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Full text of "Anales de la Sociedad Espala de Historia Natural"

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OF 



COMPARATIVE ZOOLOGY, 



AT HARVARD COLLEGE, CAMBRIDGE, MASS. 



The gift ofCÁjL \ijoSkyirL^ Js^ cMú _ 
No. ?y 9 í 



ANALES 



HISTORIA NATURAL 



ANALES 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



DE HISTORIA NATURAL 



TOMO DECIMONOVENO. 



MADRID: 

DON I. BOLÍVAR, TESORERO. 

CALLE DE ALCALÁ, 11, TERCERO. 



a,. 

1890 



Articulo 27 del Reglamento. Las opiniones emitidas en las Memorias publica- 
das en los Anales son de la exclusiva responsabilidad de sus autores. 



IMP. Di; FOKTAXr.T, LIBERTAD, 29. 



SOCIEDAD ESPAÑOLA 



DE 



HISTORIA NATURAL 



La Sociedad Española de Historia Natural, creada y 
sostenida tan solo por esfuerzos individuales, se consti- 
tuyó conforme á la Circular y Reglamento adjuntos, 
obteniendo tan favorable acogida dentro y fuera de 
España, que al poco tiempo de su fundación contaba ya 
con más de cuatrocientos socios, y se hallaba en relacio- 
nes con las principales Sociedades científicas de diversas 
naciones. Ha llevado esta Asociación á feliz término y 
con toda exactitud cuanto se prometía, publicando un 
tomo cada año de unas 600 páginas en 8.°, de excelente 
papel é impresión, con las láminas necesarias para la 
mejor inteligencia del texto, ya litografiadas, ya graba- 
das en piedra ó en acero, y también algunas iluminadas 
á mano por los mejores artistas, tanto de España como 
del extranjero, empleando en estos gastos exclusiva- 
mente la reducida cotización (15 pesetas anuales) de 
cada socio, pues todos los cargos en esta Corporación 
son gratuitos. 

Las personas interesadas por deber ó afición en la pro- 
pagación de los conocimientos de las ciencias naturales 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



que quieran ingresar en esta Sociedad, y no conozcan á 
ninguno de sus socios, pueden dirigirse al Sr. Tesorero, 
D. Ignacio Bolivar, ó al Sr. Secretario, D. Francisco 
Quiroga y Rodríguez, calle de Alcalá, 11, 2.", Madrid, 
quienes darán las explicaciones necesarias. 

Estos señores están también encargados de recibir 
suscripciones para las Bibliotecas públicas ó particulares, 
las Sociedades científicas, los Establecimientos de ense- 
ñanza, etc., por un precio igual al de la cotización de 
cada socio, el cual no varía, ya resida el suscriptor en 
Madrid, en las provincias, en el extranjero ó en Ultra- 
mar, recibiendo siempre por el correo y francas de porte 
las publicaciones de esta Corporación. 

La Sociedad ha acordado recientemente admitir, bajo 
el título de Socios agregados, á los aficionados á los 
estudios científicos que así lo deseen. Estos socios, cuyos 
derechos y deberes se declaran en las adiciones al Regla- 
mento, recibirán todos los años un ejemplar de las Actas 
de las Sesiones de la Sociedad y contribuirán á los gastos 
de la misma con la cuota anual de cinco pesetas. 



CIRCULAR DE LOS SOCIOS FUNDADORES. 



V 

Hace tiempo que entre las personas dedicadas en España al 
€Studio de la naturaleza, se echan de menos los lazos de mutua 
unión y concierto que en otras naciones facilitan el progreso 
científico, alentado por la colectiva influencia y sostenido por 
ja oportuna publicidad de todo lo bueno y útil, que sea debido 
á la actividad individual. 

Demostrado se halla por larga y triste experiencia, cómo 
notables trabajos de acreditados naturalistas, cuyos nombres 
traspasaron los confines de la Península, se hicieron infruc- 
tuosos, no llegando á terminarse, desvanecida la esperanza 
de que fuesen conocidos; ó habiéndose terminado, perdieron 
su novedad é importancia científica por el transcurso de 
los años. 

Debe ensayarse por cuantos cultivan actualmente las cien- 
cias naturales en España un común esfuerzo para evitar en 
lo sucesivo, dentro de los posibles límites, las dificultades é 
inconvenientes que se originan del aislamiento, contribu- 
yendo todos á los nobles fines que se propone la Sociedad 
Española de Historia Natural, iniciada en Madrid á impulsos 
de celo y entusiasmo puramente científicos. 

Ninguna prueba se exige al que aspire á formar parte de 
esta Sociedad, ninguna obligación se imponen los socios de 
presentar en ella sus trabajos científicos, aun cuando se 
espera confiadamente que comunicarán á sus colegas los des- 
cubrimientos que hayan logrado hacer, estando reducidos 
todos sus compromisos á satisfacer la cuota anual, recibiendo 
en cambio lo que se publique durante el año. 



ít ANALES DE HISTORIA NATURAL. 

Están llamados, pues, á formar parte de esta Sociedad, no- 
solo las personas que por afición ó deber se dedican á las- 
ciencias naturales, sino también cuantos crean provechoso j 
coHTeniente alentar en España tales estudios, propagar los 
conocimientos que se refieren á este ramo del saber humano, 
y dar á conocer las producciones naturales del país. 

Tan importante objeto tendrán les Anales de la Sociedad 
Española de Historia Xatural, y en ellos se insertarán prefe- 
rentemente los catálog-os totales ó parciales de las produccio- 
nes de una localidad determinada, la descripción de especies 
nuevas, la crítica de las ya publicadas, é igualmente las 
monografías de un grupo particular de seres naturales, cuando 
haya suficientes datos para ello, y las noticias parciales acerca 
de la gea, flora y fauna de la Península y sus provincias 
ultramarinas, todo acompañado de los grabados y láminas 
necesarias. 

El adjunto Reglamento manifiesta en sus pormenores cuáles 
son los intentos de la naciente Sociedad, y es de esperar que 
suficientemente enterado, tanto del objeto como de la organi- 
zación acordada por la misma, se servirá V. manifestar si 
gusta inscribirse como socio fundador ú ordinario. 

Madrid 15 de Marzo de 1871. — Ignacio Bolívar. — Miguel 
Colmeiro. — Joaquín González Hidalgo. — Pedro González de 
Yelasco. — Marcos Jiménez de la Espada. — Piafael Martínez 
Molina. — Francisco de Paula Martínez y Sáez. — Patricio María 
Paz y Membiela. — Sandalio de Pereda y Martínez. — Laureano 
Pérez Arcas. — José Solano y Eulate. — Serafín de Uhagóa. — 
Juan Yilanova y Piera. — Bernardo Zapater. 



EEGLAMENTO 



DE LA 



SOCIEDAD ESPASOLi DE HISTORIA NATURAL. 



CAPITULO I. 
Disposiciones generales. 

Artículo 1." Se constituye en Madrid una Sociedad Espa- 
ñola DE Historia Natural, cuyo objeto es el cultivo y adelan- 
tamiento de esta ciencia, principalmente por medio del estu- 
dio de las producciones naturales de España y sus provincias 
ultramarinas, y de la publicación de cuanto á dicbas produc- 
ciones se refiera, 

Art. 2." El número de socios será ilimitado, pudiendo per- 
tenecer á la Sociedad tanto los españoles como los extranjeros. 

Art. 3." Para ser admitido en la Sociedad se necesita ser 
propuesto por uno de los socios, y se decidirá acerca de su 
admisión en la sesión inmediata, por mayoría de votos, des- 
pués de oído el informe de tres socios nombrados al efecto. 

Art. 4.° Todo socio pag-ará una cuota anual de 15 ptas., que 
hará Ueg-ar sin descuento y por conducto seg-uro al Tesorero, 
en la época de admisión, y posteriormente en el mes de Enero 
de cada año. 

Art. 5.' Los socios recibirán su diploma, el Reg-lamento y 
las publicaciones de la Sociedad desde el año en que se veri- 
fique su ing-reso. 

Art. 6." Todos los socios tendrán derecho á asistir á las 
sesiones con voz y voto en ellas; pero solo se pasará papeleta 
de citación á los que avisen al Secretario que residen en 
Madrid habitual ó temporalmente. 

Art. 7." Los que dejen transcurrir un año sin satisfacer su 
cuota anual, así como los que manifiesten su deseo de no con- 



10 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 

tinuar perteneciendo á la Sociedad, serán borrados de la lista 
de socios, y relevados del pago de su cuota desde el año en 
que se tome tal resolución. 

Art. 8.° Se llamarán socios fundadores los que se compro- 
metan á cubrir el déficit ocasionado por las publicaciones de 
la Sociedad durante el primer año de esta. 

Art. 9 " Las publicaciones de la Sociedad llevarán el título 
de Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, y apa- 
recerán por cuadernos, formando al fin del año un volumen 
completo con las figuras y láminas que se crea convenientes. 

Art. 10. Todos los años se publicará en los Anales una 
lista de los socios pertenecientes á la misma, así como la indi- 
cación de los que por cualquiera causa hayan dejado de per- 
tenecer á ella durante el último año. 

Art. 11. Los autores de las Memorias publicadas podrán 
obtener una tirada aparte de su trabajo, haciéndolo saber con 
anticipación al Tesorero, y abonándole previamente el importe 
de los gastos que se originen por este concepto. 



CAPÍTULO II. 

Organización de la Sociedad. 

« 

Art. 12. La Sociedad nombrará anualmente su Junta direc- 
tiva, compuesta del Presidente, Vicepresidente, Secretario, 
Vicesecretario y Tesorero, siendo elegidos por mayoría de 
votos entre los socios residentes en Madrid. 

Art. 13. Se procederá en la sesión ordinaria del mes de 
Diciembre al nombramiento de las personas que hayan de 
desempeñar estos cargos desde la del mes de Enero inmediato, 
no pudiendo ser reelegido el Presidente hasta después de 
dos años. 

Art. 14. Corresponde al Presidente dirigir las discusiones, 
y su voto será decisivo en caso de empate. 

Art. 15. El Secretario extenderá el acta de las sesiones, 
estará encargado de la correspondencia científica, y ejercerá 
el cargo de Contador. 



REGLAMENTO. 11 

Art. 16. El Tesorero recaudará las cuotas de los socios, 
hará los pagos acordados por la Sociedad, y distribuirá las 
publicaciones de esta, presentando al fin de cada año las 
cuentas documentadas, que deberán examinarse por una 
Comisión nombrada al efecto. 



CAPITULO III. 
Sesiones. 

Art. 17. La Sociedad se reunirá en sesión ordinaria el pri- 
mer miércoles no festivo de cada mes, á las ocho de la noche. 

Art. 18. El orden de las sesiones ?erá el siguiente: 

1.° Lectura y aprobación del acta de la sesión anterior. 

2." Comunicación de la correspondencia y de los trabajos 
científicos dirigidos á la Sociedad. 

3." Presentación de informes y proposiciones por escrito. 

4.° Comunicaciones verbales. 

Art. 19. No será permitida discusión alguna que sea 
extraña al objeto científico de la Sociedad. 

Art. 20. Podrá concurrir á las sesiones cualquiera persona 
que no pertenezca á la Sociedad, siempre que previamente sea 
presentada por uno de los socios. 

Art. 21. En la última sesión de cada año hará el Secretario 
una relación del estado de la Sociedad y de los trabajos cien- 
tíficos en que se haya ocupado. 

Art. 22. El Presidente convocará á sesión extraordinaria 
cuando lo crea oportuno, ó en virtud de petición por escrito 
de* cinco socios, no pudiéndose en ella tratar sino de los asun- 
tos para que hubiese sido convocada y que deben ser conoci- 
dos de antemano. 

Art. 23. Para modificar el Reglamento ó disolver la Socie- 
dad, se necesitará una proposición fundada y firmada por 
cinco socios, la cual se presentará en sesión ordinaria. Si en 
ella fuere tomada en consideración, se nombrarán cinco socios 
que emitan un informe razonado, el cual se discutirá y votará 
en sesión extraordinaria, convocada expresamente con este 



12 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 

objeto, no siendo admitida la proposición si no fuere aprobada 
por las dos terceras partes de los socios residentes habitual- 
raente en Madrid. En caso de no reunirse este número, basta- 
rán las dos terceras partes de los socios presentes en la sesión 
inmediata. 



CAPITULO IV. 
Publicaciones. 

Art. 24. Una Comisión compuesta del Presidente, Secreta- 
rio, Tesorero y otros tres socios nombrados todos los años con 
este objeto, será encargada de examinar las Memorias dirig-i- 
das á la Sociedad, elegirlas que se crean más convenientes 
para su inserción en los Anales, y vigilar su publicación. 

Art. 2.5. Ningún trabajo se puede insertar en los Anales 
sin haber sido leído antes en la Sociedad, ya en totalidad, ya 
en extracto. 

Art. 26. Serán devueltos á sus autores los manuscritos que 
no se hayan publicado un año después de haber sido leídos 
en la Sociedad. 

Art. 27. Las opiniones emitidas en las Memorias publica- 
das en los Anales son de la exclusiva responsabilidad de sus 
autores. 

Art. 28. La Sociedad se reserva el derecho de imprimir 
los trabajos científicos que se le remitan en idioma extran- 
jero, siempre que lo tenga por conveniente. 

Art. 29. Quedarán en poder de la Sociedad los manuscritos 
de las Memorias que se inserten en los Anales. * 

Art. 30. Los objetos naturales que la Sociedad reciba serán 
depositados en las colecciones públicas de Madrid, donde se 
crea que puedan ser más convenientes, y conservarse para 
ser estudiados con mayor facilidad por los naturalistas, dando 
conocimiento de todo ello al remitente. 

Madrid 15 de Marzo de 187L 



ADICIONES AL REGLAMENTO. 



I. 



SECCIONES. 

1." La Sociedad Española, de Historia Natural autoriza la 
formación de Secciones de la misma en todos aquellos puntos 
donde lleg-uen á reunirse 15 socios residentes, llevando cada 
Sección el nombre de la localidad respectiva. 

2." Las Secciones se rcg-irán en un todo por el Reg-lamento 
de la Sociedad, salvo en lo referente al art. 23 del cap. iii, que 
se refiere á la modificación del Reg-lamento, y á los artícu- 
los 24 al 29 del cap. iv, que tienen relación con las publica- 
ciones de la Sociedad. En consecuencia, nombrarán su Junta 
directiva con arreg-lo al cap. ii. 

3." Las actas de las Secciones, una vez aprobadas por estas, 
así como los trabajos científicos que en las mismas se pre- 
senten, deberán remitirse por el Secretario de cada una de 
ellas á la Sociedad para los efectos del Reg-lamento en lo que 
á estos se refiere. 

4." Los acuerdos de las Secciones solo podrán versar sobre 
asuntos económicos ó administrativos que con ellas se rela- 
cionen y que en nada afecten al interés g-eneral de la Sociedad. 

5.° Cada Sección formará con la anticipación conveniente 
un presupuesto anual de g-astos, que habrá de enviar á la 
Sociedad para su aprobación; obtenida la cual, será su importe 
abonado á la Sección por el Sr. Tesorero de la Sociedad. 

Madrid 4 de Marzo de 1885. 



14 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



II. 



SOCIOS AGREGADOS. 

1." La Sociedad Española de Historia Natural admitirá 
bajo la denominación de ¡Socios agregados, previas las formali- 
dades exig-idas para los numerarios en el art. 3." del Reg-la- 
mento á los aficionados al estudio de la Historia natural que 
manifestaren á alg-uno de los socios numerarios su deseo de 
formar parte de aquella en el concepto indicado. 

2.° Los Socios agregados podrán asistir á las sesiones 
tomando parte en ellas, aunque sin voto en las cuestiones de 
índole administrativa, y concurrir á las expediciones que 
realice la Sociedad. Recibirán un diploma en el que se acre- 
dite su cualidad de Socio agregado, un ejemplar del Regla- 
mento, y otro, cada año, de las Actas de las sesiones. Tendrán 
también derecho á consultar las obras de la Bidlioteca de la 
Sociedad en el local destinado al efecto. 

3.° Los Socios agregados abonarán una cuota de cinco pese- 
tas que satisfarán la primera vez en el momento de su ingreso 
en la Corporación; y en los años sucesivos, en el mes de 
Enero. 

4.° Todas las disposiciones del Reglamento de la Sociedad 
que no se hayan modificado expresamente en estas disposi- 
ciones, serán extensivas á los Socios agregados. 

Madrid 5 de Marzo de 1890. 



MEMORIAS 



HISTORIA ííATUPvAL 



EIÑTS-A-irO • 



SOBRE LAS 



ESPECIES mñm del grito mím\ 



D. serafín de UFIAGÓN. 



(Sesión del 4t de Diciembre de 1889.) 



Al presentar á mis consocios este ensayo, no pretendo cier- 
tamente ser el iniciador de la idea de ir poco á poco dando á 
conocer la fauna coleopterolúgica de nuestra patria por medio 
del estudio y publicación parcial de g-rupos ó de familias, se- 
gún los materiales que á este fin sea posible reunir. Esta idea 
fué hace tiempo, no ya iniciada, sino puesta en ejecución por 
el Sr. D. Laureano Pérez Arcas, con su Revista critica de las 
especies españolas del género «Percus>-, y mi propósito se re- 
duce á despertar en forma práctica aquel recuerdo, para que 
otros entomólogos más competentes y en mejores condiciones 
que yo sigan las huellas de tan sabio y respetado cuanto que- 
rido maestro. 

Que no ha de faltarles ayuda en esta empresa me lo prueba 
el hecho de la que á mí me han prestado, con la comunica- 
ción de especies ó de datos interesantes sobre otras, en el 
extranjero los Sres. D. R. Oberthür, Kraatz, Baudi, Seidlitz, 
Reitter y Fauvel, en España los Sres. Pérez Arcas, Martínez y 



ItJ ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

Sáez, Bolívar, Cazurro y Vázquez, de Madrid y el Sr. Marto- 
rell, de Barcelona, á quienes rueg-o acepten por su amabili- 
dad la expresión de mi profundo ag-radecimiento. 

A ellos se deberá lo poco bueno que en este estudio pueda 
hallarse. 



El g-rupo Cliolev(B pertenece al orden de los Coleóptera, divi- 
sión Necrophagi, familia SilpMdce, tribu Cholevini, y se dis- 
ting-ue por los caracteres sig-uientes: 

Forma g-eneral oval más ó menos oblong-a ó elíptica; cuerpo 
pubescente. 

Cabeza bruscamente truncada por detrás, así como los ojos; 
el vértice saliente en forma de quilla transversal. 
Palpos con el último artejo cónico ó en forma de lezna. 
Antenas de once artejos, más ó menos eng-rosadas ó en maza 
hacia la extremidad. La maza formada por los cinco últimos 
artejos. 
Ojos visibles. 

Élitros cubriendo siempre el abdomen. 
Caderas anteriores cónicas y salientes; caderas posteriores 
planas, transversas, contig-uas; sus trocánteres desarrollados. 
Episternones metatorácicos en triáng-ulo alarg-ado. 
Abdomen de 6 seg"mentos aparentes; ^f con un seg'mento 
adicional, no siempre visible, en la extremidad. 

Tarsos de 5 artejos, los anteriores siempre dilatados en los 
¡y ytambién á veces el primero ó los dos primeros artejos de 
los ÍQtermedios en el mismo sexo. 

Los dos g-rupos de la misma tribu con los que tiene mayor 
analog-ía y en cuya proximidad debe colocarse, son: los Ba- 
thysciíP, que carecen de ojos y en los cuales las caderas 
posteriores están separadas, aunque en g-rado variable, y 
los Colones, cuyo abdomen presenta tan solo 5 seg-mentos en 
los c/ y 4 en las Q, siendo la maza de las antenas de 4 ar- 
tejos. Además en ambos g-rupos ni la cabeza está truncada 
por detrás, ni es su vértice saliente en forma de quilla trans- 
versal. 

No entra en mi propósito el hacer un examen detenido de 
las diversas modificaciones que se observan en la estructura 



i3) Uhagón. — especies del grupo «cholev.-e». 17 

de los órganos, pues para ello se necesitaría someter al estu- 
dio mayor conting'ente de especies que el que abarca el pre- 
sente trabajo, reducido á las de España tan solo. 

La forma de las antenas y las proporciones de sus artejos 
son caracteres de importancia, para cuya exacta apreciación 
es útil advertir que en buen número de casos los artejos están 
comprimidos en g-rado mayor ó menor, de suerte que es con- 
veniente observarlos en el sentido de su mayor anchura, pues 
de otro modo, tal artejo que puede parecer tan ancho como 
larg'o mirado de perfil, por decirlo así, resultará transverso si 
se le examina por el lado plano. Por otra parte, las antenas 
son siempre un poco más larg-as en los ^ que en las 2 y sus 
artejos suelen g'uardar en sus proporciones idéntica relación 
de uno á otro sexo. Conviene asimismo tener presente que los 
pelitos que forman la pubescencia ofrecen en los áng-ulos pos- 
teriores del protórax una disposición á veces converg-ente, de 
tal modo, que sobresaliendo del áng-ulo mismo (subg-énero 
Catops), hacen aparecer á este ag-udo y un poco saliente, cuan- 
do es obtuso en realidad. 

Las especies, todas de tamaño relativamente pequeño, son 
ág-iles y viven principalmente entre las hojas caídas y otros 
restos veg-etales en estado de descomposición, en sitios oscu- 
ros y húmedos, en los cadáveres de animales pequeños, de- 
bajo de las piedras y á veces en la entrada y aun en el inte- 
rior de las cavernas y otros lug-ares subterráneos. Las inclui- 
das hasta ahora en el g-énero Catopsimoiyhiis Aubé, suelen 
encontrarse en los hormig-ueros con señalada preferencia. 

Su vida evolutiva es muy poco conocida. Únicamente Erich- 
son (Arch. Wiegm. 1841, i, p. 102) y Schiodte (Nat. Tidsskr., 
1863, p. 228, t. 10, f. 1-6) han descrito la larva de la Choleva 
fusca Panz. Respecto de su historia y sin ocuparnos de los 
antig-uos autores De Geer, GeoíTroy, Fourcroy, Panzer, Froh- 
lich, Fabricius, Marsham y Linneo, que respectivamente refi- 
rieron las especies de ellos conocidas á los g-éneros Dermestes, 
Silp/ia, Peltis, Helops, Líipems, Cistela, EydropMlus, Mordella 
y Chri/somela, citaré en primer término á Latreille, quien en 
su Précis des caracteres génériques des Insectes (1796) estableció 
el g-énero Cliolem. 

Paykull (Fauna Siiec. i, p. 342) describió el género dos años 
después (1798), cambiando su nombre por el de Catops. 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 2 



18 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

Knoch (IlUger Kmf. Preiiss., p. 84) volvió á describirlo en 
el mismo año con el nombre de Píomaphagus. 

Spence, en 1815 (Transad, of the Linncean Soc, t. xi), pu- 
blicó la primera monografía de este g-énero, que dividió en 
tres secciones, basándose en la forma de las antenas, la de los 
áng-ulos posteriores del protórax, la presencia ó ausencia de 
estrías en los élitros y la dilatación en los of del primer artejo 
de los tarsos intermedios. 

Ulteriormente se ocuparon de él y describieron nuevas es- 
pecies diferentes naturalistas, entre los que fig"uran: 

Stepbens (Jllustrations of British Entomology) 1830 

Newman ( Entomological Magazine) 1833 

Erichson (Kafer der Marh Brandenburg) 1837 

Sturm ( DentscMands Fauna) 1839 

Heer (Fauna Helvética) 1841 

Kellner fStettin. Entom. Zeitsch.) 1846 

Redtenbacber (Fauna austríaca) -. 1849 

Aubé (lómales Soc. Entom. France, 1850) creó el g-éne- 
ro Catopsimorphus, y entre los trabajos publicados 
después citaré los sig'uientes con preferencia: 
Kraatz. — Revisión der europaischen arten der Gattung 

Catops. (Stettin entom. Zeitsch.) 1852 

Fairmaire et Laboulbéne. — Faune entomologique fran- 

caise 1854 

M.\iYYS.j. — Monograp)Ji of the genus Catops. (Ann. Nat. 

History, xviii.) 1856 

Redtenbacber. —Fauna austríaca. Ed. 2 1858 

"YhovíiQoíi.—Skandinaviens Coleóptera, iv y ix, en que se 
establecen los g-éneros ¿^ciodrepa, Nargus, Nemadus 

y Demochrus 1862 — 1867 

De Marseul. L'Abeille, xxii. — Frécis des genres elespéces 
de la tríl)U des Sílphídes de Vanciejí monde, en el que 
se encuentran reunidas las descripciones de todas 

las especies conocidas del autor 1884 

Reitter. — Bestimmungs Tabellen der europdischen Co- 
leopteren, xii; trabajo que comprende las especies 

europeas de la división Necrophagí 1885 

En el mismo año, en la entrega 2.% parte 2.°, del 
tomo III de la Naturgeschíchte der Insecten Deutsch- 



<5) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.e». 



19 



lands, de Erichson, lia tratado dicho distinguido 
autor los SüpMdcB de Alemania. 

Des Gozis. — Recherches sur Vespéce typique de quelqiies 
anciens g emires , en cuyo opúsculo el autor divide el 
género Catopsimorphus Aubé, en tres, que denomina 
CatopsimorpJms, A ttumhra y A tUsciirra 1886 

^eidlitz. — Deutsche Entom. Zeitsch. xxxi. El autor, en 
la pág. 81 y siguientes, se ocupa de las divisiones 
propuestas en el antiguo género Caiops Pavk. , pu- 
blicando á la vez un nuevo cuadro sinóptico de las 
especies del género Ptomaphagtcs Illig 1887 

En el propio año, Reitter (Deutsche entom. Zeitsch. xxxi, 
-p. 277 á 281 y 507) describe otras especies de Cholevce y pro- 
pone dos nuevos cuadros sinópticos para la clasificación de 
las del género Choleva de los grupos de la C. angustata F. y 
C. agilis Illig. 

Y finalmente, el Sr. Seidlitz en sus Fauna ialtíca, Ed. 2. y 
Fauna transsylvanica, ambas en publicación, trata con su 
acostumbrado talento los Cholevce de las regiones respec- 
tivas. 

Se me dispensará, así lo espero, la larga enumeración de 
autores que precede, en beneficio de los naturalistas españo- 
les á quienes, al dedicarles este ensayo, deseo proporcionar 
todos los elementos bibliográficos que puedan necesitar para 
estudios ulteriores del grupo que me ocupa. 

Las ideas en dichos trabajos expuestas me han servido para 
establecer el cuadro de los Cholevíe de España que presento á 
mis colegas á continuación, y sobre el cual haré previamente 
algunas observaciones. 

Las especies que el Sr. Reitter refiere al subgénero Choleva 
ofrecen, á mi juicio, particularidades suficientes para formar 
un género aparte á la cabeza del grupo. 

En efecto, en ninguna otra de las divisiones propuestas con- 
curren los tres caracteres positivos siguientes : 

Cuerpo alargado y estrecho. 

Antenas largas y poco engrosadas hacia la extremidad. 

Muslos posteriores dos veces tan largos como las caderas. 

Caracteres combinados con otros tres negativos, á saber: 

Élitros sin arrugas transversas. 



20' AÍRALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

Mesosternon sin quilla long-itudinal. 

Tarsos intermedios sin artejos dilatados en los (/. 

En todas las demás divisiones los caracteres que preceden 
se presentan de modo distinto, aunque combinados en forma 
varia, por lo cual constituyen, á mi entender, meras seccio- 
nes de un solo género, al cual dejo el nombre de Catops 
Payk. 

No exceptúo el género Catopsimorphus Aubé, pues dado que 
el labro, cuya forma se ha invocado como carácter diferencial 
(Fairraaire et Laboulbéne, Famie entom. francaise, i, p. 305)^ 
es idéntico al de las otras especies (Duval, Genera des Coléop- 
téres cfEiirope, i, p. 106, nota primera), solo quedan para su dis- 
tinción la forma de las antenas y las proporciones del último 
artejo de estas, caracteres por sí solos de escasa importancia 
como genéricos en atención á su variabilidad. El valor de es- 
tas divisiones es bastante convencional, siendo probable que 
en lo futuro y á medida que se descubran nuevas especies,, 
resulte la conveniencia y aun la necesidad más bien de redu- 
cir que de aumentar su número, quizás ya hoy excesivíj. 

Así, por ejemplo, el subgénero Sciodrepa Thoms., cuyas es- 
pecies, según la característica primitiva de su autor, tienen 
los artejos 4.° á 6.° de las antenas transversos, encierra ya el 
C. scitulus Er. , que presenta el 4.° artejo más largo que an- 
cho, el 5." á lo sumo tan ancho como largo y el 6.° solo lige- 
ramente transverso, siendo también la maza de las antenas 
menos marcada que en el C. JVatsoni Spence, y C. alpinus Gyll., 
únicos que en un principio formaron este grupo. Si en él in- 
cluímos además, como propone el Sr. Seidlitz, los C. depressus 
Murray y pallidus Men. , que tienen los artejos de las antenas 
aún más largos, la maza menos señalada y en los que los ojos 
ofrecen tan solo un desarrollo normal, difícilmente encon- 
traremos medio de separarlo del grupo de los Catops verda- 
deros. 

De igual modo el género ó subgénero Attiscurra creado por 
el Sr. Des Gozis para separar el C. Marquen Fairm. de las de- 
más especies de Catopsimorphus, no me parece llamado á pre- 
valecer, pues si bien aquella, por sus antenas cortas y aplas- 
tadas, se distingue con facilidad del C. brevicolUs Kraatz y 
del C. Rougeti Saulcy, el ü. dalmatimis Kraatz, presenta esta 
misma disposición de las antenas combinada con la mayor 



f7) Uhagón. — especies del grupo «cholev.í;». 21 

long-itud de dichos órganos, de donde resulta que los artejos 
son también relativamente más largos, y menos transversos, 
y es probable que entre las demás especies extrañas, como el 
C. dalmatinxis, á nuestra fauna, puedan observarse otros ca- 
racteres que acentúen la transición. 

De acuerdo con el Sr, Seidlitz, entiendo que las especies del 
subgénero Anemadus Reitter, deben figurar á la cabeza del 
género Catops Pajk., pues á pesar de diferenciarse por impor- 
tantes caracteres, es imposible desconocer que por su aspecto 
general y sus antenas se les parecen en extremo, hasta el 
punto de haber sido en un principio y durante algún tiempo 
consideradas como verdaderos Cholevm. Difiero, por otra par- 
te, de dicho distinguido autor al colocar el subgénero Catops 
Payk. , no en último lugar, como él lo hace, sino tan próximo 
al primero como la combinación de sus caracteres lo permite, 
pues en razón al nombre que lleva parece merecer esta rela- 
tiva antelación ó preferencia: 

A. Cuerpo oblongo alargado; antenas delgadas, casi tan largas como la 
mitad del cuerpo, muy poco engrosadas hacia la extremidad. Éli- 
tros estriados y sin arrugas transversas. Mesosternon sin quilla 
longitudinal. Muslos posteriores dos veces tan largos como las ca- 
deras. Tarsos intermedios sencillos en ambos sexos. 



Gé.\. Choleva Latr. 

AA. Cuerpo oblongo alargado con las antenas bastante largas y poco en- 
grosadas hacia la extremidad , ó más ó menos oblongo ú oval 
oblongo, con las antenas más cortas y más ó menos en maza; pero 
en el primer caso con arrugas transversas en los élitros y con los 
tarsos intermedios ensanchados en los c/. Mesosternon con ó sin 
quilla. Muslos posteriores mucho más cortos. Tarsos intermedios 
en los Q-' con ó sin artejos ensanchados. 



Gen. Catops Payk. 

J5. Mesosternon aquillado. Élitros con arrugas transversas. 

C Caderas intermedias contiguas. Protórax sin arrugas transversas. Tar- 



.Ü2 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (Sy 

SOS intermedios con los dos primeros artejos ensanchados en los 
(f. Forma general y antenas parecidas á las del género Clioleva. 

SuBGÉN. Anemadus Reitter. 

ce. Caderas intermedias separadas por la quilla mesosternal. Protórax 
con finas arrugas transversas. Tarsos intermedios sencillos en am- 
bos sexos. Forma general y antenas más cortas. 

SuBGÉN. Ptomaphagus Illig*. 

BB. Mesosternón sin quilla. Élitros sin arrugas transversas. 

D. Tarsos intermedios con el primer artejo ensanchado en los q;'. Man- 

díbulas con un solo diente en el borde interior. 

E. Ojos separados de la comism-a de la boca por un espacio tan ancho ó 

más que el grueso del primer artejo de las antenas. 

SuBGÉN. Catops Payk. 

EE. Ojos grandes, separados de la comisura de la boca por un espacio 
más estrecho que el grueso del primer artejo de las antenas. 

SüBGÉN. Sciodrepa Thoms. 

DD. Tarsos intermedios sencillos en ambos sexos. Mandíbulas convarios^ 
dientes en el borde interior. 

F. Artejo 8." de las antenas notablemente menor que los adyacentes; el 

último poco más largo que el anterior, y no comprimido. 

SüBGÉN. Nargus Thoms. 

FF. Artejo 8.** de las antenas muy poco menor que los adyacentes ó tan 
grande como estos. 

G. Último artejo de las antenas tan largo como los dos anteriores re- 

unidos y algo comprimido; maza normal. 

SuBGÉN. Attuinbra Des Gozis. 

GG. Último artejo de las antenas tan largo como los tres anteriores re- 
unidos ; maza más ó menos comprimida. 
H. Antenas con los artejos desde el 3." al 6.° normales, no transversos;, 
el 8." apenas ó no más estrecho, pero algo más corto que los adya- 
centes; la maza empieza en el 7.° artejo. 

SüBGÉN. Catopsimorphus Aubé. 

HH. Antenas con los artejos, desde el 3.° al 6.", apretados unos contra 
otros, transversos, deprimidos, así como los siguientes, hasta eli 



(9) Uhagón. — especies del grupo «cholev^e». 23 

10.° inclusive, y difíciles de contar; el 8.0 no más estrecho y ape- 
nas perceptiblemente más corto que los adyacentes; la maza pue- 
de decirse que empieza desde el 3." artejo. 

SuBGÉN. Attiscurra Des Gozis. 



CUADRO SINÓPTICO DE LAS ESPECIES. 



Gen. Choleva Latr. 

a. Cuerpo por encima brillante, con puntuación fuerte, bien señalada en 
el protórax, algo rugosa en los élitros y el fondo casi liso. Muslos 
posteriores en los (^ sin diente. Long. 5,50 mm. 

C. punctata Bris. 

aa. Cuerpo por encima mate, con puntuación muy fina y muy apretada y 
el fondo de los élitros imperceptiblemente granugiento. Muslos 
posteriores en los ^f con un pequeño diente en el tercio basal. 
Long. 5 mm. 

C. Sturmi Bris. 



Gen. Catops Payk. 
SuBGÉN. Anemadus Reitter. 

a. Protórax en su mayor anchura apenas ó no más estrecho que los 

élitros. 
h. Élitros casi sin estrías, con el ángulo sutural redondeado en ambos 

sexos. Long. 2,20 á 2,50 mm, 

A. vandalitiae Heyd. 

hb. Élitros con estrías bastante señaladas y la extremidad de cada uno 
redondeada separadamente en los (f, en ángulo agudo en las Q. 
Long. 3 á 3,50 mm. 

A. clathratus Perris. 

aa. Protórax en su mayor anchura evidentemente más estrecho que los 
élitros; estos estriados, con la extremidad de cada uno redondeada 



24 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

separadamente en los (f, en ángulo agudo y aun espiniforme en 
las 9. Long. 3,50 mm. 

A. angusticollis Kraatz. 



SuBGÉN. Ptomaphagus Illig". 

a. Tibias posteriores ligera aunque visiblemente encorvadas hacia aden- 
tro en los o^. Antenas más robustas, con el 4.o artejo ligeramente 
transverso y la maza mayor, más alargada y más paralela. Protórax 
negro parduzco; élitros y pies rojizos; antenas del mismo color con 
la maza oscura. Long. 3 mm. 

P. clavalis Reitter. 

aa. Tibias posteriores rectas en ambos sexos. Antenas menos robustas 
con el 4.° artejo no transverso y la maza menor y más oblonga. 
h. Élitros estrechados en línea casi recta desde la base; oblicua, pero 
marcadamente truncados en el ápice. Tarsos anteriores en los (f 
muy ensanchados , formando una paleta oblonga tan ancha como 
la tibia. Cuerpo negro parduzco en su totalidad, ó con los élitros 
más ó menos castaño-oscuros, algo más claros hacia la extremidad; 
antenas rojizas con la maza oscura. Long. 2,10 á 3 mm. 

P. sericatus Chaud. 

bh. Élitros más regularmente oblongos, no estrechados desde la base, con 
los lados más en línea curva, tan oblicuamente truncados que más 
bien parecen obtusamente redondeados en el ápice. Tarsos ante- 
riores en los of menos ensanchados, formando una paleta oblongo- 
alargada más paralela que en la especie anterior y más estrecha 
que la tibia. Cuerpo rojizo-f erruginoso , asi como las antenas y los 
pies. Long. 2 mm. 

P. Rosenhaueri sp. nov. 



SuBGÉN. Catops Payk. 

a. Protórax estrechado en curva hacia adelante desde la base, con su 

mayor anchura en esta. 
h'. Antenas con todos sus artejos, el 8.0 inclusive, más largos que anchos. 

Long. 4 á 5 mm. 

C. pallidus Men. 



<ii) Uhagón. — especies del grupo «cholev^í;». 20 

bb. Antenas con los artejos 8.0 al 10. o no más largos que anchos. Long. 4 
á 5 mm. 

C. depressus Murray. 

aa. Protórax estrechado en curva hacia adelante y hacia atrás ; su mayor 
anchura á mayor ó menor distancia de la base. 

c. Lados del protórax en curva regular^ sin sinuosidad junto á los ángu- 

los posteriores. 

d. Antenas con el artejo 8.*^ tan largo como ancho. Long. 4,.50 á 5,50 mm. 

C. marginicollis Luc. 

dd. Antenas con el artejo 8.° distintamente transverso. 

e. Antenas con el artejo 6.° más largo que ancho. 

y. Antenas con la maza oscura. Protórax con su mayor anchura hacia el 
medio ó poco después; base más ó menos escotada á cada lado, con 
los ángulos posteriores en grado variable, pero siempre dirigidos 
hacia atrás y agudos. Tibias anteriores escotadas interiormente en 
la base en los ^f. Long. 4 á 5 mm. 

C. nigricans Spence. 

ff. Antenas generalmente de un solo color; el artejo 7. o con frecuencia 
más oscuro en su extremidad, y la maza oscura pocas veces. Pro- 
tórax con su mayor anchura cerca de la base; esta muy ligeramente 
sinuosa á cada lado , con los ángulos posteriores rectos ó casi rec- 
tos, apenas dirigidos hacia atrás. Tibias anteriores casi iguales en 
ambos sexos. Long. 3,80 á 4,50 mm. 

C. fuscus Panz. 

ee. Antenas con el artejo 6.0 no más largo que ancho. 
g. Antenas con el último artejo no más estrecho que el anterior. Prot(')- 
rax apenas el doble más ancho que largo ^ sus lados medianamente 
redondeados, su mayor anchura hacia el medio. Long. 3,50 mm. 

C. coracinus Kelln. 

gg. Antenas con el último artejo ligeramente más estrecho que el prece- 
dente. Protórax el doble más ancho que largo, tan ancho en los (/ 
como los élitros, fuertemente redondeado en los lados, su mayor 
anchura después del medio. Long. 4 mm. 

C. grandicollis Erichs. 

ce. Lados del protórax más ó menos sinuosos junto á los ángulos poste- 
riores. 



26 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12) 

h. Antenas con el artejo 6.0 más largo que ancho en los (;/, á veces tan 
largo como ancho en las Q. Maza poco marcada. Long. 3,50 á 4,60 mm. 

C. quadraticollis Aubé. 

/i/i. Antenas con el artejo 6.° más ancho que largo , ó á lo sumo tan largo 
como ancho en los q-', transverso en las 9- Maza bien marcada. 
Long. 3,50 á 4 mm. 

C. tristis Panz. 



SuBGÉN. Sciodrepa Thoms. 

a. Forma más oblonga; ángulos posteriores del protórax rectos; antenas"- 
más cortas, con los artejos 4.°, 5." y 6.° transversos y la maza mucho 
más marcada. Long. 2,60 á 3 mm. 

S. Watsoni Spence. 

aa. Forma más oval, mayor; ángulos posteriores del protórax más agudos 
y un poco dirigidos hacia atrás; antenas más largas, con los artejos 
4.0 y 5.0 no transversos, siéndolo apenas el 6." y la maza mucha 
menos marcada. Long. 3 mm. 

S. scitula Erichs. 



SuBGÉN. Nargus Thoms. 

a. Protórax y élitros finísima y muy densamente punteados. Puntuación 
de los élitros no más fuerte que la del protórax. Antenas con el 6.0 
artejo evidentemente más largo que ancho. 

h. Forma más oval y más convexa. Protórax algo más ancho, general- 
mente sin mancha discoidal. Ángulo sutural redondeado en ambos 
sexos. Trocánteres de los muslos posteriores en los (-/" con la extre- 
midad prolongada á modo de espina encorvada hacia adentro. 
Long. 2,50 á 3 mm. 

N. velox Spence. 

hb. Forma más oblonga, menos convexa. Protórax un poco más estrecho, 
con una mancha oscura á lo largo del medio. Ángulo sutural redon- 
deado en los (f, ligeramente saliente y puntiagudo en las Q. Tro- 
cánteres de los muslos posteriores con la extremidad normal en 
ambos sexos. Long. 2,70 á 3 mm. 

N. notaticollis Baudi. 



(13) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.e». 27 

aa. Protórax y élitros con puntuación más fuerte y menos densa. Puntua- 
ción de los élitros más fuerte que la del protóras. Antenas con el 
6.° artejo á lo sumo tan largo como ancho. 

c. Ángulos posteriores del protórax un poco obtusos ó casi rectos. Tarsos 

anteriores en los q^ tan anchos como las tibias. 

d. Oblongo, algo prolongado , poco brillante. Protórax algo más de vez 

y media más ancho que largo, su mayor anchura en el medio ó poco 
después y allí ligeramente más ancho que los élitros en la base. 
Élitros cerca de dos veces más largos que anchos , casi paralelos ai 
principio, después gradualmente estrechados hacia la extremidad 
y algo aguzados en esta ; con puntuación más fuerte , pero apenas 
más espaciada que la del protórax. Abdomen del color general. 
Long. 2,20 mm. 

N. Wilkinii Spence. 

(Id. Oval, más ancho que el anterior^ más brillante. Protórax el doble más 
ancho que largo, su mayor anchura más cerca de la base y allí 
apenas más ancho que la base de los élitros. Élitros vez y media 
más largos que anchos, con los lados redondeados más regular- 
mente y la extremidad anchamente obtusa, casi truncada; su pun- 
tuación más fuerte y más espaciada que la del protórax. Abdomen 
oscuro. Long. 2,20 mm. 

N. brunneus St. 

ce. Ángulos posteriores del protórax anchamente obtusos. Tarsos anterio- 
res en los (f más estrechos que las tibias. Oval, convexo, brillante. 
Protórax el doble más ancho que largo, apenas perceptiblemente 
punteado. Élitros vez y media más largos que anchos, gradualmente 
estrechados desde el tercio de su longitud ; su puntuación mucho 
'más fuerte que la del protórax. Long. 1,50 á 2 mm. 

N. anisotomoides Spence. 

SuBGÉN. Attumbra Des Gozis. 
A. Josephina; Saulcy. 

SüBGÉN. Catopsimorphus Aubé. 

a. Forma más convexa; protórax con los lados más redondeados hacia 
adelante y los ángulos posteriores más agudos; élitros más ovales; 
antenas generalmente más claras, los artejos 9." y 10.' más anchos 



28 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14) 

que el 7.o, por lo cual la maza resulta muy gradualmente marcada. 
Muslos anteriores é intermedios pelosos en el borde interior. Lon- 
gitud 2,75 á 3 mm. 

C. brevicollis Kraatz. 

<ia. Forma menos convexa; protórax con los lados menos redondeados, 
ligeramente entrantes al llegar á la base y los ángulos posteriores 
más obtusos; antenas generalmente más oscuras, más cortas, los 
artejos 9.° y 10.° no más anchos que el 1°, por lo cual la maza re- 
sulta más paralela. Muslos con el borde interior lampiño. Longi- 
tud 2^75 á 3 miB. 

C. Rougeti Saulcy. 

SuBQÉN. Attiscurra Des Gozis. 
A. Marqueti Fairm. 

Género Choleva Latr. 
Précis des caracteres génériques des Insectes, 1796, p. 14. 

1. Choleva punctata Brls. 

Choleva punctata Bris., Ann. Soc. entom. de France, 1866, 
p. 364. — Marseul, Abeille, ix, p. 55. — Reitt., Bestim. 
Tab. der eur. Coleop. xii, p. 41. — Id. Deutsch. ent. 
Zeitsch, 1887, p. 280. 

ObloDg-o-alargada; de color castaño-amarillento, brillante, 
más oscuro eu la cabeza, más claro en las partes de la boca, 
las antenas y los pies; con pubescencia muy fina amarillenta, 
■dirig-ida hacia atrás. • 

Cabeza con puntuación mucho menos profunda y más es - 
paciada que la del protórax. Antenas delgadas, larg-as, alcan- 
zando dirigidas hacia atrás al cuarto anterior de los élitros, 
lig-eraraente engrosadas hacia la extremidad: l.<='" artejo como 
dos veces y media más largo que ancho; 2." algo más corto y 
menos robusto que el 1.°; el 3.° un tercio próxioaamente más 
largo que el 2.°; el 4.° ligeramente más corto que el 3.°; 5." 



(:5) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev^». 2& 

y 6." casi iguales y apenas más cortos que el 4°; 7.° de la lon- 
g-itud de los dos anteriores, pero alg-o más grueso hacia la ex- 
tremidad; 8.° el doble más largo que ancho, casi una mitad 
más corto que el 7.° y un poco más estrecho que este; 9.° y 10." 
casi iguales y casi tan anchos en la extremidad como el 7.°, 
pero un poco más cortos; 11.° apenas más ancho y apenas 
también más largo que los dos precedentes y terminado en 
punta. 

Protórax ligeramente trasversal, convexo hacia adelante, 
deprimido desde el tercio anterior á lo largo de los bordes la- 
terales que resultan por esto levantados y con vestigios de un 
surco longitudinal; su mayor anchura antes del medio; lados 
notablemente estrechados y redondeados desde allí hacia el 
borde anterior, más paralelos y menos estrechados hacia la 
base, que es casi recta, con los ángulos posteriores obtusa- 
mente redondeados. 

Puntuación bastante fuerte y, aunque apretada, bien seña- 
lada y perceptible. 

Escudete triangular, rugoso. 

Éiitros oblongo alargados, tan anchos en la base como el 
protórax en su mayor anchura y mucho más hacia el medio, 
(los veces y media cuando menos más largos que anchos, en- 
sanchados gradualmente en línea poco curva hasta el tercio ó 
poco más de la longitud, estrechados también gradualmente 
hacia la extremidad y aguzados en esta; con estrías fuerte- 
mente punteadas, las dorsales más señaladas que las latera- 
les, la sutural más hundida que las demás. Puntuación de los 
intervalos más fuerte que la del protórax, bastante apretada, 
semi-rugosa; el fondo brillante, casi liso. 

Pies largos y delgados; espina terminal de las tibias poste- 
riores un poco más corta que la mitad del primer artejo de los 
tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo densa y finamente punteado. 

(f. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos poco en- 
sanchados: el primero apenas de la anchura de la tibia. Ti- 
bias intermedias muy ligeramente encorvadas hacia adentro. 
Trocánteres posteriores prolongados hacia atrás en forma de 
hachuela, truncados en la extremidad con el ángulo externo 
saliente y agudo. Ángulo sutural separadamente redondeado. 
Anteúltimo segmento abdominal con una escotadura en arco, 



30 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16) 

precedida de uua depresión, en el medio del borde posterior. 

Reinosa (Piochard de la Brulerie); Puerto de Navacerrada 
(Martínez y Sáez!) 

La descripción que precede está, hecha sobre el ejemplar c", 
único, hallado por el Sr. Martínez y Sáez en dicha última lo- 
calidad. No he visto ejemplares del otro sexo. 

2. Choleva Sturmi Bris. 

Choleva Sturmi Bris., Cat. et mat. pour la faune franc., 
Grenier, 1863, p. 7. — Marseul, Abeille, i, p. xi. — Seid- 
litz, Fauna balt, ed. 2, iii lief. , p. 321. — Id. Fauna 
transsylv., ii lief., p. 338. 

Choleva angustata Reitt. , Bestimm. Tab. der europ 
Coleop. XII, p. 42. — Id. Ins. Deutsch. iii, 2 Abth., 
p. 229.— Id. Deutsch. ent. Zeitsch. 1887, p. 280. 

Oblong-o-alarg-ada; de color castaño ó amarillento ferrug-i- 
noso, poco brillante; la cabeza oscura, así como el pecho y el 
abdomen en mayor ó menor extensión y también á veces el 
disco del protórax; con pubescencia muy fina, sedosa, amari- 
llenta, dirig-ida hacia atrás. 

Cabeza apenas perceptiblemente punteada, con una fosita 
puntiforme en la frente. Antenas delg-adas, larg-as, pasando 
dirig-idas hacia atrás del cuarto anterior de los élitros, lig"e- 
ramente eng-rosadas hacia la extremidad: l."^'' artejo unas dos 
veces y media más larg*o que ancho; el 2.° algo más corto y 
más delgado que el 1.°; el 3° un tercio más larg-o que el 2.°; 
€l 4.° un poco más corto que el 3.°; 5." y 6." iguales, apenas 
menos largos que el 4.°; el 7.° de la longitud de los dos ante- 
riores, apenas perceptiblemente más grueso hacia la extre- 
midad; el 8." el doble más largo que ancho, muy ligeramente 
más estrecho que el 7.°; 9." y 10." casi iguales, muy poco más 
cortos que el 7.° y de igual anchura; el 11." apenas más an- 
cho y muy poco más largo que el anterior y terminado en 
punta. 

Protórax un poco transversal, ligeramente convexo hacia 
adelante y en el disco; con vestigios de un surco longitudi- 
nal; los bordes laterales ensanchados, pero planos, sin depre- 
sión, á no ser junto á los áng'ulos posteriores; la mavor an- 
chura antes del medio; lados redondeados y casi igualmente 



(17) Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». 3i 

estrechados hacia adelante y hacia atrás ; ángulos posteriores 
obtusamente redondeados; base anchamente escotada. Pun- 
tuación muy fina y muy apretada, semi-rug-osa. 

Escudete triangular, con puntuación más fuerte que la del 
protorax. 

Élitros oblongo alargados, moderadamente convexos, más es- 
trechos en la base que el protórax en su mayor anchura, pero 
hacia el medio marcadamente más anchos que este, más de tres 
veces más largos que anchos, ensanchados gradualmente en 
línea poco curva hasta cerca de la mitad de la longitud y es- 
trechados después en igual forma hacia la extremidad que 
resulta casi oblicuamente truncada; con estrías ligeramente 
punteadas, bien señaladas, aun las laterales, y algo más pro- 
fundas hacia atrás; la sutural poco más hundida que las 
otras. Puntuación de los intervalos más fuerte y más espa- 
ciada que la del protórax. 

Pies largos y delgados; tibias intermedias ligeramente en- 
corvadas hacia adentro: espina terminal de las posteriores 
tan larga como la mitad del primer artejo de los tarsos corres- 
pondientes. Trocánteres sencillos en ambos sexos. Cuerpo por 
debajo fina y densamente punteado. 

c". Forma general ligeramente más estrecha; protórax más 
redondeado en los lados, élitros más paralelos. Tarsos anterio- 
res con los tres primeros artejos ensanchados: el 1." más 
ancho que la extremidad de la tibia. Muslos posteriores con 
un pequeño diente en el tercio basal del borde inferior. Án- 
gulo sutural redondeado. Quinto segmento del abdomen nor- 
mal, el 2.°, 3." y 4.", con una ligera impresión longitudinal 
en el medio. 

9- Forma ligeramente más ancha, élitros más redondeados. 
Tarsos anteriores sencillos. Muslos posteriores inermes. An- 
g-ulo sutural prolongado en un pequeño diente. Quinto seg- 
mento abdominal provisto de una ancha escotadura ojival; 
el 2.'', .3." y 4.° sin impresión en el medio. 

El Escorial, en los hormigueros (Zapater!); colección del se- 
ñor Pérez Arcas, generosamente donada por este al Museo de 
Madrid. 

Solo he visto dos ejemplares, cf y Q, que me han servido 
para la descripción que precede. 

Se distingue fácilmente de la C. pmitacta, Bris., por su as- 



92 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (18) 

pecto mate, su puntuación mucho menos fuerte y más densa 
y por sus caracteres sexuales. 

Reitter refirió esta especie en sus Necrophaga á la C. angus- 
tatci F.; pero sabida es la dificultad, casi insuperable, de re- 
solver estas cuestiones de sinonimia, tratándose de autores 
antig'uos, cuyas descripciones, si bien útiles en la época re- 
mota en que se hicieron para diferenciar las pocas especies 
entonces conocidas, resultan del todo insuficientes por el ma- 
yor número de estas, que hoy es preciso estudiar y disting-uir. 
líl mismo Sr. Reitter así lo ha reconocido después (Deutsch. 
ent. Zeits. xsxi, p. 277 ), añadiendo que Spence, Erichson y aun 
Murray hubieron de tener delante varias especies con el nom- 
bre de C. angustdta y entiendo que ante las fundadas dudas 
que el caso ofrece, es más seg-uro el omitir-tales citas, para 
cuya comprobación sería necesario examinar detenidamente 
los ejemplares mismos que dichos autores estudiaron. 



Género Catops Payk. 
Fauna Suec. 1798. i, p. 342. 

Subgénero Anemadus Reitt. 
Bestimm. Tab. der eur. Coleop. xii, 1885. ]Níecrophag-a, p. 38. 

1. Anemadus Vandalitise Heyd. 

Catops Vandaliiia Heyd., Entom. Reise nach dem sudl. 

Spanien, 1870, p. 97. — Marseul, Abeille, xxii, p. 108. 
AoiemachisVandalitüe, Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 

Coleopt. xii, p. 60. 
Choleva gracilis Kraatz, Entom. Reise nach dem sudL 

Spanien, p. 99. 
Catops gracilis Marseul, Abeille, xxii, p. 74. 

Oblong-o-alarg-ado; de color amarillento ó castaño ferrug-inoso 
más ó menos intenso; la cabeza g-eneralmente más oscura y 
con frecuencia también el disco del protórax, las piezas meso 
y metatorácicas y el abdomen; las partes de la boca, la base 



(19) Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». 33 

de las antenas, su último artejo, y los pies más claros; con 
pubescencia muy fina, amarillenta, dirigida hacia atrás. 

Cabeza con puntuación superficial muy fina y apretada, 
el fondo reticulado. Antenas larg-as, delg-adas, alcanzando 
dirigidas hacia atrás al cuarto anterior de los élitros, lig-era- 
mente eng-rosadas hacia la extremidad: l^r artejo poco más de 
dos veces más largo que ancho; el 2.'' no más corto y poco 
menos robusto que el 1.°; el 3." muy ligeramente más delga- 
do, pero apenas ó no más corto que el 2.°; el 4.° y 6." iguales 
ó casi iguales, muy poco más cortos que el 3.°; el 5." muy lige- 
ramente más largo que los dos adyacentes; el 7.° un poco más 
largo y ligeramente más robusto que cualquiera de los tres 
anteriores; el 8." tan largo como ancho, casi el doble más 
corto que el 7.°; 9.° y 10." casi iguales, un poco más cortos, 
pero tan anchos ó ligeramente más que el 7.°; el 11.° cerca 
del doble más largo que cualquiera de los dos precedentes, tan 
ancho ó más que estos y terminado en punta. 

Protórax moderadamente convexo, algo más de vez y me- 
dia tan ancho como largo, su mayor anchura después del me- 
dio y allí tan ancho como los élitros; lados redondeados y es- 
trechados más hacia adelante que hacia atrás; ángulos poste- 
riores obtusos; base casi recta. Superficie reticulada en el 
fondo, con puntuación ligera, muy fina, apretada, análoga á 
la de la cabeza. 

Escudete triangular, con puntuación ligeramente más fuer- 
te que la del protórax. 

Élitros oblongo-alargados; moderadamente convexos; en la 
base más estrechos que el protórax, pero hacia el tercio de la 
longitud tan anchos como este; dos veces y media tan largos 
como anchos; ensanchados en línea poco curva hasta el tercio, 
empezando á estrecharse poco después hacia la extremidad; 
ángulo sutural redondeado en ambos sexos; estrías apenas 
perceptibles, excepto la sutural, esta poco señalada al princi- 
pio y más profunda hacia atrás; superficie con pequeñas arru- 
gas ó estrías en sentido transversal. 

Pies largos, poco robustos; espina terminal de las tibias pos- 
teriores ligeramente más corta que la mitad del primer artejo 
de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

cf Forma ligeramente más esbelta. Tarsos anteriores con los 

ANALKS DE HIST. NAT.— XIX. 3 



34 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (20) 

tres primeros artejos é intermedios con dos, moderadamente 
ensanchados, el primer artejo en ambos tan anclio cuando 
menog como la extremidad de la tibia. Tibias intermedias lig-e- 
ramente encorvadas hacia adentro en su último tercio. Ulti- 
mo seg-mento del abdomen con una incisión profunda, trian- 
g-ular, long-itudinal. 

9 Tarsos sencillos. Tibias intermedias apenas menos encor- 
vadas. Ultimo seg-mento abdominal sin incisión. 

Madrid!, (Martínez!); Escorial, Navacerrada, San Ildefonso 
(Pérez Arcas!, Martínez!); Sierra de Gredos!,Reinosa!,(Crotch!); 
Sierra de la Nieve, Ronda (Heydeni); Córdoba (Dieck!). 

La especie tiene en nuestra península, como podrá verse, un 
área de dispersión bastante extensa. Yo la he encontrado en 
Madrid (Casa de Campo) bajo las hojas de los plátanos, en Rei- 
nosa en los bosques de hayas y en las grandes alturas de Gre- 
dos debajo de las piedras, junto á la nieve. 

2. Anemadus clathratus Perris. 

Catops clathratus Perris, Ann. Soc. ent. de France, 1864, 

p. 281. — Marseul, Abeille, ix, p. 54. 
Anemad'iís iransversostriatus Reitt., Bestimm. Tab. der 

europ. Coleop. xii, p. 60. 

Oblong-o-alarg-ado; de color amarillento ó castaño más ó 
menos intenso según la madurez de los ejemplares, la cabeza 
g-eneralmente más obscura, las partes de la boca, el primero y 
último artejo de las antenas y los pies más claros; con pubes- 
cencia fina, muy corta, amarillenta, dirigida hacia atrás. Ca- 
beza con puntuación superficial muy fina y apretada, el fondo 
reticulado. Antenas larg-as, delg-adas, alcanzando dirigidas 
hacia atrás al cuarto anterior de los élitros, ligeramente en- 
grosadas hacia la extremidad: l.^"" artejo el doble más larg-o 
que ancho; el 2." tan largo y apenas menos robusto que el 1."; 
el 3.° á su vez, tan larg-o y tan robusto como el 2.°; 4.° y 5.° 
iguales ó casi iguales; 6." apenas perceptiblemente más corto 
que los dos precedentes; 7." de la longitud del 6.° pero ligera- 
mente más robusto y de forma más oblonga; 8.° el doble más 
largo que ancho, casi el doble más corto que el 7.°; 9." y 10." 
casi iguales, algo más cortos y un poco más anchos que el 7."; 
11." cerca del doble tan largo como cualquiera de los dos an- 



<2i) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev^». 35 

teriores, tan ancho ó ligeramente más que estos y terminado 
en punta. 

Protórax moderadamente convexo; casi el doble más ancho 
que largo; su mayor anchura un poco después del medio y 
allí apenas tan ancho ó ligeramente más estrecho que los éli- 
tros; lados redondeados y estrechados más hacia adelante que 
hacia atrás; ángulos posteriores obtusos, ligeramente dirigi- 
dos hacia atrás; base oblicua y anchamente sinuosa á cada 
lado, recta en la parte media. Superficie reticulada en el fon- 
do, con puntuación muy fina, apretada, análoga á la de la ca- 
beza, de aspecto granugiento por efecto de la pubescencia. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros oblongo-alargados; moderadamente convexos; en la 
base un poco más estrechos que el protórax, pero hacia el ter- 
cio de la longitud tan anchos ó ligeramente más que este; unas 
tres veces y media más largos que anchos; ensanchados gra- 
dualmente en línea poco curva hasta el cuarto ó poco más de 
la longitud, empezando á estrecharse después hacia la extre- 
midad y aguzados en esta; con estrías algo irregulares, bas- 
tante señaladas, sobre todo las anteriores, la sutural mucho 
más profunda que las demás. Superficie con arrugas bastante 
marcadas en sentido transversal. 

Pies largos y delgados; espina terminal de las tibias poste- 
riores ligeramente más corta que la mitad del primer artejo de 
los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

(/. Forma general algo más estrecha. Élitros relativamente 
más largos, con los lados menos redondeados, más regular- 
mente oblicuos. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos 
é intermedios con dos, moderadamente ensanchados, el prime- 
ro en ambos ligeramente más estrecho que la extremidad de 
las tibias. Tibias intermedias ligeramente encorvadas hacia 
adentro en su último tercio. Ángulo sutural de los élitros re- 
dondeado. Último segmento del abdomen con una incisión 
profunda longitudinal. 

9. Forma relativamente algo más ancha. Élitros más redon- 
deados. Tarsos sencillos; tibias intermedias apenas menos en- 
corvadas. Ángulo sutural agudo. Último segmento del ab- 
domen sin incisión. 



36 ANALES DE HISTORIA NATURAL, (22> 

Navacerrada, Peñalara (Perris); Escorial! (Martínez!, Ober- 
thür!); San Ildefonso (Pérez Arcas!); Valsain, Villarejo del Valle 
(Martínez!); Alsasua (Oberthür!); Carracedo! 

La especie parece tener cierta preferencia por los sitios en 
donde abundan los pinos, bajo cuyos detritus suele encontrar- 
se, aunque no con mucha frecuencia. 

Se disting-ue del A. vandalitia Heyd., por su tamaño ma- 
yor, su forma más atenuada hacia atrás, la mayor longitud 
relativa del artejo 8.° de las antenas, el protórax relativamente 
más ancho, sinuado á los lados de la base, los élitros más lar- 
gos, con las arrugas transversas más fuertes y por sus caracte- 
res sexuales. 

Los Sres. Reitter y Seidlitz reúnen esta especie al A. trans- 
versostriatus Murray, de VoT:t\igQX(Bíonograph ofthe genus Ca- 
tops, p. 62). Aunque considero posible y aun probable esta 
reunión, no me atrevo aún á darla por definitiva, pues entre 
los ejemplares cf que he tenido á la vista, ninguno he encon- 
trado con los élitros cinco veces tan largos como el protórax, 
que es como el Sr. Murray los describe, ni he hallado tam- 
poco entre los cf y las 9 diferencia tan notable como la referi- 
da descripción parece indicar. 

3. Anemadus angusticollis Kraatz. 

Choleva angusticollis Kraatz, Entom. Reise nach dem 

sudl. Spanien, 1870, p. 98. 
Catops angusticollis Marseul, Abeille, xxii, p. 69. 
Anemadus angusticollis Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 

Coleop. XII, p. 60. 

Oblongo-alargado; de color amarillento ferruginoso ó casta- 
ño claro, la cabeza y el protórax generalmente más oscuros en 
los ejemplares bien desarrollados, las partes de la boca, las 
antenas, sobre todo el último artejo de estas y los pies más 
claros; el 7.° artejo de las antenas suele tener la extremidad 
oscura, y á veces también ocurre lo propio con los tres si- 
guientes. El cuerpo ofrece una pubescencia corta, fina, ama- 
rillenta, dirigida hacia atrás. 

Cabeza con puntuación más fuerte que en las dos especies 
anteriores; el fondo reticulado y casi granugiento. Antenas 
largas, delgadas, alcanzando dirigidas hacia atrás al cuarto 



■(23) Uhagón. — especies del grupo «cholev^». 37 

anterior de los élitros, lig-eramente engrosadas hacia la ex- 
tremidad: l.^"" artejo, el doble más larg'o que ancho; 2.° no 
más corto ni más delgado que el 1.°; 3." tan largo y apenas 
menos robusto que el 2.°; 4.° y 5.° iguales ó casi iguales, 
apenas ó no más cortos que el 3.°; 6." muy ligeramente más 
corto que los dos que le preceden; 7.° de la long'itud del 6." y 
muy poco más grueso hacia la extremidad; 8." el doble más 
largo que ancho, casi el doble más corto que el 7.° y ligera- 
mente más estrecho; 9." como una mitad más largo que el 8.°, 
tan ancho cuando menos como el 7.°; 10.° de la longitud del 
8.°, pero tan ancho como el 9.°; 11.° casi el doble más largo que 
el anterior, tan ancho ó más que este, y terminado en punta. 

Protúrax poco convexo; casi plano en su segunda mitad ha- 
cia los ángulos posteriores, á veces con una fosita ancha y 
poco profunda cerca de estos; muy poco más ancho que lar- 
go; lados más ó menos redondeados, más ó menos estrechados 
hacia adelante según los sexos; en su mayor anchura eviden- 
temente más estrecho que los élitros; ángulos posteriores 
muy obtusos; base ligera y anchamente escotada en el medio, 
ligeramente oblicua en los lados. Superficie reticulada en el 
fondo; puntuación bastante fuerte y apretada, análoga á la de 
la cabeza, de aspecto marcadamente granugiento. 

Escudete triangular, con puntuación análoga, pero menos 
fuerte que la del protórax. 

Élitros oblongo-alargados; poco convexos; en la base un 
poco más estrechos que el protórax en su anchura mayor, 
pero hacia el medio evidentemente más anchos que este; 
como unas cuatro veces más largos que anchos; ensanchados 
gradualmente en línea poco curva hasta el tercio ó poco más 
de la longitud, desde allí hasta la mitad casi paralelos y es- 
trechados después gradualmente también hacia la extremi- 
dad, la cual resulta algo aguzada; con estrías algo irregula- 
res bastante señaladas, sobre todo las interiores; las exteriores 
más confusas, la sutural poco más profunda que las dos ó tres 
primeras. Superficie con arrugas bien marcadas en sentido 
transversal. 

Pies largos y delgados; espina terminal de las tibias poste- 
riores ligeramente más corta que la mitad del primer artejo 
de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 



38 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2I>- 

cf . Forma g-eneral más prolong-ada y más esbelta. Protórax 
relativamente más ancho, más estrechado hacia adelante, 
más redondeado en los lados en su seg-unda mitad; su mayor 
anchura hacia el último tercio. Élitros relativamente más 
largos con los lados más paralelos en su tercio medio. Tarsos 
anteriores con los tres primeros artejos é intermedios con dos, 
moderadamente ensanchados, el primero en ambos no más 
ancho que la extremidad de las tibias. Tibias anteriores com- 
primidas en la seg-unda mitad, las intermedias son poco en- 
corvadas hacia adentro en su última mitad. Áng-ulo sutural 
redondeado. Último seg-mento del abdomen con una incisión 
profunda longitudinal. El 5.° segmento ligeramente escotado. 

9. Forma más ancha, menos prolongada. Protórax relativa- 
mente más estrecho, poco más ancho en la base que en el 
borde anterior; los lados mucho menos redondeados en la 
segunda mitad; su mayor anchura muy poco después del me- 
dio. Élitros más cortos, con los lados más redondeados. Tarsos 
sencillos, así como las tibias anteriores; las intermedias ape- 
nas menos encorvadas hacia adentro. Ángulo sutural agudo y 
á veces prolongado en forma de pequeña espina ó diente, en 
cuyo caso la extremidad de cada élitro resulta ligeramente 
escotada. Anteúltimo segmento abdominal con una pequeña, 
escotadura triangular en el medio del borde posterior; el úl- 
timo sin incisión. 

Córdoba (Dieck!); Badajoz!, Navacerrada!, Escorial!, Villa- 
rejo del Valle! (Martínez!). 

Se encuentra debajo de las piedras y es poco frecuente. 

Aun cuando por el tamaño, las estrías de los élitros y la 
forma del ángulo sutural en las 9 se aproxima esta especie del 
A. clat/íraíus Perris, se distingue fácilmente de este, así 
como del A. vandaliiia Heyd., entre otros caracteres, por el 
protórax menos transverso y evidentemente más estrecho que^ 
los élitros, y por ser más fuerte la puntuación. 



(25) Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». 39 

Subgénero Ptomaphagus 111. 
Kfef. Preuss., 1789, p. 84. 

1. Ptomaphagus clavalis Reitt. 

Catops clavalis Reitt., Bestimm. Tab. der europ. Co- 

leop. XII, 1885, p. 63. 
Ptomaphagus clavalis Seidlitz, Deutsch. ent. Zeitsch., 

1887, p. 91. 

Oblong-o; poco brillante; de color castaño rojizo; la cabeza 
negruzca, así como el protórax, el escudete y la parte inferior 
del cuerpo, excepción hecha de la extremidad del abdomen; 
el protórax con tendencia al color g-eneral hacia los lados y á 
lo largo del borde posterior; las partes de la boca rojizas y 
también las antenas, excepto los artejos 7.°, 9.°, 10.° y 11." que 
son oscuros. Con pubescencia fina, sedosa, semidorada, diri- 
gida hacia atrás. 

Cabeza vaga y muy finamente estriada al través, puntua- 
ción casi imperceptible, oculta por la pubescencia. Antenas 
bastante robustas, dirigidas hacia atrás pasando un poco del 
borde posterior del protórax: l.*^'' artejo como tres veces más 
largo que ancho; 2." un poco más corto y ligeramente más 
delgado que. el 1.°; 3." un poco más corto que el 2.°; 4." como 
una tercera parte más corto que el 3.°, ligeramente transver- 
so; 5." de igual longitud; pero un poco más ancho y por lo 
tanto más transverso que el 4.°; 6.° más transverso aún, como 
tres veces más ancho que largo; 7.° cuando menos el doble 
más largo y muy ligeramente más ancho que el 6.°; 8.° de las 
proporciones que el 6."; 9." igual ó casi igual al 7."; 10." un poco 
más largo y muy ligeramente más estrecho que el 9.°; 11.° el 
doble más largo que el 10.°, un poco más estrecho que este y 
terminado en punta. Maza bien marcada, algo paralela. 

Protórax bastante convexo, cerca de una mitad más ancho 
que largo, su mayor anchura en la base; lados bastante estre- 
chados y redondeados hacia adelante y casi paralelos hacia la 
base; ángulos anteriores declives, redondeados; base recta en 
la parte media, visiblemente sinuosa á cada lado cerca de los 



40 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (26) 

áng-ulos posteriores; estos son poco ag-udos j lig-eramente di- 
rig-idos hacia atrás. Superficie cubierta de finas arrugas trans- 
versas ocultas por la pubescencia. 

Escudete triangular con finas arrugas transversas. 

Élitros oblongos; moderadamente convexos; por encima 
algo deprimidos; en la base misma muy ligeramente más es- 
trechos que el protórax, pero, inmediatamente después, tan 
anchos como este; más de dos veces tan largos como anchos; 
casi paralelos hasta cerca de la mitad de su longitud y estre- 
chados después gradualmente en línea casi recta hasta el úl- 
timo cuarto, punto en el cual el borde lateral se redondea para 
formar la extremidad que es obtusa, más bien que truncada; 
ángulo sutural obtuso; estría sutural, única, ligera al prin- 
cipio, profunda hacia atrás. Superficie cubierta de finas arru- 
gas transversas, tan fuertes como las del protórax, las exte- 
riores más paralelas á la base, las interiores dirigidas obli- 
cuamente hacia la sutura; poco perceptibles por efecto de la 
pubescencia. 

Pies bastante robustos; espina terminal de las tibias poste- 
riores muy poco más corta que la mitad del primer artejo de 
los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado, de aspecto semiru- 
goso, pubescente. 

cf. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 
chados, el primero y el segundo tan anchos como la extremi- 
dad de la tibia y como la maza de las antenas. Tibias interme- 
dias y, aunque en grado menor, las posteriores encorvadas 
hacia adentro en su segunda mitad. 

Refiero á esta especie un ejemplar ^, único, encontrado en 
Mallorca por el Sr. Moragues y comunicado por el Sr. Martí- 
nez y Sáez. Según su autor la especie procede de la isla de 
Cerdeña. 

De ella dice el Sr. Reitter que las antenas son negras, ex- 
cepto los dos artejos básales. El Sr. Seidlitz las describe como 
oscuras con la base más clara, lo que parece convenir mejor 
al ejemplar balear. 

2. Ptomaphagus sericatus Chaud. 

Catops sericatus Chaud., Bull. Mosc, 1845, iii, p. 199. 



(27) Uhagón. — especies del grupo «cholev^». 41 

Cholevasericea Fairm. et Laboulb., Faune entom. franc., 1, 
p. 305 (ex parte). 

Catops sericeus Kraatz, Stettin. ent. Zeit., 1852, p. 442. — 
Murray, Monogr. of the Gen. Catops, p. 75. — Marseul, 
Abeille, xxii, p. 105. — Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 
Coleop., xiT, p. 63 (ex parte). 

Ptomaphagus sericatus Seidlitz, Deuts. ent. Zeitsch.. 
1887, p. 92.— Id. Fauna báltica, Ed. 2, 317.— p. 111 
lief.. Id. Fauna transsylv., 11 lief., p. 334. 

Catops tenuicormsJiosenh.fBie Thiere andalusiens, p.61. 

Oblong-o; alg-o brillante; de color negro ó neg-ro-parduzco; 
élitros g"eneralmente castaños ó castaño -oscuros, más claros 
hacia la extremidad, la reg"ión sutural con frecuencia más os- 
cura; el protórax á veces más claro hacia los bordes laterales 
y á lo largo del posterior; las partes de la boca rojizo-amari- 
llentas; las antenas del mismo color, excepto los artejos 7.° y 
sig-uientes, que son neg-ruzcos, los artejos 4.°, 5." y 6.° á veces 
más oscuros que los tres básales; los pies castaño-rojizos con 
los muslos y la extremidad de las tibias generalmente más 
oscuros y los tarsos algo más claros. 

Con pubescencia fina, sedosa, pardo-rojiza, dirigida hacia 
atrás. 

Cabeza vag-a y finamente estriada al través en su parte pos- 
terior, más bien punteada hacia adelante; la escultura oculta 
por la pubescencia. Antenas poco robustas, no lleg-ando ó al- 
canzando apenas al borde posterior del protórax, dirig-idas 
hacia atrás: 1.^'" artejo, dos veces y media á tres veces más 
larg-o que ancho; 2." un poco más corto y apenas más delgado 
que el 1.°; 3.° un poco más corto y lig-eramente más delgado 
que el 2.°; 4.° á su vez un poco más corto que el 3.°, casi cua- 
drado; 5.° de la long-itud del 4.°, apenas más transverso; 6." 
un poco más transverso que el 5.'% doble más ancho que lar- 
g-o; 7." doble más larg-o y notablemente más ancho que el 6." 
8." tan ancho ó casi tan ancho como el 7.", tres veces próxi- 
mamente más ancho que larg-o; 9." y 10.° casi ig-uales, de la 
long-itud del 7.°, relativamente un poco más anchos y más 
transversos; 11.° una mitad próximamente más larg-o que el 
anterior, apenas perceptiblemente más estrecho y terminado 
en punta roma. Maza bastante marcada, oblonga. 



42 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (28> 

Protórax convexo; menos de una mitad más ancho que lar- 
go; su maj'or anchura en la base; lados bastante estrechados 
y redondeados hacia adelante y casi paralelos ó ligerísima- 
mente entrantes hacia atrás; ángulos anteriores declives, re- 
dondeados; base recta en la parte media, anchamente sinuosa 
á cada lado hacia los ángulos posteriores; estos un poco agu- 
dos y dirigidos hacia atrás. Superficie cubierta de arrugas 
transversas y finas, pero bien señaladas y más visibles que en 
la especie anterior. 

Escudete triangular con arrugas transversas como las del 
protórax. 

Élitros oblongos; moderadamente convexos; por encima 
algo deprimidos; en la base tan anchos ó casi tan anchos 
como el protórax; cerca de dos veces tan largos como anchos; 
lados estrechados casi desde la base y gradualmente en línea 
casi recta hasta muy cerca de la extremidad, oblicuamente 
truncados en esta; ángulo sutural obtuso; estría sutural úni- 
ca, ligera al principio, profunda hacia atrás. Superficie con 
finas arrugas tan señaladas como las del protórax, dirigidas 
oblicuamente hacia la sutura, excepto las más próximas á 
los bordes laterales, las cuales son más paralelas á la base. 

Pies bastante robustos; espina terminal de las tibias poste- 
riores casi tan larga como la mitad del primer artejo de los 
tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado, de aspecto semi- 
rugoso por efecto de la pubescencia. 

zf. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 
chados en forma de paleta oblonga, los dos primeros tan an- 
chos como la extremidad de la tibia y como la maza de las 
antenas. Tibias intermedias en su segunda mitad encorvadas 
hacia adentro. 

9. Tarsos anteriores sencillos. Tibias intermedias ligera- 
mente menos encorvadas. 

Madrid! (Pérez Arcas!, Lauífer!, Cazurro!); Navacerrada!; 
Badajoz!; Las Hurdes (Sanz de Diego!); Sevilla (Cazurro!); Al- 
geciras (Rosenhauer). 

Se encuentra entre las hojas caídas, debajo de las piedras 
y en los detritus. La he recogido con la manga sobre las plan- 
tas, pero no con frecuencia. 

Especie variable, pero que se distingue fácilmente de la an- 



(29) Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». 43 

terior por su coloraciÓD, su forma relativamente más ancha, 
sus élitros más corto?, menos paralelos, más cuneiformes, con 
la extremidad más distintamente truncada; sus antenas me- 
nos robustas, con el 4.° artejo apenas ó no transverso, la maza 
más oblong-a; las tibias posteriores rectas en ambos sexos. 

El Sr. Seidlitz separa el C. sericatus Chaud. del C. sericeus 
Panz., á mi juicio con justa razón y aunque de esta última 
especie no he de ocuparme, puesto que, hasta ahora al menos, 
no me consta que se haya encontrado en España, quizás las 
observaciones que sig-uen puedan servir para afirmar su res- 
tablecimiento. 

Gracias á la amabilidad, proverbial entre nosotros, del dis- 
tinguido entomólog-o el Sr. D. Renato Oberthür, de Rennes. 
poseedor hoy de la colección del Sr. Rosenhauer, he tenido 
ocasión de examinar un tipo del Galops te7micornis de este au 
tor, confirmándome su estudio en la sospecha, que ya abriga- 
ba desde que conocí el trabajo del Sr. Seidlitz, de que di- 
cha especie pudiera muy bien ser idéntica al C. sericatus 
Chaud. 

Comparando el referido ejemplar, que es :/, con dos, c/ y Q, 
del C. sericeus Panz. de Rennes (Francia) que hace ya años 
tuvo la bondad de enviarme mi citado amigo el Sr. Oberthür, 
y cuya determinación juzg-o exacta por la forma característica 
de las tibias posteriores del a', he podido comprobar las dife- 
rencias señaladas por el Sr. Rosenhauer, á saber: el tamaño 
menor, las antenas más delg-adas, con mayor número de arte- 
jos rojizos y el último más puntiag-udo, así como las arrug-as 
del protórax y de los élitros alg-o menos marcadas. La forma 
de los áng-ulos posteriores del protórax me ha parecido en los 
tres casi idéntica, pero entiendo que este carácter, algo varia- 
ble dentro de ciertos límites y cuya exacta apreciación de- 
pende también de la manera como se haya preparado el in- 
secto, no es motivo bastante para dudar de que el Sr. Ro- 
senhauer, al hacer el estudio comparativo de su especie, se 
sirviese de ejemplares del verdadero C. sericeus Panz. 

Por otra parte, no encuentro medio de separar el referido 
ejemplar típico de otros de diferentes localidades de España 
que tengo á la vista y cuyos caracteres coinciden con los que 
el Sr. Seidlitz atribuye al C. sericatus Chaud., con alg'una lige- 
ra variación en las proporciones de los artejos 2.° y 3." de las 



44 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (30) 

antenas, pero resultando siempre ó casi siempre que este es 
alg-o más corto y más delg*ado que aquel si se observan con 
suficiente aumento y la necesaria atención. En el ejemplar 
de Rosenhauer el 3.'^'' artejo presenta también respecto del 2.° 
esas mismas relaciones. 

Indica el Sr. Seidlitz entre los caracteres que separan el 
C. sericatiís Cliaud. del C. sericeus Panz., el que en las Q de 
aquel los cuatro primeros artejos de los tarsos anteriores son 
apenas más anchos que el artejo terminal. Yo encuentro que 
los tres primeros son cuando menos, en su mayor anchura, 
evidentemente más anchos que el último, sin embarg-o de ser 
la dilatación relativamente menor que en las 9 del C. sericeus 
Panz. 

Hallándose esta especie, no solo en la Europa meridional, 
sino también en una buena parte de la Europa media, es más 
que probable que muchos de los autores de faunas locales de 
esta última reg-ión tuvieran á la vista ejemplares de ella y á 
la vez del C. sericeus Panz. En Rennes, por ejemplo, se en- 
cuentran las dos especies, seg-ún individuos que me ha remi- 
tido el Sr. Oberthür. Esto no obstante, he creído deber citar 
tan solo aquellos autores de cuyas noticias puede deducirse 
claramente que se han ocupado del G. sericatus Chaud. 

3, Ptomaphagus Rosenhaueri sp. nov. 

Catops tenuicornis Reitt. , Bestimm. Tab. der europ. 
Coleop. XII, p. 63. 

Ohlongus, riifo-ferrugineus, capite tantum postice odscuriore; 
antennis gracililus, concolorihus, articulo nono séptimo paiilu- 
lum ireviore, clava ollonga, angustata; prothorace transverso 
elytrisque vix confertim transvei^sinique strigosis; his oblongis, 
laieribiis usque ad médium sudparallelis, deinde apicem versus 
curüatini attenuatis, ápice obtiise rotundatis. 

of. Tarsis antícis modice dilatatis, paiella oblongo- elongata, 
tibicB ápice et clava antennarum paulo angustiori formantibus. 

Ab Pt. sericato Chaud. differt siatura minore, coloratione. 
tlytris ad basim apicem versus nec siib recle coarc latís, sed magis 
parallelis, ápice nec oblique subtruncatis, sed subrotundatis, lar- 
sis anticis in maribus angiistioribus. 



(31) Uhagón. — especies del grupo '^< cholev.e ». 45 

Oblong"o; alg-o brillante; de color rojizo ó rojizo ferrug-inoso: 
la cabeza posteriormente más oscura, las partes de la boca, 
las antenas en su totalidad y los pies más claros, la extremi- 
dad de las tibias oscura; con pubescencia fina, sedosa, semi- 
dorada, dirig-ida hacia atrás. 

Cabeza finamente estriada al través, vag-amente punteada 
hacia adelante, la escultura oculta por la pubescencia. Ante- 
nas poco robustas, dirig'idas hacia atrás no alcanzando al 
borde posterior del protórax: 1.''" artejo como tres veces más 
larg-o que ancho; 2." un tercio más corto y apenas percepti- 
blemente más delg-ado que el 1.°; 3.° lig-eramente más corto y 
más delg-ado que el 2.°; 4." cuadrado ó casi cuadrado, un poco 
más corto que el 3.°; 5." ig'ual ó casi ig-ual al 4.° en long-itud y 
apenas más transverso; 6.° un poco más corto que el5.°, cuan- 
do menos de su anchura, cerca del doble tan ancho como lar- 
g'o; 7." el doble ó cerca del doble más larg-o que el 6.° y distin- 
tamente más ancho en su extremidad; 8.° unas tres veces más 
ancho que larg-o, un poco más estrecho que el 7."; 9.° muy li- 
g-eramente más corto que el 7.° y cuando menos de su anchu- 
ra, cerca de tres veces más larg-o que el 8.°; 10.° tan larg-o 
como el 7.° y tan ancho como el 9.°; 11.° como una mitad más 
larg-o que el anterior, apenas de su anchura y terminado en 
punta roma. Maza poco y g-radualmente marcada. 

Protórax bastante convexo; como una mitad más ancho que 
larg-o; su mayor anchura en la base; lados bastante estrecha- 
dos y redondeados hacia adelante, paralelos hacia atrás; án- 
gulos anteriores declives, redondeados; base recta en la part^í 
media, anchamente sinuosa á cada lado hacia los áng-ulos pos- 
teriores: estos ag-udos y dirigidos hacia atrás. Superficie cu- 
bierta de arrugas transversas, finas, pero bastante visibles. 

Escudete triangular, con arrugas transversas. 

Élitros oblongo-ovales; moderadamente convexos: por enci- 
ma algo deprimidos; en la base tan anchos como el protórax; 
cerca de dos veces tan largos como anchos; lados paralelos ó 
casi paralelos hasta cerca de la mitad de la longitud, estre- 
chados después en curva hacia la extremidad, obtusamente 
redondeados en esta; ángulo sutural obtuso y ligeramente 
saliente; estría sutural única, bastante profunda y más hacia 
atrás. Superficie con finas arrugas, tan señaladas cuando me- 
nos como las del protórax, dirigidas oblicuamente hacia la 



-16 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (32) 

sutura, excepto las más próximas á los bordes laterales, que 
son más paralelas á la base. 

Pies moderadamente robustos; espina terminal de las tibias 
posteriores ligeramente más corta que la mitad del primer ar- 
tejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado, de aspecto semi- 
rug-oso por efecto de la pubescencia. 

cf. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 
chados, los dos primeros un poco más estrechos que la extre- 
midad de la tibia y que la maza de las antenas. Tibias inter- 
medias en su seg"unda mitad un poco encorvadas hacia 
adentro. Élitros más redondeados en la extremidad. 

Q. Tarsos anteriores sencillos. Tibias intermedias apenas 
menos encorvadas. Élitros con la extremidad relativamente 
más obtusa. 

España meridional (Reitter). 

He visto dos ejemplares, rf y 9, recibidos directamente del 
Sr. Reitter; la 9 pertenece al Sr. Martínez y Saez, el of fig-ura 
en mi colección. 

Se disting-ue bien del Pt. clavalis Reitt. por su coloración, 
su forma más corta, sus antenas menos robustas con el 4.° ar- 
tejo no transverso y la maza más estrecha; las tibias posterio- 
res en los (/ sencillas y los tarsos anteriores mucho menos en- 
sanchados en el mismo sexo. 

Del Pt. sericatus Chaud. la separan asimismo su tamaño 
g-eneralmente menor; su coloración; sus élitros más regular- 
mente oblongos, no estrechados desde la base, sino paralelos 
en su primera mitad, obtusamente redondeados en el ápice; 
la maza de las antenas menos marcada; los tarsos anteriores 
en los of también mucho menos ensanchados, formando una 
paleta oblongo-alargada más paralela que en la referida es- 
pecie. 

El Sr. Reitter refirió la que nos ocupa en sus «Necrophaga» 
al C ¿emiiconiis Rosenh., pero el Sr. Seidlitz considera con ra- 
zón el caso dudoso y hace observar que la descripción no le 
conviene. 

Basta, en efecto, comparar los términos de ella con los ca- 
racteres indicados por aquel: 



<33) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev^» 4-; 

C. tenuicornis Eosenb. C. tenuicornis Eeitt. 



Schwarz Fühler die vier ers- 

ten Glieder rothgelb, die übrigen 

schwarz Flügeldecken an der 

Spitze schrag abgestutzt. 



Rostroth Fühler einfarbig 

Flügeldecken an der Spitze ge- 
meinschaftlich stumpf abgerundet. 



Se trata pues, á mi juicio, de una especie aún no descrita 
que dedico al autor de Die Thiere andalusiens. 



Subgénero Catops Payk. 
Faun. Suec. i, 1798, p. 342. 

1. Catops pallidus Men. 

Catops pallidus Men., Catal. rais. des obj. de Zool. Cau- 
case, 1832, p. 169. — Murray, Monogr. of the Gen. Ca- 
tops, p. 67. — Marseul, Abeille, xxii, p. 85. 

Ptomaphagns pallidus Reitt., Bestimm. Tab., der europ. 
Coleop. XII, p. 50. 

Catops Menetriesi Fald., Faun. Transe, i, p. 224. 

Catops nifus Kraatz, Entom. Reise nach dem Sudl. Spa- 
nien, p. 96. 

Cholera cuneiformis Fairm., Aun. Soc. entom. de Frail- 
ee, 1879, p. 166. 

Catops cuneiformis Marseul, Abeille, xxii, p. 70. 

Oblong-o; poco convexo; por encima algo deprimido; algc 
brillante; de color rojizo ó amarillo ferrug-inoso, apenas más 
oscuro en la cabeza, alg*o más en las piezas meso y metaster- 
nales, lig-eramente más claro en las partes de la boca, las an- 
tenas y los pies; los ojos neg-ros. Con pubescencia fina, sedosa, 
amarillenta, dirig-ida hacia atrás. 

Cabeza bastante fuerte y densamente punteada. Antenas lar- 
gas, delg-adas, alcanzando dirig-idas hacia atrás al sexto ante- 
rior de los élitros: l.«^'" artejo como tres veces más largo que 
ancho; 2.° un poco más corto y más delg-ado que el 1."; 3.° una 
tercera parte más larg-o y no más estrecho que el 2.°; 4." un 
poco más corto que el 3.°; 5.° y 6.° ig-uales, lig-eramente más 
cortos que el 4.°; 7.° muy ligeramente más largo que cual- 



48 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (34) 

quiera de los dos anteriores, de ig-ual robustez hasta la mitad 
de su long-itud, pero ensanchado después hacia la extremidad 
en donde es un poco más ancho que aquellos, resultando así 
un poco piriforme; 8.° más cilindrico, como una mitad más 
corto que el 7.°, alg"0 más estrecho en su extremidad, el doble 
más larg-o que ancho; 9.° un poco más corto y tan ancho cuan- 
do menos como el 7.°, de la forma de este; 10." de la forma y 
de la anchura del 9.°, pero lig-eramente más corto; 11." tan 
ancho ó apenas tan ancho como el 10.°, como una mitad más 
larg^o y terminado en punta. Maza muy poco marcada. 

Protórax poco convevo; próximamente una tercera parte más 
ancho que larg-o; su mayor anchura en la base; lados estre- 
chados y redondeados hacia adelante, casi paralelos hacia 
atrás; ángulos anteriores declives; base ligera y anchamente 
sinuada á cada lado junto á los áng-ulos posteriores que son 
rectos. Puntuación muy fina, muy densa, mucho más que en 
la cabeza. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros oblongo-ovales; poco convexos; por encima algo de- 
primidos; en la base poco más anchos que el protórax; como 
dos veces y media más largos que anchos; lados gradualmente 
ensanchados en curva hasta el cuarto anterior en donde está 
su mayor anchura, estrechados después gradualmente tam- 
bién hacia la extremidad y en su conjunto bastante aguzados 
en esta; ángulo sutural un poco obtuso en el ápice. Superfi- 
cie con puntuación muy fina y densa, muy poco más fuerte 
que la del protórax; con vestigios de estrías muy finas, super- 
ficiales, visibles tan solo á cierta luz; la sutural también fina, 
poco marcada al principio, más profunda hacia atrás. 

Pies largos y delgados. Tibias provistas en su borde exterior 
de espinas bastante larg'as. Espina terminal de las posteriores 
cuando menos tan larga como la mitad del primer artejo de 
los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

c/. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos ensancha- 
dos así como el primero de los intermedios. 

Cartagena (Dieck, ex Kraatz; Oberihür!). 

Solo he visto un ejemplar Q comunicado por el Sr. Oberthür 
y cuyo protórax, algo deteriorado, no me ha permitido hacer 



(35) ühagón.— ESPECIES del grupo «CHOLEV^». 49 

una descripción quizás tan exacta y completa como quisiera 
de este seg-mento. 

Los caracteres del ^ los he copiado del Sr. Kraatz. 

ElSr. Fairmaire resulta haber descrito esta especie, de Sici- 
lia, con el nombre de CJiohva ctmeiformis, no ciineipennis como 
dicen los Sres. Reitter y Seidlitz. 

2. Catops depressus Murray. 

Catops depressus ^lnrv2^y , Monog-r. ofthe Gen. Catops, 
1856, p. 57. — Marseul, Abeille, xxii, p, 83. 

Ptomaphagiis depressus Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 
Coleop. XII, p. 50. 

Oval elíptico; moderadamente convexo; por encima un poco 
deprimido; poco brillante; de color castaño rojizo ó rojizo 
ferruginoso, la cabeza oscura y también con frecuencia el 
disco del protórax en mayor ó menor extensión, el escudete, 
las piezas meso y metatorácicas y el abdomen, excepto en su 
extremidad y á lo largo del borde posterior de sus segmentos 
que son más claros, así como las partes de la boca, la base de 
las antenas, la extremidad de su último artejo y los pies; el 
7." artejo de las antenas á veces oscuro en el ápice. Con pu- 
bescencia muy fina, sedosa, dirigida hacia atrás, amarillenta 
en la cabeza y el protórax, gris cenicienta en los élitros. 

Cabeza fina y densamente punteada. Antenas bastante del- 
gadas, pero moderadamente largas, alcanzando dirigidas ha- 
cia atrás al borde posterior del protórax: 1.*^'" artejo, como 
tres veces más largo que ancho; 2.° un poco más corto y ape- 
nas más delgado que el 1."; 3." un poco más largo y más del- 
gado que el 2.°; 4." ligeramente más corto que el 3." y de igual 
robustez; 5." apenas visiblemente más corto que el 4.°; 6.°, en 
la misma relación respecto al 5.°; 7.° apenas más largo, pero 
un poco más grueso que el 6."; 8." cerca del doble más ancho 
que largo, más de la mitad más corto que el 7.° y apenas más 
estrecho; 9." menos de una mitad más corto que el 7." y de su 
anchura, cerca del doble más largo que el 8.°; 10." muy lige- 
ramente más corto que el 9." y tan ancho como este; 11." como 
una mitad más largo que el 10.", apenas más estrecho y ter- 
minado en punta. Maza poco marcada. 

Protórax moderadamente convexo; un poco más del doble 

ANALES DE HIST. NAT. — XIS. 4 



50 ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (36) 

más ancho que larg-o; su mayor anchura en la base; lados bas- 
tante estrechados pero poco redondeados hacia el borde ante- 
rior que es más de la mitad más estrecho que aquella, hacia 
atrás la línea de los lados es todavía más tendida y aun ofre- 
ce, en ciertos ejemplares, en su última parte, ligerísima ten- 
dencia á la inflexión; áng-ulos anteriores declives; base muy 
lig-era y anchamente sinuosa á cada lado hacia los ángulos 
posteriores; estos casi agudos, apenas perceptiblemente diri- 
gidos hacia atrás. Puntuación muy ñna y densa, bastante más 
que en la cabeza. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros ovales; poco convexos, pero con la región humeral 
algo levantada en bastante extensión; en la base apenas más 
anchos, un poco menos de dos veces tan largos como anchos; 
lados ensanchados en línea muy poco curva tan solo hasta la 
séptima parte próximamente de su longitud y desde allí gra- 
dualmente estrechados también en curva muy suave al prin- 
cipio, pero más perceptible hacia la extremidad; en su con- 
junto resultan continuar la línea externa formada por los 
lados del protórax y son un poco triangulares, con los húme- 
ros un poco salientes y la extremidad obtusamente redondea- 
da. Ángulo sutural obtuso en el ápice. Superficie con puntua- 
ción ñna, menos densa que en el protórax; con vestigios de 
estrías finas, superficiales, algo más visibles que en la espe- 
cie anterior sobre todo hacia la extremidad; la sutural bas- 
tante profunda y más hacia atrás. 

Pies largos, pero bastante robustos; tibias provistas de espi- 
nas bastante largas en su borde exterior; las intermedias bas- 
tante fuertemente encorvadas hacia adentro; espina terminal 
de las posteriores no más larga que la mitad del primer ar- 
tejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

cf. Tibias anteriores un poco sinuadas interiormente en la 
base. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos ensan- 
chados, el primero un poco más ancho que la extremidad de 
la tibia. Tarsos intermedios con el primer artejo también en- 
sanchado, ligeramente más estrecho que la tibia en su extre- 
midad. Ángulo sutural más anchamente obtuso. 

9. Tarsos sencillos. Ángulo sutural más agudo. 



(37) Uhagón. — especies del grupo «choleYíE». 5i 

Madrid! (Martínez!; Vázquez!). 

He encontrado esta especie, bastante rara, en la entrada de 
la Cueva de la Mag-dalena, junto al antiguo canal y también 
debajo de las piedras. El Sr. Martínez la ha hallado en la Fuen- 
te de la Mina (Casa de Campo), y el Sr. Vázquez en la misma 
posesión real, en el cadáver de un perro. 

Se distingfue fácilmente de la anterior por su forma mucho 
más oval, su puntuación más fina, las antenas más cortas con 
el artejo 8." transverso, el protórax más ancho y los élitros más 
anchos también y más triang-ulares, menos oblong-os. 

El Sr. Seidlitz (Deutsch. ent. Zeitsch. 1887, p. 94), la incluye 
así como el C.pallidus Men., en el subgénero jSciodrepa Thoms., 
si bien con dudas respecto de la última que no ha lleg-ado 
á conocer. Yo entiendo que ambas especies pertenecen al 
subg-énero Catops Payk., pues aparte de que no encuentro en el 
desarrollo de sus ojos diferencia notable con el C. nigricans 
Spence ó el C.fuscus Panz.,por ejemplo, aun examinando la 
cabeza por debajo y de lado, que es como mejor puede apre- 
ciarse la distancia que media entre el borde inferior de aque- 
llos órg-anos y la comisura de la bo«a, la forma alarg*ada dalos 
artejos 4.°, 5.° y 6." de las antenas y su maza muy poco mar- 
cada permiten con mucha dificultad el colocarlas entre las 
especies de aquel grupo. ■ 

3. Catops marginicollis, Luc. 

Catops marginicollis , Luc, Expl. Algérie. Zoologie, iv, 

1849, p. 224, pl. 21, f. 4. — Mur'ray, Monogr. of the 
Gen. Catops, p. 65. — Marseul, Abeille, xxii, p. 109. 

Catops meridionalis , Aubé, Ann. Soc. entom. de Franca, 

1850, p. 326, pl. 11, f. 2.— Kraatz, Stettin. ent. Zeit., 
1852, p. 428.— Murray, Monogr. of the Gen. Catops, 
p. 27. — Marseul, Abeille, xxii, p. 81. 

Catops dndalusicus , Heyd. , Entom. Reise nach dem 
Sudl. Spanien, p. 95.— Marseul, Abeille, xxii, p. 82. 
Ptomaphagus marginicollis, Reitt. , Bestimm. Tab. der 
europ. Coleop. xii, p. 53, 

Oval oblongo; bastante convexo; por encima algo deprimi- 
do; poco brillante; de color castaño oscuro ó parduzco, algo 



52 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (38)' 

más claro hacia los ángulos anteriores y bordes laterales del 
protórax, en el antepecto, las epipleuras de los élitros, á lo 
largo de la sutura y en el abdomen; la cabeza negruzca; las 
partes de la boca, las antenas y los pies rojizos; la base de las 
antenas y el último artejo de estas más claros, el 7.° artejo 
oscuro en el ápice. Con pubescencia fina, sedosa, rojizo-ama- 
rillenta, dirigida hacia atrás. 

Cabeza bastante fina y densamente punteada. Antenas bas- 
tante largas y delgadas, alcanzando, dirigidas hacia atrás, al 
sexto anterior de los élitros: l.^'' artejo cerca de cuatro veces 
más largo que ancho; 2." más de una mitad más corto y un 
poco más delgado que el 1."; 3.° cerca del doble más largo y 
ligeramente menos grueso que el 2.°; 4.° un poco más corto 
que el 3." y de igual robustez; 5.° un poco más corto que el4.V 
6." á su vez más corto que el 5.°, pero casi imperceptiblemen- 
te; ambos, casi tan robustos como el 4.°; 7.° muy ligeramente 
corto y más grueso que el 6.°; 8.° como una mitad más corto y 
ligeramente más delgado que el 7.", tan largo como ancho; 9.* 
y 10.° iguales ó casi iguales, un poco más largos que el 8.° y 
de la anchura del 7.°; 11.° una mitad más largo que cualquie- 
ra de los dos anteriores, de su anchura y terminado en punta. 
Maza poco marcada. 

Protórax bastante convexo; cerca de dos veces tan ancha 
como largo; su mayor anchura hacia el final del segundo 
tercio ó poco después; lados bastante estrechados y redon- 
deados desde allí hacia adelante, mucho menos hacia atrás; 
ángulos anteriores declives, redondeados; base ligeramente 
sinuosa sobre el escudete, más fuerte y anchamente junto 
á los ángulos posteriores que son un poco agudos y diri- 
gidos hacia atrás. Puntuación fina, muy densa, de aspecta 
granugiento. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros oval- oblongos, bastante convexos; por encima algo- 
deprimidos; en la base más estrechos que el protórax en su 
anchura mayor; unas dos veces tan largos como anchos; en- 
sanchados en línea curva hasta el primer tercio y allí bastan- 
te más anchos que aquel; estrechados después gradualmente 
y también en curva hacia la extremidad y redondeados en 
esta. Ángulo sutural obtuso en el ápice. Superficie con pun- 



(39) Uhagón. — especies del grupo «cholev^». 53 

tuación bastante más fuerte y más espaciada que en el protó- 
rax, pareciendo reticulada por efecto de la pubescencia; con 
vestigios de estrías finas, superficiales, más visibles en la base 
y sobre todo en el tercio posterior; la sutural poco marcada al 
principio, más profunda hacia atrás. 

Pies larg-os, pero bastante robustos; tibias intermedias bas- 
tante fuertemente encorvadas hacia adentro; espina terminal 
de las posteriores á lo sumo tan larg-a como la mitad del pri- 
mer artejo de los tarsos correspondientes. . 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

(f. Tibias anteriores un poco sinuadas interiormente en la 
base; tarsos anteriores con los tres primeros artejos ensancha- 
dos, el primero tan ancho como la extremidad de la tibia. 
Tarsos intermedios con el primer artejo también ensanchado, 
más estrecho que la tibia en su extremidad. 

9. Élitros relativamente alg-o más anchos. Tarsos sencillos. 

Andalucía (Stauding-er!); Sierra de laNieve,Eonda(Heyden!); 
Granada (Sainz Gutiérrez!). 

Solo he visto el ejemplar 9, único, de esta última proceden- 
cia, que forma parte de la colección del Sr. Pérez Arcas. Dicho 
ejemplar, atacado por los Anthrenus, ha perdido la mitad del 
protórax. 

Se distingue de las dos especies anteriores, entre otros ca- 
racteres de menos importancia, por su tamaño mayor, la for- 
ma del protórax cuya mayor anchura se encuentra antes de la 
base y las proporciones del artejo 8.° de las antenas. 

4. Catops nigricans Spence. 

ChoUva nigricans Spence, Trans. Linn. Soc, xi, 1815, 
p. 141. — Redtenb. , Fauna aust., Ed. 1, p. 144.— Fairm. 
et Laboulb., Faune ent. franc., i, p. 303. — Redtenb., 
Fauna aust, Ed. 2, p. 281. 

Catops nigricans Erichs., Kafer d. Mark. Brand., i, pági- 
na 237.— Sturm, Deutsch. Ins., xiv, p. 18, tab. 273, 
f. c. C. — Heer, Fauna Helv., i, p. 380. — Kraatz, Stettin. 
€nt., Zeit., 1855, p. 429. — Murray, Monogr. of the Gen. 
Catops, p. 29. — Thomson, Skand. Coleop., iv, p. 63. — 
Seidlitz, Fauna balt., Ed. 1, m lief. , p. 221.— Mar- 
seul, Abeille, xxii, p. 88.— Seidlitz, Fauna balt., Ed. 2, 
III lief., p. 319. — Id. Fauna Transsylv, 11, p. 336. 



54 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (40>- 

P tomapMgiis nigricans Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 

Coleop., XII, p. 53. — Id. Ins. Deutsch., lii, 2 abth. pá- 

g-ina 245. 
Var. minor. Calops fuliginosus Ericlis., Kafer d. Mark. 

Brand., i, p. 239. — Sturm, Deutsch. Ins., xiv, p. 28. — 

Redtenb., Fauna Aust., Ed. I, p. 771. 
Catops caliginosus (Mus. Berol.) 
Var. major. Catops longipennisCh.3i\iá., Bull. Mosc, 1845, 

III, p. 196. 

Oblong-o oval; bastante convexo; por encima ligeramente 
deprimido; poco brillante; de color pardo negruzco algo va- 
riable en intensidad; la cabeza g-eneralmente oscura, negruz- 
ca; el protórax á veces alg-o más claro hacia los ángulos an- 
teriores y los bordes laterales; los élitros en la región hume- 
ral, los bordes laterales y las epipleuras con frecuencia más 
claras también, así como el antepecto y el borde posterior de 
los anillos del abdomen ; las partes de la boca y las ante- 
nas rojizas, con los artejos 7.°, 9.% 10.° y 11.°, oecuros y fre- 
cuentemente también, en los ejemplares bien desarrollados,- 
los dos ó tres artejos antes de la maza y el 8." un poco más 
oscuros que los de la base; pies rojizos con los muslos inter- 
medios y posteriores con frecuencia alg-o más oscuros. Pubes- 
cencia fina, sedosa, dirig-ida hacia atrás, gris amarillenta en 
la cabeza y el protórax, neg-ruzca en los élitros; estos á me- 
nudo vestidos de una especie de polvillo ó eflorescencia ceni- 
cienta con visos azulados. 

Cabeza bastante fina y densamente punteada. Antenas bas- 
tante delg-adas pero moderadamente largas, llegando ó pa- 
sando muy poco, dirig-idas hacia atrás, del borde posterior 
del protórax: 1.'^'' artejo cerca de cuatro veces más largo 
que ancho; 2.° un poco más corto y más delg-ado que el 1.°; 
3.° un poco más larg-o y ligeramente más delgado que el 2.°; 
4." poco más corto que el 3." y de igual robustez; 5.° y 6.° 
ig-uales ó casi iguales, imperceptiblemente más cortos que 
el 4.°, progresiva y ligerísimamente más anchos en su ex- 
tremidad; 7." lig-eramente más largo que el 6.", pero evi- 
dentemente más grueso; 8.° á lo sumo tan largo como la 
mitad del 7.° y lig^eramente más estrecho, muy poco más an- 
cho que larg-o; 9.° menos del doble más larg-o que el 8." y 



(41) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.e». 55 

muy ligeramente más ancho que el 7." en su extremidad; 
10.° igual ó casi igual al 9.°; 11." como una mitad más largo 
que el 10.°, cuando menos de su anchura y terminado en 
punta. Maza poco marcada. 

Protórax bastante convexo; cerca de dos veces tan ancho 
como largo; su mayor anchura en el medio ó muy poco des- 
pués; lados bastante estrechados y redondeados hacia ade- 
lante, menos hacia atrás: cerca de una mitad más estrecho 
en el borde anterior que en la base; ángulos anteriores decli- 
ves, redondeados; base con una ligerísima sinuosidad á cada 
lado de la parte media y otra más ancha y más pronunciada 
junto á los ángulos posteriores; estos un poco agudos y diri- 
gidos hacia atrás. Puntuación un poco menos fuerte y tan 
densa ó más que en la cabeza, de aspecto casi reticulado ó 
ligeramente granugiento. 

Escudete triangular, con puntuación análoga á la del pro- 
tórax. 

Élitros oblongos; bastante convexos; por encima muy lige- 
ramente deprimidos; en la base ligeramente más anchos que 
la base del protórax; como dos v^ces más largos que anchos; 
ensanchados en línea curva hasta el cuarto próximamente 
de la longitud y allí un poco más anchos que la mayor 
anchura de aquel; estrechados después también en curva y 
gradualmente hacia la extremidad y en su conjunto algo 
aguzados y obtusamente redondeados en esta. Ángulo sutural 
obtuso, casi redondeado. Superficie con puntuación bastante 
más fuerte y más espaciada que en el protórax, aunque de 
aspecto análogo por efecto de la pubescencia; con vestigios 
de estrías finas, superficiales, bastante visibles en la declivi- 
dad posterior; estría sutural fina, muy poco señalada al prin- 
cipio, más profunda hacia atrás. 

Pies largos, pero bastante robustos; tibias intermedias bas- 
tante encorvadas hacia adentro; espina terminal de las pos- 
teriores tan larga ó algo más que la mitad del primer artejo 
de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo fina y densamente punteado y pubes- 
cente. 

(f. Protórax un poco más redondeado en los lados. Élitros 
relativamente algo más estrechos. Tibias anteriores fuerte- 
mente comprimidas y como escotadas interiormente en la 



56 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (42) 

base. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos ensan- 
chados, el primero tan ancho ó un poco más que la extremi- 
dad de la tibia; tarsos intermedios con el primer artejo tam- 
bién ensanchado, lig^eramente más estrecho que la tibia en 
su extremidad. 

9. Protórax con los lados relativamente menos redondeados. 
Élitros lig-eramente más anchos, más paralelos en su tercio 
medio. Tibias anteriores normales. Tarsos sencillos. 

Escorial! (Pérez Arcas!, Heyden!); Madrid (Martínez!); Venta 
de Cárdenas (Heyden!); Andalucía (Staudinger!); Huejar (Ober- 
thür!); Barcelona, Montserrat; Banyuls, Vernet les Bains, fron- 
tera francesa (Oberthür!) 

Debajo de las piedras y en los detritus, pero no con mucha 
frecuencia. 

Especie variable no solo en el tamaño, sino en la forma y 
en la mayor ó menor proyección de los áng-ulos posteriores 
del protórax, seg-ún son más ó menos marcadas las sinuosida- 
des de la base. 

A la variedad C. fuliginosas Er. , que también se encuentra 
en nuestra Península con tanta ó más frecuencia que el tipo, 
corresponden los ejemplares más pequeños con los áng-ulos 
posteriores menos salientes hacia atrás. En estos la escotadu- 
ra de las tibias anteriores de los cf, aunque siempre visible, 
resulta menos marcada. 

Entre otros caracteres se distingue del C. marginicollis Luc, 
X)or su tamaño generalmente menor; los élitros relativamente 
más largos, más oblongos; sus antenas más cortas, las pro- 
porciones de algunos de sus artejos, principalmente del 8.°, 
que es evidentemente transverso, teniendo además estos ór- 
ganos la maza oscura y por los caracteres de los c/. 

5. Catops fuscus Panz. 

Ilelops fiisciís Panz., Faun. Germ. 1793, p. 18. 
Luperus fuscus Frohl., Naturf. p. 28, 24, 2, t. i, f. 16. 
Catops sericeus Payk., Fauna Suec. i, p. 342. 
Catops nifescens F., Syst. EL, ii, p. 563. 
ÜhoJeva sericea Spence, Trans. Linn. Soc. xi, 1815, pá- 
gina 145. 
Catops fesiinans GylL, Ins. Suec. iv, p. 314. 



í43) Uhagón. — especies del grupo «cholev-E». 57 

C/ioIeva fusca Heátenh. , Y Auna aust. Ed. 1/, p. 144.— 
Fairm. et Laboulb., Faune ent. franc. i, p. 101. — Red- 
tenb., Fauna aust. Ed. 2.% p. 281. 

Catojps fuscus Er., Káfer d. Mark., Brand. i, p. 235. — 
Sturm, Deutsch. Ins. xiv, p. 13, tab. 274, f. a. A. — 
Heer, Fauna Helv. i, p. 379. — Kraatz, Stettin. ent. Zeit. 
1852, p. 407. — Murray, Monogr. of the Gen. Catops, 
p. 26. — Thomson, Skand. Coleop. iv, p. 03. — ídem, id., 
IX, página 347. — Seidlitz, Fauna balt. Ed. 1.% iii lief., 
página 221.— Marseul, Abeille, xxii, p. 84. — Seidlitz, 
Fauna balt. Ed. 2.', iii lief., p. 319.— ídem, Fauna 
transsylv. ii lief., p. 336. 

Ptoinajihagiis ficscus Reitt, Bestimm. Tab. der europ. 
Coleop. XII, p. 53. — ídem, Ins. Deuts. iii, 2 abth. pá- 
gina 246. 

Oval oblongo; moderadamente convexo; por encima algo de- 
primido; poco brillante; de color castaño muy variable en 
intensidad, desde el tostado casi negruzco hasta el amari- 
llento ferruginoso, según el desarrollo de los ejemplares; ge- 
neralmente la cabeza oscura, así como el disco del protórax 
en mayor ó menor extensión, el escudete, las piezas meso y 
metasternales y el abdomen, excepto á veces el borde poste- 
rior de los anillos y el último de estos en su extremidad; 
también suele ser anchamente oscura la región escutelar y 
sutural de los élitros; las partes de la boca, las antenas y los 
pies más claros; el 7." artejo de las antenas casi siempre ne- 
gruzco en el ápice y algunas veces también los artejos 8.°, 
9.°, 10."^ y 11." de color algo más oscuro que el resto. Con pu- 
bescencia fina, sedosa, gris amarillenta, dirigida hacia atrás; 
los élitros á menudo vestidos de una especie de eflorescen- 
cia ó polvillo ceniciento con visos azulados. 

Cabeza bastante fina y densamente punteada. Antenas bas- 
tante delgadas, moderadamente largas, pasando apenas ó muy 
poco, dirigidas hacia atrás, del borde posterior del protórax: 
l.er artejo como cuatro veces más largo que ancho; 2.° un 
poco más corto y más delgado que el 1."; 3." un poco más 
largo que el 2.° y de su robustez; 4." ligeramente más corto 
que el 3.°; 5." más ligeramente aún más corto que el 4.°; 6." 
en igual relación con el 5.°; 7." un poco más largo que el 6." 



58 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (44> 

próximamente de la long-itud del 5.°, pero evidentemente más 
grueso hacia la extremidad que cualquiera de los dos; 8." 
como una mitad más corto que el 7.", un poco más estrecho y 
muy lig-eramente transverso; 9.° imperceptiblemente más 
corto que el 7." y cuando menos de su anchura en el ápice; 
10.° muy poco más corto que el 9.° y tan grueso como este; 
11.° cerca del doble más largo y por lo menos tan grueso 
como el 10.°, terminando en punta. Maza poco marcada. 

Protórax poco convexo; algo brillante; por lo menos dos ve- 
ces tan ancho como largo; su mayor anchura al comienzo 
del último tercio; lados bastante estrechados y redondeados 
hacia adelante, menos hacia atrás; una mitad más estrecho 
en el borde anterior que en la base; ángulos anteriores 
declives, redondeados; base ancha, pero muy débilmente 
sinuosa á cada lado, hacia los ángulos posteriores; estos casi 
rectos, apenas ó ligerísimamente dirigidos hacia atrás. Pun- 
tuación muy fina y densa, notablemente más fina que en la 
cabeza. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros oval-oblongos; casi mates; poco convexos; por enci- 
ma algo deprimidos; en la base muy ligeramente más anchos 
que la base del protórax; apenas el doble más largos que an- 
chos; ensanchados en línea curva hasta el cuarto ó poco más 
de la longitud y allí un poco más anchos que la mayor 
anchura de aquel ; estrechados después también en curva y 
gradualmente hacia la extremidad y en su conjunto algo 
aguzados y obtusamente redondeados en esta. Ángulo sutu- 
ral obtuso, casi redondeado. Superficie con puntuación algo 
más fuerte y más espaciada que la del protórax, de aspecto 
ligeramente granugiento; con vestigios de estrías finas, su- 
perficiales, más visibles en la declividad posterior; la sutural 
fina, muy poco señalada al principio, más profunda hacia 
atrás. 

Pies largos, poro bastante robustos; tibias intermedias bas- 
tante encorvadas hacia adentro; espina terminal de las pos- 
teriores tan larga como la mitad del primer artejo de los 
tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo fina y densamente punteado y pubes- 
cente. 



(45) Uhagón. — especies del aRUPo «cholev.e». s» 

j/. Élitros relativamente un poco más estrechos, más oblon- 
gos. Tibias anteriores un poco comprimidas y sinuadas inte- 
riormente en la base. Tarsos anteriores con los tres primeros 
artejos ensanchados, el primero un poco más estrecho que la 
extremidad de la tibia. Tarsos intermedios con el primer arte- 
jo, también ensanchado, cerca de la mitad más estrecho que 
la tibia en su extremidad. 

Q. Élitros relativamente un poco más anchos, más ovales. 
Tibias anteriores normales; tarsos sencillos. 

Madrid, Soria (Pérez Arcas!); Pinto (Sánz de Dieg*o!); Yal- 
sain (Martínez!); Cuenca (Castro!); Barcelona (Martorell!, Ober- 
thür!); Granada (Heyden!). 

Se encuentra en los detritus y debajo de las piedras y es 
bastante frecuente. El Sr. Pérez Arcas la ha hallado en la 
Cueva del Asno, provincia de Soria. 

Especie próxima á la anterior pero que se disting-ue, á parte 
de la coloración y de ser siempre ó casi siempre más clara la 
maza de las antenas, por su forma más corta, más oval; el pro- 
tóraxmenos redondeado en los lados,alg"0 más estrechadohacia 
adelante y menos hacia la base, con su mayor anchura mucho 
más cerca de esta y los áng-ulos posteriores más obtusos y 
apenas dirig-idos hacia atrás; por los élitros más cortos y rela- 
tivamente más anchos y por no tener los c^ las tibias anterio- 
res escotadas interiormente. 

6. Catops coracinus Kellner. 

Catops coracinus Kelln., Stettin. ent. Zeit. 1846. vii, pág-i- 
na 177.— Kraatz, Stettin ent. Zeit. 1852, p. 431.— Mu- 
rray, Monog-r. of the Gen. Catops, p. 32. — Marseul, 
Abeille, xxii, p. 89. — Seidlitz, Fauna balt. Ed. 2.' iii 
lief, p. 319. — ídem, Fauna transsylv. ii lief, p. 336. 

Choleva coracina Redtenb., Fauna aust. Ed. 1.% p. 771.— 
ídem, id. Ed. 2/, p. 283. 

Cato2)s tiMalis"? Dej., Catal. Ed. 3.', p. 133 (ex Murray). 

Catops femoralis Thomson, Skand. Coleop. iv, p. 64.— 
ídem, id., ix, p. 347.— Seidlitz, Fauna balt. Ed. 1.% iii 
lief, p. 221. — Marseul, Abeille, xxii, p. 87. 

Ptomaphagus coracinus Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 
Caleop. XII, p. 54. — ídem, Ins. Deutsch. iii. 2 abth., 
p. 248. 



60 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16) 

Oblong-o; moderadamente convexo; por encima alg-odeprimi- 
do; poco brillante; de color negro parduzco, á veces lig-era- 
mente más claro hacia los bordes laterales del protórax y de 
los élitros; las partes de la boca, las antenas y los pies rojizos; 
los artejos de la maza de aquellas oscuros en g-rado variable 
y á veces también el 6.°, así como los muslos intermedios y 
posteriores. Con pubescencia fina, sedosa, amarillenta en la 
cabeza y el protórax, neg-ruzca en los élitros; estos á menudo 
vestidos de una especie de eflorescencia cenicienta con refle- 
jos azulados. 

Cabeza ñna y densamente punteada. Antenas moderadamen- 
te larg-as y delg-adas, pasando apenas ó muy poco, dirig-idas 
hacia atrás, del borde posterior del protórax: l.er artejo, unas 
tres veces más larg-o que ancho; 2." como una tercera parte 
más corto y un poco más delg-ado que el 1."; 3.° un poco más 
larg-o que el 2° y de igual robustez; 4.° un poco más corto 
que el 3.", de la long-itud del 2.°; 5° k su vez un poco más cor- 
to que el 4.°; 6.° notablemente más corto que el 5.°, casi cua- 
drado ó lig-erisimamente transverso, seg"iin los sexos; 7.° muy 
poco más larg-o que el 6.°, pero notablemente más grueso y 
evidentemente transverso; 8." el doble más ancho que largo, 
más corto que la mitad del 7." y bastante más estrecho; 9.° y 
10.° casi iguales, ó este imperceptiblemente más estrecho que 
aquel, próximamente de las proporciones del 7.°; 11." cerca 
del doble más largo que el anterior, de su anchura y termi- 
nado en punta. Maza poco marcada. 

Protórax moderadamente copvexo; apenas el doble más an- 
cho que largo; su mayor anchura hacia el medio; lados bas- 
tante estrechados y redondeados hacia adelante, más rectos y 
menos estrechados hacia atrás; como una tercera parte más 
estrecho en el borde anterior que en la base; ángulos ante- 
riores declives, redondeados; base recta, ó casi recta, salvo un 
ligero seno poco perceptible á cada lado de la parte media; 
áng-ulos posteriores un poco obtusos. Puntuación un poco más 
fina y más densa que en la cabeza, muy menudamente gra- 
nugienta en su aspecto. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del protórax. 

Élitros oblongo-ovales; moderadamente convexos; por enci- 
ma ligeramente deprimidos; en la base apenas más anchos 
que la base del protórax; unas dos veces tan largos como an- 



(47) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.e». ei 

chos; ensanchados en línea curva hasta el tercio próxima- 
mente de la long-itud y allí un poco más anchos que la mayor 
anchura de aquel; estrechados después también en curva y 
gradualmente hacia la extremidad y en su conjunto bastante 
ag-uzados aunque obtusamente redondeados en esta. Áng-ulo 
sutural ag'udo en el ápice. Superficie con puntuación un 
poco más fuerte y más espaciada que en el protórax, casi sin 
vestig-ios de estrías; la sutural fina, muy poco visible al prin- 
cipio, más profunda hacia atrás. 

Pies moderadamente larg'os: bastante delgfados; tibias inter- 
medias bastante encorvadas hacia adentro; espina terminal de 
las posteriores algo más larg*a que la mitad del primer artejo 
de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo a]g"o brillante, aunque fina y densamente 
punteado y pubescente. 

d". Muslos anteriores con un pequeño tubérculo en la segun- 
da mitad de su cara interna; los intermedios con un ligero le- 
vantamiento cónico, también en su cara interna, un poco an- 
tes del medio. Tibias anteriores apenas sinuadas interiormente 
en la base. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos en- 
sanchados, el primero apenas menos ancho que la extremidad 
déla tibia. Tarsos intermedios con el primer artejo también 
ensanchado, ligeramente más estrecho que la tibia en su ex- 
tremidad. 

Q. Muslos anteriores é interniedios normales. Tarsos sen- 
cillos. 

Madrid! (Cazurro!; Vázquez!), Granada (Dieck, ex Kraatz.) 

He encontrado esta especie debajo de las piedras. No parece 
frecuente. 

Se disting-ue del C. nigricans Spence, con los ejemplares 
pequeños del cual tiene gran analogía, por su forma más 
oblonga, el protórax mucho menos redondeado en la segunda 
mitad de sus lados y menos estrechado hacia la base, con los 
áng-ulos posteriores más obtusos y no dirigidos hacia atrás. 
Además el artejo 6.° de las antenas, casi cuadrado ó ligera- 
mente transverso en el C. coracinus Kelln., es evidentemente 
más largo que ancho en aquella especie. 

Del C. fusciis Panz., le separan en seg-uida su tamaño nota- 
blemente menor, su coloración, su forma más alarg-ada, el 
protórax menos transverso, menos redondeado en los lados, 



62 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (48) 

los élitros más oblong-os y las proporciones del 6.° artejo de 
las antenas, carácter por el cual el C.fuscus Panz,, se asemeja 
al C- nigricaois Spence. 

Por fin, en el C. coracinus Kelln., los ¡^ presentan caracte- 
res que no se observan en los de aquellas especies. 

7. Catops grandicollis Erichs. 

Catops grandicollis Erichs., Kafer d. Mark Brand., 1837, 
I, p. 237. — Heer, Fauna Helv., i, p. 380. — Kraatz, Ste- 
ttin. ent. Zeit., 1852, p. 432.— Murray, Monog-r. of the 
Gen. Catops, p. 40. — Seidlitz, Fauna balt., Ed. 1.% iii, 
lief., p. 221. — Marseul, Abeille, xxii, p. 92. — Seidlitz, 
Fauna balt. Ed. 2.% iii lief., p. 319.— Id. Fauna trans- 
sylv. II lief., p. 336. 

Choleva grandicollis Redtenb., Fauna aust., Ed. i, p. 144. 
Fairm. et Laboulb., Faune ent. frafic., i, p. 300. — Red- 
tenb., Fauna aust. Ed. 2.\ p. 280. 

Ptomaphagus grandicollis Reitt. , Bestimm. Tab. der 
europ. Coleop., xii, p. 55. — Id. Ins. Deuts., iii, 2 abth., 
p. 249. 

Oval-oblong-o; moderadamente convexo; por encima alg-o 
deprimido; poco brillante; de color neg-ro-parduzco, las partes 
de la boca y las antenas rojizas, los dos primeros artejos g*e- 
neralmente más claros y la maza más ó menos oscura; los pies 
rojizos ó rojizo-oscuros, los muslos intermedios y posterio- 
res más ó menos neg-ruzcos, los tarsos más claros. Con pubes- 
cencia sedosa, dirig-ida hacia atrás, amarillenta, semidorada 
y más densa en la cabeza y el protórax, pardo-neg-ruzca y 
más ñna en los élitros; estos á menudo vestidos de una eflo- 
rescencia ceniciento-azulada como en las especies precedentes. 

Cabeza fina y densamente punteada. Antenas bastante ro- 
bustas, relativamente cortas, lleg-ando apenas, dirig-idas hacia 
atrás, al borde posterior del protórax: I.'''" artejo, cerca de tres 
veces más larg-o que ancho; 2." como una tercera parte más 
corto y un poco másdelg-ado que el 1.°; 3." lo menos un tercio 
más larg-o que el 2.° y de ig-ual robustez; 4.° próximamente de 
la long-itud del 2.°; 5.° ig-ual ó casi ig-ual al 4.°; 6.° muy poco 
más corto que el 5." y apenas más g-rueso en su extremidad, 
tan larg-o como ancho ó muy lig-eramente transverso, seg-ún 



<49) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.e». gs 

los sexos; 7." un poco más larg-o que el 6.°, cuando menos tan 
larg-o como el 5.°, pero notablemente más ancho en su extre - 
midad; 8.° como tres veces más corto que el 7.° y un poco más 
estrecho que este; 9.° el doble más larg-o que el 8.° y tan an- 
cho como el 7.°; 10.° apenas perceptiblemente más corto que 
el 9.° y de su anchura; 11." como una mitad más larg-o y muy 
lig-eramente más estrecho que el 10.°, terminando en punta. 
Maza poco marcada. 

Protórax moderadamente convexo; el doble más ancho que 
larg-o, su mayor anchura un poco después del medio; lados 
notablemente estrechados y redondeados hacia adelante, me- 
nos estrechados pero casi ig-ualmente redondeados hacia atrás; 
cerca de una mitad más estrecho en el borde anterior que en 
la base; áng-ulos anteriores declives, redondeados; base recta 
ó casi recta, salvo un seno apenas perceptible á cada lado de 
la parte media; áng-ulos posteriores, en realidad obtusos, aun- 
que mirados por encima parezcan rectos en el ápice. Puntua- 
ción más fina y más densa que en la cabeza, de aspecto muy 
menudamente g-ranug-iento. 

Escudete triang-ular, con puntuación ig-ual á la del protorax. 

Élitros oval-oblong-os; moderadamente convexos; por encima 
lig-eramente deprimidos; en la base apenas más anchos que la 
base del protórax; vez y media próximamente tan larg-os como 
anchos; ensanchados en línea curva hasta el cuarto próxima- 
mente de la longitud y allí apenas más anchos que la mayor 
anchura de aquel; estrechados después también en curva y 
gradualmente hacia la extremidad y en su conjunto alg-o ag-u- 
zados y obtusamente redondeados en esta. Ángulo sutural re- 
dondeado. Superficie con puntuación bastante más fuerte y 
más espaciada que en el protórax; con ligerísimos vestig-ios 
de estrías; la sutural casi imperceptible al principio, más pro- 
funda hacia atrás. 

Pies moderadamente largos, bastante robustos; tibias inter- 
medias un poco encorvadas hacia adentro; espina terminal de 
las posteriores un poco más larga que la mitad del primer ar- 
tejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente, bri- 
llante en los espacios lampiños. 

cf. Protórax relativamente más redondeado y más estrechado 
en su segunda mitad. Élitros más oblongos, más prontamente 



64 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (50) 

estrechados hacia atrás, en su mayor anchura apenas más 
anchos que el protórax. Muslos anteriores con un pequeño tu- 
bérculo en su cara interna, un poco después del medio. Tibias 
anteriores un poco sinuadas interiormente en la base, alg-o 
ensanchadas hacia la extremidad. Tarsos anteriores con los 
tres primeros artejos ensanchados, el primero casi tan ancho 
como la extremidad de la tibia; tarsos intermedios con el pri- 
mer artejo también ensanchado, un poco más estrecho que la 
tibia en su extremidad. 

9. Protórax relativamente menos redondeado y menos estre- 
chado hacia atrás. Élitros más anchos, más ovales, más redon- 
deados en los lados y más paralelos en el tercio medio; en su 
mayor anchura distintamente más anchos que el protórax. 
Muslos y tibias anteriores normales; tarsos sencillos. 

Madrid! (Cazurro!); San Ildefonso (Vázquez!). 

La especie no parece ser frecuente. 

Se diferencia del C. coracimis Kelln., por su forma más an- 
cha, más oval; el protórax relativamente mucho mayor y más 
transverso, mucho más redondeado en los lados; los élitros 
más cortos, menos oblong-os y por el último artejo de las an- 
tenas lig-eramente más estrecho que el anteúltimo. 

Los cf se reconocen prontamente por la forma del protórax 
y su anchura con relación á la de los élitros; pero las $ ofre- 
cen, según se ha visto, proporciones distintas y es necesario 
algún cuidado para referirlas á la especie que nos ocupa, pa- 
reciéndose bastante á los ejemplares pequeños y fuertemente 
coloreados del mismo sexo del C. fuscus Panz. El estudio de 
las antenas y de los ángulos posteriores del protórax sirve, no 
obstante, para distinguirlas con facilidad relativa. 

8. Catops quadraticollis Aubé. 

Catops quadraticollis Aubé, Ann. Soc. ent. de Franco, 

1850, p. 326, t, XI, fig. 3.— Murray, Monogr. of the Gen. 

Catops, p. 46. — Marseul, Abeille, xxii, p. 91. 
Choleva quadraticollis Yíána. et Laboulb., Faune ent. 

franc., i, p. 302. 
Ptomaphagus quadraticollis Reitt. , Eestimm. Tab. der 

europ. Coleop., xii, p. 56. 
Catops Biignioni? Tourn., BuU. Soc. ent. Suisse, iii, 1869- 

1872, p. 436. 



(51) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.e». 65 

Oblong-o-oval; moderadamente convexo; por encima lig-era- 
mente deprimido; poco brillante; de color negro ó aegro par- 
duzco, las partes de la boca, las antenas y los pies rojizos, la 
maza de las antenas y los muslos oscuros; con pubescencia 
fina, sedosa, dirigida bacia atrás, gris amarillenta en la ca- 
beza y el protórax, más oscura en los élitros, estos á menudo 
vestidos de la eflorescencia cenicienta azulada de que se ba 
becho mención en las especies anteriores. 

Cabeza fina y densamente punteada. Antenas moderada- 
mente largas, pasando muy poco, dirigidas bacia atrás, del 
borde posterior del protórax: l.«'" artejo como tres veces tan 
largo como ancbo; 2." un tercio más corto y apenas más del- 
gado que el 1."; 3." un poco más largo que el 2." y de igual 
robustez; 4.° un poco más corto que el 3." y apenas percepti- 
blemente más largo que el 2.°; 5.° y 6." casi iguales, un poco 
más cortos que el 4.°, más largos que ancbos, este apenas más 
robusto que aquel; 7." muy ligeramente más largo que el 6.°, 
pero notablemente más grueso bacia su extremidad; 8.° tan 
largo como la mitad del 7.° y ligeramente más estrecbo que 
este, más ancbo que largo; 9.° casi igual ó muy ligeramente 
más corto que el 7."; 10." apenas menos largo que el 9." y de 
su ancbura; 11." como una mitad más largo que el 10.°, de 
igual robustez y terminado en punta. Maza poco marcada. 

Protórax ligeramente brillante, poco convexo; por encima 
algo plano; un poco más ancbo que largo; lados estrecbados 
bacia adelante y de forma variable según los sexos; cerca de 
una tercera parte más estrecbo en el borde anterior que en la 
base; ángulos anteriores declives, redondeados; base recta ó 
casi recta; ángulos posteriores rectos. Puntuación tan fina y 
densa ó más que en la cabeza, de aspecto menudamente reti- 
culado ó granugiento. 

Escudete triangular, con puntuación análoga á la del pro- 
tórax. 

Élitros oblongo-ovales; moderadamente convexos; por enci- 
ma ligeramente deprimidos; en la base un poco más ancbos 
que la base del protórax; cerca de dos veces tan largos como 
ancbos; ensancbados en curva muy gradual basta el tercio 
próximamente de su longitud y allí evidentemente más an- 
cbos que la mayor ancbura de aquel; estrecbados después en 
la misma forma bacia la extremidad y en su conjunto obtusa- 

ANALES DE HIST. NaT.— XIX. 5 



66 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (52) 

mente redondeados en esta; ángulo sutural obtusamente re- 
dondeado. Superficie con puntuación algo más fuerte y menos 
densa que en el protórax; con ligerísimos vestigios de estrías; 
la sutural fina, apenas visible en el primer tercio, más pro- 
funda hacia atrás. 

Pies bastante largos, moderadamente robustos; tibias inter- 
medias un poco encorvadas hacia adentro; espina terminal 
de las posteriores un poco más larga que la mitad del primer 
artejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

cT. Protórax con los lados redondeados sobre todo hacia ade- 
lante, subsinuosos junto á los ángulos posteriores; su mayor 
anchura hacia el medio. Muslos anteriores con un pequeño 
tubérculo en su cara interna. Tibias anteriores interiormente 
subdentadas en la base, notablemente sinuosas ó míis bien 
escotadas después. Tarsos del mismo par con los tres prime- 
ros artejos ensanchados, el primero ligeramente más ancho 
que la extremidad de la tibia; tarsos intermedios con el pri- 
mer artejo también ensanchado, algo más estrecho que la li- 
bia en su extremidad. 

Q. Protórax con los lados redondeados hacia adelante en el 
quinto anterior, pero después paralelos ó casi paralelos hacia 
atrás y muy ligeramente oblicuos hacia adentro al llegar á los 
ángulos posteriores, sin sinuosidad perceptible junto á estos. 
Muslos y tibias anteriores normales. Tarsos sencillos. 

No he visto ejemplar alguno español, pero el Sr. Reitter cita 
la especie como encontrándose en el norte de nuestra Pe- 
nínsula. 

La descripción que precede está hecha sobre una Q de Fran- 
cia enviada por dicho autor y sobre un q"'. de Francia también, 
bondadosamente comunicado por el Sr. Fauvel. 

El Sr. Reitter considera probable que el Catoj.s Bugnioni 
Tourn., deba referirse á esta especie. 

Se distingue del C. grandicollis Erichs., por su forma más 
oblonga; las antenas más largas, siendo más largos tniiibién 
relativamente los artejos 6.° y 8.° y más ancho el artejo ter- 
minal; por su protórax mucho menos transverso, con los la- 
dos menos redondeados y los ángulos i)o<teriores más re^-tos 
y más pronunciados; los élitros sou también más largos en 
proporción. 



(53^ Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». ei 

9. Catops tristis Panz. 

Eelops tristis Panz., Fauna Germ. 1793, p. 8. 
Catops tristis var. GylL, Ins. Suec, iv, p. 312. 
Choleva Leachii Spence, Trans. Linn. Soc, xii, 1815, 

p. 148. 
Catops ¿míz> Erichs., Kafer d. Mark Brand., p. 238. — 

Heer, Fauna Helv., i, p. 380.— Kraatz, Stettin ent. 

Zeit., 1852, p. 433. — Murray, Monogr. of the Gen. 

Catops, p. 36.— Thomson, Skand. Coleop., iv, p. 60. 

Seidlitz, Fauna balt. Ed. 1, iii lief., p. 221.— Mar- 

seul, Abeille, xxii, p. 95.— Seidlitz, Fauna balt., Ed. 
• 2, III lief., p. 320. — ídem, Fauna transsylv., ii lief., 

p. .337. 
■Catops fuscus Dej., Cata!., Ed. 3, p. 133. 
Catops abdominalis Rosenh., Beitr. Ins. Faun. Europ., 

I, p. 22. 
Catops nigrita Sturm, Deutsch. Ins., xiy, p. 24, tab. 275, 

f. c. C. 
Choleva tristis Piedtenb., Fauna Aust., Ed. 1, p. 144. — 

Fairm. et Laboulb., Faune ent. franc., i, p. 302. — 

Redtenb., Fauna Aust., Ed. 2, p. 281. 
PtomapJiagus tristis Reitt. , Bestimm. Tab. der enrop. 

Coleop. . .mi, p. .57.— Id., Ins. Deutsch., iii, 2 abth. p. 253. 

ObloDg-o-oval; poco convexo; por encima algo deprimido; 
poco brillante; de color pardo negruzco; la cabeza y también 
el protórax generalmente más oscuros; los élitros, sobre todo 
hacia la base, ligeramente más claros; las partes de la boca, 
las antenas, los pies y á veces la base del abdomen rojizos ó 
pardo rojizos; la maza de las antenas oscura excepto á veces 
la extremidad del último artejo; los muslos, principalmente 
los intermedios y posteriores también oscuro?, los tarsos cla- 
ros; con pubescencia fiaa, sedosa, dirigida hacia atrás, ama- 
rillenta y más densa en la cabeza y el protórax, gris par- 
duzca en los élitros; estos generalmente vestidos de una á 
modo de eflorescencia cenicienta con visos azulados. 

Cabeza fina y densamente punteada. Antenas moderada- 
mente largas, alcanzando ó pasando apenas, dirigidas hacia 
atrás, del borde posterior del protórax: l.^"" artejo unas tres 
veces tan largo como ancho; 2." como un tercio más corto y 



C8 ANALES DE HISTORIA NATUP.AL. (54)> 

un poco más delg-ado que el 1.°; 3.° un poco más larg-o que el 
2.° y de ig-ual robustez; 4.° como un tercio más corto que el 
3.", casi tan larg-o como el 2.°; 5." lig-eraniente más corto que 
el 4.°, poco más larg-o que ancho; 6° un poco más corto que 
el 5." y muy lig-eramente transverso; 7." más de una mitad 
más larg-o y notablemente más ancho en su extremidad que 
el 6.°; 8." como tres veces más corto que el 7.°, notablemente 
más estrecho que este, más del doble más ancho que larg-o; 
9." transverso, muy poco más corto que el 7.°, tan ancho ó 
casi tan ancho como este; 10.° apenas más corto y más es- 
trecho que el 9.°; 11.° como una mitad más largo y lig-era- 
mente más delg-ado que el anterior, terminado en punta. Maza 
bastante marcada. 

Protórax poco convexo; como una mitad más ancho que lar- 
g-o; su mayor anchura hacia el medio ó muy poco antes; 
lados bastante estrechados y redondeados hacia adelante, 
más rectos y menos estrechados hacia atrás y apenas visi- 
blemente sinuosos junto á los ángulos posteriores; como una 
tercera parte más estrecho en el borde anterior que en la base; 
áng-ulos anteriores declives, redondeados; base recta ó casi 
recta, salvo un seno casi imperceptible á cada lado de la parte 
media; áng-ulos posteriores rectos y lig-eramente salientes ha- 
cia afuera en el ápice mismo. Puntuación tan fina y densa & 
más que en la cabeza, muy menudamente g-ranug-ienta en su 
aspecto. 

Escudete triangular, con puntuación análog-a á la del pro- 
tórax. 

