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ANALES 



SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 







ANALES 



SOCIEDAD CIENTÍFICA 



ARGENTINA 



Dirkctoh : Doctor HORACIO DAMIANOV1CH 



TOMO LXXXII 

Segundo semestre de 1916 



£ 0CT5 1927 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CON1 HERMANOS 
684 — CALLE PERÚ — 684 

1916 



ANALES 



SOCIEDAD CIENTÍFICA 



ARGENTINA 



Oirkctoh : Doctor HORACIO DAMIANOVICH 



JULIO AGOSTO 1916. — ENTREGAS I-Il. TOMO LXXXIl .■ 



ÍNDICE 

J. Laüb, Sobre tina difracción de los rayos Eontgen producida en las ranuras de 
cristales y en las láminas metálicas 

C. C. Hosseus, En las montañas riojanas al oeste del Nevado de Famatina y en re- 
giones limítrofes de la provincia de San Juan. (Nota preliminar) 

H. M. Levvlier, Peligros de las corrientes alternas industriales y manera de ami- 
norarlos 

í. Bach, Datos sobre los indios Terenas de Miranda 

Bibliografía , 



11 



87 
95 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CON1 HERMANOS 
684 — CA1.I.E PKRÚ — 684 

1916 







0CT5 1927 i 



ÍÍOiVAL 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Ingeniero Nicolás Besio Moreno 

Vicepresidente 1° Doctor Cristóbal IH. Hicken 

Vicepresidente 2" Doctor Francisco V. LaTalle 

Secretario de actas Doctor Alfredo Sordelli 

Secretario de correspondencia . . Doctor Luis ¡Méndez Calzada 

Tesorero Doctor Tomás j. aumi 

Prolesorero Ingeniero Santos Rodríguez Ara vena 

Bibliotecario Ingeniero Pedro A. Ftossell Soler 

'Doctor Guillermo Schaefer 

Señor José M. Orús 
, Ingeniero Juan José Carabelli 
y ¡ l Ingeniero Emilio Mallol 

" | Coronel ingeniero Arturo MU Lugones 
Ingeniero Domingo Silva 
Ingeniero Emilio Reouelto 
^Ingeniero Enrique Butty 
Gerente Señor Juan Botto 



ADVERTENCIA 

Los colaboradores de los Anales, que deseen tirada aparte de 50 ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito a la Dirección, la que le dará el tramite reglamenta- 
rio. Por mayor número de ejemplares deberán entenderse con los editores señores Con) 
hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección Cevallos, 
260 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis que sustenta en sus escritos. 

La Dirección. 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN 

Local de la Sociedad, Cevallos 269, y principales librerías 

Pesos moneda nacional 

Por mes 1 .00 

Por año 12.00 

Número atrasado 2.00 

— para los socios 1.00 

la suBSCRipaÓM se paga adelantada 
El local sürial permanece abierto de 3 á 7 y de 8 a 1 2 pasado meridisa® 



SOBRE UNA DIFRACCIÓN DE LOS RAYOS RÓNTGEN 

PRODUCIDA EN LAS RANURAS DE CRISTALES 
Y EN LAS LÁMINAS METÁLICAS 

Por J. LAUB 



En una serie de artículos publicados en los años 1914 y 1915, he 
descripto algunos nuevos fenómenos, que se producen, cuando ilumi- 
namos los bordes y las superficies de los cuerpos metálicos y amorfos 
con rayos Rontgen. He explicado la formación de aquellos fenómenos, 
suponiendo que en los bordes hay moléculas regularmente orientadas, 
de suerte que entre las diferentes capas moleculares hay ranuras fi- 
nísimas. Cuando los rayos X pasan por las ranuras sufren una di- 
fracción. 

OBSERVACIONES CON CRISTALES 

Para estudiar las propiedades de los bordes de los cristales he he- 
cho pasar los rayos X por un borde artificial (obtenido por el corte) 
de mica (moscovita) de espesor de mm 05. Después de una exposición 
de dos horas he encontrado sobre las placas fotográficas fenómenos 
análogos á los obtenidos con cuerpos metálicos y amorfos, pero además 
he visto que hay rayas en las manchas (de Laue) producidas por la 
red cristalina de la mica. Por esto he hecho pasar también rayos X 
por el centro de la misma placa sin que toquen los bordes. 

Los rayos X salientes de un tubo Müller, diámetro 20 centímetros, 
con anticátodo de platino, pasando por un diafragma rectangular (de 
plomo) de anchura de mm 3 y longitud de 5 milímetros, han atravesado 
una placa de mica del espesor de mm 05. 

Centímetros 
La distancia auticátodo, diafragma 28 

— diafragma, mica 5 

— mica, placa fotografíen ó 



6 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



La corriente á través del tubo fué de 2-3 railiamperes ; tiempo de 
exposición, 7 horas. 




Los resultados se ven en la figura 1. Hay una serie de manchas de 




Fig. 2 



interferencia que corresponden a la estructura cristalográfica del mi- 
neral, pero dentro de las manchas vemos cuatro rayas. Llamo la aten- 



SOBEE UNA DIFRACCIÓN DE LOS RAYOS RONTGEN 7 

ción sobre la gran intensidad de algunas rayas, que hay dentro de las 
manchas de Laue (1). 

Las cuatro rayas y el refuerzo de algunas de ellas, lo adscribo á los 
bordes de las ranuras finísimas (fracturas) que hay en el cristal entre 
diferentes capas moleculares. 




Conviene recordar que en el año 1914 (2) he encontrado que ilumi- 
nando los bordes del plomo con rayos X procedentes de un anticátodo 
de platino se obtiene 4 rayas (espectro del platino). 

Para estudiar las propiedades de otros cristales he efectuado los 
siguientes experimentos : 

Los rayos X del mismo tubo, pasando por uu diafragma circular, 
han caído sobre una arista de las caras l- = (1010) del cuarzo. 

Centímetros 
La distancia anticátodo, diafragma .... 34 

Diafragma, borde del cristal 1.2 

Borde, placa fotográfica .3.0 

(1) Se ve también muy bien la difracción producida eu el borde del diafragma 
del plomo. 

(2) J. Laüb, Sobre la descomposición de los rayos X en uit borde del plomo. Phy- 
sikalische Zeitsehritf, 1914. 



8 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La corriente á través del tubo fué de 2-3 miliamperes ; tiempo de 
exposición, 5 horas. 

Los resultados se ven en la figura 2. Tenemos una serie de raya» 
finas producidas por la di fracción en el borde del cuarzo. 

Las rayas se producen mucho más rápidamente (y con más intensidad) 
que las manchas de Lañe. 

La figura 3 ha sido obtenida con una arista de hematites de las caras 
del isosceloedro ¿ 3 = 2243. 




Fig. 4 

Se ve las figuras de Laue, que corresponden á la estructura crista- 
lográfica del mineral, pero dentro de las manchas una serie de rayas. 

Llamo la atención sobre la gran intensidad de algunas rayas en com- 
paración con las manchas circulares (de Laue). 



OBSERVACIONES CON LAMINAS METÁLICAS 

Los rayos X pasando por un diafragma circular de plomo de diáme- 
tro de cm 5 atraviesan una lámina fina de platino del espesor de mm l. 

Centímetros 

Antioátodo de Pí, diafragma 28 

Diafragma, placa fotográfica 5 

Corriente por el tubo 3-4 miliamp., exposición 2 horas y 30 minutos. 
El resultado se ve en la figura 4. La figura de interferencia tie- 



SOBRE UNA DIFRACCIÓN DE LOS RAYOS RONTGEN 9 

ne su origen sin duda en los inicrocristales contenidos en el platino. 

Para ver si no podemos conseguir un especbro de rayas, se ha pre- 
parado en el taller una fina lámina de plomo, laminando ambos lados 
de una placa (de plomo) con un martillo. 

Los rayos X atraviesan la lámina del plomo del espesor de mm 19. 

Centímetros 

Anticátodo, diafragma circular (0 cm 5) 28 

Diafragma, placa fotográfica 22 

Exposición, 2 horas y 30 minutos 

Hay : a) dos bandas que forman una cruz ; b) una multitud de rayas 
paralelas (flg. 5). 




Kg. 5 



Las bandas les adscribo á los inicrocristales del plomo, pero las ra- 
yas deben tener su origen en las ranuras finísimas paralelas, que se 
han formado durante la preparación mecánica. Puede suceder lo si- 
guiente : a) laminando con el martillo producimos ranuras finas (que 
provocan la difracción); b) ó damos una orientación á los inicrocrista- 
les ó á los átomos de suerte, que se producen capas paralelas, que 
forman una especie de una red undimensional. 

No he podido obtener los mismos fenómenos con el platino aunque 
ha sido sometido en el taller al mismo procedimiento. Probablemente 
hay que buscar esta diferencia en la diferente dureza de los metales 
plomo y platino. 

AS. 90C. CIKNT. AKG. — T. LXXX1I I* 



10 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Para ver si nuestros léñemenos consisten en una especie de reso- 
nancia ó absorción selectiva, e iluminado un borde de una lámina de 
platino cou rayos Rontgen producidos en un anticátodo de platino. 
El resultado se ve en la figura 6; el borde de platino da origen á rayas 
muy características análogas á las de los otros cuerpos. Las bandas en 
la izquierda de la figura corresponden á los microcristales del metal. 



Fig, 6 



INTENSIDAD DE LA PRIMERA RAYA 

Me permito llamar la atención respecto de que los bordes de todas 
las figuras están mucho más negros que las otras rayas. Esto se ve 
muy bien, cualquiera que sea la forma y naturaleza de los bordes. 
En un artículo publicado en las Anales de la Sociedad Española de 
física y química (1) lie procurado explicar este fenómeno tan raro, lío 
he podido encontrar sin embargo hasta ahora una explicación defini- 
tiva y satisfactoria. 

El mismo fenómeno se obtiene también iluminando los bordes con 
rayos y, como se puede ver en un trabajo que he hecho en Madrid 
junto con mi amigo Cabrera. 

Departamento de física del Instituto nacional del profesorado secunda- 
rio, junio 1916. 



(1) J. Laub, Anales de la Sociedad española de física y química, tomo 14, pági- 
na 52. 1916. 



1» CONFERENCIA DE LA SECCIÓN CIENCIAS NATURALES DE LA ACADEMIA 
DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



EN LAS MONTAÑAS RIOJANAS Ai OESTE DEL NEVADO DE FAMAT1NA 

Y EN REGIONES LIMÍTROFES DE LA PROVINCIA DE SAN JUAN 
(NOTA PRELIMINAR) 



Por el doctor C. C. HOSSEUS 



La conferencia de esta noche tiene por objeto describir nn viaje á 
la cordillera, el cual comienza con un relato muy común : el viaje de 
Buenos Aires á Chilecito, destinado á demostrar que la distancia no 
es tan grande como á primera vista parece observando el mapa. 

Esto nos debe dar ánimo para hacer más frecuentemente viajes 
de turismo á esta hermosa región para admirar de cerca la belleza 
del legendario Nevado de Famatina. Á las 7 de la noche sale el tren 
para Córdoba. Al día siguiente ya nos encontramos en la sierra de 
Córdoba, con sus encantadores valles, el interesante dique San Bo- 
que, pasando en la tarde Capilla del Monte con su extraña vegeta- 
ción de la palmera Trithrinax campestris (Burni.) Drude, al pie del 
Uritorco con sus bosques de quebracho colorado (Schinopsis Iiorentzii 
(Griseb.) Engler), el cual he visitado ya en abril de 1915. En seguida 
se nota la influencia del clima seco en la flora reducida y en el aumen- 
to de las cactáceas con grandes y hermosas flores blancas. En la mis- 
ma tarde hacemos parada en Cruz del Eje. Siguiendo el viaje al 
día siguiente vemos á Chamical, á cuya izquierda se levantan las 
montanas de granito de la sierra de los Llanos; cruzamos su punto 
norte en la estación Punta do los Llanos, para entrar después en la 
planicie salitrosa de Patquia, de donde continúa la línea principal a 



12 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La Eioja, üatamarca, etc. Después de tornar el tren, el ramal en Pat- 
quia, pasamos cerca de Cantera, el terreno carbonífero de algunas 
pequeñas colinas á la izquierda y el final del macizo granítico de la 
sierra de Velazco á la derecha. Sigue el viaje por lugares salitrosos 
y una región poblada por monte de jarilla y cactáceas bajas, com- 
puestas principalmente de Opuntia. En este momento tenemos á la 
derecha la sierra de Velazco, á la izquierda la sierra de Paganzo y la 
sierra de Sañogasta, las prolongaciones más bajas del Nevado de Fa- 
matina. Detrás de ífonogasta se levanta una cadena de colinas de 
granito en dirección sur á norte, las cuales están cubiertas hasta las 
cumbres con cactáceas columnarias que faltan en la planicie, con ex- 
cepción hecha del pie de los mismos montes. 

Después de un trayecto de cuarenta horas, el Ferrocarril del Esta- 
do llega á Chilecito (1077 m. s. n. d. m.). 

Antes de entrar en la descripción especial del viaje de explora- 
ción, queremos hacer una relación del aspecto general geográfico de 
la zona, según la opinión de exploradores que nos procedieron. 

La provincia de La Eioja se compone de dos partes principales : 
I a una llana, con las Salinas Grandes y la Salina Antigua, compren- 
diendo al este de la iiltiina la pequeña sierra Brava, y 2 a la parte 
montañosa de las precordilleras. En esta última existe una gran zona 
llana entre la sierra de los Llanos y la sierra del Valle Fértil, tenien- 
do en la pendiente como centro principal de comunicaciones á San 
Agustín. Ambas sierras se componen, en general, de terreno meta- 
morfoseado (gneis, filita, cuarcita, etc.) y granito. Entre ellas encon- 
tramos una serie de colinas terciarias y cretáceas, los « estratos de los 
llanos de La Eioja », según el doctor Brackebusch. 

Hablaremos hoy solamente de la región occidental norte de la pro- 
vincia de La Eioja. Entre la gran llanura de La Eioja y el río Blanco, 
ya en la provincia de San Juan, hay cuatro cadenas principales de 
este á oeste : la sierra de Velazco; el Nevado de Famatina, con las ya 
citadas prolongaciones más bajas; el cerro Villa Unión, la prolonga- 
ción de la sieira del Valle Fértil, con la continuación hacia el norte 
(el Cacho y el Umango); y la gran muralla del Cordón de la Punilla, 
Bolsa, Longaria y Descubrimiento, la cual se extiende hasta la Pampa 
alta del cerro Leoncito, que forma de por sí un sistema independiente. 

El Cordón de la Punilla, como llamaremos á toda la cadena en con- 
junto, de acuerdo con el señor Federico Graef, forma el límite de las 
aguas como también el límite político entre las provincias de La Eioja. 
y San Juan. 



.MONTANAS RIOJANAS AI. OESTE DEL FAMATINA 



13 




Fig. i. — La estación del cablecarril en la estación Chilecito del ferrocarril 
Central Norte 




Fip;. 2. — Establecimiento Santa Florentina 



14 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Entre estas alturas principales vemos en los valles una serie de 
lomas secundarias. Las primeras, compuestas de rocas arcaicas que se 
encuentran entre la sierra de Velazco y el ÍTevado de Famatina, em- 
piezan cerca de Campanas, terminando cerca de Xonogasta; las segun- 
das son lomas aisladas de terreno pleistocénico y terciario en los alre- 
dedores de Villa Unión; las terceras son los restos de colinas de 
areniscas no destruidas entre Guandacol y Tambillos. 

Las llanuras al este de la sierra de Velazco carecen de agua, por lo 
cual no encontramos ningiin sistema fluvial, en contraste con las 
zonas montañosas de las precordilleras. También en el valle, éntrelas 
sierras de Velazco y de Famatina, no hallamos ningún río longitudi- 
nal; solamente de las pendientes corren arroyos con fuerte creciente 
en tiempo de lluvia motivada por deshielos, por ejemplo, uno cerca 
de la estación Catinsaco, otro en Vichigasta y otro ya más grande en 
Chilecito. En condiciones aun más favorables se hallan los habitan- 
tes del pueblo Famatina y de Plaza Vieja que disponen de un arroyo 
más importante, que favorece grandemente una agricultura intensiva 
en la región. Pero éste, como los demás, se pierde en las llanuras 
arenosas casi estériles ó en los salitrales que se encuentran al sur de 
este valle. Como consecuencia de la falta de agua y de bosques, pro- 
viene el clima seco y caliente de la provincia. 

En la pendiente oeste del Sevado de Famatina se enriquece la zona 
de agua. Tenemos aquí el sistema del río Bermejo con sus afluentes, 
el río Talampaya, Pagancillo, Vinchina, procedente del valle Her- 
moso, en que su parte norte sirve como límite con la provincia de 
Catamarca, y el río Guandacol. Los dos últimos se reúnen en Juntas 
y reciben desde aquí el nombre de río Bermejo. Más al oeste corre el 
río Blanco, ya en San Juan, que recibe sus aguas del Cordón de la 
Punilla, desde las cortas quebradas que, en ciertas épocas del año. 
traen caudales bastante correntosos, procedentes de los deshielos. 
Pero otra cosa sucede en la orilla derecha del río Blanco. Aquí hay 
que citar grandes afluentes que tienen sus orígenes á larga distancia 
de la desembocadura, con muchas curvas motivadas por la composi- 
ción geológica de las montañas. Hablaremos sobre éstos, que son el 
río Cura, el San Guillermo, el Santa Bosa y el Infernal, que tuve oca- 
sión de conocer en sus partes inferiores y que describiré rápidamente, 
más adelante. 

El río Bermejo y el río Blanco, que tiene desde Mogna el nombre 
Zanjón, se reúnen más al sur bajo el nombre de Desaguadero. 

Entre paréntesis, diré que hasta ahora las opiniones divergen sobre 



MONTAÑAS IÍIOJANAS AL ÜESTK DEL FAMATINA 15 




Fig. 3. — Cactáceas columnarias. Yalle arriba de Molino Viejo 




Fig. 4. — Puerto Alegre, con el Famatino en el fondo 



16 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

si la continuación de este río, reunido con el San Juan bajo el nombre 
Salado, se pierde en las Salinas de la gobernación de la Pampa, ó si 
el mismo es el portador de las aguas nacientes del río Colorado, que 
desemboca en el océano Atlántico. Este problema geográfico tendrá 
que solucionarse por medio de una expedición científica, aunque reco- 
nocemos las dificultades que esto representa. 

Ocupándonos de expediciones científicas anteriores es preciso citar 
los trabajos fundamentales del doctor Brackebusch (1), al cual debe- 
mos agradecer el excelente mapa geológico de la región noroeste de 
la república. Durante muchos años el eminente maestro recorrió todas 
estas partes desde Córdoba, siendo en aquel tiempo sumamente difi- 
cultoso el tránsito y las distancias mucho más largas por falta de vías 
férreas. Mirando su mapa, vemos que Brackebusch en los años 1S75 
á 1888 cruzó muy á menudo las montañas de la zona que nos ocupa, 
con excepción de la cadena del cordón de la Punilla en su extensión 
longitudinal, donde fuimos nosotros los primeros. Sobre esta última 
zona y el valle superior del río Blanco no existe ningún trabajo geo- 
gráfico ni botánico. 

De descripciones botánicas tenemos únicamente un trabajo ya 
muy anticuado del doctor C Hieronymus (2), sobre las colecciones 
del doctor D. Saile Echegaray (3), escribiendo él mismo una pequeña 
memoria sobre sus colecciones hechas en la provincia de San Juan. 
Considero interesante mencionar algunas palabras del doctor Hiero- 
nymus referentes á este trabajo : 

« Antes de entrar en esta materia, aprovecho la ocasión para mani- 
festar al doctor D. Saile Echegaray las expresiones de mi íntimo agra- 
decimiento como representante del Instituto científico á mi cargo. El 
doctor Echegaray es el primero y hasta ahora tínico hijo del país que 
ha herborizado sistemáticamente y reunido la colección más completa 
posible de la vegetación de los parajes visitados por él, lo que tanto 
más debe ser apreciado cuanto que al mismo tiempo se ha dedicado á 

(1) Véase el citado mapa y L. Brackebusch, Uéber die Bodenrerlialinisse des 
nordwestlichen Teiles der Argentinichen, Bepinblilc mit Bezugnahme auf die Vegetation. 
en doctor Peterm., Geogr. Mitt. (1893), número 7, páginas 153-166, tablas X-XI. 

(2) 6. Hieronymus, Sertum Sanjuaninum ó Descripciones y determinaciones de 
plantas fanerógamas y criptógamas vasculares recolectadas por el doctor D. Saile 
Echegaray en la provincia de San Juan, en Boletín de la Academia nacional de cien- 
cias de Cardona, tomo IV (1881), páginas 1-73. 

(3) D. Saile Echegaray, Determinación de ¡llantas sanjuaninas, en Boletín de 
la Academia nacional de ciencias en Córdoba, tomo II (1878), páginas 341-353. 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEI, FAMATINA 



17 




Fig. 5. — Vegetación en Puerto Alegre {cactáceas y algarrobos) 




Fig, 6. — Vegetación de Las dunas cerca uV Gunnducul 



AJÍ. SOC. CIENT. ARG. — T. LXXXII 



18 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

recolectar objectos délos otros reinos, principalmente del zoológico. » 

Coinpónese esta lista sanjuanina de 192 especies diferentes. 

Según el mapa del doctor Brackebusch han viajado en la región de 
la Fainatina los siguientes exploradores : doctor M. de Moussy (1857- 
59), doctor Stelzner (1871-74), además el doctor Burnieister (1857-60), 
así como los dos sabios citados y Brackebusch estuvieron en zonas 
más septentrionales. 

Se realizaron viajes de exploración : por el doctor Bodenbender (1) 
como geólogo, que también efectuó colecciones botánicas, especial- 
mente en el Nevado de Famatina (1894-95, 1902-05): doctor F. 
Kurtz (2) (1906, 1908); doctor Hieronymus (1878-1879); doctor 
Penck, Delhaes, doctor Bassmus y doctor Hausen como geólogos 
(1915); señor F. Graef (con señor Schweizer), Anz, Schultz y Hassel- 
bach como topógrafos (1915); mientras el doctor Stappenbeck (3) y el 
doctor Keidl (4) han trabajado como geólogos en regiones limítrofes 
en la provincia de San Juan. 

En estas publicaciones se hallan vínicamente algunas notas botáni- 
cas en los trabajos del doctor Bodenbender. 

Ya en el año 1893 decía el doctor Kurtz, sobre algunas de estas 
colecciones, lo siguiente (5) : 

« Estos son los trabajos que se ocupan directamente de la vegeta- 
ción de la falda argentina de la cordillera, pues en la obra de Griese- 
bach, Symtolae ad Floram argentinam, sólo se encuentran menciona- 
das plantas délas sierras de Catamarca, Salta y Jujuy; y de una 
espléndida colección de las sierras de La Bioja, debida á los esfuer- 



(!) G. Bodenbender, Constitución geológica de la parte meridional de La Eioja ij 
regiones limítrofes, en Boletín de la Academia nacional de ciencias en Córdoba, XIX T 
1 (1911), páginas 1-220, con dos mapas geológicos. 

(2) F. Kurtz, Algunas notas sobre la botánica fósil y viva en la citada obra del 
doctor Bodenbender. Citando en total 72 especies de vegetación moderna. 

(3) R. Stappenbeck, El agua subterránea al pie de la cordillera mendocina y san- 
juanina, en Anales del ministerio de Agricultura (sección geol., mineralog. y min.) 
(1913), VIH, número 5, páginas 1-65, cou mapas y vistas fotográficas. 

(4) H. Keidl, Ueber den Büsserschnee in den arg. Anden, en Zeitsch. f. Gletscher- 
kunde, Bd. IV (1909), páginas 31-193, con vistas fotográficas y Die neueren Ergeb- 
nisse der staatliehen geol. Untersuckungen in Argentinien, en Compte rendu du XI e 
Congrés géol. intern., páginas 1127-1141. 1910. 

(o) F. Kurtz, Dos viajes botánicos al río Salado superior (cordillera de Mendoza), 
tjecutados en los años lS9í-9Sy 1893-93, en Boletín de la Academia nacional de 
ciencias en Córdoba, tomo XIII, entrega 2 a , página 173. 1893. 



MONTANAS KIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



19 









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Fig. 7. — En la vieja población de Guandacol, cubierta ahora de medaños 




Fiff. S. - Guambien! 



20 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



zos de los señores Hieronymus y Niederlein, clasificada ya en parte, 
no se lia publicado nada aún. » 

Sin embargo, hoy, en el año 1916, aun no fueron publicados los 
resultados de estas importantes colecciones (!). 

En los años 1894-95, hizo estudios especiales relacionados con el 
límite con Chile el eminente maestro de la exploración de la Cordi- 




Fig. 9. — En la quebrada de Gualcainayo (cerca del Salto) 

lleras, doctor don Francisco P. Moreno, ayudado por los doctores 
Hauthal, Lange, Wolf, Valentin y otros más. Por causas políticas no 
fueron publicados estos importantes trabajos, sobre los cuales existe 
solamente un informe discreto dirigido al Poder ejecutivo. 

En publicaciones posteriores me ocuparé exactamente de todos 
estos trabajos, entre ellos uno del señor G. Vallejo (1). Pero antes de 



(1) G. Vallejo, en Boletín del Instituto geográfico argentino, tomo II. 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



21 



terminar esta pequeña bibliografía quiero mencionar dos importantes 
trabajos : uno antiguo del doctor Lorentz (1), y otro reciente del doc- 
tor Fries (2). El primero es hasta hoy fundamental para la fitogeogra- 
fía argentina y usado como base de los demás trabajos fltogeográficos 
que realizan los hombres de ciencia del país y aun otros que, desco- 
nociendo en absoluto la materia, encuentran en los nombres latinos 




Fig. 10. — En la quebrada de Gualcamayo. Arbustos de Adesmia 

de Lorentz un elemento precioso para efectuar publicaciones origi- 
nales (véase, por ejemplo, la literatura geográfica sobre Catamarca!). 
El trabajo del doctor Fries no se ocupa especialmente de nuestra 
región, sin embargo cita en este importante relato fitogeográfico y 
sistemático muchas plantas de La JRioja y San Juan, aunque la ex- 



(1) G. P. Lorentz, VcgetationsvcrhUUnisse der argentinischen BepuMiJc, iu B. 
ííapp, Die Argentinische BeptibUk (1876), páginas 86-146, con dos mapas ; véase 
también : A. F. W. Schimper, Pflanzengcographic auf physiologisoher Grunittage 
(1908), páginas 1-876, con mapas y vistas fotográficas. 

(2) E. Fríes, Zur Kenntnis der alpinen Flora im nordliohen Argmtinien, on Nova 
Acta Begiac Soc. Seient. TJpsaliensis, serie IV, volumen 1, número 1 (1905), pági- 
nas 1-205, con mapa, y tablas I-IX. 



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ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



pedición sueca estuvo únicamente en el Chaco, en Jujuy, Salta y en 
la gobernación de los Andes. 

El punto de partida de nuestro viaje de exploración fué Chilecito, 
la ciudad más importante de la provincia, después de la capital. Aquí 
empieza el cablecarril instalado por la conocida sociedad Bleichert de 




Fig. 11. — Vegetación en la orilla izquierda del rio Blanco (Carresaüto) 



Leipzig (fig. 1). Con increíble audacia se ha construido esta obra tun- 
ca de la república, con una extensión de más de cuarenta kilómetros, 
llegando a una altura de cuatro mil metros sobre el nivel del mar. 
El ferrocarril del lugar fué fundado con fondos del gobierno nacional, 
para facilitar el transporte de los minerales desde las minas del le- 
vado de Famatina especialmente de la Mejicana. Es enteramente la- 
mentable que desde dos años esta obra está fuera de uso, motivado 
por la liquidación de la importante sociedad minera, que lia trabajado 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



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Fig. 11 a. — Vieja población de Chin grullos en ruinas 




Fig. 12. — Rio Blanco visto hacia abajo desdo las alturas de la orilln derecho 
encima de Chinguillos 



24 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

antes aquí. También el establecimiento al pie del Faniatina cerca de 
Cbilecito ha fracasado completamente (flg. 2). 

En las minas de Famatina se ha explotado cobre, plata, etc. Como 
veremos, los habitantes de Cbilecito sufren grandes privaciones por 
la bancarrota de las sociedades mineras del distrito. 

De paso daremos una idea sobre la vegetación de los alrededores 
de Cbilecito. Se puede diferenciar cuatro formaciones en gran escala : 




Fig. 13. — La Palca 



I a La formación de Jarilla, característica por las zonas sedimenta- 
rias; 

2 a La de una vegetación mezclada con Pus pus (Zuccagnia puneta- 
ta Cav.) Cassia, etc. ; 

3 a La vegetación de las colinas con las cactáceas columnarias y 
bromeliáceas terrestres: 

4 a La vegetación del lecho de los arroyos con Cestrum. 

El 27 de septiembre por la mañana salimos de Chilecito a Sa- 
ñogasta. La vegetación en el trayecto es bastante monótona. En- 
contramos Pus pus, Manco de caballo y Jarillas en gran abundan- 
cia, mientras el Chañar (Gourliea decorticans Gilí.), el Eetamo (Bul- 
nesia retamo Criseb.), Cassia aphylla y Atamisque emarginata Mrs. 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



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Fig. 14. — Valle del río Blanco 




Fig. 15. — Vnlli' del río Cura 



26 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

son más raros. Acercándonos á las montañas, vimos muchas Til- 
landsias con flores azules o blancas, como epífitas en los arbustos. 

El algarrobo blanco, lleno de nidos de pájaros, empieza á florecer, 
saliendo de los brotes las hojas después de las flores. 

En el valle de Sañogasta, donde se está construyendo un túnel de 
agua á Nonogasta por cuenta del ministerio de Obras públicas, domina 
una vegetación análoga á la de las riberas cercanas á Chilecito. So- 
lamente predominan una Verbena de color lila y una Solanácea con 
grandes flores blancas. A los costados hay viejos árboles altos de la 
Tusca con flores amarillas; la Jarilla también florece en el terreno 
arenoso de la barranca. El pueblo en el que se ha plantado mucho tri- 
go, alfalfa y árboles frutales, se extiende ampliamente hacia arriba. 

Después de abandonar el campamento nocturno en Molino Viejo 
debajo de un ejemplar gigante de Visco (Acacia Visco Lor.), pude ob- 
servar en la mañana un colibrí que visitaba las flores del Duraznillo, 
Cestrum pseudoquina Mart. En el transcurso del viaje he podido cons- 
tatar que los colibrís frecuentan en la región únicamente plantas con 
flores amarillas ó encarnadas. Como el primer color predomina casi 
en absoluto, resulta que los colibrís no encuentran flores purpúreas, 
que son las que prefieren en otras zonas de Sud América. 

En el lecho viejo del arroyo muy pedregoso y en el ondulado valle 
crecen grandes cactáceas columnarias ramificadas Gereus sp., llama- 
das Cardón (fig. 3). A los 1400 metros sobre el nivel del mar, se en- 
cuentra el campamento del ministerio de Obras públicas, desde donde 
comienza el mencionado tiinel. Se hallan allí gran cantidad de palo- 
mas y cotorras. Por muchas vueltas seguimos el camino al Paso 
hasta la altura de 2050 metros para bajar después al puesto Silicia- 
no, donde pasamos la noche. 

Al día siguiente encontramos en las Trancas cerca de un rancho á 
1760 metros de altura, unas cuantas higueras, durazneros, y plantacio- 
nes de alfalfa. Más abajo vemos las primeras cactáceas columnarias de 
este lado; Jarilla, Cortadera en abundancia y Verbenas. Sobre las 
rocas areniscas coloradas hallamos Quillay, Hualania colletioides 
Phil., empezando á 1640 metros la vegetación de Cachiyugo, Atriplex 
sp., entre muchos árboles de Algarrobo blanco y Visco blanco. Pasa- 
mos la noche en Puerto Alegre (fig. 4). Unos cuantos ranchos al pie de 
la sierra de Sañogasta se hallan en medio de montones de escombros 
que forman una gran meseta con alturas de 20 á 40 metros. El suelo 
se compone de arena colorada de las montañas réticas (!). En el valle 
la vegetación cambia, predominando tres formaciones vegetales : 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



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Fíg. 16. — Valle del rio Blanco cerca del río San Guillermo, visto río arriba 




Fie. 17. — Santa Elena 



28 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

I a La zona de Jarilla con muchas cactáceas y algarrobos aislados 
(fig. 5). 

2 a La vegetación de Cachiyuyo, Atriplex, Jume, Grindelia, etc. ; 

3 a La vegetación de la Chuca (Baccharis) de los viejos bancos de 
arena. 

En la playa deí río se hallan algunos Senecio y una lila Verbena, en 
la orilla encontramos el Molle de beber, la Brea Caesalpinia praecox 
y algunas Solanáceas, etc. 

Desiertos estériles nos reciben en el resto del curso hasta Villa 
Unión. 

El servicio telegráfico va directamente de Buenos Aires á Pagan- 
cilio, distante siete leguas de Villa Unión, de allá va un ramal á Chi- 
lecito que tiene comunicación directa con Buenos Aires y otro ramal 
de Pagancillo a Villa Unión (anteriormente Hornillos), Cerro Negro 
y Vinchina, como estación final. 

Desde aquí el correo se despacha una vez por semana a Jagüel é 
igualmente de Villa Unión á Guandacol. Jagüel y Guandacol son los 
últimos puntos del correo, cuyo servicio deja mucho que desear. El 
gobierno provincial había prometido un telégrafo y la mejora de los 
caminos entre Villa Unión y Guandacol, cosas que aun esperan los 
habitantes de esas zonas. 

Para conocer el norte del valle del río Bermejo, hice una excur- 
sión a caballo al pueblo Cerro Negro. El camino de carga representa 
8 leguas, pero hay una pequeña senda que sigue la línea telegráfica con 
sólo siete leguas en un terreno que se eleva paulatinamente. Una se- 
rie de quebradas, de lechos, de arroyos, cruzan el camino que pasa 
en muchos puntos por bosques de Algarrobo con arbustos más bajos 
de Jmne negro. Esta vegetación, donde habitan millones de mosqui- 
tos está interrumpida por zonas arenosas cubiertas con pasto alto. 

Tuve suerte en mi cabalgata solitaria, por no haber mosquitos. Así 
pude gozar la magnífica mañana contemplando el hermoso panorama 
en toda su belleza; á izquierda de la cadena del Umango, en el frente 
las colinas onduladas de la Troya coronadas por el majestuoso neva- 
do del Cerro Bonete y á derecha el legendario Famatina, cubierto de 
nieve nueva. 

Después de dos horas de galope me acerqué a la gran estancia « Al- 
tillo » del señor Andrés Bustos. Al lado de viñedos y de frutales para 
el uso doméstico, se han plantado trigo, alfalfa, maíz; pero estas plan- 
taciones sufrían muchísimo bajo la carencia de agua por las pocas 
nevadas del año jiasado. La población de Cerro Negro, que alcancé 



MONTANAS KIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



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Fig. 18. — Rancho en Zapalla r 




Fig. lft. — Cactáceas y Berberís en la quebrada arriba de la Curva Blanca 



30 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

después de corto trayecto, por densos bosques de Algarrobo, tiene 
sementeras de trigo, alfalfa, vid y frutales. El pueblo recibió su nom- 
bre por el monte dé granito que se levanta á su izquierda. También 
del otro costado se acercan los montes al río Bermejo. Podemos ver 
así que las condiciones naturales del valle son apropiadas para mu- 
chos cultivos, pero falta la distribución de las aguas que se pierden 
inutilizadas. Cerro íTegro promete ser más adelante un pueblo de im- 
portancia, si los medios de comunicación mejoran. 

De Cerro Negro cabalgué siguiendo el mismo camino á Altillo, 
donde un baqueano me acompaña á Maz. Pasamos primeramente una 
serie de dunas, luego cruzamos un terreno muy rocoso para seguir al 
fin en la zona de colinas con Gneiss, biotita, etc., que presenta entre 
las rocas una extraña vegetación en la cual predomina una Bromelia- 
cea alta, Puya sp. En el valle de esta vieja formación geológica exis- 
te la encantadora finca de Maz, propiedad del Vínculo. Como ya pu- 
de constatar en un molino de Villa Unión, los campos dan excelente 
trigo muy blanco. En los alrededores de la estancia vemos sauces 
gigantes, los ejemplares más grandes que lie visto en el mundo. 

Existe suficiente agua en las montañas, pero con el sistema dema- 
siado antiguo del Vinculado, no es posible aprovechar de una manera 
eficaz ésta riqueza natural, que necesita capital para el arreglo prác- 
tico de la corriente. 

De Maz sigue un camino para Guandacol, pero yo regresé en trayec- 
to directo de siete lueguas y media á Villa Unión. De aquí se pueden 
tomar dos caminos á Guandacol, uno río Bermejo abajo siguiendo la ru- 
ta general (para San Juan) hasta Paso del Medio, pasando sobre Las 
Lajas, ó el segundo, vía Agua de las Burras. Conociendo ambos es pre- 
ferible el primero, especialmente para tropillas, aunque sea más largo. 

La parte este de Guandacol muestra una serie de dunas movibles 
(fig. 6), lamentable consecuencia de fuertes vientos, procedentes de la 
cordillera, que hace muchos años han desvastado esta región. Antes 
había campos de trigo y alfalfa que hoy en día están cubiertos comple- 
tamente con médanos. La entrada a la calle principal del viejo pueblo 
aun es visible (fig. 7). De ambos lados se ven cercos de madera. A con- 
secuencia de la edad de estas colinas de médanos movibles, podemos 
diferenciar el viejo bosque muerto, el paso de éste con árboles á pun- 
to de secarse y al de árboles y arbustos verdes, conservados, de Al- 
garrobo, Jarilla, Gassia aphylla, etc., que cubiertos parcialmente 
con médanos brotan fuertemente en todas partes. Las dunas alcanzan 
á menudo cien metros. 



MONTANAS KIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



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Fig. 20. — Vista desde la cumbre de Longaya al este 




Fig. 21. — Eu las vegas de Longayu 



32 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Guanclacol es una población vieja (fig. 8) perteneciente al Vincula- 
do del señor Bamón Brizula y Doria, el Vínculo de Maz, del valle Her- 
moso, parte de Sañogasta y del valle de Guandacol hacia el cerro 
Leoncito. 

El zonda, viento frío de la cordillera y caliente del valle, Lace mu- 
cho daño a toda la zona. Cuando éste sopla hay días que los habitan- 
tes están forzados á mantener cerradas sus puertas. — Hay semente- 
ras de trigo, maíz, cebada y porotos, habiéndose hecho pruebas con 
algodón de resultado favorable. Si no vienen los cuncunes, insecto 
que afecta las flores del maíz, una hectárea de campo da un rendimien- 
to de 500 kilos. Quince kilos de porotos producen 540 kilos. Los fru- 
tales están representados por plantaciones de higos, duraznos, naran- 
jas, peras, manzanas, olivos y uvas. El vino bueno pero preparado 
primitivamente, es fabricado únicamente para el uso local. Las pasas 
de uvas é higos se exportan para Córdoba y á veces a San Juan. 

Dos arroyos dan agua para las plantaciones por turnos. El flete de 
carga de Guandacol á ÍTonogasta es de 4,50 pesos los 170-180 kilos. 

De Guandacol cabalgamos en la primera expedición al Cordón de 
la Punilla con la tropa en dirección sudoeste siguiendo un camino en 
parte niuy escarpado entre rocas, que vemos en la fotografía (fig. 9). 
En la tarde del 5 de octubre llegamos á Vallecito donde está situado 
frente el puesto una mina de plomo. Aquí coleccionamos en la mañana 
siguiente una serie de importantes fósiles de la época silúrica, espe- 
cialmente trilobitas, de las cuales mostraré aquí algunas. Las rocas 
silúricas están llenas de estos fósiles. A tiempo llegamos á Trapiche 
situado pintorescamente donde pasamos la noche por no haber más 
arriba pasto para los animales como nos dijo el baqueano ! Teníamos 
oportunidad así de trepar al cerro Trapiche, 2866 metros sobre el ni- 
vel del mar. En la cumbre llama la atención las matas de las cactáceas 
Opuntia sp., muy densas y la gran variación entre las compuestas. Á 
la bajada del cerro Trapiche vimos muchas Bromeliáceas grandes, 
una especie de Puya y por primera vez una cactácea grande y gruesa 
con espinas blancas y flores amarillas; también hierro en veta. Cerca 
del río hay carbón de piedra con algunos fósiles destruidos por las in- 
fluenzas atmosféricas según Brackebusch de la época rética. Durante 
la noche observamos la luz zodiacal sobre el cerro Trapiche. 

En la mañana siguiente circundamos el cerro Trapiche hasta lle- 
gar en una pampa alta abierta que se extiende á una altura de 2600 
metros sobre el nivel del mar, formada por montones de escombros 
de deyección, provenientes de las alturas con vegetación análoga á 



MONTANAS KIOJANAS AL OESSTK DEL FAMATINA 



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Fig. 22. — Nieve penitente en Descubrimiento 




Fi^. 23. — Laa vegas de Acerillo con el campamento 



AK. SOC. CIKNT. ARG. — T. LXXXII 



34 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la de las pampas bajas. Queremos mencionar, que en lugar de Jarilla 
hembra Larrea divaricata Cav. y L. cuneifolia Cav., se baila Larrea 
nítida Cav., con hojas de un verde obscuro y bordes dentellados. En 
algunos puntos con agua subterránea crece también Molle de beber, 
formando pequeños oasis. Pero la vegetación principal se compone de 
Artemisia, aff. mendozana DC, una importante planta medicinal y en 
otros lugares gramináceas. 

Después cruzamos la pampa alta, llegamos á un paso muy angosto 
(fig. 10), á Punta del Agua. En el valle florece la Tola, LepidophyUum 
quadramgulare (Meyen) Benth. et Hook, siempre verde con sus flo- 
res anaranjadas y en las pendientes son especialmente hermosas las 
grandes flores amarillas (visitadas por numerosos insectos) de las ma- 
tas extensas de una Opuntia. 

Pronto se cambia el hábito de la vegetación, comienzan á dominar 
las formas más andinas Adesmia altas, Verbena, Ghuquiraga, Eplie- 
dra, etc. Al fin llegamos al puesto Punilla, en una altura de 3300 
metros sobre el nivel del mar, donde levantamos nuestro campamento 
en el cerco de piedras del corral, porque en los ranchos del puesto 
mismo no habitados á causa del frío, se hallan muchos bichitos moles- 
tos. El pasto para los animales era abundante cuanto más que detrás 
del corral hay una zona semihumosa. La temperatura á mediodía 
del S de octubre marcaba 11° O. en el sol. 

Durante las cabalgadas en la cresta de la Punilla con algunas fa- 
nerógamas y liqúenes extendidas sobre las piedras hasta 4450 metros 
y en la subida á pie al cerro Amarillo de la Quebrada Seca, 3980 me- 
tros, hemos encontrado en el primer lugar en una altura de 3500 me- 
tros á nieve penitente. En las cimas vimos guanacos y vicuñas soli- 
tarias. Todo el macizo del cordón de la Punilla es de la época palaeo- 
zoica. 

El 10 de octubre cabalgamos á muía como siempre por el Paso á 
4000 de altura y después bajamos por un trecho inseguro y peligroso, 
pasando varias quebradas en que se hallan muchos é interesantes 
ejemplares de una nueva LJscallonia con fuerte olor pimentoso, Eqni- 
setum giganteum, Polypogon, Solanáceas, Verbenáceas y más abajo 
otra vez las bien conocidas jarillas, hasta el valle del río Blanco. 

Aquí se nos presenta un cuadro romántico. No es extraño que sea 
tan desconocida y poco visitada esta región del desierto. Por paredea 
escaladas se alcanza a notar en la otra orilla una pequeñísima senda 
labrada en la roca. La capa de escombros que se extiende encima de 
las montañas de pizarra de la orilla derecha del río nos da la sen- 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



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Fig. 24. — Carricito cod cortadera y Larrea nítida 




Fig. 25. — El ralle de rio Blanco (Canvcito) visto rio abajo. Cortada 



36 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

aacióii que durante una noche estos montones de escombros pueden 
sepultar todo el valle del río Blanco. Las rocas firmes de las dos ri- 
beras se compone de pizarras, sobre éstas descansa el acarreo gigan- 
tesco de la cordillera trasera. 

El río tiene una corriente rápida y llena solamente en parte su le- 
cho. En el valle (fig. 11) podemos distinguir cinco formaciones dife- 
rentes : 

I a La vegetación casual del lecho, con plantas aisladas provenien- 
tes de largas distancias, sin Gestrum, etc. ; 

2 a La primera terrasa bástala propia orilla déla playa con Bacclia- 
ris, Quillay, algunas Jarillas, etc. ; 

3 a La segunda terrasa, entre 2-6 metros sobre el lecho actual, con 
arbustos curvados de Algarrobo panta, árboles de Jume negro, sobre 
el cual hablaremos en otra nota; el Espinillo pequeño, Prosopis str<mt- 
bulifera Benth. et Hook., con flores y frutos amarillos ; Gramí- 
neas, etc. ; 

4 a La vieja terrasa. Sobre ella se hallan principalmente «Betamo» 
hasta 2 metros de alto en flor. Esta formación se mezcla á menudo con 
la quinta formación las plantas de las pendientes del acarreo diluvial 
compuesto principalmente de Jarilla macho en ejemplares bajos, ama- 
rillos verdosos. 

Sin vegetación son los declives de pizarra, cuanto menos durante 
esta estación. 

Al día siguiente cabalgamos río arriba hasta Chinguillos, desde 
donde hicimos una serie de excursiones á las quebradas de ambos 
costados (fig. 11 a). 

En la orilla izquierda pude hacer interesantes estudios sobre una 
antigua ciudad (fig. 12) hoy en ruinas, (y semejantes observaciones 
en lugares más al norte), sobre las cuales publiqué en los Anales del 
Museo nacional de Buenos Aires, 1916, tomo XXVIII, páginas 163- 
169, una nota : Observaciones arqueológicas en el rio Blanco (San Juan). 

El 20 de octubre cabalgamos río arriba hasta las Juntas de Palca 
(fig. 13). Aquí teníamos que soportar muchas dificultades, motivado 
por desmoronamientos de rocas (fig. 14). Desde aquí visité et valle del 
río Cura. En una altura de 2200 metros encontramos ya montañas 
de granito. La vegetación poco ha cambiado, únicamente algunas 
especies diferentes muy características de cactáceas se hallan en 
el valle superior. Cerca de 2300 metros impedía seguir el trayecto 
una masa enorme de piedras, caídas en la ya angosta playa del río, 
cuya corriente es muy rápida. 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAM ATINA 



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Fig. 2C. — Restos de depósitos antiguos abajo de los macizos de granito 




Fig. 27. — Jorilito con Larrea nítida y la angostura del rio Blanco 



38 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La zona entera parece ser bastante rica en minerales, así que una 
exploración especial geológica del curso y de las montañas del río 
Cura — en esta parte todavía desconocido — daría tal vez un resul- 
tado favorable para la industria minera del país (fig. 15). 

Seguimos viaje río Blanco arriba, muy cómodo por ser por el mis- 
mo lecho del río, cruzando nueve veces á éste, basta las Juntas de 
San G-uillermo, con una fuerte caída del agua (fig. 16). Aquí levanta- 
mos nuestro campamento. Sumamente atrayente era una pequeña 
cascada, con pasto verde, Mimuhis, Rumex y Verónica, y cerca de és- 
ta, algunas fuentes provenientes directamente de las rocas de pizarra. 

Al día siguiente cabalgué, antes de ponerse el sol, el río G-uillermo 
arriba, para ver si sería posible conseguir animales. Esta misión fra- 
casó completamente, debido á que no existen puestos poblados, ni ma- 
jadas en estos lugares desiertos, aunque cabalgué muchas leguas con 
el baqueano, hasta la pampa alta que se extiende entre las montañas 
del costado derecho del río Blanco y la alta cordillera de San Guiller- 
mo. Sin embargo la excursión misma no fué vana para el hombre de 
ciencia, porque pudo observar en la cumbre, 3450 metros, la vegeta- 
ción sobre el granito, entre numerosos agujeros de tuco-tuco y de ra- 
tas, poblado actualmente por gran cantidad de lagartos. 

En el transcurso de los próximos días llegamos á Carrisito. De aquí 
cruzamos sobre el paso de León (4000 m.) con fuerte temporal y frío 
tremendo, al norte del Cordón de la Punilla, después por la quebrada 
de la Cueva Blanca hasta Aguadita (ya á una altura de 1600 m.) y 
desde aquí sobre Brea y la angostura de Las Flechas á Guandacol, 
para proveernos con nuevos alimentos. Las fincas aisladas de Agua- 
dita, Brea y Santa Elena (fig. 17) son oasis en la parte oeste del valle, 
entre una vegetación monótona del «monte », solamente interrumpida 
por las preciosas flores de las diferentes cactáceas. Estas estancias nos 
prueban que el suelo de la región es sumamente rico y se presta mu- 
cho á la agricultura, suponiendo siempre que se utilizan las aguas de 
manera razonable. Habiendo conocido en este camino el valle de Las 
Flechas, que se abrió paso por entre las psamitas tal vez réticas, cono- 
cimos otra vez la angostura de la Troya, aun más romántica, con 
plantas de especial interés, sobre las cuales hablaré en una publica- 
ción posterior. Algunas viviendas en Juntas, Zapallar (fig. 1S), naci- 
mientos, Tambillos, nos muestran que con buena voluntad se podría 
plantar trigo y alfalfa con un resultado excelente. 

Especialmente bonita, está situado Aguadita con grandes sauces 
al costado de un pequeño estanque artificial. De aquí cabalgamos el 



MONTANAS KIOJANAS AL OESTE DEL PAMATINA 



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Fig. 28. — Barreales encima de Jarrilito con Larrea nítida 




Fi£. '29. — La laguna Descubrimiento 



40 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

10 de noviembre hacia Cebada y por la quebrada arriba de la Cueva 
Blanca, donde vemos las grandes cactáceas con espinas gris blancas 
y arbustitos de Berberís sp. (flg. 19), con lindas flores amarillas, de 
fragancia agradable, basta las Vegas de la Longaria. 

Sobre el sentido de la palabra Longaria existen diferentes datos. 
Los pocos indígenas entienden en realidad con Longaria (ó Longaya) 
las Vegas, donde habíamos instalado nuestro campamento desde el 
12 al 14 de noviembre. Arriba de las Vegas se extiende en dirección 
este y sudeste una cadena dividida en dos partes con el Mogote de 
Longaya, el cerro de Longaya (fig. 20), y separado por la quebrada 
Larga : la Bolsa, el cerro del Agua del Ojo y la Punilla como masa 
principal de la cadena. Directamente sobre las Vegas vemos una cum- 
bres olitaria escarpada, el Mogote de la Longaya. Debajo de la misma 
y del cerro Longaya encontramos las vegas de El Cepo, debajo del 
cerro de Cepo. 

Las vegas de Longaya (fig. 21) seforman de gramináceasy junquillos 
en masa muy compacta, entre ellos encontramos algunos Mimulus y 
más arriba de las vegas algunas especies de Verbena, Erod'mm, Eplie- 
dra, Baccharis, Adesmia, como arbustitos bajos qiie alcanzan única- 
mente 510 centímetros encima del suelo. Todos estos son bailados 
muy aisladamente en las canaletas de arroyos secos. Ellos no alcanzan 
alturas más altas por falta de humedad y del resguardo del viento. 

En lugar de vegas hay ahora una extensa vegetación de coirón duro 
en dos distintas especies. Las dos cubren como matas aisladas con una 
masa de individuos singulares las largas pendientes y llanuras hasta 
muy arriba en las montañas. De las fanerógamas vemos, además, 
entre 4000 hasta 4400 metros, solamente el Cuerno, una mata exten- 
dida de Adesmia, estrechándose al suelo y en otros lugares matas de 
una cactácea. Hasta la cumbre de la Bolsa, con una altura de 4750 
metros, alcanzan solamente dos pequeñas fanerógamas y algunos 
liqúenes comprimidos entre las piedras. 

En la cumbre sur de la Bolsa hallamos una formación de nieve 
penitente muy característica, en la pendiente este. Quiero mencionar 
otro lugar en el Descubrimiento con lindísima nieve penitente, como 
se ve en esta vista (fig. 22). 

Después de la trepada al Mogote de la Longaya (4000 m.), con 
fuerte temporal seguimos viaje al puerto Acerillo, con una hermosa 
vegetación y frecuentado por pequeñas tropas (fig. 23). Pasamos des- 
pués la Pampa del León, encima del Agua del León, y llegamos que- 
brada abajo hasta Carrisito. Quiero hacerles conocer algunas foto- 



MONTANAS KIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



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Fig. 30. — Matas de cuerno y cactáceas en el trayecto de Descubrimiento (4000 metros) 




Fig. 31. — El borde de ln laguna de Los Patos (4010 metros) 



42 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

grafías de esta quebrada y de nuestro campamento en la orilla dere- 
cha del río Blanco, entre las cortaderas muy altas y junquillos (fig. 
24). Desde aquí trepé ala cumbre de 4150 metros de granito Lacia la 
cordillera de San Guillermo. 

La parte inferior de la quebrada arriba de Carrisito se compone de 
piedras firmes de pizarra, con una vegetación muy abundante en el 
lecho del arroyo (fig. 35). En la altura encontramos los escombros de 
granito con pequeñas hierbas, entre ellas llama la atención la Males- 
herbiácea, Malesherbia solanoides Meyen, var., con grandes flores 
blancas con fuerte fragancia; la Bignoniacea, Argylia uspallatmsis 
DO., Hoffmannsegia aff. andina Miers, Astragalus sp., Verbena sp., 
Malvastrum sp., y algunas especies más. En la cumbre, 4150 metros. 
existe la misma vegetación con Adesmia, Epliedra, Verbena, que he- 
mos encontrado- ya en otros lugares de igual altura. 

Las pocas leguas que distan de Carrisito hasta Jarilito las hicimos 
con fuerte zonda. El hallazgo fitogeográfico de más importancia fué 
que el Retamo aquí se pierde y el Algarrobo panta existe en el cami- 
no solamente en un ejemplar grande con tallares bajos curvados. La 
Jarilla, Larrea divaricata, que recién ahora empieza á florecer aquí, 
casi un mes más tarde que río abajo, se levanta frecuentemente en los 
montones de deyección á una altura de cuatro metros como arbusto. 
La Larrea nítida, en cambio, se extiende muy baja en el suelo hasta 
una altura de dos metros, empezando también á florecer. Además hay 
en toda la zona un Atriplex, á menudo como única sociedad de plan- 
tas, hasta dos y medio metros en crecimiento derecho ó á veces exten- 
dido. Plantas anuales casi no se ven. 

De interés especial morfológico son las orillas del río, llamando la 
atención los alargados conos de deyección muy erodados, que á primera 
vista parecen ser: « Earrenf eider » . Si se comparan estas dos formas 
de erosión se puede constatar, solamente como única diferencia exte- 
rior, las más grande regularidad de la postura de los conos (fig. 2fi). 

Estos depósitos se extienden en las dos orillas. Á éstos sobresalen 
las rocas macizas de granito pareciendo completamente blancos. El 
granito produce á causa de su declive montones de acarreo, presen- 
tando una vegetación reducida y aun vegas con Cortadera en algunos 
lugares con agua. 

Debajo de uno de estos conos de granito hemos instalado nuestro 
campamento, al final sur de las grandes vegas y bosquecitos de Jari- 
lla (fig. 27). Detrás se levantan cadenas de colinas de granito. Á la 
izquierda cae la barranca precipitadamente. Aun se puede observar 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



43 




Fig. 32. — Descubrimiento "Viejo (3450 metros) 




Fig. :¡3. — Lycium y matas de cactáceas eu el mismo punto 



44 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la senda en algunas partes, en otras la fuerza del crecimiento del río 
ha destruido completamente la ribera y también la senda. Es natu- 
ral que por esta razón el paso es sumamente difícil, especialmente 
llevando muías cargadas. 

El río mismo ha formado una serie de brazos secundarios en el 
mismo Talbett que en parte está muy pantanoso á causa de su anchura, 
que tiene su origen genético en la angostura prolongada del río Blan- 
co, detrás de las vegas de Jarrilito, á cuyas orillas crece Baccliaris 
aff. júncea Desf. 

El 19 de noviembre á la madrugada abandoné el campamento con 
un peón y una muía de carga, para estudiar la zona más arriba de la 
orilla derecha del río Blanco. Mi único guía era el excelente mapa de 
la región por el doctor Brackebusch. Cruzamos el río Blanco, cabal- 
gando después cerca de las últimas prolongaciones de los conos de 
deyección y de los depósitos con terreno pantanoso á la derecha, 
poblado por patos y gansos salvajes. Por senda angosta nos dirigimos 
hacia arriba, entre los montones de escombros de granito. Algunas 
plantas que encontré ya arriba de las vegas de la quebrada de Carri- 
sito están aquí también en flor. Como clase nueva hay que mencionar 
una Crucifera y una Adesmia, teniendo casi todas las hojas de esta 
zona granítica un color gris verdoso, solamente una Solana-cea muy 
aromática tiene hojas verdes y flor de un blanco sucio. Una Malva- 
cea tiene flores lila obscuro. El color de las flores es, en general, 
amarillo, blanco ó lila. Las raíces de estas hierbas son casi siempre 
muy largas y delgadas. 

En las vegas de Tabaquito, con dos ranchos no habitados á una 
altura de 3180 metros, encontramos Juncus, A.triplex, algunas Sola- 
náceas, Acerillo, Acaena en flor, Cortadera y la Larrea nítida en gran 
abundancia. Cabalgamos sobre la cima de granito á 3520 metros y 
después hacia abajo hasta las vegas de Santa Bosa, todavía muy 
heladas; cruzamos el río Infernillo, donde se hallan guanacos, patos 
y gansos en las hermosas vegas y llegamos en la noche del 19 de 
noviembre, después de un largo día de trabajo á Majadita, donde 
pasamos la noche debajo de las vegas de este lugar (3320 m.). 

El asunto más importante de esta excursión es que la vegetación 
del valle del río Blanco aquí ha cambiado completamente. En el lecho 
y en las terrasas domina solamente la formación de carácter andino, 
con Atriplex, Ephedra, Ghuquiraga, Adesmia y las Verbenas andinas. 
No se hallan más intrusos de la Pampa, ni Jarilla, ni Betanio, ni Al- 
garrobo. 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE BEL FÁMATINA 



45 




Fig. 34. — Arbustos de Adesmia 




Fig. 35. — La tormimu-ión dol Cordón do ln Punillti ni mirto. En ol fondo 
ol corro Loouoito 



48 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

El regreso se verificó al día siguiente sobre Penitentes y las cimas 
de granito hasta Jarrilito. Desde la cumbre pude ver los tres grandes 
barreales entre este lugar y el Chaparro. 

El 22 de noviembre abandonamos el río Blanco. En una cresta 
arriba del río se extienden dos grandes barreales, hoyas planas sin 
desagüe en su totalidad secas (ñg. 28). Todo el barreal se puede atra- 
vesar al galope. La hoya es de color marrón claro y tiene únicamente 
rachaduras muy pequeñas. Los dos barreales están abiertos hacia el 
norte y han tenido antes su desagüe en tiempos menos secos en esta 
dirección, es decir, por la playa de Chaparro, que visité más tarde 
desde las vegas de Descubrimiento Nuevo. De importancia es consta- 
tar geográficamente, que estos dos barreales se encuentran encima de 
los conos de deyección de la pendiente del costado del macizo de la 
Punilla, Bolsa, Descubrimiento, y no en la zona del granito del 
costado derecho. 

El camino á Leoncito arranca de la gran playa de Chaparro con el 
Barreal Colorado. Nuestro viaje pasó por la quebrada de Aguadita 
hasta un paso auna altura de 4150 metros. De aquí pudimos ver toda 
la cordillera fronteriza del oeste, el Leoncito, el Cacho, el TJmango, 
el Famatina hasta la sierra de Velazco á distancia nebulosa. Directa- 
mente debajo nuestro vemos la laguna Descubrimiento, (fig. 29) con 
sus riberas blancas y salitrosas. Luego cabalgamos hacia la laguna y 
después en la quebrada del Descubrimiento Viejo, donde hicimos 
campamento á una altura de 3450 metros. 

Siguen días de mucho trabajo, en los cuales subimos hasta el cerro 
Descubrimiento (fig. 30), y bajamos en la planicie alta de Támbillos 
al pie del TJmango hasta Guandacol. De interés especial era la cabal- 
gata hasta la cumbre (4500 m.) y á la laguna de Los Patos (fig. 31), 
que hasta ahora no está indicada en los mapas (4010 m.). 

En algunas vistas quiero mostrar la vegetación de los alrededores 
de nuestro campamento, para dar una idea de la formación vegetal 
en general. Los resultados botánicos eran, á consecuencia déla buena 
época, muy satisfactorios (fig. 32, 33 y 34). 

Queremos citar algunas especies que florecen en diciembre en el 
lecho de la quebrada del Descubrimiento Viejo. Encima de las rocas 
vemos una especie alta derecha hasta dos y medio metros de Adesmia 
muy parecida á A. Clarenii Fries, una pequeña Baccharis, Chuquira- 
ga hystrix, Baccharis marginalis var., Uphedra sp., y algunos arbus- 
titos más. En el lecho mismo encontramos, entre otras especies cerca 
de rocas : Verbena crithmifolia Gilí, et Hook., con muchas flores com- 



MONTANAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATIVA 



47 




Fig. 36. — Las vegas del Leoncito con «tolas» 




ra.-Sjí . 



Fig. 37. — Corea de las vegas del Leoncito & 3400 uniros, con caotAoe 



48 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

primicias en la punta de color lila obscuro; Sisyrimbrum aff. macro- 
carpum Hieron., con flores lila-azuladas ; Adesmia trijuga var., Fabiann 
denudata Miers, con flores sucio-blancas ; Calceolaria plantaginea Sm. 
cou flores amarillas, Mimulus hiteus var., Epilobmm sp., Verónica sp.. 
Mulinum &])., Artemisia aff. Echegarayi Hieron., Solanum Echegarayi 
Hieron., Acaena Closiana, algunas Senecio, Juncus balticus Willd. var., 
y una serie de gramíneas, entre ellas Stipa humilis Cav. y var. 
minor Speg., Stipa aff. Ibari Pliil., etc. 

B15 de diciembre cabalgamos hacia la laguna Descubrimiento (3750 
m. s. n. d. m.). Aquí la vegetación se compone generalmente de dos 
muy dispersas gramíneas, muchos Cuernos, una mata de Adesmia sp., 
siendo su raíz leñoza, hasta un metro de profundidad, y otra mata de 
una linda cactácea, Opuntia sp., que forma una densa capa algo ele- 
vada del suelo. En las vegas del Descubrimiento Viejo levantamos 
nuestro campamento, para hacer nuevamente estudios especiales. En 
las cumbres se hallan guanacos aislados. El día 6 de diciembre estu- 
dié al pie de esta quebrada la zona hasta Tambillos con una diferente 
formación geológica. Encontramos en la cercanía de Tambillos, al lado 
derecho, las prolongaciones del Omango y del Cacho con gneiss y 
filita, en las cuales se hallan en las rocas muchos ejemplares de una 
grande Bromeliacea, con inflorescencia hasta uno y medio metros. 
Puya sp. pariente con P. chilensis Mol. Entre las dos fincas de Tam- 
billos se levantan algunas capas de areniscas coloradas con una vege- 
tación especial, Hoffmannsegia aff . falcaría, Bidens sp., Adesmia sp., 
Hypochoeris aff. taraxoides, Verbena erinoides, Plazia argéntea, etc. 

El día 9 de diciembre trepé á la cumbre del cerro laguna Descu- 
brimiento, 4220 metros sobre el nivel del mar, gozando desde aquí un 
hermoso panorama sobre toda la cadena del cordón de la Punilla, al 
valle del río Blanco y sus afluentes coronados por las cordilleras fron- 
terizas hasta la nevada Gallina Muerta, al Leoncito, al Cacho, Uinan- 
go, Famatina y á larga distancia la cresta extendida de la sierra de 
Velasco. Á la bajada encontré en las cuevas de las rocas vulcánicas 
muchas huellas de las chinchillas. 

Al día siguiente seguimos viaje sobre el Paso, 3720 metros, con 
una vegetación de Ephedra ochreata Miers, Ghuquiraga, Verbena aff. 
echinata Phil. y Fabiana denudata en algunos ejemplares hasta Agua 
pelada. De aquí cruzamos sobre las últimas colinas á la Pampa alta, 
que. se extiende entre la cadena del cordón de la Punilla, la quebrada 
de Guandacolinos y el Cacho en el sudeste y el Leoncito en el nor- 
te, entre 3400 y 3500 metros sobre el nivel del mar. De importancia 



MONTAÑAS RIOJANAS AI- OESTE BEL FAM ATINA 



49 








ir*"** 




Fig. 38, — Agua Cándida con Larrea nítida y arbustos de Molle de beber 




Fig. 39. — Vegetación de Jurdía cena de Pauta Negra 



AN. SOC. CIKNT. AIíG. — T. LXXXIT 



50 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

fltogeográfica es el hecho que aquí no encontramos ninguna Chn- 
quiraga. En la vegetación llama la atención el hábito de los arbolitos 
que alcanzan solamente medio metro de altura por falta de alimenta- 
ción suficiente. 

Al acercarnos al Leoncito encontramos nuevamente rocas arenis- 
cas coloradas, procedente de la cadena secundaria desde Guandacol 
y Tambillos (1). 

Es seguro que la cadena del cordón de la Punilla es una sierra por 
sí que se extiende desde la rodilla del río Blanco cerca de villa Ja- 
chal hasta la planicie alta entre el Leoncito y el Cacho. Las alturas 
de esta cadena son la cumbre de la Punilla (con mayor altura, mas ó 
menos 4800 m.); después la Bolsa, con una altura de 4750 metros; la 
cumbre de la Longaria (Longaya) con 4650 metros; el cerro de Descu- 
brimiento, con 4500 metros. Las prolongaciones del Descubrimiento 
son ya pequeñas colinas, muchas de ellas formando únicamente conos 
de deyección (fig. 35). 

Más ó menos á las dos de la tarde del 10 de diciembre, llegamos al 
portezuelo del Leoncito, según mis observaciones el aneroide marcaba 
3420 metros sobre el nivel del mar. Después de un rato de descanso 
salí solo para subir a pie al cerro Leoncito. Elegí una ruta directa 
escarpada á la derecha de la Quebrada que se extiende más ó menos 
hasta la cumbre entre rocas de la pendiente (con Adesmia, Mulinum, 
Oxalis, Senecio y Lencería Salinae). Con un viento extraordinaria- 
mente fuerte acompañado de fuerte granizo llegué en estas con- 
diciones-a la cumbre según mis observaciones 4660 metros, y la 
cumbre norte 4665 metros. La cumbre presenta una espalda poco an- 
cha que se extiende de sur a norte componiéndose de dos zonas geo- 
lógicas distintas. La pendiente en dirección norte es muy escarpada, 
así que desde el punto exterior se puede mirar directamente al valle 
casi sin escalonadas. Á la derecha, es decir, en dirección oeste vemos 



(1) Sobre esta región en general, dice el doctor Bodenbeuder en su trabajo ya 
citado, página 17 : « Así, por aquellas fracturas, se comprende como la morfolo- 
gía y la geología cambian totalmente al poniente del valle de los ríos Guandacol 
y Bermejo. Abrupto se levanta aquí formando la pendiente occidental del valle 
de Guandacol un cordón de caliza silúrica en parte como una muralla, al cual 
siguen al poniente otros cordones más ó menos paralelos que suben hasta 3000 
metros y más de altura. En el límite oriental de la precordillera que sigue desde 
Guandacol — su continuación hacia el norte no ha sido aún fijada — por Huaco ha- 
cia el sur, limitando primero el valle del río Guandacol y en seguida la llanura 
del río Bermejo hasta San Juan. » 



MONTANAS KIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 



51 




Fig.. 40. — Cuesta al este de "Vinchina y el camino al Tocino (Paulatina) 




Fig. 41. — Panorama desde la falda eate <U>1 Tocino (Fmnatiim) 



52 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

las brillantes salinas de Leoncito. Golpes de viento barrían por mo- 
mentos la nieve y la garúa sobre mi punto de observación, de tal 
manera que se abría el magnífico panorama especialmente en di- 
rección á la cordillera fronteriza, con sus majestuosos nevados sin 
igual. Ellos se levantan claramente del zenit azul. El aire estaba 
tan cargado de electricidad, que me vi forzado de tirar mi pico alpino 
porque babía recibido un golpe fuertísimo, que casi me bubiera de- 
rribado al suelo. En la cnmbre misma encontré solamente algunos 
liqúenes y dos pequeñas fanerógamas encalladas en el suelo. La ba- 
jada se verificó pasando la altura sudoeste por la quebrada escarpada. 
Ya era de noche cuando llegué al campamento ; mis botas de turismo 
habían prestado su último servicio. 

Con esto se había hecho poi primera vez el trayecto del Leoncito 
á pie. 

Cerca de las vegas del Leoncito, encontramos una vegetación con 
abundantes arbustitos; quiero mencionar entre ellos la Tola (Lepido- 
phyllum quadrangulare (Meyen) Benth. et Hook.) (fig. 36), Eplieára 
ochreata, Baccharis, Fabiano, denudata, Adesmia en tres especies ha- 
biendo todos sufrido mucho por las cabras. En el costado izquierdo 
de la pendiente de una colina vemos en los conos de deyección mu- 
chas cactáceas altas con espinas blanco gris y otras pequeñas con 
grandes flores encarnadas debajo de algunos arbustitos (fig. 37). En- 
cima del terreno crecen dispersas Amaryllidaceas rojas. 

El 11 de diciembre salimos de las vegas de Leoncito para seguir 
viaje á Jagüel. La larga Pampa alta que cruzamos se extiende entre 
las prolongaciones del Leoncito y del Alto á la izquierda, y el Cacho 
á la derecha. Una vegetación muy uniforme y estéril con arbustitos 
bajos nos acompaña en todo el trayecto declinándose lentamente; so- 
lamente en las orillas del lecho seco cambia la vegetación con arbus- 
tos altos de Molle de beber, de Salvia azul (S. Gittiesii), una serie de 
diferentes Senecios y Verbenas. Encontramos también en el lecho al- 
gunas especies provenientes de las alturas de la cordillera, así Ades- 
mia, la hermosísima Paohylaena gayophyta, etc. Un sol sofocante 
quema sobre nosotros. 

Después abandonamos el lecho del río Escondido; ahora sin aguas 
cruzamos algunas alturas, encontramos en 3050 metros la primeras 
Jarillas y hacemos parada en Agua candida (fig. 38) donde existe una 
vegetación [entre ella G-utierresia ledifolia Gris, (con su dispersión 
más al sur aquí)] muy interesante entre las colinas, que mencionaré 
en mis piíblicaciones sobre este viaje. En gran cantidad rodean aquí 



MONTAÑAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 53 

pájaros parecidos a canarios salvajes con plumaje amarillo y negro 
las flores de Senecio, Caesalpinia, Jarilla y otras plantas. 

Al día siguiente cabalgamos por un paraje bonito, con preciosa 
perspectiva al cerro Bonete y á otros gigantes nevados. Sos rodea 
una vegetación abundante, basta que nos encontramos otra vez entre 
la conocida sociedad de plantas de Jarilla, Pus pus, Lata, etc., en su 
monotonidad cerca de los 2600 metros. Solamente en la cercanía de la 
extendida y escarpada Punta Negra, bailamos vegetación abundante 
á causa de la proximidad del agua (flg. 39). Después seguimos bajan- 
do á una amplia llanura hasta llegar á Jagüel, conocido por el terre- 
moto del año 1894. Todavía boy se ven los rasgos de esto, especial- 
mente en la iglesia del pueblo. 

Las riberas con plantaciones de trigo y alfalfa son bastante exten- 
didas. Hay que lamentar que este paraje esté completamente aislado. 
Bajando el valle en dirección á la Troya, encontramos una verdadera 
zona de colinas de dunas. Á la derecba va un camino al valle Her- 
moso y á Tinogasta, mientras nosotros bajamos por la renombrada 
Troya. Un precioso paisaje con valles muy erodados que por la pers- 
pectiva al Paniatina es aun más hermosa. 

Al día 16 de diciembre llegamos á Hornos y Vinchina con toda su 
riqueza agrícola. 

Deseo dar una pequeña comparación con el valle de Chilecito y el de 
Bermejo superior, resultando tal vez más favorecido este último. Chi- 
lecito agradece su adelanto como ya dijimos anteriormente á la in- 
dustria minera principalmente de la Mejicana. Asi ha traído ya vida 
a este lugar la sobresaliente obra nacional del cablecarril. Con la pa- 
ralización délas minas, que ha costado al estado ya millones de pesos 
sin provecho para el país, todo movimiento en Chilecito cesó. Los 
habitantes descuidando la agricultura por su interés especial á la ri- 
queza minera y tal vez por falta de un reparto de las aguas bien po- 
sible en esta zona montañosa se ven ahora en parte expuestos á la 
miseria. Únicamente algunos altos empleados de estas mismas socie- 
dades se han enriquecido. Sería de desear que ésto pronto se resta- 
blezca y que se explote la riqueza minera de una manera digna, sin 
olvidar totalmente como hasta ahora la agricultura. 

En la situación actual también es lamentable que Chilecito sea la 
estación final en vez del pueblo Famatina, que está situado solamente 
cinco leguas más al norte con abundante agua en una región verda 
deramente apta para la agricultura intensiva. 

En comparación con esta zona el valle del Bermejo presenta un 



54 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

movimiento basado únicamente en la agricultura con vid y fruticul- 
tura. Desde Pagancillo hasta Vincliina y más liacia el valle Hermoso 
tenemos pueblos con numerosa población indígena. Aquí no abunda 
el capital extranjero, p*or una parte un hecho lamentable, por otra una 
ventaja; pero falta una buena organización en la repartición del agua : 
una ayuda para medios de comunicaciones, de buenos caminos para 
automóviles de carga y vías férreas y especialmente un mejor servi- 
cio de inspección contra las plagas que se propagan ya sobre las plan- 
taciones del valle Bermejo. Me parece oportuno en relación con estos 
datos dar una idea sobre el problema de una línea férrea en el valle 
del río Bermejo. Todos los habitantes de allí están de acuerdo que se 
necesita para el adelanto de esta región riojana un ferrocarril. La 
mayoría propone en Patquía un ramal del ferrocarril del estado, Cruz 
del Eje (San Juan), mientras otros piensan que sería de más prove- 
cho y exigiría menos fondos un túnel en combinación Vichigasta, Pa- 
gancillo, Villa Unión. Sin embargo, parece que el primer proyecto se- 
ría más eficaz. 

Hay otra posibilidad : de continuar el ferrocarril de San Juan hasta 
Vinchina, el valle del río Bermejo arriba. Esto daría un aumento en 
los fletes á causa del viaje más largo. También hay que pensar que el 
ramal de exportación de los productos agrícolos y de los minerales no 
es en general Buenos Aires, sino Córdoba y Bosario. En los dos casos 
el ferrocarril podría ser completamente nacional. 

Si faltan aún los fondos para ferrocarriles podría ser que se pre- 
sentara la posibilidad de ayudar á estas poblaciones con un arreglo 
del camino sobre la sierra de Sañogasta desde ÍTonogasta ó Chile- 
cito á Sañogasta, Trancas, Porto Alegre hasta el mismo valle del 
río Bermejo. Las condiciones son mucho mejores que en la Quebrada 
del Toro, donde tenemos ya un camino para automóviles y un servicio 
oficial con automóviles de lastre hasta el territorio de los Andes. El 
camino de San Juan hasta Villa Unión es relativamente largo y sería 
menos recomendable para el transporte de carga en gran escala. 

El viaje de Vinchina á Chilecito se verificó conforme á lo proyectado. 

El 16 de diciembre cabalgamos por vía Tambillos hacia el Famati- 
na (fig. 40), donde en 3720 metros sobre el nivel del mar dormimos al 
aire libre como tan á menudo; marchando á la mañana siguiente sobre 
el Paso del Tocino á 4320 metros de altura, primeramente con un sol 
fuerte y después habiendo en el costado este y en la bajada, neblina. 
En el transcurso de la tarde se compuso el tiempo y teníamos una 



MONTAÑAS RIOJANAS AL OESTE DEL FAMATINA 55 

preciosa vista al valle (flg. 41) y á la sierra de Velasco. En todo el 
trayecto sobre el Famatina se notaba nna gran diferencia en la vege- 
tación con todas las demás partes de las dos provincias que hemos 
visto basta ahora. Tenemos aquí una isla de vegetación en sí misma 
separada reinando en primer lugar una formación realmente andina 
con especies de JEnphrasia, Gentiana, Taraxacum, etc. Es de lamentar 
que no existe una monografía botánica sobre esta cadena tan intere- 
sante con plantas muy raras y muy apropiadas, para el uso medicinal. 
Esta cadena nos hace recordar en mucho á la vegetación alpina. 

El valle de Corrales donde pasamos la noche, es como paisaje, her- 
mosísimo, siendo el suelo muy apropiado como ya dijimos en otro lu- 
gar, para la agricultura. En la cabalgata desde aquí á Famatina vi- 
mos en los dos costados del arroyo grandes y hermosas fincas. De 
Famatina á Chilecito llama nuevamente la atención las gigantescas 
cactáceas columniarias, que están ahora en toda su preciosura del flo- 
reo, con flores blancas, agrupadas encima de los troncos que alcazan 
seis metros y más. 

Con la vuelta á Chilecito quedaba terminado á grandes rasgos este 
viaje tan interesante, en el cual recibimos por parte de la población, 
sumamente generosa y amable, muchísimas atenciones. 

Al Instituto de Botánica y farmacología de la Facultad de ciencias 
médicas y especialmente su director, profesor Juan A. Domínguez, 
tengo que agradecer su amabilidad por haberme dado introducción á 
las autoridades de la provincia de La Rioja. 

Al mismo tiempo quisiera agradecer al señor Federico Graef quien 
me ayudó muchísimo en la resolución de los problemas de esta ex- 
cursión y al final ha puesto á mi disposición todo el material fotográfico 
para esta conferencia. 

No deseo terminar este relato sin mencionar con algunas palabras 
la «Puna». El término existe en el sentido geográfico y fitogeográfi- 
co. Pero « Puna » tiene también otra significación muy conocida en 
el léxico médico, el cual se puede tratar de dos diferentes puntos de 
vista, según mi opinión : 

I o La enfermedad del lugar; 

2 o La propia « Puna » ó enfermedad de las alturas, en el sentido 
común. 

La primera no se recibe, á una altura determinada. Así tenemos, 
por ejemplo, habitantes en Chilecito (1000 m.), en Guandacol, en Ti- 
nogasta, que sufren todo el año más ó menos los mismos sínto- 
mas como el que es atacado de la verdadera Puna. Si los enfermos 



56 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cambian el aire y se trasladan de Guandacol á Tambillos, que es 
más de mil metros más alto, ó de lo contrario trasladándose de Tam- 
billos para abajo, se hallan mas aliviados y prontamente restablecidos, 
estando atacados por la enfermedad local aun desde años. 

Completamente diferente se presenta la « Puna » como enfermedad 
de las alturas que tiene su origen por el cambio de lugar desde pun- 
tos bajos á elevados. Conocemos esta descompostura, en los Alpes, en 
el Himalaya, en las montanas de África. Tiene los mismos síntomas 
del mareo ó la enfermedad del minero que baja por primera vez á la 
profundidad de las minas. Silbido de orejas, hemorragia nasal y auri- 
cular, vómito, fuerte dolor de cabeza y una descompostura general. 

Pero hay casos tan graves que provocan la muerte. Así, hay ejem- 
plos de ingenieros extranjeros que fallecieron en las minas de Meji- 
cana apenas después de su llegada. 

Pude observar en este viaje algunos casos de interés general : 

I o Motivado por cansancio ; 

2 o Por falta de una alimentación adaptada; 

3 o Motivado por el alcohol; 

4° Y casos que se produjeron, porque el hombre, bajando del animal 
que lo había llevado hasta ciertas alturas, efectuó en seguida otro 
trabajo pesado, sea en el campamento mismo ó sea trepando una 
cumbre. 

Como nos acercamos á la fiesta del glorioso centenario y siendo 
ésta tal vez la última reunión antes de su celebración, me ha sido es- 
pecialmente grato describir una de las partes más interesantes con 
lugares hermosísimos de la hospitalaria república y agradezco el in- 
terés con que habéis seguido mis sencillas explicaciones. 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 



Y MANERA DE AMINORARLOS 



Mucho se está hablando de los peligros de la electricidad, factor de 
progreso que lleva aparejados, como tantos otros, sus graves disgus- 
tos. En esta capital, más que en cualquier parte, ocurren demasiado á 
menudo casos fatales atribuidos á las comentes eléctricas de tensión 
baja, tales como la reciben los consumidores y que llamaremos indus- 
triales. Se producen dichos accidentes no solamente sobre obreros 
electricistas, de modo que harían parte de los inevitables riesgos pro- 
fesionales conocidos bajo el nombre de « accidentes de trabajo », sino 
con mayor frecuencia entre los que sin conocimientos técnicos utili- 
zan la luz eléctrica, y máxime entre la gente modesta. 

Todas las corrientes eléctricas dan origen en ciertas y determinadas 
condiciones á otros muchos efectos dañinos, pero los que resultan de 
las corrientes alternas industriales, como suelen usarse entre nosotros, 
revisten bastante importancia para que nos pareciese útil estudiar 
detenidamente aquel peligro y sus remedios. 

Sucede desgraciadamente que el complejo problema abarca ala vez 
una fase técnica y otra fisiológica. Necesitaríase, pues, la colaboración 
de un médico y de un electricista. Á falta de competencia en medicina, 
nos contentaremos con valemos de los resultados conocidos y de rese- 
ñar los efectos comprobados sin buscar cuál es el proceso fisiológico. 

El punto de partida de esta memoria reside en una larga lista de 
accidentes fatales acaecidos en los últimos años en esta capital y sus 
alrededores, tales como llegaron á nuestro conocimiento por la piensa, 
y todos debidos exclusivamente á las corrientes alternas industriales. 

Examinaremos luego los estudios hechos por peritos acerca de la 



AN. SOC. C1KNT. Alllí. 



58 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

influencia de las varias condiciones del circuito eléctrico sóbrela ful- 
minación. 

En virtud de la dificultad de explicar, en circunstancias al parecer 
análogas, efectos mortales al lado de inocuidad absoluta, hemos creído 
necesario esbozar ligeramente los principios de la teoría de los fenó- 
menos transitorios en corrientes alternas, indispensables para demos- 
trar el motivo de muchos accidentes. 

Á la luz de estas ideas examinaremos el sistema de distribución 
adoptado en esta ciudad por una de las empresas productoras; la 
forma de las instalaciones eléctricas oficiales y privadas, comparán- 
dolos con los reglamentos y las costumbres en el extranjero y notando 
sus defectos principales. 

JEstaremos luego capacitados para indicar brevemente en qué sen- 
tido debemos buscar los remedios, los que, á nuestro parecer, necesi- 
tan la cooperación benéfica de los poderes públicos, de las empresas, 
de los instaladores y del mismo público. 

Creemos útil principiar este estudio con una lista por cierto incom- 
pleta, de las desgracias fatales acaecidas durante los futimos años en 
esta capital, en la misma forma como los periódicos las publicaron y 
sin comentario alguno. 

LISTA DE ACCIDENTES CON CORRIENTE TRIFÁSICA DE 220 V. 50 PERÍODOS 

1908, diciembre 21. Un albañil, al tocar un caño de desagüe en una casa 
en refacción en la avenida Alvear, cayó muerto, habiéndose comprobado 
después que la culpa era de la C. A. T. E., que no había cortado la corriente 
al sacar el contador. 

1909, enero 19. La señora Emilia C. de Hurtado, viviendo en la calle 
olleros 2034, encuentra la muerte por haber tocado una lámpara portátil en 
un cuarto de baño. Un vecino, al ver á esta señora extendida en el suelo, 
llamó la Asistencia Páblica, pero todos los esfuerzos resultaron vanos. 

1909, mayo 10. En la penitenciaria nacional, el conscripto Aníbal Gil, al 
proponerse encender lámparas eléctricas, tocó por casualidad un conductor 
y quedó fulminado. 

1909, octubre 29. Con esta fecha el diario La Prensa relata dos casos de 
muerte ocurridos : uno en el paseo Colón 1328, por haber el obrero Antonio- 
Romero tocado uno de los tirantes del armazón de un galpón : y el otro en 
el 4 o piso de una casa en construcción, calles Meló y Juníu donde el obrero 
José V. de Salvadores tocó un cable eléctrico con igual mala suerte. 

