorable decadencia de las ór- 
denes monásticas. Esos excesos, los frecuentes escándalos, la re- 
lajación general de amlios cleros, hizo desmerecer la autoridad de 
la iglesia, cuyo prestigio se basa en la virtud, honestidad é ilustra- 
ción (le los ministros del culto. Por eso contrasta la brillantez (pie 
reflejan en la historia los trabajos y labores intelectuales de los mi- 
sioneros de la primera época, y las disputas y escándalos de la vida 
conventuiü relajada, eu los siglos xvii y xviu. 

De manera (pie si el derecho de iiatronato no fuéalmsivo en los 
primeros tiempos, en que los misicmeros fueron morales é ilustrados 
y los monasterios centro del culto de las letras profanas, la relaja- 
ción posterior explica sin esfuerzo la necesidad de severa represión, 
en ejercicio del mismo derecho de patronato, en bien de la moral 
social. Mientras los ministros religiosos fueron pobres y virtuosos, 
la autoridad ci\'il no les fué agresiva; el derecho de patronato se 
ejerció amplísimo y sin daño de la iglesia ; i)ero cuando la ambi- 
ción de la riqueza, las numerosas propie(lades de manos muertas, 
los censos capellánicos y los Iximv.s de avío estuvieron en auge, la 
relajación llegó á su colmo y los contlictos entre ambas potestades 
se hicieron frecuentísimos: fué inevitable contener el abuso. 

Los frailes pedían á la santa sede aclaraciones á los privilegios 
(pie habían recibido, y éstos fuei'on tantos y tales, (pie casi no tenían 
límite. Jíran independientes de la Jurisdicción de los obispos, y la 
anarípiía en el seno de la iglesia se hacía extensiva á la sociedad: 
los l'ra lies 'resistían la secularización de los curatos, y los ol)ispos 
deseaban (pie la clerecía los sirviesen, poniue frailes, fuera de sus 



couvt'iittis y tifias rt'ülas iiioiiacalo «le las ('ndfiirs, se iclaJaWaii y 
coustitiiíau un eleiufiiio de desorden, ile almsns solnc las polucs 
y sumisas poltlafioucs de indios. 

Sin el derecho de patronato, sin esa tuerza de miela \ iiatroei- 
nio creada \mv la luudaeión y dotación t|He el solierano territorial 
concede, puesto (pie da sitio para fundar iglesias, catedrales y con- 
ventos, y contribuye con sus fondos \»ara ello \ pciiiiitia (pie sus 
súlMÜtos paliasen ora fuesen diezmos ú otra serie de contrihucio- 
nes para el sostenimiento del culto, el desorden y el peliuro de la 
moral social y reliiiiosa lialuia sido mayor. 

Los reyes católicos don Fernando y doña Isabel, no contentos 
con las bulas y concesiones apostólicas, se reservaron para sí el 
derecho de patronato v en la erección de las primeras iglesias ca- 
tedrales (pie en las Indias fundaron, y cuidaron (pie la santa sede 
les diese privilegio especial de este patronato, como lo negocio su 
embajador en Koma, don Ignacio de Koxas, y los (pu^ le sucedie- 
ron en el cargo, mandándoles (' instruyíMidoles fuese jdenísimo, de 
suerte que pudiese también elegir y ¡nesentar prehuhis, y (|ue se 
admitiesen y recibiesen los así nombrados . La real c(''dula (pie se 
llama del Escorial, según Solórzano, de 1" de junio de l.")74, dice: 
v: Como sabéis, el derecho de patronazgo eclesijístico nos pertenece 
en todo el estado de las Indias, así por haberse descubierto y ad- 
(piirido acpiel nuevo orbe, y edificado y dotado en él las iglesias y 
monasterios á nuestra costa, y de los reyes católicos nuestros ante- 
cesores, como por haltérsenos concedido por bulas de los sumos 
pontífices, concedidas de su ¡iiotii ¡troprio . V la real cédula de 'l'l 
de junio de lóítl, (pie es la ley 1', título (> , lüuo 1', Nrcopilavióit, 
dice: < Por cuanto perteneciéndome, como me pertenece jior de- 
recho y bula apo.stülica, como rey de Castilla y León, el jtatronaz- 
go de todas las iglesias de las Indias occidentales, y la presentación 
de las dignidades, canongías, beneticios, oficios y otras cuales(|iiier 
prebendas eclesiásticas de ellas ... 

La historia délas colonias es|)ariolas muestra ct'imo los nf/dlistas 
defendían siemi>re ese derecho en los uumer()sos conflictos éntrela 
autoridad real y la de la iglesia, cnnii)liendo el expreso y terminan- 
te mandato que se repetía en las instrucciones y podeivs (pie la 
corona otorgaba á sus \irreyes, presidentes y gobernadores, tan 



— 108 — 

terminantes como en las dadas á los virreyes de México y del Pe- 
rú, según lo dice Solórzano, citando las ])alabras siguientes : « Asi 
mismo os encargo que tengáis muy jiarticular cuenta con la con- 
servación del dereclio de mi i)atronazgo real, guardándole vos, y 
haciendo que los prelados, así eclesiásticos, como los oidores, no 
le quel)ranten ; sino que antes le guarden, según y como lia sido 
conce(li<lo á los reyes de España por la santa sede apostólica, y 
se declara en las ]>rovisiones, «pie de hecho por mi están dadas, sin 
permitir ni dar lugar á (lue los prelados se endiarazen, ni metan 
en lo que no les pertenece, como algunos lo han intentado >. 

Por bula de Julio II, fecha en Eoma en 1508, á 5 de las calen- 
(his de agosto, en el 5° año de su pontificado, en substancia, — dice 
Solórzano, — después de haber hecho relación de lo que los re- 
yes católicos habían trabajado y gastado en el descubrimiento de 
las Indias, y como tenían ya erigidas en ellas tres iglesias catedra- 
les y una metropolitana, é iban disi>oniend() otras, sin muchas 
fundaciones de iglesias y monasterios particulares, les concede en 
todas, para ellos, y los sucesores en los reinos de Castilla y León: 
« que nadie las puede construir, edificar ni erigir sin su expreso 
consentimiento en todas las Indias, y que en las ya erigidas, y que 
en adelante se erigieren y edificaren, tengan y ejerzan el derecho 
de patr:)nazgo, y beneficios idóneos para todas ellas. Con que la 
presentación de los prelados se lleve á Eoma dentro de un año de 
su vacante, para (pie allí se confirme por el papa, y la de los otros 
oficios inferiores ante los ordinarios, dentro de los diez días. Y esto 
con inserci(3n de todas las cláusulas favorables y revocación de las 
obstancias, y relación específica de las muchas y grandes causas 
(pie moAÍeron, y aun obligaron á concederlo »... Así lo reconocie- 
ron los arzobisjjos y obispos en la erección délas catedrales de sus 
diócesis americanas y las excepciones i)osteriores, graves y ruidosas, 
dieron ])or resultado afirmar aquel derecho. 

Don fray Pedro Carranza, en la erecci<'>n de la catedral y obis- 
pado de Buenos Aires, dice : « ejecutores de mandatos a]»ostólicos 
de nuestro padre Paulo Y, á nos enderezados y de que podemos go- 
zar en este parte, á instancias y petición déla majestad real ». Al 
fijar luego las cuotas (jue se han de sacar de las rentas del obispa- 
do, agrega : y de la otra parte (pie sol )ra de la dicha gruesa de diez- 



raos, se ha de haeer nueve partes, que sou nueve iin\t nos, y de 
ellos señalamos dos novenos para S. M., eureconociniiiiilo de va- 
sallos leales i)()r ser nuestro patrono y señor , Es terminante, claro 
y exi)licit(> el reeonoeiniiento de (pie es vasallo, (pu- el soberano te- 
rritorial es el patrono y que, p(n- sus instancias y peticií'm. puede 
ejercer sus funciones y facultades eclesiásticas, lo que inqioit;i de- 
clarar i>revio su consentimiento. 

El hist(n'ia<lor aruentino N'iceute F. López ha dicho que, en los 
casos que el poder de la inlesia intente poner en contlicto «d dere- 
cho de Dios, cuyo culto sirve, con la soberanía del país en el cumI 
sirven los ministros de la iglesia, pierde práctica y teóricanu'ute : 
por(|ue se jione i'u puiiiia con la soberanía de la naciiui, y itor<]ue 
la re[>resentaci('>n de Dios es doctrina (pu' no |iuede imponerse. 
^ El único medio de conciliar estos extremos fatales para (d sen- 
timiento reliii'ioso, — dice, — que consideramos una lUH-esidad mo- 
ral y política de los pueblos, es el patronato. El patronato le deja al 
dogma puro su órbita de acciíui en las conciencias ; y pone en ma- 
nos de la soberanía nacional lo que le corresponde, que es la su])er- 
intemlencia y la designación de los agentes humanos y subalternos 
de la iglesia ; ]iara (pie esos agentes y superiores no pretendan ha- 
cer de ese dogma y de la gerarquía teocrática externa, un gobier- 
no humano y político dentro de la nación, O])uesto y superior al de 
la soberanía nacional. Esta es la doctrina de nuestras leyes fuiula- 
mentales : fué siempre la doctrina católica de los reyes de España, 
que jamás fueron tachados de herejía; y nadie fué más decidido 
en sostenerla que el virtuoso y venerable católico Carlos 11!, \ el 
virrey de Buenos Aires don .Juan .Tose de Vertiz - (1). 

Ese derecho de patronato, como lo demuestra Scdórzano. no 
puede ser derogado por el papa ni los concilios, ponpie no fué me- 
ramente gracioso, sino un reconocimiento en fa\ or de! empeño y 
de los dineros invertidos en la edificación de catedrales, iglesias y 
monasterios, : ponpu^ tales derogaciones, — dice, — por generales 
que sean, nunca se extienden á los patronazgos reales, como expre- 
samente lo dispuso el mismo concilio de Trento... » Y agrega: <: que, 



(1) ViCKN'TK V. LóiMCZ. Hinloria de la licpública .híientimt, mi orujen. 
y su denarroUo polUico haiita /<"?.5:?, tomo 1" pií};ina 387. 



— lio — 

jiuii (•iiíiiulo lo fuera expreso, uo se admitiera en España sin suplicar 
jírimero de él con la, debida. veneraci«'>n, y tanto más cuanto que en 
su otoríjamicnto se puso cláusula expresa de no poder ser nunca 
revocado, porcpie esto liga al pajta, según la común opini('>n de to- 
dos los canonistas. Añade aun : <: Y novísimamente, habiéndose 
tenido noticia de (pie algunos religiosos y prelados intentaban 
algunas novedades, en laíbriua y modo de practicarle, y se habían 
metido en proveer algunos oficios y beneficios eclesiásticos sin la 
presentación real, se le escribió una carta al príncipe de Esquila- 
che, virrey del Perú, fecha en Madrid á 2S de marzo de l(i'20, en 
(pie se le encarga, que procure haya enmienda en esto, y que sepan 
todos: (]ue el título legítimo, (pie tiene razón de principio formal 
y substancial, de poder ser uno prel)endado ó ]»árroco de las Judias, 
es la i)resentación hecha en nombre de kS. M. ó por (piien tenga 
poder suyo para ello ; (pie así se procure conservar el patronazgo 
real en materia (pie tanto importa, y está individualmente con 
el gobierno es])iritual y temporal, y (pie esto se guarde aun en las 
sacristías y otros oficios de la iglesia -■•. 

Los reyes de España fueron celosísimos defensores de este de- 
recho, como esencial y fundamental de la soberanía, y de la con- 
servación i)acífica de sus dominios, del orden, estabilidad y armo- 
nía entre lo (pie es civil y lo (pie es religioso, entre lo |)olítico y 
lo eclesiástico; lo (pie no impidió, sin embargo, (pie uoml)rasen á 
obispos y arzol)ispos como virreyes, pero en el ejercicio de sus 
funciones políticas no hicieron jamás concesiones que amengua- 
sen la soberanía real. Y no hubo en ello excepción alguna, ni Fe- 
lipe II con su fanatismo, ni la impiisición con sus hogueras, 
ni la autoridad de la iglesia con sus- excomuniones, alcanza- 
ron á i)redominar ó sobreponerse en lo que el rey juzgó prerroga- 
tiva, y regalía de la corona. Esa misma actitud observan todas las 
autoridades coloniales, desde los virreyes y las audiencias hasta los 
cabildos. iSío se fundó iglesia ni convento sin previa licencia de la 
autoridad y si algunai acz lo hicieron, como aconteció, se mandó 
demoler y demolió lo edificado, según tendré oportunidad de re- 
cordarlo. 

líibadeneyra, enseña (pie : « pertenece en las Indias propia y 
peculiarmente á nuestros reyes la facultad de edificar todas las 



- 111 — 

iglesias (le i'l las, sean eatedrales, [)aiT()(|iiiaI('s. inunacalfs. liositi- 
talarias ú otras cnalesfiniera, coníorin*' á la ley, (|iu' inaii<ia : no 
se erija iglesia, ni lugar pío, sin lieeneia del rey (1). Ksta dispo- 
sieión del dert-clio real se conlirnia por la bula de patronato por su 
santidad .Itdin II. I,a licencia real tenía tal tuerza, ipie autorizaba 
la íiuidaei(')n aun contra la voluntad del prelado. Toda esta ma- 
teria está regida por el ¡¡atronato, eomo extensamente lo enseña 
este autiu-. 

8olór/.ano sostiene (pu- el patronato es un derecho real, incor- 
porado á la corona, fundado en la recordada bula de .Julio II, y 
además que los mismos reyes así lo declararon por cédula de 1 .">74, 
cuando dicen: V inandainos (pie el dereclio del diclio patro- 
nato, i'inico ('• insi)H(linii de las Indias, .-.jcniínc sea resei'xado á nos, 
y á nuestra corona real. Las cuales palabras inducen incor|iora- 
ei(ju y uniíui con el reino, eomo en semejantes easos, hablando 
del patronato real de Portugal, lo resuelven los autiues (pu- cita. 
Y agrega todavía : ; Y de ello n-sulta (pu- por ningún modo ni 
aun por concesi()n ex])resa de los mismos reyes, se jíuede enaje- 
nar, ui transferir á otras personas, como ni las demás cosas, (pie 
se llaman de sus regalías ó de su corona, y ]ior esto se tienen i)or 
inalienables... > Ese derecho es inherente á la soberanía y ésta int 
se puede dividir, renunciar, ni donar sino con el territorio; por 
ello pertenece á las naciones hispano-americanas, ponpie (íímsti- 
tuye una parte inalienable de la .soberanía. 

La opini(5n de .Sobu-zano la sostiene Tíibadeneyía. 

« Y asimismo esta iiicorpuiaciiui obra, — dice Sob'nzano, — como 
las demás regalías y bienes patrimoniales de la corona del príncipe, 
las causas y dudas <pie se ofrecen, se han de Juzgar y declarar i)or 
juece.s seglares, y sus c(>ns(J()s ñ chancillerías dc]iula(las para esto, 
segi'in lo dispone el derecho coinún y del reino. Tanibién hayan 
de c(mocery conozcan de las concernientes á este patronazgo real, 
a.sí en posesi()n como en propiedad, limitándose en él la regla or- 
dinaria, (|ue dice (pie el c(mocer de los otros i)atr(uiazgos inferio- 
res ú ordinarios es piivativo del fuero eclesiástico... V ésto se 



(1) Antonio dk Kosadkxkvka y Bakhoontos. Mamtat compenrtin del regio patro- 
nato indiano. 1 voltimiMi, uilioióii ili- Madrifl, 1755. 



llalla más claramente dispuesto eu el dereclio municipal de nues- 
tras Indias, en muchas cédulas reales ([ue tratan de ello, y termi- 
nantemente la de 1574, por estas nñsnias palabras : Y los nuestros 
virreyes, au<liencias y justicias reales procedan con todo rigor con- 
tra los (jue así fueren y vinieren contra nuestro derecho y pati'o- 
nazgo, procedienih) de oticio, ó á pedimento de nuestros fiscales ó 
de cuahpiiera parte que lo pida, y en la ejecución de ello se tenga 
mucha diligencia, líecuerda el mismo aut(n- que en una cédula 
dirigida á la audiencia de México en 1540, (lue es la ley 47, título 
(i ", libro I, linopUüción de IiiíHdii, manda que ante ella se decidan 
todas las cuestiones sol>re el real patronato. Los virreyes ejercían 
el vicei)atr()nato. 

Era permiti<lo fundar hospitales, monasterios ú otras institucio- 
nes piadosas, con permiso real ú de (piien su poder tuviera, y en 
tales casos el patronato corresi)ondía al fundador y los suyos, sin 
([ue por ello se amenguase el patronazgo real sobre las catedrales, 
prelados, prebendas y beneficios ]»arro(piiales, como lo enseña So- 
lórzano y otros (1). 



(1) Conviene que recuerde antecedentes históricos ¡iinericauos después de la inde- 
pendencia. Á fines de 1819, el secretario del interior del gobierno de Nueva Gra- 
nada, con motivo que el promotor fiscal del arzoliispado expuso los males que oca- 
sionaba á la iglesia y al estado el no proveerse en propiedad los beneficios eclesiásti- 
cos, por cuanto interesaba á la disciplina eclesiástica, consultó la opinión sobre esta 
materia, y entre ellos, al doctor Juan Nepomuceno Azuero Plata, cura de Sota y 
vicario superintendente de su cantón, sobre los derechos del gobiernos eu la provi- 
sión de beneficios eclesiásticos. « Los pueblos, — dice, — ó los que los gobiernan, 
tienen el supremo derecho de dirección, insiiección y protección sobre todos los 
establecimientos que, haya dentro de ellos, ya sean políticos, j'a religiosos ; pueden 
establecer leyes que arreglen estos establecimientos, prohibir cuanto crean perju- 
dicial á la felicidad pública; y, en una palabra, es un interés esencial de suma 
¡iup<iitaucia, inseparable de la soberanía, el que nada se haga sino en virtud de 
su expreso consentimiento. Las diversas órdenes de la gerarqufa eclesiástica, con 
especialidad en el estado presente de la iglesia, forman un imperio demasiado 
vasto, tienen un poder y un señorío muy considerable sobre los pueblos, y por 
desgracia aliundau tristes ejemplos del abuso que han hecho de tal autoridad, 
y de los trastornos que pueden causar en los estados más bien constituidos. Por 
tanto, toca á los gobiernos prevenir ([ue son sus subditos, que de ellos depen- 
<le su felicidad ó su desgracia, y que con el carácter sagrado que están investi- 
dos no han dejado de ser hombres ni ciudadanos. Entre otros medios que los gober- 
nantes deben poner en ejecución para establecer sobre este objeto el mejor ordeu 
y armonía en esos estados, es uno de ellos, y acaso el principal, el de hacer que 
no se coloquen eu los beneficios, en las prebendas, en los obispados, sino perso- 



— 113 - 

Y ('Sil niisina razón 4>lira, — ilicc Sdloizain» — y (icasiona (|iu' 
se les pi-rmita (lUf en las i<>h'si;iN. iiidiiMstciiiis, lios|iit;ilcs ('i caiii- 
llas (lue así coiistruycrcii > (lularcii, piu'dcii inmcr sus iioiiihres, 
letreros y escudos de iinuas. i'i iiisiünias de su ÜMajes, las cuales 
re<;iilaruicute se pioliilicu |MUiei' cu luuarcs ¡¡i'ililicos que |iciteue- 
cen al rey, auiuiue los tales anuas sean de vincxcs. ¡n/oWispos y 
«hispos y los ponyan deliajo de los reales... 



lias de si\ elci'ciiiii y df su riitiTii roiiliaiiza. N'ii : los scilicianos iki ihumIih «h'siircii- 
<Utsi' «le tan esencial iir<Tr<i;;ativa... Tero si el patronato, ó halilanilo ton más pro- 
]>ieila(l y claridad, .si la soberanía <|nc las naciones, ú los que las representan, tienen 
solirc tollos los estaldeciniientos é individuos eclesiá.sticos de un imperio (í repúldica, 
es indispensable conforme á los principios del derecho natural, nosotros vamos á 
verla también apoyada en las divinas letras, en la tratlicióu y práctica de los más 
tiorecientes sif^los de la ijjclesia, en expresa confesión de sus más grandes pontífices, 
sabios y doctores, y finalmente en el derecho público de todas las naciones cristia- 
nas... Hasta el siglo iv ni las i-jlesiasi, ni los clérigos, ni los obispos estaban libres 
'<le los tributos, de comparecer ante los jueces y tribunales seculares, ni de ejercer 
ellos mismos todos los largos. magistraturas y servicios personales, lo mismo que d 
resto de los lioMil>res sin ilifercncia alguna... Todos los buenos canonistaa recrmocen 
la facultad que reside en los potentados seculares para dictar leyes acerca de la dis- 
ciplina externa de la iglesia, para dar autoridad á las sanciones de ésta, para impe- 
dir que se introduzcan abusos en los sagrados ritos. Ábrase el código de las leyes 
imperiales y se encontrarán las diversas disposiciones que dictaron Constantino, 
Jiistiuiano. Teodosio y oíros varios emperadores, para arreglar los negocios eclesiás- 
ticos. Ellos convocaban frcciieutenienU' los eoueilios : niaudaban á sus subditos que 
observasen sus cánones y constituciones : reprimían las arbitrariedades de los obis- 
pos, de los concilios y de los mismos papas : decidían las querellas y competencias 
que se suscitaban; y nunca se desprendieron del eminente dominio (ine tenían sobre 
las iglesias... La fundación, la constitución y dotación, dan el patronato. ¿V quienes 
han fundado y dotado las iglesias de América? Fueron nuestros abuelos. Casi toda 
la población presente se reduce ó á los priinerus indígenas del país, ó ú. los descen- 
dientes de los conquistadores y primeros pobladores. Es la herencia de nuestros pa- 
dres la que nosotros vindicamos hoy. El suelo es nuestro, porqu<' ellos lo descubrie- 
ron, poblaron y cultivaron para nosotros, porque la posesión de tres siglos y la ne- 
cesidad de vivir y morir en él. nos confirman este derecho ; porque la gloriosa 
empresa de liaci'r el país iiidepeudieute y feliz... de formar con ellos una sola socie- 
•ílad. una nación... hacen ([Ue este derecho sea el más Justo, irrevocable y sagrado... 
Á los descendientes, pues, de los fundadores de nuestras iglesias, á los que actual- 
mente las con.servan. á los que proveen al santuario y á sus ministros con su» ero- 
gaciones, á nosotros, al pueblo de Nueva Granada... es á quienes toca por todos 
títulos el universal patronato...» (Informe que el doctor .Juan Nepomuceno Azuero 
Plata, cura de Soto y vicario superintendente de su cantón, ilió á la viceprcsideucia 
<le la Nueva Granada á principios de 1820. Sobfe Ion dercflnm riel tjoUerno. cu la 
procUión de beneficioii cclcKiásIicoii 1/ olrOK puuloa de inmunidad. Impreso en Bogotá, 
año de 1821 ; reimpreso en San Salvador, el niisnio nño y liltimaminte en Santiago 
<lc Chile en 18i'.">. Imprenta Nacional.) 



>Si se (leseau luayoies luudaujeiitos para la jii.stiñ('i'.ci(')ii de este 
(lereclio, — dice Eibadeiieyra, — merece recordarse: 1", la de- 
cisión del concilio mexicano, donde se reserva á nuestros reyes y 
sus sucesores, el derecho de patronato, como les compete i)or de- 
recho y por autoridad apostólica, etc., en recouociuiicnto de cuya 
sui)erioridad, coiuiuista y derecho de ])atronato se estableció la 
asi,i>-nacióu de las dos i)artes de novenos, (pie en Indias perciben 
nuestros reyes, en el mismo concilio (1) ; 'J" la bula de su santi- 
dad clemente VIT, (hjude fué reitera(Uiniente concedido este de- 
recho á nuestros reyes, con la ocasión de diclia erección, (pie con 
sus estatutos y demás concernientes á dicho concilio, coiuo consta 
en la última foja <le él, segiín el testimonio dado por el cardenal 
Carrafa, fué ajirobado por la sagrada congregacii'm de cardena- 
les diputa(h)s á la interpretación del sacrosanto tridentino... ■ (2). 
Se reafirma este reconocimiento por ¡a bula de Benedicto, (pie con- 
mina : CiDti (iJids : y en la »pie empieza : (¡ikiiii scnipcr... (pie no 
haya modificación respecto de los beneficios eclesiásticos, de cual- 
(piiera condición que sean, (pie se hallan en los reinos... y de las In- 
dias... (pie se sabe (pie lian sido y son hasta el presente día, sin 
contradicción alguna, de derecho de patronato de dichos reyes ca- 
t('>licos por fundación, ñ dotaciiui, ñ por privilegio y letras apost('i- 
licas, ú otros legítimos títulos; sino (lue ([ueremos y decretamos, 
(pie así las referidas iglesias, ó monasterios y otros beneficios con- 
sistoriales, como los demás beneficios eclesiásticos... se confieran y 
provean á nominación y presentaci('>n de los mencionados reyes 
católicos, como antes, todas las veces (pie aconteciese vacar, ('> care- 
cer respectivamente de pastores (^l). 

Tendré (piizá opíjrtnnidad de establecer hechos históricos (jue 
comprueben aun más la veracidad de la doctrina legal, \ se verá 
entonces cuan levantado fué el espíritu de SoNn-zano, líibadeneyra, 
y otros ir(j(tlist((s, exentos de fanatismo religioso y traiKpülos al 
exponer los priiicii)ios cu (pie se fundan las regalías reales ó sobe- 



(1) Feunando .1. ui'. Rii'.aI)Im;yi;a. Moniial r(ini¡>í-ni1i<i <!<■! leijh) pnlroniilo iiidiiiiKi. 
jíitgina 65. 

(2) ídem. 

(3) Obra citiula. 



rauiís. el (liTCM-lid «U- pütroiiiito: se verá taiiibién (*<'>iiii) la inlesia 
r:'coiii>ció la.jmisdifcióii real, y cónio. en los frecuentes conriietos 
entre lo ifiu|iinal y lo es|i¡iiliial. las aiitoiidaiU's coloniales no ce- 
ílieron ni ante las n-nsuias. 

':; El (lereclio. pnes, (|ue tienen los |>iin<Mpes en proinnlüar leyes 
eoneeniieutes á la reliíii('tn, — iliee ("ovaniihias, — es un dereelio 
tiiu<la(l<»en la naturaleza y esencia de la soberanía ; y es consecuen- 
cia precisa de su deber y ohliiiaciones. Los monarcas es]>añoles lian 
usado de la misma re<;alia desde «pie se estaMeció el cristianismo 
de la mouanpu'a. El sabio fray Prudencio de Sandoval recouió la 
mayor parte de ejemi)lares (pu' se hallan esiiarcidos en nuestra 
historia, en el capítulo <>4 de la cnuiica del emi)erador don Alfonso 
VII con el epíí>rafe : Del poder (jue los reyes de España han tenido 
en las iglesias y bienes y personas de ellas... Ija ]»artida prinu'rade 
las siete, (pie mandó formar el señor don Ahuiso el sabio, se redu- 
ce toda á leyes reales sobre materias espirituales, culto y disci- 
plina; y lo mismo sucede con casi todo el primer libro de la recopi- 
lación. En tin. nadie se ha explicado en este particular sobre la 
regalía con más claridad. <pn- el ¡lustre coleólo de abogados (1). 
La opinión de ese cuerjio es terminante. La regalía tpie han 
usa(h) y compite á los príncipes en la convocación de los concilios, 
en la concurrencia á ellos por si, ó sus ministnts, y en la c(niformi- 
dad dada á algunos generales, es una regalía innata á la majestad, 
('» soberanía conn'in como útil al cristianismo... Xo negamos, — 
•lice, — <pu' la religión es causa primarhi y objeto principal délos 
concilios e<'iun»'nicos, sea en el dogma, sea en la disciplina; ,;pero 
cuantas consecuencias temporales necesariamente ocurren en el 
movimiento en todas las iirovincias cristianas, y en atraer jiara su 
formaciiui á los prelados, ipu' deben ser interpelados poi' sus respec- 
tivos jefes.' l'na acción s(Mnejante, ni puede intentarse, ni llevarse 
á ejecuci<'»n, sin la pioíeccitMi y mandatos de los i>ríncip«'s {'2). 

1 MiiximiiK I «ohíe reciii-KOK \ De l'iur:u ii prulección. \ i'itn i7 mcludo (ir iHlnidinhlox 
en ¡OH TríbnnaleH. \ .Su autor | El Licenoiado Don Josí; i>k C'ovarhcbias | Alio<;aili) 
en el Cousejo ile Castilla j Intliviiluo del ilustre Colegio de Abogados de la Corte, 
.V socio (le la Keal Academia | De derecho EspaQol .v Púldico | Tercera edición | Co- 
rregida, y aumentada con algunas Cédulas, lladrid M.D.C.C.L. XXXVllI. por la 
viuda de Iliarra. 

(2) ideni. página t». 



Este autor es explícito en el i'ecouocimieuto de los luiucipios de 
derecho que coustituyeu la soberanía del territorio. La primera y 
más inviolable de todas las condiciones, — dice, — l)ajo las cua- 
les disi)ntan estos bienes, es la de vivir sujetos á la autoridad del 
yobierno, (jne los proteji»' y asegura. Ks necesario, ó ([ue renuncien 
á las ventajas de la sociedad en (pie viven, oque sufran sus cargas. 
.Si no se sujetan al príncipe, como vasallos, no puedan disfrutar 
de los bienes qne el príncipe solo i»rocura á sus vasallos... Nacen 
hombres y ciudadanos, y no cesan de serlo haciéndose eclesiás- 

tÍC(»S (1). 

listos princii»ios están establecidos i)oy la constitución argeu- 
gentina, y es absurdo negarlo invocando el credo religioso, y más 
lo es, en ciudadanos (pie ejercen cargos oficiales. 

Auncpie (jue parezca excesivo recurrir á la autoridad de los 
autores, prefiero en materia tan ardua robustecer mi opinión con la 
ajena. Ks constante, como dice San (.Upriano — enseña Covarru- 
bias, — que no debe aventurarse la quietud y conservación de la 
república, [lor respeto á ninguna autoridad, ó exención, aunque sea 
eclesiástica: por lo nusmocpiiso la santidad de ('lemente VIH que 
no se í'jecutasen decretos algunos pontificios, ni conciliares, cuya 
observancia amenazase algún daño. Kl soberano es el único jefe, 
á (piien J)ios ha confiado la tran(jnilidad y bien público de sus 
estados; por lo mismo debe conservarlo y defenderlo con su auto- 
ridad, contra cuahpiier perjuicio ó daño que puede causarles la 
potestad eclesiástica. Esta regalía, insepai-able de la soberanía, le 
constituye juez para examinar si en las bulas, (pie dimanan de la 
santa sede, se perjudica al estado, ó se estal)lecen cosas contra- 
rias á his disi)osicioiies caiKÍnicas y á hi disciplina - (2). 

Es evidente ((ue extendiéndose el descubrimiento de América y 
su colonización, fué indispensable crear nuevos obispa(U)S, se subdl- 
vidieron las diócesis, se edificaron más catedrales, y aunque para 
estas edificaciones contribuyeron los fieles, estuvo siempre abierta 
con más ó menos largueza la real mano y el tesoro real; y se pro- 
veían los obispados, dignidades, canongías, racioneros, prebenda- 

(1) í<lriii. cib. cit.. i>:í';iiiii,s, 12 y 20. 

(2) íilcin. páKinn Ki."). 



(los ílejándoli's lilu'riiliiit'iitt' los frutos (l«'l(is(li(v.iii(is, — dice So- 
lórzauo, — mw pritncro se li¡il>i¡iii coiicíMlido á los misinos reyes i>or 
la sede aiiostóliea, y donde ('stos no son bastantes, señali'imlolcs de 
sus reutas todo ]<> ne<-esario para su eon.ü'riia sustentaeii'm. 

Además de las linias iionlilieiascine reconocieron los leyales fun- 
damentos y las poderosísimas razones para otorijarv r«'conocer el 
derecho de jiatronato, i-etiere SoIíU'zano cpU' la coi'ona <'apitul<'> por 
•■si-ritnra pril)lica con los prinnM'os ohispos ¡\\\(' cn\i('i para las In- 
dias, y (pie reconocieron exiM-esamenteel patronato, conviniendo el 
reven dejarles los diezmos menos los del oro, plata y otros metales, 
perlas, y ¡lit^dras preciosas, (|ue el monarca se reserv() jiara sí, como 
consta en las ca]>itulacioues celebradas en Bur.ii'os en s de niax o 
de 1 ."> l'J : lo ipif yo lie \isto \ leído oi'iiiinal , dice el autor. 

Pítsteriormeiite se adojitarou otras realas más uniformes y "ene- 
rales. El rey i)resent(') al pa])a los arzoI)is)H)s y ol>ispos, y su santi- 
dad los nombra > extiende la bula de noint>rainiento, ipie, con el 
cxiquutur real, encabezan las erecciones (pie deben ser aprobadas 
l»or el consejo de las indias, y la de la ifjlesia de liuenos Aires lo 
fu('' ]ior el concilio pro\incial, como se verá al ocuparme, en ex- 
tenso, (lela fundaciiMi dediclia iglesia. En el Perú cada iglesia cate- 
dral tiene su erecci('ui, pero en Xneva España ó México todas fue- 
r(tn regidas por la erecci('>n de la metropolitana. Esta itecularidad 
no altera en lo mínimo el derecho de ])atronato. 

SoliMzaiio, al dar cuenta especiticada de la erecci(')n de la catedral 
de Lima, Inrnia de su cabildo y demás pormenores, dice estas 
palabras: las ni ms dos partes se dividan en nueve, aplicados 
para la majestad real, en señal de superioridad y del derecho de 
su patronazgo, dos noscnos . Así consta tambiiMi de la ereceitin 
del obispado de líueiios Aires, en ('-poca en (pie estaba el gobierno 
político y la (li(')cesis sujeta al \ irrey del Perú, como representan- 
te del rey y vicepatrono. 

Por la bula del i>ontílice Paulo III, de 1 4 de mayo de 1 ."> 1 1 , des- 
luiés de exponer (pie el emperador ("arlos \' iiabía manií'estado (pie 
se deseaba crearse un obis]»a(lo en la ciudad de los reyes, y allí se 
erigiese la catedral, cuyo (d)ispo (piedase sujeto al arzoi)ispado de 
Sevilla, dice : (pie por las mismas letras reservaba, concedía y 
señalaiía. al dicho eni|)erador y ¡i sus sucesores en la corona de Cas- 



— 118 — 

tilla y León, el dereclu) de patronato y de presentar dentro de un 
año las personas idijneas para la dicha iglesia, todas las veces (ex- 
cepto esta primera) (pie hubiere vacante, al romano i)ontífice, para 
<ine en virtud de dicha presentación la proveyese de obisi»), etc., 
y ((ue la dignidades, canongías, prehcníhis y otros beneñcios, así en 
la primera erección como despnés, por vacantes; el obispo de « los 
Eeyes las institnyese en virtnd de la misma presentación, etc. » 
('onclnye la citada bnla con estas palabras: - Y á ninguno <le los 
hombres les es lícito ir, ni hacer temerariamente contra lo escrito en 
estas nuestras letras de insigniticaciiui, decreto, erección, institu- 
ción, concesión, asignación, aplicación, apropiación y reservación, 
y si alguno presumiere intentarlo, entienda <iue ha de incurrir en 
la indignación de Dios omnipotente y «lelos bienaventurados após- 
toles san Pedro y Pablo » (1). 

En virtud de esta bula, el obispo extendi(') la crecciíui. Expresa 
(|ue S. M. vio y examinó la bula, y hallándola sin vicios fué admi- 
tida y recibida, y que el monarca lo había re(|uerido para que se 
dignase proceder á la fundación : todo lo cual imi)orta reconoce el 
|iatronato y la Juris<licción rea!. Decretó, con i»ermiso del rey, la 
.<listribución de los diezmos. 

Esta misma organización de los obispados se funda en el 
derecho real, pues bastará ver las leyes del título 1 (i, libro primero, 
Eccopilarióii de Indias, de manera «pie en la erecci«'m se observaba 
lo quv hi ley del reino itrescribía, «-omo emanada «leí soberano del 
territorio. Para justiñcarlo bastará «lue cite lo «pie se refiere á la 
dirección y distribuci«')n de los diezm«)s : que hecha una gruesa de 
1«) que pudieran valer y montar los diezmos, sean, y se satjuen para 
el prelado y cabildo por mitad: y de las otras d«)s se hagan nueve 
partes, la «h)s novenas «le ellas jiarasu maiesta«l, y de las siete «|ue 
«pie«lan, las tres para las fábricas «le las iglesias catedrales, y hospi- 
tales, «pie en cada parr«)quia se han de hacer: jtor manera «pie el 
un noveno sea para la fábrica, y el otro para el ]ios[)ital. ís'o 
puede ser más clara la jurisdicci<)n real en la materia, y el pa- 
tronato y protección se exten«lía hasta onlcnai- (pie un oid«)r ú 



(1) Maxukl DK. MkxduíUHI-, üirrioiuirío /i/v/íÍmí-u hioiiidlicv <lfl I'cni, etc., tomo 
-), páginas :í94-3íi1 . 



— iin — 

otro oficial ival iiitciviiiicni i-ii la (li\ isi('>u d»- le» ilif/.iin». cuino 
ronsta tMi las or(l»'naiiza> dr las audiencias lU- 1 "ii;.!. Ksa juiisdic- 
«•ióii amplia fiu' acatada, reconocida y uo disputada nciicialnRMite 
por las aiitoriiladcs de la iülesia, y cuando se opusieron, se proce- 
dii't contra i-Uas por los jueces y triltunales reales. 

("en-a de cuya i)ráclica. — diccSolórzano. — y justificación, en 
cuanto al [uinto tle la Jurisdicción, luí consultado en Lima por el 
virrey pnncii)e de Ksquilaclie, y si él podría despachar iirovisiones 
l»or don Felipe y con sello real contra alüunos prelados y cabildos 
de ¡«ilesias. y sus mayordomos. (|ue se habían (|ucdado con estos 
dos novenos iiertenecientes á S. M. y no los querían cntre<¡,ar, ni 
dar cuenta de ellos. Y respondí, sin duda al.üuna y casi p(n- lo (jue 
tcuiio diclio. lie la naturaleza y com-esii'm de los diezm<isde Indias : 
<-omo principalmente, ponjue estos dos novenos se reservaron á 
nuestros reyes al modo é inñtación de las tercias de Esi»aña (aun- 
que no las iüualan en cantidad, ni el luoch) de hacer la cuenta y 
«listrihución) y también en reconocimiento de superioridad, y <h'l 
dere<-lio de su patronazgo, y de haber adciuirido bis Indias, como 
exin-esamente lo dice la dicha erección. 

Los sumos ])ontitices, — dice el señor (Jarcia Icazbalceta, — 
abrieron larüanu-nte la mano, movidos jxtr celo de la i)ronta con- 
versión (lelas nuevas ücntes, y él mismo los impulsó á otorgar tan 
amplio patronato á los reyes de Castilla, que, como asienta el padre 
Focher eu su tratado de Calimaya, las disposiciones reales en mate- 
rias eclesiásticas debían ser obedecidas al igual de las del papa. Qiue 
vumquc onliiialii sitiit (I rcfie Hispa iiife pro reffimhic hujus ecclesia, 
vtiam i» spiritiKilibu.s, amplcxatula suut nc si ¡miinliatc <t papa 
t iiKtiKisstiit : hoc prohtti hulla Aluaudris TI. 

Para la provisiiMí de los i>reben(hidos. no jiodian ios prelados 
de Indias. — dice líil)adeiu-yra, — nominar, ni gobernador, jue- 
sidentes y virreyes de sus distritos, presentar i)ara beneficio, ú 
oficio eclesiástico, á persona alguna extranjera, <iue no sea de los 
reinos de ("astilla ó de Indias. Y lo que es más, aunipm los mismos 
reyes patronos los presenten .\ provean, no (h-ben los prelados y 
cabildos de las Indias recibirlos, á menos (|ue no lleven expresa 
orden, ó carta de naturaleza. desjiacluKhi por el rey. en su consejo 
<Ie cámara ilc ludias . Y esto es conforme al deieclio camMiico. 



— 120 — 

Ku t'uaiito al real, es expresa la ley 14, título .S", libro I, Recopi- 
lación costcUana, en cuya ley se lee : . Xotorio es (¡ue eu todos 
los reinos y provincias de cristianos, ó en la mayor ¡¡arte de ellos, 
se usa y guarda inviolablemente, de tiemjx) inmemorial acá, que 
los naturales de cada un reino y provincia hayan las iglesias y 
beneficios de ellas, y esta in-eeminencia guardan y defienden cada 
uno de los príncipes cristianos en su tierra : y los provechos que 
de éstos se siguen, y los inconvenientes (¡ue de lo contrario resul- 
tarían, están muy claros por la experiencia y por fundamento de 
derecho; y esta loable costumbre vemos fué sieini)re tolerada 
por los sumos pontífices, y es de creer tpie lo hayan tolerado, 
conociendo cuan es fundada sobre buena igualdad y razón na- 
tural. 

Preciso es no olvidar las obligaciones imi)uestas á los obispos 
por las leyes, como sólida garantía <le buen gobierno. « Están obli- 
gados los prehnlos á informar al rey sobre los sujetos benemé- 
ritos de sus dióct'sis, — <lice Eibadeneyra, — conforme á la ley 
»|ue manda el que los arzobispos y obispos, al mismo tiempo que 
envíen relación al rey de las dignidades y demás prebendas que 
vacaren en sus iglesias, informen sobre los sacerdotes l)enemé- 
ritos de sus distritos. Si en una tierra donde se encuentran tantos 
circunstanciados sujetos, los prelados no cumplen con esta obli- 
gación tan de justicia y tan del agrado del rey, ([ue de otra mane- 
ra no puede salter de ellos : impedidos unos por su pobreza, otros 
l)orsu desamparo y ningún valimiento, y todos por la distancia. > 
Y tan estricto es el derecho, (pie hasta en las visitas <pie los 
prelados de ludias hacen á las fábricas de las iglesias y hospitales 
desús diócesis, (h*be asistir el gobernador de la provincia, « de cu- 
yo cargo es ver las cuentas que deben darse, — dice Kibadeney- 
ra, — para (pie por el real i)atronato se ajusten estas cuentas á 
los mayordomos, en arreglamiento á la ley . Y tamltién podía el 
gobernador hacerlo, i)or sí, en caso de fraude ó mala administra- 
ción. El obispo no puede ausentarse de la diócesis, sin licencia del 
rey, ni hacer viaje á la corte. 

Paréceme innecesario insistir so'bre tópicos que juzg(» claros, y, 
]>or otra ])arte, no pretendo hacer un curso de las instituciones ca- 
nónicas, sino fijar los lineamientos culminantes del derecho para 



estiililcccr l;i sf|i:u;ici«'>ii ciitif In rciiiiimal y lo cspirit nal, cutre la 
jnrisdiccif'iii real y la lii- la iglesia. 

Kn cuaiiti» .i la (•onvcniciicia del (Ifroclio de itrcscntar i)aia la 
l»nivisi('iii i\r liis hciicticios vacantes, av/olnspados y obispados, la 
razón y t'iindanicnto son ohvios, ;i tin de (pie conozcan. — como 
«liee Soli'iizano. — y tcnyan ni.'is obliíjados y at'eiMos ;'i ios prcla<los, 
(pie dentro de sus ]ii'opias liciia-- y provincias lian de ejercitar tan 
grave earu<) ... De otra nian»'ra, si iiiutii proprio ])iMliera nondirar- 
les el poutítice, podría elenir extranjeros adictos cicuos ¡i la curia 
roiuaua >■ sin interés cu la tierra. Durante la colonia se solicitaba 
«pu'para tales cargos fuesen i»reí'eridos ios criollos á los espai'ioles 
jieninsulares, (pu' más de una vezpromoAieroii inconsideradamen- 
te eontlictos tales, que ohliganuí á (pie fuesen trasladados ,'i la pe- 
nínsula. I'^s un derecho precioso de la solieranía. i)ara «pie se aniio- 
nicen los intereses del estado y de la iglesia. Los clericales de 
nuestros días, — dice Ij()i)ez, — no conii»renden la importancia 
(pie el i»atronato tiene ])ara ellos y para conciliarios con la sobe- 
ranía naci<nial. Sin el ¡¡atronato, la iglesia catí'ilica romana (pieda 
abandonada ií sí misma en medio de sus enemigos, (pie de siglo 
en .siglo la van anulando: la iiidifeniicia y el itdcioudUaiun (1). 

La experiencia y el estudio me han convencido (pie en ciertos 
paíse.s americanos sería peligrosa la separaciini de la iglesia y del 
estado, mientras <pie el ejercicio del derecho de patronato y las 
]irescrii)ci(jnes previsoras de la constituci()n — (pie no ])ermite la 
forniacií'ui de nuevas ordenes monásticas sino de acuerd() con lo (pie 
ella dispone ; el dcicclio i\(' |ircsentar sacerdotes para los hcueticios 
vacantes; de no iiermitir ((ue bulas, breves y rescriptos de la santa 
sede sean obedeci(his sin el (a7Y/««/íí/- del gobierno; (pie tiene el de- 
recho de legishir .sobre las prácticas exteriores de los cultos reli- 
giosos ; de acuerdo con las doctrinas (jue dejo exj)uestas de los rega- 
li.stas, — garantizan la c()nservaci('m del orden social. IJazones que 
el príncijie de Kismarck puso de relieve, cuando no consinti(í esa se- 
paracií'm absoluta en el imi»erio alemán, l-^xiste en verdad en los 
Estados I 'nidos, pero en ese ]iaís pre]ioiideran otros cultos nu- 
merosos, (pie así conservan el eípiilibiio ('• impusiliilitaii el fanatis- 

(l) llintorin artiintinu. vXv.. toiiio 1. ]):í'iina 3S.5. 



mo sobre todo laoitiiiióu pública. Esa separación exi)()iie á qne las 
masas incultas no sostengan ningún culto y jñerdan el freno (jue 
la religión impone á multitudes ignorantes. 

<: La ley magistral en la materiii, — dice Covarrubias, — es la 
;}7, título .">, libro 1, Bccupildcióii, cpu' debemctsá nuestro aiigiisto 
monarcíi y á sus celosos ministros : Mando se presenten en nd 
consejo antes de su publicacicni y uso todas las bulas, breves, res- 
cri[)tos, y despaclios de ¡a curia romana, cpU' contraviniesen ley, 
regla, ú observancia general para su reconocimiento, dándoles el 
jiase para su execución en cuanto no se opongan á las regalías, 
concordatos, costumbres, leyes y derechos de la naci('»ii, (') no in- 
duzcan con ellas novedades i)eijudiciales, gravamen público ó de 
tercero (1). Y agrega el mismo autor: <; El sumo pon tíflce, jefe 
y cabeza visible de la iglesia universal, tiene eminentes prerro- 
gativas y autoridad sobre los demás ol)ispos : una de ellas es la 
facultad de hacer leyes cauí'iniciis en materias espirituales, y en 
puntos <le disciplina ; pero no puede establecer cosa alguna (2). ; 

En México la reforma^ la separacicui de la iglesia y del estado, 
la desamortización de los cuantiosos bienes de miinos muertas, se 
justifica por la intromisión del clero superior y de los frailes en la 
política, en los intereses temporales, queriéndose gobernar bajo 
su iníluencia y yendo hasta apoyar un i)ríncipe extranjero para 
fundar, sostenido por bayonetas de otras naciones, un efímero im- 
I»erio : los (pu' iniciaron y realizaron la retbrma, los (jue hicier<Mi 
posible secnhirizar una sociedad (pie, por el número y ]tor lo mo- 
numental de las iglesias, conventos y cai)illas, en las ciudades y 
cani])añas, está todavía mostrando (pie la coloida dej('» allí conver- 
tido en gran convento á todo el país, el pueblo sometido al jioder 
teocrático cpie poseía la tierra y el capital ; los (jue tal hicieron, 
obedecieron al instinto de hi proi)ia conservación. Cuando visité á 
México, cuando i»U(le apreciar en ])resencia de locpie (pieda, hxpie 
fueron las éirdcnes monásticas y la clerecía colonial, comprendí (pie 
lii nfoniKi fué una solución inevitable. Fué cuestión de libertad 



(1) Máximtis nohiT irriirsos di- fuerza, etc., pi)i- el señor lUiu Jof^EPJI 1)10 CoVAUUl'ISIAs. 
obra ya citada, pííginas Iti") y UK!. 

(2) ídmii, páííina 166. 



iUTanciir mu ¡Kinclliis iiistitiicioiifs coloiniílfs. rcl;ii;i(l.i> \ r<'ti'rii;;i- 
(líis, el poder iii;il«'ii;il. ;imi(|nc ¡KiiH'lhi ri(|iic/;i linxa .iihkx ('cIiíkIii 
poco iil tesoro iiiicioiuil. L;i raí/, del laiiatisnio es laii itrorinid.i. <|Me 
he podido oUservar todavía lo i|ne (|iieda del viejo léi^iiiien eii las 
masas v en las leüioiies m;is elevadas. 

El lirasil, después de derniiidtar sin urandes cstueizos un im- 
perio sin liase, sin víin-ulos ni intereses, elímero poniue ni el mis- 
mo einpeíador tenia fe en su (lurar¡<'(ii. como per.sonalmente (nxc 
oportunidad de conocerlo: el l'.ra>il. dii:-). lamliién lia establecido la 
separacii>n de la iiiii'sia \ di'l estado. I'.! clero de a(|m'i país no te- 
nía ni la ri(pie/a ni la importancia del clero mexicano; dejarlo fue- 
ra de la acción oticial. en país desierto ó poco indilado. y con una 
«•lerecía interior, ignorante \ prol'inidamente relajada, era echará 
las uuisas en un indilereiil ¡snio senii-li;irliaro. .\lií era prndenle 
ecmservar el ejercicio del derecho de patronato para iulluir en la 
elecci('tn de los oliispos, arzobispos y todos los iieneticios, á lin de 
(pu- td clero inlluya en eh'var el nivel moral de los neiíros e.schivos 
emaiH-ipados, completamente iunorantes; fuera (pie el cura p.irroco, 
eu vez de dar (Jemplo de malas costumbres y de codicia, enseñe 
en la eseuída |)arro(piiaI la reliuión de fraternidad de Jesucristo : 
allí Juz.üo (pu' esa se])aracii')n es ]K'li,<irosa y perjudicial. 

La constitucii'm de la repúl)lica de (iuatemala estatuye (pu- no 
liay culto olicial y admite la libertad de cultos, de manera (pie la 
iS'lesia está separada del estado. No puedo atirmar si tal situacií'm 
ha sido bem'lica ('i no: peroJuz,<;(> (pie en un país donde dos terceras 
partes son indí.ucnas. el estado debía contribuir |)ara las niisiíuies 
evanu(dizadoras de los indios no civilizados, y esa carua no ]>iiede 
dejarse únicamente á la cotizaei('>n de los tieles <pie pa<ian su 
culto. Hay imilaciones inadecuadas, ponpie en los E.stados Uni- 
dos no tienen ni las inisinas necesidades ni los mismos objetivos 
.sociales. 

("ada i>aís licne sus peeuliaridadestpie no permit«'n imitaciones 
extranjeras, por espíritu de liucreza liberal y reformadora: por la 
emlu'iaííuez de los aplausos de un diarismo, no siemiuc e\presi(')n 
(le la opiniíMi pública. Kl nacionalismo. — dice l,i')pez. — de 
<'ada uaci('>n es un sentimiento imperecedero ipic une ;í los pue- 
blos con la soberanía propia de su liobierno. VA papado es extran- 



jero, ¡mu cousiderado oonio puramente espiritual, poríjue extran- 
jero es el pontífice, los cardenales, el sacro colegio y todas las 
autoridades eclesiásticas radicadas en Eoma ; sus intereses, por 
elevados (|ne sean, son manejados ]>or hombres, y sus agentes hu- 
manos lo son de una autoridad (^n cuya eleccicni n(t toma parte el 
pueblo de tixhis las naciones católicas ; puede haber contiicto de 
tendencias, de miras, de necesidades regionales. Si los arzobispa- 
dos, obispados y otros beneficios, fueran proveídos motn proprio 
por extranjeros y la elección recayese en extranjeros, se constitui- 
rían en agentes de un gobierno <liferente del naci<nial, lo (jue po- 
dría originar lucha religiosa á la sombra de la lucha de los intere- 
ses temporales, mientras ijue presentados para esos cargos por el 
gobierno nacional y soberano, y sometidos al iiatronato, tienen 
libre sn acción doctrinaria y el ejercicio de su culto y del dogma . 
Está este derecho en la tradición y las costumbres, y no sería 
l)rudente violentar ese estado de cosas, cuando la clerecía no in- 
tenta convertirse en teocracia gubernamental. Bueno es no de- 
rrumbar los fundamentos de la sociedad, jtara substituirlos por el 
escepticismo ala moda. 

La libertad de cultos, cpie es una necesidad, ponjue los ejerci- 
cios religiosos no se imponen violentemente, no significa destruc- 
ción del culto religioso tradicional y poimlar: dentro de la órbita 
legal cada culto tiene su acción de i>ropaganda, pero subordinados 
á las condiciones (|ue imponga el soberano del territorio. El esi)í- 
ritu nacional, cuyas manifestaciones externas se caracterizan por el 
lenguaje y las instituciones [(olíticas, no necesita tener como ideal 
el indiferentismo religioso, predicado por los cínicos en ])olítica. 
Sin religión no hay moral. 

Para la fundaciihi de monasterios podían otorgar licencia l()s 
virreyes, según una real c»'dula de i» de abril de l.~).")7, que dice: 
; ...vos doy comisión, para (pie vos lo hagáis, y proveáis como vie- 
redes convenir, guardando en todo lo demás lo contenido en 
el dicho ca])itulo. I'orcpie conforme á los i>rivilegios ccmcedidos ;i 
las dichas órdenes, no es necesario licencia del diocesano para ha- 
cer los dichos nu)nasterios... . V los cabildos eran los (|ue conce- 
dían ó negaban los sitios ]»ai'a dichas edificaciones. 

En el cabildo del lunes 2.S de noviembre de I. ").")() en ^léxico, 



consta lo sij'uiíMitt' : Estt' ilia propuso «■! alfiuacil mayor (|ue 
liit'ii salH'ii y a todos es notorio la JniisdiccioiKiiic los IVaiW's toman 
t'U los inu^hlosdoiidc tienen nioiiastcrios. iisiiiiiinniii la ¡iirisdiccion 
real y mandando ;í los indio> (|ii<' no sirvan ;i ios >cfinrcs en (|iiien 
están dei>ositados, y si lo iiacen lo> a/otan > prenden liaeitMidoM- 
Jirstieia, y hacen otras muelias cosas mny fuera délo a (pie l'ueron 
venidos a la tierra, y nnis ajena de lo ipu- mandaba su reula. como 
es notorio, y ¡lor tal los deja de expresar, y pues el cabildo tiene 
car<í() de la república y esobli^ado á informará S. M. de lo (pie a 
ella c(»nviene, (tara (jue provea como él sea servido y la lieria yo- 
bernada y conservada en justicia y ponjia en todo icniedio. ipu- 
sn voto y parecer es (pu'. con licencia de la audiencia real di- la 
ciudad. del>e de hacer inforniaciíui para ipu' conste a S. M. de la 
vei'dad, > ellos liaban lo (pie son obli<>ados y de como lo decia y 
proponía, pidiólo por testimonio (1). 

Cito este anteceih'nte ]iara deniosirar la importancia de (pie la 
jurisdicci<>n real <'» civil ten.<>a superintendencia en las materias 
del culto externo, puesto (pie los conventos (pie se mantenían de 
limosnas, no ¡lodían prereiidcr privilegios (pu^ los exonerase de la 
Jiirisdicci(')n territorial, y en la vida colonial los cabildos ('» ayunta- 
mientos fueron nuardianes viuilantes de los derechos del imeblo. 
ponpie tenían á su cargo los de la reiu'iblica. 

Así, en el acta del caltildo de .M('-\¡co de .".(» de septiembre 
de I.");*.!, consta: (pie ha venido a su noticia (pie unos frailes 
de la orden del señor santo Doiiiiiiüo, (pie ajiora vienen nueva- 
mente, traen (¡citos breves en (pie se contiene (|ue los frailes de 
la dicha orden de santo Dominíio (h'sta tierra y ca,sas e monaste- 
rios de ella, sean siiyetas a los de la ishi Española y casas y nnuias- 
lerios de ella, y (pie alia haya estudio ücneral y no en esta tierra. 
y otras cosas contenidas en los dichos breves, (pie son muy en 
líiaiide perjuicio de esta tierra (' de los vecinos é naturales de ella, 
y (|Ue los dichos frailes vienen camino desde cj puerto... y ¡toiípie 
lo (|iu- traen ciMiviene se comiiniípie con el dicho señor presidente 
y con el la audiencia real, y ver lo (pie es, acordaron y manda- 



(1) ■Sf;iiniil<> libio lie tan arlan de lahildii de la ciudad de México, etlicióu del « Miini 
•ipio Lilire » |iii1ili('!iit:i jior I-iiiacio Hc.jiíniíiii. Mt^xiio, 1889, púginu 68. 



vou... para (jue los manden tletener hasta (¡iie sea llegado su seño- 
vía... (1). No luuesti'a el eoiiteiiido de la precedente, altoíanatis- 
iMO religioso, puesto (pie, aun tratándose de breves pontiíieios, se 
alarman por el perjuicio (jue su contenido irrogaría al vecindario. 

Los virreyes tuvieron al principio, como vicepatronos, el dere- 
cho de conceder j)ermiso ]>ara permitii- fundaciones y edificaciones 
de nuevas iglesias y conventos, hasta (pie > por haberse reconocido, 
— dice iSolórzauo, — (pie en las Indias había ya muchos templos é 
iglesias, y muchos mas conventos de frailes de hjs necesarios, y 
<pie los virreyes eran muy fáciles en dar licencias para edificar mas, 
de <pie á la reimblica se seguian muchos daños í' inconvenientes, 
y los mismos religiosos eran gravosos á los pueblos, de cuyas li- 
mosnas se sustentaban, y aun se euvilecian ; por ser ya tantos... y 
(pie il)an apoderándose de las mas haciendas seglares... se estable- 
ció y mando (|ue por ningún caso se pudiesen dar ni diesen por 
ellos de alli adelante semejantes licencias ; sino (pie cuando en 
alguna parte i)areciese ser útil, y necesario hacer nuevas fundacio- 
nes, se acudiese á pedirlas al real concejo de las indias con iii- 
formaci(Ui de causas, (pie persuadian su iitili(hi(l y necesidad, para 
(pie vistas y consideradas en él, diligente y maduramente, se hicie- 
se consulta á S. M., sobre (hir á denegar las dichas licencias (2). 

Llamo la atcnciíMi sobre ese procedimiento, (pie es la prueba 
evidente de (pie el gobierno colonial combaticj el poder teocrático, 
á pesar de las ideas de su tiempo y de la infiuencia religiosa. Las 
consideraciones (pie expone Sohu-zano son dignas de encomio, 
]uies hasta los obispos informaron á las veces al rey del peligro de 
los nunnn'osos conventos, de la ext(Misi(')n alarmante (pie tomaban 
los bienes de manos muertas, y déla hunentable i)obreza delasi»)- 
blaciones (pie (piedaban sometidas al poder y á la ri(pieza territorial 
de las (M'dcnes religiosas. Y no se dirá (pie los reyes de España no 
fuesen protectores ostentosos de la religi('in ; i>er(t consideraciones 
sociales y políticas hicieron indispensable poner coto al poder 
teocrático en las colonias. Y tan grave llegó á ser ese ¡¡eligro, 
<pie no S()lo im])idieron establecer nuevas ordenes monásticas, 

(1) Lilin. ilrl .■Mhililc) .•itnilo ilr Mvxw.i,. 

(2) rolilini iiiduina. Iuiiid 11, i,u.uíil:i 1'.1.">, cdicicm ili' 173'J. 



Milu (Ule cxinilsüriiii (If sus ildlllUllos ;i ¡iluuii;!, (-(tillo ;ictiiitccii'i ('(tu 
la CDiiiiiarii.l lie Jcsi'is ( 1 ). 

\' esas medidas riicrun ((tinadas desde reiiiula ('■|t(n a.cuiiii) ('(tiis- 
ta por la real (••'dula dada en Madrid en I !> de mar/o de 1 .'»!(;5, 
h'vr', título ."> . y le\ •_•'. liliilo (I, Ijltid 1', ¡\'((<i¡iil(ii¡<'ni il( Ju- 
dias. 

La real (■('■dula iiianda se eii\ leu relaciones de los inonaslerios 
(|iie i'stuvieseii t'iindados, así como de los Itienes (|iie poseyesen y 
del número de frailes. Va\ capítulo de la iiisliucci('tn ¡1 los \irreyes 
d(d I'eii'i y Mt'xico, se ordena : \o permilais (pie se haya citsa 
en eontrariu, ni s«' i'dili(pien nne\(ts nmnasteritts sin mi licencia: 
antes proveeréis, cpie cnand(t se linbiese de \enir á pedir, sea con 
int'(trniaci(tii de tan nrücnte necesidad. \ olías causas justas, (pie 
\erosimiliiieiite puedan iiioxcr mi animo. ;'i lo menos (piedar mas 
intormad(t para lo (pie huliiese de proscer, eii\iaiido \iiesiro pa- 
recer, y de la audiencia, en la dicha int'ormacion. 

Míisaun : el mismo S(t!('try.an(t asevera (piesedepacliaron tVeciien- 
tes reales ('irdeiies miiltaiid(t ;'i \ irreyes y audiencias por lialter (lad(t 
tales licencias y mandandít demoler los monasterios así l'undados. 
Kntre los cuales es dinna de particular advertencia una dada en 
Madrid ;í 1 "_' de t'eitrero del año 1 (ios. (pie mandí't hacer demolici('iii 



(1; El iloctdr Vric/, !>arslicl(l dice : « l'.ir las Icyi's y billas citadas ni el t-aiJitiiio 
3" quedíi dispuesto que en América uo se erigieran iglesias latidralis. ]iarroquiales. 
templos, monasterios <> lugar(>s piadosos, sin previa licencia del fíoliicnio. Esto se 
repitiíí después en las leyes de Indias, ordenándose se demolieran los monasterios, 
hospitales, etc., que de otra manera se hubieran fundado. El soberano pontilice. pues, 
no podía erigir una catedral sin asentimiento del jefe del estado, aiini|n<! la erecciiin 
de catedrales en su significado místico .sea una cosa espirituat que parece debía co- 
rresponder al sacerdocio. Pero es preciso dotarla, proveer á su servicio, al obispado, 
ii las dignidades y canónigos, y elegir las ¡icrsonas dignas ]iaia estos bciieticios. y 
por esto fui; necesario el conscutimiento del gobierno, (|Ue, como patrono, debe aten- 
der ií toda.H las necesidades de la iglesia... I..a bula de ereeciíín es la primera ley de 
la catedral erigida, .si .se ha hecho conforme á las leyes civiles d(d patronato, y ella 
no puede ser alterada... l'ero la erección no se juzga hecha sino desde el dia<|iu; tu- 
viese efecto la división de la dioc<;sis. La Ic.v dice así : declaramos que las erecciimes 
de las iglesias metropidit.anas y catedrales, se entiendan d(!.sde el dia que tuviese 
efecto la división que se mandase hacer de los distritos .V diócesis de los arzobispa- 
dos y obispados, y estuviesen señaladas y divididas ». Derrcho piílitico cclrniíiiilif'o. liihi- 
cionea del entatln ron In iijIcKin en ¡<i nntiiina .Imiiiha en¡i<iñi>lu,\mf el doctor don Dalma- 
cio Vi^lez Sarslicld, paginas (!H y siguientes, Uueiios .Aires, lS.">i ; capitulo IX, lirer- 
ciún dr la» iijlmUiH ralrrinilni, intrrnqiiinh'H, lem¡>lo«. riinrenlon, ele. 



<le iin CDUveuto de mercedai'ios recoletDS, ó descHlzo.s, de la ciu- 
dad de Lima, y á expensas del virrey conde de Monterrey, y de 
los oidores, que dieron licencia para edificarlo. Y con el de 8an 
Francisco, en Mendoza, en la República Argentina. 

La licencia era aún necesaria para las cofradías de l)lanct)s. in- 
dios, negros y mulatos, aiin(iue fuesen de mero objeto ])iadoso ó 
espiritual : ley 25, título -t, libro I, Leyes de ludias. 

Por otra cédula de 2 de diciembre <le KiOí) se mandó al virrey, 
inanjués de INlontesclaros, (¡ue liiciera relación de los conventos 
ya fundados, reiterando la i)rohibición de fundar nuevos, pues 
eran tantos ya, (jue no se podían sustentar sin daño de los indios 
y españoles ». Por cédula de 14 de iunio de KJKí dirigida al vi- 
rrey de Perú, principe de Es(piilace, se le manda : « tenga la ma- 
no y no consienta, ([ue sin licencia real se funden nuevos conven- 
tos. » Y este derecho ejercido y respetado, se funda, como enseña 
el mismo autor, en razón de la gobernación i)olítica y económica 
(|ue tiene y ejerce en todo el reino ■^^. Y errada fuera la doctrina 
<iue pretendiese que, en nombre de la libertad de cultos, la hay pa- 
ra fundar conventos ó iglesias sin licencia previa del soberano, 
sea republicano ó monárquico, ni para que se funden de los cultos 
desidentes sin i)erraiso oficial. 

Debe entenderse (lue l:i prohibici<')n es la misma tratándose de 
conventos de monjas, por exi)resa declaración real. Digno me pa- 
rece recordar lo cpie el rey decía en cai)ítulo de carta al prin- 
<'il)e de Ks(juilache, á 2S de marzo de 1(!2()... : procuréis pov los 
medios cpie ]iareciesen mas convenientes, inclinar á la persuasión 
devota, que quisiesen hacer .semejantes fundaciones, a que los 
conviertan en otras obras, que sean mas publicas, como son crian- 
za y remedio de huei-fanas, y doncellas sin remedio, indios pobres, 
y hospitalidades, y otras cosas de este genero . 

Consta en el acta de los libros de cabildo de México, de 15 de 
julio de 15;;!>, (pie Bartohmié de Zarate presentó varias cédulas 
(|ue traía de la corte <; ganadas en nombre de la ciudad >>, y entre 
ellas, la dada en Valladolid á 1(5 <le abril de 1538, firmada de 
reina y refrendada por Juan de 8ámauo, dirigida al virrey, y so- 
bre (pie él y el obispo de México « entiendan y provean en el 
uonU)ramiento de las iglesias parroquiales de México y los benefi- 



(•ios (|ilc liM (l<' llill»,'!- fll cll.ls > l;l ilotc (|1U' (lili;! lllio li:i de IrluT, > 
in\ i.ir r<'l:iciiiii dclln |iMr;i (iiic se prcscnicii ;i estos olicios y pcr- 
soiiiis, ytMitrt'tiiuti) los iiomliri'ii ellos . Adeiiiás de ést;i. olr;i piU'ii 
(|iie el virrey enviase un memorial dt> los liijos esiiafioles ((iie 
si-aii li;íl)iles para (pie sean |treseiitados ¡'i dii^Midades y caMoiiyias y 
Itent'lieios, el (pie eii\ ie de dos en dos años . 

Es tan importante esta materia (pie me creo olilinado :'i loUiis- 
teeer mis opiniones con la autoridad ajena, reiiito, á tin de esla- 
lileeer la tradieif'ni liisi('»riea (pie dalia ai piíder soberano inlei\ cii- 
«•i('>n le,i;al para impedir los aUnsos eclesi/islieos (pie, explotando 
el fanatismo, eri-acen una aiitoeraeia : tradieii'm (pie, á pesar de las 
voeiferaeiímes de liheralismo, se ha entil»iad(), puesto (pie no con- 
tiene los avances de (pie se levanten conventos de edncacionistas 
l»aJo todas las ad\dcaciones. sin olitener prexiamente la licencia 
de la autoridad ci\il : \ esia lolcraiicia ante esa invasiiMí deiitin 
de las ciudades y en territorios poco poblados, deja (pie se esta- 
blezcan autoridades eclesiásticas sin la venia de la autoridad del 
soberano, abuso (pie nadie tiene el coraje de contener: asociacio- 
nes religiosas sin personería Iciial, cole.i>ios de educacionistas reli- 
giosos de ambos sexos, lormados sin previo permiso del iiobieriio! 
Eu la Kepública Arucntina, dada la poca preparaci('>n caiKUiica de 
la mayor jiartc de nuestros hombres pi'iblic(»s, las (U'denes religio- 
sas más variadas st' han establecido en el ])aís sin permiso del con- 
greso — violando así la constitiiciíMi — > lian fundado casas de 
e(lucaci('»n ('i de mero recogiiniento, con dineros cuantiosos de jiar- 
ticuhires; y la indiferente tolerancia de nuestros gobiernos llega 
hasta no fijarse (pu' existe un llamado obispo ih' la l'atagonia, ins- 
tituido directamente ]ior el papa, y (pie funciona en una di(')cesis 
(pie comprende tci'iitorio ari;('iitino. sin haber ella sido creada ])or 
el congreso y sin (pie, por ende, se lia.\a pid]uicsto ;'i tal obispo en 
la forma (le ley : cierto es (pie el tesoro pi'ililico no le tija asigna- 
ción, pero no es menos deplorable tal abuso, (pie s(')lo se explica 
ponpu' nadie estudia el derecho púldico eclesiástico... Pues bien, 
quiero demostrar (pie el gobierno c(donial, tan calumniado, no 
permitía esas invasiones peligrosas, eiuiípieciíMidose de una ma- 
nera alarmante, como lo lU'ueban los inonumeiitales edilicios (pie 
i'onstruven \' ensanchan, l'hitiuices la autoridad contenía esos des- 



luanes, mientras ([iie el dciar luiecr va constituyendo una cos- 
tnuibre (¡ne viola el dereelio de patronato. 

<: Este real patronato de S. M. ha sido un manantial ina.s>'otal)le 
|)ara favorecer á los re<iulares, — dice fray I'i^dro dosc Parras, — 
l)ara protegerlos, y ])ara fomentar el decoi'oso ministerio de las con- 
versiones. Este lia sido el i)riiner objeto del real ánimo de nuestros 
monarcas, cuya piedad resplandece de un modo muy edificante 
im las leyes establecidas para el gobierno del estado de las ludias, 
cuyo libro primero no puede leerse sin ternura ; y no pudiera un 
concilio general estal)lecer leyes en (pie el espíritu de piedad y re- 
ligiíui brillase más (pu' en éstas, en que se trata de la conversión 
_\ educación de los indios, de los ministros de ella... A este fin se 
dirige también la prevención hecha al suju-emo consejo de las 
ludias, i)ara ([ue tenga- entendido que de todas sus obligaciones es 
la primera y más interesante... (1) 

Más achdante dice: ^ Nosotros somos ciudadanos y mieiul)ros 
de la república. Nadie puede dudarlo, como ni tami»oco, (pie en 
las leyes políticas, y todas las demás ordenanzas generales al bien 
común, y (jue no son opuestas á los cánones, estamos iguales (;on 
los seculares en su sujeción (2). .Vgn^ga además : El i»atronat(> 
frauiíuca una jui'isdiccií'm s(')li(la para ])roc('dcr contra cuahpiiera 



(1) Cohii-nin I I), lux Hfiiiil.irrx \ De la Améríni. \ .Ijiistiido.t rrliiiinxaiiiriilr ,i hi ru- 
linitnil ilrl /.'r// ; Ti':ili:i JMil.i ni iilisc(|iii() ilr la paz y tran(|M¡li(lail coiivi-uií-ntc | á Ii>s 
Kegulares mismos cou los señores üiocesanos, Virreyes, Prnsidfiites, Andieueias, 
,>;oberiui (lores y dcMiuís | Tribunales subalternos : | Arreglado lí las leyes de aquellos- 
reinos, Reales cédulas | de S. M. Autos .acordados, Decretos y Providencias de su 
Real y Supremo Consejo di- las indias : Para instrnceión ile los prelailos generales. 
Provinciales, Visitadores y otros Delegados en las abligaciones de sus oticios respec- 
tivamente para con el Rey y para con sus subditos. | Se trata en algunos capítulo» 
de la primera i)arte de la institución | del Comisario General de Indias, de la de- 
pendencia que este tiene | ili^ su Ministro gem-ral. y de los liiiiitc-s <le una y otra 
jurisdicción | Ateudida.s las ordcn.'s dv S. M. | Su Autor | VA P. Iray Pedro .Josi'idi 

Parras, lector jubilad \-(li'li 1 uiilor. Padre de la Provimia ilel Paiaguay. (lalili- 

eador del | Santo ( )tic¡o de la lu(|uisición, Examinador sinodal de varios | Obispados, 
'l'eólogo del Tribunal Apost6li<'() de la Nunciatura, | Rector y Uancel.irio ile la Uni- 
versidad d(í Cór<l(d)a | del Tucuuuíu, etc. | CJuien lo dedica | al Rey Nuestro Señor | 
Kn su real y Su[>remo Coini'jo (!.■ las ludias | Tomo I. Madrid MDCCLXXXIII por 
ilon .loarhiu Ibarra — luipresoí- ib- la Cáuiara. de S. M. con sus licencias necesa- 
i'ias. 

(2) i)bi-a cit., i)ag¡Ma lli'.l. 



que iiiteiitt' |i«M;jii(lu'iir en lo in;is iiiíiiimo rsii r('<;;ilíii, df i|iu' tene- 
mos todos los (lilis ejein|»l;iies... ( I ). 

I'll |i,ili(iii;ilo (le liis ludias |iiis(') ;i ser un derecho |);il riiiioiii;il 
de la eoroiiii, iii,\a defensa pertenece |>ii\ al ¡\ ámenle al inincipi' 
y á (|nient''sie lia.\a (|neii<lo encomendarlo; \ soitre ello. — dice. — 
se han exi»edido varias cédulas autorizando á cuahiuier particular 
para |>edir lo (|ue le conveuiia conti'a (piien fuere contra\'entor del 
patronato. 1 {diere el caso (|ue al cariio de su orden eslalian las mi- 
siones y doctrinas en td Paraguay, y porfd su]>eri(U' de las nnsmas 
supo (|ue liahia lle.üado á la capital de aciuella proviiuda un sulidele- 
fiudo del visitador sieiieral, comisionado para liacer la visita de 
aquellas : de las ley«'s respectivas al real patronato, ni tie lo ((ue 
éste era. no tenía la inenoi' noticia, y pensaita ser laii dueño de un 
pueblo de indios couu» de su convento. .\ntes de \er al cura- 
párroco, ni haber licuado á su i>arro(|uia, á las dos horas de su 
lleg'ada destern') al cura con orden de pasar ;i su conNcnlo (pu^ 
distaba 4(( leguas. ( )bedeci('i. jx-ro le despaclu) un olicio \er- 
bal (•_'). 

Los /•((/(í//.s/(í.s csitañoles tenían sectarios entusiastas en las lu- 
dias, y |iara demostrailo con\ iene (pie recuerde un hecho honroso 
y (pie merece especial a ¡tía uso por ser sii autor un .irucntiiio. iiatu- 



(1) PiíítiiKi líir.. 

(2) « Reverendo padre r.\ (Icliiiiilnr IViiy DniíiiriK" di' los Wíos. iiiia d(^ (líissapá : Oída 
lit rel.icióu (pie aeabn dir liaceiJiH- el indio Alexo, y con la ausustia ipie peiniilen 
nnoa instantes, que lo detengo para eseril>ir ésta (á la nua de la noclie) Iia};o pre- 
sento á V. P. i|ne las llaves de esa iglesia eon todos sns l'eli;;reses las reeiliió V. 1'. 
en su visitación eanóniea y posesión de mano del ordinario. I.as llaves de los alina- 
lenes. libros de cuentas y administración temporal, las ri'ciliió del ^obiriiador y 
ciipitúu general de esta provincia. «lUi- igualmente, a nonilin- del ny. le picsciitn 
ii ese curato ; y \'. 1'. no pucilc aliaudonarlo sin onleii ib- estos sefions, y hasta 
entregar por inventario todas las cosas del pueblo, y con la Ibriiialiilad misma que 
la.s recibió... debe ocurrir luego al capitán general para no haierse \. P. cómi)lice de 
tau escandaloso :iti'iipellamiento del real patronato... » Hecibida esta carta, lii/.o un 
recurso al gobiTnadiu' y capitán general, en <|nien reside la aduiinistr.ición del pa- 
tronato. l2ste hizo ver al visitador sus transgresiones, y i[ne nada podía en aquel 
puel)lo : tuvo muchos motivos para arrepentirse : to Ilizo prontamente reponer al 
cura : se remediaron del mejor modo ([Ue se pmlo v.arios desórdenes... Se dieron 
también por parte del visitador general muy oportunas providencias, (|Ue le hicieron 
ver su necedad al dicho visitador, se le mandó luego salir di> aqu<d gobierno : se 
dio cuenta al virrey, como era regular, y éste con parecer del aciUTilo desterró al 
visitador di> aquella provincia para siempre... (()t)ra citada, páginas 197 y IOS.) 



ral de Tucuraán y (liscíi»nl<> del folegiode Moiiscnatt* cu la ciudad 
de t'úrd()l»a, llamado ilou (ial)in() Sievralta. 

En ol <lc agosto de 1 7!M», cu acto [)iil)lico celcl)rado cu la uni- 
versidad de (íhile, se pr<)i»uso cici'ta tesis (juc, seyíni Mediua, corre 
impresa, en la cual defendía el real patronato. Como el tema de 
la controversia entre Sierraita y Villegas fuese (jue el romano 
]iontítice no ]tuede directa ni indii'cctamente privar á los reyes del 
<lereclio, imperio, posesión y administración de las cosas tempora- 
les, — dice JNIedina, — ni al>solverií los vasall(»s del juramento de 
fidelidíid, el doctor, cumpliendo con los deberes tradioiouídes de 
su cargo, sostiene naturalmente la aflruiativa. El tal Sierraita, 
<iue á la fecha no contaba sino '_'2 años, era hombre que había 
cursado ¡(or dos Instros consecutivos en el colegio de Mouserrate, 
en la ciudad de Córdoba del Tncumán, la filosofía, teología y disci- 
plina eclesiástica, y (pie á los conuen/.os del otoño había llegado á 
Santiago á estudiar, de orden de sus ¡ladres, la Jurisprudencia en 
lareal universidad de San Felipe; y como desease, según se expre- 
saba, eutrar en sus nuevos cursos dando una prueba brillante de 
su anterior aprovechamiento, resolvió de propio dictamen defen- 
der loO cuestiones, las cuales, una vez ordenadas, presentó á la 
aprobación del rector Zañartu. Ya sabemos cuál era la ((ue enton- 
ces estaba en tabla. ('<Mitinuaiido el acto solemne de la discusión, 
<*l estudiante tucumeño (tui-mtniiio) apartándose <lel sentir de <loc- 
tores y teólogos, manifestó extrañe/.a de <pu' en cierta comunidad 
((pie no nondu'ó) se siguiese defendiendo en sesiones públicas la 
potestad del papa sobre los reyes, como el declarante lo había 
visto y presenciado con sumo escándalo de su ra/,(')n. 

Refiere Medina ipic allí estaba prcsei)te el <locíor y fraile mer- 
cedario fray Ignacio Aguirrc, autor del tratado de Ju-clcsm- ; era 
catedrático y se amostazó, y por ende llam(') á Sierraita y le ex- 
prese'» su desagrado. Llegó el caso al conocinnento del presidente 
O'Higgins, y dos días después pas('> olii-io al rector |iara ipie infor- 
mase so))re lo ocuriiih». Por su parte, el provincial de la Merced, 
fray Felipe Santiago, dictó auto expresando el dolor con (pie había 
visto (pie fray Ignacio Aguirre se abrogase sin facultad el nombre 
de su religiiHi, protestando su fidelidad al rey, y (pie tanto por la 
sagrada escritura como por la opiniíui de los santos ]>a(lres y auto- 



res, crt'i;! liriiifiuciiti' cii la aiiinriilail ilfl ><)liciaii(i . VA incsidciile 
ilirt<'> iüiial rt'soliiciiMí iiiliiiiaiKlo (|iii- «■! fraile se iclraclasc. Sdlo 
Sierraita, — <-ontiui'ia, — tiiiiiilal>a \ coscclialia laureles [tor 
su conducta en a(|Ucilas nialliadadas conclusiones; pues, de orden 
suiierior, el rector en claustro pleno le di('> la> i^racias por el auKU' 
(pie lialiia luanitesiado al soliciano > (pie. c(uil ¡niiando con aplica- 
ci('in \ c(UisIancia Mis uiie\ os cnI iuIíon, del)e esperar se le leiidrii 
presente p(U' S. M . |)ara einpleaile opoit unaineiil e en su ser- 
vicio (I). 

Kste lieclio es característico v prueba el celo con (pie las autori- 
dades coloniales delendieroii la Jurisdiccií'iu real, sin perniilir (pie 
en lo niíninio fuese desconocida, vulnerada, ó atacada. 

V á pesar del dereclio de patnuiato, de las leyes (pie limitaron 
las fundaciones de coux cutos, e.scritoi'es españoles como l''erii:in- 
dez NavaiTete. Cevallos. maestro Gil González y Moneada, criti- 
ean el einuiue número de conventos : FTiibo en Ksi»aña í)()()0 con- 
ventos y 7(t.(M»(t frailes. ;i'J.(H)() de ellos dominicos y francisca- 
nos: s(')Io en los obispados (le Pamplona y de ( 'alalnura 'J4.0(><l 
clériii'os seculares, y eran frailes, monjes, eclesiiisticos, beatas, 
ermitaños, miembros de la orden tercera y personas de \(»to de 
castidad, la cuarta y aun la tercera parte de los españoles. No 
es pri'ciso comentarios. 

Kl virrey de M(''\ico. conde (le líex illa ( iiücdo. en su 7//.>i/*w/((/ííy/ 
ií sn sucesor el inanpiés de las Amarillas, datada á 2S de noviem- 
bre de 1 7.")4, dice: Al virrey, como vicepatrono, proponen los 
obispos y arzobispos tres sujetos, examinados y ;i]pr(ibados, para 
cada uno de los curatos vacantes tjn los términos de la goberna- 
ción, para «pie de ellos elija el más á i»roiM')sito. Cito este testi- 
monio olicial. para mostrar la ¡iitei\ cncií'in ipn- tenía la autoridad 
real en la pro\ isi('iii de curatos, lo (pie no acontece en la actuali- 
dad, por culpable descuido del gobierno. i'',u la iíepública Arucn- 
tina, deltido á la malhadada delicieiicia de pre|iara<-i('»n liistíuica — 
ya (jue la moda considera (pie el estudio del derecho cauíuiieo es una 
antigualla y se le ha suprimido en nuestras universidades, sin darse 



(1) .Idsí; Tohiimo Mcimna. Ilixlniiii de la lilcialiiia mluHial dr l'liilr, introiliiriióii, 



— 134 — 

ctientii del mal qne ello ha profUieido — los obispos se han acos- 
tuiiil)ra(loá iiomlirar por sí mismo los cuiiis, t-oii el deplovable re- 
sultado de designar no pocas veces, sobre todo en las campañas, 
á exti'anjeros (generalmente italianos) poco cultos, de costumbres 
nada ediñcantes, en absoluto ignorantes de nuestras leyes y «pie 
<'onvierten el itúlpito ó el ejercicio de sn ministerio en arma para 
desautorizar nuestra legislación ó nuestras institiu-iones : tal in- 
vasión de sacerdotes infei'iores constituye una plaga peligrosísima 
y si bien no se me octdta (pie los actuales arzobispos y obispos — 
cultos c ilustrados, y muy argentinos — tratan de remediar ese 
mal, ejerciendo la mayor vigilancia, no es menos deplorable (pu' 
el gobierno descuide ejercer sus derechos de ]>atronato y tolere 
tales cosas, como si no pudiere intervenir ])or deiccho ])ropio, si- 
(piiera exigiendo i)ara en lo sucesivo la i)revia presentación, que 
es ]iara todos garantía. En la época cohuiial tales cosas iamás se 
habrían ]irodu<'ido. 

En la Iiixtriurióii í/etieral, dada al mismo virrey de las Amarillas 
p(U' S. M. fecha 17 de mayo de 1755, se lee : « Por tenerse enten- 
dido (pie los religiosos tienen discordias y pasi(mes entre sí, por- 
<iue los (pie toman el hábito en aquellos reinos se hacen enemigos 
(lelos (pie van de t'stos, y se contradi(^en los unos y los otros; y 
siendo la discordia y encuentros de suyo tan dañ()sos, se dejan 
bien reconocer los inconvenientes (pie se imeden seguir si pasa hi 
discordia adelante. Por lo ((ue os encargo os inforiu('is del ('stado 
de esto en cada una de las (u-denes, ¡¡ara (pie, hallado algo de las 
citadas diferencias ó cosas semejantes ([iie tenga necesi(hid de 
remedio, lo trat(^is cou sus iirelados, y el modo de concordarlos, 
hacit'udoles ]>reseníe su propio daño y el (pie pueden causar, en 
lugar del provecho (pie se espera de su doctrina, en la (pie debie- 
ran ocui»arse dejándose i)asiones dom('\sticas, cansadas sólo por el 
demonio, y de las (pie no sacan ningún fruto. Y i)ara (]ue yo sepa 
en (pu'' consiste el (hiño y se pueda ])rovidenciar el renu'dio que 
necesita, procuraré-is saber con todo recato y secreto, por medio 
de personas las más contidentes, el c«')uio se procede en el gobierno 
y ol)servancia de dichas religiones, así ¡tor lo (pie toca á lo espiri- 
tual c(mio á lo temporal, avisán(h>me muy [larticnlarmente de lo 
que entendiereis (U' cada una, y de lo (pie os pareciere convenir 



<|IH' se ri'loriiK' > por (|iu'' medios. S¡ no se lml>icr;i cjcifido el 
patronato, no tucsc i>osil)lc ipn- el poder real tomase medidas ¡i lin 
de itrocurar las reíonnas. t\nv liacía de evidente necesidad la re- 
lajaeión en iiue liabían eaiilo los monasterios, — ; podría citarse 
aijio parecido en los j>(d»ierun.s contemporáneos.' 

Kl se.i;nndo virrey de Kevilla (ligedo. en la luslriíccióii á su 
sucesor el virrey Hranciforte, le dice : Mas suelen dai- ipie hacer 
en sus elecciones y fuera de ellas los reliiiiosos. lOn el último capí- 
tulo del orden de san Aüiistíii, celebrado en esta ca|iitaU tuve 
(|iie tomar la jirov iilencia de (|ue asistiese un oiilor de esta real 
audiencia, y sólo así se liuhiera [lodido conseyuir la paz con (itu- 
se celebró. Kn el de los franciscanos, de la i>rovincia del santo 
evanjielio en su convento de esta cajiital, liubicra podido ser de 
más difícil reiiu'dio v\ desiirden (pie se preparaba, si no hubiese 
tenido yo noticias positivas anticipadas de ([ue alüuuos indivi- 
«luos, adictos á uno de los dos partidos (|ue <lividen á a(iuellos re- 
liifiosos, <'elebraban sus Juntas con el nombre de asamblea. Como 
este asunto era de tanta gravedad y tan delicaila naturaleza, le 
Ikn é al acuerdo bien instruido, y de las providencias (pie se toma- 
ron, reducidas á unas serias instrucciones (pie hice con anticipa- 
cif'ni y amenazando con mayor riuor para lo sucesivo, se logró ce- 
lebrar el capítulo con la iiia\ or (inictnd. Estos ejemplos debie- 
ran imitarse. 

.Vgréguese á la ielajaci('>ii eii los iiKHiasterios, la excesiva ri(pic- 
za de las manos muertas, los capitales de caindlanías y obras i)ías, 
fondos (pie pertenecían á las comunidades religiosas, y fácil será 
comprender (pie si á tal grado llegó el mal á ¡tesar del derecho de 
patronato para remediarlo, cuál habría sido si hubieren obrado 
lil)reniente y sin la superintendencia del poder real. La reforma de 
esasinstituciones.se hizo necesidad de orden pi'iblico, poiipie las 
más importantes propiedades territoriales, especialmente en >!('■- 
xico y el Perú, i»ertenecían á manos muertas, no pagaban contri- 
buciones, no se (hiban al cultivo libre y los frailes se relajaban por 
los mismos intereses materiales cuantiosos (pie loiiiial»an su poder 
creciente, (pie se aumentaba jtor herencias, donaciones piadosas y 
«•apellanías. Los frailes, — dice un erudito mexicano, — pedían 
á la santa sede continuas aclaraciones de los pri\ilegios (pie les 



— 13tj — 

fueron concedidos en los priujeros tiempos de la predicación del 
evangelio, y esas aclaraciones i»rodueían siempre mayor extensión 
en los privilegios : \h>v coiiiniiicacióii hm-hin suyas todas las órdenes 
lo que á una en particiüar se concedía; y como obtuvieron la de- 
claración genera] de que en caso de duda debían interiiretarse los 
privilegios en el sentido más lato y favorable, casi no tenían ya 
límite. 8e creían autorizados los frailes con todas las facultades de 
los obispos (salvo únicamente las que requieren consagraciíui epis- 
copal), y aun algunos osaban proclamar (|ue en cuanto á dispensas 
l>odían más que los obispos mismos. Tan i»oderosos eran, (|ue con 
el apoyo del rey alcanzaron de san V'u) V (|ue revocara ciertas 
disi)osicioues del concilio de Trento... 

De manera que no había unidail entre el clero regular y secu- 
lar, y esa anaripiía hacía más necesaria el ejercicio de las ¡■('(/alíns 
de la cor<ma ó el derecho de patronato, y á fin de (|ue en nuiteria 
tan importante se conozca con claridad el fundamento legal de ese 
derecho, convendrá definirlo. Yan-Ksi)ent dice ()ue las ri<i(días son 
los derechos fiscales ó los más elevados del monarca, y (|ue, en sin- 
gular, rv<j(iUa es el derecho de los reyes jtara gozar de los proven- 
tos ó frutos de los obis])ados vacantes, y presentar á los ([ue los 
han de llenar; los autores regnícolas no dan la definición. Un es- 
critor peruano dice que es la preeminencia (|Ue en cada estado 
tiene el soberano ])aia ejercer toda autoridad, (|ue tienda á orde- 
nar lo conveniente para el ejercicio de su poder, buen orden, bien- 
estar, y feli<'i(hid de los gobernados. La rciiaJUí es inherente á la 
soberanía; no es soberano el ([ue no la ejerce, y no puede ser al)an- 
donada, descui(hi(hi, renunciada ni prescripta. ('oncretánd(da á la 
a[)licación de esta palabra según los tratadistas, la definiré: el de- 
recho (|ne tienen los soberanos i)ara el arreglo de la materia bene- 
ficial, y de todo lo (jue tenga relación con la discii)lina de la igle- 
sia (1). 8e llamaron rcí/d listas los cjue sostenían el dereciio de pa- 
tronato y la autoridad civil sobre arreglos en materia de disci- 
plina. 

líibadeneyra asevera (pu' según la opiniíni de los canonistas, es 
una ]iotcstad de nombrar, ó ¡iresentar en el beneficio vacante al 

(1) Manual (Irl m/,(/í»/,(. etc., etc. Lima. ISTo. 



i-lérifit». iiuc se (|iiicrf |iiniiiti\ rr <'• iiisritiiir. lisie niisiun .nilor sos- 
tiene (|Ue, eii fl elecln idiuiMiio \ liuurosii. el dereelid de |):it miiatti 
. no necesitiil);! en si. ven su origen, de l;i ni;ici;i individual de la 
sede aitnst(')l ira. mandi) el dereclio caucuiico se lo cnMcede <;ene- 
ralniente al iiatruno. \>:\\u leirilmirle los beneticios en la dniaci<'»n, 
ete.. eon los lienetieios «lados en la presentación (1). V aüíei-a : 
Y eonsijiuieiiteuu'nte no necesitaban nuestros reyes en liiidi- <le 
derecho de obtener por íi-racia lo (|iie les era debido de justicia, 
ni (le esperar el derecho especial de a(|Ue!la eoneesiiui. cuando 
tenían á su t'a\ or td dercídio común, (pie se lo c(»ncedía. 

?]s uuiy importante observar (pie Sohuzano y Uibadeiieyra, aun 
cuando iiieiicioiían las bulas pontilicias sobre la materia, cuidan de 
establecer la dociriiia (pie explica (pie tal dereclio no nace de esa 
C'oncesi(')n, puesto (pie tiene como fundamento y raí/ la natnrale/a 
de las cosas : es compensaci('»n del gasto, es la consecuencia de la 
soberanía. Así (pie(hi contirmada mi oi>ini<'>n, de (pie no se necesita 
conconhito para ejercerlo: i»odría celebrarse para ceder jtarte de lo 
(|ue e.s del soberano, ¡xto el pontítice nada daría (pie no ]ioseaii 
ya los _<i(d»ieriios soberanos ("J). 

. Este derecho es ineiiajeiiable. — dice b'ibadeneyra. — contbrme 
á hi ley, y s(')lo enajenable con la misma corona, á (pie está anexo, 
cuando ésta se renuncia, viviendo el poseedor, el sucesor inme- 
diato, ó príncipe heredero... Y eonsiguientemente estando á la 
ley, nunca se juiede entender la renunciaeii'ui válida jior sí s(da. 



(1) .1/(111(1(1/ compindio. etc.. i);í;;iii;i 72. 

(2) « Si es:us leyes ((lu- han observado los jtuelilos de Aiuériea desde el día de la 
emaneipaciún, — dice el doctor Vílez Sarsfield. — dalmii á las personas y aiitorid.ides 
eelcsiástiea.s una existeneia social que no tenían, ni por derecho divino ni por dere- 
cho de la iglesia: y si daliaii taniliién al Kol'ieruo el nonibraniiento de las personas 
públicas que ellos habían creado para la administración temporal, y espiritual de los 
pueblos, no se puede aceptar los unos y desconocer los otros; ni los soberanos pon- 
títices querrían privar do su servicio, de la dignidad y .jurisdiccicín temporal, á los 
obispos y prelados, á cambio de gobernar eUos solos las iglesias reducidas entonces 
:í obscuras congregaciones de fieles. Si las leyes que han continuado observando los 
pueblos de Amr^rica no son las r|ue han de fijar l.-is relaciones de los gobiernos con 
la iglesia jcnál sería el estado de la sociedad cristiana en el entretanto ([UC se crea- 
ran otras? Xos hallaríamos entonces sin instituciones eclesiásticas ('i religiosas, socie- 
dad cristiana que recién viniera al nuiíido, á la cual no se le podría negar el derecho 
de tratiir ciui el sumo pontífice del goliierno de sus iglesias. Las instituciimes actua- 
les no tienen un dereilio it priori (ine se les pueda inipiuier. ni pueile designarse un 



siuiuiue liaya regnícola que la defienda, tratándola como una espe- 
cie de sacrilegio... cuya observancia es la mayor prueba del decoro 
de la regia facultad, \ más en una materia tan conducente á sii 
mayor ornato, y á la mayor estabilidad de una tan graiule regalía, 
(|ue por tal, nunca puede considerarse fuera de la corona, (juedán- 
«lole sienii)re á los reyes la facultad de renunciarla con ella. Y de 
tal modo es inenajenable, (pie no i)ueden, conforme á la citada ley, 
por costumbre, ]»rescripción, ni otro título, alguna persona ó per- 
sonas, comunidad, iglesia, ni uumasterio, usar de este derecho de 
])atronazgo (1). Para dennistrar (pu- esta regalía no es renuncia- 
ble, recuerda (pie cuando Pedro II, rey de AragVm, i'enunció el pa- 
tronato de a(piellas iglesias en favor del papa Inocencio líl, recla- 
m<') el reino, fundándose en la inseparabilidad de este derecho de 
la corona, connt se exi)lica la ley de Partida (lib. 5", tít. 15, part. 
ti', > ley .'), tít. 10, lib. .")", Bcroi». ((tsícllaiKi) ; por cuya ra/.(')n fué 
prohibida la enajenacii'm del (h-rccho. 

Sostiene, conH)Sol('>rzano, <pie es también inderogable, como con- 
i-edido por título oneroso : no pudiéndolo ni el mismo sumo pon- 
tífice, aun por bula especial, (pie debería suplicarse y retenerse, 
como destructiva del rigíU'oso derecho de [¡atronato. Así lo reco- 
uoci('> el pa))a Clemente VII en sii bula sóbrela erecci('>n déla igle- 
sia de México. . Si el conciliolateranense IV hubiera tenido presen- 
te las circunstancias en (pie nos hallamos, — dice el mismo autor, 
— y la oposici(')n délos ([ue, con pretexto de la eclesiástica libertad, 
l)reten(len perjudicar la jurisdicci<'tn real, sin a(iuietarse ni con las 
constituciones pontificias, ni con las disposiciones legales, ni con 



tit-iiipci cii l;i liistoriii ccli-siiístii;! (pif nos incsciitc iiiiii Ic^ishiciiiii normal de las in.s- 
titmioiiis icli-si.ísficns... Los i;(>liii-nios dr Aiiutícii coiitiiiiuiroii reconociendo los 
derechos ijiie les iuiiionía el patronato de las islesias. Si éstas lian de existir como 
han existido hasta ahora, serán bajo Las leyes que regían, bajo las leyes que rigieron 
esos templos, esas catedrales, las autoridades todas de la iglesia, leyes que proveen 
al culto público, á la dignidad y mantenimiento de los ministros... El gobierno tiene 
sin duda el lierecho. inspección y vigilancia en la iglesia, como sociedad reconocida 
por las leyes. Esti- den-cji.. es absoluto y al estado corresponde por b) tanto privar 
todo acto (|iie juzgue conlrario al bien del |iais. en los limites y (juc le baya pres- 
criiUo la ley civil o administrativa. El gobierno cu su más alta acepción es el solo 
solierano did territorio». (Dai.macki Vicr.i:/. Sai:si^ii;m). Drrrcho piiblico eclesiástico. 
Helncionix del eximid ron la i¡ilesiii en la (tiiliíjiui Améríeit expañolii. caiiitulo XXII.) 
(1) KllíADlONlíVÜA. ob. cit., página S(i. 



l;is costuiiiltrcs IciiitiiiiiiN : un liul)ifra dudo más tcnniíiiintc dcci- 
>i(')ii. ciiaiido, fiindadii cu csic texto de San Mateo, iinproltó el celo 
(le estos iiupilííliadores ( 1 ). 

('onvspondeá los juclados lo (|iie es espiíitiial. el domina > su 
(loetriiia : pero es pn'ciso tener presente (pie son además de píela- 
dos eimlailanos, y, en este earáeter, sujetos á la soheianía leni- 
toiial. Hl obispo natural de Esiiaña. — diee Villarioel. — v de 
eual<piiera otra provincia de >n coi-on;i. ^e piieile. \ debe llamar 
vasallo de nuestros rey«'s eatólieos... Peio \o lenizo por de tan 
«ii-ande autoridad ser vasallo d»- un rey. ipi.e lle\ o por opini('m ipie 
liiiede llamarse así con toda propiedad .Demuestra las ra/ones 
en que tunda su doctrina. > ilice (pie. atenta la especialidad dcd 
earáeter eclesiástico del prelado, el rey en las cartas (pie le dirijic 
lo hace por rue.i;-o y encardo. Y cuando acontece (pie nos manda, 
— afiTeya. — en lo (pie nos escribe, no muda la eostuiuhre : (') por- 
(pie ni en eso (piiere uii rey i>arecer vano, ó ixtnpie usando de su 
fínunleza. no (piiere cercenarnos la honra (pie nos hi/.o una \ c/. con 
su cíU'tesía ; (pie pueda mandar á los ol>isi>os el rey. lia\ muchas 
cosas con (pie poderlo probar ("_')• 

Cita las jialabras de la ley de la h'dopilaiii'in : i^os cuales aun- 
(pie prelados, son temidos de venir al llamamiento del rey . I{e- 
ciierda (pie en sus días el supremo c(uisejo de las Indias llauK'i 
á dos arzobisp.is de M«'xico. Hsta facultad por d»de.üaci(Mi la tienen 
las reales audiencias y los virreyes. La ct^dula real despachada á 
(hm Francisco de Toledo, en la ciudad de T()ledo á 1 de diciem- 
bre de 1 ."» 7. "5, lo autoriza para (|iie pueda mandar llamar. \ liaua 
comparecer ante él y las audiencias, á los dichos eclesiásticos. 
üecouoce la.jurisdicci(>n real, y dice : y esta es verdadera jurisdic- 
ci(iu, y de ella usan los reyes de España, cuando los ol)is]ios usur- 
|ian sujurisdicci(')n, y cita la ley 4\ título 1", libro 4" déla Aííííyí 
¡{i<>ipil(K¡ón, y aiíieíia: y la misma pena ¡xme á los obi.sjms (pie 
escandalizan y turban los pueblos r . 



(1) Ub. t-it., i>:í|a;iii:i !tl. 

(2) Gobierno ecIeKuistico imcilin, i/ unión ile lo» ilon turhiHoi. imnlijirin ¡i iriiio. por il 
doftor ilmi fray GasPaü dk Vii.i.aikíhki.. ohispo di- .Santiair" 'I'' »Jliil'' y al prrsciiti- 
de Arequipa, tmiid 1. imIícíóii ili- 16.">6. 



— 1-tO — 

Cito la (loctriua de iiu olñ.spo, para atiuietar los escrúpulos de 
los clericales, demostrándoles (pie no son novedades de los Ilibera- 
les, ni desconocimiento del <lereclio. Esta jurisdicción i)olítica y 
económica, — continúa, — es la (|ue los reyes de España pueden 
ejercer, y ejercitan tal vez contra los olúspos... » Es el mismo 
erudito i»relailo, (juien dice : ^ Para el que fuere totalmente escru- 
l)uloso, ó neciamente espantadizo, baste por ahora saber (jue casi 
todos los reyes del mundo lo practican así. Y niel amor de vasallo, 
ni el afecto de miuistro, pudieron torcer el juicio del señor ¡Solórza- 
no, para (pie en materia tan escrupulosa ensanchase su concien- 
cia, autorizando tanto esta doctrina ; (1). 