Élitros oval-oblong-os; moderadamente convexos: por encima 
lig-eramente deprimidos; en la base un poco más anchos que 
la base del protórax; vez y media próximamente tan larg-os 
como anchos; ensanchados en línea curva hasta el cuarto ó 
poco más de la longitud y allí evidentemente más anchos que 
la mayor anchura de aquel; estrechados después también en 
curva y g-radualmente hacia la extremidad y en su conjunto 
bastante ag-uzados, aunque obtusamente redondeados en esta; 
áng-ulo sutural redondeado obtusamente. Superficie con pun- 
tuación un poco más fuerte y menos densa que en el protórax; 
con lig-erísimos vestig-ios de estrías; la sutural fina, g-eneral- 
mente muy poco visible en el primer tercio, más profunda 
hacia atrás. 



<55) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.e». c9 

Pies bastante larg-os; moderadamente robustos; tibias in- 
termedias un poco encorvadas hacia adentro; espina terminal 
de las posteriores tan larg-a como la mitad del primer artejo 
de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo fiaamente punteado y pubescente. 

Q^. Muslos anteriores con un pequeño tubérculo en su cara 
interna, un po30 después del medio. Tarsos anteriores con 
los tres primeros artejos ensanchados, el primero un poco 
más estrecho que la tibia en su extremidad; tarsos interme- 
dios, con el primer artejo también ensanchado, bastante más 
estrecho que la extremidad de la tibia. 

9. Muslos anteriores normales. Tarsos sencillos. 

Alsasua!, un solo ejemplar cf, encontrado entre las hojas 
caídas y en descomposición. 

Próximo al C. qnadraticollis Aubé, por tener los lados del 
protórax lig-erísimamente sinuosos junto á los áng-ulos poste- 
riores, pero distinto por ser este seg-mento más transverso, con 
los lados más en curva; por la forma transversa del 6.° artejo 
de las antenas y por la maza de estas más marcada. Por su 
aspecto g-eneral y las proporciones del artejo 6." de las ante- 
nas se parece bastante al C. coracinus Kelln., pero en este el 
protórax es más transverso aún, coq los lados más redondeados 
en su segunda mitad y en modo alguno sinuosos junto á los 
áng-ulos posteriores, los cuales son obtusos. El C. grandicollis 
Erichs , tiene el protórax mucho más ancho y de forma muy 
distinta. 

Subgénero Sciodrepa Thomson. 
Skand. Coleop. iv, 1862, p. 66. 

1. Sciodrepa Watsoni Spence. 

Cholevi Watsoni Spence, Trans. Linn. Soc. xi, 1815, 

p. 156. 
Catops agilis Fab., Syst. El. ii, p. 565. — Panz., Fauna 

Germ., p. 95.— Dufcsch., Fauna aust. iii, p.75.— GylL, 

Ins. Suec. i, p. 277.— Dej., Catal. Ed. 3, p. 133. 
Catops fumatiis Erichs., Káfer d. Mark. Brand, i. 

p. 240. — Sturm, Deutsch. Ins. xiv, p. 31, tab. 276. 



70 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (56) 

f. c. C— Heer, Fauna Helv. i, p. 382.— Kraatz, Stettin. 

ent. Zeit., 1852, p. 436. — Murray, Monogr. of the Gen. 

Catops, p. 54. — Seidlitz, Fauna balt. Ed. 1% iii lief, 

p. 220. — Marseul, Abeille, xxii, p. 98. — Seidlitz, Fauna 

balt., Ed. 2, iii lief, p. 318.— Id. Fauna transsylv., ii 

lief, p. 335. 
Ckoleva fumata'Redten'b.,F&un8i aust. Ed. 1, p, 144. — 

Fairra. et Laboulb., Fauneent. franc. i, p. 303. — Red- 

tenb., Fauna aust. Ed. 2, p. 280. 
Sciodrepa/umaia Thoms., Skand. Coleop. iv, p. 67. 
C(itopsimo7y/ius curticornis Fairm., Ann. Soc. ent. de 

France, 1877, Bull, p. lxv. — Marseul, Abeille, xxii, 

p. 117. 
Ptomaphagus Watso7ii Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 

Coleop. XII, p. 51. — id. Ins. Deuts. iii, 2 abth., p. 241. 

Oblong-o-oval; bastante convexo; por encima muy lig-era- 
mente deprimido; alg-o brillante; de color castaño más ó me- 
nos oscuro; la cabeza negruzca así como el protórax, excepto 
á veces hacia los lados, el escudete y las piezas meso y me- 
tasternales; los élitros más claros en la reg-ión humeral, más 
oscuros en la reg-ión sutural y posterior; el abdomen más ó 
menos oscuro con el borde posterior de los anillos con frecuen- 
cia más claro; las partes de la boca, los tres ó cuatro primeros- 
artejos de las antenas, así como el último, rojizos ó rojizo-ama- 
rillentos, los demás artejos oscuros; los pies rojizos ó castaño- 
rojizos, los muslos oscuros principalmente los intermedios y 
posteriores, los tarsos alg-o más claros; con pubescencia fina,. 

aunque alg-o densa, amarillenta, dirig-ida hacia atrás. 

« 
Cabeza fina y densamente punteada. Antenas bastante ro- 
bustas, cortas, lleg-ando apenas ó no alcanzando, dirig-ida& 
hacia atrás, al borde posterior del protórax: 1.^'" artejo unas 
tres veces más larg-o que ancho; 2." como una tercera parte 
más corto y apenas más delg-ado que el 1"; 3." lig-eramente 
más corto que el 2.°; 4.° tan largo como la mitad del 3." y casi 
el doble más ancho que largo; 5.° próximamente de la longi- 
tud del 4.° pero todavía más ancho y por lo tanto más transver- 
so; 6.° ligeramente más corto y más ancho que el 5.°; 7.° cuan- 
do menos el doble más largo y un poco más ancho que el 6."; 
8." de la longitud y de la anchura del 6.°; 9.° el doble ó cerca 



(57) Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». 71 

del doble más larg-o que el 8.°, lig-eramente más ancho que 
este, aunque no tanto como el 7.°; 10." próximamente tan 
largo como el 9." y apenas más estrecho; 11." como una mitad 
más larg-o y un poco más delgado que el anterior, terminado 
en punta. Maza bien marcada. 

Protórax bastante convexo; muy cerca del doble más ancho 
que largo; su mayor anchura, mirado por encima, á cortísima 
distancia de la base; lados bastante redondeados y estrecha- 
dos hacia adelante; paralelos ó imperceptiblemente entrantes 
en la base misma; como una tercera parte más ancho en esta 
que en el borde anterior; ángulos anteriores declives, redon- 
deados; base recta en la parte media, apenas y anchamente 
sinuosa á cada lado hacia los ángulos posteriores; estos rec- 
tos. Puntuación tan densa pero bastante más fina que en la 
cabeza, de aspecto reticulado más bien que granugiento. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros oval- oblongos; moderadamente convexos; por enci- 
ma muy ligeramente deprimidos; en la base tan anchos como 
la base del protórax; poco más de vez y media tan largos como 
anchos; ensanchados en línea curva hasta el tercio ó poco más 
de la longitud y allí ligeramente más anchos que la mayor 
anchura de aquel; estrechados después también en curva y 
gradualmente hacia la extremidad y en su conjunto obtusa- 
mente redondeados en esta; ángulo sutural obtuso. Superficie 
con puntuación algo más fuerte y menos densa que en el pro- 
tórax, sin vestigios de estrías, excepto la sutural; esta muy 
poco señalada al principio, más profunda hacia atrás. 

Pies moderadamente largos, poco robustos; tibias interme- 
dias ligeramente encorvadas hacia adentro; espina terminal 
de las posteriores por lo menos tan larga como la mitad del 
primer artejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo fina y densamente punteado y pubes- 
cente. 

c/. Forma ligeramente más estrecha. Élitros generalmente 
algo más paralelos en su mitad anterior. Tarsos anteriores con 
los tres primeros artejos ensanchados, el primero muy poco 
más estrecho que la extremidad de la tibia; tarsos interme- 
dios con el primer artejo también ensanchado, algo más es- 
trecho que la tibia en su extremidad. 



72 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (58) 

Q. Forma lig-eramente más ancha. Élitros un poco más re- 
dondeados. Tarsos anteriores é intermedios sencillos. 

Alsasua!; San Ildefonso, Navacerrada, Madrid (Vázquez!); 
El Empalme (Cuní!). 

Bastante frecuente entre las hojas caídas y en descomposi- 
ción y alg-una vez debajo de las piedras. 

2. Sciodrepa scitula Erichs. 

Catops scitulus Erichs. Káfer d. Mark Brand. 1837, i, 
p. 241. — Sturm, Deutsch. Ins. xiv, p, 33, tab. 277, f. a. 
A. — Kraatz, Stettin ent. Zeit. 1852, p.437. — Murray, 
Monog-r. of the Gen. Catops, p. 57. — Seidlitz, Fauna 
balt. Ed. 1.% m lief., p. 220.— Marseul, Abeille, xxii, 
p. 99.— Seidlitz, Fauna balt. Ed. 2.^ iii lief., p. 318.— 
Id. Fauna transsylv., ii lief. , p. 335. 

Cholevafumata'? Spence, Trans. Linn.Soc. xi, 1815, p. 155. 

Catops hiridus Dej., Cat. Ed. 2.% p. 133. 

Galops amMguus. Heer, Faune Helv. i, p. 381. 

Choleva scitula Fairm. et Laboulb., Faune ent. franc., i, 
p. 304.— Redtenb., Fauna aust. Ed. 2.", p. 283. 

¡Sciodrepa iinibrina Thoms., Skand. Coleop. iv, p. 65. 

Ptomaphagus fumatusUeiii., Bestimm. Tab. dereurop. 
Coleop. XII, p. 50. — Id. Ins. Deutsch. iii, 2 abth., p. 240. 

Oval-oblongfo; moderadamente convexo; por encima ligera- 
mente deprimido; casi mate; de color castaño tostado, la cabe- 
za oscura, el protórax con frecuencia más claro hacia los bor- 
des laterales y también lig-eramente la región basilar de los 
élitros; las partes de la boca, las antenas y los pies rojizos ó 
rojizo algo oscuros, la base de aquellas y la extremidad del 
último artejo rojizo amarillentos; con pubescencia muy fina, 
sedosa, amarillenta, dirigida hacia atrás. 

Cabeza muy fina y densamente punteada. Antenas modera- 
damente largas, alcanzando, dirigidas hacia atrás, al borde 
posterior del protórax: l.'^'' artejo como tres veces más largo 
que ancho; 2." un poco más corto y más delgado que el 1."; 
3." igual en longitud al 2.° ó muy ligeramente más largo que 
este; 4.° cerca de un tercio más corto que el 3.°, distintamente 
más largo que ancho; 5." tan largo como el 4." y muy ligera- 



(59) Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». 73 

mente más robusto; 6.° un poco más corto que el 5.°, casi 
cuadrado ó ligeramente transverso; 7.° casi dos veces tan 
largo como el Q.° y notablemente más ancho hacia la extremi- 
dad; 8° á lo sumo tan largo como la mitad del 7.° y un poco 
más estrecho que este, el doble más ancho que largo; 9.° igual 
ó casi igual en longitud al 7.° y de su anchura; 10." apenas 
más corto y tan ancho como el 9.°; 11.° apenas una mitad más 
largo y ligeramente más estrecho que el anterior, terminando 
en punta. Maza poco marcada. 

Protórax bastante convexo; cerca del doble más ancho que 
largo; su mayor anchura casi en la base; lados bastante estre- 
chados y redondeados hacia adelante; paralelos ó impercepti- 
blemente entrantes en la base misma; cerca de una mitad más 
ancho en esta que en el borde anterior; áng^ulos anteriores 
declives, redondeados; base recta en el medio, visible aunque 
anchamente sinuosa á cada lado hacia los ángulos posteriores, 
estos un poco agudos y dirigidos hacia atrás. Puntuación tan 
densa pero un poco más fina que en la cabeza, de aspecto re- 
ticulado más bien que granugiento. 

Escudete triangular, con puntuación análoga á la del pro- 
tórax. 

Élitros oval-oblongos; moderadamente convexos; por encima 
ligeramente deprimidos; en la base tan anchos como la base 
del protórax; poco más de vez y media tan largos como an- 
chos; ensanchados en curva muy suave hasta el tercio ó poco 
más de la longitud y allí ligerísimamente más anchos que la 
mayor anchura de aquel; estrechados después en igual forma 
hacia la extremidad y en su conjunto obtusamente redondea- 
dos en esta; ángulo sutural variable según los sexos. Super- 
ficie con puntuación algo más fuerte y menos densa que en el 
protórax, sin vestigios de estrías excepto la sutural, esta poco 
señalada al principio, más profunda hacia atrás. 

Pies moderadamente largos y robustos; tibias intermedias 
un poco encorvadas hacia adentro; espina terminal de las pos- 
teriores notablemente más larga que la mitad del primer ar- 
tejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

cf. Ángulo sutural obtusamente redondeado. Tarsos anterio- 
res con los tres primeros artejos ensanchados, el primero casi 
tan ancho como la tibia en su extremidad; tarsos intermedios 



74 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (60> 

con el primer artejo también ensanchado, un poco más estre- 
chos que la extremidad de la tibia. 

Q. Áng-ulo sutural un poco agudo. Tarsos anteriores é inter- 
medios sencillos. 

No he visto ejemplar alguno de nuestra Península y la des- 
cripción que precede está hecha sobre los que, procedentes de 
la Bosnia central me ha remitido el Sr. Reitter; pero el Conde 
Dejean cita en la segunda edición de su catálogo un Galops 
luridus, — Hispania, j el Sr. Murray, que ha estudiado los 
ejemplares de la colección de aquel célebre entomólogo, los 
refiere al C. scitulus Er., añadiendo: 

«Los primeros ejemplares son scitulus, siguen después al- 
gunos del velox y finalmente lo que puede ser brun7ieus St. » 
(Murray, Monogr. of the Gen. Catops. p. 86.) 

La incluyo, por esta razón, en el presente trabajo. 

Se distingue fácilmente de la especie anterior por su tama- 
ño algo mayor, su forma un poco más oval, su coloración más 
uniforme, sus antenas un poco más largas, los artejos 4.° y 
5.° no transversos, siéndolo apenas el 6." y la maza mucho 
menos marcada. La base del protórax es también más sinuosa 
hacia los ángulos posteriores, estos resultan más agudos y 
dirigidos hacia atrás; la espina terminal de las tibias poste- 
riores es más larga que en aquella especie. 



Subgénero Nargus Thomson. 
Skand. Coleop. is, 1867, p. 349. 

1. Nargus velox Spence. 

Choleva velox Spence, Trans. Linn. Soc. xr, 1815, pági- 
na 154. — Redtenb., Fauna aust. Ed. 1.', p. 144.— Fairm. 
et Laboulb., Faune ent. franc., i, p. 304. — Redtenb., 
Fauna aust. Ed. 2.», p. 282. 

Cato2)S velox Erichs., Kafer d. Mark. Brand. i, p. 241. — 
Sturm, Deutsch. Ins. xiv-3, 5, tab. 277. f. b. B. — Heer, 
Fauna Helv. i, p. 383.— Kraatz, Stettin ent. Zeit. 1852, 
p. 437. — Murray, Monogr. of the Gen. Catops, p. 59. — 
Seidlitz, Fauna balt. Ed. 1.', iii lief., p. 219.— Marseul, 



(61) Uhagón,— ESPECIES del grupo «cholev.e». 75 

Abeilie, xxir, p. 75.— Seidlitz, Fauna balt. Ed. 2.*, iii 

lief. , p. 317. — ídem, Fauna transsylv., n lief. , p. 334. 
Catops pallidus Dej., Catal. Ed. 3.% p. 133. 
Nargus velox Thoms,,Skand. Coleop. xi, p. 349.— Reitt., 

Bestimm. Tab. der europ. Coleop. xii, p. 44. — ídem, 

Ins. Deutsch. iii. 2 abth., p. "232. 

Oval oblong-o; bastante convexo; alg-o brillante, principal- 
mente en el protórax; de color amarillento rojizo ó ferrug-inoso 
más ó menos tostado y bastante variable, á veces uniforme, 
otras con el protórax rojizo y la cabeza, el escudete y los éli- 
tros oscuros, parduzcos; rara vez con el protórax oscuro en 
el disco; las partes de la boca, la base de las antenas, su últi- 
mo artejo y los pies claros; con pubescencia finísima, densa, 
sedosa, amarillenta, dirig-ida hacia atrás. 

Cabeza muy fina y muy densamente punteada. Antenas del- 
gadas, moderadamente larg-as, alcanzando, dirigidas hacia 
atrás, al borde posterior del protórax: l.er artejo como tres ve- 
ces más largo que ancho; 2.° un poco más corto y más delgado 
que el 1.°; 3." tan largo, pero ligeramente más delgado que 
el 2.°, no tan largo como el 1.°; 4.° como una tercera parte 
más corto que el 3.°; 5.° un poco más largo que el 4.°: 6.° un 
poco más corto que el 5.", cerca del doble más largo que an- 
cho; 7." tan largo como el 5.", pero más grueso en su extre- 
midad; 8.° apenas tan largo como la mitad del 7.°, ligeramen- 
te más estrecho que este y un poco transverso; 9." un poco más 
corto, pero algo más ancho que el 7.°; 10.° igual ó casi igual 
al 9.°; 11.° como una mitad más largo que el 10.°, de su an- 
chura y terminado en punta roma. Maza poco marcada. 

Protórax bastante convexo; el doble más ancho que largo; 
su mayor anchura en la base; lados bastante estrechados y re- 
dondeados hacia al borde anterior, muy ligeramente entran- 
tes en la base misma; como una tercera parte más estrecho en 
aquel que en esta; ángulos anteriores declives, redondeados; 
base recta en la parte media, ligera y anchamente sinuosa á 
cada lado hacia los ángulos posteriores; estos ligeramente 
obtusos y un poco dirigidos hacia atrás. Puntuación suma- 
mente fina y densa, tanto ó más que en la cabeza. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 



•76 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (62) 

Élitros oval-oblong-os; bastante convexo?; por encima lig-e- 
ramente deprimidos; en la base tan anchos como la base del 
protórax; apenas vez y media tan larg-os como anchos; lados 
apenas ensanchados en curva hasta el cuarto próximamente 
de la long-itud y allí muy lig-eramente más anchos que la ma- 
yor anchura del protórax; estrechados después también en 
curva y g-radualmente hacíala extremidad y, en su conjunto, 
obtusamente redondeados en esta; ángulo sutural redondeado. 
Superficie con puntuación apenas menos fina y menos densa 
que en el protórax, en su aspecto lig-erísima y muy menuda- 
mente reticulada al través; con vestig-ios casi imperceptibles 
de estrías; la sutural muy poco visible al principio, más pro- 
funda hacia atrás. 

Pies bastante larg-os y delgados; tibias intermedias lig-era- 
mente encorvadas hacia adentro; espina terminal de las pos- 
teriores tan larg"a como la mitad del primer artejo de los tar- 
sos correspondientes. 

Cuerpo por debajo muy fina y densamente punteado y pu- 
bescente. 

c/. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 
chados; el primero tan ancho como la extremidad de la tibia. 
Trocánteres de los muslos posteriores prolong-ados en una á 
modo de espina encorvada, saliente hacia atrás. 5.° seg-- 
mento abdominal ancho, aunque poco profundamente esco- 
tado en el medio del borde posterior; el 6." con una pequeña 
incisión triangular en su extremidad. 

5. Tarsos anteriores sencillos. Abdomen y trocánteres de 
los muslos posteriores normales. 

Aunque los ejemplares de España son generalmente defor- 
ma más corta, más oval, que los de Francia y Alemania que 
he tenido ocasión de examinar, no puedo con fundamento re- 
ferirlos á otra especie. 

Se encuentra con alguna frecuencia entre las hojas caídas, 
en sitios húmedos, sobre todo á principios de la primavera. 

No sé verdaderamente si el JV. velox Thoms. (C. scifulus 
Thoms., Skand. Coleop. iv, p. 65), figura con justicia en la si- 
nonimia. Algunos términos de la descripción: siilfovatus, an- 
lennis... articulo 6.° lepiíer transverso. Prot/iorace... macula me- 
dia antica fusca. C or por e suh tus fusco Irunneum, parecen conve- 
nir más al N. Irunneus St. 



(63) Uhagón. — especies del grupo «cholev.e». -7 

2. Nargus notaticollis Baudi. 

CJioleva notaticollis Baudi, Deiitsch. ent. Zeitsch. 1864, 
pág-ina 227. — Marseul, Abeille, sin, p. 52. 

Oblong-o; poco convexo; por encima lig-eramente deprimi- 
do; poco brillante; de color amarillento-ferrug-inoso, á veces 
loás oscuro en los élitros y el abdomen; la cabeza neg-ruzca, 
«sí como una mancha longitudinal bastante ancha en el medio 
del protórax, el escudete y las piezas meso y metasternales; las 
partes de la boca, las antenas, los pies, las epipleuras de los 
élitros y el borde posterior de los seg-mentos del abdomen más 
claros. Con pubescencia muy fina, densa, sedosa, amarillenta, 
dirigida hacia atrás. 

Cabeza muy fina y muy densamente punteada. Antenas bas- 
tante delgadas; moderadamente largas, alcanzando ó pasando 
apenas, dirigidas hacia atrás, del borde posterior del protó- 
rax: l.er artejo como tres veces más largo que ancho; 2.° un 
poco más corto y ligeramente más delgado que el 1.°; 3.° tan 
largo, pero un poco menos robusto que el 2'.°; 4.° como una 
tercera parte más corto que el 3.°; 5.° igual ó apenas más 
corto que el 4.°; 6.° ligeramente más corto que el 5.°, el doble 
más largo que ancho; 7.° tan largo como el 5.°, pero un 
poco más grueso que este y que los anteriores en su extremi- 
dad; 8." tan largo como la mitad del 7.°, apenas más estrecho 
que este y ligeramente transverso; 9." igual ó casi igual en 
longitud al 7.°, pero un poco más ancho en el ápice; 10." muy 
ligeramente más corto que el 9.° y de su anchura; 11." como 
una mitad más largo que el 10.", tan ancho como este y termi- 
nado en punta roma. Maza poco y gradualmente marcada. 

Protórax moderadamente convexo; el doble ó cerca del do- 
ble más ancho que largo; su mayor anchura en la base; lados 
moderadamente estrechados y redondeados hacia el borde 
anterior, casi imperceptiblemente entrantes en la base misma; 
cerca de una mitad más estrecho en aquel que en esta; ángu- 
los anteriores declives, redondeados; base recta en la parte 
media, ligerísima y anchamente sinuosa á cada lado hacia 
los ángulos posteriores, estos casi rectos, muy ligeramente 
obtusos en el ápice y un poco dirigidos hacia atrás. Puntua- 
ción sumamente fina y densa, tanto ó más que en la cabeza. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del protórax. 



-8 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6-t) 

Élitros oblong-0-ovales; poco convexos; por encima alg-o de- 
primidos; en la base tan anchos como la base del protórax; 
por lo menos vez y media tan larg-os como anchos; lados poco 
'sensiblemente ensianchados en curva hasta el tercio ó poco 
más de la long-itud y allí apenas más anchos que la mayor 
anchura del protórax; estrechados después también en curva 
y gradualmente hacia la extremidad y en su conjunto obtu- 
samente redondeados en esta; áng-ulo sutural variable según 
los sexos. Superficie con puntuación tan fina y densa ó ape- 
nas menos que en el protórax, de aspecto lig-erísimainente 
reticulado al través, sin vestig-ios de estrías, excepto la sutu- 
ral, esta apenas visible en su primer tercio, más profunda ha- 
cia atrás. 

Pies bastante larg-os y delg-ados; tibias intermedias muy li- 
g-eramente encorvadas hacia adentro; trocánteres posteriores 
normales en ambos sexos; espina terminal de las tibias pos- 
teriores tan larg-a como la mitad del primer artejo de los tar- 
sos correspondientes. 

(f. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 
chados, el primero cuando menos tan ancho como la extre- 
midad de la tibia. Áng-ulo sutural redondeado. 5." seg-mento 
abdominal profunda y anchamente escotado en su borde pos- 
terior, que es lampiño; el 6.° con una pequeña incisión trian- 
g"ular en su extremidad. 

9. Tarsos anteriores sencillos. Áng-ulo sutural un poco pro- 
long-ado y ag-udo. Abdomen normal. 

El Sr. Kraatz, al enumerar las especies del g-énero Choleva 
que conoce de Andalucía (Entoni. Reise nach dem Sudl. Spa- 
nien, p. 101, nota b.) dice lo sig-uiente: 

«Alg-unos ejemplares de una CJioleva, recog-idos por el señor 
Dieck junto á Córdoba, se diferencian de la velox casi única- 
mente por su forma algo menor, el protórax menos ancho, 
con el disco más oscuro, así es que no puedo considerarlos 
con pleno convencimiento como especie propia; sin embargo, 
no dejaré de hacer constar que aún no he tenido delante 
ejemplares iguales de Alemania. Eq cambio, dichos indivi- 
duos andaluces parecen ser idénticos á la Choleva notalicoUis 
Baudi, de Chipre, de la cual poseo algunos ejemplares tí- 
picos.» 

Análoga opinión he llegado á formar yo mismo respecto de 



(«5) Uhagón. — especies del grupo «cholevje». 79 

un ejemplar q^ comunicuclo por el Sr. Obertliür en unión de 
otros doscr* y 9, con el nombre de C. velox false, todos proce- 
dentes de Granada y al parecer recogidos á la vez y en las mis- 
mas condiciones. Los dos últimos por su forma más oval, más 
convexa, su protórax aparentemente más ancho, de color igual, 
los trocánteres posteriores del ^ con la extremidad encorvada 
y espiniforme y por tener la Q el ángulo sutural redondeado, 
pertenecen, á mi juicio, al verdadero N. velox Spence. El pri- 
mero, ó sea el c/ á que antes hago referencia, por su forma 
más oblonga, menos convexa, el protórax ligeramente más es- 
trecho, ofreciendo á lo largo de la parte media del disco una 
mancha oscura aunque algo difusa, los élitros más largos y 
los trocánteres posteriores normales corresponden, á mi en- 
tender, al i\^. notaticollis Baudi. El estudio de una Q que el 
Sr. Kraatz con amabilidad suma ha tenido á bien comunicar- 
me, como tipo de Baudi, procedente de Siria, según indica la 
etiqueta, ha contribuido á afirmarme en tal creencia. 

Esto, no obstante, como el Sr. Reitter (Bestimm. Tab. der 
europ. Coleop., xii, p. 44) dice que los trocánteres posteriores 
de los (f del N. notaticollis Baudi se prolongan en una larga 
espina, he creído deber consultar al Sr. Baudi de Selve y de 
la contestación del erudito entomólogo italiano deduzco que 
el Sr. Reitter ha padecido error por lo qué al mencionado ca- 
rácter se refiere, como también parece haberlo padecido al 
reunir á esta especie la Choleva conjungens Saulcy. 

El Sr. Baudi describe los trocánteres como sigue: 

Trochanteres in ómnibus simplices. 

El Sr. Saulcy dice en su descripción al hablar de los of: 
(Ann. Soc. ent. de Trance, 1864, p. 427.) 

Mas trochanteribus posticis magnis, ápice intus in spinam 
longam acute Cíirvatis. 

El Sr. Baudi ha tenido la bondad, á mi ruego, de verificar 
nuevamente este carácter en los (f de su colección y me es- 
cribe que de un modo terminante puede asegurarme que en 
su especie todos los trocánteres son sencillos en ambos sexos. 
Compárala el Sr. Baudi con la Choleva (Sciodrepa) Watsoni 
Spence, diciendo que es aún más prolongada y en efecto le 
cuadra esta comparación, á juzgar por el ejemplar remitido 
por el Sr. Kraatz, así como le convienen más los términos 
elongato ovala de la descripción, que el de ovata que el señor 



80 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (66) 

Saulcy aplica á su C. coTijunge^is, por lo cual y también por 
la forma de los trocánteres posteriores de los ¡v, esta última 
especie debe de ser distinta y mucho más afine al N. velox 
Spence. 

3. Nargus Wilkinii Spence. 

CJioleva Wilkinii Spence, Trans. Linn. Soc. , xi, 1815, 

p. 57. 
Cato/isjlavescens Dej., Catal. Ed. 3, p. 157. 
Catops 'pracox Erichs., Kafer. d. Mark. Brand., i, p. 242. 

— Sturm, Deutsch. Ins., xiv, p. 37, tab. 277, f. c. C. 

— Heer, Fauna Helv., i, p. 318. — Kraatz, Stettin. ent. 

Zeit., 1852, p. 438. — Murray, Monog-r. of the Gen. Ca- 

tüps,p.61.—Seidlitz, Fauna balt. Ed. l.%iiilief, p. 219. 

— Maríeul, AbeiUe, xxii, p. 77. — Seidlitz, Fauna balt. 

Ed. 2.% 111 lief, p. 318.— Id. Fauna transsylv.,iilief, p. 3.34. 
Choleva prfpcox Rpdtenb., Fauna Aust. Ed. T, p. 145. — 

Fairm. et Laboulb., Faune ent. franc., i,p. 304.— Red- 

tenb., Fauna Aust. Ed. 2^ p. 282. 
Nargus Wilkinii Reitt., Bestimm. Tab. der europ. Co- 

leop., XII, p. 4.5.— Id. Ins. Deutsch., iii. 2abth., p. 234. 

Oblong-o; bastante convexo; por encima muy lig-eramente 
deprimido; poco brillante por ser finísimamente reticulado el 
fondo de los teg-umentos; de color amarillento ferrug-inoso ó 
rojizo más ó menos tostado; la cabeza un poco oscura hacia 
atrás y á veces también el escudete; las partes de la boca, las 
antenas, principalmente en la base, y los pies más claros. Con 
pubescencia muy fina, bastante densa, sedosa, amarillenta, 
dirig-ida hacia atrás. 

CabezH con puntuación fina y superficial, no muy densa. 
Antenas bastante delg-adas; moderadamente larg'as, alcanzando 
ó pasando muy poco, dirig-idas hacia atrás, del borde poste- 
rior del ])rot(Srax: !.«■'' artejo, como tres veces más larg-o que 
ancho; 2." un poco más corto y más delg-ado que el 1.°; 3.° á 
su vez un poco más corto y más delg-ado que el 2.°; 4.° como 
una tercera [«arte más corto que el 3.", pero de ig"ual robus- 
tez; 5.° lig-eraménte más larg-o que el 4.°; 6." de la long-itud 
del 4.°, imperceptiblemente más g-rueso que este, tan ancho 
como larg-o; 7.° ig-ual ó casi ig-ual al 5.° en long-itud, pero evi- 



(67) Uhagón. — especies del grupo «cholev'e». si 

dentemente más robusto y cerca de vez y media tan larg-o 
como ancho; 8." próximamente tan larg-o como la mitad del 
7.°, apenas más estrecho que este y distintamente transverso; 
9." y 10." ig-uales ó casi iguales, muy lig-erameníe más cortos 
que el 7.° pero cuando menos de su anchura; 11." como una 
mitad más larg-o que cualquiera de los dos anteriores y tan 
ancho como ellos, terminando en punta ó pareciendo más 
bien truncado y con un pequeño apéndice cónico en su extre- 
midad. Maza poco y g-radualmente marcada. 

Protórax bastante convexo; alg-o más de vez y media tan 
ancho como larg-o; su mayor anchura poco antes de la base; 
lados bastante estrechados y redondeados hacia el borde an- 
terior, muy lig-eramente entrantes hacia atrás; cerca de una 
mitad más estrecho en el borde anterior que en la base; án- 
g-ulos anteriores declives, redondeados; base recta ó casi recta; 
áng-ulos posteriores .un poco obtusos. Puntuación fina, super- 
ficial, análog-a á la de la cabeza, de aspecto lig-eramente ru- 
g-oso por efecto de la pubescencia. 

Escudete triang-ular, con puntuación ig-ual á la del pro- 
tórax. 

Élitros oblong-o-o vales; moderadamente convexos; por enci- 
ma lig-eramente deprimidos; en la base apenas tan anchos 
como la base del protórax; más de vez y media tan larg-os 
como anchos; lados casi paralelos, poco sensiblemente ensan- 
chados en curva hasta el tercio próximamente de la long-itud 
y allí tan anchos ó apenas más que la mayor anchura del 
protórax, después g-radualmente estrechados hacia la extre- 
midad y en su conjunto alg-o ag-uzados y obtusamente redon- 
deados en esta; áng-ulo sutural obtusamente redondeado. Su- 
perficie con puntuación tan densa ó casi tan densa pero un 
poco más fuerte que la del protórax; apenas con vestig-ios de 
estrías; la sutural fina, casi invisible en su primer tercio, más 
profunda hacia atrás. 

Pies bastantes larg-os; poco robustos; tibias intermedias 
muy lig-eramente encorvadas hacia adentro; espina terminal 
de las posteriores más corta que la mitad del primer artejo de 
los tarsos correspondientes. Trocánteres posteriores norma- 
les en ambos sexos. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

cf . Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 6 



82 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (63) 

chados, el primero apenas ó no más estrecho que la extremi- 
dad de la tibia. 5." segmento abdominal con el borde posterior 
ancho, pero poco profundamente escotado; el último con una 
pequeña incisión triangular en su extremidad. 

Q. Tarsos anteriores sencillos. Abdomen normal. 

El Sr. Kraatz, en la ya citada obra (Entom. Reise nach dem 
Sudl. Spanien , p. 101 , nota C), dice sobre esta especie lo si- 
guiente : 

Cholería WilMnii Spence (= prcecox Er.) 

«No me aventuro á separar de la C/¿. Wilkinii, algunos 
ejemplares en no muy buen estado de conservación, encon- 
trados por el Sr. Dieck cerca de Málaga, Algeciras y Córdo- 
ba; los de la última localidad son más oscuros, los de las dos 
primeras de color rojo castaño más claro; á estos últimos con- 
viene bien referirla especie española Choleva /lavescensDe]. 
citada en el catálogo de Gemminger, bajo el nombre de Wil- 
kinii.» 

El Sr. Murray, que ha tenido ocasión de examinar los de 
la colección del conde Dejean, refiere también dicha especie 
al C. prípcow Erichs. (Monogr, of the Gen. Catops, p. 86.) 

Por mi parte no he tenido á la vista ejemplar alguno pro- 
cedente de España y la descripción que precede está hecha 
sobre ejemplares de diferentes localidades de Alemania, que 
existen en mi colección. 

Entre otros caracteres, se distingue del iV. velox Spence y 
del N. oiotalicollis Baudi, por su tamaño menor; su puntuación 
más fuerte y menos densa, siendo la de los élitros más fuerte 
que la del protórax y por tener el artejo 6.° de las antenas tan 
largo como ancho y no el doble ó cerca del doble más largo 
que ancho, como en aquellas. 

4. Nargus brunneus Sturm. 

Catops Imnnens Sturm, üeutsch. Ins., 1839, xiv, p. 38, 
tab. 278, f. a. A.— Kraatz, Stettin. ent. Zeit. , 1852, 
p. 439.— Murray, Monogr. of the Gen. Catops, p. 63. 
— Marseul, Abeille, xxii, p. 79.— Seidlitz, Fauna balt., 
Ed. 2.% III lief. , p. 318.— ídem, Fauna transsylv., ii, 
lief., p. 334. 



(G9) ühagón, — especies del grupo «cholev.í;». 83 

Choleva drunnea Redtenb., Fauna Aust., Ed. 1/, p, 145. — 

ídem, id., Ed. 2.\ p. 282. 
NcLTgus hnüineus Reitt., Bestimm. Tab. der europ. Co- 

leop., XII, p. 44. — ídem, Ins. Deutsch., ni, 2 abth., 

página 235. 

Oval, ligeramente oblongo; bastante convexo; brillante, por 
ser el fondo de los tegumentos casi liso; de color rojizo ó fe- 
rruginoso-castaño, á veces un poco tostado; la cabeza oscura 
así como el escudete, las piezas meso y metasternales y el 
abdomen, aunque este generalmente con menos intensidad; 
á veces el disco del protórax es también más oscuro; las par- 
tes de la boca, las antenas y los pies más claros. Con pubes- 
cencia muy fina, sedosa, semi-dorada, dirigida hacia atrás. 

Cabeza con puntuación muy fina, superficial, bastante den- 
sa. Antenas poco robustas, alcanzando ó pasando muy poco, 
dirigidas hacia atrás, del borde posterior del protórax: l.^'- ar- 
tejo cerca de tres veces más largo que ancho; 2.° muy poco 
más corto y más delgado que el 1."; 3." como una cuarta parte 
más corto y un poco más delgado que el 2."; 4." poco menos 
de la mitad más corto que el 3." y poco más largo que ancho; 
5.° ligeramente más largo que el 4.°; 6.° marcadamente más 
corto que el 5." y también un poco más corto que el 4.°, ape- 
nas más ancho que ellos, algo variable en sus proporciones, 
á veces tan largo como ancho, otras ligeramente transverso; 
7." próximamente de la longitud del 5.° pero más grueso que 
los anteriores, muy ligeramente más larg-o que ancho; 8.° tan 
largo como la mitad del 7.", apenas más estrecho que este, 
notablemente transverso; 9." y 10." iguales ó casi iguales, de 
la longitud del 1°, pero un poco más anchos y por lo tanto 
más transversos; 11." como vez y media tan largo como el 10.", 
tan ancho como este, pareciendo truncado y con uq pequeño 
apéndice cónico en su extremidad. Maza poco y gradualmente 
marcada. 

Protórax bastante convexo; el doble más ancho que largo; 
su mayor anchura muy cerca de la base; lados bastante estre- 
chados y redondeados hacia el borde anterior, apenas ó muy 
ligeramente entrantes hacia atrás; como una mitad más es- 
trecho en el borde anterior que en la base; ángulos anterio- 
res declives, redondeados; base recta ó casi recta; ángulos 



84 ANALES DE HISTORIA NATURAL. {V}- 

posteriores lig-eramente obtusos. Puntuación fina, superficial, 
"bastante densa, de aspecto lig-eramente rug-oso. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del protórax. 

Élitros oval-oblongos; bastante convexos; por encima lige- 
ramente deprimidos; en la base misma tan anchos como la 
base del protórax y apenas menos que la mayor anchura de 
este; vez y media tan largos como anchos; lados poco sensi- 
blemente ensanchados hasta el cuarto próximamente de la 
longitud y allí ligeramente más anchos que la mayor anchu- 
ra del protórax, después gradualmente estrechados hacia la 
extremidad y en su conjunto anchamente obtusos y casi trun- 
cados en esta; ángulo sutural, obtusamente redondeado. Su- 
perficie con puntuación algo menos densa y distintamente 
más fuerte que la del protórax; sin vestigios de estrías, ex- 
cepto la sutural; esta poco visible aí principio, más profunda 
hacia atrás. 

Pies moderadamente largos y delgados; tibias intermedias 
ligeramente encorvadas hacia adentro; espina terminal de las 
posteriores apenas tan larga como la mitad del primer artejo 
de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

of. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 
chados, el primero apenas ó no más estrecho que la tibia en 
su extremidad. 5.° segmento abdominal con el borde posterior 
apenas perceptiblemente escotado. 

9. Tarsos sencillos. Abdomen normal. 

Escorial! (Cazurro!, Oberthür!); San Ildefonso (Martínez!); 
Lanjarón (Oberthür!, Martínez!); Montes Alberes, frontera 
francesa (Oberthür!). 

Se diferencia del ]V. Wilkinii Spence, por su forma más oval, 
menos prolongada; su aspecto más brillante; el protórax rela- 
tivamente un poco más ancho; los élitros más corto?, más an- 
chos, menos paralelos, más redondeados y en su conjunto no 
aguzados, sino anchamente obtusos y casi truncados en la 
extremidad, su puntuación más fuerte y el abdomen oscuro. 

5. Nargus anisotoraoides Spence. 

Cholem a7iísolomoides ^^ence, Trans. Linn. Soc. xi, 1815,. 
p. 15G.—Redtenb., Fauna aust. Ed. 1.', p. 145.— Fairm. 



(71) ühagón. — especies del grupo «cholev.e». es 

et Laboulb., Faune ent. franc. i, p. 304.— Redteub., 
Fauna aust. Ed. 2.% p. 282. 

Catops anisotomoides Sturm, Deutscli. Ins. xiv, p. 42, tab. 
278, f. c. C— Heer, Fauna Helv. i, p. 384.— Kraatz, 
Stettin. ent. Zeit., 1852, p. 439.— Murray, Monogr. of 
the Gen. Catops, p. 64. — Seidlitz, Fauna balt. Ed. 1.% iii 
lief., p. 219.— Marseul, Abeille, xxii, p. 107.— Seidlitz, 
Fauna balt. Ed. 2.', iii lief., p. 318.— Id. Fauna trans- 
sylv., II lief., p. 334. 

DemocJirus anisotomoides Thomson, Skand. Coleop. ix, 
p. 350. 

Nargus anisotomoides Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 
Coleop. XII, p. 47. — Id. Ins. Deutscch. iii, 2 abth, p. 235. 

Oval, alg-o oblong-o; bastante convexo; brillante; el fondo de 
los teg"umentos liso; de color rojizo ferruginoso ó castaño más 
ó menos oscuro; á veces alg-o más claro hacia los bordes late- 
rales del protórax y de los élitros, las epipleuras de estos y el 
abdomen; la cabeza neg-ruzca; las partes de la boca, las ante- 
nas y los pies rojizo-amarillentos. Con pubescencia fina, no 
muy densa, sedosa, g-ris amarilleuta, dirigida hacia atrás. 

Cabeza brillante, con puntuación muy fina, superficial, 
apenas perceptible. Antenas poco robustas, alcanzando ape- 
nas, dirigidas hacia atrás, al borde posterior del protórax: 
l.'^'" artejo como tres veces más largo que ancho; 2.° un poco 
más corto y apenas más delgado que el 1."; 3° como una ter- 
cera parte más corto y un poco más delgado que el 2.°; 4.'^ á 
su vez una tercera parte más corto, pero apenas menos robus- 
to que el 3°; 5.° ligeramente más largo que el 4.°: 6.° distin- 
tamente más corto que el 5.° y apenas más corto también que 
el 4.°, casi cuadrado ó ligeramente transverso; 7." próximamen- 
te de la longitud del 5.°, pero evidentemente más grueso que 
este y que los anteriores, un poco más largo que ancho; 
8.° tan largo como la mitad del 7.°, ligerísimamente más e&tre- 
<;ho, distintamente transverso; 9.° y 10." iguales ó casi iguales, 
apenas de la longitud del 7.°, pero evidentemente más gruesos 
j un poco transversos; 11.° como vez y media tan largo como 
el 10.°, tan ancho como ette y más bien terminado en punta 
roma que provisto del apéndice cónico que presentan las dos 
especies anteriores. Maza poco y gradualmente marcada. 



86 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (72) 

Protórax brillante; bastante convexo; un poco más del doble 
más ancho que largo; su mayor anchura en la base; lados mo- 
deradamente estrechados y redondeados hacia el borde ante- 
rior, apenas ó muy ligeramente entrantes en la base misma; 
como una tercera parte más estrecho en aquel que en esta; 
ángulos anteriores declives, redondeados; base recta ó casi 
recta; ángulos posteriores anchamente obtusos, casi redon- 
deados. Puntuación muy fina, poco definida, superficial, ape- 
nas perceptible, como la de la cabeza. 

Escudete triangular, punteado como el protórax. 

Élitros ovales, ligeramente oblongos; bastante convexos; 
por encima ligeramente deprimidos, en la base tan anchos ó 
apenas menos que la base del protórax; vez y media tan lar- 
gos como anchos; lados insensiblemente y muy poco ensan- 
chados hasta el cuarto ó peco más de la longitud y allí ligerí- 
simamente más anchos que la mayor anchura del protórax, 
después gradualmente estrechados en curva hacia la extremi- 
dad y en su conjunto ligeramente aguzados y obtusamente 
redondeados en esta; ángulo sutural obtusamente redondea- 
do. Superficie menos brillante que la del protórax, con pun- 
tuación mucho más fuerte y más definida, de aspecto algo ru- 
goso al través; sin vestigios de estrías excepto la sutural, esta 
menos visible al principio, más profunda hacia atrás. 

Pies moderadamente largos y delgados; tibias intermedias 
apenas encorvadas hacia adentro; espina terminal de las pos- 
teriores mucho más corta que la mitad del primer artejo de 
los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo unamente punteado y pubescente. 

(/. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ensan- 
chados, el primero un poco más estrecho que la extremidad 
de la tibia. 

9. Tarsos anteriores sencillos. 

Montserrat. Un solo ejemplar, bondadosamente comunicado- 
por el Sr. Martorell. 

Se distingue fácilmente del N. hrunneus Sturm, por su tama- 
ño menor; su forma más convexa; su aspecto aún más brillan- 
te sobre todo en la cabeza y el protórax, la puntuación de este 
y de aquella más fina, menos densa, la de los élitros relativa- 
mente más fuerte; el protórax más ancho, con sus ángulos 
posteriores más redondeados; los élitros con los lados menos 



03) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev^» 87 

paralelos^ más estrechados hacia la extremidad, algo aguza- 
dos y no semi-truncados en esta. • 



Subgénero Attumbra Des Gozis. 
Recherches sur l'espéce typique, 1886, p. 17. 

Attumbra Josephinae Saulcy. 

CaíopsimorpJms Josephin^ Saulcy, Ann. Soc. ent. de 
France, 18G2, p. 286. — Marseul, Abeille, xxii, p. 115.— 
Reitt., Bestimm. Tab. der europ. Coleop. xii, p. 49. 

Oblongo-oval; poco convexo; deprimido por encima; bastante 
brillante; la cabeza, el protórax y el escudete negros; los éli- 
tros de color amarillento anaranjado, negruzcos en mayor ó 
menor extensión hacia la extremidad; el cuerpo por debajo 
negro parduzco; las partes de la boca rojizo-amarillentas; las 
antenas rojizo-oscuras, con los dos primeros artejos y el últi- 
mo algo más claros; los pies rojizo-amarillentos, los muslos in- 
termedios y posteriores más oscuros. Con pubescencia fina, 
gris amarillenta, no muy abundante y dirigida hacia atrás, y 
además, en los élitros, con pelos más largos, rígidos, dispues- 
tos serial y longitudinalmente, un poco inclinados también 
hacia atrás. 

Cabeza finísimamente reticulada en el fondo, con puntua- 
ción bastante densa, pero fina y superficial. Antenas modera- 
damente robustas, largas, pasando bastante, dirigidas hacia 
atrás, del borde posterior del protórax: 1.^'' artejo, poco más 
de dos veces tan largo como ancho; 2.° distintamente más 
corto y más delgado que el 1."; 3.° cerca de una tercera parte 
más largo que el 2.°; 4.° casi igual al 2.° en longitud, pero li- 
geramente más grueso; .5." muy poco más corto que el 4."; 
6.° apenas menor que el 5.° y como este, un poco más largo 
que ancho; 7." apenas más largo y más grueso que el 6.°: 
8." casi tan largo como el 6.", un poco más corto y muy ligera- 
mente más delgado que el 7.", tan largo como ancho ó imper- 
ceptiblemente transverso; 9." y 10.° iguales ó casi iguales, un 
poco más largos que el 8.° y un poco más gruesos que el 7.°; 



88 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (~1) 

11.0 tan larg-o como los dos anteriores reunidos, cuando me- 
nos de su anchura, comprimido y terminado en punta. Maza 
apenas y muy gradualmente marcada. 

Protórax poco convexo; en g-eneral oblicua y anchamente 
deprimido á cada lado hacia los ángulos posteriores; por lo 
menos el doble más ancho que larg-o; su mayor anchura un 
poco después del medio; lados moderadamente estrechados y 
redondeados hacia adelante, más redondeados hacia atrás; 
cerca de una tercera parte más estrecho en el borde anterior 
que en la base; ángulos anteriores declives, redondeados; 
base, más bien que sinuosa, cortada un poco oblicuamente 
á cada lado hacia los ángulos posteriores; estos anchamente 
obtusos. Puntuación fina, superficial, bastante densa, igual á 
la de la cabeza; el fondo finísimamente reticulado como en 
aquella. 

Escudete bastante grande, triangular, con escultura igual 
á la del protórax. 

Élitros oblongo-ovales; poco convevos; por encima deprimi- 
dos; en la base tan anchos como la base del protórax; cerca de 
dos veces tan largos como anchos; apenas sensiblemente en- 
sanchados hasta el quinto próximamente de la longitud y allí 
ligeramente más anchos que la mayor anchura de aquel, des- 
pués casi paralelos hasta el último tercio y por fin gradual- 
mente estrechados en curva hacia la extremidad, que resulta 
anchamente obtusa; ángulo sutural redondeado. Superficie 
con puntuación bastante densa, más fuerte y más definida que 
la del protórax; el fondo brillante, casi liso; apenas con ves- 
tigios de estrías; la sutural poco señalada al principio, más pro- 
funda hacia atrás. 

Pies bastante largos; moderadamente robustos; espina ter- 
minal de las tibias posteriores mucho más corta que la mitad 
del primer artejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

cf. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos débil- 
mente ensanchados, el primero un poco más estrecho que la 
tibia en su extremidad. 

9. Tarsos anteriores sencillos. 

Escorial! (Pérez Arcas!, Martínez!, Oberthür!); Yillarejo del 
Valle (Martínez!); Castillejos (Heyden). 

Ha de encontrarse también en nuestra región pirenaica 



<"5) Uhagón. — especies del grupo «cholev-e». 89 

oriental, por más que no he visto ejemplares de esta proce- 
dencia. 

Vive debajo de las piedras, generalmente en compañía de 
liormig-as del género AUa j es poco frecuente. 



Subgénero Catopsimorphus Aubé. 

Ann. Soc. ent. de Trance, 1850, p. 324, pl. 2.\ fig. l.\ a, b, 
c, á, e. 

1. Catopsimorphus brevicoUis Kraatz. 

Catops irevicolUs Kv&aiiz, Stettin. ent. Zeit., 1852, p. 136. 

Murray, Monogr. of tlie Gen. Catops, p. 56. — Marseul, 

Abeille, xxii, p. 100. 
Catopsimorphus formiceiorumVeyv., Ann. Soc. ent. de 

France, 1857, p. 716. — Marseul, Abeille, xxii, p. 116. 
CatopsimorpJms Faii'mairei of Delar., Ann. Soc. ent. de 

Trance, 1860, BulL, p. xxxii. 
Catopomorphus drevicollis Reitt., Bestimm. Tabel. der eu- 

rop. Coleop.,xii, p. 48. 

Oval-oblongo; bastante convexo; poco brillante; de color par- 
duzco en la cabeza y el protórax, el escudete y la parte infe- 
rior del cuerpo, á veces con la extremidad del abdomen rojizo 
amarillenta; élitros castaño-oscuros, con frecuencia más cla- 
ros en la región humeral, más oscuros en el tercio posterior 
y á veces también á lo largo de la sutura; las partes de la boca 
rojizo-amarillentas; los pies rojizos con los muslos intermedios 
y más frecuentemente aún los posteriores más oscuros, los 
tarsos siempre más claros; antenas rojizas ó rojizo-amarillen- 
4as en su totalidad ó coa la maza más oscura, los dos pri- 
meros artejos, así como la extremidad del último, siempre 
ó casi siempre más claros. Pubescencia fina, sedosa, gris ama- 
rillenta, dirigida hacia atrás. 

Cabeza finísimamente reticulada en el fondo, con puntua- 
ción muy fina, superficial, bastante apretada. Antenas mode- 
radamente largas, alcanzando, dirigidas hacia atrás, la altura 
de la extremidad del escudete: 1.'='' artejo unas tres veces más 
largo que ancho; 2." como un tercio más corto y apenas me- 



90 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (76> 

nos robusto que el 1.°; 3.° alg-o variable, lig-eramente más 
corto, ó igual ó casi más larg-o que el 2.°; 4,° apenas más corto 
que el 3.°; 5." y 6." casi ig-uales y apenas perceptiblemente 
más cortos que el 4.°; 7.° como una tercera parte más largo 
que el 6." y alg'o más ancho en su extremidad; 8.° como una 
mitad más corto que el 7." y cuando menos tan ancho como 
este; 9." casi tan larg-o como el 7." y en su extremidad lig-era- 
mente más ancho que este y que el 8.°; 10." lig-eramente más 
larg-o y más ancho en el ápice que el 9.°; 11.° tan larg-o como 
los tres anteriores reunidos, en su anchura mayor tan ancho 
cuando menos como el precedente y terminado en punta. Maza 
gradualmente marcada, los artejos que la forman comprimi- 
dos, principalmente el último. 

Protórax convexo, sobre todo hacia adelante; con frecuen- 
cia ligeramente deprimido á cada lado del borde posterior; un 
poco más del doble más ancho que largo; lados notablemente 
estrechados y redondeados hacia el borde anterior que es poco 
más ancho que la tercera parte de la base; ángulos anteriores 
muy declives, redondeados. Mirado por encima, la mayor an- 
chura resulta en la base misma y esta anchamente sinuosa á 
cada lado con los ángulos posteriores agudos y dirigidos ha- 
cia atrás, por más que examinados lateralmente los ángulos 
sean en el ápice obtusos. Puntuación fina, apretada, de as- 
pecto granugiento por efecto de la pubescencia; el fondo finí- 
simamente reticulado. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros oval-obloDgos; bastante convexos; de la anchura del 
protórax en la base; poco más de dos veces tan largos como 
anchos; ensanchados gradualmente hasta el tercio ó poco más 
de la longitud, en donde son ligeramente más anchos que el 
protórax y estrechados después gradualmente también hacia 
la extremidad; ángulo sutural redondeado. Puntuación aná- 
loga á la del protórax aunque un poco más fuerte y más es- 
paciada; superficie con ligeros vestigios de estrías muy finas 
perceptibles principalmente, y no en todos los ejemplares, en 
la declividad posterior; estría sutural fina, poco profunda al 
principio, más señalada hacia atrás. 

Pies moderadamente robustos; muslos anteriores é interme- 
dios en su borde interior con pelos amarillentos ó blanquecí- 



("7) Uhagón. — especies del grupo ^'-cholev.e». 9i 

nos semi-rígidos dispuestos en sentido alg-o oblicuo y á modo 
de brocha. Esta particularidad se observa también, aunque 
en mucho menor g-rado, en los muslos posteriores. Tibias in- 
termedias ligeramente encorvadas hacia adentro en su se- 
gunda mitad. Espina terminal de las posteriores mucho más 
corta que la mitad del primer artejo de los tarsos correspon- 
dientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

cT. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ligera- 
mente ensanchados, el primero un poco más estrecho que la 
extremidad de la tibia. 

9. Tarsos anteriores sencillos. 

Madrid! (Martínez!); Escorial (Pérez Arcas!); Alfakar (Ober- 
thür!) 

La especie debe también encontrarse en la región pirenaica 
oriental de nuestra Península, puesto que ha sido hallada en 
la francesa (Port Vendres, CoUioure, etc.). 

Vive debajo de las piedras, en los hormigueros. 

2. Catopsimorphus Rougeti Saulcy. 

CatopsiMorpJms Rougeti Saulcy, Ann. Soc. ent. de Tran- 
ce, 1863, p. 653. — Marseul, x^beille, i, p. 71. 

Catopsimorp/ms Fairmairei 9 Delar., Ann. Soc. ent. de 
France, 1860. Bull., p. xxxii. 

Catopomorphiis Rougeti Reitt., Bestimm. Tab. der europ. 
Coleop., XII, p. 48. 

Oblongo; algo más paralelo y menos convexo que el ante- 
rior; algo más brillante; de color negro en la cabeza, el pro- 
tórax, el escudete y la parte inferior del cuerpo; élitros casta- 
ños, generalmente más claros en la región humeral, más os- 
curos en el tercio y aun la mitad posterior y á veces también 
á lo largo de la sutura; las partes de la boca rojizo amarillen- 
tas; las antenas rojizas ó rojizo oscuras en su totalidad, ó con 
la maza pardo negruzca, la extremidad del último artejo ama- 
rillenta; pies rojizos, con los muslos posteriores á veces algo 
más oscuros, los tarsos siempre más claros. En algunos ejem- 
plares el protórax es más claro hacia los bordes laterales y á 
lo largo del posterior. Pubescencia fina, sedosa, gris amari- 
llenta, dirigida hacia atrás. 



92 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (78) 

Cabeza fiQÍsimamente reticulada en el fondo, con puntua- 
ción muy filia, bastante apretada, superficial. Antenas modera- 
damente largas, alcanzando á lo sumo, dirig-idas hacia atrás, 
la altara de la extremidad del escudete: 1.®'' artejo unas tres 
veces más larg-o que ancho; 2." como una mitad más corto y 
muy poco menos robusto que el 1."; 3." apenas más corto que 
el 2.", lig-eramente más cilindrico; 4.", 5." y 6.° ig-uales ó casi 
ig-uales, un poco más cortos que el 3.°; 7." el doble más larg-o 
que el 6.", un poco más ancho en su extremidad; 8.° muy poco 
inás de la mitad más corto que el 7." y apenas perceptible- 
mente más estrecho que este; 9." ligeramente más corto que 
el 7." y tan ancho en su extremidad; 10." igual ó apenas más 
largo que el 9." y de su anchura'; 11." tan largo como los 
tres anteriores reunidos, en su anchura mayor muy ligera- 
mente más ancho que el precedente y terminado en punta. 
Maza casi paralela desde el artejo 7." hasta el 10.°, los artejos 
que la forman comprimidos, principalmente el último. 

Pfotórax bastante convexo; á veces ligeramente deprimido 
en los lados de la base; un poco más del doble más ancho que 
largo; lados poco redondeados aunque notablemente estre- 
chados hacia el borde anterior, que tiene cerca de la mitad de 
la anchura de la base; ángulos anteriores muy declives, re- 
dondeados. Mirado por encima, la mayor anchura no resulta 
enteramente en la base, sino un poco antes, pues al llegar á 
ella los lados se encorvan ligeramente hacia adentro para 
formar los ángulos posteriores que son anchamente obtusos y 
un poco dirigidos hacia atrás; base anchamente sinuosa á 
cada lado. Puntuación fina, apretada, de aspecto granugiento 
por efecto de la pubescencia; el fondo finísimamente reti- 
culado. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del pro- 
tórax. 

Élitros o val-oblongos; moderadamente convexos; por enci- 
ma bastante deprimidos; en la base muy ligeramente menos 
anchos que la mayor anchura del protórax; muy poco y muy 
gradualmente ensanchados en curva hasta el sexto de la lon- 
gitud, en donde son apenas más anchos que aquíl; casi para- 
lelos después hasta la mitad y luego estrechados gradual- 
mente hacia la extremidad, que es anchamente obtusa; án- 
gulo sutural redondeado. Puntuación análoga á la del protó- 



('9) Uhagón. — especies del grupo «cholev^». 93 

rax, apenas más fuerte y más espaciada; superficie á veces 
con vestig-ios apenas perceptibles de estrías muy finas, prin- 
cipalmente en la declividad posterior; estría sutural fina, poco 
profunda al principio y más señalada hacia atrás. En los ejem- 
plares bien conservados pueden observarse, sobre todo hacia 
los lados y en la declividad posterior, alg-unos pelos ríg-idos 
semi-dorados dispuestos en series en sentido long-itudinal. 

Pies moderadamente robustos; muslos con el borde interior 
lampiño; tibias intermedias casi rectas; espina terminal de las 
posteriores mucho más corta que la mitad del primer artejo de 
los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

(/. Tarsos anteriores con los cuatro primeros artejos ligera- 
mente ensanchados; el primero un poco más estrecho que la 
extremidad de la tibia. 

Q. Tarsos anteriores sencillos. 

Madrid! (Pérez Arcas!, Martínez!, Vázquez!, ObertLür!); Es- 
corial (Pérez Arras!, Oberthür!); Vallecas (Bolívar!); Vicálvaro 
(Martínez!); Játiva (Boscá!); Sierra de Jaén (Seidlitz!). Tam- 
bién en la frontera pirenaica oriental francesa (Montes Albe- 
res, Portvendres, Collioure), por lo cual ha de encontrarse se- 
g-uramente en la vertiente española de aquella reg-ión. 

Especie que parece ser en nuestra Península mucho más 
frecuente que la anterior, como lo prueba el hecho de haber 
tenido de ella á la vista sobre cincuenta ejemplares, mientras 
que del C. brevicollis Kraatz, solo he podido reunir media do- 
cena. 

Aunque sumamente afine á esta última^ se disting-ue por su 
forma más estrecha, menos convexa, más deprimida; las an- 
tenas g"eneralmente más oscuras, un poco más cortas y con la 
maza más paralela; el protórax con el borde anterior alg-o 
más ancho, los lados menos redondeados, y un poco entran- 
tes al Ueg-ar á la base, sus ángulos posteriores más obtusos; 
los élitros menos ovales, más paralelos, con la extremidad 
más obtusa; los muslos anteriores é intermedios desprovistos 
en el borde interior de pelos larg-os y semi-ríg-ido?. 



m ANALES DE HISTORIA NATURAL. (80) 

Subgénero Attiscurra Des Gozis. 
Rechercties sur l'espéce typique, 1886, p. 17. 

Attiscurra Marqueti Fairm. 

Catopsimorphus Marqueti Fairm., Ann. Soc. ent. de Fran- 
ce, 1857, p. 729. — Marseul, Abeille, xxii, p. 114. 

Caiopsimorphiis Mcolor Kraatz, Entom. Eeise nach dem 
Sudl. Spanien, p. 102. — Marseul, Abeille, xxii, p. 112. 

Catopo7norphus Marqueti Reitt. , Bestimm. Tab. der 
europ. Coleop., xii, p. 48. 

Oval lig-eramente oblong-o; convexo; apenas deprimido por 
«ncima; alg-o brillante; la cabeza, el protórax y el escudete 
negro-parduzcos, el protórax á veces más claro hacia los bor- 
des laterales y posterior; los élitros castaño-claros ó amari- 
llentos, con frecuencia Jig-eramente más oscuros hacia los 
bordes laterales, el sutural y la extremidad; cuerpo por debajo 
castaño-oscuro, alg-o variable en intensidad; las partes de la 
boca y los pies rojizos; la extremidad de las tibias y los tarsos 
posteriores á veces alg-o más oscuros; las antenas g-eneral- 
mente rojizo oscuras, con los dos primeros artejos y el último 
de color claro amarillento. Pubescencia muy fina, corta, se- 
dosa, amarillenta, dirig-ida hacia atrás. 

Cabeza con puntuación sumamente fina, densa, poco defi- 
nida, superficial. Antenas robustas, cortas, no alcanzando, 
dirig-idas hacia atrás, al borde posterior del protórax; sus 
artejos comprimidos, apretados unos contra otros á excepción 
de los dos básales, difíciles de contar: Leí* artejo el doble 
próximamente más larg-o que ancho; 2." casi cónico, tan 
larg"o ó poco menos como la mitad del 1.» y un poco más 
estrecho que este, lig-eramente transverso; 3." un poco más 
corto que el anterior, apenas más ancho, distintamente trans- 
verso; los tres sig-aientes aún más transversos, aumentando 
muy g-radualmente en long-itud y anchura; 7.*' más de una 
mitad más larg-o que el anterior y apenas más ancho; 8." li- 
g-erísimamente más corto que el 7." y de su anchura; 9.° y 10." 
iguales ó casi ig-uales al 7." en sus proporciones, quizás este 
apenas perceptiblemente más estrecho que aquel: 11." de la 
anchura del 10.", tan larg-o como los tres anteriores reunidos 



í8i) Uhagón.— ESPECIES del grupo «cholev.í:». 95 

y terminado en punta. Maza muy gradualmente marcada 
desde el S.^r artejo, fusiforme. 

Protórax grande; convexo; por lo menos el doble más ancho 
que larg-o; su mayor anchura en la base; lados notablemente 
estrechados y redondeados hacia el borde anterior, muy lig'e- 
ramente entrantes en la base misma; como una mitad más es- 
trecho en aquel que en esta; áng-ulos anteriores declives, re- 
dondeados; base lig-era y anchamente sinuosa á cada lado 
hacia los ángulos posteriores; estos anchamente obtusos, casi 
redondeados. Puntuación sumamente fina, densa, poco defi- 
nida, presentando el fondo un aspecto mate, muy menuda- 
mente g-ranugiento. 

Escudete triangular, con puntuación igual á la del protórax. 

Élitros ovales; bastante convexos; por encima muy ligera- 
mente deprimidos; en su base tan anchos como la base del 
protórax y en su mayor anchura no más anchos que la ma- 
yor anchura de aquel; menos de vez y media tan larg-os como 
anchos; lados paralelos ó casi paralelos en el primer tercio de 
la longitud, lueg"o g-radualmente estrechados en curva hacia 
la extremidad y obtusamente redondeados en esta; áng-ulo 
sutural obtusamente redondeado. Superficie con puntuación 
fina, densa, más fuerte y más definida que la del protórax, 
de aspecto muy lig-eramente rugoso; con vestig-ios de estrías; 
la sutural fina, muy poco señalada al principio, más profunda 
hacia atrás. 

Pies cortos y poco robustos; espina terminal de las tibias 
posteriores relativamente robusta y tan larga como la mitad 
del primer artejo de los tarsos correspondientes. 

Cuerpo por debajo finamente punteado y pubescente. 

(/. Tarsos anteriores con los tres primeros artejos débilmente 
ensanchados; el primero más estrecho que la tibia en su ex- 
tremidad. 

Q. Tarsos anteriores sencillos. 

Escorial! (Pérez Arcas!, Martínez!); La Palma (Huelva) (Mar- 
tínez!); Jaén, Córdoba (Kraatz!). 

Como las dos especies del subgénero anterior, se encuentra 
debajo de las piedras, en los hormigueros. 

El Sr. Reitter refiere á esta especie el C. Ucolor Kraatz. No 
me ha sido posible, como hubiera deseado, el comprobar con 
ejemplares típicos la exactitud de esta sinonimia. 



96 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(82;' 



CATÁLOGO DE LOS «CHOLEY^» DE ESPAÑA, 



Género Choleva Latr. 

Choleva pimctata Bris. 

— Shirmi Bris. 

Gékero Catops Payk. 
Subgénero Anemadiis Reitt. 

Anemadus vandalitice Heyd. 

— clathratus Perris. 

— an^nsticollis Kraatz. 

Subgénero Píomaphagus Illig. 

Ptomapliagus clavalis Reitt. 

— sericatus Chaud. 

— Rosenhaueri sp. nov. 

Subgénero Catops Pajk. 

Catops pallidus Men. 

— dep)ressus Murr. 

— marginicollis Luc. 

— nigricans Spence. 

— fuscus Panz. 

— coracinus Kelln. 



Catops grandicollis Erichs. 
quadraticollis Aubé. 

— tristis Panz. 

Subgénero Sciodrepa Thoms. 

Sciodrepa Watsoni Spence. 
— scitula Erichs. 

Subgénero ]\^argus Thoms, 

Nargus velox Spence. 

— notaticollis Baudi. 

— Wilkinii Spence. 

— hrunneus St. 

— anisotomoides Spence. 

Subgénero Attmnlira Des fiozis. 

Attumbra Josephince Saulcy. 

Subgénero Caíopsimorplms Aubé. 

Catopsimorphxis brevicollis Kraatz. 
— Rougeti Saulcy. 

Subgénero Atíisctirra Des Gozis, 
Attiscurra Marqueti Fairm. 



DATOS ALGOLÓGICOS 



ID. CTTJ^Isr J". I^OXDS,IG-TJEZ "2" :F'E:M:Eisrij^s. 



(Sesión del 5 de Febrero de 1890.) 



m. 



UNA ESPECIE NUEVA DEL GENERO CLADHYMENIA. 

Cladhymenia Bornetii sp. nova. 

Cl. fronde a disco radicali surgente, caulescente, foliosa^ cum 
caule perenne, tereti, grosso, nigricanie, vagéqiie ramoso ; folüs, 
seu laminis foliiformis , annuis, roséis , carnosis, fasdculatis, 
iri-pinnatijidis , lasi longé attenuatis; seg mentís demum a mar- 
gine et disco denticulatis; tetrasporis infra apicem denticularum, 
in zona transversale, alsqne ordine aggregatis; antheridiis atque 
cystocarpiis ignotis. 

Descripción. — Fronda de 5 á 10 cm. , naciendo de un disco' 
radical, con estipe caulescente y láminas foliáceas. Estipe 
perenne, cilindrico, de 2-3 mm. de grueso, negruzco, duro, 
vag-amente ramoso. Láminas agrupadas en hacecillos termi- 
nales y laterales, anuales, rosadas, carnosas, larg-amente ate- 
nuadas en la base, ordinariamente tri-pinnatifidas en la parte 
superior, rara vez simples, con seg-mentos obtusos, oblong-os 
ú obovales; las adultas provistas de dientes ó lígulas en los 
bordes y á veces en el disco. Estructura celulosa, con tejido 
interno, compuesto de células redondeadas y laxas; capa cor- 
tical formada de una sola serie de células poliédricas. Tetras- 
poras g-randes, desarrolladas en los dientes, y formando en su 
conjunto una zona transversal, infra-apical y sin orden apa- 

ANALES DE HIST. NAT.— XIX. T 



98 ANALES DE HISTOKIA NATURAL. (12) 

rente: cada tetraspora ocupa una ancha cavidad en el interior 
del diente, el cual adquiere mayor espesor en su parte tetras- 
porifera, á causa probablemente del desarrollo de las tetras- 
poras y de la formación de las referidas cavidades. Anteridios 
y cistocarpios desconocidos. 

En Marzo y Abril aparecen las nuevas láminas foliiformes, 
aunque alg-una vez be encontrado basta mediados de Mayo 
ejemplares que conservaban las láminas del año anterior. 
Solo durante los meses de Marzo y Abril be recogido la planta 
con fruto tetraspórico ; pero dado el desarrollo que be obser- 
vado en varios individuos, opino que la fructificación debe de 
empezar en Octubre ó Noviembre. Como las láminas son car- 
nosas, aunque no gelatinosas, se adhieren algo al papel con 
la desecación. 

Habita en alta mar, desde 80 á 120 m. de profundidad, al E. 
y SE. del puerto de Mahón, y en varios otros puntos de las 
costas de Menorca, como son hacia Adaya, isla de Colom, cabo 
de Favaritx, Binillanti, cabo de Font y Canutells ; pero solo 
abunda, al parecer, á unos 5 6 6 km, al SE. del puerto de 
Mahón. 

Dedico esta especie al eminente algólogo de París, M. Bor- 
net, no solo para demostrarle mi profundo agradecimiento, 
sino porque ha sido para mí un apoyo tan eficaz y un guía 
tan inteligente en mis investigaciones, que le corresponde de 
derecho gran parte del mérito que caber pueda á mis descu- 
brimientos. 



Hasta ahora, según mis noticias, solo eran conocidas tres es- 
pecies del género Cladliymenia: las Cl. Lyalii Harv. y Cl. ollon- 
gifolia Harv. , que crecen en la Nueva Zelandia, y la Cl. occi- 
dentalis Farlow mscr. , especie inédita encontrada en 1881 en 
las islas Bermudas por el distinguido algólogo y profesor de 
Cambridge Mr. Farlow. Lh Cl. Borneiii es, pues, la cuarta 
especie del género, y su primer representante en el Medite- 
rráneo. 

Tiempo hace que esta planta fué encontrada en estado esté- 
ril en Porto Maurizio, costas de Liguria, por el Dr. Strafirarello, 
según me ha comunicado M. Bornet. El Dr. Ardissone la refi- 
rió á la Ilalymenia Cori^aldi en sus Floridee Italiche (vol. ii, 



<13) Rodríguez. — datos algológicos. 99 

pág-. 66), si bien posteriormente hizo constar en su Phycologia 
mediiefranea (vol. i, pág-. 147) que había examinado de nuevo 
Jos frag-mentos, y que estaba convencido de que no pertene- 
cían á dicha especie. 

Jacobo Ag-ardh, al establecer el diag-nóstico del g-énero Cla- 
■dhymenia (Epicr. Syst. Florid., p. 662), dice: «Frons planata 
ecostata pinnatim decomposita, demum processus fructiferis 
JimlriatcL..... Sphserosporse in ümlriis evolutse » Y en efec- 
to, habiendo podido examinar un ejemplar fructificado de la 
'€1. oblongifoUa , he observado que los apéndices marginales, 
por su long-itud y abundancia, tienen la forma de verdaderas 
-franjas. En la Cl. Bornetii los apéndices son más cortos y mu- 
cho más distanciados, por lo cual he creído deber sustituir 
al nombre de franjas el de dientes. Esta diferencia es de tan 
escaso valor, que puede decirse que la planta de Menorca, así 
por la forma y estructura de su fronda como por la fructifica- 
ción tetraspórica, conviene con la frase diag-nóstica del géne- 
ro Cladhymenia. Sin embargo, de su comparación con dos es- 
pecies congéneres resulta una diferencia más notable, según 
ha tenido á bien comunicarme M. Bornet, á quien la consulté. 

La estructura de las franjas ó apéndices tetraspóricos de las 
Cl. oMongifolia y Cl. occidentalis presenta un tubo central, del 
que nacen cuatro ó cinco gruesas ramas en forma de rayos 
que se dirigen á la periferia, y entre estos rayos se desarrollan 
las tetrasporas. En la Cl. Bornetii no sucede así: como lo de- 
muestra la fig. 6, en el centro del apéndice se ve una masa de 
pequeñas células de donde parten numerosos filamentos mu- 
cho más delgados que los de las dos especies antes citadas, 
que se dirigen á la capa cortical; y si es que existe un tubo ó 
filamento central, es tan poco aparente, que me ha sido im- 
posible precisar su existencia en las varias secciones que he 
practicado. Estudios posteriores pudieran, pues, demostrar 
que el tipo de crecimiento de la Cl. Bornetii es distinto de las 
otras especies, y en este caso procedería quizá la creación de 
un nuevo género. Es esta una cuestión que queda por ventilar, 
si bien, con los datos que hoy me son conocidos, no creo con- 
Teniente separar esta planta del género CladJiymenia. 

La capa cortical de la fronda de la Cl. Bornetii, vista de pla- 
no, aparece formada por una serie de células penta ó exago- 
nales (fig. 4), análogas á las que se ven en los JVitophyllum^ 



100 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 04)- 

Las células que constituyen la capa cortical de la Cl. oMongi- 
folia son más redondeadas, y las de la Cl. occidentalis son 
alarg-adas y alineadas, muy parecidas á las de la Chondia 
striolata Ag*. 



Escritas las anteriores líneas, lleg-a á mi conocimiento que 
Mr. Kützing" ha fig-urado en sus Talulm Pliycologüce (vol. xviii, 
tab. 98) con el nombre de SpJwrococcus Palmetta var. suhdivisay 
una planta procedente de Dalmacia que parece referirse á la 
especie descrita. Y en efecto, la fig*. d dada por Mr. Kützing" 
conviene exactamente con las láminas foliáceas de nuestra 
planta, la cual, por lo visto, se encuentra, además de las Ba- 
leares, en las costas de Lig"uria y de Dalmacia. 



Explicación de la lámina II. 

Fig. 1. Ejemplar joven recogido en Marzo; sobre un antiguo estipe- 
aparecen las nuevas láminas foliáceas. — Tamaño natural. 

» 2. Ejemplar más desarrollado, recogido en Junio. — Tamaño na- 
tural. 

» 3. Ejemplar tetrasporífero j recogido en Abril. — Tamaño natural. 

» 4, Tejido cortical de la lámina, visto de plano. — Aumento ICO 
diámetros. 

1 5. Diente tetrasporífero. — Aumento 45 diámetros. 

> 6. Sección transversal del mismo. — ídem, id. 

> 7. Sección transversal de la lámina. — ídem, id. 



HERBORlZAGIÓiN EN PANTICOSA 

(JULIO Y AGOSTO DE 1889), 

POK 

D. JUAN J. RODRÍGUEZ Y FEMENÍAS. 



(Sesión del 8 de Enero de 1890.) 



La estancia en el balneario de Panticosa no tiene nada de 
agradable. Las dos novenas, ó sean los diez y oclio días de 
tratamiento que los médicos imponen generalmente á los en- 
fermos, parecen á estos interminables, á motivo de las esca- 
sísimas distracciones de que en aquel agreste sitio se dispone. 
Conocedor de esta circunstancia, propáseme en el último ve- 
rano dedicar las largas horas que el tratamiento deja libres 
á la recolección y estadio de las plantas que crecen en aque- 
llos alrededores; y al efecto, adicioné mi reducido equipaje 
con el Prodromus Floree Hisimnicce de ^YilIkomm y Lange, la 
Flore Francaise de Gillet y Mague, y algunas manos de papel 
secante. 

Y por cierto que no me arrepentí de haber realizado mi pro- 
pósito. Las horas pasaron velozmente, y al terminar los diez 
y ocho días de permanencia en el balneario — del 30 Julio al 
16 Agosto — había recogido, estudiado y desecado las 139 espe- 
cies que á continuación se detallan, entre las cuales hay no 
pocas interesantes 6 nuevas para aquella región; siendo de 
notar que cuatro de ellas ( Leiicanthemum commiitatum, Campa- 
mcla linifolia, Lathyrus 'pyreniicus é Eypericnm Desetangsii), 
no están comprendidas en la citada Flora de los señores 
Willkomm y Lange. Debo hacer constar, sin embargo, que 
obtuve ese resultado merced á la cooperación que me prestó 
el farmacéutico de Laguna de Cameros D. Sebastián Hombría, 
joven y activo botánico que fué mi compañero en toda la tem- 



102 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2> 

porada, y que me auxilió, asi en la recolección como en la 
desecación de las plantas. Quedan todavía muchas faneróga- 
mas por recoger en aquellas empinadas vertientes y elevadí- 
simos peñascos, á menudo inaccesibles, que quizá tome por 
objeto de estudio en años sucesivos. 

Las especies que no me fué dado clasificar con los escasos 
elementos de que allí disponía, lo fueron poco después por el 
distinguido botánico de París M. Rouy, que tan conocedor es 
de la ñora de España. 

Hallándose situado el establecimiento balneario de Panti- 
cosa á 1.636 m. sobre el nivel del mar, y habiéndome limitado 
á herborizar en las laderas más inmediatas al circo en que se 
halla aquel enclavado, y en la parte superior del barranco del 
Escalar, puede darse por sentado que todas las plantas por mí 
recogidas proceden de 1.600 á 1.700 m. de altura. 

En la relación que sigue he adoptado el orden admitido en 
el Prodromiis Floree Hispanicee de Willkomm y Lange, con el 
objeto de facilitar su consulta. 

Polypodiiim mugare L. — Peñas húmedas. 
Aspleniíim Trichomanes L. — ídem. 

— septentrionale Sw. — ídem. 
Cystopteris fragilis Brhd. — ídem. 
PolysticJmm Filix mas Rth. — ídem. 
Aspidium aculeatum Koch. — ídem. 

— Lonchitis Sv/.— ídem. 
Briza media L.— Laderas; abunda. 

Molinia cerúlea Mnch. — Rara en las laderas húmedas. 
OrcMs macúlala L. — En los prados; muy rara. 
Junciís hifoniKS L. — Sitios húmedos. 

Tofieldia calyculata Vahlenb. — Peñascos muy húmedos; rara. 
Merendera montana Lge. — Pradera; empieza á florecerá me- 
diados de Agosto. 
Rumex scutatus L. — Abunda en las laderas. 
Valeriana officinalis L.— Sitios húmedos del Escalar. 
Trichera silvática Schrad. — Laderas. 
Bellis pere7inis L. — Laderas húmedas en el¡,Escalar. 
Erigeron alpinus L. — Laderas y grietas de los peñascos. 
Áster alpinus L.— Raro en las laderas húmedas. 
¡Solidago Virga áurea L. — Grietas de las peñas. 



(3) Rodríguez.— HERBOEIZACIÓN EN PANTICOSA. 103 

GnapMlium norwegicnm Gunn., var. angustifolia Willk. — 
Laderas. 
— supinumL.? — Laderas. 

Achillea MilUfolmm L. — Pradera. 

Leucanthemum commntatum Timb. — En los prados y laderas. 
Senecio viscosiis L. — Lados de los caminos. 
Cardims carlincefolius Lamk. — Laderas. 
Hypocharis radicata L., var. rostrata Morís. — Peñascos. 
Hieracium Pilosella L. — Pradera. 

— amplexicauU L.— Laderas. 
Jasione AumüisLois., var. montaría. — Laderas. 
Phytetoma Halleri All. — Laderas. 
Campánula glomerata L.— Pradera. 

— Trachelium L.— Laderas. 

— linifolia Lam. — ídem. 

— rotíindifolia L. — Pradera. 
Galium vermim Scop. — Grietas de los peñascos. 

— anisop/igllum Vill.?— Laderas. 

— pyrenaicum Gou. — ídem. 

Hhododendron ferrugineum L. — ídem. La floración termina en 

Julio. 
Calluna miJgaris Salisb. — Laderas. 
Planiago carinata Sobrad. —ídem. 
Crlohularia cordifolia L. js. nana Camb. — Peñ'ascos. 
TJiymus Serpillum L. — Abunda en laderas y peñascos. 
Calamintha alpina Btb. — Laderas. 

— Clinopodium Btb. — ídem. 
Nepeta Nepeiella Kocb. — ídem. 
Laminm maculatum L. — ídem. 
Craleopsis pyrenaica Bartl. — Pradera. 

— Teírahit L. — Laderas. 

Sideritis Jiyssopifolia L., var. angustifolia Btb. — Laderas. 

Brunella aUa Pall. — Laderas. 

Teucrium Scorodonia L. (forma cálice ptibesceniej. —LnáerSiS. 

— Chammlrys L.— Peñascos. 

Myosotis intermedia Lk., var. stenantha. — Sitios muy húmedos. 
Solanum Dulcamara L. — Sitios búmedos. 
Scropkularia alpestris J. Gay.— Laderas. 

— canina L.— Márg-enes de la carretera. 

Linaria alpina DC. — Laderas. 



101 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

Linaria supina Desf.— Laderas. 

Aníirrhinum sempervirens Lap. — Grietas de los peñascos. 

Digitalis jnirpurea L. — Común en las laderas. 

Efinus alpinus L. — Abunda en las grietas de las peñas som- 

brias. 
Verónica serpyllifolia L. — Sitios ag-uanosos. 

— Ponm Gou. — Pradera, en sitios húmedos. 

— fruticulosa L. , var. pilosa Gr. Godr. — Peñascos. 

— Beccalunga L. — Sitios aguanosos. 
Pedicularis silvática L. — Sitios muy húmedos. 

Euphrasia ojlcinalis L. , var. (forma muy aproximada á la 
Eupli. parvijiora Fries). — Abunda en las laderas. 
Pinguicula vulgaris L. — Sitios muy húmedos. 
Primula farinosa L. — Sitios aguanosos, entre los musgos. 

— viscosa Vill. — Grietas de las peñas. La floración había 
ya terminado. 

Vioicetoxicum ojicinale Moench. — Abunda. 

Eryngium Bourgati Gou.— Laderas. 

Conopodium denudatum Koch. — Pradera, 

Saxífraga aizoides L. — Abunda en sitios muy húmedos. 

— Aizoon Jacq., var. microphylla Koch. — Grietas de 

los peñascos. 

— exarata Vill. — Grietas de las peñas. 

— Pentadactylis Lap. — ídem. 

— stellaris L. — Laderas, en sitios húmedos. 
Sempervivum arachnoidmm L. — Laderas; rara. 
Sedum reflexum L. — Peñascos. 

— anglicum Huds. — Laderas. 

— liirsutmn AU. — ídem. 
Scleranthus perennis L. — ídem. 

Paronycliia capitata Lam., var. serpyllifolia Gr. Godr.— Grie- 
tas de los peñascos. 

Spjergularia fihbra Pers. , var. alpina Willk. — Márgenes de la 
carretera. 

EpüoMum collinuM Gmel. — Pradera. 

Coioneasier milgaris Lindl. — Peñascos. 

Alchemilla vulgaris L. — Abunda en sitios húmedos. 

— alpina L. — Peñascos. 
Rxibus cmsiiis L. — Laderas. 
Fragaria vesca L.— ídem. 



(5) Rodríguez.— HERBORIZACIÓN EN PANTICOSA. 105 

Potentilla alcJiemilloides Lap. — Peñascos; rara. 

— Torméntala Sibtli. — Laderas; abunda. 

— argéntea L. — Laderas. 

Geíim urMnum L. — Sitios húmedos de las laderas; rara. 

Eippocrejñs comosa L., \^x. jprostrata Boiss. (El cáliz es lampi- 
ño, con los dos dientes superiores divergentes , arqueado- 
recurvados). — Grietas de los peñascos. 

Vicia pyrenaica Pourr. — Peñas. 

— sepiícm L., var. montana Kocli. — Laderas. 

Zathyrus pyrenaiciis Jord. — Laderas pedregosas del Escalar. 

AntJiyllis Vulneraria L., var. violgaris Willk., flaxiflora. — Már- 
genes de la carretera. 

Lotus corniculatus L., var. alpinus Boiss.— Pradera, 
Trifolium montanum L. — Pradera. 

— repetís L. — Abunda en las laderas. 

— alpinum L.— Laderas. 

— pratense L. — Muy común en todas partes. 
Rhamnus pumila L.— Peñascos. 

Eiijjhorhia Esula L. — Pradera. 

Buxus sempervirens L.— Laderas del Escalar. 

Geranium pyrenaicum L. — Laderas. 

Linum cathartícum L. — ídem. 

Polygala calcárea Schultz. — Peñas húmedas. 

— viilgaris L. — Grietas de los peñascos. 
Malta moschata L. — Laderas; rara. 
Hypericum finibriatmn Lam.— Peñascos. 

— perforatum L. — Laderas. 

— Desetangsii Lamotte , var. perforatum Bonnet. — 

Pradera, en sitios húmedos. 
— nummularium L. — Peñascos. 
imagina procumhens L. — Sitios húmedos de las laderas. 
Cerastium alpímim L. — Sitios aguanosos. 
Silene Saxífraga L. — Grietas de los peñascos. 
— • rupsstrisL. — ídem. 

— nutans L. — Laderas. 

— in/lata Sm. — ídem. 

GypsopMla repetís L. — Peñascos muy húmedos. 
Bianthus deltoides!.. — Pradera. 

— Requienii Gr. Godr. — Laderas; raro. 

— pungens Gr. Godr. — Peñascos. 



106 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (^ 

Viola canina, L. — Peñascos. 
— hitea Huds. — Laderas. 

Parnassia pahistris L. — Sitios muy húmedos. 

Sisymdrinm ausfriacum Jacq., var. acutangnlum Kocli.— Pra- 
dera. 

Cardamine resedifolia L.— Laderas. 

Meconopsis Carnifica Vig*. — ídem; rara. 

Reseda glauca L. — Peñascos. 

Rammculus Sleveni Andrz. — Común en sitios húmedos. 

Anemone Repa tica L. — Grietas de los peñascos húmedos; sin 
flor. 

Hellelorxis fcntidus L. — Abunda en las laderas. 

Aconitum Napellus L. — ídem. 



LOS FOSFATOS DE CAL NATURALES. 



ENSAYO DE MONOGRAFÍA MINERO-GEOLÓGICA, 



D. SALVADOR CALDERÓN Y ARANA. 



(Sesión del 6 de Noviembre de 1889.) 



INTRODUCCIÓN. 

El apatito y los demás fosfatos de cal naturales constituyen 
un asunto de estudio, bajo el punto de vista de su orig-en, 
transformaciones y relaciones con los restantes factores de la 
vida del globo, que ofrece un interés especial para mostrar 
en un segundo ensayo la dirección que debería seguir esa 
rama que hemos propuesto llamar la Mineralogía geológica (1). 
A esta correspondería encauzar las investigaciones genéticas 
y de química terrestre, según un plan científico de que se ca- 
rece aún. 

El estudio de los fosfatos naturales muestra bien claramente 
cómo, á pesar de producirse un material considerable de da- 
tos sobre la historia de una especie mineral, no se llega á 
constituir un cuerpo de doctrina, por falta de un plan cientí- 
fico que presida á los naturalistas en este linaje de investiga- 
ciones. Los agricultores, en sus ensayos y luminosas polémi- 
cas sobre el verdadero valor de los fosfatos como abonos y 
mejoramientos de las tierras; los industriales, en sus trabajos 
para obtener dichas sustancias á bajo precio y para fabricar 



(1) Calderóm : La sal común y su papel en el organismo del globo. (Amal. de la Soc. 

EsP. DE HlST. NAT , tomO XVII. 1888.) 



108 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

con ellas los superfosfatos; los g-eólog-os, esclareciéndola edad 
y formación de los depósitos, y los químicos, ocupados en per- 
seg"uir las transformaciones del fosfato, tanto en el seno de las 
tierras arables y de los org-anismos como en sus laboratorios, 
y de reproducir en ellos los procesos genéticos naturales, to- 
dos, y cada cual desde su especial punto de vista y en esferas 
desgraciadamente independientes, han realizado infinidad de 
trabajos y producido valiosísimas investigaciones que es difí- 
cil recopilar, y más aún 'enlazar sistemáticamente (1). Y, sin 
embargo, al intentar nosotros esta obra, sin pretender lograrlo 
de un modo cumplido, hemos podido comprobar una vez más 
que siempre que en el campo de la ciencia de los materiales 
constitutivos del g-lobo se reúne el cuestionario de los puntos 
tanteados sobre un asunto cualquiera, se observa la deficien- 
cia de muchos términos, aun de los más necesarios para pe- 
netrar en la índole verdadera de los problemas que entraña 
su papel como parte integrante del organismo terrestre. 

Cierto que en el caso que motiva el presente ensayo puede 
afirmarse ya con seg-uridad que la fuente primera y univer- 
sal de los fosfatos naturales es el apatito, que en forma de 
cristales microscópicos se halla disperso en el seno de las ro- 
cas antiguas, tanto g-raníticas y eruptivas como sedimenta- 
rias metamorfizadas; pero ¿qué sabemos aún respecto al ori- 
gen de este apatito, ni de su paso á otras rocas sedimenta- 
rias, en las que se halla tan pronto cristalino como amorfo, 
de su influencia en la producción de otros fosfatos y otros 
minerales, que, ano dudarlo, deben su existencia á las ac- 
ciones y reacciones de los elementos del apatito primitivo 
con diversos factores integrantes de la corteza terrestre? 

Otra cuestión muy oscura y desatendida, á pesar de su ma- 
nifiesta transcendencia, es la tocante ala parquedad que la 
naturaleza muestra en punto á creación de minerales fosfa- 
tados. El químico, disponiendo de un material y de eleinen- 



(1) En medio de los inuelüsimos trabajos monográficos locales que sobre el asunto 
se vienen publicando, y de los que tendremos ocasión de citar algunos, solo conoce- 
mos con carácter de recopilación, entre los modernos, uno de M. P. Lévy fDes ph:s- 
pJiates de chaux, de leum 2»'incipaux gisements en France et a Vélranger. Utilisation en 
Agriciilture. «Annal. des Scienc. g-éol,, t xx, números 3, 4. París, 188J»), y sobre todo 
la bella monografía sobre la naturaleza y origen de los fosfatos de cal de lí. A. F. Pen- 
rose («BuU of the United-Stat. geol. Survey, n" i6, 1888»). 



<3) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 109 

tos insignificantes en comparación de los que pone en jueg-o 
el gran laboratorio terrestre, ha log-rado producir un gran 
número de compuestos de este g-rupo que no existen en el 
g-lobo, y otros que solo se presentan en circunstancias muy 
excepcionales. Los principales fosfatos que se conocen en es- 
tado natural son los de cal, mag-nesia y hierro: estos dos últi- 
mos relativamente escasos; y mucho más todavía lo son otras 
combinaciones múltiples, que forman fosfatos dobles y tri- 
ples, en que interviene la alúmina, por ejemplo, el mineral 
que con el nombre de goyacita ha descrito M. Damour (1), y 
que se compone de ácido fosfórico, alúmina y cal, y se halla 
en pequeños g"ranos redondeados en los terrenos diamantífe- 
ros de la provincia de Ouro Preto, en el Brasil. Asimismo se 
citan como excepcionales los fosfatos de cal hidratados, como 
\2, fairfielddila y la isoclasa del g-uano, y la somh'erita mezcla 
de fosfato de cal hidratado con otros fosfatos de la isla del 
Sombrero. Es, en ñn, notable que en el estado natural no exis- 
tan ni el fosfato ácido de cal ó superfosfato, el bicálcico ó pre- 
cipitado que crea la industria de los abonos, ni el tetracálci- 
co, que los ingleses Gilchrist y Thomas han logrado producir 
en condiciones económicas utilizando el ácido fosfórico de las 
escorias y bajo la influencia de una alta temperatura. Asimis- 
mo los sílico-fosfatos, con la sola excepción de unos granillos 
de la creta de Ciply, de que haremos mérito especial, y que 
acaban de descubrirse, todos los demás son productos artifi- 
ciales, pues algunos minerales reputados como tales (hipoclo- 
rita, soj'da'ivalita, etc.), parecen ser simples mezclas de silica- 
tos y fosfatos. En cambio en el laboratorio de MM. Hautefeuille 
y Margo ttet (2) han obtenido un verdadero fosfato de sílice^ 
como ellos le han llamado, y cristalizado hermosamente bajo 
cuatro formas distintas, que responde á la fórmula Ph 0^, Si 0^, 
cuerpo resultante de someter á la acción del calor una disolu- 
ción de sílice en el ácido fosfórico. Deshidratando la disolu- 
ción á una temperatura elevada se producen además concre- 
ciones de fosfato de sílice hidratado. 

Los fosfatos naturales se pueden dividir en dos series de 
muy distinto desarrollo en el globo: apatitos, en cuya base 



(1} Bull. de la Soc. minér. de France, i. vii, 1884. 

(2) Compí. rend. Acad. des Scienc, 'J ile Enero de 18S7. 



lio ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

domina la cal, y ovagneritas, en que la cal es remplazada por 
la magnesia. Los primeros son exag-onales, al paso que son 
monoclínicos los segundos. Las reproducciones artificiales 
han puesto de manifiesto una serie de wag-neritas paralela á 
la de los apatitos, serie que no tiene equivalente en los com- 
puestos naturales (1). 

La causa de semejante sobriedad en la producción de espe- 
cies fosfatadas, y el predominio tan preponderante que, en 
en medio de condiciones diversas por extremo, ofrece el fos- 
fato anhidro sobre los demás fosfatos de cal, es cuestión, como 
queda dicho, de alto interés, pues parece constituir una nota 
característica de la economía del globo terrestre. 

Otro orden de consideraciones independiente á primera vista 
de las anteriores, y que no obstante resulta en realidad inse- 
parable de ellas, se refiere á la relación que el fosfato de cal 
ofrece con los organismos. Todos los vegetales y todos los 
animales lo contienen, siquiera sea en pequeña cantidad; pero 
con tal constancia, que constituye un factor indispensable 
para su desarrollo. Al mismo tiempo, ellos se encargan de 
hacerle emigrar de un punto á otro en una rotación eterna y 
vertiginosa, cual la de muy pocas sustancias minerales; y á 
ellos se debe la inmensa mayoría del fosfato interpuesto en 
ios sedimentos, merced al apatito de las antiguas rocas. Así, 
este último, que se reputa como un cuerpo casi del todo inata- 
cable por los agentes físico-químicos, entra en el torrente de 
la circulación del globo, merced á la acción combinada de 
estos agentes y de los organismos, en esa solidaridad, aún no 
bastante declarada, de los mundos mineral y orgánico. 

Esta complejidad de relaciones del fosfato de cal, lleva con- 
sigo su pluralidad de yacimientos que tanto le caracteriza, 
pues integra en la constitución de toda clase de rocas, desde 
las graníticas y cristalofílicas , hasta las metamórficas, vol- 
cánicas y sedimentarias de todas las épocas, siendo la mejor 
prueba de la difusión universal del ácido fosfórico la existen- 
cia de la vida orgánica en todos los parajes. De aquí tantas 
teorías sobre el origen de los fosfatos, teorías que todas tienen 
verdad en lo que afirman y error en lo que niegan, al preten- 
der carácter absoluto. 

<1) Ponqué et Micliel Lúvy: Synthése des mincraux et des roches. Paris, 1882. 



<flj 



Calderón. — fosfatos de cal naturales. iii 



El cuadro sistemático de estas cuestiones y de otras subor- 
dinadas á ellas, bajo el punto de vista puramente especulativo, 
abarcándolas bajo sus múltiples aspectos y relaciones entre sí, 
presenta, á no dudarlo, un campo de estudio de excepcional 
interés para el esclarecimiento de esa fisiología íntima del 
globo, que empieza apenas á bosquejarse, y que es al cono- 
cimiento de la vida de la tierra lo que la fisiología histológica 
al estudio de los organismos. 



HISTORIA DEL ESTUDIO DE LOS FOSFATOS. 

El estudio de los fosfatos de cal es uno de los primeramente 
emprendidos por los naturalistas que cultivaban diversos 
ramos de la ciencia, tanto bajo el punto de vista puramente 
especulativo, como bajo el de las aplicaciones á la industria 
agrícola. Los memorables trabajos de Liebig vinieron á sinte- 
tizar el resultado final de tantas investigaciones, que no es 
-otro en definitiva más que el principio de la circulación ince- 
sante y de la indestructibilidad de la materia; pero faltaban 
al gran químico los datos que la geología moderna ha podido 
reunir para poder seguir paso á paso esas emigraciones, que 
constituyen los procesos vitales del globo. 

Mas antes de llegar á resultados tan sintéticos, el descubri- 
miento de los fosfatos de cal naturales y el de su difusión en 
pequeñas cantidades en las rocas de todos los orígenes y eda- 
des y en el seno de todos los organismos, se había ido hacien- 
do mediante una labor lenta y altamente científica. De este 
asunto se ha ocupado bajo el punto de vista histórico el emi- 
nente Daubrée, haciendo una narración bastante detallada de 
los fosfatos (1), de la cual vamos á resumir las noticias prin- 
cipales, que completaremos en algunos puntos con otras que 
hemos podido nosotros inquirir, y con datos posteriores á la 
fecha de publicación de su trabajo. 



(1) Notice sur les nouveawa; gisements dv chaux phosphoAé. (Mém. de la Soc. imp. 
d'Agriculture, 1868.) 



)]2 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

El descubrimiento de las combinaciones mineralógicas del 
fósforo se remonta á fines de 1700, época en que Klaproth se- 
ñaló la presencia de este cuerpo en los fosfatos naturales de 
cal, de plomo y de hierro. Posteriormente, y á compás del 
perfeccionamiento de los métodos analíticos, la existencia del 
fósforo se faé comprobando en otros minerales y en otras ro- 
cas: así Fownes, reconociendo la composición de varias espe- 
cies litológ-icas, encontró una proporción de ácido fosfórico 
muy variable en las marg-as, y Fehling-, en 1850, dio á luz 
una notable serie de trabajos, probando que el mismo cuerpo 
existía en forma de cal fosfatada en las calizas del Wurtem- 
burgo. 

Desde luego se comprende que, al estudiar el geólogo los 
materiales integrantes de la corteza terrestre en grandes ex- 
tensiones, ha de sorprender todos los momentos de las evolu- 
ciones y transportes que minerales como el que nos ocupa reco- 
rren, pasando insensiblemente desde su estado de pureza hasta 
cambiarse en otras especies, de donde nace la dificultad de 
definir estas; dificultad que ha transcendido hasta la nomen- 
clatura misma. Así los fosfatos de cal fueron definidos con 
notable vaguedad é incertidumbre durante mucho tiempo, lo 
cual procedía, además de la razón ahora dicha, de la falta de 
conocimientos químicos y de confundir las variedades crista- 
lizadas con otros minerales muy distintos. 

AVerner, el padre de la Mineralogía científica, fué el primero 
que fijó con bastante exactitud los caracteres del género cal, 
formando tres especies con los fosfatos de esta base, y poco 
después las citadas investigaciones de Klaproth permitieron 
distinguir además del fosfato disperso en las rocas, los yaci- 
mientos especiales de esta sustancia en estado de cal fosfa- 
tada, llamando apatito á las variedades cristalizadas y fosfo- 
rita á las compactas, amorfas ó terrosas. 

Poco tiempo después el gran Haüy vuelve á ocuparse de la 
cuestión, y propone la idea, que corrió entre los mineralogis- 
tas, de formar con los fosfatos de cal naturales un género que 
comprendiese las tres especies descritas con independencia 
por Werner, y cuya definición precisó también él mismo del 
modo siguiente: lo, fosforita, como especie amorfa, ó más bien, 
radiada; el apatito, especie cristalizada, llamada así de aTra-ráw, 
yo engaño, aludiendo á que sus predecesores la habían con- 



O) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 113 

fundido á veces con la crisolita, la amatista, el berilo, la tur- 
malina, el espato-fluor y otros minerales, y, en fin, el spar- 
gelstein, también cristalizado, pero verdoso y alg-o distinto del 
anterior. Posteriormente, este género de Haüy h.a descendido 
á la categoría de especie, bajo el nombre colectivo de apatito, 
que abarca como variedades las ya denominadas por Werner 
y otras descubiertas después; y, g-eneralizándose el mismo 
nombre, suele usarse en una acepción aún más lata y vag-a, 
como sinónimo de fosfato natural, en cuyo sentido se suele 
decir apatito de hierro, de cobre, de plomo, etc. 

Los mineralogistas han tardado muclio en llegar á un 
acuerdo sobre la composición del género fosfato tal como le 
definió Haüy, y sobre todo de la especie apatito; pues, en 
tanto que este le conceptuaba simplemente como un fosfato de 
cal, Rosse consideraba al fluoruro de calcio que entra en su 
constitución, no como un elemento accesorio y accidental, 
sino como un factor esencial del mismo, opinión que se ha 
confirmado al fin y según la cual existen en el apatito dos 
sustancias: fosfatada la una y fluorurada la otra. Más tarde 
otros químicos han descubierto apatitos en los que el cloro 
reemplaza al flúor. 

Sin insistir más en este orden de consideraciones, que se 
tratarán con mayor amplitud al ocuparnos de la composición 
de los fosfatos, vamos á continuar nuestra rápida exposición 
histórica del asunto mencionando los descubrimientos de los 
minerales y rocas fosfatadas, que tan poderosa influencia han 
ejercido en todos los desarrollos modernos de la agricultura 
teórica y práctica. 

El primer hallazgo y estudio de nodulos de cal fosfatada en 
los terrenos sedimentarios se debe á Berthier, quien en 1818, 
encontró que las piritas de Wissant, en el Paso de Calais, con- 
tenían dicha sustancia. En 1820 volvió á reconocerla en cier- 
tos nodulos de los contornos del Havre, yaciendo en estratos 
cretáceos sincrónicos de los de Wissant, cuyos resultados, ani- 
mando á otros geólogos, produjeron bien pronto descubri- 
mientos análogos en Kent y Surrey, en Inglaterra. 

M. Paine de Farnham, en 1848, anuncia la ventaja de susti- 
tuir á los huesos los nodulos fosfatados para la fertilización de 
las tierras; y aunque sus ideas no fueron universalmente aco- 
gidas desde luego sin reserva, no dejaron de estimular á mu- 

ANALES DE HIST. NAT.— ?ÍIX. 8 



114 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

chos exploradores en el descubrimiento de nuevos yacimien- 
tos de fosfato. Se fijaron estos últimos en la analogía que el 
terreno cretáceo ofrece en los dos litorales opuestos de la Man- 
cha, analogía que lleva á pensar que en lado francés debían 
hallarse los mismos nodulos de la ribera inglesa, como, en 
efecto, se comprobó bien pronto: Mengy encontró en los de- 
partamentos del Norte y de los Ardennes los fosfatos de cal 
mezclados con los de hierro; Melón y Rousseau los reconocie- 
ron en otros departamentos del O., en el gaalt, en una zona 
de 300 km., y con gran riqueza; Lory descubrió la fosforita de 
Isére, la Dróme y Saboya, y, multiplicándose los hallazgos, 
hoy se conoce dicho cuerpo en 39 departamentos franceses. 
Este gran movimiento fué iniciado por Elie de Beaumont, que 
en 1856 llamó el primero la atención sobre la importancia de 
los fosfatos. 

Al mismo tiempo que en Francia, en Alemania, en Bélgica 
y en Inglaterra continuaban las exploraciones con el igual 
ardor que hoy reina, aunque tardíamente, en el Mediodía de 
España. En Westfalia se descubría la existencia de la fosfo- 
rita diseminada en la arcilla pizarrosa de la cuenca carboní- 
fera del Rechr, junta con la pirita y el carbonato de hierro, 
en forma de ríñones de color negro (NierenjJacken) íntima- 
mente unidos á los fosfatos de hierro, de magnesio y de alu- 
minio, con materia carbonosa. En Bélgica, después de muchas 
investigaciones, apareció en el término de Verviers, la fosfo- 
rita en el límite de la caliza carbonífera, donde arma ordina- 
riamente la limonita con otros minerales de hierro. 

En España el descubrimiento de las fosforitas de Extrema- 
dura se remonta al siglo pasado, en que Bowles (1) dio á co- 
nocer este mineral de Logrosán como una de las curiosidades 
de nuestro suelo, describiendo su fosforescencia, pero sin te- 
ner idea de su composición, ni darle otro género de impor- 
tancia. Más tarde otros observadores han hablado del mismo 
cuerpo, concediéndole á menudo extensión tal en la localidad 
que se ha dicho formaba montañas enteras y se usaba como 
piedra de construcción, errores que todavía reproducen algu- 
nas obras modernas. Pelletier, Donadai, Proust, Dauveny y 



(1) Introducciúii á la Ilinloria nalural. 



<9} Calderón. — fosfatos de cal naturales. ii5 

otros químicos emprendieron trabajos más serios que los que 
antes había para averig-uar la verdadera composición y ri- 
queza de los fosfatos de Cáceres, de cuya explotación se trató 
•en Cortes en 1855, en sesiones que quedaron memorables, y 
no por cierto como pág-ina gloriosa de la ciencia española en 
aquellos tiempos. Estas sirvieron, sin embargo, para que se 
comisionara á los ingenieros Sres. Naranjo y Peñuelas, que 
inician el primer estudio geológico serio sobre este asunto, 
que fué seguido de otra Memoria, buena como todas las suyas, 
de D. Casiano de Prado (1), y luego de otras muchas de varios 
ingenieros, que sería larga tarea ir enumerando. 

En 1870 se empezó á agitar en Extremadura con vivo inte- 
rés la investigación de los criaderos de fosforita, suponiéndo- 
se, y no sin fundamento, que no serían los únicos que existie- 
ran en el país, los de Logrosán que ya se conocían. Con efec- 
to, hoy en todo el territorio comprendido entre Zarza Mayor 
y Ceclavín, en una superficie de 29 km., se han descubierto 
más de veinte filones, que han motivado más de cien regis- 
tros mineros. Estos filones, que arman en granito, en pizarras 
cámbricas ó están intercalados en caliza, se prolongan en Por- 
tugal por el Alemtejo, constituyendo en conjunto con los es- 
pañoles una zona de excepcional importancia, cuyo estudio 
puede consultarse en la excelente Memoria de los señores 
Egozcue y Mallada (2), que tendremos ocasión de citar en lo 
sucesivo con diferentes motivos. 

La investigación de los yacimientos de fosforita se prosigue 
en toda Europa con un tesón siempre estimulado por la buena 
salida del producto en Inglaterra y Alemania, que son casi 
las únicas naciones consumidoras de él en toda Europa. Fran- 
cia, que ha sido desde el tiempo de M. Desailly la iniciadora 
de la explotación de los fosfatos en grande escala, y que man- 
tiene con ella hoy más de 30.000 obreros, marcha, sin embar- 
go, muy rezagada en punto al empleo de producto tan precio- 
so para aumentar la producción agrícola. En cuanto á los de- 
más países productores de fosfatos, y particularmente España , 
la industria en cuestión lucha con grandes dificultades, que 



(1) De la fosforita y de otras sustancias mi7ierales fosfatadas.— Uaáriá, 1857. 

(2) Memoria geológ ico-minera de la provincia de Cáceres. (Memorias de la Comisión 
del Mapa geológico de España, 1876.) 



116 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10> 

no sería oportuno tratar aquí, y entre ellas muy señalada- 
mente la de que Inglaterra se ha hecho dueña de todo el fos- 
fato de Europa, con excepción del de Francia. 

Los descubrimientos de depósitos de fosfato más importan- 
tes que se han realizado hasta ahora se remontan á pocos 
años. Tales son los de Rusia, entre el Dniéper y el Volg-a, 
donde ocupan una superficie estimada por Yermoloff en 20' 
millones de hectáreas, suficiente para adoquinar la mitad de 
Europa, y los depósitos de cal fosfatada de la Carolina del 
Sur, los más importantes de todos bajo el punto de vista co- 
mercial, pues en 1884 ha proporcionado esta la importante ci- 
fra de 437.000 toneladas. Cuando el Norte de Francia haya 
ag-otado sus yacimientos, podrá, á ejemplo de Ing-laterra y 
Alemania, dirig*irse sea á Rusia, sea á América, y los ag-ricul- 
tores obtendrán fosfatos para abonar sus tierras durante mu- 
chos sig-Ios todavía. 

Para no adelantar el planteo de cuestiones que á su tiempo 
hemos de tocar, no entramos en esta rápida reseña histórica 
ni en la cuestión del descubrimiento y polémicas sobre el em- 
pleo de los fosfatos en agricultura, ni en las luminosas discu- 
siones entabladas entre los naturalistas de diversos ramos so- 
bre el orig-en de la fosforita y del apatito. Nos bastará por 
ahora, y como decimos, á. reserva de tratar tan importantes 
asuntos oportunamente, decir que el estudio de los fosfatos 
naturales, perseguido con fines diversos, pero en todos de un 
modo singularmente activo, ha producido tantos resultados 
bajo el punto de vista de la investigación teórica, como bene- 
ficios bajo el de las industrias extractiva, fabril y agrícola. 



II. 



CARACTERES DE LOS FOSFATOS DE CAL. 

Si á partir de las variedades extremas bien caracterizadas 
se van examinando las formas intermedias entre los tipos de 
fosfatos de cal naturales descritos por Haü}', se encuentran 
tantos tránsitos y tan insensibles, que se borran todos los 
límites dentro de los cuales pudieran encerrarse. Asimismo, 
de las fosforitas ricas se pasa á otras de menor ley, y de estas 



(11) Calderón. — fosfatos de cal naturales. in 

gradualmente á las calizas fosfatadas y á otras rocas, que in- 
dudablemente, á nuestro juicio, deben estudiarse también en 
una monografía del carácter de la presente, puesto que estas 
son tan pronto causa de formación de depósitos de fosforita, 
como efecto de las acciones y reacciones de esta sobre diver- 
sos materiales de la corteza terrestre. 

Es difícil, y quizá imposible, en el estado actual de los co- 
nocimientos sobre la g-énesis de los minerales, establecer una 
clasificación razonada de las heterogéneas materias fosfata- 
das que se conocen; y por ello entendemos que el punto de 
vista ecléctico es el único que cabe adoptar con algún prove- 
cho para resolver la cuestión, siquiera sea de un modo provi- 
sional. En este concepto la clasificación de Penrose (1), aun- 
que arbitraria en muchos casos, como el mismo autor reco- 
noce, es sin embargo la más completa que existe, por abarcar 
todos los yacimientos y formas en que la especie se presenta. 
Consta de dos grupos: el primero (minerales fosfatados) com- 
prende los grupos dotados de las propiedades inherentes á la 
especie; el segundo (rocas fosfatadas) encierra todas las sus- 
tancias fosfatadas que no pueden incluirse en la división an- 
terior, subdividiendo estos grupos del modo que indica el si- 
guiente cuadro (2) : 

(Apatitos (Fluor-apatitos. 

Minerales fosf atados. JFosforitas. (Clor-apatitos. 

(ciplita. 

1 Nodulos de fosfato amorfo. ^ 
(Conglomerados. 
Caliza fosfatada . 

— — ••••\^ (Solubles. 

iGuanos \ 

I (Desleíbles ó insolubles. 

\Bone-beds. 

Con arreglo á esta clasificación expondremos sucesivamente 
las cuestiones referentes á la característica, yacimiento, ori- 
gen y funciones de cada uno de los grupos, empezando por el 
estudio puramente mineralógico. 



(1) Obra citada. 

(2) Hemos agregado al cuadro de Penrose la ciplita, especie que acaba de darse á 
conocer. 



118 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12> 



Apatito. 

Estudiando bajo esta denominación el fosfato anhidro de 
cal con otro compuesto en menor cantidad, y siempre crista- 
lizado, debemos estudiar aquí, además del apatito típico, otras 
variedades que responden á la misma composición y forma, 
por más que alg-unos mineralogistas las hayan separado en 
especies independientes, atendiendo á consideraciones que en 
último término son secundarias. 

Los ejemplares que por su belleza y perfección deben to- 
marse como modelos para definir el g-rupo y estudiar sus ca- 
racteres son los cristales de Arendal, Snarum, Hammond en 
Nueva-York, estados de Maine, Massachusset, Nueva Jersey y 
otros puntos de la América septentrional y de Bolivia, donde 
se presentan los apatitos incoloros asociados al espato calizo,. 
á la escapolita y á otros minerales en formaciones de contac- 
to. Son particularmente notables los bellísimos prismas exa- 
g-onales terminados por pirámides, de color verde amarillento 
claro^ que encierra la caliza arcaica del Canadá, de los cuales 
presentó Mr. Log-an en la Exposición universal de Londres 
cristales de hasta 3 decímetros de longitud por 1 de diámetro. 
Mr. Penrose menciona un individuo hallado entre otros en el 
condado de Ontario, que pesa más de 700 kg. 

La exposición de la historia cristalográfica del apatito pre- 
sentada en detalle sería demasiado larga para poderla inten- 
tar aquí, sin exceder los límites de extensión en que en este 
bosquejo hemos procurado encerrarnos. Estos cristales, que 
son bastante frecuentes, pertenecen al sistema exagonal y á 
la sección hemiédrico-piramidal, isomorfos con la piromor- 
fita, la vanadita y la mimetesita; pero dentro de esta sección 
se encuentran infinidad de formas que se van multiplicando 
de día en día. Las más ordinarias son: oo P (M), ce P 2 (e), 
o P (PJ, j P (rj, 2 P (z), y también 2P2 (s): cuando se presen- 
tan pirámides diexagonales y prismas, aparecen por regla ge- 
neral solo con la mitad de sus caras; pero en ciertos cristales 
de Pfitsch y otros sitios han hallado, sin embargo, G. vom 

3 

Rath y Hessenberg la pirámide 3 /* ^, y también Kenngott y 

Q 

Klein el prisma <X)P-^, aunque esto es muy raro. 



(13) 



Calderón. — fosfatos de cal naturales. 



119 



Para dar una idea de las formas principales del apatito nos 
limitaremos á reproducir las sig-uientes fig-uras de la clásica 
obra de Naumann y Zirkel (1). 




Fig. \.— x,P.P: forma frecuente en la esparrag-uina y la moroxita. Las aristas latera- 
les del prisma se hallan frecuentemente truncadas por x P 2. 
Fig. 2. — ccP,oP, P, combinación muy frecuente, P iw = 139° 47' . 
Fig. 3.— La combinación anterior con adición de las caras 2P2. 

Fig. 'i.— xP,oP,^P,2P2;P:r=l51'>5'. 

3 
Fig. 5.— CCP, oP, P, 2P, 2P2,HP — , P2, <x,P2 (de San Gotardo). Combinación in- 

3 

teresante, á causa del desarrollo liemiédrico de la pirámide 3 /* — f"uj y del 

„ S 
prisma 00/' — (^cy. 



El conocimiento de las formas cristalinas del apatito se ha 
enriquecido mucho en estos iiltimos años con los estudios 
cristalog-ráficos del profesor Schrauf, de Viena, sobre ejempla- 
res de diversas localidades y los de Klein sobre los de Sulzba- 
chthal (1). También es dig-no de particular mención el hallaz- 
g-o realizado por el profesor Struve, en el yacimiento famoso 
por muchos respectos, del Valle de Ala, de apatitos de forma 
limpia, con dos pirámides, exag-onal una y dodecág-ona la otra^ 
no observadas hasta ahora, cuyos símbolos son 17, 12, 7=5^ Vs 
para la primera y 4 31 5 1 0=^5^ ¿' X ^¿ K) para la segunda. 

Ordinariamente los cristales de apatito se presentan limpios, 
en prismas bastantes cortos, estando la altura con la base en 
la relación de 7 á 10; pero las obliteraciones no son tampoco 
raras, sobre todo en ciertas localidades. 

La hemiedría de los cristales de apatito se muestra clara- 



(1) Elemente der Mineralogie, pág. 498. Leipzig , 1881. 

(2) Neues Jahrb.f. Min.; 1868, pág. 604; 1871, páginas, 485, 515, 571 y 1872, pág. 12L 



120 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(14) 



mente mediante la corrosión. Baumberg-er, que la ha estudia- 
do cuidadosamente, ha demostrado que sus figuras reveladas 
por el ácido clorhídrico en las caras del prisma solo son simé- 
tricas en la dirección del eje mayor, desarrollándose del modo 
que indica la adjunta figura, que reproducimos de la exce- 
lente obra del profesor Tschermak (1), la cual muestra el ca- 
rácter piramidal hemiédrico de la especie merced á la falta de 
simetría (2). 

Fig-ura 6. 




La exfoliación del apatito es indistinta según a y i. Con 
frecuencia se observa una prismática terminal dominante 
seg-un lio O. En las secciones delg-adas, sobre todo de los pe- 
queños ejemplares que se hallan diseminados en las rocas, no 
se percibe ninguna indicación de exfoliaciones terminales: en 
cambio la paralela á la base es casi siempre muy visible, 
notándose con mucha frecuencia irreg-ularidades en su direc- 
ción. Las secciones paralelas al eje aparecen por esto formadas 
por un conjunto de trozos astillosos ajustados unos á otros (3). 

El apatito cristalizado suele ser diáfano é incoloro, á veces 
blanco, como los hermosos ejemplares de San Gotardo y los 
mates de Snarum; pero son muy frecuentes los colores pálidos, 
sobre todo el morado, el verde, el verde rojizo, el azul y en 
ocasiones el rosado y el moreno. Las variedades blancas son á 
veces opalinas en la dirección paralela al eje. El polvo de to- 
das ellas es blanco. 

Ofrecen estos cristales un lustre vitreo muy marcado, sobre 
todo en las caras planas, en que tiende á ser resinoso: en cam- 



(1) Lchrhuch dcr Mineralogie (segunda parte). 

(2) Sitzungsber. der bayer. Akad. der Wissensch. 1875. 

(3) FouQUK et MiCHEL Lévy: Min. micrograph-, París 1879 (articulo apatito). 



<i5) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 1-21 

bio las curvas y las superficies de fractura tienen un brillo 
más bien craso. 

El policroismo del apatito es muy acentuado, particular- 
mente en los cristales de color moreno, y aun en el de otros 
colores, como el notable por esta circunstancia de Schlag-g-en- 
wald, que aparece verde montaña en la dirección de la base y 
azul en la del eje. Ciertamente ning"una sustancia uni-eje pre- 
senta tan marcada esta propiedad, que sería de un gran valor 
para su diagnóstico microscópico, si desgraciadamente no 
desapareciese por completo en las secciones delg-adas. 

La birefracción, aunque débil, se puede reconocer bien, 
siendo doble y negativa, caracterizada en general del modo 
siguiente: w = i.646, £=1.642 para el amarillo. Lattermann ha 
hallado en la esparraguina de Jumilla Wn^==1.6388, £„==l.63i5. 

En muchos cristales transparentes y voluminosos se* distin- 
guen dos ejes, y hasta alg'una diversidad de los sectores en la 
sección básica, como si se tratase de individuos gemelos mo- 
noclínicos, por lo cual Mallard y otros (1) consideran como 
mimético al apatito: en los individuos microscópicos no es dado 
observar esta y otras anomalías ópticas, que podrían en ellos 
seguirse con provecho, tanto para su estudio cristalográfico, 
como para diferenciarlos de otras especies análogas por su 
aspecto exterior. 

Como se ha dicho, el apatito aparece en el campo del micros- 
copio cuando se examinan secciones delgadas de un gran 
número de rocas, distinguiéndose del medio circundante en 
virtud de su fuerte refracción óptica. Generalmente afecta la 
forma de microlitos numerosos, regulares, dispersos por la 
pasta de la roca; mas se citan asociaciones ordenadas de peque- 
ños individuos reunidos en torno de uno mayor y ceñidos á lo 
largo de las aristas del cristal central, de suerte que sus ejes 
se encuentran paralelos. Otras veces el apatito aparece como 
inclusión dentro de otros minerales, como la augita, el anfibol, 
la mica, el feldespato y muchos otros, entre ellos la nefelina, 
sobre todo en los basaltos nefelínicos. Las secciones de dicho 
mineral ofrecen forma exagonal, cuando son paralelas á la 
base; rectangular sencilla ó simétricamente truncada en los 



<1) Mall '.kd: Aiiiíal. des Mines; vol. x, 1876. 



122 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16> 

ángulos, cuando lo son al eje principal, y disimétrica en las 
oblicuas. Dominan las formas alargadas en los individuos- 
microscópicos, al contrario de lo que sucede en los grandes, 
viéndose ordinariamente las secciones decoP (1010), oP (0001), 
/'(loTl); esto último sobre todo en la familia del gabbro,. 
según Rosenbusch (1). 

Reducido á sección transparente el apatito se vuelve inco- 
loro y solo en casos excepcionales presenta un tinte ligera- 
mente azulado ó amarillo claro. La superficie desgastada 
aparece pulimentada y lisa, al contrario de las naturales, que 
frecuentemente están acribilladas por asperezas ó corrosiones 
irregulares, que les dan un aspecto rugoso, análogo al del 
olivino. Aunque de ordinario la microestructura del apatito 
no ofrece particularidades especiales, se citan algunos nota- 
bles en' este respecto: así MM. Fouqué et Michel Lévy (2) han 
reconocido en la andesita piroxénica del Santorino y en la 
anfibolita del Cantal, prismas huecos en el sentido del eje 
principal, en los cuales dicha cavidad se abría al exterior á 
través de una de las bases, y por esta abertura se habría intro- 
ducido el magma fundamental de la roca. También es curioso 
el caso citado por el Sr. Macpherson (3) en algunos apatitos 
que se presentan como inclusión en el feldespato del gneis de 
la Serranía de Ronda, los cuales orientados en dirección más 
ó menos normal á los planos de crucero, han sido segmentados 
en diferentes fragmentos por infiltraciones que han penetrado 
dentro de los cristales feldespáticos que los contienen. 

No suele presentar inclusiones el apatito; pero no dejan 
tampoco de citarse muchos casos en que hace excepción á esta 
regla general la presencia de granulos esféricos ó corpúsculos 
cilindricos alargados, negros y opacos en los planos paralelos 
á la superficie del cristal. En las secciones orientadas, según 
la base , forman figuras exagonales regulares y concéntricas, 
consistiendo estas inclusiones en gases ó vapores. En ocasio- 
nes eslán repartidas por todo el cristal en tal número, que le 
empañan por completo, y aun en algún caso se han visto or- 
denadas paralela ó transversalmente á la sección del eje prin- 



(1) Mikros/íop. Physioiji'. ñor petrogr.^ wicht. Min.; 2.' edic. 1885, pág". 355. 

(2) Obra citada. 

(3) Rocas de la Serranía de Ronda. (Anal. Soc. esp. de Hist. nat., t. viii, 1879.) 



(17) 



Calderón. — fosfatos de cal naturales. 



123. 



cipal, afectando la forma de estrellas de seis radios. Es sabido 
que las variedades verdes de apatito, como alg-unas del Valais, 
del Canadá, Schlaggenwald y Pfitsch en Baviera, contienen 
gruesas inclusiones de dos líquidos, agua y ácido carbónico 



Figura 7. 





a. Sección transversal de apatito con inclusiones (Hussak).— b. Sección longitudinal 
con inclusiones zonares y orientadas de augita (Hussak).— c. Sección longitudi- 
nal con exfoliaciones irregulares paralelas á la base (Hussak). — <?. Inclusión de 
tres zonas en el apatito. Aumento 500 diámetros (Fouqué y Lévy). 

líquido, de los cuales el más excéntrico es el agua: en su in- 
terior se encuentra el segundo en estado esferoidal y el in- 
tervalo entre ambos está lleno, según se cree, de ácido carbó- 
nico gaseoso. Sandberger (1) ha hallado también inclusiones 
de este cuerpo en la esparraguina del Zillerthal en el Tirol, 
mas otras de agujitas de amianto, que permanecían inaltera- 
bles y flexibles en la disolución de ácido nítrico. En fin, se 
han citado en el apatito del Morvan inclusiones de picotita 
como las del olivino. 

En el examen microscópico de las secciones delgadas de las 
rocas y de los minerales puede tomarse el apatito por otros 
minerales que ofrezcan parecida absorción óptica; y por esta 
razón , antes de abandonar el orden de consideraciones que 
nos viene ocupando, diremos dos palabras sobre el diagnós- 
tico de la especie en cuestión, bajo el punto de vista de sus 
caracteres físicos. Desde luego la nefelina es la que suele con- 
fundirse más fácilmente con el apatito, si no se tiene en cuen- 
ta la mayor refracción óptica y el índice de refracción del pri- 
mero (1,54), que puede servir para distinguir las dos sustan- 
cias, particularmente cuando aparecen reunidas en la misma 



(1) Untersvxh. ñber Erzgñnge, 1881. 



124 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (18) 

roca. El profesor Zirkel (1), que ha estudiado particularmente 
esta cuestión, hace notar además las diferencias de aspecto 
microscópico de ambos minerales: la nefelina se presenta en 
cristales numerosos en una misma preparación, al paso que 
los del apatito están dispersos; y por otra parte, los prismas 
de la primera son cortos y sus secciones exag-onales siempre 
aplastadas y con bordes no cortantes y marcados como los del 
seg-undo. 

Cuando el apatito se halla en secciones transversales y en 
estado de inclusión, se parece por extremo á la hauyna; pero 
las longitudinales que pueda haber en la misma preparación 
y la índole de los productos de descomposición, servirán para 
diferenciar los dos minerales en la mayoría de los casos, sin 
tener necesidad de recurrir á los procedimientos micro-quími- 
cos. Otro tanto cabe decir del diagnóstico del apatito y el 
cuarzo y la tridimita, que en ocasiones pueden confundirse. 
Los colores de polarización, mucho más vivos en estos que 
en el primero, sirven de medio distintivo, al cual agreg-an 
MM. Fouquet y Michel Lévy la particularidad del apatito de 
presentar en uno de los lados de la sección básica que se ob- 
serva, estrías muy próximas y paralelas debidas á la exfolia- 
ción (2). En fin, se dice que el apatito notablemente pleocróico 
de algunas rocas, como las traquitas del lago Laachery otras, 
ofrece semejanza notable con la turmalina; pero justamente 
su misma absorción óptica en que E >o, aparte de los carac- 
teres químicos, servirán para diferenciar pronto especies mi- 
nerales tan distintas en todos los demás respectos (3). 

El peso específico del apatito es de 3,16 á 3,22, el cual es 
relativamente considerable. Por eso cuando se pulverizan ro- 
cas que le contienen y se trata el polvo por los líquidos pesa- 
dos, este mineral se coloca con las bases metálicas densas, 
quedando así aislado de otras sustancias que suelen acompa- 
ñarle (zircón, titano, rutilo, etc.) Su separación de las espe- 
cies metálicas se consigue fácilmente por medio del electro- 
imán. 



(1) Untcrsueh. über die mikroslt. Ziisanvmeiisetz. und Striicí. dcr Basaltgest. Bonn , 
1870. 

(2i Obra citada, pág-. 305, fig. "2. 

(3; RosENUuscii: Obra citada. 



(19) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 125 

El fosfato de cal cristalizado es notablemente más duro que 
el compacto, pues la dureza del primero, que es típica en la 
conocida escala de Molis, ocupa el núm. 5, al paso que la del 
segundo pocas veces se acerca á esta cifra, que es la mayor 
de todas las sustancias calizas. 

Comparten los minerales que nos ocupan con el espato flúor 
y alg-unos otros una singular propiedad, sobre la cual no se 
ha dicho todavía la última palabra: nos referimos k la fosfo- 
rescencia, esto es á la facultad de emitir luz por la acción del 
calor bajo los 100°, que ha dado nombre á la fosforita. Algu- 
nas veces es tan marcada, que una particulilla calentada pro- 
duce en la oscuridad luces muy bellas amarillo-verdosas. Hay 
apatitos que se hacen fosforescentes solo por la exposición á 
los rayos solares; otros presentan igual fenómeno bajo el cho- 
que del martillo, como lo hemos notado en algunas varieda- 
des de Cáceres ; y los Sres. Egozcue y Mallada (1) han obser- 
vado que después de obtenida la fosforescencia en un crisol 
de platino calentado por una lámpara de Berzelius, se repro- 
duce esta al arrojar el mineral sobre una superñcie fría; de- 
duciéndose de aquí que por un descenso brusco de tempera- 
tura se maniñesta de nuevo el fenómeno. Es de notar que la 
fosforescencia es más marcada sirviéndose del mineral pul- 
verizado, pero que no por eso deja de producirse calentando 
sus pedazos. 

Mas no todos los apatitos ni fosfatos de cal, en general, son 
igualmente fosforescentes, ni aun poseen todos dicha propie- 
dad: entre las fosforitas las variedades terrosas suelen mani- 
festarla en más alto grado, y entre los apatitos se sabe que los 
cristales piramidales de las formaciones volcánicas no son 
fosforescentes por el calor, al paso que lo son habitualmente 
los no piramidales que yacen en las rocas plutónicas, meta- 
mórficas y en los filones metalíferos. Semejantes coinciden- 
cias parecen confirmar plenamente la opinión de Draper y 
otros físicos sobre la explicación del fenómeno como una pro- 
piedad inherente á la sustancia desde la época de su forma- 
ción ó cristalización, y relacionada con las condiciones en que 
esta se realizó, que ha quedado en estos cuerpos en estado 



(1) Obra citada. 



126 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (20) 

potencial. El calor, aunque desprovisto en sí mismo de inten- 
sidad visual, es capaz de desligar bastante las moléculas para 
volverlas aptas para ejercer el poder lento de vibración que 
poseen (1). 

Es el apatito un mineral de base de cal, en cuya constitu- 
ción entran el ácido fosfórico, el flúor y el cloro: estos dos úl- 
timos cuerpos se reemplazan uno á otro, según se trate de un 
fiuorapatito ó de un doroapatito. Naumann y Zirkel dan como 
composición general de estas variedades la siguiente: 

Cloroapatito = Ca^ P^ 0'^ 01^3 Ca^ P^ O» + Ca CR 
Fluorapatito = Ca^ P^ Qi- F = 3 Ca^ P^ 0^ + Ca F^ 

En el primero el cloro entra por 6,82, el ácido fosfórico por 
40,92 y en el segundo el ñuor por 3,77, el ácido fosfórico por 
42,26 por 100 más el resto que indican las precedentes fórmu- 
las. Hay que notar que en realidad no se conoce el cloroapatito 
puro, pues el mismo de Krag-eroe, reputado 'antes como tal, 
estudiado por Volker, dio solo 4,10 de cloro: en cambio son 
frecuentes los fluorapatitos que solo contienen indicios de 
cloro. 

Estudios muy minuciosos de algunos mineralogistas mo- 
dernos parecen revelar relaciones delicadas entre la composi- 
ción y la forma en cada una de las dos variedades de apatito 
mencionadas. En efecto v. Kokscharow sostiene que las aris- 
tas medias de los que no contienen cloro son algo más agudas 
que las de los que lo contienen, observación confirmada por 
otros trabajos de Pusyrewsky sobre cinco variedades de diver- 
sas localidades, que ha medido cuidadosamente y en muchas 
direcciones, hallando variaciones en las aristas medias de la 
forma fundamental que oscilan entre 80" 12' á 80° 36' (2). 

Cítanse también apatitos en cuya composición entran, aun- 
que en pequeña proporción, otros cuerpos, como el yodo, el 
cerio, el lantano y el didimio que contiene en un 2 por 100 la 
esparraguina de Jumilla; el cerio y el iterbio en indicios en el 
apatito de Snarum, según Weber, que cree procedan de inclu- 



(1) TyndaU. La lumiére. (Edic. franc.) 5." lección. 

(2) Materialen euf Minevalogie Russlands; t. v, pág-. 88. 



(21) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 127 

sienes de kritolita; el manganeso en cristales del Braucliville, 
en Connecticut, que disueltos por el ácido nítrico y tratados por 
el fluosilicico han dejado á Penfield (1) romboedros de man- 
ganeso fluosilicatado, indicando contener dicho apatito hasta 
10.59 de oxidulo de manganeso. Otras sustancias extrañas 
intervienen como mezcla en diversos ejemplares y sobre todo 
el hierro; ciertos hidrocarburos, que difundidos en los crista- 
les de apatito le comunican coloraciones accidentales, según 
se cree, y, en fin el carbonato de cal hallado en un caso por 
Haushofer (2), quién presume que el fosfato y el carbonato 
forman en ella no un compuesto doble, como algunos minera- 
logistas pretenden, sino una mezcla íntima, y que el último 
debe estar en estado de aragonito, lo que explica la viva de- 
crepitación que produce cuando se le trata al soplete al pasar 
el aragonito á caliza y sufrir el aumento consiguiente de 
volumen. 

Los siguientes análisis ofrecen la composición de algunos 
apatitos: 

Un cristal verdoso de Cáceres, según los Sres. Egozcue y Mallada (3): 

Fosfato calcico tribásico 93,820 

Fluoruro calcico 5,443 

Cloruro calcico 0,309 

Sílice 0,300 

Pérdida 0,128 

100,000 



Apatito de Snarum , según Rose : 

Acido fosfórico 41,48 

Cal 49,65 

Cloro 2,71 

Fluor 2,21 

Calcio 3,93 



(1) Americ. Journ. ofSc. xix, pág. 367. 

(2) Journ. fürprakt. C/iemie, vii, 18~3. 

(3) Obra citada. 



128 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (22> 

Apatito de Bamble en Siiecia, según el Dr. Woslker, en dos ejemplares 
puros de distintas variedades: 

Agua higroscópica 0,43 0,19 

Agua de constitución 0,40 0,23 

Ácido fosfórico 41,74 41,25 

Cal 54,12 56,62 

Cloruro de calcio 0,37 0,29 

Magnesia 0,20 0,38 

Fosfato de hierro y de alúmina. . . . 0,45 0,40 

Partes insolubles en el ácido 0,97 0,17 

Álcahs 0,50 0,17 

El apatito de las venas de la costa meridional de Norueg-a 
es un fluorapatito con un poco de cloro que contiene hasta 90 
por 100 de fosfato. 

Tratado el apatito por el soplete se funde difícilmente y solo 
en los bordes del frag-mento, dando un poco de vidrio incoloro 
y transparente. Las variedades coloreadas se vuelven diáfa- 
nas desde que obra sobre ellas una temperatura un tanto ele- 
vada. Pero la reacción característica de este, como de los de- 
más fosfatos de cal, por la vía seca, se produce humedeciendo 
su superficie con ácido sulfúrico y haciendo caer sobre ella 
un dardo muy pequeño, al mismo tiempo que se aproxima 
gradualmente á la llama el hilo de platino que sostiene al 
trozo ensayado; cuidando siempre de humedecerle de nuevo, 
á medida que el ácido se volatiliza, se produce un color verde 
azulado pálido característico. Esta reacción es sumamente 
sensible, pero exig-e alguna práctica por parte del operador. 
También se pueden reconocer los fosfatos de cal y de alg-unas 
otras bases calentando un trozo, después de desecado, en un 
tubo de vidrio en cuyo fondo se hubiera puesto previamente 
un poco de sodio; rompiendo el tubo después de verificada la 
reacción, y añadiendo una g-ota de ag-ua, se desprende un 
fuerte olor aliáceo, debido al hidróg-eno fosforado que se des- 
prende. Este medio proporciona una reacción muy sensible, 
y es recomendado en este concepto por alg-unos operadores. 
En fin, es dado disting-uir también por la vía seca el apatito 
fácilmente tratando su polvo con el de óxido de cobre y la sa. 
de fósforo, por producirse la reacción del cloro y colorearse la 
perla de azul purpúreo. 



(23) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 129 

El polvo del apatito se disuelve en los ácidos, empleándose 
g-eneralmente á este fin el nítrico, en el cual lo hace lenta- 
mente y sin efervescencia. Tratada esta disolución débilmente 
acida por el acetato de plomo, da un precipitado de fosfato de 
plomo fusible en perla poliédrica: con el nitrato de plata 
blanco y con el molibdato de amoniaco disuelto en el mismo 
ácido nítrico, deposita fosfomolibdato amónico cuando se la 
calienta lig-eramente (1). Este método puede servir también 
para dosar el ácido. La disolución nítrica de los apatitos man- 
ganesíferos da con el ácido fluosilícico cristales romboédricos 
de aspecto prismático de manganeso fluosilicatado, siguiendo 
el método empleado por Penfield para el análisis de los ejem- 
plares del Connecticut (2). 

Mayor dificultad ofrece el reconocimiento del apatito dis- 
perso en el seno de otros minerales y rocas, cuando no es 
dado aislarle con ayuda de los líquidos densos. Forchham- 
mer (3) propuso para estos casos utilizar la propiedad de dicho 
mineral, descubierta por él, de disolverse fácilmente en el 
cloruro de sodio fundido. 

Ya hemos visto los caracteres ópticos que bastan en la ma- 
yoría de los casos para distinguir el apatito de los demás mi- 
nerales en el campo del microscopio; mas si estos no fueran 
decisivos, habría que apelar á los medios químicos, y ante 
todo á su solubilidad en el ácido clorhídrico para diferenciarle 
del cuarzo, y á la ausencia del residuo gelatinoso para hacerlo 
de la nefelina. Tratando de dar más precisión á estos ensayos 
A. Streng en 1876 (4), dotó á la petrografía microscópica de 
uno de sus más preciosos agentes de investigación, emplean- 
do al efecto el reactivo de Fresenins. Es sabido que cuando se 
mezcla una disolución nítrica de un fosfato con otra también 
nítrica de molibdato amónico en exceso, se obtiene un preci- 
pitado cristalino amarillo que solo encierra un 3,6 por 100 de 
ácido fosfórico. Como se necesita de un exceso de ácido mo- 
líbdico para obtener esta reacción, aconseja Streng poner una 



(1) H. Debray: Recherch. sur les combinat. de l'acid. molybd. et de Vacid.phosph, 
(Compt. rend., Abril, 1868.) 

(2) Obra citada. 

(3) Neues Jahrb.far Min., 1855. 

(4) Ueber die mikrosk. Untersclieid. von Nephelin, und Apatií. (Min. Mitth. Tescher- 
mak, ni.) 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 9 



130 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(24) 



g-otita de la solución de fosfato extendida en contacto con 
una g-ota gruesa del reactivo concentrado. Se ven así formarse 
octaedros regulares y dodecaedros romboidales amarillos de 
fosfomolibdato amónico. Este es un medio fácil y muy sensi- 
ble de distinguir el apatito de la nefelina, hasta el punto de 
que se ha aplicado luego á otros casos para reconocer la pre- 
sencia de vestigios de ácido fosfórico en diferentes cuerpos. 

Para terminar lo referente á la historia de los caracteres del 
apatito enumeraremos algunas de sus variedades y pretendi- 
das especies, que han recibido nombre especial por alguna 
particularidad notable. Entre ellas la más importante es la 
esparraguina ó spargelstein, denominaciones alusivas á su co- 
lor verde claro, comparado al de los espárragos, y que ha sido 
caracterizado por terminar sus cristales en una pirámide com- 
pleta, que no es más que la prolongación de las facetas anula- 
res tan frecuentes en el apatito diáfano. Las adjuntas figuras 

Figuras 8 y 9. 





que reproducimos del magnífico atlas del profesor Schrauf^ 
dan idea de un cristal aislado y típico de Jumilla (fig. 8) y de 
otro de la misma localidad análogo á la moroxita (fig. 9). La 
presencia de algunos cuerpos accidentales en la composición 
de la esparraguina de Jumilla y del Cabo de Gata, su fractura 
generalmente concoidea y su estriación en las caras prismá- 
ticas, bastaron á Werner y á sus secuaces en este punto para 
considerarla como una especie ó subespecie independiente, lo 
que en realidad es hoy insostenible. A ella deben aproximarse 



;25) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 13i 

también los cristales vinosos ó verdosos incluidos en la talcita 
de Greisner, en el Zitterthal. Otros también muy limpios aná- 
log-os al que representa la fig*. 8, verde-oscuros, de fractura 
granuliforme, yacen en la caliza g-ranülar y en las llamadas 
masas ferríferas del Arendal, y han sido distinguidos con el 
nombre de moroxita, aunque este se aplica también á veces á 
una variedad mamelonar de la misma localidad. Grube ha 
dado á conocer unos cristales procedentes de cerca de Frei- 
berg-, y con los cuales ha constituido la variedad llamada 
pseudo-apatito, que son verdaderamente curiosos por su opa- 
cidad y aspecto mate, color blanco amarillento ó alg-o rojizo, 
y, en suma, por su aspecto; pero seg-ún Breithaupt y Freuzel 
no son una variedad, sino una pseudomorfosis del apatito en 
piromorfita. 