1909, diciembre 4. En la quinta de Díaz Vélez se había instalado un sis- 
tema de hilos conductores de tal manera que, al ser tocados por cualquiera. 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 59 

hicieran sonar una campanilla. Pero, siendo la corriente alterna, un tal Ave- 
lino Preygueclo fué hallado muerto en aquel sitio aferrado con una mano á 
dichos hilos. 

1909, diciembre 13. Un empleado del telégrafo de la provincia, Pablo Cha- 
ves, al colocar un hilo en la cruceta de un poste en Avellaneda, recibió una 
descaiga eléctrica con la cual quedó sin vida. 

1910, febrero 6. Un motorista José Ferrari, al ocuparse de arreglar una 
lámpara en su casa, falleció en el acto. 

1910, marzo 16. En la casa Fitz-Roy, 2384, el obrero Francisco Saporitti, 
de la C. A. T. E., se ocupaba en refaccionar la instalación eléctrica. Al apo- 
yarse en unos cables que no habían sido previamente aislados, recibió una 
descarga que. le causó la muerte. - 

1911, febrero 25. En la fábrica de masas de Manuel Alvarez, Defensa, 1139, 
un peón al querer trasladar una lámpara á otro sitio encontró la muerte. 

1911, abril 5. En la calle Callao, 930, un obrero albañil que efectuaba 
reparaciones tocó un caño y murió en el acto. 

1911, mayo 4. En la usina de la Exposición ferroviaria, el sereno Jorge 
Blanco fué encontrado muerto á la mañana siguiente. 

1911, julio 4. En el sótano del teatro Moderno (Kivadavia y Paraná) el 
joven Cayetano Pierotti, colocaba una casilla de hierro contra la pared, 
cuando el cordón flexible de una lámpara portátil tocó la casilla, producién- 
dose un contacto de cuyas consecuencias resultó fulminado el obrero. 

1911, septiembre 9. En una casa en demolición, Victoria, 757, el peón 
Eugenio Badiani mientras transportaba materiales apoyó inadvertidamente 
la mano derecha en un aparato eléctrico y recibió una descarga tan fuerte 
que quedó fulminado. 

1911, noviembre 13. Arturo Leybnitz, enfermero del hospital Alemán, 
cayó muerto al tocar la verja del establecimiento. El electricista llamado in- 
formó que la verja estaba en contacto con un cable eléctrico. 

1912, enero 5. En una fábrica de cemento armado, calle Aristóbulo del 
Valle, 385, un maquinista, José Bairo, al efectuar una inspección de los 
aparatos tocó un tubo transmisor y recibió una descarga mortal. 

1912, febrero 22. En una panadería, Almirante Brown, 116, el operario 
José Várela tocó distraídamente un cable de las instalaciones eléctricas y re- 
cibió una descarga que le dio muerte. 

1912, abril 24. En una casa en refacción, Patricios, 1636, uu obrero en- 
contró el cadáver de su compañero de trabajo Juan Chiesa, el cual tenía la 
mano derecha adherida á un caño de gas en contacto con un conductor eléc- 
trico. 

1912, febrero 23. En los talleres de la « Cantábrica », Martín García, .">S4. 
Juan Poiza al cruzar un tirante de hierro á 5 metros de altura, se tomo del 
brazo de un cluster aparentemente sin corriente y quedó fulminado. 

1913, febrero 26. En el « Parque Japonés », Francisco Traverso, cortce- 

■ 



60 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

sionario de mi quiosco, al intentar arreglar una lámpara, recibió una des- 
carga mortífera. 

1912, marzo 20. El obrero Gregorio Marcovicli se recostó en un descuido 
contra un cable eléctrico en la esquina del Riachuelo y de Almirante Brown 
y fué muerto en el acto. 

1913, marzo 28. Muerte del peón Baldomero Palide en la Confitería del 
Molino, al limpiar una lámpara eléctrica. 

1913, abril 20. En una zanja practicada por las obras de salubridad en La 
«squina de Vera y Malabia, trabajaba el obrero Salvador Mistardo, quien, 
ignorando el peligro, se aproximó á un cable eléctrico, lo tomó con la mano 
y quedó fulminado. 

1913. abril 26. Muerte del obrero César Alejandri, en la fábrica de embu- 
tidos, Kioja, 1639, al intentar encender una lámpara. 

1913, abril 29. El menor de 15 años, Agapito Lavallén, descendía al 
sótano del almacén, Cabildo 202, donde era empleado : pretendió encender 
una lámpara ; siendo el piso muy húmedo, recibió una descarga que lo ful- 
minó. 

1913, mayo 2. José Yuinle, operario del Frigorífico Argentino en Avella- 
neda, colocaba chapas de hierro en un tacho, empleando una lámpara eléc- 
trica, y en tales circunstancias recibió una descarga fulminante. 

1913, mayo 21. En el edificio en construcción, calle Santa Fe, 750, se mató 
el obrero Francisco Lía que se alumbraba con una lamparita. 

1913, septiembre 26. Muerte del electricista Pascual Mercurio al arreglar 
la instalación calle Mansilla, 396. 

1913, septiembre 28. Muerte del peón Salvador Sayarés, ocupado en ha- 
cer limpieza en el cinematógrafo, Lavalle, 865. 

1913, septiembre 4. En la casa, Dean Funes, 1931, el vecino Antonio Otero 
salió de su habitación para dirigirse á una pieza de altos. No bien hubo pi- 
sado aquél en la escalera de hierro, recibió una descarga que lo mató : al 
examinar la escalera se halló un trozo de alambre de la instalación eléctrica 
que la tocaba y había producido el caso de fatales consecuencias. 

1913, septiembre 12. En la casa de construcción, Florida y Paraguay, el 
obrero José Scolezzi, al bajar un tirante de hierro que tenía contacto con un 
hilo eléctrico quedó fulminado. 

1913, diciembre 23. En el sótano de la calle Asunción, 4738, el obrero 
Segundo Costa, efectuaba algunas reparaciones con una lámpara portátil 
cuyo contacto le resultó fatal. 

1914, enero 4. En la licorería, Luna, 174, el peón Manuel Martínez, al pre- 
tender cerrar una puerta metálica, recibió una descarga y quedó fulminado. 

1914, enero 20. En las obras del puente trasbordador, calle Pedro Men- 
doza, el operario Felipe Calvo, en un descuido se tomó de una llave que 
sirve para suministrar corriente y fué muerto en el acto. 

1914, julio 11. En la panadería, San Eduardo, 3437, tocó por descuido el 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 61 

operario José Gamonale un hilo conductor de electricidad que tenía la capa 
aisladora en mal estado, y sufrió una descarga que lo dejó fulminado. 

1915, marzo 14, En el comercio, calle Almirante Brown, 1254, el peón 
Luis Solimano, al cerrar una puerta de hierro recibió una descarga, debido 
al contacto que se había producido por el desgaste de un cable de luz adhe- 
rido á la puerta. 

1915, agosto 28. Francisco Neri, electricista, al hacer una compostura en 
la casa donde vivía, México, 1028, tocó elculot de una lámpara, pudo gritar, 
pero la Asistencia Pública no llegó á tiempo para evitar el fallecimiento. 

1915, octubre 17. Calle Montañeses, 2067, el encargado déla casa, Andrés 
Gaddi, después de haber efectuado unas reparaciones en la instalación eléc- 
trica de un aposento, se retiró dejando pendiente del techo un cordón en 
descubierto. 

Aprovechando un descuido de sus padres, penetró la niña de 2 años de 
edad, Elena Gaddi, trepó sobre una pila de ladrillos y puso su mano en el 
cordón metálico ; al producirse el contacto, la niña cayó fulminada. 

1915, noviembre 30. Á las 4 de la madrugada fué hallado muerto un peón 
de la mueblería, calle Patricios, 950, llamado Ernesto Morero, de 26 años, 
tendido en- el suelo del cuarto de baño y conservando en una mano una lám- 
para incandescente, causa del siniestro. 

1916, febrero 10. En el hospital Alemán, un visitante Erik Naumann, en 
circunstancias en que había tomado una lámpara portátil para iluminar y 
servir una taza de te á un enfermo á quien visitaba, cayó al suelo y falleció 
en el acto. 

1916, febrero 23. Á las 8 a. m., en la fábrica de la C. A. T. E., calle 
Grüemes, 4435, fué hallado muerto el ayudante guarda cable Julio Posarme 
El accidente ocurrió mientras barría el piso de la cámara de transformación. 
y al pisar en una chapa de hierro existente en el pavimento, colocó la mano 
izquierda en una llave de baja tensión cuya corriente le fulminó. 

1916, abril 22. A las 5 p. m., en los talleres de la «Cantábrica», calle Mar- 
tín García, 665, el peón Severino Aranz, al tratar de atornillar una lámpara 
en un portátil para iluminar un foso, fué fulminado por el choque recibido, 
cayendo después al suelo, cuando se hubo cortado la corriente. Todos los 
esfuerzos para reanimarle fueron inútiles. 

1916, mayo 31. En el vivero municipal de Palermo, varios obreros se en- 
contraban en un sótano, ocupados en levantar un caño de hierro por medio 
de un guinche eléctrico. El caño tomó casualmente contacto con dos cables 
eléctricos y el obrero Alberto Alesandri que se hallaba recostado sobre el 
caño, recibió una descarga, falleciendo instantáneamente. 

Esta larga lista de 43 accidentes fatales sugiere de por sí algunas 
conclusiones que formularemos aquí brevemente : 

a) Por más que hayamos buscado, no nos lia sido dado encontrar 



62 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

un solo caso de muerte producida directamente por corriente continua. 
Los vínicos accidentes conocidos son quemaduras, y casi siempre su- 
cedieron á electricistas, profesionalmente descuidados ó á aficionados 
ignorantes. 

Una vez el doctor Enfloro Cisneros leyó en un diario la noticia de 
la muerte de un obrero producida por un contacto con corriente con- 
tinua. Interesado, fué á interrogar personalmente al dueño de la casa 
y supo que la lámpara donde se. había producido el golpe se alimenta- 
ban con corriente alterna ; 

b) Notaremos que casi todos los desgraciados eran gente obrera ó 
bien sirvientes, personas modestas, cuya desaparición no podía llamar 
la atención á la clase dirigente ; 

c) Todos los ejemplos comprueban de la manera más evidente lo in- 
sidioso del ataque, lo desprovisto que encontraron al fulminado, la im- 
posibilidad absoluta en la cual aquél desgraciado se encontraba para 
adivinar aún que podía correr peligro. Hacían todos aquellos gestos 
acostumbrados que habían vuelto á hacer miles de veces sin sospechar 
inconveniente. Generalmente aún no podían suponer que iban á encon- 
trarse en la proximidad de la corriente eléctrica ; 

d) Las víctimas casi nunca gritaron, y los socorros, cuando vinie- 
ron, fueron siempre ineficaces ; 

e) Los resultados de las investigaciones policiales sobre la razón del 
suceso no varían : « accidente casual », y con esto se archiva el expe- 
diente sin mayor trámite. 

Sin duda á causa de los modestos recursos de los parientes de las 
víctimas, y de su ignorancia de que tal accidente podía no haber sido 
puramente casual, no creemos que haya sido juzgado todavía por los 
tribunales la cuestión de responsabilidad de parte de las empresas 
de luz. 

Pero por falta de capacidad para ello, no estudiaremos aquí ni el 
mecanismo fisiológico de la muerte por electrocución, ni el punto de 
vista responsabilidad. Sin embargo, aun cuando tal responsabilidad 
no fuese sino moral y desprovista de sanción penal, somos convenci- 
dos de que las compañías de luz que distribuyen corriente alterna son 
las primeras en interesarse en la materia y que su sincero deseo es 
cooperar en atenuar lo más posible la frecuencia y la gravedad de su- 
cesos tan emocionantes. 



PELIGROS DIO LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES ti'.i 



INFLUENCIA DE LAS VARIAS CONDICIONES DEL CIRCUITO ELÉCTRICO 
SOBRE LA FULMINACIÓN 

Como no nos consideramos calificados para tratar el asunto todavía 
muy discutido del complejo proceso fisiológico, cuyo término puede 
llegar á ser la muerte de la víctima, no trataremos de discutir sus va- 
rias fases, notando en todo caso que no se produce con la corriente 
alterna ni electrólisis ni por lo general arco ni quemaduras consecu- 
tivas, como suelen producirse con la continua. 

El primer efecto, al recibir la corriente por la mano, es producir una 
contracción muscular que hace luego muy difícil y peligroso para el 
salvador alejar el paciente del contacto fatal. Á la vez se nota también 
casi siempre una paralización de la faringe que imposibilita gritar para 
pedir socorro. La cara se vuelve exangüe : si en aquel instante no 
llega auxilio, aparecen fenómenos más graves y muchas veces insal- 
vables. Se admite generalmente que la acción se manifiesta en parte 
por la paralización del corazón, en parte por la de la respiración. 

Sin entrar en mayores explicaciones al respecto, para las cuales 
nos referimos al notable folleto del doctor Eudoro Cisneros (1), trata- 
remos de definir brevemente la influencia de la variación en las cons- 
tantes del circuito eléctrico sobre el cuerpo humano. 

Tennión eficaz. — No parece que los médicos y fisiólogos se hayan 
preocupado de la tensión máxima, y encontramos tan sólo datos sobre 
la influencia de la tensión eficaz, tal como la registran los varios vol- 
tímetros industriales. 

Á principios del siglo xix, aun desconocidas las corrientes alternas, 
Ritter notó que la brusquedad era la condición necesaria para la pro- 
ducción de la excitación galvánica de los nervios. La corriente de un 
elemento de pila no produce efecto sensible sobre el cuerpo humano : 
si se introducían luego sucesivamente más elementos en el circuito sin 
cortarlo, se notó que el experimentador podía soportar, sin sentir con- 
moción incómoda, tensiones que, introducidas de golpe, le hubieran 
determinado sacudidas violentas. Se ve pues que, aumentando paula- 
tinamente la tensión, se atrasa mucho la aparición del umbral de la 
percepción dolorosa. 

Más tarde, Un Bois Iteymond supuso que la corriente producía efec- 

(1) Peligro de las corriente* eléo tricas industriales. Informe *■ 1 1 disidencia del doo- 
tor Eudoro Cisneros. HUÍ. 



64 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tos fisiológicos sino en los primeros instantes y que estos dependían 
de la derivada de la tensión con respeto al tiempo. 

Á pesar de las muchas tentativas para establecer leyes al respeto, 
estamos todavía en la misma duda. La teoría fundada por Xernst en 
1908 sobre la hipótesis de que el cuerpo humano es un conductor elec- 
trolítico cortado por membranas semipermeables no basta para expli- 
car en forma satisfactoria las acciones de la corriente. 

Dejando, pues, á parte cualquier tentativa de explicación, veamos 
los efectos hoy día considerados verificados. ¿ Hay un límite inferior 
á la tensión alterna nociva, y cuál es este límite ? 

Hasta hace poco tiempo se consideraba razonable distinguir las zo- 
nas como sigue : debajo de 100 volt ningún peligro ; de 100-150 
volt principio de la zona peligrosa ; de 150 á 600 peligros serios : 
de 600 volt arriba, altísimo peligro. Después los hechos han demos- 
trado que aún 100 volt no debía considerarse como el limite infe- 
rior de nocividad y señalaremos el caso de un obrero de líneas (1) que 
recibió, en el trabajo un choque mortal á 40 volt 60 períodos. Fe- 
lizmente tales accidentes son raros y suponemos que en aquel mo- 
mento se había producido una sobretensión anormal. 

En general las instalaciones eléctricas de 110 volt han de consi- 
derarse indemnes de peligro serio. El doctor J. P. Langlois (2) cita 
solamente tres casos que han llegado á su conocimiento. «Sin em- 
bargo aun cuando no se puede establecer una estadística verdadera 
de los accidentes mortales observados con tensiones inferiores á 150 
volt (entre conductores y tierra) será suficiente citar algunos ejem- 
plos : obrero empleado en el ferrocarril metropolitano, con los pies en 
el agua, las manos húmedas, fulminado al enganchar una lámpara con 
corriente de 170 volt entre conductor y tierra (3) ; una cocinera, 
ocupada en lavar el piso, con manos húmedas, recibió un choque de 
120 volt. Una señora en una banadera, toca una llave mal aislada, 
sucumbe al paso de una corriente de 95 volt. » 

« Todas estas observaciones se refieren á personas que establecie- 
ron una fácil comunicación con la tierra, á consecuencia de la hume- 



(1) Electrical World, 15 de julio de 1911. 

(2) Doctor J. P. Langlois, Les aceidents d'électrocution. (Revue genérale des 
sciences. 30 de abril de 1913.) 

(3) Los accidentes deben ser por cierto muy escasos, puesto que para senalar 
tres fulminaciones debajo de 150 volt el doctor Langlois tuvo que tomar uno 
producido con 170 volt. 



PELIGROS UE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 65 

dad... » Volveremos sobre este punto al hablar de la influencia de la 
resistencia. 

Becientes experiencias hechas por Berthon, Gagniéresy Hédon en 
Montpellier, y por una comisión del ministerio de Obras públicas en 
la Escuela superior de electricidad de París confirman que las proba- 
bilidades tle electrocución suben en proporción más rápida que la ten- 
sión, en todo caso, hasta 2000 volt. 

Los americanos, á consecuencia de las desavenencias halladas con 
corriente de muy alta tensión, han decidido usar para la electrocución 
legal una primera tensión de 2000 volt y luego otra de 500 volt y 60 
períodos. 

Intensidad. — La intensidad de la corriente que atraviesa el cuerpo 
depende de la tensión y de la resistencia ofrecida por aquél. El profe- 
sor d'Arsonval había indicado 100 miliampere como siempre mortal : 
nuevos estudios de Zacou presentados por él al Congreso de las apli- 
caciones eléctricas en Marsella (1908) hacen suponer que este límite 
inferior debe rebajarse á 75 ú 80 miliampere. 

Si consideramos solamente tensiones industriales, creemos que el 
papel importante en esta clase de accidentes corresponde á la intensi- 
dad. El aumento de la tensión tendría, á nuestro parecer, por objeto 
principal aumentar la intensidad á través del conductor humano. 

Las cosas ya cambian completamente de aspecto con altas tensiones, 
donde, segítn el doctor Langlois, la intensidad interviene solamente 
como efecto destructor de los tejidos en el trayecto de la corriente. 

Resistencia. — La resistencia del cuerpo varía en alto grado no sola- 
mente de una persona á otra, sino también en una misma persona se- 
gún las circunstancias. 

Esta resistencia debe, en efecto, considerarse como formada de dos 
partes : la de contacto y la interior. El tamaño de los electrodos, el es- 
tado más ó menos córneo, más ó menos húmedo de la piel, el sitio del 
contacto hacen oscilar la resistencia de contacto en condiciones sor- 
prendentes. La forma de la corriente hace tal vez variar algo la resis- 
tencia, pero por la misma nocividad de la corriente, las experiencias 
no pueden tener lugar con las tensiones industriales, y no ha razón 
de creer que el organismo humano se conduce como un conductor 
metálico y que su resistencia sea independiente del todo de la d. d. p. 
entre los electrodos. 

Los resultados más seguros sobre la resistencia se obtienen con el 
empleo del puente de Kohlrausch (puente de Wlieatstone con micrófo- 
no). En esta forma la corriente utilizada no puede ser nociva. Próvosl 



66 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

y Battelli indican 1000 ü como resistencia del cuerpo, abstracción 
hecha de la de contacto. Estamos nosotros de acuerdo con los resulta- 
dos obtenidos por el profesor Ernesto Drago (1) el cual indica G00 á 
SOO Q como valor mediano; son los que obtuvimos dejando varios mi- 
nutos las manos cada una en un vaso con agua salada. 

Sin embargo, la resistencia del conjunto puede variar de 1000 a 
100.000 Q. Las rebuscas de Monmerquó y Trotter hacen ver que la 
resistencia de contacto depende en alto grado de la dimensión del 
contacto con los electrodos, y de la humedad. Dichos físicos han ha- 
llado los siguientes resultados : Un obrero puesto sobre un terreno 
conductor tocaba con un dedo (1 cm s de superficie) y luego con la ma- 
no cerrada (15 cm a ) un mismo conductor; la resistencia ha variado : 



Con comente 


continua 


alterna 


obm 


olí ni 


51.000 


15.000 


6.000 


2.000 



Superficie 1 centímetro cuadrado .... 

Superficie 15 centímetros cuadrados . . 

Con electrodos de 50 centímetros cua- 
drados y manos secas 3 á 7 . 000 3 . 000 

Con electrodos de 50 centímetros cua- 
drados y manos húmedas 2 á 4 . 000 1 . 500 

No sabemos á qué atribuir tal diminución de resistencia con la co- 
rriente alterna ; sería este un factor más para explicar los peligros de 
esta forma de corriente. 

Desde luego, debemos insistir sobre este punto : no conocemos la 
resistencia del cuerpo humano baja una d. d. p. capaz de ser mortífera, 
ni como esta calidad se modifica con corrientes relativamente inten- 
sas (80 ó más miliampere). Sabemos solamente que con corrientes de 
3 á 10 miliampere usados en electricidad médica, la resistencia dis- 
minuye bastante rápidamente después de pocos momentos de aplicada 
la corriente. 

Frecuencia. — La frecuencia de las corrientes alternas usuales varía 
solamente de 15 á 60 períodos. Zacon, en el informe al cual nos re- 
ferimos antes, admite que la nocividad crece para las tensiones indus- 
triales hasta 150 períodos, decreciendo luego, lo que nos demostraron 
también las clásicas experimencias de Tesla. Con 50 períodos, la in- 



(1) Profesor Ernesto Drago, de la universidad de Catania : I pericoli delle có- 
rvente elettriehe. (L'elettricista, 15 de abril de 1915.) 



PELIGROS DE LAS COItPvIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 67 

tensiclad sorpotada por perros era más ó nienos tres veces inferior á la 
que los mataba con corriente continua. 

Posición de los electrodos. — Es este también un factor muy impor- 
tante. Muchos autores aseguran que los accidentes más graves tienen 
lugar cuando el corazón está directamente en el trayecto de la co- 
rriente. Pero por lo demás no concuerdan entre sí las experiencias 
hechas sobre animales por varias comisiones. 

Duración del contacto. — El doctor vienes Jellinek había estable- 
cido una fórmula que, según él, agrupa los varios factores que inter- 
vienen en la electrocución. Admite que el accidente depende en pri- 
mera instancia del trabajo producido por la corriente. Llamando T 
este trabajo, E, I, y B, las constantes del circuito, t la duración del 
contacto, P un factor que depende de los contactos, extensión y sitio, 
y K( K, K : , otras constantes personales escribe : 

ÍTotemos solamente la poca verosimilitud de esta fórmula. 

Parece dudoso que sea así, tanto en lo que concierne á uno ú otro de 
los factores. Lo único que hoy día podemos deducir de las experien- 
cias de Prévost y Battelli es que una duración de 0,3 segundo basta 
para la electrocución : es pues de suponer que para los efectos de la 
práctica, por pronto que intervenga el socorro, la corriente habrá pro- 
ducido sus destrozos irremediables, sean lo que sean. 



LOS FENÓMENOS TRANSITORIOS EN CORRIENTES 
CONTINUA Y ALTERNA 

Guando consideramos una corriente continua en régimen perma- 
nente, las únicas nociones que se requieren para el estudio de los fe- 
nómenos eléctricos y magnéticos producidos, derivan déla aplicación 
sencilla de las leyes de Ohm, de Kirchlmlf y de Lentz, en que inter- 
vienen de un modo elemental y bien conocida resistencia, intensidad 
y diferencia de potencial. 

Modificaciones notables ocurren solamente en tales circuitos en el 
acto de abrir ó de cerrar la corriente (extra-corriente de cieñe y de 
ruptura). En tales casos nacen variaciones bruscas y generalmente 
muy breves, y un conjunto de fenómenos oscilatorios que el profesor 



68 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

C. P. Steinmetz ha estudiado magistralmente bajo el nombre de fenó- 
menos transitorios. 

Estos mismos fenómenos revisten un carácter mucho más grave, y 
más variado en circuitos de corrientes alternas, interviniendo en ellos 
á más autoinducción, inducción mutua y capacidad. 

El estudio completo de las condiciones variables y transitorias en 
un circuito de corriente alterna es asunto sumamente complicado que 
el cálculo no puede resolver sino en condiciones particulares. Exa- 
minaremos solamente algunos casos sencillos, los cuales nos darán 
una idea de la importancia que reviste en la práctica. 

Tomaremos como punto de partida el caso sencillo de estableci- 
miento de una corriente continua en un circuito no inductivo, de luz 
por ejemplo. 

Sea i el valor de la intensidad variable de un circuito al tiempo t. 
i„ é i¡ sus valores al principio y en el estado permanente. Sean ría re- 
sistencia, L la inductancia del circuito, e„ la f. e. m. aplicada. 

En el momento t, la d. d. p. producida en el circuito por la resisten- 
ai 
cia r sera : ir, y la variación de la intensidad — habrá producido una 

d. d. p. L — • Tendremos pues la relación general : 

Ct/I> 

e °=* r + L |- (1) 

Como por otra parte no interviene inducción cuando no hay más 
variación de intensidad, en el estado permanente, tendremos : 

e„=¿ 1 K (2) 

Si substituímos en la (1), obtendremos : 

(<_i i )r=-'Lg (3) 



ó bien 

cuya integral general es : 
r 



dt 



r at=JK a) 



L i — i¡ 



-t=log(i — i,) — logc. (5) 



donde c es una constante de integración. 
Esta fórmula (5) puede escribirse : 



PELIGROS DE LAS COUHIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES fi!> 

% — '¿, = ee . ((») 

Las condiciones iniciales nos permiten calcular el valor de c. En 
efecto, con t = tenemos i = i„ ; substituyendo estos valores en (6), 

tendremos : 

i„ — i, = c 

de donde sacamos la ecuación de la corriente : 

r 

i=zt l -\-{i í —i„)ce . (7) 

La intensidad aumenta, pues, en forma exponencial desde su valor 

primitivo hasta su valor final. Aplicando esos resultados á un circuito 

de luz donde : 

e„ = 225i'.¿,=1000A. 

La resistencia de este circuito es 

r = ^-— 0,225ü. 

Supongamos una pérdida de 10 por ciento en los circuitos del fee- 
der y de alimentación, una inductancia de 10 mililienry por obm en la 
línea. 

L == 0,000225 henry. 

En el acto de cerrar el circuito supongamos i = 0. Busquemos des- 
pués de cuánto tiempo la corriente ha llegado á la mitad de su valor 
ó sea 500 A. 

500 = 1000(1— e- wm ) 
de donde : 

<r ,0 " llt = 0,5 t = 0,00069 segundo. 

Demuestra esto que el estado variable en tal caso es sumamente 
corto, y en la práctica despreciable. 

Ta no sucede lo mismo tratándose de la excitación en el campo de 
un motor, pero ese caso no nos interesa á este punto de vista especial. 

Si ahora tomamos el caso de un circuito de corriente alterna mono- 
fásica, intervienen resistencia, inductancia y capacidad. Nos interesa 
especia] mente el caso donde están en serie y que vamos á examinar. 

Sea con las mismas notaciones del caso anterior, C la capacidad del 
condensador, definido por la relación : 



que nos da 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



1 .--, 

de = — tat 



de donde : 

La f. e. ni. aplicada e consta pues de tres términos, una que proviene 

di 
de la resistencia : ri, la segunda de la inductancia : L — , y la tercera 

de la capacidad : — I idt. Podemos desde luego escribir : 

Si diferenciamos esta ecuación con respeto al tiempo, tendremos : 

T d-i , di , 1 . de 

L dr- + r dt + c l = dt (3) 

ecuación general de un circuito que contiene resistencia, inductancia 
y capacidad en serie. 

Esta ecuación diferencial bien conocida del segundo orden, con coe- 
ficientes constantes y segundo miembro variable, es la base principal 
de los estudios de los fenómenos oscilatorios. 

Para simplificar esta rápida reseña, supongamos que el segundo 
miembro sea nulo (e constante, ó sea corriente continua) la ecuación 
diferencial (3) dividida por L, se escribe : 

d-i , r di , 1 

^ + í^ + L-e 1 = W 

de la cual conocemos una solución particular 

i = <r at . (5) 

Diferenciado (4) dos veces con respeto á t, y. substituyendo los va- 
lores así obtenidos en la ecuación (3) obtenemos : 

Los valores de a que satisfacen á la ecuación diferencial son las que 
anulan el trinomio. 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 71 

Según el signo de la cantidad bajo radical : 

— 4L 7 "" CL 

<i tendrá valores imaginarios ó reales. 

Si A <C o, a es una imaginaria y la solución general de la ecuación (3) 
es una expresión de la forma 

¿ = Me -oí sen (bt-\-n) (7) 

en que b 1 = — A y M y n dos constantes de integración que depen- 
den de las condiciones impuestas. Es, pues, un movimiento periódico 
amortiguado. Si al contrario A 5> el movimiento es aperiódico y no 
se produce fenómeno de interés para nosotros. 

Bn el movimiento periódico amortiguado expresado por (7), las elon- 
gaciones sucesivas siguen una ley logarítmica, y el período resulta ser : 

2^ 2- 

" b ~~ ,/W I' (8) 



I/--JL 



Examinaremos ahora el caso en que el segundo miembro de la ecua- 
ción diferencial (3) en lugar de ser nulo sea una función sinuosidad, 
es decir la forma más sencilla de una función periódica. 

La ecuación diferencial será pues : 

d-i , r di , 1 . P 

^ + L^ + LC í== LC Sen(íZ ^^ W. 

Tenemos una solución particular de (8) con la expresión : 

i, — F, sen (dt -f- <p — -i). 

Si derivamos i, dos veces con respeto á t, y que substituímos en (!)). 
hallamos los valores de F, y de 6 que satisfacen á ésta. Son : 



red 



1 — d'LC 
Por otra parte, en el caso del movimiento periódico, el único que 



72 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nos interesa, tenemos otra solución particular, la que hemos bailado 
en el caso del segundo miembro nulo ó sea : 

i„ = Me- <" sen (bt -f- <p) (10) 

de modo que la solución general será : 

i = ¿o + h (11) 

En la expresión (11) i representa la parte transitoria del movi- 
miento, la cual se sobrepone á la parte sinusoidal xiermanente i, del 
mismo. El período de í„ es generalmente distinto del de i¡ : depende 
exclusivamente de las relaciones entre las varias constantes del cir- 
cuito. 

Si en fin consideramos el caso general de una f. e. m. periódica que 
puede desarrollarse en serie de Eourier, de tal modo que : 



de 



/o + ~ 2 P " Sen {Udt + ^ (12) 

1 
La solución general de la ecuación diferencial seguiría siendo : 

1 

con la condición que : 

i„ = F„, sen (ndt -j- o„ — i n ) 

en la cual Fn y íi n se definen como F, y <1, en el caso anterior. 

Según las condiciones de resonancia de las armónicas de mayor im- 
portancia, pueden producirse elevaciones momentáneas considerables 
de la intensidad y de la tensión. 

Eesumiendo el estudio anterior, vemos que la ley de variación de la 
tensión con el tiempo consta de la superposición á la curva periódica 
de régimen permanente de otras curvas ondulatorias amortiguadas, 
de periodicidades distintas, y generalmente superiores á la periodici- 
dad de la fundamental. Según las relaciones entre las constantes de 
diclios circuitos, se originan sobre-tensiones cuyos valores no podemos 
establecer exactamente, aumentando probablemente los peligros de 
los choques por los factores tensión, intensidad y frecuencia. 

En general se han estudiado estos fenómenos para líneas de trans- 
misión muy largas y de alto potencial, en los cuales pues la conden- 
sación produce efectos nada despreciables. Sin embargo las constan- 



PELIGROS UE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES I ó 

tes de circuitos á 225 volt parcialmente aislados de la tierra son 
susceptibles de dar lugar á sobretensiones notables, como lo veremos 
en el caso citado por el profesor Drago. 

Sería seguramente de alta importancia, llegar á estudiar prácti- 
camente los fenómenos que acabamos de esbozar teóricamente y de 
hacer experiencias directas que nos indicasen las variaciones de las 



64c 


/ 


\ 




w 


































/ 


Y 




M 






\ 






























/ 






' 1 






\ 














\ 
















/ 


\ 




j 






1 P 


/ 


1 








\ 




i 


\ 


i 




f 


\ 










\ 




l 




% 




\- 


-\- 


-i- 


a 




/ 




[ 


— 


i 


\ 










-h 


i 




T 




L 






7 




"! 


T 


* 


—~ 


7 






\ 


/ 




i 










/ 








f 




\ 


i 






V 


/ 






\ 


', 




\ 


J 








i 
























4oc 




Jv 








V 


































•4 







































tensiones al cambiar las características de las corrientes industriales 
de que disponemos aquí ; pero eso exigiría el empleo de oscilógrafos ó 
de otros aparatos de igual . índole, con los cuales, aiin cuando los hu- 
biera aquí, sería tal vez incómodo trabajar fuera del laboratorio. 

Para aclarar mejor los conceptos anteriores, sacamos algunos ejem- 
plos de lo obra ya citada de O. P. Steinmetz. 

La figura 1 indica los fenómenos transitorios al momento de cerrar 
el circuito, cuyas constantes son : 



E = 35.000 v 



5Q í» = 2Tt/L = 10Q 



y 



= 2^€ =zl00 ° a 



Bepreséntese por i p el valor permanente de la intensidad y con i el 



¿~ 








^ - 




F— l«(x ¿n — r 




-- = 


, -fi~^ — 


















' 4 "1£ C 






1 A 






4- 1 *"1 * 






L l#lh 


$ : 






v 






\ 




U lo 


3i \¿0 6<¡ ^C 


~" Jv flu 


1 


J^-'- ■ 


zn 



yjt 



t=i 3oum7fc 
C~ io «tcj 



t- IO"*Seg 



Kiu. 



fenómeno transitorio, cuyo período es :/ = 10/. La diferencia de po- 
tencial llega en este caso casi al doble de su valor normal; 

Enseña la fisura 2 los fenómenos transitorios en un condensador 



AN. SOC. CIENT. AK(i. 



74 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



colocado en tina línea cuyas constantes se indican. En aquel ejemplo 
el fenómeno transitorio es aperiódico, muy breve y sería pues sin pe- 
ligro, tratándose de una duración de 4.10~ :t segundo hasta su desapari- 
ción casi completa. 

Muy distinta, la figura 3 hace ver la variación de la diferencia de 




Fia 



potencial al arranque en una línea donde hay en paralelo, de una 
parte resistencia y capacidad (intensidad i c ) y de la otra parte resis- 
tencia é inducción (intensidad i s ). Las formas de las 3 curvas hacen 
ver las enormes irregularidades producidas tanto en la tensión como 
en las intensidades. 

La presencia del hierro en el campo magnético del circuito eléctrico 

conduce á términos transitorios de 
intensidad muy grande, compara- 
dos con los de reactancias sin hie- 
rro ; no siguen una curva exponen- 
cial. Á veces producen corrientes 
excesivas especialmente con fre- 
cuencias bajas. La figura 4 es el 
oscilograma de un transformador 
de 25 períodos, demuestra así la duración muy larga y la importancia 
del fenómeno transitorio. 

En fin, examinemos uno de los casos interesantes de la práctica ó 
sea la resonancia debida á una tierra accidental. Sea un circuito sin 
el punto neutro conectado á tierra, y en la cual se produce en la fase 1 
una tierra con resistencia de contacto débil (fig. o). 

Sean C, y G 3 las capacidades de las fases II y III con respecto á la 
tierra, despreciaremos la capacidad del alternador, y sea L la autoin- 




Fiff. 4 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES lo 

(lucción del alternador (ó del transformador) con respecto al cual des- 
preciaremos la autoinducción de los cables. 

El defecto F ha creado dos circuitos L,FC 2 L, y L,FC 3 L, en cada uno 
de los críales la autoinducción de dos fases del alternador está en serie 
con la capacidad de un cable con respecto á la tierra. Como esta capa- 
cidad, es muy superior á la que existe entre dos conductores, hay 
posibilidad de resonancia ; aun si no se produce resonancia perfecta, 




F 



//////////,,,, 



¿L_ 



UlllllH.IIIH 



m 



se originarán sobretensiones tanto más elevadas que el punto atierra 
sea más cerca del alternador, es decir, cuanto menor la resistencia 
interpuesta. 

Sucede también á veces que en lugar de una tierra franca y perma- 
nente, aparecen tierras intermitentes, es decir que se forman y rom- 
pen alternativamente. Habrá en este caso chispas ó arcos intermiten- 
tes que provocarán en el conductor oscilaciones de tensión y de 
corriente, y se ha visto casos en que hubieron descargas convectivas 
ó rupturas del aislamiento (1). 



(1) I. van Dam, Leu surtenaions dun* les diatributions (l'étergie éieetrique. 1913. 



76 ANALES DE LA. SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La gravedad de las descargas en tales condiciones explica el inte- 
rés que" llevamos á la puesta á tierra franca y permanente del punto 
neutro de la red de distribución, y del cual nos ocuparemos al tratar 
de los medios de protección. 

Nos proponemos estudiar más detenidamente el dispositivo adop- 
tado en esta capital, y que consiste en poner á tierra una de las fases 
de la red de distribución : dejamos, por lo tanto, este punto muy impor- 
tante para otra oportunidad. 



DEL TJSO DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 
DE BAJA TENSIÓN 

Las varias naciones, al desarrollarse con tan formidable ímpetu 
todas las aplicaciones de la electricidad y con preferencia el transpor- 
te de la energía á grandes distancias, han tenido la obligación de re- 
glamentar su uso y de clasificar sus modalidades. 

Dichas reglamentaciones son muy variadas y su mayor ó menor 
severidad podría indicar la época donde lian sido redactados. TJna de 
las más recientes es la circular del ministro de Obras públicas en 
Francia, en que se dice (1) : 

« Las distribuciones de energía eléctrica deben comportar disposi- 
ciones de seguridad en relación con la tensión máxima entre conduc- 
tores y tierra. Según el valor de esta tensión, las distribuciones de 
energía eléctrica se dividen en dos categorías : 

« I a Categoría: A, Corriente continua: distribuciones en las cuales 
la mayor tensión de régimen entre conductores y tierra no pasa de 
seiscientos volt (600 v.) 

«B, Corriente alterna: distribuciones en las cuales la mayor ten- 
sión eficaz entre conductores y tierra no pasa deciento cincuenta 
volt (150 v.) 

« 2 a Categoría : Distribuidores con tensiones respectivamente su- 
periores á las anteriores. » 

En ííorte América, se sabe que cada estado de la Unión tiene sus 
leyes y que las reglamentaciones sobre el funcionamiento de las em- 
presas de servicio público varían con cada uno de ellos. Llama, pues, 
sobre manera la atención de que se haya adoptado en todos el empleo 
de corriente alterna de 110 ó 120 volt. Débese tal vez esta sorpren- 

(1) L'électricien, 29 de abril de 1911. 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 77 

dente concordancia al papel importantísimo desarrollado en los Esta- 
dos Unidos por las compañías de seguros, cuyo órgano técnico, el Na- 
tional Board of Fire Underwriters publica reglamentos que hace fe 
en todas partes, y á los cuales se sujetan estados, compañías y par- 
ticulares. 

Accidentes en la red de distribución son allá, por las informaciones 
recibidas, contadísimas, y todas las precauciones publicadas sobre 
electrocución se refieren solamente á tensiones elevadas (500 á 600 v. 
para tranvías) y tensiones peligrosísimas (trasporte de energía has- 
ta 120.000 v.) Los accidentes, pues, ocurren casi sin excepción en el 
personal obrero de las empresas, entre las cuales se van difundiendo 
las precauciones contra los choques y el tratamiento de los asfixiados. 

Es en Alemania que se ha inaugurado el uso de la corriente de .520 
volt tanto continua como alterna, en vista de la gran economía ele co- 
bre que tal forma de distribución representa para las empresas. Sin 
embargo el número de accidentes no es tan elevado relativamente co- 
mo lo es aquí, debido á las precauciones muy severas edictadas por 
el Verband deutscher JSlektrotechníker, cuyas reglas obedecen todos 
con el rigor acostumbrado, bajo la vigilancia, severa también, de los 
inspectores del trabajo. 

Á pesar de eso, debemos notar que una parte considerable de las 
instalaciones más recientes se hicieron en el imperio alemán á 110 
volt. 

En esta república debemos seguramente á la energía comercial de 
los introductores alemanes, yá la falta absoluta- de reglamentación 
de parte del superior gobierno, de las provincias y de las municipali- 
dades, la implantación de la tensión de 220 volt en todo el país. 

Casi no se encuentra ningún material eléctrico para otras tensio- 
nes, de modo que las comodidades de la corriente alterna y el menor 
costo de los motores son poderosas razones para implantar la forma 
de corriente más barata. 

Debemos ahora examinar con alguna detención los sistemas de dis- 
tribución usados en esta república y los peligros que arrastran, ya en 
sí, ya por las condiciones climatéricas capaces de aumentarlos más 
todavía. 

Las usinas de producción de corrientes alternas por alternadores 
trifásicos, los dispositivos de transformadores elevadores de tensión 
en las usinas, las redes primarias, y la instalación de las subusinas 
de transformación, constituyen un conjunto al que solamente los obre- 
ros de las empresas deben tener acceso. Basta, pues, que los poderes 



78 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

públicos vigilen á sustraer cualquier parte de este conjunto del alcan- 
ce de los profanos, y que las empresas estén obligadas á disminuir en la 
mejor forma posible los peligros á que se halla expuesto su personal. 
Con todo, no desaparecerán por cierto las desgracias, pero, habiendo 
limitado este estudio á las corrientes alternas en la forma como se su- 
ministran á los consumidores, no insistiremos sobre la reglamenta- 
ción que se impone para las redes primarias y las usinas. 

Las redes de distribución constituyen circuitos alimentados desde 
transformadores de los cuales salen las derivaciones domiciliarias. 
Fuera de las grandes ciudades, los circuitos secundarios son general- 
mente aéreos ; en los centros de vida activa los cables son subterrá- 
neos. En la práctica todas las distribuciones se hacen en triángulo, y 
la tensión usada entre conductores suele ser de 225 volt. 

Tal forma de distribución sería tal vez admisible en uno de los ca- 
sos siguientes: a) la red secundaria está completamente aislada de 
la tierra: b) se constituye un punto neutro el cual está en contacto 
permar.ente con la tierra. 

En el caso a no habiendo corriente entre los conductores y la tie- 
rra, una derivación á tierra produciría el efecto de una descarga elec- 
trostática, y sería probablemente sin peligro; sin embargo, constitui- 
ría una gran dificultad obtener que una. red compleja de distribución 
sea tan perfectamente aislada como para evitar que se establezcan 
corrientes permanentes. Es, pues, más lógico adoptar el sistema b con 
el cual la diferencia de potencial entre un conductor y la tierra se re- 

225 
duce a 1/-5— = ~ 130 volt, tensión considerada por muchos autores 

como casi inofensiva, y siempre mucho menos peligrosa que la de 
225 volt. 

Empero, aquí no se ha adoptado ninguno de estos dos sistemas, 
empleándose un procedimiento que por lo menos merece ser tratado 
de original. En efecto, para utilizar cables destinados á otra clase de 
corriente, la. empresa de luz ha conectado á tierra uno de los tres con- 
ductores de su red secundaria: resulta que independientemente de 
los fenómenos de resonancia, el valor de la d.d.p. eficaz entre un con- 
ductor y tierra es de 225 volt ó bien cerca de cero. 

I Cuál puede ser el efecto de tal desequilibrio sobre el rendimiento 
de los alternadores ? no es el caso de estudiar este punto, sino de ha- 
cer ver que á más de tener como base una tensión en sí peligrosa, el 
dispositivo empeora todavía las cosas, puesto que existe entre con- 
ductores la misma tensión que entre uno de ellos y la tierra. 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 79 

Defectos en la colocación de esta red secundaria, y todavía más 
en la parte de los ramales caseros antes de los contadores, y por 
consiguiente no registrados por dichos aparatos han de ser algo fre- 
cuentes y contribuyen por su buena parte á las oscilaciones de ten- 
sión más ó menos fuertes que percibimos más en las horas de carga 
mayor. 

Sin embargo, las causas principales, á mi juicio, de sobretensiones 
peligrosas y de accidentes originadas por ellas, derivan de las instala- 
ciones interiores. 

El profesor Drago señala un caso de accidente mortal que estudió 
por encargo de la autoridad judicial. Se trataba de establecer la can- 
sa de muerte de un jovencito fulminado al poner el dedo en el inte- 
rior de un porta lámpara. « De mis rebuscas, dice el profesor Drago, 
resulta que el desgraciado, parado con pies descalzos sufrió la elec- 
trocución con una tensión de cerca de 290 volt como ya lo he refe- 
rido. Medidas de resistencias hechas por mí sobre muchos individuos 
me indicaron cifras no menores á 4000 ohm que la corriente debía 
atravesar al pasar de la tierra al cuerpo humano y de allí á la lámpa- 
ra. La impedancia de la línea entre las dos fases medida con el voltí- 
metro y amperímetro y tensión del sistema trifásico era de 60 ohm, 
mientras por la resistencia de la tierra en el sitio del siniestro he ob- 
tenido 45 ohm como valor mediano... Pero para encontrar la causa de 
la sobredicha diferencia de potencial anormal capaz de producir la 
electrocución entre fase y tierra, fué necesario instituir una serie de 
largas y penosas investigaciones para localizar el punto donde un 
hilo de línea hubiera sido puesto á tierra y por cual motivo. Los re- 
sultados demostraron que, en un viejo lampadario de gas transforma- 
do á luz eléctrica en una casa remota, el pedúnculo de una lamparita 
rota estaba cubierto con un pedazo de hojalata. De este modo, uno de 
los hilos de fase se había puesto en comunicación con la canalización 
del gas, y había vuelto peligrosísimo un radio bastante extenso de la 
ciudad, produciéndose afortunadamente un solo accidente á cerca de 
un kilómetro de distancia. » 

El caso es de rara precisión, y los resultados de las investigaciones 
del perito bien concluyentes para explicar la sobretensión y luego el 
aumento del peligro que originó la desgracia. Comprueba este ejem- 
plo, la exactitud de nuestra opinión sobre la importancia de capaci- 
dades en paralelo para modificar los constantes del circuito. 

Sin embargólas condiciones délas instalaciones en (.'atañía lian de 
ser diferentes de las de esta capital, las (pie solamente me propongo 



80 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

estudiar; y es de suponer que la red secundaria en aquella ciudad no 
lia sido puesta permanentemente á tierra. 

Insistiremos ante todo sóbrelos gravísimos defectos délas instala- 
ciones privadas que no están en su mayoría hechas como para preca- 
ver los habitantes contra los peligros insidiosos de la corriente alterna 
de 225 volt. 

Entre las causas más frecuentes de accidentes, debemos citar en 
primer término : porta lámparas, cordones flexibles, llaves y toma 
corrientes embutidas con tapas metálicas. 

Los porta lámparas deberían en efecto ser provistos todos de un 
anillo aislante (de ebonita ó de porcelana), ser bastante profundos 
para que toda la base metálica de la lámpara esté hundida y fuera del 
alcance de la mano de una persona descuidada. En fin los portalám- 
paras deberían llevar también un nippel aislante que evite un contac- 
to entre su forro exterior y uno de los hilos de alimentación. 

Los cordones flexibles usados en plaza apenas son adecuados para 
corriente continua de 110 volt. Su aislación es generalmente tan 
deficiente que es de extrañarse que no produzcan mayores daños. Fe- 
lizmente cuando los dos conductores se desnudan á corta distancia, se 
produce un corto circuito, y las más de las veces salta el fusible. Si 
un solo conductor se halla pelado, y que la persona que la toca esté 
aislado de la tierra, no sentirá nada. 

Llaves y toma corrientes embutidas han llegado á ser consideradas.en 
esta capital como una necesidad estética. En casas privadas como en 
negocios no se instala otro material, exigido casi siempre por los mis- 
mos arquitectos. No creemos necesario insistir sóbrela escasa estéti- 
ca de estas famosas tapas rectangulares niqueladas, que casi nunca se 
colocan verticales y afean sin razón los interiores más elegantes. 

Una buena parte de las sacudidas más ó menos graves proviene 
también de la forma como se colocan las cañerías embutidas. Tales 
cañerías, que deberían ser reservadas para sitios de lujo y bien se- 
cos, podrían en condiciones así reducidas, construirse con caños de 
acero, cuidadosamente esmaltados exterior ó interiormente, bastante 
amplios para que los conductores pasen libremente, enroscados entre sí 
y con las cajas de pase ó de derivación, también del mismo material, 
de tal modo que el conjunto forme una masa puesta á tierra de modo 
permanente y sólido. 

De lo aconsejado nada se hace aquí, salvo excepciones contadísi- 
mas, y de allá resultan un sinnúmero de incomodidades, cuando no se 
trata de graves peligros. 



PELIGROS LIE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 81 

Dichos peligros tienen, sobre otras ciudades, una importancia ma- 
yor en esta capital á causa de su clima. El estado higrométrico de la 
atmósfera, que casi saturado de día, lleva consigo la condensación de 
agua sobre las paredes frías durante la noche, es demasiado conoci- 
do y notorio para que sea necesario insistir sobre tal punto. 

Son las paredes húmedas relativamente buenos conductores de la 
electricidad y producen así derivaciones atierra; sus resultados mor- 
tíferos se demuestran ampliamente con la lista anterior. Empero, no 
basta con esto ; pueden formar también verdaderos condensadores de 
capacidad generalmente elevada en serie con la resistencia del cuer- 
po y que deben explicar muchas veces la violencia de estos choques 
inesperados y traidores, gracias al aumento transitorio de tensión en 
la red, y pues de intensidad en el circuito derivado así formado ca- 
sualmente. 

Una lista completa de los defectos en las instalaciones privadas, 
capaces de aumentar los peligros ya de por sí serios, debidos á la clase 
de corriente suministrada á una enorme extensión de los barrios de 
esta capital y prácticamente á todos sus suburbios, sería tarea fasti- 
diosa é inútil. Cada cual tiene á la vista prueba de los conceptos po- 
co científicos con que trabajan la mayor parte de los instaladores, ba- 
sándose las más de las veces en criterios puramente comerciales. 



PRECAUCIONES CONTRA LOS PELIGROS 

Existe en este país la corriente trifásica de 225 volt y no hay 
utilidad en averiguar las razones que indujeron á la Municipalidad 
de la Capital, luego á otras muchas más, en aceptar tal forma de 
corriente. 

Creemos haber demostrado que hay peligro imidioso, que las victi- 
mas son muchas, y hemos tratado de examinar los varios factores 
(pie influyen sobre la nocividad de esta forma de distribución. 

Ahora, nos queda para resolver este problema de gran importan- 
cia : í„ Es posible suprimir estos peligros., ó al menos reducirlos a me- 
ras casualidades, de tal modo que parezca necesitarse una impruden- 
cia de una persona para dañarse 1 

Distiguiremos dos formas de remedios : públicos y privados. Los 
primeros, que llamamos públicos no dependen sino de las empresas y 
de las municipalidades ; los llamados privados, cada cual cu sus talle- 
res ó en su casa los puede adoptar. 



82 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



REMEDIOS PÚBLICOS 

Parece natural examinar en qué forma podríamos gozar aquí del 
grado de seguridad alcanzando fuera ; en otras palabras : j Puede mo- 
dificarse útilmente la clase ó la tensión de la corriente distribuida á 
los consumidores ? Podrían emplearse dos sistemas : a) substitución 
de los transformadores estáticos por convertidores ; b) reducción de 
la tensión eficaz de la red secundaria. 

a) íío cabe duda que la producción de corriente continua haría 
desaparecer los peligros señalados, sin que se produjera otra inconve- 
niencia, salvo gastos considerables, tanto de parte de la empresa (cos- 
to de los convertidores, de los contadores, modificación en las canaliza- 
ciones), como de los abonados (cambio de motores, lámparas de arco...) 

Parece, pues, que este sistema ha de limitarse á extensiones ó con- 
cesiones nuevas donde las municipalidades tengan el derecbo de exi- 
gir para dar la concesión una determinada forma de corriente : 

b) Del conjunto de este estudio resulta que con una tensión eficaz 
de 110 volt los peligros de fulminación son muy reducidos. Si se 
agregara que el punto neutro de la estrella fuese puesto permanente- 
mente á tierra, de tal suerte que la d.d.p. entre un conductor y tierra 

no sea en ningún caso superior á — — =65 v., podría considerar- 

' ó 

se tal instalación como bastante segura. Quedarían solamente á cargo 
de los abonados las reglas de precaución siempre necesarias para evi- 
tar la producción de sobretensiones. 

iSTo podemos desconocer qué una transformación semejante traería 
aparejado un gasto considerable y sensibles dificultades para el mis- 
mo público. Habría en efecto necesidad de duplicar la sección de los 
cables en toda la red secundaria, á la vez que cambiar una parte de 
los actuales para que en lugar de una fase, sea el punto neutro co- 
nectado á tierra. 

Aun cuando algo menos costoso que el anterior, tampoco nos pare- 
ce lógico este sistema en las redes ya existentes. Pero en barrios ó 
ciudades todavía sin luz que dependerían de una nueva subestación 
estática consideramos este dispositivo como el más indicado, ya que 
las más de las veces los gastos elevados de compra y mantenimiento 
de una usina con convertidores serían prohibitivos para explotarla 
sin pérdida. 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 83 



REMEDIOS PRIVADOS 

Quedan, pues, á nuestra disposición los remedios privados, ó sean 
las modificaciones individuales en el uso déla electricidad encasa. 
No nos preocupamos de saber en este asunto en qué forma podrían 
intervenir las empresas de luz ni las municipalidades, miramos sola- 
mente lo que ha de hacerse para poner instalaciones privadas en las 
mejores condiciones de seguridad contra la electrocución. 

El primer deber de cada persona que usa corriente alterna es 
saber en qué condiciones se halla la instalación. Hemos indicado 
anteriormente las deficiencias capitales que provienen de caños em- 
butidos de mala clase ó de sección insuficiente, de cables mal aisla- 
dos, de llaves y toma comentes embutidas con tapas metálicas, de 
cordones flexibles, de porta lámparas de mala construcción. Agrega- 
remos también uniones y derivaciones hechas sin precaución alguna, 
y más de todo agregados ó remiendos titulados provisionales. 

¿ Cuántas veces ha sucedido una desgracia por uno de aquellos dis- 
positivos de fortuna, destinados según sus autores á durar solamente 
unos días ! 

ISTo existe entre nosotros reglamento oficial análogo al de las com- 
pañías de seguros norteamericanos (Fire Undenoriters) porque los 
dictados por las empresas de luz ó ciertas compañías de seguros ca- 
recen del grado de valor técnico, como de sanción oficial. Aun incom- 
pletas, dichas reglas indicadas no se cumplen, sino en casos conta- 
dísimos, y pocos son los propietarios que consienten adoptar las 
severas medidas necesitadas en todas partes por la corriente alterna 
de 225 volt, pero más todavía en ciudades como ésta donde las 
condiciones climatéricas aumentan el peligro en forma asombrosa. 

Sin embargo, estimamos que todas las precauciones para que la 
instalación esté en excelentes condiciones no bastan para evitar pe- 
ligros é insistiremos en el uso de tranformado res reductores de tensión. 

La reducción de la tensión en instalaciones privadas no puede lle- 
var consig'O ningún inconveniente : las líneas son demasiado cortas 
para que la pérdida óhmica en los circuitos produzca una baja de ten- 
sión apreciable al punto extremo, ó un calentamiento exagerado en 
las líneas de alimentación. 

Produce al contrario ventajas muy serias: las lámparas de filamen- 
to metálico para una misma intensidad luminosa tienen el filamento 



S-í ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tanto más grueso y más sólido cuanto más baja la tensión. Por la 
misma razón, se fabrican lámparas de 10 watt 110 volt, mientras 
la de 16 watt es la de menor consumo para 225 volt. La vida de la 
lámpara es también superior con tensión menor. 

Queda pues la influencia del gasto propio del transformador. Sien- 
do bien calculado este aparato, su consumo es casi despreciable. En 
ciertos casos, convendrán transformadores trifásicos, en otros mono- 
fásicos; unas veces será más práctico usar un solo transformador: en 
otras ocasiones, tipos pequeños uno en cada rama). El único punto im- 
portante es constituir el secundario en estrella con el punto neutro tie- 
rra, tratándose de corriente trifásica, y en monofásica conectar á tie- 
rra uno de los hilos por medio de una resistencia calculada de tal mane- 
ra que la intensidad sea mayor que el máximo de la carga admisible. 

j Cuál tensión debe elegirse ? Creemos que no hay razón hoy día 
para rebajar la tensión á menos de 110 volt, tensión para la cual se 
encuentran torta clase de lámparas, y de aparatos de calefacción, de 
ventiladores, de motores, etc. 



TRATAMIENTO DE LOS FULMINADOS 

La descarga de corriente alterna obra, según parece, sobre los sis- 
temas circulatorio y respiratorio. En el primer caso, la paralización 
del corazón es tan repentina que no hay auxilio que pueda llegar bas- 
tante pronto y salvar al fulminado. 

Si al contrario los accidentes son respiratorios, es decir que haya 
asfixia, deben emplearse los métodos conocidos de Sylvestar (respira- 
ción artificial) y de Laborde (tracción rítmica de la lengua). Desgra- 
ciadamente los varios sistemas inventados para reanimar á personas 
asfixiadas (ahogados por ejemplo), raras veces han producido efecto 
útil. Sin embargo no deben despreciarse, y no cabe duda que, llegado 
el caso, sea necesario tratar por todos los medios á nuestro alcance 
el despertar de los movimientos del pulmón. 

El doctor J. P. Langlois, profesor de la Facultad de medicina de 
París y miembro consultor de la Inspección del trabajo, aconseja tam- 
bién el uso de la adrenalina para estimular el corazón, pero reconoce 
que los resultados sobre .perros han sido contradictorios. 

La ciencia se demuestra, pues, todavía muy impotente contra los 
últimos resultados de estos choques eléctricos. 



PELIGROS DE LAS CORRIENTES ALTERNAS INDUSTRIALES 83 

Debemos desde luego y ante todo evitar las causas de estos cho- 
ques, y por otra parte llamar la atención sobre estos peligros : En ca- 
so de suceder un contacto eléctrico, lomas indispensable es cortar 
en seguida la corriente, y si no se puede, apartar al desgraciado del 
contacto fatal. Para eso es preciso que el salvador se aisle cuidado- 
samente de la tierra, paralo cual basta una tabla de madera seca. Las 
contracciones nerviosas de las manos Lacen siempre difícil tal salva- 
mento, y si hay que cortar un cable debe hacerse con precaución. 

Los consejos que se encuentran para el salvamentos de los electro- 
cutados en todas las publicaciones extranjeras se refieren casi exclu- 
sivamente á los accidentes producidos por la alta tensión. Se dirigen 
desde luego á los agentes de las compañías de distribución eléctrica, 
cuyo personal obrero debe conocer los peligros y las maneras de sal- 
var á sus compañeros, problema mucho más arduo cuando se trata de 
altísimas tensiones. 



CONCLUSIONES 

Creemos haber demostrado la notable gravedad que reviste en este 
país y particularmente en la Capital federal la fulminación insidiosa 
por corrientes alternas industriales de 225 volt. 

% Cuántos son los casos que no han sido registrados por los diarios 
y los que nos escaparon ? T aquéllos son solamente los casos morta- 
les, sin tener en cuenta las muchas dolencias de mayor ó menor dura- 
ción producidas por las mismas corrientes. 

Queda también demostrado por los hechos que suelen tener lugar 
las descargas entre una fase y tierra. La preponderancia del factor 
tensión al originar lesiones mortíferas nos ha inducido á examinar 
más de cerca las sobretensiones transitorias en redes de corriente 
alterna y darnos cuenta de la influencia de las capacidades en la ob- 
tención de curvas de tensión eficaz y de frecuencia mayor que las 
normales. Desaparecido por la descarga el fenómeno de condensación 
las más de las veces, aun una investigación inmediata no daría resul- 
tado seguro. Por esta razón reviste especial interés el caso tan curio- 
so observado por ei profesor Drago en Catania. 

No basta sin embargo hacer ver las deficiencias, y es preciso a la 
vez estudiar todas las causas capaces de aminorar los peligros, una 
lucha muy severa y un control repetido contra las malas instalacio- 
nes á base de ordenanzas rigurosas vigiladas por un personal técnico 



!>6 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

competente, disminuirían sin duda la probabilidad de estos acciden- 
tes fatales ; pero son éstos solamente paliativos, porque no se evitarán 
nunca las instalaciones llamadas provisionales. El tínico sistema ver- 
daderamente seguro es pues el transformador reductor de tensión 
unido permanentemente á tierra. 

Hemos debido hacer resaltar los pobres resultados obtenidos hasta 
la fecha para tratar de salvar á los fulminados, y esto nos induce una 
vez más en insistir sobre los peligros tan insidiosos y pregonar para 
que se tome en fin en debida consideración un tema de tan alta reso- 
nancia. 

Hemos oído la siguiente reflexión sobre este pai'ticular : « Cada 
progreso industrial lleva consigo los correspondientes peligros ; no se 
prohibe el uso de automóviles en las ciudades porque algunos chauf- 
feurs ocasionan á veces la muerte de un pasajero ó de un transeúnte. 
Y los accidentes debidos á exceso de velocidad ó á maniobras inco- 
rrectas son mucho más numerosas que los originados por la corriente 
alterna. » 

No es este sitio de discutir los sistemas que podrían emplearse 
para reducir las desgracias automovilísticas; nos contentaremos con 
hacer observar lo siguiente : si bien es cierto que la distribución de la 
energía eléctrica por corrientes trifásicas ha sido un indiscutible ade- 
lanto en la técnica, no sucede lo mismo con la adopción de la tensión 
de 225 volt provechosa hasta la fecha única y exclusivamente para 
los intereses de las compañías distribuidoras. 

Ellas han tenido la ventaja pecuniaria; hoy día, y esto será nuestra 
última conclusión, cuando queda demostrado el error cometido de bue- 
na fe por parte de las empresas como de las municipalidades, hoy día 
deben empeñarse en aminorar los peligros creados por s\i defectuoso 
sistema de distribución. 

H. M. Levyliee. 



DATOS SOBRE LOS INDIOS TERENAS DE MIRANDA 

Por J. BACH (1) 



Miranda ha sido fundada en el año 1797 por Caetano Pinto de 
Miranda. La posición topográfica tornada por el Baráo de Melgaco, es 
como sigue : 20°14' latitud sud, 5S°21'16" longitud oeste de París. 

Elevaron á Miranda á villa el 30 de mayo de 1857. Completamente 
destruida en el año 1865 por los paraguayos, fueron incendiados los 
campos y las casas y los habitantes que no pudieron huir, fueron ase- 
sinados ; el ganado vacuno, la principal riqueza de este municipio, 
fué transportado, casi por completo, al Paraguay, en número superior 
á 300.000 cabezas. Así desvastado encontraron á Miranda, los que 
volvieron en el año 1871. 

Los campos son excelentes y están bien situados para la industria 
pastoril. El municipio tiene cerca de 15.000 habitantes ; la villa de 
Miranda tiene 78 casas con techo de tejas y un buen número de ran- 

(1) Los apuntes que hoy publicamos, rae fueron entregados por el comerciante 
señor J. Bach en el año 1898, antes de que emprendiera nuevo viaje al norte de 
Mattogrosso. Desde esa época no se tiene noticia de él, ni siquiera en el seno de 
su familia ; no cabe duda de que haya perecido en el curso de su exploración. 
Creemos cumplir con un deseo del desaparecido, entregando á la publicidad sus 
apuntes sobre indígenas tan poco conocidos del Brasil. lia sido menester corre- 
gir estos apuntes, que fueron escritos al correr do la pluma, pero no se ha efec- 
tuado cambio alguno, ni en el contenido ni en la disposición. Recordamos de pa- 
so, que los indios Terena pertenecen, desde el punto de vista lingüístico ¡i los 
indios Guana, y éstos ¡í su vez son del grupo lingüístico Moxo-Aruak. 

(Véase: Max Schmidt, Guana. Zeitsohñft für Ethnologie, tomo XXXV. pagina 
324-336, 560 604. 1903). (Bobert Lelimann-Mtsoho.) 



88 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

chos, además una iglesia, un cementerio, dos escuelas públicas para 
ambos sexos y un colegio particular, «Ohristováo Colombo», dividi- 
do en dos secciones, para ambos sexos, dirigido por el señor Francis- 
co Augusto Eibeiro, siendo premiado como segundo colegio del curso 
primario en la República Brazileira. 

J51 río Miranda es muy pequeño y desemboca en el río Paraguay : 
es navegable por embarcaciones de poco calado: desde su desembo- 
cadura basta la villa de Miranda hay 180 kilómetros, más ó menos. 
La única embarcación que navega este río basta Miranda, es un pe- 
queño vapor llamado TSrba, perteneciente al señor Giasone Eebna. 
quien es el único que sostiene el municipio de Miranda con su comer- 
cio. El clima es regular, la temperatura marca en los días de más ca- 
lor ;M°C. en la sombra, y baja hasta cinco grados; en el invierno 
marca de 22° á 28° C. Miranda tiene terrenos fértilísimos para la 
agricultura. 

Hay minerales en grandes cantidades, como ser oro, hierro, carbón 
de piedra, cristal de roca, mármol, malacacheta, que no se han explo- 
tado aún. 

En el munipio de Miranda, existen varias tribus de indios, siendo 
la más numerosa de ellas, la de los indios Terenas, quienes ocupan 
diversas aldeas, como ser : Agachy, Cachoeira, Cachoeirinha, Bocai- 
na, Ipeque, Morinha y Santa Ana. 

Los Terenas son agricultores, y se ocupan, sobre todo, de la fabri- 
cación de la harina de mandioca ; en general son muy laboriosos, te- 
jen el algodón haciendo redes y otras telas ; de la palmera trenzan 
sombreros, canastos, cernidores y esteras; de la pita y otras plantas 
fibrosas, el cordón para tejer bolsas, en las cuales tansportan sus pro- 
ductos al mercado ; de barro fabrican fuentes, platos, ollas y muchas 
otras vasijas para el uso doméstico. Canjean sus productos por bebi- 
das y artículos de fantasía. Para llevar sus productos al mercado van 
en grandes turmas, dirigidas por el cacique. 

En lo que á su talla se refiere, los hay de estatura alta, mediana y 
baja. Son muy pocos los altos, pero todos son fuertes y musculosos. 
Los hombres son muy feos en su mayor parte, las mujeres pasables y 
alcanzan una edad muy avanzada. La proporción de los dos sexos es 
una tercera parte para el masculino y dos terceras partes para el 
femenino. 

La mayor parte de ellos andan completamente desnudos y los más 
civilizados se cubren con ropa que les regalan los extranjeros. 

Nacimiento. — Acostumbran matar al primer hijo, si es varón, pa- 



LOS INDIOS TERENAS DE MIRANDA 89 

ra que los cristianos no puedan tomarlo como esclavo; las mujeres son 
muy apreciadas entre ellos. Acompañan al nacimiento de una criatu- 
ra con grandes fiestas, que terminan siempre con borracheras. 

Para dar á luz, la mujer va al monte, donde hace una excavación 
de unos 45 centímetros de largo por 35 centímetros de ancho aproxi- 
madamente, á la cual forran de hojas de palmera. En esta excavación 
dan á luz, y si la criatura es varón la matan en seguida, tomando á la 
misma excavación por enterratorio, después de lo cual van al río á ba- 
ñarse y se someten luego á una dieta rigurosa, comiendo únicamente 
el corazón de la palmera llamado palmita. 

Casamiento. — No se casan con parientes respetando la sangre. 
Acostumbran casarse muy jóvenes, á cualquier edad, no consideran- 
do el desarrollo físico. Á la aparición de la menstruación, hacen gran- 
des fiestas, acompañadas de borracheras. Sientan á la joven india en 
una hamaca muy adornada, casi completamente desnuda, cubren á la 
joven solamente con la tanga ó julata, pintando el cuerpo con diversos 
colores. Encima de la cabeza hacen pender una campana, que hace 
repicar de minuto en minuto, una pariente anciana ; á derecha é iz- 
quierda de la joven, se sientan los padres de ella, la demás parentela 
baila y canta alrededor de la joven, quien permanece en ayunas todo 
■el día. La poligamia es permitida entre estos indios, habiendo algu- 
nos que tienen cinco, ocho y aun más mujeres, y depende esto del nú- 
mero de hermanas que tiene la primera mujer. Bealizan el casamien- 
to con mucha facilidad, deshaciéndolo del mismo modo y volviendo á 
casarse otras. Sólo festejan el primer matrimonio ; para éste los no- 
vios reúnen la parentela de ambas partes contrayentes, convidando á 
todos con una comilona y bebidas, fiesta que termina con cantos y 
bailes, y dura dos ó tres días. 

Óbito. — Cuando muere un indio lloran todos, sin distinción de pa- 
rentela. Acostumbran enterrar al muerto con todo lo que poseía en 
vida, y lo que no pueden enterrar se lo reparten entre ellos ; los anima- 
les que poseyera el difunto, son canjeados por bebidas ; por fin pren- 
den fuego á la casa que habitó, y su llanto termina recién con la com- 
pleta desaparición de los bienes dejados por el difunto. 

Los parientes llevan el luto de la siguiente manera : se cortan el 
cabello, algunos se arrancan las pestañas y se rasguñan la cara, de 
suerte que se desfiguran por completo; este luto lo conservan duran- 
te cinco á siete lunas. Cuando muere un cacique también lo sotierran 
con todo lo que poseía, con excepción del vestuario, que es heredado 
por el hijo, quien continúa en el poder. 

AN. yOC. CIICNT. AK(i. — T. 1.XXX1I 



90 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Sobre el enterratorio del cacique, construyen un pequeño rancho 
de hojas de palmera, en seña de distinción. 

Góchómonety ó Cacique. — El poder de cacique se hereda de padres 
á hijos. Cuando nace el primer hijo ó hija del cacique, éste, pocos mo- 
mentos después, echa su aliento en la boca del recién nacido, lo cual 
significa que á la edad de 15 años, aproximadamente, recibirá el poder 
y será ordenado á cacique, siguiendo al padre en el poder apenas 
muera éste. Cuando los herederos llegan a la edad de 15 años, el ca- 
cique realiza una gran fiesta reuniendo, con este objeto, á todos los 
caciques de las demás aldeas. Vestido con una simple julata y pinta- 
do todo el cuerpo con diversos colores, el festejado es rodeado por 
todos los caciques invitados, quienes formando un círculo cerrado, dan 
vuelta alrededor del joven, cantando por espacio de dos á tres horas. 
Terminada esta ceremonia se pasa á comer y beber, y dura la fiesta 
de dos á cuatro días, es decir, hasta que se hayan terminado comes- 
tibles y bebidas. 

Astronomía. — Cada luna nueva es un mes y catorce lunas son un 
año. El sol se llama papháyty ; la luna : calipahúquethy ; el mes pa- 
phuyty ; las estrellas : perphaty ; el cielo : piphdyty ; la tierra : pi- 
phéytó. 

Aldeas. — En el municipio de Miranda existen aproximadamen- 
te de doce á catorce mil indios Terenas y un gran número de aldeas, 
entre las cuales solo cito las que visité, siendo las principales las que 
se llaman : Agachy, Boquehina, Marro, Marrinho, Ipeque, Santa Ana 
y Caytapé. Todas las aldeas presentan el mismo tipo de construc- 
ción, que es rústico, consistiendo las casas ó ranchos en tabiques de 
bambú con techo de paja ú hojas de palmera. Se diferencia una 
aldea de otra solamente, por el mayor ó menor número de ranchos. 

Aldea Agachy. — Tiene esta aldea 26 ranchos, siendo los más gran- 
des de 8 á 10 metros de largura, por 3 á 5 de anchura; es habitada 
por 367 indios. 

Aldea Boquehina. — Tiene 18 ranchos, unos de 6 á 8 metros de lar- 
gura por 3 ó 4 de anchura; es habitada por 298 indios. 

Aldea Marro. — Tiene 24 ranchos, unos de 9 á 10 metros de lar- 
gura, por 4 á 5 de anchura y otros más pequeños ; la habitan 3S6 
indios. 

Aldea Marrinho. — Tiene 15 ranchos, los más grandes de 8 á 10 
metros de largura, por 2 á 4 metros de anchura; demoran allí 257 
indios. 

Aldea lpéqué. — Tiene 11 ranchos, unos de 5 á 7 metros de largo,. 



LOS INDIOS TBRENAS DE MIRANDA 91 

por 2 á 4 metros de anchura, y otros más pequeños. Viven en ella 246 
indios. 

Aldea Santa-Ana. — Tiene 23 ranchos, unos de 6 á 10 metros de 
largura por 3 á 4 metros de anchura, con 379 indios. 

Aldea Gaytapé. — Tiene 19 ranchos unos de 8 á 10 metros de lar- 
gura por 3 á 5 metros de anchura, y 315 indios. 

Batos somáticos. — Los Terenas tienen el cutis color cobre obscu- 
ro, cara fea, chata, frente baja, cabello negro, lacio y grueso, poca 
barba, ojos negros, nariz pequeña, boca pequeña, dientes resistentes y 
muy blancos, orejas pequeñas, manos y pies pequeños. 

El rancho. — El interior del rancho de estos indios, presenta camas 
rústicas de bambú, cubiertas con un cuero de vaca ú otro animal sal- 
vaje. El cuero sirve de colchón, las almohadas son unas bolsitas chi- 
cas rellenadas con paja, hay además en la choza varias hamacas, di- 
versas vasijas de barro para agua y algunos bancos rústicos, mesa no 
tienen, su mesa es el suelo. 

La cocina. — Es un sencillísimo rancho, ó mejor dicho techo de 
paja, de unos dos metros cuadrados y un metro y medio de altura, 
debajo del cual guardan platos, vasijas y demás enseres que corres- 
ponden á la cocina. 

Culto. — Los Terenas creen que hay un Dios en el cielo y creen 
en las virtudes de la cola de la víbora cascabel, que tiene el don de 
comunicarse con las almas del otro mundo. La única fiesta religiosa 
que celebran, es la que concuerda con nuestra semana santa, es el 
pasaje de las siete estrellas ; esta fiesta dura siete días. En todas las 
aldeas, delante de cada rancho, construyen un techo de dos aguas, de 
paja y de dos metros cuadrados por un metro y ochenta centímetros 
de altura, apoyado sobre seis bambúes. Debajo de este techo fijan una 
horquilla de bambú, de la cual penden un penacho y una calabaza. 
Van en grandes turmas, de rancho á rancho, y de media hora en me- 
dia hora, cantando y haciendo ruido con la calabaza. Al cuarto día, 
en la madrugada, arman un grande barullo con bocinas, lanzan gri- 
tos y descargan con pólvora ; es un ruido imponente, tan imponente 
que hasta los animales se asustan, acompañando la música con sus 
gritos y quejidos. El quinto día se presenta un enmascarado, con una 
bolsita en la mano, haciendo payazadas y pidiendo contribución á to- 
dos para el gran banquete que celebrarán todos ellos. 

Acompañado de música y de tambores y flautas celebran el ban- 
quete y bailes, que terminan el séptimo día con grandes libaciones. 

Thadique. — Es un juego de mano muy grosero, que consiste en 



92 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

trompadas entre hombres y entre mujeres, formados en dos grandes 
turmas que disponen los caciques, quienes desbacen también á las mis- 
mas, pues después de un pequeño combate todos desfilan en buena 
armonía. 

Corrida de caballos. — De un pedazo de cuero bacen un caballo, al 
cual adornan con plumas y trapitos, montando luego sobre este caba- 
llito, como sobre caballito de palo. Á unos 35 metros del punto de 
partida colocan un aro y en el medio de éste cuelgan á un pajarito 
muerto, debiendo asir al pajarito con un palito duro y bien puntiagu- 
do. Salen al mismo tiempo, corriendo á todo escape, debiendo pagar 
una botella de caña, el que pierde, y recibiendo dos botellas de caña 
el ganador. Esta fiesta dura generalmente dos á tres días, y no tiene 
tiempo marcado, festejándose en cada aldea en diversa época. 

Bailes. — Presencié cuatro distintos bailes y todos ellos eran 
muy armoniosos ; todos ellos fueron acompañados por una orquesta 
de tambores y flautas. Frente á los danzantes se ubican dos parejas 
de caciques, quienes presencian el baile. Acostumbran tomar parte 
en la danza desde el más pequeño indio hasta el más anciano ; las pa- 
rejas se juntan hombre con hombre y mujer con mujer, los hombres á 
diestra y las mujeres á siniestra de la música ; llegando frente á los 
caciques, cada pareja está obligada á saludar ; dura el baile, en esta 
forma, tres cuartos de hora. Presencié este baile en Agachy, cuando 
tomaron parte 48 parejas, quienes bailaban marcando bien el compás 
de la música. 

En el segundo baile las parejas de hombres formaron un arco 
frente á la música, pero dándole la espalda. Las parejas de mujeres 
pasaban por el medio del arco, y al salir de éste se desprendían, una 
á diestra y otra á siniestra, volviendo á unirse frente á los caciques. 
En esta forma se continuaba el baile durante media hora, volviendo 
los hombres á pasar por delante de los caciques para el desfile. Tam- 
bién fué en Agachy que presencié esta danza. 

El tercer baile, que vi allí mismo, se asemejaba al primero, pero 
los danzantes llevaban en sus manos, ramos de flores y gajos de plan- 
tas silvestres, con los cuales saludaban al pasar por delante de los 
caciques ; 

Este cuarto baile, fué presenciado por mí en la aldea Santa Ana. 
Frente á las dos parejas de caciques y cuatro músicos con sus tam- 
bores y flautas, formáronse 22 parejas, hombres y mujeres á partes 
iguales. Llevaban, los danzantes, en las manos un pedazo de tacuara 
de más de un metro y medio de largo. En fila, los hombres á dies- 



LOS INDIOS TERENAS DE MIRANDA 



93 



tra y las mujeres á siniestra, y dando sus dobles pasos al compás de 
la música, batían alternativamente las tacuaras unos con otros. Ofre- 
cía esto un bonito aspecto ; lo hacían tan bien y con tanta presteza 
que parecían verdaderos artistas. Esta danza duraba hora y media, 
sin descanso, quedando, al finalizar, completamente rendidos los dan- 
zantes. 

Recorrí todas las aldeas mencionadas, emprendiendo mi gira el 2] 
de febrero y terminándola el 14 de abril del año presente (1896). 



VOCABULARIO TJSRENA 



Hombre, oyhénó. 

Mujer, sénó. 

Criatura, caühónó. 

Cabeza, tuty. 

Ojos, uqué. 

Nariz, guirij. 

Boca, pahó. 

Dientes, ohé. 

Lengua, nene. 

Orejas, quenó. 

Pescuezo, docó. 

Cabello, tutijé. 

Frente, uhónhó. 

Brazo, daquij. 

Mano, mohúm. 

Dedos, coava móhiím. 

Cuerpo, nninho. 

Pecho, chéné. 

Leche, atnchéné. 

Corazón, omisconé. 

Hígado, apacaná. 

Pulmones, japahytinán. 

Intestinos, ocóhó. 

Piernas, anunzéré. 

Pie, jévé. 

Miembro masculino, quaú. 

Miembro femenino, syuquaú. 



Escroto, ayháquiá. 

Ano, acicicó. 

Barba, aehenoyhó. 

Esqueleto, hopéthij. 

Trasero, curócnnan. 

Cementerio, petyayháquiá. 

Dios, tupa. 

Padre o sea cacique, cóchómonetij. 

Casa, petij. 

Paredes, yévépetij. 

Techo, tunueunanpetij. 

Puerta, pahápetij. 

Cama, ypé. 

Red, tuyty. 

Pelota, uthó. 

Ollas, chóróná. 

No, acó. 

Si, está bien, honaijtij. 

Pequeño, calij. 

Pote o tinaja de agua, camuehy. 

Cuchillo, peritau. 

Collar, chúrópé. 

Flechas, chumé. 

Arco, chequij. 

Cocina, oyécóüque. 

Fuego, jucú. 

Dinero, tiuqueüj. 



94 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Género, cotorohytij. 5, sjutohé. 

Alcohol, cuma. 6, petequé. 

Agua, uñé. 7, chipahé. 

1, aú. 8, chachóme. 

2, cahú. 9, charquihé. 

3, sjatúlé. 10, chatijhómé. 

4, pacahé. 



BIBLIOGRAFÍA 



PUBLICACIONES AEJENTINAS. 

Anales de psicología (1911, 1912 i 1913), órgano de la Sociedad de psicolojía 
de Buenos Aires, volumen III. 

La Sociedad de sicolojía bonaerense, cuyo número de socios, relativamente re- 
ducido por la naturaleza de sus funciones, constituye un grupo selecto de inte- 
lectuales, al que bien podríamos aplicar el antiguo aforismo pauca sed tona, nos 
ha remitido el tercer volumen de sus Anales, que consta de más de 600 pajinas, 
en 8 o mayor, do nutrido material, exornado con varias figuras esquemáticas i 
los retratos de sus dos insignes consocios fallecidos : los doctores Floreutino 
Ameghino i José María Ramos Mejía. 

La importancia de los temas desarrollados por los distinguidos observadores 
de las energías cerebrales del hombre vinculadas a sus funciones fisiológicas, se 
desprende fácilmente del siguiente índice : 

V. Mercante, La efectividad en la composición por edades i sexos. 

C. Rodríguez Etchart, El sentimiento estético. 

Chr. Jacob, La sicolojía orgánica i su relación con la biolojía cortical. 

H. P. Areco, Los temperamentos humanos. 

J. M. Ramos Mejía, Contribución al estudio de las obsesiones medicamentosas . La 
bromomanía de los epilépticos. 

J. Ingenieros, Sobre la clasificación sicolójica de los delincuentes. 

N. Roveda, Trastornos nerviosos por los traumatismos de la cabeza. 

R. Senet, Los sentimientos estéticos. 

L. Merzbacher, Sobre algunas leyes de la herencia en la patolojía humana. 

Chr. Jacob, La sicopatojenia de los niños retardados. Sicojénesis degenerativa i su 
tratamiento biolójico. 

H. P. Areco, El loco moral. 

C. Rodríguez Etchart, Vida efectiva. 

E. Gómez, Concepto del delito pasional. 

J. Chiabra, La función de la lójica contemporánea. 

J. G. Ángulo, Programa para un estudio del tatuaje en la Arjentina. 

A. Vidal. Los factores sicolójicos del movimiento educacional contemporáneo. (No- 
tas i esbozos). 



96 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Completa el volumen el siguiente Apéndice : 

F. Ameghino (retrato). 

Sesión especial en honor de F. Ameghino. 

Discursos del profesor Senet i del doctor Ingenieros. 

Sesión especial en honor de D. F. Sarmiento. 

Discurso del doctor Rodríguez Etchart. 

Discurso del profesor R. Rojas. 

Discurso del doctor Ingenieros. 

J. M. Ramos Mejía (retrato). 

Necrología del doctor Ramos Mejía. 

Discurso del doctor A. M. Centeuo. 

Esta publicación ha aparecido durante la presidencia del doctor Rodríguez 
Etchart, siendo director de publicaciones el doctor Areco. 

No corresponde a nosotros juzgar del mérito real, del acierto de las memorias 
publicadas en estos Anales de sicolojía; pero los nombres que las suscriben son 
suficiente garantía de la seriedad de tales trabajos. 

El estudio de la siquis humana es asaz complejo, como causa i como efecto, 
siendo tan difícil establecer la primera, como dilatado el campo de las manifesta- 
ciones que de ésta se derivan. 

I para nosotros, para quienes dicho campo está vedado, nos basta la satisfac- 
ción de ver tanto espíritu selecto empeñado en hallar las relaciones fisiosieo- 
lójicas en el hombre, en beneficio del mismo. 

S. E. Barablno. 

Relación entre la parte liviana i la pesada de la litoesfera i de sus res- 
pectivas elasticidad i densidad media, por Galdino Negri. Memoria 
publicada en la Revista del Centro estudiantes de injeniería, folleto de 16 pajinas 
con 3 figuras en el testo. Buenos Aires, 1916. 

Conocida es la actuación del doctor Galdino Negri como sismólogo, la que le 
ha dado fama bien merecida aquí i en Europa. Es, aparte de su competencia es- 
pecial en este jénero de fenómenos jeolójicos, un intelectual laborioso, como lo 
prueba la larga serie de trabajos que lleva publicados sobre las perturbaciones 
dinámicas de la corteza terrestre, de muchas de las cuales nos hemos ocupado 
oportunamente en esta misma sección de los Anales. 