Las opiniones del obispo Yillarroel están autorizadas por la do- 
ble censura real y eclesiástica, además por don Juan de Solórzano 
Pereyra, i»or el manjués de Baides, por los licenciados González 
de (Jiiemes, don Pedro Machado de Chaves, el doctor don Bernar- 
dino de Fi.<;ueroa y de la Cerda, don Pohmco de ^antillana, don 
Antonio Fernández de Heredia, don Antonio de Laguna, oidores 
y ñscal de la real audiencia de Santiago de Chile ; á los cuales se 
agrega la autori(hid de los religiosos siguientes, el reverendo padre 
.lacinto \'or([uera, dominico ; el reverendo pa<lre fray Francisco liu- 
bio, trinitario ; el reverendo padre fray Alonso de Ayllón, agusti- 
no; el reverendo padre fray Juan de Salas, mercedario ; el reve- 
rendo padre fray Bartolomé López, comisario del santo oficio y 
provincial de las provincias de Chile, Tucumán y Buenos Aires, 
y provincial de la compañíade .lesús, el ¡ladre Vicente del Cas- 
tillo. He hecho esta larga y fatigosa enumeración, para mostrar cpie 
las doctrinas expuestas i)or el obispo Villarroel, las sostuvieron, 
aprobaron y elogiaron, todas las órdenes monásticas y todos los 
oradores (le Cliih', además de la encomiástica aproliación de una 
altísima autori(hi(l, como la de S(dórzauo. Es la doctrina sana : no 
ataca los fueros de la iglesia, y, i»or lo tanto, los clericales no pue- 
den rechazarla. El obispo armoniza las dos potestades, por eso in- 
titula su obra : (roliiiritu ((■Icsidsticu ¡xirlpi'o. 



(1) (;iiiii|iiíirsi> istiis opiniones de uu ol)is])0 cmiiii-nti-. ion liis i|iie exponía un mi- 
nistro lie n-hirioncs exteriores, suspendiendo la más eonciliadora misión confidencial 
y desairando al eminente cardenal KamiioUa, une esperaba mi regreso á Konni para 
continuar nna disi'usiiln amistosa y piinlrntisimaTOeute iniciada. 



L¡| ol)|iü;iri<'Mi ('11 i|llf los ohispiis de l'",s|i;iri;i cst.íii .1 mi rc\ por 
l;l ]>rfs('ill;ic¡<'ill. — ilicc. — > \utv el liciicticio s¡iii;iil;ir de i|iicirru(is 
clciiir. iiidiiif en lo- ihtIimIon miajustii siijcción, i\\\v piMlri;! ¡ilrc- 
\ crine ;'i ll;iiii;irl;i \ ¡is.illajf . V tal (U'rcclio i-s icüalía, tiiiidada cu 
el i|iic tienen los rexes cali'ilieos. de iidinlirar. elcuir ('> iiresciitar 
<iliis](ii>. \ recuerda (Hic vi(') el decreto de sii prcsentacii'iii, (|iic lie- 
cia : NomUnial maestro fray (íaspaide X'illarroel, déla orden de 
san Aiiiistin . líeciicrda i|iic es |Hiictii'a en las audiencias, imponer 
inultas ¡i los jirelados, cuando o vendo la parte por\ ía ile \ iolencia. 
les manda remitir los autos. \ si no ohedeceu las ])rovisitHies ó car- 
tas, les multa como costas ]>rocesales. Y cuando la audiencia resuel- 
ve tjue el ol(¡s|M> htt<i fiíirzd. -sr Ir Diaiiila (¡nc olortiuc ; y si liay 
ateutailo laiiiliiíMi se le manda ipie repiuiua. usando la fiMinnla 
iiKiiHltiiiios : en (píese \ c (pie es jinisdicci(')n con pro]iicdad la eco- 
m'tmica jurisdicci(')n. 

V es título oneroso de tal vasallaje rffnVr.s los reyes sus die/.mos. 
>(londe faltan siisteiitailos, y se justitica ]>or el lieclio (|ue el i'e\ 
(piita las I ( -11 1 pora 1 i da des ,1 los oiiispos (pie le son i iiolu •dientes. Por 
otra parte, juiede extrañarles en ciertos casos y por ra/.oiies funda- 
das. VA (díispo \'illarro<d reconoce el derecho de ]iatr(iiiato. pues 
siendo la materia de tanta coiisidcraci('>u. iio se podrá tocaren i'\. 
Y es(''st»'eii ellos «irave (hdito, por ser contra iiu solemne jura- 
mento, <|ue hacemos todos antes de entrar en la posesií'm de nues- 
tros ol)is]ia(los. \' por(pic se \ ea (pu' finidaincnto tiene (pie Juren 
los oltispos la entera coiiscíN acii'pii del pal roiia/,u(i real, (piieio po- 
ner aipií las ejecutoriales del rey. \ el jmaineiito (pie hice yo (1 ). 
Conviene reforzar esta opinií'ui. con la reiu-oducci('ui de las pa- 
lahras textuales de los documentos. 

Kn la^ ejecutoriales dadas en Madrid;! "J.") de a.yosto de It>;!7. y 
lirmada p(M' l'"elii)e II. se dice : Sabed (pie yo presente'' á la saiiti- 
4lad, paraollispo déla iylesia catedral de esa ciudad, al maestro (huí 
fray (iasi»ar de Yillarnxd, del orden de san Auustin. y á mi pre- 
seiitaciíui le di('i los despachos necesarios, y sus ludas, las cuales 
.se iH-esentaroii en mi ciuisejo de las indias, y píu- su parte se me 
ha sui>l¡cado (pie conforiue al tenor de ellos, le mande dar el des- 

(1) Ciiliicrnii ¡iiirílicii rrlriiiínliri). tiiiiii) 2". i)ií;;iii;i 611. 



])íU',h() necesario, para (lue le fuese ciada la posesión ile diclio obis- 
pado, y se le acudiese con los frutos y rentas de él, y para (pie pu- 
diese prevenir sus ¡irovisores y vicarios y otros oticiales. En su 
consecuencia manda dar la posesión, y (pu' ejerza su jurisdicción 
y c-argo... : Haciéndole acudir con los frutos, y rentas, diezmos, 
réditos, y otras cosas, que como á obispo de diclio obispado le 
pei'tenecen, conforme á su erección, y orden que tenyo, de la 
cnal así liaréis y cumpliréis, haciendo i)rinicro el diclio obis))o 
jinaniento, ante escribano púl)lico, de (pie jiuardará mi real pa- 
tronazuo, y no irá, ni vendrá en cosa alguna contra en él conteni- 
do, y en conformidad de la ley 1."., cai)ííulo T de la nueva Reco- 
pilación, no estorbará, ni impedirá la cobranza de mis dereclios, y 
reutas reales, (pie en cuahpiiera manera me pertenezcan, ni la 
de los novenos, (pie en los diezmos de dicho obisjiado me están 
adjudicados jtor concesión apostólica... 

Tal fué la manera cómo el más fanático de los reyes de España 
defendía la real regalía, el patronato real y la jurisdicción sobera- 
na del territorio : ¡ i)odrían decir lo mismo los actuales liberales go- 
biernos independientes:' ; Cómo i»r()ceden? En vez de conservar y 
defender el derecho de i)atronato, han juzgado másfácil buscar en 
la separación de la iglesia y del estado un remedio ipie malhada- 
damente lleva al indiferentismo ])erturbador, anánpiico, al socia- 
lismo enfermizo (pie agita á las sociedades modernas: imitación 
IK'ligrosa en países (pie tienen indios ([ue cat('(piizar, i)uebl()s sin 
hábitos laboriosos, sin instrucción bastante (1). 



(1) « Ks i-icvt.. i|iir lr-isl:in.ii con ijiurlH. .el., por el rjcicii-io y rcmscrvacióiKl.' su 
liiivilcííio, — dice ,■] iiiiilr.. MatKis (-ioiiicz ilr Z;iiiioi-:i. — iiiii's il.-,-lai:iioii iiuc privati- 
vMiiicntc les p.Tt.'iii'cKi ni faldas las Indias, y iil vn todas ni m parte podía salir de 
MI n-al roriiini : cjnr uo ¡lodía erigirse iglesia ni lunar ino sin lieeiieia suya ; que los 
arzoliis|iados. obispados y abadías, fueron provistas por iireseutaeiíín del rey á su 
santidad, y las dignidades y prebendas por presentación ilel rey á los prelados ; que 
el golieniador de Filipinas presente para las iirebendas que v.ii-aren en el interino : 
i|ue el eoleetor general .se presente por real patronazgo : ipii' los iiroveidos a lieiie- 
tieio.s por e.l rey, sólo .se diferencien de los otros en no ser aniovililcs. ncl nnliim : i|iie 
los presidentes de (^nito y La Plat.i cjeizaii el real |iatronazgo en sus di.strifais, y 

que las justieias, oñeiales reales y éneo iidrn.s. no se eiitn-niet.-in a' nombrar euras ; 

no presentando los gobernadores lí sacerdotes bcnciiiéritos para las doctrinas, los 
virreyes; ipic el ipic tuviere facultad de presentar por el rey. .se |iueda informar de 
los propuestos, y |iedir se pnipong.in otros : i|iic las presentaciones se ilespaehen 
con brevedad, y. no dando el ]irelado l;i institución dentro de 10 días, se recurra 



Mifiitiiis taiilK, t'ii li» l'lsliidds luidos, si liicii li;i.\ lilicil.id de 
mitos, st' coiisfiN;! el t's|iírilii tradicional rt'iiüioso. nadie se a\»'r- 
uiienza de tVeciU'iitar la iult-sia, v el pirsidi'ntt' destina un día to- 
dos lósanos para dar in'ililicanicntc las üracias ;i Dios por los 
lifiH'licios (|iu' dispensa ;í la nacii'in : v para ese Ijn expide una pro- 
clama oticial. invitando al |)nelilo de todo el país, para (pie cada 
cual, seüiin su credo reliuioso, le acompañe en esa oracii'm solem- 
ne. Si' fomenta oticialmente i»or estos medios el sentimiento reli- 
üioso, el culto externo. 

; (^>né hacen en 11 is|iano- América los partidarios de la separa- 
ción de la iiilesia \ ilel estado.' iíeuuiiciar á to<lo culto pi'ililico. dar 
ejeini)l(> al ituehlo del desdén á las tradiciones creyentes, y no de- 
jar en la familia ni el recuerdo afectuoso y emulador de las creen- 
cias de sus ma.\ores. Kn sociedades tan movedizas, la reliüi('in <'s 
medio de üolijerno, poiípie no jiay puelilos ateos. Conocí, desura- 



al unís ciTLaui) ; cpii' para t-l i'\aiiii'n <li- liis ilocUiuoios f¡¡ scilr varante', sr inniihn- 
IMir i-l •;ii)>ieriiii persona qiif asista cdu 1i>s i-xaiiiinadores ; «pu- im se puedan ilar iii 
vender, Ciipilla.s en las i-jlesias catedrales sin liceneia del rey louio i>atnin. iii se 
)>i>n.!;an otros escudos que los de las armas reales ; que los uiayordonios de lalirieas 
lie iglesias y liospitales de Indias se nombren eonlorme al patro.iaz^ío : ipie los pri'- 
lados ■¡uarden el patronaz^jo. y en lo qu^ dudaren, avisen al e(mseJo ; ([ue los virre- 
yes y audiencias ba^an guardar los derechos y preeminenrias del patronazgo y di'ii 
los despachos necesarios ; que se recojan las patentes que los i;enerales de las reli- 
giones dieren para las doctrinas, y se dé cuenta al consejo : (|ne el K'>'»''uador de 
filipinas y los demás capitanes generales de Indias nombren capellanes de las ar- 
madas, naos y galeras; disposiciones que no tienen color regalista, ni aun miradas 
jior el prisnuí que hoy se miran esas cosas ; di.sposiciones ilictadas con la inteucloii 
más pura en honra de la corona y en beueñcio de la iglesia ... I'ero más celosa- 
mente, con mucho mayor <:ui<lado ([ue con respeto al ejercicio y conservación de su 
privilegio, legislaron nuestros reyes, poniendo cuanto estuvo de .su parte para con- 
seguir la mayor prosperidad espiritual y material de las iglesias de las Indias ; pues 
determinaron que en la presentación para ¡irebendas sean preferidos los letrados. 
graduados y lo.s que hnbie.sep servido en iglesias catedrales, extirpación de idol.i- 
trias y en las iloctrinas ; que en las iglesias catedrali^s de las Indias douile hubiera 
posibilidad, se presenten dos juristas y dos teólogos para cuatro cauongías »... .\si 
se expresa un pailre, opuesto á los regalistas y entusiasta partidario <le la autoridad 
ilel pontíKee : Rei/io pairotiato expañol v indianu por el padre .M.\tías Gr>MK/, Zamoiía, 
del sagrado orden de predicadores. Madrid, 1S97, páginas 311 y 312. Kl <lereclio de 
patronato, .segiin él lo deline, es una cosa espiritual y santa que a' partir del siglo 
V si' otorgó á los Heles de la santa sede para animarlos á fundar templos y á estable- 
<er benéficos. « Cese, pues, la manía de sospechar que el l¡f¡fio ¡mtnimttn iiKUanit 
fue una obra producida por exigencias de los reyes y excesiva condescendencia 
de los papas » : tal opina ,Ioai|UÍn .Maldonad<i Macanas, .hiUno ciilini ilr In nbni. 
Madrid. 7 ¡le inavo de 1SÜ7. 



«'iadanierite eu mi [)aís, liberales cínicos (jue daban la es))al(la al 
templo y metíanlas manos en las arcas públicas ; ])or((ne el (pie no 
tuvo fortuna antes de ser empb^ado y deja ile serlo como un Creso, 
se presume iire\'aricó, y no se necesita de jiruebas positivas, pues 
es presuncióu,/íf/v'.s ct dijitrc. 

Continuaré mi exposición. Villarroel prestó el juramento en la 
ciudad de Lima á 1 7 de abril de líí.'íS, ante escribano i)úblico y 
te.stiji'os : X. iSu señoría el señoi' oliispo de Chile, don fray (iaspar 
de Villarroel, en cnm[)lindento de esta ejecutoria real, juró á Dios 
y á la cruz, iit rvrho sdccrdoti.s, seuiin forma de derecho, de giuirdar 
> ciuu]ilir el real patrcuiaz.üi), y todo lo demás cpu' en este ejecuto- 
rial se contiene y iriaiida por su majestad, y (¡ue si así lo liiciere. 
Dios le ayude, y al contrario le condene, y á la coiu'lusi(')n de este 
juramento, dijo, así lo juro, amén, y lo firiu(')... 

AliJunos obis])os, desptiés de la independencia de las nacicmes 
americanas, bajo el pretexto de (pie el derecho de ])atronato fué una 
uracia otorgada en favor de los reyes de España, pretendiert)n y 
sostienen (pie es indispensable un concordato con la santa sede. 
Olvidaron (pie fué una recompensa jior laediñcación de las ii>lesias 
y el mantenindento del culto y (|ue, bajo este concepto, es inheren- 
te á la soberanía y no una giacia : por consiguiente, que no se nece- 
sita concordato. La imprevisión de los g(d)iernos les i)ermitió que 
])restasen el juramento, con reservas; pero tales anomalías no pue- 
(l(Mi conservase. La verdad ha de triunfar, á pesar de las ambicio- 
iK^s de un grupo de tinnu-atos y ultramontanos. 

Según SolíM'zano, los obispos de Indias, como ([ueda ya demos- 
trado con la autoridad del señor A'illarroel, aidesde (pu^ se les en- 
treguen sus ejecutoriales, deben [trestar juramento como lo dispíuie 
la ley real, ante escribano y testigos, de no contravenir cu tiempo 
((¡(funo «1 real ¡Kitronuto, (pie le guardarán y cuiiqdirán en todo y 
por todo, como en él se contiene, llanamente y sin impedimento al- 
guno >. Cuaiulo el obispo (decto no estuviese en el territorio de 
su diíScesis, antes de tomar la posesión, debe enviar testimonio de 
hal)er prestado el juramento, y de otra guisa los ¡¡ueblos de su 
(li('>cesis no les acudan con las rentas de las tales dignidades v (1). 

(I) Li-y IS. tit. H". lilir.. I de la Xurru ltfn>i>Uafi6ii . 



IIl- ilfUUiNtliKlo inic las olíispDS S(»li \iis;ill(is, n. pilla Msar el l«'ll- 
•iiiaje jurítlicii \ iyciit»', ciiKlatlaiKis v (((ino tali-s titiii'ii iil)Ii<ia(i<)- 
lu's y (leluMvs (h- tidclidad al sciheiauo del tcnitoiio, de observar 
las U'yt's, de rt'cniíoft'r la .iiiiisdic»'i(')n, puesto (pie todo ello no se 
ivtifi'f al donriia. iii es opiritiial.por cuanto necesitan de las ren- 
tas que les concede el solieíano. (piien nianliene el culto, tunda 
inlesias y las conserva. 

Para coidirniar la verdad de esta opinn'in, it'cordan- un lieclio 
conteniiiorj'meo acaecido en los Estados l'nidos mexicanos, donde. 
Mparada la iglesia del estadt). tiene aún mayor autoridad y fuerza: 
las declaraciones del oliispo de Cliilapa, en oticio datado en 1 1 de 
aiiosto de 1 S!H y dirigido al ¿¡;(tl)ernad(U' del estado de (iuerrero: 
Creo. — dice. — de mi más estricto deber inauifestar á usted que 
no es exacto que yo liaya promovido semeiante eru/.ada eon tal fin 
(contra la masonería), pues esto se opone abiertamente á mi minis- 
terio y las ens»'ñan/as claras y terminantes de la ifilesia que man- 
da obedecer á laautoridail civil, dentro de la órbita di' sus atribu- 
ciones, sea cual fuere la forma de gobierno que rexista. y á respetar 
las asociaciones creadas ó ^iarantizadas leiiítimamente por ella. 
V lueiiii contini'ia : Dios nos ha conliado el «iobierno de esta jiarte 
de la repiiblica : ;i usted en lo ci\ ij y á mi en lo eclesiástico. Mis 
as])iraciones más vehementes, se cifran en hacer felices á mis dio- 
cesanos |ior el camino del verdadero projireso ; y si mis servicios, 
nn cooperación y la de todos mis párrocos, le es á usted útil para 
formar la felicidad temporal <le los i»ueblos (pu' di,<ínanu»nte rige, 
todo lo tiene usted á su dis]iosici('»n. El mismo prelado se refiere 
á la carta fundamental y dice : tpu' tanto respeto y estima mues- 
tra por la libertad del ¡nili\iduo , y habla de las h-ves de refor- 
ma sin caliticatixo ofensi\(>. como <le la tolerancia de cultos en 
términos jninU'ntes, reconociendo que la predicación es el medio 
de sostener la iyU'sia, sus dounias. sin mezclarse á desconocer la 
autoriihnl civil y sus leyes. 

Ahora bien : si ese obispo declara de manera tan explícita >n 
>uniisi('(n \ obediencia á la autoiidail ci\ il del territorio : ; qué 
derecho podrían in\<»car aquellos otros prehulos (pu', abusamht de 
su carácter, anatemati/an las leyes, el matrimonio civil, los cemen- 
terios civiles, la ■eiiseñan/.a laica en las escuela- .' Dad á Dios h) 



que e.s de Dios y al Césav lo <iiie es del César. La autoridad de la 
iglesia es moral, sus penas de1)eii ser morales, su medio de acción 
la predicación del evangelio ; porrpie no es ya la época de reafir- 
mar las creencias por el fuego, de ([uemar á los jinlaizantes y disi- 
dentes. Si la humanidad avanza con incesante i>rogreso, si na<la 
hay inmutable en el mundo, lo (pie es de la disci])lina de la igle- 
sia debe seguir las mismas corrientes. 

En los Estados Unidos la misma clerecía promovió una o])osi- 
ción general contra la i)retensión de <iue se eligiesen obispos ex- 
tranjeros para las agTUi>a(;iones católicas alemanas: el obispo debe 
ser ciudadano para que, ame la tierra en donde predica y ])ractica 
la religión. jSTo se comprende el divorcio de la patria y de la igle- 
sia, ponjue ningún gobierno consentiría un culto que fuese anti- 
patriótico. Así desconocen la tradición, las tendencias de la época 
actual, las corrientc^s irresistibles de la libertad, los <pie inten- 
tan mantener la religión ])or la amenaza de las llamas del in- 
fierno. La fe no se ini]>one por el ternn-. El gravísimo i)eligro, la 
amenaza para el orden social, es el indiferentismo, es la increduli- 
dad, el furor enfermizo en (pie se buscan los goces del sibaritis- 
mo y el becerro de oro. Las clases obreras tienen ansias de tales 
goces, se agrupan en lucha alnerta ccmtra el capital y sueñan con 
un socialismo (pie es el des])OJo del ahorro acumulado por otros. 
Estas amenazas las exacerba la falta de creencias religiosas, de 
ccnisuelos, de conformidad, ponpie s(')l(> los (pie creen esperan ; 
pero para creer se necesita el ejemido de la virtud, el prestigio del 
saber, la dulzura de la enseñanza. El espíritu nuevo resiste la im- 
posición autoritaria : el cura de almas no }iuede ser ignorante ni 
inmoral ; sol)re su \u\;\ y conducta están los ojos de los creyentes 
y de los disidentes. 

Y desde la época colonial ese cuidado en el nombra miínito de 
los curas párracosera recomendando por la ley : los prelados eli- 
jan para curas, doctrineros y predicadores, eclesiásticos tan vir- 
tuosos (pie, con el buen ejemplo de su vida y costumbres, tuviesen 
may(U'frutoen los indios , comoenseña Ribadeneyra. Mientras (pie 
la. avaricia de algunos curas de almas, y la tiranía y depravación 
de algunos alcaldes y regidores, en las naciones cuya jioblación in- 
dígena es numerosa, han (piitado á los ])obres indios liasta la espe- 



iiinza (l«-sfr ifspt'tiulos en su l;iiiiili:i y ihhiiíimI.kI. \ ciimikIi) uii;i 
Kiiijer tle piedad ereyeiite, pinta ¡i las Ana sin ii'uln coniti dcsvcn- 
tiuadas víctimas del párroco, del caci(|iie v del alcalde, en v»v. de 
jioner remedio en favor de los desvalidos, anatematiza á la qne de- 
nuncia la maldad! 'i'al lia acontecido recienlemenle en el l'en'i 
con la tinada escritora doña Cloiinda Matto de 'rnrner: el oliispo 
Tacheco, del Cuzco, lia excoinuljiado á esa escritora, se lia ipie- 
niado su liusto y está fuera de su lioyar. Murió en Buenos Aires. 

Con razón decía llihadeneyra : vean los prelados cómo cumplen 
e<tn esta ohliiiaeión, y cómo salvan en ella sus conciencias ; nada 
es más conducente liara el bien de a(|uellas almas, (pie las liuenas 
eostumliies y virtud de sus pastores. 

Uu eseritoi francés. Cli. lieiioist, en un articulo intiliilado León 
XJII 1/ su corte, dice: La ii>lesia tiene (¡ue amoldarse á los tiem- 
pos. Ya no estamos en el sijilo xvi, cuando se toleraba una San 
Barthélemy y se proxdcaha el reoieidio contra los reyes heréticos. 
León XIII, papa en extremo político, no ha hecho más (pie aplicar, 
que aprovechar la dexibilidad, la plasticidad de la i,í>lesia. La nue- 
va c<moepción, el nuevo papel del p<mtificado se bos(iueja pocoá 
poco, no como es sino como (piisiera ser, manteniendo la jiaz entre 
la.s naciones y la iiaz en cada nnci('ui.despeiiándosedelatierra y con- 
servándose en el terreno espiritual, mil veces más libre desde ipu' ha 
jierdido su dominio, mil veces más atrevido desde (pu' la fuerza de 
la.s armas nada tiene ipu' vi'r con él. » Y agreda, y conviene ([ue los 
clericales de todas las naciones no lo olviden: : hea(pu hxiiie León 
XIII ha traído de nuevo en la flexible política déla i.ulesia... no 
ha innova(h> lo (pie toca al doiiiua, pero ha hecho innovaciones 
en lo (pie toca de más cerca al douma, la disciplina de la iu'lesia. 

Para terminar este caiiítulo. (pilero recordar las palaliras del 
(tbispo Villarroel, jiara ipie las tengan presente los prelados hisjia- 
no-americanos : Y como (luiera (pie para un buen vasallo es gran- 
de freno la justa indignación de su rey, (pilero |iropoiier algunas 
cédulas, en casos especiales (pie han sucedido en las Indias, para 
(|Ue se cobre horror á derogar algo al justo respeto (pie se le debe 
al iiatronazgo real ( 1 ). 

(1) Ciih'urnii l'.ihsmiít'm, l'iuijico. i-tc. tumo 2". pií^in;! I>i:<. 



Personalmente añrmo ((iie en la misión confidencial (jne tuve el 
honor de desempeñai- ante la santa sede, me insi»ir(') la más profun- 
da simpatía y el más uninde respeto, la elevación, la prudencia, el 
espíritu de bondadosa conciliación en el eminente cardenal Ram- 
polla : hombre de su tiempo, por encima de to(hi estrechez de cri- 
terio ; profundamenttí apasionado i»or la mayor f^loria de la iglesia, 
l>ero buscándola por el camino de la conciliación, de la prudencia, 
de la tolerancia ; verdadero exponente del tipo de estadista cató- 
lico, de creencias ñrmísimas pero de espíritu amplio y de mirachi 
de águila, para cernirse por sobre los prejuicios meziiuinos y los 
rancios criterios de cierta especie de ultramontanos intransigentes 
y fanáticos, más papistas <jue el papa, (pie parecen ignorar (pie el 
mundo marcha y pretenden imponer en el siglo actual el jtrocedcr 
de la edad inedia, como si fuera posible renovar la histórica (jue- 
rella sobre investiduras, entre el sacerdocio y el imperio... Entre 
nosotros desgraciadamente ]»arece existir una cierta bandería, de 
laicos y clérigos, (lue ])usca esa falsa aureola de ultramontanismo 
trasnochado, más intransigente (|iie el más empecinado fanático: 
usan y abusan (h' las posiciones jiúblicas — ministerios ú obispa- 
dos — para atacar la soberanía, habiendo llegado hasta pretender 
proponer la reforma de la constitución... tanto que hasta nuestros 
gobiernos, tradicionalmente indiferentes á tales abusos, se han 
visto obligados á intervenir, cortando con energía el abuso escan- 
daloso. 

Y la prueba de la justicia de mi opinión, está evidenciada en la 
rtjsolución dictaíhi en .'i de noviembre de 1S,S4, (pie reproduzco : 
« Considerando : (pie el obispo de la diócesis de 8alta, fray Buena- 
ventura Risso-ratrón, ha i)ublicado una pastoral atentatoria á las 
institucioníis y á las leyes de la naciíui, incitainh) á desconocerlas 
con menoscabo de su soberanía y detrimento de sus autoridades, 
produciendo conflictos en la sociedad y en la familia, i»ertuiban(lo 
la conciencia pribli(-a, y estableciendo incompatibilidades entre el 
cumplimiento de los deberes de los ciu(hi(hinosen su caf idad de ta- 
hís, y el de los fieles como pertenecientes á la comuni(')n católica ; 
(|ue el obispo mencionado ha hecho uso indebido de su autoridad 
espiritual para coiil rariar los más legítimos pro])ósilos de los pode- 
res del estado, ('■ imponiendo penas, tales como la privaciíUi de los 



— 149 — 

siiciíuuentos, c-iiya í>tji vedad no ituode sev descoiiocidií, por loniid 
deben sei- eonsidei'iidas eoini) medios coercitivos para ]H-odiicir ac- 
tos de verdadera relielii'm : (|iielale> procedcics son iiianitiesta- 
iiieiite contrarios á la Iranipiilidad > el orden de la repi'ililica : qne 
m talla an;'doL;'a lian inciinido los vicarios loriiiM'0'< de Sanliaü'ox 
.hijuy. IJainerio .1. laiuones y Demetrio Cao; y atento lo dictanu- 
nado ]ior el prociiradiM' ücneral <le la nación : El pnsidciitc <}<■ hi 
niiúbliiii, III iiriimlii i/i tura/ tlr iiiiiiislros, ilirnlti : Artículo i . (^)ne- 
da snspeiulido el revereiidísinuí obispo de Salta, IVay riueiiavcnt n- 
ra Hisso-I*atr('>n. de la administración y jiirisdicciiMi (pie ejercía en 
el territorio de la diócesis conferidas por el estado al presentarlo á 
su santidad, y al acordar el pase á la bula de institncir»n. i>or decreto 
de novicinlire '_'•! de iStitl. — Artículo "J". (,)uedan separados del 
puesto (pie desempeñaban los vicarios foráneos de Sanf layo del 
Ksteroy de.luju.x. — Artícido .'{". Heinítasec(»pias de los docninen- 
tos respectivos á los tiscales nacionales de Salta, .Injny y Santia.uo 
del Hstero. á tin de (pie entablen ante el juez federal del distrito, 
la acci(')n (pie cori'es])onde contra S. S. I.el señor obis|io de Sal- 
ta fray Rneiia\ ciit ma Kisso-Patróii, el vicai'io loráneo de .lujiiy 
don Demetrio Cao y el de Santiago 1). Ivainerio .1. Luüoiies. — 
liOCA. Ktn Ai.Do Wti.Kf., i?, ni' iiucoYKX, FuAxnscd.I. OiíTiz, 
V. DK LA Plaza, .Ioaí^i ín \'ik.io Bikxo . Estos liechos demues- 
tran la «la vedad de la reacción iiltiainontana, »|ne el i>residente 
l'ellciirini (pliso impedir conliándome la mis¡('m coiilideiicial ante 
la santa sede. 

VA atraso délos tiemi)os. — dice Fiías, — puede s(')lo explicar 
tales extravíos de la razón. > tan tenu'rarias iisnipaciones lieclias 
á Dios mismo sobre ese llorar interior del alma, cnvos misterios 
sí'doá (''1 es dado indagar (1 ). V la pruelia (pie el imelilo (pieria ins- 
tintivamente imposibilitar esa reacción retr(').nrada y peligrosa, 
es la manera c(')mo aceptó la actitud del ]iresidente general K'oca y 
su ministerio, destituyendo á las autoridades eclesiásticas lexan- 
tiscas y mandando fuesen acusados ante los tribunales nacionales. 
El tiscal doct(M' d(ui |{ani('iii l'crreira. canonista > Jurista de re- 



(1) Kl derecho ilr pairunato ij la tiberlad de tiimríenma \mv I'i'm.ix t'iíÍAS. lni|iiiMit:i el, 
la ri-|)úlilic;i. folleto ilc 21 padilla». Moiiti-viilco. ISOI. 



— 150 — 

conocido mérito, decía con motivo del procedimiento del canónigo 
Bailón y del senado eclesiástico dé Salta en 1.S57, lo siguiente: 

Por mucho menos <ine ésto, el gobierno estaba en pleno derecho 
l)ar;i remover á los canónigos, y á cuahiiiier beneficiado (¡ne des- 
conoce su autoridad y le descubra reservas. Por el gobierno espa- 
ñol no s('»l() Jiubieran sido removidos, sino extrañados del país se- 
gún las leyes tei'uiinantes de Indias... ; (1). 

Pero lo singular é incomprensible es que uu escritor ultrannui- 
tiino y fanático, como don Félix Frías, sostenga esta tesis: « Y co- 
luo la libertad de conciencia está íntimamente ligada, como vamos 
á verlo, á la libertad de la iglesia, el i)atronatoen los gobiernos es 
una tiranía (|ue gravita sobre la conciencia misma del ciudadano; 
y es una ofensa y ataciue además á la libertad de cultos, á nienos 
({uc no se pretenda (|ue en un ])aís católico todos loscidtos han de 
ser libres, excepto precisamente el <|ue profesan los habitantes del 
mismo país (2). Si con lealtad sostiene la lil)ertad de cultos, como 
la constitución lo ha establecido, no puede hacer caso omiso que 
el <Milto católico es sostenido y costeado por el tesoro déla nación, 
mientras «pu' los otros cultos son libres, dentro de la esfera legal, 
l»recisamente porcjue su sostenimiento no pesa sobre el tesoro de 
l;i nación, y el patronato es la ciuisecuencia necesaria y lógica del 
hecho (le la fundación de las iglesias, del sostenimiento del culto 
y de las autoridades eclesiásticas ])or el tesoro naci(tnal. Ante esta 
verdad, no ]íuede pretenderse recibir paga para desconocer el pa- 
tronato de ((uien la hace efectiva. ¿Quiere la iglesia la absoluta, 
libertad é indepeiulencia en el culto, dentro de la órbita legal ? 



(1) Obra antes citada, página 228. KesDliición licl gobiui-iio. « Uopartamciito di'l 
Centro. Paraná. 27 de marzo de 1857. De acuerdo cou la vista fiscal, y resultando del 
.sumario justificada la denuncia hecha por el .señor obispo electo en Salta, doctor don 
Ji)s(í Colombres, y el señor arcediano de la mi.sma don Pío Hoyos, contra el chantre 
don Agustín Bailón, por lialier ilcsi-onorido con escándalos los derechos y prerrogati- 
vas de que el gobierno naiional i<ta i-u ejercicio como anexos al patronato de la na- 
ción ; reserven la presente cansa hasta el estnbleciniiento de lo.s tribunales federale.s, á 
quienes compite su resolución y juzgamiento, permaneciendo mientras tanto el expre- 
.sado liailón suspenso de olicio y beneficio en el coro de la iglesia catedral de Salta, 
llágase saber á quienes corresiionibi y iniblíiinesi- con la vista de su referencia. 
Caiíhii.. Ctimpillo. » 

(2) m (Irrrrhn de ¡xilniiialo ij la liliriiiíd dv ninriniria. por Fiói.I.V Fní.\s, Monte- 
video. 



— IJI — 

rroi-liiiiu- l:i lilu'iiad de la i.i;U'N¡a v «I<-1 t-siatlo. \ cuI.'miiu'sc como 
«'II los Kstados ruidos en «1 misino pit- de inualdad do todos los 
cultos religiosos, y i'utoin-es la lihi'itad «le eoneieiuia podrá eman- 
ciparse del patronato, (pie es la eoiisecuentia de ser culto olieial y 
llagado. 

Ks iudiidalile, — dice l-'rías. — (pie el iiatroiiato no puede ejer- 
<'»'rsesiiio por el (¡iie crecen la reliüióiMpie protege: no ha de dedu- 
cirse sin einl>aruo de esta verdad, que donde la eonstitución decla- 
ra al catolicismo religión del estado, el derecho de patronalosea una 
consecuencia th- semejante declaracii'ni, soliie todo en i)aís en que 
existe la liltertad de cultos (1). ; Olvida este escritor ultra católi- 
co (pie el articulo 1 (i de la constitucii'ni estatuye : para ser elegido 
|)rfsidente ó vicepresidente de la nación, se requiere... pcrtciurcr á 
la comunión nilóliva, upostiUicu, roinanti... .' Y hasta esta simple 
cita para contestar al falso ra/onaniiento del escritor intransigente. 
V con <'(Uivicción aparente proclama la iijlctiia lihrc en el rutado 
lilire, lo (pie, si fuera sincero. e(piivale á (lesear la separación déla 
iglesia y del estado, emancipando á (''ste de las cargas del culto oli- 
eial, y colocando el culto católico en igualdad de condiciones con 
los otros cultos ; y sin eiul)argo esa no era su doctrina del culto ca- 
t()lico: su ideal era (pie el tesoro pagase funcionarios (jue no de- 
bieran ohedecer sino al soberano extranjero, aunque sea el Jefe de 
hi iglesia. 

Los eseritíues ultramontanos don F(^lix Frías y don .losé Ma- 
nuel Estrada, (pie desconocían el derecho de patronato y defendie- 
ron y enseñaron la doctrina de la ¡¡ilcsia lihn en el (stado libre, ca- 
llaron, (|uedan(lo mudos, ante las declaraciones del papa Pío IX. 
En la proposición r».') del .S////«/>h.s, el pajia condena esta tesis: «La 
iglesia se debí? separar del estado y este á su vez de la iglesia. -^^ 

Cito estos hechos i'uiicameute para demostrar (pie ese silencio, 
en escritores tau dogmáticos, desiieja la cuestiíui de su asiiecto re- 
ligioso, colocándola en el terreno de la armonía de ambas potes- 
tades, sin mezclarse con los dogmas de la iglesia. 

El escritor argentino Frías sostuvo en ese tienq»» el sistema 
de ("avoiir. del gran estadista italiano, (pie sintetizó sii doctrina 

(1) yrfti». p:i;;iiia (>. 



eu esta sencilla fórmula : cliksn Hhcra ¡ii Ubiro slato ; niifiitras 
({xie el sistema aetualmeute vigente imi la HepáUlica Argentina, es 
el (le una iglesia con i)r¡vilegios y dotaeiones (íspcciales, sometida al 
régimen del patronato nacional (1). El primer sistema es aplicaltle 
á los j)aíses <jne pretenden, y están en condiciones de adoptar en su 
mayor amplitud, el principio <le la libertad de conciencia, líl segun- 
do tiene aplicación eu los países donde es itreciso tributar algún 
homenaie al sentido religioso de la mayoría» El doctor Cliacal- 
taua con muellísima razón, dice : La existencia de una iglesia 
con ])ri\'ileg'ios sin el contrapeso del i)atronato, nos i'ondiiciría al 
desecliado y pernicioso sistema de las teocracias , y esto es lo (pie 
defiende y lo <pie ambiciona el señor don Ec'dix Frías, eu el escrito 
(pie lie citado. Tja existeiu'ia del iiationato con Jurisdicción es- 
pecial sobre la iglesia, — afirma Cliacaltana, — ])ero sin el contra- 
peso de privilegios decretados en favor de «^sta, nos coiuluciría al 
igualmente desechado y no menos iiernicioso sistema de la absor- 
ción de la iglesia por el estado : al panteísmo. La coexistencia del 
patronato y de ciertos privilegios ó inmunidades decretadas en 
favor de t-sta es uno de los medios más eficaces de mantener el 
('(piililu'io, es decir, el orden, en la esfera de las relaciones de la 
iglesia con el estado ('_*). 

La iglesia y el estado, en vez de buscar rencillas imprudentes ('• 
innecesarias, deberían armonizar su marcha dentro del amplísimo 
manto del derecho de patronato, eminentemente americano y (pu' 
liara funcionarios de la una y del otro deberá ser igualmente sa- 
grado, como conii'ui patrimonio del patriotismo nacional. La lucha 
arcaica entre ambas potestades será siempre fatal á la iglesia, á no 
ser (pie vaya directamente á su se]>arac.ión del estado, con lo (|ue 
perdería la posicií'm piominente (pie hoy leda la ti'adición secular. 
Si, como lo entiendo precisamente jtor considerarme católico, el 
el intert's bien entendido de la iglesia — sobre todo en Anu'rica 
— está en conser\ai- su unión con el estado v constituir el culto 



(1) Vaironato naciounl aríjentino. CiientUiHeK de iicliKiliihid .iidirc his rrci'pyoctis relaciii- 
III H df la ¡yle.Hia y del estado, por Cesáreo Cuacai.iaxa. alMiü^idci de Icis frilmiialrs 
iU-1 l'on'i. r:Í!;in;i.s (ilTy (>18. iiuenos Aires, 1885. 

(■2) (lli. cit.. ]>;í.i;¡ii;is (ilT y 618. 



— 153 — 

nticiiil, (Mitoiict's deje ;il üiiltici'iio cix il liis jiistüs i'cü;i1Í;is dt-l cjt'r- 
cicid del |>;itr()li;it(> y f\i¡;ilf. cli ciimltio. l;i |irolcrc¡('iil ffolKMllir;) 
¡iiiipliii ijiic le ilclic. (lotiiiidii i'i los l'iiiicioiiiirioN <'clcsi;íst icds ron 
hiryíiczii — y lio con |;i nM'Z(|UÍnd¡nl del dí;i de lM>y, i|in' Ii- conffdc 
;ipcn;is Ins niiüiijiís del o|ií|(.n() lniniiuctc del ninihoso incsniíucsto, 

— diindtdcs Iji posicii'in soci;d iiut' les toca, y sosteniendo lucnltades 
niii\eisitiiii:is de teoloí;ía para (pie los sacerdotes y los iai<'os (pie 
lo deseen pued.in ciir-.ar altos estndios de teología, de historia 
eclesiiistica. de dereclio eani'iiiico. de las dixcisas disciplinas ipn- 
lioN mismo se enseñan en dichas facultades, por los üoliieiiioN 
sostenidas aiin en países protestantes, como el elocuente ejemplo 
de Alemania lo demuestra. l'or(pie el clero deUe levantarse á la 
mayor altnia. por su si'ilida instrnccií'm cieiitítica. por su respetada 
y (leslioyada posicií'tu social — eniauciiiándidi) de las anüustias 
de! mísero ganapán diario — y con\ iiti(''udolo en clase diiincnlc. 
en lo intelectual, moral y social. |)ara (pn- la ]iol)laci('in cat(')lica se 
honre con ('-I. ^' así podría loürai'se tener nn clero nacional, lini- 
piiindolo de la lepia de tanto inmigrante (pie degrada el li:'il>¡lo 
(pie trae, y haciendo (pie las clases sociales superiores amlHcioueii 

— como sucedía en otros tieinjios — tener reiu'esentaníes entre 
a(pi('l. Clero nacional. al>s(duto, íiitenramente nacional: clero de 
]»osici('ui social diiiiia y desh()<;ada; clero instruido en letras divinas 
y profanas : lie allí lo (pie necesita la iglesia ariientiiia > lo (pie 
alcanzaría rehitivamenrc en corto tiempo si sus hoiiihrcs diiiucutes 
se pusieran al liaMa con los ipie marchan á la cahc/.a del país y. 
sobre la I»ase de un franco recoiiocimieiito del soberano derecho 
de jiatronato, aunaran sus esfuerzos en a(|uel sentido. Para (dio s('>lo 
se necesita i>rudeiicia y c()nciliaci('»n itor ambos lados; y (pie ambos 
lados proscriliiesen la intraiisiiicncia y el fanatismo, como si fuera 
la peste más temible: no espero verlo — pues escribo esto á los 
SO años cumplidos — pero ten<;d fe y esperanza en (pie al.uiina 
vez suceder;!. 

Los (pie pretenden (pU' es injusto (d derecho de patronato. > (pie 
l;i iglesia catí'dica debe ser libre, la dejan c(Mistitiiída como mera 
institiici('tn (le derecho jirivado. lín tal caso, — dice Chacaltana, — 
desaiiareciendo los privilcüios, no es necesaria la JiirisdicciíMi es- 
|iecial inlicrcnte al patronato para inodiicir el e(piilibr¡o. iOste se 



(>bti(Mie y conserva", en >irtn(l sólo de las leyes de orden públic-o 
aidiciidas á las sociedades religiosas, como se aplican á las demás 
sociedades é instituciones establecidas dentro del estado, en virtud 
de la Jurisdicción común del estado sobre todas las personalidades 
que actiíau en su seno (1). 

Yo acepto como necesario el sistema establecido por nuestra 
constitución nacional : juzgo (pie concilla los elementos sociales 
conservadores y los nuevos (pie atrae la inmigración, por la liber- 
tad de cultos, de manera (pie el patronato, autoridad territorial 
vigilante, es una garantía para conservar el orden. Así lo exprest- 
al cardenal Kampolla, manifestándole la conveniencia de qvie los 
objetos de mi misión fuesen arreglados con conciliadora prudencia 
y posible brevedad, precisamente para no dar ocasión á que se le- 
vantare como l)andera política y social la sejiaración de la iglesia 
y del estado, y su ennnencia cardinalicia, conocedor sin duda de 
la verdad del ])eIigro, se mostró del más levantado espiíitu de inci- 
dencia conciliadora, á jiesar (pie á la cabeza de los partidarios de 
la separación de la iglesia y del estado estuvo un tiempo el par- 
tido ultracatólico argentino, rcpres(»utado por don F(''lix Frías, José 
Manuel Estrada (2) y Goyeua. 

El señor Estrada enseñaba en la universidad de Únenos Aires: 
.; No es inli(M-ente, como se i)retende, el derecho de patronato á la 
soberanía... Teneim)S, es verdad, una libertad religiosa declarada 
en el texto de las leves. Pero es una libertad incompleta, porípie 



(1) Obra citada, pagina (ilí). 

{■.>.) Ciii-so fie derecho eonsliti¡ri(iiiiil. Conferencias del señor don .Idsé Manuel Estrada 
e.n la nuivcrsidad de Buenos Aires (tomadas y publicadas por Alberto Martínez, ta- 
quígrafo. Buenos Aires, 1S77) Dice : « El tratado de 1825 con luglaterra había pac- 
tado formalmente la libertad de cultos <lc los ingleses en nuestro país, así como la 
de los argentinos en Inglaterra. Cna ley <!<■ la provincia, de Buenos Aires había de- 
clarado, eu el mismo año, como derecho inviolable de todos los habitantes del te- 
rritorio, el de ejercer pública y libremente su culto. Otra ley dada en la proviucia 
(le San .luán, con alguna anterioridad á la de Buenos Aires, había hecho idéntica 
declaración. Se observa una gran diferencia entre el espíritu de estas leyes y el de 
las constituciones anteriores, á tal punto predominante en el ánimo de los hombres 
públicos del país, que al dar al doctor don Valentín Gómez las instrucciones necesa- 
rias para sus negociaciones eu Europa á fin de coronar un rey en el Río de la Plata 
y Chile, se le enciirgó expresamente, á pesar de la tanta libertad de acición que se le 
confería, que tuviera presente en su negociacicin el artículo de la constitución de 



:ik'<in/.a á totlas las coiiiuiiiniifs rcliíiiosas, monos iiii.i : l.i <i»iiiu- 
uióii reliiiittsa á i|m' |K'rtfiit<('ii loilos los ai'yeutiiios. y <|iic está 
trabada en sus rentas jMin(ue está ainanailaal i)iesii|iin'st<)... (1). 

Ksta esenela. á cuya ealte/.a estal)a el talento ile orailoics distin- 
.üuidos. hacía prost'litos ; y aiarniatla la ^aiita sede |ir<iciiri'> ipic el 
(-oneilio ([ue deelar('» la infaliliilidad y otras cosas. desa]irol)asea(|ne- 
Ila pretensión y qnv su santidad asi lo ordenase. Knniudecierou 
sumisos: desaparecía el peliüTo, (pie podía resur»;ir por los amigos 
<le la liliertad, ]»ara liliraral ])resuiiuesto de sostener un culto ofi- 
cial con la> ciHitiiltiicioucs (pie pauaii todos los liahitantes de cul- 
tos disidentes; y fué ese temor el (pie señalé al cardenal líampolla, 
si en las relacioiu's de la iylesia y del estado no se procedía con 
prudencia, sin discusiones agitadas, por medio de medidas conci- 
liadoras, de las (pu' sí'do se conocería los residtados y no la gesta- 
ei(m (pie las precí'día, jtara evitar (pie resurgieran los doctrinarios 
de la escuela de los ultracatí'dieos Frías y Estrada y (¡oyeiia. 

Aliora bien : para demostrar cual es la extensit'tn del dereclio de 
jtatronato entre nosotros, me bastará examinar una de las cuestio- 
nes (pie han sido más debatidas, á saber, ante (pié autoridad deben 
renimoiar los obispos. 

I->1 obispo (lelabert en oficio datado en el raran;i á "JT de di- 
ciembre de ISSS, dirigido al ministro del culto, doctor FileiUíUi 
Posse, dice : Tengo el Inmor de comunicar á V. lí. (pie con fecha 
'J!t de noviembre el exceleiitísiino cardenal secretario de estado 



1X19 referente al culto y ií l.-i rcligiún; li> (pie pareeía exeluir I:i eaii<li<l:itura «le 
eiialc|uiur ]>ríneipe que no ]ierteiieciera á la eomunión católica. Kii primer liiRar, la 
iuiiiigracióii extranjera. Había llegailo á provocarse el coiitlicfo de intereses entre 
individuos perteneiientes á distintas eoninnioiies reli-^iosas. .Se Iialn'a atraído á los 
«■xtnuijeros. y los disidentes reclamaliun el ejercicio libre de su culto, la consasra- 
ci<in religiosa de la taniilia. y los ritos de las tumbas. Había.se difundido, por otra 
parte, el esceptieisuui religioso en las clases gobernantes de la .sociedad ; y sean cua- 
les fueren las reglas de conveniencia que impulsan á los pueldos á reconocer la li- 
liertad de ciUtos. en los días de la fe las sociedades no ceden á ella sin gran resis- 
tencia y sin vencer muchos escrúpulos; pero cuando la fe disminuye en las almas, 
cuando las creencias des;iparccen de los espíritus y tienden á desaparecer de las 
prácticas de la vida, entonces se arrojan impetuosamsnti' cu las sendas del libera- 
lismo ». Cita la constitución argentina de 1H.58, hoy vigente, las concordantes de 
iMUclias provincias (pág- 49 y .'lü). 

(1) .J<isÉ MaSUKI. Estüaiia. Ciiixu lif ritnclni ronilitucUinal, etc.. página titi. 



15fi — 



me hace saber que su santidad el soberano pontífice lia acejjtado 
la renuncia elevada ])oi' el iní'rascri]»to del cars,o del obisitado del 
litoral, y (jue, acei)tada, es la voluntad del mismo soberano ])ontí- 
fice retensiael (pie subscribe la administiación de la dií'tcesis hasta 
que mi sucesor haya tomado posesión de la misma. Su santidad 
me recomienda i»on.<>a esto en conocimiento del exí-elentísimo ,o()- 
bierno, á fin de cpiese jiueda proveerla vacante de conuin acuerdo 
entre ambas potestad(\s > (1). En julio --T) de ISÍC), el ministro del 
culto, después de los años transcurridos, contesta (lue sólo me- 
diando una manifestación expresa de su señoría ilustrísima ante 
el poder ejecutivo, éste jtodía tomar en consideración su renuncia, 
l)or la parte cpieal patronato incumbe yi»roceder á la presentación 
del reemplazante con arreglo á las disposiciones canónico-legales 
del caso (2). Kl obispo del Paraná, en sei)tiembre de 1 Sí»5, reitera 
id ministro del culto la misma petición de ISSS, haciendo caso 
omiso del oficio jirecedente. El ministro resixuKle, recordando al 
señor obispo el contenido del oficio de 25 de julio de 1 SiCÍ. 

Sin la menor ulteriori(hid sobre los precedentes oficios, el minis- 
tro de iusticia, culto é instrucción ])ública, en V de julio de 1S97 
se dirio-e al mismo señor obispo, manifestándole (|ue debiendo so- 
licitarse del hont>rable senado la venia para presentar ante la santa 
sede á los prelados (pie se han de hacer cargo de los nuevos obis- 
])ados. le pide indique cuál es la diócesis que elige ])ara ejercer su 
cargo. Hacía caso omiso de la renuncia de este obisjto, aceptada 
])()r la santa sede. Respondió éste, desde Santa Fe, el 7 de agosto 
delS<»7, diciendo f/ííc c»-«' m/f.s romicnicntc reiterar sm anteriores 
oficios sol)re sx reiniiieia ante la santa sede. 

Durante los años transcurridos desde 1 SSS. á ninguno <le ¡os mi- 
nistros que intervinieron le había ocurrido oir a! procurador ge- 
neral déla nación, y se mandó llenar este trámite ]>or decreto de 
1 7 del mismo mes y año. 

Kl ]»rocurador de la nación dice (pn- este obis]») fué instituido 
con sujeción al procedimiento establecido ]>ara el ejercicio del de- 



(1) Aiilr,rd,-i,U-x y irsnliiriiiiirx «ohi-f el riilti). i-tc. páginas L'HH y 2S1. Hucuds Aires. 
ISÍIO. 

(2) ídem. páfjiíKis 2:i 1 y -'3.">. 



rtclio (li- patronato, y no liabiéiulose presentado ante \ . \'.., ((111111 
pairoiiii (le la iulesia, la i-ciuincia del jirelado instiliiido coii^litii- 
cioiíaliiieiitecon su acuerdo, la presentada á su santidad en 1 NcSS no 
ha introdueido niodilicacKMi ni alrera(-i(')n en la adniinisti'a(-i('>n del 
prelado. Hn tales eondieiones. el prelado (pU' adminislra la (li('»ee- 
sis eon títidos legales no lia perdido para \'. li. el cariicter de (diis- 
l>o del litoral eon tpie tiu- investido, seiii'in los artículos I v "J" de 
la ley nacional de '_' 4 de no\ iend>re de |ns7. y autorizada ¡lor la 
reciente luda pontiticia .í i\\\v el poderejecutivo lia dadoel pase... 
lia respuesta del prelado diocesano era explícita al respecto, y, al 
tinal de la nota de ."> de julio del presentí- año, decía: INu' lo 
<(ue respecta á nuestra traslacitni al obispado de Santa l'e. esta- 
UI0.S dispuestos á aceptarla, siempre (\\w la santa sede lo resueha. > 
Ksta salvedad no alecta á los derechos del i»atronato nacional... 
El ilustrísinio sefntr obispo del Paraná, explicando al excelentí- 
simo señor ar/.(d»ispo metiopolitano las causas inductivas de su 
opciiMi i)or la di(')cesis de Santa Fe, expresa en su nota de J de 
aftosto del cturit-nteaño. (pie movió principalmeule su, 'mimo el de- 
seo de c(U-tar de raíz el contlicto surüido á causa del camino tomado 
para renunciar, (pu- pensaba del>ía hacer de lado su diudsi('in, \ 
optando |M)r la di(')cesis de Santa Fe, poner término al ((Uillicto sur- 
ijido. En cuanto á la sal\ «'(hid expresada en la nota diliriendo su 
trashu*i(')n, al acuerdo de la santa sede, no tu\() la mente de reno- 
varla cuesri('iu sobre la renuncia, >iuo mauileslarsu creencia (pie, 
ndenfras no se cfjclirc el concórdalo (|uc la consiitiu'¡(>n aulori/.a, 
la traslacii'iii de un obispo dclic hacerse de acueido entreel i:(>bier- 
no nacional y la santa sede . El procurador ücneral de la nación, 
en mérito de estos hechos. Juzüíi ipn^ no hay inconveniente en ])ro- 
cc(lcr ¡i la t'ormacií'in de las ternas. 

Conviene (pie recuerde la opini(')n del doctor don HanKtn Fe- 
rreira, fiscal del estado, emitida en el Paraná el 12 de noviembre 
de 1S.")(;. 

l-",n todos los bcnelicios menores (') may(U-es. — dice. — preiien- 
das. caMouii'ias y dinnidadcs (pie se proveen por |ircsentaci('m del 
•idbieino. cuando se trata de renuncias, los diocesanos y cabildos 
deben proceder c(uitorme á lasleyí^sde ludias .">! y "24, título (i, li- 
bro 1", y á la (•('■dula de I de aliril de 1 7'.>4. E\\ su v irtiid. el cabildo 



(le S;ilta iro luí dchido liact'V ui;ís(|Ut' rlasirtcar las causas en que se 
apoya la renuncia, y aiirobarlas si le parecían justas, (lan<lo cuenta 
al üobieruo patrono, y es])erar <le él su resolución. Tenemos un 
hecho práctico muy reciente publicado en los diarios: el canónigo 
tesorero de la catedral fie Córdoba hizo su renuncia ante el obispo 
electo, encargado allí de la iglesia, doctor don José Gregorio Bai- 
gorri. Este no hizo más tpie clasiticarla, absteniéndose de proveer, 
y dio cuenta al gobierno nacional para esperar su resolución, re- 
conociendo en él sólo la autoridad competente. En el oñ(-io en (pie 
da cuenta dice : Yo creo (pie es de la atrilnición del excelentísimo 
<; señor presidente resolver en el cuso, c(>mo ló es de proveer y lle- 
v: nar las sillas vacantes, y pagar el servicio de ellas y del santo 
culto. Muy bien : si por regla general así se hace en todas las 
]»ro\isiones del ]ia.tronato, con más razón cuanto mayor sea la dig- 
nidad se hace más necesaria la intervención del gobierno; y muy 
especialmente cuando el cabildo no va á (Conocer de la renuncia de 
su vicario cai)itular, ni de un beneficio creado i)or él, sino de su 
propio obisi»o, provisto por el i)atrono conforme á la consfituciiui 
del estado... y por último se advierte con mucho pesar (jue, en vez 
de la tran(|uilidad imi)arcia] (pie debe brillar en funciones tan au- 
gustas, haya precedido un desborde de pasiones con tendencias 
subversivas al orden i)últlico, y jiasta atentatorias á los derechos 
sagrados del patrono (1). 

Y sin embargo de esta opinión de un canonista notable, en la 
OracUUi /¡hiehrc del ilustrísimo sefior (lelabert, el tiscal eclesiástico 
la i>ronuncia increi»ando al gobierno: y esa oración la manda publi- 
car el cabihht «M-lesiástico. para hacer más remarcal)le el heclio {'2). 



(1) Jiilcfi'dciileK !l rci'liicitiiiis H(,liir rl ciilío. cfr.. p.-ii^iiins ll'M y 2L' 1 . 

(2) Oración fúuelirc lU-l ilustrisiino .scfuir Gelabí^rt y Crespo, m ul i'iuicrnl (ii'l <ii;i. 
trigósimo (lespués de su falleciniiento, por G. I. Yañi, fiscal oclesiást.ico. Publicad» 
por (il venerable cabildo eclesiástico paraaeus<^ Paraná. 1898. Dice : « Kl santo padre 
l,.M.ii XIIl le acepta su renuncia, liallando ipic (|UÍcn si- b:i inutilizado cu i-l traliujo 
tii-nc .Icrecbo á algún descanso ; unís In- a(|ui i|uc se cuiícndra un couHiclí.. lliuuado 
con iiropicdad coiifliHo iiii-fi-uslmil. á cansa de la preteusiiin insostenible que renun- 
ciase tauil)ién ante el f.dbiern(). Desde que (d refialisnio ha (|uerido aberrojar á la 
iglesia católica, jamás se ha discutido nni menos funduaicuto. Ks elemental que 
las renuncias se hagan, u.. ante ,■! ,¡ur iHvs,-i,t;. sino .nitc d ,^nv nombra, y aun en 
el caso del goce del patronato, el golii.Tuo lo liabn.i riKiiiilii «ifiv i)reseutado y uo 
nombrado obispo. I>as mismas leyes de ludi:is lo establecen,» 



Kstc tisciil <'cl('si;ísti<-<) iiliilsi'i (le lii fiitc(li;i s;(i:ril<l;i p.ini :it;ir;ir 
:il iiohifiiid. oh idaiidc) (|ni' iluiMiitc td jiolticnio cdloiiial iii.is de 
un viiivy coiitiivo los dt-siuaiifs de picdicadoivs ajiícsivos contia 
el üohicriio; verdad (iiu- <'ste sacerdote conocía poco la historia, 
pues me Itastani recordarle ipie en 1 7(i!i el arzobispo de Cnate- 
inala. Cortes y Larra/., renunci(') ante S. .M. y el ministro (lálvez le 
aniincii) halx r n iiiilo i n nthiiHirlr Iti rinuiiri)i (¡ni- del (ii—obispado 
ttuíii Inclín (1). 

Losarzol)ispad()sd»' nuestras Indias, — dice la ley. — se provei-n 
por nuestra [tresentaciiMi heclia á nnestrt) nmy santo padre. (L. ."i. 
tít. (i, lih. 1 , 1\. I.). Así el fiohierno eliye y nomina el obispo, y lo 
presenta al i>apa jiara (pie le dé su institución. Kse acto se ha <pio- 
rido llamar una nuMa jtostulacióu, como si fuera una súplica del 
interior al superior, y no una venhideva eleccituí y noniluairuento 
del obispo, l'.lriiivauíeute. hasta hoy usan de lasanliüuas lornias. 
Hacen en el consistorio (h»s proclamaciones del obispo, la una eli- 
giéndole, la otra conlinn;in<h)le. Pero esta forma sólo indica los 
derechos del antiüiio tiempo, de <pu' desistieron los pontílices res- 
pecto á las inlesias de América. En el concordato de 1 T.l.'i con la 
corte de Esi)aña se leen estas palabras, bajo el sello pontificio de 
un |»a|ia conu» el señor Benedicto XIV : V no habiendo habido 
tampoco coiitrover.sia sobre la nómiua de los reyes católicos á h)s 
; arzobispados y l)eneñc¡os de las Indias >, etc. Esto bastaba ¡tara 
acabar toda cuestii'ui sobre la imi»ortancia del acto <pie, reducido á 
njera postulación, podría el papa no acceder yne¡>ar la institución, 
cosa (pie no ]iuede hacer, y (pie niiiiii'in efecto tendría en el so- 
bierm» del obispado... Los canonistas más defensores del poder de 
los pa]»as, cinindo tratan de esta materia usan de verbos, nombrar, 

(l) .\-NH>xiii lÍATi:i:s .Iaiiíkoií, (liinlemalii liltiariu. ;ifi<) 1, ihíiiktii ti. aitiuiilii 
La ciudad de (¡ualemala. VA almsivo lenguaje usado por rl sacerdote Yafii, tiene .su 
correctivo legal, citaría lo siguiente : « Promovieron en el piílpito. — diie .Matamo- 
ros. — frailes y clérigos ignorantes y llenos de orgullo, uue.stiones impertiiieutes. 
doctrinas dudosas que perturban los ánimos de los incautos fieles, y tuvo el rey cpir 
sancionar la ley 23 del título 1», libro I". Oispónese en esta que los jtrelados man- 
den !Í sns subordin.idos (pie no alinsen del sagrado ministerio, y «pie sólo se contrai- 
gan en sus sernumes ¡í ensi'fiar el camino de la virtud y de la moral, ordenando ipie 
los trilmnales y justicias celen sobre este punto, corrigiendo á los desobedientes v 
conteniendo los excesos que notaren. (Maniinl rtrl niinlisln. ¡tr.. rlr.. )ii.r l':iiri<i.. 
Matamoros. Linu. ls7:.>. I v.. j.a'g. MI y 92.) 



clcíjir, poiíjiic cl't'ctiviiiueiiU' fli,n<" y iioiiilna Jil obispo, y el \n\\y,\ 
leda la institución caiióiiifa, coiiio sucede en todos los henelieiíts 
eclesiásticos para los cuales el soberano [¡resenta los individuos 
(pie lian de t)btenei'los y sin embargo nadie dirá <pie el ordinario 
nombra los curas, dignidades y canónigos (1). 

El fiscal eclesiástico paranense, en 1S71, ignoraba lo que ense- 
ñaban los antiguos juristas: cuando se hace indigno de la inmu- 
nidad el (jue proíána el templo á (pie se acoge, y del)e hallar ma- 
y(n- la pena, (piien aumenta hi culpa con la solicitud insolente del 
estilo (■_'). Tan poco dado aparece á las indagaciones, ([ue olvidí'i 
las opiniones de respetabilísimos sacerdotes publicadas en el M<- 
laoridl ajustiuUt, reconociendo en su gran mayoría el derecho de pa- 
tronato, t'un(hido en su señorío y alto dominio, como dice el doctor 
don Domingo ,\chega. 

El patronato de (pie los reyes españoles usaron, — dice Mata- 
moros, — (jue no se les disputó, y (pu' reglamentaron, no íw una 
concesión de Koma, no fw una delegación : hw un derecho inhe- 
rente á la nación, la (pie el rey representaba, obtenit^ndolo porque 
miintenía al clero, (pie siendo funcionarios piíblicos, del)ía ser á su 
satisfacción. El re> (jue, hablando en el senti(h) de los m(mar(iuis- 
tas, representa la nación, tenía dereclio al patronato que los pueblos 
ejercitaron, y los tenía nuicho más fun(hido, (pie el que ejecutó el 
clero... (.'{) 

V para los espíritus levantiscos conviene recordarles lo resuelto 
en el concilio lateranense, capítulo XLU: Así como (pieremos 
(pie los legos no usurpen los derechos de los cl(''rigos. así debemos 
querer (pie los cl(''rig()s no usurpen los derechos (hí los legos. Poi' 
lo cual, maii(hinu>s á t()(h)S los ckn'igos que ninguno, so color de 
potestad eclesiástica, extienda su jurisdicción en perjuicio de la 

(1) Dociou DON Dai.mai'Io Viól.KZ Sahsi-iki.I), Ihificlw públim cclexiáxiico. Hrlii- 
cioiiCK del raliiilii ctin hi iiilrsiii m lii iifilifiiiii Ami'ríra rsptninlti. l'.ni'iios Ain-s. 1S71. p;í- 
Rina 88. 

(2) Dhcui-dia de lu concordia, iiiiiuitiesto juridicu apolofíftivii por la jurisdicción 
real, en respuesta (le un libro que. con el título de Concordia de la discordia eu iiu 
punto grave de inmunidad eclesiástif-a. escriliió el licenciado don Alonso de In Cueva 
P(mcc de León, profesor en un tiempo de jurisprudi-ncia. Linuí, IToO. 

Cí) l'ATiucio Maiami)1;<)^. Mannal del reiialixta, ríe, \KÍa\n¡i 21, 1 volumen. Li- 
ma. 1772. 



justicia secular, y \o ([iic es del ("«'s;ii' se dé ni ("('■sai-, y lo (¡iie es 
de Dios, á Dios (1). 

Recordaré una vez más — |iara moslrar, la iniportaucia ([ne se 
dal)a y la ateiici('>ii con ([iie se observó por el «iolderiio español las 
ri'.üalías y los derecliosde iiatroualo. — las ]>alaliras con que el rey 
concedi<'> licencia para imprimir el lil)ro intiliilado: l-Jiscurso jurí 
(livo-liislórico, eserito jior don .losé .Vivare/, de Abren... (pie i»er- 
tenecen :i mi corona <le ("astilla y León, con pleno y absoluto 
dominio. l¡is vacantes mayores y menores de las iulesias occi- 
dentalo: > para que lo pudieseis imprimir, sin incurrir en [tena 
al-tuna... (2). 

(io/ando sus majestades en Castilla pordereclio, antiuua cos- 
tundire, justos títulos, y concesiones ajiostédicas, el derecho de 
l»atronos de las iglesias catedrales de estos reinos, — dice Alvarez 
de Abreu, — y la [iresentación de los arzobispos, obispos, prelacias 
y abjidias consi.storiales. aun antes cou mucho de las bulas de Sixto 
\' del afio 14S2, que les había concedido la postulacióu, y las de 
.Adriano VI, que concedió formalmente al em])era(l(U' Carlos \' y á 
sus sucesores la facultad de jiresentar en todos los obispados é 



{1) Regio paironalo esjmíiol hiflitinn. por el paitii' Matías Gómez Zamora, dil sa- 
grado orden de predicadores, página 58. Madrid, 1897. 

(2) Victoria Keal Le<;al. | Discurso líuico | jurídico-histórico | político solire que 
las vacantes mayores, | y Menores de las i};lesias de las Indias Occidentales. | perte- 
necen :í la Corona de Castilla y León | en jdeno y absoluto | dominio. | Conságrale | 
A la anjjusta, soberana | y Catholica Majestad | del Key nuestro señor | Don Felipe 
Quinto I por mano del ilnstrísimo .Señor | Don Domingo Valentín Guerra, del Consejo 
de I su Mage.stad. Arzobispo de Amida, Abad de la insigue | Real Colegiata de S. Il- 
defonso, y Cfmfesor | de la reina nuestra señora, | Don Antcmio .José Alvarez | de 
.\breu, Alcalde visitador del Comercio entro Castilla y las Indias | C(m privilegio. 
Madrid. Imp. de Antonio Maim | Año de MDCCXXVI. 1 vol. in folio. En el voto 
mbre la obra, ijue es un prefacio, dice Pedro de JIoutalva y Arze : « Kutre los bienes, 
que dan motivo á la aparente escal)rosidad de esta obra, ,v comprenden los referidos 
texto.s, en que los autores la fundan, unos son los frutos de la dignidad, que se de- 
vengan después de muerto el prelado que la poseía, hasta la venida del nuevo i)osee- 
dor, que se llaman frutos de la dignidad, que tocaran al prelado difunto, si 
viviera, .v tienen en esta obra el nombre de vacaiitcH. Otros son los frutos de la 
dignidad, y bienes, que ellos dejan adquiridos, cuando fallecen los prelados; j de 
estos se componen los eupolion. V otros, que también dejan adquiridos, pero Do 
hiliiitii eccleiia', ni con los frutos de su dignidad, sino es patrinu)uiale.s, heredados, 
legados, ó donados á los prelados por sus parientes ó amigos, ó alicndi, sin respeto á 
la dignidad; y no procediendo la duda en estos últimos, quedamos... para la disputa 
con los primeros. » 



iglesias (le EsiKiña; era llano (|ue del inisiuo derecho dclíían ,<>ozar 
eu las IiKÜas por la arrcsiún, por ser aquellos reinos agregación y 
anexión á los de Castilla y León. Por dueños absolutos del terreno 
<iue ocupaban las iglesias de las Indias, les resultó también el pa- 
ti'onazg'o universal, pues la fundación es título legítimo jtara ad- 
quirirle. Por haber erigido, construido, dotado y enriquecido eu 
rentas, las i>rimeras catedrales de las Indias, les resultó un dere- 
cho de i)atronazg<) indubitable; pues es dis]»osición expresa de la 
iglesia cat(')]ica, (pie poi- cuahpiiera de a<|uellos modos se adcpriere 
esta autoridad. Por haber sacado a(piellas tierras de manos de in- 
fieles é idólatras, debelándoles y convirtiéndoles á su fe; les vino 
á sus majestades un derecho de patronazgo el más excelente y 
más poderoso (|ue se pudiera discurrir; jioriiue este mérito es más 
recomendable que el de dotar, construir y fundar iglesias, y la 
santa sede le tiene graduado por de la mayor aceptación y creden- 
cial. En fuerza de la segunda bula del papa Alejandro Vi, en (jue 
se comunicaron á sus majestades los mismos derechos de patro- 
nazgo y i)resentación de l)enertcios (pie estaban concedidos á los 
reyes de Portugal en sus conquistas ; les competía un derecho tal 
y tan exhorbitante, couio lo es el que goza acjuella corona : pues 
en su consecuencia hace y ejerce en sus nuevas tierras, cuanto 
nosotros hoy en las nuestras > (1). 

Los embajadores de su majestad en líoma hicieron presente á 
.Julio II, que ocupaba la silla apostólica, cnanto habían hecho en 
las Indias donde á la sazón liabía fundado tres iglesias catedrales 
y una m(ítro])olitana é iban disponiendo otras, sin muchas < fun- 
daciones de iglesias particulares, monasterios; su santidad, — dice 
xUvarez de Abren, — (piiso concederles mayores facultades por su 
bula expedida en Roma á 28 de julio de l.")()S, habiendo prece- 
dido sobre esto consistorialmente una diligente y madura delibe- 
iaci(')ii, con acuerdo y de unánime consejo del sacro colegio, con- 
cedió á los señores don Fernando y doña Juana su hija, reyes ca- 
tólicos, y á sus sucesores i»erpetuaniente en Castilla y León el 
derecho de patronazgo, qiu' ]>retendían, con la cláusula siguiente : 



(1) AxToxio .Icis]'.iMl Ai.VaKJCZ, IJinc.itrso jiirídico-Iiisíórico-politicu, etc.. 1 yol., ]>; 
illas 12(i V 127. Miidrid. 



(^)n(Miin.nuna iftiesi.i iiu-tiopolitaiiii, catt-diiil, colegial, íiharial, 
l>an(>(|tiial, votiva, monasterio, convciito, liosiiital, liosjticio, ni 
otro luíiiir pío ('i iTliyioso. de la ciase y ,i;ra<liiaci(Hi (|iie fuese, se 
pudiese en Indo el estado de las Indias elidir, insiiliiir. Iiindar, 
dotar ('i consiruir. sin ¡lui' |>reeediese d perniiso de sii> majestades; 
y (pie en la ya entonces eriyidas y edilicadas, y (|ue en adelante 
se erigiesen > editieasen, tuviesen > (■¡ereiesen, como patronos úni- 
cos é iiisolidimi lie ellas, el dereciio de patronazgo y de ]»res<'ntar 
arzobispos, (diispos, prebemlados y heneticiados idiuu-os, y la nctmi- 
iiaci(')n en otros eualesipiiera olieios eclesiásticos ó laicales, como 
ipiiera anexos y dependientes de ellas (1). 

l'lste autor critica la clasificación de patronazgo eclesiástico, 
conu) le llaman dos leyes de ludias, y la doctrina del lamoso trata- 
dista Soli'nzano, y otros regnícolas, enseña que es i)atronat(» laical 
piu-eldesculuinnentoy eonipiistadel nuevo mumloá (•()sta delareal 
liacieiida. > lialier dotado á iiilesias y monasterio:, con a(pu'l caudal, 
y haberlo concedido por bula de los suuk.s poutí'ices de su proprio 
motu, para su conservación, y de la Justicia (p:.' á él se tenía (L>). 

El obispo \illarroel iccuerda al.í;um)s casóse i)eciales sucedidos 
en Indias paia (pu-se cobre InuTor, — dice, — á derogar al<i-o al 
justo res]iel() (pie se le debe al patronazíi'o real ; entre otros 
casos: cedida real en (|ue reprende al arbozis|)ode Lima por haber 
proveído un benelicio sin ]»reseutación, en perjuicio del patro- 
nazgo real, y al arzobispo de México se le dio á entender cuan 
« deservido se muestra el rey, cuando se perjudica en al^oal i)atro- 
nazgo real (.'!). l'or cédula datada en Madrid á .■'. de mayo de 1 5 7o, 
el rey se dirige al arzobispo de la provincia de (iuatemala. diciéu- 
dole estar prohil>ido (pie ningún prelado haga colaciiMi de lu-neti- 
cio, sin niu'stra presentacii'ui : la nuest ra audiencia real de esa pm- 



(1) Olira oitiiila, ])á<;iiiii 129, artículo 1". partí- \'I. 

(2) íileiii, ídem, págiiiias 129 y 130. 

(3) (iobirrno ecleitinHlico ¡mcifieo \ Y unión de loa (¡os cuchillón \ Punlijicio ;i rcijio. | 
Segunda parte | por | el doctor | Don fuay GasI"AI£ de Villahhokl, de la Orden 
de San Agustín, Obispo de Santiago de Chile, y al presente de la Iglesia de Arequipa, 
en los reinos y |>rovincias del Perú, del Consejo de S. M. | Al Rey Niuístro ,Serior en 
Su .Supremo Consejo real di- las Inilias ! Año de 11)57 | Con Privilegio | Mailrid. un 
vol. in folio, piíg. (il I. 



viücia, donde se llevó la causa por vía de fuerza, declaro por autos 
de vista y revista, liaberse hecho fuerza al dicho (laspar L(')pez, 
y le maudaron amparar en la posesión del dicho curato; con lo cual 
se ha quedado en él, y llevado sus frutos y aprovechamientos, ni 
(lue el dicho licenciado Eamón.gozare de su beneficio... » Tramitado 
este asunto ante el consejo de indias, el rey expidió cédula : < Por 
la cual os rueiio y encarii'o, que veáis la provisiíui de presentación, 
que mandamos dar al dicho licenciado Ramón, del beneficio del 
pueblo de Caluco, en la instalación que en virtud de ella le fué 
hecha, y la guardéis y cumpláis en todo y por todo, según y como 
en ella se contiene y declara, amparándole en la posesión (pie 
tiene del dicho beneficio y curato ])erteneciente, y le son debidos 
desde el día que se le hizo la institución de él, y con los ({ue de 
aipií en adelante cayesen... » (1) 

Kl i)atronazgo real, — dice el obisiio N'illarroel, — abraza tantos 
puntos, que tal vez dudan en algunos de ellos los ¡irelados, lo cpie 
dio origen de la real cédula fecha en Madrid ál!) de diciembre 
15!>;>, dirigida al arzobispo de México : <, Yo he sido informado que 
sobre el cumplimieuio de algunas cosas contenidas eu mi real patro- 
nazgo, se ofrecen de ordinario dificiiltades y diferencia entre los 
prelados, virreyes, audiencias y gobernadores de esas j)rovincias 
y estados, las cartas y ])rovisiones tpie se desi)achan acerca de su 
soberanía > cumplimiento, y en los demás casos y cosas que las 
pueden y deben despachar conforme á las leyes y estilo de estos 
reinos; V ponjue concedido el dicho patronazgo, por autoridad 
apostólica, i)or muy justas y legítimas consideraciones, y haberse 
guardado á mí desde entonces sin consideración alguna, parece 
que conviene (pie ahora y de a(pií adelante se guarde más, y mejor 
([ue hasta aquí se ha hecho, sin que acei'ca de ésto se haga, ni 
intente novedad alguna jtor vuestra parte, y de los demás prelados, 
preten<liendo aplicaros alguna cosa de las (pie me están concedidas 
y me pertenecen por el dicho patronazgo, y no se sabe, ni entiende 
con (pu' causa algunos de vosotros los dichos i)relados dudáis 
de su cumplimiento... En la misma conformidad se desi>ach(') 
(■•'■(hila al marcpiés d<' Cañete, en la (pie se da á entender (pu' 

(1) Olí. cit.. ii;í,^iiiii (ill. 



sf lialiíii escrito ;il ;ir/.((liisii;i(li) de Lima cu el iiiímiki sculith» (1). 

La ctMliiia (le l'clipc III (Ia<la cu Madiiil ;'i ."> de diciembre de 
KíOS. ,|iie es la ley 'J.'i, títidu 4", liliro 1, de leyes de Indias 
ordena: (|iic los presidentes de (jhiito. y La IMala. tcn.<;an 
el üdl)icriio ccicsij'istico del (li>irilo de sus audiencias, y las otras 
justicias, olieiales y reales, y enconu'nderos, no se cnircmclan en 
nitmlirar curas (•_'). 

^le lie extendido en dt'nioslrar la importancia que el íi'ohierno 
español dio al dereclio de patronato y á la defensa y conservación 
(le las regalías, para deniosirai' (pu' la icnuncia del oliispo del 
Paraná, señor (ielal)ert, interpuesta directamente ante la santa 
sede, no fué correcta ni usual, y por lo tanto la fundada razón del 
patrono para (pie fuese ante él (pie la presentase, y por su inter- 
medio á la santa sede, y así lo sostuvo transcurriendo año tras año 
sin proveerla diócesis del Paraná, sirviéndola el ohispo sumariante 
ante sus relaciones en el gobierno argentino. Tanto (pie, dividida 
la (lióeesis primitiva y creadas otras nuevas dentro de su antigua 
jnrisdleciúu, solicitó el ministro del culto del oiyi^iio del l'araná, 
optase por cuál de las diócesis (pieria conservar su rango de obispo, 
y éste, ])ara poner término á la disidencia de años, prescindií') de 
que la santa sede le hubiera a<-eptado su renuncia, y opt('), como 
ob¡s])o en ejercicio, i»or la nueva diócesis de íSanta Fe. De esta ma- 
nera los hechos reeoncícieron el buen derecho defendido por el 
patrono, y, dada la prudencia del cardenal líainpolla, me atrevo á 
suponer (|ue el obispo (íelabert al dar ese ])aso, lo hizo con auto- 
rización coufldencial del secretario de estado de la santa sede. 
Fundo mi oiiinión en las explicaciones (¡iie el obispo señor (iela- 
bert dio al señor obispo, y es evidente cpie no podría invocar la 
autorización expresa de la santa sede, pues sin su pre\ ia a|)roba- 
oi(hi no había procedido como obis](o, cuando se la lial)ía acejita- 
do la renuncia. Esta s(duci(Mi fué prudentísima. 

La extensión de los derechos de patronato se encuentra contii- 
inada en toda nuestra historia eclesiástica: así, por ejem]ilo, en lo 
relativo á la creaci(Ui de nue\as di(')cesis. 



(1) 1(1.111. ii;i;íiii:isi;i."iy Ulti 

(2) Ob. cit. 



La ar(iiii(liócesis de Buenos .Vires comprende lii eapital de 
Buenos Aires, la isla de Martín (rareía, y los territorios nacionales 
del Eío Xegro, Cliubut, Santa t'ruz, Tierra del Fuego é Isla de los 
Estados. La de La Plata, la provincia de Buenos Aires y el territo- 
rio de la Pampa. De maneraíjue la antigua diócesis del obisiiatlo 
de Buenos Aires (pie, durante el gobierno colonial, comprendía 
las islas Malvinas, y todas las islas y territorios del sur hasta el 
Cabo de Hornos y el límite de los Andes, (pied('t dividida por el 
mismo gobierno nacional en virtud del derecho de patronato, y la 
santa sede aprueba lo propuesto por el golúeruo... Su santidad, — 
dice el cardenal Kampolla, — teniendo en cuenta por una pártelas 
diücultades no peípu'ñas que en los momentos actuales deberá 
encontrar monseñor el arzobispo jiara enviar sacerdotes á los terri- 
torios nacionales del sur, y por otra parte, las necesidades espiri- 
tuales de esas poblaciones, ha decidido ((ue establecida la jurisdic- 
ción del modo ya indicado, queden provisoriamente; en tanto (pie 
el respetable arzobispo no pueda enviar sacerdotes á los nuevos 
territorios de la arquidiócesis, el vicario apostólico de la Tierra 
del Fuego (piedará bajo la dirección de los benenu^ritos religiosos 
salesianos, del mismo modo que actualmente se encuentran ;> (1). 
La misión especial cerca de la santa sede, i)or nota datada en 
liorna á .') de febrero de ISíH, transmite la nota del cardenal Kam- 
polla, y llama la atención mu\- especialmente sobre los deseos 
manifestndos por su santidad res])ecto á los derechos ad(piiri(hts 
por los misifuieros salesianos. Absoluta omisión sobre el derecho 
de patronato y las regalías que corresponden i»rivativamente al 
sol)erano territorial, pues no hay derechos ad(piiri(h>s, sino bonda- 
dosa tolerancia del ])atrono para las misiones salesianas; ([ue, 
cuando lo resuelva el gol)ierno, creará los diócesis (pie convenga, 
sin (pie este interinato i)ueda entenderse renuncia de sus re- 
galías (2). 



(1) Anteredentes y resoluciones sobre el riiltn. cit.. 1)í;!;ukis 1S2 y 183. 

(2) El obispo titular de Magida, seiior .)u:iii C:if;liiici, rn olicio dirigido al ministro 
justicia, culto é instrucción píUdica (Memoria elevada al congreso en 1873), dice: 
« lOsla breve exposición de obras de caridad, de, beneficencia y de enseñanza cientí- 
fica ó iudustriiil <•]! lavor de los indígenas y de la niñez abandonadas, en las misiones 
de la l':it iigonín IhiUKHa. como es de cs|icrar, la atención de su alta iuteligencia. bon- 



Lo siii,i;iil;ir t-s (|uc el prociiiiidor ii;ici(iii;il |m)1- mi iiola ilf I '.• >U- 
abril (le 1 S!»7. dice: (^)iic l:i liiilii de S. S. Lím'hi XI 1 1... no scopoiu^ 
«'II sii> (lisposicioiK's liiii(l;mi('iitalt's, ni ;'i las |(r<'rro<;'ati\ast'stal»l<'- 
i-iilas en la coiistitiu-ióii, ni á los dcrc-rlios del patronato nacional, 
que, según aipK'lla, ejerce el <><>l»ienio argentino. > Xinjiuna salve- 
dad, niiiunna reserva expresa sobre lo resuelto, amnpie transito- 
lianieiiie. i'i t'a\orde los misioneros salesiaiios ;í quienes iikiIk ¡iro- 
priit el pajta ciuitiere Jurisdiccii'in en los ti'rritorios nacionales del 
sur, en \ i(daci('>n terminante del patronato, por(pi<' las desiuiia- 
ciiuies de las autoridades eclesiásticas corresiionde al patrono, y 
los reyes de Kspaña, y los ü(d>iernos independientes, después, no 
la eoncedieriui al sumo poutílice. VA prtx-urador nacional se alu- 
cini'> <MMi ipie en la bula deleniiina llenar los \()tos del jiobierno, 
según su pedido . La corte suprema, por resolucii'm datada en Hue- 
llos .Vires ;í ■_'■_' de aliiil de ISÜT. resuehf de acuerdo con la 
opinión del procurador general, y, por lo tanto, incurre en la mis- 
mísima é inexcusable comisi<'m <le salvedad <lel patronato. 

La dii'icesis del «ibispado de liiienos Aires, durante el gobierno 
colonial, comprendía la misma extensión geográlica d<'I gidtierno 
iuteudencia de ese uoudire, y ejercía jurisdicción eclesiástica, y la 
ejerció (1), De manera (pie, .si esos territorios no (¡uedaron incluí- 
dos en el nuevo obisjiado, y fueron teruiiuaiitemente asignados á 
la arquidiócesis por la división jurisdiccional eclesiástica que lii/o 
el gobierno nacional, aprobando su santidad, con límites, el go- 
bierno de ese territorio de la ar([uidi<'icesis, no pudo constituir 
una excepciiui para «pn- lo conliriese á los misioneros salesianos, 
y que el nnnistro encargado de esa comisión esi)ecial tuviese el 
candor de hablar al patrono de los demlios ud(¡ ni rulos por ellos, 
cuando S(Ui imprescriptibles las regalías y el derecho de i)atronato. 

Este procedimiento no tiene exidicación ni excusa. Si en al- 



<l:i(l y jiistii-i:i. ]iar¡i ipic. coiiio los años aiitorionís, ipiii-ra aymlariiiis con alguna sul(- 
vención, ¡í tin itf f|U<'. si<|nii'ra en jiartts snlraj^ne los ffranik's ¡gastos qiie la cou¡j[rfga- 
cióu salesiana Liistca para la evangelizafión de aquellos vastos territorios <le grande 
porvenir para la República Argentina » (ob. cit., pág. ó6.3 y 564). 

(1) ViCKNTK <T. QcKSAiiA. Kl rirrcinato del Uto de la I'lala, etc. (Bncnos Aires, 
1880), obra en la cual se individualizan con actos de jurisdicción eclcsiiística en las 
cuatro ¡lotilaciiines tiiiidailas en el uiar del sur, y en las misiones, etc. 



— 168 — 

yún plinto de dereclio público eclesiástico los gobiernos de Amé- 
rica, — dice el doctor Vélez 8ai>sfield, — no pneden cederá la corte 
romana, es precisamente en esto. 8(j1o el gobierno del territorio 
puede conocer la poblaciiín y la riqueza de nn distrito. Solo él 
puede pesar todas las conveniencias de la creación de un obispado 
y determinar su extensión por los datos estadísticos, por el núme- 
ro del clero, por la posición topogrática de los lugares... Por lo 
demás, tenemos leyes positivas sobre la materia dadas para Amé- 
rica, y la autoridad de la ley civil ha acabado felizmente con las 
interminables cuestiones de derecho canónico, de lo espiritual y 
temporal, y debe ella prevalecer sobre los orígenes de los derechos 
y sobre toda otra consideración cual(|uierá. Mientras no se dero- 
guen, ellas solas deben gobernar: y aun cuando la silla ai)ostólica 
pensara no reconocerlas, tendríamos á los menos el derecho del 
statii (¡no, el itli possidctis, hasta ([ue por los dos poderes se acor- 
dare otra cosa > (1). 

Lo que dejo expuesto demuestra tpic la santa sede reconoce ese 
derecho tácitamente algunas veces, claramente otras (2). 



(1) Dalmacio Vélkz SahsfielI), Derecho ¡iiihUco ecleítiástico. Ilclaciones del estado 
con la iglesia en la uiiliiiim America española. Edición ilc 1S71. ii:Í!;inas 84 y 85. Bue- 
nos Aires. 

(2) « Desde la emaucipaeión todos los gobiernos de la América española, — dice el 
fiscal doctor Ramón Ferreira — tuvieron la conciencia de que les convenía y debían 
aceptar la continuación con las mi.smas cargas y deberes, que desde el descubrimien- 
to de América habían soportado, referentes al sostén del culto católico, religión del 
estado y de nuestros padres. Por consiguiente, también la convicción de que, con las 
cargas y obligaciones, pasarían los derechos y privilegios anexos al patronato que 
habían ejercido los soberanos de España, existiendo las mismas causas, los mismos 
fundamentos, los mismos intereses políticos y religiosos. Existe el mismo origen, 
continuaba la misma sociedad con las mismas leyes bajo distinta forma de gobierno, 
ejerciendo sus derechos y obligaciones sociales. Todos los estado.s, sin excepción lU- 
uno solo, sancionaron en sus constituciones la ley de .sostener el culto y llenar tnilus 
los deberes del patronato real, fundar, ilotar y sostener las iglesias y sus ministros 
con la renta pública, lo mismo que en ti< inpo de la monarquía. Además, sostener 
misioneros para la conversión de los infieles salvajes, ene había sido el verdadero 
origen y objeto primordial de las concesiones y regalías del patronato. Existen 
también las mismas dificultades para ser bien atendidas las iglesias por la enornu^ 
distancia de la corte romana, la misma necesidad y conveniencia que se tuvieron 
antes en vista para la fuinlación del patronato, pues sólo había mudado el lugar y 
el carácter de la soberanía regia en republicana ; seguía la misma legislación espe- 
cial para los indios, que habían creado las necesidades y circunstancias, con derecho 
civil y eclesiástico americano. Colocados en esta, posición todos los estados iudepeu- 



L;i ley .".. título 7 . lünn 1, del ((mÍímo de IimÜíis, dicf: li'oiiaiims 
y iu;iii(l;iiiius ;i los prclíhlos de nuestras ludias qiu- üiiaidfii sus lí- 
mites y distritos señalados, como hoy lo tienen sin liaeer novedad, 
y eu cuanto á las nuevas divisiones y límites, se el'eetúe lo suso- 



ilientes, ini tliuluruti euiitiiiiiar eu lii ]i(isesiúu de todos los deredios y rejralías ant-- 
xas al patronato, como di- la .soberanía. Todos lo consi«:naron en sn derecho püldi- 
co, r al menos mientras no hubiese uu nuevo arrejtlo con la santa sede, tendrían 
nn derecho incuestionable al »(<iíi/ (/iio y iili porntidetiii. Los gobiern<is no han podido 
comprender cuál sea la ventaja para el buen servicio del culto, y en qué sentido 
pueda mejorar, dejando i-Ilns de ser patronos, cesando la acción inmediata, y tenien- 
do que ocurrir para todo :í la silla ronnina ; ni tampoco alcanzan á ver la justicia 
para privarles de las rej;alias remuneradas cou el sostén de todas las carjias y obli- 
gaciones... Por eso ha haliido opiniones que la mente de su santidad no sería per- 
petua, sino mientras pasasen las revoluciones de la edad primitiva de estos países, 
y siempre se cuenta con que, entrando en la vía diplomática, se harán arreglos en 
buen sentido. La Kepública Argentina ha sancionado lo mismo en todos su códigos, 
fundamentales... y á excepción ile tres ó cuatro individnos, todos reconocieron 
anexos á la soberanía del estado los derechos y regalías del patronato, sin menosca- 
bo... el gobierno nacional hizo la presentación de candidatos á su santidad pa- 
ra la provisión de cuati-o vacantes... y uno de los electos fué el señor Arellauo 
para el obispado de Córdoba : pero con pesar hemos visto que su santidad, aunque 
ha provisto eu la misma persona, lo hace exclusivamente por título, eligiéndolo 
moíii proprio, como si no fuera presentado, siu traer á cuenta para nada la nomina- 
ción del gobierno, ni siquiera como postulante. La bula dirigida á S. E. el presi- 
dente, hace nna al>solnta prescindencia. como no olvido, del pedido hecho por el 
mismo ; y se reduce sólo á nna simple recomendación del obispo instituido. En la 
bula de institución dice su santidad que ha llegado á su noticia de un modo posi- 
tivo, la vacación de la diócesis por relaloa tirlrriinnon : y no ha teuido á bien, ni para 
este objecto tau sencillo, nombrar el conducto fidedigno que ha sido el mismo presi- 
dente, que le ha pedido... la provisión de cuatro obispos... Tampoco puede couci- 
liarse la existencia del obispo tau independiente de la autoridad nacional, que dota 
y costea las iglesias, desde el vino para la misa y los sueldos de todos los funciona- 
rios. ¿Cómo podrá (juedar reducida la cuestión á puras cargas y deberes, y nada de 
derechos de parte del gobierno i... Y si sn santidad hace la provisión sobre la base 
del ileber del gobierno, no de una simple protección como la que se dispensa tí todas 
las religiones, la prescindencia se pone entonces en conflicto con el verdadero .sentido. 
« Hace tiempo ya. — dice la misma bula, — que hemos reservado á nuestra ordenación 
y disposiciiin las provisiones de todas las iglesias, ya vacantes ó que vacaren, decla- 
rando desfle entonces írrito y de niugiín valor lo que en contrario se hiciere acerca de 
ésto, á sabiendas ó por ignorancia, por cualquiera quo sea, y por cualquiera auto- 
ridad... En la que (provisión) sigue después, nadie sino Xos pudo ni puede entre- 
meterse, existiendo la reserva y decretos sobredichos... » y estando. — agrega el fi.scal, 
— en posesión tranquila del derecho de presentar todos los de Europa, Portugal, Espa- 
ña, Francia, no parece justa ni legal una excepción cou los de América que han esta- 
llo en posesión de aquel derecho... Es vista, pues, que en los gobiernos representati- 
vos no es conciliable otra práctica ni legal, y la misma es observada en el Brasil, 
Portugal. España. Francia... ■> i Aiilfi-filrnli!< i/ rr^filmiones nohre el ciillo, páginas 268 y 
siguientes). 



(ticílu), (l()ii(l(^ nos no pi'o\'eerenios otra cosa . Y lo recomicinla te- 
niendo siempre atención á que la división paia lo temporal se vaya 
conservando y correspondiendo cuanto se pudiese con loespiritual . 
El arzobisi)o de Buenos Aires, invocando la luda de León XIII 
de 1.") de febrero lS7 7,en Buenos Aires, en marzo del misno año, 
procedió á la erección délas nuevas diócesis y anjuidiócesis... sin 
perjuicio de que continúen, — dice, — por ahora, el vicario apos- 
tólico de la Patagonia y la i»retectura apostólica de la Tierra del 
Fuego, hasta tanto (píelos prelados estén en condiciones de poder 
enviar mieniln'os del clero diocesano para el cuidado espiritual de 
iuiuellas vastas regiones ■ (1). El arzobispo nada dice que previa- 
mente la bula obtuvo el ('.requalur, mandando el presidente le fuese 
remitido original i»ara que pudiese desempeñar las diligencias de 
ejecución que le fueron cometidas por el sumo i»outífice: procede 
por la comisión de su santidad y nada dice (|ue salve el patronato 
del soberano territorial, y son notables sus autoritarias iireten- 
siones : '. declaramos : que estas erecciones y circunscripciones, 
con todas las disposiciones que en ellos se contienen, han sido he- 
chas por Aos, en virtud de la autoridad ai)ostólica (lue ejercemos, 
y con la misma mandamos que sean observadas estrictamente > (2). 

Este arzobispo olvidó que sin el exequátur del soberano no ha- 
bría podido cumplir la comisión de la santa sede, y por tanto (jue 
debió haber hecho referencia de la conformidad del poder tempo- 
ral, ponpie esa omisión era estudiada, puesto que su antecesor 
había comunicado al gobierno (pu^ los obispos no tenían cimcien- 
cia de palo '■-; y, esta vez, la tenía de unu-ha perspicacia para des- 
conocer la regalías del patronato. 

Conviene se tenga presente sobre el vicario de la Patagonia, lo 
([ue dice Vélez Sarsíield : «... en 17S4 un pleito particular del ar- 
zobispo de Valencia con su provisor hizo dar el decreto de l(i de 
julio de aquel año, ordenando (jue el arzobispo luciera i)resente 
á la cámara del consejo la persona (pie destinase para el proviso- 
riato, para (|ue con la aprobaci('>n del rey se llevase á efecto el 
nombramiento, y si hubiese legítimo reparo en ella, se mandase el 

(1) .liitccriliiilis ¡I rrxolncioncs sobre el cidUi, etc., p;íg-iiiil l'Jtí. 

(2) ídem, id.-iii, págiii:! l'.IS. 



iiizoliisiMi (Ule iiroimsicr;! «Hio inilix idiin. llii el iiiisiiio ¡iño. iiiiji 
oirciiliir (If la cámai;!. ild l'J «le ¡lüosto. ortlt'ii<M|iif lo icMicltn ics- 
I»e»-t() al aiz(>l>is|u> (It* X'alciicia tucse jüt'iii'ial á todo el R-iiio. De 
estas ónleiies se loniió despiies la ley 14, título 1", lihii) '_'", X. 1\. 
líespecto de Aim'-riea nada se lialiía piox i>.to hasta i|iie por coiisMlta 
del consejo de Indias, se expitlii) la cédula de 4 deayosto de 1 T'.Mi, 
en la ((ue se dice : ipie el rey lia venido en aprtdtar sobre el uoni- 
liraiuieutí» de provisores d»' a(|Uellos dominios, la le.\ acordada piu- 
la junta particular del nuevo código de las Indias, cu la i|Ue se cu- 
earjía á los arzoiiispos y ol>isp«is,(|iie, cuaiuloeliuierou ]U'o\isoresy 
vicarios <ien»'rales... para ejercer Jurisdicci('>n, lo pouíian «'U noticia 
«le S. M. y mereciendo su aprol>ación se lleve á efecto su utuubra- 
niiento... i>ero si los luunhrados se hallaran cu la> ludias, dar;iu 
(liclia noticia para los mismos íines á los virreyes y presidentes con 
cuya ajírohación se piuidrán en posesión de sus empleos (1). ;Se 
ha cumplido con este re(|nisito para (pie ejerza jurisdicción el vi- 
cario apostólico de la PatajííUiia .' No consta en los docvuuentos 
imblicados. 

Conviene oliservar además (|ue la santa sede, en la bula dada 
en Koma, en San l'edro, el 1."» de febrero de 1S!>7, estabh'ce ipu- 
el <>ol>ierno argentino envió al ministro ("alvo para tratar déla 
erección de las nuevas di(')cesis: propuso á esta santa sede lo <|ue 
había de tratarse para ipu' c(Ui nuestra suprema autoridad y ¡i 
norma de los cañones se llevase á efecto, mientras tanto, por la 
bula expedida á 'J.> de diciembre de l.SoS, elsanto ])adre había ex- 
presado por las ¡iresentes (letras) reservamos á nos y á esta santa 
sede el decretar una nueva circunscripción de la diócesis, al arbi- 
trio nuestro y de la santa sede, en cualipiier tiem)»o <|ue haya de 
hacerse, ("ito las i)alabras de ambas l>ulas |»ara probar «pie, por 
ladfe 18í>7, terminantemente reconoció el patronato del üolderno 
en la división y crea<-i<'in de nuevas diócesis, puesto (]ue acepta y 
aprueba su santidad lo [iroyectado por el patrono, desistiendo de 
hacerlo á su arbitrio y el de la santa sede. El hecho establece con 
elocuente evidencia (pu- la prudencia conciliadora con laque acon- 
sejaba el secretario di- estado, cardenal líampolla. ol\idaudo la iu- 

(1) DaI.MaCIo Vki.KZ S.\HSKn;i.l>. Driechu público nlri'itiKlirii. etc. 



triuisigeiicia antorituria de la Imla de 185S. Y esta equitativa pni- 
deiieia hace aun más inadmisible el procedimiento del arzobispo de 
Buenos Aires, ([uien al cumplir el encargo (pie le confió su santi- 
dad, liace estudiado caso omiso de la iniciativa del soberano del 
territorio en la creación de las nuevas diócesis, tpie su santida<l les 
dio la autoridad eclesiástica con arreglo á los cánones. Persuadido 
estoy (]ue si se observa el procedimiento de este prelado, la santa 
sede no lo sostiene, en mérito de las precedentes observaciones. 

Los liedlos lian justificado mi opinión de (pie no es necesario 
celebrar concordato, ])ara mantener la concordia entre ambas 
potestades : la liistoria eclesiástica argentina suministra antece- 
dentes ilustrativos. 

En 1s;íí4 expidióla Imla de erección del obispado de 8an Juan 
de Cuyo. Fray .Insto de Santa IVfaría de Oro, obispo y vicario apos- 
tólico, s()licit<'i ilcl gobierno de San .Juan otorgase el correspondien- 
te cxcíituitur á la bula expedida por su santidad Gregorio XVI, 
creando este obispado. Oído el fiscal don Domingo Albarracín, 
expuso: Finalmente, si animados los fieles cxui las sagradas pro- 
mesas de su santidad se pronunciaron por medio de sus gobernan- 
tes por la creación de un nuevo obispado de Cuyo y erección de 
su catedral, y todo ésto se halla en nuestras manos... Xada (pie no 
sea conforme á lo (jue los mismos pueblos en Tuyo han solicitado, 
siendo de notarse el continuo recuerdo (pie hace su santidad de los 
tres estados distintos ([ue componen la provincia de Cayo y de sus 
tres gobiernos, íntimamente federados á este respecto, (pie es lo 
mismo (|ue reconocer su indei>endt'ncia, su soberanía y patnmato, 
y con tal iirerrogativa (pie, si \my i»rimera vez se ha reservado su 
santidad el nombramiento de su primer obispo, ásii nombre y por 
el (h' sus sucesores, jiroinete (pie para lo sucesivo serán confirma- 
dos é instituidos los (pie fueren presentados por la autoridad civil 
de este iiaís, ])rivilegio de cuya excelencia se dirá algo... Por me- 
dio de un concierto en (pie, sin sul)ordinación ni dependencia se 
hace brillar la majestad de ambas potestades, disipó el célebre 
fiscal M. Oilbert Voisins t(tdos los abusos (¡ue en esta parte y en 
tan delicada materia pudo introducir sus acaloramientos irreflexi- 
Aos, y i>arece (pie el gobierno de San Juan hubiera estado en el 
corazón de este ilustre magistrado cuando, resumiendo los votos 



tli'l católict) Cuyii inanilV'statlos foustauti'iut'ute (h'sdc los tratados 
lie lliiaiiacat'lii' en t-l afu> 2 7, cflehnMMtu el revcriMido obispo y 
\icai'io aiiosti'ilico el concordato de 'Jfi de octulirc il<' I s;>;i, cu el 
(|ue, anticiiiándosc ;'i las dudas y oltjccioiics (¡uc |mdicraii susci- 
tarse acerca de la creaciiiii de este iincN'o obispado, y ;i (lUe sirven 
de bases: 1" el sostener la relii>ióii apost('tlica romana en el país de 
Cuyo, con exclnsjiui de otro culto; '_'" la observancia exacta «le los 
saífrados cánones, di>cipiina y moral de la ¡ulesia. inmunidad real, 
local y i»ersonal eclesij'istica ; .'V suinisi('»n y obediencia al soberano 
|iontílice, con otras iu'op(uci(Uies no menos útiles (pie ventajosas á 
la creaci('in del nuevo obispado... lis decir, losdelas ref>alías de un 
patronato cati'dico y los de la a|tost<')lica silla del sucesiu- de san 
l'edro... De modoípM', abundando este dictamen (de la cámara de 
apelaciones de Chile, con moti\o de la bula substituyendo el obis- 
]io de C(mcei>ción) en los principios s('»lidos del i)atronato y su ori- 
ut'u. serrín (pu' lo lian ilesionjido las leyes, á saber: l'undacií'ui. 
edilieación y ilotación, nos ha emiti<lo una norma más clara y se- 
üura, (jue nada hay más (pie desear para (¡uitar esos «iiaudes es- 
crúpulos con los te(')lo}>o.s, y los políticos á su vez se han dejado lle- 
var... Xo pudiiMidose, por otra parte, ne^-ará los sumos imperantes 
el derecho exclusivo de su alto patronato en todo aquello tpie c()n- 
cierneal orden público, estando á la mira de (jue t*ste no sea per- 
turbado por alfiuna otra potestad: de a(iuí proviene tambitMi el 
derecho de examinar las bulas pontificias, no menos (pie cuahpiie- 
ra otros dii»lomas de soberanos extrañes, en razón de (¡ue si estos 
pueden ser en aljiún sentido subversivos ó poco decorosos ; del 
mismo ino(h) la santa silla ha consentido y (jniere ser sinoular en 
esta parte, siendo de notar que este privilegio, (jpor remunerativo 
<) por su larga po.sesií'ui, se ha convertido en un derecho impres- 
criptible, añadido á las prerrogativas de su temporaria natural es- 
tera, y cuya práctica sufre la misma ifilesia en honor del ]iatronato 
elesiático en los soberanos cat(31icos, sin ipie ('-stos jamás hayan 
desconocido su propio origen (1). 

