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4'^ 






LBBRARY OF THE NEW YORK BOTANICAL GAKUEF 






1 



ANALES 



DE LA 



m\im ciHiriü irgítini 



ANALES 



LmRARY 
NEW YORK 
BOTAXICAL 

GARDÍiN 



DE LA 



SOCIEDAD científica 

ARGENTINA 



> — IK » < 



COMISIÓN REDAGTORA 

Presidente D'^'" Carlos M. Morales. 

Secretario Ingeniero Marcial R. de Gandiotl 

[ D"' Valentín Balbln. 

Vocales ; Ingeniero Manuel B. Bahla. 

( Ingeniero Carlos Bunge. 



TOMO XXIX 

Pjfimer» semestife de 1890 



BUENOS AIRES 

IMPRENTA DE PABLO E. CONI É HIJOS, ESPECIAL PARA OBRAS 

680 — CALLE PERÚ — 680 

1 890 



,A/3óS 

/Í9o 



ENUMERACIÓN SISTEMÁTICA Y SINONÍMICA 



DE 



LOS FORMÍCIDOS 

ARGENTINOS, CHILENOS Y URUGUAYOS 

POR EL D'- CARLOS BERG. 



Desde que permanezco en la República Argentina, diecisiete años 
hará en breve, junto con otra clase de estudios, abrigo el propósito 
de reunir el material necesario para la enumeración de las especies 
de ciertos órdenes y familias de insectos, á fin de difundir más y 
más el conocimiento de la fauna argentina. 

Con preferencia dirigí mi atención á los Lepidópteros, Hemípte- 
ros, Ortópteros y Formícidos, sin descuidar ciertamente los demás 
grupos. 

Sobre Lepidópteros publiqué numerosos trabajos, pero siempre 
postergando la enumeración faunística, por fallarme la determi- 
nación de muchas especies ó el esclarecimiento de la sinonimia; 
trabajos que piden tiempo, material de comparación y bibliotecas 
especiales. 

De los Hemípteros di ya la enumeración con un suplemento, que 
aparecieron en los años 1879 y 1884 (*). 

Los Ortópteros, en su mayor parte ya clasificados, esperan una 
revisión, que pienso hacer durante el año corriente. 

La enumeración sistemática y sinonímica de los Formícidos ar- 
gentinos forman el asunto del presente trabajo, con inclusión de 
las especies uruguayas y chilenas. Esta adición me ha parecido de 

(') Hemipíera Argenlina. Ensaijo de una moiiogrufia de loa Hcmipleros Ueteróplcros 
y Homópteros de la República Argentina. — Anales de la Sociedad Científica Argentina. 
Tomos V á IX, 1878-1880, y á parte, Buenos Aires, 1879. 

Addenda et Emendanda ad llcmiptcra Argentina. — Anales de la Sociedad Científica Ar- 
gentina. Tomos XV á XV-II, 1833-1831, y á parte, Buenos Aires, 1831. 



6 ANALES DE LA SOCIEDAD CIEiMIFICA ARGENTINA 

sumo interés científico y faunístico. Sóbrelas hormigas déla Repú- 
blica Oriental del Uruguay, nadase ha escrito, y los Formícidos de 
Chile, publicados por Spinola en la obra de Gay {-), en todo sólo 
siete especies, necesitan correcciones sistemáticas y sinonímicas y 
el aumento de muchas especies posteriormente observadas. En 
cuanto al interés faunístico, no se oculta la importancia que tiene 
el conocimiento de la fauna de los países limítrofes: la República 
Argentina mejor explorada dará á conocer especies de aquéllos, 
demostrando semejanzas faunísticas, á lo menos en regiones de 
homogeneidad topográfica y florística. Así, en Patagonia y en la 
parte oriental de la Cordillera de los Andes, se hallarán especies 
chilenas aún no observadas en la República Argentina, y especies 
uruguayas, en Entre-Ríos y Corrientes. 

Mi actual enumeración da para la República Argentina 58 espe- 
cies, para la Oriental del Uruguay 29 y para la de Chile 23. La& 
Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay tienen de común 25 
especies, Argentina y Chile 9, Uruguay y Chile 5, y Argentina, Chi- 
le y Uruguay 4. En la República Argentina se encuentran 29 espe- 
cies hasta hoy nunca observadas ni en Chile ni en el Uruguay, pero 
sí, 19 en el Brasil ú otros países sudamericanos, de manera que 
quedan 10 especies típicas ó propias de la República Argentina. 
La Oriental del Uruguay ofrece 3 especies propias, y Chile 12. 

Á pesar del considerable número de especies que ofrece, mi 
trabajo no puede ser fiel expresión de la fauna mirmecológica ar- 
gentina. Muchas regiones de nuestro vasto territorio esperan aun 
la exploración científica, como, por ejemplo, las provincias del 
Norte, el Chaco, Misiones, la parte occidental de la Pampa, Patago- 
nia, etc., y todas ellas prometen abundante caudal de material ya 
nuevo y típico, ya conocido y análogo á los productos de las faunas 
vecinas. Aún más: en las mismas regiones mejor estudiadas que- 
da todavía mucho que descubrir y observar; y para llegar al fin 
satisfactorio y apetecido, sólo necesitamos hombres de estudio, que 
aunen sus fuerzas y resultados. 

Con el objeto de facilitar la determinación de las especies á aque- 
llos que desearen ocuparse del estudio de los Formícidos, he for- 
mado una lista bibliográfica, donde se verán todas las obras que 
contienen descripciones ó cuestiones sinonímicas de las especies 
enumeradas en el presente trabajo. Por el autor y el año indica- 

(') Historia física y política de Chile . Zoología. Tomo VI, p. 232, París, 1851. 



BERG: FORMICIDOS ARGENTINOS, CHILENOS Y URUGUAYOS 7 

dos juntos con la especie, íVicümentesedarácon la obra respectiva. 
Finalmente manifiesto mi gratitud al eminente mirmecúlogo 
l)r. Gustavo Mayr, de Viena, quien me ha ayudado eficaz y amiga- 
blemente en la determinación de las especies, desde el año I87ü. 
Puedo y debo asegurar que todas las coleccionadas por mí pasaron 
por sus manos, y algunas reiteradas veces en distintos ó los mis- 
mos ejemplares. El Dr. Mayr describió también las especies nuevas 
por mí descubiertas, en sus (.(.Südcunerikanische Formiciden», 



Fam. MYRMICIDAE. 

Gen. PSEUDOMYRMA GUÉR. (1838). 

Myrmex Guér. (18381. 
Tetruponera Shith :1852). 
Leptalea Spin. (1853,'. 

1. Pfl«ii(loiiiyi*iiif« lyiieen (Spin.) Mayr (1851-1870). 

(Chile). 

Esta especie la cito por las indicaciones del Dr. Mayr (Nene For- 
miciden, p. 972), quien ha examinado ejemplares típicos chilenos. 
Spínola describió el obrero v la hembra. 

2. Pseiiilonayrnin iiititien Mayr (1887). 

(Santa Catliarina). — Corrientes y Buenos Aires. 

De esta hormiga, de la cual se conocen obreros, hembras y ma- 
chos, solamente he observado unos pocos individuos solitarios, en 
las Provincias de Corrientes y Buenos Aires. 

Gen. Crematogaster Lund (1831). 
Acrocoelia Mayr 1852). 
3. Crematogaster «iiiadriforiiiis RoG. (1863). 

(Brasilien, Babia). — Repúblicas Argentina y Oriental del 
Uruguay. 



8 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Es muy común, encontrándose principalmente en flores, frutos 
secos ó agujereados ú otros órganos vegetales así silvestres como 
cultivados. Tiene distribución geográfica muy vasta, habiendo sido 
observada desde Pernambuco hasta Buenos Aires. Se han descrito 
sólo los obreros. 

4. CrematogaeAer victiBna Smith (1858). 

Crematogaster Steinheili For. (J881). 

Crem. victima var. cisplatinalis Mayr (1887). 

(Brasilia, Santarem).— Buenos Aires y República Oriental 
del Uruguay. 

Los obreros que he observado de esta especie en las huertas de 
Buenos Aires y de Montevideo, perlenecen á la variedad Cremato- 
gaster cisplatinalis Mayr. Se encuentran como los de la especie 
anterior, en muchas clases de plantas. 

Gen. SoLENOPSis Westw. (1841). 
Diplorhoptrum Mayr (1855). 

5. Solenopüis geminata (Fabr.) Mayr (1804-1863). 

-4 fía ^eminaía Fabr. (1804). 
Myrmica paléala Lund (1831). 
Solenopsis mandibularis Westw. (1841). 
Myrmica Gayi SPiy . [I8ól] . 
Myrmica virulens Smith (1858). 
Atta clypeata S.mith (1858). 
Myrmica saevissima vSmith (1859). 
Solenopsis cephalotes Smith (]859;. 
Crematogaster laboriosus Smith (1861). 
Diplorhoptrum Drewseni Mayr (1861). 
Myrmica glaber Smith (1862). 
Myrmica polita Simth (1862). 
Fórmica gemínala Roe. (1862). 
Solenopsis gemínala, Mayr (1863). 
Atta coloradensis Buckl. (1866). 
Solenopsis xyloni Mac Cook (1879). 

(Amer. merid.). — Brasil. —Repúblicas Argentina, Uru- 
guay y Chile. 

Esta especie es muy común en ambas Américas y se encuentra 



berg: formícidos augentlnos, chilenos y uruguayos 9 

casi en lodas parles, solitaria en vegetales ó en sociedad debajo de 
piedras, trozos de madera, ó en nidos de tierra, que alcanzan hasta 
40 centímetros de alto, cuando se hallan juntos á piedras, veredas 
ú otros objetos de sostén, llí'dlanse descritos lodos los estados. 

6. Sol«iio|isi8 |inr%'a Mayr (1868). 

(Mendoza). — Buenos Aires. 

Conozco sólo obreros de esta especie, que observé bajo la corteza 
de varias clases de árboles, en la Estancia Rincón, Departamento de 
la Magdalena. Kl Prof. Strobel, que la descubrió en el año I86o, 
tampoco encontró los individuos sexuales. 

Gen. MoNOMORiuM Mayr (1855). 

7. Monomoriiim iMileiitHtiim Mayr (1887). 
(Valdivia). 

De esta especie desculirí obreros y hembras, que sirvieron de ti- 
pos, debajo de un trozo de madera, en San Juan de Valdivia, á 
Unes de Enero de 1879. Seguramente se encontrará también en 
Patagonia, á lo menos cerca de la (Cordillera de los Andes. 

8. ITIoiioniuriuin tieiiticiilatiiiii Mayr (1887). 
(Valdivia). 

Mayr describió los obreros y la hembra de esta especie proce- 
dente de Valdivia. 

9. inoiioniofiíina Pltttraoiiís (Li\.) Mayr (1704-1802). 

Fórmica Pharaonis Lin. (1764). 
Fórmica antiguensis Fabr. (1793). 
Myrmica molesta Say (1837] . 
Myrmica domestica Shuck. (1838:. 
Myrmica fruyilis Smith (1858). 
Myrmica contigua S-mitu (1858). 



10 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Diplorhoptrum (Fórmica) fugax Luc. {1858J. 
Pheidole molesta Roe. (1859). 
Myrmica molesta Meinert (1860). 
Myrmica Pharaonis Roe. (1862). 
Monomorium Pharaonis jMayr (1862). 

(Aegyplus). — Repúblicas Argentina, Oriental del Uru- 
guay j de Chile. 

Esta especie que tiene distribución geográfica muy vasto, siendo 
casi cosmopolita, no falta tampoco en los tres países indicados. La 
he observado también á bordo de algunos vapores, en donde per- 
siguen las materias azucaradas. 



Gen. PoGONOMYRMEX Mayr (1868). 

10. PogoaioBiiyriiiex angusttis Mayk (1870). 
(Chili).— Valdivia. 

Los obreros fueron descritos por Mayr en 1870, y el macho y la 
hembra en 1887. 

Esta especie no es rara en Valdivia, hallándose debajo de trozos 
de madera, en parajes bañados por el sol. He observado todos los 
estados á fines de Enero de 1879. 

11, Pogoiftoui^riaiex bispiíiosiis (Spin.) Mayr (1851-1870). 

Atta bispinosa Spin. [1851). 
Pogonnmyrmex bispinosus Mayr (1870). 

(Chile. — Tucapel, Santa Rosa.) 

Esta hormiga no la he observado aun. Mayr ha examinado ejem- 
plares" procedentes de Chile y ha caracterizado nuevamente los 
obreros. Spínola describió todos los estados. 

12. Pogoiiomyrmex coarctatus Mayr (1868). 

(Rosario, Río Cuarto, Bahía Blanca). — Repúblicas Argen- 
tina y Oriental del Uruguay. 

Es de vasta distribución geográfica, encontrándose frecuente- 



berg: formícidos argentinos, chilenos y uruguayos 11 

mente solitarin on el cam[)o, en parajes elevados. Los orificios (hí 
entrada en el suelo son pequeños, y rara vez rodeados de granos 
de arena. Solamente son conocidos los obreros y la hembra. 



13. Pogonoiiiyrmex eiiiiieiilnriiis Mayr (1887). 

(Buenos Aires, Uruguay).— Repúblicas Argentina y Orien- 
tal del Uruguay. 

Es muy común en los deparlamentos de Mercedes y de Soriano 
de la República Oriental, encontrándose en los parajes elevados del 
campo. 

Hace grandes nidos de forma de caracol en suelo arenisco, del 
cual extraen tierra y granos gruesos de arena, para obtenerla forma 
característica. En otros casos el nido estci construido por granos de 
arena aglomerados, ofreciendo siempre la forma de caracol. Á 
veces mide 50 centímetros de diámcUro y puede sacarse entero, 
siendo el suelo compacto. Se halla á una pi'ofuni'idad de 70 á 90 
centímetros, y su entrada está guarnecida de muchos y gruesos 
granos de arena ó feldespato. 

En la República Argentina he observado esta especie sólo en el 
Cerro de las Ánimas de Tandil, debajo de una piedra. Allí encontré 
también por primera vez los machos, que sirvieron al Dr. Mayr para 
la descripción. No se conoce la hembra. 

El Pogonomijrmex cuntcularius lleva á su nido otras hormigas 
mutiladas ó muertas, rechazando siempre sus congéneres ofrecidos 
en las mismas condiciones. 



14. Pogoiioiiiyriiiex. rasitratiis Mayr (18G8). 
Pogonniiiyniiex cai-bonarius Mavr 1868). 

(Pampa del Sud, Mendoza). — República Argentina. 

Esta especie, de que se conocen los obreros y el macho, se en- 
cuentra en la Pampa argentina occidental y austral, hasta Bahía 
Blanca. Nada se sabe sobre sus costumbres. 



12 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

15. PogoiiomypiMex ur iiguityensis Mayr (1887). 
(Uruguay). 

Fué descubierto por mí en el Departamento de Soriano de la 
República Oriental, en el mes de Enero. Observé solamente los 
obreros debajo de una piedra y en el suelo. 

Gen. Pheidole Westw. (1841). 
Oecophthora Heer (1852'. 

16. Plteiilole aberran» Mayr (1868). 
(Buenos Aires).— La Plata. 

Ha sido observada sólo en obreros y soldados en la Provincia de 
Buenos Aires, por los profesores Strobel y Spegazzini ; este último 
la encontró en La Plata. 

17. Plieidole Bergi Mayr (1887). 

(Buenos Aires). — Repúblicas Argentina y Oriental del 
Uruguay. 

La he observado en varios puntos de la Provincia de Buenos Aires, 
en Mendoza y en la vecina República Oriental. Abunda principal- 
mente en Adrogué, haciendo agujeros en el suelo, que comunican 
con canales ramificados. Se ha descrito solamente obreros y sol- 
dados. 

18. Pheidole rliilensis Mayr (1862). 

(Chiü). 

Esta especie, do la cual el Dr. Mayr ha descrito todas las formas 
sexuales y asexuales, fué descubierta porla expedición de la fragata 
austriaca A'Oüam (1857 á 1859). No se sabe con seguridad de qué 
parte de Cliile procede. Yo no la he observado durante mi perma- 
nencia en este país. 



deiig: formícidos argentinos, chilenos y uruguayos 13 



19. Pliei«lole cortlic<>|i8 Mayu (18C8). 

(Buenos Aires). — Repúblicas Argenliiia y Orieiilal del 
Uruguay. 

Tiene distribueión bástanle vasta en las dos repúblicas indicadas. 
Hace canales y cuevas angostas en el suelo, á las cuales la entrada 
es estrecha y rodeada de tierra suelta. De los individuos sexuales 
aún no existen descripciones. 



20. Plieidole olitiisoiiilosa Mayr (1887). 

(Uruguay). — Repúblicas Argentina y Oriental del Uru- 
guay. 

De esta especie observé sólo obreros y soldados en el Departa- 
mento de Soriano, los que sirvieron al Dr. Mayr para la descripción. 
Se hallaban debajo de piedras. El Dr. Spegazzini ha encontrado los 
individuos neutros también en La Plata. 

21. Plieidole siiiniíiodis Mayr (1887). 
(Tandil). 

Los soldados y obreros, que sirvieron paraestablecer esta especie, 
los encontré debajo de una piedra, en el Cerro de las Ánimas en 
Tandil, á Unes de Noviembre de 1883. Se caracteriza por la margen 
masticatoria de las mandíbulas entera ó bidentada, y por el segundo 
nudo peciolario muy ancho y en los dos lados saliente en cono ó 
espina. 

22. Plieidole trieonstrieta FoR. (1886). 

Ph. IriconsLricta, \i\v nilidulaEn. (1888). 

(Buenos Aires). — La Plata. 

Esta especie descrita por Forel, aún no la he observado. Spegaz- 
zini recogió algunos ejemplares en La Plata, que Emery designa 



14 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

con el nombre de PA. nüidula, sin dar descripción de esta varie- 
dad. FoREL describió el soldado. 



Gen. Cryptocerus Latr. (ISOI). 



23. Cryptocepiis atratcis (Lm.) Latr. (1767-1804). 

Fórmica atrata Lm. (1767). 
Fórmica quadridens De Geer (1778). 
Cryptocerus atratus Latr. (1804). 
Cryptocerus marginatus Fabr. (1804). 
Cryptocerus dubitatus Smnn (1853). 

(Amer. merid.).— Brasil.— Repúblicas Argentina y Orien- 
tal del Uruguay. 

He tenido ocasión de observar esta especie en Corrientes, en Mi- 
siones, en el Gran Chaco y en la República Oriental, cerca del Río 
Negro^ pero sólo en individuos solitarios. 



24. CryptocePMS cnsistieus (Koll.) Güér. (1832-1838). 

Fórmica caustica Koll. (1832). 
Cryptocerus causticus Güér. (1838). 

(Brasilien). — Corrientes y Misiones. 

Se halla, como la anterior, generalmente en troncos de árboles ó 
en palos secos, rara vez en el suelo. 



25. Cryptoceraas clyíieatus Fadr. (1804). 
(Amer. merid). — Brasil. — Corrientes. 

De esta especie de hormiga encontré una colonia á fines de Di- 
ciembre de 1876, en un patio de Corrientes, debajo de la corteza de 
un tronco de árbol, en parte reducido á leña, y procedente del inte- 
rior de la provincia. 



berg: formícidos argentinos, chilenos y uruguayos 15 

26. € ryiitoeeriis <|uatlratu8 Mayr (18G8). 
(San Luis). 

Fué descubierta por SraoBELen Snn Luis (Estancia Salvador), en 
el mes de Diciembre de I8G-J, y parece no haber sido observada 
después. Se lia descrito sólo los obreros. 

Gen. Cataulacus Smith (1853). 

27. Cataulnciis convergen» Mayr (1887). 

Cataulacusstrialus Mavr (1887), non Smith (1860). 

(Rio de Janeiro). — Corrientes. 

De esta especie recogí un solo obrero en la Provincia de Corrien- 
tes. Mayr ha descrito obreros, machos y hembras, procedentes de 
Río Janeiro y de Santa Catalina del Brasil. 

Gen. Atta Fabr. (1804). 

Oecodoma Latr. (1818. 
Acromyrme.v Mayr (1865). 

28- Atia It^^tri^K (Latr.) ÍIal. (1802-1837). 

Fórmica hijslrix Latr. (1802). 

Forndca corónala I-'abr. ¡1804). 

Oecodoma hystrix Lep. (1836). 

Atta hijstrix Hal. (1837). 

Atta [Ácromyrmex) hystrix Mayr (1865). 

Alta hystrijc st. corónala For. !l884). 

(Amer. merid). — Brasil.— Repúblicas Argentina y Orien- 
tal del Uruguay. 

Este formícido espinoso y tuberculado, llamado entre nosotros 
hormiga colorada, abunda en todas partes, principalmente en el 
campo, donde construye sidos de mucho diámetro, pero general- 



16 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

mente muy bajos, subterráneos y de mucha profundidad. Del nido 
parlen caminos anchos y ramificados, en las cuales se observan los 
obreros que van en buscn de restos de vegetales ó que vienen car- 
gados de ellos. Estos restos vegetales los cortan directamente, da- 
ñando do esta manera á las plantas. 



29. AUa liundií (Guér) Mayr (1830-1868;. 

Myrmica Lundü Guér. (1830). 
Atta Lundi Mayr (1868). 

(Brésil). — Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay. 

Esta hormiga negra abunda en todas partes, y es la míís dañina 
de todas las especies fitófagas. Está considerada como una plaga 
para la selvicultura, y en particular para la horticultura. Por sus 
colonias numerosas en individuos, es capaz de desfollonar árboles 
pequeños ó arbustos en una sola noche, ocupándose los obreros 
mayores en cortar y echar los fragmentos de hojas al suelo, y los 
demás en llevarlos al nido. Hacen los nidos como la especie ante- 
rior, pero en su mayor parte subterráneos, á veces en los cimientos 
de los edificios próximos á las huertas ó quintas. En pleno campo 
cerca de las entradas principales á los nidos, se encuentran partí- 
culas de vegetales acumulados, que se han extraído como inservi- 
bles, y en las cuales he observado las larvas del Lamelicornio Gym- 
netis tigrina Gory et Perch., á lo menos en la República Oriental. 

Existen descripciones de todos los estados. 

30. AUa sesLdeiis (Lin.) Fabr. (1767-1804). 

Fórmica sexdens Lin. (1767). 
Fórmica sexdentata Latr. (1804). 
Atta sexdens Fabr. (1804). 
Atta coplophylla Guér. (1838). 
Oecodoma laevigata Smith (1858| . 
Oecodoma coptophylla Smith (1858). 
Oecodoma abdominalis Smith (1858). 
Oecodoma sexdens íMavr (1863). 
Atla levigata Roe. (1863). 
Alta abdominalis Roe. (]863). 

(Amer. morid.). — Brasil. — Santa Fe. 



beug: foumíciüos argentinos, chilenos y uruguayos 17 

De esta especie, que es muy común en el Brasil, coleccionó 
Strobel algunos ejemplares en \i\ Provincia de Sania Fe. Abundará 
probablemente en el Chaco y en Misiones. Del último territorio 
traje algunos obreros pequeños en el año 1877, que pertenecerán 
quizás á esta especie ó í\\ Alta cc¡)]ialotes (LiN.) Fabr. (I7G7-180Í), 
cuestión que no puede resolverse sin los obreros grandes encon- 
trados juntos con los pequeños. 

3!. Alia sti-iata Roo. (18G3). 

Alta [Oecodo)ii(i) slriata Roe. (1863). 
Alta siria la Roe. (1863). 

(Montevideo). — Repúblicas Argentina y Oriental del Uru- 
guay. 

Tiene también distribución vasta en la República Argentina. Ha 
sido observada desde Córdoba hasta el Río Negro en Patagonia, y 
por otra parte, en las Provincias del Oeste. En la República Orien- 
tal la he encontrado en varios departamentos. Los nidos que hacen 
son relativamente pequeños, en parte supraterráneos, construidos 
por partículas vegetales, principalmente de corles de lallos. 

RoGER describió todos los estados. 

Unos individuos sexuales [)rocedenles de la Sierra de Córdoba, 
tienen la cabeza un poco más angosta y mucho menos estriada, en 
parte rugosa, y las manchas amarillentas seríceas de la parte basi- 
lar del abdomen muy prolongadas. 



Fam. DORYLIDAE. 



Gen. EciTON Latr. (1804). 

^ Eciton Latr. (1804). 

(^ Lahidus Jcu. (1807). 

^ Ancijlognalhus Lund (1831). 

^ Camptognatha Gray (1832). 

^ Nycleresia Roe. (1861). 



ANAL. SOC. CIENT. ARG. T. XXIX 



18 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



32. Eciton Foreli Mayr (1886). 

Eciton hamata Smith (1858-1859), non Fabr. (1793). 

£'f¿íon rajDf/a; Smith (1859). 

Eciton rapax Mayr (1865). 

Eciton mexicana Nort. (1868). 

Eciton brunnea Nort. (1868). 

Eciton Foreli Mayr ¡1886). 

(México, Panamá, Neugranada^ Cayenne, Brasilien, Uru- 
guay). 

Esta especie, que tiene distribución geográfica muy vasta, la 
anoto sólo por la indicación de Mayr; pueda ser que la hubiera 
recogido en la República Oriental, sin distinguirla de otros con- 
géneres. Se han descrito solamente obreros y soldados. 

33. Eciton nitens Mayr (1868). 

(Buenos Aires). — Nueva Granada. — Repúblicas Argen- 
tina y Oriental del Uruguay. 

Es bastante común, encontrándose debajo de piedras, trozos de 
madera, piezas de latón, etc. Se han descrito los obreros. 

34. Eciton IStrobcli Mayr. 

Labidus Strobeli Mayr (1868). 

(San Luis, Mendoza, Bahía Blanca). — Repúblicas Argen- 
tina y Oriental del Uruguay. 

Este Eciton, establecido por el macho, es sumamente común 
casi durante todo el verano, y atraído por la luz artificial. Es muy 
grande y pesado, aparece algunas noches en gran número, llenan- 
do las mesas alrededor de las lámparas ó volando en torno de 
los faroles de la calle, etc. Vulgarmente no se le mira como hor- 
miga. Podría ser quizás el macho de la especie anterior, á pesar 
del gran tamaño y otras diferencias notables, pero que no deben 



berg: foumíciüos argentinos, chilenos y uruguayos 19 

extrañar en la familia de los Dorilidos, en que existe la heteroge- 
neidad más maiiiíicsla. 



35. Ecitoii suicntus Mayr. 

Labidus !<ulratus Mayr (1868). 

(Buenos Aires). — Repúblicas Argentina y Oriental del 
Uruguay. 

Se halla con mayor frecuencia en la República Oriental que en 
la Argentina, pero es muy rara, en comparaci(')n con la especie 
precedente. También vuela á la luz artificial. 

36. Eciton Spegazxinii Em (1888). 
(La Plata). 

Esta especie, fundada en obreros, fué descubierta por el Dr. 
Spegazzini en La Plata. Vo no la he observado, ni conozco sus pa- 
raderos especiales. 

Anotación. — Poseo el macho do una especie de Eciton, que 
recogí en Buenos Aires, y que según el Dr. Mayr es muy 
parecido al Labidus Erichsoni Westw., teniendo también 
una parte engrosada de la rama interna de la costa cubi- 
tal. Para no aumentar el número de especies fundadas en 
los machos, lo dejo sin denominación y descripci(5n. 

Varias especies del género Eciton representan las temidas hor- 
migas migratorias en el Brasil y la América central. Entre 
nosotros nunca han sido observadas en gran número. 



20 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Fam. PONERIDAE. 

Gen. Amblyopone Erighs. (1842), 
Stigmatomma Roe. (1859). 

31. Ainblyo|>one caiilensU. Mayr (1887). 
(Valdivia in Chili). 

Esta especie ha sido descrita sólo por un individuo obrerO;, reco- 
gido por las Stas. Kindermann en Valdivia. 

Gen. EcTATOMMA Smith (1858). 

Subg. Gnamptogenys (Rog.) Mayr (1863-1887). 
« Holcoponera Mayr (1887). 
« Acanthoponera Mayr (1887). 
« Stictoponera Mayr (1887). 
« Rhylidoponera Mayr (1887). 
'< ¿"cíaíom/jia Mayr (1887). 

38. fSetatoiiima (Ciiiampt.) triangulare Mayr (1887). 

(Uruguay). 

La henabra que sirvió para establecer la especie^ fué recogida 
por mí en el Departamento de Soriano. 

39. Ertatomma (Ect.) edentatuní RoG. (1863). 

(La Plata Staaten). — República Oriental del Uruguay. 

Fué observada en el mismo lugar que la anterior. Se encuentra 
solitaria en plantas bajas ó en el suelo. Se han descrito sólo los 
obreros. 



bep.g: formícidos argentimjs, chilenos y uruguayos 2Í 



40. Ectafoiniiirt (Ect.) quntli'Mleiis (Farr.)Mayr (1793-1887). 

Foriiiicti qnadridens Fabr. (1793). 
Ponera (¡uadridens Lep. (1836'. 
Eclatoiitnia bi-unnea Sm\t:u (1858). 
Ponera quadridens Roe. (1800). 
Eclalomma ÍEcl.) quadridens Mayr (1887). 

(Cajenna). — Brasil. — Uepública Argentina. 

El Prof. Strobei. recogió esta especie en la Provincia de San 
Luis, á fines (le Diciembre (le 1865. Desde entonces no parece ha- 
ber sido observada en la República Argentina. 



Gen. LoBOPELTA Mayr (1862). 
\[. robopelta ousAraliei E\I. (1888). 

(La Plata). 

Esta, la primera especie sudamericana de este género, fué des- 
cubierta par el Dr. Caulos Spegazzini en La Plata, 

Gen. DíNOPONERA Hog. (1861). 

•42. Diiioponera gi-aiidi.9 (GuÉR.) RoG. (1830-1861). 

Ponera grandis Guér. ¡1830). 
Ponera giijantea Perty '1831'. 
Dinoponera grandis Roa. (1861). 

(Brésil, Province des Mines). — Corrientes y Misiones. 

Esta hormiga, la más grande de los formícidos sudamericanos, 
la observábamos con frecuencia en el mes de Enero de 1877, en los 
terrenos arenosos de Ituzaingo, y en algunas parles de Misiones. 
Corre con rapidez y se defiende bravamente. Su picadura produce 
dolor agudo y prolongado, y fuerte hinchaz(jn. Guérin hadado la 
descripción del obrero. 



22 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Gen. Ponera Latr. (1804), 

43. Ponera opacieeps Ma\r (1887). 
(Sania Catharina). — La Piala. 

Mayr la obtuvo de Santa Catalina del Brasil, describiendo los 
obreros y la hembra. Emery señala obreros, que le había enviado 
el Dr. Spegazzini de La Plata. 

Gen. Pachygondyla Smith (1858). 

44. Pachycondyla striata Smith (1858). 
(Rio). — Corrientes y Misiones. 

La observábamos generalmente en los troncos de árboles ó en 
palos secos, sin encontrarlos nidos. Es relativamente rara, aunque 
de distribución vasta. 

Gen. Heteroponera Mayr (1887). 

45. Heteroponera carinifronü Mayr (1887). 
(Valdivia in Chili). 

Se han descrito sólo los obreros, procedentes de Valdivia. 



Fara. ODONTOMACHIDAE. 

Gen. Odontomaghus Latr. (1804). 

46. Odontoninclius clielifer (Latr.) Lep. (1802-1836). 

Fórmica chelifer Latr. (1802) 
Odontomaclms chelifer Lep. (1836). 

(Brésil.) — Misiones. 



berg: formícidos argentinos, chilenos y i.ruguayos 23 

Fué cncontradií en un par de individuos en Misiones. Esla hor- 
miga, dándose empuje por nriedio de sus mandíbulas largas, hace 
saltos liastaun metro de distancia. 



Fam. FORMICIDAE. 

Gen. Myrmelacüista Rog. (1863). 
Decamrra Roo. (1S63). 

47. inynnelarBiimtn «fnlücola Mayr (1887). 
(Uruguay). 

Se halla en las agallas del cinípido Eschatocerus Acaciae Mayr. 
que coleccioné en los departamentos de Soriano y de Mercedes, en 
algunos espinillos ó aromas (.lc«f/rt Caverna Hook. et Arn., Acacia 
Arowa Gu.L., etc.) y en el ñandubay (Prosopis Algarobillo Grb.). 
Han sido descritos solamente los obreros. 

48. Iflyrinelacliista Iflayri FoR. (1887). 

Decamera Bergi Mayr in litt. ;1879;. 
Myrm. {Decamera) Mayri For. (1887¡. 
Myrm. Mayri var. montícola Mayr ¡1887). 

(Chili.)— Valdivia. 

La observé debajo de piedras y trozos de madera, en la Estancia 
de San Juan. Forel describió la hembra por un ejemplar conservado 
en el Museo de Berlín v Mayr los obreros de la variedad montícola, 
coleccionados por mí. 

Gen. Dorymyrmex Mayr'(1868). 

49. líorymyrinex flavespeiim (Fabr.) Mayr (1793-1868). 

Fórmica flavescens V\^r{. (1793). 
Camponotus flavescens Mayr (1863). 
Dorymyrmex (lavescens Mayr (1868). 

(Cajenna.). — Brasil. — República Argentina. 



24 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ha sido observado en Carmen de Patagones y en Mendoza. Los 
individuos sexuales son atraídos por la luz artificial ; los obreros 
se encuentran debajo de piedras. 

50. Doryniyrmex i»SRiii«lens Mayr (1868). 
(San Luis, Mendoza). — Repúblicas Argentina y Chile). 

El Dr. Strobel descubrió esta especie en San Luis y en Mendoza 
por los años 1863 y 1866. Yo la observé en Mendoza y cerca de 
Santa Rosa de Chile. Se encontrará probablemente en toda la Cor- 
dillera de los Andes. Se han descrito sólo los obreros. 

51. Doryníyi'Miex tiys^aiiiicus (RoG.) Mayr (1863-1870). 

Prenolepis pyi'amica Roe. (1863). 
Fórmica insana Buckl. (1866). 
Dorymyrmex pyramicus Mayr (1870). 
Dorymyrmex insanus Mac Cook (1879). 
Dorymyrmex Í7isanus var. flavus Mac Cook (1879). 

(Brasilien, Bahía, Corrientes). — América septentrional, 
México, Chile, Argentina y Uruguay. 

Por lo que se ve, esta especie tiene distribución geográfica muy 
vasta. En la República Argentina ha sido observada en Corrientes, 
en la Plata y en Buenos Aires, y en la Oriental la encontré en la Es- 
tancia Germania, Departamento de Soriano, y en Chile, cerca de 
Santa Rosa de los Andes. De esta República no había sido mencio- 
nada hasta ahora. Se ha descrito obreros, 

52. Doryíiiyrniex tener Mayr (1868). 
(Uspallata).— Punta del Inca. 

Ha sido observada hasta ahora sólo en obreros y en las dos loca- 
lidades indicadas. En la Sierra de Uspallata la encontró Strobel en 
el mes de Enero de 1866, y en Punta del Inca yo, el 1° de Enero 
de 1879. Seguramente no faltará en la parte chilena de la Cordi- 
llera de los Andes. Se halla entre raíces de arbustos y debajo de 
piedras. 



berg: formícidos argentinos, chilknos y uruguayos 25 

Gen. Iridomyrmex Mayr (i 802). 

53. Iritloniyrmex Ittimilis iMayr (I8G8-1870). 

Ilypoclinca hitniilis Mayr (1868). 
Iridoniyrinex liuiiiilis Mayr ']870). 

(Buenos Aires'. — Repúl lions Argentino y Oriental del Uru- 
guay. 

La he observado sólo en obreros solitarios, en el suelo ó en vege- 
tales, en los alrededores de Buenos Aires y de Montevideo. Más 
frecuente es en las iiunediariones de los arroyos del departannento 
oriental de Mercedes. 

Gen, Prenolepis Mayr (1801). 
5i. Prenolepis iulv» Mayr (1802-1865). 

(Rio Janeiro). — Cliile, AVashinglon. — Repúblicas Argen- 
tina y Oriental del Uruguay. 

Es muy común y se junta con facilidad por medio de carne ú 
otras materias azoadas puestas en el suelo. Abunda sobre todo en 
las orillas de los arroyos y ríos, y cerca de las despensas y cocinas 
de las habitaciones campestres. 

El Dr. Mayr indica (1870) la existencia de una especie de Preno- 
lepis en el Tauro, que no se distingue de la Prenolepis fidva. 

El macho aún no ha sido descrito. 

55. Prenoleiiís graeilipes (^Smith) Mayr (1858-1862). 

Furiiiica gracilipes Smith (1858). 
Prcni)lepÍ!< (jracilipes .Mayr 18t3'2). 

(Singapore). — China.. Ara, Gelebes, Chile. 

Esta especie asiática, la obtuvo el Dr. Mayr de Chile, probable- 
mente de Valparaiso, por la expediciíjn austriaca de la fragata 
Novara. 



26 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



56. Prenoleiiis lougieornis (Latr.) Rog. (1802-1863). 

Fórmica longicornis Latr. (1802). 
Fórmica gracilescens^YL . (1856). 
Tapiino7ia gracilescens Symn (1858). 
Prenolepis gracilescens Máyr (1863j. 
Prenolepis longicornis Rog. (1863;. 

(Sénégal).— Madeira, Europa, Amér. sept., Chile. 

Esta hormiga ahora cosmopolita, ha sido observada últimamente 
en América, en los Estados Unidos (Departamento de Columbia) y 
en Chile. De ella se han descrito todos los estados. 



Gen. BrachymyrmexMayr (t868j. 

57. llracltyiKiyi'nie^K pntagouicus Mayr (1868). 
(Rio Negro). — La Plata. 

El Sr. Strobel encontró un nido de esta especie cerca de Carmen 
de Patagones, en el mes de Febrnro de 1867 ; el Sr. Spegazzini la 
coleccionó en La Plata. 

Se han descrito los obreros y el macho. 

Gen. Lasius Fabr. (1804). 

58. Siasiiis dielirous RúG. (Í863J. 
(Chili). 

No he observado esta especie, y la cito perlas indicaciones de 
Roger y de Forel. El primero describió el obrero, el segundo (1886) 
la hembra. 

59. liRsiiis nigriventris (SpiN.) Mayr (1851-1879). 

Fórmica nigriventris Spin. (1851). 
Fórmica atriventis Smith (1858). 
Lasius nigriventris Mayr in litt. (1879). 

(Chile). — Valdivia y Patagonia. 



berg: formícidos argentinos, chilenos y uruguayos 27 

He encontrado esla especie debajo de piedras y tablas, cerca de 
Carmen de Patagones y en la Estancia San Juan, en Valdivia. 
Se han descrito todos los estados. 

60. liasiiis iiieiniis í\oG. (1863). 
(Chili). 

Después de la descripción de esta especie no parece haber sido 
mencionada. Tampoco yo la he observado durante mi permanencia 
en Chile. Roger describió un obrero. 

Gen. Camponotus Mayr (1861). 

61. C'ampoMottis «Irieeps (Smith) RoG. (1858-1862). 

Fórmica abdoniinalisF Ahn. [ISQ-í; üou Latr. (1802). 

Fórmica a íriccps Smith 1858). 

Fórmica esuriens Smith Í1858). 

Camponotus vulpiíuts Mayr (1862). 

Camponotus atriceps Roe. (1862). 

Camponotus taeniatus Roe. (1863). 

Camp. atriceps var. floi'idanus Bvckl. (1866). 

Camponotus fulvaceus Nort. (1868] . 

Camponotus Yankec Fon. (1879]. 

Camp. atriceps ■áí. ustulatus ¥oh. '1884\ 

Camp. ati'iceps st. stercorarius For. ;1884). 

Camp. atriceps st. Yankee Por. (1884). 

(Amer. merid.). — América septentrional, central y meri- 
dional. — Corrientes, Misiones y Chaco. 

Abunda en troncos viejos ó debajo de trozos de madera ú otros 
objetos. 

62. Caniiionotiis boiinrieiinis Mayr (1868). 

(Buenos Aires}. — Repúblicas Argentina y Oriental del Uru- 
guay. 

Esta especie la he observado desde Córdoba hasta Tandil, y 
también en muchas partes de h vecina República Orie-ntal. Se en- 



28 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cuentra debajo de diversos objetos, en troncos viejos de árboles, en 
leña carcomida^ etc. 

Existe sólo una descripción de los obreros. 



63. C'aMnionotMS«*l»iIeiisis (Spin.) Mayii (185M863). 

Fórmica chilensis Spi'ñ. '1851;. 
Camponotus chilensis Mayii (1863). 

(Chile). — Cordillera de los indes. 

Observé esta hormiga en las partes oriental y occidental déla Cor- 
dillera de los Andes, en el paso de Uspallata, de manera que puede 
considerarse como perteneciente á las faunas chilena y argentina. 

Se ha descrito el obrero y la hembra. 



64. Camponotus erassiis Mayr(1862). 
(Rio Janeiro).— Corrientes. 

De esta especie no he recogido sino pocos ejemplares en los alre- 
dedores de Corrientes. 

Se ha descrito sólo el obrero. 

65. CaiupoBiotus ilistingueiidus (Spin.) Mayr (1851-1863). 

Fórmica distinguenda Spin. (1851). 

Fórmica morosa Sjuth (1858). 

Camponotus distinguendus Mavr (1863 y 1886). 

Camponotus morosíis Mayr (1863). 

Camp. ruhripes Dru. st. morosus FoR. (1886). 

(Chile). — Cordillera de los Andes y Córdoba. 

Este Camponotus lo he observado en ambos lados de la Cordillera 
de los Andes, y también en la Sierra de Córdoba. Se encuentra en 
sociedad debajo de piedras ó solitaria en vegetales. Se han descrito 
todos los estados. 



BERG: lüUMÍClDOS AUGENTINOS, CIIILEXOS Y URUGUAYOS 29 

60. Caiii|ioiio(iit<í fia«(cintii8 Mayr (1870). 
(Neugranada). — Corrientes. 

Esta especio la recogí sólo en pocos ejemplares, que encontré so- 
litarios en troncos de árboles y en j)lantas bajas. 
Se han descrito sólo los obreros. 

67, Canillónos «KH liemilaiietas (LiN.) Mayr (i7ül-18Gl). 

Fórmica herculanea Lm. (17G1). 

Fórmica rufa Lin. (1761). 
. Fórmica gi(jas Leacii (1826). 

Fórmica intermedia Zett. (18-10). 

Fórmica atra Zett. (1810). 

Camponoius herculaneusMwK {\9i^\). 
Var. Fórmica peimsylvanica De Geek (1778) . 

Fórmica ferruyinca Fabu. (1798). 

Fórmica semipunctata Kiiiby (1837). 

Fórmica novaeboracensis ¥iCH (1855) 

Fórmica cariae FiCH (1855 . 

Campo7\otus pennsylvanicus Mayr (1861). 

Camp. herculaneus st. pennsylvanicus Por. (1879). 

Camp. Iierculaneus var. pennsylvanicus Mavr (1886). 
Var. Fórmica liyniperda Latr. (1802). 

Fórmica rufa Wood (1821". 

Camponoius li(jniperdus Mayr (1861). 

Camp. herculaneus st. ligniperdus Por. (1874). 

Camp. herculaneus var. ligniperdus Mayr (1886). 
Var. Camp. ligniperdus var. piclus Por. (1879). 

Camp. Jterculaneus var. pirlus Mayr (1886). 

(Eur. y Amér. sept.). — Asia septentrional, América sep- 
tentrional y meridional. — Misiones y Salta. 

Se baila en el Territorio de Misiones y en Salla, siendo, al pare- 
cer, no muy común. En el primero fué observada cerca del Río 
riray ; de la Provincia de Salta me la trajo el Ingeniero Schneidewind. 

Se conocen lodos los estados. 



30 ANALES D3 LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

67. Cainponottis mus RoG. (1863). 
Camp. senex Smith (1858) st. mus For. (1887). 

(La Plata Slaolen. Monleviileo). — Brasil. — Repúblicas 
Argentina y Oriental del Uruguay. 

Tiene distribución geográfica muy vasta en la República Argen- 
tina, encontrándose desde Jujuy hasta el Río Negro en Patagonia, 
y también en las Provincias de Cuyo. No falta en el Brasil meridio- 
nal y casi en ninguna parte de la vecina República Oriental. 

Se han descrito obreros y la hembra. 

68. €ampono<us ovaticeps (Spin.) Ma\r (1851-1863). 

Fórmica ovaticeps Spin, (1851). 
Camponotus ovaticeps Mayr (1863). 

(Chile). — Repúblicas Argentina, de Chile y Oriental del 
Uruguay. 

Esta especie ha sido observada por mí en Valdivia, Talcahuano, 
Uspallatay el departamento oriental de Mercedes. Se halla debajo 
de piedras ó vagabundeando en vegetales. 

Sólo existe la descripción del obrero. 

69. CaiMi»onotus peliitus Mayr (1862). 

.''Fórmica na«a Smith (1858;, nec Latr. (1802) nec Jerd. (1854). 
Camponotus pellitus Mayr (1862).- 

(Brasilien). — Corrientes y Chaco. 

De esta hormiga, de que han sido descritos solamente los obre- 
ros, encontramos algunos ejemplares debajo de trozos de leña, en 
el Chaco, en frente de Corrientes, y en las inmediaciones de ésta. 



derg: FuriMÍciDOS argentinos, chilenos y uruguayos 31 

70. Oaiiipoiiotus iiunctuIntuN Mayr (1868). 

Canip. punclulaLus st. minutior Foa. (1887 . 

(Rio Cuarto, San Luis, Mendoza, Bahía Blanca, Cárnicn 
(le I'alagones). — Re])úlilicas Argentina y Oriental del 
Uruguay. 

Abunda en todas parles, encontrándose las colonias debajo de 
piedras, trozos de madera ú otros objetos, en troncos de árboles 
carcomidos, etc., y los individuos solitarios en el suelo y varias 
clases de vegetales herbáceos, pero principalmente en el mío-mío 
(Baccharis coridifolia DC.) La observé también en luia colmena 
abandonada de abejas. Mayr describió los obreros y la hembra. 

71. enni|ionolu8 riifleeps (Fabr.) Rog. (1804-1862). 

Fórmica ruficeps Fabr. (1804;. 
Fórmica decora Smith ;1858j. 
Fórmica bimaculala Smith (1858;. 
Fórmica albofascidtaSmrH (18Ü2J. 
Camponolus ruficeps Rog. (186¿). 
Camponotus decorus Rog. (1863). 

(Amer. merid.). — Brasilia^ Nueva Granada, Paraguay. — 
Misiones y Corrientes. 

Este Camponotus lo recogimos en pocos ejemplares, en Corrien- 
tes y Sania Ana, así como cerca de Ilapüa del Paraguay. 

72. Cani|>onotu«^ riifiiies (Fabr.) Mayr (1793-1862). 

Fórmica rufipe<í Fabr. [1793,. 
Fórmica Herrichi Mayr i 1853). 
Camponotuíí riif^peíi Mayr (1865). 

(Brasilia). - Chaco, Corrientes y Misiones. 

Fué recogida en las mismas regiones que la especie precedente 
y el Camponotus pellitus Mayr, encontrándose debajo de trozos de 



32 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGEKTINA 

madera ó en troncos carcomidos de árboles. Es más abundante 
que el Camponotus rufíceps (Fabr.) Rog. 

73. Camponotus serieeiventris (Guér.) Mayr (1830-1862). 

Fo7'mica sericeiventris GvÉR. (1830). 
Fórmica cuneata Perty (1834). 
Camponotus sericeiventris Mayr (1862). 

(Rio Janeiro). — México, Brasilia. — Chaco, Corrientes 
j Misiones. 

Fué observada en los mismos lugares recién mencionados, pero 
siempre solitaria y vagabunda on troncos de árboles, palos y 
vegetales secos. Guérin dio la descripción de un individuo neutro. 

74. Camponotus ^pinolae Rog. (1863). 
(Chili). 

No conozco esta especie, y la menciono por la indicación de 
RoGER, quien describió el obrero grande, conservado en el Museo 
de París. 

75. Camponotus tenuiscapus RoG. (1863). 

(La Plata Staaten. Montevideo).. — Brasil meridional. — 
Buenos Aires y Corrientes. 

Esta hormiga la he recogido sólo en un par de individuos. 
RoGER ha descrito el obrero. 



ÍNDIGK DE LOS GÉXEÜOS V ESPECIES. 



obdomiualis {Ada) 16 

abdominaíis {Camponolus) . . 27 

aberraiis 12 

Acaiillioponera 20 

Acrocoelia 7 

Acroniyrmex 15 

albofasciata 31 

Amblyopone 20 

Ancylognalhus 1" 

aiiguslus 10 

anligiií'iisis O 

atra 29 

alralus li 

alriceps 27 

airivenlris 26 

Atla 15 

auslralis 21 

Brrgi (Dccamera) 23 

Bergi (Pheidole) 12 

bidenlatum 9 

bimaculata 31 

bispinosus 10 

bonariensis 27 

Bracbymyrmex 26 

brunnea {Eciton) 18 

brunnea {Eclatomma) 21 

Camponolus 27 

Camptognalha 17 

carbonarius 11 

cariae 29 

cariniírons 22 

a;*al. soc. ciknt. arg. t. xxix 



Calaulacus 15 

causticus 14 

cephaloles (Alia) 17 

ccphalotcs {Solenupsis) 8 

chelifer 22 

chilensis (Amblyopone) 20 

chilensis (Camponolus) 28 

chilensis (Pheidolé) 12 

cisplalinalis 8 

clypeata (Solenopsis) 8 

clypealus (Cryptocerus) 14 

coarclalus 10 

coloradensis 8 

contigua 9 

convergens 15 

coptophylUí 16 

cordiceps 13 

corónala 15 

crassus 28 

Cremalogasler 7 

Cryploceras 14 

cunéala 32 

cunicularins H 

Decamera 23 

decora 31 

donliculalum 9 

dichrous 26 

Dinoponera 21 

Diplorlioptrnm 8 

dislingueadus 28 

domeslica 9 

Dorymyrmex 23 



34 



ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Drewseni. 
dubilatus. 



Eciton 

Ectatomma 
edentalum . 
Erichsoni. . 
esuriens. . . . 



fascialus .. . 
ferruginea. 
flavescens. . 
floíidanus . 

Foreli 

fragilis. . . . 

fiigax 

fulva 

fulvaceus . . 



gallicola. 



Gayi 

geminata 

g^gas 

gigantea 

glaber 

Gnamptogenys 
gracilescens . . . 

gracilipes 

grandis 



hamatci 

herculaneus.. 

Herrichi 

Heteroponera 
Holcoponera.. 

humilis 

Hypodinea. . . 
hystrix 



8 
44 

47 

20 
20 
49 

27 

29 
29 
23 

27 

48 

9 

10 

25 

27 

23 
8 
8 

29 

24 
8 

20 

26 

25 

21 

48 
29 
31 

22 
20 
25 
25 
45 



insana 24 

intermedia 29 

Iridomynnex 25 



Labidus . 



47 



laboriosiis 8 

laevigata 46 

Lasius 26 

levigata 46 

Leptalea^ 7 

ligniperda 29 

Lobopelta 24 

longicornis 26 

Lundii 46 

lyncea 7 

mandibularis 8 

marginaíus 44 

Mavri 23 

mexicana 48 

Yiiinulior 31 

molesta 9 

Monomorium 9 

monlicola 23 

morosus 28 

mus 30 

mutica 7 

Myrmelachisla 23 

Myrmex , 7 

nana 30 

nigriventris 26 

uitens 48 

nitidula 13 

novaeboracensis. 29 

Nycteresia 47 

obtusopilosa 43 

Odoiilomachus 22 

Oecodoma 45 

Oecophthora 42 

opaciceps 22 

ovaliceps 30 

Pachycondyla 22 

paléala 8 

parva 9 

patagonicus.. 26 

pellitus 30 



berg: formícidos 

pennsylvanicus 

Pharaonis 

Pheidole 

piciiius 

píctus 

planidens 

Pügoiioinyrmex 

polila 

Ponera 

Prenolepis 

Pseudomyrina 

punctulalus . 

pyramicus 

quadralus 

quadridens (Cryplocerus) — 

quadridens (Eclaloinma) 

quadriformis. 

rapaj' 

rastralus 

Rhylidoponera 

rubripes 

rufa 

ruficeps 

rufipes 

saevissimn 

semípumiata 

senex 

sericeiventris 



ARGENTINOS, CHILENOS Y URUGUAYOS 
29 

9 
12 

27 
29 



35 



24 

iO 

8 

22 

25 

7 
31 
24 

15 
14 
21 

7 

18 
11 
20 
28 
29 
31 
31 

8 
29 
3U 
32 



sexdens íq 

sexdenlala i o 

Soienopsis 9 

Spegazzinii 19 

spiíiinodis 13 



Spiíiülae 32 

SU'inht'ili 8 

s(ercorarius 27 

Stictopoiiera 20 

Siigmalomma 20 

striala (Alta) 17 

slriala (Pachycondyla; 22 

slrialus (Cataulacus) 15 

Slrobeli 18 

sulcaius 19 

tiieniatus 27 

tener 24 

loiiuiscíipus 32 

Tctraponera 7 

20 

13 

12 

27 

8 

8 



Iriaiígulare . 
tiiconslricla. 



uruguayensis. 
lis tula I US.. . . 



vicliina 

virulens 

vulpinus 27 

.vyloiii 8 

Yankee 27 



LISTA BIBLIOGRÁFICA. 