El autor tratando de determinar el espesor de la corteza terrestre — que llama 
litoesfera — llega teóricamente a la conclusión de que ella es de unos 70 kiló- 
metros; dato que concuerda mui aproximadamente con el que el doctor Laukas- 
chewitz, del Instituto jeolójico de Petrogrado, determinó fundándose en el grado 
jeotérmico, en los esfuerzos orojénicos i en las variaciones de la gravedad. Los 
valores deducidos por el profesor ruso son 65, 70 i 68, o sea en media 68 kiló- 
metros. 

Ahora, es indiscutible que la corteza debe tener diferentes densidades, que au- 
mentan con la profundidad de los terrenos que la constituyen. El doctor Negri, 
«n este nuevo trabajo, estudia, en una forma jeométrica mui elegante, el modo 
<le determinar la relación existente entre la parte más densa i la más liviana, 
fundado en consideraciones sismolójicas. Adopta como distancia del hipocentro al 
•epicentro la por él determinada, 70 kilómetros; la lonjitud máxima del arco en 



BIBLIOGRAFÍA 97 

que supone sensiblemente constante la velocidad de la onda sísmica, la estima 
en mil kilómetros ; establece el peso medio de las rocas más livianas en 2,50 i en 
3,05 el de las más graves ; i llega a este resultado : que entre los espesores de 
la parte pesada i liviana de la corteza existe la relación 39 : 31, esto es, que la den- 
sidad de la pesada es sólo 0,25 veces mayor que la de la liviana. 

En cuanto a la elasticidad media de cada parte de la litoesfera deduce que la de 
la pesada es aproximadamente el doble de la liviana. 

Así, pues, la velocidad real de los primeros temblores a través de la corteza 
debe aumentar, aunque poco, al pasar de la parte liviana a la pesada, lo que 
revela bien la discusión de las fórmulas. 

Estudiando la densidad media de la tierra, i adoptando el valor 5,745 promedio 
de los valores dados por diversos autores, llega a la conclusión de que la elasti- 
cidad en el centro de la misma es 6,66 veces superior a la de la parte más elás- 
tica del material rocoso de la corteza; mientras que la densidad sólo es 2,64 ve- 
ces mayor que la de la parte más densa de dicha corteza. 

Trata en seguida de la eficacia que los aparatos sismográficos han probado te- 
ner en la revelación de la gran elasticidad terrestre, tanto que echaron por tierra 
la creencia de que las ondas sísmicas no se propagaban más allá de pocas cente- 
nas de kilómetros. El perfeccionamiento de estos aparatos rejistradores i su aplica- 
ción en mayor escala, han demostrado que la tierra es a la vez un cuerpo ríjido 
i elástico que da paso a una onda sísmica, la cual en 2] minutos llega al punto 
antípoda del epicentro. El terremoto de San Juan en 1894, lo rejistraron los 
sismógrafos de Roma 14 minutos después, a una distancia epicentral de 11.400 
kilómetros. 

Para nosotros que tenemos rej'iones sísmicas en la República (Mendoza, San 
Juan, etc.), los estudios del doctor Negri revisten una importancia digna de ser 
tomada en cuenta por los gobiernos, nacional i provinciales. Creemos que debe 
darse un conveniente desarrollo a los observatorios sismológicos, creándolos 
donde sea menester i dotándolos de todos los elementos necesarios de personal i 
útiles. 

S. E. Barabino. 

La obra de Florentino Ameghino. La importancia de los hallazgos paleolíticos 
de Chapalmalán (Miramar). El orijen del caballo en América, por el teniente co- 
ronel Antonio A. Romero. Un folleto de 95 pajinas, con una lámina agregada 
al testo. Buenos Aires, 1915. 

Este trabajo que el autor se ha servido dedicarnos con afectuosa frase, inme- 
recida, que le agradecemos como rasgo de su amable amistad por nosotros, trae 
un prólogo en el que con palabras algo severas protesta contra el aprovecha- 
miento de sus trabajos propios por elementos estráujeros que se los han apropia- 
do, sin indicar su verdadero autor. 

Todos sabemos que el coronel Romero es un grande, un sincero admirador del 
malogrado doctor Ameghino. Encuentra que la reacción trata do demoler la obra 
del eminente sabio i a fuer de militar naturalista, abre el fuego contra los demo- 
ledores. 

Después de hacer el elojio del malogrado sabio, como hombro do ciencia jo- 
nial, como trabajador infatigable, como filósofo independiente, sin doblez, como 

AN. SOC. OIKNT. ARO. — T. I.XX.X1I 7 



98 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

creador de nueva escuela e iniciador de nuevos rumbos en las ciencias que in- 
vestigan los complejos fenómenos telúricos i los biolójicos de los organismos que 
poblaron nuestro planeta en las pretéritas épocas, de su solidificación a partir 
del momento en que los fenómenos jeofísicoquimicos, con el condensarse de los 
vapores que ajitaban la primitiva atmósfera terrestre i el enfriamiento de la cos- 
tra, pudieron dar lugar a la primera célula vital; después de hacer justicia, de- 
cía, a las virtudes intelectuales i personales del sabio arjentino, entra el autor 
a estudiar la fauna del horizonte Chapalmalense, donde Ameghino halló numero- 
sos vestijios de la existencia del hombre, i a estudiar especial i detenidamente el 
famoso fémur de un toxodón con un flechazo, que a tanta controversia diera lugar. 
Pasa luego a tratar sobre el orijen del caballo actual en América. Como es sa- 
bido, el autor, de acuerdo con Florentino Ameghino, von Ihering, Troussart, etc., 
rechaza en absoluto la afirmación de algunos naturalistas que admiten el orijen 
americano de nuestros equinos, sin desconocer por lo demás, la influencia de los 
traídos de Europa por los españoles. Según aquéllos, el caballo prehistórico en 
América se estinguió durante el pleistoceno. El actual es el importado. 

No podemos en una simple bibliografía, seguir al coronel Romero en el des- 
arrollo de su tesis, pues no entendemos hacer crítica científica, sino simplemente 
esponer el plan del trabajo para que los interesados puedan consultarle. 
Con este objeto indicamos a continuación el Índice de los capítulos : 
Prólogo — Al César lo que es del César. I, Florentino Ameghino, su obra i su 
patriotismo. II, Los problemas planteados por Ameghino. III, La fauna del cha- 
palmalense. IV, Los descubrimientos sensacionales de Miramar. Cómo se honra 
al sabio Ameghino. V, Del Chapalmalense. El famoso fémur de toxodón con un 
flechazo. VI, Del Chapalmalense. Análisis del fémur de toxodón con un flechazo. 
VII, Orijen del caballo en América. Investigación paleontológica. VIII, Del ori- 
gen del caballo en el Plata. Consideraciones prehistóricas. IX, Análisis histórico. 
Sebastián Caboto. Alejo García. Lope de Souza. X, Esploración de la Patagonia 
en 1535. XI, Esploración de la rejión norte de la República i del Pacífico (Chile) 
por Diego de Almagro. XII, Los esploradores i colonos del norte. XIII, Carta del 
escribano de gobierno Martín de Orué, escrita en la Asunción del Paraguai el 14 
de abril de 1573. XIV, La fundación de Buenos Aires, por Pedro de Mendoza, 
fué malograda por la obra del tirano Irala i sus secuaces. XV, Interés demos- 
trado por los conquistadores en el estudio de la fauna i flora de las tierras que 
descubrían . 

Tal es el plan de la obra, escrita con la fe i el calor que pone en todos sus 
trabajos el coronel Romero. A los entendidos, pasando por alto la forma briosa, 
juzgar del fondo de las opiniones del autor. 

S. E. Barabino. 

Los grandes problemas nacionales. Marina mercante argentina, por Alberto 
I. Gaché. Un folleto de 70 pájiuas. Barcelona, 1916. 

El cónsul jeneral de la Arjentina en España, don Alberto 1. Gaché, es uno de 
nuestros representantes en el exterior — ya lo hemos dicho en otra ocasión — 
que no se concreta a cumplir, diremos automáticamente, con su deber en lo que 
atañe a nuestro comercio internacional, sino que, arjentino ante todo, vale de- 
cir, patriota de buena cepa, sé preocupa de estudiar los problemas que tienen o 



BIBLIOGRAFÍA 99 

pueden tener alguna influencia benéfica para su país. A él se debe en gran parte 

— como lo han reconocido los mismos economistas españoles en reciences publi- 
caciones — el asombroso crecimiento del comercio internacional hispanoarjen- 
tino. Su propaganda saua, sincera, circunspecta, constante, a la que prestan fe 
los políticos i el comercio españoles, precisamente por su veracidad i la buena 
intención que la anima, ha estendido i consolidado las relaciones entre los mer- 
cados de ambas naciones. 

I no es sólo en la propaganda pública que Gaché revela esta plausible idiosin- 
crasia, sino que también en la que podríamos llamar reservada, por lo oficial. 
I de tal jénero es lo que constituye esta publicación que glosamos con verdadero 
placer. 

En el « prólogo» hace notar el autor que la inmensa producción arjentina no 
tiene una marina mercante nacional que la alivie o independice de la onerosa 
servidumbre estranjera, no sólo por lo que económicamente representa de pér- 
dida para el país el renglón de los fletes — que se cuenta por millones que van 
a parar a las arcas de otras naciones — sino, i más aún, por el peligro que para 
el comercio nacional importa, como acaba de ocurrir, la carencia de medios ma- 
rinos de trasporte para nuestros artículos de esportación i aún de importación. 

« Percatado — dice el señor Gaché — desde hace muchos años de la trascen- 
dencia de este problema, me he permitido en diversas ocasiones dar el grito de 
alarma a mis compatriotas, hacer un llamado a la prensa arjentina, a las fuerzas 
vivas de mi país, acerca de la urjente necesidad de resolverlo mediante el con- 
curso de todos, según podrá informarse el lector pasando la vista por las pajinas 
de este folleto que contiene apreciaciones e indicaciones que son hoi de actuali- 
dad a pesar de haber sido escritas hace trece años. I en verdad que mucho la- 
mento que no hayan sido tomadas en cuenta oportunamente por mis compa- 
triotas. 

« Aun cuando en estos momentos se retraen los capitales a causa de la guerra, 
pienso que esto no es óbice para iniciar los primeros trabajos preparatorios ten- 
dientes a la creación de una poderosa flota arjentina, pues la grandeza de las na- 
ciones se mide hoi por el tonelaje de sus buques mercantes. » 

I tiene razón nuestro previsor cónsul jeneral. 

En 1903 proponía desde Barcelona al entonces ministro de Relaciones exterio- 
res entre nosotros — en vista de la necesidad de una marina mercante arjentina 

— la adquisición de trasportes i, en tanto, disponer de los de la escuadra para 
llenar ese objeto. Un año después insistía ante el mismo ministro en la necesidad 
de tener una flota comercial, que los capitalistas arjentiuos podrían fácilmente 
constituir, lo que tendría asegurado un pingüe resultado ; i para abundar en 
pruebas, echaba una ojeada retrospectiva a lo hecho en otros países. 

Al año siguiente (marzo 1905), daba cuenta al mismo superior del desarrollo 
de la marina mercante en otras naciones, e insistía en la necesidad de imitarlas 
por la trascendencia económica que una marina nacional tendría para nuestro 
país. I llamaba la atención de que durante el año 1904 en los puertos de la pe- 
nínsula hispana « no se ha visto ondular el pabellón arj entino en los mástiles 
de buque alguno mercante » ! 

Hoi, analizando las dificultades del presente, relacionadas con nuestra produc- 
ción i los fletes, contestando con fecha 3 do febrero próximo pasado, al misino 
ministerio, un cablegrama que éste le dirijiora cu ese sentido, hace notar, las di- 



100 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

floultades creadas por la actual conflagración europea, que ha anulado el comer- 
cio internacional de Alemania i Austria, bloqueadas; i restringido el de los demás 
beligerantes, por la requisa de buques para su empleo en las necesidades de la 
guerra ; i en una amplia i bien documentada esposición de hechos relativos a la 
marina mercante española, llega a los siguientes resultados : 

Que en lo tocante a España poco puede ésta contribuir a solucionar las difi- 
cultades de la esportación arjentina, estando ella en igual caso que nosotros. 

Que acelerando la construcción de barcos, dando primas i buenos salarios, se 
hará bajar los fletes. 

Que las restricciones adoptadas por la Gran Brotaña respecto del carbón son 
transitorias, pues a ella misma la perjudican. 

Que las construcciones navales por activar para la República Arjentina deben 
permitir el empleo del petróleo. 

Que debe, en suma, fomentarse por todos los medios el desarrollo de la marina 
mercante arjentina. 

No pudiendo dar mayor estensión a una bibliografía, terminaremos enviando 
nuestro más caluroso aplauso al señor cónsul jeneral arjentino en España, A. I. 
Gaché, i aconsejando a nuestros hombres de estado, por un lado, de la banca 
i el comercio, por el otro, el estudio i, sobre todo, la realización inmediata del 
problema naviero arjentino, vale decir, del porvenir comercial del país. 

Al nuevo gobierno que se halla tan plausiblemente animado de la reforma i 
del fomento económico de la Nación, se le presenta en estos momentos, este caso 
clásico, podríamos decir, para dar un impulso vigoroso a la economía nacional. 

S. E. Barabino. 

La gruta sepulcral del Cerrito de las Calaveras, por Félix F. Oütes, con 
un Examen anátomopatolójico, por Ángel H. Roffo. Un folleto de 35 pajinas, 
acompañado de 7 láminas fuera del testo i 4 figuras intercaladas en el mismo. 
Imprenta Coni hermanos. Buenos Aires. 

Se ocupa el autor en esta memoria, que ha sido publicada en los Anales del 
Museo nacional de historia natural de Buenos Aires (t. XXVII, páj. 365 a 400), de 
un hallazgo hecho por el profesor Doello Jurado en el litoral marítimo de puerto 
Madryn (Chubut). Se trata de una gruta sepulcral existente en el Cerrito de las 
Calaveras, donde se hallaban aglomerados cuatro cráneos i huesos diversos, de 
color blanco marfilino, pertenecientes a cinco individuos por lo menos. Uno de 
los cráneos presenta manchas pardoverdosas i pardoamarillentas; otros dos están 
esfoliados por la intemperie. Algunas piezas conservan rastros de pintura roja. 
En otras se notan lesiones superficiales, al parecer de arma cortante. En un fé- 
mur hai restos de adherencias tendinosas ; i una tibia presenta residuos del re- 
vestimiento cartilajinoso. El profesor Doello sólo halló dos puntas de flecha. 

En la otra parte de la gruta, de mínima altura i profundidad, encontró un 
sesto individuo, masculino, de 30 a 35 años de edad, en estremo interesante por 
su ajuar funerario i forma de sepultura. Cubrían los restos una capa delgada 
de tierra, superpuesta a otra de matas de gramíneas. Su posición era la de de- 
cúbito supina, con las bstremidades inferiores dirijidas hacia la menor altura i 
fondo. Faltaban elementos esqueléticos ; otros estaban quebrados i todos tan 



BIBLIOGRAFÍA 101 

friables que el profesor Doello Jurado sólo pudo recojer la mandíbula, la escá- 
pula izquierda, los húmeros, los cubitos, el radio derecho, la tibia izquierda i 
14 vértebras. Estas últimas, formaban tres grupos ensartados en tres ramas de 
Berberís sp. Este sesto individuo no presenta rastros de pintara roja como los 
primeros i su coloración es amarillo-ocrácea. Se observa en alguna de las piezas 
numerosas lesiones intencionales. 

En cuanto al ajuar funerario de este sesto individuo constaba de tres armas 
ofensivas arrojadizas, flechas o jabalinas, con sus astiles, bien conservadas, de 
tacuarilla de Chile (Chusquea eoleu Ds. v.). 

La sepultura de este sujeto estaba intacta; la de los otros cinco, no. El es- 
plorador Doello Jurado cree que su trasporte hasta la carretera se debe a desmo- 
ronamiento de los calcáreos i margas subyacentes, corroídos por las aguas. 

El doctor Outes sigue examinando detenidamente estos restos bajo otros aspec- 
tos ; pero en una somera bibliografía nos parece suficiente lo dicho para revelar 
la importancia arqueológica del hallazgo i llamar la atención de los lectores so- 
bre tan interesante trabajo del laborioso arqueólogo. 

S. E. Barabino. 

Las hachas insignias patagónicas. Examen crítico del material conocido i 
descrición de nuevos ejemplares, por Félix F. Outes. Un folleto de 46 pa- 
jinas, con 27 figuras i un mapa intercalados i una lámina doble fuera del testo. 
Coni hermanos, editores. Buenos Aires, 1916. 

Describe el autor cuatro ejemplares nuevos de las hachas insignias de piedra, 
pertenecientes al acervo arqueológico de nuestros territorios australes, hacien- 
do el análisis crítico de los mismos. Respecto de estas hachas, el doctor Outes 
no concuerda ni con el profesor Ambrosetti, ni con el doctor Lehmann-Nitsche, 
ni con el señor Lafone Quevedo. 

Para las personas a quienes pueda interesar el trabajo del doctor Outes, indi- 
camos que él no fué publicado en los Anales del museo, sino en una edición he- 
cha por el autor, debido a diverjencias de opiniones con la dirección del museo. 

Como todos los trabajos del señor Outes, está bien escrito, en un estilo atra- 
yente i acompañado de numerosas citas que denuncian la erudición del joven 
profesor. 

En cuanto a la controversia... agli archeologi V ardua sentenza! 

S. E. Barabino. 

Ensayo de hagiografía arjentina, por Clemente Onelli. Un folleto de 23 
pajinas i 10 láminas. Imprenta de Guillermo Kraft. Buenos Aires, 1916. 

El autor comienza su memoria manifestando que su hagiografía no puede alar- 
mar a los incrédulos, ni ofender a los creyentes. Su obra es respetuosa con todos. 
En cuanto a los supersticiosos les endilga unas frases latinas, sin duda para que 
no las entiendan... 

Luego, entrando en materia, aplaude sin reservas la reacción que se está pro- 
duciendo en el país en pro do la conservación, o más bien, de la propagación de 
las viejas industrias coloniales, como las randas de Tucuman, las alfombras de 



102 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Tuluraba, los ponchos de vicuña, etc., porque su rehabilitación ha de dar al país 
mucho provecho, como ocurre en Italia con los encajes de Venecia. 

Pero el señor Onelli no entiende ocuparse de « cimelios » (léase « objetos pre- 
ciosos »), sirio de hagiografía moderna, vale decir, no de la tratación de vidas 
de santos en su esencia ideolójica, relijiosa, sino de análisis de esos elementos 
de culto, su origen, naturaleza i atributos que se les reconocía i aún, en parte, 
se les reconoce. 

Pasa así en revista a Santa Lucía, curandera de la vista ; Ramón Nonato, be- 
névolo partero ; San Benito, protector de los negros ; Santa Rita, patrona de lo 
imposible, x>ues que salvó del infierno a su marido; una Santa Magdalena de 
madera, con cara, pies i manos de piedra, a quienes invocan las descarriadas, etc. 

El autor presenta en las diez láminas que exornan su monografía, los clisés 
de unos veinte santos que recojió en Córdoba i Tucumán : Nuestro Señor de la 
Salud, la Vírjen del Valle de Catamarca, Santa Lucía, San Benito de Palermo, 
San Miguel Arcanjel, el lanceador de Satanás, San Antonio i no pocos más, en- 
tre otros un curioso crucifijo de plomo sin cruz, exhumado en una chacra de la 
señora A. Isla de Anasagasti. 

Se comprende que el señor Onelli, con ese espíritu de fina observación e inten- 
cionada crítica que le distingue, hace el estudio arqueológico, folkloriano, de to- 
das estas piezas más o menos antiguas del culto católico en la Arj entina. Se tra- 
ta, pues, de un curioso trabajo de crítica histórico-descritiva, sin toque alguno de 
filosofía relijiosa ; por esto, más que « hagiografía » debió llamarlo «iconografía», 
puesto que no se trata de historiar la vida de los santos, sino los iconos que les 
representan. Sea como fuere, el autor no se demuestra iconoclasta, sino que, por 
el contrario, como buen arqueólogo, colecciona éstos i otros dijes, que si no al- 
canzan a ser obras de arte, son elementos etnográficos que traducen con su in- 
jenuo o malicioso simbolismo el estado ideosicolójico de los pueblos que los fabri- 
caron, a la vez que su capacidad artística. 

S. E. Bakabino. 



Alfombras, tapices i tejidos criollos, por Clemente Onelli. Un folleto de 
54 pajinas, con 10 láminas conteniendo 38 ilustraciones fototipiadas i otras 
ocho láminas con 28 tricornias. Imprenta de G. Kraft. Buenos Aires, 1916. 

La pasión arqueolójica en el señor Onelli parece ser injénita. Por lo menos es 
cultivada por él con fervor de anticuario; pero de anticuario entendido, que co- 
noce las piezas que caen bajo su vista investigadora, i que las conoce porque las 
estudia no sólo en su estructura, sino también en su simbolismo social. 

Hemos visto como tratara de los iconos arcaicos arjentinos en otro trabajo por 
él realizado sobre santos de la comunión católica. Ahora nos manifiesta tener una 
rica colección de más de doscientas piezas de industria suntuaria, vulgo, tapices, 
acumuladas en más de veinte años de vida arjentina, sin más limitación que la 
de sus personales finanzas. 

Cree el señor Onelli, en virtud de que tanto el ex gobernador de Córdoba, doc- 
tor Cárcano, cuando lo era, i el gobernador de lueumán doctor Padilla, han 
tentado rehabilitar la industria de los tejidos que cultivaban con tanta pacien- 
cia como constancia las mujeres de las coloniales poblaciones de aquellas provin- 
cias ; cree el señor Onelli, decíamos, que los tiempos son propicios para reanu- 



BIBLIOGRAFÍA 103 

dar la labor de aquellos primitivos telares, próximos a desaparecer por completo 
con la desaparición de aquellas criollas, indias o mestizas, que la civilización 
europea con sus hábiles manufacturas, va eliminando o trasformando. 

Opina el autor que deben conservarse los tapices criollos existentes i, conti- 
nuarse tejiendo nuevos para que sirvan de auxilio a los etnógrafos en sus estudios 
arqueolójicos americanos i den trabajo al pueblo. 

Posee el señor Onelli más de doscientas piezas de varios tejidos; pero sólo 
presenta al lector una parte mínima, como prototipos, esperando con ello infundir 
en el pueblo arjentino i en sus gobiernos un patriótico interés por la reanuda- 
ción de los trabajos de nuestra primitiva tapicería nacional, i la conservación de 
los aun existentes en el país. 

I no es sólo en Córdoba i Tucumán donde los tapices constituían el trabajo i, 
por ende, el pan de una gran parte de sus pobladores. En Jujui, por ejemplo, 
uua cuarta parte de la población vivía de los telares. Famosos son los pon- 
chos de vicuña de Catamarca, así como los tejidos de Salta, LaRioja, San- 
tiago, etc. 

El autor, como complemento de su trabajo, agrega la randa o filet de Tu- 
cumán. 

I, a propósito de las tintas que los indíjenas empleaban para sus tejidos, inserta 
un interesante capítulo sobre las sustancias tintóreas. Dice Onelli que tal vez 
sea algo « engorroso » el leerlo, pero asegura que más engorroso es « escribirlo ». 
La primera parte de esta proposición es falsa ; la segunda, cierta. Basta dar un 
vistazo por la larga i valiosa bibliografía que anexa el autor, para comprender 
la labor intelectual que se impuso para escribir conscientemente su trabajo. 

No podemos seguir al autor en la detallada descrición de las piezas que pre- 
senta; pero sí podemos aconsejar al lector que trate de conseguir un ejemplar 
de la monografía del erudito director de nuestro Jardín Zoolójico, que glosamos 
lijeramente, en la seguridad de que por su estilo — mui personal de Onelli — 
vivaz, atrayente, salpicado de oportunísimas e intencionadas observaciones, i 
por su fondo histórico, técnico i práctico, no ha de pesarle leerle i releerle con 
atención. 

S. E. Barabino. 

Breves noticias i tradiciones sobre el orijen de la boleadora i del caba- 
llo en la República Arjentina, por Aníbal Cardoso. Folleto de 28 pajinas. 
Imprenta de Coni hermanos. Buenos Aires, 1916. 

Artículo publicado por el señor Cardoso en los Anales del Museo de historia na- 
tural de Buenos Aires (t. XXVIII, páj. 153 a 181), en vista de un trabajo publi- 
cado en los mismos Anales por el profesor F. F. Outes, i para aclarar las con- 
clusiones a que este señor llega al tratar de la gruta sepulcral del Cerrito de las 
Calaveras. 

Para comprensión del lector trascribo las conclusiones del doctor Outes con la 
aclaración (en bastardilla) del señor Cardoso : 

I o Los patagones de. la costa montañosa del mar, durante los siglos xvi i xvn 
usaron únicamente el arco i la flecha como arma ofensiva arrojadiza; 

2 o En el primer tercio del siglo XVIII, se vio por primera re- a los patagones de 
la costa oceánica usar el caballo orijinarío de allí o importado tal ve; de las rejio- 



104 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nes setentrionales donde los puelches i araucanos ya lo usaban desde el siglo XVI, 
imitando a los conquistadores ; 

3 o Consecutivamente al uso del caballo, los patagones de la costa abandonaron 
el arco i la flecha i comenzaron a emplear los diversos tipos de boleadoras. 

En cuanto al uso de la bola i la boleadora por los patagones, el señor Cardoso 
opina que éstos no usaron la segunda, sino la bola perdida; que se han encon- 
trado piedras de bolas i boleadoras en todas las rejiones de la Patagonia; que los 
patagones de la costa no tenían caballos, que fueron llevados allí mucho después ; 
i, por último, que los datos referentes al interior de la Patagonia, en los siglos 
mencionados, inesplorada aún, son de carácter dudoso. 

El punto, que presenta un manifiesto interés arqueolójieo, merece ser dilucí- 
dado. Al profesor Outes, la palabra. 

S. E. Bakabino 



La enseñanza i la esperimentación agrioolas en la República Arjentina. 
por Tomás Amadeo, director jeneral de enseñanza e investigaciones agrícolas. 
Un volumen de 210 pajinas, con 70 fotograbados intercalados en el testo. 
Buenos Aires, 1916. 

Publicación hecha por la Dirección jeneral de enseñanza e investigaciones 
agrícolas, del ministerio de agricultura de la Nación. 

Vaya ante todo el índice que indica el plan del trabajo del injeniero Amadeo : 

I, Antecedentes de los institutos de enseñanza agrícola en la República Arjen- 
tina. Primer plan de enseñanza agrícola : sus resultados. El impulso de 1915- 
1916. II, 1. Organización actual de la enseñanza agrícola : a) Enseñanza superior ; 
b) Dependencia de la Dirección jeneral de enseñanza : escuelas especiales, ídem 
prácticas, estaciones agronómicas i esperimentales, enseñanza estensiva, escuela 
del hogar agrícola i enseñanza para las mujeres, secretaría i contaduría; c) Or- 
ganizaciones complementarias ; instituciones nacionales con secciones agrícolas ; 
enseñanza agrícola en las provincias ; instituciones particulares de enseñanza 
agrícola. 2. La organización burocrática i la enseñanza agrícola; la lei de con- 
tabilidad i la lei de los ministerios. 3. El personal de la enseñanza agrícola : 
dificultades para su selección i mayor estímulo. 4. Los terrenos para la escuela 
de agricultura. III, Los presupuestos de enseñanza agrícola ; los gastos en cons- 
trucciones ; adquisición de terrenos ; remuneración del personal ; gastos de ma- 
quinaria i planteles de producción i de renta, etc. ; el inventario de la enseñanza 
agrícola. IV, Instituto central de investigaciones agrícolas ; la lei de enseñanza 
agrícola ; el deber i la acción de los poderes públicos ; un dreadnought para la 
enseñanza agrícola. 

Anexo I, Avaluación de los establecimientos dependientes de la Dirección je- 
neral de enseñanza e investigaciones agrícolas (inventario jeneral). Anexo II, 
Eenuncia del director interino de enseñanza agrícola. Circular dirijida al perso- 
nal de la repartición. Anexo III, El costo de las instituciones de enseñanza agrí- 
cola. Anexo IV, El instituto central de investigaciones agrícolas. Anexo V, La 
enseñanza agrícola en las escuelas normales i primarias i en la enseñanza jeneral. 
Anexo VI, La enseñanza agrícola para mujeres en las universidades i en las es- 
cuelas especiales de varones. 



BIBLIOGRAFÍA 105 

Ante todo, el injeniero Amadeo tributa una frase de caluroso elojio al ex mi- 
nistro de Agricultura de la Nación, doctor Horacio Calderón, por su patriótica, 
entusiasta i decidida cooperación en pro de la enseñanza agrícola, a pesar de la 
estrechez económica en que tuvo que actuar. Luego agrega una palabra de en- 
comio a los agrónomos i empleados administrativos de la Dirección jeneral, mo- 
destos i esforzados obreros de labor fecunda, digna de estímulo i consideración 
de parte de los gobernantes. 

Luego entra a historiar la enseñanza agrícola en el país desde que Rívadavia 
— (como no había de aparecer el jenial don Bernardino !) — creó una en 1823, 
en lo que es hoi el cementerio del Norte, suprimido pocos años después por don 
Manuel Dorrego, hasta lo realizado por el doctor Calderón. Estudia los planes 
formulados, las escuelas creadas, los escasos medios de que siempre se ha dis- 
puesto, los resultados más o menos halagüeños obtenidos ; lo que es i lo que de- 
biera ser la enseñanza agrícola, la leyes que la han rejido hasta hoi, en una pa- 
labra, lo hecho i lo por hacer para que la enseñanza agrícola sea fecunda i con- 
tribuya debidamente al progreso del país. 

No es posible en una simple noticia bibliográfica entrar en el detalle, que 
abarca tantos puntos de capital interés ; por esto nos limitamos agregar que el 
programa desarrollado por el injeniero Tomás Amadeo, responde a su culta per- 
sonalidad técnica, que ha podido aquilatar los beneficios i las deficiencias de las 
escuelas agrícolas, por sus ya largos años de enseñanza técnica i por su práctica 
administrativa en el ministerio de Agricultura. 

La obra del señor Amadeo merece que los gobernantes nacionales i provincia- 
les i especialmente el actual ministro de Agricultura, doctor Pueyrredón, la to- 
men debidamente en consideración, pues hallarán en ella ideas sanas i patrióti- 
cas, como programa agrícola, i un fondo científico en correspondencia con el al- 
cance del mismo. 

S. E. Barabino. 



PUBLICACIONES AMERICANAS : 



Anales de zoolojía aplicada (agrícola, médica i veterinaria) dirijida por su 
fundador i redactor el doctor Carlos E. Porter, profesor de la materia en 
Santiago de Chile. 

Hemos recibido varios números de estos Anales, verdadera « publicación inter- 
nacional americana », como la titula su director, pues en ella colaboran muchgs 
i mui distinguidos naturalistas de las repúblicas americanas. En ellos, como en 
su Revista chilena de historia natural, el profesor Porter, demuestra de una ma- 
nera continua, sin solución de continuidad, no sólo sus altas dotes intelectuales, 
no sólo su pericia en las ciencias naturales, sino que también su incansable labo- 
riosidad profesional. 

En efecto, para corroborar lo que es una verdad comprobada por todos los na- 
turalistas americanos i europeos, bastaría pasar una rápida revista a los trabajos 
realizados por el ilustrado profesor chileno ; muchos de los ouales no han sido 
aun dados a la publicidad. Concretándonos a los que ya lo fueron, nos bastará 



106 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

decir que hasta abril de 1914 — i ya van dos años largos — el profesor Porter 
llevaba publicados unos 160 trabajos sobre investigaciones histolójicas i biolóji- 
cas, jeografía zoolójica i fitojeografía, bibliografía de ciencias naturales, historia 
de las ciencias naturales en América, biobibliografías de naturalistas, trabajos 
didácticos, zoolojía sistemática americana, zoolojía económica, botánica, terato- 
lojía vejetal i animal, administración, coleccionarnientos, estadística, catálogos, 
vulgarizaciones, glosas de las revistas estranjeras, etc., etc. En cnanto a obras 
en publicación mencionaremos la Revista chilena de historia natural, la Fauna de 
Chile, el Memorándum de zoolojía, el Diccionario ornitolójico de Chile, el Curso de 
zoolojía jeneral, agrícola e industrial, las Lecciones de morfolojía i fisiolojía del hom- 
bre, las Lecciones de zoolojía, los Anales de zoolojía aplicada, etc., etc. 

Agregando las publicadas en los últimos dos años podemos decir, que el pro- 
fesor Porter es uno de los hombres de ciencia americanos más digno de aplauso. 

Conviene señalar que en las revistas dirijidas por el docto naturalista chileno 
figura una colaboración asidua e importante de los científicos de las demás repú- 
blicas hermanas, especialmente de distinguidos miembros del importante cuerpo 
de naturalistas arjentinos, estableciendo así una mancomunidad de propósitos 
sumamente conveniente para las ciencias naturales en las repúblicas hispano- 
americanas. 

I como no queremos seguir hiriendo la modestia de nuestro estimado amigo, 
el profesor Porter, dejo de tomar en cuenta muchas otras útiles actividades del 
infatigable trabajador. 

S. E. Barabino. 

Conferencias sobre antropolojía, etnolojía i arqueología, por Ricardo 
Latcham, correspondiente del real Instituto de antropolojía de la Gran Bre- 
taña e Irlanda. Primera parte : Lo que son estas ciencias, 1 volumen de 206 
pajinas, in-8° grande, exornado con XX láminas fotográficas. Editado en San- 
tiago de Chile. 

El autor ha formado este su libro con las conferencias dadas por él en la So- 
ciedad chilena de historia i jeografía, la cual resolvió su publicación. 

Se trata de un trabajo de síntesis, descriptivo, de lo que al hombre atañe, his- 
tórica, fisiológica i socialmente considerado. 

Ninguna ciencia puede ser más atrayente para el hombre que la que nos ocu- 
pa del conocimiento racional de su orijen, de su evolución, de su transforma- 
ción, de su actuación en el mundo, desde su existencia troglodita hasta su vida 
actual en los grandes centros urbanos, en los elevados arañacielos de la vivienda 
moderna; de sus triunfos artísticos desde los prehistóricos utensilios pétreos 
hasta la artística producción industrial moderna; desde la basta piragua troncal 
arbórea que merodeaba por las orillas de las aguas hasta los grandes piróscafos 
que surcan los océanos ; desde sus toscos petroglifos hasta el grabado moderno ; 
desde sus monolíticos menhires hasta la torre de Eifiel ; desde el alarido del sal- 
vaje hasta el habla i el bel canto moderno; desde el simple taparrabos hasta el 
traje moderno de corte elegante; en fin, desde el hombre bestia hasta el ser 
pensante que ha trasformado paulatinamente, merced a su lento perfeccionamien- 
to, la vida humana en toda la tierra. 

¿Quién no ha leído con fruición L'homme selon la science, de Büchner; el Orijen 



BIBLIOGRAFÍA 107 

de la civilización, de sir Lubbock ; la Historia de la civilización, de Seignobos? I 
nombro éstas, porque no todos somos naturalistas para aprovechar los trabajos 
de Lyell, Darwin, Ameghino, Haeckel, etc. 

El tema, pues, de las conferencias del señor Latcham, no puede ser ni más 
atrayento ni más interesante. Se comprende, pues, por qué la Sociedad chilena 
de historia resolvió publicarlos. 

El autor ha dividido su trabajo en tres grandes secciones : la antropología, la 
etnografía i la arqueolojía, como quien dice su orijen i sus condiciones físicas, 
vale decir, su aparición en la tierra, su constitución orgánica, su funcionamiento 
fisiolójico ; luego su desarrollo mental, social i moral; i por último, su actuación 
artística industrial, desde la edad de la piedra hasta la actual del acero, reve- 
lada por los restos prehistóricos de sus obras, las ruinas protohistóricas de sus 
obras, hasta alcanzar la civilización contemporánea. 

Analiza el señor Latcham, en la primera parte, el lugar del hombre en la na- 
turaleza, su antigüedad, su cuna, su evolución, migración, herencia morfológica; 
su estatura, piel, pigmentación, craneolojía i craneometría ; su fisiolojía, su pa- 
tolojía, etc. Luego le describe etnolójicamente siguiendo su evolución mental 
desde las épocas paleo i neolítica, siguiéndole en sus monumentos mono-megalí- 
ticos; en su iniciación en la vida agrícola, en sus progresos por el conocimiento 
de los metales (edades de cobre, de bronce, de hierro) ; le estudia en su sociabi- 
lidad, en sus relaciones sexuales (poliandria, polijinia, poligamia, monogamia); 
en sus agrupaciones (fratrías, matriarcado, patriarcado, tribus) ; en su exogamia 
i endogamia; por fin, en su constitución, desde las pequeñas aldeas hasta su con- 
federación, hasta el nacimiento del Estado. 

Continua a analizarle en su moralidad i relijiosidad (animismo, fetichismo, 
magia, demonismo, teísmo, poli i monoteísmo, etc.); en sus usos, costumbres, le- 
gislación, etc. 

Le sigue después en sus manifestaciones arqueolójicas, restos de sus artes e 
industrias, revelados por los descubrimientos de los residuos hallados en los 
terrenos de la época terciaria i cuaternaria, en las cavernas, en las sepulturas, 
en las construcciones lacustres, en sus monumentos de tierra o piedra, etc., para 
llegar a la edad de los metales, que dan un gran impulso a su civilización i le 
conducen paulatinamente a crear el comercio i la navegación, fundamento del 
más rápido progreso de las incipientes naciones. 

Pero j,ha sido feliz el señor Latcham en el desarrollo de tan simpáticos temas I 

En jeneral, sí; aunque como ellos abarcan una vasta serie de conocimientos, 
ha tenido que sintetizar mucho i más aun, pasar por alto no pocos problemas 
relacionados con la jeografía, la paleontolojía, la historia, etc., materias que ne- 
cesariamente se correlacionan con las vicisitudes del hombre desde sus remotí- 
simos oríjenes, sin constancias completas, hasta las épocas más recientes cu los 
que la escritura i la imprenta, han dado carácter realmente histórico a sus ma- 
nifestaciones mentales, artísticas, industriales. 

Por lo demás, el autor sólo ha entendido hacer obra do vulgarización ; aunque 
en muchos puntos entra en la discusión do los hechos i espone sus opiniones per- 
sonales, antagónicas con los naturalistas que, como el doctor Florentina Ame- 
ghino, han conquistado por su propia labor faina i honra mundial. 

No entraremos a discutir aquí si el doctor AmegUiuo erró o no en sus afirma- 
ciones sobre la antigüedad del hombre en América; sólo vamos a hacer notar que 



108 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la forma en que se espresa el señor Latoham, es simplemente despectiva. Xo son 
el señor doctor Hardlicka, ni el señor Baley Willis, que en un pateo por nuestras 
rej iones pampeanas pueden acumular pruebas científicas para destruir la labor 
de 40 años del doctor Ameghino, cuya competencia, cuya honestidad científica, 
cuyo potencial talentoso, sin mengua para nadie, está por lo menos al mismo 
nivel de los indicados señores. El doctor Ameghino puede haber errado; pero no 
porque se haya basado en datos imperfectos i mal interpretados, i en muchos casos en 
premisas falsas. Según dichos críticos demoledores las pruebas del doctor Ame- 
ghino se basaban en determinaciones jeolójicas imperfectas ; en consideración imper- 
fecta de las condiciones en que se hallaron los restos; en atribuir un valor indebido a 
las altei-aciones orgánicas e inorgánicas que presentaban los diferentes huesos; i el 
examen i juicio de los restos por personas que no eran antropólogos espertas, quienes 
aceptaron variaciones individuales, o causadas por deformación artificial, como norma- 
les i distintivas. 

En suma : una ignorancia supina, una falta de criterio absoluta, una lijereza 
vituperable. 

No es así como se juzga la obra ajena: i mucho menos cuando se trata de un 
naturalista jenial que durante casi medio siglo ha estudiado i ha escrito sendas 
e importantísimas obras científicas que le han valido el calificativo de sabio en 
todos los países civilizados. Precisamente, por esto, lamentamos que él señor 
Latcham sn haya hecho eco de aquellos señores aceptando la forma ofensiva por 
ellos adoptada para decir que Ameghino erró. Lo que ellos dicen no es que erró, 
sino que falseó los hechos. I esto, tratándose de Ameghino, es escupir al cielo... 

Tengo entendido que personas competentes en estas materias i que conocen la 
mentalidad i los procedimientos del doctor Ameghino, van a refutar esas pre- 
tendidas rectificaciones de los indicados críticos. 

Yo por mí, me concreto a decir que el bello trabajo del señor Latcham queda 
mili afeado por ese desliz de crítica irrespetuosa. 

S. E. Barablno. 



Bibliografía chilena de las ciencias antropológicas, por Ricardo E. Lat- 
cham. Dos folletos de 41 i 35 pajinas respectivamente. Imprenta Universita- 
ria. Santiago de Chile, 1915. 

El señor Latcham ha publicado en los números 6 i 7 del año III, de la Set-ista 
chilena de bibliografía, dos series de nomenclatura de obras relativas a la antro- 
polojía, obsequiándonos con un ejemplar, que mucho agradecemos i que hemos 
presentado al Congreso de bibliografía e historia realizado en julio próximo pa- 
sado. 

La catalogación de libros de antropolojía fueron iniciados en Chile por el pro- 
fesor Porter, i continuados por el señor Latcham en 1914 ; pero lo incompleto 
del trabajo, ante las numerosas obras diseminadas en revistas, diarios i bibliote- 
cas, que no figuraban en esas colecciones, le indujeron a publicar este nuevo 
índice de libros, folletos i artículos relacionados con la antropolojía, la arqueo- 
logía, la lingüística, la sicolojía, el folklore i la historia etnográfica. 

La primera serie consta de 625 títulos ; la segunda de 547, o sea un total de 
1172 trabajos que demuestran, como dice el señor Latcham, la riqueza de la lite- 
ratura autropolójica chilena. 



BIBLIOGRAFÍA 109 

Es indudablemente un trabajo mui útil para los cultores de la ciencia del hom- 
bre, no sólo chilenos, sino también de las demás nacionalidades. 

S. E. Barabino. 



Bibliografía de bibliografías chilenas, por Ramón A. Laval. Un folleto de 
70 pajinas. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1915. 

El autor nos ha remitido un ejemplar de su trabajo, que agradecemos debida- 
mente. También presentamos este catálogo al reciente Congreso de historia i bi- 
bliografía, realizado en esta capital. 

El índice de los trabajos comporta 360 títulos bibliográficos sobre bibliografías 
chilenas, en los que se da cuenta sucinta de las mismas. 

Ante el mímero de bibliografías presentadas, el señor Laval, hace notar que 
pocos países podrán exhibir tan gran copia de ellas como Chile: ni presentar bi- 
bliógrafos de la talla de don José Toribio Medina, de fama mundial, consultado 
por todos los que desean escribir sobre cualquier materia relacionada con el Nue- 
vo Mundo, de su prehistoria, colonización postcolombiana, emancipación, etc. 

Opinamos como el señor Laval. Las numerosas obras catalogadas representan 
una producción bibliográfica mui importante, que honra a la cultura chilena. 
Es un aporte mui útil para la bibliografía mundial. 

S. E. Barabino. 



El molle o pimiento de Bolivia (Schinus molle L.). Apuntes sobre la repobla- 
ción forestal del norte de Chile, por Rodrigo Díkz K. Un folleto de 46 paji- 
nas, exornado con un fotograbado de un Schinus molle existente en el Parqne 
de las delicias, de Santiago, i una ramita del mismo. Imprenta América. San- 
tiago de Chile, 1915. 

Ante todo, nuestro agradecimiento- al señor Diez K., por el ejemplar de su 
trabajo con que nos ha obsequiado. 

Ahora, para presentar al Molle, nada nos parece más apropiado que trascribir 
lo que a su respecto manifiesta el autor : « El pimiento de Bolivia, dice, no tie- 
ne la exuberancia de follaje, símbolo de fortaleza, ni la elegancia de la palme- 
ra ; uo evoca el recuerdo de una tumba como el ciprés i el sauce, i sin embargo, 
es un árbol estraordinario. 

Soporta el ardiente sol de los trópicos i las heladas inclemencias del sur de 
Chile; se le ve en las altiplanicies bolivianas i en las bajas playas del Pacífico, 
en el desierto de Ata-cama, i a orillas de los ríos. Se le halla en la caleta de Gua- 
yacán, entre áridas piedras i escorias, sin una gota de agua, lo mismo que en el 
desamparado puerto de Huasco, en igual estado de aridez, sequía i abandono. 

¿De donde es originario este árbol? El autor se decide por Bolivia. Traspor- 
tado a Europa se estendió pronto en todo el mediodía de la misma (España. Ita- 
lia, Francia, Grecia). Hoi se halla el molle en todas las rejiones del mundo. En 
América abunda en Bolivia, Perú, Arj entina i Méjico. 

El autor hace el estudio botánico de esta anaoardiácea, mencionando las opi- 
niones de diversos botánicos americanos i europeos. 

He aquí algunos datos sobro este pimiento : 



110 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Altura, variable de 15 a 20 i más metros. 

Diámetro, correspondiente de m 8 a 1,20. 

Tronco, recto en jeneral. Los hai torcidos i deformes. 

Ramas madres, gruesas, vigorosas. 

Ramas menores, delgadas, mui flexibles i elásticas. 

Raíz, poderosa i profunda. 

Hojas, persistentes, verdes, con 20 ó 30 foliólos lanceolados, ligeramente ase- 
rrados, con olor a pimienta si frotadas. 

Flor, pequeña, blanca o verdosa, en racimo. 

Fruto, una drupa. Mesocarpo resinoso, sabor azucarado con olor a pimienta; 
persistente, de coloración rosada. 

El autor aboga por la plantación de este sufrido árbol en las rej iones desier- 
tas, secas, como medio de trasformarlas para su población, tratando de captar 
mediante perforaciones el agua de los estratos inferiores de la tierra. El arbolado 
es fácil porque el molle se presta a ser reproducido por retoños. Su madera es 
buena para leña i para postes de gran duración ; se la emplea con ventaja en 
construcciones rurales, en traviesas para ferrocarriles, por su resistencia a la 
putrefacción ; en la construcción de arados. El carbón de molle es de primer 
orden. 

Los naturales del Perú i Bolivia hacen bebidas refrescantes con el fruto. Pro- 
vee una chicha mui buena e inofensiva, que podría reemplazar a los venenosos 
alcoholes. Las hojas dan productos medicinales mui interesantes. Las flores son 
melíferas, mui buscadas por laa abejas. 

Suministra, además, el molle una gomorresina aromática, medicamentosa, pur- 
gante, diurética, etc. Su corteza también es medicinal como cocimiento ; i da una 
materia colorante, de color café, empleada para teñir redes de pescadores. La ajea 
de los tintoreros mejicanos, es dada por una cochinilla que se cría en el molle. 

Sirve como árbol de adorno i sombra para paseos, como ocurre en Estados 
Unidos, Perú, Chile, etc. 

Establecidos así los grandes servicios que puede prestar el molle, el autor pasa 
a la técnica de su cultivo, que no seguiremos. Bástanos haber señalado las ven- 
tajas de su propagación, especialmente en las rejiones secas, despobladas i des- 
arboladas, como se desprende del interesante trabajo del señor Rodrigo Diez K. 

A las reparticiones del ministerio de Agricultura corresponde estudiar debida- 
mente el punto, si es que ya no lo han hecho, cosa que no nos consta. 

S. E. Barabino. 
EUROPEAS (1). 

CASA EDITORIAL GAUTHIEH-VILLARS ET COMPAGNIE. 

Théorie genérale des nombres, Définitions fondamentales, par E. Ddmont, 
capitaine du Génie Belge. Un volumen in-8° (20 X 13) de 191 pages, avec 10 
figures, cartonné. Gauthier-Villars etcompagnie, éditeurs. Paris. Prix, 3 francs. 



(1) Debido a un cúmulo de atenciones no liemos podido hacer conocer antes de los lectores de 
los Anales una serie de libros, que hemos examinado i que creemos de real utilidad para nues- 
tros consocios el dar de ellos una somera idea, como lo hacemos hoi. 



BIBLIOGRAFÍA 111 

El autor entiende demostrar cómo puede jeneralizarse la teoría do los núme- 
ros absolutos i relativos fundado en la definición del número, lei de formación de 
las magnitudes jeométricas, sintetizando fundamentalmente todas las definicio- 
nes, unificándolas, apoyándose sólo en la jeotnetría euclideana, sin necesidad de 
nuevos postulados como requiere la aritmética lójica. 

También es su propósito demostrar que el cálculo de los cuaterniones es 
exacto. A este respecto insiste en la diferencia que debe establecerse entre « vec- 
tores jeomé trieos » i « cuaterniones », siendo éstos sólo una nomografía de los 
primeros, pero más fácil i sin restricciones jeométricas. 

En la primera parte de su trabajo trata el autor de los números absolutos (seg- 
mentos de recta, jeneralidades, números enteros, complemento a la teoría de los 
segmentos de recta, números comensurables e incomensurables); en la segunda, 
se ocupa de los números relativos (vectores jeométricos, jeneralidades, números 
calificados, ángulos dirijidos, números imajinarios, cuaterniones, vectores, bicua- 
terniones). Conclusión jeneral. 

El libro es pequeño, pero el tema mui interesante, por lo que puede importar 
para el progreso de la aritmética jeneral. 

S. E. Barabino. 



Le principe de rélativité, par E. M. Lémeray. Cours libre professé a la Fa- 
culté de sciences de Marseille. Un volurae in-16° (19 X *2), de iv-156 pages, 
avec 13 figures, 1916. Gauthier-Villars et compagnie, éditeurs. Paris, 1916. 
Prix, 3,75 franes.. 

Es un hecho que casi todas las ciencias se hallan actualmente, debido a los 
progresos i descubrimientos realizados por los sabios de todo el mundo, en un 
período de franca evolución ; i aunque la labor científica es por su naturaleza 
lenta, prudente, no puede negarse que sus triunfos son notorios i muchos de 
gran peso. 

El principio de independencia de lo absoluto o sea el principio de relatividad, 
aunque sólo se está estudiando desde hace unas dos décadas, lleva ya mucho 
terreno ganado, gracias a los profesores Lorentz, Eenstein i pocos más, entre 
ellos el autor de este trabajo, quien espone el principio de la nueva teoría en 
esta forma, : 

« La velocidad de la luz en el vacío es constante e independiente de la velo- 
cidad del foco, por lo menos cuando éste se mueve uniformemente. Las leyes de 
los fenómenos naturales son independientes del estado ds movimiento del siste- 
ma de coordenadas al que se refieren los fenómenos observados, siempre que este 
sistema no esté animado de un movimiento acelerado (principio de relatividad)... » 

Limita su estudio a los campos de fuerza ; establece la dinámica de la relati- 
vidad en los casos de los estados casi estacionarios, en completa independencia 
de la electrodinámica i apoyándonos en tres principios : el primero, poco dife- 
rente del principio de la constancia de la velocidad de la luz ; el segundo, el de 
los trabajos virtuales ; i el tercero, el de la inercia, modificado. 

He aquí su índice sumario : Introducción. I, Trasformación de lorewte. II. Ci- 
nemática del panto. III, Estática. IV, Dinámica. V, Trasformación de las fuemas- 
Fuerzas que se ejercen entre cuerpos en movimiento. VI, Fuerzas centrales. Vil. Fuer- 



112 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

zas repulsivas. VIII, Elementos de la dinámica del electrón. IX, Fuerzas atractivas. 
Gravitación, inercia de la enerjía. 

Agrega una bibliografía pertinente i termina con una nota sobre lo ecuación 

D = o. 

S. E. Barabino. 

CEuvres de G. H. Halptien, publiées par les soins de C. Jordán, H. Poin- 
caré, E. Picard, avec la collabbration de E. Yessiot. Tomo I, voluine de xliv- 
570 pages. Gauthier-Villars et compagnie, éditeurs. Paris, 1916. Prix, broché, 
20 franes. 

Nos concretaremos a trascribir sintéticamente lo que respecto del autor dice 
uno de sus compiladores, el reputado matemático E. Picard. 

« Parece que hoi se puede distinguir entre los matemáticos dos tendencias de 
espíritu diverso. Unos se preocupan de ampliar el campo de las nociones cono- 
cidas ; otros prefieren permanecer — para profundizarlo mayormente — en el 
dominio de las nociones mejor elaboradas. Estas dos direcciones del pensamien- 
to sistemático se observan en las diferentes ramas de la ciencia. Se puede 
decir, sin embargo, de una manera jeneral, que la primera tendencia se halla 
con más frecuencia en los trabajos que se refieren al cálculo integral i a la teo- 
ría de las funciones; mientras los de áljebra moderna i jeometría analítica co- 
rresponden a la segunda. A ésta se vincula especialmente la obra de Halphen. 
Este profundo matemático fué sobre todo un aljebrista. Los difíciles problemas 
de áljebra i jeometría numerativa, con los que se inició en la ciencia, en los que 
una solución no tiene mérito alguno si no es completa i definitiva, habituáronle 
a profundizar las cuestiones que estudiaba. Se encuentra en todos sus escritos el 
cuidado constante de no dejar nada sin acabar. Aprovechando, con habilidad con- 
sumada, el apoyo que pueden prestarse las diversas partes de las matemáticas, 
ha sabido llevar hasta su líltimo término, las soluciones de los problemas que se 
planteaba. Su obra — tan perfecta — dejará en la ciencia una traza durable. » 

El índice del tomo I que sería largo transcribir contiene numerosas memorias 
de Halphen sobre temas los más variados que revelan, en verdad, una mentali- 
dad jeuial, un insigne cultor de las disciplinas matemáticas. 

El tomo II se halla ya en prensa. La obra completa constará de cuatro tomos. 

S. E. Barabino. 



BIBLIOTECA DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



PUBLICACIONES RECIBIDAS M CANGE 



EXTRANJERAS f conclusión ) 



Italia 

Allí della I. R. Accad. di Scienze Lettere 
ed Ai'ii degli Agiati, Rovereto — Atli della 
R. Accail dei Fisiocritici, Siena. — Riv. Li- 
gure, Genova. — Riv d¡ Artiglieria e Genio, 
liorna. — Boíl, della Soc. Geográfica Italiana, 
Roma. — Ann. della Soc. degli Ing. e degli 
Architetli. Roma. — Hoil della Soc Zooló- 
gica Italiana. Roma — Gazz. C.himica Italia- 
na, Ruma. — Atti della Soc. dei Naturalisti, 
Modena. — Boíl, della Soc. Médico Chirnr- 
gica, Pavía. — Atti della Soc. Ligustica, 
Genova. — Boíl, del R. Comíalo Geológico d 
l'talia. Huma — Bol!, della R. Scuola Snper. 
¿'Agricultura, Portici. — Atti della Assoc. 
Eletti otecnica Italiana, Roma — II monitore 
Técnico. Milano. — Boíl, del R. Orlo Botá- 
nico, Palermo. — Boíl. Mensuale dell'Osser- 
vatorio Céntrale del R. Colegio Alberto in 
Moncalieri, Torino. — Alti del 1¡. Instituto 
d'lnciii'aggiamenlo, Napoli. — Atti della Soc. 
Toscana di Scienze Naturali, Pisa. — Osser- 
vatorio Vaticano, Roma. — Atti della R- Accad. 
di Scienze, Letlere ed Arti, Modena. — Atti 
del Collegio degli Ingegneri e Architetli, Pa- 
lermo — La Navigazíone Aerea, liorna. — 
Giornale del Genio Civile. Roma. — Rendi- 
conte degli Studi ed Ksperienze ese guite 
del Laboratorio de Costruzione auronautiche 
del Battaglione Specialiste, Roma. — Bolletti- 
no himensuale della Societá Meteorológica 
Italiana. Torino. — A tu della Reale Accade- 
mia dei Lncei, Roma. — Societá Italiana per 
il progreso delle Scienze, Roma. — liendi- 
conte del Circolo Matemático di, l'alermo. — 
II Pitagora, Palermo. 

Japón 

The Rotffhical Magazine. Tokyo. — The 
Journal, of Geography, Tokyo. — Annnla- 
tions Zoolosical .lapaness, Tokyo. — The 
Zoological Society, Tokyo. 

Méjico 

Astronómico Magnético 
Méiiro — (sol. del 



Bol., ile] Observ. 
Metereolóeico Centra' mejici 

' Taculiaya — An. del Museo 

\l:'iin,i i , w Un,* Aa la 



Méjico 



Observ. Raciona 

Nacional, Méjico. 

Sor. i'ieniílica. Antonio 

Inst. Médico Nacional, Méjico — Bol 



la 



- Memoria y Bev. de 

Álzale. — An. del 
Médico Nacional. Méjico — Bol. del 



Inst. Geológico, Méjico. — Anales del Museo 
de Arqueología, Historia y Etnología, Méjico.' 

— Informes y memorias del Instituto Mexi- 
cano de Minas y Metalurgia, México. 

Natal 

Geológica! Survey of tlie Colony, of Natal, 
FietermaiUzhurg. 

Nueva Gales del Sur 

Record of the Geological Survey (Depart- 
ment of Mines), Sydney. 

[Nueva Zelandia 

Transaction and proceeiling of the New 
Zéalande Inslitule, Wellingston. 

I'iira.uiiay 

An. de la Universidad, Asunción. 

Perú (Lima) 

An. de Minas. — Bol. de la Soc. Geográ- 
fica. — Informaciones y Memorias de la Soc. 
de Ingenieros del Perú. — Rev. de Ciencias. 

— iioletin del Ministerio de Fomento. 

l'ortng-al 

Bol. da Soc. Broleriana. Coimbra. — Jor- 
nal da Soc. dasScieueias Médicas, Lisboa. — 
Acad. R das Sciencias. Lisboa. — Bol. da 
Soc. de Geographia, Lisboa. — InSttiutO 
Rev. Scient. é Literaria, Coimbra. — Bol. 
do Observ. Metereológico é Magnético. Goim 
tu a — Bol. do Observ. da Universidade, 
Coimbra. — Bol. do Observ. Meterológico do 
Infante Dnm Lonis. Lisboa. Annai'S Scíen- 
tilicos da Academia Polyteciiica do Pollo. 
Coimbra. 

ICumania 

Bol de la Soc. Geográfica, — Bucuresci — 

Buletinul Societatti Regale Romane de l 

grabe, Bucuresti. 

Rusia 

Bul. de la Soc. de Geographie, llel- 
singfors. — Memoires de la Acad. Imperdes 
Sciences, retrogrado. — Bull. de la 

Politllécnique, Mosco». — Rev. des Scien- 
ces Mathénialiques, Hoscow. — La líiblio- 



teca Politécnica, retrogrado. — Soc. pro Fau- 
na et flora, Pérmica, Hplsingfors', — Bull. de 
la Soc. Irapér. des Naturalistés, Moscow. — 
An. de la Soc. Pliisico Chimiqne, Pétrogrado. 
— fiull. de la Soc. Imper de Geographie, 
Pétrogrado. — Phisicalische Central Obser- 
vatorium. retrogrado. — (tul I duJaidínlm- 
per. de Botariique. Pétrogrado. — Korres- 
pondensbl.it de Natnfors Vcrelns, Higa. — 
Hall, du Comité Géologiqhe, Pétrogrado. — 
Polytechnisclien Véreins, Pétrogrado 

San Salvador 

Observ. Meteor. y Astron. El Salvador. 

Suecia y Noruega 

Sveriges geologisca Underskning, Stoc- 
kolm. — Kongl Vetenskaps. Akademiéns. 
Stockolm. — Forhandl et Vidensk Selska- 
bet, Cristiania. 



Suiza 

Gcograpliich Ethnngraphiche gesellsehaft. 
Zurich. — Soc. Hevéltique des Sciences >.a- 
turelles. Berna. — nuil, de la Soc. Neufcha- 
teloise de Geographie, Neuchatel. — Obser- 
vatoíre Meteorologique, Neuchatel, — Biblio- 
thek des e'ulgenossischpn Polytechnikims, 
Zurich. — Archives Suisse d'anthropologie 
genérale, Genevé, 

Uruguay (Montevideo j 

Rev. de la Asociación Rural. — Bol. de la 
Enseñanza Primaria. — An. de la Universi- 
dad. — Bol. del Observ. Metereorológico Mu- 
nicipal. — Revista de la Asociación de Inge- 
nieros y Arquitectos del Uruguay, — Revista 
del Centro Farmacéutico Uruguay. — Revis- 
ta del Ministerio de Industrias. 



NACIONALES 



Buenos Aires 

Rev. de la Fac. de Agronomía y Veterina- 
ria, La Plata — An. del Museo, La Plata. 
Rev. Mensual de la Cámara Mercantil, Barra- 
cas al Sud. — Revista del dentro de Inge- 
niería, La Plata. — Revista del Centro Estu- 
diantes de Química y Farmacia, La Plata — 
Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines, 
La Plata. 

Capital 

An. del Círculo Médico Argentino. — An. 
de la Universidad de Buenos Aires — Ar- 
chivos de Criminalogía, Medicina legal y 
Psiquiatría. — Kol. de Estadística Municipal. 

— Rev. Farmacéutica. — La Ingeniería. — 
An. del Depart Nacional de Higiene. - Rev. 
Técnica. — An. de la Soc Rural Argentina. 

— An del Museo Nacional de Buenos Aires. 

— Rev de la Soc. Médica Argentina — Rev. 
de la .Asociación Estudiantes de ingeniería. 

— Rev. de la Liga Agraria. — Rol. de la 
Union industrial Argentina. — Bol. del Cen- 
tro iN a val. — El Monitor de La Educación Co- 
mún. — La Semana Médica. — Anuario de 
a D/reccion de Estadística. — Boletín del 



Museo Social Argentino — Boletín do la So- 
ciedad Physis. — Germinal. — Anales ile'Psi- 
cología. — Anales dp la Sociedad Química 
Argentina. — Boletín y Anales de la Direc- 
ción de Minas, Geología e Hidrología. — Re- 
vue de la clinique Obstetricales et Gynécn- 
logique. — Boletín de la Sociedad de Oftal- 
mología de Buenos Aires — Revista de Cien- 
ciasEconúmicas. — Boletín del Departamento 
Nacional del Trabajo — Revista de la Sanidad 
Militar. — Revista del Jardín Zoológico. — 
La Universidad Popular. — Boletín y Memo- 
rias del Ministerio de Agricultura. — Revis- 
ta Zootécnica. — Revista de Agronomía. 

Córdoba 

l Bol y Actas de la Academia Nacional. 
Revista de la Universidad Nacional. 

Enlre-Uíos 

An. de la Soc. Rural. 

Tu cu man 

Anuario Estadístico. 



SUBSCRIPCIONES 



Francia' 

Annales des Ponts, et chaussées. — « Re- 
vue » — Cuntes Rendus de l'Académie des 
Sciences. — Annales de Cbimie et de Physi- 
que. — Nouvelles Annalesde Mathématiques. 
— « La Nature ». — Nouvelles Annales de la 
Construction (Oppermann). — Revue Scien- 
tifique. — Revue de Deux-Mondes. — Revue 
genérale des sciences, (París;. 

Italia 

Trattato Genérale dell'Arte dell'ingegnere, 



CRorna). — Memorie de archittetura practica, 
(Torino). — L'lndustria Chimiea, (Torino). 
— Scientia CRivista di Scienza). (Milano). — 
Nuova Enciclopedia de Chimiea, (Romai. — 
II Costruttore (Milano). 

Inglaterra 

The Builder, (Londres). 

España 

Enciclopedia Universal ilustrada, (Barce- 
lona . 



ANALES 



DE LA 



SOCIEDAD CIENTÍFICA 



ARGENTINA 



DiRKCTon : Doctor HORACIO DAMIANOVICH 



SEPTIEMBRE-OCTUBRE 1916. — ENTREGAS III-IV. TOMO LXXXII 



ÍNDICE 

Joan Brethes, Estudio tito-zoológico sobre algunos Lepidópteros argentinos 

productores de agrillas 113 

Jorge Magnin, La industria de los productos químicos medicamentosos ; su po- 
sible desarrollo en el país 111 

Horacio Damiaxoyich, William Ramsny 185 

Saltador Mazza y Horacio Damiaxovich. Las investigaciones de M. Cliarl- 

ton Bastían sobre biogénesis 198 

Félix F. OrjTiís, Cuestiones de nomenclatura palcootnológien 203 

Bibliografía 212 

0CT5 1927 

BUENOS AIRES M^r- 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 
884 — CALLE PERÚ — 6S4 

1916 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Ingeniero Nicolás Besio Moreno 

Vicepresidente i" Doctor Cristóbal M. Hieden 

Vicepresidente 2° Sector Francisco í». La-valle 

Secretario de actas Doctor Alfredo Sordelli 

Secretario de correspondencia. . Doctor Alfredo E. Ferrarlo 

Tesorero Ingeniero Arturo Hoyo 

Protesorero Doctor Eduardo Carette 

Bibliotecario Ingeniero Pedro A. Rossell Soler 

'Doctor GuiUermo Scnaefer 
Señor -losé >l. Orús 
ingeniero Juan -fosé CarabeUi 
I Ingeniero Emilio Mallol 
vocales. . s coronel ingeniero Arturo >i. Lugones 

Ingeniero Domingo Selva 
Ingeniero Emilio Rebuelto 
\ Ingeniero Enrique Butty 
Gerente Señor Juan Botto 



ADVERTENCIA 

Los colaboradores de los Anales, que deseen tirada aparte de 50 ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito. Por mayor número de ejemplares debera'n enten- 
derse con los editores señores Coni hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección Cevallos, 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis que sustenta en sus escritos. 

La Dirección. 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN 

Local de la Sociedad, Ce-vallos 269, y principales Librerías 

Pesos moneda nacional 

Por mes 1.00 

Por año 12.00 

Número atrasado 2.00 

— para los socios 1.00 

LA SUBSCRIPCIÓN SE PAGA ADELANTADA 

El local social permanece abierto de 3 á 7 y de 8 á H pasado meridiaa» 



ESTUDIO FITO-ZOOLOGICO 



SOBRE ALGUNOS 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 



pon JUAN BRETHES 



(Con IG figuras en el testo) 



CONFERENCIA LEÍDA EN LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA EL 12 DE JUNIO DE 1916 

Y REPETIDA CON NUEVOS DATOS EN LA ESCUELA NORMAL PRESIDENTE ROQUE SÁENZ PEÑA 

EL 12 DE OCTUBRE DE 1910 



El caso de mariposas productoras de agallas es sumamente raro. 
Houard, en su bello catálogo de las agallas europeas y de la región 
circunmediterránea, llega a un total de casi 8000 especies de las cua- 
les apenas unas 60 son producidas por mariposas. 

Pero ninguna de estas últimas tiene nada de elegante, de geomé- 
trico, ni tampoco de la forma esférica tan conocida y clásica produci- 
da por Cynips tinctoriae o Cynips Kollari : son simples abultamientos 
de las ramas en que se alojan esos insectos. 

Para tener un caso de esfera perfecta o de ánfora delicada, es ne- 
cesario trasladarse a la República Argentina : aquí sólo hay maripo- 
sas artistas (1). 

De las que registramos boy, una era ya conocida hace más de 
ochenta años. El naturalista inglés John Curtís, la publicó en las Trem- 
sactions of the Zoological Society of London, en 1835, asignándole el 
nombre de Cecidoses eremita. Desde entonces no se hizo más referen- 
cia a tan extraño animal. Pero de repente, en estos últimos años, pa- 
rece haber habido como un renacimiento a su respectó, como un pe- 
sar de haber silenciado a esta obra de arte por más do un concepto 

(1) De Europa, tan sólo se conocen las agallas producidas por Oecocesis Guyo- 
ñella y AnMypalpia Olivierella que tienen alguna semejanza con las que aquí se- 
ñalo, pero ¡cuan diferentes son bajo varios puntos de vista ! 

AN. 90C. CIKNT. AltG. — T. LXXXU S 



11* ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

maravillosa: Ihering en Sao Paulo, Lugones en Buenos Aires, Tura- 
res en la revista Broteria, etc., han proporcionado varios datos que 
le conciernen. 

Como he tenido también la oportunidad de estudiar de cerca la vi- 
da y maravillas de esta extraña mariposa, relataré lo más completa- 
mente posible cuanto se sabe sobre ella. Los claros que se notaren se 
llenarán en el porvenir con observaciones propias o ajenas. 

Estamos en abril. El verano tiene prisa para perfeccionar su obra 





Fig. 1. — 6, fotografía de una rama de Schinus dependens cargada de agallas producidas por 
Oecidoses eremita Curt. ; a, rama de Schinus dependens con agallas de Euzecidoses minutanus 
Brethes, Más o menos 2 / 3 del tamaño natural (Fotografías del profesor C. Villalobos a quien 
agradezco). 



antes que las inclemencias invernales no destruyan las plantas o ani- 
males tardíos. El Molle de incienso (Schinus dependens) ostenta como 
unas frutas perfectamente esféricas cuyo diámetro oscila alrededor de 
centímetro y medio. En su mayoría se nota una abertura circular de 
cuatro milímetros de diámetro. Algunas de esas frutas pueden estar 
cerradas, pero se distingue muy bien el opérenlo que tapa la entrada. 
Muchas de las que están abiertas guardan todavía a la salida el pelle- 
jo de un insecto que se evadió. Estudiado con detención, vese bien 
que ese pellejo es el de una mariposa. Con todo, la duda subsiste so- 
bre si la habitación vacía corresponde a una mariposa, o si ésta no 
aprovechó una casa ajena. 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 115 

Por otra parte, no es solamente en abril que se pueden observar 
esas frutas extrañas, sino en cualquier época del aüo ; pero entonces 
sólo se conseguirán algunas mariposas. 

Llamamos frutas a esas deformaciones porque su exterioridad así 
parecería caracterizarlas : es la impresión que a uno le asalta, sobre 
todo si es la primera vez que se las observa; ¡ son tan numerosas en el 
mismo árbol! Sin embargo, veamos su interior en busca de semillas: 
abramos una, dos... diez. 'No hay semillas... Abramos cien... Nunca 
liay semillas : están huecas y solamente ocupadas a veces por arañas 
que las han elegido por sitial protector, por algún coleóptero vaga- 
bundo o cualquier otro insectillo ; en ningún caso hay rastro de semi- 
lla, j, Qué árbol será éste que no tiene semilla en fruta tan aparente? 
O sino, ¡j, cuándo y cómo la semilla ha evacuado la fruta ? 

Vayamos por partes. íTo apresuremos nuestros juicios. Sino nos 
pasará el caso de aquél que había visto una araña indefensa e inofen- 
siva sobre una hoja de yerba mate. Ese maldito animal en el acto fué 
acusado de producir una deformación foliar, abarquillando sus bor- 
des, reduciéndola a bolsa informe, hasta el punto que ya se ha habla- 
do de este caso patológico en la yerba mate. Tendremos ocasión de 
volver sobre este punto, con todos los detalles que comporta, pues es 
también muy interesante. 

Un poco de observación, pues, para la fruta del Molle de incienso, 
y todo se nos aparecerá a su momento. Una fuente de errores está en 
la precipitación. 

Al lado de esas esferas de tamaño regular, hay otras más peque- 
ñas, no mayores que un grano de pimienta, y de un color morado has- 
ta violáceo. Éstas son las verdaderas frutas : tienen semillas perfec- 
tamente individualizadas. Su reducido tamaño excluye que se utilicen 
como alimento. 

¿ Cuál es, pues, la naturaleza de aquellas esferas mayores que, como 
hemos observado, no son frutas f ¿ Qué son y cómo se han formado ¡ 
¿ Cómo atribuir su presencia sobre el Molle ? Si seccionamos una 
cualquiera cuando aun está verde, en invierno por ejemplo, invariable- 
mente la encontraremos hueca, pero conteniendo en su seno un ser 
diminuto que por sus movimientos desacompasados e inquietos nos 
manifestará en su mudo lenguaje que lo hemos molestado en su vida 
solitaria, un gusanillo blanquizco y alargado que un naturalista ave- 
zado reconocerá como larva de mariposa. 

Esta esfera que creíamos ser una fruta es, pues, el habitáculo de 
un animal ito, y es lo que se ha llamado una agalla, técnicamente una 



116 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Cecidia, de Cecidomias, pequeñas ínoscas que originariamente se ob- 
servaron como productoras de estas deformaciones vegetales. 

En tesis general, una agalla o cecidia es el resultado de la acción 
de un insecto sobre un planta. 

Vulgarmente se cree que las agallas son producidas por la picadu- 
ra de los insectos. La esfera que ahora sabemos producida por el Ce- 
cidoses eremita habría sido por lo tanto el resultado fitopatógeno de 
la picadura de esa mariposa ? ¿ Sería capaz el Cecidoses de picar al 
árbol del incienso ? Admitiremos el dato fiando sobre la honradez y 
buen ojo de los observadores anteriores hasta que podamos cerciorar- 
nos personalmente de la verdad de lo dicho. 

Veamos antes lo que es el Cecidoses y si está organizado para pi- 
car. Mariposa pequeña, de algo más de un centímetro de largo ; sus 
alas extendidas miden un poco más de dos centímetros de punta a 
punta. Nada de vistoso : ni blanco de un blanco puro, ni mucho me- 
nos con los colores llamativos y a veces tan preciosos de sus compa- 
ñeras las mariposas diurnas, a propósito para adornar los sombreros 
del bello sexo, si no fueran tan « mírame y no me toques » ; el ropaje 
del Cecidoses es de un grisáceo indefinible que un Eafael difícil- 
mente expresaría. Los hay que le han notado un matiz color madera, 
y tal vez tengan razón. En ese color uniforme y difícilmente defini- 
ble se destacan algunos átomos (escamas) parduzco obscuro, forman- 
do manchitas esparcidas sin orden aparente. En una palabra : mari- 
posa pequeña, grisácea, nada vistosa. 

Antes de proseguir, determinaremos su posición en la escala zooló- 
gica. Se me permitirá insistir sobre este punto, pues ni Curtís, cuan- 
do dio a conocer a este animal, ni Walker, en su gran catálogo de 
las mariposas le han señalado familia entre los Lepidópteros, y nin- 
gún autor posterior tampoco ha hablado a este respecto. Curtis lo 
colocó entre los Tortricidae, pero con dudas. 

Cecidoses se aproxima mucho por su estructura de las Phaloninae, 
(Tortricidae) pero por lo que veremos después (eu el apéndice), las 
larvas de esta última familia tienen sus patas perfectamente desarro- 
lladas, mientras que la larva de Cecidoses es completamente ápoda. 
Tendremos oportunidad de encontrar varios otros caracteres impor- 
tantes que me hacen fundar una nueva familia, la de los Cecidosidae 
que comprenderá desde ya cuatro géneros, monotípicos cada uno de 
ellos : Cecidoses, con C. eremita; Clistoses con C. artifex (1); Eucecido- 

(1) No conozco esta mariposa de Mendoza, descripta por Kiefter, cuya aga- 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 117 

ses, con E. minútanos ; Oliera, con O. argenti/nana, en cuyo estudio me 
particularizaré más adelante. 

Aprovecho esta ocasión para dar algunas explicaciones acerca de 
la clasificación en historia natural. Ella es un trabajo ímprobo, poco 
lucido, para el cual el clasificador tiene que entregarse a una tarea de 
romano en investigaciones bibliográficas para llegar al resultado : es- 
te animal se llama A. 

La sistemática o la clasificación no es una ciencia subordinada a 
las divisiones políticas : no hay una clasificación argentina, brasileña, 
norteamericana, inglesa, francesa o china, etc. Es una ciencia unifor- 
me que rige idénticamente en todas las regiones del mundo, cualquie- 
ra sea su ubicación o su civilización. El clasificador deberá reconocer 
si el animal fué ya bautizado, sin agua por cierto, en otro país, en cu- 
yo caso debe conservarle el nombre técnico entonces impuesto. El 
caso es particularmente aplicable a las plantas. Es necesario para 
que nos podamos entender que un vegetal tenga un nombre uniforme 
« de París a Pekín, del Japón hasta Boma ». Lo mismo para los ani- 
males. De ahí que la nomenclatura sistemática no reconoce los lími- 
tes políticos de los estados. Sería también necesario que se eliminaran 
los nombres vulgares : por ciertas similitudes a veces difíciles de 
comprender, el vulgo designa con el mismo vocablo a plantas muy 
distintas sin embargo. Bástenos citar el Roble; esta palabra se ha 
aplicado a Quereus, a Ptedoron i¡>ubescens, a Ilex tuoumana, el primero 
de la familia de las Cupulíferas, el segundo, una Leguminosa, y el ter- 
cero, dado a conocer por el distinguido botánico argentino, doctor Mi- 
guel Lillo, una Aqtiifoliácea. 

Es una señal inequívoca de la inferioridad de un país el uso exclu- 
sivo de los nombres vulgares, pues éstos son de una acepción nece- 
sariamente circunscrita, y nada significan para los lejanos : es un país 
encerrado en las brumas polares ; de balde por momentos aparecerá 
una aurora boreal, su clima no cambiará, su cielo ignorará el sol ca- 
liente y fecundante de la ciencia universal. 

Concordamos en que es conveniente, útil y necesario que todo ser 
tenga su nombre técnico. La cuestión no está en si es largo y difícil 
a veces llegar a la meta. La palabra « imposible » no debería estar en 
el diccionario, se ha dicho alguna vez. 

Esta es la misma cuestión que la de la oficina central de correos. 

lia parece eu un todo idéntica con la de Cecidoseu eremita y produoidti sobre la 
misma planta. 



118 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

j, Cómo una carta llegará a su destinación, y cómo varias cartas no se 
extraviarán ? Según las indicaciones del sobre, se hace una primera 
repartición que los ferrocarriles se encargarán de llevar a la provin- 
cia respectiva. Las sucursales harán una nueva repartición y así su- 
cesivamente hasta llegar a su destino. Así en la historia natural. Las 
señas para los grandes grupos las dan los caracteres del animal estu- 
diado. Las reparticiones secundarias se hacen según los caracteres 
que suministra siempre. Así se llega a individualizar cada animal o 
planta. 

La clasificación es el mismo trabajo de la oficina dactilográfica : no 
hay L. C. que pueda engañar por más que varíe su nombre, se afeite, 
vista trajes diferentes. 

No hay duda que a veces el trabajo es engorroso, y que los errores 
son siempre posibles : errare Immanum est, dice el adagio. Pero no 
faltará algún « sacerdote del saber » que rectifique los entuertos. 

Ahora bien, diré yo : j, la clasificación es el último término de la 
ciencia % No, por cierto, es sólo un escalón, pero escalón necesario, 
imprescindible. El objeto de la historia natural es descubrir la rela- 
ción que tienen entre sí los seres de la naturaleza, los caracteres con 
que podemos reconocerlos y sus propiedades, si nos pueden ser útiles 
o perjudiciales, la medida de aprovecharlos ; en una palabra, con la 
idea antropocéntrica que es innata en el hombre, hasta qué punto nos 
podemos servir de ellos. 

La sistemática es en la historia natural lo que la topografía anató- 
mica en la medicina, la geometría y demás matemáticas en la inge- 
niería, el Código civil en la abogacía. 

No será naturalista el que desconozca la sistemática, como no hay 
labrador sin arado. La anatomía, la geometría, el código y el arado 
no son más que un medio, pero medio indispensable. 

El Geeidoses eremita será pues el tipo de una nueva familia de Le- 
pidópteros que llamarase Gecidosidae. 

Esta digresión sobre la clasificación del Geeidoses nos dejó en la 
cuestión de si esta mariposa está organizada para picar la planta y 
producir las agallas. Se dice corrientemente que éstas son provoca- 
das por la picadura de un insecto. En el caso presente parece que 
el Geeidoses se empeña en probarnos lo contrario. La extremidad de 
su abdomen no tiene aguijón ni oviducto sólido, ni aparato cualquiera 
de mediana consistencia siquiera para poder perforar. La abeja y las 
avispas tienen un aguijón ponzoñoso y firme, las langostas tienen un 
oviducto muchas veces muy duro y fuertemente musculoso capaz de 




LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 119 

perforar los terrenos secos y resistentes como piedra. En cambio nues- 
tro Cecidoses no puede ni. siquiera perforar la epidermis de un pétalo: 
su abdomen es blando; sus segmentos entran uno en otro con movi- 
miento de telescopio, y nada más. ¿ Será la trompa entonces que des- 
empeñará el papel de perforadora ? Así lo hacen los gorgojos con su 
pico, así el carpintero que a tremendos picotazos fabrica su nido en 
el corazón de los árboles. Aquí también estamos desorientados. El 
Cecidoses no tiene trompa de mediana consistencia, ni siquiera tiene 
trompa. 

Adjunto va el dibujo (iig. 2) que representa sus partes bucales. Tan 
sólo hay los palpos labiales casi atrofiados, recuerdo apenas de la orga- 
nización de las mariposas. Maravilloso 
nudo gordiano. Sin aguijón ni trompa, 
y sin embargo allí está el resultado : una 
agalla, una geométrica agalla, una obra 
de arte digna del estudio de Lugones y ,-,, 
de Fabre, si la hubiera conocido. X_ v 

No hay nada de nimio en la naturale- 
za; desde lo infinitamente pequeño que '; \ í ,' /Í'~^W, 

estudió Pasteur hasta lo infinitamente \ \ V.. >" / / 

grande que preocupó a G-alileo, desde el "^C-T" "'''-'' 

microscopio hasta el telescopio, la natu- Fig 2 _ Figm . a e8quematizlu , n de la 

raleza es Simplemente maravillosa. A Ca- cabeza rte Cecidoses eremita en que 

t , j- . , se representan en punteado los pal- 

da paso nuestro espíritu encuentra nuevo . ■ •, 

r A pos y la espiritrompa que no exis- 

motivo de estudio y de admiración. La ten en este animal. 
división cariocinética explicada por Ga- 
llardo, la migración de los mamíferos que existieron en los millones 
de años que nos • precedieron, descubierta por Ameghino, la burbuja 
de jabón cuyo espesor se ha determinado, todo, todo en la naturaleza 
es objeto de la preocupación humana. Y con relación a nuestro tema, 
I dónde están, pues, los aparatos perforadores del Cecidoses '! 

La respuesta es. muy sencilla, tan sencilla como el huevo de Colón. 
Lo que queríamos atribuir a la madre, lo tenemos que cargar al hijo. 
That is the question. 

El huevo es depositado en la extremidad de los tiernos brotes aún 
por desarrollar... ¿ Cuántos días tarda en nacer el insectito ? No lo sa- 
bemos exactamente. Lo que está fuera de duda es que este gusanito 
ínfimo, tan vecino de la nada, tiene que pensar por sí. Su madre ya 
no vive y ¡quién sabe donde reposan sus restos I Es el gusano 
quien provocará la agalla. En su trabajo inconsciente, aplica el tamo- 



120 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



so strugglingfor Ufe. Animálculo apenas mayor que un átomo, ¿, qué 
necesita para vivir * Algo sin duda en relación con su tamaño, algo 
como la nada también ; pero ese algo representa una cantidad, y será 
el brote leñoso que se la proporcionará. 

Aquí empieza el milagro, milagro semejante al del crecimiento de 
la semilla del trigo. La humedad y el calor, dice la botánica, provo- 
can la producción de la diastasa. Ésta cambia el almidón de la semi- 
lla en glucosa que alimenta las células embrionarias; éstas se multi- 
plican, y la planta crece, produciéndose en los puntos correspondientes 
tallo, hojas, flores y frutas. Nunca hay inversión de esos elementos ; 




Fig. 3. — Corte parcial y transversal de una rama de Schinus dependeñs para 
hacer ver su medula, madera, corteza y vasos, aumentado unos 50 diámetros 
(original). 



nunca las flores crecen en el lugar de los tallos, sino en su punto de 
antemano determinado. Si el problema es tan sencillo — y lo debe 
ser ya que está tan bien explicado — ¿ por qué no hay la industria de 
la cría artificial del trigo '? No todavía, pero pecando de optimista, 
creo que vendrá día en que el hombre fabricará trigo sin semilla de tri- 
go, y manzanas sin manzanos. Hasta entonces el milagro del creci- 
miento del trigo se repite en el trabajo del gusanillo del Cecidoses. 
I No tenía razón de hablar de milagros ? 

Su diente ataca el brotecito del Molle : éste se irrita ; la irritación 
provoca la formación de un divieso ; y como no se detiene el ani- 
málculo, el divieso crece cada día más. 