V continúa el fiscal Albarracín, dicieinlo... Los actos de exa- 
minar las bulas ]iontitici;is, ya sea de ereccii'ui de iine\'os obispados. 

(1) AulerrArnlf ;i nxoliirioiirx milnccl viilln. etc.. ]>:í;;iu:i< 144 y 14.">. 



17+ — 



ei'ecci(3u de catedrales, unión ó divisi(')n de diócesis, institución de 
obispos, traslación de éstos, etc., no tanto porcuie se persuadan los 
supremos gobiernos que ellas pueden contener ni lo más leve con- 
tra las regalías temporales de su nación, ó contra los derechos na- 
turales del patronato, cuanto ¡lor hacer de cuando en cuando un 
justo alarde de esa nobilísima investidura romiuidl, bajo el brillan- 
te asjyecto autoritario de un pase y cúmplase en cosas (pie son co- 
mo es|)irituales, ó ayuntadas ú lo esi)iritual (1). I''l santo padre, 
])or este hecho y las declaraciones de la bula, no estaba en las prác- 
ticas <le la curia romana tratándose de países cuya independencia 
uo había sido reconocida ; y para demostrar la honrosa excepción, 
rccuenhi (¡ue : Cuando Portugal trat(') de separarse de la España, 
año de l(i4(), se hicieron durante la contienda gravísimos esfuer- 
zos para que la silla ajiostólica facilitase al rey de Tortugal don 
.luán IV la presentación á las sillas vacantes; y á pesar de que esta 
nación se hallaba apoyaihi por la Francia y la Inglaterra, nada se 
pudo conseguir hasta tiue uo se lirim') la paz entre las potencias 
beligerantes. Cuando el santísimo padre Pío YU fué i)uesto en li- 
bertad por Napoleón, el rey de Inglaterra solicit<') vivamente cpie 
se le concediese el patronato eclesiástico de todos los l)eneflcios é 
iglesias católicas existentes en sus dominios, haciendo las más 
suntuosas jtromesas para ocurrir al sostén de los obisi)ados, cate- 
drales, seminarios, etc., á que se agregó la extraordinaria eflcacia 
de su embajador en Poma : no obstante todo esto y los grandes ser- 
vicios (pu- se habían pr(\stado por éste en el congreso de Viena, 
sóloponpu'se ojiuso el clero irlandés alegando su antigua pose- 
sión, s<'negó esta gracia áaipiel soberano, sin permitirle ni un solo 
voto. Sin salir de nuestros días y de nuestro suelo, durante las 
convulsiones intestinas de Ksi)aña no se admitieron ¡tor la cuiia 
romana las presentaciones hechas por la i'cgcncia del reino hasta 
<pie, suelto el rey de su cautiverio, se lo contirnu') ('J). 

En Chile, (h)ude existía un vicario apostólico con extraordina- 
rias dificultades, el sui»remo director del estado sólo podía presen- 
lar para las dignidades y beneticios inferiores á los obispos, eiem- 



(1) Dlii-.l citildü. ]i;íf;illil 117. 
(■-') ídi'iii. p:í,niiiiis 117 y 118. 



l>l(>s ((lU' iinicl>;iu ipif (MI estas üiicrriis cix ilcs oliscrsc') alisoliita 
reserva para la iucsi-iiiaiiini (l('ar/t>l>is|»(is v oltispns... ; A pesar tle 
tollo esto. — dice el liseai AlUarracíii, — su sautulad (ireyorlo XN'i 
promete á su iiomlire y el «le sus sucesores (pie serán a<-eptatlas 
para la silla episcopal del país de Cuyo los que fuesen noiiil)rados 
jior sus goliieriios : ha luauitestado uua iiredilecci('>u tan sinjuular 
hacia nosotros, (pie no teniendo ejemplar en la historia, nos pone 
en el deher de la unís exfiaordinaria firatitiid. 

El liohernador de San .luán, en altril 1 ."i de I s;;."> expide el crc- 
¡1 u(t I it r i'i la huía de creacii'in del oliis|)ad«i en Cuyo... resultando 
(pie no oteiide, perjudica ni c(Uitraviene, á las re<ialías y preemi- 
nencias del patronato del uobieriio de la provincia. Llama la 
atenci('>n (pie no iiiler\ iiiiese el encarnado de las relaciones exte- 
riores. En IS.iTel doctor don .Ios('' Manuel Euí'rain de (^)uiroiia 
Sarndeuto sol¡cit(> del <>()liierno de liueiios Aires, eiicaríiado délas 
relaciones exteriores, el |»a.se de varias bulas de los ]»apas Leí'ui 
XI! y (Ti-ejiorio XVI, entre ellas la de laereccii'm de la di(')cesis de 
("u>(), y su elecci('ui de oliis)>o de la misma. El camarista (pie des- 
empei'iaha las funciones de liscal, se exi)idi(> eu !• de octubre de 
l.s;?!>. Consta (pie el gobernador de San Juan envi('» las bulas y 
breves pontificios ¡lor disposicit'tn del deciclo de 'J7 de febrero de 
1S.'57 y las i)resenta(his separadamente por el (h>ctor (^)niro.<>a Sar- 
miento, todas para (tbteiier el cxiquatur. Las bulas eran : 1" la dada 
en Ikoma por Leiín XII en 1.") de diciembre de l.S'J.S, por la (pie 
proN'ee el obisjiado vacante de Taumaco (¡u partiliHs ¡)iji<lit¡i(ni) en 
el reliyiosi) dominicano de la comunidad de San .1 iiaii de ( 'uyo, fray 
.Insto de Santa María de Oro: Ü" otro breve de su santidad Lcími 
XII. expedido en Koma á -'2 de diciembre de IS'JS, por el cual es 
instituido \ icario apost<')l ico en lo espiritual cu la i»i'o\iiicia de Cuyo, 
en el obis))a(lo de ('(U'doba, el reverendo obispo de 'raiimaco. fra.\' 
• Insto de Santa María de Oro; .'V breve de su santidad (íreii(>ri() 
XVI, exjK'dido en Koma á -."> defebrerode 1 S.'{4. fijando losdías fes- 
tivos y de media tiesta en lasprovinciasdeSan .) uan. Mendoza y San 
JjUÍs; 4" bula de su santidad (irejiorio XVI e\]iedida e! I !• de sep- 
tiembre de l.s.>4 eriiiiendo en catedral la iylesia de .San .luán de 
Cuyo, y nombrando ol)is|»o y pastor de esta iulesia al reverendo 
obisjio de 'raumaco. t'ray .Iiisto de .Santa María de • )ro : ."> exhorto 



de Gregorio XVI, datado cu líoiiia á .'10 de septiembre de ls:54, 
recomendando al ¡¡uelilo de la oindad y diócesis de Cnyo el respeto 
y obediencia al nuevo prelado; (!" exhorto de la misma fecha á los 
feligreses de la iglesia de San Jiian de Cnyo; 1" lo mismo al clero 
y diócesis de ( 'uyo ; S" breve de Gregorio XYI absolviendo al 
reverendo de Tanmaco de cualquier sentencia, censura ó pena 
eclesiástica, pai-i su traslación al episcoi)ado de 8an Juan de Cu- 
yo; 9" breve de Gregorio XVI, dirigido al reverendo arzobispo de 
la Plata (Bolivia) dado en lloma á .'íO de septiembre, anunciándole 
la erección de la nueva iglesia episcopal de San Juan de Cuyo y 
el nombramiento de obispo ])ara esa diócesis; 10" el mismo breve 
y la misma fecha, dirigido á los obispos católicos residentes en la 
América Meridional (1). Suspendo la larga enumeración de breves 
(jue el ñscal señala y ([ue se refiere en las páginas 150 y 152 de la 
obra (pie he citado Antccefícutes y resoluciones sobre el culto. En esa 
época, el obispo fray Justo de Santa María de Oro había fallecido, y 
los breves que le eran personales no exigían vista fiscal ni resolu- 
ci('>n alguna : aconseja se archiven en el ministerio para perpetua 
constancia de la falta de formalidad con «pie fueron obtenidos y 
puestos en ejecución. 

« Lo primero que es de considerar, — dice el camarista que des- 
empeña el ministerio fiscal, doctor Lahitte, — es la bula ereccional 
del obisi)ado de San Juan de Cuyo y á este respecto siente decir el 
ministro fiscal que en un asunto de tan grave importancia los proce- 
dimientos no han sido arreglados al orden y forma (pie establece, 
por una parte, el derecho can('tnico, y exigen por otra los derechos 
del poder sobei'auo de la nación, cuyo ejercicio en este importante 
l»uuto compete á V. E. por la especial investidura que le han com- 
Icrido los gobiernos de las provincias confederadas. La división 
de un obispado y la erección de una nueva diócesis son actos que, 
si bien deben ser investidos de la sanción pontificia para obtener 
hi competente legitiuiidad ([ue exigen por sí mismos el ejercicio de 
de la jurisdicción eclesiástica y espiritual, y la consiguiente vali- 
dez de los actos administrativos, no menos deben estar sujetos al 
conocimiento, aceptación y aprobaci(ui de la suprema autoridad 

(1) Aiitmulrntrs 1/ resol iiriiiuea sabrr el ciillu. etf., páginas 156 y siKuieDteS. 



C'i\il, fii (Uaiitii se iclarioiíJi con los iiitcicscs polílicds del i'slndo 
t•()lH•('l•lli^'lltt^•< iil liiifii (irdi'ii. tiaiKiuiliilad y hiciu'star de sus lial>¡- 
taiiU's, para lt> cual es tk> necesidail las uiá.s veces oii- aun á la au- 
toridad eclesiástica local, sin cuyos informes sería casi siempre ]>e- 
ligi-oso alterar el orden existente > (1). 

Observa que ni intervino la couii»etente autoridad civil ui la 
eclesiástica de la di<k'esis dividida; i)erocomo se han ejercido actos 
Jurisdiccionales, tratándose de un hecho realizado, Ju/.íia (¡ne con- 
viene hacer caso omiso de tales irre.üuiaridades : cree isiualmente 
prudente, y de pi'il»li<-a conveniencia, suspender todo i)riiiiuncia- 
niiento (pie tienda á sancionar ese mismo hecho, (jue interesa sin 
eml»ar<;() respetar. Aconseja el pase ó exequátur á la bula de erec- 
ción del ol>ispado «le San Juan de Cuyo, en lo referente á la erec- 
ción del obisi»a(lo, reteniéndola en todo lo demás que contiene la 
bula; dejando á salvo los derechos del obispado de Córdoba por la 
<lesmembracióu de su territorio jurisdiccional, y el de las provin- 
cias de Mendo/a y San ]jUÍs, á fin de ((ue opten por continuar bajo 
la antiiiua jurisdicciiui del obispo de ('(udoba ó someterse al nue- 
vamente erecto. 

Concretándome en este estudio á los puntos coniprendidos en 
las instrucciones de mi misión confidencial ante la santa sede, y en 
manera alo:una á un estudio general del patronato y las materias 
en detíilles de la jurisdicción eclesiástica, prescindo de la vista fis- 
cal del doctor Lahitte sobre días feriados y otros. El fiscal oi)ina se 
dé el i)ase á la elección del nuevo objsjio de Cuyo, salvando el pa- 
tronato en esta fónuila: y por ahora y ]irovisionalnicnte, sin per- 
juicio de cualquier derecho en contrario y de lo que concibe mejor 
los intereses generales y jtarticulares de la iglesia y del estado !^ (2). 
Opina por la retención de la bula dirigida al arzobi.spo de La Plata, 
por tratarse de autoridad en territorio extranjero, y por el hecho 
dejaron de ser sufragáneas las iglesias catedrales en territorio ar- 
gentino, con reserva de representar oportunamente á su santi- 
dad los motivos (pu' hacen necesario el estalileci miento y sanción 
de un nuevo orden gerárípiico dentro del territorio de la repúbli- 

(1) Antecedente' y reiioluiioncí nolire el culto. p:ígin:t 152. 

(2) Oí), cit., p:íf;in,T ir.4. 



ca. :> Aconseja el pase al breve sobre juramento del obispo eleeto 
doctor Qniroga iSariuieuto, sin per)nicio antes de entrar al ejercicio 
de sn jurisdicción, jure ante el gobernador de 8an Juan ó según se 
l)rocedió en la diócesis <le Buenos Aires cuando fué trasladado del 
obispado de Aulón (iii partihux ¡nfidelium) nombrándole ¡jara la de 
Buenos Aires ; propone la fórmula de este juramento ;. en el cual 
se salvan los dereclios y prerrogativas nacionales que habrán de 
tenerse presentes cuando llegue el caso de ajustarse y concordarse 
en la santa sede todo lo concerniente á estos puntos > (1). 

En Buenos Aires en 18 de octubre de 1S.'59, el gobernador Eo- 
sas, encargado de las relaciones exteriores, dictó un largo decreto, 
de conformidad con la vista tiscal de que hice referencia. 

Eespeto de la diócesis de Cuyo, organizada la república por la 
constitución de 1883, el congreso del Paraná dictó una ley, cuyos 
artículos establecen : «1" las provincias de Mendoza y San Luis 
continuarán interinamente sujetas á la jurisdicción eclesiástica del 
obispado <le San .luán de Cuyo; 2" dichas provincias, como todas 
las de la confederación que dependan de la jiu-isdicciini eclesiásti- 
ca de otra, si juzgaren conveniente ser erigidas en diócesis sepa- 
radas, organizarán y remitirán al gobierno nacional el expediente 
necesario para formalizar la debida i)ostu]ación y ]>rovisión canó- 
nicas ; 3° el gobierno dará seguimiento á estos expedientes á pro- 
porción qne lo permita la situación del tesoro nacional, previa la 
aprobación del presupuesto correspondiente de erección; y desde 
luego, si los compromisos voluntarios (pie se impusiese alguna 
provincia, lo autorizasen á ello. Esta ley la mandó cum])lir el 
l)residente general Unpiiza, ])or decreto tirmado en el Paraná á L'4 
de julio de 185."). 

Címviene (pie recuerde las di()cesis (pie crearon \\uv división de 
los obispados, anteriores á la creación de las últimas, (pie, en la 
misión esiiecial que me confirió el presidente Pellegrini, solicité 
de la santa sede la erección can()nica, la cual fué al fin otorgada ; 
pero antes de esa última división de la diócesis se cre(') el obispado 
del Paraná, desmembración del de Buenos Aires, y de ello voy á 
dar circunstanciada noticia. 

(1) íiliMii, ii;í,!íin;i 135. 



— 17!1 — 

Monseñor .Mariano 3laiiiii, aiv.ol)is])o de l'alniiía .\ delegado 
ajiostólieo eii las repúblieas del Jíío de la Plata, I*ara.i>nay, liolivia 
y ("hile, dietó esta resolneión : El año pasado de l.s.-jS. nuestro 
exeeleutísinio señor padre Pío IX, deseauílo vivamente sniíveuir 
á las iieeesidades espirituales de los íieles cristianos que liahitan 
las tres dilatadas provineias de la ('»mtederaeión Ar<;entina, llaiua- 
ilas en el idioma del país Santa Fe, Hntre Píos y Corrientes, se 
dignó darnos sus órdenes y autoridad para desniemivrarlas de la 
vastísima diócesis de Buenos Aires, ó de la santísima Triniílad, y 
pava «pie confiásemos provisoriamente su administración espiri- 
tual á un vicario apostc'ilico á beneplácito de la santa sede. En cum- 
pliiuiento, pues, de lo ordenado por el «íobierno pontificio, efectua- 
mos la desmemhracióu de las predichas provincias jxtr medio del 
correspou<liente decreto, el día 4 de ai>'osto deleitado año; y nom- 
bramos y constituímos vicario apostólico délas mismas al venera- 
ble sacerdote doctor Miguel \'ida]. Posteriormente nuestro señor 
padre, acogiendo benignamente las preces del muy ilustre gol)ier- 
uo de la Confederación Argentina, dispuso llevar á cabo la institu- 
ción, nuiclio tiemjio ha pedida de un nuevo obispado, en las tres 
provincias referidas, y mandó exjtedir al efectc» unas letras apos- 
tólicas, con el sello de plomo, cuyo tenor es como sigue... (1) 
En esa bula, se lee lo siguiente : : Y á la verdad, hace poco 
tiempo que el ilustre gobierno de la misma confederación ha en- 
viado ex profeso por embajador ante esta santa sede al señor mi- 
nistro plenipotenciario, nuestro amado hijo Juan del Campillo, 
jtara <[ue, á más de otras cosas, presejitase á nos reverentes súpli- 
cas á fin de obtener (pie se ponga en ejecución la erección de un 
nuevo obisitado, (pie desde uiiu-ho tiempo se desea allí. Con este 
designio, nos mandamos el año pasado ipie las tres extensas ]»ro- 
vincias, esto es, las llamadas vulgarmente la i)rimera de Santa Fe, 
la seguntla de Corrientes y la tercera de Entre Píos, se desmem- 
brasen de la vastísima diócesis de Buenos Aires, ó de la santísima 
Trinidad, como Cí)nsta se hizo ya, con nuestra autoridad y de la 
misma santa sede, por nuestro venerable hermano ílariano Marini, 
arzobispo de Palmira iii ¡xirlihits iiifidt litim y delega<lo apustólieo 

(1) Olí. cit.. piíjiinas ItiO y Uil. 



cerca de dicha confederación : pero de forma que la espiritual a<l- 
miiiistración de dichas provincias quedase confiada provisoriamen- 
te á un \'icario apostólico, á beneplácito de la santa sede, en aten- 
ción á la urgente necesidad de estas mismas provincias, que tienen 
una extensión de 14. ()(»() leguas cuadradas... Teniendo en vista 
todo ésto, y queriendo acoger benignamente las preces del antedi- 
cho gobierno... y supliendo plenamente por el tenor de estas mis- 
mas letras de nuestra suprema autoridad apostólica sobre todas 
las iglesias, el consentimiento de todos y cualesquiera, que tengan, 
piensen ó presumen tener intervención en este asunto... de motii 
irroprio^ de ciencia cierta y con la plenitud de nuestra apostólica 
potestad, confirmamos para siempre aciuella desmembración de las 
tres provincias de ¡Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, de la dióce- 
sis de Buenos Aires, que con autorizuciím de esta santa sede se 
hizo ya por el enunciado Mariano ]Marini, arzobispo... Por tanto, 
recomendamos con toda eficacia que el mismo gobierno de la Con- 
federación Argentina, como oi»ortunamete se lo ha proi)uesto y lo 
ha prometido, se empeña en trabajar cuanto ante, en el lugar más 
á pi'opósito de la ciudad, y en honor del arcángel San Miguel, un 
nuevo templo, que, ya por su arquitectura y solidez, ya por su ex- 
terior y ornato, corresponda, mejor al honor y dignidad de una ca- 
tedral » (1). 

Llamo la atención sobre esta exigencia, porque, á (piien se pide 
tan dispendiosa contribución para el mayor brillo del culto, no se 
le puede negar las regalías del patronato como soberano territo- 
rial, que costea todos los gastos del culto. En aquella fecha en la 
ciudad del Paraná no estaba aún concluido el templo en San ]\[i- 
guel, pero la catedral se ha erigido en la plaza princii)al y en el sitio 
(pie ocup(') la antigua iylesia matriz, erigida como primera catedral. 

El fiscal doctor don Kamón Ferreira, á quien se dio vista de la bula, 
expuso « (pie la desmembración y erección de la diócesis paranense 
queda legal y canónicamente instituida. Mas el fiscal se halla en la 
dura necesidad dere])roduciraquí las reservas, que ha manifestado 
ya en sus vistas á las bulas de institución de los obispos de Cór- 
doba y Cuyo. Entonces, como en la bula i)resente, su santidad lia 

(1) ()1>. cit., iiií^'iiia 163. 



ISl 



lir<R'*'(li(U) niutit proprio luiia todo, y uo se lia iliuiiado tomar eu 
cneuta jtaia nada e! dcrerlio do i)atronato del ¡ioltierno argentino, 
(|iie la eoiistitnción del estado declaia y saneioua inherente á la 
soberanía de la naeión, sin nienüna alguna de la manera y modo 
eomo lo ejercieron los reyes de España... Su santidad, lo mismo que 
antes, insiste en no reconocer el patronato en el í;()l)ieriio de la 
confederación, ni para los henelicios ni oñcios menores, y hasta la 
conjLirua sustentación y la tarifa económica de gastos, la {irovee 
moiit proprio... Tiene, pues, el u-ohierno no solóla necesidad .sino 
la obliiíación estricta de no otorgar el pase á las bulas n lueves 
juMititicios, sin hacerlas restricciones y reservas necesarias, como 
se ha hecho en his bulas de institución de obispos. En ]»rimer lu- 
gar, la ereeci('>n de las iglesias catedrales, temitlos y conventos, lo 
nusmo (pie la <livisión territorial de las diócesis y curatos, necesita 
del común acuerdo y consentimiento de ambas autoridades ecle- 
.siá.stica y secular > (1). 

Tan exacta.s eran las doctrinas defendidas con admirable cons- 
taucia por el doctor Ferreira, que así lo i-ecouoció al tin su santi- 
dad. Datada en Eonia á 1" de febrero de 1S97, el cardenal secre- 
tario de estado comunica al ministro argentino acreditado ante la 
santa sede, « que el santo padre se ha dignado acoger favorable- 
mente en los términos en (pie fiu' presentada la solicitud del go- 
bierno argentino, sobre la erecci('»n de las tres nuevas diócesis de 
La Plata, Santa Fe y Tucumáu... Por tanto la santa sede aprueba 
también la nueva circunscriiK-ión de las ocho diócesis... :> Es ter- 
minante (pie el santo padre no procede en este caso motu proprio, 
puesto (pie aprueba la solicitud del soberano del territorio creando 
tres nuevos obispados y dividiendo la extensión Jurisdiccional an- 
terior, y esa iniciativa es el ejercicio del ])atroiiato, (pie su santi- 
daíV reconoce, puesto (pie aprueba los términos de la solicitud ]»re- 
seiitada i»or el gobierno argentino. Este resnlta(h) final, es la más 
elocuente demostración del buen derecho de las reservas (pie se 
hacían á bulas y breves que sólo hablal)an de motu proprio en las 
resoluciones que afectaban la jurisdicci(in eclesiá.stica en el terri- 
torio argentino. 

(1) Obra, citada., pán^iua 172. 



— 182 — 

La bula á que se refiere el cardenal Eampolla, est<á rte acuerdo 
con esta doctrina. « En América, — dice Solórzano, — se hace la 
erección por el soberano, dotando la iglesia, al prelado, las digni- 
dades y canongías, y se envía luego á la santa sede para que ella la 
apruebe y confirme, como siempre se lia aprobado y confirma- 
do (1). « Ni su santidad, — dice el fiscal Ferreira en la citada 
\ ista, — podría motu proprio erigir una iglesia ó dividir una dióce- 
sis si laaut(n'idad civil se negase á dotarla y sostenerla ; ni menos 
oldigar á aceptar los funcionarios (pie no merezcan la satisfacción 
del patrono. 

El i)oder ejecutivo en el Paraná dio el í^iguiente decreto : ... y 
considerando (pie en la expresada bula ajiarece la erección del 
obispado paranaeiise sin hacerse menci(')n alguna del alto patro- 
nato (pie corresponde al gobierno nacional, pero teniendo en vista 
(]iie la mencionada erecci('m del obispado paranaense íik' solicitada 
por el gobierno, y (jue es urgente proveer al mejor servicio y di- 
rección de las iglesias argentinas. Acuerda : otórgase el pase á la 
bula de erección presentada, sin perjuicio de las regalías, costum- 
bres, leyes ó decretos de la nación, declarando uo consentiíhis 
en el exequátur las cláusulas que exclu\en la intervención del 
gobierno en la (li\isión y erecci('tn de la nueva diócesis para- 
naense... > (2) 

En 2(> de mayo de lSÍ)o, monseñor Padilla solicita el exequátur 
de la bula que le instituye obispo de Salta, siendt» ()bis[)o de l*en- 
tacomia ni iHtrtibus infideiimn, presentado para el cargo por el pre- 
sidente (lela república, habiendo conducido yo mismo la carta au- 
tógrafa dirigida al sumo pontífice nombrándolo i»ara ese obispado, 
y desde Koma el 17 de octubre de 1 Sí>2,.telegrafi('' al ministro de 
relaciones exteriores: «Deferente cardenal IJampolla, autoriza co- 
miin¡(pie (jue será preconizado obispo de Salta el doct(n' Padilla. >^ 
I'jI procurador de la nacií'm se exi)i(le diciendo: : Las reservas que 
la bula de su santidad consigna para la provisión de todas las igle- 
sias sin (pie nadie hmju podido y puedii intervenir en eJIo, no desco- 
nocen el derecho de patronato, (pie especialmente consiste en la 

(1) 01)r;i citiul:!, págiiin 172. 

(2) Olini citMihi. 



l»rest'utiii'i<'iii del (iliispo iii>tituí(lo. Kn l;i ciiiidji liiila no s»- relicre, 
es verdad, (|Uf la (•(•iistancia de la vaeaiite haya lle<tado á eoiioei- 
mieiito de su santidad León Xlll por coinunieaelón del patrono 
fie ]a iiilesia nacional, pero esta omisión lia sido salvada en la 
earta autt'-ntiea de su santidad León XI 1 1 al i>residente de la Kf- 
públiea Aruentina, en la (|Ue, uieneionando la reeoniendaeión he- 
cha por su auteeesor ilel preshitero doetor Padilla, eonio digno de 
ser prouiovi«h) ¡i hi silla episcopal de Salta, su santidad declara que 
ha juzuado, después de considerado con madurez, i\\w sr dihld iii- 
cedcr ó la upiíiióii ij disiu tlv el. Nada se ojione, á mi juicio, á que 
V. E. previo t-l acuenh) déla suprema corte, conceda el pase á la 
billa... El presidente Sáenz Peña, pin* decreto <k* líO de junio de 
18!(.">, manda extemler el rxcquatur \ el artículo 'J , dice: <: Dirí- 
ja.se á su santidad la respectiva represeutaeióu por las omisiones, 
re.servas ó cláusulas ([ue pudieran importar el desconoeinneuto del 
patn)nato nacional cpu' corresponde al presidente (1). 

En la huía exiiedida jku' León XIII, (huía en Roma, ha jo el 
anillo (k'l itescador, en !'_' de septienihre de IISII."), nombrando ar- 
zobis]>o de la nu'tropolitana de liuenos Aires al doctíU' Uladishu) 
Castellano, obispo titular de Ankialo, presentado por el gobierno 
argentino, y de cuya presentación se hace también estudiada omi- 
sión, se leen estas palabras, que llaman la atención hasta de los que 
desconozcan las regalías y el derecho de patronato : <; Desde mncho 
tiempo ha — se dice en la bula, — tenemos reservada á nuestra 
orden y disjtosicióu la provisión de todas las iglesias vacantes, ó 
que vacaren en lo succsixo, decretando desde entonces in\icto y 
de ningún valor todo lo (|ue en contrario se atentase porcuahpiier 
persona, <le cualquier autoridad (jue fuese, ya sea á sabiendas ó 
por ignorancia. Hallándose, pues, vacante la iglesia metropolitana 
de Bneuos Aires... Xos, atendiench) con paternal y solicite) cui- 
dado á su provisión, en la cual nadie fuera de Xos puede ó podría 
inmiscuirse, por obstar la reservación y decretos sobre <lichos, 
ponderadas atentamente todas las circunstancias del caso... con 
la misma autoridad nuestra, y en virtud <le las presentes, le tras- 



(1) Informe <lc lu« coH»e¡eio>i hijalef del poder ejeciiliro. touiu X. l'iiblicaciún ulicial, 
año 1902. i>:íginas 348 y 350. 



ladamos á la dicha iglesia metropolitana de Bueuos Aires... » (1). 
Tramitada la bula para el exequátur, el prociinidor delauacióu, 
eu su vista dirigida á la suprema corte, datada eu Bueuos Aires á 
17 de octubre de 1S!).5, dice : « La aceptación de parte de su san- 
tidad León XIII, de la presentación por el gobierno argentino del 
prelado designado para la arquidiócesis de la república, y la pre- 
mura con que el sumo pontífice ha apresurado la institución dis- 
pensando benignamente el proceso canónico... según la comuni- 
cación de su eminencia el cardenal Eampolla... El In-eve de su 
santidad... en sus disposiciones de fondo, no afecta los derechos 
del patronato, (]ue ha ejercido el gobierno argentino en cumpli- 
miento de lo dispuesto en el inciso S'\ del artículo (i 7 de la consti- 
tución nacional (2). Termina diciendo que se otorgue el pase del 
breve pontificio, sin la mínima reserva, sin ninguna observación. 
Ahora bien, compárese esta opinión con las declaraciones de la 
bula, (pie afirma de la manera más terminante (pie obra motupro- 
prio eu la provisión del arzobispadíj, porque ¡ludie fuera de nos po- 
drió iiuuiseuirse, y la sorpresa llegará hasta el asombro. Si esa de- 
claración es el reconocimiento del derecho de patronato del sobe- 
rano del territorio que sostiene el culto, declaro que yo no lo 
comprendo. La 1)ula no hace la mínima alusión de la presentación 
del gobierno argentino, porque no puedo suponer (pie la con- 
ciencia legal de un iurista se satisfaga con las ])alabras que el mi- 
nistro, señor Calvo, dice en nota otícñal al ministro de relaciones 
exteriores datada en Roma á 12 de septiembre de 18 i) 5, cuando 
su santidad le recibió eon su familia, quien afirma (pie el sumo pon- 
tífice le dijo: « He 'concedido todo lo (pie é\ descalca (el presidente 
de la república) y puede dirigirle un telegrama diciéndole cómo lo 
he recibido ;> (3). 



(1) Antecedentes y reaolucionen aohi-c el culto, pjíjíiiia 246. 

(2) ídem, página 250. 

(3) Para desautorizar la opiuióu de este procurador de la nación, opondi-é lo e.x- 
puesto por el doctor Eduardo Costa eu febrero 12 de 1880 eu la bula nombrando 
obispo de Córdoba al reverendo padre fray Mamerto Esquiú, eu la cual dice : « La 
bula de institución no hace mérito de esta circunstancia esencial, y por el contrario 
dice su santidad que hace el nombramiento motu proprio, sin hci- para ello por nadie reque- 
rido. No obstante ésto, puesto qne la verdad es ijnc i^l obispo electo fue presentado á 



Sin ciiiltiii-nd. el (K'crt'to (k-l jiodcr cjffulivo d»' ;! 1 de (iciulirc (l(> 
1895, dice en v\ artículo ;í": ; Declárase no consentidas las omi- 
siones y cláusulas del expresado Itreve jtontiticio <nie jindieran im- 
portar el desconocimiento del patronato nacional, cuyo ejercicio 
incnndie al presidente de la repúltlica; y á sn respecto, diríjase á 
sn santidad la representación corresi>ondiente (1). 

Esta resolnción del ¡¡residente rrümni y r\ minislro del culto 
doctor Bermejo, jnstitican mi opiui('iu, y desatendiendo el dicta- 
men del jirocurador de la nación y la resolución d(! la corte supre- 
ma. (|uc no ohserv(') las omisiones hechas en el breve i)outiflci(t, 
que desconocían el derecho dv jtatronato, salvó |tor la corresjum- 
dieute reserva y observaciones al santo ]>adn', el derecho de patro- 
nato y las rcííalías inherentes al soberano del territorio ipic sufraya 
los <>astos del culto y los .sueldos de arzobispos, ()bis]ios y demás 
autoridades eclesiá.sticas : fué el ejecutivo, y no el poder judicial, 
(luien vio con clari(hid la faz jurídica del brev<'. 

En I.SIKS, el mismo procurador de la nación, con motl\() de las 
bulas proveyendo los nuevos obispados de La Plata, Santa Fe, 
Tucumán, del Paraná y de Salta, dice : : En otras ocasiones, la 
¡nstituci(')n de obispos .se hizo ]h)v bula pontiticia. Pero el breve 
apost(')lico, esta vez adoptado. <litiere de aipiélla s(')lo en la forma. 



■iu santidad, con sujeción it lo <i«e la constitución y las leyes de la nación prescri- 
lien, no hay inconveniente alguno en que se acuerde á la expresada bula el pase que 
sf solicita. En esta misma bula se dice que ha mucho tiempo »« santidad se ha rcser- 
rado el derecho de hacer laj)rovisión de loa obispados vacantes, asi como la facultad de una 
inievn limitación de la diócesis de Córdoba, para hacerla al arbitrio de la sede apostólica. 
Estas reservas están en abierta y maniliesta oposición alas prerrogativas conqnista- 
■l:is de mucho tiempo atrás por la autoridad civil, y que nuestra constitución consa- 
:,'ra en los términos más explícitos; y no es posible dejarlas pasar sin la observ.ación 
> protestas correspondientes, para presentarlas oportnuíiraeute á sn santidad. Debe 
también observarse que la fórmula del juramento que la última bula prescribe, pres- 
cinde y parece desligar al seüor ol>ispo electo, de la obediencia que á la constitución 
y á las leyes de la nación debe prestar preferenteuiente. Sobro esto particular debe 
¡pálmente hacerse la reserva correspondiente ». El decreto de 2 de noviembre de 
1S80. en su artículo 3" establece : « Diríjase .'í su santidad la respectiva representa- 
lión qne corresponde por la omisión contenida en las mencionadas bulas, de aquellas 
cláusulas que pudieran importar el desconocimiento del patronato nacional qne 
corresponde al presidente de la república. » (Informes de los consejeros legales del po- 
der ejecittiro, tomo 6". Publicación oficial, páginas 118 y llí), 18!)6.) 
(1) -inteeedcnics ;/ resoluciones sobre el cnllo, páginas 251 y 2.52. 



siendo igual en sus deíeetüs, según conaui (loctrina de los cano- 
nistas... esas fórmulas, concernientes al privativo derecho de su 
santidad invocado por la santa sede, no afectan ni comprometen el 
de presentación en ejercicio del derecho de patronato... Opino por 
ello, (pu' ni la prescripcií'in contenida cu aquella cláusula constitu- 
cional, ni otra alguna <le las leyes déla república, se opone al pase 
de los breves i)ontiflcios, de institución de los obispos... y Tal decía 
en abril 15 de 1SÍ»8. El presidente de la república corrige una vez 
más las deficiencias de la opinión jurídica, que dejo citada, y dice : 
<, Considerando : Que en los breves del sumo pontífice no se mencio- 
na la presentación hecha por el gobierno y se declara que la santa 
sede se reserva la provisión dioIk proprio de todas las iglesias vacan- 
tes ó (pie vacaren en lo sucesivo, otorga sin end)argo el pase con 
esta reserva : Art. ."í". Declárase no consentidas las omisiones 
y cláusulas de los expresados breves pontificios (pie pudieran im- 
portar el desconocimiento del patronato nacional, cuyo ejercicio 
incumbe al presidente de la repúlilica, y á su respecto, diríjase á 
su santidad la representación corrrespondiente. UEIBURU. Luis 
Beláustegui » (1). 

Los obispos no se han mostrado en su ctmducta nuiy sumisos al 
derecho de patronato, ni al respeto de las regalías del soberano 
territorial, con cuyo tesoro ellos, como todas las atenciones del 
culto, se mantienen y funcionan. Así el obispo de Cuyo, en mayo 
de IHtíí), se dirige al ministro de culto 6 instrucción púl)lica, á 
quien avisa (lue en cumi)limient() del mandato de la silla apostó- 
lica, va á liorna para formar parte del concilio general (lue tendría 
allí lugar, y deja en su lugar al provisor y vicario general del obis- 
pado. El ministro contesta en junio del mismo año, no oponién- 
dose al viaje, pero le recuerda que ; los obispos deben solicitar el per- 
miso del gobierno antes de disponer su i)artida, puesto que sin él 
no pueden salir de su diócesis-, ni de la república. El mandato de 
Eoma, que su señoría ilustrísima invoca, no inviste el carácter de 
tal para los ol)is])os de la república, mientras no tenga el pase ó 
exeriiiaturút' la autoridad competente». El ministro le previene 
cortesmente (pie la falta de formalidades, por esta vez. no ha sido 

(1) Anlccrilriilís y rcHuJiicinur» «ohre el ndhi. p:ígiiuis 271 y 212. 



— 187 — 

obstáculo para su sefioría ilustn'siuia, pero lo s( ni. iiidiuldlili iik iiti\ 
en caso de repetirse. El obispo de Cuyo, por nota datada cu lint nos 
Aires ;í 10 de agosto d«' 1S(>Í», s(»lieita del liobiciuo la coirespon- 
dieute liceueia para asistir al eoueilio ueneral (jUedeb»' teiu-r liiüar 
eu líonia. y la solieita para dejar al provisor á earüo del obispado. 
El ministro del culto, al día siyuieute. le acuerda el permiso : i;i 
presidente quiere también, — dice, — (pie aproveche nuevamen- 
te e.stíi ocasión i>ara recomendar á su atención la necesidad (pii' 
hay que los obispos de la república se ])rovean de las facultades (jue 
reputen conducentes, á lin (U' hallarse en ai>titiul para efectuar, sin 
erogaciones y sin diticnltades, el impedimento <pie los canonistas 
ccmocen con el nombre i\v (lisp((ri(Ia(1 (í< nillos para la celebración 
(h^ los iMairiiiH)nio>... Todos los intereses, tanto de la reiiüic'di como 
del estado, reclaman que los extranjeros que vengan á nuestro 
¡tais, y (pie por su culto pertenecen á las sectas disidentes, puedan 
fíícilmente celebrar sus matrimonios y formar sus familias, sin <[ue 
encuentren obstá<*tdos (pie se opongan al ejercicio de un derecho 
tan legítimo (1). 

Me extiendo alguiui veza materias eclesiásticas (¡ue noeutraron 
en las instrucciones (pie se me dieron ])ara desemiteñar mi misi('in 
ante la santa sede, ¡lero sobre las (pie he dado alguna l)reve noticia 
á fin de completar el cuadro dentro del cual se mueven ambas potes- 
tades, y el ejercicio del patronato y regalías del soberano ti'irito- 
rial, que se ha obligado á sostener el culto católico y las autorida- 
des eclesiásticas con las rentas nacionales; ponpie (-sta es materia 
íle la esfera nacional, y bajo este aspecto voy á reiiroducir las doc- 
trinas expuestas por el ministro de justicia, culto ('■ instrucción 
liiíblica, en oficio dirigido al golternador de la líioja en 1."» de octu- 
bre de 1881 : « Eu nuestro régimen constitucional. — dice. — no 
hay iglesia jtrovincial y las relaciones con el estado se encuenlran 
cimñadas por la constitución al gobierno general de la repi'dilica (pie 
sostiene el culto, ejerce el patronato, está encargado de reglamen- 
tarlo, concede el pase ó retiene los decretos de los concilios, las 
bulas, los breves, y rescriptos del sumo pontífice, ])rovee las sillas 
episco]tales por la ]n-esenlaci('ni de obis|M)s ;í la sede ap()st('ilica. 

(1) Antecrtlentca ¡i rcwlniioHtK nobrr el culto, |i:í<;iii:is 27fi y 277. 



ct'lebru coiifovdatos ooii ella, admite ó niega el i)ermiso para el 
establecimiento de luieva.s (jrdeiies religiosas en el territorio de la 
iiaci('»n, y ejerce, en ñn, todas las funciones del poder público eu- 
cargado de regularizar, íjjar y mantener, las relaciones de la iglesia 
con el estado. La iglesia es asi eminentemente nacional, y los 
gobiernos de lu'ovincia que, por el artícnlo IOS, no pueden ejercer 
el poder delegado á la nación, tampoco pueden admitir nuevas 
órdenes religiosas, ni declarar extinguidas en su territorio las que 
legalmente existen en la nación, disponiendo de sus l)ienesá obje- 
tos de administración ó gobierno local. Ni la novedad del caso, en 
asunto (|ue pudiera decirse de dudosa competencia, puede en esta 
ocasi(')n autorizar tales ¡¡rocedimieutos de m\ gobierno de provin- 
cia. El supremo poder judicial de la nación, intérprete irrecusable 
de la constitución, así lo tiene declarado desde 1.S71, con ocasión 
de ])rocedimientos análogos del gobierno de la i)rovincia de San 
Juan, exponiendo, con autoridad irresistible, los verdaderos ])rin- 
cipios de la constitución en esta delicada materia. Una comunidad 
religiosa que con arreglo á la constitución y á las leyes de la nación 
existe legalmente en el territorio de Itt misma, no puede dejar de 
existir de igual modo en todas y cada una de las provincias que la 
forman, y de ejercer en cada una de ellas los derechos (jue derivan 
de su existencia legal, reconocida y aceptada por los respectiv'os 
poderes públicos de la nación. Ella debe ser reconoci<la en toda la 
extensión del territorio nacional, y en ])arte alguna del mismo no 
puede ser acortada en el ejercicio de sus derechos, ni privada de 
su facultad, que ex])resamente le reconocen las leyes del ]>aís, para 
adcpiirir y poseer bienes, aunífue de hecho no resida en el lugar de 
la si tua ción efectiva de estos mismos 1 )ienes. Fácilmente se compren- 
den los inconvenientes de todo género á ((ue daría lugar el ejercicio, 
por un gobierno de provincia, de las atribuciones que hoy pretende 
el de la Rioja y que, comidicando las relaciones de la iglesia y el es- 
tado, modiñcaría en el hecho el poder constitucional del gobierno 
general en asunto de su exclusivo resorte. Tales atriliuciones, (pie 
son ]»or su naturaleza superiores á las funciones del gobierno nui- 
nicipal de provincia, contrarían abiertamente los elevados pr(»pó- 
sitos de unidad nacional (pie han presidido en el plan de nuestro 
régimen iKilítico el estal)leciiiiiento de una iglesia nacional bajo 



— 189 — 

los auspicios del iiohicriio de la nación. — 31. V. Fizan o (1). 
!•;! ministro doctor l'i/.airo sostuvo las verdaderas doctrinas de 
derecli*). I'iecisauíente t-n la sesión de 24 de alnil de 185.". en el 
congreso constituyente reunido en Santa Fe, fué laruamente de- 
batida esta cuestií'm con motivo de la libertad de cultos. Ki dipu- 
tado Zenteuo sostuvo : «[ue la sanción de la liherta<l jiolítica- 
civil de cultos seria en la ('onfederación Arí;entina contraria á las 
necesidades y votos de cjisi todos los pueblos (pie la componen. » 
El diputado i>or Corrientes, señor Colodrero, sostuvo : ; (¡ue siendo 
la tolerancia cixil de cultos contraria á la voluntad general délas 
l»rovincias. á la disciplina de la iglesia y peligrosa á la ti;uii|nili- 
dad espiritual de los habitantes del país, no creía fuese lícito votar 
á favor del artículo, sino se .agregase, previo conccu'dato c(Ui la 
santa sede > (U). líl diputado doctor don Juan María (iutiérrez, 
respondió : « que extraña (pu' se arguya de incom]»etente á la auto- 
ridad del congreso, cuando su deber primordial era el de declarar 
y reglamentar los derechos y garantías (pie han de hacer lil)res y 
felices á los híunbres (|ue habitan nuestro suelo, siendo insepara- 
ble de ese objeto el respeto (pie se debe ;i sus creencias; (|ue al 
gobierno temporal s<)lo incumbía promover las conveniencias so- 
ciales de este mundo, y, respecto al otro, garantir la libertad délas 
conciencias y la creencia de cada uno .. Eecordó el tratado con 
Inglaterra, en (pie se estatuye la libertad de cultos á los ingleses. 
Fray Manuel Pérez sostuvo: (|nc el asunto de religión era en 
su concepto del resorte esix-cial de cada provincia... (pie los de- 
rechos de cada una de ellas no ¡xidian ejercerse por los diiiuta- 
dos, sino en la parte «pie les hubiesen sido conferidos; (pie el (|iie 
había recibido él. era el indispensable jiara formar la conslirnción 
<lel ])aís, y para ésto creía innecesaria la libertad de cultos, (pie 
tendía únicamente á ¡troniover su progreso ulterior, lo (jue no era 
del resorte del congreso constituyente (.'i). Triunfó el buen sen- 



il) Antecedentes y resoluciones sobre el culto, púginas -147 y 448. 

(2) Diario de sesiones del soberano cont/reso general constitui/ente dría Cun federación 
Argentina. Si-giinda parte. Santa Fe. Imprenta del estado. 1 volumen de 204 pájri- 
nas. 18.53. 

(3) Diario de sesiones del soberano congreso general constituiienlr de la Canfedrrnciúii 
Argentina. Segunda parte, 'piígina 134. Santa Fe, 1853. 



tillo liberal y se saiirioiió la lil>evta(l de cultos, y lie traído este re- 
cuerdo para demostrar (jiu' liulio dii)utado (jue preteudía reservar 
á las provincias la materia religiosa, de manera que liabría sido 
la anar(|uía, olvidando que en esa fecha había ya un tratado inter- 
nacional i|ue oblit;aba;í to(his las jirovincias argentinas. 

El jirovisor, vicario y gobernador del olaspado de San Juan, en 
oñcio de 21 de feV)rero de 1S7(», dirigido al ministro de gobierno 
é instrucci('in pública de a((uella provincia, decía: « Contrayéudo- 
nos á la declaratoria de extinción de conventos y ocupación de 
temporalidades, son objetos también á que se refiere la ley pro- 
vincial, como si fuera ya definido (]ue la legislatura de un estado 
federal i)udiera legislar sobre puntos tan delicados, prescindiendo 
de hi autoridad nacional, á (juien deben su existencia y la conser- 
vación de sus propios bienes, y sancionado como dogma que es el 
fisco provincial y no el nacional sucesor en tales temporalida- 
des (1). La ley á (píese refiere el gobernador del obispado de 
San Juan, es de Ki de agosto de ISTO, y su artículo primero esta- 
tuye: Estando extinguidos de hecho los c(mventos de Santo 
Douiingo y San Agustín, decláranse éstos caducos, y perdida su 
capacidad de persona jurídica. Y á esta ley se refiere el ministro 
Pizarro, en la nota (pie dejo reproducida, aseguran(h) (pie la supre- 
ma (rorte de justicia declaró (pie la materia era de la exclusiva, 
competencia de la nación. 

H(^ ([uerido exponer en el breve estudio de las relaciones cons- 
titucionales entre el estado y la iglesia, el carácter predominante 
del gran espíritu de conciliación, cuyo fundamento es el respeto á 
la religión, que constituye el más impíu-tante y el primero de los 
intereses del pueblo, y un eficaz medio para conservar el orden so- 
cial y la trauípiilldad de las familias. El másjusto, el más práctico 
y el más conforme á las relaciones habituales y tradicionales déla 
iglesia cou los gobiernos, — dice Fierre Pradié, — es el (¡ue tiene en 
miras C(msagTar la indei)eudencia recíi)roca del i)oder espiritual y 
del i)0(ler temporal, cada uno en su esfera, conservando entre es- 

(1) Cumrii tai-ion di; Jtalivar. A tres notas dirigidas por el provisor, vicario y gober- 
iiiidor del <>l)ispado de Cuyo, al gobierno de Sau .hian. A propósito de las leyes dic- 
tadas sobre capi'llanias, conventos y provisión de cnras. San Jnan, 1870, 1 volumen 
de 40 páginas. Imiiri'iitn ile A. Lnna. 



lili — 



tos (U).s podeivs liis liizos más íiitiiiios por medio de concórdalos li- 
liremente consentidos de una y otni parle ( 1 ) : no pienso (jue sea 
en los estadossolieranos de América conveniente la celebración de 
estos pactos, bastando nn itiixhis riiu iidi (pie conserve la armonía, 
lioiqne las necesidades de las naciones enropeas resixmden á di- 
versas circunstancias. En Fram-ia la cuestión religiosa fu»'- en el 
fondo cuestión política y cuestión dinástica, y en la presente crisis 
con la santa sede jiredominan esas razones, tanto (jue, en la ac- 
tualidad, hay liondires de estado que temen la separación de la 
iylesia y del estado, ¡lorque éste pierde el medio de elci^ir, para 
nnxlerar intereses perturbadores si se desprende del derecho de que 
la santa sede apruebe, las personas que ejerzan la autoridad ecle- 
siástica. Las asociaciones reliuiosas lh'<>aron á constiluir un poder 
social peligroso y ]»ara dominarlas surgió la crisis, d(> que aun se 
ocupaba y se iliscutía tu el parlamento francés en ese entonces. 
El sistema establecido por la constitución naci(nial argentina es 
perfectamente justo : ponpie, conservando la inde]»eiMleucia de la 
iglesia, ejerce uu poder modi-rador por el derecho de prt'sentar al 
snnu) i)ontítice los sacerdotes ¡tara arzobisjtos y obispos, de creai- 
nuevas diócesis según las conveniencias sociales, y de ejercer 
por el derecho de examen lu-evio de las bulas y breves pontifi- 
cios para conceder el pase ó retenerlas, acci(')U elicaz ])ara garantir 
el orden social y mantener el equilibrio de ambas ]»otestades, den- 
tro de la libertad ile cultos. De maiuM-a (pie los habitantes gozan 
del libre ejercicio de su culto, dentro de los límites y bajo las condi- 
ciones (pie la ley civil establece, y la religi('m católica, (pie por la 
constituci(')n es sostenida por el tesoro nacional, i»uede sin temor 
desempeñar sus funciones y conquistar el prestigio social-religioso 
por la virtud y el saber del sacerdote, condiciones inherentes para 
ser respetados y escuchados, no bastando la consagraci('>n canóni- 
ca para conservar la alta auttuidad moral (_'). 



ti) La qiie^tion rdiiii,:iiic ni ÍÜSS. i790. 1S02 ,1 1S-I8 et lihloiignc complet des 
travaux dii comité <ífn ciillcx df Vwixamhlce conutitiiante de 18-JS, etc., editado por M. 
Fierre Pradi<>. — París. 1849, 1 voluiiien de 44 I páginas, 

(2) «La répiíhlUiiie. — dice Príídier, — iioii» disonii une t'oin poiir toiiles. lubonne tépn- 
bUqiie. élanl le goiircniement de fuim. par toiii el poiir loas, el etaiil oppont'c á lout euprit 
d'excltmon an profit d'iine elaine nu d'un partí. VéijUse ij troiire non injiuencc legitime el 



Eu las Memorias que íuiualmeute eleva al congreso nacional el 
ministerio del culto, etc., se acompañan los informes que tanto el 
señor arzobispo como los obis])os envían sobre el estado de sus res- 
pectivas diócesis, y por ellas se pruébala ccmtinuada erogación con 
que el tesoro nacional sostiene el culto, contribuyendo, cuando fué 
necesario, á la edificación de las catedrales, la conser\'ación de las 
existentes, como la de Córdoba, ó i»ara levantar edificios para los 
seminarios conciliares, y para la edificación de nuevas iglesias. Las 
Memorias de 1893 y 1S94 contienen noticias curiosísimas sobre la 
materia, y su lectura basta para convencer de la utilidad del patro- 
nato ejercido pov el presidente de la república, sin que se aféctela 
independencia <le la iglesia, y en beneficio del culto oficial. 



naturelle, cur In hasrd'oü émaiienttniís le» drotls y esl tellrmciit vmlc rf Icllcment i-ndehorx 
de l'action de toiite intrigue, de ioute eoterie, que toute influence, aunsi bien celle de Fcglise 
que celle des partis les plus extremes, peut s'y produirc sans danger, et néanmoins daiis 
ioute sa liherfé et toute so pUnitude. » (Tm queslioii rcügieuse, etc., par M. Fierre rradií, 
ob. cit., pág. 33.) 



CAIMTILO 111 



DKKKC'HO DK PATRONATO KN MKXU'O 
DKSI'IKS DK LA IXDEPEXUKXCLV 



Hii l.S'Jl fiiin|iiist('» Mt''\i((i l;i iiMlfiiciidciicui dol (li)uuiii(><lf Ks- 
jiaña, y eu materia eclesiástioa surgi<> la duda de si el patronato y 
demás veualía.s del rey de Ksi>aña habían cesado por la emancipa- 
ción, si se.juzüaba }>Tacia adqnirida personal, ó fuese inherente á la 
st)l>eranía para proveer á las necesidades rel¡<>iosas, sei)arándose lo 
(pie era de la, jurisdicción eclesiástica de los ol)is]t()s y cuál lo era 
<le la autoridad civil, á cuyo fin se coiisidcialiii conveniente enviar 
un comisionado ante la santa sede. 

<^ Yeriticada dichosamente en el año de IS'Jl la emancipación 
de México del gobierno de los reyes de España, se dudó fundada- 
mente del vigor de varias disposiciones relati vasa diversos puntos 
<lel régimen eclesiástico, como que habían sido concedidas en clase 
de i)rivilegios á los monarcas españoles y jiara los ({ue llaniaban 
sus dominios, de cuya lista estaba para siemi»re borrado 31éxico. 
Declarar cuáles eran las disp<)sicioncs (jue habían cesado, y proveer 
de remedio á las necesidades (¡ue i)or su cesación resultaban, era 
exclusivamente i)ropio de la autoridad temporal de los prelados, 
así como lo era de la autoridad temporal ponerse eu comunicación 
con el romano jíontíftce por medio de un enviado suficientemente 
instruido para arreglar definitivamente el régimen de esta sección 
déla iglesia católica, á que por resolución uniforme quiere i»erte- 
necer i)eri>etuaniente esta nación ;í^ (1). 



(1) Colección cclenUiaüca mexicana. Tomo I. Compremle : I. Acta:* de lu jiiniu «< (ini- 
cesanos de ÍS2S. II, Conteslacione» Hobre el juramento del articulo 7° de la constitución 
del estado de ./n/idro. — Mt=xico. 1S34. Iiin>. «le Galváii. i tomos. 



rtnrbide, afines de ese año de 1821, excitó á los diocesanos jtai-a 
([ue personalmente ó por comisionados se renuieran para liacer la 
declai'ación de aíjuellas dndas y proponer remedio, enviando un 
comisionado ante la santa sede. 

Se reunieron en efecto en 1822 y celebraron sus acuerdos, (pie 
son las Actas publicadas. « La iglesia de México, — dice la obra 
citada, — vio entonces reunirse ])or sexta vez á los ministros encar- 
gados de regirla, y el libertador Iturltide autoriz(') una junta muy 
respetable y (pie con mayor raz('in merece el título de quinto con- 
cilio mexicano, (pie el primero ([ue algunos dan ;í la (pie se aiitoriz(') 
con asistencia del compiistador Cortt's en los años de 1524 y 
1525, presidida por el venerable fray Martín de Valenzuela y 
compuesta de 19 religiosos, 5 clérigos y 5 letrados » (1). 

La colección eclesiástica mexicana contiene antecedentes impor- 
tantes para la liistoria eclesiástica de México, y por esta raz(')n, ocu- 
rriré ásu testimonio con frecuencia. Ijíih actas dt^ la primera sesi()u 
se refieren al patronato (2). 

El secretario de justicia y negocios eclesiásticos durante el efí- 
mero imperio de Iturbide, dirigií') al gobernador del arzobispado, 
en 10 de febrero de 1822, el siguiente oficio: Entendida la re- 



(1) Obra citada. Idea de esta obra, páginas 13 y 19. Citaré otro libro importante 
en esta materia : « Concilioa provinoiales, primero y seyundo. Celebrados en la muy no- 
ble y muy ley leal ciudad de México. Presidiendo el ilustrísimo señor don F, Alonso 
de Montúfar en los años de 155.5 y 1565. Dalos á luz el ilustrísimo señor don Fran- 
cisco Antonio Lorenzana. arzobispo de esta santa metropolitana iglesia. Con las li- 
cencias necesarias. En México, en la imprenta del superior gobierno del B. don 
Joseph Antonio de Hoyal, calle de Tiburcio, año de 1769 ». En esta obra, el arzobis- 
po de México dirígese á los obispos, cabildos de las iglesias, párrocos y á. todo el 
estado eclesiástico de la provincia mexicana, y dice : « Esta capital de México ha 
sido el teatro donde se han formado las reglas para el gobierno espiritual de toda la 
América septentrional, así como Lima lo ha sido por sus concilios, celebrados por 
santo Toribio, Alphonso Mogrovejo, alumno del colegio mayor de San Salvador de 
Oviedo, para la meridional, por ser las metrópolis, y principal asiento del gobierno 
político y eclesiástico ; y han sido los decretos con tanto acierto, que han merecido 
los mayores elogios de los sumos pontífices y de nuestros católicos monarcas. El con- 
cilio, que sirve hoy de norma para disciplina eclesiástica en esta metrópoli, y sus 
sufragáneos, es el tercero provincial celebrado por el ilustrísimo señor don Pedro 
Moya y Coutreras, año 1585, impreso en el año de 1622, en tiempo del señor don 
.Juan Pérez de la Serna, con la confirmación de la silla apostólica, y cédulas reales ». 

(2) En la ciudad (le México, á 4 de marzo de 1822, estando juntos en la salapriu- 
cipal de este palacio arzobispal, previo oficio de citación libra(bi por el señor gober- 
nador, provisor y vicario general. (Ol)ra citada). 



- 1!15 — 

ueucia tU'l iiuiK'iio tlel mal estado tic la salud df V. S. y del ¡iniic- 
diiiit'iito cDii i|'if í^t' !':'••:' l'<'i' ^'^f^' cansa para pii'sidir lajinita (|iif 
sf ha mandado conjtTegar <le los st'ñoivs et'lesiá.stioos represen- 
tantes de los iiohieriios diocesanos... está conforme en (pie i>or su 
parte, y reju-eseutación de los iliisirísimos señores arzobispo de 
esta nietrói»oli y obispo (U- Diuanüo. la presida el señor provisor 
do<-tor don Félix Flores Alatorrc... para aeordar éintbrmarpor 
condnctt) de este nnnisterio ¡i S. A. S. lo (pie sobre ejercicio de pa- 
tronato, durante nuestra incomunicaciíMi con la santa sede, Juz- 
«i'uen conveniente . 

Fu noviembre '24 de IS'Jl, datada en la sala capitular metropo- 
litana de México, expusieron al arzobispo don Pedro de Fonte, lo 
(pie siiíue : ^^ Enterada la regencia, como lo está, píu- la verdadera 
felicidad de este naciente imperio... por la provisión de benelicios... 
ojiinan por anvijlarlo todo y concordarlo con la silla ai)Ost(>lica... 
|)n>pon('n... lo iutcrinario (pie concilla la legitimidad de los actos 
y (pie al mismo tiemí») salva, como se desea, la regalía del patro- 
nato. Para ello debemos antes supímer, como bases en (pie se fun- 
da la resoluciíin, rpieel i»atrouato nadie ignora es un dereclio y fa- 
cultad (pie conforme á los cánones se concede al patrono de pre- 
sentar sujetos aptos para los beneficios vacantes... De aípií es (pie 
se ad(piiere i)or editicaci(')n, (l()taci(')n y fundación, que son las 
causas contenidas en el verbo común : Ftttroimm faciuitt dos, cdifi- 
tiilid fu lili 11)11... P(U' lo respectivo á esto de México, tenemos ade- 
más la bula de Clemente VII, de í) de septiembre de 15;34. por la 
cual concedió su santidad al emperador Carlos V, como rey de 
Castilla y de León, y á los reyes (pie le sucedienm, el derecho de 
]>atronato y de presentar personas idóneas para (pie sea elegido 
(d (pie liaya de ser obispo y pastor ; < pero reservamos, — dice, — 
(•(Uicedemos y señalamos al obispo de México que ])or tiempo 
fuere, ó á su vicario, todas y cada una de las otras dignidades, 
personales, oticios, canonicatos, prebendas, etc., y semejantes luj- 
neticios para (pie los confiera é instituya á presentación de dicho 
( "arlos emperador, como rey de Castilla y León, ó de los i-eyes 
sucesores de dichos reinos (1). 

(1) Obra titaila. págiuas 8 y 9. 



Por c'oucordato celebrado el 18 de octubre de ITÍíT, entre el 
poutítice Cleiaente XII y Felipe V, .se establece : <- Y eu cuanto al 
pa-trouato, qvie era el punto general del tratado, convinieron anilyas 
partes por un concierto completamente cerrado, en que no habien- 
do controversia y estando a])oyado su derecho en bulas, privile- 
gios ai)ostólicos y otros títulos, se declaraba y declaró deber (|ue- 
dar la real corona en su pacífica posesión de nombrar para los 
arzol)ispados ; y asimismo de presentar para todos los demás bene- 
ficios que vacasen en los reinos de Granada é Indias, y también 
<]uedó ajustado por los artículos (i" y 7 " que para que se mantenga 
ilesa la autoridad de los obispos, deben recibir los presentados la 
colación é institución canónica de sus respectivos ordinarios, y que 
no se entienda conferida al rey católico jurisdicción alguna sobre 
las iglesias, ni sobre las personas «pie se nombrasen para los bene- 
ficios » (1). 

Agregan los congregados en la sala capitular metropolitaiui : 
« Han variado por la independencia proclamada y jurada ya de 
este niíevo imperio de México ; y debiendo ])or lo mismo tenerse 
enteramente separados de los dominios de España... los reyes de 
España no imeden usar de dicho patronato... > Opinaban que inte- 
rinamente el arzobispo confiriese esos l)eueficios... <: dando al go- 
bierno secular, esto es, al serenísimo consejo de regencia antes de 
la institución ó colación, noticia previa de las personas á quienes 
se haya de conferir, para (jue no teniendo 8. A. S. inconveniente 
alguno por su ]iarte, ni ofreciéndosele nota ó motivo porque des- 
merezcan las personas elegidas, se les ponga en posesión » (2). Se 
abstienen expresamente sobre la provisión de mitras. 

En 11 de marzo de 1 iS '2'J, reunidos en la sala principal del pala- 
cio arzol)ispal, hecha relación délo ocurrido en la primera junta... 
<; hal)iendo en seguida manifestado cada uno separadamente su 
voto i)or unanimiíhid de ellos, resiütó conforme esta junta, y de 
consiguiente las sagradas mitras de México, Puebla, Valladolid, 
Guadalajara, Oajaca, jVronterrey, Durango y Sonora, representa- 
das legítimamente... Que con la independencia jurada de este im- 

(1) ídem, pá^iiius 10 y 11. 

(2) ídem, piígiim 12. 



[ktío, lia ft'sado t'l uso del (Icnn-lio tU' patronato... (}\u' para i\\H' 
lo haya eu el gobierno del inismo imperio, sin iteligro de niiliilad 
en los actos, es necesario esperar iyual concesii'in de la misma san- 
ta sede (1). 

Don Aíiustín de Iturbide fué proclamado emperador la noche 
del 18 del mismo y contirmailo el día sioiüente ])or el soberano 
congreso: como presta.se motivo jiara dudar si había de cnmi)lir.se 
con el tenor del referido oficio, consultó sobre el mismo su gober- 
nador y previsor de este arzobi.si)a<l(» á dicho excelentísimo señor 
secretario, (jnien, de orden de S. M., contestó: <; (pie efectivamente 
han variado las circunstancias -, ]tero rpie se continúen los servi- 
cios y se evacúe el informe. Considerando que no convenía, jtor 
las razones cpie expone, otro me<liü sino que los cabildos de las 
iglesias vacantes i)asen li.sta á S. M. I. de los candidatos y de cuan- 
tos creyesen dignos de la mitra, para que de todos ])neda excluir 
los (pie no fueren de su agrado, dejando número comi)etente para 
la libre elección del cabildo, .si n(» tuviere á bien c(mformarse con 
tomar uno de tres que elija el mismo cabildo, con arreglo al ¡taitido 
que poco antes ofrece su santidad á los referidos ]»rínci]ies. Que se 
someta á su .santidad para su confirmación... > Indicaban (pie el 
enviado á Koma presentase este nond)ramiento y se .solicita.se nom- 
brar, con carácter de nuncio en la corte de México, per.sona para 
aprobar estas elecciones mientras se señala lo que debe obser- 
varse. 

En la junta celeltrada en 1 1 de juniode 18'_'2, resolvieron jiedir 
á S. M. (pie encarecidamente .solicite de .su santidad licencia imia 
celebrar un concilio nacional <; en que, reunidos los pueblos todos 
(le América, podrían con uniformidad y con la debida sumisión á 
la santa sede, arreglar muchos puntos difíciles en sumo grado (2). 

Kn el oficio datado en la sala capitular de la santa iglesia ca- 
tedral dé (íuadalajara, dirigido al vicegobernador del estado, .se 
lee: : En este acuerdo (pie manifestaron á V. E. en contestacií'm 
á .su citado oficio, acredita el cabildo sus inalterables principios 
de subordinacii'm y deferencia á la ¡lotestad civil en Toda la exten- 

(1) Obra cit.ida. ii;í;;iiias 30 y 40. 

(2) Iileni, página .">3. 



sión (le la esfera de sus atvil)udones su[)remas, y siemiu'e se hará 
im liouor de dar públicos testimonios de esta defereucia (1). 

El eoiígreso coustituyeute del estado de Jalisco decretó la lua- 
uera cómo se había de jiirav la constitución, y el articulo 7" dice : 
<~ En la mañana del siguiente dia prestaron en manos del vicego- 
bernador juramento de observar la constitución del estado, bajo la 
fórmula contenida en el artículo 1 1 de este deci'eto, el reverendo 
obispo por sí ó por apoderado, la junta auxiliar de gobierno... el 
venerable cabildo eclesiástico con el provisor, la universidad, los 
colegios clerical, seminario y San Juan, los prelados de las religio- 
nes de esta capital... ^^ (2). 

De manera (|ue por acto solemne y público las autoridades re- 
ligiosas juraron la constitución, reconociendo así, á pesar de las de- 
claraciones de hal)er cesado el derecho de ¡tatronato, la subordi- 
nación á la íiutoridad civil territorial, y confesando por este hecho 
que el patronato es de esencia de la solteranía, puesto que la edifi- 
cación, mantenimiento de las iglesias y del culto, lo costea el te- 
soro de la nacií'tn. Las salvedades que hicieron obispos y cabildos 
eclesiásticos son fáciles de explicar, porque la santa sede no podía, 
sin reconocer la independencia de las naciones, practicar ningiin 
acto (jue ofendise al i'ey de España, con quien la santa sede esta- 
ba ligada por el concordato que le reconocía el ])atronato en las In- 
dias. Y muy difícil era en esa época que la santa sede reconociese 
esa indei»eudeucia, cuando España defendía sus derechos sobre las 
colonias americanas. Estas circunstancias explican las ai)areutes 
contradicciones de los ol)ispos y cabildos mexicanos (8). El comisio- 
nado (pie el gobierno del entonces emperador Iturbide, quería 



(1). (>]>. cit., tumo I. página 80. 

(■2). l'dcui, piigina .SÓ. 

(3) « Uno de los puntos más descuidudos lioy en la enseñanza de la juventud, — 
dice el doctor Patricio Matamoros, — y menos estudiado por los ya foruuidos, es el de 
las regalías nacionales ; y así no es extraño que se hayan mostrado contras ellas, por 
el clero atrasado y ultramontano, tantas pretensiones; que pongan en planta los curia- 
listas tantos avances ; y que tampoco se contesten por lo que \leben hacerlo. No 
era así en el tiempo que pasó. Si los reyes no permitieron en América los estudios 
de ciencias, encargaban mucho se estudiasen las obras en que sus derechos eran de- 
fendidos ; y no podía así dejar de ser... Los juristas que estaban por el orden, y 
contra la usurpación, estudiaban las regalías y las explicaban. Conocedores, por la 



mainlai aiitf la santa sede, fi-iiía <|iR' trac-asar en su luisiúii i>i)r 
Ids iiiit'ivses políticds (lUf tral>al)aii la acción puramente gerániui- 
ca (le su santidad, no eran <litieultades eclesiásticas sino coniidi- 
caciones políticas con el rey de España, lo <pie diticultaba la inme- 
diata armonía «le amUas ¡lotestades, y por ello la necesidail de 
adoi»tar un temperamento provisional. 

El cabildo eclesiástico de Jalisco, |ior olicio datado en la salaca- 
jiitular de la santa ijílesia de (iuadalajara, en 14 de noviendne de 
1.S24 decía: Sensible nos es, pero preciso, el reiterar ipie si no 
sou admitidas nuestras excepciones y i)rotestas, de ninguna suerte 
uos es licito, no sólo el jurar, i»ero ni aun concurrir personalmente 
á los actos del jiu-amento, publicación del código de Jalisco y cele- 
bración de la misa de gracias - (1). 

El vicegobernadt>r contestó que las exp»>siciones hechas por v\ 
calúldo eclesiástico se habían sometido al honorable congreso cons- 
tituyente: pero en 1."» de noviembre de 1.S'_'4, en oticio tirmado á 
las ;> de la tarde, y dirigido al deán y cabildo eclesiástico, dice: 

Declarada la soberanía de los estados de la confederación mexi- 
í-ana, es indudable ([ue ellos deben ejercer, respecto de la discipli- 
na exterior de la iglesia, la misma autoridad (pie tienen todos los 
estados soberanos del orbe católico, y (lue iniítilmente se les ha 
(pierido disputar por la curia romana (2). Xo debe hal)er diferencia 
alguna en este punto entre la autoridad (|ue anteriormente ejercía 
el rey de España en las iglesias del estado, y la (|ue ahora corres- 
historia, lie 1.1 usurpación de Konia y de sus injustos avances, estuvieron listos pa- 
ra defender el derecho, y oponerse al despotismo y las invasiones de la curia, y tra- 
taron de que prevalecieran los derechos de los pueblos...» Patricio Matamoros. 
Manual del regalicia, eon la agregación de la carta al señor doctor don Francisco de P. 
J'igil sobre infalibilidad. Lima, 1871, 1 vol. 

(1). Oh. cit., tomo I. páfiiua 93. 

(2) Recordaré lo .siguiente. Instituido el arzobispado de Buenos Aires, en 1862. 
monseñor Kscalada prestó este Juranieuto : « Juro por Dios nuestro señor y estos 
santos evangelios, que en el ejercicio del oblsx)ado seré fiel á la nación, reconociendo 
su soberanía y alto patronato ; que lo guardaré en todo y por todo llanamente, sin 
impedimento alguno : que no aceptaré dignidad alguna sin expreso consentimiento 
del gobierno nacional, y que en ningún caso haré promesa que pueda considerarse 
opuesta al que actualmente presto de conformidad á la misma constitución, quedan- 
do salvas las leyes de Dios y de la iglesia... » Patronato nacional argentino, etc., por 
Cesárko Chacaltana, abogado de los tribunales del Perú. Buenos Aires, 1885, 
piígina 140. 



— 200 — 

poude al mismo estado por su soberanía, en todo lo qne toqne á 
sn administración y golñerno interior ; y cualquiera (]ue intente 
establecer alguna distinción en este particular, (') pretende que la 
nación permanezca bajo la antigua dominación española, ó ignora 
los principios del gobierno federal. Con arreglo á ellos determinó 
el congreso, y no podía dejar de hacerlo, que una de las atribucio- 
nes soberanas del estado es fljar y costear todos los gastos necesa- 
rio.s para la conservación del culto, en la misma í(n'ma en que antes 
lo hacía el gobierno de España, y en la que deben hacerlo los estados 
soberanos del mundo y esta es la verdadera inteligencia de la se- 
gunda parte del artículo 7°, que sólo puede chocar á los que no 
quieren reconocer la soberanía de los estados de la confederación 
mexicana. kSin embargo de esto, el congresQ nunca dejará de ob- 
servar los concordatos que celebre el congreso nacional de la na- 
ción con la silla apostólica (1). 

El conflicto entre los d(js partidos lleg(S á su estado grave ; tan- 
to que en los oñcios se fija la hora del día en que se envían, dato 
que demuestra la gravedad de la situación. El cabildo contestó el 
19 de noviembre de 1824... « que sin faltar á nuestros deberes más 
sagrados, ni podemos jurar artículo alguno que esté en oposición 
con la constitución general, que solemnemente habemos jurado 
obedecer y observar, ni otro alguno cuyo tenor é inteligencia des- 
tituya á la iglesia católica, apostólica, romana, de la dignidad y 
autoridad que reconocen en ella los gobiernos cultos, cualquiera 
que sea su nombre y forma » (2). En la misma fecha dirigió otro 
extenso oflcio sobre la misma materia, el día 17, en la cual se lee : 
« Dejaremos con mucho sentimiento de pertenecer al estado de 
Jalisco, como de otra suerte lo (piisiéramos : teniendo á mucho 
honor el ser individuos de una sociedad á que estamos ligados con 
los vínculos más caros... contentándonos con ser tratados como 
extranjeros, por lo respectivo á este estado, mientras no podemos 
salir de su territorio ;■ (3). 

En este conflicto (¡ue ])odía ser síntoma de un cisma, la autori- 



(1) Ob. cit., tomo I, púgiua 99. 

(2) Ídem, ídem, página 105. 

(3) ídem. ídem, página 111. 



dad nacional icconicudii cni arfcidaiiiciitc ;i la del t'>.iail<> d<' .la- 
lisco - <iue, peuetnhiddsc de la üiavfilad del asiinlu. cstor/.ara los 
medios que están en su aildlrio |>ara piccaveí- iodo urncro de 
aeonteciniientosque puedan [¡eiturharla paz interior iU- la rfpúiili- 
ca... l".l udlifiuador del estado se dirigió al deán y caliildo re- 
produciendo ese olicio \ aure,!>ó : Con tan laudable lin v el <le 
evitar cnalipiier extravio di' la opiuií'in, y i|Ue acaso se altere la 
tranipiilidad y td orden público, dignos ol)jetos de uuestra presen- 
te atenciiui, esjiero que \'. S. i. i)restará su asisteiu'ia á los actos 
(lesifiuados por el bando <le 13 de este mismo mes, sin perjuicio de 
(HU' al tiempo de recibir el juramento ratiti(|ne las protestas (|ue 
aun le parezcan oportunas, pues así se acreditará (pie esa veneial>le 
corporación se lia conducido con armonía, juiciosidad y decoro, 
sin contrariarlos sentimientos (pie lia mauit'estado... y su deferen- 
cia á las disposiciones del üobierno... Kste oficio está datado en 
(íuadalajara, á 18 de noviembre de ISL'4. Kl cabildo contesta el 
mismo (lia: expresa (pie siempre reconocieron la importancia de 
toda clase de sacrilicios para conservar la paz y (d orden pi'iblico... 
hicieron y liarán cuanto sin comprometer su conciencia, evite 
escándalos, aun la remotísima ocasi('m de (pie se altere la ainio- 
nía pública... lln pruel)a de estos sacrilicios no liemos licídio más 
(|ue representar la verdad y la ju.sticia, con toda moderacií'ni, á 
los poderes legítimos. Hemos íi-anqneado la santa igh^sia catedral 
con cuanto le pertenece para la oelebracii'm de la misa: hemos eri- 
gido un tablado para (pie en t-l .se publiípu' la c(uistituci('m, sin 
embar.üo de ipie poraipiello y ésto no lian faltado niuriiiuraciones; 
y liemos por ultimo sellado nuestros labios ]);ira no tomar en boca 
las censuras y penas con (pie la iglesia tiene un derecho de soste- 
ner su autoridad cuando es atacada... hemos manifestado (pie no 
tomaremos otra medida que la de reputarnos y conducirnos como 
extranjeros por lo re.spectivo á Jalisco > (1). 

Esta correspondencia muestra en el cabildo eclesiástico un sen- 
timiento de pretenciosa superiovidad, un predominio ultramonta- 
no y fanático, para amedrentar al p(»der civil, interesado en evitar 
guerras intestinas, caído (d imperio, fusilado Iturbide y aun ca- 

(1) ()b. eit.. tomo I, páfrina VM. 



lientes los intereses peiiiusiünres en el clero eu liivor del domiuio 
español (1). 

El congreso, [xtr oiici(» fiel mismo día, liizo esta declaración 
medrosa, que, trauscurriendolos tiempos, produjo la separación de 
la iglesia del estado, forzosa solución para contener el vanidoso 
poder teocrático... < el congreso desea alejar cualquiera equivoca- 
ción que i)ueda inducir la interpretación (pie se ha hecho por el 
cabildo eclesiástico de las disposiciones del mismo congreso, pro- 
testa de niievo que, al declararen la segunda parte del articulo 7" 
de su constitución, que es atril )ución del estado íijar y costear to- 
dos los gastos necesarios parala conservación del culto, no trata de 
usurpar á la iglesia la autoridad que le corresponde en este punto, 
y que el mismo estado se arreglará en lanuiteriaá sus leyes y 
concordatos existentes ó (jue en lo sucesivo se celelu'cn con la na- 
ción » (2). 

(1) « Las denuís leyes <le este título 6", estáu reducidas á rejílaiiieutai- el derecho 
de patronato. En la 1^ del título 7° del propio libro, se manda que los arzobispos y 
obispos que fueren presentados, juraseu entre otras cosas no contravenir al patrona- 
to real, y que lo guardarían y cumplirían eu todo y por todo como en él se contiene. 
En la 3^ señala límites ú los obispados, y cjuiere qae sean 15 leguas de contorno 
por todas partes desde el pueblo donde estuviese la catedral, y cjiíe las tierras que 
mediasen de un obispado á otro, se partiesen y cada uno toma.se la mitad. La i'^ 
prohibió ordenar tantos clérigos como ordenaban ; y la 8^ prohibe se den licencias 
para celebrar, confesar y predicar á sacerdotes que sin expreso permiso real fuesen 
íl ludias ». (Manual del regalista, etc., por el doctor Pathicio Matamoros.) Cito estas 
palabras que explican el empeño con que el deán y cabildo de Guadalajara sostenían 
que el derecho de patronato había cesado desde la independencia, y qni'. ;í pesar de 
las declaraciones de la constitución de .Taliscn, snruiera un contlicro que era un sín- 
toma de ultramoutanismo reaccionario. 

(2) Ob. cit., página 125, tomo I. Para que se juzgue de esta declaración, arrancada 
por la ijresión del clero, citaré lo siguiente : « En todas las constituciones que se 
ílieron los pueblos, se reconoció el derecho de nombrar para los destinos eclesiásticos 
y se reputó una de las atribuciones del poder ejecutivo. E.s una de sus atribuciones 
ejercer el patronato nacional. Cuidaron mucho los españoles del goce de este dere- 
cho, y lo defendieron con tenacidad en la oj)osición que hacía el alto clero, muchas 
veces ignorante y ultramontano. Entre nosotros, muchos eran los llamados regalis- 
tas, denominación que se daba á los que sostenían el patrfmato, y los derechos de la 
autoridad civil en materia de di.soipliiia. La mayor parte del elerí) americano tenía 
adoptadas otras opiniones, y no hacía lo que hoy. Reconocían el patronato y todas 
las regalías, y .si solicitaban beneficios eclesiásticos de los patronos, lo hacían porque 
estaban penetrados de que el gobierno tenía el derecho de ejercitarlo». (Manual del 
rcgalinta, cotí la a¡ireriaeiún de la carta escrita al señor don Francisco de Paula A. Vit/il 
sobre infalibilidad y el eutredirlid dr l'uiio. \niv I'atiucio Matamoiíos. Lima 1S72. 
I v. de 368 páginas). 



203 — 



Es fviilfiiti' <nu' la caída lU-l fluiii'ri> iiiiiH-rit» ilc ltiul>iilf alniti'i 
al clero nltramimtauo i>aia inovocar una rcafi-ión, tal ve/ una 
ivvoincióii contra la iniUípcndcncia, y la (Icliilidad «Icl ronj-rcso, 
en su precedente declaración, revela el temor de la guerra civil. 

Agrega, sin embargo, la declaración del congreso... al mismo 
tiempo repite tpie la curia nuuaua ha (pierido disputar á los esta- 
dos soberanos la autoridad ([ue lescorresjunidc por su soberanía en 
orden á la disciplina exterior de la iglesia, y aun las (|Ue deben 
ejercer exclusivamente en negocios civiles, y «[ue ésto sucede 
al"uuas veces sin noticia tle los romanos ¡lontíñces v . Enumera las 
bulas en (pie atacaba la soberanía ; cpie á los obispos de América, 
las antiguas colonias de América, se les expiden bulas por la curia 
romana «leclarándolos señores temporales de sus respectivas dió- 
cesis, las cuales se retenían por el consejo de Indias; y que todavía 
.se deja correr la sacrilega y detestable opinión del .jesuíta Salme- 
rón, de (|ue la doctrina de los santos apóstoles san Pedro y san Pa- 
blo sobre obediencia á los protestantes civiles, fué una nueva atlu- 
lacit'm de los mismos apóstoles á los emperadores romanos (1). 

El congreso pide circule por todos los pueblos del estado y á 
todos los estados de la confederación para (pie se convenzan, «pu- 
la .segunda parte del artículo 7" de la constitución no pretende 
usurpará la iglesia la autoridad qne debe ejercer para su discipli- 
na exterior, y sólo trata rf<? sostener las regalías que le correspoiuJeii 
al estado eoii arreglo á las leyes y eomordatos vigentes... eouforme á 
la solnranía dil mismo estado, que solamente puede desconoeerse por 
los < litmigos de la iiidipcndtueia y di la federaeión. 

Á pesar de estas declaracittnes, el cabildo eclesiástico insistió 
sobre la negativa de jirestar juramento, poroliciode 19 de noviem- 
bre de 1824. Los jirelados regulares de las órdenes monásticas de 
santo Domingo, de san Agustín, san Francisco, Carmelitas, la 
Merced, y san Juan de Dio.s, por oticio de 1 ó de no\ íembre de 
1S1Í4. dirigido al vicegobernad«u\ dijeron: c que no estamos en 
disposición de .jurar la constitución de .lali.sco, y aun nos será 
muy sensible asistir al paseo y funciém de iglesia... (2). Kl vice- 



(1) Ob. cit.. tomo I. ]>;í;íiiia 117. 

(2) ídein. i.ági":' ^-^-^ X l-^'- 



goberuadoi' acusa recibo y remite las declaracioues al cougi'eso, y 
espera coucnrrau al acto, (juedaiido eu libertad para patentizar 
(|ue su asistencia l'né un efecto de mera sumisión y (¡ue ella de 
ninguna manera contradice sus sentimientos. Pues bien, replica- 
ron con feclia IS del mismo mes y año : <; que por las leyes muni- 
cipales (pie constituyen lo esencial de nuestros sagrados institutos ; 
l)or las determinaciones de los concilios generales, no reconoce- 
mos, dentro de la órbita de nuestras facultades, autoridad para 
deferir al paseo y asistencia de iglesia á que se nos exige, y^ 

Más aun : la universidad, reunida eu claustro, resolvió no asis- 
tir á la solemnidad sino lo hace el cabildo eclesiástico y reveren- 
dos prelados, y así lo comunicó al vicegobernador en oficio de 17 
de noviembre de 1824. Eu vista de la reclamación del gobierno 
civil, resolvió el claustro asistir á las ceremonias, excepto para 
prestar jiu'amento. 

El contiicto de autoridad tomó más amitlitud, por cuanto el 
calúldo eclesiástico de México solicitó del congreso se atendiese 
las exposiciones del cabildo de (xuadalajara, apoyándolas. El 
obispo y cabildo de Puebla siguió el ejemplo. El cabildo de Mi- 
clioacán declaró (]ue se liallal)a decidido á sostener á toda costa 
los sagrados y respetables derechos de la iglesia; hizo una exposición 
al congreso y al presidente de la república. El obispo de Sonora, 
en oficio de 25 de noviembre 1<S24, se dirigió al deán y cabildo de 
Guadalaiara apoyando su actitud. El cabildo eclesiástico de Oajaca 
siguió el ejemplo, y el de Monterrey: la manera uniforme de proce- 
der las autoridades eclesiásticas debii) alarmar al gobierno, pero 
el congreso constituyente de los Estados Unidos Mexicanos dictó 
un decreto, ipie dice: . El artículo 7" déla constitución del estado 
de Jalisco debe entenderse sin perjuiciodela fiícultad 12" del artícu- 
lo 50 de la constitución general de losEstados Unidos Mexicanos, eu 
cuyo sentido sin protesta alguna aíjuel venerable calúldo prestará 
el juramento á dicha constitución » México, diciembre 2 de 1824. 
El cabildo de Guadalajara comunicó este decreto al vicegobernador 
del estado de .lalisco, diciendo que nunca tuvieron más objeto que 
el de sustriicr los (hnrlios i/ la (liiiiii(l((d (h la if/lcsia, de manera (jue 

(1) Uli. cit., tdiiici ]. página 13t5. 



el (locR'to (k'l coiiiiTeso tiiiui|nili/.a la (MHicicutia : lo (|iif iiiiiinr- 
taba t*l más ruidoso trinnío del jtodcr fcli'siástlco, (|iu' no liiibicia 
obtenido liajo la denoniinaci('>n esiiafiola, tan fciosa del itatronato 
y retalias. 

Kl <-oni;rt'S(MUKMonal constitiiycntc dicti'» esta ley: <: Mientras 
el coiiüreso general, en virtud de la facnllad '_' ' <lel artíoido .')" de 
la eons-titueión, no diete las leyes por las cnie se arregle el ejereieio 
del dereeho de patronato, no se liará variación eu los estados en 
puntos eoneernientes á rentas eclesiásticas; á no ser (pie ambas 
autoridades acuerden dicha variacií'm. piidicndo cuahiiiicra (!«• 
ellas proponer al con.ureso general las reformas (pie estime conve- 
nientes en los demás inintos... Kste decreto fué derogado i>or 
otrodenoviembn-de 1 s.'.;*,, y al comunicársele al obispo deMiclioa- 
cán, contestó (pie quedaba enterado, salvo los derechos (pie tiene 
la iglesia universal para proveer á la subsistencia del culto ;. (1). 

Kn ios comienzos de 182") la comisión de relaciones exteriores 
se ocupa de las instrucciones (|ue debía llevar á liorna el enviado 
del gobiei-no. Declara que no debe solicitarse el reconocimiento de 
la independencia p(n- el sumo pontífice : ambicionaba se declarase 
el iiatronato con las ampliaciones (pie lo tuvo el gobierno anterior: 
nada tcndiia (|Uc desear para el arreglo de las iglesias. C'(mcretaba 
en esta forma lo (pie deltía pedirse á su santidad: 1" que conceda 
á la nación mexicana el uso del patronato, con que fueron regidas 
las iglesias desde suerecciim; 2" (piesecontimien á los obispos las 
facultades llamadas sólitas por períodos de '20 años, prorroga- 



(1) tu/cccióii edexiáxUca mexicana, tomo IV, píígina 222. Conviene que ante esas 
resoluciones, recuerde la opinión de los fiscales Canipoanior y Florida Blanca. «I^a 
verdadera causa de la decadencia de la nación consisto en que las tierras han 
ido cayendo en manos muertas. Las familias seculares se lian vuelto jornaleras, y 
labran ya como mercenarias, porque al tin no labran para sí... porque están redu- 
cidas íí dehesas y habitaciones de bestias los que antes fueron campos labrados, «i 
de pasto y labor... ¿Cuantas ñuidaciones se han hecho por sugestión en las confe- 
si(5nesy por vías que en el siglo no son lícitas, y mucho menos en el fuero interior? 
El abuso de adquirir por todos los caminos las manos muertas ha producido que las 
comunidades, que renunciaron al mundo, se convirtieran en casas de labranza, y las 
de los vecinos en casas de mendicantes, y viniendo las cosas por un orden inverso ¡í 
volverse contra su propia institución ; ésto es, rico el que profesaba pobreza, y pobre 
el que necesita bienes para mantener su familia, propagar la especie humana y sufrir 
las cargas de la república ». (Patricio Matamobos, Maiinal del rcijaUsta. pág. 111, 
y 142. Lima, 1872.) 



— 200 — 

bles ; tiiie se declare líi agregacióii de la iglesia de Chiapas á la 
ax'zobispal de México; .3" qtie sii santidad provea de gobierno suije- 
rior á los regulares, en armonía i-on las iustitucioues de la repúbli- 
ca y las de las constituciones religiosas. 

En la sala de comisiones en el senado, México á 128 de febrero de 
lS2tí, acordaron (pie, en el dictamen proponiendo las bases é ins- 
trucciones de que debía ser provisto el emisario ante su santidad, 
se estipulase : 1" proliilHci(5u de libertad de cultos; 3" la república 
está sometida á los decretos de los concilios generales sobre el 
dogma, pero es libre para aceptar sus decisiones sobre disciplina: 
4" el gobierno general mexicano tiene la facultad exclusiva de arre- 
glar el ejercicio del patronato en toda la federación : ñ" el mismo 
congreso general se ha reservado arreglar yfijar las rentas eclesiás- 
ticas; (>" el metropolitano de México hará la erecci(Sn, agregación, 
desmembración ó restauración de las diócesis, conforme á las sec- 
ciones civiles (piedesigne el congreso general : 7° el mismo metro- 
politano, ó en su defecto el diocesano más antiguo, confirmará la 
elección de los obispos sufragáneos, y éstos confirmarán al metro- 
politano, dando cuenta en uno y en otro caso á su santidad ; 8° todos 
los asuntos eclesiásticos se terminarán definitivamente dentro de 
la rei)ública según el orden prescripto i)or los cánones y leyes... ; 
1 0" las comunidades religiosas de uno y otro sexo se arreglarán 
exactamente á sus respectivos institutos, en lo que no sean con- 
trarios á las leyes de la república y á las que previenen los cáno- 
nes, quedando sujetas al metropolitano en todos los casos... Por 
último, que solicitase al romano i)ontífice para la convocatoria de 
un concilio, y que la república asistirá con lOO.OOO pesos en clase 
de oblación voluntaria para los gastos de la santa sede ; y la cláu- 
sula 14 dice : < ]»or los medios que estime convenientes negociará 
el gobierno con los de las repúblicas de América que se pongan de 
acuerdo en lo posilde en las anteriores instituciones, á fin de que 
se eleven desde luego á su santidad á nombre de los que se uni- 
formen ;> (1). 

Observo (pie se olvidalta la tradioi(')n regalista, pues la autori- 
dad política aparece fanática y ultramontana. Kecordaré lo que 

(1) Colección cclvidiitica mcxican». toiiiD scjíundo, ji;ígiuas ")!>, (iO y til. 



e.stíiUlecía el tiipitiilo XXX\ íMpriiiur roiivilio iiifxkaiin : en *'l 
edificio (le dichos monasterios é i<>lesias, se ha de teuer uiás ves- 
peto al liii'U \ aiirovechaiiiieiito espiíitual de los naturales, (pie 
no al conttMitaiuH'nto y consolación de l(»s cléri<>-os y reli.ü,ios(»s 
nioradon- de ellas; mandamos (|nc los dicliDs monasterios é igle- 
sias, inimcio ijue se ediliiiucn ni se de licencia por el diocesano 
para ipie se hajian, se mire i|ue tenyan consideración más al apro- 
vechamiento y Imen enseñamiento de los in<lios naturales, (pie 
l>nedan participar de la doctrina y sacramentos, (pie no á la fres- 
cura del luiiar, ni al contcntanúento de dichos religiosos, y minis- 
tros, conforme á lo (pie S. ^I. tiene por sus reales ci^dulas man- 
dado, y en esto no itretendemos derogar en ninguna cosa á los 
privilegios que tienen los religiosos > (1). 

Y en cnanto á convocación de concilios, recordaré lo (pie enseña 
Patricio Matamoros : Trátase en ellos de puntos de disciplina 
(pie son transcendentales á la naci(m, (¡ne pueden ser contrarios á 
los verdaderos intereses de los pueblos y gobiernos, y (pie tand)it''n 
|)ueden atacar los derechos de i)artieiilares... El gobierno no jinede 
ni debe consentir en la reunií'm, si para ello no se pide pernuso, y 
sino hay en ellos un coniisi(ma(lo (pie se imponga de cuanto se 
trata, del modo de (pie se trata, y de lo «pie se decide. Para aten- 
der á estos objetos dictanm los reyes españ(des leyes tenninanles 
liara Indias, y es innegable é inconcusa la intervencii'm (pie en 
ellos tomaron los reyes en la península, intervenci(m de (lue no 
gustó Koma, (pie trató de (pie desai»areciera y (pie desistiesen de 
ella los monarcas > (2). 

(1) CoiK-ilios provinciales. Primeni y scgiindo, celehrailos en la muy nolil'/ y muy 
leal cinilad ile México. Presidienilo el iliistrisímo sefiin- don fray Alonso Montúfar, 
en los años ir>55 y 1565. Dalos á luz el ilustn'sinio don Francisco Tiburcio Loren- 
zana, arzobispo de esta santa metropolitana. México, año de 1169, página 93. El 
tercer concilio iiiexicano se celebró en 1585. Asistieron el arzobispo don Pedro 
Moya y otros 6 obispos, los cnales concurrieron en la celebridad del Corpus á 
uii certamen literario . « Eran entonces muy comunes, así en España como en Amé- 
rica, ést.is justas literarias en que se ejercitaban y estimulaban mutuamente los 
ingenios: costumbre loable de nuestros laboriosos antepasados, que pudiera haber 
producido los mejores efectos si la sana crítica y un gusto filosófico hubiera dirigido 
estos certámenes... » Siglo de oro en lan nelraa de Erifle, compuesto por don Bkkxaiu") 
DK Valiiciína, obispo de Puerto Rico. Edición corregida por la Academia española. 
Madrid. 1K21. 

(2) Patruiii MataMiiKcis. Muimul del iifirtliilii. etc.. página 238. Lima. 1S1I7. 



liiis iii.struccioues tau laljoriosamente íliscntidas, puesto que co- 
luenzaron á exaininav.se eu 1S22 y fuerou al ñu saueiouadas eu el 
.seuado eu se]ttieiubre de 1827, dicen : l"que uegoeiara que su san- 
tidad eouíirme para la silla episcopal del distrito federal, ]»ara las 
episcopales y auxiliares, á las personas (pie determine el presidente 
de la república con arreglo á las leyes; 2" negociará asimismo que 
el metro[)olitauo ó en su defecto el obispo más antiguo ratifique las 
nuevas ereccioues, agregaciones ó desmembraciones de dicjcesis, 
(pie decrete el cougre-so; 3" por último, para que el arzobispo ó el 
obispo más antiguo eu su caso, confirme á los (pie se presenten, se- 
gún las disi)Osiciones del congreso general, [)ara las sillas arzobis- 
pales ú ol)ispales (pie fueren vacando (1). 

Conviene ([ue recuerde la situaci(')n análoga sol)re la iglesia en 
la República Argentina, y paréceme útil re[)roducir un párrafo de 
la coiuuuicaci(')n «pie dirigi('> á su santidad el gobernador de la pro- 
vincia, don Juan José Viamonte, refrendada por el ministro don 
Tomás Guido, el 8 de octubre de 182!». Dice : <: En tan críticas y 
apuradas circunstancias tiene la felicidad el gobierno argentiuo de 
acercarse con todo el respeto y consideraci(')u (pie le inspira el co- 
nocimiento de la alta dignidad de vuestra santidad, á reclamar de 
su paternal bondad y notorio celo jtorel logro de los fines que este 
gobierno se propone en el presente ocurso, se sirva destinar un 
obispo, sino con jurisdicción ordinaria en toda la antigua diócesis 
de esta ciudad y capital de Buenos Aires, al menos con el título de 
in 2)(irtihiis iiifidclinm, pero autorizado competentemente para re- 
formar, rei)arar y revalidiu- lo (pie sea conveniente, y no esté en 
cuntradirctón con las hiles vUjcntcs en el país > (2). 

Su santidad Pío VIII respondió de 8an Pedro en Roma, el 1 3 
de marzo de 1830, primero de su pontificado, de la manera si- 
guiente : : Por t-sto es (pie luego (pie fuimos puestos al timón de 
la nave de San Pedro... no tardamos en darles un obispo en la per- 
sona de monseñor don Mariano Medrauo, quien ordenando, con- 
firmando, bendiciendo, jtreviniese la extinci(')u del sacerdocio entre 



(1) Coleac.ióii eclesiíMlca modfniu. tiiiiid 2, págiiia 211. 

(2) Memorial ajustado de los diversos expedientes seguidos sobre la provisióu de 
de obispos para esta iglesia de Buenos Aires, página 64. 1834. 



ellos, k's suiuinistrasc las saciadas riismas, ('• hicicsf {\i\i- no Ifs 
quedase cerrado uinguiio de los tesoros do la inlosia... no omiti- 
mos ampliar, y uo jnx'o, las facultades (nic monseñor el arzolíispo 
do Kilipos le liahía revestido antes de abandonar la América... Nos 
ha sido por tanto sumamente grato el saber (jue la elección del su- 
jett), á (piien reputamos digno, piadoso y santo ministro, haya 
estado conforme á los deseos mauifestados posteriormente p(n' 
V.E..(1). 

VA señor .\rosemcna dice: Hemos \ isto <pic di-sdc la indcjirn- 
dcncia hasta 1S,")7 todos los actos consecutivos en México recono- 
cieron la reli,i;ié)U caté)lica como única cuyo cult<) fuese tolerad() 
en el país. Siguió como antes la unión entre el gobierno y la igle- 
sia, con mengua y menoscabo de ambas entidades, cuyos resulta- 
dos eran por un lado, intervención del clero en asuntos civiles, 
posesión y administración de i)ropiedades, subsidio del tesoro jui- 
blico, y fuero de administración de justicia, y ¡tor otro, interven- 
ci('in <le las autoridades civiles en el nombramiento de las edesiás- 



(1) íiliMii, pií^iiias. 65 y 66. El obispo de Aiilóu solicitó el exequátur dfl gobierno 
para cxpeilirse en el ejercicio de su jurisdicción, y en la vista fiscal se lee : «que en 
cuanto al obispado y ejercicio del pontifical del reverendo obispo de Anión en la 
diúceüis, uada resta que hacer, siuo que se le requiera par.a que preste los juranieu- 
t«s que debió prestar antes de consagrarse, y que es necesario hoy suplir, según lo 
expuso y pidió el fiscal por su respuesta de 11 de diciembre... » Buenos Aires, enero 
24 de 1831. En el Memorial ajitütado están los documentos en los cuales consta la de- 
fensa del derecho de patronato. Para apreciar la resolución del pontífice, que cito 
en el texto, conviene que recuerde la ley de 21 de diciembre de 1822. « En virtud 
de ella se modificó la situación del seminario conciliar ; determinó la manera de 
arreglar las jurisdicciones de las parroquias y el número deístas; desconoció la 
autoridad ile los provinciales en las casas de regulares y reglamentó algunos puntos 
relativos á la disciplina de los conventos religiosos ; abolió los diezmos y el fuero 
personal del clero y fijó otros puntos que, como los antecedentes, afectaban en lo 
más íntimo de la disciplina de la iglesia ; dio, en fin, una org.anización especial al 
cuerpo capitular ó senado del clero. Esta ley, vigente aún, es conocida con el nom- 
bre de ley sobre reforma del clero, y constituye, en la historia del derecho argenti- 
iirt, el más elocuente testimonio de las facullades ejercidas por el gobierno en orden 
al patronato nacional ». (Patronato nacional argentino, etc., por Cesáreo Chacaltaua, 
página 193.) Compárese esta ley de 1822 y las palabras del despacho dirigido á su 
santidad eu octubre de 1829, en la cual se establece la reserva condicional « que no 
estiS en contradicción con las leyes vigentes en el país», y se juzgará de la profunda 
diferencia del procedimiento de la autoridad argentina y de la energía en sus rela- 
ciones con la santa sede, antes que en México se estableciese la separación de la 
iglesia V del estado. 



ticas en su modo de admiuistrat'i('»ii ó discii)liiia externa, en una 
\}iúíú)vii el patronato » (1). 

Como la constitución del 5 7 giuu'dase silencio en materia de 
culto religioso, juzgóse que implícitamente quedaba modificada 
aquella situación. Ya desde los primeros años que siguieron á la 
constitución de 1824, el congreso había decretado la ocupación y 
nacionalizacióu de las propiedades eclesiásticas, por las razones y 
con el objeto que lo lian lieclio todas ó la mayor parte de las nacio- 
nes católicas. Pero esas leyes habían (piedado, á lo menos en gran 
parte, sin ejecución, y no vinieron á cumplirse de un mo(h) serio 
sino cuando empezó á ejercer el poder ejecutivo el presidente Juá- 
rez, y fijó su residencia en Vera Cruz, es decir, por iulio de 1858. 
Por decretos de esa fecha no sólo ordenó la eiecución de las leyes 
sobre desamortización eclesiástica, sino que sancionó la tolerancia 
religiosa, dándole empero consecuencias que para la época eran 
por lo menos imprudentes (2). « Al decretar, pues, la tolerancia re- 
ligiosa, — continúa el autor citado, Arocemena, — México y los 
demás países de origen esi>añol hicieron justicia á los disidentes 
del catolicismo romano; pero al mantener con éste la alianza que 
heredaron de Es]>aíia y (pie se había estimado como medio de de- 
fensa por el ])atronato, ])ermanecieron reducidos á la condición 
que imprime la teocracia. Quedaron asimismo sujetos á las con- 
tiendas (pie suscita la curia romana, siempre (pie los actos del 
gobierno civil tienden á marchar por una vía distinta de las bi- 
blias, conciliares ó pontificias nociones del Vaticano ó sus repre- 
sentantes más inmediatos. De aquí el segundo movimiento, la se- 
l)aracióu > (.3). 