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143. Wien, 1852. 

— Beitrage zur Renntniss der Amiesen. — Verhandlungen 
der k. k. zoologiscli-bolanischen Gesellschaft in Wien. iii. 
Bd., S. lül. Wien, 1853. 

— Beschreibung einiger neuen Ameisen. — Verhandlungen 
der k.k. zoologisch-botanischen Gesellschaft in Wien. iii. 
Bd., S. 277. AVien, 1853. 

— Formicina austríaca. Beschreibung der bisher ¡m oes- 
terreichischen Kaiserslaale aufgefundenen Ameisen nebst 
Hinzufügung jener in Deulschland, in iler Schweizund in 
Italien vorkommenden Arlen. — Verhandlungen derk. k. 
zoologisch-botanischen Gesellschaft in Wien. v. Bd., S. 273. 
Wien, 1855. 

— Die europáischen Formiciden nach der analylischen Me- 
ihode bearbeilet. Wien, 18GI. 

— Mjrmecologische Sludien. — Verhandlungen der k. k. 
zoologisch-botanischen Gesellschaft in Wien. xii. Bd., S. 
649. Wien, 1862. 

— Formicidarum Index svnonvmicus. — Verhandlungen 
der k. k. zoologisch-botanischen Gesellschaft in Wien. 
XIII. Bd., S. 385. Wien, 1863. 

— Formicidae dcr Reise der Oesterreichischen Fregatte 
Novara um die Erde in den Jahren 1857, 1858, 1859. 
ZoologischerTheil.il. Bd. 1. Wien, 1865. 

— Diagnosen neuer und wenig gekannler Formiciden. — 



40 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Verhandlungen der k. k. zoologiscli-botanischen Gesell- 
schaft in Wien. xvi. Bd., S. 885. Wien, 1866. 

Mayr, Formicidae novae aniericanae collectae a Prof. P. de Strobel. 
Annuario della Societá dei Naturalisti. Tom. iii, p. 161. 
Modena, 1868. 

— Formicidae novogranadenses. — SilzungsberictUe der 
k. Academie der Wissenschaften. Bd. lxi, 4. S. 370, Wien. 
1870. 

— NeueFormiciden.— Verhandlungen derk. k. zoologisch- 
botanischen Gesellschaít in Wien. xx. Bd., S. 939. Wien, 
1870(1871). 

— Formiciden gesammellin Brasilien von Professor Trail. 
Verhandlungen der k. k. zoülogisch-botaniscben Gesell- 
schaít in Wien. xxvn. Bd., S. 867. Wien, 1878. 

— Ueber Eciton-Labidus. — Wiener Entomologische Zei- 
lung. Jahrg. v, S. 33. Wien, 1886. 

— Notizen iiber die Formiciden-Saminlung des Brilish 
Museum in London. — Verhandlungen derk. k. zoologisch- 
bolanischen Gesellschaft in Wien. xxxvi. Bd., S. 353. 
Wien, 1886. 

— Die Formiciden der Vereinigten Staaten von Nordame- 
rica. — Verhandlungen der k. k. zoologisch-botanischen 
Gesellschaft in Wien. xxxvi, Bd., S. 419. Wien, 1886 
(1887). 

— Südamericanische Formiciden. — Verhandlungen derk. 
k. zoologisch-botanischen Gesellschaft in Wien. xxxvii. 
Bd., S. 511. Wien, 1887. 



Meinert, Joh. Fr., Bidrag til de danske Myrers Naturhistorie. — 
K. Danske Videnskabernes Selskabs Skrifler. 5. Raekke. 
V. Bd., S. 275. Kjobenhavn, 1860. 

Norton, Ed., Notes on the Mexican species of Anís sent bj F. Su- 
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— Descriplion of Mexican Ants noticed in « American Na- 
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Vol. IV, p. 1. Salem, 1868, and Transactions of the Ame- 
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1868. 

Nylander, William, Fórmica gracilens, espece nouvelle. — Anna- 



BL'RG : FORMÍCIDOS ARGENTINOS, CHIL^NOS Y URUGUAYOS 41 

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RoGER, JuLius, Beilnige ziir Koiintm'ss der Ameisonfauíia der 
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— Die Ponera-arligen Ameisen. — Berlinor Entomoiogi- 
sclie Zeitsclirifl. Jahrg, iv iind v, S. 278 u. 1. Berlin, 1860 
und 1861 . 

— Einige neue e.xoli.scho Arneisen-Gallungon und Arlen. 
Boriiiier Entomologisclie Zeilschrifl. Jahrg. vi, S. 233. 
Berlin, 1862. 

— Synonymische Bemerkungen. — Berliner Entomologi- 
sche Zeilschrifl. Jahrg. vi, S. 283. Berlin, 1862. 

— Die non aufgeführlen Gallungen und Arlen meines 
Formiciden-Verzeichnisses ncbsl Ergánzung einiger frü- 
her gegebonen Beschreil:ungen. — Berliner Enlomolo- 
gische Zeilschrifl. Jahrg. vii, S. 131. Berlin, 1863. 

— Yerzeichniss der Formiciden-Gallungon und Arlen. Ber- 
lin, 1863. 

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42 ANALES DE LA SOCIEDAD CIE^ÍTÍFICA ARGENTLNA 

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2. Ser. Vol. ix, p. 44. London, 1852. 

— Monograph of ihe genus Cryptocerus belonging to the 
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of ihe Entoraological Society of London. N. S. Vol. ii, p. 
213. London, 1853. 

— Essay on the Genera and Species of British Forniici- 
dae. — Transactions of the Eotomological Society of Lon- 
don. N. S. Vol. III, p. 95. London, 1 854-1 8ot). 

— Catalogue of Hymenopterous Insects in the CoUection 
of the British Museum. Part vi. Formicidae. London, 
1858. 

— Catalogue of Hymenopterous Insects collected by Wal- 
lace al the Islands of Aru and Key. — Journal of the Pro- 
ceedings of the Linnean Society. Vol. iii, p. 132. London, 
1859. 

— Descriptions of new Species of Hymenopterous Insects 
collected by Wallace at Célebes. — Journal of the Pro- 
ceedings of the Linnean Society. Supplement to Vol. iv, 
p. 57. London, 1860. 

— Catalogue of Hymenopterous Insects collected by Wallace 
in the Islands of Balchian, Kaisaa, Araboyna, Gilolo and 
at Dory in New Guinea. — Journal of the Proceedings of 
the Linnean Societvy. Supplement to Vol. iv, p. 93 and 
Vol. V, p 57. Lond.\n, 1860-1861. 

— Descriptions of new Species of Aculeate Hymenoptera, 
collected at Panamá by Strelch, etc.— Transactions of the 
Entomological Society of London. 3. Ser. Vol. i, p. 29. 
London, 1862. 

Spinola, Max., Formicitas de Chile. — Historia física y política de 
Chile, por Claudio Gay, Zoología. Tomo vi, p. 232. París, 
1 85 i . 

— Compte rendu des Hyménoptéres inédits provenants du 
voyage entomoiogique de M. Ghiiiani dans le Para en 
1846. — Memorie della Reale Accademia delle Scienze di 
Torino. 2. Ser. Tom. xiii, p. 19. Torino, 1853. 



berg: formícidos argentinos, chilenos y uruguayos 43 

SuMicnRAST, F., Notes 011 tlie liabits of cerlain spccies of Mexican 
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Sociely. JX" I. Un llie liabils of ihe Mexican spccies oí" iho 
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Westwood, J. o., Characters of nevv Genera and Specics of Hyme- 
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of Lon(!()n. Parí iii, p. 51 and G8. London, 1835. 
— Observalions on the Genus Ty|)!i!opone with descriptions 
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WooD, WiLLiAM, Illustralions of the Linnean Genera of Insects. 
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Zetterstedt, J. W., Insecta Lapponica descripta. Lipsiae, 1840. 



Buenos Aires, Enero de 1890. 



DOCTOR DOMINGO PARODI 



Víctima de la enfermedad que desde 1884 interesó vivamente su 
salud, el doctor Domingo Parodi acaba de fallecer en Paris el 1° de 
Enero. 

Hé aquí los momentos más notables de su vida : 

Nació en Genova en 1823. 

En Montevideo, en 1833, empezó su carrera como aprendiz de 
farmacia. 

Allí adquirió el título de farmacéutico, en 1843. 
Como farmacéutico y médico, de '1855 á 1867, sirvió al Paraguay y 
a su Presidente el Mariscal López. 

Concluida la guerra del Paraguay, y sin los recursos que su la- 
boriosidad le habían proporcionado, el señor Parodi regresó á 
Montevideo en 1869, en donde recomenzó sus trabajos como far- 
macéutico. 

En Buenos Aires, en 1875, revalidó su título de farmacéu- 
tico. 

En 1877 entró como gerente del negocio de drogas y farmacia de 
la notable casa délos señores Demarcbi hermanos, en Montevi- 
deo. 

En 1879 formó parte de la razón social Demarcbi, Parodi y C% 
en Buenos Aires. 

En 1881 obtuvo el grado de doctor en Farmacia. 

En 1884, nombrado catedrático de Química Farmacéutica en la 
Facullad de Ciencias Médicas en Buenos Aires, tuvo que suspender 
sus lecciones, pues su salud se resintió notablemente. 

En Montevideo desempeñó el cargo de miembro del Consejo de 
Higiene y examinador de medicina y farmacia. 

En Buenos Aires fué nombrado Presidente del Hospital Italiano, 
miembro del Consejo municipal, Presidente de la Cámara de Co- 



DOCTüU DOMINGO PARODI 45 

rnercio, Vice-Presidenle de las Obras del Riachuelo, Presidente de 
lá Cámara de Comercio Italiana, ete. 

Sus trabajos más notables son: 

La Flora del Paraguay (incompleta). — Notas sobre las plantas 
usuales del Paraguay. —Estudios sobre el Vinal, Yerba-mate y Al- 
garrobilla. — Gramática guaraní. — Las revistas médica y farma- 
céutica de Buenos Aires, contienen artículos notables. — La redac- 
ción del Journal d'acclimatatíon de París, le discernió la primer 
medalla de oro. — Evist(^ inédito su trabajo sobre la historia del 
Paraguay. 

Nuestro distinguido consocio, el doctorDomingo Parodi, ha dejado 
obra que no morirá. Los hechos de su vida nos muestran al hom- 
bre abnegado y que no cesa en su preparación para luchar con ven- 
taja contra los inconvenientes del medio en que se desenvuelve. Su 
inteligencia anhelante de las supremas aspiraciones como las que 
sienten un espíritu fuerte, le impulsó constantemente al estudio de 
las ciencias naturales, y si por ellas alcanzó la alta consideración y 
estima de los que lo conocieron, por la energía de su carácter y 
laboriosidad pudo vencer las primeras dificultades de la vida ; 
insuperables, para los que no tienen conciencia de su alcance 
intelectual. 

Su espíritu recto y sereno, su conocimiento y penetración en el 
orden de negociaciones que emprendió ó que estuvieron sometidos 
á su dirección, le hicieron inestimable para los que le solicitaban 
por la seguridad de sus procedimientos. 

Con estas cualidades el doctor Parodi alcanzó la brillante posi- 
ción que nadie ha podido contrastar hasta su último momento. 
1 Tan cierto es que la honorabilidad y el saber se sobreponen á to- 
das las acciones humanas ! 



MOVIMIENTO SOCIAL 



Habiendo donado una persona la suma anual de 50 $ destinada 
á premiare! mejor trabajo que se presente cada año en un concur- 
so que se celebrará entre los estudiantes de la facultad de ingiene- 
ría^ y existiendo dos cuotas ya entregadas, la Junta Directiva ha 
resuelto que la sociedad contribuya con igual cantidad, á fin de 
adquirir un premio para el concurso á que se invita á los alumnos 
de la facultad expresada. 

Dicho concurso se sujetará á las siguientes bases : 

r Tema libre ; 

2° Los trabajos se entregarán sin firma, debiendo adjuntarse en 
sobre cerrado que contenga el nombre y domicilio del autor, y ro- 
tulado con el lema del trabajo; 

3° Los trabajos deberán ser entregados en la secretaría de la so- 
ciedad antes del 15 de Junio de 1890 ; 

4° El premio será adjudicado por un jurado que en oportunidad 
designará la Junta Directiva, y entregado en la sesión pública que 
celebrará la sociedad el 28 de Julio, 18" aniversario de su instala- 
ción ; 

5° Los trabajos que no fuesen premiados serán devueltos con los 
sobres respectivos á los interesados. 



La Junta Directiva ha resuelto cumplir una resolución adoptada 
anteriormente, disponiendo que se coloque una placa en el sepul- 
cro del ex-presidente de la sociedad D. Pedro Pico. Se ha resuelto 



M)V1MIENT0 SOCIAL 47 

practicarlo el 15 de Junio del corriente año, 4" aniversario de su 
fallecimiento. 



Habiéndose presentado el Sr. J. Monlagner, manifestando que 
ha inventado un wagón para pasar auloináticamenle de la trocha 
ancha á la angosta y vice-versa, y que desea que la sociedad dé su 
opinión al respecto, la Junta Directiva ha nombrado en comisión 
á los ingenieros Luis A. Viglioiie, Otto Krause y Emilio Candiani 
para que practiquen la inspección y eleven el informe respectivo. 



La sociedad ha celebrado con el Sr. Finochietto un contrato por 
dos años, por el cual este se obliga á encuadernar 50 volúmenes 
por mes como mínimun á razón de 1,20 $ el tomo, debiendo la so- 
ciedad entregarle mensualmente 50$ m/n, y liquidar el saldo por 
semestres. 



Han sido admitidos como socios activos los señores, ingenieros 
Teodoro Alvarez y Horacio Pereyra. 



El ingeniero Gregorio Noceli ha donado dos acciones de las emi- 
tidas para la adquisición de un terreno. 



El señor Leopoldo Gómez de Teran ha donado á la biblioteca de 
la Sociedad la obra que acaba de publicar titulada Lecciones de Cál- 
culo infinitesimal. 



Ha sido admitido en calidad de socio activo el ingeniero Cons- 
tante Tzant. 



48 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La Jimia Directiva ha designado á los señores Eduardo Elgueni 
y Enrique de 3Iadrid para que dirijan la impresión del índice ge- 
neral de las materias aparecidas en los Anales hasta la fecha. 



El señor Carlos Buschiazzo ha donado cinco acciones de las emi- 
tidas para la adquisición de un terreno, y el señor Enrique Domin- 
guez dos. 



EL DOCTOR GUILLERMO RAWSON 



Acaba de perderla República Argentina uno de sus 
hijos más distinguidos; y como los duelos nacio- 
nales afectan casi siempre más la cabeza que el cora- 
zón, no recordaremos las virtudes del ilustre ciudada- 
no, del honrado patricio, del médico filántropo; mas, 
penetrando en lo íntimo de su figura, rocemos, al 
pasar, su maravilloso cerebro, y encontraremos allí 
la fuente de una elocuencia que no ha tenido rival 
en nuestra tierra, por las formas extraordinarias con 
que supo revestir sus creaciones. 

Toda manifestación de la inteligencia, toda pesqui- 
sa digna del entendimiento humano, todo fulgor que 
levantara la especie, fueron alimento y estímulo para 
este médico poeta, para este poeta clínico, para este 
parlamentario sin compromisos, estadígrafo cicero- 
niano, patriota sin segundas intenciones, pródigo de 
lo propio, inatacable en lo ajeno, intachable hasta en 
sus defectos. 

Los que vivimos y le hemos conocido, conservare- 
mos, mientras vivamos, el recuerdo de su elocuencia 
soberana, elocuencia que, para nosotros, no tiene tér- 
mino de comparación, porque nos ha llegado su calor 
vivificante, porque hemos sentido pasar por nuestros 
espíritus y por nuestros corazones, la cadencia, la 
transición y los matices del himno entonado por la si- 
bila santa que cuidaba el altar de su palabra ha- 
blada. 



50 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



No conocemos el gesto de Demóstenes, ni el eco de 
su voz; háse enfriado el rayo ardiente con que Cice- 
rón fulminaba á Catilina, y los violentos arrebatos de 
O'Connell y de Mirabeau, sólo nos interesan porque 
defendieron la causa de la libertad, la eterna causa de 
la libertad humana, que también nosotros hemos de- 
fendido, defendemos y defenderemos, con la misma 
pertinacia con que el Judío Errante perseguía el co- 
razón de los siglos. 

Nuestros hijos nos escucharán con asombro y par- 
ticiparán de una parte de nuestro entusiasmo por el 
Doctor Rawson. 

Seráquizápara nuestros nietos el prototipo de lapa- 
labra revestida de forma, música y color; pero si las 
generaciones sucesivas buscan la obra imperecedera 
de la palabra escrita, sólo encontrarán algunas pági- 
nas sueltas, serenas y frias, hojas secas de una rosa 
conservada sin perfume en los cartones de un herba- 
rio. 

El Doctor Rawson ha sido más grande que su glo- 
ria. 



EL PLATO CATIVO DE LA TIERRA DEL FLECO 



Las arenas auríferas de las costas argentinas, cuya explotación 
durante los últimos años se ha practicado con cierto éxito, nota- 
blemente por la «Sociedad Lavaderos del Sud» en el estableci- 
miento «El Páramo» situado cerca del Cabo de San Sebastian en 
la Tierra del Fuego, encierran en corta cantidad los metales del 
grupo del Platino. Durante la amalgamación de las arenas concen- 
tradas para la extracción del metal precioso, partículas de metal 
blanco y pesado se recogen, mezcladas con la arena negra y ferru- 
ginosa que acompaña los metales separados por el lavado. 

El señor Ingeniero del citado establecimiento, Don Julio Popper, 
me había obsequiado con una muestra del Platino nativo, de la 
Tierra del Fuego, cuyo peso, después de haber separado los gra- 
nos de hierro magnético por el imán y por varios tratamientos por 
el ácido clorhídrico en caliente, era unos 17 gramos. Los granos 
metálicos son generalmente de forma achatada y de un diámetro de 
0.1 milímetro á 0.3 milímetros, entre estos hay aun un poco de 
arena cuarzosa no atacable por el ácido. 

Deseando comparar el platino nativo de la República Argentina 
con el de otras procedencias, he practicado su análisis, valiéndome 
del procedimiento deM.M. Deville y H. Debray(Mitclieirs, Manualoj 
Practical Assayiny, edición del año 1888, pág. 795). La proporción 
de arena fué determinada fundiendo 2 gramos de la muestra con 
un peso conocido de plata pura, bórax y carbón, el botón metálico 
fué tratado por ácido lluorliídrico diluido y luego pesado. La 
diferencia entre su peso y el del metal empleado más la plata agre- 
gada represéntala cantidad de arena en los 2 gramos. 

Todas las demás operaciones fueron practicadas, siguiendo es- 
trictamente las instrucciones dadas por los autores del método em- 
pleado. El cuadro siguiente representa los resultados de mi ana- 



52 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lisis, seguidos por los datos correspondientes publicados por De- 
ville y Debray referentes al platino nativo de varias proceden- 
cias. 

(kyle) (deville y debray) 

Tierra del Fuego California Oregon España Australia Rusia 

Platino 79.150 79.85 51.45 45.70 59.80 77.50 

Iridio '.. 3.000 4.20 0.40 0.95 2.20 1.45 

Rhodio 0.400 0.65 0.65 2.65 1.50 2,80 

Paladio 0.800 1.95 0.15 0.85 1.50 0.85 

Oro 0.200 0.55 0.85 3.15 2.40 — 

Cobre 1.676 0.75 2.15 1.05 1.10 2.15 

Hierro 6.965 4.95 4.30 6.80 4.30 9.60 

Osm-Iridio 1.075 4.95 37.30 2.85 25.00 2.35 

Arena 5.750 2.10 3.00 35.95 1.20 1.00 

Osmio y pérdida 984 0.05 — 0.05 1.00 2.30 

100.000 100.00 100.35 100.00 100.00 100.00 ' 

Según estos datos, el platino argentino se parece mucho al de 
la California, siendo este sin embargo algo más rico en Iridio y en 
^lOsmiuro de dicho metal. 



Juan J. J. Kyle. 



-Casa de Moneda, Bueaos Aires, Febrero 1890. 



IPORUIE SOBRE EL W.\(iO\ CÉLICO DEL SR. IMAGMR 



Señor Presidente de la Sociedad Cienlífica Argentina, Dr.D. Carlos 
M. Morales. 

Habiendo inventado un nuevo sistema de wagones para pasar 
automáticamente de trocha anclia á la angosta y vice-versa, con- 
servando \a misma solidez de los wagones actuales, ruego ¿i Yd. se 
digne nombrar una comisión que tenga la bondad de venir á pre- 
senciar y ver funcionar el modelo que tengo en Constitución, calle 
Pavón, número 450. 

Con toda estima soy de Vd. atento y S. S. 

Buenos Aires^ Enero 6 de 1890. 

José Montagner. 

Cuyo 1001. 

Buenos Aires, Enero 7 de 1890. 

La Junta Directiva, en sesión de la fecha, resuelve nombrar en 
comisión á los señores Ingenieros Luis A. Viglione, Otto Krause y 
Emilio Candiani para que presenten un informe sobre el sistema de 
wagones del señor Montagner. 

CARLOS M. Morales, 

Presidente. 

Juan V. Botlo, 

Secretario interino. 

Buenos Aires, Febrero 22 de 1890. 

Señor Presidente de la Sociedad Científica Argentina. 

Los que suscriben, nombrados en comisión para informar sobre 
el invento del señor Montagner, denominado « Wagón Bélico «, tie- 



54 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nen el honor de dar cumplimiento á su cometido en la forma que 
en seguida se espresa. 

El « Wagón Bélico» es un vehículo de ferro-carril, destin9do á 
correr indistintamente en dos vías de diferentes trochas. El modelo 
que hemos examinado es construido en la mitad de su verdadero 
tamaño, y sus proporciones corresponden á un wagón que debe 
correr en una vía de '1"'676, y en otra de 1'"00 de trocha. El wagón 
lleva consigo cuatro ejes montados sobre sus ruedas correspon- 
dientes, dos de estos ejes se adaptan á la vía de trocha angosta y 
los otros dos á la trocha ancha ; respectivamente se ponen en con- 
tacto las ruedas de cada juego de ejes con los rieles de la vía en la 
que se desea hacer correr el wagón. 

Para entrar de una trocha á la otra el wagón tiene que pasar pre- 
viamente sobre una vía cuyos rieles forman una sinuosidad en el 
sentido vertical, y es en este momento que funciona un mecanismo 
que hace levantar ó bajar las ruedas correspondientes á la trocha 
ancha^ según que el wagón vaya de la trocha ancha á la angosta 
ó vice-versa; de este modo en el primer caso, una vez entrado el 
wagón en la trocha angosta quedan levantadas las ruedas de la 
trocha ancha, quedando en contacto solo las ruedas de la trocha 
angosta ; en el segundo caso, cuando las ruedas de la trocha ancha 
están bajas, son las de la trocha angosta las que quedan suspendi- 
das y el wagón puede seguir por la vía ancha. 

La invención del señor Montagner, se reduce^ pues, á emplear 
dos juegos de ejes en cada wagón y á un mecanismo que permite 
subir ó bajar las ruedas del juego de ejes, que corresponden á la 
trocha más ancha. Este es el vehículo á que el señor Montagner le 
hadado el nombre de «Wagón Bélico», según él, á causa de las 
ventajas que reportará, en casos de guerra, para el trasporte de 
tropas y pertrechos deguerra^ de una vía á otra, sin necesidad d® 
trasbordes, ventajas que las estiende naturalmente al trasporte de 
otras mercaderías y pasajeros cualesquiera. 

La comisión que suscribe, como cuestión previa, antes de abrir 
juicio sobre el invento se hizo la siguiente pregunta : 

¿Existe real y verdadera importancia económica en proveer sino 
á toda auna parte de los wagones de las empresas de ferro-carriles 
de una nación, de los aparatos necesarios para que puedan correr 
indistintamente en varias vías de diferentes trochas ? 

Esta pregunta fué resuelta negativamente, mientras las disposi- 
ciones que se inventen con tal objeto no revistan una simplicidad 



LNFORME SOBRE EL WAGÓN BÉLICO DEL SEÑOR MONTAGNER 55 

tal que permita la fácil y rápida maniobra y evite el exceso de peso 
muerto en los wagones. En efecto con los aparatos mecánicos mo- 
dernos de cargar y descargar colocados en los puntos de unión de 
las líneas de diferente trocha, se ha reducido á un mínimum el 
costo délos trasbordes. 

Esto sentado, pasamos á dar nuestra opinión sobre el invento de 
que se trata. 

La parte esencial del invento como ha podido verse en la des- 
cripción que hemos hecho más arriba, es el mecanismo que hace 
mover las ruedas déla trocha ancha. Este mecanismo, en el mo- 
delo de medio tamaño que hemos examinado, funciona bien^ esto 
es, el autor consigue, que una vez que el wagón marche por la vía 
ondulada dé paso de unaá olra vía; los tacos que sostienen las ca- 
jas de engrase de los ejes de la vía ancha, se apoyen ya sea arriba 
ó debajo de las cajas, con lo cual queda el wagón en disposición de 
seguir viaje. 

Bajo el punto de vista teórico el mecanismo no deja nada que 
desear, pero ¿sucederá lo mismo en la práctica? A esto no podemos 
contestar de una manera definitiva y sí solo podemos hacer algunas 
observaciones masó menos fundadas que son: 

'\° Siendo el movimiento complejo, estoes, teniendo que subir 
ó bajar las ruedas al mismo tiempo que todo el mecanismo se 
mueve, apartando ó cerrando los tacos en el instante en que sea 
oportuno, en otras palabras, teniendo que funcionar matemática- 
mente un mecanismo que forma parte de un wagón cuyo movi- 
miento solo está limitado por la vía en que corre, es necesario que 
las condiciones en que funcione sean siempre idénticas á lasque 
hemos presenciado en el modelo construido por el señor Montag- 
ner. Podría suceder muy bien que el polvo que existe en abun- 
dancia en nuestras vías, unido al aceite que deben tener las articu- 
laciones del mecanismo, formen una pasta dura que entorpeciera 
el movimiento, pudiendo producir, en este caso, descarrilamientos 
en la vía de paso. 

2° Siendo la diferencia de la trocha ancha á la angosta de 0"'677 
el mayor vuelo que tendrían los wagones al correr sobre la angos- 
ta, sería 0™338, causa que unida á la carga excéntrica que puede 
tener el wagón y á las malas condiciones de la vía darían por resul- 
tado una alteración seria en la estabilidad del wagón. 

Sin embargo délo dicho, tratándose de un invento hecho en el 
país y para estímulo de su inventor, creemos que la Sociedad Cien- 



56 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tífica debe recomendar al señor Montagner, á la consideración del 
Gobierno y de las empresas, para que estas le faciliten los medios 
de poder hacer un ensayo práctico. 

La manera de hacer este ensayo económicamente sería el de que 
el Ferro-Carril de la Provincia le facilitara un wagón y una de las 
empresas propietarias de trocha angosta le facilitara igualmente 
dos ejes montados, con los cuales no le quedaría al inventor sino 
mandar hacer el mecanismo de cambio de trocha. 

Saludamos al señor Presidente con nuestra consideración más 
distinguida. 

Otto Krause. — Emilio Candiam. — 
Luis A. Viglione. 



MOVIMIENTO SOCIAL 



La comisión encargada de organizar y catalogar la Biblioteca de 
la Sociedad ha terminado ya su cometido ; la disposición adopta- 
da en el catálogo por el sistema de tarjetas es la misma que usa la 
Biblioteca Nacional, y en breve saldrcí impreso en un folleto. 



La J. D. tomó la iniciativa de promover entre las diferentes socie- 
dades científicas de la Capital, un movimiento con el objeto de 
honrar debidamente la personalidad científica del Doctor Guiller- 
mo Rawson, miembro honorario de esta Sociedad. Al efecto resol- 
vió tomar las siguientes disposiciones: 

1° Enviar una nota de pésame á la viuda del Doctor Rawson. 

2° Colocar el busto del Doctor Rawson en el local de sesiones. 

3" Depositar una corona sobre su tumba. 

4° Enlutar los Anales del mes de Febrero. 

En la reunión de las diferentes asociaciones se resolvió nombrar 
por cada una dos delegados, que entenderán en el modo de concur- 
rir en corporación a la llegada de sus restos. La «Sociedad Científica 
Argentina», ha designado porsu parte al Doctor Carlos M. Morales é 
Ingeniero Ponciano López Saubidet. 



El ingeniero Ponciano López Saubidet ha donado las diez accio- 
nes con que se suscribió para la erección del edificio social. 



Durante el mes de Febrero se han recibido cinco publicaciones 



58 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

proponiendo canje con los Anales, y que pertenecen á otras tantas 
asociaciones científicas europeas y americanas. 



La Junta Directiva ha resuelto colocar el 14 de Abril próximo, 
aniversario del fallecimiento del Doctor Miguel Puiggari, una coro- 
na sobre su tumba. 



Han sido aceptados como socios activos los señores : Ingeniero 
Eugenio Vernaudon, señores Miguel B. Pons, Arriodante Gioachini, 
Luis C. Manterola, Joaquín Sirven, Daniel Fernandez, José M. Sa- 
gastume, Eduardo S. Rodríguez y Martin Duliart. 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA 



IlK 1,08 



MARES DEL GLOBO 

Por JUA N L LERENA 

{Continuación) 

La marcha la abría un cuerpo de música, vocal é instrumental, en 
que figuraban los tipos rudimentarios de las flautas, trompetas y 
atambores, en uso hasta nuestros dias, tan rutinarios somos los hom- 
bres en todo. Los familiares del Pyromis y los funcionarios de su 
casa venían en seguida, precediendo la naos regia, rodeada de ñabe- 
líferos, de porta-abanicos y de niños de la casta sacerdotal, encargados 
del cetro, de las armas y de las otras insignias del monarca, delante 
del cual, Thyphon, como primer príncipe de la sangre, y el hijo del 
Segundo Pontífice, quemaban incienso y mirra en zahumadores de oro. 

La reina Isis, la hechicera esposa de Osiris, cubierta como él de 
ricos y diáfanos tejidos (el byssus) cuyo secreto han poseído desde 
muy antiguo las fábricas del Nilo, ostentaba como él en torno de sus 
rubios cabellos ondulantes, y en los adornos multiplicados de su terso 
cuello, de sus redondeados brazos y de sus pequeños y desnudos pies, 
lo que en bellas perlas y corales del Mar Shari (Mar Rojo) y Mar 
Erithreo y las minas de turquesas y esmeraldas de la Troglodyta y 
del Sinaí habíanse desde muchos siglos acumulado de más precioso 
en el tesoro de los Pyromis. 

La reina, acompañada de su hermana Nepthis, no menos ricamente 
y elegantemente vestida que ella, seguían á Osiris, cada una en su 
elegante palanquín, cuya hamaca elástica de byssus y de oro, parecía 
suspendida de tallos del loto, rosas y azules, y sobre los cuales un 
gran dosel, tejido con los despojos tornasolados de las más brillantes 
aves de los trópicos, proyectaban una sombra tornasolada. 

Detrás de la reina y de su hermana se sucedían sobre dos largas 
líneas paralelas, los príncipes de la sangre (á cuya cabeza marchaba 
Thyphon, con el semblante hosco, a pesar de los esfuerzos que hacía 
para cubrir su envidia y mal humor) y las otras princesas de la san- 
gre; seguidas de los reyes, vasallos y de los dignatarios del sacerdocio 
y del ejército. 

Destacamentos de este, regularmente alineados en pelotón bajo 
sus gefes y sus estandartes respectivos, terminaban el cortejo, que 
la larga avenida de esfinges y de carneros sagrados, que conducían 
desde la ribera misma del rio á la principal entrada del templo, no 
podía contener toda entera. 



60 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Delante del edificio sagrado, cuyas profundidades de granito reso- 
naban con sonidos misteriosos y solemnes, la música guerrera se 
calló y la pompa regia se detuvo. Las puertas de bronce, colocadas 
entre los grandes pilones, dieron paso á una larga serie de coros 
sacerdotales, que salían al encuentro del Pyromis, cuya ascensión al 
poder regio iba á consagrarse. Eran los oficiantes de todos los gran- 
des templos del Imperio, de todos los cultos locales que el tiempo, 
las conquistas y la política de los legisladores, habían hierarquisado 
bajo la divinidad Thebana. Ellos traían al nuevo hijo ó Pyromis, 
que Ammon adoptaba en este dia, las bendiciones de sus dioses ; más 
aún, traían á sus dioses mismos en procesión desde sus remotos san- 
tuarios . 

Baris, esto es, naos ó barcas sagradas, sostenidas sobre los hom- 
bros de 18 á 24 sacerdotes, según la importancia del personaje 
divino^ representado sobre la popa y la proa de cada una de ellas, 
contenían pequeñas naos ó tabernáculos, esmeradamente veladas con 
un denso tejido de plata y de oro. Allí, al abrigo de toda mirada 
profana, debía creerse se hallaban encerrados esos grandes dioses 
descendidos de la Atlántida sobre la tierra de Kemi en épocas sucesi- 
vas é ignoradas, á saber: Phla/i, análogo al Agny védico, esto es, el 
fuego ; Ma ó Ph-Ra, análogo á El-ios, el sol ; Djo?n, análogo alHoma 
védico, el dios de la copa ; Sevek, análogo al Siva védico ; y esas otras 
concepciones locales, mitad monstruos, mitad mitos, que los Pyro- 
mis anteriores, educadores déla Etiopía, habían injertado sobre los 
fetiches groseros de los Kushitas, primeros habitantes del valle del 
Nilo, y que todos se reasumían en familias divinas, análogas á la gran 
Triada inicial de Thebas. 

A medida que cada barí desfilaba procesionalmente delante del 
Pyromis Osiris, los sacerdotes que los cargaban mezclaban á sus 
himnos las alabanzas del rey, atribuyéndole las virtudes de que su 
Dios particular era más especialmente el tipo, el inspirador ó el sím- 
bolo : los unos alababan su justicia y su magnanimidad ; los otros su 
odio hacia el embuste y su amor hacia el bien ; estos exaltaban su 
sabiduría y su prudencia, domando sus pasiones; aquellos su fuerza y 
su valor, para domar á sus enemigos. 

. A los tabernáculos de los dioses, sucedieron las éstatuétas, ó mejor, 
las momias, que ya sabemos se encierran en féretros representando 
la estatua del difunto, de los Pyromis antepasados y predecesores de 
Osiris (que según pudo contarlos Herodoto, representan una serie que 
en un cálculo mínimo, se estienden á 12.000 años antes de Jesucristo): 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 61 

estas estatuas momias, llevando en sí mismas su autenticidad, eran 
igualmente llevadas é interpretadas por sacerdotes. En seguida, en 
medio de otro grupo sacerdotal, el toro blanco, símbolo vivo de 
Amon-Ra (no el toro Apis, que después fué consagrado á representar 
al mismo Osiris, después de su apoteosis), todo cubierto de ñores y 
envuelto en una nube de incienso, se presentó sobre el umbral del 
templo, como para invitar al nuevo Aroeri á pasarlo. 

Descendiendo entonces de su naos elevada, Osiris, á pié, se dirijió 
al través de los pórticos interiores y las altas columnatas de las salas 
liipósticas hacia el Santuario, donde sobre un altar de pórlido, tenía su 
•sede la gran triada Thebana. Los coros sacerdotales, los Baris sagra- 
dos, las estcátuas momias de los Pyromis, la familia: real y los gefes 
de los Oeris, penetraron solos juntamente con el rey. A su llegada-, 
el que hacíalas veces del Gran Sacerdote (el Pyromis lo era en cuanto 
su carácter de Pontifex maximus y gefe de la casta sacerdotal, pero 
ocupado del gobierno ó de la guerra, el Pyromis tenía un sub-pontí- 
fice que lo desempeñaba en aquellas funciones sacerdotales de que el 
Pyromis rey se hallaba exento), presidente de la panegiria, hizo ento- 
nar por los Pontífices que oficiaban á sus órdenes, el himno consa- 
grado á la luz divina, que se manifiesta á los mortales. De pié en el 
altar, él recibió al Pyromis, que subió á colocarse á su lado y desem- 
peñó el sacrificio preparado, desparramó delante de la estatua de 
Ammon las libaciones consagradas ; quemó el incienso prescrito, en 
medio de una lluvia de flores, y se prosternó pronunciando estas pala- 
bras, de una tan orgullosa simplicidad: 

« Acudo á mi padre Ammon, en pos de los dioses, que él admite en 
su presencia para siempre ! » 

Durante este tiempo, estos mismos dioses y su séquito terrestre 
giraban solemnemente en torno del altar, y mezclaban álos homena- 
jes que depositaban al pasar á los pies del rey del cielo, los votos 
que formulaban en favor del nuevo rey de la tierra. Se puede juzgar 
del espíritu estraño de estas antiguas letanías por los fragmentos 
siguientes, que algunas de las más viejas incripciones murales de los 
más antiguos templos del Alto Egipto, nos han conservado : 

La Diosa Maut 
(La gran madre, compañera de Ammon) 

«... Vengo á tributar homenaje al soberano de los dioses, Ammon- 



62 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ea, moderador (esto es, salvador) de la tierra de Kemi, á fin de que 
acuerde largos años á su hijo querido, el Pyromis, rey Osiris. 

El Dios Khons 

Hijo de iMaut y de Ámmon : la Triada tebana se forma de Aramon-Ra, 

Maut y Khonsj 

«... ¡Venimos hacia tí, para servir á tu magostad, oh soberano 
señor, Ammon-Ra ! Acuerda una vida estable y pura á tu hijo que te 
ama, al señor de la tierra Osiris ». 

La Reina Isis 

«... Y yo la regia esposa, la poderosa señora del mundo, yo pre- 
sento también mi honienage á mi padre Ammon-Ra, rey de los dio- 
ses. Mi corazón se regocija con tus afectos; estremézcome de 
alegría bajo el peso de tus beneficios. Oh! tú, que has establecido el 
asiento de tu poder en la morada de tu hijo, el Señor del mundo, 
Osiris, concédele una vida estable y pura. Que sus años se cuenten 
por períodos de panegirias ! . . . » 

Después de la reina, tocó presentar sus homenages á Nephtis, á la 
cabeza de las princesas de la familia real. Lo hizo de una manera tan 
delicada, pero sí más entusiasta en lo que al rey concernía, que su 
bella consorte; y el rey y la reina acogieron con una amable sonrisa 
esté homenage que no había cómo equivocarse, partía de un corazón 
apasionado y entusiasta. 

Después de ella, tocó su turno á Thyphon, el hermano del rey, el 
cual prestó su homenage respetuosamente, aunque con tan mal talen- 
to como torpeza. 

A esta serie de súplicas y de intercesiones, Ammon-Ra respondió 
por la boca del que hacía las veces de su gran sacerdote oficiante, 
especie de vice-pyromis, él cual dijo, dirijiéndose á Osiris: 

«... Mi muy amado hijo, recibe de mí una vida pura, y largos dias 
que pasar sobre el trono de Kemi. Tú dominarás al mundo en el 
regocijo; Toth ha adscrito á tu nombre todas las atribuciones regias 
del Aroeri celeste. El Mediodía y el Norte, el Oriente y el Occidente 
te serán sometidos; todas las buenas puertas te serán abiertas. En- 
tregóte las malas razas para que sean holladas por tus sandalias. Tu 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 63 

persuacion, tu sola presencia con tu ejército, te hará triunfar, mas 
que la fuerza de las armas, sobre todas las regiones de la tierra. El 
amor tanto, como el terror dé tu nombre, se imprimirá profunda- 
mente en el corazón de los bárbaros que vais á someter. Dóite, oh hijo 
mió, la hoz de las batallas para contener á las naciones invasoras y 
segar la cabeza de los perversos; toma el azote y el cetro para regir 
la tierra de Kemi. í]ntre mis órdenes, la reina de los palacios celes- 
tiales ha preparado para tí la diadema del sol. Que este casco per- 
manezca sobre tu frente, donde yo lo coloco, para siempre !... » 

A estas palabras, Osiris habiendo tomado sobre el altar, para reves- 
tirse, la corona emblemade ladominacion universal, el Gran Sacerdote 
estendió su bastón pastoral (cayado) hacia los cuatro vientos del mun- 
do, y mientras los pontífices auxiliares ponían en libertad cuatro 
ánades vivas, que tenidas en reserva para este momento, representa- 
ban los genios de los cuatro puntos cardinales, él exclamó: 

« Anset, Hapi, Don-mutef y Kebali-snuf : Dirigios hacia el Sud, el 
Norte, el Occidente y el Oriente, y haced saber á los dioses de esas 
regiones: Que el hijo de Ammon y Maut, Osiris, se ha coronado con 
el Pschent (tiara) . 

« ¡ Qué el rey Osiris se ha coronado con el Pschent ! » 

Con la cabeza ceñida con esta tiara mística, Osiris procedió en el 
acto á segar con sus propias manos una gavilla de trigo, que había 
sido cultivado dentro del recinto del templo, colocándolo como pre- 
sente sobre el altar de Ammon. La riqueza en el valle del Nilo, era 
toda agrícola, y este era un propio símbolo para espresarlo. Dicha 
ofrenda, y la lectura hecha en alta voz por el gran Sacerdote, délas 
prescripciones herméticas relativas á los deberes de los reyes, termi- 
no la ceremonia religiosa. Reconducido por el toro blanco y las imá- 
genes de los pyromis sus predecesores hasta los límites exteriores 
del templo, Osiris, en medio de una nube de incienso y de llores, regañó 
la naos regia que lo esperaba delante de los pilones ; en seguida, pre- 
cedido y seguido de las aclamaciones, de los juramentos y de los 
votos universales, se dirigió lentamente hacia su palacio, á lo largo 
de las dos filas de esfinges, cuyas cabezas de granito, revestidas ese 
dia con los ornamentos y el tocado regio y divino que determinaban 
la espresion simbólica de cada uno de ellos, agitadas por la brisa, 
parecían como animarse al soplo del humano entusiasmo, solevantán- 
dose para saludar al nuevo soberano á su pasaje. 

Detenido repetidas veces el rey, en su marcha de retorno, por las 
aclamaciones del pueblo y de sus grandes, cuando llegó á palacio, 



64 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ya lo lialDÍan precedido la reina Isis y su liermana Xeptliis. Isis, cuya 
alma amante y benévola no cabía de regocijo en aquel dia de la con- 
sagración de la gloria de un esposo adorado, se entretuvo con las 
damas de la Corte, esperando al rey en el gran salón de recepciones 
del Palacio, adornado de magníficas columnas. Nepthis, que había 
sentido tal vez con más entusiasmo y ardor que la reina misma, los 
esplendores y glorias de este dia, sintiéndose un tanto fatigada ó fas- 
tidiada, se dirigió á los aposentos interiores para reposar esas siestas 
Egipcias, largas y ardientes. Ella y Typhon, su esposo, tenían sus 
aposentos en el mismo palacio, en un departamento inmediato, pero 
separado del de los reyes. Este dia, distraída Neptliis y absorbida en 
sus propios sentimientos y deseos más íntimos, se equivocó de cami- 
no, y en vez de dirijirse á sus propias habitaciones, se encaminó á 
las de la reina Isis, y habiendo llegado al aposento de esta, ricamente 
decorado como los suyos propios, se recostó sobre el lecho de la reina, 
quedando sumergida en una especie de letargo ó sopor delicioso. En 
el aposento, alumbrado por nua luz muy tenue de lo alto, dominaba 
una grata oscuridad, nna especie de crepúsculo indeciso, que ni era 
luz, ni era oscuridad perfecta, exactamente como en los países cáli- 
dos, se disponen las habitaciones donde se sestea. 

Voluptuosamente tendida sobre el lecho de ].sis, aún no habían pa- 
sado muchos minutos de su estraño adormecimiento, cuando el rey 
Osiris entró buscando á la reina en su aposento, sin duda con la idea 
de reposar á su lado. Al ver aquellas bellas y esbeltas formas de mu- 
jer en la penumbra del lecho, creyó eran las de su esposa y fué á re- 
costarse á su lado. Llevaba en sus manos, como lo practicaba siem- 
pre que visitaba ala reina en sus aposentos secretos, una coronado 
melilotus que acostumbraba colocar sobre la rubia cabellera de la 
reina, antes de acercársele. El colocó la corona sobre la frente de 
Kephtis adormecida, y como las libaciones del templo y del palacio 
habían perturbado un tanto los sentidos del rey, él prodigó sus cari- 
cias á aquella beldad dormida, creyéndola su esposa, y entrando en 
seguida esa laxitud deliciosa que acompaña la posesión de lo que más 
se ama, el rey se quedó dormido. En esto Nephtis volvió en sí : ¿ ha- 
bía tenido conciencia de lo que había pasado ? Sus transportes, que 
habrían bastado para volver en sí al rey si este no saliese de un ban- 
quete, prueban que ella había participado de la misma exaltación y 
delirio. Ella tomó la corona, la besó, la colocó de nuevo sobre la al- 
mohada y tomando algunas de sus flores que puso en su seno, se mar- 
chó á sus habitaciones, sin equivocarse por esta vez. ¿Cómo el perfu- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 65 

me y él modo de ser característico de su esposa Isis no hicieron cono- 
cer al rey su error? Pero ya sabemos como su espíritu se hallaba per- 
turbado por el humo de las libaciones en esa mañana memorable. Y 
como el objeto era igualmente bello y amable, él no debió apercibirse 
de nada y si se apercibió era ya tarde. 

Entretanto, la reina que se había detenido más de lo acostumbra- 
do en el gran salón de las recepciones, desembarazada al fin de impor- 
tunos, pudo dirigirse a sus habitaciones para reposar, donde también 
suponía refugiado al rey. En efecto, el rey estaba solo y dormía en 
el lecho nupcial de Isis. La corona de nielilotus perfumaba las almo- 
hadas en el punto donde debía haber reposado la reina. Ella se acostó 
al lado de su esposo que dormía, colocándose la corona en la frente. 
Pero cierto desorden, y el calor aún no enfriado del lecho, le hicieron 
sospechar que alguien había debido ocupar su lugar antes. Ella ad- 
virtió además que á la corona de melilotus, que era el presente cuoti- 
diano del amor de su esposo, le faltaban algunas flores que no debían 
haberse caido, puesto qu<^ no estaban en el lecho. Todas estas refle- 
xiones acudieron de golpe en el ánimo de la reina. Pero tan amable, 
como prudente, ella se guardó bien de despertar á su esposo y de inter- 
rogarlo. La reina amaba á su esposo con un grado de ternura tal, que 
la leyenda supone lo amó desde el vientre mismo de su madre, y muy 
luego tendremos ocasión de ver los quilates de este amor tan profun- 
do, como verdadero y absoluto en ella. No le faltaban pues, celos; por 
el contrario, los celos la devoraban, y su espíritu no estuvo largo 
tiempo en duda sobre la persona. La reina tenía unos sentidos tan es- 
quisitamente delicados, que por el olor solo llegó á comprender quien 
era la persona que en su propio lecho, se había anticipado á los ha- 
lagos de su esposo idolatrado. Pero ella, que conocía toda la lealtad, 
bondad y rectitud de su esposo, comprendió que el hecho se había 
pasado sin conciencia, sin discernimiento claro y distinto de su 
parte. 

Este pensamiento consoló un tanto á la reina, y un suspiro desa- 
hogó su pecho de las agudas púas de celos que lo laceraban. Ella re- 
solvió en consecuencia callar y no decir nada á su esposo, esperando 
del tiempo revelaciones para la solución práctica y real de aquel enig- 
ma. Que su esposo no había tenido parte, ni conciencia en aquella 
infidelidad que tanto la apenaba, ella no lo ponía en duda por el he- 
cho mismo. El melilotus con flores de un cerúleo encantador y de un 
suave perfume, era la flor favorita de Isis. Del cuerpo mismo de la 
reina y de su áurea cabellera se escapaba un perfume tan suave, co- 



ANAI.. SOC. CIEM. ARG. T. XXIX 



66 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

mo penetrante que se confundía con el de esta flor, que después llegó 
á ser su símbolo para sus adoradores. Mal podía pues Osiris obsequiar 
á una rival con una corona de melilotus que era casi como el símbolo 
del mutuo amor de esos dos seres tan esquisitamente heroicos y per- 
fectos, Osiris é Isis. Si su rival era laque ella suponía, en lo que no 
le cabía la menor duda, ella no amaba la ñor del melilotus ; su flor 
favorita, por el contrario, era la Eosa del Nilo, de un encarnado subi- 
do y de un aroma penetrante. Además el rey, en su reposo, reflejaba la 
dulce quietud y magnanimidad de las almas sin reproche. Y si ese he- 
cho llegaba á descubrirse por los interesados, cuántas desgracias no 
preveía Isis para el inconsciente Osiris, para ella misma y para toda su 
raza ! 

Entretanto, ebria de amor y de remordimientos, la bella Nephtis 
hemos dicho, se había levantado del lecho de Isis, dirigiéndose á sus 
habitaciones. Su adusto esposo aún no había entrado en ellas. Ella 
pudo, pues, ganar su lecho sin ser observada, dónde se quedó dormida 
con el más profundo sueño. Pero Typhon no tardó en penetrar 
también en sus habitaciones. El encontró á Nephtis dormida en todo 
el esplendor de su opulenta belleza. Devorado siempre por la inquie- 
tud, la envidia, los celos y todas las malas pasiones que desgarran las 
almas de los perversos, contempló á su esposa, la que durante toda la 
ceremonia apenas si lo había mirado á él, Typhon, mientras no había 
apartado los ojos del rey durante su coronación; la contempló, de- 
cimos, con un amor mezcla impura de celos y de odio, y observando 
que de el seno de la beldad dormida se escapaban el tronco de unas 
flores, quizo conocer qué flores eran. Sacólas despacio del seno hú- 
medo de su esposa, y entonces notó que eran flores de melilotus, la 
flor favorita de los amores de su hermano Osiris. En un rapto de fu- 
ror, su primer movimiento fué tomar de un brazo á su dormida es- 
posa y despertándola de un sacudón, hacerla caer por tierra. Pero 
reflexionando que este no era el medio de conocer aquello de que de- 
seaba cerciorarse, se contuvo y guardando las flores que tanto irri- 
taban sus celos, comenzó á meditar un plan que mejor asegurase su 
venganza y diese satisfacción á sus rencorosos odios. No que tuviese 
la menor idea de la verdad; pero él se proponía averiguarlo todo por la 
astucia, de un lado ; y por otro arrancar lo que deseaba por el terror. 
Pero aquel era un mal local para esto. Se hallaba en el palacio de 
un hermano, que lo amaba; más, al cual lejos de pagar con afecto y 
confianza, lo miraba como un peligroso rival del cual le convenía des- 
hacerse á toda costa. Allí él no podía realizar con toda seguridad sus 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLODO 67 

planes. Resolvió en consecuencia disimular, averiguar 1(3 que pu- 
diese y en seguida mudar de residencia. 