Aquí el milagro se vuelve aun más extraño, más obscuro, si cabe. 
El divieso forma una corona alrededor del gusano ; esa corona crece 
hasta el punto que llega a cubrir al animalillo, a rodearlo por todas 
partes, a envolverlo completamente : es la agalla. El divieso esférico 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 



121 



es grande como una semilla de mijo, y en su centro, aprisionado, en- 
carcelado, está el gusano Geeidoses. 

La planta quiso defenderse de su atacante encerrándolo en tena- 
zas mortíferas a la manera de aquel ejército potente que rodea a su 
enemigo y lo envuelve y aniquila. Pero ello es precisamente lo que 
favorece al Ceoidoses. De boy en adelante éste vivirá tranquilo en el 
regazo que la misma planta se encargó de preparar : tendrá casa y 
comida sin moverse siquiera. Con solo comer provocará una super- 
producción de elementos 
vegetales con los cuales 
seguirá comiendo. Y la 
esfera aumentará de ta- 
maño : al principio no 
mayor que una semilla 
de mijo, al fin grande ca- 
si como una nuez. 

Lo que había de ser 
rama con sus bojas, flo- 
res y frutas queda redu- 
cido a un cortísimo pe- 
dúnculo rematado en una 
esfera. Las bojnelas dimi- 
nutas del brote primitivo 
se notan perfectamente 
cuando la agalla es aun 
muy pequeña, pero más 
tarde esas hojuelas des- 
aparecen y la esfera es perfecta, su superficie completamente lisa. 

Era interesante darse cuenta de la estructura íntima de la agalla, 
de los tejidos vegetales que la forman. Si es una rama modificada se 
confirmarán los datos que nos suministra la botánica y no existirán 
diferencias esenciales entre la composición celular de los tallos, de 
las bojas, del pistilo, etc. Si la agalla es una rama modificada, debe- 
mos encontrar en ella, la corteza, el tejido liberiano, el tejido leñoso, 
los vasos, las células, etc. Es cierto que en esta constatación poco ha- 
bremos adelantado en el misterio que preside la formación de la aga- 
lla. Lo decíamos hace un rato. ¿ Cómo no se produce rlor cu lugar de 
hoja, y pistilo en lugar de pétalo o de sépalo í ; Qué incógnita orde- 
na el ciclo invariable de cáliz, corola, androceo y giueceo ? ; Por qué 
algunas de esas partes no se invierten cu cualquier momento .' Si el 




Fig. 4. — Parte de la madera representada en el dibujo 
anterior, donde se ven varias células y algunos vasos 
con un aumento de más de 600 diámetros (original). 



122 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



pistilo, así como los pétalos, son hojas mortificadas, ¿por qué no vemos 
al azar un pistilo en lugar de los sépalos ! En principio el hecho en sí 
no es inverosímil, pero nos resta la comprobación del fenómeno. Las 
leyes botánicas y físicas, químicas y astronómicas, etc., se me figu- 
ran palabras felices que satisfacen nuestro espíritu poco exigente... 

Veamos, pues, la estructura de la rama y de la agalla respectiva- 
mente. 

El corte transversal de la rama del año muestra una conformación 
generalmente uniforme en todas las plantas dicotiledóneas. Lo que 




Fig. 5. — Figura esquemática del tallo del Ho- 
llé de incienso, representando la medula, la 
madera y la corteza (original). 




Fig. 6. — Corte transversal (esquematizado) del 
pediínculo de la agalla de Eucecidoses mi- 
nutanus Bréthes (original). 



aquí llama la atención es la cantidad de vasos esparcidos abundante y 
simétricamente desde el centro hasta la periferia. Esta disposición se 
ve bien en el dibujo que representa la figura 3. Es una maravilla la 
estructura íntima de los tejidos vegetales; y sino, basta ver el dibujo 4 
que sólo representa una parte muy aumentada de un tallo leñoso del 
año. Estos dibujos nos autorizan a representar en esquema (lo que se 
ve en la fig. 5) la corteza, madera y medula del Molle de incienso. 
Presumimos que la composición íntima de la agalla, aparte el abulta- 
miento, no debe ser distinta de la rama... Error. Es una modificación 
completa, y tan completa, que un botánico, envejecido en la bella cien- 
cia de las flores, no reconocería al incienso. Éste es un verdadero rom- 
pecabezas botánico. He aquí dos cortes, uno del pedúnculo de la aga- 
lla (esquematizado) (fig. 6), otro de la base de la agalla (fig. 7). Se ve 
bien que el cilindro medular se ha modificado de una manera funda- 
mental. Allí el cilindro medular era sencillo, completamente rodeado 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 



123 




?ig. 7. — Corte transversal (semi-esqnematizado) del 
pedúnculo de la agalla de Eucecidoses minutanw 
en la base misma de la agalla (original). 



por la madera ; aquí el cilin- 
dro medular se ha expandido 
en cinco radios medulares, 
para formar, debajo de la 
corteza, una corona que abar- 
ca los haces leñosos ; es la 
forma exacta de la estructu- 
ra de la raíz. En el corte de 
la base de la agalla, la mo- 
dificación se ha llevado a un 
grado superlativo : los vasos 
toman su origen de los radios 
medulares; éstos están en nú- 
mero indefinido y alternan, se 
confunden, se anastomosan 
entre sí dejando entre sus 
mallas los tejidos leñosos. 

Un botánico puede reconocer generalmente las especies vegetales 

por la inspección de un cor- 
te transversal. En el caso 
presente todas las leyes bo- 
tánicas están quebrantadas. 
I Será necesario una nueva 
ciencia para explicar el fe- 
nómeno que relatamos? íTo 
desconozco que la teratolo- 
gía estudia las anomalías 
animales y vegetales : ¿ le 
tocarían las agallas tam- 
bién! ¿La Cecidología ha- 
brá sospechado el proble- 
ma que aquí señalo ? Este 
es un asunto de la Patolo- 
gía que tal ve/, se desmem- 
brará para aplicarse estric- 
tamente a la cuestión de 
las agallas. 

j Seríame permitido des- 
correr un poco el velo que puede ocultarnos est e nuevo misterio de la 
naturaleza! Cuando un turista por ve/, primera se interna en una 




Fig. 8. — Corle longitudinal de una agalla de Ceeido- 
ses eremita euando es todavía muy pequeña, midien- 
do la cavidad interna tan sólo un milímetro de diá- 
metro. Aumento «le unos 25 diámetros (original). 



124 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

gruta desconocida, ¡ cuántos tauteos y cuan poca seguridad tiene 
de conocer esa gruta, ni aun aproximadamente ! Así me ocurre ante 
esta sencilla agalla del Molle de incienso. Como simple suposición 
diré que el gusano misterioso encerrado en ella produce una saliva 
que será un fermento, una diastasa, una toxina para los tejidos ve- 
getales. Así me explicaría que, diminuto y cercano de la nada, pro- 
voque el principio de la deformación vegetal; cuando mayor, su 
acción más eficiente lleva esa deformación al estado que conocemos. 

Hágome la ilusión que se nos ofrece ahora uno de esos problemas 
vegetales que puede ser de consecuencias teóricas y tal vez más tarde 
prácticas. Se me viene ahora en la idea el recuerdo de Pasteur. Cuan- 
do ese benefactor de la humanidad trataba de probar la imposibili- 
dad de la generación espontánea, ¿ preveía él mismo el mundo de los 
microbios, el saneamiento de todo el orbe terrestre y principalmente 
de las ciudades, la desaparición de la peste, de la fiebre amarilla, del 
chucho I Creo que no, y sin embargo ahora palpamos el resultado de 
toda esa teorización : filtros, obras de salubridad y saneamiento. 

Es seguramente mucho asignar ala agalla del Cecidoses atribuyén- 
dole una importancia tan grande, pero... ¿ quién limita al cerebro en 
sus impulsos de amplificación y de sorpresas % 

Veamos otra maravilla que sólo las agallas de estas mariposas ar- 
gentinas nos proporcionan. No tengo conocimiento que las demás 
agallas repitan este caso singular. Es el de la salida de la mariposa 
cuando ha llegado a su completo desarrollo. 

El Cynips tinctoriae, aprisionado en su agalla clásica, había ya pre- 
parado su salida royendo casi hasta afuera los tejidos de su cárcel vo- 
luntaria. Este procedimiento es bien conocido por los penados de to- 
das las penitenciarías. La libertad, el sol de la libertad nos hace 
suspirar a todos hacia ella. Y el penado, mediante unos cuantos 
puñados de tierra removida, llega con todo su afán a la libertad de- 
seada : es tan consolador y deslumbrante el pensamiento de tener a 
tan poca distancia esa libertad anhelada, esa divina libertad, ese sol 
nacido para todos. 

Pero nuestro Cecidoses no tiene instrumentos con que llegar al ob- 
jetivo común. No tiene aparato perforador, no tiene aguijón, no tiene 
siquiera mandíbulas. Es la misma negación de los medios para ese 
objeto. ¿ Estará por lo tanto condenado a morir en su prisión ? No. Ya 
sabemos que para él se abre su cárcel : « Sésamo, ábrete » dirá en su 
lenguaje mariposil. Y Sésamo se abre al instante. Y ¡ qué puerta más 
delicada y maravillosamente redonda ! 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 



125 




He querido también darme cuenta de la estructura íntima de ese 
opérculo cortado al parecer con una lima de precisión. ZSIo lie encon- 
trado diferencia anatómica entre el opérculo y el resto de la agalla. 
Cuando está verde, no hay rastro de división, no hay señal de separa- 
ción entre las dos partes como no hay señal de ulteriores modificacio- 
nes en el arranque de las hojas sobre el tallo cuando éstos están 
verdes ; pero con el tiempo se dibuja una separación que se hace pau- 
latinamente más pronunciada termi- 
nando con la caída automática del 
opérculo al menor empuje que la mari- 
posa ejerce desde adentro. Acabo de 
comparar la caída del opérculo con la 
caída de las hojas cuando ha llegado 
su momento : en uno y otro caso se ha 
formado una región de células subero- 
sas, como se dice en botánica, es decir 
de células muertas. Ya vemos aquí 
cuan sabia es la naturaleza que viene 
en ayuda de la débil mariposa. 

Se ha hecho resaltar también la for- 
ma extraña que presenta el tapón que 
acabamos de ver saltar automática- 
mente. Se ha hecho notar que ese tapón se compone de dos partes 
íntimamente unidas (fig. 16 b) : una interior de forma de cono trunca- 
do y otra exterior que sobrepasa a aquella formándole un ribete per- 
fectamente definido. Todo eso es cierto cuando se le estudia en es- 
tado seco ; pero cuando verde, no hay nada del ribete que ya señala- 
mos : es un tronco de cono en toda su extensión. Aquí se tiene el 
dibujo correspondiente (fig. 9). 

Es fácil darse cuenta de cómo se forma la pieza sobresaliente. 
Mientras las células exteriores del tapón están secas y endurecidas 
desde tiempo, como corresponde a una simple corteza, las células in- 
teriores quedan blandas (relativamente por cierto), y éstas se con- 
traen por lo tanto en una mayor proporción que aquéllas, de donde el 
resultado que apuntamos. 



Fig. 9. — Corte longitudinal del opéren- 
lo de la agalla de C'ecidoses eremita. 
Nótense en la parte interna las célu- 
las diminutas de que se alimenta la 
larva de la mariposa, luego una región 
de células alargadas y por fin células 
cortas progresivamente más pequeñas 
hacia la parte exterior ; en esta última 
regióu se hallan los vasos (original). 



Hasta aquí he vinculado en una misma explicación la historia de 
dos mariposas completamente diferentes. La mayor es el Cecidoses 
eremita que dio a. conocer el naturalista Jolm Cnrtis, en 1835. Sale 
de su agalla en el mes de abril, a lómenos según loque lie podido ob- 



126 ANALES BE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

servar en el clima de Buenos Aires. Sería posible que tenga diferen- 
te época de eclosión según los climas de Sao Paulo, de Comodoro Bi- 
vadavia o de la Tierra del Fuego, regiones donde se le ha observado. 

La otra mariposa fabrica agallas de un tercio más pequeñas, yda 
mariposa es también bastante menor. 

Al principio creí que el propietario de las agallas grandes fuera el 
mismo de las pequeñas, representando sólo el bello sexo. Pero cuál 
no sería mi extrañeza cuando, consiguiendo crías de abril, sólo obtu- 
ve mariposas mayores sin que ningún ejemplar de las menores acom- 
pañara a aquéllas. Llegaron los últimos días del mes de mayo y el 
frío anunciaba ya su venida. Ningún Cecidoses pequeño aparecía... 
¿ Habría muerto la cría en su prisión ? Abrí algunas agallas : casi to- 
dos sus habitantes estaban en buen estado. 

Según mi suposición, ¿ las hembras de abril esperarían a sus com- 
pañeros hasta la primavera próxima ! Suposición inverosímil... pero 
¿ cómo resolver el problema ? 

Estaba inquieto con la idea que mis pensionistas prisioneros no 
llegarían hasta allí, y para favorecer su eclosión en lo posible armé 
un pequeño aparato que coloqué en el calor de la cocina. La tempe- 
ratura favorecería sin duda mi objeto. 

Pasaron los meses y me olvidé también de mis pensionistas. 

Las agallas pequeñas que por otra parte guardaba en una caja or- 
dinaria me proporcionaron por fin varias maripositas allá a fines de 
octubre y principios de noviembre. Eecordé entonces las instaladas 
en la cocina : muchas habían salido desde tiempo atrás y sus cadáve- 
res estaban cubiertos de una espesa capa de polvo. La temperatura 
había en efecto favorecido su eclosión. 

En resumen si la cría de abril y la de noviembre hubiesen sido la 
misma especie animal, era difícil pensar que las hembras primogéni- 
tas hubieran esperado a sus compañeros de última hora, sobre todo 
con un crudo invierno de por medio. Se imponía la dualidad especí- 
fica. Además, despertada mi atención, encontré los dos sexos en los 
dos grupos de animales. Proseguí más adelante mis investigaciones 
y noté una diferencia absoluta en las nervaduras alares de los dos 
grupos. Varios otros detalles se aumentaron para convencerme que 
hasta la fecha se han confundido a dos animales : el de la agalla gran- 
de, Cecidoses eremita, bien reconoscible en las descripciones de Curtís, 
y el de la agalla pequeña que será el Mueecidoses minutanus. 

A la misma familia Cecidosidae que hoy establezco pertenece 
una tercera mariposa, cuya construcción agallar, completamente 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 127 

diferente de Jas dos anteriores, se encuentra también en el Molle del 
incienso. Aquí (flg. 10, a) hay representadas varias agallas : son simples 
bultitos más o menos distanciados en una misma rama. El nido de la 
mariposa se encuentra en una expansión extraleñosa y debajo de la 
corteza (flg. 10 b). Generalmente esta agalla está dispuesta perpendi- 
cularmeute al eje de la rama. El animal, bien distinto de los dos an- 
teriores cuyo color, dije, es de un gris indefinible, es aquí bastante 
más vistoso : ha tomado al cobre bruñido su color uniforme. Es lásti- 




Fig. 10. — a, raniita de Sehinus dependens con varias agallas de Oliera ar- 
gentinana, casi de tamaño natural ; &, corte transversal de la rama para 
mostrar el habitáculo de la mariposa ; c. Oliera argentinana, aumentada 
casi 3 diámetros ; d, nervación alar de la misma; e, larva de la misma ; /, 
ninfa de la misma, por debajo ; g, ninfa de la misma de lado (original). 

ma que su tamaño sea tan reducido, pues solo mide 4 milímetros de 
largo y 8 milímetros de punta a punta de las alas. El gusano de esta 
mariposa es también ápodo, como el de las anteriores. Llamaré a esta 
mariposa : Oliera argentinana. 



% Terminaremos de una vez con el Molle del incienso ? Permítanme 
insistir aquí sobre mi Benjamín. ¡ Es tan diminuta la mariposa : 3 milí- 
metros de largo ! Sus escamas alares ya no son escamas : son pelillos 
negros. Es un ser imperceptible (flg. 11) para el cual os pido vuestra be- 
nevolencia. No vayan con redes a cazar esta mariposa, no la encontra- 
rán. Os aconsejo cosechar sus agallas a fines de octubre: a principios 
de noviembre tendréis vuestras cajas llenas de Ridiaschina congrega: 
tella según el registro civil de hoy : seré el padrino, seréis los testigos. 

Lo llamo Ridiaschina, por vivir sobre el Schinus, y con el nomine 
de pila congregatella, por estar congregados en un mismo punto una 



128 



ANALES DE I, A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



verdadera colonia (fig. 12) de esas miniaturas de la naturaleza. Es- 
tas mariposas son tan delicadas que su existencia es completamente 
efímera : al otro día de haber nacido ya no viven. 

Y sin embargo vean ustedes hasta qué punto su acción es extraor- 
dinaria. Según una ley ya establecida en cecidología, una agalla solo 
puede producirse en una parte de planta muy tierna, como una hoja 
en el momento de su crecimiento, un brote en sus comienzos. Ahora 

bien las agallas de la Bidias- 
china se encuentran en ramas . 
que parecen tener unos tres 
o cuatro años por lo menos. 
Deberemos pues admitir que 
cuando conseguimos una Bi- 
diaschina adulta, había unos 
tres o cuatro años que su lar- 
va minaba insensiblemente 



la rama del Schiwus. ¡ T eran 
colonia los animalejos así 
empeuados ! Sería entonces 
al segundo o al tercer año 
que recién se nota el abulta - 
miento de la rama, tal como 
lo representa el primer dibu- 
jo (fig. 12, a). Si en ese mo- 
mento se saca la corteza que 
esconde el trabajo de minas que se realizó debajo (fig. 12, d), se ob- 
servará la madera torcida^y retorcida como para dejar pasar desde la 
misma medula los tejidos vegetales que han de proteger al zapador. 
De todas las direcciones se ven llegar fibras leñosas hasta el punto 
céntrico donde se alberga cada gusanito. Estas fibras se alargarán 
más tarde para constituir la armazón de la vivienda de cada hués- 
ped, la armazón de ese cilindro que aquí vemos representado. 

El dibujo b (fig. 12) representa las agallas y el habitáculo de cada 
mariposita en el momento de su desarrollo completo. Más tarde los 
tejidos esponjosos de esas agallas se secan hasta el grado de dejar una 
idea imperfecta de su estado primitivo. (Véase dibujo c, fig. 12.) 

Si se hace el estudio anatómico de las agallas y de las ramas en 
que aquéllas están implantadas, llegaremos al mismo resultado que 
con Cecidos'es eremita y Hucecidoses minutánus: una modificación pro- 
funda de los tejidos vegetales. 




Fig. 11. — a, liidiaschina congregatella Bréthes, au- 
mentada unos C diámetros ; b, nervaeióu alar de la 
misma ; c y d. crisálida de la misma, por debajo y 
de lado : e, larva de la misma, por debajo (original). 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 



129 



El dibujo que aquí se ve (fig. 13) es un corte efectuado paral el amenté 
al eje de la rama. Allí se ven unos quince habitáculos de Eidiaschina 
cortados a diferentes alturas. Se observa un círculo central en cuyo 
medio se encuentra el cuartito donde vive el animálculo. Luego hacia 




Fig. 12. — Ramas (a los a / a más o menos del tamaño natural) de Schinus de- 
pendens citando las larvas de Jiidtaschina congregatella están minando (en 
a), en el momento de evadirse las maripositas (en &) y cuando hace tiempo 
que se lian evadido las mariposas y que todo se ha secado (en c). En d, se ha 
representado una rama sin la corteza para demostrar la dirección de los ha- 
ces libcro-lenosos hacia cada habitáculo de las mariposas (original). 



la corteza hay una región más o menos extensa y de tejido celular 
mucho más laxo. Por fin hay una parte cortical por donde corren al- 
gunos vasos en medio de un tejido celular mucho más fino, el que es- 
tá cargado de la esencia que le da a la planta el olor característico 
del incienso, de donde su nombre vulgar; hacíala periferia hay la re- 
gión de las células clorofílicas, y por fin las células exteriores ya 
muertas. Se ve que la región externa de células aromáticas llena 
los espacios que dejan entre sí los habitáculos propiamente dichos. 
Guando llegue la madurez de la agalla, todo el conjunto de células 
del tejido laxo y del tejido aromático se necrosan pronto, se mueven. 
Este otro corte (fig. 14) es la repetición, en una escala mayor, de los 
tejidos que acabo de señalar, a partir del cuartito céntrico hasta la pe- 



AN. SOC. CIBNT. ARG. 



T. I.XXX1I 



130 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



riferia. Allí se ven los diferentes tejidos celulares y sus tamaños relati- 
vos. En el centro y en la parte externa hay sólo células pequeñas, las 

que están separadas 
por una región de célu- 
las grandes, las que for- 
man un tejido semies- 
ponjoso, o laxo, y que 
cuando viene el mo- 
mento de la madurez, 
son las primeras en mo- 
rir y desaparecer. En la 
parte exterior de cada 
habitáculo — nótese 
bien que éste es lo 
esencial en toda la aga- 
lla, y que forma una 
entidad propia — se 
distingue un tejido de 
poco espesor (unos 12 
centesimos de milíme- 
tro) constituido espe- 
cialmente por tejido 
vascular libero-leñoso. 
Esta- estructura tan sin- 
gular nos enseña bien, 
según acabo de expre- 
sar, que aquí reside lo 
principal de toda la formación cicedógena. Si recordamos lo que diji- 
mos en el momento que presenté la agalla sin su corteza, nos daremos 
cuenta que este círculo es de formación infracortical. 

Dejo a su imaginación el reflexionar sobre las varias observaciones 
que tendrían aquí cabida, pues vislumbramos bien que el asunto está 
apenas esbozado. ¡ Cuánto nos puede enseñar una diminuta mariposa 
como la Ridiaschina eongregatella ! 




.Fig. 13. — Corte de agallas de Ridiaschina eongregatella eje- 
cutado paralelamente al eje de la rama. Allí se notan 12 
habitáculos de una mariposa cada nno, rodeados de un te- 
jido laxo representado por punteado ; en los bordes y entre 
los habitáculos se ve el tejido subcortical (atravesado por 
vasos) y dérmico representados por rayitas. Aumentado 
unos 8 diámetros (original). 



Resumiendo lo que acabo de explayar sobre estas agallas del Mo- 



lle de incienso, tenemos : 



I o Hasta hoy se conocía una sola mariposa, el Cecidoses eremita; 
desde ahora tendremos tres mariposas más ; 

2 o El Cecidoses eremita, el Glistoses artife®, el Eucecidoses minuta- 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 



131 



mis y la Oliera argentinana formarán 
una nueva familia de mariposas, la 
de Cecidosidae ; 

3 o La Bidiaschma formará otra fa- 
milia, Bidiaschinidae. 

4 o Sólo en la República Argentina 
se encuentran esta clase de agallas 
verdaderamente artísticas, produci- 
das por mariposas ; 

5 o El Cecidoses eremita se puede 
conseguir en el mes de abril ; las 
otras tres mariposas en los meses de 
octubre y noviembre ; 

6 o No es la mariposa, sino su cría, 
la que provoca la formación de las 
agallas ; 

7 o Las larvas de estas mariposas 
son todas ápodas ; 

8 o Las agallas de Cecidoses, Clis- 
toses y Uucecidoses son terminales, 
impidiendo el crecimiento de los ta- 
llos; las de Oliera y de Bidiaschina 
son laterales (1) ; 

9 o El opérenlo de la agalla de Ce- 
cidoses es un tronco de cono, adqui- 
riendo cuando seco la forma de tapón 
con relieve en su parte externa ; 

10° Este opérenlo se forma natural- 
mente, sin la intervención del insecto, pudiéndose comparar exacta- 
mente al fenómeno de la caída de las hojas; 

11° La saliva de las larvas de las distintas mariposas debe ser co- 
mo un fermento, una diastasa, una toxina específica, o algo parecido, 
que provoca la formación de las agallas ; 

12° La saliva de cada especie animal debe tener propiedades dis- 




Fig. 14. — Corte semejante al anterior, pe- 
ro de un solo habitáculo hasta la perife- 
ria de la agalla y mucho más aumentado. 
Aquí se ven los tamaños relativos de líis 
células de cada región. Al centro, el cuar- 
tito de la Bidiaschina rodeado de células 
pequeñas las que están rodeadas por te- 
jido libero-leñoso {de negro en el dibujo) ; 
luego un tejido de células grandes, laxo 
(representado en el dibujo anterior por 
punteado) ; luego un tejido de células pe- 
queñas subepidérmicas (representado en 
el dibajo anterior por layitas) . atravesadas 
por vasos y por fin la cutícula (original). 



(1) La palabra terminal tioue aquí el único sentido do qvie si cada brotecito, cu 
un vegetal, implica el posible, desarrollo de una rama, la formación de la agalla 
sobre el brotecito imposibilita el crecimiento de esa rama ; es por lo tanto una 
posición bien distinta de las agallas de Oliera y de Kiiliasehina que so forman 
sobre la. rama entre los brotes y sin que éstos se hayan de considerar : estas son 
verdaderas agallas laterales. 



132 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tintas, pues a cada especie animal corresponde una formación agallar 
distinta ; 

13° Estas salivas modifican fundamentalmente la estructura délos 
tallos del Schinus, dándoles la estructura de la raíz, lo que se lía vis- 
to especialmente en las agallas de Gecidoses y de JSucecidoses. La mo- 
dificación debida a la BidiascMna es tal vez aún más profunda. 

Aquí se abre un nuevo capítulo, me parece, para la química bioló 
gica, la química zoofitopatogénica o parasitología : como existe una 
relación íntima entre los protoplasinas vegetales y los humores, fer- 
mentos, diastasas o toxinas producidos por los insectos que a esos vege- 
tales atacan, no sería raro y extraño tener agallas de Gecidoses pro- 
vocadas sin la intervención de este animal sobre el Molle de incienso. 

Seráme permitido vislumbrar el día en que los floricultores nos 
venderán rosas y claveles monstruosamente desarrollados a la par 
que delicados y divinamente perfumados, pero no al acaso sino vo- 
luntaria y sistemáticamente modificados; el día en que cambiaremos 
en plantas útiles todos aquellos vegetales que por boy nos son com- 
pletamente inservibles; el día en que se nos dará la clave de las 
transformaciones botánicas en el transcurso de los siglos. Esta mi 
sospecha puede ser exagerada, pero ¿ hemos llegado tal vez al finis de 
la ciencia? 



APPENDICE 

Fam. CECIDOSIDAE Brfethes, n. fam. 

J'établis cette famille pour un groupe de papillons cécidogénes 
dont les lar ves sont parfaitement apodes et qui comprendra des main- 
tenant les genres Gecidoses Curt., Glistoses Kíeff., Uucecidoses Bré- 
thes et Oliera Bréthes. 

D'un autre cóté, ce sont les seuls papillons connus jusqu'á ce jour, 
que je sache, qui produisent des galles géométriques, du moins les 
trois premiers. 

Gen. CECIDOSlíS Curt. 

Je ne samáis mieux faire que de copier l'article publié á ce sujet 
par John Curtis dans les Transactions of the Zoológica! Society of 
London, vol. I, 1835, pp. 311-314 : 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 133 

I ara induced to lay the following observations and the accompanying dra- 
wing beíbre tbe Society, rather with a desire of drawing the attention of 
tbose naturalista tothesubject wbo may visit the . countr.v from whence tbe 
material s were brought, tban with any bope of being able to explain the 
remarkable facts connected with tbe reconomy of tbe insect wbicb is the 
object of tbose investigations. 

Mr. Howship, wbo flrst showed me the curious galls and presented me 
with specimens, inibrmed me at the same time that they were collected by Mr. 
Earle, wlio accompanied captain Fitzroy in the Beagle gun-brig : he forrad 
them, I understánd, in December, on a spot fifteen miles to the west of Mon- 
te Video, Rio de la Plata. The plant bearing the galls, which Mr. David 
Don thinks may be a species of Gelastrus, forins a sort of imderwood shrab, 
observed only in that part of the country. 

The branch represented at B (Píate XL) (1) shows the situation of two 
galls : they are frequently smaller, and sometimes flve or six are clustered to 
gether, but I have never seen more tban two issning from the same point. Tho- 
se in tbe píate are wrinkled, owing, I suspect, to their having been in a young 
state when gathered, for many of the examples are smooth. The galls arise 
where the attachment of leaves or flowers is indicated, and are therefore 
most probably produced by the transformation of the buds themselves. On 
the side of the gall is a round aperture, with an operculum beautifnlly fit- 
ted to it (fig. B., o) (2) which may be easely picked out with the point of 
a penknife : this operculum is equally convex with the rest of the gall and 
is of the same thickness with it, but the diameter of the inside is less than 
that of the external surface, which forms a broader rim (fig. 12, o) (3). In 
fig. 11, the operculum has been removed to show the orífice, round which the 
margin is thickened and a little raised. At fig. 13 (4) a gall is divided longitu- 
dinally, showing its texture and the interual cavity, with the aperture on the 
opposite side, from which the operculum, has been removed. At fig. 14 (5), 
another section is given to show the situation of & pupa that is attached by 
its tail to the base, with its head cióse to the operculum, which of course gi- 
ves way by a slight expansión or elongation of the pupa when the insect 
is ready to hatch, and the skin is tlieu left sticking in the passage. 

Having explained the structure of these galls, it is necessary to observe 
that many insects belonging to the order Hymenoptera have tbe power of 
forming these excrescences ; one of wbicb, the Diplolepis Gallae-tinctoriae. is 
well known as tbe fly causing the galls employed in the manufacture of 

(1) Remplacé ici par la photographie ligare 1 b. 

(2) Figure 16 a du préseut artiole. 

(3) Figure 16 b du present article. 

(4) Figure 16 c du préseut article. 

(5) Figuro 16 d du prósont article. 



134 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ink, etc. : but there is only one instance on record, I believe, of any Lepi- 
dopterous Inseet having this property ; and not being aware of it at the time 
I was pursuing iny investigations, I was very much astonished, on exami- 
ning the pupae, to find that they belonged to the order Lepidoptera, none 
of which are parasitic in their osconomy: and this rendered the fact still 
more anonialous and perplexing. The under side of one of these magnifled 
at fig. 15 (1), shows the antennae, legs, and wings, folded in the usual 
nianner, and flg. 16 (2) represents the back of the same. 

Eemarkable as these facts must appear to the naturalist, they are not more 
so than the astonishing contrivance for inclosing and protecting the pupa. 
In what way the opereulum is formed to fit so beautifully that there is litt- 
le doubt, when the plant is alive, this suture would be with difñculty dis- 
covered, is a question that nothing but actual observation can solve. It 
may certainly be fairly inferred that it is the operation of the Caterpillar, 
since there are no galls wanting opérenla , and the existence of the dead 
pupae within thein proves that it is not the work of themoth: neither have 
the Lepidoptera the means of cutting or biting except in the Caterpillar state. 

On reviewing the subject it appears probable that the female moth de- 
posits her eggs in the buds ; that the secretions of the caterpillars cause the 
forruation of the galls, which, when fullygrown. form, as it were, cocoons 
for the protection of the ehrysalides ; and that, in order that themoth may es- 
cape when hatched, the Caterpillar cuts out an opereulum, which fornis a plng 
that can be easily removed by the moth when it bursts from the chry salís. 

I shall not speculate further on the wonderful ceconomy of this little in- 
sect ; but in order to identify it I shall proceed to give its characters as 
well as I am able from the imperfect state in which it is found in the galls. 

Ordo Lepidoptera. Fam. Tortricidae! Genus Cecidoses. — Capiit par- 
vum. Antennae corpus longitudine aequantes, gráciles, ciliatae, articulis 
elongatis numerosis, in capitis vértice prope oculos insertae. Thorax squa- 
niulis derjressis vestitus. Abdomen subrobustum, ovato-conicum. Pedes 
longi : tibiis anticis spiná prope apicem munitus, intermediis posticisqne 
ad apicem calcaratis, his dense squamulatis et in medio praeterea bi-spino- 
sis; tarsis 5-articulatis, articulo basali longissimo; ungwibus pnlvillisquemi- 
nutis. Alae sublanceolatae. 

Observation. — A l'époque oü travallait Curtís, on n'avait pas en- 
coré consideré la vénation alaire ponr la distribution des fainilles des 
Lépidoptéres. Aujourd'hui que ce travail est réalisé, il me sera peut- 
étre possible d'avancer quelque peu la classification des papillons qui 
nous oceupent. 

(1) Figure 16 g du présent article. 

(2) Figure 16 / du présent article. 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 



135 



II me parait hors de doute que la classification de ees animaux 
doit se réaliser entre les Tortricidae et los Tineidae. Mais leurs ailes 
postérieures n'ont qu'une seule veine anale, et lenr frange n'est niüle- 
ment bien développée, ce qui du coup ne nous permet pas de les in- 




15. — Yénation alaire de : a, Cecidoses eremita Curt, 
b, Eucecidoses minutanits Bréthes (original) 



clure ni dans une famille ni dans l'autre. Pour cette raison je propo- 
serai la nouvelle famille : Cecidosidae. 

Cecidoses eremita. Cec. cinereus : alis anticis satúrate brunneo-macti- 
latis, dense ciliatis ; posticis albidis. Hab. prope Monte Video. Pupa in gallis 
Celastro abscondita. 

From tlie stoutness of tlie body I am inclined to think that this moth is 
one of the Tortricidae, but it may perhaps belong to the family of Pi/ra- 
lidae or to that of Crambidae; if so, however, one would expect to tind 
tlie palpi more strongly developed, but I liave not been able to discover 
either them or the maxiUae. Although not analogous in its eecononiy, it may 
be bere remarked that the maggot so often met with in apples is one of the 
Tortricidae, and that there are many of the Tineidae that leed only on the 
parenchyma of plants. 

The recorded instance of a similar oceurrence to which I have referred 
above is that of an insect described and flgured by Reaumur, which evi- 
dently belongs to the same group as tlie Cec. .Eremita. This may be regar- 
ded as a most interesting coincidenee, because Reaumnr's insect was a na- 
ti^e of the Isle of Cyprus. It difl'ers, however, from the South American 
one in soine material points, wliich I símil briefly notice. 

Reaumnr's insect í'ormed galls, on what he terms a species of Linioniuní . 
about the size of those of Cec. Eremita; but although they lia ve a sort of 
little head or crown opposite to the stalk, no mention is made of an oper- 
culum. In bis figure 1 a circular space is marked, and there is either a 
small excrescence in the centre, or the pupa is represented stieking out. 
This acute observer never saw the Caterpillar alive, but he has no doubt of 
its piercing the gall to allow of the subsequent escape of the nioth. The ca- 



136 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



terpillars spin a cocoon of white and shining silk, which occupied tlie in- 
side of the galls, and formed a beak that entered the outlet. It appears to 







■Q 






Fig. 16. — a, b, c, d (copiados de Curtís) , agalla seca, opérculo, agalla sec- 
cionada dejando ver el agujero de salida y agalla seccionada mostrando la 
ninfa en su interior ; e, f y g, ninfa de Cecidoses eremita, de lado, de dor- 
so y por debajo ; k, larva de Cecidoses eremita; i, mandíbula de la primera 
larva de Cecidoses eremita; j, partes anterior y posterior, muy aumen- 
tadas, de la larva segunda de Cecidoses eremita, vista ventral; k, crisá- 
lida de Eucecidoses minutanus, vista dorsal (original). 



be a Iarger insect than ours; and it is worthy of remark, that in more than 
three íburths of the galls silk was discovered, formed by the larvae of 
other insects which had devoured the caterpillars of the moth. 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS 187 

This circumstance gives rise to another question, namely, Are t.lie insects 
of températe climates more subject to the attacks of parasites than those 
inhabitirig more tropical regions; or were the Oriental galls so freqnently 
infested owing to the pwpae ibeing only protected by a cocoon at the outlet, 
rendering the ingress of parasitic insects inore easy than in the others, 
which were completely inclosed and protected by the gall? This, however, 
not forming a part of out present inquiry, may be deferred for future dis- 
cussion. I shall therefore only add, that I found nothing but perfect chrysa- 
lides in all the galls that I liad an opportunity of examining, which amoun- 
ted to six or se^en, from the liberality with which I was supplied with ad- 
ditional specimens by A. B. Lambert, Esq., during my investigations. 

Par ce qui precede on peut voir que cléjá Curtís avait reconnu un 
cas singulier de Oécidologie due á un papillon. 

Je donnerai a présent briévernent la description des papillons ob- 
jet de cette note. 

Cecidoses eremita Ourt. — Imago. Bnvergure : 26 mm. Ailes 
d'un gris perle clair, parfois avec un teiiit canelle, les supérieures 
avec atornes épars brunátres. Le premier article des antennes avec 
une touffe d'écailJes en dessus , les suivants sétacés; palpes maxillai- 
res nuls, les labiaux constitués par un moignon rudimentaire; spiri- 
trompe nulle. Ocelles indistincts. 

Ailes (flg. 15, a) supérieures paralléles, leur bord externe oblique; 
12 nervures, toutes séparées, la l re bifurquée á la base, la 2 e sortant 
de la cellule vers le '/¡ postérieur. Ailes inférieures plus larges que 
les supérieures, leur bord externe oblique, l'angle postéro-externe 
arrondi ; 8 nervures, les 3 et 4 sortant du méme point ou presque, 
ainsi que les 5 et 6; la 8 est bifurquée a la base. Tibias postérieurs 
avec écailles longues. Antennes longues de 7 millimétres. 

Le mále a une ligne de cils tres flns en dessous des antennes. 

Larve (flg. 16, h,j). Je crois qu'il n'y a que deux états larvaires : 
el premier dont la dépouille est collée contre le bord interne de la 
galle : j'ai dessiné de cette prendere larve une mandibule (flg. 16, i) 
qui est 4-dentée á son extrémité. La larve seconde est Manche, le 
plus large au 2 o segment tboracique, assez abruptement amincie vers 
la tete et progressivement vers l'extrémité postérieure. Ce qui carac- 
térise du premier coup cette larve, c'est le manque absolu de pattes 
dont la place est représentée par des élévations assez peu remarqua- 
bles. Des poils flns épars de chaqué cóté des segments. mais non 
sur le dos ni sous la ventre. 

Ghrysalide (flg. 16, c,f, g). La cbrysalide est subcyHiuhique, assez 



138 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

brusqueinent atténuée aux extréinités. Les ptérothéques et les podo- 
théques atteignent l'extrémité de l'abdomen. Ce qui caractérise spé- 
cialement cette chrysalide, c'est la surface dorsale des segments de 
l'abdomen qui ont une región cou verte de spinules sans ordre appa- 
rent e.tde couleur brunátre. La couleur de la cbrysalide est d'un jau- 
ne-ocbracé ou canelle uniforme. 

Au moment que le papillon abandonne la galle, la dépouille chry- 
salidaire reste en partie en debors et en partie en dedans de sa de- 
meure. 

EUCICCIOOSES Bretbes, n. gen. 

Tete lisse, acalles apprimées : le premier article des antennes 
grossi avec touffe d'écailles dirigées en bas; palpes et spiritrompe 
nuls; ocelles indistincts. Ailes (flg. 15, b) supérienres paralléles, leur 
cóté externe oblique, á 11 nervures, la 1 bifurquée a la base, la 2 sor- 
tant de la cellule vers le '/ 4 postérieur, les 3 á 6 a i>eu prés equidis- 
tantes, les 7 et 8 un peu plus voisines. Les ailes postérieures un peu 
aigués a l'extrémité, nervure anale unique, les 3 et 4 coalescentes 
ainsi que 5 et 6, la 8 bifurquée a la base. A noter une veine trans- 
verse entre 7 et 8 aprés la cellule. 

Fucecidoses tiiiimlamis Brethes, n. sp. 

lmago. Envergure : 12 mm. Ailes d'un marrón clair, la frange un 
peu plus obscure; chez certains exemplaires, la majeure partie des 
écailles des ailes supérienres ont leur partie apicale un peu plus obs- 
cure que la básale d'oii il resulte que les ailes paraissent claires sau- 
poudrées d'une grande quantité de points plus obscurs. Sur les paites, 
les écailles sont d'un blanc d'argent. Comme chez l'espéce precedente, 
le mále se distingue de la femelle par une ligne de flns poils érects 
sous les antennes. 

Larve. Je ne trouve pas de caracteres saillants entre la larve de 
cette espece et celle de Cecidoses eremita. Cependant les poils de la 
larve d' ' Eucecidoses minutanus paraissent étre plus nombreux que 
chez l'autre espece. 

Chrysalide (flg. 16, Je). Egalement tres semblable a celle de l'espéce 
de Curtís, mais les segments dorsaux de l'abdomen n'ont chacun 
qu'une file de spinules noirátres. 

Cette espece apparait en octobre-novembre. 



LEPIDÓPTEROS ARGENTINOS PRODUCTORES DE AGALLAS . 139 



OMEKA Brethes, n. gen. 

Tete lisse, écailles apprimées, antennes á article basilaire gros.si 
avec une touffe d'écailles dirigées vers le bas, les articles suivants 
sétacés; palpes nuls ainsi que la spiritrompe. Ocelles indistincts. Ai- 
les (flg. 16, d) supérieures paralléles, á borcl externe oblique, á 12 ner- 
vure : l'anale biíurquée á la base, la 2 sortant de la cellule vers le '/, 
postérieur, les veines suivantes toutes libres et á peu prés equidis- 
tantes. Ailes inférieures assez arrondies, á 7 nervures : l'anale man- 
que, la 8 est bifurquée a la base. 

Oliera argeiitinana Bréthes, n. ap. 

Imago (flg. 10, c). Envergure : 12 mni. Les ailes, le corps et les pattes 
sont recouverts d'écailles d'un cuivreux uniforme. Les tibias posté- 
rieurs sont garnis de longues écailles. 

Volé en novembre. 

Larve (fig. 10, e). Longueur máxima : environ 3 mm. Elle est relati- 
vement épaisse, ses trois segments tboraciques avec la región des 
pattes légérement grossie oú, á leur place, on voit une marque marrón 
ellipsoidale, sans d'autres Índices de pattes. Les segments dorsaux de 
l'abdomen 2 á 8 avec une file básale de spinules. 

Ghrysalide (flg. 10,/, g). Longueur : environ 3 mm. Ovale, plus large 
vers le '/ 3 postérieur, lesmucrons cépbaliques en deux files : 3 sur un 
plan supérieur, les latéraux aigus, et deux sur un plan antérieur. Six 
files d'épines dorsales au bord antérieur des segments. une file au 
bord postérieur d'un segment et un mucron apical. 



RIDIASCHUVIDAE Brethes, n. fam. 

Dans la poursuite de mes études sur la famille antérieure (Cccido- 
sidae), j'étais loin de supposer que pour le papillon que j'étudie ici 
j'aurais encoré besoin de fonder une nouvelle tamille. Et cependant 
je ín'y vois obligé, vu les caracteres insolites de ce petit animal. II n'y 
a pas de doute que Bidiaschina congregatella correspond aux dernié- 
res familles des Lépidoptéres, Micropterygidae et voisines, Mais la 
nervation alaire que j'appellerai incipiente, ajo.utée au manque do 
parties buccales et á celui de pattes vraies cliez la larve. réunissent 



140 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

un ensemble de caracteres que l'on ne voit pas chez Micropterygidae, 
Eriocraniidae, etc., m'obligeant á creer la faniille que je propose. 

Pilis capitis plus minus erectis, haud appressis, palpis, lingua, 
ocellisque nullis; antennis dimidio alarumplus minus aequelongis, alis 
vena basali vera, ceteris spuriis, tibiis mediis posticisque ápice bicalca 
ratis, istis in medio haud calcar atis. 

Ponr le moment la famille se composera du seul genre 



IÍIDIASCHIiXA Bréthes, n. gen. 

Gaput püis plus minus erectis, palpis, lingua, ocellisque nullis; an- 
tennis dimidio alarum anticarum plus minus aequantibus, 20-articulatis, 
articulo basali modice incrassato et deorsum ver sus appresse piloso , ar- 
ticulis ceteris plus minus aequalibus, pilosulis, alis (flg. 11, b) lanceola- 
tis, posticis apicem versus magis acutis, basi vena única munitis, venís 
spuriis (anticis 6, posticis 4) cellula haud formantibus, venis radialibus 
ápice furcatis, tibiis anticis haud ealcaratis, tibiis mediis posticisque 
ápice solum bicalcaratis, tarsis 5-articulatis, protarsis quam artículos 
sequentes vix -aequelongis. 



Ridiaschina congregaldla Brethes, n. sp. 

Imago (flg. 11, a). Euvergure, 7 mru. Tout le corps et les ailes sont 
couverts d'écailles noires uniformes et piliformes. 

Larve (flg. 11, e). Elle atteint au máximum environ 5 millimétres. 
Elle est toute Manche, excepté les sutures céphaliques qui sont noi- 
res. Aux segments thoraciques elle porte des pseudopodes assez sail- 
lants et fins : l'extrémité de ees pseudopodes est légérement rem- 
brunie, mais (vu méme au microscope, n° 7 a Beichert) sans ongles ni 
appendices quelconques. Sur le bord supéro-externe des meso et 
métatborax il y a aussi une petite tache légérement rembrunie. 

Chrysalide (flg. 11, c, d). Elle a environ 5 millimétres de longueur. 
Elle est toute blanche d'abord, jmis le mucron céphalique et ensuite 
progressivement tout le corps prennent une couleur obscure presque 
noire. Elle se distingue par son mucron céphalique qui est constitué 
de 7 épines, les deux externes les plus grandes. Le dos des segments 
abdominaux porte de petites épines. Le ll e segment porte deux épi- 
nes cornees, assez divergentes et aigués. 



LA INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 

SU POSIBLE DESARROLLO EN EL PAÍS 

CONFERENCIA LEÍDA EN LOS SALONES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA BAJO EL PATItOCINTO 
DE LA SOCIEDAD QUÍMICA ARGENTINA, EL 24 DE AGOSTO DE 1914 

Por el doctor JORGE MAGNIN 

Director del Instituto de química del Departamento 

nacional de higiene 



Pocos días después de iniciarse la gran contienda europea, comen- 
zó á notarse la influencia que tenía sobre su desarrollo el mayor ó 
menor grado de adelanto de las industrias de los países beligerantes 
y en especial de sus industrias químicas. Pero lo que aquel entonces 
tenía sólo importancia para las naciones en guerra, pronto tuvo un 
valor grande para todos los países neutrales que en épocas de paz 
habían descuidado el desarrollo de dichas industrias, y podemos de- 
cir, sin temor de equivocarnos, que sólo los Estados Unidos de Norte- 
América babían llegado, y eso parcialmente, á la verdadera indepen- 
dencia económica y sólo ellos pudieron entonces sacar provecho, en 
la forma que todo sabemos, de una situación anormal que todo buen 
gobierno debe prever. 

Y es que ningún país es realmente soberano mientras dependa de 
la producción de otros y nosotros los argentinos más que ninguno nos 
encontramos en esa situación. Con un clima variable entre los mayo- 
res límites, desde el trópico hasta las regiones polares, con las mayo- 
res elevaciones del globo hasta los valles más dilatados, con bosques 
impenetrables, poblados por una vegetación exhuberante y una launa 
que es toda una riqueza, la República Argentina esta en condiciones 
de tener uno de los primeros puestos entre las mas aventajadas nacio- 
nes del mundo. 



142 ANALES DB LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

¿Qué hemos hecho y qué debernos hacer aún! Por de pronto re- 
salta, sin contradicción posible, la exportación agrícola y ganadera y 
es tan grande su desarrollo que bien podemos decir que constituye 
uno de los mayores emporios de carne y de granos del mundo entero. 
Podemos estar orgullosos de nuestro desarrollo agropecuario que ha 
tomado un incremento tal que ha logrado tener influencia en el mer- 
cado mundial. 

¿Basta nuestro adelanto en agricultura y ganadería para asegnrar 
el porvenir del país "? Debemos declarar terminantemente que no. La 
guerra europea, que tantas enseñanzas nos está dando, nos señaló 
de una manera que no deja lugar á dudas el camino á seguir y nos 
demuestra con toda claridad que la era de la industria ha principiado 
para nosotros y que debemos dedicarle todas nuestras energías, si 
queremos transformar á este hermoso país en un emporio de riquezas 
para el mayor bienestar y felicidad de sus habitantes. 

¿Qué influencia ha de tener el gobierno en el desarrollo de nues- 
tras industrias ? 

Indudablemente que la influencia que ha de ejercer el gobierno 
debe ser grande. Los países mal gobernados son atrasados y débiles, 
en cambio aquellos que tienen rumbos bien definidos y que tienen á 
su frente personas previsoras y bien intencionadas progresan y llegan 
a su destino con toda facilidad. 

En el pueblo está toda la fuerza necesaria para la preparación y 
desarrollo de las más grandes obras; sólo hace falta quien dirija y 
oriente sus destinos. Á veces la más ligera indicación de parte de las 
autoridades, la más pequeña presión sobre la masa trabajadora, basta 
y sobra para determinar un poderoso esfuerzo que se traduce pronto 
en un adelanto de la Nación. 

La industria química es indudablemente la más importante de to- 
das las industrias. Es la madre de todas, puesto que derivan directa- 
mente ó indirectamente de ella. Cuando Puiggari decía en una de sus 
obras que sin ácido sulfúrico no puede haber industrias, decía también 
con toda claridad que todas ellas son ramas de la industria química. 

Es indudable que la industria nació con el hombre y aun antes 
que el hombre, pues los animales tratan á menudo de mejorar sus 
condiciones de vida, creando materiales y objetos adecuados para su 
mejor empleo. 

Para satisfacer sus primeras necesidades el hombre primitivo puso 
á prueba su naciente inteligencia originándose así el espíritu inven- 
tivo. Es natural que las primeras industrias fueron la caza y la pesca 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 143 

y en ellas llegó el hombre á un manifiesto grado de adelanto. Más 
tarde dándose cuenta de la insuficiencia de ese modo de vida, se de- 
dicó á domesticar los animales necesarios para ella y como conse- 
cuencia natural de esta evolución, tuvo que dedicarse al cultivo de 
la tierra para alimentar el ganado así obtenido. 

Creada la agricultura poco tardó el hombre en darse cuenta de su 
importancia y las variedades de plantas comestibles aumentaron pau- 
latinamente mejorando su situación. 

Para el mejor desarrollo de la ganadería y de la agricultura se 
crearon herramientas de todas clases y nacieron así una infinidad de 
industrias entre las que no fueron poco importantes el labrado de la 
piedra, el trabajo de la madera y la obtención de los metales. 

En esa forma y paulatinamente, el hombre fué dominando á la na- 
turaleza y como bien dice Daniel Bellet en su libro sobre la Evolu- 
ción de la industria « cada acto industrial era realmente una manifes- 
tación, un continuo esfuerzo hacia una existencia mejor » ó como dice 
Ivés G-uyot « era la dominación siempre preponderante del hombre 
sobre las cosas, lo que asegura un máximo de satisfacción con un 
mínimo de trabajo. Bellet dice también que la evolución social es 
condicionada y lo ha sido siempre por la evolución industrial y que 
todo progreso material y como consecuencia todo progreso moral, han 
sido debidos á los progresos de la industria al mismo tiempo que de 
la técnica. 

Las primeras industrias creadas por el hombre fueron esencialmen- 
te domésticas ; siendo escasas las vías de comunicación, cada pueblo 
tenía que bastarse á sí mismo y aun las familias permanecían en un 
aislamiento industrial casi completo. 

Poco era el intercambio y sólo nació mucho más tarde debido al 
mayor contacto y conocimiento de los demás y á causa de la sobre- 
producción originada por el perfeccionamiento del material y del 
obrero. Una de las causas que mantuvieron durante mucho tiempo 
el carácter familiar de la industria fué la esclavitud, pues permitió 
crear en la familia una serie de industrias que eran mantenidas pol- 
los esclavos. 

Sin embargo fué el esclavo el factor quizá más eficiente en el des- 
arrollo de la industria, pues permitió la especialización, lo que trajo 
consigo el perfeccionamiento y la mayor producción. De esta última 
nació el intercambio por serle imposible á la familia consumir todo lo 
producido, y con el intercambio la industria tuvo rumbos inespera- 
dos, entrando desde entonces en su verdadero desarrollo. 



144 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Una de las causas no menos importantes para el progreso de la in- 
dustria fueron las frecuentes guerras entre los diversos pueblos y 
tribus; ellas permitieron el conocimiento de lejanos países cuyas pro- 
ducciones eran á menudo muy distintas; sabemos que eran ellas las 
que proporcionaban los esclavos necesarios para alimentar la produc- 
ción familiar. Hay más aún y como lo dice también Bellet : « La gue- 
rra en las primeras edades y durante mucho tiempo no era más que 
una forma de la producción, entendiéndose esta palabra en el sentido 
económico ó sea operación que consiste en poner á nuestro alcance 
lo que no lo está » y agrega « la guerra que Labia de llegar á ser tan 
costosa y tan perjudicial para los mismos vencedores, ha sido en sus 
comienzos un medio de procurarse riquezas y productos creados en 
los países á que se atacaba. Era ciertamente una manera violenta, 
pero en realidad era un procedimiento para conseguir la actividad 
de un gran número de gentes, pues no contentos con la de los pro- 
ductores nacionales, se iban á buscar productos fabricados por los 
vecinos. » Nosotros podríamos agregar que eso mismo es lo que su- 
cede actualmente, solamente que ya no se lucha para obtener del ve- 
cino lo que ha creado por su industria, sino que la necesidad de ex- 
tender á ésta, obliga á la guerra para ensanchar el marco en el cual 
se desenvuelve y para crear también nuevos mercados para el exceso 
de la producción. 

Las guerras aumentan así el intercambio que fué en buena parte 
creado por ellas. La influencia de las guerras no se hace sentir úni- 
camente en los países beligerantes y á menudo los demás países neu- 
trales benefician en ellas en mayor escala. En la época actual estamos 
asistiendo al nacimiento en nuestro país de una infinidad de indus- 
trias, hijas de la necesidad en que nos ha colocado la contienda eu- 
ropea. El gobierno también se ha preocupado de crear un órgano 
nuevo para evitar el malestar producido por la falta de muchos pro- 
ductos industriales, y en la rama de los productos químicos y medi- 
cinales ha creado en el Departamento nacional de higiene un órgano 
nuevo dedicado á la fabricación de dichas substancias. 

Es indudable que el trabajo esclavo no era el más conveniente y 
fué poco á poco substituido por el trabajo libre que permite mayor 
iniciativa y despierta más interés, además las costumbres fueron dul- 
cificándose con la civilización y con esto desapareció poco á poco la 
esclavitud. 

Desaparecido el esclavo, la familia no pudo ya continuar su fun- 
ción industrial por carecer de los brazos necesarios. El trabajo libre 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 145 

trajo consigo el salario y la necesidad de aumentar la esfera de acción 
de la fábrica para aumentar las ganancias. Para eso se necesitaron 
capitales cada vez mayores y se constituyó así la gran industria, la 
la que permite, á causa de los poderosos medios que pone enjuego, 
obtener mucho, bueno y barato á bajo precio. La gran industria crea 
á su vez la necesidad de desarrollar las vías de comunicación para 
facilitar el intercambio y de allí derivan mejoras sociales y morales 
de gran importancia para la civilización. 

El factor más importante para la creación de la gran industria es 
indudablemente el capital. Esta es la razón por la cual todo país que 
se inicie en el trabajo industrial tiene que empezar por crear la pe- 
queña industria, menos costosa, pero no menos importante, puesto 
que por su crecimiento se llega á la gran industria. En este momento 
histórico nos encontramos nosotros ahora y toda nuestra actividad 
debe desarrollarse en crear y multiplicar la pequeña industria, ma- 
dre de industrias mayores que pronto se obtendrán por evolución na- 
tural de las cosas. Bellet dice con toda claridad entre otras cosas : 
« Y esto es un fenómeno natural, porque capital quiere decir acumu- 
lación, ahorro, y para acumular y ahorrar es preciso haber producido 
más de lo suficiente y para esto se necesita un cierto tiempo; supo- 
niendo una producción que exceda en mucho á las necesidades y al 
consumo diario. 

Paul Leroy-Beaulieu dice : « que las sociedades han pasado por fa- 
ses sucesivas desde el punto de vista de la formación de capitales. 
En la primera fase con las sociedades y la industria en su principio, 
no hay avances ni reservas ; se vive al día, no existiendo más que un 
segundo período que llega con bastante lentitud y penosamente, don- 
de el capital puede acumularse y crecer». 

Según Salvioli « la emulación era progresiva pero lenta; por otro 
lado los capitalistas romanos se dedicaron especialmente á las opera- 
ciones de préstamos, persiguiendo el acaparamiento de la tierra y 
desdeñando ser los comanditarios de la naciente industria. Esto mis- 
mo pudo escribirse en la época actual para nosotros y se aplica muy 
especialmente á nuestros capitalistas argentinos. 

Es indudable que no existe industria sin comercio y al crearse la 
industria es necesario también crear la clientela. Nacieron asi el ven- 
dedor ambulante y luego el viajante de comercio, la propaganda en 
todas sus formas y á la cual la imprenta no dio pocos impulsos. Más 
tarde acordaron los vendedores y compradores reunirse en un sitio 
determinado y se crearon los mercados y ferias. Estas Últimas tan en 

AN. yOC. ÜIBNT. ARG. — T. I.XXX11 10 



146 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

boga en la antigüedad, no son menos importantes hoy en día y pode- 
mos citar entre otras las muy importantes de Lyon en Francia, la de 
Leipzig en Alemania y la deNijni-Nowgorod en Rusia. 

Una forma de la feria más aparatosa y que se celebró en ciertas 
ocasiones, es la exposición: de ellas fueron célebres las de París, de 
Gante, de San Francisco y las nuestras del pasado centenario de 1910. 

La creación de la gran industria en Europa se debe en buena parte 
á iniciativas gubernamentales y cuando el gobierno no era el capita- 
lista que implantaba la industria, como en el caso de las fábricas de 
porcelana de Sévres en Francia y de Berlín y Meissen en Alemania, 
intervenían indirectamente, reglamentando su funcionamiento y Be- 
llet piído decir que « la creación y buena marcha de las manufacturas 
reales habían llamado la atención de los capitalistas y ricos negocian- 
tes que se entregaron á esa nueva forma de actividad». Pero es in- 
dudable que el desarrollo de la gran industria se debe muy especial- 
mente al adelanto de la mecánica, el que permitió aumentar en una 
forma sorprendente el rendimiento, disminuyendo proporcionalmente 
el costo. Marn y Adam Smith están de acuerdo en reconocer la in- 
fluencia de la máquina en la gran industria y dicen entre otras cosas 
que trae precisión, rapidez, baratura, más orden y regularidad en la 
producción, menos mano de obra y una baja de los precios. 

La gran industria trae consigo el aumento de capital, debido al 
costo grande de las instalaciones, necesita pues mayor atención de 
parte del gobierno para fomentar y vigilar estos capitales. Trae tam- 
bién una superproducción y se necesita dar salida á estos productos 
fabricados. 

De nuevo la influencia del gobierno debe hacerse sentir en sus re- 
laciones comerciales con los demás países, facilitando así las transac- 
ciones. 

Uno de los medios más poderosos de fomento industrial y comer- 
cial es el de transporte. Los caminos, los ríos y canales navegables, 
los ferrocarriles y los diferentes aparatos modernos de transporte ta- 
les como el camión automóvil á nafta y á vapor, son indudablemente 
los factores más eficientes del progreso comercial. Sin ellos la indus- 
tria no se desenvuelve con soltura y tiene que vegetar. 

A su fomento deben, pues, dedicarse los gobiernos si quieren rea- 
lizar una obra protectora. M. de Fovilleen su trabajo La transforma- 
tion des moyens de transport, señala la diferencia de precio del trans- 
porte por kilómetro de una tonelada de carga. Así para el buhonero 
es de 3,50 francos, si se emplea una bestia de carga 85 á 90 céntimos 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 147 

y si se emplea el ferrocarril es de 4 céntimos y aun en algunos casos 
1 á 2 céntimos. 

No menos importante es la influencia que la ciencia ha tenido so- 
bre la industria y ello se comprende fácilmente si se tiene en cuenta 
que ella es la que ha creado todo el instrumental, la máquina y el 
método. Sin embargo, la rutina su enemiga inconciliable, ha hecho 
muchas veces que su acción sea muy lenta. El hombre, como bien se 
ha dicho, es un animal de costumbre y le cuesta abandonar los méto- 
dos viejos por otros más racionales y modernos. Las naciones que 
han sabido fomentar la acción del hombre de ciencia sobre sus indus- 
trias marchan hoy día á la cabeza de las demás. 

Emilio Levasseur dice « que lo que se ha llamado el conocimiento 
razonado de las leyes de la naturaleza, que esclarece la práctica in- 
dustrial y penetra en la manufactura, se ha generalizado, establecién- 
dose íntimas relaciones entre el laboratorio y la fábrica » y sigue di- 
ciendo : « Esto es verdad en todos los dominios : la ciencia substituye 
por la ftrerza del vapor por la muscular del hombre ó de los anima- 
les ; la ciencia ha permitido toda una preciosa serie de transformacio- 
nes químicas ; la ciencia nos ha dado la electricidad y otras tantas 
cosas que han modificado las prácticas industriales, haciéndolas más 
científicas, más económicas y más fructíferas ». 

H. le Chatelier decía que á últimos del siglo xviii, la Academia 
de ciencias de París, que marchaba á la cabeza del movimiento in- 
dustrial, era consultada por los particulares y los poderes públicos 
sobre todas las aplicaciones de las ciencias y aludía á los innumera- 
bles informes industriales de Lavoisier que forman una gran parte 
de sus obras completas, y añadía que esta aproximación entre la in- 
dustria y la ciencia había sido extremadamente fecunda. 

Haller en sus informes sobre la exposición de Chicago y de París 
decía : «El desarrollo progresivo de la industria sigue paralelamente 
al de la ciencia y las naciones donde la producción intelectual es 
más intensa, mejor utilizada, son las que terminan por tener la su- 
premacía desde el punto de vista industrial, y añade Bellet : « Los 
industriales que no se dan cuenta de estas verdades, no por eso dejan 
de ser deudores á la ciencia de todos los grandes progresos que han 
transformado su industria y la industria en general; sí que son muy 
grandes ingratos, cuando en una información hecha por la Rente 
scientifique sobre las industrias químicas francesas osaron decir que 
la gestión de su industria, sobre todo comercial, no necesitaba de quí- 
mica ni de la colaboración de sabios. » En presencia «le esas afirma- 



148 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ciones presuntuosas de ciertos industriales ignorantes, es bueno acor- 
darse de las palabras de Balard : « La ciencia no tiene sólo por misión 
satisfacer al hombre esa necesidad de conocerlo todo, de profundi- 
zarlo todo, que caracteriza la más noble de sus facultades, tiene tam- 
bién otra menos brillante, pero quizá más moral, que consiste en 
coordinar las fuerzas de la naturaleza para aumentar la de la produc- 
ción y aproximar los hombres á la igualdad por la universalidad del 
bienestar. » 

Muchos son los trabajos científicos que han aprovechado á la in- 
dustria y podemos citar muy especialmente los de Lavoisier, Scheele, 
Sainte-Claire, Deville, Chevreuil, Divinas, Scheurer-Kestner, Solvay. 
Ehrlich, Sobrero, Nobel, Moissan, Pasteur y muchos otros. Por otra 
parte no se puede negar la influencia que ha tenido la industria sobre 
la ciencia y sin ir más lejos la obtención industrial del frío (aire líqui- 
do, hidrógeno líquido, etc.), ha permitido la realización de experi- 
mentos científicos que hubieran sido en otra forma de inrposisle ó di- 
fícil realización. 

La fábrica moderna necesita laboratorio y no se concibe hoy día 
una fábrica sin él. En los países más adelantados esa unión es estre- 
cha y forman los dos un sólo organismo que constituye la fábrica 
científica. La importancia que se da al laboratorio en Alemania es 
tan grande, que nada se hace, nada se inicia sin haber efectuado an- 
tes un concienzudo trabajo científico de laboratorio. En esa forma se 
evitan esfuerzos iníitiles y pérdidas materiales grandes. Es entonces 
una verdadera economía gastar dinero en investigaciones previas y 
en pagar buenos sueldos á aquellos que van á poner á punto un pro- 
cedimiento. Con esa manera de pensar la industria alemana en todas 
sus manifestaciones y muy en especial la química, ha hecho progre- 
sos enormes y marcha hoy día á la cabeza de las demás. Por no ha- 
berlo creído así en Francia y en Inglaterra se ha producido un decai- 
miento que sólo hace pocos años se trata de remediar; por no haberlo 
creído así también hubieron de crear durante la actual contienda infi- 
nidad de organismos nuevos, modernos, cambiando sus métodos ruti- 
narios por los que la ciencia enseña. 

liada podría darnos mejor idea de la influencia de la ciencia en la 
industria que la fabricación moderna de los colorantes derivados del 
alquitrán. En los laboratorios alemanes se gastaron millones en in- 
vestigaciones científicas sobre este punto, se crearon verdaderas usi- 
nas tintoreras para estudiar la aplicación délos colorantes obtenidos y 
como resultado se ha logrado que dicho país sea casi exclusivamente 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 149 

el vínico productor de colorantes, y eso no puede disentirse cuando 
un país industrial como los Estados Unidos de Norte América, tuvo 
que hacer intervenir la diplomacia para conseguir durante la actual 
guerra unos cargamentos de materias tintoreras traídas de Alemania 
y nosotros sabemos más que nadie la penuria de colorantes que ha 
sufrido nuestra industria de tejidos. En cambio, en Inglaterra, país 
de Perkins y de muchos otros iniciadores de la industria de los colo- 
res derivados de anilina, no se han tenido en cuenta estas verdades 
y por esa razón se hizo tributaria en ese renglón de Alemania, que 
logró suplantarla con toda facilidad. He tenido ocasión de visitar en 
Alemania varias fábricas, entre otras las de Bayer, Merck, Badische 
Anilin-un Soda-Fabrik, Goertz, Meister Luciur und Brüning, etc., y 
todas ellas están dotadas de grandiosos laboratorios con instalacio- 
nes muy completas y donde se halla un verdadero ejército de quími- 
cos, ingenieros y médicos, que ponen á contribución su ciencia inven- 
tiva para generar nuevos procedimientos y nuevos productos que se- 
rán pronto fuentes de riqueza para ellos y para los que los han con- 
tratado. 

Debemos, sin embargo, reconocer que no sólo en Alemania se si- 
gue este sistema y que en Francia, en Austria, en Inglaterra, en Ita- 
lia y muy especialmente en Suiza y en varios países existen muchas 
fábricas modernas, dotadas de amplios laboratorios y es que la verdad 
se impone, debido á la prédica constante de espíritus selectos entre 
los cuales podemos mencionar muy especialmente á Moissan, á Sol- 
vay, á Haller y á Trillat. 

Una de las páginas más bellas de la industria química es la que 
trata de la síntesis orgánica, y la obtención de la úrea hecha por 
Woehler en 1828, abrió una nueva era para la industria química ; 
ella fué la que permitió más tarde la obtención de muchos otros cuer- 
pos, éntrelos que citaremos el alcanfor artificial, la vainilla, los co- 
lorantes de anilina, la mayor parte de los medicamentos modernos 
tales como el benzonaftol, el ácido acetil-salicílico (aspirina) la anti- 
pirina, el arseno-benzol, el caucho artificial y muchos otros productos 
no menos importantes. 

La síntesis de las substancias minerales es también interesante y 
sin ir más lejos, la fabricación del ácido nítrico por el arco eléctrico, 
la del amoníaco, la del carborundum, la del carburo de calcio, etc., 
da la idea de lo que la ciencia ha podido hacer cu favor do la in- 
dustria. 

En la usina moderna debe trabajarse con extraordinaria rapidez : 



150 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

en esta forma se puede vender barato, contentándose con un pequeño 
beneficio utilitario. Esta manera de trabajar se debe al enorme capi- 
tal empleado en máquinas, las que deben rendir un interés corres- 
pondiente á su costo, por esa razón las transformaciones deben ha- 
cerse lo más automáticas posible y en una sola ó en el menor número 
de operaciones. 

La fuerza motriz es el alma de la fábrica y debe ser abundante y 
barata. Podemos decir que la utilización adecuada de las caídas de 
agua transformando su fuerza en energía eléctrica, es la forma más 
conveniente de su obtención. Pero no es indudablemente la única y 
en muchos casos el carbón y el petróleo son insubstituibles. La Repú- 
blica Argentina es pobre en carbón, pero es excepcionalmente rica 
en petróleo y en caídas de agua y debemos fomentar por todos los 
medios su utilización. En toda fábrica bien instalada las operaciones 
deben hacerse evitando inútiles desplazamientos de objetos y de per- 
sonas; deben, pues, disponerse las cosas de manera que constituyan 
.un todo armónico y que las piezas y materiales que han de juntarse se 
encuentren en el mismo sitio automáticamente y con el menor trans- 
porte posible, y como dice Bellet : « Los profanos no pueden imagi- 
narse la ganancia de tiempo y de dinero que supone el que una pieza 
en curso de fabricación á la salida de una máquina encuentre inme- 
diatamente la otra adonde ha de ir á pasar para sufrir una nueva 
transformación. » Eraser habla en ese sentido de « la idea fundamen- 
tal de concordancia de movimientos ». 

El industrial moderno debe saber en todo momento el costo exacto 
de todos los productos que se elaboran en su fábrica y eso no es siem- 
pre fácil y sólo un método riguroso y un orden minucioso le permiten 
obtener ese resultado. Existen en Bélgica ingenieros comerciales que 
se dedican exclusivamente en la perfección de esos métodos, lo que 
nos da una idea de la importancia que se da en ese país esencialmente 
industrial á esos detalles de la fabricación. 

El transporte en el interior de la fábrica debe ser fácil y económico 
y el industrial no debe ahorrar esfuerzo para facilitarlo. Muchos son 
los métodos modernos utilizados en ese sentido : los Decauville. los 
puentes grúas, los alambre-carriles, cadenas sin fin, cintas transpor- 
tadoras, ascensores, aceras movibles, tubos neumáticos, son otros 
ejemplos de los medios modernos empleados. 

La industria moderna y muy especialmente las industrias químicas 
deben utilizar los subproductos para poder obtener provecho en su 
fabricación; es esa una condición esencial para su existencia, es nece- 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 151 

saria para poder producir barato. Un ejemplo clásico de esta utiliza- 
ción lo tenemos en la fabricación del gas de alumbrado ; la utilización 
cada vez mayor de los residuos de fabricación, el amoníaco, el benzol, 
el fenol, el toluol, la naftalina y muchos productos sin excluir la trans- 
formación en ácido sulfúrico del azufre residual. El procedimiento de 
Solvay para la obtención de la soda, es un ejemplo de la mayor utili- 
zación de los residuos que forman en él un verdadero ciclo y citare- 
mos también la utilización del azufre de las blendas ó sulfuro de zinc 
en la fabricación de ácido sulfúrico en los establecimientos belgas de 
Vieille Montagne. 

Tenemos aquí en nuestro país aplicado ese procedimiento en nues- 
tras refinerías de azúcar, tratándose de obtener por medio de apara- 
tos de diversos grados de vacío el mayor rendimiento posible. Los 
altos hornos aprovechan hoy los gases que antes escapaban á la atmós- 
fera y se ha calculado que en Alemania sólo la energía recuperada 
en esa forma alcanza á la enorme cifra de 1.200.000 caballos vapor. 
En algunas fábricas inglesas se transforma el aserrín en una especie 
de madera aglomerada que se utiliza para hacer cajas. 

Es tal la utilización de los residuos de la fabricación en los mata- 
deros de cerdos americanos, que se ha dicho con razón que en el puer- 
co no se pierde más que el gruñido, y la razón de esa utilización es 
evidente, si se sabe que sin ella los matadores perderían con sólo la 
venta de la carne un 19,3 por ciento del precio de la compra de los 
animales, y que las utilidades obtenidas en Chicago solamente con 
los subproductos del cerdo alcanzan á la bonita suma de S00.000.000 
de francos. Bellet cita a nuestros mataderos ó saladeros, donde no 
hace mucho tiempo se utilizaba sólo la carne y hoy se benefician todos 
los subproductos con pingües beneficios. Por último diremos que mu- 
chos de los productos farmacéuticos modernos no son sino transfor- 
maciones de subproductos inteligentemente preparados. 

La acción de las aduanas obra poderosamente sobre las industrias 
de un país y es que ella tiene repercusión sobre la competencia, crea- 
dora de todo progreso en la fábrica moderna. No es con la imposición 
de altos derechos de aduana á los productos extranjeros que se impulsa 
el desarrollo de la industria nacional, porque en ese caso, suprimida 
la competencia, no se implantan sino simulacros de esa industria, 
empleando métodos inadecuados, obteniendo productos de calidad 
inferior, tratando solamente de hacer dinero á costilla del público que 
no puede pagar el producto extranjero bien elaborado. 

Eso ha pasado aquí con una infinidad de productos y en especial 



152 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

con nuestros vinos. Y eso es aun más molesto cuando se pagan primas 
á la exportación de productos que deberían ser consumidos en el país 
en beneficio de los habitantes. 

Hay que convencerse que si se hace industria, no es seguramente 
para proteger á los habitantes de los demás países en detrimento de 
los propios, y que el beneficio de unos cuantos no puede ser causa 
suficiente para perjudicar á todos los demás. En definitiva la indus- 
tria debe implantarse y fomentarse para el mayor beneficio de los 
habitantes del país, y no es con el cargo en los derechos aduaneros 
de los productos correspondientes que se obtiene este resultado, y 
para demostrarlo podemos citar el ejemplo de Inglaterra, cuyas indus- 
trias han prosperado eficazmente sin el apoyo aduanero mencionado. 

En cambio el gobierno debe preocuparse de otro asunto no menos 
importante. Se trata de la liberación de los derechos á la materia 
prima que no exista en el país ó cuya explotación no pueda hacerse 
aún en una forma conveniente. Los nitratos y el iodo de Chile, el bis- 
muto de Bolivia, y tantos otros productos necesarios en la fabricación 
de substancias químicas deben ser objeto de especial estudio para 
fomentar su transformación industrial en el país. 

Por otra parte, la liberación de esos derechos podría hacerse previa 
recíproca concesión de los gobiernos extranjeros, redundando todo 
ello en beneficio del pueblo de ambos países. 

Debemos mencionar además la constitución de los trusts ó hartéis, 
instituciones á menudo perjudiciales que anulan la competencia y que 
se forman al amparo de la protección aduanera. En las naciones nue- 
vas como lo es la nuestra, estos trusts son altamente perjudiciales, 
pues cierran la puerta á nuevas iniciativas en beneficio exclusivo de 
unos cuantos, cuando no sucede el caso como lo hemos tenido con el 
trust del tabaco, que industrias eminentemente nacionales se trans- 
forman en extranjeras con directorios fuera del país, que se manejan 
con leyes que no son las nuestras y que tratan de llevar á su patria 
los mayores beneficios en detrimento de los nuestros. 

Los trust y kartels establecidos en Norte América y en Alemania 
constituyen organizaciones poderosas que tratan de producir mucho 
y barato para aplastar toda competencia interior, que es la única 
contra la cual no están protegidos. En estas se producen monstruo- 
sas anomalías, citándose el caso del dumpig, que consiste en vender 
barato en el extranjero, manteniéndose los precios en el interior. Dan 
así salida á la mayor producción y se enriquecen á costa de sus com- 
patriotas y menos mal cuando lo son, porque á veces son extranjeros, 



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154 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

como en el caso ya citado del trust del tabaco de Buenos Aires. Así 
para no citar más que algunos ejemplos ; el hierro en barras cuesta 
en Alemania 125 marcos y 100 en el exterior y los clavos se pagan 
allí 250 marcos y sólo 100 marcos si salen del país. Como dice bien 
Bellet, de este modo se conquista el mercado extranjero cargándoselo 
al consumidor nacional. 

Una traba no menos importante para el comercio y para la indus- 
tria consiste en los impuestos nacionales y provinciales, á menudo 
excesivos, que graban dichos productos. Una juiciosa revisión y mayor 
nacionalización de estos impuestos se impone como obra de buen 
gobierno. 

La influencia de la industria sobre el bienestar del hombre es inne- 
gable y las comodidades que poseemos hoy día son enormes si las 
comparamos con las que tuvieron nuestros antepasados. Es necesario 
que nos veamos privados por un momento de algunas de ellas para 
darnos cuenta de su importancia ; así el transporte rápido y barato 
por el ferrocarril, el tranvía eléctrico y el automóvil, la iluminación 
eléctrica y á gas incandescente, la habitación cómoda y hasta lujosa, 
el alimento, el vestido y el calzado á bajo precio y tanta otras cosas 
que nos proporciona la industria moderna nos prueban terminante- 
mente su importancia é influencia sobre nuestro bienestar. 

Seguin ha dicho : « La evolución del mundo se ha conseguido gra- 
cias á la evolución de la industria», nosotros diríamos que la evolu- 
ción del mundo es la evolución de la industria, pues todo adelanto 
material v moral deriva de ella. 



LA INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS 

ÍTo se puede hablar de fabricación de productos farmacéuticos sin 
hacerlo de los productos químicos en general ; ahora bien, los medi- 
camentos modernos son muy especialmente orgánicos y se comprende 
eso, pues hay así en ellos un principio de elaboración para su mejor 
asimilación por el organismo. La química orgánica y sus complejas 
transformaciones debe atraernos muy especialmente y constituirá 
seguramente uno de los ramos más fecundos de nuestra incipiente 
industria nacional. 

La unión de la fábrica con el laboratorio de investigación es indis- 
pensable, si se quiere tener éxito, porque el adelanto que se efectúa 




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156 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

■ lía á día en todos los ramos de la química es tan grande, que se 
requieren continuos trabajos científicos para mantenerse a un nivel 
conveniente y obtener el resultado apetecido. 

Debe también tenerse un gran espíritu de iniciativa, auna trueque 
de pecar por excesivo, para poder llevar á término la futura obra de 
transformación industrial, y toda la energía que se gaste en tan 
importante asunto será poca ; si se consideran los beneficios grandes 
que se obtendrán. 

Es indudable que debemos empezar por implantar pequeñas indus- 
trias, las que se ayudarán mutuamente, puesto que cada una de ellas 
dará á la otra el producto que le baga falta. Se conseguirá así formar 
el personal técnico necesario, del cual carecemos casi en absoluto. Se 
obtendrán de este modo por una sucesión de esfuerzos pequeños y 
progresivos los dos factores más importantes para el desarrollo de la 
industria química : el personal y las materias y aparatos necesarios 
para la elaboración de nuevos productos. 

Hay que tener en cuenta que en nuestro país debemos crearlo todo 
y que al plantear cualquier problema industrial, nos encontramos con 
la falta de toda clase de elementos. Al querer abordar en el Instituto 
de química del Departamento nacional de higiene la fabricación del 
iodo, asunto aparentemente sencillo, tropezamos con la dificultad de 
la falta de retortas de gres, que son las únicas hasta ahora que dan 
un resultado conveniente ; pues bien, lo que se hace en el país es el 
barro cocido y no se han construido hornos especiales para cocer la 
arcilla hasta fusión de sus elementos para obtener el gres. Vemos 
que un sencillo problema químico se ha transformado en un problema 
de otro orden que debemos resolver primero. 

Para vencer todas estas dificultades el gobierno ha creído necesa- 
rio crear en el Departamento nacional de higiene, y como parte inte- 
grante de su Instituto de química, una sección de fomento de la 
industria química y en especial de la industria química medica- 
mentosa. 

Otra ha sido también la causa de esa creación. Con motivo de la 
guerra europea se habían encarecido de tal modo los medicamentos 
más necesarios, que llamó la atención de las autoridades del Depar- 
tamento nacional de higiene, y su presidente, doctor Penna, creyó 
necesario tomar medidas para mejorar este estado de cosas. Como la 
escasez de drogas se debía muy especialmente á la falta de fabrica- 
ción nacional, desde el momento que todo lo recibíamos de Europa, 
se pensó inmediatamente en fomentar su preparación. La ley 9652 



158 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ordenó la entrega de una pequeña suma (100.000 $ m/n) para los pri- 
meros ensayos, y con este dinero se ha creado una sección industrial 
que funciona ya en forma conveniente y puede entregar al comercio 
diversos productos que por primera vez se fabrican en el país y que, 
sin embargo, no desmerecen en nada con sus similares extranjeros. 



ORGANIZACIÓN DE LA SECCIÓN INDUSTRIAL 
DEL INSTITUTO DE QUÍMICA DEL DEPARTAMENTO NACIONAL 

DE HIGIENE 

Como acabo de decirlo y merced á una suma votada por el Con- 
greso nacional, pudo crearse en el Instituto de, química, que tengo el 
honor de dirigir, una sección industrial, donde pueden ya fabricarse 
en una escala no muy reducida algunas substancias medicamentosas, 
estudiándose actualmente la fabricación de otras, lío quiero decir 
con eso que no nos hayamos ocupado anteriormente de este asunto 
tan importante, pero es indudable que debido á razones financieras, 
poco habíamos podido adelantar prácticamente. Hace ya varios años 
que en nuestro Instituto venimos ocupándonos de cuestiones de quí- 
mica industrial, pero podemos decir que les dimos una importancia 
realmente grande sólo al comienzo de la actual guerra, la que pro- 
vocó, como todo el mundo sabe, un alza notable en los precios de los 
productos químicos que antes nos llegaban en su mayor parte de Ale- 
mania. 

Nos dimos cuenta entonces de la necesidad de reaccionar indus- 
trialmente, creando para nuestro país una nueva fuente de riqueza y 
afianzando su soberanía, la cual no puede ser absoluta si depende del 
extranjero. Recuerdo aún los primeros ensayos que hicimos para 
obtener glicerina, la que nos era reclamada con urgencia por nuestro 
Conservatorio de vacuna antivariólica, el que la necesita para la pre- 
paración y conservación de Cow-Pox. Podía mencionar cómo los quí- 
micos del Instituto, armándose de martillos y con una fragua impro- 
visada, crearon con fierros viejos un aparato original, que aun con- 
servamos, y cuyos resultados podemos considerar como muy buenos. 
Más tarde fueron otros productos los que nos llamaron la atención y, 
entre otros, podemos citar la preparación de la aspirina, la que se 
logró con lisonjero éxito, venciendo obstáculos que parecían insupe- 
rables. En ese ínterin, nuestro traslado al edificio moderno, que inau- 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 159 

guramos en este centenario, nos facilitó enormemente la tarea y pudo 
crearse una sección especial de química industrial, donde se verifica- 
ron ensayos de fabricación de muchos de los productos que empeza- 
ban a faltar en nuestra plaza. Pudo así prepararse, entre otros, sub- 
nitrato de bismuto con mineral de Bolivia; dicho subnitrato, analizado 
en nuestra sección especial de ensayos de drogas, no desmerecía en 
nada, por su blancura, fineza y pureza, á cualquiera de los importa- 
dos del extranjero. Fabricamos también un sulfato de magnesia con 
dolomita de sierra Baya (provincia de Buenos Aires), cuyos hermosos 
cristales pudieron apreciar los miembros de la comisión de industria- 
les, citada por la presidencia del Departamento de higiene para dar- 
nos su opinión sobre el alza de los precios de las drogas. Obtuvimos 
yodo puro, empleando yodos brutos de Chile; amoníaco puro, em- 
pleando sulfato de amonio bruto de la fábrica de gas; con el mismo 
mineral utilizado para fabricar sulfato de magnesio, preparamos mag- 
nesia calcinada y carbonato de magnesio. Con el yodo obtenido reali- 
zamos la preparación de yoduros de sodio y de potasio. Preparamos 
con el sulfato de amonio bruto del gas un sulfato de amonio absolu- 
tamente puro, del cual el Instituto bacteriológico hace un gasto bas- 
tante grande. De los líquidos residuales del gas, llegamos á la obten- 
ción del benzol, del toluol y del xilol, que son los puntos de partida 
de una infinidad de medicamentos modernos, tales como el benzonaf- 
tol, el ácido salicílico, acetil-salicílico (aspirina), arsenobenzol (Sal- 
varsán) y muchos otros. Obtuvimos, empleando un método moderno 
modificado, alcohol absoluto partiendo del alcohol diluido, á un pre- 
cio que no excede en mucho al de este último; y principiamos el estu- 
dio de la preparación de muchos otros productos, tales como el éter, 
el cloroformo, la quinina, la cocaína, los derivados del petróleo, em- 
pleando nuestro producto nacional de Comodoro Bivadavia; el nitro- 
benzol, el ácido fénico, sulfato ferroso puro, etc., etc. Además, y por 
indicación del doctor Penna, nos empeñamos en la obtención en gran 
escala de la esencia de eucaliptus, la que hemos logrado ya con entera 
satisfacción. 