Narraré ahora las controversias con el partido clerical, arzobis- 
pos y obispos, durante el reinado de Maximiliano, á quien, cuando 
fué á Koma á recibir la bendición apostólica antes de coronarse, el 
pontífice le hizo presente el ])rofundo dolor de su coraziSn por el 
estado en (pie se hallaban en México los asuntos relativos á la igle- 



(1) Doctor Justo Arocemesa, Estudios conslilucionnles sohrc los fioliirnios tlr la 
América latina, segunda edición. 

(2) ídem, página 263 ; Ai.e.iaxdro Axííulo Gukidi, Temas políticos. 

(3) Obra antes citada. 



siii. Su santidad k' esciiliii') siendo va fniiiL-radui', y v\ 1 7 de di- 
fienihre de 1S(>4, siete días después el nuuciu apostólico, monse- 
ñor 31eiilia. tuvo una lar<;a eonteieni-ia i-ou Maximiliano. ; En ella 
luesenti'» el emperador al enviado del papa, — diee Zamacois, — !> 
puntos, como liase para el arreglo de los asuntos de la iglesia, cuxo 
resultado a.uuardalia el país con ansiedad (1). 

Monseñor Me^lia, nuncio apostólico, manifestó (jue carecía de 
instrueeioues para tratar esa materia. Idéntica respuesta di('> al 
ministro de justicia, don Pedro Escudero y Echauora. El «Mnjtera- 
dor (juiso (|ue el nuncio le diese por escrito la respuesta, y el mi- 
nistro de justicia le escribió diciendo, cpU' habiendo expresado el 
nuncio al emperador y á la emperatriz (pie no tiene instrucciones 
y (pu' daría cuenta á la santa sede, pero como la falta de iustrnc- 
cituies ha de ser cansa de ulteriores medidas de S. ^M., desea que 
conste por escrito este hecho. El nuncio respondió: mi misión 
tenía por ol»jeto : primeramente, ver, revocar y abolir al mismo 
tiempo une las leyes (pie llaman de reforma, todas aipiellas con- 
trarias á los sagrados derechos de la iglesia, aun en vigor aijní ; 
activar la publicación de otras leyes encaminadas á reparar los da- 
ños (pie se han hecho, y establecer el orden en la administración 



(1) XicETO DE Zamacois, Historia general de México, ftc, tomo XVII. Copinré 
esas l>ases : 1» el gobierno mexicano tolerará todos los cultos que estaban prohibidos 
por las leyes del país, pero concede su proteccióu especial á la religión católica, 
apostólica, romana, como religión del estado ; 2" el tesoro público proveerá para los 
gastos del culto, pagará á los ministros en la misma proporción y con el mismo de- 
recho <|ne los demás servicios civiles de la nación ; 3° los ministros del culto cató- 
lico administrarán los sacramentos de sn ministerio gratuitamente, sin facultad de 
cobrar nada, y sin que los fieles estén obligados á pagar gratificaciones, emolumen- 
tos ó cualquiera otra cosa, á titulo de derechos parroquiales, dispensas, diezmos, 
primicias rt otra cosa ; 4° la iglesia cede al gobierno todas sus rentas que provengan 
de bienes eclesiásticos, que han sido declarados nacionales durante la república; 
'>'• el emperador Maximiliano y sus sucesores en el trono, gozarán in perpciuum res- 
|(ecto de la iglesia mexicana, derechos equivalentes á los concedidos á los reyes de 
Kspafia para sus iglesias de América ; 6" el padre santo, do acuerdo con el empera- 
dor, señalará cuáles de las órdenes religiosas suprimidas durante la repiiblica deban 
restablecerse, especificando de qu<5 modo hayan de subsistir y en qué con<licioiies. 
Las comunidades de religiosas que hoy existen de hecho podrán continuar, pero con 
prohibición de recibir nuevas novicias hasta que el santo padre, de acuerdo con el 
emperador, haya especificado sus reglas y condiciones de existencia ; 7" jurisdicción 
del clero; 8" el emperador se encargará se lleve, en donde crea oportuno, un registro 
civil de matrimonios, nacimientos y defunciones, por sacerdotes católicos, ((ii.' si, 
encargaran de esta misión conio fnucionarios civiles; 9" cementerios. 



civil y eclesiástica. Agregué que mis iiistriiccioues eran las de re- 
clamar la entera libertad de la iglesia y de los obispos, eu el ejer- 
cicio de sus derechos y en los del santo ministerio; el restableci- 
miento y la reforma de las órdenes religiosas, cuyas bases le fue- 
ron comunicadas por el santo padre; la restitución de las iglesias 
y los conventos, así como sus bienes; pedir, en fin, que como en el 
l)asado, se reconociese á la iglesia el derecho de adipiirir, poseer y 
administrar su patrimonio ; (1). 

El emperador resolvió no acceder á dilaciones y escribió al mi- 
nistro Escudero : : procuramos cuíiudo estuvimos eu Eoma, abrir 
xma negociación con el santo padre, como jefe universal de la igle- 
sia católica ; se encuentra ya en JNIéxico el nuncio apostólico, y con 
extrema sorpresa nuestra ha manifestado (pie carece de instruccio- 
nes... y por lo mismo os encargamos nos propongáis desde luego 
las medidas... para proveer al mantenimiento del culto... Obrad, 
por iiltimo, conforme el principio de amplia y franca tolerancia ». 

La verdad reconoi-ida por el ultramontano clerical historiador 
(jue cito, la reconoce cuando reñere que el ministro de relaciones 
exteriores liahía escrito el '_''_* de julio de 1S()4, al ministro mexi- 
cano en lloma, (¡ue informara al cardenal secretario de estado que 
si el nuncio de su santidad no llegalia á México, los prelados me- 
xicanos acatarían flelmente lo dispuesto {'2). 

Durante el imperio de Maximiliano se había enviado un minis- 
tro ante la santa sede. « En nuestra opinión, una de las obras más 
grandes de S. M. el emperador, es la (|ue está para concluir en 
Roma la misión mexicana, (pie hará patente que México, lejos del 
fanatismo como también de la impiedad, combina con la luz de la 
cjencia, la defensa de sus derechos y el respeto á la iglesia. La na- 
ción estaba oprimida por esta necesidad; es inevitable ai'ribar á 
un término que sin volver á enardecer los ánimos cortase radical- 
mente las disputas, bis incertidumbres y tranquilizase á todos : 
recordamos á este propósito la inauguración del concordato cele- 
brado cu Francia el año de ISOl : (,'5). 

(1) NiCKTo DK Zamacois, Historia general de México, tomo XVII, página ()97. 

(2) ídem, tomo XVII, págiua 846 y siguieutes. 

(3) NlOKTo i>i', Zamacois, Historia de Méxieu, tomo XVIII, págiua 384. Cita del 
Diario del impirio. 



— 213 — 

Si'jj;!'!!! i'l liisroiiiidoi- /iiinacois, los (•(niscrviiiloifs cu Mt'xiro 
sosteníiiii (|iii' piíiii coiiscrvars»' oii el trono cvii lu'ci'saiio la pro- 
ttH'i'iiMi (!«' las crceucias t-atóliras, sin desroiiocorla intcliiicncia (le- 
los liberales. La comisión, — dice, — que se lialiía asegurado se 
iionihiaria para ir ;i üonia y arreglar los asuntos de la ijj'lesia con el 
sanio padie, estaba nondirada. Los individuos (|ue la coni|tonían 
eran el obispo Ramírez, limosnero iiiaxor del emperador, don .loa- 
(piín ^'eliiz(luez de León y don .loaipiín Dcüidlado. Se end)area- 
ron en ^'era Cruz el 1 (! de febrero de I S(;."i para dirinirse á Fran- 
cia. Aiimpie el partido conscr\ ador había deseado (pie el nom- 
bramiento liubi»'se recaído en otras personas (pu' reunían á la 
capacidad un viAo ardiente por la doctrina de la i<ilesia, sin em- 
barfí(> se manifestó .satisfecho, pues conocía las virtudes del obispo 
Kamírez. Este escritor, atnnpu' español, era conserx ador y ultra- 
montano. 

A la sazí'm los ]ier¡(')(licos criticaban la iiicíclica (|ue hacía i)oco 
diera IMo IX, burlándose de ella. <; Solamente, — dice ese autor, — á 
los obis](os les jirohibií') el emperador Maximiliano (pie la diesen ¡i 
conocerá los fieles y ¡pu' la defemliesen de los ataipies (pu^ la diri- 
gían... En extremo celoso se mostralta el ministro de justicia don 
Pedro Escudero Echan(»ra en (pie en ese punto el emperador s«i 
x'ería forzado ¡í adoptar las medidas (pie reclamaban la ])az y la 
traiKpiilidad del imperio, de acuerdo con las (pie pudieíaii exiüir 
los intereses de la religión y de la iglesia. 

Los arzobispos se dirigieron al emperador, en extenso me- 
morial, suplicando e-sperase las instrucciones que recibir;! el min- 
cio ¡tara obrar de acuerdo con la santa sed»'. El emperador analiz(') 
los antecedentes de lo ocurrido, y respondió : iK)r todo esto, y 
despin'-s de un maduro y detenido examen, después de haber con- 
sultado mi conciencia, y des]iut''s de haber oído el parecer de emi- 
nentes teí'dogos, me decido por un acto (pie en nada iterjudica al 
doi>ina de la religión católica y (pie asegura en cambio ú nues- 
tros conciudadanos la garantía de las leyes . A (hir creces, — 
dice — al prol'umlo pesar (pie sentían los conservadores al juz- 
gar á Maximiliano entregado á los consejos de ministros rei»u- 
blicanos, vino un decreto ex])edido el 2(i de febrero de 1 S(í,"). 
Ese (h^creto establecía la tolerancia de cultos, (pie estaba en 



abierta pugna cou los seutimieutos de la mayoría del país (1). 

Eu el iiiisiuo día se expidió otro decreto relativo á los bienes 
de la iglesia. Por él (piedaba encargado el consejo de estado de la 
revisión de todas las o[)era(*iones de desamortización y nacionali- 
zación de bienes eclesiásticos, ejecutadas á consecuencia de las le- 
yes de 25 dejuuio de 1806 y 12 y 13 de julio de l(S5í) y sus con- 
cordantes. El consejo, al hacer la revisión, enmendaría los excesos 
é injusticias cometidas por fraude, por violación á las citadas leyes 
ó por abusos de los funcionarios encargados de la revisión. Las 
resoluciones del consejo eran irrevocables y se ejecutarían de plano 
y sin admitir excepción alguna. í^e establecerá una administración 
de bienes nacionalizados, la cual tendría á su cargo la administra- 
ción de los bienes de esta clase cpie no hubieran entrado legítima- 
mente al dominio privado; acopiaría los datos que jxizgase opor- 
tunos parala revisión y practicaría las operaciones administrativas 
y económicas consiguientes á cada acto de revisión ó que le pre- 
viniese el conseio. Todos los capitales de bienes nacionalizados 
que no hubiesen enajenado ó redimido, los (jiie se recobrasen por 
la revisión y los que procediesen de enajenaciones de ñucas (|ue 
después se hicieran, estarían á cargo de la oíicina de bienes nacio- 
nalizados, quien cuidará de administrarlos y de cobrar sus réditos 
mientras se les daba aplicación (2). 

Estas medidas produjeron profunda sensación, por cuanto se 
expendían í) días antes que saliese la comisión nombrada para 
representar al imi)erio ante la santa sede. El emjierador había di- 
rigido una carta al ministro de justicia en 27 de diciemltre de 



(1) ídem, t. XVII, página 847. « Habiendo oído !Í nuestro consejo de ministros y al 
de estado, liemos venido eu decretar y decretamos lo siguiente: Art. 1°. El imperio pro- 
tege la religión católica, apostólica, romana, como religión del estado. Art. 2°. Tendrán 
amplia y franca tolerancia en el territorio del imperio, todos los cultos que no se opon- 
gan lí la moral, á la civilización ó á las buenas costumbres. Para el establecimiento 
de un culto se recabará previamente la autorización del gobierno. Art. 3°. Conforme 
lo vayan exigiendo las circunstancias, se expedir.ín los reglamentos de policía para 
el ejercicio de los cultos. Art. 4". El consejo de estado conocerá de los abusos que 
las autoridades cometau contra el ejercicio de los cultos, y contra la libertad qul^ 
las leyes garantizan á sus ministros. Este decreto se depositará en los archivos del 
imperio, publicándose eu el periódico oficial. Uado en el palacio de México, á 26 de 
febrero de 1865». 

(2) Ob. eit., tomo X\"1I. pá.yinas 848 y 849. 



— 215 — 

1 .S(i4, iiiiliriidolc li' iin>i)iisii'st' la n-visii'ni ilc las ojiciiK-ituu's de 
(h'saiii(>rtizaci('>ii y iiacionali/aiitni d»' IticuesfcU-siásticos, contoriiic 
al iniiH-ipio (U- amiilia tolerancia: cciitt'iiaii'stU' ]iiu'l>l(»s. — sostit'iit' 
Zainacois. — elevaron respetuosas i>etieionesal trono, sii|ili( amlo al 
emperador no llevase á efeeto su ¡¡ensaniiento. La iniíiarcialitlad 
y la. justicia imponen el «leUer de elogiar la lirmeza de asumir per- 
sonalmente la responsaltilida<t de estas medidas, lo que revela (|'.:e 
no tenia tlaqueza de ¡inim»). Zamaeois atírma que el moti\o que el 
emperador Maximiliano y su gabinete alesaltan. tía la necesidad 
de atraer inmi<;raeión. 

Los arzobispos de México y Miclioaciin, en T de marzo de 1 S(;.">, 
dijeron que la carta del enqierador á su ministro s<tl)re tolerancia 
de cultos hacía temer esa nu'dida: no por eso ha ilejado deser s<ir- 
prendente para nosotros el ver convertido aquel temor en una 
triste como funesta reali<lad ; todo el episcopado se ha dirijiido á 
S. M., pidiénchde suspenda los efectos de su carta... sin emliaruo 
se ha pronuilfiado antes de ayer en el Diario del imjxrio la ley (pie 
establece la más ami»lia y franca libertad de cultos . 

El presidente Comonfort trató en época anterior de establecer 
esa libertad de cultos, y los arzobispos i-ecuerdan qiu- había ex- 
])edido decretos, desterrado obispos, sancionado y Jurado la 
constitucié>n de 18.17, destituido á los emitleados que no habían 
(|uerido prestar el juramento exigido : dio un f/olpe de estado, echan- 
do abajo la constitución, el congreso y su misma presidencia cons- 
titucional. Era una amenaza irrespetuosa hacia el emperador, que 
los misujos ultramontanos y el partido clerical llevaron á México, 
^laximiliano no retrocedió. 

Y ZaniacoisagTega: <. Desde elmomcnto que dio esas leyes, vino, 
por decirlo así, á declarará la faz <lel nuindo (¡uesu tronoera usurpa- 
do... Este escritor se pntnuncia por tales medidas contra la perma- 
nencia del imperio, cuando no podía olvidar (|ue esas reformas eran 
bandera tradicional en el partido del juesidente Juárez, y lo dice 
sinambajes. < Los (pie liabían aceptado el imperio únicamente por- 
que creyeron que en los asuntos de la iglesia se ¡¡rocedería de una 
manera opuesta á la del gobierno de don Benito .Juárez, que era el 
punto que tenia dividido á los mexicanos, tenían (jue jierder lassim- 
jiatías por el hombre qiu- no había corres]i()nili<lo;'*susesi)eranzas.» 



— 216 — 

La ley de 31 dejulio de 185!) había establecido que los ee- 
meuterios en México quedaban bajo la dirección de la autoridad 
civil. Esta disposición legal fué robustecida por la circular del 
ministerio de la gobernación, ordenando (jue en los entierros se fa- 
cilitase el acceso á los ministros de cual(iuier culto autorizado (1). 
La misión mexicana llegó á Eoma bajo malos auspicios, porque la 
santa sede era reacia á todo acomodamiento, — según Vigil, — quien 
termina su obra con estas palabras : « Xadie estorba el ejercicio de 
su ministerio ; nadie pone trabas á su organización gerárquica ni 
á sus funciones sacerdotales; nadie interviene en su enseñanza 
moral y dogmática, ni en sus relaciones directas con la corte pon- 
tificia. :> 

El historiador Zamacois á quien he citaclo, era conservador y 
ultracatólico ; mientras que Vigil fué liberal, y, sin embargo, dice 
aquél : « ís^o me detendré á juzgar si los decretos en sí eran ó no con- 
venientes á la buena marcha de la sociedad. No examino el paso 
dado por Maximiliano en esta parte bajo el punto de vista de la 
conveniencia ó inconveniencia social qiie pudiera encerrar, sino 
bajo el de su conveniencia para permanecer en el trono > (2). 

Cayó el imperio y ]Maximiliano fué juzgado, sentenciado á 
muerte y ejecutado. 

Hablando de México y Colombia, dice Arosemena: sólo vemos 
para ellas esperanzas de salud en la temi)lanza del principio de in- 
dependencia, y en la paciente difusión de la instrucción primaria 
y secundaria (pie disipen la niebla encubridora de la superstición 
y el fanatismo ; la tuición no hará más que enfurecer al clero, vol- 
viéndolo más i»eligTOSO » . 

En México está establecida la sci)aracii'>n de la iglesia y del es- 
tado: fué el presidente Juárez (¡uien lo decretó, después déla caída 
del imperio. 

Antes de terminar esta breve noticia de la separación absoluta 
de la iglesia en los Estados Unidos mexicanos, tan completa como 
en los Estados Unidos de la América del norte, recordaré estas 
palabras de Ángulo Guridi : « Debo advertir aquí, — dice, — que si 



(1) Vigil, México ú trarca de Ion niíjlos. 

(2) XiCETo Zamacíjis, lJ¡«tor¡a da México, tomn XVII, jiágiua 892 



Itien el culto católico romano tinliiviii iccihc siilisidios de los yo- 
bieruos de Venezuela, Guatemala y el Salvador, no es en esos paí- 
ses relijiión oticial ó del estado; y oltseivar que es extraño no se 
lijara el señor Arosemena en el artículo de la constitución de Hon- 
duras (|nt' rompii'), desde 1880, la secular un í.mi de la iglesia y d 
estado ; en luer/a del cual no son tres sino cuatro las reiu'ihlicas 
americanas que lian jiroclamado el principio de emancipación reli- 
giosa en sentido al)solnto (1). 



(1} Ai.K.iAXDRO AxorLO GrniDl, Temax po/idVo». Kxamni comparalivo crilim «/■■ í<i" 
oon«íi(MCÍoiif» de Hispano América, el Braxil y Haili, tomo I, página 269. 



CATiri LO 1\ 



DKIMXTIO 1)K rATl;nXAT(l 1;N (ilATEMALA 



Después del eoueordato eelebijulo por Sauta Cruz i)ara Bolivia, 
<le cuya historia lie de ocuparme en su respectivo capítulo, la san- 
ta sede celebró con Austria y Centro América otro concordato. 
<; Ambos. — dice ]\lariatefiui, — son perjudiciales á los dos pueblos 
austríaco y centro americano: ambos tratan sobre materia bene- 
ticíal. y en ambos están acordados los puntos «(ue abrazan los ana- 
lizados en este opúsculo : (1). lonoro cómo fué recibido en la .Vmé- 
rica Central esc concordato, i»ero dividida en 5 rejíóblicas indejien- 
dientes, la de (luatemala, á pesar del concíu-dato (|nc jcictó, ha es- 
tablecido la separación de la iglesia y del estado, comn el presiden- 
te Juárez lo estableció en ^léxico. 

La verdad histórica es que la religión católica es el culto olicial 
en la gran mayoría de las naciones americanas, íjue conservan y 
defienden el dercclio dr jnitiniiato, ipic ejercen Jurisdi('ci('>n en las 
exterioridades religiosas, t-n las procesiones, repicpies de canqta- 
nas, etc., y en la IJepública Argentina, dos veces se prohibieron 
funerales, uno por Kosas y otro en el aniversario de la revolucirm 
de Buenos Aires contra el gobierno nacional, y las autoridades 
eclesiá.sticas obedecieron siu protesta ('_'). 



(1) llesrña hiittórica, etc., ya ritaila, i>:ígiiia 2S4. 

(2) «Tras las procesiones en el IV-rú, haln'a uua farsa ili- h»iiil>ii-s vestidiis deilia- 
l>los. con pieles de animales y máscaras, con cuernos y ralios, bailando la deshones- 
ta danza del son de Ion dialihn. La música era un tambor, y riui.jadas de caballo y de 
l)orrico con los dientes movedizos, que rascaban con In yema de los dedos ó con cnal- 
qviier instrumento, para producir un mido destemplado, atronador y espantoso. Lie- 



« Pueden los gobierno.s en razóu de tales, impedir cnauto tien- 
da á pei'turl)ar el orden público, ofender lo.s derechos individuales, 
faltar al debido respeto á las autoridades, perjudicar á la prosperi- 
dad nacional, y, en una palabra, todo lo que se oponga á la paz y 
bienestar de sus pueblos ; castigar á los infractores, sin que para 
uno y otro caso sirvan de obstáculo la calidad de las personas, 
los lugares, ni cualípiiera miramiento > (1). Este autor, cuya inde- 
pendencia bizo condenar su extensa obra, dice : < Jamás vimos 
contar entre los actos de despotismo de los monarcas españoles la 
opresión de las iglesias y su tiranía sobre las personas y cosas 
eclesiásticas ; y entre las muestras de profunda reverenciad la real 
dignidad, que llamaban sagrada, no se dejó ver una ligera señal 
(le disgusto, aunque fuese paciente. Aun está fresca la memoria de 
las demostraciones de gratitud y de respeto con que los eclesiásti- 
cos de alta gerar(|uía ponían sobre sus cabezas las reales cédulas, 
después de haberlas ai)licado á sus labios, como símbolo de vasa- 
llaje en la edad media >. ()curre luego para demostrarlo al testi- 
monio de los virreyes en sus relaciones de gohietnio, y en verdad que 
son ilustrativas y curiosas esas noticias tratándose precisamente 
del Perú, de (|ue me ocuparé en capítulo sei)arado. 

Mis noticias son defícientes é incompletas sobre algunas de 
estas naciones para establecer con claridad cuáles son las relacio- 



vabau largos látigos, que hacían tronar de cuando- en cuando, y que alejaban íí los 
transeúntes. Había gigantes, papahuevos : todo lo que nos hacía aparecer como bár- 
baros, que adorábamos á la divinidad no como civilizados, sino como negros africa- 
nos. El gobierno independiente prohiljió esas farsas y esas indecencias : farsas 6 
indecencias que en parte han reaparecido. Que sirva la relación de este mandato 
peruano, como un apéndice á las determinaciones del monarca esiiañol, que acabo 
de extractar. El propio rey (extinguió las cofradías formadas sin autoridad real, por 
bulas del propio título y libro » (Patricio Matamoros, Manual del reíjalista, etc.). 
Actualmente en España las procesiones de semana santa en Sevilla ofrecen el es- 
pectáculo de ijcnitentes y de mil disfraces <le cofradías, alquilándose asientos en la 
plaza para presenciar el espectáculo, curioso pero no religioso. El corpus en Valen- 
cia se celebra con gigantes y carros antiguos, lo qxie atrae la concurrencia porque 
es reproducción de escenas antiguas, representaciones de enmascarados, con santos 
cu andas, sacerdotes j toda la jiompa religiosa : he visto desde un balcón ese espec- 
táculo .singular. 

(1) Francisco dk Paula G. Vigii., Defrusa de hi luitnrklnd de Ion ¡lohicrnox y de 
Ion obispos contra las pretensiones de la eiiria romana, primera parte, tomo I. Lima 
18+8, página 108. 



iK's If^ak's t'iitiv la autuiidad ccU-siástica y «■! noliiciiHi civil ó po- 
lítifo. 

La ooiistitiu-ióu (le la república de < inateiuala, artículo •_'4, dice: 
c El ejercicio de todas las religiones, sin preeminencia ai,í;una, 
(pieda jL>arantido en el interior de los templos; pero ese libre ejer- 
cicio no podrá exten<lerse hasta eiecntar actos subversivos ó jirác- 
ticas incompatibles con la paz v el oiilcn público, ni da dcrcclio 
para oponerse al cumplimiento de lasobliüaciones civiles y jiolíti- 
eas. Kl comentador (iuridi expone : T<ido lo (pie si<;ue á templos 
está demás, p<»r las ra/oiies ya expuestas relativamente á artículos 
á ese parecido de las constituciones luasilera y colombiana. Si i)a- 
ra todo abuso del ¡¡rojMo derecho hay penas establecidas en las le- 
yes comunes ; á (pié vienen esas amonestaciones ;' 

Antes de poner tí'-rmino á las someras t' ino(tmpletas noticias (pie 
doy relativas á las relaciones oficiales entre las autoridades de la 
iglesia y el estado, recordaiv (pie el concordato fin'' celebrado en 
lSr>*J entre el reiuesentante de a(pudla república y la santa sede, 
y sus cláusulas eran tan favorables á ésta, (pie el cardenal Anto- 
nelli dii'i una coi>ia de este pacto como modelo para celebrar el ([ue 
s(dicitó el gobierno del Paraná en isr>4, p(n' su agente confiden- 
cial Ximénez, pacto (pie no podía servir de ejemplo p(U' estar sus 
cláusulas en oposici('»n cou las terminantes prescrip(;iones de la 
constitución nacional, y si ese agente argentim» ('> cuahpiiera otro 
se hubiera atrevido á tirmarlo, tengo la i)roíun(la conviccií'm (pie 
hubiera sido desaproba(h> i>or el congreso del Paraná. El agente 
confidencial Ximénez carecía de instrucciones para discutir seme- 
jante i)acto, y i>or eso su i)apel fué meramente informativo, y si el 
cardenal Antonelli lefacilit() las copias de e.se conconhito y el cc- 
lebra(h) enCostaKica, para (pie el g(jbierno argentino sui)ieiacuál 
serían las condiciones (pie la santa sede exigiría, demuestra cuál 
era el criterio que dominaba en ese tiempo al gobierno de la igle- 
.sia, (|ue soñ(') en pndnbir la libertad de cultos en las repúblicas 
americanas y someter la instrucci(Ui primaria ysiiperi(n-á la direc- 
ción del elemento clerical. Ernu" ¡n-ofundo ([iie produjo cu la Amé- 
rica central la separación de la iglesia y del estado. 



(Ai'i'n i.»> \' 



LA UÍLKSIA Y KL KSTADO KN IIONOIKAS Y XUAlíAGUA 



I.ii ivitúl)lit:i (k- lloiidiiriis. vu su ((nistituriim, establece en el 
articulo '.»': Todos tit'U<Mi libertad... tle profesar eual(|iiier rulto. 
Hl estado uo eoutrihuirá al sosteiiiuiieuto de uiugúu cuito. Los 
cultos se co.stearáu con lo que voluntariameute coutrihuyau los 
particulares. El estado ejercmá el derecho de suiu-eiua insi)eccióu 
sobre los cultos, conforme á la ley y á los reglamentos de jiolicía 
relativos á sn ejercicio exterior. 

El señor Ángulo (luridi comenta esta disposición diciendo... 
de esa manera no se realiza el divorcio del secular matrimonio de 
la iglesia y del estado, sino una cosa muy ])arecida á la separación 
de cuerpo y bienes. Y aun ésta debe entenderse limitada á lo iiuc 
expresa el vocablo istado conforme á la ciencia, es decir, la organi- 
zación Jurídica (lue representa la personalidad jurídica de la ua- 
ci('»n ; (|ue en cuanto á é.sta, como sociedad, las cosas contimiarán 
como en antaño, si ya no fuere (pie sufran empeorauíiento, lo cpie 
pueíle ser en sentido pecuniario jior medio de avances episcopales 
y parro(|UÍalts que suplan con creces el vacío de la congrua (pie 
antes suministraba el estado del alto clero, y lo (pie es peor, con 
el libre uso de libros perniciosos, con)o el catecismo del padre ilai- 
/o, (pie en mala hora seadopt('i como regla de la conlcsiíui en todo 
país católico-romano (1). 

Mis noticia.s con relación á las relaciones actnalcsentre la santa 



il) Alk.iaxdho Axgci.o Gcuini, rciiius polilicoi. Kxaiiieii vompitratini de lai coiihIí- 
liirioncH lie Hi'paiio-Aiiu'iirii. i¡ Ilrmil y Haití, 18SS, pit};iii:i 15ÍI. 



— 224 — 

sede y la república de Honduras son deficientes y por esta razón jia- 
so á referir en la segunda parte lo qne ha llegado á mi conocimiento 
sobre Xicaragua, teniendo [)ara englobarla conu) fundamento la 
situación geográfica de ambas en la América Central. 

La constitución de Nicaragua estatuye en el artículo O" : La 
religión de la república es la católico-apostólica-romaua : el go- 
bierno protege su culto >. El señor Guridi observa... ; Demás de 
eso, singularízase la constitución nicaragüense entre todas (las 
liispano-americanas) por sti absoluta falta de tolerancia en materia 
religiosa, i)ues ni en forma indirecta la concede. Verdaderamente 
qne en cuanto á ese y otros temas es retrógrada, sobre ser defec- 
tuosa en su forma y redacción, inclusive en esta su falta de método. 
Hay nicaragüenses que creen está garantida en su código penal la 
tolerancia religiosa ; y aunque es de claridad meridiana que nin- 
guna ley secundaria puede prevalecer contra la letra y el espíritu 
fundamental, juzgué conveniente estudiar el punto... mi suposi- 
ción jurídica está confirmada :^ (1). 

El recordado autor i)ublica una serie de documentos del más 
intolerante ultramontanismo, exposición de las autoridades del 
clero, sosteniendo que la reforma del artículo de la constitución 
sería un atentado contra el catolicismo y el concordato celebrado 
por el gobierno de Nicaragua con la santa sede. « Sin embargo, — 
dice, — ese atentado, y más el de la mera tolerancia, la libertad de 
cultos, sin dejar de proteger el papista, y todavía más, el divorcio de 
la iglesia y del estado, constan, según aparece de las precedentes 
citas, en la totalidad de las constituciones políticas de Hispano- 
América, y en las del Brasil y Haiti, sin que ello haya sido parte 
l)ara producir ni una simple alteración de las relaciones de esos 
países con el Vaticano » (2). 

El obispo de Nicaragua se dirigió al congreso, por «locumento 
datado en el palacio episcopal de León, á 4 de febrero de 18 SU, 
diciendo: « Hasta la soberanía política de Nicaragua, su jiersona- 
lidad como nación libre é inde]»endiente, se vería muy en breve 
absorbida y tragada por ese monstruo de libertad y tolerancia de 



(1) Obr.'i citada, piígiiias UU ;I UíT 

(2) Obra citatla, página 172. 



cultos... Tullo lo aiitt'iioniii'Utc i^xpiu-sto csiji luiidailo cu las doc- 
trinas (le las sagradas escrituras, en las enseñanzas de la iglesia ca- 
tólica, y muy especialmente ilel inmortal Pío IX, ([ue en su e,üre- 
>í'\:\ encíclica Ciianla ntrtt condenó, entre otros muchos errores, la 
libertatl ó tolerancia de cultos. Así se ve también del Siilldhns en 
sus ¡(roposiiñones 7 7, 7.S y 71*, ijue, como las demás de ese brillan- 
te y célebre documento, están i)rosori|)tas y reprobadas jtor la auto- 
ridad infalible del sumo pontílice. 

Kl sei'ior An.nulo y (¡uridi atirma, sin embargo, (pie el couíire- 
so de Nicarajiua declar<'» caduco el concordato, secularizó los ce- 
menterios y extrañó á los jesuítas, los paulistas y el obispo, esta- 
bleció el matrimonio civil y decretó la enseñanza laica en todos los 
colejiios é institutos costeados con rentas nacionales. <; Los jesuí- 
tas fueron extrañados de Nicaragua en IS.Sl ; pero aun le falta á 
es;i república, — dice el autor de (piien tomo estas noticias, — dai- 
se el baño de cultura social y política á (pie se opone su obisi)o. » 

Hecho este breve análisis, (pie iré coini)l(4an(h) con el de las 
constituciones de otras repúblicas hispano-americanas, paréceine 
evidenciado la inelicacia de los concordatos en las naciones (pie 
.sostienen con rentas oticiales el culto catt'dico ; con h'igica clara el 
derecho de patronato en el soberano del territorio para elegir ar- 
zobisi»o y oV»is¡tos y demás autoridades eclesiásticas, como aumen- 
tar, dividir (') modificar la extensión territorial de las di()cesis y 
mantener el pleno y aljsoluto ejercicio de la libertad, sin uecesi- 
díid de licencia de la iglesia católica. 

í; Donde quiera que haya concordatos con la vicaria de líoiua, 
— dice Ángulo Guridi, — habrá cercenamiento de la libertad ci- 
vil. Ponpie los fines de esos tratados no son otros (jue asegurar 
veut;\jas pecuniarias al clero, ()i>onerseá la libertad del pensamien- 
to, y hasta intervenir en la elección de los textos que deben adop- 
tarse en los establecimientos de instrucción de la niñez, de lo que 
«laba testimonio en la va caduca de Costa líica ». 



CAPITULO VI 



LA ICLKSIA V KI. KSTAl»! l.N l.A l;i:i't lü.ll A Di; SAN SA1.\ ADOI! 



La i'diistitucii'm lU'l S¡ilva»lor, establece en el artículo l'J : ■< 8e 
yarautiza el Vúnv ejercicio de todas las reliiiioiies sin más límite 
<|ue el trazado por la moral y el orden ]uil)lico. Ningiín acto reli- 
jrioso servirá para estaldecer el estado civil de las jiersonas. 

Me limito á reproducir el texto del artículo de la constitución 
para que se ai)recie cuáles son las relaciones entre 1a iylesia y el 
yoltierno civil en la rejuiblica del Salvador. 

Esta república celebn'» un concordato con la santa sede, ¡¡eroal 
tin lo dero<;('> el gobierno, ponpu' no es posil)le jiactar la snbordi- 
naci(')n <lel ¡íobierno civil á la autoridad del papa, (jue es ejercida, 
jireciso es decirlo, por un extranjero y por un sacro colegio en su 
mayoría formado con italianos, dominados por preocu])aciones y 
lior intereses que no se pueden armonizar con las necesidades de 
na< iones i ndej (endientes. 



CAl'lTLLO \11 



LA I<;l>KSIA Y KL KSTADO EX LA líElTULlCA DE COSTA RICA 



I.ii ivin'ililica (le Costil líii'U li:il»í;i cflcluiulo (•nncordato con la 
santa setk" y el aitícnlo ó 7 de su constitución, dice : La veli<>ión 
«•atólica, ai»ostólica, i-oniana, es la de la re]»úl)lica : el yoljierno la 
protege y no coutrilmye con sns rentas ¡i los gastos de otros cul- 
tos, cuyo ejercicio sin enibariio se tolera. > 

Esta repúlilica lia nioditicado sus ideas, sin duda al.uuna por el 
ejemplo de los Estados Unidos de Norte América, y deploro no 
(toseer los datos indispensables ])ara dar noticias detalladas, jiero 
el concordato debió ser denunciado, como lo ftré en otras icpúlili- 
cas de la América Central, como (¡uateniala. 

Cuando esta re]>ública y la de Honduras derogaron el concor- 
<lat(> : ;(iiié hizo la santa sede? Se sometió prudentemente á los 
liedlos, ponpie lioy domina uu espíritu de prudente ccmciliacióu, 
sobre todo cuando era secretario de estado el ilustre cardenal líaiii- 
polla. 

Celebró un concordato con la santa sede, que el cardenal Aiito- 
nelli jiropuso como modelo al representante confidencial del 
gobierno de la ('(jutederación Argentina, pero jamás este gobier- 
no se atrevió á ]iactar lo (|ue debía suponer hubiera desajirobado 
el congreso del I'aianá. La república ih' Costa Rica al lin derogó 
tal conconhito. 

Según una nota oficial ilcl doctor don .litan María (iutiérrez, diri- 
íiida al diiiloiiiálicd Albcnli, le dice (|iie el gobierno de Costa Kica, 



ú pesar del concordato celebrado con la santa sede, tenía estable- 
cida la libertad de cultos, qne no derogó, y funda esta opinión en 
libro impreso en la misma república, dato que puede verse con 
más detalles en las noticias (¡ue doy sobre las negociaciones 
argentinas en la corte pontíñca. 



CAPITILO \ 111 



LA KiLESIA Y EL ESTADO EX LOS ESTADOS UNIDOS DK COLOMKIA 
V KN LOS ESTADOS DE VENEZUELA 



L;i falla dt- iidlicias para cstahU-fcr con scii'U'idad cuál es la 
situación de las relaciones jurídicas entre las autoridades de la 
iglesia y las civiles en las dos rein'iblicas (pie señalo en el título de 
este capítulo, me lia inducido á tratarla cu uno inisuio, diviéndo- 
lo por párrafos diversos, teniendo por único criterio la situación 
geográfica en el continente americano. 

Laconstituci/iu délos Kstados l'nidos de Colombia, establece 
éntrelos derechos y garantías, en el artículo I (i: < La profesión 
libre, pública y privada de cuabpiier reiigión, con tal (jue no se 
ejecuten hechos incompatibles con la soberanía nacional, ó que 
tenga por objeto turbar la paz pública. » 

« Si con ocasión de un .servicio religio.so algún sacerdote conu'- 
tiera un desaguisa<h) contra la ])az pública, ó contra la soberanía 
nacional, ó contra una y otra : i)or ejemplo, leyendo en alta voz á 
su auditorio, desde el jiúlpito ó el presbiterio, una pastoral de un 
obispo ó arzobispo, en la cual éste ordene á su cabildo y á su reba- 
ño en general (jue desobedezca una ley del estado, caso singu- 
lar jiero no imposible ni nuevo, que ya se ha visto en Xicara- 
gua, <'l remedio natural sería aplicarles al pastor, al .señor y 
á las ovejas descarriadas, las penas previstas en el código de la 
materia para los delitos de sedición y resistencia á la justicia; pero 
sin p(n' ello susi^uider, y menos derogar, la libertad de cultos en 



(laño de toda xiua congregación religiosa por culpa <le uno, dos, y 
aun por la de cien individuos de ella» (1). 

El artículo 23 de la misma constitución, dice : ; Para sostener 
la soberanía nacional, y mantener la seguridad y tranquilidad 
piíblicas, el gobierno nacional, y los de los estados, en sii caso ejer- 
cerán el derecho de sui)rema inspección soln-e los cultos religiosos, 
según lo determina la ley. > 

Sostiene además, (pie la nueva constitución de los Estados Uni- 
dos de Colombia es desventajosamente reaccionaria. El artíciüo 38, 
dice: « La re]igi(')n católica apostólica romana, es la de la nación : 
los poderes públicos la protegerán y liarán que sea respetada, como 
esencial elemento de orden. » Cita los artículos : 3í). « ísadie será 
molestado por razón de sus opiniones religiosas, ni compelido por 
las autoridades á profesar creencias ni ol>servar prácticas contra- 
rias á su conciencia » ; 40. « Es permitido el ejercicio de todos 
los cultos (pie no sean contrarios á la moral ni á las leyes... > ; 
41. < La educación pública será organizada y dirigida en con- 
cordancia con la religión católica con fondos piiblicos, será gra- 
tuita y ol>ligatoria » {2). 

El señor Ángulo ( iuridi afirma (pie la constitucií'm de Venezuela, 
entre los derechos (]ue garantiza á los estados (]ue constituyen 
aquella nación americana por el artículo 14, es la libertad reli- 
giosa. 

« Cualquiera creería — agrega — en vista de estas declaratorias 
de Colombia y Venezuela, que en ambas repúblicas se ha cumplido 
lo de la üjk'sia libre en el estado lihre, pero pronto se verá que no 
es así ;> (3). 

El arzobispo de Caracas no (juerín j urar la constitución de los Es- 
tados Unidos de Venezuela. El gobierno lo desterró yleocui)ó las 
temporalidades; y el arzoliispo no volvió sino cuando estuvo llano 
á lirniar la constitución, después que el congreso aprobó la con- 
ducta del presidente general Páez, y la dureza de la expatriación 



(1) Alujandiíi) Ángulo Gi:kidi, Temas pulílicois. — JCxumrn viiiiiparatieo critico de 
las conutitucidiicn de Hispano América, el fíranil ij líaití. Kiliciiln de ISSS, pá<;iiia 157. 

(2) Ob. cit. 

(3) Alkjandko Ángulo Guridi, Temas políticos. Examen comparaiiro de las cons- 
tituciones his2iauo-aniericanas, el Drasily Haití, 1888, página 157. 



traiuiuilizó su coiiritMicia y.¡iir<'> la cou-.iitiicii'iii ;í tin de ocupar la 
silla episcopal, .<«()zaiul<» traiuiuilu il<' las i(Mii|ii(rali(laiics. lista es 
una lección de la utilidad social del patronato para mantener el 
orden, calmando el ardor irreflexivo y lexantisco de los ([ue, seüún 
el oMspo arncntino Aneiros, í((í tlitnit concicnc'nt di' pal», porcpu' 
sin duda los alinu'ntos los suavizan y se tornan maleables. El 
clero, — dice 3Iariate<iui, — recibe una renta de la nación, y la 
nación pajja el ser\ icio i|ue le presta. Ivs pact() de un funcionario 
piiblico (pie paga á quien necesita, y *'n cpu' lioma no debe tener 
intervención > (1). 



(1) Jiencñu historien, aiiti's i'it.ida, píí^iiia 22." 



CATITriJ) IX 



I,A ItiLKSIA V EL K.STADI) KX LA KK.I'l liLICA DKL E( TADOi: 



En esta república aiiifricaiia la clcrecia. iin ocaiido la reli.ui»'»!!, se 
imso al servicio de los partidos, y los ultraiuoiitanos Helaron á ser 
mi poder cou García Moreuo. Bueno será que recuerde brevemen- 
te algunos hechos. 

Durante la reunión del congreso constituyente reunido en la 
«•iudad del ("hinibora/.o en IS.SO, se dio cuenta de una común ica- 
cióu del señor obis)») de (^)uito, felicitando al congreso por su ins- 
talación y solicitando se derogue el patronato del gobierno. VA 
proN incial de la Merced, fray José Bou, á su nombre y como apo- 
derado de los demás prelados de las ónh'ues religiosas, solicitó se 
restablezcan los conventos suprimidos con todas sus rentas. Hl ca- 
bildo eclesiástico de Quito felicitó al congreso por su apertiua \ 
]>idió se revo(pu> la ley del patronato (1 ). 

La independencia déla república del Kciiador, en 18.".(l, coiih» 
desmembración de la antigua Colombia, ñjó los límites del antiguo 
reino de Quito y declaró religión del estado la católica, ai)ost('>lica, 
romana, imponiendo al gobierno el deber, en ejercicio del jtatro- 
nato, (le protegerla con exclusión de toda otra ('J). 

Desde 188.S el clero de Cuenca conspiró contra el gobierno re- 
publicano, alentado por(iarcía ^b)reno y secuaces. Declaró heréti- 
ca la iu'o]K)sición. La soberanía nacional reside esencialmente 



(1) Actas del primi-r cntigyrm) coimliluyriile del Ecuador (año «le 1830). Pi'eccdidas ili' 
una introíluctióu jior Francisco Ijjnaiio Salazar. C^iiito, 1893. 

(2) ídem. Introducción, página 26. 



— 236 — 

eu el pueblo... > Le prohibió hablar de libertad del pensamiento, 
de conciencia, de la prensa y de otras garantías establecidas en 
nuestra constitución... Condena igualmente la declaración de los 
derechos del hombre, sosteniendo con gran descaro que todo estaba 
expresado en el evangelio... GarcíaMoreno encontró lascosasen ese 
estado y se apresuró á iitilizarlas... « Para un pueblo fanático como 
el nviestro — dice un ecuatoriano — bis simpatías del papa y de los 
cardenales son un poderoso elemento ])ara los usurpadores : García 
Moreno buscó entonces quien negociase Tin concordato que fué fir- 
mado en Roma, el 20 de septiembre de 18(32, por un clérigo Or- 
dóñez, representante diplomático del Ecuador > (1). 

Este pacto fué desaprobado por los hombres inteligentes y dio 
origen á un levantamiento eu la opinión, pero García Moreno, sin 
que el congreso lo aprobase, lo mandó cumplir y pul)licar. <. Sea 
como fuere, — dice el libro citado, — García Moreno logró su 
objeto. Quiso ser primogénito de la iglesia romana y lo fué. Come- 
tió grandes espoliaciones para socorrer al papa después de la pér- 
dida del poder temporal - (2). 

Á García Moreno le sucedió en el poder en 18 05 el señor Ca- 
rrión, el cual fué destituido. García Moreno fué electo en enero de 
1809, como presidente interino. Convocó una convención nacio- 
nal áfin de < poner en armonía nuestras instituciones políticas con 
nuestra creencia religiosa ;•, dice en su mensaje. <: La civilización 
moderna, creada por el catolicismo — dice en ese documento oficial 
— degenera y bastardea á medida que se aparta de los principios ca- 
tólicos, y á esta causa se debe la jirogresiva y común debilidad de 
los caracteres, que puede llamarse la enfermedad endémica del si- 
glo. ISTuestras instituciones hasta ahora han reconocido nuestra fe- 
liz unidad de creencias, único vínculo que nos queda en un país 
tan dividido por los intereses y pasiones de los partidos, de locali- 
dades y de razón; pero limitándose á ese reconocimiento estéril, 
han dejado abierto el canaino á todos los ataques de que la iglesia 
ha sido blanco con tanta frecuencia. > Decía que era necesario <; le- 



(1) ICl Ecuador de ISÍ'3 á ISTo. Sus hombres, sux iiiiitituciínics y .shs leyes por P. M. 
Santiago ili- Chile. ISSri, 1 volumen de 363 páfíiuas. 

(2) ídem. 



— 237 - 

vaiitar un muro de defensa y esto es kuiiu- me he propuesto, y l<i 
que ereo esencial en las reformas (pie eontiene el proyecto de eons- 
titiu'ión (1). 

El ccnioreso de la aiitiüua Colombia Labia iliclado la ley del |ia- 
tronato en liSií4. 

V Mientras los verdaderos católicos suspiraban i>or el día de la 
libertad, — dice el padre Uertlie, hablaiuUxle la república del Ecua- 
dor, — los curas concienzudos, inquietos sobre la validez de su elec- 
ción, rehusaban tomar posesión de sus beneficios, antes de haber 
obtenido la sanción del soberano pontífice; la fuerza del hábito, el 
ascendiente de las doctrinas li1)erales y la desicueración moral, 
acostumbraban á la servidumbre á un gran número de eclesiásti- 
cos, hasta el extremo de aficionarlos á esa maldita ley de patrona- 
to, fuente de sus desüracias. En cuanto á los legos, imbuidos gene- 
ralmente de las teorías modernas, predicadas jior las universida- 
des, los legistas y los gobiernos secularizados de todos los países, 
alababan la ley de patronato, como la aplicación más completa 
de su dogma fundamental : la supremacía del estado sobre la 
iglesia (•_'). 

Cito estas palat)ras de un idtramontauo, partidario de (iareía 
Moreno, el más acabado tipo del clerical furioso, del ultramontano 
feroz. 

« Desde cpie se inició en el congreso de Cuenca, — dice el autor 
que refuta al reverendo padre Berthe — la cuestión relativa al patro- 
nato, tanto en el seno de las cámaras legislativas como fuera de él, 
se divitlió la opinión, no sólo entre los clériyos, sino también entre 
los hf/os. ^luchos de atpR'lloí^ sostuvieron, no sólo en el congreso 
<iue dio la ley de '2'2 de febrero de 1S24, sino también por la pren- 
sa, que el gobierno de Colombia tenía el misino patronato que tu- 
vieron los reyes de Esi)aña > (3). Y agrega el autor : En cuanto 
á ((ue esa ley hubiera producido una (¡((jeniración moral capaz de 
acostumbrar á la servidund)rc á un gran número de eclesiásticos, 



(1) ídem, página 325. 

(2) Kcfutaoión, etc., del libro titulado : García Moreno, presidente del Ecuador. 
Vengador y mártir del derecho cristiano (1821-1875) por el R. P. A. Berthe de la con- 
gregación del S. Redentor. — Guayaquil, 1889, 1 voliuuen de 762 páginas. 

(3) Obra citada, página 102. 



nos parece que el padre Bertlie no está en lo cierto. El clero de 
Colombia y del Ecuador, en los primeros años de esta república, 
se habían formado durante los últimos años de la época colonial, 
es decir, cuando el derecho de patronato no era ejercido por las 
repúblicas de Colombia y el Ecuador, sino por Carlos III, Carlos 
IV y Fernando VII, legítimos patronos. Si hemos de Juzgar por 
l(js resultados, esa ley, tan mala como se supone, nunca fué parte 
para que los clérigos cortesanos y menos los viciosos y corrompi- 
dos, empuñaran el báculo i)astoral y ciñeran sus sienes con la mitra 
episcopal. Por eso, ni en la antigua Colombia, ni en las tres repú- 
blicas que de ella se formaron, ni en ninguna otra república de la 
América española, se han visto obispos como el cardenal Dubois 
y como el obispo Talleyrand, á quienes debe conocer el padre 
Berthe ». El autor cita nombres ilustres, electos obispos bajóla 
ley del patronato. 

García Moi'eno, á quien ensalza el ])adre Berthe, celebró al fin 
un concordato, por<iue todo el anhelo era ganarse la corte pontifi- 
cia. « Para un pueblo fanático, — dice un autor, — las simpatías del 
papa y de los cardenales son un poderoso elemento liara los usur- 
padores. García Moreno, encontrando abierto este camino, se lanzó 
sin escrúpulo en medio de las intrigas clericales y sacó de ellas to- 
das las ventajas posibles (1). Buscando un uegociador adecuado, 
se acordó del clérigo ( )rd<'>üez, clérigo ambicioso é intrigante que 
andaba en solicitud de un obispado, y García Moreno le presentó 
la ocasión de conseguirlo. Éste fué á lioma siu instrucciones y sin 
indicarle las bases (jue debía adoptar para el concordato: acepte 
X. lo que su santidad le proponga y firme el tratado con el car- 
denal secretario, y de ese modo quedará ajustado el concordato. » 

En vista de esa relación, el 26 de septiembre de 1862 le hicie- 
ron firmar un convenio en que se sacrificaban todos los derechos 
y todos los intereses de la república. Pero al clérigo no le satisfizo, 
y observó al cardenal secretario que en el Ecuador ni el gobierno ni 
el pueblo (piedarían contentos si no se asegural)an más las prerro- 
gativas de la iglesia. El cardenal le dijo : < que su santidad había 



(1) El Ecuador desde 1833 á 1875. Sus Tionibres, sus insiUitciones y sus lei/cs, por P. 
M. — Sautiago de Chile, 1885, 1 voluiueu de 363 páginas. 



— 239 — 

meditiulo bien el asunto y uo le haliía paieiiilo ron veniente am- 
pliarlo luás, por uo alarmar á las demás repúblicas americanas >. 
Era notorio en Ikoma que ese concordato fué desapn>bado termi- 
nantemente por un diplomático americano (|Ue había sido enviado 
por su fiobierno con i<;ual objeto, y había retirado su solicitud 
al saber los términos en (pie se había concedido el cuncordatin'CUií- 
toriano(l). 

Todos los hombres ilustrados del Ecuador desaprol)abau ese 
pacto ; i)ero García Moreno le di('» su sanción en 1 7 de abril de 
18(>3, antes de haber sido aprobado pm- el congTeso. El señor 
Francisco Xavier Aiiuirre, persona tpie supo concillarse los respe- 
tos y consideraciones, puVdicéi un folleto refutando victoriosamen- 
te el concordato. Lo (|ue llauK'i la atenciém de h)s pueblos y de la 
parte ilustrathi de la república, fué la exi)osición del consejo can- 
tonal de (íuaya»piil. El señor Pedro Carbó, presidente del ccmsejo, 
jtreseutó á dicha corporación, el l'J de mayo de 1<S()3, un proyecto 
de exposición demostrando (jue varios artículos del concordato 
eran contrarios á la soberanía nacional, violatorios de la constitu- 
ción de la rei>úl)lica y opuestos á la libertad humana ; y tpie aun 
los mismos actos de ratiücación, canje y publicación, eran eviden- 
temente inconstitucionales. La exposición concluía pidiendo al 
(■(Uijtreso (pie, respetando las instituci<mes patrias y i»or su propio 
deber y decoro, desaprobara un acto tan contrario á los imprescrip- 
tibles deberes de la república y en antagonismo tan abierto con el 
esi)íritu liberal y civilizado del siglo actual. El consejo cantonal 
aprobó Va exposición el 14 de mayo, con muy ligeras modificaciones 
y niaufló iiniirimirla (li). 

líecuei'do estos hechos ]iist<'»ricos. ¡ior(|ueesa habría sido la acti- 
tud del congreso del Paraná si el ministro Campillo se hubiera 
atrevido á firmar el concordato (pie le fué ])ropuesto, y si entonces 
se huliiera dado cuenta de la exposiciíin de ese diplomático indi- 
cando (pie sería preciso reformar la constitucit'ni, estoy seguro (pie 
habría recibido una lecci(m, puesto (pie olvidaba tpie había ju- 
rado, como ministro, observarla y cumplirla. 



(1) ídem, páginas 2íí0 y 281. 

(2) Obra citada, página 281. 



— 240 — 

El partido ultramontnuo y clerical en el Ecuador extremó su 
actitud, puesto que algunos obispos prohibieron su lectiu-a, y la 
l)reusa que sostenía á (iarcía Moreno emprendió una campaña. 
El presidente del consejo cantonal lejos de atemorizarse publicó 
un folleto titulado : La república y la UjUsia y Ja drfcusa de Ja expo- 
sicióa del consejo cantonal de Guayaquil, sobre la inconstitucionalidad 
del concordato celebrado entre el presidente del Ecuador y la santa 
sede. 

El presidente ( iarcía Moreno sometió meses después ese concor- 
dato al congreso, pero con inexplicable audacia sostenía que era 
un pacto irrevocable y deflnitivo, que jiodría dar origen al juicio 
del ju'esidente, i»ero no sería modiricado. >Se dio la ley de 24 de 
octubre de 1863, reformando algunos artículos del concordato. 

« Por fortuna, el exceso mismo de la usurpación demostraba las 
tentativas del clero para adueñarse del Ecuador... El niievo con- 
cordato es peor que el antiguo, negociado también por el clérigo 
<)rd('Ȗez, (|ue ha logrado hacerse arzobispo de Quito (1). 

¿ Cuál ha sido en definitiva el resultado de estas maquinaciones 
ultramontanas y clericales! El atraso del piieblo y, á la larga, la 
concpiista <le la libertad del estado y déla iglesia, porque en el es- 
tado actual de la sociedad no es posible revivir la edad media : 
guerras civiles sucedieron y, por último, el asesinato de García 
Moreno. 

He referido estos hechos como enseñanza y como lección. 

El doctor don Antonio Flores, como ministro residente del 
Ecuador en Roma, recibía en 3 de diciembre el encargo de po- 
ner en conocimiento de la santa sede la sanción constitucional 
á la última ley que he citado, < por la «pie se acepta y apruel»a 
las bases ]»reseutadas por el eminentísimo cardenal secretario de 
(astado de su santidad, i)ara la reforma del concordato » ; y cum- 
pliendo con su encargo, en nota de la misma fecha, pide otra vez á 
su eminencia nuevas modificaciones ó aclaraciones de las repetidas 
reformas de los artículos 8° y 20, á fin de que las disposiciones 
en ellas contenidas « se arreglen en la república del Ecuador con 
las mismas condiciones establecidas entre la santa sede y otras 

(1) 01)1-11 citaihi, página. 284. 



repúblicas ainerii-auas y i)aiticiilaiiiu'iilf la tU- San Salvador . Su 
«'luiíifucia *'l canlfual «h-ticrc á las nuevas uiotUJicacioms ó ttrluni- 
iitiiiis. y (It'ciara <nu' se tciiua laniliii'U coino parte iiitcurautc 
«U'l eoncoidato su última nota tic '-'(I de lebrero del présenle 
año 1S(;(; (1). 

^ He aquí la última pá.uina del coneordato, pájiiiia (pie no tiene 
otra i.iiual en los anales de los eoneordatos. Aeordar una estiiuila- 
eituí con la santa sede bajo las mismas eondiciones establecidas con 
otras repúi)lieas de América, sin puntualizar esas condiciones, ni 
«leterminarlas de uingnimi manera, arf>uye por lo nu'nos una supre- 
ma iiinorancia de las mismas condiciones ad rifciriidum. V si el 
(■ardenal Antonelli no hubiera sui)lido esta ¡millijindu y hubiera 
Ih'üado el caso de apelar á los concordatos americanos, para una 
solución da(hi ¿ «lué hubiera hecho »d ,ii(d)ierno de la república, y 
que hubiera dicho nuestro ministro diplomático, si las condiciones 
«le un convenio estaban en c(uitradicción con las de otro .' 3Iás 
no sólo en este caso, sino en el de tener (pie apelar al concordato 
<le San Salvador, va hemos visto andar en busca de este conve- 
ni(t :> (2). 

líeíiere el mismo libro (pie el doctor Flores relutó, en lo (pie se 
refiere á su misión diplomática, las aseveraciones del tbllelista 
((ue solo da sus iniciales, lo (pie no modilica que el conconhito ecua- 
toriano ; hubiere sido, desde el itrincipio, una obra sin (■onsulta, 
pues ha exiuido HHCfrts reformas y iiik ras versiones ». « Ante to- 
,1,,. — ha (Ueho el mismo señor Flores, — « cumple recordar (lue 
no fui partidario del concordato tai como se celebró en 18()lí y 
(pie si lo fui de sus reformas (o) >. 

Me llama la atenci('tn (pie fuese el mismo cardenal Antonelli, 
secretario de estado, ([uien interviniese en rejjresentación de la 
santa sede, ponpie fiu' el mismo (pie dio [troyectos ó modelos de 
concordato al encariiiuh» de ne.yocios de la rejtública del Uruiiuay 
V ai;-cnteconlidencial déla entonces Confederación Argentina, don 



(1) KeviTtiiilii iiailic BicUTiri;, de la coii<,'iif,'iii--iiiii «It^l «• Kcdeutor. liefutación del 
libro titulado : García-Moreno, presidenir del Ecuador, rengador y mártir del derecho crin- 
tiano (1821-1873), vol. «le 762, página 110. Guayaquil 1889. 

(2) ídem. 

(3) 01>. cit., iiáj;. 110. 



Salvador Ximénez, para <ine ambos gobieruoslo celebrasen, demos- 
traudo de esta manera el empeño de uniformar eu América la 
influencia omnipotente del Yaticano, por medio de una religión 
oficial única, y poniendo bajo la dirección de los arzobispos y obis- 
pos la enseñanza piíblica, fuese oficial ó no. En tal empresa escolló 
con los gobiernos de la Argentina y del Uruguay, pues ninguno de 
los dos gobiernos se atrevieron á firmarlo. Mas por las palabras 
transcriptas resulta que había celebrado concordato con la repii- 
blica de San Salvador, y al agente Ximénez di(') copias de los 
celebrados con Costa Eica y Guatemala. És típica la constancia en 
la tentativa de hacer fanáticos intransigentes á los pueblos his- 
pano-americauos. 

Tales fueron de graves la confusión y dificultades de la nego- 
ciación del concordato con el Ecuador, que el gobierno del presi- 
dente Oarrión puso en vigencia la antigua ley del patronato, mien- 
tras se terminaba esta eterna negociación (1). « Desde 18G6 acá 
(18!»;») lian transcurrido 23 años, y aun continúan las nuevas ver- 
siones del concordato : la última no es definitiva, y lia producido 
gravísimos conflictos en la diócesis de Guayaquil, donde se ha visto 
al vicario general del obispado excomulgando á los magistrados 
de la corte suprema de justicia > (2). 

<c Determinados los artículos del concordato, — dice el padre 
Berthe — , el cange definitivo de las ratificaciones debía tener lugar 
en Quito, y Pió IX envío un delegado apostólico, monseñor Tava- 
ui, para representar á la santa sede. Sin embargo el fanático García 
Moreno, á pesar de las dotes personales del delegado apostólico, 
le intimó orden de retiro dentro de pocas horas, le negó la renta 
y se le cerraron las puertas de la metropolitana » (3). 

García Moreno dio órdenes contra monseñor Tavani, por haber- 
se negado ;i pontificar en la misa de gracias que se celebró por el 
triunfo de Jambelí. Eefiere el hecho en éstos términos: « El señor 
García Moreno venía, de su lado, inmolando más de 30 ecuato- 
rianos, rendidos... y habiendo obseipiiado á la virgen del Eosario» 



(1) Ob. cit., página 111. 

(2) Ob. cit., iiiígiu.is 112 y 113. 

(3) ídem, ídem. 



eii Santo l)()iiiiii,ü'» '1«" <?iiií<>, los instniuu'utos de muerte... quería 
(|ue el (leU'iiiulo apostólieo pontilicase una misa de gracias... El 
saceidote ilt-l evangelio contestó ((iic su ¡iimiisto ministerio era de 
paz, y se negó á solemnizar... > Hutoiiees iiiaiid(') cerrarle las puer- 
tas de la metropolitana (1). 

En un folleto imi)reso en (^)uito en ISdíí, se lee : ; Triste es 
decirlo ; pocas convenciones pueden resentirse de tantos y tan 
variados giros, de tantas contradicciones y diticnltailes, como el 
concordato del Ecuador, desde (¡ne fué ajustado en líoma, por el 
señor Ordófiez, enviado ecuatoriano. Conócese, pues, (pie éste 
agente estaba completamente desorientado y que no conocía abso- 
lutamente su misión, cuando no precedieron, por su parte, si<iuiera 
discusiones previas, ni ¡¡arecc (pie liiihicra leído por lo menos el 
concordato (¡ue acababa de tirniar; i)ues en el mismo <lía 2() de 
septiembre de lS(j2, en (pie fué tirmado y sellado en I\oma, apa- 
recen tres notas complementarias del cardenal Antonelli, (jue for- 
man liarte integrante del convenio, como el texto que había firmado 
momentos antes; y cuando é'stas y otras observaciones se hacían 
al concordato en el seno de la cámara legislativa, cuyo miembro 
fué el señor Ordóñez, asegúrase que se descargaba, diciendo no 
haber llevado otras instrucciones del gobierno, que la de firmar y 
tra(M' lo (pie se le diera en Homa (2). 

Estos detalles contirnian la manera ])recipitada con (pie su emi- 
nencia el cardenal Antonelli. en 1 sr)4, dio al agente de la Confede- 
ración Argentina y de la república del Triiguay un proyecto de 
concorihito, cuando el señor Ximénez no tenía misión de celebrarlo 
por el gobierno argentino, sino otros asuntos de menor iuijiortan- 
cia, como la dÍAÍsión de la diócesis del obispado de Buenos Aires, 
y el nombramiento de un obispo íh parübus infidelmm i)ara las 
jirovincias de Entre Kios, Corrientes y Santa Fe; y en cuanto al 
gobierno del Cruguay, ignoro cuáles fueron sus instrucciones. 
Monseñor Antonelli, secretario de estado, soñaba con iiniforniar 



(1) ídem. 

(2) Reverendo padi-e A. Iíkimiii:, do l:i (•oii};rej,'acióii del S. Ki-deuter. A'<>/«- 
tación del libro titulado : García Moreno, presidente del Ecuador, vemjador ij mártir 
del derecho cristiano (1821-1875) Gii.-iyaquil, 1889, p.lgiua 107. 



eu las repúblicas americanas los intereses de la iglesia, bajo el 
predominio absoluto de la santa sede, i>ero tal sneño ambicioso 
escolló, aun en el mismo Ecuador, á pesar de García Moreno y su 
partido clerical y retrobado. 

El concordato fué ratificado y cangeado, sin liaber sido apro- 
bado por el congreso, y publicado en 17 de abril de l<S(í3, pero 
como la opinión piíblica ñié adversa al concordato, García Moreno 
lo sometió al congreso diciendo que, si era desaprobado, renun- 
ciaría la presidencia. Fué tal la ofuscación de este mandatario que 
<'onvino se reformasen 12 artículos, como lo sancionóla ley de 
24 de octubre de 1¡S()3. Tales reformas fueron aceptadas por la 
santa sede, de lo (pie debía dar cuenta al congreso con arreglo al 
artículo 20 de la ley anterior: García Moreno pidió y o))tuvo auto- 
rización de reformar las reformas, sin variar la substancia (1). 

Estos detalles i)onen en evidencia que las negociaciones diplo- 
máticas eran violatorias de los usos internacionales y no es fácil 
concebir el procedimiento de la santa sede, sólo explicable por el 
deseo de obtener ligar á aipxella república por un concordato, que 
la sometía maniatada á su voluntad eclesiástica. 

« En la legislatura del (i 5, — dice el libro que vengo citando, — 
debían verse, por ñn, las reformas de las reformas de éste concor- 
dato de una duración tridentina, y sin duda con arreglo á la auto- 
rización del reformador de las reformas ref o rmahles, asumió un con- 
venio adicional sobre la distribución de diezmos, celebrado entre 
los obispos diocesanos y el ministro de gobierno en 30 septieml)re 
de a(piel año, en lugar de la reforma liecha á este respecto por la 
ley de 18().'>; y este nuevo convenio fué elevado á ley de la re[)ú- 
blica, por el decreto legislativo de .30 de octubre últinu). Bajo el 
mismo carácter, asomaron también unas bases del eminentísimo 
cardenal secretario, en que se hallan las últimas reformas > (2). 

(4arcía Moreno pretendió regenerar el clero ecuatoriano, y — 
se dice en el libro citado, — obligó al señor Eiotírio, arzobispo, 
á que convocara un concilio nacional, en el ([ue, según el padre 
Bertlie, « se decidió que todas las leyes canónicas, relativas á las 

(1) ídem. 

(2) Ob. cit., \ñ'Xmn 188. 



fostnmbiv.s y á la (list-ipliiia, serian puestas en viüor: los ritos de 
la santa liturgia observados; los artieulos del concordato sincera- 
mente ejecutados, á tin de asegurar á la iglesia la libertad y la au- 
toridad de <iue tiene necesidad para levantar el nivel moral y re- 
ligioso de la sociedad » (1). 

Según este autor la rela.jaci<')n del clero fué debida á la ley del 
l»atronato , error profundo por falta de conocimientos históricos 
en el padre Berthe. En este tomo, en diversos capítulos, doy noti- 
cias del estado sacerdotal durante el gobierno colonial y lo iiue 
contenia su mayt>r relajación en lo posible, fué precisamente el 
l»atronato ejercido por los virreyes, pcmiendo coto á la vida licen- 
ciosa de los frailes y ú las pi-ácticas inccmvenientes como ]»roce- 
siones ciirnavalescas, y conteniendo la absorción del comercio (pit? 
las mismas comunidades ejercían sin ¡¡agar contribución. Y la ver- 
dad histórica establece c(Ui evidencia la superioridad intelectual 
y moral del clero criollo, porque como el sacerdocio era la única 
carrera á la que podían dedicarse los hijos de las familias ricas y 
socialmente principales, los clérigos criollos fueron muy sui)erio- 
res en sal)er y en virtud á la clerecía ignorante y en general depra- 
vada que venía de la metrópoli española, ya en dolorosa decaden- 
cia. V en los comienzos de la vida indepen<liente, ese clero criollo 
fué un elemento ilustrado favorable á la emancipación en todos 
los países hispano-amcricanos, y se levantó una barrera de celos y 
de envidias entre el clero peninsular, qua durante el gobierno 
español cerraba la puerta á la elevaci<')n eclesiástica de los nacidos 
en América, porque presentían <inc la manera cómo se goberna- 
ba no haría <lura<lera la dominación española. Xo era ])osible di- 
vidir la i)oblacii'»n en españok's, á los cuales se reservaba los httno- 
res y losi»roveclios, tanto eclesiásticos como civiles; y los criollos, 
enri<piecidos y relativamente instruidos, pero condenados á no 
aspirar á la vida pública en la tierra en (pie habían nacido. He 
expuesto en capítulos anteriores este fenómeno social, que engen- 
dró necesariamente la independencia ; como sostengo ahora <pie 
á estas naciones americanas la santa sede no puede excluirlas de 
((ue tomen pai'te en la eleccituí del ])ontítice y. ¡¡or lo tiuitu, lo ine- 

(1) ídi-m, páginas 113 y 111. 



vitable de crear cardenales americanos. La historia á que me refie- 
ro enseña cómo uo se perpetúan los almsos y las injusticias. 
Preveer es más sabio que corregir. 

El padre Berthe no es probablemente americano, y por eso sus 
juicios están saturados de un espíritu ultramontano y clerical de 
los que nacían en los antiguos estados de la iglesia en Roma : su 
criterio es estrecho y hay ira enfermiza del celi1)atario monacal. 
Ese reverendo padre dice : <; La revolución que salie dónde ha 
de herir para destruir, les había obligado á recibir sus superiores 
de su mano. Durante 50 años había transformado sus conventos 
en cuarteles. » Este escritor atribuye la relajación del clero regular 
á la revolución, pero ignora el juicio de los españoles don Jorge 
Juan y don Antonio de Ulloa, quienes visitaron en carácter oficial 
la antigua presidencia de Quito, y lamentaron esa relajación preci- 
samente anterior á la revolución. 

El ecuatoriano don Manuel Gónjez de la Torre, decía en carta 
confidencial : <: Las refonnas en el concordato son tales que queda- 
remos más ó menos como CostaEicay El Salvador, esto es, no ha- 
brá fuero para los eclesiásticos y habrá renta fija para los oliisptts 
y los capítulos catedrales, y en medio de esto, las casas de benefi- 
cencia, de instrucción pública en todas las provincias, y el tesoro 
nacional, saldrán de las bancarrotas en que se encuentran. Todos 
los establecimientos púl>licos (luedan suficientemente dotados lo 
mismo (jue los obispos, canónigos, y sobran para el tesoro en el pre- 
sente año 240.000 pesos, y en el siguiente serán .'ÍOO.OOO » (1). 
La situación del Ecuador, por sus frecuentes revoluciones, era 
lamentable. En febrero de 18 77, A^intimilla eierció el cargo de 
presidente, c Eidero, — dice don JuanMurillo M., — hacía gue- 
rra cruda en el pulpito é incitaba al pueblo á la rebeli('>n, y los par- 
tidarios del antiguo orden de cosas propalaban por calles y plazas 
las calumnias más groseras contra los ministros, el jefe sui)reni() 
y demás personas del gobierno, particularmente contra el ministro 
general don Pedro Carbo, á quien llamaban lu-njc, mafíÓH, etc., y 
le atribuían las más calumniosas especies para denigrarlo; sin em- 



(1) Obra citada. Carta do don Manuel Gómez de la Torre al doctor don Antón 
Uorrero. Quito, septiemljre 2 de 1863, páginas 201 y 202. 



— 247 — 

haiiii), t'u una >iiirer¡»la(l itioiiia«k'lli()mliiv(U' l»ieu ycou su patrio- 
tismo á toda ]tvuel)a, .sijiuió prestaiidí» su valioso ooucuvso : (1). 

I'.ii 1 (U' marzo de 1.S7 7, un padie íVanrisc-ano de apellido Gajic» 
y de nacionalidad italiana, célebre ya por sus sermones sedi- 
ciosos y (pu- tenía iiran partido entre la ^ente del pueblo, en una 
plática doctrinal, para la cual había citado de antemano á sus 
adeptos, se deslK)rdó, por decirlo así, protiriendo todo género de 
injurias contra el nobierno y diciendo al pueblo qiw estaba en el 
<leberde aniquilar á los herejes que habían venido de Guayaquil 
y restablecer en su puesto al señor Borrero. Sabedor Veintimilla 
de lo que estaba pasando, mandó un oficial con algunos sohhtdos, 
para (pie una vez terminado el serméui tomaran preso al padre 
(iago. La escolta llegó á la piutería del convento, i)ero ih> pudo 
ejecutar la orden porcpie una multitud comi»acta, tVumada de la 
gente <pie estaba dentro de la iglesia y de la (pie se había amonto- 
nado en la plaza, toim') al fraile en hombros y lo asiló en la lega- 
ción francesa; entonces el ftueblo, ensoberbecido por las palabras 
que (iago había dirigido desde el pulpito y la presencia de la fuerza 
íirmada ([ue vino á prenderlo, ]>rorrumpióeu desaforados gritos de 
¡ viva la religión! ¡mueran los herejes! ¡muera Veintimilla! etc., 
siendo necesario píuierles al frente ;> batallones de b'nea y hacer 
algunas descargas al aire para amedrentarlos y disolver la multitud 
(pie pasaba de -jOOO almas. \'eintimilla y su comitiva se cíuidii- 
jerou a(piella tarde con bastante .serenidad y valor, presentándose 
en la plaza de San Frauci.sco en el momento de mayor peligro, en 
que las piedras Uovian en todas direcciones, lo cual, se puede decir 
<pie salvó la situaciíUi, pues la presencia del jefe supi-emo evit(> el 
que la ti()pa hiriera á ninguna persona del pueblo y contribuyó mu- 
cho á calmar el tumulto (2). 

^le detengo en narrar estos hechos ([ue caracterizan un estado 
social gra\e, por la intervención revolucionaria de clérigos y frailes. 
El hecho demuestra el abuso criminal de la cátedra sagrada á 
tin de predicar la revoluciíui en nombre de la religión, y este aljuso 



(1) JUAX MURILLO M., Historia del Ecuador, de 1876 á 1888. Precedida dr un re- 
sumen histórico de 1830 á 1873. Tomo I, Santiaf;o de Chile, 1890. 

(2) JUAX MCRU-Lo M., Hisloria del Ecuador, tomo I, página 198. 



— 248 — 

uo lo tolerabau las leyes durante el gobierno español ni podía con- 
sentirlo ningún gobierno. 

« Luego que el orador se retiró á su convento, — dice Murillo 
]\X., — engolfado en los lauros que acababa de recoger, entró en su 
celda un comisario de policía, y le intimó de orden superior se pre- 
sentara á la intendencia. Aesta notificación, el padre Gago, apoyado 
por el guardián, contestó ([\ie <. solamente despedazado lo sacarían 
del convento :>. El comisario entonces salió ])resto á rendir cumpli- 
miento de su comisión, ó inmediatamente echaron á vuelo las cam- 
panas tocando rebato... En estas circunstancias un religioso de la 
seráfica comunidad, armado de un crucifijo, sale á la portería y 
enseñándolo al pueblo, lo anima á insurreccionarse. Algunos con- 
servadores de significación llamaron en su auxilio al populacho 
enfurecido, arreliataron al reverendo Gago y lo condujeron á la 
legación de Francia, declamando sin cesar, también con Cristo en 
la mano, contra el gobierno hereje (jue trataba de sacrificarlo (1). 
Las turbas recorren las calles de la capital, armadas <le palos, 
piedras, puñales y revólveres y dando gritos desaforados y sedi- 
ciosos. El jefe supremo del estado imi>idió se reprimiera con la 
tropa aquella sedición. La autoridad ordenó se hiciera fuego para 
amedrentar, no para lierir y así se despejó aquel motín ». 

Así comenzaron las lu)stilidades entre el clero y el gobierno, 
obligando á éste á dirigir una nota conminatoria al obispo de liio- 
bamba, el famoso negociador del concordato, por una pastoral sub- 
versiva que había i»ublicadoel 11) de febrero. El jefe supremo dictó 
en 2 de marzo de 1 877 el siguiente decreto : ; Art. 1°. Los ecua- 
torianos que conspiren contra la paz y el orden público, serán juz- 
gados, sentenciados y castigados como conspiradores. — Art. 2". Los 
eclesiásticos que, con pastorales, sermones ú otros medios, traten 
de alarmar las conciencias de los fieles, á fin de excitar á la rel)elión 
y á Iaanar(piía, serán extrañados del territorio de la república. — 
Art. 3°. vSe prohil»e á los ciudadanos andar armados, y los que con- 
travinieren á esta disposición serán castigados conforme al código 
yamú. — Art. 4". Prohíbese asimismo, mientras duren las actuales 



(1) ()1>. €it., iiágilia 200. 



circiiiistaiK-iiis, l:i liiriuju'ii'ni ilf ürupiís di- iii;is de (i pcrsoiins cu 
liis (mIU's ú (itnis Inyaivs públicos de esta capital (1). 

Los desórdenes llenaron al crimen, pnes el virtuoso arzobispo 
de (^>nito, señor don .losé J.unacio Checa y liarha, fué envenenado 
en el nioiuento de consumir en los olicios ile viernes santo, el .'50 
de marzo de 1S77. El personal del ¡iobierno concurría á la igle- 
sia catedral, precisamente cuando se perjietraba el crimen. ; En el 
curso del sumario, — dice el liistmiador citado, — y estando 
l)reso el canóniiii) Andrade Coronel, el vicario dcui Antonio An- 
drade entaltl(') juicio de competencia |»ara (pie le fuera entre,i>ado 
el preso, ai>oyándose en el concordato poríiarcía ^loreno con la 
santa sede, en el cual se estableció (pie nin<iún sacerdote ¡lodría 
ser reducido á prisión por la autoridad civil, ni Juzüado pi)r otro 
tribunal (jue por el eclesiástico > (2). 

En nu'dio de estas intrigas y amenazas de rcvoluciiui. el Jefe 
supremo don Ignacio Yeintimilla dictó en 12 de mayo de 1.S77 el 
siguiente decreto: ; Cíjnsiderando : 1" (pie el esiiíritu n^accionario 
de los jtartidarios del antiguo régimen va minando diariamente 
el orden y la i>az de la república; 2" (pie para consumar las tenebro- 
sas nnupiinacioues de este espíritu de revueltas y trastornos se ha 
tomado la religión santa como bandera de insurrecciíni, infundien- 
do en el ánimo sencillo de los pueblos todo lo que puede con- 
moverlos é inducirlos á la guerra religiosa; 3" que siendo tanto 
mayor y más ])ernicioso el abuso cuanto más sagrado es el objeto 
de (pie se abusa, es un deber de todo gobierno ilustrado y liberal 
cortar hts gérmenes (pie pervierten la moral y las costumbres, y 
conducen los pueblos á la dei»ravaci(')n y á la anarquía; 4" que so- 
bre tan funestos elementos alza ya la insurrección su cabeza, á pe- 
sar de (pie el gobierno de septiembre mantiene iiic()himes los sa- 
grados intereses de la religión católica, que profesa y venera... De- 
creta: Articulo único. Los que cometieren los crímenes puntuali- 
zados en los artículos 11 (5 al 121 de las reformas al C('»(ligo militar 
y .sanciíHiadas \u>v el congreso de 1S7.'J, y mandado ejecutar ]>orla 
{idniinistraci('m Borrero en 1 7 de mavo del año citado, serán casti- 



(1) Ob. cit.. página 20.S. 

(2) íd<;iii. 



gados .segúu el teuor de los mismos artículos, y juzgados y senten- 
ciados conforme al título IV, tratado IX del código militar » (1). 

Veintimilla expidió este decreto á 12 de mayo de 1807, el mi- 
nistro Carbo se negó á autorizarlo por ser contrario, decía, á la 
circular de 1" de febrero dirigida á los gobernadores de provincia. 

IMientras tanto las conspiraciones clericales aumentaban sus in- 
trigas. El vicario capitular, en 2 (i de junio de 1S77, declaró en 
entredicho la ciudad de Quito, ordenando, en consecuencia, que 
se cerraran los templos y se suspendiera la administración de los 
sacramentos (2). El puel)lo fanático y atrasado estaba casi amoti- 
nado y se oyeron tantas detonaciones que la ol)scuridad dejó en 
tinieblas la población. Las campanas de la iglesia tocalian á ple- 
garias, el pueblo pedía á gritos misericordia; y cuando la obscuri- 
dad era más intensa y la situación más desesperante, empezó á 
caer una copiosa lluvia de tierra volcánica que puso de maniriesto 
que se trataba de una erupción de grandes proporciones (3). 

Fué la gran erupción del Cotopaxien 29 de junio de 1877. Esa 
misma noche fué preso el vicario Andrade y desterrado al norte, 
y cesaron los efectos de sus violentas medidas. El 28 de julio de 
ese año se dio un decreto convocando la convención nacional. El 
oO de mayo de 1S7;> fué sancionada la nueva constitución y ele- 
gido el general Ignacio A'eiutimilla presidente por 4 años. 

Causa tristeza la historia de las frecuentes revoluciones en esta 
república, constituyendo la guerra civil una ocui)ación perversa, 
agravada por guerras con los países vecinos. Época lamentable, 
<iue hago votos porijue no se renueve nunca. En mayo de 1883 la 
revolución organizó un gobierno provincial en Quito. 

Ignoro, lo digo con franqueza, cuál fuese el texto detiniti^•o y 
legal del concordato tantas y tantas veces reformado, durante el 
larguísimo período de negociaciones y revoluciones. 

Fray Vicente Solano dice: < Yo he visto á nuichos frailes y 
cléi'igos traspasar los límites de su estado, capitaneando tropas y 
excitando revoluciones... CTiandolos sacerdotes se mezclan en ne- 



(1) OÍ), cit., págiuii 220. 

(2) OÍ), cit., iKÍgiua 220. 

(3) ídem, página 229. 



— 251 — 

«>(H'it>s iniriiuifiite políticos, se hacen odiosos anii á los se<ilares 

que sostieiíeii la luisiua cansa ^ (1). 

Kl <lerecli(> de patronato se ejercita en el otorj;aniieuto del i»ase 

ó excqiuttitr tk-\ poder civil á las Itnlas del pontilice y la constitn- 

cióu avíieutina lo establece, y asi se observa, tic la misma manera 

que en otras constituciones hispano-americanas. 

<; Hasta innecesario parece <lecir (|ue la constitución del Ecua- 
dor guarda silencio sobre este punto. Esta república es una espe- 
cie de puerto libre para el \'aticano. Desde (iarcía Moreno hasta 
la techa (l.s'tl), su «¿obierno es casi teocrático con apariencias de 
libertad civil; y tanto es así, conu) que sus obispos, reunidos en 
concilio provincial (18S7) han dicho que (hbc el estado .síí subor- 
dinación (i ¡a iglesia como al ]iriucipioque/<-(H)ií/ff, cnnohltay clero 
tí las humanas sociedades redimidas i)or Cristo. Quiero relbr/.ar 
esta referencia, citando las palabras de Arttsemeua : - Xiní-ún 
país civilizado puede hoy prescindir de la tolerancia religiosa, 
comidemento indispensable de la libertad de conciencia y de la 
franca permisión de entrada á todo extranjero honrado y laborioso. 
Es el mínimo de his cimcesiones, aun quedando eu pie la iglesia 
oficial, la iglesia dominante y protegida ^^ ('2). 

La con.stitucion del Ecuador dice : <■ Art. 1 o. La 'religión de 1 a 
república es la católica, apostólica, romana, con exclusión de cual- 
quiera otra. Los [toderes políticos están obligados á resiietarla, 
hacerla respetar y i»roteger su lilicrtad y demás derechos : . 
La letra y espíritu de ese artícuhj ahorran comentarios, dice el 
autor (pie vengo citando. Basta leerlo i)ara comprender que en el 
Ecuador permanece la más absoluta intolerancia en punto de reli- 
gión. De su actual ley constitutiva puede decirse, sin eud>argo, 
que en cuanto á ultramoutanismo es libera I, pues el artículo 10 de 
la de l.S(»2, decía : <; Para ser ciudadano se reciuiere ser católico. 

Las observaciones de este autor las eucuentro lógicas y por ello 
verdaderas: no hay constitucionalmente liliertad de cultos, y si 

(1) Obras (If fray Vicente Solano, de la orden di' nu-nore-í en la república del Kciia- 
dor, precedidas de la liiografía del autor por Antonio línrrero C, tomo II, página 
283, Barcelona, 1!<93. 

(2) Justo Arosf.mesa, Estudios lonililHCioníilen nobre los gobiernos de la Jmvriea la- 
tina, segunda edición. 



— 252 — 

hubiera tolerancia, debe ser por la ocultación miedosa de mostrar 
que se profesan cultos disidentes. 

«El ejemplo del Ecuador es también una lastimosa prueba á 
este respecto. Yo no puedo ver sino como demostración de in- 
cautos por parte de nuestras repúblicas, el hecho de ajustar esos 
pactos :>(!). 

El consejo del señor Ángulo Guridi es : «; Para nuestras repúbli- 
cas lo mejor es el que no se escribe : la entente conUale. El derecho 
de i)atronato existe en todo gobierno, como uno de taiatos atri- 
l)utos del poder que ejerce, y como una consecuencia de la obliga- 
ción que tiene de conservar el orden y la reguhu'i<lad del mecanis- 
mo administrativo. » 



(1) Temuii políticos, Examen comparativo critico de las constituciones ñe Hispano-amt!- 
rica, el Brasil y Haití, tomo I, página 257. ... « En Europa, — iTicc el autor, — tuvie- 
ron su razóu de ser durante la edad media, cuando el poder y el prestigio del papa 
eran inmensos ; cuando, por el contrario, las monarquías eran débiles ante el feu- 
dalismo ; cuando, en fuerza de esos poderosos motivos, ningiín emperador juzgaba se- 
gura la diadema sobre sus sienes sino era consagrado por el orgulloso papa-rey de 
Roma ; y, en fin, cuando hasta se estimó necesario que ese monarca misto expidiera 
una bula, para que los reye.s de España y Portugal tuviesen por seguro de su do- 
minio inminente en las tierras que habían conquistado en América. Hoy... Quantum 
mutatus al) illo ! Ni en la misma Europa hay necesidad de los concordatos. En Amé- 
rica es hasta una grave falta celebrarlos. » 



CAIMTIIJ) X 



DKÜKCIK» 1»K l'ATKOXATO KX LA líEPlIiLUA DEL rj'-líl 



Fin- (astilla, pri'sidi'UtL' (U'l IV'n'i, en su inciisaje (U- i-laiisuní de 
las sesiones del eongreso extraordinario, quien habló de libertad 
religiosa, en país donde la coustitución declaraba el culto cat«')I ico 
religión del estado con exclusión de otras. 

Los amigos de la i»roposición — dice Faurel — redutados en ese 
campo siemi»re ávido de innovaciones, se pusieron á la obra c(»nel 
entusiasmo que les es propio ; sus adversarios, los conservadores, 
no nu'nos prontos á alarmarse de todo, á agrandar las sombras (pu- 
les atemorizan, respondieron con el mismo cak»r(l). Acpiella re- 
pública conservaba las tradiciones de la colonia y la legislación 
española: « ...el catolicismo con la unidad de la fe, la autoridad, 
la gerarquía, la tradición, e.s decir, la solidaridad del presente con el 
pasado y el porvenir: este principio transmigró en la América por 
la Esi)aña > (2). 

La constitución de 1839, que regía en a(iuclla ('[(oca, cdntiiiuaba 
lo dis]tuesto i)or la de 182."), que estatuía (¡nv la religii'm católica, 
apostólica romana es la que profesa la nación sin permitir el ejer- 
cicio público <le ningún otro culto. La oiH)sición á la tolerancia fué 
ardiente; y Taurel, en el libro (pie he citado, pertenecía á los oi»o- 
sitores á la libertad religiosa, y era partidario de conservar como 
reli.üi(')n única la (pie sostenía oticialmcntc el goliicrno. 



(1) De la ¡iheité n'lifiieine au Pero», conmilrrcr dan« ves rapporlx orce l'cmitirnlioii 
étrangére \MT I{. M. Faiiiel. 1 voluiiicn. — I'aris, lx."il. 

(2) ídem. 



Escritores peruanos participabau de la opinión contraria. Ee- 
cnerdo que en esa época se publicó un libro que hizo muchísimo 
ruido, al extremo que fué condenado por la autoridad eclesiástica : 
sostenía que e\ ^xitrottato, que concede ala i<>lesia un auxilioparti- 
cular, es y sería siempre protector. « Ponjue defendiéndola de 
los ataques que contra ella se dirigen — dice — ó dando leyes 
para que el dogma se conserve en su pureza y la disciplina en su 
vigor, pudiera dejar á los fieles el cuidado de proveer á la conser- 
vación del culto y de su solemnidad ; pero ha querido encargarse 
de este empeño y en vez de excitar á otros á que funden, edifiquen 
y doten las iglesias, ha tenido á bien fundarlas, edificarlas y do- 
tarlas por sí mismo. He aijuí, pues, una razón más y muy poderosa-, 
(jue realza los títulos de los gobiernos, y mejora su derecho de en- 
tender en los negocios eclesiásticos. No son como (piiera protec- 
tores qu(í amparan y defienden, sino que alimentan y enriquecen 
á los ministros del santuario, para que celebren con dignidad y 
pompa sus funciones, después de haber proporcionado los elemen- 
tos de esa pompa y de esa dignidad > (1). 

El patronato lo juzga inherente á la soberanía, justificado por 
cuanto es con el tesoro público que se sostiene el culto, y la inter- 
vención civil en las elecciones de los que lo desempeñan y las exte- 
rioridades del mismo, es tan justo como laudable. No son reyes ab- 
s(dutos, en servicio de su poder, « los (pie decretarán la formación 
de un ol)ispad() ó unirán dos, para aumentar la riqueza de sus pro- 
tegidos, y no para consultar el buen servicio de los fieles : es la re- 
presentación nacional, donde se discutirá la materia, pesándose 
los argumentos de una y otra parte ; donde tendrán defensores los 
interesados en la oposición, oyéndose la voz de los obispos y de 
sus cabildos, por órganos con ({ue cuentan siempre y que saben 
buscar; y donde no hay ni puede haber otro interés (pie consultar 
el bien de los dei)artanientos, ([ue aleguen razones, para que en 
ellos se erijan obispados > (2). 

(1) Comi>eii(Uo de la defema de la autoridad de Iok ¡ivhicniotí eoiitra las pretensiones de 
la curia romana, por Franctsco dk Paula G. Vigil. — Lima, 1852, 1 vol. de 3t0 
piíginas. 

(2) Compendio de la defensa de la anloridad de los (juhiernos. obra citada, pági- 



— 255 — 

El congreso del Perú creó nuevas diócesis y dict('» una ley para 
la elección de los oltispos. Toco antes se diera otra, jiara des- 
nicMitirar dos |iro\incias de un oliispado, c incorporarlas ¡i otro; y 
algunos afios atrás disi»uso el libertador Holivar (pie dos provin- 
cias del Perú, que en 1»> espiritual se hallahan sujetas á lui obispa- 
do de otro cstailo, dejíiseu de estarlo en adi'lante y se incorpora- 
sen á un obispado jteruaiio (1). 

En el Perú se suscitó la misma diticultad (pn- en la K'epúhlica Ar- 
gentina de encontrarse obispos sufragáneos de un arzobispo ex- 
tranjero, como snct'día ci>n el obispado de La Plata, creada la re- 
pública lie Holivia, á cuya jurisdicción en los tiempos coloniales es- 
tuvieron sujetas las del virreinato de Buenos Aires y después de 
la repúl>lica independiente. El congreso i»eruano en lS.'{2yen 
1871 dictó leyes sobre la elección de los ol)isi)os(_>). 

. El gol)ierno peruano en sus presentaciones (i)ara obispos) se 
aiTegió á la ley de 17 de octubre de 1832, mientras estuvo vigen- 



(1) Ídem, pú^iua 91. 

(2) Itlein, pií<;ÍDa 109. Reprodutiii^, lí tin de ilustrar l;i iiiateriü, las noticias que re- 
herí' MatamoriKs. « Cuando en 1821 estuvo nuestra patria empeñada en la guerra de la 
independencia — dice — parte del territorio del obispado de Guamanga, lioy Ayacucho, 
estuvo separado y siu comunicación con su obispo, cuyas principales provincias "¡¡e- 
niían bajo el yugo opresor. Los curatos situados eu el territorio libre uo podían estar 
en comunicación con su obispo, y para sus necesidades espirituales consultaron al go- 
bierno. Dispuso éste (jue el gobernador eclesiástico de la luetrópoli ejerciese la juris- 
dicción eu esos curatos, y ocurriese á las necesidades de los pueblos : lo que so veri- 
ficó, prestándose á los justos deseos del general San Martín, el deán gobernador, don 
i'rancisco Javier Echagüe. Vencedores los peruanos en Ayacucho y creada la república 
de Bolivia, resultó el inconveniente lo mismo que para todos, que dos provincias del 
departamento de Puno — la de Cercado y la de Chucuito — estuviesen .sometidas al 
obispo Imliviano de La Paz. Para el general Bolívar, dictador del Peni, fu<5 este resul- 
tado un mal, y, par.a evitarlo, dispuso que esas dos provincias fuesen desmem- 
brada.s del obispado de La Paz, y agregadas al del Cuzco ; que éste asumiese sobro 
ellas 1» jurisdicción que tenía aquél, y para que ésto se cumpliese, dio las órdenes 
convenientes, órilenes que fueron obe<lecida3 y cumplidas. Por una ley del congreso 
peruano fué creado el obispado de Maynas, agregándole las jjrovincias de Pátar y 
Cachapoya, que separó del de Trujillo. Tratábase de ejecutar esta ley, cuando vino 
á precipitarlo todo el obispo de Quito, quien sin saber la causa, porque no era el 
metropolitano <lc iíaynas, nombró de gobernador de esa antigua diócesis al padre 
Plaza, creándolo prefecto de Misiones, y entre otras facultades lo dio la de nom- 
brar curas. El expediente que se formó á consecuencia de este falso paso, vino al 
ministerio, y hubo necesidad de proceder pronto y con energía, para contener avan- 
ces de un obispo extranjero. El gobernador eclesiástico de este arzobispado por man- 
dato del gobierno, dio las facultades necesarias al doctor don Eugenio Casaverde, 



te y exi.stierou las juntas departamentales, creadas [tur la consti- 
tución de 1828. Hoy presenta con arreglo á la ley de 10 de di- 
ciembre de 1851. Pero los papas no expidieron sus Imlas en los 
mismos términos en qne lo hacían cuando la América era colonia 
española. Tuvieron antes buen cuidado de expresar en ellas, que 
daban la institución canónica al designado \k)V su carísimo hijo — 
el rey de España, — y agregando que el agraciado había sido pro- 
l)uesto á mérito del patronato, qiie obtenía el monarca por privi- 
legio apostólico. Parece que León XII... en las bulas que expi- 
dió, expresó que se había reservado la elección y nombramiento 
para los obispos de América. No las heñios visto... Pero sí sabe- 
mos de cierto, y tenemos á la vista, coi)ias de las bulas expedidas 
por Pío Vil, y en ellas una cláusula... muy insigniñcante, y sin 
fuerza, debió parecerle al camaldulense Mauro Capellari, y por eso 
á lo copiado agregó lo siguiente: decenwntes ex tune irritum et ina- 
ne, si sectis siqjer his a quoqiwm quavis auctoritate scienter vel igno- 
ranter coiiti¡/cnt ((ttcndri (1). Comidetada la cláusiüa por Gregorio 



iiouibrailü gobernador eclesiástico del uiievo obispado. El titular de Maynas era uu 
español, fraile franeiscauo, quien al pronunciarse su obispado por la independencia, 
fugó de .su diócesis dejándola en acefalía. Nombró tan sólo por su provisor á unciu-a 
Albán, quien á su ignorancia reunía en 1831 su muy avanzada edad, que lo hacía 
inhábil para todo. Tuvo la debilidad de reconocer al padre Plaza como gobernador 
eclesiástico de Maynas y prefecto de Misiones, obedeciendo á un nonibraiuieato que 
sin la menor facilitad hizo uu obispo extranjero. El cabildo eclesiástico de Trujillo 
traspasó en Casaverde la jurisdicción que tenía en las dos provincias desmembradas, 
cumpliendo el mandato del gobierno. Lo hizo, después de resistirse para seguir las 
pérfidas sugestiones de don José Ignacio Moreno, jefe de loa ultramontanos, resis- 
tencia que dii) lugar á fuertes órdenes gubernativas, y á una polémica suscitada por 
él, publicando un folleto titulado: Abuso del poder contra laWberiiid di- la iV/ícsia; po- 
lémica que terminó á satisfacción de todos, quedando el triunfo por los regalistas, que 
entonces escribieron defendiendo al congreso y al gobierno. El peruano, por leyes 
posteriores, desmembró el departamento de Puno del obispado del Cuzco, y creó un 
nuevo obispado, agregándole dos de las provincias que antes correspondían á la dió- 
cesis de La Paz. Al de Huánuco, le fué después demembrado su territorio del arzo- 
l)ispado de Lima. No se contó para estas desmembraciones sino con la conveniencia 
pública expresada por el congreso peruano. Roma dio después bulas de creación... 
En Eoma nada se ha dicho ni resuelto sobre la desmembración del obispado de La 
Paz y la agregación de dos provincias al del Cuzco ; lo que no es otra cosa que 
reconocer las facultades con que el gobierno procedió ». (Obra citada, páginas 39 
á 41). 

(1) F. ,J. MakiátuGüi, Reseña histórica de los principales concordatos celebrados con 
liorna, y breves reflexiones sobre el último habido entre Pío IX y el riohierno de Boliria. — 
Lima, 1856, 1 volumen de 286 páginas. 



— 257 — 

XVI, dice así : <. tiempo ha qnc reservamos á nuestra orden y dis- 
posición la provisión de las ¡«ilesias vacantes, y de las (pie en lo su- 
cesivo vacasen en América, decretando desde entonces írrito y 
nulo todo lo cpie en oposición se atentare sobre tales provisiones 
por cualíiuier persona, y de cnahpiiera investidnra qne ftiese, sea 
jtor malicia ó por ignorancia . < Por eso en ninguna de las bulas 
exi>edidas á favor de obis]»os americanos ha nonibra(h) la curia al 
gobierno, une los presenta. Débiles los |)iitn>n()s, se han conten- 
tado con protestar, y con representar; y el consejo de estado entre 
nosotros, ha sido el primero en «-ontentarse con este término me- 
dio, (jue na<la sirve al Perú, y (pie iiuctlc con el tien]]io serle per- 
judicial (1). 

El señor ^lariátegni dice muy fundadamente: 1" (pie lo (|iie 
se practicaba en tiempo del gobierno colonial, para el nombramien- 
to de los curas y canónigos y para los obisiios, es lo mismo, (pie el 
observado por los independientes ; 2" (¡ue así como aquel fué regu- 
lar y sin vicios que pueden setle atribuidos, así es el que hoy se 
practica ; 3" (|ue bajo este método, ningún extranjero tenía inge- 
rencia en los nombramientos de los canónigos, y (pie para éstos y 
para los curas, se i»roce(lía con arreglo á las leyes ; 4° que el pai)a 
no nombraba para uingnma silla en ningún coro; 5° que el rey en 
su tiempt), y los presidentes de la república después, elegían á los 
(pie (pierían fuesen obispos, y (pie la única intervención (jue te- 
nía Poma era expedirle las bulas. No puede ser tachado de malo, 
de írrito, de defectuoso ni anticristiano, lo que entonces practicó 
España, y sin la menor nota, y hoy ejecuta la América. 

Por estos fundamentos fui siempre opuesto para (pie se intentase 
la celebración de un concordato, tanto más cuanto la tentativa de 
la misión conliada al doctor del Campillo jior el gobierno del Pa- 
raná, demostró las exhorbitantes i)retensi()nes de la santa sí^úe, al 
extremo (pie el ministro argentino no se atrevió á ttrmar tales pro- 
puestas. Cuando se me confió una misión ante la santa sede, oíi- 
cialmeute expuse al ministro doctor Zeballos que yo no aceptaba 
intentar la celebración de un convenio para arreglar las relaciones 
entre ambas potestades, y últiiiiaincntc lespondí á la carta couti- 

(1) 01)r.i i'itadii. página 21ó. 



— 258 — 

(lenc'ial del niiuistro Aiichoreua, i);n'ti(lario de la celebración de nu 
coucordato, que yo no aceptaría tal negociación, p(jr(|ue creía (jue 
no era necesario. 

« El patronato de los gobiernos — dice Vigil — no es un don de 
laig'lesia, y aun cuando lo hubiera sido en los monarcas españoles, 
subsistiría en nuestros gobiernos independientes, i)or cuanto aliora 
como entonces permanecen las razones sobre (pie él se fundaba... 
P(n' último, las repúblicas liispano-americanas y sus gobiernos son 
católicos, ajuicio de todo el mundo y del papa mismo... y nuestros 
estados son independientes con derechos pr()pios sin haber cele- 
brado concordatos. Así, pues, como no hay. necesidad de que pida- 
mos al gobierno español que reconozca nuestra indei)endencia, 
para figurar en el rango político de las naciones, tampoco lo hay 
para un concordato, para ser católico... líecordemos el concordato 
de Clemente XII con Felipe Y, de que hablaron mal. juiciosos espa- 
ñoles, y especialmente don Gregorio Mayans, <. porcpie la España 
gozaba ya de lo favorable que se acordaba; poripie era seme^iaute 
á las leyes que los vencedores suelen imponer á los vencidos ; por- 
que la curia romana no cumplió las cosas ofrecidas; i)orque habien- 
do ofrecido la reforma de varios al>usos, dejó una parte sin reme- 
dio, y confirmó otra en artículos del mismo concordato; y porque 
negó todo lo tavorable y justo, (lue de parte de España se le 
pidió > (1). 

En sei)tienil)re de IS'iíi dio el consej<j de gobierno en el Perú 
un decreto llamado Reforma de reifwlares. Su obser\'acióu fué exi- 
gida y recomendada por los decretos de 12 de julio de 1845 y 18 
de octubre del mismo año. Los congresos de esta república, según 
Matamoros, como ley del estado, respetaron la reforma. 

El doctor don Benito Lazo, magistrado judicial, dirige ima carta 
al presidente del Perú general Echeniípie, en la cual se lee : « Ko 
ignora V. lo (pie el nuncio dijo al señor Paz Soldán en Bogotá: 
(pie el papa no reconoce derecho alguno en los gobiernos, y que la 
curia tiene por máxima constante (pie la silla a])ostólica no con- 
trae obligación alguna en todo concordato, en todo tratado, en 
toda concesión, jtueses siempre gracia que ella hace y puede revo- 

(1) Compelí din de lii di'J'ciisu, ol). cit. 