Entretanto, el rey no tenía otro pensamiento que acelerar los pre- 
parativos de su gran espcdicion civilizadora y conquistadora. El te- 
nía un ejército disciplinado que lo hacía dueño de la tierra entera, 
entonces entregada á la barbarie y el aislamiento. En efecto, des- 
pués del hundimiento de la Atlántida, la tierra había quedado sin 
dueño; y el mundo sin modelo y sin maestro. Una recrusdcceacia de 
barbarie se había notado en las naciones abandonadas á sí mismas, 
y presas de sus caudillos y tiranos, que las hacían retroceder á pasos 
rápidos en el camino del progreso y de la cultura. Solo el Egipto, 
por un efecto de su situación escepcional, se conservaba civilizado y 
en progreso. El era dueño de las comunicaciones del Mediodía con el 
Norte, y del Oriente Asiático, con el Occidente europeo, y esto lo ha- 
cía dueño del comercio, de las riquezas y de las conexiones del mun- 
do entero. El era pues, el pueblo modelo de su época; y el mundo lo 
podía conquistar por su civilización, por sus instituciones, por sus 
riquezas, por sus ejércitos, por su influencia, y por los medios que 
dá el comercio y la superioridad intelectual y material. 

Muy pronto los preparativos quedaron terminados, y el rey pudo 
moverse entonces con un numeroso ejército y una poderosa escuadra; 
ó mejor, dos escuadras, una en el Mar Rojo y otra en el Mediterrá- 
neo. Esta última no debía moverse hasta recibir órdenes. El se puso 
en marcha por tierra, siguiendo las costas de la Arabia, acompañado 
de su escuadra, que navegaba de conserva sobre las aguas del Mar 
Rojo, en la dirección del estrecho de Bab-el-Mandeb. Su plan era 
terminarla sumisión de la Arabia, y embarcando su ejército en la ex- 
tremidad Oriental de esta, marchar por mar á la conquista de la In- 
dia. Su vuelta la debía dar por tierra, recorriendo lo que después fué 
la Persia, la Media, la Asiría, la Mesopotamia, la Armenia, el Asia 
Menor y la Siria, la que conquistaría ya de vuelta á su patria, des- 
pués de fundar á su pasD numerosas colonias en los países conquista- 
dos. Este plan que sería un imposible colosal, para un hombre co- 
mún, fué para el gran genio y el valor heroico de Osiris, un hecho en 
poco tiempo consumado. El conquistó la India, donde los descendien- 
tes de sus soldados aún predominan con el nombre de Malabares. El 
conquistó también de vuelta la Asiría, ala cual dio su nombre, Asiría, 
esto es, el país de Asiri ú Osiris, que ambas apelaciones son sinóni- 
mas. El fundó Babilonia en la Mesopotamia, y á Sardís en el Asia 
Menor. El fundó muchas otras ciudades en la Fenicia y la Siria, y 



68 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

mny luego se halló de vuelta sotre la embocadura del jSTíIo, en 
Tanis. 

Entretanto, ¿qué era lo que había pasado durante su larga ausencia 
en Egipto? Typhon, haciendo el espionaje de su esposa, consiguió 
obtener algunos detalles sobre el hecho que hemos visto, había mo- 
tivado sus más crueles celos. Su esposa, la bella Nephtis, acosada por 
el feroz Typhon, no tuvo otro partido que refugiarse en las habita- 
ciones de su hermana la reina Isis, á quien hizo una confesión franca 
de todo. La reina, no solo la perdonó, sino que habiendo salido em- 
barazada, tuvo como fruto de un momento de olvido y de irresistible 
amor, á Annubis, un niño más bello que el amor, al cual Isis crió á 
su lado, como hijo propio, á fin de no irritar los celos feroces y san- 
guinarios de Typhon. Pero todo fué en vano, pues este todo lo supo 
por medio del espionaje. Annubis creció al lado de Isis y fué el sím- 
bolo de la fidelidad y del valor leal. Typhon, entretanto, mientras 
duró la ausencia de Osiris^ no había osado acometer ninguna empresa 
délas suyas; porque Isis, que había quedado de regenta del reino du- 
rante la ausencia de Osiris, dirigida por Thot y otros hábiles minis- 
tros, administraba el reino con una tal vigilancia, firmeza, liberali- 
dad y acierto, que no dio lugar á la menor conspiración, ni re- 
beldía. 

No sucedió lo mismo cuando llegó á saberse la vuelta de Osiris. En 
el acto Typhon le salió al encuentro para engañarlo mejor y envol- 
verlo en sus redes. Su objeto era armar una emboscada á Osiris, á fin 
de arrebatarle la vida y el cetro, y gobernar él en su lugar. El se 
presentó en Tanis, acompañado de una diputación de 72 cómplices, 
con el pretesto de dar la bienvenida al gran conquistador, adelantán- 
dose á la reina (pues las mujeres son siempre lentas en moverse; aún 
allí cuando más interesado se halla su corazón y sus negocios). La 
presencia de la reina podría haber instruido á Osiris y hecho impo- 
sible la maquinación de Typhon. Pero este, que por un sistema bien 
organizado de espionaje, tuvo tal vez ocasión de saber antes que la 
reina Isis, la llegada de Osiris, se adelantó y salió al encuentro de este 
antes que la reina. El halló en consecuencia á Osiris desprevenido é 
ignorante del mal que se tramaba; pues ya sabemos que el rey, sin 
conciencia de ello, había poseído á la bella Nephtis, la esposa de Ty- 
phon, ofendiendo mortalmente á su marido, cosa que ignoraba el 
grande y heroico soberano. Typhon se hallaba además secundado en 
su complot, por Aso, reina de Etiopía y enemiga de Osiris, que ha- 
bía impuesto su yugo al país que ella gobernaba. 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 09 

Por lo que es á Typlion, él había hecho tomar furtivamente la me- 
dida de la talla de Osiris, haciendo fabricar uno de esos bellos co- 
fres egipcios de momia, con figura humana, que servía de féretro ú 
los Pyromis y constituía su estatua autenticada, seguu conocemos 
por el testimonio de Heródoto. El cofre se hallaba bellamente escul- 
pido y ornamentado con geroglíficos de colores y adornos de oro y de 
azul, de una gran riqueza y esplendor, Era en una palabra, un pre- 
sente digno de un Pyromis. En la noche misma de la llegada deOsi- 
ris, y antes que este hubiera podido ver á la reina Isis, Typlion dio 
un banquete de bienvenida á Osiris, al cual concurrieron 72 de sus 
conjurados. Érala costumbre inmemorial éntrelos Egipcios, el pre- 
sentar un féretro ola figura de un muerto á los convidados, á fin de 
recordarles la brevedad de la vida é incitarlos al placer. Typhon hizo 
presentar en el festín el magnífico féretro ó cofre de momia de que 
hemos hablado, paseándolo entre los presentes. 

Todos los convidados miraron con admiración aquel precioso ob- 
jeto; y Typhon que gozaba de su sorpresa, les dijo en tono de broma 
y por vía de chacota, qne lo regalaría á aquel de sus convidados qne 
acostándose dentro de él, lo encontrase bien ajustado á su talla. En- 
tonces cada uno de los convidados (que estaban en el complot) co- 
menzaron á ensayarse por turnos dentro del cofre, sin que á ninguno 
le viniese bien. Osiris, arrastrado, como sucede en estos casos por el 
ejemplo, y sin comprender pudiese haber algún peligro para él, entró 
también en el cofre, y se estendió dentro. En el acto los conjurados 
acuden y cierran el cofre y mientras los unos clavan la tapa, otros vier- 
ten plomo fundido sobre sus junturas á fin de cerrarle herméticamen- 
te é impedir todo acceso del aire que pudiese haber prolongado la 
existencia de la víctima encerrada y sofocada en su interior. Des- 
pués de esto el malvado Typhon hizo arrojar en las corrientes del 
Nilo el féretro que contenía los despojos de su hermano tan vilmente 
atrapado. El cofre flotó de este modo sobre el brazo Tanítico del Nilo> 
el cual insensiblemente lo condujo hasta el mar. «Esta es la razón, 
dice Plutarco, por qué los egipcios no pueden oir pronunciar -el nom- 
bre de este brazo ó boca del rio, el Tanítico, sin estremecerse de 
horror. Este atentado tuvo lugar el i 7 del mes de Athyr, del año 
6000 antes de Jesucristo. En este momento del año el sol recorre el 
signo del Scorpio, y en él se cumple el 28" año del reinado de Osi- 
ris». «Los Panes y los Satyros, dice Plutarco, que habitan cerca de 
Chemnis, fueron los primeros instruidos de este espantoso aconteci- 
miento, desparramando la noticia. Hé aquí por qué los sustos repen- 



70 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

inos que se apoderan de una multitud, han sido denominados terro- 
res pánicos». Loque sigue hasta" el final del capítulo, es todo to- 
mado literalmente de Plutarco. 

«En el mismo instante de saber la noticia del fatal suceso^ Isis 
cortó en el lugar en que se encontraba en marcha para salir al en- 
cuentro del rey su esposo, los bucles de su bella caballera, tomando 
un traje de duelo. Esto sucedió en el paraje en que hoy se halla la 
ciudad de Coptos, nombre que según algunos escritores significa p?'t- 
vacion, naciendo del verbo Coptein, privar. Ella corría de todos la- 
dos entregada á la más acerba desesperación ; informándose de cuan- 
tos veía, del paradero^ del cofre en cuya busca deseaba salir; por fin, 
encontró unos niños á quienes hizo la misma pregunta. Ellos lo ha- 
bían visto por casualidad, y le dijeron por cual embocadura del rio 
los partidarios de Typhon lo habían espulsado al mar. 

«De ahí viene la opinión en que están los egipcios, de que los ni- 
ños tienen la facultad de adivinar; sacando presagios de las palabras 
que les oyen pronunciar al acaso, en los templos. Isis tenía á su 
lado en estos momentos á Annubis, aquel hijo de los amores incons- 
cientes de Osiris, con su hermana Nephtis, á quien la reina no solo 
había perdonado, sino que se encargó de criar el niño, y ya grande, 
lo tenía por su custodio y compañero de viaje, dando al joven el 
nombre de Annubis, según lo acabamos de espresar. Se cree le ha 
sido encomendada, por su vigilancia y fidelidad, la guardia de los 
dioses, como los perros son hechos para guardar á los hombres. 
Pronto supo la reina que el cofre, llevado por las olas del mar, había 
sido arrojado sobre las riberas de la ciudad de Byblos, en las costas 
de la Eenicia. 

«En efecto, el cofre había arribado á aquellas playas, siendo de- 
positado por la resaca sobre un matorral. Este, en poco tiempo, 
con aquel precioso fardo, alcanzó en corto tiempo á tal grado de des- 
arrollo, adquiriendo una prodigiosa magnitud y belleza, que su ta- 
llo envolvió el cofre y lo cubrió completamente ; de manera que no 
era posible percibirlo por ningún lado. El rey del país, admirado de 
la magnitud inusitada de aquel arbusto, habiendo hecho cortar la 
parte del tallo que ocultaba el cofre en su seno, formó con él una co- 
lumna destinada á sostener el techó de su palacio. Isis, que fué ad- 
vertida de ello por una revelación celeste, se encaminó á Biblos, 
donde habiendo llegado, se sentó cerca de una fuente, con los ojos 
bajos y derramando abundantes lágrimas, sin dirigir la palabra á 
nadie. En esto, habiendo aparecido las esclavas de la reina del país, 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 71 

Isis las saludó y liabló con bondad, arreglando sus cabellos y comu- 
nicándoles el olor delicioso que se exhalaba de su cuerpo y cabe- 
llera. 

«La reina, asombrada del peinado de sus esclavas y del grato y 
suave olor que esparcían, concibió el más vivo deseo de ver á la ex- 
tranjera. Hízola en consecuencia venir á su presencia; y habiéndose 
hecho la amiga de la reina, esta le dio á amamantar uno de sus hi- 
jos. Se dice que el rey de Biblos se llamaba Mcdeandro y su reina 
Aslarpe o Arlaste. Otros llaman á esta reina Saosis y algunos otros 
Nemanun, que por su significado corresponde al nombre griego Athe- 
nais. 

Iris, para alimentar el niño, en vez de ponerle en la boca el pezón 
de su pecho, le introducía uno de sus dedos. Durante la noche, la 
diosa lo pasaba por el fuego á fin de consumir lo que había en él 
de mortal; mientras ella, tomando la forma de una golondrina, iba 
á posarse y llorar sobre la columna que encerraba los despojos de 
su adorado Osiris. Una noche, habiéndola espiado la reina y viendo á 
su hijo entre las llamas, prorumpió en grandes alaridos, privándolo 
con esto de la inmortalidad. Entonces la diosa se dio á conocer, y 
pidió la columna que sostenía el techo del gran salón del palacio. 
La columna le fué concedida, y habiendo estraido el cofre con facili- 
dad, lo envolvió en un velo, desparramó sobre él perfumes, devol- 
viendo la viga al rey y su reina. Este madero so halla aún en Bi- 
blos, en el templo de Isis, donde el pueblo lo reverencia. 

«La diosa se arrojó sobre el cofre, profiriendo ayes y lamentos 
tan desgarradores, que ^el más joven de los hijos del rey murió en el 
acto, de espanto. Isis, acompañada del mayor de ellos, se embarcó 
con el cofre, y se hizo á la vela para el Egipto. Como al salir la au- 
rora, soplase del rio Phoídrus un viento impetuoso, la diosa irritada 
lo desecó por completo. Desde que se vio sola en un lugar apartado 
del buque, abrió el cofre y colocando su rostro sobre el del cadáver 
de Osiris, lo besó y lo regó con sus lágrimas. El hijo del rey, habién- 
dose acercado dulcemente por detrás, para observarla por curiosidad, 
y apercibiéndose Isis de ello, se volvió para atrás, lanzando una mi- 
rada tan terrible, que el joven no pudo sostenerla y murió de terror. 
Otros refieren do otra manera su muerte, y dicen que al retroceder 
ante las miradas de la reina, él se cayó en el mar y se ahogó. Los 
egipcios lo honran á causa de la diosa, y en sus comidas lo cantan 
con el nombre de Mañeros. Según otros, él sollamaba Palestinusó 
Pelusius, y la diosa edificó una ciudad que llamó de su nombre Pe- 



72 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lusium. Se asegura que el Mañeros cantado por los egipcios, es el 
inventor de la música. Otros pretenden que Mañeros nó es un nom- 
bre de persona, sino una especie de fórmula proferida en los festines 
y en las fiestas, y por la cual se espresaba el deseo de que estas di- 
yersiones fuesen felices; porque tal es la significación de la palabra 
Mañeros que en tales ocasiones es á menudo repetida. 

«Isis tuvo que ponerse en camino para ir á Butis, donde se criaba 
su hijo Horos. Para esto, ella tuvo que depositar el cofre en un pa- 
raje apartado del tráfico de ios hombres, á fin de que se ignorase el 
lugar de su ocultamiento. Pero Typhon, cazando una noche al claro 
de la luna, halló el cofre, y habiendo reconocido el cuerpo de Osiris, 
lo cortó en catorce pedazos, que dispersó de un lado y otro. Habién- 
dolo sabido Isis, montó sobre una barca hecha de corteza de papy- 
rus y recorrió los ciénagos vecinos para buscar dichos trozos. De 
ahí viene qué los que navegan en barcos de papyrus, no son atacados 
por los cocodrilos. A medida que Iris hallaba una parte del cuerpo 
de su amado Osiris, le alzaba una sepultura en el lugar mismo, y es 
por esto que se ven en el Egipto muchos sepulcros de Osiris. Otros 
dicen que hizo hacer muchas representaciones de su esposo Osiris, 
dando una á cada ciudad á fin de hacer creer que era el cuerpo en- 
tero de su esposo. Ella quería hacerlo más generalmente honrado y 
que si Typhon, llegando á sobreponerse á Horos en la próxima lu- 
cha, trataba de descubrir dónde se hallaba el sepulcro de Osiris, el 
gran número de los que le mostrarían, lo harían desesperar de en- 
contrar el verdadero. Solo las partes naturales no pudo encontrarlas 
Isis, porque Typhon las había arrojado desde el principio en el Nilo, 
donde fueron devoradas por el lepídoto, el pagre y el oxirincho ; así, 
estos peces los miran con horror los egipcios. La diosa, para reem- 
plazar esta pérdida, hizo hacer una representación ; y consagró el 
Fhallus, cuya fiesta celebraron después los egipcios. 

«Osiris se apareció, volviendo de la otra vida, á su hijo Horos, á 
quien instruyó en el arte de los combates. Después de esto preguntóle 
qué acción miraba como la más meritoria y gloriosa por consiguien- 
te : « Es, le respondió Horos, vengarlos agravios sufridos por un 
padre ó poruña madre». Osiris lepreguntó además ¿qué animal creía él 
mas útil para la guerra ? Habiéndole respondido Horos que era el ca- 
ballo, Osiris admirado le preguntó por qué no había designado el león, 
mas bien que el caballo. « Es, replicó Horos, porque el león es solo un 
modelo para aquellos que necesitan defenderse; mientras que con el ca- 
ballo se persigue al enemigo y se le mata ». Osiris, encantado de es- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 73 

tas respuestas, comprendió que su hijo estaba bastante preparado pa- 
ra el combate. 

«Se dice que una multitud de egipcios se pasaron al partido de Ho- 
ros, una vez que este llegó á entrar en acción. Entre estos pasados se 
llego á contar hasta la concubina de Tjphon, llamada Thueris. Una 
serpiente que la perseguía fué muerta por las gentes del séquito de 
Horos, y es en memoria de esta acción que los egipcios aún hoy llevan 
á sus asambleas una cuerda que cortan en muchos trozos. El combate 
entre los partidarios de Horos y Typhon duró muchos dias, saliendo 
al fin vencedor Horos. Isis habiendo encontrado á Typhon encadena- 
do, por bondad ó por una política inusitada en esa edad, en vez de 
matar á su enemigo, le quitó las cadenas y le devolvió la libertad. 
Horos, en la indignación que concibió por ello, alzó la mano sobre su 
madre y le arrebató las insignias de la dignidad regia que llevaba en 
la cabeza. Thotledióencompesancion un casco que representaba una 
cabeza de toro. Typhon entabló un proceso áHoros sobre su legitimi- 
dad, mas con el socorro de Thot, Horos se hizo reconocer por los dio- 
ses y venció á Tiphon en otros dos combates. Isis, con quien Osiris 
había tenido comercio después de su muerte (cuando Isis lo resucitó 
á fuerza de amor en su cofre, al volver de Biblos), hubo un hijo que 
nació antes del término y que resultó cojo. Se le dio por nombre Har- 
pocrates, palabra que espresa ese defecto. Se le representa en forma 
de un niño cojo, sentado sobre una flor de loto, haciendo en la boca 
con el dedo la señal de silencio». 



III 



CABOGUARDAFUÍ, LA AROMÁTICA REGIÓN DE LOS ANTIGUOS. — SU AC- 
TUALIDAD BAJO LAS TRIBUS SOMALÍES. — ISLA DE SOCOTORA É IS- 
LA DE AB-DEL-KOOURY. — ESTABLECIMIENTO FRANCÉS DE OBOCK . 



Al acercarnos alas costas africana y asiática que se aproximan la 
una á la otra en la extremidad del Golfo de Aden, la llanura maríti- 
ma, plana como una pampa y apenas risada por la brisa, adquiere un 
azul turquí delicioso, que el brillante sol de Arabia atornasola. Los 
sleamer se cruzan sin cesar por nuestro horizonte. Las altas y sólidas 
costas africanas avanzándose en magníficomaciso hasta el Cabo Guar- 



74 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

dafuí, plana y poco accidentada en toda su extensión, como el borde 
de una elevada é inmensa antiplanicie, al formar en el cabo mismo 
como el perfil de la peña de un coloso de granito, se eriza en su parte 
superior, recortándose en agujas y picaclios desgarrados. ¿Son los fe- 
tiches de esa negra tierra de superstición, que se acercan á los es- 
plendentes Océanos del Oriente, para confrontar las feas caras de sus 
monstruosos ídolos gesticulantes, con los bellos dioses místicos que 
adoran los poéticos Hindus ó los chinos filosóficos ? 

No ha faltado, ni falta quien sostenga que esas supersticiones han 
hecho la grandeza y la gloria de las antiguas razas. No ! La grande- 
za fué antes y primero que la superstición, la cual no forma sino el 
•orin de una decadencia posterior. La superstición vino en pos de la 
gloria, como la tela de araña viene en pos de la brillante festividad, 
y meramente como un signo de degeneración y decadencia; estoes, de 
la cesación de esa gloria. La superstición es el moho, es gusano de un 
cuerpo que termina su era de vida y entra en su era de descomposi- 
ción. No fuei'on supersticiosas G-recia y Roma en tiempo de su gloria, 
sino en tiempo de su decadencia, esto es, de la tiranía. Mas alto aún, 
hemos visto á Osiris, el primer grande hombre de la leyenda que se es- 
tiende entre las tinieblas prehistóricas y la historia'; adorador de un solo 
dios y deuna religión pura, fué superior ala superstición que vino á 
implantarse, fundándose sobre su nombre legendario, su superstructu- 
ra impostora. Porque la superstición tiene esto de estraño, que ella 
viene á esplotarálas víctimas, en provecho de los verdugos. ¿No hemos 
visto á los sectarios y sucesores de Typhon, el despotismo y la tiranía, 
fundar el cristianismo Osiriaco, con su cruz ansata, para escusar, sa- 
tisfacer y dar lugar á la tiranía^feroz que mató á Osiris ? ¿5No hemos 
visto á los crucificadores del Cristo, á los fariceos y escribas del cato- 
licismo, esplotar la sangre del que ellos han vendido y crucificado ? Es 
la verdad laque hace la grandeza de los pueblos y de los hombres, no 
la superstición. Esta, como un parásito funesto, se implanta en la 
gloria del pasado para corromperla y esplotarla en su provecho. 

La superstición hizo de Osiris, no un grande hombre, que era en 
realidad, sino un dios, que no era. Esto era como alzar un protesto 
plausible para no reconocer al dios verdadero, al dios creador, al dios 
de la evolución y de la ciencia, que adoraba Osiris. Esto es, le arre- 
bataban una gloria real, para rodearlo de una gloria ficticia y ab- 
surda, que no hacía sino ponerlo en ridículo. Y ¿cuántos como este, 
que los hombres despojaron de su gloria verdadera de hombre, para 
convertirlo en un dios falso, ridículo y funesto? Supersticiones crea- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 75 

das tal vez por el sombrío absolutismo y la tiranía para consolidar su 
usurpación. Más aún, para contener el desarrollo de una civilización 
naciente ; para degradarla, corromperla y abismarla junto con las 
estúpidas razas que se dejan invadir y corromper por la supersti- 
ción, y en la cual esta se apoya como en una fortaleza. Porque la 
superstición mata y degrada en el cuerpo y en el alma álos que la ad- 
miten. Ved la India. Si recorréis sus anales, nada más valiente que 
esa brillante y poética raza. Pero ellos han aceptado las supersticio- 
nes interesadas que han fraguado para embrutecerlos y degradarlos , su 
sacerdocio Brahamánico, que so ha empeñado en hacer de ellos, no una 
raza inteligente, laboriosa y digna, sino un rebaño de' carneros ociosos 
é inútiles; y desde entonces, se han convertido en la cosa, el hecho, 
la majada de cuantos han querido conquistarlos y explotarlos, Persas 
Árabes, Portugueses, Holandeses, Ingleses. 

¿Comprenderá alguna vez el hombre que por dignidad, por interés 
propio, no puede, no debe reconocer otro yugo que el de su propia 
razón, su propia conveniencia, que es la lógica irresistible de la razón 
y de la justicia; y el de la ley que la equidad establece para bien? 
Dios no ha distinguido al hombre por unas garras más fuertes que 
las del tigre, ni por una fuerza mayor que la del toro ó del elefante. 
El no lo ha distinguindo sino... por la razón. Es pues esta facultad 
la que el hombre debe cultivar de preferencia á toda otra; y es ella 
su único distintivo y título sobre los otros seres. 

De seguro que el dios que ha dotado al hombre, el dios de la evolu- 
ción, distinguiéndolo de los otros seres por su razón, nunca podrá 
jamás imponerle que abandone su razón segura y fiel, para seguir los 
dictados de una fé fundada en la superstición. Xo. La fé, si hay que 
recurrir á ella, debe colocarse en la razón misma, en la verdad y la 
justicia que de ella se deriva; y no en las supercherías interesadas de 
los impostores. Dios á quien la Biblia llama Dios de las ciencias, no 
teme la luz de la razón y de la verdad que él mismo ha colocado ene^ 
hombre. Son los ídolos funestos de invención humana los que le 
temen. 

«La gran punta que el África proyecta al nordeste, en frente de 
la Arabia, es seguramente uno de los paises más espantosos y deso- 
lados del mundo : el único campo que allí ha sido cultivado, es el 
campo de los muertos, y esto hace que esta gran Necropoli oculte 
tesoros etnográficos, y toda una página de la historia del pasado. » 
Tales son los términos en que se espresa M. llevoil, en un trabajo so- 
bre el Cabo Gruardafuí y regiones adyacentes, publicado en 1 883 por 



76 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la sociedad geográfica de Paris. Pero nosotros decimos, no puede ha-, 
ber campo de muerte, que no liaya sido previamente campo de vida. 
No pueden haber muchos muertos, sino donde han existido muchos 
habitantes, ó es un país fértil, ó un país que ha estado animado de un 
grande y poderoso comercio é industria. Pongámonos en este último 
casO;, porque este país comprende lo que los antiguos han denominado 
Aromática regio,' j es evidente que este nombre no ha podido darse á 
un muladar. ¿Es un país fértil, abandonado al cabo de los siglos por su 
feracidad? ¿Es como la vieja Tiro, un país comerciante y manufactu- 
rero á quien los años y las visicitudes de la política han arruinado? 
Esto es lo que vamos á averiguar. 

Esta región podemos considerarla como dividida en tres partes, á 
saber,lapuntamás avanzada al Norte ó caboGuardafui;elpaísdelos So- 
malis que se estiende principalmente al Sudeste, y Obok que se ha he- 
cho célebre por la ocupación francesa. Lo que vamos á decir de las 
doL primeras partes, lo tomaremos del Valle del Darror j Viaje al 
país de los Somalíes, publicación hecha por el autor y con. la fecha 
que hemos indicado. Así, se vé, en nuestro itinerario, vamos citando 
según se ofrece, los autores y escritores más antiguos, lo mismo que 
los más modernos. Solo que nuestros conceptos, lo mismo que nues- 
tras citas, no llevan el sello de la vulgaridad, sino que son por el con- 
trario de gran novedad, ó presentados bajo un nuevo aspecto. Son co- 
mo diamantes desenterrados, sea de las antiguas ruinas, sea del fár- 
rago contemporáneo de escritores adocenados, todos concordes en de- 
cir la misma cosa y espresar lo mismo, como enseñada por el mismo 
eco, la rutina del señor todo el mundo. Es en esta última parte don- 
de es más difícil el hallazgo de pequeñas joyas y dé pequeñas gemas 
que puedan hacerse valer. 

En 1877 y 1878, el escritor francés citado se había visto por dos 
veces en el caso de visitar el litoral de la Medjurtine, mas entonces 
obedecía á móviles puramente mercantiles. Sin embargo, la segunda^ 
residencia que hizo en diversos puntos de esa costa le permitió reco- 
ger cierto número de observaciones y documentos en los cuales las so- 
ciedades geográficas encontraron cierto grado de interés. Animado 
por estos testimonios, M. Eevoil, solicitó en 1880 y obtuvo del Minis- 
terio de Instrucción Pública de Francia, una misión científica á las 
regiones que había ya visitado y en las tribus inmediatas. Esta tercer 
esploracionha sido, según él, más interesante que las otras, habiendo 
conseguido reunir, mediante una mejor posesión del idioma, detalles 
interesantes sóbrelos usos, costumbres y orígenes de estas tribus 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 77 

africanas de la punta del Nordeste de África, que participan de un ca- 
rácter mixto, á la vez africano y asiático, esto es, etiope y arábigo, 
lo que acusa á la vez nna gran proximidad geográfica y una gran 
aproximación etnográfica é histórica. También las observaciones de 
M. Revoil versan sobre la fauna y flora del país, habiendo al mismo 
tiempo logrado fijar con precisión, la posición geográfica de los luga- 
res comprendidos en su itinerario. 

En general, esta región, según el viajero indicado, puede dividirse en 
tres grandes zonas: el litoral, donde se hallan las ciudades, llamado 
Iknder, las altas montañas que lo costean,, y el interior que es una 
gran meseta sobre la cual los nómades viven con sus rebaños. El li- 
toral se compone generalmente de una lonja de arena á veces inter- 
rumpida por los escarpamientos á pique, con una vegetación formada 
de plantas marinas, tamariscos, acacias y otros^ arbustos espinosos. 
Las montañas son generalmente calcáreas y su estratificación la ob- 
servada en todo el contorno del mar Rojo. 

Algunos parajes presentan vestigios de erosiones y de solevauta- 
mientos volcánicos, como las gargantas Togueni y el valle de Medloo, 
semejante por sus limonitas y basaltos á un inmenso cráter. El in- 
terior presenta una serie de grandes estepas, donde á veces un solo 
arbusto no se alza de la tierra; todo se halla cubierto de una capa si- 
licosa de color negruzco que oculta sus guijos, y por su aspecto se po- 
dría comparar al llano del Crau en Francia. Se hallan entrecortados 
por praderas ó cañadas inmensas, cubiertas de pastizales: en ellas 
pastan numerosos hatos de ganados, carneros, cabras, asnos, caba- 
llos y camellos, que constituyen la principal, ó por mejor decir, la 
única riqueza délos zomalís del interior. En ninguna tribu, M. Re- 
voil ha encontrado el menor vestigio de cultura, lo que atribuye á la 
pereza encarnada en los indígenas, también á la naturaleza del suelo 
que carece de tierra vegetal; suelo pedregoso que la sequedad trans- 
forma en un verdadero desierto. ^ 

Bajo el aspecto hidrográfico, el país comprende dos vertientes: la 
vertiente del Golfo de Aden y la del Océano Indico ; vertientes que se 
pueden distribuir en otras tantas cuencas, cuantos torrentes ó peque- 
ños rios descienden de las montañas de cintura de la meseta ó de la 
cadena costera. Pero de todas estas corrientes de agua una sola mere- 
ce alguna atención. Este es el rio Darror, que saliendo de los Montes 
Hodaftemo, corre en la dirección del sudeste y se arroja en el Océa- 
no Indico, después de haber recorrido un gran valle, que sería un 
completo desierto, si no se presentasen aquí y allí magníficos pasti- 



78 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

sales ó como todos losrios de estas regiones, el Darror no es^ durante 
la estación de la sequedad, ?inó un delgado hilo de agua, que se pier- 
de entre las arenas y los guijos ; mientras en la estación de las llu- 
vias corre de borde á borde, arrastrando en su curso, fouibundo, todo 
cuanto encuentra á su paso. 

En cuanto al clima medio, él es templado; sin embargo, el termó- 
metro se eleva á veces hasta los 34° sobre la ribera del mar; hasta 
los 45°, los 49° y aún los 55° al sol, sóbrela meseta del interior en 
Karkar. Y, por el contrario, en las montañas, á los 1650 metros de 
elevación, se le vé á veces descender hasta H °5. Es á estos estremos 
considerables de temperatura que nuestro viajero atribuye los casos 
frecuentes de tisis y romadizo que él ha encontrado en los nómades, 
que no tienen por todo vestido sino un paño de lana ó un pedazo de 
piel de cabra ú oveja sobado. Las otras enfermedades comunes entre 
los zomalis sonlas oftalmías, el vitteligo, las afecciones cutáneas; 
también hay casos de escrófulas. Mediante su contacto con los árabes, 
los zomalis han adquirido ciertas nociones farmacéuticas. De su 
ciencia han aprendido á emplear como purgante la tisana de Jallelo ; 
la corteza del Me^ac/ para secar las llagas; la mirra y la falsa mirra 
contra los males de los intestinos ; el incienso en infusión en agua 
contra los males déla vejiga. Para el resto, el tópico universal es la 
sangría ó^el cauterio con el hierro enrojecido hasta el color blanco. 
Hay pocos naturales cuyo cuerpo no se halle cubierto de un verdadero 
tatuaje de quemaduras ó escarificaciones; y aún acometidos de un 
cólico se hacen quemaduras en cruz en las plantas de los pies y en 
la palma déla mano para sanar. 

En 1880, Mr. Revoil visitó á Meraya en el vaporcito « Emilio Eloí- 
sa ». Este es un puerto del Grolfo de Aden en la vecindad inmediata 
del Cabo Guardafuí. De ahí en un butre, bote de vela, pasó áBuah, de 
donde sedirigióá visitar el valle Tohen en compañía de OsmanMaha- 
mud, el joven sultán de Medjurtine. En las inmediaciones de Tóbense 
hallan las ruinas de ülok, situadas sobre el flanco de una montaña, 
á la ribera del mar. La arena las ha cubierto dejando solo entreveer 
sus fundamentos tallados en la roca sobre un plan regular. Los frag- 
mentos de alfarería y amolana que allí se encuentran son de un carác- 
ter romano; y los habitantes de la pequeña aldea de Olok han descu- 
bierto en sus contornos monedas de plata con el águila de Roma. 
Los zomalis, sin embargo, no han practicado escavaciones por temor 
del Cheitan ó genio protector de las ruinas y de los tesoros que ellas 
esconden. 



FISIOLOGÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 79 

La segunda gran etapa de nuestro viajero debía conducirlo á Ber- 
guel, pequeño puerto que Xour Osnian ha elegido para su residencia 
habitual. La casa de este gefe, sin embargo, en nada se distingue 
de la de los otros zomalis, salvo en algunos pe(tuerios accesorios, indi- 
cando más inteligencia ó más recursos. -Es como todos los gourguis, ó 
gourhis como dicen los árabes del Tell, una especie de colmena re- 
donda formada por una quincha de juncos, reforzada con aros de 
madera y con tientos de cuero que so apoya sobro varejones cruzados 
y unañecha central. 

Por toda decoración en el interior, las armas del árabe, la silla y el 
freno de su caballo ; por todo mueble numerosas calabazas para la 
leche y la grasa; sacos de cuero como ropa interior; quillapiés de 
cuero de cabra, mantas para cama y platos de madera como vajilla. 
Tal era el simple mobiliario del tutor del Sultán de Medjourtine ; y 
sin embargo Nour Osman había tenido en su posesión toda la ropa 
blanca, toda la vajilla y todos los bellos servicios de mesa de muchos 
grandes paquetes de diversas naciones que habían naufragado sobre 
los temibles escollos del cabo Guardafuí, 

Los vestigios de los antiguos habitantes de la Medjourtine abun- 
dan en las inmediaciones de Berguel. Obsérvanse sobre las riberas 
de un torrente, un campamento ó paradero circundado por peñascos 
ó trozos de roca. Inmensos túmulos en forma los unos de coronas, los 
otros de pirámides truncadas, cubren el suelo, y sobre la ribera del 
mar, al lado de una laguna sombreada por esos bellos árboles llama- 
dos Damascos, se encuentran montones de conchas, detritus de cocina, 
huesos de pescado y de tortuga, al lado de silex afectando las formas 
más diversas, cuchillos, masas, puntas de hierro, mezclados con 
alfarería grosera, hierro, bronce, y en fin cascos de bomba, Pero en 
estos despojos de todas las edades, Mr. Revoil no encontró un docu- 
mento decisivo á primera vista. Fué solo después de reflexionar, y 
mediante un estudio atento, que él llegó á convencerse que se encon- 
traba en Berguel, sobre el sitio de un antiguo campamento de esas 
poblaciones Ictiófagas (Etiopes Ictiófagos, diferentes de los Etio- 
pes Macrobios) de que hablan Herodoto, Artemidoro y Strabon. Los 
siles, los detritus, las osamentas de pescado, los terraplenes de pie- 
dras databan probablemente de la edad de los Ictiófagos ; mientras 
los cascos de bomba debían provenir, sin duda, de las conquistas de 
la costa oriental hecha por los turcos y postugueses. 

Lo que hay de cierto es que á falta de Ictiófagos, el país de los 
zomalis contiene siempre trogloditas. Es en las gargantas del To- 



80 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

gooueni que Mr. KeToil encontró, viviendo bajo cobertizos cerrados 
por quinchas de rama, familias de desgraciados beduinos, de cabellos 
muy largo?, con los ojos hundidos por la enfermedad, con las facciones 
alargadas por la fiebre y el hambre. Toda su persona indica una mi- 
seria degradante que los acerca al bruto ; como rebaños solo poseen 
una ó dos cabras. Como utensilios de menaje no se vé en sus guari- 
das sino dos ó tres marmitas de tierra en las cuales hacen su cocción 
de raices de Karabouta, sirviéndoles de cama una mala estera. Cose- 
chan un poco de goma y un poco de incienso que venden á los zoma- 
lis ; pero su principal recurso es la caza. Para matar esta se sirven 
de flechas zopadas en un veneno muy activo, obteniendo de una 
cocción concentrada de las raices trituradas del Oubaio, planta de la 
familia de los digitales, mezclado con el zumo de un cactus. 

Más dificultades encontró para visitar el valle del Darror. Los 
orientales desconfían siempre mucho de los europeos ; desconfianza 
que Mahamud-Nour espresaba en estos términos característicos : «T 
además, tú todo lo observas, todo lo notas en las regiones que atra- 
viesas y acabarás por traer más tarde soldados déla Medjourtine ». 
El acaba, sin embargo, por conceder cinco hombres de escolta y un 
caballo ensillado á Mr. Kevoil, permitiéndole dar un paseo por el 
valle del Darror, pero sin atravesar este rio. El hizo su escursion 
bajo un sol de plomo, con bastante incomodidad, atravesando un suelo 
pedregoso y sin niogun atractivo. La vegetación del valle del Darror 
es en efecto muy miserable, componiéndose solo de acacias, de árboles 
y de arbustos espinosos. Tal vez por la estación, no se presentaban ni 
yerbas, ni plantas. Las tropillas de camellos que allí pastan devoran 
en efecto hasta donde pueden alcanzar, todas las yerbas, malezas y 
brotes de árboles y plantas que pueden haber á mano, no respetando 
sino la planta del Galfous, el cucumis figuei de los naturalistas. A 
largos intervalos se presentan algunos gourguis de un aspecto tan 
miserable como el de sus habitantes. Un último galope llevó la pe- 
queña carabana á las riberas del Darror, teniendo al frente la 
cadena de montañas del Kartar, cuya silueta se destacaba sobre un 
cielo sin nubes, con sus picos de flancos abruptos y sus cimas de for- 
mas elegantes y esbeltas. 

Esta región sirve dé morada á la tribu de los Esa Mahmoud, temi- 
bles depredadores que desde hace algunos años se han hecho el terror 
del país. «Xo tengáis la menor pena por no pasar á la otra banda, le dijo 
el gefe de su escolta á Mr. Revoil, pues seríais indefectiblemente ase- 
sinado, sino para robaros, cuando menos por castigar en tí un cris- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 81 

tiano que se atreve á hollar su suelo desolado por la seca; y te 
matarían como á un impuro que atrae las maldicioues del Pro- 
feta » . 

Mas esto no impidió que on otra ocasión Mr. Eevoil visitase el 
valle del Faralelé, á los pies de estos mismos montes Karkar. Estas 
montañas separan la cuenca del rio Darror déla del rio Nogal; y aún 
habría visitado este último, si no se hubiera opuesto el Guerad ó gefe 
de los Ouarsanguelis. A su vuelta él pudo visitar las ruinas de Hafdar, 
situadas en un valle absolutamente estéril, en medio del cual se levan- 
ta, semejante á una aldea, una vasta necrópolis sembrada de despo- 
jos de tumbas de toda especie, encerradas en general dentro de muros 
en piedra seca (especie de pirca). Dos grupos de construcciones lla- 
maron su atención : i" las ruinas cuadrilongas de una mesquita en 
pié, y 2" un Darti o fuerte, presentando el aspecto de un laberinto 
singular, cuyos muros en piedra seca, sin revoque y ennegrecidos por 
el tiempo, tienen un espesor de 60 centímetros y se elevan l'"50 sobre 
el suelo. A ser posible una escavacion en este campo de los muertos, 
no hay duda se habría podido obtener una amplia cosecha de testimo- 
nios viejos que hace indispensable el modo como la superstición ha 
logrado falsificar desde antiguo los anales humanos. Pero esto no 
fué posible, y lo más que obtuvo Mr. Pievoil fué recoger algunos 
sílex. 

Habiendo vuelto de por fuerza á Lesgoré, el principal puerto de los 
Ouarsanguelis, Mr. Eevoil hubiera deseado hacer una nueva escursion 
á la Medjourtine : pero no pudo obtener permiso. Mientras esperaba 
en Lesgoré el pasaje de un boiUre para volver á Aden, presenció la 
muerte de una doncella por la picadura de un trigonocéfálo. Había 
ido con su cántaro á traer agua de una fuente, cuando fué picada por 
este reptil y a las dos horas ya era cadáver esta criatura poco antes 
llena de salud y de una belleza notable. La muerta, envuelta en una 
mortaja blanca, fué conducida al cementerio en un palanquín llevado 
por seis hombres que se renovaban, y escoltada de un numeroso 
acompañamiento. Delante y detrás de este marchaba un cortejo de 
mujeres, dispuestas á cada lado del palanquín, teniendo en las manos 
un daberacl,''en el cual quemaban incienso y diversas gomas odorífe- 
ras. Ni cantos, ni demostración ruidosa; solo el sordo ruido de los 
pasos y esa triste melopea musulmana Aa illah, illah Allah, mur- 
murada á media voz por los asistentes. El cortejo ofrecía un aspecto 
imponente y presentaba cierta semejanza con las antiguas ceremonias 
fúnebres de griegos y romanos. 



ANAL. SOC. CIE>T. ARG. T. XXIX 



82 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Con buen viento bastan 48 horas para pasar de Lesgoré á Aden; 
pero Mr. Kevoil tuvo que bacer una visita forzada, primero á Hais y 
Karim. Durante su permanencia en Hais, habiendo observado una 
gran aglomeración de túmulos que se encontraban tanto en las inme- 
diaciones de la aldea de Hais, como en contorno de la Caleta de Sa- 
louina. A propósito de estos túmulos, un habitante de Hais le declaró 
que habiendo explorado aquéllas ruinas había obtenido antigüedades 
de cobre, de bronce, alfarería quebrada, perlas en cornelina y restos 
de huesos calcinados. Al saber esto Mr. Kevoil se puso á escavar tam- 
bién y encontró en abundancia esmaltes rotos de color verde, vasijas 
esmaltadas, vasijas rojas barnizadas de Samos. Estas son nuevas 
pruebas de la existencia en este litoral y en el interior del país de los 
zomalis, de antiguas civilizaciones desaparecidas. Pero solo faltaban 
datos para fijar la época de esta civilización. Al tiempo departir 
supo Mr. Revoil que á dos dias de marcha en la montaña, se hallaba 
una antigua inscripción grabada sobre una roca, que él no pudo ya 
reconocer. 

Según Mr. Revoil, los silex que él ha en3ontrado en el país de los 
zomalis, todos los cuales son de la forma más grosera y más primiti- 
va, calculando que la edad de la piedra en este país remonta á una 
época anterior al siglo XVII antes de Jesucristo. Las figuraciones 
más antiguas de los monumentos egipcios que se refieran á las pobla- 
ciones de la punta nord-oriental de África, son las pinturas egipcias 
del sepulcro déBeikmaray las del templo de Deir-el-Bahar, los cuales 
nos representan á los habitantes de Poum ó Pount, es decir, del Zomal 
actual, ep. posesión ya de los metales, esto es, como salidos de la edad 
de la piedra. 

Pues el gefe zomali que viene como suplicante delante del emi- 
sario de Pharaon, presenta en la pierna derecha una especie de arma- 
dura, que Mariette compara al dangahor de sus habitantes; y de su 
cintura pende un puñal, cuyo modelo se ha conservado hasta hoy en 
algunas tribus zomalis. Entre los túmulos de Hais y de Salonine, los 
hay de dos clases: los más numerosos han sido construidos por los 
trogloditas y los ictiófagos ; los otros, los de Hais, son de una data 
muy posterior, pues las lozas esmaltadas verde y azul en ellos encon- 
trados, pertenecen á la época de los Ptolomeos, siendo idénticos con 
los esmaltes griegos del Louvre déla misma época ; los vidriados rojos 
son romanos. 

Pasando de las ruinas á las construcciones, los objetos recojidos 
cerca de Ololí, restos de ánforas, de alfarerías y de muelas de moler 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 83 

de lava, son romanas é indican indudablemente el sitio del puesto 
avanzado romano del mismo nombre, establecido en esta bahía de 
refugio, de aguas siempre quietas, que el Peiiplo de la Mar Eritreo 
designa con estas palabras : Statio borce obnoxia. No hay inscrip- 
ción que confirme esta identificación ; poro lo mismo pasa con la 
identificación que se ha hecho del templo de Khor Addaham, con 
uno de esos pequeños santuarios griegos establecidos, según el testi- 
monio de Strabon, entre Zoylay Mas-Haffuoun, con el ISotu Ceras de 
los antiguos. ¿Pero qué más inscripción y comprobación que los 
objetos y vasijas contemporáneas de esas épocas históricas? Como 
quiera, es indudable que griegos y romanos han tomado posesión de 
(}^?L Aromática Regio de los antiguos y no repugna en ningún punto 
admitirlos hechos indicados, á saber: que el elemento griego intro- 
ducido en el Zomal,en la época de los Ptolomeos, ha sido en él bas- 
tante poderoso para elevar á veces el tipo zomali hasta cerca del nivel 
de los que ocupan el rango más elevado en la escala humana. Se puede 
añadir que esta raza ha debido modificarse muy anteriormente al con- 
tacto de los egipcios antiguos, que si no han impuesto al Zomal una 
sujeción temporaria, han frecuentado largamente por lómenos su lito. 
ral. Por las inscripciones, este país ha estado indudablemente sometido 
al yugo egipcio hasta la conquista de los persas, a quienes los zoma- 
lis, esto es, los etiopes ictiófagos, se sometieron, menos los etiopes 
macrobios, ó de laAbisinia, según Herodoto. Una prueba física de la 
deuda de los zomalis á la civilización del antiguo Egipto, la hallamos 
en el hacha de que ellos se sirven hasta hoy, que es una simple cuña 
de metal fijada verticalmente á un mango de madera, y que es idén- 
tica ala que presentan los soldados de la reina Hortasen ; y su carcax 
cilindrico, de dimensión menor en el medio que en las estremidades, 
se asemeja en estremo al que en los monumentos presentan los infan- 
tes egipcios de la época de la XVII dinastía, correspondiente al XVIII 
ó XIX siglo antes de Jesucristo. En Oriente todo dura una eter- 
nidad ! 

Mucho falta para que la ocupación Árabe haya borrado todos estos 
vestigios del pasado de la nación Pouní ó Pount, aunque los zomalis 
se hagan un punto de honor de no hablar sino con un profundo despre- 
cio del tiempo en que se contaban entre el número de las tribus Gallas. 
Esta ocupación fué la obra del feroz y fanático Jabarti-Ben-Ismail, 
que una tempestad arrojó, en el año 15 de la Hegia sobre el Ras-él- 
Féreck, al tiempo de encaminarse sobre el Golfo Pérsico. Jabarti con- 
virtió á los unos, esterminó á los otros y á su muerte el Islam había 



84 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tomado posesión del país de los zomalies. Sin embargo, el elemento Ara- 
be se ba asimilado poco alas poblaciones. Algunas palabras árabes 
se ban deslizado en el idioma zomali y todo el arnesado del ca- 
ballo zomali es árabe. A pesar de esto, los zomalis se han con- 
servado en su fisonomía general, mucho más egipcios, griegos y 
romanos que árabes. En vez de trajes de piel, se visten aún con 
el sayal de Suez, Sagum Arsinoeticum, que entre otros objetos de 
cambalache los comerciantes griegos han introducido en el lito- 
ral. Ellos han añadido al arco y la flecha, sus armas primitivas, la 
lanza larga y corta, el escudo y el sable. El orden de combate sobre 
dos filas es entre ellos una táctica nacional, de tal modo, que hoy un 
combate entre dos tribus, nos dala vera efigie de un combate de aho- 
ra 3000 años. Las mujeres que son progresistas (en sus adornos), han 
adoptado las joyas de plata, los brazaletes de oro, los zarcillos, pren- 
dedores y grandes collares de las damas árabes. Pero ellas se rebosan 
en su Degou, especie de Peplum, que anudan en su espalda ; ellas 
aprisionan sus cabellos en una cofia de tela, y cuando siguen en pro- 
cesión un entierro ó una nupcia con sus pebetes de perfumes levanta- 
dos en el airé, se admira el magnífico arcaismo de sus actitudes. 

La poligamia existe entre los zomalis, mas este lujo solo los ricos 
pueden proporcionárselo: pero conservan á sus mujeres separadas. Las 
mujeres se compran abonándose su precio á los padres. Su dote con- 
siste en un gotirgui, utensilios de menaje, esteras y algún ganado. 
Las nupcias tienen lugar sin grandes ceremonias. La novia, vestida 
de su mejor traje, es paseada en torno de la aldea, con acompaña- 
miento de algunos tiros. A la caida de la noche, el cortejo se traslada 
á la casa de la joven desposada, que los recibe vestida con sus mejores 
atavíos y rehechas las trenzas de su cabellera, símbolo de su virgini- 
dad y la frente ceñida por una trenza de cuero, terminada por una 
rosa que se llama jarre. En torno de ella, teniendo cada uno en mano^ 
el dairabad, en que se quema el mourcoud, goma resinosa que se 
obtiene de un árbol parecido al sicómoro en su follaje, y que quemada 
exhala un olor parecido al cuero de Rusia, se colocan sus parientes y 
amigos. Los esposos se conservan sentados el uno cerca del otro; des- 
pués de esto elPadri invoca á Mahoma y balbucea algunas oracio- 
nes. Enseguida comienza el festin nupcial, que constado carnero para 
los ricos y de galleta y dátiles para los pobres. Los habitantes hacen 
un gran ruido toda la noche bailando sobre cueros y divirtiéndose ; 
mientras que á intervalos, una mucharad (cantora) ejecuta una 
tiroliana estridente. 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 85 

La costumbre no obliga á las mujeres zomalis á mantenerse vela- 
das en público, como á las árabes. Algunas, sin embargo, al acercarse 
un extranjero se creen obligadas á taparse el rostro con las manos, 
pero no dejan de mirar por la abertura de los dedos. Las mujeres de 
\os Mirdgaiies 6 beduinos, se tapan las narices al acercarse un estran- 
jero. El marido puede repudiar á su mujer; mas esta no tiene otro 
recurso que hacerse repudiar por su marido. Respetan mucho á los 
ancianos y á los insensatos ; pero A los apestados y aún á los heridos 
los tratan con dureza. No existe ningún control aduanero; y solo los 
compradores banianos y árabes pagan un impuesto, que varía según 
el capricho de los perceptores, sin dejar el menor vestigio escrito. Las 
esportaciones del zomal consisten en gomas, incienso, mirra, nácar, 
perlas, plumas de avestruz; en Índigo, en carei, en manteca ó grasa 
derretida y en ganado en pié, tal como bueyes, carneros, cabras y ca- 
ballos. Los artículos de importación se componen de arroz deBombay, 
dátiles, lienzos americanos, perlas, ámbar y un poco de quincallería. 
Las caravanas que vienen de Karkar, esto es, del corazón de la Med- 
jourtine ó del pais de los Oursanguelis, se dirigen al puerto de Bén- 
der Gósem y sobre Lesgoré, dos puntos á los que convergen también 
los convoyes de los Dolhobantes, especialmente con cargamentos de 
pluma de avestruz. Generalmente el árabe y el hindú no salen al en- 
cuentro délos vendedores zomales. Prefieren valerse de agentes que 
cambalachan en los puertos ó en el interior artículos de consumo por 
los productos del pais. Estos hacen sus negocios en Aden, Makallah, 
Djeddah y Bonibay. 