Era natural que estos estudios necesitaban su complemento y su 
consagración en la industria misma y después de no pocas luchas, en 
las que fuimos ayudados muy eficazmente por el secretario técnico 
del Departamento nacional de higiene, doctor Nicolás Lozano, obtu- 
vimos del gobierno el apoyo necesario para trabajar en debida forma. 
Construímos un galpón adecuado al fin que nos proponíamos y tuvi- 
mos la suerte de hacer esta construcción al lado del Instituto, lo que 



160 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



nos permitió realizar el ideal de la fábrica en unión con el laborato- 
rio científico. 

Obtenido el local, tratamos de conseguir el personal idóneo nece- 
sario, lo que no era fácil, dado nuestro sistema de nombramientos, 
pero debo agradecer al doctor Penna su buena voluntad para con- 
migo al permitirme elegir ese personal, seleccionándolo lo más posi- 
ble. Y no era poco importante este asunto, si se tiene en cuenta que 
se trataba de un ensayo cuyo fracaso bubiera sido de lamentar. 

Tratándose de una repartición perteneciente á nuestra administra- 




Fig. i. — Laboratorio de la sección ensavos industriales 



ción nacional, era necesario evitar la lentitud que siempre tiene el 
expediente, por más rápido que sea su trámite, y para eso debía de 
obtenerse una cierta autonomía, por lo menos para la obtención y 
transformación de materiales. Se logró esto organizando un taller en 
el cual se puede obtener la mayor parte de la maquinaria utilizada. 
No es esta la única ventaja proporcionada por este taller; nos permite 
la realización inmediata de cualquier idea, con una rapidez que no 
tiene comparación con la que obtendríamos, si tuviéramos que hacer 
construir al exterior. Es indudable, además, que teniendo el químico 
á su lado al ejecutor de sus concepciones, puede obtener una realiza- 
ción más perfecta, sin contar con las transformaciones paulatinas 
que puede hacer sufrir á sus procedimientos. Y si agregamos á eso 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 161 

que las maquinarias obtenidas en esa forma son más perfectas y eco- 
nómicas que las fabricadas en talleres particulares, creo dejamos 
establecidas su utilidad é importancia. 

No hace aun tres meses que nos fué entregado por la empresa cons- 
tructora el galpón para establecer nuestras maquinarias y ya pode- 
mos presentar varias de ellas perfectamente instaladas y en pleno 
funcionamiento. 

Presentamos un plano detallado con la indicación del sitio de cada 
una de ellas y varias fotografías ilustrativas. 




Fig. 5. 



Taller de precisión 



En el sitio marcado con el número 1 tenemos instaladas dos calde- 
ras pequeñas, instalación provisoria, mientras licitamos una caldera 
tubular definitiva. Dichas calderas pertenecen á las estaciones portá- 
tiles de desinfección del Departamento de higiene y serán devueltas 
oportunamente. 

De las calderas parte un caño de distribución que recorre todas las 
dependencias del galpón, el cual se ramifica según las necesidades, 
para lo cual se le ha provisto de abundantes bocas de salida para 
poder sacar ramales en momento oportuno. En la dependencia men- 
cionada con el número 2 se encuentra el taller de calderería y herre- 
ría con sus fraguas, 3 y i, de herrero y calderero respectivamente y 
que reciben aire de una máquina soplante, 5, movida por un motor 



AN. soc. cibnt. ah«. 



T. I.XXXil 



162 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



eléctrico, 6, En el taller se han establecido diversos aparatos y dispo- 
sitivos que no menciono y que permiten realizar los diversos trabajos 
allí efectuados. En 7 se ha instalado una moledora de gran poder, 
movida por la polea 8, que á su vez recibe la fuerza del motor eléc- 
trico 9, de cinco caballos de fuerza. En 10 hemos construido un horno 
para la fabricación del vidrio y muy especialmente del vidrio cientí- 
fico, el que no se hacía anteriormente en el país; en efecto, los tími- 
dos ensayos efectuados por varios industriales con motivo de la gue- 
rra, no han dado los resultados apetecidos, debido probablemente . á 




Fig. 6. — Sección ensayos industriales. Estudio del petróleo de Comodoro Rivadavia 



la falta de colaboración del hombre de ciencia con el industrial. El 
horno que hemos construido es pequeño, pues se trata de un ensayo, 
pero es indudable que una vez obtenido el resultado buscado, levan- 
taremos otro de mayor tamaño. En 11 tenemos el horno de destem- 
ple del vidrio, donde se dejan enfriar por largo tiempo las piezas de 
vidrio fabricadas. En 12 se ha instalado el aparato destilatorio desti- 
nado á la obtención de la esencia de eucaliptus, el cual funciona con 
toda regularidad, destilándose más de 500 kilos de hojas por semana, 
pudiéndose aumentar esta cantidad más de diez veces. En 13 hemos 
colocado la máquina productora de amoníaco, en la cual se transforma 
el sulfato de amonio bruto del gas en amoníaco puro para análisis. En 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 163 

14 se halla la bomba centrífuga elevadora del agua de lluvia que se 
recoge en # los tanques a y se manda á los tanques 6 para repartirla 
luego bajo presión en todo el edificio. En 15 y en una habitación espe- 
cial destinada á inflamables se ha instalado el alambique con el cual 




Fig. 7. — Sección ensayos industriales. Destilación de esencia de eucalipto 



se obtiene el alcohol absoluto. En 1(> se ha colocado el aparato de 
purificación del benzol, y en 17 el aparato de rectificación a columna 
para el mismo y para su separación del toluol y xilol. En la galena 
exterior y en 1S se puede ver el sitio ocupado por el generador de 
acetileno, utilizado para los sopletes oxiacetilénicos que se emplean 



164 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



para la soldadura autógena. En 19 y en otra habitación se halla la 
instalación de cubas para la preparación del subnitrato ág bismuto. 
En 20 hemos construido una cámara secadora por medio del aire 
caliente. En 21 se han colocado varias cubas c que se emplean para 
la cristalización de sales. Se está procediendo actualmente á la fabri- 
cación y colocación de varios otros aparatos que no figuran aún en el 
plano. 

Como puede notarse, el galpón está dividido en toda su longitud 
por una pared de material y á su vez uno de los costados está frae- 




Fig. 8. — Sección ensayos industriales. Fabricación del subnitrato de bismuto 



cionado en tres partes. Se ha logrado así aislar el taller, el local del 
subnitrato, cuya fabricación es delicada, el benzol y el alcohol y 
demás inflamables, y lo demás que puede juntarse en el mismo local. 
Además, en todo lo largo y á ambos lados de la pared divisoria se ha 
construido un sólido altillo que permite colocar elevadas ciertas má- 
quinas cuyos productos deben seguir hacia abajo para una nueva ela- 
boración. Sobre este altillo y en 22 se puede ver el aparato americano 
de destilación de agua, aparato perfeccionado y de nuevo modelo que 
permite obtener 50 litros de agua por hora, agua que se halla así en 
un plano superior y puede repartirse por caños á las distintas partes 
del edificio. 

Á lo largo de todo el galpón y en su parte interna el y externa c se 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 165 

ha establecido irn sistema de vías Decauville que va basta el portón 
de salida á la calle y permite el fácil desplazamiento de la materia 
prima y elaborada ; además en 23 se baila un tanque subterráneo para 
la neutralización de los líquidos evacuados de la fábrica y que se diri- 




- Secoión ensayos industriales. Destilación fraccionada del benzol, toluol j \il"l 



gen luego al sistema de cloacas domiciliarias dé la ciudad. So lian 
establecido en todo el edificio cañerías de agua común, de agua de 
lluvia, de gas, de vacío, de presión, además de las de vapor ya men- 
cionadas y tiene además una perfecta canalización eléctrica para la 
fuerza motriz y la iluminación, la (pie se efectúa con lámparas moder- 



166 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ñas de filamento metálico de '/a watt y de 1000 bujías de intensidad 
luminosa. Para la perfecta ventilación se han construido varias chi- 
meneas giratorias, las que por la acción del viento absorben el humo 
mandándolo al exterior. 



COMO DEBEN CONCEBIRSE LOS PROCEDIMIENTOS 
Y CONSTRUIRSE LAS MAQUINAS 

Para poner en marcha un sistema de obtención de un producto 
cualquiera, procedemos del siguiente modo : 

Empezamos por hacer ensayos de laboratorio en nuestra sección 
industrial. Estos ensayos son en pequeña escala, en aparatos de vidrio 
y los más variados posible; repetimos todos los métodos señalados en 
los mejores textos, los ponemos á prueba y sólo una vez obtenido un 
resultado concluyente y después de haberse logrado un producto per- 
fecto, pensamos en preparar en escala mayor. naturalmente que todos 
los productos obtenidos durante los ensayos son analizados escrupu- 
losamente en la sección reconocimiento de drogas farmacéuticas y no 
son aceptados sino cuando responden á todas las exigencias de pureza. 

Obtenido este resultado se construyen en nuestro taller pequeños 
aparatos metálicos de una capacidad algo mayor que los empleados 
anteriormente y ensayamos así el procedimiento que nos ha dado el 
mejor resultado en vidrio. Vemos así prácticamente la acción de las 
substancias sobre los metales y elegimos así el más conveniente. 

Recién entonces y después de obtener un resultado intachable, se 
construye el aparato definitivo, que naturalmente es de un tamaño 
prudente, dado el carácter semiindustrial que solamente queremos 
darle á nuestra sección de ensayos. También en este caso, nuestro 
taller de calderería y herrería se encarga de construirla mayor parte 
de estas máquinas y, lo que es también muy importante, de ajustar- 
ías y ponerlas en marcha. 

Una cuestión muy interesante es la que se refiere á la fuerza mecá- 
nica, la cual he mencionado ya anteriormente. Creo que debe tenerse 
como norma de conducta la de efectuar todas las operaciones posibles 
por medio de la máquina, economizando la mano del hombre, reser- 
vándola solamente para los casos de imprescindible necesidad. Sólo 
así se llega á producir mucho y barato, y si á veces ciertas cosas se 
obtienen más perfectas confeccionadas á mano, esto es debido á que 



INDUSTRIA DE I.OS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 167 

no se lian perfeccionado suficientemente las máquinas necesarias para 

obtenerlas. El factor humano es demasiado variable y debe evitarse 
en lo posible; el que trabaja con este factor se encuentra frente á la 
buena ó mala voluntad de otros; en cambio la máquina obedece cié- 




Fig. lo. — Secciúu t'nsityus industriales, Fabricación ilel alcohol absoluto 



gamente á nuestra voluntad, sólo depende de su buena calidad y de 
su mejor instalación, y eso no es imposible conseguirlo. 

Es indudable que el hombre no puede suprimirse totalmente, pero 
es más fácil encontrar buenos elementos cuando son pocos une cuan- 
do son muchos los que se necesitan. En esta forma es también posible 
pagar mejores sueldos, lo que permite ser más exigente y dar al obre- 



168 



ANALES DE I, A SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 




Fig. 11. — Sección ensayos industriales. Hornos para la fabricación del vidrio 




Fig. 12. — Sección ensayos industriales. Herrería y calderería 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 



169 



ro una situación desahogada que aumenta su amor al trabajo. Por 
otra parte, siempre se necesitarán obreros, pero obreros de un nivel 




F¡S. 13. — Secoión ensayos industriales. Fabricación ili>l amoniaco 



puro 



intelectual más elevado, que deberán tener ciertos conocimientos 
técnicos para poder manejar con conciencia las maquinarias más ó 



170 anai.es de la sociedad científica argentina 

menos complicadas de una usina así concebida. Estos mismos obreros 
deberán ingeniarse en modificar y perfeccionar los mecanismos de 
dichas máquinas y crearán seguramente así otros más perfectos, lo 
que producirá un aumento en ia producción, y por consiguiente, au- 
mentarán los beneficios obtenidos. 

En mi reciente viaje por Europa be tenido ocasión de observar el 
resultado alcanzado en algunos países á causa de la aplicación con- 
veniente y metódica de la fuerza mecánica. En nuestra sección hemos 
aplicado en lo posible ese procedimiento. Cada máquina es movida 
por un motor eléctrico independiente, evitándose el uso de ejes de 
transmisión que originan una pérdida de energía. Los movimientos 
de líquidos de toda clase se efectúan por medio de montalíquidos que 
funcionan por medio del aire comprimido ó por medio de cañerías de 
vacío y la circulación de substancias sólidas se halla asegurada por 
medio de un sistema Decauville convenientemente dispuesto. 

Una de las razones que se han tenido muy en cuenta para estable- 
cer por cuenta del estado una pequeña usina para la fabricación de 
productos químicos fué sin duda alguna la posibilidad de formar per- 
sonal idóneo para las industrias privadas. Hemos tomado ya disposi- 
ciones convenientes para que puedan participar en el trabajo alum- 
nos de nuestras escuelas intermedias é industriales y aun de nuestra 
escuela de química, los cuales encontrarán allí lo necesario para fa- 
miliarizarse con la usina científica, aquella que busca siempre mejo- 
rar sus procedimientos basándose en la ciencia y no vive de rutinas 
como ha sucedido muchas veces (1). 



ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LAS CAUSAS DEL DESARROLLO 
DE LA INDUSTRIA QUÍMICA EN DIVERSOS PAÍSES 

La industria química alemana debe su desarrollo á la organización 
de su enseñanza técnica. 
Esta se da en : 
I o Las universidades ; 

(1) Debemos dejar constancia que eso no se aplica en todos los casos y existen 
ya en el país fábricas modelos de las cuales podemos citar entre otras La Sulfú- 
rica creada por el químico italiano ingeniero Humberto J. De Paoli, en Sarandí 
(provincia de Buenos Aires) y que se ha instalado siguiendo todos los principios 
de la ciencia moderna. 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 17 I 

2 o Las altas escuelas (Hochschulen) ; 

3 o Las escuelas profesionales (Fachschulen) ; 

4° Los teclinicum y escuelas fie aplicación. 

Todos estos institutos de enseñanza dan á la química una gran 
importancia y especialmente los últimos. Están organizados con am- 
plitud de miras, sin economías, sabiéndose muy bien que el dinero 
gastado allí producirá elevados intereses. No entraré en la descrip- 
ción completa de todas esas escuelas, porque no corresponde á la ín- 
dole de este trabajo y está, por lo demás muy bien descripto en la 
obra de J. A. Trillat L' industrie chimique en Allemagne; quiero sólo 
dejar constancia de su sólida organización y del papel importante 
que han desempeñado en el desarrollo de la industria química de di- 
cho país. 

Se ha tenido en cuenta allí que si el estado tiene tanto interés en 
que la industria química prospere, debe formar los químicos compe- 
tentes necesarios. Debe, pues, dar á las instituciones correspondien- 
tes los medios que precisen, teniendo en cuenta que todo el dinero 
gastado allí no es sino un anticipo que volverá aumentando en las 
arcas del estado con la creación de nuevas industrias y la ampliación 
de las existentes. 

El diputado Bóttinger en sus discusos en el Beichstag dice : « Una 
cuestión que persigo desde hace varios años es la del aumento del 
número de nuestros químicos y la del perfeccionamiento de su ins- 
trucción. Vuelvo á tratarla sin cesar porque es de las más importan- 
tes para nosotros. La química es una ciencia que ha sufrido en Ale- 
mania un desarrollo considerable desde hace un siglo. Nos interesa- 
mos de más en más por esta ciencia y su importancia va siempre 
creciendo no solamente en el dominio industrial pero también en to- 
das las clase sociales. 

« No hay ministerio en Alemania en el cual la química no se halla 
representada. Se emplean químicos en el ministerio del Interior, para 
la oficina de patentes, para el análisis de los productos alimenticios 
en el ministerio de Instrucción pública, en el de Justicia, etc. En el 
ministerio de la Guerra hacen falta para los ensayos de pólvoras, en 
las fábricas de municiones, etc. La presencia del químico es también 
necesaria en el ministerio de Obras públicas para las construcciones 
y en el de Hacienda para, las monedas y para la administración de 
aduanas. Estos hechos demuestran cuan útiles son los químicos en 
las diferentes administraciones del estado y cuanto debemos ocupar- 
nos de ellos. » 



172 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

El diputado Bottinger constata que, de una manera general, los 
químicos no ocupan un rango bastante elevado en comparación con 
la importancia de los servicios que prestan. Y sin embargo en 1895, no 
liabía en Alemania más que 47 químicos no diplomados empleados en 
fábricas; todos los demás en número de más de áOOO tenían diplomas. 

El triunfo de las escuelas técnicas en Alemania ha sido una buena 
parte el triunfo de sus industrias. Esas escuelas consideradas por los 
demás como inferiores fueron equiparados á las universidades, otor- 
gándose á sus egresados el título de doctor ingeniero. Hubo protes- 
tas, pero fueron vencidas. 

Las escuelas técnicas no sólo tenían un papel industrial que llenar 
sino también social, mejorando las condiciones del obrero, levantando 
su nivel intelectual y poniéndolo más en contacto con las demás cla- 
ses de la sociedad. 

Trillat se expresa en esta forma : « El desarrollo de las industrias 
químicas en Alemania no es solamente sinónimo de prosperidad in- 
dustrial, en general significa que los útiles que han contribuido á la 
formación de esa prosperidad son poderosos » y al hablar de titiles 
alude muy especialmente al químico mismo y á su especial forma- 
ción en las escuelas politécnicas. « La industria química, dice un 
rapport oficial, ha sido una de las causas de la prosperidad comer- 
cial de Alemania, pero es necesario que por la organización especial 
de sus escuelas de aplicación que Alemania tome tal adelanto, que el 
mundo entero le sea tributario», y si bien esa pretensión era exage- 
rada, no se puede negar que tuvo una buena parte de ejecución y bien 
sabemos el tributo que pagaban y pagan aún muchos países á dicha 
nación. 

Sigue diciendo Trillat : « Alemania se transformó así poco á poco 
en un vasto laboratorio y es para dar satisfacción á la industria ale- 
mana y á los votos del cuerpo enseñante que se han creado cátedras 
para la enseñanza de la química aplicada y que las más altas perso- 
nalidades del imperio han presidido la ceremonia de la creación del 
nuevo doctorado prusiano (Berum Technicarum). 

Pero á la par de su enseñanza técnica los alemanes han sabido or- 
ganizar su enseñanza comercial para facilitar así la venta de los pro- 
ductos elaborados. 

Fundaron además una infinidad de cámaras de comercio y dictaron 
acertadas leyes sobre patentes y marcas de fábrica. Haller cita diver- 
sas causas de la prosperidad de la industria química en Alemania, en- 
tre ellas las de orden político, moral, económico y científico. 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 178 

Las de orden político se relacionan á la guerra de 1870 <jue dio á los 
alemanes mayor seguridad para emprender negocios á largos plazo*. 

Las de orden moral piden espíritu práctico, talento de organización 
división racional del trabajo, perseverancia en el trabajo y en la lu- 
cha, hábito de disciplina, deseo de superar. 

La admirable organización de muchas de las fábricas alemanas 
hace decir á Haller que podrían inscribir en su frontispicio la ins- 
cripción que existe en la escuela politécnica de Aix-la Chapelle : 
Mens agitat molem. 

Son inmensas colmenas en las cuales no se es aceptado definitiva- 
mente más que después de una estadía de prueba. Cada uno además, 
desempeüa la función que conviene á sus aptitudes. 

En todas ellas la dirección superior se baila en manos de una tri- 
logía, compuesta de un químico, de un ingeniero y de un comercian- 
te, probados todos. 

La mayor parte de las usinas tienen un servicio especial de paten- 
tes y marcas, dirigido por un químico competente que goza de cierto 
renombre el cuál es secundado por varios abogados que han comple- 
tado su educación química familiarizándose con los nombres técnicos. 

Hay varios laboratorios de investigación especialmente provistos 
de todo lo necesario y lo más moderno. Sólo en vidrio y porcelana de 
laboratorio la « Badische Anilin » de Ludvrigshafen gasta término 
medio 125.000 francos por año. 

Poseen una biblioteca central que contiene todo lo que se publica 
ó se ha publicado sobre química ó ciencias conexas en el mundo en- 
tero; así la biblioteca de la casa Bayer en Elberfeld-Leverkus no po- 
see menos de 14.000 volúmenes y 23.000 folletos, tesis, etc., habiendo 
sido constituida en parte por la de Kelmlé y Víctor Meyer. 

Tienen cuerpos médicos, farmacéuticos y veterinarios anexos para 
el ensayo previo de los medicamentos; grandes talleres de tintorería 
é impresión donde se ensayan los colorantes nuevos. Una vez es- 
tudiado un producto, se elabora en pequeña escala primeramente 
hasta saber hasta dónde llega su aceptación por el público. Para eso 
hacen una reclame conveniente. Luego en caso de éxito se efectúan 
las instalaciones definitivas. 

Los viajantes de comercio son todos químicos competentes que han 
trabajado en uno ó más departamentos de la fábrica : pueden en esa 
forma asesorar al cliente en una forma verdaderamente dicaz. 

Publican catálogos y noticias que explican en todas las formas la 
utilidad y manera de usar las drogas o aparatos ofrecidos. 



174 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AEGENTINA 

Se adaptan á las costumbres de cada país manufacturando los ar- 
tículos en la forma solicitada en cada caso y no esperan que se lo 
digan, si no que consiguen saberlo por medio de sus cónsules y per- 
sonal técnico que los rodean. Además muchos de los alemanes que 
habitan en país extranjero remiten á su patria relaciones sobre cos- 
tumbres y necesidades, naturaleza del país, etc., como podemos verlo 
en el Chem. Zeitung bajo el nombre de Stimme aus dem Auslande. 

En Alemania más que en ninguna parte se ha puesto en práctica 
el antiguo proverbio siempre verdadero « la unión hace la fuerza* y 
son muchas las asociaciones gremiales que trabajan para la defensa 
de los intereses de sus socios. La consideración que se tiene en Ale- 
mania para el hombre de ciencia, por el profesor, es muy grande. Esto 
trae como consecuencia mayor empeño en el trabajo para poder ocu- 
par ese rango y resulta así un adelanto de la ciencia que se traduce 
en un adelanto industrial. 

lío hay una usina en Alemania que no tenga uno ó más químicos, 
cuando no tienen un centenar ó más. Todos estos químicos son elegi- 
dos cuidadosamente y no basta que una persona tenga un diploma 
para obtener un puesto en una fábrica, sino que debe haber puesto á 
contribución su ciencia efectuando y publicando uno ó más trabajos 
de importancia. Como dice Haller : « Los industriales están siempre 
al acecho y al corriente de originalidades que se revelen y están pron- 
tos para hacer ofrecimientos brillantes á los laboratorios que por sus 
descubrimientos puedan agregar algo á la prosperidad de sus estable- 
cimientos ». Además todo técnico de una usina al hacer un descubri- 
miento sabe que una parte de las ganancias obtenidas con él le serán 
atribuidas. 

Las fábricas alemanas tienen también la costumbre de mantenerse 
en relación con los profesores universitarios que los aconsejan á menu- 
do y no tienen reparo en venderles sus patentes de invenciones. 

Es, como dice Haller, « un verdadero drenaje de la produción cien- 
tífica en provecho de la industria ». 

Hay que reconocer además que la industria ha sabido devolver á 
la ciencia los beneficios que le ha dado, pues muchos perfecciona- 
mientos no se habrían obtenidos sin los medios poderosos puestos á 
su disposición por la industria. 

El engrandecimiento de la industria y los grandes beneficios obte- 
nidos por ella han traído además una enorme mejora en la situación 
del obrero, el cual ha podido ser mejor retribuido y rodeado de mayor 
bienestar. 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 175 

Bu Alemania la mayoría de las grandes usinas están situadas á la 
vez sobre una línea férrea y sobre un canal navegable. Esto permite 
la carga y la descarga de los productos en los mismos talleres, los 
cuales están unidos por ramales á las vías principales. 

La organización del trabajo en el interior de la usina es admirable. 
Se forman así cuadros de obreros y contramaestres que conservan en 
cada una las tradiciones de disciplina y los procedimientos de fabri- 
cación. 

En Inglaterra, á pesar del sentido práctico de los negocios, á pesar 
de la mucha energía desplegada y sus enormes capitales, de la orga- 
nización comercial y de su espíritu de solidaridad, la industria quími- 
ca ha decaído notablemente y eso es debido en su mayor parte á la 
poca atención que se ha prestado á la enseñanza técnica en sus Uni- 
versidades y á la poca importancia que dieron los industriales al 
hombre de ciencia, prefiriéndole el práctico rutinario. Y eso sucedió á 
pesar de su riqueza hullera, de sus muchas colonias que le aseguran 
un importante comercio y le dan infinidad de materias primas, y de 
su poderosa flota mercante que le permite obtener fletes acomo- 
dados. 

No basta, como dice Haller, suponer ser la primera nación del 
mundo, tener energía, constancia y tenacidad, para vencer en el cam- 
po de batalla de la industria; es necesario también saber, tener espí- 
ritu de iniciativa y observación, todo eso servido por un trabajo per- 
severante y metódico. Hacer del comercio, de la industria, de la 
agricultura, una especie de sport, no podría tener éxito indefinida- 
mente, si se tiene en cuenta, además, que nos encontraremos tarde ó 
temprano con pueblos jóvenes, vigorosos y tenaces y con un alto 
grado de espíritu de independencia y audacia. 

Hombres eminentes como lord Eoseberry, lord Balfour y varios 
industriales importantes como Tyrer, Levinstein y Stanley Kipping 
han dicho y repetido que era necesario en Inglaterra poner en movi- 
miento las fuerzas intelectuales. Para no citar más que un caso : se 
consideraba en Inglaterra que el conocimiento del mercado del benzol 
era más importante que el conocimiento de la teoría del benzol y eso 
es particularmente extraño si se tiene en cuenta que los colorantes 
derivados de este importante cuerpo de la química aromática fueron 
descubiertos en su infancia por ingleses eminentes como llotman. 
Perkins, Nicholson. Pero el ejercicio de la industria pasó desgracia- 
damente en manos de hombres que no apreciaron la ciencia en su 
justo valor y sólo pensaban en los beneficios inmediatos, sin darse 



176 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cuenta que mataban así á la gallina de los huevos de oro. Esos indus- 
triales despreciaban á aquellos que se dedicaban á estudios teóricos, 
ridiculizándolos, considerando una pérdida de dinero y de tiempo el 
que empleaban en su trabajo. Los consideraban como personas exen- 
tas de espíritu práctico y sin utilidad para una empresa industrial. 

Debe reconocerse sin embargo, que en estos últimos tiempos la reac- 
ción operada ha sido grande y la influencia de la guerra se hará pronto 
notar, abriendo los ojos á aquellos que permanecieron ciegos durante 
tantos años. 

Los Estados Unidos de Norte América han desarrollado su indus- 
tria con una rapidez vertiginosa. Los grandes capitales que pusieron 
á contribución, su alto espíritu de iniciativa, su suelo virgen y de 
constitución tan variada y la dedicación que prestaron en todo mo- 
mento al fomento de la enseñanza en todas sus fases, dieron los resul- 
tados que podemos admirar hoy día. En plena organización aún, con 
algunas industrias en adelanto sobre las otras, no tardarán mucho 
tiempo en ocupar el primer puesto. Debemos hacer notar sin embargo 
que no han llegado en el producto fino á la perfección que se ha alcan- 
zado en Alemania y eso se comprende si se tiene en cuenta que han 
tenido que organizar primeramente su gran industria y que sus uni- 
versidades tenían sobre las alemanas un atraso de muchos años. 

En ningún país del mundo la beneflciencia privada ha sido más 
importante y las donaciones hechas para la creación y fomento de 
colegios y Universidades se sumaron por miles. El americano John 
Rockefeller solo ha donado más de 50 millones de francos para la 
Universidad de Chicago. Algunas de las Universidades americanas 
tienen una renta anual no menor de cinco millones de francos. 

Sin embargo el utilitarismo exagerado ha desnaturalizado más de 
una vez el sentido de la enseñanza. Como dice Haller, el norteameri- 
cano no cultiva la ciencia por sí misma, sino únicamente para asimi- 
lar la dosis que él juzga necesaria para el éxito de su carrera. lío se 
da cuenta que el objeto de la enseñanza y especialmente de la enseñan- 
za secundaria no es el de dar muchos conocimientos especiales, sino 
el de formar y abrir el espíritu. El estudiante americano tiene así un 
bagaje científico voluminoso, pero no tiene la reflexión ni las ideas 
personales del estudiante alemán. 

Esto se debe, según Haller, á la mala organización de su enseñanza 
secundaria, la cual está aún en el período de ensayo. Estas reflexiones 
del eminente químico y profesor francés, pintan de una manera precisa 
el estado de nuestra enseñanza secundaria enciclopédica, y debemos 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 177 

tomar bnena nota de su significado para corregirlo á la mayor breve- 
dad. Nuestros colegios secundarios deben enseñar á pensar y no á 
recopilar y es precisamente lo contrario lo que se liace. 

Dotado nuestro estudiante de una capacidad retentiva realmente 
prodigiosa, abusamos de su buena memoria y olvidamos de culti- 
var su inteligencia. Esto se nota luego desgraciadamente en nuestras 
Universidades, donde al encontrarse el estudiante librado á sus pro- 
pias fuerzas, se halla desorientado — y el número délos que fracasan 
es realmente aterrador y no está en relación con los sacrificios que 
hace el estado. 

La industria química en Rusia, tiene un desarrollo no despreciable. 
El eslavo, como dice Haller, no es utilitarista y su característica es 
su amor á la ciencia. Es amante del saber real, del saber juzgar, del 
saber resolver, y esto solo es realmente provechoso y susceptible de 
preparar eficazmente á los pueblos para la lucha pacífica en el terreno 
industrial. 

En Rusia la industria química se desarrolla rápidamente gracias á 
la educación industrial de una buena cantidad de personas ; muchas 
de estas han estudiado en Francia, Inglaterra, Austria, Alemania y 
Suiza. 

En Alemania tuvieron que limitar la asistencia en sus Universida- 
dades al estudiante ruso. En Viena la cantidad es enorme y ha llegado 
el caso de hacerse una parte de la enseñanza en ruso. He tenido oca- 
sión de notar en algunas clases prácticas del Instituto de química de 
Viena que muchos de los jefes de trabajos prácticos eran rusos y 
escribían en las pizarras sus anotaciones en ruso. Por lo demás se 
quejaban allí también lo mismo que en Ginebra del gran número de 
estudiantes rusos. 

En Francia se ha descuidado mucho la parte científica de la indus- 
tria y eso se debe muy especialmente á la barrera infranqueable que 
han levantado entre ellos los hombres de ciencia y los industriales. 
El primero se encierra en su laboratorio, el segundo no cree necesitar 
el auxilio del primero. Nos encontramos así en presencia de muchos 
industriales que con tener iniciativa, inteligencia comercial y activi- 
dad, no poseen los conocimientos científicos necesarios. Es cualidad 
y defecto al mismo tiempo del industrial francés, el querer trabajar 
solamente el artículo de buena calidad y no se preocupa mucho de la 
fabricación mecánica hecha en gran escala que permite obtener mu- 
cho, de calidad no siempre superior, pero a un precio exeepeional- 
mente bajo. He tenido ocasión de conversar, hace unos tres años, con 



AN. SOC. CIENT. AIIB. — T. I.XXX1I 



178 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

industriales directores de casas antiquísimas y reputadas é indicar- 
les la necesidad de una reacción en ese sentido y me contestaron que 
ellos no tenían interés en ganar más y sí en manufacturar bien lo 
que actualmente producían. 

Uno de los grandes males de la industria francesa consiste en la 
poca disciplina del obrero. El mal entendido socialismo y hasta el 
anarquismo se han apoderado de muchos de ellos y eso hace difícil 
la situación del director de la usina que se ve obligado á supeditar 
á las fantasías del personal las mejores iniciativas. Es indudable que 
hay muchas veces abusos del patrón hacía el obrero, pero es muy 
cierto también que para llevar á bien una obra provechosa se necesita 
disciplina y es precisamente esa disciplina la que ha colaborado en 
el éxito de la industria alemana. 

La cuestión de los transportes está también á la orden del día en 
Francia y es necesario reaccionar allí para mejorar muchos servicios. 

Algunos establecimientos son demasiado personales, han pasado 
de padres á hijos y éstos no siempre han cultivado la ciencia, se 
comunican de generación en generación los procedimientos y fórmulas 
y conservan el mismo personal que poco á poco se va haciendo rutina- 
rio. Es común que ese personal sin instrucción superior, criado desde 
joven en la casa, haya franqueado escalón por escalón los diferentes 
grados gerárquicos, conoce muy bien la usina, hasta es parte de ella. 
pero es incapaz de hacer una mejora en la fabricación ; hay más, son 
hostiles á toda iniciativa en ese sentido y cuando sucede á veces que 
el industrial nombra un químico para dirigir su fabricación, encuen- 
tra de parte de contramaestres y jefes de servicio toda clase de dificul- 
tades. 

Edmundo Thery dice en el Économiste européen, tomo X, página 
682, 1896 : « La industria del porvenir no será ya estacionaria, reali- 
zará incesantes progresos, siempre más numerosos, siempre más rápi- 
dos. En una palabra, la industria del porvenir es la industria cientí- 
fica en toda la extensión de la palabra y desgraciadas las naciones 
imprevisoras que queden debajo de la nueva situación. Serán absor- 
bidas por sus rivales. » Otro de los defectos del industrial y comer- 
ciante francés es su exagerado espíritu de independencia, lo que 
anula el de asociación y hace que todos ellos se odien cordialmente y 
se arruinan así en beneficio del extranjero. 

Además el viajante de comercio francés y especialmente en el ramo 
de química, no siempre tiene los conocimientos técnicos necesarios 
para asesorar al comprador y explicarle los detalles de su utilización, 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 179 

y eso se comprende si se tiene en cuenta la repugnancia que tiene allí 
el hombre de ciencia para todo lo que es utilitario. 

Es indudable, sin embargo, que la guerra actual ba modificado 
esencialmente esa manera de proceder y la reacción que ya ba sido 
grande, será aun mayor después de la contienda, cuando todos se den 
cuenta de la necesidad de reponer lo que ba sido destruido, renovan- 
do los procedimientos y operando con métodos modernos y adecuados 
para, el mejor éxito en el resultado. 

Bélgica, país industrial por excelencia, no descuidó sus industrias 
químicas, y sus progresos en algunos ramos fueron realmente asom- 
brosos; citaremos las industrias del zinc, del vidrio, de la soda, del 
b i erro, etc., etc. 

Italia se baila boy día en pleno resurgimiento industrial, especial- 
mente el norte de la península. Turín, Milán y Genova son los cen- 
tros fabriles más importantes. 

En Suiza, las industrias ban llegado á un grado de adelanto sólo 
comparable á la admirable organización de sus universidades y escue- 
las técnicas, tanto cantonales como federales. 

España misma, que tantos años ba necesitado para despertar de su 
sueño colonial, empieza á sacudirse y las necesidades de la guerra 
actual no ban sido factor sin importancia en el resurgimiento de sus 
industrias. 

En las conferencias que el padre Eduardo Vitoria ba dado en la 
Universidad de Valencia, señala la riqueza de su país en materias 
primas de todas clases y cita, entre otras, los minerales de hierro, 
cobre, plomo y zinc que se exportan por millones de toneladas á 
Inglaterra, Bélgica y Alemania, y que vuelven luego elaborados á la 
madre patria. « Ahora bien, exclamó, la ciencia química española, la 
industria química española, reclama á voz en cuello la permanencia 
en la patria de esos tesoros que se le arrancan y que van á rendir 
cuantiosos intereses en el extranjero, en donde sostienen sus más flo- 
recientes industrias, bases de otras muchas, y se convierten en ma- 
nantiales de prosperidad material para los distintos países.» 

El Japón ha desarrollado considerablemente su industria química, 
y tiene en el mundo entero corresponsales repartidos en las diferen- 
tes usinas, los cuales remiten periódicamente á su país los planos 
de las instalaciones y la descripción de los diferentes métodos me- 
pleados. 

Suecia es un país destinado á desarrollar cada vez anís sus indus- 
trias químicas y eso es debido á la riqueza de su suelo en materias 



180 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

primas y á la cantidad de caídas de agua que le dan así la energía 
barata. La soda electrolítica, la cianamida, los nitratos sintéticos, los 
carburos, los cloratos, el aceite de arenque, etc., son algunas mues- 
tras de los muchos productos que allí se elaboran. 

En Rumania la ley fomenta la industria química de la manera más 
eñcaz y los industriales que poseen un capital no menor de 50.000 
francos, con un mínimo de 25 obreros por día durante cinco meses 
del año ó que introducen en sus fábricas las máquinas más perfeccio- 
nadas y cuyos dos tercios de obreros son rumanos, tienen las siguien- 
tes ventajas : 

I a El derecho de obtener en propiedad ó por 90 años, según sean 
rumanos ó extranjeros, una á cinco hectáreas de tierra en todas las 
propiedades del estado, comunas ó dominios de la corona ; 

2 a La supresión de toda indemnización hacia el estado, comunas ó 
dominios de la corona para el establecimiento de vías de comunica- 
ción (calzadas, vías férreas, tranvías) destinadas á unir la fábrica á 
un camino carretero importante, á una estación de ferrocarril, á un 
canal ó á un río navegable ; 

3 a La restitución de los derechos de aduana pagados por los produc- 
tos importados que no tengan similares en el país, si deben ser reex- 
portados y si han sufrido una transformación industrial en Rumania: 

4 a La supresión durante 15 años de todo impuesto directo nacio- 
nal, departamental ó comunal; 

5 a Reducción durante 15 años del precio de los transportes por 
ferrocarriles rumanos para los productos fabricados, las máquinas y 
las materias primas, y del precio de las encomiendas, y por último la 
ley prevee que los productos indígenas sean preferidos en iguales 
condiciones á los productos extranjeros para las provisiones del esta- 
do, departamentos y comunas. 

Crearon además sabios tratados de comercio con las naciones 
extranjeras. 

ORGANIZACIÓN COMERCIAL 



Es indudable que la industria solamente tiene vida con una buena 
organización comercial. ¿ Cuántas fábricas han tenido que cerrar sus 
puertas debido á la falta de práctica comercial de sus directores, 
encontrándose en un momento dado con una superproducción que los 
arruinaba ? 



INDUSTRIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS 181 

En los países mejor organizados existen con profusión cámaras 
especiales de comercio y cámaras de industria. Su acción para el 
fomento de la industria es activísima y han logrado un éxito lison- 
jero. Se ocupan de las condiciones de transporte de las materias pri- 
mas y elaboradas, modificaciones de tarifas, crean mercados de venta, 
fomentan el transporte del carbón, la creación de canales navegables 
y muchos otros asuntos interesantes. Dirigen al gobierno proposicio- 
nes, avisos, consejos, etc. 

Se crean también en los países más adelantados sindicatos y aso- 
ciaciones que se ocupan de la defensa de los intereses industriales. 
Tratan cuestiones aduaneras, de higiene, de tarifas, estadísticas, 
leyes, decretos y ordenanzas y relaciones con otras industrias que 
tienen contacto con la química, organizan museos, exposiciones, 
muestrarios, etc. 

Trillat, al hablar de la organización comercial, dice entre otras 
cosas : « Los progresos de la industria química están íntimamente 
ligados al comercio de los productos fabricados; pero el comercio á 
su vez está sometido á la influencia de los tratados de comercio. >> 

Estos tratados deben ser manejados con prudencia por el gobier- 
no, haciendo intervenir en todos los casos las cámaras comerciales é 
industriales y las asociaciones respectivas, pulsando así todas las 
opiniones competentes. 

Debe partirse de este principio : que toda concesión que se haga á 
un país extranjero debe ser á base de una amplia reciprocidad. El 
gobierno tiene el deber de proteger los habitantes del país y no puede 
de ninguna manera dar lo que sólo á ellos pertenece, y si lo hace, sólo 
debe ser cuando con ello se consigne alguna ventaja. 

La duración de los tratados de comercio debe estudiarse con pru- 
dencia y los plazos calculados, teniendo en cuéntala evolución indus- 
trial y comercial. 



INFLUENCIA DE LA CIENCIA Y DEL LABORATORIO 
SOBRE LA FÁBRICA 

Hemos dicho ya y volveremos á repetirlo que la unión del labora- 
torio y de la fábrica debe ser íntima: todos los autores modernos 
están contestes en reconocerlo. 

Smidt dice que la industria debe estar esencialmente constituida 



182 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

por un laboratorio científico, alrededor del cual vienen á agruparse 
algunos talleres de fabricación. Señala, como vemos, la importancia 
capital del laboratorio en su colaboración con la fábrica y lo consi- 
dera como el tronco principal, cuyas ramas son las distintas usinas 
que de él derivan. 

E. Fourneau dice á su vez : « Tanto ó más que ninguna otra la 
industria farmacéutica necesita de los químicos, que emplean un 
conocimiento jirofundo de la química teórica. » Y Claude Beruard 
escribe : « El adelanto de todas las ciencias se hace por dos vías dis- 
tintas : primero por el impulso que les comunican los descubrimien- 
tos y las ideas nuevas, y en segundo lugar por la potencia de los me- 
dios de trabajo. Si hace falta un buen obrero, hace falta también un 
buen instrumento. Á medida que la ciencia avanza se siente cada 
vez más la necesidad de instalaciones especiales donde se hallen reu- 
nidos los útiles necesarios para las experiencias. La mayor parte de 
las cuestiones científicas se resuelven por el invento de los útiles 
apropiados. 

Es en el laboratorio que germinan todos los descubrimientos para 
desbordarse luego y cubrir el mundo con sus aplicaciones útiles. La 
ciencia pura ha sido siempre la fuente de todas las riquezas que el 
hombre adquiere, la de todas las conquistas que ha hecho sobre los 
fenómenos naturales. 

Fourneau vuelve á decir : « Es en el laboratorio solamente que se 
encuentra el secreto de la fuerza industrial y que no me hablen ya 
de la alianza necesaria entre la ciencia y la industria. Ciencia é indus- 
tria son hermanas. La alianza es no sólo necesaria, sino que su des- 
unión es anormal. Si se las ha creído separadas durante largo tiempo. 
es debido á que la industria había cesado de ser científica. » 

La industria química sólo puede desarrollarse en un país cuya acti- 
vidad agrícola y minera sea grande. ííosotros hemos desarrollado la 
primera, falta pues dar impulso á la segunda. 

Muchos son los productos obtenidos por el cultivo que sirven de 
materia prima en la industria química y sin ir más lejos, la transfor- 
mación industrial del grano de maíz en alcohol no es poco importante 
para nosotros. En el momento actual nuestra crisis en el precio de los 
cereales podría haber sido resuelta, si la capacidad productora de 
nuestras fábricas de alcohol hubiese sido mayor. 

La agricultura necesita, además, abonos químicos y en esa forma 
crea la industria de su fabricación. Bajo ese punto de vista, la Repú- 
blica Argentina se encuentra en inmejorables condiciones y tiene más 



INDUSTIIIA DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS MEDICAMENTOSOS ] 83 

que nadie el material vegetal necesario para la elaboración de un sin- 
número de productos. Citaremos, entre otros, los derivados déla des- 
tilación de la madera, punto del cual lie tenido ocasión de ocuparme 
en mi tesis doctoral en el año 1904 y pude poner en evidencia la 
excepcional riqueza que teníamos acumulada en nuestros frondosos 
bosques tropicales. La fabricación de la celulosa con la pulpa de la 
madera tiene una importancia grande para la fabricación del papel y 
es increíble que nosotros, que somos tan ricos en maderas de todas 
clases, seamos aún tributarios del extranjero. La industria de las 
esencias deberá tomar en nuestro país un desarrollo muy grande, 
pues con todas las latitudes podemos fácilmente ocuparnos del cul- 
tivo de las flores necesarias para dicha fabricación. Hemos iniciado 
ese estudio en el Instituto de química del Departamento nacional de 
higiene para poner en evidencia la posibilidad de su implantación, y 
hemos empezado á destilar unas tres toneladas de hojas de eucalip- 
tos por mes, cantidad que iremos aumentando á medida de las nece- 
sidades. 

En cuanto á la minería, si bien es cierto que no se ha desarrollado 
runcho, algo se ha hecho ya, y dada la organización que le ha dado á 
la División de minas é hidrología del ministerio de Agricultura el 
distinguido ingeniero señor Enrique Hermitte, pronto veremos que 
tomará incremento. 



CONCLUSIONES 

j Qué conclusiones podemos deducir de lo que acabamos de exponer ? 

Por de pronto se destaca la necesidad que tenemos de fomentar el 
estudio déla química y muy en especial déla química aplicada. Dire- 
mos, con Trillat, que no se exagera cuando se dice que los conoci- 
mientos químicos son la trama sobre la cual se tejen tina infinidad de 
otras industrias. Las industrias químicas tienen de particular que no 
prosperan sino por una buena organización científica apoyada, se 
entiende, por el buen funcionamiento de otras instituciones. Luego 
cuando un país posee todos estos elementos á un grado grande de 
perfeccionamiento, no está lejos de la prosperidad general. Además 
esta manera de concebir la influencia de las indust rías químicas sobre 
la prosperidad de una nación no es nueva. Se ha dicho ya que el valor 
industrial de un país estaba en proporción con la cantidad de acido 
sulfúrico empleado. Luego, decir que el progreso químico es el crite- 



184 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

rio del valor industrial de un pueblo, no es sino una extensión de 
esta idea. 

Pero no basta la organización científica, es necesario también fo- 
mentar el desarrollo de la agricultura y de la minería. Hemos hecho 
lo primero, nos falta ejecutar lo segundo. 

Deben además constituirse cámaras de industria y de comercio y 
asociaciones de fabricantes que se ocupen del fomento de las indus- 
trias y provoquen una mayor solidaridad entre los industriales. 

Estas cámaras y estas asociaciones son el eje sobre el cual se mueve 
la industria alemana que tantos progresos ha hecho en estos últimos 
tiempos. 

El gobierno debe preocuparse además y muy especialmente del 
fomento de los medios de transporte. Los ferrocarriles, la navegación 
fluvial y marítima, los canales navegables, los caminos carreteros y 
uiuy especialmente los que dan acceso á las estaciones de ferrocarri- 
les, los camiones automóviles y todo otro medio de transporte, deben 
ser fomentados sin reserva y sin economía. Es por ellos que entra la 
riqueza á los hogares y debemos darles la parte que les corresponde. 

Las aduanas deben ser manejadas con prudencia por nuestros legis- 
ladores para evitar que por su medio se maten las iniciativas más feli- 
ces. Deben anularse los derechos á la materia prima que no pueda 
producir el país, sin recargar excesivamente á los productos elabora- 
dos, lo cual, sin ser beneficioso para la industria, no hace sino enca- 
recer la vida del pueblo, sin ventajas de ninguna clase. 

Debe evitarse toda clase de trabas en concepto de impuestos y espe- 
cialmente de aquellos de carácter provincial que vienen á sumarse á 
los nacionales y dificultan grandemente el desarrollo industrial. 

Por último el gobierno debe de concertar prudentes acuerdos comer- 
ciales con las naciones extranjeras, consultando en todos los casos las 
necesidades del país y protegiéndolo contra toda explotación. 



WILLIAM RAMSAY 

CONFERENCIA LEÍDA EN LA INAUGURACIÓN DE LA SECCIÓN 
CIENCIAS FÍSICO-QUÍMICAS DE LA ACADEMIA EL 26 DK AGOSTO DE líllfi 

Por HORACIO DAMIANOVICH 



La ciencia ha experimentado una gran pérdida con la muerte del 
genial físico-químico inglés sir William Ramsay, acaecida reciente- 
mente en Londres. 

Por su amplitud y originalidad, la obra realizada por este investi- 
gador ocupa en la ciencia contemporánea los primeros puestos entre 
los de los cultores de la filosofía natural, pues William Eamsay per- 
tenece al selecto grupo de sabios que hacen descansar su especialidad 
en los sólidos cimientos de una cultura general indispensable para 
encauzar la experimentación por un sendero racional. 

Estudiar, aunque más no sea de una manera sucinta, la obra de 
uno de estos grandes hombres, es ante todo penetrar en uno de los 
más atrayentes y difíciles problemas de la psicología, pues dicho es- 
tudio proporciona con mayor nitidez y exactitud que ciertas reglas 
fijas, hoy en uso, los elementos de juicio de que se ha de disponer si 
se quieren deducir las complicadas leyes que sigue el intelecto huma- 
no en su noble afán de extraer uno á uno los grandes secretos del 
mundo fenomenal. 

Sucede muy á menudo, que el observador imparcial, contempla con 
cierta estrañeza, las diferencias profundas que separan á los cultores 
que se dedican á intensificar una misma rama del conocimiento. Allí 
donde el tipo común del especialista no halla más que diferencias 
irreducibles entre los hechos de la rama que él trata de catalogar, 
sin el menor esfuerzo de correlación, sin una elaboración mental su- 
perior, el hombre de la talla del que nos ocupa halla analogías subli- 

AN. yoc. CI1CNT. ARG. — T. LXXXII 12 



186 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

mes, gérmenes insospechados de los más trascendentales descubri- 
mientos, que por la aplicación consciente de estos instrumentos po- 
derosos de la razón que se denominan hipótesis y de los métodos mo- 
dernos de la experimentación, han de llevar, paso á paso, á sus fer- 
vientes cultores, á la conquista de los grandes principios de la ciencia, 
orgullo legítimo de la raza humana. 

A este tipo elevado y selecto de hombres de ciencia pertenecía el 
sabio inglés cuya vida y obra trataremos de delinear á grandes rasgos. 
Sir William liamsay nació en Glasgow el 2 de octubre de 1852. 
Siguió su educación general hasta los 14 años en la Academia de 
Glasgow, para continuar sus estudios en la universidad del mismo 
nombre (de 16 a 19 años) donde cursó el latín, griego, lógica, metafí- 
sica, filosofía física, matemáticas y química, para completar después 
en Alemania (Universidad de Tubingen) (de los 19 á 21 años) sus 
estudios de física y química. 

En una y otra etapa de su carrera, sobresalió de un modo que de- 
jaba fundar las más grandes esperanzas, como lo atestiguan los cer- 
tificados de profesores de la talla de lord Kelvin (sir William Thom- 
son) y Anderson, en Inglaterra, y R. Fitig y Eeus, en Alemania. 

Esta cultura clásica general que recibió sir William Eamsay en su 
juventud, tuvo grande influencia en las amplias miras filosóficas con 
que encauzó más tarde su obra científica, iniciada en 1874 cuando 
contaba apenas 22 años de edad. 

A su regreso de Alemania (1S72) entró como ayudante del profesor 
G. Bischof, de la Anderson's University; después de dos años pasó 
á serlo del profesor Fergusson y sucesivamente desempeñó con brillo 
los puestos de repetidor de química orgánica y química aplicada á la 
geología, y de instructor del laboratorio de química, hasta el año 1S80. 
En todo este período publicó diversos trabajos, entre los cuales po- 
demos mencionar: Pirolina y sus derivados; Productos de oxidación de 
la quina; Sobre el etilsulfato de sodio; Deshidratación de las sales: 
Color de las soluciones y volúmenes moleculares. 

Después de su estada en Bristol como profesor de química en el 
University College, donde publicó varios trabajos de verdadero mé- 
rito (Fenómeno critico, Evaporación y disociación, Presión de vapor de 
varias substancias orgánicas y la ley que lleva su nombre y del físi- 
co Toung), pasó al University College, de Londres, en cuya institu- 
ción fue x^rofesor de la misma materia desde 1887 hasta su ingreso 
en la Universidad (1906). 

Este cambio favorable, fué para el infatigable y talentoso investí- 



WILLIAM RAMSAY 187 

gador, un nuevo pretexto para continuar con tesón la obra ya inicia- 
da, toda ella inspirada en un elevado concepto teórico y sustentada 
con gran habilidad experimental. 

Podemos citar entre otros, los siguientes trabajos producidos en 
la nueva fase de su vida científica : Pesos moleculares de Ion metales; 
Sus célebres' investigaciones sobre gases raros de la atmósfera; Descu- 
brimiento del argón con Rayleigh, del criptón, neón y xenón con Travers; 
Descubrimiento del helio en la cleveita y otros minerales; Investigacio- 
nes sobre la transmutación de la emanación del radio en helio (con F. 
Soddy); y en estos últimos años, estudio sóbrelas causas de la radio- 
actividad y la degradación de los elementos. 

Abrimos aquí un paréntesis á fin de hacer resaltar los conceptos ó 
investigaciones principales de Ranisay relativas al descubrimiento de 
los gases raros de la atmósfera, á la estequiometría (rama de la físico- 
química que se ocupa, como sabemos, de las relaciones entre la cons- 
titución de los cuerpos y sus propiedades) y á la desintegración ató- 
mica de los cuerpos radioactivos y en general de los elementos. 



Uno de los hechos más interesantes en la fecunda vida científica, 
de Ramsay es el descubrimiento del argón y de otros gases raros de 
la atmósfera. 

Ya se creía completamente resuelto el problema de la constitución 
de nuestra atmósfera, cuando lord Rayleigh y Rainsay descubrieron 
que el gas denominado nitrógeno atmosférico, era en realidad una 
mezcla de nitrógeno con un nuevo gas al cual dieron el nombre de 
« argón » (que en griego significa perezoso, inactivo) en vista de su 
inercia química. 

Cuando se trata de un hecho de esta naturaleza, lo mismo que del 
descubrimiento de un principio ó ley, del establecimiento de un nue- 
vo concepto, conviene dar una ojeada histórica, pues sólo ella pue- 
de darnos el hilo del desenvolvimiento y las dificultades vencidas 
por el ingenio del hombre y lo que es más importante, darnos los ele- 
mentos necesarios para sentar las leyes psíquicas que se sigue en la 
adquisición gradual del conocimiento. 

Sólo me concretaré á la época, moderna del problema de la atmos- 
fera donde han tomado parte tan activa los dos sabios mencionados y 
sus respectivas escuelas. 



188 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Lord Eayleigh en su discurso presidencial de la Asociación Britá- 
nica en 1882, dio cuenta de sus investigaciones acerca de las densi- 
dades del oxígeno obtenido por diversos métodos y del nitrógeno 
« químico » y «atmosférico » en los cuales hizo notar que la densidad 
de este último, cuando se le extraía de la atmósfera, era dos centesi- 
mos mayor que la correspondiente al « nitrógeno químico » extraído 
del amoníaco. Este resultado, que no se debía á un error de expe- 
riencia, pues era posible bailar la densidad con una aproximación del 
diez milésimo (diferencia 59 veces menos que aquélla), fué comuni- 
cado por el físico citado por carta al diario Sature en la que hacía su 
llamado á los químicos para hallar la razón de esta curiosa anomalía. 
Pero desgraciadamente esa carta permaneció sin respuesta. 

Cuando ya había, rechazado la hipótesis de la impureza del nitró- 
geno y de la formación de una especie de nitrógeno-ozono (íJ" 3 ) por 
efecto de la descarga eléctrica silenciosa, Eamsay en aquel entonces 
profesor de l'TJniversity College de Londres (1894), solicitó permiso á 
Eayleigh y comenzó una serie de experiencias á fin de aislar en el 
oxígeno del aire mismo, el nitrógeno combinándolo con el magnesio. 

Desde los primeros ensayos empezó á obtener los resultados de- 
seados empleando para ello un aparato de manejo bastante delicado 
y prolongando las experiencias de absorción del nitrógeno hasta diez 
días. Al principio, la densidad del gas así separado, era de 16,1 y á 
pesar de que ya se podía casi asegurar que se trataba de un nuevo 
gas, siguiendo los dictados de la prudencia, característica de todo 
investigador prolijo, se inclinó más bien á pensar en una modifica- 
ción alotrópica del nitrógeno. Pero observó con verdadero placer que 
la densidad de las nuevas porciones era de 19.086 y que el gas en 
cuestión no era absorbido por el hidrato de sodio cuando se le apli- 
caba el método de Cavendish y daba su espectro en los tubos de Pluc- 
ker completamente distinto al de todos los gases hasta entonces co- 
nocidos. 

Casi exactamente al mismo tiempo, Eayleigh obtuvo igual resiúta- 
do que Cavendish respecto al gas residual de la atmósfera, y es enton- 
ces que ambos investigadores aunan sus esfuerzos. 

Después de largas y paci entes investigaciones que se comunicaban 
por correspondencia casi diaria, resuelven de común acuerdo, presentar 
ante la Asociación Británica de Oxford (1895) el nuevo gas de cuya 
existencia ya no dudaban. Según refiere Eamsay en su obra sobre los 
gases de la atmósfera, los químicos se resistían todavía á creer que 
habiendo sido estudiado el aire desde la época de Priestley, Sebéele 



WIIXIAM RAMSAY 189 

y Lavoisier, se pudiera bailar algo nuevo y no faltó un miembro del 
auditorio que preguntara si lo que ellos habían descubierto era el 
nombre de la substancia! 

Una vez dado este paso venciendo toda clase de obstáculos, de los 
cuales, no era el menor la indiferencia del medio, no sólo confirmó 
Eamsay la existencia del argón con la ayuda de sus discípulos, y uti- 
lizando los medios físico-químicos más exactos para su estudio (sepa- 
ración por difusión, pesos moleculares por velocidad del sonido, etc.), 
sino que basándose en la existencia del helio (extraído por él de la 
cleveíta (1895) y hallado genialmente por observación espectroscópica 
por Lokyer en el sol 30 años antes) y en la clasificación periódica de 
Mendeleef, previo genialmente el neón (nuevo) asignándole de ante- 
mano sus principales propiedades; gas monatómico, químicamente in- 
diferente y de peso atómico = 20. 

Como ya el sistema de Mendeleef se había puesto á prueba con los 
célebres descubrimientos del galio, gerrnanio y escandio y guiado pol- 
la creencia de que cuando la obra de la inteligencia humana, después 
de larga elaboración, deja sentado un sistema, ello obedece la mayor 
parte de las veces á algo real y debe tenérsele muy en cuenta, Eam- 
say y Travers, se pusieron en la pesquisa del nuevo astro que á modo 
del Neptuno de Le Verrier, debiera forzosamente aparecer en el fir- 
mamento del mundo atómico. 

Las primeras indagaciones fueron infructuosas ; los minerales que 
contenían helio (cleveíta) y argón (ciertas aguas minerales, vapores de 
los yacimientos de ácido bórico, en aguas, meteoritos, etc.), dieron 
resultados negativos. Pero ellos no desmayaron y conservando plena 
fe en su hipótesis de trabajo, tuvieron la idea feliz de concentrar el 
argón por medio del aire líquido y luego examinar el residuo de la 
evaporación; de este modo no hallaron el neón pero aislaron el «crip- 
tón». Insistieron por tercera vez, volvieron á licuar todo el argón de 
que disponían mediante un recipiente de 30 centímetros cúbicos de 
capacidad, rodeado de otro Dewar, en el que se hizo hervir aire 
líquido á presión reducida (10 á 15 m.) y hecho lo cual lo sometieron 
á la destilación fraccionada, recogiendo los productos en pequeños 
gasómetros de mercurio. 

Cuál no sería, no el asombro, porque ya se estaba seguro del resul- 
tado, pero sí la alegría, al comprobar por el espectroscopio y otros 
métodos igualmente exactos, que en la primera fracción se hallaba el 
neón con las mismas propiedades adjudicadas de antemano y hasta 
el mismo peso atómico, y además, el cripton y el xenón. Parece que 



190 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la naturaleza, graii creadora con todos pródiga, hubiese querido pre- 
miar los esfuerzos que estos grandes hombres y ala vez humildes rea- 
lizaban á espaldas del mundo, enviándoles los nuevos huéspedes, co- 
mo lo hiciera al transportar desde los espacios infinitos, el meteorito 
con las partículas del cuerpo hallado, en la sublime atmósfera del 
astro rey, 30 años antes de ser extraído del seno nuestro pequeño 
planeta. 

Y una cosa de las que más admira en toda esta obra, es la intensa 
asociación entre el espíritu teórico elevado que la inspira y las condi- 
ciones de prolijidad extremas llevadas por el hombre encargado de 
aplicar con éxito el importante experimento puesto al servicio de la 
idea. Lo primero lo hemos podido observar al describir el origen de 
aquellos conceptos, y en cuanto á lo segundo, bástenos decir, que las 
dificultades experimentales han sido grandes debido á que sólo dis- 
puso de 15 centímetros cíibicos de criptón y de o de xenón para todos 
los experimentos. 



II 



La estequiometría del estado gaseoso y líquido fué una de las prin- 
cipales preocupaciones de este físico-químico. Tomando como punto 

de partida la ley de Despretz = constante, ala ebullición v ala 

v — '«i 

misma presión (L = calor latente de evaporación; v y v l} volúmenes 
del gas y del líquido). 

Kamsay (1877, Philosophy Soc. of Glasgow) llega á la relación 

— ¡- = constante, independientemente de Pictet (1S76) y que más 

tarde fué establecida porTrouton (2884) de acuerdo con los principios 
deducidos por la termodinámica. Esta relación lleva hoy el nombre 
de Trouton y permite calcular el peso molecular conociendo el calor 
latente de vaporización y la temperatura absoluta de ebullición, siem- 
pre que no haya asociación molecular. 

De la constancia de aquella expresión se deduce por la termodiná- 
mica, la constancia de la diferencial de la presión I— I que Amagat 

denominaba coeficiente de presión, y por consiguiente la relación 
j?=KT — c, lo cual nos muestra, que la presión es una función lineal 
de la temperatura con aproximación de una constante, cuando el 



WILLIAM RAMSAY 191 

volumen permanece invariable (isocoras). Tal es el enunciado de otra 
ley formulada por Ramsay y Young en 1885 (PJtil. rnag.), ley que ha 
sido verificada para un gran número de substancias. Fácil es ver, 
que dicha relación (en la que c disminuye cuando crece el volumen 
en ambas para los gases perfectos) puede deducirse de la ecuación 
de Van der Waals, relativa á los gases fuertemente comprimidos. 
Las experiencias realizadas, concuerdan en su mayor parte, con esta 
ley de gran importancia para la teoría cinética de los gases; en gene- 
ral, las isocoras (anhídrido carbónico, etileno, pentano é isopentano) 
son líneas rectas (en el volumen crítico) y sólo algunos presentan 
ciertas curvaturas. La intersección de la línea correspondiente á la 
presión del vapor con las isotérmicas alejadas del punto crítico, deter- 
mina dos áreas iguales (Ramsay y Young). A bajas presiones las iso- 
coras (1000 á 4000 c. c), tanto las teóricas como las observadas, co- 
rresponden á líneas rectas si no hay disociación (isopentano) y á cur- 
vas que se separan para temperaturas inferiores á 150° en el caso del 
ííOo. Estudiando la variación de la densidad de vapores se pirede 
hallar el porcentaje de moléculas disociadas. 

También se ocupó Ramsay de la estequiometría de las mezclas y 
de los líquidos. Para estos últimos ideó una modificación de la fórmu- 
la de Eotvos que permite, por medio de la tensión superficial en fun- 
ción de la temperatura, determinar el grado de asociación. El método 
así fundado ha dado excelente resultado en el estudio de la transposi- 
ción de estructuras reversibles que caracterizan los importantes fe- 
nómenos del tantomeria (método capilarimétrico). 

Uno de los capítulos más interesantes y de mayor proyección de la 
radioactividad se debe también á la habilidad experimental y pro- 
fundidad de conceptos de Ramsay. Conjuntamente con Sody, físico- 
químico inglés, en el año 1903 descubrió el hecho de extrema impor- 
tancia de la producción de helio á partir de radio (Xature, 1903, y 
Traite de radioactivité. de M. P. Curie, t. I, pág. 390. 1910). 

Basándose en este hecho y en las investigaciones de Rutherford, 
relativas á la transformación de los cuerpos radioactivos (que actual- 
mente caen dentro de la categoría estudiada por la cinética química 
bajo el título de monomoleculares irreversibles), Ramsay esboza de 
una manera clara y precisa la teoría de la degradación de los ele- 
mentos. 

Primeramente admite la relatividad del concepto de elementos, 
haciendo notar que el absolutismo de la noción de cuerpos simples 
indescomponibles no se debe á Lavoisier, quien expresamente consi- 



192 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

deraba á los elementos como cuerpos « relativamente simples », sino 
á los discípulos en general más afirmativos que los mismos grandes 
maestros. Esto último es un hecho psicológico muy frecuente en otros 
órdenes de ideas. 

Luego él trata de « dirigir » hacia un objeto de alto alcance la 
energía enorme « concentrada » en la emanación de los elementos 
radioactivos: este objeto es la degradación de los elementos. Tal des- 
integración no se produciría al azar de un modo cualquiera, sino si- 
guiendo leyes, de las cuales desde ya, á pesar de lo prematuro de su 
generalización, el da los primeros rudimentos al proponerlas siguien- 
tes proposiciones (1) : 

I a El helio y las partículas de la emanación no son idénticas; 

2 a El helio que se forma espontáneamente á partir déla emanación 
es el resultado de la degradación por el bombardeo de las partícu- 
las a, de la pesada molécula que constituye la emanación; 

3 a La degradación de la emanación se hace por grados, dando pro- 
bables y necesariamente los diversos términos de la familia natural 
de elementos á la cual pertenece; espontáneamente (ó en presencia de 
oxígeno ó hidrógeno) la degradación es completa y se efectúa hasta 
el helio, primer término de otra familia; en presencia de moléculas 
más pesadas (agua), la degradación de la emanación se detiene en el 
segundo término, el neón; en presencia de moléculas todavía más pe- 
sadas y más complejas (nitrato de cobre) ella se detiene en el tercer 
término, el argón ; 

4 a Por otra parte, la degradación de un elemento extraño, puesto 
en presencia de la emanación, fenómeno que absorbe una gran parte 
de la energía disponible en esta última, parece también hacerse por 
grados, dando sucesivamente los diferentes términos de la familia na- 
tural á la cual pertenece, para llegar fácilmente al primer término; 
la formación del litio (y probablemente del sodio) á partir del cobre y 
la del carbono á partir del torio, son las primeras demostraciones. 

Las conclusiones relativas á la transformación del cobre en litio 
han sido revisadas por M. Curie y M. G-leditsche en 190S, quienes 
después de prolijas investigaciones demuestran, que usando recipien- 
tes de platino y reactivos libres de todo vestigio de litio, no se obtiene 
semejante transmutación. 

La mayor cantidad de calor desarrollado espontáneamente por las sa- 
les de radio, se debe (80 á 100 peq. cal.) á los fenómenos que seprodu- 

(1) Jowmal de Chimie et Physique, de Guye, tomo V, página 652. 1907. 



WILLIAM RAMSAY 193 

cen durante la transformación de la emanación de radio; la emanación 

proveniente de un gramo de radio (3 m 54 en 4 días por gramo de radio) 
desarrolla, según Oameron y Bamsay, 75 calorías por liora (Buther- 
ford). De aquí se deduce que el calor emitido durante la vida de un 
centímetro cúbico de emanación es del orden de siete millones de pe- 
queñas calorías, en tanto que la proveniente de la combinación del 
H y O contenido en un centímetro cúbico de mezcla detonante es de 
tres pequeñas calorías, es decir, 2,5 millones de veces mayor la primera 
que la segunda. En vista de esta enorme concentración de energía qui- 
se presenta en la emanación del radio, es que Bamsay desde 1905 em- 
prendió aquellas investigaciones, las cuales á pesar de las críticas 
mencionadas, insinuaron al mismo físico-químico a un estudio ya céle- 
bre, Alquimia moderna, que tuvo eco en la Boyal Society á propósito 
de su discurso presidencial (año 1914). 

De este modo él consiguió también hacer avanzar mucho el estudio 
de la constitución, de dicha emanación que además de helio 5 por 
ciento, da entre otros productos el radio A, B, O, etc., 95 por ciento. 
Esta emanación, como Bamsay y Butherford lo han demostrado, obe- 
dece á la ley general de los gases, se condensa en aire líquido á 185° 
posee espectro característico, es soluble en ciertos disolventes y tiene 
un peso molecular próximo á 200 y resiste al ataque de los agentes 
químicos más enérgicos. Puede considerarse como perteneciente á la 
familia natural del helio, constituida de gases nobles monoatómicos. 

He Ne Ar Kr Xe emanación (?) 
4 20 39,9 81,8 128 200 á 216,5 (?) 

En estos últimos años, después de un estudio detenido, llegó á con- 
siderar al electrón como un elemento (electrones de valencia, etc.). 

Además de los trabajos de investigación arriba citados, sirWilliam 
Bamsay ha producido una serie de obras de enseñanza de verdadero 
mérito y provecho, en las cuales resalta en íntima asociación, la am- 
plitud y profundidad de conceptos y el espíritu metódico. Se encuen- 
tran entre ellas las siguientes : Pruebas experimentales de la teoría 
química (1884) ; Química sistemática elemental (1891); Los gases de la 
atmósfera (1897); Química moderna (leona y sistemática, en dos volú- 
menes), donde el autor preconiza el método de clasificación y estudio 
de la química inorgánica por funciones; Introducción al estudio de la 
físico-química, como base de una délas bibliotecas más completas que 
actualmente existen sobre esta importante ciencia. Á partir de L90 1. 

AN. SOC. CIENT. AKG. — T. LXXXI1 13 



194 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

él dirigió la publicación de esta serie de obras, entre las cuales se 
pueden contar: Estequiometría, por Young; La regla de las fases, 
por Findlay; Estática y dinámica química, por Mellor; Termoquímica , 
por Thonisen; Electroquímica, por Lehfeld; Totoquímica; Relación 
entre la constitución de los cuerpos y sus propiedades físicas, por Suti- 
les; Espectroscopia, por Baly; Estereoquímica, por Stewart; Metalo- 
grafía, por Descli; La teoría de la, valencia, por Fried. 

Y esta obra, que basta para dar gloria á más de un hombre, no es 
todo lo que ha realizado el eminente físico-químico. Él comprendió des- 
de un principio, que la ciencia traspasa los límites estrechos del labo- 
ratorio que algunos erróneamente tienden á ponerle, pues tiene á su 
cargo el desempeño de una altísima y noble misión social. Por eso lo 
vemos al hombre de fama ya mundial, descender al llano para divul- 
gar los más elevados conocimientos en forma elementalísima, á pesar 
de las injustas críticas de los pocos que aun creen en el descrédito 
de una ciencia así transportada al público, que anhela enterarse 
de los grandes principios y descubrimientos. Eamsay llegó á con- 
vencer á muchos escépticos, que era posible enseñar las ciencias fí- 
sico-químicas en las escuelas elementales y colegios, de una mane- 
ra sencilla y con los elementos más rudimentarios que imaginarse 
pueda. 

Cumplió otra noble misión también. Dejó un selecto núcleo de 
alumnos que se encargan actualmente de elevar el nivel cultural de 
su país y el adelanto de la ciencia universal, continuando la obra efi- 
caz de su gran maestro. Figuran en esta lista : Dobbi, profesor en 
Bangar; S. Young, profesor en Dublín; W. Travers, director del Ins- 
tituto de investigaciones; Soddy, profesor de físico-química en Glas- 
gow; Baly, profesor de química en el TJniversity College. 

Numerosas instituciones de su país le han conferido merecidos 
honores y posee además títulos de las instituciones similares del 
extranjero : de Tubingen (doctor en ciencias naturales), de Cracovia 
(doctor en filosofía), de Heidelberg (doctor en medicina), de Dublín. 
Cambridge, Oxford, Columbia, TJniversity of New York, Liverpool 
(doctor en ciencias), de Glasgow (doctor leg). 

Era miembro honorario de muchas instituciones : Instituto de 
Francia, Academia de ciencias, Academia de Berlín, Yiena, Copenha- 
gue, Cristiania, Estocolmo, Petrogrado. Madrid, Boma, Genova, Flo- 
rencia, Rotterdam, Bristol, Glasgow, Manchester, etc. Y en Inglate- 
rra : miembro de la Sociedad real de Londres, de la Sociedad química 
de Londres, del Instituto de química, de la Sociedad física, de la 



WILLIAM KAMSAY 195 

Bristish Association, presidente déla sección química, 1897; de la 
Sociedad química industrial, presidente 1903-4; presidente de la So- 
ciedad química de Londres (1907-1909). 

Ha sido acreedor á los siguientes premios : Hodg King, 1S95, 5000 
dólares; Lecompte, 1895, 25.000 francos; medalla Bernard, déla uni- 
versidad de Colombia, 1895; medalla Longstaff, déla Sociedad quí- 
mica, 1896; medalla de Hofñnan, 1903; medalla Davy, déla Sociedad 
real, 1896; premio Nobel, 1904; medalla Leblanc, déla Sociedad quí- 
mica de Francia; medalla de Boma, 1907. 

Una de las cosas que se observa con verdadera satisfacción al 
leer la biografía de los investigadores modernos, es la ayuda mutua 
que en todo país civilizado se prestan los hombres de ciencia (y en 
general todos los que se hallan empeñados en la alta cultura) y el 
medio social en que viven. Aquéllos, aplicando con acierto y cons- 
tancia sus descollantes aptitudes para llegar después de largas y cos- 
tosas investigaciones al descubrimiento de los grandes principios y 
leyes que más tarde han de beneficiar á las ramas del conocimiento 
teórico y práctico y como xma consecuencia lógica y necesaria, á la 
ciencia especulativa, á la técnica y en general á las instituciones 
sociales. Y los gobiernos y las sociedades científicas é industriales, 
premiando con honores, dinero ó creación de laboratorios é institutos 
de investigación los nobles esfuerzos de los que con tanto afán y tan 
encomiablemente se dedican á aquella obra beneficiosa. Nuestras ins- 
tituciones oficiales y particulares que con verdadero acierto, la mayor 
parte de las veces, tratan de imitar lo bueno de las demás naciones, 
deben tomar nota de este hecho y prestar una ayuda más eficaz al 
estudioso, generalmente abandonado á su propia iniciativa, en un 
medio poco propicio y bastante indiferente en casi todo lo que se 
refiere á esta clase de obras, donde á menudo no se ve la utilidad 
inmediata. 

Por esta breve exposición se puede comprobar lo magno, genial y 
fructífera que ha sido la obra realizada por sir William Eamsay, cuya 
desaparición deja un gran vacío en la ciencia universal. 

Si la tarea experimental ha sido enorme y de realización extrema- 
damente prolija y costosa, los descubrimientos de leyes y principios 
y el establecimiento de teorías que él ha llevado á cabo son de un 
gran alcance filosófico por las concepciones generales sobre el anuido 
fenomenal así establecidas. 

Como tuve ocasión de hacer notar con motivo de la recepción que 
en el aiío 1914 le hicieron las sociedades químicas y científicas al sabio 



196 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

profesor de la Universidad de Berlín, doctor Walter JJernst (1). el fí- 
sico-químico inglés William Ramsay, es de los pocos investigadores 
modernos que forman parte de la escuela experimental racionalista, 
una de cuyas principales características, es el hábil y exacto manejo 
de los instrumentos de la razón, muchas veces más poderosos que los 
del laboratorio, el hábil y exacto manejo de la hipótesis, esos fermen- 
tos activos de la vida científica (según la expresión de Friedel), sin 
los cuales es imposible encaminar la experimentación por un sendero 
fructífero, capaz de llevar ala rama del conocimiento donde se aplica 
á la conquista de principios de más en más generales. La historia de 
la ciencia y de la filosofía muestra que el espíritu humano ha necesi- 
tado siempre valerse de imágenes para acercarse á la realidad cog- 
noscible y tentar la conquista de la verdad relativa, y sólo aquellas 
concepciones profundas, que acompañan al símbolo, pueden permi- 
tirle buscar bajo la diversidad asombrosa de los fenómenos, una uni- 
dad primordial, asociando elementos de los más diversos, para llegar 
de este modo al establecimiento de leyes y principios universales, 
aspiración legítima de la filosofía natural. 

El profesor ífernst, en su célebre tratado de química teórica, que 
además de ser una obra didáctica y de verdadera metodología cientí- 
fica, ha sugerido un gran número de investigaciones, reconoce la gran 
importancia que ha tenido en todos los tiempos, y que aun tendrá para 
el progreso científico, el método de investigación puramente induc- 
tivo, pero afirma que es indudable que penetramos más profunda- 
mente en la esencia de los fenómenos, cuando por vía deductiva, so- 
bre la base de ideas razonables y de consecuencias que se deducen 
lógicamente, llegamos á una ley nueva de la naturaleza y por esta 
razón, esta vía nos parece más seductora. « La utilidad, dice Xernst. 
de una nueva hipótesis, consiste esencialmente en profundizar y en- 
sanchar nuestros conocimientos de los fenómenos, es decir, en pres- 
tarnos los mismos servicios que la ley natural. » Si en todas las épo- 
cas, aunque en grados muy diferentes, el espíritu humano siempre se 
ha dirigido con predilección hacia las hipótesis, ello se debe á que el 
conocimiento de una ley nos produce mayor satisfacción si á él se 

(1) Neriist, su oora científica. Conferencia leída ante los miembros de la Sociedad 
Científica Argentina y Sociedad química argentina, el día 9 de mayo de 1914. 
con motivo de la recepción realizada en homenaje al profesor de la Universidad 
de Berlín, doctor W. Nernst. El profesor Nernst fué invitado por la Universidad 
nacional de La Plata, para que diese una serie de conferencias sobre tesis elegi- 
das de físico-química y termodinámica, en el Instituto de física de la misma. 



WILLIAM KAMSAY 107 

llega por vía deductiva, que por vía inductiva después de una serie 
de experiencias largas y penosas. 

Pero para llegar á esto hay que hacer una selección feliz de las no- 
ciones que puedan servir de base á un razonamiento teórico, en cuyo 
acto intervienen operaciones del intelecto poco conocidas, como la 
intuición, esa especie de relámpago interno que proyecta luz sobre 
las penumbras de nuestra subconciencia, y mediante las cuales es 
posible el acto espontáneo de creación que caracteriza al hombre de 
genio. Esta cualidad primordial para la producción científica elevada 
se hallaba en alto grado en Eamsay y se halla en ííernst, Le Cháte- 
lier y otros investigadores, como puede comprobarse penetrando el 
espíritu que inspira sus obras respectivas. 

Es con toda esta obra grandiosa que Eamsay nos preparaba con- 
juntamente con investigadores notables como Le Chátelier, Perrin, 
Langevin, Ostwald, Nernst y otros, la nueva era de la química racional 
fundada en la física y en la mecánica. ISTo está muy lejos el día en 
que se dicten verdaderos cursos de mecánica química, como lo haría 
un profesor de mecánica celeste, desarrollando con el poderoso auxi- 
lio de las matemáticas, las órbitas de los «satélites» del «mundo 
atómico». T aun hoy existen físico-químicos que desde su gabinete 
de estudio dan, como lo hacía el célebre Poincaré en la mecánica as- 
tronómica, la resolución de problemas que después el prolijo investi- 
gador de laboratorio se encarga de someter al veredicto de la expe- 
riencia. 

Y esto que parecería puro sueño y fantasía tiene ya una base ex- 
perimental sólida. Perrin lleva á cabo sus célebres investigaciones 
sobre el tamaño molecular, llegando por trece métodos distintos auna 
maravillosa coincidencia, que no deja duda acerca de la existencia de 
estas partículas. Nernst y su excelente escuela sorprende en las mis- 
teriosas regiones del frío absoluto, donde la materia parece condenada 
á una muerte definitiva, leyes y principios que permiten valorar los 
movimientos de esos mismos corpúsculos infinitesimales y resolver 
los problemas planteados por la dinámica del mundo invisible. Y 
Eamsay, verdadero modelo de hombre de ciencia, cuya muerte nunca 
dejaremos de lamentar, escudriña los maravillosos fenómenos del ra- 
dio y traza en una concepción genial, el esquema de la desintegración 
que parece operarse en la indefinida evolución de los elementos. 



LAS INVESTIGACIONES DE M. CHARLTON BASTÍAN 

SOBRE BIOGÉNESIS (1) 

NUEVAS EXPERIENCIAS CON SOLUCIONES SALINAS SOBRECALENTADAS 

POR LOS DOCTORES 

SALVADOR MAZZA Y HORACIO DAMIAXOVICH 



Después de las célebres discusiones con Pasteur y Tindall, el pro- 
fesor Charlton Bastían, que sostuvo con tesón la doctrina de la arque- 
biosis, volvió con nuevos argumentos, empleando para tal objeto, solu- 
ciones salinas calentadas á temperaturas que variaban entre 100° 
y 130° (2). 

Con el deseo de hacer una síntesis en la doctrina de la generación 
espontánea desde su comienzo basta las ríltima investigaciones, uno 
de nosotros (3), llevó á cabo una serie de ensayos con tubos cerrados 
como lo aconsejaba Bastían en su obra L'évolution de la vie, utili- 
zando fosfato de amonio, silicato de sodio y ácido fosfórico puros de 
Kahlbaun. Después de someterlos á una calefacción que varió de 
100° á 130°, se dejaron en reposo durante más de un año y se exa- 
minaron los diferentes sedimentos al microscopio. Por este examen 
no se pudo comprobar en dichos sedimentos, la presencia de ningún 
microorganismo y sí solamente un ligero precipitado cristalino de si- 

(1) Recién al entrar en prensa este trabajo tuvimos conocimiento de un estudio 
del doctor Maumus del Instituto Pasteur de París, cuyas couclusiones son con- 
trarias a las de Bastian (Revue scientifique, agosto 1916). 

(2) L' Evolution de la vie. 

(3) H. Damianovich, La doctrina de la generación espontánea : ideas antiguas e 
investigaciones modernas, conferencia dada en la Sociedad científica argentina y 
publicada en los Anales de la misma (1911). 



INVESTIGACIONES SOBRE BIOGÉNESIS 19Í» 

lice coloidal que mostraba las formas más diversas. La conclusión 
que parecía desprenderse de todo esto, es que Bastían, no se hallaba 
en condiciones de asegurar la producción de microorganismos, pues 
no había eliminado todas las causas posibles de error. Pero faltaba en 
nuestro trabajo el examen bacteriológico. 

El autor recibió una extensa y explicativa carta del profesor Bas- 
tían en contestación al trabajo remitido, donde al mismo tiempo tra- 
taba de levantar algunas objeciones que se le hacían, lo invitaba á 
que repitiera sus experiencias asociándose á un colega bacteriólogo y 
con los líquidos que enviaría desde Inglaterra. 

Una vez obtenidos los líquidos, emprendimos en conjunto el tra- 
bajo que á continuación detallamos, siguiendo la técnica descrita en 
la obra reciente (1) que M. Bastían tuvo la amabilidad de enviarnos 
junto con su carta de fecha 16 de junio de 1913 y con una solución 
coloidal de silice preparada por Otto Bosenheim (2). 

Transcurrido próximamente un año, recibimos otra carta (octubre 
24 de 1914) donde nos manifestaba el deseo de conocer el resultado 
de nuestras experiencias especialmente porque al mismo tiempo, el 

(1) Chaklton Bastían, L : 'origine de la vie, comptes renda d'expériences faites 
avec certaines solutions salines surchaufíees dans des vases hermétiquement clos. 
Traduit sur le manusorit de la dettxiénie édition anglaise par Léon Guinet. 1913. 

(2) Copia de la carta del profesor Charlton Bastian : 

I am sending you some of a very good solution of colloidal silica wich Dr. Otto 
Rosenheini lias again prerjared for me. 

It is distinetly stronger than previous solutions whioh be has given me. 

For a dozen tubes, and putting 3 v of tbe fluid into eaeh of them, I make up the 
solutions as folio ws : 

i Dist water 5 viij 

Colourless solution - Am Pllos 4S S raius 

/ Dil Plios Acitl 48 drons 

\ Colloidal Silica 48 drops 

The tubes should be reposed just unside a N a NE or an E window : but not un- 
side a S window, where they would get too mueb heat and diret sumlight. 

My incubation is heated by electrioity, but the eurrent here is running ouly for 
about 12 hours daily. With it I have liad very inany good results. 

I am now liowever, very doubt ful whethen an ordinary eontinously heated incuba - 
tor atabout 27°C would answer as well. Except for sonie terminal periode of the «■ 
posure. 

I am heating muy tubes for 20' on 3 suooessive days, and 1 am hoping that you 
yñh he induoed to make some triáis with the materials I am sending. 

The contents of the tubos should not be examineil andel' sise months. 

I have sent you a eopy oí L'origine de la ríe and also of tile English Revieic, oon- 
taining an article by me ou « Spontaneous Generation ». 



200 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



había enviado (con fecha junio de 1913) el mismo material á los D rcs 
Wright y MacíTeal de Sew York. En ella conjuntamente con unas 
microfotografias (1) nos comunicaba, que en varios de sus tubos 
había hallado bacilos y mohos análogos ó idénticos al titrejrtothrix ó 
Gladothrix. 