— 250 — 

caria cuaiulo (luieva (1). Eu vista tic esto el rcrú va á privaisc sin 
iieccsiilad cdii >■! concordato, de una parle de las n-üalias de (|iu' 
se halla cu posesión, ligándose á un pacto dcsinnal, en iiue no se 
le impone más ([nc dcUcres, y se le ipiitan dereclios propios, natu- 
rales y antiguos. Esta carta fué conti-stada por el presidente y 
eu el senado se suspendió la discusión sobre celebrar concordato ; 
mas el interesado en ser nombrado ministro, obtuvo al lin ese car- 
go, pero el señor Herrera que fué enviado, nada hizo. 

l'or lo demás, las tradiciones del l'en'i cu esta materia son bien 
claras : los gobiernos republicanos tenian en los archivos virreina- 
les de Lima todos los antecedentes deseables. Y conviene (pie 
ahora los recuerde, siipiiera sonu'ramente. para demostrar cómo id 
regalismo no es una innovacit'm republicana ni anticati'dica, sino 
la práctica gubernamental de la éi»oca colonial, eminentemente 
«•atólica. ('ind(|uier relación de gobi«'rno de un virrey á su su- 
cesor, eoutieiie detalles sugerentes sobre el ejercicio del derecho 
»le i>atronato, mostrando la energía con la cual los representantes 
del monarca defendieron siempre esa preciosa prerrogativa de la 
soberanía. 

El señor Jjiñan y ('¡sueros, aumpu' arzoiiispo, empieza su lie- 
/rící'íí» en estos términos : < lieconóciendo cuan importantes son 
los derechos del real patrtuiato que S. M. tiene en estos reinos, y 
de ellos pende la mayor parte de los aciertos en la economía uni- 
versal de las Indias, se lia tenido mucha vigilancia y cuidado en 
atenderlos en cada una de las especies (|ue le pertenecen. > El 
mismo, despiiés de haber suspendido una provisión de su ¡irech'- 
cesor el conde de Castellar, por la cual tomó motivo de iiueja el 
tribunal de la cruzada, creyó oportuno decir á su sucestu' « con- 
viene ipie se les vaya á la mano á los ministros de ese tribunal, 
(pie, como independientes de la Jurisdicción real, ])ueden alligir á 
los subditos comprando ditas (leses]»era(his, y cobrándolas ptu- 
atpn^lla mano á fuerza de vejaciones y censuras, concesiones y 
escrituras sui)uestas, comerciando eu fraude de los derechos de 
S. M. Xo se le ha dado lugar á ésto, procurando ocurrir con tiem- 
po al remedio. líeliere luego las discordias (pie se suscitaron en 

(1) lieueña histórica de Ion ¡nineipales eoncoidalon celebrados con Honia. Lima. 18r>t). 



el Cuzco eutre el obispo y varios prebendados, y dice (jue él pro- 
curó de su parte aplicar «todos los medios suaves y couiiiiuatorios 
que ofrecía la ocasióu para sosegarlos. ; 

El marqués de Castel-fuerte contuvo al obispo de Trujillo, quieu 
pretendía (pie el cabildo secular de aquella ciudad le acompañase 
desde la salida de su casa hasta la vuelta á ella, en las funciones á 
que asistiese de pontiflcal, pues no había ley ni costumbre que tal 
cosa autorizase; « decidió una contienda entre el cabildo eclesiás- 
tico del Cuzco y el comisario de la cruzada sobre presidencia; en- 
tendió en la queja del cabildo secular de Huamanga, porque el 
obispo le negaba que le diera la paz un sacerdote, y que entrase á 
la iglesia por la valla que del coro iba al altar mayor, de todo lo 
cual se hallaba en posesión ; escribió al obispo provisión de ruego 
y encargo para que no alterase los privilegios del cabildo, y resol- 
vió después con real acuerdo que se practicase allá lo que en la 
iglesia metropolitana, donde bajaban colegiales á dar la paz á los 
caliildos; (pie en cuanto al trámite de la valla, se acortase ésta por 
la parte inmediata al ])ilar del crucero para que por allí entrase el 
cabildo, y (pie el obispo no ocupase asiento en el presbiterio debajo 
del dosel, con canónigos asociados, cuando no hubiese oficio de 
pontifical, sino (pie se sentase en el coro, con arreglo á la costum- 
hre y á hy, insertándosele ésta para su mayor observancia y cum- 
plimiento. Con ocasión de un tumulto (pie se levantó en la pro- 
vincia de Andahuailas contra lui corregidor, interviniendo en ello 
las (jue menos debieran por su estado, hasta el extremo que el 
obispo de Huamanga fulminase censuras é impusiese multas con- 
tra dicho corregidor, interpuso el virrey su autoridad y dijo al 
prelado ([ue se abstuviese de penas semejantes, como ofensivas y 
perturbadoras de la jurisdicción real, y llamó á Lima á dos de los 
curas ((ue resultaban comprometidos en la causa. liefiere el virrey 
otros casos relativos al obispo de Huamanga, y ha sido — decía 
— tan inmenso el cuidado (jucha dado á este gobierno, y á la real 
audiencia en los negocios y controversias (pie ha movido, teniendo 
(pie librar cerca de 30 providencias, y otros decretos sobre recur- 
sos á (pu^ ha dado motivo. » 

El conde de Superanda « mandó al arzobispo (pie no llevase 
quitasol en las procesiones; que se tocase el órgano para el virrey 



— 2(51 — 

y la aiidienoia -A sii entrada y salida de la inlesia, fnistraudo así el 
inaiidati» del arzobispo, que había reservado exelnsivamente para 
él seiiiejante distinción. Conoció en la cansa snscitada i)orel canó- 
nigo don Maunel de ^loUeda quejándose del arzobispo, con motivo 
de si la naveta del incienso debía presentarse ii éste por la derecha 
ó jior la iz«inierda; dio i»rovisi(')n para «pie el cabildo eclesiástico 
juisiese en la secretaría de la cámara del virreinato, luego y sin la 
menor demora, los libros antijíiios y modernos ipie hubiese de 
inventarios de alhajas pertenecientes al servicio de la iglesia, y 
ilemás papeles concernientes al asunto, auuípie encontrando resis- 
tencia en el cabildo y el arzobis]K>, (¡uien, como decía el virrey, se 
tmhurazubu <u lo mus llitiio. Dio también comisión al reverendo 
obispo de la Paz, don Diego Antonio ile l'aiadii. i)ara i|n<' fncsc á 
reconocer el estado en (|ue se hallaba el uuiy reverendo arzobisjx) 
de La Plata don Gregorio de 31olleda, á (piien la audiencia, supo- 
niéndole demente, le nombró un ecónomo de sus rentas para segu- 
ridad de los espolies, declarando á consecuencia el cabildo ecle- 
siástico haber recaí<lo en él la .jurisdicción, procediendo á elegir 
un jn-ovisor, y haciendo notificar al del arzobispo que se abstu- 
viese de proseguir en su ministerio. Encargaba el virrey al obispo 
de La Paz, que si de las diligencias resultaba caliti( ¡ula la demen- 
cia del arzobispo, procediese el cabildo eclesiástico á usar de su 
derecho; pero si al contrario se justificaba ijue el arzolnspo, pasado 
el temporal delirio, quedaba en sano juicio, hábil para el gobierno 
de la iglesia pcn- sí mismo, ó por otras personas, entonces el obis- 
po, en fuerza de la comisión referida y de todas las facultades 
necesarias (pie para este caso se le conferían, repondría todas las 
cosas al estado anterior, ipiedando ex]icdita la jurisdicción del arzo- 
bispo y cesando el provisor nombrado ]n>v el caliildo. Los sucesos 
hasta ahora referidos, algunos de los cuales son verdaderamente 
graves, otros de conocida pequenez, no habiendo en elh» otra 
e«)sa formal y seria, (jue el reconocimiento de la autoridad á (piien 
se dirigían los recursos; y otros en fin que podían llamarse ridícu- 
los, pero á los cuales se les daba grande importancia en esos tiem- 
pos; tO(h>s estos sucesos acreditan el poder (pie ejercían los virre- 
yes en negocios eclesiásticos . 

Kcprorluzco estas noticias ponpie es la prueba déla jurisdicción 



— 262 — 

(le orden público que corresponde al soberano del territorio en las 
disidencias eclesiásticas (jiie, sin afectar al dogma, podrían compro- 
meter el orden social. 

Asegura el duque de la Palata que algunos obispos, para estre- 
char al virrey, ocupaban el segundo y el tercer lugar con sujetos 
notoriamente menos dignos, y tal vez indignos, <: que de todo me 
ha sucedido — decía el virrey — y pudiera referir casos singula- 
res ».Eefiere luego, que hubo prelado á quien en años no le varió 
ningún lugar (de curas), pues reconocía el cuidado y gran celo con 
que siempre ponía lo mejor; y así como hubo otro, con quien sin 
embargo de prevenirle y advertirle, nada fué l)astante ni para la 
enmienda, ni para evitar la queja ». 

El virrey mar([ués de Castel-fuerte decía á su sucesor, el mar- 
(prés de Villagarcía, que le « ha sido menester, en algunas ocasio- 
nes una especial paciencia en los negocios eclesiásticos y un sin- 
gular cuidado para no dejar perder el respeto de la m/«?í'«; pues 
cuahiuiera resquicio se hace puerta ((ue abre paso al abuso, el ([ue 
luego se reviste de costumljre, aumiue para cerrarse el camino 
cueste mucho, porque se alza el grito como si la iglesia lo levan- 
tara, y no los eclesiásticos, propagándose después con el aire de 
sagrado y al efecto piadoso... Esta real prerrogativa — prosigue 
diciendo — corre el gran trabajo de tratarla con los mismos, á quie- 
nes su elevación en la iglesia los constituye por primeros deudo- 
res al monarca: porque airnque la veneración los juzga á todos 
santos, no siempre andan á un paso la dignidad y el genio, ni la 
virtud se ideutiñca con la discreción, viendo á la majestad por el 
lado (pie mira al trono, y no por el perfil «pie da vista á la iglesia... 
los obispos no acaban de entraren todo lo que es real jurisdicción, 
patronato, regalías, y procuran morder y cercenar todo lo posible 
en este punto : para contenerlos he usado de las defensas según 
derecho, sin permitirles ampliación alguna - . 

Y nada más digno detenerse en cuenta que el testimonio délos 
mismos virreyes del Perú, puesto que es del patronato en aquel 
virreinato de lo (pie me ocupo, para compararlo con la manera 
cómo el gobierno de la república lo ha sostenido y lo mantiene, 
desde que la religión es el culto oficial, sostenido ])or el tesoro 
nacional. 



El virrey Aiuat, ilespia-s di- ciuitar — <lici- N'i.uil — coiiio una ilf 
snsiuayoi'es satisfacoioues el im haber tcuidoel lufíiortroiiie/.ocoii 
los iirelados eelesiástieos. deltiéiulose la anuoiiía á la imuleneia, 
ateueióu y iuliani<lail. rectmiieiula este i)roee(ler á su siieesor, y da 
la siguiente razón : el f>remio eclesiástico hace muy ventajosa 
tiiiiira jtor su número, no menos (|ue por el i»redoniinio con que se 
insinúa en el secularismo; y aun(|ue las facultades de un virrey 
sean amplísimas, en la práctica se ofrecen á veces escollos tan 
desmedidos, (pie si no se tonni por partido el disimulo de los 
desórdenes, son mayores los males (pie amenazan á la iiública 
tran(piilidad, que el fruto (pu' reporta la república en la enmienda 
<le los abusos, si los prela<los eclesiásticos no proceden de acuerdo 
y. obstinados acaso del resentimiento que les dejó la inobservancia 
<le la superficial ceremonia, hacen empeño en abrigar al delin- 
cuente, sincerando su conducta en lugar de reprimirla... 

Terminaré las deficientes noticias (pie he expuesto sobre las 
relaciítnes de la iglesia y del estado en la época cídonial y después 
de la independencia del Perú, recordando lo (pu' disi>one su cons- 
titución en el artículo 4", saturado del espíritu retr('tgTa(h> : La 
nación profesa la religión católica, apostólica, romana : el estado 
protege, y no permite el ejercicio público de otra alguna. De- 
claro con franqueza que ignoro si este artícido ha sido reformado, 
pareciéndome extraño que persistiera cuando a(iuella república 
ha realizado una notable evoluciini liberal y ])rogresista. 



CAlMTri.O XI 



DERECHO Di: l'ATIíOX.VTO KN I. A lü.l'l líLICA UK HOT.IVIA 



Ixecordaiv (jue el famoso concurilato cclcluado jtor el iidliicnio 
(le Santa Cruz en Bolivia fué tan lanuMitahle, (|ue en el Perú, para 
impedif se mandase un enviado á liorna, '_"_> diinitados tiiniai-on la 
siguiente proposición: «Considerando: (pie es deber del confíreso 
conservar intactos los derechos, regalías, fueros y costumbres de 
(pie se halla la nacit'm en posesiíui legítima, y pudieufh) el supre- 
mo gobierno de la república celebrar tratados con hi corte de Ro- 
ma, declara : (pie no prestará su aprobaciíui á pacto ó concordato al- 
guno (pie seestiimle, por el cual pierda la naci('m ose desconozcan 
los derechos, fueros (i costumbres de (¡ue se halla en legítima i»ose- 
si(')u, tanto por las leyes españolas y reales (•('•dulas iJionuilgadas 
autesde la independencia, como por las dcinás disposiciones dicta- 
das i»or los congresos ó por los gobiernos en la t'poca de la repú- 
blica. Lima, noviembre de IS51 > (1). PresentiS otra mocií'm en el 
senado con el mismo objeto, .Se(}ane, caballero distinguido (pie fué 
ministro del Perú en la lícpública Argentina: (juería evitar fuese 
á Homa un ministro. Sin eml)argo, el presidente del Perú prescin- 
di(j de esta oposici(m y fué designado el ministro de gobierno, se- 
ñor Herrera, de quien Mariátegui dice ([ue era ccmocido por su 
odio, no diré á las instituciones democráticas, sino hasta el mismo 
sistema representativo por absolutista ; y march(>á tratar con lio- 



(1) P. J. Makiátegui, Jicteña hÍKtórica de los principaJen concordatoK cclebradon 
con Roma y breves reflexiones sobre el ultimo habido entre Pío IX y el ijobierno de Ilolit-ia. 
Lima, 1856, un vol., página 3. 



— 266 -- 

uia. El íiutor sostiene que si trata, reproduce el eoneordato de Bo- 
livia, favorecido y celebrado por iSauta Cruz. 

Esto acontecía en 1 S.l'J, y en vez de que estos antecedentes fue- 
ran enseñanza para los gobiernos, el general Unpiiza, presidente 
electo para la Confederación Argentina, resolvió en 1854 mandar 
como agente conñdencial ante la santa sede, á don Salvador Xi- 
ménez, á (luien el cardenal Antouelli i)ropuso un concordato in- 
aceptable; y á pesar de esto, se nombró después agente diplomático 
ante el Vaticano, al doctor Alberdi, ({uien no celelwó concordato ; 
y, con una ceguedad é imi)revisióu inexcusables, el mismo gobier- 
no nombró enviado extraordinario y ministro [tlenipotenciario al 
doctor don Juan del Campillo ante la santa sede, y fueron tales las 
exigencias (¡ue no se atrevió á ñrmar el concordato, pues la pri- 
mera exigencia imi)onía la reforma de la constitución y la deroga- 
ción de la libertad religiosa y la tolerancia de cultos. 

<: Es un hecho establecido, — dice IMariátegui, — que IJoma no 
ha disputado á los gobiernos el (pie ejerzan el patronato; que lo 
ejercen nombrando para los beneíicios simples y curados, y pre- 
sentando para los arzobispados y ol)ispados. Notorio es el modo 
cómo se presentan para las grandes dignidades de la iglesia, y 
aquél con que se confieren las canongías y los l)eneticios curados. 
>Si líoma hubiese disputado el patronato, se habrían levantado en 
masa todos los gobiernos y los habrían sostenido todos los i»ensa- 
dores... líoma pretendió ganar por medio de un arreglo ; y lo logró, 
tratando con Santa Cruz. Pero si en Ivoma no hubo discusión, la 
hubo en América. En la tribuna boliviana, en la (pie se goza de 
mucha, libertad, fué atacado el concordato y de un modo indirecto 
rechazado. Eesolvió el congreso tpie los puntos arreglados en el 
convenio se pusieran en armonía con la constitución, y de este 
modo (juedó sin sanción y sin ser ratificado. En estacai»ital no hubo 
más (¡Yw un grito, y fué contra el concordato, cpie fué atacado en 
diferentes escritos » (1). 

lndeiK'n(liza(his las antiguas colonias españolas, las nuevas na- 



(1) Ilr^cñti histiiricíi (Ir los pi-incipalra coucordatoa, obra ya citada, página 212. El 
autor agrega i'ii una nota: «Al autor Sauta Cruz le causó nu uial gravísimo. Pros- 
cripto por una ley ilcl cougreso de Huancayo, se trataba de levantarle la pro.scrip- 



— 267 — 

<-¡oiu's tuvieron qav lU'ovoer sohrc niatcri.is (■(•Icsiástioas, |M>n|iir 
las jiolilacioiies eran católicas: era lucciso |in)\ ccr los cúralo-.. Iln 
la i»r()\ isi('in de ohisiiatlos ol»ser\aron las leyt-sdel ]iatronatn. y era 
evidente «lue aun cuando Indio iierturltaciones en estas uialeria>. 
la santa sede tenía interés en no proloiiuar la acetalía de las 
iyk'sias. Las itreseutaciones para los oliispados han sufrido al- 
íi'uuas variaciones, — dice Mariátenni, — ]iero reconociendo siem- 
pre el patiouato. Hasta el tiempo <le iicón X II no presentaron los 
••■oliieruos para las sillas vacantes, sea porípie recelaron (pie no se 
«Hese huías ií los electos, sea poripu-, contraídos ;i la guerra de la 
independencia, todo lo posponían liasta ol>tener el triunfo. 

Conviene re[)etir con claridad el linulauíentodel patronato y 
de las ie,>;alías, á tin de comliatir el error de los (pie siipiuien 
que es una ,<;racia de la santa sede otor<;ada á los reyes. V volveré 
ji recurrir á la autinidad de Vau-Kspeiit, citado por INIatamoros : 
«Entiendo por niialid las preeiniíu'iicias (pie en cada estado tie- 
ne el soberano para ejercer toda autoridad, (pie tiende ;i orde- 
nar lo conveniente para el ejercicio de su jioder. liiieii orden. 
bienestar y felicidad de los üoheinados. La n;iiilí(i es inherente á 
la soberanía; no es soberano el (pie no la ejerce, > no puede ser 
abandonada, descuidada, renunciada ni prescriiila. Concretándola 
á la aplicaciíui de esta palabra se.üi'in los tratadistas, la deliiiir(' : el 
derecho que tienen los soberanos para el arreíilo de la materia 
beuetícial, y de todo lo (|ue tenga relaei(')n con la disciplina de la 
i<¡"lesia. Estos derechos m/«/(Vn(o.s no son, i>ues, ni pueden ser con- 
cedidos á la soberanía; y el (|ue la ejerce por delei>ací<ui. debe 
ejercerla según las leyes. ]ior dereclio ]iroiiio de la naei('>n (pie los 
delega (1). 

Ahora bien, el derecho (pie (jercía el goliierno del l'eri'i en la 
preseiitaci(')n de sacerdotes para arzobispo y obispos, era el <jer- 



cióu, y tral);i.i;ili:iii jior ello il Cdioiifl iloii L((is J^a l'iicita y el ilottiir iloii .lost- 
La Puerta, cous«\jero de estallo, aiiibo-s sus deudos, y qm- tiemii uiuclias relaciones 
6 influjo : cuando se publicó el concordato, suspendieron el niii' se viese la solicitud, 
y la hicieron demorar porque temieron perderla ». 

(1) PatuicK) Matamoiíos, Manual del reijaliita, con la agregación de la carta 
escrita al señor doctor don Francisco de Paula (i. Vigil sobre in/dliliiliilíidj y el 
entredicho de Puno, 1 vol., 1872. Lima. 



— 26S — 

cicio (le un acto soberano, de acuerdo con lo que queda expuesto. 
Los trámites son meros detalles, de manera que el proyectado con- 
cordato celebrado entre Bolivia y la santa sede atacaba la so))e- 
ranía boliviaua, su propia constitución, y [)or ello el congreso or- 
denó se pusiese de acuerdo lo proyectado y aceptado por Santa 
Cruz, con el código constitucional. El artículo 2" de ese concordato 
dice: « En consecuencia, la enseñanza en las universidades, cole- 
gios, escuelas públicas y privadas, y demás establecimientos de 
instrucción, será conforme á la doctrina de la misma religión cató- 
lica. A este fin, los obispos y ordinarios locales tendrán la libre 
dirección de las cátedras de teología, y de derecho canónico, y de 
todos los ramos de enseñanza eclesiástica, y á más de la iuíluencia 
que ejercerán ». 

Las leyes que reglamental)an el patronato son numerosas. « En 
la jirimera del título 7 " del projúo libro, — dice Matamoros, — se 
manda (pie los arzobispos y ol)ispos (pie fuesen i)resentados jura- 
sen entre otras cosas no contravenir al patronato real, y que lo 
guardarían y cumplirían en todo y por todo como en él se contie- 
ne. En la S"" señala límites á los obispados, y (piiere(][ue sean 15 le- 
guas de contorno por todas partes desde el pueblo donde estuviese 
la catedral, y (pie las tierras que mediasen de un obispado á otro, 
se partiesen y cada uno tomase la mitad. La 4"' prohibió ordenar 
tantos clérigos como ordenaban; y la tV prohibe se den licencias 
l)ara celebrar, confesar y predicar, á sacerdotes (pie sin expreso 
l)ermiso real pasasen á Indias . Es importante y debe recordarse 
la 36', por(pie su infracción se está haciendo frecuente. Recuérda- 
se en la ley (jue los arzobispos y obispos están obligados á residir 
en sus diócesis; y (jue como á patrono toca al rey el cuidado de 
(pie la residencia sea guardada... Hubo casos en (]ue desde Cádiz 
tuvieron que regresar al Perú, los que la quebrantaron (1). La le- 
gislación es minuciosa y no reproduzco el extracto de las leyes tpie 
hace Matamoros por no liacer demasiado minuciosa \n transcripción. 

El concordato celebrado con Bolivia, aun(pie no fué aprobado 
por el congreso — y del cual solo cité el artículo 2" — agregaba 
en su artículo 3": ;: Los obispos conservaran asimismo su derecho 

(1) Manual del rc¡/<ülnta, etc., etc., ya (.■itiiilo, prt^iiiii^ó. 



«k' rt'iisnia sohre todos los liliros y escritos »|iu' tciiüau ivlacióu 
al (lojiíiia, á la <liscii»liiia «le la iüh'sia y á la moral in'iblica : y el 
«i'obieruo (U' IJolivia t*oii('iu'rirá con iiroiiios mciüos (!<• su autori- 
dad y íncr/a ilc sus iiiiiiisterios, solnc la cducacii'tu rcli<;iosa tic la 
juventud: \cJani ]»ori|Hc en la enseñanza de cualt|nier otro ramo 
no haya natía contrario á la religión y á la moral. 

Ks sorprendente esta pretensit'ni de sonu'terel desenvol\ iniieulo 
cientilicojí la tutela religiosa, imponiendo restricciones que ofen- 
den el criterio individual y a.uuijonean la investifiacióu de lo (pie 
se pretende ocultar. Kecordar»'' (pie el cardenal lvani[tolIa, en las 
conferencias (|ue tuve durante mi misión confidencial ante la 
santa sede, me habló de las leves ariientinas contrarias ;i la mi- 
si('>n docente de la iiilesia, record;! n<lome, con insinuante delica- 
deza, lo ((ue sucedía en Colomltia y cu el lirasil, donde, desi)ués 
de suprimir la misión dii)lomática ante la santa sede, la habían 
restablecido, líespondí, como lo ¡nlormt- entonces al nnnistro de 
relaciones exteriores, (|ue la su[>resión de la ensei-ianza religiosa 
en las escuelas del estado no prohil)ía <(ue la i,i>lesia ejerza libre- 
mente esa enseñanza en toda su amplitud, y ¡lara ello lo que ne- 
cesita es la autoridad moral, la virtud y la (-iencia en el sacer(h»te, 
porque no es ba.stante la institución canónica ; (jue, bajo este aspec- 
to, el nobierno nada puede hacer, pues es á la iglesia á la (¡ue corres- 
ponde levantar el nivel social del sacerdote... Me manifestó (pu'la 
santa sede tiene en liorna un colcuio modelo paia educar sacerdo- 
tes hisitano-americanos y rpie tenía grande em|»eño en (pie el clero 
tuese ilustrado. Era pn>piamente una conversación, por<iue yo no 
tenia instrucciones para tratar esa cuestión, ni se trataba de ese 
tópico; pero lo recuerdo á tin de demostrar esta ])reocuitación de 
la curia romana, (pie ya había expresado antes de una manera ter- 
minante cuamlo debatía la celebración de un com-ordato con el 
ministro enviado por el gobierno del Paraná, y eso pretendió des- 
]iués el arzobispo Am-iros, cuando atirmaba (pie los obispos no 
tenían concicnda <lc palo. VA obispo de Salta, fray líuenaventura 
Kisso Patrón, publicó en 1.SS4 una pastoral atentatoria á las 
instrucciones y á las leyes de la nación, incitando á desconocer- 
las en menoscabo de su soberanía y detrimento de sus autori- 
dades >^, y el presidente ht siispeii(li('> de la administraci('>ii > 



— 270 



iurisdiccióu que ejercía, y mandó acusarlo aute lo.s tribimales. 
La mayor parte del clero americano en la época de la indepen- 
cia reconocía y respetaba el patronato. Fué á fines del siglo iv ó 
principios del v, (pie este patronato tuvo su origen. La disciplina 
liabía variado, el modo de elegir á los que habían de desempeñar 
cargos y servir las iglesias, era distinto de lo (pie antes se practi- 
calia, y hubo necesidad de variarlo. De esta variaciíjn nació el pa- 
ti-ímato. Para entender l>ien esta materia es necesario conocer lo 
que eran las elecciones, como se hacían; y las diferentes variacio- 
nes de su disciplina sobre ellas » (1). 

Cuando las repúbli<'as americanas han intentado establecer re- 
laciones entre ambas potestades, en la santa sede se creyó que, 
vencida la administración española, podía conquistar un predomi- 
nio y una dirección eclesiástica que, comenzando en las escuelas, 
llegase hasta enviar obispos, tal vez italianos, para que el clero ex- 
tranjero respondiese á la omnipotencia clerical. Error gravísimo, 
porque desconocía (pie el clero criíjllo, inteligente. Instruido y pa- 
tri.')tico, con el prestigio y la autoridad de ser formado entonces 
de las íauíilias de más alta posición social, porque bajo el dominio 
español era la única carrera abierta á los nacidos en América; ese 
clero, muy superior en saber en ese tiempo á la clerecía que venía 
de España, no era fanático ni ultramontano y tomó parte directa 
en la emancipación. Ese clero, harto del desdén con <pie fué tra- 
tado i»or la clerecía peninsular y los obispos españoles, quería ac- 
tuar como americano bajo todas las autoridades sociales, en el 
sacerdocio y fuera de la esfera religiosa. Todas estas influencias 
daban al patnmato una fuerza poderosa, ponjueel patrtmo, siendo 
americano, cuidaría (pie la iglesia fuere servida, por americanos. 
Todos eran refj(iJht<ts : conocían las leyes (pie daban al patrono 
el derecho de presentar, de elegir, de fundar, dotar iglesias, de 
formar nuevas diócesis, de impedir (|ue la cátedra sagrada sirviese 
para atacar al gobierno, (|ue mantenía el culto é intervenía en la 
conservación de la disciplina exterior. 

« Conocieron todos entonces, — dice :Mariátegui, — que conve- 
nía escribir y probar (pae el concordato de Santa Cruz era malo, 

(1) MuiiiKil ihi n;i<i!isl(i. etc., oln'a citada, página 11. 



— 271 — 

y (jiUMlebía sor (le.^echndo oii Hnlivia y ahstciii tm- K» ilcm;'is go- 
biernos aiiiericanos <le iiiantlar iiiiiiistros ¡i Ifoma. Kcliziiiciitc el 
rouuivso boliviano salvc'tá i'sii rc]irililic:i de scrconilcnaila al alraso 
y al t'anatisitio iníecnutlo. 

Más ;iini. pactó ese nialliadado lioliviaiio (|nt' los ol>is]ios, el 
olero y el jtuelilo, tendrían libre eoninnicaeii'tn con el pontilice, y 
jmr ese ardid se dero<>aba el examen de las bulas, breves y rescrii»- 
tosiiiuatl pase ó r.rrfyif«/í(r civil. El artículo 5" es de tal natura- 
leza favorable á los oIhsjmís y á la autoridad eclesiástica, (jne se 
de<*lara la obligación de mantenerlos conu) compensación de los 
diezmos menoscabados en gran ¡tarte por los trastornos pasados , 
y lo establece como carga obligatoria. El negociador boliviano 
llevó su ser\ilismo hasta reconocer como dereclio propio del 
jiapado, el erigir nuevas diócesis, variar las actuales, y eircuns- 
cribirlas, cuando en el Perú, como en la Kepública Argentina, 
la santa sede ha aprobado las diócesis creadas. 

: El negociador boliviano don Andi'és Santa Cruz acompañó su 
arreglo diplomático con una larga nota á su gobierno, — dice Ma- 
riátegui — en que pretende demostrar (pie ha hecho para Bolivia un 
tratado ventajosísimo. Cuando conocí en el Paraná al mariscal 
don Andrés de Santa Cruz, ignoraba (pie tuviese esta ¡¡atente de 
fanático ultramontano, pues entonces por la exi»eriencia, sin duda, 
su fervor religioso se había tornado en tibieza cercana del hielo 
incrédido. 

Santa Cruz, el famoso negociador, se jactaba (pie I'.ol¡via 
era la primera república americana (pie celebró un concordato; y 
retiere (pie los negociadín-es de Chile, México y Venezuela, < nada 
lograron á jtesar de su larga residencia ante la santa sede ; 
pero la razí'm es obvia, ponpic iiinyuno se atrevi(') á aceptar las 
injustiticadas pretensiones de la curia romana, y fué i)or ello 
(pie el emi)era(lor Maxiunliano, ante las negativas del nuncio, 
resolvió la cnesti<)n por un decreto (pie estableció la libertad de 
cultos, secularizó los bienes de manos muertas y declaró vigente 
el patronato. <^>nizá Santa Cruz soñó en hacerse el jefe teocrático 
de Bolivia, como lo fué García Moreno en el Ecuador, haciendítdel 
l)oder de la iglesia una arma i)ara tiranizar el país: ¡xir eso, el ma- 
riscal, engreído de cierta sobcrltia ¡lor creerse descendiente de los 



incas, se vauagloriaba que su concordato ponía á Bolivia, como 
á las grandes naciones católicas europeas, al servicio de su santi- 
dad ; ])ero los bolivianos le dieron la espalda, y le conocí, repito, 
viviendo en la ciudad del Paraná, capital provisoria de la Confede- 
ración Argentina: estaba emigrado. 

Desi)ués de las precedentes noticias sobre el famoso concordato 
negociado por el mariscal de Santa Cruz, conviene que recuerde 
lo que dispone el artículo 2° de la constitución : «El estado reco- 
noce y sostiene la religión católica, apostólica, romana. Se prohibe 
el ejercicio público de todo otro culto; excepto en las colonias que 
se formen en lo sucesivo. » Persiste el espíritu retrógado, puesto 
(lue la- libertad de cultos es en la actualidad la doctrina liberal, 
conciliadora, prudente y, á la vez, tiende á atraer población en 
naciones (pie la necesitan. 



("AiMTrLó xn 



LA IGLESLV V EL ESTADO EX LAS REl'l'BLlCAS BE CHILE 
l'AKACUAY, HliASII. V miíHAY 



CVmio tiiial (le mis iudagaciuiies soldv lasivlatioiiesde la ¡yk-sia 
y el estado en los países americanos, extractaré el estudio compa- 
rativo de las constituciones hispano americanas hecho por el señor 
Alejandro Ángulo Guridi, en su libro titulado: Temas poUücoK. 
Brasil ; Examvu comparativo de las coiistitucioucs de hispano- 
amtrica, el Haití. l)eV)o recordar ([ue la impresión de esta obra fué 
costeada por varios golnernos de la América Central en ISiSS. 

Cita los artículos de la c()nstitucié)n de la IJein'iblica Argentina, 
en la cual se declara ([ue pueden establecerse públicamente to- 
dos los cultos religiosos, aun cuando el artículo 2" estatuye : 
« El gobierno federal sostiene el culto católico, apostólico, ro- 
mano. :> 

La constitución de (hile dice: La religii'm de la república de 
■Chile es la católica, apostólica, romana, con exclusión del ejercicio 
público de cualquiera otra ». : Así pues, — dice el señor Ángulo 
Guridi, — la libertad de cultos y de conciencia existe en Chile, á 
despecho de quienes todavía están allá imbuidos del esi)íritu (pie 
dictó el artículo 5" de la constitución ; como á eso se agrega (jue 
han secularizado los cementerios, y establecido el matrimonio 
civil, justo es reconocer que Chile va desligándctse del pasado con 
respecto á substanciales temas de libertad civil, aun([ue con una 
lentitud que, si impacienta á los vehementes y poco rellexivos 



pnrtidarios de las iustitucioues demücráticas, revela cordura, en 
vez de la fogosidad qtie precipita los aeoiiteeimieutos ^ (1). 

Duraute la presidencia de 8auta María ocurri(> nu conílicto 
cou el nuncio, monseüor del Frate. Con motivo de haber sancionado 
el congreso las leyes sobre la creación del registro civil para los 
matrimonios y los cementerios civiles, surgió un desacuerdo entre 
la autoridad de la iglesia, representada por monseñor <lel Frate, y 
el presidente Santa María : relaciones ya agriadas por la provisión 
del arzobispo de Santiago, á tal punto que el ministro de relacio- 
nes exteriores, don Luis Alduuate, envió sus pasaportes al nuncio 
y le iníinu') que altandonara el territorio nacional en el término de 
24 lloras. La prensa conservadora cliilena atacó al gobierno, 
en las cámaras : los ultra católicos promovían debates ardientes : 
liul)o un mitin de protesta y cuando el nuncio y secretario salieron 
de Santiago, millares de personas, especialmente señoras, los acom- 
pañaron basta la estación. Las relaciones quedaron suspendidas 
con la santa sede y, antes de la revolución de 18S1, el presidente 
Balmaceda reanudó esas relaciones y años después el vaticano 
acreditó en representación del santo padre á monseñor Pedro 
Monti, (piien fué exitulsado de Chile como secretario de monseüor 
del Frate, y á monseñor Monti sucedió el actual nuncio monseñor 
Sibilla. De manera (pie el hecho de enviar sus pasaportes al 
nuncio apostólico ha acontecido más de una vez en las naciones 
h i sj )a no-americanas . 

La coiistituci(')n del Paraguay de 1870 en su artículo 3' esta- 
tuye: « La religión del estado es la católica apostólica romana, 
debiendo ser paraguayo el jefe de la iglesia : sin embargo el gobier- 
no no podrá prohibir ellibre ejercicio de cualquiera otra religión en 
todo el territorio de la república . La misma constitución garan- 
tiza el profesar libremente su culto. 

La del Brasil estaltlecía en su artículo;»": c La religión católica 
apostólica romana continuará siendo la religión del imperio. Todas 
las demás religiones serán permitidas con su culto doméstico ópri- 

(1) Tcmax puliticos, etc., i);íj;inas 151 y 152. 



— 275 — 

vado, en casas destinadas al efecto, sin forma alguna extericn- ile 
templo . . Así, pues, — dice el autor, — el Brasil, imperto, está colo- 
cado en i)osición ventajosa respecto del Ecuador y el Perú, npithli- 
canos. Pero aun deja mucho que desear. Pues (pie á tan poco se redu- 
ce el pernuso acordado \mv el artículo 5", puede asegimirse que no 
valía la pena de haber prolonnado ese canon más allá del substanti- 
vo ¡tupi rio, desde ipic según el inciso 7" del artículo 1 7!) la casa de 
todo individuo es un asilo inviolahli-, jior lo (lue cada cual puede ren- 
dir cuito en ella á Dios de la manera (jue más le plazca, aun cuando 
se derogue atiuclla ctmces¡»'»n... Precisamente las religiones cristia- 
nas conocidas con el nombre de protestantes se ditVrencian de la 
cati'dica, en cuanto á templos, no solo en la falta de camjiauas vo- 
ladas, ([uees lo menos, sino en que no tienen etigies de Jesucristo, 
de vírgenes y santos, retratos de Dios, cuadros de hombres y mu- 
jeres desnudos entre llamas, ((ue se designan con el nombre de «'»/- 
tnas del parijatorio, ni variedad de capillas, cosas todas ellas (pie 
abundan en las iglesias de los papistas. La forma exterior y las 
campanas y relojes puestos en sus torres, es lo que los distingue 
como casas de Dios ; y en el interior, el i)resbiterio, y el [¡úlpito en 
algunos. De manera que si á esas relit/iones no se les permite a(pic- 
11a forma exterior, es claro que se les veda el culto de la divinidad 
tal <-oino en todas partes se tributa por los sectarios de tt)das las re- 
ligiones, esto es, en templos ; (1). 

Esta legislación ha cambiado con la caída del imperio, y ixir 
tanto conviene que examine rápidamente la (pie rige actual- 
mente. 

La constituci(jn déla república brasilera dice en su artículo 72 : 
<; 3" Todos los individuos y congregaciones pueden ejercer pública 
y libremente su culto, asociándose para este lin, yadíiuiriendo bie- 
nes, observadas las disposiciones del derecho común; 4" La repúbli- 
ca reconoce el matrimonio civil, cuya celebraci(5n será gratuita; 
5" Los cementerios tendrán carácter secular y serán administrados 
por la autoridad municipal, dejando libres á todos los cultos reli- 
giosos para practicar sus respectivos ritos en relaci«jn con sus 



(1) Teman polilieon. examen comparativo de lax coiiítitiidones ile Hispano-. i i 
ya citada, págimis 15+ y 155. 



— 276 — 

creencia.s, siempre que uo ofendau la moral itii1)lica ui las leyes ; 
6° será laica la enseñanza que se dé en los establecimientos i)úbli 
eos; 7" ningún culto ó iglesia gozará de subvención oficial, ui ten- 
drá relaciones de dependencia ó alianza eu el gobieruo de la unión, 
ni con los de los estados » (1). 

La república del Uruguay, en el capítulo III de la constitución, 
establece eu el artículo o" : <; La religión del estado es la católica, 
apostólica, romaua >. El señor Ángulo Guridi sostiene que esta 
disposición constitucional no excluye el culto de las demás religio- 
nes, y afirma (|ue trae promesas semejantes á las del artículo 
33 de la constitución argentina: sin embargo, no hay couce- 
vsión clara y expresa (lue autorice el culto público de las otras reli- 
giones. 

Conviene que recuerde, antes de terminar estas noticias ameri- 
canas, que la coustitución de la república de Santo Domingo ga- 
rantiza á los dominicanos, artículo 12, la tolerancia de cul- 
tos: c La religión católica, apostólica, romana, es la religión del 
estado. Los demás cultos se ejercen libremente en sus respectivos 
temi)los. ; Por consiguiente, — dice Ángulo Guridi, — en esta 
re[)ública la libertad es completa y no mutilada como en el Brasil, 
jiues por la lógica generación ha producido la lil>ertad de cultos. 

Y porípie no debo omitir ninguna nación americana, prescin- 
diendo del orden geognifico en mis citas, porque declaro que son 
muy deficientes mis noticias. 

La constitución de la república de Haití dispone, en su artículo 
30 : « Todos los cultos son igualmente libres. Cada cual tiene el de- 
recho de] )rofesar su religión y de ejercer su culto». Artículo 32. 
< Cuando el gobierno emplee á los ministros de la religión católica 
apostólica romana, que profesa la mayoría de los haitianos, aque- 
llos recibirán un estipendio fijado por la ley >. 

Me exteudería demasiado si hiciese exteriorizar mi indagación á 

(1) ídem, páííiii:! l-''ti- 



las naoioiu's eui'oi)eas, pero conviene no olvidar loaeoutecidoenla 
aetiial lepúMiea iVaiieesa, donde se lia constitnído la completa se- 
l)aración de la iglesia y del estado, dando origen á una encíclica de 
Pío IX (ine llama la atención por el tono mny vivo con que está 
redactada, atrilmycndo el hecho á la níoderna sociedad civil ; y haré 
notar sólo (pie seprodnjoen los momentos (¡ne en la Europa entera 
tiene mayor necesidad de la unión i'utre sus hijos : concluye re- 
comendando á los obispos de Framia y al pueblo se unan cu de- 
fensa de la religión. 



(AriTri.o XIII 

MISIÓN CONFIADA Á DON SALVADOR XOIÉNEZ 
COMO AGENTE CONFIDENCIAL ANTE LA SANTA SEDE 



Antecedentes. — Correspondencia olieial eu la cual da cuenta de sus conferencias 
con el cardenal Antonelli en 1854. — Pretensiones de la curia romana; copia de 
los concordatos celebrados con algunas repúldicas. 



Consiileni iiupoitantL' (H'ui)aniic de la lii^toiia di' las varias mi- 
siones enviadas ante la santa sede por el gobierno argentino desde 
1853, y como de mnehas de ellas no se baee la mínima refereucia 
ennua obra oficial pnblicada en 1899(1), conviene qne reproduzca 
los «locuinentos oficiales á fiu de dar á mi exi)osieión la autentici- 
dad conveniente, que será además útil para la historia de mi [¡ais. 

Por otra parte, el catedrático de derecho canónico en la univer- 
sidad de Buenos Aires, en el cur.so dictado en la misma, decía : 
:; Sabemos <|ue, no ha muchos años, el gobierno de la confederación 
acreditó un ministro eu IJoma con el objeto de la celebración de 
un concordato. Hemos hecho numerosas diligencias para encon- 
trar los antecedentes de esta misión en el archivo de nuestnj mi- 
nisterio del culto, mas, según parece, esos documentos perecieron 
con otros muchos en his llamas del incendio en la casa de gobierno, 
que tuvo lugar durante la última administración. Con todo, no 
hemos desistido de nuestro intento y coiitiunauíos nuestras inves- 



(1) .InlecedentcK ;/ rexol liciones sobir el culto. Recopilación encomendada por el exoe- 
lentísiuio señor ministro de relaciones exteriores y cultos á la secretaría de justicia 
Á cuyo cargo estuvo el despacho del culto eu Buenos Aires. 1 volumen, 1899. 



— 280 — 

Hgacioiies : si ellas dieran resultado daremos cuenta eu uu apén- 
dice áeste tomo ■> (1). 

La misión confidencial confiada en 1854 al señor don Salvador 
Ximénez es completamente desconocida, y con ímprobo trabajo 
lie completado los antecedentes incompletos y truncos del arcbivo, 
obteniéndolos en copia del archivo del ministerio de relaciones 
exteriores de Montevideo, puesto ipie resulta que Ximénez llevó 
una dol)]c representación que cuidadosamente se conservaba ocul- 
ta, siendo así que el gobierno de la república del Uruguay le dio 
también una misión confidencial, en la que llevó como secretario al 
señor Flangini, pero de la cual no dio cuenta al gobierno del Pa- 
raná, y es posible que el ministerio de Montevideo ignorase que 
llevaba la misma representación del gol)ierno argentino. 

Narraré por lo tanto la historia, reproduciendo los documentos 
que constituyen una revelación. 

El primer documento argentino es una carta confidencial del 
ministro de relaciones exteriores, datada en el Paraná á 30 de di- 
ciembre de 1853, dirigida á don Salvador Ximénez, documento 
<]ue se publica por vez primera y dice así : <: Xo tengo el honor de 
conocer á V. sino por algunas de sus comunicaciones al exce- 
lentísimo señor general Urquiza, al señor cura de esta matriz don 
Miguel Vidal, y por los informes de tan respetables señores sobre 
las relegantes cualidades que adcn-nau á Y. Sobre tales antece- 
dentes y la expresa autorización del excelentísimo señor director 
Urquiza é instrucciones que de él he recibido, me cabe la honra de 
dirigirme á Y. por medio de la presente carta confidencial, y á 
los objetos que en ella expresaré. Mas antes de ocuparme de ellos, 
me permitirá Y. decirle que, entre los grandes bienes con que 
el excelentísimo señor general Urquiza se propone ilustrar la pa- 
tria que ha salvado del terror y de la anarquía, el primero y mayor 
es organizar la iglesia argentina y elevar la religión, el culto y sus 
ministros, á la altura que les corresponde en el orden social y por 
la que anhelan los i)ueblos que dignamente preside. La circular de 
21» del corriente inserta en el número 05 de El nacional argentino, 



(1) Cahi-os José Alvarez, Elementos de derecho canónico, tomo primero, qvie com- 
prende el derecho piíUico. 1 vol. de 259 páginas. 1873. Buenos Aires. 



— -.'SI — 

revelará á V. «le uii modo muy eoiispieiio las altas miras del se- 
ñor director don Justo Jos»'- de rniniza \ las que auimau al go- 
bierno naeional deleaado, es[ieeialineute instruido y enrarüado de 
realizarlas. Yo me honro de asoeiarme á ellas en tan uohle tarea y 
partieipar de la inmensa gloria que les ealte por tan relii;ios(( y jia- 
trii'itieo desiiinio. Entre las eonlideneiales instrueeiones (|iu^, eonu) 
ministro de relaciones exteriores, he reciltido ilel mismo excelentí- 
simo señor director y del gobierno nacional delegado, á que me 
cabe el honor de pertenecer, se comprenden las siguientes : pri- 
iiit !■(( : (pu- con la brevedad posible y á los objetos «¡ue expresa la 
circular citaihi me ponga en franca, noble y íilial relación con su 
santidad, el padre común de los heles y ccm su nuncio apostólico, 
residente en la corte del Janeiro; scíjuiuld : ipie al curso y des- 
arrolh» de sus mismos objetos, sin perjuicio de los «pie pudieran 
allanarse con st'do el mencionado nuncio de su santidad, expida á 
V. un po«ler en forma para «|ne pueda activar en Eoma el des- 
pacho de los asuntos que se dirijan á esa corte, como de exclusiva 
provisión del soberano i»ontítice. Bien, pues, señor: para proceder 
con más acierto, con más economía «le tiempo, de formalidades cu- 
rialísticas y dii»lomáti«'as y, sobre todo, con la nobleza y lealtad «lue 
corresponde á la altura de las personas y naturaleza de los objetos 
de «|ue vamos á ocuparnos; me permitirá V. que, antes de dar 
ningún jtaso oficial c«>n su santidad, con su nuncio apost<')li«'o, ni 
con V., me tome la confianza «le suplicarle tenga la l>on«lad de 
instruirme sobre los puntos siguientes : primero : si el ilustrísimo 
nuncio ó delegado apostiilico que acaba de llegar y tiene a«re«li- 
tado cer«'a «lela corte del Janeiro, trae ó no poderes ante las repú- 
blicas del Plata; segundo: si munido de ellos se hallará ó no en 
disposición de trasladarse por algún tiempo á esta capital, ú otra 
de la costa del Paraná ó del Uruguay en «londe, á viva v«»z y c«)n 
presencia de datos estadísticos, instrucciones escritas ó informes 
verbales, se jiueda en menos tiempo arribar al arreglo «le los ol)- 
jetos que se propone el excelentísimo señor director en bien de la 
iglesia argentina y su más estrecha unión con la cabeza visible de 
la iglesia: siendo entendido «pie, en caso afirmativo, el gobierno 
nacional proveerá to«los los gastos de su viaje y permanencia en 
territorio «le la confederaci<ui. Snbre estos dos [)untos desearía se 



— 282 — 

tome V. la molestia de ooiitestarme con la i)0.si))le brevedad, ya 
.sea segúu los datos aiitieipados (pie Y. tenga acerca de los po- 
<leres de diclio ihxstrísiino nuncio, ó los qne V. tenga de él, 
])reYÍa consulta, ú ocurra al mencionado señor. Desea también 
»S. E. el director, me dirija á V. á efecto de que, si le es [)0- 
sible, olrtenga con l)revedad del citado ilustrísimo nuncio el que 
al actual delegado eclesiástico de esta provincia, señor cura y vica- 
rio don Leonardo Acevedo, se le expida el título ó breve de vica- 
rio apostólico de la misma y de la de Santa Fe, por las graves difl- 
cultades que, en la situación política de estas provincias y la de 
Buenos Aires, ofrece el despacho de los asuntos eclesiásticos con 
dependencia del provisor y vicario capitular de la diócesis, resi- 
dente en la última. Desea igualmente que, habiendo terminado 
las facultades que tuvo dicho señor Acevedo para administrar en 
esta ])rovinciay la de Corrientes, el sacramento déla conñrmación, 
sin (pie haya podido verificarlo en una gran parte aun de ésta, por 
su vasta extensión, por el atraso con que llegó el breve y por otras 
causas meramente físicas y de inútil relación, se le prorroguen di- 
chas facultades, que l)ien pudieran venir comprendidas en el Ijreve 
del vicariato, arriba mencionado. El mismo excelentísimo señor 
<lirector, apoyado en el conocimiento personal que tiene del mé- 
rito y virtudes del respetable señor Acevedo, como del crédito y 
aceptación ([ue ]»or tales títulos y su ardiente caridad disfruta en 
toda esta provincia, desea con eficacia y el más vivo interés que 
su santidad se dignase expedirle bula de obispo ¡ii ixirtihufi, para 
(pie con tal carácter y el del vicario apostólico piuMla ejercer en 
estas i)rovincias facultades de jurisdicción y orden durante el ac- 
tual estado político de ellas en relación á la de Buenos Aires y 
hasta que, por los medios civiles y caníínicos, tenga lugar los demás 
arreglos á (|ue se refiere la circular citada. Tales son los vivos de- 
seos del excelentísimo señor director, como un medio indispensa- 
ble de remediar cuanto antes las más urgeutes necesidades espiri- 
tuales de estas iglesias. En atención á que el vicariato apostólico 
puede ser prontamente provisto por el ilustrísimo señor nuncio, 
residente en el Janeiro, si está en sus facultades otorgarlo ; no 
creo necesario mandar á Y. liara ésto ningún poder oficial, (!al- 
cidando que su relaci(')n personal con dicho señor nuncio apos- 



- 2S3 — 

tólifo. unida á su caiácter tlr cónsul de IJoina, bastará á la coust'- 
fui-ióu dt' t'sta üTacia. Ni» así lo déla luda th- oWis]to iii ¡xirtibiis, 
por ser jirivativa í' iud»'lc<ialilf aliiliii(i(')ii iMiutilicia. Para i'-stc y 
otros ol>j('tos de liiual iiaturakv.a, luaudaré ;i \ . muy vn breve 
el eorrespoudiente potler olicial del exceleulísiuio señor üeneral 
Urquiza. como presidente constitucional de la conl'ederacióu. ó de 
su ministro constitucional > no provisorio como es el actual. No 
desconocerá \'. el valor ninral de esta circunstancia, (pie no delu- 
ser desatendida, mucho más cuanto ella se obtendrá dentro de 
muy pocos días en que tendrá lu<>ar la instalación del gobierno 
coustituoional, bajo la presidencia «leí excelentísinni señor Urquiza. 
Treo de más decir á ^'. que todos los «iastos (¡ne se im[»endieren 
por cuabpder título, en la consecución de los objetos antes indi- 
cados, serán satisfechos [»or el «iobierno nacional, pudiendo \'. 
lilirar á la vista y á cargo del gobierno nacional por internu'diodel 
ministro de relaciones exteriores >> (1). 

Conviene esclarecer l>reveinente cuál era la situación política. 
Celebrado el acuerdo de San Nicolás en la reunión de los gober- 
nadores de las 14 provincias <'. ¡lor representantes aíl lior. fué 
nombrado director provisorio de la Confederación Argentina el 
general don Justo José de I'rquiza, durante el período quetran.s- 
«•urriría hasta la reunión del congreso constituyente en la ciudad 
de Santa Fe, (pie sancioin'» la constitución nacional. El 1 1 de sep- 
tiembre de IS.'i'J estalló la rcvoluci('in en liucnos Aires, dese(»no- 
ciendo al gobierno general y (piedando transitoriamente fuera del 
régimen constitucional, ]»or(iue tamitoco aceptó la constitución 
.sancionada por el congreso constituyente. El director inovisorio 
organizó) entonces el gobierno delegado, compuesto de los señores 
Carril, Fragueiro y Zuviría, y éste, que desempeñaba el ministerio 
de relaciones exteriores, fué (piieu dirigió al señor Xinu'nez la 



(1) .Vrcliivo ilel ministerio de ri-lationi-s exteriores y culto. Leg. 18."i4-18lil. Saiitíi 
sede. Misióu Campillo, Aloerdi. I'eña, Ximéncz, etc. Carpeta provisoria. La rerinla 
de derecho. Iiixloria y ¡etrav ha pHl)lieado cu el tomo XXXIII, piígiua 207 y 378, los 
dociiinentos conservados en el archivo del ministerio de relaciones exteriores ; publi- 
cación hecha por el archivero don Francisco Centeno, bajo el título : La di])loiiiacia 
argentina ante la tanta sede. Es la simple reproducción de los mismos documentos que 
yo consulté al redactar esa parte de .Vi» memorias. 



carta que lie reproducido, feolia 30 de diciembre de 1853. En S de 
enero de 1854, el mismo señor Zuviría dirigió al general Urquiza, 
en su carácter de director provisorio, una extensa carta confiden- 
cial, que dice textuiümeute : « ... V. B. tuvo á bien preveuirme i)or 
su carta de 30 de noviembre pasado, <iue el señor cura Vidal venía 
encargado por S. E. para hablar conmigo solire asuntos de esta 
iglesia con relación á la santa sede, á fin de cjue me dirija á su san- 
tidad y ai nuncio apostólico residente en el Janeiro ; y que era 
conveniente se extienda un poder á favor del señor don Salvador 
Ximénez, para que pueda activar el despacbo de los asuntos que 
se dirijan á la corte romana. Anuíiue en el' cumplimiento de las 
prediclias órdenes no veía yo sino la realización de mis deseos y 
del gran plan de V. E. : el arreglo de la iglesia argentina, sin 
eud)argo, en su ejecución tropezaba con inconvenientes diplomáti- 
cos y de fórmula, que á primera vista me parecían de difícil conci- 
liación y allanamiento. No ol)stante dicbos inconvenientes, lia- 
biéndome ocupado de este grave asunto, y consagrándole mis más 
serias meditacioues, creo baber lialhido la solución de las dificul- 
tades y conq)licaciones que el me ofrecía, adoptando los medios y 
fórmulas qne V. E. verá consignados eu los documentos oficiales 
(pie adjunto para su examen y aprobación. En primer lugar notará 
A\ E. (pie el carácter de agente confidencial con (pie invisto al se- 
ñor Ximéuez, y para asuntos puramente religiosos, salva todos los 
inconvenientes diplomáticos de acreditarlo de otra manera cerca 
de poderes no acreditados ante nosotros, y que ofi(;ialmente aun 
ignoran nuestra existencia en el mapa de las naciones. En segundo 
lugar, no era posil»leni decoroso que un gobierno como el nuestro, 
se dirigiese de otro modo á un simple delegado apostólico residen- 
te en el Janeiro, cuando aun ignoramos oficialmente que su mi- 
sión se extienda á nosotros, ante cuyo gobierno todavía no se ba 
acreditado. Tampoco podía entablar oficialmente la solicitud del 
obispado iiij)«rí¿&«s para el señor Acevedo, sin (pie tísto importase 
una presentación del soberano derecho que no reconoce la corte 
romana sin previo concordato; y menos para obispos in pardbus, 
(pie son de exclusiva ati'ibución pontificia, pcmpie sus' diócesis son 
nominales. Notará también V. E. (pie excuso toda idea y aun ex- 
]>iesión (pie indique relación de un poder temporal á otro de igual 



— 285 — 

clase, y que me c'ii'ciiiiscrilxi i'i lii n'liicióii es]iiritniil de hija ;í pa- 
dre, sobre asuntos imniiiieiite reliüinsos. l'"iiialiiieiite, la Iccliiia 
de las iiiisiiias untas <'• iusliiicciones al señor Xiuu'uez, dcuiostrará 
á \'. K. (|ue lie proeurado Henar sus deseos y ele\ adas nuras, sin 
eoinpronu'ter en un ápiee nuestros derechos, la diunithid del f>-o- 
hierno, ni contraer un s«')lo compromiso jiara lo sucesivo. Yo había 
jiensado y IialȒa deseado (pie estos asuntos no se hubiesen despa- 
chado sino bajo la presidencia constitucional de \'. !•;. y previa la 
<-arta autócrata á su santidad, avisándole la elevación de \'. E. á 
la silla del nobierno constitucional <le la repúldica. 3Ias viendo (pie 
ésta se retarda y ([ue se aproxima la marcha á líonia del sefior Xi- 
mínez, se ha creído conveniente, y aun necesario, aimrar estos 
]iasos sin perjuicio de corroborarlos, tan Iiie<i() de instalados el go- 
bierno y presidencia constitucional. He deferido á ellos en satis- 
facciíui de los interesados, en cumplimiento de las (jrdenes de \'. K. 
y poniue, supuesta la corroboraciím dicha, no ofrece inconveniente 
la anticipación á (pie me refiero. Debo decir á V. E. (pie todo lo 
obrado por mí en este asunto, ha sido aconhnh) y aprobado juir 
mis compañeros en el gobierno delegado. Las notas 6 instruccio- 
nes al señor Ximénez las he redactado en concepto á que mostrán- 
dolas en confianza al mismo santo padre, ellas revelen el verda- 
dero espíritu de V. E. y lo luesenten como el primer nu'nil y 
verdadero autor del plan reliüioso y social (pie ellas envuelven, 
lie dicho á V. E. y lo rejiito (piicro (pie \'. E. asocie esta gloria 
á la gloria de Caseros». No he creído conveniente ni oi)ortuno 
asignar sueldo al señor Ximtínez, así por falta de instrucciones de 
y. E., como porque quizá convendría que lo haga la presidencia 
bajo el ])resui)uest() general que estamos trabajando, y en el (pie 
entraran los gastos de la lista diplomática (U'diuaria y extraordi- 
naria, lie incluido en el vicariato apostólico las provincias de 
Santa Fe y Corrientes, iionpic así nic lo ha indicado el señor cura 
\'idai. No d( scouGcerá V. K. las ventajas de tiempo, economía de 
gastos, simplificacic'm de fórmulas, dignidad del gobierno argen- 
tino y i»opiilari(lad (pie obtendrá cu toda la confederación, con (|ue 
el iiuiicio se traslade aipií. aiiiiipu' s('>lo sea por 4 ó (i meses. 
Hay (lit'ereiicia en buscar y ser buscado. Tandtit-n he creí(h) con- 
veniente aliundar á nombre de \'. )•>. v del gobierno argentino en 



— 286 — 

ideas y expresiones tle religiosidad, para desiueiitir y neutralizar 
los í'uribiiudos ataques que nos dirigen la Bevista vatúUca de Chile, 
el periíklico La relU/ión de Buenos Aires y otros enemigos ocultos, 
con el innoble é iiui)ío fin de promover la anarquía religiosa entre 
nosotros, apoyados en la sanción de laliberta<l de cultos, abolición 
del fuero eclesijístico y sui»resión de diezmos. Traslado á las cues- 
tiones eclesiásticas de 8an Juan y Mendoza y á las suscitadas en 
Jujuy contra la curia de Salta : esto es lo que ya aparece, lo oculto 
es más. Habiéndome asegurado el señor cura Vidal (jue escribe á 
A'. E. indicándole que todos estos documentos podrían ser condu- 
cidos por el señor Figueroa, y por esta vía de Paraná con el olyeto 
de recoger un expediente del señor Acevedo; y de que el mismo 
señor Figueroa lleva otros encargos para el señor Ximénez, pue- 
den volver por aquí los documentos (¡ue remito á V. E. con sello 
volante y si acaso quiere V. E. (pie se agregue ó suprima algo en 
ello, in<licándolo para hacerlo... • (1). 

He reproducido textual la extensa carta ([ue el señor Zuviría 
dirigió al general Urquiza, quien residía en su [)osesión famosa en 
San José, en la misma provincia de Entre Eíos, porque los detalles 
son lamas franca demostración de los procedimientos del gobierno 
delegado en a(iuellos críticos momentos, (pie es preciso no olvidar. 
La provincia y gobierno de Entre Eíos, con su g(jl)ernador el ge- 
neral ürquiza, fueron el factor poderoso del movimiento político 
para voltear á don Juan ]V[anuel de Eosas, le^■antando la ])andera 
de constituir la nación. Pava vencer el poder del (pie fué encar- 
gado de las relaciones exteriores de la confederación, los gobier- 
nos de las provincias de Entre Kíos y Corrientes se aliaron con el 
Brasil y con el gobierno de Montevideo, á ta sazón sitiado por Oribe 
con el ejército de Eosas. Levantado el sitio dea(piella ciudad, atra- 
vesaron las tropas el Paraná, a])oya(las í)or la escuadra del Brasil, 
y Eosas fué vencido en Caseros el o de febrero de 1852, refugián- 
dose en un buque de guerra inglés. Era inevitable crear un go- 
bierno general provisorio para promover la reunión de un congreso 
constituyente, y á esa necesidad respondió el acuerdo de San Ni- 
colás, ])()r el cual se nombró director provisorio de la confedera- 

(1) Archivo del uiinisti-rio ili; relaciones exteriores y culto, leg. citado. 



— 287 — 

i'ióuiíl litMK'ial Uniuiza, vt'iift'dor. La i»roviiicia <le Buenos Aires 
hizo la levoliu-ióii de 1 1 de sei>tieiiil)ie de IS,")!!, y retiró sus dijíii- 
tados del eoii^reso eoustitiiyeute, no acejitó la eoustiriuiciii y se 
eoustituy»') en promotor del levaiitauíiento eontra las autoridades 
uaeionales, (jue luueionaliau en el Taraná, provineia de Entre 
Kíos. El yeneral Uripiiza, para tranquilizar la opinión, organizó el 
«JCobierno delegado, formado por tres personajes polítieos del par- 
tido emijiíado durante el gobierno «le Rosas : los señores don Sal- 
vador María del Carril, don Mariano Frauneiro y don Facundo 
Zuviría. El tesoro naeional en esa época ile transición era p()l)rí- 
simo, las rentas escasjts, y nt> era posible improvisarlo todo. 

Don Salvador Ximénez fué nom1)railo por el siguiente decreto : 
V. Ministerio de relaci()nes exteriores. Paraná, ciuro U de 1854. 
El gobierno nacional delegado, decidido á i»romover por todos los 
medios ordinarios el arreglo definitivo de la iglesia católica argen- 
tina ; á remediar por las vía.s constitucionales las necesidades cpie 
en todo orden la a<piejan; y á estrechar los vínculos de íilial amor 
y respeto que la unen con el padre conu'in de los líeles y dispcnsa- 
diir de todns los bienes y gracias espirituales; ]ia acDrdado y de- 
viita: Art. 1. Queda nombrado el señor don Salvador Ximé- 
nez, agente contidencial del gobierno de la Confederacicui Argen- 
tina cerca de la santidad de nuestro beatísimo i»adre Pío IX, 
pontífice máximo. — Art. 'J ". Expídansele las credenciales corres- 
pondientes, comuniqúese este decreto á quienes corresponda y re- 
gístrese. — Fraf/uelro. — Zuviría. > Llama la atención ipxe no 
tirma el señcu' don Salvador María del Carril, mientras lo hace en 
todos los documentos (pie pul)lica el Hcf/istro oficial di la Repú- 
blica Arf/entiua, colección Ferreira. 

; Quién era don Salvador Ximénez, á la sazóu cónsul de los es- 
tados de la iglesia, cuya patente consular estaba reconocida por el 
gobierno de ^loutevideo ' Debo declarar (jue, á pesar de mis in- 
vestigaciones empeñosas, sólo he obtenido noticias biográficas in- 
comitletasde don Salvador Ximénez, que satisfacen, á medias, mi 
curiosidad y explican, únicamente en parte, su elección como 
agente confidencial del gobierno argentino ante el Vaticano. 

Segi'in esos informes, don Salvador Ximénez nació en Míuitevi- 
deo de una familia colonial. Cuando llegó al líío déla Plata el que 



más tarde fué Pío IX, se alojó eu aquella ciudad eu casa de la fa- 
milia de Ximéuez y fué padriuo de dou Salvador, que era hombre 
que conquistó con los años reputación de ilustrado y coleccionista 
de antiguallas, casándose con una señora de Gutiérrez, la (jue nui- 
rió hace pocos años. Eu Portugal se estableció un hermano de don 
kSalvador, y había en Lisboa un palacio llamado de Ximéuez (1). 
Tengo entendido, además, que dou Salvador hjó después definiti- 
vamente su residencia eu Italia, afincándose en Sicilia, donde ha 
dejado familia, contándose entre sus hijos el afamado escultor ita- 
liano Ettore Ximénez, autor del mausoleo de Belgrano. 

En la carta del señor Zuviría que dejo relJroducida, se refiere al 
próximo viaje del señor Ximénez á Roma, y nada se dice sobre la 
misión confidencial que el golúerno de JIontevideo confiara al 
mismísimo señor con fecha IG de febrero de 1854, precisamente 
ante la santa sede, como consta por el siguiente decreto : 

« Ministerio de relaciones exteriores. 3Ioittevideo, febrero 10 de 
1854. Considerando de la más alta importancia para los intereses 
eclesiásticos de la república, el que cuanto antes se entablen y es- 
trechen íntimas y filiales relaciones con el padre común de los fie- 
les, nuestro lieatísimo papa Pío IX, y estando hace tiempo acorda- 
do el envío de una persona cerca de sii santidad con este objeto : 
el gol tierno [irovisorio acuerda y decreta: Art. 1". El señor don Sal- 
vador Ximénez pasará á la corte de Roma en el carácter de agen- 
te confidencial de la república, encargado de solicitar de la pater- 
nal bondad de nuestro beatísimo papa Pío IX, las medidas condu- 
centes al mejor arreglo de nuestra iglesia, de acuerdo con sus más 
premiosas necesidades. — Art. 2°. El señor Ximénez procederá en 
la delicada misión que se le confía de conformidad á las instruccio- 
nes que se le acompañaráu. — Art. 3". Con el fin de salvar cualquier 
dificultad (pie ])udiera tocarse en el desempeño de esta misión, en 
vista del carácter confidencial ([ue lleva el señor Ximénez, se le ex- 
pedirán las credenciales y demás documentos relativos al carácter 
<le encargado de negocios cerca de la santa sede, de (pie el señor Xi- 



(1) Carta coufldeucial <tcl señor don Enrique Pefia, datada cu Bueuos Aires, á 17 
do agosto de 1905, trausiuitiendo uotiuias dadas por el seüor dou Jaime Cibils, uatu- 
ral de Moutevideo. 



luénez havá uso toda vez qnc lo juzíiue fonvt'uieute. — Ait. 4". 
De este decreto se dará opoituuaiueiite nieiita á la II. A. (í. ('. — 
Art. 5". C'ouniníqiiese á (luienes eonesponda y dése al registro 
competente. — l-'LOKKS. .Iosk Axtdmo Ziiullaga (1). 

Keprodiizeo textual el olicio diriiiido á su euiiueuria ek-anleiial 
AiitoiH'lli. 

Miiiistfiii) tU' reiaeioiies exteriores. .Moiitevidt'o, febrero Mide 
l.s.")4. iiHii;if»/ÍMíH(« 1/ irrcriuíUsiino siíiur vanhiud AutonclH, sr- 
vrilnrU) de cstadu de su santidad. Ivoiua. Eminencia revereudísiiiui : 
Kl infrascript»», ministro secretario de estado en el departamento 
de hacienda, encariiado del de relaciones exteriores de la líepúMi- 
ca Oriental del rruí-nay, tiene el alto honor de dirif>irseá vuestra 
eminencia reverendísima manifestándole (pie, teniendo el más 
vehemente y sincero deseo el fí'obierno provisorio de la república, 
de establecer y estrechar las más liliales y relij>iosas relaciones con 
niu-srro soberano poutítice papa Pió iX, ha acordado enviar cerca 
de \'. E. reverendísima al señor don Salvador Ximéuez eu el ca- 
rácter de ajiente contídencial, sej» úu decreto cpie en copia el infras- 
cripto tiene el honor de adjuntar, con el objeto de solicitar de la 
sublime y paternal bondad de nui'stro venerable papa Pío IX, las 
medidas convenientes al mejor amulo de los asuntos eclesiásti- 
cos de la república, que se hallan en la actualidad sensiblemente 
afectados. El señor Ximéuez tpu' tiene (h- nuestro estado rel¡,<>ioso 
un cabal conocimieuto: es la persona ipie el gobierno ha creído 
más á projtósito para llenar la misión (jue se le ha confiado. El go- 
bierno alimenta la más grata esperanza de «|ue su santidad, (lue 
tan solícito se nuiestra i)or el bienestar y trantpiilidad de los fieles, 
a<-ordará bondadoso el sello de su a(piieseucia a los objetos de la 
misiéin del señor Xiiuénez. J.as necesidades que hoy siente nues- 
tra iglesia n<) pueden ser atendidas con la eficacia que ella re- 
(piiere, en vista del régimen á (pu' está sujeta, y es en esta virtud 
que el gobierno provisorio llama la especial atención de V. E. 
reverendísima á los objetos (pu' lleva el señor Ximéuez. Siendo 
uno de los princii)ales (pte el vicario apotólico, (pie debe nom- 



(l) Ciipia proporfioiíada por intermedio del ex ministro de la república del Uru- 
guay, don Daniel Muñoz, ante el gobierno argentino. 



— 290 — 

hrai-se para la república eu razón del fallecimiento del (lue autes 
lo era, tenga á más de aquel carácter el de obispo in ¡nirtibus, 
para ({ue pueda desempeñar las funciones anexas al carácter epis- 
copal, lo cual muy humilde y respetuosamente solicita el gobierno 
de la bondad de nuestro buen papa Pío IX, pues (pie los recursos 
actuales del erario no permitirían atenderá los gastos que deman- 
daría una dignidad mayor, el gobierno provisorio, contando con la 
paternal disposición del sol)erauo pontífice, propone ásu santidad 
para aquella dignidad: 1" al señor in-esbítero don José Benito La- 
mas, cura rector de esta santa iglesia matriz ; 2° al nuevo presbíte- 
ro don S. E. y Lamas, cura de la parroquia del Cordón ; y 3" al 
nuevo provisor, presbítero don José Joaquín Eeyna; cuyos sacer- 
dotes reúnen las importantes cualidades y virtudes eclesiásticas 
([ue tan delicado é importante cargo recpiiere. El gol»ierno provi- 
sorio tiene la mayor confianza eu la capacidad (pie distingue al se- 
ñor Ximénez, quien también lia merecido el muy alto y singular 
honor de obtener notables é inequívocas pruebas de la bondad de 
nuestro soberano pontífice, y es en esta virtud (pie ruego á Y. E. 
reverendísima se digne prestar entera fe y crédito á cuanto á nom- 
bre del gobierno manifestare, y muy especialmente cuando él ase- 
gure los fervientes votos que hace la repúldica por la felicidad y 
prosperidad de la santa sede y por la gloria de nuestro buen papa 
río IX. Con este motivo, el infrascripto aprovecha lleno de sin- 
cero placer la feliz oportunidad (pie se ofrece para presentar á 
V. E. reverendísima las protestas del alto respeto y adhesión con 
(¡ue soy de Y. E. reverendísima muy humilde y obediente servi- 
dor. — José Antonki Zubillaga. Eminentísimo y reverendísimo 
señor cardenal Antonelli, secretario de estado de su santidad. 
Eoma » . 

Además se le pasó otra, igual áésta, acreditiindo ;il mismo en el 
carácter de encargado de negocios (1). 

Llama sobrem.inera mi atención que dos gobiernos independien- 
tes confíen á una misma persona una misión diplomática confiden- 
cial, i)recisainente sóbrela misma materia; y he hecho los mayores 
emi)eños para ()V)tener copia de las instrucciones (pie el gobierno 

(1) Arcliivii del iiüni.stei-io de relacioues exteriores en Montevideo. 



(le Moiittnideo diera al señor Xiinéiic/, ;'i tin dejiizíiar la niaiieía 
{•('iiiiD deseinpefió esta inisituí dolilc cdiuc (iiiiloinático eiix iado por 
«los •foltiernos aiuericaiios (1). 

Por los docuiiieutos nruiiiiavos (•(•nsta i|iic el señor Xiiiiéiie/. 
había merecido el iiniy alto y siiii;iiliir honor dt- iiulal)h's «'■ ine- 
quívocas prnehas de la hoiidad de nuestro sol)«'rano iiontíli<*e . 
De manera (|Ue era ]>ersona de distinción y de posieiiui social dis- 
tin,üui(hi. 101 ü'oltierno del l'iiiiUüi ele<>"ía así como aut-ntc coiihdcn- 
cial ;i un extranjero. ;i (|iiicn su proi)i(> «¡ohieruo coutialia el des- 
empeño de una misión de la misma importancia. 

He chulo estas noticias sobre el nciiociador para que se excuse 
la difiresión ; y vuelvo á uarrar lo relativo ¡i la misi('»u confiada 
por el fíobierno <lel Paraiuí. 

He <'reído, además, conveniente dar somera noticia de his cir- 
cunstancias políticas en (pie á la sazón se hallaba el íiobierno del 
Paraná. 

lios documentos argentinos (pu' reproduzco forman la cr(Miica 
de aquellos momentos históricos, y muestran (pie. aun cuando el 
üeneral rr(piiza estaba retirado en San .lost'-, su ini(iati\a era el 



(1) El sci'iDr ilijii llaiiiel Muñoz, i-x enviado i-xtraoriliuario y ministro pk-uipoteniia- 
rio «leí frn};uay, ante el gobierno argentino, — y tan entendido eu aehaques de his- 
toria, eonio deferente en atender ií (piien eon ese objeto á él reeurre — en earta 
datad» eu Bnenos Aires, ¡í 23 de diciembre de 1905, me dice : «Cuando casi desespe- 
raba ya lie recibir la docunieutaeiíiu referente á la misitiu que llevó á l{oma el .señor 
Salvador Xiuit'nez en representación del gobierno de lui país, me llegan ahora esos 
papeles que le adjunto, que si bien no contienen la copia comiileta de la carpeta 
relativa á dicha misión, existente en el archivo del ministerio de relaciones exte- 
riores de aquella república, encierran lo que es substancial para V., esto es, el 
nombramiento oticial del referido sefior XimiSncz en sn carácter de ageute contiden- 
cial de mi gobierno ante I» santa sede, su promoción positiva á la categoría de en- 
cargado de negocios, y la copia textual del proyecto del concordato qne le propuso 
el eardi-nal Antonelli. Si algo más le fuese á V. necesario, sírvase haccnnelo saber 
para solicitarlo del señor ministro ile rel.ieiones exteriores, doctor Romcu, quien 
me ha manifestado el mejor deseo de poder ser útil ú V. en cuauto de él dependa. ». 
Respondí inmediatamente, solicitando, como documentos ilustrativos para historiar 
esta misióu. las instrucciones que el gobierno del Uruguay diera á su agente, la 
correspondencia eu que este dio cuenta del curso de la negociación, íi fin de conocer 
lie quién partió la propuesta para celebrar un concordato, puesto que, tanto al go- 
bierno del Uruguay como al gobierno argentino, el ageute transmitió el proyecto do 
concordato propuesto por el carden.al Antonelli, secretario de estado del gobierno 
pontiticio : proyecto idéntico, que no fué aceptado ni discutido por ninguno de los 
dos gobiernos, en cnanto ha llegado á mi conocimiento. 



— 292 



alma del üobieruo delegado, que le cuusiiltaba hasta el teuor de 
los documentos oticiales. La cuestión religiosa era un gravísimo 
peligro, y así lo comprendió el general Urquiza en la iniciativa 
que tuvo para la misión confidencial couñada al señor Ximénez ; 
porque era desarmar los peligros obtener la divisi(')n de la diócesis 
del obispado de Buenos Aires, desmembráudole las provincias de 
Entre llíos, íSanta Fe y Corrientes, i>ara constituir un nuevo obis- 
pado; ponpie el hecho, en sí, dal)a autoridad y [>restigio moral ala 
presidencia que debía entrar á ejercer el poder, sancionada y jura- 
da la constitución. El doctor Zuviría indica los elementos que co- 
menzaban á agitar los ánimos, jxir la libertad de cultos, la supre- 
sión del fuero eclesiá.stico y la materia de diezmos, novedades san- 
cionadas por la constitución de Santa Fe. 01)tener, pues, con la 
lirevedad posible la creación del nuevo obis])ado, y antes la elec- 
ción de un ol)ispo ¡h partihus como vicario del litoral, era consoli- 
dar la paz. Estos antecedentes, qxw sinceramente indico, reve- 
lan la urgencia de la misión conlidencial ccrntiathi al señor Xi- 
ménez. 

Para completar la crónica de los sucesos de esta situación, re- 
produzco la carta datada en el Paraná, en 'i O de enero de 1854, di- 
rigida al general Urquiza por el doctor Zuviría. Dice : « Ayer re- 
cibí la apreciable de V. E., fecha Kí del corriente, en contestación á 
mi anterior de IS, con la devolución de las notas y documentos 
que la acompañaban, ^le felicito de que hayan merecido la apro- 
bación de y. E. > agradezco el alto honor ([ue se digna hacer de 
mi pe(pieño trabajo. Esto solo me compensa de él, y de todo otro 
que rinda á mi patria \- á la personado Y. E. Anoche mismo acor- 
dé con los señores ministros la supresión -del concepto siguiente, 
contenido en la cláusula tercera de las instrucciones al señor Xi- 
ménez : ...mientras dure el actual estado político de Buenos Ai- 
res. » 8e puso esc concepto como una fórmula canónica de costum- 
bre, auuiíue el vicariato hubiere de ser perpetuo ó durar liasta h\ 
creación del nuevo obisitado. Sin embargo, no hay inconveniente 
substancial en la sui)resión, y voy á hacerla. Dije á V. E. en mi 
anterioi-, (|ue no había hablado de sueldo, gratificación, ni com- 
pensación al scñoi' Ximénez, i)or falta de orden ó indicación de 
V. E. Másaliora me decía V. E. (pie había pensado i>roveerlo de 



— 293 — 

lo.stonilosiuHH'sai'ios, juto que snspcinlí.i Iiiiccrln jior cnanto y<» I«í 
decía (|nc tales gastos liarían ilc iiicliiirsc en el presnimestii ucne- 
lal : cnuiM-iila va iior nií ia xohuilad ilc \'. \].. opinaiía (|Ue ^'. !•]. 
le inanilase enrielar del tesoro nacional ia suma (|ne estimase con- 
veniente de la qne le asijine el presnpnesto qne ha de presentarse 
(lesiMiésá la aprobación délas c;íinaras. De este modo es (pie el jí'o- 
hierno dele;;ado está proveyendo á losüaslos, yann sueldos de los 
emi)leados nacionales. Otro tanto puede hacerse con el señor Ximé- 
nez. y mandarle entreiiar — sea en Montevideo, en estaeaji' ú otra 
de la provincia. — la suuui (pieV. K. crea conveniente anticiparle. 
Al mismo señor Ximéuez, le con\(Mnliía nn'is lle\ai- de aípií aliiu- 
na cantidad de dinevo, que esperar allá otra mayor, cuando se 
apruebe el presupuesto de la lista tliploniática. Habiendo itreüun- 
tado á ^loutevideo sobre el carácter del señor 31arini, se me dice : 
que en su carácter de eucar<>ado de negocios cerca de S. 31. el 
euii»erador del Brasil, trae facultades esi)eciales respecto de las re- 
¡lúblicas del Plata y del Parafiuay . Se ajiíega: (pie además está 
jtara lleyar al Janeiro un internuncio, el señor Bedini, y (jue con 
cnahpiicra ilc los dos se podrán inicial- arrculos pi<i\ isioiíaics mien- 
tras se preparan la bases para entrar en un concordato , etc., etc. 
Lo(|ne poiií-o en conocimiento de V. E. Hasta este uKjmeuto reci- 
bo del interior y exterior, adonde ha podido llegar la circular del 
1!) del pasado, las más expresivas comunicaciones de felieitaci()n 
y aplausos á V. E. v al gobierno delegad(). por una medida que la 
estiman todos de la más alta imi)ortancia para el futuro bienestar 
de la ('onfedeiaci()n Argentina. Nada di.üoá \'. \l. sobre política in- 
terior, ponpie lo hará el señor Carril, como el señor Fraiíueiro so- 
bre hacieiuhi (1). 

En (i de enero de 1854 see\|)i(li(') el siguiente decreto : Dejiar- 
tamento de relaciones exteriores de la ('(Uit'ederaci(m Argentina. El 
goliieruo nacional (lelega(h): Decidido á promover por todos los me- 
dios ordinarios el arreglo definit i\ o de la iglesia argentina ; á reme- 
diar por las vías constitucionales las necesidades (pie en todo orden 
la aípiejan ; y á estrechar los vínculos de tilial amor y resj)eto (pie 
la uncu con el padre conii'iii de los fieles y dispensador de todos los 

(1) Archiro dvl ministerio de reUicionr» extcrioren y callo. Leg. eitailo. 



— 29i — 

bienes y gracias espirituales : lia acordado y decreta : Art. 1". Que- 
da nombrado el señor don Salvador Ximénez, agente confidencial 
del gobierno de la Confederación Argentina cerca de la santidad de 
nuestro beatísimo padre Pío IX, pontífice máximo. — Art. 2". Ex- 
pídasele las credenciales correspondientes, comuniqúese este de- 
creto á quienes corres])onde, y regístrese. — ZrviiíÍA. Caiíeii,. 
Fkagueiko >; (1). 

La credencial fué expedida por el ministerio de relaciones exte- 
riores, dictada en el Paraná á 8 de enero de 1.S54 : ; El gobierno 
delegado de la Confederación Argentina, deseando vivamente pro- 
mover el arreglo de la iglesia nacional por' todos los medios que 
estén en la esfera de sus atribuciones constitucionales ; remediar 
cuanto antes los graves males que ])or tantos años la lian afligido; 
restablecer y consolidar la más filial y estrecha unión entre ella y 
su cal)eza visible, el padre común de los fieles; ha tenido á bien 
nombrar cerca de la santidad de nuestro l)eatísimo padre Pío IX al 
señor don Salvador Ximénez, con el carácter de agente confiden- 
cial, como se impondrá V. E. por el decreto de esta fecha, que en 
copia legalizada tiene el infrascripto la honra de acompañar á 
vuestra eminencia. Siendo los objetos de esta misión confidencial 
puramente religiosos y espirituales, ellos se reducen, eminentí- 
simo señor, á asegurar á la santidad de nuestro beatísimo padre Pío 
IX, pontífice máximo, el espíritu eminentemente religioso que do- 
mina al supremo director provisorio de la Confederación Argentina, 
al gobierno nacional delegado y á los puel>los católicos que tiene 
la lionra de ijresidir ; á presentarle á nombre de unos y otros su 
más ferviente anhelo por estrechar con fuertes vínculos la perpetua 
unión con su padre espiritual, el vicario dé Jesucristo en la tierra; 
á impetrar, en fin, de su paternal l)ou(lad todas aquellas gracias 
espirituales que con más urgencia reclaman las imperiosas necesi- 
dades de esta iglesia, tantos años privada de la voz de su pastor y 
padre. Al lleno de tan piadosos objetos, y provisto de las suficien- 
tes instrucciones, el gobierno nacional delegado ha tenido á bien 
confiar esta misión al precitado señor don Salvador Ximénez, y 
tanto por las distinguidas cualidades y espíritu religioso (pie lo 

(1) Idum, itK-ni. 



— 295 — 

adornnn, cnanto especialnient»' poilinlter nicirciilo la contianzaile 
sn santiílacl... (1). 

Este iloi-nniento aparece inciniclnso y lo reiinMluzco tal cnal 
se encncntia en el aicliivo del ministerio. Trunco tamliicn se 
encuentra el borrador de las instrucciones ((ue el señor <l(tn Sal- 
vailor Xiniénez deberá observar en el desempeño de la conn- 
sión (pie le ha contiailo el gobierno nacional delegado, como 
agente conlidencial cerca <le su santidad nuestro beatísimo pa- 
dre Pío IX. pontífice máximo y su delegado a])ostólico residente 
en la corte de Hío de Janeiro : 1' Tan luego que el señor Xim»'-- 
nez haya sido reconocido por su santidad en el carácter de agen- 
te conlidencial cerca de ella, será su primer deber empeñarse 
en persuadir al santo padre del espíritu eminentemente reli- 
g¡(»so tpu' domina al goV>ierno y pueblo argentino, (piienes esti- 
man el arreglo de su iglesia como una imperiosa necesidad reli- 
giosa y social. A este fin expondrá á la santidad de nuestro beatí- 
.simo padre la religiosidad <lel Jefe del estado, de los individuos 
que componen el gobierno nacional delegado, y muy particular- 
mente la del pueblo argentino, cuyo ferviente anhelo es estre- 
charse con fuertes vínculos á la cabeza visible de la iglesia de .Tc- 
.sucristo; y ([ue su santidad no debe recelar que en la nueva iiiar- 
fha de la confederación, y menos en el nuevo go1>ierno cpu^ la 
preside, ocurran los trojüezos cpie antes <»currieron y en los (pie 
no tuvo más parte el ¡meblo argentino (pie lamentar los resulta- 
dos de las legaciones apost<)licas (|ne su santidad se digini enviar 
á la reiiública argentina; 2 ' Los asuntcís cuyo desempeño se en- 
carga al señor Ximénez, se reducen á los puntos sigiiientes : 1" A 
(pie en su tránsito á Roma por Kío de Janeiro solicite del ilustrí- 
simo delegado apost('>lico de sn santidad, señor Marino Marini, re- 
sidente en dicha corte, el que al actual delegado ajtostí'ilico de esta 
provincia de Entre l\í()s, señor cura y vicario don Leonardo Jos(' 
Acevedo, se le expida el título ('> breve de vicario apost('»lico de la 
misma y de las contiguas de Santa Fe y Corrientes, ]uincipalnieiite 
mientras dure la separaci('>n ú aislamiento de la de Buenos Aires; 
por cuanto esa sei>aracióii política trac iiinicnsas dirtcultades y en- 

(1) Archivo del uiinisterio de relacioues exteriores y culto, legajo citado. 



296 — 



torpeoe el despacho de los asuntos espirituales y eolesiásticos cou 
periuicio de los fieles, desde que del)a hacerse con dependencia del 
provisor (') vicario capitular de la dii'x-esis, residente en la ciudad 
de Buenos Aires. El sefKU- Ximénez, apreciando la imi)ortancia de 
esta solicitud, pondrá todos los medios que estén á sus alcances 
para ohtener el resultado favorable que se desea ; 2" Habiendo ter- 
minado las facultades que tuvo el dicho señor Acevedo para admi- 
nistrar el sacramento de la confirmacií'm en esta provincia y la de 
Corrientes, sin que haya podido verificarlo en una gran zf)na déla 
primera por la vasta extensión de su territorio, por el atraso de un 
año cou que lle.oó el breve, y por otras varias causas inútiles de 
referirse, el señor Ximénez solicitará del ilustrísimo señor dele- 
gado apostólico, Marino Marini, que dichas facultades le sean pro- 
rrogadas con extensión á la provincia inmediata de Santa Fe, no 
comprendida en el citado l)reve, quizá porque no fué ni indicado 
entonces. Esta prorrogaci(')n bien jxxlrá ser comprendida en el 
breve del vicariato apostólico, arriba mencionado; 3" Solicitará 
igualmente (pie i)ara el caso de muerte del señor Acevedo, y por 
el término necesario para ocurrir á la santa sede ó al nuncio apos- 
tólico más inmediato, pueda legarlas á otro eclesiástico dotado de 
las virtudes y ciem-ia necesarias á su eiercicio: todo con el exclu- 
sivo objeto de prevenir los males de una vacancia ó acefalía de es- 
tas iglesias; 4° El señor Ximénez solicitará también de su santidad 
la expedición de bulas de ol)ispo í'h j)r(/-íífeí/.s en favor del misun. 
señor delegado eclesiástico, cura y vicario don Leonardo José Ace- 
vedo; y al mejor éxito de esta importante solicitud, recabará del 
ilustrísimo delegado apostólico residente en el .Janeiro, las corres- 
]tondientes recomendaciones ante la santidad de nuestro beatísimo 
padre. Pío IX. Al entablar la negociación de Inila de obispo in 
partlbm en favor del señor Acevedo, hará presente á sn santidad 
del modo más exi)lícito qtie el gobierno nacional argentino desea 
ccm esto, no sólo considerar la persona del benemérito señor Ace- 
vedo, (pie por sus virtudes y ardiente caridad disfruta de gran cré- 
dito en estas provincias, como consta, al señor Ximénez, sino tam- 
bién y principalmente salvar los inconvenientes (|U(' hoy ofrece la 
falta de un obispo en estas vastas regiones, y (jue ajuicio del go- 
bierno quedaran salvados desde que en una persona como la del 



— 297 — 

señor Acevedo, se reúnan las taeultades de unhn á las dv ¡urisilir- 
cióii (|ne >a investía como vicario apostólico; .">" Siendo todas las 
anteriores medidas un remedio provisorio para s('>lo ¡as provincias 
literales en las (|ue no se encuentran comprendidas las diez res- 
tantes de la confederación, (|ue sufren más<;raves necesidades i)or 
la mayttr distancia en ipie por la condición de mediterráneas se 
hallan colocadas del centro de la iylesia católica, el señor Ximénez 
se ocupar:! ile ])romover el remedio de unas y otras jxir los medios 
siuuientes : 1 ' Solicitará del delegado apostólico en la corte del 
lírasil, señor Marino Marini, su traslación á esta capital ó á uiiade^ 
las provincias del litoral, si es cpu' sus jtoderes .son extensivos á las 
rei)últlica.s del Plata. Si lo fueren y resuelve su traslaci«'>n á una 
de dichas i)rovineias, entonces á cira ro: y con presencia de datos 
estadísticos, instrucciones escritas ó informes verbales, .se podrá 
en menos tiempo arribar al arreglo esi>iritual de las ]»redichas n<'- 
eesidades, en los varios objetos que se i)roiione el üobierno arficn- 
tiuo; siendo el principal de todcts estrechar su más tilial unión con 
la cabeza visible de la iulesia universal. Si el ilustrísinio dele<;ado 
apostólico .se resohiese á venir á esta capital ú otro inmto del li- 
toral, el señor Ximénez le ase»urará que tanto sus "astos de via.je 
como su permanencia en e.sta provincia serán sufragados por el 
••■obierno de la confederación, como lo merece su alta y distinunida 
categoría; ya sea acordando el señor Ximénez con el ilustrísimo 
delegado aiiostólico el monto ile ambas cuotas, sujeto á la aprol»a- 
ción del gobierno, ó ya reservándolo para un acuerdo verbal entre 
el gobierno delegado y dicho ilustrísimo señor, en llegando aquí. 
Sin embargo de esta reserva, podrá el ilustrísimo delegado apostó- 
lico tomar en el Janeiro la suma necesaria ¡lara sus gastos de viá- 
ti<<>. \a sea por .sí mismo ó |)or meilio del señor Ximénez, libr;íu- 
dola contra el gobierno de la confederación ])or conducto del mi- 
nisterio de relaciones exteriores, lo i\w el señor Ximénez no olvi- 
dará de exi>oner al ilustrísimo señor nuncio apostólico, como de 
instruir al goltiernode lo (|ue hubiese acordado al respecto; "J" Pro- 
curará (pu' el mismo ilustrísimo señor delegado apostólico, |)or sí 
mismo ni prr Ulrrits, solicite fie su santidad todo el... (1). 

(T) Archivo ilel iiiinisti-iiii Je rehicioiii's cxteriorus y culto, legajo citado. 



— 298 — 

El (loouiiiento fitado está ti-iiuco, i)uesto que eu este legajo del 
art'liivo lio se encuentra el segundo pliego que debe ser la continua- 
<'ión de las instrucciones. Este archivo perteneció al gobierno del 
I'araná, de donde fué trasladado á la capital de Buenos Aires des- 
pués que el general Pedernera, vicei>resideute déla confederación 
y en ejercicio del poder ejecutivo, (lict(') el singular decreto disol- 
viendo al gobierno nacional, después de la Ijatalla de Pavón. Hago 
esta referencia que puede explicar lo incompleto de los archivos 
referentes á esa época. 

Eesulta oflcialuiente comprobado (jue el decreto del gobierno 
argentino, nombrando agente confidencial ante la santa sede al se- 
ñor Ximéuez, es de (i de enero de 1854, y el expedido por el go- 
bierno de la república del Uruguay á favor del mismo señor y con 
idénticos i)roi)('tsitos, está datado en Montevideo á (i de febrero del 
mismo año. Sin eml)argo, la aceptación de la misión diplomática 
argentina es posterior al nombramiento del gobierno del Uruguay. 
El señor Ximénez se hace cargo de desempeñar simultáneamente 
ante la santa sede una dol)le misión confidencial, y no encuentro 
constancia que de ello tuvieran conocimiento los gobiernos del 
Paraná y de Montevideo. ; L() ignoral)an ! Xo ¡luedo afirmarlo, pero 
consta (jue las negociaciones fueron segui<las separadamente: en el 
fondo, con una identidad de miras (|ue mesíU'prende, y por ello se 
explica el interés ([ue he numifestado para obtener co})ias de los 
documentos en el archivo del ministerio de relaciones exteriores 
de Montevideo, por encontrarse trunco el que se conserva en el 
de Buenos Aires, i)or las causales que quedan expuestas. 

¿Pretendían ambos gobiernos americanos celebrar un concordato 
con la santa sede ! ¿ Fué iniciativa espontánea del cardenal Anto- 
nelli, proi)oner al señor Ximéuez un mismo texto de concordato 
jiara los dos gobiernos (jue oficialmente representaba! ¿Qué cou- 
t(^staron esos gobiernos .' 

El señor Ximénez, desde IMontevideo, en 20 de febrero de 1854 
acusa recil)o de su nombramiento oficial al doctor don Facundo 
Zuviría, ministro de relaciones exteriores de la Confederación Ar- 
gentina, eu los siguientes términos : « He tenido el honor de reci- 
bir las api'eciables notas de V. E. de fecha (» del jiasado enero, ad- 
juntándome la credencial original para el eminentísimo señor car- 



— 299 — 

«lenal, iiiiuistro df ueuodtts extranjeros de sii santidad Tío IX, la 
earta de reeoniendaeión para el ilnstrisinio señor Marini, ilele.uado 
ai)ostólieo en la eorte de Kío de Janeiro, las instnueiones jioniiie 
debo <;niarnie y las eojiias lejializadas de aiin«''llas y de los deere- 
tos : doennientos todos relativos á la importante misión (pie el sn- 
peri«)r gobierno nacional delefiado de la (Oníederaeion Argentina 
lia tenido á bien confiarme, nombrándome al electo agente conli- 
(lencial cerca de la santidad de nuestro beatísimo padre TínlX. 
pontífice máximo. Al aceptar ese honorífico cargo, agradezco alta- 
mente la distinción y confianza ctni <pu' el snperior gobierno (lele- 
gado me favorece, y ofrezco á V. K. emplear el mayor empefio y 
celo á fin de ol)tener el pronto y favorable resultado «le mi mi- 
sión... (1). 

Reproduzco textualmente todos los documentos, ponpie cons- 
tituyen la crónica de una negociación ipie lial)ía quedado, entre 
otras, en el más profundo secreto y de la cual no se hizo ninguna 
mención en la publicación oficial de IS!»!». He podido extractarlos 
documentos, más en ello jiodría omitir detalles (pie demuestran en 
primer lugai'. la inter\ eiiciiMí t\\n' ejercía en el gobierno delegado 
el general rnpiiza desde su retiro en San dosé, y á la vez el celo 
«d>ediente de los miembros de ese gobierno, en un momento histó- 
rico dificilísimo para establecer el imperio de la constitución nacio- 
nal, sancionada por el congreso constituyente en Santa Fe. 

En 7 de abril de 1S54, desde el Paraná, el ministro de rela- 
ciones exteriores comunica al señor Ximt^nez (pie se ha dado orden 
al administrador de rentas de la aduana de (íuak-guaychú, doudosí- 
.M. Domínguez, para (pie ponga en ^íontevideo á disposicl(>n del 
referido señor Xiuit'nez la cantidad de 2()(K> pesos á razí'm de 17 
por onza de oro sellado, á cuenta del sueldo (pie en adelante se le 
asigne ]>or la agencia confidencial de (pie ha sido encargado (2). 

El señor Ximíínez, desde liorna, en 28 de junio de 1854, avisa 
oficialmente <iue el día 27 de e.se mes estuvo con el cardenal Anto- 
nelli, ministro de estado de su santidad, en cuyas manos ])uso las 
comunicaciones oficiales de (pie era conductor. En la larga con- 

(1) Archivo del ministerio de relaeiones exteriores y eidto. Lei¡;ajn citado. 

(2) ídem, ídem. 



fereucia, — dice, — que tuve con el cardenal, hablamos detallada- 
mente de los asuntos y necesidades religiosas de la confederación, 
y por ahora me es grato anunciar ú Y. B. que su eminencia me 
ha hecho una favorable acogida, y ([ue creo serán atendidos los 
im])ortantes objetos de que vengo encargado. Hemos convenido 
con el señor cardenal que mi presentación al santo padre tendrá 
lugar después de las funciones de San Pedro, y, tan luego como 
ella se veriftciue, haré todo lo posible para que su santidad se digne 
expedirse pronta y favorablemente ^ (1). 

El señor Ximénez escribía confidencialmente al presidente de 
la Confederación Argentina, brigadier genetal don Justo José de 
Urquiza, ¡Mpiien llama querido amifio, diciéndole que había llegado 
á Eoma el día 2'^ de junio, y que el '27 del mismo visitó al cardenal 
Antonelli, ministro de estado, á quien entregó las comunicacio- 
nes oficiales. Le da cuenta de su primera conferencia, concordando 
con lo que oficialmente expuso el ministro de relaciones exteriores ; 
reitera la esperanza del buen éxito de su misi(')n y promete esfor- 
zarse con su santidad v: para (lue se digne desi)acharme ala mayor 
brevedad y satisfactoriamente . Esta carta está datada en lloma, 
á 29 de junio de 1.S54 (2). 

• En esa conferencia con el cardenal Antonelli le presentó la cre- 
dencial del gobierno de la república del Uruguay 1 8i tuviese á mi 
disposición los documentos del archivo del ministerio de relacio- 
nes exteriores de Montevideo, podría resolver la duda ; pero me 
llama la atención la estudiada reserva del señor Ximénez, quien, ni 
siquiera en su correspondencia confidencial con el presidente gene- 
ral XJrípiiza, no hace la más mínima alusi(>n á su dol)le representa- 
ción dii)l()mática, de manera ([ue no es fácil afirmar que los dos 
gobiernos supiesen el doble papel oficial ([ue desempeñaba el ne- 
g()cia<lor, (|uien por este hecho demuestra una refinada astucia. 
Si los gobiernos de la república del Uruguay y la Confederación 
Argentina hubiesen sabido que el señor Ximénez gestionaba ante 
la santa sede en un doble carácter oficial, lo natural fuera «jne 
alguna referencia hiciera eu la correspondencia. 

(1) Archivo <1(1 iiiiiiistri) di- relaciones exteriores. Len^ijo eitiulo. 

(2) íileiii, Ídem. 



— 301 — 

SiipDiiiiO (lU*' los (U'crt'tos dt'l iKiiiiltiiUiiiciitii im se (licroii ¡í l:i 
iml)liri(l;ul. poniiu' cni uiiii misii'ni c-oiitidciicial i|iu' :il üdlticrno 
ai\<:fnliiii> coiixciiia no tui-si' ]n'il)lioa, ¡i tiii de iiiipcdir las posibles 
intrigas di-l yohicrnodisiilt'nt»' de IWieuos Aires, cuyo obispado se 
solicitaba dividir. /Se pul)lic(') el decreto expedido por el üobierno 
de la república del Trnuiiay .' Confieso tpie lo ifiíioro. Es evidente 
que los intereses internacionales de and)os gobiernos no eran anta- 
líónieos; ambos buscaban «d arreglo de la administración de la 
iglesia católica en los res|)ectivos territorios, ven materia eclesiás- 
tica no había conllicto prolialde. ,• l'or qué el señor Ximénez, con 
estudiada reser\a, no di('i cuenta de su doble uiisii'm .' ; Teniic') com- 
prometer su créilito, creyó disminuir su imparcialidad de negocia- 
dor ? La corresi»ondencia del archivo argentino está inconqileta, 
y uo me cimsta como lo está la qu»' se conser\a cii el arclii\ o del 
uiiuisterio en Montevideo. 

Eu ."10 dejuiuo del nnsmo año, el cardenal Antonclli se dirige 
oticialmente al doctor /uviría, ministro de relaciones exteriores 
<lel gobierno argentino, acusando recibo del nombrandento del 
señor Ximéne/ como agente conlidcncial para n<'gocios religiosos 
y esi»irituales, de lo cual dio cuenta á su santidad, (piieii — dice — 
recibió una gran consolación por v\ decidido empeño del gobierno 
argentino tle [¡rocurar el conveniente remedio á los males <le la 
iglesia, como taud)ién por la expresión de respeto hacia la silla ca- 
tólica del director provisorio déla confederaci(')n . Con la cortesía 
de costumbre en éstos casos, maniliesta que acogerá con interés 
cuanto le eximnga el señor Ximéne/ en noudnt- del gobierno 
argentino (1). 

En 7 de. julio de 1854, el señor Ximénez liié |»r«'sentado á su 
.santidad l'ío IX. Su .santidad — dice en oficio oticial, — después de 
imimesto de los objetos de un encargo, se mostró muy satisfecho 
al ver los religio.sos de.seo.s que animan al gobierno de la confede- 
ración y sus sentimientos de venera(i<'>ii, adiiesión y resiteto hacia 
la .santa sede. Kn los pocos in.stantes (¡ue me acordé) el .santo padre, 
l»or hallarse ocupado, le hice i)resente cuánto urgía el pronto y 
biit-n despacito (le mi Mi¡si(')ii, cxtendiéndonie — en ajioyo de esto, 

(l) Aicliivü «leí iniuistuiio de rclaeioucs exteriores y eiilto. Lefiajo citailii. 