Pero henos aquí en presencia de la isla do Socotora, isla célebre 
en los fastos navales de las naciones marítimas, primer objeto de su 
curiosidad al penetrar en los mares de Oriente, y primera presa de su 
codicia. La isla de Socotora se halla ala entrada del golfo de Aden y 
no del estrecho de Bab-el-Mandeb, como pretenden algunos malos 
geógrafos; tiene unos 125 kilómetros (25 leguas españolas y 31 ^/^ 
leguas francesas) de largo y unos 50 kilómetros (10 leguas españo- 
las) de ancho cuando los Ingleses la tenían ocupada á principios de 
este siglo como posición marítima estratégica y como punto de reca- 
lada para los vapores que recorren el mar Indico ; en esa época de 
movimiento y comercio, ella contaba unos 10,000 habitantes en su 
mayor parte hindus, mahometanos y algunos árabes. Pero habiéndola 
abandonado los ingleses por Aden, á mediados de este siglo, su pobla- 
ción ha quedado reducida hoy á menos de 3.000 almas. Esta isla se 
"halla situada ha 130 kilómetros al Este del cabo africano de Guarda- 



86 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

fui y á 370 kilómetros de la costa snd de Arabia. Su posición geo- 
gráfica es entre los H°50' y los 12° Va ^6 latitudNorte y su clima 
en consecuencia de esta l)aja latitud y del carácter plano de la isla, es 
ardientísimo. Su capital es Tumarida, conunbuen puerto sobre la 
costa nordeste. El suelo de la isla es muy fértil y produce dátiles, 
arroz, índigo y otras drogas, entre ellas el aloes, que es el más afa- 
mado. Hoy su principal industria consiste en las crianzas de ganados 
establecidas alli por los Ingleses, para proveer á Aden y á otras de sus 
posesiones en esas regiones. En sus costas abundan el coral y las per- 
las. Los vapores que navegaban entre Suez y la India, ó entre el Cabo 
de Buena Esperanza y Bombay recalaban allí para hacer carbón. 
Pero hoy es Aden la que surte de este combustible. Los antiguos lla- 
maban á Socotora DíoscoríV/es ínsula. 

Muy poco después de pasar la isla de Socotora, llamada ¿>ocoíra por 
los ingleses, se presenta la isla africana solitaria y desierta de Ab- 
del Koouri, montaña, roca inmensa, roca árida á la cual el África in- 
mediata, ha arrojado encima un puñado de las ardientes arenas de sus 
desiertos, para esterilizarla é inmovilizarla como ella. Fué al entrarla 
tarde que arribamos á esas posiciones y es á la luz cadente del medio- 
día que pudimos contemplar la inmensa roca africana, dividida en 
dos por una quebrada medanosa, que constituye la isla de Abd-el-Koou- 
ri. Eoca bistrada volcánica al parecer ; pero alguna vegetación la cu- 
bre, tamariscos probablemente, cuyo sombrío matiz resalta sobre él 
blanco amarillento de las arenas Líbicas. El mar de esta región, de 
záfiro turquí se ha convertido en una esmeralda de un verde atercio- 
pelado y sombrío. Cuántos recuerdos traen á mímente esa isla de 
Socotora, ese peñasco de Abd-el-Koouri ! Y ese cabo G-uardafui, que 
cuenta en los siglos tantas naves víctimas de sus temibles escollos,, 
desde la simple nave chata de remos de Osiris, hasta el gran vapor 
moderno, cuyos despojos hemos visto recogidos por los zomalíes de la 
costa. ¿Cuántas veces no las^habrán tocado las flotas de Osiris y de 
Sesostris, de Salomón y de Hiram, de los Faraones y de los Tolo- 
meos poéticos de la antigüedad; de los prosaicos Mahometanos, Portu- 
gués, Holandeses é Ingleses de nuestros dias, en sus períodos de de- 
predación y de lucha ? 

De uno, de quien habla Herodoto en una antigüedad relativa, sé yo 
fué el primero en doblar ese cabo formidable y es justamente el Feni- 
cio Hannon, el primer mortal que haya comprobado documentalmente 
(con el periplo ó inscripción de un templo) haber dado vuelta al conti- 
nente Africano, que es mucho más que la vuelta al mundo en nuestra 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 87 

época, pues la brújula aún no era conocida, ni servía á los navegan- 
tes como un guia infalible. Hannon empleó tres años para circunna- 
vegar el África, y solo pudo sostenerse haciendo sementeras cada año 
sobre sus costas y manteniéndose en sus naves con el producto de sus 
cosechas. Herodoto niega este hecho, fundándose en que Hanon ase- 
guraba que al doblar la estremidad meridional de la gran península ó 
triangulo africano, como entonces lo llamaban, había visto el sola 
su derecha. Herodoto se resiste á la mera posibilidad de un tal fenó- 
meno, pues en el hemisferio setentrional se tiene siempre el sol al 
mediodía y no al norte. Es que él no contaba con otro hemisferio. Y 
justamente el hecho observado por Hannon y negado por Herodoto 
como absurdo, y como prueba de la falsedad del viaje en torno del 
África, de Hannon, á saber el sol al septentrión y no al mediodía, 
prueban la verdad del viaje de circunnavegación y el error de Hero- 
doto. Cuan ilusos y cortos de vista son los hombres, aún los más sa- 
bios y veraces, como Herodoto ! Y cuánto no debe reírse la providencia, 
de los absurdos y disparates adoptados sin raciocinio, por los hom- 
bres de fé ciega. Probablemente ese es el saínete del empíreo. Pues bien, 
la razón que servía á Herodoto para negar en una época de ignorancia, 
hoy sirve para afirmar, en nuestra época de luz, la realidad del viaje 
de circunnavegación africana realizado por Hannon, 7 á 8 siglos an- 
tes de J. C. Hoy es una evidencia demostrada, lo que entonces el Pe- 
ríplo no imeda sino esponer como un hecho estraño y sin esplicacion 
posible. Es pues Hannon el primero de los navegantes occidentales 
que ha doblado con felicidad el peligroso cabo africano de Guarda- 
fní. 

La isla de Abdel, baja hacia el sudeste, se eleva más hacia el no- 
roeste. Paréceme un inmenso trozo de cuarzo ametístico, engastado 
en la esmeralda líquida del mar de Arabia. Pero al aproximarse á las 
costas africanas el mar pierde el brillante matiz de su verde, y se os- 
curece cada vez más. Diríase que las sombras del continente Negro 
tiñen las ondas con su matiz fúnebre. Pero muy pronto el derrotero 
de nuestra línea de navegación cambia del Oeste directo que ha trata- 
do hasta aquí y se dirige al noroeste, hacía Aden, situado sobre las 
costas de la Arabia, á la entrada del Mar Rojo. Las altas costas afri- 
canas dominadas por las crestas del Karkar, con sus promontorios 
elevados y salientes, comienzan á alejarse de nosotros. Muy luego el 
rápido steamer, junto con las sombras del crepúsculo, ha dejado atrás 
su silueta negra, desapareciendo primero el pié, después el medio, 
por último la cima de esas protuberancias, de esos macizos de ama- 



88 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tista que se confunden en la lontananza con las brumas del remoto 
horizonte. 

Pero antes de anclar en el puerto de Aden, detengámonos un rato 
en el establecimiento francés de Obock, situado en la bahía ó ensena- 
da de Tadjura, sobre esa Aromática regio que acabamos de describir, 
y la cual penetra tan adentro en ese continente ó macizo africano, tan 
sólida. Una emboscadura de torrente, de cerca de dos kilómetros de 
ancho^ divide el establecimiento francés en dos grupos de habitacio- 
nes. Sobre la ribera izquierda un recinto fortificado de 50 metros cua- 
drados, contiene las ruinas de una torre : es lamas antigua construc- 
ción de Obock. Ella ha dado sucesivamentes asilo á los primeros esta- 
blecimientos de la colonia, y hoy sirve de presidio, A su lado se ha 
erigido una bella construcción, destinada á proveer de carbón y de 
víveres á los vapores que allí acuden. Sobre la ribera derecha, á la 
estremidad de una meseta que domina el mar, de una elevación de 10 
á 45 metros, se hallan diseminados los galpones que sirven de cuarte- 
les militares. A 500 metros de allí, una aglomeración de cabanas ha 
sido construida por los árabes, compónese en su mayor parte de tien- 
das provistas de telas inglesas, de durra, de arroz, etc. Los compra- 
dores son los trabajadores árabes, danakiles ó zomalies empleados 
en los trabajos del puerto. Tal vez más tarde se establecerán allí 
transacciones con los nómades del interior, puesto que es de Tadjura 
que parten las caravanas para el Choa. Actualmente (1887) estos nó- 
mades no se acercan al establecimiento francés, sino en el período 
(de Diciembre á Marzo) en que las lluvias de borrasca hacen brotar en 
ese Atacama africano, alguna efímera vegetación. 

Las aldeas indígenas más inmediatas son las de Tadjura, al sud, la 
de Raheita, al norte. La primera, dista unos 45 kilómetros ; el cami- 
mino que á ella conduce es muy accidentado ; un agente de caravana 
aseguraba que en las montañas del Choa, no había un sendero más 
difícil de recorrer. Para llegar á Eaheita se necesitan dos dias de mar- 
cha sobre la meseta calcárea. Los dardares ó sultanes qué gobiernan 
estas dos aldeas, dependen de un príncipe más poderoso, Mohammed 
Amphallé, dardar de Aoussa. Los nómades del país son conocidos con 
el nombre de Adeles ó Danakiles. Ellos mismos, sin embargo, se de- 
signan con el nombre de Afara, palabra que significa vagabundo ó li- 
bre. Su organización en grandes grupos ó tribus es muy imperfecta. 
En su lengua, ni aún tienen término equivalente al de tribu. La falta 
de pastos y la escasez de agua, los obliga á desparramarse sobre vastas 
estensiones de territorio. El alimento habitual de las cabras, su única 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 89 

riqueza, son las hojas minúsculas de las mimoseas, que no pueden ra- 
monear sino trepando sobre las principales ramas. Entre tanto la es- 
tremidad de las ramas de estos arbustos se hallan erizadas de es- 
pinas. 

Cada cinco ó seis dias, los pastores hacen recorrer á sus majadas 
distancias á veces considerables con objeto de abrevarlas en puquios 
escavados en el lecho mas bajo de un torrente. Como cada familia 
dankali posee de 100 á 200 y aún 300 cabras, la reunión de muchas 
familias daría por consecuencia inevitable el agotamiento rápido de 
las fuentes. Estas condiciones, como se vé, se oponen al mantenimien- 
to de las relaciones indispensables para la organización de una tribu. 
No acontece lo mismo en ciertas regiones del interior, sobre las már- 
genes del rio Aounach, de una feracidad relativa, según los viajeros. 
Este aislamiento, en medio de soledades, es, para el establecimiento 
deObock, una garantía de seguridad. Es por eso que el GobiernoTran- 
cés lo ha escogido, sobre todo, como un lugar de deportación. 

El período de las cortas lluvias de borrascas tiene tan corta dura- 
ción ; la vecindad del Ecuador hace la temperatura media del año tan 
uniformemente ardiente, que no sin cierta sorpresa se observa este 
país cubierto de arbustos. Diversas especies de acacia mimosa, cuyas 
ramas se estienden en forma de parasol, vegetan en número bastante 
considerable sobre las mesetas. Muchas de estas especies producen la 
goma dicha arábiga. En los lechos de las quebradas ó Wuadi, algu- 
nos jujuberos (Zizijphus spi'na chrísti) alcanzan la altura de los gran- 
des árboles. Raros balsamodendron achaparrados, cubiertos de espi- 
nas, crecen al lado de unas euforbiáceas espinosas, cuyas llores son 
de un rojo lívido. Ldj'Asclepias gigantea del Sondan se presenta en los 
barrancos más profundos. El zumo de esta planta es de un blanco de 
leche, y es abundante y venenoso, según hemos visto. Sus fibras tex- 
tiles y muy resistentes son utilizadas por los danatiles, que dan á esta 
asclepiadea el nombre de galatho. Su flora es pobre en especies, con 
gran trabajo se podrá recojer una centena. 

Las gazelas y los damanes (//ymj? abysinicus) son numerosos en 
las inmediaciones de Obock ; los últimos de estos animales viven en 
sociedad en las grietas de las calcáreas coraligenas. Un antílope de la 
tallado un corzuelo pequeño (Cephalophus liempriclii) tiene, como el 
gato doméstico, la singular habitud de disimular, cubriendo de arena 
los despojos que podrían revelar su presencia, esto es, sus dormide- 
ros. Esto en el Cephalophus es una medida prudente, para despistar 
al lince, al leopardo, al chacal y á las hienas que lo persiguen. Los 



90 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

asnos silvestres viven en pequeñas bandas de tres ó cuatro. Con la ca- 
beza baja, las orejas gachas, seles vé de plantón, inmóviles la mayor 
parte del dia, en los parajes más elevados, perfectamente ocultos én- 
trelas ramas de las mimoseas. ¿ Qué hace allí ? Cuida de su libertad 
y de su subsistencia, atisbando los movimientos de sus enemigos. 
Se diría unnecio^, es solo un taimado. Parecen zonzos, pero no dejan 
acercarse á tiro ni al hombre, ni á bicho viviente. 

La rada de Obock ofrece condiciones muy favorables para las in- 
vestigaciones de la zoología marítima. En las más grandes mareas, 
las de las sizigias, la gran playa que corresponde al desemboque de 
la quebrada de Obock, queda á descubierto por un espacio de 300 á 
400 metros. Fórmase de una arena lodosa, proveniente de los aluvio- 
nes de la quebrada, lo que solo tiene lugar á largos intervalos. Esto 
ha hecho disminuir mucho la estension primitiva de la rada. Muchos 
seres marinos han debido perecer á consecuencia de estos aluviones, 
ó mejor, de estas invasiones repentinas de arena y lodo. Sin embargo, 
las actinias, Discosoma, de dimensiones gigantescas, cuyos discos sue- 
len alcanzar hasta 35 centímetros de diámetro, ostentan sobre la are- 
na sus series radiantes de cortos tentáculos. Tampoco son raras las si- 
ponclas, las talassemes, las spatangas y las clypeastres. Los arrecifes 
madrepóricos que rodean el puerto de Obock, constituyen sus rompe- 
olas naturales. El más importante, situado más adentro, llamado Sur- 
cuf, solo llega á descubrir una parte de su superficie en las mareas 
muy bajas. Pues bien, en estos peñascos abundan más que en otras 
partes, diversos géneros de poliperos arborecentes, como ser las ma- 
dreporas, los pocilloporos y seriatoporos. Por el contrario, en los fa- 
rellones del cabo Obock, abundan los poliperos más macizos. La ra- 
zón de esto es tal vez que los poliperos arborecentes necesitan de una 
agua más pura y más agitada. Al cabo de una marejada algo fuerte, 
manojos enteros y vivos de melliporos son trasportados hasta la costa 
por el reflujo. Las fongias no se ven sino en el estado de esqueleto. Es 
probable que este género de zoófitos solo vegeten á cierta profundidad, 
pues jamás se les vé fijos entre los pólipos que emergen en marea ba- 
ja. Los arrecifes del puerto de Obock, son muy parecidos á los ob- 
servados en la isla de Kamarane en el mar Rojo, Su modo de creci- 
miento no parece diferir del de los arrecifes barreras y marginales 
del océano Pacífico. 

En los bancos ó arrecifes del cabo Obock, abundan en estremo los 
animales marinos. El no se halla separado del continente sino por 
una laguna poco profunda, que en marea baja no pasa de la rodilla. 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLaBO 91 

Allí son además numerosas las fuentes calientes que se derraman en el 
mar. Su temperatura es tan elevada que no permite estacionarse allí, 
y sin embargo los moluscos cipreas, los cangrejos j los peces viven 
allí y se refocilan. Entre los peces largas murenas de piel jaspeada de 
oscuro y verde, presentan la mayor semejai:za con las serpientes; sus 
mordeduras son muy temidas. A menudo estas murenas se ocultan 
bajo peñascos de poliperos, no dejando percibir sino su cabeza, la 
cual se mueve lentamente á derecha é izquierda. Las grandes algas 
turbinarias que flotan encabritadas en la superficie déla laguna, au- 
mentan las dificultades de la marcha para] los esploradores de ribera, 
que tiene que hacerse entonces al acaso, ya sobre pedruzcos resbala- 
dizos y cubiertos de asperezas, ya en medio de infractuosidades en que 
los pies son cazados. Cuando en fin, se llega sobre la cima del arreci- 
fe emergido, las grandes placas viscosas formadas por los alcionarios 
{Palythoa mamillosa), pueden ocasionar caídas muy peligrosas por 
las picaduras de las Diadema, revestidas de largas agujas rugosas, ó 
de la Acrocladia erizadas de enormes clavos triangulares. 

Híeckel^ hablando de sus esploraciones, en los bancos de poli- 
peros de Tor, en el golfo de Suez, nos hace conocer los obstáculos que 
se presentaban á su curiosidad de naturalista. « Saltamos resuelta- 
mente, dice, por sobre cubierta, envueltos en un maravilloso fulgor 
verde y azul. Entonces podemos observar de cerca la riqueza del colo- 
rido peculiar de los bancos de poliperos... pero sus dientes puntiagu- 
dos no nos permiten el poner el pié encima. Ensayamos el detener- 
nos sobre un espacio arenoso, pero un erizo nos clavó On el talón sus 
púas, cuyas frágiles puntas se quebraron en la llaga como otros tan- 
tos vidrios. Tratamos de despegar una soberbia actinia de un verde 
esmeralda que nos pareció fijada sobre las válvulas de una volumino- 
sa concha de mar. Felizmente percibimos con tiempo que aquel cuer- 
po verdoso no es una actinia, sino el animal mismo de la concha. Si 
nuestra mano hubiese penetrado dentro, habría sido apretada con 
fuerza por los dos filos de la concha al cerrarse. Nosotros ensayamos 
el arrancar una rama de un pocilloporo violeta, pero una pequeíía gi- 
bia (Trapezia), nos pinchó dolorosamente... en fin, para evitar el con- 
tacto de una banda de medusas urticantes, ó los dientes de los tibu- 
rones, tuvimos que remontará la superficie ». 

La habitud que se adquiere en este género de esploraciones, permi- 
te felizmenre escapar al género de percances que se acaba de descri- 
bir, haciéndose posible entonces el admirar el espectáculo atractivo, 
en el caboObock, de un arrecife formado casi enteramente de anima- 



92 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

les, cuyo aspecto es tan singular, que llegó á clasificárseles antigua- 
mente entre las plantas, y aún entre las piedras. Los montíporos ro- 
sas, los poritos verdosos, asociados á las algas calcáreas rojizas ó 
blancas, invaden las esférulas formadas por las Eavias, las Gonias- 
treas, las Coelorias. Las crestas delicadas de los Lophoseris se agru- 
pan cerca de las eminencias finamente esculpidas de losHydnophoros. 
La diversidad de colores presentada por éstos animales es muy 
grande, y no se revela sin embargo, sino ante una observación atenta. 
El tinte general de la parte viva del arrecife es verdoso. El verde es- 
meralda no decora sino el fondo de los cálices de ciertos poliperos, y 
el rojo escarlata solo parece pertenecer á las rosáceas branquiales de 
los numerosos anélidos que allí se hallan alojados. Las esponjas, los 
alciones, los moluscos, los peces mismos, tienen á menudo una colora- 
ción que se confunde con la que reviste el conjunto del arrecife ; así 
su captura exije una vista ejercitada. La capa de una Phyllidia, si- 
mula de un modo sorprendente una aglomeración de cálices de go- 
niastrea. Esta analogía de colores se halla en parte esplicada por la 
ley darwiniaua de la adaptación, y en particular por la ley de «selec- 
ción homocroma ». « Mientras menos el color de un animal se dis- 
tingue de su medio, más probabilidades tiene de escapar á su enemi- 
go, más fácil le es acercarse á su presa sin ser visto, más en fin^ se 
halla protegido en su lucha por la existencia ». 



lY 



UNA NOCHE DE CIELO ARÁBIGO.— GOLFO Y PUERTO DE ADEN. — 
LA ARABIA Y SUS COSTAS. 

¡ Cuan poética, aún sobre las olas, es esa hora vespertina en que 
la luz huye y las tinieblas invaden con su manto de sueños y de mis- 
terios ! El poniente marca aún el punto de retirada del astro del dia, 
tiñéndose con los más vivos matices de púrpura que brillan espléndi- 
dos sobre él jacinto, un escudo homérico de acero bruñido, de que 
fantásticos vapores agrupados en contorno forman á manera de escul- 
pidos relieves. Poco apocóla noche tiende sus sombras y el cielo tro- 
pical se muestra constelado de sus orbes esplendentes. Como siempre 
la magnificencia de la grandiosa constelación de Orion, llena el me- 
jor y más visible hueco del firmamento. A la izquierda, en el oriente, 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 93 

la via láctea desarrolla su corriente plateada de soles apiñados, que 
los astros de gran magnitud de nuestra corona estelar realzan y ani- 
man con fulgores centellantes. Tal, en las calles espléndidas de New- 
York, las luces eléctricas más esplendentes titilan, ofuscando las luces 
más apagadas delgas. Hacia el norte, muy bajas en el horizonte, des- 
cuellan las dos Osas y la Estrella Polar, esa poética guía de los na- 
vegantes antiguos, hoy sostituida con otra guía más segura y mane- 
jable, la brújula. Todas las bellas constelaciones del cielo boreal, se 
despliegan á un lado, y las más 'esplendentes aún del cielo austral, 
al otro ; si bien ya confusas y bajas en el horizonte meridionaL Es la 
canopea completa de los dos hemisferios, que luego perderemos de 
vista en su carácter doble, al avanzar al norte, alejándonos del ecua- 
dor. El cielo boreal es bello, como todo pedazo de ciclo, pero por con- 
fesión de todos, es más sombrío y menos brillante que nuestro es- 
pléndido cielo austral, aún así 12^ aparte al norte del ecuador. Este 
cielo arábigo es puro,, vasto y esplendente, como nuestro cielo argen- 
tino, en una noche serena de la Pampa. 

Al otro dia temprano, traspuesto el mar Indico de azul, el mar Ará- 
bigo deturqueza, nos rodea por todo, con su horizonte móvil y sus 
olas de un verde sombrío, sin presentarnos tierra por ningún punto. 
El color del mar, sin embargo, se aclara un tanto y sus olas reflejan 
un color menos sombrío al aproximarnos á las costas de Arabia. Me- 
jor, en todo el trayecto éntrelos cabos africanos avanzados y Aden, 
el mar Arábigo asume un bello tinte de azul claro, á veces opaco, á 
veces translúcido como un záfiro fluido. Esto me hace observar que 
este mar no es muy profundo, y que su fondo lo constituyen profun- 
dos mantos de esa arena que hoy constituye los desiertos Arábigos y 
africanos, ocupados de seguro, en el remoto pasado por las olas de ese 
mismo mar. 

Y á propósito de Arabia y de sus desiertos, es curioso lo que Heró- 
doto refiere con relación á la fábula de las serpientes aladas, las cua- 
les según él, son destruidas al llegar al Egipto, por los Ibis sagrados 
de ese país. Como testimonio de verdad de estos hechos, él cita los ca- 
dáveres de estos reptiles voladores que se presentan en la montaña 
Arábiga del Nilo, en el paso que de Myos Ormos, conduce á Koptos 
en el Alto Egipto. El buen Heródoto debió tomar por serpientes ala- 
das, algunas Pterodáctiles fósiles, que se presentan en el camino del 
mar Rojo. Esto nos lo esplicatodo, el origen de la fábula, y la causa 
del error del padre de la historia. 

Por fin, henos aquí á las inmediaciones del estrecho de Aden (por- 



94 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

que Aden forma un estrecho que dá acceso ala parte más estrecha del 
golfo de su nombre ; así por lo menos lo he reconocido con mis ojos, 
circunstancia que ignoraba antes ; tan bien escritas se h¡illan nues- 
tras geografías y tan bien confeccionados nuestros mapas). La costa 
arábiga se diseña á la derecha, vasta y dorada, dominada en la direc- 
ción del nordeste por una empinada cresta de elevadas montañas que 
corren de norte á snd, formando como quien dice, á manera de espi- 
nazo de la península arábiga. El mar, abandonando sus matices de zá- 
firo, ha adquirido ese delicioso verde gris, que se convierte en un ver- 
de de turqueza brillante, allí donde el silicato oceánico conserva su 
transparencia. Por último, despuntando esas costas bajas de arena 
dorada, dos promontorios, ó mejor dos islas, ó más propiamente una 
serie de islas volcánicas se alzan formando el estrecho de Aden, que 
es amanera del vestíbulo ó antesala que dá acceso al golfo que prece- 
de al estrecho de Bab-el-Mandeb, ó entrada del mar Kojo. Esto no 
dice la geografía ni los mapas, pero lo digo yo que los he presencia- 
do, estudiado y recorrido. 

Como quiera, esas rocas, esos promontorios volcánicos á que he- 
mos aludido, que se aproximan para formar el pintoresco estrecho de 
Aden, son de un carácter volcánico tan reciente como evidente por 
su forma y aún por su color . T en realidad no he visto en todas mis 
escursiones, montañas más caracterizadas y de un origen volcánico más 
evidente y reciente. Son como enormes trozos de escorias recien esca- 
padas de una hornalla de titanes. Parecen surgidas ayer de las 
olas del mar incandescente de abajo del mar fluido ; y yo creo que es 
el surgimiento de esas series de altas montañas y picachos volcáni- 
cos, lo que ha dado origen á la emersión de los desiertos vecinos sobre 
el nivel de las olas del mar que rodea la gran península arábiga, la 
tercer gran península del globo, siendo las otras dos el Indostan y 
Sud-América. También creemos que es el surgimiento de las monta- 
ñas del Sinai y del Tacazze (Ataka), de 'un orígen'eruptivo evidente- 
mente más antiguo, lo quejha dado origen al surgimiento del estrecho 
que liga el Asia con el África, vínculo roto hoy por la audaz empre- 
sa del perseverante genio de Lesseps. 

El carácter reciente de las montañas que forman el estrecho de 
Aden y la serie de islotes eruptivos que costean las riberas arábigas, 
es tan marcado, tan palpable podría decirse, por el filo y la edenta- 
uion aguda de las crestas, que á mis ojos esas islas montañosas son 
más recientes que las mismas islas Sandwich, que se consideran de 
ayer, por su aspecto y su naturaleza. í]sas montañas indudablemente 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 95 

son contemporáneas con la última gran revolución de nuestro planeta 
y por consiguiente han debido acompañar y tal vez ocasionarla emer- 
sión de la última distribución física y geográfica del viejo continente. 
En consecuencia, su surgimiento, su erupción ha debido terminar la 
edad cuaternaria, viniendo á presidir el período moderno. Ese sistema 
de montañas volcánicas del litoral arábigo tienen probablemente entre 
50 y 40.000 años de data, debiendo haber surgido y hecho desaparecer 
otra un poco á la manera del surgimiento y abismamiento reciente de 
las montañas é islas del estrecho de Zonda y de las costas de Java; de- 
biendo en consecuencia contarse entre los surgimientos más modernos 
de nuestro planeta, según lo veremos más adelante, cuando hagamos 
el reconocimiento detallado de la isla volcánica ó península de Aden. 
Se nos ha ocurrido que esas montañas pueden ser el verdadero mo- 
delo primitivo de la arquitectura dicha gótica, erizada de agujas y 
de espiras, ni más ni menos que] una montaña traquítica ó basáltica. 
Esa arquitectura no ha sido inventada por los godos, lo ha sido por 
los árabes, que han suministrado los modelos á los cruzados y á los 
pueblos del mediodia de Europa, habiéndolo tomado ellos de las 
montañas volcánicas de sus costas ; como los egipcios, han copiado la 
pirámide de Osiris para adelante, tomando por modelo las islas gra- 
níticas piramidales que recorrió Osiris cuando hizo su conquistado la 
Etiopia, Macrobia é Ictiófaga. En efecto, esas montañas de Aden, 
de una erupción tan reciente, son á manera de vastas estructuras 
turriteladas y cubiertas materialmente de esa profusión de spíres y 
agujetas que caracterizan la arquitectura gótica más ornamental. 
Erupción ideal volcánica del gusto bárbaro, de arquitectura medieval, 
comprimido por las capas del gusto bizantino degenerado ; y la cual 
surge violenta, solevantando este y los anteriores estilos clásicos ; de 
cuyo fusículo moral incandente ha salido el gusto moderno, la civili- 
zación presente, con todo lo que ella tiene de bueno y contradictorio, 
de bajo y elevado, de estupidez y de inteligencia, de ruin y de subli- 
me. Es como una fusión del ángel y del demonio, que allí donde la 
naturaleza del ángel prevalece, resplandece la belleza, la aspiración á 
lo perfecto y á lo sublime; y allí donde la vil naturaleza bárbara ó 
selvática prevalece, hace su ostentación la rutina ininteligente de lo 
ridículo, de lo deforme y de lo malo. 

Las montañas volcánicas americanas, no son tan nuevas ni con 
mucho como estos promontorios é islas eruptivas y volcánicas déla 
Arabia. El Morro, los Mogotes, de Córdoba, los promontorios de 
Atacama, los volcanes extintos de las costas occidentales de Xorte 



96 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

América, son todas mucho más antiguas y el tiempo lia gastado sus 
filos y crestas y suavizado sus asperezas y nivelado sus ángulos y 
agujetas de traquita y lava, de pórfido y basalto. Lo mismo en Nue- 
va Zelandia y Australia, donde no se presenta al ojo una sola promi- 
nencia volcánica de un carácter tan reciente como las arábigas- Y sin 
embargo, esta observación no la ha hecho ningún viajero antes que 
nosotros; y para mí ha sido una sorpresa inmensa, viniendo á confir- 
mar viejas conjeturas geológicas y cronológicas que yo miraba con 
desconfianza antes de esta confirmación. 

Pasaremos ahora á estudiar la estructura local del suelo donde se 
encuentra Aden. Esta ciudad se estiende encajonada dentro de cres- 
tas volcánicas sobre la isla ó península de que hemos hablado y que 
pertenece al último y más reciente solevantamiento que ha formado la 
costa nordeste del Mar Rojo. Levántase con sus blancas casas despar- 
ramadas en medio de un antiguo cráter perter.eciente á un volcan 
estratificado, que presenta la formado una herradura de caballo. Las 
erupciones han tenido lugar en épocas diversas, y el interior del crá- 
ter sé ha formado de montículos y de precipicios debidos á la presen- 
cia de grietas radiales, en las cuales la lava ha sido impulsada del 
canal de erupción. El cono se compone de materias volcánicas mixtas, 
formadas del modo siguiente: 

1° Erupciones repetidas de fragmentos groseros, arenas, cenizas, 
lapilli, que determinan el acrecentamiento de la altura del cono ; 

2° Derrames de lava que se reúnen en los puntos más bajos de las 
orillas del cráter y que forman corrientes que se cruzan y se cubren en 
ciertos puntos ; 

3° Eormacion de grietas radiales, en las cuales la lava es arrojada 
del canal de erupción. 

Se encuentran en Aden sobre las riberas ó pico de los caminos, 
fragmentos de una lavado un verde subido, formando una veta en 
medio de una lava repiza ; en ciertos lugares estas grietas se han 
abierto de nuevo y han dado paso á nuevas lavas grises ; 

4° Erupciones laterales de lavas y formación de conos volcánicos. 
Las lavas son basálticas, esponjosas y porosas en la superficie, mien- 
tras que en el interior son compactas y duras y pueden ser tomadas por 
verdaderos basaltos. Su color esbistrado, gris rojizo ó verde oscuro ; 
pasan á menudo al estado de escorias ferruginosas, y son muy ligeras. 
Las deyecciones móviles son compuestas de cenizas volcánicas, are- 
nas, lapilli, bombas volcánicas, arenas pumicíticas y piedrapomez. 

(Cotitinuará). 



LAS UNIDADES 

POR MANUEL benjamín BAHÍA 



ORÍGEN Y OBJETO DE ESTE TRABAJO 

Ha poco di en la Sociedad Científica Argentina una conferencia 
sobre las IJnidades. Este asunto, de interés creciente para los inge- 
nieros y para los que estudian ciencias físico-matemáticas, llamó 
la atención de los estudiantes de los tres primeros años de ingenie- 
ría de nuestra Facultad y de algunos colegas mios, profesores de 
matemáticas en el Colegio Nacional, y unos y otros me pidieron la 
publicación de mi modesto trabajo. Como mi mayor deseo es que 
se enseñe en los colegios secundarios y escuelas técnicas de mi 
país la teoría de las unidades y sus aplicaciones, con sumo placer 
escribo este opúsculo, desarrollando las cuestiones según mis pro- 
pias ideas. 

He creído muy conveniente ilustrar la teoría con ejemplos fáciles 
y que se presentan con frecuencia. 



La geometría, la mecánica y la física nos presentan un conside- 
rable número de cantidades de especie diferente que es necesario 
medir y representar según cfertas nociones y preceptos tendentes á 
evitar confusiones y errores en que incurren con frecuencia los 
que principian á hacer aplicación de las fórmulas. Sin gran esfuerzo 
nos viene á la mente el recuerdo de cantidades de bien diferente 
especie como por ejemplo, la longitud, la masa, el tiempo, la tem- 
peratura^ la resistencia eléclricaj etc. 

Medir una cantidad es compararla con otra cantidad de la misma 
especie, cuyo grandor se puede fijar arbitrariamente, la que recibe 
el nombre de unidad. Hay tantas unidades distintas comocantida- 

ANAL. SOC. CIENT. ARG, T. XXIX 7 



98 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

des distintas se pueden presentar y dichas unidades podrían ser 
independientes; pero veremos que conviene, al contrario^ que se 
establezca ciertas relaciones entre las diversas unidades. 

La expresión de una cantidad cualquiera puede ser considerada 
como un producto, desde que dicha cantidad se obtendrá necesa- 
riamente tomando la unidad de medida un cierto número de veces. 
Así si A es una cantidad cualquiera, a la cantidad de la misma 
especie tomada como unidad, a el número abstracto que indica 
cuántas veces se ha de tomar á a para reproducir á A, tendremos : 

A = a a. (1) 

El número abstracto a es llamado el valor numérico de la canti- 
dad A. 
Gomo de la (1) se obtiene 

«=; (V) 

vemos que el valor numérico puede ser definido como la relación 
de la cantidad dada á la cantidad unitaria. 

La relación (1) nos dice que ú valor numérico de una cantidad 
varia en razón directa del grandor de la cantidad misma y en razón 
inversa del grandor de la unidad. Por otra parte si elegimos para 
medir á A una cantidad ai de diferente grandor que la cantidad a 
tendremos : 

A = «j «i (2) 

y de las (l)y (2) deducimos 

a a = f¿| a| (3) 

ó bien 

■^ = ^ (3^) 

que nos dice que los valores numéricos de una misma cantidad me- 
dida con dos unidades diferentes están en razón inversa del grandor 
de dichas unidades . 

Sean A y Ai dos cantidades de la misma especie cuyos valores 
numéricos son a y a^ respectivamente, cuando son medidas con la 
unidad a ; tendremos : 

A =^ a a ' ■ 

• ■ Aj ^ «1 a 



LAS UNIDADES 99 

de donde se deduce 

A a . ,, 

í = «- ' ^'> 

cuya espresión nos dice (¡ue la relación que existe entre dos cantida- 
des de la misma especie es igual á la relación que existe entre sus res- 
pectivos valores numéricos. Por consiguiente, la comparación directa 
de dos cantidades de la misma esi)ecie puede ser, y lo es en efecto, 
sustituida por la comparación de sus respectivos valores numéricos. 

Decíamos que conviene que las unidades no sean independientes, 
y vamos á verlo con un ejemplo sencillísimo. Veamos cual sería 
la espresión del valor numérico del área de un rectángulo si se 
midiera la base y la altura con una unidad de longitud L y se to- 
mara como unidad de superficie el área 7 de un cuadrado cuyo la- 
do tuviera una longitud X diferente de L. 

Sabemos que la relación de las superficies de dos rectángulos es 
igual al producto de la relación desús bases por la relación de sus 
alturas. De modo que si designamos con S y S' las superficies de 
dos rectángulos, con B y B' sus bases, con H y H' sus alturas ten- 
dremos : 

S' B''^H' 

Comparemos la superficie S del primer rectángulo con la super- 
ficie (7 del cuadrado que sirve como unidad de superficie y tendre- 
mos en virtud de la relación anterior: 

S B H 

;: A X 

que se puede escribir así : 

S B L H L 
- 1= -. - X — . - 

c L X L X 
ó bien 

S B HTLT 



c 



B Hm' 

l' lLxJ 



Designando cons el valor numérico del área del rectángulo, con 
b el valor numérico de la base y con h el valor numérico de la al- 
tura y notando que entonces se tiene : 



100 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



S B , H , 

a L L 



resultará: 



= ^-"\}] 



que nos dice que el valor numérico del área deim 7^ectángulo es igual 
al producto del valor numérico de la base por el valor numérico de la 
altura y por el cuadrado de la relación de la unidad de longitud á la 
longitud del lado del cuadrado que sirve como unidad de superficie. 
Pero ordinariamente se toma X = L y entonces 



m 



\ 



y el valor numérico del área del rectángulo será 

s = b. h, 

es decir, igual al producto del valor numérico de la base por el valor 
numérico de la altura. 

Casi todas las cantidades que se considera en física se pueden 
espresar en función de tres unidades que reciben el nombre de 
unidades fundamentales. Las unidades que son espresadas en fun- 
ción de las unidades fundamentales son llamadas unidades deriva- 
das. Cada unidad derivada está ligada con las unidades fundamen- 
tales por una relación simple que permite reconocerá primera vis- 
ta la potencia á la cual han sido elevadas para formar Ja unidad 
derivada. El esponente de esta potencia se denomina la dimeíisión 
de la unidad derivada relativamente á la respectiva unidad funda- 
mental. Así si Mes una unidad derivada y varía como la potencia 
enésima de la unidad fundamental a, se dice que u es de n dimen- 
siones relativamente á la unidad fundamental a. La ecuación que 
espresa las dimensiones de una unidad derivada es llamada la 
ecuación de dimensiones de esta unidad. 

Los electricistas han tomado como unidades fundamentales: 

una longitud definida, 

una masa definida, 

un intervalo de tiempo definido. 

Rigurosamente este número de unidades fundamentales podría 



LAS UNIDADES iOl 

reducirse á dos, haciendo intervenir la ley de la gravitación univer- 
sal. Fijadas las unidades de longitud y de masa se hubiera tomado 
por unidad de fuerza aquella tuerza con que se atraerían dos ma- 
sas iguales á la unidad situadas á la unidad de distancia, des- 
pués de la unidad de fuerza se habría deducido la unidad de 
tiempo. 

I.os mecánicos han adoptado definitivamente en el Congreso 
Internacional de Mecánica Aplicada que tuvo lugar en Setiembre 
de 1889 en Paris, como unidades fundamentales 

una loníjitud definida, 

una fuerza de f ni da, 

un intervalo de tiempo definido. 

Este mismo Congreso ha declarado que en adelante «la palabra 
fuerza solo será empleada como sinónima de esfuerzo, sobre la 
significación del cual todo el mundo está de acuerdo. Se ha pros- 
cripto especialmente la espresión transmisión de fuerza que se 
refiere en realidad á la transmisión de un trabajo, y la de fuerza 
de una máquina que no es más que la actividad de la producción 
del trabajo por este motor, ó en otros términos, el cociente de un 
trabajo por un tiempo». El Congreso cree «que, para los mecá- 
nicos, el esfuerzo es una noción primordial más inmediata y más 
clara que la de masa». 

Veamos ahora cuáles son las condiciones á que deben satisfa- 
cer las cantidades que hayan de constituir á las unidades fundamen- 
tales. 

Las cantidades que se elija deben prestarse á una rigurosa com- 
paración con las cantidades de su misma especie. La compara- 
ción ha de ser fácil y directa y posible en cualquiera época y en 
cualquier lugar de la tierra. Los patrones deberán por lo tanto 
ser permanentes, es decir, que su grandor no sea susceptible de 
alterarse con el tiempo, ni de cambiar cuando se le transporte de 
un punto á otro. 

Por otra parte hay que tratar de elegir unidades fundamentales 
en el concepto de que la definición de las diversas unidades sea 
tácil y sus dimensiones simples. 

Gauss reconoció que las cantidades que reúnen las mejores 
condiciones para constituir á las unidades fundamentales son pre- 
cisamento las que han adoptado los electricistas, es decir: 



102 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

una longitud definida, 

una masa definida, 

un intervalo de tiempo definido. 

Gauss que creó el primer sistema absoluto adoptó como unida- 
des fundamentales el milímetro, la masa del miligramo y el se- 
gundo, cuyo sistema se conoce y se designa hoy con el nombre de 
sistema de Gauss. 

La palabra absoluto no significa que las unidades sean más per- 
fectas en tal sistema, sino que se emplea en oposición á la palabra 
arbitrario, que caracterizaría á un sistema de unidades indepen- 
dientes unas de otras. Las ciencias matemáticas ó físicas dan á 
conocer relaciones que ligan á las diversas cantidades entre ellas y 
lo más racional es establecer un sistema en el cual las diversas 
unidades vengan á estar espresadas en función de un corto nú- 
mero de unidades, formando así un sistema coordinado de me- 
didas, que simplifique los cálculos evitando el empleo de coefi- 
cientes inútiles. Vimos ya cuánta verdad hay en esto, por medio 
del ejemplo relativo al valor numérico del área de un rectángulo. 

Veamos ahora de justificar la elección hecha por Gauss. 

La masa es una cantidad que se presta admirablemente para 
servir como unidad fundamental. En efecto, si se elige como uni- 
dad de masa la masa de un lingote de oro, de platino ó de cual- 
quiera otra sustancia que no sea afectada por los agentes atmos- 
féricos, se obtendrá una cantidad tipo que reúne excelentes con- 
diciones. La masa de un cuerpo es un elemento independiente 
de la situación de éste en la tierra, constante mientras el cuerpo 
no sufra alteraciones por agentes extraños. Con balanzas de pri- 
mera calidad se puede obtener copias fidelísimas del patrón de 
masa, hechas de sustancias igualmente inalterables. Un lingote 
de platino nos proporciona con su masa un elemento invariable y 
otro elemento, su peso, variable con la situación del cuerpo en la 
tierra. Suspendido el lingote de un dinamómetro de resorte acu- 
saría una fuerza de grandor diferente de un punto á otro. Si se 
quisiera tomar como unidad fundamental la fuerza, no se podría 
representar por el peso del lingote, que sin embargo representa- 
ría bien á la unidad de masa. Sin embargo, en la práctica cor- 
riente, será todavía por muchos años la unidad de fuerza quien 
sustituirá á la unidad de masa. Ya hemos hecho conocer la re- 
ciente resolución del Congreso Internacional de Mecánica Apli- 



LAS UNIDADES 103 

cada. Si el dinamómetro de resorte diera indicaciones seguras 
liasta los límites que exigen los experimentos de precisión, se 
podría adoptar la fuerza como unidad fundamental tan bien como 
la masa, por cuanto el dinamómetro de resorte daría una medida 
directa y suficientemente exacta de la fuerza ; pero como las in- 
dicaciones del instrumento son demasiado groseras cuando se 
trata de experimentos de precisión, se debe preferir para estos ca- 
sos la masa á la fuerza, aunque la noción de masa sea menos 
clara que la noción de esfuerzo. 

Vara terminar con estas observaciones, diremos que si por me- 
dio de una buena balanza se estableciera en un lugar dado igual- 
dad de peso entre el lingote tipo y otro cuerpo inalterable, la 
igualdad subsistiría en cualquier otro punto, puesto que la va- 
riación de peso se ejerce igualmente sobre lodos los cuerpos; 
habríamos tomado una igual masa sugeta á la misma variación de 
peso que el patrón. 

La longitud es también una cantidad que se puede medir y co- 
piar con suma exactitud, debiendo lijarla temperatura á la cual 
el patrón tiene la longitud exacta. Más adelante veremos de qué 
sustancia y cómo se construye los patrones de longitud. 

Por último, el tiempo es otra cantidad que se puede medir con 
gran precisión. 



ÍI 

Ecuaciones de dimensiones de las unidades geométricas, mecánicas y 
térmicas. — Espresión general de una unidad derivada. — Homo- 
geneidad de las fórmulas de la mecánica ¡j de la física. 

Vamos á deducir primeramente las ecuaciones de dimensiones 
de las unidades derivadas en el sistema cuyas unidades fundamen- 
tales son : 

una longitud definida, 

una masa definida, 

un intervalo de tiempo definido. 

Representaremos el grandor de estas unidades respectivamente 
con 

L, 

M, 
T. 



104 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

El grandor de una unidad derivada lo representaremos con letras 
mayúsculas ordinarias ó letras griegas ; los valores numéricos de 
las cantidades los representaremos con letras minúsculas itálicas. 
Esta convención no regirá con las fórmulas tomadas de la mecánica 
ó de la física. 

Ecuaciones de dimensiones de las unidades geométricas. 

\. Superficie (S). Sea un rectángulo cuyos lados son ft L y 6 L. 
La superficie de este rectángulo es 

ahXh\. = ah.V 

Si a = 1 y ¿» = 1 , la superficie del rectángulo, entonces un cua- 
drado de lado \ L, será L^ Esta superficie es precisamente la 
unidad de superficie que representaremos simbólicamente con S, y 
tendremos como ecuación de dimensiones de la unidad de superficie 

S = L^ 

La unidad de superficie es de la dimensión dos con respecto á la 
unidad de longitud. 

2. Volumen (V,). Consideremos un paralelipípedo rectángulo cu- 
ya base tenga por lados las longitudes a L, y¿> L, y cuya altura 
tenga la longitud c L. El volumen del paralelipípedo será 

ahxbhX.cL = ah c.V 

Sia = 1,¿> = 1,c = 'I,el volumen del paralelipípedo, entonces 
un cubo cuya arista es 1 L, será L^. Este volumen es la unidad 
de volumen que representaremos simbólicamente con Vj, y pone- 
mos un índice para no confundir este símbolo con el de la unidad 
de velocidad. La ecuación de dimensiones de la unidad de volumen 
será 

Vi = Ll 

La unidad de volumen es de la dimensión tres con respecto á la 
unidad de longitud. 

3. Ángulo (a.). Medir un ángulo en medida circular es espresar- 
lo por la relación de su arco á su radio. Sea a L la longitud del 

. arco correspondiente al ángulo, y 6 L el radio con que se ha descrito 
el arco. La medida circular del ángulo da como valor 

alu a L a 

¥l~T)' L~ i 



LAS UNIDADES i05 

Si a = 1 , 6 = I la relaciíjn que resulta es la unidad de ángulo 
en medida circular que representaremos simbólicamente con x y 
tendremos como ecuación de dimensiones 

y como 1-1° = I 

vemos que la unidad de ángulo es la cifra I ; la unidad de ángulo 
en medida circulares independiente de las unidades fundamentales. 
Un ángulo cualquiera espresado en medida circular será un múlti- 
plo de X es decir de I y por consiguiente un número abstracto. La 
unidad de ángulo en medida circularse denomina radiante. Un 
radiante corresponde en la medida en grados, minutos y segundos 
sexagesimales á 

57° 17' 44", 

y en grados, minutos y segundos centesimales á 

63° 66' 18" ó sea 0,636618 grad. cent. 

Como se comprende no es necesario para definir la unidad de 
ángulo en medida circular, que el arco y el radio sean iguales pre- 
cisamente á la unidad de longitud, basta que tengan la misma lon- 
gitud, cualquiera que ella sea. 

La longitud de la circunferencia es 

2 X 3,14159 rL 

y la del radio r L; 

luego la circunferencia corresponde á 

2X3,14159 r .^ „ ^^^^ ,. , 

L° = 6,2832 radiantes. 

r 

4. Curvatura de una curva. — Curvatura media de una superficie 
en un punto dado. — La curvatura de una curva está definida por 
la inversa del radio, es decir que tendremos: 

r L r "* 

Si ?'::i= 1, la relación que resulta es la unidad de curvatura de 
una curva, es decir, la que corresponde á un radio igual á la uni- 



106 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

dad de longitud, unidad que representaremos simbólicamente con 
(]^. Luego la ecuación de dimensiones será 



d; 



-1 



La unidad de curvatura es de la dimensión menos uno con res- 
pecto á la unidad de longitud. 

La curvatura media de una superñcie en un punto dado es tam- 
bién de la dimensión menos mío con respecto á la unidad de longi- 
tud, puesto que dicha curvatura media se obtiene haciendo la me- 
dia aritmética de las curvaturas dedos secciones normales perpen- 
diculares entre ellas. 

5. Ángulo sólido (p) ó abertura de una superficie cónica deforma 
cualquiera está medido por ia relación del área interceptada por el 
cono sobre una esfera cujo centro está en el vértice del cono al cua- 
drado del radio de la esfera. El ángulo sólido está representado 
por un número abstracto; es absolutamente independiente de las 
unidades fundamentales. 



Ecuaciones de dimensiones de las unidades mecánicas 

\. Velocidad (y). Se dice que un móvil está animado de un 
movimiento uniforme, cuando los espacios recorridos son propor- 
cionales á los tiempos empleados en recorrerlos. Se llama veloci- 
dad la relación de un espacio recorrido al tiempo empleado en 
recorrerlo. Una velocidad es la espresión 

a L a L 

FT~~b' f' 

Si a = 1 j b = 1, esta relación reducida entonces á 

T 

ó simplemente 

L 
T 

representa á la unidad de velocidad es decir la velocidad de un 
móvil que en la unidad de tiempo recorra una longitud igual á la 
unidad de longitud; unidad que representaremos simbólicamente 
con V; luego 



LAS UNIDADES 107 

En el símbolo V van inseparab temen le unidas las ideas de espa- 
cio y de tiempo. Muy frecuentemente se dice; una velocidad de 
tantos metros, de tantos kilómetros y se comete un error, pues la 
verdades quesera: tantas veces la unidad de velocidad, que es 
por sí misma una cantidad de distinto especie que una longi- 
tud. 

La ecuación de dimensiones 



LT 



- 1 



nos hace ver que la unidad de velocidad es de la dimensión uno 
con respecto á la unidad de longitud y de la dimensión menos uno 
con respecto á la unidad de tiempo. 

2. Velocidad angular ó velocidad de rotación (w). Imaginemos 
un sistema girando con movimiento uniforme al rededor de un 
eje. Cada punto del sistema describirá una circunferencia cuyo 
plano es normal al eje de rotación y cuyo centro está sobre dicho 
eje. 

Se llama velocidad angular ó velocidad de rotación del sistema 
la relación de la velocidad de un punto cualquiera á su distancia 
al eje, es decir, la relación 

a_V _ a y 
hh~ b L 

Si suponemos a = 1 j h = \ , la relación anterior se reducirá á 

V V 

1 Y ó simplemente á jj que es la unidad de velocidad angular, 

que representaremos simbólicamente con o) ; es la velocidad an- 
gular que corresponde á un sistema cuyos puntos [situados á la 
unidad de distancia del eje están animados de una velocidad igual 
á la unidad de velocidad. 
Tenemos la ecuación 

V 
. = j- = VL-. 

que por la sustitución de V da 

como ecuación de dimensiones. La unidad de velocidad angular 



408 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

es de la dimensión menos uno con respecto á la unidad de 
tiempo. 

3. Aceleración (y). Cuando los espacios recorridos en tiempos 
iguales no son iguales, el movimiento es variado, y si el movi- 
miento varía es porque actúa sobre el móvil una fuerza. Si en un 
instante dado se suprime esta fuerza, el móvil, en virtud de la 
inercia, seguirá moviéndose en línea recta con un movimiento 
uniforme cuja velocidad será la que tenía en el instante en que se 
suprimió la fuerza. En el movimiento variado se deberá fijar la 
época en que se considera la velocidad. 

Una fuerza constante da lugar á un movimiento uniformemente 
variado, en el cual la velocidad varía proporcionalmenteal tiempo. 
El movimiento uniformemente variado puede ser uniformemente 
acelerado ó uniformemente retardado según que la velocidad 
aumente ó disminuva. 

Se llama aceleración en el movimiento uniformemente variado la 
relación constante de la variación de la velocidad en un intervalo 
de tiempo cualquiera, á este intervalo. Si a^ V es la velocidad en 
una época t^ T; a^ V es la velocidad en una época siguiente ¿2T, 
la relación 

ao V — a, V «o — a, V 

¿2 T — íi T ~~ Í2 — ¿1 T 

es la aceleración. 

Si «o — a^ = \ y ¿2 — ¿1=1 la relación precedente que se reduce 

V . V 

á 1 ™ ó simplemente ^^ es la unidad de aceleración que repre- 
sentaremos simbólicamente con 7. La unidad de aceleración es la 
aceleración de un móvil cuya velocidad varía en una unidad de 
velocidad en cada unidad de tiempo. La cantidad y representa 
imeparablemenle unidas las ideas de velocidad y de tiempo ; con- 
cepto que se espresa mal con bastante frecuencia. Es erróneo de- 
cir: una aceleración de tantos metros ó de tantas unidades de 
longitud, pues debe decirse una aceleración de tantas unidades 
de aceleración. Para no insistir sobre observaciones análogas di- 
remos: una cantidad cualquiera es siempre un múltiplo de otra 
cantidad de su misma especie que se ha elegido como uni- 
dad. 