Otros hallazg-os han recibido nombres especiales que no se 
fundan en razón sólida alg-una, y cuya recopilación seria ta- 
rea larga y difícil; por ejemplo, con el dictado ^t francolita, 
se han distinguido unos cristales blancos de Tavistock, en el 
Devonshire, que no son más que individuos de un apatito 
normal, según el análisis de Henry. Tampoco se puede conce- 
der la importancia que algunos mineralogistas, y entre ellos 
Hermann, han querido atribuir á la existencia de un 7 por 100 
de magnesia en la variedad lechosa de los Urales, llamada til- 
coapaiiio, y de la que algunos han pretendido hacer hasta una 
especie independiente, pues ni sus caracteres físicos, su for- 
ma, ni su composición química ^3 Ca^ p2 0^ + Mg^ p2 0^) au- 
torizan esta separación, y más bien llevan á pensar con Nau- 
man que no son otra cosa sino apatitos alterados. 

Entre el estado marcadamente cristalino que caracteriza al 
apatito y el amorfo de la verdadera fosforita existen formas 
intermedias, en las cuales es difícil decidir á qué grupo deben 
llevarse. En este caso se encuentran esas costras arracimadas 
y reniformes de estructura indistintamente fibrosa que se 
hallan en los contornos de Nassau sobre la fosforita com- 
pacta, y que Stein describió con el nombre de estafeUtct. Ana- 
lizadas estas costras han dado hasta un 7 á 9 por 100 de car- 
bonato de cal y vestigios de iodo, siendo probablemente, se- 
gún algunos, un compuesto doble, al paso que para Hansho- 
fer debe ser más bien, como hemos dicho, una mezcla íntima 
de fosfato y de carbonato de cal en estado de aragonito, en 



132 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (26) 

favor de cuya opinión militan las observaciones de Sandber- 
g-er y Streng- (1) que han reconocido en dicha estafelita la for- 
ma del apatito. 

En Extremadura y en la Noruega meridional, particular- 
mente en Krag-ero, se ve con frecuencia pasar la fosforita á 
un apatito de g-rano cristalino g-rueso en las hendiduras de la 
roca ó en el contacto con las salbandas. Muchas otras varie- 
dades subcompactas ó granulares, verdosas ó rojizas se ha- 
llan en los mismos parajes, y particularmente en Norueg^a, 
donde las dadas á conocer por las modernas y bellas investi- 
g^aciones de Brag-g-er y Reusch (2), pasan á los dos extremos 
cristalino y amorfo, mezclándose con la hornblenda y la mag"- 
netita g-ranular. 

Estas y otras muchas variedades de menor importancia pre- 
senta el apatito, como es natural suceda tratándose de una 
especie tan diseminada en el globo y cuyos yacimientos son 
tan variados como tendremos ocasión de mostrar en el siguien- 
te capítulo: mas teniendo en cuenta el criterio que prevalece 
entre los mineralogistas modernos de tomar solo como carac- 
teres esenciales la composición y la forma, y examinando la 
serie gradual de las desviaciones á partir de los ejemplares 
típicos bástalos situados en los confines de la especie, cabe 
definir y caracterizar como tal al apatito con la misma preci- 
sión relativa que muchas otras, sobre todo en atención á que 
si el concepto de especie ha perdido ya el valor que tuvo en 
otro tiempo tratándose de los seres orgánicos, en punto á los 
minerales nunca ha podido significar otra cosa que un mo- 
mento indeciso de su evolución. 



Fosforita. 

Con este nombre se designan las variedades de fosfato de 
cal naturales, no cristalizadas sino litoideas, subterrosas y 
concrecionadas. Otras variedades que han recibido denomina- 
ciones particulares, como la etipicroild , fosfato concrecionado 
de Hammondsville (Nueva-York), y varias más son estados 



(1) Obra citada. 

(2) Voi-/iomm. der Apatil in Norwegen (Zeit. der Oeol. Gessells., xxvii, 18~ü.) 



(27) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 133 

particulares de descomposición ó momentos de esa señe evo- 
lutiva que, por transición insensible, comienza en el estado 
cristalino y termina en el terreo, serie que puede seg-uirse 
perfectamente en los yacimientos de Cáceres. 

Ningún carácter absoluto puede fijarse como definitivo de 
la fosforita por lo que se refiere á su aspecto, lo cual expresa 
bien el nombre vulg-ar de piedra engañosa con que la designan 
en Cáceres. 

La estructura de esta sustancia es también sumamente va- 
riable : la hay compacta, radiada con superficie reniforme 
(para la cual reservaba Werner el dictado de fosforita), con- 
crecionada y basta terrosa, como la que yace sobre la vena de 
hierro de Amberg, en Baviera, que se adhiere fuertemente á 
la lengua, y la pulverulenta llamada tierra de Marmarosh en 
Hungría. Entre todas estas variedades, la más curiosa, sin 
duda, y la más rica en aspectos diversos es la concrecionada, 
que domina sobre todo en los pequeños yacimientos de Extre- 
madura j Andalucía; cuyos ejemplares son frecuentemente 
opalinos, de colores delicados, testáceos y con núcleos tórreos 
y cavernosos, alrededor de los cuales parece se depositaron 
las capas. Accidentalmente contienen dendritas de manga- 
neso, vetas de óxido de hierro y cristales de espato calizo. En 
algunas las láminas han adoptado la forma de esferas huecas 
de delgadas paredes, y en otras se advierte un agrietamiento 
regular, como el de esos ríñones de hierro carbonatado que 
producen las llamadas septarias (Cáucaso, Cerro del Santo en 
Sevilla, etc.) El aspecto de las variedades más compactas es 
enteramente idéntico al de las ágatas por la delgadez, finura 
y alternación de colores de las capas concéntricas que las 
forman; en las demás la analogía con los carbonatos de zinc, 
por lo que toca á su aspecto, es sorprendente, estando repre- 
sentadas todas las variedades que de estos se conocen. 

No es menos interesante que la estructura macroscópica, la 
microscópica de estas fosforitas agatiformes españolas. Las 
secciones delgadas descubren en ellas zonas opacas, masó 
menos meladas, que suelen brillar algo entre los nicoles cru- 
zados, y otras perfectamente transparentes, que presentan 
entre estos una ligera tinta azulada. Dichas zonas concéntri- 
cas originan algunos ríñones que manifiestan una cruz y el 
centro negros, vistos del modo antes dicho, al modo de esfe- 



134 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(•28) 



rolitas de algunos pechsteins y pórfidos feldespáticos. Hay 
zonas turbias, poco transparentes y de color alg-o melado en 
que la polarización cromática es bastante brillante. 



Figura 10. 




Desde esta estructura dominante en las fosforitas de Anda- 
lucía, se las ve en ocasiones pasar á la compacta y palmeada, 
pudiéndose seg-uir todos los grados intermedios, particular- 
mente en la provincia de Cáceres (1). 

El brillo, mate en la generalidad de las fosforitas, se vuelve 
marcadamente resinoideo en las concrecionadas, y la fractura 
es en ellas muy conchoidea. Asimismo la densidad, que es de 
2,62 á 2,89 en los ejemplares de composición pura, varía nota- 
blemente en razón de las sustancias que pueden adicionarse. 

El fosfato tricálcico básico, ó sea el natural, es irreductible 
en el carbón é insoluble en el agua, á diferencia de los dicál- 
cico y monocálcico, que son artificiales y producidos, como se 
sabe, por la industria, precisamente para aprovechar esta pro- 
piedad. Si en vez del agua pura actúa sobre la fosforita el 
agua acidulada, entonces puede observarse un ataque lento ó 
rápido, dejando copitos de sílice gelatinosa y acusando la pre- 
sencia del hierro por el sulfocianato. El Sr. Quiroga, ocupán- 
dose en averiguar si las variedades concrecionadas deBélmez 



(1) Egozcue y Mallada: Obra citada. 



(29) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 135 

y otros puntos eran ó no coloides, puso en el dializador 0,50 gv. 
de fosforita disuelta en la menor cantidad posible de ácido clor- 
hídrico con 500 gramos de agua destilada, y pudo compro- 
bar el paso total de aquella en veinte días á través de la mem- 
brana. No todas las fosforitas se conducen lo mismo en este 
respecto, pues como lo ha probado M. Berthelot, existen dos 
estados distintos de fosfatos tórreos, uno coloide y otro crista- 
loide, ambos representados entre los yacimientos conocidos 
de estas sustancias. 

Los análisis de las fosforitas de distintas localidades reve- 
lan diferencias considerables, no solo en punto á los minera- 
les que con carácter accesorio las acompañan, sino en cuanto 
á la misma ley de fosfato. De aquí resulta la imposibilidad de 
fijar de un modo exacto la composición de la fosforita, si bien 
como término medio y tipo de comparación puede tomarse el 
sig-uiente de M. Rivot (1): 

Fosfato tribásico de cal 81,16 95,00 

Fluoruro de calcio 14,90 2,75 

Peróxido de hierro 2,14 vestigios 

Sílice 1,70 2,00 



99,89 99,75 

Existen, sin embarg-o, muchísimos ejemplares cuya ley de 
fosfato es tan inferior á la señalada en estos análisis, que no 
merecen explotarse hoy, que solo se exportan los que contie- 
nen un 60 por 100 de dicho cuerpo. En cambio la osteoUta de 
Wetteran, cerca de Ostheim, es un fosfato de cal casi puro, 
por lo que Broméis pretende debe disting-uirse como una es- 
pecie independiente. También M. Douvillé, ensayando nuevos 
procedimientos de análisis de estos minerales, ha encontrado 
que los fosfatos de Arg-enton tienen composición ig-ual al apa- 
tito, con el cual podrían unirse si el examen de las secciones 
delg-adas no revelase en el campo del microscopio una estruc- 
tura en capas amorfas y multitud de espíenlas de esponjas. 

La fosforita de Amberg", anteriormente citada, contiene, se- 



(1) Recherches sur Vemploi agricole des phospkates , 1860. 



136 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (30) 

g-ún Schroder, casi 90 por 100 de cal fosfatada, algo de flúor y 
vestig-ios de yodo, 3 partes de ácido silícico, un poco de óxido 
de hierro, ácido carbónico y ag-ua. 

Sin proponernos reproducir aquí los muchos análisis de 
fosforitas que se hallan dispersos en diferentes estudios, va- 
rios de los cuales pueden verse en una reciente Memoria de 
M. Paul Lévy (1), copiaremos solamente uno á continuación, 
y por vía de ejemplo, de los Sres. Eg-ozcue y Mallada (2), de 
una muestra del filón Costanza, en la provincia de Cáceres: 

Fosfato calcico tribásico 87,320 

Fluoruro calcico 6,158 

Sulfato calcico indicios 

Óxido férrico 1,800 

Peróxido de mauganeso 0,366 

Alúmina indicios 

Sílice 1,800 

Agua higroscópica. 2,300 

Pérdidas 0,266 

100,000 



La siguiente lista dará idea de la variable proporción de 
fosfato que contienen los ejemplares de varias localidades: 

Fosforitas de Logrosán 30 á 90 % 

» de Nassau 60 á 92 

» de Hornachuelos 70 

» de Friedland (Bohemia) 75 

» de Cáceres (ley media) 70 á 83 

> de Bélmez (variedades concrecionadas más ricas). 90 

» de Amberg (Baviera) 90 

Osteolita de Wetteran 95 



(1) Desphosph. de chaux, de leurs princip. gisem. en France, etc. («Aual. des Scienc. 
jéol.», t. XX, números 3-4, París, 1889.) 

(2) Obra citada. 



<3i) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 137 



Ciplita. 

Con este nombre acaba de dar á conocer M. J. Ortlieb (1) 
una nueva especie de fosfato natural que aparece en forma 
de granos morenos en la creta de Ciply, del departamento del 
Norte y de Bélgica. Aislados estos de su gang-a por separación 
mecánica, se ve que son muy poco solubles en el ácido sulfu- 
roso, en tanto que este disuelve perfectamente á los nodulos 
de fosfato que los acompañan y á la creta que forma dicLa 
g-ang-a. 

Se encuentra también este mineral constituyendo el fosfato 
rico de las bolsadas de Mesvin-Ciply y el Waimsiáo /os/ato verde 
del E. de Mons. 

La ciplita aislada se presenta al microscopio como granos 
rodados de transparencia y color variables, desde la diafani- 
dad completa al blanco lechoso puro, teñido de amarillo ó de 
g-ris ó al oscuro. 

Bajo el punto de vista químico es un cuerpo complejo: al 
lado del ácido fosfórico se encuentran 5 á 8 por 100 de ácido 
carbónico y 11 á 12 por 100 de ácido silícico. El carbonato y 
el silicato de cal forman parte constante de la molécula de 
dicho mineral, sin que, sin embarg-o, sea este un cuerpo de 
composición constante. 

La ciplita puede representarse por la composición siguien- 
te, según los ensayos de M. Ortlieb: 

Ácido fosfórico 31,97 

Sílice 11,66 

Ácido carbónico 5,94 

Cal 50,43 

100,00 



Estos números conducen á la fórmula 

2 Ph2 0^ (Si 02 C 02) 4 Ca^ O. 

(1) Snr la ciplyte. (Soc. géol. du Nord, 1889.) 



138 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (32)- 

Y si bien sería prematuro asig-nar todavía al nuevo mineral 
una fórmula definitiva, ya permite afirmar con seg^uridad la 
existencia de un fosfo-silicato carbonatado natural, que quizás 
represente un término de una serie de compuestos posibles, 
pero que la ciencia no ha encontrado realizados todavía en la 
corteza terrestre. 



Nodulos de fosfato amorfo. 

Una vez descritos los minerales fosfatados, debemos entrar 
en el estudio de las rocas que contienen el cuerpo en cuestión 
en mayor ó menor cantidad, y en primer término ocuparnos 
de los nodulos de fosfato amorfo. Esta división comprende, 
seg-ún Mr. Penrose (1), los depósitos de fosfatos de Las Caroli- 
nas de Norte-América, de Alabama, de Martha's Vineyard, de 
La Florida, de la Gales del Norte, Ing-laterra, Bélg-ica, Francia 
septentrional y Rusia. 

Consisten en caliza más ó menos fosfatada, y se presentan 
en forma de nodulos libres en un cemento de composición 
variable. Son los depósitos más importantes bajo el punto de 
vista comercial, elevándose su producción anual á 700.000 to- 
neladas. 

Los caracteres de estos nodulos son por extremo variados. 
Los famosos de Pernes, en el Norte de Francia, conocidos g-e- 
neralmente con el nombre de coprolitos, ofrecen distintos ta- 
maños, desde el de un granito de arena hasta el de masas or- 
dinariamente esféricas, de 5 á 6 cm.: su textura es porosa y 
caen en polvo cuando han sido expuestos al aire durante al- 
g-ún tiempo, bastando para desmenuzarlos una presión fuerte 
entre los dedos. Los ejemplares de los Ardennes y de otros 
puntos de Francia aparecen casi constantemente coloreados 
de verde por la g-lauconia. 

Los nodulos están g-eneralmente desprovistos de estructura 
cristalina, siendo á lo más alg-unas veces concrecionada; fre- 
cuentemente encierran frag-mentos de conchas ó de huesos. 
Su composición es tan variable como sus caracteres exterio- 



(1) Obra citada. 



(33) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 139 

res. Así los de la Carolina del Sur, de superficie irregular y 
tan voluminosos que cada uno pesa á veces más de una tone- 
lada, ofrecen leyes de fosfatos comprendidas entre 25 por 100 
á 70 por 100. Los de la Somma contienen el fosfato unido 
al ñuoruro y cloruro de calcio, seg-ún recientes análisis de 
M. P. Lévy (1), y ciertas brechas fosfatadas de los rellenos en 
bolsadas de Tarn-et-Garonne son notables por la alta propor- 
ción de yodo que encierran (2). 

En la mencionada Memoria de M. P. Lévy se consig-nan va- 
rios análisis de nodulos franceses, que nosotros no reproduci- 
mos aquí: solo recordaremos como típico el dado por Dehérain 
en dos variedades distintas: 

Sílice y arcilla 33,4 26,4 

Ácido fosfórico 20,8 21,3 

Cal 22,6 30,8 

Magnesia 3,0 1,7 

Óxido de hierro 3,8 13,0 

Agua 1,0 1,0 

Anhidrido carbónico y pérdida 15,5 5,8 

100,0 100,0 

En muchos nodulos, como se ha observado en los de la Ca- 
rolina del Sur, en los de Cambridg-e y en otros, la ley de fos- 
fato no es uniforme en todo su espesor, como lo ha demostra- 
do el sig-uiente análisis de M. Bouriez de los de Pernes, en el 
departamento del Norte (3): 



TITULO IDE .A.CII30 IFOSIFOS/ICO. 



EJEMPLARES NÚMERO. 


Superficie. 


Centro. 


1. Canto compacto denso, uniformemente duro. 

2. Canto menos denso, con algunas partículas 

desmoronables 


30,54 
28,41 
26,74 


26,72 
27,33 
26,83 


3. Canto que presenta partes duras y partes muy 
desmoronables blanquecinas 





(1) Obra citada. 

(2) Lapparent : Traite de géul., 1883 , páginas 1023 y 1024. 

(3) Ladriere et Cayeux: Compte-rendu de ¡'excursión de Pernes en Artois. (Société 
géologique du Nord, Anuales, t. xvi, 1889.) 



140 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (34) 



Calizas fosfatadas. 

Existen calizas sedimentarias que encierran cantidades k 
veces considerables de fosfato de cal. Estas calizas son diver- 
sas y la procedencia del cuerpo citado difiere mucho, según 
los yacimientos. 

Yermoloff menciona una caliza del Gobierno de Nevg-orod, 
que contiene 12 por 100 de fosfato de cal, y Penrose otra de 
Kentucky, perteneciente á las capas de Cincinnati, que en- 
cierra más de 31 por 100 de ácido fosfórico. 

Los fosfatos de Orville, en el Norte de Francia, consisten en 
una creta blanca plag-ada de pequeños g-ranos semicristalinos 
de cal fosfatada, que comunican á la roca una riqueza de un 
12 por 100. En algunos puntos á cierta profundidad los bancos 
van enriqueciéndose, llegando hasta una ley de 45 por 100. 
Los granos fosfatados desaparecen en ocasiones, dan lugar á 
venas y á capitas, é infiltrándose en la roca pueden transfor- 
marla en una verdadera caliza fosfatada. 

Otra variedad constituyen las llamadas por los italianos 
terj'e cimilei'iaU, que en Parma, Módena y lieggio, son em- 
pleadas puras como abonos. 

Mencionaremos, en fin, la savia fosfatada madrepórica de la 
isla del Sombrero (en las Antillas), llamada también soindreri- 
ta, que contiene nada menos que un 75 á 90 por 100 de fosfato 
de cal, y solo 3 ó 4 de carbonato y 7 á 9 de arcilla. Se utiliza 
como abono muy fuerte esta curiosa roca, sobre cuyo origen 
diremos oportunamente algunas palabras. 



Rocas huesiferas (Bone beds). 

De este grupo forman parte las brechas huesosas de las ca- 
vernas y ciertos depósitos lacustres, ricos en osamentas. 

Por lo que á las formaciones de las cavernas se refiere, con- 
sisten en depósitos de osamentas de los animales que se refu- 
giaron en otro tiempo en aquellos albergues naturales y cons- 
tituyen en ocasiones masas de muchos pies de espesor. En 
Europa existen multitud de cavernas con estos rellenos; pero 



(35) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 141 

fuera de ella parecen más escasas, si bien los datos son toda- 
vía insuficientes para afirmar esto de un modo terminante. 
En la parte meridional de los Estados-Unidos se encuentran 
diversas cavernas que fueron habitadas por murciélagos, y 
sus excrementos, mezclados con sus huesos, han dado lug-ar 
á veces á un depósito de fosfato y nitrato que se utiliza como 
abono. 

Las osamentas de los animales sorprendidos por las inun- 
daciones ó enterrados en el fango costero de ciertos lagos 
donde acudían á beber, han originado en ocasiones los lla- 
mados depósitos lacustres. Entre ellos los más importantes que 
se conocen son los de las orillas de las fuentes saladas de 
Kentucky, al O. del Mississipí, y los de las Malas Tierras de 
Nebrapka. 

En la Sierra Palacios, provincia de Córdoba (1), y en los fa- 
mosos yacimientos franceses de Tarn-et-Garonne, en Quency, 
además de la roca fosfatada que se extrae de los filones, exis- 
te una arcilla cargada de fosfato y plagada de fragmentos de 
huesos en grandísimo número. Estos huesos parecen indepen- 
dientes de la fosfatización de la roca, al menos por lo que se 
refiere á las localidades; españolas, y su penetración en la ar- 
cilla mientras estuvo blanla, debe reconocer un origen aná- 
logo al atribuido ahora á los depósitos lacustres. 



Guanos. 

Con este nombre se designan, como se sabe, principalmente 
los depósitos costeros de excrementos, y particularmente de 
aves marinas de alimentación exclusivamente carnívora, co- 
mo los pelícanos y cuervos marinos. Lo mismo que la palo- 
mina se acumula en los palomares, el guano se va formando 
en vasta escala en ciertas localidades situadas entre los trópi- 
cos, donde los han ido dejando las generaciones sucesivas. 

La costa occidental de la América del Sur es la región por 
excelencia de estas formaciones. De Rivero evalúa en 38.000.000 
de toneladas la masa de guano del Perú, y calcula que 600.000 



(1) Cm.t)vk6-íí: Note sur le^ phosphor. nonvellem. découvert. ati midi de l'Espagne 
(BuU. de la Soc. géol de Franca, 3.* serie, t. vii, ISIQ.) 



142 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (36) 

aves, dando cada noche una pulg-ada de excremento, habrían 
podido producir esta enorme masa en un período de 5.000 
años. Para formarse una idea del consumo de animales mari- 
nos que se necesitan para orig-inarse estos yacimientos, se 
calcula que son precisos 600 kg-. de pescado por cada 100 de 
g-uano, que contiene 14 por 100 de nitróg-eno; lo cual implica 
para formar los citados 38 millones de toneladas del Perú, un 
consumo de 230 millones de toneladas de peces. 

Para que la acumulación pueda verificarse, es preciso que 
el clima sea excesivamente seco, pues de otro modo las llu- 
vias van acarreando una parte por lo menos de los principios 
contenidos en los excrementos, y así se forman los guanos in- 
soluoles de alg-unas islas del Océano Pacífico, del NE. de la 
Australia, de muchas islas de la India occidental y de la costa 
de Chile. Pero en las costas del Perú, donde las lluvias son es- 
casas por extremo, acuden las aves á depositar sus excremen- 
tos, que se van acumulando y se desecan parcialmente, con- 
centrando así en pequeño volumen sus principios útiles. Tal 
sucede á lo larg-o de las costas del Perú, en las islas Chinchas, 
Guanape, Macabí, Lobos, Ballesta, Patillos, y en la costa mis- 
ma, en los yacimientos de Enanillos, Pabellón, Punta de Lo- 
bos, etc. También existen en las costas de Solivia, desig-nados 
con el nombre de guano de Mejillones, y en las de Colombia, 
Venezuela, Nueva Granada y el Ecuador. Las costas de Méji- 
co, de la California y diversas islas del mar de las Antillas y 
del g-olfo de Méjico ofrecen depósitos de alg-una importancia. 
Fuera de América, ciertos puntos de la Australia, la costa O. 
del África; en Asia las costas de China y del Japón, y en Eu- 
ropa, aunque en pequeña escala, en la costa mediterránea, en 
Italia y en Almería, se conocen alg-unos depósitos de g-uano. 
La diseminación de estas sustancias es por tanto muy grande, 
y su producción no es especialidad de ning-una reg-ión, sino 
que depende exclusivamente de la aglomeración de excre- 
mentos de animales que viven en sociedad y de la falta de 
lluvias que los dispersen. 

El g-uano es una materia g-eneralmente pulverulenta en la 
superficie y que se va volviendo compacta con la profundidad; 
su color es blanco gris, amarillo ó pardo, y desprende un olor 
aromático particular, vivo y penetrante, que se desarrolla por 
la humedad y parece debido á diversos ácidos org'áuicos. La 



(37) 



Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 



143 



composición de esta sustancia es muy variable, tanto por la 
alimentación diversa de los seres que la han producido, como 
por haber ó no sufrido la acción de las ag-uas y por la mayor 
ó menor pureza en que se encuentra. Muchos guanos contie- 
nen restos esqueléticos de ave.*, de peces y de focas y otros 
animales que hacen variar su composición. En todos los casos 
el ácido fosfórico se halla en estado de fosfato tricálcico, dicál- 
cico, amónico ó amónico mag-nésico, asociándose á ellos di- 
versas sales y entre ellas el yeso. Alg-unos mineralog-istas 
consideran al guano americano típico, llamado fosfatado, es 
decir, al desprovisto ya por el lavado natural de sales amonia- 
cales y de materia orgánica, como una mezcla del fosfato pul- 
verulento llamado osteolita, con un fosfato de cal monoclíni- 
co, que se designa con el nombre de brushita. 

Al empezar á explotar los guanos se extrajeron por de pron- 
to los productos más ricos de las Chinchas y Anganos; pero 
agotados desde 1860, ha habido que ir sacando productos de 
inferior calidad. Hé aquí la composición de los antiguos 
g-uanos peruvianos: 



Nitrógeno total 


Woelcker. 


Karmrodt. 


Way. 


Girardin. 


15,29 

6,25 

25,00 

» 

> 

1,38 
16,71 


16,34 

14,08 

32,30 

1,19 

5,11 

3,69 

0,62 

1,04 

0,50 

0,18 

1,45 

17,13 


16,92 

15,60 
> 


12,00 
> 

24,00 
2,75 

> 

12,00 


Amoniaco 

Fosfato de cal 


Potasa 


Cal 


Magnesia 

Ácido sulfúrico 


Cloro 


Sosa 


Óxido de hierro 


Arena y sílice 


Humedad 





Con el nombre ^^ guanos enroca se designan ciertos minera- 
les fosfatados, abundantes en ciertas regiones próximas al 
Ecuador, y señaladamente en el mar de las Antillas y en el 
golfo de los Caribes, que derivan directamente del guano, y 



144 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (38)- 

en muchos sitios se encuentran simultáneamente con él. Los 
fosfatos alcalinos de este, arrastrados por las ag-uas fluviales, 
se han ido infiltrando en las rocas subyacentes, ordinaria- 
mente de formación madrepórica, y el ácido fosfórico combi- 
nándose con la cal, ha orig-inado un fosfato que ha acabado 
por desalojar al carbonato. En otros casos el fosfato de cal, 
residuo del lavado de los g-uanos, se ha ag-lomerado bajo la 
influencia de cementos calizos, ferrug-inosos ó aluminosos ó 
de caparazones org-ánicos, produciéndose trozos de una gran 
dureza. 

En las islas de Navasa, Alta Vela, Redonda y Sombrero, el 
mineral contiene el ácido fosfórico combinado en gran parte 
con la alúmina y la cal se halla solo en vestig-ios. El llamado 
g-uano de Colombia, del g-olfo de Maracaibo, constituye grue- 
sas masas que forman especies de g-eodas, y contienen hasta 
35 ó 40 por 100 de ácido fosfórico, del cual una parte se en- 
cuentra en estado de fosfato tribásico y la otra en el de piro- 
fosfato, sin indicios de carbonato de cal. 



III. 



YACIMIENTO. 

Los trabajos de los químicos han probado desde el g'ran 
Liebig", que el fósforo es un factor universal de la vida de los 
seres y aun de la misma actividad de nuestro g'lobo, y de aquí 
su extraordinaria difusión en todas las rocas. La misma ley 
debe regir en la naturaleza entera, como lo indica la presen- 
cia de dicho cuerpo en estado de fosfuro y de fosfato, relle- 
nando los huecos de los hierros meteóricos. 

De todos los fosfatos," el de cal es el único almacén g-eneral 
de fósforo, al menos en nuestro g'lobo: su cantidad, fuera de 
casos excepcionales, es pequeña relativamente & la en que se 
encuentran muchas rocas; pero el papel importante que jue- 
ga radica en su extremada difusión. Se halla, en efecto, en 
cuantas formas hemos descrito en el precedente capítulo y en 
otras indeterminadas aún, entre materiales de todos los orí- 
genes y de todas las edades; así es que, las tierras vegetales, 
como producto que son de la alteración de rocas diversas por 



(39) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 145 

extremo , contienen fosfato de cal sin excepción , siquiera al- 
g-unas veces en proporción cortísima, variando desde 1 por 
1.000 en las más estériles, hasta 20 por 100 en las más fértiles. 
Las que proceden de la destrucción de las calizas, suelen ser 
las más ricas en dicha sustancia, por lo cual son las que me- 
nos necesitan del abono por reg-la general. En fin, el agua 
del mar, las pluviales y el aire contienen en suspensión vesti- 
gios de fosfato, así como todos los polvos atmosféricos, y el 
guano, que no es en último término otra cosa más que acu- 
mulaciones de los fosfatos marinos producidos por las aves 
que se alimentan de peces y de otros animales, los cuales los 
sacan directa ó indirectamente del medio en que viven. 

La clasificación de los yacimientos de una sustancia tan 
universalmente repartida, es difícil porextremo: sin embar- 
go, el eminente mineralogista italiano Bombicci (1), ha pro- 
puesto la siguiente, que merece recordarse como un ensayo 
aceptable, siquiera sea provisionalmente: 1.°, filones metalí- 
feros; 2.°, pizarras metamórficas, cloríticas, talcosas, etc.; 
3.°, concreciones hidrotermales, y 4." coprolitos. 

Siguiendo el plan que nos hemos trazado, vamos á exami- 
nar sucesivamente el modo de yacer de cada uno de los gru- 
pos descritos en el anterior capítulo, con arreglo á la clasifi- 
cación de Penrose, que hemos aceptado con ligeras varia- 
ciones. 

El apatito, aunque nunca como elemento esencial, se en- 
cuentra casi sin excepción en las rocas eruptivas, sedimenta- 
rias y metamórficas: es el único mineral fosfatado y fluoru- 
rado que en cantidad apreciable integra en la constitución de 
las rocas silicatadas. Mucho antes de los modernos progresos 
de la petrografía, el análisis químico había probado la pre- 
sencia en estas del fósforo, si bien se ignoraba la forma bajo 
la cual se encontraba en ellas dicho cuerpo, que no parecía 
integrar en la constitución de ninguno de los minerales cons- 
titutivos perceptibles á la simple vista ó con ayuda de la len- 
te. Mas desde el fecundo descubrimiento del examen micros- 
cópico de las rocas, reducidas á secciones delgadas, se pudo 
comprobar que el fósforo provenía del apatito, que en forma 



(1) Ifosfati e arseniati nattirali. Bolog-na, 1870. 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 10 



146 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (40) 

de cristales microscópicos existe disperso por la pasta ó como 
inclusión de diversos silicatos. 

Los filones y masas de apatito de alguna consideración, son 
relativamente tan escasos, como amplia es la diseminación de 
este mineral en el seno de las rocas. Y es de notar que en es- 
tas se reparte á menudo con notable desig-ualdad, abundando 
á trechos en unos sitios y escaseando en otros, como lo ha ob- 
servado el Sr. Quirog-a en la limburg-ita de Nuévalos (1), y 
ofreciendo diversos caracteres: en unos sitios constituye ag-u- 
jas larg"as y delgadas y en otros cristales relativamente grue- 
sos, que dan claras secciones hexagonales. 

En forma de inclusión se presenta el apatito en casi todos 
los minerales petrográficos, sin excluir el mismo hierro oxi- 
dulado, que ha sido uno de los que cristalizaron primero. 

Las rocas graníticas y porfídicas contienen apatito con mu- 
cha constancia. Se sabe que los granitos de S. Piero, Elba, 
Cornouailles, Devonshire, Guadarrama, Somosierra y otros, 
encierran á veces abundantes cristales macroscópicos en las 
cavidades, asociados á la turmalina, á la lepidolita, al topa- 
cio, etc., y que son notables por sus dimensiones los del Maine, 
NewHampshire yBaveno sobre el lago Maggiore; pero la ma- 
nera habitual de hallarse el apatito en las rocas graníticas es 
en interposiciones microscópicas. Otro tanto ocurre en las sie- 
nitas, citándose la hermosa de Briella, en el Piamonte, por el 
bello color violeta y por el claro pleocroismo de su apatito (2). 
En menor grado se observa lo mismo en las sienitas de Mon- 
zom y de otras localidades. 

Se halla asimismo el apatito en las rocas pizarrosas cristali- 
nas de todos los parajes del globo donde se han estudiado estas 
con ayuda de los medios amplificantes: en los Estados-Unidos, 
Canadá, Inglaterra, Noruega, Sajonia, Tirol, Bohemia, Fran- 
cia y España. A diferencia de como aparece en el granito y 
en las rocas eruptivas antiguas y modernas, en el gneis y en 
las pizarras cristalinas existe dicho mineral de preferencia 
en granos redondeados ú ovales alargados, sin bordes crista- 
linos, ó al menos muy poco marcados. Las rocas subordinadas 



(1) Anal, dé la Soc. esp. be Hist. nat.; t.xiv, 1885. 

(2) Cossa: Ricerce di chimica mineral^ suUe sieiiil. del Biellese.—f'Aíti della R. Acad. 
di Torillo; xxvm. 18~5.) 



141) Calderón. — fosfatos de cal naturales. i47 

á las de estas antig-uas formaciones se presentan casi siempre 
y con contornos más marcados que como se ve en estas: tal 
tsucede en las serpentinas y rocas talcosas del Tirol, de Sviz- 
zera, etc., en las que se encuentran á veces en bellas masas 
diáfanas ó de color amarillo-verdoso ó de aceite ; las calizas 
cristalinas de Piermont, Hampshire, ofrecen cristales nítidos 
con esfena, y en las de Robinson se hallaron los famosos cris- 
tales mencionados de hasta un pie de larg'o. En cambio abun- 
dan los cristales microscópicos de esta sustancia en la caliza 
granular de Arendal. Las anfibolitas ferríferas de Suecia y 
Groenlandia presentan masas g-ranulares de apatito verdosas 
ó de tinte rosáceo. Las mismas cuarcitas contienen también el 
mineral en San Gotardo, Norvich y Bolton en Massachussets. 

Las rocas cristalinas antig-uas ofrecen además de indicios 
de fosfatos de hierro y de alúmina, el apatito microscópico en 
prismas perfectamente conformados, en tablas divididas en 
artículos ó en menudos granos difundidos por la pasta como 
polvo. Suele abundar en la primera forma en los meláfidos, 
diabasas y sobre todo en los gabbros (1), y constituir largas 
columnas transparentes en las porfiritas: en otras, como las 
dioritas y particularmente las micáceas, es en cambio escaso, 
pero muy constante. 

Según M. Lechartier, la proporción de ácido fosfórico varía 
de 1 á 2 milésimas en las rocas graníticas, y rara vez excede 
de 0,5 por 100 en las pizarras. 

Son sobre todo ricas en apatito las rocas volcánicas, y en- 
tre ellas señaladamente las básicas. Se calcula que contienen 
por término medio de 5 á 10 milésimas de ácido fosfórico. 
Nosotros hemos comprobado la existencia del apatito en to- 
das las de Canarias (2), notando que aun aquellas en que no 
«e perciben los cristales en el campo del microscopio, su diso- 
lución nítrica acusa indicios de fosfatos mediante la del mo- 
libdato amónico, nítrica también. Análogas observaciones han 
hecho otros exploradores modernos de varias regiones volcá- 
nicas (3). Este apatito es casi siempre microscópico y solo por 



(1) Hagge: Ueber Gabbro; Kiel, 187L 

(2) Calderón: Nuevas observaciones sobre la litologia de Tenerife y Gran Canaria.— 
(Anal, de la Soc. esp. de Hist. nat.; t. ix, 1880.) 

'(3) RiccHiARDi CCompt. rend.; t. xciv, 188, núm. 19), ba hallado en las cenizas lan- 



148 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (42)' 

excepción alcanza dimensiones suficientes para que pueda 
verse á la simple vista, como sucede en las proyecciones del 
lag-o Laach, en Alemania, en los ag-reg-ados aciculares de las 
lavas del Vesubio, y sobre todo en la conocida esparraguina 
de la toba andesítica de Jumilla, calificada g'eneralmente, 
aunque con notoria impropiedad, de traquita. 

Aparece el apatito en las traquitas en las formas habituales, 
es decir, de ag"ujas y prismas transparentes, y también en co- 
lumnas g-rises pardo-azuladas y pardo-violeta, con pleocrois- 
mo g'eneralmente muy marcado. Rosenbusch (1), cita como 
individuos de notable pleocroisrao los contenidos en las bom- 
bas del lag-o Laacher, y en la roca de Alsberg* en el Ródano. 
Por transporte y depósito hidrotermal, se ha formado en las 
cavidades de la traquita descompuesta de Ostheim (Hanau)^ 
la variedad de apatito amorfo, terroso y blanco llamado osteo- 
lita. En las traquitas cuarcíferas, el apatito es tan pronto 
abundante como escaso. En cambio las fonolitas le presentan 
sin excepción, tanto transparente, como en gruesos prismas 
de color azul ó pardo, que han sido á veces confundidos con 
la hauyna, como en Krenzberg*, Ródano y en otras locali- 
dades. 

Contienen también casi siempre cristales de apatito las an- 
desitas piroxénicas y anfibólicas, habiéndose observado en 
ellos con frecuencia inclusiones dispuestas ordenadamente, si 
bien alg-unas veces han sido tomados por tales otros de nefe- 
lina y de nosean. En las tefritas aparece á veces teñido de co- 
lor oscuro ó violeta, siendo débil su pleocroismo y la absor- 
ción para el rayo extraordinario, más fuerte que para el ordi- 
nario. 

En las rocas modernas, como en las antig-uas, se observa en 
g'eneral que las más ricas en apatito son también las más an- 
fibolíferas ó de mica neg-ra. Ejemplo de ello danlasandesitas 
anfibólicas con respecto alas piroxénicas, y entre las antig-uas 
las sienitas, kersantitas y porfiritas micáceas. 



zadas por el Vesubio en 1882, así como en todos los demás materiales arrojados por 
este volcán en dicho año y en 1808, una cantidad considerable de íicido fosfórico an- 
tíilro, que evalúa en un 2 por 100, por término medio, y que equivaldría á 4,39 por 
lOJ, calculado como fosfato neutro de cal. 
(1) Mikrosk. Phisiogr. der massig. Qest. 



.a3) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. u9 

El basalto y las lavas aug-íticas suelen encerrar apatito en 
larg-QS prismas, microscópicos por supuesto, é incoloros. Como 
excepción á esta reg-Ia merecen citarse los de Ciudad Real, estu- 
diados por el Sr. Quirog-a(l), en los cfue este mineral accesorio 
es muy escaso, en contraposición á lo que ordinariamente ocu- 
rre en tales rocas, donde abunda tanto, que en sus productos 
de descomposición puede reconocerse ínucho fosfato de cal, lo 
cual contribuye á la conocida feracidad de las tierras produ- 
cidas por la alteración de los materiales volcánicos. La des- 
composición de las columnas basálticas de Schonwalde, no 
lejos de Friedland, en Bohemia, da seg-ún Dürre una tierra 
blanca como la nieve, que consiste esencialmente en fosfato 
de cal neutro y procede de la alteración del apatito del basal- 
to. Los del Lazio de Antrim, en Irlanda, las lavas erráticas del 
Alto Loire, las tobas y los peperinos del Clieyrac y las lavas 
del Vesubio entre otras, ofrecen el apatito acicular ó capi- 
lar, pero macroscópico, á que hacíamos referencia hace poco. 
En fia, los basaltos nefelínicos y todas las rocas volcánicas ne- 
felínicas suelen ser muy ricas en cristales de esta sustancia, 
citándose como notable en este respecto la roca de Katzen- 
buchel (2). 

Como se desprende de todos estos datos, el apatito se pre- 
senta de análog-o modo y con ig-ual carácter en toda clase de 
rocas macizas y estrato-cristalinas, sin distinción tampoco de 
edad g-eológ-ica. Sin embarg-o, en g-eneral se nota que los cris- 
tales piramidados son propios de las formaciones volcánicas, 
así como los no piramidados pertenecen á las plutónicas, me- 
tamórficas y á los filones metalíferos, y que los primeros no 
son fosforesentes por el calor, en contraposición á los seg-un- 
dos, diferencias que deben relacionarse sin duda con las con- 
diciones diversas en que unos y otros se eng-endraron. 

Entre las rocas sedimentarias, son notables como ricas en 
apatito ó en ciplita, las cretas de la Somma y de Mons, que le 
contienen en pequeños individuos de color moreno y que co- 
munican á la creta un color g-ris rojizo. 

Además de estas apariciones en forma microscópica en cris- 



(1) Estudio mlc'i-oQf. de algunos hasalt. de Ciudad Real. (Anal, de la Soc. Españ. de 
HlST. NAT.,t. IX, 188).) 

(2) Rosenbusch: NepheliHit v. Katzenbuckel, Friburg i. B. 1869. 



150 ' ANALES DE HISTORIA NATURAL. (44)- 

tales dispersos y de pequeños rellenos en las oquedades de las 
rocas, se presenta el apatito alg"unas veces en masas de alg-una 
consideración, como sucede en North-Elsusley, donde este 
mineral puro cristalino con'mica y asociado á la caliza, alcanza 
un espesor de cerca de 3 m. Estos casos son, sin embarg-o, 
excepcionales, y solo se conocen como depósitos importan- 
tes bajo el punto de vista económico, los de España, Norue— 
g-a y el Canadá. 

En España, el verdadero apatito en cristales blancos, mora- 
dos ó amarillentos, cementados por fosforita, se encuentra en 
varios puntos de la provincia de Cáceres, como sucede en Mal- 
partida, donde yacen en el granito; en la frontera portug-uesa 
y lueg-o en el Alemtejo en Portug-al. Naturalmente la produc- 
ción de estos apatitos es insig^nificante en comparación con la 
de las fosforitas de la misma reg'ión, y no pasa de algunos 
centenares de toneladas. Todavía en menor cantidad se pre- 
senta la esparrag"uina de Jumilla, tantas veces mencionada, 
en cristales dispersos en una toba andesítica, alternando con 
láminas de hierro olig-isto. 

Los yacimientos de Norueg-a se extienden á lo largo de la 
costa meridional de Lang-esund Fjord á Arendal. El apatito en 
masas ó en cristales forma venas en el g-neis, g*ranito, cuarci- 
tas, pizarras y g-abbros, pareciendo existir indiferentemente 
en la roca hornblendífera como en cualquier otra de las del 
país; sin embargo, se nota que el g-abbro se encuentra frecuen- 
temente en su proximidad. Los fosfatos de Norueg-a son los 
más ricos que se conocen, pues seg-ún los análisis de Peter- 
mann contienen 86 por 100 de fosfato de cal; pero la poca abun- 
dancia del mineral y la dificultad de los transportes han hecho 
decaer su explotación, una vez ag-otadas las partes más acce- 
sibles. 

Los depósitos de apatito del Canadá, estudiados con el inte- 
rés y perseverancia á que su valor industrial les ha hecho 
acreedores, merecen nos entreteng-an un momento. 

Las mayores masas son las de los condados de Ottera y On- 
tario en el coronamiento del laurentino inferior, horizonte ca- 
racterizado por la g-ran cantidad de rocas piroxénicas que en 
él se presentan. El yacimiento principal que contiene el apa- 
tito, consiste en una serie de capas, más ó menos metamorfi- 
zadas, á veces vag-amente estratificadas y contorneadas á me- 



(45) Calderón. — fosfatos de cal naturales. i51 

nudo, cuarcitas, g-neises, pizarras, calizas y rocas piroxénicas, 
que alcanzan en conjunto un espesor de 900 á 1.200 m. 

El piroxeno, frecuentemente reemplazado por el anfibol, 
adquiere dimensiones colosales en el país de Ontario. Colinas 
enteras están formadas por él, unido á venas de feldespato y 
á cuarcitas en diversas proporciones. Alg-unas venas de espato 
calizo con serpentina y crisolita, están también asociadas al 
apatito. 

Este mineral se encuentra en el Canadá en lechos y en ve- 
nas. Sterry Hunt (1), cree que las segundas son más frecuen- 
tes que los primeros, así como pequeñas masas descubiertas 
por él marcan líneas de estratificación en el piroxeno. El pro- 
fesor Dawson (2), piensa que muchos de los depósitos de la 
región de Ontario son verdaderas capas, opinión contraria á 
la sustentada por el profesor B. J. Harrington, quien estima 
que estos depósitos cortan á los estratos de las rocas de la 
comarca. 

Por lo que se refiere á las venas, se presentan bien definidas 
en el Canadá, y con frecuencia alcanzando dimensiones con- 
siderables; una de Ontario se ha podido seguir sin solución de 
continuidad en una distancia de 27 millas. La composición de 
estas venas varía de un punto á otro de tal suerte, que una 
misma, constituida en un sitio por apatito, con feldespato y 
piroxeno, aparece en otro formada por espato calizo, que en- 
cierra los minerales mencionados. 

Los depósitos más extensos, explotados actualmente en el 
Canadá y sobre todo en el país de Quebec, están dispuestos 
en masas irregulares en las rocas feldespáticas y piroxénicas, 
más bien que en venas, al decir de Penrose (3). En algunos 
puntos el apatito parece ocupar las hendiduras, al paso que 
en otros se halla en estado de segregaciones, á que haremos 
alusión oportunamente. 

La profundidad hasta la cual llega el apatito, no se conoce 
todavía bien; la máxima, alcanzada en el Canadá, en 1886, ha 
sido de 350 pies. De todos modos, esta, como las dimensiones 



(1) The Apatite Deposites of Canadá fTransact. Ann. Inst. of Minnig. Enginers. xii, 
1884.) 

(2) Note on tJie PJiospJi. of tJie Laurent. and Camlrr. rocks of Carnada fQ. J. G. S. , 1876). 

(3) Obra citarla. 



152 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (46) 

de las bolsadas y de las hendiduras llenas de apatito, son por 
extremo variables. 

Los minerales diversos que acompañan al apatito en estas 
localidades americanas, se hallan frecuentemente muy abun- 
dantes y en un estado de conservación perfecta. Penrose da la 
sig"uiente lista de ellos, que indica su variedad notable: 



Apatito. 


Granate. 


Wilsonita. 


Espato calizo. 


Epidota. 


Talco. 


Espato flúor. 


Idocrasa. 


Clorita. 


Ópalo. 


Turmalina. 


Prehnita. 


Calcedonia. 


Titanita. 


Chabasita. 


Albita. 


Zircón. 


Galena. 


Piroxeno. 


Orthoclasa. 


Esfalerita. 


Homblenda. 


Cuarzo. 


Molibdenita. 


riogopita. 


Escapolita. 


Grafito. 



Los depósitos de fosforita son mucho más extensos y fre- 
cuentes que los de apatito. Entre ellos merecen mención es- 
pecial los de España, SO. de Francia y Nassau en Alemania, 
de los cuales diremos alg-unas palabras. 

En España los principales yacimientos de los llamados 
generalmente en el comevcio fosfatos de Cdceres, son tres que 
constituyen las masas más considerables de esta sustancia que 
se conocen: el primero y más importante es el que confina con 
la capital de dicha provincia; el seg-undo, mucho menos abun- 
dante, pero de más ley, es el de Log*rosán, y el tercero, quizás 
el más considerable, pero más pobre en ley de fosfato es el de 
Valencia, también en la misma provincia extremeña. Aparte 
de estos existen en la misma otros muchos filones, cuya enu- 
meración puede verse en la excelente Memoria de los señores 
Egozcue y Hallada, que hemos tenido ocasión de citar varias 
veces. 

Son diversos los yacimientos de las fosforitas de la provin- 
cia de Cáceres, como se comprende dada la inmensa superfi- 
cie que ocupan en una zona tan extensa y de constitución 
geológica tan varia. Los citados ingenieros han hecho una 
clasificación de ellos que los deja reducidos á tres grupos: 
filones que atraviesan el granito, de los cuales los mayores se 
hallan entre Zarza la Mayor y Ceclavín, en una superficie de 
27 km.; filones que siguen la dirección de las pizarras en que 



(47) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 153 

arman, entre los que se encuentran los de Log-rosán, los cer- 
canos á la ciudad de Cáceres y los de Zarza la Mayor, y masas 
en las irreg-ularidades de los bancos de la caliza devónica, los 
cuales en cierta extensión aparecen impreg-nados de dicho 
mineral, de cuyas masas la principal es la del Calerizo de Cá- 
ceres y otras que existen en el término de la Aliseda y en 
varios puntos. 

Formaciones análog-as ó más bien la continuación de las de 
Cáceres, se han encontrado no hace muchos años en Portug-al, 
en la provincia de Alemtejo. 

Andalucía ha proporcionado también un g-ran número de 
yacimientos de fosforita en estos últimos años, pertenecientes 
á la tercera categ-oría, señalada en Cáceres, es decir, á laclase 
de los rellenos en formaciones calizas. Todas estas fosforitas 
son concrecionadas, ag-atiformes y constituidas por capitas 
superpuestas, como se indicó en el anterior capítulo. Entre 
ellas deben recordarse las del puerto de Espiel, Bélmez, Alma- 
dén, el Cerro del Santo, Hornachuelos, en la provincia de Se- 
villa, y otros muchos, cuya importancia es más bien g-eológ-ica 
que industrial, pues semejantes filones son limitados, acaban 
en cuña en todos sentidos y quedan agotados á los pocos años 
de explotación. 

En la sierra Alhamilla, existe un yacimiento que da una fos- 
forita blanca, fácil de reducir á polvo, pero de un título de 25 á 
30 por 100 solamente, conteniendo 30 por 100 de sílice y una 
fuerte proporción de yeso. La base de la producción española 
está en los depósitos de Cáceres, que son de excelente calidad 
y dan buenos superfosfatos, si bien los g-astos de transporte y 
otras causas, que no hay para qué entrar á enumerar aquí, 
constituyen grandes obstáculos para el desarrollo de estas 
minas. 

Según la última estadística oficial, la de 1887, se extrajeron 
en España en dicho año 21.063 toneladas de fosforita, por valor 
de 63.081 pesetas. 

En el SO. de Francia se conocen las fosforitas de los depar- 
tamentos del Lot, Tarn-et-Garonne y del Aveyron en las hen- 
diduras ó en las cavidades superficiales de una meseta de 
caliza gris, compacta y dura, que pertenece al jurásico supe- 
rior, ocupando una extensión de 40 km. de N. á S. Estos depó- 
sitos, cuyo estudio ha dado lugar á vivas controversias, se 



154 AINALES DE HTSTOBIA NATURAL. (48)- 

encuentran tan pronto en cavidades irreg"ulares, que no exce- 
den jamás de alg-unos metros de long-itud, como en hendidu- 
ras alargadas, g-eneralmente paralelas, que se ensanchan ó 
estrechan en su trayecto; los más ricos son los que se extienden 
en línea recta y tienen sus paredes lisas y verticales. 

Los caracteres de la sustancia fosfatada son diferentes 
según la dirección de las hendiduras: así M. Trutat ha com- 
probado que en las que corren de ENE. á OSO. contienen 
mineral compacto, vitreo y agatiforme, al paso que en las 
dispuestas en ángulo recto, este consiste en geodas llenas de 
carbonato de cal ó de arcilla ferruginosa. 

Los esqueletos de animales terrestres y de conchas de agua 
dulce que contienen estos depósitos del SO. de Francia, les 
prestan una importancia capital para el geólogo. Aunque los 
fosfatos son considerados como jurásicos, la presencia de 
CainoiJierinm, Amphitragiis, Antrhacotherium y Acerotherium 
en los de Tarn-et-Garonne indican la fauna próxima ala época 
miocena, y parecen confirmar la referencia de la época de la 
formación de las brechas huesosas al oligoceno (1). 

La producción llegó á 20.000 toneladas por año desde 1870 
á 1875, pero hoy está paralizada, empleándose el fosfato en el 
país mismo en su estado bruto. 

En Nassau, Alemania, las fosforitas se encuentran disemi- 
nadas con el apatito en las cavidades de una caliza dolomítica 
dura, maciza, de edad devónica. Yacen en la superficie del 
suelo ó bajo una arcilla que puede alcanzar un espesor de 200 
pies. Las cavidades que contienen la fosforita fueron fragua- 
'das por la acción del ag'ua antes del depósito de este mineral, 
cuyo espesor varía de 6 pulgadas á 6 pies. La presencia 
de la fosforita está ligada allí con la de la caliza, lo cual, uni- 
do á la carencia de restos orgánicos en la primera, parece 
indicar que es debida á un trabajo de concentración. Su ley 
de fosfato varía de 60 á 92 por 100, y contienen un 2 á 5 por 100 
de flúor y escasos carbonato, óxido de hierro y alúmina. Su 
explotación, en otro tiempo algún tanto desarrollada, ha de- 
caído notablemente en la actualidad, y sin embargo este 
yacimiento es el más rico en su género que posee Alemania, 
la cual es tributaria al extranjero en abonos fosfatados. 

(1) Lappahen't: Traite de géologie, 1881?, pág-. 102-1. 



(49) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 155 

Otras muchas localidades ofrecen yacimientos poco consi- 
derables ó no bien conocidos todavía de fosforitas, sobre todo 
concrecionadas. Asi en en Schlakenwald (Bohemia), en Am- 
berg- (Babiera), Tavistock en el Devonshiere, Hammonds-Ville 
en los Estados-Unidos, existen fosforitas concrecionadas en 
masas mamelonadas ó reniformes, de fractura vitrea, muy 
fina, de un gris moreno ó azulado, rellenando frecuentemente 
hendiduras ó g-rietas de caliza más antig-uas. En el Cáucaso 
hay preciosas variedades que simulan cuarzos resinitas. Tam- 
bién la India ha proporcionado análog"os hallazg-os en estos 
últimos años (1). 

La fosforita suele asociarse á minerales diversos de mag-ne- 
sia, alúmina, calcio (carbonates ysulfatos), hierro y mang-a- 
neso. Con estos últimos se encuentra en el Mediodía de España 
muchas veces. Hemos visto que pasan insensiblemente á ca- 
liza y caliza dolomítica en Andalucía, Nassau, Bavieray otros 
sitios, las variedades concrecionadas, y de un modo general 
puede afirmarse que todas las calizas contienen fosfato en 
mayor ó menor proporción; por eso en los estudios ag-ronómi- 
mos de las tierras se dosa la cantidad de este cuerpo, tan im- 
portante al ag-ricultor, precipitándole en jalea y separándole, 
mediante la calcinación y los ácidos, del carbonato de cal. La 
fosforita de Nassau, que es muy rica en acompañantes, encie- 
rra pequeños cristales de apatito, hematites cristalina, piro- 
lusita, y además wawelita, espato calizo, wollastonita, jaspe 
y calcedonia. En los filones suele hallársele también con el 
fluoruro de calcio. 

Si de los yacimientos de los minerales pasamos á las rocas 
fosfatadas, deberemos describir los de los nodulos de fosfato 
amorfo, cuyas principales localidades y caracteres hemos 
mencionado. De ellas la de la Carolina del Sur, en los Estados- 
Unidos, es la más importante de todas por su producción 
anual. Un horizonte de arenas y arcillas fosilíferas que des- 
cansa sobre marg-as eocenas, está coronado por un lecho que 
encierra con frag-mentos de conchas marinas un g-ran número 
de dientes de tiburones, huesos de cetáceos y demás restos 
de mastodontes, meg-aterios, elefantes, ciervos, caballos y 



(1) G. Hughes: Oh some West Lidian pJiospJiates. [Q J. 6. S ; xli, 1885.) 



156 ANALES DE HISTORIA NATURAL. l50) 

otros animales terrestres. Contiene además abundantes y vo- 
luminosos nodulos irreg-ulares con una ley de fosfato variable. 

Esta capa de nodulos, que lleg^a hasta 2 X pies, se encuen- 
tra á una profundidad escasa, junto á corrientes de ag"ua 
y cerca de la costa, circunstancias muy favorables para su 
explotación. También existen en el fondo de muchos ria- 
chuelos que recorren la región de los fosfatos, nodulos que 
habiendo quedado despojados del cemento que les trababa 
por la acción de las ag-uas, adquieren un elevado valor in- 
dustrial. 

En la Carolina del Norte hay dos especies de depósitos: le- 
chos de nodulos análog-os á los de la Carolina del Sur, aunque 
en yacimientos poco extensos, y un cong-lomercado de nodulos 
cementado por caliza blanca. Los nodulos libres descansan 
sobre marg-as eocenas y están asociados á dientes y huesos de 
vertebrados, empotrados en una materia arenosa ó en una 
marg-a conchífera ; constituyen el cong-lomerado osamentas y 
dientes de tiburones y nodulos y granos de cuarzo trabados 
por caliza, orig-inando el todo una formación que varía consi- 
derablemente de composición y ley en la profundidad. 

En los Estados-Unidos abundan otras formaciones de nodu- 
los fosfatados, por más que la mayoría no ofrezcan condicio- 
nes para poderse explotar con provecho: así ocurre en el Ala- 
bama, en dos bandas de nodulos, fósiles y conchas cementados 
por caliza, que parecen pertenecer á la edad cretácea; en 
Martha's Vineyard, enantig-uas deltas de época terciaria; en la 
Florida, donde se conocen manchoncillos de cong'lomerados 
fosfatados, y en Gales del Norte, donde existen varias rocas 
fosfatadas, que han sido referidas al g-rupo de Bala y Caradoc 
(silúrico inferior). Las capas que contienen estas se hallan 
profundamente dislocadas. Entre ellas figura un lecho de 
nodulos en el que apenas pueden reconocerse ya huellas 
orgánicas; pero en el interior de estos se encuentran muchos 
restos de esponjas, y no es raro ver fragmentos de conchas y 
de caparazones de crustáceos. 

Inglaterra posee rocas fosfatadas análogas alas de los Esta- 
dos-Unidos en el cretáceo y en el terciario: las del primero, 
de las formaciones llamados del Upper y del Lower Green- 
sand, son las más importantes como cantidad y como calidad, 
pero insuficientes para satisfacer al gran consumo de superfos- 



(51) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 157 

fatos que hace el país y que es tributario al extranjero de fos- 
fatos. 

En los condados de Cambridge y de Bedfort, de Oxford, en 
el Yorkshire y en otras localidades, una sustancia silíceo-caliza 
con granos de glaucouia y de fosfatos del horizonte superior 
del Upper Greensand, encierra abundantes nodulos. La men- 
cionada sustancia caliza está formada casi en totalidad por 
restos fósiles (espíenlas de esponjas, púas y placas de herizos 
de mar, conchas y corales diminutos y foraminíferos), y la 
sustancia silícea por granos cuarzosos de una arenisca y aun 
fragmentos de obsidiana. En esta curiosa formación, que los 
geólogos ingleses han estudiado cuidadosamente, el lecho de 
fosfato comprende los nodulos y los fósiles, y entre estos últi- 
mos particularmente los restos de esponjas. Muchos nodulos 
están desgastados, redondeados y partidos, indicando que fue- 
ron en otro tiempo arrastrados y golpeados bajo el impulso 
de poderosas corrientes. 

El Lower Greensand presenta diversas capas de nodulos, 
que se conocen en el país con nombres alusivos á su posición 
estratigráfica relativa. Así se ve en la parte inferior la capa 
llamada del Lower pJiosphate, formada por ríñones general- 
mente rodados, reunidos con fragmentos de granos cuarzosos, 
y de fósiles marinos variados; viene después una zona arenosa, 
en la que descansa el Upper pJiosphate ied, de análogos carac- 
teres á la anterior, y sobre ella otra de arenas y arcillas, que 
pertenece al gault, coronada á su vez por otra tercera de 
nodulos. Estos tres lechos se reúnen en uno solo en ciertos 
casos. 

En el crag de Korfolk, de Suffolk y de Essex y bajo él se 
encuentran depósitos de fosfatos terciarios, consistentes en 
una masa de nodulos, fragmentos de conchas, granos de are- 
na, dientes de cetáceos y de tiburones, huesos de mamíferos 
y trozos de arenisca verde. Los nodulos, que por lo general 
están redondeados y desgastados, contienen 53 por 100 de fos- 
fato de cal y 13 por 100 de fosfato de hierro. En Norfolk la sus- 
tancia fosfatada es poco abundante, se halla más diseminada 
que en Suffolk y está formada por osamentas de elefantes, de 
mastodontes y de rinocerontes. 

Bélgica y el N. de Francia constituyen otra región natural 
bajo el punto de vista de las rocas fosfatadas que en ellos 



158 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ' (52) 

existen. La creta gris y otros diversos niveles son el yaci- 
miento de ellas por excelencia en las formas siguientes: 
nodulos de fosfato mezclado con carbonato en la creta y en las 
arenas verdes; cantos rodados procedentes de los anteriores y 
granos diseminados en pequeñas concreciones (Donllens) ó en 
cristalinos de ciplita (Cyply). M. Olry (1) ha hecho un estudio 
detenido de los nodulos, mezcla de fosfato y de carbonato de 
cal conocidos en el país con el nombre de tim. La creta de la 
Somma y del Paso de Calais con Balemnitella quadrata encie- 
rra también un 12 por 100 de ácido fosfórico debida á los mis- 
mos cuerpos y hasta á pequeños cristales morenos, que dise- 
minados en g-randísimo número comunican á la roca un color 
gris, como dijimos anteriormente. Otro tanto ocurre en la 
creta pulverulenta de los alrededores de Mons, una y otra con 
una ley media de fosfato de 12 por 100 y explotadas en la 
actualidad. En la zona de AmmonUes latus y Amm. tnMrcula- 
tus de la Meuse y de los Ardennes se encuentra una capa de 
barro de alfarero, que alcanza en ocasiones de 25 á 30 m. 
de espesor, la cual contiene nodulos fosfatados. 

También existen en Francia rocas fosfatadas en la costa de 
Oro y en el SE., junto al nacimiento del Ródano, en Seyssel, 
cerca de Grenoble, yaciendo en el g-ault inferior y en el Lower 
Greensand. En el Isére y la Dróme hay otros que encierran 
Belemnites dilatatus. En el mismo terreno los nodulos irreg"u- 
lares, negruzcos, del tamaño de un huevo, forman en el Artois 
bancos de 15 á 20 m. de espesor. Se calcula que solo en Ja 
edad albiana de la zona de los Ardennes se encierran 80 millo- 
nes de toneladas de fosfato. En g-eneral los yacimientos de 
ríñones franceses corresponden al lías, al infra-cretáceo y al 
coronamiento de la edad secundaria; pero algunos, como los 
de Lot, aunque rellenan las hendiduras de la caliza jurásica, 
son en realidad de edad oligocena (2). 

La península ibérica no parece rica en yacimientos de rocas 
fosfatadas, en contraposición á sus grandísimos recursos en 
verdaderas fosforitas. Se conocen, sin embargo, nodulos aná- 
logos á los franceses en la provincia de Badajoz, junto á la 
Zarza, Garrobilla y Esparragalejo, y en Portugal cerca de las 



(1) Les phosphatcs de cJmux et les dtablissements Paul Dcsailhj; París, 1889. 

(2) ^Lappauent: Traite de géol. i883; pág. 1023 



<53) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 159 

arenas bituminosas explotadas en Granja, distrito de Leizia y 
próximas al mar. 

En estos últimos años la atención de los g-eólog-os é indus- 
triales franceses se ha fijado en los yacimientos de Túnez, 
descubiertos modernamente por M. Ph. Thomas, miembro de 
la comisión científica á dicha comarca, el cual ha descrito fos- 
fatos suesónicos al SO. de la reg-encia, que se extienden hasta 
■cerca de Gafsa. Por la parte S. son nodulosos y margosos; 
pero al N. toman el aspecto de los del N. de Francia y Bélgica, 
y aparecen mezclados con dientes de plagiostomos y restos de 
Ostrma miilticostata. Reaparecen, en fin, iguales formaciones 
á poniente, si bien allí se debilita su contenido de ácido fos- 
fórico hasta un 2 á 3 por 100. Posteriormente el mismo explo- 
rador ha encontrado otros fosfatos muy ricos y abundantes en 
otros parajes de Túnez (1). M. Quintín (2) concede extraordi- 
naria importancia á estos hallazgos para restablecer la anti- 
gua fertilidad agotada ya en aquella comarca y en una buena 
parte de la Argelia. 

Mas los depósitos fosfatados de mayor extensión é impor- 
tancia del mundo, parecen ser, sin duda alguna, los de Ru- 
sia. Una sola de sus zonas, si bien la principal, que se asienta 
entre el Dniéper y el Volga, abraza unos 20 millones de hectá- 
reas, según las interesantes noticias comunicadas por Yer- 
moloff (3). Se encuentran generalmente en el terreno cretá- 
ceo, y alguna vez en formaciones silúricas, jurásicas y ter- 
ciarias. El fosfato toma formas muy diversas: generalmente 
constituye nodulos y ríñones análogos á los yacimientos fran- 
ceses de este género; otras veces aglomeraciones pizarrosas 
de nodulos trabados por un cemento, como en los alrededores 
de Koursk, de Voroneja y de Tambof, y otras, como en la 
creta blanca, que es el yacimiento principal, consiste en un 
agregado de fragmentos de conchas y otros fósiles y nodulos 
trabados por una arena gris ó amarilla. Estos aparecen á me- 
nudo cementados, constituyendo masas sólidas estimadas 
como material de construcción y reparación de ios caminos. 
La riqueza que posee Rusia en semejantes formaciones es tal, 



(1) Compt. rend.; 1885 y 1887. 

(2) Compt. rend., Mayo 1887. ■ 

(3) Jouni. d'agrimlt. pratique, 1872, t. i, pág. 660. 



160 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (54)' 

que bastaría para satisfacer las exig-encias de la ag-ricultura, 
no solo nacional (que aún no ha empezado á emplear fosfa- 
tos), sino la de la Europa entera, el día que se sienta necesi- 
dad de buscar nuevas fuentes de abono; según las palabras 
del mismo Yermoloff, «la Rasia Central, que reposa entera- 
mente sobre fosfatos, podría suministrar bastante contingente 
de ellos para empedrar la mitad de Europa.» 

Los nodulos esféricos, oscuros, del terreno silúrico déla 
Podolia, poseen una riqueza media de 75 á 88 por 100 de fos- 
fato. 

Estas formaciones son independientes de las calizas fosfa- 
tadas del gobierno de Novgorod, á que hicimos mención al 
tratar de dichas rocas. 

Los depósitos fosfatados huesíferos consisten en brechas 
cuaternarias, en rellenos de cavernas y formaciones lacus- 
tres, constituidas casi en totalidad por osamentas, todos ellos 
de muy escasa importancia industrial. A esta categoría per- 
tenecen las margas rojizas, salpicadas de huesos, que rellena 
antiguas grietas en Tarn-et-Garonne, y la formación, casi 
idéntica, que dimos á conocer en Sierra Palacios hace algu- 
nos años (1). En esta marga yacen, en efecto, mandíbulas, 
dientes y restos de Lepus y de otros roedores, de ciervos, de 
Sus, Eqims y varios mamíferos más; pero independientemente 
del contingente que estos restos puedan aportar al total de la 
roca, la marga misma está penetrada de fosfato, por lo cual 
ha sido explotada como fosforita industrial, como sucede en 
otros rellenos de diluvium rojo no huesíferos de la misma 
Sierra Palacios. 

Las cavernas que sirvieron de refugio á un crecido número 
de animales, suelen ofrecer depósitos de osamentas de mu- 
chos pies de espesor en ocasiones. En Europa es donde abun- 
dan, sobre todo, estas formaciones, si bien, aunque menos 
numerosas y ricas, se conocen otras en América y en Asia- 
Terminaremos este capítulo, notando con Daubrée que 
existen yacimientos de fosfatos en todos los miembros de la 
serie sedimentaria, y por consiguiente, de todas las épocas 
geológicas, sin que, como en algún tiempo se creyó, sean el 



(1) Calderón; CoiiCribiccioiies al estudio de la fosforita de Bélmcz (Anal de la 
Sociedad española de Hist. nat. t. vii, 18~S.) 



(55) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. m 

patrimonio de determinados momentos de la vida del globo. 
La sig-uiente enumeración demuestra el poco valor de esta 
última creencia: 

Período arcaico — Eocas apatíferas del Canadá. 

Período paleozoico. . — Estratos con Úngulas j capas de nodulos del Ca- 
nadá. Fosfatos carboníferos de Westfalia y fos- 
foritas concrecionadas de Bélmez. 

Terreno triásico — Luneville. Concreciones poco importantes en va- 
rias localidades. 

Terreno jurásico . ... — Calvados, Franconia, Wurtemberg, Badén, etc. 
Abunda en el lias de Francia, asociado á los 
minerales de hierro. 

Terreno cretáceo — Gault de Gran-Pré, Paso de Calais, Ardenues, Al- 
pes marítimos j otras localidades de Inglate- 
rra, Alemania, etc. 

Terreno mioceno. . . . — Fosforitas concrecionadas de Hornachuelos. 

Terreno oligoceno. . . — Brechas huesosas de Tarn-et-Garoinie y Lot. 

Terreno pliocenc . . — Crag rojo de Suffolk, etc. 

Terreno cuaternario. — Brechas fosfatadas de algunas cavernas y de relle- 
nos (Tarn-et-Garonne, Sierra Palacios, Alma- 
dén, etc.) Guanos. 



IV. 



ORIGEN Y EVOLUCIONES. 

Conocemos la historia de un cuerpo natural, ha dicho 
Tschermak, cuando sabemos cómo se ha formado y de dónde 
ha venido. El fosfato de cal proporciona un ejemplo brillante 
de la verdad de esta transcendental afirmación, mostrándonos 
cómo cada progreso importante en el estudio de los minera- 
les que comprende, y cada descubrimiento de yacimientos ha 
traído consig-o nuevas explicaciones y nuevas luces sobre las 
cuestiones de su orig-en. De aquí tantas teorías sobre el g-é- 
nesis de los fosfatos, que parecen á primera vista un verdade- 
ro caos de conjeturas, y que, sin embarg-o, cuando se meto- 
dizan y examinan reflexivamente, vienen, en último térmi- 
no, á reducirse á un escaso número de inducciones funda- 
mentales y nada caprichosas en realidad. 

No quiere decir esto que los problemas de orig-en de los 

/.NALElí UE niST. NAT.— Xi:í. II 



162 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (56) 

fosfatos naturales estén resueltos total ni parcialmente; pero 
es indudable que sabemos con certeza alg"o sobre ellos, que 
servirá de firme punto de partida para las investig-aciones del 
porvenir. 

Los datos en que se fundan las inducciones sobre el orig-en 
de los minerales que nos ocupan, son de órdenes diversos y 
de diferente importancia. Examinémoslos sucesivamente: 

1.° Los caracteres químicos y físicos, y entre estos señala- 
damente la estructura, indican diverso modo de formarse los 
apatitos y las fosforitas; y entre estas unas concrecionadas, 
otras compactas y otras terreas, revelan variadas liuellas de la 
acción de las causas modificadoras y formadoras del g-lobo. 
La presencia ó ausencia de materias ó restos orgánicos sirve 
también, en muchas ocasiones, para esclarecer la edad y 
modo de formación de ciertas fosforitas. 

2.° El yacimiento, que es tan múltiple en estos minerales 
como hemos visto en el anterior capítulo, sin que deje de pre- 
sentarse en ning-uno de los conocidos, da preciosos indicios en 
punto á las cuestiones g-enéticas; así los hay filonianos en los 
terrenos antig"uos, sedimentarios, de acarreo y metamórficos. 

3.° Las asociaciones, aunque en realidad no son sino un 
dato complementario del anterior, ofrecen en ocasiones im- 
portancia especial, por cuanto los minerales formados junta- 
mente, indican con su naturaleza química una comunidad de 
orig-en; por eso el profesor Bombicci (1) se ha ocupado espe- 
cialmente de los acompañantes de la fosforita como impor- 
tante dato para su teoría de las asociaciones polig-énicas. Se 
nota, por ejemplo, el apatito frecuentemente bien cristalizado, 
concomitante con la fluorina, la lepidolita, el topacio y la tur- 
malina, todos ellos minerales fluoríferos, en los filones es- 
tanníferos de muchas localidades de Bohemia, Sajonia y Cor- 
nouailles. Aunque con otro carácter se encuentran dichos 
cristales asociados á otros minerales silicatados de las anti- 
g-uas rocas de los Alpes, como á la albita la variedad incolora 
de San Gotardo y á la epidota de Untersulzbach los pequeños 
cristales y las tablas límpidas de excepcional tamaño que ci- 
tamos como modelos de apatitos. En Suecia y Norueg-a el apa- 



(1) Obra citada. 



<57) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 163 

tito sub-compacto y granular se halla mezclado con mag'uetita 
y horublenda. Ya hemos visto que por este último mineral 
muestra el apatito cierta predilección en las rocas cristalinas, 
y que en g-eneral se reputan como más ricas en este las más 
anfibólicas j micáceas: mas no por eso es raro tampoco en las 
piroxénicas, como sucede en la cocolita de Riaza, rica en apa- 
tito, seg-ún el Sr. Quirog-a; en el Canadá y en otros países, se 
han visto á veces g-ruesos prismas de él unidos al piroxeno, y 
á la flog'opita en las formaciones de caliza arcaica. Una fosfo- 
rita terrosa se halla sobre la vena de hierro de Amberg-, en Ba- 
viera. y en las masas ferríferas del Arendal existen cristales de 
color verde en la mag-oetita, de la variedad llamada moroxita. 
Los hidróxidos de hierro y de mang-aneso son acompañantes 
casi invariables de la fosforita en la provincia de Cáceres, la 
cual se asocia también en ocasiones con la g-alena cúbica, 
como sucede en Zarza la Mayor, con la pirita de hierro en for- 
ma de brechas, y con las piritas arsenical y ferro-cobriza, como 
en la mina Trujillana. Mas el compañero verdaderamente in- 
separable de la fosforita de Cáceres es el cuarzo, unido con 
aquella tan íutimamente en los filones, que estos deben con- 
siderarse, seg-ún los Sres. Eg-ozcue y Mallada, como una mez- 
cla de ambas sustancias en la que predominan alternativa- 
mente una ú otra de ellas. En el caso en que el cuarzo disminu- 
ye más, todavía acompaña al fosfato, siquiera sea en delg-ados 
filetes ó en cristalinos y ag-rupaciones g-ranulíticas microscó- 
picas. 

Como casos especiales y en determinados sitios, se citan 
también asociaciones de fosfatos con minerales de mag-ne- 
siay aun de boro, sobre todo en alg^unosg-uanos, y con ciertos 
cloruros metálicos en alg-unas venas fosfatadas antiguas. 

Hemos visto, en fin, que casi todos los terrenos sedimenta- 
rios contienen fosfatos de cal, pero sobre todo los calizos y fe- 
rrug-inosos. Esta asociación es importante, porque muestra 
que las circunstancias que han producido la precipitación del 
carbonato de cal y del óxido de hierro y la descomposición 
de estos minerales, son las mismas que han originado las de 
dichos fosfatos, así como sucede también en el laboratorio en 
el análisis llamado comercial, cuando se satura por el amonia- 
co una disolución que contiene estas diferentes sustancias. 

4.'^ El estudio de las emiorraciones del fosfato de cal ha 



161 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (58) 

probado que así como otros muchos minerales, dan el espec- 
táculo de una continua transformación y aun su vuelta al es- 
tado orig-inario, para emprender después quizas nuevas evolu- 
ciones. Lueg-Q mostraremos cómo mediante estas investig-acio- 
nes quedan reducidos á meros problemas de transporte alg-unos 
que se suelen llamar impropiamente de orig-enjanálog-amente 
á lo que sobre este punto dijimos en nuestro precedente en- 
sayo sobre la sal común. 

5.» Por último, las reproducciones artificiales han dado á 
conocer varias reacciones capaces de dar por resultado verda- 
deros apatitos y han ampliado el campo de los conocimientos 
sobre los fosfatos de cal posibles en la naturaleza, y sobre al- 
g-unos que solo se hallan rara vez, arrojando luz sobre la trans- 
formación de estos minerales unos en otros. 

Tres procedimientos han dado por resultado la reproducción 
de los fosfatos de cal: 1.° el empleo de los cloruros y fluoruros 
como fundentes; 2.° la intervención de un agente volátil á una 
alta lemperatura; 3.° la vía húmeda combinada con la pre- 
sión (1). 

Forchhammer (2), fundiendo juntamente el fosfato de cal 
tribásico con el cloruro sódico, obtuvo después del enfriamien- 
to, largos cristales hexag-onales de cloroapatito. Sirviéndose 
del cloruro calcico en exceso y fundiendo en él los elementos 
de este flnorapatito, se forman, como lo han logrado H. Sainte- 
Claire Deville y Carón, cristales prismáticos alargados y bellos 
de un verdadero ñuorapatito, y si repitiendo otras experien- 
cias se mezclan fosfatos de cal naturales, pulverizados con sal 
común, se obtienen apatitos á la vez clorurados y fluorurados 
como los naturales. Manrose los produjo asimismo por medio 
del fosfato de sosa desecado y calentado al rojo en presencia 
de un cloruro ó de un fluoruro; y en una experiencia en que 
empleó solo el cloruro en exceso como fundente, habiendo di- 
suelto luego este en el agua hirviendo, recogió un polvo cris- 
talino compuesto de prismas cuya forma y composición co- 
rresponden al apatito. Puede producirse el fostato directamente 
haciendo digerir una mezcla de ácido fosfórico y de carbonato 



(1) FouQUK et JIicnEL Lévy: SyntJivse des min. el des roches. París, 18S2; píginas 
262 y siguientes. 

(2) Ann. di Chemie el PJtann. t. xr, píg. 77. 



¿<59) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 165 

de cal, como lo consig"uió M. Debray (1), y si este se calienta 
á 250", en presencia de una disolución de cloruro de calcio, se 
transforma en apatito. 

El cambio del fosfato amorfo en cristalizado ha sido com- 
probado también por otras experiencias interesantes. El mis- 
mo químico ahora citado, ha logrado de un modo completo 
dicha transformación, tratando la fosforita por el vapor de 
ácido clorhídrico, explicando así algunas formas con que este 
cuerpo se presenta á veces en la naturaleza. Forchhammer, 
con el propósito de perseg-uir los procesos naturales, se sirvió 
del fosfato extraído del polvo de diversas rocas, como la 
marga de Moen, la arcilla de Elensburg', la de Sylt y la de 
Copenhague; y mezclándole con cloruro de sodio en exceso, 
obtuvo apatito después de la fusión. Al mismo resultado llegó 
empleando huesos calcinados, que sirviéndose del fosfato de 
cal más puro. 

Semejantes experiencias arrojan mucha luz sobre algunos 
problemas de origen del apatito y de la transformación de los 
fosfatos unos en otros: pero todavía en este linaje de cuestio- 
nes las reproducciones artificiales no han dado más que una 
parte de las soluciones buscadas, por cuanto aún no se ha 
llegado á crear los apatitos en los magmas silicatados, que es 
el punto capital de las cuestiones referentes al fosfato primi- 
tivo, del cual han derivado y se han difundido todos los que 
hoy existen en las rocas de la corteza terrestre. 

En vista de todos estos datos de índole tan variada, los geó- 
logos han expuesto muchas teorías con arreglo al estado de 
los conocimientos en su época sobre los procesos de formación 
de los fosfatos de cal naturales; teorías, que aun en medio de 
su diversidad aparente, pueden reducirse á tres puntos de 
vista primordiales, que expondremos sucesivamente: uno 
que considera á los seres orgánicos como el agente general 
de la producción de los depósitos de este cuerpo y de su dise- 
minación; otro que atribuye á las fuentes el poder de haberle 
acarreado desde el núcleo central ó desde la pirosfera, y solo 
concede á los organismos un papel muy secundario y local, 
como formadores de rocas y minerales fosfatados, y otro que 



(1) Compt. rend.: t. lii, IrOL 



166 ANALES DE HISTOllIA NATURAL. (GO) 

considera como punto de partida el apatito contenido en las 
rocas antig-uas, y todos los ag-entes dinámicos de la tierra, 
como factores de un proceso lento y constante de emig-racióii 
á las demás rocas. 

Las teorías del origen puramente org-ánico de este, como 
de los demás minerales de cal, tienen su abolengo en el mis- 
mo Linneo, que así como MaccuUoch y otros en tiempos más 
modernos, no veían otra solución más que esta para expli- 
carse la rareza de tales sustancias en las épocas antiguas, y 
su gradual y constante crecimiento en las posteriores, hasta 
terminar con una abundancia extraordinaria en las moder- 
nas. Y esta tendencia llegó á adquirir de tal modo carta de 
naturaleza, que antes de los trabajos de Lecoq todo fosfato se 
reputaba sin discusión como un resto fósil, y así no había 
para Dufrenoy riñon ó nodulo que no fuese un coprolito. En 
suma, los partidarios de esta manera de ver no consideran en 
los depósitos de fosfatos sino despojos de animales ó marinos 
ó continentales. 

En efecto, los caparazones y partes esqueléticas de los pe- 
ces, equinodermos, gusanos, moluscos y pólipos, contienen 
una proporción elevada relativamente de fosfato calizo, el 
cual existe también en todo el cuerpo de los mismos en ma- 
yor ó menor proporción. Cuando mueren, sus despojos se 
mezclan á las arcillas y otros sedimentos, y el ácido fosfórico 
puesto en libertad por la putrefacción, se combina con una 
parte del carbonato, originando nodulos, venas ó calizas fos- 
fatadas, según las circunstancias que acompañan al fenó- 
meno. En apoyo de esta teoría, y queriendo explicar con ella 
el origen del fosfato de los Ardennes, recuerda M. Cornet (1), 
que en diversos parajes, después del cambio del monzón, 
principalmente en Octubre y en Noviembre, millares de pe: 
ees muertos de todas clases son lanzados por las olas á la 
costa. En las de Perim y Aden, los habitantes tienen que de- 
dicarse á enterrar estas masas de carne en putrefacción, á fin 
de que no infesten el aire. Este fenómeno puede haberse re- 
petido en diversos tiempos geológicos, y como las capas de 
dicho fosfato cretáceo se depositaron, según Gosselet (2), cerca 



(1) Qnart. Journ. Gcol. Soc. 18S6. 

(2) Lerons sur lesgites de phosphaU de chaux dn Xord de la France Lille, 188D. 



(61) Calderón. — fosfatos de cal naturales. igt 

de la playa y en mares poco profundos, la teoría de Cornet no 
se hace inadmisible por lo que respecta á aquella reg-ión. 

M. Bor, de Amiens, coincide en la misma idea, atribuyendo 
el relleno fosfatado de las bolsadas de la Somma y otras aná- 
logas, á peces y diversas materias en descomposición, arras- 
tradas por las olas y depositadas en los huecos preexistentes 
del terreno, fosilizadas, pulverizadas después, y acabadas de 
disolver lentamente merced á la acción de ag-uas más ó menos 
carbónicas. Sin embarg-o, M. Derennes, que ha podido estu- 
diar bien la estructura y demás caracteres de los rellenos en 
Beauval, no participa de semejante opinión, y hace constar 
que consisten estos allí en una mezcla de creta y cal fosfatada, 
que indica son más bien el producto del acarreo y lavado de 
rocas preexistentes que contenían ya el fosfato de cal. 

Los restos esqueléticos de los animales marinos, sobre todo 
invertebrados, pueden ser una causa de acumulación de fos- 
fatos, por más que se haya exag-erado á veces su importancia, 
y sobre todo querido dar cuenta por ellos de más hechos de 
los que razonablemente encuentran dicha explicación. En la 
actualidad se forman en ciertas profundidades del mar depó- 
sitos fosfatados, respecto á cuyo proceso reinan alg-unas du- 
das; pero la influencia que para el suministro de su sustancia 
ejerce la vida parece evidente, y se comprueba por la extre- 
mada abundancia de espíenlas de esponjas que ofrecen dichos 
depósitos. 

En alg-unas rocas fosfatadas, la presencia de los restos es- 
queléticos y su abundancia son manifiestas, como ocurre en 
tantas margas empleadas por esta razón en agricultura. 
Mr. Matthew(l)ha descubierto que la sustancia fosfatada de 
las calizas del Canadá se reduce en el campo del microscopio 
á porciones de Lingulas, y los tubos que atraviesan, en el 
mismo país, los conglomerados calizos, son de origen orgá- 
nico, ajuicio de M. Dawson (2). También en los nodulos de la 
América del Norte es muy frecuente encontrar esponjas, 
fragmentos de moluscos y caparazones de crustáceos, esca- 
mas y dientes de peces, hecho interpretado por unos, como 



(1) Geol. New Bnmswiclí. fOeol. Siirv. 1876.) 

(2} Xote oii tJie PJiospJi. oftJie Laurent. and Cambr. rocks of Canadá. {Q. ./. G. S., 

18:6 ) 



168 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (62) 

MM. Johnson y Solías, como prueba de la antigua com- 
posición totalmente org-ánica del nodulo, al paso que M. Pen- 
rose atribuye este á la mineralización de un lecho calizo, que 
podía contener los restos orgánicos citados, ó al engloba- 
miento de estos por una sustancia caliza ulteriormente fosfa- 
tada. 

Para el profesor Dawson no solo dichos fosfatos, sino el 
mismo apatito laurentino del Canadá son de origen animal. 
Ya es de todos conocida la importancia de las polémicas á que 
el estudio de estas rocas ha dado lugar entre los sabios ameri- 
canos, principalmente con motivo de la naturaleza del Eozoon, 
que yace en dichos terrenos, y es sabido también que este 
eminente profesor tomó con calor extraordinario el partido en 
favor de la procedencia orgánica de estos restos problemáticos. 
Precisamente la presencia cerca de él del grafito y del apatito 
en la forma que describimos oportunamente constituye uno de 
los argumentos que más ha hecho valer en pro de su opinión, 
fundándose, eutre otras razones, en la presencia del ácido 
fluorhídrico en la composición de dichos apatitos^ pues es 
sabido que las partes esqueléticas y sobre todo el esmalte den- 
tario de ciertos animales, contienen fluoruro asociado al fos- 
fato. Según él, los organismos de las primeras edades tendrían 
una predilección marcada por la materia fosfatada, con la cual 
constituirían sus caparazones y esqueletos. Semejante opinión 
no es inadmisible en absoluto; pero en realidad ni las razones 
alegadas son convincentes é incontrovertibles, pues se cono- 
cen fluor-apatitos que evidentemente no son de procedencia 
orgánica, en el seno de las rocas cristalinas antiguas, ni ex- 
plica el cambio incomprensible en las condiciones ordinarias 
del fosfato disuelto y luego separado en estado amorfo en 
apatito, es decir, en fosfato cristalizado. 

Por lo que se refiere á los animales continentales, sus restos 
esqueléticos, y sobre todo sus excrementos, particularmente 
tratándose de los reptiles, peces y mamíferos carnívoros cons- 
tituyen la principal fuente del ácido fosfórico. Fosilizados 
estos dan lugar á los coproliíos, tantas veces mencionados, 
marinos unos, como los notables y abundantísimos en el 
terreno cretáceo de Macropoma y de otros orígenes los demás. 
Ya hemos visto la exagerada difusión que se atribuyó en un 
tiempo á semejantes restos, refiriendo á ellos cuantos nodulos 



(63) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 163 

se conocían; opinión insostenible hoj' de todo punto, porque 
decir que los nodulos fosfatados de los Ardenues, que yacen 
en un sedimento abundante de conchas y restos de reptiles 
carniv'oros son los residuos de la dig-estión de estos, como se 
ha sostenido, lucha con la inmensa extensión horizontal que 
hoy se sube ofrece dicha capa en Francia y en lag-laterra, y 
con el hecho de que estos nodulos se encuentran asimismo en 
parajes desprovistos por completo de tales restos fósiles. 

Los excrementos por su mera acumulación constituyen, 
como se ha dicho, el g-uano del Perú y de muchas otras loca- 
lidades costeras. Se comprende fácilmente que estas formacio- 
nes sean todas moiernas g-eológ-icamente hablando, y que 
hayan desaparecido las de épocas anteriores, por más que no 
hayan dejado de constituirse en ellas; y aun hay autores que 
admiten para el fosfato de la creta el mismo orig-en que reco- 
noce el g"uano actual. M. Delfortrie, entre otros, considera las 
brechas del SO. de Francia como g-uanos alterados de edad 
cuaternaria, y M. Péfon, que las reputa más antig-uas, no 
difiere, sin embargo, mucho de esta opinión, al suponer que 
aguas eocenas descendieron súbitamente de la meseta jurá- 
sica, aniquilando á los animales y arrastrando sus restos mez- 
clados con masas de guano. La acción del tiempo y de las 
aguas cargadas de ácido carbónico habrían transformado el 
fosfato convirtiéndole en concreciones y fosforitas de diversa 
naturaleza. 

Hemos visto cómo eL ocasiones las materias solubles del 
guano, infiltrándose en el terreno calizo sobre el cual reposan, 
dan origen á nuevas formaciones: así en la isla del Sombrero, 
Redonda, ísavasa, Alta Vela y en muchas del mar de las Anti- 
llas, después de explotar los guanos superficiales, se extrae la 
caliza madrepórica, sobre que estos descansaron, la cual fos- 
fatizada en el trauscurso del tiempo, posee hoy una ley sufi- 
ciente para permitir su beneficio. La misma explicación en- 
cuentra M. J. Ortlieb (1) para la ciplita, que se halla dispersa 
en granos en la creta del N. de Francia y Bélgica, como se 
indicó oportunamente. Él ve en ellos la última expresión de 
un antiguo yacimiento de guauo, denudado á trechos ó arras- 



(1) Sur la cipli/(e fAnn. Soc. géol. du XorcJ; t. xvi, lSt9)^ 



170 ANALES DE HISTORIA NATURAL. v64.> 

trado de puntos próximos. Los bancos de creta fosfatada dura 
inmediatos, habrían servido de substratum al g-uano; es decir, 
que su contacto con este les habría hecho sufrir un cierto me- 
tamorfismo por impreg'nación de soluciones fosfatadas. La 
ciplita correspondería á las capas inferiores del g-uano, endu- 
recidas después de una disolución parcial y de recristalización, 
en términos de poder ser rodada en forma de arena antes de 
ser empastada en el banco de creta morena en que aparece. 

Cualquiera que sea la explicación que se adopte de la pro- 
cedencia de este fosfato cretáceo, la antes mencionada de 
M. Cornet, ó la reciente de M. Ortlieb, siempre se viene á 
parar á un orig-en no interno y en relación con los org-anis- 
mos. Todos los químicos que se han ocupado de analizar los 
fosfatos de Mons (MM. Stas, Petermann , Melsens, Lucion y el 
mismo Ortlieb), han comprobado en ella notables dosis de 
materias orgánicas, una parte de las cuales es nitrog-enada y 
quizás quitinosa, según presume M. Renard. 

Hemos dicho que las acumulaciones de huesos de los ani- 
males terrestres pueden en ocasiones ser una causa de forma- 
ción de fosfatos, si bien esto solo ha tenido lugar en circuns- 
tancias muy especiales y en casos mucho menos frecuentes 
de los que algunos geólogos supusieron en otro tiempo. En 
los bordes pantanosos de las fuentes saladas del Kentucky, 
al O. del Mississipi, y en las Malas Tierras de Nebraska, como 
en otros parajes que ofrecen análogas condiciones, se encuen- 
tra un sinnúmero de restos de animales que sin duda se ente- 
rraron en el barro blando, habiendo acudido á aquellos sitios 
fugitivos ó en busca de agua para beber. Los fosfatos del crag 
de Norfolk en Inglaterra consisten en brechas de huesos de 
mastodontes, elefantes y rinocerontes, y sin duda deben ha- 
berse constituido por modo análogo á los depósitos lacustres- 
americanos. 

Las margas fosfatadas de Tarn-et-Garonne y la enteramente 
análoga de la Sierra Palacios, contienen un sinnúmero de 
huesos rotos de rumiantes, solípedos y sobre todo roedores, 
que pueden también haber muerto por una circunstancia espe- 
cial y haber sido enterrados mientras la sustancia margosa 
estaba aún blanda. M. Malinowski cree que las emanaciones 
volcánicas de la Auvernia matarían todos los animales de la 
región y proporcionarían así el contingente de fosfato que 



(65) Calderón. — fosfatos de cal naturales. iti 

presentan sus rocas; pero aparte de que la edad de estas osa- 
mentas no conviene con la de la energía de los volcanes 
del SO. de Francia, esta idea no sería aplicable á las marg-as 
huesíferas de los yacimientos españoles de Sierra Palacios, 
idénticos por sus caracteres á los de Lot, Tarn-et-Garonne. 
Por otra parte, aunque los restos óseos abundan tantísimo en 
algunas de estas brechas, estos se encuentran perfectamente 
frescos, sin haber cedido sustancia á la roca que les ciñe, en 
términos de presentar la misma ley de fosfato en las porciones 
abundantes en huesos que en las desprovistas de ellos. Así 
creemos haber demostrado en trabajos anteriores citados, que, 
al menos por lo que á los yacimientos españoles se refiere, la 
fosfatizacióu de estas rocas es de todo punto independiente de 
los restos que se hallan empastados en ellas. 

La teoría del origen orgánico de los fosfatos de cal da cuenta 
en definitiva de la procedencia de estas sustancias en deter- 
minados casos; pero no satisface para otros muchos, y sobre 
todo para las grandes formaciones, cuyo yacimiento y manera 
de ser del mineral aleja la idea de semejante procedencia. Así 
hemos visto grandes depósitos armar lejos de los terrenos 
sedimentarios y en el seno de las rocas macizas antiguas; y 
aun entre los sedimentos, no todos los terrenos ricos en fósi- 
les lo son en fosfatos. Muchas veces los restos orgánicos que 
se presentan en los mismos nodulos parecen extraños á la 
composición de estos, hecho demostrado tratándose de los 
coquinsáe la zona de Ammonites mamillaris de Argonne (Fran- 
cia), en los que se observa una concentración de fosfato alre- 
dedor de maderas fósiles ó conchas calizas, siempre que estas 
se hallasen en un estado de descomposición porosa, pero sin 
que ellos puedan dar luz sobre el primer origen de la sustan- 
cia fosfatada. 

Tratándose del apatito, incluso el contenido en las rocas 
sedi^nentarias, la teoría orgánica es todavía más impotente 
que en los demás casos para resolver las cuestiones de origen; 
porque, aun suponiendo que los seres vivos hayan suminis- 
trado el fosfato, quedan por dilucidar los procesos de conver- 
sión de este en cristales dentro de las capas sedimentarias, al 
paso que su transporte desde antiguas rocas feldespáticas des- 
compuestas, es mucho más fácil de comprender. Por eso el 
profesor Sterry Hunt rechaza el abolengo animal atribuida 



irZ ANALES DE HISTORIA NATURAL. (66) 

por Dawson al apatito del Canadá, y cree que como la sílice, 
el óxido de hierro y los silicatos que contienen aquellas rocas 
se produjeron en la costra terrestre, lo mismo que los que se 
encuentran incluidos en el granito, merced á los procesos 
propios del globo en la época primitiva. 

Pero aun admitido que el metamorfismo de los restos fosfa- 
tados animales pueda acabar por producir apatito, lo que 
nunca se ha podido explicar por esta vía es la formación de 
fosforita en masa, la cual constituye, como hemos visto, depó- 
sitos inmensamente más considerables que los de aquel. 

Es natural que en la infancia de la ciencia el acrecenta- 
miento g-radual y constante de los minerales de cal en el trans- 
curso de las edades, sorprendiera á los investig-adores, y se 
tratase de buscar en la org-anización el ag-ente creador de las 
materias cuya procedencia se ignoraba; pero hoy la geología 
posee muchos datos que entonces faltaban para plantear acer- 
tadamente estas graves cuestiones. En primer lugar sabemos 
por lo que se refiere al caso presente, que en el seno de las 
rocas antiguas y encerrada bajo forma microscópica, existe 
una cantidad de apatito considerable, que constituye un alma- 
cén invisible de dicha sustancia. Conocemos además procesos 
de emigración desde unas á otras formaciones que nos expli- 
can de una parte el viaje de estos cuerpos de las rocas crista- 
linas á los sedimentos, y de otra el hecho de su existencia en 
los terrenos más modernos y su falta en los anteriores, mer- 
cel á haber sido sustraídos de estos para transportarlos á 
aquellos. 

Por lo demás los organismos son incapaces de crear las sus- 
tancias en cuestión, y es sabido que los testáceos marinos y 
lacustres sacan del agua en que viven los elementos con que 
fabrican sus caparazones, estando probado que no pueden 
vivir cuando esta agua no coatiene materias calizas. 

Los seres vivos contribuyen en grandísima manera y so4i los 
principales agentes de la difusión de los fosfatos, como de 
otros cuerpos, y esta es en realidad su verdadera función por 
lo que respecta á ellos, y no la de creadores ni aun acumula- 
dores de fosfatas, fuera de los casos especiales mencionados. 
En el seno de las aguas las materias albuminoideas precipitan 
los minerales de cal disueltos, que acabarían por convertir al 
líquido en una disolución saturada, y en la vida continental 



(67) Calderón.— fosfatos de cal naturales. TiS 

los vegetales sacan el fosfato de las tierras y este pasa al reino 
animal con los alimentos, el cnal le devuelve á la tierra bajo 
una forma nueva, de todo lo cual resulta un proceso prepon- 
derantemente difusivo y no de concentración, como supone 
la teoría que acabamos de examinar. 

La teoría hidrotermal explica el origen de los fosfatos por 
la acumulación del disuelto en las aguas minerales, y supone 
que la mineralización de estas se verificó en el interior de la 
tierra. Lecoq (1), que es el iniciador de esta teoría, fué inducido 
á aplicarla á las fosforitas por el hallazgo de variedades con- 
crecionadas cuya estructura indicaba la intervención de un 
agente acuoso y por la presencia de dicho cuerpo en varias 
fuentes y en las emanaciones de vapor de otras. Las aguas de 
Montemayor en la sierra de Béjar, en España, dan un ejemplo 
de lo mismo, pues dejan un residuo que contiene un 9,7 por 
100 de ácido fosfórico. Los manantiales de Niedes-selters, 
Carlsbad, Marienbad, Vichyy otras llevan también fosfatos de 
sosa y de potasa. 

La aparición de esta nueva manera de ver en momentos en 
que ya no satisfacía la del origen orgánico para dar cuenta de 
muchos fosfatos que se descubrían en Francia y en Inglaterra, 
fué causa de que se acogieran las ideas de Lecoq con un entu- 
siamo extraordinario y de que algunos quisieran ver huellas 
de antiguos geyseres donde quiera que se tropezaba con un 
yacimiento grande ó pequeño de cal fosfatada. Mas poco á 
poco la justa importada de la teoría se ha ido reduciendo 
á sus verdaderos limites, y quedando solo de ella lo que tiene 
de cierto, se aplica con éxito á un cierto género de formacio- 
nes, el de las concrecionadas, como vamos á indicar. 

Desde que Leymerie (2) y Rey-Lescure (3) se esforzaron en 
explicar por vía acuosa y en contra de las opiniones de Perón, 
Delfortrie y Malinowsky, la formación de los fosfatos del SO. 
de Francia, los ensayos en el mismo sentido se han repetido 
muchas veces. M. Daubrée (4) ha insistido sobre todo en la 



( 1 ) Fa ux m in era les . 

(2) Note sur lesphosph. de Quenet/ . — Tonlose, 1872. 

(3) No(e SU)' les phosphatiéres de Tarn-et-Garonne (Bull. de la Soc. ge'ol.^ Sip serie,, 
tomo III.) 

(4) Gissem. de la cJiaJix pJiosph. décoiiveríe dans les départ, de Tarn-et Garonne. 



171' ANALES DE HISTORIA NATURAL. (G3) 

escasez de huesos en aquellas rocas para que puedan conside- 
rarse estos como origen primero del fosfato y en la dificultad 
de comprender, cómo á expensas de este hubieran podido 
sedimentarse químicamente capas, ni nodulos, hechos que 
encuentra sencillos dentro de la teoría de las fueates calientes, 
por más que á este se le hayan hecho después graves obje- 
ciones que no encuentran fácil respuesta. 

Entre los trabajos memorables realizados en pro de la misma 
idea merece mención particular el de M. N. de Mercey (1) en 
Picardía. Por medio de pozos practicados en la creta fosfatada 
descubierta por él en dicha regñón, pudo estudiarla á diversas 
profundidades, llegando á la conclusión de que el fosfato rico 
no proviene de la alteración sub-aérea de la creta fosfatada, 
pues en Hardivillers y en Hallencourt S3 encuentran venas ó 
capas en masas lenticulares intercaladas en la masa de aque- 
lla roca, la cual se presenta de un modo enteramente normal. 
La disposición de los yacimientos de Lombardía parece indicar 
cuencas submarinas, en las que se abrieron paso al principio 
de la sedimentación de la creta con Belemnites quadratus fuen- 
tes mineralizadoras. Los ejes de las cuencas están en relación 
con las direcciones del Oise y de la Somme y la riqueza de sus 
fosfatos crece en ellas de los bordes hacia el centro, á compás 
del espesor de las capas. 

La teoría hidrotérmica de los yacimientos que hemos men- 
cionado funda su principal argumento en la presencia del 
yodo, del manganeso y de las pisolitas de hierro con el fosfato 
ó cerca de él, sustancias que son generalmente debidas á 
fuentes calientes. Ciertas brechas fosfatadas de los rellenos 
en bolsadas de la Somme parece en efecto que contienen mu- 
cho yodo, y al fosfato acompaña también á veces en canti- 
dad fluoruro y cloruro de calcio, según recientes noticias de 
M. P. Lévy (2). De estos y otros datus deduce el profesor Lap- 
parent (3) que en las margas y arcillas fosfatadas de Tarn-et- 
Garonne, ricas en huesos de batracios y ofidios, acompañados 
de sus partes blandas fosfatiz-idas, las aguas normales en que 
estos seres vivían fueron sustituidas rápidameate por ctras 



(1) Compt. rozrZ.; Noviembre, 1887. 

(2) Obra citada. 

(3) Traite de géol., 1 83, páginas 1.022 y 1.021. 



(69) Calderón. — fosfatos de cal naturales. .175 

ag-uas, ricas en ácido fosfórico, pero débilmente acidas y á 
una temperatura poco elevada. Una explicación analogía daría 
quizás cuenta también de los caracteres del yacimiento de 
Picardía. 

La teoría de las fuentes mineralizadoras tiene perfecta apli- 
cación sobre todo á la g-énesis de las fosforitas concrecionadas 
del Mediodía de España. El aspecto cavernoso y la estructura 
en capas contorneadas de dicho mineral, su asociación con la 
sílice, afectando ig-uales caracteres en estreclias bandas para- 
lelas opalinas dentro del fosfato, que en Ceclavín, por ejemplo, 
presenta la facies del sinter, su asociación con el mang-aneso 
y otros muchos caracteres, indican claramente el modo como 
se formaron estos depósitos. Así es que los Sres. Eg-ozcue y 
Mallada, tratando de la provincia de Cáceres (1); y nosotros, 
ocupándonos de la fosforita de Bélmez (2) y luego de otras de 
Andalucía, hemos acogido sin reserva la solución del hidro- 
termalismo para explicar las particularidades de estructura y 
yacimiento de dichos fosfatos. 

Las pruebas más claras y evidentes de semejante origen se 
tienen allí donde la fosforita concrecionada arma en bancos 
calizos, que es el caso g-eneral, en los pequeños yacimientos 
de Andalucía y en algunos de Cáceres, como se dijo oportu- 
namente. Las dos sustancias, fosforita y caliza, en los filones 
irregulares y acabados en cuña que por lo general forman, se 
cambian insensiblemente de una á otra, á menos de hallarse 
el contacto como corroído y lleno de pequeñas oquedades, que 
indican el paso del agente de disolución. En el seno de la 
masa concrecionada se ven los conductos por los cuales se 
infiltró el agua, conductos ordinariamente únicos en su ori- 
g;-en, que lueg-o se bifurcan, y en fin se ramifican por la masa 
en canalículos, que son al presente venas de fosforita. En los 
espacios en que la transformación no ha sido completa, se 
reconocen los caracteres de la caliza madre, y así posee el 
Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Sevilla 
fosforitas de Bélmez que encierran Eucriniles perfectamente 
conservados. A veces se encuentran trozos de caliza y de fos- 
forita, arrancados y cementados luego más lejos en otras fós- 



il) Obra citada. 
<2j Obra citada. 



176 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



ao> 



foritas, y también pizarras arcillosas del contacto deshechas 
y con sus planos de juntura y de crucero borrados, lo cual 
indica que el agente hidrotermal no debió ser nada tranquilo. 
El geyserismo de esta parte de la Península, en la que pre- 
cisamente no existe ninguna otra huella de volcanismo, debe- 
referirse á una época mucho más moderna de lo que se supuso 
al principio, á juzgar por recientes descubrimientos. Obrando 
sobre una zona sumamente extensa , han metamorfoseado ca- 
lizas de muy diversas edades; pero es racional suponer que 
todas estas manifestaciones son contemporáneas, y estarán 
en relación con alguno de los últimos movimientos de la zona 
meridional contra el borde de la meseta. Hé aquí algunos 
ejemplos de la diversa antigüedad de las calizas, transforma- 
das en fosforita en la región que nos ocupa: 



Fosforitas concrecionadas. 


Edad 

de las calizas 

con\ertidas 

en fosforitas. 


Cerro del Santo (Sevilla) 


Arcaica. 

Silúrica? 

Devónica. 

Carbonífera. 

Miocena. 

Cuaternaria. 


Santa Eufemia (Córdoba) 


Calerizo Aliseda (Cáceres) 


Bélmez y Espiel (Córdoba) 

Horuachuelos (Sevilla) 


Marga fosfatada de Sierra Palacios, etc. 



Eeducida la teoría hidrotermal á explicar el modo de forma- 
ción de los yacimientos mencionados y de algunos otros aná- 
logos, casi siempre filonianos, es sin duda admisible, por más 
que por su índole solo tenga el valor de una inducción nunca 
comprobable por la experiencia. Mas cuando se tratado hallar 
en ella una panacea para resolver el origen universal de los 
fosfatos y aun de otros minerales, se tropieza con dificultades 
verdaderamente insolubles. Como ha dicho muy bien M. Bar- 
rois, es inútil aplicarla á aquellas regiones donde no existen 
fallas que hayan dislocado los terrenos sedimentarios y fra- 
guado, por tanto, camino á las aguas mineralizadoras. Así en 
la cuenca de París, donde no hay vestigios de grandes acci- 
dentes, la existencia de los fosfatos no puede atribuirle á dicho 
origen; y eso aun á falta de otra explicación plausible de él* 



(71) Calderón. — fosfatos de cal naturales. it7 

En último término la vía hidrotermal no es más que un caso 
particular, una forma determinada de emigTación de sustan- 
cias minerales; pero ni ella permite inducir la procedencia de 
estas, pues caprichosamente se ha afirmado que vinieran del 
interior de la tierra, afirmación incompatible con el estado de 
los conocimientos modernos sobre el volcanismo, ni nos dice 
nada sobre el g-énesis del apatito ni de los depósitos evidente- 
mente relacionados con los org-anismos. 

La única teoría que explica el orig-en de todos los fosfatos 
de cal naturales, es la de la emig-ración desde un punto de 
partida único, que es el apatito encerrado en estado micros- 
cópico en las rocas primitivas. Las formaciones org-ánicas y las 
fosfatizaciones por los manantiales no son más que casos par- 
ticulares del proceso de emig-ración de estos minerales. 

El orig-en del fosfato microscópico contenido en los g-ranitos 
es el mismo de estos: como mineral de los más antig"uos, y 
quizá el primero de los que integ-ran en la constitución de las 
rocas cristalinas, se le ve envuelto y moldeado por todos sus 
acompañantes. Cuando se presenta en venas, en masas ó en 
cristales en el g-neis, en el g-ranito ó en las antig-uas pizarras, 
como hemos visto ocurre en la costa meridional de Norueg-a, 
se halla asociado á diversos silicatos y puede ser eruptivo, 
como suponen Brog-g-ers y Reusch (1). Estando las rocas de 
este país desprovistas casi en absoluto de ácido fosfórico, de- 
ducen estos sabios que los elementos de estas venas no pro- 
vienen de ning-ún modo de aquellas. Otro arg-umento en favor 
del orig-en eruptivo se funda en que dichas venas son frecuen- 
temente granudas en los bordes y cristalinas en el centro. 

Sin embargo de la validez de estos arg-umentos contra la hi- 
pótesis de una verdadera emig-ración de rocas lejanas, dejan 
en pie otra solución que parece mucho más satisfactoria que 
la de un orig-en eruptivo: la de una secreción lateral de la roca 
madre, análog-a á la que tiene lug-ar en ciertos filones metalí- 
feros. Persistiendo las causas formadoras, estos productos de 
secreción, pequeños al principio, pueden haber ido creciendo 
en el transcurso del tiempo, hasta producir los g-randes indi- 



(1) VorJiommen des Apatii in Norwegen fZeit. d. Geol. Gesvells. 1875. xxvii.) 

ANALES DE HIST. NAT. — XI.V. 12 



178 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (72) 

viduos de apatito, de albita, de epidota, de clorita, etc. que 
hemos visto se presentan en drusas y rellenos en diversas 
rocas antiquísimas. 

Una parte de los apatitos del Canadá, el que forma las bol- 
sadas de Quebec, reconocen evidentemente por orig-en la se- 
creción del de las rocas vecinas. El piroxeno que le cerca con- 
tiene á menudo un 10 á 15 por 100 de este mineral, y su rique- 
za en fosfato crece á medida que la bolsada se halla más 
próxima. Estas, como las grietas, parecen sacar sus caracteres 
distintivos de las rocas cercanas: cuando estas son piroxéni- 
cas, feldespáticas y calizas, los cristales asociados al apatito 
son generalmente de piroxeno, de feldespato y de espato cali- 
zo; al contrario cuando el anfibol abunda en torno de las bol- 
sadas, grandes masas de este bisilicato se encuentran en el 
interior de las cavidades de la roca. 

Bajo otra forma la osteolita de Wetterau, cerca de Ostheim, 
no es tampoco más que un producto de la secreción de la do- 
lerita, descompuesto rápidamente. 

En otras ocasiones la roca, completamente alterada, deja li- 
bres los elementos más resistentes, y entre ellos los cristales 
de apatito, que pueden ser sedimentados en tal estado, mezcla- 
dos con otras sustancias. Tal debe ser el origen del apatito de 
algunos yacimientos verdaderamente dispuestos en capas, al 
decir del profesor Sterry Hunt. 

No creemos aventurado dar una solución análoga al oscuro 
problema del apatito contenido en las rocas volcánicas, sobre 
el cual no se ha expresado ninguna explicación satisfactoria, 
ni la reproducción artificial ha podido aportar contingente 
alguno. Se han creado en el laboratorio por M. Debray agru- 
paciones de agujas del mineral que nos ocupa, en un todo 
comparables á los fieltros de Capo di Bove; pero estos son me- 
ras transformaciones del fosfato tribásico de cal por la acción 
de los vapores del ácido clorhídrico, que corresponden en 
suma á un producto secundario. Mas con respecto al apatito 
incluido en la pasta de la roca, no conocemos otra hipótesis 
seria más que la de Dana (1), quien le atribuye á los restos de 
moluscos y celentéreos del agua del mar, que penetró en los 



(1) Manwal ofGeology. 2." edición, 1875. 



<73) Calderón. — fosfa^tos de cal naturales. 179 

cráteres; de este modo dichos cristales representarían el resul- 
tado de un metamorfismo final de la sustancia fosfatada de 
diclios org-anismos, así como las células silíceas de la toba de 
Pompeya serían las partes aÚQ no transformadas. 

Es posible que pueda haber ocurrido alg-o de esto en alg'unos 
casos, y que la corta cantidad de sales fosfatadas, que con las 
de sosa y de potasa desprenden los focos explosivos y fumaro- 
las, proveng-an del ag-ua del mar, suposición que tiene en su 
apoyo el dato de que estas son arrojadas en la misma propor- 
ción en que existen en dicha ag-ua; es decir, fig-urando en pri- 
mer término los cloruros y sobre tjdo el de sodio, después los 
sulfates, lueg-o indicios de sales más raras, y entre ellas los 
fosfatos, y, en fin, las sustancias metálicas (cobre, plomo, ta- 
llo, etc.) (1). Pero desde lueg"o parece evidente que estos cuer- 
pos reconocen un orig-en distinto que las sustancias compo- 
nentes de la roca, como el piroxeno, el anfibol, el feldespato, 
la mag-netita, etc., que proceden de los materiales que forman 
las paredes del foco vo cánico atacado, removidos y rehechos 
lentamente en aquellas profundidades, y que otro tanto debe . 
pensarse del apatito, íntimamente unido á aquellos, y contem- 
poráneo en la trama de las rocas volcánicas. 

En el sig-uiente capítulo nos ocuparemos de la descomposi- 
ción del apatito, que, aunque sumamente lenta y difícil en las 
-condiciones ordinarias, se ha podido verificar en mayor escala 
en el seno de la corteza terrestre bajo la inñuencia de las ag-uas 
carbónicas y en circunstancias especiales. Ella ex¡)lica la pro- 
cedencia del fosfato acarreado al exterior por las fueutes, que 
han orig-inado, como hemos dicho, las variedades concrecio- 
nadas, procedencia que en último término se remonta al apa- 
tito microscópico de las antignias rocas. La disolución del fos- 
fato, así como de la sílice que llevaban estos manantiales, 
tenía que ser activada por la presencia de un álcali, que sería 
naturalmente la sosa ó la potasa. Ahora bien, una roca g-raní- 
tica, rica en apatito, sometida á la acción de ag-uas termales 
-carg-adas de ácido carbónico, suministraría todos los elemen- 
tos para producir los sulfatos concrecionados y silíceos descri- 
tos oportunamente: el feldespato daría el álcali disolvente y la 



<1) K. FucHS: Les wlcans et les tremblements de teri'e, Paris, 18"8. 



180 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (74> 

sílice; y favoreciendo el primero la disolución del apatito, am- 
bos cuerpos podrían depositarse en zonas en el punto en que 
surge al exterior el manantial. 

Una vez transformado el apatito en fosforita, se vuelve sus- 
ceptible de toda clase de transportes, acumulaciones y cam- 
bios bajo la influencia de los agentes químicos y mecánicos de 
la superficie del globo y señaladamente bajo la de los orga- 
nismos. Entonces todas las teorías propuestas por diversos in- 
vestigadores tienen aplicación para esclarecer la formación 
de las capas, nodulos y rellenos, como que en último caso no 
son sino diferentes manifestaciones del gran proceso de emi- 
gración de las sustancias minerales. 

El mar, que es el recipiente universal de todas las materias 
que componen la corteza del globo, contiene en sus aguas una 
cantidad apreciable de ácido fosfórico, según los análisis me- 
morables de Forchbammer (1). Este contenido, relativamente 
muy considerable, puesto que puede señalarse en los análisis 
de pequeñas cantidades, procede de fuentes hidrotermales sub- 
marinas y del fosfato transportado por las aguas continenta- 
les, mas el que debieron encerrar los océanos primitivos, 
como lo demuestran la composición de las rocas arcaicas del 
Canadá y de otros puntos. Las aguas terrestres contienen 
igualmente fosfatos en débil proporción, que se puede hacer 
sensible cuando se emplean aguas de riego en enorme canti- 
dad. Ya hemos visto que los organismos no crean fosfato, y sí 
solo lo aislan del medio en que viven, merced á la sustancia 
albuminóidea para fabricar sus esqueletos, en unión con otras 
sales calizas, los cuales acumulándose dan lugar á rocas fos- 
fatadas. 

Otras veces se forman en el fondo del mar especies de gran- 
des concreciones fosfatadas, como sucede en Australia, que 
parecen ser una secreción del líquido mismo, pero en las cua- 
les han debido intervenir de algún modo los organismos. Así 
es que casi siempre se nota en ellas una extremada riqueza de 
espíenlas de esponjas, hecho comprobado también por M. Don- 
ville en los fosfatos de los alrededores de Argenton, los cuales 
tienen la misma composición química que el apatito. Los no- 



li) Pial. Trans., t. clv, pág-. 2C3. 



■(75) Calderón. — fosfatos de cal naturales. i8i 

dulos de la Carolina del Sur parecen á veces una concreción ó 
una segreg-ación en el fondo de pantanos, en medio de cuen- 
cas pequeñas asociados á la turba, pero casi siempre se ve 
algún resto org-ánico que serviría de punto de partida á la 
concreción. M. H. Lasne afirma que en todos los fosfatos de 
orig-en sedimentario que ha examinado, ha podido comprobar 
estas tres sustancias: fluoruro de calcio, materias org-ánicas y 
un exceso de cal. 

El conjunto de observaciones que preceden, indica que los 
fosfatos sedimentarios debieron depositarse en el fondo del 
mar de un modo normal y en unión con otras rocas, sobre 
todo calizas. Este precipitado amorfo ha podido á la larg-a 
adoptar las config-uraciones variadas que hoy presenta, so- 
bre todo bajo la influencia del ag"ua carg-ada de ácido carbó- 
nico, que arrastrará en forma de bicarbonato el carbonato 
acompañante, y el fosfato reducido á granos aislados se acu- 
mularía y aun rellenaría bolsadas del terreno, como sucede 
en la reg-ión de los fosfatos cretáceos franceses. Estos g-ra- 
nos dispersos uniformemente en su estado primitivo, someti- 
dos á los ag-entes naturales, y sobre todo al ag-ua carbónica, 
se han concentrado en ciertos puntos, orig-inando los ríñones 
enclavados en las capas sedimentarias de todas las edades 
g-eológ-icas. 

Entre los varios hechos de la misma índole que se explican 
por estos fenómenos de transporte, es uno el enriquecimiento 
de ciertas calizas fosfatadas, en cuyo interior existen nodulos 
que han quedado sirviendo de núcleos de condensación del 
fosfato, el cual, menos soluble que el carbonato, ha ido que- 
dando aislado. Por eso mientras los ríñones empotrados en la 
caliza contienen un 15 á 20 por 100 de ácido fosfórico, los ais- 
lados de su gang-a alcanzan un 25 á 30 por 100. 

H^mos visto que en muchos nodulos la ley de fosfato es 
mayor en la periferia que en el centro. Penrose (1) hace notar 
que este hecho se puede interpretar de dos modos diversos, ó 
bien porque el fosfato haya enriquecido á un nodulo primiti- 
vamente calizo, ó bien porque el nodulo formado primitiva- 
mente de carbonato y de fosfato calizo, haya sufrido la acción 



(1) Obra citada. 



182 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (76> 

de las ag-uas carg-adas de ácido carbónico, que arrastrarían 
más fácilmente el primer cuerpo del exterior que del interior. 
El procedimiento seria diferente en los dos casos, y sin em- 
bargo, el resaltado final vendría á ser el mismo. 

Los granos de arena fosfatada aislados por lixiviación en 
otras épocas geológicas han podido ser arrastrados ó cubier- 
tos por otros sedimentos, apareciendo hoy entre estratos dis- 
tintos de las rocas que les dieron origen. En el departamento 
del N. de Francia se conocen muchos ejemplos de esta clase 
de yacimientos, de granos sueltos cubiertos por sedimentos 
terciarios. Mr. Keeping-(l) piensa también que los fosfatos lau- 
rentinos del Canadá no se formaron donde ahora aparecen, 
sino que han sido transportados por las ag-uas desde los depó- 
sitos antig-uos. 

En otras ocasiones, las ag-uas han obrado, no solo mecánica- 
mente, transportando los fosfatos, ni químicamente sobre el 
carbonato que les acompaña, sino disolviendo de nuevo el 
mismo fosfato y depositándolo bajo nueva forma á mayor ó 
menor distancia. Ya hemos citado con otro motivo el curioso 
caso de las islas del Sombrero, Navasa y otras del N. de las 
pequeñas Antillas, donde la caliza sobre que descansa el gua- 
no se infiltra de fosfato en tales términos, que se explota como 
sustancia fosfatada después de haber sacado el g'uano supra- 
yacente. Eo las cercanías de los g"randes y pequeños filones 
de fosforita se observan muy á menudo casos de emigración 
análo,i,'OS. Las grietas de la caliza y de la fosforita de Santa Eufe- 
mia y Bélmez están rellenas de un diluvium rojo que las aguas 
carbónicas se han encarg-ado de enriquecer hasta hacerle uti- 
lizable como abono. 

M. Trutat ha comprobado en Lot y Tarn-et-Garonne que en 
las hendiduras que corren de ENE. á OSO. la fosforita es com- 
pacta, vitrea, semejante al ágata y rara vez geódica, y que 
por el contrario, en las dispuestas en áng-ulo recto, consiste el 
mineral en g-eodas llenas de carbonato de cal ó de arcilla fe- 
rrug-inosa. Este sabio g-eólogo piensa que las primeras hendi- 
duras son anteriores á las que les son perpendiculares y que 
la sustancia fosfatada fué disuelta en los antiguos filones bajo 



(1) Quari. JouvH. Gcol. Soc , 187<3. 



(77) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. i83 

la influencia del ácido carbónico y depositado después en los 
otros en furma g-eódica. 

Eu todos estos casos, así como en los de la levig-ación y en- 
riquecimiento del fosfato por el arrastre del carbonato acom- 
pañante, reina bastante acuerdo en las opiniones de los g"eó- 
log"os, así como en atribuir al ag-ua la causa del fenómeno. La 
creencia g-eneral es también que esta ag-ua es la misma de 
lluvia, que filtrándose á través de los terrenos permeables, 
lleg-a más ó menos carg-ada de ácido carbónico á las capas 
profundas. Así por descomposición de la creta y frag-uado de 
cavidades en ella, rellenas lueg-o por los granos fosfatados ais- 
lados explican las bolsadas de fosfato Dewalque y Pettermann 
en Bélgica; Barrois, Gosselet, Potier y Boussines en Francia, 
y Whitaker, Hughes, Codrington y Woodward en Inglaterra. 
Con todo, M. P. Levy, objeta, á semejante manera de ver, que 
dada la cantidad de ácido carbónico que las aguas de llu- 
via pueden recoger en la atmósfera para fraguar los pozos de 
ciertas bolsadas de la Somme, que alcanzan hasta 20 metros 
de profundidad, se necesitaría un período de más de 850.000 
años, según su cálculo, y como por otra parte entiende que á 
su juicio el relleno por los silex revela haberse operado bajo 
la presión de las capas superiores, en zonas concéntricas á la 
pared, no ve posible que la excavación hubiese existido antes 
del depósito de materias que la han rellenado. Estima él más 
plausible suponer en vista de estas circunstancias que la diso- 
lución de la creta que ha dado lugar al desplome de las capas 
superiores se ha verificado en la proximidad de las fallas por 
aguas de origen interno, citando como razón concluyente la 
existencia de un manantial carbónico inherente á la creta 
misma en el N. de Francia, del que se desprenden crecidas 
cantidades de gas por los huecos que se encuentran bajo los 
fosfatos ricos. 

Recapitulando las consideraciones expuestas en el presente 
capítulo, resulta en definitiva que la fuente primera y univer- 
sal de los fosfatos es el apatito contenido en forma microscó- 
pica en las rocas, del cual derivan los cristales mayores, y de 
ambos los depósitos de fosforita y el fosfato disperso en los se- 
dimentos y en los restos orgánicos. Los demás orígenes fun- 
dados en numerosos datos y que han dado lugar á discusiones 
tan llenas de interés, son solo casos particulares de emigra- 



184 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (78) 

ción, en la cual todos los ag-entes, pero particularmente las 
fuentes y los org-anismos en los terrenos marcadamente sedi- 
mentarios han intervenido para condensar las partículas fos- 
fatadas. 



V. 



FUNCIONES. 

El fosfato de cal, en tanto que se halla en estado de crista- 
les microscópicos de apatito en el seno de las rocas g-raníticas 
y estrato-cristalinas, es una sustancia, puede decirse, inerte, 
esto es que no coopera de un modo sensible á los procesos vita- 
les del globo. La manera como en dichas circunstancias existe, 
indica también que no intervino en la producción de los mi- 
nerales que le acompañan, tanto porque su cantidad es de- 
masiado pequeña para que hubiera obrado como disolvente, 
como porque su cristalización ha precedido á la del cuarzo y 
á la de los silicatos de dichas rocas. Pero tan pronto como, 
bajo la influencia de los agentes dinámicos, se descompone y 
entra en el torrente de la circulación, se convierte en un fac- 
tor de evoluciones g"eológicas integrando y estimulando la 
vida de los organismos. 

Los antiguos geólogos, que no podían comprender esta su- 
cesión de cambios, por desconocer el punto de partida, esto 
es, la existencia en una difusión incomparable del apatito 
microscópico, y que de otra parte le reputaban indescompo- 
nible, estaban rodeados de tinieblas en punto al origen de los 
fosfatos, como hemos mostrado en el anterior capítulo. Por 
eso importa entrar algo más en detalle de lo que hasta aquí 
hemos hecho en el mecaaismo de sus transformaciones y en 
primer lugar del cambio del apatito en productos acarreables 
por los ag-entes dinámicos. 

Indudablente el apatito es un mineral de los que resisten 
más á la descomposición entre los principales que integran 
en la constitución de las rocas de la corteza terrestre: allí don- 
de el olivino, la nefelina y la leucita que le acompañaban en las 
rocas básicas, están cambiados en productos deutógenos, ó el 
feldespato asociado en los pórfidos y g-ranitos es ya una masa 
kaolinizada, se encuentra al fosfato de cal cristalizado fresco 



n9) Calderón. — fosfatos de cal naturales. i85 

en medio de las ruinas de todos sus compañeros. Como por 
otra parte el ácido fosfórico no es desalojado á alta tempera- 
tura de sus combinaciones químicas por el ácido silícico, el 
apatito permanece en cristales intactos conservando sus aris- 
tas y sus áng-ulos vivos en el seno de rocas metamorfoseadas 
profundamente, por haber sufrido la acción de un calor in- 
tenso. De estos hallazg-os vino durante alg-ún tiempo á g-ene- 
ralizarse la creencia de que el apatito era un fosfato tan inal- 
terable como los de hierro y de alúmina, y de aquí la des- 
orientación que sufrieron los mineralog-istas antig-uos en pun- 
to á las transformaciones de la especie que nos ocupa. 

Modernamente el profesor Sterry Hunt volvió sobre la cues- 
tión, y fijándose en la forma redondeada de un gran número 
de cristales de apatito del Canadá, la atribuyó á la acción de 
una disolución parcial de los mismos después del depósito, y 
no á una fusión, como lo había pensado precedentemente el 
Dr. Emmons. Esta disolución, producida según él por aguas 
termales, habría arrastrado el fosfato que disolviera á las ve- 
nas de Quebec, citadas oportunamente, las cuales contienen 
frecuentemente fragmentos de dichos cristales redondeados, 
cementados por apatito y fosfato, lo que indica erosiones en 
épocas diferentes. 

Pero donde se ha podido comprobar mejor la alterabilidad 
del apatito es en las rocas volcánicas. La osteolita, esa varie- 
dad impura y maciza, adherente á la lengua, que rellena los 
espacios de la traquita en descomposición de Ostheim (Hanau) 
y de la dolerita y el basalto, no es más que un producto evo- 
lutivo de aquel mineral. La alteración de las columnas basál- 
ticas de Schonwalde, no lejos de Friedland en Bohemia, da, 
seg-ún Dürre, una tierra blanca como la nieve, que consiste 
esencialmente en fosfato de cal neutro, y reconoce el mismo 
origen que la osteolita. También es sabido que la fertilidad 
proverbial de las tierras procedentes de la descomposición de 
las rocas volcánicas, sobre todo las recientemente formadas, 
el bienestar de sus poblaciones, el vigor de las razas animales, 
la intensidad de su producción veg-etal de que son buenos 
ejemplos, las Canarias y la Limagne en Francia, consiste en 
^ran parte en su riqueza en fosfatos, por más que hasta los 
tiempos modernos se ignorase la procedencia de estos. 

En cambio la descomposición de las rocas cristalinas, que 



186 ANALES DE HISTOEIA NATURAL. (80) 

son aparte de las volcánicas, las más ricas en apatito, da or- 
dinariamente tierras estériles en fosfato y en caliza, por ha- 
ber sufrido la prolongada acción disolvente del agua cargada 
de ácido carÍ3Ónico. 

La marcha de la descomposición de los apatitos es un tanto 
distinta en cada caso, lo cual puede provenir tanto de diferen- 
cias de estructura y disposición molecular que se nos escapan 
todavía, y que producen, por ejemplo, que unos sean fosfores- 
centes y otros no, como de la diversidad de las condiciones en 
que obran los agentes transformadores. Son casos especiales 
de descomposición del apatito, las variedades blancas y le- 
chosas que hemos citado de algunas localidades, así como el 
talcoapatito del Ural, descrito por Hermann, y cuya fórmula 
es 3Ca3 P'^ Qs -f Mg^ P2 0^ La prueba de la influencia de la 
diversidad de condiciones en la producción de estos efectos 
variados y á la par la descomposición del apatito, la ha dado 
experimental R. Müller (1) estudiando la acción del agua car- 
bónica sobre varios minerales pulverizados; poniéndolos en 
dicha agua pudo comprobar que el ataque crecía enormemen- 
te á las 3 >t atmósferas de presión, hasta el punto de que en 
siete semanas el apatito en estas condiciones cedió 2.018 por 
100 de su peso. 

Por estos procesos el fosfato y el carbonato de las antiguas 
rocas ha ido emigrando poco á poco á las sedimentarias que 
dan por regla general tierras más ricas en dichos cuerpos que 
las procedentes de la alteración de las cristalinas y pizarras 
primitivas. 

Todo lo que tiene de lenta y difícil la descomposición del fos- 
fato de cal en estado cristalino, al menos en las condiciones 
normales, tiene de rápida y completa la del mismo en estado 
amorfo. Nos referimos á su descomposición mineral, no á su 
disolución completa que es mucho más gradual, como desde 
luego se comprende. Cuando se emplea la fosforita como abo- 
no en terrenos graníticos, hay ocasión de observar bien el 
diferente grado de solubilidad de las dos variedades de fos- 
fato de cal, pues en tanto que la amorfa se altera visiblemente 
á beiieñcio de la acidez propia de dichas tierras, el apatito na- 



cí) Tsch. Mineral. Miíth., IST?, pág-. 52. 



(81) Calderón. — fosfatos de cal natubales. i81 

tural que estas contienen permanece indefinidamente in- 
cólume. 

La alteración de la fosforita produce como resultado final un 
cuerpo de nueva composición, más rico en .ag-ua y en ácido 
carbónico, y al mismo tiempo de estructura más terrosa y ás- 
pera que el mineral piimitivo. Entre los dos términos de la 
serie da lug-ar á estados particulares, muchas veces á produc- 
ciones puramente locales, que son las variedades descritas en 
ocasiones por los mineralog-istas, como especies independien- 
tes, tales son el pseudoapatito, el hidroapatito, el talcoapatito 
y la eupircroita, esta última en forma de nodulos filjrosos en 
Hammondsville (Estados-Unidos). 

El fosfato disuelto en el ag-ua que lleva ácido carbÓBico 
ó sales amoniacales es absorbido por los veg-etales, hecho fun- 
damental de la fisiología de las plantas y en el que se funda 
el empleo de los abonos, y que, sin embarg-o, no fué demos- 
trado hasta una época relativamente reciente por las expe- 
riencias de M. Bubierre (1). En esta descomposición de h^s fos- 
fatos que el suelo contiene, ó que se le agreg-an artificial- 
mente, como en la de la fosforita en masa, quedan aún cues- 
tiones que resolver por extremo oscuras, así como en punto á 
las circunstancias locales, que producen en unos casos una 
alteración rápida y lenta en otros, completa á veces y solo par- 
cial en otras ocasiones. Así se ha notado que el mineral pulve- 
rizado y abandonado al aire se hace tanto más fácilmente so- 
luble, cuanto es mayor el g"rado de coloración amarillenta que 
adquiere. Es probable que esta concomitancia dependa de la 
oxidación del hierro que acompaña á la fosforita casi cons- 
tantemente, pues parece que las m^s ricas en este cuerpo son 
las que ceden mayor cantidad de anhídrido carbónico; y esto 
se explica por la acción de dicho g-as sobre el carbonato calci- 
co, que es muy enérg-ica sobre el fosfato de hierro al má- 
ximum. 

Ya en 1857 el célebre Thénard mostró que el ácido fosfórico 
forma con la alúmina y el sesquióxido de hierro una combi- 
nación insoluble en el ácido carbónico, pero que se hace solu- 
ble por el contacto del silicato de cal, atribuyendo dicha trans- 



(1) Compt. rend.—l^Zl. 



188 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (82) 

formación á la presencia de este cuerpo en las tierras. Casi al 
mismo tiempo M. Dehérain demostraba que la propiedad di- 
solvente corresponde en mayor g-rado á los carbonatos alca- 
linos y alcalino térreos, pues haciendo pasar á través de un 
suelo que conteng-a fosfatos insolubles, ag-ua carg-ada de ácido 
carbónico y carbonatos de potasa ó de amoniaco, una parte del 
fosfato se disuelve inmediatamente. Las materias org-áeicas 
producen el mismo efecto por la formación de carbonato amó- 
nico que orig-inan sus descomposiciones. 

Resulta de las investigaciones de M. Dehérain, que los fos- 
fatos de cal puestos en el suelo, sufren una serie de cambios 
por extremo interesante, y que pueden dar mucha luz en la 
historia g-eológ'ica de estos minerales; entra primero en diso- 
lución en el ácido carbónico y los ácidos débiles; después pasa 
al estado insolub!e, uniéndose á la alúmina y al óxido de hie- 
rro, hasta que más tarde la influencia de los carbonatos alca- 
linos ó alcalino-térreos le vuelve nuevamente al estado so- 
luble. 

M. Girard (1) ha probado que el ag-ua carg-ada de ácido 
carbónico, que es susceptible de disolver cantidades notables 
de fosfato de cal, pierde en g-ran parte este poder cuando se 
encuentra saturada de carbonato de la misma base. Por expe- 
riencias cuidadosas ha lleg-ado á este importante resultado, 
que revela la influencia de las rocas calizas para despojar á 
las ag*uas que circulan por el g-lobo de su facultad disolvente 
de fosfato, ó mejor para retardarla notablemente. 

Las materias org-ánicas encerradas en las rocas sedimenta- 
rias y las contenidas en abundancia en las tierras arables, sea 
por los residuos de las plantas que en ellas han vivido ó por 
la adición artificial, dan lug-ar á la materia húmica compleja 
y á sales en parte orgánicas y en parte minerales, y entre ellas 
á fosfatos. 

M. Grandeau ha mostrado que el ácido fosfórico vuelto solu- 
ble á favor de los compuestos húmicos se separa de estos por 
la diálisis, y como las raíces de las plantas son verdaderos 
dializadores, pueden sustraer dicho cuerpo del suelo sin nece- 
sidad de otro ag-ente intermedio. Esta experiencia es del ma- 



(i; Les enfft-ais, t ii, París.— 1889. 



(83) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 189 

yor interés, pups ponerle manifiesto el papel de la materia or- 
g-ánica en la fertilidad de la tierra. Ya Risler había probado 
anteriormente la solubilidad del fosfato de cal en el ácido hú- 
mico, encontrando en una de sus experiencias que 0,728 gr. 
de materia org-ánica habían bastado para hacer entrar en diso- 
lución en el ag-ua 0,397 gr. de fosfato de cal, es decir, casi el 
doble de su peso. 

Importa tener muy en cuenta para explicarse los diferentes 
grades de intensidad en la descomposición de los minerales 
que nos ocupan y de su disolución en el terreno, la estructura 
y el estado de división en que se hallen. Aumentándose las 
superficies de contacto con la humedad y los ag-entes climaté- 
ricos, todas las reacciones se verifican con mayor facilidad. 
Esta es quizás la principal razón de la inalterabilidad de los 
apatitos, formados de una sustancia muy dura y compacta, 
aun cuando se pong-an en la tierra pulverizados. Los diversos 
fosfatos amorfos tienen ig-ualmente, aparte de su g-rado de 
finura, una resistencia dependiente de la testura; los hay que 
se aproximan en este respecto á los apatitos, y oíros que lo 
hacen por el contrario á los huesos, y entre estos dos extremos 
se encuentran todos los términos intermedios, y por consi- 
g-uiente, tudos los g-rados de asimilabilidad por las raíces. 

En el seno de las tierras fuertemente acidas, como las turbo- 
sas y esteparias, que contienen una crecida cantidad de ácido 
húmico libre procedente de restos veg-etales acumulados en 
terrenos desprovistos de caliza, los fosfatos se disuelven rápi- 
damente, formando un verdadero superfosfatn, como en la fa- 
hricación artificial. Entonces es sumamente asimilable por las 
plantas, puesto que se presenta en un estado de división, no 
ya mecánica, sino química. 

La descomposición délos fosfatos que produce la.emig-ra- 
ción de los mismos, es como se ve, en último término, la trans- 
formación de una sustancia mineral insoluble en otra de igual 
composición, pero soluble. 

El cambio del apatito en fosforita es asimismo el paso de un 
cuerpo cristaloide en otro coloide. Ya hemos visto que el 
Sr. Quiroga ha demostrado qtie se hallan en este segundo 
caso las fosforitas concrecionadas de Andalucía; pero tratán- 
dose de otras variedades compactas ó terreas, hay motivos 
para suponer que no lo sean, al menos en totalidad. En efec- 



190 ANALES DE HISTOllTA NATURAL. ^81; 

to, M. Bertlielot, lia establecido la existencia de dos estados 
distintos de fosfatos tórreos, uno coloide y otro cristaloide, y 
trabnjos posteriores de M. A. Joly (1), han revelado otros dos 
estados dentro del cristalizado, uno de fosfatos simples y otro 
de los dobles. También ha probado la transformación en cier- 
tas condiciones de la sal coloide inicial de base única, en una 
sal doble cristalizada. 

No obstante, de la extraordinaria difusión de los fosfatos 
de cal en la naturaleza, su influencia como productores de 
otras eí^pecies minerales, parece bastante escfisa. La lentitud 
de sus acciones por vía acuosa y la irreductibilidad del fosfato 
tricálcico por el carbón en las condiciones ordinarias, y aun 
con la ayuda de las temperaturas elevadas, inducen también 
á pensar que su importancia como agente químico no debe 
ser muy extensa. Sin embarg-o, conviene no dar á este g-énero 
de inducciones un valor demasiado absoluto, tanto porque no 
es dado prever teóricamente todas las circunstancias en que 
puede influir un cuerpo natural en el complejo laboratorio 
terrestre, cuanto porque nosotros no conocemos la totalidad 
de los productos que existen en la superficie y en el espesor 
de la corteza, y sobre todo los que han podido existir en épo- 
cas anteriores. 

El fosfato de cal es capaz, en efecto, con la ayuda de la 
temperatura y del cloruro de sodio de haber dado lugar á 
otros fo-^fatos, obrando sobre sulfatos y óxidos. De aquí, la 
asociación de estos k ciertos apatitos antiguos y al urano fos- 
fatado, que en laminillas brillantes se encuentra en varias 
minas de Triijillo, Alburquerque y otros sitios de la provincia 
de Cáceres. Hemos visto también que algunos cloruros metá- 
licos se encuentran frecuentemente con los fosfatos naturales 
en condiciones enteramente excepcionales, sobre cuya pro- 
ducción han dado luz las interesantes investigaciones de 
M. J. Ribau (2). Haciendo este químico pasar cloro y óxido 
de carbono á la vez, por una mezcla de carbón y fosfato tricál- 
cico, este se transformó en totalidad , á baja temperatura, en 
oxicloruro de fósforo con producción de cloruro de calcio y de 



(1) Compt. rend.; 18S7. 

(•2) Sur jc¡iem''thode de ti-ansformalion dnphosph. Iricalciquc en cowposi's cJiIorc's dii 
phosph. fComp, rend.; t. xcv, 1832.) 