— eu cousidevat'iüue.s qiieíuerou boudadosaaieute admitidas, pro- 
luetiéndome su santidad acordarme coufereucias particulares á fiu 
de poder hablar más detenidamente. Al retirarme pasé á ver al 
señor cardenal Antonelli, (piien prometió des])acliarme con pron- 
titud . (1). 

Llama la atención que en el simple carácter de agente confiden- 
cial, su santidad aceptase escucliarle personal y directamente, 
cuando el órgano oficial y diplomático en casos tales es el secreta- 
rio de estado, porque los soberanos no son negociadores ijersona- 
les sino eu grandes y excepcionales ocasiones, y es la santa sede 
muy apegaba á las formas y á la etiqueta ceremoniosa. La since- 
ridad con que aparece redactado el precedente oficio, meritoria- 
mente lacónico, autoriza á creer (pie transmitía la verdad. 

Y, sin embargo, rejiresentaba ante la santa sede simultánea- 
mente á otro gobierno independiente, y de esa representa- 
ción estudiadamente no liace jamás ninguna alusión, lo que 
demuestra que el señor Ximéuez desempeñaba un papel doble con 
admirable habilidad, y con dominio de sí mismo, que se revela en 
su corres])ondencia con el gobierno argentino. Más todavía, fué 
nombrado encargado de negocios del gobierno de la república 
del Uruguay, y es evidente que este carácter oficial y ])úl)lico no 
lo i)U(lo ocultar: tenía un secretario de esa legación, que lo fué el 
el señor Flangini. ¿ Por (pié no dio lealinente cuenta oficial al 
gobierno de hi confederación de este nombramieuto, tanto más 
cuanto (pie era (•iu(hidano uruguayo ! Confieso <iueme inspira gran 
curiosidad la conducta de este doble negociador diplomático. 

El general Urquiza ejercía á la sazón el cargo de presidente de 
la confederación, cargo i)ara el cual fué electo, y nombr(') ministro 
de relaciones exteriores al doctor don Juan María Gutiérrez, á 
quien se dirige el señor Ximénez por oficio datado en Roma, á 2(> 
de octubre de 1S.54. Expone que habiendo transcurrido algunos 
días desde su oficio de 7 de julio, sin que se nombrase la persona 
c(ni la cual deljía conferenciar sobre los objetos de su misión, 
dirigió al cardenal Antonelli una nota el 22 de julio, exponiendo 
(pie, en atem-ión á la urgencia del i)r(>iito desempeño de sumisión, 

(1) ía.nn. 



— 303 



loiiJilKi se (liiiiif (lispoiKT sea puesto en ediilaeto con la ¡lersona 

(jue teiiüa á liien desiouar para la proseeiicirm de este asunto 
Además de ese paso, el día •_'.•> lii/o una visita aleardenal Antone- 
lli, á (juien de palahia le inaniíest/» el vivo interés de dar curso á 
sus encariíDs. El señor cardenal me dijo entonces <|ue sus com- 
plicadas ocupaciones no le liahían permitido llamarme antes, para 
liacerme sal)er (pie él mismo sería el (pie se entendería conmiuo 
sin nomltrar, como es de práctica, otra persona, \ me designé) el 
día '_Mi del pnVximo pasado del mismo julio. En esa conferencia el se- 
fior cardenal nu- manitest('> (pie la santa sede había acogido muy fa- 
vorablemente los pedidos delgol)iern() de la ("onfederaci('>n Argen- 
tina, y (pie en su virtud me comunicaba: 1' (pie la santa sede no 
tiene ninguna diticultad para nombrar para la provincia de Kntre 
Kios un vicario ai>ost('»lico con el título de olúspo i ti parlibus con 
las oi>ortunas facultades, siempre (lue i)or el gobierno de la ("onfe- 
deraci(jn Argentina se establezca una congrua decorosa para el 
vicario aposté>lieo, su pro\isor y anexos á la curia : á la \ez que se 
le suministren los medios respectivos, conjuntamente á un local 
para el establecimiento de un seminario, en el cual se instruya y 
forme clero nacional, de imperiosa necesidad en aípiella repi'il>lica- 
2" (lue la santa sede no tiene dilicnltad de mandar un delegado 
apostédico á la C()nfederaci(')U Argentina, pero por el momento no 
se puede decir si será monseñor Marini ú otro ; .'i " (pu' la santa 
sede no tiene dificultad en erigir nuevas dick-esis, pero sería ñeco 
sario que antes de todo fuesen provistas aquéllas ya existentes de 
C'('>rdoba, Salta y San Juan de Cuyo : tauto para las di(')cesis ya 
existentes como para las que se hayan de erigir, del)e asegurarse 
del g(d>ieruo la congrua (lota(i(')n para la mesa episcopal, cabildo 
y seminario, to(hi vez (|ue los diezmos no fuesen suficientes; pero 
si los diezmos bastasen á ese fin, claro está que el gobieriu) no 
deseml>olsaría nada ; 4" la santa sede está dispuesta á arreglar, en 
lo posible, la circuuscr¡pci(jn de la di(')cesis en relaci(')n con las 
sociedades civiles; 5" sobre varios pinitos de reformas y .•rdcnan- 
zas eclesiásticas, sería necesario (pie el gobieriK» de la Confedera- 
ciíiii Argentina diese á su representante en Koma las necesarias 
instruccioues, sea para poder tratar las cosas en Koma (> l>ieii ¡tara 
transmitirla santa sede sus instrucciones al delegado apost('>lico 



— 304 — 

ijiití ella maiidciíse ú la coufederaoióu ; tí " la «auta sede uo tiene 
diñcultad para celebrar mi concordato con la Confederación Argen- 
tina ])or las vías diplomáticas, á cuyo efecto y como una muestra 
del deseo que tenia (el cardenal) él mismo me dará un proyecto 
en (jue constarían las hases por parte de la santa sede, en vista de 
las cuales podrían arreglarse las relativas al gobierno de la confe- 
deración. Las condiciones que establecien los puntos 1 " y 3" de la 
conferencia, que á primera vista ijodrían causar uiui desagradable 
impresión, [)orque parecerían arrojar cierta idea de desconfianza, 
no son sino el electo de leyes para los casos idénticos, de que la 
santa sede no puede desviarse, como he tenido ocasión de cono- 
cerlo. Sin emliargo, deseaba ipie esto mismo se me hiciera saber 
de un modo positi^ (j, y dirigí en consecuencia al señor cardenal la 
nota fecha 22 de septieuibre, (,'uya copia incluyo en el número 
2, y que me fué contestada con la copia número o. Creo que 
este paso merecerá la aprobación de V. E. Con el número 4 
adjunto copia del proyecto de concordato que me dio el señor 
cardenal Antonelli, y con los números 5 y tí, copia también de 
los concordatos celebrados con las repúblicas de Costa Eica y 
(iuatemala: sobre cuyas bases podría celebrarse el de la Confede- 
vacií'm Argentina, si, como creo, se aproximasen sus necesidades á 
las de aquellas repúblicas. En el interés que me inspira la provin- 
cia de Entre Eios, la cual desearía ver colocada á la altura que es 
acreedora respecto á lo eclesiástico, me permitii'á V. E. le haga 
la observación siguiente: des<le (pie la santa sede nombrase al 
señor delegado Ace^^edo vicario a|)ostólico ct)n el título además 
de iAús[)o iii jMírUJms, cuya gracia más sería una investidura del 
título honorífico (pie de conveniencia i)ara la provincia de Entre 
Ríos, creo que sería más conveniente pedir desde ya el nombra- 
miento para aipiel señor de obispo diocesano, título más coin- 
cidente con la dignidad de la provincia entreriana, á la vez que 
así taml)ién declararía la- santa sede su territorio en diócesis se- 
pardda ¿ ¡ndepoidicnte. Para sostener esta dignidad no sería ne- 
cesario, conu» podría creerse, grandes gastos, pues (pie sólo har 
l)ría (pie hacer un ])e(pieño aumento para el cabildo eclesiástico, 
l)or((ue la- dotación i)ara la mesa episcopal y el seminario ya exis- 
tiría, nombrado (pie fuese el obispo in pa rtibus. Por otra parte, la 



santa sede no señala cantidades determinadas pava esas dotaeio- 
nes, i'oníbrmán(l()se(i»alalii-as de! señor cardenal A nionelli) ella con 
las (|ue le desii;iie el üiiliierno de la conlederacitMi ú el de la prox in- 
da, de acnerdo con la dii^nidad episcopal ipM' se trata de <TÍL;ir : 
cuya cirennstancia — á un ver — no deja de ser favoialtie desde 
(pie liay (pie entenderse para esto con nna persona de iutelif'en- 
cia, recto juicio y desinteicsada. como lo es el recomendahle señor 
d(de>iado eclesiástico Acevedo. No olistante, V. E. determinará lo 
(|uejn/<;ue más oportuno. Me es «¡.rato manifestar á V. K., (pie 
tanto el santo i»adre como el señor cardenal Antonelli, se lian mos- 
trado altamente satisfechos de (pie lleve á efecto nejíoeiaciones 
(pie esireclien y anuden, ¡lara siempic, las relaciones entre la santa 
sede y la ('(nife(leiaci(')n Aificntina. Vai vista de todo lo expuesto, 
lo único (pie nos falta jior ohteiier el ]>ronto y buen resultado de nd 
misií'in, es (pie se sir\;i inipail irme iiiievjis instiucciones y lialiili- 
tarim- con amplios poderes, re(piisitos (pie como \'. K. salie son 
indisiiensaltles parala rea!izaci('ni de estos asuntos. Seusilile me lia 
sido, excelentísimo señor, no lialicr podido concluir antes estas 
diliíiencias; pero á ello se lia o]tuesto hasta cierto punto la moro- 
sidad (pie por lo ücneial lia.\ a(pií, y, más que todo, la in\as¡(')ii de 
la funesta epidemia dtd cólera iiiorlms (pie — desde los primeros 
días de Julio hasta hoy, en (pie recit'ii se siente alguna diminu- 
cií'm. — ha hecho imposible, en la ai>itaci('>n (pie es eousi<;iiieute á 
un estado tan alarmante, ocuparse de nada con ahinco ;. (1). 

En este oficio, en el (pie con detallesy á la vez coucisií'ui merito- 
ria, está exi»nestalacr()nicade los comienzosdela ueuíoeiaei()n del se- 
ñor Xiiuénez, ipieda, como de relieve, marcada la buena vcdiintad de 
la santa sede para arreglar con piiideiicia conciliadora todas las difi- 
cultades, á fin de cídocar sobre bases claras las relaciones Jurídicas 
eiitreambas]>otestades. Es con ven ien te estudiar la xerdad histí'nica, 
taiitít más cuanto (pie es la ¡ni mera se/, (píese publican los documen- 
tos de esta iniciativa internacional de la repúldica en sus ndacio- 
iies con el extranjero, precisamente desi)iR's de la constitiicií'm (2). 

(1) Arcliivi) del iiiini.sterio de rplacioiuvs exteriores y riilti), iuiIa i-siiit;i de iniñn 
y letra del señor Ximénez. Leg-ijo ya citado. 

(2) Después de escritas estas pnl.abras. .se publicaron los documentos en la revista 
que he citado : t. XXXll. 1 17 y 3;tS. 



El señor Xiiuéiiez lleya á liuma iiaia deseuii)t'fiai' su ear^o de 
aíi'eute eoiiñdeueial el 7 dejiiuio de 1<S54, el 2 7 del iídsuio visita 
al eardeual Autouelli y le eutrega sii ci'edeueial ; en 7 de julio es 
recibido por su santidad, y el cardenal Autouelli, secretario de 
estado, resuelve euteuderse personal > directamente con el agente 
confidencial argentino, y uo por tercera persoua uombrada para 
tal objeto, como es la costumbre general en la santa sede, y le 
señala para la conferencia al día 2ii de Julio de 1854. Eu esta 
conferencia, con la más simpática framiueza, su eminencia con- 
testa á to<los los dixersos i»untos de la misión, cpie el señor Ximé- 
uez le esi)uso cou llaneza la primera vez (pie tuvo el honor de ser 
recibido, y le presentó su credencial. Ninguna dificultad opuso el 
señor cardenal : señaló detalles oportunos á fin de (pie, ante todo, 
se proveyesen las diócesis vacantes de Córdoba, Salta y San Juan 
de Cuyo ; indicó la necesidad de fijar la congrua para el prelado, 
calúldo eclesiástict» y seminarios; se manifestó dispuesto á «pie se 
dividiesen las diócesis y se creasen nuevas, concordando los lími- 
tes con las divisiones provinciales; acepta nombrar obispo iii par- 
t'ibun al delegado apostólico en Entre Kíos, una vez fijada las con- 
gruas necesarias ; y convino en nombrar un delegado apostólico 
en la confederacióu. Manifestó (|Ui" celebraría el concordato que 
se le indicaba, dio bases, y proporcionó como antecedentes los cele- 
brados cou Guatemala y Costa Kica : el señor Ximéuez carecía de 
la pleni[)otencia para estos arreglos, dio cuenta al gobierno y i>idió 
las instrucciones. IJado el breve plazo eu ([ue se siguió esta verda- 
dera exploración de la \(»luntad de la santa sede para el arreglo 
de la iglesia argentina, el éxito fué com[)leto, y no se i)uede escri- 
l)ir la historia de las relaciones jurídicas con la iglesia sin tener 
presente esta negociaci('in, (|ue exj)lica el origen de leyes (]ue 
tendré oi)ortunidad de recordar, y la manera por la cual, en los 
comienzos del gobierno de la presidencia del general Urquiza, la 
santa sede envió como delegado apostólico á monseñor ^Marino 
Mariui, ])orque, sin este antecedente, ajtarece una espontaneidad 
inexi)licable. 

Sin embargo, el señor Ximéuez, (pie cou tanta claridad expone 
la manera cómo seguía en el desempeño de su misión confidencial, 
no dice al gol»ierno argentino (lue el cardenal Autouelli no sólo 



If dit» lili iiri)_vt'ctu (li- coiictiiilalt), \ riijiiuN di" los cfh'ldiulDs con 
(iiuitemalax Costa Ku-a, sino atlemásel luisuiu pioveft»» para cele- 
linif roueorilato cou el «jobienio de la repúltlica del Uniguay, y el 
lieelio pone eu relieve la estudiada reserva de la doble represeuta- 
<i<'>ii diploiiiátiea, solieitaii<lo. eiitietaiito, earáeter i)i'il)lie() é iiis- 
triiccioiies para la represeiitatióii <kl yoViieruo arüeutiiio. Kn esta 
doblez aparece eomiilicadi» el misino cardenal -Viitoiielli ; por(|iic, 
como prueba tle su imparcialidad, pudo aludir que el concordato 
(|iie pretendía celebrar con la Contederaeicui Ar<ientiiia, lo preten- 
día con la república del Uruguay, l'aréceme estudiada la ociilta- 
cii'm de la verdad en esta doble negociación. 

Ahora reprodiicirt'- otros documentos. El agente tonlidciicial 
del gobierno argentino, por olici<) datado en líoma en '2'2 de sep- 
tiembre de 1S.")4, y dirigido á su eminencia reverendísima el car- 
denal Antonelii, ex|)one que, sin embargo de haber puesto verbal- 
ineiit»' «'11 MI conocimiento las solicitudes que en noini)re del 
g<d(ierno hace j'i la santa sede, de acuerdo con sus instrucciones : 
... no ¡Hiede prescinilir de hacer presente á V. E. reverendísima, 
el vivo deseo ile ver cuanto antes sea posible instalado p(M' la san- 
ta sede aiiosti'ilica en la pro\iucia de ICntre Kíos, un \ icario apos- 
t<'»lico, cuyas facultades se i-xtiendan además á las j)rovincias de 
Santa Fe y Corrientes, por ser muy próximas entre sí; é investido 
á la vez dicho vicario apostólico con el título de obispo hi partibus, 
jiiieda ejercer dignamente las funeiones del culto católieo, y tain- 
bit'-n llenar interinamente las veces de un pastor vigilante para 
con aquellas jiobhu'iones catt'tlicas, hasta tanto ipie, regularizados 
los asuntos eclesiásticos, sea establecido un obispo diocesano. Tero 
como al inlVascripto le ha |)arecido en la última entrevista, con 
que se digmi honrarlo \'. E. reverendísima, observar alguna dili- 
cultafl respecto á la realización de los deseos exiiresados, .juzga 
í'onveniente y necesario someter ;i sii alta iienetraeión algunas 
retlexioues, que espera serán apreciadas convenientemente. En 
primer lugar : no delie pasarse desapercibida la existencia, en 
aquellos parajes, de individuos cuyos principios no son por cierto 
los más decididos en favor de la .santa sede, ni Heles oliserva<lores 
tle la religión eatóliea, agregando á esta circunstancia poco hala- 
güeña ciertas teorías peligrosas (pie se ilifunden en atpiellas leja- 



lias regiones, y que ejevcitaii sin la menor duda no muy saludable 
influencia en los ánimos y costumbres de aquellos pueblos, (jue no 
])uede uienos de manifestarse con grave daño del orden, de la mo- 
ral [)úb]ica y del respeto de])ido á las leyes; á todo lo cual, induda- 
blemente una dignidad eclesiástica, tal como se pide, podría oponer 
un di(}ue con las oportunas medidas de su autoridad episcopal. 
Las solemnes y sinceras manifestaciones y el emiteño con (pie el 
gobierno de la Confederación Argentina solicita el nomlu'amiento 
de un vicario apostólico, con el título además de obispo In partihus, 
debe alejar la duda que Y. E. reverendísima lia dado á conocer, de 
que el gobierno dejase de proveer á la congrua dotación de aque- 
lla dignidad eclesiástica y partes anexas; pues que no hay razón 
])ara creer ([ue ípiien desea un fin determinado no conceda los me- 
dios que deben proporcionarle el objeto (jue se propone. Por otra 
parte, el infrascripto lia lieclio ver á Y. E. reverendísima que, en 
la respectiva distribución de rentas de la naci(')n, no se lia omitido 
de señalar para el culto católico determinados fondos ordinarios, 
y aun se lia dispuesto de recursos extraordinarios, con los cuales 
será indudablemente fácil concurrir á cnanto fuese necesario para 
tal objeto. El gobierno de la Confederación Argentina que, deseoso 
ahora más cpie nunca de aproximarse á la santa sede, no se lia 
rehusado de atender al sostenimiento de un encargado en Eoma, 
no dejará ciertamente sin la competente dotación á la dignidad 
eclesiástica que en estos momentos demanda, cuyo nombramiento 
desarrollaría en aquel gobierno y en la poblaci('>ii, un interés mayor 
y un prestigio tanto más ventajoso para la santa sede, hacia la 
cual se aumentará con esto la deferencia- y alta veneración de una 
manera tanto más reconocida, cuanto mása])reciable sería el rasgo 
<le contiaiiza y iii;':s grata la prnclxi de aprecio ipie la santa sede, 
condescendiendo desde luego á la petición hecha, daría al gobierno 
de la Confederación Argentina, el cual en retribución, y con la más 
firme decisión apoyaría todo aquello (pie el santo padre por medio 
de Y. B. reverendísima exigiese i)ara el arreglo de los negocios 
eclesiásticos, y para el establecimiento de un seminario diocesano 
y de un cabildo, como Y. E. reverendísima se digii(') manifestar en 
otra ocasión. En consecuencia, el infrascripto se lisonjea que Y. E. 
reverendísima, tomando en l)enigua consideración ya]>reciando en 



— 309 — 

sil justo valor todo ciiaulo lia somctiilo ¡i su sal)io iliscciniíiiii-iito, 
i|iu*n;'i (lijiuarse ohtt'ucí- «If mi santidad t'l ¡¡roiito iioiiilniiiiiu'iito 
df dirlio \ K-arioapostt'ilii-o, con el litiiioadciiiás de ol)is|)o ¡u par fi- 
lms ; no piidit'iido »'l intrasciii)to. en caso contraiio, apreciar suli- 
ciciiteincnft' el cí'ccto de la seiisiltlc iinprcsióu «pie la ncüativa á 
esfc pedido podría i»roducir en el üoliierno de la ("oiilederacióii 
.\r<;-eiitina, y en el ¡iniíno de su presidente el señor general rnpii- 
za, (pie en este asunto se han interesado, \ recomendado inn\ par- 
ticiilarnieiite al iufrascriitto solicite del .soberano pontilice «pie lal 
noiiihrainieuto fuese hecho en favor de! diiiiio presbítero «Ion .losé 
Lt'onardo de Acevedo, destinado muchos años haee jior el liiiailo 
señor obisi)o 31edraiio, para deleyado eclesiástico de la pro\ iiicia 
lie Kntre Ríos. VA iiifrascri|>to. al solicitar se expichiii conjunta- 
mente las Imlasde obispo iu parlihit.s en fav»>rdel señor presbítero 
Acevedo, está eompeteuteniente autorizado ]iaia hacer presente ;í 
sil santidad, por el respetable contlucto de \'. H. reverendísima, 
(pie el «¿obierno de la ('onfederaci<'>n Argentina desea con ésto uo 
sé>lo condecorar la persona del benemérito señor Acevetlo, (pie por 
sus virtudes y ardiente caridad disfruta ile gran crédito en aipie- 
llas provincias (de lo (pie el infiasciipto presentará en todo tiempo 
las pruel)as) sino también y muy principalmente salvar los incon- 
\enientes que hoy ofrece la falta de un obispo en a<(uellas vastas 
regi(Uies; y t|Ue á Jiiieio de aipiel gobierno ipiedarán salvados, 
desde «pie en una persona como la del señor Aeevedo, se reúnan 
las facultades de orden á las de jurisdicción, que ya investiría como 
vicario apost(')lico. Por lo tanto el infrascripto, esperando un buen 
resultado de sus respetuosas súplicas, se juojK^ne comunicar el 
tenor de la |iresente nota al gobierno de la (diifederaciíMi Argen- 
tina, en el concepto de empeñarlo iiiiis \ m;'is ;'i (pie se preste ¡i los 
deseos de la corte pontiticia... ( 1 ). 

Hl cardenal Anlonclli contoii'i. en ll' de octubre de 1 S.")4, cpie 
lo (pie expuso en la coiiferencia verbal solire congrua era cuest¡é)n 
reglamentaria, de la (pie no era posible separarse, á pesar de la 
deferencia hacia «d g(d»ierno, de (piieu dependerá la aeeptaci('>n de 
aipiella base ([ue ¡londría á su santidad en el caso de hacer efec- 

il) Ariliivii (li-l iniiii.it<TÍci de rclacionir» exteriores y culto. Legajo citado. 



— 310 — 

tiva la, pi'oposici(')u, ]tro])ósito qne uo puede poner.se eu duda en 
aquella autoridad, uo sólo ]>ai'a corresponder á la esperanza de su 
santidad sino para procurar con hi investidura solicitada las mayo- 
res ventajas para los ñelesde aquella jiartedel inun<lo católico (1). 

No está en el archivo del ministerio el ]>royecto de concordato 
que el cardenal Antouelli dio como modelo al agente confidencial, 
y al cual hace éste referencia en su nota al ministerio fechada en 
Eoma á 26 de octubre de 1854. Falta taml)ién el número 5, (pie 
era la cojiia del concordato celebrado con el gobierno de Costa Eica, 
y sólo se encuentra el número (¡, que es la cojúa del concordato 
celebrado con el ministro de (Guatemala en l\oma á 7 de octubre 
de 1852; y en la carpeta está la nota de ])uño y letra del doctor don 
Juan María Gutiérrez, ministro de relaciones exteriores (jue dice : 
« Eemitida de Montevideo ]ior el seuor don Alberto Flanoini, con 
fecha 27 de abril de 1855. 

Del)o advertir que este señor don Alberto Flarigiui era el secre- 
tario del encargado de negocios déla república del Uruguay ante 
lasautasede, don vSalvadorXiménez, y queél mismo legalízala copia 
del proyecto de concordato propuesto por el cardenal Antonelli, se- 
cretario de estado, para que fuese celebrado por el gobierno del 
Uruguay, de manera que la falta de ese documento en el archivo 
del ministerio puede ser suplida por laque mepro])orcionó el señor 
ministro Muñoz del archivo del ministerio de relaciones exteriores 
en Montevideo, proyecto sobre cuyo mérito el agente conñdencial 
argentino no hace la mínima observación, cuando su breve análisis 
basta para demostrar ((ue el gobierno argentino uo podía tomarlo 
como base de negociacic'tn posible. 

El proyecto de convencicui (|ue el cardenal Antonelli di('> al señor 
Ximénez para el gobierno de la república del Uruguay, debió ser 
igual al que proponía al gobierno argentino, puesto ((ue érala 
misma i)ersona la que representaba á los dos gobiernos america- 
nos. Im])osible deferencias, y, partiendo de este hecho, jtrocedo á 
su análisis. 

« Art. 1". La religión católica, apostólica, romana, será siemiu'e 



(1) Archivo di'l iriiuistcrid de rehii-ioiics cxtcrion-s y culto. Lefiiijo ciíndo. Nota en 
itíLli:iiio. 



lii s(il;i rclinii'm (li- lii Kciii'ililici ( iiiciil.il del rniumiy, \ se cnn- 
scrv.-ini con todos los «Icn-chos v pn-rroiiiitiviis d»' (|uc dclu' ndZiir 
scuiiii 1.1 ley de Dios y l¡is disiiosicioiH's di- los s;n:r;idos (•¡'iiioiH's. 
l''J i;(>l>icnio proiiK'tc ;i ella el l'axor \ iirotcccii'ui del nindn iiuís so- 
lemne y ftiraz (1). Tal disposicii'in estaba en contra <le la constitu- 
ei(')n ar.üentina (|ue, aun enando reconoce (|ne la f(di<>ión católica, 
es la i'inica qne sostendiií el tesoro nacional, admite e! cnito pi'ihlico 
en todas las creencias rcliu¡o>as. de manera ipu' no podía pactar 
en nn concórdalo ipic la reliui<''ii cali'jlica sería siempre la sola reli- 
•iión en la líepTililica Ar<>-entina. ponpn- sería opnestck á lo pres- 
«•rijito por la constitnci<'>n. (pie conocía td m-yociador Xiniénez; 
ipiien. en sn olicio ya citado de 'Jli de octnlire de IS.")4. dice sin 
eniliariid ipie la santa sede tn> tiein- diticultad en celeUrar nn con- 
«rordato, remitiendo la copia del ]iroyecto ipte le d¡('i (d cardenal 
Antontdli, y ipie lo Tínico (pu- le Callaba paia el Unen resultado de 
sn niisiiMí, es (pn- se le en\ íen nne\as instrncciones y amplios jto- 
dere>^. 

l'^l aitíenlo'J ' deiproyectodeeotieordato, dice : ^Vrtícnlo 'J". La 
enseñan/a. por tanto, en la nni\ ersidad. coleüios, escn(das pñhlicas 
y pri\ailas y todo ev|;dilecinnenlo de inst rncci('in, ser;i contbrnn' ;í 
la doctrina estricta de la reli¡>i(')n cat(')li<'a. bajo la exclusiva direc- 
<*i(')n y de]tendencia ile la antoridad eclesiástica . Tal pi'etensic'm 
no habría sido aci'pta<la por td f>-ol>ieriio de la eonfederaeión ; por- 
ipn- no i-ra admisible el sonn-timiento de la enseñanza de la jnxen- 
ln<l ;i la direccii'in > dependencia de la autoridad ecles¡;íl ica. 

lícprodnzco (d texto de ese proyecto de concordato y sn leetnra 
denn>strarii ipie no era posible pactar semejante conxenio, sor- 
pit'inlíT'ndome ipu' el ¡Inst rado sefior Xinn-ne/. pudiese decir olieial- 
mente (pH- lo (pn- le t'altal>a pai'a <d buen resultado de su misiini 
eran la> instrnccioin's para c(d(dirar un concordato, cuyo niodido 
era inaceptable poi- e-i a r en oposicíTuí .í las disposiciiun-s c(uist i tn- 
cioiíales. 

Vj\ señor l'laniiini. secretario dtd encardado de neuociii-s del 
Trnunay ante la santa .sede, t'né ipiien t'n\ íT» esos documentos al 
ministio de ndaeiones exteriores en el Paraná, doirtor don Juan 



íll .\rihivii cti'l iiiitiistiiiii <li- ri'laiic)iii-s i-xti-iimi's di- Mmitcvicli'o. 



— 312 — 

ISIavía Gutiérrez, y quien entregó ú su gobieruo el proyecto de que 
(lió breve cuenta. Supongo (pie siniultáneauíeute el señor Xiraé- 
nez daba cuenta oficialmente á los dos gobiernos que representa- 
ba ante la .santa sede (1). 

Comparando el proyecto de concordato dado por el cardenal An- 
tonelli al señor Ximt-nez, encargado de negocios de la república 



(1) Proyecto de concordato dado por el cardenal Autonelli para celebrar ese pacto 
con el gobierno de la repiíblica del Uruguay ; lo reproduzco á continuación : 

« Art. 1°. La religioue cattolica, apostólica, romana, sará seinpre la sola religione 
della Hepubbli<!a Oriéntale dell'Uruguay, e vi si conservera con tutti i diritti e pre- 
rogative di cui deve godere secondo la legge di Dio e le disposizioni (dei santi ca- 
uoiii. 11 governo jiromette ad essa favori e protezione nei luodi piii solenni ed 
etticaci. — Art. 2". L'insegnamento perianto nelle universitá, coUegi, scuole pubbli- 
che e prívate, ed in altri stabilimenti qualunque d'istruzione, saríi conforme alia 
dottriua della stessa religione cattolica, sotto l'esclusiva direzione e dipendenza 
dell'autorita ecclesiastica. — Art. 3". Sará osservata nella stanipa dei libri e di altre 
scritture, la disposizione della sessioue X del concilio lateranense celebrato sotto il 
pontefice Leone X, ed in conseguenza non potranno libri, scritture ed altre consimili 
|irodu/,ioni, venire alia luce senza che Pautoritíi ecclesiastica abbia dichiarato che 
iinlla vi si coutenga contro la religione o la morale. — Art. 4°. In forza del priraato 
del romano pontefice sulla chiesa universale, sara libera pienameute la mutua com- 
niunicazione fra la sede apostólica, i vescovi, il clero ed il popólo, rimosso qualun- 
que ostacolo. Saranuo pui"e i vescovi egualmente liberi nell'csercizio del loro raini- 
stero, e della loro canónica giurisdizione. — Art. 5". Tutte le parroccliie si pro\Te- 
deranno liberamente iu concorso aperto, secondo il concilio di Trento e le susseguenti 
disposizioni canouiche. I parroci, come puré tutti in genere i beneficiati, non potranno 
essere rimossi che dall'autoritii ecclesiastica, ed osservate le forme volnte dai santi 
cauoni. — Art. 6". I parroci proseguiranno a percepire le primizie e gli emolumenti di 
stola. salvo sempre agli ordinarii di regolare coscienziosameute gli uni, e gli altri con 
uno statuto. — Art. 7". La santa sede, in esercizio del proprio diritto, erigerá nuove dió- 
cesi e fara nuove cirooscrizioni delle medesime, secondo che lo richiederá la necessitá 
o l'utilitá dei fedeli. Nondimeno all'evenieuza andera d'intelligenza del governo, il 
(]uale dovrá sommiuistrare la dote congrua peí vescovo e per le spese del culto. Iu 
ciascuua delle nuove diócesi sará istituito un capitolo di canoTiici ed il seminario 
vescovile, proporzionato al numero del clero diocesano ed ai bisogni delle diócesi 
medesime, e per la dotazione occorreate il governo fará le opportune somministra- 
zioui ed in modo che siauo esse decoróse ed indipeudenti. Ció che .si fe detto per 
li' nnovo diócesi, deve aver luogo egualmente in quelle giá erette canónicamente. 
— Ai-t. 8°. 1 seminari attuali, come ancora qualunque altro che venisse stabilito 

nella sttssa diócesi o nelle diócesi che in forza delle antecedenti disposizioni fosse- 
ro novellamcnte erette, dipenderanno pienamente ed esclusivamente dal vescovo a 
forma del trideñtino, tanto per l'istruzione che per il regime ed amministrazione. 

1 rettori e professori di essi saranno liberamente uominati dai vescovi, ed anche li- 
beramente rimossi quando lo giudicherauno utile o necessario. II governo non potra 
iu essi ingerirsi a titolo d'ispezione o di altro qualunque. — Art. 9°. Saranno erette 
egualmente dalla competente autoritá ecclesiastica, nuove parroccljie dove il bisogno 
o l'utilitá dei fedeli lo richiegga. — Art. 10. In sede vacante il capitolo della chiesa 



ik'l L'niyiKiv, \ »■! i|i"' "'i" "' I"'--""' (■<"iii> !i.L;<'iiit' contiilt'iiciiil ilc 
la Kt'piiltlica AriiTiiliiia. (|iicila t'\ idfiiciado la iiiiiici-iliilidad de 
celebrarlo, itoniiu' uiiiüiuii» de los üohieriios citados Imliicra acep- 
tado las condiciones ¡¡roimestas, (|ue liiil)ieran constituido una 
sociedad ultramontana y clerical, contraria, iirofnndaineiite contra- 
ria, á las ideas lilierales de cnos puclilos y sus üdliiernos. Hrrori>ro- 



lattcilrali' lumiiiitTÍi lilieramontp uel termiiin prefisso, ed iu «•onfuriuita <li íniiinto si 
stabilisc." «la! sarro loiuilio ili Treiito, il vkario capitolare, si-nza che possa rivocare 
la lumiina mía volta tatta. .• I'are altra iiiiDva. riniauciido por cousi'Kin'iiza atlatto 
al.olita fiiialsivoglia consuetuaiiio, che sotto (|ualun(iue ooncetto sia contraria a ció 
elle viene ilisp<>4to ilai santi canoni. — Art. 11. La provvista dclle chie.se cattedrali, 
ilelle div'iiitA. dei canouicati e dcgli altri lieuelicii. sará esegiiita a l'.irma dci santi \. 
canoni. — Art. l'J. U tíovemo ricouosce apparteuere alia chiesa tntte le cause che a 
seconda dci santi canoni sonó di natnre ecclesiastiche. c proniette di jíarautirnc 
ad essa il libero diritto ed esercizio. Fra (lueste a l'ornia del tridentino, e delhi 
1>olla doniniatica iiiilon-m fidñ. delta santa memoria di l'io VI. mcritano una specialc 
nienzioue le cause matrimoniati e desli spousali. — Art. 13. Allorquando il triliu- 
nale laico avr:X l>isoguo di estrarre dalla chiesa o da altro luof;o immiine i rei, che 
a seconda dei santi canoni non j;odouo il diritto deirasilo, o di prendere dai detti 
luoghi i cadaveri o altro oj;<;ctto che forme corpo di delitto ; esaminare testinionii. 
o feriti esisteiiti nei Uiojjhi stessi : ne faríi donianda al vescovo. c dietro la sua auto- 
rizzazione. e colle cautele canoniche che saranno ila lui prescritte. allegata in pro- 
cesso l'ottenuta facoUA, potril farlo eseguire. — Art. 14. La chiesa ha il diritto di 
acipiistare o possedere i)er qnalsivoglia };iusto tifolo tanto hiterriroii che caima 
morlif. eil i suoi acquisti e fondazioni verranuo rispettate non solo e garantit* al 
pari delle proprieta di tutti i cittadini delta repubblica. ma favorite net modo pin 
amplio come .si addice a rose ci>nsasrate al culto divini> : e percii) rifiuarda alie fonda- 
zioni. qualunque sia il loro sci>po e il loro nome. non jiotrá farsi ali'una .soppre.ssione 
ed uuioue seuza l'intervento delta santa sede, salvo la facoltíl che competono ai ve- 
seovi a norma del santo concilio di Treuto. Fra le proprietíi garantite in questo arti- 
cido, sonó da annoverarsi le decimeper la esisenza delle quati la chiesa avrí» l'appog- 
KÍo del Roverno. Potra pnre la chiesa amministrare liberamente tutti i snoi beni a 
forma dei .santi canoni. — Art. 15. II governo non impedirá o faríi ostacoto alta ria- 
|..rtnra dei conventi o monasteri giá e.sistiti, o alia fondazione dei nuovi dell'uno 
.• dell'altro sesso. di qnalsivoglia istituto o regola approvati dalla santa sede apostó- 
lica. Le cose poi che rignardono essi regotari. saranno regolate a tenori delle leggi 
cauoniílu- e della costituzione degli ordini resiiettivi ; ed i regolari sti'ssi do\Tanno 
diiieudere dai loro superiori generali. — Art. 1<>. II governo della repnl>blica sonimi- 
nistrerii i inezzi per la propagazione della fede e con versione degli infedeli csi.stcnti 
dentro i limiti dei sno territorio, e non faril ostacoto in modo alguno alie mi.ssioni 
c'.ie con questo lodevole fine giuugono net territorio della stessa repnbldica, auto- 
rizzate dalla .santa congregazione di propai/anda Me. — .\rt. 17. Sua santitii con.sente 
elle venga préstalo dai vescovi e dagti altri ecdesiastici il segueute giuramento : 
« lo ginro e prometto a Dio, sopra i santi evangcli. di obliedire e di essere fedele 
« al governo stabilito .lalla costituzione delta rcpuliblica. in tutto lio che non e 
« contrario alia leggedi Dio e della chie.sa ; e prometto eguatmente di non ingerirme 
« personalmente ue per mezzo di consigli iu progetto alguno che possa essere con- 



fundo era su})ouer (lue el molde medioeval de la Eiu-oiia, podría ar- 
tificialmente implantarse en las re]»nl)licas americanas. 

Más aun : la lectura del concordato celebrado en IS.I'J con el 
representante de (xnatemala, (jue el mismo cardeiuil Antonelli dio 
en copia al agente confidencial argentino señor XinuMiez, no ])o- 
dría servir de tipo jiara un convenio análoyo con la ( 'onfederaci('»n 



« trariíi ;ilhi iii(li[>eiuk-iiza uazioiíalc cil alhi pulililic-a tiiiniiuillitíi ». — Art. lí<. Dopo 
i iliviiii ci(ÍK¡ ii] tuttf K' cliifst' <lcUa n-pulililicn pdtrá tar.si la >ci>Ufiitf pri'ghiera : 

« lloniiiic xiilnuii J'dc ivmpiihlicHin ». 
« Itiiniint' sdlraní t'iic pyafí^UJrm rjiis ». 

Art. Ul. — Siia saiititá luiici-ili' a^ii c^iTfiti lU-lla rcpuliblica le esenzioni e le 
íírazif ciniosoiutf sotto la K''"''i'it"i ilt'iiciiiiiiinziniif <lci iirivilegü castrensi, e la 
uiertesiiiia sua sautitíi pol determiuara iu uu breve, eontemporaneo alia pubbliea- 
zioiie flella couveuzioue, le singóle grazie e(l eseuzioue che iutemle tU concederé. 
— Art. 20.Tntto il resto sn di che in questi articoli non f^ stato provvednto es- 
pressamente, si che appartenga a cose o i)ersoue ecclesiastiche, sara diretto ed 
arnministrato seeondo la vigente disciplina deila ehiesa eattolica, apostólica, roma- 
na. — .A.rt. l'l. I'er la ]>ri'sente convenzione si lianim per abrógate, iu (juanto si 
oppougdUo alia niedesinia. tutte le b'ggi, orilinanze, dccreti proniulgati in qnalsivo- 
glia modo e tenipo nella reimbliliea. !■ qiialuuque cousnetndine aucorchi; immemora- 
liilc, o concessione anchi' a titolcí oneroso, ed ogni altra cosa, che ave.sse bisogno di 
speciale menzione, sempre pero ludla parte o modo che alia medesima si opponessero. 

Esta conforme, Alberto Flnnuini ». E.ste señor Flangini era el secretario de la mi- 
sión del señor Xiniéuez. Fué nuís tarde oficial mayor del ministerio de relaciones 
exteriores, tnvo á su cargo esa misma cartera en diversas épocas como ministro in- 
terino ,v alguna vez como efectivo, y en tal carácter fué jubilado. Era persona muy 
bien concei)tuada y su hijo mayor, don Miguel, desi^nipiTia actualmente el misnu> 
cargo de oticial mayor de relaciones esteriori'>. 

Reproduzco á continuaciiin — á fin de facilitar la comparación entre ambos textos 
.y comprender la política de entoiici-s de la santa sede — el concordato celebrado con 
Guatemala : 

« Su santiilad el sumo píuitilice l'ío IX y el i>residente de la república de Gua- 
temala, capitán general don Rafael Carrera, niunbraron por sus respectivos pleni- 
lioteneiarios : su .santidad á su eminencia el señor don Jaeobo Antonelli, cardenal 
de la santa iglesia romana, diácono de Santa Ágata de Suburra y secretario de 
estado ; el presidente de la repíiblica de Guatemala al excelentísimo señor don 
Fernando Lorenzana, marqués de Belmonte, caballero de la sagrada orden ecuestre 
jerosolimitana del Santo Sepulcro de nuestro señiu' ,Icsucristo, c<imendador de la 
orden pontificia de san Gregorio >Iagno en la clase militar ; caballero gran cruz de 
la misma orden en la clase civil, comendador de la real orden de Francisco I de las 
Dos Sicilias, etc., etc., y ministro plenipotenciario de la república de Guatemala 
. cerca de la santa sede ; los cuales, después de haber cambiado sus respectivos ple- 
nos poderes, convinieron en los artículos siguientes : Art. 1". La religión católica, 
apostólica, romana, continuará siendo la religión de la república de Guatemala, .v 
se conservará siempre con todos los derechos y prerrogativas de que debe gozar 
segi'in la ley de Dios, y la disposición de los sagrados cánones, — Art. 2°. En conse- 



— 315 — 

Aroeiitiua, por las razones que i)rimoramciitf dejo imlieailas, y, 
uo habría sido saueiouado por el eoiii>n's«i ild i';ii;ui!Í. eiiva mayo- 
ría era liberal, profmidaineiite lilteral, y «Man mareadas las excep- 
ciones délos nltrauíontauosclericales. Kl señor Ximénezeraa«¡ente 
eoutídeneial <le ese fi-obierno, y además encaruado de neuoeios de 
la repMlili<'a del Iriimiay : ignoro si con este canicter discutió ese 



lUi-ucia, hi ciiMñaiiza tii las uiiiv.-isidadus, l()U-;;í.>í, osciu-las iiulilicas y i.rivadas. 
y lU-iuiís (■staliU'uiíiiii'iitDS ilc iustnuTión, será louriiriiu" ;í la <l<Ktrina ilf la iiiitiiiia 
ri'liííiiin catiilica. Á i'ste tiu los obispos y ordinarios locales tendrán la lilire diri-c- 
fióu de las i-átedras de teologia y de derecho canónico y de todos los ramos de en- 
señanza eclesiástica, y. á más de la intlnencia «ine ejercerán en virtnd de sn minis- 
terio solire la edncaciiin religiosa de la jnventnd. velarán jionine en la enseñanza 
de cualquier otro ramo no haya nada contrario á la religión y á la moral. -- Art. 3". 
Los obispos conservarán asimismo su derecho de censura sobre todos los libros y 
escritos que tengan relación al dogma, á la disciplina de las iglesias y á la moral 
pública ; y el gobierno de Guatemala, no obstante fpie con sus leyes ha dado ya 
providencias sobre el particular, se compromete á concurrir con los medios propios 
de sn autoridad á sostener las disposiciones que ellos tomaren, conlormc á los .sa- 
grados cánones, para proteger la religión y evitar todo lo que ])ndiere serle con- 
trario. — Art. 4°. .Siendo el pontilice romano el .jefe de la iglesia universal por de- 
recho diviuo, tanto los obispos como el clero tendrán libre comunicación con la 
santa sede. — .Art. 5". El gobierno guatemalteco se compromete á conservar el pago 
del diezmo y á obligar autoritativamente á él ; reconociéndose y siendo esta contri- 
bución .sin la menor reserva, ni aun para el caso de silla ó de bcneticios vacantes, 
Uestina<la en su totalidad para las dotaciones del arzobispado, del cabildo, del se- 
minario y para los gastos ilel culto y de la fábrica de la iglesia nu-tropolitana. Será 
instituida una comisión de eclesiásticos escogidos por el ordinario, si fuese posible 
entre los canónigos de la eateilral. presidida por el mismo ordinario, ó por el vicario 
capitular en .sede v.itante. la cual, mientras dure la vaianic de la mitra il de algún 
beneficio, cobrará y administrará las rentas que corresponderían al arzobispo ó á 
los prebendados, para invertirlas según la necesidad y conforme! al dictamen de la 
misnm comisión en reparos de iglesias ó en limosna.s, ó en otros objetos cuya insti- 
tución ó naturaleza sea religiosa. .Si por circunstancias que no pueden ah<u-a ser 
previstas, debiera hacerse alguna variación en los diezmos, no pt)drú ésta efectuarse 
cunto de derecho, si no es con la intervención de la autoridad de la santa sede, y 
«ub.stitnyendo de cuenta del gobierno otros fondos, de modo que fonuen una renta 
decorosa c ¡nd<-peudiente. tan verdadera propiedad de la iglesia, como otra cualquiera 
lo es de su propietario en los dominios de la república ile Unatemala. Visto que 
el diezmo no ofrece en la actimlidad uua renta suliciente al objeto á ijne está des- 
tinada, el mismo gobierno suministrará de los fondos del tesoro nacional una asigna- 
ción anual. qiU' mantendrá aun después de haberse mejorado los productos del diezmo, 
y que se considerará como un verdadero crédito de la iglesia contra el estado, en 
la cantidad de 4000 pesos, distribuidos conforme á la escala específica que .se halla 
al fin del presente concordato. —Art. 6". Los párrocos, hasta que el gobierno no les 
asigne una congrua segura é independiente, que deberá aprobarse por el ordinario, 
seguirán percibiendo las ¡irimicias y los emolumentos de estola ; cuyos aranceles 
Herán arreglados por el ordinario mismo concienzudamente : y estos aranceles que- 



— 316 — 

l);icto, pero afirmo cine iio fué {ii)robado por el gobieruo de esa re- 
pública. El papel que desempeñó fué, por lo tauto, meramente in- 
formativo, y es sorprendente la ingenuidad del cardenal Anto- 
nelli, tomando una iniciativa poco prudente é inexplicable en 
negociaciones diplomáticas graves, con un simple agente confiden- 
cial, (|uien prohal)lemente i»rofesal)a ideas ultramontanas y una 



darán sujetos á ser revisados euaudo couvenga y aprobados por el ordinario, de 
acuerdo con el gobierno, por el apoyo que él prestará para el cobro de dichos emo- 
lumentos. Existiendo en la rei)ública de Guatemala algunos fondos provenientes 
de los derechos é impuestos llamados de fábrica, el gobierno tendrá la conveniente 
vigilancia á fin de que tales fondos se inviertan b^en en favor de las iglesias, soste- 
nimiento del culto y socorro de los pobres de las respectivas parroquias, sin que por 
esto se eutiend.a un derecho á la adniiuistracirtu de estqs ramos ; y excitará al ordi- 
nario á remediar debidamente los abusos que se notaran en el empleo de ellos. 
Cuando en algunas parroquias faltaran los medios para el sostén de sus menesteres, 
el gobierno, entendiéndose con el ordinario eclesiástico, se compromete á satisfacer 
lo (¡ue fuere necesario. — Art. 7°. En vista de los precitados comprometimientos con- 
traídos, el sumo pontífice concede al presidente de la república de Guatemala y á 
sus sucesores en este cargo, el patronato ó sea el privilegio de presentar para cua- 
lesf|uiera vacantes de iglesia arzobispal <) episcopales, si fueran erigidas canónica- 
mente, á eclesiásticos diguos é idóneos, adornados en todas las cualidades requeridas 
por los sagrados cánones ; y el sumo pontífice, en conformidad á las reglas pres- 
criptas por la iglesia, dará á los presentados la institución canónica en las formas 
acostumbradas. Pero no podrán los presentados intervenir de ningún modo en el 
régimen, ó en la administración de las iglesias, para, las cuales hubieran sido desig- 
nados, antes de recibir las bulas de institución canónica, como está prescripto por 
los sagrados cánones. El presidente de la república procederá á hacer estas presen- 
taciones dentro del término de un año, contado desde el día de la vacante. — Art. 8°. 
Por la misma causa su santidad concede al presidente de la repúlilica el i)rivilegio 
de nombrar en cada capítulo 6 jirebeudas. ya sean de dignidadi's (i canongías <> 
racioneros, exceptuando la primera dignidad que será reservada á la libre elección 
<le la sauta sede, la cual, (jueriendo dar pruebas de consideración al clero de la 
república de Guatemala, ¡a conferirá á un individuo del mismo clero, y la lectora!, 
penitenciaria y magistral, que serán confirmadas por los obispos en concurso de 
oposición, á las personas consideradas más dignas. Serán de nondiramiento del pre- 
sidente las 6 prebendas que primero vacaren de las no exceptuadas, las cuales 
quedarán sujetas para siempre á su libre nominación. La provisión de las restantes, 
cualquiera que fuese su clase y niíniero, corresponderán en adelante á los obispos, 
las cuales una vez llenadas no podrán variarse. — Art. 9°. Todas las parroquias se 
I)n)veerán en concurso abierto, según lo dispuesto por el sagrado concilio de Trento, 
debieudo los ordinarios formar las ternas de los concurrentes aprobados y dirigirlas 
al presidente de la repiíblica, quien nombrará uno de los propuestos conforme á la 
j)ráctica observada hasta ahora. — Art. 10. La santa sede, en ejercicio de su propio 
derecho, erigirá nuevas diócesis y liará nuevas circunscripciones de ellas, según lo 
requieran la necesidad y utilidad de los fieles ; sin embargo, llegado el caso, pro- 
cederá de acuerdo con el gobiiirno de Guatemala. En cada una de estas diócesis se 
establecerá uu cabildo de canónigos y un colegio seminario, proporcionado al nú- 



— 317 — 

sumisión alisolnta ;'i las |in'tensioiu*s de la santa sedi' : pero ini- 
l>otente ¡una iniíxiner esas ideas á los dos oobitMiios (pie reitre- 
sentaha. 

lynoro cuál fué la ulterioridad de esta nejioeiaeioii. ni el tiempo 
(pie ]>erinaneeería en Koma el agente eoutideneial. ]n m los lieelios 
posteriores aiitori/an á atirniar ipie no t'u('- del todo est('ril esa ne- 



miTo «Ifl i'Uio «lidii'siuio y á las ueiesidailes <li' las luiivas (li(iit'si.s. y para la ilota- 
oión, tanto (le las sillas iiiio hayan de erigirse, y de los eabildos, i.-oino para los se- 
minarios, se procederá sobre las bases establecidas para las otras ya existentes, 
poniéndose la santa sede de aeuerdo con el gobierno para que dichas dotaciones 
sean decorosas é independientes. — Art. 11. Se erijfirán igualmente por los respectivos 
ordinarios nuevas parroquias, segiin lo requieran la necesidad de los fieles, prece- 
diéndose igualmente de acuerdo con el gobierno, siempre que fuere necesario con- 
ciliar los efectos civiles. — Art. 12. El colegio seminario metropolitano será conser- 
vado en la diiicesis de Guatemala, y cuando fuesen erigidas nuevas diócesis se fun- 
dará inmediatamente un seminario en cada una de ellas. En estos .seminarios serán 
recibidos y educados conforme á lo prescripto por el sacro concilio de Trento, aque- 
llos jóvenes á quienes los obispos creyeren conveniente admitir, según la necesidad 
y ntilidad de sus diócesis. Corresponde, por consiguiente, de jdeno y libre derecho 
á la autoridad de los prelados diocesanos todo cuanto concierne al arreglo, á la 
enseñanza, al régimen y á la adnii^i.stración de los seminarios, cuyos rectores y 
profesores serán libremente nombrados y renovados por los obispos, cuando lo juz- 
garen conveniente. — Art. 13. En sede vacante el cabildo de la iglesia metropolitana 
ó sufragánea nombrará en el término pretijiído, y en conformidad á lo establecido 
por el sagrado concilio de Trento, al vicario capitvdar, sin poder revocar el nom- 
bramiento una vez hecho, ni hacer otro nuevo : quedando, por consiguiente, abolida 
cualquier costumbre que fuese cimtraria á lo dispuesto por los sagrados cánones. — 
Art. 14. Las causas couceniientes á la fe, á los sacramentos, á las funciones y á 
los derechos anexos al sagrado ministerio, y en general todas las causas de natura- 
leza eclesiástica, pertenecen exclusivamente al jnicio de la autoridad eclesiástica, 
según la regla de los sagrados cánones. — Art. 15. Atendiendo á la.s circunstancias 
de los tiemiios, la santa sede consiente eu que se deHeran á los tribunales laicos las 
causas personales de los eclesiásticos en materia civil, así como las concernientes 
á las propiedades y otros derechos temporales, tanto de los clérigos como de las 
iglesia.s, de los beneficios y demás fundaciones eclesiásticas. Pero si las demandas 
fuesen entre todos eclesiá.sticos, podrán los obi.spos intervenir como arbitros, con 
el fin de dirimir la.s diferencias ó conciliarias, sin cuyo requi.sito previo y constan- 
cia legal de no haber bastado este arbitrio, ningún tribunal del estado podrá ver 
ni dar curso á las demandas. — .\rt. 16. Por la misma raziin la santa sede no hace 
dificultad á que las causas criminales de los eclesiásticos, por delitos perseguidos 
por las leyes de la república extrañas á la religión, sean deferidas á los tribunales 
laicos ; pero eu los juicios de segunda y de últinuí instancia, entrarán á hacer parte 
del tribnnal como i'onjueces al menos 2 eclesiásticos nombrados por el ordinario. 
Estos jnicios no serán públicos y las sentencias que resultaren de ellos, en caso de 
condenación á pena capital, aflictiva ó iufamant«, no .se ejecutarán sin la aproba- 
ción del presidente de la república, y sin que el respectivo obi.spo haya cumplido 
previamente cnanto en tales casos se requiere por los sagrados cánones. En el arresto 



— 318 — 

gociació}!, puesto (lue ^ino al Paraná, donde le conocí personal- 
mente, monseñor Marino Marini como (lelegado ai»ostólico, y 
l)ermaueció en la (•a[)ital provisoria hasta la disoluci<jn del gobier- 
no nacional, como ya lo he referido. 

Se me asegura (|ue el señor Salvador Ximénez fué i)ortador, co- 
mo oltseipiio con (jue su santidad cpiizo demostrar estimación al 



y (leteucióii de los eclesiásticos se usarán los iiiiriuuieutos convenientes á su carácter, 
flebieudo ihirse pronto aviso de dicho arresto al obispo respectivo. En la disposición 
contenida en este .irtículo siempre se entienden excluidas las causas mayores, las 
cuales son reservadas á la santa sede, conforme ú lo dispuesto por el concilio de 
Trento, secciún 24 de reformas, capítulo V. — Art, 17. Siendo los ordinarios entera- 
mente libres en el ejercicio de su ministerio, jiodrán, conforme á la disciplina vi- 
gente aprobada de la iglesia, corregir y poner ]iiiias adecuadas á los eclesiásticos 
por faltas á los deberes de su oficio y por las de su conducta moral. — Art. 18. La 
iglesia tiene el dereclio de adquirir por cualquier titulo justo : sus adquisiciones y 
las fundaciones piadosas serán respetadas y garantidas á la par de las propiedades 
de todos los ciudadanos guatemaltecos, y, por lo que toca á las fundaciones, no se 
podrá hacer ninguna supresión ni unión sin la intervención de la autoridad de la 
santa sede, salvas las facultades ijue competen á los obispos, segúu lo dispuesto 
por el sagrado concilio de Trento. — Art. 19. L,i santa sede, en vi.sta de las circuns- 
tancias actuales, consiente en que los fondos ó bienes eclesiásticos sean sometidos 
á las cargas publicas á la par de los bienes de los ciudadanos guatemaltecos, ex- 
cepto siempre las fábricas dedicadas al culto divino, es decir, las iglesias. — Art. 20. 
Atendida la utilidad que resulta para la religión del presente concordato, el santo 
]>adre, á instancias del presidente de la república de Guatemala y por proveer á la 
tiauquilidad pública, decreta y declara que las personas que durante las vicisitudes 
(lasadas hubiesen comprado bienes eclesiásticos, ó redimido censos de los dominios 
ili' illa, autorizados por leyes civiles vigentes en aquellos tiempos, tanto los que se 
liallaii en posesión, cuanto los que hayan sucedido ó sucedieren de derecho á los 
diihos 1 iiiiipr.idoi'fs, no serán nuilestados en ningrín tiempo ni ninguna manera por 
su Naiitiilad. ni jior los sumos pontífices sus siicesores : gozíirán segura y pacífica- 
mente de la propiedad tle dichos bienes, de sus respectivos emolumentos y pro- 
ductos, siendo entendido que no se renovarán esas erogaciones abusivas. — Art. 21. 
.Se conservarán los nu)nasterios de regulares de ambos sexos actualmente existentes 
cu el territorio de la república de Guatemala, y no se impedirá el establecimiento 
de otros. Las cosas relativas á los regulares serán arregladas según se halla esta- 
blecido por las leyes canónicas, y por las constituciones de las respectivas órdenes. — 
Alt. 22. El gobierno de la república de Guatemala suminústrará los medios ade- 
cuados para la propagación de la fe, y para la conversión de los infieles existentes 
di'Utro de los limites di- su territorio, y proveerá el establecimiento y progreso de 
las misiones qtie con t.an laudable objeto llegasen al territorio de la repiíblica por 
la sagrada congregación de la propaijanda fide. — Art. 23. En vista de la declaración 
del go))ierno, emitida por medio do su plenipotenciario, en cuanto al juramento, de 
(jue no es su numte obligar en c<mciencia á <iuieu lo preste en cosa contraria á la 
ley de Dios y de la iglesia, sn santidad consiente en que los obispos, los vicarios 
capitulares y demás eclesiásticos lo presten en la forma siguiente : To juro, y pro- 
meto á Dios nobre Ion santos evangelios obedecer y ser fiel al ¡/obierno establecido por 



|iri'si(lt'iilc uciit'iiil riqiiiza, (le un itciiiu'rm i-n.-iilrito miüiiiiil de 
l{at:u>I, \ ;iilrin;is (le la roiulecoracii'ni ilc la nnlt-ii |iniilili(ia. Kl 
prt'sidtMiti' l'n|iii/a soliciti'i (U'l coiiüicsti del l'aiaii.i el pt-iiiiiso 
para act'ittaria. y 1«' i'iit'- coiict'didí) por ley de "_'."« dcjiniin de IsriC». 
V.U r\ clUM) de fslf lilui> tclidl'('' ocasic'iii dr dcllKisIrar tplc el 
scñdi- XiiiH'in'z lili liK- tdtnadd al raii^d de diploMiiilicd arüfiitiiin, 
y fiu' iKiinlirado td ductm- Allienli, iiiiiiistni aij;ciitiii<i ante varids 
üdliiiTiios ciirdiici». y ('-nIc lid dÍM'iiti(') ni cflcliri'iconcdidatd, anii- 
qiii' tiH' ;i líniíia en su cariífit-r dr ciiv iailo cxliaordiiiarid y iiiiiiis- 
lid plciiiiiuifiiciarid. 



/ii coHHlituriiiii <if la n¡>iihlicii rfc (iiuilemulii, >j ]ii órnelo unimismo iio iiiiirrirme ¡)ersonal- 
mentr ni por meilio de coiimjon. rii piojieclo iilijuno (/«<■ ¡iiieda xer eonlraiio á la inde- 
peiidmcia iiarional ó <¡ ta iniiniiiilidad pública. — Art. 21 . llispnós (li> ios nliciiis ilivinos. 
rii tmlns la» i};K'si;is «le la ropiiblioa ili" Guatemala se liará la siiriiiniti- (iración : 

Domine «i/rniii fae rempulilicam. 
Domine micam fav pracsidem ejiís. 

Art. 25. Su santidad cimoiMli- íí los t-jcrcito.s de la república «le Guatemala la.s exen- 
liiines y ¡;r!»cia.s niuiieidas Viajo la denomiuaeióu do privilej;io8 castrense.s, y deter- 
miuarú despué.'* eu uu breve, c-outemporáueo á la publicaeióu del eomorduto, cada 
una de las gracias y exeuci<uies(|He entiende conceder. — Art. 26. Todo lo que no .se 
baya arreglado expresamente jior los artículos, sea que jiertenezcan :í i'osas ó íí per- 
stuias eclesiásticas, será dirigido y ailniinistrado conforme á la disciplina vigente de 
la iglesia católica, apo.stúlica. romana. — Art. 27. Quedan abrogadas jior la presente 
eonveneiiln t<idas las leyes, ordenanzas y decretos pronnilgados de cualquier modo 
y en cualquier tiempo, en cuanto se opongan á ella, eu la república de (iuat-emala, 
y la dicha convención se considerará como ley del esta<b) cpie debe tener fuerza y 
valor para en ailelaute. — Art. 28. El presente concordato será ratilicad» por anillas 
partes, y la.s ratificaciones cangeadas en Roma dentro del término de 18 meses, ó .an- 
tes, si fuese posible. — Art. 2!l. Luego que fuesen canjeada.s las ratificaciones del 
presente concordato, su santidad lo confirmará con sus letras apo.stólicas. En fe de 
bi cual, los respectivos plenipotenciarios lo han firmado y sellado con sn sello. He- 
cho en Koma á 7 de octubre de 18."i2. (Firmado.) 

fíncala eupeciliea «le la asigiiai'ióu suplementaria de i|ne se halila cu il artículo 't". 
\\ ilustrisimo y reven-ndo arzobispo, 1000. .\ cada una de las ."> dignidades, 300 
pesos, l.")00. X caila uno de los ."i canónigos, 200 pesos. 1000. \ la fábrica de la 
iglesia nn-tropolitunn, ."lüO pesos. Suma, 4000 pesos, liorna, á 7 «le octubre de 18.52. 
Ks copia, liorna, 26 «le octubre de 1854. -- Salvador Ximeiie:. (.\rchivo ilcl ministe- 
rio lie relai-iones exteriores y cnlt<i. Leg.-ijo único.) 



('Al'lTlLO Xl\' 



CKEAt'ION DEL ORISPADO DEL LITOIJAL. LEY DEL CONGRESO DEL 
PARANÁ DE SEl'TIEMBlíE DE 1855. NARRACIÓN DE LO ACON- 
TECIDO. 



V Hl sfiiiiílt) y cáiiiMia (k' <liputii(lns de I;i ('(Hil't'ilcriicioii Arut'ii- 
tina, reunidos cii coiiüíeso, saiiciouiin con liu'iza de ley : Art. 
1". Se autoii/a al [loder ejecutivo pava proceder, por los trámites 
civiles y canónicos, á la erección de una nueva di('tcesisd( iioinina- 
da dióirais litoral, compuesta de la jMovincia de Santa Ke, Corrien- 
tes y Entre Ríos (hoy territorio t'ederali/.ado), (|uedando á las pro- 
vincias nombradas sólo el derecho que tiene declarado el artículo 2" 
de la ley de 23 de julio del corriente año. — Art. 2 ". El poder ejecu- 
tivo propondrá o])ortunamente al congreso las sumas necesarias 
para la conurua dotación de la iglesia, su prelado, funcionarios 
eclesiásticos y demás necesario á la organización y servicio de hi 
nueva ilii'>cesis. — Art. •'» '. Cnniunítiuesf. Sala de sesiones del se- 
nado á 25 deseiitiemlirede 1S55. DeitartanuMito de culto. Paraná, 
srptionbn- .'iO (li l^úo. Kl vicepresidente de la Confederación Ar- 
gentina: Art. 1'. Téngase por ley de la Confederación Argen- 
tina la anterior sanción del soberano congreso federal. — .\rt. 2". 
Comnní(|uese, avísese y dése al registro nacional. Cai;i;il. ./idin 
Marta (iatii'rnz (1). 

Transciu-ren algunos meses sin ipn- purda decir en que estuvo 
detenido el curso (h' la precedente sanción, y en 14 de octubre 
de ls.")(; el niini>tro de justicia, culto é instrucci<'>n pública, dóc- 
il) Archivo lU-l iiiiiiistiTÍo lU' rolacioni-s i-xtiTÍores y culto. Legiijo litiulo. 



— 322 — 

tor don Juau <lel f'ampillo, dirige la siguieute nota al ministro» 
de relaciones exteriores don Bernal)é Lói)ez : Debiendo impe- 
trarse de nuestro santísimo padre el sumo pontíñee de Eoma, la 
bula de erección del obispado del litoral ccmíorme á la ley que 
en copia legalizada adJuntol)ajo el número 10, juzgo de mi deber 
suministrar á Y. E. todos los datos necesarios á este objeto, para 
(pie su santidad i)ueda proceder ccm perfecto conocimiento de tan 
importante asunto. Adjunto asimismo un expediente original 
sobre la estadística religiosa de las provincia de Entre Ríos, Co- 
rrientes y Santa Fe, (pie deben formar la di(')cesis del litoral, y ba- 
jo el número ."J, copia autorizada de la ley (pie ñja las dotaciones 
y demás gastos de las iglesias catedrales de la Confederación. Me 
permitiivtambiíén, con este motivo, hacera Y. E. algunas obser- 
vaciones sobre estos documentos, en elintertís de (pie sean eleva- 
dos á nuestro santísimo padre, como fundamento de la solicitud 
del gobierno argentino sobre la división del obispado de Buenos 
Aires y ereccií'm del i>ropuesto para el litoral. Y. E. sabe de noto- 
riedad que la dilatadísima extensión (pie abrazan las 3 provin- 
cias nombradas excede de 30. 000 leguas cuadradas de superfi- 
cie, comprendiendo en ello el desierto del gran Chaco, y que la 
población no puede estimarse en menos de 220.000 almas. Con 
respecto á lo primero bastará una carta geográfica para compro- 
barlo, y aunque para el cálculo de su i»ol)lación no podemos refe- 
rirnos á ningún dato oficial moderno, se puede no obstante ase- 
gurar su ai»roximaci(')n teniendo en cuenta los censos anteriores y 
las demás circunstancias que obran de día en día en aumento pro- 
gresivo de [)oblación, por la corriente de inmigrantes que se derra- 
ma en estas regiones. Estos datos, (pie a(pií se han vulgarizado 
tanto en la población de todo género (pie han visto la luz, están 
aun más precisados en el Ahuaiiaqiíc luidoiial <1<;1 doctor 3Ioussy, y 
me atrevo á recomendarlo por este motivo, como un complemento 
á todos los conocimientos (pie pudieran desearse á este respecto. 
Con relación á las pensiones asignadas á los cai)ítulos y otros gas- 
tos de las iglesias, observaré taml)i(^n (pie, no obstante la angustia 
de nuestro naciente tesoro, se han lijado asigiuu-iones (pie no se 
han conocido mayores de 30 años atrás, cuando la iglesia se sos- 
tenia de los diezmos. Aun antes de la supresión de éstos, reci- 



— 323 — 

l)i(') soliic si el <;(>l)it'ni(> la obliüaiMÓli «le paliar los nastcisdcl culto, 
lo (\\\o lia mejorado eu extremo su condicitMi Ts'o se lia asiy-iiado en 
la lc\ una t-antidad tija ]iava los seiiiinarios, |H)ri|tH' no se lia <|iie- 
lidt) liiiiilar e>los nastns ,i mía suma iiidcciinalilc. y dcliicndo rcs- 
jionder ;i ellos el tesoro naeioual. lia dclcriiiinado ];i ley (•aiciiiarlos 
anualmente en el iiresupuesto (|ue ha de reblar los de toda la ad- 
ministraeión, y para encarecer á V. E. la seuura narantía (|ne estos 
objetos tienen en la conciencia del coiiyreso arüciitino, me permi- 
tiré recordarle una circunstancia elocuente y notoria : <pie, eu el 
presupuesto del añopr('ixiino IS,")?, ha vota<lo el eoníi'reso mayores 
sumas para el servicio del culto (jne las «pie liahía pe«lidoel «iobier- 
no y los mismos prelados de las ¡niesias. Héstame alnn"i hahlai de 
consideraciones de otro «iénero, y más iio«lerosas y urücntcs aun 
«pie las menciomnlas. Kl ü-obievno ar<ientino, al ex|ionerlas, trata 
«le salvar la n'sponsaliilidad de su conciencia ante Dios, y la de su 
opiíiii'iii ante los pueblos. Las nuevas instituciones «pie el ]iaís ha 
jurado, el esiiíritu incontrastable de la época, han d«'struí«lo las ba- 
rreras que «leteuían el curso de la inniii>raci<'»n euroiiea hacia estos 
benignos climas: hombres de to«las partes «leí niiindii y Indas ciccii- 
cias lleyau á las costas de nuestros ríos buscando un hoyar: pla- 
nes y «-mpresas de coloiii/.acii'm están en la mente «le todos. Si en 
estas cir«*nnstancias se hallase «)r<>auizailo la iiilesia d«d litoral y 
provistas «le pastm-es las «lemas «le la conte«leración, temlría en 
ellas el íi«)l>iern«t un i»«)der«>so auxiliar ]iaia l'omciitar por todas 
¡•artes en las ]ioblaciones y colonias el sentimiento cat('ilico, como 
asimismo para la rciluccii'm de los indios sahajcsá nuestra creen- 
cia, i»or me«lio «le un sistema de misiones «pie pront«) va á estable- 
cerse. La iirlesia «le Km-iios Aires, someti«la ;i un <;<)bierno rebela«lo 
«•ontra la aiitoriilail nacional, lejos de venir en iinestraayiula, cor- 
tejaría más bien las me«li«las hostiles de nuestros InMinanos rebela- 
«los: sería (á su pesar tal vez) un resorte político, una má«|uina «le 
fiuerra civil en jioiler de nuestros enemi<>os. Kl í>«)biern«» nacional 
jamás «•onsentirá, i»«)r otra parte, «pie un obispo ejerciese ninguna 
juris«lisc«a('(n ni influencia allí mismo donde él «lesconociese la so- 
berana aut«)ri«lad «le la naciiín. Tal es, sefnir, la situaci«')n en que 
el «robieruo arii'entino pide á nuestro santísimo pa«lre la erecc¡«')n 
«li' la di<'icesis del liiuial y la provisiiui de las demás de la confe- 



deracióu, ofreciéndoles el tesoro uaoionalparasxi sostén, conforme 
la constitución y las leyes, y tal es el fin con que remito á Y. E. 
cuantos datos puede desearse para inclinar á nuestro favor el áni- 
mo ilustrado y piadoso de su santidad. Otra, división se ha operado 
ya de la diócesis de Córdoba, para fundar el nuevo obispado de 
San Juan, sin haber tenido tantos (hitos (|ue la aconsejaren, y más 
bien inconvenientes serios (pie la resistiesen enaípiel tiempo (1). 

En esta nota no se hace referenciíis ala exploración ante la san- 
ta sede por el agente confidencial señor Ximénez, y, sin embargo, 
están visibles que las indicaciones que hizo entonces el cardenal 
Antonelli habían sido cum]didas, especialmente y aute todo, fijar 
la congrua para los obispos, senado del clero, seminario conciliar, 
como condici<')n previa para crear nuevas diíjcesis, y proveer los 
oljispados vacantes de Córdol>a, Salta y 8an Juan de Cuyo. Y 
tampoco se hace referencia ([ue el cardenal estaba conforme en di- 
vidir la diócesis de Buenos Aires, y crear la del litoral, porque en 
la nota debió c(ui justicia hacerse referencia de estos antecedentes, 
que eran garantía del éxito. 

Conviene que recuerde que monseñor jVIarino jMarini, delega- 
do apost(')l¡co residente en Eío de Janeiro, expidió un breve en que 
concedió al doctor don Gregorio Baigorri, vicario capitular y go- 
bernador del obispado de Córdoba, la facultad de consagrar cálices, 
patenas y altares ])ortátiles, ])ero con óleos sagrados y consagrados 
l)or un obisi)0, y el gobierno nacional expidió el exequátur en el 
Paraná á 10 de junio de 1855. 

Bl ministerio de relaciones exteriores, por oficio dirigido del 
Paraná en !> de junio de 1853 al doctor Pico, cónsul general ar- 
gentino en J^Ionte^■ideo, le recomienda al reverendo padre fray 
Mario Bonfiglioli, (püen va encargado ]»or el gobierno nacional 
de luia misic'in religiosa cerca de la curia romana, <; advirtién- 
dose que en esa fecha permanecía aun en IJoma el agente confi- 
dencial señor Ximénez >. 

Xo es posible seguir la historia de estas uegociaciones ante la 
curia por lo incompleto del archivo (pie se conserva en el ministe- 
rio de relaciones exteriores y culto. 

(l) Archivi) (li'l Miinistcrio ilc ivliu'ioiio.s exteriores y culto. Legajo eitiulo. 



CAlMTllJ» XV 



MISIUX ((iNFIAUA I'OK KL c;OBIKK>0 ARGENTINO AL DOCTOR DOX 
.HAN B. ALItKHDI ANTE LA SANTA .SEDE. MEMOlíANDl'M DIUK;!- 
DO AL .SANTO l'ADUE. CORRESPONDENCIA OFICIAL. 



Consta otifialuifiilf (|iif en enero do l.S."H), el doetor AUteidi 
investía carácter diplomático ante su santidad Pío IX ; eu prueba 
«le ello reproduciré la extensa nota lirniaila ]»or el ministro de rela- 
ciones exteriores doctor don .Juan María (intiérrez y dirigida al 
encarjiado <le nejicicios de la Confederación Ai'gentina cerca de los 
ffobiernos de Francia, luglaterra, Espiíña y E.stados Unidos de la 
América del Norte «loctor don Juan B. Alberdi, dice así: < Paraná, 
inirv 10 (le l^oO. En las instrucciones dailas á .*<. S., para el des- 
euijiefio de su misi«')n en Europa, se preveía el caso de alguuos 
arrefflos relativos á necesi«lades espirituales (|ne debían satisfa- 
cerse con pleno a.sentimiento del sumo jiontítice. Al constituirse 
el país y al ponerse en acción todos h)s medios de orden, no podía 
el gobierno nacional mirar con indiferencia la larj[>a viudez de las 
ifrlesias correspontlientes al territorio de la confederación, y por 
tanto S. E. el sefuu- ¡¡residente, usanilo de los derechos de patro- 
nato y sujetándose á las prescripciones de la constitución, solicitó 
del senado la presenta<'i<'>n ile la terna para proveer las vacantes 
de obispos diorcs;iii()s de .'<alta, ( 'i'n'doba y San .luán de Cuyo. 
S. .S. se inijiondrá de todo esto por las leyes y decretos, que en 
testimonio van acompañailas á e.sta nota, y llamo especialmente 
la atención de .s. s. á las (jue se refieren á la erección del obis- 
pado del litoral y al nombramiento de pastor (pie ha de ocupar 
esta sede. A más de los estímulos del cumplimiento de su deber, 



S. E. el señor presidente ha recudido en varias ocasiones indica- 
ciones respetaldes de la corte romana para la provisicjn de algunos 
de esos mismos obispados; de manera qne cuando S. 8. eleve al 
conocimiento del pontífice los objetos que se le encomiendan en 
esta nota, será escuchado con la paternal benevolencia que liasta 
ahora ha manifestado su santidad hacia los asuntos recomendados 
por S. E. el señor presidente, desde la época en que era gobernador 
de Entre Ríos. IMuchas dificultades materiales se han presentado 
para (|ue el goljíerno i)udiera hallarse en estado de ocurrir á su 
santidad dándole cuenta de acjuellos nombramientos y solicitando 
las bulas é investidura canónica de los o))ispos electos; y ahora 
mismo sólo puede remitirse á 8. >S. los antecedentes para ne- 
gociar la erección de la diócesis del litoral y las bnlas para el 
prelado de Salta, doctor don José Colombres. Con respecto al pri- 
mer punto, debo entrar en algunas consideraciones que S. 8. po- 
drá tomar como base para fundar y sostener la resolucicjn tomada 
p<ír el congreso legislativo en fecha 25 de septiembre de 1855, 
de la cual acompaño también una copia legalizada. Las provincias 
argentinas abrazan una vasta extensión, y sus capitales se hallan 
muy apartadas entre sí. La forma federal bajo la cual se han cons- 
tituido definitivamente, establece entre ellas cierta independencia 
que es preciso tener presente y que obliga á dotarlas de todos los 
medios necesarios para su gobierno y bienestar particular. Agre- 
gúese á esto la situación política asumida por Buenos Aires con 
respecto á sus hermanos, situacicui (jue es de tomarse en cuenta, 
pues la ciudad de Buenos Aires es la sede del obispado de la santí- 
sima Trinidad, que comprende alas provincias de 8a uta Fe, Entre 
Kíos y Corrientes, hoy confederadas y sujetas al gobierno nacio- 
nal y a la constitución de mayo. Las distancias excesivas que sepa- 
ran á las poblaciones de estas provincias de la ciudad de Buenos 
Aires, sin duda las ha. ¡¡rivado hasta aipií de la visita de su pastor, 
á tal punto cpie si la previsión paternal <lel soberano pontífice no 
hubiese munido al señor delegado don Leonardo Acevedo de la 
facultad de confirmar, se hallarían hoy, cuando menos, dos gene- 
raciones sin participar de acpiel indispensable sacramento. El 
señor obispo Escalada manifiesta seguir la misma senda que su 
antecesor, cometiendo, sineml)argo, la incalificable contradicción 



— 327 — 

«li' iliviiiirse eu su mi'iU-tt'r ei>isro|ial ií liis deleiiudos eclcsiástifos 
(le las in-ovincias litontUs, revalidándoles sus eomisiones y eu<'ar- 
üos. sin dirigirse al Jete supremo de cllus aiili- (|iiieii no lia solici- 
tado el iiiilis|ieusal>le ixit/Xíitiir de su liula. conleiil.iMdosc <-(»u el 
que le lia aeordailo el üoliieruo de üuenos Aires, ante el eual lia 
])restado juramento de tidelidad y oltedieueia. Kstos aetos son ju'i- 
lilieosy nolorios : la preu^a peri(')dica lia dado cuenta de ellos, pero 
no lian llegado tilicialiiiente ;i e(Uiocimieiito de nuestro noUierno. 
( 'onsideraciones, ¡uies, de todo género liaeen indispensalile, para 
el mejor arrcülo es|iiritual de este país y ]»ara rejiularizar su orden 
económico, la creación en toda forma de la diócesis del iitoral, 
aceña de cuya importancia, extensituí y recursos, intórinarán á 
S. ."Ñ. los datos esta<lísticos (pie van adjuntos á esta nota. Los 
estudios de esta clase no son fáciles de hacer entre nosotros; ])ero, 
sin emliariio. los (pu' c(unuiiico á S. S. son oticiales, ]»uesto (pu' 
lian sido [lasados por los delegados eclesiásticos á la oticiiia del 
ministerio del ciüto, actualmente á mi carji'o. Hl <¡'ohierno na- 
cional recomienda p(U' mi ciuiducto á S. S. (pie, á la mayor l»re- 
x'eilad ]iosilile. en presencia y estudio de los documentos (pie se 
acompañan y con el celo y talento (pie distinguen á S. 8., se sir- 
va iiresentarse en líoma. con el íin de recabar de su santidad la 
sanción canónica y las Indas para la erección de la di('>cesis del 
litoral, irrevocalilemente creada por los otros jioderes de la naci('m 
íirffentina, en uso regular de sus ]ireiTo<iativas y en atcnciini á las 
urgentes necesidades esjtirituales de esta jtarte de la confedera- 
ción. Xo hay motivo para no coiiliar en la l'avoialile acogida (pie 
esta sídicitud ha de alcanzar del jiadre de todos los liides católicos, 
así c(mioesiiero (pie, si los documentos y antecedentes (pie se re- 
miten, ofrecieren algún vacío para a(ptel (d)jetü, se ser\ irá S. S. 
completarlos con el conocimiento (|ue le asiste de las peculiarida- 
des de nuestro país y del derecho (pie nos rige en aípicUas mate- 
rias y ipie S. S. hará valer cun el tino, la moderación y la eti- 
cacia. con (pie el gobierno nacional desea rexcstir tuihis sus 
actos públicos. La contianza antes inanifesta(hi puede fundarse 
taiiil)i(''n en algunas reservas (pie notará S. S. en la bula ex- 
pedida á favor del olús])!» de líuenos Aires, reservas (pie señalo 
al iiiarucn del e¡cinplar iin]ireso de dicha bula y (pie hallará 



— 328 — 

S 8. eutre los dociimeutos anexos á esta nota. A más, verá 
S. S. en la copia de la nota fecha 26 de octubre de 1854, del 
agente confidencial en Eoma (art. 4") ([ue la santa sede se halla 
dispuesta á arreglar en lo posible la circunscripción de las diócesis 
á las sociedades civiles. La persona electa por S. E. el señor presi- 
dente para desempeñar el cargo de obispo y i»astor de la iglesia del 
litoral, es el presltítero don Juan Leonar<lo AceA'edo, delegado 
eclesiástico en la antigua provincia de Eutre Eíos. El nombre y 
mérito de tan recomendable sacerdote son conocidos en la curia 
romana, como S. S. podrá deducirlo de las bulas que se mencionan 
en la adjunta relación de los merecimientos del obisi)o electo, 
(]uien ha consagrado largos años de su vida, ya madura, al cui- 
dado espiritual de los fieles de las provincias litorales, en virtud 
de autorizaciones es]jeciales que en diversas ocasiones ha mere- 
cido del obispo de Buenos Aires y de su santidad, con inequívocas 
muestras de confianza y de benevolencia. kS. E. el señor presidente 
ha creído que, á más de las razones expuestas y de las expresas 
que hará S. S. para alcanzar de la corte romana la gracia que de 
ella solicita, sería conducente al mismo fin elevar sus preces per- 
sonales y sus recomendaciones en los términos que aparecen de la 
nota reverei>te que, firmada de su mano y refrendada por su minis- 
tro de relaciones exteriores, va adjunta á esta comunicación para 
ser entregada oportunamente al dignísimo soberano de la iglesia 
católica. Me parece oportuno informar á 8. 8. que el agente con- 
fidencial en Eoma, don Salvador Ximénez, fué nombrado en ese 
carácter para solicitar á favor del delegado eclesiástico en esta 
provincia de Entre Ríos, algunas autorizaciones en remedio de los 
perjuicios que traía la lejanía del obispo de Buenos Aires. Dicho 
agente ha desempeñado satisfactoriamente los encargos que se le 
cometieron; pero, deseándose que el funcionario que intervenga 
en la presentación de los obispos, se apersone ante la corte romana 
en el carácter más digno y honroso para nuestra república y para 
la alta dignidad del pontífice, se ha creído que no debía darse parte 
en estas negociaciones al agente confidencial, con el cual será útil 
que S. S. guarde toda consideración y amistosas relaciones, va- 
liéndose de las conexiones que él pudiera tener con los emplea- 
dos de la curia : todo con la circunspección (pie está demás reco- 



— 329 — 

meiular á S. S. Jjos oliispos (|iu' (U'luni ser iii«'st>nta(los son los 
de Salta, Cónloha, San .Inaii <le Cuyo y litoral. Kl señor ol)isi»o 
eleeto «le Snltn lia rcinilidu mi f\|M'il¡ciilc ram'niifo \ mía unta i)ara 
sn santidad, i|iic iiicliixn ;i S. S. para los ctrclos (•(•iisiüuiciilfs. 
Losoldspi» iioiiilnailos para dndolia ,\ San .liian iin lian licuado 
atpiel requisito, y será [treeiso esperar á quv remitan el expediente 
(le sus eaiiilades y servirlos, si es (|ue S. S., haciendo valer los 
deeretos, leyes y demás documentos adjuntos, no consigue recaltar 
inmediatamente bulas de ("uyo y de Córdoba > (1). 

l'or el tenor de este olieio, apareee (pie estaba previsto que el 
doetor don Juan liautista Alberdi, nombrado modestamente en- 
car<>ado de iien'oeios cerca de varios uobiernos eurojieos y de l(»s 
Estados Unidos, tuviese ipie iniciar iief>oeiaeioiies diplomáticas 
ante el papa l'ío IX, ante (luien estaba acreditado como auente 
eontidencial don Salvador Xinu'nez, jior cuya coirespoudeiicia — 
(pie queda reproducida. — consta (pie el cardenal Antonelli le di(') 
1111 proyecto de concordato, y como antecedentes losceleltradosc(Ui 
Costa lUea y (iiiatemala, modelos que el gobierno ar<íeiitino no 
podía aceptar por contener prescripciones contrarias á la eonstitu- 
ci('»n nacional, y además, ponjue tales pactos oriianizaban una 
sociedad civil fuera de la libertad íiaiantizada por la const¡tuci(')n, 
suliordinando la instrucci('>n á una intervencii'ui y vi;>ilaiicia de los 
obispos, (pie el coufireso del Paraná habría se<;uramente rechaza- 
do, lo repito una vez más. El doctor (riitiérrez separa de las iilte- 
rioridades á ese af>(Mit(' y confía la nestoeiacii'ni al doctor Alberdi, 
princi]talmente para ipie se proveyere de obisjios las dii'x-esis \ a- 
oantes y se aprobare camuiicamente la di()cesis del litoral, irnvo- 
(•«ft/tmcH/c ereada por las autoridades nacionales, dice en su nota 
dirigida al doctor Alberdi. 1>I ministro de relaciones exteriores se 
funda en el dereeho de patronato, derecho incuestionable desde 
<|ue el tesoro nacional costea el culto y los ¡trelados, senado del 
clero y seminarios. 

Sin embar<íd, el ministro no retira la comisii'm coiitideneial (Uuhi 
al señor XiiinMiez, ([iiien, una vez que diplomáticanienie intervi- 
niese el doctor Alberdi, quedaba de tacto doautoiizado para con- 

(1) Archivo ilfl iiiiiiistiTiii ilr ivlacioiii-s exteriores y culto. Le^:ijo citailo. 



tiuuar l;i negociación del proyecto de concordato (luc le pioimso 
él cardenal Antonelli. 

Alberdi, desde Roma, con fecha 'J.") de mayo de 1S.")(; dice: líl 
1 4 de mayo presenté el i)ícíHoíYníí/i(»í al cardenal Antonelli; y el 
1 (i le dirigí nna nota, pidiéndole me acusase recibo de él y de los 
o decretos dejados en copia, sobre proitosici(')n de una dié)cesis 
nueva y de 4 obispos, así como el de la estadística de la nueva 
diéx'esis. Le Hcomi)añé la carta de presentación del general Urquiza 
]>ara el papa. No lie tenido ai'in respuesta. Hoy recibo un recado 
del sefior Berardi, por el que me ]»reviene que el martes veré al 
papa, y el miércoles me esperará en la secretaría de estado, en la 
(|ue es sul)stituto del cardenal Antonelli (1). 

El 3(1 del mismo mes, dice Alberdi : Por lo demás, es conve- 
nido y sabido (pie toda cuesti(')n con líoma, es decir, con la laiñUd 
espiritual, se reduce á cuestión de bienes materiales; á cuestiones 
de finanzas: es decir, dejíoíte-, úe influencia. Porque el poder de 
la potestad espiritual, como el de la potestad temporal, consiste 
en los hienes de foiixiia. La iglesia quiere tenerlos propios, para no 
depender del (jubicnto temporal ; es decir, para ser independiente 
de h\ jxjtestad temporal: es decir, para ser un poder propio y apar- 
te, verdadero poder : (2). Cito esta oi)inión, sin aceptarla; y agre- 
ga Alberdi : Koma se encuentra al servicio del desorden en el 
Plata... Á una iglesia (lue se alinea en la resistencia, la buena po- 
lítica amenaza debilitarla, (piitarle todo medio ascendiente, es de- 
cir, de anarquía. El poder, el ascendiente, residen en los bienes : 
daremos una ley (\ne le ])rohiba ad(iUÍrirlos. Negarle toda ingeren- 
cia en la ediieaeióii, en ];i censara reVuiiosa, en la heueficencia.l^egav 
á Roma- el [>oder de proveer los beneficios secundarios. Revisar de 
un modo expreso la legislación antigua sobre impuestos eclesiás- 
ticos : diezmos, espolios, medias a mudas eclesiásticas, hala de la cra- 
:ada, mesadas, eticantes de obispadas, etc. {'•>). 

Refiere ([ue su santidad lo recil)ió el 7 de junio, audiencia (pie 
solicitó para repetirle al partir, ofrecer al santo jtadre los respetos 



(1) IC«crif(>« iwsliiniii.'i (Ir .1 . ¡i. Alberdi, tomo X\'I, piígina 4!t2. 

(2) ídrm.. pásiiius 494 y 495. 

(3) 01). cit., tomo IP, iiítghiii 501. 



del presidente : le expusn adeiuás todo cumuíh creyó necesario 
sobre las disidencias entre la confederación y la provincia tle Hne- 
nos Airo. La discusiiin lia >i(lti larua. — dice. — la di><MiNÍr.n 
viva. 

("ito estos dclallcs, porque previenen que All>enli n<> liruK) nin- 
yúu concordato. El numuiaiiduiii á qne se reliere es de 1 4 de mayo 
de 1S.")() V está luililicado en el tt>nio (i de sus Ohids coiiiphtas (1). 

V en eoutiruiacií'in de que no discnli(') tal eoucdnlatn. es <pie 
terminantemente dice (|ue la ereccic'ui de la nueva diócesis del 
litoral abrirá el camino del concordato . VA 1 7 de junio escribe : 
« ...no adnuteu que la comstitueión diüa que el ¡Kilniuatn es ih ¡a 
iKuióit ; pero si adndten que la nación tiene á su caruo el sostén 
del culto. Bueno: sea del papa el patronato; en tal caso, la naciiui 
puede retirar el apoyo de la ijilesia. Hste es el i.unto (|ue impu.ü- 
nan ¡i la con^titucitui. no la libertad de cultos. Jurada por Ksealada 
y Medram» en la> leyes de líuenos Aires. La impuunan con el olí- 
Jeto de sacar ventajas en el concordato. Nefiar el derecho í/r j>«/;(>- 
Hrtío á fiobiernos (pu- toman á su carjio v\ snstcnimiciilo del culto 
como carfía del estado, es iusoleueia de parle de líimia ("_'). 

Paréceme (jue después de estas oi>iniones. no es [tosible ineteii- 
der que Alberdi lirmó un concórdalo. \ tendré ocasión de citar 
palabras alabando qne don Juan del Campillo no hubiere lirmado 
concordato, violatoriode lo prescriptt) por la constitución nacional. 

Parécemc fumlamental señalar oiiidadosanieuie los detalles (pie 
el nnsmo doctor Alberdi expone, á tin <le desautorizar alirniacio- 
nes inconscientes sosteniendo (pie tirnió un concordato. 

CouNienc observar además (pu- no se da aulori/.a( ¡«m al sefuu- 
Alberdi para la discusión de iiu concordato, á |)esar(pn- el cardenal 
Antonelli (lió al ayente eonliileucial >eñor Ximénez un proyecto 
bien exi)lícito, y ipu' he podido demostrar (pw i>iualmente le fué 
propuesto al gobierno de la república del Truiinay, á cuyo no- 
bierno representaba ante la santa st-de. como enearüailo de neno- 



(1) ílhran complrlii' (le ./. /;. Alhrrdi. t<iiiii> VI. ISStj. MimoniiKliiiii iirt-st-utaili) :il 
go1>ierno «le la santa sedo sobrt- la situaciún iiolítii-a ilc la Ki-piílilita Argfutiiia, con 
respecto á los intereses j;eiierales <le la i¡;lesia, el l-l ite iiinyo de 18r>fi. jiá-íinas 7."> 

(2) JÍHCriluii jMJKlumvH de ./. />'. Alberili. toiiii) lli, |>a;;iiias 517 y .">18. 



— 332 — 

(•ios, el misiuísiiao señor Xiraéuez, agente confideucial argentioo. 
De mauera que el doctor Alberdi no pudo disciitiv ese proyecto de 
concordato, y es nn error liistórico pretender lo contrario, dado el 
texto claro y terminante de los docnnieutos oficiales que dejo re- 
producidos. 

Lo incompleto del arcliivo del ministerio del culto me impide 
seguir cronológicamente la historia de estas negociaciones ante 
la santa, sede, — pero sin i)oder fijar la fecha en <jue fuese recibido 
el señor Alberdi en su carácter diplomático, en Roma — ál4de 
mayo de ISoO dirige un memorándum al gobierno de su santidad, 
que comienza así : < El gobierno argentino desearía celebrar un 
cojícorrfrtío con la santa sede. La constitución (art. 27) le ordena 
(•elebrar tratados con las naciones amigas : liorna es más que amiga 
para nosotros : es nuestra capital espiritual. Pero el gobierno ar- 
gentino está eu el deber de hacer un concordato completo, y para 
todas las iglesias del territorio de su mando efectivo ; ó debe abs- 
tenerse de hacerlo, si ha de ser para dañar á,\íi integridad de la con- 
federación. El gobierno dividiría la integridad de la soberanía na- 
cional en el acto de consentir que un obisi)0 desempeñe sii minis- 
terio en el territorio que obedece á su autoridad, antes de recibir de 
su mano el exequátur exigido por la constitución, y de prestar jura- 
mento de obediencia á esa constitución, que le hace existir (art. 38, 
incisos 8 y 9). El gobierno argentino se haría respousalde de una 
falta de esa especie contra la constitución, si dejase de reclamar 
nua nueva circunscripción por la ¡¡/lesia de la santísima Trinidad, 
como medida previa y esencialmente necesaria para la posibilidad 
de un concordato regular. Esta circunstancia trae á manos de la 
santa sede el poder de allanar la dificultad que retarda el concor- 
«lato, supuesto (pie la santa sede tiene el poder de reglar y unifi- 
car los límites de dicha iglesia, de conformidad con las exigencias 
de la administración política de la república -^ (1). 

Esta exposición hace caso omiso de lo expuesto i)t)V el cardenal 
Antonelli al agente confidencial Ximénez, puesto (pie no hacía 
ninguna objeción para la división de la antigua di<')cesis de Bue- 
nos Aires y la creación de la luieva del litoral, una vez (pie estu- 

(1) Ohnix cuiiijili-liiK de ./. ¡!. Alberdi, tumo VI, páfíiuas 75 y 76. 



— 333 — 

viese íijiula la con'inia i»ara el pielailo, senado del elevo y ereaoióii 
del seminario: esa ley había sido dietada euando el doetor Alberdi 
haeia sn exposieií'in, de manera que lo <ine correspondía con locpie 
tamltién estaba hecho, la ley del congreso (jue creaba esa diócesis, 
y i>or lo tanto lo ipie legalmente debía pedirse era la sanción ca- 
nónica de la misma y las bulas para el obispo propuesto. Xo había 
necesidad de hacer alusión al concordato, desde cpu', i)or las liases 
y modelos (|ue el cardenal Antonelli (ii(')al agente eontiilencial Xi- 
ménez. sabía el gobierno argentino cinc las jn-etensiones entonces 
de la santa sede eran contrarias á las (ÜNposiciones constituciona- 
les y iMU- lo tanto inacejitables, y en cuanto al derecho de patronato, 
ejercido de faeto por el gobierno nacional, creando un nuevo obis- 
pado y proimuieudo ol)isi)o para regir la nueva diócesis, si su san- 
tidad otorgaba la institución canónica ]»ara la diócesis y exfiedía 
las bulas para el obispo, era ])uramente teórico discutir si el patro- 
nato era inherente al soberano que costea el culto, funda iglesias, 
y mantiene al obispo y demás autoridades eclesiásticas. Iniciar 
una disensión previa sobre ese derecho, era aplazar sin cordura las 
resoluciones prudentes y armónicas de amb;is potestades. Toda la 
disposición de los acajiites II, 111 y IV eran innecesarios [loniue 
esas teorías, sin duda verdaderas, no alteraban la sanción de las 
bulas (pu- la santa sede se disponía á realizar, según los informes 
transmitidos por el agente contideneial Ximénez. Ignoro lo que 
contestó la santa sede á est« memorándum; pero se verá que los 
sucesos demostraron que no era prudente tal discusión previa, 
como no había necesidad de celebrar concordato, em]»efio falaz del 
gobierno del Paraná. 

En esa exjiosiciíMi hay una dcclara(i<'>n contraria al patronato y 
de una transccn<lcncia perjudicial y peligrosa. Kl doctor .Vlberdi 
dice: Supuesto ipie la santa sede tiene el poder de reglar y mo- 
dificar los límites de dicha iglesia (la de Huenos Aires) de con- 
formidad con las exigencias de la administración política. > La di- 
visión de los ol)is]iados es una atribución soberana inherente al 
territorio, ningún poder extranjero, auncpie sea la santa se<le, puede 
trazar límites jurisdiccionales, ni dividií- los existentes, sin <pie el 
gobierno lo haya hei-ho y pedido la aprobiicií'm cant'mica : su dere- 
cho concurrente ]»uiliera hacer alguna objecií'ni, ¡lero no puede 



— ?,34 — 

crear motii ¡u-oprionuainwyiy diócesis, ponjne es nn gasto que paga 
el soheraiio territovinl. Cnüiido, en ini misión ante la santa sede, 
pedí la institiici(')n caiKMiica de los obispados creados i)or el go- 
bierno nacional, el cardenal l{anii»olla me indicó la necesidad de 
nombrar un delegado ai)ostólico para «pie informara su convenien- 
cia geográlica ]»ara las funciones e]>iscopales, y en mérito de mis 
observaciones no insisti(') en su deseo y fueron al tin canónica- 
mente instituidos. Xo dedujo la ]>retensión que era atribución 
privativa de la santa sede, sino meramente informativa pai'a con- 
ceder la sanci(')n camniica. 

En el memoraiuhiin del doctor .Vlberdi, se lee: La erección de 
la nueva diócesis abrirá el camino de un concorddto, pues ya el 
presidente podrá celebrarlo i»ara todas las iglesias del territorio de 
su mando, con una exce]>ción incapaz ya de dafiar de TUi modo se- 
rio á la integridad de la república. Pero esta metlida es urgente, 
y debe ser adojitada con independencia y separación del concor- 
<lato, por varios motivos de un interés evidente. Ella pone término 
al agravio (pie se infiere á la Confederación Argentina, en nombre 
de la santa sede, por la autoridad e))iscoi»a] que pretende interve- 
nir en la administración eclesiástica de su territorio, sin el exequa- 
tnr de su gobierno exigido por la constitución. Si la santa sede ha 
sido irresponsal)le ilc esa conducta mientras desconoci('» el verda- 
dero estado <le las cosas, hoy cpie lo conoce sería suya y directa la 
responsabilidad, si lo dejase subsistente. La. erección del obispado 
que debe poner fin al confiicto i)endieute, siendo una medida de 
mero carácter administrativo, y por lo tanto transitoria y variable, 
ella no (lel)e formar parte de un tratado ú (■<tiicord<i1<i, destinado á 
subsistir permanentemente como ley suprema internacicmal > (1). 

En esta argumentación se confunde lamentablemente la divi- 
sión de un obis]»ado y la creaci(')n de nuevas di(')cesis con un concor- 
dato^ puesto que, para hacerlo, no es re(juisito la existencia de tal 
pacto, ni la celebraci('>n de éste depende de la creación de una 
nueva diócesis. El agente confidencial Ximénez lo había solicitado 
antes y el cardenal Antonelli lo concedía, previa la fijación de la 
congrua, de manera (pie, conociendo el diplomático argentino que 

(1) Obras nimplrtns dr .1. 11. Alhrrdi, tiiiiio II, piígiuii 81 y S2. 



— :i35 — 

tal tM-a el estado lU' la «'ncstióii, <l»'l»ía siiii]il(' y n'siu'ltaiiR'iite pe- 
<lir la sanción caniniica <lt'l oliispailn dfl lihoal, ¡rmnisiltlfiiiciiic 
criatlii |M»i' la lf\ del coiiuioo, cDnin con iVaiic:! claridad se lo ex- 
ponía td iloctor don . I lian María (iiiiiirrc/, .i liii <lc (|iic procediese 
de aí'uerdo con est»' propt'»sito en la nri;n<¡;i<irin. .\ nada se dice en 
tal instrucci<ui sohre concordato, pnesto (pie ya sal)ía cd .üohierno 
ariicntino cuáles eran las pretensiones d(d cardenal Antontdli. 

Totla la ar<;nnientaci<')n d(d iiniiiiirdiiditiii est;i demostrando ipie 
oliedecía á la obsesión de la Inelia interna entrt' la eont'ederaciíni 
y el estado de linenos Aires: Alherdi solo veía esto, era sn idea 
lija, y todo — doctrinas reiíalistas, ]trineipios constitucionales — 
le parecía secundario á cand)io de (piitav al ol»isi)o de I?Menos Aires 
la jurisdicción e(desiástica sobre determinadas provincias did inte- 
rior ; en el fondo, — i)ara él — ese arreuio de la iglesia aruentina 
y creación de nuevas diócesis, era una medida política y de <;nerra 
contra la ]>rovincia disidente. Albcrdi im \cí;i la patria sino al tra- 
vés de la hi( lia interna, y ileixdar á Únenos Aires era su ilihtula 
tst C(trllia<io : todos sus escritos, todas sus neo'ociaciones diplomá- 
ticas, obedecen á esa idea tíja. l'or eso liay ipie tomar sus escritos 
y sus notas con beneticio de inventario, y sei)arar lo transitorio de 
a(|nella obsesi('>ii. de ln peniianeiile de las cuestiones doetiinarias. 
En la ncüociacii'tn con la santa sene, Alberdi procedi(') como en to- 
dos sus demás actos en esa época : posiblemente hubiera sido ca- 
l»-i/ de celebrar ciiali|iiier concordato — aun peor (pie (d de Guate- 
mala — si IJoma lo exiii'e para sui»riinir la Jurisdicción eclesiástica 
de Buenos Aires en territorio de la c(uifederación. Es lástima (lin- 
ios hombres se ofuscpien hasta tal extremo, jionpie la historia ne- 
gará el caliíicafivo d«' estadista á los (pie anteponen las rencillas 
d(d momento á los intereses i»eiiiianeiite> de >ii país: pero, para 
apreciar la actitud de .Mberdi en esta nen(iciaci('in, t'in/.oso es po- 
ner en evidencia ese criterio. 