La ecuación 

V 
Y=-=VT-^ 



LAS UNIDADES 109 

nos dá por la sustitución de V 

Yz=LT-~ 

como ecuación de dimensiones de la unidad de aceleración. Ve- 
mos que la unidad de aceleración es de la dimensión u7io con res- 
pecto á la unidad de longitud y de la dimensión 7nenos dos con 
respecto á la unidad de tiempo. 

4. Aceleración angular ó aceleración de rotación. Si un móvil 
gira al rededor de un eje con movimiento uniformemente va- 
riado, la aceleración angular ó aceleración de rotación del sis- 
tema es la relación constante de la variación de la velocidad an- 
gular en un intervalo de tiempo cualquiera, á dicho intervalo. 
Si la velocidad angular en una época ¿j T es «, m, y si en una época 
siguiente íol es a,,o), la aceleración en cuestión es 



¿2 T — ¿, T to — t^ T 

Si a, — ai = \ y ^ — /, = 1 la relación precedente reducida á 

\ ^y es la unidad de aceleración angular que representaremos 

simbólicamente Yi- La unidad de aceleración angular es la ace- 
leración angular de un sistema que gira con movimiento unifor- 
memente variado, variando su velocidad angular en una unidad de 
velocidad angular en la unidad de tiempo. 
La ecuación 



(1) 



"^ T-l 



nos dá por la sustitución de w: 

Ti 



rp _a 



que es la ecuación de dimensiones de la unidad de aceleración 
angular. Vemos que la unidad de aceleración angular es de la 
dimensión menos dos con respecto á la unidad de tiempo. 

5. Fuerza. Una fuerza está representada analíticamente por el 
producto de una masa por una aceleración. Es que una masa so- 
licitada por una fuerza constante toma un movimiento unifor- 
memente variado cuya aceleración tiene un grandor proporcional 
al grandor de la fuerza é inversamente proporcional al grandor 



lio ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de la masa misma. Una fuerza estará representada analíticamente 
por 

aM Xby = abm y 

Si a = '\ y b = 1 este producto se reduce á 1 My ó simple- 
mente My, que será la unidad de fuerza que representaremos 
simbólicamente con F. La unidad de fuerza es aquella fuerza que 
imprime á una unidad de masa una aceleración igual á la unidad 
de aceleración. La ecuación 

F = M y 

nos da, cuando sustituimos á y por su valor, la ecuación de di- 
mensiones, que será 

F = MLT-^ 

Vemos que la unidad de fuerza es de la dimensión uno con res- 
pecto á las unidades de masa y de longitud y de la dimensión me- 
nos dos con respecto á la unidad de tiempo. 

La fuerza centrífuga tiene por espresión 



2 



aM (bYy _ ab^ MY' 
cL c L 

MV' 
Cuando a = 1 , 6 = 1 y c = 1 se tendría en — r— la unidad de 

fuerza centrífuga; pero es evidente que sustituyendo á V por su 
valor, esta unidad debe resultar la espresión F, desde que la 
fuerza centrífuga es una fuerza obrando de cierta manera. 

7. Peso específico. Densidad. — Sean ? y o' unidades de peso y 
eye' unidades de volumen que pertenezcan á sistemas de medi- 
das diferentes. Se da un cuerpo cuyo peso espresado con la uni- 
dad f es a 9 y su volumen espresado con la unidad e es i? e. Se 
llama peso especifico absoluto del cuerpo, dada la relación de su 
peso á su volumen, es decir 

a (f a y 

V t VE 

si a = 1 y v^=\, la relación precedente, reducida á I ^ ó sim- 
plemente - será la unidad de peso específico absoluto que re- 



LAS UNIDADES IH 

presentaremos simbúlicamenle con líj. La unidad de peso especí- 
fico absoluto es el peso específico absoluto de un cuerpo que 
bajo la unidad de volumen tiene un peso igual á la unidad de 
peso. 

Midamos el peso y el volumen del mismo cuerpo con las uni- 
dades (p'ye' respectivamente y tendremos: 

a = a'<f' 
Dividiendo estas ecuaciones tenemos 



ve v'e' 



a a' 



Como — y — j son los valores numéricos de los pesos especí- 
ficos espresados por las unidades -y ^> podemos escribir 

C £ 

n - = n' -- 

£ e 

Ó bien 

n £ © ' . 

n' e' cp' 

que nos dice que los valores numéricos del peso específico ab- 
soluto de un cuerpo están en razón directa del grandor de las 
unidades de volumen y en razón inversa del grandor de las uni- 
dades de peso. Si la unidad de peso fuera la misma ó tp'=9 
entonces tendríamos: 

n £ 

es decir, que dichos valores numéricos serían proporcionales al 
grandor de las unidades de volumen. Si la unidad de volumen 
fuera la misma ó £ = £', entonces tendríamos: 

n ¡p' 

n' (p ' 

que nos dice que los mencionados valores numéricos están en 
razón inversa del grandor de las unidades de peso. 



112 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Vemos que el valor numérico del peso específico absoluto de 
un mismo cuerpo cambiará en general con las unidades de peso y 
de volumen que se adopte. Además, hay otra causa para que exista 
esa diferencia y es que el peso de un cuerpo (y por consiguiente 
el numerador de la relación que determina al peso específico ab- 
soluto) varía con la latitud y con la altitud del lugar de observa- 
ción. Un cuerpo dado pesaría en el Polo y al nivel del mar cerca 
de 0,005 más que lo que pesaría en el Ecuador y al nivel del 
mar. 

Como 71 es el valor numérico del peso específico absoluto del 
cuerpo considerado tendremos: 

a <D 

— '-=z7lll,' 

V e 

Consideremos ahora un cuerpo particular con cuyo peso espe- 
cífico absoluto vamos á comparar el peso específico absoluto de 
todos los demás cuerpos. Bajo el mismo volumen v z e\ cuerpo 
tipo tendrá un peso po y por consiguiente podemos escribir la 
espresión: 

V £ 

Dividiendo la primera ecuación por la segunda tendremos por 
resultado un número abstracto que espresará cuantas veces el 
peso específico absoluto del cuerpo tipo está contenido en el peso 
específico absoluto del cuerpo cualquiera considerado. En efecto 
se tiene: 

a o n 

p o Til 

relación que llamaremos S y que es el peso especifico relativo del 
cuerpo dado y tendremos: 

de donde 

a (^ = p ^. B 
y como 

p t^ = V rii zTLi 

resultará: 

a (p = 11. 7ii B. 3. rii 



LAS UNIDADES H3 

Pero como 

n, = ? 

Ici fórmula precedente se reduce á 

a o = V. 7ii. B. c. 

El cuerpo tipo es para los sólidos y los líquidos el agua pura á 
i° cenlígrados. Elijamos como sistema de pesas y medidas el sis- 
lema métrico decimal. Entonces si elegimos como unidad de peso 
el gramo y como unidad de volumen el centímetro cúbico, el va- 
lor numérico n^ del peso específico absoluto del cuerpo tipo es I 
y la fórmula se reduce á 

El peso específico absoluto del agua pura á 4° centígrados es- 
presado en gramos por centímetro cúbico será la representación 
material de la unidad de peso específico absoluto lli. 

También un decímetro cúbico de agua pura á 4° pesa prácti- 
camente i¿/i kilogramo y si se adopta como unidades de volumen 
y de peso respectivamente el decímetro cúbico y el kilogramo, 
n, será también igual á 1 y la fórmula última nos dará el peso del 
cuerpo en kilogramos^ siendo v el valor numérico del volumen es- 
presado en decímetros cúbicos. Pero si se eligiera como unidad de 
volumen el metro cúbico y como unidad de peso el gramo, enton- 
ces el peso específico del tipo espresado en gramos por metro cú- 
bico tendría por valor numérico 1 .000.000 y tendríamos que aplicar 
la fórmula 

donde ?í| = 1 .000.000, v el valor numérico del volumen en metros 
cúbicos y 9 el gramo. El peso específico de los gases y de los va- 
pores se refiere al aire á cero grados centígrados y bajo la presión 
de 700 milímetros de mercurio. Entonces espresando el volumen 
en decímetros cúbicos y el peso en gramos, n^ = 1.293. 

El peso específico relativo de un cuerpo cualquiera tomado siem- 
pre en las mismas condiciones, permaneciendo constante el cuerpo 

(*) Si eligiéramos el antiguo sistema y en este la pulgada cúbica y la onza, el peso es- 
pecífico absoluto del agua pura á 1° centígrados sería un múltiplo de . , — Vp — que 
sería la unidad de peso específico absoluto. 

ANAL. SOC. CIENT. ARG. T. XXIX 8 



11 4 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tipo, tendrá siempre el mismo valor. Ninguna convención sobre 
las unidades de peso y de volumen puede influir sobre el valor 
del peso específico relativo, ni tampoco la situación del observa- 
dor sobre la tierra. 

Los ingenieros calculan ordinariamente el peso de un cuerpo 
sirviéndose de las tablas de pesos específicos absolutos que traen 
los manuales técnicos. La fórmula que hay que emplear es la 

y habrá que espresar el volumen en la unidad á que se refiera 
la tabla y se tendrá el peso en la unidad que ésta esprese. 

La ecuación de dimensiones del peso específico absoluto se de- 
duce de la espresión : 

° = n. 

e 

sustituyendo por <p la espresión de la unidad de fuerza MLT ~ ^, en 
vez de £, U y de t^i por 11 se tendrá : 



n =:ML 



- 2 



es decir que la unidad de peso específico absoluto es de la dimen- 
sión uno con respecto á la unidad de masa y do la dimensión me- 
nos dos con respecto á las unidades de longitud y de tiempo. 

En cuanto al peso específico relativo, siendo un número abs- 
tracto, es absolutamente independiente de las unidades funda- 
mentales. 

Sea niix la masa de un cuerpo cualquiera cuyo volumen es v s; 
se llama densidad absoluta la relación 

m \j. m [j. 
V z ve 

Si ?w= I y í)= I esta relación, reducida entonces á - represen- 
ta la unidad de densidad absoluta que indicaremos con A. Es 
como vemos la densidad absoluta de aquel cuerpo que en la uni- 
dad de volumen contiene una masa igual á la unidad de masa. 
Si se mide la masa con una unidad \i' 'y el volumen con una uni- 
dad e', se tendrá: 

m [1 = m ' \x ' 
V z = v't' ; 



LAS UNIDADES 115. 

dividiendo la primora por la segunda se tiene : 

tu \j. m '{).' 

y haciendo 



ü £ 




ü's' 


m 

V 




: n 


m' 
1, ' 




n'. 



3 


-"'h 


n 


ei^/. 


n' 


e'l/ 



que son los valores numéricos de la densidad absoluta medida con 
dos sistemas de unidades, tendremos : 



ó bien 



fórmula que dice que los valores numéricos de la densidad abso- 
luta de un cuerpo están en razón directa del grandor de las uni- 
dades de volumen y en razón inversa del grandor de las unidades 
de masa. Si la unidad de masa fuera la misma ó ii = \j/ entonces 
tendríamos: 

n z 

es decir, que dichos valores numéricos están en "razón directa del 
grandor de las unidades de volumen. Si la unidad de volumen 
fuera la misma ó c = e' entonces tendríamos: 



n ' [}. 

que dice que los mencionados valores numéricos están en razón 
inversa del grandor de las unidades de masa. 

Siendo la densidad absoluta la relación de una masa á un vo- 
lumen, y siendo la masa un elemento independiente de la posi- 
ción que ocupe el operador en la ^tierra, el valor numérico de hi 
densidad absoluta solo variará con las unidades adoptadas. 

Refiramos la densidad de los cuerpos á la del cuerpo tipo, á cuyo 
peso específico hemos referido el peso específico de los cuer- 
pos. 



_H6 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Sea 

la masa del volumen vt del cuerpo tipo y k el valor numérico de 
la densidad absoluta de este cuerpo. Tendremos : 

V £ 

siendo A la unidad de densidad absoluta. 
Como — = n, tendremos 

V 

— - = ;í A 

V t 

Dividiendo esta ecuación por la 







9^ fe 

V £ 


remos: 








m \j. 


m n 
q k 



El número abstracto cj se denomina la densidad relativa del 
cuerpo cualquiera considerado. La masa de un cuerpo se obtiene 
dividiendo su peso por la aceleración de la gravedad ; entonces 
para espresar á o, en función de los pesos del cuerpo cualquiera 
y del cuerpo tipo bajo el mismo volumen t; £ á que se refieren, 
bastará sustituir directamente los pesos, porque la aceleración de 
la gravedad es un divisor común á los dos términos de la reía 
ción =,. Procediendo así tendremos : 



m \j. a 



2l ' 



q ¡j. p ? 
y como 

a o ^ 

es decir, el peso específico relativo, vemos que el número que 
representa al peso específico relativo y á la densidad relativa es 
el mismo ó sea 



'las imdades 117 

Teníamos que la densidad absoluta de un cuerpo ora 



Reemplazando ;x por M y s por fJ' y llamando D al resultado 
tendremos la ecuación de dimensiones: 

Vemos que la unidad de densidad absoluta es de la dimensión 
uno con respecto á la unidad de masa y de la dimensiíHi nienos 
tres con respecto á la unidad de lon^^itud. 

En cuanto á la densidad relativa, como es un número abstracto, 
es independiente de las unidades fundamentales. 

Hemos creido conveniente eslendernos sobre peso especifico y 
densidad por la importancia que estos elementos tienen en la prác- 
tica 

8. Vresión ó intensidad de presión.— Para darnos cuenta de lo que 
es la presión por unidad de superficie consideremos un vaso abier- 
to de fondo plano horizontal, que contenga un líquido en equilibrio. 
La presión sobre el fondo está representada por el peso de una co- 
lumna del líquido que tenga por base dicho fondo y por altura la 
distancia de éste á la superficie libre. La presión así producida es 
uniforme. Si ^S es el área del fondo del vaso «F la presión total, 
la relación 

a^_ rt F 
s S~ s S 

es lo que se llama presión por unidad de superficie. 

F 

Si a=\ y s==\ la relación precedente "reducida á ^> que re- 

presentaremos con el símbolo F... representará la unidad de presión. 
La unidad de presión es la presión que ejerce la unidad de fuerza 
uniformemente repartida sobre la unidad de superficie. La ecua- 
ción 

F 
Fs = ^ = FS - ' 

nos da por la sustitución de F y de S : 

F, = L - ' MT - ' 



118 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Vemos que la unidad de presión es de la dimensión menos uno 
con respecto á la unidad de longitud, de la dimensión uno con 
respecto á la unidad de masa y de la dimensión menos dos con 
respecto á la unidad de tiempo. 

9. Trabajo. — Cuando una fuerza actúa en su dirección y sobre 
una cierta longitud, dicha fuerza produce un trabajo igual al pro- 
ducto de la intensidad de la fuerza por el camino recorrido. Por 
esta definición tendremos que un trabajo es la expresión: 

aFx6L = rt¿FL 

Si a = \ y h= \, el producto que antecede, reducido á FL que 
representaremos con el símbolo W será la unidad de trabajo. La 
unidad de trabajo es por lo que vemos el trabajo producido por 
una fuerza igual á la unidad de fuerza actuando sobre una dis- 
tcfucia igual á la unidad de longitud. 

La ecuación W = FL nos da por ia sustitución de F y L : 

W = ML^T ~ ~ como ecuación de dimensiones. 

La unidad de trabajo es de la dimensión uno con respecto á la 
unidad de masa, de la dimensión dos con respecto á la unidad de 
longitud y de la dimensión menos dos con respecto á la unidad de 
tiempo. 

10. Potencia. — Una máquina que produce un cierto trabajo será 

tanto mas poderosa cuanto menos tiempo emplee en producirlo. 

La potencia de una máquina se mide por la relación del trabajo 

que ella produce al tiempo que emplea en producirlo; luego 

será : 

g W _ g W 

n " rr 

w 

Cuando a = 1 yí = 'l la relación precedente reducida á -7=- "os 

da la unidad de potencia que representaremos simbólicamente 

con P. La unidad de potencia es la potencia de una máquina que 

en la unidad de tiempo produce la unidad de trabajo. 

La ecuación 

W 

p = Y = WT - ^ 

da por la sustitución de W 

p = ML^ T - 3 



LAS UNIDADES H9 

es decir, que la unidad de potencia es de la dimensión uno con 
respecto á la unidad de masa, de la dimensión dos con respecto 
á la unidad de longitud y de la dimensión menos Ires con res- 
pecto á la unidad de tiempo. 

11. Momento de una fuerza. Par. Impulsión de una fuerza. 
Cantidad de moviiniento. —E\ momento de una fuerza respecto 
á un eje es el producto de la proyección de esta fuerza sobre un 
plano perpendicular al eje por la distancia del eje í\ esta proyec- 
ción. El momento de una fuerza es por lo tanto el producto de una 
fuerza por una longitud y es homogéneo con un trabajo. 

Dos fuerzas paralelas é iguales y de sentidos contrarios aplica- 
das á un cuerpo sólido forman un par. Por ejemplo, un sólido su- 
mergido en un lícjuido elegido de manera que el volumen de lí- 
quido desalojado pese exactamente lo que pesa el cuerpo sólido, 
si es colocado en la masa líquida de modo que el centro de gra- 
vedad del sólido y el centro de empuje no estén en una misma 
vertical, el sólido, solicitado por dos fuerzas paralelas, iguales y 
de opuestos sentidos, que son su peso y el empuje del líquido, se 
moverá bajo la acción del par formado por dichas fuerzas hasta 
que los centros mencionados queden sobre una misma vertical. 
Una aguja de brújula común, desviada del meridiano magné- 
tico vuelve á él en virtud de un par de fuerzas. 

Se llama momento de un par de fuerzas, el producto de una de 
las fuerzas por la distancia que hay entre ellas. En el ejemplo del 
cuerpo sumergido el momento tiene un valor máximo cuando los 
dos centros están en un mismo plano horizontal; en el caso de 
la brújula el momento es máximo cuando la aguja es colocada 
normalmente al meridiano magnético. El momento de un par es 
homogéneo con un trabajo. 

Si la unidad de masa es solicitada por la unidad de fuerza, to- 
mará un movimiento variado cuya aceleración será igual á la uni- 
dad de aceleración, es decir, que 

F 



Por otra parte se tiene 



V entonces 



■^'=M 



V 
T 



■120 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

F_V 
M~T 

de donde 

FT = MV. 

El producto de una fuerza por un tiempo se llama impulsión de 
la fuerza. El producto de una masa por una velocidad se llama 
cantidad de movimiento. En el caso que nos hemos puesto el pro- 
ducto FT es la unidad de impulsión y el producto MV la uni- 
dad de cantidad de movimiento. Si reemplazamos F y V re- 
sulta : 

MLT - ' = MLT - ^ 

12. Momento de inercia de un sistema material que gira alrededor 
de un eje. — Cuando un sistema material está animado de un mo- 
vimiento de rotación alrededor de un eje, se llama momento de 
inercia del sistema la suma de los productos de la masa de cada 
uno de sus puntos por el cuadrado de la respectiva distancia al eje 
de rotación. Al sistema material dado sustituyamos una capa ci- 
lindrica de revolución infinitamente delgada, cuya masa sea igual á 
la masa total del sistema y cuyo radio sea tal que el momento de 
inercia de dicha capa sea igual al momento de inercia del sistema 
material dado. Una capa cilindrica de revolución infinitamente 
delgada es una superficie cilindrica Me revolución sobre la cual se 
ha distribuido en capa infinitamente delgada una masa dada. 

El radio de la capa cilindrica en cuestión se llama radio de gi- 
ración. - 

Yemos que un momento de inercia es una esp-resión de la 
forma 

aM [6L]~ = ab' MV 

Si a= 1 y 6=1, la espresión precedente representará con 
ML^ la unidad de momento de inercia. 

13. Potencia viva ó energía cinética. — Cuando una masa está 
animada de una cierta velocidad se llama potencia viva de esta ma- 
sa la mitad del producto de la nr.asa por el cuadrado de su veloci- 
dad. La potencia viva de una masaaM, animada de la velocidad 
vN es 

1 ftM v~r~ = l av~ m~ 

2 2 



LAS UMDADES 121 

Si c¿ = I y V = \,]a espresión que precede reducida entonces (i 

- MV' represenlíirú la unidad de potencia viva. La uiiid.u] de poten- 

cia viva, es la potencia viva de una .masa igual ;'i la unidad do 
masa animada de una velocidad igual á la unidad de velocidad. 
Reemplazando á V sale : 

Íml't-', 

que nos dice que la potencia viva es homogénea con un trabajo. 

Pasaremos ahora á deducir algunas ecuaciones de dimensiones 
de las unidades derivadas en el sistema cuyas unidades funda- 
mentales son : 

Una longilud de funda. 

Una fuerza definida. 

Un intervalo de tiempo definido . 

indiquemos con 

L 
F 
T 

respectivamente el grandor de la unidad de longiíud, de la unidad 
de fuerza y de la unidad de tiempo. 

Las unidades de superficie, de volumen, de ángulo, de velocidad, 
de velocidad angular ó velocidad de rotación, de aceleración, son 
de las mismas dimensiones que las unidades derivadas de mismo 
nombre en el sistema cuyas unidades fundamentales son LMT. En 
el sistema de que ahora nos ocupamos, la masa es una unidad deri- 
vada que vamos á definir. 

En general la masa es la relación de una fuerza á una aceleración 
y entonces la relación 

a F a ^ _ , 
6 Y b ' 
es una masa. 

Si rt = 1 V 6= I, esta relación nos dá en - la unidad de 

masa, es decir, que la unidad de masa es la masa que bajo la ac- 
ción de una fuerza igual á la unidad de fuerza loma un movimien- 
to variado cuya aceleración es igual ala unidad de aceleración. 
Como Y = LT~~ la unidad de masa será representándola con M' 

M = FL - ' T 



122 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

La unidad de masa es de la dimensión uno con respecto á la uni- 
dad de fuerza, de la dimensión menos uno con respecto á la uni- 
dad de longitud y de la dimensión tíos con respecto á la unidad de 
tiempo. 

El peso específico absoluto de un cuerpo es la relación de su pe- 
so á su volumen, luego, tendremos : 

oF _ rt £ 
6V^ " 6 Vi 

F 

Si a = 1 y 6 r=: 1 la relación precedente reducida á - , nos dá la 

unidad de peso específico absoluto. La definición es siempre la 
misma. Representando simbólicamente con t: la unidad de peso 
específico absoluto, tendremos : 

F F 

Vemos que la unidad de peso específico absoluto es de la dimen- 
sión uno con respecto á la unidad de fuerza y de la dimensión me- 
nos tres con respecto á la unidad de longitud. 

La densidad absoluta de un cuerpo es la relación de su masa á 
su volumen, luego tendremos : 

oM _ a M 

6Vi~IVÍ 

M 
Si a = 1 y b = \, tendremos en -- la unidad de densidad ab- 

j Vi 

soluta cuya definición es siempre la misma. Sustituyendo los valo- 
res de las unidades derivadas M y Vi en función de las unidades 
fundamentales tendremos, indicando con D la unidad de densidad •" 

D = F L - ^ T' 

La unidad de densidad absoluta es déla dimensión uno con res- 
pecto á la unidad de fuerza, déla dimensión menos cuatro con res- 
pecto á la unidad de longitud y de la dimensión dos con respecto á 
la unidad de tiempo. 

En cuanto á la unidad de trabajo, se vé inmediatamente que, 
siendo la unidad de fuerza una de las unidades fundamentales y la 
espresión de un trabajo el producto de una fuerza por una longi- 
tud, dicha unidad ha de ser de la dimensión uno con respecto á la 
unidad de fuerza y con respecto á la unidad de longitud. 

(Continuará). 



MOVIMIENTO SOCIAL 



Durante el mes de Marzo la Junta Directiva ha celebrado cuatro 
sesiones ado{)lándose en ellas, varias resoluciones de importancia. 



Han sido aceptados como socios activos los Señores : Dr. Federi- 
co G. Hafl, Carlos V. Burmeister, Desiderio Torino, Rodolfo Lanf^las, 
Cárlo.s Martinez, Félix Linch Arribálzaba, Francisco Bosque y Re- 
yes, Vicente Posadas, Ireneo Anasagasli y Augusto Spika. 



Para la Biblioteca se han recibido qumce obras nuevas seis de las 
cuales han sido donadas por el socio Ángel Gallardo. 



Debido á la iniciativa del Señor Ingeniero Marcial R. de Candioti 
se ha procedido al arreglo de los documentos del Archivo de la So- 
ciedad, nombrándose una comisión para tal objeto, compuesta de 
dicho sefior Candioti y del socio señor Alberto Otamendi ; la Comi- 
sión lleva ya muy adelantado .este trabajo. 



Habiendo depositado el Ingeniero Rodolfo de Arteaga una corona 
sobre la tumba del Dr. Parodi, en nombre de la Sociedad, se ha pa- 
sado á dicho señor una nota de agradecimiento por su importante 
servicio. 



En cuanto á la placa de bronce que se colocará sobre la tumba 
del Dr. Puiggari, el I i de Abril, primer aniversario de su fallecf- 
miento, la Comisión nombrada al efectoy compuesta de los Señores 
Gallardo y Molino Torres, la ha adquirido, y se ha puesto de acuer 
do con los deudos para efectuar debidamente el homenaje. 



424 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

El precio de los Anales atrasados de un año, se ha fijado en un 
peso moneda nacional y en dos los de mayor antigüedad. 



El Dr, Federico Haft ha enviado á la Sociedad dos nuevos traba- 
jos para los Anales : uno sobre « Ecuaciones Diferenciales », y otro 
sobre «Claudius Ptolomaeus, sus trabajos en la astronomía ». 

A indicación del (rerentede la Sociedad se han inutilizado algu- 
nos recibos correspondientes á socios que han fallecido, cesado ó 
han enviado sus renuncias ó que se hallan ausentes de la Capital. 

La Junta Directiva, á indicación del señor Presidente, ha resuelto 
pasar notas á los directores de establecimientos industriales, pi- 
diendo muestras délos productos que en ellos se elaboran para 
procederá la formación una esposición permanente de los mismos 
en la Sociedad. 

El Señor Ingeniero Félix Rojas ha donado las diez acciones con 
que se suscribió para la erección del edificio social. 

En la Asamblea del 13 de Marzo, á la cual asistieron cuarenta y 
cinco socios y diez oyentes, se procedió, de acuerdo con la orden del 
dia, á la elección de Secretario, resultando electo el señor Ingeniero 
Marcial R de Candioti. En seguida el señor Presidente invitó al In- 
geniero Manuel B. Bahia, á hacer uso de la palabra, quien con la fa- 
cilidad y competencia de que ha dado repetidas pruebas, disertó 
sobre « La Teoría de las Unidades » ; sentó primeramente la impor- 
tancia de conocer y difundir esta cuestión imprescindible para los 
que se dedican al estudio de las ciencias Físico-Matemáticas, espuso 
luego las unidades fundamentales, de las que dedujo las unidades 
derivadas, haciendo después algunas aplicaciones para determinar 
la» homogeneidad de fórmulas analíticas. El señor Bahia fué muy 
aplaudido y la Junta Directiva resolvió publicar su conferencia en 
los Anales. 



FISIOGRAFÍA Y METEOIIOLOGIA 

DK LOS 

MARES DEL GLOBO 

Por JU AN L LERENA 

{Coniinuacion) 

Los Viipores volcánicos producen fenómenos metamórficos ; así es 
como se encuentran incrustaciones de azufre tapisando las grietas, y 
formaciones de sulfato de cal, provenientes de la acción de los vapores 
sulfurosos, sobre la cal de las lavas basálticas. 8e encuentran en 
Aden muestras de este gypsonum bien cristalizadas. La acción de las 
aguas pfoducc también ciertas descomposiciones; así es cómo se es- 
plica la formación de cuarzo cristalizado, de cuarzo calcedónico, de 
epidote y de ol[)sidiana. Las arenas pumicíticas son explotadas por el 
Gobierno ingles como puzolanas ; son enviadas áBombay para la fa- 
bricación de argamasas hidráulicas y cementos. Estapuzolana (tierra 
Romana entre nosotros) contiene en media 18.7 de sulfato de cal. 

La residencia de Aden es bien poco agradable, según los europeos 
allí establecidos; pues se halla edificada dentro del recinto estrecho 
y confinado del cráter de un volcan extinto, lo que es decir que viven 
perpetuamente (en esa latitud y rodeados además de desiertos ardien- 
tes de arena) en el horno en que Sidrac, Massac y Abdenego fueron 
quemados por un minuto. Son pues, unos verdaderos mártires, no de 
la ciencia, sino de la política estratégica de la Inglaterra, que ha 
tomado y quiere conservar á perpetuidad esa puerta para su tráfico 
con la India y sus magníficas posesiones de Australasia. Los bordes 
del cráter que confinan el aire y las vistas de estas desdichadas víc- 
timas á perpetuidad, son irregulares y dentelados; sin que la menor 
vegetación venga á interrumpir la tristeza de este paisage quemado 
por el sol y por los fuegos geológicos de Pluton. El agua es tan es- 
casa como la verdura ; y ha sido preciso escavar la roca á mano de 
hombre, practicando inmensascisternas, que lluvias diluvianas alimen- 
tan, pero de un modo bastante irregular. 

Un paseo por las calles estrechas y oscuras de Aden, es sin em- 
bargo lleno de interés para un etnógrafo. Aquí se halla el cuartel de 
los Banianos, que en una edad de ciencia, de luz v de emancipación del 
espíritu humano de las pesadas cadenas de las falsas supersticiones, 
creen todavía en la metampsicosis; Banianos muy caritativos con los 
animales y muy crueles con los hombres, á los cuales empalan cuando 
mandan, al menor capricho. Así,, ellos han construido una casa de 
refugio á todo animal enfermo ó maltratado. Pero no tienen ningún 



126 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

hospital para sus semejantes, á quienes apestan con las exhalaciones 
de sus cadáveres insepultos. Esto nos hace acordar de los hindus, 
que tienen hospitales para las pulgas, las chinches, etc., y que á sus 
compatriotas los hacen pisar tívos por las ruedas del carro de sus 
ídolos ; y á las mujeres las hacen quemar vivas. Los inquisidores de 
España eran también muy caritativos con los haraganes, mendigos 
y salteadores; pero quemaban a las gentes industriosas, estudiosas y 
trabajadoras. Así, en España en esa época la única profesión admiti- 
da era la mendicidad. Así- es la importancia que hoy tienen Italia, 
España y todas las naciones católicas, formadas de pordioseros orgu- 
llosos y de revolucionarios despiadados. Aquí los sacerdotes Banianos 
cuidan con una paciencia tocante, ovejas sarnosas, perros galosos, etc. 
Llegan hasta escavar agujeros en la tierra que llenando granos para 
servir de alimento á los insectos y á las aves ; para los hombres, duro 
trabajo, hambre y abandono. 

En Aden tienen también su asilo los Parsis, adoradores del fuego, 
cuyos cuerpos después de su muerte, deben ser religiosamente conduci- 
dos sobre las lúgubres mesas déla Alta Torre del Silencio, vasto anfi- 
teatro revestido de baldosas, expuestas á los ardores del sol y que 
convergen hacia el mismo hoyo. En este agujero serán más tarde 
murados juntos, todos los cadáveres desecados, cuando cada mesa 
haya recibido su depósito. A estos Banianos y á estos Parsis que se 
avienen bien con la tolerancia inglesa y que deben haber sufrido 
enormemente cuando los mahometanos, portugueses y otros católicos 
intolerantes gobernaban las Indias; á estos benévolos vivientes, deci- 
mos, se les encuentra un poco por todo, sobre las costas orientales 
de África que han servido de refugio á estos corderos humanos, ca- 
paces de hacerse daño á sí mismos, pero no á los otros ; y los cuales 
han sido siempre víctimas entre las garras afiladas de las otras sectas 
de feroces lobos, también hombres, por desgracia. Pero lo que más 
interesa en Aden y lo que es especial, son las caravanas de montañe- 
ses Yemelis, que vienen conduciendo á Aden, los cafés y los aromas 
de Mota y del Yemen. Son esos cambistas judíos, banqueros y co- 
merciantes de plumas de avestruz; son esos negociantes, verdaderos 
hijos de la Arabia, muy ricos, y muy hosj)italarios; es en fin, el cuar- 
tel de Mala y el Puerto del mismo nombre, donde vienen á anclarlos 
boutres, ó pequeñas balandras y botes de toda la costa, introduciendo 
las mercaderías y abastos de que el comercio de Aden consta. 

Desde la rada, la población de Aden se presenta desparramada á 
los pies del promontorio volcánico de la isla ó península de la izqnier- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL CLORO 127 

díi, entrando; se halla pues, sobre una falda perteneciente á un 
grupo de islotes volcánicos, y no sobre el continente arábigo, según 
so halla representado en los mapas y relaciones. En realidad, Aden 
es más una posición militar y estratégica, que un establecimiento 
mercantil. Su población principal se compone dé cañones de los sis- 
temas modernos, de casernas, de algunas casas, y de un blanco templo 
anglicano, símbolo de la paz, en medio de los aparatos de la guerra. 
En el puerto, que no es otra cesa que el estrecho entre dos islas 
eruptivas volcánicas, se vén amacándose al vaivén de la onda, unos 
tres acorazados de guerra, inglés, ruso y turco; con otros vapores del 
comercio. 

Fuera de las razas que hemos mencionado, hay una baja po- 
blación nativa de un carácter africano, ó mejor, berberisco pro- 
nunciado. Su señalamiento fisiognomónico es etiope, no árabe ni semí- 
tico. Su pelo es lanoso, pero su color no presenta el negro del ébano; 
es de un negro rojizo, que es el carácter, ó mejor, el matiz del etio- 
pe antiguo. El etiope moderno tiene más del negro sud-africano y 
no tiene nada de las razas Noachides rojizas ó blancas. Es una pobla- 
ción exactamente análoga á laque forma las masas de las islas de Cabo 
Verde y con la misma costumbre de solicitar limosnas de menudas mo- 
nedas, que le son tiradas al agua y que recoje al paso ó zambullén- 
dose, como el porro de agua, á quien se tira su pelota en el mar para 
que la saque. Como su símil, todo cuanto recojen á ^^u paso por la 
onda, se lo echan á la boca. Porque estos bérberos (no hallo otro 
nombre más adecuado que aplicarles) andan desnudos y no tienen 
otro bolsillo ó faltriquera que la boca. En ella acomodan sin limpiar 
ni examinar mucho, las monedas de toda especie y procedencia que 
les tiran ; el cobre mugriento del mercachifle, la plata gastada del 
larrikin y la blanca moneda de la dama ó del galán, que !a arrojan con 
desprecio á esos anfibios de agua salada; los cuales estacionados en 
innumerables botes arapientos, en torno del vapor, piden, hablan, 
chillan y se zambullen en coro. 

En la antigüedad, todas estas costas, tanto asiáticas como africa- 
nas, se han hallado ocupadas por una raza Hamita, parienta consan- 
guínea de los fenicios y egipcios antiguos. Ella debía provenir de 
los establecimientos y colonias formados en eáas costas por Osiris y 
sus antecesores y sucesores, hasta el advenimiento de la dinastía mi- 
litar de los Faraones, que Menes fundó el primero, arrebatando el 
trono á los Pyromis ó Emperadores Sacerdotales, como es fácil conje- 
turarlo de los datos suministrados por los monumentos, por los antiguos 



128 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

documentos, y por Herodoto. Estos Taraones militares advenedizos, le- 
jos de ensanchar, estrecliaron más bien el círculo délas ocupaciones y 
conquista de la raza Hamita, esto es, Etiope, Egipcia, Fenicia. La 
invasión Ariana, Asiria, Semítica los expulsó, ó mejor los subyugó 
en parte, pues no se expulsan las razas vivaces de su antiguo suelo. 
Si esos ideneses rojizos de los costas (distintos de los árabes) de los 
mares arábigos y africanos orientales, son los descendientes legíti- 
mos de los hamitas osiriacos ó de los etiopes ictiófagos (no de los 
etiopes del Asia de Herodoto, porque esos tienen el pelo lacio y son 
negros, mientras estos son motosos y rojizos); en este caso, decimos, 
esa raza cuyas canillas delgadas y costillas salientes, nos hacen acor- 
dar del Alalo de Darwin y de Hoeckel, son los restos degenerados ó 
mestizados de la raza más antigua del mundo actual ; de la raza 
Atlanto-Hamita que habitó la Abisinia, mucho antes que la raza 
Semito-Etiope que hoy la puebla. 

La canoa es el distintivo de los pueblos salvajes de las costas, tan- 
to en el viejo como en el nuevo continente. Las canoas de estos natu- 
rales, de una raza que cuenta por lo menos 8000 años de existencia 
conocida y que se ha encontrado siempre en contacto con pueblos ci- 
vilizados, sin el menor provecho por lo visto, pues se conservan hoy 
tan rústicos y primitivos como en su origen. Sus canoas, en efecto, 
son de un solo tronco y muy pequeñitas; solo caben dentro dos perso- 
nas delgadas como son todos los nativos, no sabemos si por el sabroso 
alimento de monedas usadas de cobre y plata que guardan constan- 
temente dentro de la boca, su único bolsillo ; ó si porque su alimenta- 
ción no es muy abundante. En efecto, los arenales arábigos y africa- 
nos no dan papas, ni nabos. Ellos deben de sustentarse de pescado y 
solo de pescado, como los Ictiófagos, sus antepasados. En sus 
canoas y en sus personas ellos se semejan á los salvajes de la Ocea- 
nía, como una gota de agua á otra. Mas aquellos tienen sus bosques; 
y estos ¿de dónde sacan los troncos de sus canoas? La Arabia, sobre 
las costas arenosas de sus golfos, si bien cuenta una perfumada ve- 
jetacion arbustesoente de aloes y mirra, están desprovistas de árboles 
grandes, como el Sahara ; y del lado del África, ya lo hemos visto, no 
florecen sino tumbas y arbustos achaparrados de tamarisco y acacia. 
En una palabra, en ese suelo antiguo, ó mejor, reciente lecho del 
Océano, realzado en sus costas por cuchillas, promontorios é islas ele- 
vadas, de origen volcánico, las maderas y los bosques no se conocen ni 
por tradición. ¿Hay en estos desiertos algún Bar-bel-Ama dentro de 
cuyo lecho desecado se encuentren troncos abandonados y fósiles, en 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 129 

los cuales el hacha del salvaje de ribera, pueda labrarse una canoa? 
Lo dudo. Y sin embargo, esas canoas, delicadamente esculpidas, me 
han hecho acordar involuntariamente de la bella caja de momia en 
que el traidor Tiphon, hace la friolera de cerca de 8000 años, encerró 
al heroico Osiris, arrojándolo vivo en el mar. No creo que esas canoas 
sean de manufactura inglesa ; hechas de un solo tronco, de maderas 
muy durables, ellas son trasmitidas de padres á hijos. Entre ellas de- 
ben haberlas antiquísimas, contemporáneas del feroz conquistador 
árabe Jabarti-Ben-Ismael ó de Gama y Camoens, si es que Vasco da 
Gama y Camoens han aportado jamás á estas riberas de fuego. Ver- 
dad es que esas maderas pueden venir de la India ó de las islas del 
Mar Indico, poseyentes de los más magnílicos bosques de la tierra. 
Pero esospaises no están al alcance de sus canoas, y es el comercio 
probablemente el que se encarga de proveerles de maderas. Pero pue- 
den provenir también de los valles del Rio Nogal y del Rio Haines, 
sobre las costas Orientales de África, no distantes, y los cuales abun- 
dan en maderas preciosas. 

Es verdaderamente imponente el aspecto de las sombrías islas mon- 
tañosas y volcánicas que se agolpan sobre el Estrecho de Aden, pro- 
yectándose en ondas erizadas y negras, á ambos costados de la en- 
trada. Hacia la parte interior á la derecha, una enorme roca negra de 
forma estraña, destacada del grupo, se sumerjo en las ondas, seme- 
jante á un negro hipopótamo, bañándose en las aguas de un rio afri- 
cano. Ese peñasco aislado, ese islote, ese escollo resalta en su negru- 
ra de azabache, formando contraste con el verde gris claro de las 
aguas, y con las costas inmediatas de blanquisca arena. ¿Cuántas flotas 
no habrá visto pasar ese islote desde que rodó por primera vez de la 
cima de la montaña basáltica, clavándose en medio de la onda, como 
un lunar postizo, tal vez hace unos 45.000 años? Me refiero á esas 
bellas notas antiguas de corvo pico y de pintoresco velamen, en que 
se han realizado las más grandes empresas marítimas, desde la con- 
quista de la India por Osiris Baco, hasta el rapto del vellosino de 
oro por los Argonautas, y el descubrimiento de la América por Colon. 
Nuestras grandes naves modernas, no han hecho todavía cosas tan 
grandes. Esas negras islas han estado sin duda habitadas entonces, 
como hoy (ahora 4 á 6000 años) pues se encuentran vestigios de es- 
tanques escavados en la roca viva, de una remotísima data ; también 
ha habido en esas fechas, tan avanzadas en la penumbra prehistórica, 
más adelante, á la estremidad Noroeste del Mar Rojo, un antiguo 
Canal de Suez, desde mucho antes de Sesostris, como es lógico dedu- 



ANAL. SOC. CIENT. ARG. T. XXIX 



430 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

cirio de los descubrimientos más recientes de los Egipciólogos, 
EamsésII, Meiamonn, Psametico, Dario y los Ptolomeos no hicieron 
sino repasarlo, componerlo ó rectificarlo en épocas sucesivas y re- 
motas. Pero el canal á que nos referimos no era un canal marítimo, 
como el actual ; era simplemente un poderoso canal de agua dulce, 
sacado desde el Nilo con el doble objeto de la navegación y del culti- 
vo. La boca de este canal arrancaba de las inmediaciones de la capi- 
tal, Memphis, y venía á derramarse en Arsionoé, en la estremidad 
del Golfo de Suez, atravesando el desierto intermedio, 

A lo largo de ese gran canal, en esos remotos siglos, se estendían 
grandes ciudades, entre ellas Pithom y Ramsés, que los israelitas es- 
clavos en 1600 antes de Jesu Cristo, fueron forzados á edificar para 
sus amos los hijos de Ham, los Egipcios. Ellos que eran los hijos pri- 
vilegiados de Sem. Cuánta humillación ¿ no es verdad ? T sin embargo, 
en el desierto, un siglo más tarde, echaban de menos el buen pu- 
chero y las ricas sandías que comían durante sn esclavitud en el 
Egipto. Así son los humbres, y los que quieren gobernarlos bien, es 
preciso los conozcan bien. En el Egipto ellos echaban de menos la 
libertad, á pesar déla olla; y en el desierto echaban de menos la olla, 
á pesar de la libertad. Hay pues que dar á los pueblos la libertad y la 
olla. Sien la antigüedad no se contentaban con menos ¿puede hacerse 
un calvario á los modernos porque piden lo mismo ? Hay que gobernar 
bien y con equidad para que haya á un tiempo libertad y olla. Mas 
esto no se puede obtener sin el cultivo de la razón, de la ciencia, que 
marcan los límites del derecho y el uso moderado de él, y que al mis- 
mo tiempo proporcionan los elementos de la industria y de la rique- 
za. Desgraciadamente, á pesar del transcurso de los siglos, de la civi- 
lización, el ser humano conserva aún los resabios del hombre primiti- 
vo, y las imposiciones de la superstición y de la impostura, que alejan 
al hombre del cultivo de la razón y de la industria, ha contribuido á 
ese retardo lamentable que aun se echa de ver en la evolución del 
bien político y social de la humanidad. En las aguas del Mar Rojo, 
Sesostris mantenía una escuadra de 300 naves en observación, 35 si- 
glos antes. Es inmenso el tráfico de los vapores que entran y salen por 
el Estrecho de Aden, y por consiguiente, por el canal y por el Mar 
Rojo. Hemos permanecido en anclas delante de Aden 6 horas largas, 
y casi podemos asegurar que hemos visto pasar un gran vapor por 
hora, fuera del menudo craft^ como dicen los inglests. Lo que á mi 
más me sorprende, es esta fácil y frecuente cruzada general del Mar 
Rojo, por los grandes y pesados vapores de hierro modernos. Herodoto 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 131 

me había dado de él la idea de un gran charco salado peligroso y so- 
mero, de tal modo que la flota del Sesostris de Herodoto, que es el 
Ramsés el Grande, de Tácito, y el Ramsés Meiamoun, de Champo- 
Ilion, no pudo atravesar el Mar Rojo para ir á la conquista de la In- 
dia, porque la mayor parte do sus buques encallaron en los bancos de 
arena de su fondo, y la escuadra y el ejército se vieron en consecuen- 
cia, forzados á volverse para atrás. Esto fué lo que los sacerdotes de 
On ú Heliópolis, aseguraron á Herodoto. Ahora bien, si el Mar Rojo 
no daba paso para las pequefías naves de los antiguos, menos podría 
darlo, mo lo üguraba yo, para los grandes vapores modernos de 3 á 
5.000 toneladas. Y sin embargo, estos lo cruzan actualmente con toda 
facilidad, sin que hayan sucedido muchos contrastes hasta hoy; con 
solóla escépcion de algunos vapores del comercio, mal dirigidos por 
sus pilotos, y cuyos cascos encallados sirven como de pontón de seña- 
les para marcar los bajíos. ¿Háse pues ahondado el Mar Rojo y sole- 
vantádose sus costas, de Ramsés el Grande, 5.600 años antes de Jesu 
Cristo, á esta parte? Se dirá que los antiguos navegaban siempre so- 
bre las costas, donde se aglomeran las arenas. Pero tratándose de la 
conquista de la India, la Flota de Ramsés no podía trazar su derrote- 
ro sobre las costas, tanto más, cuanto tenía para guiarse numerosas 
islas, promontorios piramidales, que marcan de distancia en distancia 
el canal central de la navegación del Mar Rojo; más vasto, profundo 
y vivo, y no un mero charco decreciente, como el Mar Muerto. Para 
la salida, podían guiarse perfectamente por los Promontorios de Bab- 
el-Mandeb, visibles á largas distancias, y en seguida, por las altas 
crestas volcánicas del grupo de Aden. 

Solo después de haber visto con mis propios ojos las costas de la 
Arabia, me he podido formar una idea de esta península, más confor- 
me con la verdad de las cosas, en los hechos geográficos reales de nues- 
tro planeta. El mundo clásico ha fijado el tipo de ciertos países, de ma- 
nera á darles á prior i, un carácter marcado y especial, de que es difí- 
cil desprenderse, hasta no estudiar la realidad de lo que pasa. Griegos, 
Romanos y aún muchos de lo> modernos, no han visto la Arabia sino 
como nn apéndice de la S¡ri;i, ó mejor, al través de los desiertos Si- 
rianos que la invaden y permean por ese lado: para ellos la Arabia no 
era sino la Arabia Pétrea, su conocida, estoes, un desierto estéril. 
Jamás han estudiado la Arabia propia, viniendo del Oriente; y de ahí 
el error del carácter apendado á la idea típica de este país, de ser 
un desierto árido y desolado. Pues bien, sépase, la península Ará- 
biga está lejos de ser un desierto; ella es un pais de montañas más 



132 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

elevadas que las de Inglaterra, España ó rrancia: ella es un pais 
cerril y quebrado por colosales sistemas orográficos. Ella, por ejem- 
plo, se halla atravesada por una alta cadena de montañas, verdaderas 
cordilleras, erguidas, pintorescas á la distancia y que por su confor- 
mación esteiior, me han parecido muy semejantes á la Sierra de Cór- 
doba en su proyección, dirección y naturaleza de sus moles. Paralelas 
á esa alta cadena central, que forma á manera del espinazo de la bella 
y romántica península Arábiga, estendiéndose entre el Mar Kojo y 
el Golfo Pérsico, se proyectan cordones ó cuchillas de tierras más ba- 
jas, probablemente de una naturaleza medanosa, qué han podido 
constituir tal vez las riberas de los antiguos mares eocenos ó cretáceos. 

Al pié de esas cadenas laterales ó secundarias, que suponemos me- 
danosas, aunque su aspecto esterior no lo demuestre á la distancia, 
solo por no contradecir á los que por fuerza quieren hacer de la Ara- 
bia propia un desierto, se estiende una zona verdaderamente medanosa, 
que desciende hasta la ribera del mar y que es lo que sin duda se ha 
llamado los arenales de la Arabia. Esos arenales no son tan desnudos 
ni tan áridos como los del Sahara; se parecen más bien á los arenales 
ó médanos que cubren la parte Oriental de la Provincia de San Juan, 
formando como ellos lomas ó cadenas medanosas, y entreveradas de 
matorrales y matas de arbustos olorosos y medicinales, como el aloes, 
la mirra, el incienso. Esa zona medanosa, cubierta de arbustos y de 
vegetación, me ha hecho acordar á los desiertos Peruanos de Piura y 
de Tumbes, en el norte del Perú. Mas la vegetación de los arenales 
arábigos en nada se parece á los frondosos liopales y mimoseas de es- 
tos. Es en realidad una vegetación menoá exhuberante, pero más llena 
de perfumes, de aromas penetrantes y peculiares y de un ozono más 
vigorizante. Así, no hay cosa más perfumada, suave y sana que el 
aire de la Arabia. 

Por esos desiertos medanosos, que el arbusto del bálsamo y de la 
mirra aromatizan, y que de vez en cuando, las lluvias del cielo cubren 
de una rica y florida vegetación herbácea, en ciertas estaciones, vagan 
el avestruz asiático, más grande y más bello que el africano; el león 
del desierto, de que David saca las comparaciones de sus sublimes 
poesías, habiendo en su juventud luchado á brazo partido con uno de 
ellos ; el asno silvestre, de que habla Xenophonte, el gran estratégico 
Ateniense, en su campaña de los 10.000, y que es según él, el más 
arisco é indómito de los animales ; y por último, la esbelta gacela, la 
gracia del desierto, de que hablan Job y Antar. Un bello árabe, con 
el pelo más negro que la noche y el cutis más blanco que la luna 



FISIOGRAFÍA. Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 133 

llena, se me acercó ofreciéudome una cantidad do bellísimas plumas, 
durante nuestra permanencia en Aden: yo le compré algunas grises 
muy elegantes, y hablé un rato con él en inglés. De los datos que de él 
obtuve hablaré más adelante. Traia también huevos del avestruz de 
Arabia, que son bellísimos y de uu tamaño enorme, proporcionados 
á este magnífico animal. Son de un bello color crema, jaspeado y 
brillante; no son elípticos como los huevos del avestruz argentino y 
africano, sino redondos y casi del tamaño de una sandía regular. 

Pero hace horas que estamos hablando de la Arabia á nuestros lecto- 
res, sin haberle dado una idea general de este país; vamos ahora á re- 
parar esta omisión. Como lo hemos dicho, y como lo demostraremos 
aiín más adelante, toda la parte oriental de la Arabia, la comprendi- 
da entre el Golfo de Aden, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, es magní- 
fica de montañas, de valles, de vegetación y de flores, con algunos 
llanos medanosos, cubiertos de arbustos aromáticos. Solo la parte oc- 
cidental de ella, esa región que confina con la Siria, en la zona donde 
peregrinó 40 años el pueblo escogido, antes de llegar á su tierra de 
promisión; solo esa parte, decimos, es un verdadero desierto de arenales 
ardientes, que se estienden blancos y desolados bajo un cielo sin 
nubes, ensanchándose en anchas pampas de arena, cuyos infinitos hori- 
zontes solo presentan soledad, silencio y desolación. Estos áridos de- 
siertos, se hallan rodeados y aún interceptados á veces, por montañas 
desoladas (como los cerros del Pié de Palo ó la Rinconada, de San 
Juan) las cuales corren en cadenas continuas y en diferentes direccio- 
nes desde los confines de la Palestina, donde se ostentan áridas y 
desoladas, hasta las riberas del Océano Indico, donde se visten de una 
florida y perfumada vegetación. En el Occidente, en la zona desierta, 
en los confines de la Siria, las cimas de estas montañas culminan en 
aislados y escarpados picos, pero sus flancos de pedernal no producen 
la humedad necesaria para fecundar el suelo; no concentran nubes 
que protejan el suelo contra la acción desoladora de un sol tropical, 
y por consiguiente, las benéficas lluvias jamás descienden á fecundar 
el suelo. En vez de las refrescantes brisas que otros paises de clima 
ardiente disfrutan, en el Oeste de Arabia, vientos cálidos y pulveru- 
lentos como el Zonda de San Juan, estienden por todo su hálito noci- 
vo, tan fatal para la vida animal, como para la vida vegetal. La in- 
fluencia fatal de estos vientos asoladores del Oeste, suele estenderse 
también hasta los fértiles valles, floridas montañas y verdeantes ri- 
beras de la Arabia Oriental, del Yemen, del Hadramut, del Ejhaz y del 
Omán, marchitando la vejetacion y abatiendo los espíritus vitales* 



434 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Pero allí, en la feliz región Oriental de la Península Arábiga, su acción 
funesta pasa, restableciendo su benéfica acción las frescas y húmedas 
brisas de los mares del levante y del mediodía. Las estepas de Rusia 
y los desiertos de Tartaria se hallan vestidos por la mano de la natu- 
raleza de una frondosa vegetación herbácea y de floridos pastizales; 
pero en los desiertos del Oeste de Arabia, la vegetación se encuentra 
casi extinta. Los llanos arenosos se cubren cuando más de escasos y 
achaparrados matorrales; mientras el tamarisco y la acacia, introdu- 
ciendo sus raices en las hendiduras de las rocas, extraen un precario 
alimento de los rocíos nocturnos. 