(85) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 191 

ácido carbónico. El agente reductor es el óxido de carbono, 
no interviniendo el carbón sino como un cuerpo poroso, que 
sirve solo para condensar los g-ases. 

Este sicig-ular proceso de reducción y de cloruración, ú otro 
que aún no conozcamos, basta para explicar, como hemos 
dicho, la asociación de ciertos cloruros con los fosfatos natu- 
rales que se presenta en alg-unos sitios, y es una buena com- 
probación de la idea apuntada respecto á la deficiencia de 
nuestros conocimientos en punto al papel que puedan jug-ar 
estos minerales en la química terrestre. 

Los fosfatos de hierro, de mag-nesio y de aluminio que se 
asocian al de cal en los nodulos de Westfalia llamados Kie- 
renpacken, parece evidentemente el resultado de una acción 
química compleja del último sobre el hierro y sustancias ar- 
cillosas que le acompañaban, con ayuda de las materias orgá- 
nicas que en estado de materia carbonosa se presentan ahora 
en dichos nodulos. 

El hierro fosfatado es uno de los acompañantes más habi- 
tuales, debidos á la acción del fosfato de cal sobre el óxido 
de hierro, particularmente cuando ha sufrido la influencia 
descomponente de los ag-entes naturales. En Orville departa- 
mento del Norte las areniscas con nodulos de fosfdto contienen 
accidentalmente venas arcillosas intercaladas, teñidas por 
dicho mineral ferrífero. Haidinger (1), menciona la existencia 
-de la vivianita en un esqueleto sacado por él de unos escom- 
bros, y M. Nickles (2), ha encontrado en una tibia procedente 
de un cementerio una materia azul, que resultó ser dicho mi- 
neral examinado al microscopio. Estos hallazgos no pueden 
sorprender, pues se sabe hace tiempo por los estudios de Réa- 
mur que las falsas turquesas de Simorre en Gascuña, y de 
otros sitios, son dientes fósiles coloreados de azul verdoso 
por un poco de fosfato de hierro, y que estos dientes, como 
ya lo suposo Cuvier, pertenecen al Masiodon angustidens , y á 
otras especies del mismo género. También en las conchas fó- 
siles es frecuente ver dicho mineral en pequeños cristales ó 
manchas azules. Es muy interesante el análisis de los nodulos 
de las Isletas, en Francia, hecho por Dehérain, porque mues- 



(1) Jonrn.praht. Chem.; t. xliv. 

(2) Comp. rend.; t. xli. 



]92 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (86) 

tra que una parte del ácido fosfórico que contienen está com- 
binado con el óxido de hierro, pues la cantidad de cal que 
poseen, es insi.ificiente para formar con el ácido fosfórico fos- 
fato de cal tribásico. Este descubrimiento prueba que pueden 
existir minerales de este grupo en un estado latente, por de- 
cirlo at-í, y que contribuyan á la pluralidad de modos de pro- 
ducirse la difusión y alteraciones de los fosfatos. 

Las tierras veg-etales, y en g-eneral los productos tórreos de 
la descomposición de las rocas, g-ozan de la facultad descu- 
bierta por Liebig", de retener el fosfato de cal disuelto en el 
ag-ua á favor del ácido carbónico que esta conteng-a. Esta 
absorción en g-randes proporciones ejerce una influencia in- 
mensa en la composición de la capa más superficial del g'lobo " 
neutralizando, para hacerse soluble el fosfato el exceso de 
acidez que esta posee naturalmente, con g-ran perjuicio de las 
plantas, en cuyo respecto los minerales que nos ocupan son 
unos de los modificadores más importantes de ese manto su- 
perficial en el que se realizan tantos procesos químicos lentos 
pero constantes. 

El ag'ua más ó menos carbónica que circula en los intersti- 
cios del suelu, no disuelve más que cantidades infinitesimales 
de fosfato, así es que este cuerpo no es arrastrado por ella á 
las reg-iones profundas, sino en cortísima proporción. 

La función característica por excelencia de los fosfatos de 
cal en la química del g-lobo es la biológ'ica, por cuya virtud 
sirven de eslabón indispensable entre el mundo org-ánico y la 
materia mineral. Se sabe en efecto, que todos los seres vivos 
contienen fosfato; que estos proceden directamente del conte- 
nido en las rocas y en las tierras, y que intervienen activa- 
mente en los procesos de nutrición del org-anismo, sea como 
fermentos ó como medio de conservar la vida de estos, 
seg-ún deduce Pasteur de sus experiencias, ó interviniendo 
directamente en las funciones celulares, como piensan otros. 

Por lo que á los veg-etales se refiere, se sabe, desde los aná- 
lisis de Th. Saussure de principios de sig-lo, que el fosfato 
existe en todos ellos, hallándose en el residuo mineral de 
todos sus tejidos sometidos á la incineración. Constituye ade- 
más durante su vida uno de los elementos más importantes 
de la nutrición. Las observaciones directas han confirmado 
estas inducciones de Liebig*, pues los cultivos hechos en tie- 



í87) Calderón. — fosfatos dk cal naturales. 193 

rras desprovistas en absoluto de fósforo, no han dado lug-ar á 
ning"una producción vegetal. Hoy se sabe que este cuerpo 
retenido en las tierras es disuelto gradualmente, merced al 
ácido carbónico que lleva el agfua, y sobre todo á la aci- 
dez propia de las raíces. No se distribuye por ig-ual en toda la 
planta, pues los granos le contienen en mucha mayor propor- 
ción que las demás partes, ni se halla en la misma cantidad 
en todos los vegetales, habiendo en este respecto grandísimas 
diferencias entre ellos. Las más ricas en fosfatos son las que 
más intervienen en la alimentación de los animales, y seña- 
ladamente las gramíneas, y en general son también las que 
contienen mayor proporción de nitrógeno. 

Merced al reino vegetal , el fosfato pasa, por medio del ali- 
mento, á los animales fitófagos, y de estos á los carnívoros. 
Ambos poseen fósforo en los huesos y dientes, en los apéndi- 
ces dérmicos, en los músculos, en la sangre, bilis y orina, y 
sobre todo en las células nerviosas. El cerebro le contiene en 
tal cantidad, que algunos fisiólogos han expresado su impor- 
tancia considerándole inseparable del pensamiento. En una 
palabra, todos los tejidos del cuerpo, excepto los elásticos, 
dejan por incineración un residuo, que consiste principal- 
mente en fosfato calcico, lo cual induce además á pensar que 
este no se encuentra solamente en estado de disolución en el 
líquido que embebe los tejidos, sino unido además química- 
mente á la sustancia albuminoidea. 

El fosfato de cal es el predominante entre los fosfatos del 
organismo, sobre todo en la constitución de los armazones re- 
sistentes en estado de fosfato tricálcico (PhO^)''^ Ca^ según Heintz, 
más bien que en el de fosfato neutro, como lo admitían Rec- 
Minghausen y Wildt. Asociado al fluoruro forma el esmalte 
de los dientes de ciertos animales. M. Jolly, que ha escrito una 
obra voluminosa sobre los fosfatos en el seno de los organis- 
mos (1), opina que en cambio predomina el fosfato de potasa 
€n el aparato nervioso, el de sosa en el suero de la sangre, el 
de hierro en los glóbulos y el de magnesia en los músculos; 
pero todos los datos en que se funda son tan problemáticos, que 
no tienen estas afirmaciones otro valor que el de meras conje- 



<l) Les pliosphaíes et leui's fonclíons diez les Stres vivants. París, 1887. 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 13 



194 ANALES DE HISTOEIA NATURAL. {8S^ 

turas. Lo que sí se sabe con certeza es que el fosfato de sosa 
existe en el suero de la sangre en la proporción de 2 á 5 dg-. 
por 1.000. 

La existencia del fosfato tricálcico en los huesos y dientes 
es un hecho conocido ya de todo el mundo; y sin embargo, el 
descubrimiento del fósforo en ellos no pasa de 1769, en que 
Gahn lo separó y en común con Sebéele publicó un procedi- 
miento muy notable para extraerlo de ellos. Hoy sabemos que 
estos órganos contienen hasta un 60, un 70 y en ocasiones un 
80 por 100 de dicho cuerpo, y que un esqueleto de buey encie- 
rra más de 13 kg. de fosfato terreo por término medio. Se ha 
calculado que la sepultura humana almacena cada año en 
Francia más de 600.000 kg. de ácido fosfórico. 

Los productos de secreción de los animales son una vía de 
devolución á la tierra, aunque bajo nueva forma, de los fosfa- 
tos que de ella reciben indirectamente por medio de las plan- 
tas. Elie de Beaumont ha calculado que el ácido fosfórico qui- 
tado á la tierra por los hombres y contenido en sus huesos y 
su carne, puede evaluarse en el correspondiente ámás de dos 
millones de toneladas de fosfato de cal puro, esto es, en más de 
5.167.000 de nodulos de fosfato, teniendo en cuenta el número 
de hombres nacidos desde los celtas hasta nuestros días y que 
han vivido en el territorio francés; el almacenado en las sepul- 
turas, solo representa una fracción muy poco considerable de 
la cantidad que ha perdido la Francia. 

La descomposición de los cadáveres y las secreciones duran- 
te la vida, constituyen procesos de restitución que influyen 
poderosamente, como explicamos en su lugar, en la difusión 
de los fosfatos por todo el globo. Así el excremento del gana- 
do es un excelente abono por su riqueza en fosfatos y en ácido 
fosfórico. Las cenizas de los excrementos humanos contienen 
36,06 por 100 de ácido fosfórico: según Wechsarg, el fosfato de 
magnesia predomina en ellos sobre el de cal; pero Porter cree, 
al contrario, que encierran más de cal que de magnesia. Ya 
sabemos que los excrementos de las aves constituyen esos 
grandes depósitos de guano, que solo en las islas del Perú han 
debido componer más de 378 millones de quintales métricos. 
Existe también en otras muchas localidades costeras del Perú, 
de Bolivia, del Cabo de Buena Esperanza, etc., donde acuden 
por millones las aves que se alimentan sobre todo de peces» 



(89) Calderón. — fosfatos de cal naturales. ií)5 

como sucede en las costas del Pacífico; y si no llegan á conso- 
lidarse en otros parajes diversos, es porque no reinando la se- 
quía que en estos, las materias fecales son arrastradas por las 
lluvias á medida que se forman; en todo caso quedan solo las 
partes menos solubles y el g"uano pierde sus elementos nitro- 
g^enados, como sucede en alg-unas islas del Océano Pacífico, al 
NE. de la Australia, en muchas islas de la India occidental y 
en la misma costa de Chile. Así en estos g'uanos el fosfato de 
cal se concentra hasta formar casi exclusivamente la masa. 
Tal sucede en el g-uano de Mejillones, á una altitud de 500 m., 
en la costa de Bolivia, notable por encerrar muchas concre- 
ciones de fosfato amónico-mag-nésico, y casi ning-una cal. 

En la orina de los mamíferos existe el fosfato amónico- mag-- 
nésico en disolución en la de los animales carnívoros y que^ 
precipitándose lentamente en ocasiones, constituj^e concrecio- 
nes ó cálculos de un volumen á veces muy considerable; por 
el contrario, en los herbívoros solo está en suspensión y en pe- 
queña cantidad. Como se sabe, el descubrimiento del fósforo, 
que data de 1669, se debió á ensayos de evaporación de la ori- 
na, por cuyo medio se obtuvo dicho cuerpo durante más de un 
sig"lo, evaporando el líquido hasta sequedad y calcinando el 
residuo con arena.fina. 

De lo dicho resulta que los animales toman entre sus ali- 
mentos una cantidad de fosfato muy considerable; así es que 
después de asimilado el que para su nutrición necesitan, eli- 
minan todavía un conting-ente importante en los residuos de 
su dig-estión. Bischoff (1) ha llegado por experiencias cuida- 
dosas á deducir que en los carnívoros, el perro por ejemplo, 
una tercera parte del ácido fosfórico excretado sale con los ex- 
crementos al estado de fosfato de calcio, de magnesio y de hie- 
rro, y que el resto es excretado por las orinas en estado de fos- 
fato ácido, á favor del cual los fosfatos tórreos arrojados se 
mantienen en disolución. En los hervívoros al contrario, los 
fosfatos son reemplazados en la orina por los carbonatos, y el 
intestino es la vía de eliminación de los primeros. Parece, como 
dice Beaunis (2), que los elementos org-ánicos tienen una es- 
pecie de afinidad por el ácido fosfórico: así los músculos de los 



(1) Chemic und physic. Geologie^ t. i. 

(2; Xowoeaua; élém. deplnjs. humain: 18S1 : t. i, pág. 86. 



i96 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (90) 

herbívoros contienen tanto como el de los carnívoros, aunque 
en los primeros la sang-re y los alimentos ing-eridos encierren 
mucha menor proporción de fosfatos que los de los carnívoros. 

Los tejidos de los vertebrados marinos son más ricos en 
fosfato que los de los continentales, y está repartido este más 
homogéneamente por su cuerpo que en los seg-undos. Entre 
los mamíferos, los cetáceos poseen mayor cantidad de él que 
los restantes. Cuando todos estos pobladores del mar mueren, 
sus despojos se mezclan á las arcillas y á otros sedimentos, 
combinándose el fosfato que queda en libertad por la putre- 
facción con el carbonato de cal de dichos sedimentos. Se sabe 
que el pescado podrido es altamente fosforescente y que los 
residuos de las pesquerías de Terra-Nova, de los mares pola- 
res, de las costas de Norueg-a y de las oceánicas de Francia, 
contienen tal cantidad de fosfato, que se utilizan con provecho 
en la industria de los abonos. Aveces la pesca tiene por único 
objeto la fabricación de abonos, destinando á este efecto el 
cuerpo entero de los animales (1). 

Cualquiera que sea el g-rupo animal que examinemos y los 
tejidos de este cuya composición se estudie, siempre aparecen 
los fosfatos en mayor ó menor cantidad, como indicando estar- 
les encomendadas importantes funciones. Mucho se ha escrito 
y se encuentra recopilado en la obra citada de M. JoUy sobre 
el papel de dichos compuestos en la nutrición, y, sin em- 
barg-o, estos problemas distan de estar resueltos por los fisió- 
log-os. Para este autor los fosfatos, no solo constituyen el ar- 
mazón de todos los elementos histológ-icos animales y veg'e- 
tales, sino que sus transformaciones en el organismo son la 
principal condición de las funciones de la célula. Sea de esto 
lo que quiera, lo cierto es que los ácidos orgánicos, producidos 
por algunos tejidos, descomponen los fosfatos neutros ó bási- 
cos, proporcionados por la sangre, y los transforman en fosfa- 
tos ácidos. También es evidente que el fosfato de cal consti- 
tuye el principal elemento de resistencia de los tejidos, y 
sobre todo de los huesos, tratándose de los animales superio- 
res. Los hermanos Dusart (2) llaman inanición mineral al 
reblandecimiento que e.x.perimentan los huesos cuando no 



(1) JVH'iNTZ ET G;rard: Les engrais; 1889, tomo ii, páginas 231 y aiguientos. 

(2) De Viiiaiiition miiiérale. (<iGaz. médicaU de Paris>>, 1874.) 



(91) Calderón. — fosfatos de cal naturales. i97 

reciben la cantidad necesaria de fosfatos por escasez en la 
alimentación ó por perturbaciones en la nutrición, como en 
el embarazo ó en el momento de la dentición, probando que, 
aunque no fuera más que en el respecto puramente mecánico, 
la vida sería imposible si se privase á un individuo en abso- 
luto de dichos elementos minerales. 

Hemos insistido algún tanto en lo referente á la existencia 
y papel del fosfato en los animales, por relacionarse íntima- 
mente esta cuestión con la del origen org-ánico, atribuido á 
este cuerpo por Linneo y Maccullocb. Cierto que las acumu- 
laciones de excrementos producen los depósitos de guano, y 
metamorfoseados ban podido convertirse en ciplita ó interpo- 
nerse en otras rocas; que los antiguos huesos, dientes, conchas 
y cenénquimas dan lugar á formaciones fosfatadas; pero no 
es menos cierto que el fosfato, con el cual se han fabricado 
estas, procede del suelo, absorbido por la planta, ó del disuelto 
en las aguas del mar y separado directamente por la sustancia 
albuminóidea. Ni los testáceos marinos pueden vivir en un 
líquido privado de materias calizas, ni los vertebrados aéreos 
subsisten sometidos á una alimentación en que no entre una 
cierta cantidad de fosfato. 

Resulta en definitiva del proceso orgánico, que el ácido 
fosfórico que existe en pequeña cantidad en todos los suelos, 
así como en todas las aguas, es absorbido por los vegetales 
terrestres y marinos, operando así una primera concentración. 
Los animales toman á las plantas que les sirven de alimento 
la cantidad de dicho cuerpo necesaria para la formación de 
sus armazones esqueléticos y de sus demás tejidos, realizando 
así una segunda concentración más importante que la ante- 
rior. En fin, la última y más completa se produce en la des- 
composición que sucede á la muerte del animal y que para en 
la destrucción de la sustancia orgánica, dejando aislada la 
materia mineral en la cual'el fosfato de cal entra por un 85 
por 100. 



Resumiendo brevemente las conclusiones finales de carác- 
ter general que se deducen de este breve estudio, diremos que 
el fosfato de cal es un factor característico de la actividad de 



198 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (92) 

nuestro planeta. El es el núcleo por excelencia de esa estrecha 
relación entre la vida org-ánica y los fenómenos evoluti-vos de 
la tierra; pues en los continentes, pasando del suelo y de las 
ag-uas subterráneas al reino vegetal, y de este al cuerpo de 
los animales, vuelve bajo nueva forma á la tierra; y en los 
mares, tomándole las algas y los corales de igual suerte del 
liquido ambiente, es puesto en condiciones de acumularse y 
combinarse de mil modos. Y como los fosfatos constituyen un 
factor indispensable para la vida org-ánica, y esta á su vez 
interviene en todos los grandes fenómenos geológicos, la fun- 
ción de dichos minerales resulta en definitiva tan importante 
como la del mismo oxígeno, hidrógeno, carbono, azufre y 
otros cuerpos, sin los cuales no se concibe dinamismo alguno. 
Toda la habitabilidad del globo, es decir, la existencia de las 
faunas y ñoras que viven y han vivido en él, depende entre 
otras causas principales de la de los fosfatos de cal. Es posible 
que el ácido fosfórico se hallase libre ó en combinaciones que 
desconocemos en los períodos primitivos; pero el incremento 
de este cuerpo en el transcurso de las edades, exigido por la 
multiplicación de la vida, es debido á la descomposición y 
arrastre del apatito encerrado como inclusión en las antiguas 
rocas cristalinas. Esto hace presumir que el fosfato de cal ac- 
tivo debe ir en aumento gradual é incesante, merced al con- 
tinuo alterarse de dichas rocas, favoreciendo así la creciente 
multiplicación de los seres vivos, que al par que animan y 
embellecen la morada terrestre, intervienen poderosamente 
en todos los procesos geológicos. 



<93i Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. isa 



APÉNDICE. 



APLICACIÓN DE LOS FOSFATOS NATURALES k LA AGRICULTURA. 

Hemos visto que el desarrollo de las plantas es imposible 
sin la intervención de los fosfatos, y que los cultivos hechos en 
suelos desprovistos por completo de estas sustancias no han 
dado lug-ar á ning-una producción veg-etal. De otra parte los 
animales las necesitan tanto como los veg-etales, y por consi- 
g-uiente la base de la riqueza humana y aun de su existencia, 
que se funda en los seres que pueden proporcionarnos el sus- 
tento y las materias primas para las industrias, está íntima- 
mente lig-ada con la abundancia ó escasez de los fosfatos en el 
suelo. 

Aunque el ácido fosfórico se halla, como hemos notado, di- 
seminado extraordinariamente, hay tierras solo provistas de 
él en una cantidad demasiado pequeña para bastar á las nece- 
sidades del cultivo, y aun las ricas, acaban por empobre- 
cerse después de prolong-adas cosechas, sobre todo de ciertas 
plantas. De aquí ha surg-ido la necesidad de adicionar dicho 
elemento á los suelos que por contener poca cantidad son esté- 
riles, y la de reponerle en los ag-otados por los cultivos conti- 
nuados, constituyendo la importantísima aplicación de las ma- 
terias fosfatadas, que, por fundarse en principios íntimamente 
lig-ados con los expuestos, hemos creído debería tratarse, no 
obstante su carácter esencialmente práctico, en la presente 
monog-rafía. 

El empleo ag-rícola de los fosfatos solo se remonta á unos 
cuarenta años; así es que todavía en 1847 se consigna en el 
Diccionario de historia natural de D'Orbig-ny, que estos mine- 
rales solo sirven para extraer el fósforo, y que, por tanto, sus 
aplicaciones son bien escasas; pero en tan corto período de 
tiempo se ha esparcido de tal modo su uso, sobre todo en In- 
glaterra y Alemania, que ha bastado para agotar muchos ya- 



200 ANALES DE" HISTORIA NATURAL. (9í) 

cimientos de fosforita, y se ha convertido ya en una verdade- 
ra necesidad en estos países, acostumbrados al aumento de sus 
cosechas y á poner en cultivo tierras antes reputadas impro- 
ductivas, merced á la adición de tan precisas materias. 

El memorable Elie de Beaumont fué el primero en procla- 
mar en Francia la utilidad agrícola de los fosfatos naturales y 
su benéfica influencia en el rendimiento del cultivo del trigo. 
Poco antes en Inglaterra se probaba la acción productiva en las 
cosechas de los huesos pulverizados, y en Francia la del negro 
de refinación. El duque de Richmond, célebre agrónomo inglés, 
demostró por medio de experiencias directas que los huesos 
calcinados y desprovistos de materia animal eran tan fertili- 
zantes como los frescos, y dedujo, contra la opinión de Payen, 
sostenida en 1832 y luego generalizada, que el principio acti- 
vo de tales restos no radicaba en la grasa ni en la g"elatina, 
sino en el fosfato de cal, y en este merced al ácido fosfórico. 
Una vez sentado tal principio fundamental, se ocurrió en bre- 
ve sustituir el fosfato de los huesos, cuyo precio es elevado y 
cuya producción es naturalmente limitada, por los fosfatos mi- 
nerales. En 1842, Mr. Lawes estableció en Inglaterra el primer 
laboratorio de superfosfatos, y por entonces Elie de Beaumont 
iniciaba en el continente esa gran reforma, á la que debe la 
agricultura todo el impulso que ha sufrido en nuestros días. 

Poco tiempo después comienza la exploración activa de los 
yacimientos de fosfatos. El ingeniero M. de Molón, encargado 
por el Ministerio de Agricultura, emprendió la tarea de bus- 
carlos por todas partes, escribiendo una memoria que se ha 
hecho célebre (1), y casi al mismo tiempo Meugy, Nesbit, De- 
lanone, Pousnaréde, Jaille, Desailly y otros muchos descubrían 
tantos yacimientos en Francia, que esta industria adquirió en 
breve una extensión inmensa: en 1886 la producción ha sido 
allí de 184.166 toneladas. 

En Bélgica la explotación de los fosfatos de la creta iniciada 
en 1874 por M. Cornet, progresó tan repentinamente, que 
en 1886 pasaron de 100.000 las toneladas extraídas, propagán- 
dose la industria á Picardía. Los fosfatos ricos de estos yaci- 
mientos dosan de 25 á 40 por 100 de ácido fosfórico, pero el 



(1 ) Enqutlc suv les engrais iiifliíslvieh, 1865, 



(95) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 201 

más abundante solo contiene 8,25 por 100. Esta explotación, 
tan rápidamente desarrollada, marcha ya en rápida deca- 
dencia. 

Ya hemos visto que los fosfatos del porvenir se encuentran 
en los Estados- Unidos y en Rusia, donde se presentan en can- 
tidad suficiente para tranquilizar á los agrónomos, que empe- 
zaban á inquietarse por la suerte de la ag-ricultura, dada la 
marcha rápida de ag'otamiento de los yacimientos europeo» 
conocidos antes de estos modernos descubrimientos. 

Los productos de la alteración de ciertas rocas, como las 
cristalinas antiguas y las areniscas de todas las edades, se ha- 
llan casi por completo privadas de fosfatos, al paso que los re- 
sultantes de calizas y materias volcánicas contienen, por reg'la 
general, una cantidad crecida de dichos minerales. Mas como 
las tierras arables rara vez proceden exclusivamente de una 
sola clase de rocas, y, por el contrario, resultan casi siempre 
de la mezcla de muchos detritus diferentes, es raro encontrar- 
las desprovistas en absoluto de fosfato ni extraordinariamente 
ricas en ellos, viéndose todos los grados intermedios entre 
ambos extremos. 

El agricultor necesita conocer la cantidad de fosfato que po- 
seen las tierras que va á cultivar, y este dato puede obtenerse 
por medios distintos que se han estudiado cuidadosamente en 
estos últimos años. El análisis químico es desde luego el más 
seguro para averiguar con certeza la proporción en que existe 
dicho cuerpo: así, según numerosos análisis de Gasparin, Pra- 
del y otros muchos investigadores, hay tierras muy ricas, que 
son las que contienen más de 2 por 1.000 de ácido fosfórico; 
ricas, de 1 á 2; pobres, de 0,1 á 0.5, y muy pobres, de menos 
de 0,1. Mas el análisis químico no puede fijar el valor del fosfato 
bajo el punto de vista de su fertilidad y de la proporción de él, 
que es inmediatamente utilizable, lo cual, tratándose de las 
tierras de grado intermedio, deja en gran incertidumbre, aun 
después de conocer los resultados analíticos. Como regla ge- 
neral dan MM. Müntz y Girad (1), que los suelos que alcanzan 
un 1 por 1.000 de ácido fosfórico son poco sensibles ala adición 
de fosfato, y que dicha riqueza basta para mantener un buen 



(1) Les engrais, tomo ii, 1889. 



•202 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(96) 



cultivo: solo se necesita, para conservar la fertilidad, sostener 
esta proporción, reemplazando la cantidad sustraída por las 
cosechas. 

Otro medio de inducir la proporción en que los fosfatos de 
cal útiles se encuentran en las tierras, se funda en el cultivo de 
las mismas. Cuando las plantas, y particularmente los cerea- 
les, se presentan con una veg-etación vig-orosa en la parte foliá- 
cea y en los tallos, pero con espigas poco llenas y granos abor- 
tados numerosos, se puede afirmar la insuficiencia del ácido 
fosfórico en el suelo. Todavía cabe llegar á mayor certeza so- 
metiendo al análisis los cereales recolectados, tomando como 
tipo normal las cantidades siguientes de ácido fosfórico. 



Trigo 

Centeno . . 
Cebada. . . 
Avena. . . . 

Maíz , 

Sarraceno 



Grano. 



Paja. 



0,82 


0,23 


0,82 


0,25 


0,72 


0,19 


0,65 


0,28 


0,55 


0,38 


0,61 


0,18 



M. Dehérain (1) ha precisado las bases en que debe fundarse 
^1 análisis de las tierras y los datos para inducir la cantidad 
de abono fosfatado que conviene distribuírselas en cada caso. 

Es muy notable , al comparar entre sí las diversas plantas 
de cultivo, bajo el punto de vista de su riqueza en ácido fos- 
fórico, que hay una coincidencia constante entre esta y la de 
nitrógeno, por lo cual es preciso emplear simultáneamente 
abonos de las dos clases para obtener buenos resultados, como 
ya lo consignó M. Boussingault á consecuencia de sus estu- 
dios sobre los guanos. 

No todos los vegetales absorben la misma cantidad de ácido 
fosfórico, ni por consiguiente agotan los suelos en igual gra- 
do. Como ejemplos citaremos algunos, calculando por hectá- 
rea y en el supuesto de una cosecha media: 



(1) Sur le valeiir des engrais el parlicuUdremenl des pJiosphates et des seis ammonia- 
ca^ix. (Conférence de l'Assoc de profess. départament. d'Ag'ricult., 1887.) 



(97) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 203 

Trigo 16 kg. Patata 36,6 kg. 

Avena 21 Trébol 45 

"Guisante 26,5 Viña (50 hect. de vino).. . 9,7 

Colsa 47,8 Manzano 6,4 

Lino 2], 8 Olivo 8,1 

E,utabaga 115,0 

Los productos fosfatados con los cuales puede el agricultor 
restituir á las tierras las pérdidas que en estas materias expe- 
rimentan por el cultivo, son de naturaleza diversa; fosfatos 
minerales, huesos y g-uanos, sustancias todas que contienen 
principalmente fosfato tribásico de cal y que son iusolublesen 
■el ag-ua. En estos últimos años ha alcanzado también extra- 
ordinaria importancia la extracción del ácido fosfórico que 
<íontienen los minerales de hierro, consistiendo la industria 
en los subproductos de la fabricación de los aceros y que se 
llaman comercialmente escorias de de^fosfaiación ó fósforo de 
TTiomas. Limitándonos á los fosfatos naturales, debemos notar, 
ante todo, que no obran de un modo idéntico en la veg-etación, 
lo cual depende de las diferencias de estructura y ag-reg'ación 
molecular que cada uno presenta, en relación con las condi- 
ciones en que se han formado. 

Para servirse de dichas materias en estado natural, hay que 
pulverizarlas y cernerlas, reducirlas, en fin, á un cierto g-rado 
de finura, sin el cual es muy difícil se verifiquen las reaccio- 
nes que va á utilizar el cultivador. Por eso los nodulos, los 
coprolitos y los huesos que no son triturables, no tienen valor 
fertilizante empleados directamente. 

Una vez pulverizado el fosfato, interpuesto y bien mezclado 
con la tierra de cultivo, deben comenzar esas reacciones suti- 
les que producen su lenta descomposición, haciéndole alter- 
nativamente soluble é insoluble, del modo que hemos dejado 
explicado. En las tierras fuertemente acidas, pobladas de ma- 
lezas ó en los suelos turbosos,' que contienen una g-ran can- 
tidad de ácido húmico libre, y aun de ácido acético, seg-ún 
-M. Dehérain, los fosfatos se vuelven prontamente solubles, 
forman un verdadero superfosfato y acompaña al fenómeno un 
desprendimiento de ácido carbónico debido al ataque de la ca- 
liza, que se halla siempre asociada á aquellos. En cambio en 
las tierras arcillosas, en las cuales circula escaso ácido carbó- 



201 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ;98) 

nico, la descomposición del fosfato de cal es lenta, y solo en 
el transcurso del tiempo forma una combinación con el óxido 
de hierro y la alúmina, sobre cuya reacción reina todavía bas- 
tante oscuridad. Tampoco es ordinariamente rápida la trans- 
formación del cuerpo que nos ocupa en las tierras calizas, y 
esto á causa de su pobreza en materias orgánicas. 

Los fosfatos convienen en g-eneral á toda clase de tierras, y 
se citan reg-iones enteras estériles en otro tiempo que se han 
transformado en tierras fértiles, merced á la adición de dichas 
sustancias. Su acción es, sobre todo, admirable en los suelos 
arenosos, como se ha visto bien en Salogne, cuya agricultura, 
antes moribunda, se ha regenerado merced á ellos. En las ca- 
lizas no es su eficacia tan grande, tanto por descomponerse en 
ellas con lentitud, como hemos dicho, cuanto porque estas 
contienen ya de suyo fosfato, muchas veces en cantidad sufi- 
ciente. Sin embargo, M. Ladureau (1) ha hecho notar que es 
exagerada la opinión de los que creen que las tierras calcáreas 
no han menester nunca de tales abonos, probando por medio 
de análisis que á la larga se empobrecen en fosfato, sobre todo 
por el cultivo prolongado de los cereales, siendo entonces for- 
zoso acudir á suplir la deficiencia. 

En las tierras acidas antes mencionadas y en las que por 
proceder de la descomposición de rocas graníticas y estrato- 
cristalinas presentan análogo carácter, la experiencia ha mos- 
trado que la adición de fosfatos y materias calizas da un exce- 
lente resultado, sobre todo al descuajarlas para ponerlas en 
cultivo. Cuando se trata de páramos incultos, pero secos, antes 
de proceder á la primera labor, se espolvorea el fosfato, para 
que se entierre mediante esta operación. En el caso de tierras 
pantanosas ó húmedas, después de haber hecho zanjas y de 
dar así salida al mayor exceso de líquido que por este medio 
sea posible, todavía quedan demasiado encharcadas para cul- 
tivarlas; pero esparciendo entonces el fosfato en su superficie,, 
no tarda en nacer un césped espeso, que se consolida y permite 
proceder al desfonde al año siguiente. En Francia, no obstan- 
te de reinar aún mucha más indolencia que en Inglaterra y Ale- 
mania en punto al empleo de los fosfatos, se saca un partido 



(1) Lacide phosplioriqua dans les térros arables du nord de la France. (Compt. rend., 
t.xciv, 1-82.) 



<99) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 20 

inmenso del saneamiento y cultivo de los páramos y estepas 
áridas con ayuda de estas sustancias, que es una de las em- 
presas más lucrativas que se conocen. 

Como dichas tierras acidas se encuentran en excepcionales 
condiciones para atacar y utilizar los fosfatos, se pueden usar 
en ellas los minerales, que por ser menos alterables no tienen 
aplicación en la g-eneralidad de los casos, como el apatito y la 
ciplita, ó sean las cretas fosfatadas que la contienen. 

No es posible fijar el tiempo durante el cual ejercerá el abo- 
no su inñuencia en la tierra; pero empleando á razón de 1.000 
Mlogramos por hectárea, indudablemente bastará para cierto 
número de años, hasta que visiblemente la fertilidad comien- 
<5e á disminuir. Entonces convendrá completar la acción de los 
fosfatos por la de los otros abonos, porque los primeros no 
producen todo su efecto, sino mediante una transformación de 
las funciones del suelo, que se log-ra merced á la adición de 
«aliza ó de marg-a. Aunque á los fosfatos naturales acompañan 
casi siempre carbonatos, estos no se hallan en cantidad sufi- 
ciente muchas veces para neutralizar toda la acidez de las 
tierras, y de aquí que al cabo de algunos años el fosfato quede 
inerte, si no se auxilia su asimilación por las plantas, destru- 
yendo por la cal el estado químico del suelo. 

Las tierras arcillosas impermeables se encuentran casi en 
las mismas condiciones en punto á producción vegetal que 
las excesivamente acidas de que acabamos de ocuparnos: im- 
pregnadas de agua y circulando difícilmente el aire en ellas, 
contienen en estado adinámico una cantidad á veces muy con- 
siderable de materias orgánicas. Para mejorarlas es preciso 
modificar por el laboreo su estado físico, y para cambiar su 
composición, conviene emplear sucesivamente el fosfato y la 
cal, lográndose la alteración del primero, merced á la oxida- 
ción lenta de la materia orgánica, que en unión con el ácido 
carbónico, constituye el principal agente de la disolución del 
fosfato (1). 

En la generalidad de los casos las tierras no poseen substan- 
€ias orgánicas en cantidad suficiente para operar la descom- 
posición de los fosfatos, y de aquí que de antiguo se haya con- 



(1) H. Lasne; Be la sohibilUd des flios'iih. ct siqxrpñospJi.; 188L 



20G ANALES DE HISTORIA NATUKAL. (100) 

venido en la necesidad de su asociación para constituir con 
ambos el abono. El estiércol suele emplearse de preferencia á 
este fin, el cual, entrando en fermentación, reacciona induda- 
blemente sobre elfosfato, por más que esta acción no se pueda 
revelar por los métodos químicos ordinarios. También se usan 
con el mismo objeto diversas materias org-ánicas, como paja, 
serrín, barreduras y otras muchas, cualquiera de las cuales 
da el mismo resultado y cada cultivador puede elegir entre las 
que le teng-an más cuenta: lo principal es que el montón de 
abono fabricado se conserve húmedo. 

Como el fosfato no experimenta la rápida descomposición 
que sufren los abonos nitrog-enados, no requiere una época 
determinada para ponerlo en las tierras, ni sus dosis necesitan 
reg-ularse con exactitud, como sucede tratándose de aquellos. 
MM. Müntz y Girard (1) aconsejan servirse desde lueg'O de garan- 
des cantidades, juzg-ando preferible poner de una vez el ácido 
fosfórico necesario para una serie de cultivos, al fracciona- 
miento de su distribución. «Cuando se ha reconocido la nece- 
sidad del ácido fosfórico en un terreno, se puede sin vacilar 
llevar las dosis á 1.000 y 1.500 k^. de fosfato natural, que re- 
presentan un 200 á 300 kg-. de ácido fosfórico por hectárea y un 
adelanto medio de 60 francos.» 

Conviene enterrar el fosfato todo lo profundamente posible, 
puesto que no hay que contar en él con la difusión natural 
propia de los abonos nitrog-enados. Se recomienda, siempre 
que esto sea realizable, dividir el fosfato que va á emplearse en 
dos partes, una que se enterrará mediante labores profundas, 
y otra que se mezclará á la tierra, con ayuda de remociones 
superficiales con el arado, y perpendicularmente á la anterior, 
con el objeto de conseg-uir una mezcla íntima. 

Hemos dicho que para favorecer la acción de los fosfatos es 
necesaria su pulverización, á cuyo fin se muelen y ciernen, 
volviendo á triturar las partes g-ruesas que no han pasado por 
el tamiz. La importancia de esta operación, encaminada á au- 
mentar las superficies de contacto, ha sido puesta de relieve 
por la sig-uiente experiencia de MM. Barral y Menier: en ag-ua 
saturada de ácido carbónico colocaron trozos cortados en for- 



(1) Obra citada, t, il, páy. 521. 



(101) 



Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 



207 



ma de cubos del fosfato de los Ardennes, de dimensiones de- 
crecientes, y al cabo de una hora obtuvieron los siguientes re- 
sultados: 



Cubos de 3 mm. de lado 

— de 2 — 

— de 1 — 

Polvo impalpable 


Partes 

disueltas. 


Acido 
fosfórico 
disuelto. 


4mg. 
11 

48 

81 


2 mg. 

5 
25 
42 





Siendo, por consig-uiente, la solubilidad proporcional á las 
superficies, el análisis químico por sí solo no puede dar el va- 
lor real de los fosfatos, pues que su provecho agrícola crece en 
razón de la tenuidad en que se hallan. Siendo preciso, por con- 
siguiente, apreciar este grado de finura, se han propuesto di- 
versos medios; pero el más conveniente parece ser el empleo 
de tamices de seda, particularmente de los números 110 y 230^ 
que corresponden á los grados de pulverización que corren ha- 
bitualmente en el comercio. 

El estado molecular de los fosfatos, según la naturaleza de 
estos minerales, influye poderosamente en su grado de solubi- 
lidad. Los que poseen una textura compacta, sufren con me- 
nos energía que los demás la acción de los agentes disolven- 
tes, resistencia que depende de la misma constitución física de 
cada mineral. Para medir este grado de asimilación diferente, 
se han ideado varios medios, y entre ellos el más moderno es 
el tratamiento en caliente por una disolución de oxalato amó- 
nico, dosando el ácido fosfórico que se disuelve. Otros agróno- 
mos prefieren emplear á este fin las disoluciones" de ácido car- 
bónico y las materias húmicas, porque estos agentes son los 
que realizan en el seno de la tierra la transformación de los 
fosfatos en forma asimilable para las plantas. De todos modcs 
la reacción indicada por tales reactivos no se ha confirmado 
siempre en la práctica de los cultivos, y los resultados obteni- 
dos por el examen químico no pueden aplicarse sin alguna 
reserva, á lo que recurrirá luego en el terreno. 

De todos los fosfatos minerales los apatitos son los que más 



Í03 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (102) 

resisten á la acción de los disolventes químicos; vienen des- 
pués las fosforitas palmeadas, concrecionadas y testáceas, que 
deben pulverizarse cuidadosamente para emplearlas en el es- 
tado natural y mezclarse con mantillo; la ciplita y los fosfatos 
arenáceos son asimismo poco descomponibles, y, en fin, los no- 
dulos y coprolitos se atacan mucho más fácilmente que los mi- 
nerales precedentes por los reactivos, siendo eminentemente 
hig-roscópicos y sensibles á las acciones atmosféricas. 

En Francia se usan g-eneralmente los fosfatos en estado na- 
tural pulverizados y tamizados; pero en Ing-laterra casi siem- 
pre se someten á la acción de los ácidos, fabricando los cono- 
cidos superfosfatos, que mezclados con otras materias pro- 
ducen los abonos fosfatados. Á este fin suele emplearse una 
mezcla de 60 partes de ácido sulfúrico por 15 de ácido clorhí- 
drico, que actuando sobre 100 de fosfato pulverizado dan un 
producto que se seca lentamente y sin endurecerse en virtud 
del cloruro de calcio que se forma. Desde hace pocos años se 
fabrican en Cáceres superfosfatos muy concentrados y de alto 
valor, extrayendo el ácido fosfórico de los minerales de g'angfa 
silícea y sirviéndose de él para atacar á los de g^ang-a caliza. 

En estos compuestos industriales, á diferencia del fosfato 
natural, el ácido existe bajo tres formas: fosfato monocálcico, 
soluble en el ag-ua; fosfato bicálcico y fosfatos de hierro y de 
alúmina. 

El ácido fosfórico combinado con un solo equivalente de 
base se difunde inmediatamente en los líquidos del suelo; 
pero encontrando en él carbonato de cal, alúmina y hierro, 
forma en seg-uida compuestos insolubles, y se comporta lo 
mismo que el de las sustancias minerales tribásicas. Á la lar- 
g-a estos fosfatos de hierro y alúmina, que son el resultado de 
la transformación lenta de los diferentes fosfatos en las tierras, 
entran en reacción con la materia org-ánica, orig-inando pro- 
ductos esencialmente asimilables. 

El ácido fosfórico combinado á la cal en estado bibásico en 
los superfosfatos y en los fosfatos antes citados, se transforma 
rápidamente en el suelo en compuestos complejos; pero siendo 
muy notable el g-rado de división de estos fosfatos, la altera- 
ción es en ellos bastante rápida. Estos fosfatos bibásicos son 
insolubles en el ag-ua, pero solubles en el citraío amónico. 

Resulta en definitiva de todos los estudios realizados con 



(103) Calderón. — fosfatos de cal naturales. 209 

objeto de aquilatar las ventajas del empleo de los fosfatos que 
han sufrido tratamiento químico sobre los naturales, que en 
ambos casos el ácido fosfórico es conducido por una serie de 
reacciones al estado insoluble. Lo que varía es la rapidez con 
que estas reacciones se verifican y el grado de difusión de 
cada una. Los superfosfatos tienen la ventaja de bailarse por 
extremo divididos y con una tenuidad que si no llega al ideal, 
es merced á la aglomeración que sufren las moléculas después 
de la desecación, y á veces á reacciones químicas ulteriores. 
Sin duda ninguna esta es la mayor ventaja que ofrecen los 
productos industriales en cuestión sobre los minerales sola- 
mente pulverizados; pues, por lo demás, las raíces pueden sa- 
car partido de los productos insolubles, disolverlos, gracias á 
la acidez de sus jugos, y absorberlos por la diálisis. Lo evi- 
dente é incuestionable en este punto es que la asimilación de 
todas estas sustancias es proporcional á su estado de difusión 
en el suelo (1). 

Cuando se examinan al microscopio polvos de fosfatos na- 
turales, aun de los tamizados, se observa que hay una serie 
de partículas diminutas por extremo y otra que consiste en 
trocitos que quedarán largo tiempo inmovilizados en la tierra 
antes de ser asimilados por las plantas. En los tratados por los 
procedimientos químicos no sucede esto, sino que se encuen- 
tran en un estado de división homogénea, y como por otra 
parte la impregnación que sufren en el suelo antes de hacer- 
se insolubles es bastante rápida, se induce que estos deben 
aprovecharse mucho antes y de un modo mucho más homo- 
géneo que los productos naturales pulverizados por las raíces 
de las plantas. Si por medios mecánicos fuera dado llevar es- 
tos últimos al mismo grado de división que aquellos, apenas 
habría entre unos y otros diferencia sensible bajo el punto de 
vista agrícola. 

De estas consideraciones se desprende la ineficacia de los 
tan debatidos procedimientos químicos, ideados para que 
todos los cultivadores puedan ensayar los fosfatos y calcular 
su verdadero valor comercial; pues importaría más medir el 
grado de división de estos que no su solubilidad en el agua ó 



(1) H. Lasne: Oper. cit. 

ANALES DE HIST. NAT.— XII. 14 



210 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (104) 

en el citrato, que conduce á errores muy g-raves bajo el punto 
de vista económico (1). 

En la actualidad los superfosfatos no alcanzan el precio tan 
elevado que han llegado á tener aún no hace mucho tiempo; 
pero todavía es triple del de los fosfatos naturales, de modo 
que el ag-ricultor puede por el mismo precio proporcionar tres 
veces más cantidad de ácido fusfórico á sus tierras, sirvién- 
dose de estos últimos, que de los tratados por procedimientos 
químicos. La diferencia está en que en un caso se deja una 
reserva para el porvenir en el terreno, al paso que en el otro 
se obtiene un resultado más inmediato. Entre estos dos siste- 
mas, que convendrán más ó menos seg-ún que el cultivo sea 
preponderantemente intensivo ó extensivo, j en parte tam- 
bién, como hemos dicho, según la naturaleza de la tierra que 
se quiere abonar, cabe un procedimiento mixto, que consiste 
en emplear simultáneamente los fosfatos naturales económi- 
cos, para que la tierra se vaya enriqueciendo, y los superfos- 
fatos para aprovechar el tiempo necesario para que aquellos 
empiecen á activar. Lleg-ado este día, bastará añadir un poco 
del mismo k los estiércoles, á fin de conservar la riqueza de 
fosfato de sus tierras, sin tener que apelar nunca á los pro- 
ductos industriales. 

Para terminar, y recapitulando todas las consideraciones 
expuestas en el presente capítulo, recordaremos que el fosfato 
obra en los suelos de tres modos diversos, que según el orden 
de su importancia son: 

1." Como abono, restituyendo á las tierras un elemento 
indispensable para su fertilidad y que los cultivos acaban por 
arrebatarlas. Las exig-encias en este punto de las cosechas son 
tan variables, que oscilan de 15 á 50 kg. por hectárea, siendo 
las plantas forrajeras y los cereales los que hacen mayor 
consumo, por más que todas acaben por empobrecer los suelos 
mediante un cultivo prolong-ado. 

2.° Como factores que cooperan activamente á los trabajos 
de fermentación y que producen los elementos indispensables 
á la vida y al desarrollo de los fermentos. M. Pasteur ha reali- 
zado, en comprobación de esta tesis, experiencias interesantes 
j)or todo extremo. 

(1) P. Lévy: Oper. cit. 



(105) Calderón.— FOSFATOS de cal naturales. 211 

El mismo principio da también cuenta del hecho notado 
por primera vez por Boussing-ault de la favorable influencia 
del empleo simultáneo de los estiércoles nitrogenados y fos- 
fatados, que ofrece la naturaleza en forma de guanos, ó en el 
fosfato amónico-mag-nésico. A menudo se ve al abono nitro- 
genado producir un efecto escaso, á causa de la insuñciencia 
del ácido fosfórico y vice-versa. 

3." Los fosfatos solos, ó mejor unidos á los carbonatos, 
obran absorbiendo, para hacerse solubles, el exceso de ácidos 
que pueden contener las tierras, con gran perjuicio de las 
plantas, por cuya acción sanean los suelos al mismo tiempo 
que los enriquecen. 



CATAE.OGO 



PERIANTIADAS CUBANAS 

ESPONTÁNEAS Y CULTIVADAS, 

POR 

D. MANUEL GÓMEZ DE LA MAZA. 



(Sesión del 4 de Junio de 1890.) 



La subclase de las Periantiadas está representada en Cuba 
por 101 familias, correspondiendo 66 al orden de las Dialipé- 
talas y 35 al de las Gamopétalas. 

De esas familias que tienen representantes en Cuba nos 
ocupan actualmente 70. 

Nuestro trabajo se funda, sobre todo, en las exsiccatas de las 
plantas recolectadas en los campos cubanos por Mr. C. Wrigbt, 
citando entre paréntesis los números de muchas de esas exsic- 
catas. Utilizamos también los datos que ofrecen las obras de 
M. A. Grisebach (1) y la del Sr. D. F. A. Sauvalle (2), y expo- 
nemos, en fin, cuantas especies, espontáneas ó cultivadas, 
hemos diagnosticado en nuestros estudios prácticos. 



(1) Planta WrightiaiKe e Cuba Orientali: ex Mem. Acad. Amer. Scient. et Artivm, 
n. ser , tora, viii, pars i, Dec. 1860; pars ii, Nov. 1862. Cantabrigise Nod. Angl. 

Catalogus plantariim Cuhensium. Lipsise, 1866. 

(2) Flora cubana ( Revisto Catalogi Grisebachianum tel Index plantarum CubensiiimJ. 
Havanse, 1873: publicado por la Real Academia de Ciencias médicas, físicas y natura- 
les de la Habana. 



214 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

ORDEN I.— DIALIPÉTALAS. 

Suborden I. — Dialipétalas superovariadas. 



Ranunculáceas. — Magnoliáceas. — Berberídeas. —Ninfeáceas. — Malváceas. — Terns- 
tremiáceas. — Cisteas.— Hipericáceas — Tamariscíneas.— Violáceas. — Droseráceas. 
—Nepenteas. — Resedáceas. — Capparídeas.— Papaveráceas. — Geraniáceas.— Liná- 
ceas.— (Jrassuláceas. — Elatíneas.— Cariofíleas. — Portuláceas — Zigofíleas.— Rutá- 
ceas.— Simarúbeas.—Malpiguiáceas.—Poligaleas.— Leguminosas.— Connareas.— Ro- 
sáceas.— Moringeas.— Celastráceas.— Dicapetáleas.— Ilicíneas.— Pittospóreas.— 01a- 
cíneas.— Ramneas. 



Ranunculáceas. 

Nigella Damascaena Lin. (Cult.) — Arañuela, araña. 
Delphinium ajacis Lin. (Cult.) — Espuela de calallero. 
Ranunculus recurvatus Poir.? (Sylv!). [Ranunculus Cubensis 
Gris.] — Botón de oro. 
— Asiaticus Lin. (Cult.) — Marimona, francesilla. 

Anemone sestivalis G.-M. , nomen (Cult.) [Adonis sestivalis 
Lin.]— i^/or Adonis, gota de sangre'^ 

— vernalis G.-M., nomen (Cult.) | Adonis vernalis Lin.] 

— Flor A donis. 

— coronaria Lin. (Cult.) — Anemone. 

— hortensis Lin. (Cult.) — Anemone. 

Clematis dioica Lin. (1, 2) [Clematis Havanensis Kth., Rich.; 
Clematis pallida Rich.] — Cabello de ángel. 

— sericea Kth. {Sylv. )— Cabello de ángel. 

— Flammulastrum Gris. (1561). — Flámula. 



Magnoliáceas. 

lUicium parviflorum Mich." (3). — Anis, badiana. 
Magnolia Plumieri Sw. (1100) [Talauma Csind. ]—jyagnolia. 

— grandiflora Lin. [C\i\X.)~ Magnolia. 
Liriodendron Tulipifera Lin. {GM\\.'l) — TulÍ2Jero. 



(3) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 215 



Berberídeas. 

Berberís Fraxinifolia Hook.? (1853) [Mahonia Cubensis Rich.] 
— Cerillo de loma. 

Ninfeáceas. 

Cabomba Piaubiensis Gardner? 

Brasenia Nympbseoides H. B."^ [Brasenia peltata Pursh.: Hydro- 
peltis purpurea Micb".; Menyanthes peltata Thuiib.: Me- 
nyanthes Nympliaeoides Thunb.; Villarsia peltata Roem. tV 
Scbult.; Limnantbemum peltatum Gris.] 

Nymphíea ampia Cand. [Excl. ^, Cand.] — Flor de agua, oielimi- 
hio Marico. 

— Rudgeana Mey. [Nymphsea ampia Cand.; jS, Rud- 

g-eana Cand.] — Ninfea. 

— odorata Ait. — Nenúfar Manco. 

— Jamesoniana Plancb. — Neliimhio. 

— cterulea Sav. (Cult.) — Nenúfar azul. 

— alba Lin. (Cult.!) — Nenúfar, ninfea. 
Nuphar advena Ait. — Ova. 

Nelumbo lútea H. B." [Nelumbium luteum Willd.; Nelumbium 
pentapbyllum Willd.; Nelumbium codopbyllum 
Rafin.; Nelumbium Jamaicense Cand.] — Nelumhio 
amarillo. 
— nucífera Gíertn. (No lo bay en Cuba.) [Nelumbo In- 
dica Poir.; Nelumbium speciosum \Yilld.; Nelum- 
bium Asiaticum Rich.]; jS, Támara G.-M. (Cult.!) 
[Nelumbium speciosum Willd.; j3, Támara Cand.] 
— Nelumhio. 



Malváceas. 

Berrya (1) Cubensis G.-M., nomen (1117) [Carpodiptera Cuben- 
sis Gris.] — Majagua de costa, majagua del 2^inar. 

(1) Sección Carpodiptera G.-M., nombre. 



216 ANALES DE HISTOIUA NATURAL. (4) 

Munting-ia Calabura Lin. {AQ).—Memko^ guásima cerezo^ capu- 
linas. 
Luhea platypetala Rich. — Guásima amarilla, guásima 'caria. 
Corcliorus olitorius Lin .—Gringuele, gregré, grengué, grémguere. 

— pilolobus Link. 

— siliquosus Lin. (45). — Malva té. 

— hirsutus Lin. 

Tricliospermum Mexicanum H.-B" [Belotia Grewiaefolia Rich.] 

— Guasimilla, guacimilla, majagüilla blanca, majagüilla 
macho. 

TriumfettasemitrilobaLin. (43) [T. heterophyllaLam.'^; T. Ha- 
vanensis K."^; T. Ulmifolia Desv.; T. diversiloba 
PresL; T. ang-ulata h^m.^'^—Guizazo. 

— Grossularisefolia Rich. (44). — GiUzazo lolo, Guiza- 

cillo. 

— rhomboidea Jacq. — Guizazo de cochino. 

— hispida Rich. — Guizazo. 

— Altfeoides Lam.'' 

Prockia Crucis Lin. (11) [Trilix Gris.; Prockia tomentosa Rich.] 

— Guasimilla. 

Sloanea Amyg-dalina Gris. (1119). — Cresta de gallo. 

— Curatellifolia Gris. (1118).— Cr^^^rt: de gallo, jñto. 

— long-iseta Wr. — Cresta de gallo. 
Sterculia Carthag-enensis Cav. {Q,\i\X.\)—Camaru;Ca. 
Helicteres Guazumasfolia K."' 

— semitriloba Bertero [H. furfuracea Rich.] 

— trapezifolia Rich. — Alajagililla de costa. 

— rotundata Gris. 

— Jamaicensis Jacq. — Majagüilla de costa. 
Dombeya (1) penduliflora G.-M. (2) (Cult. !) [Astrapsea pendu- 

liflora Cand. (3); A. Wallichii LindL, Ker.] 
Pentapetes Phcenicea Lin. (SylY.)— Cáñamo. 
Melochia pyramidata Lin. {Syly .)— Malva común. 



(1) Sección Astrapcea H. B." 

(2) Árbol bellísimo; ramos divergentes. Hojas de 0,22 m. á 0,24 m. , acorazonadas, 
ampliamente dentadas; estípulas foliáceas, muy grandes, onduladas, ovales, acumi- 
nadas. Flores en número de 4i) á 50, de corola i)urpúrea, reunidas en capítulos mag- 
nos y suspendidos de la extremidad de un pedúnculo largo y erizado. India oriental, 
donde parece introducida; Madagascar. 

(3) Especie no citada en el Prodromus. 



(5) Gómez de la Maza.— periantiadas cubanas. 217 

Melochia tomentosa Lin. (40). 

— nodiñora Sw. (39) [Riedleia Cand.; Moug-eotia K.''^; 

Moug-eotia Carpinifolia Wendl.] — Maha colorada. 

— hirsuta Cav. [Riedleia Cand.; Mougeotia K."^; Ried- 

leia serrata Vent.; Melocliia serrata Benth.; Melo- 
chia vestita Benth.; M. Melisssefolia Gris, non 
Benth.] 

— manducata Sauval. 

Waltheria Indica Lin. (Sylv. !) [W. Americana Lin.; W. ellip- 
tica Cav.]; í¡, prostrata G.-M. , nomen (Sylv.!) [W. Ameri- 
cana Lin.; var. Sauval.; W. microphylla Cav.?] {l).—Aíalva 
blanca. 

Buettneria (2) Euphrasifolia G.-M., nomen (Sylv.!) [Ayenia 
Gris.] 

— (3) pusilla G.-M. , nomen (41) [Ayenia Lin.; Buet- 

tneria microphylla Gris.; non Lin.] (4). 

— Scorpiura Wr. (Sylv.!) 

Theobroma Guazuma Lin. (Sylv.!) [Guazuma Ulmifolia Lam.''] 
— Guásima. 

— tomentosa G.-M., nomen (47) [Guazuma tomento- 

sa K.^''; G. polybotrya Cav.; G. parvifolia Rich.] 
— Guásima. 

— Cacao Lin. (Cult.!)—CíJ!C«o. 
Malva leprosa Ort. (Cuba, seg-ún Cand.) 

— tricuspidata Ait. (Sylv.!) (5) [Malva Americana Cav.; 

Lin.; M. Carpinifolia Desvons.; M. Coromandeliana 
Willd.; Sida Jamaicensis Mili.; Malva Ulmifolia Balb.; 
M. Curassavica Desvons.; M. Doming-ensis Spreng*.; 
Malvastrum tricuspidatum A. Gray] (6). — Malva 
rizada. 

— spicata Lin. (27) (7) [Malva polystachya Cav. Malva 



(1) ¿ Qué es la exsiccata Wrightiana número 42? 

(2) Sección Ayenia, G.-M., nombre. 

(3) ídem. 

(4) Es invención de Sauvalle la Buettneña que atribuye á Lam.k y que pone bajo 
el nombre erróneo de BiUtneria, ó sea BiUtneria microphylla Lam> 

(5) Es exótica su var. /?, stib-triloba Cand. [Malva Antillarum Zuce] 

(6) Plantos WrigMiante Texano-Neo-Mexicana, pág. 16. 

(7) Hay que elegir entre * Cand. [Malva ovata Cav ] y ,S Cand. [Malva spicata 
Cav. ; Malva sub-lobata Desrous.] 



218 ANALES DE HISTORIA ^lATURAL. (6) 

Betulina Desvons; Malvastrum spicatum A. Gray] (1). 
Althíea rosea Cav. {Cult. 1)— Varita de San José. 
Sida Carpinifolia Lin. f. (1115) [ S. lanceolata Roxb.; Rich.; 

S. acuta Burm.; Rich.]; r, brevicuspidata Gris. (1565). 

— Malva de caballo. 

— ciliaris Lin. (Sylv.!) (2) [S. involucrata Rich.] 

— callifera Gris. 

— Jamaicensis Cav. (3) (29); 0, g-lomerata G.-M., nomen 

(1566) [S. g-lomerata Cav.] 
~ pyramidata Cav. (1570) (4). 

— phlebococca Gris. 

— paniculata Lin. (1569). 

— cordifolia Lin. (Ctiba?) [S. raultiflora Cav.]; ,3, AltliEeifo- 

lia G.-M., nomen (31) [Sida Althseifolia Sw.] (5). 

— Hederasfolia Cav. (1567). — Yedra terrestre. 

— Linifolia Juss. 

— spinosa Lin. (28). — Malva de caballo. 

— rhombifolia Lin. (1116). — Malva de cochino. 

— urens Lin. (30''; 1564). — Malva pehída. 

— supina L'Hérit. 

— Ulmifolia Cav. : forma sub-g-Iabra (30). 

— nervosa Cand, (1568). 

— triquetra Lin. (Sylv.!) [Abutilón triquetrum Rich.; S. tri- 

sulcata Jacq. ; Bastardía triquetra S. A. de Morales]. — 
Escola cimarrona. 

— Occidentalis Lin. [Gaya aíñnis Rich.; G. Occidentalis 

Gris.] 
Bastardía viscosa K.*'^ (Sylv.!) — Escoba de bruja. 
Anoda hastata Cav. 

Abutilón Indicum G. Don [A. Asiaticura W. & Arn.; non G. 
Don; non Sida Asiática Lin.; Sida Indica Lin.; Cav., Diss., i, 



(1) Bot. Pacif. Expl. , I, p. 147; y Pl. Fendlcr. p. 32 Es erróneo citar á Gris, como 
autor de este nombre. 

C^) Generalmente crece asociada al StylosuHtlies procnmbens Sw. , Icg-uminosa 
papilionacea cubana. 

(3) En Gris , Plantee Wrightianre e Cula Orientali, p. 163, y en Sauval , Flora cuba- 
na, p. 11, se lee Lin., en vez de Cav. 

(-1) Especie omitida por Sauval; admitida por Gris., Pl. Wright. Cuba. 

(5) Las var. 7, aristosa G.-M., nombre [S. AUJucifolia Sw.; ¡ij aristosa Cand.]; 
y o, Guadalupense G.-'M., nombre, son exóticas. 



(7) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 2¡9 

pág-. 33, t. 7, f. 10?; Abutilón elong-atum Moench?; Sida 
cordifolia Forsk.?; non Lin.] — Botoncillo de oro, dotón 
de oro. 
Abutilón pedunculare K.*^ [Sida peduncularis Cand.] A duiilon. 

— confertiflorum Ricli. (1572). 

— permoUe G. Don (1571) [Sida permoUis Willd.] 

— lig-nosum Rich. (Cuba! &^) [Sida lignosa Cav.] 

— crispum G. Don. [A. trichodum Rich.; Bastardía cris- 

pa Rich.; Sida crispa Lin.] 

— striatum Hortul. (Cult.!) (1). [Sida picta Hook.] 
Wissadula spicata Presl. 

— rostrata Planch.; Benth? (Exótica) [W. Periploci- 
folia Thw., Gris.; Abutilón Periplocifolium G. Don; Sida 
Periplocifolia Lin.]; 5, Caribsea G.-M. (Sylv.) [Sida Cariba^a 
Sloane ; Sida Periplocifolia Lin. ; s, Caribsea Cand.]; c"^, 
Wrig-htiana G.-M. (Sylv.); s, Hernandioides G.-M. (Sylv.) 
[Sida Hernandioides L'Hérit.] (2). 
ürena sinuata Lin. (1114). — Escola, cara'picho. 

— lobata Lin. 

— (3) capitata G.-M. (4) (Sylv.!); ü, Alceíefolia G.-M. (5) 

(36). — Malva mulata. 

— (6) Moenchi G.-M. (7). 



(1) Gris.: Die GeograpMshe VerbreiUcng der PJlamen Westindien, p. 38, señala como 
cubano el Abutilón siriaUím Kuntli. 

(2) Las var. 7?, Peruviana (j.-M.. [Sida periplocifolia Lin.; 7?, Peruviana Cand.]; 
r, Zeylanica G.-M. \_W. Zeylanica Medik.; Sida Periplocifolia Lin.; a, Zeylanica Cand.]; 
y ^, albicansG.-M. [Abutilón Periplocifolinm G. Don; S, albicans Eg-gers], son exó- 
ticas.— Ignoramos si son sinónimos de esta especie los nombres siguientes: Abuti- 
lón laxiflorum Guil.; A. parviforum St.-Hil. ; Sida excelsior Cav.; S. heterosperma 
Hoclist.; Wissadula excelsior Presl. 

(3) Sección Malachra G.-M. [Género Malachra Lin.] Carpelos inermes. 

(4) [Sida capitata Lin.; Malachra capitata Lin.] Tallo escabroso. Hojas acora- 
zonadas, sub-redondeadas, obtusamente angulosas, denticuladas. Involucros pedun- 
culados, 3-filos, 7-floros.— Puntos pantanosos de algunas Antillas [Cuba, Puerto-Rico 
/"Malva de caballo), Guadalupe, Islas Vírgenes , etc.], del Congo y de la India. 

(5) [Malachra Alcemfolia Jacq] Capítulos pedunculados, 5-fllos, sub-10-floros.— 
Cuba, Islas Vírgenes, Caracas. — La var. 7, rotundifolia G.-M. [Malachra rotundifo- 
lia Schrank], del Brasil , es desconocida en Cuba. Sus caracteres son : hojas orbicu- 
lado-crenadas. Capítulos pedunculados, 3-filos , .5-floros. Foliólos del involucro reni- 
forme-orbiculados. 

(6) Sección Malachra G.-M. 

(7) [Malachra pálmala Mcunch]. (i) Tallo erguido, escabroso. Hojas palmado-loba- 
das; lóbulos 3-5, el intermedio dilatado en el ápice. Flores medianas, amarillas.— 
Cuba, Puerto-Rico, Trinidad. 



220 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

Urena (1) radiata G.-M. (2) (35; \^13).—JfJalm mulata. 

— (3) urens G.-M. (4). 

— (5) Texana G.-M., nomen (Sylv.) [Malachra Texana 

A. Gray]. 

— (6) innomiiiata G.-M., nomen (Sylv.) [Malachra (Es- 

pecie núm. 197 de Sau valle, Flora cubana.)] 
Pavonia Typhalíea Cav. (33) [P. Typhalseoides K."^; P. Pseudo- 
Typhalsea Gris.]— ^«ífl^wo. 

— spinifex Cav. (34); j3, Grisebachi G.-M., nomen (1113). 

— Majagililla de costa, espinosa. 

— racemosa S\v. — Majagililla. 

— linearis Rich. 

— intermixta Rich. 

— hispida Sauval. 

— sub-pandurata Wr. — Majagilin. 

— cordifolia '^ y. —Majagilin. 

— meg-alophylla Wr. 

— Achanioides Gris.— Majagililla. 
Malvaviscas arboreus Cslv. ^Malvavisco, majagilillo. 

— Drummondii Torrey & A. Graij.— Malvavisco. 

— pulvinatus Rich. (7). 

Hibiscus Sororius Lin. — Majagililla, hiUsco Marico. 

— Bancroftianus Mac-Fadyen [H. truncatus Rich.] — 

Hilisco silvestre. 

— neg-lectus Sauval. 

— Phíeniceus Jacq. {Ihl'i). —Peregrina. 

— Cannabinus Lin. — Flor de San Juan. 

— Cubensis Rich. 

. — cryptocarpus Rich. (1575). — Majagililla de costa, hi' 
iisco de costa. 



(1) Sección Malachra G.-M. 

(2) [Sida radiata'Lm.; Malachra radiata hm.] Hojas palniado-lobadas. Capítulos 
pedunculados, 5-filos, oo-floros; involucros acuminados. Flores blanco-rosadas, ebrac- 
teadas.— Cuba, Puerto-Rico (Malva blancaj, Santo Doming-o, Guadalupe, Cayena. 

(3) Sección Malachra G.-M. 

(4) [Malachra nrens Poit.] (T) Hojas lobadas, 5-nervias. Capítulos sub-sentados; 
folíolos del involucro dentados en la base. -Cuba, Santo Doming-o, Saint-Thomas. 

(.5) Sección Malachra G.-M. 

(6) ídem. 

(7) Especie admitida por Gris , Caí. jü. Culi., p. 28, y omitida por Sauval. 



(D) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 221 

Hibiscus bifurcatus Cav. — Majagililla del pinar, MMsco del 
pinar. 

— costatus Rich. — Hihisco de saiana. 

— furcellatus Desvons. 

— Tiliaceus Lin. (Sylv.!) [Paritium Tiliaceum Juss.; Pa- 

ritium elatum G. Don]. — Majagua común. 

— Sabdariffa Lin. (Cult. !) — Aleluya roja de Guinea, 

agrio de Guinea, serení, aleluya. 

— Syriacus Lin. (Cult.) 

— Rosa-Sinensis Lin. (Cult!) — Mar-Pacifico, Sangre de 

Adonis, amapola. Hércules. 

— Var. de flores blancas {C\i\i.)— Leche de Venus. 

— Var. de ñores amarillas (Cult.) — Mar- Pacifico ama- 

rillo. 

— Var. de flores rojas dobles (Cult.!) — Mar-Pacifico mo- 

ñudo. 

— esculentus Lin. (Cult.!) — Quimhombó . 

— Abelmoschus Lin. {C\x\i.)—Al)el7nosco, ambarina. 
Gossypium herbaceum Jl<in. (Cult.) — Algodón (1). 

— Barbadense Lio. {f^\úX.)— Algodón. 

— arboreum Lin. (Cult.) — Algodón. 

— hirsutum Lin. (Cult ) — Algodón. 

— racemosum Poir. (Cult.)— Algodón. 
Thespesia populnea Corr. {Ibl 6). —Majagua de Florida. 
Kosteletzchya hastata Presl. [Hibiscus hastatus Cav.] 

— pentasperma Gris. [Hibiscus pentaspermusBert.] 

Bombax emarg-inatum G.-M. (2). [Pachira emarg-inata Rich.] 

—Seibón, ceibón. 
Eriodendron anfractuosum Cand. (3); ¡3, Caribseum Cand. 

(Syly.l)— Seiba, ceiba. 
Pachira aquatica Aubl. (Sylv.!) (4). — Carolinea, seibón de agua, 

seibón de arroyo, castaño silvestre, ceibón de agua, ceibón de 

arroyo. 



(1) En Cuba se usa más este nombre que el de Algodonero. 

(2) Diccionario botánico de los nombres vulgares críbanos y puerto-rique7ios. Artículo 
Seibón. 

(3) Esta especie está dividida en tres var., a, p , >■, por Cand. , sin admitir el EriO" 
dendron aiifracíuostim Cand. como tipo , ni como tal la var. a. Tal vez cada var. sea 
una especie distinta. 

(4) Véase G.-M., Flora de Cuba, tesis para el doctorado, Habana, 1887, p. 32. 



22-2 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

Pachira insig-nis Savig-ny (Cult.!) — Carolinea. 

— alba Aubl. {Q>\i\t.\)— Carolinea Manca. 

— minoY KVihl. {Cwli.)— Carolinea. 
Adansonia dig-itata Lin. (Cult.) — Baotal. 
Ochroma Lag-opus Sw. (38). — Lanero, seibón botija. 

Nota. Entiéndase que las especies citadas en esta familia 
son silvestres en Cuba, salvo indicación contraria. Hacemos 
esta advertencia porque en muchas de ellas no ponemos indi- 
cación alg-una sobre su existencia en la isla. 



Ternstremiáceas. 

Hsemocharis Curtyana G.-M. (Sylv.) [Laplacea Ricb.] — Al- 
. mendro. 

— Wrig-hti G.-M. (Sylv.) [Laplacea Wrig-htii Gris.] 

Almendro. 
Ternstrsemia elliptica Sw. (Sylv.); &, Clusioidea G.-M., nomen 
(Sylv.) [T. Clusisefolia Gris.; non K.^^?]. 

— obovalis Rich. (Sylv.)— Copeí/ vera. 

— albopunctata Choisy {Sylv.)— Copey vera. 

— flavescens Gris. (Sylv.) — Copey vera. 

— cernua Gris. (Sylv.) — Copey vera. 

Marila dissiliflora Sauval. (Sylv.) [Marila racemosa Gris.; 

non Sw.] 
Eroteum Thseoides Sw. (Sylv.) [Cleyera Planch.] 

— hirsutum G.-M. (49) [Freziera hirsuta Sm.j 
Marcg-ravia umbellata Lin. (Sylv.) 
— olig-andra Wr. (Sylv.) 

Cisteas. 

Lechea minor Lin. (Sylv.!) 

Hipericáceas. 

Hypericum Crux-Andrege G.-M. (2129) [A.scyrum Crux-Andrese 
Lin.; A. multicaule Mich/; A. stans Mich.''; A. Hyperi- 
coides Lin.] 



(11) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 223 

Hypericum amplexicaule G.-M. (2128) [Ascyrum amplexicaule 
Mich.'^; A. Cúbense Gris.] 

— Arenarioides Rích. {C\ihñl).—JlJazorqui[la de costa. 

— hecatophyllum Sauval. 

— Styphelioides Rich. (2127). 

— Galioides Lam.''^ [H. axillare Lam.'"; H. fascicula- 

tum Lam.''; H. limosum Gris., p. p.] 

— Diosmoides Gris. (2124). 

— limosum Gris. 

Vismia Guianensis Pers. (Cult.) — Lacre. 



Tamariscíneas. 

Tamarix Gallica Lin. (Q,\\\i.)— Talaya, tamariz. 

Violáceas. 

Hybanthus strictus H. B." (20) [lonidium strictum Vent.] — 
Ipecaciianha de Méjico. 

— proeumbens G.-M. (1898) [lonidium (ó Jouidium) 

Gris . ] — Vio Uta silves iré . 

— lineatus G.-M., nomen(Cuba!) [lonidium linea- 

tum Ging-.; Viola lineata Orteg-a]; P, dubium 
G.-M., nomen (Cuba) [Viola lineata Herb., Host., 
MonsTp.] — Violeta silvestre. 

— Havanensis Jacq. (114) [lonidium Havanense 

Benth. «Se Hook.] 
Viola odorata Lin. (Cult.!) — Violeta. 

— tricolor Lin. (Cult.!) — Pensamiento. 
Sauvag-esia pulchella Planch. (Sylv.) 

— erecta Lin. (Sylv.l) — Hierba de San Martin. 

Droseráceas. 

Drosera intermedia Drev. & Hayn. (Exótica); y, Americana 
Cand. Í1899) [Drosera Americana Willd.; D. long-i- 
folia Sm.; 7, Americana Gris.] 
— communis St.-Hil. (1900); i3, Cubensis G.-M. nomen 
(1901); 7?, breviscapa Wr. (1902). 



224 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 12) 

Nepenteas. 

Nepenthes distillatoria Lin. (Cult.) — Nepentes. 

Resedáceas. 

Reseda odorata Lin, [0\út.\)— Resedá. 

Capparídeas. 

Cleome pungens Willd. (1865). — Volatína. 

— polyg-ama Lin. (9; 1%^^).— Volatína. 

— Houstoni R. Br. (1864) [C. Cubensis UioXi.] — Volatína. 

— procumbens Jacq. (1868). — Volatína. 

— macrorhiza Sauval (!). — Volatína. 

— Guianensis Aubl. (1867). 

Gynandropsis pentaphylla Cand. [Cleome 'Lm.] — Volatína. 
Capparis frondosa Jacq. (1871). 

— Jamaicensis Jacq. (9; 1870) [C. emarg-inata Rich.] — 

Carionero. 

— Cynophallophora Lin. (10). — P de perro, mostaza, 

Palo díallo. 

— Grisebachii Eichler (9'') [C. Amyg-dalina A. Gray, 

Pl. WrígJit. Tex., 155; non Lsun.^^]— Alcaparro. 

— ferrug-inea Lin. (1869) (1). 

Papaveráceas. 

Arg-emone Mexicana Lin. {Silyes,tre\).— Cardo santo. 
Bocconia frutescens Lin. (6); r, subtomentosa L'Hérit (Cuba?). 

— Palo amarillo, palo amargo. 
Papaver rhoeas Lin. {Cnlt. \)— Camelia, amapola. 

— somniferum Lin. {Cult)— Adormidera. 

(1) Sauval. la omite, al menos aparentemente; por esta razón la citamos con reserva. 



(13) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 225 



/ Geraniáceas. 

Oxalis corniculata Lin. (55); i3?, microphylla G.-M. , nomen 
(56) [Oxalis microphylla Poir.]; r, pyg-msea Gris. 
(2178) . — Vinagrera , vinagrillo . 

— frutescens Lin. (2177). 

— violácea Lin. (1579) [Oxalis intermedia Rich.] — Vina- 

grillo. 
Impatiens Balsamina Lin. (Cult.Ij — Madama. 
TropsBolum majus Lin. (Cult.!) — Marañuela. 
Pelarg-onium odoratissimum A.it. (Cult.!) — Geranio rosa. 
Averrhoa Bilimbi Lin. {CM\X.\)—Calamias, Camias. 



Liliáceas. 

Linum usitatissimum Lin. (Cult.) — Lino. 

Erythroxylon minutifolium G.-M., nomen (2133) [Erythroxi- 

lum minutifolium Gris.] — Arabo de piedra, 

sibanicú, cubanicú, cubainicú. 

— brevipes G.-M., nomen (Cuba!) [Erythroxylum 

brevipes ('and.]; j3, spinescens G.-M., nomen 
(2134) [Erythroxylum spinescens Rich.] 

— alternifolium G.-M., nomen (2136; 3138) [Ery- 

throxylum alternifolium Rich.]; j3?, pedicella- 
re G.-M., nomen (2139) [Erythroxylum alter- 
niflorum Rich.; var.? pedicellare Gris.] — Jibá. 

— lineolatum G.-M., nomen (Cuba) [Erythroxylum 

lineolatum Cand.] — Jibá. 

— obovatum G.-M., nomen (2140; 2141) Erythroxy- 

lum obovatum Macf. ; Erythroxylum aíñne 
Rich. — Arabo colorado. 

— rufum G.-M., nomen (Cuba!) [Erythroxylum ru- 

fum Gdi.y.']— Arabo colorado. 

— squamatum G.-M., nomen (Cuba?) (1) [Erythro- 

xylum squamatum Vahl]. 

(1) Geis.: Cat.pl. Cub., p. 42, lo admite como de Cuba. 

ANALES DE HI3T. NAT. — XIX. 15 



•22r, ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14) 

Erythroxylon Havanense G.-M., nomen (2137) [Erythroxylum 
Havanense Jacq.J — Jibá. 

— obtusum G.-M., nomen (86; 1149) [Erythroxy- 

lum obtusum Cand.; Erythroxylum Havanen- 
se K.*''; non Jacq.; Erythroxylum areolatum 
Poepp.; non Lin.] — Jihá. 

— Coca H. B.» (Cult.) [Erythroxylum Coca Lam.'^] 

—Coca del Perú. 



Crassuláceas. 

Bryophyllon calycinum G.-M., nomen (Sylv.!) [Bryophyllum 
calycinum Salisb] — Prodigiosa, xiilora, hoja bruja, inmor- 
tal, pólipo herbáceo, siempreviva. 



Elatineas. 

Berg-ia sessiliflora Gris. (2542). 

Cariofíleas. 

Arenaria serpens K."^ 

Drymaria cordata Willd. (Cuba?); j3, diandra Gris. (24). 

— Ortegioides Gris. (2019). 

Dianthus Sinensis Lin. [CwM.l)— Clavel de la China. 

— barbatus Lin. [CxiW^— Clavel de poeta. 
Lychnis Coeli-Rosa Desr. {Q,\ú%.)—Rosa del cielo. 

— Chalcedonica Lin. (Cult.) — Cruz de Jerusalem, crm de 
Malla. 

Portuláceas. 

Talinum patens Willd. ['¡¿Qi).— Verdolaga francesa. 
Claytonia perfoliata Donn (Sylv.) [C. Cubensis Bonpl.] — Ver- 
dolaga de Cuba. 
Portulaca olerácea Lin. {Sylv.) — Verdolaga verdadera. 

— lanceolata Engelm. (2026). 



(15) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 227 

Portulaca pilosa Lia. (2023; 2025); var. {2^^).— Salta- Per ico, 
diez del[dia, verdolaga de sadana. 

— grandiflora Lindl. (Cult. !); s, Thomburnii Hort. 

(C ult. ! ) — Verdolaga. 

— Halimoides Lin. (Sylv.) — Verdolaga. 

— quadrifida Lin. {Sylv.)— Verdolaga. 

— micTo^hjUaEich. {SylY.) — Verdolaga. 



Zigofileas. 

Tribulus maximus Lin. (Sylv.!) — Abrojo. 
— Cistoides Lin. {Sy\v.l)—Al>7'oJo. 
Guaiacum ofiicinale Lin. (57). — Ghiayacán. 

— sanctum Lin. {Sylv. l)—Guagacancillo. 



Rutáceas. 

Ruta graveolens Lin. (Cnlt. 1)— En da. 

Galipea Ossana Cand. (Sylv., sec. de la Osss). —Qidna del país. 

Ravenia spectabilis Planch. [Lemonia spectabilis Lindl.] — Le- 
monia. 

Pilocarpus lieteropbyllus A. Gray [Raputia? heteropbylla 
Cand.] 

Casimiroa heptaphylla Llav. & Lex. {Cü\t.l)—Sapote Manco. 

Xantboxylon emarg-inatum G.-M,, nomen [Zantlioxylum emar- 
g-inatum Sw.; Fagara emarginata S\v.; Tobinia 
emarginata Desv.; Zantlioxylum coriaceum 
Rich.; Tobinia coriácea Desv.] — Bayim, Myvda. 

— dumosum G.-M., nomen [Zanthoxylum dumo- 

sum Rich.; Fagara dumosa Gris.] 

— spinosum G.-M., nomen [Zanthoxylum spinosum 

Sw.;Fagara spinosa Sw.;TobiniaspinosaDesv.] 

— ternatum G.-M., nomen [Zanthoxylum ternatum 

Sw.; Fagara ternata Sv^.'j—Mate árbol. 

— /3?, tsediosumG.-M., nomen [Zanthoxylum tsedio- 

sum Rich.] 

— stenopterum G.-M., nomen [Zanthoxylum ste- 

nopterum Sauval., nomen.; Fagara stenoptera 



2-28 ANALKS T)E HISTORIA NATURAL. (16) 

Gris.] — Chivo, humo, limón café, Umoncillo, 
tomeguin. 
Xanthoxylon Ayua G.-M. (1) (1132; 1132') [Zanthoxylum Clava- 
Herculis Cand. non Lin. (2); non Lam."^; Zan- 
thoxylum Caribseum Lam.'S non Gsertn. (3); 
Zanthoxylum Carolinianum Gtertn.; non 
Lam.'^ (4); Zanthoxylum lanceolatum Poir (5). 
— Ayéa, ayuda. 

— phyllopterum G.-M., noDien [Zanthoxylum phy- 

llopterum Sauval., nomen; Fag-ara phyllopte- 
ra Gris.] 
/ — Pterota G.-M. , nomen [Zanthoxylum Pterota 

Cand.; Zanthoxylon Pterota K.*'% p. p.?; Fagara 
Pterota Auct. non Lin.; Schinus Fagara Lin.? 
Fag-ara Lentiscifolia Willd. : es invención de 
Sauval. la Fag-ara Lentiscifolia Gris.] — Ayúa 
cayutania?, espino, Umoncillo, tomeguin. 

— ? g-racile G.-M., nomen [Zanthoxylum? g-racile 

Sauval., nomen; Fag-ara g-racile Gris.] 

— aromaticum G.-M., nomen [Zanthoxylum aro- 

maticum Willd.; Zanthoxylum Elephantiasis 
Macfad.] 

— Jug-landifolium G.-M., nomen [Zanthoxylum 

Jug-landifolium Willd.]— ^^M6?« llanca, ayuda 
hembra. 

— ;3?, Berterianum G.-M., nomen (Cuba?) [Zan- 

thoxylum Jug-landifolium Willd.; ;3?, Berte- 
rianum Cand.] 

— duplicipunctatum G.-M., nomen [Zanthoxylum 

duplicipunctatum Wr.] — Ayuda varia. 

(1) Árbol aguijonóse. Hojas impari-pinnadas y 4-10 yugadas; foliólos oval-oblon- 
gos ó eliptico-lanceolados, lampiños ó pubescentes por arriba, pelúcido-punteados 
por debajo ó in-punteados [?]; peciolo común aguijonoso. Cimas axilares y terminales, 
sub-apanojadas Flores de tipo quinario, con cáliz y corola; 5 ovarios ll-oculares, co- 
herentes inferiormente. 

(2) El Zanthoxylmn Clava-Herculis Lin. corresponde por completo al Xanthoxy- 
lon FraxinetiniQ.-M., nomen [Zaní hoxy him Fraxineum WiÚd.; Zantkoxt/lum Clava- 
Heraiüs Lam.i< ; Zanthoxyhtm Caribwum Goertn.; non Lam i< Zanthoxylum America- 
nuní Mili.; Zanthoxylum ramiflorum Mich."], exótico. 

(3) V. la nota anterior. 

(4) El Zanthoxylum Carolinianum Lam.ií es sinónimo de una especie exótica. 

(5) Es la 9, 



(17) Gómez de la Maza. — perfantiadas cubanas. 229 

Xanthoxylon Pistacisefolium G.-M., nomen [Zanthoxylum Pis- 
taciíefolium Gris.] 
— Bombacifolium G.-M., nomen [Zanthoxylum 

Bombacifolium Hl ch..] — A ^tída prieta, ayuda 
sin espinas. 
Amyris sylvatica Jacq. — Ciiahilla. 

8, Plumieri G.-M., nomen [Amyris Plumieri Cand.] — 
CíiaM de monte. 

— balsamifera Lin. [A. pinnata K."^; k. sylvatica Rich..; 

non Jacq.; A. sylvatica Jacq. ; var. Gris.] — Cuadá 
Manca, palo de roble, sasafrás del pais. 

— lineata Wr. 

— axilliflora Gris. 

— maritima Jacq. [Amyris saussa Fernández, non Brus.?J 

— Cuaba amarilla de costa, cícahá de costa, incienso, 
incienso de costa, palo de incienso, palo de resina. 

Nota. En Cuba no existen éi Amyris Floridana Nutt., ni 
el Amyris diatrypa Spreng-., ni se llaman, por consig-uiente, 
Cuaba blanca. 

Limonia trifoliata Lin. (Cult.?) [Triphasia Cand.] — Limoncito 
de Cuba'? , limoncito de China, limoncito de Batavia. 

— Citrifolia Willd. (Cult.?) [Glycosmis Citrifolia LindL; 

Glycosmis heterophylla Rich.] 
Murraya exótica Lin. (Cult.!) — Murraya, miiralla. 
Citrus medica Lin. (Cult,!) [Citrus medica Lin,; a, medica pro- 
per Hook., The Flora of British India, i, hl'i].— Cidra, 
ü, Limonum Hook. (Cult.! sylv.?) (1). — Limón (agrio). 
Sub-var. b, Gallo-Limonum G.-M., nomen (Cult.!) — 

Limón francés (agrio). 
Sub-var. c, Peretta G.-M., nomen (Cult.!) [C. Limetta 
Risso; var. Peretta Ca.nd.']— Limón de ombligo (agrio). 
B, Limetta Hook. (2) (Cult.!) [C. Limetta Risso; var. Li- 
metta Cand., p, p.] — Lima, lima criolla, lima de la 
tierra, lima de piqídto. 



(1) Creemos que es el Limón citado por Sauval. bajo el nombre de C. Limonum 
Cand. 

(2) Sección Limetta. 



290 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (18) 

X liybr.? {Cu\t. I )—N'aranJ a lima. 

Sub-var. d, Gallo-Lumia G.-M*. , nomen (1) (Ciilt. !) 

[C. Limetta Risso; var. Limetta Cand., p. p.] — Limón 

dulce, limón francés dulce. 
Citrus Aurantium Lin. (Cult!) [C. Aurantium Líd.] 

a, Aurantium proper Hook. — Naranja de China. 
Sub-var. í, melitense G.-M., nomen {Qjwyí.\)—Naran- 

jita de Malta, naranjita de sangre. 
Sub-var. c, nobile G.-M., nomen (Cult.!) [C. nobilis 

iLOViV.^—Naravja moreira. 
¡3, Big-aradia Hook. {1121).— Naranja agria. 
Sub-var. J, pulpas-dulci G.-M., nomen (Cult.! sylv.?) 

— Naranja de Cajel. 
Sub-var. c, Myrtifolia G.-M., nomen (Cult.!) — Nara^i- 

jita de Sa7i José, naranjito del OMspo. 
Sub-var. d, macrocarpa G.-M., nomen (Cult.!) — To- 
ronja, 
y, Berg-amia Hook. {Q\x\i.)— Bergamota. 

Nota. En las especies donde no ponemos indicación alg-u- 
na se sobrentenderá el término silvestre. 



Simarúbeas. 

Castela erecta Turp. (2193). 

Simaruba g-lauca Cand. (2) (1159; 2187).— P«/o blanco. 

— Isevis Gris. 
Spathelia simplex Lin. (2192). 

— vernicosa Tul. (2191). 

Tariri pentandra H. B." (64; 65) [Picramnia Sw.; P. micrantlia 
Tal.]— A gnedita, quioia de la tierra, quina del pais. 
— Antidesma H. B." [Picramnia Sw.] — Br asílete falso, Iva- 

silete bastardo. 
— - reticulata G.-M. (2188) [Picramnia Gris.]— 3farigoncillo. 
Picrodendron .Tug-lans Gris. (2274; 2275) [P. arboreum Planch.; 
Schmidelia macrocarpa Rich.] — Yanilla. 



(1) Sección TAimia. 

(2) Sinónimo de Shuavuba ojüciiialis Cand.? 



(19) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 231 

Suriana marítima Liu. (2028). — QxiahiUa. 
Qaassia amara Lin. (Cult.) — Quasia, qiiasi. 



Malpiguiáceas. 

Galphimia g-lauca Cav. (2159. Cult.!) 
Byrsonima cinérea Cand. (Sylv.) — Peralejo llanco. 
^ — crassifolia K."^ (Sylv.) ; r, glabrata Gris. (2142) ; c'í, 
lanceolata G.-M., nomen (Sylv.); s?, Pinetorum 
G.-M., nomen (Sylv.) [Byrsonima Pinetorum ^\^r.] 
— Peralejo. 

— Cubensis Juss. (2143). — Peralejo de monte. 

— spicata Cand. (82). — Peralejo de lunares. 

— chrysophylla K."» (Cuba?); &, lancifolia Gris. (2145). 

— lucida Cand. (84"; 2150) (1). — Carne de doncella. 

— biflora Gris. (84). — Sangre de doncella. 
Buncbosia nitida Cand. (87; 88; 89; 2149) [B. media Cand.?; 

B. g-landulosa Cand.?; B. Swartziana Gris.?] — Airan de 
costa. 
Spacbea parviflora Juss. (Sylv.) 

— Ossana Juss. (Sylv.) 
Malpig-bia g-labra Lin. {90).~Cerezo. 

— urens Lin. (2) [M. Martinicensis Jacq.]; 7, A. Juss. 

(2147) [M. lanceolata Gris.; M. urens Lin.; var. an- 
gustifolia Ricb.] ; S', g-rossa G.-M., nomen (2146) 
[M. Cubensis K."'; M. ang-ustifoliaGris., non Lin.; 
var. Cubensis Gris., Cat. 2^1- Ciib., non K."'] — 
Palo bronco. 

— Punicifolia Lin. (85. Cult.) — Cerecero. 

— oxycocca Gris. (83; 1583; 2148). — Palo bronco de 

monte. 

— cnida Spreng-. (100). — Palo dronco, 

— setosa Spreng". (99) [Malpig-hia setosa Bert., non 

Malpig-liia Martinicensis Jacq.] — Palo h'07ico. 



(1) Es erróneo el núm. 1150 citado en este punto. 

(2) El tipo parece desconocido en Cuba. Sauval., Fl. cub., 16, admite Malpighia 
urens Lin. [M. lanceolata; var. Cubensis Gris.]; esto es erróneo, pues Gris, no consi- 
deró la M. Cubensis K."> como var. de la M. lanceolata Gris., sino de la M. angustifolia 
Lin., que para Cuba, donde no existe, empleó mal. 



232 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (20) 

Malpig-hia coccig-era Lin. (2150); j3, Ilicifolia Wr. [2151)— Palo 

h'07ico del pinar. 
Henleophy tum plumiferum (1) [Henleophy tum echinata Karst. 

Henlea echinata Gris.] 
Brachypterys Borealis Juss. (2157). 
Stig-maphyllon microphyllum Gris. (93). — San Pedro. 

— faustinum Sauval. (Sylv.) — Bejuco Süíi Pedro, 

de flor amarilla. 

— diversifolium Juss. (2153) [Banisteria díversifo- 

lia K.ti^]; j3?, sericeum G. M. , nomen (2155) 
[Stig-maphyllon sericeum Wr.] — San Pedro. 

— rhombifolium Sauval. (Sylv.) [S. puberum 

Juss.?] — Bejuco de San Pedro, de flor ama- 
rilla. 

— Periplocifolium Juss. (2154).-5e/MC0 San Pedro. 

— Sag-rseanum Juss. (97). — Bejuco San Pedro. 

— lineare AVr. (2156). — Bejuco San Pedro. 
Banisteria Ledifolia K."' (Spec. dub.) 

— pauciflora K.th (95 ; 1584; 2158.) 

Heteropterys Laurifolia Juss. (92) [Heteropterys pubiflora Be- 
llo; Triopterys pubiflora Wickstr.; TriopterysGuadalupen- 
sis Wickstr.; Banisteria? pubiflora CsiViá.]— Vergajo de toro. 

Triopterys rig-ida Sw. (96) [T. lucida K."'; T. HavanensisK.^^]; 
j3, cserulea G.-M. , nomen (96') [T. Jamaicensis Lin. ; non 
Sw.] — San Pedro, de flor azul. 

Tetrapterys sequalis Sauval. (Sylv.) 



Poligaleas. 

Polyg-ala long-icaulis K."^ (1908). — Polígala. 

— brachyptera Gris. (1912). 

— squamifolia Wr. (1909). 

— Galioides Poir. (1911) [P. Sag-inoides Gris.] 

— g-lochidata K."' (1904"; 1905; 1907) [P. Galioides Gris.; 

non Poir.] 

— gracilis K."' (1904"). — Plumerito. 



(1) Autor? Sauval. no le asigna ninguno.— Es silvestre en Cuba. 



(21) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 233 

Polyg-ala paniculata Lin. (1903; 1906). 

— spathulata Gris, (1910). 

— angustifolia K.*^ (112). 

— Planellasi Mol.* & G.-M. [P. peduncularis Rich.] 

— Doming-ensis Jaq. (115; 1914; 1915) [Badiera Cand.]— 

Badiera. 

— diversifolia Lin. (1913); [Badiera Cand.] — Badiera. 
Phlebotsenia cuneata Gris. (113); j3, obovata G.-M., nomen 

{l<dll). —Flehotenia. 
Securidaca virg-ata Sw. (1175). — Flor de la cruz. 

— Lamarckii Gris. (116; 1918).— i^/or de la cruz. 

— erecta Lin. [S. volubilis Rich.]— i^/or de la cruz. 



Leguminosas. 

Adenanthera Pavonina Lin. (Cult.!) — Coralillo, loja. 
Entada scandens Benth. 
Prosopis Juliflora Cand. 

Neptunia plena Benth. [Mimosa plena Lin.; Desmanthus ple- 
nusWilld.; Desmanthus comosus Rich.; Neptunia 
Surinamensis Anders.] 
— pubescens Benth. 
Mimosa viva Lin. — Dormidera. 

— Ceratona Lin. 

— asperata Lin. 

— Fag-aracantha Gris. 

— ' púdica Lin. {152).— Sensitiva, vergonzosa. 

— diplotricha Sauval. — Sensitiva trepadora. 
Leucsena g-lauca Benth. [Acacia leucocephala Link; Rich.] — 

Aromo Manco. 
Desmanthus virg-atus Willd. (Cuba); j3, strictus Gris. (Cuba) 

[Desmanthus strictus Benth.] 
Acacia paniculata Willd. [A. microcephala Hich.]— Tocino. 

— Arábica Willd. (Cult.?) 

— maschalocephala Gris. — Tocino. 

— cornig-era Rich. (!). — Árbol del cuerno. 

— villosa Willd.? [A. Valenzuelana Rich.] 

— Insularis Rich. 

— Farnesiana Willd. — Aromo amarillo, cují. 



231 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (22) 

Albizzia Lebbeck Beiith. [A.cacia Lebbeck Willd.; Acacia pro- 

pinqua Rich.]—Fo7'estina,fanresiina, calellos de ángel? 
Calliandra prehensilis Sauval. 

— Porto-Riccensis Benth. [Acacia Porto -Riccensis 

Willd.; Acacia littoralis Rich.] — Moruro de costa. 

— Colletioides Gris. (153). 

— pauciflora Gris. [Acacia Rich.] 

— comosa Benth. (151; 154) [C. gracilis Gris.] 
Lysiloma Sabicu Benth. — SaMcú, jigüe. 

— latisiliqua A. Gray. — Júcaro bravo. 
Pithecolobium Lentiscifolium Sauval., nomen [Acacia Len- 

tiscifolia Rich. ; Pithecolobium Vincentis 
Benth.; Acacia Vincentis Gris.] — Humo. 

— cercinale Benth. 

— obovale Sauval. , nomen [Ing-a obovale Rich.; 

Calliandra revoluta Gris.] — Humo de salana, 
cenizo. 

— Saman Benth. [Calliandra Gris.] — Algarrobo 

del imis. 

— üng-uis-Cati Benth. — Manca-montero. 

— Asplenifolium Gris. 

— Calliandrseflorum Wr. [Ing-a hjstrix Rich.?; 

Calliandra hystrix Gris.?] — Inga. 

— Filiciíblium Benth. (Cuba); var. (1191; 1191'). 

Moruro prieto. 
Enterolobium cyclocarpum Gris. (Cult.!) — Oreja de judio, ár- 
bol de las orejas. 
Caesalpinia Jayabo G.-M., nomen (Cuba!) [Guilandina Bonduc 
Lin.; Guilandina Bonduc Ait. ; a, majus Cand. 
Caesalpinia Bonduc Roxb.] — Jayabo, guacalote 
amarillo. 
¡3, cyanospermaG.-M., nomen (Cuba!) [Guilandina 
BonducellaLin.; Guilandina Bonduc Ait.; j3. mi- 
nusCand.; Glycyrhiza aculeata Forsk.; Caesalpi- 
nia Bonducella Flem.] (1). — Gtiacalote prieto. 
— crista Lm. —Brasilete colorado. 



(1) Esta especie tiene, además, las dos variedades siguientes: ; , micro¡íhylla G.-M., 
nomen [Guilandina Cand.]: exótica. !í'í , ffemina G.-M., nomen [Guilandina Lour.]: 
exótica. 



(23) Gómez de la Maza.— PERiANTiADAs CUBANAS. 235 

Ca'salpinia pectinata Cav. [Coulteria tinctoria K."^ Csesalpi- 
nia tinctoria Domb.; Poinciana Tara R. & Pav.; 
Coulteria Chilensis Cand.; Tara tinctoria Molin,; 
Poinciana spinosa Feuill.] — Brasilete. 

— hórrida Rich. [C. Sepiaria Roxb.] 

— pauciflora Sauval., nomen [Lebidibia Gris.] — Di- 

MdiU, giiatapanaí 

— pinnata Sauval., nomen [Lebidibia Gris.; L. pau- 

ciflora Gris.; var. puberula Gris.]— (7ac«/o^(?, di- 
MdiM, gua tapan á . 

— bijug-a Sw. — Guacamaya de costa, palo de campeche. 

— coriaria Willd. — DiMdiU, guaracahoya. 

— echinata Lam.^^ (Cult.) 

— pulcherrima Sw. (Cult.) [Poinciana Lin.] — Gua- 

camaya. 

— adnata G.-M. [Peltophorum adnatum Gris.] — Mo- 

ruro aley. 

Pnrkinsonia aculeata Lin. — Espinillo, junco amarillo., junco 
marino"? 

Hfiematoxylon Campechianum Lin. (Cult.; 143). — Palo de cam- 
peche. 

Colvillea racemosa Boj. (Cult.!) — Flamloyant. 

Poeppig-ia procera Presl. C145; 1596) [P. excelsa Rich.; Ramire- 
zia Cubensis Rich.] — Aley hemlra, tengue. 

Brownea g-randiceps Jacq. (Cult.) 

Tamarindus Indica Lin. (Cult.!) — Tamarindo. 

Hymensea Courbaril Lin. — Curharil, algarrobo. 

— floribunda K."^ [Gxút.]— Nazareno amarillo. 
Bauhinia porrecta Sw. [Casparia Gris.] (1). 

— meg-alandra Gris. — Flor de azufre, malvira. 

— excisaG.-M., nomen (Cult.) [Schnella excisa Gris.] 

Bejuco tortuga. 

— varieg^ata Lin. (Cuba?) [Omitida por Sauvallej. 

— microphylla Vog"el. 

— heterophylla K.*^^ — Bejuco tortuga. 
Cercis siliquastrum Lin. (Cult.!)— ^r¿»o¿ del amor. 



(1) K."" es el autor? También son sinónimos suyos BauJiinia aurita Ait. y D. diva- 
ricata, jS, Lin. 



236 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (24) 

Cassia Fístula Lin. (Cult. \)~ Caña fistiüa. 

— grandis Lin. f. [C. Brasiliana Lam.'^; C. mollis Vahl.] — 

Casia del Brasil. 

— bicapsularis Lin. [Cassia bicapsularis Lin.; j3, aristata 

Cand.; C. Berteri Collad.; C. bicapsularis Lin.; 7, 
quadrijug-a Cand.; C. Alcaparillo K."'; C. Limensis 
Lam.i^; C. pentag-onia Mili.; C. inflata Spreng-.; 
C. Sennoides Jacq.] — Sen del pais. 

— chrysotricha Collad. [C. chrysocarpa Desv.; C. virgata 

Rich] — Bejuco de la Virgen. 

— emarginata Lin. [C. grísea Rich.?] 

— biflora Lin. — Carbonero. 

— glauca Lam.^' [C. Surrattensís Burm.] — Frijol de gallina. 

— Líg-ustrina Lin. (149; 1190).— ^Vm del pais. 

— decipiens Desv. (1601).— Cam. 

— Doming-ensis Spreng. (150). 

— chrysophylla Rich. [C. chrysotricha Rich.?; non Collad.] 

— alata Lin. [Cassia herpetica Jacq.] (1). — Gfiiacamaya 

francesa^ Tiierla de los herpes , hierla de los empeines. 

— hirsuta Lin. f. [C. Caracasana Jacq.] — Hierba hedionda 

velluda. 

— Occidentalis Lin. (Cuba!) [C. planisiliqua Lin.; C. foetida 

Roxb.; C. Caroliniana Walt.?; C. Occidentalis Burm.]; 
j3, glabra Cand. (Cuba) [C. geminiflora Schrank]; 
7, aristata Cand. (Cuba). — Hierba hedionda, brusca, 
Martinica. 

— obtusifolia Lin. (Cuba); var. (1602).— Hierba guanina?, 

hierba hedionda, guanina. 

— sericea Sw. (148) [C. ciliata HoíFmansegg?]. — Guanina, 

hierba guanina? 

— diphylla Lin. 

— rotundifolia Pers. 

— pilosa Lin. 

— serpens Lin. (147). 

— lineata Sw. (Cuba); var. brachyloba Gris. (146).— P^íí- 

tinillo. 

— cuneata Cand. [C. polyadena Gris.; non Cand.] 



(1) Es var. exótica la Cassia bracteafa Lin. f. 



(25) Gómez de la Maza.— pkriantiadas cubanas. 237 

Cassia glandulosa Lin. [C. ChamsecristaLm.; p, stricta Schrank.; 
C. pulchella Salisb.; C. virgata Sw.; C. ramosa Gris.; 
C. Swartzii Wickstr.] 

— brevipes Cand.? [C. cuneata Gris.; non Cand.] 

— flexuosa Lin. 

— pyg-msea Cand. 

— nictitans Lin. (1599). 

— patellaria Cand. (1600). 
grammica Spreng*. 

— Cubensis Hoffmanseg'g'. 

— frondosa Ait. (Exótica); a, tenuissima Zuce. (Habana, 

seg-ún Cand.) • 
Copaifera officinalis Lin. (Cnlt.)— Bálsamo de CopaiM. 

— Hymensefolia Moric. [Hymen^ea Courbaril Gris., non 
1,1X1.]— Quieir a- hacha. 
Cynometra Cubensis Ricli. — Pico de gallo. 

Nota. Solamente presentamos el catálogo de todas las Le- 
guminosas Mimoseas y Cesalpinieas de Cuba. Las legumi- 
nosas papilionáceas de esta isla nos ocupan en nuestro Estu- 
dio sobre la representación de las Leguminosas papilionáceas en 
Puerto-Rico y en Cuba. — En las especies donde no hacemos 
indicación alguna se sobrentenderá el término silvestre. 



Connareas. 

Rourea glabra K.*^^ {2i08).— Mata-negro. 

— frutescens Aubl. (2407). 
Connarus reticulatus Gris. (59). 



Rosáceas. 

Rubus durus Sauval. (Cuba); var. (Cuba). — Zarza. 

— ferrugineus Wickstr. — Zarza. 
Spiraea Chamsedryfolia Lin. (Cult.!) 

— Douglasii Hook. (Cult.!) 

Eriobotrya Japónica Lindl. (Cult.!) — Níspero del Japón, 
Prunus Occidentalis Sw. (156). — Cuajani, 



2Í58 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (26> 

Prunus sphserocarpa S\v. (1193) [P. Samydoides Cliam.] (1192) 
[P. pleuradenia Gris.] — Cuajanicillo. 

Chrysobalanus montana G.-M. (Cult.) [Parinari montana Aubl. 
Parinarium montanum Cand. (1). Petroca- 
rya montana Willd.] — Hicaco de montaña, 
icaco de montaña. 

— incana G.-M. (Cult.) [Licania Aubl. Hedycrea 

'Willá.]—Eicaquillo , icaqmUo. 

— Icaco Lin. (1607). — Hicaco, hicaco de costa, M- 

caco de playa, hicaco dulce, icaco, icaco de cos- 
ta, ücaco. 

— moUicoma G.-M. [Hirtella mollicoma K.*''; 

H. nítida Eich., non Lam.'' (2), non Gris. 
H. g-landulosa Spreng-.] — Hicaco de aura, 
hicaco negro, hicaco peludo, hicaco prieto, ica- 
co de aura, icaco negro, icoxo pehido, icaco 
prieto, palo mulato. 

— trian dra Moral. (155) [Hirtella triandra Sw.; 

H. Americana Jacq.; H. paniculata Lam.'\: 
H. punctulata Miq.] — Hicaco de aura, hica- 
quillo peludo, icaco de aura, palo mulato, teta 
de yegua. 

— Americana Moral. [Hirtella Americana Aubl.; 

H. nitida Willd., Lam.'s Gris.; H. racemosa 
Lam.^'; H. liexandra Willd.; H. oblong-ifolia 
Cand.; H. rosea Fl. Mex. icón, ined.; H. fili- 
formis Presl.; H. coriácea Mart. & Zuce] — 
Hicaco de aura , icaco de aura, siguap)a, teta 
de yegua. 

Nota Omitimos las especies, variedades é híbridos del gé- 
nero Rosa que se cultivan en Cuba. Véase nuestro Diccionario 
lotánico de los nombres vulgares cubanos y puerto-riqíieños , Ha- 
bana, 1889. Rosa. 



(1) Es erróneo el Parinarium montanum Aubl. 

(2) Entiéndase Hirtella nitida Willd., planta cubana según Lamarck; especie que 
es actualmente el Chrysobalanus Americanns Moral. 



(27) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. -239 



Moringeas. 

MoriEg-a pteryg-osperma Gsertn. (1588). — Palo jeringa, len, pa- 
raíso francés. 

Celastráceas. 

Evonymus cuneifolius Wr. (1140) [Maytenus Gris.] — Cruairaje 

de sierra. 
Celastrus lineatus G.-M. (2216) [Maytenus Wr.] — Namreno. 

— Richardi G.-M. (2213) [Maytenus Buxifolius Gris.; 

Monteverdia Buxifolia Rich.]; j3, parvifolius G.-M. 
(2215) Celastrus parvifolius Rich.] (1); r, latifolius 
G.-M. (2214"); o% Cochlearifolius G.-M. (2212) [May- 
tenus Gris.]; f, Eleeodendroides G.-M. (2214') [May- 
tenus Gris.; Rhamnus polyg-amus Vahl]. — Boje. 

Elseodendron attenuatum Ri.ch. (1144; 2206, p. p. 2207) [E. dioi- 
cum Gris.] — Piñipifíi. 

Rhacoma integ-rifolia G.M., nomen (81) [Myg-inda Lam.*"] 

— Urag'og'a G.-M., nomen (2208) [Myginda Jacq.]— 

Hierba maravedí. 

— pungens G.-M. (2211) [Myg-inda Ilicifolia Gris.; non 

Lam.''^; M. pungens Sauval.] 

— nana G.-M., nomen (2210) [Myg-inda Ilicifolia Lam.^; 

M. Aquifolia Gris ?] 

— Vildosolfeanum G.-M. (Sylv.) [Myg-inda latifolia Sw.] 

— Crossopetalum Lin., p. p. (2209) [Myg-inda Rhaco- 

ma Sw.] 

— pallens G.-M., nomen (8P) [Myginda Sw.] 
Schseíferia frutescens Jacq. (77). 

Hippocratea scandens Jacq. (1147) (Cult.l) 

— Malpighifolia Rudg-. — Castafia purgante. 

— ovata Lam.^^ (80); jS, Sancta-Cruce G.-M., nomen 

(1148). — Bejuco de cruz. 

— coriácea Wr. (1585). — Almendro. 

Salacia verrucosa Wr. (1146) [Anthodon verrucosus Gris.] 

(1) Es erróneo el Celastrus Buxifolius Rich., que cita Gris., Cat. pl. Cwl>. 



240 ANALES DE HISTOTIIA NATURAL. (28) 



Dicapetáleas. 

Dichapetalum Cúbense G.-M., nomen [Chailletia Cubensis 

Poepp. & Endl.] 
Tapura Cubensis Gris. (1299; 2220). — Vigueta naranja. 



Ilicineas. 

Ilex minutiflora Rich. (1) (2218). 

— Dahoon Walter (2217) [I. lanceolata Gris.] 

— montana Gris. (78; 79?) [I. CassineRich.; non Ait.; Prinos 

montanus Sw.; P. Sideroxyloides Sw.] — Acebo de sierra, 
aceho cubano. 

— repanda Gris. (1142; 1143) [I. dioica Gris.; Prinos dioicus 

Vahl]. 

— CelastroidesKl.?(Sylv.) 

— Occidentalis Macf. (79?; 1141) [I. Celastroides Gris.; non 

YA.']— Acebo. 

Pittospóreas. 

Pittosporum undulatum And. (Cult.) 

Olacineas. 

Ximenia Americana WiUd. (2642).— r¿?%á, jia manzanilla, ci- 
ruelo cimarrón. 
Schoepfia Chrysophylloides Planch. (2637) [Diplocalyx Ricb.] 

— didyma Wr. (2641). 

— obovata Sauval. 

Mappia racemosa Jacq. (1389, posterior); i3, brachycarpa Gris. 

(1389, prior; 1578); 7?, angustifolia G.-M., nomen (2638) 

[M. angustifolia Gris.] 
Poraqueiba Cubensis Wr. (2639). 

(1) Es errata /. minuti/oUa Rich. 



(29) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 241 



Ramneas. 

Rhamnidium revolutum Wr. (2206, p. p.; 2097) [Elseodendron 
xylocarpum Gris. , para las exsiccatas cuba- 
nas; non Cand.!] — Almendrülo de costa, piñi- 
piñi de saiana. 

— retusum Gris. (Sylv.) — Almendrülo. 

— reticulatum Gris. (Sylv.) — Almendrülo. 
Sarcomphalus Havanensis Gris. (1298) [Zizyplius Havanen- 

sis 'K.^^']—Azofaifa de costa. 

— divaricatus Gris. (Sylv.) — Azofaifa de playa. 

— acutifolius Gris. [^y\y.)—Azofaifa de costa. 
Colubrina reclinata Brongn. (76) [Ceanothus reclinatus L'Hé- 

Tit.^—Bijáffura?, jayajaT)ico. 

— acuminata Gris. (Sylv.) — JayajaMco. 

— Cubensis Brongn. (1139) [Ceanothus CubensisLam.'*^] 

—Bij aguara, palo mahi. 

— ferrug-inea (1) Brong'n. (Sylv.) [Ceanotlius Colubri- 

nus Lam.^; Ceanothus arborescens Mili.] — Fuego, 
lijdguara. 
Zizyphus Spina-Christi Willd, [Cu\i.)—Azofaifa de la espina 
de Cristo. 

— rug-osa Lam.>^ (Cult.) 

Condalia latifolia G.-M., nomen (Sylv.) [Reynosia latifolía Gris.] 

— mucronata G.-M. , nomen (Sylv.) [Reynosia mucro- 

nata Gris.] 

— retusa G.-M., nomen (Sylv.) [Reynosia retusa Gris.] 
Gouania Domingensis Lin. (Sylv.) — Bejuco leñatero, jaloncillo 

dejuco. 

— tomentosa Jacq. (Cuba?); /3, pubescens Gris., PL 

Wright. Cuia (75). 



(1) Muchos autores admiten ferruginosa. 



ANALES DE HIST. NAT. —XIX. 16 



242 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (30) 



Suborden II. — Dialipétalas inferovariadas. 

Cácteas. — Saxifragáceas. — Litráceas. — Combretáceas. — Mirtáceas. — Loáseas.- 
Umbelíferas. — Aralieas. — Córneas. 



Cácteas. 

Ehipsalis Cassytha Gsertn. {20Q).— Disciplinaria, discipUnilla, 
Opuntia vulg-aris Mili. (Cult.!) — Tuna lrax¡a, tuna silvestre. 

— Cochinillifera Mili. {G\úi.)—Tuna mansa. 

— Tuna Mili. (Sylv.!)—r?míí. 

— dejecta Salm-Dyck (Cult.) 

— triacantha Cand. (Sylv.) [Cactus triacanthus Willd.] 

— macrantha Gris. (2625). 

— hystrix Gris. (Sylv.!) 

Pereskia aculeata Mili. (2626. C\x\i.\)— Grosellero. 

— Portulacsefolia Haw. {20h).—Adrojo de la Florida. 
Melocactus communis Link & Otto (2618j. — Cardón, tuna ca- 

lezuda. 
Cereus senilis Salm-Dyck (Cult.!) — Ca'beza de viejo. 

— assurg-ens Wr. (2622). 

— triang-ularis Haw. (Cult.!) — Flor del cáliz. 

— Royeni Haw. (2621). 

— eburneus Salm-Dyck (Sylv.) 

— pellucidus Pfeifí. {2G23).— Jijira. 

— Pitajaya Cand (2624). — Pitahaya, jpitaj aya. 

— eriophorus Link & Otto [201].— Palana. 

— nudiflorus Eng-elm. (3570). 
Mammillaria pusilla Cand. (2619). 

Epiphyllon Phyllantlioides G.-M., nomen (Cult.) [Epipbyllum 
speciosum Haw.; Cereus Phyllantlioides Cand.] — Pluma 
de Santa Teresa. 



(31) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 243 



Saxifragáceas. 

"Weinmannia pinnata Lin. (1250) [^\^. g-labra Cand., p. p, non 

Lin.] 
Brunellia Comocladifolia K.*'^ (60; 1133). 
Hydrang-ea Hortensia Cand. {Cult)—Bo7'iensia, rosa delJapón. 



Litráceas. 

Lythrum virg-ultosum Gris. (Sylv.) 

Ginora Americana G.-M. , nomen (160) [Ginoria Americana 
Jacq.] — Rosa del rio, clavellina. 

— spinosa G.-M., nomen (2545) [Ginoria spinosaGris.] — 

Ciiaresmilla espinosa, clavellina esjñnosa. 

— g-labra G.-M., nomen (2544) [Ginoria g-labra Gris.] — 

Cuaresmilla de paredón, clavellina de paredón. 
Cuphea S\Yartziana Spreng-. (2535) [Sinónima de Cuphea Par- 
sonsia R. Br. & Steud.?] 

— Pseudo-Silene Gris. (2534). 

— Pseudo-Melanium Gris. (161% p. p.; 1236). 

— Parsonsia R. Br. & Steud. (16P, p. p.; 2540) [G. Swart- 

ziana Rich. non Spreng-.?; C. Hyssopifolia Gris.; 
non Kunth]. 

— virgata Cav. (Cult.!) 

— Ranunculoides Gris. (2538). 

— Lobelioides Gris. (2539). 

— Gratioloides Gris. (2537). 

— decandra Ait, (334). 
Lagerstrcemia Indica Lin. (Cult.!) — Júpiter. 

Lawsonia alba Lam.'^ (Cult.!) [L. inermis Lin.; L. spinosa Lin.] 

— Reseda francesa . 
Diplusodon Ginorioides Gris. (2546). — Cnaresmilla árlol. 
Ammania long-ipes G.-M., nomen (!) [Ammannia long-ipes 
Sauval.] 

— lingulata G.-M. , nomen (161% p. p.) [Ammannia 

lingulata Gris.] 

— latifolia G.-M., nomen (16P, p. p.) [Ammannia latí- 



244 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (32). 

folia Lin. ; Ammannia ramosior Lin., p. p.; Am- 
manniaoctandraLin.; Ammannia coccinea Pers.; 
Ammannia? sagittata Cand.? (1); Jussisea sag-ittata 
Poir.?; Ammannia sang-uinolentaRich., non Sw.] 
Ammania humilis G.-M., nomen (2541) [Ammannia humilis 
Mich/; Ammannia ramosior Lin., p. p.; Ammannia 
purpurea Lam.^'; Ammannia Occidentalis Cand.; 
Peplis Occidentalis Spreng-.] 
— Spruceana G.-M., nomen (2543) [Ammannia Spru- 
ceana Benth.] 



Combretáceas. 

Combretum eriopetalum Don [Poivrea eriopetala Cand.] 

— viscidum Wr. (Sylv.) 
Quisqualis ebracteata P. Br. (Sylv.) 

— Indica Lin. (Cult.l)— Quisqualis , Pisquala. 
Laguneularia racemosa Gsertn. f. {Sylv .)—Patabán. 
Terminalia eriostachya Rich. (Sylv.) — Almendro de la India. 

— Catappa Lin. [^mW.^^— Almendro de la India. 

— Chicharronia Sauval., nomen (Sylv.) [Chicharro- 

nia intermedia Rich.; Chuncoa Chicharronia 
Qi!X\'&?[ — CMchaTTÓn. 

— arbuscula Sw.? (Cuba); j3, Xanthica G.-M., nomen 

(Sylv.) — Chicharrón amarillo, chicharrón de 
monte. 

— capitata Sauval., nomen (Sylv.) [Bucida Vahl.; 

Buchenavia Eichl.] — Júcaro amarillo. 

— Molineti G.-M. (Sylv.) [Bucida angustifolia Rich.; 

non Cand.; Terminalia angustifolia Sauval., 
nomen; non Jacq.] — Arará de hojas angostas y 
júcaro Iravo, júcaro espinoso, júcaro prieto. 

— Buceras H. B.", nomen; Sauval., nomen (Sylv.) 

[BucidaBucerasLin.; Bucida angustifolia Cand.] 
— Arará, mangle prieto?, júcaro de playa. 



(1) Sauval. da á entender que es sinónima de la Ammania latifolia G.-M,, nomen 
la Ammania sagittata Rich. ! , no Cand. ; lo que no parece cierto, y si que esta última 
especie do Cand. es sinónima de aquella. 



<33) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 215 

Terminalia erecta G.-M. (Cuba!) {\).— Zaragoza, yana. 

0, procumbens G.-M. (Cuba!) (2). — Mangle botón. 



Mirtáceas. 

Myrtus elliptica Sauval. 

— communis Lin. (Cnlt. 1) —Arrayán. 

— leriocarpa Sauval. nomen [Anamomis ferruginea Gris.] 

— Pimiento cimarrón. 

— Guayavillo Sauval., nomen [Eug-enia Guayavillo 

Rich.; Eugenia granúlala Berg*.; Anamomis Gua- 
yavillo Gris.] — Pimiento citnarrón, de arroyo. 
Pimenta communis Lindl. (Cult. 479) [P. officinalis Berg-; 
Lindl.?; P. vulg-aris W. & Arn.; Eugenia Pimenta Cand.; 
Myrtus Pimenta Lin.] — Pimienta de Jamaica. 
Myrcia. — 4 especies cubanas (3). 
Calyptrauthes Syzygium ^w.— Mirto de rio. 

— calyptrata Gris. (165). 

— gracilipes Sauval. 

— micrantha Wr. [C. Thomasiana, var. obscura 

Gris.; non Berg.] 

— punctata Gris. (1204). 

— capitulata Wr. [Marlieria (4) elliptica Gris.] 

— rostrata Gris. (174; 1216). 

— Chytraculia Sw. (163; 172) [Calyptranthes pal- 

lens Gris.] 



(1) Sección Conocarpus H. B." Hist. des pL, vi, 26 '> [Conocarpics Gsertn.] 
Sub-sección Eucoiiocarpus G.-M. [Conocarpus, sect. i Euconocarpiis Cand., Pro^., 

III, IG]. Especie americana y africana [Senegal, etc.] 

T. erecta G.-M. Hojas enteras, alternas, generalmente biglandulosas en la base, 
sub-carnosas. Estambres 5; anteras versátiles. Flores pequeñas en capítulos globulo- 
sos, reunidos en panojas. Tallo arbóreo. Hojas oblongas , generalmente acuminadas, 
lampiñas ó sub-pubescentes en la juventud. 6 Conocarpus erecía Jacq.; C. erecta K.">; 
a, arbórea Cand. 

(2) Tallo ramosísimo ; ramas erguidas ó rampantes. Hojas ob-ovadas ó sub-redon- 
das, acuminadas, lampiñas. 5 Conocarpus proctimiens Jacq. ; C. acutifolia Willd.; 
C. erecta K."); /?, procumbens Cand. 

(3) Véase nuestro Ensayo de Farmacojltologia cubana. 

(4) Esta especie no es realmente una Marlieria, sino el Calyptranthes indicado; 
como no lo es tampoco la Marlieria glomerata Gris. , non Berg. , sino tal vez una Eu- 
genia: la Eugenia? discolorans Sauval., nomen. El género Marlieria quizá no sea 
mas que una simple sección del Calyptranthes. 



2Í6 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (34) 

Calyptranthes rig-ida Sw. {16Q).— Mije. 

— rotundata Gris. (1215). 

— Ottonis Salival., nomen [Mitranthes Ottonis 

Berg-.] 

— Cubensis Berg*. 

— enneantlia Sauval. 
Psidium. — 8 especies cubanas (1). 
Eug-enia revoluta Berg*. (2). 

— sylvicola Sauval., nomen (3) (167; 1212) [E. revoluta 

Gris.; non Berg-.] 

— Actiniflora Gris. (4). 

— meg-alopetala Gris. — Cerezo del pinar. 

— rig-idifolia Rich. — Biriji de hojas menudas, tomillo de 

costa. 

— Phillyreifolia Rich. 

— rimosa Sauval., nomen [Myrtus SagT?ea Berg-.] 

— tuberculata Cand.?— 6^rayo. 

— macrostemon Berg-. 

— Baruensis Jacq. [E. g-labrata Cand. (5); E. monticola 

Cand.] — Quairaje. 

— Matanzencis Berg-. 

— Yumuriensis Berg-. 

— Lig-ustrina Willd. (169; Vl'^'S).— Biriji. 

— retivenia Sauval. [E. mucronata Gris.; non Berg-.] 

— uniflora Lin. — Cerezo de Cayena. 

— Jambosoides ^r.—Poma rosa, cimarrona. 

— floribunda West.? (1209) [Myrciaria floribunda Berg?] 

— procera Poir. (173?; 1612) (91; 1211) [E. pallens Gris.; 

non Cand.] — Biriji. 

— retinadenia Sauval. 

— Farameoides Rich. (6). 

— Greg-ii Cand. (7). 



(1) Véase nuestro Ensayo de Farmacojltologia cubana. 

(2) Véase la nota 3. 

(3) ¿De qué especie — ^, revoltita Berg-.; E. si/lvicola Sauval., nomen — es sinóni- 
mo la E. ?iete)'ophylla Rich.? 

(4) Será E. Catingijlora Gris.? 

(5) Véase la nota de la Eugenia Poivetii Cand. 

(6) Sauval. no la cita. 

(7) ídem. 



(35) Gómez de la Maza. — peeiantiadas cubanas. 247 

Eugenia cyphlophlsea Gris. — Biriji. , 

— sessiliflora Cand. 

— Buxifolia Willd. (1) (1613) [E. lateñfolia Gris., non 

. Willd.; E. sessiliflora Rich.?; non Cand.] — Giiairaje 
de hojas ovaladas. 

— Poiretii Cand. [E. Buxifolia Gris., Pl. Wriglit. CuM, 

pág". 182 (2); nonTvllId.; E. g-labrata Gris.; non 
CQi.ná.']— Biriji, 

— crenulata ^llld. (Cuba?); var. (!). 

— disticha Cand. — Guairaje. 

— Yitis-Idgea Sauval. 

— brevipes Ricb. 

— Camarioca Sauval. 

— cincta Gris. (1205). — Pimiento de costa. 

— Jambos Lin. (!). — Poma-rosa. 

— Rosmarinifolia Poir. 

— Xystophylla Berg*. 

— Asterifolia Berg-. 

— Coffeifolia Cand. (Cul.?) 

— plicatulja Sauval. 

— virg-ultosa Cand. (171). 

— lineata Cand. (1194; 1200) [E. Bergiana Gris.; Steno- 

calyx Pseudo-Psidium Berg.] — Guairajecillo, guai- 
ra jillo. 

— ? discolorans Sauval., nomen [Marlieria (3) glome- 

rata Gris.; non Berg.] 

— cristata Sauval., nomen [Myrcia coriácea Cand.; var. 

Swartziana Gris.; non Cand.] (1203) [Calyptrantbes 
decandra Gris.] 

— Domingensis Berg? (164; 1202). 

— scaphepbylla Sauval. 

Nota. El Aulacocarptís WrigJitii Gris., Cat. pl. Cul)., pá- 
gina 99, es una melastomácea cubana, el líouriri spat/iulata 



(1) Véase nota 2. 

(2) La sinonimia de la B. Buxifolia Willd. y E. Poiretii Cand. es la que admite 
Sauval., Fl. Cub. , páginas 42 y 43. Gris., Pl. Wright. Cuba , p. 182 , admite : E. Buxi- 
folia Willd., exsiccatas Wrightianas números 168, 1210, 1213, 1214. Todos estos núme- 
ros ¿son de la. Eugenia Poiretii Cand.? Gris., loe. cií., admite: E. glabrata Cand., exsic- 
catas Wrightianas números 1206, 1207. Ambos números ¿son de la E. Poiretii Cand.? 

(3) Véase la nota del Calyptranthes capitúlala Wr. 



248 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (36) 

G.-M. , nomen, de la que es también sinónimo el Mouriria spd- 
thulaía Gris. En la isla se dice 3Iirto del pais (1). 

Calycorectes Cubensis Gris. 

— proctratus Gris. 

Púnica Granatum Lin. {Q>\úi.V) — Granado. 
— nana Lin. {QxúXA)— Granado enano. 

Notas. Se trata de aclimatar alg-unas especies de Eucalyp- 
tus, dando hasta la fecha mejor resultado el B. resinífera Sm. 
— En las especies que no tienen indicación alguna se sobren- 
tenderá el término silvestre. 



Loáseas. 

Mentzelia áspera Lin. (208). 

Umbelíferas. 

Hydrocotyle umbellata Lin. (214). — Ombligo de Venus, quitU" 
solillo. 

— Eanunculoides Lin. f. (2635) [H. natans Cyr.?] — 

Sombrerillo de agua. 

— leptostachya Rich. (2634). 

— spicata Lam.'^ (213). 

— Asiática Lin. (35*72). 

— pyg-msea SauvaL (3571). 
Asciadium coronopifolium Gris. (2633). 

Eryng-ium foetidum Lin. (215). — Ciblaniro cimarrón, hierM del 

sapo. 
Ammi Visnaga Lam.^' (Cult.!) — Viznaga, perlas"? 
Carum Petroselinum Benth. & Hook. {G\i\t.)—Peregil. 
Foeniculum vulgare Gaertn. {Cnlt.)— Hinojo común. 
CEnanthe Peucedanifolia Poli (Cult.!) — Perejil isleño? 
Peucedanum graveolens Benth. & Hook. (Cult.) — Eneldo. 

— Assa-fcetida H. B."*, nomen {Cxú.i.'í)— Asa-fétida. 
Apium leptophyllum G.-M., nomen (Cult.!) [Helosciadium lep« 

tophyllum Cand.] 

(1) Véase nuestro Ensayo de Farmacojltología cubana. 



(37) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 219 

Apium graveolens Lin. (Cult.!) — Apio. 

Daucus Carota Lin. (Exótica); ¡i, sativa Cand, (Culi.!) (1). — Za- 
nahoria. 

Aralieas. 

Didymopanax undulatum Dec.^^^ & Planch. (211) [Panax spe- 
ciosum Willd.] — Yagruma macJio , padero, 
Yauruma'^ 
— Morototoni Dec.*"" ^5^ pianch. (2) [Panax AubL] 

Panax fruticosum Lin. (Cult.) 
Heteropanax fragrans Seem. (Cult.) [Panax Roxb.] 
Hederá elegans G.-M., nomen (Cult.) [Aralia elegans Lindl.; 

Oreopanax eleg-ans Dec.'^"'' & Planch] — Aralia elegante. 
Scheíflera Samydaefolia G. M. , nomen (2632) [Sciadophyllum 
Samydifolium Wr.; Dendropanax Samydsefolium 
Sauval.] (3). 

— cuneifolia G.-M. (4) (2631) [Hederá cuneifolia Wr.; 

Dendropanax cuneifolium Sauval.?] (5). — Vibona. 

— arbórea G.-M., nomen (212) [Hederá arbórea Sw. 

Dendropanax arboreum Dec.^"''& Planch. Sciado- 
phyllum Jacquini Gris.]— F^'íowí?, palo cachimda, 
ramón de inaca. 



Córneas. 

Garrya Fadyenii Hook. (492) [Fadyenia Hookeri Endl.] 



(1) Presenta muchas sub-variedades, de las cuales algunas se cultivan en Cuba. 

(2) Parece una especie mal empleada por Rich. , el cual usa el nombre de Panax 
Morototoni Aubl. 

(3) Esta especie no es de Wr., sino de Sauval., careciendo de descripción. 

(4) Sección Dendropanax H. B." Hist. pl., vii, 162. [Hojas simples, enteras ó 3-5 Adas. 
Flores 5-meras, con las divisiones estilares en gran parte independientes ó reunidas 
en un cono apenas almenado en el ápice , ofreciendo todos los grados intermediarios. 
Árboles y arbustos.] 

S. cuneifolia G.-M. Hojas enteras, cuneado-espatuladas, lampiñas, superiormente 
vesiculoso-punteadas. Pedúnculos comprimidos, mayores ó casi iguales que las hojas: 
pedicelos patentes. Cáliz de limbo sub-integro, tubo turbinado. Estambres exsertos, 
doble más largos que la corola. Cuba. 

(5) Esta especie no es de Wr., sino de Sauval., careciendo de descripción. 



250 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (38) 



ORDEN II. — GAMOPETALAS. 

Suborden I. — Gamopétalas Superovariadas. 

Ericáceas. — Ciríleas. — Primuláceas. — Plumbagíneas. — Mirsíneas. — Sapoteas.— 
Ebenáceas. — Estiráceas. — Borragíneas. — Hidrofíleas. — Polemoniáceas. — Genciá- 
neas. — Loganieas.— Oleáceas.— Labiadas. — Utricularieas. — Bignoniáceas. — Sela- 
gináceas.— Plantagíneas. 

Ericáceas. 

Clethra Cubensis Rich. (343) [C. Byrsonimoides Gris.] 
Andrómeda g-landulosa Sauval., nomen (2195) [Leucothoe g-lan- 
dulosa Eich.; Lyonia glandulosa Gris.]; i3, ova- 
lifolia G.-M., nomen (2196) [Lyonia Myrtilloides 
Gris.] — Clavellina. 

— obtusa Sauval., nomen (2203) [Lyonia Gris.] — 

Clavellina. 

— Jamaicensis Sw. (Cuba) [Lyonia Don.; Leucothoe 

Rich.]; B, Myrsinifolia G.-M., nomen (1635) [Leu- 
cothoe Rich,] — Clavellina. 

— latifolia Sauval., nomen (2197) [ Leucothce Rich. 

Lyonia Gv'ib.']— Clavellina. 

— lacustris Sauval. {SQQi).— Clavellina. 

— Cubensis Gris. (2198). — Clavellina. 
Kalmia Ericoides Wr. (2199). 

Befaría Cubensis Gris. (2200). 

Vaccinium Cúbense Gris. (342) [Thibaudia Cubensis Rich.]; 

í¡, Ramoni G.-M., nomen (2201; 2202) [Vaccinium 

Ramonii Gris.] 
— assimile Sauval., nomen [V. Wrightii Gris.; non 

A. Gray]. 

Ciríleas. 

Cyrilla Antillana Mich. ''■— Llorona. 

Costsea Cubensis Rich. (1) (2204) [Purdirea monodynama Gris.] 

(1) Omitida por Sauval., lo mismo que la especie siguiente. 



(39) Gómez de la Maza.— periantiadas cubanas. 251 

Cost£Ea stenopetala G.-M. , & Mol.* (1) (341) [Purdinea Gris.]; 
/3, angustifolia G.-M. & Mol.* (2205) [Purdisa Wr.] 



Primuláceas. 

Centunculus pentandrus R. Br. (2889). 
Samolus floribundiis K."^ (2887). 
— ebracteatus K.'^ (2888). 
Cyclamen Europseum Lin. (Cult.) — Pan-porcino, solitaria. 



Plumbagíneas. 

Plumbago scandens Lin. {-^^12).— Jazminillo, mala-cara. 

— Capensis Thunb. {Cu.lt.) — Fmieleso, Jazmín aztU, 

azulejo, velesa. 

— caerulea K."' (Cult.) — Velesa. 

— rosea Lin. (Cult.) — Velesa morada. 



Mirsineas. 

Myrsine líieta A. Cand. (350). 

— coriácea Rcem. & Schult. (2) (3622). 

— Rapanea Ucem. & Schult. (2906) [M. floribunda R. Br. 

M. Cubana A. Cand.] 
Cybianthus Bumelioides G.-M. & Mol.* (351) [Ardisia Gris. 
Conomorpha Gris.] — Cúrbana macho, suriana 
macJio. 
— ? Jacquinioides G.-M. , nomen (349) [Ardisia Jac- 

quinioides Gris. Conomorpha Jacquinioides 
Gris.] 



(1) C. stenopetala G.-M. & Mol.' Sépalos exteriores 3, aovado-oblong-os , obtusos, 
igualando á la corola en longitud, pero más anchos; los dos interiores menores, aova- 
do-lanceolados, agudos, la mitad del largo de la corola. Pétalos oblongos, obtusamen- 
te apiculados. En los demás caracteres esta especie se parece á la Costcea nntans 
[PurdifBa.] Cuba. 

jS, angustifolia G.-M. & Mol.' Sépalos exteriores desiguales. Cuba. 

(2) Sauval. la asigna como autor á R. Br. 



252 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (40) 

Wallenia Clusipefolia Gris. (352; 460; 1332; 2908).— Casma¿fua, 
Guacamari. 

— Laurifolia Sw. (Sylv.!) — Guacamari común. 
Ardisia acuminata Willd. (2909) [Icacorea dentata A. Cand.] — 

Tapa- camino. 

— multiflora Gris. (1334). 

— Pickering-ia Torrey & A. Gray (2911). 

Parathesis Cubana Mol.* ¿¿ G.-M. (Sylv.!) [Ardisia A. Cand.]— 

Agracejo de salana. 
Jacquinia linearis Jacq.? [Jacquinia aristata Jacq.?] (1). — Es- 
puela caballero, de costa. 

— Ruscifolia Jacq. (2) (Cuba!); ^, velutina A. Cand. 

(Cuba!) — Espuela caballero, rosetillo. 

— Berterii Spreng-. (2914; 2915). — Espuela caballero, 

del pinar. 
Teophrasta Americana Svi^.? {^9\Q>).—Chicharroncillo de paredón. 



Sapoteas. 

Chrysopbyllon arg-enteum G.-M., nomen? (Cult.? sylv.?) [Chry- 
sophyllum arg-enteum Jacq.] (3). — Caimito 
blanco. 

— Caimito G.-M., nomen (344, p. p.) [Chrysophy- 

llum Cainito Lin.]— Caimito. 
7, cseruleum G.-M., nomen (Silv. !) [Cbryso- 
phyllum Cainito Lin.; r, cíeruleum Jacq.]— 
Caimito morado. 

— monopyrenum G.-M., nomen (344, p. p.; 1322) 

[Chrysophyllummonopyrenum Sw.; Chryso- 
phyllum Oliviforme Lam."'; excl. ¡í, Lam.'^]; 
j3, microphyllon G.-M., nomen (Sylv.!) [Chry- 
sophyllum microphyllum A. Cand.] — Caí- 
mitillo. 



(1) A la J. linearis Jacq ¿corresponden las exsiccatas Wrifí'htianas números 2912 y 
2913? No creemos que sea sinónimo de esa especie la /. aristata Jacq. que liemos en- 
contrado en el Vedado, Marianao, etc. 

(2) ¿Es el tipo el número Wriglitiano 353? 

(3) Creemos que es un mal empleo de la esp. de Jaq. en vez de la de Lin. (Caimito). 



(41) Gómez de la Maza.— periantiadas cubanas. 25:í 

Chrysophyllon glabrum G.-M., nomen (345; 1328; 1636?) [Chry- 

sophyllum g-labrum Jacq.] — Caimitillo. 
Lúcuma nervosa A. Cand. {Cuhdil) — Canistel ^ canisié, macuá. 

— Mammosa Geertn. f. (Cult. ! ) ; j3, Bonplandi G.-M. , no- 

men (Cult.) [Lúcuma Bonplandii K.*'i] — Mamey co- 
lorado^ mamey' sacóte. 

— dictyoneura G.-M. (1329; 1330, sec. Gris.; 1830, sec. 

SauvaL, 2923) [Bumelia nigra Sw.; Dipholis nigra 
Gris.; Labatia dictyoneura Gris.; Sideroxylon dic- 
tyoneurum Gris.] — Cocuyo de fruto chico. 

— Chrysophyllifolia G.-M. (2929) [Labatia? Chrysophyl- 

lifolia Gris.] — Sapote culebra de costa. 

— Serpentaria K.^^ (2924; 2925); /?, pauciflora G.-M. , no- 

men (Sylv.) [L. pauciflora A. Cand.]: forma latifo- 
lia Gris. (346; 346*); y, elliptica G.-M. (Cuba) 
[L. pauciflora A. Cand.; j3, elliptica A. Cand.]— /S'«- 
pote cxdelra. 

— ■ Valenzuelana Rich. (2926). — Sapote cxdelra, siguapa. 
Achras Sapota Lin. (Cuba!) — Sapote, níspero, zapote. 

forma asperma G.-M. (1) (Cuba!). — Sapote sin 
semillas. 
Sideroxylon Mastichodendron Jacq. (Exótica); j3, pallidum 
G.-M., nomen (1324) [S. pallidum Spreng-.; Bu- 
melia pallida Sw.] — Jocuma prieto, j ociima ama- 
rilla, ébano amarillo, cagxiani. 

— polita Mart. (1323) [Sapota Gris.] — Sapotillo árbol. 

— confertum Sauval. (3920) [Bumelia cuneata Gris., 

Cat. pl. Ciib.; non H. Br. W. Ind. Islands; 
non Sw.] — Cocuyo. 

— ? species Sauval., Fl. ciib. , 86. 

Dipbolis Salicifolia A. Cand. (1326).— JocíC7)ia amarilla, jocnma 

llanca, Carolina, cuya. 
Bumelia Cubensis Gris. (1326; 1327?; 1637; 2921) [Dipholis 
montana Gris., non Bumelia montana Sw.?] 

— glomerata Gris. (347). 

— parvifolia A. Cand. 



(1) Semillas abortadas por el cultivo ó espontáneamente, según la naturaleza del 
terreno. 



251 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (42) 

Bumelia hórrida Gris. (2922). — Jiqui espüioso^ jeqiii espinoso, 
sapote espinoso. 

— tortuosa Sauval. (3623). 

— microphylla Gris. (2922*). 

— retusa S\v. (2928).— Cocuyo. 

Labourdonnaisia albescens Benth. (2919) [Bassia albescens 
Gris.; Sapota Ácana Moral; Sapota Marta Moral]. — Ácana. 

Bassia latifolia Roxb. (Cuba? cult.?) 

Mimusops dissecta R. Br. (2927). — Ácana de costa. 
— Jaimiqui Wr. (2918). — Jaimiqui. 

Henoonia Myrtifülia Gris. (2940, sec. Gris.; 3930, sec. Sauval. (1). 



Ebenáceas. 

Diospyros tetrasperma Sw. (348). — Ébano real., ébano carbonero. 