PjU ese mi iiioniiKlion dice (d doctor .Vlberdi : Si se retardase la 
adoi»ción de Itm dos mnJidns «pw he venido á solicitar como urdien- 
tes, los intereses de la reli<iión católica padecerían en aípiel jtaís un 
daño tal vez irreparable... Si la santa sede no se apresura á tomar 
bajo su influencia benética esas jioblaciones desde este momento 
(U'cisivo, tdlas se exiiondriín á caer en manos del escepticismo \ de 



— 336 — 

los disidentes, aprendiendo sus lou/iins, hijindo sus libros, imitando 
sus usos, adoptando sus opiniones de todo f/énero, es decir, sus creen- 
cias también, por falta de cultivo de las creencias propias» (1). 
Con franíjueza digo : (pie el peligro (pie indicaba en estas i)alabras, 
es precisamente el más positivo factor del progivso : aprender las 
lenguas extranjeras, leer los libros en los idiomas más cultos de 
la Europa é imitar los usos de esos pueblos. Lo contrario preten- 
día precisamente el cardenal Antouelli, sometiendo la iustrucciíSn 
á la vigilancia de los obispos, y enfeudando la ciencia á las ideas 
ultramontanas, dándoles hasta el derecho de formar lista que pro- 
hibiese los libros (pie no sometiesen á la inteligencia argentina 
dentro del molde eclesiástico. La constitnci(jn lo ])rohibía, y el 
doctor Alberdi lo olvidaba, al señalar como un peligro el gran pro- 
greso moderno. Ese nieinoraiidiDn es un dejilorable dociimento. 

Todavía el diplomático argentino va más lejos, diciendo: <; Su- 
cederá en las i)rovincias lo (pie siicedi(') en Buenos Aires. Durante 
el entredicho de los primeros tiempos de la revoliici(>n, que existió 
entre ese país y la santa sede, los i)ueblos comerciales de creencias 
disidentes tomaron una especie de posesión natural del país». 
Tanto mejor! digo, puesto que abrían horizontes más libres ala 
inteligencia y á su acción, y precisamente es por ello que se ha 
producido el asombroso crecimiento comercial, industrial y agrí- 
cola de la Kepública Argentina. 

La reforma, corno históricamente se llama á las leyes saucioua- 
(his en Buenos Aires (2), no impidió que su santidad preconizase 
obisjx» (lela diócesis de la santísima Trinidad de Buenos Aires al 
obisi)o de Aiilon, monseñor Escalada: ¡írecisamente una de las ob- 
servaciones (pie hacía el diplomático del gobierno del Paraná, es 



(1; iduiii, i)aymii, 82. 

(2) La legislatura de Buenos Aires sancionó esta ley : « Art. 1°. El fuero personal 
del clero queda abolido. — Art. 2». Desde el 1° de enero de 1823 quedan abolidos los 
diezmos, y las atenciones á que ellos eran destinados serán cubiertas por los fondos 
del estado. — Art. 3°. El seminario conciliar será colegio nacional de estudios eclesiás- 
ticos, dotado por el erario. — Art. i". El gobierno, de acuerdo con el gobernador del 
obispado, arreglará la jurisdicción de las parroquias. — Art. 5°. El gobernador del 
obispado en sede vacante, tendrá la dotación de 2000 pesos anuales por el erario. — 
Art. 6°. Quedan suiíriniidas las casas de lietleniitas y las nu'norcs de las demás or- 
denes. » 



— 337 — 

decir, <le la Confederación Av'ieiitiua. Y cito el lieclio, para tlemos- 
trar (jue eran muy atra-sados y nltramoutauos y retróíirados los ra- 
zonamientos del doctor AHierdi, »|ne algunos suiíoncii pueda ser 
mirado como el jel'e moderno del pensamiento emancipado de la 
tntela de la curia. Él iiiismo destruye el error. 

V haré aún otras citas de ese iinmoranthoii. .Miora — dice el 
doctor AH)erdi, — en tanto (pie el poder de Koma denu)ra ejercer 
su intiujo para levantar templos católicos, los protestantes no pier- 
den tiempo en levantar los suyos, usando de lo.s tratado.s que ya 
tienen lirmados al electo. El espíritu disidente de las naciones del 
norte lia ocupado el campo que el esi>!ritu de Honia no se da prisa 
en ocupar. Así los progresos inevitables del comercio libre aumen- 
tan los peligros (pie trae la invasión del espíritu ilel norte para los 
intereses de la iglesia católica en la América del sud ( 1 ). 

Las ideas expuestas por el doctor Alberdi lo constituyen en un 
reti'ógrado más ultraunmíauo (|ue el mismo ilon Félix Frías y su 
pecpieño círculo, y demuestran la ligereza del procedimiento de 
un diploiuático «pie comienza pov hacer declaraciones de priaci- 
]iios en oposiciiui á la constitución nacional, (pie cita, y de aque- 
lla lamosa frase : tiobirnar is poblar, cuando ante la curia roma- 
na (U'clara cíuno un ¡¡eligro ]>ara los intereses del clericalismo 
c los progresos del comercio libre y la invasión del espíritu del 
noi-te para los intereses de la iglesia católica en la América del 
Sml ». Si gobernar es jioblar, ; de dónde quería atraer esa inmi- 
gración.' ; De católicos españoles, italianos, portugue.'*es y belgas? 
Ija fama adípiirida por esa frase, la destruye el diplomático diri- 
giéndose á la santa sede, y demuestra la versatilidad de sus ideas, 
(pie cambiaban si-gún las circunstancias, iiiies sostuvo el pro y el 
«•ontra de la capital en líueiios Aires, razonando siempre con pa- 
sión, pero cambiando de creencias según los sucesos ('i). 

Llamo la atención sobre el atrasado in'op()sito ((ue revelan 
estas ideas ultrainontanas en el diplomático argentino. -^ Pero 
el comercio, — agrega, — es esencial á la i)oblación, como la 



(II .1. 15. Al.liKlil», ObraK complclax. tomo VI, pújenlas 83 .v 84. 
(2) íileiii, padilla 81. Conf. Xiieea Jlerhia dr Ituenon Airen. I, 3.í2 ; art. Luh teoría» 
del doctor Alberdi. \wT Vicente G. Qnesada. 



población es de interés esencial al ])aís desierto. Los gol)¡eruos 
leales tienen (jue fomentarla por medio de concesiones, que no 
signiticau desafección al catolicismo, ni excluyen su ascendiente... 
Las constituciones que necesitan poblar por medio de la lihertad 
relif/iosu, neeesitan educar por medio de la rcli(/ión católica. La san- 
ta sede debe aprovechar estas tendencias, dándose cuenta con su 
habilidad ordinaria de las fuerzas con que la civilización indus- 
trial de la Europa y del mundo empujan á la América del siul 
hacia nuevos destinos, á pesar y contra la voluutatl de la América 
misma: (1). 

Cou tales palabras Analiza el doctor Alberdi el nienwradum fe- 
chado en Roma en 1-4 de mayo de líSo'fi. Ignoro lo «jue contestó el 
cardenal Antonelli, ponjue, repito, — el archivo del ministerio 
es incomitleto. 

Pt)r decreto de IS de abril de 18ü7 el presidente general Ur- 
(juiza noml)ró al doctor don .luán Bautista Alberdi, enviado ex- 
traordinario y ministro jdenipotenciario de la Confederación Ar- 
gentina cerca de su santidad IMo IX, debiendo solicitar el acuerdo 
del senado, ([ue h) otorgó en Ki de junio del mismo año (2). 

No me es pcjsible comitrender lo anteriormente expuesto, con el 
texto de esta nota dirigi(hi á su eminencia el cardenal Antonelli : 
Paraná, 17 de abril de 1857. Monseñor: Animado el gobierno de 
la confederación del más vivo y sincero deseo de i^romover, facili- 
tar y extender las francas relaciones de amistad y i)erfecta armo- 
nía ipie existen entre la Confederaci('»n Argentina y los estados del 
sumo pontírtce reinante y entre sus resjtectivos gobiernos, ha de- 
ternunado nombrar al doctor don .hiau B. Alljerdi eucargado 
de negocios de la confederación cerca <lel gobierno de su san- 
ti(hul Pío IX. No duda el gobierno de la confederación (jue 
el doctor don .Juan B. Alberdi, i)or su carácter y distinguidas cua- 
lidades, por su celo, espíritu de prudencia y Cíuiciliación, sabrá me- 
recer hii conlianza y estima de vuestra eminencia, y, en esta virtud, 
desea se digne acogerlo favorablemente y que le i)reste entera fe 
y crédito en todo lo (jue de su parte comunicjue, y muy esj>ecial- 



(1) Obras completas de J. U. Alberdi, tomo VI, página S4. 

(2) Archivo del iiiiuisterio ele relaciones exteriores y culto. Legajo citado. 



- 339 — 

meiit»*, cviimtli) el doctor Allx'idi i'Xiir»'s»' los votos (|iu' liare v\ ü'o- 
Itienio íirfit'iitino por la t'cliciclad y uloria t'tt'ina de nuestro santí- 
mo padre y el eiinraiiclccimiciilo de los estados roiiianos... 

líepito (|Ue no coiiipreiido (('niio nonihrado el doctor Ailierdi 
enviadi) extraortliiiario \ ministro plenipotenciario ¡lordecreto de 
1 s de al>ril de I N.">7, el día anterior lo Inihiere sido como encar>ia- 
do lie neii'ocios. ;Se le expidienni i-redenciales en el caráctt'rde 
ministro .' V sin einharyo. \ para mayor (•ontusiini, el doctor Ailier- 
di en Koiiia ¡i 14 de mayo de IS.'iií jireseiita al ^dliieriio de la san- 
ta sede el nt< iitoraiiiliiiii antes citado sobre la sitnaciini de la Ke- 
pi'ililica Ariientina, (pie corre impreso (1). 

lai carta de puño y letra del doctor Alherdi datada en l'arís á 
1" de junio de IS.'iT, dirigida al ministro de relaciones exterio- 
res don Hernalié Li'ipez, eon el menihrete ojicial, dice: Roma 
nejii'» el tlmtlio tli ¡xilnniatu, como jioder inherente á la soberanía 
argentina, t'iindada en (pie liabiéndolo concedido i><>r iirivilcíjiíix á 
los reyes de Kspaiia, no iiodíamos ser lo sucesores de éstos, en su 
ffot'e y ejercicio. Pues bien, el tratado de lií> de octubre declara 
ipu' la IJepnblica ArjitMitina sm-edeá los monarcas de Kspaña eu 
los jirivilenios lo inisnio que en sus caríjas (art. 4"). I'or este tra- 
tado el liohierno ledcral tiene el honor de ccrrai' la reNoliicii'in co- 
menzada en islO y de completarla or<>anización patria, anre<;an- 
do á la le;;itimidail de hecho, la del derecho tradiriunal y coinu-n- 
riiiual ('_'). 

Kl archivo del ministerio de relaciones exteriores no tiene más 
documentos sobre la misión coníiada ante la santa sede al doctor 
Alberdi, y sin embargo L(t Prensa del sábado "_' 1 de junio de IIM)."), 
publica el siguiente telegrama de Montevideo : Minttrriih-o, Junio 
2'J. El arzobisjio de Montevideo, mosefior .Mariano Soler, ha co- 
municado desde Roma ipie en audiencia privada dio cuenta al 
pajia I*ío X de tpu- en Buenos Aires se va á erigir un monumento 
al autor de las lUi.scs dt la coiislilKiit'ni (irí/riiliiid, úortov .huiw liau- 
tista Alberdi. :í ciiva idea él se lialiía asociado \ coiilribiiído. 



(1) Obra» complrlaa de ./. II. AlbcrAi, tomo VI. — iiiii'iios .\¡ri's, ISKt!, p;íirin¡i> 
«iguientps. 

K'I) Arcliivo i\v\ iiiiiiistcriu. 



— 340 — 

Mouseñor Soler recordó al pa|)a que All^erdi, eu el carácter de 
ministro, había .sido negociador del primer concordato celebrado 
entre la Ee]>ública Argentina y la santa sede, y qxie Pío IX, reco- 
nociendo todos los méritos, servicios y virtudes de Alberdi, lo ha- 
bía bendecido en persona, como al autor de la constituci<'tn argen- 
tina. Monseñor Soler dijo al pai)a que ahora él, como arzobis])ode 
un país hermano de la Argentina, solicitábala bendicié)n de Pío X 
para- el monumento al autor de aquella constituci(')n, para el hom- 
bre (pie había sido apóstol de la paz en la América del Sud. El 
papa Pío X resi»ondió al arzobispo de Montevideo que cono- 
cía el nombre de AUierdi por la historia de los concordatos cele- 
brados por la iglesia, por los honores que ha triV)Utado á su memo- 
ria el congreso argentino, por las ceremonias religiosas celebradas 
solemnemente por su delegado apostólico, monseñor Sabatucci y 
por el arzoljíspo monseñor Espinosa, y (pie le era, en virtud de 
ello, muy grato dar su bendición j)ara el buen éxito del monu- 
mento que se erigirá al eminente argentino. 

Xo me es posible explicar la razón de monseñor .Soler, arzobispo 
de Montevideo, para solicitar de Pío X la bendición á un monumen- 
to que va á levantarse á Alljerdi, afirmando (pie había sido ne- 
gociador del primer concordato celebrado entre la líeitública Ar- 
gentina y la santa sede >, y tiue el papa respondiese al arzolñspo 
« que conocía el nombre de Alberdi por la historia de los concor- 
datos celebrados por la iglesia . Xo hay en el ministerio noticia 
de ese concordato, y más aun, el doctor del Cainpillo, (]ue desem- 
peñó una misión diplomática en 1858 ante la santa sede, presentó 
un iiroyecto de coiíaordato y no hace la mínima mención del (jue 
ahora se dice celebrado por el doctor Alberdi; y fueron tales las 
pretensiones de la santa sede en el contraproyecto, (jue el doctor 
del Campillo no se atrevió ni á tirmarlo, como (hiré cuenta detalla- 
da al ocuparme de esto mismo. 

El congreso del Paraná no aprolx'i ningún concordato; sin la- 
aprobación legislativa no hay obligaciones internacionales: las 
añrmacioues de la existencia de un concordato son erradas. El 
eminente cardenal Kampolla, en las conferencias (pie tuve el honor 
de celebrar con él en Poma, nunca hizo la mínima referencia de 
esos proyectos de concordato. 



— 341 — 

El (lortoi- AHicnli, por otifiodiitado en Titnuhvs jí S do octulnv 
di' IS.'tS y diriii'ido ¡il ministro de rclncioncs cxtci'ioiH's, dice: 

(^)nciici inl'orniiHlo <\r In <|Uc \'. 11. llene ;i liien decir sobre el en- 
vió de nn ministro exlniordiniuio ií l\om¡i. Soiireeste imnlo <;r¡ne 
de nuestra {xditica »'Xterior, creo delter recordar ¡i \". i",. i|ue en 
Alemania > en los )»aises de Europa de st'ctas disidentes, llamailos 
á alimentar nnestra inmi<;raci<')n y nnestro comercio, se lia mani- 
festado por la prensa cierto temor de «pie un coiuMtrdato nuestro 
con Koma comprometa las nnras de la constitución aríi'entina en 
puntos (pie la liaceii ser el modelo déla América espai'iola (1). 

Fastas palaliras pruehan con(dn\entemente (pie el doctor Alher- 
di no liriuí» un concordato. 

Desde Paris escrilte el doctor .Vlherdi al luinisiro de relaciones 
exteriores, dicii'-udole (pie en el consistorio celebrado i»or su santi- 
dad Pío IX luoclann'» los tres obispos para las di('>cesis de Salta, 
Ci'irdoba y San .luán de Cuyo. << El .señor l-'ilipi)iani nu' transfiere 
esta noticia, — dice, — y continúa activaiulo las diliiiencias concer- 
nientes á la nm-va di(')cesis del litoral y el muidtramiento de su obis- 
po (■_*). Con tedia 7 de febrero de 1859, de.sde París, comunica al 
nninsterio <pu' el señor del Campillo lleg(') á Ponía el 'J 1 de enero 
de 1S.">!( y (pie había tenido una conversaci(')n con el cardenal Au- 
tonelli. Desde Londres, en S de .sei)tieinbre d»d nnsmo año, dice: 

Conn) lo sabrá luobaldemeiite V. E. ]M>r un modo directo, nues- 
tro miídstro en Ptmia ha perdido ya la esperanza de celebrar un 
ciuicordato (pie est(' de acuerdo con los princii)ios de derecho pú- 
blií'o (pie nuestra constitucií'ni establece (."5). Pastan estas i)ala- 
braspara rectificar la afirmacií'm de ipu' Alberdi hubiese celebrado 
el i)rimer ctuicordato, puesto (pie niiifiíino ha celebrado el gobierno 
de la Peiii'iblic;! .\ríicntina c(m la santa .sede. 

Las [lalabras de la nota dirigida desde ^fadrid, en 2 de julio de 
1 S(>(). ]ior (d doctíU' .Vlberdi al ministro de relaciones exteriores 
dicen:... (d señor del ( '.imiiillo. ministro argentino, acaba de 



(1) KurrilOK ¡ióhI II 11101 de ./. /!. Albrrdi. toiiiii \l\ , ]iií<;iii:i KU. — Hiii'iios Aires, 

moo. 

(2) Idfiii, iileiii, p.ÍKiiiik lít.j. 

(3) Mein, pii^iiia 313. 



¡lonerse de acuerdo con la santa sede sobre el modo de conciliar 
los intereses de la iglesia con los de la confederación. Por último 
hice notar á ^. B. el nuncio, que yo, por mi parte, no tenía [)ode- 
res para dar declaración escrita de ningún género sobre el sentido 
del tratado ya concluido con la confederación. La resistencia de 
liorna tiene para nosotros un sentido (pie nos sirve de compensa- 
ción ; y es ([ue ella revela la persuación (pie tiene la santa sede 
de que el derecho úe 2>fiti'o>i((to está comprendido entre los privile- 
gios (pie nos transfiere el tratado... (1). El doctor Alberdi se re- 
fiere á un tratado (jue celebró con el gobierno de España, y que no 
aceptó el gobierno nacional. 

El doctor don Juan María (lutiérrez, siendo ministro de rela- 
ciones exteriores del gobierno del Paraná, decía al doctor Alberdi : 
« No falta (piien crea que nos hemos despojado de las simpatías 
del pontífice los que hemos aceptado en la constitución el libre 
culto de todas las creencias cristianas. Esto no puede ser. Acabo 
de ver que en Costa Rica (en un libro que V. conoce) está de- 
clarada la libertad de cultos y conciencias, y al mismo tiempo han 
estipulado un concordato con la corte romana. En cuanto al con- 
cordato, no deltemos darnos i)risa > (2). 

Y persisto en estos detalles para demostrar el error de afirmar 
(pie Alberdi hubiese firmado uu primer concordato. Él mismo decía 
desde París, en 7 de octultre de 1S.5S, en carta confidencial dirigi- 
da al presidente Unpiiza: El concordato con liorna será casi irrea- 
lizalde... > (o). En O de octubre del mismo año, dice al mismo pre- 
sidente Uwpiiza : ' En la alternativa de una elección ó preferencia 
entre un concordato y la constitución, siempre será más importante 
para nuestra patria, en todo sentido, conservar intacta la última, 
á lo menos por algunos años, hasta dar tiempo al desarrollo de los 
elementos de nuestra vida material (4). En otra carta de París, 
fecha 7 de marzo de 18.59, dice:... < Lo notal)le es (pie el santo ]>a- 
dre ha manifestado recelos de que nuestra constitución no permita 



(1) Encritos postumos de J. li. Alhcrdi, toiiid 11, pagina 31^7. 

(2) ídem, úlem, i)ágina 455. 

(3) ídem, página 597. 

(4) ídem, páginas 703 y 704. 



— 343 — 

lU'var ií cal») t-l coiictiidato. i)t>r t'l [uxlcr (|iit' olla da al pirsiilente 
(le coiicímIím- el pase ó irtciicr las huías poiititicias. Ks proliabloque 
ol doctor ('aiii|>ill(> liaya tiaiisiiiitido rsin iiiisiiKi ;'i \'. K. (1). 

l''sta crtMiica de la corrcspoiidciicia i'oiilidciicial <'s pnicha cmi- 
viiiccnlc del crioi- ;'i ((iic se rclicrc el Icli'iiíaiiia (|iic coiiiciild. 

Va\ elii'cto, v\ doctor Alhcrdi csciilical prcsiilciitc rnpii/.a, desde 
I'aiís, en <> de mayo de ISTilt: Ks una nueva fortuna de A'. E. y 
de nuestro |taís tpie sus intereses niodeinos. üarantidos por la 
constituciiMi, no se lia\au coiniuonietido en un ciuicordato con- 
cluido Itajo las ideas (pie prevalecen hoy en la curia romana, de 
(pie \'. 1']. será instruido á su tiempo por el doctor Campillo. Vie- 
nen circunstancias con (pu' podremos ohtener un concordato ([ue 
concili»' los intereses de nuestra religión con los de nuestra [¡atria, 
<"omo se hallan conciliados en la constitnci<'in de mayo. Vo no ex- 
trañaría ipie nuestro amiuo el doctor Campillo tu\ iese necesidad 
<le ilejar .i h'oma en alyunos días {'_'). Kstas palahras son termi- 
nantes: no se cidehri'» concordato y son inexplicables las erradas 
atirmaciones del conuMitado telegrama. 

V vnelve á escrihir el presidente Urquiza, desd<' París, en 7 de 
marzo de 1 í^<¡<i : ... \'ol\ iéiidose sin tirmai' el (Muicordato, lleva á 
su país el honor de hal>er >al\.ido la constiluciim \ la causa de 
sus progresos con un tratado que podía comprometerlos. Cuando 
me mostn'i en París el proyecto de concordato (pU' le ol'recían en 
líoma. \t> le dije (pie no \ cía incomciiieiite en admitir ese ¡n-o- 
yecto ú otro semejante, con tal <pie se expresase en el mismo tex- 
to (pie las concesiones (pie hace la cont'ederaci(Ui, se entienden he- 
chas con <iiri<il(i II su iiiiislUuiióu viffenti; ó sin ptrjuicin (Ir cíld. Vero 
]iarece (pie el goliieiiio de Koina no ha (pierido (pie se muubre 
si(piiera en el c(iiiciir(lat(> e.sa roiisfitmioii. en \irtnd de la cual es 
sostenido el culto (¡^('ilico i)or nuestro tesoro nacional, líl S()l<) 
(piiere (pie se nonihren las iii/is (Ir la ¡i/lrsiii, á pesar de ser ('sta la 
(pu- da ií nncstro goltierno toda su iuNcstidura, para celehrar el 
concíU'dato como una de las altas partes contratantes. Kn medio 
de este contlicto, puedo asegurará \'. K. (pie no son nuestras in.s- 



(1) ídem. |>iÍ!;iii:i TUi. 

(2) ídem, púgiiia 707. 



- 344 — 

tituciones las (jiie están equivocadas, siuo más bien la política de 
Roma, pues es un testimonio de ésto la oi»inión violenta y crítica 
en que se encuentra colocado el santo padre en este momento con 
todos los gobiernos civilizados de la Europa. Sacrificar nuestra 
constitución á exigencias «lue están en vísperas de ser vencidas, 
no será prudente. Quedando como estamos, nada nos impide cul- 
tivar l;is bellas relaciones con el sumo pontífice. Quedamos con 
respecto á Eoma, en la posición en que están Obile, el Brasil, Bél- 
gica, Piamoute, Estados Unidos, Inglaterra, es decir, más de cien 
millones de católicos » (1). 

Después de esta documentacióji, nadie i)odri1 sostener que el 
doctor Alberdi baya celebrado \\n primer concordato : esa afirma- 
ción es un uravísimo error. 



(1) Obra citada, páginas 818 y 819. 



CAriTTI.í» X\'l 



MISIÓN CONl'IDKNCIAL DK DON ÜENITO II 1,1 l'l'l AM ANTK I, A SANTA 
SKDE. PUECONIZAtKtX DE LOS OBISPOS PKESENTADOS I'OR KL 
PRESIDENTE UE LA CONFEDERACIÓN AROENTINA I'AIÍA LAS 
DIÓCESIS DE C<')RI{01{A, SALTA Y SAN JUAN DE Cl M). 



Este esriulio ile las diversas misiones ante la santa sede luo 
ofrece \ aeíos y detieieneias, (pie el archivo incompleto del minis- 
terio no me jiermite satisfacer: no sé c('>iiio, \ por (|ii(' ni cuinido 
terminó la misión contidencial del señor Ximénez; tampoco puedo 
decir por (pié se ausentó de Koma el doctor Alberdi, (piicn transmite 
á don Benito Filippiani el nombramiento de aliente contidencial, 
segñn consta de la siguiente carta: Roma, (((/osto 10 di- /.s'57. El 
nombramiento de ayentc coulidcncial de la ("onfed<'raci('»ii Arueii- 
tina cerca «le su santidad, (pie me lia sido transmitido con fecha 1 1 
dejnlio próximo pasado \h>v el sefior doctor Alberdi, acreditado 
cerca de alfiíinos «iobiernos de Europa. iii(lu>o ote de la santa 
sede, en calidail de enviado extraordinario y ministro plciiipoten- 
ciarii), mesnmiiiistia un poderoso niotivode <liri.n'ir;i \'. S. ilnstrí- 
sima la presente nota con el doble objeto de presentarle el homena- 
je de mi yratituil justamente delijdo ])or la señalada contianza quo 
el supremo gdlneriio de la confedera<-ii'»ii ha depositado en mi \h'V- 
sona, y asimismo |iara ixtt rnark el j>ran deseo, <iiie me anima, ile 
cooperará la realización de las re<'tas intenciones del ^iobierno cu 
los asuntos eclesiiísti<*os, (pie están pendientes en esta corte. 31e 
será sumamente satisfactorio si los resultados <'orresponden á mis 
intenciones; para conseoiiir el todo como el üoiiierno de la eonfe- 



<lfnK'ióii lo (It'sea, redoblaré mis esfuerzos, y de esta uiaiiera teu- 
<lré laconiiilaceueia de haber lleuatlo mi deber (1). 

Eucneutro inexplicable el reemplazo del af>eiite eoufideiieial 
don Salvador Ximénez, porque los documentos oficiales que co- 
nozco, auu<[ue incompletos, demuestran qiuí el agente liabíaobte- 
nido los principales objetos de su misión, tanto relativos á la crea- 
ción de la nueva diócesis del litoral, dividiéndola antigua de Bue- 
nos Aires, como á la provisión de los obisi)ados vacantes, desde 
que el gobierno del Parauii liabia cumplido ya la condicii'm de 
fijar i>or ley la congrua para sus ol»is[)os, i-abildos eclesiásticos y 
seminarios. 

Es indudable que la calidad diplomática del doctor Alberdi le 
hizo saber en L'oma (pie don Salvador Ximénez era encargado de 
negocios del Uruguay, al mismo tiempo (pie ejercía el cargo de 
agente confidencial argentino. Ignoro si por esta causa pidió que 
fuese substituido por don Benito Filippiani, extranjero y resi- 
dente en aipiella capital; pero todo cuanto éste obtuvo, había sido 
]trometido antes al señor Ximénez por el cardenal Antonelli. 

líl nuevo agente confidencial, supongo que recomendado por 
el ministro doctor Alberdi, por carta datada en Koma en 15 de 
enero de 1850, dice: < En adhesión á mi carta fecha 23 próximo 
pasado, dirigida al ilustre predecesor de V. E., que espero haya 
llegado exactamente á sus manos, juntas las incluidas para el 
excelentísimo señor presidente, y los tres nuevos obispos Colom- 
bres, (}. Ahhisor y IJamírez de Arellano, proclamados por su san- 
tidad, que es menester de que V. E. tome conocimiento ; habiendo 
hoy concluido el regular despacho de las bulas ai)ostólicas de ius- 
titucióu canónica para los dichos eclesiásticos ;hágome el deber de 
incluir á Y. E. las copias originales de ellos (trasunti) para que se 
cumplan los actos coHtt'nqjlfídos por las leyes de la confederación, 
y desjiués de haberlos concluido V. E. (pilera remitir pronto dichos 
tra.sioitos á cada oljispo para tonjar en fuerza de ellos la cünónica 
posesií'm y recibir la consagracic'm. Tengo también el honor de 
añadir á V. E. los tres trasuntos de la bula res])ectiva (pu' su san- 
tidad, en i)rueba especial y consideración y cariño (en conformidad 

(1) Anliivd ilcl niinistoi'io tic relaciones exteriore.s y culto. Legajo citado. 



— 347 — 

«k" «im* se acostninlMU con las personas reinantes) ha diiiuailo 
i'serütir al exe*'lentísiiiio sefior presidente, recoinendáiiilole lu> 
nuevos oliispos. No tlejo. ¡mes, de enrrenar dil'ectaiiiclite ;'i los lliis- 
nios oliispos las demás faeultades «'siiirituales. N'aliéndoine de la 
iavoralde eircnnstaneia del regreso (|ue liaee en liuenos Aires el 
reverendo padre Pedn» Durand, observante de san Franeiseo, le 
lie entre;;ado laslmlas oriyinalessH/í^j/j/Hi/^o r.rjudilos y estoy se<iu- 
ro de su precisii'm para la exaota trausniisii'm á (ada'uno de los di- 
elios oi)is]ios. Los gastos canonizados de cada Imla montan á ~>~t() 
escudos romanos, es d«'<'ir, pesos l'ui'rtes de España, (pu' yo he 
creido adelantar de mi diiuM'o, seuuro del reemliolso para cuidar 
asi la pronta pidclauíacii'ui de esos sujetos, la satisíacciim del «go- 
bierno y el mayor bien de los jtrelados, (pn* tanto desean sus ])ast<>- 
res. Yo espero en estos días ver a<pií al excelentísimo señor 
Campillo, (pie itresentan' pronto á su santi<lad y t'xcelentísinni 
cardenal secretario d»' estado y á los demás ministros y carde- 
nales (1). 

Fíe re|troducido este docuuiento por la iieculiaridad déla redac- 
<-ii'ui, deuiostraudnnie (|ue el señor l"''ili|iiiiaui no era un castizo 
escritor; peio solne su [lersonalidad uoteny») uoticia alguna, ¿por 
qué fn«' electo a.uente conlidencial, elinnnando al señor Xiniénez, 
que había coiuenzado c(Ui éxito sus gestiones.' 

Kl mismo señín- Kilip])iani. por carta data<la en líonia :i _<> 
de Junio de ISÓSy dirigida al doctor don üeniabé Lcijiez. iiiiiiis- 
tro de relaciones exteriores, dice: El infrascrii)to acaba de re- 
cibir una nota del señor Alberdi, encarga<lo de negocios cerca de 
S. M. H., con fecha IS del corriente del que rige, en la (pie se le 
da las gracias p(U' los buenos servicios prestados hasta aípií en favor 
déla ("onfederaci('>n Argentina en calidad deagente c(udi(lencial 
<'erca de la cíute de Homa, añadiendo (pie el gobierno d(^ la confe- 
deracii'm, por uiotivos de econonn'a y ])()r hallarse en el Paraná el 
<lelegado aposti'dico de la santa sede, se ve en la dura necesidad de 
retirar el nouduaudento de agente en esta corte. Dicha n()ta, señor 
ministro, auuípie redactada c(Ui a(pi(dla benignidad, atenci('m y 
dulzura, (|Ue es i)ro[iia del carácter (hd sefioi- Albeidi. no ha dejado 

(1) Ariliivn ili-l iiiiiiistt'i'iu de relaviiines exteriores y eiilto. Legajn eitudu. 



— 34S — 

de producir en el ánimo del (jue sul)scr¡l)e una sorpresa muy des- 
agradable, fundada en las razones que pasa á exi)oner á su alta 
peuetración, suplicándole se digne examinarlas y darles el lugar 
(pie ellaspuedeu merecer. La Confederación Argentina, como cual- 
quier otro gobierno, se hace representar por ministros ó agentes 
cerca de aquellas cortes en donde juzga que hay necesidad de ello, 
nombra dichos representantes y les inviste en aquel carácter (pie 
tiene \um- conAeniente, les manda la carta de retiro cuando la nece- 
sidad, utilidad ó conveniencia lo exige, y creo por cierto que pro- 
cura siempre de conservar ileso el decoro de la nación, el grado en 
aipiella en que ha sido acreditado, y por iiltimo el honor y conve- 
niencia del mismo encargado. Bajo este supuesto (si el infrasci'ipto 
non se e(piivoca en las premisas) le sea permitido manifestar su 
oi)ini(')n franca y verídica, pero sumisas, en cuanto á la medida 
adoptada por el gobierno de la confederación á que se refiere. El 
hal)er sido acreditado monseñor Marino Marini en calidad de 
delegado apostólico cerca del gobierno de la Confederación Argen- 
tina, es una prueba de distinguida consideración y singular apre- 
cio (pie su santidad jirofesaba á S. B. el señor presidente y á la 
nación entera. Esta distinción del sumo ])ontífice, dándole el lugar 
que merece, envuelve xmix raz(')n más poderosa para tener mayor- 
mente estrechas y vivas las relaciones de ambos gobiernos y lejos 
de ser un motivo para retirar el representante de esta corte (aun- 
que no tenga más que un carácter confidencial) debería más bien 
hacer líropender á su conservación, tanto por la conveniente reci- 
procidad, como también por manifestar el agrado en la recepción 
del delegado apostólico de la santa sede ; además, en el corriente de 
las negociaciones podría suceder que el gobierno argentino tuviese 
necesidad de dirigirse al pontífice para la resolución de dudas que 
se originasen durante el arreglo, de medidas (pie se (|uisieren tomar 
para lo sucesivo, de cuyos resultados se previesen ó temiesen con- 
secuencias de un éxito desfavorable, por lo menos dudoso : en tal 
caso la permanencia de un agente sería sumamente provechosa y 
necesaria. Tiene un deber el infrascripto de manifestar á V. S. que 
los enemigos de la Confederación Argentina no dejan de impartir 
la sin razón, con el fin de lograr las simpatías en Eoma y en el 
gobierno pontificio á favor de Buenos Aires. Estando informado de 



— 349 — 

todos t'stos niinu'Jos, y lial)ieu«lo confundido t'sos atatiues en nien- 
jiua de los adversarios, no sería extraño <ine esas mismas perso- 
nas,;! ([uienes no les falta medios y relaciones en la cimlad del 
Paraná, liuUiese por vías indirectas heelioeonc(>liirla Mipresiiin de 
la a.iieneia en esta corte, bajo el pri'texto de economía, para de este 
modo trabajar á sus anciías y aumpie noii fuese más, servir de 
tro]»iezo al <;<>l>ierno de la conl'ederaciíui. reiiresenta<lo poruña per- 
sona (pu- riciie alüún \alimento, y vigila sobre todo lo (pie con- 
íierne la dignidad, honor y opinión, (pie tan justamente merece la 
C"onfederaci('ni ,Vr<ientina. Ahora ]»ocos meses, por insinuación del 
señor Alberdi, se hizo escribir en los diarios de esta capital algu- 
nos artíctdos soln-e la prosiieridad y adelanto de la industria, 
ajiTÍeultura y comercio, no menos (pie sobre los crecidos pro- 
diu'tos de aduana, dcbi(his sobre todo al infatigable celo de la 
adiiñnistracii'ni del l'araná. Cou estos antecedentes de prosperi- 
dad é increnu'iilo, no sería muy fácil (pie el priblico se persuaíhi, 
y mucho menos (pie el nobierno pontificio crea (pie el retiro del 
agéntese ha dictado en vista de miras de economía, antes bien se 
creerá ünnemente (pu- el gobierno de la confedí racii'in ha tenido 
motivos mucho más i»oderosos que éste, que le han iiecho desme- 
recer la conlianza del agente, y esta reflexión puede mucho en el 
ánimo del (pie subscribe, lo «pie no sucedería si habiendo tenido 
un carácter |ii'iblico, pues todos los días vemos la cesación ó cam- 
bio de los ministros diplomáticos sin (pie concuna esta circuns- 
tancia (1). 

; Quién era esteageiite.cuya precedente exposici(')n lo caracteriza 
como falto de tacto y de sericíhid ? Xo era sin dinhi un ciudadano 
argentino, sino — como el |trecedente agente confidencial Ximé- 
nez, — extianjeroal servicio de gobierno, el cual, poi' monomanías 
extranjerizadas, dudaba (pie hubiera entonces argentinos cai)a- 
«•es y leales para desempeñar estos cargos. La letra de las cartas 
del señor BnmUvlo FUipjtiani, no están escritas desu puño y letra : 
luego se servía de otros, y los secretos diplomáticíjs estaban á la 
merced de gente extranjera y para demostrar (pie no conocía lijen 
ni el idioma castellano, citaré esta frase: Vo ignoro (pie \'. S. 

(I) Archivo (tul iiiiiii!*teri(> «le relaiioiK-s i-xteriores y culto. Lfj,'a¡o «¡tiulo. 



liubrá recilñdu mi curta feclia 4 m:ii'te.s pi-íjximo pasado. Y, entre- 
tauto, este señor había anticipado los derechos de la curia por la ex- 
pedición de las l)ulas para los obispos de Córdoba, Salta y San Juan 
de Cuyo, á razón de 550 escudos romanos ó duros españoles, por 
cada uno de esas bulas i)reconizándolos o1)ispos de cada diócesis... 
El mismo señor Fili[»piani acusó recibo al doctor Alberdi, (juien 
á la sazón desempeñaba en Londres una de las varias representa- 
ciones diplomátií-as del gol)ieruo de la confederación, carta de la 
mismísima fecha de la (lue dejo transcripta, lo que prueba la pro- 
funda preocupación del agente confidencial, por el retiro de su 
cargo. Mientras en la nota dirigida al ministro de relaciones exte- 
riores escribe en i)apel de carta, y no como los deberes de oficina 
imponen, en papel llamado de oficio, daudo á su.jefegerárquico el 
tratamiento de itsíu, cuan<lo escril»eal doctor Alberdi, en su rango 
entonces de encargado de negocios, le da el tratamiento de exce- 
lencia , el más elevado en las relaciones oficiales argentinas; y hago 
esta observación, i»or(iue quizá este caballero fué recomendado 
para su cargo por el mismo doctor Alberdi, que hubo de nombrar 
secretario de legación á otro extranjero. Transcribiré este parágrafo 
de esa carta ó nota: « V. E. me comunica (jue el gobierno argen- 
tino, por consideraciones de economía, seha encimtrado en la peni- 
ble necesidad de privarse por ahora de los i)reciosos servicios que 
yo he [uestado en Eoma en el carácter de agente confidencial. Yo 
no i)uedo á la verdad persuadirme que un gobierno (jue está en 
una creciente prosperidad experimente un tal gravamen con la 
asignación cpie se me ha fijado de 1000 pesos anuales, que se halle 
en hi necesidad de retirarme y esto sólo por ha(!er una grande eco- 
nomía, y. E. mismo me recomendal)a, hace algunos meses, hiciera 
l)ublicar en el diario el estad() fioreciente con «[ue i)rogresaba el 
])aís, y las mayores entradas que producía la aduana > el comercio. 
Hace recién poco meses (pie recibí el nombramiento de S. E. el señor 
vicepresidente... Por otra parte, el envío del delegado apostólico 
liecho por la santa sede (otro motivo que se aduce piíra mi retiro) 
me parece <]ue, lejos de ser una razcni para (juitar un representante 
confidencial, habría debido ser uu motivo mayor y de conveniente 
recii)rocidad para mantenerle... V. E. sabe cuantas cosas de local 
y es]>ecial importancia, he informado personalmente á su santidad 



— :i.->l 



y al excclt'iitísiiiio sei-rt-tario de t'stailo en el interés y utilidad de 
la eont'ederación : seniejantes servicios (|iie lian tenido hiüar y de 
los ciiaifs se |iodr;'i tener necesidad |tara más tarde... ( 1 ). 

Iv'epile los mismos arnumcntos \ l:is m¡smasol>sei\ aciones de la 
caria i'i olicio (l¡iii;id;i al ministro de relaciones exieriores, por cu- 
ya razini no Neo necesidad de la r»'iuddncci(Mien extenso: «jne 

la Kepúldica Arucntina se \)v\\v dr una ¡x r.saiKi Inuirtulti, ¡nftiinciilf 
fl ri¡i¡l(iiili , en lodo l<i (pie concieiiic ,i la dignidad, el honor y la 
oi>ini<'in... Se ex|>iesa bajo la preocupación anuustiosa del cese en 
sus funciones : Nadie mejor (|ue \'. K., — dice — piu'de conocer 
y dar le de cuanto he trabajado para satist'acer losencarüos recilii- 
dos y |ti-omover el bien de este país. Hace ya tres años ipu- lie sos- 
tenido con \'. i;. una a<l i\ a comunicación, procm ando insertar 
artículos en los periculicos, hablando constantemente á personas 
intiiiyeiites para mantener y acrescentar el bin-n conce]»to y opi- 
nión de la Cont'edeíacii'mAiu-enlina. y ahora, por una ii.síünilii ante 
consideracit'di de intereses, se me hace un desaire «pie no creo ha- 
ber merecido. Aiioyándoiue en la amistad ipu' \ . I!, me ha demos- 
trado sieiiii)re, le rue.<>o encarecidamente (piieía acoycr este nego- 
cio conlidencialiueute y comunicar al sefior presidente \ al señor 
ministro estas razouables ol)servaciones, suspendiendo mientras 
tanto cualípiier determinación hasta ipie st- tcuija la respuesta... 
Esté V. K. cierto (pie no es principalmente el interés el (pie me 
mueve sino mi honor, y el afecto (pie he cíuicebido por un país tan 
interesante como la ('oiitederaei<in Arijentina. 

Por lo (pu- dejo reiirodiicido se revela cpie el doctor Alberdi de- 
bió ser (piien le recomendase al <;-obieruo del l'arami: pero la ma- 
nera c(Mi (pie nianiliesta el deseo de cons(M\ar un puesto tan su- 
balterno, no me hace Jii/^arlo como |ieisoiia de posicjí'.n social 
imporlante. Dice (pie las noticias de la Ar<>cntina las sabe por los 
diarios, liieyo no mantenía correspondencia con el ministerio de 
relaciones exteriores, y aíi;re«a estas |ialabias caiacteiísl ¡cas : 
.M(»nserior Marini nose ocupa á la verdad de traiisiiiitirme las noti- 
cias y de sostener conmii'o una activa correspondencia, examinan- 
do la mía, la (pie he cultivado ciui \'. K. y con otras personas, no 

(1) Ariliivo (K-1 iiiiiiistciio il.- riliici.iiifs exteriores y lulto. J.e;;iijc) eitailo. 



— 352 — 

me parece liaber faltado en nada (1). Al pie dice : Es traducción. 

Conviene recordar lieclios que aclaran los procederes del agente 
Filippiani. 

El vicepresidente de la confederación, don Salva<lor María del 
Carril, por decreto dado en el Paraná en 13 de febrero de 1858, 
reconoció como delegado apostólico de la santa sede cerca del go- 
bierno de la Confederación Argentina, con residencia en esta capi- 
tal, á su señoría ilustrísüna veneralde Marino jMarini, arzobispo 
de Palmira, reservando al ])residente capitán general don Justo 
-losé de Urquiza, cuando próximamente desempeñe el poder eje- 
cutivo, contestar á su santidad (2). 

No encuentro en el archivo las bulas relativas á la preconiza- 
ción canónica de los ol)ispos de Córdoba, Salta y San Juan de 
Cuyo, remitidas por el agente conñdencial Filippiani. 

Por oficio datado en líoma á l"de abril de 185!), dirigido al mi- 
nistro de relaciones exteriores, dice : <; Llegado el excelentísimo 
señor doctor don Juan del Campillo en esta metrópoli católica el 
21 de enero próximo pasado, ha tenido esta mañana el honor de 
presentar á su santidad la carta credencial con que ese gobierno de 
la Confederación Argentina le acredita cerca de la santa sede en 
el honorable encargo de enviado extraordinario y ministro ])leni- 
poteuciario. S. E. ha sido acogido i)or su santidad con las conside- 
raciones convenientes á su grado, y también por el excelentísimo 
cardenal Antonelli, secretario de estado, y por el excelentísimo 
cardenal 3Iattei, sotto-decano del colegio de cardenales. Yo he 
cuidado de asistir con verdadero empeño al dicho señor ministro, 
haciéndole todas las atenciones oportunas, (lue mis relaciones es- 
l)eciales me ponen en la ventajosa posición de trilmtarle. He pre- 
venido al director de nuestro periódico para que quiera insertar 
en la gaceta de hoy el artículo de la recepción, (|ue yo he hecho, 
lío sé si hará alguna observación al objeto por la secretaría de es- 
tado, á quien deben someterse para la revisión los artículos oficia- 
les. En relación de la dicha presentación va á cesar el honroso 
í-argo de agente confidencial de esa Confederación Argentina, que 



(1) ídem. 

(2) Anteccdtiitcit // rexotticione.'í -lubir d culto, publicacióu de 1(^99, iiágiua 74. 



— 353 — 

yo lif sostenido (U'sdr 1S.")7 luista el ¡¡resente en virtud de l.i re- 
fiular noniiniiei(')n iiechii por el si'ñor \ ieepresidente, siüUiíd;! por 
el ministro L('>pez, liahieiido proeiirado <le hacer lo iiiejoi' (|iit' he 
podido para los neuoeios y el honor de la eontederaei('»n y del >>o- 
liierno, (pie espero ¡ion (pierrá olvi(hirse jamás de mi persona. Por 
lo (|ue eoneierne mis sueldos de este año y medio en l.'idd pesos, 
yo estoy eierto (|ue el señor Campillo tendrii la aniori/.acii'in y los 
reeursos neeesarios para pagármelos (1). Manitiesta la esperanza 
deque la eorresiiondeneia ipiedirii;i('»al ministrode relaciones exte- 
riores don Hernahé L(')pe/.. con lashnlas preconizando;! los oltispos 
de ("iMtloliii. de Salta > de San .luán de ( 'nyo, hayan sido recihidas. 
He dado noticias de las misiones enviadas ante la santa sede; 
el jiohierno del Paraná saliía perfectamente hien cuáles eran las 
pretensiones del cardenal Antonelli para eelelirar un cuncordaío, 
puesto ipieel agente contidencial XimT-nez recil)i('> liasta las hases 
escritas para celebrarlo, antecedentes de que se di('i noticia al doc- 
tor Allterdi, ministro ariicntino ante su santidad y (piien hizo caso 
tmiiso de tah's antec«'dent«'s, seyún se \'e del mintoraiulum (pie re- 
dactí'» en líoina en II de mayo de IS.'iC»; sahía por carta de este 
dil»lomático (pie la santa sede ne<ial>a el patronato, (pie caliticaha 
e( uno concesií'tn á los reyes de Kspaña, olvidando ipie es de evi- 
dencia leyal (pie la tnn(laci('m de una iglesia constituye el patro- 
nato, robustecido el derecho por costear todos los gastos del culto, 
como lo exigía la santa sede, y, si el soberano territiuial tiene esta 
carga, le corresponde el ¡latronato (pie ad(|uiere ])()r título oneroso. 
Y es muy errada (hictrina sostener (pie el patronato liga al gobier- 



(1) Archivo «Ifl iiiiiiistcrioile relacione» exteriores y culto, legajo citado. Keproduz- 
<o los Hi;j:iiieutii.s doeiiiiieiitos : « Hl subscripto, en fuerza del presente docuiueutu, au- 
toriza al ilustrísinio y revereudisinio monseñor Marino Marini, arzobispo de Palmira 
i« pnrlihiiK infidrUiim. y dele¡;ado apostólico de la santa sede cerca de la Confedera- 
ción ArRcutina. de exi>;ir de cualquier caja de este gobierno por si mismo ó por su 
orden, la suma de Uti pesos y 60 centavo», honorarios en mi favor devengados eu 
los meses desde agosto hasta 31 de diciembre de 1857. en calidad de ci'sado agente 
contidencial de esc gobierno cerca de la dicha santa sede sin perjuicio de los demás 
sueldos á retirarse. » Uoiiui, abril 30 ile l«5!t. Firmado, Urnrdiclo Filijipiaiii. Otro 
datado en la misnia fecha, « por la suma de 1083 pesos y 3.5 centavos, honorarios en 
mi favor devengados de entero año de 18.58 h.asta el 31 de cuero próximo ])a.sado, cu 
calid.-id de cesado agente confidencial de ese gobierno argentino cerca de la santa 
-sede, liorna, abril 30 de 18.5". Kirmado. lienediclo Filippiani ». 



— 354 — 

lio ciegaiuente á los intereses y conveiiieiK/ias eclesiásticas, cuaiHlo 
es el medit) de contener pretensiones abusivas, como la pretensión 
(le la intromisión directa de los obispos en la enseñanza elemen- 
tal y superior, y el dereclio de condenar los libros y pul)licaciones 
contrarias á las doctrinas clericales, puesto ([ue la ley suprema te- 
rritorial es la constituci('>n nacional á cuyas prescripciones se su- 
jetan todos los hal)itantes, incluso los obispos, los cuales para 
ejercer su jurisdicción pastoral prestan el juramento <le obedecerla. 
Pues bien, estos antecedentes no habían convencido al gobierno 
del Paraná de la prudencia en ejercer de hecho el jtatronato, divi- 
diendo las diócesis, como lo hizo al crear la diócesis del litoral; en 
presentar sacerdotes para los obispados, como lo hizo para los de 
Córdoba, Salta y 8au Juan de Cuyo ; y de lo imprudente y poco 
previsor en soñar en concordatos, cuyos modelos di<') el mismo car- 
denal Autonelli, fundando la ¡iretensión con los celebrados con 
los gobiernos de Costa Kica y (riiatemala. Fundado en estos ante- 
cedentes, era verdadera insensatez intentar una nueva misi(')n di- 
plomática, como hique confió al ministro de culto doctor don Juan 
ilel Campillo, y de la (luepaso á dar cuenta. 

Y debo recordar una vez más, (pie en el congreso del Paraná no 
dominaban los ultramontanos clericales, como no dominaron en 
el congreso constituyente en Santa Fe, de manera (pie la preten- 
sión de insistir en celebrar un concordato era imprevisora, impo- 
lítica é indisculpable, por más ambición personal (pie hubiera en el 
cargo de embajador especial y ministro plenipotenciario enlíoma. 

Jja mera pretensión de celel)rar un concordato, que el golñerno 
del estado de Buenos Aires no hubiera jamás aceptado, era dar 
forma definitiva á la divisiíui i)olítica entre la entonces Confedera- 
ción Argentina, de las trece provincias, y a(piella i)rovincia disi- 
dente, por un pacto con la autoridad de la iglesia, (pie consolidaba 
la división transitoria del territorio. Bastaba jiara el buen gobier- 
no de la iglesia, la creación de la diócesis del litoral ; la misión 
confiada al doctor Cainiiillo, olvidando lo ocurrido con el ministro 
Alberdi y el agente ct)ntídencial Ximénez, ii (piieu el cardenal 
Antonelli dio un proyecto de concordato, fm^ más (pie un error 
del gobierno, una gravísima falta de respeto á la misma autoridad 
del Vaticauo. El fracaso de esa misión era de palmaria evidencia. 



C'AIMTILO WII 



MlSIttN COMI.VDA Al, |M)( Tdl; DON .MAX J»KI- (•.V:M l'l IJ.O, NOM líÜAIK» 
KNVIADO |;\TI:A01;|)INA1;I() V MIMSIIMI l-I.KXIlMtTENCIAiao an- 
TK I, A SANTA SKDK. 1 S.">S-1 S(;0. 



Kl (Incior (Ifl ('¡iiiipillu t's iKiiiilniidi) ciix ÍímIo cxtriiordiiiüiio y 
uiiiiisti<) i)lt'iiiiu»t»'n<M:irin en inisi(')ii i's|u'«'ial ante su santidad Pío 
IX ittir decreti» de ."}() de septieniltre de 1 SrtS : en el misino día se 
cuiinniica el noinhraniienti» y lo acejita. 

La fiedencial dice: .Insto José de rri|ui/.a, ]iicsidente de la 
Coiitederaeión Aiucntina... Siendo nuestro más vivo deseo mante- 
ner la leeatóli<*a yestreehar los vínculos que feli/mente existen en- 
tre la ¡«ilesia arücntina y su santidad, las relaciones de amistad con 
el «••ohicrno de la santa sede, nos hemos determinado á neijociar 
un concordato (|Ue lU-ne esos ol»jetos, bajo las hases de uueslra rc- 
li^iic'm \ iirinci]>ios fundamentales de nuestra caria conslitucional, 
conlian<Io en el distin.iiuido talento, te y celo del doctor del Cani- 
pillo, ministro secretario en el departamento de justicia, culto é 
instrucción pública. Nuestro enviado extraordinario y muiistro ple- 
nipotenciario en misión especial, lo hemos elegido, autorizado y 
comisionado, como por la presente lo eleíiimos, autorizamos y eo- 
misionannts, para nejiociar, concluir \ lirniai- con el plenipotencia- 
rio (pu' su santiilad nombre al electo, el antedicho concordato, pro- 
metiendo ratiliearlo dentro del término (pie se lijare y con arrej;lo 
á las leyes de la Confederación Ar<i-entina. Kn fe de lo cual, tirma- 
mos la presente i'efrendaila |)or nuestro ministro secretario de es- 
tado en el dcparlann-iilo de relaciones exteriores y sellada con el 



— 35() — 

sello uaeioiíal. Dada eu el Paraná, ca))ital de la Confederación Ar- 
gentina á los treinta días, etc. (1). 

He reprodueido ¡ii extenso este documento porque es prueba oñ- 
cial que hasta esa fecha no se había ñrinado ninuúu concordato, 
de manera (pie la aürmación de su santidad Pío X de <: que conocía 
el nombre de Alberdi por la historia de los concordatos celebrados 
por la iglesia », según el telegrama (pie he rei>rodiicido anteriormen- 
te, está en contradicci(')n con las constancias oficiales en el archivo, 
puesto que el doctor Campillo no se atrevió á firmar el (pie le pro- 
pusieron en la curia romana, por estar en oposici('>n á la C()nstituci(')n, 
y no haber aceptado el (pie }>ropiiso ni las modificaciones (pie indi- 
c('). i Pudo el doctor Alberdi firmar lo (pie exigía el cardenal Anto- 
nelli í ¿en «lué fecha? por(pie retirada la misifjii especial conferi(hv 
al doctor Campillo, (piedabala niisi()n permanente (pie desempeña- 
ba el doctor Alberdi ; pero es inverosímil que se hubiera modifica- 
do el criterio de los negociadores para firmar un concordato, que 
no se conoce en los anales oficiales del ministerio y (pie no ai>ro- 
b(') el congreso argentino, y del cual jamás hizo menci(>n la santa 
sede en las diversas misi(mes posteriores á las del doctor A]l)erdi 
y doctor Campillo. 

Tengo á la vista un jtapel (pie dice: ]Miuistro de relaciones ex- 
teriores, (((¡oslo 23 (le 1858. Eecibí los documentos siguientes: Un 
proyecto de concordato presentado por la santa sede. ídem por el 
enviado señor Ximénez » (2). 

El señor Campillo pasa á 8. E. el cardenal Antonelli una nota 
(hitada en Roma á 28 de enero de 1S.")!>, pidii'ndole se le designe 
día y hora para tener el honor de poner en manos del santo i)adre 
las letras patentes (pie lo acreditan como enviado extraordinario en 
misi(')n especial de la santa sede. Observaré las faltas de expe- 
riencia en el procedimiento. Los usos diplomáticos establecen que 
el di[)lomático haga visita personal al ministro de relaciones exte- 
riores, para anunciarle de viva voz su misiírn, y cuando solicita la 
audiencia para presentar la carta aut(')grafa deljefe del estado, que 
son sus credenciales, y no letras patentes, el uso y la eti(pieta esta- 

(1) Archivo del ministerio de relacioues exteriores y culto. Legajo citado. 

(2) Archivo del ministerio de relacioues exteriores y culto. Legajo citado. 



Ith'ceii se at'ompafie copia (le las mismas. Kl sefiov Campillo y su 
secretario iio se tomaron el traliajo de pi-etinntar cuáles son los ustis 
> t'oi'inaiidailes en eslos casos, ni tampoco el aiicnle <'oiitiileiicial 
Filippiani, á pesar de (pie hacia \ alcr l;i^ tacilidades de ipie uo/.aha 
ante la santa sede. 

li'eeiiiido por su santiilad, se diri<;c al endiajador de S. M. I. y 
real apostólica, comunicándole lial)er sido recil)ido en su carádcr 
oticial. Esta deliia ser la costumbre y la eti(pnMa en el \aticaiio, 
pui'sto (pie (le iiiual manera procedií') en líonia el harón de ("aintz, 
enviado extraordinario y ministro ]ileniiK)tenciari<) de S. M. td rey 
de l'rusia, seüún consta en <d copiador de notas de la Icuaciíni de 
(aiupillo, (híude está reiu()duci(hi su nota datada en Koma en 24 
de junio de IS."»!». J^o mismo procedió el ministro de I?(''l<iica, Mr. 
|[. Carolys en ISGO. ¡Era esa la elic|ucta diiilomiii ica > la coslum- 
hre en corte itontilicia .' Cito los hechos. 

El ministro del Campillo deji'i hien or,i;ain/.ado el aichivo de su 
misi(')n, y se conserva (d lihro co]iiadorde la correspondencia. 

Por oticiodiriiiidoal cardenal Aiitonelli en 'Jfi de nnuzode 1 S.")!», 
solicita la dinnniUM<'in de los días festivos, l'or oficio de '24 de 
mayo de 1S.")!I, decía al ministro de relaciones exteriores liaher 
saldado los nastos hechos por el ajiente c(mtidencial .1. Filiji- 
piani para la e\pedic¡('ui de las huías de los tres ohis]ios, y ade- 
más ."i.")0 c.>.cudo> romanos por los gastos (pie demandara la pro- 
\ i-ií'm del ohisiiado del litoral, y decía (pie iirocederá como se le 
(U'dena. Se (lirinc al mismo ndnistro en junio 1' de IS.")!), mani- 
festando (pie la santa sede nombró al substituto de la secreta.ría de 
estado, doctor don .losi- r.erardi, para entablar las conferencias pre- 
paratorias para (d conciu-dato, y dice: No obstante esto he podi- 
do procuranne nundias címferencias sobre las puntos más impor- 
tantes did concordato: y al objetí) de simplificar la ne<;()ciaci('in, 
obviar dificultades de forma y recomeinlar á la memoria ocn]»a(la 
(l(d excelentísimo sei"ior i'x-rardi, las conclusiones de aluiinas de 
nuestras conferencias, le pasí'- un proyecto de c(uic<)rdafo ipie |)ii- 
diese tener á la vista y examinar detenidamente. 

l-ai la obra Intiírdi iilis ij nsolmiones sobrr culto — recopilación 
reconn-ndada i)or el excelentísimo señor ministio de relaciones ex- 
teriores y culto á la secretaría de justicia, á cuyo cargo estuvo «d 



— 35S — 

(lespiícUo del culto luistii l;i promiilsiacióii de la ley número ;i7'-'7 
.sobre reorganizacióij de los ministros nacionales — da cuenta de 
esta misión y allí se publica el proyecto de concordato á que se re- 
fiere el doctor del Campillo y que reproduzco en nota (1). 

« Este proyecto, — dice el doctor Campillo, — lia servido en ver- 
dad para fijar el orden en nuestras discusiones y precisar un resul- 
tado cnabjuiera; pero que, contesta(b> con su contraproyecto que se 
aleja niuclio de las bases establecidas en aípiel y de nuestras justas 
aspiraciones, hace conocer las vistas de esta corte en relación á con- 



(1) « Proyecto de concordato presentado por c'l ministro arjíentino doctor J. del 
Campillo ;í monseñor don José Berardi, encargado de la negociación por su santi- 
dad : Art. 1°. Siendo la religión católica, apostólica, romana la que profesa la ma- 
yoría del pueblo argentino, el gobierno de la confederación le prestará la más 
decidida protección ; su culto será público, libremente ejercido conforme alas leyes, 
y respetado por todos los babitantes del territorio, sean cuales fueren sus creencias 
religiosas. — Art. 2°. El gobierno argentino se compromete á dotar los obispos, ca- 
bildos y seminarios y á proveer los gastos del culto y fábrica de sus iglesias. — 
Art. 3°. La iglesia no establecerá impuestos propios, mientras goce las dotaciones 
del artículo anterior. — Art. 4". Los párrocos seguirán percibiendo los emolnmen" 
tos llamados parroquiales con arreglo á un arancel establecido por esta ley, que no 
será más bajo cjue los que actualmente rigen en la confederación. Estos derecbos 
podrán ser suprimidos, cuando el gobierno pudiere asignar á los párrocos una renta 
fija de acuerdo con el obispo. — Art. 5°. El presidente de la confederación ejer- 
cerá el patronato de las iglesias existentes y que en adelante se erigieren en su te- 
rritorio. Presentará para los arzobispados y obispados vacantes, eclesiásticos dignos 
é idóneos : el sumo pontífice dará á los presentados la institución canónica, confor- 
me á derecho. Corresponderá igual presentación á cualquier otro nombramiento que 
hiciese su santidad para el gobierno de las iglesias. — Art. 6°. Los obispos nombra- 
rán los miembros del caViildo, canongías ó raciones. Las eanongías doctoral y pe- 
nitenciaria se darán por oposición. Nombrarán asimismo los rectores y catedráticos 
de los seminarios conciliares. Todos estos nombramientos no podrán recaer sino en 
personas de la aceptación del gobierno. En caso de faltar el obispo eu el gobierno 
de la diócesis, la presentación de los miembros del cabildo corresponderá al gobier- 
no argentiuo. — Art. 7°. Las parroquias se iiroveerán en concurso abierto. Los or- 
dinarios presentarán en terna los candidatos aprobados en el concurso al presidente 
de la república (ó á quieu haga sus veces) para que éste elija quién deba ser insti- 
tuido. — Art. 8°. La santa sede procederá de acuerdo con el gobierno argentino eu 
la erección de nuevos obispados, en la división y límites de los ya existentes, como 
también en sus divisiones y el personal de los nuevos cabildos. La demarcación y 
límites de las parroquias, se hará por los ordinarios, y de eomxíu acuerdo con la 
autoridad civil. — Art. 9". El gobierno argentino reconoce el derecho de adquirir 
y poseer bienes temporales con arreglo á la ley : quedando sujeto al pago de las con- 
tribuciones que la ley estableciere, á excepción de las iglesias, seminarios y conven- 
tos. — Art 10. Las temporalidades pertenecientes á comunidades religiosas que en 
adelante se extinguieren, podrán ser aplicadas por el gobierno argentino á objetos 
del culto ó de pública beneficencia ; y las que hubiesen sido enajenadas antes de esta 



fordatos con las naciones ratt'tlicas \ liacc t-siicrar imm(m|Uc nues- 
tras necesidades sean atendidas como lo iiahiamos pedido (1). 

Sorprende que este ministro, <|Ue desemiieñal>a en el <>-obierno 
del raraná el ministerio del culto, liuUiese (dvidado las l>ases (pie 
el cardenal Antonelli dit'i al agente contidencia! Xiuiénez y qiu- 
este transmiti<'> al uoliierno. Juntamente ciui la coiiia de los con- 
cordatos celeluailas »-on Costa Hica y (iuatemaia. por ipie. impues- 
to de estas piezas, no pudo alentar la esperanza deceU'lnar un con- 
cordato que se arinoid/.ase cíui lo disi»uesto por la constitución, y 



ferliu, ciiutiiuiaráii <li-l iiiisum nuido «lUe lüista aquí, siu (|iii- sus iluc-fios pueilau si-r 
iiiolestjHlos fii »•! f;i>ci" lie sus iliTt-elios adquiriitos. — Art. 11. í^U-nJo ol ¡mino ponti- 
tice rumano el jefi- tle la iglesia católica, podrá comunicar lilircniente con el pueMo 
a rgeiitino y con los prelados de sus iglesias, y las disposiciones que de él emanen, 
siundo de un carácter puramente espiritual, tendían su lilire curso, como lo ten- 
drán también todas sus demás disposiciones, siendo conformes á las estipulaciones del 
presente concordato y á las leyes de la repúldica. — Art. 12. Los i)relados de las 
iglesias serán lilires en el ejercicio de su autoridad. Ésta será exclusiva en las cau- 
sas puramente espirituales, y eu las de los clérigos, en la que concierna á su minis- 
terio. Las disposiciones de la aiitóridad eclesiástica serán elicaznieute apoyadas por 
el gobierno, en cuanto no se opongan á las leyes de la confederación. — Art. 13. 
La santa sede, de acuerdo con el gobierno argeutim>, estabh'cerá los tribunales de 
apelación en que hayan de terminar, dentro del territorio argentino, las causas perte- 
necientes á la Jurisdicción eclesiástica. — Art. 14. Los obispos y prelados eclesiás- 
ticos prestarán, antes de ejercer jurisdicción, el juramento de obediencia ala consti- 
tución de la república y á las autoridades creadas jior ella. — Art. l.">. El golnerno 
argentino suministrará los recursos necesarios á la propagaciiin de la fe católica en- 
tre los infieles existentes en su territorio : favorecerá el establecimiento y progreso 
de las misiones conforme á la constitución de la república. El gobierno de estas mi- 
siones correní á cargo exclusivo del gobierno, hasta que se determine la erección 
de una nueva diócesis qne las comprenda, 6 sean adseriptas á alguna de las diócesis 
existentes. — Art. 16. La santa sede reconoce al golnerno argentino como único 
representante de la soberanía nacional y no concederá á ningiín estado ó provincia 
«i territorio cpie forme part*- de la naciiin argentina, los derechos reconocidos á su 
gobierno por el presente concordato. — Art. 17... » (Obra citada, páginas 43, 44 y 4.^.) 
El ministro argentino uo debió olvidar lo siguiente : « Ministerio de relaciones ex- 
teriores. Htirnu» Aires, fehrfro 27 de IS.'iT. El goliieruo acuerda y decreta : Art. 1°. 
Ninguna persona, ni autoridad civil, ni eclesiástica en esta provincia, podrá reco- 
nocer con valor alguno legal ó canónico, ui menos prestar obediencia ni cumpli- 
miento, ó hacer valer cu manera alguna ninguua bula, bVcve ó rescripto pontifi- 
cio, ninguna otra clase de documento qne se haya recibido en esta provincia ó cual- 
quier otra parte del territorio de la república, después del 25 de nuiyo de 1810, y 
que aparezca emanado mediata li inmediatamente de su santidad el romano pontífice, 
ó de la curia rom:ina. ó de algún cuerpo ó persona que se crea autorizada por su 
santidad para i-xpedirlo. ,<in que tenga el jiase ó txfqautiir de la autoridad encargada 
lie las relaciones exteriores... — I{I)S.\.S, Fki.ii'K Ahasa ». (Kegistro oficial). 
1 1 ) Archivo del ministerio de relaciones exteriores y culto, legajo citado. 



- 360 — 

l»or lo tauto uo debió aceptar uua uiisi<5u que tendría por resulta- 
do ini fracaso. Esta correspondencia oficial ine confirma en la 
persuación que el doctor Alberdi no firmó ningún concordato, 
porque de ello luibrían lieclio referencia en esta negociación. 

Monseñor Berardi en representación de la santa sede presentó 
un contraproyecto, (pie contiene 22 artículos y está publicado en 
italiano en las i)áginas 45 á la 49, el cual no analizo powpie el mi- 
nistro argentino presentó un segundo proyecto, teniendo en con- 
sideración lo expuesto por monseñor Berardi. El análisis compa- 
rativo de estas piezas me absorbería mucho tiempo sin utilidad, 
l)uesto (pie no celel)r(') concordato y son por lo tanto documentos 
para la historia (1). 



(1) Segundo proyecto presentado i)or el ministro argentino observando el contra- 
proyecto de monseñor Berardi ; reproduzco las observaciones : «Art. 1°. Observa- 
ción 1'. No habiéndose jircsentado otro art. en reemplazo del 1", reproducimos 
el que habíamos redactado... — Art. 2°. Observación 2^. Lo relativo á este art. 
es la libre comunicación del sauto padre con la iglesia, se encuentra en el ad- 
junto proyecto bajo el art. 11, pero puede volver al 2° que es el lugar del contra- 
proyecto. — 3^ Lo que concierne á la censura y examen de libros y de escritos que- 
dará arreglado en el art. 12. — 4" Lo prevenido en el art. 2° del proyecto adjunto 
es todo cuanto el gobierno puede ofrecer en protección de la doctrina católica: esta- 
blecerla y enseñarla en sus universidades y demás establecimientos : dejar toda 
la libertad á los obispos en la dirección de los seminarios conciliares ; pues uo podrá 
jamás ingerirse en las escuelas privadas sino en el caso de que enseñasen doctrinas 
contra la moral pública. Queda también de este modo asegurada la libertad de los 
obispos en el gobierno y administración de los seminarios, conforme á la ley de la 
iglesia. — 3^ La dotación que el art. 3" asegura á la iglesia, garante cumplida- 
mente la satisfacción de sus necesidades. En esto está fundada la renuncia que ha- 
ría de otras rentas para cuya imposición tendría facultad, pero serían iniítiles una 
vez establecidas en su favor de la dotación del gobierno. Como todas las obligacio- 
nes que nacen de un contrato recíproco, como es el presente concordato, deben esti- 
marse á título oneroso, es inútil eu el presente art. la expresión de esta circuns- 
tancia ; mas si se creyese necesario, sería preciso extenderla de modo que comprenda 
las obligaciones que asume la santa sede. Con respecto al personal de los cabildos, 
seria aumentado ó disminuido por acuerdo mutuo, entre la santa sede y el gobierno 
argentino, sea en las iglesias existentes, ó en las que en adelante se erigieren. — 6=- 
En el art. i" los aranceles existentes son establecidos por la ley, de acuerdo con los 
obispos. — 7^ Observantlo el art. 5» diremos que por las leyes vigentes de la igle- 
sia la fundacióu, erección y dotación de una iglesia, dan el patronato de ella. Por con- 
siguiente, conforme á estas mismas leyes, el gobierno argentino que erige, funda y 
dota sus iglesias, debe ejercer el derecho de patronato sin que pueda esto reputarse 
una gracia especial. Este derecho acordado en la presentación de arzobispos y obis- 
pos, debe extenderse por identidad de razón á cualquier otro prelado que haya de 
gobernar las iglesias en virtud de un nombramieuio hecho fuera de la república. El 
gobierno argentino consentirá en tal concepto en que sus obispos presentados, aban- 



— 3tíl — 

El st'fior tk'l Ciiiiiiiilln dice en la nota cita<la : Para lijar el es- 
píritu y fmidameiito de 1<»> |nineii»it)s ((ue jnstitiean nuestra reela- 
uiaeituí he ereído tanihiéu deber aeoiupafiar un im iiKirdiidiiiii. (|ue 
reeuerde en detalle las ideas cambiadas en lan repetidas conl'e- 
reneias. 

Si el diploiuátieo ADu'rdi hubiera firmado alnúu eoneordato, es 
de palmaria evideneia que en esas rei)etidaseont'ereneiasse habría 



ilonaiulo la costumbre y pníctifii observailas hasta aquí, lu) iiiicilaii en adelante ad- 
iiiiuistrar su» i};lesias en tanto no reeiViau sus eorrespondientes bulas. Tor lo demás, 
hemos suprimido lo rpie haee relaeión al nouibramiento del vicario capitular en sede 
vacante, poniue el ¡.jobieriio nada tiene i|ue hacer en la fornuí de esta elección, que- 
dando al jefe de la iglesia la libertad de disponer lo que entendiese conveniente, con- 
forme al concilio de Trento. — 8» Lo relativo al juramento de los obispos se esta- 
blece en el art. 14 del adjunto pro.vccto. — 9» Considerando el art. ti» diremos que 
los mismos derechos que fundan el derecho de patronato del gobierno argentino para 
la presentación de obispos y arzobispos son idénticamente aplicables á todos los dc- 
nuís empleos de las iglesias dotadas por el gobierno ; pero (lucrieudo este aumentar 
la consideración y respeto por los obispos y su libertad de acción soi)re el clero, ce- 
ilcrá en favor de ellos el derecho de nombrar los miembros del cabildo y demás be- 
neficios preiudicados. Pero el gobierno se reserva, como es nn\y justo, la facultad 
de imposibilitar el nombramiento de personas hostiles á la patria. — lO" El art. 7° es 
copiailo del contraproyecto, en la inteligencia de quo el presidente de la república 
poilrá delegar en los gobernadores de provincia la elección de la terna. — 11' Kes- 
pecto al art. 8" es preciso observar que el personal y dotación de las nuevas 
iglesias no podrá ser siempre igual al de las iglesias en centros pe(|Uenos de población 
naciente, en medio de desiertos actualmente habitados por indios salvajes ; no habría 
suficiente clero tal vez para proveer las sillas del coro en la forma que están las ac- 
tuales ó no sería quizá bastante una dotación igual. Por eso se deja este punto al 
acuerdo de ambas autoridades. En la demarcación de las parroquias, el gobierno po- 
drá delegar su facultad de acordar con el oreliuario, á los gobiernos de provincia. 
— 12» Lo relativo á las misiones se verá establecido en el art. l."> ilcl proyecto ad- 
junto. — 13» Eu el art. 9" se acepta la primera parte del art. del contrapro- 
yecto que establece la liberta<l de la iglesia en la adquisición de bienes, con una pe- 
(|ueña cláusula para su nu'jor explicación ; porque es preciso observar que la ley 
civil no ampara con igualdad todas las propiedades de los ciudadanos, habiendo co- 
mo hay algunas que gozan de especiales privilegios. Xo seria tampoco posible admi- 
tir la redacción del art. en la parte en que se dice que el santo padre consiente 
el gravamen de la propiedatl eclesiástica en rinta ric las eircuHHiancias de Ion liempoi, 
l>ori|in.' tal cláusula da á esta declaración el carácter de temporal jirovisorio y por 
consiguiente revocable. Si la concesión no es dada con ese carácter de revocabilidad, 
una tal redacción vendría á ser completamente inútil. — ll" En el art. 10 se pro- 
vee el destino útil que podría darse á los bienes de las corporaciones extinguidas, 
consagrándolas á las necesidades del culto mismo y á los objetos i)íos. El gobierno 
no tiene noticia de ninguna enajenación hecha por gobiernos anteriores de tempo- 
ralidades religiosas. .Si alguna hubiese, no podría compararse nunca con las canti- 
dades invertidas eu el sostén de la iglesia y del culto. El art. tal como se en- 
cuentra en el contraproyecto no tjene, pues, aplicación alguna y sería preciso re- 



— 362 — 

discutido ; ponjue lógicamente se imponía como el tó]»ico funda- 
mental de la misión. El unevo plenipotenciario argentino, en mi- 
sión especial precisamente i)ara disentir uu concordato, no hace la 
mínima referencia ; pero tampoco la hace el negociador designado 
por la santa sede, y por estas razones paréceme que el doctor Al- 
l)erdi no flrmó ningún concordato, á i)esar de la aseveración del 
arzobispo Soler y de las referencias de Pío X. No es un secreto di- 



dactarlo en la forma que lo está el adjunlo proyecto. — 1.5^ Todo lo relativo al libre 
ejercicio de la jurisdicción eclesiástica, ala correccióu de sus subditos y al fuero per- 
sonal del clero, se explicará en el art. 12. — 16^ El art. 11 es copiado del pro- 
puesto en el contraproyecto, con una adición en su última parte que tiende á salvar 
los mismos derechos que se adquieren por el presente concordato y que en nada per- 
judica á la libertad de comunicación entre la santa sede y la iglesia católica. — ■ 17. 
En el art. 12 se ha reunido todo cuanto puede desearse para el libre ejercicio de la 
autoridad eclesiástica en la defensa de la doctrina católica y de la disciplina ecle- 
siástica, así como toda la protección que el gobierno puede dispensarle. Las penas de 
carácter puramente espiritual que impusiese la autoridad eclesiástica, no necesitan 
para su eficacia el apoyo del gobierno. Les basta la entera libertad que el art. 
del proyecto adjunto les asegura. En las demás penas de carácter temporal, el go- 
bierno ofrece todo cnanto puede, esto es, su protección constante hasta donde se lo 
permita la ley, origen de su autoridad. No podría tampoco admitirse la redacción de 
los art. concernientes al antiguo fuero personal eclesiástico, porque en ellos apa- 
rece la supresión de dicho fuero, como nna concesión graciosa en ronsidernclóii á la» 
virennstanciax de los tirmpoK : lo que da á esta cláusula el carácter de temporal y re- 
vocable. — 18* Se reproduce el art. 13 de nuestro primer proyecto por haberse ol- 
vidado en el contraproyecto. — 19^ Xo sería admisible la redacción del art. 11 
conforme al contraproyecto presentado, sin hacer respecto al gobierno argentino la 
suposicióu ofensiva de que pudieran dictar leyes contrarias á las de Dios y á la 
autoridad espiritual de la iglesia. Semejante cláusula á más de ofensiva seria inútil, 
desde que la ley fundameutal de la república no da á ninguno de sus jioderes públi- 
cos la facultad de dictar di.sposiciones semejantes, que, no mereciendo el nombre de 
leyes, e.staríau fuera de los deberes que impone el juramento. El línico objeto del art. 
en el proyecto adjunto es el de mantener á los obispos eu la sumisión de las leyes 
del estado, conforme lo establece la misma doctrina cristiana. — 20" Respecto del 
art. 15 del contraproyecto, referente á las juisiones decimos : que el gobierno 
argentino no podría aceptar una obligación indefinida como la que allí se establece. 
Tanto 1-1 pi-rsimal de las misiones como los tViuil<is iiiMcsarios á su sostén, depende- 
rán di; una lev que ese mismo gobierno no |)<iihía anticipar ni prever, y cuales- 
quiera esfuerzos que consagrase á este importante objeto, serían también estériles 
sino estuviese al mismo tiemijo bajo su cuidado el gobierno de esas misiones, en lo 
temporal, para asociarlo á los medios materiales de defensa y protección de que pue- 
de disponer en favor de ellas. El art. propuesto concilla á nuestro juicio todas 
esas dificultades. — 21" Reproducimos en el art. 15 el ciue propusimos en el primer 
proyecto y cuya omisión en el contra-proyecto se reputa un olvido. — 22^ El art. 
17 está textualmente como se encuentra eu el contraproyecto. 23" — El art. 18 con- 
tiene lo necesario para salvar las dudas que puedan ocurrir en la aplicación de los 
artículos del presentí; concordato en lo sucesivo». (Obra citada, páginas 53 á 57). 



— 363 — 

liliiiiiátiro si tal foiifonlato sr liubiei!i (-«'lebrado, desdíMinc no fu»' 
apnihado jtor t'l ejecutivo iiacinual ariifiitino ni discutido en d 
coDjíreso del Paraná, ni canutado, puesto (|ue tu la caria aut('i- 
grafa del presidente I itpiiza, (pie he reprodiu-ido. m- envía cu mi- 
sión especial al d«>etor ("anipillo iireeisainente á lin de procurar su 
eelebraci/ui. li-iioro ios fundanu-ntos ipu' ten.i>a el prelado uruyini- 
yo para pedirá su santidad una liendicióu apost(')lica á la lut^noria 
de (|uien .s* <//(■( lirun'» el y>/-((;i(r e(UU-ordato arucnliuo. (pie si lo liu- 
biera firmado no sería el ¡iriiiiero sino el único. 

El señor del Campillo, de regreso de su misit'm ante la santa 
sede, di<'> cuenta iletallaiia en otieio datado en el l'araná á 4 de 
de mayo de l.stiO, en el cual declara »puMe<Ml)ió instrucciones para 
celebrar un concordato (pie estableciese la conveniente armonía 
entre la autoridad espiritual de la iglesia y la temporal <le la na- 
ción, sin menoscabar la libertad de aipiella y el ejercicio libre de las 
atribuciones políticas (pn- la con>tituci<'in nacional contiere á los 
poderes creados por ella. 

Fué un grave error del gobierno del l'arauii las imprenieditadas 
misiones ante la santa sede juna intentar la celebración de un 
concordato, (pie nada hacía urgente, y C(niviene observar que iii 
esa época el partido clerical idtramontano era un mito sin intluen- 
eia, como lo probó en las discusiones de la constitución nacional 
sanciona(hi en Santa Fe. Ni el presidente general l'iMpiiza, ni el vi- 
cepresidente don Salvador alaría del Carril, ni la mayoría del gabi- 
nete, niel congrest» nacional, eran ultramontanos. Loatirmo, ponpie 
en esa época yo era diputado nacional por la iiroviucia de Corrien- 
tes; .sólo en el senado podían contarse tres ó cuatro ultra clerica- 
le.s, como el senador i»or Santa Fe, señor Leiva, nnentras «pie la 
gran mayoría era liberal de experiencia. Puedo afirmar (pie los 
arregios iniciados p(U- el señor Ximénez y Campillo hubieran sido 
rechazados en el congreso, pues yo era miembro de la comisión de 
negoci()s extranjeros, y tal concordato hubiera sido repudiado por 
la simple pretensión de exigir la reforma constitucional. 

Kl ministro Campillo exjíone (pie su prop('>sito era asegurar el 
ejercicio del (h-recho de patronato, y el de ex|iedir el exequaliir en 
tíídos los breves y bulas de su santidad (pie hayan de tener cum- 
plimiento en el territorio argentino. ( 'on relación al primer punto. 



— 364 — 

— dice, — el gobierno de su santidad no trepidaba en la concesi<3n 
del derecho de patronato; pero en la inteligencia de qne, á pesar 
(letal concesión, se entendería siempre reservada exclnsivamente 
álasauta sede la nominación de obispos coadjutores para nuestras 
iglesias, aun con el dereclio de futura sucesión :>. Respecto al se- 
gundo i)unto, afirma (jue se le manifestó una negativa constante, 
fundándose en (|ue el eiiercicio del exequátur no ha sido acordado 
hasta hoy á naci(')n alguna (1). En atención á la distancia que se- 
para las iglesias en la república de la santa sede se le ofrecía por 
documento separado, conviniendo en que las disposiciones ponti- 
ficias no tuviesen cumplimiento sin el i-isto del gobierno argenti- 
ne. v~ Después de varias conferencias, — continúa, — presenté un 
l)royecto de concordato, qne corre en el libro de la legación debi- 
damente autorizado, (pie acom])año en esta nota... > ; expresa que el 
contraproyecto presentado por el plenipotenciario de su santidad, 
« á más de las excepciones hechas á los derechos reclamados en fa- 
vov del gobierno argentino, exigía también elj-econocimieuto del 
fuero personal de los obisjtos en las causas mayores. Como tales 
exigencias eran á mi juicio opuestas á la constitución nacional, y 
como, por otra parte, el negociador i)or la santa sede no quería 
consentir en que nuestra constitución fuese señalada como límite 
délas libertades (pie reclamaba para la iglesia, no es conveniente 
aceptar el contraproyecto > ; y se refiere á las observaciones que 
constan en el libro de la legación. ;: Entonces fué que se ofreció la 
a(lopci('»n de un convenio de concordato meuof pleno, que sólo con- 
tuviese algunos artículos en (pie nos encontrásemos de perfecto 
acuerdo, esi)erando (pie en h> sucesivo pudiesen removerse los obs- 
táculos (jue la constitución ofrecía en el presente á la celebración 
de un concordato pleno entre la santa sede y el gobierno argenti- 



(1) En virtud del dictamen de la juuta de teólogos, canonistas y juristas, el go- 
Uiirno de Buenos Aires, como encargado de las relaciones exteriores, hizo 14 de- 
claraciones que constituían el derecho jiúblico eclesiástico argentino ; y en el Memorial 
ajuslado. dice : « 7" Ítem reconoce que, en conformidad al 5" principio que va sen- 
tado, el sumo pontífice no ha podido reservarse, como lo ha hecho y declarado, la 
provisión de las iglesias vacantes y por vacar, procediendo á proveerlas y despachar 
otras insinuaciones en la república, con despojo de aquellos nuestros derechos : y que 
debe tal reservación suplicarse oportunamente, reteniéndose entretanto toda provi- 
sión.» (Página 1, obra citada.) 



— 3(i5 — 

lu» (1). AuiKHUMH) creí i»ni(K'iiti' la iU-eptaciMii <lt' mi couconlato 
iiic<>iii]ilt'tt>, contiiuu' las (•(Hitcrciicias, siciiiiirc con la cspcraii/a 
(le aiiiiiciilar ciiauto luisiliic lucia el niiincín de los artículos acor- 
<lailos. (ilileiiiemlo de este modo la iVtnmila del iieiisaiiiieiito de la 
sede loiiiaiia xihrc las cuestiones ([ei)ati(las, y á las (|iie lial)íauios 
coiisafiTado tantos esfiu-izos. (dino |iiiielia de éstos, ac()ini)añ() á 
\'. H. los artículos acordaflos... \'. i], notaiá (|iie su contenido me 
desviaba consideniltleinente de mi ininicr |)ro|i(')sito ; > sin olileiier 
la plenitud délos derechos «pu- reclamaba t'U favor del mibieino 
aiiifnrino, cttuteuía exi^ii-ncias ipie he creído en desaciierdo con 
las prescripciones rehitivas de nuestra carta, como en la inlervcn- 
«•¡«'•11 V libertad de la iglesia en todos los establecimientos de ense- 
ñanza > ediicacií'm, aun de particuhires, lo ijue no mees (hidocoii- 
seutir sino dentro de los límites ipie marca la iiiJMiia constiluci(')n. 
'rambién notará V. E. que tal concordato seiiiiiileno es un aciienlo 

de transicií'in ipu', sin mejorar las c liciones actuales <le nuestro 

modo de ser, en relación con la iulesia, necesitaría para su cumpli- 
miento el transcurso del tiempo y al(fniias nfoniias en iixcstra car- 
io. M'"" ' le era dado esperar. Por tales motivos no me he creído 

aiitoii/ado ;'i tirmarlo, [ten» sí en el <lelierde presentarloy ncomcn- 
ihirliiÁ \' . \\. pni(pie puede servir de base ])ara ulteriores arre- 
ííh.s (•_'). 

A tin de (pu- se aprecie la historia del malhadado eiii peño de cele- 
brar un concordato, juzgo conveniente referirme á la nota (pie el 
ministro del Campillo dirig¡('>en Koma, á K» de febrero de 1<S(;(», á 
monseñor Herardi, substituto de la secretaría de su santidad, acu- 
sando reculo del proyecto de concordato (pie resiilt('i de las confe- 



(1) El luiuistro ar'íeutiiui iiii ilrbió i>lviil:ir cinc eu <;iiero ile WM v\ ¡¡ohienio <!<■ 
Itiicuos Aires, eiic¡irf;:i<lo iU> las ri-lücioucs exterioros de la república, hizo varias <le- 
claraciancs que se enciieiitrau en el Memorial ajiintado : y la I» dice : « ítem, recomice 
y sostiene <|ne... por su misma soberanía corresponde á la dic'iccsis y sus gobiernos, 
el examinar y dar plácito y ij-cqnalur, ó deni'};arlo, á todas las bulas, breves y dispo- 
siiioncs pontificias de cuaUíuier naturaleza, que sean tan espirituales como las mismas 
inilul<;encias, seftrin que á su juicio no perjudiquen á las regalías de la nación y 
libertades de sus iglesias: sin míís excepcicm que las que sean do penitenciaría rela- 
tivas ií las confesiones sacramentales de los líeles, vouforniu ú las leyes y dispo- 
siciones vigentes, dadas para el ejercicio do este derecho en los ciídigos que conser- 
vamos. » 

(2) Archivo del ministerio de relaciones exteriores y culto. Legajo citado. 



— 366 — 

rencia.s celebradas y que es el límite que aceptaría lo sauta sede. 
: Xo liabiéndome creído antorizado, — dice el enviado doctor 
Campillo, — á prestar dentro del límite de mis instrucciones una 
iiiual aceptación, me será al menos j)osible y grato constituirme 
ante mi gobierno en órgano del pensamiento de su santida<l, y apo- 
1/(1 rio liüíiid donde me lo pcniíitcii las fuerzas, esperando ([ue en las 
explicaciones verbales (]ue se me i)idan y (pie daré gustoso, resul- 
te el arreglo definitivo de los puntos (pie pudieran suscitar dudas 
ó cuestiones y que se llegue así á la celebración de un concordato 
entre la santa sede y el gobierno de la Confederación Argentina. 
Al separarme de esta corte con el anunciado lu'oijósito creo de mi 
deber manifestar á S. 8. cuan reconocido voy á la paternal 
benevolencia con (pie he podido observar (pie S. 8. distingue 
al presidente argentino y su gol)ierno... Con el entusiasmo pro- 
ducido en mí lior el conocimiento más inmediato de tantos méritos 
como los (pie reiine el padre común de los fieles, me será muy gra- 
to trabajar powpie sean más conocidos aquellos y porque la perso- 
na de su santidad continúe inspirando al pueblo argentino la entu- 
siasta veneración (|iie se merece. Voyme también muy reconocido 
á la acogida lienévola y distinguidas atenciones de 8. 8. en mi 
favor, no menos (pie satisfecho del celo, inteligencia y activi- 
dad con (pie en el curso de largas conferencias se ha prestado siem- 
pre á trabajar en el arreglo de los negocios eclesiásticos de la Con- 
federación xVrgentina. ; trabajos que no serán estériles, pues cohsíí- 
Itiyeii la primera base de acuerdo, la parte más difUil ij más sólida en 
la ortianizaeión de un concordato (1). 

La carta de retiro dice : < Justo José de ür(piiza, ¡(residente de la 
Confederaciim Argentina. A su santidad el sumo pontífice Pío IX. 
8alud ! 8antísimo padre. Habiendo dado ¡(or concluida la misi(')n 
especial del doctor .Tuan del Campillo, ministro de estado en el de- 
partamento de justicia, culto é instrucción pública de la Confede- 
ración Argentina, que acredité de cerca de vuestra santidad en el 
carácter de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en 
misi('>n especial, me apresuro á particiitarlo á vuestra santidad, es- 
tando persuadido (pie dicho doctor (h)n .luán del Camiñllo no ha- 

(1) Archivo del jiiinisterio (Ir i'i'lueiones extfrion.'s y culto. Legajo citado. 



Illa oiuitidí» iiiiinúii rstiicr/.o para granjearse la benevolencia <le 
vuestra santidad y estrechar cada vez más las buenas relaciones 
entre la ('(lutederaciiui Arücntina y la santa sede. SaulÍNinio padre. 
Nuestro señor lenua ;'i \ uestra l»eatitud en su santa guarda. Dado 
en el Paran;i ;1 los .Kl días del mes de septiembre del año del se- 
ñor ISÓS (1). Esta l'eciía está sin duda e(|nivoca<la, á pesar de 
tener la lirnia autóurafa de don líernabé L(')ite/., nunistro de rela- 
ciones extericucs, puesto ipu- el doctor del Campillo permanecií'» 
en l{()nia hasta 1 S(l(». 

Por las declaraciones oliciales del d i plonui tico doctor de I Campi- 
llo, estáprobado (|ue su fracasada nejiociaci('in ivnslilnlií la ¡trniura 
bd.sc de (tciK rdo, para la celebración de un concórdalo, y p(U' tanto 
está oliciabnente desautorizada la atirmacirui de i\\\i- c! ministro 
Alberdi huliicra cclibradu el primer coiicordahi. ciiaiKÍo \ut pudo 
pactarse uiui;uuo. Y Juzi*!) mny importante este dalo, (pie rcc- 
titica las atirmaciones contenidas t-u i-l lelcürama (pu- dejo reju-o- 
duci<lo y en el cual se hace decir al papa loipu' seüurauuMite nunca 
dijo, ponpu' no pudo decirlo. 

Para juoltaral mismo I ¡cmpocpie el partido clerical no existía, nu- 
bastará recordar (pie en la |irovinciu de Entre liíos, fiobernada por 
el «■eneral Unpiiza antes de la constitución, tederalizada después, 
no haltía niufiún convento de frailes. En la provincia de Corrien- 
tes existía un pobre c()n\»'nto de San Francis<'o, y tanto el gober- 
nador l*uj(d como los (pu' lesucedienui. eran liberales. I'ji el inte- 
rior, sólo«'n ('«u'doba había foco de clericales y alfiunos con\('ntos, 
([ue no existían con iiu]iortaucia social, ni en Santiaíi'o d<d Estero, 
ni en 'Pucumiiu. |)ro\incias ipu- pcrs(uialmeule conocía. ICu ('ata- 
marca un convento de San l''rancisco; y en Mendoza, iian'ceme (pie 
dos. La mejor y nn'is elocuente prueba es (pie el famoso padre Es- 
(piiú. tálenlo reconocido, no era fraile ultrannudano, como lo }»rue- 
ba el sermi'iii en el aniversario de la coustituci(Ui iiaci(mal, (pie la 
santa sede pi-eieudía fuese reformada, en la ¡mpicmeiliíada misi(')n 
conliada al doctor del ( 'ampillo ("_')• ciuuo las anleii(tres ;i .\im(''nez 
v Alberdi. 



(1) Archivo ilcl iiiiiiistfiii) il<> ii-liic-i<iiics i-xtiM-iiin-s y culto. 

(2) 1'rav MA>M:itTii K.snUli', IHicarnon poUlicoH pronuiiciadoH <iji> mutim de la jura 



Pero llega la eoustitucióii, — dice fray Mamerto Esqtiiú, — sus- 
pirada tantos años de los hombres buenos : se encueiiti'a ese soplo 
sagrado en el cnerito exánime de la República Argentina ! íínes- 
tro pasado reñeja ya sobre nosotros todas sus glorias ; y lo presen- 
te abre en el porvenir un camino ancliuroso de i)rosperidad. A mis 
itjos se levantii la patria radiante de gloria y majestad... Sin em- 
bargo, el inmenso don de la constitución lieelio á nosotros no sería 
más (pie el guante tirado á la arena, sino hay en la sucesivo inmo- 
vilidad y sumisi(3n : inmovilidad por parte de ella, y sumisión jior 
parte de nosotros... La vida y conservación del pueblo argentino 
dependen de que su constitución sea tija : (jue no ceda al empuje 
de los homlu'es : (pie sea una ancla pesadísima á (pie esté asida es- 
ta nave, que ha tropezado en todos los escollos, que se ha estrella- 
do en todos Idk costas á que t()(h)s los vientos y todas las corrientes 
la han hmzado. Eenunciamos con justicia á nuestra primera me- 
tró})(tli ; descabezamos después la república, y todos los pueblos 
se precipitan á apoderarse de la ])resa : conquistamos la sol)eranía 



(le la conniítiii-ióii iKiriaiuíl. inauguración de las autoridades creadas ¡^or ella, preces 
por la paz ¡láblii-ü ii i-rfunnit de la conslitución provincial (Eíliciou ordenada por el 
exeelentísiuio fíobieruo de la provincia. Cataiuarca. Imprenta del estado, 1880, 1 
volumen, 38 páginas). Vuf. nombrado obispo de Córdoba y se expidió el pase á la 
bula por decreto, dado en Buenos Aires el 2 de noviembre; de 1871, por no haber 
aiteptado el nombramiento de arzobispo para lo qm- fué designado en 1872. En la 
memoria presentada al congreso de 1873 por el ministro de justicia, culto é ins- 
tniicii'iu piíblií-a, doctor don Nicolíís Avellaneda, (1 volumen, Buenos Aires 1873) 
dice : « El rcvereudo padre fray Mamerto Esquiú fué designado por ol poder eje- 
cnti\(> para ser presentado ,'í su santidad como arzobispo de la arquidiócesis, pe- 
ro liabiiudo aquel declinado de un modo irrevocable este elevado puesto, la desig- 
nación recayó posteriormente en el señor Aneiros, ol)ispo de Aulón». La impor- 
tancia que doy á la memoria del padre E.squiú por sus sermones sobre la consti- 
tución nacional, en época en que había grandes preocupaciones ultramontanas en 
algunas provincias, rae induce íí reproducir algunas palabras de la renuncia, por 
nota datada en Tarija íí 12 de diciembre de 1872. Dice : « Cualquiera insistencia 
«outra esta resolución, iu.spirada ¡lor el amor á mi p.'itria liicn entendi<lo y por mis 
deberes con Dios y su iglesia, un podra tener lugar porí|ue me retiro de este país 
á otro más lejano. » El ministro respondió en 30 de enero de 1873: «El señor presi- 
dente, á cuyo conocimiento elevé la renuncia, lamenta verse obligado á aceptar la ex- 
<u.sacióu de vuestra reverencia y me encarga manifestarle que sólo en presencia de 
una resolución tan ñrme é irrevocable, como la expresada por el reverendo padre 
Esquiíí, es que ha ¡lodido resolverse á no vi>r ocupado el alto puesto de arzobi.spo por 
el ilustre sacerdote á quien tanto sus virtudes i orno la volunt.id iiianiHesta del país 
llamaban á desempeñarla. » (Memoria citada). 



— 36í» — 

iiadoiial, (lospm's la solM>ranía provincial... La acrióii (le niu-stia 
cimstitucit'm es vastísima, y se halla en oposiciiui casi á loda la ac- 
tuaiidad ilc l.i rt]iril)lic,i : es una sa\ ia (|iic tiene «pie penetrar en- 
marañadas \ iiiulliplicadas libras, (pu- necesita nniclio tiempo para 
\ i\ ilicar tolaimenle el sistema: ella es una inmensa niiiipiina. cn- 
yos últimos resultados iiresujionen innumerables coml»iuacione.s; 
y urande y pesaila como es, y conii»uesta en \"ez de ruedas de vo- 
luntades, necesita cooperación universal, simultánea y amninica : 
un momento después <le su promuli>aci(Ui importa su ruina, como 
un UKuneulo en i|iir nu viva el hombre, e! instante siyiiicnte es re- 
surrecci('>n, milauro (1 ). 

He reproducido las palaliias de un \ irtuoso l'raile, <U'spuésol»is- 
po y desiiiuado ar/.oliispo de la arcpúdiócesis en IST'J, en elooio 
de la constituci(in, á lin de oponerlas al ofuscado criterio del nego- 
ciador de la santa sede, pretentliendo la reforma de esa constitu- 
ción, para dar á la iglesia lina organización (pie no tuvo ni preten- 
dió bajo el dominio es])afiol. demostrando rpie el fanatismo intran- 



(1) A fin <le fcimprobar la iiiiportaiieia de las opiniones de liay Mamerto Esquiú, 
reproduzco este deereto : « l'araiul, ;? de mayo de 18H4. El viceprüsideute de la Cou- 
t'ederaeión Argentina. Considerando que las oraciones pronunciadas r,n la iglesia 
nintriü de Cataniarca por el reverendo jiadre fray Mamerto Esquiíí del orden de san 
francisco, con motivo de la jura de la constitución el í) de julio del año jiasado, y 
de la inauguración de las autoridades constitucionales el 28 de marzo de este año, 
ist;ín marcadas por la majestad del lenguaje y la gravedad del persamiento de Bos- 
suet. y la liliisot'ía y los encantos oratorios de Lacordaire ; considerando que el ora- 
dor de la constituciiin de mayo ha bel)ido al>undantemente en la santidad de las escri- 
turas, y en el estudio profundo de la historia, el conocimiento de los ilestinos de la 
humanidad y de los arcanos sociales ; y que las revelaciones tomadas en tan altas 
fuentes por la vasta inteligencia del orador, han sido puestas al servicio de la orga- 
niz.ición nacional con felicidad y unción; considenando que importa el crédito moral 
y literario de las provincias argentinas que las revelaciones do la doctrina del pa- 
dre Esqniú alcancen una grande circulación, con el objeto de uniformar las creencias 
políticas y religiosas de un país que debe tantas desgracia.s al error : Art. 1". Há- 
gase con esmerada corrección y limpieza una impresión separada de los dos predi- 
chos discursos y remítanse en número suficiente al autor y á todas las autoridades 
civiles y eclesiásticas déla confederación. — 2". Pídase al or.idor Esquiú un ejemplar 
autógrafo de los dos discursos y deposítense en el archivo nacional. — 'i''. .Solicítese 
igualmente del gobierno de Catanmrca una noticia biográfica del reverendo padre 
fray Mamerto Esqniú, y felicítesele por el venero de purísinu) oro descubierto en la 
potente int<*ligencia de un miembro ignorado del humilde claustro de san Francisco 
en aquella provincia; porqm^ el gobierno, como la confederación, pjieden decir t.am- 
bién con est*; motivo Lcetamnr de gloria vcatra. Comuniqúese, ¡lublíquese y dése al 
registro u.tcional. — Caiíuii.. Jone Uenamin Oorontiaga. » 



sigente y líi ambición euiYn'miza del predominio de la iglesia, eran 
un anaerouismo. Verdad que depnés de esta incivil i)retensió)i, 
no se explica que el ministro doctor Anchorena, en la administi"a- 
ción del doctor 8áenz Peña, predicase todavía la celebración de un 
concordato ! Y cuando la bondad conciliadora, prudente y digna, 
del cardenal IlampoUa, aconsejaba la manera de hacer la presen- 
tación de arzobisi)os y ol>ispos, para evitar inconvenientes, y me 
prometiese que se aprobarían las nuevas diócesis y discutiríamos 
la forma de la renuncia del obispo del Paraná, en la época que 
volviese á Roma, después de desempeñar mi rei>resentación ante 
la. reina regente de España, no se comprende (pie, fundado en (|ue 
las instrucciones que había recibido ' eran irresi)etuosas parala 
santa sede, en vez de modificarlas, resolviese el desaire de dejar 
inconclusa la negociación confidencia] más bondadosamente aco- 
gida (1). 

La ex|)licación existe, sin embargo ; y es que la misión confiden- 
cial que con alta penetración me confió el presidente Pellegrini y 
su ministro doctor Zeballos, desarmó la reacción ultramontana, 
l)uesto que, antes de cesar el 1 2 de octubre en el gobierno el doc- 
tor Pellegrini, por telégrafo anuncié que su santidad preconiza- 
ba á monseñor Padilla obispo de Salta, quedando así establecida 
la cordial relación entre ambas potestades. Este resultado derrotí') 
moralmente la reacción clerical, que abrigaba y sordamente pre- 
decía la nueva presidencia. De manera (pie desconcertado el más 
ultramontano de sus ministros, escriliió la carta confidencial (pie 
]»ublico en el capítulo final, y es un programa de pretendido con- 
cordato, escollado en la negociación confiada al doctor del Cam- 
pillo, Alberdi y Ximenes. 

Esta negociación se mantuvo en secreto durante el gobierno 
del Paraná, puesto (pie el segundo presidente de la confederación. 



(1) « Por uii parte, — dice, — no poilríii aceptar prolimuiir una ne.¡;ociacióu animada 
del espíritu y tenor literal de las instrnccioues iudicadas; pues creo que, con arre- 
glo á ellas, nada se obtendría de la santa sede, y no se ver.ín otros resultados que 
el desarrollo funesto del indiferentismo religioso, del ateísmo y de un positivismo lí 
sensualidad enervantes del cariícter nacional, ahondando los grandes males que la- 
bran desgraciadamente á nuestro país » (carta del ministro de relaciones exteriores, 
doctor don Tomás S. de Anchorena, al plenipotenciario (.^uesiida. llueium Airex. fe- 
brero SO de IHÍH, conf. capítulo final). 