Á ella respondimos que no habíamos comunicado los ensayos pre- 
liminares porque pensábamos hacerlo recién cuando tuviéramos los 




Fig. 1 



resultados definitivos. En vista de que hallamos una infección en los 
líquidos por él enviados, antes de someterlos al tratamiento, pedimos 
á Bastian nuevo material en carta dirigida en febrero 4 de 1915, en 
la que adjuntábamos una copia de la microfotografía de los mohos 
hallados en dichos líquidos (fig. 1). 

En contestación recibimos su última carta (2) (marzo de 1915) y 
junto con ella una cantidad de tirosina suficiente para hacer las siem- 
bras necesarias. 



(1) Las mismos que aparecieron en su reciente publicación « The production 
at will of either fungus-germs, flagellate monds, or anioebae from tlie ultimate 
segment of sniall masses of zoogltea. 

« New details concerning tube experiments of the origin of life ». Sature, di- 
ciembre 24 de 1914. 

(2) En vista del interés que ofrece la lectura de esta carta (que es la última . 
pues el ilustre bacteriólogo acaba de fallecer, 1916) la transcribimos á continuación : 

I liave duly received your letter of february 4 enclosing photos of moulds wieh I 
know well. A propos of their presence in the experimental fluids see "svhat I ha ve said 



INVESTIGACIONES SOBRE BIOGÉNESIS 201 

Á raíz de esta última correspondencia, emprendimos la tarea de 
examinar los líquidos que habíamos tenidos expuestos á la luz duran- 
te un año y siete meses, con el resultado que á continuación se ex- 
pone : 

El examen del sedimento de algunos de los tubos demostró la pre- 
sencia de escasos cladoptrix y estafilococos. Estos sedimentos fueron 
sembrados en los medios ordinarios de cultivo sin que se reproduje- 




Mg. 2 

ran los gérmenes citados. En cambio la siembra de los mismos en 30 
centímetros cúbicos de solución acuosa de tirosina al 0.05 por ciento, 
dio por resultado un verdadero enriquecimiento de muchos en forma 
de rosetas blancas bien visibles dentro de un medio líquido transpa- 
rente (fig. 2). La solución de tirosina pura dejada como testigo per- 
maneció estéril. 

Los gérmenes, así desarrollados, pudieron después crecer en los me- 



in section XI of L'Origine de la vie aud what prof. Hewlett said in tre repvint í'rom 
UTature of jannuary 22, 1914 as to their being all killed by a single exposuae to 100°C 
for 20'. 

What would be the good of troying to obtain evidenee of the novo nvigin of ovga- 
nisms in sterilised fiuids. if these same fiuids when insterilised did not show the pi'6- 
sence of organisnis ? 

I am sory tkat you did not delay your letter till yon oould tell me what you fouml 
in the tubos wich yon prepared in august 1913 Erom niaterials similar to those mado 
use of by M. Wright and MacNeal in jnly 1913. 

You will have received, 3¡nce you svrote, a reprint irom ¡Tature of decomber 21 in 
wich you will fund fiirther particiúars eoncevning their oxpeviments and also, on the 
tast page, some details coneerning the composition of uew solutíou, wich 1 have of 
luir been using witli suceoss. 



202 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARftENTINA 

dios ordinarios de cultivo en estado perfecto de pureza como si hubie- 
sen sido « activados » por la tirosina. 



CONCLUSIONES 

I a Los líquidos tipos enviados por Bastían se hallaban infectados 
antes de toda manipulación ; 

2 a Se ha podido comprobar la exactitud de las apreciaciones de 
Bastían al establecer, que pueden hallarse ciertos gérmenes, en líqui- 
dos que habían sido sometidos á temperaturas hasta ahora conside- 
radas incompatibles con la vida ; 

3 a La interpretación que el autor da aceptando una generación 
« de novo » no es más que un caso de resistencia á las temperaturas 
consideradas hasta ahora como límites, problema importante, que nos 
proponemos estudiar en el futuro. 



I have now no colloidal silica that I can send, but I am sending you some of the 
three cheruicals wich "were emproyed by me last july for the numero 1 and numero 2 
solutionSj wich I nape yon and your collegue will make use of. 

If you keep the sod-silicate solution long enough, and if you dissolve some of the 
Ammon Phos and keep it long enough you wil doubttess find organisms in eaeh. Bul 
boil sueh Solutions even once for 20' and tken subeulture theni, as prof. Hewlett did. 
and if you find no livings organisms then, you will kuow what interpretation to just 
ux>on the presence of living organisms within your experimental tubes. 

I have of late been opening tubes carefully, taking one sample of the deposit au 
then inyecting abou XXXV of a recently boiled 0.05 por ciento solution of tvrosin. 
The tubes should then be reclosed (perhaps with realing wax) and replaeed in the in- 
cubator for 3-1 wks. If organisms were difflcult to discorer before. they will probably 
be found to be swaruing in tbe tubes to wich tyrosin has been added. I hope you 
may still have some inopened tubes with which you can make such triáis. 



CUESTIONES 



NOMENCLATURA PALEOETNOLOGICA 



«i» 



por Félix f. outes 



En los pocos años que lleva de creada la Comisión de investigacio- 
nes Paleontológicas y Prehistóricas, que funciona en Madrid corno 
una dependencia de la Junta para ampliación de Estudios é Investi- 
gaciones científicas, ha realizado una tarea vasta y bien dirigida. 

Recientemente, los especialistas que la componen han querido 
complementar esa proficua labor, estableciendo una « exacta corres- 
pondencia » entre las voces técnicas españolas, comúnmente emplea- 
das i>ara designar los grandes periodos y manifestaciones industriales 
de las culturas paleolíticas, « con las francesas, como ya existe entre 
las de este último idioma y las alemanas»^ 

Con tal objeto, los miembros de la Comisión, señores Eduardo Her- 
nández Pacheco, Hugo Obermaier — á quien las vicisitudes de la gran 
guerra han llevado á la tierra hospitalaria de España — conde de la 
Vega del Sella y Pablo Wernert, lian compuesto una Nomenclatura 
de voces técnicas y de instrumentos típicos del paleolítico (-'). 

La iniciativa no puede ser más plausible; y, su inmediata reali- 
zación, viene á llenar una necesidad sentida por los especialistas 

(1) Comunicación á la Sociedad argentina de Ciencias Naturales, leída en mi 
reuuiún del 20 de enero de 1917. 

(2) Forma el número 10 de las Memorias de la Comisión (200 \ 271 milímetros, 
44 páginas, con 51 figuras cu el texto. Madrid, lililí). 



204 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de hispano-américa. Y es justamente por ello, porque aprecio en 
cuanto vale la excelente idea de la Comisión española, que voy á 
formular á la Nomenclatura propuesta una serie de breves observa- 
ciones que puntualizan algunas inconsecuencias, tal cual término 
inaceptable y hasta equivalencias ó traducciones que, sin duda, resul- 
tan arbitrarios (1). Mis propósitos tienden á señalar, simplemente, las 
fallas que ofrece esta valiente tentativa de Nomenclatura en español, 
que, como toda incursión en la maraña virgen, deja la huella, aun im- 
precisa, del primer desmonte. 

Es indudable que los señores de la Comisión se han propuesto, casi 
exclusivamente, establecer las denominaciones generales relativas á 
los instrumentos de piedra ó las especiales de cada uno de éstos y de 
algunos de hueso ó asta. En cambio, las designaciones de las grandes 
épocas no parecen haber merecido un estudio especial, que hubiere 
resultado, sin duda, altamente provechoso, pues habría permitido 
establecer, en definitiva, una serie necesarísima de substantivos adje- 
tivados siguiendo un procedimiento de formación uniforme. 

Sirva el cuadro que sigue de punto de referencia general para ilus- 
trar las breves observaciones que voy á formular á las denominacio- 
nes de las grandes épocas propuestas por la Comisión. 



Yacimientos clásicos típicos 



Denominaciones de épocas 
según la Comisión 



(Términos primitivos) (Términos derivados) 

Chelles. 1. Chel | ense. 

Saint-Acheul. 2. Achel | ense. 

Le Moustier. 3. Muster | iense. 

Aurignac. i. Auriñac | iense. 

Solutré. 5. Solutr | ense. 

La Madeleine. 6. Magdalen | iense. 

Maz-d'Azil. 7. Azil | iense. 

Sorprende, de inmediato, la instabilidad del procedimiento seguido 
al verificar las transcripciones de los términos primitivos. Así, los 
derivados de Chelles y Saint-Acheul, se establecen sobre transcrip- 

(1) Noto, asimismo, en la Nomenclatura, algunos descuidos que traicionan cierta 
precipitación. Así, por ejemplo, las siete grandes épocas del período paleolítico 
aparecen reducidas á seis, pues la aurignacense y solutrense figuran, ambas, bajo 



CUESTIONES DE NOMENCLATURA PAXEOETNOLÓGICA 205 

ciones fonéticas (Chelles : cbelense; Saint-Achenl : achelense) (1); el 
correspondiente á Le Moustier, se forma sobre una transcripción, 
absolutamente errónea, del nombre del yacimiento (ter por tier), ade- 
más de comprender nua transcripción fonética (ou = u) (2); en el 
caso de la industria de Aurignac (Aurignac : auriñaciense) (3), la 
inconsecuencia es aun más grave, pues se emplea, simultáneamente, 
la transcripción literal (au = au) y la fonética (gn = ñ) ; para las 
épocas de Solutré y Maz-dAzil (Solutré: solutrense; Maz-d'Azil : azi- 
liense) (4) se realiza una simple transcripción literal ; y para las ma- 
nifestaciones culturales de la época de La Madeleine, la forma de 
transcripción, aunque fundada en un error (Madeleine = Magdeleine : 
magdaleniense), quizá sea aceptable (5). 

Por otra parte, y como lo indica con claridad el cuadro á que me 
he referido, los sufijos ó terminaciones comunes empleados, no son 
siempre los mismos ; la Comisión ha optado, indistintamente, y sin 
razón de peso de orden gramatical que lo explique, por las formas 
ense, o iense, que traicionan la pauta francesa. 

La verdad es que no encuentro argumento alguno que pueda justi- 
ficar las « inconsecuencias » de diverso orden que acabo de puntuali- 
zar, tanto más inexplicables si se recuerda que nuestro idioma, con su 
plasticidad incomparable y su riqueza de sufijos ó desinencias, como 
quiera llamárseles, permite, con gran facilidad, la formación de voces 
nuevas sobre una pauta uniforme (6). Quiero decir con esto, que la 
Comisión, al transcribir los términos primitivos, debió haber optado 
por la transcripción fonética ó la literal, y aplicar, á todos ellos, pues 

una misma indicación numérica (*) ; al yacimiento clásico de La Madeleine se le 
llama La Magdeleine (**), etc. 

(1) Nomenclatura, etc., 16, 18. 

(2) Nomenclatura, etc., 24. 

(3) Nomenclatura, etc., 27. 

(4) Nomenclatura, etc., 33, 37. 

(5) Nomenclatura, etc., 35. 

(6) Acaba de llegar á mis uiauos una interesante memoria, en la cual, su autor, 
se ocupa del crecimiento de « nuestro vocabulario por derivación, mediante la 
acción de los sufijos », y en la que aparecen anotados más de 1500 derivados, 
formados sobre una copiosa lista alfabética de los primeros (el'. JUAN 1!. Selva, 
Crecimiento del habla. Acción de los sufijos, en liceísta de la Universidad de /'.unios 
Aires, XXXIV, 291 y siguientes. Buenos Aires, 1916). 

(*) Nomenclatura, etc., 27 y 33. 
(**) Nomenclatura, ote, 35. 



206 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

110 hay m conven i ente alguno que lo impida, un mismo sufijo ó desi- 
nencia. 

En el primer caso ¿ cuál puede ser el procedimiento más conve- 
niente ? Pienso que la transcripción literal ofrece mayores ventajas, 
pues, sobre conservar integralmente el nombre del yacimiento típico, 
cuya universalidad de « manifestaciones » culturales reviste valor 
excepcional, impide las bizarrerías á que daría lugar, más de una vez. 
la adopción del procedimiento fonético (por ejemplo : Aurignac = ori- 
ñacense). 

Así lo han entendido conocidos especialistas : Boule y Cartailhac, 
observando que el empleo de las formas francesas moustérien y mous- 
térienne era incorrecto, pues se hacía sobre la transcripción equivo- 
cada del nombre del yacimiento respectivo, comenzaron á usar desde 
1906 los adjetivos moustiérien y moustiérienne. Y, por ello, aquellos 
dos maestros eximios, en las notas críticas aparecidas en 1/ Anthro- 
pologie el año referido, en sus discursos ó comunicaciones al XIII 
Congreso internacional de Antropología y Arqueología prehistóricas, 
reunido en Monaco por esa misma época, y en su hermosa obra sobre 
las grutas de Grimaldi, aparecida también por entonces, hablan del 
moustiérien, de la industria moustiérienne, y hasta de los moustié- 
riens, etc (1). 

En cuanto á los sufijos, entiendo que el empleo único de la forma 
ense para todos los casos, forma que expresa « pertenencia, relación, 
secta ó referencia y viene á formar adjetivos gentilicios >> (2), es más 
adecuada, pues ella excluye todo rastro de la forma francesa adjetiva- 
da que, de todo punto de vista, sería absurdo conservar. 

Resumiendo; las denominaciones délas grandes épocas del período 
paleolítico deberían formarse en español, según mi modo de ver, me- 
diante la transcripción literal del nombre del yacimiento y el sufijo ó 
desinencia ense. Quizá constituya una excepción aquella de La Made- 
leine, mas, dada su procedencia exótica, podría, sin inconveniente, 
optarse por « Magdalenense » (3). 

(1) L' Anthropologie, XVII, 403 y passim, 411 y passim. París, 1906 ; Congres In- 
ternational d' Anthropologie et d'Archéologie préhistorigues. Compte rendu de la {rétete- 
me session. Monaco, 1906, I, 71 y passim, 85yj;ass¡»¡.. Monaco, 1907; L. de Vil- 
leneuve, M. Boule, L. Cartailhac y E. Verneau, Les grottes de Grimaldi 
(Baoussé-Boussé), I, 99 y passim, 101 y passim ; II, 226 y passim, 227 j passim. 
Monaco, 1906-1912. 

(2) Selva, Ibicl., 306. 

(3) Recuérdese aquella vieja ciudad de Magdala, reducida en la actualidad :í 



CUESTIONES DE NOMENCLATURA PALEOETNOLOGICA 207 

Yo misino he ensayado las formas sugeridas, en la extensa nota 
crítica que publiqué, no ha mucho tiempo, sobre la monumental obra 
de Schmidt, Koken y Schliz, Bie diluoiale Vorzeit Deutschlands (1), 
formas que, por otra parte, van resumidas en el cuadro que sigue, 
en parangón á otras que pudieran constituir el desiderátum. 



DENOMINACIONES ESPAÑOLAS DE LAS GRANDES ÉPOCAS 
DEL PERÍODO PALEOLÍTICO 

Formas sugeridas por F. F. Outes Desiderátum 

Chellense. Chellesense. 

Acheulense. Acheulense. 

Moustierense. Moustierense. 

Auriejnacense. Aurignacense. 



Solutrense. Solutrense. 

Magdalenense. Madeleineni 

Azilense. Azilense. 



Pasaré, ahora, á examinar las denominaciones generales y especia- 
les de los instrumentos de piedra, hueso ó asta, que encuentro obje- 
tables. 

a) Cuarteado (francés, erogúele; alemán, Tcrákéliert) (2). No me 
parece feliz el vocablo adoptado por la Comisión como equivalente 
del craquelé francés, pues se trata de un término que se presta al 
equívoco, desde que su verdadera ascepción es dividir una cosa en 
cuatro porciones, y, sólo por extensión, ■ suele emplearse para indicar 
una mayor división. 

Por otra parte, la forma francesa encierra un concepto tan bien 
definido y es tan descriptiva, que no admite tales ambigüedades. En 
efecto, los paleoetnólogos franceses se refieren á la craquélure del 
sílice como pueden hacerlo con la que ofrece cierta clase de porce- 
lana ó loza, debida, como es sabido, á la tendencia que tienen las 



un modesto caserío, sobre el lago de Tiberíades, de la cual tomó su apellido Ma- 
ría Magdalena. 

(1) Anales de la Sociedad Científica Argentina, LXXXI, 251 y siguientes. Buenos 
Aires, 1916. 



(2) Nomenclatura, etc., 13. 



208 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cubiertas á una división extrema originada por la diferencia, más ó 
menos sensible, que existe entre el coeñciente de dilatación de la 
pasta y del vidriado. Pero, como eraquéler de la porcelaine es, simple- 
mente, fendiller la glacurc, no es difícil bailar en español un buen 
número de formas mucho más precisas que « cuarteado ». Tenemos 
henderse, rajarse, agrietarse, resquebrarse, resquebrajarse, etc.: y. 
entre todas ellas, me parece la última la más adecuada, pues como lo 
dice el léxico oficial de nuestro idioma, expresa «hender ligeramente 
la superficie de algunos cuerpos duros, señaladamente de la madera, 
la loza, el yeso », etc. (1). Puede, pues, decirse en castellano sin reti- 
cencia alguna : sílice resquebrajado; la resquebrajadura de la calce- 
donia, etc. 

b) Hoja (francés, lame; alemán, klinge; inglés, flaJce) (2). La equi- 
valencia propuesta por la Comisión es inaceptable porque daría lugar 
á confusiones en el caso de adoptarse: fuera de que la definición 
que corre agregada á la Nomenclatura comprende graves errores de 
concepto. En efecto, en la definición á que acabo de referirme, noto, 
en primer término, que se involucran dos conceptos antagónicos : 
lámina — dice — es una « lasca larga, delgada y estrecha, de bordes 
cortantes, próximamente paralelos, con ó sin retoques en ellos ». 
Huelga decir que la lasca no puede ser una lámina, pues aquélla, del 
punto de vista tecnológico, representa un residuo de fabricación (3 . 
mientras la segunda es un objeto especificado, de caracteres tan esta- 
bles que han sido agrupadas en externas, triangulares, juanas y poli- 
gonales (4). Asimismo, las láminas no tienen que ser necesariamente 
largas y estrechas, pues las hay cortas, anchas y espesas. 

El vocablo propuesto daría lugar, como lo he dicho, á confusiones, 
pues la Nomenclatura aconseja llamar « hoja de sauce » y de «lau- 
rel » á las puntas solutrenses que ofrecen semejanza morfológica con 
las hojas de ciertas salicáceas y lauráceas. 

Pienso, pues, que debe aplicarse el nombre de lasca — equivalente 
de éclat y dbschlag — á los residuos de fabricación mal caracterizados: 



(1) Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia española. 892. fu roce. 
Madrid, 1914. 

(2) Nomenclatura, etc., 27. 

(3) Véase, ínter alia, Gabriel et Adrien de Mortillet, Le préhistoriqíw.. Ori- 
t/ine et antiquité de l'homme, 156, 159. Paris, 1900. 

(4) John Evans, The ancient stone implements, weapons and ornamenta, of Grcat 
Britain, 275 y siguiente. London and Bombay, 1897. 



CUESTIONES DE NOMENCLATURA PALEOETNOLOGICA 209 

y el de lámina á los fragmentos de roca más ó menos largos, anchos 
ó estrechos, de bordes cortantes y próximamente paralelos, que con- 
servan, casi siempre, el concoide y hasta el mismo plano de percu- 
sión, pero, en los que no debe observarse el menor rastro de trabajo 
secundario. La designación de lámina posee, según mi modo de ver, 
y se infiere de lo dicho, el mismo valor serial que la de cuchillo, ras- 
pador, raedera, etc., y los retoques que puedan ofrecer tenderían, desde 
luego, á una diversificación que daría lugar á formas nuevas bien 
especificadas, como pueden serlo las puntas de tipo Levallois, la 
punta de mano y la doble moustierenses, las de Chatelperron ó las de 
la G-ravette, etc. 

c) Punta de dorso curvo, tipo Chatelperron (francés, pomte de 
Chatelperron; alemán, Bogenspitze) (1). Incurre en un grave error la 
Comisión al llamar al tipo de lámina en cuestión de « dorso curvo». 

La verdad es que, desde hace muchos años, se conoce un excelente 
grupo de términos descriptivos aplicables á las diferentes partes de 
una lámina. Tales objetos de piedra ofrecen siempre una cara inferior 
ó interna; otra superior ó externa llamada dorso y que presenta una 
ó más aristas longitudinales ; dos bordes cortantes más ó menos para- 
lelos; la base, que corresponde al plano de percusión; y, por fin, el 
ápice, que es la extremidad opuesta á dicho plano (2). 

Las puntas tipo Chatelperron están constituidas, las más de las 
veces, por láminas triangulares ó poligonales, uno de cuyos bordes 
ha sido retocado, mediante un intenso trabajo secundario, hasta ha- 
cerlo francamente convexo. 

ÍTo se trata, pues, del dorso, que se conserva intacto ; y así parece 
haberlo entendido también la Comisión, la que, no obstante la desig- 
nación impropia sugerida, define á dichas puntas como láminas « con 
uno de los bordes cortante y rectilíneo y el opuesto convexo con reto- 
ques para matar el filo en esta parte ». 

Sin titubear encuentro más adaptable y precisa la forma alemana 
Bogenspitze : Punta arqueada. 

d) Hoja de dorso rebajado (francés, lame é tranohant rahattu; 
alemán, Klinge mit abgcstumpften Rüclcen) (3). También en este caso 



(1) Nomenclatura, etc., 27. 

(2) MoR'rir.LKT, Ibid., 166 y siguiente ; Félix F. Outes, La edad de la piedra 
en Patagonia. Estudio de arqueología comparada, en Anales del Musen nacional de 
Buenos Aires, serie III, V [XII], 314 y 'siguientes. Únenos Aires, UH)5. 

(3) Nomenclatura, etc., 36. 

MI. SOC. CIEMT. AKG. — T. LXXXII 1 I 



210 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

se trata, simplemente, de trabajo secundario á lo largo de uno de los 
bordes, sin que el dorso se modifique en lo más mínimo. Por otra pai- 
te, es imperdonable equiparar tranchant con dorso, desde que la acep- 
ción del vocablo francés, obvia decirlo, se refiere al borde afilado de 
un instrumento cortante. 

e) Disquito raspador (francés, petit grattoir rond; alemán, Bund- 
kratzer) (1). Considero incorrecta esta designación, pues el trabajo 
secundario ha sido el que ha determinado la forma discoide del ins- 
trumento. Las designaciones francesa y alemana son preferibles ; y, 
por ello, debe llamarse al tipo de objeto de que me ocupo : Raspador 
discoide. 

f) Hacha de mano (francés, coup de poing; alemán, Faustlcil : 
inglés, hand-stone) (2). La Nomenclatura vuelve á plantear, con la 
designación qne propone, la vieja cuestión referente al enmangado 
de los interesantes objetos paleolíticos conocidos bajo el nombre de 
coup de poing. 

Estaría fuera de lugar rebatir el prejuicio que implica la designa- 
ción sugerida, absolutamente en pugna con el amplio dos&ier de ante- 
cedentes negativos que se inicia con las dudas del mismo Boucher de 
Perthes, que comprende los meritorios estudios de Lepic, Reboux y 
d'Acy, y, luego, el amplísimo é inapreciable cuerpo de observaciones 
etnográficas realizadas en los últimos tiempos. 

No soy partidario, pues, de la clásica designación francesa, ni par- 
ticipo de los escrúpulos de la Comisión á ese respecto. Por las mismas 
cansas me parece inoportuna la forma alemana Faustkeil, y la que 
algunos especialistas anglo-sajones han comenzado á usar : hand- 
stone (3). 

Me parece más sencillo llamar hachas á los objetos chellenses y 
acheulenses de forma amigdaloide, discoide, ovoide, triangular, etc. 
La designación que propongo es, sin duda, restringida, pero, debe 
recordarse que aquellos objetos no pueden considerarse actualmente 
como los instrumentos a toutfaire de que hablaban ciertos maestros: 
los estudios recientes han demostrado que en los niveles inferiores 
del paleolítico, el instrumental se hallaba bastante diversificado. 

g) Punta de flecha de base biselada y punta de flecha de do- 

(1) Nomenclatura, etc., 37. 

(2) Nomenclatura, etc., 16. 

(3) Henry Fairfield Osborn, Men of the oíd stone age tlieir environmenl, Ufe 
and art, 130 y passim. London, 1916. 



CUESTIONES DE NOMENCLATURA PALEOETNOXÓGICA 211 

ble bisel (francés, pointe de fleche a biseau simple y pointe de fleche a 
btseau douhle; alemán, einseitig ábgeschragte Hpeerxpitze y mceiseiUg 
ábgeschragte Speerspitze) (1). Se trata de puntas de flechas que ofrecen, 
en su base, ya sea un bisel simple ó ya uno doble. Desde luego, la 
primera designación es mucho más descriptiva que la segunda. Pero, 
en la imposibilidad de Ajar con brevedad en castellano, en el últi- 
mo caso, la ubicación del referido detalle, y para que exista vincula- 
ción entre ambas designaciones, me parece preferible usar la forma 
francesa traducida sin variante alguna. 



Buenos Aires, enero de 1917. 



(1) Nomenclatura, etc., 41 y 12. 



BIBLIOGRAFÍA 



Composición química de la « Grana » (cochinilla indígena, « Dactylo— 
pius argentinus » nov. spec, por Juan A. Domínguez, en Trabajos del Ins- 
tituto de botánica y farmacología (Facultad de ciencias médicas de Buenos Aires). 
número 17, 1 folleto, 5 páginas. Editor, J. Peuser. Buenos Aires, 1915. 

La « grana » es la materia colorante bruta obtenida por la pulpación de las 
hembras de un insecto del género indicado, nuevo para la ciencia y que vive so- 
bre cactáceas. La pasta malaxada, formando panes discoideos se utiliza en las re- 
giones de proveniencia (Córdoba, Santiago del Estero, La Rioja y Catamarea) 
como materia colorante. 

Indica el autor la composición química del producto en agua, cenizas ; princi- 
pios solubles en éter de petróleo, éter etílico, agua destilada, así como el residuo 
insoluble. 

Debo anotar que el trabajo lleva la fecha de diciembre 1908, auuque haya apa- 
recido en 1915 ; es, pues, aquella su fecha de prioridad, que apuntamos compla- 
cidos. 

Augusto C. Scala. 

La vegetación del lago Nahuel-Huapí y sus montañas, por el doctor C. 
Curt Hosseus, en Trabajos del Instituto de botánica y farmacología (Facultad 
de ciencias médicas de Buenos Aires), número 33, primera parte, 102 páginas. 
Editor, Jacobo Peuser. Buenos Aires, 1915. 

El trabajo presentado por el doctor Hosseus es el resultado de sus viajes en la 
región indicada, siendo la zona de la cordillera situada entre los lagos Xahuel- 
Huapí, Gutiérrez, Moreno oeste y este, Correntoso, Espejo, Traful y los valles 
de los ríos Niricó, Nirihuao, Limay, Traful, Pitschilefú, hasta las cumbres á una 
altura de 2300 metros más ó menos. 

Indica en los preliminares el detalle de los sitios visitados y en seguida espone 
el catálogo, agregando para cada vegetal las localidades, caracteres del suelo, 
formación de vegetación, región geográfica, sinonimia y nombres vulgares. 



BIBLIOGRAFÍA 213 

En resumen, figuran los siguientes grupos con las especies que se citan, sin 

las variedades : 

Especies 

Heléchos 10 

Gimnospermas 5 

Monoeotiledóneas 50 

Dicotiledóneas 183 

Total 248 

En las Monoeotiledóneas figuran en primer término las Gramíneas, con 30 espe- 
cies, y en las Dicotiledóneas, las Compuestas, con 67 especies; siguiéndole en im- 
portancia numérica en este grupo, las Rosáceas y Escrofulariáceas, con 13 especies 
cada una y las Onagráceas, con 10 especies. 

Creo inútil ponderar la importancia del trabajo así como la clara y correcta 
impresión. 

A. C. Scala. 



Quelques données préliminaires sur une nouvelle mycocécidie de la 
« Sagittaria montevidensis » Chain, et Sclil., por Carlos Lizer, en Boletín 
de la Sociedad Phi/sis, tomo II, páginas 146 á 149 (febrero 12 de 1916), con una 
lámina. Editor, Coni Freres. Buenos Aires. Perú 684. 

El autor que sé ha ocupado de cecidiología presentando al Congreso cientí- 
fico internacional americano su primera contribución al estudio de un coleopte- 
rocecidio parásito sobre las raíces de Sagittaria montevidensis , estudia ahora otro 
caso de micoeecidio parásito sobre las hojas y pecíolos de las mismas plantas, y 
que produce la hipertrofia de los tejidos, dando agallas aisladas y de forma re- 
dondeada, ovales, alargadas, etc. 

El agente productor es un hongo, cuyo micelio no ha podido encontrar el autor, 
pero cuyos numerosos esporos libres ó agrupados tieneu de tres á ocho micrones. 
Tampoco indica el nombre específico en la nota preliminar que esperamos nos 
dará pronto. 

Las fotografías que acompaña, una del limbo y otra del pecíolo, así como un 
dibujo de los esporos son muy nítidas y demostrativas. 

A. C. Scala. 



Les Alismatacées argentinos, por Luciex Haumax, en Anales del Museo na- 
cional de historia natural de Buenos Aires, tomo XXVII, páginas 307 á 324 (con 
una lámina), 30 de octubre de 1915. Editor, Coni Freres. Perú 684. Buenos 
Aires . 

Dedica el autor el trabajo al estudio detallado de esta familia, señalando las 
especies argentinas, distribución geográfica, claves de determinación, bibliogra- 
fía y herbarios consultados. Resulta la siguiente lista : 

Género Echinodorus : E. ellipticus con dos variedades; /.'. grandifloras con 
tees variedades,; E. Martii con una especie y una variedad; E. panioulatas con 
una especie y una variedad; E. patagónicas con una especie ; /•'. Sellowianus con 
una variedad; E. suoalalus con una especie; /.'. tcncUux con una espeoie. 



214 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Género Sagittaria : S. chilensis con una especie ; S. montevidensis una especie 
con dos formas. (Propone para estas dos formas los nombres de normalh y Itmgí- 
pedicellata, que corresponden á las formas inmaculata y macúlala del doctor C. 31. 
Hicken. 

A. C. Scala. 



Note sur « Hydromystria stolenifera » Mey., por LtJCIEN Hachan, en Ana- 
les del Museo nacional de historia natural de Buenos Aires, tomo XXVII, páginas 
325 á 331 (septiembre 28 de 1915). Editor, Coni Freres. Perú 684. Buenos 
Aires. 

Señala el autor la existencia de esta planta nueva para la Argentina y que for- 
ma parte integrante de los camalotes dando una serie interesante de datos y ob- 
servaciones ecológicas. 

Por nuestra parte la habíamos encontrado también desde años atrás en los al- 
rededores de La Plata, donde es más ó menos abundante según los años. 

A. C. Scala. 



Note sur les Joncaeées des petits genres andins, por Lucien Hachan, en 
Anales del Museo nacional de "historia natural de Buenos Aires, tomo XXVII, pa- 
nas 285 á 306 (1 lámina y 3 figuras). 

Se dedica el autor al estudio de los géneros Distichía, Oxychloe, Patosia, Mar- 
sippospermum y Bostkowia, dando claves de determinación, descripción de las es- 
pecies, estructura histológica, distribución geográfica, bibliografía y herbarios 
consultados. 

Acompañan el texto una lámina y tres figuras muy nítidas que avaloran más 
aún el bien presentado trabajo. 

A. S. Scala. 



Plautae flsoherianae. (Contribución al conocimiento de la flora del Eío Negro), 
por Cristóbal M. Hicken, en Physis, tomo II, páginas 1-18, 101-102 (no- 
viembre 10 de 1915; febrero 12 de 1916). Editor, Coni hermanos. Perú 684. 
1916. 

Publica el autor el catálogo de las plantas halladas por el profesor Walter Fis- 
cher en los alrededores de la estación Río Negro (F. C. S.), en las proximidades 
de la Escuela experimental de agricultura, en una zona de unos cinco kilómetros 
de ancho por un largo tendido entre ambas barrancas del río, incluidas sus fal- 
das y algo del plano alto. 

En resumen figuran : Pteridófitas : 1 familia coni especie; Gimnospermas : 
1 familia con 1 especie ; Monocotiledóneas : 7 familias con 47 especies ; Dicotile- 
dóneas : 48 familias con 235 especies. Total 57 familias con 284 especies. 

Entre ellas figuran : en las Mulpighiaceas un género nuevo Gallardoa dedicado 
al doctor don Ángel Gallardo, director de nuestro Museo de historia natural con 
una especie tipo : G. Fischeri Hicken, dedicada al coleccionista señor W. Fischer. 



BIBLIOGRAFÍA 215 

En las Gramínea*, la Setaria villigluinis Hieken. 
En las Poligaláoeas, la Polggala Poseí Hieken. 

En las Euforbiáceas, el Crotón malpighipílus Hieken, y por último, en las Fran- 
keniáceas, la Franquearía Fischeri Hieken. 

Augusto C. Scala. 



Les Dioscoréacées de l'Argentine, por Lucikn Hauman, en Anales del Museo 
nacional de historia natural de Buenos Aires, tomo XXVII, páginas 441 á 513. 
Imprenta Coni hermanos. Peni 684. Buenos Aires. 

Trata el autor en este importante trabajo, la familia de las Dioscoreáceas argen- 
tinas, en forma monográfica, reuniendo una serie de observaciones sistemáticas, 
ecológicas, distribución geográfica, descripción de las especies conocidas para la 
Argentina y un apéndice con claves dilemáticas para la determinación de los 
ejemplares completos : masculinos y femeninos. 

Suman en total unas 19 especies y algunas variedades. 

Completan la monografía 33 figuras y dibujos explicativos. 

Augusto C. Scala. 



Revista chilena de historia natural. Director y redactor, profesor doctor 
don Carlos E. Porter, XIX, número 6. Diciembre de 1915. 

Contiene el interesante número el siguiente material científico : 

Originales : I. Brethes, Description d'un hyménoptére du Chile; II. H. Lé- 
veillé, Un nouveau Rubus du Chili; III. E. E. Cigoux, El Sigaretus cóncavas; IV. 
José A. Campo, Monsses chiliens determines par F. Y. Brotherus et recoltas dans la 
provence de Valdivia; V. Profesor C. E. Porter, Materiales para la fauna carcinoló- 
giea de Chile : XI, Los Rippidea; VI, Jean Brethes, Descriptions d'un noveau sous- 
genre Scymnus (Col.); VII. Anastasio Alfaro, Las mariposas de la pacaya; VIII. 
H. Lóveillé, Les Carex da Chili. 

Crónica, correspondencia, novedades científicas, bibliografía, por la redacción . 

Ilustran el texto buenas fotografías y dibujos. 

Augusto C. Scala 



Anales de zoología aplicada. (Agrícola, médica, veterinaria.) Director : pro- 
fesor doctor don Carlos E. Porter. Santiago de Chile. 

Damos á continuación los resúmenes correspondientes al año II (1915), mime- 
ros 1 y 2 (enero-junio 1915) y año III, número 1 (29 de febrero de 1916) y apro- 
vechamos la oportunidad para señalar á los hombres de ciencia los progresos de 
la nueva publicación del activo amigo doctor Porter, a quien nos complacemos 
en felicitar por el éxito por ella alcanzado. 

Trabajos originales : I. Doctor F. Lahille, Nota sobre los Argdsidos chilenos ; 
II. Profesor C. E. Porter, Notas de parasitología : IV. yurros insectos útiles i/nin^ 
conocidos, perjudiciales; III, Jean Brethes, Description d'un Hraconidac et d'un 
Proclolrupidae du Chili; IV. Profesor C. E. Porter, Materiales para tu Entornólo- 



216 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

gía económica ¿le Chile : IV. Nota sobre los Tisanópteros ; V. Luis Castillo, Los ban- 
cos de ostras del golfo de Qiietalmahue. 

Crónica y correspondencia por La redacción. 

Bibliografía (obras y revistas recibidas) : La redacción. 

Año III, número 1 (febrero 1916). 

Trabajos originales : I. La redacción, A nuestros lectores; II. C. H. T. 
Townsend, Descubrimiento é interpretación de los estados en el ciclo asexual del orga- 
nismo de la verruga peruana ; III. Jean Brethes, Description d'un noveau genre et 
d'un nonvelle espéce d' Ortalidae du Chili; IV. Carlos E. Porter, Descripción de un 
nuevo díptero chileno; V. A. Paillot, El gusano de las manzanas; VI. Jean Brethes, 
Description de deux hyménoptíres chiliens ; VIL Doctor E. Morales, El Phlebotomus 
papataci transmisor de la « fiebre de tres días », en Guatemala; VIII. Carlos E. Por- 
ter, Un pajarillo destructor de pulgones ; IX. Eugenio Giacomelli, Lepidópteros de 
La Bioja (Bep. Argent.) que se sabe ó se supone son dañosos á la agricultura; X. Án- 
gel Gallardo, Introducción de la Diaspis pentágona y lucha contra esta juaga en la 
República Argentina ; XI. Carlos E. Porter, Materiales parala Entomología econó- 
mica de Chile : IV. El género Icerya Sign ; XII, Doctor Antonio Poupin, Inspec- 
ción veterinaria municipal de Santiago (Matadero), segundo semestre de 1915. 

Crónica y correspondencia, por la redacción. 

Bibliografía (obras y revistas recibidas) : La redacción. 

Augusto C. Scala. 



Revista de ciencias. Lima-Perú. Ano XVIII. Noviembre-diciembre 1915, nú- 
meros 11-12 (219-220) y año XIX, número 1-2 (221-222). Enero-febrero 1916. 

Con abundante material científico se presenta la docta revista peruana, cuyos 
redactores no omiten esfuerzos ni sacrificios, para mantener el prestigio de que 
goza entre las publicaciones sudamericanas. Merecen un voto de aplauso que le 
dedicamos sin restricciones. 

Augusto C. Scala. 



SOCIOS HONORARIOS 



Dr. 


Pedro Visca 7. 


Dr. Valentín Balbin 7. 


Dr. 


Mario Isola •;-. 


Dr. Florentino Ameghino 


Di-, 


Germán Burmeister y. 


Dr. Carlos Darwind 7. 


Dr. 


Benjamín .4. Gould f. 


Dr. César Lambroso f . 


Dr. 


R. A. Philippi t 


Ing. Luis A. Huergo f. 


Dr 


Guillermo Rawson f - 


Ing. Vicente Castro 7. 


Dr. 


Carlos Berg 7. 


Dr. Juan J. J. Kyle. 



Dr. Estanislao S. Zebrllos. 
Dr. Walther Nerrist. 
Dr. Eduardo L, Holmberg. 
Ing. J. Mendízabal Tamborrel. 
Ing. Guillermo Marconi, 
Dr. Enrique Ferri. 



SOCIOS CORRESPONDIENTES 



Aguilar, Rafael Méjico. 

Arteaga, Rodolfo de Montevideo. 

Alfonso Paulino Sgo. de Chile. 

Ballvé, Horacio I. de Año N. 

Bodenbender, Guillermo... Córdoba. 

Uolívar, Ignacio Madrid. 

iiertoni, Moisés P. Bertoni (P.). 

Bailey, Willis Washington. 

Bruce, William Edimburgo. 

Garralho, José Carlos Río Janeiro. 

Corti, José S Mendoza. 

Delage, Yves. París. 

Fuenzalida, José del C Sgo. de Chile. 

Fontana, Luis Jorge San Juan. 

Guignard, León París. 

Guimaraes, Rodolfo Amadora (P.). 

Gez, J. W Corrientes. 

Gjertsen Hjalmar Fredrik . . Noruega. 

Kinart, Fernando Amberes. 

Lafone Quevedo, Samuel A. La Plata. 

Litio, Miguel Tucumán. 

Luiggi, Luis Roma. 

Lugo, Américo Santo Domingo 

Lorin, Henri Bórdeos. 

Larraburey Unánue Eugenio Lima. 

Morandi, Luis Villa Colón (ü). 

Moore, Clarence Fdadelfia. 

Moretti, Cayetano Milán. 



Martinenche, Ernesto París. 

Moore, John B Nueva York. 

Montané, Luis. Habana. 

Medina, José Toribio Sgo. de Chile. 

Montessus de Ballore Sgo. de Chile. 

Nordenskjiold, Otto Gothemburgo. 

Nilsen Fhowal Noruega. 

Paterno, Manuel Palermo (lt.). 

Patrón, Pablo Lima. 

Porter, Carlos E Valparaíso. 

Pena. Carlos M. de Montevideo. 

Poirier, Eduardo Sgo. de Chile 

Pérez Verdia, Luis Méjico. 

Prestrud Christian Noruega. 

Reid, Walter F Londres. 

Risso Patrón, Luis Sgo. de Chile 

Rekdie, Carlos Sgo. de Chile. 

Sklodonska, Curie París. 

Spegazzini, Carlos La Plata. 

Shepherd, Williams R Colum l'niver. 

Nueva York. 

Tobar. Carlos H Quito. 

Torres Quevedo, Leonardo.. Madrid. 

Uhle. Max Lima. 

Villareal, Federico Lima. 

V011 Ihering, Hermán San Paulo tB) 

Volterra. Vito Roma. 



SOCIOS ACTIVOS 



Acevedo Dfaz Eduardo. 
Adamoli, Pedro A. 
Adamoli, Sanios S. 
Aguilai', Félix. 
Aguirre, Pedro. 
Alberdi, Francisco. 
Aldunate, Julio C. 
Almnnza, Felipe G. ■ 
Alvarez Raúl. 
Alvarez, Agustin J. 
Amadeo, Tomás. 
Amoretti, Alejandro. 
Anasagasti. Horacio. 
Ancborena, Juan E. 
Anastasi, Camilo. 
Ambrosetti, Juan B. 
Añon Suarez, Vicente. 
Angli, (jerooimo. 
Arrillaga, Francisco C. 
Aráoz Alfaro, Gregorio. 
Arata, Pedro N. 
Arce, Manuel J. 
Arditi, Horacio. 
Atarez, Guillermo. 
Ayerza, Rómulo 
Aztiria, Ignacio. 
Bado, Atilio A 
Baile, Fritz. 
Bacbmann, Alois. 
Baldassarre, Juan F. 
Ballester, Rodolfo E. 
Barabino, Santiago E. 
Barzi, Federico P. 
Barrera, Raúl. 
Bazterrica, Enrique. 
Baltilana, Pedro. 
Bernaola, Víctor J. 
Benítez, Norberto. 
Bergara, Ulises. 
Besio Moreno, Nicolás. 
Bialet Laprida, Amado. 
Biancbedi. Rómulo. 
Biraben, Federico. 
Bolognini, Héctor, 
lionino, Alfredo (b.). 
Bordenave, Pablo E. 
Boscb, Elíseo P. 
Bosch, Jorge E. 
Bosisio, Anecto. 
Bonanni, Cayetano. 



Bonneu Ibero, León M. 

Bonarelli. Guido. 

Botto. Alejandro. 

Botto, Armando P. 

Bréthes, Juan. 

Brian, Santiago. 

Bríano, Juan. A. 

Brindani, Medardo. 

Bruch, Carlos. 

Broggi, Hugo. 

Buadá y Morant, Antonio. 

Bunge, Carlos. 

Buschiazzo, Juan A. 

Butty, Enrique. 

Calvo, Edelmiro. 

Calcagno. Oreste. 

Camus, Nicolás. 

Candioti, Marcial R. 

Canónica, Mauricio. 

Cano, Roberto. 

Carrasco, Benito J. 

Carabelli, Juan José. 

Carniglia, José. 

Carbonell, José. 

Caride Alassini, Pedro. 

Carossino, Jacinto T. 

Carboneschi, Carlos L. 

Carvalho, Antonio J. 

Carette, Eduardo. 

Castañeda, Vega B. 

Castro, Eduardo B. 

Castro Zinny, Horacio. 

Cynalewski, E. S. 

Cbanourdie, Enrique. . 

Chaudet, Augusto. 

Clérice, Eduardo E. 

Cock, Guillermo. 

Coito, José. 

Contin, Diego T. R. 

Compte, Riqué Julio. 

Correa Morales, Elina G. A. de. 

Cornejo, Abel F. 

Corti, Emilio A. 

Cremona, Andrés. 

Crinin, Demetrio. 

Damianovich, Horacio. 

Darquier, Juan A. 

Dassen, Claro C. 

Debenedetti, Salvador. 

Delfino, Juan Carlos. 



Dellepiane, Luis J. 
Deletang, Luís. 
Demarchi, Marco. 
Demarclií, Alfredo (lujo). 
Delgado, Agustín. 
Doello Jurado, Martín- 
Dobranich, Jorge W. 
Domínguez, Juan A. 
Dolder, Julio. 
Dubecq. Raúl E. 
Duhau, Luis. 
Duncan, Carlos D. 
Durrieu, Mauricio. 
Eguia. Máximo. 
Elía, Nicanor A. de. 
Elordi, Juan J. 
Escudero, W. E. 
Esteban, Francisco. 
Esteves, Luis P. 
Fablet, Luis E. 
Faverio, Fernando. 
Fernández, Alberto J. 
Fernández Díaz, A. 
Fernández, Daniel. 
Fernández, Francisco J. 
Fernández Rasualdo, Gerardo. 
Ferrario, Alfredo E. 
Flores, Emilio M. 
Flores, Agustina J. 
Font, Jaime. 
Frank, Paul. 
Gaitero, Alfredo. 
Gallardo, Ángel. 
Gándara, Federico W. 
Garbet, Adolfo. 
Garay Ponce, Filemón.' 
García, Jesús M. 
García, Daniel A. 
Gatti, Julio J. 
Gerardi, Donato. 
Gbigliazza, Sebastián. 
Giménez. Eleodoro L. 
Girado, Francisco J. 
Girado. Alejandro. 
Godoy, Sebastian. 
Gonzáles, Arturo. 
González, Juan B. 
González Litardo, Donato. 
González Litardo, Justo. 
González, Agustin. 



ANALES 



SOCIEDAD CIENTÍFICA 



ARGENTINA 



Director : Doctor HORACIO DAMIANOVICH 



NOVIEMBRE-DICIEMBRE 1916. — ENTREGAS V-VI. TOMO LXXXII 



ÍNDICE 

Carlos Spegazzini, Espigando en el herbario 217 

Horacio Damianovich, Observaciones sobre la estructura y formación de los 
microcristales de ioduro de plomo con luz ultravioleta 233 

Carlos Brucu, Metamorfosis de Tapliroccrus eloñgatus Gory. (Coleóptero bu- 
préstido) 251 

Carlos Bruch, Descripción de un nuevo género y de dos nuevas especies de 
estafilínidos mii'meeófilos 257 

Félix F. Oütes, El primer hallazgo arqueológico en la isla de Martín García.. 265 

Félix F. Oütes, Valor del hallazgo de una pipa de piedra tallada en la provin- 
cia de Entro Ríos i'7 s 

Inauguración de la Sección ciencias físico-químicas de la Academia el 19 de agos- 
to de 1916. Discurso del presidente de la Sociedad científica argentina inge- 
niero Nicolás Besio Moreno 283 

Héctor Isnardi, Estudio de los fenómenos magneto-ópticos y magnéticos de 

soluciones de hierro coloidal 286 

Bibliografía 306 

índice general de las materias contenidas en el tomo octogésimo segundo 311 

(* 0CT5 1927 

TOS AII N ^0 NAL Mü5 ^ 

IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 
684 — calle i'uui' — 684 

1916 



JUNTA DIRECTIVA 



Presidente Ingeniero Nicolás Besio Moreno 

Vicepresidente 1" Doctor Cristóbal M. Hicken 

Vicepresidente 2° Doctor Francisco P. Lavalle 

Secretario de actas Doctor Alfredo SordelH 

Secretario de correspondencia.. Doctor Alfredo E. Ferrarlo 

Tesorero Ingeniero Arturo Hoyo 

Protesorero Doctor Eduardo Carette 

Bibliotecario Ingeniero Pedro A. Rossell Soler 

' Doctor GuiUermo Scnaefer 
Señor «José A!. Oriis 
Ingeniero Juan «fosé CarabeHi 
I Ingeniero Emilio Mallol 
rocales < rj orone i ingeniero Arturo M. Lugones 

Ingeniero Domingo Selva 
Ingeniero Emilio Rebuelto 
\ Ingeniero Enrique Batty 
Gerente Señor -Juan J3otto 



ADVERTENCIA 

Los colaboradores de los Anales, que deseen tirada aparte de 50 ejemplares de sus ar- 
tículos deben solicitarlo por escrito. Por mayor número de ejemplares debera'n enten- 
derse con los editores señores Coni hermanos. 

Tienen, además, derecho a la corrección de dos pruebas. 

Los manuscritos, correspondencia, etc., deben enviarse a la Dirección Cevallos, 
269. 

Cada colaborador es personalmente responsable de la tesis que, sustenta en sus escritos. 

La Dirección. 



PUNTOS Y PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN 

Local de la Sociedad, Cevallos 269, y principales librerías 

Pesos moneda nacional 

Por mes 1.00 

Por año 12.00 

Número atrasado 2.00 

— para los socios 1.00 

LA SUBSCRIPCIÓN SE PAGA ADELANTADA 

El local social permanece abierto de 3 á 7 y de 8 á -1 1 pasado meridiaaa 



ESPIGANDO EN EL HERBARIO 



Por CARLOS SPEGAZZINI 



Revisando mi pobre herbario fanerogámico que desde tantos años 
duerme en su estantería polvorienta, descubro con frecuencia cosas 
interesantes, fruto de desvelos de mis años juveniles... lie resuelto, 
pues, no abandonarlas á la polilla y dejarlas perder, y aquí va una pri- 
mer muestra de lo que los botánicos suelen llamar riquezas... 

La Plata, 10 de febrero de 1917. 



1. Portulaca cryptopetala Speg. (n. sp.). 

Diag. Eivportulaca, annua, erecta, caulibus siuiplicibus v. parcissi- 
ine ramulosis glabris cylindraceis virescentibus, foliis caulinis alter- 
nis obovato-spathulatis carnosis viridibus glaberrimis sed ad axillam 
longe albo-villosis, apicalibus saepius quinatis rosulatisque anguste 
elliptico-lanceolatis obtusiusculis, floribns acrogenis medio rosulae 
sessilibus parvis omnino clausis, sepalis 2 imbricatis fereindistiñctis 
subcoalitis non carinatis purpureolis serius cum petalorum stami- 
numque rudimentis calyptratim deciduis, ovario ultra médium libero 
acervulo obconico stylorum minuto corónate, pyxidio 1-loculari oper- 
culo eximie liemisphaerico tecto, seminibus parvis e subgloboso vi\ 
subreniformibus leniter papulosis plunxbeis nitidulis. 

Eab. Bastante frecuente al pie de las matas en los lugares ¡nidos 
y pedregosos de los alrededores de Mendoza y cultivada en mi casa 
en La Plata. 

AN. Sor. C1KNT. AR(i. — T. I.XXX1I 15 



218 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Obs. Planta que por su aspecto se parece mucho á la P. plano-oper- 
ctilata OK. y á la P. argentinensis Speg. de ambas las cuales se aparta 
ante todo por su ovario muy claramente semiínfero y cuya mitad su- 
perior libre ovalado-henrisférica forma más tarde la tapa de la cáp- 
sula. Es anual y provista de una raíz pivotante carnosa algo engro- 
sada (10-5 cm lrg. por 2-4 mm diám.) blanco-rojiza por afuera con 
algunas escasas barbas finas en su mitad inferior: del cuello de la 

raíz suele nacer un solo tallo (pe- 
ro si el primario muere nacen 
dos opuestos) derecho cilindrico 
(15-20 cm lrg. por 1,5-2,5 mm 
diám.) simple ó con una ranina 
axilar á cado una de las dos ó tres 
últimas hojas superiores, lampi- 
ño, en su mitad inferior rosado- 
verdoso, en la otra mitad superior 
verde; las hojas algo acercadas y 
menores en la parte inferior son 
tanto más separadas y grandes 
cuanto más altas, de forma tras- 
ovado-espatuladas redondeado- 
subtronchadas al ápice, adelga- 
zándose suavemente en cúneo 
hasta la base (S-1S mm lrg. por 
4,5-9 mm anch.) donde se adhieren 
al tallo por un pecíolo semicilín- 
drico muy corto (1-2 mm lrg. por 
0,75-1 mm diám.) algo rojizo; en 
las axilas se observa un mechón 
de pelos blancos muy largos (5-10 
mm lrg.); la parte suprema del tallo larga y desnuda (20-50 mm lrg. 
por 1,5 mm diám.) se engrosa algo al ápice (3 mm diám.) y termina en 
una roseta (generalmente) de cinco hojas un poco diferentes, más an- 
gostas sésiles y oblanceoladas pero terminadas en punta redondeada 
(14-18 mm lrg. por 4-4,5 mm anch.) muy poco peludas en las axilas: las 
flores varían en número de 1 á 3, hallándose sentados en el ápice del 
tallo y de las ramas circundadas por las cinco hojas de la roseta- son 
lampiñas pequeñas elíptico-conoideas (5-6 mm lrg. por 2-2,5 mm diám.) 
y muy poco aparentes siendo siempre eleistógamas y nunca pude ha- 
llarlas abiertas : tienen la mitad inferior hemisférica verde con el ova- 




Portulaca cryptopetala Speg. ('/, tam. nat.) 



ESPIGANDO EN El, HERBARIO 21!» 

rio soldado íntimamente con las envolturas florales y la mitad supe- 
rior conoidea aguda morada, y allí el ovario está del todo libre de di- 
chas envolturas, las cuales constan de dos sépalos no aquillados empi- 
zarrados en los bordes y casi entresoldados que más tarde caen bajo 
forma de un cono morado que al interior lleva pegados los rudimentos 
petalinos y de 3 á 5 estambres subabortivos blanquecinos; al mismo 
tiempo cae también la borlita estiginática amarillenta por lo general 
formada de tres cortas ramitas más ó menos adherentes; el período del 
desarrollo floral es sumamente breve. Una vez que el ovario queda 
desnudo no tarda en madurar (4-4,5 mm Irg. por 2,5 mm diám.) y en- 
tonces la mitad superior cae como una tapa hemisférica dejando la 
parte inferior abierta como una fuente 1-locular y llena de semillas 
pequeñas (200-250 ¡j. diám.) entre globosas y arriñonadas, al principio 
rojizas más tarde plúmbeas algo lustrosas y granulosas. 



CH.OVENDAEASpe^.sen.,. C\cl i 19» *J 



Char. Leguminoidea ; papilionacea ; galegea; robiniea. üaj&j},-^-^ M \j=3>" 
bis parum inaequalibus, longe acuminatis superis parum infra apicem 
usque connatis; petalis subaequilongis longe graciliterque unguicu- 
latis, vexillo glabemmo suborbiculato, basi vix plicato, alis obovato- 
oblongis liberis, carina lata incurva obtusa; staminibus glaberrimis, 
vexillari ¡ilane libero, ceteris ultra médium in vagina ore obliqua 
connatis, filamentorum parte supera libera semper tenui, antheris 
parvis linearibus emucronatis eglandulosisque; ovario lineari basi 
exhnie longiusculeque pedicellato, leniter subsigmoideo, ápice abrup- 
te geniculatimque stylifero, stylo sursum arcuato e latere compresso 
pro ratione latiusculo ápice oblique torquato-barbato, stigmate lon- 
giusculo unguiculiformi etiam e latere compresso, vértice minute pa- 
pillulato donato: legumine breviter stipitato, lineare compresso 2-val- 
ve, dehiscente, suturis crassiusculis non alatis, extus laevi, inter 
semina coarctato, intus transverse septato; seminibus lenticulari- 
subrenitbrmibus, minutissime stropliiolatis, radícula brevi crassa in- 
curva non biplicata. Frutex foliis alternis petiolatis simplicibus pin- 
nato-nervosis, nervis secundariis remotiuscule sed eximie parallelis, 
margine integerrimis; stipulis setaceis; llorilms raeemosis eoeruleis 
pedicellatis ebracteolatis, racemis axillaribus paucifloris. 

Genus Graccae Bntli. próximo sed notis plnrimis recedens, folio- 



220 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ruin fabrica ad Tephrosiam Prs. nonnihil vergens, praeclaro phytologo 
Emilio Cliioveiida jure mérito dicatum. 



2. Chiovendaea hypoleuca Speg. (n. sp.). 

IHag. Frutex validus a basi multirainosus, raíais erectis rubescenti- 
cinereis sursum farinosis, foliorum limbis firinulis ex elliptico orbieu- 
laribus basi subcordatis atque pseudopeltatis ápice retusis, epiphyllo 
glabro viride v. subglaucescente, hypophyllo dense tenuiter adpres- 
seque pubescenti-canescente nervis, primario et utrimque 8-12 secun- 
dariis remotiuscule parallelis marginein non attingentibus, ad utrauí- 
que paginam perspicuis, petiolis canescenti-puberulis quadruplo bre- 
vioribus dorso rotundatis ventri caniculatis suifultis, stipulis basali- 
bus liberis acuminatis canescentibus ; inflorescentiae racernis in 
axillis superioribus solitariis plus minusve longe pednnculatis. folia 
non v. parum superantibus, alterne 3-9 floris ; floribus nutantibus pe- 
dicello cinerascente monantho ebracteolato breviore sufí'ultis, cálice 
adpresse denseque canescente, corolla mediocri rjulcbre coerulea : 
legumine lineari e latere compresso subtorulose 10-15 seminífero 
glabro laevi; seminibus sublenticularibus leniter reniformibus mar- 
gine obtusiusculis castaneis laevibus non nitentibus, strophiolo mi- 
nuto poculiformi apicem funiculi vaginante auctis. 

Mab. En las barrancas del río G-uacnipas, cerca de las Tres Cruces. 
Salta, diciembre 1897. 

Obs. Planta que de lejos, acuerda algo á la Laseguea erecta (Vell.) 
M. Arg. Arbusto ó arbolito tal vez de 2 á 3 metros de altura, cuya 
base media unos 10 cm de diámetro cubierto de cascara lisa de 
color ceniciento obscuro uniforme; sus ramas arqueadas y ascen- 
dientes son numerosas poco ramificadas cilindricas, en las partes api- 
cales pulverulentas y obscuramente estriadas á lo largo, con inter- 
nodios de 15 á 30 mm de largo y nudos ligeramente anguloso-sa- 
lientes marcados á cada lado del pulvínulo por dos lineítas arqueado- 
decurrentes más ó menos visibles. Las hojas son alternas en orden 
fillotáxico '/;, ; los pecíolos bastante divergentes (10-15 mm Irg. por 
1-1,5 mm diám.) son redondeados al dorso y caniculados al vientre, 
masó menos pubescentes ; las estípulas triangular-aleznadas (4 mm 
lrg. por 1 mm ancb. bas.) son libres é independientes ; los limbos fir- 
mes opacos elíptico-subdiscoidales (50-75 mm lrg. por 40-60 mm ancb.) 
planos, con la cara superior lisa lampiña verde ó ligeramente azuleja 



ESPIGANDO EN EL HERBARIO 221 

y l;i inferior blanquecina ó cenicienta por un vello muy ñno anheren- 
te y tupido que las recubre, redondeados en ambos extremos, siempre 
bastante escotados á la punta y escotadosubacorazonados, donde si- 
mulan ser basta ligeramente peltadas, en la base ; el borde enterí- 
simo agudo ofrece, cuando se mira contra la luz, una margen angos- 
tísima subtransparente ; las nervaduras son visibles en ambas caras, 
pero mejor en la inferior, y constan de un nervio primario central que 
muere en una glandulita lige- 
ramente saliente del seno api- 
cal y que lleva á cada lado de 
S á 12 nervaduras secunda- 
rias alternas ú opuestas, que 
se apartan bajo un ángulo de 
más ó menos 45° rectas y ca- 
si paralelas (distanciadas de 
3 á 5 non unas de otras) para 
desaparecer formando un arco 
hacia arriba antes de alcanzar 
el borde. Las inflorescencias 
nacen en las axilas de las ho- 
jas superiores; son racimos 
más largos ó más cortos de 
las hojas (25-100 mm Irg. 
por 1-1,5 mm grs.) que en la 
mitad superior sustentan de 
8 á 9 flores, bastante alejadas 
entre sí las inferiores y acer- 
cadas las superiores, osten- 
tando á cada origen de pe- 
dicelo un pulvínulo bien marcado anuliforme pero sin bráctea ; los 
pedicelos más órnenos horizontales (8-11 mm Irg. por 0,5 mm grs.) 
son simples unifloros y ceniciento-pubescentes; las flores, cuando 
abiertas de tamaño mediocre (15-20 mm Irg.), son por lo general 
inclinadas hacia abajo; su cáliz densamente ceniciento-pnbescente 
obconoideo (7-8 mm Irg. por 1 mm diám.) abrupta é inequilateral- 
mente (algo giboso del lado superior) adelgazados en la base y adhe- 
rido al pedicelo; los cinco lóbulos calicillos (4 mm Irg.) lanceolado- 
aleznados son más ó menos del mismo largo pero los dos superiores 
están entresoldados hasta un poco debajo de su punta: los pétalos 
todos son lampiños y tienen uñas muy delgadas y largas(4-5 ínm Irg. 




Chiovendaea hypulcuca Speg. ('/ ; , tani. níit.) 



222 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

por 0,5 min anch.); el estandarte de color azul ó morado obscuro es 
casi orbicular (15 ínin diám.) con los bordes ínfero-posteriores ligera- 
mente plegados; las alas (12-13 mm lrg. por 5-6 mm anch.) son libres y 
de color más pálido; la quilla es ancha arqueada y obtusa (12-13 mm 
lrg. por 5-6 anch.); los estambres de filamentos blanco-verdosos ofre- 
cen el vexilar totalmente libre desde la base y los demás entresolda- 
dos en tubo (11-12 mm lrg. por 1 mm diám.) tronchado oblicuamente 
hacia adelante dejando libre los filamentos en su parte superior (5 mm 
lrg.) donde llevan las anteras blanquecinas lineales, todas unifor- 
mes, basifijas (1 mmlrg. por 0,20-0,25 mm anch.) lampiñas eglandulo- 
sas ; el ovario todo lampino está sostenido por un pedicelo delgado y 
recto (1,5 mm lrg.) y es ligeramente ondulado en S (10 mm lrg. por 
0,5 mm anch.) terminando bruscamente por un codito de donde se 
eleva el largo estilo (8-9 mm lrg.) arqueado-ascendiente, comprimido 
por los lados y casi de igual grueso del ovario, acabando en un anillo 
oblicuo de pelos blanquecinos algo decurrente por su parte superior: 
del medio de este anillo se eleva el estigma casi en forma de garra 
obtusa (1 mm lrg.) aplastado lateralmente, cuyo vértice ofrece en 
la línea superior varias papilas estigmáticas. La legumbre es lineal lar- 
ga (60-75 mm lrg. por 5 mm anch. y 2,5-3 mm esp.) lampiña lisa compri- 
mida lateralmente con 10 ó 15 cavidades seminíferas, túmidas al ex- 
terior separadas por otras tantas estrangulaciones más ó menos mar- 
cadas, correspondientes á anchos tabiques internos, sostenida por un 
pedicelo bien desarrollado (6 mm lrg.) que se prolonga en dos ner- 
vaduras suturales algo engrosadas pero no aladas; las semillas son 
casi lenticulares (3-3,5 mm lrg. por 1,5 mm esp.) de borde bastante ob- 
tuso con el lado funicular recto ó algo escotado y entonces ligeramen- 
te arriñonadas, provistas de un pequeño estrofíolo blanquecino en 
forma de copita al ápice del hilo, de color castaño más ó menos su- 
bido, lisas pero no brillantes; el embrión ofrece una pequeña raíz 
casi doblemente conoidea corta gruesa y encorvada. 



CAVARAEA Speg. (n. gen.). 

Chai-. Leguminoidea ; caesalpiniacea ; cassiea. Calicis tubas disci- 
fer longe obconico-turbinatus ; segmenta 4 valde imbricata. Pétala 3 
subsessilia oblonga basi angustata laeviter imbricata. Stamina 3. ul- 
tra médium in vagina superne late aperta connata, filamentis sursum 



ESPIGANDO EN EL HERBARIO 223 

liberis crassiusculis apiceque uncinato-recurvis; antheris oblongis 
pendulis basifixis, loculis longitudinal iter dehiscentibus; staminodia 
v. vix rudimentaria. Ovarium glabrurn e latere compressmn stipi- 
tatum, stipite calycis tubo brevissime adnato margineque supero vil- 
loso, pluriovulaturn; stylus fllifbrmis adscendens subcylindraceus, 
margine infero longitudinaliter villoso, stigmate apicali rotundato 
vix dilátate» terminatus. Legumen et semina adhuc ignota. 

Arbuscula ineruiis. Folia paripinnata, foliolis oppositis vix rigidu- 
lis. Stipulae 0. Flores cum pedicello basi articulati, mediocres, au- 
rantiaci in racemis paucifloris valde relaxatis apicalibus dispositi, 
symphylli. Bracteae majusculae subvaginantes mox deciduae ad api- 
eem pedicellorum annulum cicatricosum glandulosum ? prominulum 
relinquentes. 

Genus ab ómnibus longe recedens, vix ad Apuleiam Mart. procul ac- 
cedens, amico et phytologo praeclaro Fridiano Cavara libenter dicatum. 



• >. Cavaraea elegans Speg. (n. sp.). 

Diag. Arbórea, glaberrima, foliis abrupte pinnatis, foliolis 6-12- 
jugis, ómnibus eximie oppositis late elliptico-linearibus, marginibus 
integerrimis subparallelis, ápice subtruncato-rotundatis non v. vix 
subretusis non mucronatis, basi modice inaequilateralibus, dimidio 
superiore leniter latiore pinnatim nervuloso basi late cuneato, dimi- 
dio inferiore nervulo laterali secundario, mediano subparallelo, ultra 
médium percurso basi anguste rotundato-cuneato, petiolulo brevissi- 
mo latere infero depresso-subglandidoso fultis, flrmulis subebartaceis, 
racemis acrogenis longiuscule pedunculatis, dissite 6-12-floris, floribus 
superis adscendentibus, mediis patentissimis, inferís retrorsis, lon- 
giuscule pedicellatis, ápice pedicelli annulatim calloso, ante antliesin 
fusoideo-subclavatis, post antliesin oblique rotato-expansis, calicis 
rubro-incarnati tubo longe obconico, sepalis 4 lanceolatis reflexis, 
petalis 3 subaurantiacis margine dense undulato-Crispatis, columna 
staminea horizontaliter patente extus canescenti-villosa oppositis, ti- 
lamentorum parte libera ápice uncinato-incurvata, antheris pendulis. 
ovario mediocrie latere compresso glaberrimo, pedicello recto sublon- 
giore ad marginem superum canescenti-villoso suft'ulto, stylo subcras- 
siusculo margine infero eximie lanoso -barbato, stigmate minuto vix 
iucrassato subpapilloso coronato; ovula cavitate continua inclusa 
oblique monosticlia (¡-8... 



224 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Mah. En los bordes del río San Antonio, Misiones, marzo 1907. 
Obs. Arbolito de unos seis metros de altura, de copa redondeada 
bastante regular y tupida; ramas muy ramulíferas cilíndrico-angulo- 
sas pardo-cenicientas casi ásperas por el gran número de pequeñísi- 
mas lenticelas que revientan la 
epidermis. Las hojas más ó me- 
nos horizontales nacen de pul- 
vínulos rameales de los ramitas 
del año verde-rojizas, siendo 
bastante cercanas unas de otras 
(merit. 5-25 mm); los raquis son 
rectos (4-8 mm lrg.) con podo- 
fillo moderadamente largo y en- 
grosado y muy corta parte basal 
cilindrica y desnuda, estando 
lateralmente comprimidos con 
canalículo ventral casi invisible 
(por connivencia de los bordes) 
mediando unos o ó 6 milímetros 
entre cada par de hojuelas; ca- 
da hoja lleva de 6 á 10 pares de 
hojuelas, perfectamente opues- 
tas, muy cortamente peciolula- 
das, cuyo peciolillo en el lado 
que mira hacia la base ofrece 
una área elíptica plana glandu- 
losa ; las hojuelas bastantes fir- 
mes pero no coriáceas son alar- 
gadas (11-20 mm lrg. por 5-7 mm 
anch.) de márgenes enterísimas 
casi paralelas ó ligeramente en- 
angostadas superiormente, de 
ápice redondeado ó redondeado- 
tronchado, á veces ligeramente 
escotadas sin rastro de mucrón. 
de base inequilátera!, más ancha abrupta y largamente cuneadas 
por el lado superior, más angostas y cortamente cuneiforme por el 
inferior; ambas caras son planas y recorridas por la nervadura pri- 
maria sólo en la base algo excéntrica, con nervaduras secundarias 
pinadas en la mitad superior y una submarginal más larga de la mi- 




Cavaraea elegans Speg. te, ramita con botones de 
flores ('/ 3 tara, nat.); b, hojuela separada; c, 
sección longitudinal esquemática de una yema 
floral (aum. 3 veces) ; c£, sección transversal es- 
quemática de una yema floral (aum. 3 veces) ; 
e, diagrama de una flor; /, una flor ( 1 / a tam. 
nat.) ; g, ginéceo (aumentado) ; h, andróceo (au- 
mentado) ; i, rudimentos de los dos pétalos au- 
sentes? 



ESPIGANDO EN EL HERBAKIO 225 

tad de la hojuela en la mitad inferior. Las inflorescencias aparecen 
algo después que las hojas han llegado á su completo desarrollo y 
terminan siempre las ramas ó ramitas; al principio son contraídas de 
estructura casi estrobiliforme, pareciendo estar entonces formadas 
por un solo botón, pero abriendo esta yema floral se descubre estar 
constituida por una serie sucesiva de muchas flores envueltas en 
grandes brácteas (10 mm lrg\ por 5 mm anch.) involventes rojizas suce- 
sivas; estas brácteas no tardan en caer basifugamente poniendo pau- 
latinamente en libertad á todo el racimo de flores, de las cuales las 
del ápice son dirigidos arriba, las del medio horizontalmente y las de 
la base hacia abajo; cada racimo es desnudo y pedunculiforme en la 
mitad inferior y en la mitad superior lleva de 6 á 12 flores bastante 
distanciadas unas de otras. Los botones florales son fusoideo-clavifor- 
mes (10 mm lrg. por 3,5 mm diám.) agudos, sostenidos por un pedi- 
celo recto que presenta en el punto de conexión con la base del cáliz 
un callo saliente anular oblicuo glandular '?, dejado por la bráctea caí- 
da; el cáliz rojizo-naranjado, en su tercio inferior es obcónico (3 mm 
lrg.) entero y en los dos tercios superiores ovalado-agudo (6,5 mm 
lrg. por 3 diám.) ofreciendo 4 sépalos imbricados (1 lateral derecho 
todo externo, 1 lateral izquierdo todo interno, 1 superior y 1 inferior 
por mitad externos y mitad internos) que al abrirse se doblan abrup- 
tamente para abajo, de color amarillo rojizo rectos, algo cóncavos, de 
bordes enteros y de punta aguda (6-7 mm lrg. por 2,5-2,75 mm anch. 
bas.); los pétalos (la flor expandida ostenta un diámetro de más ó me- 
nos 15 mm) son tres, en el lado superior de la flor, en el botón empi- 
zarrados con el vexilar del todo interno y los dos laterales externos : 
en la base de la columna estamínea á cada lado suele haber (pero no 
siempre) un cortísimo filamento delgado libre algo oblicuo velloso 
(1 mm lrg. por 0,25 mm grs.), que bien podrían ser los rudimentos de 
los dos pétalos ausentes (ó simples estaminodios?); los pétalos son 
todos tres más ó menos del mismo tamaño, en la flor abierta bien ex- 
tendidos ó ligeramente encorvados hacia atrás, elíptico-espatulados 
(7-8 mm lrg. por 3 mm anch.) con bordes muy encrespados pero ente- 
ros, lampiños y de un lindo color naranjado; los estambres están redu- 
dncidos a 3 del lado inferior de la flor de frente á los pétalos, hallándo- 
se sus filamentos entresoldados casi hasta la mitad en vaina (5 mm lrg. 
por 1,25 mm anch.) anchamente abierta, del lado superior algo espesa 
y ceniciento-lanuda por el lado exterior ó inferior: los fres filamentos 
en la parte superior libre (7 mm lrg.) no son muy gruesos pero bas- 
tante rígidos, lampiños y en el cuarto supremo (también en el botón) 



226 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

doblados en gancho hacia el centro de la flor; al ápice de la vaina es- 
taminal donde se sueltan los filamentos, á cada lado de la base del 
filamento mediano, se observan (pero no siempre) un pequeñísimo pe- 
lito ó fibrilla muy corto obtuso pálido y lampiño (estaminodio?); las 
anteras todas tres fértiles, pero las dos laterales fácilmente caducas, 
son amarillas elípticas (2,5 mm lrg. por 1 mm anch.) pendientes de de- 
hiscencia longitudinal, de conectivo cóncavo al dorso que termina en 
un pequeñísimo mucrón apical : el ovario lineal (i mm lrg. por 1 mm 
anch. y 0,30 mm espes.) es lampiño verde muy comprimido por los la- 
dos, en la base formando codo (algo tumefacto) con el largo pedúnculo 
(5 mm lrg. por 0,75 mm anch. y 0,50 mm esp.) densamente velloso en 
el borde superior, y anteriormente se adelgaza en el estilo bastante 
recto y no muy delgado (5,5 nimlrg. por 0,30 mm diám.)muy velloso 
en casi todo su borde inferior, terminando en un estigma redondeado 
ligeramente oblicuo y papiloso; la cavidad ovárica es continua y con- 
tiene de seis á ocbo óvulos sobrepuestos en una sola serie y algo obli- 
cuos. 



PIROTTANTHA Speg. (n. gen.). 

Gliar. Leguminoidea ; mimosacea; adenantherea. Flores 5-meri, pedi- 
cellati. Calyx brevis subcampanulatus 5-lobatus, lobis valvatis; pétala 
demum soluta, valvata; stamina 10 libera, longiuscule exerta; anthe- 
rae glándula majuscula per anthesin mox decidua coronatae: pollinis 
granula 2-3-mera; ovarium stipitatuin, cc-ovulatum; stylus ñliformis, 
stigmate teriniuali truncato concavo; legumen et semina adhuc igno- 
ta. Frutex v. arbor inermis; folia bipinnata, foliolis paripinnatis par- 
vis alternis; glandulae petiolares nullae, interjugales parvnlae; spi- 
cae cylindricae, pedunciüis supraxillaribus; flores parvi uniformes, 
hermaphroditi, pedicellati; ovarium villosum. 

G-enus Plathymeniae Bnth. peratüne sed floribus pedicellatis, sta- 
minibus longiuscule exertis, foliolis jugarum alternis distinctum. exi- 
mio Botanices cultori et amico Bomualdo Pirotta mérito dieatum. 



4. Pirottantha modesta Speg. (n. sp.). 

Diag. Frutex excelsus glaberrimus; pinnis 3-6-jugis oppositis v. 
alternis, glandulis jugalibus parvulis hemisphaerico-patellaribus ínter 



ESPIGANDO KN EL IIEKHAKIO 



227 



juga supera tantum, foliolis 0-10-jugis alternis, elliptieo-ovatis, parum 
inaequilateralibus, latere infero leniter angustióte cuneatoqTte. obtu- 
siusculis rigidis utrimque opacis et tenuiter pinnato-nervulosis, spicis 
ad folia suprema superaxillaribus majusculis subcylindraceis, floribus 
densissime constipatis, petalis roseolis. 

Hab. Al borde de la selva á lo largo del río San Antonio, orilla bra- 
silera, marzo 1907. 

Obs. Aibolito de 4 á 6 metros de altura, de un lindo color verde 
obscuro, lampiño en todas sus 
partes, menos en el ovario que 
es muy velloso; las ramas bas- 
tante rectas y tupidas ofrecen 
una cascara rojiza ó morada 
completamente lisa sin lentice- 
las. Las hojas son alternas mo- 
deradamente alejadas (interv. 
15-20 mm) bastante abiertas son 
M-pari-pinadas ; el raquis prima- 
rio casi cilindrico (10-15 cm lrg. 
por 1 mm diám. bas.) en sus 4 
ó 4,5 centímetros básales está 
desnudo pecioliforme sin glán- 
dulas; las estípulas faltan y se 
hallan substituidas por una pe- 
queña callosidad subglandular á 
cada lado del pecíolo; las esti- 
pelas faltan en absoluto; las pi- 
nas son en número de 3 á pa- 
res, siendo en los dos primeros 
pares inferiores no opuestas, ca- 
reciendo además de glándula interyugal, mientras las demás son casi 
siempre opuestas y ostentan una pequeña glándula lenticular interyu- 
gal; el raquis de cada pina (4-8 cm lrg.) casi cilindrico algo hinchado 
en la base, ofrece una parte basilar de más ó menos un centímetro des- 
nuda y después se halla cubierto de hojuelas en número de t¡ a 10 á 
cada lado y siempre bien alternas, terminando á la punta en un par 
de opuestas, que á veces por abortamiento de una de ellas viene á si- 
mular una pina imparipinada ; las hojuelas divergen mas o menos del 
raquis en 45° y están sostenidas por un corto peciolillo (mas o menos 
1 mm lrg.); el limbo muy firme, casi coriáceo, es elíptico-ovalado 




Pirottavtha modesta Spi*<¡;. (',, tara, nat.) 



22S ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

(12-15 mm lrg: por 6,5 nim ancb.) ó lanceolado fie ápice redondeado, 
pero ni escotado ni mucronado, inequilátera! con la parte inferior más 
angosta y de base cuneiforme, mientras la superior es más ancba y 
tiene la base claramente redondeada y nada decurrente: arabas caras 
son lisas y lampinas, al epifillo de color verde obscuro, al hipoflllo 
mucbo más pálidas y en ambos lados recorridas por numerosas ner- 
vaduras pinadas, cuyos arcos de anastomosis no alcanzan al borde, 
muy entero con callo (nervadura ?) marginal algo saliente al bipoíillo. 
Las inflorescencias nacen algo más arriba de la axila de las bojas 
superiores y son racimos (5-8 cm lrg. por 15 mm diám.) tupidamente 
floríferos, sostenidos por una parte desnuda peduncular (20-30 mm 
lrg.) de ántesis basífuga; las florcitas desprovistas en absoluto de 
brácteas y de bracteolas se bailan sostenidas por pedicelos casi bori- 
zontales (1-1,5 mm lrg.); el cáliz bemisférico-campanulado (1,5 mm 
lrg. x>or 1,75 mm diám.) ofrece desde su medio arriba 5 lóbulos triangu- 
lares ancbos cortos pero relativamente agudos morado-verdosos lampi- 
ños; los 5 pétalos rojizos lanceolados valvares (3 mm lrg. x^or 0,75 mm 
ancb.) bastante agudos y con uña relativamente larga, son lampiños 
agudos enteros uniformes y libres entre sí; los estambres en número 
de 10 son derecbos, todos más ó menos de la misma longitud (6-7 mm 
lrg.), sobresaliendo de la corola por casi 4 milímetros, sus filamentos 
son derecbos lampiños rosados y completamente libres desde súbase; 
las anteras apicales uniformes casi elípticas (0,5 nun lrg.) amarillas, 
están adornadas de una gruesa glándula purpúrea casi globosa (150 \¡. 
diám.) en la extremidad conectival; los granos de polen son globoso- 
lenticulares ó subtrapezoides y se bailan por lo general formados de 
3 células lisas amarillentas ; el ovario cilíndrico-fusiforme (2 mm lrg. 
por 0,5 mm diám.), cubierto de largo y tupido vello lanoso blanquecino, 
está sostenido por un pedunculillo casi lampiño bien visible (0,75-1 
mm lrg.), se prolonga en un estilo algo bincbado en su medio, vello- 
so en la parte inferior y lampiño en la superior, donde termina en un 
estigma obcónico casi en forma de taza; el interior del ovario ofrece 
una cavidad continua rellenada por 10 ó 12 óvulos alternos muy apre- 
tados...; el fruto y las semillas me son desconocidas. 



5. Jaborosa leptophylla Speg. (n. sp.). 

Diag. Prostrata, repens, obscure viridis, glabra, pilis nonnullis ma- 
juseulis mollibus remotissime adspersa, foliis longe petiolatis limbo 



ESPIGANDO EN EL HEIIBAIMO 



229 



circumscriptione ovato bipinnato-partito, lobis ómnibus angustia liinc 
hule dentículo notatis ápice acuminatis longiusculeque mucronatis, 
floribus ad axillas pauci-fasciculatia longe pedunculatis cernuis, •;il¡- 
ce 5-partito, corolla alba campanulata 5-fida, lobis attenuatis acutis 
intus extusque puberulis, staminibus inclusas filaraentis prope basin 
adfixis, ovario glabro, fructu baccato parvo glabro livescente, cálice 
parum accreto suffulto. 

3ab. Frecuente en los 
lugares áridos del valle 
Calchaquí, cerca de Moli- 
nos y Cafayate, y en los 
alrededores de Trancas, en 
la provincia de Tucumán, 
verano 1896-7. 

Obs. Planta muy próxi- 
ma á la J. Bergi Hieron.. 
de la cual difiere por una 
mayor robustez, por una 
pubescencia mucho menor 
y sobre todo por la forma 
de las corolas; para todo 
el grupo de estas plantas 
me he resuelto adoptar el 
nombre genérico de Jabo- 
rosa Lam. sensu ampliori, 
pues los límites asignados 
por los autores á los dife- 
rentes géneros cercanos 
me parecen muy vagos y 
muy inciertos. Este vege- 
tal forma matitas casi se- 

miesféricas (30-50 cm diám.) con sus ramas rastreras que salen ra- 
dialmente del cuello de la raíz; las ramas mayores son cortas casi 
carnosas verdes lampiñas con costillas irregulares y numerosos nu- 
dos, de los cuales salen ramitas más delgadas (10-20 cm lrg.), con 
largos internodios (25-40 muí lrg. por 2-4 mm diám.) lampiñas y de 
color muy pálido; las hojas nacen de 2 á 3 por cada nudo, siendo en- 
derezadas ó arqueado-ascendientes, provistas de un largo peciolo 
(.'50-40 mm lrg. por 1,5-2 mm anch.) algo comprimido y ligeramente 
alado en su parte superior y con una lámina de circunscripción ovala- 




Jaborosa leptophilla Speg. a. planta (V ; , tara, nat.) ¡ /'. 
botón floral; c, llores abiertas; (7, cáliz con ginéeeo ; c. 
corola abierta, mostrando la inserción de los estambres : 
/, estambres (aumentados) ; g, estilo y estigma (au- 
mentados) ; h, fruto (tam. nat.) ; i, sección del frute 
(tam. nat.); i, semillas (tam. nat.). 



230 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

da ó anchamente lanceolada (50-100 nim lrg\ por 25-50 nim anch.), 
irregularmente bipinatipartido, con lóbulos por lo común opuestos 
con frecuencia ligeramente arqueado-subfalcifornies de nervadura 
pálida poco aparente; los primarios (10-20 mm lrg.por 1,5-2 mm anch.) 
en número de 5 á 8 pares, los secundarios (5-10 mm lrg. por 1-1,5 mm 
anch.) de 1 á3 pares; los lóbulos secundarios con frecuencia son soli- 
tarios y varias veces presentan uno que otro diente (1-3 mmlrg. por 1 
mm anch.); tanto los dientes como los lóbulos son planos con una sola 
nervadura central pálida visible y todos terminan en punta aguda, 
rematada por un mucrón blanquecino, largo y muy fino; las varias 
partes de las hojas suelen ofrecer pelos solitarios esparcidos irregu- 
larmente grandes blancos muy blandos; las flores nacen en ramille- 
tes de 3 á 10 en las axilas de las hojas, llevadas por largos pedúncu- 
los doblados hacia abajo (6-8 mm lrg. por 0,5 mm diám.), lampiños; el 
cáliz subhemisférico (2 mm lrg. por 2,5 mm diám.) verde pubescente 
está partido hasta su tercio inferior en 5 lóbulos iguales triangulares 
que terminan en punta larga y aleznada; la corola blanca campanu- 
lada (5 mm lrg. por 3-4 mm diám.), en su tercio superior está dividida 
en 5 lóbulos valvares triangulares, muy agudos, por afuera y por den- 
tro pubescentes; los estambres uniformes en número de 5 alternipéta- 
los no sobresalen de la corola, sus filamentos son cortos lampiños y se 
insertan cerca de la base coralina y sostienen anteras lineales largas 
amarillas y lampiñas; el ovario es casi globoso verde lampiño, coro- 
nado por un corto estilo cilindrico más pálido que remata en un 
estigma semiesférico bilobulado de color verde obscuro ; el fruto es 
una baya subgiobosa (6-8 mm diám.) lampiña, envuelta en su parte 
inferior por el cáliz algo aumentado, de color verde al principio y 
después morada; posee dos cavidades y en cada una de ellas lleva 1 
semillas lenticulares muy achatadas algo arriñonadas (1,5 mm anch. 
por 3,5 mm alt. y 3 ,5 mm esp.) lampiñas de color blanco verdoso sucio. 