— Halesioides Gris. (2936, Q; 2937). 

— Laurifolia Rich. (Cuba!). — Sapote negro. 

Maba Caribsea G.-M. , nomen (1331) [Maccreig-htia Caribsea 
A. Cand.] — Vigueta hembra. 
— Grisebachi G.-M. (2938) [Maccreig-htia Buxifolia Gris.] 



Estiráceas. 

Styrax obtusifolius Gris. (2931). — Azulejo de loma, aceituno sil- 
vestre. 
Symplocos Martinicensis Jacq. (2932). — Azulejo del pinar. 

— Cyponimoides Gris. (2933). 

— Cubensis Gris. (1135; 1321). —Azulejo de sabana. 

— Salicifolia Gris. {2^M).~- Azulejo de la isla de Pinos. 

— ovalis Wr. (2935). — Azulejo del Rosario. 

Borragíneas. 

Cordia angustifolia Roem. & Schult. (Sylv., sec. Gris.) 



(1) Creemos que el último número es el verdadero, siendo erróneo el citado en este 
punto por Gris. , Cat. pl. Cub. En realidad el número 2910 es una oleácea cubana, la 
Forestiera Cassiiioides Poir. 



(43) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 255 

Cordia speciosa Willd. (3654) [C. Sebestena Lin., p. p.] — Vomi- 
tel sedestenaf, vomiíel encarnado, vomitel colorado. 

— rotundifolia R. & Pav. (Cult.!) [Varronia Cand.] — Ateje 

amarillo , paraíso de Méjico, uva gomosa. 

— alba Roem. & Scbult. (425) [Varronia calyptrata Cand.] 

Varia Manca, ateje Manco, capa blanca, uva gomosa. 

— scabrifolia Cand.? (Cuba). — Vomitel amarillo, vomiíel 

sebestena? 

— Gerascanthus Jacq. (1644). — Varia, baria?, capa rota, 

capa prieta, palo de rosa del país. 

— bracteata Cand. (Cuba, sec. Cand.) 

— Gerascantboides K.*'^ (424; 1269).— Varia, baria? 

— adnata Cand. (Cuba?). 

— nítida Willd.! (Sylv.! 1368). — Vomitel blanco, ateje hem- 

bra, ateje macho, atejillo, 

— trémula Gris.? (Sylv.)— ^íí/g. 

— aug-iocarpa Rich. ['¿Q)oi).—Ca7'ey, carey de costa, carey 

vegetal. 

— Galeottiana A. Rich. (3110). — Vomitel blanco. 

— Leuco-Sebestena Gris. (3111). — Vomitel blanco, hierro 

de costa. 

— Callococca Lin.? {20,^2).— Ateje. 

— sulcata Cand. (427). 

— ülmifolia Jass. (423); y, linéala Cand. (Sylv.) 

— erythrococca Wr. (3112). — Hierro de costa. 

— cylindristachya R. & Schult. (3651). 

— cinerascens Cand. (Cuba, sec. Cand.) 

— microphylla Roem. (5c Schult. (421). — Hierba de la san- 

gre, cimarrona. 

— intricata Sauval. (3650). 

— g-lobosa K."' (422). — Hierba de la sangre, M de ga- 

llina. 

— pedunculosa Wr. (3113). — Hierro de costa. 

— bullata Lin. (3116). 

EhretiaBourreriaLin. (Sylv.) [Beurreria succulenta Jacq. (sec. 
Buek; Gris.) Bourreria succulenta Jacq. (sec. Cand,; 
Sauval.)]; j3?, para-calophylla G.-M., nomen (3119; 
3124') [Beureria calophylla Gris., p. p., non Ehretia 
calophylla '^izV.'l— Ateje de costa, roble negro. 

— spinifex Roem. & Schult. (Sylv.) [Beureria spinifex 



256 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (44) 

Gris. (1)] {2).— Hierro de sabanas, de Jiojas memidas; 
capa rota. 
Ehretia calophylla Rich. (3124) [ Beureria calophylla Gris., 
p. p. (Es erróneo el Bourreria calophylla Gris, que 
se lee en Sauval.) Bourreria reticulata Gris. (sec. 
^dMNsl.)']— Agalla, áriolde la frutica,j agua- j agüito, 
jagiia-y agüita, roble agalla, roble amarillo. 

— divaricata Cand. (1365; 3118; 3136) [Beureria G. Don 

(sec. Gris.) Bourreria G. Don (sec. Sauval.) Beurre- 
ria G. Don (sec. Cñ.ná.)]— Hierro de costa. 

— Tinifolia Lin. (1366; 1310).— Jio ble prieto. 

— virg-ata Sw. (426; 3121) [Ehretia virg-ata Cand., p. p. Beu- 

reria G. Don (sec. Gris.) Beurreria G. Don (sec. Sau- 
val.) Beurreria G. Don (sec. Cand.)] — Hierro de cos- 
ta, de sabanas. 

— Grisebachi G.-M., nomen (3655) [Beureria microphylla 

Gris.] (3). 

— species (3122) [Bourreria g-randiflora Gris. (sec. Sauval.)] 

— tomentosa Lam."*^ (3120) [Beurreria G. Don. (sec. Cand.) 

Bourreria G. Don (sec. Sauval.)]; j3, Havanensis 
G.-M., nomen (3117) [Ehretia Willd.; Bourreria 
Miers.; Bourreria tomentosa G. Don ; i?, Havanensis 
Sauval., nomen]. — Hierro peludo . 
Tournefortia hicolor Sw. (Exótica); jS, líevig-ata G.-M., nomen 
(Sylv.) [T. Ifievig-ata Lam.'^j; sub-var. latifolia 
G.-M., nomen (Sylv.) [T. lasvig-ata Lam."^; j3, la- 
tifolia Cand.]; y, brachycephala Gris. (420). 

— Astrotricha Cand. (Sylv., sec. Rich.) 

— fruticosa Ker (Exótica); i3. ang-ustifolia Cand. 

(Sylv., sec. Rich.) [T. ang-ustifolia Roem. & 
Schult.]— iV?>zí<?. 

— scabra Lam.'^ (3128; 3\2^).— Nigua, 



(1) Es erróneo el Bourreria spinifex Gris, que se lee en Sauval. 

(2) Hay que precisar si son sinónimos de esta especie ó si constituyen var. el Beti- 
reria Cassinifolia Gris. [Ehretia Cassinifolia Rich. (seco. Gris.); Ehretia virgata Cand. 
(en lo referente al ejemplar de Bertero solamente); no Sw. Es erróneo el Bourreria 
Cassincfolia Gris, que se lee en Sauval.], y el Bourreria montana Wr. (según Sauval.) 
— ¿Qué es la exsiccata Wrig-htiana núm. 3125? 

(3) Es erróneo el Bourreria microphylla Gris, que so lee en Sauval. 



(45) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 25- 

Tournefortia Laurifolia Vent. (417; 417'; 418; \^4t&).— Nigua de 
jparedón. 

— volubilis Lili. (1) (Sylv).; js, oblong-ifolia Cand. 

(Sylv.); ^, hirsuta Cand. (Sylv.) — Nigua. 

— polyochros Spreng-. (Sylv., sec. Rich.) — Nigua. 

— incana Lam.'^ (1364) — Nigua. 

— Gnaphalodes R. Br, {ViTl).— Alhucema de costa^ 

lahamillo, incienso de playa. 

— hirsutissima Lin. (419; 1362). — Nigua, cayaya. 

— cymosa Lin. (1645). — Nigua. 

— SagTfeana Cand. (Sylv., sec. Cand.) • 
Heliotropium Indicum Lin. (Sj^lv.!) — Alacrancillo. 

— . parviflorum Lin. (3133). — Alacrancillo. 

— filiforme K."' (Sylv.) — Alacrancillo. 

— inimdatum Sw. (3134); ?, Cúbense Cand. (Sylv.) 

— Alacrancillo. 

— Curassavicum Lin. (31 38). — A lacrancillo de playa. 

— fruticosum Lin. (3135); z, angustilobum Cand. 

(Sylv.) — Alacrancillo. 

— bursiferum Wr. (3137). — Alacrancillo Manco. 

— imbricatum Gris. {3\A0).— Alacrancillo blanco. 

— microphyllum Sw. (3139). — Alacrancillo blanco. 

— bumifusum K.t"^ (3141). — Alacrancillo blanco. 

— Serpylloides Gris. (3142). — Alacrancillo ^blanco. 

— pauciflorum Gris. (3143). — Alacrancillo blanco. 

— Peruvianum Lin. (Cult. ! ) — Vainilla , heliotropío 

de olor de vainilla. 
Borago officinalis Lin. (Cult.!) — Borraja. 



Hidrofileas. 

Hydrolea spinosa Lin. (3109). — Tabaco^ tabaco cimarrón. 

— nig-ricaulis Wr. (3108). 
Ñama Jamaicensis Lin. (416). 



(1) Hay que determinar con precisión si corresponden al tipo ó á alguna var. las 
exsiccatas Wrightianas 3130 y 3131. También hay que fijar si es var. de esta especie 
la Tournefortia ferníginea Lam.k (1353, según Gris., Pl. Wright. Cuba; 3132, según 
Sauval.) 

ANALES UE H:ST. NAT.— XIX. 17 



258 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ■ (46) 

Wigandia Kunthii Choisy (1); jS, macrophylla Choisy (Cult. !) 
[W. macropliylla Cham. & Schlecht.] 



Polemoniáceas. 

Phlox Drummondii Hook. {C\ilt.l)—Flox. 
Coboea scandens Cav. (Cult.) — Yedi^a morada. 



Gencianeas. 

Sabbatia gracilis Salisb. (Exótica); /3, Cubensis Gris. (412). 
Lisianthus Thamnoides Gris. (1347). 
Eustoma exaltatum Gris. (414). — Genciana delpais. 
Voyria uniflora Lam.^^ (2982); ^, pallida G.-M. (2) (415 (3); 1373) 
[Voyria pallida Garcke]. — Genciana de la tierra. 

— Mexicana Gris. (2985). 

— brachyloba Gris. (2984). 

— disadenantha Gris. (2983). 

Leiantbus long-ifolius Gris. (Exótico); r, gracilis Gris. (413). 

— ? Silenifolius Gris. (Sylv.) 
Zonanthus Cubensis Gris. (1346). 

Schultesia stenophylla Mart. (2981) [Exacum Cúbense Pospp.] 
^ — Talaco de sabana, flor rosada. 

— heterophylla Miq. (2980). — Genciana de Ciiba. 
Erythrsea ramosissima Pers. (Sylv., sec. Rich.) — Genciana del 

pais. 

Enicostema littorale Blume (Sylv.!) [Slevogtia Occidentalis 
Gris.; S. Orientalis Gris.?; Hippion Oriéntale \er\i. 'i]— Gen- 
ciana de la tierra, de costa. 

Goeppertia volubilis Gris. (1372) [Coutoubea Mart.] 

— gracilis Wr. (2979). 

Limnanthemum Grayanum Gris. (2988). — Trébol criollo, tré' 
bol de agua. 
— Humboldtianum Gris. (2986; 2^1).— Trébol 

criollo, trébol de agua. 



(1) El tipo no lo hay ea Cuba. 

(2) Escamas todas opuestas. Lóbulos de la corola aovado-oblong'os y obtusitos. 

(3) Es erróneo el número 414 que Sauval. asig-na en lug-ar del 415. 



<47) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 259 



Loganieas. 

Spigelia Anthelmia Lin. (390) {\).—Eier'ba de las lombrices, 
Hurla lomdricera. 

— ambigua Sauval. (3595) [S. humilis Sauval. ; non 

Benth.] 

— sphag-nicola Sauval. (1701) (2) [S. Spartioides Gris,; 

non Cham. & Schlecht.] 

Buddleia Americana Lin. (Sylv.!); &, albiflora G.-M. (3) (1297). 
— Tabaco cimarrón. 

Strychnos Grayi Gris. (432; 1304). — Manca-montero, mata- 
montero. 

Oleáceas. 

Jasminum gracile Andr. (Cult.) — Jazmín café., 

— molle R. Br. (Cult.) 

— Azoricum Lin. (Cult.) — Jazmín de ¡as Azores. 

— grandiflorum Lin. {C\i\i.)—Jaz7nin de Espaoía, jaz- 

mín de la tierra, jazmín oloroso. 

— revolutum Sims (Cult.) — Jazmín amarillo. 

— confusum Cand. (Cult.) 

— pubescens Willd. (Calt.) — Jazmín de Esjmña. 

— Sambac Ait. 

a, verum Cand. (Cult.) — Jazmín de Francia. 
B, verticillatum G.-M. (4) (Cult.) [Jasminum Sam- 
bac Ait.; S, trifoliatum Cand.] — Diamela, jazmín 
de AraUa. 
Syringa vulgaris Lin. {G\x\t)—Lila. 
Fraxinus viridis Mich.'' (Exótico); var. Berlanderiana A. Gray 

(3624) [Fraxinus Cand.; F. Cubensis Gris.] — Búfano. 
Linociera compacta R. Br. (408). 

— Ligustrina Sw. (409, del año 1859; 410; 1387; 1387"). 



(1) Es erróneo el núm. 370 que le asig-na Sauval., Fl. cub., 74. 

(2) En Sauval,, loe. cit , se lee 2701. 

(3) Flores blancas. 

<4) Diccionario iotánico de los nombres vulgares cubanos y puerto-riqneuos [Diamela]. 



260 AÓJALES DE HISTORIA NATURAL. (48> 

Linociera Bumelioides Gris. (2941). 

— axilliflora Gris. (1388: es erróneo el núm. 1338 que 

cita Gris. , Plante WHgliiiance e Cuba Orientaliy 
pág-, 519). 

— Salicifolia G.-M., nomen (409, del año 1856) [HíPnian* 

thus Salicifolius Gris.] — Bayiio. 

— ? incrassata G.-M., nomen (citada como de Cuba por 

Gris., Catalogas pJaniarum Cubensmm, pág-. 169; 
omitida por Sauval., Flora Cubana) [Ghionantlius 
incrassata Sw. ; Hfenianthus incrassatus Gris.] 
Olea FAiropsea Lin. (Exótico) ; i3, sativa Cand. (Cult. en el Jar- 
dín Botánico, donde no lleg-a á fructificar). — Olivo. 
Forsoleaco Pseudo-Excíecaria G.-M. (2008) [Exc?ecaria polyan- 
dra Gris.; Drypetes Isevig-ata Gris.] (Lo hay también en 
Saint-Croix y Saint- Jan). — Yaití. 
Forestiera Rhamnifolia Gris. (2939). 

— Cassinoides Poir. (2940) (1). 

— populosa Poir. (411). 



(1) V. la nota de la Hensonia Myrtifolia Gris, en las Sapoteas. 



<49) 



Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 



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262 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (50) 

Labiadas. 

Ocimum canum Sims [O. Americanum Lin.]^ A ll?a Mea cima- 
o'Tona. 

— Basilicum Lin. (Cuba?). 

0, Anisatum Benth. (Cult.!) — Alba/iaca anisada. 

í, difforme Benth. (Cult.!) — Allahaca de hojas anchas, 
alhahaca mondonguera. 

? Lactucfefolium (Cult.?) — Albahaca de hojas de le- 
chuga. 

— minimum Lin. [Q>\W.i.)—Al'bahaca de hojas finas. 

— Sanctum Lin. (Cuba?); 7, Cubensis G.-M. , nomen 

(3155). — A Ibahaca cimarrona, albahaquilla. 

— micranthum Willd. (Silvestre!). — Allahaca de clavo, 

albahaca cimarrona. 
Orthosiphon g-labratus Benth. (Cult.?) — Albahaca aromática. 
Coleus Blumei Benth. (Cult.!) — Manto de la Virgen. 
Marsypianthes Hyptoides Mart. (3051). 
Hyptis g-onocephala Wr. {'ilM).— Orégano. 

— uliginosa S.*-Hil.? (3148) [H. Eriocauloides Rich.] 

— pedalipes Gris. (3152). 

— capitata Jacq. (443). — San Bieguillo , San Diego ci- 

marrón. 

— brevipes Poit. (Cuba?); var. (3144; 3145). 

— actinocephala Gris. (3146). 

— Lancesefolia Schum. (3656). 

— minutifolia Gris. (3147). 

— ammotropha Wr. (3153). 

— spicata Poit. (441 ó 444). 

— suaveolens Poit. (445; 446). — Orégano cimarrón. 

— pectinata Poit. (3149). — Alhucema del país. 

— scoparia Poit. {\&^^).^-Ajedreaf 

— verticillata Jacq. (3150) [H. stellulata Benth; var. Gris.J 
Mentha Piperita Lin. (Cult.) — Menta inglesa, hierba buena de 

olor de pimienta. 

— sylvestris Lin. {C\\\t.)— Menta silvestre, hierba buena 

silvestre. 

— sativa Lin. (Ctilt.) — Hierba buena. 
Thyraus vulg-aris Lin. {Q,\x\t.\)— Tomillo. 



(51) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 263 

Micromeria obovata Benth. (1643). 

Salvia Occidentalis Sw.; jS, obscura G.-M. [Salvia obscura 
Bent]i.]—jSaIvia. 

— tenella Sw. (Cuba?); ¡3, albiflora Mol.* & G.-M. (Silves- 

tre!); var. (1361) [S. micrantha Vahl]. 

— serótina Lin. — Hierha hiena cimarrona. 

— splendens Sellow. (Cult.!) — Banderilla. 

— patens Benth. (Cult.?) 

— coccínea Lin. 

— microphylla K.*'^ 

— Strobilanthoides Wr. (3156). 

— Speirematoides Sauval. (3657). 
Monarda punctata Lin. {Cxút.)— Orégano francés. 
Cedronella Mexicana Benth. (Ciilt.) [Gardoquia Betonicoides 

Lindl.] — Cedronela de Méjico. 
Glechoma Hederacea Lin. (Cult.) [Nepeta g-lechoma Benth.] — 

Hiedra terrestre. 
Scutellaria purpurascens Sw. (461). 

— Havanensis Jacq. [S. Cubensis Rich.] — Escudo de 

la HaMna. 
Leonurus Sibiricus Lin. 

Leonotis Nepetaefolia R. Br. (3157). — Bastón de San Francisco* 
Teucrium Cúbense Lin. — Agrimonia. 

— inflatum Sw. — Agrimonia. 

— Canadense Lin. (Cuba?); var. hypoleucum Gris. 

(3158) [T. arg-enteum Wr.] — Agrimonia. 



Utricularieas. 

Genlisea luteoviridis Sauval. (3621). 
Ping-uicula filifolia Wr. {28S6).— Grasilla. 

— albida Wr. (2885). 
Utricularia porphyrophylla Wr. (2890). 

— breviscapa Wr. (2893) [Drosera incisa Rich.?J 

— spirandra Wr. (2897). 

— obtusa Sw. (2896) [U. gracilis K.*^] 

— vag-a Gris. (2892). 

— foliosa Lin. (2895); Í3, olig-osperma G.-M. (2895^) 

[U. olig-osperma S.*-Hil.] 



264 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (52) 

Utricularia purpurea Walt. (2894; 2900). 

— olivácea Wr. (2891). 

— simplex Sauval. (3619). 

— sclerocarpa Sauval. (3620). 

— subulata Lin. (2901). 

— pusilla Vahl? (2902; 2903). 

— cornuta Mich.^ (2899); i3, Michauxi G.-M. , nomen 

(2898). 

— longeciliata A. Cand. (2904; 2905, p. p.) [Polypom- 

pholix laciniata Benj.]; 0, rubrocalcarata G.-M. 
(2905) [Polypompholix laciniata Benj.; var. ru- 
brocalcarata Gris.] 



Bignoniáceas. 

Jacaranda cserulea Gris. (Sylv.) [Big-nonia Lin.; J. Bahamensis 
Cand.; non R. Br.] — Abei/ macho. 
— Sagríeana Cand. (Sylv.!, 3034) [J. Bahamensis R. Br. 
non Cand.; Tansecium paniculatum Sieb.]; /5, ar- 
bórea Gris. (360).— Jí^y. 

Bignonia Jíquinoctialis Lin. (3046). 

— Sag-rseana Cand. (3049). 

— ung-uis Lin, (349; 1340). — Bejuco j)erdiz rosado, uña de 

gato. 

— Gnaphalantha Ricli. (3050). 
Macfadyena podopog-on Gris. (3052) [Spathodea Cand.] 
Pitbecoctenium hexag-onum Cand. (1337; 3051) [P. muricatum 

Moc. (1). P. Aubletii Gris.; non Splitg-.] — Bejuco de perdiz^ 
bejuco peludo. 
Catalpa purpurea Gris. (Sylv.) (2). 

— punctata Gris. (3035); j3, pubescens G.-M., nomen 
(3036) [C. pubescens Gris.]— jffioí^g de olor. 
Tansecium parasiticum Sw.? (434) [Schleg-elia parasítica Miers.; 

S. bracliyantba Gris.] — Güira macho. 
Tecoma leucoxylon Mart. (1339?; 1838; 3041; 3043); s, Miquelii 
Cand. (Cuba?); r, minus-lepidota Gris., Pl. Wright. 



(1) Es erróneo Mac.f. dado por Sauval. como autor de esta especie. 

(2) Sauval. omite esta especie. 



(53) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 265 

CuM, ful. 524 {\^^^).— Ébano amarillo, palo Manco, 
leño Manco. 
S?, pentaphylla G.-M., nomen (3042) [T. pentaphylla 
Juss.] — RoMe de yugo, roMe Manco. 
Tecoma stans Juss. (3046) [T. Sambucifolia Gris. ; non K.t'>] — - 
Saúco amarillo. 

— dubia Sauval., loe. cit., fol. 95. 

— setulosa Gris. (3040). 

— sanguínea Sauval. , loe. cit., fol. 96. 

— lepidota Cand. (1341 , p. p.) [Big-nonia K.t'i T. trachy- 

carpa Gris.]; i3?, Myrtifolia G.-M., nomen (Sylv. sec. 
Eug-el) [T. Myrtifolia Gris.] 

— lepidophylla Gris., Pl. WrigJd. Cuba, fol. 524, p. p. 

(1341, p. p.) [Big-nonia ^\(í\i.'\ — Rompe-ropa , roMe 
sabanero, sabanero. 

— hypoleuca Sauval., Fl. ciib , fol. 94 (1341, p. p.) [T. le- 

pidophylla Gris., loe. cit., p. p.] 

— bibracteolata Gris. (Sylv.) 

— hsemantha Gris. (3047). 

— spiralis Wr. (3038). 

— actinophylla Gris. (3045). 

— long-iflora Gris. (3044). — Roble real. 

— Jasminoides Lindl. (1) (Cuba?). — Jazminillo. 



Selagináceas. 

Bontia Daplinoides Lin. (Cult.!) — Aceituna americana, bontia. 

Plantagíneas. 

Plantag-o major Lin. (3711). — Llantén. 

(1) Hay autores que admiten esta especie coa Don; otros con K.'¡< 



266 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (54) 

Suborden II. — Gamopétalas inferovariadas. 

Lobelieas. — Goodenieas. — Caprifoliáceas. — Valerianeas. — Dipsáceas. — Compuestas. 

Lobelieas. 

Lobelia Cliffortiana Willd. {MO).—LobeUa. 

Isotoma long-iflora Presl. (237). — Revienta caballos, quibeij, 

Tibey. 
Siphocampylus Manettiseflorus Hook. (339; 2881). 

— patens Gris. (2883). 

— cernuus Gris. (2882). 
Tupa ensifolia A. Cand. (2879). 

— montana Wr. (2880). 

— assurg-ens A. Cand. (338). 

— imberbis Gris. (1319). 

Goodenieas. 

Scasvola Plumieri Vahl (Cuba!). 

— Wrig-hti G.-M., nomen (2884) [Scsevola Plumieri Vabl; 
var. Wrig-htii Gris.] 

Caprifoliáceas! 

Viburnum Opulus Lin. (Cuba?); jS, sterilis Cand. (Cult.) — Bola 

de nieve, mundillo, rosa de Gueldres. 
Sambucus nig-ra Lin. (Cult.) — Saúco blanco. 
Lonicera Caprifolium Lin. (Cult.) — Madreselva. 

Valerianeas. 

Valeriana scandens Lin. (Cuba?); j3, dentata Gris. (277; 278); 
7, indivisa Gris. (276). 



(55) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 267 



Dipsáceas. 

Scabiosa atropurpúrea Lin. (Cult.) — EscaMosa, muda, amiba- 
fina, escoMlIa morisca. 



Compuestas. 

Carduus Mexicanus Moric. (3615) [Cirsium Mexicanum Cand.] 
Chuquirag-a Pardoiana G.-M. óc Mol.* (1) (2875) [Anastraphia 
Ilicifolia Don]. — Carcloncillo. 

— Mantuensis G.-M. & Mol.* (2876) [Anastraplaia 

\^v.'\— Carcloncillo. 

— intertexta Mol.* & C.-M. (2877) [Anastraphia Wr.J 

—Cardoncillo. 
Garbera obovata G.-M. & Mol.* (2) (3617) [Chaptalia Sauval.] 

— nutans G.-M. (3) (331) [Leria nutans Cand.; Leria in- 

tegrifolia Cass.; Leria sinuata Cand.]; ¡i, leiocarpa 
G.-M. (2872) [L«ria leiocarpa Cand.] 

— albicans G.-M., nomen (2873) [Leria albicans Cand.] 

— pumila G.-M. . nomen (333) [Leria pumila Cand.]; 

;3, stenocephala G.-M., nomen (2874) [Leria Gris.] 



(1) Sección ,í nastmphia H. B.", Hist. pl., viii, 91 . ¡Lóbulos de las corolas largos, rí- 
gidos, subiguales. Brácteas del involucro agudas ó espinositas. Pajas del vilano 1-2 
seriadas, ásperas. Hojas espinoso-dentadas.] 

(2) Sección Chaptalia H. B.". loe. cit., 95. [Hojas íntegras, dentadas ó liradas. Esca- 
po 1-cefalo, sub-desnudo. Coritas del radio comunmente liguladas.] 

G. obovata G.-M. & Mol.t Planta perenne? Tallo sub-confertifolio. Hojas ob-ovales ó 
espatulado-oblongas, íntegras ó dentadas , inferiormente leonado-lanudas, superior- 
mente aracnoideo-tomentosas. Escapo terminal comunmente más largo que la hoja. 
Involucro blanco-tomentoso, con escamas agudas. Corolas exteriores con una lígula 
breve, exserta, oblongo-linear, más larga que las ramas del estilo. Corolas interme- 
dias sub-bidentadas. Corolas centrales sub-igualmente-5-fidas, estilo incluso, estig- 
mas breves, carnositos. Ácanas estriadas, peludas. Cuba 

(3) G. [Chaptalia] nutang G -M. 2f Hojas sub-liradas ó espatuladas las inferiores; 
mayores y liradas las superiores, con el segmento terminal ancho, óvalo-oblongo; to- 
das son sentadas, arrosetadas, verdes y lampiñas por encima y blanco-afelpadas por 
debajo. Involucro 3-4-seriado , con escamas lanceolado-lineares, las exteriores meno- 
res, apretadas, agudas. Receptáculo desnudo, plano. Flores del radio 1-3, liguladas, 
Q; en el disco varias series de flores Q- en el centro algunas 2- Ácana sub-compri- 
mida, estriada, rostrada é igual al vilano velludo. En toda la América tropical, desde 
Tejas hasta Uruguay. 



268 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (56) 

Gerbera media G.-M., nomen (332) [Leria Gris.] 

Trixis frutescens P. Br. (1) (330?); /3, ang-ustifolia Cand. (Cuba) 

[Perdicium Havanense K."'; Trixis Havanensis Spreng-.] 
Perezia(2) VanillosmaMol.t& G.-M. (3) (3616) [Proustia Sauval.] 
Catanance Ccierulea G.-M., nomen (Cult.) [Catananche Lin. — 

Hierla Cuntido, Jlor de Cupido, cupidona. 
Lactuca intybacea Jacq. (2878) [Brachyrhamphus intybaceus 
Cand.] 

— olerácea G.-M. (Habana!; 3618?) [Sonchus oleráceas, 

a, j3, Lin. Siciliatus Lam."^] — Cerraja. 

— capitata Cand. (Cult.!) — Lechuga. 
Vernonia complicata Wr. (2790). 

— Ottonis Schult. 

— stictophylla Sauval. (3596). 

— (4) Menthíefolia Less. (282 ¿ó 382?) ; j5, Grisebachii 

Schult. (1305; 2792). 

— Hieracioides Gris. (1306); /?, Cubeasis G.-M., nomen 

(2791) [V. Cubensis Gris.] — Lagaña de aura, rom- 
pesaragüey morado. 

— Havanensis Cand. — Romjjesaragüey . 

— arborescens Sw. (Exótica); /3, ovatifolia Cand. (Cuba); 

£, "VVrig-hti G.-M. nomen (1309) [Vernonia AYrig-h- 
tii Schult.] 

— rig-ida Sw. (Cuba?); j5, Sagrseana G.-M., nomen (281) 

[Vernonia Sagrseana Cand.]; r, Valenzuelana 
G.-M., nomen (2785) [Vernonia Valenzuelana 
Rich.J — Lagaña de aura. 

— infiequiserrata Schult. (285, prior) [Vernonia rubri- 

caulis Gris., Pl. Wright. Cuba, 511; non K.*'']; 
¡i, obtusifolia Gris. (285, posterior); r, ang*ustifo- 
lia Gris. {21M).— Lagaña de aura, de paredón. 



(1) Es eiTÓneo R. Br , en Sauval., Fl. Cub., 81. 

(2) Sección Proustia H. B.", loe. cit., 101.= Sub-sección Vanillosma G.-M. Ácanas 
linear-oblongas, mazudo-g-lanrlulosas. Vilano leonado, 1-serial , ig-ualmente aserrado 
en el ápice. Especie 1, cubana. 

(3) Arbusto sub-trepador, ramosísimo. Hojas elíptico-oblongas, sub-sentadas. Ca- 
pítulos 9 ó más, en el ápice de pedúnculos simples ó brevemente ramosos, 5-floros. 
Escamas del involucro 8-12, agudas, las exteriores ovales, las interiores oblongo- 
lineares. Anteras larguísimas. 

(4) Según Gris., Pl. Wright. Cuba, p. 510, esta especie debe colocarse en la sección 
Lepidaploa Cand., § 1, y no en el g 2, como hace este último autor, Prodr., v, p. 38. 



(57) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 2g» 

Vernonia remotiflora Rich. (286; 2786); ;5, divaricata G.-M., 
nomen (2787) [Vernonia divaricata S\v. V. arbo- 
rescens Sw,; ís, divaricata Gris.]— Sompesara ffüe;¡^, 
I apiana de aura. 

— membranácea Gris. (Sylv.) — Lagaña de aura. 

— ? lepidota Gris. (2789). 

— (1) PilGselloides G.-M. (Cuba) [Lachnorhiza (2) Pilo- 

selloides Rich ]; j3, Asteroides G.-M. (2835) [Lach- 
norhiza Asteroides Gris.] 
Elephantopus tomentosus Lin. (280) [E. mollis K.*'^] — Lengua 
de vaca. 

— spicatus Juss. (281). — Lengua de vaca. 

— pratensis Sauval. (2793) [E. scaber Gris.; non 
Lin.] — Lengua de vaca. 

Sparg-anophorus Vaillantii Gíertn. (279); var. long-ifolius Gris. 

(2783). 
Eupatorium diffnsum Vahl (293) [Bulbostylis diffusa Cand.] (3). 

— Orinccenses G.-M. (4) (3599) [Mikania Orinocen- 

sis K.*'' Mikania deltoides Poepp.]; /5, Batatsefo- 
lius G.-M. (2814) [Mikania Batatfpfolia Cand.]; 
7, Tamoides G.-M. (3600) [Mikania Tamoides 
Cand.]— 6^WíZC0. 

— Houstonis Sw. (303) [Mikania Swartziana Gris.] 

—Guaco. 

— Anethifolium Raddi (Cuba?). 

— nudosumG.-M., nomen [Mikania nodosa Spreng-.] 



(1) Sección LacJinorJi.iza H. B.", loe. cit , 25. 
l2) Es erróneo Laclinorrliha 

(3) Es erróneo el Drickellia diffHsa Cand. que cita Sauval., Fl. cub., 7(i. 

(4) Sección Mikania H. B.", loe. cit., 128. [Capítulos 4-floros, rara vez 3-5-floros In- 
volucro con 4 ó 3-5 br cteas. Ácana S-ang'ular. Vilano con pajas ásperas ó brevemente 
barbadas, 1-2 seriadas Tallo comunmente voluble, rara vez erguido. Hojas opuestas.] 

§ Acorazonados. 

E. Onnocensis G.-M. ó O Leñosa , voluble, lampiña; ramos estriados. Hojas pe- 
cioladas, sub-redondo-ovales, acorazonadas, acuminadas, anguloso-dentadas hacia la 
base, reticulado-5 nervias. Corimbos apanojados; capítulos pedicelados, solitarios. 
Escamas del involucro oblongo-lanceoladas. Ácana lampiña. Cuba; Orinoco. 

jS. r^ Trepadora. Involucro compuesto de 4 escamas acuminadas y una 5.' exterior 
más corta que las otras y estrecha. Cuba. 

■y. o Trepadora. Involucro con 4 escamas oblongo-lineares, agudas, y una 5.* ex- 
terior linear y más corta. Cuba. 



270 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (58) 

Eupatorium Borreg-oianum G.-M. (299; 2813) [Mikania Cory- 
dalifolia Gris.] — Guaco. 

— hastatum G.-M., nomen (302) [Mikania hastata 

^iWd..]— Guaco. 

— Trinitarium G.-M., nomen (2818) [Mikania Trini- 

taria Cand.]; /3, volubilis G.-M. (301) [Mikania 
volubilis PcBpp.; Mikania attenuaía Rich.; non 
Cand.] — Guaco. 

— reticulosum Mol.' & G.-M. (2815) [Mikania reticu- 

losa Sauval.; Mikania cong-esta Cand.; var. Gris.] 
—Guaco. 
— Marquezianum G.-M. (1) (Cuba!) [Mikania moUis 

K.^"^]— Guaco. 

— Ranunculifolium G.-M., nomen (3601) [Mikania 

Raiiunculifolia Richard]. — Guaco, guaquillo. 

— nervosum Sw.? (2804); s, nudiflorum Rich. (Cuba!); 

7, Celtidifolium G.-M. (Cuba?) [E. Celtidifolium 
Rich.; non Lam.'^?]; r, quintuplinerve G.-M. 
(2805) [E. Celtidifolium, var. quintuplinerve 
Gris.] — Rompesaragüey . 

— Cowleyanum G.-M. & Mol.^ (2) (300; 2817) [Mika- 

nia g-onoclada Cand.; excl. i3, ambigua; M. Pcep- 
pig-ii Spreng\] — Guaco. 

— crispiflorum Mol.* & G.-M. (3) (2816) [Mikania cris- 

piflora Sauval.; Mikania Convolvulácea Gris.; 
non Cand.; Mikania cong-esta Cand.] — Guaco. 

— multicaulum G.-M., nomen (2795; 2796; 2797) 

[Phania multicaulis Cand.; P. Matricarioides 
Gris.] 



(1) H. [MíVwíwa. § Acorazonados] Marquetianum , G.-M. ó ^~^ Leñosa, voluble; ra- 
mas 6-an8"ulares, cano-lomentosas. Hojas pecioladas, sub-redondo ovales, acorazona- 
das, sub-acuminadas, sub-ínteg-ras, reticulado-5-nervias, superiormente pubescente- 
erizadas, inferiormente apenas cano-tomentosas. Corimbos apanojados. Capítulos sen- 
tados, solitarios; bracteola acuminada, más corta que el involucro. Las escamas de 
este son linearoblongas, obtusas, pubescentes externamente. Ácana lampiña. Cuba; 
Perú. 

(2) G.-M., Ensayo de Farmacojltología cubana, Habana, 1889, p. 81. 

(3) E. [Mikania. g Acorazonados] crispijlorum Mol.' & G.-M. 6 '~^ Trepadora. Tallo 
estriado, ramas erizado pubescentes Hojas largamente pecioladas, membranosas, 
3-5-nervias, acorazonadas, 31obadas, con el lóbulo terminal triang-ular, ag'udo. Pano- 
jas terminales más larg-as que las liojas Escamas del involucro linear-oblong-as, acu- 
minadas. Pajas del vilano ásperas, leonadas. Ácana S-gona. Cuba. 



(59) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 271 

Eupatorium (1) Planellasianum G.-M. ^ Mo\.^ (2798) [Phania 
Doming-ensis Gris,] 

— Ossíeanum Cand. — Rompesuragiley . 

— Conyzoides Vahl (295); P, heterolepis Gris. (294). 

— Rompesaragiley . 

— odoratum Lin. (Cuba?); j3, Cúbense Cand. (Cuba). 

— Á IbahaquiUo, iiUgrana de sabana. 

— repandum Willd. — Rompesaragüey . 

— Iva3foliuni Lin. (2799); p, serratum Gris. (2800).— 

Rompesaragüey. 

— Lantanifolium Gris. (1307; 1308); var. ? (1629) 

[E. hypoleucum Gris.]; var.? (287) [E. Plucheoi- 
des Gris., p. p.; E. beterophyllum Rich., non 
Cand.]; var.? (2801) [E. Plucheoides Gris. p. p.; 
E. Libanoticum Schult.; E. reticulatum Eich.; 
non Desv.] — Rompesaragüey . 

— grandiceps Sauval. (2788) [Vernonia arborescens 

Gris., p. p.; non S^Y.; V. Gnaphalifolia Ricb. — 
Rompesaragüey. 

— aromatisans Cand. (Cult.!) [E. triplinerve Guib.; 

Piqueria trinervia Guib.; non Cab.] — Trébol de 
olor. 

— canescens Vahl (2802). — Rompesaragüey. 

— Cselestinum Lin.; a. (2811). — Rompesaragüey, ce- 

lestina. 

— Ag-eratifolium Cand. (297?) (1633; 2803) [E. Hava- 

nense K.^^']— Rompesaragüey. 

— incisum Gris. (2806). — Rompesaragüey. 

— Ayapanoides Gris. (2807). — Ayapana. 

— Lindenianum Ricb. — Rompesaragüey . 

— villosum Sw. (296); var.? (2808) [E. Cúbense Cand.] 

— Rompesaragüey, albaliaca de sabana , rompesa- 
ragüey de sabana. 

— Cynanchifolium Cand. (1632) [E. Poeppig'ii 

Spreng-.?]; var (2809). — Rompesaragüey. 

— g-lumaceum Cand. — Romjjesaragüey . 



(1) Sección Phania H. B.n, loe. cit., 129. [Anteras apenas ó nada apendiculadas. 
Ácana 5-gona ó 5-angular, lisa entre las costillas. Vilano compuesto de unas 5 pajas. 
Tallo herbáceo, erguido ó trepador. Hojas opuestas, 3-sectas ó inciso-dentadas.] 



272 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ^ (60) 

Eupatorium coronopifolium Willd. — Rompesaragiley . 

— Foeniculaceum Willd. (2810). — Hinojo de sabana. 

— Dalea Lin. (1311, p. p.) [Critonia Dalea Cand.] 

— Pseudo-Dalea G.-M. & Mol.* (2812) [Critonia Pseu- 

do-Dalea Cand.; Eupatorium Dalea K.*'^; Eupa- 
torium trichosanthum Rich.] 

— Grisebachi Mol.* & G.-M. (1311, p. p.) [Critonia 

imbricata Gris.] 

— macrophyllum Lin. (298) [Hebeclinium Cand.] 
Ageratum Conyzoides Lin. (1310). 

— muticum Gris. (1631). 

— maritimum K.*^ 

— cseruleum Lin. (Natural!); forma albiflora! (Natu- 

ral!). — Celestina, celestina azul, celestina Manca. 
Adenostemma Swartzii Cass. (291) [Lávenla decumbens Sw.] 
— Berterii Cand. (292) [A. triang-ulare Gris.; non 

Cand.] 
Kuhnia Rosmarinifolia Vent. — Lengua de vaca. 
Áster carneus Nees.? (2827). 
— Linifolius Lin. (2828). 
Erig-eron lyratum G.-M., nomen (2834) [Conyza lyrata K.*^] 

— obtusum G.-M., nomen [Conyza obtusa K.*'^] 

— Jamaicensis Lin. (305; 2826). 

— Thrincioides Gris. (2824); var.? (2822) [E. Bellioides 

Gris , p. p.; non Cand.] 

— Hyoseroides Gris. (2823). 

— Bellioides Cand.? (304). 

— Bellidiastroides Gris. (2825). 

— rivularis Sw. (Cuba?); var. (306; 1312). 

— Canadensis Lin. (1313). — Achicoria silvestre. 
Baccharis Halimifolia Lin. (Cuba?); ¡i, angustior Cand. (2831). 

— Bajaquillo. 

— Scoparioides Gris. (2832). — Hinojo. 
Solidago virg-ata Mich." (3602). — Plumerito. 

— Doming-ensis Spreng*. (1314) [Baccharis Ptarmicifolia 

Gris., Pl. Wright. Cuba, 513; non Cand.] 
Hysterionica (1) marg-inata G.-M. (2830) [Haplopappus marg-i- 
natus Gris., Cat. pl. Cub., 149]. 

(1) Sección Haplopappus H. B.", loe. cit., 156. 



(61) Gómez de la Maza.— pertantiadas cubanas. 273 

Gnaphalium albescens Sw. (Cuba?); var. Cúbense Gris. (322). 

— purpureum Lin. (2866). 

— Americanum Mili. {323).— Ve}'Msco. 
Helyclirysum macrantlium Benth. (Cult.! ) — Inmortal de Aus- 
tralia. 

— Oriéntale Gsertn. {Galtl)— Inmortal, siempreviva, 

eterna. 
Grang-ea Doming-ensis G.-M. (2865) [Eg-letes Cass.]; j3, viscosa 

G.-M. (3614) [Eg-letes Less. ]—JIIan£a7iilla del país. 
Placus purpurascens G.-M., nomen (2841) [Pluchea purpuras- 
cens Cand.]; j3, g-labratum G.-M., nomen (Cuba!) [Plu- 
chea g'labrata Cñná.]— Salvia colorada. 

— bifrons G.-M. nomen (2833) [Plucliea bifrons Cand.] — 

Salvia macho, salvia morada. 

— odoratus H. B." (308) [Pluchea odorata Cass.] — Salvia 

de playa, salvia cimarrona, salvia delpais. 

— (1) polycephalus G.-M. (2837; 2838; 2839) [Sachsia poly- 

cephala Gris.; S. divaricata Gris.] 

— tricephalus G.-M. (2836) [Sachsia tricephala Gris.] 

— (2) coronopifolius G.-M. (2840) [Rhodog-eron Gris.] 
Pterocaulon virg-atum Cand. (Cuba?); var (307) [P. Alopecu- 

roideum Caxiü.]— Siempreviva. 
Helianthus annuus Lin. {C\x\i.\)— Girasol, mirasol. 

— speciosus Hook. [Tithonia speciosaHook.; Leighia 

Cand.] 

— Baillonianus G.-M. (3) (2853) [Vig-uiera Helian- 

thoides K.^''; Y. Sagraeana Cand.] 

— microclinus G.-M., nomen [Vig-uiera microcline 

.Cand.] 



(1) Sección Sachsia G.-M. [Géneros Sachsia Gris. , y Rhodogeron Gris ] Corolas fe- 
meninas filiformes ó liguladas, limbo 2-3-dentado ó diminutamente dentado. Tallo 
perenne. Hojas basilares, rosetadas Capítulos remotamente cimosos. 

(2) Sección Sachsia. [V. (1)]. 

(3) Sección Viguieva H. B.", loe. cit., 47. [Pajas del vilano persistentes ó caducas, 
acompañadas de escamitas persistentes. Brácteas exteriores del involucro secasen 
su base ó herbáceas. Hojas superiores generalmente alternas, las inferiores opuestas. 
Capítulos poco voluminosos, casi iguales á sus pedúnculos.] 

H. Baillonianus G -M. (í). Tallo lampiño. Hojas ovales, acuminadas, íntegras, tri- 
nervias, superiormente ásperas, inferiormente pobladas de pelos; peciolos velludo- 
ciliados. Brácteas del involucro uniseriadas, lineares, erizadas, con el ápice dilatado- 
sub espatulado. Receptáculo largamente cónico, excavado. Cuba. 

ANALES DE HI3T. NAT. — XIX. 18 



274 ANALF.S DE HISTORIA NATURAL. (C2) 

Wulffia Havanensis Cand. 

— ang-ustifolia G.-M., nomen (3G07) [Melanthera ang-us- 

tifolia Ricli.] 

— deltoidea G.-M. (1) (3609) [Melanthera deltoidea Rich. 

M. Urticíefolia Cass.; M. Linnsei K.*''] 

— hastata G.-M., nomen (3608) [Melanthera hastata 

Rich.] (2). 
Verbesina Encelioides G.-M., nomen (3611) [Ximenesia Ence- 
lioides Cav.] 

— arborescens G.-M. (3) (2849); P, arg-entea G.-M. (4) 

(Cuba!). 

— carnosa G.-M., nomen; jS, triloba G.-M.. nomen 

(2851) [Wedelia carnosa Rich.; s, triloba Cand.] 

— gracilis G.-M., nomen (2852) [Wedelia gracilis Rich.] 

— reticnlata G.-M., nomen (1634) [Wedelia reticulata 

Cand.] — üareiciUo amarillo. 

— Veronicsefolia G.-M. , nomen [Wedelia Veronicaifo- 

lia Rich.] 

— Forso-Cubana G.-M., nomen [Wedelia acuminata 

Cand.] 

— Spilanthoides G.-M., nomen (313) [Wedelia serrata 

Rich.; Tilesia Spilanthoides Gri«i.; Calydermos? 
Spilanthoides Gris.] 



(1) Sección Meluntkera H. B.", loe. cit., 203. [Pajas del vilano oo, ó 2-3, rara vez 0. 
Ácana carnosa.] ^ l'f''. deltoidea G.-M. 2^ ó 1) en su patria, generalmente (T) en los jar- 
dines europeos. Hojas opuestas, áspero-pubescentes, óvalo-deltoideas 6 subalabarda- 
das, agudas, cuneiformes en la base, aserrado-dentadas, 3-nervias y pecioladas. Esca- 
mas del involucro 2-seriadas, oval-oblongas , pubescentes, agudas. Receptáculo con 
pajas obtusas, sub-mucronuladas. Cuba [Habana!] , Puerto-Rico, otras Antillas; Nue- 
va-Granada, etc. 

(2) Es erróneo el Melanthera hastata Mich.^ de Sauval., loe. cit., 80. 

(3) Lampiña. Hojas espatuladas ó espatulado-oblongas, enteras, carnosas, lampi- 
ñas, sentadas, semiabrazadoras, mucronuladas, cubiertas de polvo blancuzco; estipu- 
las pegadas al tallo , escamiformes. Involucro formado dedos series de brácteas: la 
externa, carnosa, comprende dos brácteas oblongas ó espatulado-oblongas y dos ova- 
les, mucronuladas; la interna comprende 8 brácteas membranosas en el ápice, carno- 
sas en la baso. Capitules terminales, con el pedúnculo tan largo como las hojas. Áca- 
nas del radio .3-gona9, las del disco 4-gonas; todas coronadas de 4 dientes. 5 Ó- Cuba, 
Puerto-Rico, Sainte-Croix, Bahamas, Bermudas; Borriehia, Cand.; Buphthahnum Lin.; 
Diomedea ináentata Cass.; B.glahrata K."' 

(4) Sericeo-lanuda, argentada. 1;. Cuba; Perú. Ttorñchia Cand.; Buphthahnum ra- 
nnm L'IIérith ; Diomedea argéntea K."> 



(63) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 2:0 

Verbesina alata Lin. (Cuba!); var. hispida Gris. (131G).— ^0- 
toncillo. 

— Wrig-litii Scliult. (1317) [Ancistrophora A. Gray.] 

— serrata Cav. 

— Chinensis Lin. {Ca\í.'?)—Sahia de CiiM. 

— Persicifolia Cand. 

Spilantlius Beccabung-a G.-M., nomen (Sylv.!)[SpiIanthes Bec- 
cabung-a Cand.] — Botón de oro. 

— ? insipida G.-M., nomen (Habana!; ¿3610?) [Spilan- 

tlies insipida Jacq.] 
Salmea pauciceps Gris. (2854). 

— g-laberrima Wr. (2855). 

— scandens Cand. (309; 771) [S. grandiceps Cass.] 

— Caleoides Gris. (285G). 

Eleutlierantbera ruderalis G.-M. (310; 2842) (1) [Melampodium 
ruderale Sw.; Keg-elia ruderalis Schult.; Tetranthus rude- 
ralis Gris.; Ogiera ruderalis Gris.; O. triplinervis Cass.; 
G, leiocarpa Cand.] 

Eclipta erecta Lin. (2848). 

Enhydra sessilis Cand. (Cuba?); var. (2850) [E. subcuneata 
Cand.; E. marítima Less.] 

Isocarpha Atriplicifolia R. Br. (2857); var. ^Vrig•lltii Gris. (2858). 

Zinnia eleg-ans Jacq. (Cult.!) — Cagígal, reina Luisa. 

Bidens leucantha Willd. (317); /3, pilosa G.-M., nomen (310) 
[B. pilosa L\n.]—Romeril¡o, romeriUo Manco. 

— bipinnata Lin. (Cuba?); r, Cynapüfolia G.-M., nomen 

(315) [B. Cynapiifolia l\.^^']—Romerillo de loma. 

— Coreopsidis Cand. (Cuba!); var. Gris., Pl. IFngkí., 514 

(314) [Cosmos luteus, Boí. Mag., t. l6S9].—B.omerilio 
de costi. 

— Rubifolia Iv."> 

— variabilis G.-M., nomen (Cult.!) [Dahlia variabilis 

J)Q^í.]—DahUa. 

— coccínea G.-M., nomen (Cult.!) [Dahlia coccinca Cav.] 

— Dahlia. 

— Bertcriana Spreng-. (Cuba!) [Cosmos caudatus K.*'']; 

var. (318) [Cosmos sulphureus Cav.] 



(1) E. ruderalis G.-M. ® Ascendente. Hojas ovales, pecioladas. Pajas escariosas, 
ciliadas, acuminadas. Ácana lisa ó tuberculosa Cuba y Guayana francesa. 



276 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (64) 

Chrysanthellum procumlDeris Rich. (319). — Manzanilla delpais. 

Trichospira Mentlioides K."^ (4597). 

Synedrella nodiflora Gíertn. (320). 

Tridax procumbens Lin. (2861). — RomeriUo. 

Melampodium humile Sw. (311) [Acanthospermum Cand.] — 

Pinedo. 
Parthenium hysterophorus Lin. — Escoda amarga, artmiisillo, 

con fi tillo. 
Lag-ascea moUis Cav. (2794). — RomeriUo cimarrón. 
Pinillosia? Bellioides Gris. (2844) [Tetracanthus humilis Wr.] 

— Tetranthoides Cand. (2843). 

— repens Scliult. (312) [Microcoecia Hook. f.] 
Clibadium Havanense Cand. 

— hispidulum G.-M. & Mol.* (1315) (1) [Lantanopsis 

hispidula Wr.] 
Heptauthus Cochlearifolius Gris. (2819); var. (2820) [H. Ra- 
nunculoides Gris.] 
— brevipes Wr. (2821). 

Elvira biflora Cand. 
Gaillardia picta Sw. (Cult.!) 
Flaveria Contrayerba Pers. (2860) [2).— Contrahierba. 

— linearis Lag". (2859). 

— repanda Lag*. (Sub-natural ! ) [Broteroa trinervata 

Pers.; Brotera Contrayerba ^'^ve,i\g.]—Co7itrahierl)a. 
Thymopsis Wrig-htii Benth. (3603) [Tetranthus Thymoides 

Gris.] 
Tag-etes cancellatiis G.-M., nomen (1304) [Lebetina cancellata 
Cass.](3). 

— erecta Lin. (Cult. !) — Flor de muerto , claveUn, copete. 

— patilla Lin. (Cult.!) — Damasquina, cagigala. 
Pectis ciliaris Lin. (28Q2).— Romero cimarrón. 

— prostrata Cav. (2862; 2863).— ^ow^ero macho. 



(1) Sección Lantanopsis H. B «, loe. cii., 238. [Involucro ovoideo, poseyendo hasta 
4 brácteas. Capítulos diminutos, bifloros (salvo en los casos de aborto), con una flor Q 
y otra (¡5, y dispuestos en cimas terminales. Una especie de Cuba y Santo Doming-o.] 

O. Jdspidulum G.-M. & Mol.' Hierba sub-leño?a, delgada, macileuto-erizada. Hojas 
opuestas, rombo-lanceoladas, triplinervias. 

(2) Es del todo erróneo Broteroa Contrahicrha Spreng., que cita Sauval., loe. eit., 81. 

(3) Parece erróneo Lebetinia cancellata Cav. en Gris., Cat.pl. Cub. , 15G, y Sauval., 
Ice. cit. ,82. 



(65) Gómez de la Maza. — periantiadas cubanas. 277 

Pectis Cabensis Gris. {3Ql3).—l?omero cimarrón. 

— pratensis Sauval. (3612). — Romero cimarrón. 

— costata Ser. & Mere. (Cuba, sec. Cand. ; omitida por 

Sauval.) [Lorantea prostrata Lag-asca]. 

— punctata Jacq. (290; 1630).— Homero cimarrón. 

— Plumieri Gris. (2864) [P. floribunda "Rich.]— Romero ci- 

marrón. 
Porophyllon Equisetiforme G.-M. & Mol.* (2868) (1) [Lescaillea 
Equisetiformis Gris.] 
— ruderale G.-M., nomen (321) [Porophyllum Cass.] 

Senecio polyphlebius Gris. (329). 

— vulg-aris Lin. (Cuba?); /3, Filise-Cubse G.-M., nomen 

(1318). — Eierla cana. 

— plumbeus Gris. (328; 2%^^).— Retama árlol. 

— trineurus Gris. (327). 

— Almironcillo G.-M., nomen (2870) [Cacaiia discolor 

Gris.] — A Imironcillo. 

— Hieracifolius Lin. (Cuba?) [Erechtites Hieracifolia Raf.]; 

/3, Carduifolius G.-M. (324) [Senecio Hieracifolius 
Meyer; Erechtites Carduifolia Cand.; Erechtites Hie- 
racifolia Raf., j3, Carduifolius Gris., Fl. Br. W. Ind., 
381]; 7, Cacalioides G.-M. (Silvestre!) [Senecio Caca- 
lioides Fischer; Erechtites Cacalioides Less.] 

— Sonchifolius Moench (326, p. p.) [Emilia Sonchifolia 

Cand.] 
Liabum Wrig-htii Gris. (288; £871). 

— Bro-wnei Cass. (289). 

— Cúbense Schult. 

Neurolsena lobata R. Br. (32.5; 772). — Retama arhisto, romerillo. 
Chrysanthemum Indicum Thunb. (Cult.!) — Flor de Roma. 

— coronarium Lin. (Cult.!) — Moya. 

— Santa-Maria G.-M., nomen (Cult.!) [Pyrethrum 

Tanacetum C?íií^.'\— Santa Maria, hierba de 
Santa María, hierba romana. 
Ambrosia Artemisisefolia Lin. {^'^\^).— Artemisa. 



(1) Sección Lescaillea G.-M. Ramas del estilo aguditas ú obtusitas en el ápice. 
Fruto lampiño. Vilano setoso. Tallo sub-leñoso, sub-afilo y opuestamente escamífero. 
Una especie de Cuba. 

P. Equisetiforme G.-M. & Mol.' Caracteres de la sección. Cuba occidental. 



inS ANALES DE HISTORIA NATUBAL. (66) 

Ambrosia psilostachya Cand. 

— Crithmifolia Cand. (2Sá6). —Cdrpiesa. 
Xanthium strumarium Lin. (3604) [X. Canadense Lin.?; X. ma- 

crocarpum Rich.?; Cand.?; X. Oriéntale Liu. '^]—Guizazo de 

caballos, lampiirda. 
Iva Cheiranthifolia K.*^'' (2847). — Arlemisa de playa. 
- imbricata Walt. (3605). 



CONSIDERACIONES 



LA DENTICIÓN DE LOS ROEDORES, 



DON SALVADOR CALDERÓN. 



(Sección de Sevilla. — Sesión del 12 de Mayo de 1890.) 



I. 

Hace alg-unos años, durante nuestra residencia en el extran- 
jero, emprendimos un estudio sobre la estructura de los dien- 
tes y causas de la conformación de estos órganos en los roe- 
dores, á cuya ínvestig-ación nos Rabia conducido el liallazg-o 
de varias brecRas Ruesosas procedentes de Belmez, Cabra y 
otras localidades, todas por extremo ricas en dientes de ani- 
males comprendidos en este orden. Nuestro objeto era Rallar 
caracteres que sirvieran para reconocerlos, practicando sec- 
ciones delg-adas, á lo que se suelen prestar mucRo las rocas 
que los cementan, supliendo con estos datos la escasez de 
otros, debida á la poca abundancia de restos esqueléticos de 
roedores, fácil de explicar tratándose de animales de pequeño 
tamaño, expuestos á la destrucción y que, aun en el caso de 
Raberse petrificado, pasan inadvertidos las más veces al sacar 
de las canteras las rocas en que yacen. 

Mas, tratando de estudiar con dicRo motivo la org-anización 
del sistema dentario de los roedores, pudimos al propio 
tiempo reconocer el estado deficiente de la ciencia anatómica 
en punto á su comparación con los órg-anos correspondientes 
de los demás mamíferos, y mucRo más aún en lo que respecta 
á las causas de sus peculiares caracteres, en mucRas de cuyas 
cuestiones puede decirse estamos á la altura de Galeno, de 
Vesalio ó de EustacRi, iniciadores de la odontología. 



280 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

Por fortuna, posteriormente á la época en que comenzamos 
el presente ensayo, ha surgido la dirección mecánica en el 
estudio morfológico de los vertebrados, y sus principales cam- 
peones, los profesores norte-americanos Cope, Ryder y Osboru, 
han dadü un impulso sin precedentes á esta importante rama 
de la Anatomía comparada, como tendremos ocasión de mos- 
trar con motivo del problema que nos ocupa. Según esta nueva 
dirección, el organismo es un medio completamente plástico, 
al cual va modelando el trabajo muscular, tanto en el curso 
de la vida individual, como en el de las generaciones sucesi- 
vas, siendo posible reconocer en toda modificación esquelética 
la huella del trabajo perseverante que la ha producido (1). 
Veremos que así dan cuenta de un modo de todo punto satis- 
factorio, á nuestro juicio, de la formación gradual del sistema 
dentario roedor. 

Mas lo que no explican estos anatómicos, ni hasta ahora se 
ha indicado, es el punto de partida de la desviación, en virtud 
del cual se inicia la forma de dentición roedora, separándose 
de las de otros mamíferos, indudablemente anteriores en el 
tiempo. En este respecto creemos poder añadir algún contin- 
gente, siquiera sea pequeño, al esclarecimiento de problemas 
tan transcendentales, ofreciendo, si no resultados definitivos, 
motivos al menos de reflexión y estudio. 

Séanos permitido exponer primeramente algunos preceden- 
tes de la cuestión. 



11. 



Es sabido que el sistema masticador de los mamíferos se ca- 
racteriza ante todo por la inserción de los dientes, siempre 
en los bordes alveolares de las mandíbulas, sin que los haya 
implantados en el paladar ó en la lengua, como acontece en 
otros vertebrados, y después se distingue por la existencia de 
un epitelio, que penetra en el saquito dentario, y es origen 
del esmalte que tapiza la corona del diente. Los reptiles y los 
peces ofrecen los caracteres contrarios; sus dientes, además, 
son más numerosos y más semejantes entre sí, al paso que en 



(1) Véase la exposición sucinta de la doctrina de Cope, hecha por nosotros en estos 
Anales, tomo xvni. Actas, páginas 81 y siguientes. 



(3) Calderón. — DENTICIÓN de los roedoees. 281 

los mamíferos difieren unos de otros por el número, la forma, 
la disposición y las funciones especiales que desempeñan. 
A su vez, dentro de la clase, se observan muchísimos cambios 
relacionados con las costumbres y la alimeptación, variable 
en cada orden, ora de materias blandas, ora de sustancias 
duras, unas veg^etales, otras animales. Generalmente se pro- 
duce en ellos una primera dentición, que es reemplazada des- 
pués por otra definitiva, aunque en esta reg-la hay alg-unas 
excepciones, por lo cual se llaman monofiodontes á los mamí- 
feros que no renuevan dichos órganos (cetáceos y desdenta- 
dos), y difiodontes al resto. 

F. Cuvier (1) y sus discípulos concedieron una importancia 
extraordinaria á los caracteres dentarios en la clasificación y 
reconocimiento de los mamíferos, tanto vivos como fósiles, 
fundándose en la fijeza de estos caracteres, en la facilidad de 
apreciarlos con exactitud y en la conexión que g-uardan con 
el proceso nutritivo del animal. No hay duda, en efecto, de 
que el empleo de estos caracteres ha contribuido en gran ma- 
nera á los adelantos post-linneanos de la mammalogía; pero 
no es menos cierto que su abuso ha llevado también á veces 
á incurrir en graves errores: díganlo, por lo que se refiere á 
la taxonomía, la colocación de las zarigüeyas y otros didelfos 
junto á los placentarios insectívoros, y en lo tocante á la de- 
terminación, los dientes fósiles de delfines tomados por restos 
de saurios y los de cocodrilos por los de delfines, merced á 
fijarse únicamente en semejanzas externas. No es posible con- 
ceder á los caracteres dentarios una significación morfológica 
exclusiva, sin caer en equivocaciones semejantes; y esto por 
dos razones: 1.^, porque en grupos muy distintos se producen 
analogías y afinidades, siempre que coincidan en el régimen 
alimenticio y otras causas modificadoras, originándose térmi- 
nos correspondientes, que no implican, sin embargo, comu- 
nidad de filiación; y 2.", porque el agente evolutivo del sistema 
dentario no es solamente la alimentación, sino que estos órga- 
nos pueden transformarse para servir además para otros fines 
diversos, como el ataque ó la defensa directa ó indirecta. 
Por lo que se refiere á la dentición de los roedores, desde 



(1) Les Dents des Mamiféres, París, 1825. 



282 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

lueg^o llama en ella la atención el gran desarrollo de sus inci- 
sivos, la falta de caninos (1) y la presencia de uno ó rara vez 
de dos premolares, después de los cuales sig-uen los molares, 
echados muy atrás y ampliamente separados de los incisivos 
por un g-ran espacio vacío ó barra, que proporciona uno de los 
caracteres por los cuales se disting-ue este orden del afine á él, 
de los insectívoros. 

ün examen más detenido descubre otras varias particulari- 
dades en el sistema masticador de los roedores. 

Los incisivos, en número de y, rara vez y, son larg-os y en- 
corvados en forma de arco. Superiormente su corona ancha y 
terminada en bisel, se conserva cortante, merced á un des- 
g-aste continuo, y apta para la defensa y para separar las sus- 
tancias duras de que el animal se alimenta; si bien esta forma 
varía algún tanto con el empleo más especial que de sus dien- 
tes hace cada especie, pues en unas sirve particularmente 
para roer ó cortar y en otras para la defensa. La raíz ofrece 
tres ó cuatro caras planas ó convexas, lisas ó estriadas, y tan 
pronto blancas como amarillentas ó rojizas. 

Los incisivos superiores, más fuertes que los inferiores, están 
implantados en los intermaxilares, huesos estos muy desarro- 
llados en los roedores. Unos y otros dientes poseen un sólido 
arraig-o en los alvéolos, en cuyo fondo existe una cavidad en 
forma de embudo, en la que se encierra el bulbo, que es per- 
sistente y reproduce el diente, en dirección circular, á medida 
que se desg-asta. 

La cara anterior ó externa de los incisivos está proteg-ida 
por una capa espesa de esmalte durísimo, que constituye el 
borde cortante en bisel, al paso que en el resto del diente este 
se reduce á una capita muy tenue, y la sustancia ordinaria 



(1) Algunos naturalistas liao discutido si existían ó no caninos atrofiados en cier- 
tos roedores. Broussonet, en 1779, estudiando el número y disposición de los incisivos 
de la mandíbula superior del conejo, comparada con la de otras formas del orden, 
supuso que los posteriores podrían considerarse como caninos. La penetración de 
dichos dientes hasta el hueso maxilar, ha hecho también coincidir otras veces en la 
misma idea, hoy inadmisible, pues cada diente pertenece en realidad al hueso en el 
cual la mucosa se hunde en forma de cripta para alojar su bulbo, que lo hace en los 
roedores siempre en el intermaxilar. También los iucisivos inferiores se prolongan 
dentro del hueso en ciertas especies, pasando bajo la serie de los molares, hasta for- 
mar saliente á veces el extremo de su raíz detrás de los molares mismos; y, sin em- 
Ijargo, ú nadie se le ha ocurrido considerarlos por eso como muelas. 



(5) Calderón. — dentición de los roedores. 283 

predominante se desg-asta más rápidamente que aquella por 
el uso. En alg-unos g"éneros uno ó dos surcos long-itudinales 
recorren los incisivos, ya de ambas mandíbulas ó ya solo de 
la superior, que es lo más frecuente. 

En la mandíbula superior, y además de los incisivos ordina- 
rios abora descritos, se encuentran en mucbos roedores, como 
los lepóridos, un par de incisivos más pequeños, ocultos detrás 
de aquellos, órg-anos de una sig-nificación morfológ-ica muy 
importante, como veremos después, y por cuya presencia 
llamó Illiger duplicide^itados á estos roedores, en oposición á 
los que carecen de ellos, y que denominó unicidentados (ratas, 
ardillas, conejos de Indias). 

Los molares se bailan en general, y aunque existen excep- 
ciones á esta reg"la, en ig-ual número en ambas mandíbulas. 
Su forma prismática, la profunda inflexión que muestran los 
surcos transversos de esmalte, repartidos á la vez lateral y 
verticalmente, constituyen particularidades muy distintivas 
del grupo. Estos relieves de esmalte sumamente variables en 
su forma, proporcionan caracteres útiles para la sub-división 
de los roedores, así como otras circunstancias referentes á la 
presencia ó ausencia de raíces, y á la forma, estructura y nú- 
mero de los molares, todo lo cual se relaciona con la alimen- 
tación de cada grupo. 

A pesar de la disposición aparentemente laberíntica de los 
replieg-ues de los molares de los roedores, el profesor Ryder (1) 
ba podido bailar en ella una ley g-eneral, según la cual, en 
los géneros que son isognatos, las inflexiones presentan igual 
profundidad en los lados opuestos de ambos molares superior 
é inferior; pero en los anisognatos, entre los cuales se cuentan 
la mayoría de aquellos roedores en los que los molares infe- 
riores tienen una expansión más vasta que los superiores, 
dicbas inflexiones aparecen más numerosas y profundas en 
los lados opuestos de los molares de arriba y de abajo. La ex- 
pansión mayor de las coronas de los molares inferiores de- 
pende frecuentemente, más que de la posición de estas, de la 
dirección de las raíces. 

Es notable la oblicuidad de los ejes de los molares, que son 



(1) Proced. Acad. Pialad. , 1877. 



284 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

opuestos en las dos mandíbulas: hacia arriba y adelante en la 
inferior, y hacia abajo y atrás en la superior. 

Comparando la disposición y estructura del sistema denta- 
rio de los roedores con los de los restantes mamíferos, se des- 
cubren analogías y diferencias notablemente sig-nificativas. 
En primer lugar, los de este orden son difiodontes, pero in- 
completos; pues entre sus dientes los incisivos obedecen á la 
ley general de los que reciben este nombre, viniendo á cons- 
tituir así el vértice de las dos series de los monofiodontes y 
los difiodontes (1). En cuanto á los dientes mismos, se da como 
carácter general de los mamíferos que cuando acaban de 
desarrollarse estos órganos, difieren mucho de los de los sau- 
rios, pues su cavidad se reduce á un canal estrecho; mas se- 
mejante carácter no puede en rigor aplicarse á la mayor parte 
de los roedores, los cuales conservan en sus molares una gran 
cavidad (Cavia, Arctomis, Lepus, etc.), cuya circunstancia, que 
corresponde á un estado inferior, se halla en armonía con ese 
crecimiento continuo de dichos dientes, de que se hizo antes 
mérito (2). Por último, se dice que los roedores ocupan tam- 
bién una posición singular como forma de tránsito entre otros 
órdenes, en lo que se refiere á la estructura de sus dientes, 
que ni son de los desprovistos de esmalte, como los de ciertos 
mamíferos (por ejemplo, los superiores del elefante), ni de los 
cubiertos por él uniformemente, como los de la mayoría de 
los monodelfos superiores, pues los que nos ocupan poseen 
esta sustancia, aunque solo en la cara anterior de sus inci- 
sivos. 

Las secciones delgadas, practicadas en el laboratorio del 
Gabinete de la Universidad, nos han demostrado que dicha 
estructura no tiene ese carácter que generalmente se le atri- 
buye. El esmalte ocupa, en forma de una cinta de igual an- 
chura, la capa anterior del incisivo del conejo, se dobla por 
los lados y se dirige en cuña hasta el tercio medio, donde se 



(1) Durante mucho tiempo se neg-ó por los naturalistas la renovación de los clien- 
tes en los roedores, como todavía la niega el vulgo. Laurillard y Cuvier (Les Dents 
des Mamiféres, pág. 44), han sido los primeros en notar una serie de dientes de leche 
extremadamente precoz en varios roedores, que los pierden ya durante la vida in- 
trauterina. En el género Lepus, pocos días después del nacimiento, caen dichos pri- 
meros dientes, fenómeno que ocurre asimismo en los incisivos rudimentarios. 

(2) Véase para mayores detalles Owen: Odontography , London, 1844. 



(7) Calderón. — dentición de los roedores. 285 

reduce á una banda estrecha, pero continua, que envuelve el 
resto del diente. El examen de la sección á la luz polarizada 
no deja lugar á, duda de que esta sustancia forma una envol- 
tura continua, por más que se espese en la cara anterior, y 
que no desaparezca en la posterior como hasta aquí se ha 
creído. Esta disposición se explica por la compresión que 
ejerce el diente sobre la parte posterior de la campana del 
esmalte, merced al desarrollo oblicuo de dicho órgano. Otro 
tanto ocurre en los molares, en cuya cara externa se espesa 
el esmalte y luego va adelgazando hasta reducirse á una cinta 
por los lados. 

El examen microscópico de los dientes de los roedores revela 
además en el esmalte una serie de pliegues, como arrollados 
según dos direcciones, cual si hubiesen obedecido á su impul- 
so. Debajo viene la dentina, cuyos conductos son muy marca- 
dos y forman una red anastomasada gruesa. 

La dentición del roedor en conjunto ofrece muchos puntos 
de analogía con la del insectívoro, como lo indicó hace tiempo 
el insigne I. Geoífroy Saint Hilaire, al paso que difiere bas- 
tante de la del carnívoro. En las formas de dentición insectí- 
vora se observa, sin embargo, como caracteres distintivos con 
respecto á la que nos ocupa, que los incisivos de la mandíbula 
inferior están protegidos detrás de los de la superior, y no se 
tocan por su borde. En otro respecto, la presencia de cemento, 
habitual en los molares de los roedores, los aproxima á los de 
los paquidermos, rumiantes y delfines. 

Hemos dicho que los molares de los roedores están separa- 
dos de los incisivos por un gran espacio vacío, y que los ejes 
de cada una de estas dos clases de dientes son totalmente di- 
versos, lo cual guarda relación con la disposición singular de 
las mandíbulas. La superior es corta y el intermaxilar se halla 
notablemente desarrollado: la inferior varía bastante en su 
forma, pero siempre tiende á ensancharse mucho por detrás. 
Dentro del anisognatismo dominante en los mamíferos de este 
orden, resultan dos disposiciones distintas según sea la man- 
díbula inferior la más estrecha ú ocurra lo inverso, cuyos casos 
ha distinguido el profesor Ryder (1) del modo siguiente: 



(1) Oper. cit. 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 



ISOGNATOS. 



Lepus. 



ANISOGNATOS. 
Hipoanisognatos. Epianisognatos. 



Arvícola. Histrícidos . 

Capromys. Castóridos. 

Cávidos. 



Los cóndilos de la mandíbula no se mueven en cavidades 
glenoideas especiales, sino libremente de atrás adelante ó vice- 
versa, en surcos long"itudinales con desaparición de la apófisis 
post-g-lenoidea, de suerte que en estos todo movimiento late- 
ral es casi imposible, al paso que los deslizamientos en el 
sentido del eje mayor de la cabeza, son amplísimos. En este 
importante carácter de la falta de apófisis post-g-lenoidea, funda 
Cope (1) la distinción entre los roedores y los bunotéridos 
(insectívoros, creodontos, teniodontos y tilodontos), y como 
consecuencia natural de él, el cóndilo de la mandíbula es 
sub g-lobular ó sea extendido en el sentido antero-posterior, 
consistiendo la cavidad glenoidea en el espacio long-itudinal 
ocupado por una ranura transversa. A esta forma de tritura- 
ción de los alimentos en la dirección antero-posterior, resul- 
tante de dichas particularidades y de la posición tan posterior 
de la quijada, ha llamado Ryder masticación j^ro^wm^. 

El sistema motor de la mandíbula ofrece una disposición 
particular en armonía con dicha masticación, cuyo jueg-o, así 
como la mecánica de los incisivos, responden al enorme tra- 
bajo que exig-e la acción de roer. La vasta superficie de inser- 
ción del músculo temporal, se extiende hacia adelante desde 
las ramas hasta frente á los primeros molares superiores, am- 
plitud que depende de la atrofia y hasta desaparición á veces 
de la apófisis coronoides. Por la contracción de este músculo, 
la rama es empujada hacia atrás y arriba, desde el momento 
en que el incisivo inferior toca con el superior y los molares 
de abajo son echados posteriormente y en oposición á los su- 
periores. 

Los músculos terig-oideos interno y externo se hallan tam- 
bién extraordinariamente desarrollados en los roedores, por 



(1) Olí i/ie Ei'olHtion of tJie Vertchrata progi'cssivc and rctrogressire. Amer. Natur., 
1885. 



(9) Calderón. — dentición de los roedores. 287 

lo cual está ensanchada en proporción la fosa terig-oidea, ejer- 
ciendo aquellos un trabajo constante de presión hacia atrás, 
como tendiendo á doblar el borde del ángulo de la mandíbula. 
Aunque obrando de muy diferente modo en el acto de la mas- 
ticación que lo hace el temporal, ambos músculos cierran la 
boca. Mientras esta se halla abierta, los maséteros y el terig-oi- 
deo interno arrastran la mandíbula hacia adelante y arriba, 
hasta que los incisivos, así como los molares, choquen con 
algún cuerpo, como el alimento, ó se pongan en contacto. 
Entonces ge relajan estos músculos, pero continuando el tem- 
poral su acción hacia arriba, la rama de la mandíbula retro- 
cede hasta donde lo permiten las partes adyacentes. 

Al gran desarrollo de los músculos mencionados, y particu- 
larmente del masétero, se debe la abertura tan singularmente 
reducida que ofrece la boca de los roedores, pequenez com- 
pensada en parte frecuentemente, aunque de otro modo, por 
la hendidura media del labio superior. 

De toda esta serie armónica de caracteres de las partes duras 
y blandas, resulta en definitiva ese juego especial y caracte- 
rístico de esa masticación de los roedores, ó más propiamente 
de los animales que roen, que ha llamsiáo propinal el profesor 
Ryder. 



III. 



?;A qué se debe ese conjunto de particularidades, sin duda 
alguna íntimamente ligadas unas con otras, que presenta el 
sistema dentario de los roedores? Hoy no satisfacen aquellas 
explicaciones vagas que en otro tiempo se daban para respon- 
der á preguntas análogas, como el clima, el género de vida, 
la alimentación, á parte de que se encuentran animales del 
orden que nos ocupa en todas las regiones del globo, por más 
que predominen, como es natural, allí donde existe una vege- 
tación más rica y abundante: hay además entre ellos especies 
arbóreas, acuáticas, terrestres, de madriguera, y, por tanto, 
unas esencialmente corredoras y otras que trepan, que nadan 
ó que escarban. En cuanto al régimen alimenticio, se observan 
asimismo dentro del grupo notables diferencias, siendo difícil 
poder definir su alimentación: los más prefieren las raíces, 
cortezas, tubérculos y frutos consistentes, pero sin dejar de 



288 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

devorar las sustancias animales, si hallan ocasión favorable 
para ello; alg-unos son habitualmente omnívoros, y á veces en 
g-éneros muy afines, y aun en especies de un mismo género, 
se conocen preferencias muy diversas en este respecto, como 
sucede con el conejo y la liebre, esta última tan afecta á la 
carne, que devora los cadáveres de los mamíferos, lo cual es 
origen, no pocas veces, de enfermedades que se trasmiten al 
hombre. 

No es dudoso que la función engendra al órgano y que el 
medio inñuye hasta el punto de que el animal tiene que adap- . 
tarse á él para poder vivir; mas dentro de esta causa común, 
se comprenden tantos agentes modificadores y la complicación 
de unos con otros llega á ser tal, que en tanto no se precise la 
acción mecánica y especial en cada caso que ha ejercido cada 
uno, no puede darse por conocido y explicado un proceso 
evolutivo. Tal es lo que, tratándose de los roedores, han logra- 
do en gran parte Cope (1) y Ryder (2), y de cuyos recientes 
resultados vamos á dar sumaria cuenta. 

El primer factor en el tiempo y por su importancia en la 
producción de todo el sistema de masticación roedora, es el 
aumento de longitud de los incisivos de ambas mandíbulas. 
El efecto inmediato de semejante disposición, parece debería 
ser mantener la boca perpetuamente abierta, como acontece 
en parte en ciertos fósiles de organización intermedia entre 
los roedores y los bunotéridos de Cope; pero en los actuales 
esto no puede ocurrir, merced á la forma particular de la por- 
ción post-dentaria de las mandíbulas y á la posibilidad de 
deslizar una contra otra, aun estando en contacto. Este desli- 
zamiento produce una presión hacia atrás, consiguiente á la 
que ejercen unos incisivos contra otros, y tanto mayor, cuanto 
lo es la longitud de estos, aconteciendo precisamente lo in- 
verso que en los carnívoros, en los cuales las presiones tienen 
que obrar hacia adelante, por efecto del desarrollo de los 
caninos. 

El incisivo del roedor se prolonga en razón directa del uso 
y del desgaste consiguiente, sobre todo de la parte solo prote- 
gida por una delgada capa de esmalte. A esto debe conservar 



(1) American Naturalist, 1885. 

(2) Loe. cit. 



(11) Calderón. — dentición de los roedores. 289 

siempre la misma dimensión y el corte afilado, rozando con- 
tinuamente el diente inferior con el superior en la dirección 
forzada de atrás adelante, única que permite el encaje de la 
mandíbula. Si el roedor pierde un diente, roto ó mutilada su 
parte libre, á causa de algún golpe, el correspondiente en la 
otra mandíbula no puede desgastarse, crece y encorvándose 
en forma de cuerno ó de defensa de elefante, daña inmensa- 
mente á la nutrición del animal. En el Museo de la Universi- 
dad de Sevilla existen cráneos de conejo con esta curiosa de- 
formación, que también suele observarse en las ratas. 

La constante presión hacia atrás de la mandíbula inferior 
se iniciaría, á compás de la prolongación de los incisivos, en 
las formas que sirvieron de punto de partida á los roedores. 
Esta acción permanente ha obrado de un modo directo, pri- 
mero aumentando el diámetro antero-posterior de los incisivos, 
y en particular de los inferiores, y segundo empujando hacia 
atrás la apófisis post-glenoidea, que ha acabado por inutili- 
zarse como medio de resistencia, aplastándola hacia afuera y, 
por último, atrofiándola, hasta que la quijada vino á ocupar 
la posición retrógrada propia de los roedores. Desde este mo- 
mento, la acción de los músculos elevadores tomó un nuevo 
rumbo, originándose el proceso de la masticación propinal, 
que se describió oportunamente. 

Otra serie de efectos del desarrollo de los incisivos y de la 
consiguiente forma de masticación, se revela en el estudio de 
los molares. La posición tan notablemente retirada que estos 
ocupan, particularmente en los castores, arvícolas y Bathyeo'- 
gus, en comparación con la que se observa en los demás órde- 
nes de los mamíferos, es un resultado fácil de explicar por la 
acción permanente de los superiores hacia adelante y abajo, 
tendiendo á distender el hueso maxilar hacia atrás, hasta 
llevar los últimos molares bajo la fosa temporal y posteriores 
á la órbita. 

La dirección vertical de los molares en las formas primiti- 
vas del orden (esciúridos) y oblicua en los géneros en que 
estos dientes son prismáticos, es otra consecuencia también, 
según Ryder, de la misma causa: en efecto, cuando las coro- 
nas de los molares de una mandíbula están aproximadas á las 
de sus opuestos, y estos deslizan posteriormente en el plano 
del eje mayor de la mandíbula, comprimen y obligan hacia 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 19 



290 ' ANALES DÉ HISTORIA NATURAL. (12) 

arriba y adelante á los inferiores, y hacia abajo y atrás á los 
superiores, produciéndose el desarrollo de las larg-as coronas 
prismáticas y las direcciones opuestas en ambas mandíbulas, 
que observamos en dichos dientes. 

La estructura misma de los molares es influida de un modo 
notorio por dicha acción compresora, pues iniciándose por 
breves coronas con crestas transversales estrechas y sencillas 
en el Psittacotherium y en los esciúridos, se llega, á través de 
formas intermedias, á otras dotadas de láminas verticales de 
esmalte, que alg-unas veces dividen las coronas enteramente 
al tvhNé:^ (Chinchilla, Castor y Cavia) ó aparecen solamente en 
la terminación de las coronas, cruzando el agregado de pris- 
mas de que cada molar está compuesto. Semejante estructura 
laminar, en el sentido vertical, es evidentemente obra del re- 
lleno de las crestas transversas, producido asimismo por la 
presión que ha impreso á las coronas su dirección oblicua; 
por eso, cuando no ha actuado este agente más que en la por- 
ción terminal, los prismas están ceñidos en lo alto de la corona 
y libres en la base, como acontece en las arvícolas, castores é 
histrícidos en general. 

¿Puede explicarse de igual suerte la producción de los plie- 
gues que ofrece la superficie de los molares de los roedores? 
Cope se inclina á creerlo, por más de que carezca de datos 
positivos para afirmarlo con certeza, fundándose en el hecho, 
ya notado en el anterior capítulo, de que las inflexiones de 
dichos dientes son de igual magnitud en los ladcs opuestos de 
ambos molares superior é inferior, al paso que en los géneros 
isognatos tales inflexiones son más numerosas y profundas en 
sentido opuesto. El examen de las secciones delgadas de los 
molares de los roedores apoya también á nuestro juicio dicha 
suposición, pues el replegamiento del esmalte trasciende al 
interior, y las líneas oscuras de los conductillos se encuentran 
doblemente onduladas como obedeciendo á dos direcciones de 
presión angulares. 

Termina el insigne naturalista de Filadelfia afirmando en 
conclusión que, á su juicio, queda suficientemente probado 
que casi todas las particularidades del sistema dentario de los 
roedores y el mecanismo de su masticación, son consecuen- 
cias mecánicas de la longitud extraordinaria de sus dientes 
incisivos. 



<13) Calderón. — dentición de los roedores. 291 



IV. 



Solo nos resta investig-ar, para exponer las consideraciones 
que nos sug-iere el sistema dentario de los roedores, cuál sea 
la causa del desarrollo longitudinal adquirido por los incisivos 
■de estos animales, al cual se deben, como queda indicado, 
-tedas las restantes particularidades de dicho sistema. 

Consecuentes con el antig-uo principio, tan fecundamente 
■desarrollado por ellos, de que el uso desarrolla los órg'anos, 
los naturalistas norte-americanos atribu_yen el crecimiento en 
long-itud de los incisivos al uso continuado; mas, sin neg-ar la 
validez de esta ley fisiológ-ica, pensamos nosotros que no basta 
por sí sola para explicar el nacimiento del sistema dentario 
roedor, saliendo de otros más homogéneos en las épocas geo- 
lógicas antiguas, porque la masticación y desgaste perseve- 
rantes robustecerían cada vez más los dientes y empujarían 
hacia atrás la mandíbula, á condición de que faltasen los ca- 
, niños ó fuesen suficientemente cortos para no alcanzarse; 
pues si no, obrando estos de un modo inverso, dirigirían las 
presiones precisamente hacia adelante, como sucede en los 
carnívoros. Se necesita, por consiguiente, que el uso actúe 
sobre sujetos que presenten ciertos caracteres, los cuales pue- 
den haber aparecido como meros casos individuales anómalos, 
quizás en .varios grupos de mamíferos, y haberse constituido 
-en variedades constantes, allí donde la deformación ha preva- 
lecido (1). 

Calificamos de variedades á estas desviaciones, que han sido 
la cuna de la forma de masticación roedora, siguiendo el tec- 
nicismo de I. GeofTroy Saint- Hilaire (2), para indicar modifi- 
^caciones compatibles con el sostenimiento normal de la vida. 



(1) La probabilidad de este importante proceso biológico ba sido ya señalada algu- 
na vez, aunque coa ocasión de grupos muy diversos del que nos.ocupa, por algunos 
naturalistas pensadores. Recordaremos á M. Fontaines, quien con ocasión de la fllia- 

■ción de los Peden restUutensis y lalissimiis fBull. de la Soc. geól. de Fr., 1884), ha 
-explicado por dicho principio como de dos formas afines y contemporáneas se ha 
extinguido la una bajo influencias diversas, y desarrollado la otra porjiallarlas favo- 
rables. Asimismo, otras muchas formas, que parecen mutaciones de un tipo previo, 
-debieron ser en su origen meras variedares contemporáneas de este tipo. 

(2) Hisl. genérale et ¡particular e des anomalies de rorganisation, tomo i. 



292 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14; 

á diferencia de los vicios de conformación y las monstruosi- 
dades, por más que unas y otras se remonten á las fases de 
evolución intrauterina. 

La historia de las anomalías dentarias de los mamíferos es 
fecunda en desviaciones de todos géneros de los tipos norma- 
les: unas se refieren al aumento en el número de raíces y 
tubérculos ó á la disminución del habitual en la especie, y á- 
veces á la falta de raíces, de cuya carencia se citan casos en- 
el hombre; otras á variaciones en más y en menos en el nú- 
mero como los curiosos casos citados por Otto, de hombres en 
los cuales no existían más que dos incisivos superiores; otras,,, 
por último, á anomalías de inserción y de implantación, dán- 
dose en los mamíferos ejemplos de dientes palatinos, y otro& 
en que el canino se hallaba situado entre los dos incisivos^ 
después de los cuales debería estar colocado. La dupliciden- 
tación de los roedores que la ofrecen se presenta á menudo 
en nuestra especie y en las de otros mamíferos, cuando la 
mandíbula es estrecha y no deja sitio para que puedan exten- 
derse en una sola línea todos los incisivos. La teratología ex- 
plica perfectamente esta disposición roedora, de que no puede 
dar cuenta el proceso mecánico de la escuela de Cope. 

Esta misma ciencia es fecunda en ejemplos de desarrollo 
anormal en la longitud de los dientes en los carniceros, pa- 
quidermos é insectívoros, pero desgraciadamente para la in- 
vestigación que á nosotros nos toca en este ensayo, los anató- 
micos se han fijado muy poco en dichas anomalías, por con- 
siderarlas demasiado frecuentes y de escasa importancia, y 
así sus descripciones son deficientes y han dejado de consig- 
narse muchas, que hubieran ofrecido un interés no previsto- 
por ellos. 

De todos modos, el incremento teratológico de los incisivos 
es un hecho conocido en diversos mamíferos y capaz de ex- 
plicar la génesis de la dentición roedora, confirmando el prin- 
cipio sentado por GeoíTroy Saint Hilaire, de que «algunas 
anomalías dan accidentalmente á un género de dientes los 
caracteres de otro género ó bien al conjunto del sistema den- 
tario de un animal, condiciones que existen de una manera 
constante y regular en otra especie» (1). 

(1) Obra cit., tomo i, piig:. 51S. 



■/15) Calderón.— DENTICIÓN de los roedores. 293 

Otra serie de motivos para inducir que la masticación roe- 
dora se ha debido iniciar en variedades de filiación diversa, 
se refiere á que realmente existe de un modo normal en gru- 
pos enteros, así como en géneros aislados, correspondientes á 
términos completamente distintos de la serie de los mamífe- 
ros, lo cual ha dado lug-ar á g-randes vacilaciones, cuando no 
á errores, en las clasificaciones esencialmente fundadas en los 
•caracteres dentarios. 

Entre dichas formas decididamente roedoroideas por su sis- 
tema masticador, citaremos en primer término el género 
■Chyromys, el aye-aye de Madagascar, mamífero de posición 
dudosa en la serie, desprovisto de canino y dotado de dos 
incisivos salientes y robustos en cada mandíbula, sepa- 
rados de los molares por una amplia barra ó espacio vacío. 
Estos dientes se asemejan mucho por su disposición á los de 
ios roedores, si bien difieren de ellos por estar revestidos de 
esmalte en toda su superficie; también los molares, en número 
de -^, son roedoroideos y tienen coronas análogas á las de las 
ardillas. E. Geoífroy y Cuvier, atendiendo á estos caracteres 
dentarios, llevaron el Chyromys k los roedores, al paso que 
Blainville é Is. Geoffroy, dando más importancia á otras con- 
sideraciones, le colocaron en sus lemúridos, entre los pri- 
mates. 

Otro curiosísimo género dotado de dentición roedoroidea es 
el Hyrax. Ofrece este, en el estado adulto, siete pares de mo- 
lares del tipo rinoceróntico en cada mandíbula, y separados 
de ellos por una barra los incisivos, en número de dos, de 
forma triedra, encorvados y constituyendo pequeñas defensas. 
Frotando los inferiores medios contra el vértice algo inclinado 
hacia arriba de los superiores, que son proclives, á manera de 
los de los lemúridos, se van desgastando oblicuamente. Algu- 
nos naturalistas, como G. Cuvier, han considerado el par ex- 
terno de estos incisivos como caninos, pero Pallas no ve en 
ellos sino dientes accesorios, y otros observadores han hecho 
notar que poseen más de una raíz, lo que no concuerda con 
la suposición de Cuvier. Los huesos de la nariz están articu- 
lados con los intermaxilares y adquieren un desarrollo pro- 
porcional á la fuerza de los incisivos. El régimen herbívoro 
de estos animales africanos se indica por su conformación 
•dentaria y la del intestino, todo lo cual, unido á enfades 



291 ANALTíS DE HISTORIA NATUlíAL. (16> 

externa, á sas movimientos y aun á su tamaño, no mayor que 
el de un conejo, les presta un exterior roedoroideo, que hizo' 
los llevase el célebre Pallas al g-énero Cavia, y que Cuvier los- 
colocase provisionalmente entre los roedores, aunque no sin^ 
desconocer sus analog-ías con los proboscidios. Oken vio en 
ellos una forma de lemúrido, al paso que Milne-Edwards pro- 
puso constituyeran por sí el g-rupo de los Mrdcidos, y, en fin^ 
Haeckel los ha reunido con los proboscidios en un mismO' 
orden, el de los quilóforos (1). 

En el importante g-rupo de los didelfos fitófag"os encontra- 
mos también una serie de animales verdaderamente roedores,^ 
por lo que se refiere á su aparato masticador, del cual debe- 
mos decir alg"unas palabras. 

La boca de estos animales presenta g-eneralmente seis inci- 
sivos en la mandíbula superior, muy diferentes por su tamaño, 
y dos en la inferior, sumamente g-randes y cestriformes. Los- 
caninos no existen ó son muy romos. En la mandíbula supe- 
rior-hay dos ó tres falsos molares y uno ó dos en la inferior- 
no ag"uzados, á los que sig-uen tres ó cuatro molares verdade- 
ros, con coronas provistas de diversos tubérculos. Son estos- 
didelfos animales arborícolas, que comen frutos, hojas y re- 
toños. 

Entre los g-éneros particularmente notables por su dentición- 
enteramente análog-a á la de los roedores monodelfos, se dis- 
tiog-uen, sobre todo, el PJiascolomys de Australia, pues como- 
estos últimos, tiene un par de anchos incisivos, y los molares,- 
en número de cinco, larg-os, encorvados y con plieg-ues, están- 
separados de los otros dientes por una larg-a barra. La analo- 
gía de las costumbres, consig-uiente á la de la alimentación,. 
imprime también aire de roedores á estos sing-ulares didelfos. 

Entre las formas fósiles hay ejemplos más numerosos de esta 
singular analogía que nos presenta el género PhascoJomys^, 
según lo han revelado particularmente las investigaciones de- 
Cope, el cual generaliza á ellas el proceso genético atribuido^ 
á los roedores monodelfos, fundándose en la falta en unos y 
otros de toda prominencia post-glenoidea (2). El profesor 



(1) VóasG H. Georg-e : Yonograplúc du O. Damaii. T//dse de la Faculté des scicnces de- 
París, ISTS. 

(2) I\,^o(e on í/ie Maisiqialía muUituherculata. Amcrícan Xaliiralist, 1S83. 



n~) Calderón. — dentición de los roedores. 295 

H. F. Osborn cree que en los plag-iaulácidos la masticación se 
produciría por un movimiento alternativo de los molares in- 
feriores contra los superiores, y que otro tanto ha debido ocu- 
rrir en otras familias extinguidas; pero como la estructura de 
las coronas es diversa en ellos, esto exig-e alg-una explicación. , 
Los molares presentan tubérculos cónicos en series longitudi- 
nales, dos en la mandíbula inferior y tres en la superior: las, 
dos series de la primera alternan con las dos de la segunda, 
moviéndose en la ranura formada por dichas series, en tanto 
que las tres series de la mandíbula superior abrazan á las dos 
de los molares correspondientes en la otra mandíbula. Así se 
verificaba la masticación en el Chirox, Ptilodus, y probable- 
mente en el Tritylodon; pero en el Polymastodon el engrosa- 
miento de los tubérculos impedía el cierre de las muelas du- 
rante la masticación, los obligaba á deslizar unos sobre otros, 
truncándose sus vértices con el uso, hasta desaparecer del todo 
en los ejemplares pertenecientes á individuos viejos. 

Indudablemente, si se atendiera con exclusivismo á los ca- 
racteres dentarios, todos estos fósiles se colocarían en el orden 
de los roedores, como algunos naturalistas han hecho con el 
Phascolomys, que es su forma actual más análoga. Es verdad 
que otros, como P. Gervais, han discutido en punto á esta 
analogía, haciendo notar que en dicho género la mandíbula 
está articulada al cráneo por un cóndilo transverso; pero á 
esto podría contestarse hoy con el hallazgo de formas fósiles 
americanas, enteramente afines, en las cuales este es redon- 
deado y casi vertical. 

De todas las precedentes consideraciones se deduce que 
mamíferos de troncos muy diversos se aproximan notable- 
mente en cuanto el sistema dentario acepta el carácter roedor, 
y esto lo mismo en las desviaciones aisladas que en los grupos 
fijados ya firmemente por una larga herencia. 

Por la misma razón cabe dudar de la naturalidad del orden 
de los roedores, fundado esencialmente en los caracteres den- 
tarios y en su filogenia, tan poco conocida todavía; de aquí el 
desacuerdo que reina entre los naturalistas en punto á los 
límites del grupo, y sobre todo en su clasificación, siendo 
tantas las propuestas, que hemos renunciado á hacer su his- 
toria, como pensamos al planear este modesto ensayo. Seme- 
jantes oscuridades y vacilaciones no tienen su raíz meramente 



296 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ' (18)' 

en la escasez lamentable de roedores fósiles, ó de sus ascen- 
dientes, que sin embargo han debido abundar tanto en otras 
épocas g-eológ-icas, sino que reconoce también por causa la 
misma falta de un concepto claro, aun relativamente al que 
se tiene de otros grupos, de lo que caracterice al orden de que 
se trata; circunstancia ya hace mucho tiempo notada por el 
insigne naturalista Laurillard. 

En estos últimos tiempos Cope (1) cree haber hallado en su 
Psittacotherium el antecesor buscado hace tiempo de los roe- 
dores actuales. En este género no hay todavía diastema, pero 
sí dos pequeños incisivos de disposición roedora en cada lado 
de la mandíbula inferior. Otros descubrimientos le han llevado 
á pensar que dicho género corresponde á una categoría de 
formas bastante extendida en otras épocas geológicas. 

En el TíllotJiermm y en el Calamodon el primer incisivo in- 
ferior es rudimentario y el segundo el diente efectivo, ün ter- 
cero se presenta en el Calamodon, el cual falta aparentemente 
en el TillotJiermm, y el Psittacotherium ofrece, en cambio, el 
primer incisivo bien desarrollado, si bien el segundo es ma- 
yor. En el EstJionyx el gran diente segundo es verdaderamente 
el segundo incisivo, al paso que el primero es pequeño^ y ru- 
dimentario el tercero, lo que induce á suponer que el incisivo 
inferior de los roedores es el segundo en la serie general de 
los mamíferos. 

Sin negar el alcance de estos descubrimientos paleontoló- 
gicos, creemos que no bastan para poner en ellos el origen 
común de todos los roedores actuales, pues que, aun en punto 
al desarrollo, existencia ó ausencia de los pequeños incisivos, 
se observan diferencias tales entre los animales comprendidos 
en dicho orden, que no es dado fundar un carácter general y 
colectivo solo en semejantes órganos. El Psittacotherium puede 
ser, en efecto, una primera iniciación de una serie de anima- 
les roedores didelfos, como el Ctenacodon y sus análogos de 
otra correspondiente monodelfa; pero deducir de aquí una 
comunidad de origen para todos los animales comprendidos 
en el orden de los roedores, vale tanto como afirmar que este 
grupo es natural, cosa que no creemos admisible. Desde luego, 



(1) American Naturalist. Tcrtiary Vertchrata, 1885. 



<i9) Calderón. — dentición de los roedores. 297 

y sin salir de los caracteres dentarios, liemos mencionado 
dentro de él series completamente diversas: unas de molares 
afines á los de los insectívoros, otras en que son tuberculosos 
(marmotas y ardillas) y recuerdan los de ciertos primates 
americanos y algunas fieras omnívoras: los hay provistos de 
raíces y otros que carecen por completo de ellas. 

En definitiva, parécenos razonable deducir de todos los 
hechos consignados en este bosquejo, que la génesis de la 
masticación roedora puede explicarse por el concurso de dos 
factores: uno la evolución mecánica de Cope y su escuela, y 
otro el que hemos propuesto, á saber, la variedad teratológica, 
ambos insuficientes por sí solos para producir semejante re- 
sultado. De esta suerte, mamíferos de filogenia muy diversa 
han podido coincidir en una forma particular de masticación, 
por iniciarse en cada uno de ellos un desarrollo anormal de 
los incisivos y una gran brevedad en los caninos ó su ausen- 
cia. Estas variedades, aparecidas en el seno de faunas de otras 
épocas, han prevalecido y se han ido acentuando cada vez, 
en virtud del proceso mecánico descrito, merced aballar en la 
vegetación abundante de entonces, condiciones abonadas 
para su desarrollo creciente. 



DIAGNOSIS 



ORTÓPTEROS NUEVOS, 



TDOIsr ia-3^J^OIO BOXjI^sT-JLIS. 



(Sesión del 5 de Febrero de 1890.) 



Con ocasión del estudio que hice el año anterior de los or- 
tópteros del Museo Nacional de Lisboa y de los de la isla de 
Cuba (1), encontré en mi colección varias especies nuevas 
cuyas diag-nosis reunidas constituyen el presente trabajo. 
Proceden en su mayor parte estas especies de un lote que 
compré al Sr. Stauding-er, de Dresde, formado por especies 
recogidas en 1887 por el Dr. Hahnel en Faro, Chiriqui, Santa- 
ren, Itaituba y otras reg-iones del Amazonas, y por el Sr. Gar- 
leppi en Cumbase (alto Perú), y de otro que adquirí del señor 
Frusthorfer, procedente de sus cazas en la cuenca del río Ca- 
pibary; las restantes las debo á la g-enerosidad de varios natu- 
ralistas, á quienes envío la expresión de mi sincera g-ratitud, 
y entre los que no he de dejar de citar á nuestro coleg-a el se- 
ñor Oberthur, que me ha proporcionado en diferentes oca- 
siones especies del Uyanyembe recog-idas por el misionero 
P. Hauttecoeur, al Dr. Ch. Bonnet que me ha procurado algu- 
nas recogidas en el Japón por M. Faurie, y á los Sres. Baer y 
Mazarredo, de quienes proceden las especies filipinas. 

Madrid, Enero de 1890. 



(1) Enumération des Oi-lJioptéres de Tile de Cuha, publicado en las '<Múmoires fie la 
Société Zoologique tle France>>, tomo i, 1888. 

Ortópteros de África del Museo de Lisboa, en el «Jornal de Sciencias mathematicas, 
physicas e naturaes, 2.^ serie, números ii y iii, 1889, y núm. iv, Lisboa, 1890. 



300 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(2) 



Lista ele las especies descritas: 



1. Temnopteryx dimidiatipes. — Fi- 

lipinas. 

2. — hracliyptera. — 
África boreal. 

3. Thyrsocera lineaticollis. — Su- 

matra. 

4. Stylopyga nítida. — Filipinas. 

5. PancMora Brazzce. — Congo. 

6. Compsomantis tumidiceps. — Fi- 

lipinas. 

7. Otomantis scutigera. — Lourengo 

Marques. 

8. Blepharodes candelarius. — Mo- 

gadixo. 
0. Ohrimus quadr atipes. —F'úi-^'inas. 

10. Tisamenus cervicornis. — ídem. 

11. — asper. — ídem. 

12. Odontomelushrachyptems Gerst. 

Asilante. 

13. Fhleoha ¡ceta. — Madagascar. 

14. Duronia virgula. — Asbante. 

15. — Gerstaecheri. — África 

occidental. 
IG. — tricarinata. — Asbante. 

17. Comaeris sansibariais. — Zan- 

zíbar. 

18. Toxopteríis miniatus. — Perú, 

19. Compsacris pidclier. — Perú. 

20. Gymnohothrus Oberthuri. Áfri- 

ca central. 



21. Arcyptera CarvalJioi.—L,ourcii(^o 

Marques. 

22. Trojñdo^iotus LauJfeyi. — 'Peiú. 

23. Elceoclilora Fndistorferi. — San- 

ta Catbarina. 

24. Prionacris ccendescens. — Alto 

Amazonas. 

25. Coptacra annidipcs. — Filipi- 

nas. 

26. Eiirypliymus adspersus. — Lou- 

ren90 Marques. 

27. Etiprepocnemis Oberthuri.— kiv').- 

ca central. 

28. Pezotettix Fauriei. — Japón. 

29. — mikado. — ídem. 

30. Coscineuta cicatricosa. — Alto 

Amazonas. 

31. Tetratcenia nitidula. — ídem. 

32. Mastmia spectabilis. — ídem. 

33. Morsimus serraticollls. — Wai- 

giou. 

34. Plafycleis Bonneti.—Ja-póu. 

35. Decticus japonicus. — ídem. 

36. Wiaphidophora Baeri.— Manila. 

37. Brachytrypus politus. — Ahlca 

central. 

38. Nemobiopsis Gundlaclii. — Cul)a. 

39. Baranda anmdata. — Brasil. 

40. Posiis mictiformis. — Madagas- 

car. 



Temnopteryx dimidiatipes, sp. nov. , fig*. 1. 



Fusco-castanea. Caput nig-runí;, vértex flavus longitudinali- 
ter iiigTO-quadristrig'atus, epistomate nec non palpis articulo 
ultimo nigro excepto pallidis. Antenna^ rufa^. Pronotum pos- 
tice recte truncatum, nigrum, nitidum, antice lateribusque 
flavicinctum. Elytra cornea, abbreviata, intus sese tangeutia, 



(3) Bolívar. — ortópteros nuevos. 3oi 

postice valde oblique trmicata, extus littiira flava, intus prope 
marg-inem posticum pronoti macula parva rufa. Pedes testa- 
cei, cox8e plag-a mag-na nigra, femoribus base nec non tibiis 
base apiceque nigris. Abdomen supra subtusque flavc-circun- 
datum. Lamina supraanalis ang-ulata. Cerci bicolores, dimi- 
dio apicali testacei. Lamina subg-enitalis ampia, rotundata Q. 

Long. corporis 8"" 
pronoti 2,5 
elytrorum 2,2 

Loe. Causip (Camarines Sur), Mazarredo. 
Los élitros son sin duda de igual forma que en el T. indica 
Sauss. 



Temnopteryx brachyptera, sp. nov., fig-. 2. 

Pallide testacea, fusco-variegata. Frons fusca. Pronotum 
postice late truncatum, disco ruguloso, fusco-strigato. Elytra 
dimidium abdomine tegentia, intus sese tangentia, postice 
recte truncata, angulis posticis rotundatis, vena anali et 
scapulari tantum perspiquis, impressis, CEeteris oblitteratis. 
Tibiíe postic£e supra fusco-annulatse. Abdomen fusco-varium. 
Lamina supraanalis transversa, parum producta, obtuse an- 
gulata. Cerci prope apicem fasco-annnlati. Lamina subgeni- 
talis oblongo-producta, ápice lobo parvo subquadrato. Styli 
brevissimi c^. 

Long. corporis 6""" 
pronoti 1.8 
elytrorum 2 

Loe. África boreal. Ignoro la procedencia de este insecto 
que existe en mi colección con esta sola indicación. Es del 
tamaño de la Aphiebia virgúlala Bol., y debe colocarse en la 
proximidad del T. inconspiciia Brunn.; pero en este, del que 
solo se conoce la Q, los élitros deben ser mucho más grandes 
que en la especie que acabo de describir. 



302 .ANALES DE HlSTOlüA NATURAL. (4) 



Thyrsocera lineaticollis, sp. nov. 

Fusca. Caput rufam. Vértex long-itudinaliter fusco-strig-atus, 
palpis nigris. Antennse medio valde hirsutíe, nigrae, ante api- 
cem albse. Pronotum antice sensim ang'ustatum, postice ro- 
tundatum atque flavo-limbatum, disco fusco-nigTO, linea alba 
long-itudinali postice abbreviata, lateribus pellucidis. Elj'tra 
fusco-castanea, marg-ine externo pallido. Coxse anticae testa- 
cese, ápice nigrae. Femora omnia ñig'ra, subtus pallida. Tibige 
rufescentes. Cerci? 

Long". corporis Q 10"™ 

pronoti 2,8 

Lat, pronoti postice 3,5 

Long-. elytrorum 12,5 

Loe. Sumatra. El estado del único ejemplar que he visto 
no permite completar esta descripción; pero los caracteres 
: expresados bastan para disting-uir la especie de sus congé- 
neres. 

Stylopyga nítida, sp. nov. 

Obscure castanea, nitida, ore pedibusque paliidis. Antenna; 
iTufae. Frons nitida, convexa, lata. Pronotum unicolor, Iftvissi- 
mum. Elytra et alie perfectse explicatse, abdomine longiores; 
elytra picea, versus marg-inem anticum dilutiora et plus mi- 
nusve ferrug"inea: área anali Isevissima, venis indistinctis. 
Planííe tarsorum posticorum miuutissimre'. Lamina supraana- 
lis postice obtuse angulato-rotundata, integ-ra, medio long-i- 
tudinaliter canaliculata 9. 



Long-. corporis 


13-™ 


pronoti 


4,5 


elytrorum 


14 


femor-posticorum 


4,5 


tibiar, post. 


5,5 


tars. pos. 


4 



to) Bolívar. — ortóptehos nuevos. ' 303 

Loe. Visita Catbacon (Albay) Filipinas, Mazarredo! 

Por su aspecto ofrece alguna analogía con la Periplaneta 
pallipalpis Serv.; pero, aparte de su menor tamaño, es una 
y erá&áera St?/lop]/ff a, mientras que aquella pertenece, según 
Stál, al género Methana. 



Panchlora Brazzse, sp. nov. 

.Griseo-fulva. Antennfe rufo-castanese. Vértex ínter oculos 
late fuscus. Frons inter antennas fascia transversa subarcua- 
ta parum expressa. Pronotum obtuse trigonum, postice valde 
obtuse angulatum; disco antice posticeque subtilissime trans- 
versim strigato, medio maculis fuscis subindistinctis, utrin- 
que fascia latanigra antrorsum ang-ustata intus írregulariter 
sinuata, extus flavo-marginata; marginibus lateralibus parum 
deflexis prope angulum lateralium indistincte rufo-fasciatis. 
Elytra apicem abdominis valde superantia pone médium 
transversim minutissimeque griseo-tesellata: vena radiali us- 
que ad médium nig-ra; campo anali multiseriatim punctulato, 
venís 12 parum expressis. Aise antice fuscse, campo radiali 
apicem versus pellucido, transversim fusco-tesellato 9. 

Long. corporis SO""" 

pronotí 8 

Lat. pronotí 11 

Long. elytrorum 30 

Loe. Región del Congo (Brazza). 

Gracias á la generosidad del Dr. Bonnet figura esta especie 
en mí colección. 



Gompsomantis tumidieeps, sp. nov. 

Pallide ocbracea. Caput crassum. Vértex planiusculus, an- 
trorsum rotundatus; scutellum postice Ifevissíme arcuatum. 
Pronotum baud granulatum , retrorsum sensim angustatum, 
marginibus minutissime serrulatis. Elytra omnino coriácea, 
valde abbreviata, vena anali ante apicem abbreviata. Alie 



304 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

ápice obtuse rotundato-truncatíe, dimidio antico nec non basi 
campi analis ochracese, postice late fuscse, venís transversis 
campi analis hialino-circumdatis. Coxfe antic£e superne obtuse 
serrulatfe, tibi?e extus 7-intus 11 spinosae. Pedes postici bre- 
vissimi; femora ápice infuscata. Articulus primus tarsorum.' 
posticorum articulis duobus sequentibus unitis subbrevior. 

Long". corporis Q 29""" 
pronoti 6 

elytrorum 9 
fem. post. 6 

Loe. Dolores (Filipinas), Mazarredo. 

Esta especie debe fig-urar al lado de laC. c?'(lssipes de Haan^ 
Ilicromantis (Comjjsomanüs) crassiceps Sauss., 1. c, p. 23, 
(Saussure escribe siempre crassipes por laps^is calami), de la 
que se disting-ue porque los élitros y alas son más cortos, por 
la coloración de las alas y otros caracteres. 



Otomantis, g-en. nov., fig*. 3. 

Caput valde transversum: scutello frontali latitudine sua 
triplo vel plus triplo breviori, postice obtuse ang-ulato et in 
dentem parvum producto; pone ocellos linea transversa sub- 
arcuata, medio tubérculo antice deplanato instructa; vértice 
transverse compresso, latiusculo, ad oculos rectang-ulariter 
prominenti. Oculi conici, extrorsum producti, ápice tubercu- 
lati. Antennse lineares, longe inter se distantes. Pronotum 
latitudinem capitis vix vel haud longius; ad humeros modice 
dilatatum, pone eos distincte constrictum; sulco transverso 
vix ante médium sito. Elytra perfecto explicata, marium laxe, 
feminarum dense reticulata; venis ulnaribus ramosis. Al?© 
utriusque sexus hyalin£e:'arearadiali feminarum minutissime 
reticulata, ad apicem rotundato-truncata: venis radialibus haud 
divisis; vena ulnaria antica ramosa. Pedes anteriores validi: 
coxfe pone marginem posticum pronoti valde productíe; femo- 
ra clypeata, supra dilatata, apicem versus angustata, subtns 
spinis discoidalibus quatuor armata; tibiíe extus spinse a^qua- 
liter cumbentes. Pedes posteriores gráciles; femora apicem 
versus lobata; subtus carinata; tibia^ posticfe ante apicem an- 



(7) Bolívar. — ortópteros nuevos. sos 

gustataB. Articulo primo tarsorum posticorum articulis tribus 
sequentibus unitis haud long-iore. 

Género próximo al Acromantis Sauss. y al AmMvia Stal , y 
que participa de los caracteres de ambos, pero que ofrece ade- 
más otros muy notables que le distinguen. 



Otomantis scutigera, sp. nov., fig*. 3, 3 a-d. 

Viridis vel testacea. Pronotum utrinque ante humeros valde 
sinuatum et subserratum. Elytra marium augusta, margini- 
bus subparallelis; hyalina, laxe reticulata, venis yersus api- 
cem parce fasco-punctatis, área marginali augusta, prasina: 
feminarum ovata, dense reticulata, área marginali latissima. 
Alie marium hyalinfe, área radiali obtuse producta, ápice te- 
nuiter infuscata, feminarum, área radiali dense venosa antice 
apiceque subopaca; vena ulnari anteriore pone médium ^f 
vel vix ante médium Q farcata. Coxge. antic» supra subtusque 
serrulatag. Femora anteriora extus obsolete fasciata , carina 
superiore apicem versus sinuata et subserrata. Pedibus pos- 
ticis fusco-annulatis. Lamina infraanalis (f ápice biaurita. 
Cerci cylindrici, elongati. Abdomen Q latiusculum. 



Long. corporis 


C-' 2r- 


Q 26- 


Latitudo capitis 


4,2 


5,2 


Long. pronoti 


4,2 


5,5 


elytrorum. 


17 


16 


Latit, 


4,5 


6 


Long. fem. ant. 


5,5 


6,5 


- post. 


5 


6 



Loe. Lourenco Marques. Me ha sido proporcionada esta 
especie por el Sr. Carvalho Monteiro, de Lisboa. 



Blepharodes, gen. nov., fig. 4. 

Vértex in processum conicum ápice depressum et subbilo- 
batum, antice longitrorsum tricarinatum productus. Scutel- 
lum frontale medio, carina acuta antice producta instructum. 
Antennis 9 apicem processum verticis haud attingentibus, 

ANALES U3 n;aT. nat.— xi?:. 20 



306 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

ad oculos insertis , oculi obtusissime conici. Pronotum bre- 
viusculum, antice fossulatum? lobo antico quam postico dimi- 
dio breviori, dilatatione humerali rhomboidali , marg-inibus 
horizontaliter expausis, spinosis , parum pone médium siibito 
parallelis. Elytra perfecte explicata, oblong-a, vena ulnaria 
antica ramosa. Alee hyalinae, campo radiali ante apicem latis- 
simo, vena radiali postica prope apicem furcata; vena ulnaria 
antica paullo ante médium elytri divisa. Cox;ie antica? supra 
subtusque spinosse, long-e pone marginem posticum pronoti 
extensse. Femora compressa, superne recta, subtus in marg-i- 
ne externo quinquespinosa, inter spinas denticulata. Tibise 
utrinque pluridentatae. Coxse quatuor posticfe triquetr?e. Fe- 
mora intermedia et postica elong-ata, haud lobata. Articulus 
primus tarsorum posticorum plus dimidiam long-itudinem 
tarsorum ocupans. Abdomen dilatatum; seg-mentis singulis 
iateraliter dentatis. 

Este g-énero pertenece á la tribu de los empusinos, y debe 
fig'urar al lado del género BlepMris Serv., del que se distin- 
g"ue por la forma de los ojos que son obtusamente cónicos, 
por la del tubérculo del vértice que es mucho más larg-o que 
el resto de la cabeza y deprimido en el ápice, y por carecer 
de lóbulos foliáceos en las patas. 



Blepharodes candelarius, sp. nov., fig. 4. 

Exsiccatus pallide testaceus. Pronotum medio sulcatum. 
Coxse anticse supra subtusque sat fortiter spinosa? , carina ex- 
terna indistincte granulosa?. Femora antica intus ante mé- 
dium plaga magna nigra. Elytra ultra apicem abdominis 
haud extensa, marginibus subparallelis, ante médium fascia 
obliqua pallida, ramis vena? ulnaria? pallide circumdatis. Ala' 
hyalinse 9- 

Long. capitis 12"'" 

pronoti 9 

elytrorum 18 

Latitudo - 6 

Long. fem. anticorum 8,5 

- posticorum 12 

art. primo tars. post. 4,5 



,^j Bolívar, — ortópteros nuevos. sot 

Loe. Mog-adixo (Revoil!). 

Esta curiosa especie me ha sido proporcionada por el señor 
"Deyrolle, de París. 



Obrimus quadratipes, sp. aov. 

Rufo-fuscus, g-ranulato-spinosus. Caput octospinosum. Pro- 
notum prope marg-iaem posticum spinis duabus vaiidis ápice 
nig-ris armatum. Mesonotum (5 spinosum, spinis duabus anti- 
cis marg-inalibus, spinis mediis parvis, spinis posterioribus 
validioribus ápice nigro. Metapleurse margine spinosse, supra 
coxas spinis duabus majoribus armatge. Metanotum prope 
marginem posticum bispinosum. Metapleurfie fortiter spino- 
sse. Femora prismática, modice incrassata, carinis spinis trian- 
gularibus plurimis armatre. Tibi^e omnise carinis dentato-ser- 
ratis. Abdomen granuloso-spinosum, segmentis ultimis supra 
medio carinatis. Cerci brevissimi ^. 

Long. corporis 42"°™ 
pronoti 3,2 

mesonoti 7 
fem. post. 9,5 

Loe. Filipinas , Mazarredo. El Acanthoderus Meso2)laius 
Westw. se aproxima tanto á esta especie, que creo debe in- 
cluirse en el mismo género y no en el Dares, como supone 
Stál. Esta especie se distinguirá de la nuestra principalmente 
por carecer de espinas grandes en los segmentos basilares del 
abdomen. 



Tisamenus cervicornis, sp. nov. , fig, 5, 5 a. 

Fuscus, granuloso -rugosus. Caput supra utrinque crista 
obliquacompressa pluridentata, dente secundo validiore, pos- 
tice lateribus tubérculo cónico armatum. Pronotum disco ca- 
rinis duabus obliquis retrorsum convergentibus, antice com- 
pressis et fortiter bispinosis. Mesonotum carinatum, área an- 
íeriore triangulari, subconcava, subequilatera, velparumlon- 



308 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (10) 

g-iore quam antice latiore, médium mesonoti haud atting-ente, 
carinis antice productis. Mesopleura? denticulatíB et supra 
coxas posticas unispinosa:'. Metanotum medio carinatum, Me- 
tapleuroe dilatatfie, serrulato-dentatse, dentibus duobus ultimis 
validioribus. Femora carinis serrulato-denticulatis, in Q cari- 
nis superioribus fere muticis. Abdomen obtuse carinatum;, 
segmentis basalibus utrinque bi-posticis pluri tuberculatis. 
Segmentis apicalibus 9 compresso-carinatis. 



Long-itudo corporis 


(/ 35""" 


g 48 


pronoti 


4,5 


6 


mesonoti 


7,5 


9 


fem. post. 


7,5 


12 



Loe. Camarines Sur (Filipinas), Mazarredo. Esta especia- 
se disting-ue del T. serraiorius Stál y del deplanatum Westw.. 
por la forma y disposición de los tubérculos de que está ar- 
mada la cabeza y los segmentos torácicos. 



Tisamenus asper, sp. nov. 

FuscuSj granoso-tuberculatus. Antennas apicem versus fer-^ 
ruginea?, femoribus anticis longiores. Caput dorso utrinque 
crista obliqua denticulata, postice lateribus, tubérculo antice 
serrulato. Pronotum dorso ante sulcum transversum tubercu- 
lis compresis elevatis tri-vel quadridentatis, antrorsum diver- 
g-entibus, marg-ine antico lateribus pone spiraculum tubercu- 
lato. Mesonotum longitrorsum carinatum, antice área plana 
triangular! usque médium mesonoti extensa, utrinque cari- 
nula granulata terminata. Mesopleuiíe sex-dentatir. Metano- 
tum medio carinatum. Metapleurne denticulata:", ante coxas 
posticas dentículo validiore armatíp. Femora carinis inte- 
g-ris Q vel tuberculatis cf. Abdomen tautum tuberculis parvis 
rotundatis pr;eiitum , segmentis ultimis medio carinatis. 
Segmentum ultimum dorsale fortiter tuberculatum , utrinque 
carinula curvata, serrulata, armatum. Lamina supra-analis 
parva, obtuse acuminata. Lamina infra-analis magna, coin- 
pressa, acuminata o''- 



(il) Bolívar.— ORTÓPTEROS NUEVOS. 309 

LcDg". corporis 50"'" 
pronoti 4,5 

mesonoti 10,5 

fem. post. 12 

Loe. Angat (Filipinas), Mazarredo. 

Esta especie tiene más analog-ía con el T. deplanatus "Westw. 
j el T. serratorius Stál, que coa el T. draconimis Westw. 



Odontomelus, gen. nov., fig*. 6. 

Differt a genere Macharidia Stál, vértice a fastigio linea 
impressa arcuata separato: lobo postico pronoti brevissimo, 
margine postico valde angulatim exciso; elytris brevissimis; 
alis nuUis. 

Corresponde á este género la Oj^omala IracKyptera Gerst., 
de la que solo se conocía la hembra. 



Odontomelus brachypterus Gerst., fig. 6, 6 «. 

OpomaJa Iracliijptera Gerst., Die GUedertJder-faiina des San- 
Mlar-CieUetes, 1873, pág. 34, taf. ii, fig. 5, 5 <í Q. 

Corpore fusco (in sicco) utrinque vitta flava longitudinali 
ab ápice frontis ad extremitatem abdominis extensa. Fasti- 
gium verticis oblongum, productum, subtilissime carinatum. 
Pronotum carinulis discretis longitudinaliter sculptum, pos- 
tice obtuse angulatum; lobis deflexis margine postico sinuato. 
Elytra rudimentaria, ápice coxarum posticarum extensa. La- 
mina subgenitalis c/^ acute compresso-producta c/ 9. 

Long. corporis ^f 21""° 9 29°'"' 

pronoti 3,5 5 

elytrorum 2,5 3 

fem. post. 13 16 

Loe. País de los Ashantes (África occidental), Reitter! 



310 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (12>- 



Phleoba Iseta, sp. nov. 

Pallide viridis vel lestacea, dorso ssepe Ifiete -viridi. AntenEa? 
articulis 3-7 latís, denique ang-ustat?e. Vértice liorizontali, 
marg-inibiis deplanatis in eoden plano jacentes; fastig-io lon- 
g-iusculo, medio obtuse carinato. Frons valde obliqua, costa 
late sulcata, os versum vixampliata. Pronotum antice trunca- 
tiim,postice obtusissime ang-ulatum, dorso retrorsum distincte 
ampliato, carinis lateralibus postice mag-is distantibus, sulco 
postico leviter pone médium sito; sulcis transversis prozonae 
indistinctis: lobis deflexis extus ang-ustatis ad carinas marg-i- 
nales dorsi fusco-lineatis. Elytra apicem femorum posticorum 
parum superantia, ápice obtuse acuminata, área scapulari líete- 
viridi, vena radiali antica ante médium nigra. AIíe hyalinse, 
antice prope apicem ang-uste uebulosse, venis campi analis- 
nigris. Pedes postici pilosi, rufí. 

Long". corporis d' 21"""' Q 27°°"' 
pronoti 3,5 5.2 

elytrorum 19 24 

- fem. post. 13,5 17 

Loe. Madag-ascar (P. Pautel). 

Debo esta especie á la g-enerosidad del R. P. Pantel. 

Esta especie es semejante á la Phl. viridula P. B., pero sii< 
tamaño menor, la desigualdad de los lóbulos del pronoto y la 
coloración la distinguen por completo de aquella. 



Duronia virgula sp. nov. 

üecolorata? Fusco-testacea. Vértex parum productus, trian- 
gularis, subconcaviusculus vel deplanatus, liaud carinatus; 
antennis subfiliformibus. Fronte parum obliqua, costa sulca- 
ta. Pronotum dorso ampliato, carinis lateralibus in prozonam 
bi-interruptis, postice fascia paluda usque marginem posticum 
continuatis vittam nigram secantibus; sulco postico medio vel 
fere ante médium pósito, metazona punctata, postice obtuse 



(13) Bolívar.— ORTÓPTEROS NUEVOS. 311 

ang-ulata; lobis deflexis ángulo infero-postico subrotundato, 
marg-ine inferior! antice sinuato. Metapleurre fascia obliqua 
albida ornatíe. Elytra apicem femorum parum superantia, 
área anali paluda, discoidali fusca , pallide varieg-ata, ápice 
obtusa rotundata. Alee extus nebuloste. Femora postica supra 
obsolete f usco-quadrifasciata. Tibice posticfe fuscse prope basim 
annulo pallido. Abdomen supra testaceum, lateribus late rufo- 
fuscum (/ 9- 



Long-. corporis c/ l^""" 


Q 18"» 


pronoti 2,5 


3 


elytrorum 12 


17,5 


fem. post. . 9 


12 



Loe. País de los Asilantes (Reitter); Congo, Dr. Bonnet. 

Esta especie se distingue bien de la D.fracta Fieb.=Z>. Lu- 
casi Bol.=i?. Z«?írígBorm. porque en las dos primeras las qui- 
llas laterales del pronoto están interrumpidas en la prozona 
por los surcos transversos, y de las D. ste^ioptera Schaum, se- 
micarinata Gerst. y tricarinata Bol., porque en las últimas es- 
tas mismas quillas son rectas. 



Duronia Gerstaeckerii, sp. nov. 

Fusco-testacea. Vértex productus, subtriangularis Q vel 
oblongus. Oculi valde exserti. Antennis prope basim distinc- 
te ensiformibus, pone médium filiformibus, pallideque annu- 
latis. Fronte valde obliqua, costa subsulcata. Pronotum dorso 
augusto, carina media obsoletissima, carinis lateralibus an- 
trorsum parum divergentibus, in prozonam bi-interruptis, 
pone sulcum posticum nullis; metazona grosse punctata, tan- 
tum medio obsolete carinata, postice obtusissime angulata, 
subrotundata; lobis deflexis ad carinas superiores infuscatis, 
postice punctatis, integris, infra antice sinuatis, ángulo pos- 
tico fere recto. Elytra apicem femorum parum superantia, 
ápice obtuse truncata, fusco-nebulosa, versus apicem venulis 
transversis plurimis pallidis. Alie cferuleas, antice apiceque 
fuscas. Femora postica extus obscuriora, ante apicem nec non 
tibias prope basim pallide annulatis. Abdomen fuscum, late- 
ribus rufo-vittatis cr' 9- 



312 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14) 

Long-. corporis cf 24'°'" 9 
pronoti 4,5 

elytrorum 23 

fem. post. 16 

Loe. País de los Ashantes y Gabón (Gerstaecker, Reitter). 
Ig-ual observación que para la especie precedente. 



Duronia tricarinata, sp. nov. 

Verisimiliter decolorata; rufo-fusca. Fastig-ium verticis con- 
caviusculum. Costa frontalis versus clypeum sulcata. Anten- 
nis tantum prope basim angustissime ensiformibus. Pronotum 
postice obtuse angulatum, sulco postico medio sito, carinis 
lateralibus parallelis tantum prope marg-inem posticum obso- 
letis; metazona rug-ulosa; lobis deflexis extus obtuse angula- 
tis et pallide vittatis. Elytra apicem femorum extensa, fusco- 
maculata; área scapulari vena adventia instructa. Alee dimi- 
dio apicali fuscse; disco interno? Femora omnia fusco-punc- 
tata 9. 

Long. corporis 20'"'" 

pronoti 3,5 

elytrorum 16 

fem. post. 12 

Loe. País de los Ashantes, Reitter! 

Esta especie es muy parecida á la D. stenoptera Scliaum y á 
la D. semicarinata Gerst. , porque en ella las quillas laterales 
del pronoto se prolong*an casi basta tocar el borde posterior 
del mismo. El tubérculo del vértice es^ más saliente y ang-u- 
loso que en la D. stenoptera, y los élitros ofrecen una vena es- 
púrea á lo larg-o del área escapular, que en la especie citada 
solo se ve en la base. 



Comacris, g-en. nov. 

A g-en. Duronia Stal diífert; elytris latioribus; alis sexuum 
diíTormibus, aréis media et ulnaria dilatatis, areolis quadra- 
tis Q vel long-ioribus quam latioribus o^; área scapulari prope 
apicem ampliata, opaca. 



(15) Bolívar. — ortópteros nuevos. 313 



Comacris sansibaricus , sp. nov. 

Rufo-testaceus. Fastig-ium verticis deplanatum , obtuse 
triangulare, haud carinulatum. Antennse subfiliformes. Costa 
frontalis subsulcata, apicem versus levissime ampliata. Pro- 
notum supra subparallelum , carinis lateralibus prope mar- 
g-inem posticum oblitteratis, sulco postico medio sito tantum 
intersectis; metazona punctata, postice obtuse ang-ulata; lobis 
lateralibus ad carinas superiores late fusco-fasciatis, subtus 
pallidis; marg-ine externo antice sinuato, ang-ulo postico fere 
recto. Elytra apicem femorum vix longiora c/ área mediastina 
prope basim breviter lobata, scapulari prope médium elytro- 
rum dilatata; venis radialibus fuscis. Alee nebulosse, aréis me- 
dia et ulnaria cf Q dilatatis, pellucidis. Femora testacea, g-eni- 
culis posticis infuscatis. Tibiae pallidse, cinereo-villosíe. Abdo- 
men lateribus fusco-vittatum cf ^^ 

Long-. corporis cf lo™" ^ 20™"" 
pronotl 2,5 3 

elytrorum 13 16 

fem. post. 9,5 12 

Loe. Zanzíbar, Deyrolle. 



Toxopterus, g-en. nov. 

Vértex triang-ularis, marginibus obtusis sed angustis, supra 
convexus, foveola? frontales básales, triquetríB , angustse. An- 
tenn£e filiformes, cf marginem posticum pronoti superantes, 
ápice clavatse, 9 breviores, apicem versus subampliatae. Oculi 
subglobosi. Costa frontalis usque ad clypeum continuata, sul- 
cata. Pronotum supra planiusculum , medio carinatum , sulco 
postico medio vel vix pone médium sito; postice angulatum, 
carinis lateralibus medio oblitteratis. Elytra perfecte explica- 
ta, ápice oblique truncata. Alee coloratse; aréis media et ulna- 
ria ampliatis, quadrato-reticulatis. Femora postica basi incras- 
sata. Tibise posticse cylindricaí, apicem versus vix ampliatae. 



314 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16) 



Toxopterus miniatus, sp. nov. 

Fuscus, rug'ulosus. Vértex carinatus, marg-inibus puncta- 
tis. Frons carnea, nigro-punctata. Témpora n¡o-ra. Prono- 
tum postice recte angulatum; lobis deflexis dimidio inferiori 
pallidis, marg-ine externo antice sinuato, postico integro; án- 
gulo postico fere recto. Elytra fusca, apicem femorum parum 
superantia; área mediastina prope basim lobata, pone médium 
elytri vix extensa; vena ulnaria antica medio dicliotoma. Alee 
miniacese, antice marg-ineque externo fusco-nigris, ramo ra- 
diali postico médium elytri dichotomo. Pectus nigrum. Fe- 
mora postica supra extusque nec non lateribus thoracis gri- 
seo-testaceis, subtus intusque nigra. Tibiíe posticse excepto 
annulo pallido basali nigro-nitidíe. Abdomen nigro-fus- 
cum cT 9- 



Long. corporis rj' SO""" 


Q 29"- 


pronoti 4,5 


6 


elytrorum 19 


23 


fem. post. 12 


16,5 



Loe. Cumbase (Perú). 

Este género es afine al Orphula Stul como el GompJiocenis 
Til. fi\ Stenobothnis Fiscli., distinguiéndose del mismo modo 
que estos por la forma de las antenas. Además las quillas 
laterales del pronoto interrumpidas en el medio también con- 
tribuyen k separarle del género OrpJmla Stál, así como la ve- 
nulación de los campos anteriores del ala más conforme con 
la del Comacris Bol. de África que con la del género ame- 
ricano. 

Compsacris, gen. nov. 

Vértex triangularis, parvus, marginibus acutis, elevatis; 
foveoUü verticis nullse vel minutse, básales. Antennfe filifor- 
mes. Frons valde obliqua, costa ad clypeum perducta atque 
sensim ampliata. Pronotum compressiusculum, subcylindri- 
cum, carina media percurrenti, lateralibus prope marginem 
anticum callo pallido indicatis, et pone sulcum posticum cons- 



(H) Bolívar. — ortóptekos nuevos. sis 

picuis, antrorsum valde divergentibus. Metazona prozona fere 
dimidio breviori. Elytra perfecte explicata, ápice angiiste ro- 
timdata. Ala? normales, aréis media et ulnaria liaud ampliatis. 
Femora postica pone médium filiformia. Tibise postice cjlin- 
draceíe. Tarsi elongati. 

Género próximo al Orphxda, pero con las antenas completa- 
mente filiformes; las fositas del vértice pequeñísimas, ó mejor 
dicho nulas; las quillas del pronoto existentes tan solo en la 
metazona, y las alas normales. 



Compsacris pulcher, sp. nov. 

c/ Viridi prassinus; 9 pallide rufo-testacea , utrinque vitta 
lata nig-ra cf vel fusca Q a vértice oriunda usque ad apicem 
elytrorum perducta. Vértice liaud carinato, convexo. Antennse 
ápice pallidse. Costa frontalis subsulcata. Pronotum postice 
subrotundatum, metazona impresso-punctata; lobis deflexis 
marg-ine postico integ-ro, margine externo antice oblique 
truncato, subsinuato; ang-ulo postico recto. Elytra apicem ab- 
domini's rf parum vel 9 haud superantia, venis fuscis; área 
anali cr" viridi, 9 grisea, fusco-punctata. Alse antice anguste 
fuscíe, extus dilute infamata? et irideo-micantes, disco interno 
dilutissime coccinese. Femora antica ^ viridia vel fusco-gri- 
sea; postica rufa, ante apicem nigrum, annulo pallido ornata. 
Tibia? posticíe nigro-olivacere, basi pallide annulatfP, longe 
cinereo-villosa (/ 2- Abdomen pallidum. 



Long. corporis 


d" 15-" 


9 23™- 


pronoti 


. 3 


4 


elytrorum 


12,5 


15 


fem. post. 


12,5 


14,5 



Loe. Villa Bella en el Perú, Dr. Halmel! (Staudinger). 
Es un precioso insecto de colores vivos en el c/, más oscu- 
ros en la 9. 

Gymnobothrus Oberthuri, sp. nov. 

Statura majore. Colore pallide ferrugineo, fusco-variegato. 
Foveolse verticis minutas, trigonre, supra arcuatse, marginibus 



316 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (18) 

rotundatis. Costa froatalis inter antennas punctata, ad ocellum 
breviter coarctata et ante eum late sulcata. Pronotum postice 
ang-ulatum, ang-ulo immo subrotundatum; metazona punctata; 
carinis lateralibus ante sulcum ang-ulariter inflexis, biinter- 
ruptis, pone sulcum oblitteratis, antice extus, postice intus 
ferrug-ineo-notatis; lobis deflexis ferrugineo-fuscis, fascia lata 
obliqua exteriore pallida. Elytra ante médium rufescentia, 
dimidio apicali subpellucido, vena scapulari recta, área me- 
diastina pone médium elytrorum extensa, basi ampliata. AlEe 
infumatse, disco interno hyalinse, antice prope apicem ang-us- 
te fuscíe. Femora postica basi latiuscula, supra maculata. Lo- 
bis metasternalibus pone foveolas valde convergentibus sed 
leviter distantibus Q. 

Long". corporis IS""" 
pronoti 3,8 

elytrorum 16 

fem. post. 11,5 

Loe. Tabora (Unyanyembe) R. P. Hauttecoeur. P"^ Trim., 
1885. 

Esta especie, bastante semejante al Gr. cniciañis Bo\.\ pero 
distinta por la forma de las fositas del vértice y de la quilla 
frontal , me ha sido reg-alada por el Sr. Obertbur, de Rennes. 



Arcyptera Carvalhoi, sp. nov. 

Statura parva. Colore g-riseo, fusco-vario. Foveolse verticis 
punctatse, marg-inibus rotundatis. Caput pone oculos flavo- 
fasciatum. Pronotum postice ang-ulo recto decisum, carinis 
lateralibus postice plus minusve oblitteratis, fascia fusca ad 
oculos oriunda secantibus; lobis deflexis fusco- típniatis. Ely- 
tra apicem abdominis parum superantia, latiuscula, liyalina, 
basi apiceque infascata; área scapulari cf abbreviata, pone 
médium valde dilatata; venis radiali postica et ulnari médium 
elytri contig-uis areolis irreg-ularibus formantibus ; área inter 
ulnaria latissima, venis rectis, parallelis, instructa: Q área sca- 
pulari pone médium elytri producta, basi dilatata; vena ulnari 
anteriore et radiali modice distantibus ; área inter ulnaria 
areolis complures series duas formantibus. Alie dilute coeru- 



(19) Bolívar. — ortópteros nuevos. si? 

lescentes, ápice late infumatae. Femora postica pallida, fusco- 
biannulata, g'eniculis tibiisque posticis fuscis, has basi an- 
üulo flavo. Lobis metasternalibus pone foveolas connatis o'"' 9. 



ong". corporis 


^-/ 


14™'" 


Q 19°=° 


pronoti 




3.5 


4 


elytrorum 




12 


15 


fem. post. 




8,5 


11,5 



Loe. Lourenco Márquez (África oriental). 

Esta especie me ha sido proporcionada por el conocido lepi- 
dopterólogo Sr. Carvalho Monteiro, de Lisboa, á quien tengo 
el g-usto de dedicarla. 



Tropidonotus Laufferi, sp. nov. 

Pallide ochraceus. Fastig-ium verticis triangulare, levissime 
subtransversum, distincte carinulatum. Antenn^e subensifor- 
mes. Costa frontalis tantum medio subsulcata, marginibus ob- 
tusatis*. Pronotum compressum, cristatum, crista a latere visa 
recta, postice haud crenulata, granulis minutis utrinque sculp- 
ta; carinis lateralibus retrorsum vix divergentibus, fere paral- 
lelis, If^vigatis; metazona postice acute producta; lobis defle- 
xis postice recte angulatis, ángulo immo rotundato. Elytra 
apicem femorum modice superantia, ápice anguste rotundata; 
venis radialibus fuscis, testaceo-maculatis; c?eteris absque 
maculis nigris subelevatis. Alsebase roseíe, pone médium fas- 
cia arquata fusca, margine postico subparallela; dimidio api- 
cali subpellucidaí, intervallo scalare hyalino, decolore. Pros- 
ternum tubérculo subcompresso, recurvo, antice prope basim 
plano. Femora postica elongata, basi paulo dilatata, carina 
superiore subserrata, ca?teris rare punctatis; anguli genicula- 
res haud producti; lobi geniculares acutiusculi. Tibise posticse 
extus spinis 18-19 armatae. 



;.ong. corporis 


c{ 40 


pronoti 


12 


elytrorum 


41 


fem. post. 


26 



318 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (20) 

Loe. Cumbase (Alto Perú), Garleppi, Enero, 1887. (Stau- 
ding"er). 

Dedico esta especie al Sr. D. Jorg-e Lauffer, nuestro conso- 
cio y distinguido eutomólog-o, que me ha proporcionado va- 
rias especies americanas interesantes. 



Elseochlora Fruhstorf eri , sp. nov. , fig-. 7. 

Satúrate viridis, subtus flavescens. Fastig"ium verticis mag*- 
num, sursum versum, valde elevatum. ápice obtuse rotunda- 
tum, marginibus subreñexis, supra purpureum. Antennfe, ar- 
ticulis duobus basalibus exceptis, purpure£e , parum amplia- 
tss, articulis 22 compositse, cf pone médium elytrorum exten- 
sas. Pronotum granoso-scabrum, antice obtuse-postice acute 
productum, medio acute cristatum, crista a latere visa sub- 
recta vei ievissime curvata, sulcis tribus profunde intersecta, 
obtuse crenata, obscure rufa, carinis lateralibus tuberculatis, 
in metazona plica crassa a crista media sulco obtuso sej uñeta 
formantibus; lobis deflexis ubique angustissime flavo-margi- 
natis. Elytra abdomine vix breviora, apicem versus sensim 
angustata, ápice anguste rotundata, antice posticeque late 
flavo-limbata, margine flavo antico antemedium nec non pos- 
tico usque apicem intus nig-ro-vittatis. AIíb dilute citrin;p, 
antice virescentes. Femora postica pallide olivácea, spinis 
tibiarum posticarum nigris. Lamina supra- analis (f postice 
acuminata, medio longitrorsum canaliculata, prope basim ca- 
rinata, transversa, nigro-picta, externe antrorsum curvata. 
Lamina subgenitalis, cónica, longe producía, subtus ápice 
compresso-carinata cf. 