Pero en esos desiertos mismos del occidente, los valles ó quebradas 
verdeantes llamados por los árabes wadys, vienen á alegrar con su 
risueña presencia la triste monotonía del desierto, ocupando el lugar 
de los oasis en los inmensos arenales del Sahara. Estos wadys se 
presentan aquí y allí entre las colinas, y á no ser por ellos y por los 
pozos y aguadas suministradas por las lluvias periódicas, la mayor 
parte de la Arabia Occidental permanecería eternamente desolada y 
sin habitantes. En un país como este, en que se pasan años enteros 
sin el refrigerio de la menor lluvia, la posesión de una fuente es á 
menudo la más valiosa propiedad de una tribu. Hay, sin embargo, 
grandes estensiones en que el lujo del agua, como muy bien podría 
llamársele, es desconocido, y en que el desierto se estiende por mu- 
chas jornadas sin ofrecer al viajero el espectáculo apetecido de un solo 
pozo de agua. 

Este país estraordinario, la Arabia Occidental, del que en la Bi- 
blia encontramos tan gráficas pinturas, se halla habitado por un pue- 
blo no menos extraordinario, dividido, lo mismo que el país, en dos 
grandes secciones ó clases, enteramente diversas por sus costumbres y 
hábitos, los habitantes de la parte oriental, que son también habi- 
tantes de ciudades y valhs fértiles, cultivables y cultivados, los cua- 
les viven de la agricultura y del comercio; y los habitantes de la par- 
te occidental, esto es, del desierto, que siguen hábitos de vida pasto- 
ril nómade, y depredatoria á veces, y los cuales consideran á los 
primeros como una raza inferior y degenerada. Desde la más remota 
antigüedad, esta distinción característica se ha conservado inviolable 
y como que se funda en la naturaleza del suelo, se conserva hoy 
tan fuertemente marcada, como en los tiempos de Abraham y de Isaac. 

Por su aspecto personal los árabes nómades ó beduinos, esto es, los 
habitantes de la Arabia Occidental y desierta, son de una estatura 
mediana, flacosy atlético?. Sus piernas, aunque delgadas, sonbien he- 



FISIOGRAFÍA. Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 135 

chas, SUS brazos son también delgados con músculos parecidos á re- 
sortes de acero. La deformidad se halla contenida en esta raza nó- 
made por la circunstancia de que no ha}' niño débil que pueda resistir 
las penurias de una vida de beduino. Su complexión varía de trigue- 
ño español, hasta un chocolate subido y sus variedades, se atribuyen 
por el pueblo a sangre. El blanco cutis, el negro pelo y los grandes y 
vivos ojos, son atributos de las razas cultas de la Arabia Oriental. 
Los nómades tienen el pelo negro, cuidando de raparlo, aunque aveces 
lo dejan pender en mechones desgreñados hasta él pecho; pero sus 
ojos son variados, de un verde oscuro ó castaño oscuro á veces, tal vez de- 
bido á su mezcla con las otras razas conquistadoras de occidejite; pero 
estos ojos, cualquiera que sea su matiz, son pequeños, redondos, inquie- 
tos, vivos, penetrantes, indicando una gran agudeza de ingenio, con un 
temperamento ardiente y un carácter apasionado. El hábito de frun- 
cir la vista para evitar la reverberación del sol, hace nacer en el án- 
gulo de los ojos arrugas prematuras, ó lo que se llama pata de gallo. 
Otra particularidad , es su modo de abrir repentinamente la vista cuan- 
do están exitados. Esto, combinado con la fijeza de su mirada, forma 
una espresion ya de una viva altivez, ya de una estrema severidad. 
El aspecto de los Cheicks ó gefes, es lleno de dignidad y de una gra- 
vedad al parecer meditativa ; generalmente hay poca diferencia en la 
espresion de los ojos entre los individuos de la misma tribu, todos 
cenias mismas aspiraciones que engendran las mismas pasiones. 

La espresion es el gran diversiñcador del semblante entre los pue- 
blos civilizados ; pero en el desierto presenta pocas variedades. Las 
cejas fruncidas y arqueadas, son señal de meditación. La frente es 
elevada, ancha y en retirada para atrás. Las sienes son profundas, los 
pómulos salientes, lo que, combinado con las hundidas mejillas, dáá 
algunos individuos una apariencia calaveral. La nariz es pronunciada, 
generalmente aquilina, sus orejas pequeñas y bien formadas, la boca 
irregular, y los dientes, como es común en las razas orientales, blan- 
cos, cortos, anchos é iguales. Cuando el árabe conserva su boca cer- 
rada, nada descubre en él al salvaje. Solo cuando descubre sus blan- 
cos dientes, semejantes á los del chacal, se muestra lo que los euro- 
peos llaman naturaleza salvaje. Porque para el europeo, todo es sal- 
vaje menos ellos, y al calificar salvaje aun pueblo, ellos parecen in- 
vestir el derecho de conquista. Pero en realidad, el árabe no es salvaje, 
es el pueblo más antiguamente civilizado del mundo, solo que se dife- 
rencia del europeo en que su civilización es patriarcal y no democrá- 
tica. Vevo, ¿ acaso la democracia patriarcal es menos digna que la 



136 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

democracia nacida de la conquista ó de la prostitución de pueblos, que 
viven bajo un régimen contrario á la naturaleza ? 

La democracia patriarcal es más noble, indudablemente, que la de- 
mocracia europea, nacida del cenobitismo (sic). Cuando el cristia- 
nismo se estableció legalmente con Constantino, su primer acto fué 
descoronar á Koma y robarle su supremacía que había conquistado 
con su sangre y su heroísmo de siglos, para llevarla á Constantino- 
pla, pueblo Griego, sin antecedente y que jamás debió figurarse po- 
día tocarle la corona del mundo, conquistada por la sangre y los sacri- 
ficios de Roma, Es el catolicismo (no el cristianismo) el que consu- 
mó esa iniquidad, y ese suicidio del Imperio Romano. Es verdad que 
esto le abríalas puertas del cielo, cerrándole las puertas de esta vida 
y de este mundo, especie de suicidio devoto y católico. Ahora bien, 
el catolicismo ortodoxo, es el cenobitismo. Como Jesucristo murió 
porque entraba en sus planes morir, ó porque convino á su gloria, 
esterminando con su muerte á sus compatriotas los Judíos ; los cató- 
licos apostólicos, se creen por este hecho condenados al cenobitismo 
eterno, al suicidio del egoísmo. Pueblos hubo, ciudades, después de 
la adopción del catolicismo, que en 70.000 almas (como sucedió en 
una ciudad de Egipto, Oxyrincó creo, y en otras muchas) solo ha- 
bía 20 matrimonios. Todos los demás eran frailes y monjas. Pero co- 
mo el cenobitismo es contrario á la naturaleza, y es la naturaleza al 
fin la que triunfa, las ciudades católicas se componen de una masa 
espúrea, resultado del contacto de sexos que se |han condenado ellos 
mismos al celibato. Esa masa sin nombre, es la que en la Europa ca- 
tólica se llama democracia. Los protestantes han desechado el ceno- 
bitismo, es verdad, pero lo han desechado como rebeldes (tal lo pre- 
tende la Santa Sede) tan ilegítima, como la prole ilegítima de los 
conventos. Tales la democracia ó los subditos de los reyes europeos. 
Entre tanto la democracia árabe es la democracia de la tienda del de- 
sierto, llena de tradiciones y de una moral sublime, noble y legítima, 
con una ascendencia que se pierde en la inmensidad de los siglos. 
Yá esto llaman los europeos salvajismo, y ellos se llaman civili- 
zación. 

En cierto modo tienen razón los europeos, ellos cultivan las cien- 
cias y las industrias, mientras llega el dia en que el fanatismo cris- 
tiano condensándose, lo prohiba. Los árabes también las cultivaron 
en tiempo de Mahoma y de sus primeros sucesores ; mas como el fana- 
tismo se reagrava con los siglos, como ha sucedido en la India, en la 
Arabia y éntrelos católicos, hoy no quieren cultivar ni la industria, 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLODO i 37 

/ni las ciencias, por creerlas anti-religiosas, y de ahí su retrograda- 
cion á la barbarie, hasta desaparecer. Porque el fanatismo, la intole- 
rancia son la muerte física y moral, como se vé que está sucediendo 
álos turcos, los árabes, los católicos y los indostanes. Comoquiera, los 
árabes se diferencian de los indios salvajes de América. La ferocidad 
de estos se muestra en los ojos, mientras la boca conserva una es- 
presion suave. Esto quiere decir que la ferocidad les viene del alma, y 
que el cuerpo, la boca, la resiste. Algunas tribus se trenzan el bigote, 
según la práctica imitada del Profeta; otras se lo afeitan ó su lo de- 
jan crecer naturalmente sobre los labios, á la usanza persa. Tienen 
generalmente poca patilla, pero sí mucho bigote y pera, lo contrario 
de los ingleses que tienen enormes patillas y poco bigote y poca pera. 
El temperamento de los beduinos es nervioso ó bilioso, raía vez san- 
guíneo, jamás flemático. No pocas veces se ven sujetos á ataques de 
melancolía, que les hace odiar el metal de voz humana, buscando la 
soledad, como los antiguos Profetas hebreos. 

Del hecho de vivir constantemente al aire libre, los árabes nómades 
adquieren una agudeza notable de sentidos. La facultad de su vista y 
de su oido se perfecciona con el constante ejercicio, y cuando ellos 
recorren el desierto con su penetrante mirada, alcanzan á distinguir 
los objetos hasta una distancia increíble. Su sentido del olfato sobre 
todo, es de una estrema finura. El verdadero beduino, cuando se en- 
cuentra en la corrompida atmósfera de las ciudades, se coloca pelotas 
de algodón en las narices ó un pañuelo perfumado, para no percibir 
los malos olores de su ambiente. Cuando la necesidad los obliga á vi- 
sitar las ciudades, ellos desdeñan la morada en las habitaciones cer- 
radas, prefiriendo pasar la noche en los jardines ó plazas piiblicas, 
más bien que respirar el aire confinado de un aposento. Una de sus 
cualidades más notables, es su facultad de poder distinguir las pi- 
sadas de los hombres y de los animales sobre la arena, ni más ni me- 
nos que el rastreador indio, sobre el suelo ó los pajonales de las pra- 
deras y pampas. De la sola inspección de un rastro, un árabe puede 
deducir si el individuo pertenece á su tribu ó á cual de las inmediatas, 
pudiendo de este modo distinguir si es un amigo ó un enemigo. Por 
la firmeza ó levedad del rastro, conoce también si el animal ú hombre 
que lo ha marcado llevaba carga ó no, si pasó el mismo dia ó días an- 
tes. Con solo inspeccionar la estension ó regularidad de los pasos, él 
puede calcular si iba ligero ó despacio, fresco ó cansado y la posibi- 
lidad de alcanzarlo ó no. Cada árabe distingue las pisadas de sus ca- 
mellos, de los de sus vecinos ; sabe si el animal pastaba ó iba cargado 



138 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ó montado por una ó más personas, 3^ aún puede percibir en la arena 
ciertas señales que le indican las cualidades del animal ó de su ginete. 
Esta sagacidad, que permite al árabe del desierto leer sobre las arenas 
como en un libro, le es muy iitil para descubrir la dirección de su 
enemigo ó para encontrar los animales estraviados ó robados. Hay 
ejemplos de camellos seguidos por el rastro hasta la tienda misma de 
su raptor, distante cinco ó seis jornadas de marcha, y hasta el pastor 
beduino puede distinguir en el arenal los pasos de su camello, entre 
mil otros. Así las instables arenas pueden revelar muchos secretos ai 
ojo ejercitado del árabe. 

De los árabes empleados como pilotos en el Mar Eojo, los Ingleses 
citan numerosos casos de una estrema agudeza de sentidos. Aunque 
sin reloj, ellos conocen el tiempo preciso en que un navio que viene 
de la India pasa por sus dereseras. En la mañana y en la noche ellos 
se aproximan ala ribera, colocan el oido sobre la playa durante tres 
ó cuatro minutos y aunque el buque esté á 120 millas de distancia, 
ellos escuchan perfectamente la señal convenida (un tiro de arma de 
fuego) ó sienten el clapoteo de la ola dislocada por la nave que pasa 
á esa distancia, sobre lo cual ellos se lanzan en su bote de piloto. Las 
maneras de los beduinos son libres y sencillas ; y aunque estraños á 
los defectos y vicios vulgares de los pueblos civilizados, sus maneras 
suelen ir acompañadas de cierta ceremoniosidad. Cuando dos amigos 
se encuentran, ó se abrazan, ó se tienden palma á palma la mano de- 
recha y sus frentes se tocan ó se balancean sobre sus hombros ha- 
ciéndose las preguntas de uso. El volver la espalda á una persona, aún 
para comer, es una faltado decoro; tomándolo por un insulto. Cuando 
un amigo se aproxima á un campamento, los que lo descubren lo gri- 
tan por su nombre y salen á su encuentro al galope blandiendo sus 
lanzas ó haciendo disparos de regocijo. El patriotismo de los árabes 
nómades es intenso. Como los montañeses, sea este Escoces, Suizo ó 
Argentino, aman sus montañas nativas ; así el árabe errante ama sus 
estériles arenales y los prefiere á los más feraces valles del resto de 
su tierra. Todo su afecto se halla concentrado en ese solitario desier- 
to, pues en él solo puede encontrar esa libertad de independencia sin 
límites que él prefiere á todo. Su misma soledad y desolación consti- 
tuye un atractivo á sus ojos, asociándolo con la libertad romanesca 
de su condición. Despreciando las industrias pacíficas y mecánicas, 
que cree peculiares de las mujeres, de las gentes afeminadas, él solo 
amala caza, la guerra y los trabajos y ejercicios varoniles, en que 
tiene que ejercitarse toda su sagacidad, su valor ó sus fuerzas. El 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLODO 139 

desprecia en consecuencia á los pueblos sedentarios que considera 
esclavos adheridos al suelo, como la ostra adherida á su concha. El 
se complace y regocija en su tienda, que él puede trasladar y plantar 
donde mejor le parece y le conviene. Esa tienda él la envía como la 
nodriza de todas las nobles facultades, considerando el desierto como 
la i'mica residencia digna del hombre libre y valiente. Ufano de su na- 
cimiento y libertad, él divide el mundo en dos grandes secciones: 1" 
los árabes; 2^'' los Asemi,esto es, los que no son árabes. El hace alarde 
de los cuatro preciosos dones que Allah ha concedido á su raza, 
turbantes, en lugar de diademas, tiendas en lugar de murallas, es- 
padas en lugar de trincheras y poesía en lugar de leyes. Esto es, él 
tiene sus leyes y costumbres establecidas en bellos versos, como los 
Tuidetanos de España, 6000 años antes de J. C. 

El profundo patriotismo local del árabe se halla perfectamente 
espresado en el célebre canto de Maysunah, la bella esposa del Cali- 
fa Muawijah. La pompa y esplendor de una corte imperial, de que era 
la reina, no fué suficiente para reconciliarla ni con el hijo del harem, 
ni para hacerle olvidar los caros atractivos de su suelo nativo. Sus 
horas solitarias consumíanse en una melancólica nostalgia, y su ma- 
yor deleite consistía en cantar los sencillos placeres de la vida del 
desierto. He. aquí una estrofa que traducimos: 

Prefiero á esos ropages de púrpura y de oro, 
Mi viejo oscuro r.ianto de sargao de algodón, 

Y á aquestos altos muros y artesonados techos, 
iMi tienda del desierto que agita elvendabal! 
Prefiero á los cantares y músicas serviles, 

A las ricas monturas y carrozas de honor, 
El trémulo relincho del camello ó la oveja, 

Y el ladrido distante del perro del pastor. 

La tradición refiere que al oir este canto, el Califa Muawigah la 
envió cargada de presentes á su tienda nativa del desierto. Tal vez 
allí echó de menos las magnificencias de Damasco. Tan lleno se 
halla de contradicciones el corazón humano, y el corazón femenino en 
particular. 

Entre los buenos rasgos del carácter de los Beduinos se puede citar 
su dulzura y generosidad. Su carácter es generalmente una mezcla 
de astucia y sencillez ; ávidos de finos chistes, lo que no quita nada á 
su aire solemne y digno. Es fácil manejarlos con la sonrisa y las bue- 
nas palabras ; es fácil aplacarlos después de estallada su cólera, pero 



140 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

en lo que respecta á injurias, son vindicativos hasta la insensatez. 
Aunque temerarios, cuando se hallan impulsados por la cólera, su 
valor se halla templado por la prudencia. Sus guerras son una suce- 
sión de escaramuzas, en que 500 hombres se retiran luego de perder 
i2 de su número. En esta guerra de montoneras, la primer carga 
asegura la victoria, y los vencidos huyen hasta cubrirse con las tinie- 
blas de la noche. En seguida la vergüenza ó la cólera los inducen a las 
represalias, que suele acabar generalmente con la fuga del primer 
vencedor. La codicia ó la venganza es lo único que hace al árabe des- 
nudar su espada, pero se necesitan poderosos alicientes de honor y de 
fanatismo para hacerlo persistir. La costumbre del peligro en sus es- 
caramuzas y en sus contiendas sanguinarias, la continua incertidum- 
bre de su existencia, el desierto, la caza, su dura existencia, lo acos- 
tumbran á mirar la muerte frente á frente, como hombre y un móvil 
poderoso basta para hacer de él un héroe. 

La agreste existencia del beduino habitante de las negras tiendas 
como los llaman en Oriente, se halla suavizada por sus relaciones con 
los moradores de casas hechas de arcilla (ciudades) que visitan á me- 
nudo y quienes suelen confiarles sus hijos áfin de endurecerlos con la 
disciplina del desierto. Esta laudable costumbre es generalmente se- 
guida por los Gerifes ó descendientes del Profeta, que residen en la 
Meca, y aún uno délos últimos Kedives del Egipto puso uno de sus 
hijos á cargo de la tribu Anhija de las inmediaciones de Akhba para 
que reciba una educación de Beduino y se haga hombre. La suave in- 
fluencia del bello sexo tiende también á endulzar el carácter del árabe 
nómade y á inspirarle con sentimientos caballerescos. En las peripe- 
cias de la vida pastoril, tribus estrañas unas á otras suelen juntarse 
temporariamente en ciertos valles donde los pastos brotan también 
temporariamente, separándose en seguida por generaciones. 

Bajo tales circunstancias un joven puede enamorarse de una donce- 
lla á la que tal vez por las leyes de su tribu no puede enlazarse ; y 
entonces los amantes recurren á la fuga. Los fugitivos tienen que 
desafiar todos los peligros, pues la venganza, que es el sangriento ído- 
lo del beduino en todo tiempo, se convierte entonces en la estrella 
guía de su existencia. Pero el amante árabe desafía todas los conse- 
cuencias y juega su vida por la posesión de la que ama. Este es el 
celo de la verdadera nobleza y libertad. 

Las mujeres, es verdad, son miradas como seres inferiores por sus 
dueños; y sobre ellas recaen todo el trabajo y menudos oficios de la 
tienda. La mujer es un ser amante por excelencia y al amor todo lo 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 141 

sacrifica, hasta su dignidad y su dominación. Mas en las épocas bo- 
rrascosas y en labora del peligro, por un impulso natural se eleva ú 
un nivel igual ó superior al hombre en lo físico como en lo moral. Si 
hemos de creer á la historia, en los primeros dias del Islam, la Arabia 
contó muchas heroinas; y en este último siglo, Ghalujah, la mujer de 
un gefe Wahabi, salió al encuentro del egipcio Mahomet Alí en mu- 
chos sangrientos combates. Después de perdida una batalla, una tri- 
bu en retirada, no pocas veces ha sido reconducida de nuevo al com- 
bate y á la victoria por las amonestaciones de sus mujeres. Por eso 
los poetas árabes no solo alaban la belleza, sino también la fé, la pu- 
reza y el amor de sus mujeres. Esto que parece opuesto al espíritu 
del Mahometismo, que admite la poligamia, es sin embargo muy ad- 
misible y muy esplicable. Desde luego el Mahometismo es una buena 
religión que admite el culto puro de Dios sin ningún estigma de ido- 
latría. Y un verdadero culto con un Dios verdadero, sin fábulas y pa- 
trañas, imposturas, ni inverosimilitudes, forma los caracteres de un 
culto verdadero y eterno. Además, la mujer no es el orgullo satánico 
personificado.. Ella prefiere el harem á la prostitución de los cultos 
gentílicos, porque el harem asegura su honor, su pureza, su castidad : 
sus hijos, sus afectos son legítimos. Mientras que en los cultos gen- 
tílicos la prostitución á que son reducidas por su pobreza y destitu- 
ción la mayoría de las mujeres, las condena á los amores y álos hijos 
ilegítimos, cuando no á morir en el hospital ó en el cinismo de la calle 
pública, tan opuesto al pudor natural de la mujer. Solo dos cosas re- 
chazantes tiene el mahometismo y es la intolerancia y el fanatismo, 
que han conducido á la ignorancia, el retroceso y la ruina á naciones 
dignas de figurar en primera línea en el mundo. 

Desde los más antiguos períodos de la historia arábiga,, la hallamos 
practicando la caballería errante que es la forma más primitiva pero 
más exaltada de la caballería. El Califa El Mutarén oyó en la asam- 
blea de sus cortesanos, que una mujer de la familia Sayyid había sido 
hecha prisionera por un bárbaro de Ammoria. Este hombre, abusando 
de su posición, la maltrató en una ocasión, y en su dolor, ella excla- 
mó: «Ven en mi auxilio, oh Mutarén!» Al oir esto el bárbaro añadió 
la burla á los maltratos: « Espera, le dijo, á que venga con su pata 
coja». El príncipe caballeresco se levantó entonces, y alzando la copa 
de vino que tenía en la mano, después de sellarla, juró el cumplir con 
sus deberes de caballero y al dia siguiente partió para Ammoria con 
70.000 hombres montados en caballos cojos. Habiendo tomado la 
ciudad, entró en ella exclamando: « Aqui estoy á tu llamado!» El 



142 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

derribóla cabeza del villano maltratador de mujeres, libertó ala 
dama cautiva con sus propias manos, ordenó á su copero le trajese 
su copa sellada y bebió su contenido exclamando. ¡ Qué bueno es el 
vino tomado después de cumplido un noble juramento! ISÍo se habría 
conducido mejor un caballero de la Mesa Kedonda. 

Es la existencia de este noble espíritu lo que hace la sociedad de los 
Beduinos tan deliciosa para el viajero, el cual después de gozarla, la- 
menta el tenérselas que haber después con la detestable sociedad de 
los Persas y Árabes de poblado, cuyos groseros y cobardes espíritus 
forman un contraste estraño con el elevado y caballeresco espíritu de 
los verdaderos hijos del Desierto. 

Mientras las tribus indígenas de América, apenas si han podido 
demostrar la llama y la alpaca, desde tiempo inmemorial hallamos al 
pastor árabe en posesión absoluta del caballo y del camello, un fiel 
amigo, el primer animal de silla del mundo, con exclusión de toda 
otra raza, el primero, y un laborioso esclavo el segundo. Aunque las 
elevadas estepas del Asia Central sean probablemente la patria ori- 
ginaria del caballo, solo entre los árabes este generoso animal alcanza 
su grado más perfecto de desarrollo, utilidad y ligereza. Es que para 
el árabe el caballo es el compañero, el amigo querido, no el esclavo 
miserable. Esto implica un modo de crianza y enseñanza especial y el 
caballo, en consecuencia, en contacto con el hombre en cuerpo y espí- 
ritu, le es consecuente y lees fiel. Así el caballo para el árabe es no 
solo un objeto de necesidad, sino de afección. Hónralo conservando 
su genealogía pura de toda mezcla que no sea de selección. Los ma- 
chos los venden en altos precios, desprendiéndose rara vez de las 
hembras. El nacimiento de un potrillo de raza es celebrado entre las 
tribus como un objeto de congratulación y regocijo. Recíbenlo en un 
brazo al nacer, lavando y desentumeciendo sus débiles miembros y 
acariciándolo como lo harían con un niño. Cuando el caballo no es 
empleado en la guerra ni en los viajes, él vaga entre las tiendas en 
los campamentos, poniendo el mayor cuidado en no ofender á los niños 
tendidos y jugando en el suelo. No conocen otro andar que el portan- 
te ó paso y la carrera. Sus dueños hacen poco uso de la rienda ó de la 
espuela, á no ser en los grandes apuros para salvar la vida del enemi- 
go ó en una travesía ; y entonces basta un movimiento de la mano 
ó del pié con el estribo para que él se lance á todo escape, más veloz y 
tan infatigable como el viento : cuando el ginete llega á caerse por el 
sueño ó por un accidente, él le espera hasta que vuelve á montar. 

El noble corcel del desierto, languidece y se postra llevado á las 



FISIOGRAFÍA Y METEUDROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 143 

ciudades: vésele allí con la cabeza gacha, la viva imagen del abati- 
miento y déla somnolencia. Lo mismo le sucede á su dueño. En las 
ciudades ya no veis en él ese nómade impetuoso, el rey del desierto ; 
es solo un vagabundo insignificante y apático; y si no fuese por la 
animación espresiva de la mirada, se daría preferencia al servil fe- 
llah, sobre el abatido hijo del desierto. Pero una vez que el beduino 
llega á montar en su caballo, montura y ginete, como animados por 
la misma chispa eléctrica, alzan su cabeza, se animan y estirando sus 
nervudos miembros, parecen recobrar toda su superioridad y belleza. 
Lentamente al principio y cumpliendo con los preceptos de la policía 
local, él abandona las pulverulentas calles; pero una vez llegado al 
punto donde el desierto principia y donde las fétidas ciudades acaban 
rumbeando la dirección de su dulce y misteriosa morada en la sole- 
dad, como si recien entonces se sintiesen en su elemento propio, ca- 
ballo y ginete se animan con una nueva vida, y forman un solo cuer- 
po como el antiguo centauro de la fábula ; y entonces, por primera 
vez, se presenta el verdadero beduino y el verdadero caballo árabe. 
Como una saeta lanzada por una fuerte y diestra mano, el pasajero 
arranca en la dirección del de la tienda de su amo, donde uno y otro 
tienen su querencia, sus ligeros pies apenas dejan su impresión sobre 
la arena ; el burnous blanco del ginete se agita al viento ; con mano 
firme él guia al noble animal y en pocos minutos ambos se pierden de 
vista en los horizontes sin límites del desierto. 

Aunque los árabes se enorgullecen con justicia de su caballo, es un 
error suponer que él abunda en la Arabia Occidental. Lo que abunda 
en la Arabia Occidental desde muchos siglos antes de la época de 
Mahoma, es el camello, si bien el caballo se halla montado y es cono- 
cido desde mucho antes de la época de Abraham ; esto es, de más de 
3000 años antes de J. C. ¿Lo trajo Osiris de sus escursiones y con- 
quistas en el Asia Central, 6000 años antes de J. C? Esto es lo más 
probable para el Egipto ; aunque esas incursiones mismas prueban 
antiguas relaciones en esa dirección; y ellas no pudieron hacerse sin 
el caballo abundante y disciplinado para las grandes marchas. El he- 
cho, pues, citado por algunos Egipciúlogos de que el caballo árabe re- 
cien se estendió al Egipto el siglo 1617 antes de J. C. es completa- 
mente inexacto y falso. El camello y el dromedario han sido en ver- 
dad los más empleados por los árabes en sus incursiones depredato- 
rias en los remotos períodos antes de Mahoma : mas es porque este 
es un animal de mayor resistencia para la guerra y no porque el 
caballo fuese escaso ó desconocido. Hoy mismo este animal no abunda 



144 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

en la Arabia Occidental, pues no hay allí pastos suficientes para su 
crianza en grande escala. El solo abunda en la Arabia Oriental, re- 
gión fértil y abundante én pastos y es de esos feraces valles y pasti- 
zales de donde el beduino que habita los estériles desiertos, se surte. 
En los arenales de Arabia, el camello es como un don divino y pre- 
cioso. Esta fuerte y paciente bestia de carga, no solo suple al árabe 
vagabundo con la mayor parte de lo que él precisa para satisfacer sus 
simples necesidades, como ser lana, leche, ropa, pieles, cuerdas, car- 
ne, etc., sino que sirve también para asegurarle su independencia 
inmemorial, colocando el desierto entre su enemigo y él. Así, el be- 
duino se ha considerado siempre como indomable; y mientras en 
otras regiones del mundo la fatal posesión de un animal, como la ce- 
bellina, la nutria de mar, etc., ha atraído la esclavitud y el esterminio 
sobre tribus y naciones enteras, el dromedario parece ser en Arabia el 
instrumento de una durable libertad. Con solo excepciones tempora- 
rias ó locales, la nación árabe ha podido escapar el yugo de las más 
poderosas monarquías; las armas de Nono, de Sesostris, de Cyro, de 
Pompeyo y Trajano jamás pudieron realizar la conquista de la Ara- 
bia, y mientras la falsa gloria de los azotes de la humanidad que tan 
á menudo han impuesto el yugo de la esclavitnd sobre el Oriente han 
pasado como sombras funestas, un siglo tras otro ha visto confor- 
marse la noble independencia del árabe. El espíritu servil de esta 
enérgica raza, los hace dignos de la libertad de que disfrutan bajo la 
protección de sus áridos desiertos. Muchos siglos antes de Mahoma, 
el cual, reuniéndolos en un solo cuerpo de nación, los hizo una de las 
grandes razas ó nacionalidades conquistadoras de la Tierra ; su intre- 
pidez ha sido repetidas veces sentida por sus vecinos. «Las pacientes 
y activas virtudes del soldado, dice Gribbon, son sin cesar é insen- 
siblemente alimentadas en los hábitos y disciplina de la vida pas- 
toril. El cuidado délas ovejas y camellos es confiado á las mujeres de 
la tribu; pero la marcial juventud, bajo la bandera del Emir, se en- 
cuentra siempre á caballo en el campo, practicando el ejercicio del 
arco, de la javalina y de la cimitarra. La larga memoria de su in- 
dependencia es la más firme garantía de su perpetuidad; y las gene- 
raciones sucesivas se sienten estimuladas á probar su descendencia y 
á sostener su inestimable herencia. Al avezarse á la batalla tienen 
por delante la esperanza de la victoria y por detrás la seguridad de 
la retirada. 

(Continuará). 



PRIAÍEll ANIVERSARIO 



DE L.V 



MUERTE DEL DOCTOR PLIGGARI 



Cumpliendo con lo resuelto por la Junta Directiva, se ha tribu- 
lado el 14 del corriente mes un debido homenaje, un acto de es- 
tricta justicia á la memoria de uno de esos hombres, de esos pro- 
totipos que tienen en el mundo la rara habilidad de reunir las con- 
diciones de un modelo. 

Yes verdad : en el hogar, en la sociedad, en la cátedra, en las 
ciencias, el nombre del Dr. Puiggari dejó sentada la fama del hom- 
bre austero y virtuoso, del ciudadano honrado, del maestro de la 
sabia palabra, del batallador infatigable en el combale heroico del 
saber 1 

Testigo de estas palabras es esa multitud de jóvenes que des- 
cuellan hoy en la magistratura, en las ciencias y hasta en el foro, 
y que bebieron la savia benéfica de la instrucción en el tronco mis- 
mo del árbol de su palabra sabia ; testigos de estas palabras son 
los que hasta ayer acudían á las bancas de la Universidad, para es- 
cuchar su palabra querida y respetada, que infundía en sus espí- 
ritus ese don inefable de la aspiración por el saber ; testigos de 
esas palabras son, finalmente, todos los que congregados por un 
solo sentimiento de gratitud y admiración, han ido á tributar á la 
memoria del ilustre ciudadano, ese homenaje justo y espontáneo 
que nace de los corazones agradecidos, y que es el timbre más bri- 
llante de la gloria de un hombre grande. 

La Sociedad Científica Argentina tuvo el honor de contar al Dr. 
Puiggari en el número de sus iniciadores ; desde la fundación de 
esta importante corporación científica se le vio firme en el puesto 
que él mismo se impuso, siempre c()nstante, siempre laborioso, 
siempre luchando por la realización desús fines nobles y elevados, 

ANAI,. SOC. CIIÍNT. AKl,. T. XMX 10 



146 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

batallando siempre aún en los momentos más críticos, para hacer 
de esta institución uno de los primeros centros científicos con 
que hoy cuenta la República. 

Si en estas breves líneas está impreso el eco del sentimiento co- 
mún de todos nuestros consocios, se puede afirmar que si la So- 
ciedad Científica Argentina ha vivido y prosperado para llegar al 
alto rango en que el país la ha colocado, debe gran parte de esta 
obra á nuestro distinguido ex-Presidente. 

Es por esto que también formamos parte en aquella distinguida 
agrupación para depositar sobre la tumba del Dr. Puiggari un tri- 
buto modesto sí^ pero también de alta significación, pues revela el 
sentimiento que aún palpita en los corazones agradecidos de lodos 
sus consocios. 

A las 4 p.m. del dia citado ante una numerosa concurrencia 
compuesta de los deudos y amigos del extinto, y de varias cor- 
poraciones de la Capital, el Dr. Morales, Presidente de la Socie- 
dad Científica Argentina, abría el acto depositando sobre la tum- 
ba del Dr. Puiggari una placa de bronce y pronuciando estas bien 
sentidas palabras : 

Señores : 

Un año ha que cayó en la lucha de la vida el Dr. Miguel Puig- 
gari, y un sentimiento de profunda pena embargó los corazones 
de los que conocieron y trataron al hombre cuyo recuerdo nos 
congrega hoy ante su tumba. 

Es que la muerte que siempre nos impone con su misterio nos 
sobrecoje aún más cuando hiere al que, hasta ese momen- 
to, ha estado en nuestras filas luchando con la serenidad 
del bueno. Es que, á pesar nuestro, se subleva el ánimo ante la 
idea de la eterna separación de la materia y queda grabado en 
nuestro espíritu con caracteres indelebles el recuerdo de las per- 
sonas más queridas. 

Por eso venimos hoy á tributar un homenaje de estricta justicia 
al hombre cuya noble figura se destacó con rasgos vigorosos en 
el medio en que su robusta inteligencia elaboró los frutos de su in- 
cesante labor. Por eso evocamos en estos momentos la figura del 
Dr. Puiggari, del que fué nuestro sabio maestro, del que fué buen 
amigo, del que supo honrar su patria en esta que es la de sus 
hijos y á la que siempre amó como á la suya propia. 



PRIMER ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL DOCTOR rUMGARI 147 

Es que el Dr. Puiggari era idealista en su culto por la cien- 
cia, en esta época de materialismo avasallador, y por eso dejó bien 
señalada la liuella luminosa de su paso por la tierra. 

La Sociedad Científica Argentina tenía de tiempo atrás una deu- 
da de gratitud hacia él como Presidente ó como simple socio, en su 
tribuna ó en sus Anales trabajó siempre con igual empeño, con el 
ahinco y el entusiasmo de los primeros dias por su adelanto y en- 
grandecimiento. 

Ella conserva sus memorias, sus trabajos en los concursos, sus 
conferencias leídas en las asambleas que marcan el valioso con- 
tingente que siempre les prestó. 

Por eso deja unido hoy su nombre en el bronce, menos durade- 
ro que el recuerdo que conservará de su memoria. 

Señores : En nombre de la Sociedad Científica Argentina, que 
tengo el honor de presidir, deposito esta ofrenda en la tumba del 
Dr. Miguel Puiggari. 

He dicho. 

Al Dr. Morales siguieron los Sres. Calviño y Buyo, presidentes 
respectivamente de la Asocia(;ion Española de Socorros Mutuos y 
déla Confederación de Sociedades Españolas, ellos tuvieron frases 
oportunas para hacer conocer á las claras el por quede ese duelo 
que enlutaba á propios y á estraños, y que había hecho verter lá- 
grimas : la prueba más patente de los méritos del Dr. Puiggari; 
ellos hicieron conocer al patriota español por su origen, y al ar- 
gentino abnegado por los vínculos indisolubles que le ligaron á su 
patria adoptiva. 

Cerró aquel acto por demás interesante el Sr. Monner Sanz le- 
yendo un sentido discurso, verdadera joya necrológica que senti- 
mos no poseer en el momento que estas líneas escribimos. 

Alguien dijo allí, que el Dr. Puigari consagrado casi esclusiva- 
mente á los deberes del padre y del esposo, ú ocupado en la mayor 
parte de su tiempo en la difusión é investigaciones de los conoci- 
mientos científicos había muerto pobre, pero nó, si la memoria del 
Dr. Puiggari será duradera y si su nombre no se borrará del cora- 
zón de los que tuvimos la dicha de conocerle, es porque al morir 
dejó esta gran fortuna : una familia rirluosa y un nombre ilustre 
para sus hijos. 

Buenos Aires, Abril de 1890. 

Marcial R. de Candioti. 



EL GAS DE AGUA 



EL GAS DE AGUA PURIFICADO 



Buenos Aires, Marzo 4 de 1890. 

Señor Intendente Municipal. 

En virtud del decreto de esa intendencia^ accediendo á mi pedi- 
do de constituir una comisión que estudiara el gas de agua del se- 
ñor Reissig en la nueva forma en que lo presenta á la municipa- 
lidad, depurado del óxido de carbono que normalmente contiene, 
nos reunimos los señores doctor Morales, ingeniero inspector del 
gas, don Tomás Quirck y el que suscribe, para desempeñar nuestro 
cometido. 

Inconvenientes originados por la enfermedad de una persona de 
la familia del señor Morales, impidieron á este de asistir á las ex- 
periencias y visita de la usina de gas que verificamos en La Plata ; 
de manera que solo quedamos para estudiar la cuestión el señor 
Quirck y el que suscribe. 

Naturalmente, el señor Quirck se ocupó de la parte referente á 
la luminosidad del gas y su distribución en la cañería de cuyo 
estudio da cuenta en la nota que acompaño á esteinforme. 

Quedando á mi cargo las cuestiones restantes, me permito rea- 
sumir lo que dije en mis anteriores informes, enlazándolos con da- 
tos nuevos y los análisis y observaciones sobre el gas que he podi- 
do practicar en La Plata y en mi laboratorio con las muestras que 
espresamente recogí y que con el mayor cuidado fueron traidas á 
Buenos Aires. 

■ Existiendo una diferencia esencial entre el gas de agua y el puri- 
ficado del señor Reissig, conviene suprimir el nombre primitivo 



38,33 


3. 5 


1,80 


1, 4 


55,31 


83, 2 


7,0f) 


11, 9 



EL GAS DE AGUA Y EL GAS DE AGUA PURIFICADO 149 

para evitar confusiones, designándolo en este iníbrnie |)or gas nue- 
vo á falta de otro nombre que podría serlo asignado. 

Hemos practicado numerosos análisis sobre las muestras de gas, 
que hemos tenido para el examen, adoptándolos métodos de Winc- 
kler y Hempel para conseguir resultados más seguros. 

La composición de ambos gases deducida de una medida de G 
análisis para el hidrógeno y otros tantos |)ara los diversos compo- 
nentes, ha sido calculada í]e\ modo siguiente : 

(iiis (le agua Gas nuevo 

Óxido de carbono 

Anhidrido carbónico 

Hidrógeno 

Azóo, vapores do agua y benzinn 

100,00 1UO,()0 

Ninguno de los dos gases contiene oxigeno y de estu nos hemos 
asegurado, repitiendo las experiencias, de modo que en el gas no 
lia existido aire mezclado proveniente de las bombas del puriíicador 
ó de la cañería de distribuciones. 

Igualmente hemos determinado con el mayor cuidado la densidad 
del gas nuevo á la temperatura de + -^" resultando 0,2919 con 
relación al aire y de 4,2121 con relación al hidrógeno tomado como 
unidad. 

La densidad del gas de agua es casi doble : 0, 4310 con relación 
al aire. 

Si comparamos ahora los dos gases, el de agua y el gas nuevo, 
notamos desde luego una diferencia considerable, debida á la desa- 
parición casi completa del óxido de carbono y al aumento consi- 
guiente del hidrógeno hasta el punto de hacer considerar al gas 
nuevo como hidrógeno impuro. 

Esta purificación importa una pérdida del 33.5 % del volumen 
delgas, cifra que calculada en peso vendría á darnos67.4° « del 
peso del gas. 

Estos cálculos responden al gas de agua que nosotros hemos ana- 
lizado, pero si los referimos á otros gases de agua que pueden pre- 
sentarse en la industria, la pérdida en volumen podría ser de más 
de 40 y en peso llegar hasta ser mayor de 00 'Vo- 

La operación de lá purificación nos ha sido esplicada en lodos 
sus detalles, pidiéndosenos reserva, hasta que el sindicato se haya 
munido de la patente que garanta sus derechos. 



150 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Sin violar la reserva que nos hemos propuesto podremos afirmar 
que: aunque no hay novedad ninguna bajo el punto de vista cien- 
tífico, pues el método se funda sobre hechos conocidos, hay sin 
embargo una novedad relativa, de acuerdo con la ley de patentes, 
que considera como invenciones la nueva aplicación de medios co- 
nocidos para la obtención de un resultado. 

El gas de agua una vez preparado se hace pasar, merced auna 
bomba que lo extrae de un gasómetro, por un purificador que con- 
tiene la solución absorbente del óxido de carbono, que habíamos 
sospechado y sobre la que informábamos al señor intendente á fo- 
ja 9 vuelta. 

En el aparato de ensayo que hemos visto funcionar, la columna 
absorbente la forma un paralelipípedo metálico de dos metros de 
alto por 25 ó 30 centímetros de lado. El gas de aguadebe pasar con 
gran lentitud, á tal punto que para llenar un gasómetro de 25 li- 
tros de gas purificado, fué menester emplear un tiempo de 15 
minutos próximamente. 

La solución absorbente disuelve casi todo el óxido de carbono 
que contiene el gas de agua y nos deja el gas nuevo con la composi- 
ción que hemos indicado más arriba. La solución, cuando se la ca- 
lienta en un aparato especial, desprende todo el óxido de carbono 
absorbido y puede después de enfriada usarse nuevamente como 
reactivo absorbente para la purificación de nuevas porciones de 
gas. 

El óxido de carbono desprendido en esta reacción puede nueva- 
mente ser empleado para preparar nuevas cantidades de hidróge- 
no aprovechando la reacción conocida, descubierta por Naiimann, 
en la que calentando á 600° una mezcla de óxido de carbono y 
vapor de agua, se forman hidrógeno y anhidrido carbónico. 
Como el calor y el enfriamiento correlativo son resultados que 
se producen de una manera económica en una fábrica de gas de 
agua, el costo de estas operaciones, es de suponerse, que sea muy 
limitado y la ventaja resultante, mayor de la que podría calcular- 
se para otra industria que debiera hacer expresamente los gastos 
de estas manipulaciones. 

Por esta rápida descripción del proceder se comprende que la 
cuestión de la purificación del gas de agua en los laboratorios, es 
cuestión resuelta. 

Industrialmente, afirma el señor Reissig que también lo está, 
aunque ocurren muchas objeciones referentes al tiempo necesario 



EL GAS DE AGUA Y EL GAS DE AGUA PURIFICADO i 51 

para absorber, calentar y volver á enfriar la solución, sobre el li- 
mitado poder disolvente del reactivo, la gran superficie que debe 
darse por consiguiente al aparato de absorción é inconvenientes 
que acarrean el manejo de grandes masas de líquido fuera del 
contacto del aire, el que traería como consocueriítia la alteración 
de una parle del reactivo usado en la purificación de que nos ocu- 
pamos. 

Pero el señor Ileissig asegura que todo esto se halla previsto y 
calculado. Nosotros, á íuerde honrados expositores, debemos limi- 
tarnos á referir lo que hemos visto y podido comprobar, sin agre- 
gar entusiastas elogios ni críticas deprimentes que solo podían ser 
fundadas en experiencias en las que se pudiese medir tiempo, 
cantidad, apreciando el rendimiento económico del sistema. Cosas 
todas que no nos ha sido posible hacer, dada la imperfección de 
las instalaciones de una usina de ensayo como es la de La 
Plata. 

Si nos lanzáramosáestablecer comparaciones entre el gas de 
agua y el gas luievo, tendríamos mucho que decir bajo el punto de 
vista químico, industrial y de sus aplicaciones. 

Teni(!ndo el gas nuevo una densidad igual á la mitad próxima- 
mente de la del gas de agua, se difundiré! con mayor rapidez y su 
distribución quedará sujeta á escapes de mayor consideración, á 
lal punto que será necesario una cañería especial y sumamente 
cuidada en sus junturas, pues de otra manera estando compuesto 
el gas nuevo de hidrógeno en su mayor parle, este se difundirá 
con más facilidad que el óxido de carbono y en razón inversa de la 
raiz cuadrada de su propia densidad, que como es sabido es la me- 
nor de todos los gases, resultando que á medida que el gas pierde 
hidrógeno en el trayecto de la cañería, aumenta la proporción re- 
lativa del óxido de carbono hasta llegar á experimentar una espe- 
cie de concentración en el gas y tal vez llegará límites peligrosos pa- 
ra la higiene como veremos más adelante. 

En cuanto á su poder calorífico, así como el gas de agua, es la 
mitad del gas de hulla, el gas nuevo será aún menor si compara- 
mos en igualdad de volumen los tres gases ; no así si tomamos co- 
mo medio de comparación un mismo peso de gas. Esto es debido 
á la densidad del hidrógeno á que hemos hecho referencia. 

En cuanto á su aprovechamiento como fuente de calor, eseviden- 
le que el gas nuevo llevará grandes ventajas sobre todos los gases 
conocidos, pues su mezcla con oxígeno ó con aire será capaz de pro- 



152 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ducir temperaturas elevadísimas, cajDaces de fundir el platino, lo 
que no se consigue sino en condiciones muy especiales con el gas 
ordinario. 

Las propiedades caloríficas lo harán muy ventajoso en la fusión 
de metales, soldadura de las chapas metálicas, en los motores de 
gas, etc., etc. 

En lo que se refiere á la luminosidad, es nula, pues es sabido 
que el hidrógeno arde sin llama, pero la extraordinaria elevación 
de temperatura sirve para poner incandescentes los peines de mag- 
nesia de Fahnehjelm con resultados que el señor intendente ha- 
llará consignados en la relación del inspector del gas. 

En cuanto á la duración de estos peines es de 80 horas y de 250 
horas ; según una carta del inventor que he tenido á la vista, los 
últimos dan una intensidad laminosa de 20 bujías en las primeras 
horas, sube á 31 bujías y desciende paulatinamente nuevamente 
á 20 bujías después de las 250 horas mencionadas. Pero de esta 
duración que representa un gasto de renovación en los peines, no 
debe preocuparse el consumidor, pues este recibe el peine de la 
empresa y esta carga con el gasto de renovación de todos ellos en 
el momento oportuno. 

Pero pasemos á ocuparnos de la parte higiénica, para nosotros 
de la mayor importancia y sobre la que hemos hecho ya varias 
observaciones que reproducimos y que deseamos que el señoi' 
Intendente tenga presentes en la resolución de este asunto. 

En la industria se confunden ordinariamente con el nombre de 
gas de agua productos muy diversos: contienen óxido de carbono en 
proporción elevada, y de ahí el peligro que entraña el uso industrial 
de todos ellos. En nuestros informes anteriores figuran los datos 
referentes á los peligros del gas de agua, señalados por eminen- 
cias higiénicas de los países europeos, peligros que han determi- 
nado decretos y ordenanzas relativas al gas de agua, como la del 
gobierno suizo, de fecha 1 3 de Julio de 1 888 y del gobierno de Pru- 
sia de fecha 25 de Mayo de 1889. 

Se ha dicho que en los Estados Unidos el gas de agua encuentra 
acogida favorable y que allí se habla con entusiasmo de él y es 
defendido por todos los médicos é higienistas notables. Creemos 
de utilidad presentar los datos siguientes tomados de un artí- 
culo de Lunge en el Zeitschrift f. angewandte Chetnie, i888, p. 
664. 

Refiere que en Boston se han hecho estudios serios sobre los pe- 



EL GAS DE AGUA Y EL GAS DE AGlA PURIFICADO 153 

ligros del gas de agua para el alumbrado de las liabilaoiones por 
los profesores Abbott y por Sedgwick y Nichols. Estos últimos 
hicieron estudios comparados del gas de agua y del gas de hulla 
con los resultados siguientes: 

I" Usando gas de hulla y haciéndole difundir de intento en una 
pieza, apenas se consigue una atmósfera que contenga un :} 'V,, de 
gas. Dejando un pico abierto, la cifra máxima de gas que se 
mezcla al aire es de I "o, debido á la ventilación natural de las 
habitaciones, porosidad delmaterial de construcción, hendiduras 
de las paredes, etc., etc.; 

2" Es muy difícil que por medio de los picos ordinarios del 
alumbrado se mezcle al aire de las habitaciones una cantidad tal 
de gas de hulla que produzca efectos tóxicos, mientras que en 
identidad de condiciones el gas de agua no solo produce efectos 
tóxicos, sino hasta mortales. Estos efectos son debidos al óxido de 
carbono que contiene el gas de agua ; 

3'' El peligro de un gas está en relación con la cantidad de 
óxido de carbono que contiene y este obra sobre el organismo hu- 
mano según condiciones especiales de edad, constitución^ etc. 
Para el hombre la dosis tóxica es la de 5 por mil. Con el uso del 
gas de agua se llega fácilmente á esta cifra, mientras que con el 
gas de hulla dilicil mente se alcanza ; 

4'' La comisión cree como M. Gruberyotros que el óxido de 
carbono no es un veneno que se acumula en la sangre, es decir, 
que no se equivalen : la absorción de pequeñas cantidades de óxido 
de carbono durante mucho tiempo con la absorción de la misma 
cantidad en un corto instante. 

De estas experiencias se comprende claramente que el gas de 
agua es mucho más peligroso que el gas de hulla, dado el caso de 
escapes en las cañerías de las habitaciones y que en identidad de 
condiciones la ventilación natural es suficiente para eliminar el 
gas de hulla esparcido en la atmósfera, mientras que la misma 
ventilación no basta para disminuir la dosis tóxica de óxido de 
carbono que introduce el gas de agua en el ambiente respira- 
ble. 

Los resultados de los dos profesores de Boston fueron comple- 
tados por el informe del Dr. Abbott, miembro del consejo de hi- 
giene de Massachusetts. 

Refiere numerosos casos mortales que se han observado en va- 
rias ciudades de los Estados Unidos. 



154 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Para ampliar estos datos se pidieron informes escritos á 2I& 
pueblos de más de 12.000 habitantes. Solo 108 de ellos contesta- 
ron. De los datos recogidos se deducía que en 20 72 años se ha- 
bían producido 189 casos de muerte, 40 durante los 20 V;¿ años 
por gas de hulla y 45 en solo 7 V2 años desde la introducción del 
gas de agua: 103 casos venían sin indicaciones especiales. Estos 
últimos se referían especialmente á la ciudad de Nueva York con 
datos exactos hasta 1883 y de los que resulta que hasta esa fecha 
habían muerto 21 individuos por gas de hulla y 44 porgas de 
agua, estos últimos en el espacio de 4 V2 años. 

En las tres ciudades de Baltimore, Nueva York y Brooklin, en 
conjunto más de 2 millones de habitantes, se presentaron en los 
últimos 13 años antes de la introducción del gas de agua solo 1& 
casos mortales (1 ,2 por año) mientras que en los últimos 7 Va años 
se han producido 16 casos anuales. 