«loetor Siiutiiifio Dcrijui, estaliii lejos de ser un finiiítico clt-- 
rii'iíl, y su yaliiuct»' taiiipoi-o li> t'ra. ]>()r(HU' no tiicioii esas las 
forrif lites de a(|ii('l ^ioliici'in» de las lrtM( proN incias. i;i misino 
clero era tan conciliailoi' eoino el reverendo padre lOsciuiú, v la ma- 
yor piueha es ((lie lian jurado esa eonstitueión, (|ne nionsefior ( iiu- 
seppe Berardi, sulistituto en el despaelio de los ne^n'oeios eelesiás- 
tieos en la santa sede, ainhieionó y exi,i>ió fuese reforinada. Knu- 
iiieiar la incteiisii'di. liasta para evideneiar la prolundísima dite- 
reneia, entre él y el eniinentísinio eardeiial con (|uien me cupo la 
honra de entenderme en mi lirevísiiua misi(')n conlidencial. 

Bueno es recordar (pie sin necesidad de ciiiicnrilato l'ueroii cor- 
diales las relaciones con la santa sede, en td l'araná. donde residía 
el delegado ai>ostólioo uu)nseñor^[arino Mariui. 

Más aun, el misino ministro aruentino, neyociador de un con- 
cordato, había autorizado el sinuiente decreto: Art. 1'. I^os 
li'ohernailorcs de las proxincias son \ice])atronos de las ig'lesias 
fundadas en el territorio de su mando, y, en calidad de tales, ejer- 
cen c(Ui dele.üación del gobierno nacional el patronato parala pre- 
sentación y reniociíSn de curas, beneíiciados menores de las igle- 
sias catedrales y demás relativo al ejercicio de este dere('lio como 
vice])atronos dentro del territorio de la provincia. — Art. 2". Nin- 
guna orden ó disposición emanada de autoridad eclesiástica de 
la confederación, podrá tener ejecución ni cumplimiento sin el ixc- 
tiudtar ilel gobierno nacional conforme á la l(\\ . Si él ]iersonal- 
luente autorizó ese decreto del vicepresidente del Carril, es de 
evidencia (pie como nego(*iador no llevaba la ndsiíHi úi- renunciar 
al ejercicio de esas y otras regalías, sino á armonizarlas ])or me<lio 
de un concordato, lo <iue yo no creo realizable. De manera (pie, si 
el negociador de la santa sede tenía exigencias para disminuir los 
derechos de (pie estaba en posesií'm el gobierno (pie sost«'iiía el 
culto, (lebi('» comprender «pie no ¡lodía ni aceptar tal dimiiiucií'ui. 
y olvidándose de los objetos confiados á su celo, hizo sin embargo 
tales concesi<mes, tpie el congreso nacional del Paraná las hubiera 
rechazado. J nexplicable es ((ue, á pesar de estas v»írdades, ofreciera 
con inexorable ligereza al negociador de la santa sede, (pie me 
será al menos posible y grato constituirme ante nuestro gobierno 
en (Mgano del pensamientí» de su santidad, y apoyarlo ha.sta donde 



me lo permitan las fuerzas, esperaudo que en las explicaciones 
verbales (jne se me pidan, y »iue daré gustoso, resulte el arreglo 
deñnitivo... Y, con singular audacia, decía al ministro de relacio- 
nes exteriores... que: « con relaciónala iglesia, necesitaría... ¿Ugu- 
ñas reformas de nuestra carta constitucional. 

El diplomá.tico C!ami»illo, (|ue prometió) al negociador del Vatica- 
no trabajar por el triunfo de sus ideas, se atrevía á insinuar al go- 
lúerno la reforma de la constitución ! La im]tarcialidad hivstórica 
juzgará. 

Felizmente tan atrasada i)rctensión fué reciltida con desdeñosa 
indiferencia: la constitución no se reforuió para satisfacer los de- 
seos de la santa sede, i)ero se reformó para obtener la reincori)ora- 
ción de la provincia de Buenos Aires á la nación constituida, á fín 
de consolidar la unidad nacional. Este acto era previsor, pruden- 
tísimo y digno de elogio; sin reformar la constitución, se han 
conservado sin embargo las buenas relaciones con el jefe de la 
iglesia, y los intereses bien enteiulidos del culto católico se man- 
tienen en armonía entre la autoridad ])olítica y soberana de la 
república y la santa sede : cada uiui dentro de su ói'bita de acción. 

Los convenios escritos con la santa sede no son el medio más 
eficaz parala armonía de ambas potestades : lo prudente es buscar 
]ior un modiiH vivendi equitativo el allanar diticxiltades, y por ello 
jamás me in,sinuó el cardenal Eampolla lavS ventajas de discutir un 
concordato, puesto que liay intereses políticos europeos, que im- 
ponen mucha reserva y estimulan á dar mayor autoridad á la san- 
ta sede en el gobierno de la iglesia en países extranjeros. Por ello, 
dije al ministro Anchorena :.. <: le declaro que difiero de sus ideas 
sobi-e patronato, más creo innecesario discutirlas ; mi opinión per- 
sonal es que esa cuestión no debe iniciarse, que no la ha pretendi- 
do ni insinuado el car<len;d Eanii»olla, y, por lo tanto, útil es con- 
\euir con templaza, con ánimo conciliatorio, un vtodus vivendi 
con la santa sede, que la juzgo muy bien dispuesta : no es necesa- 
rio concordato - (1). 

Tan cierta es mi manera dejuzgar, (pie, fracasado el proyectado 
(■(Uicordato con el doctor del ('anq»illo, continuaron trancpiilas las 

(Ij Archivo del miiiistcrio de relacionen exteriores i/ culto. Legnjo citado. 



relaciones eoii la santa sed»', y el dek'nado ait<)st<'»iie(» Ciié amistoso 
y permaneció en el I'araná Iiasta la disolución de a(|nel üolnerno, 
por decreto ili'l cxcelent isimo liohicruo. (|ii(' como \ ¡(•('])rcsi(lcMte 
ejercía el ¡loder ejeciilix i>. 101 delegado níiki ,'i lliicnos Aires li;isl;i 
(pie le reem|ilazi'> m()nseñor Mattera. 

Kl señor del Campillo, por oficio datado en h'oma en iMhle julio 
de IS.")!». comunica al ministi'o de relaciones exteriores (pie le lian 
sido cnt recadas por la sania sede las liulas de erecci(')n del oliispa- 
do del litoral (('1 llama del l'araiii'i) \ la preconizacií'm cauíMiica 
del ol)is|M> señor Seyura, presentado i»or td [iresidente de la cont'e- 
deracií'm para prelado de la nue\a di('»cesis. ;. Aumpic inc lia sido 
entregada, — dice. — la liiiia original del obispado paraiiaeiisc (|iie 
acalta deeri,í>irse, no creo de necesidad ni oitortuno mamlarla aluna, 
tanto píU'ipte la copia aut(''iitica llena su falta, cuanto ponpie su 
peso y «ii'ueso \olumeii hacen pelií;rosa y difícil su conducciiMi por 
correo. Tanto la prediclia Unía coiiki la oriulnal del iioml>ramien- 
to de obispo, (pu' no me ha sido aun entreüada pero (pie se me pro- 
mete eiitrei>ar en breves días, serán lle\adas por mí al i('<>reso 
(terca del üdbieiiio ariiciiliiio. Las i>iezas adjuntas á la presente 
nota y el brexc solire diininiieii'iii de días festi\ds. (pie en nota de 
'I de febrero último lu\e el honor de remitir ;i \'. 1'",.. smi el resul- 
tado de las constantes y reiteradas üestiomis (pie lie hecho hasta 
a(pu \ no ceso de promover, en cumplimiento de los deberes (pie 
me iiiipone la iiiisií'iii de (pie est()y encarii'ado. í;os <;astos (picha 
motivado hasta a(pií la exi)edici(')n de laspredichas bulas, han si(h) 
ya cubiertos |ior mí, con arreglo á ('trdenes (pie teiisío del excelen- 
tísimo üoltieriio iiaciiuial. 

liste hecho prueba (pie no era necesario celebrar concorda- 
to para ejercer el derecho de patronato, y (|Ue, con salvedades de 
forma, la santa sede lo reconocía de hecho, puesto (pie la creaci('>n 
de nuevas di(')cesis episcopales y la (lesii¡iiaci(')n de los (d)¡s))os se 
hacía iior la iiiieiati\a del yobieriio nacional. Lo piiideiitc era, 
jHies, no ju'ovocar disciisi(uies, desde (pie la santa sede no ce(lía de 
sus doctrinas, sino aí-atando p(n- los hechos el derecho de jiatro- 
nato. 



(Ai'lTLLOXN 111 



INCIDKNTK SOliüi: KL KKCOÍÍOCIMIKM'O l»i: MONSKNOl; MAIMM 
I'KI'.SIDKNCIA rtKL (¡KNKIIAl. MITIM'. 



l'or fl iiniiistciio del culto, siendo ministro el doctor lioii l';dii;ir- 
do ('ost;i, se dict(') mi decreto en '_*(» novieinlire (!<• isti.;, eu el in- 
cidente con el oliis]io de Paliuira, monseñor Marino Marini, á 
(juien se pidií') e.\])licaciones sohre el carácter (¡ne ejercía en la iíe- 
púhlica Ai'iientina. 

Traídos á la vista. — dice ese decreto — (l)con iiiolixo de las 
explicaciones pedidas por el ilustrísimo arzobispo de I'almira, los 
antecedentes (pie precedieron á su reconocimiento, al objeto de 
<leiar esclarecido y deslin<lado el carácter (pu'su señoría ilusfrísima 
inviste en la república : y resultando del examen de los dos l)reves 
• pie su señoría ilustrísíuia presentó al üohierno de la confedera- 
ción: en cuanto al primero, relativo al carácter con <pu' su señoría 
ilustrísima \iene inxcstido : (|ue de su tenor se deduce ipie su san- 
tidad le envi(') ;i la repi'ihüca en el canicter de dele<>ado apostólico, 
antorizámlole ¡lara (pie, al desempeñar su misión, pudiera tratar 
con el íidl)ierno de asuntos de nuestra santa relifiión ; cu cuanto al 
secundo, relativo á las facultades (pu' su señoría ilustrísima lia de 
ejercer en el desempeño de su misií'm : (pie en él se encuentran con- 
feridas ]ior su santidad al iiiismo delejiado. entre otras las si<;uieu- 
tes facidtades: 1' la de visitar las i<>lesias, catedrales, monasterios, 
hospitales, etc. ; 'J ' la de conocer en todas las causas matrimonia- 

(H .¡nlecrriniliK ;i rrniihivioiin xohir el ciillii. rtr. üiiciium Airis. IH!I!I. 1 vul. ]i:íi;i- 



— 376 — 

les y cualesquiera otras (lue por cuahiuiev razón cori'espouda al 
tuero eclesiástico ; ■i'' la de restituir ¡ii intetirum ;i cualquier persoua 
contra las sentencias y la cosa juzgada, y contra cualesíiuiera con- 
tratos. Kesultando, además, (lue el gobierno de la confederación, 
por su decreto de 1 ."> de febrero de 1S5S, reconoció lisa y llana- 
mente á su señoría ilustrísima el arzobispo de l'ahnira en su ca- 
rácter de delegado apostólico ; que no hizo tanqioco observación 
de ningún género á las facultades con (pie venía investido, ad- 
mitiéndolas del mismo modo lisa y llanamente... Por todo esto el 
gobierno resuelve que, no obstante el reconocimiento ])or el de- 
creto de l.'í de febrero antes citado, i)ascn los breves de su san- 
tidad, á que se lia hecho referencia, á la corte suprema de justicia, 
á los efectos del inc. t) del art. S(; de la constitución nacional. 
Hágase saber (^sta res()luci(')n á su señoría ilustrísima arzobispo 
de Palmira, manifestándole que el gobierno se ha visto en la 
necesidad de tomar esta resol iieic'm en resguardo de los derechos 
cuya defensa le está encomendada, no ol)stante el respeto (pie le 
merece la dignidad de su ])ersona... — Mituk. Eduardo Costa. 

Ex])idió un extenso y erudito dictamen el i)i-ocurador general 
de la nación, doctor don Francisco Pico. 'La su|)rema (M)rte, en l'J 
de julio de 1S(¡4, aceptó las conclusioues del dictamen. El dele- 
gado apostólico, i)or oficio datado en Buenos Aires á 1 S de abril de 
1<S()4, mauitiesta (pie el decreto de '40 de noviembre de I S(i:*> lia 
causado á nuestro santísimo padre un jirofundo desagrado... lia 
puesto al delegado ai)ostólico en el caso de no poder continuar rt^- 
sidiendo en esta re])ública, sin (pu'dar gravemente afectada la dig- 
nidad de la santa sede y de la misma delegacii'in aiiost('ilica . Kn 
abril 22 de 1 S(i4, el ministro de justicia, culto, etc., res))ondi('» : 
:- Luego que recibió los archivos de la adnñnistración á que sucedía, 
tuvo el gobierno la ocasi('ii; de inqumerse (h^ (pie, en la manera en 
(pie su señoría ilustrísima había sido recibido, no se habían guar- 
dado las prescripciones explícitas de nuestras leyes, con respecto 
aciertas limitaciones en las facultades ([ue su santidad C(m1iere 
sienqire á sus enviados... (pie, cuahpiiera (pie hubiera sido el dic- 
tamen de la corte suprema el gobierno, se hubiera limitado á sal- 
var las prerrogativas dt^l estado, sin alterar enii)ero, en cosa algu- 
na, la posicií'ni (pie su señoría ilustrísima ocupa en la república, 



«laudo iisi un testimonio »'lo<'U»'nte déla ri>uliiinz¡MiU(' le inspira el 
«devailo espíritu de conciliacicín de ipie su señoría ilustrísinia tiene 
dadas tantas ]irnelias. ill niinisiro confía en ipie monseñor Ma- 
rino ^larini desista de su resolucii'm de ausentarse de la repi'ililiea. 
Responde en I".» de aUril del misnm año... Me es mn\ uraln de- 
cirle en contestaci<')n, <|Ue, defiriendo á los deseos «|ue \'. I!, me 
participa lialier manifestado el exceleutisiuio señor presidente de 
la repiil)lica. he suspendido mi rejiTeso á Eoiiia... » 

El 'J.") de al)ril de ISIIf el miídstro de i'(>laeiones exteriores se 
diriíje al cardenal Antoiieili. manifestando (pie Ini sido instruido 
por su ilustrísinni <d arzohispo de l'almira (pie su santidad lial)ía 
recibido con desaurado la resolucií'm del üohierno arfi'eiitino de "Jn 
de noviemlire iillimii con respecto ;í la d(dei:aci('>n apost('>lica. > le 
adjunta eo]iia de las explicaeiom^s (pie lia dado el señor arzoliispo 
de l'almira soiu'c este asunto. El cardenal Autonelii contesta de 
Roma, en is de junio de 1 sfU, diciendo (pie al dar cuenta ;'i su 
santidad de la nota del ministerio de relaciones exteriores, lia 
a|treciado en su justo valor el empeño del señor presidente jmra 
atenuar la conducta observada con monseñor Marino Marini y 
(pie esas exidicaciones, por su carácter concilia(l<u', no lian podido 
eomitletamentesatisfacerel ánimo de su santidad, pero (pie su santi- 
dad, para dar una {uiudia de aprecio al señor presidente, retiraría 
la orden dada á monseñor Marini de au.sentar.se si razones de un 
orden suix'rior no se lo impidiesen, lín ayosto ."» de 1S(!-1, se pone 
decreto de oticina : . ('omuni(piese en cojiia al ministro del culto . 
Era ministro de redaciones exteriores el doctor d(Ui líulino de l"]li- 
zalde. 



(AriTLLO XIX 

Mlsu'iN tOMIADA \ l«>N .MARI.VSTO BALCARCE, ENVIADO KXTHAOI!- 
UIXAKU» V MIMSTKO l'UKXirOTEXGIARIO T)E LA REl'riíLUA AR- 
GEXTIXA EX FRAXCIA V Al> HOV AXTE 1-A SAXTA SEDE. IXCI- 
DEXTE fOX MOX8KÑOK MATTERA. M1SI()X ESPECIAL COXFIADA 
AL (AXítXICO DON MILCLADES ECllAtíÜE AXTE LA SAXTA SEDE. 



l)es]nu's «k' las luisioiK^s miniadas ante la santa sede, pasaron 
los años y los afios y iiiii.ui'ni ü-obierno aijíeiitiiio picteudió iieijo- 
ciar un conconlaTo, ¡inesto ([lU' no era uecesario para nianrencr las 
buenas relaciones entre el estado y la ijílesiaaruentina, ejerciendo 
di' ftívto el derecho de patronato <pif« <-"" salvedades de tbrnia. 
econocía de liecln) la santa sede, como ((ueda ¡«'rfectann-nte de- 
mostrado en la creai*i(')n de nue\'as diócesis y la pro\ isi(ui de Ion 
obispados, (|ue >u santidad los preconizaba para la institución ca- 
n<'mica. 

Las Inu'iias relaciones entre la santa sede \ el gobierno ar<¡en- 
tino eran tan cordiales, (|ue dos misiones eclesiásticas fueron su- 
cesivamente acreditadas; la jirimera, confiada ;í monseñor Marino 
Marini, y posteriormente á monseñor ilattera, con (piien se pro- 
dujo un üiave coníiicto, cuya historia está referida en la nota 
<|ue el ministro de relaciones exteriores, don Francisco Orti/. 
<lirii:i(') ai exceleiitisinio señor cardenal, sccrclaiio de estado de 
la santa sede, y dice: Kn vista de la actitud asumida por el 
deleyado ajtostólico, (pie hacía imposible <pie cd gobierno ]»iHliese 
neiíociar con ('-I, el poder ejecutivo, usando de facultades ipic 
nuestras leyes y el derecho internacional le conlieren en defensa 
de altos intereses del estado, resolvi/» jioner ti'i mino ;i la misiini 



— 380 — 

(le iiKiiisefior ]\Iattei'a. ^ Los hechos o('uiTÍ<h)s eran, según el 
ministro, (¡ue la direetora de la escuela normal <le Córdoba dirigió 
lina solicitud verbal á monseñor Mattera, para ([iie levautara el 
anatema (jue pesa sobre la escuela, por ser ella i)rotestaute, contes- 
tando aquél en términos ofensivos para el gobierno; y éste des- 
aprobó la consulta d<' la directora <lel colegio y ]>idió explicaciones 
al delegado i)or las declaraciones improcedentes (pie imi»ortarían 
una violación de la ley fundamental, pues ni ha podido pretender 
se infrinja una ley del congreso, ni suponer ((ue era posible entre- 
gar la inspección ó suixn'intendencia de los establecimientos (h' 
(^ducaci(')n ;'i otras autoridades (pie las (pie la ley designa. 

Sin contestar á este oíicio, monseñor ^Mattera, en J 2 de octubre 
dirigi(') una carta al ministro de relaciones exteriores, y dice : <: La 
publicación del artículo mencionado, hecha en lugar preferente 
|i(>r 1111 diario (pie todos re]mtaii oticial; los comentarios y pro\'o- 
cacioiics á (pie lia dado lugar en la prensa; el no haber sido dcs- 
inenti(h», como desde San Lorenzo así (¡iie tuve de él noticias se lo 
pedí ]»or telégrafo al señor presidente de la re]>ública, y como aun 
por propia comenieiicia era deber del gobierno, han lieidio creer 
(pie sea su verdadero autor, ('» cuando menos, su ins]iirador. Tra- 
tándose de una ofensa lanzada innoblemente y t^\) mi ausencia 
contra mi ¡lersona, ofensiva de mi honor, del cará(ter sagrado (pie 
invisto, y de la alta dignidad de la santa sede (pie represento, me 
veo obligado li exigir á V. K. las más explícitas y categwicas ex- 
plicaciones en el más breve espacio de tiempo, y antes de (pie yo 
me ocupe de la nota ipie Y. K. me dirigió... (1). 

Á lili de dar á la santa sede las explicaciones ipie justiftcaseii el 
proceder del gobierno argentino, el presidente general líoca, en 
•J.") de octubre de l.S,S4 en carta autógrafa dirigida á su santidad, 
y refreinhida por el ministro de relaciones exteriores, nombramh) 
al excelentísimo señor don .Mariano P.alcarce. á la sazón enviado 
extraordinario y ministro plenipotenciario ante el gobierno de 
Ki-ancia, en igual carácter ante su santidad, dice textiialincnte : 



(1) lliii-iimviiiiis nhdiros ni nn-io (Ir ¡i<isii¡i,irlrK ni drhyadi, (i¡>mh',lici> // niridria 
IriwrdiiiKiril) monsrfinr Luis .)í,(ltn-ii. riililirMi'uiíi oliciiil. I'.iiru.is Ain-s, Iiiip. de .1 
A. Alsiii:i, 18SI. 



...paiii iiuc liana ciitn'üa ilc la nota cxponiíMido los ¡mmUmosos 
motivos que lia tenido pata enviar sus jtasaitortes á S. K. el <lele- 
.na«lo apostólico y ciin lado extraordinario, monseñor laiis .Mattera, 
y dé ai mismo tiempo aiiiielias expiicaeioiies tendientes ;i di'UMis- 
riar la lealtad con (pie d ünhierno aruenliuo iiiaiiliene la armonia 
con ia santa sede. 

Kl nnnisti'o de i'elaeiones exteriores, en id olicio en\ iado al señor 
Halearee. le dice: ... consumada la expiilsiiMí del señor .Mattera, 
se |ml>lic('> en los diarios de la cajiital nna protesta del mismo dele- 
■iado aposti'ilieo, en la cual dice ipu' protesta, en iioiiil)re de la 
santa sede, coiitni /as tloririiias nniliilas ij coiilni todas tas medidas 
niieiilriiniitc adoptadas (11 prijiiirii) dt la lilicrtad // dcnrhos di la 
ii/lisia i-alóHra y contra todas aquellas (pie se amenaza adoptar en 
lo sucesivo. Kl ministro de relaciones observa la gravedad de ta- 
les declaraciones, lieclias en nombre de la santa sede. La misión 
es]»ecial eontiada al señor üalcaree tenía el olijeto de dar las expli- 
caciones amplias y verídicas, á lin de obtener que la santa sede 
contestase favorablemente la eomunieación que sobreestá materia 
le había diri,<«ido el ij-obieruo, ñjando al diplomático el |tlazo de 1 ."» 
días para ]iermanecer en Roma en desem]teño de su misión (1). 

Kl señor líalcarce respiunlií'i de París que el |dazo señalado ha- 
cía imiiosible desemiieñar una misión de la naturaleza de la que se 
le conliaba, pero que, por la amistad que cultiva con id nuncio ajio.s- 
tólico acreditado ante el gobierno de Francia, y de aciieido con 
las facultades que se le conferían en las instrucciones reciliidas. 
liabía enviado por su intermedio el pliego rotulado á su eminencia 
el cardenal dacobini, .secretario de e.stado de la santa sede, á tin de 
que le fuese entregado en Roma. 

Kn la nota (pie el ministro doctor Ortiz dirigii'i al cai'denal .ia- 
cobiiii, y de que hago referencia, decía: Kl abajo (irmado tiene 
la convicción de ipie, al expresar.se de esa manera, monseñor Mat- 
tera ha debido extralimitar sus atribuciones y facultades, por((ue, 
importando e.sas ])alabras un verdadero deseimocimiento de la so- 
beranía nacional desde el instante <pie se trata de leyes sanciona- 



(I> Aiclíivd ilcl i((iiiisti-iiii (le relaoiimes exteriores. Hiienus ./í/tx, l'.'i ilf 
1SS4 



<lívs por los poderes políticos de la iiaeióu, es imi)osil)le (lue el de- 
legado apostólico haya recibido antorizaci<')ii de su santidad ])ara 
liacer protestas de esa naturaleza, en (pie uo se indican cuáles son 
los actos legislativos (pie lian contrariado los intereses de la igle- 
sia; siendo además digno de notarse el hecho de ([ue, al tiempo de 
l)romnlgarse esas mismas leyes, no fueran ohjeto (h' protesta ofi- 
cial alguna de parte de la legaci()u pontiücia, al frente de la cual 
tiguraba el mismo uumsefior Mattera... >> (1). 

líl cardenal Jacobini, secretario de estado de la santa sede, con- 
test('t jtor oticio datado en Roma á 2 7 de enero dt^ ISH;"), y voy á re- 
producir iilg'unos párrafos, llamando la ateiici('>u hacia el contraste 
eiitie esta manera de expresarse con la administraciíui, con la 
bondadosa y ben(.'^vola acogida con que me lionrí) el eminente 
ciirdeiial l>'am|iolla en la misiim confidencial que desempeñé, su- 
primiendo trámites para facilitar mi acci(>n oficial : y así po- 
drá apieciiirse con justicia la manera C()mo esa neg"ociaci(Hi se 
suspendi<'), haciendo un desaire inmerecido á la santa sede. < A'.E. 
conoce mejor (pie todos los demás, — dice el cardenal Jacobini, 
— los graves cambios introducidos en estos últimos tiempos en 
la legislación del país, en daño de la religión cat(')lica, profesada 
por la gran mayoría, sino por la totalidad del pueldo argentino. 
Conoce igualmente las medidas adoi)tadas i)or el gobierno con 
resi)ecto al vicario capitular de Córdoba, y las publicaciones, no 
por cierto respetuosas, contra la iglesia y la santa sede, ([ue 
han aparecido en tales circunstancias por obra del mismo gol)ier- 
no. Como además h)s vejámenes usados con el anciano y enfer- 
mo obispo de Salta, ahora difunto; la inconsiderada deliberacií'ni 
de introducir en las escuelas católicas, directoras y maestras 
]>rotestantes ; la amplísima facnlta(Í concedida á los ministros 
heterodoxos de distribuir Itiblias entre el pueblo con toda li- 
bertad, vilipendiando además en sus sermones dominicales las 
personas y las cosas sagradas, con grande escándalo de los bue- 
nos fi(^les. (lonoce, en fin, V. E., cómo se trató de imponer al nue- 
vo obispo d(í Córdoba una nueva fórmula de juramento. El pleno 
conocimiento (pie de todos estos hechos tiene V. E., me dispensa 

(1) A ntf ceden ten y rcnulucUme» xobre el eiillo. etc.. i>iísin;i (iS, 



(le i'iitiar t'ii ilctalh-s luiínu'io.sos, (|iu' liaiiaii por ilcm/is soiiiImío 
el cuadro <|ue ajuMias lie «lelineado, vmt el sulo intento di- cstahle- 
<'er cuáles eiau las disposiciones de su üoliieruo respecto á la iyle- 
sia y á la santa sede, antes de (píese produjera el iieclio de ipu' 
quiere sacar motivo para expulsar al delegado apost(')lico del teiri- 
torio ariicutino (I). 

El cardenal Jacobini reconoce (pie no es lauto de la conxcrsa- 
ci('m del delefjado apost('»lico con las señoras de ("«u-dolia .\ de las 
doctrinas q\w expuso, el fundamento de la actitud del üohieruo, 
sino de haberse nef>ado á contestarla nota de ;i(i de se]»tiembre. 
Recuerda (pie el ministro del culto ú\ó instrucciones á la directíU-a 
de la escuela normal de ('('¡rdolia y censun') la conducta de monse- 
ñor Mattera, luiblicando todo. Expone sus ideas y dice: llaliría 
debido, coníbriue á todas las prácticas diplomáticas, liacer conocer 
sus ([uejas á la santa sede, y suspender entretanto, si así lo de- 
seaba, sus relaciones con el enviado pontificio. .. En los aconteci- 
mientos posteriores, — continúa, — fortalece la posiciíin de la santa 
sede... , y afirma (jue pudo usarse un tratamiento menos impro- 
pio de acpiel (pie puso t('riuiuo á su misi('»ii. ; Su santidad, jtor lo 
demás, estaría contentísima el ver restablecidas aípiellas relaciones 
amistosas que existían hasta hace pocos meses; pero, comocoiupren- 
derá V. E., esto no i)odrá realizarse si antes no se remueven las 
causas de las graves y justas preocupaciones de la santa sede (2). 

Las relaciones se declaran oficialmente interrumpidas y se im- 
pone una exigencia para realizarlas. La situación era, pues, grave. 

Años después, el ministro de relaciones exteriores, en 1 .S93, juz- 
gaba de esta manera esa gravísima situaci()n : « No es razí'ui aten- 
dible, — dice el doctor .Vnchorena, — lo (pie pas(j con monseñor 
Mattera, pues la exaltaciíui de este provino por los conceptos des- 
comedidos ('' injuriosos del ministro Wilde en sus telegramas pu- 
blicados, menos|)reciando la conducta sensata de a(piél en una 
reuni('>n de señoras en ('('udoba, procedimiíínto de a(piel ministro 
(pie jamás hubiera observado con ningún diplomático del menor 
rango v del estado más insignificante. :> 



(1) Obra citada, pá;j;inas 69 y 70. 
(3| Iilem, íilciii. 



— 384 — 

En "29 (le novieiubre de 1SS7, el ministro del culto doctor File- 
luón Po.sse, oonñere i»oder al señor canónigo don ^Nlilciades Eclia- 
,i>iie, ante el cardenal doctor don Mariano Ranipolla, secretario de 
estado de su santidad, • para arreglar con su santidad la división 
de la anjuidiócesis, (oreando un obispado para la provincia de Bue- 
nos Aires, con asiento en la ciudad de La Plata; y la división tam- 
bién de la diócesis del Pai-aná y Salta, haciendo un obispado para 
la i)rovincia de Santa Fe, con asiento en la capital de la misma, y 
otra para Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca ; y ademase] 
encargo para gestionar la forma de efectuar la incorporación de 
los diversos territorios federales á la jurisdicción de las diócesis 
respectivas. 

Esta misión no tuvo ulterioridades, se dice en la página 73 de 
la publicación oñcial Antecedenlcs y resoluciones sobre el eulto. El 
señor canónigo doctor Ecbagüe regresó de Roma, sin haber llevado 
á término las gestiones que se le habían encomendado. Sin em- 
bargo, las tuvo, como consta en el memonindum del ministro de 
relaciones exteriores, (pie se me dio como antecedentes para la mi- 
sión que en ISDli se me conrtó. Observaré ([ue la cuestión (') inci- 
dente con monseñor INIattera, delegado apostólico á quien durante 
hi i>residencia primera del general Roca se le enviaron sus pasa- 
portes, no había tenido solución y i)()r tanto estaba pendiente. 

El ministro de relaciones exteriores, doctor don Estanislao S. 
Zeballos, por carta confidencial datada en Buenos Aires el 8 de 
agosto de 1S92, me dice : < Además será V. E. encargado de so- 
licitar la investidura canónica para el nuevo obisix) de la diócesis 
de Salta v de arreglar diversos asuntos. » 



( Al'lTl LO XX 

>IISIÓN CONFIAHA AL ENVIADO EXTRAORDIXAKIO Y MINITRO PLENI- 
POTENCIARIO DE LA REPÚBLICA ARCiENTINA, DOCTOR DON VICEN- 
TE (1. yUESADA, EN EL CARÁCTER DE ENCARGADO DE NEGOCIOS 
ANTE LA SANTA SEDE. PRECONIZACIÓN DEL OBISPO DE SALTA 
MOSEÑOR PADILLA, NOMBRADO POR EL PRESIDENTE PELLEGRINI. 



Abrigo sentiiuit'uto de piot'undo respeto ;i la verdad, realzada por 
las cousideracioiies de ex(iuisita cultura (jiie tuve ocasión de apre- 
ciar en la misión ((lutidencial brevísima que desemi»eñé en virtud 
de órdenes del presidente PellegTini y su ministro de relaciones 
exteriores doctor Zeballos, ante el secretario de estado, excelentí- 
simo cardenal IJampolla : misión cuyo buen éxito reconoció oíicial- 
mente el mismo ministro de relaciones exteriores doctor Anehore- 
na, que, por preocupaciones, impidió la secuela de la negíx'iación, 
que suspendió sine die, cuando su eminencia el cardenal Eampolla 
no había aún discutido uno de los asuntos, exponiendo que era pre- 
ciso examinar los ]>recedentes, á saber : si un obispo i)uede renun- 
ciar directamente el c^irgo ante la santa sede, mientras el presi- 
dente de la república sostenía que esa renuncia debía hacerse ante 
el patrono, antequien ])restó juramento, ([uien propone al santo pa- 
dre el obispo á los unes de la consagación canónica, si aprueba la 
propuesta, renuncia ([ue hicieron siempre los obispos americanos 
ante el rey (1). Quiero demostrar que esa descortesía no fué por 

(1) « Los poderes singulares quo los reyes de EspaQa ejercieron en el gobierno de 
las iglesias del nuevo mundo, tuvieron su origen en la» grandes y extraordinarias 
circunstancias que el descubrimiento de América crió para la cabeza de la iglesia y 
para el jefe del estado, — dice el doctor Vélez Sarsficld : Derecho público cclcDÍástico. 



3S(> — 



causíi que persoiialmeute me vespousubilice, puesto (jue los doeu- 
meutos oficiíiles estableceu la verdad oficial, y creo haber ya demos- 
trado con la autoridad de jurisconsultos, que el derecho de patro- 
nato (pie defendía el presidente (pie me confió esa misión, está en 
la tradición legal americana, reconocida de hecho ])or la prudente 
manera con que la santa sede procede, porque presentar los sacer- 
dotes para desempeñar esos cargos, no es una imposición : im- 



Relaciones del estado con la iglesia en la antigua América española. — Los monarcas de Es- 
paña tomaban posesión de la América, implorando el títiilo del pontífice romano y reco- 
nociendo como su primer deber y su principal objeto en la conquista la propagación 
de la religión católica en el mundo hallado por Cristóbal Colón... En esta singular y 
grande escena, el soberano de la iglesia apareció con toda la pruilencia que los suce- 
sos le exigían, dispuesto á sacrificar los principios y usos de las circunstancias regu- 
lares al gran pensamiento, que ya veía realizado, de dar á la religión un nuevo mundo. 
El pontífice romano nada podía por sí en este inmenso territorio ; ni tenía los medios 
de establecer en él las instituciones necesarias para la propagación de la religión. . . 
Los fieles y sacerdotes únicos que llegaban, tenían que seguir la dirección que les 
diera la corte de España ó el capitán que estaba subordinado. Santo Domingo se 
despobla por el rico imperio de México. Los cristianos establecidos en Costa Firme 
corren muy luego al Peni... No era posible, pues, que la silla apostólica creara los 
obispados ó estableciera régimen alguno eclesiástico, con independencia del poder 
temporal ; ni podía exigirse á los reyes de España que permitieran venir al nuevo 
territorio otros subditos que los suyos, ni crear un poder eclesiástico entonces de 
tanto prestigio que le fuera extraño é independíente, en medio de los celos que la 
bula de donación había hecho nacer eu las potencias de la cristiandad... Todo, pues, 
obligaba á salir del camino común (lue había seguido la corte romana en las na- 
ciones católicas. Un nuevo derecho eclesiástico debía nacer para gobernar ú un 
nuevo mundo... El poder temporal formaba el dominio en América en las concesio- 
nes pontificias ; excusaba sus crímenes en el alto fin que guiaba sus pasos ; mientras 
que la iglesia sólo podía hacer llevar la cruz por soldados españoles, ni tenía otros 
templos que los que el conquistador erigiera ; ni ellos ni sus ministros po- 
dían conservarse si no los defendía el soberano del estado... Cario V era también 
entonces el soberano más poderoso de la Europa, el único capaz de intentar el esta- 
blecimiento del cristianismo eu el mundo que en embrión legaba la reina Isabel á 
las generaciones venideras. El papa, pues, por ung, conveniencia de primer orden para 
la conversión de millones de hombres á la religión verdadera ; para acabar con la 
idolatría en la mitad del universo ; por adquirir este presente que la providencia le 
brindaba y dar á la iglesia católica generaciones sin fin... el papa, digo, por intereses 
positivos y tan grandes descargó sus deberes en los reyes de España, y les enco- 
mendó y libró á su cuidado el establecimiento de la religión católica en las islas y 
continentes descubiertos, y que se descubriesen en adelante... llegaba la ocasión de 
fijar las facultades de uno y otro poder en el universo cristiano ; no llevar á él las 
disputas eternas de los canonistas españoles y ultramontanos, y conceder á los reyes 
católicos, aunque fuera como privilegio, aquellas facultades que ellos reclamaban en 
Europa como derechos propios... El derecho antiguo no podía acomodarse á las 
autoridades eclesiásticas del nuevo territorio ; desde el primer día fué necesario 
apartarse de los principios y doctrinas comunes, en términos que puede decirse con 



jílira un acataniu'iito «le la alta jeian|iiía (l»'l sumo poiitíli»'»- (1). 
De niaiK'ia <|Ut' los (|U«' th'tVMuleiuos esas ilot-triiias rcyalistas, no 
pn'tt'iKh'iiios (Iffciiilcr la preveiii-ióii ilf nuestros yoliicriios li- 
lieralt's. iiiic, (Icsiucciainlo toda crcfiicia. It-s adrada asumir las 
atriluu-ioiu's (It'l poiititifc , como decía el ministro de relaciones 
exteriores doctor don Tomás S. de Ancliorena. 

He esiTÍto este estudio jurídico é liistririco en liomenaje. 



toda seiíuridiiil. «iiic uo hay li-y ospañulii .i lnihi pniitiluiH para Kiiinpa rcs])rcti> al 
patrouato ili> las i^jlusia'í ú las rcst-rvas npost/ilieas, á la iirovisiíin ile bi'iirru'iiis di' 
todo géiiKro. que no estií derogada por otra Imla para Aiiu'TÍ<-a ; por otras leyí-s o 
rídulas para ludías... Así fueron las íustitucíoni's ion (pie nacimos, y no pucdr 
exigírsenos que volvamos solire los derechos originarios de los papas, de los reyes y 
de los pueblos... Las concesíoues y privilegios pontilieíos :¡ los soberanos de Indias 
se convirtieron luego en leyes civiles, por las cuales la Amórica se ha regido desde 
la erección de la primera catedral... La ley civil nacida, diremos así, do la misma 
corte romana, debe ser, pues, la única regla i>ara los gobiernos de la América. Kl 
magistrado, el jefe de la nación, no puede tener otra ecuiciencia moral (pn' lasque le 
den las leyes de su país... » 

(1) La existencia del patronato inicional y su legitimo ejercicio jior la autoridail 
civil, ci>nstituyen un hecho y una convicción perfectamente grabados en la concien- 
cia de la casi universalidad de los argentinos. He citado las opiniones de algunos cano- 
nistíis. « Kl patriuiato universal sobre las iglesias fundadas y ediñcadas en el terri- 
torio de la nación, corresponde á ésta, y no á persona alguna, porque á ella sólo son 
acomodables los verdaderos y unís sólidos títulos de su adquisisión ». Opinan, además, 
losmiis ilustres canonistas, planteándola opinión en sus fundamentos, que el patro- 
nato que ejercieron los reyes de ICspaña y que la república ha heredado, no fué 
adquirido por mera concesión de la silla apostólica, sino por hechos y títulos ante- 
riores á las bulas pontificias que .sobre el particular se expidieron. En efecto, — en 
la junta de teólogos, tantas veces citada — uno de ellos se expresa en éstos términos : 
« Y de aquí se ileduce c<m la mayor claridad que las que se dicen coneesioiu-s apos- 
tólicas no importan otra cosa que el reconocimiento formal de un título precedenti' 
■ lue ya fundaba el patronato, ó si se «[uiere un nuevo título que sin destruir el que ya 
existia venía á robustecerlo, ¡í la numera ([ue, como .se explica un sabio, la tran.sacción 
y la cosa juzgada, tan lejos de extinguir ni debilitar la acción primordial, producen 
una nueva que robustece aquella». El doctor don José María Terrero, miend)ri> 
del .senado del clero, decía : «Sentado, pues, que esta regalía, el supremo patronato 
y protección de las iglesias, es la más valiosa joya de toda» las que adornan á los go- 
biernos soberanos, por cuya defensa fuertm siempre valientes los más católicos y ce- 
losos monarcas en precaución del más ligero ataque á sus respetos ; desciende el 
que firma á bosquejar al menos su nacimiento antiguo y venerable. No fué él, ri- 
pito, debido como se quiere suponer, á las gracias y liberalidades de los sumos 
pontífices, por merced de la piedad cristiana de los soberanos: otro fué su principio, 
ó bien podría decirse, que él fué desconocido por inmemorial... El derecho común, 
la inmemorial costumbre, la práctica constante, la protección, defensa, erección y 
dotación de las iglesias, en fin, según se ha dicho, la majestad y preeminencia de la 
soberanía, su supremo poder (como se explicó el tridentino) forman las bases sólidas, 
el verdadero origen del inestimable derecho de patronato. De que naturalmente »i- 



veinto, al profundo respeto que conservo por el eminentísimo car- 
denal I\ami)olla y además para demostrar que, cuando acepté esa 
misión, (íonocía i)eríectanu'nte bien el derecho público eclesiástico, 
de manera (pie tenía la conciencia de la responsabilidad y de la 
injportancia de esa misión. Estudiadamente la cancillería argen- 
tina ha (pierido (pie el olvido borre de la memoria jiopular ese ser- 
vicio, el cual, á pesar de las diñcultades, desem])eñé con excepcional 
celeridad por la bondad con que fui acogido, bondad á la que co- 
rrespondió la cancillería con susi)ender la misión, dejando sin 
oportunidad al eminente cardenal para exponerme las doctrinas 
<iue en estas cuestiones sostenía la santa sede. Por ello he entrado 
en esta historia del derecho de i)atronato sin arredrarme el trabajo, 
sino como defensa de las doctrinas (pie los tratadistas del derecho 
hispano-colouial llamaban regalías de la corona, del gobierno del 
territorio, en una palabra, que sostiene el culto: doctrinas que 
siempre sostuve y á cuyo estiidio me había dedicado no i)ocas 
veces. 

Conviene que con la i)osibIe brevedad recuerde los antecedentes 
de la misión dii)loniática que el presidente Pellegrini y su ministro 
de relaciones exteriores me coutíarou desempeñase ante la santa 
sede. 

En carta de mi hijo (1) se me halda extensamente de la misión 
(|ue el gobierno de la I{ei)ública Argentina deseaba confiarme ante 



ilcducc inu' los i;obieriios soberanos pueden y deben resistir el reeouoeimiento de los 
])rela<los. euya elección no sea de ellos mismos. Así se ha hecho, y esta es la doctrina 
común de los doctores ». Los demás señores coBsultados. — dice el doctor Chacal- 
taua, — reconocieron (jiie el gobierno procedía dentro del límite de sus atribuciones 
legítimas al ejercer el patronato nacional. Entre los que opinaron de esta manera 
üguran los miembros de la excelentísima cámara de justicia, doctores don Gregorio 
Tagle, .Juan José Cernadas, Miguel Villegas y Vicente López : los teólogos canonis- 
tas, doctores Paulino Gari, Gregorio Gómez y Domingo Viotorio Achega ; los pro- 
fesores de derecho, doctores Roque Sáenz Peña, Gabriel Ocampo, Jacinto Cárdenas. 
Marcelo Gamboa, D.almacio Vélez Sarsfield, Valentín Alsina, Baldomcro García y 
Tomás Anchorena. (Patronato nacional argentino. Cuestiones de actualidad xotre, la» 
reciprocan rclariones de la iglesia y del exlado. por Cesarlo Chacaltana. Buenos Aires, 
188.5, 1 vol. de 658 pág.). 

(1) El doctor Ernesto Quesada al doctor Vicente (i. C^nesada. fíiieiios Aires 1° de 
agosto de 190S. Archivo particular, en San Rodolfo. 



— 389 — 

la sjmta sede, para vencer, con halñlitlatl ]»revis(ira v pnidentc, la 
bandera ultramontana (|ue el ¡(residente electo para suceder al 
doctor Pellejiri ni levantaba, apoyado en el partido cleri<al: > la 
manera de realizar este propósito era restaldecer las l)nenas rela- 
ciones entre la iylesia y el estado, y, como lieclio visible. (|ue el 
santo padre iireconi/asi- (»bis]M) de la diócesis de Salta al señor 
Padilla, nombra«lo ]»or el presidente ar>ientino. De esta manera los 
católicos compreuderían, ante la indiscutible realidad, t|iie los yo- 
i)iernos liberales se armoni/aban c(»n la santa sede, y la premedi- 
tada reacción ultramontana quedaba sin bamlera, sin iirctexto. 
desorientada : porque se desvanecía la jiromesa i|ue predicaban de 
la futura armonía de las relaciones eutie la iíilesia y el estado, á 
la síízón en diñcultades de relaciones oticiales. 

I>a misión era difícil, y, al contiármela, la acepté como un sin- 
gular honor. Consideré (|ue el tiempo transcurri<lo desde lss4, en 
(pie tuvo luyar el incidente con el delegado apostólico iitonseñor 
Mattera, era un lenitivo (|ue habría calmado las imiiresiones (|ne 
el í-arilenal .ía<'obiui ponía como condicicHi para restablecer las 
relaciones, condiciones exijiidas por el cardenal, secretario ile es- 
tado del p<mtiticc. Las cuesliones de derecho no habían sido 
solucionadas, más aun : no era posible ni disculirlas. dada la 
uruencia con (jue el presidente deseaba fuese preconizado el ol)is- 
pu ¡(resentatlo para la recorda<la diócesis. Era una nu^lida trans- 
cendental, dadas las circunstancias, y me creí oblijiado á con- 
tribuir c«mi el más ardiente empefio á facilitar la realización del 
]iropós¡to del presidente rdleiirini, con la circunstancia i|iu' mi 
nnsión era conlidencial por la naturaleza misma tlv su j-ravedad, 
por cuya razc'in ni se dio cuenta iirevia al conureso, ni se s(di- 
cit<'> el acuerdo del senado para mi nombrnmienio. l'.ra producir 
el hecho jiara desarmar y \encer á la reaci-jém ultraniouiaiia (|ue 
amenazaba. 

La carta de mi hijo me explici» lo ([ue el uoliieino deseaba. 
La nueva ¡¡resiilencia, — me decía. — con raz(')n •') sin ella, se 
anuncia como una reacción ultramontana \, <-on este motivo, el 
actual üt(bicrno ha resiu'lto contiarte una misión delicadísima, te- 
idendo en cuenta tus ideas liberales en materia de rei;alía y ]iatro- 
nato. Se va á solicitar del (•oni:ie>o teacreilite eii\ iailo extraordiiia- 



rio y mÍHÍstro pleiiipoteiu-iavio aute el Vaticano: eu eseseiitidoteha 
telegrañado el doetor Zeballos, después de una eouferencia con- 
iiii.ii'o, eu la cual tomé la resixuisabiJidad de aseyurav (jue tú acej)- 
tarías y que el nobievuo podía deseausar eu tí. 

;: Se trata de lo sij>iiieute : desde (jue, i)or razoue.s (|ue eouo- 
(•(-s, se dio pasajíorte al nuncio Mattera, el \'aticaiu) cortó sus re- 
laciones diplouiáticas con laArgentina. Han vaca<l() en el intei'ini 
\aiias sillas ei)iscopales, y el üobierno, en cumpliujiento de sus 
ilebeves del i)aívouato, ha enviado al santo padre las ternas de pro- 
]>uestas ])ara dichos obispados. El jiontíñce, eu represalia, se ha 
ne.i;ad<t ¡i tomar en consi(leiaci(')n diclias presentaciones, dejando 
sin obisi)os á las diéicesis, pero nond)rando indirectamente « re- 
centes del obispa<lo á sacerdotes, á los (|ue iuvestía con la divini- 
dad de obis])os iii ¡xirlibiis ¡nfidclinm. El ii'obierno, iior su parte, 
lia hostilizado ¡i dichos intrusos y eso ha traído una desorgani- 
zacií'm sensil)le, tanto en el üoliieiiio eclesiástico, cuanto en sus 
relaciones con la autoridad civil. Son<lea<la la santa seih^ respecto 
lie la conveniencia de hacer cesar este deplorable estado (k' cosas, 
])retendi(') el santo jiadie naila menos (|ue la celebración de un con- 
cordato, couio nu'dida previa al lestablecimieuto de las relaciones 
di])lomáticas. Dadas nuestras tradiciones regalienses en materia 
<h' derecho público eclesiástico, era esto absolutamente imposible, 
poripic no cabe celebración de concordato <lentro del patronato 
(pie el noliierno ejerce. Todo est<i te es muy familiar : el doctor 
Dalmacio \'élez Sarstield y el Mciiiorial ojustado, dejaron la cues- 
tión fuera de discusión. Pero es el caso (pie ahora el jurntíñce, 
con tal (pie se le acredite ante la santa sede una legación, ha ma- 
nifestach) estar dispuesto á proveer los obispados vacantes y hacer 
de esta manera cesar la irregularidad existente. El gobierno no 
pensaba jireocuparse mayormente de este coníiicto, pues confiaba 
al tieuipo su solución. Alarmado ahora i)or las tendencias de 
reacción ultriunontana (pie cada día se acentúan más alrededor 
del nuevo presidente, sol)re todo dada la actitud violenta ó intran- 
sigente del padre... en sus conlérencias sobre necesidad de refor- 
uiai' la legislaci('>n sola-e educacif'm, etc., ha creído (pu' sería grave 
peligro dejar abierta esta cuestión para el nuevo período presi- 
ilencial, pues entonces podría llegarse (¡iiizá á un (concordato (jue 



— Síll — 

fuera fatal \ (|iu' iltv^tinycra así el dcrcclii) secular <lel patronato 
en Ainéiiea. 

Eu eoiiseeueiieia, se resolvió aereditar sobre la niarelia una 
misión especial ant«' la santa sede pnraciue, sin i>ér(li<la de tieuii»(», 
se traslade allí y oUtfUna : 1" dejar satisfecha ii lacinia romana 
cou la instalación de una delcftacióu ; 2" obtener en camhio la 
])ro\ isión de las s»'des vacantes; 3" evitar celebrar concordato, 
estableciendo liábilnienlc un inodiis rinnili; 4" convencer al 
santo padre (pie la IJt'pi'ililica Aruentina sólo por tnia <lelcr<'ncia 
liarti<'ular lia acreditado esa legación, pues el estado critico de 
su tesiu-o no 1«' permite darle un carácter permanente, siendo así 
(|Ue hasta serán in-óximaiiieute suprimidas <>ran número de las le- 
¡¡aeiones existentes; «pie apenas las finanzas lo permitan acredi- 
tará una leuación permanente ; .")" tratar de (pie toda la nejiocia- 
ción sea verbal tanto cuanto sea posible, dejando sólo constancia 
escrita por cambio de ui>t:\s. del niDdus viniiili (pie se ¡lacte : iV 
dicho inothts riniidi seria : (pie, mientras no exista Icíiación ante 
la santa sede, el tiobierno enviará directamente al santo padre 
la propuesta (pie desii>ne el cmiíiTeso en caso de sede vacante, 
v (pie el >aulo padre haría la investidura caiiiMiica enviando tam- 
iii(''n directamente los documentos del caso, á tiii (pie i'-ste ]i(uiga 
en posesi('m de la sede al desiniiado. iirevios los trámites de 
estilo. 

. Tales son los oi)jetos de tu misión contidencial. Se necesitaba, 
«•(uno sabes, aereditar un ministro (pie no fuera el (pie xa existe 
ante id (j)uirinal, puesto «pie la santa sede no admite la a<umiila- 
cii'm de ambas representaciones. Kl hecho de no estar tú todavía 
instalado en la corte de Madrid, te |)ermite desempeñar luimero 
una \. desiuH's. la otra misií'ui. Sin einbarno. si la nenociaciiHi cou 
la santa sede demora (conviene terminarla antes del 12 deoctulne) 
deberás ir á Madrid á lin de encontrarte allí durante las ti(>stas del 
centenario del desciibiiiniento de América y regresar después á Ro- 
ma. Las ra/ones ipie he tenido i>aia asegurar ipie aceptarías s(m : 
1" que sieníjire te conviene una misií'ni especial, y estaba seguro 
^{\l^' te agradaría una en líoma, ante id sumo poníítice; 2" ipie 
ello no impide en nada la misión permanente en la corte de 
Madrid. Si resulta (pie el congreso suihímic ambas legaciones para 



— 392 — 

fin (le año, siempre teudrús servicios diplomáticos mayores » (1). 

Esta carta, escrita en la intimidad, revela lo grave de mi misión 
y aunque carece de carácter oficial, las ideas expuestas concorda- 
ban con las del doctor Zeballos, entonces ministro de relaciones 
exteriores. Tan exactas eran las ai)reciaciones, ((ue las teorías ul- 
tramontanas y peligrosas del ministro de relaciones exteriores en 
la i)residencia del señor Sáenz Peña, le inspiraron suspender mi 
misión y ordenarme no volverá líoma. 

El ministro de relaciones exteriores doctor Zeballos, en 8 de 
agosto de ISD'i, me decía que el gobierno deseaba encomendarme 
una importante misi(')n esi)ecial cerca del santo padre, antes de mi 
traslación á España, cuyo objeto principal sería reanudar las rela- 
ciones diplomáticas, que están bastantes resentidas á consecuen- 
cia del incidente ocurrido con monseñor Mattera; pero esta misión 
ei"i dificilísima para (juien conocía como yo, que cuando el go- 
bierno encomendó al señor Balcarce, ministro argentino en París, 
pasase en igual carácter ante la santa sede, á raíz del incidente 
con monseñor ^lattera, fijándole como término (pie no pudieía 
exceder de 1~> días su ])ermanencia en Eoma, observó que por 
los informes que tenía, ni 1 5 meses l)astarían para obtener del 
gobierno pontificio la solución de este grave incidente diplomático; 
y, sin embargo, para el desenii)eño de mi misiíui se fijaba un tér- 
mino muclio más breve, puesto (pie debía estar en Madrid el l'J 
de octubre, para representar al gobierno en las fiestas de la cele- 
bración del centenario. Y este detalle contribuía á dificultar mi 
misión, al extremo (pie el señor Balcarce no fué á Eoma, y envió 
la nota explicativa del ministro de relaciones exteriores doctor 
Ortiz sobre las causas (pie originaron el en\ío de los pasai)ortes á 
monseñor Mattera, valiéndose del nuncio acreditado en París para 
(pie enviase á manos del cardenal .lacobiní, secretario de estado 
de la santa sede, la referida nota. Me constaba (pie el cardenal im- 
puso condiciones para restablecer las relaciones, condiciones tales 
(pie no pudieron, ni ])odría aceptar el gobierno, jtonpie afectaban 
á la constitución y á las leyes. Esa situación continuaba, ponpie 



(1) CíirtM (le jiiMio \ Icti-.-i lie mi Ilijn il.ict.ir Eni.-sto C^iicsaibi. Hiiciio-': Ai 
J" dr is;n'. 



— :í93 - 

la luisiúii couliada al <-auóni,n«> Kcliajiü»' im íin- para anr^ilar tal 
¡ncidentt', y fiu' á líoina sin dar nltt'rioridail á la crcdt'iicial <|iH' le 
otorjíó el ministro del cnlto. doctor Filfnnni To-sc. De manera 
([lie estaban iTsiMit idas las ri'hu'loni's con la corle |ionlitiiia, mas 
bien eortadas jior el cardenal .lacobini. La <iu'stión ilc este inci- 
dente podia ser ilc imposililc soliici<'>n. si la santa sede conservaba 
sns exiiit'neias. 

La extensa carta de mi liijo. (|Ue lie reproducido, me señab'» con 
claridad los propi>sitos del gobierno, supliendo las <;cneralidades 
de las instrucciones oficiales, las ctniles, por su misma naturale/a. 
no i>odían expiiner los móviles que deterniiiniron |iara elegirme 
como neiiociador conlideucial. caso bien dit'ícil. 

Tu carta me iiistru>e ile los objetos de la niisií'm especial ante 
la santa sede. — le decía. — y tal conu» lo indicas, no tenüi) inconve- 
niente i»ara deseinperiarla : ¡k'Iosí lo ten<lría para neiiociar un <t>ii- 
vorilaln, ponpielie heclio un estudio ile la materia ipie um lia torma- 
dola convicci(')n que no es ]uiidente intentarlo. líeseo sin enibarií<> 
<-()nsultar la obra del doctor Vélez Sarslield, y el Memorial ({justado. 
Aun cuando i<>noraba los propósitos del <j;(d)ieriu> y sólo snpea(|UÍ 
el cableo-rama del ministro, anunciando (pie en este nn*s se me en- 
viaría lo necesario. res|iondi que cnmpliría las órdenes que me 
tueran transnntidas. l)esi»nés nada sé: sabes que. anmpie creyen- 
te, soy liberal doctrinario, rqialista. como decían los españoles, y 
te repito que no discutiría un coiiconlato (1). Sin embariio. la mi- 
sión, con los i»rop<'»sitos (¡ue me indicas, la acepto: es (piizá dit'ícil. 
pero no de imposible sobu-ión. La santa sede debe ser conciliado- 
ra en una éi»oca de piidumla indiferencia en reliiiiiui. tal vez más 
peli.üTosa ipie dnrante la reforma, ponpie la indiferencin es el des- 



(1) .• i:ntiriiili->i- iior icmcoidati», fl |i;iitii (•«■Icluailn eiitn- il |>(Hitili(c- loiiiain) y t-l 
^oliieriio <li' una iiarimí sdIiit airi'f;!» ili- su iglesia. Ivstc ¡laito n tratad" iii> i-s de 
nación a' nariiln rnti-i- dos ;;<il>ii'rniis indi'|iiMidienti'S. siiio un aiTff;l<> entre ini ¡¡tt- 
liieruo y el <)l)isinMle limna. ennni priniadi) déla i<;I<'sia. No sii-ndo el eimeordato pae- 
to entre };iil)iernii y ¡joliieriin. no puede ser su materia nada temporal. sinoi|Ue en él 
se arreglen jnintos de diseipliua. Versan resnlarniento sidire eleoeión ó nondiramieuto 
de obispos y de su eontirmación eomo punto principal, y sol)re' otro» arreglos muy 
secundarios». (K. .1. MahiátkiíCI, ¡lenrña hixliirica rir Ion eoncordtilOH releliradon con lio- 
mn y hrirrx rrAfxiuueii nnhre il illlimn hiihitio inlir Pió I .\ 1/ rl iiohirnio di lloliiiii. I.ima 
1S.-.6, 1 v.d.) 



<léu porel culto religioso. Singulares extriiñezas del destino! Esa mi- 
sión es])ecial, jaruás soñada ])or mí, me liará entrar en nn mnndo 
en <'l cual desearía encontrarme c(m ülósoíbs-sociólooos ó religio- 
sos saturados del evangelio; pero si me encontrase con simples 
teólogos, imbuidos en el comentario de los textos, en lo infalible, 
aun cuando no tenga (|ue discutir el credo religioso ni el dogma, 
me sería muy ]ienoso. La iglesia es maestra: debería llegar al co- 
lazíHi (le los tieles por el amor, la caridad, la templanza concilia- 
dora, y evangélica por la bonda<l... Acepté, pues, la misión ; la 
desempeñaré con sumo interés, ]ior(iue la religión es base del go- 
bierno en las sociedades liumanas : es una necesidad social, es con- 
dición de orden ; i)ero yo no disentiré un concordato... Ya lia pa- 
sado medio mes de septiendire ¿cómo suponen que puedo ir á 
iíoma y, antes del 12 de octulire, presentar ñus credenciales en 
Madrid '! Su])oniendo ([ue, por el vapor i\xu' llegará dentro de tres 
días, reciba las credenciales jiaia ambas misiones, llegaría á Koma 
á tines de mes: paréceme im]iosible que termine mi cometido, pa- 
ra estar oi)0)'tunamente en España. El progranuí de esas ñestas 
lija las téelias : el 'A de octiilire la reina vendrá de 8an Sebastián á 
3[adrid, donde demora basta el 7 del mismo mes. Emprende viaje 
á Sevilla el S, alojándose en el Alcázar. El 9 va á t'ádiz, donde es- 
tará basta el Id: al siguiente día visitará Hucha: el \'2 de octu- 
bre, aniversario del descid)rimiento de América, se inaugura el 
monumento k'vantado en lionor de Colón; el li'» vuelve desde 
liuelva á Sevilla, basta el Ib, (|ue sigue viaje para (iranada ; fes- 
tejos ("11 esta ciudad los días 17 y IS, llegando á Madrid el 1!) de 
diclio nu\s. Invidente es (pu% aun recibiendo las credenciales, sólo 
podría presentarlas (íu Madrid el .") ó (i de octubre y, entonces, no 
liabría término liábil para ir á Roma, sino después de las fies- 
tas indicadas, es decir con posterioridad al 11» de octubre - (1). 
Concretándome, pues, á mi misión confidencial, recibí en Pa- 
■ lis este oficio: l>e]iública Argentina. Ministerio de relaciones ex- 
teriores. Buenos Aires, ((f/osfo 211 de lsí)2. Señor ndnistro : Por 
(b'creto de \;\ feclia, S. lí. el presidente de la república, atendiendo 
á las cualidades (|ue distinguen á \'. E. lia tenido á bien designar- 

(1) lloc. archivo cit. \. (i. Qncsad:. ;¡ K. C^iirsmlii, l'üris 11 dr sri>li,-mbrc de iSOÍ". 



— 395 — 

lo ¡liiiii cniulucir lii ciiitii (le pivsfiitiK-ióii «Id iloctor don l':ililo l';i- 
«lilhu ol)isiM( (le PtMitiini:i i)i iutrtihii.s iiijiílrlimiu iliiiiiado ;'i ocu- 
lar lii sede cpiscoiiiil <lc S:dtii, fiiciU-fiáiidolo ni iiii> liciiii»o de 

la iiiisi('>ii conlidriicial Ifiidiciitfá csticcliar las relaciones de hue- 
lla arin()nía con la >anla sede, de aeuenlo -Á las insirueeiones <|Ue 
se acompañan por separado, esperando ipie \ . I^. aceptará y daia 
cniíipliniiento á esta honrosa misiva, reitero á \'. i''... — JJstaiii.slao 
S. Zt Indios (1). 

l'or otici() de la misma lecha, se me dice : ( 'on relerencia al de- 
«•reto de la lecha. desi<iiiamlo á V. K. en misi.'m conlidencial cerca 
de la sania seile. he rei-jhido eiicaruo de S. I'], el señor presidente 
de la repúhlica para expedirle las instrucciones destinadasá facili- 
tar el ilesempeño de sus funciones. Kl principal objeto de esta nd- 
si(iu conliilencial es defender el derecho de patronato inherente á 
la soberanía naci()nal. v facilitarlos procedimientos reculares para 
su ejercicio en la pro\ isit'ui de las primeras dignidades de la iylesia 
argentina. Kn consecuencia, si le fuese propuesto la celebraciiui <le 
un concordato, rtdiusará \'. E. tratar la mati-ria. por no estar com- 
prendida en los objetos de su visita á b'oma. desde i\\\v siempre 
fueron iViciles l;is relaciones entre el gobierno ariicntino y la santa 

sétle. hasta «pie el nunci. nseñor Jlattera, niezciándos<- en las 

agitaciones de los partidos jtolíticos del i)aís, produjo (d conflic- 
to (pH- obliiió al gobierno, en el sentido de enviarle sus pasapor- 
tes, ;í tin lie conservarla buena armonía con el Jefe de la i,i>le.sia. 

Si se le projuisiera aciedilar un nuncio permanente en liue- 
nos Aires, contestará ipie no lo considera necesario. Recordaré con 
tal motivo á \'. K. los antecedi'Utes históricos del ejercicio del i»a- 
tronato ari;entino. ipu- se ha veriticado sin ti'o|>ie/os y sin necesi- 
dad de la iiiter\eiici(')ii del nuncio, l'or otra parte, \". K. sabe 
<pU' la iglesia uo/.a en nuestro |)ais de toda libertad > cpie el 
estado social es perfectamente trampillo i'ii maleria religiosa, y 
no ha.\ coii\enieiicia en introducir en esta situacií'm. i-i'uiioda |iara 
el est.-ido como para aipiélla, la acci/ui perl iirliadora á ipie suelen 



(I) Af.-hiv.. il.t iiiiiiist.-iii. dv icliicii.iii's .■xtciinn-s y .iilKi. Si-yimd:! iii<s.iit;i.i.iii 
<lel .Kwtor faitilla ci.riici ,,1ms|m, ,i<- Salla. Misiúii nmlidcMcial il.l cluctiii- (plisada an- 
te 1:1 sniita .sede. 



entregarse los agentes de la santa sede, al promover la formación 
de partidos iwlíticos ó incidentes (pie influyen en la actividad de 
éstos, y de que tenemos ])enosa ex])eriencia. Si se le pidiera que el 
gobierno argentino acredite una misión permanente cerca de la 
santa sede, manifestará que ello no es posilile porque no ha sido 
práctica en la cancillería argentina, y porque, en las actuales cir- 
cunstancias del tesoro público, se hace las mayores economías, 
limitándose la representación di])lomática en Europa y en Amé- 
rica. 

Su señoría ilustrísima el obis])*) del Paranádoct(»r (ielabert ha 
renunciado su silla ante el sumo pontítice, desconociendo la inter- 
vención de la autoridad secular de este gobierno, que lo nombré» 
á propuesta eu terna del lionoral)le senado. X. E. reclamará de 
este olvido del doctor (Ielabert, exigiendo tpic presente su renun- 
cia ante el ministro del culto, á fln de regularizar el procedi- 
miento en la provisión de su sucesor; insinuando, si fuere nece- 
sario, (pie la negativa será considerada como un desconocimiento 
del ])atronato, y (pie el presidente de la república no dará cur- 
so á la renuncia en la forma interpuesta, ni proveerá la sede va- 
cante. 

La nota (pie se le acom])afia con sello volante para su eminen- 
cia el cardenal secretario, es la (pu» lia de servirle de credencial pa- 
ra sus i)rimeras conferencias. Una. vez reconocido, hará llegar á 
manos de su santidad la carta autógrafa del señor presidente, pre- 
sentando al doctor don Pablo Padilla para ocupar la silla episco- 
pal de la di(')(íesis de Salta, solicitando de su eminencia el cardenal 
secretario el pronto (lesjíacho. V. E. se desemix-ñará con premiu'a, 
l)orque conviene dejar todo esto solucionado brevemente, para po- 
der hallarse en Es])aña antes del 12 de octubre. La santa sede, me 
permito esperarlo, corres]ion(lerá deferentemente apresurando su 
despacho como un acto de cortesía y recipi'ocidad á la deferencia 
del gobierno argentino, (|ue constituye un en\ iado esi>ecial, rin- 
diendo á la cordialidad de las relaciones el debido homenaje. 

Si fuese invitado á ¡xistergar losol)jetosde su niisicni i>ara«les- 
pnés de a(piel]a fecha, procurará evitarlo y si se insistiera en esa 
exigencia, hará ])resente (pie el go))¡erno necesita sus servicios en 
<)tra parte y (pie debe i)ai'tir sin demora, eu cumplimiento de óide- 



lies que ha recibid»». \ . K. aceptará la iiisiiniacióii cine en nomine 
de la santa sede lia traído el ilnstiísinio obispo de Córdoba fray 
II. Toro, de (pie su santidad nombraría el inimer cardenal ameri- 
cano en la Kepública Ariicntina, »'• indicará en caso de (pie la idea 
sea probiil>lc. al ilustrisimo arzobispo de r.ncnos Aires, doctor don 
Federico Aiieiros. Finalmente, V. K. establecerá por medio de un 
cambio de notas en su carácter contidencial, todo lo (pie d«' acuerdo 
con estas instrucciones adi-laiitase y prometerá (pie. i>ara tácilitar 
lii provisi('>n de las sedes vacantes ])or terna del honorable senado 
y elecci(')n de S. E. el presidente de l;i n piililica, los desifiíiados 
.serán .siempre presentados á su .santidad por alf>uuo dv los minis- 
tros argentinos acreditados en Europa, nombrándoseles, como en 
el presente caso, en misión contideneial. 

s^ Contiando el «-obierno e.sta misión delicada á la inteli.í>eucia y 
reconocido patriotismo con (pie V. E. se lia desempeñado en casos 
análou'os, .se le recomienda es])ecialmente haga conocer á e.ste mi- 
ui.sterio todas las impresiones (pie le produzca su permanencia en 
lloma, resi>ecto al alcance de su misión, ])ara formar un juicio co- 
rrecto de nuestras relaciones con la santa sede. Saludo á \' . E. con 
ral consideración distinguida. — J^xtanislao S. Zchullos (1). 

Tres días despué.s, el mismo sefuír ministro me remitía, como 
compleinentario de mis instrucciones, un memorándum relativo al 
incithMite ocurriih» con monseñor Jlattera y al restablecimiento de 
las relaciones con la corte iiontiticia, « cuyo documento ilustrará á 
V. E., — dice, — sobre el estado actual de ellas (2). 

Reproduzco textual ese mimorúndiu)! : 

^ Buptura if rcslabhrimieuto de rchtc'tona.s con la santa sede. 
Con fecha 14 de octubre de 1884, le fueron enviados sus pasa- 
portes al delegado apostólico y en\iado extraordinario de la san- 
ta sede, monseñor Luis Mattera. Por este acto del gobierno ar- 
gentino tpiedaron interrumpidas las relaciones con la corte jion- 
tificia. 



(1) Arctiivo ilel ministerio «le relaciones exteriores. 

(2) Relaciones exteriores, üiienox Airen, agosto S9 de tS'J2. El ministro de rela- 
lioncs exteriores doctor Zeliallos, al enviad» extraordinario y ministro plenipoten- 
ciario, doctor don Vicente G. Quesada. 



— 398 — 

; Al comunicar el suceso al cuerpo diplomático ar.ííeutiuo, expo- 
uía el ministro de relaciones exteriores : No es dable siiponer (jue, 
en el ánimo paternal del sumo pontítice, encuentre justiíicación 
la conducta observada por monseüor Mattera en la república, que 
lia presenciado por i)rimera vez el espectáculo de un ministro di- 
plomático ofendiendo en notas y en cartas privadas, que él mismo 
hace publicar, al primer magistra<lo de la nación y á sus ministros, 
y lanzando después protestas universales contraías leyes del país, 
]»resentes y futuras. El gobierno tiene la creencia de que este inci- 
dente no ha de interrumpir las buenas relaciones existentes con la 
santa sede, ((ue es de recíproca conveniencia para la iglesia y el 
estado mantener con sincera cordialidad. 

< Las relaciones con el jefe de hi iglesia se mantuvieron en sus- 
]»enso hasta la elevación del doctor Juárez ( -ehuan á la presiden- 
cia de la república, que tuvo lugar el 12 de octubre de 1880. Con- 
secuente el gobierno con sus anteriores declaraciones, encontró 
una oportunidad natural para restablecerla concordia con la santa 
sede, en la comunicación autógrafa con (pie el presidente electo 
dal)a cuenta á su santidad León XIII de su elevación á la primera 
magistratura. 

<: Con tal motivo, — decía, — séanie i>ermitido, l)eatísiino padre, 
manifestar en nombre de la nación argentina y en el mío propio los 
sentimientos de profunda veneración (lue siempre tributamos al 
augusto jefe de la iglesia católica. Al cumplir con este alto deber, 
me es especialmente grato llevar al ánimo de su santidad la noble 
convicción de que será un empeño constante de mi gobierno, cul- 
tivar y estrechar las amistosas relaciones entre la República 
Argentina y la santa sede. 

<■ Desgraciadamente esa carta, llena de los conceptos más leales 
y respetuosos ante la dignidad del jefe de la iglesia, no llegó á su 
alto destino con la premura necesaria á causa de haberse extravia- 
do casualmente en la cancillería del Vaticano. Allí había sido reci- 
bida el 26 de noviembre de ISSí!, llegando á manos del cardenal 
secretario recién en marzo de 1887. 

« Bl fondo de la contestación de su santidad está concebida en 
los siguientes términos : Los sentimientos que con tal motivo Nos 
ha manifestado, mucho los hemos aprobado, y de una manera es- 



— 399 — 

pecial »'l (leseo y lii solicitud que uos ha sijDfiiiticiiilo (Ir i|in- lanio 
tú eoiiio los demás adiiiiuistiadnies ])ioeurai¡aii (|iif It» \ íncuios 
de eolieonlia y tilial respeto (|iie unen á la iei>úhl¡ca con esta santa 
sede se estrechen cada \f/ niiís. l^ste deseo merece tanto mayor 
encomio porcuanto nnísconvicne al esia<l<i de la época actual el 
(pie a(piellos (pie están al mando de la cosa pi'ihlica, cuiden de 
a(piellos princii)ios liuuhmu'ntales en (pie estriba la juosiieridad 
y el hienestar lu'ililico. 

< Al saberse en N'iena la exi»ulsi('>ii de monseñor Mattera, el 
uuuoiü apost('>lico monseñor N'aimtelli adelant(') al.üunas proposi- 
ciones al ministro (Jarcia, jiara la reapertura de las interrumpidas 
relaciones con la santa sede. Como todo se esi»eral»a del resultado 
(pxe tuviera la carta aiit(')grat!i, el gobierno se liniit(') á agradecer 
los buenos deseos del señor Vanutelli y de su reemplazante en la 
nuuoiatura monseñor Galiniberti, (piecontinuí'» en los mismos no- 
bles prop()SÍtos. Contestando á nuestro ministro en ^'iena (pie daba 
cuenta, por carta de 12 de noviembre de 1NS7. de sus entrevistas 
con el nuncio, decía el minislerio, con fecha 'l'l dr diciembre de 
1S.S7 : He leído con el mayor interés la carta de \'. Vj. de 1 '_' de no- 
\iembre, referente á las dos entrevistas (pie ha tenido en N'iena con 
monseñor Galimberti. En cuanto al estado actual de nuestras rela- 
ciones con el Vaticano, ellas pueden considerarse en vía de un 
próximo y cordial restablecimiento, si se atiende á los términos en 
(ine ha sido contestada la cíirta autógrafa del señor presidente, des- 
pués délas iliticiiltades powpie tuvo que pasar dicha comunicación 
ilutes de ser conocida de su santidad. Últimamente ha sido envia- 
do el canónigo don >[. líchagüe con la misión de presentar los 
obispos de ("('irdoba y Salta, á íin de obtener las i mías competentes ; 
y para el caso (pie el señor Echagüe consiga su oltjcto, lo (pie im- 
portaría el restablecimientodelas relaciones con la santa sede, el 
señor presidente le ha exjtedido una credencial muy amistosa para 
(jue lo represente en las tiestas jubilares de la ordenación sacerdo- 
tal de su santidad, á lin de (pie le exprese en su nombre los votos 
(|ne hace por la j)rosperi(lad de la iglesia cat<)lica y la felicidad per- 
sonal de su digno jefe. Con estos pasos, ([ue espero se llevarán á 
buen término, imeden darse por restalilecidas las buenas relaciones 
que siempre ha estado en el ánimo del gobierno cultivar y (pie un 



— 400 — 

incidente deplorable sólo lia podido interrumpirlas momentánea- 
mente. En cnanto ala posibilidad del nombramiento de un delega- 
do apostólico, lo espero del tiempo y del convencimiento de la sin- 
ceridad con que el go))ierno argentino propende á mantener la ar- 
monía acostumbrada con la santa sede ; (pie será siempre bien re- 
cibido, obteniendo las consideraciones del gobierno y pueblos ca- 
tólicos celosos de la dignidad de la iglesia. 

« Misión EcluifiHc. En octubre de 1887 fué designado el canó- 
nigo doctor don Milciades Ecliagüe, con el doble encargo de 
conducir á Roma la carta presentando á los i)adre.s fray Eegi- 
naldo Toro para la silla episcopal de Córdoba y al señor doctor 
don Serapio (Gallegos para la de tSalta, al mismo tiemi)o que se le 
encargaba entregar en el Vaticano el pliego autógrafo de felici- 
tación con motivo del jubileo de la ordenación sacerdotal de su 
santidad León XIII. 

;: Eeñi'iéndose á estos actos, — y prescindiendo de la investidura 
solicitada i)ara el doctor Gallegos, á que puso algunos reparos la 
santa sede, — con fecha 10 de febrero de 1888 escribía el carde- 
nal Rampolla á nuestro delegado en Eoma, lo siguiente : El santo 
padre ha recil)ido con particular satisfacción tales manifestacio- 
nes, reconociendo en ellas no sólo una prueba de religiosos sen- 
timientos y devoción hacia su augusta persona, sino también 
el loable propósito del gobierno argentino de restablecer amisto- 
sas relaciones con la santa sede, (quedando así terminados los de- 
plorables sucesos que turbaron la buena armonía anteriormente 
existente entre las dos supremas potestades, armonía cuyo mante- 
nimiento y conservación interesan tanto á la iglesia como al esta- 
do. Deseoso i)or tanto su santidad de ofrecer al mismo gobierno 
un testimonio de l)enevolencia, secundando los deseos manifesta- 
dos por él, me ha ordenado significará V. E. que está dispuesto á 
proveer sin demora la sede vacante de Córdoba en la i)ersona del 
padre Eeginaldo Toro, ácuyo respeto, cuanto antes, se dará cur- 
so álos actos que son de práctica para la preconización que tendrá 
lugar en el próximo consistorio. También su santidad se halla muy 
bien dispuesto á acoger favorablemente la otra instancia del gobier- 
no argentino res{)ecto ala erección de nuevas diócesis, pero siendo 
éste un asunto cpxe, para llevarlo á feliz término, exígela presencia 



— 401 — 

i'ii;i<iiR'l luyar ilt" una luMsona (|iu> sea capaz ríe siiiniíiistiar á la 
.-aula sede aciucllas iidticias inu- df lu'clio son indispciisalilfs para 
proccdt'i' cdii acicrlii ;i una nii<'\ a circiiiiM ripciiui Icniloiial. el san- 
ta ¡ladrc »'staria dispncstd desde luciii) á enviar allá un delegado 
a]nist<'>]it'(), tilda vez que el ü'olíierno arüentinc» jior Justa reciproci- 
dad a( r<(litarc cerca de la santa sede una Icüaciiui permanente; 
lo (pie -cria sin duda de ¡¿ran xcntaja, no si'do para la conclusión 
lie la antedicha neiiociaciiui, sino lainl>i('ii para aneblar con satis- 
t'aceii'in reeípi'oi-a oti'os asuidos pendientes y establecer soltfe sóli- 
das bases un acuerdo duradiu-o entre los dos supremos ]»od<'res, ipic, 
alejando toda ocasii'm de nue\'os conflictos, fuese á la vez manan- 
tial seiiuro de paz > pros]ieriilad para la Kepriliiica Arücntina . 

Continuaha en l'aris. como lo dejo ya expresado, atendieinlo un 
salud liajo la direcciiMí del doctoi" Cliarcot y ahí recibí los docu- 
mentos reproducidos, ("on fecha 24 de septiembre de 1892, dirigí 
al señor ministro Zeballos la siguieute nota: : Heciboeu este mo- 
nuMiío los otiiMosde \'. K. de fecha 2(i y 2Í> úv aj-osto |»asa<h)s, jmr 
los cuales \'. K. se sirve comunicarme <pie el excelentisimo señor 
]>residente ha tenido á bien desiüiiarme para coinlucirla carta pre- 
sentaciiin cUd (h)ctor don Pablo Padilla, arzobispo de P«'Utacouia 
¡n jHtrlihus infidclium, llamado á ocupar la sede episcopal th' Salta, 
encargánthime á la \ ez de una misión coutidencial con la misión 
de estrechar las buenas relaciones con la sautíi sede, según hisins- 
trtu'ciones contenidas en td ottcio de 2(» del mismo, y al mismo 
tiemjm v\ miiuorúndum relativo al incidente con monseñor Mattera. 
Acepto, señor miinstro, la delicada misión ipu' se me conlía, sin 
ocultárseme las grandes diticidtades ipie opondrá la curia romana 
jtara resolver prudentemente cuestiones de esta naturaleza, tanto 
más cuanto «pie el <'arácter de coutidencial impedirá (piizá cpie la 
negociación se inicie con benev'olencia por la santa sede, por cues- 
tión de etiqueta, fie tenido el honor de expresar confidencialmen- 
te mis convicciones sobre las relaciones con la santa sede, y feliz- 
mente V. E. no i»retende tu me confiere ])lenipoteiu'ia para celel)rar 
concordato, (pn-, deln» declarar con frantpieza, si tal fuera el objeto, 
me vería forzado á declinar la misión. Hstoy, pues, dispuesto á 
cumplir con la nujor buena \niuntail la- instrucciones y me i)on- 



— 402 — 

(Iré en \'iaje tan pronto como se haya contestado el cablegrama que 
en esta fecha ha hecho la legación argentina, á ruego mío » (1). 
Exponía en ese cablegrama que debiendo encontrarme en Ma- 
drid antes del 12 de octubre, (juedábarae un término angustioso 
para ir á fines de septiembre á Eoma y ahí desempeñar mi misión 
é ir á España. 

Por carta del doctor Zel>allos (hitada en Buenos Aires á K» de 
octubre del año citado, me dice : Tuve el honor de recibir la esti- 
mable carta de V. E. fecha 1 7 del pasado. Ella me encuentra ya 
fuera del servicio público, de mo(h> (píeme limito á manifestará 
V. E. mi conformidad personal con las vistas (pie me inauiflesta 
respecto del derecho de i)atronato. Felicitándome del restableci- 
miento de su salud, creo cumplir un deber hacia V. advirtién- 
dole que me fué difícil obtener el acuerdo del senado para pasarlo 
á Madrid, y he podi(h) juzgar ([ue en el nuevo gobierno hay in- 
fluencias hostiles á Y. y (pie la legación está en serio peligro. 
He dado á varios miembros del congreso datos eficaces para que 
la defiendan y sé (¡ue lo harán ; pero no preveo el resultado » (2). 

Mi hijo, á su vez, ine escribía con fecha 30 de agosto del mismo 
año : El senado prestó su acuerdo para tu traslación á Madrid, 
pero con mucha dificultad. No provenía esta de tu persíma, sino 
del propósito (lue existe en la mayoría de suprimir muchas lega- 
ciones para el año próximo. Xí al general Koca y á varios senado- 
res. El doct(n- Zeballos se condujo caballerezcamente, sosteniendo 
que la supresión era materia de i)resupuesto, pero que el gobierno 
hacía cuestión de gabinete tu nombramiento. Ya te adelanté en una 
de mis anteriores lo mismo... Por esa razón el gobierno no te ha 
contiado unainisif'm pública^ ante la santa sede, á fin de evitar el 
acuerdo del senado. De ahí (pie tu misión á Roma sea en el carác- 
ter de ministro en Madrid, y en misión confidencial » (3). 

(1) ArcUivi) particular, Piiyis, 1'4 de septiembre (le 189S. El euvlatlo t-xtraordinarin 
Ciutwada, al ministro de rLdacii)iifs exteriores doctor ZebaUos. 

(2) Documento citado archivo, E. 8. ZebaUos al ministro (¿uesada. Bnmos Jiirx 
16 de octubre de 1S9?. 

(3) üocumento <¡tii(U> archivo. E. q. al ministro Quesada. liueno, Aires, SO de 
af/oxto de 189S. 



Aliora l)ien ; ruando la perspeftiva (U^ larjios, activos y iiniy em- 
peñosos servicios (lii»ioiii;ílicos, es el retiro por econoiiiía, ; ]»ueile 
liaber cstíimilo ¡lara (Icsciiipeñarlos .' iios niejores lral)aios. las más 
laboriosas iicüociacioiies, el ('-xito completo, quedan desconocidos 
l»ara la naci(Mi : ,\ las ücnles |tien^aii (pie el car^'o dii»lomático es 
uu lujo extravagante, mientras se derrochan centenares de mih's 
con favoritos de los partidos. Causa tristeza las consecuencias de 
haber ser\ido para recoü<M', como recompensa, el oi\ id<) desdefio- 
so : debe bastar, i's cierto, la conciencia del deber cumplido. 

^íi hijo nu' escribía desd(> líuenos Aires, el '_';{ de septiembre de 
1 S!t2. lo siiiuiíMitc : Tu viaje rapidísimo por los Ksijidos Unidos 
ha sido un verdadero íoíí/" í/( /o/ví. (|ue me demuestra (pie te en- 
cuentras bien de saliul, y el reposo intt'lectual. hasta que fe insta- 
les de niu'vo en Madrid, es lo mejor que podría desearse para com- 
pletar la mejoría (1). 

Hn 1(1 de octubre, nu- escribía : ijos diarios han dado cuenta 
de que iiabías lle<>ado á K<nua en los ¡trimeros días de este mes: 
esu me prueba (pu' te se ni materialmente imjjosible encontrarte en 
Madrid para las fiestas del centenario del descubriiniciitti de Amc- 
ricii, lo que verdaderamente dejdoro. Q'engo que darte una l)U('na 
noticia: tu carta al <;encral X'ictorica ha surtido efecto, pues. trans- 
mitida al i)resideute electo, éste ha declarado (pie no consentiría 
en la supresión de la lejiación y (pie ¡xxlías estar trampillo. Más 
auii : parece (pie, para facilitar la marcha del nuevo n'obierno, el 
connreso pondrá en vi<;encia ¡tara el ai"io pr<')\iiuo el presupuesto 
actual. Si así sucede, creo (pie el jteligro ha desaitarecido totalmen- 
te. Aun no se sabe quien .será ministro de relaciones exteriores, 
pero dentro de pocos días la ine()gnita .se habrá despejado ("i). 

El ."U) del mismo mes y año, me dice : « Como te dije en mi an- 
terior, estuve con el nuevo ministro de relaciones exteriores, doc- 
tor AncluM-ena, con (piicn hablamos muy amistosamente y el cual 
me dijo ipic el poder (jccutivo nada habi¡i resuelto sobre la siipre- 



(1) Documento citailo arcliivo. E. Q. al miuistrn QiU'saila. lUirniiK Airm, ¿".'í ile 
septiembre de IS9L'. 

(2) DoeumiMiti) rifado aiihivo. K. i), al iiiinistio (^ur.sa<l:i. Humos Aires, 10 de oc- 
hibre de Itlín'. 



— 404 — 

sión (le legaciones y que, en caso se tratara de la de Madrid, uie 
avisaría con tiempo. Me pareció entrever que era partidario de la 
supresión, y por si acaso fui á ver el doctor García, pidiéndole con- 
versara con el oeneral Yictorica á fin de tenerlo prevenido. El doc- 
tor Yictorica (1) le contestó que, cuandose tratara ese punto en el 
acuerdo, él no olvidaría sus del)eres de amistad para contigo. » Me 
refiere luego todos los pasos (pu- dio, interesando á sus amigos y 
míos. <; Estoy deseoso, — me dice, — por saber cómo te ha ido en 
la misión á Eoma: el ministro me dijo que su santidad mandaba la 
bula al obispo Padilla, pero al mismo tiempo me sostuvo las ideas 
más atrasadas sobre patronato, sobre necesidad de un concorda- 
to, etc. Me contenté con escuchar y desear verte libre de esa ma- 
deja » (2). 

En (i de noviembre me escrilte lo siguiente: He tenido una en- 
trevista con el doctor Anchoreua, ministro de relaciones exterio- 
res. En ella me declaró (pie había ya pasado el presupuesto de su 
ministerio, y que, entre las supresiones que i)royectaba y sosten- 
dría, estaba la de la legación en Madrid. He tratado de disuadirlo 
por todos los medios ¡cosibles, i)ero al mismo tiempo que me mani- 
lestaba su profundo sentimiento por lo que te era personal, me 
aseguró que era una dura necesidad de economía, de la (pie estaba 
convencido. En vano le sugerí el temperamento de obtener la mis- 
ma economía con una reducci(')n proi>orcional de sueldos, en vez de 
las supresiones. De nada valió (pie le luciera presente que nuestro 
país sufre una verdadera cupitis dimintttio internacional con esta 
diminución de representación. Me replicó que los sueldos no po- 
dían disminuirse sin menoscabar el rango y que lo que se suprimía 
eran los ministros, pues se mantendría el secretario, el que sería 
elevado al rango de encargado de negocios, siendo jefe de la lega- 
ci<'>n para varios países un solo ministro: así, en Europa se supri- 
men las legaciones de Madrid y Koma, (piedando á cargo de la de 
París ; habrá, i)iies, tres ministros : en Londres, París y en Berlín. 



(1) El general don Beniainíu Victorica era, á la sazón, ministro de guerra y 
marina. 

(2) Documento citado archivo. E. CJ. al ministro Quesada. Biiriiun Aires. 30 de oc- 
tubre de 1892. 



Kn Anu'-rica tlejau la dv Wasliiiiütoii. la de Kío ile .laiu'iro y la 
•lo Saiitiaüo <1»' C'liilt', siiininiii'inlt» la de Muntcvidco. Lima y la 
Asunción. Le obsené entouees tnie toda la tcoiioinia se reducía 
al sueldo «le los ministros suprimidos en Europa y ipu- anilios te- 
nían derecho á la jubilación, se<>ún la ley vi<>ente, puesto ipie : 1" 
tenían más de ti(t años, y 'J ' más de líD de servicios (los diidomáti- 
cos cuentan como uno y medio), de manera ipie el tesoro en reali- 
dad H<> econoini/aria nada, por cuanto lo (pie no |>a.>i'ara como mi- 
nistros efectivos, t«'ndría ipn- alxuiar como á ministros Jubiladus. 
Le dije ipu' los exce<lentes de <lereclios considares bastaban para 
|>aíiar á todo «d cuerpo diplom;itico, al (jue podrían eliminar ilcl 
|>resui)uesto (<'omo se ha hecho con el cuerpo consular, ¡i poar de 
»|ue eaila uno tiene ."><l(l peso.s oro. tpu' se descuenta él mismo de 
los derechos (pie percibe, cuyo saldo únicamente devuelve). Le dije 
(pie era la ec(Miomíadel farol déla escalera ;(pie un solo tratado de 
comercio favorable, celebrath> por un ministro, representaba en di- 
nero el importe de los smddos de todo el cuerpo diplomático du- 
rante medio siylo. 

Sobre la marcha, convencido de (pie allí ya no había reme- 
dio... me fui á ver al doctor Mctorica, á íin d»' referirle lo (pie pa- 
saba, recordarle su promesa, etc. La re.sohicióii del ministerio de 
relaciones exteriores le t(un('> de sor|)resa: dijo (pie no se había 
tratado de eso en el acuerdo, > , después de oír todas mis razones, 
«piedó en einjírender una campaña c(m el presidente ¡laia procurar 
deshacer «d entuerto. Xo cttntento con esto fui á xciji (ioiinet, á 
(piieii ya había hablado s<d)re el asunto. Le cxpnsí- lo (pie ¡lasaba 
con todos los detalles, y en el acto fué al coiiüíeso; me |irometió 
traliajar para (pie la comisión no se expidiera en ese sentido, y 
que, si tal sucedia, pediría (pie el [uesupncsto de relaciones exte- 
riores fuera tratado en sesi('»n secreta, pues deniostiaiía (pie en la 
presente vidriosa situaci<'>n internacional de la reiiública. con el 
arnaco de un contliclo con Chile, era una inx-nsatcz disminiiii' 
nuestra reitrcscntaci('»n exterior, cuando (liilc se aliaba con el 
Brasil y ambos extemlían su diplomacia. Me luometió (pieniar el 
último cartucho en tu obscípiio (1). 

(1) K. líliesiida :! V. (i. i;ii.sii<la. /.•ihh«« Airen, uchihir .fO ti, ISÍK'. 



El l'i de lutvieiubre me eseribi('i mi hijo, diciéudoinc (|iu' creía 
eontar cou mayoría para rechazar el plan del ministro y que en 
esa campaña le habían prestado efícaz ajtoyo diversos con,i>Te- 
sales. El 20 de diciembre del mismo año, me dice: cComo te 
había escrito extensamente en mis anteriores, el éxito más bri- 
llante ha coronado mis trabajos para mantener la Icyación en Ma- 
drid, en contra del plan ministerial. La comisión de la cámara 
ucaba de votarlo por inmensa mayoría . Es ya un hecho cftnsumado. 
Te he hecho un tele,<>rama en ese sentido. Puedes estar perfecta- 
jneute tran(iuilo. Kn el senado pasará sin observación (1). 

Expongí» cou detalles circunstanciales cuál fué el intei'és minis- 
terial en los primeros tiempos de la presidencia del doctor Sáenz 
Peña : la imi>revisióu, el atrasado criterio y la carencia de condi- 
ciones de lionibrc de estado, en las improvisaciones de confiar la 
diñcilísima de relaciones exteriores á personas que nunca habían 
desempeñado papel })olítico, y, por lo tanto, que todo les causaba 
medrosa sorpresa, creyendo cortar las dificultades declarando ce- 
santes á dos ministi'os di]ilouiáticos ! El con,i>Teso dio en estas cir- 
cunstancias uiui severa lección al poder ejecutivo, sobre todo al 
ministro de relaciones exteriores, (piien, por la carta (pie me escri- 
bió, afirmaba sin embargo (¡ue el gobierno — por razones que no ex- 
]>one, — resolvi(') c(uiservar las legaciones que antes se decía que, 
con madura reñexión, propuso al congreso sujjrimir. Este incidente 
caracteriza la ligereza imprevisora con (pn- se han maneiiado las 
relaciones internacionales, sin plan, sin |)ropósito, viviendo de 
expedientes. Los resultados no se ocultaban á (|uienes conocían el 
mecanismo de la cancillería. 

Cuando, con empeño (¡ue agradeci, el gobierno (piiso confiarme 
una misión especial ante la santa sede, supuse, porque era de eti- 
<jueta, (lue sería en el mismo rango diplomático (¡ue ejercía y que 
se hacía notar en la misma nota oficial dirigida á su eminencia el 
cardenal Panq)olla, ponpie el uso de cancillería en tales casos es 
<|ue el enviado especial ejerza su misión con las mismas prerroga- 



(1) Um:. cit. iii-chivo. K. Qiu'símI.m ;i1 niinititi-o QiicsikUi. llii 
'cmlm: de 189:^. 



t'iMis (If jcr;u(|iii¡i : iii;is ;iliui;i, <'ii\ iiulo cxtiMoiiliiKirin jicrcditiido 
iiiitr el l>rrsi(lciitt' «le los l-'.st; idos luidos por ciirtii ¡nitrii;r;il';i del 
d«' la Hf|iúl)li(ii Ai<;('iitiiiii, se me coiifcnii uiiii iiiisióii <'s]u'('iid, 
jicvediti'iiKloiiit' ante el secretario de «>stad<) ]tor el ministro de rela- 
eioues exteriores, es dei-ir. eiila escala iiuís siiliallcnia delosearg'os 
dijdomáticos. Si eso se me liuhiera lieclio saber al |)roiioiierme la mi- 
sión, (iiii/.á la liubiera d«'cliuado, poniue, como enviado extraordina- 
rio, no podría aceptar ran^o interior, y, además, porque yo pienso 
(|uc no era cortt'-s ]»ara la corte romana (pie ante ella se en\ iara 
cu mera niisii'm ciuilidcniial. de car;'icrer di]iloni;itico inrcrior. al 
ipie ant»' otros üoliiernos ejercía id car^o con el m,ísele\ailo ranyo. 
Fué urande mi sorpresa : pero, interesado entonces, por telegra- 
mas al ministro l'a/. paia (pie fuese sin pi'-rdida de tiempo ante la 
santa s«Mle. liice ca^o omiso de mi dereclio y prescindí de la eti- 
(pieta, para demostrar (pie podía obtener lo (pie el üubicnio de- 
seaba. (j>nise mostrar (pie el pri-sidente debiera siempre ((Uitarcon 
la buena V(duuta(l y td empefio de (|uieii liaitía dado muclias luiie- 
l>as de buenos ser\ icios. Además, para (pie. á pesar de mi mala 
salud, convalesciente aún, aceptara la misi('>n, se lial)ía interesado 
la afectuosa interposicií'm de mi liijo Kriiesto, á (|iiien por carta di 
la seiiiiridad (pie iría :í K'oiiia. cnabpiiera (pie liiese mi (Udicada 
salud; y consta, en la carta (pie lie reproducido, los iiiotixos en (pie 
se fundaba td •lobieruo para no dar misicui en el ranjio de enviado 
extraordinarií», portpie para ello era indispensable id acuerdo del 
senado, y se inziíaba tan didicado todo lo lidereute á los nejiocios 
eclesiásticos (pie se temía ini mal ('-vito, por cuyo motivo se me 
liacía saber (pie td carácter de absoluta reserva (pie se atribuía á la 
iiiisi(>n, — (pie se juz^iaba difícil. — iiu|)edía dáriiuda en el rauf"*) 
«pie mecorresjiondía. Se me recomendaba (pie fuese reservado tanto 
como fuese posible, para evitar comentarios sobre ese paso del <>-o- 
bieiiio, ;i (pilen convenía el secreto. 

1 Jadas estas explicaciones, (pie d«d>ían calmar mi natural sus- 
ceptibilidad, procedí con absoluta siiieci('m á esos ]M'o])('>sitos á 
cuin]d ir estas indicaciones. l-".ii líoiua im'(lcmor(' I >i('\í simo tiempo, 
no hice las visitas dipbuiiáticas de cortesía, y cuando un diario, 
más tarde, aniinci('> esa niisi('>ii, rectifiípu'- su noticia, ¡(onpie espe- 
raba (pie (d üobierno me eii\ iara niic\ amenté para coiitiiiuar las 



negociaciones que quedaban pendientes, y, entonces, sin los mis- 
terios y reservas de tal misión, iniciada y realizada con el buen 
éxito á que el gobierno aspiraba, no podría justificarse el mante- 
nerme en carácter dijdoniático interior al (¡ue ejercía ante otros 
gobiernos. Esta misión, el gabinete argentino persistió en que 
quedase eu el misterio : no dio jamás cuenta en las Memorias al 
congreso, y, más aun, consumó la descortesía y el misterio con 
otra mayor y sin exciisa, desjjués de haber obtenido que fuese pre- 
conizado obispo de Salta el doctor Padilla, objetivo el más apre- 
miante de su deseo, pues consistió — cambiado el ministro Ze- 
Italios, — en dejar en suspenso y sin solución las negociaciones 
iniciadas, liajo la buena fe de la cordialidad y del recíproco respe- 
to, ordenándome no volviese á Roma. 

Las instriicciones (pie dejo reproducidas estaban redactadas con 
tirantez : numerosos eran los casos en que se mandaba no aceptar 
medidas <pie pudieran iiroponérseme, como, por ejemplo, oponerme 
al envío de un delegado apostólico si me fuera indicado; aplazar s»)- 
hiciones del incidente de la renuncia del obispo del Paraná, monse- 
ñor (lelabert ; y al envío de una misión di]>l()niática ante la santa 
sede. Impuesto de las instrucciones, de los grabes asuntos (pie se me 
encomendaban, me convencí (jue era una delicada negociación que, 
por su naturaleza, exigía algún tiempo, pues liabía imprevisión eu 
exigir la supresión de trámites ó en ))retender excepcional apre- 
suramiento, porque colocaba al enviado en condiciones de preten- 
der imperativamente lo que sólo debe resultar de la prudencia y 
conciliación de miras, de la sensata y bení-vola intención para 
buscar temperamentos e(iuitativos, conciliatorios, i>ru(lentes, y de 
buena voluntad. Las instrucciones, sin la interi)retación muy con- 
ciliadora del negociador, i»arecían calculadas \h>v un rompimiento. 
Meditt' lo grave del caso, y como no podíademorarme en Poma 
sino ])ocos días, si liabía de c(nicurrir en España á la celebración 
del aniversario del cuarto centenario del descubrimiento de Aint'- 
rica, juzgué que no podría estar en octubre en .Madrid, y ]»e(lí á 
nuestro ministro en París, por intermedio de (piien me comuni- 
caba con el ministerio, transmitiera cifrado el siguiente cable- 
grama : 4 Paris, 25 de septiemhrr de 1892. — Si el ministro (^)ue- 
sada va á Poma antes (pie ;i Madrid, no puede estar o])oituiia- 



— 409 — 

mente rei)reseiit;ni(l() la K'ejuiblica Ariicntiiia celel. ración cen- 
tenario. Ks]»era la resolnción y credenciales, (ice más cxiicdi- 
rivi) ir (lcs|iii«''s. Con teclia 1Í7 del iiiisiini mes \ año, el iiiinislro 
de relaciones cxterioi'i's respondió de líiicnos Aires: ('onlirmo 
mi des|iaclio Iele.<;r¡ilico de esta lecha. — (,)nesada : presidenle desea 
vaya antes á Koma, apnrándose (1). Kl presidente maniíesiaUa 
ese deseo, y pnse especial empeño en satislacei-lo ('_'). 

í,os apremios ipn- iiacían en líuenos Aires para precipitar nd 
viaje, del)ieron i'onien/ar |ior las eredenciaies. |)iiranteel \crano, 
por otra parte, las corles del (^tuirinal \ del \ alicaiio esl.in en 
receso; y los diitlomáticos se alejan de IJoma por el «-xcesivo caUn', 
tanto (pn^ hay li()teles «pn- se cierran, l-'d del (j)nirinid se ieal>ri«'> el 
1" de octulire, precisamente el nnsmo día ipn' tomi' el tren inter- 
nacional de i'aris ¡i esa eaiiital, donde lleiiiu'- el ;"> en la mañana. 

Kscrihí á nnestro enviado extraordinario y nnnistro ]ileni|ioten- 
ciario ante el re\. doctoidon Antonio del \'iso, para ipu' tuviera 
la liondad de hacer retenei- alojandento en el Uotel del (j)uirinal, y 
túvola gentile/a <h' mamlar al secretario á la e.stación del ferroca- 
rril, quien me condujo al hotel en el coche (lela legación, excusán- 
dose de no ir personalmente el nnnistro por encoidrarse ent'eiino. 

Como nn tiemiio «-ra verdaderamente aiiüuslioso, — no pmlicn- 
do contar con la coopcracií'm de la le^iación ar<;entina ante el rey, 
por cuanto toi'inan dos campos opuestos, — antes de ahnorzar nu' 
ve.stí de ju-isa, tonn'- un cociie y me dirigí al \'al¡cano, ;i la secietaria 
dee.stado, rlonde t'uí recibido p(»r nneni]ileatlo. ;i (pilen enlreuiicnu 
tarjeta: recil)¡(')me el enminentísimo señm- cardenal líampolla, 
quien con ex(piisita l)ondad nn'dijo ipu' esa ndsma noche, á las (i, 
me es]ieraría. Se conqircnde (pn- mi olijeto era ha