Long. corporis 37'""' 

pronoti 12,5 

elytrorum 20 

fem. post. 22 

Loe. Santa Catharina (Río Capivary), Fruhstorfer, 1888. 
Esta especie se distingue de todas las conocidas por la forma 
del tubérculo del vértice y por la del pronoto. 



(•21) Bolívar. — ortópteros nuevos. 319 



Prionacris ccerulescens, sp. nov. 

Olivaceo-rufescens, subtus parce pilosa. Caput antice forti- 
ter impresso-punctatum, pone oculos punctis impressis sub- 
seriatis dispositis. Fastigium verticis fortiter declive , crebre 
punctatum, medio sulco brevissimo instructum. Costa frontalis 
apicem versus valde angustata, ante ocellum parum distincta, 
transverse convexa, punctata, haud sulcata; intervallum ocu- 
lornm, latitudine máxima oculorum íeque latum. Oculi g-lo- 
bosi, valde exserti. Antennse filiformes, valde elong'atse, rufe. 
Pronotum antice truncatum vel medio subsinuatum, postice 
rectang-ulum, sulco postico parum pone médium sito; crista 
media vix elevata, prope marg-inem atiticum obsoleta, in lobo 
antico leviter biincisa, in lobo postico preecipue postice levis- 
sime elevata; lobo crista? inter sulcos posticos sito reliquis 
mag-is elevato. Elytra apicem femorum superantia, venis plu- 
rimis rufis, vena radiali media rufo-sang'uinea. AIpp coeruleíe, 
apicem versus dilutiores, venis radialibus medio incrassatis. 
Femora postica carinis valde serrato-dentatis. Tibiíe pallide 
rufsñ, spinis basi cocciueo-indutis. Tuberculum prosternale 
conicum. Lamina supra-analis c/ trígona, elongata, basi sub- 
compressa, bicarinata, carinis postice converg-entibus. Seg- 
meutum ultimum abdominis superne valde rotundato-sinua- 
tum, utrinque haud dentato-productum; lamina subg-enitalis 
breviter sed acute sinuata c'\ 

Long. corporis 29 "" 

pronoti 6 

elytrorum 26 

fem. post. 15 

Loe. Alto Amazonas. 

No solo se distingue del Pr. cowq^resscí Stál por su menor 
tamaño, sino por otros muchos caracteres que quizá oblig-a- 
ran á formar con ella un género distinto, para lo cual conven- 
dría conocer los dos sexos. He recibido esta especie del señor 
O. Stauding-er, de Blassevitz (Dresde). 



320 ANALES DE HISTORIA NATURAL, (22) 



Coptacra annulipes, sp. nov. 

Pallide ferruginea, albido pilosa. Vértex subtransversus, 
intervalum oculorum basi costee frontalis subang-ustius; costa 
grosse punctata. Antennse pallidse. Pronotum lobo postico ru- 
g-uloso-punctato, basi ang-ulum rectum formans. Elytra obs- 
cure fusco-marmorata. Alce ccErulescentes, ápice fumosse. Fe- 
mora postica extus intusque oblique fusco-annulata , área 
infero-externa fusca, área infero-interna sang-uinea. Tibise 
rufse, spinis ápice nig-ris. Pectus flavum c/ 9- 



Long". corporis cf 16™"' 


Q 25"'"' 


pronoti 4 


5,5 


elytrorum 15 


22 


fem. post. 11 


14 



Loe. Dolores (Filipinas). 

Esta especie me ha sido reg-alada por su descubridor el se- 
ñor D. Carlos Mazarredo. 

Es de menor tamaño que la C. cyanoftercb Stál, también de 
Filipinas y de coloración diferente, y ofrece también alguna 
analogía con la C. prcemorsa Stál, de la China, principalmente 
por la estrechez del vértice entre los ojos, pero en esta el borde 
posterior del prouoto es obtuso, las alas son oscuras y verdo- 
sas en la base, y los fémures están coloreados de diverso modo. 



Euryphymus adspersus, sp. nov., fig. 8, 8 a. 

Griseus, albido fuscoque adspersus, subtus flavescens. Vér- 
tex valde declivis, inter oculos, basi costee frontalis haud duplo 
latius. Costa frontalis subparallela, ante ocellum in cf sub- 
oblitterata ad fastigium haud vel levissime angustata. Prono- 
tum rugulosum, postice rectangulum vel subacutangulum, 
carina media parum elevata, carinis lateralibus, rugulis vel 
fascia albida tantum indicatis; lobis deflexis medio atro-signa- 
tis, ángulo postico anguste rotundato. Elytra abbreviata, fus- 
co-varia, área post-radiali, vena intercalata parum expressa 



<23) Bolívar. — ortópteros nuevos. 821 

instructa. Alse hyalinpe, venís anticis íncrassatis, fuscís. Fe- 
mora postícalong-e albído-cilíata, íntus subtusque sang-uínea. 
Tibise ruffe, basí extus fusco adspersse. Tuberculum proster- 
üale late-tríang-ulare. Intervalum loborum mesosternalium of 
vix 9 mag-ís transversum. Lamina supra-analís (f antrorsum 
ang-ustata, lateralíter subsinuata, postíce medio processo parvo 
seque long-o ac lato instructa, supra long-itrorsum carínata, 
carina basi dichotoma; medio transverso quadrituberculata, 
tuberculis externis elong-atis. Cercis (f ápice compressis, am- 
pliatis, extus subexcavatis. Lamina supraanalis Q trig-ona, 
utrinque sinuata cf 9. 

Long". corporis (f 15-" Q 24"" 
pronoti 4 5.5 

elytrorum 9,5 13 

fem. post. 10 14 

Loe. Lourenco Márquez (mi colección). 

Esta especie me ha sido proporcionada por el Sr. Carvalho 
Monteiro, de Lisboa, y debe fig-urar al lado del E. kottentoUis 
Stál. 



Euprepocnemis Fied. (Cataloipus), nov. sub-gen. 

Frons valde obliqua, costa frontalís in fastig-ium verticís 
sensim arcuatim continuata, inter oculos vix ang-ustata; fas- 
tig-ium verticis convexum, nitidiusculum. Vértex inter oculos 
subindistincte bifosulatus, medio leviter carinatus. Tubercu- 
lum prosternale ab antico compressum. Lamina subg-enitalis 
(/ mag-na, elong-ata, ápice fissa. 



Euprepocnemis (Cataloipus) Oberthuri, sp. nov., 
íig-ura 9, 9 «. 

Statura E. amligiice sed carinis lateralibus dorsi pronoti 
prope marg-inem anticum subconverg-entibus; prosterni tu- 
bérculo valde obliquo ápice mesosterni tangente, ab antico 
deplanato, ápice late rotundato ; costa frontalis clypeum 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 21 



322 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (24^) 

versus levissime et fere subindistincte ampliata; elytris parce 
maculatis tantum área media maculis seriatis valde inter se 
distantibus. Tibiis posticis pallidis, verisimiliter decoloratis. 
Lamina supra-analis cf base medio sulcata, ápice rotundata; 
cercis spatliulatis, valde compressis, subtus sinúatis; lamina 
subgenitalis mag-na, ápice ang-uste rotundata, fissa. 



Dng. corporis 


0- 31-" 


9 54-" 


proüoti 


6 


10 


el^'trorum 


25 


45 


fem. post. 


24 


35 



Loe. Tabora en el üyanyembe (África central) R. P. Haut- 
tecoeur! 

Este mag-nífico insecto me ha sido reg-alado por el Sr. Ober- 
thur, á quien se lo dedico. 

Existen además en mi colección otras dos especies que pue- 
den referirse á este subg-énero, y son : el E. cymdifera Krausp, 
del Seneg-al, y el E. ambigua Stál, de Ang-ola. 



Pezotettix Fauriei, sp. nov. 

Corpus parum villosum, ocliraceum, rufo-varieg'atum. An- 
tenníB aug"ustiuscula3 , pone marg-inem posticum prouoti in Q 
vix extensie. Frons líEviuscula, costa tota sulcata. Pronotura 
postice subemarginatum , margine antico distincte reflexo, 
sulcis transversis sat profunde impressis , percurrentibus, 
sulco postico long-e pone médium sito; carina media antice 
subindistincta , postice perfecte explicata , prozona indis- 
tincte rug-ulosa, metazona punctata; lobis deflexis fere an- 
gulatim insertis, profunde sulcatis, macula flava submedia 
ornatis. Elytra seg-mentum primum abdominale liaud supe- 
rantia, lateralia, angustissima, rug-ulosa. Tuberculum pros- 
ternale conicum, subacutum; lobis mesosterni subtransversis 
inter se valde distantibus. Seg-mentum primum abdominale 
tympano magno, aperto, instructura. Femora postica elongata, 
ápice supra carina media breviter sed acute producía, lobis 
genicularibus rufis, spinis tibiarura posticarum tantum ápice 
niírris. 



(25) Bolívar. — ORTÓPTEROS NUEVOS. 323 

Long-. corporis 9 SI'""" 
pronoti 6,2 

elytrorum 4,5 

fem. post. 17 

Loe. Yeso (Japón), Dr. Bonnet, recogido por el Sr. Faurie. 



Pezotettix Mikado, sp. nov. 

Decoloratus, griseo-olivaceus. Antennse capite et pronoto 
multo longiores. Costa frontalis parallela, sulcata. Vértex ín- 
ter oculos costa frontalí subang-ustíus; pone oculos vitta níg-ra 
ornatus. Pronotum antíce laíve, nitídíusculum, postíce impres- 
so-punctatum; margine postico rotundato; carina media levi- 
ter elevata sulco postico tantum íntersecta, loco carínarum 
lateralium nigro-vittatum. Elytra valde abbreviata, apicem 
segmentí primí abdominis víx superantia, lata, minute retí- 
culata, ápice late rotundato-truncata. Femora omnía subin- 
crassata, antica pallida, postica grísea, vitta arcuata geni- 
cularí nigra; lobi geniculares pallidí. Tibise postica:" pallide 
rufse, spinis totís nigris. Tuberculum prosternale acumina- 
tum. Valvulfie ovíposítorís curvatíe 9. 

Long. corporis 33°"" 
pronoti 7,5 

elytrorum 4,5 

fem. post. 17 

Loe. Yeso (Japón), Dr. Bonnet. 



Coscineuta cicatricosa, sp. nov. 

Ochraceo-rufescens. Capite pronotoque grosse ímpresso- 
punctatís nec non callis líevigatis, rufis, conspersis. Antennfe 
articulís primis exceptís nigrse. Costa frontalis ínter antennas 
spatio Itevigato abbreviato. Elytra fusca, pallide venosa. Alte 
suavissime infumatse apicem versus obscuriores. Femora pos- 
tica laevigata, obscure rufo-testacea, subtus intusque sangui- 



324 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (26) 

nea, carina superiore ang-ustissime testacea. Tibise posticíe 
fuscse, griseo-pilosfe. Abdomen obscure fuscum, base supra 
nec non segmentorum omnium marg-ine postico rufo-testa- 
ceis Q. 

Long". corporis 35"™ 
pronoti 6 

elytrorum 29 

fem. post. 17 

Loe. Alto Amazonas (Stauding-er). 



Tetratsenia nitidula, sp. nov. 

Eufo-testacea. Caput nigro-nitidum, supra viride, ante ocu- 
los fascia transversa vitellina per laterem thoracis continuata; 
clypeo, mandibulisque maculis parvis flavis; fastigium supra 
subsulcatum. Antennse nigrse, ápice rufe. Pronotum prasinum, 
grosse punctatum, postice obtuse ang^ulatum, carina media 
subtili, utrinque nig-ro strigata; lobis deflexis nigro-nitidis; 
metapleuris nigris, flavo unimaculatis. Elytra apicem abdomi- 
nis baud attingentia, viridia, área costalis fusco-nigra. Alfp 
extus fuscse. Pectus rufum. Femora antica viridia; postica 
corallina, base, ápice, strigiisque longitudinalibus árese ex- 
ternas nigro-nitidis, maculis dorsalibus basali et preapicali 
annuloque medio subinterrupto flavis. Tibise posticse rufo- 
fuscse Q. 

Long. corporis 20"" 

pronoti 4 

elytrorum 10 

fem. post. 12 

Loe. Alto Amazonas (Staudinger). 

De menor tamaño que la T. siirinama Serv. , y próxima- 
mente del tamaño de la T. I)rachy2^tera Gerst., pero muy dife- 
rente por su coloración. 



(27) Bolívar. — ortópteros nuevos. 325 



Mastusia spectabilis, sp. nov. 

Prasina, cinereo-villosa. Frons opaca; costa media late sul- 
cata, fastig-io capitis subtransverso, parvo, breviter fossulato, 
prope oculos macula parva, et ínter eos spatio nigro impresso 
ínstructo; capite supra, g-enis, pronoto, mesopleuris et meta- 
pleuris, dorso abdominís nec non elytris níg-ro-nítidis , capite 
pronotoque quadri vitellino-lineatis, vittis dorsalibus ang-us- 
tioribus usque apicem elytrorum perductís, Elytra apicem ab- 
dominís haud atting-entia. Alge coerulete, ápice ang-uste fuscíe. 
Femora antica ápice rufa; postica viridia, ápice infuscata. Ti- 
bíse poslic^e coerulefe, long-e griseo-pilosse, spinis pallidis, ápice 
nigris. Abdomine subtus, lateríbus, nec non marg-inem postí- 
cum seg"mentoriim dorsalium testaceís. Lamina supra-analís 
ápice trífida. Cercí brevi, curvati, supra sinuati, ápice com- 
pressí cf. 

Long. corporis 30™"" 

pronotí 6 

elytrorum 16 

fem. post. 20 

Loe. Alto Amazonas (Staudinger). 

Morsimus serraticollis, sp. nov. 

Pallíde-ochraceus, pedibus testaceís. Antennse ang-uste fus- 
co-annulatfe. Pronotum subacute tectiforme , carina media 
serrulato-dentata, dorso vitta fusca versus marg-inem postí- 
cum valde ampliata ornato; lobis deñexis declivibus, extus 
g-ranulatis. Elytra punctis raris sparsís notata, marg"ine antico 
prope basim fusco-notato. Área costali latissima, ramo vense 
radialis interioris toto recto ad venam radialem quam ad ul- 
narem exteriorem haud mag-is appropinquato. Femorum cari- 
nis inferioribus serrulato-ondulatis, femoríbus posticis subtus 
pone médium distincte dentatis. Tibise íntermediíe compressee, 
marg-ine externo toto serrulato. Ovipositor lanceolatus, ápice 
acutus, marg-ine dorsali apiceque infuscatis, base subtus si- 
nuato 9. 



326 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (28) 



Long-. corporis 


40'"." 


pronoti 


6,5 


elytrorum 


56 


Lat. max. elytr. 


16 


Long*. fem. post. 


17 


ovipositoris 


19 



Loe. Waig-iou (Nueva Guinea), Stauding-er. Supongo sea 
la isla llamada Tierra del ag-ua. 



Platycleis Bonneti, sp. nov. 

Statura mediana. Colore castaneo. Vértex latus, vittis tribus 
fusco-nigris medio flavo-lineatis ornatus, vitta media diíTusa. 
Pronotum antice vix vel haud coarctatum, postice obtuse ro- 
tundatum, carinula postica expressa, discomedio fusco-bisig*- 
nato; lobis deflexis fuscis, postice ang-uste flavo-marg-inatis. 
Elytra pallide g-risea, fusco-venosa, pronoto (/ vix, 9 valde 
breviora; ^f speculo reticulato; marg-ine interno sinuata, Q 
oblong-a, ápice ang-uste rotundata. Femora postica pone mé- 
dium valde ang-ustata, pag-ina externa late fusco-fasciata. Ab- 
domen fuscum, ssepe dorso pallidiore, fusco-sig-nato. Seg-men- 
tum ultimum dorsale J" ápice anguste excisum, lobis breviter 
acuminatis, retrorsum converg-entibus. Cerci lamina subg-eni- 
tali parum long-iores, tantum basi dentati. Lamina subg-eni- 
talis fasca, flavo bicarinata, ápice ang-uste fissa. Seg-mentum 
anale 9 medio canaliculatum cum lamina supra-anali confu- 
sum. Ovipositore basi excepta fusco, basi incurvo, pronoto 
parum long-iore. Lamina subg-enitalis, profunde emarg-inata, 
lobis triang-ularibus, acutis c/ 9. 



Long". corporis 


<f 


20-" 


9 22- 


- , pronoti 




6 


7,5 


elytrorum 




5 


4,5 


fem. post. 




15,5 


24 


ovipositoris 






11 



Loe. Yeso (.Japón). 

He recibido esta especie del Dr. Bonnet, en unión de otras 



Í29) Bolívar. — ortópteros nuevos. 327 

varias especies interesantes de la misma procedencia. La for- 
ma del oviscapto es enteramente la misma que en el Pl. grí- 
sea F. Sin embarg'o, la especie europea más afine á la que aca- 
bo de describir es el Pl. fusca Brunn., de Grecia. 



Decticus japonicus, sp. nov. 

Fuscus, nitidulus. Vértex pallidus, pone oculos linea an- 
g-usta flava. Pronotum compressiusculum, postice subrotun- 
dato-truncatum; dorso aog-usto, retrorsum parum vel vix am- 
pliato, carina media perducta; lobis deñexis ang-ulatim inser- 
tis. Elytra apicem abdominis haud superantia, pallide g-risea, 
vena radiali fusca, ápice ang-uste rotundata. Femora postica 
ante médium plus minusve fusca. Tibise anticue supra spinis 
quatuor (vel tantum tribus) armatfe. Ovipositor pronoto vix 
longior, basi incurvus. Lamina subg-enitalis elong-ata, com- 
pressiuscula, ápice angulatim emarginata, lobis acutis 9- 



Long. corporis 


22-. 


pronoti 


7,5 


elytrorum 


15 


fem. post. 


25 


ovipositoris 


11 



Loe. Yeso (Japón). 

Esta especie, que me ha sido también reg-alada por mi ex- 
celente amigo el Dr. Bonnet, pudiera quizá con ig"ual razón 
colocarse en el género Platycleis si solo se atiende al número 
de espinas del borde superior de las tibias anteriores; pero su 
forma general, la long-itud de las patas posteriores y el pro- 
noto aquillado en toda su extensión, deciden claramente en 
favor del género Decticus, en el que la incluyo. Solo conozco 
una especie de Decticus del Japón , que es el D. Bilrgeri de 
Haan, que no tiene analog-ía alg-una con esta, y que sin duda 
deberá llevarse á otro g'énero si en efecto tiene el prosternon 
espinoso como indica de Haan. 



328 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (30> 



Raphidophora Baeri, sp. nov. 

Fusco-ferrug-inea. Antennae long-issimfe. Pronoti lobis de- 
flexis sat elevatis, marg-ine inferiore rotundato, postico subsi- 
nuato. Femora postica basi valde dilatata tertia parte apicali 
tantum ang-ustata, subtus carina interna medio trispinosa. 
Tibise posticíB calcare primo interno metatarso fequante , hic 
supra hirsutas, trispinosus. Ovipositor parum incurvus, cas- 
taneus, nitidus, ápice obtuse acuminatus, marginibus inte- 
gris. Lamina subg-enitalis Q triang-ularis haud acuminato-pro- 
ducta 9. 



Long". corporis 


32"- 


pronoti 


9,5 


femorum post. 


27 


tibiarum 


26 


tarsorum posticorum 


11 


ovipositoris 


16,5 



Loe. Manila (Baer). 

Intermedia entre la Wi. 'picea, Serv. y la gracilis Brunn.; de 
una y de otra se distingue por las proporciones de los fému- 
res posteriores y la longfitud relativa del calcáneo primero in- 
terno y del metatarso posterior que en esta especie son ig-ua- 
les, mientras que en las citadas son desig'uales. La placa infra- 
anal es triang^ular, pero no se prolong-a en pico ag-udo como 
en la Rh. gracilis Brunn. Mis ejemplares de esta última espe- 
cie son típicos. 



Brachytrypus politus, sp. nov. 

Minor, fulvescens, supra fuscus, nitidus, pedibus g-riseo- 
villosis, anterioribus long-e fimbriatis. Ocellishaud tubercula- 
tis. Fronte fusca, medio macula pallida. Pronotum valde trans- 
versum,anticeampliatumatquerufo-ciliatura,posticesubtrun- 
catum, disco depressiusculo, lateribus coarctato; lobis deflexis 
fortiter impressis, fere plicatis, pallide plag-iatís, subtus recte 



(31) Bolívar.— ORTÓPTEROS NUEVOS. 329 

truncatis, retrorsum parum ang-ustatis. Elytra apicem abdo- 
minis valde superantia, supra fusca, nítida, venis longitudi- 
nalibus parallelis , valde expressis , areolis rhomboidalibus; 
vena mediastina quadri-ramosa. Alie fuscse, caudatse. Tibise 
anticíe utrinque tympano lanceolato instriictas; articulis pri- 
mo tertioque tarsorum anticorum subseque long-is. Femora 
postica basi parum incrassata, ante apicem annulo fasco. 
Tibise posticfe parum spioosa (2-4 vel 2-2), calcare supero in- 
terno intermedio vix long-ius, metatarso postico elongato, val- 
de compresso, ang-ustissime sulcato, parce spinoso. Ovipositor 
minutissimus, acutus Q. 



Lono". 



corporis 


23"- 


pronoti 


4,5 


elytrorum 


22 


fem. ant. 


6 


- post. 


12 


tib. post. 


8 


met. post. 


4 


ovipositoris 


3 



Loe. Tabora en el Uyanyembe (África central). 

Recog-ido por el misionero R. P. Hauttecoeur y remitido al 
Sr. Oberthur, quien ha tenido la bondad de reg-alármele para 
mi colección. Aun cuando el pronoto no es enteramente seli- 
forme como en los Macrogryllus , quizá deba fig-urar esta es- 
pecie en el referido grupo. La brillantez de la cabeza, tórax y 
élitros, le dan cierto parecido con el Br. acJiatinus Stoll. 



Nemobiopsis, gen. nov., fig. 10. 

Corpus g-racile, ang-ustum. Caput subperpendiculare, inter 
antennas tumidulum. Ocelli in trigonum obtusatum dispositi, 
ocelli postici validiores. Oculi g-lobosi, antrorsum exserti. Palpi 
breves, articulo ultimo trígono, ápice oblique truncato. Au- 
tennse corpore duplo long-iores, medio vel fere inframedium 
capitis insertse. Pronotum transversum, antrorsum ang-usta- 
tum. Elytra d" 9 corpore longiora ubique venis parallelis lon- 
g-itudinalibus instructa, venis transversis subindistinctis, cf 



333 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (32) 

absque tympano. Alse caudatse. Pedes compressi. Tibiíe anti- 
cue intus extusque tympano pellucido, elliptico, instrucla?. Ar- 
ticulus primus tarsorura posticorum elong-atus. Femora pos- 
tica brevia, ante apicem haud filiformia. TibiíB postic;p femo- 
ra breviores, supra deplanatag, marg-inibus compressiuscu- 
lis atque serrulatis, pone médium utrinque trispinosis, ápice 
extus calcaribus tribus, intus tantum duobus; calcare medio 
externo tertio longiore; calcare secundo interno cseteris lon- 
g-ior. Metatarsus posticus mag-nus, compressus, supra biseria- 
tim serratus. Articulus secundus minutus, compressus. Cerci 
elong-ati, filiformi, base conici, incrassati. Ovipositor sursum 
curvatus, ápice acutus. 

El aspecto del insecto que motiva estas líneas es el de un 
NeonoMiis, pero la forma del metatarso posterior no conviene 
con la del g-énero indicado, ni tampoco la armadura de las 
tibias posteriores, cuyos bordes están aserrados, al mismo 
tiempo que provistos de espinas movibles. Atendiendo á este 
carácter, debe llevarse el nuevo g-énero á las tribus de los 
ecantinos ó de los eneopterinos. Si se tiene en cuenta que los 
élitros son de ig-ual forma en ambos sexos, y que falta por 
completo el tímpano característico de los machos, disposición 
que en los eneopterinos se observa con alg-una frecuencia, 
pudiera creerse que el g-énero en cuestión perteneciera á di- 
cha tribu; pero la forma del seg-undo artejo de los tarsos de- 
cide en favor de los ecantinos la mayor analog-ía, debiendo 
ser, por tanto, colocado en esta tribu y en la proximidad del 
g'énero Pentacenlhrus , con el que conviene por el número de 
espolones ó calcáneos de las tibias posteriores, que son tres 
en el lado externo y solo dos en el interno. 

Procede este insecto de la isla de Cuba, donde ha sido des- 
cubierto por el Sr. Gundlach. 



Nemobiopsis Gundlachi, sp. nov. , fig-. 10. 

Fuscus, subtus cum pedibus testaceus, fusco-setosus. Pro- 
notum la^viusculum, fuscum. Elytra supra pallide fusca, ve- 
nís long-itudinalibus rectis, fuscis. Ala^ fusc;x^ , irideo mican- 
tes, articulus primus tarsorum posticorum ín cf medio am- 
pliatus. 



(53) Bolívar. — ortópteros nuevos. 331 

Lonfí' 



corporis 


c"^ 


) r¡^.n 


pronoti 




],5 


el3'trorum 




6,5 


alar. 




10,5 


fem. post. 




5 


ovipositoris 




3,5 



Loe. Cuba, Gundlach. 



Laranda annulata, sp. nov. 

Colore lúteo, fusco-vario, pedibus fusco-annulatis. Corpus 
griseo-villosum , fuscoque pilosum, sub compressum. Caput 
supra late fusco-bifasciatum. Pronotum antice subsinuatum, 
postice truncatum, lobis deflexis antice altioribus quam pos- 
tice, subrotundatis. Elytra (f ruesonotum haud superantia, in- 
tus leviter incumbentia, rotundata, cornea, subindistincte 
venosa; Q nuUa. Tibiae anticíe compressiuscuLT, foramine 
nullo. Femora postica versus apicem angustata. Tibiae pos- 
ticse femoribus longiores ínter spinas ultimas tantum setosse, 
intus extusque 4 spinosfp. Calcare supero-externo quam infe- 
riore long-iore. Calcaribus binis ínferioribus parvis sed exLerno 
quam interno breviore. Calcare supero-interno intermedio víx 
long-iore, metatarso postíco biseríatím spinoso. Ovipositor rec- 
tus ,:f Q. 



Long". corporis 


c/ 


12- 


913™" 


pronoti 




2,5 


2,8 


fem. ant. 




5,5 


6 


- post. 




10,5 


11,5 


tib. post. 




11 


12 


ovipositoris 






11 



Loe. Apiahy, provincia de San Paolo (Brasil), 
Soy deudor de esta especie al Sr. D. Ig-nacio Puig-garí, quien 
la ba recog-ido en la localidad indicada. Por su pequeño ta- 
maño, así como por los demás caracteres indicados, no puede 
confundirse con ninguna de las especies conocidas. Podría 
llevarse esta especie al g-énero Plialangopsis Sauss. por sus 
fémures filiformes en el tercio apical; pero la coloco en este 



332 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (34) 

por la circunstancia de tener el metatarso posterior provisto 
de dos series de espinas , no sin reconocer que quizás debiera 
establecerse para ella un nuevo g-énero en atención á las pro- 
porciones de los espolones tibiales, como con razón me ha 
hecho observar nuestro respetable consocio el R. P. Pantel. 



Posus, gen. nov., fig*. 11. 

Corpus supra planiusculum. Caput verticale. Frontis ros- 
trum, modice latum, inter antennas articulo primo antenna- 
rum haud duplo latius. Ocelli in trig-onum equilaterum dispo- 
siti, ocello antico supero. Palpi max. elong-ati, articulo ultimo 
ápice valde ampliato. Pronoti dorso nec excavato nec coarc- 
tato, planiusculo, postice medio obtusissime ang-ulato, an- 
trorsum angustato; lobis deflexis perpendiculariter insertis^ 
supra haud carinatis, subtus rotundatis, antice vis altioribus 
quam postice. Elytra supra plana, perfecte explicata, apicem 
abdominis valde superantia; harpa venis obliquis 6 haud pa- 
rallelis; speculo venis duabus introrsum parum diverg-entibus;^ 
campo apicali trig-ono ápice ang"uste rotundato; campi deflexi 
ang-ulo recto vel subacuto inserti, vena mediastina multi- 
ramosa, venis subparallelis, primis obliquis, cseteris rectis, ad 
basim ang-ulatis. Alee caudatíe. Femora antica compressius- 
cula, subtus sulcata. Tibi£e anticag, utrinque tympano instruc- 
taí. Femora postica apicem versus attenuata, filiformia. Tibias 
postica3 usquead apicem serrulatae, quadrispinosre, spinis ulti- 
mis ad apicem insertis, calcare supero interno quam interme- 
dio valde long-ius, metatarso postico biseriatim spinoso; ar- 
ticulo secundo tarsorum minuto, compresso. 

Corresponde este género á la tribu de los Ecantinos, en la 
que debe fig-urar al lado del g-énero Homaogrylhis Guér., del 
que sin embarg-o se disting-ue por numerosos caracteres. 



Posus mictiformis, sp. nov., fig*. 11. 

Omnino fuscus. Autenna) basi pallidív., pone médium rufo 
annulata.'. Frons nig*ra. Vértex castaneus, obscure fusco-vitta- 
tus. Pronotum dorso sulco medio levi postice abbreviato, sub- 



{35) Bolívar, — ortópteros nuevos. 333 

fossulato, castaneo, lobis deflexis nigris. Elytra basi ferrug-i- 
nea, vena mediastina 24 ramosa, ramis 7 primis obliquis, 
cseteris subtransversis basi ang-ulatis; campo apicali fortiter 
venoso. Tibise anticse annulo medio rufo. Femora postica fus- 
ca, carinis inferioribus pallidis, fusco-maculatis ; pagina in- 
terna pallide rufa. Calcare supero-interno tibiarum postica- 
rum intermedio sesqui long-iore c/. 



Dng". corporis 


19'"" 


pronoti 


3 


elytrorum 


7 


fem. ant. 


6,8 


fem. post. 


17 


tib. post. 


16 



Loe. Madag-ascar. 

Esta especie me ha sido proporcionada por el Sr. H. Bey 
rolle, de París. 



331 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (3(J) 



Explicación de la lámina I. 

Figura ] . Temnopteryx dimidiaiipes c^f. Muy aumentada. 

- 2. - h'achyptera of. ídem id. 

3. Otomantis scutigera cf. Cabeza vista de frente, muy 

aumentada. 

- .3 «. - - 9. Protorax por encima. 
3 ¿». - - Q. Pata anterior. 

4. Blepharodes candelarius . Cabeza de frente, muy au- 

mentada. 

5. Tisamewus cervicornis Q. Apenas aumentado. 

- 5«. - - 9- Extremidad del abdomen 

de lado. 

6. Odoníomelus 'brachyíHerxis Gerst. Cabeza de lado, 

muy aumentada. 
6<^. - - Cabeza por encima. 

7. ElcBOclüora Fruhstorferi of. Cabeza y pronoto au- 

m cantados. 

8. Euryphymiis adspersus c/. Extremidad del abdo- 

men por encima; muy 
aumentada. 
_ 8<?. - - c/'- La misma, vista de lado. 

9. Cataloipiis Oberthuri (/• Extremidad del abdomen 

por arriba , muy au- 
mentada. 
^a. - - (/. ídem id. de lado. 

- 10. NemoUopsis Gfundlachi. Tibia y tarso posterior muy 

aumentados. 

- 11. Posíis mictiformis of . T&m2iño iidiiuvdil. 



S^OTES ORTHOPTÉROLOGIQÜES 



XjE IP. J". ZPJ^ZñTTEH., S. O". 



(Sesión del 5 de Marzo de 1890.) 



I. 

REVISIÓN MOxXOGRAPHIQUE DU GENRE GRYLLOViORPHA Fiel). 

L'étude monogTaphique d'uii groupe inférieur ne peut pré- 
senter en g-énéral qu'un intérét mediocre, á peine en propor- 
tion avec le travail qu'elle exige. Cela estvrai tout particulié- 
rement de la monog-raphie d'un g-enre isolé, quand il.ne com- 
prend que des espéces bien tranchées et en petit nombre. 
Néanmoins, l'étude du g-enre GryllomoT'pha Fieber, emprunte 
a quelques circonstances un á-propos que l'on jug-era peut- 
f^tre suíRsant pour lui donaer le caractére d'un travail véri- 
tablement utile, au point de vue de la systématique. 

Ce g-enre a été établi, comme on sait, sur une espéce uni- 
que, le Gr. dcilmatina Ocsk. , la seule qui soit connue depuis 
une époque relativement éloig-née et que l'on trouve commu- 
nément dans les coUections. D'autres ont été publiées succes- 
sivement, principalement dans ees buit derniéres années, 
mais les descriptions en sont éparses ca et la et á l'heure ac- 
tuelle il n'existe pas d'ouvrag-e ou tous les Gryllomorjjha con- 
nus soient étudiés d'ensemble. Une telle étude cependant est 
absolument nécessaire pour une connaissance suíRsamment 
exacte des espéces, en méme temps qu'elle est de nature á lé- 
véler, á l'intérieur du g-enre , des caracteres d'un g-rand inté- 
rét, pouvant servir de base á des rapprochements naturels. 
D'ailleurs il fallait compléter plusieurs diag-noses qui ont été 
données d'aprés les c^'c^ seuls, faire connaitre deux espéces 



•33G ANALES DE HISTORIA NATURAL. (2) 

inédites et séparer de Tespéce ancienne le Qr. longicauda, 
Ramb., travail qui, infailliblement, aurait introduit la con- 
fusión dans ce petit groupe, s'il n'avait été fondu avec les élé- 
ments préexistants, dans un reraaniement g-énéral. 

Des matériaux assez complets ont été mis á ma disposition, 
pour cette étude. Outre les représentants du Gr. dalmaiina et 
des espéces nouvelles, queje trouvais dans ma propre collec- 
tion, j'avais sous les yeux les types des CfGr. Fragosoi Bol. et 
Bolivari Cazurro, communiqués avec une g-rande oblig-eance 
par M. le Prof. Bolívar. Je recevais d'autre part de nombreux 
exemplaires du Gr. aliena Br. , espéce des plus intéressantes 
et ímparfaitement connue; ees précieux insectes ont été ré- 
coltés á Manrése par le P. E. Capelle, l'un de mes premiers 
compag-nons d'excursions autour d'Uclés, dont il m'est parti- 
culiérement agréable d'enreg-istrer les découvertes entomolo- 
g-iques. Enfin, M. P. Mabille, Professeur au Lycée de Vanves, 
a bien voulu, de son cóté, me confier les types du Gr. (Acheta) 
longicauda Ramb.; c'est au moins la quatriéme fois que cet 
excellent collég-ue me procure la satisfaction d'étudier ífe msib 
divers insectes décrits dans la Faime eniomologique de VAnda- 
lousie: on ne saurait ni conserver avec plus de soins un héri- 
tag-e scientifique de famille, ni le faire servir avec plus d'in- 
telligence et de bonne gráce á éclaircir les doutes qui sur- 
g-issent. 

L'ensemble de ees spécimens coustituait déjá un matériel 
d^étude diíRcile á reunir, en dehors des circonstances qui m'ont 
favorisé. Tout récemment, il á, été completé d'une maniere 
aussi heureuse qu'inattendue par un exemplaire ¡y du Gr. lon- 
g^ca^lda'R'Simh., le premier, sans doute, qui aitpu étre soumis 
h l'étude dans un état de développement et de conservation 
suíEsants; c'est une des tres intéressantes captures faites á 
Cliiclana (Cadix) par M. López Cepero, qui a bien voulu, en 
parfait galant homme, s'en priver, au bénéfice de mon travail. 

Aux auteurs de ees Communications et de quelques autres, 
d'une bienveillance ég-ale, qui seront signalées ca et lá, il 
faut renvoyer le mérite des quelques éclaircissements que 
Ton pourrait trouver dans ees notes; je suis heureux de leur 
faire ici mes vifs remerciments. 

Uclés, 8 Scptcmbre 1890. 



<3, Pantel.— KOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 837 



Apergii critico-historique et bibliograpliique. 

1832. OcsK.\Y, in Act. Leopold. Acad., t. xvi, P. ii, p. 959, 
décrit, sous le nom de Acheta dtilmaÜna Ocsk. , le 
premier GryllomorpJia connu. Les auteurs contem- 
poraios on postérieurs, jusqu'á Fieber, maintiennent 
l'espéce dans le g-enre Acheta Fab., ou la placent 
dans le g-enre Gryllus L. 

1838. Rambi'r (Fmme eniomologique de VAndalousie, p. 34, 
pl. II, fig-. 9), publie son Acheta ¡ongicauda, réuni, tré- 
communément, á Tespéce precedente, á titre de sim- 
ple variété g-éog-rapbique: nous verrons plus loin 
qu'il convient de le considérer comme espéce le- 
gitime. 

1838. Herrich-Scháffer (Faunce insectorum Germanim initia 
(Panzer), fase. 156, tb. 19), reedite Tespéce d'Ocskay, 
Fous le nom de Acheta áptera, qu'il change plus 
tard, dans le JVome^iclator entomol., pour celui de 
Grylhis aptems. 

183). Serville (Hisloire oíaturelle des insectes, Orthopiéres), 
semble n'avoir pas pris g-arde aux descriptions pre- 
cedentes et ne mentionne aucun Grillon que ron 
])ui;-se rapporter au g"enre actuel Gry¡lomor])ha. 

1853. Fieber (Synopsis der europdischen Orthoptera . j). 66), 
établit le genre Gryllomorpha ety range, comme es- 
péces distinctes: 

r Gr. longicaudí Ramb. 
2" Gr. dalmatina Oc.-^k. 
3° Gr.fasciaia Fieb ; 
ce troisiéme nom fait sans doute double emploi avec 
celui de Gr. ¡ongicauda Ramb. 

1853. FiscHEii (Orthoptera europea, p. 173), maintient l'es- 
péce d'Ocskay dans le genre Gryllus et la décrit sous 
le nom de Gryllus apterus Herr.-Sch. 

A cette occasion, le célebre orthoptérologue décrit 
en ijote une espé3e Yoisine, «speciem a^nem», le 
Gr. Mviítatiis Fisch., dont les auteurs postérieurs 
n'ont pas cru devoir teñir compte. II est fort douteux 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 22 



338 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

que cette espéce ait des aíRnités réelles avec la pre- 
cedente et doive étre comptée parmi les Gryllomor- 
pha. Si elle s'en rapproche par l'absence de tympan 
aux tibias antérieurs, elle s'en éloig-ne par l'absence 
de serrulation á la base des tibias postérieurs. Les 
deux caracteres sont d'ordre générique et presque 
de méme importance; Fischer parait done avoir ex- 
clu son espéce du g-enre qui nous occupe , par cela 
méme qu'il les a mentionnés. II est vrai que dans le 
g-roupe du Gryllomorpha Fragosoi Bol. , les denticu- 
les qui forment la serrulation des tibias postérieurs 
sont quelquefois tres rares et toujours difíicilement 
perceptibles, raais la grandeur relativeraent consi- 
derable des éljtres attribués par Fischer á son espé- 
ce ne permet pas de la rattacher á ce groupe. II y a 
• plus: l'existence de veines longitudinales, á la sur- 
face des mémes organes, semble indiquer un type 
tout á-fait étranger aux Gryllomorjjha. 

De ees remarques on peut conclure qu'il n'y a pas 
lieu de revenir sur l'exclusion dont le Qrylhis livit- 
tatus Fisch. a été équivalamment l'objet de la part 
des auteurs (1). 
1877. DE Saussure f Mélanges orthoptéroJogiques, fase, v, 
p. 448), adopte le genre établi par Fieber, en donnant 
au nom une désinence masculino. La caractéristique 
est complétée et deux espéces sont décrites: 

GryllomorpJiiis dalmatinus Ocsk., d'Europe, 

Gryllomorphus morMllosus Walk. (Zaora morhillo- 
sa}, de l'Afrique méridionale. 

De ees deux espéces, la premiére seule, vraisem- 
blablement, a pu étre étudiée en nature par le savant 
auteur de la MonograpMe des Gryllides. C'est sur elle 
que les caracteres génériques ont été releves. 



(I) Le type de Fischer appartenait, au rapport méme de cet auteur, au Musée de 
l'Académie de Strasbourg:. II n'a pas tenu au zéle de l'excellent Directeur du Musée 
actuel de cette ville, Dr. Doderlein, que la lamiere ne fut faite sur le point qui vient 
d'etre discute; mais ses recherches pour retrouver le précieux insecte ont été infruc- 
tueuses. C'est du moinsun fait acquisiilascience par lessoinsde M. Doderlein, qu'il 
De faut plus conipter sur la possibilité d'un controle, par l'examen de ce type , cvi- 
demment perdu. 



(5) Pantel. — notes orthoptérologiques. 339 

La seconde n'aurait été placee dans le méme gen- 
re que sur la foi de descriptions insuffisantes. Telle 
est du moins la conclusión qui parait se dég-ag-er 
de renseig-nements tres circonstanciés , recus du 
British Museum, oíi le type de Walker est conser- 
vé. Sur mon désir, avec une courtoisie que je me 
piáis áreconnaitre ici, M. Cli. O. Waterhouse a revu 
l'insecte et constaté qu'il a les tibias postérieurs 
serrulés dh la base et jusque e7itre ¡es épines de la 
moitié apicale. Un croquis, représentant le profil de 
la patte postérieure, confirme les explications écri- 
tes de M. Waterhouse. Le Zaora mordíllosa présente 
effectivement le faciés d'un Gryllomorpha et manque 
de tympan aux pattes antérieures, mais la serrula- 
tion des tibias postérieurs est tout autre que dans ce 
genre. On devra le placer, sans doute, parmi les 
Phalangopsites, dans le voisinage du genre Zaranda 
Walk. 

L'adoption d'une désinence masculine, pour le 
nom du genre, se rattache á une mesure tres gené- 
rale, prise contre les terminaisons féminines anté- 
rieurement introduites, soit par M. de Saussure lui- 
méme, soit par d'autes auteurs (1). 

Cette modification fut acceptée, en totalité ou en 
partie, par la plupart des orthoptéristes; le seul fait 
d'avoir été proposée dans un ouvrage aussi impor- 
tant que les M élang es orthoptérologiques , constituait 
pour elle et á bon droit, une sorte de consécration. 
Cependant on ne voit pas qu'elle ait été déterminée 
par des motifs d'une valeur indiscutable. 

La raisoB d'uniformité, qui se présente tout d'abord 



(1) Une terminaison masculiue a été substituée á la terminaifon féminine, dans 
les noms: 

Diatrypa Sauss. 
BiplacHsta Sauss. 



aussi bien que dans: 

Ciji'toxij)ha Br, 
Endaciista Br, 
Myrmerophila Latr, 
Zaranda Walk. 



340 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

k l'esprit, n'a pas été alléguée par l'auteur et n'était 
pas, d'ailleurs, recevable, car on pourrait la faire 
valoir dans les autres familles d'Orthoptéres, ou 
méme dans les autres branches de la systématique 
et on serait conduit du coup á une révolution dans 
la nomenclature. La raison de grammaire, indiquée 
dans une intéressante note de la pag-e 429, suppose 
que le nom du genre est essentiellement un adjecéif: 
or c'est la une maniere de voir qu'il est difficile de 
concilier avec le principe fundamental de la nomen- 
clature binaire. Du reste, quoi qu'il en puisse étre 
des principes, il semble que la question ait été défi- 
nitivement tranchée par le Congrés international de 
Zoologie, tenu á Paris en 1889. Le nom de Gryllo- 
morpha ayant été lég-itimement proposé et n'impli- 
quant aucune irrég-ularité au point de vue ling-uis- 
tique, la loide priorité (1) exig-e qu'il soit maintenu. 

1878. DE Saussure (Mélanges orthoptérologiques , fase, vi, pa- 
g"es 511 et passim), donne, sur les affinités du g-en- 
re, des renseig-nements complémentaires. 

1882. Brunner von Wattenwyl (Prodromus der europdis- 
chen Orthopteren , pag-es 443 et suivantes), remanie 
la caractéristique du g-enre et ajoute á l'espéce an- 
cienne, dans laquelle il eng-lobe l'espéce de Ram- 
bur, le GryllomorpJms alienus Br. , décrit d'aprés le 
cT seul. 

1887. Bolívar (Especies nuevas ó crilicas de Ortópteros, in 

Anal, de la Soc. esp. de Hist. nat., t. xvi, p. 113), 
fait connaítre, d'aprés le (/ seul, le GryUomorphiis 
Fragosoi Bol. , décrit provisoirement dans le journal 
«Le Naturalíste», année 1885. 

1888. Cazurro (Enumeración de los Ortópteros de España y 

Portugal, in Anal, de la Soc. esp. de Hist. nat., 
t. XVII, p. 463), décrit le of du Qryllomorplius BoH- 
vari Caz., l'une des espéces les plus remarquables 
du g-roupe. 
1888. Retowski {Beitrdge zur Orthopteren- Kunde der Krim, 



(1) Article 35 dos Rí'g-les adoptées par le Cong-res pour la nomenclature des etros 
organisés. 



(7) Pantel. — notes orthoptérülogiques. 341 

in «Bull. de la Soc. imp. des nat. de Moscou», n° 3, 
p. 414), sig-nale la découverte de la Q du Gfryllomor- 
pha Fragosoi Bol., jusque ]á inconnue et releve 
quelques caracteres qui la disting-uent du c/. 



Caracteres génériques. 

Le g-enre, comme tout groupe naturel, est basé avant tout 
sur le faciés, c. a. d. sur cette resultante á laquelle concou- 
rent á la fois toutes les parties et leurs rapports innombrables, 
sans que l'analyse, souvent, puisse definir la part qui revient 
á chacune, ni le deg-ré d'importance de ees apports indivi- 
duéis. Cet ensemble, ápeu prés indescriptible, est néanmoins 
assez saisissable á I'ceil et c'est rimpression g-énérale qui en 
resulte qui sert de critérium au systématiste, dans le choix 
des caracteres de détail qu'il utilise pour déñnir le genre. 
Qu'on y prenne g-arde ou non, on considere comme génériques 
les caracteres que l'observation montre fixes chez toutes les 
espéces qu'un méme faciés ne permet pas de séparer. En te- 
nant compte de cette remarque, on peut indiquer comme gé- 
nériques, chez les Gryllomorpha: 

La déclivité du vértex , la saillie comprimée du front, entre 
les antennes et le renflement de l'épistome (Fieber). 

La disposition en triangle des ocelles et l'écartementremar- 
quable des deux latéraux par rapport aux yeux composés 
(Saussure). 

La longueur des antennes (Saussure). 

La forme du pronotum et spécialement des lobes réfléchis 
(Saussure) et aussi la maniere dont ees parties s'appliquent 
sur les flanes. 

L'absence des élytres ou leur forme de simples écailles, 
quand ils existent et l'absence constante d'ailes (Brunner); 
les élytres sont coriaces, lobiformes, un peu plus développés 
cbez le (/, mais toujours dépourvus d'organe musical. 

L'absence de tympan aux tibias antérieurs (Fieber); Tar- 
mure apicale des tibias antérieurs et intermédiaires et la lon- 
gueur remarquable du premier article des tarses (Saussure); 
l'état gréle des pattes en general. 

L'armure des tibias postérieurs, dans presque tous ses dé- 



342 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ^8j 

tails, notamment les denticules qui g-arnissent en dessus le 
deuxiéme quart basilaire (Saussure). 

o^ La grandeur de la plaque sous-g-énitale , toujours plus 
ou moins saillante au déla de la plaque suranale. 

9 La forme triang-ulaire de la plaque supra-anale, la coii- 
formation de l'oviscapte et de la plaque sous-génitale. 

Caracteres varialles. — On peut assurément considérer com- 
me g-énérique l'existence de 4 long-ues épines sur Tune et 
l'autre carene des tibias postérieurs: pourtant il existe assez 
souvent une épine surnuméraire, reconnaissable sans doute 
á sa long-ueur un peu plus petite, mais bien distincte des den- 
ticules qui précédent: c'est le cas du Gryll. longicmida type 
de Rambur et de plusieurs autres écliantillons de ma collec- 
tion, appartenant aux GGr. dalmat'ma Ocsk. et Fragosoi'Bol. 

D'autre part, les denticules sont sujets á s'atrophier, sur- 
tout dans quelques espéces. 

De telles exceptions montrent que l'armure des pattes, á 
laquelle on attache une grande importance pour la délimita- 
tion des g-roupes , ne représente un caractére sérieux que si 
elle est considérée dans ses traits les plus g-énéraux. 



Caracteres spécifiques. 

Le g-enre ne renferme jusqu'á présent que des espéces net- 
tement trancbées. On peut considérer, pour les caractériser:' 

La forme genérale, la taille et la coloration. 

Un certain aspect g-énéral, produitá la fois par l'état super- 
ficiel du tégument et par sa vestiture: l'insecte est mat ou 
brillant, presque g-labre ou tomenteux. 

La distanee relative des ocelles latéraux entre eux et par 
rapport á l'ocelle impair. 

La longueur du dernier article des palpes maxillaires par 
rapport au précédent. ' 

La larg"eur du pronotum au bord antérieur, comparative-' 
ment á sa larg-eur au bord postérieur; la présence ou l'absen- 
ce d'un ourlet au bord postérieur (caractére de sous-g*enre). 

L'existence ou l'absence des élytres; leur forme et leur état 
superficiel, quand ils existent (caracteres de sous-genre). 

Le contour du mesonotum et les rides ou accidents de sur- 



(9) Pantel. — notes orthoptérologiques. sis 

face pouvant exister sur les seg-ments recouverts par les ély- 
tres (caracteres de sous-g-enre). 

L'armure apicale des tibias intermédiaires (caractére 'de 
sous-g"enre). 

Dans les tibias postérieurs, le caractére spécial de la serru- 
lation sur le deuxiéme quart basilaire, la grandeur relativo 
des épines de la moitié apicale comparées entre elles, la g-ran- 
deur relative de la quatriéme épine externe et du premier 
éperon qui la suit, la grandeur relative des deux premiers 
éperoDS internes. 

rf' La forme des plaques anales (caracteres de sous-genres). 

Q La forme de l'oviscapte et principalement sa longueur 
relativement á celle des cerci ou des fémurs; la plaque sous- 
^énitale peut aussi étre utilisée, quoique peu dissemblable 
dans les diverses espéces. 

Caracteres variables. Outre la taille, la coloration et quelques 
autres caracteres moins importants, comme la nature du trian- 
g-le détermiDé par les ocelles, il faut sig-naler, comme étant 
susceptibles de varier, la serrulation qui precede les longues 
•épines et en general les particularités prises de l'armure des 
tibias. Pour décider, par exemple, si la 4*^ épine externe du 
tibia est ^ que le premier éperon du méme cote, il serait im- 
prudent de s'appuyer sur une seule observation , á, moins que 
ia disproportion ne fut tres marquée. 

Le pronotum étant toujours demi-cylindrique, les limites 
laterales de sa partie dorsale ou disque sont purement idéales- 
de la une certaine dificulté pour jug-er s'il est plus ou moins 
larg-e au bord antérieur qu'au bord postérieur, diíñculté 
aug"mentée dañs certains cas par la présence de taches late- 
rales symétriques, simulant de fausses limites; indépendam- 
ment de la dilficulté d'appréciation, la largeur relative du 
pronotum á ses deux bords est quelquefois tres variable (Gry- 
llomorpha alie^ia Br.) 

La forme des plaques anales chez le c/ doit étre tenue pour 
un caractére de premier ordre, en soi tres peu variable, mais 
qu'il faut correctement apprécier. Pour ce qui concerne la 
plaque sur-anale, il ne faut pas oublier qu'elle est membra- 
neuse et souple á son bord libre et qu'elle concourt directe- 
ment á l'occlusion de l'anus. De la resulte que le milieu du 
bord postérieur peut étre plus ou moins ramené, d'arriére en 



341 ANALES DE HISTORIA NATUKAL. (10) 

avant et comme invag-iné par les contractions du sphincter 
anal et, par suite, le contour de la plaque plus ou moins alte- 
ré. Ce qul ne varié pas d'une facón appréciable, ce sont les 
bords latéraux et les prolong-ements des ang-les postérieurs, 
quand 11 en existe. La plaque sous-génitale, d'une autre part, 
est comprimée ou non, fermée ou béante. Mais dans le cas oíi 
cette piéce est notablement déveioppée et saillante au delá de 
la plaque sur-anale, ees apparences sont surtout liées á l'état 
de vacuité ou de réplétiou. Autre est l'aspect de cette sorte de 
peche quand elle est distendue par de voluraineux spermato- 
phores, que l'animal porte durant plusieurs jours, autre quand 
elle est á peu prés affaissée sur elle-méme, dans sa partie- 
apicale. 
L'oviscapte est assez variable en long-ueur {(jtT. aliena). 



Distribution des espéces en groupes secondaires ou sous-genres. 

Les Gryllomorpha actuellernent connus se partag-ent en 
trois g-roupes nettement défiuis, que Ton peut considérer^ 
dans un catalog"ue ou dans une collection, comme de simples 
sous-g-enres. Qaelques orthoptéristes penseront peut-étre qu'ils 
reposent sur des caracteres d'ordre g-énérique et je dois avouer 
que j'aurais peu d'objections á élever contre cette maniere de 
voir. 

Le premier g-roupe, pour lequel je propose le nom de Peta- 
loptíla, par allusion á la forme des élytres (1), est formé des 
espéces dont les (¿"cf sont pourvus d'élytres squamiformes, 
plats, horizontaux, á contour ovalaire. II est representé ac- 
tuellernent par les GGr. aliena Br. et Bolivari Caz. 

Ces espéces présentent, comme caracteres corrélatifs du pré- 
cédent, deux particularités assez singuliéres, dont Tune est 
peut-étre sans exemple chez les Gryllides, l'autre étant au 
moins tres rare: c'est, d'une part, la tendance des seg-ments 
dorsaux recouverts par les élytres á se charger d'élévations 
rég-uliéres et de l'autre, le contour, distinctement arrondi et 
presque semi-orbiculaire, du bord postérieur du mesonotum. 



(1) UÍTaXoj , lame allonfíée; nriAh, aile. 



(11) Pantel. — notes orthoptérologiques. 345 

Quelques autres caracteres sont communs aux deux espé- 
ces: la plaque sous-g-énitale des c/'c/ est peu saillante, compa- 
rativement, peu ou pas comprimée, entiére ou á peine excisée 
mais non fendue et béante en dessus; les tibias intermédiai- 
res sont armes de quatre éperons et la 4*= épine externe, dans 
les tibias postérieurs, est plus long-ue que le premier éperon 
du méme cote. 

Le type general de l'élytre chez le q^, est une lame qua- 
drang-ulaire, plañe et horizontale, insérée au bord du meso- 
notum par son ang-le antéro-externe. Le bord extérieur est á 
peu prés droit, tandis que le bord intérieur (sutural) est fle- 
xueux, en méme temps que Tang-le antéro-interne est large- 
meut arrondi; il resulte de cette double circonstance que les 
deux élytres ne se touchent pas ou ne se juxtaposent que tan- 
gentiellement, laissant á découvert, en arriére du pronotum, 
un espace triangulaire qui simule un larg-e écusson. A l'ex- 
trémité apicale, l'angle externe est arrondi; Tang-Ie interne, 
droit ou méme aig-u, est simplement émoussé. L'élytre est 
situé tout entier sur le dos, mais il oíTre, au bord extérieur, 
une bande minee défléchie, rappelant les épipleures des co- 
léoptéres; cette bande est séparée da disque par une nerveure 
saillante qui représente, vraisemblablement, la nervure ra- 
díale. La surface du disque est finement grenue et tomenteu- 
se, comme l'ensemble du tég-ument. L'org-ane tout entier est 
coriace et sans aucun Índice de tambour. A l'ang-le apical in- 
terne et le long du bord, sur une étendue plus ou mcins con- 
siderable, il s'épaissit, devient glabre, luisant, roux ou noirá- 
tre et sa surface est rendue rápense par des fossettes irrégu- 
liéres. 

Le caractére si singulier des rides dorsales mérite assuré- 
ment d'étre décrit; il le sera á propos du Qr. aliena Br., chez 
lequel ees sortes d'accidents atteignent leur plus haut degré 
de développement. 

Un deuxiéme groupe, qu'il convient d'appeler, par opposi- 
tion au précédent, Discopiila (1), est constitué par des espéces 
dont les c/c/ sont pourvus d'élytres tres petits, orbiculaires, 
arrondis et bombes en forme de cuilleron. II comprend les 
GrGr. Fragosoi Bol. et Krilperi m. 

(1) AiffXJS, disque; TrriAjy, aile. 



346 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (1"2) 

La ressemblance, entre ees deux espéces, se poursuit dans 
un grand nombre de caracteres: la coloration est uniforme, 
bien que différente dans les deux; la tete et le pronotum sont 
iuisants; le processus frontal est plus étroit que le premier 
article des antennes; sur les tibias intermédiaires, l'éperon 
supérieur externe fait défaut(l); les tibias posférieurs sont un 
peu comprimes; les denticules qui précédent les épines sont 
petits et rares jusqu'á disparaitre presque complétement; le 
premier article du tarse postérieur est tres comprimé, surtout 
á la base et charg-é en dessus de denticules que des soies mas- 
quent un peu; chez le c/, la plaque sous-génitale est tres peu 
comprimée, entiére et ouverte en dessus. 

Le troisiéme g-roupe enfin, celui des G-ryllomor'plia sens. str., 
est formé d'espéces aptéres , les QG-r. iiclensis m. , dalmaiina 
Ocsk. ti longicauda Ramb., ayant méme aspect, méme colo- 
ration consistant dans un fond g-ris blancbátre sur lequel se 
détacbent des mouchetures plus ou moins sombres, méme 
duvet court et mémes soies noires éparses. Le processus inter- 
antennaire est aussi larg-e que le premier article des anten- 
nes; le pronotum n'est pas rebordé postérieurement, comme il 
l'étaitdans les deux groupes précédents; l'armure des pattes, 
moins forte que dans le premier groupe, Test plus que dans le 
second; le bord postérieur du 9*^ seg-ment dorsal est arrondi 
ou méme anguleux au milieu, du moins chez le c/" ; la plaque 
sous-g-énitale o^est bilobée; la plaque supra-anale of est aussi 
d'un type particulier; on y disting-ue deux plans successifs se- 
pares par une dépression transversale abrupte et les bords la- 
téraux sont renflés ou prolong-és. 

Aífinités naturelles. 

Le g-enre Grijllomorpha , établi sur une espéce que les au- 
teurs avaient décrite communément parmi les vrais Gryllus, 
paraissait avoir sa place comme naturelle dans la tribu des 
Gryllii et c'est á ce g-roupe qu'il a été réuni tout d'abord 
par M. H. de Saussure, dans le v fascicule de ses Mélanges 



(1) Le sens du mot cj;/er«(; est défini par la condition que la patte intermédiaire 
soit dirigée en arriére. 



(13) Pantel. — notes orthoptérologiques. 347' 

orthoptérologiques. L'auteur, cependant, revient plus tard sur 
cette maniere de voir et propose , daiis le vi*^ fascicule , de le 
placer parmi les Phalaiigopsites , dans la tribu des (Ecantlíii. 
Plus récemment eucore, M. Brunner von AVattenwyl, dans 
son Prodromus der euro_pdischen Orthopteren , reporte les Gryl- 
lomorpha parmi les Gryllii, sans qu'on en puisse conclure, 
cependant, que la question de leurs aífínités est pleinement 
élucidée; ce serait mé^onnaítre le caractére particulier du 
Prodromus, ouvrage classique, dans lequel une haute criti- 
que a rég-lé Tadmission des grandes divisions, mais ouvrag-e 
limité á la faune européenne, dans lequel, par consé^uent, 
ees divisions devaient étre réduites le plus possible. 

Rappeler de tels faits, c'est diré assez clairement qu'il est 
malaisé d'assig-ner la place du g-enre Gryllomorpha, dans le 
cadre des tribus g-énéralement adoptées. Des caracteres sé- 
rieux semblent les séparer des Gryllii. La serrulation du 2= 
quart basilaire des tibias postérieurs et la forme arrondie qui 
Faccompag-ne á titre de caractére connexe, seraient des ex- 
ceptions, dans cette tribu. Le faciés tout particulier que les 
Gryllomoiyha doivent en partie á leurs pattes allongées, á 
leurs tibias gréles, non arques, témoigne d'un g-enre de vie 
qui n'est point celui des autres Gryllii. Ces insectes en eíTet 
ne terrentpas, mais se cachent simplement sous les pierres 
(Gr. udensisj, ou dans les trous des vieux murs (GGr. dalma-- 
tina, aliena, FragosoiJ, ou sous les feuilles mortes (Gr. aliena). 
Ajoutons un caractére qui parait corrélatif des précédents: les 
lobes défléchis du pronotum, au lieu d'étre exactement appli- 
qués centre les flanes, se moulent láchement sur la hanclie 
antérieure et se tiennent á une certaine distance, pour lais- 
ser une plus grande aisance au jen de cette piéce (1). Cette 
disposition permet á la patte antérieure de s'étendre norma- 
lement á l'axe du corps, ce qui contribue á donner á l'insecte 
quelque chose du faciés des Locustides. C'est encoré la un Ín- 
dice d'un type creé avec d'autres instincts que ceux des Gryl- 



(1) Au premier abord on serait tenté de ne voir lá qu'une conséquence du manque 
d'élytres; il semble en effet que l'insertion de l'élytre , par cela méme qu'elle deter- 
mine une petite élévation du proaotum , aux épaules , appelle un affaissement plus 
complet de la partie tombante; mais l'observation montre qu'á cet égard les Oryllii 
complétement aptéres, tels que le Gryllodes fiircatus , les CopJíogrylliis... ne différenf 
pas sensiblement des espéces ailées. 



318 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (14> 

lii. A ceux-ci il fallait, comrae le remarque tres bien M. de 
Saussure, des appendices susceptibles de s'appliquer contre 
le corps pour en faire disparaitre les saillies et permettre la 
progression dans les étroits tunnels qui conduisent á leurs 
retraites. II serait facile de sig-naler encoré quelques notes 
de détail, empruntées surtout á l'armure des tibias posté- 
rieurs: celleci, par exemple, que chez les Gryllomor'pha l'épe- 
ron supérieur externe est toujours le plus petit des six, tandis 
que chez les (xryllii il est g-énéralament plus g-rand que les 
deux inférieurs. 

Les caracteres qui viennent d'étre mentionnés sont aussi 
ceux des Phalangopsites et notamment du g-enre Laranda 
Walk (1). Le rapprochement proposé par M. de Saussure se- 
rait done, de ce cote, parfaitement correct. Mais il faut recon- 
naítre que la différence est g-rande entre ees types et celui 
d'un (Ecanthns. M. de Saussure avoue du reste que la tribu 
des (Ecanthii, telle qu'il a cru devoir la délimiter, renferme 
des éléments hétérogénes, d'affinités tres equivoques. On ob- 
tiendrait des coupes plus naturelles et fondees sur des carac- 
teres d'importance equivalente, en élevant le groupe des Pha- 
langopsites au rang- de tribu, surtout s'il devenait possible, 
dans une nouvelle étude d'ensemble, d'en éliminer quelques 
g-eiires, chez lesquels les fémurs postérieurs et les lobes réflé- 
chis du pronotum sont conformes comme chez les (Ecanthii 
vrais. 

Distribution géographique des espéces. 

Élimination faite du Zaora morMUosa^ diWLQv, le g-enre Cfryl- 
lomorpha parait propre á l'Europe méridionale et á la rég-ion 
méditerranéenne. Son aire d'habitat est principalement com- 



(1) Le fait n'est pas douteux si Ton s'en rapporte á la diaynose tlu g-enre Laranda, 
p. 510 des Míílaiiges. II y aurait au contraire des restrictions importantes á faire, si 
l'on prenait pour base d'une comparaison avec les Gi-yllomorpha, le Laranda ammlata 
Bolívar, dont un exemplaire c/" ^ été mis g-racieusement íima disposition parl'auteur 
de l'espéce. Le faciésdece Gryllideest bien celui du Gryllomorpha Fragosoi Bol., dont 
il a notamment les élytres en forme d'écailles orbiculaires; mais les paites postérieu- 
res sont d'un autre type; outre que le tibia est notablement plus lonfí que le fémur, 
l'éperon supérieur externe est plus g-rand que l'inférieur; deux caracteres importants 
opposésá ceux des GnjUomorpha, (lui paraissent, du méme coup, justifier l'établisse- 
ment d'un g-enre nou\eau, pour l'espéce de M. Bolívar. 



(15) Pantel.— NOTES orthoptérologiques. 349 

prise entre le 35« paralléle au Sud et le 45" au Nord. La partie 
occidentale de cette zone, représentée par la péninsule ibéri- 
que, est si exceptionnellement favorisée, pour le nombre des 
espéces, qu'on pourrait la regarder comme la véritable patrie 
du g-enre. Sur les sept espéces connues, six vivent en Espag-ne: 
GGr. aliena Br. , Bolivari Caz., Fragosoi Bol., uclensis Pant., 
dalmatina Ocsk., longicanda Ramb.; trois ne sont connues que 
de cette región: GGr. aliena Br., Bolivari Caz., uclensis Pant.; 
enfin, l'Espagne est le seul pays qui posséde, á la fois, les 
trois sous-genres distingues plus haut. 

La faune de la Gréce revendique le second rang et posséde 
trois espéces: GGr. Fragosoi Bol., Kriiperi Pant., dalmatina 
Ocsk., dont une propre, le Gr. Krüperi. 

La limite oriéntale de la zone est occupée, au nord , par le 
Gr. Fragosoi que Fon a signalé en Crimée et au midi, par 
deux espéces du Liban. J'ai recu de cette derniére localité, 
par rintermédiaire du R. P. Torrend, missionnaire, deux $Q, 
dont Tune pourrait se rapporter au Gr. dalmatina et l'autre 
au Gr. Krüperi; de nouveaux matériaux sont nécessaires pour 
une détermination complete. 

II est indubitable que de nouvelles explorations sont appe- 
lées á reculer, dans les divers sens, les limites de cette zone 
d'habitat, mais sans lui enlever totalement, suivant toutes les 
probabilités, son caractére meridional. 

Descriptious (1). 

Gen. Gryllomorpha Fieb. 

Corpwí cylindriciim , modice depressnni. Iremter tomentosv.m 
et setis Mrsutidum ; setis circa ocellnm médium covfertis et i% 
'pronoto fíinh'ias marginales formantihns. Capul ver iicale, ireve; 
frons, antennas ínter, compresso-producta ; ch/peus tumescens.. 
Ante7in(P elongata, filiformes; articulus hasalis processu inter- 



(l) II m'a paru plus avantageux, principalement dans une monographie , de ne 
point séparer la diag-nose de la description in extenso (\\i\ peut étre faite en lang-ue 
vulgaire. On se condamne ainsi aune description latine bien plus détaillée que la 
phrase linnéenne, toute faite d'ablatifs absolus, dont elle tire son origine, mais on 
evite un double emploi évident. On ne peut que féliciter M. Brunner d'avoir rédigé 
son Prodromiis tout-á-fait dans le sens de cette amélioration. 



350 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (16) 

anienoiali medio sulmque latus vel latior. Ociilí verticaliter mo- 
dice elongaii, injra aliqíianluhim attennati. Palpi maxillares 
elongati; horum articulus terminalis compressiíisculus , apicem 
versus dilatahiset, insiccis, obUquissime trimcatus. Pronotnm 
hemicylindricum, supra nonniJiil dep)lanaium, transversum, an- 
tice posticeque truncatum vel ¡ate rotundato-emarginaium: lobi 
deflexi antice altiores quam pos tice , cor por i par um adpressi, án- 
gulo postico obtusissimo, late rotnndato, lobido exlra-limbali au- 
gusto. Elytra squamiformia et coriácea, vel nulla; alce nullcB. 
Pedes elongati; femoribus, saltem fosticis , tibiis longioribus. 
Tibim anticm tympano destitutm, ápice, infra, calcaribus binis 
mediocribus armatm. Tibice intermedice 4 vel S-calcaratm, calcare 
externo supero reliquis multo minore [in Gr. Bolivari, subcequali). 
Tarsi utriusque parís notabiliter elongati; articulus primus re- 
Uquis duobus simul sumptis multo longior, superne rotundalus, 
pagina infera elévala, Unearis, utrinque setis fortioribus ciliata. 
Tibim poslic(B, basi, quadrante primo , teretes, muticce; quadrante 
altero supra deplanatm et utrinque serrulatm, subinde in utroque 
margine spinis quatmr elongatis, arliculato-insertis , versus api- 
cem introrsum curvatis, necnon calcaribus sex consuetis, armatís. 
Spinarum series externa tota aliquantulum retro sistens, quo fit 
ut spina api calis magis diste t a calcare subsequentí, in hac serie, 
quam in serie opposita; spinm T et o" in eadem serie externa diS' 
tincte longiores quam r et 4^ fexceptionem prabet Gr. Bolivari); 
spina basalis seriei intern(B reliquis brevior (exc. Gr. Bolivari), 
ha Ínter se suba que longce. Calcaría interna i""" díS""" longissima, 
subaqualia; calcar externum P"" omnium brevissimum; calcar 
externum S"" i" et S° longius, brevius tamen calcaribus 1° et 2" 
seriei interna. Tarsorum posticorum articulus i"' reliquis simul 
sumptis multo longicr, compressus , stipra haud vel vix canalicu' 
latus , utrinque serriilatus, ápice spinis robustissimis armaius, 
infra setis spinescentibus liispidus. Cerci longissimi, pilis erec- 
iis hirsuti (1). 

(1) La vestiture complete comprend trois sortes de poils, pl. III, fig. 6, B. Ala 
base et seulement au cóté interne, les longs poils dressés sont i'emplacés par des poils 
courts, renflés en massue. Ce caractére n'est point d'ordre géuérique et s'observe 
communément cliez les Oryllides. II a été signalé par Yersin, «Bull. n°43 de la Soc. 
vaudoise des Se. nnt » , k propos du Gryllus canuKStrís. Ces sing:uliers accessoires 
sont, vraiscmblablement , des organes spéciaux de sensibilité tactile et peut étre 
offriraient-ils, h cause de leur grosseur, un sujet particuliérement approprié ;\ Tétu- 
de des connexions du systenrie nerveux avec les poils chitineux. 



(17) Pantel. — notes orthoptérologiques. 35í 

d" Elytra, quum adsunt, órgano mitsicah destitiUa. Lamina 
supraanalis varia. Lamina siilgenitalis amina, cymdiformis. 

Q Lamina supraanalis iriangularis , declivis. Ovipositor 
elongatns , gracilis, rectus vel modice dccurmis; parte terminali 
liaud dilátala, a2)ice laterilusque acutis, dasi, a latere visa, si- 
nuata. Lamina sulgenitalis transversa vel sultransversa, jgostice 
oltiisaiim excisa. 

Grgllomorpha Fieber, 1853; Bolívar, 1876; Finot, 1890. 

CrryllomorpJms Saussure , 1877; Brunner, 1882; Auctores- 
poster. communiter. 

Acheta Oc^'k^y , 1833; Herrich-Schaffer, 1838; Rambur, 1839. 
Gryllus HerrichScháffer, 1835; Fischer Fr., 1853; Costa, 1875. 

Pratiquement, un Gryllomorpha se reconnaítra tout de suite 
á son faciés caractéristique , á Texistence du processus fron- 
tal, au renflement de l'épistome, á Tabsence de tympan aux 
tibias antérieurs et á la présence de denticules sur le 2'^ }i ba- 
silaire des tibias postérieurs. 



Conspectus speciemm. 
1° Mares. 

Elytra deplanata, elongatula; pronotum etiam postice lim- 
iatum; dorsum lasi dislincte vel ohsolete riigatum; 
tiM(B intermedia ^-calcaratm; segmentiim dorsale 
9"'" postice truncatiim; lamina sulgenitalis nec físsa 
nec compressa (Subg-. Petaloptila) 2. 

Elytra convexo-cochleata ; pronotum etiam postice límdatum; 
dorsum Msi haiid accidentatum ; tiUcp intermedien 
S-calcaratm ; segmentum dorsale 9"" postice trunca- 
tum; lamina sulgenitalis nec fissa nec compressa. 

(Subg-. Discoptila) 3. 

Elytra milla ; pronotum postice Jiaud limlatum; dorsum dasi 
haud accidentatum; tilice intermedia 4-calcarat(B; 
segmentum dorsale O"" postice arcuatum ; lamina 
sudgenitalis ápice medio fissa, compressa. 

(Gryllomorpha sens str.) 4. 



352 ANALES DE HISTORIA MATURAL. (13) 

Minor, castaneus; elyira snlrectangiúaria ; onetanotum (in 

siccis prcesertim) cucuUaiim unirugatum; tiM(e pos- 

HcíB spina seriei inUrna 1^ reliquis brevior. 

21 1. Gr. aliena Br. 

I MajoT, ochraceiís; elytra ovalaría; metanptum hand acciden- 

tatum ; tilim ^osticm spinis iniernis aquaJihis. 

\ 2. Gr. Bolivari Caz. 

' Tesiaceus; elytra orMcularia , postice O'oiundata, medio im- 
pressa; tilicB posticm spina seriei externa 4^ calcare 
suhseqnenti no^mihil irevior; lamina snpra-analis 
multo latior qiiam longior. 3, Gr, Fragosoi Bol. 

' Piceus; elytra postice truncato-rotimdata, tota convexa; tilia 
postica spina seriei externa 4' calcare suhseqnenti 
longior; lamina siipra- analis minns transversa. 

4. Gr. Kruperi sp. n. 

/ Pusillus; tilia postica spina seriei externa 4" calcare siilse- 
qnenti Irevior; lamma sulgenitalis liaud nel pa- 
rum laminam supra-analem siiperans; hac in cor- 
nil dúplex notaliliter producía. 

5. G. uclensis sp. n. 

Magnus; tilia postica spina seriei exlerna 4^ calcare subse- 

quenti longior; lamina subgenitalis longe ultra 

laminam supra-analem producía 5. 

Luridns , obsciiro-maculatus ; lamina supraanalis ápice late 
angulatim excisa, angulis posticis inftalis , haud 

productis 6. Gr. dalmatina Ocsk. 

5<J Castaneus, Inrido-maculaius ; lamina snpra-analis margine 
postico trúncala, angulis posticis haud tel vix in- 
flatis sed in lobos acuminatos productis. 

7. Gr. longicauda Ramb. 



,1 



2° Feminse. 

Elytra adsunt, elsi miniona, exerla vel tota alscondita ; ^^ro- 

notum postice distincte limbaíum 2. 

) Elyira desuní; p)ronotum ¡losiice haud vel obsolete limbatum. 
\ (Gryllomorpha s. str.) 5. 



3 



'(í9) Pantel. — notes ohthoptérologiques. 353 

Corpus pallide ochraceum vel variegatum ; üMm inlermedim 

Á 4-calcarat(E (Subg-. Petaloptila) 3. 

j Corpus uniformíier testaceum vel piceiim ; üIjíce inUrmedice 
^ o-calcaratce (Subg-. Discoptila) 4. 

/ Corpus horido-griseíim , castaneo-variegatitm; statura medio- 
1 cris; ÜMm postiC(B spina seriei interncB r reliquis 

hrevior 1. Gr. aliena Br. 

Corpus ochraceum; statura magna; iibim posticm spina seriei 
[ iníernm r reliquis haud hrevior. 

\ 2. Gr. Bolivari Caz. 

/ Corpus testaceum; tilia p)Ostica spina seriei externm 4' calcare 

\ suhsequenti hrevior 3. Gr. Fragosoi Bol. 

i Corpus piceum? tihite posticce spina seriei externa 4" calcare 
\ suhsequenti longior? 4. Gr. Kruperi sp. n. (1). 

/ Statura pusilla ; tihite posticce spina seriei externa 4' calcare 

^ sequenti hrevior 5. Gr. uclensis sp. n. 

■ Statura magna; tibia pos tica spina seriei externa 4' calcare 



¡ 



sequenti longior 6 . 

/ Pictura corpoj'is pallidior ; ovipositor cercis snhaqiie longus. 

\ 6. Gr. dalmatina Ocsk. 

6 ' 
j PicturCL corporis vividior; ovipositor cercos valde superans. 

\ 7. Gr. longicauda Ramb. 

1. Gr. aliena Br. (pl. iii, fig-. I, A,B, C, D). 

Hahilus fere, color staturaque Nemobii sylvestris. Corpus 
depressiusculum , lurido-griseum, castaneo-macuJosum ; tomento 
hrevi albescenti, setis fuscis. Caput nitidiusculum , supra casta- 
neum. Ocelli in trigonum rectangulum vel ohtusangulum dispo- 
siti; ocelli laterales ah ocello medio mtdto magis qiiam ah oculo 
distantes. Processus frontalis, medio, articulo i" antettnarum 
latitudine aqualis. Articulus terminalis 2^cilporum m'ixillarium 
articulo picnultinio haud sesquilongior. Pronotum anlice p)oslice- 
que truncatum et suhaque latum vel antice distincte lalius, mar- 
gine utroque limhato; lohi dejlexi ángulo antico fere oecto, parle 
postica macula humerali sat constanti dislincta. Tihue inttrme- 

(1) La 2 de cette espéce étant inconnue, le cadre ne peut étre comp'.t'té qu'eu luí 
supposatit des caracteres analogues á ceux du méme sexe, dans Fespéce voisine. Cette 
hypothése paraít assez bien justiflée par l'étroite ressemblance des zf(^^ mais ne 
peut étre acceptée, cependant, qu'avec reserve. 

ANALES DK HIST. NAT. — XIX. 23 



351 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (20> 

di(p 4-calcarat(E (1). TiUm posticce supra, parte serrwlala, depla- 
nata , ohsolete canaliculata ; spince alternantes; spina seriei ex- 
ternóB 4' calcare sequenti lonrjior. Articuhis P tarsoriim postico- 
rum reliqnis duolus fere 9-pIo longior, pagina supera deplanata^ 
a hasi ad apicem sensini ampUatt, denticulis marginaWbus ex- 
pressis. Cerci regulariter pallidi. 

(/ Corpus, exceptis pronoto cum appendicibus , fere totum cas- 
taneum, supra rufescens. Mesonoíi pars exerta toPí dor salís, se- 
mi-oriicularis. Elytr.z subrectangularia, corpori concolora, to- 
onentosula, plana, dorsalia, marginem posticnm segmenti 2' fere 
altingenlia , ápice trúncala, ángulo ajñcali externo rotundato, 
margine suturali flexuoso , circa apicem simiato: discus plamis, 
prceter venam juxta-marginalem verás 2 rectis perdnctns ; regio 
suturalis versus apicem glabra , nítida, rufescens vel nigrescens, 
incrassata, fossulato -rugosa. Metanotum ruga marginaU magna 
arcuata, segmento i° incumbente, accidentatum. Segmentum i" 
plica marginan tumescenti 2-plo bremori, recta; segmentum 'i'^ 
elevatione basalivix exerta, medio angulosa etbarbata, necnon 
tubérculo juxta-marginali notaMliter elévalo, postice excávalo, 
pr (edita. Lamina supra-analis transversa, plana, marginibus 
lateralibus versus apicem convergentibus , p)one médium, bis sed 
parum profunde, abrupte sinuatis, quomodo iuberculum effor- 
mint; pars postica villosa,p)ro gradu contractionis analis, formen 
variabilis, sed regulariter trúncala. Lamina subgenitalis saccaía^ 
nec f^sa nec compressa, medio nonnihil excisa el introrsum píl- 
cala, supra hians, ultra laminam supra-analem producía. 

Q Pallidior, totí mirmorata , maculis dorsalibus sat regula- 
riter 3-seriatis. Mesonotum postice mimes rotundatum. El yira 
mínima, cvata, vix ad insertionem mesoplmrarum apjmrentia 
vel tota abscondita. Lamina supra-analis triangvlaris , breviSy 
lateríbus ante médium abrupte sed parum profunde sinuatis, 
Oviposítor cercis longior, decurvus. Lamina subgenitalis parva y 
ápice late angulatim excisa. 

Long-it corporis c/ 9-10 -U"" 9 11 -15""" 

— pronoti 2 - 2,5 2,2- 3 

— elytr 2,5- 3 

— fem. post 7-7,5-10 8-9 

— oviposit 7 -10 



(l) Calcar cxtenmm superum cwteris %-plo l/rcviits. 



(21) Pantel.— NOTES orthoptérologiques. 355 

Gryllomorphus alienus Brunner, «Prodr.», p. 444. 

— — Cazurro, «Enumeración de los Ortópte- 

ros de España y Portugal», pag-es 30 et 72. 

Habitat. L'Espag-ne céntrale et septentrionale : Valence 
(Boscá, type de Brunner); Manrése, Monserrat (Capelle, c. m.); 
Salto del Júcar, en amont de Villalba, prov. de Cuenca (c. m.); 
sous les feuilles tombées et dans lamousse des terrains humi- 
des (Capelle), ou sous les pierres irreg-uliérement entassées 
des alluvions recentes. 

La description precedente a été fnite d'aprés un assez grand 
nombre d^exemplaires, dont quelqtues-uns desséchés aprés la 
capture, d'autres mis dans l'alcool ou g-ardés vivants. L'on y 
remarquera l'une ou l'autre divergence, par rapport á la des- 
cription origínale du (f, qui pourraient faire douter de l'iden- 
tité des formes visees, si cette identité n'avait été reconnue 
par M. Brunner lui-méme. Dans le Prodromus , les élévations 
dorsales sont signalées simplement par ees mots: «segmento 
jprimo medio rufo Mliiherculatoyy. Une telle indication se rap- 
porte sans doute au tubercule unique, évidé en arriére, qui 
occupe en réalité le bord du deuxiéme segment, mais qui 
semble situé au milieu, quand Fabdomen est retracté par la 
dessiccation. Le véritable rang de ce segment, comme les 
accidents de ceux qui précédent, n'auraient pu étre décou- 
verts qu'en soulevant les élytres, c. a. d. en sacrifiant le 
précieux insecte , resté unique jusqu'aux recberches du 
P. Capelle. 

D'aprés la méme description, les segments dorsaux de l'ab- 
domen seraient bordes de blanc: je n'ai pu observer ce carac- 
tére sur aucun de mes spécimens. 

Dans son intéressant travail, M. Cazurro établit une com- 
paraison assez détaillée entre son Gri/UomorpJms Bolivari et 
l'espéce qui nous occupe, mais en prenant pour base la des- 
cription du Prodromus. 

Le caractére le plus singulier du G-ryllomorpha aliena reside 
dans les saillies dorsales dont il vient d'étre parlé et dans les 
dispositions corrélatives des élytres. Le metanotum porte une 
serte de bourrelet, arqué en avant, dont on se ferait une idee 
exacte en imaginant un renflement transversal, elevé entre 
le 1'^'' et le 4" quart de la largeur du dos, qui aurait été rabattu 



356 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (22) 

en arriére et déborderait sur le premier segment abdominal. 
Sur celui-ci est un renflement de méme type, mais moins 
étendu de part et d'autre et non rabattu; il est un peu sur- 
baissé vers le milieu en forme d'anse de panier et creux en 
arriére; sur l'insecte vivant on voit, en outre, un tubercule 
basal, prolongué en carenes, en arriére et sur les cotes. Le deu- 
xiéme seg-ment est subitement deprime prés de son insertion: 
la partie élevée, ordinairement cachee aprés la mort et ne de- 
venant visible que par une légére traction longitudinale, est 
anguleuse au milieu, creusée en dessus de tres petits sillons 
visibles á une forte loupe et garnie, sur la pointe médiane, 
d'une double brosse de poijs serrés et longs; en arriére, prés 
du bord libre, s'éléve un g-ros tubercule lisse, un peu étrang-lé 
en forme de champig-non , lég-érement rejeté en avant et 
creusé , en arriére , d'une large fovéole. Sur le troisiéme 
seg-ment on n'observe qu'une lig-ne élevée, peu distincte. 
Les figures i¡B, ijC, ont été dessinées dans le but de ren- 
dre saississables ees curieuses particularités. La región ac- 
cidentée , depuis le pronotum , est glabre et de couleur 
rousse. 

Les élytres, d'autre part, son épaissis et rugueux, le long 
du bord sutural, précisement dans les parties qui reposent 
sur les saillies dorsales. Cette circonstance, jointe á l'absence 
de tambour, améne naturellement á rechercher si ees élytres, 
d'un type si nouveau, ne seraient point destines a produire 
une stridulation, en frottant contre les rides sous-jacentes (1). 
Dans le but d'éclaircir cette question, quelques exemplaires 
ont été desarticules et examines á un bon grossissement, mais 
je n'ai'su découvrir nulle part rien d'analogue aux fines stries 
ou aux fines granulations qui caractérisent les surfaces stri- 
dulantes, chez les Coléoptéres par exemple. L'observation de 
l'insecte vivant mais captif, n'a fourni , d'ailleurs, aucune 
donnée nouvelle. Néanmoins je demeure convaincu que des 
observations plus patientes et mieux dirigées révéleraient 
la destination de ees dispositions insolites. Je ne saurais étre 



(1) Une poux-rait Stre question que d'une stridulalion laible, procUiite par le 
nirnie mécanisme que celle de certains Coléoptores : Cemmhjx , Geolrupes , N-ecro- 
p/iori!x, p. ex. 



(23) Pantel.— NOTES orthoptérologiques. 357 

de ceux qui admettent , dans les oeuvres de rinfiniment 

Sag-e, ce que Ton a appelé Vhyperiélie, ou les productions 
inútiles. 



Ces notes étaient rédig"ées depuis des mois, hormis qnelques 
remarques intercalaires, quand une heureuse circonstance m'a 
permis d'observer sur le vif le Gryllomorpha aliena. Je me re- 
serve de diré un peu plus tard comment je dois á l'exquise 
amabilité de M. José Orteg-a, avocat au barrean de Cuenca, 
d'avoir pu commencer Texploration orthoptérolog-ique d'une 
tres intéressante rég-ion de la Sierra , a quelques lieues seule- 
ment de la capitale de notre province. Je me borne présente- 
ment á quelques observatiqns sur l'espéce qui nous occupe. 

Cette espéce a été capturée dans la premiére quinzaine 
d'aoüt, sur la rive g-auche du Júcar, non loin du village de 
Villalba, á quelque 50 métres en amont de la cascade qui porte 
le nom de Salto. Elle vit sur la berg-e méme de la riviére, sous 
les pierres entassées péle-méle avec des débris dessécbés de 
matiéres vég-étales, c. á. d. équivalemment dans les vieux murs 
et dans les décombres, comme ses cong-éneres. Les individus 
étaient assez nombreux, presque tous á l'état de nymphe et 
quelqués-uns á l'état de jeunes larves. Un certain nombre de 
ces nymphes ont été transportées vivantes á Uclés et mises 
dans un large cristallisoir oíi elles vivent de fruits et de pain 
et arrivent rég-uliérement á l'état d'insecte parfait. 

Le cf a l'état de nymphe a la livrée pále de la 9 adulte. La 
plaque suranale est triang'ulaire et tres semblable aussi a celle 
de la 9- Les fourreaux des élytres sont ovalaires, prolongas 
jusqu'au bord du premier seg-ment de l'abdomen, pales, avec 
une tache discoidale obscuro; bien que l'animal doive toujours 
étre privé d'ailes, on reconnait, á l'examen des bords latéraux, 
qu'ils sont renversés, comme chez les espéces pourvues d'or- 
g-anes du vol complets et bien développés. Toutefois, cette in- 
versión et par suite Tétat larvaire du sujet, ne peut g"uére se 
reconnaitre au premier aspect. Sur les seg-ments dorsaux on 
n'observe aticun índice des saillies qui doivent apparaitre a la 
derniére miie. 

La 9 á rétat de nymphe ne différe de l'adulte que par son 
oviscapte court, g"ros, brusquement acuminé, finement tomen- 



358 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (24) 

teux. Cette piéce acquiert une long-ueur double, á la derniére 
mué. C'est, du reste, le seul org-ane extérieur qui subisse alors 
une modification un peu notable. Oq peut suivre á l'oeil, sur 
un individu qui vient de se dég-ag-er de son enveloppe, le tra- 
vail exceptionnellement actif qui se fait dans ees valves chi- 
tineuses, destinées á présenter, tout-á-l'heure la consistance 
et l'inertie de la corne; en ce moment elles obéissent k Faction 
musculaire et on voit tout Torg-ane s'infléchir á droite et á 
gauche, á diverses reprises, pour étirer ses diverses parties 
et atteindre sa long-ueur nórmale. Les moig-nons des élytres 
existent dans la nymphe, mais ils sont tres petils. 

Chez le q-" adulte, les élytres sont tantot ecartes l'un de l'au- 
tre, tantot en contact par leur bord intérieur; ils n'arrivent 
guére qu'au milieu du deuxiéme ^seg-ment. Le bourrelet du 
metanotum est moins accusé qu'aprés la mort; les autres sont 
tres marqués et la paríie libre de chaqué seg-ment étant plus 
grande, on disting-ue tres bien les détails décrits. 

Les individus des bords du Júcar diíTérent de ceux du Nord 
de l'Espag-ne par leur taille plus grande, leur pronotum dis- 
tinctement plus étroit en arriére et l'oviscapte de la 9, pro- 
portionnellement plus long*. 

2. Gr. Bolivari Caz. (pl. in, fig-. 2). 

cf Cylindrico-Jusiformis, ochraceus, alho-tomentosiis et nigro- 
setulosus. Caput pa7'vum, pronoto angustius. Processus frontalis 
articulo basali antennarum multo angiistior. Ocelli magni, ex- 
pressi, in (pquilattis fere disposiii: ocelIi laterales al oculo et ah 
ocello medio subcpqiie distantes. Artículos terminalis palpi ma- 
xillaris articulo prcecedenti sesquilovgior, truncatitra ad médium 
hawd perducta. Pronotum antice magis, postice minus constric- 
tum, marginilus limMtis; discus partim glalro-nitidus; lobi de- 
flexi medio convexi, corpori pariim adpressi, ángulo avtico tale 
r o túndalo, margine infero primum modice, subinde súbito el 
qiiasi angulatim obliquissime ascendente. Mesonoti pars exerta 
tota dorsalis, postice rotundala. Elytra ovalaria, secundum seg- 
mentum vix superantia, corpori concolora, albo-tomentosula; 
margo uterque convexus, margo suturalis prope apicem simiatus; 
discus planus, venis obsoletis; vena radialis expressa, a basí ad 
apicem perducta, ubique margini parallela; regio suturalis a 
primo quadrante ad ap)icem incrassata, nigra, nitida. Segmenta 



(25) Pantel.— NOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 359 

aMominis í"" et 2""" nig'is transversis duabus parum expressis. 
Tibia iniermedi(B quadricalcaraUe , calcar idus sat elovgatis. Ti- 
bia posLica siipra, parte serrulata deplanata; sjñiiíP alttrnantes; 
^pina seriei internm ínter se subcequales ; spina externm secunda 
tertiaque %ix prima longiores, spina quarta brevior, calcare sub- 
■seque7it¿ tamen distincte longior; articulus primus tarsornm cce- 
teris U7iitis /ere '2-plo longior. Lamina supra-analis transversa, 
trapezoidea. postice trúncala, marginibiis lateralibvs medio no7i- 
nihil angulosis, ivflatuUs, margine postico medio dense tilloso, 
angulis posticis in tuberculiim excrtum prodiictis. Lamina sub- 
_genitalis integra, parum compressa, supra Ma7is. 

Q Larva. Tota paluda; mesonoto postice rotundato, iJiedio 
suba7igiiloso , elytris utrinque lóbulo exserto Í7idicatis ; lamina 
-subgenitali brevissima, postice angulatim late excisa. 

Long". corp (f 17"'° (a processu íroiilali ad apicem lamiiiíe subgenil). 

— pronoti 3 

— el^-'tror 4.5 

— fem, post 11 

■Gryllomorphus Boliva7'i Cazurro, «Enumeración de los Ortóp- 
teros de España y Portug-al», p. 29. 

Habitat. L'Espag-ne oriéntale et méridionale: Cabesó, pro- 
vince d'Alicante; Tabernes, prov. de Yalence (Boscá, col), de 
M. Bolívar), 

La descriptioD a été faite sur un tres bel exemplaire con- 
servé dans l'alcool. Avec cet unique adulte q", j'ai pu étu- 
dier deux larves 9Q, du 3'' ou 4*= ág-e, d'aprés lesquelles on 
peut affirmer que la Q du Gryllomorpha Bolinari posséde des 
élytres plus g-rands que celle de l'espéce precedente. Ces or- 
ganes se voient chez la larve sous forme de moignons insérés 
sur les cotes du mesonotum et deja saillants en arriére du 
pronotum. 

Cette espéce, remarquable, en premier lieu, par la taille et 
la coloration, est du méme type que la precedente, seulement 
les saillies dorsales ne sont représentées ici que par des lignes 
"transversales peu élevées, auxquelles Tattention s'arréterait 
difficilement si elle n'avait été mise en éveil par l'étude préa- 
lable du Gryllomorpha aliena. Ces ligues, au nombre de deux 



360 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ^26, 

pour chaqué seg-ment, commencent á se montrer sur le pre- 
mier seg-ment de l'abdomen et ne sont g-uére visibles au delá 
du second. 

Les élytres offrent toutes les particularités décrites á propos 
de I'espéce voisine, á Texceptioii du contour. 

Mais un caractére qui atteint, daiis le Gr. Bolivari, un de- 
gré exceptionnel deperfection, c'est l'armure des pattes. Sans 
parler des poils spinescents qui s'observent sur les féraurs des 
deux premieres paires de pattes, les éperons terminaux sont 
au nombre de quatre, dans les tibias intermédiaires et, par 
une exception unique, le supérieur, du cote externe, offre le 
méme développement que son symétrique. Sur les tibias pos- 
térieurs, la premiére épine de la serie interne est aussi lon- 
gue que les trois suivantes et la premiére de la serie externe 
Test autant que la deuxiéme et la troisiéme. 

3. Gr. Fragosoi Bol. (pl. in, fig-. 3, A, B.) 

Parallela, tesiacea, 'parce et tenuissime tomentosa, capite pro- 
notoque pallidiorihus , gladriuscuUs , nitidis. Ocelliin trigonum 
obtiisangulum dispositi. Processus interantennalis, medio, multo 
angustior quam articulus lasalis antennarum. Articulus termi- 
oíalis palporum maxíllarium articulo penúltimo sesquilongior, 
truncatura médium non attingeyíte. Pronotum antice posticeqiie 
tnmcatum limbatumque. Femora, prcpsertim antica et interme- 
dia, setis erectis, spinas imitantibus, armata. Tibia intermedice 
3-calcaratcp. Tibia- pjostica compressa, supra panim deplanatm, 
denticulis minimis, interdum prope deficientibus : spina mx al- 
ternantes; spina apicalis externa calcare sequenti nonnihil bre- 
vior. Tarsi postici articulus primus cceteris unitis '2-p)lo longior, 
robustus, paulo arcuatus, notabiliter compressus , supra liaud ca- 
naliculatus, denticulis latere prmsertim interno rarioribus, setis 
fere obtfctis. 

cT Blytra orbicularia, médium metanoti attingentia: margo 
intermis , prope basin, in lobulnm dentiformem, a supero non 
distingiiendum , repúicatus; discus obsolete punctat^is ^ cochleato- 
convexus, jjrope basin late impressus. Lamina supra-analis trans- 
versalis, 'i-plo latior quam longior, posiice rotundato-excisa, 
angulis nonnihil productis , marginibus lateralibus haud injía- 
iis. Lamina snb-geniialis cymbiformis , vix comjwessa, integra^ 
supra hians. 



(27) Pantel. — notes orthoptérolügiques. büi 

Q Elytra minima, , orMcidaria , tota ahscondita. Lamina su- 
jpra-a7ia¡is am])la, mirginihus lateralibns sinuatis. Ovipositor 
vix decurvics, cercis sudceque longus. 

LoEg-it. corp 0^11,5-12"- Q 10,5-]2-™ 

— pronot 2 -2,2 2 -2,2 

— eljtr 1,2 

— fem. post 8,5 9 

— oviposit 6,5- 7,5 

GrryllomorpJms Fragosoi Bolívar, «Le Naturaliste», 1885. 

— — — «Especies nuevas de Ortópte- 

ros», in Anal, de la Soc. 

ESP. DE HlST. NAT., t. XVI, 

p. 113. 

— — Cazurro, «Enumeración de los Ortóp- 

teros de Esp. y Port., p. 72. 

— — Retowski, «Beitrag-e zur Orthopteren- 

Kunde der Krim», in Bull. 
de la Soc. imp. des nat. de 
Moscou, 1888, p. 414. 

Habitat. L'Espag^ne méridionale: Séville (Frag-oso, Cal- 
derón, types de M. Bolívar); la Gréce (Krüper, collection de 
M. Bolívar et ma collection); la Crimée, le Maroc (Retowski). 

La description precedente a été faite d'aprés cinq exemplai- 
res, dont deux c/'c/ et trois QQ. Chez le o^ de provenance es- 
pag-nole les élytres sont tres finement rebordes, comme il est 
dit dans la description orig-inale, détail que Ton a de la peine 
h retrouver chez celui de Gréce. C'est d'ailleurs la seule diífé- 
rence observée entre ees deux insectes. 

L^élytre consiste en une lame orbiculaire minee, coriace, 
sans nervures, luisante, convexe, mais oífrant vers le milieu 
une larg-e concavité, comme si l'org-ane avait été repoussé par 
une pression exercée du dehors et dont le point d'application 
serait un peu plus rapproché du bord interne que du bord ex- 
terne. Les deux élytres ne sont pas tout á fait en contact. Le 
bord interne est un peu dilaté, prés de la base, et replié per- 
pendiculairement á la surface du disque. 

L'armure caractéristique des pattes est bien moins vig*ou- 



■2(52 ANALES DE HISTOUIA NATURAL. (^S) 

reuse que dans le groupe précédent. Le nombre des éperons, 
aux tibias intermédiaires, est réduit á trois et les denticules 
des tibias postérieurs et du premier article des tarses sont 
quelquefois tres rares et toujours diíñciles á apercevoir; de 
nombreuses soies raides contribuent, du reste, á les masquer. 
M. Retowski a fait observer, dans le travail cité ci-dessus, 
que la Q est entiérement privée d'org-anes du vol (1) et sa re- 
marque a été reproduite par les Archiv. filr Naturg.^ 18cS9, 
Bd. II, H. 2, p. 78. Telles sont, en eíTet, les apparences; raais 
en voutant légérement l'insecte et en rejetant le pronotum 
en avant, comme le représente la fig*. 3/5, on met á découvert 
l'élytre e. 

4. Gr. Krüperi, sp. n. (pl. iii, fig*. 4). 

Parallela, nigra, ore, pedibus etcorpore subtus, fuscesseniibus, 
parce tomentosa, capite prono toque glahriuscwUs , nitidis. Caput 
pronoto Jiaiid angiistiiis. Ocelli laterales ab oculo paulo minus 
quam ab ocello medio distantes. Processws frontalis , medio , ar- 
ticulo basali antennarum fere 2-plo angustior, infra ocellum 
nonniliil sulcatus. Articulus terminalis palporum maxillarium 
articulo penúltimo paulo longior, notabiliter dilatatus , tru7ica- 
tura ad médium liaud per duda. Pronotum antice et postice trun- 
catum et limbatum, antice noniúhil angustatuní; disco supra de- 
planato ■ iníequali. Tibi(B intermedice 'ó- calcar aice. Tibia posticce 
compressa; supra, parte serrulata, obsolete canaliculatm, denticu- 
lione rara et setis pene obtecta; spinm modice alternantes ; spina 
seriti externcB ultima calcare subsequenti longior; articulus 1"' 
tarsorum ut in specie prmcedenti, setis obsitus et serrulatione 
^gre distinguenda, distinctiore tamen quam in tibiis. 

(f Ehjtra minima, latiora qua^n longiora (parte exerta), pos- 
tice rolundato- truncatula , ángulo externo rolundato; cochleato- 
convexa , medio haud impressa. Lamina supra- analis ampia, 
disco medio late impresso, ápice'? Lamina suhgenitalis ampia, 
integra, notabiliter ultra laminam supra-analem producía, late- 
ribus svpra liiantibus. 

9 Hucdum ignota. 



(1) . . . der Flugorgane g-ánzlich entbehren. 



<-29) Pautel. — NOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 263 

Long-it. corporis cf IS""" 

— pronoti 2 

— elytr 0,7 

— fem. post 8 

Habitat. La Gréce: Mont Parnasse (Krüper, c. m.); et peut 
■étre la Sjrie. L'unique exemplaire examiné m'a été envoyé, 
avec d'autres espéces intéressautes, par M. le D'' Ch. Krüper, 
Conservateur du Musée d'Athénes, á qul je me fais un vérita- 
ble plaisir de dédier Tespéce. 

L'état de conservation du spécimen , assez satisfaisant pour 
l'ensemble, me laisse dans le doute au sujet de Textrémité de 
la plaque supra-anale et du bord interne de l'élytre. II est 
difíicile de vérifier s'il existe, dans cette espéce, un lobule 
replié tel que celui qui est sígnale dans la precedente. Mal- 
gré ees défectuosités on peut s'assurer que les élytres comme 
la plaque supra-anale sont tout autres que dans le Crr. Frago- 
^oi. Ces deux caracteres, auxquels il faut joindre la colora- 
tion, toute á fait différente aussi, séparent les deux espéces, 
dont les aíñnités d'ailleurs sont tres étroites. 

J'ai en collection deux 99 provenant du Liban (R. P. Tor- 
rend, missionnaire), qui paraissent appartenir á une espéce 
voisiné si non á la méme. La taille de ces deux exemplaires 
n'est que de 9""" et le processus interantennaire est propor- 
tionnellement plus large que dans celui du mont Parnasse. 
La lumiére ne peut étre faite sur ce point que par la décou- 
verte d'une 9 authentique, de cette derniére localité ou des 
rég-ions voisines. II est permis d'espécer cette découverte, á 
bref délai, des actives recberches de M. Krüper. Peut-étre, 
la 9 existe- t-elle déjá au Musée de Berlín, oú l'espéce parait 
représentée, d'aprés un renseig-nement obligeamment com- 
muníqué par M. Brunner. 

II est toujours regrettable de publier une espéce d'aprés un 
seul individu: je ne m'y serais point résolu, pour celle-ci, si 
je n'avais cru que Tavantag-e de compléter une étude d'en- 
semble doit faire passer par dessus quelques incertitudes de 
détail et j ustifie, non les inexactitudes, mais les déficits d'une 
description. J'ai cherché á éviter les premieres, tout en me. 
résig-nant aux seconds. Néanmoins, dans la pensée d'éviter 
rinconvénient réel inhérent á ce partí, j'ai cherché h obtenir 



361 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (30> 

la communication temporaire des spécimens conserves au 
Musée de Berlín. Oblig-é de constater que je n'y ai point réus- 
si, j'oíTre du moins de communiquer mon propre exemplaire 
á celui de mes collég-ues qui voudrait compléter la descrip- 
tion de l'espéce. 

5. Gr. uclensis, sp. n. (pl. iii, fig-. 5, A, B). 

Píisilla, opaca, lurido-testacea, fusco -maculosa^ pallide-to- 
mentosa, nigro-setosa. Corpus parallelum, modice medio dilata- 
tum et depressum. Caput pronoti laütudinis , glairiusculum, 
nitidum (1). Ocelli in triangulum oltiisangiüxim vel rectangidiim 
dispositi; ocelli laterales al oculo et ah ocello medio snlceque 
distantes. Processus interantennalis articulo hasali antennarum 
nonnihil latior. Articulus terminalis palporum maxillarium 
articulo penúltimo (equilongus, truncatura fere ad médium duda. 
Pronotum pallidum , margine antico fusco, tenuiter limlato, ci- 
liato; margine postico nec limlato nec ciliato; disco fascia trans- 
versali ultra médium sita, medio intérrupta, ornato. Mesonotum 
parviim, utrinque macula fusca. Metanotum amplum, laiiuscul& 
pallide-marginatum. Elytra nulla. Segmenta aldominalia minus 
regulariter picta, margine tamen postico pallidiore. TiMm inter- 
mediíB ^-calcaratce , calcare supero externo mx distincto. Tilics^ 
posticcB snpra, parte serrulata, deplanatm, liaud canaliculatce, 
denticulis mwierosis„ distinctissimis ; spinm vix alternantes; spi- 
na seriei externfe ultima calcare sudsequeníi Irevior. Tarsi poS' 
tici articulus i"' rohistus, prismaticus , supra planus , utrinque 
distinctissime serrulatus; articuli 2"' et 3'" gracillimi. 

of Segmentum dorsale 9'" postíce rotundatiim. Laminm supra- 
analis pars hasalis plana, nilidiuscula , transversa, vix exerta, 
a parte apicali abriipte 7;gr depressionem traoisversam distincta; 
Jmcin cornuaMna, cercos trúncalos spurios imitantia, bipartita. 
Lamiua suhgenitalis compresso-cucullata<, medio fissa, loMs án- 
gulo sujiero contiguis. 

9 Lamina siipra-analis trian guiar is, ápice retusa, laterilus, 
prope hasin, vix angulato-sinuatis. Ovipositor reclus vel tenuis- 
sime decurvus, cercis disiincie longior. Lamina suhgenitalis par- 
va, triangularis, ápice trúncala veriíis quam excisa. 



(1) In exemplis colorís v¡vidioris:/»'0«s/K5Cfl, lineis pallidis et imprimís linea media 
X¡osticcfuTcata, órnala. 



(31) Pantel. — notes orthoptérologiqües. 3G5 

Long-it. corp ^ 7,5-10""' Q7 -10"" 

— antennarum 18 18 

— pronoti 1,2- 1,5 1,2- L8 

— fem. post 5-6,5 5 -6,5 

— ovip 6 -7,5 

GryllomorpJms sp.? Pantel, «Contribution á l'orthoptérologie 
de TEsp. centr. in An. de la Soc. esp. de Hist. nat., t. xv, 
p. 286. 

Habitat. L'Éspag-ne céntrale: Uclés (c. m.), sur le flanc 
d'une éminence rocailleuse et stérile, entourée de champs 
cultives. Yit sous les pierres, quelquefois par petites sociétés. 
Octobre. 

Cette espéce, la plus petite du g-enre, est remarquable par 
les prolong-ements singuliers de la plaque suranale, chez le of. 
Lors de la publication de mon premier travail sur les Orthop- 
téres d'üclés, je ne connaissais que la Q, représentée par deux 
individus sur lesquels je n'osai formuler un jug-ement catég-o- 
rique. Ces spécimens étaient si chétifs qu'on pouvait douter 
qu'ils fussent adultes et j'avoue que, pour triompher de cette 
appréhension, j'ai du en observer un certain nombre et arréter 
mon attention sur la forme bien définitive des piéces anales, 
dans les deux sexes. 

Les noms g-éographiques, employés comme noms d'espéces, 
offrent bien quelques inconvénients: on doit en g-énéral leur 
préférer les qualificatifs qui facilitent le travail de la mémoire 
en rappelant un caractére saillant et qui ont une utilité réelle, 
méme quand le caractére auxquel ils font allusion n'est pas 
exclusivement propre á l'espéce désig-née. Néanmoins Fon 
pardonnera une exception qui, dans ma pensée, est un hom- 
raage rendu á l'hospitalité d'aujourd'hui, aussi bien qu'á la 
g-loire relig-ieuse et militaire d'autrefois. 

6. Gr. dalmatiua Ocsk. (pl. iii, fig-. 6, J., %-d). 

Magna, str aminQO- grísea , fusco-marmor ata, opaca. Cor 'pus 
cylindricum. Ocelli in írigonum ohtusum dispositi; ocelli latera- 
les ceque al) oculo et ab ocello medio distantes. Processus frontalis, 
medio , articulo iasali antennarmn latitudine (pqualis. Palpi 
maxillares elongati; articulus ultimus penúltimo sesquilongior , 



366 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (32) 

parum dilataius, truncatura (in siccis) ultra prium trientem 
haud perdiicta. Pronotum antice distincte, postíce indistlncie 
limdaííim. Elytra milla. Tilice intermedim ^ calcar atm calcare 
externo supero mínimo. Tibim postícce supra, parte serrulata, 
deplanatíe vel obsolete canaliculaice , denticulis interdum rario- 
rlhis; spinm seriei interna sulxeqiie longa, spina seriei externce 
ultima calcare seqicenti longior. Segmentum dorsale O'" postice 
rotiindatum. 

cf Caput pronoto haud angustias. Lamina supra-analis niti- 
diuscula, transversa, marginiius lateralibus versus apicem non- 
niliil cojwergentibus , margine postico late angnlatím exciso vel 
truncato , angulis posticis inflatulis, ápice retiisis, disco trans- 
versim impresso. Lamina subgenitalis ampia, compressa, medio- 
Jlssa, lobis horízontalibus, postice rotundatis et contiguis. 

9 Caput pronoto angustius. Lamina supra-analis simpliciter 
triangularis , disco impresso. Odipositor cercis sub^eque longus, 
modice decurvus. Lamina subgenitalis parva, triangularis, apic& 
obluse angulatim excisa. 

Long-it. corp c/ IS-IO-" 9 H'"" 

— pronot 3,2 2,8 

— fem. post 13-14 12 

— oviposit 12 

Acheta dalmatina Ocskay, «Nova Acta Ac. nat. Cur.» xvi, ii^ 
p. 959,1833. 

— áptera Herrich-Schaffer, in «Fauna Insect. Germ.» 

(Panzer), tb. 19, 1838. 
Gryllus apterus Herrich-Schaffer, «Nomencl. entom. ii, p. 24, 

— — Fischer, «Orthoptera europ.», p. 173. 

— — Costa, «Fauna Reg-n. Nap», p. 34, pl. ix, fig-. 3. 
Grijllomorpha dalmatina Fischer, «Syn. der europ. Orth.», p. 67, 

— — Finot, «Faune de la France, Ins. Or- 

thopt.», p. 242, fig-. 155. 

— áptera Bolívar, «Ortóp. de Esp.», p. 272. 
Gryllomorphus dalmatinus Saussure, «Mel. orthopt.», fase. v,. 

p. 449, fig-. XXIV. 

— — Dubrony, «Ann. mus. civ. Gene- 

va», XII, p. 24. 

— — Krauss, «Orth. Faun. Istr. », p. 90, 



(33) Pantel.— NOTES ORTHOPTÉUOLOGIQUES. 36T 

Gryllomorphus dalmatimis Brunner, «Prodr. der eur. Ortliopt», 

p. 444, fig-. 103. 
, — — Cazurro, «Enumeración de los Or- 

tópteros de Esp. y Port. », p. 72. 

Habitat. Le midi de l'Europe et le littoral méditerranéen: 
Alg-érie (Saussure), Espag-ne (Bolívar, Cazurro), France méri- 
dionale (Capelle, Marquet, c. m.), Italie (Finot, c. m.), Dalma- 
tie (Krauss), Gréce (Saussure), Turquie (Fischerj. Sous les 
pierres et dans les vieux murs. 

Je dois á M. Marquet, l'explorateur bien connu des riches- 
ses entomolog-iques du Lang-uedoc, d'avoir pu étudier un cer- 
tain nombre de larves de cette espéce, déjá au voisinage de 
leur derniére mué. 

La 2 ne se disting-ue de l'adulte que par son oviscapte court, 
finement tomenteux et brusquement acuminé á l'apex. 

Chez le c^, la plaque suranale donne lieu á quelques obser- 
vations. Cette piéce est triang-ulaire-arrondie; c'est la valve 
anale impaire, dans sa forme la plus commune. II est á re- 
marquer que tandis que sa long-ueur est á tres peu de chose 
prés celle qu'elle doit conserver dans Tadulte, sa larg-eur est 
bien inférieure á celle qu'elle doit acquérir. D'autre part, on 
observe sur le disque une impression triang-ulaire plus ou 
moins nette, due a ce que les bords latéraux sont renflés en 
forme de bourrelets allant l'un vers Fautre et concourant á 
Fapex de la plaque. Cette double circonstance semble permet- 
tre de supposer que lors de la derniére mué le développement 
de la plaque porte principalement sur ees bourrelets et se fait 
en méne temps dans le sens transversal, en les éloig-nant, ce 
qui determine Télarg-issement de la plaque et dans le sens 
long-itudinal, en repoussant leur extrémité basilaire et les 
obligeant comme á pivoter autour de leur extrémité apicale, 
ce qui améne le passag-e de la forme triang-ulaire á la forme 
trapézoídale. Ce dernier mouvement de croissance est-il peu 
prononcé, les deux bourrelets se sont places simplement sur 
le prolong-ement Fun de l'autre, on a la forme tronquee, si- 
g-nalée plus baut, dans l'adulte; est-il plus accentué, l'extré- 
mité basilaire du bourrelet est poussée au delá de l'extrémité 
apicale, on a la forme excisée. Dans l'un et Fautre cas, ce qui 
constitue, cliez l'adulte, le bord postérieur de la plaque, au- 
rait contribué á former, chez la larve, les bords latéraux. II 



3G8 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (31) 

est a noter que les bourrelets dont il est ici question iie sont 
pas indures, mais de mérne consistance que le reste du tég-u- 
ment. Sur un sujet simplement ramolli , on peut pénétrer á 
leur intérieur, avec une pince fine et en modifier la forme 
par des tractions en divers sens. Cela étant, on doit supposer 
que rinsecte vivant a la faculté de modiñer dans certaines 
limites la forme de la plaque, par exemple, de la faire passer 
de la forme tronquee á la forme excisée, par un simple retrait 
de la partie moyenne, dñ aux contractions dn spliincter anal. 
Aussi pourrait-on admettre que chez cette espéce la forme 
nórmale de la plaque suranale est un trapéze dont le bord 
postérieur peut étre plus ou moins deformé. 

7. Gr. longicauda Ramb. (pl. iii, fig-. 7 et fig-. 8-// 

Sjieciei pracedenti simillima sed miiior, abundantius fusco- 
maculata. Caput niiidum, fusco jiallidoque nariegatum, corpus 
opacum, alM do- tomento sum et nigro-setosum. Processus fronta- 
lis, medio, articulo primo antemiarum latitudine aqualis. Prono- 
tum antíce distincte, posiice nequáquam limdaium. Elytra nulla. 
Tilice intermediíB ^- calcar ata , calcare supero externo minore, 
reliquis suiaqualihus. Tiliariim posticarum sjÁna seriei externce 
4* calcare subsequenti longior. Segmentum dorsale 9" posiice sub- 
angulatum. Cerci hremores. 

(f 8upra fusciis , testaceo-maculatus , linea dorsali pallida, 
ab occipite ad médium ahdominis distincius, corpore sultus pedi- 
l)usque pallídis, fusco-maculatís. Lamina siipra-analis trapezoi- 
dea, Irarisversa, nitidiuscula , disco glabro, medio transversim 
impresso; marginibiis lateralibus a basi ad médium convergenii- 
hus , tune abrupte sinuatis, subinde parallelis; margine posiico 
trúncalo, cilialo, angulis posticis in lobos acuniinaios productis. 
Lamina subgenitalis lianc valde superans , ápice flssa, lohis a 
latere visis oblique ascendeniibus , parallelis, ápice obligue tnm- 
catis, angulis rotundatis. Cerci pallidi. 

Q Tota lurido-testacea , castaneo-maculata , maciiUs picluram 
elegantem formantibus (exeniplum Ramburianum nitidiusculum, 
tomento f ere deficiente). Lamina supra-analis triangularais, mar- 
ginibus lateralibus circa médium abrupte sinuatis. Oiiposilor 
(in siccis) corpori longitudine subcequalis, cercos valde superans, 
basi reclus, subinde modice incurvus. Lamina subgenitalis uí in 
Gr. dalmatina. 



(35) Pantel.— NOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 36b 

Longit. corp cT 15'"°' Q (exempl. Ramb.) 17""" 

— pronot. . . . 2,2 3 

— fem. post.. 10 12 

— oviposit. . . 17 

Acheta longicauda Rambur, «Faune de rAndal.», p. 34, pl. ii, 

fig-. 9. 
Gryllus — Lucas, «Expl. se. de l'Alg-. Orth.», p. 21. 
Gryllomorpha longicauda Fieber, «Sjn. der eur. Orth.», p, 67. 

— 'ífasciata — — — — 
Gryllomorphiis dalmatinus var. Auct. communiter. 

Habitat. L'Espag-ne méridionale (Rambur, coll. Mabille, 
Cepero, c. m.); l'Alg-érie (Lucas, Brunner, Finot et Bonnet). 

Acceptée comme espéce distincte par M. Lucas et plus tard 
par Fieber, cette forme a été réunie avec doute au Gryllomor' 
pha dalmaiina par Fischer, puis considérée comme yariété 
g-éographique par MM. de Saussure et Brunner. 

II faut reconnaitre qu'on ne serait pas conduit á une autre 
conclusión par I'étude seule des types de Rambur. Ces types 
comprennent: 1° la Q qui a été dessinée dans la Faune de VAn- 
dalousie, pl. 2, fig-. 9; 2° deux c/c/, ceux, évidemment, dont 
parle l'auteur, dans la description. 

La Q est conforme k la fig-ure, reserve faite de certains dé- 
tails sur lesquels l'attention du dessinateur ne pouvait se por- 
ter, á une époque oíi les caracteres g-énériques n'avaient pas 
encoré été sígnales: l'armure des tibias postérieurs et la forme 
des tarses, par exemple, sont visiblement inexactes, ou méme 
contraires au texte; au contraire, la long-ueur si remarquable 
de l'oviscapte, la briéveté des cerci, la vivacité des dessins, 
sont rendus avec fidélité. 

Ce sont la des caracteres bien trancbés, mais, pris seuls, 
auraient ils eu nécessairement la valeur de caracteres spéci- 
fiques? 

Les cfcf sont des nymphes, comme on le reconnaít tout de 
suite á leur taille un peu plus petite et á leur tég-ument rata- 
tiné; leurs différences par rapport aux nymphes du Gr. dal- 
maiina ne sont pas assez accusées pour qu'il eul été prudent 
de s'en autoriser. 

Tel était Tétat de la question et aucun espoir ne restait de 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 24 



370 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (36). 

la faire avancer en consultant les collections, quand j'ai recu 
de M. Cepero l'exemplaire (f adulte qui a serví pour la des- 
cription ci-dessus. L'examen de ce spécimea ne laisse aucun 
doute sur la validité de l'espéce de Rambur. Oatre les carac- 
teres différentiels mentionnés dans la description, la forme du 
titillateur est tout autre que dans Tespéce d'Ocskay, quoique 
du méme type dans sa disposition genérale. 

Chez la nimplie (V", la plaque supra-anale est triangulaire 
arrondie, de méme contour que chez le dalmatina de méme 
age, avec cette lég-ére différence que les bords n'en sont pas 
renflés d'une facón appréciable. 

Le GrylloMorpha fasciata Fieb., catalogué et succintement 
décrit sans indication súre de patrie, se rapporte, probable- 
ment, á la méme espéce. 



<37) Pantel. — notes orthoptérologiques. 371 



II. 

LES PHASIVIIDES D'EÜROPE ET DES PAYS LIMITROPHES. 



(Sesión del 1° de Octubre de 1890.) 



Mon désir était de traiter ce groupe avec quelque étendue, 
€omme celui des Gryllomor'plii; la diíficulté de reunir des ma- 
tériaux suffisants m'oblige á me restreindre et á résumer 
dans quelques observations une elude qui est condamnée par 
les circonstances á rester tres incompléte. Ces observations 
seront suivies de la partie descriptive afférente aux espéces 
accessibles. 

J'ai bate de faire remarquer que les difficultés auxquelles 
je viens de faire allusion sont tout-á-fait independan tes de la 
bonne volonté de mes correspondants ordinaires. Dans cette 
circonstance, comme dans toutes les autres, je n'ai eu qu'á 
me louer de Tempressement qu'ils ont mis á m'aider de leurs 
savants avis et des matériaux de leurs collections. 

II est surtout une collaboration que je me piáis á rappeler, 
avec le sentiment de ma reconnaisíance personnelle la plus 
vive et la certitude du bon accueil qui lui sera fait. En se 
cbarg-eant de la deuxiéme plancbe de ce travail, M. le Cap. 
Finot me donnait une marque d'amitié á laquelle je demeure 
tres sensible et assuraitá mes modestes notes le mérite d'une 
illustration exacte autant qu'artistique. On retrouvera ici, 
heureusement rendu par un habite graveur de Madrid, le 
crayon auquel nous devon?; les remarquables planches des 
Insectes orthoptéres de la France. 

Uclés, 8 Septembre 18D0. 



372 . ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



OBSERVATIONS GENERALES. 

Sur certains caracteres d'üne assez grande généralité 
DANS LA famille.— L'org'anisation g-énérale et la morpholog-ie 
des Phasmides ont été l'objet d'importantes observations, soit 
de la part des anciens auteurs: Gray (1835); Brullé (1836); 
Burmeister (1838); Servilla (1839); Fischer (1853); soit de la 
part des savants actuéis, principalement de M. Brunner von 
Wattenwyl, auteur d'un remarquable mémoire ayant pour 
titre: Die morphologische Bedeulmig der Segmente (Vienne, 1876). 

Sans vouloir faire ressortir tout le mérite de cette derniére 
étude, rappelons qu'elle a donné la véritable sig-nification da 
segment médiaire, sur lequel des opinions contraires et tou- 
jours mal établies, avaient été proposées, par Gray et Brullé 
d'un cóté, par Burmeister, Serville, Fischer, de l'autre. La 
présence d'un g-ros stig-mate, sur les parties molles laterales, 
oblig-e á considérer cette piéce comme le premier seg-ment de 
l'abdomen et la fait rentrer dans la rég'le g-énérale. Rappelons 
aussi l'homolog-ie exceptionnellement diíñcile des organes 
sexuels externes , établie avec un plein succes sur l'étude 
comparée. 

Malg-ré ees importants résultats, il y a place pour des re- 
cberches ultérieures, dans un sujet que la rareté relative de 
matériaux en bon état a rendu moins accessible. Mon but est 
simplement de sig-naler quelques points á l'attention des or- 
thoptéristes. 

I. — En premier lieu, on remarque dans les seg-ments une 
tendance assez g-énérale de la plaque ventrale á dépasser la 
plaque dorsale correspondante. Chez un BacilUis Q, par exem- 
ple, nous voyons, á l'extrémité de l'abdomen, la 10'= plaque 
ventrale (véritable pl. sous-anale) se prolong-er en avant sur 
la 9" plaque dorsale; la 8*^ (pl. sous-génitale ou opercule) cache 
entiérement ou en partie la 9", représentée par Toviscapte et 
se prolong-8 en arriére bien au delá, de la plaque dorsale de 
méme rang*. Plus haut, c'est la plaque métasternale qui s'est 
développée en arriére jusqu'á atteindre le niveau du bord pos- 
térieurdu segment médiaire, c'est-á-dire du premier segment 
de l'abdomen. 



m 



Pantel. — notes OETHOrxÉROLOGIQUES. 



itna 



Quant h la plaque mésosternale, je la crois ég-alement pro- 
loügée, d'arriére en avant, jusqu'au milieu du pronotum. Ici, 
toutefois, les apparences sont plus diíñciles á interpréter. Sur 
la fig-ure ci-dessous (fig- 1), tracée d'aprés \q Bacillus Rossii Q, 
on volt en p s une plaque hexagonaie dont le bord postérieur 



p s 
m s 



Ms 




Fig. 1. — Face ventrale d'un Bacillus (1). 



est au niveau de rinsertion des hanches de la premiére paire et 
au delá, une piéce trapézoídale ms qui se termine au niveau 
du bord postérieur du pronotum. La pensée se présente tout 
d'abord de considérer l'ensemble des deux comme le pros- 



(1) Face ventrale d'u'ii Bacillus (schématique).— /«y Limite antérieure du prothorax. 
— a p mj A.Ti\cu\2ii\on pro-mésosternale.— /«y Fausse articulation ou pli mésosterpal 
et limite postérieure du pronotum.— S^... Sg, Sq, SinJ2^ ... 10^ segments dorsaux de 
rabdomen.— ^s^ Prosternum.— wsy Partie antérieure du mésosternum, dépassant, en 
avant, le mésonotum.— i/sy Partie principale du mésosternum correspondant au mé- 
sonotum.— ¿"g... S'-¡, S'g, S'ioj2^ ... W segments ventraux de l'abdomen. On a marqué, 
sur S'^ la tache ombilicale, toujours reconnaissable dans ce genre. 



374 ANALES DE HISTOKIA NATURAL. (40y 

ternum ; mais diverses particularités montrent que la piéce 
trapézoidale fait partie du mésosternum. La texture des par- 
tios Ms etms est la méme: chez les espéces dont le mésoster- 
num est chargé de granulations, telles que le Bacillus galli- 
cus, ees accidents s'observent aussi sur ms, mais non sur ps. 
D'autre part, la suture apm représente la véritable articula- 
tion pro-mésosternale, peu mobile, sans doute, parce qu'elle 
n'a pas de correspondente sur la face dorsale, mais dont le 
jeu, sur rinsecte vivant ou récemment tué, est suffisant pour 
la caractériser. Du reste, cette mobilité se revele, méme sur 
les vieux exemplaires des collections, par une circonstance 
sig*nificative: il arrive parfois que la piéce ms est comme dés- 
articulée et placee un peu obliquement par rapport aps, k la 
suite des contorsions de l'ag-onie ou de la préparation. Enfin, 
il est bien vrai que ms est mobile sur Ms et que, k teñir 
compte de la seule amplitude du jeu, le pli/í? représenterait 
la véritable articulation pro-mésosternale; mais on remarque 
tout de suite que cette articulation est d'un caractére excep- 
tionnel: il n'y a point de partie membraneuse opérant la liai- 
son et permettant le g-lissement des parties dures, il y a sim- 
ple rotation autour de/a, la plaque mésosternale se pliant 
littéralement suivant cette ligne. 

Cet empiétement des plaques ventrales, dont les cfcf four- 
nissent encoré d'autres exemples, a pour effet de réduire la 
mobilité á un mínimum. Oa doit le considérer comme un des 
facteurs de l'aptitude remarquable des Phasmides h prendre 
l'apparence d'un bátonnet rig-ide et á maintenir leur corps ri- 
g-oureusement droit et horizontal, sur les quatre pattes posté- 
rieures, malg-ré son allong-ement considerable de part et d'au- 
tre des points d'appui. C'est done aussi une des dispositions 
providentielles destinées á les défendre en les dissimulant. 

II. — L'extrémité de l'abdomen oífre , chez le c/, quelques 
particularités dig-nes d'étude. Dans l'impossibilité de présenter 
ici des résultats absolumeiit généraux, faute d'avoir étudié un 
nombre suffisant d'exotiques, je sig-nalerai ceux qui s'appli- 
quent aux espéces européennes, sans étre limites h ees es- 
péces. 

La plaque dorsale posséde, daos le seg-ment anal, un déve- 
loppement tres prédominant. Sa forme typique est celle d'une 
lame triang-ulaire ahciñg. 2), dont la base est repliée de ma- 



(41) Pantel. — notes orthoptérologiques. 375 

niére h former une ceinture complete, tandis que la partie 
apicale demeure étalée. II resulte de cette disposition que les 
bords latéraux diverg-ent h partir des points de jouction 5, c, 
et que Tensemble oífre la forme d'un cornet ouvert ou d'une 
spathe protectrice. 

Dans la plupart de nos espéces , la base de la plaque ven- 
trale est occupée en entier par une sorte de g-rosse corne qui 
s'avance horizontalement, suivant la ligne médiane et se ter- 
mine souvent par une pointe cornee. Les dimensions relati- 




Fig. 2.— lOe plaque dorsale d'un Bacillus of (1). 

ves de ce sing-ulier accessoire et de la piéce qui le porte sont 
telles que les noms ordinaires de tulercule ou de dent lui con- 
viennent peu; on pourrait l'introduire dans le langage des- 
criptif sous celui de Domer sons-anal. Toujours appliqué dans 
nos espéces et plus ou moins dissimulé entre les cerci, il ne 
peut étre aperen dans sa partie apicale que sur un sujet 
frais, quand on prend la précaution d'écarter les appendices. 
Cette circonstance explique suffisamment qu'il n'ait pas attiré 



(1) Le segment anal , vu par dessous.— vly Forme typique de la 10« plaque dorsale, 
développée sur un plan;— «; apex, plus ou moins échancré;— 5, cj anglas basilaires.— 
Bj La méme, quand l'enroulement commence aux lobes postérieurs , comme dans les 
Bacilliís;—b, cJ angles basilaires rapprochés.— CV Lámeme, quand l'enroulement com- 
mence en decá des lobes apicaux , comme dans les Leptynia; — 5, cj angles basilaires 
rapprochés.— i)y La méme (demi-schématique), avec les autres parties ventrales, dans 
le Bacillus Rossn;—b, cJ angles basilaires rapprochés ; les angles apicaux de la 9« pla- 
que dorsale sont aussi rapprochés, mais les bords latéraux de celle-ci tendent davan- 
tage ás'éloigner; — üy/ vomer sous-anal; — «/ valve supra-anale; en avant, les deux 
valves anales inférieures;— rj insertion du cerque droit, supprimé;— «y cerque gauche. 



376 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (42) 

l'attention, du moins en tant que caractére d'une grande ge- 
ne ral ité. 

Dans quelques genres exotiques le vomer est dressé (OroMa 
Stál, p. ex.) et offre un tel développement que les descriptions 
en ont dú teñir compte. 

Vers l'extrémité, la plaque ventrale forme les deux valves 
anales inférieures et porte les cerci. Ces appendices sont fer- 
mes et rig-ides dans toute leur long-ueur, mais mobiles á leur 
insertion; ils prennent, au g-ré de Tanimal, pendant la vie et 
le plus souvent k la mort, une direction nórmale á l'axe du 
corps, en se croisant plus cu moins complétement. 

La valve anale supérieure est représentée par un lobule dé- 
pendant de la 10'' plaque dorsale, toujours tres petit, ordinai- 
rement invisible, quelquefois visible, sous la forme d'un tres 
petit proQessus. C'est k cette piéce, absolument nórmale et 
commune aux deux sexes, qu'il conviendrait de réserver le 
nom de plaque sur-anale. Elle représente en effet la valve 
impaire flexible qui concourt , avec les deux valves inférieu- 
res, á l'occlusion de l'anus (1). La plaque dorsale étant tou- 
jours indurée est absolument impropre á cette fonction. On 
peut la désig-ner dans les descriptions par le nom de segment 
anal ou de iO^ segmenta en lui appliquant, comme k la partie 
la plus importante, le nom du tout. 

Le lobe sur-anal n'est g-uére autre chose que la partie mo- 
yenne d'un repli inférieur plus ou moins accusé, formé par le 
bord apical de la plaque dorsale (fig. 2, D). Ce rebord est fré- 
quemment chargé de tubercules ou méme de denticules cor- 
nés, dont les plus importants sont vers le sommet de Tang-le 
apical (Bacilliis mgyptiacus, B. Rossii). Chez quelques espéces 
dépourvues de vomer, le role fonctionnel de ce harpon paraít 
dévolu aux lobes apicaux: ceux-ci se développent dans le sens 
de la longueur, se terminent en pointe ou se hérissent de den- 
ticules internes plus saillants et, se portant l'un vers l'autre, 



(l) D'aprés Burmeister {Handb. der Ent. , ii , p. 554), les valves anales seraient au 
nombre de quatre, chez les Phasmides. L'aífirmation de cet auteur a été reproduite 
sans controle par Fischer fOrthoptera europaa, p. 136j et plustard encoré par Maurice 
Girard (Traite élém. d'Ent. , ii , p. 94). Les travaux de M. Brunner ont établi la vérit-é 
sur ce point d'organisation et 11 se trouve qu'il est conforme, comme toujours, a 
l'Ainité de plan. 



(43) Pantel. — notes orthoptérologtques. din 

constitiient une véritable pince (plusieurs espéces exotiques 
et méme, parmi les esi éces de notre faune, Bacillus algericiis). 

III. — Dans le mémoire ci-dessus loué, de M. Brunner, la pla- 
que ventrale du premier seg-ment de Tabdomen est comparée 
á son homologue chez les Acridides. Cette piéce, dit le savaat 
auteur, est soudée si intimement au métasternum , qu'elle 
contribue á former la cag-e thoracique. 

En réalité, la füsion parait encoré plus complete. Chez un 
Acridide on disting-ue tiés bien , au delá des lobes métaster- 
naux, une piéce spéciale, limitée de toutes parts, qui n'a point 
son analog-ue au mésosternum; celle que l'on observe ici est 
semblable en tout, sauf pour la g-randeur, á celle du mésos- 
ternum (fig-. 1). II parait diíñcile d'attribuer á ees deux ré- 
g"ions une sig-nification différente et peut-étre vaut-il mieux 
diré simplement que la premiére plaque ventrale de l'abdo- 
men est absolument indistincte. C'est done uniquement par 
analog-ie que le premier seg-ment visible doit étre compté 
comme le second. 

IV. — Le pronotum est construit sur un plan tres g-énéral, 
avec lequel le lang-ag-e descriptif devra se mettre en harmonie. 

Cette piéce est typiquement une lame rectang-ulaire ou tra- 
pézoidale A. Ses bords antérieur et postérieur sont peu varia- 
bles; on aura tout au plus á exprimer qu'ils sont droits, échan- 
crés (bord antérieur), ou arrondis (bord postérieur). Les bords 




Fig. 3.— Le pronotum d'un Bacillus. 

latéraux sont ordinairement sinués, au dessus des hanches 
antérieures, ce qui donne á l'ensemble un aspect lyré, B. 

L'ang-le antérieur est formé évidemment par le concours en 
a des bords antérieur et lateral , non par le bord antérieur 



378 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (44) 

et la partie sinueuse du bord lateral. Par suite, si Ton avait 
k qualifier celui du contour théorique B, il faudrait diré qu'il 
est droit, á sommet vif, mais non qu'il est tronqué. Cependant 
il arrive souvent que l'ang-le a', formé par la partie sinueuse 
et par la partie du bord lateral qui precede le sinus, est plus 
ou moins avancé en dehors et prend la forme C ou D. Les 
auteurs, dans ce cas, disent que Tang-le antérieur est oblique- 
ment tronqué ou arrondi. L'expression peut étre main tenue, 
mais elle a l'inconvénient d'impliquer une autre notion de 
l'angle antérieur que celles du cas précédent. Elle deviendrait 
tout á fait rig-oureuse si Ton disait: angh formé par le lord 
antérieur et la partie sinueuse du lord lateral, olliquement tron- 
qué, ou arrondi. 

Sur quelques caracteres de tribu, dans les Phasmides 
d'Europe.— Dans l'étude importante qu'il a faite des Phasmi- 
des (1), Stál s'est abstenu d'introduire dans cette famille une 
división en tribus ou autres g-roupes intermédiaires équiva- 
lents, non qu'il méconnút la lég"itimité ou l'importance d'une 
telle división, mais parce qu'il la croyait prématurée. Mon 
but ne peut étre d'aller au delá, et d'essayer une caractéristi- 
que de tribu. Je veux seuleinent relever quelques caracteres 
qui sont communs aux g-enres Bacillus et voisins et qui, par 
suite, devront étre présupposés dans les diag-noses génériques. 

I. — En prenant pour base l'exposé dichotomique du systéme 
de Stttl, on peut diré, en tout premier lieu, que le groupe a 
pour caracteres principaux: 

Corpus elongatum, cylindricnm, gracile, apterum. 

Antennce cí 9 haud gráciles, femorilus anticis dimidio velplus 
dimidio Ireviores; articulo 1° paulo longiore quam latiere; ar- 
ticulo T transverso, articulis sequentibus haud latiore; articulo 
3" lasi angustato. 

Prothorax Irevis, retrorsum modice ampliatum, potius quam 
angustatum. 

Mesoihorax cum metathorace elongati, longitudine sul-aeqnales. 

Pedes gráciles; tiliis anticis femorilus liaud Iremorilus; tiliis 
intermediis etposticis carina injeriore ápice furcata vel simplici; 
aroliis magnis. 

(1) Itccensio Orthopterorum, 3. 



(45) Pantel.— NOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 31& 

• 

11. — La conformation de l'oeuf et certaines particularités 
offertes par la larve constituent des caracteres d'une assez 
grande généralité dans le g-roupe, suivant toute vraisemblan- 
ce et de méme ordre que les précédents. Leur exposé trouve 
ici sa place. 

L'ceuf est ovale cu ovale-allongé, arrondi á l'extrémité pos- 
térieure, tronqué par l'opercule á Textrémité antérieure (1). 
Suivant le plus g-rand méridien de cette sorte d'ellipso'ide or- 
dinairement irrégulier, on observe un cordón saillant, simple 
sur une partie de son parcours, dédoublé sur le cóté dorsal (2) 
et circonscrivant une aire en forme de fer de lance, plus ou 
moins allongée. L'opercule est circulaire et environné d'un 
bourrelet saillant. 

Tels sont les caracteres communs á plusieurs genres. 

La forme courte ou notablement allongée, ronde ou com- 
primée; l'état scabre ou lisse de la surface, paraissent des ca- 
racteres géoériques. 

La longueur plus ou moins considerable du cordón méri- 
dien, le contour et la g-randeur de Taire dorsale, les accidents 
accessoires de la surface et surtout de l'opercule, la grosseur 
etla couleur... fournissent d'excellents caracteres spécifiques. 

La grosseur de l'oeuf ne paraít pas en relation avec la taille 
de la mere: celui du BaciJlus Rossii est notablement plus petit 
que celui du Bacillus gallicus, tandis que les dimensions des 
deux insectes sont dans un rapport inverse. 

La forme parait corrélative, jusqu'á un certain point, de 
celle de l'extrémité de l'abdomen. Celui-ci est-il notablement 
atténué ou comprimé, l'oeuf sera de forme allongée (Leytynia). 
Cette remarque doit faire envisager comme un caractére d'une 
valeur sérieuse l'allong-ement considerable du 8*^ segment de 
l'abdomen, chez quelques espéces. 

La larve du Bacillus Rossii éclot un an environ aprés la 
ponte, du moins quand l'oeuf a été conservé en tube, dans un 



^1) Le sens des expressions antérieure, postérietire, est déflni par la position occupée 
dans l'oviscapte par l'oeuf du Bacillus gallicus. Peut étre pourrait-on diré qu'il est dé- 
flni de la méme maniere par la situation de l'embryon dans l'cEuf, car il est naturel de 
supposer que celui-ci a son extrémité céphalique au dessous de l'opercule qu'il doit 
repousser au moment de Téclosion ; mais sur ce point je ne puis citer aucune obser- 
■vation. 

(2) Défini par la méme observation. 



aso ANALES DE HISTORIA NATURAL. (^) 

appartement non chauffé (1). Sa longueur, á la premiére mué 
qui a lien au moment de l'éclosion, est prés de cinq fois celle 
de l'oeuf et atteint prés de 10'"°°. Sa couleur est vert tendré, á 
Texception des yeux qui sont noirátres et des autennes, en 
partie roses. On voit á Textrémité de l'abdomen deux cerci 
notablement saillants, du métne type que ceux de la Q adulte, 
aussi bien que le seg-ment anal tout entier. Les plaques ven- 
trales des seg-ments 9 et 8 sont de méme long-uenr que les pla- 
ques dorsales correspondantes. De petites impressions qu'elles 
portent sur le disque les disting-uent seules et font reconnal- 
tre les seg-ments dont elles font partie pour ceux qui doivent 
se différencier, lors du développement des org-anes sexuels 
externes. Cette circonstance ferait supposer que les sexes 
peuvent étre reconnus des les premiers ág-es et que les indi- 
vidus observes sont des 9$. Les pattes sont arquees, mais 
irrég-uliérement et peut-étre h cause des circonstances anor- 
males de réclosion. Elles sont d'ailleurs tout á fait simples, 
comme celles de Tadulte. 

Ici se placerait la discussion d'un caractére attribué par plu- 
sieurs auteurs et notamment par M. Brunner (Prodr., p. 73), 
aux larves des Phasmides; je veux parler de la forme arquee 
des pattes et des expansions lobiformes dont elles seraient 
constamment cliarg-ées. Les données font défaut pour établir 
á cet ég-ard des conclusions catég-oriques et d'une application 
rigoureusement délimitée; mais les faits oblig-ent tout d'abord 
á restreindre l'extension de ce caractére, puisqu'il sera ques- 
tion plus loin d'un g-enre européen, dans lequel il n'existe 
sürement pas. 