En Boston en donde solo se usa gas de hulla, en 20 años se han 
registrado 4 casos, mientras que en Baltimore, ciudad también de 
400,000 habitantes se han contado 19, de los que 17 correspon- 
den al período 1883-85 desde la introducción del gas de agua. 
Como consecuencia de estos experimentos rige en el estado de 
Massachusetts una ordenanza que prohibe el uso de todo gas que 
contenga más de 10% de óxido de carbono y es opinión del Dr. 
Abbott que esta cifra es aún elevada y debiera ser reducida á 7 
ú 8 Vo. 

Dice Lunge que estas relaciones oficiales de Abbott, Sedgwück y 
Nichols podrían creerse parciales, pero que nadie puede dudar de 
la buena fé y honorabilidad de estos señores. Lunge agrega que 
recientemente (en Marzo del año en que escribe) protestaron 158 
médicos y profesores de las universidades de los Estados Unidos 
en contra del gas de agua y de cualquier otro gas con más de 10% 
de óxido de carbono. Esta protesta tiene por fundamento los re- 
sultados anteriormente mencionados y otros más, de los que cita- 
remos los siguientes : 

De 1880 á 87 murieron en Nueva York 9 personas por gas de 
hulla y 177 por gas de agua; en los meses de Enero y Febrero del 
88, murieron 7 personas más envenenadas por el gas de agua. 

En Baltimore de 83-87 hubieron 45 casos, en San Francisco en 87 
solo 1 1 casos, y en Chicago de Octubre del 86 á fines del 87 también 
11 casos y todas estas muertes son debidas al gas de agua. En el 
solo mes de Enero de 1 888 hubieron en Nueva York tantos casos mor- 



EL GAS DK AGUA Y EL GAS ÜE AGUA PURIFICADO 155 

tales por g<is ilc íigiui, como se lian producido en oo años en Bos- 
ton en donde solo se usa gas de hulla. Además, en el año 1887 
en la fábrica de gas de agua de Mankaot murieron dos directores de 
la misma. 

Hace notar Lunge que en todos los accidentes que menciona en 
su larga relación, en ningún caso se trató de gas de agua sin 
olor, sino de un gas dotado do olor fuerte agregado artificialmente 
por los medios aconsejados. 

Las observaciones que anteceden se refieren corno se compren- 
de al gas de agua sin purificar, tal como lo propuso el señor Reis- 
sig en su primera comunicación á la Municipalidad. 

Desde que el solicitante ha demostrado en las experiencias de 
que hemos dado cuenta, que puede pieparar un 7mevo (jas que no 
tiene ya los caracteres del de agua, puesto que la proporción de 
ó.viflo de carbono queda reducida á un mínimum, que lo acerca al 
delgas de hulla ordinario, por las mismas razones aducidas en 
el curso de este escrito creemos que debe ser admitido para el con- 
sumo. 

Se trata, sin embargo, de un material cuya purificación de- 
pende de las condiciones industriales en que se prepare y que 
solo podemos vislumbrar, pues los ensayos que hemos presenciado 
no son sino en pequeña escala y aunque suficientes para explicar 
el método, son incompletos para juzgarlo bajo el punto de vista 
industrial. 

Por eso creo que el nuevo gas debe llenar las condiciones si- 
guientes, que deberían establecerse por contrato, dado el caso que 
la Municipalidad acepte la propuesta del señor Reissig, y por or- 
denanza especial si este nuevo gas se implantara como industria 
en la capital federal : 

1" El gas nuevo no podrá contener una proporción de óxido de 
carbono mayor de 8 %, verificada en la cañería de distribución en 
diversos puntos de la ciudad y en los picos del consumo; 

2° El poder luminoso de los picos y mecheros que se usen para 
el alumbrado, no podrá bajar de 20 bujías fotométricas norma- 
les; 

3° El gas nuevo deberá ser dolado de un olor penetrante por 
medio de sustancias especiales á propuesta del interesado; 

4" El gas de agua sin purificar, solo podrá ser usado en las fá- 
bricas y establecimientos industriales cumpliendo los siguientes 
requisitos: 



156 ANALES DE LA. SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

a) La cañería de la fábrica deberá tener un aparato que permita 
verificar su cierre hermético: sin que sea posible un escape des- 
pués de cerrada la comunicación con el caño de distribución. 
(Controlador de gas Muchatt de Schmit y Morff de Rothen- 
bacb); 

6) Todos los aparatos de calefacción deben ser cuidadosamente 
verificados de tiempo en tiempo por los inspectores del gas; 

c) Es obligatorio establecer una ventilación artificial activa en 
los talleres y puntos de la fábrica en que se queme el gas de 
agua ; 

d) El gas de agua será dotado por medios artificiales de un olor 
penetrante. 

A mi juicio estas son las condiciones que deben exigirse de los 
proponentes bajo el punto de vista higiénico y en salvaguardia de 
la salud pública. 

En cuanto al contrato mismo, aunque no es asunto de mi com- 
petencia su parte económica, no pueden desconocérselas venta- 
jas que resaltan á primera vista por la baratura de precio, y si el 
señor Reissig puede proporcionar gas nuevo con un mínimun de 
8 % de óxido de carbono, creo que podría alumbrarse con él el 
antiguo municipio de Flores incorporado al de la Capital, después 
de verificado el contrato con la compañía de Barracas. 

Pero estas son indicaciones que necesitan de un estudio eco- 
nómico detenido y no seré, como lo reconozco, el más compe- 
tente, ni la persona indicada para llevarlo á cabo. 

Dejando así cumplida la comisión que me fué confiada, me es 
grato reiterar al señor Intendente las seguridades de mi mayor 
consideración. 



Pedro N. Arata. 



SOBRE LA CONSTRUCCIÓN 

DE UNA 

SDPERFKIIE DEL TEIICEII OlíDE^ HE (¡Illl'Ml 

Y 
UNA AFINIDAD RECÍPROCA DEL TERCER GRADO EN EL ESPACIO 



En el Journal für reine uncí augewandse Matematik de Crelle, 
tomo 49, Grapmann desarrolla su teoría de la multiplicación «es- 
tereométrica », y enumera entre otras construcciones de la superfi- 
cie del tercer orden la siguiente : 

« Sean dados tres puntos arbitrarios en el espacio, pero no en lí- 
nea recta, y tres planos igualmente arbitrarios pero que no pasen 
por la misma recta: Si un punto variable se mueve en el espacio 
de modo que las líneas que lo unan á los tres puntos dados, 
encuentren á aquellos tres planos en tres puntos situados en un 
plano que pase siempre por un punto fijo, dicho punto variable 
producirá una superficie del tercer orden. » 

Grapmann omite de observar que esta superficie no sea una 
superficie general sino que posea un punto de nodo allí donde los 
tres planos dados se encuentran. 

Designemos los tres puntos dados con /,, /.;, /;,; con?:,, tt,, -3, los 
tres planos; con a el punto fijo y con N el punto en que se encu- 
entran aquellos tres planos (fig. \). 

A un cierto punto x en el espacio corresponde un cierto pla- 
no c, que será el que pasa por los tres puntos en que se cortan 
las tres líneas que unen á x y l\, f.,, /:,, con los tres planos da- 
dos-,, -,,,-3; con esto quedará fijada su construcción (I). 

Inversamente: íi un cierto plano ^ corresponde un solo pun- 
to ce cuya construcción estará determinada de este modo: el pla- 

(1) Debe observarse que solamente á los puntos como x que forman una super- 
ficie del tercer orden, corresponden planos como el ^ que pa^^an por el mis- 
mo punto a. 



Í58 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

no ? encontrará á los tres planos fijos tz^, tco, 7:3, en tres rectas; 
uniremos estas rectas correspondientemente con los tres puntos 
dados /i, /o, f.¿j determinaremos así tres planos que se intercep- 
tarán en el punto x correspondiente al plano ^ (1). 

Como es sabido hay también una construcción general de la su- 
perficie del orden basada en tres radiaciones provectivas. Nuestra 
construcción no difiere esencialmente de esta ; los centros de las 
tres radiaciones son los tres puntos/"], /jj/s", la superficie pasa por 
estos tres puntos y evidentemente pasa también por las tres rectas 
Pj, P2, P3, en que se encuentran los tres planos dados ttj, 7:3, •íto. 

La superficie del tercer orden posee 27 líneas rectas. Suponga- 
mos colocado en el punto N tangencialmente á la superficie un co- 
no, y entonces la intersección que él producirá será una curva 
gausa del sexto orden que aquí degenera en seis recías que pasan 
por el punto N, cada una doblemente contada y entre las cuales 
están las tres P^, Po, P3. 

Más adelante veremos cómo las otras tres se hallan por cons- 
trucción. 

Todos los planos que pasan por dos de aquellas seis rectas deben 
pasar necesariamente por una tercera, pues en suma se tiene: 

6.5 



2 



Oj 



á las cuales agregando el duplo de seis que pasan por el punto N 
dan las 27 lineas en cuestión. 

Cuando el plano ^ describe una radiación de centro, a el punto 
O) pruduce la superficie del tercer orden F3; simplemente: aun 
punto a corresponde una superficie F3. 

Si a describe una recta, á los puntos singulares de ella corres- 
ponderán superficies F3, las cuales contendrán todas, á las seis lí- 
neas que pasan por N y de que hemos hablado antes. Tres de estas 
hemos dicho que son P^, P,, P3; las otras tres las designaremos con 
Bj, Bo, B3. Ahora bien, á una recta Bj (que pasa por N), corresponde 
un punto a que pasa por una recta A. Las superficies correspon- 
dientes á estos puntos a pasan por Bj y también por Bo, B3. 

Así aparece determinada con un punto a también una recta A que 
se halla del modo siguiente: Al punto a corresponde una F3; esta 

(1) Debe observarse otra vez, que los puntos x no piodiicirán una superficie del 
tercer orden si los planos | no pasan por el mismo punto fijo rt. Esta es la misma 
construcción especial de Grapmann. 



SUPERFICIE DEL TERCER ORDEN DE GRAPMANN 159 

tiene un cono tangencial en N, á quien corresi)on(le un cierto 
punto en E ; este punto unido con X determina la recta busca- 
da A. 

El punto nodal xN está situado en todas las líneas A porque al 
punto ]\, corno punto a, corresponde un cono del tercer orden que 
¡)asa por las tres B,, Bo, B¿. 

A i'in de que hallemos las tres líneas (fuera de I'i, 1\., 1'3 ;) que 
pasen por N, uniremos a con N. Esta recta encuentra al plano E 
en un punto ¿i quien corresponde una sección cónica ; esta á su vez 
encuentra á la curva plana del tercer orden C3 (que aquel plano E 
produce con F^) en seis puntos, tres de estos son los puntos pi p¿p-i 
€n que las tres rectas Pj, Po, P3 encuentran el plano E^ los otros 
tres restantes unidos con JS producirán las tres líneas deseadas. 

Quiero demostrar ahora, abreviadamente cómo se hallarán las 
tres rectas en cada plano r.: 

Unamos a con fy, f.¿ por un plano; este encuentra á r.i en la ter- 
cera línea, según la manera de significación de Cirapmann : (a fo f¿) 
zg, análogamente se obtendrán las líneas en los otros planos r: por 

Las 27 rectas se derivan también de un diseño muy semejante 
al de Cremona. Un plano arbitrario a encuentra á la C3 (en E) en 
tres puntos r,, ?■.,, r,. El mismo plano encuentra á las tres P, P^ P3 
en tres puntos r/,', q/ , r/, ' no situados en línea recta (fig. 2). Estos 
son los seis puntos del diseño. A cada uno de ellos le corresponde 
una recta en F3. 

Entre estos seis puntos pasan 12 rectas distintas y á ellas tam- 
bién le corresponderán rectas; igual tnente á las tres secciones có- 
nicas por los tres puntos q^ ' , q/ , 7.', y á dos de los puntos r cor- 
responderán rectas, de modo que en suma tenemos 21 rectas; las 
seis restantes corresponden á las tres secciones cónicas doblemente 
contadas por los tres puntos 7\, r.,, r-^y dos puntos </'; á saber: 
la línea de intersección Y de los planos 7 y E posee tres puntos 
comunes con la sección cónica y forma por consiguiente parte de 
ella ; la restante es una recta que une un punto q ' con un punto 
r, porque uno de los puntos /-debe ser un punto doble de la sección 
cónica. Estas tres pares de rectas forman así seis líneas de comu- 
nicación de los puntos q' con la /• ya antes contadas. 

El plano E encuentra á la F3 en una curva C3 ; esta es fija y para 
los puntos /"y p. Para ella está fijada la conocida construcción de 
Grapmann (fig. 3). 



160 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Los tres puntos /'forman el triángulo; los tres puntos jj el trila- 
do. Esta curva C3 es independiente de la elección del punto a. 

Consideremos ahora la afinidad que nuestra construcción pro- 
duce. 

Sabemos que á un punto a corresponde una F3, busquemos lo 
que corresponderá á una recta. Supongamos que el plano ^ des- 
cribe un haz al rededor del eje A; los q encontraran á cada uno de 
los tres T. en un haz de rayos cuyos centros están en los tres puntos 
5i, So, So en que el eje A corla á los tres x. Cada haz de rayos es 
perspectívico con el haz de planos q ; por consiguiente los tres ha- 
zes son proyectivos entre sí. Estos se dejan proyectar así, desde los 
tres/", con tres hazes proyectivos de planos cuyos ejes son /", s,, fi 

^2j /s >*^3- 

El resultado de este es una curva gausa Ro del tercer orden que 
posee los tres ejes f s como bisecantes. Esta R3 pasa por N, porque 
un plano que pasa por N encuentra á los tres :: en tres rectas que 
pasan también por este punto y los tres planos correspondientes se 
encontrarán en N.' 

Así hemos hallado que una curva gausa del tercer orden cor- 
responde á una recta, resultado que pudimos anunciar desde ya, 
pues la correspondencia es del tercer orden : una Fo correspondien- 
do á un punto a. 

Dos superficies Fo se encuentran según una curva gausa R^y, en 
este caso esta degenera en una R,. siendo fija y una Ro ; es decir: 
para un punto a queda determinada una Fo, para otro punto «j, 
otra F3 y por lo tanto á la recta aa^ corresponderá la intersección 
de las dos F3. Pero sabemos también que á una recta corresponde 
una R3, por consiguiente el resto R^ debe ser fijo. 

Y otra vez puede conocerse que R3 debe pasar por A'^ es decir 
las dos Fo deben tener en N un punto común doble, pues la 
curva de intersección posee en N un punto cuádruple. Los dos 
conos tangenciales en N se cortarán en cuatro generatrices, tres 
de las cuales Pj, Po, P3 son fijas y la cuarta es variable y es tan- 
gente en N, por consiguiente la Ro pasará por N. 

La R3 está situada en todas las superficies ¥3 que corresponden 
á los puntos de una recta, por lo tanto está situada en el cono 
según las tres rectas P,, P2, P3. Este cono es del segundo orden 
y encuentra al plano E en una curva Co. La curva Co encuen- 
tra á la C3 (en E) en seis puntos, tres de los cuales son /), pg P3 
y por los otros tres para R3. 



SUPERFICIE DEL TERCER ORDEN DE GRAl'MANN 161 

Supongnmns nliora que el punto a lengn íilgunns posiciones es- 
peci.'iles. 

I" Supongamos á a en E. I.o F;¡ se reduce á un plano K v lui 
cono del segundo orden K^.. con su vértice en N. Tara todas 
las posiciones de ;, E queda fijo y solamente varía el cono K^, ; 
lodos estos K,. se encuentran en tres generatrices fijas I*,, P., p., y 
una variable G'. A cada punto « en E corresponderá siempre un 
cono Ko y á la recta que pasa por «ya, corresponderá la G '. La recta 
G' encuentra á E en un punto (j que á su vez corresponde á G '. 

Así tenemos una conocida afinidad cuadi-ática en el plano E que 
ha sido estudiada más profundamente por \\e\Q. Los tres puntos 
prin(;ipales son : los tres /;,, ]> , p.; las tres rectas principales son 
las que unen los puntos /■,, [.., /'¡ entre sí. Cuando // describe una 
sección cónica por los tres />,,/>;., ^3, (V describirá una sección có- 
nica que es inscripta á las tres rectas principales. 

2" Supongamos que a esté situado en uno de los tres puntos 
/',, [i, !'•. Entonces el punto x estará siempre en el plano ^, á quien 
él corresponde y entonces tenemos un especial « Sistenia de cero " 
descubierto por iMóbius. 

Si ; pasa por la recta /', , /^., x estará también situado en ;, y á la 
vez debe estar en el plano que une ;-;¡ con f-}, cuyo plano lo de- 
signaremos con y;. Este plano r^ encuentra al ^ en una recial;.; 
por consiguiente á un plano ; que pasa por /", /o corresponde una 
recta T;. ó mejor dicho los puntos singulares de la recta T;.. 

Ahora bien si ^ describe un haz de planos al rededor de la creta 
/", fi como eje, T3 describirá un haz de rayos proyectivo con el an- 
terior y cuyo centro es el punto (/", fi) -3. Este es el conocido pun- 
to í/;. que se encuentra en la aplicación de la construcción grap- 
maniana de la curva G. (lig. 3). 

Análogamente habría para el haz del eje /j /■; un haz proyectivo 
en el plano 7:;., con centro 7.., etc. 

3° Si a coiuide con N la superlicie se convierte en un cono 
del ten;er orden. 

Observemos finalmente que en el caso que los tres puntos /,, [■,, 
j\ coincidieran con los tres puntos /;,, /;.., p¿, este cono se reducirá 
á los tres planos 7;,, -.,, r... 

La investigación más profunda sobre esta afinidad y especial- 
mente su estension al espacio á cuatro dintcnsioncs y deutás la 
reservaremos para otros artículos. 

1)h. Federico Haft. 

ANAL. sor.. f.IlíNT. AR(.. T. \X1X 11 



LA REAL ESCUELA DE APLICACIÓN 



PARA LOS INGENIEROS, EN ÑAPÓLES 



Ya el Sr. Dr. Bernardino Speluzzi en desempeño de comisión 
oficial Iraida de Buenos Aires hizo conocer, con gran acopio de da- 
tos que revelan aplicación al trabajo, varias universidades de Ita- 
lia; y entre ellas se ocupó extensamente de la napolitana, y prin- 
cipalmente de su Real Escuela de Aplicación para Ingenieros. 

La labor del sabio profesor no ha visto la luz pública según era 
y es de esperarse así sea, tratándose de ilustrar el criterio poco ex- 
tendido respecto de este mecanismo universitario. Aquella Facul- 
tad de matemáticas en cuya poder se encuentran las relaciones 
mencionadas, debía, en nuestro entender, insertarlas en órganos 
de publicidad adecuados, cual ser los Anales de la Sociedad Cien- 
tífica Argentina. 

Nosotros fuimos atraídos á esta Escuela de ingenieros por la lec- 
tura de una parte de las citadas comunicaciones, y visitándola he- 
mos tenido ocasión de apreciar la exactitud y valor de sus datos, 
que ponen de manifiesto el recomendable grado de adelanto de di- 
cho instituto respecto de su plan de estudios, su cuerpo docente 
é importancia de algunos gabinetes en que se producen lecciones 
de aplicación de materias en curso. 

Nuestro fin al ocuparnos de la escuela napolitana no es otro 
que llenar un deber subalterno, contribuyendo modestamente al 
acopio citado con ciertos apuntes recogidos en los Gabinetes que 
al presente están mejor surtidos, y llamarla atención sobre im- 
portantes adelantos de reciente data. 

Los empeñosos en conocer esta escuela, pueden completar los 
datos recurriendo á la redacción del Dr. Speluzzi, en la que ade- 
más de una buena crónica sobre la Universidad y su división en 



LA REAL ESCUELA DE APLICACIÓN' 163 

Facultades, aprcciarcín cada una de estas por su plan de estudios 
y la dotación de sus gabinetes y laboratorios. 

La UcíjiaScuola di applicazione per gV ingeíjneri in AVí/jo/í' funda- 
da en 1810, año en que se abolió la Sciiola speciale per gV ingeíj- 
neri diAc(]ue eSlrade tiene su local en el Quartiere Porlo sobre la 
calle del Salvador, en el que fué convento de Donnaromita ; edifi- 
cio que des|)ues se Irasformó para adaptarlo á las necesidades de 
aquella. 

Según las ultimaciones verificadas, lian resultado en los tres pi- 
sosde que consta, locales espaciosos con buena luz y ventilación 
para instalar el material de los Gabinetes y Laboratorios, las au- 
las, biblioteca y locales de administración; sin que fallen patios 
regulares y amplios flanqueados por pórticos y cómodos terrados. 
Las salas de dibujo son las que tienen sobre los patios y terrados 
una buena colocación. 

La irasformacion de la vetusta construcción se emprendió sien- 
do director de la escuela el profesor D. Ambrosio Mendía, persona 
muy bien recordada por sus méritos científicos. 

A la fecha, no solo porque han crecido las necesidades de la es- 
cuela sino también por responder al plan de saneamiento de iNápo- 
les, se la ha proyectado un edificio completo y adecuado que ocu- 
pará una manzana aislada por calles anchas, y tanto la nueva fá- 
brica como las que se erigiriín á las demás Facultades de la Uni- 
versidad, formarán una agrupación especial que embellecerá no- 
tablemente el barrio que debe re(;ibirlas. 

Una innovación digna de señalarse é imitarse en estas construc- 
ciones, consiste en que contendrán habitaciones para los profesores 
y familias, á fin de que aquellos puedan prestar, sobre todo en las 
de aplicación como ingenieiía y medicina, su pronta concurrencia 
á las cátedras é inmediata y asidua dedicación á sus experimentos. 

El reglamento y plan de esludios hecho conocer por el Dr. Spe- 
luzzi, en su relación, es él que entró en vigor en el año de 1882- 
1883 bajo la administración Mendía. 

La composición y distribución actual del plan se llevó á cabo 
bajo la dirección del eximio geómetra D. Aquiles Sannia ; y como 
aquel, ha experimentado modificaciones respecto del número de 
materias y horario. Inserto en seguida el que rije : 



164 ANALFS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



PRIMER ANO 

Nüm. de lloras 
semanales 

Aplicaciones de geometría descritipva y dibujo 9 

Mecánica racional 5 

Geología aplicada á las construcciones 3 

Estética gráfica, con dibujo 7 7» 

Química 3 

Ejercicios de mecánica racional 3 

Geodesia y ejercicios 6 

Dibujo de arquitectura 7 V 2 

Ejercicios de química 6 

SEGUNDO AÑO 

Hidráulica teórica y práctica , 4 \'j 

Mecánica aplicada á las máqufnas , 4 7» 

Dibujo de mecánica aplicado á las máquinas 6 V» 

Física técnica 4 Va 

Ejercicios de mecánica aplicados á las construcciones y 

á la hidráulica 2 

Mecánica aplicada á las construcciones 47* 

Geometría práctica y celerimensura 4 Vs 

Aplicaciones de física técnica 2 

Arquitectura técnica y dibujo 12 

TERCER AÑO 

Construcciones metálicas 4 V2 

Máquinas 4 V2 

Arquitectura 4 V2 

Ferro-carriles, carreteras, con dibujo 9 

Construcciones hidráulicas ,,. 4 V2 

Dibujo de construcciones hidráulicas y metálicas 9 

Materia jurídica 3 

Hidráulica fluvial y aplicaciones 3 

Dibujo de arquitectura 6 

Si bien el curso de Agraria es completo en aquella Escuela Agro- 
nónnica, en Santa Catalina no estaría demás, á nuestro \er, incor- 
porar la enseñanza de la materia para Ingeniero Civilj pues hoy 
que en aquel país toma vuelo la agricultura, encontrarían los que 
á dicha profesión se dedican, continuados motivos de tratar sus 
problemas. 

y sería importantísimo la formación de gabinetes con modelos, 
de las máquinas propias de esa industria, y una completa colee- 



LA REAL ESCUELA DE APLICACIÓN 165 

clon de ricas maderas y de las producciones de cereales, legumbres 
y frutas de las provincias argentinas. 

En Italia es muy de uso que el ingeniero y el agrimensor inter- 
vengan en proyectos del resorte de la agronomía. 

El desempeño de las cátedras de esta Escuela de Ingenieros, co- 
mo el de las demás, está encomendado á iiábiles profesores, que 
las han obtenido por concurso, según es de estilo, yes de señalar- 
se el decidido empeño que prestan al desempeño de su cometido, 
ya en el curso teórico, como cuando entran en el período de las 
aplicaciones. 

Además de estos experimentos, los alumnos del tercer año, que 
se han distinguido en sus estudios, tienen opción á participar de 
un viaje anual de instrucción que se practica por las principales 
obras del país, y bajo la dirección de una comisión de profesores. 

Así en el verificado bajo la dirección de los profesores Travaglini, 
de arquitectura; Isé, de resistencia de materiales é hidráulica 
aplicada; Milone, de máquinas; y Ferrara, de carreteras y vías fér- 
reas ; se visitaron las obras especiales de ingeniería y arquitectura 
existentes en el itinerario siguiente: Ñapóles, Boloña, Ferrara, Pá- 
dua, Venecia, Milán, Florencia, Roma y Ñapóles. Duró quince dias 
el viaje. 

Se comprenderá que estos viajes son perfectamente convenientes 
para fortificar los conocimientos que los alumnos adquieren en las 
aulas y clases experimentales y facilitarles su última tarea de for- 
mación del proyecto para graduarse; fuera de la buena suma de 
erudición histórica que adquieren recorriendo esta región rica en 
monumentos de varias civilizaciones. 

Llega la comitiva á Boloña y comienza la tarea el profesor de 
arquitectura haciendo observar las obras medioevales que contiene 
la ciudad, visitan su. Forum ó Plaza Victor Manuel, y la iglesia de 
San Petronio, en la que señala las edades de los estilos externo é in- 
terno y signos peculiares de cada uno; en Yenecia muéstralos 
ricos ejemplares del primer periodo del renacimiento que floreció 
del 1 4.")0 al loOü indicando las diferencias entre las escuelas A'e- 
neciana y Florentina, é infunde en su auditorio la admiración que 
dicta á los ojos expertos el examen de los Palacios, Plazas é Igle- 
sias y demás producciones de singular mérito artístico que enno- 
blecen la ciudad original que las posee; en Milán admiran en el 



166 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Duomo las nobles y delicadas manifestaciones del estilo gótico re- 
ligioso, la magestuosa galería Víctor Manuel, de reciente fundación 
yde gusto lombardesco, y el Hospital Mayor construcción del si- 
glo XV ; y por último pasan á Roma donde á la vista de aquellas ve- 
tusteces del arte que suspenden el observador, el maestro mueve 
la atención desús alumnos ante sus magnos detalles y los familia- 
riza con ellos cuando les recuerda que allá en el aula los estudia- 
ron detenidamente en exelentes reproducciones. 

Los demás profesores tienen asimismo su ardua y gustosa tarea, 
ya inspeccionen los famosos trabajos de bonificación mecánica en 
las campañas de Ferrara y Marozzo, los trabajos de defensa contra 
los desbordes del Pó, el acueducto deVenecia recientemente cons- 
truido y ejemplar de mérito por las variadas aplicaciones de la hi- 
dráulica que presenta ; también las exposiciones industriales y ar- 
tísticas de Venecia y Milán, y en esta principalmente la sección de 
losMolinos, en que se muestran variados sistemas; ó se vean pre- 
cisados á explicar el modo de instalar y funcionar diversos apara- 
tos y organismos mecánicos, muchos de los cuales también apren- 
dieron á conocer en los gabinetes de la escuela. 

Bien surtidos están en general estos gabinetes y haremos men- 
ción de algunos. 

El de Hidráulica teórica y práctica, instalado recientemente, 
contiene aparatos hidrométricosde varios sistemas para experien- 
cias en rios y canales, y entre aquellos el molinete Harlacher per- 
feccionado. Este molinete es un marcador eléctrico y fué construi- 
do por la casa Ottde Kemplen, siendo su costo de 700 francos, 
directamente la velocidad media sobre una vertical, calculando el 
número total de vueltas hechas por el molinete en una caída verti- 
cal de este desde la superficie al fondo del agua. 

El hilo que suspende el molinete es atravesado por la corriente y 
hace función de conductor, traduciéndose los resultados de la ex- 
periencia en un contador que se mantiene fuera del agua. 

A la vista tienen también los alumnos modelos de filtros, entre los 
que se observan los de uso doméstico á doble circulación, descen- 
dente y ascendente, con estratos de arena gruesa y carbón ; el de 
ladrillo, el á base esponjosa, los llamados Plongeur de Fonvielle, y 
la Cisterna filtrante de Venecia. El algihe del Banco Hipotecario de 
La Plata es de este sistema veneciano. 

En los muros del Gabinete se exiben diseños de los diferentes sis- 



LA REAL ESCUELA ÜE APLICACIÓN 167 

lemas de fundaciones bajo dol agua, proyectos de abaslecimienlo 
de agua á varias ciudades y cnlre ellos el notable que la conduce 
desde el Serino á .\;ij3oles, modelos de diques notantes, ejemplares 
de instalaciones de cañerías y otros que con la Hidráulica tienen 

relación. 

Para las experiencias se lia provisto el (labinete de cañerías es- 
peciales que tienen conexión con la de la ciudad. 

En este Gabinete de hidr;iulica es digno de mencionarse un Ser- 
batojo ó tanque con aparejo porta Uu proyectado é instalado por 
el profesor de la materia S. Masoni. 

Juzgando de interés para nuestra escuela una símil adquisición, 
puescon dicho aparato pueden estudiarse los curiosos fenómenos 
de la vena fluida según las diferentes luces que la originen, he creí- 
do conveniente procurarme algunos dalos para darles una idea. 

Consiste en un recipiente de forma á paralelipípedo recto á base 
cuadrada de O metro 70 de lado con 4 metros de altura, eleva- 
do á \ metro del piso y en comunicación con la cañería de la ciudad. 

Los diversos niveles del agua en el interior son graduados por 
un tubo de vidrio dispuesto al exterior del tanque. 

Este tiene lateralmente dos dobles fondos, y su alimentación y 
descarga se hacen mediante orificios situados al mismo nivel de 
los dobles fondos. 

El apáralo porta-luz consiste en una armadura de bronce aplica- 
da sobre las paredes anterior del tanque. Dicha armadura está 
provista de una puerta corrediza entre dos guías, la cual, manio- 
brada por una palanca adecuada, sirve para abrir ó cerrar la luz del 
ilujo, y en el orificio se colocan las luces que desean ensayarse. 

En una esperiencia del aparato, á que asistí, se aplicaron luces 
deforma cuadrada, rectangular, circular y cruciforme, dejando 
caer el agua del tanque desde dos metros de altura, y se pudieron 
apreciarlas formas curiosas de las secciones de las venas á dife- 
rentes distancias del orificio. 

El chorro líquido se recoge en un recipiente al que se hace se- 
guir la variación de tiro de aquel, y en el que puede apreciarse el 
gasto del tanque en todo momento. 

El aparato completo ha costado en Ñapóles 1 200 francos y será 
descrito con los resultados de las esperienciasen el Curso de Hi- 
dráulica que está imprimiendo el citado profesor Masoni. 

El citado curso es de recomendarse como obra didáctica v de 



168 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTLNA 

aplicación, pues por medio de un plan metódico se encuentran 
tratados los principios generales de la hidráulica, estendidos á los 
casos prácticos más usuales, sirviendo de buena ayuda al efecto el 
acopio de tablas numéricas que acompañan el texto que además 
tiene numerosas ilustraciones. 

Otra obra digna de consultarse por los aficionados á la hidráuli- 
ca es el Cuiso sobre construcciones hidráulicas del profesor Ing. Gae- 
tano Bruno. Están divididas las lecciones en los cinco títulos si- 
guientes : 

I. Obras para el régimen de los rios y torrentes. 

II. Canales, conductos y obras relativas. 

III. Materiales, fundaciones, útiles y máquinas. 

IV. Construcciones marítimas. 

V. Puentes de fábrica. 

Visité también el Gabinete de resistencias de materiales bajo la 
dirección del profesor Isé y ayuda del Ing. Ciollaro. 

Hasta el presente los ensayos más numerosos han sido sobre la- 
drillos de varias fábricas, diversas clases de tufo que es la piedra 
ó material generalmente usado en Ñapóles, y piedras de algunas 
canteras. 

Los ladrillos á húmedo y á seco han dado resultados que se dis- 
tancian mucho uno de otro en cada uno de los estados, y esto es 
debido á la calidad de la arcilla y á la cocción . Así, por ejemplo, en 
el primer estado el coeficiente de rotura á la compresión ha sido 
para el producto de los siguientes hornos : 

Ruffolo hermanos, en Iserma, 363 kg.; Monte Redondo (Roma) 
153; Sparanise (Caserta) de Collapetm 250; Porta San Pancrazio 
(Roma) 97, kg.; variando el peso específico de 1352 á 1800 Ivg. por 
metro cúbico y en el segundo estado, ó á seco, se tiene Hornos Ga- 
I iguana en Salermo53 kg. con 50 "/o arcilla, 89 kg. con 30 %, 62 
kg. con 10%, de azostima en Salermo de 109, 121 y 121 kg. y de 
soc. an. de Benevento 165, 217 y 225 líg. por cm'. 

El tufo es de dos clases, amarillo y negro; el primero es más 
abundante yse emplea en la ciudad y otros puntos, y el negro lo 
hemos visto usado en las construcciones de Capua y Caserta. Estas 
piedras al desnudo, con sus juntas tomadas acal y arena, presen- 
tan mejor vista que cuando se emplea el tufo amarillo. 

Las experiencias en seco á la compresión, y por cm~ han dado 



LA REAL ESCUELA DE AI'LICACION 



169 



para las canteras de tufo amarillo en l*os¡lii)o desde 2G á 48 k<y. 
siendo de 1300 k^^. por m' el peso específico y para el tufo negro 
{')■] kg. con I li-2 kg. de peso específico. 

La piedra calcárea de Ñola 253 kg. por n\v, la de Siracusa 2Í-I 
_y la de Canvisa 37, con pesos específicos respectivos de 273."), lOíO 
y IC3I. 

Los ladrillos huecos cargando sobn; la cara más ancha han dado 
desde oO á 78 kg. por cm~ y las baldozas 3G2 kg. 

Se e.\perimentó también la fundición de la usina en Castella- 
mare, empresa italiana de construcciones metálicas y se tuvo por 
mm- 

La sección de rotura fuéelíptica. 



DIMENSIONES 



ames de la 
espericncia 



después de la 
e^perii'nria 




C02FICIENTE 



(lado por el 
manómetro 
raen' lirio 



dado por el 
naaóiDetro 

í sei'o 



Para cuerpos prismáticos 

61,2 



136,2 X 36,2141,1 X 41,91 72 

Oirás espriencias en inedia) — I — | — 



4<),.')ü 
ó7,60 



50,72 
60,04 



Otrasesperiencias en media 



38,2 



Para cuerpo cilindrico 

40,8 I 71,5 I 68 



62,30 
61,50 



«O 
65 



Para los experimentos se adoptaron la prensa hidráulica tipo A. 
(]lair y la prensa con brazo de palanca; y como pudieran quererse 
adquirir para nuestra Facultad, pues la de Curioni es cara, in- 
serto una sumaria descripción de ellas, que me facilitó el Ingeniero 
ayudante señor Ciollaro. 

La deClair tiene un recipiente que se llena de agua, ó como se 
hace en esta escuela, con aceite mineral para evitar la oxidación 
producida por el agua. En aquel pasan dos bombas una chica y 
otra grande movidas al exterior por dos brazos de palanca. El 
líquido que se va comprimiendo poco á poco, después de haber 
recorrido un tubo de diámetro pequeñísimo colocado horizon- 
talmente, por medio de cuatro ramificaciones se distribuye uni- 
formemente en cuatro cilindros verticales por la parle inferior de 



170 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ellos. En los cilindros salen dos émbolos en cuya cara superior se 
apoya un tronco de pirámide, y sobre el cual se coloca el mate- 
rial á experimentarse. 

Arriba del material se pone un plato de fierro asegurado á cua- 
tro columnitas y es contra dicho plato que se rompe el material 
cuando se le comprime. 

Es claro que el líquido en presión, penetrando en los cilindros, 
levanta los émbolos respectivos y el tronco de pirámide y por lo 
tanto el material de experiencia se comprime entre el dicho 
tronco y el plato superior fijo, hasta obtener su completa rotura. 

Del tubo horizontal de rama ya citado nace otro, el cual tiene 
un manómetro á columna mercurial que señala la presión según 
las experiencias. 

Tal columna de mercurio está dividida en centímetros y según 
varios cálculos practicados en la Escuela de Ñapóles se ha lle- 
gado al resultado que cada centímetro de mercurio representa la 
presión de 772 kilogramos que resiente el material ensayado. 
Da la presión total obtenida por la experiencia hay que rebajar 
! 47.30 kilogramos representados por el peso de cuatro émbolos y 
del tronco de pirámide, que se pierde en levantarlo. 

El director señor Isé, con el fin de controlar el manómetro á 
mercurio, añadió otro á seco con cuadrante puesto sobre el tubo, 
de rama horizontal principal, que da la presión en atmósferas. 
Segan cálculos hechos ha resultado que para tener la presión total 
es necesario multiplicar el número de las atmósferas marcadas en 
el manómetro por el número 184,60. 

Ordinariamente los resultados de los dos manómetros difieren 
en poco; pero es conveniente atenerse á las indicaciones del ma- 
nómetro á cuadrante el cual ha sido muy controlado en el Gabi- 
nete. 

La otra máquina ha sido construida en Ñapóles en el estableci- 
miento Guppy. 

Se compone de una armazón en fierro en cuya parte superior y 
en su centro se encuentra el apoyo de un largo brazo de palanca. 
Esta en una extremidad tiene un^ plato de fierro y en la otra una 
serie de trozos de fundición de peso determinado. En correspon- 
dencia del plato de la primera extremidad, se encuentra otro que 
se puede bajar ó subir por medio de una rosca y sobre el que se 
pone el material de experiencia, de modo que este queda entre 
dos platos. 



LA REAL escui:la ul; aplicación 171 

Por cálculos hechos pcirn obtener la presión total se multiplica 
la cari,M puesta por 2í-,.')-> y el producto la representa en kih')- 
gramos. 

Cada plato d(! Cundiition pesa 40 njtolos napolitanos ó sean 
0,891 kilogramos de modo que la presión que uno ejercita es de 
874,9(5 kilogramos. 

Otro gabinete que presenta modelos al vero que debieran ad(|ui- 
rirse para aquella Facultad y que se obtendrían en Uoma por es- 
casa suma, es el de Arquitectura y Dibujo. Cuenta entre otros un 
capitel del Templo de Júpiter Stalor en Roma, Cornisa del Templo 
de Júpiter, Cornisa del Templo de Antonino y Faustina, C.ornisa 
del Templo de Júpiter Tonante, Friso del Foro Trajano. Capitel de 
la Iglesia San Gregorio, Capitel del Pórtico del Panteón y Capitel 
del Palacio Gravina. Además en los muros de las salas se encuen- 
tran suspendidos buena cantidad de dibujos y fotografías de mo- 
numentos V provectos de edificios según varios estilos en uso v 
para que los alumnos puedan consultarlos. 

Son también notables los Gabinetes de Física Técnica á cav^o 
del distinguido profesor Guido Grassi, que ha escrito y estampado 
su curso de Física aplicada, bien provista de útiles aplicaciones y 
el que es precedido por otro sobre Termodinámica que se extiende 
entre los límites de las trasformaciones de gases y vapores. 

El Gabinete de Construcciones dividido en cinco secciones, ci- 
viles, hidráulicas, metálicas, de vías férreas y aplicaciones de la 
(reometría descriptiva, lo mismo que los de Ouímica, Máquinas y 
Mineralogía y Geología poseen un rico material. En tiempo daré 
apuntes sobre su contenido principal. 

Completa el menaje de la Escuela napolitana una Biblioteca pro- 
vista de obras escogidas, con más de dos mil volúmenes y la co- 
lección de todos los proyectos confeccionados por los alum- 
nos. 

Cerrando la presente con un voto de felicitación al director se- 
ñor Aquiles Sannia por la buena marcha de la Escuela de aplica- 
ción para los Ingenieros en Ñapóles, solo me resta recomendarla 
á los colegas de Buenos Aires á fin de que no dejen de visitarla, 
si pueden. 

Tng. Luis A. Viglione. 



MOVIMIEiNTO SOCIAL 



La Junta Directiva ha resuelto efectuar una visita a] Merca- 
do de frutos del Sud, la que se efectuará en los primeros dias del 
mes entrante. 



Se ha resuelto comisionar al socio Sr. Roque Casal Carranza para 
que establezca el cange entre los anales de la sociedad y las publi- 
caciones de otras de igual carácter de Europa. 



El ingeniero Eugenio Vernaudon dará la cuarta conferencia de 
la serie de las que tendrán lugar quincenalmente. 



El Doctor Valentín Balbin ha donado á la biblioteca de la Socie- 
dad la traducción que ha hecho de la obra Trazado de curvas da- 
das en coordenadas cartesianas, por G. Woolsey Johnson, y la de 
Algunos sistemas de barras articuladas de profesor J. Neuberg. 



Ya está casi terminado el catálogo de los documentos del archi- 
vo, cuya formación fué encomendada á los señores Candiotiy Ota- 
mendi. 



Ha sido admitido en calidail de socio activo el señor Justo Viñas 
y Urquiza. 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA 



T)E I.OS 



MARES DEL GLOBO 

Por JUAN LLERENA 

{Continuación) 

« Sus caballos y camellos, que en 8 ó iO días pueden realizar una 
marcha de 500 millas por áridos desiertos sin aguas ni pastos, des- 
aparecen como por encanto delante del conquistador; las misteriosas 
aguas del desierto eluden sus investigaciones; y sus tropas victoriosas 
son consumidas por la sed, el hambre y la fatiga en la persecución 
de un enemigo invisible qne desprecia sus esfuerzos y reposa seguro 
en el corazón de los ardientes arenales. 

«Los esclavos de un gobierno despótico pueden hacer un vano alar- 
de de su independencia nacional; pero el árabe se halla tan libre de 
un yugo doméstico, como de un yugo extranjero. En cada tribu, la 
superstición, la gratitud ó el respeto tradicional ha exaltado una fa- 
milia particular sobre las cabezas de sus iguales. Las dignidades de 
sheik ó de emir invariablemente recaen sobre esta raza selecta; pero 
el orden de sucesión es laxo y precario, dándose la preferencia al más 
digno ó anciano de la noble raza. Estos son preferidos para la simple 
aunque importante función de arreglar las disputas con sus consejos 
y de guiar su valor con su ejemplo. Si un emir abusa de su poder, es 
prontamente castigado por la deserción de sus subditos. Su espíritu 
independiente desdeña una baja sumisión á la voluntad de un amo; 
su existencia no reconoce harreras; el desierto se halla abierto, ha- 
llándose las tribus y las familias solo unidas por un pacto voluntario 
y recíproco. Acostumbrados á una vida de peligros y de privaciones, 
el pecho del árabe vagabundo se halla fortificado con la austera vir- 
tud de valor, paciencia y sobriedad, el amor de la libertad lo induce á 
ejercitarse en el hábito, del dominio de si mismo, y el temor de la 
deshonra lo guardan contra el temor del dolor, del peligro ó de la 
muerte. La estimación de sí mismo que la independencia inspira, se 
muestra en la dignidad de sus maneras exteriores; su discurso es len- 
to de concisión y peso; rara vez rie; su único ademan, el de pasarse á 
veces la mano por la barba, el símbolo venerable de su virilidad.» 

Solo que el beduino no se recomienda por el respeto de la propiedad 
ajena, sobre todo del estranjero. El se escusa diciendo que en la dis- 
tribución de la tierra, los climas ricos y feraces fueron asignados á 
las otras ramas déla familia humana; y que la posteridad del proscri- 
to Ismael, se halla autorizada á recobrar por la fuerza ó el fraude la 



474 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

parte de herencia de que lia sido injustamente privada. Igualmente 
adicto al robo que al comercio, cuando no abruma de impuestos á las 
caravanas de tránsito por el territorio de su tribu, las saquta, 
y armado contra la humanidad entera, hace del viajero inofensivo la 
víctima de su rapacidad. Pero aveces, por una noble reacción de la 
racionalidad humana, este mismo árabe, el terror del desierto, agasa- 
ja al estranjero que se atreve á confiar en su palabra y que penetra 
én su tienda. Acógelo con respeto y benevolencia y lo hace participar 
de su riqueza ó de su miseria; y después del descanso indispensable, 
lo despide con bendiciones y á veces con presentes. 

Hoy aquí, mañana allí, la morada del beduino es tan ancha como el 
desierto, y tan móvil como los médanos de arena que el viento forma 
y deshace. Su modo de acampar difiere según las circunstancias. 
Cuando las tiendas son pocas, las plantan en círculo; cuando muchas 
por hileras. El Sherk ó gefe ocupa siempre el puesto donde el peligro 
es mayor y también la entrada por donde el estrangero puede llegar, 
siendo su deber rechazar el primero y honrar á este último. Enfrente 
de su tienda el gefe clava su lanza y allí ata su caballo ó su camello; 
su montura le sirve de lecho. Cuando vagan en busca de agua ó pastos 
se mueven lentamente por partidas sobre el llano arenoso. La caballe- 
ría armada marcha adelante; los rebaños siguen con sus crías; y de- 
trás, los animales de carga conduciendo las mujeres, los niños, las 
tiendas, las provisiones y utensilios de las familias. Entre estas tri- 
bus pastoriles, la posesión de un pozo, de un pequeño terreno pastoso 
y algunos datileros producen continuos altercados que se deciden por 
las armas, el más fuerte quedando dueño de los objetos disputados. 
Amas de estas causas de hostilidad^ el carácter celoso y fogoso de los 
árabes ha sido siempre la fuente de las más implacables enemistades 
entre ellos. Son en estremo sensibles alas injurias y las resienten con 
implacable encono, de que es un testimonio la Biblia y el Coran, don- 
de las ofensas á Dios y al Profeta, se pagan con la sangre y el escar- 
miento hasta la quinta generación, como dicen ellos. Los árabes 
creen que Dios los ha hecho á su imagen, aunque en realidad son 
ellos quienes hacen á Dios en la suya. Los crímenes y los atentados de 
los hombres son hijos desús errores y basta que el culpable pague 
para dejar satisfecho á Dios y la justicia. Solo á un árabe se le pue- 
de ocurrir que se debe esterminar hasta la quinta generación para sa- 
tisfacer una ofensa. Eso espresa el carácter del pueblo. 

Entre los árabes como entre los pueblos á medio civilizar, la san- 
gre tiene su precio; pero entre ellos es libre obtar entre este precio y 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 175 

la venganza. El precio por la vida de un hombre común es entre ellos 
de 800 duros ó su equivalente en ganados. Una vez arreglado el precio 
déla sangre, lo que no siempre es fácil por el carácter vengativo é 
implacable de los árabes, y por su insaciable avaricia; á más de que 
su naturaleza los impulsa de preferencia á la venganza. Como quiera, 
una vez arreglado el asunto, una camella es conducida delante de la 
tienda del adversario, matándola allí á fin de espiar la sangre con la 
sangre. Las partes reconciliadas, comen de la carne del animal muer- 
to; y al partir el homicida lleva un pañuelo blanco en su lanza como 
señal de hallarse libre de la sangre. El árabe entretiene sus largas 
horas del desierto con diversos pasatiempos, tales como el juego de 
ajedrez, délas damas, las adivinanzas, las historias y cuentos á que 
son muy aficionados. Pastas diversiones son comunes á ambos sexos. 
Pero hay otras que son peculiares al sexo viril, tales son la sortija, 
ólos torneos, que ellos llaman lanzar el gerid, y consiste en un simu- 
lacro de combate con lanzas sin punta, como el juego que los españo- 
les llaman cañas, al final de una función de toros. El objeto del juego 
en que los jugadores muestran la más asombrosa destreza, es por una 
parte perseguir, por otra huir ó parar los golpes del adversario. En 
estos simulacros de combate, nada hay más pintoresco que ver los 
grupos de estos hijos del desierto entreverarse en un combate fingido 
con las lanzas caladas y los sables desenvainados, terminando todo en 
evoluciones, vueltas y cabriolas las más entretenidas. También tie- 
nen sus danzas de guerra de un carácter salvaje. Tienen además can- 
tos en coro, en que mujeres y hombres aunan sus voces. Llámaseles 
nesamer, y se formando versos improvisados, ocasión que los amantes 
no desperdician para dirigirse en términos embozados o claros al ob- 
jeto de su amor, según que este es lícito o ilícito. Sus imágenes no 
suelen ser semi-poéticas, á veces: «¡Oh Ghalia! si mi padre fuese un 
asno macho, yo lo vendería para comprar á Ghalia.» 

Durante sus largas marchas, los beduinos cantan ó silvan lo mis- 
mo que nuestros arrieros, para entretener el camino y animar sus ca- 
balgaduras, pues los animales se regocijan con estos cantos cadencio- 
sos y marchan con más gusto y menos fatiga. Estos cantos son monó- 
tonos, pero llevan impreso el sello de una profunda melancolía, que 
se armoniza con la triste aridez del desierto. Son como los trajes de 
nuestros arrieros y gauchos del interior. En estos cantos hablan de 
bellos ojos, de dulces aguas y de frescas sombras, espresiones que ha- 
cen contraste con la aridez y soledad de los arenales. Oir estos can- 
tos, escuchar cuentos por el estilo de los de la Mil y una ¡Soche, 



176 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

en su tienda, al lado de su querida, en medio del desierto, es la supre- 
ma felicidad del árabe, que olvida ante esas armonías y esas imáge- 
n:s los peligros y las penurias delpresente. Después de la hospitalidad 
y de la destreza en el manejo de las armas, lo que más estiman los 
árabes es la poesía y la elocuencia; nobles facultades en que estas hor- 
das depredadoras que viven en medio de la solitaria grandeza do la 
naturaleza, sobresalen aún sobre las naciones más civilizadas. Ellos 
tienen en mucho los buenos pensamientos y conceptos; pero dicen de 
las verdades y sentencias que son como perlas ó diamantes sueltos 
dichas en prosa; mientras que en verso forman como magníficos colla- 
res y diademas. 

En la antigüedad, entre ellos, el gran poeta era mirado á la par del 
gran guerrero; y se hacían torneos y certámenes en que las facultades 
de los poetas de genio pudiesen brillar á competencia. Mas resulta- 
ba que para un pueblo tan apasionado y susceptible como el árabe, 
ellos se personificaban en sus grandes poetas, y las contiendas poéti- 
cas de estos se transformaban fácilmente en luchas civiles. En conse- 
cuencia, estos certámenes fueron abolidos por el Coran; pero los be- 
duinos han quedado á pesar de esto, en estremo apasionados por la 
poesía y la música. Así, en una ocasión en que Burckard leyó delante 
de ellos el célebre romance de Antar, la asamblea de beduinos que lo 
escuchaba quedó sumergida como en un éxtasis de placer; mostrándo- 
se al mismo tiempo tan disgustados con su mala pronunciación, que 
le arrebataron el libro de las manos. A las ventajas del genio poético 
y de una viva fantasía, los beduinos añaden la posesión de un rico y 
armonioso lenguaje capaz de espresar con perfección aún los más 
finos y remontados conceptos del espíritu y de la naturaleza. Su 
abundancia puede juzgarse del hecho de poseer más de ochenta pala- 
bras para espresar miel; doscientas, para indicar la serpiente; qui- 
nientas, para espresar el león, y loque es característico de una raza 
belicosa, mil, para espresar la espada. El idioma árabe es en estremo 
armonioso, enérgico, sublime é igualmente propio para espresar los 
delicados conceptos del amor, las púas de la sátira y los más encum- 
brados preceptos de la religión, la ciencia, la oratoria y la política. 