6. Jaborosa oxipetala Speg. (n. sp.). 

Biag. Prostrata, repens, obscure viridis, glaberrima, foliis saepius 
ternatis modice petiolatis, limbo circumscriptione oblanceolato pin- 
nati-lobato, lobis acntis integris v. plus minusve dentatis, floribus ce 
ad axillas dense fasciculato-constipatis pedunculis longiusculis suf- 
fultis, cálice glabro 5-partito, sepalis angustis acutis, corolla campa- 
nulata ad médium usque 5 -fida lobis ovato-acumiuatis longeque 



ESPIGANDO EN EL HERBARIO 



231 



aristato-attenuatis extus intusque pubesceritibus, staminíbus ínclusis 
filamentis inope, basin adfixis, ovario glabro stylo longiusculo ápice 
capitato-stigmatoso aucto, fructu baccato subgloboso glabro olivá- 
ceo, cálice sat accreto basi cincto. 

Hab. Bastante común á lo largo de las barrancas del río G-uachi- 
pas, entre Tala-pampa y 
el valle Calcbaquí, verano 
1896-7. 

Obn. Especie que al pri- 
mer golpe de vista recuer- 
da bastante la J. sativa 
Miers, de la cual, pero 
pronto, se puede distin- 
guir por sus caracterís- 
ticas inflorescencias y la 
forma de sus flores. Las ra- 
mas, rastreras sobre el 
suelo, lampiñas verdes, 
son más ó menos obtusa 
mente triangulares (-10-50 
cm lrg. por 5-8 mm diám.), 
con las tres caras planas ó 
á veces más ó menos aca- 
naladas y cóncavas ofre- 
ciendo los ángulos una lí- 
nea (ó alita) longitudinal 
saliente, siendo los inter- 
nodios algo arqueados y 
por lo general bastante 
largos (1-8 cm lrg.) ; de 
cada nudo salen 3 hojas 
enderezadas lampinas ver- 
des, cuyas láminas de cir- 
cunscripción oblanceolada 
y á veces casi espatulada 

(10-15 cm lrg. por 1-7 cm ancli.), redondeadas al ápice y adelgazado-de- 
currentes á la base, prolongándose en un pecíolo superiormente mas d 
menos alado bien distinto (20-30 nnn lrg. por 1-5 mm ancli.) pálido: los 
bordes de la lámina son irregularmente pinati-lobados, con lobos en- 
teros ó más ó menos groseramente dentados, terminando cada lóbulo o 




Jaborosa oxipetala Speg. o, rama con hojas y ñores (' 
tam. nat.) ; 6. botón floral ; c, flor abierta: d. cáliz 
mostrando el gineeeo desnudo ; c, corola abierta, mos- 
trando la inserción de los estambres; f, estambre (au- 
mentado). 



232 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

diente en punta aguda rematada por un pequeño callo ó inucrón sub 
glandular; las flores fasciculadas en las axilas de las hojas forman grue- 
sos ramilletes casi globosos (4-6 cm diám.), conteniendo cada ramillete 
de 50 á 100 flores; los pedúnculos simples y unifloros son muy delga- 
dos (8-10 mm Irg. por 0,5 mm diám.) lampiños verdes enderezados ó 
encorvados ; el cáliz subcampanulado verde y lampiño está formado de 
5 sépalos libres casi desde la base (3-4 mm lrg. por 1-1,25 mm aneh.i 
terminados en punta muy aguda; la corola más ó menos morada (8-9 
mm lrg. por 5-6 mm diám.) se baila partida basta la mitad en 5 lóbulos 
ovalados que se prolongan en un apéndice muy largo, delgado y agu- 
do (5 mm lrg.), siendo todos pubescentes tanto al exterior como al 
interior; los 5 estambres nacen algo más arriba de la mitad de la 
corola y ofrecen filamentos blanquecinos algo gruesos y pubescentes 
en la mitad inferior, delgados y lampiños en la superior, sosteniendo 
gruesas anteras elíptico-lineales amarillas lampiñas; el ovario globoso 
lampiño pequeño termina en un estilo filiforme del largo dé los sépa- 
los, rematado por un estigma ovalado verdoso. El fruto es una gruesa 
baya (10 mm diám.) globoso-depriinida, revestida en la parte inferior 
por el cáliz bastante aumentado cuyos lóbulos lineales agudos (10-12 
mm lrg. por 1,5-2 mm ancb.) están extendidos como rayos de una estre- 
lla; cada una de las dos cavidades internas del fruto contiene de 6 á 
8 semillas irregularmente ovalado-lenticulares (3 mm lrg. por 2 mm 
ancb. y 1,25 mm esp.) á veces ligeramente arriñonadas ó levemente an- 
gulosas por la presión mutua, de color ladrillo, con sirperñcie densa y 
finamente puntuada y los márgenes provistos de una especie de an- 
gosta alita pálida. 



OBSERVACIONES 

SOBRE LA 

ESTRUCTURA í FORMACIÓN 1 LOS MICROCRISTALES DE ÍODURO M PLOMO 

CON LUZ ULTRAVIOLETA 



COMUNICACIÓN PRELIMINAR LEÍDA EN LA SESIÓN 

DEL 23 DE AGOSTO DE 1916, EN LA SECCIÓN DE CIENCIAS FÍSICO-QUÍMICAS 

DE LA ACADEMIA DE RUEÑOS AIRES (SOC. CIENT. AKG.) 



Por HORACIO DAMIANOVICH 
Profesor de físico-química en la Universidad de Buenos Aires 



Él problema de la estructura íntima y modo de formación de los 
microcristales ha despertado mucho interés, sobre todo en estos últi- 
mos tiempos, á raíz de las notables investigaciones de Lehmann sobre 
los llamados cristales líquidos. 

Este interés se explica, porque de la resolución del mencionado 
problema depende el establecimiento definitivo de las leyes de uno 
de los principales fenómenos de la cristalografía físico-química, que 
por sus aplicaciones, beneficia directamente á los métodos de análisis 
microquímicos. 

Á pesar de los nmltiples esfuerzos realizados por los investigado- 
res modernos, nos hallamos muy lejos aun de dejar sentadas, de un 
modo preciso, las bases de este atrayente problema, pues faltan llenar 
algunos vacíos, sobre todo en lo que se refiere á la estructura, génesis 
y variaciones de forma de los cristales, en los diferentes medios do 
desarrollo. 

Mi propósito ha sido contribuir en pequeña escala ala dilucidación 
de algunos de estos puntos, que pasaré á describir en la presentí' 
comunicación preliminar. 

Antes de comenzar á describir el método empleado y los resulta- 
dos obtenidos en estos primeros ensayos, quiero dejar constancia de 
mi agradecimiento al sefior Flick, de la casa Otto Hess, por las úti- 



AN. SOC. CIENT. ARO. — T. LXXXII 



234 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

les indicaciones que me proporcionara, una vez hecha la instalación 
del aparato microfotográfico del doctor Kohler de Jena, en el gabi- 
nete de Físico-química de la Facultad de ciencias exactas, físicas y 
uaturales, y á los señores Guglialmelli y Marco por la ayuda que me 
han prestado en el presente trabajo. 



DISPOSITIVO EXPERIMENTAL 

Para llevar á cabo el propósito arriba indicado, he elegido, como 
material, los microcristales de ioduro de plomo por la regularidad de 
su forma, por su estructura laminar de débilísimo espesor y por su 
opacidad para los rayos ultravioletas y la microfotografía con estas 
radiaciones, debido á que ella presenta mayor delicadeza de detalle» 
á causa de su gran poder resolvente y además porque se trabaja con 
luz monocromática y actinica. 

El método ideado por el doctor August Kohler 
en el año 1904 (1) todavía no se ha generalizado 
lo que sería de desear, á pesar de que, por las cir- 
cunstancias señaladas, aventaja en muchos casos T 
al método común de la luz blanca con filtros de 
color y especialmeute por la diferencia de opaci- 
dad que las substaucias químicas presentan res- 
pecto á aquellas radiaciones. 

Sólo hago aquí una breve descripción del apa- 
rato que he utilizado en mi trabajo y para los 
detalles aconsejo al lector la serie de interesantes artículos del señor 
Domingo Orueta, publicados en la Revista de la Real academia de 
ciencias exactas, físicas y naturales de Madrid (2), donde el autor pre- 
coniza su empleo en la técnica histológica como coinpleinento del 
método clásico y hace un resumen de las prolijas observaciones por 
él realizadas durante los años 1911 y 1912. 

Merece citarse, por lo ingeniosa, la manera cómo Kohler llegó á 

(1) August Kohler, Microfotographiscke Untersuchungen mit ultravioleteii Liclit r 
Zeits : für wissenschaftliche mihroscopie und für mikroscopische Teóhnik, Baud XXI, 
páginas 129, 165, 273-304. 1904. 

(2) Domingo de Orueta, La luz ultravioleta y sus aplicaciones en microscopía. 




FORMACIÓN DE LOS MICEOCKISTALES DE IODUKO DE PLOMO 235 

fundar su procedimiento. En efecto, el origen de este precioso apa- 
rato ha sido la discusión de una fórmula que establece el poder resol- 
vente en función de la apertura numérica y de la longitud de onda. 

u sen |j. 



La fórmula aludida, : R = 



- [en la que % = índice de refrac- 



ción de los medios atravesados por la luz (desde el objeto basta que 
sale de la lente frontal del objetivo), u = ángulo que forma el eje 
óptico con el rayo límite OL y "a = longitud de onda] fué el resultado 




Rg. 2 



de la teoría físico-matemática de la visión microscópica del profesor 
Carlos Abbe (Universidad de Jena). Para aumentar E basta aumen- 
tar» senw (ó sea lo que él denomina apertura numérica del objetivo) ó 
disminuir "a. El numerador da- para valores máximos de sen u una cifra 
algo menor que la unidad, es decir, u <L 90° : en los objetivos moder- 
nos se ha llegado á valores 0,90 y hasta 0,95 para sen ¡t, lo cual 
corresponde á distancias de uno á dos décimos de milímetro entre el 



con un resumen délos trabajos hechos en el laboratorio del autor durante el afio 
1911 y primer somestre de 1912. Revista de la Academia Se ciencias de Madrid. 
tomo XI, números 7, 8, 9 y 10. 1913. 



236 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



cubre y la frontal del objetivo. Y en lo que se refiere á n no La sido 
posible pasar de 2 para los medios vitreos y 1,40 para las substan- 
cias de inmersión, siendo estas filtimas corrosivas. En vista de estas 
dificultades se ensayó disminuir X y después de varias tentativas con 
luces monocromáticas azules, violetas, obtenidas con filtros ó por dis- 
persión, Kohler llegó á un resultado bueno empleando luz ultravio- 
leta, proveniente de los electrodos de un metal apropiado (magnesio 
X = 0,280, cadmio X 0,275). 




Fig. 3 



La instalación completa consta de las siguientes partes (fig. 2) : I a 
aparatos productores de la corriente eléctrica de alta tensión necesa- 
ria para la obtención de la chispa entre electrodos de cadmio ó mag- 
nesio; 2 a sistema de alumbrado y descomposición cromática de la luz: 
3 a microscopio y accesorios ; 4 a cámara fotográfica. 

I o Aparato productor de la corriente eléctrica de alta tensión. — Pue- 
de utilizarse la corriente continua, en cuyo caso se le hace pasar por 
el circuito primario de una bobina de inducción F (fig. 3) de 10 
á 12 centímetros de chispa, la cual transforma en corriente alter- 
nada elevando su potencial de 7 á 8000 volts. En el circuito pri- 
mario de esta bobina se intercala una resistencia variable y un 
interruptor a de la misma. El interruptor I de la bobina es del tipo 



FORMACIÓN DE LOS MICUOCKISTALKS DE IODUKO DE l'LOMO 



237 



Simons (electrólito ácido sulfúrico D = 1,15), el cual se coloca 
dentro de un cajón ó en cuarto aparte para que no moleste por el 
ruido y los vapores que emite. Una vez transformada la corriente á 
alta tensión va del circuito secundario déla bobina al excitador E, es 
decir, al pequeño aparato que soporta los electrodos de cadmio o de 
magnesio entre los cuales salta la chispa. La capacidad necesaria se 




consigue haciendo que dichos electrodos se asocien á masas metáli- 
cas relativamente grandes, unidas á su vez (en derivación) á un sis- 
tema de dos condensadores Leyden K unidos en cantidad, lo que da 
por resultado una capacidad de 0,004 microfarados. 

2 o Separación de las radiaciones ultra finidas. — El sistema emplea- 
do para este objeto se compone del excitador F (fig. 4) del colimador 
K, con lente de cuarzo, dos prismas también de cuarzo P. Las ma- 



238 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



sas de bronce que soportan los electrodos prismáticos de cadmio ó 
magnesio descansan sobre dos columnas de porcelana, movibles por 
medio ele tornillos micrométricos á fin de que la distancia entre ellos 
sea siempre alrededor de 2 milímetros. El haz ultravioleta que sale 
del segundo prisma se dirige al prisrna á reflexión total (de cuarzo) 
colocado en la base del microscopio (flg. 5). 




3 o Microscopio, cámara fotográfica y accesorios. — El tipo de este 
microscopio pertenece al más perfecto de la casa Zeiss. El haz de luz 
ultravioleta, después de reflejarse en el prisma P (flg. 5 y 6), se dirige 
en el sentido del eje óptico si ha sido centrado perfectamente con el 
vidrio de urano D (y á la vez centrado el condensador de cuarzo) y 
por último atraviesa la preparación, la serie de lentes del objetivo 
ocular para llegar al «visor» ú ojo fluorescente E (fig. 6) que tiene 
por objeto hacer visibles por fluorescencia los rayos invisibles que 



FORMACIÓN DE LOS MICBOCEISTALES DE IODURO DE PLOMO 239 




■S'i l J 



Fig. t; 



2-10 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lian atravesado las partes del objeto para ellos transparente, y ade- 
más centrar y enfocar este fUtinio. Su construcción es tal que la posi- 
ción de cualquier parte del objeto en el campo iluminado de color 
verde catódico se halla también en foco y centrado respecto á la placa 
fotográfica. 

El resto queda explicado con la sola inspección de la figura. 
El enfoque se hace primero con luz blanca ó amarilla y después con 
luz ultravioleta. Para los aumentos de 700 ó superiores á 1000 se 
necesita acudir al chassis de prueba, y sobre todo si la iluminación no 
es muy clara y la preparación difícil de enfocar, pero para 500 basta 
con un poco de práctica en el enfoque por medio del visor. El apa- 
rato viene acompañado de 
6 oculares, 3 objetivos de 
6 milímetros, 2 mm 5 y l mm 7 
de distancia focal y 0,35. 
0,85 y 1,25 de apertura 
numérica, todo lo cual co- 
rresponde á un poder re- 
solvente relativo 0,70, 1,70 
y 2,50 respectivamente. 
Ellos han sido construidos 
especialmente con cuarzo 
fundido para eliminar la 
estructura cristalina del cristal de roca, por un procedimiento de la 
vidriería científica de la casa Zeiss. Debido á esto el objetivo de ma- 
yor poder resolvente (l,7 mm que con la combinación del ocular y la 
cámara da hasta 3600 diámetros) cuesta 750 francos. 

El portaobjeto puede ser de cristal de roca tallado perpendicu- 
larmente al eje óptico ó sino del vidrio uviol U. Y. En cambio el 
cubre de 12 milímetros de diámetro y 0,17 á 0,20 milímetros de es- 
pesor es de cuarzo fundido y de construcción muy delicada, por lo 
cual su precio es elevado (4 francos c/u). 

Las operaciones principales sobre cuyos detalles no nos deten- 
dremos son : a) arreglo de la chispa, para lo cual conviene tener 
siempre bien limados los electrodos para evitar la capa aisladora 
de óxido de magnesio ó de cadmio y regular bien el amperaje que 
no debe pasar de 5; b) dirigir el haz de rayos ultravioleta (a^= 
0,275 \¡. j>ara Cd y 0,2S0 para Mg) de modo que dé una imagen neta 
en la pantalla de urano y que coincida con el círculo del vidrio de 
mano colocado en el eje óptico en el trayecto del prisma á reflexión 




FORMACIÓN DE I.OS MICROCRISTAI.ES DE IODCRO DE PLOMO 



¡¿41 



total y el condensador : para este objeto se procede por medio de 
los tornillos del banco óptico correspondiente al chispero y á los 
prismas; c) centraje del condensador por medio de los dos tornillos 
que se bailan en su parte inferior; d) regulación de la luz á ex2^ensas 
del condensador y de su diafragma; e) enfocamiento de la imagen 
primero con luz común, para lo cual se puede operar con el sistema 
óptico de cuarzo con la condición de inclinar el espejo, cerrar el dia- 
fragma de tal modo que se evite un exceso de luz, y por lo tanto, los 
fenómenos de dispersión y difracción, y luego con el visor y luz ultra- 




Fig. 



violeta; /) adaptación de la cámara fotográfica con el chassis de 
prueba para obtener cuando se trata de grandes aumentos 7 focos 
y 7 tiempos de exposición; esto puede suprimirse cuando debido 
al ejercicio prolongado se llega al foco directo con el visor. 

La luz usada por mí fué la de longitud de onda X = 0,1280 ¡j, corres- 
pondiente al grupo principal de las rayas del magnesio del espectro 
ultravioleta. El tiempo de exposición ha variado de 45" á 1'30". 

Material de experimentación. — Se ha procedido á la obtención de 
microcristales de. ioduro de plomo tratando en caliente á la ebullición 
soluciones de nitrato ó acetato de plomo con cantidades variables de 
solución de ioduro de potasio : la concentración variaba de 1 por cien- 
to á 1 por mil. Hecho lo cual, se dejaba enfriar en los misinos tubos 
de ensayo lentamente ó se provocaba la precipitación rápida por en- 



242 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



friamiento brusco. Se obtienen diferentes categorías de cristales de 
formas variadas, pero entre ellos se destacan dos principales : a) los 
que podríamos denominar cristales de primera sedimentación, de ma- 
yor magnitud en el ancho y largo (1), pero de espesor débil (forma tri- 
angular simple, triangular estriada y radiada, triangular con vértices 
truncados por caras exagonales, exágonos perfectos, exágonos con 
vértices redondeados y radiaciones que parten de un punto visible 





Fig. 9 Fig. 10 

central) y los comunes provenientes de la cristalización brusca de 
menor tamaño (desde 5 ¡j. hasta 20 \i.) y de espesor algo sensible á pri- 
mera vista con mayor refringencia. Las observaciones se hacían inme- 
diatamente ó después de transcurridos algunos días. 



II 



RESULTADOS 

Son de tres órdenes los resultados que he obtenido, á saber : 
<i) absorción por la luz ultravioleta; b) fenómenos de interferencias 
de láminas delgadas; c) figuras de corrosión : sobre todo con las 
diferentes formas de los cristales de primera sedimentación ; d cambio 
de forma por adición de substancias extrañas á la reacción. 



(1) En algunos casos, haciendo cristalizar lentamente la solución en NO,K 
5 por ciento se han obtenido cristales hasta de 2 milímetros. 




FORMACIÓN DE LOS MICROCRISTALES DE IODIRO DE PLOMO 243 

1/ Absorción por la luz ultravioleta. — Éste fué el primer hecho 
observado: la opacidad comple- 
ta de este grupo de radiaciones 
cuando los cristales alcanzan un 
espesor determinado (cristales 
de segunda sedimentación). En 
ciertos casos como en el de los 
cristales de primera sedimenta- 
ción exagonales y de ángulos 
redondeados se notó una trans- 
parencia bastante acentuada 
(fig. 7): en iguales condiciones 
se hallan ciertas láminas infor- 
mes sumamente delgadas (fig. 8). 
Todavía me falta determinar el Yi '¿- u 

espectro de absorción visible y 

ultravioleta, cosa que podré quizá realizar con los cristales de 2 mi- 
límetros de altura y el espectrógrafo de cuarzo. 

2. Fenómenos de interferencia. — Estos fueron los que motivaron 

las primeras sospechas de 
que la estructura de los mi- 
crocristales de ioduro de 
plomo no era tan simple co- 
mo se había considerado has- 
ta ahora. 

En las observaciones pre- 
liminares un hecho curioso 
llamó mi atención : un gru- 
po de microcristales (fig. 9 : 
aumento 1000 d.) (1) presen- 
taban rayitas rigurosamente 
equidistantes y en algunos 
de ellos llegaban á contarse 
hasta 20 en un espacio re- 
ducidísimo de 0,01 milíme- 
tros. Creí en un principio que se trataba d<> una diferenciación 
en la misma substancia del cristal, pero su escasa relación con 




Fig. 12 



(1) Los dos microcristales de mayor tamaño tienen ana altura de solo un cen- 
te'simo á un centesimo ;i medio de milímetro. 



244 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



la simetría del mismo y el reducido número de cristales que presen- 
taba este fenómeno y el hecho que no saliera esta estructura con 
la luz común á pesar de ser transparente á ella, me hicieron sospe- 
char en un fenómeno de orden puramente físico de interferencia 
originado por la formación de láminas delgadas de aire ó líquido 
entre dos rnicrocristales geométricamente superpuestos. Para confir- 
mar esta suposición busqué en el campo de una preparación hecha 
ex profeso para provocar láminas delgadas cualquiera que fuera su for- 
ma, si existían estas líneas de interferencia. De acuerdo con esta pre- 




Fig. 13 



visión hallé las figuras representadas en la microfotografía S, doude 
sólo se observa líneas obscuras de interferencia cuando hay super- 
posición de láminas de la materia cristalina. Estos hechos que 
indican la existencia de cristales complejos formados por capas 
dobles diferentemente inclinadas (de otro modo no sería posible 
observar interferencia con luz monocromática casi paralela y nor- 
mal) que dejan entre sí delgadísimas capas de aire cuyo espesor nos 
proponemos calcular más adelante, no los hubiésemos hallado con el 
empleo de la luz blanca ó la común usada en microfotografía (filtro ver- 
de á base de bicromato y sulfato de cobre) que no es rigurosamente 




FORMACIÓN DE LOS MICEOCRISTALES DE IODDRO DE PLOMO 245 

monocromática. En este caso la observación con luz ultravioleta pre- 
senta la doble ventaja de ser rigurosamente monocromática y aclínica. 

3. Figuras de corrosión y disgregación. — La observación anterior 
me llevó ala idea de que era conveniente tener nmy en cuenta lamas 
mínima particularidad de estructura, si se quería llegar á profundi- 
zar más los conocimientos sobre este problema. Este plan así trazado 
pudo comenzar á realizarse gracias al poderoso auxilio de este pre- 
cioso método de investigación, el cual mostró desde el principio aquel 
hecho y además otra particularidad como los puntos de desgaste ó 
ataque del cristal como los que se obser- 
van en la fotografía 9. 

Por esta razón dejé conservada una 
preparación donde había conseguido cris- 
tales exagonales algo redondeados en 
sus vértices (fig. 7) en el porta, durante 
algunos días. Al cabo de cierto tiempo 
observé con cierta sorpresa que algunos 
cristales, sobre todo los de los bordes, 
se hallaban algo disgregados, llegando á 
dejar sólo el esqueleto, constituido por 
líneas cortas pero rectas y rigurosamente Flg ' u 

paralelas á los lados del exágono (flg. 10). 

Nos encontramos aquí en presencia de un nuevo caso de corrosión 
del microcristal entero, el cual se puede considerar como constituido 
por una sola cara, dado que dos de sus dimensiones son despropor- 
cionadamente mayores que la tercera. Esta corrosión especial que se 
distingue netamente de la común de cristales negativos obtenida con 
macrocristales , se observa con mucha más nitidez con luz ultravioleta 
que con luz común, como puede verse comparando las microfotogra- 
fías 10 y 11. ífo sólo se destacan con bordes más rectos y definidos 
las rayitas, sino que con el primer método se observa un número ma- 
yor de las mismas, cuyo espesor medido directamente es menor que 
la seinilongitud de onda del extremo violeta y mayor que la semilon- 
gitud de onda del ultravioleta correspondiente á la raya del magne- 
sio. Aquí interviene con eficacia el mayor poder resol rente del micros- 
copio ultravioleta. 

Por dos métodos distintos he llegado á hallar que la relación entre 
cualquiera de las dos dimensiones de la caía exagonal y la tercera o 

sea el espesor varía entre - — y El primer método consiste en 

MKt L 



246 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



obtener un cristal de ioduro de plomo macroscópico mediante una 
cristalización lenta de solución acuosa de dicha sal con exceso de ni- 
trato de potasio y luego observar al microscopio con escaso aumento 
(100 d.) el perfil de uno de los vértices doblado: con un crisfcalito 
exagonal de 2 milímetros de altura obtuve mm 2 de espesor con 100 
diámetros de aumento, es decir, 2 \¡. lo que equivale á una relación de 




Fi S . 15 



1000 



• El otro método menos directo se funda en la siguiente hipóte- 



sis: debido á la estructura fibrilar ó reticular del microcristal, al pro- 
ducirse la corrosión de la capa cementaria que lo llena y le da el aspec- 
to perfectamente plano á la cara, dichas fibras cilindricas no sufren des- 
gaste visible y en tal caso el ancho visto en la microfotografía daría la 
medida del diámetro de la fibra primitiva y por consiguiente del es- 
pesor del cristal así constituido. Un cristal (fig. 10) cuya microfoto- 
grafía con 500 diámetros de aumento daba 5 centímetros de altura 
para el exágono, tiene las rayitas de un espesor medio aproximada- 



FORMACIÓN DE LOS MICROCRISTALES 1>E IOJUURO DE PLOMO 



247 



mente de mm 07, lo que equivale á una relación más ó menos de 

Con un mayor número de medidas se podría constituir un método 
aproximado para medir espesores de microcristales por las figuras de 
corrosión. 

Las microfotografías 12, 13, 14 
y 15, muestran diversos aspectos 
de estos fenómenos de corrosión 
obtenidos experinientalmente con 
diferentes formas y estructuras de 
microcristales de ioduro de plomo. 
La microfotografía 16 sacada 15 
días después, muestra que la « re- 
tracción » de la materia interfl- 
brilar ha continuado de un modo 
intenso. 

Algunos de ellos presentan un 
aspecto tal que podríamos deno- 
minar estructura á cemento arma- 
do (fig. 13 y 15) y desde ya po- 
dríamos emitir la hipótesis que 
tal estructura está destinada á 

« defender » al cristal de espesor tan ínfimo, contra la acción de los 
agentes exteriores físicos ó mecánicos. Un hecho que vendría en apoyo 
de esta hipótesis es el de la elasticidad y resistencia grande á la flexión 




ÍLk 



Jk 



Fig. 16 (la 15 reducida) 







-J» -V 







^ . 



■y^i 



(pie presentan los cristales de dos milímetros, (lebrillo muy luciente y 
aspecto físico parecido al de la mica. Si tal hipótesis lucia cierta, de- 
berá hallarse la siguiente ley de formación de los microcristales : 




248 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cada vez que en el seno de una solución ó líquido tome nacimiento un 
microcristal una de cuyas dimensiones (espesor) sea desproporcionada- 
mente inferior á las otras dos, dicho cristal presentará una estructura 
fibrilar reticulada, revelable por los agentes de corrosión. Para llegar 
á esta ley me propongo generalizar el caso particular del ioduro de 
plomo, estudiando un gran número de microcristales laminares de 
naturaleza inorgánica y orgánica. 

Otro aspecto de corrosión es el presentado por las microfotografías 
17 y 18 obtenidas con luz coniñn y proveniente de los microcristales 

pequeños que nos sirvieron para deter- 
minar el espesor y que habían sido ya 
tratados con agua pura después de sepa- 
rarlos del agua madre. En esta microfo- 
tografía se ha sacado una región con va- 
rios cristales negativos pertenecientes á 
un cristal de dos milímetros. Este aspec- 
to es del todo análogo al que se observa 
en las figuras de corrosión de los macro- 
cristales (cuarzo con ácido fluorhídrico, 
carbonato de calcio con ácidos, etc.). El 
Fi s- 19 otro tipo se aproxima más bien al halla- 

do en el fierro de algunos meteoritos. 
He comenzado ya á averiguar la causa del fenómeno y aun cuando 
todavía no tengo resultados definitivos, puedo anticipar que el agua 
y las soluciones madres donde ellos se producen, desempeñan un pa- 
pel muy importante. 

En resumen, los .fenómenos observados constituyen un tipo espe- 
cial de corrosión completa de microcristales, destinados á prestar gran- 
des servicios en lo que se refiere al interesante problema de la estruc- 
tura y formación de los mismos. 



IV 



CAMBIO DE FORMA POR LA ADICIÓN DE SUBSTANCIAS EXTRAÑAS 

Como este método permite revelar los más finos detalles, tuve el 
propósito desde el jtrincipio, de estudiar el posible cambio de forma 
y de estructura de dichos microcristales cuando al medio donde ellos 
se producen se añaden substancias extrañas. 



FORMACIÓN IlK LOS MICROCItISTALES DK IOIKJKO DE I'I.OMO 



24!) 



Basándose en los trabajos de Curie, Lehuiann, Wulff, Bertboud y 
de otros investigadores (1) que hacen ver teórica y experimental- 
nieute la influencia que ejercen sobre la forma la tensión superficial, 
la difusión y viscosidad del medio, ensayé la acción de la glicerina, 
substancia capaz de provocar cambios intensos en las propiedades 
mencionadas. 

Desde los primeros ensayos obtuve resultados positivos con solu- 
ciones concentradas, provocando la recristalización del ioduro de 




Fig. 20 



plomo por el procedimiento ya descripto, fenómeno que tiene lugar 
con tanto más lentitud, cuanto mayor es la cantidad de gliceriua pre- 
viamente adicionada. 

El cambio que se produce hacia la forma estrellada con simetría 
también exagonal es notable en las soluciones concentradas (fig. 19 y 
20). Existe una concentración dada á partir de la cual reciéD comien- 



(1) Véase el trabajo de Gkohgtcs Fribdkl, Examen <-rili<iiic <lc la théorie <ie Curie- 
Wulf mir le.x formen eristalines. Application nn.e liquides aniso thropes. [■loar, tic Cli. 
J'h., t. 11, n° 13.) 



AN. SOC. CIKNT. AKti. 



250 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

za á notarse dicho cambio, que se verifica á expensas de una depre- 
sión de los lados del exágono primitivo y un pronunciado crecimiento 
de los vértices. Las corrientes de difusión que parecen dirigirse del 
centro del cristal hacia los vértices desempeña en el fenómeno papel 
preponderante. Las microfotografías 21 y 22 representan un caso 
curioso de derivación de la forma estrellada y triangular á partir de 
la exagonal. 



# 



$ 




Fig. 21 Fig. 22 

El número de observaciones que he practicado es escaso todavía 
para poder sacar conclusiones generales acerca del crecimiento y 
cambios de forma de los microcristales. Pero desde ya se puede an- 
ticipar que estas investigaciones pueden prestar útiles servicios es- 
pecialmente en el caso particular de la génesis y estructura de los 
llamados cristales líquidos y en general en el establecimiento de las 
leyes y teorías de este importante capítulo de la cristalografía físico- 
química. 



Trabajo realizado en el Laboratorio de físico-química de la Facultad de 
ciencias exactas, físicas y naturales de la Universidad de Buenos Aires. 



METAMORFOSIS DE « TAPHROCERÜS ELONGATÜS » Gory 

(coleóptero bdpeéstido) 



Por CARLOS BRUCH 



OBSERVACIONES BIOLÓGICAS 

Este bupréstido es muy abundante en los bosques ribereños de Río 
Santiago (cerca de La Plata), donde lo encontramos en todos sus es- 
tados de desarrollo sobre Scirpus giganteus Ktli., una ciperácea co- 
mún en aquellos terrenos anegados. 

Los coleópteros se alimentan de la misma planta, refugiándose or- 
dinariamente entre sus hojas, donde pasan también la estación de in- 
vierno. En los días templados de la primavera corren sobre la planta, 
comiendo el borde de las hojas más tiernas, el que aparece después 
como irregularmente dentado. 

Las larvas, en cambio, se nutren del parénquima, por consiguiente 
van minando entre las dos paredes, formando galerías ó minas alar- 
gadas perfectamente visibles en la superficie de las hojas : sobre su 
fondo verde se destacan como ampollas ó vesículas blanquecinas. 

La hembra deposita los huevos aislados y solamente en la parte 
superior de la hoja ; las larvas dirigen sus galerías siempre hacia la 
punta y jamás en sentido contrario. Á menudo, y en plantas más fre- 
cuentadas por bupróstidos, se encuentran varias minas en una misma 
hoja; entonces están ya separadas, ya más ó menos contiguas, para- 
lelas ó entrecruzadas, cuando los huevos fueron. depositados demasia- 
do juntos. 

Normalmente mide una mina (fig. 1) unos 12 centímetros de lar- 



252 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 




Figura 1, Hoja rte Scirpus con una mina, 5 / a : a, huevo; b, orificio de salida del coleóptero. -. 
huevo, ,0 /, ; 3, contorno de la larva, '"/, ; 3 o, cabeza de la larva ; 3 b, antena y mitad del 
lahio; 3 c, lengüeta y maxilar; 3 d, mandíbula; 4 y 4 «, ninfa vista dorsal y ventral, "' , ¡ 5, 
exuvias de la ninfa y larva, 1 "/i ; 6, coleóptero, '"/,. 



METAMORFOSIS 1>E « TAPHROCERUS ELONGATUS » GORY 253 

go. En su comienzo es muy estrecha, de medio ó apenas de un milí- 
metro de ancho, ocupando solamente el espacio entre las fibras grue- 
sas longitudinales de la hoja, atravesándolas de vez en cuando, des- 
cribiendo en su trazado una línea en zigzag. Con el crecimiento de 
la larva, la mina va aumentando, hasta que ocupa casi siempre toda la 
mitad de la hoja (entre borde externo y nervadura central), y tiene, 
término medio, un centímetro de ancho. En casos de hojas muy estre- 
chas, o de aglomeración de varias galerías, éstas son mucho más an- 
gostas, pero tienen á veces más de 20 centímetros de largo. La hoja 
resulta entonces demasiado afectada, y al secarse se separan sus dos 
paredes epidérmicas hasta la misma punta, formando una sola vesí- 
cula. Por todo el camino minado, la larva deja detrás de sí sus deyec- 
ciones en forma de granulos semejantes á aserrín. 

Al parecer experimenta solamente dos mudas ó cambios de piel; se 
deduce esto por uno que otro vestigio, encontrados entre aquellos 
residuos. Examinando gran número de minas, he visto solamente en 
algunas, restos de pieles abandonados; una vez muy próximas, como 
á un centímetro del huevo, y otras veces á los 4 ó 5 centímetros de 
distancia; ambas considero como de la primera y segunda muda. 

El insecto pasa también su ninfosis dentro de la misma hoja; pero 
anteriormente, la larva adulta ha retrocedido del extremo de su ga- 
lería, preparándose un amplio espacio, en donde se transforma en 
ninfa. Su color, algo verdoso, se vuelve después más blanquecino, su 
forma más cilindrica y más acortada. 

La ninfa queda con los tres últimos segmentos ventrales envaina- 
dos en la exsuvia ó piel larval ; al nacer la imagen, la exsuvia ninfal 
se abre por una hendedura longitudinal, que separa en dos mitades á 
la cabeza y tórax. Por fln, la imagen tiene que hacer todavía una per- 
foración en la pared de la vieja vesícula, por la cual puede salir de 
su encierre. Esta perforación es un agujero circular de dos milíme- 
tros de diámetro. 

Si bien no me ha sido risible investigar detenidamente la duración 
de todas las fases de desarrollo de nuestro bupréstido, me limitare 
á dar cuenta de algunas observaciones, hechas en los mismos lu- 
gares. 

El 2 de abril de 1910 encontré muchísimos Taphrocerxis, alimen- 
tándose de la ciperácea; entre el gran número de hojas minadas que 
examiné, solamente hubo algunas ninfas, y ninguna larva. Hasta 
principios de noviembre del misino año, los coleópteros se mantenían 



254 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

aun entre las hojas, pero quince días después ya hallé muchos co- 
miendo, otros apareados. El 3 de diciembre pude recoger las prime- 
ras hojas minadas; las galerías tenían 4 á 6 centímetros de largo. 

Durante los meses de diciembre y enero quedaron interrumpidas 
mis observaciones; cuando volví en febrero á Eío Santiago, junté 
unas doscientas hojas con minas, en su mayor parte con larvas, com- 
pletamente desarrolladas y entre ellas apenas una veintena de nin- 
fas. Los coleópteros eran ese día muy escasos. Hubo también, en nú- 
mero inferior, minas á medio terminar, producidas por larvas jóvenes, 
las que atribuyo á una segunda generación. 

Avispas parásitas. — íío obstante la vida oculta que llevan nues- 
tras larvas de Taphrocerus, ellas no escapan á sus perseguidores. Es 
muy común al abrir una mina, de encontrar á pequeñas larvas de hi- 
menópteros devorando el cuerpo de aqxiellas. 

Careciendo de la documentación necesaria, nie es imposible por 
ahora de clasificar esos himenópteros. 

El más abundante es un pequeño calcídido negro azulado, con ca- 
beza, parte superior del tórax, ancas y fémures de un lindo verde me- 
tálico ; el ápice de estos últimos, tibias y tarsos son blanquecinos, el 
iiltimo artejo tarsal es pardusco. 

Otro pertenece probablemente á los bracónidos. 

Es una bonita avispa con alas ligeramente ahumadas é irisadas, 
con antenas muy largas, parduscas. Su color es de un testáceo rojizo, 
los miembros amarillentos, el último artejo tarsal pardusco. 

Las ninfas de estas avispas se desarrollan también entre las gale- 
rías larvales del bupróstido. Las del calcídido son libres, negro azu- 
ladas; las otras encerradas en un capullo alargado de tejido blanco, 
confeccionado por la larva. 



DESCRIPCIÓN DE LOS DIVERSOS ESTADOS DEL INSECTO 

Huevo. — El huevo de color castaño obscuro es liso y lustroso : de 
forma elíptica aplanada; de 1 milímetro de largo, 0,5 milímetros de 
ancho y menos de 0,1 milímetro de espesor. Además está provisto 
de un angosto margen, que corresponde á la substancia viscosa, la 
que fija el huevo sobre la hoja; este margen presenta finísimas estrías 
radiales. 



METAMORFOSIS DE « TAPHEOCERCS EL0NGATU8 » GOKY 25."» 

Larva. — La larva es ápoda, tiene forma alargada y comprimida; 
su cuerpo sublinear, es casi cinco veces más largo que ancho, la ma- 
yor anchura corresponde al tórax y va estrechándose paulatinamente 
hacia, la extremidad posterior. 

Su color es blanquecino, algo verdoso en individuos jóvenes; la 
cabeza es amarillo castaño, las placas quitinosas del protórax (dorsal 
y ventral) son de color amarillo muy pálido. 

Todo el tegumento es muy fino y densamente reticulado, subgra- 
nulado ; los bordes de los segmentos, costados y región posterior del 
cuerpo están cubiertos por una granulación distinta y negra, la que 
da á estas partes un ligero tinte pardusco. 

La cabeza es muy pequeña, subtriangular y muy encogida en el 
pronoto; sus apéndices y piezas bucales son apenas visibles. El labio 
es transversal con los ángulos redondeados, los que llevan cilias com- 
primidas y truncadas. Las antenas son cortas, inarticuladas, con el 
artejo terminal diminuto, fusiforme. Sobre el artejo mediano hay una 
larga seta y algunas cilias en la punta. Detrás de las antenas y sobre 
una leve prominencia lateral se destaca un punto transparente, semi- 
esférico, que debe corresponder á las ocelas. Las mandíbulas son pe- 
queñas pero robustas, tridentadas con el diente basal más ancho y 
obtuso. Las maxilas tienen el lóbulo interno alargado, erizado por al- 
gunas setas comprimidas y truncadas en el ápice ; los palpos son pe- 
queños, biarticulados. La lengüeta es subcuadrada, en los ángulos re- 
dondeada; sus palpos rudimentarios, formados por un sólo artículo 
cilindrico. 

El protórax es transversal, casi tan largo como los dos otros seg- 
mentos torácicos juntos ; hacia adelante es estrechado y redondeado 
en sus ángulos anteriores. Estos dos segmentos, como el primero del 
abdomen son más cortos que los subsiguientes y éstos más ó menos 
iguales; todos ellos tienen los costados redondeados y están provistos 
de irnos cuantos pelos claros. El segmento anal es pequeño, en el ápi- 
ce hendido, bilobado. 

Los orificios de los estigmas están situados en la parte anterolate- 
ral de los segmentos; el primer par en el mesotórax y es lateroven- 
tral, los otros en los ocho segmentos del abdomen son dorsolate- 
rales. 

Ninfa. — La ninfa es de un vivo rojo castaño, lustrosa, y comple- 
tamente glabra; su tegumento es finísimamente reticulado, más bien 
subgranulado, la cutícula gruesa y resistente. 



256 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ÍTo presenta nada de particular : es alargada, plana, más ó menos 
hexagonal, y como un tercio más corta que la larva, pero más ancha, 
y una cuarta parte más larga que la imagen. 

La cabeza es muy inclinada hacia el lado ventral, los dos pares 
anteriores de patas, normalmente plegadas, dejan todo el inesosterno 
libre; de las patas posteriores asoman solamente los tarsos entre el 
metasterno y las pterotecas. Estas son bastante angostas y dejan en 
el dorso todo el abdomen descubierto. Por este lado se ven solamente 
los codos de las dos patas anteriores. Los orificios de los estigmas-son 
dorsales. 

Con la formación del coleóptero, la ninfa se obscurece y adquiere 
un color negruzco con reflejos bronceados. 

Imago. — Los primeros ejemplares de este bupréstido los encon- 
tré hace unos veinte años; fueron clasificados por Kerremans como 
Taphrocerus elongatus. Esta especie era ya conocida desde 1841, des- 
crita por Gory en sn Monographie des Buprestides, supplément IV. 
página 327, lámina 55, figura 320. Los ejemplares típicos procedían 
de Montevideo. 

El coleóptero mide 5 milímetros de largo por 1 ,4 de ancho. Xuestra 
figura 6 reproduce su forma general. Es de un color verde bronceado 
bastante obscuro y uniforme. Toda la superficie, incluso las antenas, 
patas y parte inferior está cubierta por un reticulado sumamente 
denso, pero bien impreso; además lleva gruesos puntos en forma de 
fosetas, con cilias microscópicas, blanquecinas. Dichas fosetas son 
más gruesas en los lados del pronoto; en el abdomen son poco pro- 
fundas, marcadas por un semicírculo impreso. Sobre la frente hay una 
pubescencia dorada y densa. Los élitros llevan puntos seriales, más 
gruesos en la parte anterior y muy finos en la posterior; en el ápice 
son finamente dentados. 



DESCRIPCIÓN DE UN NUEVO GÉNERO 



DOS MEYAS ESPECIES DE ESTAFILÍNIDOS MIRMECÓFILOS 



Pon CARLOS BRUCH 



DIÍVAIÍDOPSIS n. gen. 

Corpus fusiforme latum compressum. Caput transversum convexum 
subtrapesoideum angulatum ; postoccipite coarctatum. Oculi infero-late- 
rales non prominentes. 

Antennae 11 art ¡culatae breves fusoideae. 

Mandibulae subtriangulares , ápice ' f (deiformes non dewtatae; prosthe- 
ca augusta. 

Maxillae protrudentes ; mala interna spinulis compressis armata, ma- 
la externa ciliata. Palpi maxillares triarticulati, articulo terminal i lon- 
go atque cylindraceo. 

Lingula bifida; palpi labiales biarticulati, articulo apical i parvo 
oblongo. 

Mentum transversum conicum antice trwncatum. 

Pronotum transversum, antrorse angustian, angulis posticis rugulosis. 

Scutellum imperspicuum. 

Elytra, lata ad ángulos posticos acuta marginibusque lateralibus ca- 
rinata. 

Prosternum transversum triangulare lonpitudinaliter curiiiatum. 
Processum mesosternale angustian clongatitm ; coxae medianas ampiar 
approximatac. 

Abdomen conoideum, segmentis subaequilongis. 

AN. SOC. CI&NT. Atití. — T. I.XNXI1 17 



258 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Pedes breves; femura compressa late elliptica; tibiae tenues; tarsi 
antevi et medii 4-, postici 5- articulati. 



Typus : D. solenopsidieola n. spee. 

Long. : 3 mm., antennis inclusis. Lat. : 1 mm. 

Seviceo-nitens ; flavo-castanea ; caput rufum, abdominis dorsum via 
fuscum, buceóles partes flameantes ; antennae fusculae, articulis apicali 

ac duobus basalibus pallide flavidulis. 
Corpus totum dense punctulis piUfe- 
ris conspevsum : pilis pertenues flavo- 
aurei, super abdomen longiores; abdo- 
minis segmenta terminalia setis validis 
nigris donata. 

Características del género. — El nue- 
vo género pertenece á la subfamilia 
Aleocharinae y corresponde á la tribu 
de los Dinardini neotrópicos, los cua- 
les no son directamente emparentados 
con los Dinardini del YÍejo mundo. 
Por su hábito, ó simple convergencia 
se asemeja mucho al género Dinavda 
Leach, por la forma comprimida del 
cuerpo, los ángulos posteriores del 
pronoto, su margen lateral y el de los 
élitros, que son carenados, y por la 
forma de las antenas. También po- 
dríamos acercarlo al género Myvmeco- 
chara Kraatz (Euthovax Solier), del 
cual se conocen ya varias especies. 

Dinardopsis solenopsidicola Brucli hllésnedeS de SoleUOHtis 

(40 vec. aura.) 

El cuerpo es fusiforme, bastante 

ancho y comprimido. 

La cabeza moderadamente convexa es dos veces más ancha que 

larga, angulosa, de forma subtrapezoidal ; su borde anterior es bi- 

sinuado: una extrangulación postoccipital determina un cuello corto. 

Los ojos están situados en la región inferobasal de la cabeza, no 

prominentes, son invisibles desde arriba. 




NUEVAS ESl'ECIES DE ESTAFILÍNIDOS MIRMECÓFILOS 259 

Las antenas son cortas, espesas y fusiformes; sus 11 artículos son 




Figura 1, Dinardopsis solenopsidicola lírueh, según preparación en bálsamo cañada, '" , : -. ¡in- 
tena ; 3. mandíbula; 4, maxila, lengüeta y mentón; ■">. lengüeta y palpos labiales; 0, tórax 
visto por debajo; 7, tarso do la pata anterior; S, tarso de la posterior. 



transversales, menos el apical, que es cónico y tan largo como los i 
precedentes juntos. 



260 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Las mandíbulas son triangulares, falciformes hacia el ápice, el bor- 
de no dentado, provisto de membrana (prostheea) angosta. 

Las maxilas son salientes ; el lóbulo interno lleva espinas compri- 
midas, algo curvas ; el externo es abundantemente ciliado. Los palpos 
maxilares son inarticulados; el artículo básales obcónico, subglobu- 
lar, el mediano cilindrico, lo mismo que el terminal mucho más del- 
gado. 

La lengüeta es bíñda; los palpos labiales son biarticulados con el 
artículo apical pequeño y oblongo. El mentón es transversal, cónico, 
adelante truncado. 

El pronoto es dos veces más ancho que largo, hacia adelante estre- 
chado; su borde anterior anchamente escotado, el posterior recurvo 
con los ángulos bastantes avanzados ; el margen pleural es algo re- 
plegado. 

El escudete es invisible. 

Los élitros anchos, tienen los ángulos posteriores agudos, el mar- 
gen pleural también replegado y carenado. 

El prosterno es transversal, triangular y presenta una finísima ca- 
rena longitudinal. El proceso mesosternal delgado, alargado: las 
ancas medianas son amplias, muy aproximadas. 

Los segmentos del abdomen cónico, son subiguales en largo y trun- 
cados en el ápice. 

Las patas son relativamente cortas; los fémures comprimidos, an- 
chamente elípticos; las tibias son delgadas, algo más cortas que los 
fémures. 

Los tarsos anteriores y medianos poseen cuatro, los posteriores 
cinco artículos con las uñas simples. 

Características de la especie. — Esta especie es de color castaño 
amarillo. La cabeza es apenas más obscura, algo rojiza, el dorso del 
abdomen ligeramente pardusco; las antenas son pardas con los dos 
artículos básales y el terminal amarillento pálidos, lo mismo que los 
órganos bucales. 

Todo el insecto tiene aspecto sedoso y está cubierto de puntos pi- 
líferos; los pelillos son tenues, adyacentes y de un lindo amarillo 
de oro. 

En los segmentos posteriores del abdomen esta pubescencia es más 
fuerte y más separada, mezclada con pelos setosos, negros y algo en- 
corvados. 



NUEVAS ESPECIES DE ESTAFILÍNIDOS MIRMECÓF1L0S 261 

Procedencia. — La Plata. Este interesante y bonito estafilínido vive 
en los nidos de nuestra hormiga Solenopsis saevissima Sin., y debe ser 
considerada como mirmecófilo típico. 

No es raro en ciertos lugares de los alrededores de esta ciudad : 
liemos encontrado ya más de cien ejemplares, siempre en nidos donde 
abunda también el gracioso pseláfldo Fusüger elegans Raft'r., y la 
chinche Neoblissus parasitaster Bergroth. Guando lo descubrí, en el 
invierno pasado (15, VI, 1916), hallé los primeros individuos refugia 
dos en las cámaras inferiores del nido y éntrelas hormigas aglomera- 
das. Durante la estación templada, lo encontramos en la parte supe- 
rior del hormiguero, muchas veces debajo de la misma costra que cu- 
bre la cúpula. Es sumamente lucífuga y desaparece en seguida de la 
superficie del suelo. 

En diciembre pasado guardé varios ejemplares en un pequeño nido 
artificial, sin que pudiera observar cuidado alguno por parte de las 
hormigas. Éstas los toleran, pero no parecen preocuparse mayormen- 
te de sus huéspedes, los cuales saben aprovecharse de sus alimentos 
ó de los desperdicios. Jamás he visto que una hormiga llevara ó trans- 
portara á un estafilínido, mientras que lo hacen á menudo con los 
pseláfidos, quienes se prenden á sirs miembi*os. 



Myrmecoehara (Euthorax) solenopsidis n. spec. 

Long. : 2 mm., antennis exclusis; lat. : 1,2 mm. 

Flavo-testacea subnitens, abdomen nonnihil obscurius atque tnagis ni- 
tidum ; caput fuscwm . 

Corpus latum sai compressum. 

Caput, thorax atque elytru pubescentia densa tentti brevi adpressa ves- 
tita. Abdomen laeve lateribus pilosum atque ad margines omnium seg- 
mentorum serie setularum nigrarum simplice ornatum. 

Pubescentia leniter magis robusta ad superjicem inferam et ad pedum 
partes. 

De un íiavo-testáceo, el abdomen algo más obscuro y más lustroso, 
la cabeza pardusca. Cuerpo ancho y bastante comprimido. 

Cabeza, tórax y élitros están cubiertos por una pubescencia ama- 
rillenta., sumamente tenue, corta y adyacente. El abdomen es liso, 
provisto de pelos en su borde marginal y en los segmentos termina- 
les, y de una hilera de setas negras, que nacen sobre el borde poste 



262 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

rior de cada segmento. La pubescencia es algo más gruesa en la par- 
te inferior y sobre los miembros. 




2ly rmtícochara (Euthorax) solenopsidis Brucli (40 vec. auffl.l 

La cabeza es normalmente muy inclinada, bastante más ancha que 
larga. Las antenas sobresalen al protórax, son delgadas, apenas más 
engrosadas hacia el ápice; el tercer artículo es doble más largo que 



NUEVAS ESPECIES DE ESTAFILÍNIDOS MIRMKCÓFIL08 



26:; 



el segundo, los siguientes subiguales, obcónicos; el terminal es agu- 
do cónico y dos veces más largo que el tercero. Los órganos bucales 
pueden verse en nuestras figuras. 

El pronoto es dos veces más ancho que largo, estrechado hacia 
adelante, con el margen anterior anchamente escotado, el posterior 
truncado con los ángulos bastante avanzados hacia atrás. 




<*Hj 



a, cabeza vista por arriba; b. maxila y palpo maxilar: c, lengüeta ,v palpos labiales 
(/, tarso (le la pata posterior 



Los élitros son anchos, poco convexos; casi tan largos como el pro- 
noto, algo estrechados en la base y en el ápice tan anchos como aquél; 
tienen su margen posterior hacia los ángulos ligeramente escotado y 
estos últimos bastante agudos. 

El escudete es pequeño, triangular, casi oculto debajo del pin 
noto. 

El abdomen es corto, siibtriangular. tan ancho como largo en el in- 
secto secado. 



264 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Las patas son delgadas, las tibias y los tarsos posteriores dos ve- 
ces más largos que los anteriores. 

Procedencia, — Humatmaca (provincia de Jujuy, 20, VIII, 1904). 
El único ejemplar hallado lo fué debajo de una piedra y en compañía 
de Solenopsis saevissima Sm. Me fué indicado por el distinguido es- 
pecialista doctor Bernliauer como especie nueva, por lo cual me de- 
cidí á describirla. He aprovechado mis preparaciones de los órganos 
bucales, agregando los dibujos, que pueden servir para la compara- 
ción con los de la especie precedente. 

La Plata, enero de 1917. 



EL PRIMER HALLAZGO ARQUEOLÓGICO 

en la isla de martín garcía (1) 
Por Félix f. outes 



Á Juan Nülsen. 



Tenía para mi, que la isla de Martín García, del punto de vista ar- 
queológico, constituía un campo de investigación absolutamente es- 
téril. Y fundaba mi creencia en razones atendibles. 

En primer término, de las informaciones histórico-documentales á 
nuestro alcance, inferíase, con sobrado fundamento, que en el mo- 
mento de la conquista española, la isla estaba despoblada. 

No quiero referirme, desde luego, al momento inicial : es sabido 
que de la malograda expedición de Juan Díaz de Solís (1515-1516), 
sólo se han conservado la versión de su epílogo trágico y los itinera- 
rios hechizos que corren en conocidas crónicas ; mientras los escuetos 
informes contenidos en el cuaderno de bitácora de Francisco Albo, 
aquel contramaestre de la « nao » Trinidad, bien poco aclaran las cir- 
cunstancias del reconocimiento que, por enero de 1520, hiciera la 
«nao» Santiago, de la misma escuadra del inmortal Magallanes, has- 
ta la boca del Uruguay. 

En los documentos de fecha posterior era donde encontraban asi- 
dero mis sospechas. 

Luis Ramírez, de la expedición de Sebastián Caboto (1527), que 
llegó de arribada á la isla en el curso de una excursión realizada a lo 
largo del litoral oriental del estuario, en procura de alimentos para 

(1) Comunicación á la Sociedad argentina de Ciencias Naturales, leída en su 
reunión del 17 de febrero de 1917. 

AN. SOC. C1ENT. AHG. — T. LXXXU 18 



266 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

remediar las escaseces que se experimentaban en San Lázaro, da á 
entender claramente, que estaba deshabitada, y afirma que le fué im- 
posible encontrar recurso alguno, no obstante haber permanecido allí 
cuatro días (1). 

Algunos años más tarde, en 1531, Pero Lopes de Souza, recala 
también en la isla, que llama de Santa Ana ; y de su interesante relato 
de viaje, puede inferirse, asimismo, y con plena certeza, que aquella 
se hallaba deshabitada. En efecto, el descubridor portugués durante 
los tres días que permaneció en Martín García, llegó á internarse en 
la isla; sus hombres hicieron grandes fogatas en tres lugares distin- 
tos para ver — dice — se nos acudía gente, pero sólo divisaron huma- 
redas lejanas, que, desde lo alto de los grandes árboles, pudieron 
constatar se elevaban de tierras arboladas y anegadizos esfumados 
en el horizonte (2). 

Por último, las instrucciones que en 15él dejara Domingo Martí- 
nez de Irala al despoblar á Buenos Aires, contienen ciertas insinua- 
ciones respecto á la conveniencia de criar ganado porcino en la isla 
de Martín García, que surge de ello la convicción de que se trataba 
también por entonces, de un lugar deshabitado en absoluto (3). 

En segundo término, y corroborando, siquiera en parte, los apre- 
ciables elementos de juicio á que me he referido, nunca había sido 
hecho en el pequeño territorio de la isla hallazgo arqueológico algu- 
no, no obstante tratarse de una localidad muy frecuentada en \o& úl- 
timos tiempos y donde se han levantado, también, amplias construc- 
ciones que dieron lugar á grandes removidas del suelo. 

Mas, si la isla de Martín García estaba despoblada cuando llega- 
ron los descubridores y conquistadores del siglo xvi, el interesante 
hallazgo arqueológico de que voy á ocuparme, demuestra, sobrada- 
mente, que en ella hubo, con anterioridad al momento histórico alu- 
dido, un núcleo aborigen que, al parecer, la habitó con cierta perma- 
nencia desde que dejó depositados allí, á sus caros muertos. 



(1) Luis Ramírez, Carta, en Eduardo Madero, Historia del puerto de Bueno» 
Aires, I, 339. Buenos Aires, 1892. 

(2) Pero Lopes de Souza, Diario da naregacáo da armada que foi á térra do 
Brasil em 1530 sob a capitania-mor de Hartim Affonso de Sonsa, 42 y siguiente. 
Lisboa, 1839. 

(3) E. S. Zeballos, Orígenes nacionales. Despoblación de Buenos Ayres [síe] por 
Traía el 10 de abril de 1541, en Boletín del Instituto geográfico argentino, XIX, 266. 
Únenos Aires, 1898. 



EL PRIMER HALLAZGO ARQUEOLÓGICO 267 

Corresponde al personal del Museo nacional de Historia Natural 
de Buenos Aires, en cuyo haber figuran tan interesantes descubri- 
mientos y constataciones verificados en los últimos tiempos, la buena 
suerte de liaber realizado el primer hallazgo; augura!, sin duda, de 
otros más importantes. 

Las circunstancias de lugar y de modo que rodean el descubri- 
miento, son las que voy á recordar á continuación, tal cual me las ha 
referido el señor don Antonio Pozzi, preparador del Museo, quien ob- 
tuvo, ocasionalmente, el material arqueológico. 

Hacia el noroeste de la isla, en las proximidades del antiguo mue- 
lle que sirvió para facilitarla carga de la arena que en otra época de 
allí se extraía, existe un grupo de médanos, cuya altura no excede 
de 10 metros. Esa acumulación detrítica fué removida ampliamente 
mientras se realizó la explotación referida ; y tales trabajos, quizá, 
pusieron al descubierto el cementerio indígena cuyos restos ha en- 
contrado el señor Pozzi. 

El material traído á Buenos Aires, fué obtenido superficialmen- 
te, se hallaba mezclado y destruido por completo ; y aunque esca- 
so por su niímero, puede considerarse altamente representativo. 
Comprende algunos restos óseos humanos (1), 42 fragmentos de al- 
farería, 2 fragmentos de roca y varios moluscos marinos y de agua 
dulce (2). 

Voy á resumir las observaciones que me sugiere el referido ma- 
terial. 

Los restos humanos carecen de importancia : se trata, simplemen- 
te, de un pequeño fragmento, quizá de parietal, de una vértebra cer- 
vical y de otra lumbar, sumamente destruida. Estos huesos ofrecen 
una coloración blanco marfilina ó grisácea y están mal conservados, 
pues parece han permanecido largo tiempo á la intemperie. 

La alfarería, en cambio, forma una serie interesante, que comprendí' 
ejemplares lisos y otros con ornamentos grabados ó pintados. 

Considerada en su conjunto, representa á una industria bastante 
avanzada, dadas sus particularidades tecnológicas. 

Observaré, en primer término, que no existe homogeneidad per- 
fecta entre las partes componentes de la pasta cerámica empleada. 



(1) Números J823 á 4825 de las colecciones del Museo nacional de Historia Na- 
tural de Buenos Aires. 

(2) Números 4826 á 1873 de las colecciones del Museo nacional de Historia Na- 
tural de Únenos Aires. 



268 ANAT.ES de i.a sociedad científica argentina 

pues se ha agregado como dégraixsant á la materia plástica esencial, 
la misma arena, regularmente gruesa, de los médanos del lugar, y 
cuyos elementos de tamaño variable — especialmente cuarzo y sílice 
— se ven difundidos en la pasta. ÍTo se crea que la alfarería encon- 
trada en Martín García, ofrezca, por ello, un carácter primitivo. Por 
el contrario, la introducción de materias « áridas » en las pastas, im- 
plica el conocimiento de un procedimiento tecnológico avanzado. En 
efecto, los dégraissants actúan sobre las pastas cerámicas como me- 
dios mecánicos ó físicos de división, ejercen una influencia apreciadle 
sobre su fusibilidad y con la falta de homogeneidad que ellos origi- 
nan, contribuyen á hacerlas menos frágiles y más resistentes, por lo 
tanto, á los golpes y variaciones de temperatura ; vale decir, y esto 
es lo más importante, evitan los diversos inconvenientes determina- 
dos por una plasticidad exagerada. 

El modelado de la mayor parte de los vasos, se ha verificado me- 
diante el conocido procedimiento de la superposición de rodetes, más 
ó menos gruesos, de la pasta cerámica. La altura de esos rodetes os- 
cila entre 18 y 10 milímetros. 

La cocción siempre es incompleta, notándose, por ello, en las sec- 
ciones, tres zonas bien definidas : bermeja ó parda, la esterna; ne- 
gra, la media; y bermeja ó parda, la interna. Conviene hacer notar, 
sin embargo, que la superficie externa de los vasos con ornamentos 
grabados, es, casi siempre, de color pardo ; y que, excepcionalmente. 
las superficies interna ó externa ofrecen una coloración negra ó térra- 
cotta franca. 

Todos los fragmentos son dm-os, verdaderamente tenaces, tanto, 
que no pueden rayarse con la uña. 

En fin, la totalidad de los vasos, ya sean lisos ó con ornamentos 
grabados ó pintados, han sido bien pulimentados, en especial su su- 
perficie interna, aunque á las veces, se notan estrías finas ó asperezas 
poco niani fiestas. 

Tratándose de piezas muy destruidas, menudamente fragmenta- 
das, es casi imposible determinar la forma de todos los vasos ó in- 
tentar su reconstrucción. En general, sólo puede asegurarse, que los 
más de ellos, corresponden á tipos zonarios ventricosos, constituidos 
por una gran zona inferior campanuliforme ó hemisférica y una. dos 
ó tres superiores de menor altura. La zona inferior y la que la sigue. 
se unen, siempre, por su base mayor; mientras, por lo general, la ter- 
cera, cuando existe, lo hace por la menor, mediante una estrangula- 
ción sensible. 



EL PKIMEK HALLAZGO ARQUEOLÓGICO 269 

Por la causa apuntada, tampoco es posible fijar en la mayoría de 
los casos, ni aun aproximadamente, el diámetro de la boca : sólo en 
uno he podido obtenerlo y alcanza á 542 milímetros. Con todo, puedo 
insinuar que muchos fragmentos corresponden á urnas de gran tama- 




Fig. 1 (4840) 






Fig. 2 (4853) Fig. 3 (4847) Fig. 4 (4831) 

Colee. Mus. Nac. Hist. Nat. , ± '/t 



Fig. 5 (4856) 



ño y otros, á pequeños vasos, destinados á usos domésticos. Estas in- 
ferencias se corroboran al examinar el espesor de las paredes : así, 
en los fragmentos que considero como pertenecientes á urnas, oscila 




Fig. U (4826), colee. Mus. Nac. Hist. Nat., + '/, 



entre 17 y 10 milímetros; mientras en el segundo caso, vana entre 
9 y 5 milímetros. 

Entre las alfarerías de que vengo ocupándome, figuran un buen 
número de bordes. Casi todos ellos son sencillos y redondeados, las 
más de las veces ligeramente plegados hacia el exterior (fig. 1 y 2), y. 



270 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 




7 (4835), colee. Mus. Nac. Hist. ífat. 
±7, 



pocas formando un labio pronunciado (fig. 3). ó verticales al plano de 
la boca (fig. 4). En un solo caso el borde está constituido por una 
banda saliente que determina una garganta pronunciada (fig. 5). 

Tales son las diversas particularidades de la alfarería hallada en 
Martín García por el señor Pozzi, pues, la verdad es que no existen 
caracteres diferenciales entre los ejemplares lisos y los ornamenta- 
dos con grabados ó pintados. 

Los ornamentos consisten, co- 
mo lo lie dicho al pasar, en graba- 
dos y pinturas. 

En el primer caso, es lo cierto 
que sólo por extensión puede ha- 
blarse de grabados, pues, en rea- 
lidad, se trata de impresiones he- 
chas con los dedos ó uñas del 
alfarero. 

Este procedimiento tan elemen- 
tal, ofrece tres grupos bien marcados. El primero está constituido 
por series rítmicas de impresiones digitales, hechas sobre los rodetes 
de pasta aun fresca, con ayuda de la yema y de la uña del dedo pul- 
gar (fig. 6). En el segundo caso, las presiones se han producido tan 
sólo con la uña y el borde de la yema (fig. 7). Ahora bien, como en 
ambos casos las presiones se han ejercido siempre oblicuamente, han 
determinado un tipo de ornamentación imbri- 
cada sumamente característico, que parece ha 
cubierto casi la totalidad de la superficie ex- 
terna, del vaso hasta el mismo borde. Por últi- 
mo, en el tercer grupo sólo intervienen impre- 
siones unguiculares en series rítmicas (fig. 8). 
Respecto al empleo de la pintura, observo 
que, en ciertos casos, se trata únicamente, de 
la aplicación de un color uniforme en determi- 
nada parte del vaso; mientras en otros, aquella aplicación se comple- 
menta mediante verdaderos motivos ornamentales trazados con la 
ayuda de otro color. 

Cuando la aplicación de pintura es uniforme, se ha cubierto con 
ella la superficie interna de los vasos lisos y se ha empleado el rojo 
vi yo ó un rojo violáceo; ó forma una banda — en este caso blanca — 
que comprende las zonas superiores de los grandes vasos. Pero haré 
notar, que, en ningún caso, la alfarería con ornamentación imbricada 




Fig. 8 (4848), colee. Mus. 
Nac. Hist. Xat., 4- '/ 



EL PRIMEE HALLAZGO ARQUEOLÓGICO 



271 



ó con impresiones unguiculares muestra el menor rastro dé pintura. 

Los fragmentos de alfarerías correspondientes á vasos con verda- 
deros ornamentos pintados, parecen ser sumamente escasos ; el señor 
Pozzi La recogido sólo dos ejemplares. 

Del punto de vista tecnológico no ofrecen — repito — caracteres 
diferenciales que los distingan de la alfarería lisa ó de la ornamen- 
tada con grabados. 

Los colores empleados son el blanco y el rojo; el primero, aplicado 
como fondo y el segundo, utilizado tan sólo para los ornamentos. 

Al parecer, ambos' colores cubren, vínicamente, las estrechas zonas 
superiores de los vasos y no 
llegan al vientre de los mismos. 
Por aquella circunstancia, los 
ornamentos forman registros 
horizontales coincidentes con 
el ancho de las zonas, y se ha- 
llan separados entre sí, por una 
estrecha, faja roja. Eodeando la 
periferia del borde y cubriendo 
á este mismo, se nota, también, 
una faja roja. 

En cuanto á los ornamentos, 
en sí mismos, mis observacio- 
nes no pueden ser sino limita- 
das, pues uno de los ejempla- 
res los tiene borrados casi por 
completo. 

Justamente en la pieza á que acabo de referirme, el registro infe- 
rior parece haber comprendido cuadrados ó rectángulos «concéntri- 
cos » — permítaseme tal expresión — dispuestos en forma de greca : 
en cambio, en el registro superior, próximo al borde, se notan rastros 
de elementos curvilíneos. 

En el otro ejemplar traído por el señor Pozzi, los ornamentos se 
conservan en muy buenas condiciones. El registro inferior comprende 
un elegante motivo formado por curvas sigmoides, cuyo desarrollo dé 
composición es imposible determinar por la pequenez del fragmento: 
y, en el superior, un amplio reticulado (tig. 9). 

Conviene se sepa, por último, que los ornamentos en el primer caso 
á. que me he referido, están formados por lineas gruesas, y en el se- 
gundo, por finos y seguros trazos. 




Fig. 9 (4S40), colee. Mus. Kac. Hist. Xat., + '/, 



272 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Posteriormente a la lectura de esta comunicación ante la Sociedad 
argentina de Ciencias Naturales, el profesor don Juan B. Ambrosetti 
recibió de Martín García una pequeña serie de alfarerías, obtenida 
en el mismo yacimiento descubierto por el señor Pozzi. Mi distin- 
guido colega ha tenido la fineza de facilitármelas ; y, entre ellas, lie 
encontrado un pequeño fragmento pintado de blanco y con ornamen- 
to rojos, consistentes en líneas quebradas que ocupan la estrecha zona 
próxima al borde (fig. 10), las que determinan un motivo de aspecto 
eskeiomórfico. 

Del resto del material reunido por el señor Pozzi, bien poco tengo 
que decir. Las rocas á que aludí, al iniciar esta comunicación, son 




Fig. 10 (22.7SD), oolec. Mus. Etnog. Fac. Fil. y Let., ± '/, 

dos fragmentos informes de sílice, extraños desde luego, á la isla: de 
los moluscos marinos y fluviales, se ha ocupado — con su habitual 
competencia — el profesor don Martín Doello-Jurado, quien ha pun- 
tualizado hechos importantísimos (1); y sólo me quedaría por añadir 
que junto con los objetos, fué hallado un fragmento de mandíbula de 
«dentudo». 

Quiero, sin embargo, antes de pasar á precisar la procedencia cul- 
tural del hallazgo de Martín García, resumir las interesantes observa- 
ciones malacológicas del profesor Doello-Jurado. 

Los moluscos traídos por el señor Pozzi son : un ejemplar de Am- 
pullaria megastoma Sow. ; un fragmento, quizá de Ampullaria insula- 
rum d'Orb., ó de A. canaliculata Lmk. ; un fragmento de Diplodon sp., 



(1) Martín Doello-Jurado, Conahyliologia archaeologica. Moluscos hallados en 
el cementerio indígena de Martín García. Esta comunicación, aun inédita, se publi- 
cará, posiblemente, en revista Phijsis, órgano de la Sociedad argentina de Ciencias 
Naturales, 



EL PRIMER HALLAZGO ARQUEOLÓGICO 273 

y un ejemplar, que comprende sólo el último anfracto, de Urosalpmx 
Rwhi Pilsbry. 

La presencia de los tres primeros elementos, no tiene mayor sig- 
nificación; acaso sólo resulte sugerente el hecho de haberse encon- 
trado A. megastoma en Martín García, si se recuerda que dicha especie 
vive, actualmente, en el río Uruguay. Si dicho elemento no existiera 
en realidad en la isla, habría sido traído par los indígenas desde el 
litoral uruguayo que constituye su actual habitat. 

En cambio, el hallazgo de Urosalpinx Bushi reviste singular im- 
portancia, por lo que representa en sí mismo y por los hechos arqueo- 
lógicos á que se halla vinculado. 

Ante todo, se trata de una especie que vive actualmente en el mar, 
fuera de la embocadura del río de la Plata, y que se presenta subfósil 
en los depósitos pleistocenos de Punta Carretas (alrededores de Mon- 
tevideo) y de Concepción del Uruguay (Entre Ríos); además, se la ha 
encontrado en yacimientos arqueológicos distribuidos en una área 
territorial sumamente extensa. 

En efecto, el profesor don José H. Figueira, encontró ejemplares 
de Urosalpinx Bushi, junto con otros moluscos, debajo de los cráneos 
indígenas hallados en los túmulos de San Luis (departamento de Bo- 
cha, República Oriental del Uruguay) (1); el doctor Luis María To- 
rres, ha obtenido la misma especie en los enterratorios aborígenes 
del Delta paranaense (2), y el profesor Doello-Jurado ha tenido opor- 
tunidad de ver en Tucumán, algunos ejemplares que se suponía pro- 
cedieran de yacimientos indígenas de la provincia. 

Los ejemplares procedentes de los túmulos de San Luis, el obtenido 
en el cementerio de Martín García y los conservados en el Museo de 
Tucumán, presentan todos la misma fractura, que es intencional, 
como lo constata Martín Doello-Jurado, y hecha con el propósito de 



(1) Á propósito de los interesantes cementerios indígenas de la región de San 
Luis, consúltese el relato publicado por el profesor José Areehavaleta (Viaje d 
San Luis, en El Uruguay en la exposición Mstórico-americana de Madrid. 100 y si- 
guientes. Montevideo, 1892). Conviene se sepa, que el profesor Areeliavaleta no 
menciona ¡í Urosalpinx Bushi (Ibid, 104), cuyo hallazgo y ejemplares lia conocido 
y examinado el profesor Doello-Jurado, debido ¡í las circunstancias ([tic menciona 
en su interesante nota. 

(2) Luis María Torres, tos primitivos haoitantes del Delta del Paraná, 135 y 

siguiente. Buenos Aires, 1913. lis sensible que el doctor Torres no haya deter- 
minado con precisión, el yacimiento en el cual obtuvo los ejemplares de tTrosal- 
pinx : su referencia es sólo general. 



274 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

que la extremidad inferior del uno se introduzca en el hueco determi- 
nado por la fractura en el ápice del otro (1). Puede, pues, afirmarse con 
plena certeza que. se trata de elementos para collares, brazaletes, etc. 
Por otra parte, el hallazgo de Urosalpinx Rushi en yacimientos 
tan distantes entre sí, induce á suponer amplios intercambios, que en 
el caso de haber sido obtenida la especie en las playas marinas del 
Atlántico y proceder de un yacimiento tucumano los ejemplares con- 
servados en el museo de aquella provincia argentina, representarían 
una corriente de comercio primitivo de oriente hacia occidente, cuya 
existencia se señalaría por vez primera. 

¿Puede establecerse, con relativa certeza, la procedencia cultural 
de los diversos materiales obtenidos en Martín García? 

La verdad es que si el señor Pozzi hubiere reunido allí sólo los 
fragmentos de alfarería lisa, y aun los con ornamentos imbricados ó 
impresiones unguiculares, su descubrimiento no tendría valor indi- 
cador alguno. Ese tipo de ornamentación elemental, se presenta en la 
alfarería indígena de Martín García como en la de los Chiriguanos de 
Bolivia ; se ha señalado en los cementerios del nordeste de la Repú- 
blica Oriental del Uruguay ; en las estaciones neolíticas bonaerenses 
del litoral atlántico, al norte del 37° de latitud sur; en los enterrato- 
rios de la región meridional de Entre Eíos; o domina, casi en abso- 
luta, en la cuenca del Alto Paraná. 

La verdadera « etiqueta » del hallazgo, la proporciona la alfarería 
con ornamentos pintados; esos fragmentos de vasos que ofrecen un 
bello fondo blanco, sobre el cual se han trazado dibujos rojos más ó 
menos complicados. En este caso, no se trata de posibles convergen- 
cias, sino de una ecuación étnica que cobra singular valor indicador. 

La alfarería pintada á que aludo, se ha señalado, hasta ahora, á lo 
largo de la cuenca del Paraná y en algunas localidades situadas en 
el curso inferior del Uruguay. Son otros tantos jalones, de importan- 
cia desigual, es cierto, pero que permiten fijar el área de dispersión de 
la cultura que representan y hasta determinar, si acaso, su proceden- 
cia étnica. 



(1) El doctor Torres no proporciona, en su libro, referencia alguna respecto 
á las condiciones como fueron hallados los ejemplares de Urosalpinx, su estado, 
etc. ; ejemplares que Martín Doello-Jurado no había podido examinar hasta el mo- 
mento de redactar su nota. Por estos motivos, es imposible saber si presentan la 
misma fractura de los obtenidos en los otros yacimientos á que aludo en el texto. 



EL PRIMER HALLAZGO ARQUEOLÓGICO 275 

En la cuenca del primer río nombrado, los hallazgos extremos, rea- 
lizados en la región del Delta bonaerense próximo al partido de Las 
Conchas (1) y en Tacurú Pucú (Paraguay), Yaguarazapá (Paraguay) 
y Colonia militar brasilera del Iguazú (estado de Paraná) 12), sobre 
el Alto Paraná, tienen verdadera importancia, pues se trata de cemen- 
terios en los cuales se han presentado, asociadas, la alfarería con or- 
namentos imbricados ó unguiculares y la pintada de blanco y rojo. 
Por desgracia, los otros hallazgos verificados en una construcción 
tumnlar del río Carabelas (Delta bonaerense); en lugares indetermi- 
nados, situados sobre ese mismo río y el Paraná Miní ; en la isla de 
Paycarabí (3) y los alrededores de Puerto Gómez (provincia de Santa 
Fe) (4). son «manifestaciones» esporádicas, que apenas constituyen 
otros tantos eslabones. 

He dicho que la alferería blanca y roja también se ha señalado en 
la cuenca del Uruguay, pero en su curso inferior. En efecto, el profe- 
sor José H. Figueira ha divulgado un fragmento elegantemente or- 
namentado, que obtuvo « en las ruinas de la antigua reducción de 
Santo Domingo de Soriano » (5) ; y durante sus investigaciones en 
la isla del Vizcaíno, próxima á la desembocadura del río Negro y á la 
antigua población citada, tuvo la fortuna de hallar en un mismo en- 
terratorio, dos urnas : una con ornamentación imbricada típica y la 
otra, que ofrecería las pinturas rojas características (6). 

Sea como fuere, los ejemplares de alfarería pintada de blanco 
y rojo obtenidos en las diversas localidades nombradas se les halla 



(1) Burmhister, Sur les cránes, les mceurs et l'industrie des anciens Indiens de 
la Plata, en Congres inie.rnational d' Anthropologie et d' Arehéologie prehistoriques. 
Compte renda de la 6 e session, Bruxelles, 1873, 348 y siguiente. Bruxelles, 1873. 

(2) Juan B. Ambrosetti, Los cementerios prehistóricos del Alto Paraná (Misio- 
nes), en Boletín del Instituto geográfico argentino, XVI, 229, 243, 244, 247. 24S. 
249, 251, figuras 5, 13 y 14 de la lámina, y K del texto. Buenos Aires, 1895. 

(3) Torrbs, Ibid., 92 y siguiente; 391, nota 2; 408 y siguiente, figura 165. 

(4) Luis María Torres, Arqueología de la cuenca del río Paraná, en Perista 
del Museo de La Plata, XIV, 115, figura 37. Buenos Aires, 1907. 

(5) José H. Figueira, Chañas, en Orestes Araú.io, Diccionario geográfico del 
Uruguay, 223, figura 2. Montevideo, 1900. 

(6) Figueira, Chañas, etc., 222, lig. 1; Torres, Los primitivo*, etc.. 409 j 
siguiente. Nada dice Figueira respecto :í la urna pintada, hallada en la isla del 
Vizcaíno (Chañas, etc., 223, nota 2); y la referencia que de ella hace Torres en 
su obra,, es tan ambigua — «de superficie lisa y pintada de rojo con ornamentos 
geometrizados » — que ello justifica mis reservas al mencionarla en el texto. 



276 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

asociados, cuando se trata de yacimientos primarios, á las glandes 
urnas funerarias y vasos int'undibuliformes ó campanuliformes orna- 
mentados con elementos imbricados é impresiones unguiciüares : y. 
asimismo, ofrecen entre sí una unidad estilística absoluta. Estos son 
los hechos esenciales que es menester puntualizar y recordar. 

Ahora bien, la cultura representada por las referidas « manifesta- 
ciones», es una cultura exclusivamente litoral. Se ha desarrollado á 
lo largo de la cuenca del Paraná y quizá también del Uruguay, ocu- 
pando sólo determinadas islas ó lugares ribereños circunscriptos de 
las márgenes de ambos ríos, y no existe el menor indicio de que pue- 
da haber llegado á penetrar en la región interior mesopotámica entre- 
rriana ó correntina. 

Posee, además, y como lo he puntualizado, caracteres propios tan 
marcados que es fácil singularizarla entre otras culturas primitivas, 
cuyos rastros se señalan en las mismas regiones : así, no existe punto 
alguno de contacto entre sus restos materiales y los rjertenecientes á 
las agrupaciones indígenas, que en el curso inferior del Paraná, ente- 
rraban á sus muertos en construcciones tumulares; ni tampoco lo hay, 
si se les compara con los dejados desde el 29° de latitud sur en la 
cuenca de ese río, por otro pueblo que sabía modelar hermosas figuras 
de animales, pájaros y aun groseras representaciones humanoides (1). 

¿ Cuál es, pues, dicha cultura ? 

José H. Figueira y Luis María Torres entienden que la alfarería 
pintada de blanco y rojo debe referirse á los Chañas. 

Ignoro las razones que pueda invocar el primero en apoyo de su 
afirmación : acaso el descubrimiento del fragmento, á que he aludido. 
en el lugar de Santo Domingo de Soriano, haya determinado su infe- 
rencia. Si así lo fuere, estaría desprovista de fundamento, pues me 
bastaría recordar que la reducción Chana de aquel nombre sufrió va- 
rios desplazamientos, hasta quedar instalada en definitiva, sobre la 
margen izquierda del río Negro, es decir, en un lugar que fué fre- 
cuentado en diversas épocas por distintas agrupaciones étnicas (2). 
En cuanto á los argumentos que podía haber aportado el doctor Luis 



(1) Ya en 1897 establecía los caracteres diferenciales de las culturas á que me 
refiero en el texto (conf. Félix F. Outes, Los Querandíes, Breve contribución al 
estudio de la etnografía argentina, 11 y siguientes. Buenos Aires, 1897). 

(2) Tengo á la vista un extracto del interesante Diario que Andrés de Oyar- 
vide redactó durante su viaje de Buenos Aires al arroyo de la China, en el río 
Uruguay (MS. British Museum, Buenos Agres, Tratado* varios. Mus. Brit. Jure 



EL PRIMER HALLAZGO ARQUEOLÓGICO 277 

María Torres para dar asidero á sn tesis, no existen en rigor de ver- 
dad, pues su vaguedad es tal — y en una cuestión como la que me 
ocupa, que ha menester de heclios positivos que sean otros tantos 
elementos de corroboración — que no constituyen una demostración, 
ni mucho menos una prueba (1). 

Comparto, en cambio, la opinión del profesor don Juan B. Ambro- 
setti, quien, desde el momento en que realizó sus interesantes hallaz- 
gos del Alto Paraná, con verdadera perspicacia, no sólo los vinculó á 
los verificados en el Delta bonaerense, sino los consideró también co- 
mo « manifestaciones » atribuíbles á una cultura de procedencia Tu- 
pí-Guaraní. Creo, vuelvo á repetirlo, que Ambrosetti ha estado en lo 
cierto; y lo pienso así, apoyándome en las mismas pruebas que adu- 
jera en 1905: «enterraban sus muertos — dice Buíz de Montoya, 
refiriéndose á los Guaraníes del Paraguay — envnas grandes tinajas, 
poniendo vn plato en la boca », las que — agrega — « enterrauan 
hasta el cuello » (2). T, en tal caso, el cementerio de Martín García 
señalaría, en el momento actual, la incursión más lejana hacia el ver- 
dadero estuario del Plata, realizada por aquellos pueblos en sus pere- 
grinaciones seculares á través de las selvas y a lo largo de nuestros 
grandes ríos históricos. 

Buenos Aires, febrero de 1917. 



emptionis. Add. 17607. Plwt. CXCYIII. C). En él se incluye la declaración de 
un viejo indio Chana, que contiene pormenores interesantes respecto á los des- 
plazamientos que sufrió su pueblo. Según ese individuo, los Chañas, más ó me- 
nos á mediados del siglo xvn, vivían en las proximidades del río Sau Salvador, 
de donde, competidos por los Yaros y Bohaues, debieron trasladarse á la isla Ya- 
guar! y, de allí, á la del Vizcaíno. Según esa misma declaración, que se corro- 
bora por documentos conocidos, los indígenas fueron trasladados al antiguo pueblo 
de Santo Domingo de Soriano, sobre la margen izquierda del río Negro y próxi- 
mo á la desembocadura, para de ahí ser nuevameute desplazados una y media 
millas más al interior, donde se fundó el nuevo caserío de aquel mismo nombre 
(conf., asimismo, Isidoro De-María, Páginas históricas de lu República Oriental 
del Uruguay desde la época del coloniaje, 6 y siguientes. Montevideo, 1892). 