Des lobes s'observent-ils du moins chez les larves de Bacil- 
lus d'un ág-e plus avancé? Je n'ai aucun motif de mettre en 
doute, sur ce point, Taffirmation des auteurs; mais il est tres 
vrai que l'apparition temporaire d'accessoires qui n'existaient 
pas dans le jeune ág-e, qui ne doivent pas persister dans l'ág-e 
adulte, et l'exii^tence d'un tég-ument plus cbarg-é d'orneinents 
accidentéis durant l'état larvaire que durant celui d'insecte 
parfait, seraient des sing-ularités auxquelles on n'est point 
preparé par l'étude des autres familles d'orllioptéres. 



(1) Des observations faites sur deux autres espéces permettent de supposer, entíe 
l'époque de la ponte et celle de réclosion, des intervalles de méme ordre de grandéur. 



(47) Pantel. — notes orthoptérologiques. 381 

. Ces remarques auraient surtout leur applicatíon s'il était 
vrai, comme lépense M. Brunner, que le Bicillus loMpesLuc. 
représentát l'état larvaire du B. Rossii; outre les remarquabifes 
expansions représentées dans la fig-ure orig-inale, cet insecte 
porte, sur un grand nombre de segments dorsaux, des tuber- 
cules ou élévations d'un caractére bien definí, dont on ne voit 
aucun vestig-e sur Vimago et ses tibias intermédiaires sont no- 
tablement plus courts que les fémurs. 

Sur les caracteres sujets a variation. — 1° La couleur, 
dans les QQ surtout. 

2° La structure du tég-ument: le Bacilhis Rossii a le méso- 
notum et le métanotum quelquefois charg-és de granules cal- 
leiix, d'autres fois lisses; le Leptynia attenuata est ordinaire- 
ment tout á fait lisse, mais certains individus portent latéra- 
lement, sur les seg-ments thoraciques, une serie réguliére de 
tubercules espacés. 

3" Le nombre des articles d^s antennes: dans le Bacilhis 
Rossii, p. ex. ce nombre est compris entre 20 et 25. Dans quel- 
ques cas il semble que la long-ueur totale des antennes soit 
indépendante de celle du corps (v. plus loin, le tableau des 
dimensions du Leptynia attenuata). 

4° Le contour du pronotum: le sinus supra-coxal varié de 
profondeur; l'ang-le formé par le bord antérieur et la partie 
sinueuse du bord lateral est tronqué plus ou moins oblique- 
ment, ou plus ou moins arrondi; le bord antérieur peut, dans 
une méme espéce, étre relevé au milieu ou non relevé (Bacilhis 
Rossii). 

5° La long-uenr relative des tibias et des fémurs, dans les 
pattes intermédiaires et postérieures: dans quelques espéces 
ce r^pport peut étre ^ á l'unité. 

6° L'armure accessoire des fémurs: les épines qui se dé- 
veloppent sur les carenes inférieures sont absolument varia- 
bles en nombre et en g-randeur; une méme espéce peut pré- 
senter á Tobservation des pattes notablement épineuses, ou 
tout á fait mutiques , ou tous les passag-es d'un extreme á 
l'autre (Leptynia attenuata). 

T La long-ueur des fémurs rapportée á d'autres partios du 
corps. S'il s'ag-it des fémurs postérieurs compares aux seg- 
ments abdominaux, la diflférence entre les termes extremes 



382 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (48) 

peut atteindre la valeur d'un seg-ment (Leptynia hispánica, 
Bacillns Rossii, etc.). 

8" Le contour du seg-ment anal chez la 9: dans les cas oú 
cette piéce est normalement arrondie en arriére, elle peut-étre 
par une exception tres fréquente larg-ement excisée ou tron- 
quee. 

9° L'opercule ou lame sous-g-énitale, principalement chez 
la 9: dans une méme espéce cette piéce peut-étre entiére, 
émarg-inée ou méme nettementbifide, sans qu'on puisse attri- 
buer á un accident cette derniére apparence (Bacillus Rossii, 
Leptynia attenuata) . 

Sur la distinction générique. — Le petit nombre dieQPhas- 
mides européennes a été réuni jusqu'á présent dans le g-enre 
Bacillus Latr. Néanmoins l'homog-énéité du g-roupe était visi- 
blement altérée par la présence du Bacillus Mspanicus Bol., 
ainsi que l'ont fait remarquer successivement MM. Brunner, 
en 1882 (1) et Bolívar, en 1889 (2); et á l'heure actuelle, l'étude 
de Toeuf, dans cette remarquable espéce (3), comme aussi la 
découverte d'une espéce voisine, dans laquelle les caracteres 
du type nouveau se dessioent avec netteté, ne permettent 
plus Thésitation au sujet d'un élag-age du g-enre Bacillus. S'y 
refaser serait se condamner á admettre des g-enres fondas sur 
des caracteres d'importance tres différente et reconnaitre la 
méme valeur nomínale á des groupes qui ne posséderaient 
pas, á beaucoup prés, la méme valeur réelle. 

Cette question résolue, une autre se pose, dont la solution 
parait tout d'abord plus difficile: le Bacillus Mspanicus et l'es- 
péce affine doívent-ils former un g-enre dístínct, comme le 
pense M. Bolívar, ou étre incorpores au g-enre Macynia Stál, 
comme le veut M. Brunner? 

Le g-enre Macynia, établi sur des espéces d'Afrique, est prin- 
cipalement caractérisé, d'aprés les tableaux du Recensio (3, pa- 
g-es61 et62): 



(1) Prodromus der cnrop&ische.n Orthopíeren, p. 77. 

(2) Oríópteros de África del Museo de Lisboa, in «Jornal de Sc. math. , pliis. e nat.», 
11, p. 90. 

(3) Pantel: Contr. á l'Orthop. de l'Esp. céntrale, in «An. de la Soc. esp. ue Hist. 
NAT.», t. XV, p. 2C5. 



(49) Pantel. — notes ORTHOPTÉROLOGIQUES. 383 

par des antennes plus long-ues que celles de Bacillus, 
dont le 2^ article n'est pas ou est á peine transver- 
sal, dont la plupart des articles sont plus long-s ou 
aussi long"s que larg-es; 
par des cerci long-s et courbés chez le cf, droits ctiez 

la 9; 
par des fémurs postérieurs inermes en dessous ou 
gentes sur la lig-ne médiane, non dentés sur les ca- 
renes laterales. 
De ees trois sortes de caracteres, la seconde seulement se 
vérifie dans les espéces européennes dont nous recherchons 
la place générique. 

Si, pour completar la caractéristique déduite des tableaux, 
on a ég-ard aux descriptions d'espéces, pp. 102 et sqq., on cons- 
tate que le g-enre Macynia, tel qu'il a été compris par son au- 
teur, renferme des espéces chez lesquelles la carene inférieu- 
re des tibias est percurrente (MM. gramínea Bates,? S-lÍ7ieaía 
Stál, annuIataWesiw.), d'autres chez lesquelles cette carene 
disparait avant d^atteindre l'apex ('Af. laMata Th.]; des espé- 
ces chez lesquelles le mésothorax est plus g-rand que le méta- 
thorax, d'autres chez lesquelles le rapport de grandeur de ees 
deux piéces est inverse du précédent. Le g-enre paraít peu 
homogéne, méme á ne considérer que les cía', lesquels ce- 
pendant varient tres peu, d'une espéce á l'autre, dans tout ce 
g-roupe. Violenter la caractéristique donnée par Stál^ pour 
reunir á son g-enre les deux espéces en litig-e, ne serait-ce pas 
relacher les liens qui en unissent les éléments et le condam- 
ner pour plus tard á une véritable pulvérisation? Quel que 
doive étre le sort de ce g*enre, quand il sera mieux connu par 
rétude des QQ et des ceufs, mieux vaut, ce semble, mettre á 
part les espéces européennes, si nettement tranchées. 

Quelques orthoptéristes penseront peut-étre que la mesure 
est insuffisante et que les espéces dont il est question doivent 
étre rejetées dans un autre g-roupe que celui des Bacillus. Ces 
espéces, en eíTet, sont dépourvues, sur la carene inférieure 
des tibias intermédiaires et postérieurs, de Taire imprimée, si 
heureusement mise á profit par Stál, pour la división primor- 
diale de la famille. A ne consulter que la commodité d'un 
tablean dichotomique, le g-enre nouveau se placerait á cote 
des g-enres Clonaría Stál, Macella Stál, Gratidia Stál, qui cor- 



384 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (50) 

respondent, dans la section I du svptéme, aux g-enres Bacillus 
Latr. et voisins, de la section II. Tuutefois, les sffinités les 
plus evidentes semblent le maintenir á colé de Bacillus: les 
antennes ne sont pas gréles, comme dans le groupe de Clona- 
ría, leur deuxiéme article est nettement transversal chez les 
9Q, aussi transversal chez les <fcf que dans les vrais Bacillus 
et aussi étroit que le S'^; le mésothorax n'est pas plus long- que 
le métathorax, etc. Par une exception qui n'est pas unique, 
ce g"enre est dépourva d'un caraclére dont l'absence entraíne 
d'ordinaire un autre tjpe de conformation : c'est le cas de re- 
connaitre que la natare n'est point liée par nos systémes et 
de se laisser g-uider par l'appréciation de Thabitus et de l'en- 
semble, plutót que de s'attacher matériellement á un detall 
qui conduirait á assigner une place moins naturelle. Telle est 
la direction tracée d'avance par Stul, dans quelques remar- 
ques d'un grand sens. oú il visait, sans doute, certaines es- 
péces de son genre Macynia (1). 



DÉTERMTNATION ET DESGRIPTIONS. 

Distributio generum. 

d" 9- TiMíB interonediíB et posticm, carina inferiore ápice fur- 
cata. — of. AnienncB articulo millo, prmter 2'", dis- 
tinctissime transverso Segmentxim anale parallelum, 
ápice excisnm, lobis margine externo cum margine 
segmenti continua to (vel segmentum anale ápice fis- 
sum, loMs compresso-approximatis). Cerci hisi neo 
dilatati nec dentali, redi vel circa apicem ta7itum 
curva ti. — Q. Abdomen circa apicem nec compressum 
nec attevuatum notahiliter. Segmentum abdominis 
dorsa le 8" segmen to O" farum longiiis Cerci svhtrian- 
gulares, apicem versus attenuati. — Ovum sub-globu- 
losiim Gen. Bacillus Latr. 

(1) Jleccnsío, 3, p. 5. . 



(51) Pantel. — notes orthoptérologiques. 335 

/ (/ 9. TiMíB intermedice et posticce^ carina in/eriore ápice sini- 
j plici. — (/• Anteniiíe articulo uno, circa apicem, dis- 

tinciissime transverso. Segmenium anale retrorsiim 
dUataiíim, ápice rotiindaío-emarginatum , loMs eX' 
trorsum ollique truncatis. Cerci iasi dilatati et den- 
tati, suMnde curvati. — Q. Abdomen circa apicem 
compressum reí noPihiliter attemiatxim. Segmentum 
aMominis dorsale 8° segmento 9° saltem 2-pJo Ion- 
gius. Cerci teretes , ápice obiusi. — Omim oblongo- 
ellipticum, notabiliter elongatum. 

Gen. Leptynia g*. n. 



Gen. Bacillus Latr. 

c/Q- Tibiarum 2' et 3'' ;;í!!r¿.s carina inferior ápice jur cata. 
Mesonotwm metanoto solo (i) longius. 

c/ . Gracilis, cylindriciis . Antennce longitiidine variabiles, in 
%onnullis quadrantem apÁcalem femorum anticorum, quando por- 
rectasunt, atting entes ; satis homogeneíd, articulo indio , prceter 
2°", transverso, saltem distinctíssime, articulo apicali tribus prce- 
cedentíbus simul sumptis regulariter bretiore. Segmentum anale 
sub-parallelum, postice ángulo obtuso excisum, lobis margine 
externe recto; vel ápice compressum et in lobos approximatos di- 
tisum. Operculum modice fornicatum; parte libera a parte basali 
adhcerente sulco Iransversali disiincta (2). Vomer sub-analis, 
quando adest, basi rohustissimus , conicus, ápice corneo-mucro- 
natxis (3). Cerci basi simplices, circa apicem modice incurvi vel 
toti rectí. 

9. Robustior, depressa. Antennarum arliculi onmes, excep- 
iis i°, 3°, circa médium tino aut altero et articulo apicali, f ere 
u7iiformes, ceque longi et latí vel parum transversi, articulo api- 
cali, articulis ^ príecedentibus simul sumptis longitudine (pquali 
vel longiore. Abdoxnen versus apicem modice attenuatum, liaud 
compressum. tSegmentum abdominis dorsale S" liaud maíllo lon- 
gius quam segmentum .9". ¡Segmentum ventrale 7" postice umhi- 



(1) Scilicet, secluso segmento mediano. 
Í2) Pl. IV, flg. 15. 
) Pl. IV, fig-. 15et 13. 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 25 



3?6 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (52) 

licatum vel alia nota distincHim (1) (an etiam in B. atticofj. 
Cerci dejifessi, versas apicem attemiati. 

Ovum suiglobulosum , modice compresstim, vix sesqxúlongixis 
quam Jatius, lave. 

Larvce, saltem post prima stadia, pediius lolatis gaudenif 

Malgré son apparente homogénéité , ce genre comprend 
deux sous-tj^pes, caractérisés par une conformation tres diíTé- 
rente de l'extrémité de Tabdomen cf. Dans les BB. Itossii^ 
(pgyptiacus... le segrnent anal est paralléle, obtusément et peu 
profondément excisé, les lobes résultant de l'excision demeu- 
rant étendus horizontalement; la plaque sous-anale porte, á, 
sa base, un vomer volumineux, terminé entre les cerci par 
une pointe cornee. Dans le B. algericus, le segment anal est 
étroitement excisé et comprime latéralement vers l'extrémité, 
les lobes formes tendant á se placer verticalement en se por- 
tant l'un contre l'autre; la plaque sous-anale est dépourvue 
de vomer visible, cet accessoire étant évidemment suppléé 
par les lobes terminaux du seg-ment anal. Le B. gallicus 
appartient sans doute au méme sous-type. 



Distributio specierum. 
1° Mares cogniti. 

Pedes elongaiissimi , miitici. Femora posiica ultra medhim 

segmenti dorsalis O' pertingentia. Tarsi omnes^ 

articulo primo notaMliter elongalo, in pare antico 

reliquis ariiculis simul sumpiis fere 2- pío lon- 

\[ giore 1. B. aegyptiacus Gray. 

Pedes mcdice eloiigati, aliqíd saltem spinulosi. Femora postica 
milito minora qxiam in pracedenti. Tarsi, articulo 
"primo modice elongato, in pare antico reliquis si- 
mul síimptis ad summum sesquilongiore 2. 



(1) Pl. IV, fltí'. ll 



3 



(53) Pantel. — notes ORTHOPTÉROLOGIQUES. 387 

AntenTKs mesonoto longitxidine equales. Vomer sudanalis dis- 

tinctissinms, rohistiis, ápice mucronatns. 

2{ 2. B. Rossii Fabr. 

Antennce mesonoto longe Iremores. Vomer snbanalis indis- 

tinctiis (1) 3. 

Aniennce mesonoii dimidia longitudine breviores , circiter ii- 
arüculatm. Segmenta thoracis aidomínisqne dor- 
salia ápice tul) er culata. Femora antica subtus den- 
tata; femora pos tica segmentum abdominale 4™ 
liaud siiperantia 4. B. gallicus Charp. 

Antennce mesonoti dimidiam longitudinem superantes, circi- 
ter 14-articulatcB. Segmenta dorsalia haud tuber- 
culata. Femora antica subtus inermia ; femora 
postica apicem segmenti 5' superantia. 

5. B. algericus Fin. 



2° Fceminse. 

Pedes elongati omnes miitici; femora postica médium segmenti 
abdominalis 6' circiter attingentia; segmenta qica- 
tuor ultima abdominis simul sumpta mesonoto 
multo breviora; cerci elongati, parte exerta, qiian- 

\ do porrecti, segmentum 9"" circiter aquante. 

I 1. B. segyptiacus Gray. 

^ Pedes modice elongati, aliqui saltem dentati ; femora postica 
apicem segmenti 5' haud riel pariim superantia; 
segmenta quatuor ultima abdominis simul sumpta 
mesonoto longitudine cequalia vel longiora; cerci 
abbreviati, parte exerta dimidiam longitudinem 
segmenti 9' vix superantes vel non attingentes. 2. 

Anten7i(S 20-25 articúlales; femora antica spinis armata (an 

etiam B. atticus?); operculum obovatum , basin 

j segmenti íO' liaud vel vix attingens 3. 

Í Antennce 13-15 articúlala; femora antica inermia; opercu- 
lum lanceolatum, basin segmenti 10' notabiliter 
svperans 4. 

(1) y1/í e¿/a/« /« B. g-allico? 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. (54) 

Mesoet metanotum mx aut neut'iquam granulata ; femora in- 
termedia mesonoio subaque longa; femora postica 
médium seg mentí" al) dominalis a' mx attingentia; 
operciilum genitale médium segmenti 9' vixsuperans. 
3^ 2. B, Rossii Fabr. 

Meso-et metanotum granulata; femora intermedia mesonoto 
distincte lo7igiora; femora 2^oslica apicem segmenti 
5' attingentia; operculnm genitale apicem segmenti 
9' attitigens 3. B. atticus Br. 

Tegumentum corporis 7nodice granulatum; antemm mesonoti 
trientem liaud 'cel mx excedentes; margines pronoti 
anticus et posticiis, necnon margo mesonoti anticiis, 
medio simplices; femora intermedia mesonoto pa- 

rum longiora 4. B. gallicus Charp. 

4<( Tegumentum expressius et miiversalius granulatum ; antenn(B 
mesonoti dimidiam fere longitudinem atting entes; 
margines pronoti transversales amlo, necnon margo 
mesonoti anticus, medio tuberculati ; femora inter- 
media mesonoto notaliliter longiora. 

5. B. algericus Fin. 

1. B. segyptiacus Ciray. (Pl. iv, fig*. 13 á 17.) 

(/Q. Corpus Uemssimíim. Pedes omnes mutici, notaliliter elon- 
gati. Pronotum lyratum; angulis anticis rectis vel oUusis, propter 
sinum supra-coxalem, ángulos truncatos imitantilus . 

cT*. Gracillimus, gríseo -lutescens, utrínque fascia fusca ah 
oculo ad apicem ahdominis , necnon fascia dorsali media, in 
capite deficiente, in pronoto et metanoto scepe in duas lineares 
divisa, in abdomine regulariter ampliata, perductus. Ántennís 
elongata?, femoribus tamen anticis plus dimidio ireviores, il-ar- 
iiculatce, articulo 2° sub-ceque longo et lato, articulis reliquis 
distincte longiofilus quam latioribus, articulo apicali duobus 
pra^cedentihis simul sumpiis (eque longo. Meso-et metanotum me- 
dio sul)-ol)solete carinata. Femora postica paulo ultra médium 
segmenti 6' pertingentia; tarsi elongatissimi. Segmenta abdomi- 
nis dorsalia ápice macula punctiformi nigra órnala. Segmentum 
adíale segmento 8° longitudine cequale, segmento 9" nonnihil lon- 
gius, carinatum, postice emarginatiim, lobis ápice obtusis. Oper- 
culum genitale lanceolatum, ápice breviter fissum (an interdum 



(55) Pantel. — notes ORTHOPTÉROLOGIQUES. 389 

integnim?) , lasin segmenti iO^ aitingens. Cerci elongati, longe 
luir a segmenium anale producti, teretes, redi, circa apicem in- 
cíirvi, ápice ipso odtusi. Vomer sud-analis rodustus, conicus, ápice 
míicronatus. 

Q. Lutescens (vel viridisfj vel cinérea. AntenncB verosimili- 
ter i8-articulat(e (1); articulo T transverso vel f ere aque longo 
et lato. Mesonotiim cum metanoto medio carinnlata. Femora in- 
termedia et postica carinis infcriorilus interdum suh-dilatatis 
(an etiam Ínter díim dentatis'^); illa mesonoto multo longiora, ista 
médium segmenti aMominalis 6' circiter attingentia. Segmenta 
addominis dorsalia 7, 8, 9, '10, simul sximpta, mesonoto multo 
breviora. ¡Segmentiim anale segmento 9° nonnihil longius, parum 
expresse carinatum, postice vix emarginatum, loMs late rotunda- 
iis, válvula siq^raanali in emarginatura exserta. Segmentum 
ventrale 1^ postice umMlico minimo, fusco, nitido, signatum. 
Operculum genitale lanceolatum, sxib-acuminatum , lasin seg- 
menti iO' notaMliter superans. Cerci elongati; parte exserta, 
quando porriguntur , segmento dorsali 9° longitudine sulaquali. 

Long-it. corp c' 'iS -50''" 9 58""" 

— antenn ? - 9 ? 

— mesonoti 8,5-9,5 11,5 

— fem. antic... 20 -21 22 

— — interm.. 13 - ? 14 

— — postic... 17 -17 17 

Bacteria (egyptiaca Gray, «Syn. Phasm.», p. 18 {cf). 
Bacilhis (pggptiacusWesUvooá, «Cat. of orth. Insects, Phas- 
midse», p. 4 {rf). 

Habitat. L'Eg-ypte (type de Gray); le mont Liban (R. P. 
Torrend, missioniiaire, c. m.)- 

La description qui precede est faite d'aprés les individus de 
Syrie. J'ai cru pouvoir rapporter ees insectes h l'espéce de 
Gray h cause de la concordance du plus grand nombre de ca- 
racteres, notamment á cause de la long-ueur des pattes et du 
premier article des tarses. II est bien vrai que d'aprés West- 



(1) Dans l'exemplaire le plus complet que j'ai pu examiner, les deux troncons 
comptent 17 articles, et il semble, á teñir compte de leur forme, qu'il manque uni- 
quement l'article terminal. 



390 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (56) 

wood le dernier segmenta) entr al (opercule?) ne s'étendrait, dans 
le type, que jusqu'au milieu du ^^ segment dorsal et que les 
cerci seraient en forme de massue (1); mais il n'est pas im- 
possible qu'un individu ait eu accidentellement un opercule 
plus court. La difficulté relative á la forme des cerci est plus 
embarrassante. Mr. Kirby, du Britísh Museum , avait bien 
voulu se cbarg-er de la résoudre par Tobservation directe du 
type, mais il a trouvé que le précieux insecte avait malbeu- 
reusement perdu Fextrémité de Tabdomen. Malg-ré l'impossi- 
bilité d'une vérification, je crois extrémement probable que 
nos exemplaires se rapportent á Tespéce de Gray. 

La 9 de cette espéce était inédite. 

Oa lit dans la diag*nose donnée par Westwood que les 4 pai- 
tes postérieures sont á peu prés ég-ales, chez le (/, mais l'au- 
teur annule un peu plus bas la valeur de cette sing-uliére re- 
marque, quand il dit que les pattes postérieures font défaut 
dans l'exemplaire type, le seul qull ait étudié, 

2. B. Rossii Fabr. (Pl. iv, fig-. 9, 10.) 

of. Gfracilis, l(emssimiis,fuscus vel fusco-oHmceus , utrinque 
fascia odscura, interdum alho-pruinosa, ornaüis. Antemi(B lon- 
giusculce , femoHbiis tamen anticis plus dimidio breviores, 20-ar- 
ticulatce, articulo apicali duohus prmcedentilus simul sumptis 
longiore. Pronotiim modice li/ratum, angiilis margine antico et 
parte marginis lateralis sinuosa formaiis , obliqíie truncatis. 
Meso-et metanotum haud carinata. Femora antica mutica. Fe- 
mora intermedia et postica ápice sultus 1-2-spinosa; illa meso- 
noto longitudine siil-cequalia, ista apicem fere segmenti aMomi- 
nalis 5' attingentia. Segmentum anale segmentis 8° et 9" patito 
longius, ver sus apicem medio carinulatuon , margine postico an- 
giüatim lateexciso, lohis ápice stidlus sub-mucronatis. Operculiim 
genitale ápice truncatum mi oltmiim, segmenti dorsalis 9' api- 
cem attingens. Cerci teretes, parte lasali recta, parte apicali in- 
curría, ápice retuso. Vomer sub-analis ut in B. íieg'yptiaco. 

9. Magna, viridis vel fusca, parti?íi alMdo-pruinosa. Anien- 
nce 20-2o-articulat(S , articulo ultimo articulis ^f pr(scede}itil?íis 
simul sumptis longitudine eequali. Pronotum variaMUter lyra- 



(1) — two long', exserted, clávate, curved, anal styles the last (ventral seg- 
ment) extending- to about lialf the length of tlie uinth dorsal segineut. 



(57) Pantel. — notes orthoptérologiques. 391 

tnm; angnlis margine áulico et 'parte sinuosa marginis lateralis 
formaiis, obliqíie trimcatis; margine antico regulariter medio 
reflexo-elevato ; interdum, linea elévala transversa margini pos- 
tico appusita. Meso-et metanoliim medio carinata, Icema vel parce 
el)urneo-gramilata. Femora a7itica siihtus carina interna mutica, 
carina externa dentibiis 4-6, basi dilatatis , remotis inter se, 
S(Bpe nigris, armata. Femora intermedia el postica subtics carina 
ulraque spinis 4, quarum nonnull(B scepe obsoletce, armata; illa 
mesonotmn longitudine circiter (gquantia, isla basin segmenii ab- 
dominalis o' attingentia vel panlo siiperantia. Segmenta abdo- 
minis dorsalia 7, 8, 9, 10, simul sumpla, mesonoto longitudine 
cequalia. Segmentum anale segmento 9° sesquilongins, postice ca- 
rinatum , apiice rotundatum , integriim vel modice excisiim, lobis 
rotundalis, válvula sicpra-anali rotundata, inter dum prominula. 
Punctum umbilicale segmenii ventralis 7' disiinctissimum, cas- 
taneum, niiidum. Operculum genitale ovatum, ápice integrum, 
inter dum acule emargínatum , apicem segmenii dorsalis 9' haud 
allingens. Cercibrevissimi, depressi, margine externo recto, mar- 
gine interno convexo, ápice attemtati ; parte exserta tertiam par- 
tem segmenii 9' non excedens. 

Oviim castaneoferrugineum. Costula meridiana fusca, linea- 
ris, irregularis , interdum veluti crenulata, longitudine varia- 
iili, mmc a margine operculi, nunc a medio faciei ventralis in- 
cipiens. Área dorsalis ohlongo-elongata, cinérea, marginem oper- 
culi allingens, paulo ante médium, púnela bina elévala, coslulam 
meridianam terminantia includens. Operculum annulo interno 
elevato, margini parallelo, ornatíim. 

Long-it. corp c/ 58 -62"'"' (ex D. Brunncr) 9 90 -105^" (ex D. Br.) 

— antenn.... 10 -12 

— mesonoti.. 10,5-? 

— fem. antic. 22 -22 

— interm ? -15 

— postic. . .. 17,5-19 

Phasma Rossia Fabricius, «Ent. syst. suppl. 
Bacillus Rossii Latreille et Auctores. 

— tripolitanus de Haan, «Orthopt. orient. », p. 101. 

Synonymia intricata, ut videre est in Pródromo el. Brun- 
ner, in quo tamen desideratur indicatio operum Graji et West- 
woodii. 



7.5- 


9 


15,5- 


? 


25 - 


• 29 


15 - 


■ 17 


18 - 


• 24 


», p. 


187. 



392 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (58) 

Habitat. La France méridionale, TEspag-ne septentrionales 
le nord de l'Afrique, Tltalie, la Dalmatie, la Gréce. 

Cette espéce est sujette aux nombreuses variations qui ont 
été sig-nalées plus haut. II est besoin de teñir compte de cette 
circonstance pour apprécier les descriptions des nombreux 
auteurs qui ea ont parlé; prises h la lettre, elles seraient soii- 
vent contradictoires, commele fait observer Westwood. Néan- 
moins il est difficile d'admettre que le nombre des articles des 
antennes tombe k 13, comme il faudrait le conclure d'une 
autre observation de cet auteur; on peut soupconner que le 
spécimen du British Museum dont il parle n'est en réalité 
qu'un B. gaUiciis. Cette supposition parait d'autant plus lég-i- 
time qu'il s'ag-it d'un insecte á thorax g-ranulé, á fémurs an- 
térieurs inermes. 

Pendant la correction des épreuves, j'ai recu de M. Brunner 
communication d'un couple [de Bacillus provenant de Bóne, 
qui ne parait pas se rapporter á une autre espéce, malgré 
quelques diverg-ences assez notables. La taille est plus g-réle 
et plus réduite, surtout dans le c/. La plaque sous-génitale, 
dans le méme sexe, est un peu émarg-inée. Cette piéce affecte, 
dans la 9, une forme assez insolite: elle est tres courte, dis- 
tinctement carénée sur la lig-ne médiane, sinuée de part et 
d'autre á l'extrémité et finement chag-rinée. Cette derniére 
particularité s'observe d'ailleurs, quoique á un deg-ré raoins 
marqué, chez des individus d'autres provenances (Athénes,- 
c. m.) Dimeusions du c/": 

Long-ueur du corps 52""" 

— des antennes 8 

— du mésonotum 10,5 

— des fémurs antér 20 

— — interm 13 

— — postér 1(5 (paraissent 

dépasser quelque peu Textrémité du ty seg-ment). 

3. B. atticus Br. 

9. Fusca, albo-priíinosa. Antenna 'í5-articulat(S. JPronotum 
ut in B. Rossii. Mésonotum cum metanoto gramúata. Femora 
anticaf Femora intermedia et postica subtiis carina utraque S-4- 
spinulosa; ista apicem segmenti aMominalis 5' aitingenlia. Seg- 



(59) Pantel. — notes orthoptérologiques. 393 

menium anale postice carinatiim. Opercidum genital e ápice ohtu- 
siiTTh, marginem posíiciim segmenii dorsalis 9' ailingens. Cerci 
obtusiusciUi (ex Bruoner). 

Long-it. corp Q 80'"" 

antenn 8 

— mesón 14,8 

— fem. antic ? 

— — interm 17 

— — postic 21 

Bacillus atticus Brunner, «Prodr. der europ. Orth.», p. 75. 
Habitat. Athénes (coll. de M. Brunner). 

4. B. gallicus Charp. (Pl. iv, fig-. 11, 12.) 

c^. Fíiscns. Anienncp hrevissimm, meso7ioto dimidio h'emores, 
il-articiüatm. Meso-et metanotum parce punctata; segmenta ilio- 
racis et aidominis dorsalia ápice tu'berculata. Riidimenta elytro- 
Tum alarii.mqiie perspicua. Femora omnia hrevia, siiltus dentata, 
intermedia et postica, insuper, supra ápice lohata: femora postica 
segmentum aMominis 4"^ haud superantia. Opercuhim genitale 
ápice acuminatum , apicem segmenti 0^ haud vel vix attingens. 
Cerci redi, conici (Finot), vel depressi (Brunner). (Notse omnes 
decerptai ex Auctoribus.) 

9. Viridis mi fusca. Antenn^ drevissimts , mesonoto plus di~ 
7/iidio breviores, í3- articúlalas, articulis 1, 3, articulo ap)icali, 
necnon circa médium altero, longioriius qua^n latiorilus, articu- 
lis reliquis transversis. Fronotum modice lyratum, angulis an- 
ticis obtusiSj velrotxindatis; disco inaquali, parce interdum gra- 
núlalo. Mesothorax cicm melat/iorace granulan, supra, medio, 
carinulati, carinula aMomen fere totiim perciirrente (1). Femora 
omnia hrevia; femora antica mutica; femora intermedia et postica 
ápice suhtus 1-2-dentata: illa mesonoto longitudine (pqualia, ista 
apicem segmenti 4' paulo superantia. Segmenta aMominis dor- 
salia 7, 8, 9, iO, simul sumpta, mesonoto longitudine aqualia, 
Segmentan anale segmento 8" vix longius, CfetenwiutinB. segyp- 



(1) Quod notatum etiam a BruUé. 



3D4 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (60) 

tiaco terminaiuin. Segme7itum ventrale ahdominis 7"™ postice 
wnMlico nullo, sed ?nedio elevaíulum , uírinque plaga suhiUida 
apposita. Operculiim geoiitale tectiforme, lanceolatum, ajíicem 
segmenÜ dorsalis 9' superans vel salíem attingens. Cerci breves, 
parte exserta, quando porriguniur, dimidiam piartem segmenti 9' 
círciter attingentes , sub-triquetri sed tamen deplanati, sefisim 
at temía ti. 

Ovíim fusco-ferrugineiim , nomiihil obscuro-maculosum. Costa 
meridiana latiuscula, fusca, a polo inferiore orla el in parte ha- 
sali arem dorsalis desinens. Illa concolor, subparallela , ápice 
modice acuminata, marginem operculi non attingens. Oj^erculum 
disco medio obscuro, scabro, zona marginali grisea, Icbví. 

Leng-it. corp (f 52-54°"" Q 62-68"- 

— antennar 3 4 

— mesonoti ? 12 

— fem. antic. . .. 14 20 

— interm 9 12,5 

— postic , 10 15 

Phasma gallicum Charpentier, «Horse ent.», p. 94. 
Bacillus gallicus Burmeister, «Handb. der Ent.», ii, p. 561 et 
«Auct. posteriores, g-eneratim.» 

— granulatus Brullé, «Hist. nat. des insect.», ix, p. 110, 

pl. 9, fig-. 1. 

— Rossius Eambur, «Fauna de TAndal.», p. 24. 

Habitat. La France, l'Espag-ne, la Sicile, la Lig'urie, la 
Oréce. 

5. B. algericus Finot (in litt.), sp. an var. nov.? 

a- Olivaceo-rufescens, lavis. AniemiíB mesonoti dimidiam lon- 
gitudinem superantes, i^-articnlat(E , articulo T brevissimo, 3" 
duobns pracedentibus unitis sublongiore. Pronotum antice dis- 
iincte angustius quam postice; disco suicido longitudinali medio, 
sulco transversalí medio sito, necnon utrinque impressione svpra- 
coxali, inmquali; angulis anticis roíiindatis, posticis noíabiliier 
de/lexis; margine antico onedio eleva tulo et tubérculo obscuro sig- 
nato; marginibus lateralibus supra coxds late sinuatis, sub-re- 
flexis. Meso-et metathorax superne inferneque obscuro- olivacei, 



(61) Pantel. — notes orthoptérologiques. 395 

nec carinaíinec granulati; laierihis alhido-pruinosis {!) et parce 
granulaüs (2), mtta rufa mUcB alMdce utrhiqne apposita. Pedes 
modice elongati, sat rohisti. Femara antica inermia; intermedia 
et postica siidiiis circa apícerji uirinque unidenlaia; isia apicem 
segmenti .5' superantia. Segmenta abdominís dorsalia ultima me- 
dio carimilata. Segmentiim anale segmentis 9° et8° seorsim sump- 
tis longius, longitudinaliter carinato-elevatum, alatere visum, 
medio valde convexum, síihinde alrupte declive et fere ohliqíie 
truncatum; carina incrassata et sulcaia; laterilns circa médium 
in/latulis, postea compressis; parte apicali acutissime et profun- 
de emarginata, velutí üssa, lobis prodiictis, attenuatis, intus 
dentatis; angulis lasalilus iisque ad lineam ventralem mediam 
prodíictis, contiguis ; marginiius lateraliius liinc divergentilus, 
ad insertionem cercoriim inciirvis. Operculum genitale fornica- 
ium, postice truncato-oblusum fin exemplis quihis studui, plica 
media in lobos acumi7iatos apparenter divismnj, apicem segmenti 
dorsalis correspondentis subattingens. Vomer subanalis indis- 
tinctus. Cerci elongati, basi nonnihil flexuosi, siiperne teretes, 
inferné planiusculi, circa apicem incurvi etinius excavati, ápice 
retusi. 

9. Cinérea vel tiridis, subtota granúlala. AntenncB mesonoíi 
dimidiam fere longitudinem atting entes, lo- articúlala. Prono- 
tum antice angustius quaní postice , angulis anticis rotundatis, 
marginibus lateralibus late sinuatis, postice limbatis; margini- 
1)118 antico et postico medio tubérculo instructis, tubérculo pos tico 
Ínter dum spiniformi; impressione transversa pone médium sita. 
Mesonotum et metanotum medio carimilata; mesonoti margine 
antico, medio ^ tubérculo interdum spiniformi instructo. Pedes 
robus ti. Femara antica inermia; intermedia et pos tica subtus 
iitrinque circa apicem 1-dentata; ista apicem segmenti abdomi- 
natis o' subattingentia. Segmenta abdominis ultima subobsolete 
longitudinaliter multi-rugata. Segmentum anale media distincte 
carinaium (3), postice parum profunde emarginatum, lobis ro- 
tundatis., lóbulo supra-anali distincto. Segmentum 'céntrale 7"* 
postice elevatione nage limitata, rngis obliquis utrinque comitan- 



(1) In vivis, verosimiliter, vitta albida usque ad apicem abdominis ducta. 
(■¿) Granulatio interdum obsoleta. 

(3) Interdum segmenta omnia longitudinaliter medio carinata, ut in specie príE- 
cedenti. 



396 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (62) 

tihis. OperaíHm genitale elovgaUím, lanceolatum , iiltra dasin 
segmenli analis oiotaiUiter productum. Cerci triangulares, de- 
pressi, hreves, parte exeria dímidia longiludme segmenti 9' Ire- 
inore. 

Ovicm identice lUin B. g-allico. 

LoDg'it. corp; of ^1""° Q eO"" 

— antenn 6,2 5 

— mesonoti 9,5 12 

— fem. antic 18 23 

— — interm 12 15 

— — postic 16 19 

Habitat. Le nord de l'Afrique: Oran (Finot, Brunner, c. m.) 

C'est de deux cótés que me sont venus , presque simultané- 
ment, des représentants tres complets de cette forme curieuse 
et qui m'a obligé, tout d'abord, je dois le reconnaitre, de mo- 
difier sur quelques points l'idée que je m'étais faite du g-enre. 
Cette circonstance m'est un motif de remercier doublement 
MM. Brunner et Finot de leur générosité et de leur empresse- 
ment á me venir en aide. 

L'insecte a été découvert et nommé par M. le Cap. Finot, 
des 1880. 

Ses aífinités avec le gallicns sont tellement étroites que l'on 
doit se demander si l'on a aíTaire á une ou á deux espéces. 
L'examen de l'oeuf, que j'ai eu la bonne fortune d'extraire 
d'un abdomen desséché depuis dix ans, tendrait h écarter la 
seconde hypothése, aussi bien que la comparaison des Q Q; 
car les difíérences relevées, portant sur des dimensions relati- 
ves de parties, sur le nombre des articles des antennes, la 
granulation du tég-ument..., sont de celles qui peuvent ren- 
trer dans les limites de la variabilité. 

Les cfcf présenteraient des diíTérences autrement profun- 
des, h prendre pour base de la comparaison la description de 
gaUicus par M. Brunner. Cette espéce, en eíTet, aurait les fé- 
murs antérieurs dentés, le seg-ment anal arrondi á. Textré- 
mité, des rudiments d'élytres et d'ailes visibles, etc. Mais 
d'autre part, Texemplaire provenant d'Hyeres, décrit et fig-u- 
ré par M. Finot, dans ses Insecles Orlhop teres de la France, 
est parfaitement semblable á ceux d'Oran , comme il resulte 



(63) Pantel. — notes orthoptérologiques. 397 

de renseig-nements manuscrits et d'un excellent croquis com- 
muniqués par l'auteur. Cette circonstance est tout á fait em- 
barrassante, si Ton se souvient que la description du Pro- 
dromus est faite d'aprés les c/c/ de la coUection Yersin, cap- 
tures aussi dans le midi-de la France. 

Quelque sérieuses que. paraissent les différences , 011 ne 
pourra se prononcer sur leur valeur, établir la véritable diag"- 
nose du B. gallicus et fixer le sort du B. algericus, qu'aprés 
avoir étudié d'aprés nature un assez grand nombre de sujets 
de Tune et Tautre forme et porté spécialemeut son attention 
sur le sens de leur variabilité. Toutefois, méme dans le cas 
oú une telle étude aménerait á admettre Tidentité spécifique, 
ce qui parait tres probable, la forme africaine représenterait 
une race g-éographique fort remarquable; il convenait, par 
conséquent, de la décrire sous un nom particulier. Je lui ai 
conservé celui qu'elle porte, depuis dix ans, dans la coUec- 
tion du Cap. Finot. 

II est á peine besoin de faire observar que la granulation 
du tég'ument, par oü la Q s'éloig-nerait notablement, á premié- 
re vue, áe gallicus , est essentiellement variable. Sur l'exem- 
plaire recu de M. Finot elle est tres forte; les tubercules du 
bord postérieur du pronotum et du bord antérieur du mésono- 
tum sont prolongés en une long'ue épine verticale et des g-ra- 
nules se disting-uent tres bien méme sur la pag-e ventrale de 
l'abdomen: sur celui que j'ai recu de M. Brunner, elle est tres 
comparable á celle áe gallims, les épines sont réduites á des 
tubercules á peine saillants et l'abdomen est lisse; cependant, 
le bord antérieur du pronotum porte encoré un tubercule qui 
ne s'observe pas qXíqz gallicus (1). 



Outre les espéces qui précédent, la rég-ion circa-méditerra- 
néenne offrirait á étudier: 

1° Bacillus A dditl Westwood (B. gracilis Burm.). de l'Abys- 
sinie et de l'Arabie heureuse; 
2° Bacillus lodipes Lucas, de TAlg-érie, 

(1) Voir la note additionnelle, p 88. 



398 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (64) 

Le premier demeure á peu prés problématique, soit á cause 
de rinsuffisance des renseig-nements donnés par l'auteur, soit 
á cause d'un caractére surprenant qu'il lui a attribué et qui 
consisterait á avoir les fémurs intermédiaires et postérieurs 
cylindriques. C'est bien avec intention, d'ailleurs, que Bur- 
meister a parlé de cette forme insolite des fémurs, car il y 
avait fait allusion dans la diagnose du gfenre. 

Le BacilHs loMpes est connu par une description assez dé- 
taillée de M. Lucas et par de belles fig-ures (1); mais, suivant 
M. Brunner, l'insecte décrit et fig-uré ne serait qu'une larve 
tres avancée de B. Rossii. Dans Timposibilité d'apporter á 
cette question le plus petit éclaircissement, puisque je ne 
connais ni le type de M. Lucas , ni la larve, en méme temps 
bien authentique et assez avancée du B. Rossii, je dois m'abs- 
tenir d'émettre une opinión. 



Gen. Leptynia, g-en. nov. 

c/'Q. TiMarum 5' et 3'' paris carina inferior ad apicem per- 
ducta. Mesonotum metanoto solo vix longius. Segmentum media- 
mim nonnihil Iremus quam in Bacillis. 

of. FíUformis, cylindricus , Í7i variis speciehus parum dissi- 
milis. Antennce femorilus anticis circiter 3-plo breviores, hetero- 
genem, articulo 2° non minxis transmrso quam in Bacillis c/c/, 
articulis reliquis, usqne ad médium antennm, noiaMliter elonga- 
tis; articulis sulseqiientihus ahdreviatis , circa apicem articulo 
uno distinclissione transvierso, articulo ajñcali articulis tribus 
pracedentibus simul sumptis longiore vel (pque longo. Pronoíum 
elongatum, pjlaniíiscuhim , marginibiis lateralibus sub-/lexuosis, 
antrorsum convergentibus. Segmentum anale retrorsum dilata- 
tuní, rotwidato-excisum, lobis extrorsum oblique truncatis. Oper- 
culum genitale saccato-inflatum, plica basali transversali hav.d 
vel mgre distinguenda. Vomer subanalis totus membranaceus, 
basi angustior quam in Bacillis etfere linearis. Cerci teretes vel 
subtriquetri, basi introrsum dilatati et dente obtuso armati, de- 
Jiinc fere semicirculariter incurvi, ápice retusi, latere interno 
granulis microscojñcis et setis rariusculis nigrescente. 

(1) Exploration scicnlijlfpie de l'Algc'rie^ Ortli., p. 12, pl. 1, fig;. 5. 



(65) Pantel. — NOTES ORTHOPTÉUOLOGIQüES. 39& 

Q. Antenna h'eves; heterogénea'-, articíilis I, 3°, 5" et apicali, 
milito longiorihus quam tatm'ibus, arliculis reliquis notaliliter 
transversis , articulo apicali 4 iJTcecedtntihus siimd siimptis ad 
minus Icngitiidine aquali. A bdomen versus apicem vel compres- 
sum vel notadiliter attennatum (an etiam in vizisl). SegmentiiTíi 
aMominis dorsale 8"^ segmento 9° saltem 2-plo longius. Segmen- 
tnm ventrale 7'" postice neiitiquam accidentatum. Cerci teretes, 
redi, ápice ohtiisi. 

Omim oblongo-elliptícum , elongatiim, haud comp)ressiim , deli- 
catissime scahrum. 

Larvm in millo stadio pedibus lobatis praditm. 

NoiL Leptynia {a¡tt--jv¿u) alludit ad staturam gracilem, prae- 
sertim cid"' 



Distributio specierum. 

1° Mares. 

¡Statura minor et gracUior. Femora intermedia et postica, 
\ ápice, subtíis, carina utraque inermi , longissima; 

illa, apicem segmenti abdominalis 3", ista, saltem 
médium 1\ interdum médium 8' attingentia. Seg- 
mentiim anale segmento 0° longitudine eequale. Cerci 
magis distincte ante íuberculum dilatatí, tubérculo 
ipso parum expresso, f ere perpendicular i, mmquam 
angulum aculissimum cum cerco ej'orwante. 

1. L. hispánica Bol. 
Statura major et robustior. Femora intermedia et postica 
ápice subtus carina ntraque denticulis rcgulariter 
distinctis ármala, breviora ; illa médium segmenti 
3", ista médium 6\ interdum médium 7' attingen- 
tia. Segonentum anale segmento 9' distincte brevius. 
Cerci 7)iinus distincte ante íuberculum dilatati, tu- 
bérculo ipso dentiformi , elongato, longitudinaliter 
porrecto et angulum acutissimum cu7)i cerco effor- 
mante 2. L. attenuata sp. n. 



400 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (66) 



2° Fceminse. 

Minor. Meso-et metathorax ad sensum granuJati, revera spinis 
minuscuUs Jiispidi. Femora omnia miitica. Pars 
apicalis aldominis (seg. S, 9, lOy indura fa, parce 
ímpresso-pU7ic/ata, supra carinata , a laiere msa, 
co7ivexa ; segmento anali cucullaio-spathiformi, 
postice acuminato 1. L. hispánica Bol. 

Major, etsi proportionaliter gracilior. Meso-et metathorax 
disco Imvi (lateribxis interdum serie lineari tuier- 
cídorum ornatis). Femora intermedia et postíca, 
subtus, ápice denticiilata vel miUica. Ultima seg- 
menta aldominis dorsalia notaliliter atteniiaia, 
nec indurata nec punctaia; segmento anali ut in 
Bacillis constructo, ápice rotundato. 

2. L. attenuata sp. n, 

1. L. hispánica Bol. (Pl. iv, fig-. 18, 19, 22.) 

cf. Gracillimus , Icsvissimus, griseo-aldica?is , supra /usces- 
cens, lateribus albo-marginatis , capite semper, tJiorace interdum 
pallide Mvittatis. Antennm ío-n-articulatce. Meso-et metanotum 
delicalissime carinulata, carinula interdum rix distincta. Pedes 
longissimi et gracillimi. Femora omnia mutica. Femora interme- 
dia apicem segmenti 3", femora postica médium 7', interdum 
médium S' attingentia. tSegmentum anale segmento 9° iongitudine 
mquale. Cerci ante tuberculum básale distincte introrsum dila- 
tati, tubérculo ipso mínimo, scepe vix distinguendo, fere p^^'^'P^n- 
diculari, nunquam angulum acutissi7mi?n cum cerco efformante. 
Operculum genitale postice trimcato-roiundatum, apicem segmenti 
dor satis 9' liaud attingens. 

9. Robusta; viridis, lateribus albo- marginatis; reí ferrugi- 
nea; vel lutescens; vel cinérea, fusco-maculata. Antennce ll-arti- 
cnlatíü. Pronotum marginibus lateralibus pariim Jlexuosis. Meso- 
et metathorax prima fronte pagina ntraque granúlala , reipsa 
spinis minimis erectis hispida et i)isuper pagina supera medio 
carinulata. Femora omnia inermia. Femora intermedia vix mé- 
dium segmenti abdominalis ^\ femora p>ostica médium Ij' circiter 
attingentia. Abdominis pars apicalis, 3 complectens ultima seg- 



(67) Pantel. — notes orthoptérologiques. 401 

menta, indurata, impresso-ptinctata, compressa, swpra aciUo-ca- 
rinata, a latere visa, convexa. Segmenium aMominis dorsale S^ 
segmento 9" suh-duplo longius (sal tem plus quam sesqiiilongius), 
margvie postico utrinque, prope angxüiim, producto. Segmeiitum 
anale cucullatum, anguHs basalibus sub-co7itiguis, postice aciimi- 
nato-productum. Operculum planum, ápice obtusum, lasin segmen- 
ti 10' attingens. Cerci apicem segmenti analis, quando porrecti, 
haiid attingentes, pilis nigris Iremius, siciiti el valvulce anales, 
olsiti, verstis apicem modice attemiati, ápice ipso odtusiusciilo. 
Oüum plus 3-plo longius quam latius, latere ventrali recto, la- 
tere dorsali convexo, per opercuhim oMique truncatum. Ocido 
nudo, líete et plumbeum; oculo lente armato, oiscure et sordide 
lutescens, rugiiJis fuscis irregularibus , numerosissimis , areolas 
mínimas circumscrilentibus. obsiium apparet. Costula meridiana 
mínima, a polo ínftro ad i"" quadrantem, circiter, ducta, ín 
areola dorsali tubérculo termínala. Área istec basifere circula- 
ríter rotundata, subinde attenuato-producta , ápice longe citra 
marginem operculi sistente. Operculum convexum, disco ab aliis 
partibus ovi, colore et structura haud dissímile. 

Longit. corp cf 35 -Sg"-" Q 48 -58"™ 

— antenn 6-6 3,2- 3,5 

— mesonoti.... 6,8-7.5 7,9-10 

— fem. antic... 16 -17 15 -17,5 

— — interm.. 11 -12 8,5-10 

— — postic. 13 -14 11 -13 

Bacillus Mspanicus Bolívar, An. de la Soc. esp. de Hist. nat., 
t. VII, p. 423, lam. iv, fig-. 2. 
— — Brunner, «Prodromus» et Auctores. 

Habitat. L'Espag-ne céntrale et septentrionale. 

L'espéce est remarquable par la conformation de l'extrémité 
de rabdomen, dans la 9. Les trois derniers seg-ments dorsaux 
sont indures et forment un ensemble rigide, comprimé sur 
les cótés, carené et notablement convexe en dessus. Les par- 
ties laterales se rapprochent de maniere á cacher plus cu 
moins complétement les plaques ventrales. 

Le seg-ment anal offce encoré cette sing-ularité, qu'il est 
prolong"é en une pointe aigüe. Si elle était développée sur un 

ANALES DE HIST. NAT. — XIX. 26 



402 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (68) 

plan, cette piéce aurait la forme d'un triangle isocéle aig-u. 
L'ouverture anale est bien en decá de I'apex et la válvula su- 
périeure est, par suite, toujours cachee. 

2. L. attenuata, sp. n. (Pl. iv, fig-. 20, 21, 23 á 27.) 

of. PrcBcedenü simiUimus, sed major etrobustior; griseo- 
alMcans vel oHvaceus,/asciis ut in L. hispánica dispositis. An- 
tenncB 16-11 -articúlate. Meso-et metanotum carinula media obso- 
leta. Femora antica inermia; femara intermedia ei postica snh- 
tus ápice utrinque denticulis i-5; illa médium segmenti 3", ista., 
ad summum, médium segmenti 7* attingeniia, sed sape dreviora. 
Segmentum anale segmento 9° distincte brevius. Cerci ante tuler- 
culum básale parum dilatati, tubérculo ipso in dentem longitu- 
dinalem producto, ápice obtuso, angulum acutissimum cum cerco 
efformante. Operculum genitale postice truncato-rotundatum, api- 
cem segmenti dorsalis 9'^ Jiaud attingens. 

9. Elongata, gracilis. Prasina, lateribus, regulariter, linea 
alba, dorso interdum fascia fusco-carnea, signatis; interdum fia- 
vescens vel ferrugineo-rosea. Anteiina IS-ll-ariiculatíe, meso- 
noto plus dimidio breviores, articulo ultimo articulis 5 prcece- 
dentibus simul sumptis longitiidine interdum aquali. Pronotum 
antice angustius quam p)ostice, marginibns lateralihis parum 
sinuatis. Meso-et metanotum lama , medio parum expresse cari- 
nata, lateribus, quandoqiie, serie lineari granulorumtel tuber- 
culorum spinescentium , ornatis. Femora antica mutica ; femora 
intermedia et postica, subius, utrinque spinulis numero variabi- 
libus, interdum obsoletis, armata; illa apicem 2' segmenti abdo- 
minalis, isla apicem 5' Mxid attingentia. Abdominis pars apica- 
lisS'"' complectens ultima segmenta, notabiliter, saltem post mor- 
tem, attenuato-compressa^ cmterum haudindurata nec, excepto 
segmento anali, carinata. Segmentum 8"^ segmento 9" j^lus duplo 
longius. Segmentum anale eodem segmento 9° plus quam sesqui- 
longius, poslice rotundatum vel ángulo aptertissimo excisum, val- 
vula supra-anali rotundata, exserta. Operculum genitale lanceo- 
latum, ápice truncato-obtusum, apicem segmenti dorsalis 9' liaud 
attingens, valvnlis ompositoris interdum exsertis. Cerci elongati, 
parte exserta segmento anali dimidio breviore; cylindrici, ápice 
obíusi, breviter p)ilosi. 

Ovumplus 4-2)lo longius quam laiiics, parte dorsali paulo con- 
mxiori quam ventrali, extremo cephalico subrecurvo etper oper- 



<69) Pantel.— NOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 403 

culum ollique truncato. Color plumheus, gríseo marmoratus . Su- 
j>erficies delicaüssime scairo-rngiiJosa {\). Areadorsalis, rliom- 
to'ideo-lanceolata, drevis, médium longitudinis ovi non atlingens, 
tubérculo incluso nigro mijuscido; coskda meridiaíia brevissima, 
usque ad poliim inferum non per Üng ente, paluda. Polus ipse 
rugís fortioribus inaqualis. Operculum limbo elévalo circumda- 
ium, notabiliter convexum et totum verrucis magnis, irregulari- 
bus, in(pqnale. 



LoDg"it. corporis 


^■' 42 -SO- 


9 48 -60-"- 


— antenn 


5,8- 6 


3,8- 4,8 


— mesonoti. . . 


8,5- 9 


9,5- 9,9 


— fem. antic. . 


18 -S0,5 


16 -20 


— — interm. 


12 -14 


? -13 


— — postic. 


15,5-18 


13 -17 



Habitat. Le Portugal: S" Fiel (2) (R. P. Barret, c. m.); l'Es- 
pag-Qe céntrale: Talavera (R. P. Capelle, c. m.); Cepeda, au 
Sud de Salamanca; Urda, montes de Toledo (Bolívar). 

L'espéce a été découverte en Portug-al par le P. Barret et 
capturée, peu de temps aprés, sur les divers points du terri- 
toire espag-nol qui viennent d'étre indiques. Un premier lot 
de quatre exemplaires existait dans ma collection depuis des 
années, gráce au P. Capelle; d'autres sont venus successive- 
ment et, en dernier lieu, M. Bolívar a bien voulu me commu- 
niquer tous ceux de sa propre collection, en sorte qu'il m'a 
été possible d'étudier un assez grand nombre d'individus. 

Ce n'était pas trop de ees circonstances favorables pour 
écarter le dang-er d'une méprise et permettre de saisir la 
véritable physionomie de l'espéce, par suite aussi celle du 
^enre. 

Les 92 des deux espéces offrent des diíférences bien tran- 
■chées, fáciles á saisir á ra?il et á exprimer dans une descrip- 
tion. Les c/c/, au contraire, sont fort diíiiciles á disting-uer, 
ainsi qu'il arrive pour des genres exotiques de la méme fa- 
mille, tels que Bacunciilus Barm. Comme d'ailleurs ees deux 



(1) Fond á points saillants tres fins; oa et la des ligues élevées irréguliéres et ia- 
complétes, blanchátres, comme des restes furfurescents d'une cuticule détruite. 

(2) Prés de Castello Branco. 



404 ANALES DE HISTORIA NATURAL. JOy 

espéces vivent ensemble dans certaines localités , p. ex. Tala- 
vera, Urda, on se trouve tout d'abord en présence d'uue dou- 
ble diíñculté: décider si on posséde les of^^' des deux Leptynia 
ou d'an seul et, si Ton croit avoir les deux, trouver des carac- 
teres diíTérentiels pour les séparer. 

Je confesse que j'étais dans un grand embarras quand 
M. Bolívar m'a fourni le mojen d'en sortir en appelant mon 
attention sur les diíférences de longueur que présente le der- 
nier seg-ment de l'abdomen. En se laissant guider par ce ca- 
ractére, on partag-e aisément l'ensemble des d'd' en deux 
groupes, dans lesquels un examen ultérieur découvre les dif- 
férences relatives á la long-ueur etá l'armure des fémurs, á la 
forme et au développement du tubercule basilaire des cerci^ 
et enfin á la taille. La coexistence de ees diverses notes, tou- 
tes assez variables, si on les prend isolément, confirme l'im- 
portance reconnue, par l'oeil exercé de l'éminent orthopté- 
riste de Madrid, á la long-ueur du dernier seg-ment, rapporté 
á celui qui le precede. Enfin, quelques circonstances de cap- 
ture donnent encoré plus de forcé á ees conclusions: parmi 
les exemplaires provenant de Cepeda se trouvent 1 c/ et 1 Q 
pris par M. Bolívar sur la méme plante et que Ton peut pré- 
sumer, á bon droit, appartenir á la méme espéce; d'autre 
part, parmi ceux que j'ai recus en nombre de Portug-al, it 
n'existe aucun L. hispánica 9; il semble par conséquent que 
tous les d'd', au nombre de 13, ne puissent appartenir qu'á 
l'espéce nouvelle; or ees c^d', aussi bien que celui de Cepeda, 
offrent avec une g-rande netteté les caracteres enumeres ci- 
dessus, dans la description. 



Le Bacillus angolensis , que M. Bolívar a rapproché de his- 
panicus (1), ne rentre pas dans le g-enre Leptynia, tel qull est 
caractérisé ci-dessus. La forme des antennes, la long-ueur con- 
siderable du métanotum et aussi, probablement, la longueur 
relative des seg-ments 8 et 9, oblig-ent á chercber, dans un 
autre g-enre, la place de cette espéce. 



(1) Ortópteros de África del Museo de LisVoa, in «Jornal de sciencias math. . i)liys. c 
nat.», 1889. 



<7i) Pantel. — notes aRTHOPlÉROLOGIQUES. 405 



III. 

LES ORTHOPTÉRES DES ENVIRONS D'ÜCLÉS. 

Depuis la publication de mon premier travail sur les Or- 
thoptéres de cette localité(l), des rectifications et des addi- 
tions sont devenues nécessaires et quelques observations nou- 
velles ont été faites, qui peuvent servir á completar la con- 
naissance de plusieurs espéces. Je donnerai par ordre ees 
divers renseig-nements et je les ferai suivre de la liste com- 
plete des espéces, telle que je crois devoir l'admettre, h l'heure 
actuelle. 

Anisolabis mcesta Gene. 

II faut sans doute rapporter k cette espéce, á titre de larves, 
les exemplaires que j'ai catalog-ués en 1886 sous le nom de 
A. annulipes Luc. J'ig-uorais alors que la larve de A. mmsta 
présente des antennes quelquefois annelées de blanc, vers 
l'extrémité (2). 



Discothera tunetana Fin. et Bonn. (Pl. iv, fig-. 1-8.) 

Trois nouveaux exemplaires, dont deux 99 et un of, ont été 
pris depuis 1886, sur les coUines séches des environs immé- 
diats d'üclés. Les 99 étaient abritées sous des pierres bien 
aerees en dessous; le c/ était posé sur une pierre. Les trois 
captures sont des mois de juillet et d'aoút. 

L'examen des 99 a pu étre fait dans de bien meilleures 
conditions que la premiére fois, sur les individus vivants ou 
récemment asphyxiés. Les parties dures, non déformables, 



(1) Contribution a VOrthoptérologie de TEspagne céntrale , Anal de la Soc. esp. de 
HlST. NAT., t. XV, 18S6. 
('2) FiNOT : Faune de la France, lasecles orthoptéres, p. 65. 



403 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 02> 

sont conformes aux descriptions déjá faites. Les seg'ments 
dorsaux de rabdomen sont d'tin noir luisant sur le disque et 
bordes de g'ris; le seg-ment anal est á peu prés entiérement 
gris. Une carene peu prononcée longe la ligne médiane de 
rabdomen. Les segments ventraux sont gris, ponctués de 
brun, comme la plus grande partie du tégument. La plaque 
sous-génitale est creusée, dans la partie apicale, d'un léger 
sillón median qui s'accentue pendant la dessiccation et tres 
légérement excisée á l'extrémité, conformément k la descrip- 
tion origínale de MM. Finot et Bonnet; ce détail est diflBcile k 
remarquer aprés la dessiccation, k cause du sillón median 
dans lequel il disparait; je n'ai pas su le reconnaítre sur mon 
premier exemplaire et j'ai commis la faute de diré que la pla- 
que sous-génitale était entiére. Les cerci sont formes de 11 ar- 
ticles distiocts, cylindriques á la base, comprimes á l'extré- 
mité de l'appendice; le dernier article est plus grand que le& 
précédents, foliacé, ovalaire, sinué-tronqué á l'apex; Tensem- 
ble de l'appendice est de la couleur du corps, assez velu, 
courbé en dehors et en bas. 

Le (f est inédit. La taille, dans l'individu étudié, est un peu 
plus svelte que dans la 9- Les antennes sont un peu moins- 
longues que le corps. Les ocelles, remarquablement gros, sont 
tres saillants. Les élytres sont un peu plus hyalins et moins 
chargés de veinules transversales que dans la 9; la veine ra- 
díale postérieure est d'abord droite et paralléle k la veine ra- 
díale antérieure, puis s'infléchit anguleusement, un peu avant 
le milieu de l'élytre; la veine ulnaire antérieure est une seule 
fois rameuse (le ramean postérieur est bifurqué dans la 9)- La 
plaque supra-anale est arrondie en arriére. La plaque sous- 
génitale, longuement saillante au delá de la plaque supra- 
anale, est tronquée-sinuée, dans cet exemplaire et dépourvue 
de styles; mais il y a lieu de la croire anormale, á cause d'une 
légére dyssimétrie dans les deux moitiés. L'absence de ttyles 
serait une singularité surprenante , méme dans une tribu 
aussi peu connue que celle des AmorjJhoscelidce et il est a pré- 
sumer que l'insecte avait perdu ees appendices avant la cap- 
ture; en observant sur tranche, sous un bon grossissement, 
le bord de la plaque sous-génitale, on reconnait au soramet 
des lobes une cicatrice ombiliquée qui parait marquer Tinser- 
tion des styles. Les cerci sont du méme type que ceux de la 9; 



03) Pantel.— NOTES orthoptérologiques. "407 

leur dernier article est notablement plus comprimé que les 
deux précédents et absolument laminaire (1). 

II a été remarqué déjá que le Discotliera timetana est un in- 
secte lourd dans ses allures, destiné, ce semble, á yivre sur le 
sol ou sur les plantes basses. Les circonstances de capture 
confirment cette premiére opinión et peut étre le développe- 
ment remarquable des ocelles, chez le cf, pourrait-il étre re- 
gardé comme un Índice de moeurs crépusculaires. 



Ameles Spallanzania Rossi. 

De taille fort variable. J'ai eu sous les yeux le tres petit in- 
dividu (17""", 5) qui a servi de type au dessinateur de Rambur 
pour la fig-. 4, pl. i, de la Faune de V Andaloiisie : c'est un in- 
secte bien caractérisé et qui ne différe méme pas par les di- 
mensions des plus petits échantillons d'Uclés. C'est done tout 
á fait correctement que les deux types des fig-ures 4 et 5 ont 
été associés par l'auteur. Mais la fig-. 4 est évidemment assez 
défectueuse : les yeux ont été chargés d'un tubercule qui 
n'existe pas; le pronotum a été allong-é et sa dilatation humé- 
rale transportée en avant. 

C'est sans doute pour ees raisons que M. Brunner avait re- 
noncé á accepter le Mantis h'evis Ramb. cf comme un Ameles 
Spalla7izania , préférant le rattacher avec doute h Am. nana. 

Stenobothrus Panteli Bol. 

St. stigmaticus Bolívar, Pantel, olim. 

En décrivant cette espéce á nouveau (2), M. Bolívar a fait 
cesser la confusión dont elle était l'objet. 

(1) Bien qu'il ne soit question dans ce travail que du point de vue descriptif , re- 
marquons ea passant un phénoméne biologique dont on cite d'autres exemples, mais 
qu'il est toujours intéressant de constater sur une espéce déterminée. Les insectes 
qui font l'objet de cette note avaient été gardés vivants, dans des tubes a éducations 
oú ils sont morts d'inanition, sans doute parcequ'une proie á leur convenance n'a 
pas été mise á leur portee. Or, la vie a paru se retirer graduellement et des mouve- 
ments persistaient dans les cerci , 24 heures aprés qu'on n'en observait plus dans le 
reste du corps et alors que les antennes étaient déjá raidies par la dessiccation. 

(2) Especies nuevas ó criticas de Ortópteros , Anal, de la Soc. esp. de Hist. nat., 
t. XVI, p. 95, 1887. 



ANALES DE HISTORIA NATUKAL. (74) 



Epacromia platypygia Pant. 

J'ai fait remarquer dans la description de cette espéce que 
les éljtres du c/, un peu plus long-s que Fabdomen dans l'in- 
secte vivant, sont un peu plus courts dans l'insecte desséché. 

Cette remarque ajant excité quelque étonnement, j'ai dú 
soumettre á une nouvelle vérification le fait dont il s'agit. Je 
transcris ici de mon journal d'observations les nombres qui 
mesurent la saillie de l'abdomen au delá, des élytres, respecti- 
vement avant et aprés la mort: 

N" 1 vivant, + 2,5'-° mort, 0,0"- 

2 +4,0 — 1,5 

3 +2,0 + 0,5 

De ees nombres il faut conclure, non que les éljtres se rac- 
courcissent, mais que l'abdomen s'allong-e sensiblement, aprés 
la mort. Dans Téchantillon n" 2 cet allong-ement total a été de 
5,5""", mais il n'est pas toujours aussi considerable et souvent 
il n'est pas suffisant pour que Tabdomen dépasse les élytres. 

On doit sans doute rattacher á la méme cause physiolog-ique 
Tallong-ement et la courbure de l'abdomen, deux caracteres 
sing-uliers qui s'accompag-nent dans cette espéce. Pendant les 
convulsions de l'ag-onie, lesmuscles extenseurs qui font jouer 
les uns dans les autres les segments de l'abdomen, surtout les 
muscles de la pag"e ventrale, s'établiraient dans une sorte de 
tétanos, duquel résulteraient en méme temps les deux effets, 
<;ar la courbure est dúe, simplement, á un allong-ement pré- 
•dominant de la partie ventrale. 

De telles contractions locales, rendues permanentes par la 
mort, ne sont point nouvelles, chez les Orthoptéres: chez les 
Acridiens que Ton retire asphyxiés du flacón de chasse, il 
arrive fréquemment que l'un des tibias postérieurs est vio- 
lemment étendu, tandis que l'autre est obstinément replié. 

Sphingonotus arenarius Lnc. 

II s'ag-it d'ane espéce diíFérant du 8ph. ccsndans par une 
fascie fúmense, au disque de l'aile. D'un caractére absolument 



("75) Pantel.— NOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 409 

variable, cette fascie n'est, á la rig-ueur, ni celle du Sí^h. azu- 
rescens Ramb., ni celle du Sph. arenarixis Luc, du moins telles 
qu'elles sont décrites dans tous les ouvrages et notamment 
dans la récente et remarquable monographie de M. de Saus- 
sure; elle se rapprocbe plus ou moins de l'une ou de l'autre, 
suivant les individus. Cette circonstance me determina tout 
d'abord á catalog-uer l'espéce sous le nom de Bl^h. azurcscens, 
en signalant toutefois les variations qui la raprochent de are- 
naritís. 

Actuellement, aprés l'observation d'un tres grand nombre 
d'individus (je crois en avoir observé attentivement plusieurs 
centaines), j'adopterai plutót le nom de aí'enariiis, mais avec 
la conviction qu'il faudrait reprendre l'étude de tout le groupe 
et y faire des reductions nombreuses. Voici du reste quelques 
remarques qui pourront renseig-ner sur la place qu'il convient 
d'assig-ner á cette forme et expliquer mes hésitations. 

cf. Fascie ordinairement plus sombre et plus développée: 
le plus souvent elle atteint le bord antérieur, sans offrir de 
solution de continuité; quelquefois elle est iuterrompue sur 
le parcours de la veine divisante ou sur celui de la veine ra- 
díale; enfin, sur certains exemplaires, elle est maculeuse ou 
réduite á une tache tout entiére contenue au delá du champ 
discoidal (terminolog-ie du Prodromus QíJdip.) 

Q. Fascie comme dans le cí, dans les exemplaires les plus 
favorisés; ordinairement plus larg-ement interrompue, ou rac- 
courcie en avant, ou réduite á une nébulosité á peine percep- 
tible, relég"uée dans le champ radié. 

Quand elle est complete, cette fascie oífre de la ressemblan- 
ce avec celle du Spk. aziirescens: elle en diíTére cependant en 
ce que 1° ses bords sont moins bien arrétés, 2" elle est propor- 
tionnellement beaucoup plus élarg-ie, au milieu, dans la par- 
tie de plus g-rande courbure et plus étroite en avant. 

Je laisse á de plus hábiles de décider si cette forme doit étre 
envisagée comme un azurescens chez lequel la fascie typique- 
ment complete tend á s'effacer, plntot que comme un arena- 
rius dans lequel la tache tendrait á s'allong-er en une fascie 
complete. Mais au dessus de cette question il y en aurait une 
autre, plus importante: ce serait d'examiner si l'on peut bien 
considérer comme espéces diíférentes des formes telles que 
azurescens, arenarius, cmriilans... qui différent á peu prés uni- 



410 ANALES DE HISTORIA NATURAL. ("S) 

quement par une tache ou une fascie de l'aile, alors que celle- 
ci se présente avec un tel degré de vañabilité. Je ne voudrais 
pas diré, avec M. de Saussure, qu'il y a lá comme des espéces 
naissantes, plutót que des espéces nées, car je ne connais les 
espéces naissantes ni dans la philosophie ni dans la nature, 
mais avec ce savant je dirais volontiers qu'il y a lá des races 
locales; il faudrait une bonne fois les déposséder de la place 
qu'elles ont usurpée au milieu des espéces. 



CEdipoda Gharpentieri Fie^. 

Ct?/poMppus C /larpeníieri Yiehev, «Syn.», 23. 1853. 
(Edipoda — Brunner, «Prodr.», 164. 1882. 

— — Saussure,«Addit.adProdr.(Edipod.», 

50. 1888. 

— — Finot, «Faune de la Fr. Ins. Orth.», 

148. 1890. 

— ccerulescens var. a, Saussure, «Prodr. CEdip.», 151. 1884. 

— colima Pantel, «Contr. á l'Orth. de TEsp. centr.» in 

Anal, de la Soc. esp. de Hist. nat. , t. xv, 
p. 246. 1886. 
Gfryllns cyanopterus Rambur, «Faune ent. de l'Andal.», p. 84. 
1839. 

Lors de la publication de mes precedentes notes sur les Or- 
thoptéres d'üclés, Tespéce de Fieber était devenue presque un 
mythe, pour les ortboptéristes. Elle existait dans les coUec- 
tions, mais presque toujours confondue avec (Ed. codrulescens 
(individus á ailes bienes) ou avec (Ed. gratiosa (individus k 
ailes roses); elle était décrite dans les ouvrag-es d'ensemble les 
plus récents , mais d'aprés des individus affectés de varia- 
tion (1), ou méme appartenant á une autre espéce (2), en sorte 
qu'on ne trouvait dans ees descriptions qu'un secours insufS.- 



(1) ... pronoto stibtoto albido, gnttuUs elongatis /•«/■/o/'í'Í'íw.— Brunner, Prodromus der 
europaischeii Orthopteren. 

v2) ... fascia arcuata fusca marginem posticum latittscitle liberante (plus que dans 
gratiosaj,—á& Saussure, Prodromus (Bdípodiorion, ce qui se rapporte, d'aprés l'auteur, 
L\'(Ed. Ledereri Sauss. 



07) Pantel. — notes orthoptérolügiques. 411 

sant. D'ailleurs personne n'avait sígnale ce caractére princi- 
pal, que les ailes sont bienes ou roses, comme dans VOSd. va- 
riaiílis Pall., ni l'extraordinaire cortége de variations relati- 
ves á la sculpture et á la coloration qui accompag-ne, dans 
cette espéce, la forme nórmale. 

Aprés des eíTorts assez laborieux pour opérer la séparation 
d'avec (Ed. ccerulescens et pour maintenir dans la méme espéce 
les individus bleus et les individus roses, je crus pouvoir don- 
ner un nom et une description; ce ne fut pas, cependant, sans 
exprimer un doute au sujet des rapports avec Q^d. Charpen- 
iieri, trop mal connu pour étre exclu avec certitude. 

Postérieurement, dans ses Additamenta ad Prodromum CEdi- 
podiorum, M. de Saussure a admis, sans faire connaitre ses 
motifs, Tidentité de l'espéce de Fieber et de la mienne. Des 
motifs irrecusables, cependant, établissent définitivement 
cette identiíé et je suis en mesure de les faire connaitre, grá- 
ce á Toblig-eance des savants qui possédent les types de 
Fieber. 

Les insectes étudiés par cet auteur provenaient, comme on 
peut le reconnaitre en se reportant á la description origínale, 
Synopsis, p. 23, du midi de la France, de la Sicile et de l'Egyp- 
te. Les types de Sicile sont entre les mains de M. Brunner: ce 
savant en a fait obligeamment la comparaison avec des coUind 
d'üclés et a reconnu l'identité spécifique des uns et des au- 
tres. Les types d'Egypte sont conserves au Musée Zoologique 
de Halle. II était intéressant de vérifier s'ils appartiennent 
bien á la méme espéce et j'estime que la question pouvait 
étre mise á l'étude sans injure pour Fieber, vu la diíñculté du 
groupe, Mon excellent ami le D'' Krauss, de Tubingue, a bien 
voulu se charger de cette vérification et elle l'a conduit á la 
méme conclusión. 

En rappelant ici la collaboration de M. Krauss á la solution 
d'an doute qui avait bien son intérét, qu'il me soit permis 
d'étendre mes remerciments á M. le Prof. Taschenberg, de 
rUniversité de Halle, pour son empressement á lui commu- 
niquer les types de Fieber. Si les demandes d'éclaircissements 
rencontraient cbez tous les savants un accueil aussi bienveil- 
lant, l'étude deviendrait possible méme pour les modestes tra- 
vailleurs de province. 

Les deux types du Musée de Halle, a et Q, ont été decolores 



412 ATs'ALES DE HISTORIA NATURAL. (78) 

par leur séjour dans l'alcool, mais ils sont bien reconnaissa- 
bles. J'ai sous les yeux de beaux dessins á l'aquarelle de 
M. Krauss, représentant la Q vue de profil, les ailes au repos 
et le c/' vu par dessus, l'élytre et l'aile g-auche étalés: la bande 
fumeuse de l'aile est tout á-fait celle des exemplaires d'Es- 
pag-ne. 

U(Ed^poda Charpentieri a eu ce sort sing-ulier que la plupart 
des orthoptéristes qui se sont occupés de son histoire ont été 
victimes de quelque méprise. Les premiers eux-mémes n'ont 
pas échappé á cette condition, á commencer par Rambur. Cet 
auteur a connu l'espéce , comme le demontre d'une maniere 
irrecusable l'exemplaire étalé qui existe encoré dans sa collec- 
tion et que M. Mabille a eu l'amabilité de me communiquer: 
l'insecte est etiqueté Gryllns cyanoptenis , sans le point de 
doute qui se voit dans le texte de la Faune de rA7idalousie, 
p. 84. D'ailleurs, la description qu'il en a donnée est suffisante 
pour l'époque et il a pris soin, en particulier, de la séparer de 
(Ed. ccendescens (1). Son erreur consiste en ce qu'il l'a rappor- 
tée au Sphingonotus cyanopterus Charp. 

L'erreur de Fieber a été de ne point teñir compte de la des- 
cription de Rambur et d'imposer á l'espéce un nom qui ne de- 
vrait pas étre conservé, car «la regle veut que, lorsqu'une 
espéce nouvelle a été confondue avec une espéce connue, on 
donne á l'insecte le nom de l'auteur» (2). A la rigueur, cette 
espéce devrait étre appelée Oí dipoda Ramburi: néanmoins, le 
nom Charpentieri ayant été adopté dans l'importante mono- 
g-raphie de M. de Saussure, 11 y aurait trop d'inconvénients á 
presser l'application de la loi. 

Aprés ees renseig-nements sur la synonymie, qu'il me soit 
permis d'ajouter quelques remarques sur les caracteres de 
l'espéce. 

II est regrettable que les A dditamenta ne présentent pas 
sous son vrai jour un caractére sur lequel je crois avoir insiste 
avec raison: la couleur des ailes. D'aprés M. de Saussure, le 
type ordinaire aurait les ailes bienes et seule la variété sulphu- 
rans les aurait rosescentes. La vérité est que le type , quelles 



(1) Ce qui aurait dü (lissuarler Fisclicr de raní^'er le Gryllns ojonoplerns Ramh. par- 
mi les synonj'mes de (Jidipoda caríilescens L. M. Hrunner a adoptó cette menie opininn. 

(2) De Saussure: Additamcntaad ProdromuniQídiimdioi'itm, p. 35. 



(79) Pantel.— NOTES OHTHOPTÉROLOGIQUES. 413 

que soient les variations accidentelles de la sculpture et de la 
couleiir du tég-ument, a les ailes le plus souvent bleues, quel- 
.quefois roses. En sorte que la couleur rose n'est pas méme un 
caractére de varíete proprement díte. Le caractére spécifique 
de la couleur des ailes, c'est d'étre indifféremment bleue ou 
rose, ici comme dans VCEdipoda variaMlis Pall. 

La description de M. de Saussure est accompag'née d'une 
remarque dans laquelle les notes que j'ai données pour distin- 
g-uer Y(Ed. coUína de VQSd. ccdrulescens sont réduites á ees in- 
dications: «les élytres sont en g-énéral plus courts; la livrée de 
ses ailes est un peu différente, les fémurs sont plus courts.» 

Je reconnais volontiers que des expressions aussi vag-ües 
seraient á peine suíñsantes pour le but á atteindre. Mais si le 
lecteur veut bien se repórter á mon étude, il trouvera en pre- 
mier lieu une description détaillée qui convient á une des 
deux espéces et ne convient pas á l'autre; c'est la qu'il faut 
prendre les diíférences, Suit une remarque sur ce que l'on 
pourrait appeler les traits saillants de la pliysionomie de l'es- 
péce: j'ai cru pouvoir les placer dans les formes lourdes et 
raccourcies et dans la livrée des ailes, ce dernier caraciére 
devant étre pris, bien entendu, conformément á la description 
qui precede, c'est-á-dire sans perdre de vue que la couleur est 
indiíTéremment bleue ou rose et que la bande radíale arrive 
jusqu'au }i basilaire de l'élytre; ce qui ne permettrait pas de 
diré que la livrée est seulement un peu diíférente. Da reste, 
j'ai pris soin d'indiquer spécialement, parmi les caracteres 
qui séparent VCEdipoda collina, du cosrulescens , la longueur 
plus grande de la bande radíale; M. de Saussure reconnaiit 
bien la valeur de ce caractére , puisqu'il l'a soulig-né dans la 
diag-nose et qu'il le répéte quand il veut indiquer les différen- 
ces par rapport á VQjJd. coerulescens . 

L'auteur des Additamenta n'admet point que les formes 
soient plus ramassées que dans VCEdipoda ccsrulescens , ni que 
la bande transversale laísse quelquefoís libre le bord posré- 
rieur de l'aíle: sur ees deuxpoints, l'observation fréquente 
de Fespéce, extraordinairement vulg-aire dans la rég'ion, ne 
me permet point de modifier ma premiére appréciation. 



414 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (80) 

Tettix Ceperoi Bol. 
Cette espéce a été rencontrée dans la localité, depuis 1886. 



Platycleis oporina Bol. 

Décrit sur deux exemplaires, c/ 9, pris sous le chateau de 
Castillejo (término de Saelices), par le P. A. Blancliard, mon 
reg-retté compag-non d'excursions. Les tentatives plusieurs 
fois renouvelées pour retrouver l'espéce ont été infructueu- 
ses. — Terrain un peu humide, couvert de hautes herbes et 
ombrag-é, sur les bords du Gig'üela. — Aoút. 



Saga serrata Fahr. 

Un nouvel exemplaire a été pris, marchant assez lourde- 
ment et par soubresauts, sur les éteules. — Aoút; versant Ouest 
de la montag-ne d'Altomira. 

La méme espéce a été prise vers la méme époque á Talavera 
de la Reina, et j"ai recu du P. Capelle un certain nombre 
d'oeufs. lis sont fusiformes, comprimes?, obtus aux deux bouts; 
d'une couleur oüvátre. Leur long*ueur est de 12"" et leur lar- 
g-eur au milieu, de 3"""? (1). 

Tout récemment j'ai pu examiner les oeufs de Saga Natolim 
et syriaca; ils ne différent pas des précédents, si ce n'est par 
la couleur, laquelle, du reste, a pu étre altérée par un séjour 
prolongó dans l'alcool. 



Gryllus campestris L. 

Dans mon précédent travail il était fait mention d'un indi- 
vidu offrant la variation accidentelle que M. le D'" Krauss a 



(1) Les óchantillons que jai sous les j'eux sont tres comprimes, mais d'un faoon 
inógale et peut-etre ;t cause de la dessiccation. 



(81) Pantel.— NOTES ORTHOPTÉROLOGIQUES. 415 

décrite sous le nom de var. caudata. II est tres probable que 
la note de Rambur, Faune de VAndaloiisie, Orth., p. 29, se rap- 
porte au méme cas, au lien de se rapporter á un préteudu 
bybride des GGr. Mmaculatiis et campestris. 

L'existence d'individus á ailes caiidées parait done bien cons- 
tatée, quoique probablement assez rare. M. de Saussure avait 
fait remarquer dans sa monographle des Gryllides (1) que le 
Gryllus campestris n'a jamáis que de petites ailes. 



Gryllus desertus Pall. , v. xnelas Charp. 

Dans la región explorée, on trouve la var. meJas, elyiris 
plus 7mnusve aidreviatis , non le type, ely tris f ere aldominis 
longitudinis. En signalant l'existence du type, j'avais suivi le 
Prodromus de M. Brunner, qui lui attribue «ely ira rite seg- 
mentiim aMominale 4" haiid superantia>>. 

Une autre erreur a été commise par moi, au sujet de ce 
grillon; elle consiste á avoir separé les GGr. melas Charp. et 
agrícola Eamb., qui constituent une seule variété. 



Gryllus burdigalensis Latr. , var. ? arvensis Raml. , 
an var. localis? 

J'ai sous les yeux les types de Rambur, de la collection Ma- 
bille. lis comprenuent deux cfc;^, du midi de TEspag-ne (Má- 
laga, Grenade) et une Q dont la provenance n'est'pas indiquée. 

Les deux efe/ ne sont pas absolument pareils: celui de Gre- 
nade a la veine radíale distinctement birameuse, une ligue 
transversale claire sur le front, les élytres gris, couvrant les }i 
de l'abdomen. Dans celui de Málaga, le front est tout noir, la 
veine radíale parait unirameuse?, les élytres sont presque 
noirs et dépassent un peu le milieu de l'abdomen. 

Dans la 9, les élytres arrivent jusqu'á l'extrémité de l'abdo- 
men. L'oviscapte a été brisé au niveau de l'extrémité des cerci; 
le graveur de Rambur n'a pas tenu compte de cette circons- 



(i) Mélanges ortJi , v, p. 17G. 



416 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (?2) 

tance et il en resulte que la fig*. 8 de la pl. ii est un peu fautive. 

Je posséde trois 99 de Málag-a entiérement conformes au 
type dont il vient d'étre parlé. 

A üclés , outre le Gr. biirdigalensis typique et la mauvaise 
varíete Cerisyi, ou trouve une varíete que j'ai rapportée pré- 
cédemment á arvensis Ramb. , maís qu'íl serait peut-étre plus 
rationnel d'envísag-er comme une varíete lócale particulíére. 
Les élytres de la 9 sont deux fois plus courts que dans le type 
de Rambur et leur vénulation est plus serrée. La tacbe fron- 
tale n'exíste pas. Le tég-ument n'a poínt la teinte un peu bru- 
ñe des exemplaires fraís de Málag-a. Les élytres du (f sont 
plus long-s que dans le type Ramburien de cette localité. 



Gryllodes Panteli Caz. 

Espéce décríte récemment (1) d'aprés des indivídus prove- 
nant d'Uclés. Ses moeurs ne dííférent pas de celles du &r. pi- 
piens Duf. et le cbant est aussi le méme: c'est, á s'y mépren- 
dre, le piaulement des jeunes poulets. D'aprés cet índice, on 
peut añirmer que Tune ou l'autre espéce existe sur un tres 
g-rand nombre de coUínes, dans la rég-íon. 

Les manoeuvres de Tinsecte, pendant la stridulation , ne 
peuvent pas facílement étre surpríses, en pleine campagne, 
l'animal est trop timide pour les continuer en présence de 
l'observateur, maís j'ai pu les observer sur quelques indiví- 
dus g-ardés en captivité: les élytres sont dressés presque á an- 
gle droit, ou quelquefois k 45° seulement, sur l'axe du corps, 
puís separes latéralement; íls conservent cette situatíon pen- 
dant quelque temps, méme lorsqu'une période de silence suc- 
cede k une période de cbant. 

Les larves dífférent de l'adulte par la couleur plus sombre 
de la tete et se rapprochent par ce caractére, ánpipiens, beau- 
coup plus que l'adulte. 



(1) Cazukko: Eniimeraciúii de los Orí. de Esp. y Porl. , in An. de la Soc. esp. de 

HlST. NAT., t. XVI. 



(83) 



Pantel. — notes crthoptérülogiques. 



417 



CATALOGUE 



DES ORTHOPTÉRES DUCLÉS ET DES LOCALITÉS EN V I RO N N A N T ES 



Forficulidse. 

Labidura Leach. 

1. riparia Pall. 

Anisolabis Fieb. 

2. moesta Gene. 

Forfícula L. 

3. auricnlarin L. 

Blattidae. 

Ectobia Westw. 

4. ericetorum Wesm. 

5. lívida Fabr. 

Aphlebia Br. 

G. siibaptera Ramb. 

Loboptera Br. 

7. decipiens Germ. 

Periplaneta Burm. 

8. orientalis L. 

Mantidse. 

Discothera Fin. et Bonn. 

9. tunetana Fin. et Bonn, 

Mantis L. 

10. religiosa L. 

Iris Sauss. 

11. oratoria L. 

ANALES DE HIST. NAT.— XIX. 



Fischeria Sauss. 

12. hoetica Eamb, 

Ameles Bnrm. 

13. decolor Charp. 

14. Spallanzania Rossi. 

15. Assoi Bol. 

Empusa Illig. 
IG. egena Cbarp. 

Phasmidae. 
Leptynia Pant. 

17. hispánica Bol. 

Acrididse. 

Acrida Stál. 

18. nasuta L. StSl. 

Oxycoryphus Fisch. 

19. compressicornis Latr. 

Paracinema Fiscb. 

20. tricolor Tunh. 

Stenobothrus Fisch. 

21. Bolivari Br. 

22. festivus Bol. 

23. Panteli Bol. 

24. Raymondi Yers. 
2-5. minutissimiis Bol. 

26. binotatus Charp. 

27. apicalis Herr.-Sch. 

27 



418 

28. vagans Fieb. 

29. bicolor Charp. 

30. jiwundtis Fisch. 

31. pulvinatus Fisch. W 

32. parallelus Zett. 



Stauronotus Fisch. 

33. maroccanus Th. 

34. Genei Ocsk. 

35. crassiuscidiis Paut. 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 

Pamphagus Th. 

61. dece2)torius Bol. 

Acridium Geofir. 

62. cegyptium L. 

Caloptenus Burm. 
53. italicus L. 



(81) 



Arcyptera Serv. 

36. hispánica Ramb. 

Epacromia Fisch. 

37. strepens Latr. 

38. thalassina Fabr. 

39. platypygia Pant. 

Sphingonotus Fieb. 

40. coeríilans L. 

41. arenarius Luc. 

Acrotylus Fieb. 

42. insuhricus Scop. 

CEdipoda Latr. 

43. co&rulescens L. 

44. Charpentieri Fieb. 

45. fusco-cincta Luc. 

CEdaleus Fieb. 

46. nigro-fasciatus de Geer. 

Pachytylus Fieb. 

4 7 . cin erascens Fabr. 

CucuUigera Fisch. 

48. flexuosa Serv. 

pyrgomorpha Serv. 

49. grylloides Líitr. 

Ocnerodes Br. 
60. Brunneri Bol. 



Platyphyma Fisch. 

54. Giornce Eossi. 

Tettix Charp. 

55. hipunctatics L. 

56. Ceperoi Bol. 

Párate ttix Bol. 

57. ineridionalis Ramb. 

Locustidse. 

Phaneroptera Serv. 

58. á-jnmctata Br. 

Xiphidium Serv. 

59. thoracicum Fisch. W. 

Locusta de Geer. 

60. viridissima L. 

Thyreonotus Serv. 

61. corsicus Serv. 

Scirtobsenus Pant. 

62. grallatus Pant. 

Platycleis Fieb. 

63. grísea Fabr. 

64. intermedia Serv. 

65. affinis Fieb. 

66. tessellata Charp. 

67. ojiorina Bol. 

Decticus Latr. 

68. albifrons Yahr. 



Í85) 



Pantel.— NOTES orthoptérolügiques. 



419 



Ephippigera Latr. 

-69. Brunneri Bol. 

70. PereziBoX. 

71. carinata Bol. 

Platystolus Bol. 

72. surculariiis Bol. 

73. Martinezi Bol. 

Pj'cnogaster Graells. 

74. Graellsi Bol. 

Saga Charp. 

75. sen-ata Fabr. 

Gryllidae. 
CEcanthus Seiv. 

76. pellucens Scop. 



Gryllomorpha Fieb. 

77. uclensis Pant. 

Gryllus L. 

78. campestris L. 

79. desertus PalL, v. JweZrts Charp. 

80. burdigalensis Latr. 

— V.? arvensis Ramb. 

Gryllodes Sauss. 

81. ^;í/)íeíis Duf. 

82. Fanteli Caz. 

Platyblemmus Serv. 

83. lusiianicus Serv. 

^ Gry Ilota Ipa Latr. 

84. vulgnris Latr. 



Explication de la planche III. 



1. Gryllomorj^ha alie7ia Br. — ^, Tinsecte entier, cf, un peu 

grossi. — B, les seg-ments accidentes vus de face: les 
élytres sont supposés violemment ecartes, le deuxiéme 
segment a été dégagé par traction , pour mettre á dé- 
couvert l'élévation de la partie basilaire. — C, la méme 
rég"ion vue de profil: rélytre g-auche a été rejeté latéra- 
lement; la loDg-ueur du deuxiéme seg-ment a été inten- 
tionnellemeot exagérée. — D, 9, profil des segments tho- 
raciques destiné á donner une idee de Félytre e: cet or- 
g-ane est situé latéraleraent, en arriére de l'ang-le pos- 
térieur du lobe réfléchi et recouvre la suture qui mar- 
que la séparation du mésonotum et des mésopleures; le 
pronotum a été soulevé et repoussé en avant. Les am- 
plifications respectives des croquis B, C, D peuvent se. 
déduire de la fig. \IA. 

2. Grijllomorplia BoUvari Caz. — :f, un peu grossi; élytre droit 

violemment ecarte pour laisser voir les couples de lignes 
élevées, sur les segments dorsaux. 

3. Gryllomoriiha Fragosoi Bol.— ^, </, partie moyenne du 



420 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (86)- 

corps, avec les élytres, grossie. — B, Q, profil des seg- 
ments thoraciques montrant l'élytre e, peu grossi; l'in- 
secte est vouté, ce qui porte en avant le pronotum. 

4. Grj/Uomorpka Kiüperi Pant.— q-', partie moyenne, avec le& 

élytres, g-rossie. 

5. Gryllomorpha udensis Pant.— .4 , l'insecte entier, (f, un 

peu g-rossi. — B, l'extrémité de l'abdomen, plus g-rossie; 
la plaque sous-génitale apparait, entre les cornes de la 
plaque supra-anale. 

6. GryllomorpJia dalmatína Ocsk. — A, cf, extrémité de l'ab- 

domen vu par dessus, un peu g-rossi. — B, portion de la 
base d'un cerque, fortement g-rossie, montrant, dan& 
leurs rapports de grandeur et de situation, les trois sor- 
tes de poils: les poils courts et appliqués qui forment 
le fond de la vestiture; les poils long-s, dressés, qui hé- 
rissent Torg-ane sur toute sa long-ueur et les poils ren- 
flés en massue que l'on observe seulement á la base, 
au cote interne. 

7. Gryllomorpha longicauda Ramb. — c^, extrémité de l'abdo- 

men vu par dessus, plus grossie que la fig". 6/^. 

8. Profil de la plaque sous-génitale, dans les GGr. dalmatina 

cf (dj et longicauda (f [IJ. 



Explication de la planche IV. 

1-8. Discothera tuneiana Fin. et Boon. — 1, .^, tete et pro- 
notum vus par dessus fyj. — 2, d", tete vue par de- 
vant {-^^—'6, cf, tete et pronotum vus de proñl {-A, 
—4, cf, extrémité de l'abdomen vue de profil (—\ — 
5, cf, extrémité de l'abdomen vue par dessous^y), 
— 6, Q, ensemble vu par dessus(Y). — 7, 9, extrémi- 
té de l'abdomen vue par dessus (y)- — ^i ^^ méme, 
vue par dessous (y). 

9-10. Bacillus Rossii Fabr. — 9, ceuf, dessus de l'opercule (j). 
— 10, cEuf privó de son opérenle, vu par le cóté dor- 



sal (I). 



(87) Pantel. — notes orthoptérologiqües. 421 

11-12. Bacillus gallicus Charp. — 11, oeuf, bout céphalique, 

vu de face (yV — 12, oeuf muni de son opercule, vu 

par le cote dorsal {~A. 

13-17. Bacillus (pg y ptiacus Gray. — 13, (f, extrémité de l'ab- 
domen vue de profil; le vomer sous-anal a été vio- 
lemment ecarte de sa position, mais non exag-éré 

dans sa forme (—). — 14, la méme, vue par dessus (y). 

— 15, la méme, vue par dessous; l'opercule genital 
montre avec netteté en sb, la suture transversale 
ou fausse articulation basilaire qui parait étre un 

caractére g-énérique (-A. — 16, 9, extrémité de l'ab- 

domen vue par dessus ^yV — 17, la méme^ vue par 

dessous ^y); en o, l'ombilic de la 7^ plaque ventrale. 

18-19. Leptynia hispánica Bol. — 18, oeuf, bout cépbalique vu 

de face (y). — 19, oeuf muni de son opercule, vu par 

le c6té dorsal (—\. 

20-21. Leptynia attenuata Pant. — 20, cr', extrémité de l'abdo- 
men vue par dessus; dans les fig-ures 20, 21, 22, les 
cerci, toujours croisés aprés la mort, ont été ecar- 
tes, afin de rendre visible le tubercule de la base 

(—\ — 21, la méme, vue par dessous (^\. 

22. Leptynia hispánica Bol. — c/, extrémité de l'abdomen 

vue par dessus í~\ 

23-27. Leptynia attenuata Pant. — 23, 9. extrémité de l'abdo- 
men vue de profil (^\ — 24, la méme vue par dessus 
(-y\ . — 25, la méme vue par dessous i—X — 26 , oeuf, 
dessus de l'opercule , hérissé de vermes i-A- — 27, 
oeuf privé de son opercule, vu par le cote dorsal (jj. 



422 ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



NOTE ADDITIONNELLE SUR LE BACILLUS GALLICUS (/. 



Quelques renseignements viennent de m'étre envoyés, avec 
une parfaite complaisance, par M. Brunner, sur le type qui a 
serví pour la description du Vrodromiis. II n'était plus temps 
de les mettre á profit pour éclairer la discussion soulevée ci- 
dessus, p. 62, mais il faut les reproduire ici, comme une des 
piéces importantes du dossier de Bacilhis galliciis. 

«Mon unique exemplaire (f de B. gallicus, écrit le savant 
orthoptérolog-ue , provient de feu Yersin, avec indication de 
sa main «Hyéres». — Le seg-ment anal est arrondi árextrémité, 
bien différent du BaciUus d'Oran.— Les fémurs antérieurs sont 
dentés. — La construction du métanotum différe beaucoup. 
D'abord, il est beaucoup moins svelte et porte, á l'extrémité, 
un nodule. Les rudiments des org-anes du vol sont plus larg-es 
et, enfin, le segment median porte aussi un nodule.» 

II est done bien constaté qu'il existe, de la méme localité, 
deux cfcí, dont un tres voisin de algericus, l'autre tres diflfé- 
rent. Quel est celui des deux qui doit étre associé avec la Q 
connue de tout le monde sous le nom de B. gallmis? Des re- 
cherches ultérieures peuvent seules le décider. Si c'est le pre- 
mier, il faudra conclure que le (f de la collection Brunner 
appartient h une espéce dont il reste á découvrir la Q; si c'est 
le second, on aurait affaire á deux espéces dont les ofd" se- 
raient entre eux de types tres différents, les 92 étant h peine 
dissemblables. Du reste, méme dans ce dernier cas, le Bac. al- 
gericus devrait rester comme race g-éog'raphique et j'esiime 
que dans l'état actuel de la question l'incertitude porte uni- 
quement sur la caractéristique du véritable cf de gallicus. 

Uclés,24Févr¡er 1891. 



EPIDIORITA DE CAZALLADE LA SIERRA 

(PROVINCIS DE SEVILLA), 

POB 

DON SALVADOR CALDERÓN Y DON CARLOS DEL RÍO. 



(Sesión del 19 de Marzo de 1890.) 



El estudio de la interesante roca que encabeza la presente 
descripción nos ha proporcionado ocasión de examinar una 
parte de los terrenos arcaico y cámbrico superior de Cazalla 
de la Sierra, localidad célebre desde antig-uo por sus riquezas 
mineras y del mayor interés bajo el respecto de la constitu- 
ción geológ-ica. En realidad nada nuevo tenemos que añadir 
á lo ya dicho sobre la reg-ión por el Sr. Macpherson, en su 
memorable trabajo sobre esta provincia (1); pero nuestro tra- 
bajo quizás sea de alg-ún provecho por confirmar más en 
detalle las observaciones de g-eólog-o tan eminente sobre una 
zona todavía poco estudiada, y por precisar con algún mayor 
detalle que se ha hecho hasta ahora, la naturaleza de una 
curiosa roca plag-ioclásico-anfibólica, derivada por evolución 
de las diabasas. 



Con objeto de fijar con toda la exactitud posible la serie de 
materiales que vamos á describir para dar idea del yaci- 
miento de la epidiorita, sus relaciones y posición, nos referi- 
remos al adjunto corte esquemático, que va del Cerro de 
Santiag-o al Cerro Gordo de Cabeza García, á través de la 



(1) Estudio geol. y petrogr. del N. de la provincia de Sevilla. «Bol. de la Com. del 
Mapa geol. de España»; tomo vi, 1879. 



424 



ANALES DE HISTORIA NATURAL. 



(2) 



Ribera de Benalija, en el término de Cazalla de la Sierra, 
el cual comprende todas las rocas que interesan á nuestro 
objeto. 




8. Caliza \ 

1. Pizarra arcillosa ) Cámbrico superior. 

y sericítica ) 

6. Pizarra clorítica. , 

_ . } Arcaico. 

5. Arcosa 



4. Epidiorita y contacto de esta con el 

gabbro. 
3. Gabbro. 
2. Microgranito. 
1. Sienita. 



Distanc. horiz. = 4.000 m. 



1. Sienita. — Aparece en la Ribera sobresaliendo por encima 
del ag-ua 2 ó 3 m. en la estación lluviosa, y está atravesada 
por una bella faja de epidiorita, con bordes de contacto lim- 
pios y paralelos, corriendo de NE. á SO, 

Esta sienita es una roca de aspecto granitoideo, compuesta 
de cristales perceptibles, á la simple vista (de 1 á 2 mm.) de 
ortosa blanco-verdosa y de anfibol verde, con muchos puntos 
brillantes. 

Examinada al microscopio ofrece la misma estructura gra- 
nitoidea con predominio del feldespato. Este, aunque turbio, 
presenta los caracteres de la ortosa. El anfibol, muy dicróico, 
ofrece un color verde azulado cuando está fresco, color que se 
cambia en rojizo por efecto de la alteración, adquiriendo 
también, merced á ella, una estructura fibrosa muy marcada. 
Tanto en estado de inclusión en el anfibol, como diseminado 
en el feldespato, abundan la titanita y el hierro titanífero y 
magnético. En un cristal de feldespato hemos visto uno de 
esos individuos alargados, originando la inclusión que men- 
ciona el Sr. Macpherson en la sienita de la Media Fanega, y 
que es probable sea turmalina ó rutilo. 

Toda la roca se halla muy descompuesta, y principalmente 
el anñbol, que transformado en productos ferríferos, y alguna 



(3) Calderón y del Río. — epidiorita de cazalla de la sierra. 425 

vez cloríticos, penetra entre los cristales de feldespato y entre 
sus exfoliaciones. Se observa también alg-o de cuarzo secun- 
dario. 

2. Microgranito. — Ocupa esta roca una g-ran extensión en 
la Ribera de Benalija, alternando con pizarras, y á veces con 
capitas de arenisca ferruginosa. En la orilla derecha hay una 
planicie bastante extensa de este microgranito, sobre el cual 
descansa un banco de 0,5 m. de altura de pizarras, dirigidas 
de NO. á SE., buzando al NE. 

3. Gabbro.—En contacto con la sienita y con la epidiorita, 
como indica el corte, se halla el gabbro en la Ribera de Bena- 
lija, ocupando después una extensión mucho mayor que las 
sienitas. Contrasta notablemente el aspecto orográfico de 
estas dos rocas, que en los gabbros se distingue por formas 
redondeadas, parecidas á las que produce el granito, al paso 
que las sienitas se dan á conocer por sus ángulos salientes y 
sus escabrosidades. En estas segundas rocas se encuentran la 
mayor parte de las fajas de epidiorita; pero los primeros no 
dejan también de hallarse atravesados por algunas de estas. 

El gabbro que está en contacto con la epidiorita es una roca 
que presenta cristales bastante grandes de feldespato algo 
verdosos, alternando con otros verde-oscuros de dialaga, sal- 
picados de puntos brillantes de magnetita. La estructura es 
distintamente granitoidea. Las secciones delgadas muestran 
fragmentos irregulares de dialaga, que en algunos puntos 
está en contacto directo con el anfibol. La dialaga es fuerte- 
mente dicróica. Encuéntrase también hornblenda como ele- 
mento primitivo, y esparcida en todo el feldespato. Este, aun- 
que algo descompuesto, es marcadamente polisintético, y sus 
cruceros se perciben con toda perfección. Abunda el hierro 
magnético aveces en forma de placas grandes en el piroxeno, 
así como la clorita en los puntos en que está más descom- 
puesta la dialaga, viéndose en estos también algo de serpen- 
tina. Por último, cortando con bastante oblicuidad á un cris- 
tal de feldespato, hemos observado agujas finas de apatito, 
originando bellas inclusiones. 

4. La epidiorita, que se describirá después en particular, 
arma entre estas rocas en forma de capas-filones, pasando 
á veces á diabasa y otras mostrando tránsitos al gabbro; tal 
sucede en el filón señalado con el núm. 4 en el corte prece- 



426 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (4) 

dente, en cuyos bordes se observan intrusiones de epidiorita, 
que ofrecen fenómenos muy curiosos. Se ven, por ejemplo, 
vetas que se tomarían por clorita á la simple vista, y consis- 
ten en realidad en productos y elementos de la pasta que han 
penetrado en estado fluido, siendo fuertemente comprimidos 
entre las láminas de los grandes individuos porfíricos, á los 
cuales han disg-reg-ado y contorneado. A la luz polarizada, y 
con la lámina de cuarzo, cada una de las láminas de feldes- 
pato disociadas presenta un vivo color diverso de el de las 
restantes, correspondiendo á bandas polisintéticas. 

5. El terreno arcaico comienza por una serie de arcosas 
obscuras, sumamente compactas, astillosas, aveces de aspecto 
alg-o tobáceo, y salpicadas de abundantes laminillas de mica. 
Alternan con ellas pizarras arcillosas, y toda la formación se 
encuentra atravesada en este sitio por apófisis de microgra- 
nito. 

6. Vienen después pizarras doriticas en contacto en el 
corte con un filón de epidiorita y á veces con arenisca ferru- 
ginosa. 

7. Sobre estas rocas reposa el terreno cámbrico superior, 
constituido en su base por una potente serie de pizarras muy 
alteradas, en hojuelas finas, de color gris amarillento y entre 
las cuales parecen dominar las sericíticas. 

8. El coronamiento en el Cerro de Santiago, y corriendo 
luego extensamente al NE., le forman las calizas llamadas 
jabalunas en el país, como siempre de color grisáceo más 
ó menos claro, cenicientoazuladas, compactas y puras. 

El terreno cámbrico compone una faja, que partiendo de 
Cazalla de la Sierra, se prolonga hasta más allá del Cerro de 
Santiago de NE. á SO. Cortándolas en una dirección normal á 
partir de dicho Cerro, y siguiendo el curso de la Ribera de 
Benalija, se llega, después de atravesar un pequeño trecho de 
pizarras cámbricas, que ya se inclinan un poco al NE., á las 
arcosas en que arma la epidiorita. Aunque no de un modo 
muy aparente, en este punto se encuentra la discordancia 
entre las capas cámbricas y las arcaicas, que vienen á morir 
en los microgranitos y sienitas del fondo de la Ribera. 



(5) Calderón y del Río. — epidiorita de cazalla de la sierra. 427 

Hemos visto que la epidiorita arma en forma de filones- 
capas en las pizarras arcaicas, en la sienita y en el g-abbro, 
originando formaciones aisladas y de poca extensión, de las 
cuales la más importante es la representada en el corte atra- 
vesando la sienita. 

El aspecto exterior de los ejemplares más frescos y típicos 
de la roca que nos ocupa es el propio de un material compacto, 
pesado, tenaz y duro. De una pasta g-ris obscura uniforme, 
destacan g-randes y abundantes cristales blanco-sucios, de 
lustre vitreo, que desde lueg-o se reconocen como manchas 
zonadas de plag-ioclasa. Además de estos cristales, que alcan- 
zan hasta 1 cm., existe otra serie de feldespatos más peque- 
ños, solo discernibles por su brillo, á menos de servirse de 
una lente. 

La roca en estado fresco es de fractura un tanto concoidea 
y muy resistente al choque del martillo. Por alteración se va 
volviendo rojiza y se empañan sus cristales de feldespato, por 
más que resiste mucho á la descomposición, alisando sus 
superficies expuestas á la intemperie. 

La densidad es de 2,87. 

Al soplete se funde, aunque con alguna dificultad, dando 
un vidrio oscuro. 

El examen exterior de la epidiorita de Cazalla lleva á pen- 
sar en las dioritas, no obstante de presentar esos cristales 
porfíricos tan notables que suelen verse en las rocas diabási- 
cas del país. Con todo, en su aspecto se advierte algo diverso 
con respecto á la mayoría de las rocas verdes de la provincia 
de Sevilla que hemos examinado. 

Reducidas á secciones delgadas aparece en el microscopio 
un agregado de plagioclasa, en cristales porfíricos y en la 
materia fundamental, de abundante hornblenda, cuarzo es- 
caso, ilmenita, leucoxeno, biotita aunque en poca cantidad, 
clorita, epidota y apatito como accesorios. Los elementos 
esenciales son exclusivamente la plagioclasa y el anfibol. 

El feldespato de la pasta parece una albita, una oligoclasa 
ó quizás ambas cosas; mas en su mayor parte está tan evolu- 
cionado, que se tomaría más bien por cuarzo que por feldes- 
pato, sin un examen atento de la preparación. El señor profe- 
sor Lossen, de Berlín, que con su amabilidad habitual ha te- 
nido la complacencia de examinar esta roca y compararla con 



428 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (6) 

SUS análog-as del Harz, piensa, que aparte de la plag-ioclapa 
urimaiia, turbia, existe otro feldespato de nueva formación, 
diáfano, transparente y que casi nunca está maclado, afec- 
tando la apariencia de trozos de cuarzo. De todos modos, en 
este estado en las secciones delg"adas es mu}' difícil, y más 
aun cuando escasea, disting-uir la albita del cuarzo, pues 
ofrecen ambos una birefring-encia muy próxima. La poca 
abundancia del mineral no ha permitido tampoco intentar su 
separación para ensayarlo. 

El anfibol es una liornblenda fibrosa, de distintos colores, 
seg-ún la proporción de hierro que contiene. Se observan en 
ella unas inclusiones morenas, aunque en pequeña cantidad, 
y otras de tono verde azulado ó verde mar, hasta el transpa- 
rente, las cuales son de biotita. Esta liornblenda es seg-ura- 
mente secundaria y de procedencia evolutiva, como lo indica 
bien su falta de la fuerte absorción, que es habitual en la de 
las rocas de desbordamiento (Ergwsgesteine), paleovolcánicas 
de Rosenbusch. 

Los cristales porfíricos g'randes consisten en un labrador 
generalmente turbio, convertido por evolución en una saus- 
sirita de los antig-uos mineralog-istas. Donde se conserva fres- 
co, presenta la estructura polisintética de los feldespatos tri- 
clínicos. La pasta penetra en tal cantidad por las junturas, 
que estos individuos porfíricos parecen á veces asociaciones 
de feldespato y de un producto magnesiano clorítico, que 
afecta polarización de agregado. 

El profesor Lossen ha creído percibir una vez de un modo 
distinto alguna inclusión de turmalina en un labrador volu- 
minoso. El color azul de esta inclusión y su fuerte pleocrois- 
mo, le han inducido á considerarle de dicho modo, sobre todo 
en atención al color azul del cristal cuando su eje principal 
se hallaba perpendicular á la sección principal del nicol, lo 
que le distingue de la glaucofana, con la que podría confun- 
dirse, al paso que cuando el eje principal del cristal se coloca 
paralelamente á la sección principal del polarizador, el color 
se vuelve totalmente pardo amarillento. Estos indicios se 
completan con la observación de una pequeña terminación 
romboédrica perpendicularmente al contorno de la plagio - 
clasa. 

La existencia de la turmalina en la epidiorita, como en 



(1) Calderón y del Rio. — epidiorita de cazalla de la sierra. 4:9 

todas las analogías á ella, constituye un hecho excepcional, 
pero no inexplicable teniendo en cuenta la proximidad en que 
se halla con la sienita en la Ribera de Benalija. Ya hemos di- 
cho que se observa en esta última roca alg-una inclusión de 
turmalina en el feldespato, y un simple fenómeno de trans- 
porte puede esclarecer este, como otros muchos hallazg-os se- 
mejantes. 

Los restantes minerales, que entran en variable proporción 
á formar parte de la epidiorita de Cazalla de la Sierra, son los 
pjg-uientes: 

Mag-netita, ilmenita y esfena ó leucoxeno. este último pro- 
ducto evolutivo magníficamente desarrollado y ofreciendo su 
descomposición característica. Cerca de él existe alguna epi- 
dota. 

No falta carbonato, ni tampoco algún apatito. El Sr. Quiro- 
ga, que ha examinado esta roca, ha observado también, como 
inclusión en el feldespato y en granos irregulares, unos cris- 
tales incoloros, de marcado relieve, extinciones longitudinales 
y fuerte pleocroismo cromático, que pudiera ser zoisita. 

Es dudosa la existencia del cuarzo: ya hemos dicho que los 
cristales que se tomarían por tales en las preparaciones son en 
realidad de feldespato, por lo cual hemos acudido en consulta 
de esta duda á dos petrógrafos tan eminentes como el Sr. Qui- 
roga, ya citado, y el profesor Cohén, y ambos convienen en 
que, aunque escaso y como residuo de la alteración del feldes- 
pato, algo de cuarzo existe cerca de este. 

También es obscura é importante la cuestión de si contiene 
ó no la roca restos de augita. Nosotros no hemos podido com- 
probarla en nuestras preparaciones, pero el Sr. Quiroga dice 
haberla visto, si bien escasa, sirviéndose del objetivo de V'4 y 
de un fuerte ocular. Estos pequeños restos, perdidos entre la 
hornblenda fibrosa, pero ofreciendo sus exfoliaciones prismá- 
ticas primitivas, declaran el origen diabásico de los ejempla- 
res que describimos. 

La estructura de la epidiorita de Cazalla, cristalina, porfi- 
róidea á la simple vista, se vuelve en las secciones delgadas 
diabásica ú ofítica, según la denominación de Michel Lévy. 
Los grandes individuos porfiróirleos feldespáticos, que si bien 
frecuentes en las diabasas, constituyen un hecho excepcional 
tratándose de las epidioritas, no ejercen en realidad influen- 



430 ANALES DE HISTORIA NATURAL. (8) 

cia sensible en la estructura de la roca; así es que su existen- 
cia ó ausencia no constituye sino un carácter de todo punto 
accesorio. 

Comparando la roca que examinamos con alg-unas diabasas 
típicas, que en pequeños filoncillos asoman cerca de ella en 
el contacto del cámbrico y del arcaico, se hallan analogías y 
diferencias entre unas y otras que hemos sometido al examen 
del eminente profesor Cohén de Greifswald. Desde lueg-o el 
aspecto macroscópico es notablemente parecido, presentando 
dichas diabasas, plag-ioclasas porfíricas en un todo semejantes 
á las descritas en la epidiorita. Como elementos primarios 
contienen solo plagioclasa, aug-ita y hierro opaco: la primera 
en forma de barras y la seg-unda llenando los espacios vacíos 
que esta deja, produciéndose, en suma, una estructura ofítica. 
La aug-ita, que es abundante en estas diabasas, se ha trans- 
formado en parte en hornblenda, ó mejor en uralita, y esta á 
su vez en clorita en ciertos sitios, de modo que la clorita no 
se ha producido directamente del mineral piroxénico. Al veri- 
ficarse la uralitización de este último se ha segregado á la par 
una parte de mineral de hierro en pequeños granos. Tan>bién 
se ven en la roca algunos granos de cuarzo y pajuelas de bio- 
tita, ambos secundarios; pero no hemos percibido vestigio 
alguno de la turmalina ni mineral análogo al citado antes en 
la epidiorita, lo cual se comprende bien dado el origen emi- 
gratorio que es forzoso atribuir á dicho mineral y su proce- 
dencia de las sienitas próximas. 

Como se ve, la epidiorita presenta analogías y diferencias 
con respecto á las diabasas uralíticas, usando la antigua de- 
nominación, que se hallan cerca de ella en la Ribera de Bena- 
lija; pero no por las primeras es dado comprender sin alguna 
aclaración un miembro del grupo anñbólico-plagioclásico, en 
otro del piroxénico, al menos bajo el punto de vista de la cla- 
sificación petrográfica. 

A no dudarlo, la roca en cuestión es de origen diabásico, 
según lo acreditan: 1.", su estructura macro y microscópica; 
2.% los restos de piroxeno descubiertos en ella por el Sr. Qui- 
roga; 3.", la presencia casi exclusiva de ilmenita y de su deri- 
vado la titanomorfita. No cabe, pues, referirla á las porfiritas 
anfibólicas filonianas, lo cual implicaría además conceder 
una importancia excesiva á elementos que solo desempeñan 



(9) Calderón y del Río. — epidiorita de cazalla de la sierra. 431 

un papel secundario en su composición. Por eso el Sr. Mac- 
pherson ha descrito las rocas análogas á la de Cazalla que nos 
ocupa entre las diabasas, como un momento de una de sus 
series evolutivas. 

Nosotros hemos pedido al señor profesor Lossen su opinión 
sobre el parecido de la roca de Benalija con las auálog-as de 
Alemania, que él ha descrito tan mag-istralmente, y conviene 
en que su composición g-eneral, el aspecto fasciculado de la 
hornblenda, la presencia del hierro titanado, y especialmente 
la estructura, la aproxima á las epidioritas de Gümbel, que 
arman en pequeños filones en las pizarras cámbricas superio- 
res y silúricas inferiores del Fichtelg-ebirg-e , de los Ardennes 
y del Thuring-er Waldt, aunque difieren de ellas en ciertos 
detalles, como la ausencia de las grandes plagioclasas porfí- 
ricas y de las inclusiones de turmalina de nuestra roca. En 
vista de esto nos ha parecido conveniente disting-uirla con el 
dictado de epidiorita, siquiera este no teng-a más valor que el 
de indicar una fase evolutiva, toda vez que las mismas epidio- 
ritas de Gümbel han sido incluidas entre las diabasas por el 
profesor Rosenbusch. 



ACTAS 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAÑOLA 



HISTORIA NATURAL. 



Sesión del 8 de Enero de 1890. 

PRESIDENCIA DE DON FRANCISCO MARTÍNEZ Y SAEZ. 

Leída el acta de la sesión anterior fué aprobada. 

— El Sr. Presidente al ocupar su puesto dio las gracias á la 
Sociedad por el cargo con que le honraba, prometiéndose por 
su parte servir á la Sociedad en cuanto posible le fuera. Ter- 
minó proponiendo un voto de gracias para el Presidente que 
fué durante el año anterior, Sr. Conde de Moriana, que se ha- 
bía dignado honrar aquel sitial aceptando el cargo á pesar de 
su residencia en el extranjero, voto que la Sociedad concedió 
unánimemente. 

— El Sr. Prado en ausencia de los Sres. Secretarios, leyó una 
comunicación del Sr. Conde de Moriana , manifestando su gra- 
titud á la Sociedad que tanto le había honrado manteniéndole 
en su cargo de Presidente á pesar de la imposibilidad en que 
se encontraba de asistir á las sesiones como hubiera sido su 
ferviente deseo, y dando también las gracias al dignísimo 
Sr. Vicepresidente del año anterior, Sr. Martínez y Sáez, que 
se había tomado tantas veces la molestia de sustituirle. 

—El Sr. Pérez San Millán, Secretario de la comisión nom- 
brada en la sesión anterior para examinar el estado de las 
cuentas presentadas por el Sr. Tesorero, dio lectura del si- 
guiente informe: 

«Los que suscriben, designados por la Sociedad española 
DE Historia Natural en sesión de 4 de Diciembre último 

ACTAS DE LA SOC. ESP.— XIX. 1 



2" ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

para examinar las cuentas del año que presentó el socio Teso- 
rero, D. Ignacio Bolívar, é informar sobre ellas á la Sociedad, 
las han examinado con el debido detenimiento, hallándolas 
perfectamente exactas, sin que quepa hacerles reparo alguno, 
teniendo todas las partidas sus respectivos justificantes y dis- 
puesto todo con el mayor orden y claridad. 

»La comisión estima que la Sociedad debe además de apro- 
bar estas cuentas dar un voto de gracias al Sr. Tesorero que 
tan cumplidamente llena la misión que le confió al elegirle 
para este cargo. 

»Madrid 7 de Enero de 1890.— Pedro Sainz.— Aurelio Váz- 
quez. — Rafael de San MillIn.» 

— La Sociedad aprobó el anterior informe y concedió por 
unanimidad el voto de gracias al Sr. Tesorero pedido por la 
comisión. 

El Sr. Prado dio cuenta de una comunicación del Sr. Director 
del United States Geological Survey , participando haber reci- 
bido el cuaderno 2.° del tomo ,\viii de nuestros Anales. 

— Se pusieron sobre la mesa las publicaciones recibidas du- 
rante el mes de Diciembre último, disponiendo la Sociedad se 
diese las gracias á los donantes de las que no son cambio. 

—Quedó admitido socio el señor 

Janer y Ferrán (D. Manuel), de Madrid, 
propuesto por el Sr. Quiroga. 

El Sr. Bolívar llamó la atención de la Sociedad acerca del 
interés que tiene el estudio de la fauna carcinológica de la 
Península, y dio las siguientes noticias sobre la recolección 
de los crustáceos, esperando de los socios que se encuentren 
en condiciones de poder utilizarlas le ayuden en el aumento 
de una colección patria de estos animales que está formando en 
el Museo de Historia natural de Madrid, y que en su día podrá 
desdoblarse en otras varias con destino á los principales Mu- 
seos de la Península. 

La pesca y recolección de los malacostráceos es harto cono- 
cida (1) para que me detenga á describirla; pero sí creo nece- 



(I) El mejor medio de conservación de los crustáceos es el de colocarlos en frascos 
coa alcohol fuerte; los crustáceos secos se estudian con.dificultad por la rig-idez que 
adquieren todos los órganos al desecarse. 



DE HISTORIA. NATURAL. 3 

«ario recomendar el examen de la superficie del cuerpo y de la 
boca y branquias de los peces, donde se encuentran algunos 
isópodos parásitos, las cavidades branquiales de varios crus- 
táceos macruros en las que viven otros más pequeños, orig-i- 
nando grandes tubérculos como es frecuente observarlo en los 
camarones, en los que g-eneralmente son debidos al Bojpyrus 
squillanim j el interior de alg-unos tunicados (Pprosoma, Do- 
liolum, etc.), donde se encuentran los anfípodos del g-énero 
Phronima; es conveniente no dejar de examinar las tablas y 
maderas que han permanecido alg-ún tiempo sumerg-idas en 
el ag-ua del mar y en las que viven las Chelura y Lignoria y 
€l légamo de las desembocaduras de los ríos en el que se ba- 
ilan escondidas multitud de especies como las Calianassa y 
GeMa y también otras muy pequeñas como los Corophium. 
Los pozos profundos y los charcos que suelen formarse dentro 
de las cuevas naturales son la habitación ordinaria de muchos 
edrioftalmos y en especial de los Asellus, Niphargus, etc.; de- 
bajo de las piedras, al pie de los muros, en busca de aquellos 
sitios donde se conserva mejor la humedad, viven multitud 
de isópodos terrestres bien conocidos del vulgo que los desig- 
na con el nombre de cochinillas de humedad, y de las que 
seguramente faltan muchas por conocer en la Península. 

Pero los que merecen especial mención por requerir su pesca 
ciertos procedimientos especiales son los micro-crustáceos, 
esto es, los crustáceos pequeños correspondientes á los órdenes 
de los filópodos, ostrácodos y copépodos. De estos, los bran- 
quiuros se encuentran sobre la piel de los peces; así, para no 
citar sino algunos de que carece enteramente nuestra colec- 
ción, indicaré el Árgiihis foliaceus L. y el Coregoni Th., pará- 
sitos de los peces de agua dulce y que se encuentran sobre la 
Perca fliimitilis, Cyprinus carpió, Tinca vulgaris, Salmo trut- 
ta, etc., etc., así como otras especies del mismo género viven 
sobre peces marinos, y los verdaderos copépodos, de los que 
nuchos, por efecto de su vida parasitaria, sufren tales trans- 
formaciones, que hasta pierden los caracteres y la forma de 
crustáceos, lo que no sucede en los machos cuando viven 
libres. Apenas hay animal acuático que no se vea atacado 
por estos copépodos, encontrándose á veces ocho ó diez espe- 
cies diversas sobre uno solo, como sucede con los rodaballos 
y lenguados, el bacalao, la merluza, el salmón y otros; tam- 



4 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

bien puede "hallarse un mismo parásito sobre diversas espe- 
cies de peces, y á este propósito solo recordaré que el Caligus 
rapax Edw. ha sido ya encontrado sobre diez especies diver- 
sas de grupos tan distintos como lo son los de los plag-iósto- 
mos, malacopterig-ios y acantopterig-ios. Sobre los cetáceos se 
han observado dos ó tres especies del g-énero Pennella ; sobre 
los peces un número considerable de especies que se fijan en 
la piel, en las branquias, fosas nasales, cavidad bucal, córnea 
de los ojos, etc.; sobre otros crustáceos también se encuentran 
como el Nicothoe Asiaci Edw. en las branquias del bog-avante 
(Homarus gammanis L.) y la Sph(eronella Leiickarii Sal. en el 
abdomen de los AmpJiitoe; sobre la piel de los g-usanos, Aphro- 
dite, Nereis, Arenicola, Terebella y otros, viven hasta una do- 
cena de especies; en la cavidad branquial ó en la piel de los 
moluscos y tunicados se encuentran también muchos; así la& 
iSapJiirina en las Salpa, los Doripygus en las Ascidia, los Li- 
cJiomolgus, BotacJms fusiformis Buchh. y Yarios Boripygus y 
JVofodelphys en las Phallusia; la Sepicola longicauda Claus, en 
la íSepia ojicinalis, los Splanchnotrophus en los Doris ; y final- 
mente, hasta los celentéreos y equinodermos no se ven libres 
de los copépodos parásitos. 

Los no parásitos se encuentran no solo en el mar y en los 
lag-os de g'rande extensión, sino también en las lagunas y 
hasta en los pequeños charcos, aun en aquellos que solo exis- 
ten en determinadas épocas del año; las corrientes de agua, 
en general las impetuosas, encierran pocas especies de esto» 
crustáceos, que no tienen medios de resistir su violencia y son 
arrastrados por ellas. Conviene tener en cuenta que cuando la 
superficie de las aguas está movida ó rizada por el viento, sus 
habitantes se refugian por regla general en las capas profun- 
das y que también hay especies que huyen de la superficie 
cuando la hieren con fuerza los rayos del sol. 

La pesca se verifica hoy por un procedimiento en extremo 
sencillo que ha sido perfeccionado por Mr. Richard. Por todo 
instrumento se emplea una pequeña manga de gasa ó de linón 
cuya boca, del diámetro de un duro, ó poco mayor se mantie- 
ne abierta si se quiere por medio de un aro de alambre galva- 
nizado que por uno de sus extremos puede prolongarse sir- 
viendo de mango y dos frascos de cristal, de los cuales sirve 
el uno para recoger el agua estadiza de los charcos y lagunas 



DE HISTORIA NATURAL. 5 

que se ha de colar por la mang-a y el otro con alcoliol muy 
fuerte que ha de utilizarse para g-uardar y conservar en él el 
producto de la pesca que quedará detenido en las mallas de 
ia tela y que se pasa al alcohol sin más que volver del revés 
la mang-a, como un dedo de guante, introduciéndola en el 
alcohol para que se desprendan y vayan al fondo del frasco 
que le contiene los crustáceos recog-idos. 

Aún cuando el tamaño de estos crustáceos es muy pequeño, 
-toda vez que, hecha excepción de unos pocos, gñg-antescos en 
relación con los demás (1), los mayores no pasan de 5 milí- 
metros de longitud y casi todos son muchísimo más pequeños; 
-es tal su abundancia en determinadas ocasiones que si á esta 
se une la coloración de que suelen estar dotados}^ que aveces 
es muy intensa como sucede con la del Diajitomiis Wierzejskii 
Rich. del centro de España, llegan á colorear fuertemente el 
agua en que viven denunciando su presencia. Pero aún cuan- 
do á primera vista nada se perciba, debe recogerse el agua y 
colarse por la manga, repitiéndose esta operación muchas 
veces y en diferentes sitios de las orillas de la charca que sue- 
len estar habitadas por diversas especies así como las hay de 
estas que viven en la superficie de las aguas, al paso que otras 
prefieren las capas más próximas al légamo del fondo. Tam- 
bién es conveniente explorar los mismos lugares en diferentes 
épocas, no tan solo porque su fauna puede variar por existir 
especies que solo aparecen en determinados meses del año, 
sino para procurarse individuos de ambos sexos de aquellas 
cuyos machos no se encuentran hasta fines del verano ó du- 
rante el otoño á cuyo número pertenecen principalmente los 
cladóceros. 

El frasco que ha de servir para recoger el agua debe ser 
ancho de boca y se ha de introducir de modo que esta vaya 
dirigida hacia abajo, volviéndole rápidamente una vez sumer- 
gido á fin de que el agua, que obrando de este modo entra 
precipitadamente en el frasco, arrastre consigo los pequeños 
crustáceos. La pesca en los grandes lagos, así como la pelá- 
gica requieren servirse de una manga de muselina, de mayo- 
res proporciones y de forma cónica pero redondeada en su 



(1) Son estos los filópodos branquiopodos, Apus, Branclúpus y Estheria de los que 
.algunos llegan, especialmente los Apus, á una longitud de G ó 7 cm. 



6 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

extremo y colocada en el de una caña cuanto más larg-a mejor^ 
para poder alcanzar cierta profundidad. Esta mang-a se puede 
arrastrar desde una barca, á diferentes profundidades, laván- 
dola cada vez que se saca en el ag-ua limpia de un bocal en la 
que quedará el producto de la pesca que á su vez se recoge 
colándolo por la mang-a pequeña de que se habló en un prin- 
cipio, desde donde se pasa al alcohol. 

Para la conservación de estos crustáceos debe emplearse el 
alcohol de 70" aun cuando tiene el inconveniente de hacer des- 
aparecer los colores; pero como estos son generalmente unifor- 
mes, bastará tomar nota de ellos cuando el animal esté vivo 
y esta, juntamente con las relativas al lugar y época del año 
se escriben con lápiz en un papel que se introduce en el fras- 
co ó tubo que contiene cada pesca. Sin otra preparación pue- 
den ser remitidos estos crustáceos por el correo, si es que no 
se poseen medios adecuados para separar unas de otras las 
diferentes especies (que á veces son muchas las que se pescan 
simultáneamente), lo que ha de hacerse al microscopio, con 
ayuda de una cerdita sujeta en el extremo de un palito que 
sirve de mango y á costa de mucha paciencia. No olvidar in- 
dicar en los parásitos el nombre vulgar ó científico, si se sabe, 
del pez, molusco etc., sobre el cual ha sido encontrado. 

El Sr. Cazurro leyó la siguiente nota: 

«La clasificación y estudio de los Gfordms, gusanos nema- 
todes que viven parásitos en los insectos, especialmente en los 
ortópteros, ha sido últimamente objeto de numerosas publica- 
ciones, de las cuales citaré las siguientes: 

ViLLOT. . . . — MonograpJiie des Dragonneaux. «Archiv. de Zool. 
exper. et gen.», vol. iii. 
» Mémoires sur Vestructiire anatomiqíie des Gor- 

diens. «Ann. Se. nat.», 6." serie, t. xviii. 
» Revisión des Qordiens. Loe. cit., ser. 7.', vol. i. 

Meissner.. — Beitrdge zur Anatomie und Phisiologie der Gor- 
diaceen. «Zeit. für Wiss. Zool.», vol. vii. 

Orle Y — On Hair-worms in tJie collection of ihe British 

Musenm. «An. and Mag. of Nat. Hist.», ser. 5.% 

vol. VIH. 

Vejdoüsky. — Zur Morphologie der Gfordiaceen. «Zeit. für Wiss. 

Zool.», vol. XLIII. 



DE HISTORIA NATURAL. 7 

Camerano. — RicJierche iníorno alie specie italiane del genere 
Gordius. «Atti R. Academia delle Scienze di 
Torino», vol. xxii. 
» Osservacione sui caratteri diagnostici dei Gordius 

e sopra alcune specie di Gordius d' Europa. 

»Una de las cuestiones que más se han discutido en estos 
trabajos tía sido la existencia de una capa celular hipodérmi- 
ca y su constitución. Según estos trabajos, la envoltura dér- 
mica de estos gusanos está constituida por dos capas, una 
epidérmica formada por numerosas células rectangulares de 
4 At de anchas apenas perceptibles, entre las cuales existen 
numerosas papilas que presentan un poro de figura poligonal 
de 8 u de diámetro que parece pertenecer al aparato acuífero 
y que se continúa hasta las capas subyacentes; debajo de esta 
capa existe otra acerca de cuya naturaleza se discutió mucho, 
pues en un principio se creyó formada por una materia pro- 
toplásmica anhista verdaderamente representante de un sis- 
tema nervioso periférico, en ]a cual se entrecruzaban nume- 
rosas fibras elásticas bajo un ángulo de 70°, pero que hoy se 
ha demostrado que está también formada por verdaderas cé- 
lulas epiteliales, constituyendo una hipodermis parecida á la 
capa mucosa de Malphigio que ofrece la epidermis del hom- 
bre; en esta capa se presentan, cuando se examina al micros- 
copio con aumentos algo grandes, una especie de estrellas de 
cuatro rayos con el centro brillante que, según Villot y Ca- 
merano, serían producidas por el agua al penetrar en los 
espacios ó meatos intercelulares. Las células de esta capa hi- 
podérmica, como asimismo todas las que rodean al canal di- 
gestivo y órganos generadores, llegan á desaparecer en el es- 
tado adulto del gusano, pues libre ya parece que no toma ali- 
mento alguno y se nutre solo á expensas de sus tejidos, al 
modo de los animales invernantes. 

»Siendo la distribución de los poros y papilas uno de los ca- 
racteres más precisos para la determinación de las especies 
de estos gusanos que se presentan muy abundantes en los 
arroyos y charcos de la cercana sierra de Guadarrama, he 
tratado de examinar la estructura de su cutícula, fijándolos 
como recomienda Michel en una nota presentada á la Acade- 
mia de Ciencias de París, sesión de Diciembre de 1888, con el 



8 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

licor Pereng-i (ácido cromo-nítrico), y coloreándolos por la lie- 
matoxilina lie podido examinar el aspecto y distribución de 
estos poros, que es muy parecida á la que señala Camerano 
para el Crordius triaisiñdatus L. Duf. 

»Esta epidermis está formada por numerosas células epite- 
liales poco perceptibles, de unos 4 At de diámetro, entre las 
cuales se presentan numerosas papilas ó areolas irreg-ular- 
mente dispuestas unas, otras ag-rupadas alrededor de un punto 
que suele ser frecuentemente uno de los poros acuíferos que 
se continúan al interior, y en los que penetrando los líqui- 
dos forman la cruz á que se refiere Villot, entre las fibras 
elásticas y formando sus rayos poco perceptibles como estrías 
más brillantes un ángulo de unos 70°; cada una de estas 
papilas presenta á modo de núcleo un punto brillante más 
claro que el fondo de ella, que es de tamaño de unos 20 á 100 íí-. 

— El Sr. Prado y Sáinz leyó la nota sig-uiente: 

«Entre los estudios que más luz han arrojado en estos últi- 
mos tiempos acerca de la fauna de los vertebrados de las islas 
Filipinas, fig-ura el recientemente publicado por nuestro ilus- 
trado consocio el Sr. Gogorza en el tomo xvii, cuaderno 2.° de 
nuestros Anales. 

»Creyendo de sumo interés, especialmente para los zoólo- 
gos españoles, todo cuanto concierne al conocimiento de la 
fauna de dichas islas, me permito dar noticia de alg-unas es- 
pecies publicadas recientemente, y que vienen á aumentar la 
ya numerosa lista de las citadas en dicho estudio. 

»Comisionado en el año 1885 por el Gobierno de la veci- 
na Eepública, el Sr. Marche, ha descrito su viaje en el año 
1886 de la revista titulada Le Tour du Monde, bajo el título de 
«Seis años en Filipinas», siendo consecuencia de esta excur- 
sión la recolección de muchos ejemplares, entre los cuales se 
encuentran algunas especies nuevas que ha publicado el se- 
ñor Huet en el NaUíraliste, 2/ serie, números 13 y 20. 

»La primera de ellas es el Mydaus Marchei de la familia de 
las mustélidas, y de un género del cual solo eran conoci- 
das dos especies, el M. collaris Gray, y el M. meliceps Cuv. 
que se encuentran en las islas de Java y Sumatra. El M. Mar- 
chei es conocido por los naturales con el nombre de Bontoc, y 
habita en la isla Palauan, que se encuentra situada entre 
Mindanao y la isla de Balabac al N. de Borneo. 



DE HISTORIA NATURAL. 9 

»Esta especie es muy afine al M. meliceps Cuv., de la cual se 
distingue por no tener la frente tan convexa, ni existir espa- 
cio alguno entre el canino y el primer premolar del maxilar 
inferior, por la disposición de las vesículas auditivas que en 
esta especie presentan un pequeño conducto ó tubo óseo, y 
en fin, por ser su bóveda palatina bastante más estrecha. Aun 
prescindiendo de estos importantísimos caracteres del cráneo, 
se reconoce también fácilmente al exterior, porque el pelo es 
más bien sedoso que lanoso, la coloración de la piel en el dor- 
so, cuello y cabeza, es de color de chocolate oscuro; tiene una 
mancha en la parte superior de la cabeza que- apenas avanza 
por el cuello , y no ocupa el dorso como sucede en el 31. me- 
Uce2>s de Java, y la cola es rudimentaria y desnuda por com- 
pleto. Su talla es. poco considerable, pues no tiene sino que 
44 cm. de longitud desde la nariz á la cola. 

»Esta especie vive como las mofetas y los tejones en aguje- 
ros que excavan en la tierra, y como ellos se denuncia por el 
fuerte y desagradable olor que exhala, á pesar del cual, los 
naturales del país, le aprovechan como alimento después de 
haberla despojado de las glándulas anales. 

»Otras dos especies encontradas por el viajero Mr. Marche, 
describe el Sr. Huet, pero pertenecientes al género Sus; las 
dos son muy afines entre sí y con el S. darlatiis, pero se sepa- 
ran de él con facilidad. 

»La primera es el S. ahtsmlarhis Huet. Sus diferencias 
principales con el S. lariahis, son las siguientes: el cráneo es 
mucho más corto, y el maxilar superior es completamente 
recto y formando un reborde, el último premolar superior es 
largo, estrecho posteriormente y ancho por delante, formado 
por repliegues que dejan entre sí tres espacios irregulares en 
los que falta el esmalte, y el último inferior con tres eminen- 
cias provistas de repliegues. 

»En esta especie la nariz, los labios superiores y la barba, 
están revestidos de pelos esparcidos, cortos y negros, del mis- 
mo modo que en las demás partes del cuerpo, excepto por en- 
cima de los ojos, donde se observa una banda de pelos grue- 
sos y de color de ocre en la punta, que se continúan por las 
mejillas hasta el ángulo posterior del maxilar inferior en 
donde los pelos se prolongan á manera de patillas; desde la ca- 
beza á la cola existe una serie de pelos negros largos, fuertes 



10 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

y apretados, que constituyen una especie de cresta que se 
continúa también por las espaldas. De este mismo color y 
naturaleza son los que se extienden por la cola, que es muy 
g-rande , y en cuya punta forma un verdadero pincel aplasta- 
do. Las orejas son pequeñas y revestidas de pelos negros es- 
parcidos. 
»Las dimensiones son: 

Desde el hocico á la cola l'",42 

Desde la punta de la cola á la base O", 12 

Desde el extremo del hocico al ojo O", 20 

Desde la punta del hocico á la base de la oreja. . . . O", 30 

»La seg-unda especie del g-énero Sus citada es el S. Marchei 
Huet, que es alg-o más pequeña que la anterior y toda negra; 
la parte superior de la cabeza y el dorso están cubiertos por 
larg-os pelos neg-ros; delante de los ojos y cerca ya de la nariz 
se encuentra á cada lado una especie de verrug-a que también 
se percibe en el cráneo. Los pelos de todo el cuerpo son tam- 
bién largos y apretados, y la cola es mucho más corta que en 
la especie anterior, y solo contiene cuatro ó cinco pelos largos 
que la terminan. 

»Las dimensiones son: 

Desde el extremo de la nariz á la base de la cola. . l'",24 

Desde la base al extremo de la cola O", 12 

Desde el extremo del hocico al ojo O'",20 

Desde el extremo del hocico á la base de la oreja., 0™,30 

»Estas dos especies han sido encontradas , la primera en la 
isla de Palauan y la segunda en Laguán. 

»Ya que nos estamos ocupando de la fauna de nuestras po- 
sesiones oceánicas, merece también citarse el resultado de las 
exploraciones que el mismo viajero M. Marche ha efectuado 
en el grupo de las islas Marianas en los meses de Mayo y Ju- 
nio de 1887, y acerca de cuya parte ornitológica nos da cuenta 
M. Oustalet. 

>.E1 número de aves recogidas por M. Marche en las citadas 
islas pasan de 700 ejemplares, que han ido á enriquecer, como 
las especies anteriores, las colecciones de esta región existen- 
tes en el Museo de París, ya bastante numerosas por las ex- 



DE HISTORIA NATURAL. 



11 



ploraciones de MM. Quoy y Gaimard á bordo de la Uranie en 
el año de 1818. 

»Entre estas especies describe algunas nuevas como el Pti- 
lotis Marchei, que recibe en aquella localidad el nombre vul- 
gar de Canario, y la Myiagra Freycineti descrita en el año 
1881 en el BidUtin de la Sociélé PJiilomatique , 7/ serie, t. v, 
núm. 2. 

»Entre las especies más interesantes recogidas por M. Mar- 
che cita M. Oustalet las siguientes: 



líalcyon alMcilla Less. 

— cinnamomina Sw. 
Collocalia vanicorensis Q. y G. 
RMpidiira versicolor F. y H. 
Myiagra Freycineti Oust. 
Talare Mariannm Tristr. 
Zosterops Semperi Hartl. 
Myzomela rudrata Less. 



Calornis KiUlitzi F. y H. 
Ptiloims roseicapilhis L. 
Phlogmnas erythroptera Gm. 
Megapodius Laperoíisii Q. y G. 

— senex Hartl. 
Árdea sacra Gm. 
Ar delta sinensis Gm.» 



— El Sr. Quiroga leyó la nota siguiente: 



Berilo de Pegxierinos fÁvilaJ. 

«Hace ya bastantes años que yendo de excursión por la 
parte alta del Pinar de Peguerinos, que está al otro lado ú 
occidental de los montes de El Escorial, en granito, encontré 
en la margen del arroyo de la Parra que baja hacia el pueblo 
del mismo nombre, una piedra suelta no muy rodada, pero 
cuyo yacimiento no hallé por aquellos alrededores en la breve 
investigación que para ello hice, formada en su mayor parte 
de un mineral azul claro, de lustre vitreo, ligeramente baci- 
lar, que sirve de cemento á laminillas de mica negra bastante 
alterada, casi mates , y á pequeños granos cristalinos de fel- 
despato de color de rosa, irregulares en su forma y más abun- 
dantes que la mica, teniendo el todo un conjunto de color 
bastante agradable. 

»Guardé entonces el ejemplar tan bien guardado, que no 
he vuelto á hallarle hasta estos últimos días en que he podido 
reconocer que, según mis sospechas, por lo que recordaba de 
esta piedra, el mineral azul que cementa la ortosa y mica es 



12 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAKOLA 

un berilo perfectamente caracterizado por sus propiedades 
ópticas y químicas y su dureza. Es rico en inclusiones liqui- 
das, alg-unas de burbuja móvil, y que están orientadas según 
el eje de simetría superior del mineral, que es el de su prolon- 
gación; con frecuencia tienen contornos rectangulares, y casi 
siempre continúan las series lineares de inclusiones á través 
de los cristales de feldespato, cruzándolos de uno á otro lado 
y siguiendo después por la masa del berilo con la misma di- 
rección, lo cual demuestra la contemporaneidad de formación 
de ambos minerales. No las be hallado de ácido carbónico ni 
con cristales de sal común. En este mineral hay empastados 
numerosos cristales de ortosa que en secciones delgadas, me- 
diante el microscopio, muestran contornos bastante regula- 
res y aparecen cargadas de láminas y fibrillas de una mica 
blanca. Este estado de alteración del feldespato hace que es- 
tén bastante marcadas sus estrías de exfoliación según (010), 
y aun que entre los nicoles cruzados se dude si se trata de un 
cristal polisintético, duda que desvanece el uso de una lámina 
de Mohl, puesto que en lugar de acentuarse las maclas toma 
todo el cristal una tinta uniforme, sin más interrupción que 
la originada por las fibrillas de mica blanca. Estas ortosas 
también son ricas en inclusiones líquidas, prolongación de 
las series de inclusiones que proceden del berilo, solo que las 
formas de las de la ortosa no suelen ser como algunas de las 
del berilo. Además de la ortosa existe algún cristal de oli- 
goclasa. La mica negra está bastante alterada, muy opaca á 
causa de productos ferríferos que la enturbian; es de color 
pardo verdoso con policroismo intenso (% = pardo verdoso 
rojizo; % = amarillento verdoso). En las secciones de esta 
piedra normales á su longitud se ven los contornos exagona- 
les de algunos granos de berilo separados por materia feldes- 
pática bastante alterada. 

»Esta asociación de berilo, ortosa y mica, posee textura peg- 
matoidea y constituye una verdadera roca que debe corres- 
ponder en su función geológica á las pegmatitas de los filones 
que atraviesan el granito. Distingüese este berilo del de Mi- 
rañores de la Sierra (Madrid), que existe en el Museo, en pri- 
mer lugar, por no hallarse aislado como elemento accesorio, 
sino sirviendo de cemento á la ortosa y la biotita, y en se- 
gundo, por la presencia de esta última. El berilo de Miraflo- 



DE HISTOEIA NATURAL. 13 

res es de color blanco verdoso y no tiene feldespato y mica 
interpuestos en su masa como el de Peg-uerinos; además es 
elemento accesorio de una aplita de grano grueso, cuya or- 
tosa en muchos puntos es verdadera peg-matita merced á su 
especial asociación con el cuarzo. 

»E1 sabio autor de la DescrÍ2KÍón física y geológica de la pro- 
vincia de Madrid, D. Casiano de Prado , dice en la pág-. 108 de 
esta clásica Memoria, con respecto al berilo, lo que sig-ue: 
«Le hallé en el g-neis de Cabanillas y el Sr. Cortina en el tú- 
»nel de la Paradilla, en un filón de feldespato que corta el 
»g'neis, allí mu}' cargado de pirita en hojas, y que forma pris- 
»mas regulares de seis lados. Miñano, en su Diccionario geo- 
y>gráfico de España y Portugal, y después el Sr. Madoz en el 
»suyo, dicen que se halla en Miraflores de la Sierra, donde yo 
»no pude verle por más que le he buscado, lo que no tiene 
»nada de particular, suponiendo, como debe suponerse, que 
»sea muy escaso.» En el Museo de Historia Natural no hay 
más que un berilo procedente de la Sierra de Guadarrama, y 
el de Miraflores, que he citado antes, y acaso sea el ejemplar 
á que se refieren Miñano y Madoz; no tiene indicación alguna 
de cuándo y por quién se recogió este ejemplar. 

»Estas son todas las noticias que tengo de berilos proceden- 
tes de la inmediata Sierra.» 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 7 ele Diciembre de i889. 
PRESIDENCIA DE DON JULIO FERRAND. 

-Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 

-Se aprobó el siguiente presupuesto para el año 1890; 

Sirviente para repartir citaciones 30 pesetas. 

Gastos de Secretaría y Tesorería 1-5 t 

Total 45 » 



11 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

— El Sr. Medina leyó la nota sig-uiente: 

«La lista de ortópteros que doy á continuación se refiere á 
los insectos de este orden que forman parte de la colección 
entomológ-ica existente en el Museo de la Universidad, cuyos 
ejemplares han sido recog-idos en excursiones verificadas por 
el Sr. Calderón, acompañado de sus discípulos y por mí. Al 
darla hoy á conocer á nuestros consocios me g-uía la idea de 
anticipar, en forma de notas, los materiales que un día han 
de lleg-ar á constituir el Catálogo de los insectos de Andalucía. 

»La mayor importancia de dicha lista estriba en el conoci- 
miento de alg-unas especies que hasta hoy no se habían citado 
de la región andaluza, lo cual, gracias á ser bien conocidas 
la mayor parte de las especies propias de esta zona, aumenta 
su interés para los entomólog-os. 

»No podríamos hoy comunicar estas noticias k la Sección «i 
nuestro distinguido consocio D. Ignacio Bolívar no nos hu- 
biera ofrecido su valioso concurso en la determinación de las 
especies que le hemos consultado, á lo cual siempre se ha 
prestado g-alantemente tan ilustre especialista. 

»Algunas de las especies que posee dicha colección nos hsn 
sido enviadas por nuestro querido amigo y consocio el señor 
López Cepero, de Chiclana. 

Forficúlidos. 

LaUdura riparia Pall. c/ Q.— Sevilla; Diciembre y Junio. 

— palUpes Duf. cf Q.— Sevilla; Octubre y Diciembre. 
AnisolaMs anmUipes Luc— =Pedroso; Julio. 

— mcssta Gene.— Peñaflor; Mayo. 
LaMa minor L.— Sevilla; Junio. 
For/icula auricitlaria L. cf 9- — Sevilla; Julio. 

Blátidos. 

Aphledia trivittata Serv. — Peñaflor; Septiembre. 
Phyllodromia germánica L. — Sevilla; Septiembre. 
Lohoptera decipiens Germ. — Sevilla; Agosto. 

— — var. — Dos Hermanas; AbriL 
Periplanela orienlalis L. — Sevilla; Agosto. 

— americana L. — Sevilla; Ag*osto. 



DE HISTORIA NATURAL. i5 



Mántidos. 



Mierodiila lioculata Burm. — Sevilla; Noviembre. 
Mantis religiosa L. cf 9. — Peñaflor, Sevilla; Septiembre. 
Iris oratoria L. — Peñaflor; Septiembre. 
Ameles Spallanzania Rossi. — Sevilla; Agosto. 

Fásmidos. 

Bacillus Mspanicus Bol.— Chiclana (Cepero). 

Acrídidos. 

Tryxalis ungiáculata Ramb. — Sevilla; Junio. 
Oxycoryphus compressicornis Latr. — Chiclana (Cepero). 
Paracinema tricolor Thunb. — Chiclana (Cepero), Sevilla. 
Sthetophyma hispanicum Rb. — Chiclana (Cepero). 
Stenoiothrus Jmmorrhoidalis Charp. — Coria; Noviembre. 

— Mnotatíis Charp. — Chiclana (Cepero). 

— apicalis Herr-SchaíT. — Sevilla; Junio. 

— puhinatus Fisch. W.— Chiclana (Cepero). 

— elegans Charp. — Chiclana (Cepero). 
Stauronotus Maroccanus Thunb. — Sevilla; Junio. 

— Genei Ocsk. — Sevilla; Septiembre. 
Epacromia strepens Latr.— Sevilla; Junio, Octubre. 

— thalassina Fabr. — Sevilla; Junio. 
(Edaleus nigro-fasciaius De Geer. — Chiclana (Cepero). 
Pachytyhis cinerascens Fabr. — Sevilla; Septiembre. 
(Edipoda cmrulescens L. — Sevilla; Septiembre y Octubre. 

— collina Pantel. — Fuente-Piedra; Julio. 
AcrotyUís insuiricus Scop.— Sevilla; Septiembre. 

— patruelis Sturm. — Tomares; Noviembre. 
SpMngonotiis ccerulans L. — Valverde; Abril. 

— azwrescens Ramb. — Sevilla; Julio. 

— imitans Br. — Chiclana (Cepero). 
Pyrgomorpha rosea Charp.— Chiclana (Cepero). 
Eunapius Stali Borm. — Dos Hermanas; Abril. 

— rngulos%s Stál. — Chiclana (Cepero). 
Acridium ^^gypiium L. — Sevilla; Septiembre y Enero. 



16 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA. 

Caloptemts Italicns L.— BeviUa; Junio. Tenemos un ejemplar 

curioso por la brevedad de los élitros. 
Fupre2)ocne7nis plorans Charp. — Sevilla; Diciembre.. 
^Platyphyma Giornm Rossi.— Sevilla; Noviembre. 
Tettix Upunctatiis L.— Sevilla; Julio y Diciembre.. 

— stihwlatus L.— Sevilla; Mayo. 

— Ceperoi Bol.— Chiclana (Cepero). 
Paratettix meridionalis Ramb.— Sevilla; Junio^ 

Locústidos. 

Odont'iira spmulicauda Ramb.— Dos Hermanas; Abril. 
Phaneroptera nana Charp.— Sevilla; Noviembre. 
Tylopsis liliifolia Fabr.— Coria (Sevilla); Agosto. 
Xiphidkmi fusciim Fabr. — Sevilla; Junio. 

— concolor Burm. — Sevilla; Junio. 
Locusta mridissima L.— Sevilla; Ag-osto. 
AmpMestris B(stica Ramb. — Sevilla; Junio. 
Pterolepis spoliata Ramb.— Chiclana (Cepero). 
Thyreonotiis Corsicus Serv.— Chiclana (Cepero). 
Aoiiaxius spinibracMiis Fisch. — Sevilla. 
Platycleis intefmedia Serv.— Sevilla; Junio. 

— laticaiida Br. — Sevilla; Julio. 

— tessellata Charp.— Sevilla; Junio. 

— decórala Fieb. — Sevilla; Junio. 
Decticus alUfrons Fabr.—Sevilla; Junio. 
EpMppigera hispánica Fieb,— Sevilla; Junio. 
Pycnogaster inermis Ramb.— Chiclana (Cepero). 

Gruidos. 

(EcantJius pellucens Scop.— Cazalla; Ag-osto. 
Trigonidiiim cicindeloides Serv.— Sevilla; Noviembre. 
Gryllus campestris L. — Sevilla; Enero. 

— MmaciUaius Be Geer. — Utrera, Ag-osto; Sevilla, NO' 

viembre. 

— — vsiT. alis catídaiis. — Utrera; Ag-osto. 

— deserlus PalL— Sevilla; Diciembre. 

— domesticus L. — Sevilla. 

— Btirdigalensis Latr.— Sevilla; Junio. 



DE HISTORIA NATURAL. 17 

PlatyMemmus lusitanicus Serv. — Sevilla; Junio. 

— caliendrum Fisch.— Hornachuelos; Junio. 

Chyllomorphus Fragosoi Bol. — Dos Hermanas. 
MogisopUstus brunneus Serv. — Sevilla; Septiembre. 
Gryllotalpa mdgaris Latr. — Sevilla; Marzo y Junio. 
THdactylus tariegatus Latr. — Chiclana (Cepero).» 

— Procedióse á eleg-ir la nueva mesa para el año próximo, 
quedando constituida en la forma siguiente: 

Presidente D. Antonio González y García de Meneses. 

Vicepresidente. . . D. Antonio Esquivias. 

Tesorero D. Manuel de Paúl. 

Secretario D. Manuel Medina. 

Vicesecretario.. . . D. Mauricio Domínguez Adame. 



Sesión del 5 de Febrero de 1890. 

PRESIDENCIA DE DON FRANCISCO MARTÍNEZ Y SÁEZ. 

Leída el acta de la sesión anterior fué aprobada. 

— El Sr. Secretario puso en conocimiento de la Sociedad la 
triste nueva del fallecimiento del socio D. Alfredo Truan, de 
Gijón, tan modesto como inteligente diatomista y micrógrafo, 
acaecida el 3 de Enero último. La Sociedad, respondiendo á la 
indicación del Sr. Presidente, manifestó el deseo de que cons- 
tase de un modo especial en la presente acta el profundo sen- 
timiento con que había oído la noticia. Con esta ocasión el 
Sr. Bolívar dio á conocer el proyecto que tenía nuestro conso- 
cio el Sr. D. Fernando García Arenal de escribir para la So- 
ciedad una noticia necrológica acerca del Sr. Truan, idea 
aprobada por el Sr. Pérez Arcas , con quien la había consul- 
tado el Sr. García Arenal. 

— Fueron puestas sobre la mesa las publicaciones recibidas 
durante el pasado mes de Enero, acordando la Sociedad que 
se diera las gracias á los donantes de todas las que fueran re- 
galadas. 

— Se hizo una nueva propuesta de socio. 

— El Sr. Bolívar leyó el siguiente proyecto de adición al Re- 
glamento de la Sociedad: 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — SIX. 2 



18 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

«Los que suscriben, creyendo contribuir al desarrollo de la 
Sociedad Española de Historia Natural, y procurando al 
propio tiempo que aumente y se extienda en nuestra patria 
la afición al estudio de las ciencias naturales, proponen á la 
Junta se sirva aprobar las disposiciones sig-uieutes: 

»l.^ La Sociedad admitirá bajo la calificación de socios agre- 
gados, previas las formalidades exig-idas para los numerarios 
en el art. 3." del Reg-lamento, á los aficionados al estudio de 
la Historia natural que manifestaren á alg-uno de los socios 
numerarios su deseo de formar parte de nuestra Sociedad en 
el concepto indicado. 

»2/ Los socios ag-reg-ados podrán asistir á las sesiones, to- 
mando parte en ellas, aunque sin voto, en las cuestiones de 
índole administrativa, y concurrir á las expediciones que rea- 
lice la Sociedad. Recibirán un diploma en el que se acredite 
su cualidad de Socio agregado, un ejemplar del Reg-lamento y 
otro, todos los años, de las Acias de las sesiones, de las que á 
este fin se hará una tirada especial. Tendrán también derecho 
á consultar las obras de la biblioteca en el local destinado al 
efecto. 

»3.* Los socios ag-reg-ados pag-arán una cuota de 5 pesetas, 
que satisfarán, la primera vez en el momento de su ing-reso 
en la Sociedad, y en los años sucesivos en el mes de Enero. 

»4.* y última. Todas las disposiciones del Reg-lamento de 
la Sociedad que no se hayan modificado expresamente en es- 
tas disposiciones serán extensivas á los socios ag-reg-ados. 

»Madrid 5 de Febrero de 1890. — L. Pérez Arcas. — Ignacio 
Bolívar. — Aurelio Vázquez. — M. Cazurro.— F. Quiroga.» 

— El Sr. Presidente, después de hacer que fuese leído por el 
Sr. Secretario el art. 23 del Reg-lamento, referente á las modi- 
ficaciones y adiciones que este pueda sufrir, y de acuerdo con 
lo que en él se dispone, preg-untó á la Sociedad si se tomaba 
en consideración la proposición del Sr. Bolívar, que lo fué por 
unanimidad, y en su virtud el Sr. Presidente, ateniéndose al 
Reg-lamento, dijo que era necesario nombrar cinco socios que 
emitieran un informe que habrá de discutirse en sesión ex- 
traordinaria. A propuesta del Sr. Presidente fueron nombra- 
dos los Sres. Sainz, Roca, Sanz de Dieg-o, Prado y Hoyos. 

— También propuso el Sr. Bolívar una modificación en la 
redacción de las Acias, que consiste en suprimir en cada una 



DE HISTORIA NATURAL. 19 

■de ellas la enumeración de las publicaciones recibidas du- 
rante el mes anterior, colocando una lista de las que han lle- 
g-ado á poder de la Sociedad en el transcurso del año en la re- 
lación que hace el Secretario de los trabajos realizados por la 
Sociedad durante el mismo, y que va inserta en el acta de Di- 
<íiembre. La Sociedad, previa preg-unta del Sr. Presidente, 
aprobó sin discusión y por unanimidad lo propuesto por el 
Sr. Bolívar. 

— El Sr. Bolívar dio cuenta á la Sociedad de un trabajo suyo 
que titula Diagnosis de ortópteros nuevos, que pasó á la Comi- 
sión de publicación, leyendo inmediatamente después la si- 
g-uiente noticia: 

«El GryllocLes muticus De Geer, encontrado hasta ahora en 
•el Yucatán, Guayana, Puerto-Rico y Guadalupe, habita tam- 
bién en la Isla de Cuba, seg-ún he podido comprobar por dos 
ejemplares recogidos en Guantánamo por el Sr. D. Juan Gun- 
dlach, y que este infatig'able explorador ha tenido la atención 
de enviarme. 

»También en la Península ha sido descubierta recientemen- 
te otra especie de Gryllodes, que habita en los alrededores de 
€iudad-Real, con la particularidad de que esta especie, nueva 
para la ciencia, es una denlas más notables del género, por- 
que presenta numerosas particularidades que le distinguen 
de todos los Gryllodes europeos, y que no indico, para obligar 
á que lo haga á su descubridor nuestro consocio D. José María 
de la Fuente, quien de continuar la exploración de la región 
indicada con el celo con que la ha emprendido, ha de de- 
berle la entomología española muchos descubrimientos inte- 
resantes.» 

— El Sr. Secretario dio cuenta á la Sociedad de unos nuevos 
Datos algológicos enviados por el Sr. Rodríg-uez y Femenías. 
La Sociedad acordó que pasasen á la Comisión de publica- 
ción. 

— El Sr. Vilanova leyó la nota siguiente: 

«Débese la recolección de los huesos fósiles del que con toda 
justicia debe titularse Museo valentino Botet, al celo, entusias- 
mo y perseverante actividad del Sr. Caries, joven catalán, in- 
fatigable escrutador de la naturaleza, el cual, habiéndose ins- 
talado hace catorce años en Buenos Aires en busca de fortuna, 
entró en alg-unos colegios de segunda enseñanza en concepto 



20 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

de profesor de Ciencias, y en especial de Matemáticas y Geo- 
grafía; atraído empero por el afán de descubrir algún día algo 
de lo mucho interesante que figura en el Museo de Historia 
Natural lonarense, en gran parte organizado por el eminente 
y veterano profesor Burmeister, emprendió una serie de acti- 
vas pesquisas, destinando á sufragar los gastos que estas oca- 
sionaban todos los modestos ahorros que su posición le per- 
mitía. A este fin, según el propio Caries me refirió, en el mo- 
mento que contaba con 400 ó 500 pesos, se marchaba á explo- 
rar el légamo diluvial pampero en diversas localidades de la, 
cuenca vastísima del Río de la Plata, y cuando el caudal pe- 
cuniario se agotaba, volvía á Buenos Aires con la bolsa vacía, 
pero con algunas cajas de interesantes objetos. Dispensábanle 
en los centros de enseñanza aquellas escapadas en gracia al 
objeto que las motivaba; y de este modo llegó á reunir la pre- 
ciosa colección de que voy á daros cuenta, que figura y existe 
hoy en la ciudad del Cid, gracias á la generosidad de uno de 
sus hijos, el Sr. D. José Rodrigo Botet, quien sabedor del me- 
dio compromiso de Caries de ceder tan inestimables tesoros 
paleontológicos para un Museo de Copenhague, se apresuró á 
comprarlos en mejores condiciones, llevado del noble y gene- 
roso deseo de dotar á su patria de un Museo tal vez único en su 
género en Europa. Veamos ahora en qué consiste tan intere- 
sante colección, toda ella de mamíferos fósiles de la forma- 
ción diluvial representada por el famoso légamo pampero, que 
según el infatigable y malogrado viajero D'Orbigny, ocupa 
la enorme superficie de 22.000 leguas francesas cuadradas. 

»Comenzaré por dar una idea de los restos humanos, que 
completan casi un esqueleto, si bien será asunto por todo ex- 
tremo arduo el montarlo por el estado de muchos de sus hue- 
sos. Pero la luz que dan todos ellos es grande, en especial las 
dos mandíbulas, en las cuales no falta un solo diente; el nú- 
mero de vértebras dorsales, la posición del agujero occipi- 
tal, etc., etc. La mandíbula inferior es muy notable por sus 
grandes dimensiones, por la anchura de la rama horizontal, 
por la ligera oblicuidad de la apófisis articular, lo cual con- 
cuerda perfectamente con el desgaste que ostentan todos los 
dientes. Estos ofrecen en el centro de su corona una ranura 
bastante acentuada, carácter que se observa en casi todas las 
mandíbulas primitivas, como indicio cieito del régimen gra- 



DE HISTORIA NATURAL. 21 

nívoro que por fuerza tenían que adoptar los salvajes de tan 
remotos tiempos, pero que en honor á la verdad, no he visto 
tan pronunciada en otro caso. También es de notar la caries 
bastante profunda que ostenta el tercer molar de ambos lados 
en la mandíbula inferior, lo cual tampoco es frecuente ver, 
como que alg-unos autores han lleg-ado á negfar que existiera 
el hecho. Procede este interesante esqueleto de la orilla dere- 
cha del río Samborombon; fué hallado á cosa de un metro de 
profundidad, no lejos del Megaterio, que fig*ura entre los cu- 
riosos objetos traídos y de que voy á dar cuenta. Los célebres 
naturalistas de Buenos Aires, Burmeister y Ameg-hino, citan 
este esqueleto, por constarles su descubrimiento, pero no 
habiéndolo podido examinar, ha quedado por decirlo así iné- 
dito. Yo no he visto la columna vertebral, ni el esternón, ni 
el hueso llamado occipital; pero el Sr. Caries, observador deli- 
cado y concienzudo, asegura que en la reg'ión dorsal existen 
trece vértebras, en vez de las doce que llevan por lo común 
todos los esqueletos humanos. Al mismo se debe la indicación 
de que el ag-ujero occipital, cuyos dos cóndilos recíbanla pri- 
mera vértebra, es alg-o más posterior que de ordinario, cir- 
cunstancia que daría al cuerpo del individuo de que se trata 
una cierta oblicuidad en vez de mantenerse enteramente ver- 
tical, como sucede sobre todo en las razas civilizadas. Por úl- 
timo, dice Caries, que el esternón presenta un orificio natural, 
que no se observa en el del hombre sano; todos cuyos rasg-os 
acusan un cierto grado de inferioridad org-ánica, que á la par 
que quilatan el mérito del esqueleto en cuestión, diríase que 
acreditan su remota antigüedad, circunstancia que se revela 
también por el estado de su fosilización y por el matiz de los 
huesos, igual en un todo al que ofrecen los demás restos fósi- 
les de la colección, y al color del cieno diluvial, donde unos y 
otros se han encontrado. 

»E1 esqueleto de Megaterio , grande y magnífico , está casi 
completo, y será tal vez el primero que tendremos el gusto de 
ver montado, pues se está trabajando en armarle. De este gran 
desdentado, que figura en los Museos de Madrid, del Jardín de 
plantas de París, de Londres y de Turín, ha tvaído Caries más 
de una cabeza perfectamente conservada, la cual permitirá 
tal vez determinar alguna especie diferente del americano que 
€s la conocida. 



22 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Del propio yacimiento (cuenca del Samborombon), proce- 
den varios Hoplophonis . uno mayor que el llamado ornatus, 
que también fig-ura en la colección, y se encontró en el Río de 
la Plata junto con tubos caudales y diferentes piezas esquelé- 
ticas de otro individuo que servirá para completar las ante- 
riores. 

»De estos sing-ulares animales, cuya dentición y dibujos de 
las coronas de los molares se parecen mucho á los del Glypto- 
don, he visto en la colección Botet dos caparazones muy no- 
tables correspondientes á la especie ornatus y á otra inédita, 
siendo por todo extremo raros en las colecciones europeas que 
yo conozco; pero aún llamaron más mi atención los tubos cau- 
dales perfectamente conservados, y que servirán sin duda al- 
guna para corregir la equivocación cometida por el insigne 
paleontologista inglés Owen, quien atribuyó este singular 
apéndice al Gflyptodonj{\ie ostenta otro muy distinto, como lo 
demuestra el que trajo también en excelente estado de conser- 
vación el amigo Caries. 

»Son por todo extremo curiosos los restos de Scelidotheriumy 
de los cuales hay en la colección varios ejemplares, que se dis- 
tinguen sobre todo por la forma casi cilindrica del cráneo, por 
su extremada dimensión longitudinal que excede y mucho de 
medio metro, y por los pocos pero notables dientes que llevan 
en ambas mandíbulas y con ondulaciones notables en la co- 
rona. 

»Dos especies se conocen: el SceUdotherium magnum y el que 
se llamó equivocadamente leptocephalum; proceden de la for- 
mación diluvial de la cuenca del Plata, figurando entre los res- 
tos traídos la mayor parte de los esqueletos. La tercera especie, 
no publicada aún en ningún tratado de Paleontología, se en- 
contró en el río Salado, y se distingue especialmente por la 
extremada longitud y estrechez del cráneo, y por la analogía 
que ofrecen los arcos cigomáticos con los del Mylodon. 

»También apareció en la propia cuenca platense, según eí 
catálogo que me facilitó el Sr. Caries, una especie inédita de 
Enlalus, cuyo neuroesqueleto bien conservado se encuentra 
en gran parte representado por piezas naturales: otras están 
restauradas. Pero de este singular mamífero, lo más curioso 
recogido por tan diligente explorador, es el caparazón pare- 
cido al de los Hoplophorus^ siquiera sea más chico, que cubría 



DE HISTORIA NATURAL. 23 

el cuerpo, y otro muy bonito y bien conservado que resguar- 
daba la cabeza, como se ve boy en alg-unos animales del Sur 
América, llamados Taíicej os y Armadillos. 

»Del río Salado proceden muchos huesos y dos caparazones 
de Crlyptodon, probablemente del clavipes y del asper, los cuales 
casi del todo restaurados con paciencia y habilidad suma, pue- 
den ya contemplarse en el Laboratorio Caries. Son mucho más 
grandes que los anteriormente citados y más redondos, al paso 
que los de HoplopJiorus son ovalados. De tan singulares ani- 
males, cuyas piezas del escudo hánse por algunos atribuido 
equivocadamente al Megaterio^ opinión que también rechaza 
como infundada el Sr. Caries, es una de las piezas más nota- 
bles la cola, que es grande y formada de varios anillos toscos 
y tuberculosos que encajan unos en otros, encontrándose en las 
junturas una parte que debía ser blanda ó algo consistente 
tan solo en vida del animal, pero que la interposición de algu- 
na substancia pétrea, por virtud tal vez del procedimiento de 
fosilización, se ha convertido en una especie de placa dura é 
irregular, de las cuales he visto más de una en la colección. 

»También llevaba una especie de coraza ó de escudo, otro 
singular animal llamado Dcediairus, del cual figuran allí va- 
rias piezas del neuroesqueleto, y algunas placas de la cubierta 
que comunica á dichos mamíferos el aspecto de inmensas tor- 
tugas, pero con la particularidad de que dichas piezas están 
llenas de agujeros, carácter que jamás ostentan ni las de Gflyp- 
todoTí ni las de los Eoplophorus. 

»Es notable por sus dimensiones y perfecto estado de conser- 
ción, un cráneo de Toxodon, y una mandíbula inferior que 
lleva dos dientes, los otros desaparecieron. 

»Son curiosos los huesos, y en especial los de dos cráneos 
de otro mamífero, llamado Mesothermm, por Mr. Serres, y que 
hoy lleva el nombre de Typotheriiim, el cual ostenta caracte- 
res de diversos órdenes ; lleva dos dientes incisivos estriados 
y mucho más robustos que los del castor, circunstancia que le 
comunica el aspecto de un gran roedor; pero la presencia de 
otros dientes en el sitio que corresponde á los caninos, así 
como la estructura de los molares, lo separan de dicho orden 
y lo colocan como intermedio de otros. Los cráneos del crista- 
twm y de otra especie no conocida, que figuran en la colección 
de que se trata, son muy notables por la brevedad del diáme- 



24 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

tro antero-posterior que lo hace casi redondo, y por la forma 
y tuberosidades que ofrecen alg-unos huesos de la cara y los 
frontales, en cuya parte posterior se observa una doble solu- 
ción de continuidad junto á las enormes órbitas de los ojos, 
cuya función se desconoce. 

»Es verdaderamente singular, formando contraste con lo que 
se observa en el antig-uo continente, la pobreza en animales 
carniceros que ostenta sobre todo la fauna fósil cuaterna- 
ria americana del Sur; y, sin embarg-o, logró el dilig-ente é 
infatig-able investig-ador Caries descubrir y llevar á Valencia, 
seg"im he visto, alg-unos trozos de mandíbula provista de sus 
dientes característicos, del Oso de Buenos Aires, Ursus hona- 
riensis, y muchos huesos pertenecientes á dos individuos del 
g-énero Machcerodus , especie no conocida ó no publicada, sien- 
do notable el cráneo de tamaño casi tan g*rande como el del 
oso de las cavernas de Europa; por desg-racia se rompieron, y 
han desaparecido los dos g-randes colmillos, que son en el gé- 
nero muy notables y característicos. 

»Completaré esta imperfecta reseña señalando un colmillo 
roto de Mastodon Humholdtii, procedente del río Samborom- 
bon; varios huesos de Macrauchenia patagónica , encontrados 
en la propia cuenca, y por último, alg'unas piezas esqueléticas 
del Mylodon gracile, también de la formación diluvial del Río 
de la Plata. 

»Como puede inferirse de lo dicho hasta aquí , la colección 
paleontológica que Valencia debe al celo y pericia del Sr. Car- 
ies y á la generosidad del buen patricio Sr. Botet, es digna de 
que por quien corresponda, sea Ayuntamiento ó Universidad, 
se le destine un local decoroso y apropiado para la oportuna 
y conveniente colocación de todas las riquezas que contiene, 
pues estoy seguro que ha de ir más de un curioso y aficionado 
á estos estudios á examinar y conocer lo que tal vez no pueda 
verificar en otros Museos, pues aun en los de París, Londres, 
Milán, etc., que yo conozco, dista mucho de existir lo que en 
Valencia he tenido el gusto,de admirar, merced á la galante- 
ría de estos dos bienhechores de la ciencia, á nombre de la 
cual les felicito de todo corazón. 

»Algiin día podrá suceder que previa la oportuna autoriza- 
ción del ministro ó del director de Instrucción pública, me 
traslade á Valencia con mis discípulos á explicarles práctica- 



DE HISTORIA NATURAL. 25 

mente lo que en Madrid, falto de materiales de esta índole, 
pues apenas teng"o en las colecciones de mi cátedra más que 
el Megaterio no completo y un caparazón de Glyptodon, solo 
puedo indicarles teóricamente, de palabra, ó valiéndome de 
dibujos. Cuando esto ocurra, podrán los escasos amantes de 
estos estudios que aquí existen, suplir en pequeña escala la 
falta de la enseñanza de la Paleontología, que como formando 
parte del doctorado en Ciencias Naturales, solo se da en la 
Universidad Central.» 



Sesión extraordinaria del 1.° de Marzo de 1890. 

PRESIDENCIA DE DON LAUREANO PÉREZ ARCAS. 

Leída el acta de la se.^ión anterior fué aprobada. 

— El Sr. Secretario dio cuenta del informe siguiente presen- 
tado por la Comisión nombrada en aquella acerca de algunas 
adiciones al Reglamento, propuestas por los Sres. Pérez Ar- 
cas, Bolívar, Vázquez, Cazurro y Quiroga: 

«Reunidos los que suscriben para dictaminar sobre la pro- 
posición adicional al Reglamento, presentada por los señores 
Pérez Arcas, Bolívar, Vázquez, Quiroga y Cazurro, creando 
una clase especial de socios con el nombre de agregados y 
fijando los derechos y deberes que les corresponden. 

»Acordaron admitirla después de examinar el razonamiento 
y exposición de la reforma y en vista de lo mucho que el faci- 
litar el ingreso en nuestra Sociedad puede contribuir al ade- 
lantamiento y progreso de las ciencias naturales en España, 
primer fin que la Sociedad persigue; de no oponerse en nada 
á los artículos del reglamento ni disminuir los derechos de los 
socios ya existentes; de considerar que el ingreso de socios ha 
de aumentar el haber de la Sociedad y contribuir por tanto á 
su prosperidad y mejora; sin olvidar, por último, los resulta- 
dos que se deben esperar de los trabajos de los nuevos socios. 

»Por tanto la Comisión tiene el honor de proponer á la Socie- 
dad, no solo que admita la adición en la misma forma que 
está redactada, sino que conceda un voto de gracias á sus fir- 
mantes por el interés y actividad que con sus fecundas ini- 
ciativas demuestran estar animados hacia la Sociedad.» 



26 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Los cuatro artículos de que se compone dicha proposición 
son los sig-uientes: 

«1," La Sociedad admitirá bajo la calificación de socios agre- 
gados previas las formalidades exig-idas para los numerarios 
en el art. 3.° del Regflamento á los aficionados al estudio de la 
Historia Natural, que manifestasen á alg-unos de los socios 
numerarios, su deseo de formar parte de nuestra Sociedad en 
el concepto indicado. 

»2.° Los socios agreg-ados podrán asistir á las sesiones 
tomando parte en ellas aunque sin voto en las cuestiones de 
índole administrativa y concurrir á las expediciones que rea- 
lice la Sociedad. Recibirán un diploma en el que se acredite 
su calidad de Socio agregado, un ejemplar del Reg-lamento y 
otro, todos los años, de las Acias de las sesiones de las que á 
este fin se hará una tirada especial. Tendrán también derecho 
á consultar las obras de la biblioteca en el local destinado al 
efecto. 

»3.° Los socios agreg-ados pag-arán una cuota de 5 pesetas 
que satisfarán, la primera vez en el momento de su ing-reso 
en la Sociedad y en los años sucesivos en el mes de Enero. 

»4.° y último. Todas las disposiciones del Reg-lamento de 
la Sociedad que no se hayan modificado expresamente en es- 
tas disposiciones serán extensivas á los socios agreg-ados. 

»Madrid 20 de Febrero de 1890.— ^Z Presidente, Pedro Sainz. 
— Maximino Sanz. — Salvador Prado y Sainz. — S. Roca y 
Vecino. — El Secretario, Luis de Hoyos Sainz.» 

Puesto á discusión por el Sr. Presidente, después de alg-unas 
indicaciones del Sr. Bolívar, de que solo se trataba de adicio- 
nes y no de reforma y por tanto podrían estas ser aprobadas 
sin necesidad de sesiones extraordinarias, seg-ún se había 
hecho cuando se crearon las secciones, el Sr. Presidente, hizo 
notar que en último resultado adicionar el Reg-lamento es 
reformarlo y por tanto en su concepto debía seg-uirse exacta- 
mente ahora lo preceptuado por este en su art. 23 que fué 
leído por el Secretario. 

Siendo el número de socios presentes muy inferior al de las 
dos terceras partes de los residentes en Madrid, indispensable 
seg'ún el citado art. 23 del Reg-lamento para que pueda recaer 
votación sobre cualquier asunto, el Sr. Presidente, anunció 
que la votación era necesario diferirla hasta la sesión próxima. 



DE HISTORIA NATURAL. 2^ 

en la cual bastaba para que fuese aprobado el dictamen el 
voto afirmativo de las dos terceras partes de los socios que 
estuviesen presentes. 



Sesión extraordinaria del 5 de Marzo de 1890. 

PRESIDENCIA DE DON PRIMITIVO ARTIGAS. 

Leída el acta de la sesión extraordinaria anterior fué apro- 
bada. 

— El Sr. Presidente recordó á los socios el objeto de la pre- 
sente reunión y después de hacer que el Secretario leyese el 
art. 23 del Reglamento, que se refiere á estos casos, abrió dis- 
cusión sobre la proposición del Sr. Bolívar y no habiendo 
nadie que tomase la palabra en contra, la puso á votación 
siendo aprobada por unanimidad. No habiendo más asuntos 
de que tratar en esta sesión extraordinaria, el Sr. Presidente 
la dio por terminada constituyéndose la Sociedad en 



Sesión ordinaria. 

El Sr. Secretario dio cuenta de las comunicaciones si- 
guientes: 

Del Director de la Comisión geológica de los Estados-Unidos, 
anunciando el envío del Seventh Annual Report 1885-86, de 
aquella Comisión. 

De los Directores del Museo de la fundación de P. Teyler de 
Harlem, participando haber recibido el cuaderno 3.° del último 
tomo de los Anales. 

Del Dr. Otto Stapf, Privat-docentde la Universidad de Viena, 
regalando á nuestra Sociedad un ejemplar de su publicación 
Die Arten der Gfattimg Ephedra y suplicando á los botánicos 
españoles, le comuniquen datos acerca de la distribución y 
biología de las especies de este género en España. 

Del limo. Sr. Director general^de Instrucción pública indi- 
cando se designe persona que recoja en el Ministerio de 
Fomento el diploma y medalla de oro con que fué premiada la 
Sociedad en la Exposición Universal de Barcelona. Este diplo- 



28 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

ma y medalla obraban ya en poder de la Sociedad y estuvie- 
ron expuestos durante esta sesión. 

— Pusiéronse sobre la mesa las publicaciones recibidas desde 
la última reunión acordando la Sociedad que se diesen las 
gracias á los donantes de las reg'aladas. 

— Fué admitido socio el señor 

Goitia (D. Alejandro), de Madrid, 
propuesto por D. Manuel Janer. 

— El Sr. Secretario, leyó el siguiente artículo necrológ-ico 
escrito y enviado por el socio D. Segundo Cuesta, ing-eniero 
de montes. 

Don Sebastián Vidal y Soler. 

«No es la índole especial de esta publicación la más apro- 
piada para hacer una larga y minuciosa reseña biográfica de 
las altas dotes de ilustración y sabiduría que atesoraba el que 
llevó el nombre que encabeza estas líneas; reclama más que 
nada, ocultar á las miradas del hombre las condiciones que 
como tal avaloraban su personalidad, para poner solo de mani- 
fiesto, aunque muy someramente, las que reunía como sabio 
y concienzudo naturalista. 

»Nació en Barcelona en Abril de 1842, entrando el año 1860 
en la Escuela de Ingenieros de montes establecida en Villa- 
viciosa de Odón , en la que alcanzó pronto por su inteligencia 
y aplicación al par que el aprecio de sus profesores y compa- 
ñeros, los primeros números de su promoción. En ella terminó 
sus estudios en Agosto de 1865, recibiendo el título de ing-e- 
niero de montes, y de allí sacó la decidida vocación á la botá- 
nica que había de constituir después el rasgo más saliente de 
su personalidad. 

«Comisionado para seguir los estudios de su carrera, primero 
en la escuela de Tharand (Sajonia), y después en la politéc- 
nica de Zurich, en ambas se dedicó desde luego al estudio de 
la botánica, llegando á hacerse estimar mucho de Willkomm 
que después ha alabado varias de sus obras, citándole como 
uno de nuestros mejores botánicos, y siendo uno de los discí- 
pulos predilectos de Cramer. De regreso de estas comisiones, 



DE HISTORIA NATURAL. 29 

fué nombrado profesor de botánica de la Escuela de montes, 
cargo que desempeñó, hasta que en 1871 pasó á Filipinas como 
inspector de montes y director del jardin botánico. De vuelta 
á España por enfermo empezó sus publicaciones por la obra 
Los montes de Filipinas, El clima de Filipinas, folleto que tra- 
dujo de Semper, Las maderas de Filipinas y la traducción de 
los Viajes por Filipinas del Doctor Jag-or. 

»Creada la «Comisión de la Flora y Estadística forestal de 
Filipinas» fué desig-nado como el más á propósito parala jefa- 
tura y dirección de ella, por lo que pasó nuevamente al archi- 
piélag-o, trabajando con fe y constancia en su nuevo carg-o, 
lleg-ando á formar un buen herbario de las plantas de aquel 
país y siendo la primera autoridad botánica de aquellas islas. 
Habiendo sido nombrado representante de Filipinas en la 
Exposición Universal de Filadelfia, al terminar aquel certa- 
men, publicó en colaboración con su sabio compañero D. José 
Jordana los Apuntes solre los montes y la agricultura norte-ame- 
ricana. En esta como en las otras anteriormente citadas échase 
de ver su afición á la botánica, haciendo g-ala de sus profun- 
dos conocimientos y de la solidez de la ciencia que poseía. 

»Entra seg-iiidamente de lleno en el campo de la botánica y 
publica como jefe de la comisión de la Flora el Catalogo metó- 
dico de las plantas leñosas silvestres y asilvestradas observadas en 
la provincia de Manila el año 1880, en 1883 la Reseña de la flora 
del archipiélago filipino, y en el propio año se publicó en 
Manila la ¡Sinopsis de familias y géneros de plantas leñosas de 
Filipinas, escrita para satisfacer las necesidades del servicio 
forestal y como introducción á la flora forestal del archipié- 
lag-o. Es esta obra la más notable entre las suyas á manera de 
guía práctica para la determinación de géneros, ceñida en 
cuanto al método seguido al Genera Planiarum de Bentham y 
Hooker hijo, acompaña á la obra un atlas de 100 láminas con 
1.900 figuras, que comprenden 82 familias y 390 géneros, 
tomados casi todos los apuntes del natural é indicando la pro- 
cedencia de los ejemplares dibujados. En 1885 publicó en 
Manila las Phanerügamce CumingiancB Philippinariim, y en 1886 
la última de sus obras Revisión de plantas vasculares filipinas, 
que comprende 136 familias, 811 géneros y próximamente 
2.200 especies, mereciendo por ello justas alabanzas de los 
botánicos extranjeros. 



30 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Tales han sido, brevemente expuestos, los importantes tra- 
bajos realizados por el jefe de la Comisión de la Flora, que 
seguramente habría dado cima k la redacción de la forestal 
filipina, si el apoyo oficial que venía obteniendo en su empresa, 
no hubiese desaparecido, mandando suprimir con supina tor- 
peza tan importante como útil servicio. A pesar de tan rudo 
golpe, privado de la protección del Gobierno, todavía seguía 
trabajando cuando le ha sorprendido la muerte, que no era su 
ánimo de los que se dejan avasallar por los contratiempos, ni 
podía decaer su entusiasmo por contrarias que le fuesen las 
disposiciones de nuestros gobernantes. 

»Visitó cuantos herbarios contenían plantas filipinas y nos 
deja su nombre unido á la ciencia á que consagró su inteli- 
gencia en el género Vidalia de la familia de las Guiiferas, 
distinción merecida que le hizo el Sr. Fernández Villar. 

»Su muerte ha sido muy sentida, sobre todo en Filipinas 
donde gozaba de generales simpatías por su carácter afable, 
su talento y su trato ameno. Sin apasionamientos de escuela, 
con profundo respeto á las opiniones [ajenas y alejado de los 
hechos de la vida pública, poseía aquel espíritu sereno tan 
observador y concienzudo, que llegan á alcanzar los que en 
su breve paso por la tierra solo se preocupan de hacer adelan- 
tar las ciencias y rendir tributo á los afectos del alma. 

»Ha muerto aún joven y cuando la patria podía prometerse 
opimos frutos de su saber, frutos sazonados por la experiencia 
y por aquella paciente observación á que dan singular apti- 
tud los años dedicados á ella y la afición que forma un verda- 
dero culto y como una segunda personalidad que le lleva 
irremisiblemente á escudriñar más y más los misterios de la 
naturaleza. Descanse en paz y allá desde la región en que esta 
reina, verá cómo á pesar de las injusticias de la tierra, es 
llorada su pérdida, que deja entre los naturalistas un vacío 
difícil de llenar.» 

El Sr. Presidente, amigo y compañero del Sr. Vidal y 
Soler, le consagró sentidas frases elogiando sus condiciones 
de carácter, laboriosidad é inteligencia. 

El Sr. Bolívar presenta en nombre del R. P. J. Pantel nues- 
tro consocio de Uclés, una memoria que lleva por título Notes 
orthoptérologiqíies I. Revisión monographique du genre Gryllo- 
morphus Fieb., en la que el autor hace el estudio comparativo 



DE HISTORIA NATURAL. 31 

de las especies del género describiendo dos nuevas, una de 
ellas española y propone la división del g-énero en tres gru- 
pos secundarios, caracterizándolos con la precisión y claridad 
que disting-uen los trabajos todos de nuestro ilustrado conso- 
cio. Esta memoria va acompañada de una lámina. La Sociedad 
acogió con satisfacción esta memoria y acordó pasara á la Co- 
misión de publicación. 
— El mismo Sr. Bolívar leyó la siguiente nota: 
En el periódico inglés The Entomologisfs Monthly Magazine 
vol. XXV (1889), pág. 344, se inserta una nota del Sr. Eoberto de 
Mac Laclilan referente á varios neurópteros de la península 
ibérica recogidos en Gibraltar y en sus cercanías. Como son 
escasos los datos relativos á los insectos de este orden y ava- 
lora la nota citada la reconocida competencia del Sr. Mac La- 
clilan me parece de interés, para nuestros Anales la indica- 
ción de las especies que en aquella se citan y que son las si- 
guientes: 

Panorpa meridionalis Rb. — San Roque. 

Palpares Mspanus Hagen.— Gibraltar, San Roque, Algeciras. 

Creagris lümiibeiis 01. — Gibraltar. 

— var. mgr%m Ramb. — Cork Woods. 
Myrmeccelurus irigrammus Pall.— Gibraltar. 
Macronemurus appendiciilaius Latr. — San Roque, Cork Woods. 

— ? sp.— Gibraltar. 

Myrmeleon nemausiensis Borkhausen. — Cork Woods. 
Nemoptera Mpemiis Illiger (lusitanica Leacli).— Gibraltar. 
Chrysopa nigropunciata Ed. Pictet. — Gibraltar. 
Sympetriim Fonscolombii Sélys. — Gibraltar. 
Orthetrum niUdinervis Sélys. — Algeciras. 
Cordulegaster anmdatus Latr. — Gibraltar (^var. inmacuUfrons 

Sélys.) 
jEschna ajffinis V. der Lind. — Algeciras. 

— El Sr. Cazurro presentó á la Sociedad un ejemplar de una 
ninfa acuática, al parecer de lepidóptero, acerca de la cual 
dio las siguientes noticias: 

«En una excursión que realicé en el mes de Julio del pasa- 
do año al pico de Peñalara, cerca de La Granja, en compañía 
de los Sres. Bolívar, Gila y Elizalde, tuve la dicha de encon- 



32 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

trar debajo de una piedra, sumergida en un arroyo y á bas- 
tante altura, cerca ya del límite de los pinos, una ninfa ó cri- 
sálida acuática, cuya descripción creo interesante. 

»La cabeza, envuelta en su cefaloteca, es pequeña pero bien 
perceptible, con dos ojos á los lados y el aparato bucal cla- 
ramente visible debajo de los teg-umentos ; el tórax bien 
desarrollado, alg-o g-iboso, presenta cerca de la cabeza un 
abultamiento á cuyos lados se encuentran situados dos tron- 
cos traqueales, en los que se disting-ue perfectamente el hilo 
en espiral de la tráquea; cada uno de estos troncos se divide 
en dos, que á su vez se ramifican cerca de su orig-en, consti- 
tuyendo así un árbol de cuatro ramas. En el tórax se implan- 
tan envueltas en sus estuches las alas y las patas. Sig-ue al 
tórax un abdomen formado, al parecer, por diez anillos, cada 
uno de los cuales lleva dos puntos neg-ros que parecen es- 
tigmas. 

»La forma general de esta ninfa es la de una crisálida de 
lepidóptero, y por su aspecto parece serlo. 

»Sstaba protegida por una especie de escudo, de una forma 
difícil de describir, el cual presentaba anteriormente dos es- 
cotaduras por las cuales asomaba sus branquias al exterior, y 
los bordes del escudo quedaban pegados á la cara inferior de 
la piedra. 

»Llamándome la atención esta curiosa ninfa, he recurrido 
á la opinión más ilustrada del especialista Sr. Staudinger, 
quien con mejores conocimientos podrá resolver la cuestión, 
y en cuanto sepa su opinión me apresuraré á comunicarla á 
esta Sociedad. 

»E1 caso sería sumamente curioso; pues si bien es cierto que 
el Sr. Berg ha descrito un género de mariposas cuyas larvas 
y ninfas son acuáticas (Paludella), estas habitan en la Amé- 
rica meridional y en Europa no se ha citado hasta hoy género 
ninguno que presente esta particularidad.» 

— El Sr. Hoyos leyó la nota que sigue: 

Anomalías dentarias. 

«Obsérvanse más frecuentemente de lo que á la simple ins- 
pección de los individuos resulta, anomalías de constitución 
en los órganos y aparatos que los integran. Alteraciones ana- 



DE HISTORIA NATURAL. 33 

tómico-morfológ'icas, que se descubren en un examen atento, 
tal como el necesario para el estudio antropológico del indivi- 
duo. Casos especiales que basta estudiar bajo un concepto 
puramente teratológ-ico, sin necesidad de recurrir á explicar- 
los por fenómenos atávicos ó reminiscencias de pasadas for- 
mas en ejemplares actuales. Varios hemos tenido ocasión de 
observar en el corto número de observaciones hasta hoy he- 
chas, pero los suficientes para poder deducir que existen ano- 
malías dentarias, esqueléticas, musculares, etc., en 8 por 100 
de los individuos estudiados. 

»Expondremos hoy dos de las primeras ó que afectan al sis- 
tema dentario, curiosas y de importancia, por ser de las que 
los antropólogos tienen hoy sometidas á discusión. 

»Es la primera la observada en un joven de diez y seis años, 
natural de Madrid, pero de padres santanderinos, de gran des- 
arrollo, especialmente óseo, elevado índice cefálico y sana 
complexión. Es tan anómala su dentadura, que no puede me- 
nos de extrañar á una simple inspección á que sea sometido. 
Presenta en la mandíbula superior dos dientes, que sin ulte- 
rior examen se tomarían como incisivos supernumerarios, 
pues ambos están colocados en un plano superior y anterior 
á los demás, correspondiendo en su simetría á los incisivos 
laterales; pero detenidamente estudiados se ve que son los 
caninos excesivamente agudos y cónicos, con una inclinación 
exterior muy pronunciada , están rodeados de unos anillos de 
la membrana mucosa , como el resto de la encía, pero con un 
desarrollo tal que semejan rodetes que casi ocultan el diente. 
Son los incisivos superiores medios de tan gran tamaño, que 
á su hipertrofia es debido indudablemente el desplazamiento 
de los caninos á una línea diversa de la normal. 

»No es esto solo lo anómalo, pues hay un desarreglo tal, que 
hace que las partes homologas de los dientes tiendan á orien- 
tarse de igual modo y á esto se debe la inclinación y asimetría 
de los mismos. Presenta en la mandíbula inferior unos incisi- 
vos pequeños desgastados lateralmente y recubiertos hasta 
aparecer nulos, poruñas carúnculas ó excrecencias carnosas 
de la encía, que en igual número que ellos y simétricamente 
colocadas los recubren. Tienen cinco tubérculos los molares 
inferiores, siguiéndose en ellos una franca ley de crecimiento, 
que contrasta con lo agudo de los tubérculos, circunstancia 

ACTAS DE LA SOC. ESP.— XIS. 3 



34 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

que también se ve en los premolares. Preséntase bien desarro- 
llado el bulbo de la muela del juicio, la que indudablemente 
aparecerá pronto. El estado g-eneral de la dentadura es per- 
verso, debido á la caries que la afecta. 

»Es notable la irreg-ularidad dentaria por el gran desarrollo 
maxilar que alcanza; una altura mentó alveolar de 47 mm. 
una latitud ügoniaca de 104, que con los 126 de la Mzigomáti- 
ca, da un índice de 82,5; la distancia sin/lso goniaca es de 96 
elevando el índice facial á 63 5, siendo de notar que el marca- 
do prognatismo alveolar da un índice de 30,9, que es el seña- 
lado á los neo-caledonios. 

»¿Cabe, pues, aplicar deducciones de superioridad é inferio- 
ridad á estas anomalías? Difícil sería. De un lado desplaza- 
miento de los dientes, gran capacidad craneal, ley de creci- 
miento; de otro, aparición pronta (probable) de la muela del 
juicio, uso posterior, tamaño, etc., invalidan tales asertos. 
Sería, pues, preciso colocar á este individuo en un punto crí- 
tico de convergencia de formas inferiores y elevadas. 

))Es el segundo menos notable , pero no deja de ser in- 
teresante y análogo á él, aunque doble; ha sido presenta- 
do y descrito por Virchow en el tomo correspondiente al 
año 1889 del Verhandlimgen der Berliner Geseílschaft fur 
Anthro'pologie Ethnologie %nd UrgescMcthe. Consiste en la 
presencia de un incisivo medio supernumerario , que no 
es probable que sea de la primera dentición; está coloca- 
do en la mandíbula inferior, anterior é inferior á los otros, 
que son pequeños. La fórmula dentaria del ejemplar que 
tiene once años y marcado tipo vasco, debido á la madre, 

es I ¿=;^2- ^ T^- ^ T^- ^ CT = 22; difiere, 

pues, algo de la media normal determinada por M. Magitot 
para los once años. El desarrollo mandibular está expresado 
por 56 mm. de altura mentó alveolar, debido á lo pronunciado 
del mentón; 96 de latitud Mgoniaca, cuyo índice con la Mzi- 
gomática es de 89,7, cifra que como el índice cefálico de 75, el 
frontal de 66,6, el facial de 57, el de la cara de 110 y el de prog- 
natismo de 15,5, corresponde á un vasco puro, según las de- 
terminaciones del Sr. Aranzadi.» 

—El Sr. Quiroga leyó la nota que sigue: 

«M. Mallard, el sabio profesor de la Escuela de Minas de Pa- 



DE HISTORIA NATURAL. 35 

-TÍs, acaba de publicar en el núm. 2 del tomo xiii, que corres- 
ponde á este año, del Bulletin de la Société francaise de Mine- 
ralogie, una interesante nota dando á conocer una nueva for- 
ma de la sílice cristalizada , que titula su autor Liissatita. 
Este nuevo mineral forma concreciones de aspecto calcedo- 
nioso sobre cristales de roca ó asociadas á verdaderas calce- 
donias de las que se disting-uen por ser positivas al modo del 
cuarzo, mientras que las calcedonias legítimas, según recien- 
tes investig-aciones del mismo profesor Mallard, son marcada- 
mente negativas. Además, la densidad de la lussatita es de 
2,04, mientras que la de la calcedonia es 2,59, la de la tridi- 
mita 2,29, y se acerca mhñ á la del ópalo, que oscila entre 1,93 
y 2,09. También el índice medio para la raya del sodio, que 
es 1,446, es más próximo al del ópalo que al de las otras va- 
riedades de cuarzo. Sin embargo, la lussatita es una sílice 
anhidra y pura, pues ha perdido de 7,9 á 8,3 por 100 de su 
peso calentándola á 1.000°, y no deja como residuo más que 
0,001 por 100 de sulfato después de haberla tratado por los áci- 
dos fluorhídrico y sulfúrico. La pérdida de peso acaso no deba 
atribuirse á la verdadera lussatita, sino al ópalo que rodea sus 
fibras. El sabio cristalógrafo ha reconocido hasta ahora este 
mineral en las siguientes localidades: en forma de una costra 
calcedoniosa sobre los cristales de cuarzo del yacimiento de 
betún de Lussat, de donde le ha dado nombre, cerca de Pont- 
du-Cháteau (Puy-de-Dóme) ; en ciertas concreciones azules 
que cubren la limonita de Tresztyan (Hungría); en las esta- 
lactitas de calcedonia de Cornuailles: y por último, con más 
abundancia que en ninguna parte, en algunos ejemplares de 
sílice estratificada y amarillenta de las islas Feroé, que cons- 
tan de capas alternas de ópalo, calcedonia y lussatita. Estos 
yacimientos de la lussatita hacen prever que se irá encon- 
trando en muchas calcedonias y ópalos conforme se vayan es- 
tudiando estos con detenimiento. 

»Viene esta nueva forma de la sílice á aumentar el número 
<le los diversos estados en que se conoce ya este cuerpo, pues 
tenemos: el cuarzo exagonal y positivo; la tridimita asimétri- 
ca de facies exagonal y que toma realmente esta forma á tem- 
peraturas elevadas; la calcedonia, negativa; lussatita, positi- 
va; el ópalo isótropo; lo cual hace sospechar que los diversos 
«stados de la sílice forman una serie continua que por ahora 



36 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

aparece limitada entre el estado isótropo (ópalo) y el anisótro- 
po uniáxico, presentándose dentro de esta última forma, unas 
veces con sig-no positivo (cuarzo, lussatita) y otras con el ne- 
g-ativo (calcedonia); diferencias que acaso dependan de las 
condiciones mecánicas á que haya estado sometida la síUce 
en el momento de su solidificación. 

»Es de presumir que estas diferencias y otras, para nosotros 
hasta ahora desconocidas, no hayan dejado de tener influen- 
cia en la constitución de los silicatos.» 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión clel 15 de Febrero de 1890. 
PRESIDENCIA DE DON ANTONIO GONZÁLEZ Y GARCÍA DE MENESES-. 

— Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 

— Se repartió el cuaderno 2." de los Anales. 

— Se hizo una propuesta de socio. 

Se dio lectura á la sig-uiente nota del Sr. Lsza (D. Enrique): 

Solre la calva de Sitrra Nevada (llex Mspanici Schirap). 

«Deseoso de cooperar á la obra emprendida por esa Sección 
de Sevilla de ir dando á conocer y depurando las investigacio- 
nes sobre los productos naturales de Andalucía, y cumpliendo 
á la par una promesa hecha á mi querido profesor D. Salvador 
Calderón, he aprovechado mi estancia en Granada para recog-er 
algunos datos sobre el interesatte animal que motiva la pre- 
sente nota. Poco es todavía lo que se ha escrito, particular- 
mente en España, relativamente á las costumbres de esta ca- 
bra montes, y por ello creo podrán ser quizás de alg-una utili- 
dad las noticias que he ido coleccionando de personas tan ve- 
rídicas y conocedoras del asunto, como el señor conde de 
Florida Blanca y alg-unos otros cazadores de la localidad. 

»Sin entrar á exponer los caracteres de la especie en cues- 
tión, que se hallan consig^nados en las obras clásicas, diré que 



DE HISTORIA NATURAL. ' 37 

-«sta hermosa cabra alcanza grandes dimensiones: un ejemplar 
disecado de los que yo he visto, mide aproximadamente 115 
centímetros desde la base del cuello hasta la inserción de la 
cola, y 75 desde el extremo de la pezuña hasta la primera vér- 
tebra dorsal. Los cuernos, en individuos viejos y de corpulen- 
cia extraordinaria, lleg-an á tener hasta 1 m. 

»Creo un dato notable y poco conocido el de que la cadrd ó 
macho montes^ como la llaman en Granada, ofrece dos pelajes: 
uno de invierno y otro de verano, blanquecino el primero, 
lanoso y cubierto de una especie de borra prestando al animal 
feo aspecto, y sedoso el seg-undo, pardo, y ostentando la faja 
neg-ra característica que recorre toda la espina dorsal. 

»En Granada existen muchas cabezas disecadas de esta es- 
pecie en poder de los cazadores, y el Instituto posee dos indi- 
viduos completos y la Universidad tres (1). 

»Vive la cabra montes en toda la Sierra Nevada, pero de 
preferencia la buscan los cazadores en los sitios llamados el 
JPicacho, Cueva de la Zorrera y en la Sierra de Cásulas, al NO. 
de Motril, donde parece se va retirando, desde hace algún 
tiempo, por efecto de la persecución de que es víctima. Los 
cazadores saben que los buenos acechaderos son los parajes 
donde abunda el centeno, que constituye el alimento predi- 
lecto del animal. 

»Los aficionados y conocedores antig-uos de aquellas sierras, 
aseguran que la especie viene en disminución desde hace 
tiempo; pero otros recuerdan que en época no muy lejana ha- 
bía llegado á ser rara por extremo, y que posteriormente vol- 
vió á ir en aumento el número de individuos, habiendo quien 
supone que estos cambios no dependen de la persecución, 
como me parece á mí natural, y si más bien de enfermedades. 

»La cabra pasa gran parte del día echada, hasta la hora de 
la comida, en que se reúne la bandada y se dirige al sitio ele- 
gido por el guía. Para asegurar la tranquilidad de esta, coloca 
dicho jefe uno ó varios centinelas en parajes convenientes, 
relevándose de tiempo en tiempo, según el número de indivi- 
duos de que se compone la manada. Cuando el centinela pre- 



(1) La Universidad de Sevilla cuenta, desde hace dos años, con un ejemplar de- 
bido é la generosidad del reputado catedrático de la Facultad de Medicina de Grana- 
da D. Eduardo García Duarte. 



38 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

vé la aproximidad de un peligro, da un silbido especial, 
que es la señal convenida para la fug-a. La vista y el olfato 
auxilian extraordinariamente á estos animales para advertir 
la presencia de sus enemig-os, y particularmente el seg"undo, 
que es finísimo, ó como dicen los cazadores, ventean admira- 
blemente, así que hay que perseg*uirlos en dirección contraria 
al viento. 

»La delicadeza de los sentidos de la cabra montes, lo escar- 
pado del terreno donde habita, y sobre todo, la lig-ereza y agi- 
lidad que desplieg-a en sus movimientos, hacen difícil su 
caza, siendo contadas las personas que como profesión se de- 
dican á ella, entre las cuales alg"unas han alcanzado reputa- 
ción en el país por su destreza é intelig-encia, y en la actuali- 
dad se cita en tal concepto como notable á Enrique Muñoz, 
conocido más bien por Enrique el de Ag"ron. 

»Dos son los sistemas venatorios que se ponen en práctica 
para cazar la cabra montes en Sierra Nevada: el del acecho y 
el de los ojeos. El primero es casi el único realizado en la 
actualidad, tanto por escasear las personas de que poder dis- 
poner para org-anizar un verdadero ojeo, cuanto por las malas 
condiciones del terreno en punto á permitir precisar los sen- 
deros que el animal tome en su rápida retirada. En la mayo- 
ría de los casos depende el modo de cazarle de circunstancias 
variables, tales como la dirección del viento, la abundancia 
ó escasez de comederos y las dificultades que presente el 
suelo en cada paraje. 

»Las épocas en que tan interesante caza puede realizarse 
con mayor fruto, son dos: una durante el mes de Agosto, en 
la que la sierra se descubre de nieves, y es dado, por consi- 
guiente, subir á los sitios elevados, y la otra en el mes de No- 
viembre, durante el cual la cabra suele descender á las faldas, 
retirándose de los hielos que invaden las cimas. Esto, no obs- 
tante, también se caza la cabra, en cuestión, durante el resta 
del año, y sin respeto alguno al período de la veda. 

»No pasa el número de individuos cazados durante el año- 
de 25 á .30. Durante el mes de Noviembre último han matado 
cuatro piezas los cazadores de Granada, y la carne se ha ven- 
dido á peseta la libra sencilla (de 460 gramos), dato que con- 
signo como prueba de lo mucho que se estima. De los restan- 
tes despojos, la piel es el más buscado, utilizándola como abri- 



DE HISTORIA NATURAL. 39 

g-0 para la cama (cubre pies) y otros usos análog-os, si bien su 
escasez no permite lleg-ue á constituir un producto comercial. 

»Dícese que la cabra montes entra en celo en la última 
quincena del mes de Mayo, hasta cuyo tiempo los sexos per- 
manecen separados. Entonces se entablan luchas entre los 
machos á que alg-unos cazadores dan el nombre de drama, 
aunque otros desig-nan con él el período del celo. Después de 
este vuelven á separarse los sexos y á formarse las manadas, 
compuestas á veces hasta de 50 individuos, que marchan en 
fila guiadas por el más viejo, yendo los machos á un lado de 
la sierra, y las hembras al opuesto, ó más bien, separándose 
en diversas direcciones. 

»La hembra pare un cabrito, pocas veces dos, y la lactan- 
cia dura muy corto tiempo. A último de Abril se ven ya cho- 
tos llamados por los cazadores cegajos ó cegajas, según el sexo, 
sin que por esto dejen de observarse en el mes de Mayo algu- 
nos recién nacidos, aunque esto sea raro, y se consideren por 
los expertos en la materia como atrasados. Los cabritos no se 
separan de la madre hasta el período del celo. 

»Algunas contradicciones en que caen los cazadores respec- 
to á las costumbres del Ihex Mspanica, me han hecho ser parco 
en detalles, que aunque curiosos, no me parecían perfecta- 
mente confirmados. Por esta razón aplazo para más adelante 
completar estos apuntes con otros datos, que espero poder 
obtener y depurar debidamente antes de comunicarlos á tan 
ilustre Sociedad.y> 

— El Sr. Calderón envió la nota siguiente: 

«En una excursión emprendida á la dehesa de Canillas, tér- 
mino de Guillena, los Sres. D. Feliciano Candan y Pizarro y 
D. José Cáscales y Muñoz, han descubierto recientemente un 
importante túmulo prehistórico, que según las noticias de estos 
exploradores, representa la transición de los primitivos dól- 
menes de la edad neolítica á los túmulos de corredor de la 
época del bronce. El plano de la construcción forma un trape- 
cio de 7,15 m. de altura, cuyas bases paralelas tienen respectiva 
mente 1,43 y 0,83 m. de longitud; los lados paralelos están 
constituidos por enormes piedras no talladas de 1,25 m. de 
altura media que, colocadas verticalmente sin cemento de 
ninguna clase, sostienen el enorme peso de otros monolitos 
largos que, puestos horizontalmente, forman la techumbre. 



40 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Hay en este curioso monumento una parte ensanchada que 
serviría de cámara funeraria, en la que se depositaría el ca- 
dáver sentado ó acurrucado, modo de enterramiento distinto 
del usado más tarde en las épocas del bronce ó del hierro. No 
se han hallado objetos en este túmulo, que sin duda ha debido 
ser profanado; pues el nombre de Puerto de los entierros que 
tiene el sitio, indica que de antig-uo son conocidos en el país 
estos monumentos, en los cuales no habrán dejado de buscar- 
se tesoros, seg-ún ocurre de ordinario en análog'os casos. 

»También notaron dichos señores la existencia de otro tú- 
mulo menos importante y muy destruido en una dehesa próxi- 
ma á la de Canillas, y el emplazamiento de un tercero en el 
lugar llamado Barranco de los Junciales, 

»Es de esperar que la continuación de exploraciones tan in- 
telig-entes y afortunadas produzcan interesantísimos frutos 
para la prehistoria y la paleontología de esta región, frutos 
que nos complaceremos en dar á conocer en esta Sociedad.» 



Sesión del 9 de Abril de 1890. 

PRESIDENCIA DE DON FRANCISCO MARTÍNEZ Y SAEZ. 

Leída el acta de la sesión anterior fué aprobada. 

— El Sr. Secretario dio cuenta de las comunicaciones si- 
guientes: 

Del Secretario general de la Academia Real de Ciencias de 
Lisboa, participando haber recibido aquella corporación los 
cuadernos 2." y 3." del tomo xvii de los Anales. 

Del Bibliotecario de la Sociedad Linneana del Norte de Fran- 
cia, rogando se le envíen los cuadernos de nuestros Anales 
que faltan en aquella Sociedad; y del Archivero de la Sociedad 
Linneana de Burdeos, manifestando igual deseo. La Sociedad 
acordó que, acerca de estas dos peticiones, resolviera la Comi- 
sión de publicación. 

— Quedaron admitidos como socios numerarios los señores 

Nogués y Reynaldo (D. Alfredo), de Madrid, 
propuesto por D. Santos Roca y Vecino, y 



DE HISTORIA NATURAL. • 41 

Fernández y Navarro (D. Lucas), 
Eivera j Ruiz (D. Mig-uel), 
Dusmet y Alonso (D. José María), 
Hernández y Alvarez (D. José), 
Becerra y Fernández (D. Antonio), 
Saenz y López (D. Juan), de Madrid, 
propuestos por el que suscribe. 

— Sobre la mesa estaban todas las publicaciones recibidas 
durante el mes de Marzo, acordando la Sociedad se diesen las 
gracias á los donantes de las que no proceden de cambio. 

El Sr. Bolívar preguntó si había llegado á la Secretaría una 
comunicación del Sr. González Linares, poniendo á disposición 
de los socios el Laboratorio de biología marina de que es di- 
rector, y cuya creación en Santander acaba de ser decretada y 
las mesas y medios de trabajo que necesiten los naturalistas 
miembros de ella. El mismo señor añadió que si todavía la 
Sociedad no había recibido dicha comunicación, tenía segu- 
ridad de que llegaría á su poder de un momento á otro, porque 
así se lo había manifestado el Director del Establecimiento, y 
para ese caso, proponía que se diesen las gracias de oficio al 
mismo, Sr. González de Linares, pasando á la vez otra comu- 
nicación al Sr. Ministro de Fomento, para expresarle la satis- 
facción con que la Sociedad ha visto la instalación definitiva 
en Santander del Laboratorio de ,biología marina , que viene 
á llenar un vacío inmenso, sentido por todos los naturalistas 
nacionales y extranjeros, y que ha de inñuir pronto y venta- 
josamente en el desarrollo de las ciencias naturales en nues- 
tro país; exponiendo además á la consideración del Sr. Minis- 
tro la necesidad de que se restablezcan las plazas de alumnos 
de ciencias naturales, pensionados en aquel Laboratorio, su- 
primidas en estas últimas economías. 

El Sr. Presidente, abundando en las ideas del Sr. Bolívar, 
preguntó á la Sociedad si estaba conforme con lo expuesto por 
este señor, y autorizaba al Secretario para que lo realizase tan 
luego como se recibiese la comunicación anunciada; la Socie- 
dad así lo acordó unánimemente. 

El Sr. Simarro dio á la Sociedad numerosos é interesantes 
detalles acerca de la estructura y disposición del nervio vago 
en algunos peces, acompañando sus explicaciones de dibujos 



-12 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

que reproducía en el encerado, y mostrando al final bellas- 
preparaciones que los socios vieron con mucho interés. 

El Sr. Presidente dio las gracias al Sr. Simarro por haber 
puesto en conocimiento de la Sociedad sus interesantes tra- 
bajos, rog-ando á esta concediera á dicho señor un voto de 
gracias que la Sociedad otorgó por unanimidad. 

El Sr. Cazurro presentó k la Sociedad algunos ejemplares y 
preparaciones micrográficas de un bryozoo de agua dulce en- 
contrado en los alrededores de Madrid, acerca del cual dio las 
siguientes noticias: 

«En una excursión que verifiqué en el pasado mes de Fe- 
brero, por los alrededores de Madrid con objeto de recolectar 
crustáceos entomostráceos, en un arroyo cerca de la llamada 
puerta de Hierro en el km. 6 de la carretera del Pardo, que 
sale de la llamada fuente de la Salud, recogí también algunas 
especies para estudiarlas vivas y en el ag-ua en que las recog-i 
existían también, entre las Lemnas que flotaban en su super- 
ficie muchos ejemplares de los Planorlis DiífouH y Perezii; 
especialmente de este último fácil de reconocer por su forma 
casi plana y escaso tamaño, alg-unos de los de esta última es- 
pecie estaban cubiertos por un parásito que formaba colonias 
ramificadas que ofrecían el aspecto de un moho, las cuales 
examinadas al microscopio se veían formadas por g-ran nú- 
mero de zoecias de bryozoo. 

»No es la primera vez que á esta sociedad se presentan ejem- 
plares de tan curiosos animales, pues no hace muchas sesio- 
nes el Sr. D. Augusto González de Linares, tan competente 
en el estudio de los animales inferiores, y director de la esta- 
ción biológica del Cantábrico, presentó ejemplares de un 
bryozoo encontrado por él sobre las raíces de los árboles de la 
orilla del Manzanares cerca del puente de San Fernando, lo& 
cuales pertenecen al género Plumatella. 

»Los que hoy presento á la Sociedad por su aspecto y condi- 
ciones de vida, por ser parásitos sobre un molusco y hallarse 
en aguas cenagosas y no limpias y corrientes, parecen ser 
distintos de los ya citados y creo que pertenezcan al género 
Paludicella descrito por Van Beneden, y habitante en aguas 
cenagosas.» 

El mismo Sr. Cazurro presentó también á la sociedad una 
hacha paleolítica y unos fósiles encontrados recientemente 



DE HISTORIA NATURAL. 43 

en San Isidro, acerca de los cuales leyó la adjunta noticia: 
«En las excursiones que recientemente he realizado con ob- 
jeto de examinar el terreno diluvial de San Isidro y recoger 
armas prehistóricas, he tenido la fortuna de adquirir los obje- 
tos que hoy presento á la Sociedad. Uno de ellos es una hacha 
paleolítica de las del tipo chelense, perfectamente terminada 
y cuyas dimensiones son 18 X 10 X -4, bonito ejemplar que 
no ofrecería nada notable á no estar fabricada con un material 
con el cual hasta ahora no teng-o noticia esté fabricado nin- 
g-uno de los instrumentos prehistóricos de dicha localidad, 
pues todos ellos están tallados en pedernales y menos frecuen- 
temente en cuarcitas, como alg-ún ejemplar que he tenido ya 
ocasión de presentar á la Sociedad, y al que hoy me refiero 
está trabajado en una roca granita bastante caolinizada pero 
aún bastante dura y compacta. 

»También he adquirido de los trabajadores especialmente de 
uno conocido en aquella localidad con el nombre del Sr. An- 
tonio (a) el Chato, el cual acompañó al inolvidable D. Casiano 
de Prado en sus exploraciones de esa localidad, unos huesos 
fósiles bastante notables, encontrados sobre la capa llamada 
del g-redón, especie de arcilla g-ris muy compacta que forma 
allí las últimas capas del cuaternario. 

»Los más notables de ellos, pues la mayoría son fragmentos 
imposibles de reconocer, son: primero, dos mandíbulas infe- 
riores juntas pertenecientes al mismo animal probablemente 
y que están aplastadas como si hubiesen sufrido una gran 
presión, no presentan sino la porción en que se insertan los 
molares, estos en número de cinco en cada mandíbula, el úl- 
timo el más pequeño, y con los repliegues de esmalte bien 
marcados y parecidos á los de un Eipparion é indudablemente 
pertenecientes á un équido; también adquirí un molar suelto 
perteneciente también á un équido pero indudablemente de 
un género y especie distinto del anterior, y finalmente el ex- 
tremo de un metatarsiano fácil de reconocer también como 
perteneciente al dedo medio de un Perisodáctilo. Las mandí- 
bulas presentan una longitud de 17 cm. y cada molar de 3 cm . 



44 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 19 de Marzo de 1890. 
PRESIDENCIA DE DON ANTONIO GONZÁLEZ Y GARCÍA DE MENESES. 

—Se leyó y aprobó el acta de la anterior. 

— Se repartió el cuaderno 3.° de los Anales.. 

— Quedó admitido como socio el Sr. Sánchez Arjona (D. Ro- 
drigo), presentado por D. Manuel Medina. 

— Se hicieron dos propuestas de socio. 

— El Sr. Calderón presentó un trabajo acerca de la Epidiorita 
de Cazalla de la Sierra^ escrito en colaboración con D. Carlos 
del Río. 

«El Sr. Calderón dijo que entendiendo cumplía á nuestra 
Sección^ á más de las comunicaciones en que se da cuenta de 
ius trabajos de los socios, relatar los sucesos relacionados con 
la Historia natural que ocurran en la reg-ión andaluza, ha- 
bía tratado de averiguar para notificarlo, lo que hubiese de 
cierto en punto á la abundancia extraordinaria con que este 
año se ha presentado la sardina en las costas de Málaga. Re- 
cordó el interés con que se estudian en la actualidad estos 
viajes anómalos de los peces y particularmente los de la sar- 
dina, tanto bajo el punto de vista teórico, por relacionarse con 
las transcendentales cuestiones referentes k la distribución 
de las corrientes oceánicas, como bajo el industrial, en el que 
dicha especie alcanza una importancia excepcional. 

»Resulta en efecto de sus averiguaciones, que la sardina se 
ha pescado este mes de un modo insólito, como no ocurría des- 
de hace algunos años, en la provincia de Málaga. La arroba de 
dicho pescado se ha vendido hasta 35 céntimos de peseta, ha- 
biéndose tirado mucho por falta de compradores. En algunas 
calles se veían montones medio podridos, que hacían la deli- 
cia de los perros y gatos. En cambio han faltado por completo 
los boquerones durante más de dos meses , si bien han apare- 
cido después con abundancia, aunque no tanta como en la 



DE HISTORIA NATURAL. 45 

que se presentó la sardina. Estos se han vendido á media- 
dos de Noviembre á 0,50 pe?eta la arroba, y si no han lleg-a- 
do á tirarse también, ha sido por su empleo tradicional en la 
localidad en la fabricación de anchoas que se exportan venta- 
josamente. 

»Después de la sardina, el pescado que se presentó con ma- 
3'or abundancia en esta época, fué la pescadilla ó pijoHlla, 
como alli la llaman, que se ha vendido al precio de 0.6.5 pese- 
tas la arroba, y cuyo tamaño medio era de 5 á 6 pulg-adas. 

»Seg-úa común creencia, la exuberancia de pesca observa- 
da este año en los mercados de la provincia de Málaga, ha 
sido debida al uso de \?l^ parejas, procedimiento que, con ex- 
celente acuerdo, se ha prohibido, ante el temor de que por él 
se diera fin bien pronto con los criaderos.» 

«El Sr. González y García de Meneses dijo: que la abun- 
dancia de la pescadilla ha sido g-eneral en toda la costa an- 
daluza, habiéndose vendido en Sevilla á un precio desconoci- 
do desde hace muchos años por su baratura. A su juicio, no 
depende dicha abundancia del sistema de pesca de las parejas, 
puesto que en Cádiz y Huelva donde no ha sido menor que en 
Málaga la exuberancia de pescadilla, se ha empleado el siste- 
ma tradicional de pesca en aquellas costas. 

También habló el mismo señor del fenómeno observado de 
la invasión del mar en las costas de Portugal, de que viene 
dando cuenta la prensa estos días. Dicho fenómeno se atribu- 
ye generalmente á un cambio de dirección en la corriente 
del Gulf-Stream, y es posible que se refiera al mismo la anó- 
mala distribución del pescado de que se ocupa la nota del 
Sr. Calderón. 

— El Sr. Medina leyó la nota siguiente: 

«Habiéndome encomendado nuestro distinguido consocio 
Sr. Calderón el arreglo de las colecciones entomológicas del 
país de esta Universidad, transcribo á continuación la lista 
de coleópteros recogidos por él mismo en Fuente-Piedra (Má- 
laga) en el mes de Julio y ofrecida en la sesión de 4 de Maj'o 
de 1889, según las determinaciones hechas en Madrid por el 
ilustre Presidente de nuestra Sociedad Sr. D. Francisco de 
Paula Martínez y Sáez. 



46 



ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



Cicindela maura L. 
Dilomns s2:)h(srocephalus 01. 
Ophomis meridionalis Dej. 
Harimlus ienehrosus Dej . 
Acinojnis picipes Oliv. 
CoJymhetes fuscus L. 
Gyrimis Dejeani Brull. 
Berosus affi.%is Brull. 
HydropJiilus pistaceus Lap, 
Xantholimis tricolor F. 
OntliopMgus taurus Schr. 
Tentyria modesta Rosh. 
Stenosís Jiisp)anica Sol. 
Cry2)ticus gihhiilus Qtiens. 
MicTositus olesus Waltl. 



Opatrum meridionale Küst. 
AntMctis humilis Germ. 
— plumheiis Laf. 
Mordellistena onicans Germ. 
Proiosca corwexa F. 
Brachyderes Reicheif 
Tylacites chalcogrammiis Boh. 
Sihinia primita Herbst. 
Coptocephala floraUs Oliv. 
Cryptocephalus Koyi SfiFr. 
Exochomus oiigromaculatus 

Goeze. 
Platynaspis luteonilra Goeze. 
Scymnus frontalis F.» 



— El Sr. Medina dijo que en una reciente comunicación de 
M. Laboulbéne á la Academia de Ciencias de París se señala 
como nuevo enemig-o de la vid el Apate Francisca Fabr. en 
Túnez; y como quiera que en nuestra Sociedad se ha dado ya 
cuenta por el Sr. Calderón de la existencia del Apale himacii- 
lata 01. en los viñedos de Puerto Real, debía hacer constar la 
prioridad de esta noticia. 

M. Laboulbéne propone como medio de defensa cortar los 
sarmientos atacados, recog-er las ramas rotas ó la planta en- 
ferma y quemarlas después. Todo antes de la salida del in- 
secto. 

— El Sr. Calderón dio cuenta del fallecimiento del catedráti- 
co de Historia Natural de la Universidad de Valencia, D. José 
Arévalo y Baca, individuo que fué de esta Sociedad. En ella 
publicó un trabajo sobre La jSierra de la Juma, y es autor de 
una Memoria sobre Aves de España, premiada por la Real Aca- 
demia de Ciencias, trabajo importante que hacía prometer 
mucho del sabio catedrático, prematuramente arrebatado á la 
ciencia patria. 

—El Sr. Paúl participó también la noticia de la muerte de 
nuestro consocio D. Alfredo Truán, Director de la fábrica de 
vidrios de Gijón, é incansable micrógrafo y reputado en todo 
el mundo científico por sus investig-aciones en microfotog-rafía 
y en el estudio de las Diatomeas. La muerte le ha sorprendido 



DE HISTORIA NATURAL. 47 

en el momento en que se disponía á dar á luz un importante 
trabajo sobre las diatomeas fósiles de Morón que seguramente 
hubiera coronado su envidiable reputación. 

La Sección acordó se hiciera constar en acta el sentimiento 
con que había sabido las sensibles pérdidas de tan esclarecidos 
naturalistas. 



Sesión del 7 de Mayo de 1890, 

PRESIDENCIA DE DON FRANCISCO MARTÍNEZ. 

— Leída el acta de la sesión anterior fué aprobada. 

— El Sr. Secretario dio cuenta de las siguientes comunica- 
ciones: 

Del conservador de la biblioteca del Museo Teyler, de Har- 
lem, anunciando el envío del cuaderno 4.° del volumen iii co- 
rrespondiente á la seg-unda serie de los Archivos de aquel 
Museo, y de los cuadernos 1-3 del volumen ii del catálog-o de 
su biblioteca. 

Del Secretario de la Sociedad de Naturalistas de Ñapóles y 
del Presidente de la Sociedad ligústica de Ciencias naturales 
y g-eog-ráficas, de Genova, pidiendo el cambio de sus publica- 
ciones respectivas con las nuestras. La Sociedad acordó que 
sobre este punto resolviera la Comisión de publicación. 

— Se propusieron tres socios numerarios y uno ag-reg'ado. 

— Estaban sobre la mesa las publicaciones recibidas desde 
la sesión anterior, acordando la Sociedad que se diesen las 
g-racias á los donadores de las que son reg-aladas. 

— El Sr. Secretario leyó la sig-aiente noticia necrológica es- 
crita por el socio D. Fernando García Arenal, de Pontevedra: 

Don Alfredo Truan y Luard. 

«El día 3 de Enero de este año, ha muerto Alfredo Truán; 
una pulmonía nos le arrebató en pocos días, cuando estaba en 
la plenitud de su fuerza y de su inteligencia, y cuando por su 
edad y robustez era de esperar que se prolongase por muchos 
años tan preciosa existencia. Los naturalistas de España y del 



48 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

extranjero saben lo que las ciencias naturales han perdido: la 
industria perdió uno de los trabajadores más activos é inteli- 
gentes; lo que su familia y sus amig"os perdieron, es más para 
sentido que para dicho. 

»Nació Truán el 19 de Marzo de 1833, en el Cantón de Yaud 
(Suiza) (de cuyo país era su padre, su madre era española), y 
donde pasó los primeros años de su vida; vino á España, pero 
volvió después á su país natal á completar su educación, y 
conservó toda la vida el amor y la perseverancia en el trabajo 
que caracterizan á los mejores hijos de la feliz república Hel- 
vética. Su padre, D. Luis, fué un industrial notable, que ha 
montado en España varias fábricas de vidrio y loza, habién- 
dose establecido definitivamente en Gijón, cuya fábrica de 
vidrio, dirigida por él, llegó á ser la mejor de España. No tenía, 
respecto á educación, las ideas dominantes en España, y no 
dedicó á sus hijos á carreras literarias; pensó en que el maj'or 
le sustituyese en la dirección de la fábrica, y mandó á nuestro 
compañero á Suiza para que se hiciera litógrafo y fotógrafo, 
y como tal se estableció en Gijón el año de 1858, continuando 
hasta el de 1863 en que traspasó su establecimiento. 

»Dejando la litografía y la fotografía como industrias, estudió 
teórica y prácticamente la del vidrio, siendo aventajado dis- 
cípulo de su padre que era un gran maestro, y sucediéndole á 
su muerte en unión con su hermano D. Antonio, en la direc- 
ción de la fábrica de vidrio de Gijón. 

»Estos principios no hacían sospechar al hombre de ciencia, 
ni estas circunstancias eran las más favorables para revelar 
al que había de honrarla, pero las poderosas facultades, como 
las grandes corrientes, vencen obstáculos insuperables para 
los débiles, y Truán, en las horas que le dejaba libres la indus- 
tria, se consagraba al estudio, mostrando desde luego grande 
afición y excepcional aptitud para los trabajos micrográficos, 
continuándolos con tan apasionada perseverancia, que bien 
puede decirse que se engolfó en la inmensidad de lo infinita- 
mente pequeño; diríase que el lema de su vida científica era 
in parvis máxima. 

»Durante algunos años anduvo como errante por el vasto 
campo de las Ciencias naturales, prefiriendo siempre observar 
con el microscopio; ya se dedicaba á la petromicrografía, ya 
estudiaba algas é infusorios; estos eran el principal objeto de 



DE HISTORIA NATURAL. 49 

SUS investig-aciones cuando tuvimos la suerte de conocerle en 
1875,y solo alguna vez, y como por acaso, se ocupaba entonces 
de las diatomeas, que habían de ser su especialidad y revelar 
su raro mérito. Estos primeros pasos firmes , pero inciertos en 
cuanto á su dirección, se explican por el aislamiento. Los que 
viven en centros donde el entendimiento se cultiva y comuni- 
can sus dudas á quien puede resolverlas, sus convicciones al 
que las fortalece, sus errores á quien los combate, su fe al que 
participa de ella, el que ve reflejada su intelig-encia en otras, 
cuya luz á la vez recibe, no puede formarse idea de lo que es 
el aislamiento intelectual y de la fuerza que exig-e y de la que 
gasta. Lo notable no es que el industrial cultivase la ciencia, 
lo admirable es que la hiciese avanzar estando solo. Es pre- 
ciso haber visto de cerca á Truán para comprender hasta qué 
punto reunía cualidades extraordinarias, ¿cómo sin ellas, en la 
especie de desierto intelectual en que vivió, habría llegado á 
ser una celebridad científica y llevado á cabo sus incompa- 
rables preparaciones foto-micrográficas? 

»E1 que estas líneas escribe, tiene la satisfacción y una espe- 
cie de consuelo por haber contribuido á sacar á Truán de su 
aislamiento. Se publica en Boston (Estados-Unidos), un Direc- 
torio internacional científico, en que están los nombres y direc- 
ción de todas las personas que se dedican á las ciencias y de 
que tienen noticia los redactores de la obra; estos piden datos 
á cuantas personas juzgan que pueden dárselos, y á ellos in- 
dicamos en 1884, el nombre de Truán, como naturalista dis- 
tinguido, y especialmente dedicado á estudios micrográficos 
y á diatomeas. Apenas apareció su nombre en el Directorio 
científico, Mr. Kinker, de Amsterdan, le escribía haciéndole 
varias preguntas, y por la contestación adivinó el naturalista 
eminente todo el mérito del desconocido, que pronto dejó de 
serlo, porque el sabio holandés le puso en comunicación con 
muchos eminentes extranjeros que se dedicaban á estudios 
micrográficos. 

»En una ocasión, rogaba Truán al Dr. Otto N. Witt que le 
indicara algo respecto á los procedimientos y medios de que 
se valía MüUer para sus admirables preparaciones de diato- 
meas, y Otto le contestó que no tenía nada que decirle ni él 
que aprender, porque sus preparaciones eran tan buenas como 
las del famoso preparador. 

ACTAS DE LA SOC. ESP. — XIX. 4 



50 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Si el mérito de Truán era raro, su modestia bien puede de- 
cirse que ig-ualaba á su mérito, y nos costó no poco trabajo 
conseguir que publicara en los Anales de Historia Natural 
su notabilísimo Ensayo sodre la sinopsis de las diatomeas de As- 
turias, y parecía extrañar que el Dr. Otto N. Witt solicitase su 
colaboración, que obtuvo, publicando ambos en Berlín una 
monografía sobre las diatomeas de Jeremías. También quiso 
Janisch asociarle á sus trabajos , pero sus ocupaciones no le 
permitieron colaborar en la obra del eminente alemán. 

»Alguien que prodiga elogios, ha dicho que con el mérito de 
Truán podían haberse hecho tres ó cuatro hombres notables, 
y así era la verdad; hacía muchas cosas y todas con perfec- 
ción. ¡Qué modo de observar, de dibujar, de litografiar, de fo- 
tografiar! Le faltaba tiempo para cultivar tan variadas facul- 
tades. La oleo-fotografía que le valió una medalla de plata en 
la Exposición de la Coruña, y por la cual obtuvo privilegio de 
invención, era como un filón de la rica mina que en gran parte 
se quedó sin explotar, porque la actividad del inventor, con 
ser mucha, no podía hacer que el día tuviese, como habría 
necesitado, noventa horas; los de veinticuatro fueron contados 
y pocos, muriendo á los cincuenta y tres años, cuando al vi- 
gor de la inteligencia unía la madurez y el estímulo que con- 
forta de los homenajes merecidos. 

»Sin hacer él nada para salir de su incógnito científico, le 
iban sacando los que le apreciaban en lo que valía. 

»Pertenecía á nuestra Sociedad desde 1883. Era miembro co- 
rresponsal de la Academia Pontificia de Roma y de la Socie- 
dad francesa de fotografía, que le honró con una mención 
honorífica. El Dr. Otto N. Witt expuso en Berlín unas foto- 
grafías suyas de diatomeas, bien lejos de pensar que la me- 
dalla de premio que le remitía, había de llegar cuando ya no 
podía verla el día en que falleció. 

»Había hecho Truán muchas diligencias infructuosas para 
proporcionarse tierra fósil de Morón, que al fin obtuvo; en 
sus diatomeas trabajaba, y en lugar de la notable monogra- 
fía que esperábamos, vemos una de las cosas más tristes que 
se pueden ver; la obra excepcional interrumpida por una 
muerte prematura. 

»Otra cualidad admiraban en Truán los que le conocían, y 
era lo que podría llamarse prodigalidad científica, porque lo 



DE HISTORIA NATURAL. 51 

qne él sabía estaba á disposición de todos los que querían 
aprender, aun de los que no podían, y disponiendo de tan 
poco tiempo, leía y contestaba larg-as cartas de naturalistas, 
á veces principiantes, como si creyese que era una oblig-ación 
que cumplía g-ustoso, enseñar á todos lo que no había apren- 
dido de nadie. Como testimonio elocuente é imparcial de lo 
que valía, vamos á copiar alg-unos párrafos de cartas dirig-i- 
das á sus hijos por eminentes naturalistas extranjeros: 

«Wilhelmshutteden, 18 de Enero de 1890. 

»Su señor padre ha adquirido una alta reputación por sus 
trabajos científicos, sobre todo en el estudio de las diatomeas 
y su prematura muerte es una pérdida irreparable para la 
ciencia; todos los amantes de esta rama del saber estarán con- 
migo de duelo. Su nombre, por sus concienzudos trabajos, 
está tan estrechamente unido á los estudios sobre las diato- 
meas, que vivirá siempre, y aunque esto no pueda reparar 
una pérdida irreparable, podrá aliviar algo el dolor de uste- 
des recibir de todas partes el testimonio de amor y gran esti- 
mación que inspiraba Truán, con el que tuve el honor y la 
dicha de estar en amistosa correspondencia.— C. Janisch.» 

«Anveres, 21 de Enero de 1890. 

»Habiendo estado muy enfermo, no he podido escribir antes 
diciéndoles lo mucho que me ha afectado la muerte de su pa- 
dre, arrebatado prematuramente á la ciencia y al amor de su 
familia y de sus amigos; es una verdadera pérdida para to- 
dos. — Dr. Henri Van Heusell.» 

«Roma, 22 de Enero de 1890. 

»Yo, que esperaba recibir con tanto gusto la remesa que 
me había anunciado, recibo la fatal noticia de la muerte de 
mi excelente corresponsal; la comuniqué á la Academia que, 
como yo, deplora tan triste acontecimiento. No puedo borrar 
la impresión dolorosa que me ha causado la pérdida de su 
padre. — El conde M. Francisco Castracane.» 

(•(Londres, 18 de Febrero de 1890. 

»Con el mayor sentimiento he sabido la muerte prematura 
de su excelente padre; había decidido visitarle en la próxima 



52 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

primavera, pero en este mundo el hombre propone y Dios dis- 
pone... 

»Deseo mucho saber qué piensan ustedes hacer de su co- 
lección de diatomeas; si se deciden á disponer de ellas, acuér- 
dense de mi, que estaría dispuesto á adquirirlas, aunque no 
fuese más que como recuerdo de mi antig-uo amig-o y colabo- 
rador en los estudios microscópicos. — Julien Deby.» 

«Leipzig, 25 de Enero de 1890. 

»Acabo de recibir la inesperada noticia del fallecimiento de 
su señor padre. La muerte de persona tan excelente aflig-irá á 
sus numerosos amigos de todos los países que le estimaron y 
respetaron como hombre, como amigo y como sabio. Su me- 
moria no morirá. — Ernest Debes.» 

«Javarnok, 17 de Enero de 1890. 

»í!stoy desconsolado con la pérdida de su padre querido y 
mi amig-o incomparable. 

»Le teng-o presente en mis oraciones. 

»La pérdida no es tan solo para la familia, sino mayor, si 
cabe, para sus amig-os y para la ciencia. 

»Ha muerto un hombre bueno y solamente rae queda su re- 
cuerdo. 

«Rueg-o á ustedes que me envíen alg-unos datos para publi- 
car su biografía. — Rantoisel.» 

«Amsterdan, 18 de Enero de 1890. 

»Vuestro padre, un amig-o tan excelente para mí, ya no 
existe; arrebatado prematuramente á su familia, á la sociedad 
y á la ciencia, será sentido por todos los que le conocían. Los 
ojos se me llenan de lág-rimas al considerar lo que todos he- 
mos perdido. — L Kinker.» 

Si como se ha dicho, y creemos que con razón, los extranje- 
ros son la posteridad, véase su juicio respecto á Truán: ellos 
corroboran el nuestro, y prueban que la amistad no exag-era 
su mérito, sino que le enaltece la justicia; hacérsela, y ver que 
otros se la hacen, es nuestro consuelo. 

— El Sr. Bolívar leyó lo que sigue: 

El estudio de la nomenclatura de los seres organizados ha 



DE HISTORIA NATURAL. 53 

■sido una de las cuestiones que más han llamado la atención 
del Congreso Zoológico celebrado en París con motivo de la 
reciente Exposición Universal, habiéndose debatido en dos 
sesiones el informe que la Sociedad Zoológ-ica había encomen- 
dado al Dr. Blanchard, informe acabadísimo y que honra ver- 
daderamente á su autor, adoptándose como resultado de esta 
discusión, en la que intervinieron naturalistas tan competen- 
tes y conocidos como los Sres. Sélys Long-champs, Riley, 
Milne Edwards, Mac Lachlan, Blanchard, Bedel, P. Fischer, 
€haper, Preudhomme de Borre, J. de Guerne, L. Vaillant, 
Dautzenberg-, Trouessart, Simón, Kraatz, Girad, las reg-las 
que deberán seg-uirse en lo sucesivo, y que juzgamos deben 
ser conocidas de los naturalistas españoles, y á este fin publi- 
cadas por nuestra Sociedad; son las sig-uientes: 

Reglas para la nomenclatura de los seres organizados , adoptadas 'por el 
Congreso Internacional de Zoología celebrado en París en el año 1889. 

I. — Nomenclatura de los seres organizados. 

1. La nomenclatura adoptada para los seres organizados 
€s binaria y binominal. Será esencialmente latina. Cada ser 
se designará por medio de un nombre g-enérico seg-uido de 
oti-o específico. Ejemplo: Corvus corax. 

2. En casos especiales, en los que sea conveniente distin- 
-g-uir las variedades, podrá añadirse un tercer nombre á los 
indicados. Ejemplo: Corvus corax Kamtschaticiís. 

3. Se considerará como falta decir Corvus Kamtschaticus , 
y por consig-uiente, será innecesaria la interposición de la 
abreviatura var. (varietas) entre el nombre de la especie y el 
de la variedad (1). 

4. Si á pesar de esto se interpusiera la palabra varietas, 
se hará que concuerde con ella el nombre de la variedad. 
Ejemplo: Corvus corax var. KamtscJiaüca. Por el contrario en 
el caso de no usarse dicho término, el nombre de la variedad 
ha de concordar con el g-enérico. Ejemplo: Corvus corax Kamts- 
chaticus. 

(1) El Congreso no ha creído conveniente someter á votación los artículos 2.° y 3.", 
y deja á cada autor libertad completa para adoptar uno ú otro, publicándolos, sin 
«mbargo, por referirse á ellos el art. 4.° 



51 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

II. — Del nombre genérico. 

5. El nombre g-enérico constará de una sola palabra, ya sea 
simple ó compuesta, que habrá de ser latina ó latinizada, y 
que se considerará y tratará como tal si no procediera de este 
idioma. 

6. Podrán emplearse como nombres g-enéricos: 

a. Sustantivos griegos, á los que se aplicarán con fideli- 
dad las reglas de la transcripción latina. Ejemplo: Ancyhis, 
AmpMiola, Aplysia, Pompholyx, Physa, CylicJma. 

T). Palabras compuestas de raíces griegas, colocando siem- 
pre el atributo delante del término principal. Ejemplo: Steno- 
gyra, PUurobrancTixis, Tylodina., Cydostoma, Sarcocysíis, Pelo- 
dytes, Hydrophil'íis^ RhizoMus. 

Como excepciones que no deben ser imitadas, pueden seña- 
larse algunos nombres corrientes, como Hippopotamus, PMly- 
drus, BiorMza, etc., en los que el atributo está después que la 
palabra principal; pero estos nombres son viciosos y no deben 
ser imitados. 

c. Sustantivos latinos, como Ancilla, Aurícula, Cassis, Co- 
nus, Dolium, Metida, Oliva. En manera alguna pueden reco- 
mendarse el uso de los adjetivos ni el de los participios pasa- 
dos, como en Prasina y Productus. 

d. Palabras latinas compuestas. Ejemplo: Stiliger, Dola- 
Irifer, Semiftisus. 

e. Palabras derivadas de otras griegas ó latinas, que ex- 
presan disminución, comparación, semejanza, posesión, como 
Lingularius, Lingulina, Lingxüinopsis, Linguldla, Lingtilepis, 
Lingulops, derivadas todas de Lingula. 

f. Nombres heroicos y mitológicos. Ejemplo: Osiris, Ve- 
nus, Brisinga, Velleda, Crimora, á los que se dará una desi- 
nencia latina, si carecieren de ella- (^Fgirns, Gdndnlia.) 

g. Nombres propios usados en la antigüedad. Ejemplo: 
Üleopatra, Belisarins, Melania. 

h. Apellidos modernos, dándoles una terminación que ex- 
prese dedicatoria. 

Los apellidos tomados de los idiomas latinos y germánicos 
conservarán su ortografía propia, sin que se supriman los sig- 
nos especiales que puedan llevar ciertas letras. 



DE HISTORIA NATURAL. 55 

Todo nom'bre terminado por una consonante, tomará la de- 
sinencia ius, ia,ium. Así: Selysms ^ Lamarckia, K'óUikeria, 
Mülleria, Stalia, Kr^iyeria, Ibañezia. 

Los nombres terminados por una de las vocales e, ^, o, y por 
la consonante y, tomarán la desinencia us, a, tcm. Como: Blain- 
villea, Wyvillea, Cavolinia, Faiioa, Bernaya, Q^xioya. 

Los terminados en a, tomarán la desinencia ^uia. Ejemplo: 
Bmiaia. Así como los acabados en íí ó eaw, á los que por eufo- 
nía se les añadirá una i, como Payraiidemitia. 

i. Nombres de buques que se tratarán como los mitológ-i- 
cos (Vega), ó como los patronímicos modernos. Así: Blakea, 
Hirondellea, CJmllengeria. 

j. Nombres bárbaros, entendiendo por tales los tomados de 
leng-uas habladas por países no civilizados; como VanikorOy 
los cuales deben latinizarse en cuanto á su terminación. Ejem- 
plo: Tetns. 

k. Nombres formados por simple agreg-ación de letras, como 
Fossarus, Neda, Clanculus. 

1. Anagramas. Ejemplo: Verlusia, Linosjpa. 

7. Cuando los apellidos que se empleen como nombres ge- 
néricos, consten de varios vocablos, solo se hará uso de uno 
de ellos, como en Selysms, Targionia, 3Ioquinia, Edmardsia, 
Duthiersia. 

8. Las partículas de que van precedidos ciertos nombres 
patronímicos, deberán excluirse, y por el contrario, los ar- 
tículos serán agregados así: Selysms, Blainvillea, Lacazea, La- 
cepedea, Benedenia, C/iiaJea. 

Esta regla no es aplicable cuando dicha partícula está en- 
globada en el nombre como en Dumerilia. 

9. Los nombres especificados en los párrafos/, g, h é, i del 
artículo 6.", no deben entrar en la formación de los nombres 
genéricos compuestos; por esto no deben recomendarse como 
ejemplo de nombres genéricos los de Eiigrimmia, BucMceras, 
Heromorpha y Mdbiusispongia. 

10. Se procurará no usar en Zoología nombres genéricos 
ya existentes en Botánica, ni en esta los empleados en aquella, 
aun cuando existan nombres que se usan en ambos reinos ala 
vez sin graves inconvenientes. Ejemplo: Balanns, Mirrha, Ha- 
genia, Mirbelia. 



56 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



III. — Del nombbe específico. 

I 

11. Los nombres específicos, ya sean sustantivos ó adjeti- 
vos, deberán también ser unívocos, aun cuando por excep- 
ción se admitan nombres compuestos de dos vocablos que ten- 
gan por objeto dedicar la especie á una persona cuyo nombre 
sea doble, ó expresar su comparación con un objeto determi- 
nado. Así: Sanctce-Catarinm , Jan-Mayeni, cormi-pastoris, cor- 
anguinum. En este caso las dos palabras que componen el nom- 
bre deberán unirse por medio de un g-uión, como se deja hecho 
en los ejemplos indicados. 

12. Los nombres específicos, pueden ser de tres categ-orías. 
a. Sustantivos ó adjetivos que expresen alg-una cualidad 

de la especie, bien sea la forma, el color, la procedencia, el 
hábito, ó los usos, costumbres etc., como cor, cordiformis , gi- 
gas, giganteus, flumorum, fontinalis, edulis, piscivorus, fíato- 
punctatus, alMpennis, etc. 

5. Apellidos de personas á quienes se dedique la especie. 

Estos nombres se pondrán siempre en g-enitivo, para cuya 
formación se añadirá en todos los casos una ¿al nombre exacto 
y completo de la persona á quien se dedique la especie. Ejem- 
plo: Cuvieri, Linnei, Cotteaui, Mülleri, Sebai, Rissoi, Pierrei 
(apellido). 

En el caso de que el nombre ó apellido de que se trata haya 
sido empleado y declinado en la lengua latina, seguirá las 
reglas de la declinación; así: Plinii , Aristotelis, VictoHs, 
Anionii, Elisadetlim, Petri (nombre). 

c. Otros nombres que se unen al del género por oposición, 
como leo, coret, Hele, Napoleo, arctos, calcar. 

13. El mejor nombre específico será siempre un adjetivo 
latino, corto, fácil de pronunciar y que suene bien. 

Pueden, sin embargo, admitirse palabras griegas latiniza- 
das ó palabras bárbaras no declinables. Ejemplo. Mpposideros, 
echinococcus, zigzag . 

14. Debe evitarse que el nombre de la especie sea el mismo 
que el del género, como sucede en Trutta tnitta; y cuando 
haya de denominarse una variedad, no se la deberá dar el 
nombre de la especie como en el AmUysloma jeffersonianum 
jeffersonianum. 



DE HISTORIA NATURAL. 57 

15. Los prefijos sui y pseudo , solo pueden anteponerse á 
sustantivos ó adjetivos latinos ó grieg-os respectivamente, 
<3omo sulterraneiís , subviridis , Pseudocanihus ^ PseiidopJds , 
Pseudomys. 

En manera alguna se antepondrán á nombres propios; por 
esto son viciosos los nombres sul-Wilsoni y pseudo-Grate- 
loupana. 

16. La desinencia sTc^og y su forma latina oides solo pueden 
combinarse con un substantivo griego ó latino respectivamen- 
te, pero no con un nombre propio. 

17. Los nombres geográficos conocidos de los Romanos ó 
latinizados por los escritores de la Edad Media se podrán em- 
plear en genitivo ó bajo forma adjetiva; en este último caso se 
escribirán con minúscula así: Antillarum, lydicus, (Ejyptia- 
cus, grmcxis, lurdigaUnsis, iconensis, peírocoriensis, parisiensis. 

18. Los nombres geográficos que no entren en la categoría 
anterior, se transformarán en adjetivos, según las reglas de la 
derivación latina, pero conservando la ortografía exacta del 
radical, si este no hubiese sido jamás empleado en latín. 
Ejemplo: neo-latamis, islandicus, brasüiensis, canadensis. 

19. Si con el radical del nombre geográfico pudiesen for- 
marse en latín dos adjetivos como hispanus é hispanices , no 
podrían ambos emplearle en un mismo género. 

20. Tampoco podrán usarse en un mismo género nombres 
tales como: fiumorum,Jluvialis, fluviatilis. 

21. Se adoptará la ortografía local para transformar en ad- 
jetivos latinos los nombres tomados de países que hagan uso 
del alfabeto latino (lenguas neo-latinas y germánicas), y para 
mayor facilidad en la transcripción, se admitirán también las 
letras que llevan puntos diacríticos : Spitzberg ensis, islandicus, 
paragnayensis, patagonicus, harMdensis, fdróensis. 

22. Los nombres geográficos tomados de nombres de per- 
sonas, se convertirán en adjetivos latinos, conforme á lo esta- 
blecido en los artículos 18 y 19. Ejemplo: edmardiensis, dieme- 
nensis, magellanicus. 

Podrán, sin embargo, conservar por excepción la forma 
sustantiva los nombres de islas como Santa Elena, San Pablo, 
pero en este caso se han de usar en genitivo, así: Sdnctce Ee- 
lenis, Sancti-Pauli. 



58 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 



IV. — De cómo se han de escribir los nombres del género 
Y de la especie, 

23. El nombre del g-énero debe comenzar por letra ma- 
yúscula. 

24. El de la especie comenzará con mayúscula ó con mi- 
núscula, seg-ún las reglas corrientes en la escritura. De aquí: 
viridis, magnxis, Cuvieri, Ccesar. 

25. Será considerado como autor de una especie: 

a. El primero que la ha descrito y denominado, en con- 
formidad con lo que dispone el artículo 1.° 

5. El que, de acuerdo con este mismo artículo, da nombre 
á una especie ya descrita, pero no designada con nombre al- 
guno. 

c. El que cambia un nombre contrario á la regla indicada 
por otro conforme con ella. 

d. El que cambia un nombre por otro, por existir ya en el 
mismo género otra especie con aquel nombre. 

El nombre del autor de la especie se escribirá á continua- 
ción del de aquella en el carácter ordinario del texto como en 
el siguiente ejemplo: La Rana escúletita Linné vive en Francia. 

26. Cuando los nombres de los autores sean citados abre- 
viadamente, las abreviaturas se escribirán de conformidad con 
la lista propuesta por el Museo zoológico de Berlín. 



V. — Subdivisión y reunión de géneros y especies. 

27. Cuando deba subdividirse un género, se conservará el 
nombre primitivo para aquel de los nuevos géneros que encie- 
rre la especie característica ó típica del antiguo. 

28. Si no resultase claramente cuál sea esta especie, el au- 
tor de la división podrá aplicar el nombre antiguo á aquella 
de las nuevas divisiones que estime conveniente, sin que 
pueda variarse de nuevo esta determinación por ningún au- 
tor posterior. 

29. Idénticas reglas se aplicarán para la subdivisión ó des- 
doblamiento de las especies. 



DE HISTORIA NATURAL. 59 

30. En el caso en que por división de un género antiguo 
deba llevarse una especie á cualquiera de ¡los nuevos géneros 
establecidos, se escribirá á continuación de ella el nombre del 
autor de la especie, pudiendo elegirse entre las diversas ma- 
neras de notación que aquí se indican, tomando por ejemplo 
el Hinido muricata Linné (1761), transportado al nuevo géne- 
ro PontoMella, por Leach, en 1815, recomendándose estas di- 
versas maneras, según el orden en que se colocan: 

1." Pontobdella muricata Linné. 
2." P. muricata (Linné). 
3." P. muricata Linné (sub Hirudo). 
4.° P. muricata (Linné) Lamarck. 
5.° P. muricata Lamarck ex Linné. 

31. Un género formado por la reunión de otros varios, debe 
tomar el nombre del más antiguo de todos ellos. 

32. La misma regla se seguirá cuando hayan de reunirse 
en una varias especies. 

33. En el caso de que por la reunión en uno solo de varios 
géneros vengan á formar parte de uno mismo especies que 
lleven igual nombre, se cambiará el de la más moderna por 
otro distinto. 



\l. — De la denominación de las familias. 

34. Los nombres de las familias se formarán añadiendo la 
desinencia ida al radical del género que sirva de tipo y el de 
las subdivisiones de la familia con la terminación ina, añadi- 
da igualmente al género que las caracterice. 



VIL — Ley de prioridad. 

35. El nombre con que deben designarse lo mismo los gé- 
neros que las especies, es el primero que las haya sido im- 
puesto, con tal de que haya sido dado á conocer con la sufi- 
ciente claridad en una publicación, y que el autor haya creído 
aplicar las reglas de la nomenclatura binaria. 

— El Sr. Quiroga leyó la nota siguiente: 



60 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Ofiía micácea del cerro de San Julián en Segarle 
(Castellón de la Plana). 

«Las pasadas vacaciones de Navidad me trajo mi amig-o y 
consocio nuestro, el sabio herpetólog-o D. Eduardo Boscá, ejem- 
plares de una ofita de grano grueso, sumamente bella é inte- 
resante. La reg-ión de donde procede está constituida, seg-ún 
el mapa g-eológ-ico del Sr. Botella, por una estrecha faja mio- 
cena, situada entre trías y jura. 

»La roca tiene sus elementos disting-uibles á simple vista, 
reconociéndose con toda claridad los cristales blanco lechosos, 
bastante mates, alarg-ados, de feldespato, hojuelas de biotita 
3'- una sustancia informe que tiene el color verde g-risáceo de 
la clorita escamosa y terrea, y que llena los espacios que dejan 
entre sí los cristales alarg-ados del feldespato; este es el tipo 
más frecuente y mejor conservado. Hay otros ejemplares en 
que el feldespato ha disminuido mucho en cantidad y tamaño 
de sus g-ranos, que son enteramente mates, y los elementos 
ferromag-nésicos predominan, pero totalmente convertidos en 
materias arcillosas de color amarillento-verdoso, más ó menos 
rojizo en alg-unos puntos. 

»E1 microscopio muestra, á más de los elementos anteriores, 
el dipiro, la calcita y epidota, derivados del feldespato, y en 
las masas verdosas de facies clorítica, la augita, biotita y clo- 
rita; esta derivada de las dos primeras, á más de g-ranos irre- 
gfulares y no muy abundantes de mag-netita, cuarzo y crista- 
les de apatito, 

»E1 feldespato forma ag-rupaciones prismáticas alarg-adas, 
polisintéticas constituidas seg-ún la ley de la albita exclusi- 
vamente, cuyas dos series de individuos son de espesor des- 
ig-ual, pero ig-ual entre sí los de una misma serie; las seccio- 
nes simétricas á uno y otro lado del plano de macla han dado 
un máximum de extinción de 19° 30', mostrando en luz para- 
lela polarizada entre los nicoles cruzados con un espesor de 
0,03 mm. una tinta blanca de primer orden; por todos estos ca- 
racteres considero este feldespato como labrador. Está muy 
turbio á causa de hallarse transformado en g-ran parte en un 
producto fibrilar cuyas fibrillas se exting-uen long-itudinal- 
mente, mostrándose neg-ativas en el sentido de su desarrollo, 



DE HISTORIA NATURAL. 61 

incoloras sin policroismo y con facies micácea. Su distribu- 
ción por la masa del feldespato es muy irreg-ular, así como el 
modo de agruparse que á veces muestra tendencia á ser ra- 
dial. Contiene bastantes inclusiones gaseosas rectangulares 
paralelas al sentido de alargamiento del feldespato. 

»Asociado á este mineral y pasando á él de un modo insen- 
sible se halla otro que es incoloro, perfectamente transparen- 
te, y afecta con frecuencia una disposición bacilar radiada, 
mostrándose á veces quebrado normalmente á la dirección de 
las baquetillas, tapiza el interior de pequeñas cavidades y en- 
tonces muestra secciones rectangulares perfectas. Se extingue 
exactamente según la longitud de estas, tiene carácter negati- 
vo en la dirección de su alargamiento, y en espesor de 0,03 mm. 
exhibe una brillante coloración amarillo-rojiza de segundo 
orden, por todo lo que le considero como una wernerita deutó- 
gena del labrador, con tanto más motivo cuanto que es idén- 
tico al mineral hallado por el Sr. Macpherson en ofitas de Por- 
tugal y Teruel (1). Se ven algunas secciones de este mineral 
normales más ó menos al eje de simetría cuaternaria, pues 
tienen un contorno irregularmente octogonal, estando más 
desarrollados cuatro lados alternos; de estas seccioces, unas 
se presentan totalmente extinguidas entre los nicoles cruza- 
dos y otras parcialmente, mostrando en luz convergente una 
barra negra que recorre el campo del microscopio siempre 
paralelamente á sí misma y sin encorvarse^ como lo efectúan 
las barras de la cruz negra en los cristales uniáxicos. 

»A1 lado del dipiro y rellenando las pequeñas geodas tapi- 
zadas de este mineral, se ven masas incoloras que ofrecen 
exfoliación romboédrica, y se disuelven en el ácido clorhídri- 
co con efervescencia; siendo por tanto una calcita derivada 
del labrador á la par que el dipiro, así como también existe 
al lado de estos minerales algún que ctro granillo de epidota, 
irregular, de policroismo incoloro-amarillo de limón, y gran 
relieve y birrefringencia. 

»E1 piroxeno es una augita de color rosado violáceo del tipo 
y facies frecuente en las ofitas; no presenta maclas ni señales 
de dialagización y ofrece perfectamente marcados los ángulos 



(1) Bull. de la Soc. Géol. de Frunce^ 3." ser., x, 289.— So?, de la Com. del mapageol. de 
España, xn, 167. 



62 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

de SU exfoliación prismática, las extinciones con respecto á 
esta, su carácter positivo, relieve y birrefring-encia. En las 
secciones comprendidas en la zona prismática muestra una 
lig-era absorción de luz cuando la traza de la exfoliación se- 
gún (110) coincide con el plano de vibración del polarizador 
y en las secciones más ó menos paralelas á (001), ofrece un 
débil policroismo % = amarillo muy claro con un lig-ero tono 
verdoso, nm = violáceo claro. No tiene contornos propios por 
impedírselo los cristales de labrador, cuyos intersticios ocupa 
y está bordeada y penetrada por una clorita fibrilar algo ra- 
diada en algunos puntos, de color verde claro en luz natural. 

»E1 mineral que más carácter da á esta roca, es la biotita, 
que como forma individuos macroscópicos abundantes, la im- 
prime una facies granítica muy rara entre las ofitas; por lo 
demás, este mineral no presenta notables particularidades. 
En luz natural tiene un color amarillo parduzco, algo verdoso 
á veces en determinados puntos de los bordes, y ofrece un po- 
licroismo que varía del amarillo claro cuando las estrías de 
su exfoliación básica son normales al plano de vibración del 
polarizador, hasta un pardo tan oscuro que parece totalmente 
extinguida, cuando las estrías de la exfoliación indicada coin- 
ciden con la sección principal del polarizador. Constituye esta 
mica verdaderos cristales cuyas secciones de 6 ú 8 lados, per- 
miten reconocer las formas (001), (010), (111), (111) principal- 
mente, por la medida de sus ángulos planos. Muchos cris- 
tales de este mineral toman color verde en sus bordes, y pa- 
san insensiblemente á clorita verde amarillenta con manchas 
rojizas en algunos sitios, algo atacable por los ácidos. Asocia- 
das á la biotita, suelen verse manchas irregulares de magne- 
tita bastante bien conservada. 

»Algún grano de cuarzo contiene entre los feldespatos esta 
roca, pero en cantidad bastante escasa, así como prismas de 
apatito que dan secciones exagonales; este último es bastante 
rico en ioclusiones gaseosas. 

))La textura de esta roca tanto macro como microscópica, es 
perfectamente ofítica de grandes elementos, sobre todo por 
lo que se relaciona con el labrador y la biotita, siendo estos 
dos los únicos elementos idiomorfos, mientras que la augita 
es alatriomorfa. 

»Estrechas relaciones unen esta ofita con algunas de la pro- 



DE HISTORIA NATURAL. 63 

vincia de Teruel, especialmente las de Sarrión, estudiadas y 
descritas por el Sr. Macplierson, según antes he indicado, y 
las que este sabio g-eólogo y petrógrafo ha descrito de Monte 
Real, Leiria, Rolica, etc., en Portugal. La ofita del Cerro de 
San Julián en Segorbe es como ellas francamente cristalina, 
rica en biotita y en wernerita, teniendo con las de la provin- 
cia de Teruel el carácter común de carecer de analcima, que 
establece un estrecho lazo entre las ofitas y teschenitas por- 
tuguesas. 

Es muy interesante que ofitas del mismo carácter se pre- 
senten en los dos extremos de la Península en la zona del 
Atlántico y en la del Mediterráneo y que nada igual se repita 
en las regiones pirenaica y andaluza. 



SECCIÓN DE SEVILLA. 



Sesión del 16 de Abril de 1890. 
PRESIDENCIA DE DON ANTONIO GONZÁLEZ Y GARCÍA DE MENESES. 

— Se lej^ó y aprobó el acta de la anterior. 

— Quedaron admitidos como socios los señores 

Valle y del Pozo (D. Rafael del), 

presentado por D. Antonio González y García de Me- 
neses, y 

Sánchez García (D. Miguel.) 

— El Sr. Calderón leyó las dos notas que siguen: 

Noticia de dos monstruos existentes en el lluseo de Historia 
Natural de la Universidad de Sevilla. 

«1.° Monstruo doble sisosniano. — El ejemplar es de carnero, 
procede de Almonte, y fué regalado por nuestro consocio don 
Romualdo González de Fragoso á las colecciones de la Univer- 
sidad de Sevilla. 



64 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

»Le convienen perfectamente los caracteres que da á esta 
familia Geoífroy Saint-Hilaire (1), cuando la define por ofre- 
cer los troncos reunidos y más ó menos confundidos entre sí, 
al paso que las dos cabezas permanecen completamente dis- 
tintas y separadas. Mas en cuanto álos g-éneros en que divide 
dicha familia., nuestro ejemplar no conviene con ninguno, y 
debería llevar una denominación especial. La falta de dos 
cuerpos distintos superiormente le distingue, en efecto, de los 
géneros ¡^sodimia y xifodimia del autor, y la carencia de dos 
cuellos y de miembros torácicos, lo hace, en cambio, del de- 
Todimia. 

»Nuestro ejemplar se caracteriza del modo siguiente: 

»Cuerpo único con un solo pecho; miembros torácicos y ab- 
dominales en número de dos; un miembro pelviano supleto- 
rio, que sale después de la cola, compuesto de la soldadura de 
dos recognoscibles por dos pezuñas opuestas; dos cabezas per- 
fectamente distintas é independientes, con un solo cuello. 

Este monstruo ha debido vivir algún tiempo, á juzgar por 
su tamaño y por la abundancia de la lana que le cubre. 

»2.° Atlodimia en el gato. — Este ejemplar de la familia de 
los monstruos dobles monososnianos, acaba de ser donado 
á las colecciones de la Universidad por mi discípulo D. Valen- 
tín Franco. Según la definición del citado teratólogo, consiste 
en un solo cuerpo con dos cabezas separadas, pero contiguas, 
sostenidas en un cuello único. 

»Esta monstruosidad ha sido mencionada de la víbora por 
Geoffroy Saint-Hilaire (2), y, por referencia á otros auto- 
res, délas aves, del ternero y aun del hombre, pero parece 
rara entre los mamíferos. En cuanto al gato, yo no tengo no- 
ticia de que se haya citado hasta ahora. 

Excursión á Constantina realizada por D. S. Calderón 
y D. M. Medina. 

Aprovechando las vacaciones de Semana Santa, emprendi- 
mos el día 31 de Marzo una excursión, hace tiempo proyecta- 
da, á Sierra Morena, siquiera la época ni las circunstancias me- 



(1) Tlist. gen. eípart. des anomalies; t. iii, pág'. 155. 

(2) 02). cit.; t. III, pág. 192. 



DE HISTORIA NATURAL. 65 

teorológ-icas del año permitieran esperar de ella los resultados 
brillantes que en otra estación más adelantada hubiera produ- 
cido. 

Salimos de Sevilla á las cinco y cincuenta minutos de la ma- 
ñana con un tiempo agradable y el barómetro á la presión nor- 
mal. Durante el día empezó á bajar este, anunciando la lluvia 
que empezó el siguiente y reinó con escasas interrupciones 
hasta el 5 de Abril. Seguramente que en estas circunstancias 
hubiéramos podido aprovechar muy poco de nuestro viaje, á 
no haber estado alojados en una hacienda distante media hora 
de Constantina, lo que nos permitió espiar todas las claras para 
salir inmediatamente al campo y con la libertad en que esto 
puede hacerse lejos de poblado. En cambio hubo que renun- 
ciar á llevar á cabo las excursiones que teníamos proyectadas 
tomando por centro dicha hacienda, de las que nos prometía- 
mos amplia cosecha de rocas y de observaciones. 

En cuanto á Geología, poco tenemos en efecto que comuni- 
car y nada nuevo. Saliendo de Sevilla al NE. primero, y luego 
volviendo al N., la vía férrea atraviesa el relleno cuaternario 
del valle del Guadalquivir, y después la estrecha faja miocena 
de Tocina, aflorando en seguida las pizarras carboníferas de 
Villanueva. En breve cambia nuevamente el paisaje y la com- 
posición del suelo, apareciendo los granitos porfiróideos de 
Arenillas (á 176 m.), los cuales continúan, aunque cambiando 
de caracteres, por el Pedroso para morir en la Fábrica, cedien- 
do su puesto al terreno cámbrico. En este último se ha reali- 
zado ya todo el resto de nuestra excursión, sin que hayamos 
dejado de ver en él las infinitas repeticiones de sus calizas 
compactas, grisáceas (jabalunas) y sus pizarras arcillosas. Ac- 
cidentalmente se intercalan capitas de arenisca, dando tes- 
timonio de las enérgicas presiones que todas estas rocas han 
sufrido posteriormente á su consolidación, ¡abundantes vetas 
de espato en la caliza y de cuarzo en la pizarra se reparten en 
una espesa red, que en conjunto forma ángulo obtuso con la 
dirección constante al NO. de dichas rocas. Aparte de esto, solo 
muchas pajuelas de pirita ó vetas de óxido de hierro, en laca- 
liza como bajo el castillo de Constantina, son los únicos mine- 
rales accesorios, cuya presencia hemos tenido ocasión de com- 
probar. 

La frialdad y sequedad excesivas del invierno que acaba de 

ACTAS DK LA SOC. ESP. —XIX. 5 



6f5 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

pasar han dejado su huella en el campo, el cual se halla su- 
mamente atrasado; así es que no hemos podido tampoco reco- 
g-er los muchos veg-etales primaverales que en un año normal 
hubieran proporcionado las pintorescas montañas de Constan- 
tina. Citaremos como plantas que estaban en flor, aunque la 
mayor parte de ellas se hallan todavía en estudio, las sig-u len- 
tes: Ranunciilus , liaphanus, Cistus crispiis , L. Ilelianthenmm, 
estos dos últimos en abundancia extraordinaria en todos los 
montes bajos; Suene inñdta Smith, llamada colleja, que cons- 
tituye una excelente leg-umbre, muy estimada en el país; Ero- 
diumcicutarüim Lem., Pistacia tereMnt/ius L., cornicah'a, cuya 
raíz en infusión se preconiza allí como eficaz remedio contra 
la erisipela; el cerezo bravio, Caléndula, ChrysantJiemum y otras 
compuestas; el madroño, Ardutiis unedo L., la Anchiisa y el 
Echiiim, llamado lengua de hiiey, que se usan como remedio 
contra las calenturas; la salvia y el romero; el Lamium ample- 
wicauleL., la Ftiínaria spicala L., dos especies de Verónica, otras 
de Eicp/iorMa, un Narcissiis, etc. 

Constantina, situada en la reg-ión del castaño y del helécho, 
ofrece una flora forestal completamente distinta de la que es- 
tamos habituados á ver en nuestras excursiones por estos al- 
rededores de Sevilla. Es sabido que su término poseía el mon- 
te mag'nífico y úuico en su género en toda España, destinado 
á las construcciones navales por las dimensiones extraordina- 
rias de sus palos, el cual fué incendiado, á lo que se dice, en 
1868. Estas riquezas forestales van desapareciendo desg-racia- 
damente en Sierra Morena, como en toda España; pero aún dan 
testimonio de su pasada g-randeza en el sitio en que hemos 
realizado nuestra excursión, algunos individuos g-igantescos 
que se han salvado de la tala. En el camino que va á Las Na- 
vas, yendo de Constantina, existe un alcornoque que cubre 12 
olivos, y cuyo corcho ha producido este año 29 duros. 

La reg-ión no puede ser más á propósito para la recolección 
de criptógamas, que constituían uno de los principales obje- 
tivos de nuestra excursión , demasiado temprana en cambio, 
para otras recolecciones. En efecto, bajo la protección del ar- 
bolado viven variadas especies de hong-os, entre ellos dos que 
se comen y estiman mucho en el país, donde las denominan 
setas y faisanes, así como esas curiosas estrellas de tierra, 
Geaster, que estaban en todo su desarrollo. Pero sobro todo en 



DE HISTORIA NATURAL. 67 

punto á liqúenes en fructificación, es donde nuestras recolec- 
ciones faeron más abundantes; sobre las piedras encontramos 
especies de Lecidea, Lecanora, Parmelia y Licliina; en las corte- 
zas de los castaños, quejig-os y frutales, las Physcia y la Rama- 
Una, esta última con hermosa cabellera, y en las cortezas y en 
el suelo mag-níficas C'/ííí;?^^^.?. De todas estas plantas daremos 
cuenta detallada el día en que estén determinadas las especies 
que en esta, como en otras excursiones, vamos recolectando. 

En cuanto á la parte zooióg-ica, liemos encontrado las mis- 
mas dificultades que en la botánica. Nos interesaba mucho 
haber podido recoger moluscos, y aunque siempre notable- 
mente más escasos en la Sierra que en los alrededores de Se- 
villa, presentan, en cambio, en la primera, especies y aun gé- 
neros que no se hallan en los segundos. Mas no pudiendo ex- 
tender nuestras exploraciones sino en torno de la posesión en 
que la lluvia pertinaz nos tenía confinados, y no habiendo por 
allí charcas ni arroyos, únicamente pudimos buscar moluscos 
bajo las piedras , donde encontramos solo la Hiunina decolla- 
ta L. y los Helix láctea Mull. y conspurcata Drp. Entre las hojas 
secas de los castaños, había dos especies por lo menos de 
Árion. 

Las piedras, sobre todo las grandes, constituyen casi exclu- 
sivamente el campo de nuestra exploración en punto á ento- 
mología, dada la falta de insectos que por lo atrasado de la es- 
tación y el mal tiempo se notaba en todas partes. En cambio 
bajo aquellas se encontraban refugiados gran número de ar- 
trópodos; además de los invariables escorpiones, cien pies 
escolopendra morsicans y mridipes), que infestan estos pa- 
rajes, existían bastantes arañas y carábidos; pero sobre todo 
pululaban hormigas en número infinito y de una variedad 
sorprendente, dado el poco trecho explorado, pertenecientes á 
los géneros AplicBnog áster, Cr emastog áster ^ Fórmica y Campo - 
notiis, obreras como es natural, la mayoría, pero habiendo po- 
dido recoger algunas aladas, lo que nos sorprendió mucho en 
dicha estación. 

También recogimos bajo las piedras algunos sapos (Bufo ca- 
lamita Laur), jóvenes y adultos, que abundaban por extremo 
en dichos sitios, y con ellos algún Discoglossiis picttis Otth., Tro- 
pidosaura algira L. y Blaniis cinereus Vand. Los cavadores de 
la viña nos dieron una Vípera Latastei Boscá, que sacaron re- 



68 ACTAS DE LA SOCIEDAD ^ESPAÑOLA 

moviendo el terreno, y el último día de nuestra excursión, con 
un sol espléndido, vimos en el campo g-randes lag-artos, que 
en los anteriores días se hallaban ocultos. 

Aunque no pudimos recog-er ning-ún pez, averiguamos que 
en la ribera de Constantina se crian truchas, además de pe- 
queños pescadillos. 

Tampoco nos fué dado matar ni traer ave alguna. Tuvimos 
ocasión de ver muchos pajarillos pequeños, que en circuns- 
tancias más favorables hubiéramos matado y desollado, una 
bandada de cuervos, y el último día innumerables mohínos, 
como aquí se llama á la Pica cj/anea Pall. Por el canto pudimos 
conocer la proximidad de otras aves, como perdices, coguja- 
das y cuclillos. 

Hicimos también algunas averiguaciones respecto álos ma- 
míferos del término de Constantina. Antes de desmontar el 
terreno en que se halla la posesión en que la lluvia nos tuvo 
detenidos, parece había en ella corzos, venados, tejones, zo- 
rras y meloncíUos (Herpestes Wiiringtonii Gray). También 
se dice que de todos estos animales, y particularmente de cor- 
zos, venados y jabalíes, salieron escapados gran número con 
motivo del incendio del monte secular á que antes se hizo re- 
ferencia. La desaparición del arbolado consiguiente al pro* 
greso del cultivo y á la destrucción y la persecución constante 
por la caza sin respeto á las vedas van produciendo la rápida 
extinción de toda la caza, tanto mayor como menor, en la par- 
te cultivada de Sierra Morena. Los animales que más resis- 
ten á esta persecución son los dañinos, por lo menos que no 
son comestibles; los gatos clavo y cerval y los lobos no dejan 
de causar bastantes daños todavía en los gallineros y en los 
ganados, no obstante de que en persecución de estos últimos 
se organiza todos los años una batida en regla en Constantina. 
En cambio la caza menor, la que bien organizada constituye 
una riqueza permanente y de importancia en los países que 
saben conservarla, á la par que un ejercicio higiénico y salu- 
dable, esta desaparece rápidamente, tanto por las causas indi- 
cadas, como por la caza fraudulenta, pero imposible de perse- 
guir que se hace con los hurones adiestrados destruyendo por. 
su medio las crías. 

—El Sr. Medina leyó la nota siguiente: 

Recientemente han ingresado en el Gabinete de Historia 



DE HISTORIA NATURAL. 69 

Natural de esta Universidad dos especies de quirópteros, pro- 
cedentes de la catedral; y donadas por el arquitecto de la 
misma D. Bartolomé Romero. 

Las dos especies en cuestión, son distintas de las que tuve 
el honor de comunicar á la Sección en el pasado año, por lo 
cual me apresuro á ponerlas en vuestro conocimiento, para 
de este modo ir completando el catálog-o de la fauna de Anda- 
lucia, harto deficiente en lo que á estos animales se refiere. 

De los cuatro ejemplares á que me refería, dos pertenecen 
al Vesperiigo seroiinus Schr., y los otros dos al Nycünomiis Ces- 
tonü Savi, especie esta última que no es muy vulg-ar, la cual 
así como el Vesperiigo^ ahundan en los mechinales y huecos de 
la catedral, al decir de los trabajadores de las obras de recons- 
trucción de dicho monumento. 

Si las futuras exploraciones intensivas que proyectamos, 
proporcionan algunas otras especies que hasta ahora no ha- 
yamos visto, comunicaré sus determinaciones inmediatamente 
á la Sociedad. 



Sesión del 4 de Junio de 1890. 

PRESIDENCIA DE DON FRANCISCO DE P, MARTÍNEZ Y SÁEZ. 

— Leída el acta de la sesión anterior, fué aprobada. 

— El Sr. Secretario dio cuenta de una comunicación del 
Consejo de Administración de la Sociedad Real de Zoología 
Natura Artis Magistra, de Amsterdam, participando el falle- 
cimiento de su director y fundador el Dr. "Westermann, y de 
nuestro consocio el Dr. Gómez de la Maza, de la Habana, en- 
viando un trabajo suyo titulado Catálogo de las periantiadas 
cubanas esjJ07itáneas y cultivadas, que por acuerdo de la Socie- 
dad pasó á la Comisión de publicación. 

— Estaban sobre la Mesa las publicaciones últimamente re- 
cibidas, y acordó la Sociedad se diesen las gracias á los do- 
nantes de las regaladas. 

— Quedaron admitidos como socios numerarios los señores 

Dollfus (D. Adriano), de París, 

propuesto por D. Ignacio Bolívar; 



70 ACTAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA 

Siret (D. Luís), de Parazuelos, Mazarrón (Murcia), 
propuesto por D. Juan Vilanova; 

Fuset y Tubiá (D. José), de Madrid, 
propuesto por el que suscribe. 

—Y como socio agregado, el señor 

Ang-ulo y Tamayo (D. Francisco), de Madrid, 
propuesto por D. Francisco Ángulo y Suero. 

—El Sr. Cazurro leyó la siguiente nota: 

«Es tan poco lo que se sabe acerca de los anélidos terrestres 
de nuestra fauna, que he creído interesante copiar del Bollet- 
tino dei Micsei di Zoología ed Analomia comparata di Torino, 
vol. IV, núm. 63, las siguientes noticias publicadas por el 
Dr. Rosa, acerca de las lombrices de la Península ibérica. 

»En dicho trabajo se da un catálogo de las hasta ahora co- 
nocidas, en su mayoría recogidas por el Sr. A. F. Moller, del 
Jardín Botánico de Coimbra, en Portugal, por el profesor 
E. Ehlers, en España, y por el Dr. P. Fraisse, en Baleares, 
acerca de las cuales ha publicado un trabajo el Dr. Orley.» 
(Beitrage ziir Lumlricinen. Faima der Balearen.— Zoolog. An- 
zeiger, iv, núm. 1884.) 

En esta lista se mencionan tres géneros y catorce especies, 
de las cuales cinco son propias de nuestro suelo. 

Las especies citadas son las Biguientes: 

L%ml)ricus riiielUis Flofl. — Baleares. 

— hercnUíiS Sav. — Baleares. 
Allolopliora foelida Sav. — Baleares, Coimbra. 

— mucosa Eisen. — Baleares, Coimbra, Cartagena. 

— véneta Rosa. — Coimbra. 

— Fraissei Orley. ^Baleares, propia de Baleares. 

— mediterránea Orley. — Baleares, propia de Baleares. 

— trapezoides Dugés. — Coimbra, Sette Fontes, Por- 

tunao, Monchique. 

— chlorotica Sav. — Coimbra, Sevilla, 

— Molleri Rosa n. sp. — Coimbra, Villa Real de San- 

to Antonio, especie propia de Portugal. 



DE HISTORIA NATURAL. 71 

AUoloi^liora Msimnica Ucle. — Moncayo, especie propia de Es- 
paña. 

— comiüanata Dugés. — Coimbra, Mondejo, Mon- 

chique. 

— 'prófuga Rosa. — Escorial, especie propia de Es- 

paña. 
Allurus tetrmdrus Sav.— Sette Fontes, Sierra de Guadarrama. 

— El Sr. Quíroga leyó la nota siguiente: 

Sienita de Canarias. 

El conocimiento de los materiales preterciarios de las islas 
Canarias es de sumo interés, puesto que ha de servir para 
dar idea de las rocas á través de las que hicieron su apari- 
ción los materiales volcánicos que actualmente las consti- 
tuyen. 

»Antes de ahora, el Sr. Calderón ha publicado algunos da- 
tos en nuestros Anales sobre este punto, dando á conocer la 
existencia en aquellas islas de pizarras cristalinas y rocas 
eruptivas pertenecientes á los grupos de la porfirita epidó- 
tica, diabasa y diorita (1). Yo mismo he indicado también (2), 
que poseo una pizarra amfibólica de Gran Canaria, reco- 
gida por el malogrado cuanto inteligente botánico, nuestro 
consocio, Sr. Masferrer. Hoy pongo en conocimiento de la So- 
ciedad, haber hallado una sieni