(1) Torres, Los primitivos, etc., 452 y 572. 

(2) Antonio Rviz, Conquista espiriteal hecha por los religiosos de la Compañía 
de lesas en las pronineias del Paraguay, Paraná, l'ruguay, ¡/ Tape, folio 14. Madrid. 
1639. Véase, asimismo, FÉLIX V. OdtjüS, Observaciones ,i dos estudios del señor 
Eric Boman sobre paleoeluología del noroeste argentino, en Anales de la Sociedad 
científica argentina, LX, 162 y siguiente. Buenos Aires. 1905. 



VALOR DEL HALLAZGO 

DE 

UNA PIPA DE PIEDRA TALLADA 

EN LA PROVINCIA DE ENTKE RÍOS (1) 

Por FÉLIX f. outes 



Quiero llamar la atención sobre un objeto cuyo hallazgo, hecho ha- 
ce ya largo tiempo en la región septentrional de la provincia de En- 
. tre Eíos, en un lugar próximo al litoral paranaense, posee el valor 
de una «etiqueta» indicadora. 

Se trata de una hermosa pipa de piedra tallada que, junto con otros 
objetos también de piedra, fué e?icontrada en las proximidades de la 
ciudad de La Paz (departamento de La Paz), al practicarse una ex- 
cavación en el curso de los estudios realizados sobre el terreno para 
el trazado del ferrocarril proyectado á aquel centro urbano (2). 

El objeto á que me refiero es de pequeño tamaño. El cuerpo, pro- 
piamente dicho, está formado por una pirámide exagonal truncada» 
de 63 milímetros. El hornillo situado hacia la base, lo constituye una 
cavidad infundibuliforme de 18 milímetros de profundidad, que se 
define exteriormente mediante un reborde espeso (6 mm.) y de poca 
altura (10 mm.). El diámetro interno de la excavación referida es de 
18 milímetros y el externo de 28. El ángulo formado por el cuerpo y 
el hornillo aparece cubierto — diré así — por una banda netamente 

(1) Comunicación a la Sociedad argeutiua de Ciencias Naturales, leída en su 
reunión del 20 de enero de 1917. 

(2) El hallazgo á que me refiero en el texto, fué hecho por el ingeniero don 
Francisco Schiudler, quien obsequió con una parte del mismo á su amigo el se- 
ñor don Carlos I. Salas, quien á su vez, me ha comunicado la pipa aludida. 




VALOR DEL HALLAZGO DE UNA PIPA UB PIEDRA TALLADA 27ÍJ 

destacada de ambos y que termina pocos milímetros antes de la línea 
determinada por la unión del borde del hornillo con el cuerpo de la 
pipa (fig. 1). En cuanto al agujero que debió servir para introducir 
la boquilla de la pipa, si la tuvo, tiene 5 milímetros de diámetro. Por 
último, la longitud total del objeto, incluso el espesor de la banda, 
alcanza á 71 milímetros. La anchura, comprendido el mismo espesor, 
llega á 21 milímetros y la altura máxima no excede de 28 milímetros. 

El trabajo es muy esmerado y toda la superficie del objeto aparece 
bien pulimentada, tanto 
cuanto lo puede permitir 
la roca utilizada que es 
bastante porosa. Además, 
en algunas partes, se no- 
tan rastros de cierto ma- 
terial rojizo de lo cual po- 
dría inferirse que la pie- 
za estuvo primitivamente Fig. i 
pintada de aquel color : 

no lo creo, sin embargo, y me inclino á considerar dicho material co- 
mo simples restos terrosos del yacimiento. 

La pipa que acabo de describir, es un ejemplar angular bien carac-, 
terizado; y ese detalle de alto valor tipológico, es, precisamente, el que 
permite determinar el valor indicador del hallazgo. 

En efecto, las pipas angulares caracterizan las provincias cultura- 
les primitivas sudamericanas orientales, y, especialmente, el Kultur- 
Jcreis del Brasil meridional. Por ello, los hallazgos verificados en Pío 
Grande del Sur son numerosos y se mencionan de largo tiempo 
atrás (1). Pero, como lo he dicho, el tipo de pipa aludido se le en- 
cuentra en otras regiones del este de Sud América. Se conocen ejem- 



(1) Ladislau Nbtto, Investigafoes sobre a arelieologia brazileira, en Archivos rio 
Musen nacional do Rio de Janeiro, VI, 447, figura incluida en la misma página. 448, 
figura incluida en la misma página. Río de Janeiro, 1885 ; [A.] Kunhkt, Rio 
tjvandensev AUertkilmer, en Verhandlnngen der Heiiiner Gesellschaft fiir Anthropolo- 
gie, Ethnologie nnd Urgesehichte, 1890. 37, figura 16. Berlin, 1890; A. KüNKRT, 
Caximbos in Siid-Brasilien, en Verhandlungen citadas, 1891, 69l¡ y siguientes, figu- 
ras 1, 2, 3, 4 y 5. Berlin, 1891 ; H. VON IHE1UNG, .1 civiUsacño prehistórica dn 
Brazil meridional, en Revista do Masen Paulista, I, SO. figura 12. Sao Paulo. L895 : 
A. Schupp, Breves noticias sobre uns objectos interessantes /vitos pelos indígenas do 
Brazil, en Revista citada., VI, 189, lámina XVII, li, figuras 2 y I. Sao Paulo, 
1904; Gustavo vox Koknigswald, Die indiani sebón Mmehelberge in Siidbrasilien, 



280 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

piares de Paraná (1), Sao Paulo (2) y Bahía (3), también en el Brasil : 
y hasta las pipas faliformes y antroponiórficas, obtenidas en las pro- 
ximidades del lago Valencia, en Venezuela, ofrecen igual disposición 
morfológica (4). 

En el resto de la extremidad austral de América, las pipas angula- 
res ó se presentan muy esporádicamente, como sucede en la provincia 
de Buenos Aires (5) y en la región andina de la gobernación del Chu- 
but (6); o se señalan con mayor abundancia, como acontece con Chile. 
aunque los ejemplares, las más de las veces, no son muy típicos (7). 
Se me ocurre, á propósito de las pipas chilenas angulares, que ellas 
quizá pertenezcan á estratos culturales todavía no determinados y 
cuyas vinculaciones se ignoran por lo tanto; pero no sería extraño 
que dichas «manifestaciones» fueran debidas, asimismo, á influencias 
orientales, si se recuérdalas grandes pipas angulares para ceremonias 
que con tanta abundancia se recogen en los yacimientos de las pro- 
vincias argentinas del noroeste (8). 



en Globus, LXXXVII, 345, figura 36. Braunschweig, 1905 ; Erland Frhr. 
VON Nordenskk'íld, Siidamerikanische Rauchpfeifen, en Globus, XCIII, 295, figu- 
ras 10 e y IOíí (ex Kunert). BraunsohVeig, 1908. 

(1) Koenigswald, Ibid., 345, figura 35. 

(2) Koenigswald, Ibid., 345, figura 34. 

(3) Netto, Ibid., 448, figura incluida en la misma página; H. von Ihering, 
Archeologia comparativa do Brasil, en Revista do Huseu PauHsta, VI, 553, lámina 
XXIII, figuras 36 y 41. Sao Paulo, 1904. 

(4) A. Ernst, Archeologische Gegcnstande, namenllich 2 nephritische, aus Vene- 
zuela, en Verhandlungen der Berliner Gesellschaft für Anthropologie, Ethnologie nnd 
Urgeschichte, 1884, 455, figura 6. Berlin, 1884 ; Karl von den Steinen, Ansgra- 
bungen am Valenciasee, en Globus, LXXXVI, 106, figura 12. Braunsclnveig, 1904. 

(5) Florentino Ameghino, La antigüedad del hombre en el Plata, I, 296 y si- 
guientes, lámina VII, figuras 271 y 272. Paris-Buenos Aires, 1880. 

(6) Félix F. Outes, La edad de la piedra en Patagonia. Estudio de arqueología 
comparada, en Anales del Museo nacional de Buenos Aires, serie III, V [XII], 465 y 
siguiente, figura 171. Buenos Aires, 1905. 

(7) José Toribio Medina, Los aboríjenes de Chile, 209 y siguiente, figura 85. 
Santiago [de Chile], 1882; Tomás Guevara y Aureliano Oyarzún, El tabaco 
y las pipas prehispanas en Chile, en Actas del XVII o Congreso internacional de ame- 
ricanistas. Sesión de Buenos Aires, 17-23 de mayo de 1910, números 1, 2, 5, 6. 7. 
12, 21, 457, 460, 1525 y 1525a, especialmente los números 5, 12, 21, 457 y 460. 
Debo hacer notar que el ejemplar que lleva el número 12, obtenido en un yaci- 
miento antiguo en Imperial, ofrece una estrecha semejanza con el procedente de 
La Paz, que me ha dado tema para esta comunicación. 

(8) Véase, ínter alia, Juan B. Ambrosetti, Notas de arqueología Calchaquí, en 



VALOR DEL HALLAZGO DE UNA PIPA DE PIEDKA TALLADA 28] 

Si las pipas angulares son propias de las culturas orientales, en 
cambio, el tipo de pipa que predomina por completo hacia occidente 
de Sud América austral y en las mismas gobernaciones argentinas 
del Río Negro, Chubut y Santa Cruz, es el llamado «monitor» (1). 
Los ejemplares coleccionados en Chile son numerosísimos (2) y los 
indígenas de nuestro lejano sur, quienes, según todos los indicios, re- 
cién comenzaron á fumar hacia la segunda mitad del siglo xvm, las 
fabrican aun en la actualidad (3). 

La pipa encontrada en las proximidades de La Paz significa, pues, 
una nueva « manifestación » de influencias orientales en nuestras 
provincias del litoral. Recordaré con este motivo, que junto con la 
pieza de que me he ocupado, fueron hallados otros objetos; uno de 
ellos es altamente sugerente. Se trata de un fragmento de piedra, más 
ó menos rectangular, cubierto por ornamentos meandroides dispues- 
tos en igual forma que los que cubren las superficies principales de 
otra pieza semejante hallada en las barrancas del río Mocoretá, al 
nordeste de Entre Ríos (4); motivos ornamentales que se presentan, 
absolutamente idénticos, en objetos brasileros (5). 

Boletín del Instituto geográfico argentino, XX, 285 y siguientes, figuras 244, 246, 
247 y 248. Buenos Aires, 1899. 

(1) Considero como de tipo « monitor » á las pipas cuyo hornillo se halla si- 
tuado hacia la mitad de la longitud del cuerpo ó próximo á una de las extremi- 
dades, de la que debe siempre estar separado por un espacio libre. Hago esta 
aclaración, porque noto que McGuire considera impropiamente, como pipas 
« monitor», á ejemplares que no pueden referirse, en manera alguna, á un tipo 
de caracteres tan bien definidos (cfr. Joseph D. McGuire, Pipen and smoking 
eustoms of the american áborigines, based on material in the U. S. National Museiim, 
en Annual Beport. of the Board of Begents of the Smiihsonian Institution... for the 
year ending june 30, 1S97. Beport of the U. S. National Museum, parte I, 468 y 
siguientes. Washington, 1899. En tal caso, se hallarían los ejemplares represen- 
tados en las figuras 89, 96, 97, 98, etc. 

(2) Medina, Ibid., figuras 86, 87, 88, 89, 90 y 91 ; Guevara y Oyarzúx, nú- 
mero 3 y passim. 

(3) George Chaworth Musters, At home wilh the Palaijonians. 169 y siguien- 
te, figura 12 de la lámina comprendida en la página 167. London, 1S71 ; K. Ver- 
NEAü, Les anden» Patagons. Contribittion á l'élude des races précolombieuncs de 
VAmérique du Sud, 287 y siguiente, figuras 63 y 64. Monaco, 1903. Optes. Ibid, 
464 y siguientes, figuras 168, 169, 170 y 172. 

(4) Samuel A. Laeone Quevedo, Tipos de alfarería en tu región Diaguito- 
Calehaquí, en Revista del Museo de La Plata, XV, 311, ligara 2. Buenos Aires. 
1908. 

(5) Compárense, por ejemplo, con los ornamentos de la placa elíptica de barro 

AN. SOC. CIENT. ARO. — T. I.XXXII p> 



282 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Cabe, pues, suponer que entre los yacimientos de las proximidades 
de La Paz y los de la cuenca del Mocoretá, existen estrechas vincu- 
laciones, las que demostrarían la existencia de una vasta y bien ca- 
racterizada áreal cultural, cuya extensión es posible se desenvuelva 
mucho más hacia el este (1). 

Buenos Aires, enero de 1917. 



cocido, hallada en Amargosa (Bahía) descripta por von Ihering (cfr. Archeolo- 
gia, etc., 553 y siguiente, lámina XXIII, figura 35). 

(1) No encuentro punto alguno de semejanza entre las manifestaciones cultu- 
rales señaladas en la región septentrional de Entre Ríos y las de la zona meridio- 
nal de la misma provincia. Un hornillo de pipa, de tierra cocida, obtenido en 
Puerto Landa, traiciona la influencia europea (cfr. Luís María Torres, Los 
primitivos habitantes del delta del Paraná, 412, figura 167. Buenos Aires, 1913). 



INAUGURACIÓN 



SECCIÓN CIENCIAS FÍSICO-QUÍMICAS 1)E LA ACADEMIA 



EL 10 DE AGOSTO DE 1018 



DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA 
ARGENTINA INGENIERO NICOLÁS BESIO MORENO 

Sefiores : 

Inauguramos hoy los trabajos de la Sección ciencias físico-químicas 
<le la Academia de ciencias organizada en la Sociedad Científica Ar- 
gentina, segunda de las secciones que entra á funcionar y una de las 
cinco que están ya instalándose de las diez que componen la aca- 
demia. Marcha, pues, el pensamiento que debiéramos á la iniciativa 
del vicepresidente de la sociedad en el período anterior, ingeniero 
Alberto D. Otamendi, hacia su ejecución con visible éxito, merced 
al patriotismo de un grupo de socios de la sociedad que se fia pro- 
puesto dar forma á la idea y dejarla realizada en el corriente año del 
centenario de la independencia nacional. 

Al nacer en las aulas de la Facultad de ciencias de Buenos Aires, 
entonces departamento de ciencias exactas, el propósito de fundar 
una asociación científica, el primer nombre que se pensó en darle 
fue el de Academia científica de Buenos Aires, y ésta fué la desig- 
nación que se discutió en la primera sesión preparatoria del 80 de 
junio de 1872; pareció entonces que el nombre propuesto era dema- 
siado ampuloso y que no se estaba aun en condiciones de cumplir 
con la labor que él imponía, se cambió en Estímulo científico pri- 
mero y en Sociedad Científica Argentina después, el que ha quedado 
consagrado por -í-í años de esfuerzos y de difusión dentro del país 
y fuera de él, en lo que no poca partí' ha cabido á los SI tomos de 
sus Anales. 



284 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Después de esta grande labor y sobre todo después de los tras- 
cendentales progresos realizados por el país en todos los órdenes, en 
ese lapso de tiempo, la idea prematura de '1872 podía pensar en 
practicarse y la felicidad con que se han podido iniciar los trabajos 
de la sección ciencias naturales y los de ésta de ciencias físicas, así 
como el éxito con que se organizan las de matemáticas y astronomía. 
y de enseñanza y bibliografía y de técnica de ingeniería, prueban 
que el momento había llegado y todo dependerá ahora del amor con 
que la nueva creación sea sostenida y que le permitirá concentrar 
los esfuerzos afines de los especialistas, estudiosos y principiantes 
que se agrupen alrededor de cada rama de la academia, antes dis- 
persos en el conjunto demasiado extendido de una sociedad general 
de ciencias. Porque á medida que las ciencias se entrelazan y con- 
funden unas con otras, borrándose fronteras, ó por lo menos desapa- 
recida casi totalmente la ignorancia en que cada rama de la ciencia 
vivía respecto de las restantes, han crecido y se han desenvuelto 
tan vigorosamente que es imposible á la mente humana abarcarlas 
por entero, como abarcaran Aristóteles ó Leonardo casi todas las de 
su tiempo. Nada, pues, más natural y oportuno que reunir en derre- 
dor de ciertas especialidades científicas á los núcleos ya apreciables 
que á ellas se dedican en el país: y si por ahora esto lo realiza la 
sociedad entre los solos sus asociados, día llegará en que el orga- 
nismo desborde de su seno y logre reunir á todos los que habitan en 
el país, dedicados al estudio de las ciencias, independientemente, 
claro está, de las agrupaciones de orden gremial ó profesional, de 
funciones más complejas ó diferentes. 

Esta sesión inaugural de la Sección ciencias físico-químicas se des- 
tina á recordar la obra de un eminente cientista en este mes falle- 
cido, sir William Eamsay, á cuyo acto se ha asociado la Sociedad 
química argentina, tan joven y tan fecunda ya. 

Eamsay es un exponente más de la magnificencia del pensamiento 
inglés y del poderío espiritual de la incomparable Inglaterra. Xación 
única entre los viejos estados, por la pureza de sus costumbres, por 
la generosidad de su inmenso poder, por su amor á la justicia y por 
la rectitud de sus gobernantes; heredera de Boma por su imperio 
colosal, cada día más dilatado y coherente; madre de la libertad, 
patria de Locke y precursora de Montesquieu y de la revolución 
americana; debía darnos todavía á Thompson y Eamsay, dos cum- 
bres en las ciencias físicas, de los tiempos contemporáneos. Manan- 
tial inagotable de mentes esclarecidas, forjadas al calor de sus libé- 



INAUGURACIÓN DK LA SECCIÓN CIENCIAS FÍSICO-QUÍMICAS 2.SÓ 

rrimas instituciones y cuyas órbitas no se entrechocan jamás en 
su infinito escenario, es Inglaterra el más elevado exponente de la 
cultura, del espíritu y de la conciencia humanos, y nosotros educados 
en su escuela, y protegidos en las horas de nuestra debilidad y nues- 
tros errores, por su grandeza de inspiraciones, hemos podido seguir 
sus rumbos y ofrecer al mundo este espectáculo armonioso de nues- 
tro férreo esqueleto nacional, fulgurante además de esplendor latino. 

Ramsay pertenece á ese grujió de especialistas que al provocar un 
progreso de la ciencia que cultivan no sólo logran dar un paso ade- 
lante efectivo en el campo de los conocimientos humanos, sino que 
también dan alimento y base para altas especulaciones filosóficas, 
realizando así el verdadero sentido de la ciencia en lo que ésta tiene 
de más alto y trascendente y la etapa soberana en que alcanza sus 
más augustos contornos; las adquisiciones que la filosofía ha reali- 
zado, tomadas de la obra de Ramsay, son sin duda el aspecto más 
fecundo de esta, labor. 

Finalmente las comunicaciones que hoy se hacen á la sociedad en 
el seno de su Sección ciencias físico-químicas son ya un exponente 
de lo que pueden realizar nuestros estudiosos, los hijos de nuestras 
aulas, con el material propio del país, y ojalá que estos primeros 
trabajos de valor rigurosamente científico que hoy se presentan 
á esta sección sean los iniciales de una serie sin término y puedan 
servir de estímulo y de aliento para los que se están ahora elabo- 
rando en el silencio de los gabinetes y provocar otros muchos para 
honra del país y de la ciencia. 

La independencia de que gozan las secciones para su organización 
les permite iniciar sus trabajos antes de que la academia se haya 
establecido como institución, y cuando llegue la hora de que esto 
ocurra tendrá ya un breve pero claro conocimiento del valor de las 
creaciones realizadas y podrá establecer su programa general en pre- 
sencia de valores efectivos como son estos esfuerzos y sus resultados. 

Declaro, señores, inauguradas las sesiones de la Sección ciencias 
tísico-químicas de la Academia de la sociedad, y en presencia del 
acontecimiento científico que esto representa, pues da carácter orgá- 
nico á la presentación de comunicaciones y á su discusión filosófica, 
no puedo menos de regocijarme por esta antigua casa que emprende 
un nuevo vuelo y ensancha cada vez más su acción espiritual, vincu- 
lándose otra y otra vez á la prosperidad de la patria, en su aspecto 
más encumbrado y noble: el de la creación de la ciencia nacional. 

He dicho. 



ESTUDIO M LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 

DE SOLUCIONES DE HIEEEO COLOIDAL 

CONFERENCIA LEÍDA EN LA SECCIÓN DE CIENCIAS FÍSICO-QUÍMICAS 
DE LA ACADEMIA EL 4 DE OCTUBRE DE 1916 

Por el doctor HÉCTOR ISNARDI 

Jefe de trabajos de Trabajos prácticos en física 



§ 1. Introducción 

De los resultados publicados por Majorana (1) en el año 1 902 se 
desprende que una solución coloidal de hidrato de hierro adquiere en 
el campo magnético las características de un cuerpo birrefringente. 
De este fenómeno, que en adelante se llamó fenómeno de Majorana, 
se ocupa Schmauss (2), llegando á comprobar, agregando gelatina para 
aumentar el frotamiento del solvente, que se trata de orientaciones de 
las partículas suspendidas, pues en estas condiciones la anisotropía 
necesita tiempo para producirse y para desaparecer. 

Majorana (3) observó, además, que ciertas soluciones coloidales de 
hierro, que en campos débiles son birrefringentes negativas, adquie- 
ren aumentando la intensidad del campo birrefringencia positiva, y 
Schmauss, por su parte, encuentra una inversión de la birrefringencia 
positiva á negativa, en campos constantes, aumentando la tempera- 
tura. Este físico opina poder explicar el último de los fenómenos ano- 
tados, suponiendo que á temperaturas bajas las partículas son dia- 

(1) Q. Majorana, Bend. Aec. Lince-i, tomo II, primer semestre, páginas 374. 
463, 531; segundo semestre, páginas 90 y 139. 1902. 

(2) A. Schmauss, Ann. Phys. (4), página 186. 1903. 

(3) Q. Majorana, Bend. Ace. Lineei, tomo II, primer semestre, página 533. 



ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 287 

magnéticas respecto al solvente y parama gnéti cas á temperaturas 
altas, ó viceversa. 

Esta interpretación del fenómeno, que parece incorrecta por razo- 
nes teóricas, como veremos más adelante, fué por Cotton y Montón (1) 
estudiada, los que mostraron experimentalmente que los amicrones 
suspendidos son siempre paramagnéticos respecto al líquido que los 
rodea. No hemos encontrado en nuestras bibliotecas los trabajos ori- 
ginales de estos dos expe- 

X¿ 

— — O 

O 



rimentadores, causa por la 
cual no podemos entrar en 
detalles explicativos de su 
consecuencia. 






O 



Finalmente, sea citado 
el importante resultado 
que encuentran Diesse- 
lhorst y Freundlich (2) por 
su nuevo método de schlie- 
ren (3), que las partícu- 
las ultramicrosoópicas de 
Fe a O : , no tienen ni la for- Fig. i 

ma de barras ni la de dis- 
cos, sino que son más ó menos esféricas, y que por tanto, la birrefri- 
gencia no se explica por la forma de las partículas, sino por la aniso- 
tropía de la molécula. 

Dado el interés de los trabajos anteriores, me fué propuesto por el 
doctor E. Gans, director del Instituto de física de La Plata, á quien 
debo con toda justicia agradecer el haberme guiado en el curso de 
toda esta investigación : estudiar la birrefringencia y el magnetismo 
de soluciones de hierro coloidal, en función del campo y la tempera- 
tura, á objeto de pretender averiguar la constitución de las partículas 
amicroscópicas. 



(1) A. Cotton ot Mouton, Les ultramieroscopes et les oujots illtramicroscopitpus, 
págiua 198. 

(2) DlESSELHOKST et FREUNDLICH, Phi/s- Zcilseliri/I, 17. página 117. 1916. 

(3) Schlieren : Estrías ópticas accidentales producidas por ejemplo : al remover 
una. solución de azúcar en agua. 



288 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



BIRR.EPRINGENCIA MAGNÉTICA 

§ 2. Instalación (fig. 1 y 2) 

En la figura 1 se indica con : 

L, fuente luminosa. 

M, Lente condensador. 

O, Diafragma. 

P, Mcol polarizador. 

M S. Polos del electroimán. 

V, Cubeta para contener la solución. 

O, Compensador de Babinet. 

A, Mcol analizador. 

Debido á la gran absorción de las soluciones fué indispensable em- 
plear como fuente luminosa una lámpara de arco voltaico que consume 
20 amperes, intercalando á ésta en un circuito provisto de amperóme- 
tro y de una resistencia variable que permitía mantener más ó menos 
constante la intensidad luminosa. Entre la lámpara y el nicol polari- 
zador una lente condensador arreglada de manera que el baz emitido 
sea de luz paralela, y un diafragma que sólo permite iluminar la cara 
del nicol P. En esta forma me fué posible tener una intensidad lumi- 
nosa muy grande y solamente en la región limitada por la cara de los 
prismas, ya que la distancia de la lámpara al compensador de Babinet 
es de 1,20 m y puede ser regulado el arco de manera que esté centrado 
y en línea recta con las demás partes de la instalación. 

El plano de polarización del nicol P forma un ángulo de 45° con 
las líneas de fuerza, y el analizador A cruzado con el primero. 

Campo magnético. — El campo magnético lo genera un gran elec- 
troimán construido por Hartmann y Braun en Frankfurt (Alemania). 
Dos bobinas corredizas sobre una plataforma que puede ser nivelada 
por tres tornillos calantes: cada una con un arrollamiento de 1250 
vueltas de alambre de cobre, que terminan en núcleos polares de forma 
rectangular mide 50 mm de longitud por 15 mm de altura. 

Intercaladas en el circuito del electroimán se encuentran dos resis- 
tencias; la primera empleada para modificaciones grandes de intensi- 
dad y la segunda para corregir la modificación de la resistencia debida 



o R 



ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS '28!) 

al calentamiento. En serie con los aparatos anteriores un amperómetro 
Rulistrat, y por último, un conmutador empleado para destruir el cam- 
po remanente. 

Cubeta y baño de temperatura. — Dos fueron las cubetas empleadas 
en las medidas : una para observar birrefringencia en función del 
campo á temperatura constante, la otra birrefringencia en función de 
la temperatura. 

La primera, de vidrio de caras paralelas de 36 mm de longitud por 
S mm de ancho se colocó en un campo de '.) mm de entre hierro. 

En las medidas en función de la temperatura 
substituí la anterior por otra de cobre C (flg. 2) 
niquelada interiormente, de longitud LL' de 30 mm x 
y de 10 mm de ancho, colocada en un campo de 
11 mm de entre ñerro. 

Las dos ventanas L y L' (longitud S mm, ancho 
3 mm) se taparon con láminas de vidrio de caras 

' í Flg. 2 

paralelas y los ajustes entre éstas y el metal, he- 
chos con láminas delgadas de goma, por no resistir altas temperaturas 
el mustie empleado para pegar las cubetas de Leybold. 

Para poder hacer las medidas en función de la temperatura se su- 
mergió la cubeta C hasta la parte inferior de las ventanas en una caja 
prismática de cinc R, que comunica por dos orificios T y T' respecti- 
vamente, con un recipiente y con una pequeña bomba centrífuga, que 
establece una circulación muy activa. 

En esta forma se pudo observar el fenómeno para temperaturas 
comprendidas entre 2° y 80°, midiendo para cualquiera de esas tem- 
peraturas su variación con la intensidad del campo, además de poderlo 
hacer á una temperatura dada, interesante por corresponder al punto 
de inversión ó de máximo. 

Aparato de medida. — En todas las medidas se empleó el compen- 
sador de Babinet, resultando de su graduación para los rayos de la 
lámpara de arco que pasaban por las soluciones de hierro lira rain que 
una diferencia de fase de una longitud de onda corresponde a 2680 
divisiones del tornillo micrométrico. 

En estas medidas el líquido misino funciona como nitro de rayos. 
y por lo tanto, las medidas se refieren ala parte del espectro compren- 
dida entre el rojo y el amarillo. 

Si se quieren conocer los valores de la birrefringencia observada en 
longitudes de onda se tendrán que dividir en las tablas siguientes 
todos los valores por 2680. 



290 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



La medida del campo se efectuó en todos los casos según el método 
balístico, sirviéndose al efecto de una pequeña bobina de dos vueltas 
de alambre de cobre desnudo, construida sobre un trozo de ebonita. 
midiéndose su área-vuelta con el comparador de Zeiss : resultando el 
largo del rectángulo igual á 42,457 mm y el ancho igual á 7,988 mm 
y el diámetro del hilo igual á 0,393 mm. 

La sensibilidad del galvanómetro balístico se determinó con una 
bobina de inducción mutua de la casa Siemens y Halske. 

Con una bobina de 3 mm de diámetro se midió la homogeneidad 
del campo en la dirección de los rayos ópticos, resultando una cons- 
tancia suficiente de la intensidad de éste en todo el largo de las cu- 
betas usadas. 

§ 3. Dependencia de la birrefringencia con el campo 

Las soluciones usadas en esta investigación pertenecen todas á un 
tipo único de hierro coloidal, el producto farmacéutico Bravais, librado 
por diálisis del cloruro de hierro que contenía y llevado á la densidad 
1,038 para ser tomado como solución tipo. 

La primera de las medidas cuantitativas se hizo con una dilución 
arbitraria de la solución tipo, observando la birrefringencia magnética 
en función de la intensidad del campo á la temperatura constante 
de 14°. 

En la tabla número 1 espresan A! y A, la birrefringencia magnética 
en divisiones del tornillo micrométrico del compensador de Babinet. de 
dos medidas efectuadas en orden inverso, es decir, para campos ascen- 
dentes la primera y para descendentes la segunda, siendo A su media 
aritmética. 

TaUa 1 



H en G-auss 


a, 


A, 


A 


A 

H 5 


6,200 


— 41 


— 38 


— 39,5 


1.026 


10,340 


— 112 


— 109 


— 110,5 


1,033 


13,960 


— 205 


— 204 


— 204,5 


1.048 


18.040 


— 332 


— 337 


— 334,5 


1,025 


18,730 


— 359 


— 367 


— 363,5 


1,035 



La última de las columnas comprueba que — es una eonstaute 

id' 



ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS V MAGNÉTICOS 



291 



como ya constató Majorana. La solución es bajóla influencia del cam- 
po un cristal negativo de un eje. 

Á objeto de conocer como la birrefringencia depende de la concentra- 
ción se preparó una solución á la cual corresponde una concentración C, 
á quien damos arbitrariamente el valor 1, y luego diluyendo en propor- 
ciones medidas se prepararon dos rcás de concentraciones 0,44 y 0,19. 

Midiendo luego la birrefrigencia de las tres soluciones obtuve así 
la siguiente serie de observaciones á 15,5° (tabla n° 2). 

Tabla S 





C = 


= l 


C = 0,44 


C = 


0,19 


H 


A 


A 


A 


>' 


A 


>' 


11,180 


— 272 


— 2,175 


— 106 


— 849 


— 55 


— 440 


16,960 


— 611 


— 2,125 


— 257 


— 891 


— 128 


— 446 


18,700 


— 762 


— 2,185 


— 322 


— 918 


— 160 


— 459 


Media — - 10" 


— 2,162 




— 886 




— 449 


Media 


A 

ÍPo 19 " 


— 2,162 




— 1,969 




= 2,274 



De los valores de la tabla anterior se desprende que la birrefrin- 
gencia es prácticamente proporcional á la concentración, es decir, no 
existe una acción mutua entre las partículas. 

Como Schmauss, segim se ha dicho en la introducción, quiere ex- 
plicar el cambio de signo de la birrefringencia positiva en negativa á 
cierta temperatura, suponiendo que las partículas sean paramagnéti- 
cas respecto al líquido en que están suspendidas acierta temperatura 
y diamagnéticas á otras, he medido, para decidir si la hipótesis de 
Schmauss corresponde á los hechos, la birrefringencia en campos de 
diferente entreflerro, puesto que la orientación de partículas pava ó 
diamagnéticas en un campo magnético, no depende de la dirección de 
las líneas de fuerza sino de la distribución de su densidad (1). En un 
campo uniforme no actúa ninguna fuerza apreciable. 

Para aumentar la birrefringencia envejecí artificialmente la solu- 



(1) Véase E. Cohn, Das eUMromagnetisolte Felá, página 210. Leipzig, 1910: R. 
Gans, Eiiifiii-lniitti ¡a die Theorie des Maguetismus, página 90. Leipzig' y Berlín. 1908. 



292 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA AUGENTIXA 



ción, calentándola á 70° clarante tres horas en nn recipiente cerrado 
y medí luego á la temperatura de 5 o su anisotropía, obteniendo los 
datos numéricos de la tabla número 3. 

Talla 3 



Distancia 
polar 


Corriente 

en el 

electroimán 


H en Gauss 


A 


11 

18 
26 


4,0 
11,2 
23,0 


9,172 
9,460 
8,813 


309 
340 
315 



Eegulé la corriente en el electroimán de tal manera que las intensi- 
dades de los campos fueran aproximadamente iguales. Sin embargo, 
dadas las diferentes distancias polares, la inhomogeneidad dé los cam- 
pos variaba mucho, y si se tratara de orientación de partículas para 
ó diamagnéticas, los resultados de las tres medidas serían muy dife- 
rentes, lo que no se desprende de los valores observados. 

En esta forma hemos comprobado que la Mrrefringencia depende 
solamente de la intensidad del campo y no de su dispersión, ó que la 
hipótesis de Schmauss debe ser incorrecta. 

De la misma solución anterior medí la anisotropía en función del 
campo á la temperatura de 12°, resultando, como se ve, en la tabla 

A 



número 4 constante el cociente 



E 2 



Tabla 4 



H en Gauss 


— A 


~¿>" 


H en Gauss 


— A 


->' 


6,700 


150 


334 


17.300 


985 


329 


9,500 


300 


332 


17,500 


1,010 


330 


11,700 


458 


342 


17,800 


1,050 


331 


13,100 


580 


337 


18,000 


1,080 


333 


14.000 


645 


329 


18,300 


1.115 


333 


14,900 


751 


338 


18,600 


1,135 


327 


15,500 


820 


341 


18,800 


1,160 


328 


16,000 


858 


335 


18,900 


1,190 


333 


16,500 


924 


339 


19,000 


1,210 


335 


16,900 


945 


330 









ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS '¿'X', 

Para ilustrar las variedades de hierro coloidal estudiadas sean men- 
cionadas dos series de observaciones. En la primera A era negativa 
para campos débiles, invirtiéndose su signo para H — 7000 Ganas, lo 
que ocasionalmente fué ya observado por Majorana. En este caso no 

vale, pues la ley — - = constante. En la otra de las muestras A fué 

proporcional á B>, pero de signo positivo, aunque las medidas se efec- 
tuaron á la misma temperatura que las de la tabla 4. 

Las dos muestras últimas son de partículas muy pequeñas y hubo 
necesidad de calentarlas á 100° durante largo tiempo, para poder 
efectuar las medidas antedichas. 



§ 4. Dependencia de la birrefringencia con la temperatura 

De la misma solución, á la que se refiere la tabla 4, se midió la bi- 
rrefringencia magnética en un campo constante de 7000 Gauss entre 
las temperaturas comprendidas en o y 80°. 

Los resultados de esta observación se encuentran en la tabla 5 y 
en la figura 3. 

Tabla .5 



t 


A 


t 


A 


0° 


+ 1,000 


35° 


— 1,220 


5° 


+ 500 


39° 


— 980 


7,5° 


+ 150 


45° 


— 750 


10° 


— 100 


50° 


— 630 


12° 


— 250 


55° 


— 450 


17° 


— 650 


60° 


— 305 


20° 


— 810 


65° 


— 190 


25° 


— 1,050 


70° 


— 150 


30° 


— 1,300 


80° 


— 120 



De la tabla anterior, como de la gráfica correspondiente, se despren- 
de que la birrefringencia es positiva para temperaturas bajas, desapa- 
rece á 8,5°, luego se hace negativa, llegando á un valor mínimum :i 
los 32°, teniendo luego ¡í temperaturas más altas al estado isotrópioo. 
Un dato nuevo, y del cual no hablan ninguno de los trabajos anterio- 
res á éste, es punto de mínimum en función de la temperatura. 



294 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Hechas las series de medidas anteriores intenté estudiar en un ma- 
terial muy birrefringente, es decir, envejecido artificialmente, la ani- 
sotropía en función del campo y de la temperatura. Para conocer al 
mismo tiempo la influencia del envejecimiento efectué algunas obser- 
vaciones en la solución no envejecida. 

A este efecto se dializó una solución de Bravais, cuya densidad á 15° 



i 




















i 







SO 




4B 




,--. - 


-r 


80 




\ 








1 


1 


s* 








\ 


\ 


i 


1 


1 














\ 


1 















80 












. 


<] 

| 60 














40 


\ 












pn 


\ 















°\ 
/o 


\ S C 




411 


_ 


T SO 






V 










20 




\ 










4-0 




\ 










! 






\ 




f 








\ 


-15—^ 


/ 




80 














/flfl 















O H = 7000 Gauss 
Fig. 3 



O H = 16000 Ganss 
Fig. 4 



era 1,026. Como la muestra así obtenida fuera muy absorbente fué in- 
dispensable llevarla á la densidad 1,0045 y se observó luego la birre- 
fringencia en un campo de 16000 Gauss en función de la temperatura. 
De los datos numéricos de la tabla 6, correspondiente á esta medida, 
y de la gráfica número 4 se desprende que el punto de inversión de la 
birrefringencia se encuentra á la temperatura de 12° y el mínimum 
del efecto más ó menos á los 30°. 



ESTUDIO BE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 295 



Tabla <i 



t 


A 


2° 


+ 55 


8° 


+ 15 


14° 


— 5 


22° 


— 50 


33° 


— 70 


45° 


— 55 



Luego para envejecer la solución se calentó en recipiente cerrado 



tOOO 

1 

! 
3000 



2000 

I 

O 

i 

3000 



+ 


















+ \ 


\* 
















\ 


\ 


















\ 


\ 














■5- 


20 


\ 


\- 




60 




T SO 








S 


\ 


\ 




f / 


f 


? 










v 


\J 


II 


1 












\ 


/ 


1 
















V 










O H = 7730 Gausa 
X H = 13100 — 
+ II = 15G00 — 



11 = 7730 Gnus: 
X II 13100 - 
+ 11 ^ IñOOO — 



Fijr. r, 



Fig. 5n 



siete horas á la temperatura de 100°, adquiriendo por esto la muestra 
un aspecto muy turbio. 



296 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Tabla 7 



f 


H = 7,730 


H = 


= 13,100 


H = 


= 16,500 


H = 


= 10,900 




a 




A 




A 




A 


3° 


+ 526 


+ 


2,435 


+ 


3,892 


_i_ 


4,857 


12° 


+ 423 


+ 


1,810 


+ 


3,370 


T 


3,673 


22° 


+ 127 


+ 


845 


+ 


1,539 


_L 


1,955 


34° 


— 260 


— 


280 


— 


170 


— 


70 


44° 


— 668 


— 


1,485 


— 


1,947 





2,080 


54° 


— 980 


— 


2,410 


— 


3,220 





3,780 


64° 


— 487 


— 


1,357 


— 


1,809 


— 


2,039 


74° 


— 212 


— 


547 


— 


747 


— 


860 


82° 


— 139 


— 


330 


— 


330 


— 


334 


72° 


— 273 


— 


824 


— 


1,030 


— 


1,264 


61° 


— 945 


— 


2,321 


— 


3,088 


— 


3,573 


45° 


— 834 


— 


1,753 


— 


2,397 


— 


2,577 


35° 


— 457 


— 


400 


— 


160 


— 


10 


25° 


— 


+ 


600 


+ 


1,086 


+ 


1,565 


14° 


+ 240 


+ 


1,360 


+ 


2,237 


_L 


2,871 


3° 


+ 720 


+ 


2,943 


+ 


4,410 


+ 


5,392 



Tabla 7a 



t 


H . 


= 7,730 


H = 


= 13,100 


H = 


= 16,509 


H = 


= 16,900 




A 




A 




A 




A 


3° 


+ 


432 


+ 


2,398 


+ 


3,880 


+ 


4,850 


16° 


+ 


304 


+ 


1,480 


+ 


2,330 


+ 


2,914 


25° 


+ 


83 


+ 


1,058 


+ 


1,206 


+ 


1,676 


33° 


— 


203 


— 


80 


+ 


123 


i 


296 


44° 


— 


700 


— 


1,537 


— 


1,884 


— 


2,108 


52° 


— 


967 


— 


2,325 


— 


3,159 


— 


3,665 


57° 


— 


926 


— 


2,297 


— 


3,096 


— 


3,484 


67° 


— 


470 


— 


1,168 


— 


1,612 


— 


1,854 


75° 


— 


109 


— 


416 


— 


600 


— 


692 


85° 


— 





— 


147 


— 


200 


— 


260 


73° 


— 


260 


— 


600 


— 


902 


— 


1,054 


64° 


— 


559 


— 


1,425 


— 


1,847 


— 


2,177 


53° 


— 


1,556 


— 


2,654 


— 


3,486 


— 


3,800 


45° 


— 


477 


— 


1,884 


— 


2,245 


— 


2,350 


35° 


— 


374 


— 


374 


— 


279 


— 


144 


26° 


+ 


56 


+ 


696 


_L 


1,338 


+ 


2,036 


16° 


+ 


391 


+ 


1,781 


_j_ 


2,795 


+ 


3,268 


3° 


+ 


786 


+ 


2,933 


+ 


4,590 


+ 


5,373 



ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 297 

Para cuatro campos de intensidades, 7730, 13 110, 15 000 y 16 900 
Gauss, en todo el intervalo comprendido entre 3 o y 82° medí la aniso- 
tropía de la solución. En las tablas 7 y la y en las gráficas 5 y 5a se 
encuentran los resultados de dos se- 
ries de observaciones independien- 
tes, efectuadas ambas á temperatu- 
ras ascendentes y descendentes. 

Para no complicar demasiado las 
figuras 5 y 5a se lia suprimido en 
ellas la curva que corresponde á 
11 = 10 900 Gauss. 

De estas observaciones se puede 
deducir : 

I o La temperatura que correspon- 
de á la inversión de signo de la bi- 
rrefringencia aumenta con el enve- 
jecimiento. 

En efecto, en la medida de la so- 
lución fresca, la temperatura de in- 
versión es 12° y en ésta es de35° pa- 
ra el mismo campo de 16 000 Gauss. 

2 o La temperatura de inversión 
de la birrefringencia aumenta un 
poco con la intensidad del campo. 

3 o La temperatura á la que co- 
rresponde el mínimum aumenta por el envejecimiento. 

En efecto, mientras era 30° para la solución fresca, es de 55° para 
la envejida ; 

4 o La temperatura de mínimum no depende de la intensidad del 
campo. 

5 o Que pudiéndose considerar las curvas como líneas rectas entre 0° 



¿ooo 

< 

1 

I0OO 


/ooo 

1 

o, 

1 
¿000 


\ 














\ 


■ 

U ¿0 




40 




■T eo 








V 


/ 




s" 








^ 


/ 














J 









O H = 9500 Gauss 
X H = 13000 — 
+ H = 15900 — 



F¡£. 



y 55°, aproximadamente, vale la relación 



t\V 



■■ constante. 



Terminado el estudio de la birrefringencia. se instaló el aparato para 
medir el magnetismo; como esto llevó mucho tiempo, y según mis ex- 
periencias, las soluciones se modifican con el envejecimiento, determi- 
né nuevamente, terminada la instalación magnética, la birrefringencia 
de la solución Bravais, de la que medí la susceptibilidad. Por lo tanto, 
los resultados de la tabla S y de la gráfica (i son directamente compa- 
rables con los datos sobre magnetismo que se darán más adelante. 

AN. SOC. OIENT. Ali<¡. — T. LXXXII -JO 



298 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Tabla 8 



l 


H = 9,509 


H = 


= 12,509 


H = 


= 15,900 




i 




A 




A 


4,5° 


+ 875 


+ 


1,560 


+ 


2,000 


6,5° 


+ 696 


+ 


1,335 


+ 


2,043 


7,5° 


+ 368 


+ 


862 


+ 


1,415 


9° 


+ 250 


+ 


655 


1 


1,100 


10° 


+ 90 


+ 


370 


+ 


685 


10,9° 





+ 


175 


+ 


645 


13° 


— 230 


— 


270 


— 


320 


15° 


— 345 


— 


540 


— 


655 


21° 


— 600 


— 


1,015 


— 


1,500 


37,5° 


— 645 


— 


1,050 


— 


1,950 


48,5° 


— 380 


— 


765 


— 


875 


55° 


— 200 


— 


380 


— 


570 



Sea todavía mencionado un fenómeno curioso, que en un principio 
me era incomprensible, pero que se explica 
teniendo en cuenta el tipo de las curvas de 
la figura 5. 

Si se observa birrefringencia á tempera- 
turas próximas á la de inversión, excitando 
un campo H 2 se desplaza la raya central del 
compensador de Babinet, de manera que in- 
dica birrefringencia negativa, é inmediata- 
mente después retrocede, llega al cero y 
corre en sentido contrario indicando birre- 
fringencia positiva. 

Podemos explicarnos el fenómeno anota- 
do, teniendo en cuenta que para un campo 
H, <C H 3 también la temperatura de inver- 
sión Oí es menor que 6 2 (véase la fig. 7) y que 
el campo H., por la selfinducción del electro- 
imán necesita tiempo para establecerse, se 
comprende que la birrefringencia de la solución para una temperatura 
í<9 2 , sea negativa siendo H=^B. l y positiva en el estado final H=EL. 
Por otra parte, esta observación muestra cualitativamente con toda 
claridad, que la temperatura de inversión de signo de la birrefringen- 
cia aumente con la intensidad del campo. 




Fig. 7 



ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 299 

II 

MAGNETISMO DE LAS SOLUCIONES DE HIERRO 

El primero de los métodos empleados para medir el magnetismo de 
la soluciones fué el de Quinche, pero debido á la inseguridad de las 
medidas hechas fundándose en él, aunque los valores de las tablas nu- 
méricas parecen demostrar que las partículas permanecen siempre pa- 
ramagnéticas en función de la temperatura, y la importancia de dilu- 
cidar esta cuestión me indujo á emplear el método de Weiss (*) á objeto 
de medir directamente el magnetismo de las partículas. 

Se funda este método en el mismo principio que el empleado por 
Curie (2) en su estudio de las propiedades magnéticas de los cuerpos 
á diversas temperaturas. Consiste en deducir el coeficiente de imana- 
ción específica de un cuerpo de la fuerza que ejerce sobre él un campo 
magnético no uniforme, y para ello se dispone la experiencia de ma- 
nera que esta fuerza tenga un máximo en un cierto punto. 

Si se coloca el cuerpo á medir en esa región se pone uno al abrigo 
del error que deriva de la pequeña modificación de posición relativa 
del cuerpo y del electroimán. 

Si es m la masa de un cuerpo cuyo coeficiente de imanación especí- 
fica es y_ y lo colocamos en un punto donde la intensidad del campo 
es H y la derivada del campo respecto á la dirección en que él puede 

moverse es : -— el momento magnético de la substancia será : m . y . H 

y la fuerza que ella soporta en la dirección de las x será : m . y . H- — 

dx 

Se puede deducir -/ de esta fórmula midiendo en manera absoluta 1 1 y 

"ITT 

— ó también más fácilmente por comparación, llevando al punto de 

máxima atracción una masa conocida de un cuerpo cuyo coeficiente 
de imanación sea también conocido y medir la fuerza que el imán ejerce 
sobre él. 

La relación de las dos fuerzas medidas dará la relación de los mo- 

(1) Elude de l'aimantaüon des corps ferromagnétiques au-desms de poini de Curie. 
par P. Wkiss et G. Fonx. Extrait dea .¡rehires des soienoes physiques el natureltes, 
tomo XXXI, 4, 19, 89 y 117. Enero-febrero, 1911. 

(2) P. Curie, Ann. Chim. Phys., tomo Y. pagina 289. 1895. 



300 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



nieutos magnéticos de los dos cuerpos, y por tanto, la relación de sus 
coeficientes de imanación específica. 

En nuestro caso liemos adoptado como substancia tipo una solución 
diluida de cloruro de manganeso cuya susceptibilidad específica era 
igual á 1,775 . 10" ". 

§ 5. Instalación 



La figura 8 representa en proyección horizontal las partes princi- 
pales de la instalación destinada á comparar coeficientes de imanación. 
La curva dibujada sobre los palos representa la fuerza ejercida so- 
bre la substancia en función de la distancia á las aristas de los núcleos 
y el máximo de ésta es suficientemente plano para poder siu error de 
importancia repetir la misma posición en las diferentes experiencias. 
Campo magnético. — El campo magnético lo genera un electroimán 

de P. Weiss, montado sobre 
un carrito c (fig. 9) que puede 
ser desplazado por medio de 
un tornillo con respecto á la 
substancia para buscar la po- 
sición de máximo efecto. 

Suspensión de la substancia 
en el campo. — En un pilar de 
manipostería independiente 
del piso del laboratorio y se- 
parado de la tierra por una ca- 
misa de aire, se fijó un tirante 
de madera P, que lleva en su parte superior una regla p, ala cual por 
cuatro láminas de plata muy delgadas (ancho 1,5 mm, longitud 350 
mi) que convergen en forma de V se suspendió la varilla que lleva 
en su extremo un tubito s destinado á contener la solución. 

Todas las partes de la instalación están provistas de tornillos de 
calaje que permiten centrar fácilmente la suspensión. 

Este método de suspensión tiene la ventaja de suprimir los movi- 
mientos laterales de la substancia en el campo, aparte de prestarse 
muy bien para compensar los efectos electro-magnéticamente. 

Aparato de compensación. — La compensación se hace por medio 
de dos bobinas B y b coaxiales, una de ellas la b fija en la varilla de 
vidrio, mientras la otra es independiente de la suspensión. 

La bobina B está formada por 300 vueltas de alambre de cobre es- 




ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 



301 



maltado de 12 mm de diámetro, y la bobina b por 200 vueltas de alam- 
bre también esmaltado de 0,2 mm de diámetro. 

La corriente llega á la bobina b por una de las cintas y regresa por 
la otra del mismo par. 

En la instalación de Weiss la corriente llega por un par de cintas y 
regresa por el otro, pero en nuestro caso los efectos del electroimán 
sobre esta sección recorrida por la corriente fueron tan grandes que 
fué indispensable adoptar el método expuesto. En esta forma, fuera 
cualquiera el sentido del campo, se compensó siempre el efecto con 




Fie. o 



una misma intensidad en la bobina B, teniendo en cuenta que la co- 
rriente en b en toda la experiencia era constante. 

Aparato de lectura. — El aparato de lectura empleado por Weiss no 
dio los resultados deseados, esto se explica si recordamos que los va- 
lores de y por el medidos, nunca bajan de 10 . 10"" y que en nuestro 
caso nunca llegan al valor de 2 . 10" " y sobre todo por tener el aparato 
que acusar diferencias ocasionadas por la modificación de la tempera- 
tura que sólo llegan á 0,5 . 10" " entre los valores extremos de éstas. 

El método de lectura siguiente reemplazó con ventaja al de Weiss. 
por ser muclio más sensible y por tenerse constancia absoluta en el cero. 

La varilla de vidrio V termina en una punta de acero afilada (una 
aguja de coser) que toca excéntricamente en una lámina delgada de 
bronce apoyando en un cojinete de rubí montado sobre una plaquita de 
acero fija, á la lámina por cuatro tornillos que permiten modificar la dis- 
tancia de apoyo al eje del espejo y por tanto la sensibilidad (fig. 10). 

La lámina de bronce, que lleva en su cara anteriora! espejo e. está 
tija sobre un eje de acero montado sobre cojinetes de rubí colocados 



302 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



en un marco de bronce m. Sobre el eje del espejo una espiral de acero 
(las empleadas en los reguladores de reloj de señora) cuya punta libre 
se fija al marco m vuelve al espejo á su posición inicial después de un 
desplazamiento cualquiera. El marco m se puede con un tornillo a co- 
rrer paralelamente al espejo por otro M, fijo éste á una varilla móvil en 
un tubo por medio del tornillo A. El mismo dispositivo se emplea para 
dar al espejo movimiento según el tercero de los ejes coordenados. 

Completan la instalación un amortiguador de aire L y un pequeño 
contrapeso colocado entre los dos pares de cintas. 




Fórmulas para calcular la susceptibilidad. — Si llenamos el tubito de 
vidrio s con m gramos de solución de hierro y después con la misma can- 
tidad de agua, siendo I é I„ respectivamente los amperajes de compensa- 
ción en la bobina B, y la susceptibilidad de la solución, y„ la del agua y 
en ambos casos la intensidad i en la bobina b es constante, tendremos : 



m (y — y ) H 
3H 



3H 

3a? 



: a (i — i» 



donde H es el campo y — - su gradiente. 
7>x 

Para conocer la susceptibilidad en medida absoluta, llené el tubito 

con la solución diluida de cloruro de manganeso cuya susceptibilidad 

c 
específica era igual á 1,775 . 10" " y calcule 



11 



m 

Hx 



ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 



303 



C. Las medidas 



En todos los casos se hicieron las medidas estando las substan- 
cias sumergidas en agua, la que se empleó como baño de tempera- 
tura, y por esta causa se 
ha determinado el magne- 
tismo de las partículas 
mismas respecto á ese lí- 
quido. 

Las tablas 9 y 9o. contie- 
nen los resultados de la sus- 
ceptibilidad de las partí- 
culas en función de la tem- 
peratura. En ambos casos 
I se ha determinado pa- 
ra dos temperaturas extre- 
mas, suponiendo su variación como lineal entre las mismas. 

En la primera serie de medidas el campo fué excitado por una co- 
rriente de 8 amp. y en la segunda serie por 16 amp. 

Los resultados numéricos se encuentran representados gráficamente 
en la figura 11. 

Tabla 9 




O I = 8 amp. 
• I = 16 — 



t 


I 
amp. 


i — i„ 
amp. 


(/. - /.») 10" 


65° 


4,40 


3,24 


1,094 


57° 


4,45 


3,26 


1,101 


50° 


4,70 


3,48 


1,176 


45,5° 


4,75 


3,51 


1,182 


40,3° 


4,83 


3,57 


1,206 


36,5° 


4,90 


3,63 


1,215 


33,5° 


5,00 


3,72 


1,286 


29,5° 


5,19 


3,89 


1,314 


21° 


5,26 


3,93 


1,327 


16,2° 


5,40 


4,05 


1,378 


12° 


5,52 


4,15 


1,402 


10° 


h,-* 


4,17 


1,408 


7° 


5,70 


4,31 


1,456 


5° 


5,80 


4,10 


1,486 


2° 


5,82 


1,42 


1,498 



304 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Tabla 9 a 



t 


I 
arap. 


I — 1« 

omp. 


fe - /.») lü " 


66° 


6,00 


4,78 


1,203 


58° 


6,08 


4,83 


1,216 


50° 


6,32 


5,03 


1,277 


45° 


6,42 


5,11 


1,286 


38° 


6,60 


5,26 


1,324 


32° 


6,82 


5,45 


1,372 


19° 


7,12 


5,69 


1,433 


15° 


7,50 


6,05 


1,524 


13° 


7,80 


6,34 


1,596 


6° 


8,00 


6,51 


1,639 


3° 


8,30 


6,80 


1,712 



Las experiencias anteriores demuestran que las soluciones perma- 
necen siempre paramagnéfcicas en función de la temperatura, y sobre 
todo que el punto de inversión de la birrefringencia no es un punto 
de inversión del magnetismo como lo supone Schmauss. 

Por otra parte también se comprueba que la susceptibilidad de las 
partículas disminuye con la temperatura y aumenta con la intensidad 
del campo. 

Para asegurarme que efectivamente y — y„ es la susceptibilidad de 
las partículas, lo que podría ser dudoso puesto que no sabemos si en 
efecto el líquido que las rodea es agua, he ultrafiltrado la solución, y 
aunque el líquido obtenido era aun amarillo, su susceptibilidad fué 
prácticamente igual á la del agua. 



7. Conclusiones 



Se deduce de las observaciones anteriores que las partículas suspen- 
didas no pueden ser esferas isotrópicas, resultado que ya manifiestan 
Ootton y Mouton. 

El comportamiento de la susceptibilidad de las partículas en fun- 
ción de la temperatura hace posible la suposición que las partículas 
sean isotrópicas pero no esféricas, de manera que éstas están sujetas 
á fuerzas de orientación en un campo uniforme, fuerzas que la agita- 
ción térmica tiende á destruir. 



ESTUDIO DE LOS FENÓMENOS MAGNETO-ÓPTICOS Y MAGNÉTICOS 305 

Pero si bien es cierto que los amicrones pueden ser magnéticamente 
isotrópicos, no pueden serlo ópticamente por el comportamiento com- 
plicado de la birrefringencia en función de la temperatura. 

Probablemente la anisotropía de la molécula es una función poco 
sencilla de la temperatura, de manera que por una modificación de 
ésta, cambia no solamente la distribución de las direcciones de las 
partículas ultramicroscópicas por los choques, sino también la misma 
anisotropía de las moléculas. 



Trabajo efectuado en el Instituto de física de la Universidad 
de La Plata. 



BIBLIOGRAFÍA 



Sistema de ejecución de obras, por el ingeniero Mauricio Durrieu. Folleto 
de 29 páginas, publicado por el Centro nacional politécnico. Buenos Aires, 
1916. 

Este folleto contiene la conferencia que patrocinada por el Centro nacional 
politécnico, fué leída por el ingeniero Durrieu en la Sociedad Científica Argen- 
tina. 

El autor, con la solidísima posesión del tema, bien conocida en nuestro mundo 
intelectual, ha presentado un estudio que arrancando del primitivo sistema de 
ejecución de obras, que era esencialmente directo, llega hasta los sistemas actua- 
les que son fundamentalmente indirectos debido, entre otras causas, ala despro- 
porción creciente entre las aptitudes y capacidad ordinarias de un hombre, para 
llevar á cabo la enorme variedad de concepciones que tienen aplicación en la 
vida moderna y también por la misma magnitud de las obras que se ejecutan. 

Tras las nociones históricas relativas al asunto, el ingeniero Durrieu, refirién- 
dose á nuestro Código civil, dice que « contiene sobre la materia prescripciones 
que por su espíritu y método aventajan á las de códigos aun posteriores de otros 
países», y sobre nuestra ley nacional de obras públicas opina que «ha sido no- 
tablemente concertada por sus autores, con las reglas del derecho común sancio- 
nadas desde 1871 ». 

Luego ocupándose en general de los contratos á que dan origen las formas de 
ejecución de las obras, los considera, de acuerdo con el concepto jurídico más 
moderno, como de una misma naturaleza, esto es, de la de una locación, bien de 
servicios ó de obra, según que el objeto que se tenga en vista sea tan sólo de 
operaciones personales por parte del prometiente ó bien la ejecución de una 
obra. Además, el contrato de contracción encierra fundamentalmeute una obli- 
gación de hacer que no es equiparable á la de transferir por un precio el domi- 
nio de una cosa ya heeha. 

Al ocuparse de la forma de ejecución de obras, estudia primero la ejecución 
por ecouomía ó administración, haciendo notar las ventajas é inconvenientes que 
introduce la aplicación de este sistema, especialmente en los casos de construc- 
ción de obras públicas. La ejecución por empresa ó por contrato, que da lugar a 
las formas de pago por ajuste alzado ó bien por unidad; los contratos de precio 



BIBLIOGRAFÍA 307 

invariable y aquellos sin pacto anticipado de precio invariable; el contrato úni- 
co y los contratos separados; todas estas formas de ejecución y contratación de 
obras, dan motivo al autor para hacer oportunas observaciones sobre legislación 
comparada, y comentar disposiciones de miestro Código civil, que tienen rela- 
ción con esos asuntos. 

El trabajo constituye al mismo tiempo una síntesis de algunos de los estudios 
personales realizados con mucha perseverancia por el ingeniero Durrieu. 

Aparte del mérito intrínseco del contenido del folleto, no debe dejarse sin 
mención el correcto estilo que campea en sus páginas. 

Juan José Carabelli. 



Osservazioni sulla costituzione dei cislotitl del « Ficus elástica Roxb », 
por G. B. De Toni, en Atti del Beale Istittito Véneto di Scienze, Lettere ed A¡i¡, 
año académico 1914-15, tomo LXXIV, segunda parte, página 1247 á 1252 (fe- 
brero 28 de 1915). 

Es un estudio encaminado á demostrar la naturaleza química y la estructura 
de los pedúnculos y clavas de los cistolitos, llegando á la conclusión de que los 
soportes son de pectocelulosa en la porción claviforme y callocelulosa en la re- 
gión exterior. 

Augusto C. Scala. 



« Schizostoma montelllcum » Saco. Nuova aggiunta alia flora micolo- 
gica modenese, por G. B. De Toni, en Atti del Peale Istitiito véneto de scicnce. 
lettere, ed arti, año académico 1915-1916, tomo LXXV, segunda parte, páginas 
65 á 67 (octubre 31 de 1915). 

Señala el autor la presencia de este Pirenomiceta entre la flora micológica mo- 
denesa, dando todos los detalles de su constitución, forma y distribución geo- 
gráfica. 

Augusto C. Scala. 



Materiali racolti nella campagna di esplorazione dei banehi di corallo 
eseguita dalla r. nave « Volta » nell' estáte del 1913, por I. G. B. De 
Toni. Catalogo dellc Alghe raccolte a Punta Licosa c in Sardegna, en Rirista di 
Pesca e Idrobiologia, año X (XV), 1915, números 1-3. Pavía, 1915. 

Contiene el estudio y descripción de todas las algas marinas recogidas dorante 
el viaje citado. Remitimos á los interesados al trabajo original, en la imposibi- 
lidad de dar los nombres del material algológico. 

Augusto C. Scala. 



Spigolature Aldrovandiane XIV (Cinque lettere inedite di Antonio ÜOM- 
i'agnont di Macérala ad t7ZÍ88e A Idrovandi, de la Rivista di Storia critica dril, 
Scienze mcdichc <■ naturali, año VI, número ,'!. Mayo-junio 1915, 



308 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Con el deseo de dar á conocer mejor las relaciones científicas que con sus con- 
temporáneos tuvo el célebre, botánico italiano. Aldrovando, continúa el autor la 
serie de publicaciones, dando á conocer en ésta cinco cartas inéditas dirigidas 
por Compagnoni al mencionado, con fechas comprendidas entre mayo de 1554 á 
mayo de 1563. 

Augusto C. Scala. 



Seeonda contribuzione alia flora algológiea della Libia italiana, por G. 
B. De Toni y Ach. Forti, en Bivista Comitato Talassogrqfico italiano. Memo- 
ria XLI. (Venezia, 1914), 32 páginas. 

Continuación de los trabajos hechos con el material recogido en la Tripolita- 
nia y Cirenaica, por Trotter y Vaccari ; el presente proviene del material traído 
por Pampaniui, uno de cuyos trabajos sobre la flora líbica hemos resumido en 
estos mismos Anales. 

Comprende Algas clorofíeeas, Fueoideas, Florideas y un elenco de las Biatomeas 
halladas sobre Lithophyüum byssoides, Enteromorpha crinita, Caulerpa prolífera y 
otras algas marinas. 

Augusto C. Scala. 

Hyménoptéres parasites de l'Amérique méridionale por Juan Brethes. 
en Anales del Museo nacional de historia natural de Buenos Aires, tomo XXVII, 
páginas 401 á 430, con 19 figuras en el texto. (Apareció el 18 de enero de 
191(3). Editor, Coni hermanos. Perú 684. Buenos Aires. 

Se refiere el trabajo á himenópteros parásitos de varios grupos entre los cua- 
les algunos sou parásitos de otros insectos conocidos, otros son hiperparásitos 
cuyas víctimas es imposible conocer y otros en fin cuyas presas están aún por 
descubrirse . 

Tiene interés para nosotros la cecidia producida sobre las ramas de Sentía bu- 
xifolía por Minapis niara, y otras que fuera largo enumerar. 

Los dibujos que acompañan el bien presentado trabajo son muy claros y ex- 
plicativos. 

Augusto C. Scala. 



Cours d'hydraulique, par J. Grialou, ingénieur des constructions civiles, 
professeur a l'École central lyonnaise. Un volume in-8° (25 X 16) de iv-550 
pages, avec 240 figures. Editeurs, Gauthier-Villars et compagnie. Paris, 1916, 
Prix, broché, 20 francs. 

Se trata de una importaute contribución al estudio racional de los problemas 
hidráulicos, de aplicación en las construcciones necesarias para la captación, 
elevación, conducción i aplicación del agua a las necesidades del hombre. 

En realidad de verdad, la hidráulica es una ciencia de esperimentación, i el 
injeniero al aplicarla procede muchas veces empíricamente. 

El profesor Grialou, sin dejar de reconocer que los resultados son suficiente- 
mente exactos para la práctica del injeniero, piensa, i piensa con razón, que con- 



BIBLIOGRAFÍA 309 

viene ciar a la hidrodinámica científica la mayor intervención p08Íble en todos 
los casos. 

Así en la Advertencia con que encabeza su obra, dice : « Se observará que en 
todos estos estudios hemos tratado constantemente de no separarnos de los prin- 
cipios i emplear las ecuaciones de la hidrodinámica, aplicables tanto a los líqui- 
dos perfectos como a los dotados de viscosidad. Si es cierto que no se puede es- 
perar el progreso del análisis matemático para resolver los problemas, aun los 
más elementales de la hidráulica i que hai que aceptar las fórmulas hoi en uso, 
es necesario, sobre todo en la enseñanza de esta materia, hacer conocer al alum- 
no la falta de base científica que caracteriza la mayor parte de las fórmulas qui- 
en el estado actual de nuestros conocimientos nos venios obligados a emplear en 
la práctica ». 

Hemos recorrido el trabajo del profesor Grialou, deteniéndonos en algunos de 
los capítulos de más útil aplicación, i podemos aseverar que si bien en determi- 
nados puntos hai superabundancia de análisis, vale decir, se mantiene en un 
tren esencial matemático — lo que por otra, parte constituye la fase teórica de su 
tratado — en lo jeneral procede con método i claridad, dando a sus demostra- 
ciones una comprensibilidad fácil, como sería en lo que atañe a los tubos de con- 
ducción de agua, al derrame de la misma en los canales i ríos, en los receptores 
hidráulicos, etc. 

El autor ha dividido su trabajo en las siguientes secciones : I, Hidrostática. 
II, Nociones de hidrodinámica. III, Derrame de líquidos por orificios (foronomía). 
IV, Tubos adicionales. V, Vertederos. VI, Tubos de conducción. VII, Derrame 
en los canales i ríos. VIII, Corrientes subterráneas. IX, Resistencia de los fini- 
dos. X, Movimientos ondulatorios i oscilatorios de los líquidos pesados incom- 
prensibles. XI, Receptores hidráulicos. XII, Ruedas hidráulicas. XIII, Turbinas 
hidráulicas. XIV, Bombas i arietes hidráulicos. XV, Estudio sobre el empleo de 
las coordenadas cilindricas en el movimiento de los líquidos contenidos en las 
ruedas o en las turbinas. XVI, Estudio sobre el movimiento de los líquidos per- 
fectos. XVII, Estudio sobre el movimiento de los líquidos viscosos i aplicación 
de la teoría de la elasticidad a los mismos. XVIII, Aplicación de esta teoría a la 
determinación de la amplitud del remanso producido en un canal rectangular de 
pendiente constante por el establecimiento de una presa de altura P. XIX, Ver- 
tedero en pared delgada en un canal ilimitado agua arriba, de fondo horizontal 
i con igual anchura que el vertedero. XX, Estudio sobre el problema de la lámi- 
na delgada. Anexos : 4 notas. 

Vése, pues, que como tratado de hidráulica teórica, matemática, el curso que 
el profesor Grialou dicta en la Escuela central de Lyon, es de un mérito real- 
mente apreeiable. Por esto mismo voi a permitirme observarle que ganaría mu- 
cho su trabajo si le agregara, en todos los casos de aplicación, ejemplos prácticos 
que facilitan la comprensión de la teoría i habitúan al futuro profesional a su 
aplicación consciente. 

S. E. BaRABINO. 



Exercises et lecons de mécanique analytique, par R. DE MONTESSUS, pro- 
fesseur á la. Faculté libre des seiences de Lille. l'n volume m-8° (23 \ 111 de 
Vl-331 pages, avec 72 figures. Gauthier-Villars et compagine, éditcms. París. 
1915. Prix, broché, 12 (Vanes. 



310 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

El profesor De Montessus desarrolla en su obra los siguientes temas : centro 
<le gravedad, atracción, potencial, momento de inercia, dinámica de los cuerpos 
sólidos i de los sistemas ; las funciones elípticas en el dominio real. 

Ha dividido su trabajo en dos grandes secciones : la Estática i la Dinámica. 
En la primera trata de los centros de gravedad de las líneas, de las superficies 
i de los volúmenes ; de la atracción de sistemas continuos sobre im punto exte- 
rior; de un cuerpo sobre un punto mui lejano i sobre un punto que coincide con 
uno de los puntos atractivos ; del potencial. Estudia al respecto las ecuaciones de 
Laplace i Poisson. Completan la teoría numerosos problemas resueltos i otros 
propuestos como ejercicios. 

En la segunda, discurre sobre los momentos de inercia, radios de jiro, calculó 
directo de los momentos de un prisma o cilindro recto," de un elipsoide referido 
a sus propios ejes; de superficies de revolución respecto de su eje i de un plano 
perpendicular al mismo ; de diversos artificios, considera el elipsoide de inercia ; 
pasa luego al principio de los trabajos virtuales i al de D'Alambert ; establece 
las ecuaciones de Lagrange ; estudia en seguida el movimiento de un cuerpo só- 
lido alrededor de un punto fijo; el de los sistemas materiales; el equilibrio, es- 
table ; i, por último, de los choques i percusiones. 

Como para la estática, completan su trabajos muchos problemas resueltos o 
por resolver. 

Como apéndice, agrega una nota sobre las integrales elípticas en el dominio 
real, dividida en dos capítulos. En el primero trata de las funcionns sn, en, dn, 
integrales de Legendre i D'Abel ; estudia la f(x, (/p (x)) dx, siendo/ una fracción 
racional i P (x) un polinomio en x de tercero o cuarto grado. En el segundo, 
analiza las funciones fii, íis, ™. 

Los problemas han sido ordenadamente reunidos por grado de dificultad, re- 
solviendo con las ecuaciones de Lagrange los relativos a la dinámica. Las por 
resolver han sido dispuestas en igual orden. 

Bastan estas breves indicaciones para dar una idea de la importancia de estas 
lecciones de análisis mecánico, a las que los numerosos ejemplos de aplicación 
hacen realmente útil. 

S. E. Barabino. 



índice general 



MATERIAS CONTENIDAS EN EL TOMO OCTOGÉSIMO SEGUNDO 



Sobre una difracción de los rayos Eontgen producida en las ranuras de cristales 

y en las láminas metálicas, por J. Laub 5 

En las montañas riojanas al oeste del Nevado de Famatina y en regiones limítro- 
fes de la provincia de San Juan (nota preliminar), por C. C. Hosskus 11 

Peligros de las corrientes alternas industriales y manera de aminorarlos, por H. 

M. Levylier 57 

Datos sobre los indios Terenas de Miranda, por J. Bach 87 

Estudio fito-zoológico sobre algunos lepidópteros argentinos productores de aga- 
llas, por Juan Bréthes 113 

La industria de los productos químicos medicamentosos ; su posible desarrollo 
en el país, por Jorge Magnin 141 

William Eamsay, por Horacio Damianovich 185 

Las investigaciones de M. Charlton Bastían sobre biogénesis, por Salvador 

Mazza y Horacio Damianovich 198 

Cuestiones de nomenclatura paleoetnológica, por Félix F. Outes 203 

Espigando en el herbario, por Carlos Spegazzixi 217 

Observaciones sobre la estructura y formación de los microcristales de ioduro 

de plomo con luz ultravioleta, por Horacio Damianovich 233 

Metamorfosis de Taphrocertts clongatus Gory (coleóptero buprcstido), por Carlos 

Brüch 251 

Descripción de un nuevo género y de dos nuevas especies de estafilínidos mirmi- 
cófllos, por Carlos Brucii '-'•"• 7 

El primer hallazgo arqueológico en la isla de Martín García, por Félix F. Outes. 265 

Valor del hallazgo de una pipa de piedra tallada en la provincia de Entre Ríos, 

por Félix F. Outes 27s 

Estudio de los fenómenos magneto-ópticos y magnéticos de soluciones de hierro 
coloidal, por Héctor Isnardi 289 

BIBLIOGRAFÍA 

. I nales de psicología (1911, 1912 i lülS) 95 

"Relación ruin: la parte liviana i la pesada '/* lu liloesfera i tlr sus respectivas 
elasticidad i densidad media, por Oaldino Negri ;*•> 



312 ANALES DE hA. SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La obra de Florentino Ameghino, por Antonio A. Somero <.ü 

ios grandes problemas nacionales, por Alberto I. Gaché 98 

La gruta sepulcral del Cerrito de las Calaveras', por Félix F. Outes 100 

Las hachas insignias patagónicas, por Félix F. Outes 101 

Fnsayo de hagiografía arjentina, por Clemente Onelli 101 

Alfombras, tapices i tejidos criollos , por Clemente Onelli 102 

Bretes noticias i tradiciones sobre el orijen de la boleadora i del caballo en hi Be- 
pública Arjentina, por Aníbal Cardoso 103 

La enseñanza i la esperimentación agrícolas en la República Arjentina, por To- 
más Amadeo 104 

Anales de zoolojía aplicada, por Carlos E. Porter 105 

Conferencia sobre antropolojía, etnolojía. i arqueolojía, por Sicardo Latcham. . . . "106 

Bibliografía chilena de las ciencias antropológicas, por Ricardo E. Lateham IOS 

Bibliografía de bibliografías chilenas, por Ramón A. Laval IOS 

LJl molle o pimiento de Bolivia, por Rodrigo Diez K lili* 

Théoric genérale des nombres, por E. Duiaont 110 

Le principe de rclalivUé, por E. M. Lémeray 111 

CEuvres de G. H. Balphen, por C. Jordán, H. Romearé, E. Pieard 112 

Composición química de la « Grana» (cochinilla indígena), « Daetylopius argenti- 
nas > nov. spec. , por Juan A. Domínguez 112 

La_ vegetación del lago Nahucl-Huapí y sus montañas, por C. Curt Hosseus .... 112 
Quelqucs donnecs prcliminaires sur une nouvelle mycocécidic de la « Sagittaria 

montevidensis » Cham. et Schl., por Carlos Lizer 213 

Les Alismatacces argentines, por Lucren Hauman 213 

Note sur « Mydromystria stolcnifcra» Mey., por Lucien Hauman 214 

Note sur les Joncacccs de petits genres andins, por Lucien Hauman 214 

Plantae fischerianac, por Cristóbal M. Hicken 214 

Les Dioscoréacées de VArgenline, por Lucien Hauman 215 

Revista chilena de historia natural, director Carlos E. Porter 215 

Anales de zoología aplicada, director Carlos E. Porter 215 

Revista de ciencias 21(i 

Sistema de ejecución de 'obras, por el ingeniero Mauricio Durrieu 321 

Osservacioni sulla costituzione dei cislotiti del « Fieus elástica Roxb ». por O. B. 

De Toni 322 

« Schizostoma monlcllicum» Sacc. Nuova aggiunla alia flora micologica modime- 

se, por G. B. De Toni 322 

MaleriaU racolti nella eampugna de csplorazione dei banchi di corullo eseguita 

dalla r. nave « Volta » nelVeslate del 1913, por I. G. B. De Toni ."" 322 

Spigolature Aldrovandiane XIV, por Antonio Compagnoni 322 

Seconda contribuzionc alia flora algológica della Libia, italiana, por G. B. De 

Toni y Ach. Forti 323 

Jlyínénopteres parasites de VAmérique méridionalc. por Juan Brethes 323 

Cours d'hydrauliquc, por J. Grialou 323 

Erercises et lecons de mécanique analylique, por R. de Montessus 324 



SOCIOS AC 



Uradin, Carlos. 
Granel, Joaquín. 
Gregorinn, Juan. 
Grieben, Arturo. 
Groeben, Pablo. 
Groizard, Alfonso. 
Cuitarle, Manuel. 
Guglialmelli, Luis 0. 
Gutiérrez, Ricardo i. 
Gutiérrez, Carlos. 
Guesalaga, Alejandro. 
Guerrero, Mariano A. 
Hauman Merck, Lucien. 
Hermilte, Enrique. 
Herrera Vega, Marcelino. 
Hicken, Cristóbal M. 
Hosseus, Carlos Curt. 
Holmberg, Eduardo A. 
Hoyo, Arturo. 
Huergo, Luis A. (hijo) 
Huergo, Eduardo. 
Huergo, José M. 
Ibarra, Luis de. 
Isnardi, Héctor. 
Isnardi, Teófilo. 
Issouribehere, Pedro J. 
Israel, Alfredo C. 
Iturbe, Miguel. 
Jesinghaus, Carlos. 
Jijena, Delfín. 
Koclí, Víctor. 
Kenny, E. G. 
Laclau, Narciso C. 
Lafone Queyedo, Samuel A. 
Labarthe, Julio. 
Lanfranco, Silvio. 
Landeira, Pedro, V. 
Lara, Juan B. 
Larreguy, José. 
Lathan Urtubey, Augusto. 
Lalzina, Eduardo. 
Laub, Jacobo J. 
Lea, Alian B. 

Leguizamón, Pondal Mart"°. 
Lelli, Arduino. 
Lemos, Carlos. 
Lerena, Carlos. 
Levylier, H. M. 
Logarte, llamón. 
Lix Klett, Carlos. 
Lizer, Carlos. 
Longobardi, Ernesto. 
Lorenzetti, Miguel V. 



Lozano, ¡ 

Lozano, ! 

Lugones, 

Lugones, ■■ 

Luro, Bu 

Madrid, Enrique de. 

Mainini, Carlos. 

Mégy, Luis A. 

Magnin, Jorge. 

Magnin, Félix J. 

Mallol. Emilio. 

Mamberto, Benito. 

Maradona, Santiago. 

Marín, Plácido. 

Marcó del Pont, Enrique. 

Marcó del Pont, Ernesto (h.). 

Marotta, Pedro. 

Marti, Ricardo. 

Massini, Esteban. 

Maupas, Ernesto. 

Mattos, Manuel E. de. 

Medina, José A. 

Meló, Carlos F. 

Méndez Calzada, Luis. 

Meoli, Gabriel. 

Mercante, Víctor. 

Mercáu, Agustín. 

Mermos, Alberto. 

Meyer, Camilo. 

Mignaqui, Luis P. 

Monge Muñoz, Arturo. 

Molina Civit, Juan. 

Molina, Eduardo. 

Molinelli, Ernesto A. 

Morales, Carlos María 

Moreno, Evaristo V. 

Moreno, José. 

Mohring, Waltber. 

Morteo, Carlos F. 

Moyano, Osman. 

Mugica, Adolfo. 

Narbondo, Juan L. 

Nágera, Juan José. 

Natale, Alfredo. 

Negri, Galdino. 

Negri, Mario L. 

Nelson, Enrique M. 

Nielsen. Juan. 

Noceti, Domingo. 

Nogués, Domingo. 

Novillo, Andrés. 

O'Cohnsr, Eduardo, 

Ochon. Arturo. 



Urcoyen, Francisco. 
Ortiz ile Rosas, íofg 
Orús, José M. 
Orús, Antonio (hijo). 
Ortwed, Villielm. 
Otamendi, Eduardo. 
Otameodi, Rómulo. 
Otamendi, Alberto D. 
Otamendi, Gustavo. 
Otamendi, Belisario. 
Outes, Félix F. 
Paitoví Oliveras, Antonio. 
Palacio, Emilio. 
Palazzo, Pascual. 
Palet, Luciano. 
Panelo, Esteban. 
Paol i, Humberto. • 
Paolera, Carlos M. della. 
Parodi, Edmundo. 
Pasman, Raúl G. 
Pastore, Franco. 
Paquet, Carlos. 
Pardo, Rafael L. 
Paz, José M. 
Pelosi, Elias. 
Pelleschi. Juan. 
Peralta Ramos, Enrique. 
Pértile, José C. 
Petersen, Teodoro H. 
Piaña, Juan S.. 
Pouyssegur, Hipólito li. 
Ponte, Federico N. del. 
Puiggari, Miguel M. 
Quiroga, Modesto. 
Quiroga, Alejandro. 
Rabinovich, Delfín. 
Raña, Eduardo S. 
Rebuelto, Emilio. 
Rebuelto. Antonio. 
Renacco, Ricardo. 
Repossini, José. 
Reyes, J. Miguel. 

Rívarola, Rodolfo. 
Riveros, Ernesto. 
Rodríguez Aravenn, Sanios. 
Rodríguez de Vicente, Román. 
Rodríguez Elidían. Carlos. 
Rodríguez barreta. Eduardo. 



ACTIVOS (Conclusión) 



hotíor'JTii..;-.-- .. . ., 
Rojas, Juan R. 
Rom, Carlos A. 
Romero, Julián. 
Romero, Antonio. 
Rossell Soler, PedroA. 
Rospide, Juan. 
Rúa, José M. de la. 
Rumi. Tomás J. 
Saavedra Lamas, Carlos. 
Sanaría, Enrique. 
Sabatini, Ángel. 
Sáenz Valiente, Eduardo. 
Sáenz Valiente, Anselmo. 
Sánchez Díaz, Abel. 
Sánchez, Juan A. 
Sánchez, Zacarías. 
Sanromán, Iberio. . 
Santángelo, Rodolfo. 
Segovia, Fernando. 
Sarhy, José. S. 
Sarhy, Juan F. 
Scala, Augusto. 
Schaefer, Guillermo F. 
Seguí, Francisco. 
Sclineidewind, Alberto. 
Selva, Domingo. 



• i'sderico. 
Senet, Rodolfo. 
Senülosa, Juan A. 
Serodino, Eduardo C. 
Serra Renón, José. 
Silva, Ángel. 
Silva Barros, Félix A. 
Sires, Marcelo C. 
Soldano, Ferruccio. 
Sorondo, Alejandro. 
Sordelli, Alfredo. 
Sorkau, Walther. 
Suárez, Eleodoro. 
Storni, Segundo. 
Stuart Pennington, A. 
Sunblad Roseti, Gustavo. 
Tarelli, Carlos A. 
Tello, Eugenio. 
Tieghi, Segundo. 
Torre, Bertucci Pedro. 
Ugarte, Trifón. 
(Jhart, Pedro. 
Urihuru, Arenales. 
Uriburu, David. 
Vallebella, Colón B. 
Vilar, Juan. 
Valentini, Argentino. 
Valerga, Órente A. 



Valiente Noaílles, Luis. 
Valle Iberlucea, Enrique del 
Vallejo, Carlos. 
Várela, Rufino (hijo). 
Vasquez de Navoa, Vicente. 
Vico, Domingo. 
Vignau, Pedro T. 
Vidal, Antonio. 
Virasoro, Valentín. ' 
Vitoria, Gonzalo. 
Volpatti, Eduardo. 
Volpi, Carlos A. 
Wauters, Carlos 
Windhausen, Anselmo. 
Widakowich, Víctor. 
Wernicke, Roberto. 
Wernicke, Raúl. 
Williams, Adolfo T. 
White, Guillermo. 
White, Guillermo J. 
Wollenweide, Albino. 
Zakrzewski, Bernardo. 
Zamboni, Agustín. 
Zappi, Enrique V. 
Zelada, José. 
Zorraquin, Guillermo. 



SOCIOS ADHERENTES 



Arias, Víctor J. 
Bazterreix, Francisco. 
Bavio, Héctor A. 
Bes, Raúl. 
Caminal, Martín A. 
Casadeval, Domingo. 
Cozzi, Honorio. 
Claria, César. 
Colombo, Carlos A. 
Cornejo Saravia, Joaquín. 
Dietsch, Juan B. 
Demichellis, Juan B. 



Dorado, Luis. 
Gotuzzo, Francisco G. 
Grau, Carlos A. 
Márquez Gómez, Adolfo. 
Mordeglia, Domingo. 
Niño, Bernardo J. 
Parera Denis, Fortuno. 
Peirano, Santiago F. 
Pini, Aldo S. 
Rojo, Jorge T. 
Real, Enrique B. 
Repetto, Cayetano. 



Saforcada, Aníbal. 
Saravia González, Moisés. 
Sáenz Valiente, Casto. 
Sobral, Arturo. 
Torres, Ricardo J." 
Trelles, Rogelio A. 
Vernengo, Roberto E. 
Vidal, Eduardo. 
Zambrano, Víctor. 
Zapata, Ciríaco L. 
Zuleta, Enrique. ' 



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