El sentimiento del patriotismo es fuerte y universal entre los be- 
duinos, á pesar de no tener otra morada que los inconsistentes arena- 
les del desierto y su miserable tienda. Se reconocen una nación de 
hermanos, ligados por la misma sangre, y sin embargo viven en cons- 
tante guerra unos con otros; son en estremo celosos de su honor, al 
mismo tiempo que salteadores de profesión. Feroces y sanguinarios 



FISIOGHAIÍA V .MlCTEOllOLOGÍA UH LÜS MAIIK.S HKL OL' DO 177 

por temperamento, se muestran no obstante muy sensibles á las vir- 
tudes de la piedad y de la g-ratitud; codiciosos y nada fieles en sus 
transacciones pecuniarias son sin embargo fíeles á su palabra y cari- 
tivos con ol menesteroso. Su carácter religioso se halla maicado por 
los mismos estreñios al parecer irreconciliables. Su fanatismo se aso- 
cia con una floja observancia de los preceptos y ceremonias del Is- 
lam. «El Islam no ha sido hecho para nosotros, suelen decir; él nos 
manda abhisiones, y no tenemos aguas; el perdón de las injurias á 
nosotros condenados por nuestra insanable miseria á vivir del salteo 
y de la rapiña sobre los otros pueblos. Nos prescribe dar limosnas á 
nosotros que de todo carecemos, y que necesitamos nos la hagan á 
nosotros. Nos prescribe ayunar en el ramadam, y toda nuestra exis- 
tencia es un constante ayuno. Y si el mundo todo es la ancha morada 
de Allah,que necesidad tenemos de ir á la Meca para implorarlo?» 



COSTA ARÁIílGA. — ESTRECHO DE BAB-EL-MANDED. — EINTRADA DEL MAR 
ROJO ; SU DESCRIPCIÓN. — REMINISCENCIAS 

En Aden nuestro steamer cargo una cantidad de fardos dá especias, 
como canela, mirra, clavos de olor, aromas, etc. ¿Provienen estas de 
las inmediatas costas africanas, de la AromcUica Regio de Ptolomeo, 
ó délas próximas costas de Arabia? ¿ Cultivan los árabes esasespecia^ 
(la canela, el clavo, la nuez moscada, etc.), ó las produce naturalmen- 
te su suelo ? Hoy no solo las Molucas producen especias ; ellas han 
sido aclimatadas en otros países. Pero la Arabia desde tiempo inme- 
morial, ha comerciado con ellas. Desde la época de Abraham y de 
Jacob, á estar al tenor literal del Génesis, época que aún siguiendo 
la mezquina cronología mal interpretada de la Biblia, no remonta á 
menos del año 2200 antes de Jesu Cristo ; aún en esa época, decimos, 
los árabes comerciaban en aromas v llevaban sus caravanas cargadas 
de perfumes al Egipto, donde las empleaban en embalsamar á los 
muertos. Ahora bien, hay momias egipcias, esto es, cadáveres embal- 
samados de Piromis egipcios hasta más de 11.200 años antes de Jesu 
Cristo, según Herodoto, lo que indica que el comercio de aromas de- 
bía remontar hasta esa edad, puesto que sin aromas no se embalsa- 

A\AL. SOC. r.IENT. ARO. T. XXIX 12 



4 78 ANALIÍS DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

man cadáveres (en la antigüeded), y que el Egipto no las produce es- 
pontáneamente. Se ha creído que desde las edades más remotas, las 
naves arábigas de las costas de la Arabía se estiende en su estremídad 
oriental basta los 11"^ del Ecuador, y puede perfectamente producir 
la canela y el clavo, como produce la mirra, el estoraque, el benjuí y 
el bálsamo. Los árabes, fieles ásu poética existencia pasada, sin de- 
jar por eso de sei- la raza más progresista de Oriente (los árabes de 
España cultivaron las ciencias, las artes, la literatura, la industria, 
etc.), sigue comerciando en aromas y perfumes, no ya por caravanas 
peregrinas al través de los desiertos, pues los grandes imperios asiá- 
ticos interráneos que necesitaban de estos medios de tráfico y de esta 
clase de comunicaciones, ya han desaparecido. Ese comercio lo hacen 
hoy por los vapores modernos que tocan sus costas. 

La Arabía Oriental no es, pues, ese espantoso desierto que nos pin- 
taban viageros superficiales y una vaga tradición. La Arabia solo tiene 
desiertos inhospitalarios, como hemos visto, del lado de la Siria, en la 
direceion del Egipto y de la península del Monte Sinaí. Desiertos 
perfumados que el árabe errante anima con su presencia; desiertos 
llenos de tesoros, pues Mr. Burton que los ha recorrido ha descu- 
bierto en ellos no solo ricos minerales de oro, plata, cobre, plomo, 
trabajados desde la más remota antigüedad, sino que esos mismos te- 
soros inexplotados se estienden inmensamente en el interior. Por lo 
demás, las costas de Arabia, que el arbusto de la mirra y del aloes per- 
fuman, abundan en bellos puertos y zonas feraces, donde soalzan las 
célebres ciudades deMuscate, Moka, Hodeida, Meca y Madina un po- 
co más adentro. Entre sus altas montañas se estíenden feraces valles 
regados por cristalinas corrientes y llanuras y páramos pastosos, don- 
de pastan el caballo árabe, el camello, el asno, el ganado vacuno y la 
oveja. Esunpaísde tiendas y desiertos en Occidente; pero también 
de huertas y jardines en el Oriente ; de tribus pastoriles y vagabundas, 
pero también de ciudades espléndidas ; un país de contrastes, de opo- 
siciones, de extremos en todo, en la naturaleza, en el hombre, en el es- 
píritu : en la naturaleza, porque el desierto contrasta con el valle cul- 
tivado y la montaña con la llanura, la humedad de los mares con la 
sequedad de los arenales, las aromas de la tierra con las fetideces del 
abismo; en el hombre, porque el pastor se codea con el agricultor, 
el salteador con el hospitalario y honrado, el sabio con el salvaje; en 
el espíritu, porque al lado del culto de los astros, se halla el de la ma- 
teria, al lado de Jehová, Allah, y al lado de Moisés, Mahoma, al lado 
de la poesía de amor de Antar, la poesía de desdichas de Job, y al la- 



FISIOGRAFÍA Y .UlíTEOFVOLOGÍA DK LOS MARES DEL GLODO \19 

do del cantar de los cantares, el Koran. En una palabra, Arabia, la 
patria de la vida y de la muerte, de la paz, de la guerra, del amor y 
del odio, de la barbarie y de la poesía, de la ignorancia crasa y di- la 
sublime creencia, del fanatismo y de la tolerancia, de Dios y de 
Satán. 

Aden, a primera vista, parece la más avanzada de una serie de is- 
las volcánicas (puede muy bien no ser sino una península, como lo 
marcan los mapas ; pero á mí me ha parecido isla). Estas islas se al- 
zan negras, altivas y pintorescas sobro las doradas costas arábigas, 
formadas de cristal y de oro, Toda la serie se compone de 4 á 5 islas 
ó crestas volcánicas, completamente erizadas y sombrías, estendién- 
dose de Oriente á Occidente y siendo la de Aden la más avanzada 
hacia el este. Hay, pues, dos estrechos opuestos que pasar para salir 
ó entrar al Mar Rojo (tal vez pueden evitar una los que no necesitan 
tocar en Aden para hacer carbón); la puerta de Bab-el-Mandeb que 
aún no hemos pasado, y la de Aden que domina el inmenso golfo es- 
tendido entre las costas africanas y arábigas, y del cual el Mar Rojo 
es solo un brazo, brazo que en edades anteriores no muy remotas, ha 
debido constituir un estrecho como el de los Dardanelos ó el de Ma- 
gallanes, entre los archipiélagos africanos y asiáticos, poniendo en 
contacto el Océano occidental con el Mediterráneo, con el Océano de 
oriente el Mar Indico. Conforme el gran steamer se aleja de Aden, las 
islas del grupo volcánico se alzan como una serie de negros promon- 
torios de formas sepulcrales, ó en forma de crestas erizadas de púas 
y agujas volcánicas como una sierra. Algunas de estas negras rocas ó 
islotes destacados asumen los contornos y formas más fantásticos que 
es posible imaginar, á la distancia. Una es un castillo gótico perfecto 
y es la más avanzada al pasar el estrecho formado por Aden y por 
ella ; otra situada más atrás, presenta la forma de un Monitor ame- 
ricano con su torrecilla giratoria. 

Por lo demás, son magníficas las aguas del Mar de Aden, pobladas 
de grandes y pequeños peces, de cetáceos y de arenques, de tiburones 
y de sardinas, de delfines y pecesillos voladores ; en sus aguas nadan 
ó de sus aguas vuelan bandadas de ánades tan bellas, como sus ondas 
de nácar ñuido. En el estrecho, el mar es de un verde gris claro de- 
licioso, pero opaco, sin la trasparencia cristalina de las aguas de las 
grandes masas oceánicas del globo. Esta es propiamente una verdade- 
ra roca fluida, con arcillas desleídas que la hacen opaca ; mientras los 
océanos son una masa de cristal trasparente y fluido. Pasado el es- 
trecho y á medida que el fondo desciende, el verde gris claro asume 



180 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

un tinte más sabido y más bello, pero sin hacerse translúcido. La su- 
perficie del mar ligeramente rizada, refleja tintes atornasolados algo 
rojizos, semejante á un bello raso ó pequin tornasol tendido para ves- 
tir una princesa; es un raso bello animado, moviente, espléndido. Si 
lo hubiesen conocido los autores de los Cuentos de Aden y de Las mil 
y una noches, de seguro habrían vestido sus princesas, no solo con 
trajes de sol y de luna, sino con rasos al Mar de Aden, todavía más 
poético y más bello. ¿Os diré que es un verdegay atornasolado deli- 
cioso con matices cambiantes de ágata y de nácar ? No me entende- 
réis, pero la impresión es deliciosa. Si yo fuese fabricante de moirés, 
habría imitado ese matiz espléndido, cambiante, de una inefable be- 
lleza. Pero yo soy poeta y los poetas somos visionarios incurables, 
lo que vemos es nuestra propia belleza que hacemos irradiar por todo. 
¿Esas divinidades que yo adoré en mi infancia? ¡ Ah! La belleza esta- 
ba en mí, en la poesía innata de mi alma! j Ellas! Prosa y prosa 
plaíte ! ¿Esas bellezas del mundo físico ? Son bellezas de mi alma de 
poeta que irradío por todo. El mundo es una inmensa ruina sepul- 
cral, en que el genio del mal ha abismado todo lo bueno y lo bello de- 
jando solo lo ruin y despreciable como él. ¿Dios, ese gran Dios res- 
plandeciente de justicia, de santidad, de equidad? ¡Ah! Ese gran Dios 
estaba en mí. Euera de mí, Satán! Satán maligno, bajo, calumniador, 
enemigo vil y despreciable. ¡Oh! ¡el poeta! ¡Viva la poesía eternamen- 
te ! ¡Ella solo tiene vida y bien ! Fuera de mí el prosaísmo inmundo, 
ruin, bajo, insolente, pretencioso y viviente del mérito ajeno, del mé- 
rito prestado. Los grandes poetas debieran serlos grandes gefes déla 
tierra. ¿Qué son hoy Yictor Hugo, Mitre y tantos otros... ? La prosa 
reina, con nombres y poetastros falsos. Yo creo en la ciencia, porque 
ella ha hecho milagros reales. Pero la poesía y la ciencia son insepa- 
rables. No hay nada grande ni bello que no nazca y no converja á 
ellas. 

Pero demos un poco de lastre á nuestro aeróstata, que se ha re- 
montado demasiado. El vapor marcha y nosotros marchamos con el 
vapor en la dirección de Bab-el-Mandeb. Cardúmenes innumerables 
de pecesillos, moviéndose con rapidez bajo las aguas, vienen á pedir 
á los grandes vapores oceánicos sus sabrosos desperdicios. Son miem- 
bros útiles del mundo orgánico viviente, que vienen á libertar al océa- 
no de sus impurezas. Por ¿u parte, nuestro steamer, cargado en Aden 
con perfumes de la Arabia, ha quedado más embalsamado y libre de 
impurezas que una vieja momia de dama de la Corte de los grandes 
Faraones conquistadores que vivían y morían bajo una inundación 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL CLORO 181 

do perfumes. El clavo de olor, el cinamomo y la mirra perfuman nues- 
tro ambiente y le comunican como un suave bálsamo, en contraste 
con el olor nauseabundo do renfenné que es la atmósfera habitual de 
á bordo. 

Pero ya estamos engolfados en el bello Mar de Aden, y aunque el 
color cambiante del agua marina lia asumido ya tintes más som- 
bríos, que conservan no obstante como un tornasol de rojo impercep- 
tible. Ya navegamos teniendo á la vista á la derecha las bellas cos- 
tas de Arabia, que por los mapas y las relaciones de viaje yo me ha- 
bía ligurado falsamente mucho más bajas y áridas de lo que son en 
realidad. La Arabia, en su parte oriental, no es una llanura sedienta; 
es un país tan montañoso como Chile ó la Suiza ; á la vista, al frente, 
tengo más de tres cadenas de altísimas cumbres que se destacan en 
gradería, como las montañas occidentales de Norte-América, sobre 
las costas californianas ; y esas montañas son tan pintorescas como 
elevadas, sobre todo las centrales, las más altas, que se destacan en 
altivas ondas de lázuli, formando una gran cadena o cordillera central 
en la dirección de sudeste á noroeste. Las cuchillas ó lomas de que os 
hablé al principio y que corren en segundo término paralelas á la ca- 
dena central, se han convertido ahora en altas cuchillas y crestas gra- 
níticas que realzan el paisaje en un término más aproximado. Por úl- 
timo, ahora se destaca una gran cadena costera, fraccionada en altos 
grupos ó eslabones basálticos ó porürídicos, cuyo punto de arranque ó 
terminación se halla en las islas, ó mejor grupos montañosos de las 
islas de Aden. El desierto, que los mapas y los escritores estienden á 
toda la península Arábiga, no existe absolutamente en toda su parte 
oriental hasta enfrentar el Sinai. Toda esa región de la gran penínsu- 
la Arábiga, es montañosa y sino fértil y vestida por lo menos de una 
rica y florida vegetación aromática de mirra y aloes; y estoy seguro 
que sobre los llanos' y méianos arenosos de las zonas intermedias, á 
una y otra parte del lado del Mar Kojo, y del costado del golfo Pér- 
sico, se hallan tapizados de bellos pastizales, y en los valles y faldas 
de la vegetación aromática djl café de Moka, del giroflero, del cane- 
lero, del aloes, del arbusto de la mirra, del estoraque, del benjuí^ 
del incienso. El desierto, pues, lo repetimos, por la sorpresa que ello 
nos causa, en la parte occidental de la península, en los confines de 
la Siria, de Madran, de Suez. Solo es desierta esa región occidental 
donde vagó 40 años el pueblo de Israel, alimentado por el maná del 
cielo, esto es, de los arbustos resinosos del desierto ; guiado por Moi- 
sés, su gran caudillo. Esa región desierta, comprendía también 



482 ANALES DE LA SOCIEDAD C1EMÍFICA ARGENTINA 

los desiertos de Madrem, de Sin, de Hor, de Petra, de Moab y 
los desiertos inmediatos al Sinai, al istmu de Suez y al Mediterráneo, 
como el desierto de Tiii, á los que hay que agregar los desiertos de la 
Siria y del Mar Muerto, que pertenecen á esa misma zona. ¿Os ha- 
bíais formado esta idea de la verdadera Arabia física ? ISo, por cierto. 
Estabais engañados como yo. En adelante no voy á confiar más en los 
mapas hechos de memoria, en los gabinetes de los geógrafos, ni en 
las relaciones de los viageros regalones, soñolientos, que escriben sus 
impresiones de viaje sin ver ni estudiar nada y sin darse bien cuen- 
ta de lo que tienen á la vista, y que se fijan más én los semblantes 
de los compañeros de á bordo, que en los aspectos cambiantes del 
paisaje y de la naturaleza. 

La Arabia, pues, volvemos á repetirlo por la centésima vez, porque 
esto equivale á un descubrimiento por nuestra parte, ó mejor, á una 
perfecta valorización de los hechos ; la Arabia Oriental es un bello 
país montañoso, elevado y espléndido, en la más bella zona climaté- 
rica del globo, éntrelos 11° y los 32° de latitud norte. País de valles, 
de bosques, flores, de aguas cristalinas, de jardines de cinamomo, de 
girofleas, de azahares, de jazmines y de aloes. País lleno de magnífi- 
cas y antiguas ciudades y aldeas, habitadas por una bella raza civili- 
zada y agrícola, viva, ájil, inteligente, con el pelo más negro que la 
noche, el cutis más blanco que la plata, y los ojos más grandes y be- 
llos, sobre todo en las mugeres, que la gacela del desierto y el guana- 
co de nuestras montañas ; país que solo es desierto al oeste, que el 
beduino tostado y semi-bárbaro, pero caballerezco, recorre. El pre- 
tendido desierto se halla pues, confinado al oeste y á una estrecha 
banda ó zona arenosa sobre la ribera setentrional del Mar Rojo y del 
Grelfo Pérsico ; y aún esta zona arenosa, que se estiende entre las 
montañas y el mar al estremo de los grandes Golfos Arábigo y Pér- 
sico, se halla cubierta con los materiales olorosos que dan á la Ara- 
bia sus perfumes y bálsamos ; donde ruge el valiente león, donde vaga 
la tímida gacela ; donde gambetea el magnífico avestruz asiático, del 
tamaño de un elefante ; donde rebuzna el burro, la admiración deXe- 
nophonte, por su habilidad en evitar las acechanzas del hombre (esto 
es, del diablo según los católicos), j donde para su tienda el pastor 
de Arabia, como dice la Biblia. Lo que no quita que estos bellos y va- 
lientes pastores, como sus corceles hijos del viento, dejen de tener 
ciudades magníficas, cuyos habitantes son tan civilizados ó más civi- 
lizados que los de Inglaterra. Solo que, como á nosotros los católicos, 
les hace falta su libertad intelectual, que el fanatismo mahometano 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GL0I50 183 

(le los últimos dias\Q quita, como el fanatismo ultra- calólico nos qui- 
ta á nosotros la libertad do cnltivar las ciencias, la industria; y la 
libertad, riqueza, poder y [grandeza que de ellas nacen, condenán- 
donos á ser los salvajes de la civilización moderna, esto es, á de- 
saparecer. 

Coníieso que los ilrabes, en cuanto á raza y costumbres, según lo 
hemos referido, tomado de la conferencia que tuve con ese pastor 
árabe, á quien compré las plumas, según lo recordará el lector, y 
su bello país cerril y no playo como el Sahara; confieso y digo que 
árabes y Arabia, mohán cautivado de paso. País, raza de vida pura» 
de inteligencia elevada, de miembros de acero, más veloces sobre la 
arena en sus rápidos corceles que el vapor sobre el mar, ó la locomo- 
tora sobre los rieles de acero. País y raza de libertad, de bien, de pla- 
cer, de poesía, de amor, de actividad, de reposo, de pastores, de agri- 
cultores, de poetas, de artistas... y de bellas odaliscas, lo presumo. 
Mi árabe, el árabe á quien compré las plumas, era de una belleza va- 
ronil completa. Sus hermanas ó sus primas debían ofrecer la belleza 
femenil completa, porque allí donde existe el verdadero hombre, debe 
necesariamente existir la verdadera mujer. De otra manera sería fal- 
so el mito de Adán y Eva. 

Si la Arabia es altamente montañosa, como se percibe desde la cu- 
bierta de mi gran steamer, ella debe tener necesariamente valles, 
fuentes, arroyos y rios cristalinos refrigerantes, jardines, entrehuer- 
tos, entre sementeras y entre bellos potreros alfalfados, alfa ó alfalfa 
es unaespresion árabe, donde se solaza el fogoso estalion árabe, pa- 
drillo de una raza dé caballos, más rígidos que el viento, y en donde 
se engorda al buey, el carnero cebado para los mercados de las ciuda- 
des. Nada falta, pues, en esa tierra privilegiada; su cielo es tan bello, 
tan puro, tan perfumado como su suelo; y es justamente allí donde 
ha nacido la más bella y sublime de todas las ciencias, la astronomía. 

Allí no hay nubes que se interpongan entre el hombre, el cielo y 
los astros. Tierra, hombre, cielo y astros comunican sin cesar y co- 
nocen sus secretos aparentes más ¡nttmo'^: porque solo la ciencia más 
sublime del europeo, penetra más allá de las apariencias. 

Para esos seres simples como la fuente, el árbol, el animal, la apa- 
riencia es el tod , la realidad nada. De ahí la superioridad del euro- 
peo filosófico, sobre el asiático materialista y sobre el africano supers- 
ticioso. Si la mirra de Arabia es tan agradable á los dioses de todos 
los pueblos, gentiles, cristianos y mahometanos, es sin duda porque 
la Arabia, es un país Santo é ideal ; ideal según los más íntimos sue- 



184 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGEiNTINA 

ños del alma. Porque el sensualista solo'quiere prados y bosques flori- 
dos ; el supersticioso calaveras, cocodrilos, hombres descuart za- 
des por dioses : solo el árabe que vive en los desiertos comprende el 
verdadero esplritualismo de alma j áe Dios. El árabe si llega á civili- 
zarse y á ser menos fanático de lo que hoy es, será el hombre de 
ciencia por excelencia, porque solo la ciencia comprende y se eleva 
hasta el verdadero Dios. 

Todo el Golfo de Aden se halla dominado por las altas cumbres de 
las montañas ó sistemas longitudinales de la Arabia, cuya cadena cen- 
tral es casi tan importante como el Aconquija ó como la Sierra Gran- 
de de Córdoba, y no lo comparo con los Andes, solo porque no tiene al- 
tas cumbres nevadas como el Bonete de Catamarca, el Mercedario y 
Aconcagua de San Juan y el Tupungato de Mendoza. Pero silos sis- 
temas arábigos no tiene cimas cuyos altos picachos penetren alto den- 
tro de la zona de las eternas nieves, en esa ardiente zona, no carece de 
elevaciones deSá i 0.000 pies según he podido|juzgar desde á bordo 
del steamer inglés. Estas montañas vienen sobre las costas contiguas 
del Mar Rojo tan elevadas, imponentes y ricamente recortadas como 
en la parte oriental. La cadena costera dominada por eslabones, gru- 
pos ó mansos distanciados, hemos dicho, cuyo punto de arranque es 
el archipiélago volcánico de Aden, se encorva avanzando hacia el sud 
con el mismo carácter, prolongando sus eslabones ó macizos erup- 
tivos hasta el estrecho ó puerto de Bab-el-Mandeb : hay grupos de 
esta cadena volcánica reciente; esto es, de última formación, de una 
gran importancia y elevación, como el que promedia entre el paso de 
Aden y el estrecho de Bab-el-Mandeb. Bello nombre arabesco ¿no 
es verdad? El significa Puerta de las lágrimas, o de los suspiros. 
¡ Qué acontecimiento misterioso de la remota historia de la más remo- 
ta antigüedad egipcia ha podido dar ese nombre, ala puerta de acceso 
al más bello de los mares de la tierra, porque el Mar Ptojo, el mar bí- 
blico por excelencia, el mar que salvó al gran pueblo escogido y que 
abismó á Faraón ; es el más bello, vivo y resplandeciente de los ma- 
res actuales. ¿Qué significa ese nombre de tristeza y de aflicción dado 
á un piélago de esmeralda y záfiro, de oro y lázuli! ¿Acaso llegó hasta 
allí Isis, la tierna y casta esposa desolada, haciendo resonar los ecos 
de las negras montañas volcánicas y las acerbas olas con sus zollosos y 
despedazantes lamentos? Fué por ventura Venus á llorar allí aun 
perdido Endimion? Como quiera que sea del nombre, el paraje es tan 
triste y desolado como su designación. Las costas del África, por su 
parte, recien se hacen visibles, después de la desaparición de los eri- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLORO i 85 

zados promontorios (le la .4 /•owá/¿crt Her/io, comenzando á mostrarse 
de nuevo, decimos, ala estrcmidad del gran Golfo de Aden, mediante 
la proyección de un ramal de lomas volcánicas bajas que se encorvan 
también y se acercan para formar el estrecho de Bab-ol Mandeb, ter- 
minando en una lema volcánica, sobre la cual se alza un faro de luz 
intermitente que señala de noche á las embarcaciones la entrada ó 
puerta de acceso del Mar Rojo. Hasta hoy estaría probado ser la par- 
te más peligrosa de la navegación de este Mar ú Golfo arábigo ; ha- 
biendo p(írecido algunos grandes vapores, mal conducidos sin duda 
por sus pilotos, á uno y otro lado de su canal de entrada. El canal ú 
la corriente profundado las aguas del golfo se hallan en el medio, es- 
tableciendo su corriente hacia el centro déla gran entrada ó brazo 
del Mar Rojo. Hacerse á unoú otro lado de esta línea es perderse en 
los bancos, donde, .según Heróiloto, encalló la gran flota de Sesos- 
tris. 

La parte arábiga ó asiática es sin duda la más pintoresca en la en- 
trada del Mar Rojo, ó Golfo Arábigo. Compónese de un grupo de mon- 
tículos volcánicos de un color bistrado sombrío, terminados en picos 
con ángulos agudos de alguna elevación, y formando su cabo con u.;a 
roca á flor de agua con dos estremos agudos y gruesa en el medio 
como un bote torpedo. El mar bate con furor en las ensenadas y que- 
bradas intrincadas en medio de estos picachos negros con su base or- 
ladas por las arenas del desierto de un blanco dorado. Inmensas ban- 
dadas de ánades y otras aves acuáticas, alzaron el vuelo de en medio 
de los estrechos y ensenadas interpuestas entre ese grupo de elevados 
peñascos negros, á nuestra proximidad, dirijiendo su vuelo hacia las 
costas de la Arabia, lo que probaría que ellas abundan en lagos ó 
corrientes de agua salada ó dulce. Esas inmensas bandadas de aves 
acuáticas nos trajeron involuntariamente á la memoria nuestros 
grandes ríos argentinos, como el Paraná, en cuyas verdes y boscosas 
islas son tan abundantes las aves acuáticas, inclusos los zancudos fla- 
mencos y los corpulentos chajas. ¡Pero cuánta diferencia de aquel 
mundo distante de vida, de bosques, de flores, de océanos de agua 
dulce y de camalotes floridos, en q-;e suelen embarcarse tigres de 
ojos centelleantes ; y este mundo de aridez, de negros picos volcáni- 
cos y de espesas agufis de sal, de un color sombrío, aquel es un mun- 
do nuevo que comienza lleno de vida ; este es un viejo mundo deseca- 
do, imponente y solemne como la vejez. 

El Cabo Africano, donde se alza el faro, es una loma negruzca de 
superficie igual y sin protuberancias ni desgarramientos, lo que pro- 



186 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

baria su mayor edad. Estas costas africanas, hemos dicho, for- 
también una curva convergente como his arábigas; formando el he- 
miciclo que constituj'en el aper de los dos golfos ligados por sus es- 
treñios, el de Aden y el Mar Rojo. Pero las costas africanas están 
muy lejos de ser tan levantadas y pintorescas como las arábigas, en- 
treveradas de mantos esquistosos y graníticos. 

Las costas africanas se hallan dominadas por alturas bajas, uni- 
formes, interrumpidas aveces por montículos de forma piramidal, lo 
que hace conocer su carácter geológico. Solo á la distancia, en una 
lontananza muy remota, se distingue una alta cadena que desciende 
de los remotos confines del sudeste, perdiéndose en las nieblas de la 
distancia. En algunas de las cadenas que se desprenden de la región 
Zómali ó del sistema délos Montes Karlíai, ó en una proyección di- 
vergente del manso Etiope ó Abisinia que viene aproximándose y cor- 
riendo paralelamente á la cadena arábiga del valle del Nilo, hacia la 
cual se encamina. De donde quiera que sean las proveniencias de estas 
montañas, y los mapas nada dicen á su respecto, lo cierto del caso es 
que ellas vienen á mostrarse sobre las riberas oceánicas del Golfo de 
Aden, continuándose probablemente hasta el Mar Eojo, de lo que 
mañana podremos cerciorarnos. La forma piramidal predomina en 
estas alturas africanas ; y son ellas sin duda las que han servido de 
modelo para los monumentos piramidales del Egipto, de una data tan 
antigua. Todas las pirámides son anteriores á los Hielos, y sin su so- 
lidez, no habrían resistido á los destrozos de estos conquistadores nó- 
mades. Esas cadenas graníticas forman alturas moderadas, redondea- 
das y sólidas como las cabezas de los adoradores de los cocodrilos y 
de los ibis de Nilo. Jamás han debido formar esa danza loca de mon- 
tañas, como las han constituido las audaces y desgarradas alturas de 
los sistemas costeros volcánicos de Arabia que hemos descrito. A ca- 
da pueblo su carácter hasta en su naturaleza. Porque la naturaleza 
hizo ágiles á los árabes y cachazudos á los egipcios, y á cada pueblo de 
estos lo ha rodeado de una naturaleza análoga á su carácter. Montañas 
separadas, bien asentadas y de una moderada elevación á los egipcios; 
crestas culminantes, amenazantes, movimentadas, altivas y bellas, á 
los árabes, poetas y cabalgantes famosos. 

Henos pues aquí, surcándolas aguas del Mar Rojo, de ese mar cé- 
lebre desde la más remota antigüedad, en torno al caal tantos acon- 
tecimientos importantes de la historia de la humanidad han llegado á 
pasarse. El Mar Rojo es ana gran espansion marítima que los grandes 
y rígidos vapores de las líneas inglesas tardan seis ó siete dias en re- 



FISIOGHAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MaHES DEL GLOBO 187 

correr. Pero en su conjunto y conexión con los otros maros del glol)o, 
él solo constituye una prolongada caleta ó brazo del Golfo de Aden, 
en la dirección del Sudeste al Noroeste, con una ostensión en largo de 
600 leguas ; sin tener más de 50 en su ma3^or ancho y el cual termina 
en el Noroeste con los desiertos colindantes con el Istmo de Suez ; 
formando dos cuernos ó golfos divergentes, igualmente profundos y 
bien caracterizados, el Golfo de Suez y el Golfo de Akabah, entre los 
cuales se interpone la península montañosa del Sinaí. La forma estre- 
cha y prolongada de ese mar, solo común en las regiones árticas, 
donde los mares bravios de las zonas frígidas forman prolongadas eden- 
tacionesen las costas, auxiliados por los vientos y los hielos y las im- 
petuosas corrientes: es una disposición verdaderamente estraña, inu- 
sitada en los mares del Mediodía y que solo tienen su análogo en la 
gran isla continental de Australia, en el Golfo do Spencer, que como 
sabemos se interna centenares de millas en el interior de las tierras, 
indicando un vínculo misterioso entre su estructura y el sistemado 
lagos interiores salados, que se prolongan en banda en la dirección del 
Golfo de Carpentaria, otro entalle profundo en la isla continental, 
viniendo de una dirección opuesta. Es fácil concluir que esos dos gol- 
fos que se avanzan en rumbos encontrados, viniendo de direcciones 
opuestas han debido unirse en las edades anteriores, separándose so- 
lo á causa de la reciente emersión del interior de Australia, del seno 
de las olas. 

Tales lo que aconteceen el Mar Rojo, el cual se internaba en las tier- 
ras del Istmo de Suez ahora 3500 años, en la época del Éxodo, bástala 
extremidad de los Lagos Amargos; y 15, 000 años antes con el Mediter- 
ráneo, formando un estrecho ó brazo de mar como el de Magallanes, 
que separaba materialmente el Asia del Afri-ca. Esto acontecía en una 
edad de la historia geológica del globo, en que los grandes continen- 
tes actuales, el África, el Asia y la Euro])a, formaban solo meros archi- 
piélagos ó grupos desparramados de islas; y en que los grandes con- 
tinentes viejos, hoy abismados y desaparecidos, se hallaban en otras 
direcciones, en el Norte, en el Oeste y en el mediodía de nuestro pla- 
neta. 

Pero no son esas solas las viejas conexiones deductivas del Mar 
Rojo. Por de contado, la Arabia, en la época á que nos referimos, era 
solo una isla cuadrangular, fértil y montuosa, distinguiéndose por la 
abundancia de sus aguas, que demuestra la profundidad de sus icadys 
ó quebradas y que no podrían tener otro origen en sus actuales con- 
diciones meteorológicas. El Mar Rojo ó más bien el estrecho formado 



188 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

por este mar, por su "bifurcación más oriental, la de Akabali, que ro- 
dea la península del Siuaí en la dirección del nordeste, este mar se ha 
encontrado ligado en un período geológico no muy distante, con la 
cuenca del Mar Muerto y por consiguiente con el viejo sistemado los 
mares Asiáticos interiores, de que el Mar Caspio, elMar de Aralyotros, 
forman los últimos restos ó despojos desparramados. En otros térmi- 
nos, antes del hundimiento de lascinco ciudades malditas, de que ha- 
bla el Génesis, el Mar Rojo recibía las aguas del rio Jordán, muy acre- 
centado entonces con otros tributarios y más considerable de lo que 
es hoy. Aún se conserva á la estremidad sudeste del Lago Asfaltotes, 
en la ribera de la ensenada El Ghor y en la ancha quebrada que de 
allí arranca, el Wady-el-Arahah j otras que en esa dirección se abren 
en las alturas que rodean el Mar Muerto, y por las cuales las aguas 
del Jordán en las edades geológicas han debido escaparse, yendo á 
precipitarse en el Mar Eojopor el Golfo de Akabah, El fenómeno bí- 
blico á que hemos aludido, es un fenómeno análogo al que tuvo lugar 
en Grecia cuando el suceso del diluvio local de Deucalion. El valle de 
Arcadia se hallaba sepultado por las aguas del rio Tempe, formando 
un vasto lago sin salida. Las aguas luchaban en vano por romper las 
barreras graníticas que las contenían, separándolas del Mar Jónico, 
cuando un feliz terremoto, al decir de Heródoto, el autor del génesis de 
los griegos, vino y con so'o un sacudimiento, rompió esa invencible 
barrera de rocas, desagotando los valles de la Arcadia y dando una sa- 
lida regular á las aguas del Tempe. La hoya del Jordán ha debido 
encontrarse sumergida en su mayor parte bajo las aguas durante el 
período glacial ; aguas que solo debían encontrar una escasa salida 
por sobre las lomas de El Ghor en el punto en que el Wady-el-Ara- 
bah tiene su arranque, virtiéndose por este conducto en el mar forma- 
do por el Golfo de Akabah, mucho más estendido que ho5^ Induda- 
blemente sobre las márgenes de esa hoya, que las aguas del Jordán 
lo cnpletaban, han debido existir más de cinco ciudades Hititas ó 
Schetas, como pronunciaban los egipcios de la edad de los Ramsés. Mas 
vino el terremoto áque hace alusión el génesis y deprimiendo el va- 
lle, hizo descender su nivel más abajo del Mediterráneo, y el Jordán, 
libre de los aluviones del período glacial, pudo confinar su desagüe á 
la cuenca actual del Mar Muerto, quien con solo la evaporación bajo 
el clima árido de la Siria, rodeado de desiertos arenosos y ardientes, 
ha podido conservar su equilibrio y fijar su estabilidad. 

Las enormes cantidades de sal que se presentan en la cuenca del 
Mar Muerto, hace ver en efecto que esa cuenca se ha encontrado en 



riSIÜGllAFiA Y METEOROLOGÍA DE LUS MARES DEL ÜLüRO 180 

los tiempos geológicos, en comunicación con el mar ; mar que no pue- 
de ser otro que el Mar Kojo^ puesto que aún se presenta en seco el 
lirazo de mar que ligaba en las edades geológicas una cuenca con otra. 
Esta no es otra que la inmensa quebrada ó Wady-el-Arabab, del 
cual podemos dar la siguiente descripción, apoyada en los datos del 
ingeniero inglés, viajero Palmer. El Wady-el-Arabah comienza en 
la cabecera del Golfo de Akabah, en el cual penetra, formando un in- 
menso rio 6 canal seco, de una inmensa anchura y profundidad, con 
un suelo arenoso y pedregoso y también salado en partes. Su ancho, 
en su desembocadura en el Golfo, es do 12 millas inglesas, estendién- 
dose hasta el Mar Muerto, en el cual penetra por la banda de el Ghor. 
Pero él no conserva eso mismo ancho en todo su trayecto, se an- 
gosta á medida que sube hacia el Mar Muerto, pero no angosta mu- 
cho, pues su ancho en medio de la distancia es de 8 millas, siendo 
muy poco menos al entrar en el Mar Muerto por el Ghor. La natura- 
leza de sus bordes ó barrancos, lo mismo que su suelo arenoso, guijoso 
y saluginoso, indican bien ser el lecho abandonado de un brazo de 
mar que era una prolongación del Golfo de Akabah. 

Pero no falta quien sostenga que toda esa sal viene de las lluvias. 
¿Y quien dio á la tierra esa sal que el agua de las nubes disuelve? Es 
claro que el mar, pues toda la tierra, como lo demuestran los hechos 
geológicos, se ha formado de los depósitos de las aguas marinas y 
donde no, la sal no existe. Se vé pues que toda sal viene del mar y 
la razón de este hecho debe buscarse en las causas mismas que die- 
ron origen á las aguas del mar. Cuando el agua se precipitó sobre el 
mar de los Silicatos, después de la consolidación de estos, trajo con- 
sigo todos las sustancias de la atmósfera primitiva geogenética solu- 
bles en el agua, como ser, el cloro, el azufre, el ácido carbónico, el 
iodo, etc. Todas estas sustancias, disueltas en el ngua, hicieron los 
primeros mares ácidos. Al precipitarse en lluvia sobre la tierra aún 
caliente, estas aguas acidas y ebullentes, disolvieron naturalmente 
las bases de las primitivas rocas, la potasa, la soda, la cal, la mag- 
nesia, etc. y de mares ácidos que eran en su origen, se convirtieron 
en mares salados. Hé ahí la verdadera causa de la salobridad del 
mar y délos depósitos de sal en sus lechos abandonados. 

Si esto es así, es evidente que la evaporación debe contribuir á au- 
mentar insensiblemente la salobridad del mar, porque el equilibrio 
entre lo que el mar dá y lo que el mar recibe ya está establecido 
hace siglos; y el aumento de la salobridad, aceptable para ciertos 
mares en circunstancias especiales, pero que es inadmisible para la 



190 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGE^Tí^•A 

totalidad dé los mares, puede tener lugar según una lev muy lenta. 
¿Pero hav una ley para la salobridad del mar? ¿cuál es esta ley? A 
pesar de ln que hemos dicho ( on relación á los resultados de la eva- 
poración, la ley general de la salobridad del mar es la misma; y es 
igual en el Mediterráneo, donde como es sabido entran grandes can- 
tidades de agua dulce y en el mar Eojo, donde no llueve ni entra 
agua de ninguna especio. El hecho es que las corrientes dinámicas 
que ponen en circulación general todas las aguas marinas, y que son 
engendradas por las diversas densidades del agua, segnn su grado de 
salazón, hacen que entre dos mares ó dos brazos de mar contiguos se 
establezca una circulación como la que tiene lugar en la pangre de 
los animales vivos, á saber, una siib-corriente de agua fresca y me- 
nos salada que entra y una supra corriente de agua caliente y mas 
salada que sale, restableciendo el equilibrio de la densidad y de la 
temperatura. Así, es á las sales del mar y á las diversas densida- 
des qué engendran que debemos esas snb-corrientes que de un lado 
llevan las aguas del Mediterráneo al Atlántico y las aguas del Mar 
Rojo al Océano Indico; y es evidente, desde que ninguno de estos 
mares es notablemente más salado que el otro, que tanta sal como la 
sub-corriente trae, otro tanto la corriente superior le saca. Esto de- 
muestra el poderoso impulso que la activa circulación del Océano de- 
riva de las diversas densidades de sus aguas, por sus diversos grados 
de salazón, que impulsa las aguas más pesadas, á ocupar el lugar de 
las más leves y vice-versa. Que esto sucede en realidad tanto en el 
Mediterráneo, como en el jMar Rojo, es una cosa demostrada por la 
teoría tanto como por los hechos y las observaciones más fidedignas. 

Respecto al monto medio de la salazón del mar es una ley aún poco 
estudiada y conocida. Según los datos que tengo en mi poder (ad- 
viértase que voy en viage y que estoy lejos de mis libros) esta sala- 
zón es de 4%, esto es, 4 partes de sal en 100 partes de agua (0.39); 
siendo la gravedad especíGca media del agua del mar en 16'^ C de 
temperatura, de 1.0272. El agua más pesada del mundo no se ha 
encontrado tampoco ni en el Mar Muerto, ni en el Mar Rojj;», como 
muchos autores han llegado á suponerlo. El agua más pesada se ha 
encontrado en el Cabo de Hornos, para el hemisferio Siid, y en el mar 
Okostlí, para el hemisferio Norte. Este mar se halla en una región 
sin rios y en la cual la evaporación sin duda, se halla en exceso sobre 
la precipitación. 

Esta consideración nos trae al Mar Muerto, mar aislado, la com- 
posición de cuyas aguas y sus habitantes, difieren de las regiones 



FlálOGUAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES IiEL GLOBO 191 

circunvecinas, formundo un centro evolucional aparte, á causa de su 
separación de las condiciones de la evolución general. En él las aguas 
no solo son más pesadas, sino que su composición difiere de la de ks 
otros mares, que es la misma para todos, aún para aquellos más ais- 
lados, como el Mar líojo, el cual, como sabemos, se halla en una re- 
gión sin ríos y sin lluvias. Por una ley física que tiene que cum- 
plirse, las aguas de este mar son las más pesadas, después de las in- 
dicadas; y lo son en efecto más que las de ningún otro brazo de mar 
del Océano. Sin embargo, este hecho ha comenzado á ser muy mo- 
dificado mediante la circulación incesante establecida por el canal mr.- 
rítimo de Suez, entre las aguas relativamente frias del Mediterráneo 
y las aguas que podríamos llamar candentesdelmar Eojo: estamodifi- 
cacion tiene que ser lenta sin embargo, y la ley general prevalece aún. 
Según esta, la fuerza dinámica de las aguas del mar Eojo prove- 
niente del aumento de gravedad específica adquirida por sus aguas 
después de penetrar por el estrecho de Bab-el-Mandeb, es suficiente 
para mantener una corriente de salida y otra de entrada, al través de 
estos estrechos. Según los trabajosexperimentales.de los Sres. Ritchie 
y Giraud, establecen que el agua más salada del Mar Eojo, es justa- 
mente donde la teoría lo señala, porque una buena teoría es lógica, y 
las leyes de la naturaleza, son ante todo lógicas; en el Golfo de Suez 
y en el de Akabah, desde esos estremos, las aguas son cada vez me- 
nos saladas hasta la boca de Bab-el-Mandeb y de Aden y aún más 
allá, hasta el meridiano de Socotora; después de esto la salobridad 
vuelve á aumentar hasta llegar á Bombay. Pero afortunadamente la 
evaporación ayuda á conservar fresca la superficie de estos mares in- 
tertropicales, déla misma manera que ayuda a refrescar oirás super- 
ficies húmedas. Así, cuando las aguas del Mar Eojo se hacen tan sa- 
ladas, que ya no pueden producir viipor bastante para llevarse el ex- 
cesivo calor de los rayos solares, por su mayor gravedad ellas se 
deslizan, haciendo lugar á las aguas entrantes menos densas y más 
refrigerantes. Si no fuese por la espulsion que su mayor gravedad de 
sal imprime á estas aguas recalentadas, el clima de estas regiones, 
lo mismo que el calor de un agua, sería más ardiente y abrazador 
que los arenales del Sahara. Aún tales cual hoy son, las aguas de 
este mar, son más cálidas que el aire del desierto. En el invierno y 
la primavera, sin embargo, ellas son bastantes frescas, comparativa- 
mente, en la madrugada; pero más tarde se ponen insoportablemente 
cálidas con el ardor del sol. Pero en el estío, las aguas del Mar Eojo 
adquieren la temperatura de la sangre, llegan á los 95" Fahr. (34" C.) 



192 ANALES DE LA SOCIEDAD CIEMÍFICA ARGENTINA 

Tocia la mañana del í29 de Marzo una fresca brisa ha soplado (la 
brisa de la marea probablemente); así el aire ha estado nebuloso y 
fresco; pero pasada las d2 p. m. la brisa calmó y el cielo se despejó 
de nubes, pero permaneció velado por una niebla seca; esaniebla 
seca de que hemos hablado al costear los desiertos africanos. Esa 
misma niebla se cierne sobre este mar rodeado de desiertos: pero 
todo el mar Eojo sigue presentando ese aspecto vivo, animado de los 
mares con gran circulación. Este aspecto tan animado_, las aves To- 
leteando en el aire, y los grandes peces retesando á grandes brincos 
en la superficie del agua, debe venirle sobre todo de la apertura del 
canal d Suez, que ha elevado el Mar Rojo de la categoría de los ma- 
res estagnantes, al de los mares en contacto con las grandes corrien- 
tes del globo, con la circulación general de los grandes mares. Sin 
ese canal, tan benéfico para el Mediterráneo, como para el Mar Rojo, 
este último podía muy bien haber quedado reducido á la categoría de 
los mares confinados, como el Mar Muerto, que al fin acaban por se- 
carse cuando no les entran rios, como sucede al Mar Rojo. Para esto 
bastaba un ligero solevantamiento en la serie volcánica de Bab-el- 
Mandeb. Pero ya estamos lejos de ese peligro y el mar ha recibido 
una nueva vida con el canal. ¿Y sin embargo, cuánto despropósito, 
con motivo ;^e la abertura de este? Los continentes iban á ser barri- 
dos por las aguas oceánicas, etc. Nada de eso ha sucedido y el mun- 
do sigue con un canal, con un adorno más que abrevia las distancias 
de sus grandes tráficos. Lo mismo sucede con el proyectado mar in- 
terior de África. Se pretende que el agua de los océanos mermará ; 
que es necesario que el África sea un desierto para que la Suiza sea 
habitable, etc. Pero todos estos son despropósitos que en nada se 
fundan. Con la abertura del canal de Suez se han llenado los lagos 
amargos con enormes masas de agua tomadas del Mar Rojo; y sin 
embargo, el nivel de este mar que no recibe rios de ninguna espe- 
cie, no ha mermado. El Mediterráneo, por el contrario, recibe los rios 
más caudalosos del mundo, el Nilo, el Danubio, el Pó, el Ródano, 
etc., y cualquier cantidad de agua que se estraiga para llenar los 
Schotts argelianos, será al punto reemplazada por el agua de las in- 
numerables corrientes que se derraman ahora en el Mediterráneo y 
que si no rebalsan, es porque estendidas superficialmente se evapo- 
ran, mientras que concentradas aumentarán sin detrimento el cau- 
dal de la nueva cuenca marítima proyectada, habrá menos salida de 
desperdicio para el xYtlántico por algún tiempo y esto será todo. 

(Continuará). 



EXEQUIAS FÚNEBRES DEL ü" R.VWSON 



El 21 del mes pasado tuvo lugar el homenaje que lodo un pue- 
blo agradecido debía tributar á la memoria de uno de sus más ilus- 
tres hijos. 

Los restos del Doctor Guillermo Rawson reposan, en la que fué su 
cuna, cerca de los despojos mortales de esa íalanpjode patricios que 
han dado nombre y engrandecimiento á nuestra patria. 

La Sociedad Científica Argentina contó al Doctor Rawson entre el 
distinguido grupo de sus Presidentes, y como una distinción á sus 
relevantes méritos le acord(') el honroso tílulode miembro hono- 
rario. 

La Sociedad no podía permanecer indiferente al espontáneo mo- 
vimiento que se operó en lodo el pueblo argentino para recibir 
dignamente sus restos, y fué la primera de las corjioraciones cien- 
tíficas que se adhirió al grat] pensamiento, tomando todas aquellas 
disposiciones tendentes á llenar debidamente su cometido. 

La Junta Directiva pas('» á la ('otnision central, la siguiente comu- 
nicación : 

Buenos Aires, Abril 23 de 1890, 

Al señor Presidente de la Comisión Central del homenaje á la memo- 
ria del Doctor II. Haicson, (ieneral Don ¡tartolomé Mitre. 

Tengo el honor de comunicar á usted que la Junta Directiva de 
la Sociedad (jentífica Argentina, en su sesión extraordinaria del 2! 
del corriente, ha resuelto adherirse debidamente al justo homenaje 
que se tributará á la memoria del ilustre patricio á la llegada de 
sus restos á esta Capital. 

Habiendo sido el Doctor Uawson Presidentey Miembro Honorario 

ANAL. sor.. r.IKNT. AHi; r. WIX ].J 



194- ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de esta corporación, ha resuelto efectuar esta adhesión en la mejor 
forma posible^, adoptando las disposiciones siguientes : 

Concurrir la Sociedad en corporación para acompañar sus res- 
tos desde el punto de desembarque hasta el Cementerio del Norte. 

Los miembros de la Sociedad llevarán un distintivo espe- 
cial. 

La Junta Directiva conducirá una corona de bronce que será de- 
positada en la tamba del Doctor Rawson. 

Hará uso de la palabra en nombre de la Sociedad, el Doctor 
Eduardo L. Holmberg. 

Nombrará un delegado para que acompañe el féretro durante 
el tra}ecto. 

Con este motivo me es grato saludar á usted con mi considera- 
ción más distinguida. 

Carlos M. Morales. 

Marcial R. Candioti, 
Secretario. 

Desde por la mañana del dia 27 una concurrencia tan selecta 
como numerosa llenaba el muelle de pasajeros, ávida de acercarse 
al féretro que conducía los preciosos restos y de acompañarle en 
un cortejo tan fúnebre como patriota, haciendo pública esa mani- 
festación de condolencia que había afectado á todos los argenti- 
nos. 

La crónica de la ceremonia desde su desembarco hasta el acto de 
depositar el féretro en el Cementerio del Norte ya es de todos cono- 
cida ; Vd Sociedad Científica A r geniina Wenó s\\ misión; su Junta 
Directiva condujo durante el trayecto una corona de bronce que 
depositó como una ofrenda de su gratitud y cariño en la tumba 
del gran estadista, haciendo después manifestación verbal de sus 
sentimientos por intermedio de su orador en aquel acto. 

Los discursos de los señores Zavalía, Mitre, González Catan y 
Larrain han sido ya publicados, y ellos espresaban elocuentemente 
el duelo nacional que causara la pérdida del gran ciudadanoy el 
por qué del homenaje que con tanta justicia tributaba el pueblo á 
su memoria. 

Solamente reproducimos aquí el discurso pronunciado en el ce- 
menterio por el Doctor Eduardo L. Holmberg, que habló en nom- 
bre de la Sociedad Científica Argentina. 



EXEQUIAS FÚNEBRES DEL DOCTOR RAWSON 195 

Señores : 

No es ol momento oportuno de realizar fórmulas de cortesía por 
el honor que la Sociedad Científica Argentina lia concedido á su 
representante en esla gran solemnidad, porque su único objeto 
ha sido expresar, por segunda vez, que ella quiere asociar su nom- 
bro colectivo á un acto de puro patriotismo, porque también es pa- 
triotismo celebrar con la apoteosis la exaltación de sus grandes 
ciudadanos á la gloria. 

Ella piensa que no es banal este tributo surgido del más delica- 
do sentimiento, y con tanto mayor motivo, cuanto que el Doctor 
Rawson, modelo de virtudes cívicas, lo fué también de aplicación 
incesante á la nobilísima tarea de escudriñar, en el seno de las 
cosas, los íntimos secretos encerrados allí por la mano invisible de 
las Madres Eternas. 

Dos grandes cualidades de alto brillo caracterizan el talento del 
Doctor Rawson : su elocuencia y su actividad empeñosa en elevar 
la Higiene al rango que debe ocupar por su consorcio con la Esta- 
dística y la Medicina. 

Dotado de condiciones armónicas de organismo y de función, 
elevó su palabra soberana en los parlamentos, en los congresos y 
en los certámenes científicos y en la cátedra, y ya sea como políti- 
co, como médico, como estadígrafo ó como filósofo, ella fué escu- 
chada siempre con curiosidad, con encanto y con asombro. 

Nada resistía a! poder de aquella voz insinuante y dominatriz, 
que ora se deslizaba meliflua y blanda como la de una vertiente 
éntrelos musgos y suaves declives de una montaña ; ora se enri- 
quecía con chasquidos de espumas en las crestas de la mar salada; 
ora descendía, ronca y profunda á los negros abismos en que, se- 
pultado vivo el carbonero, pica la roca que ha de entregarle el dia- 
mante de la industria ; ora se levanta con magestad tendiendo alas 
decondor en el azul del aire, ó en las cavidades del Infinito estre- 
llado, persiguiendo un rayo de luz perdido en lo insondado ; ora 
tronaba y rujia con el estrépito de un pueblo viril que defiende sus 
derechos con la espada de la justicia y con la pólvora sagrada que 
se quema por la libertad. 

Pero todo esto no es todavía esa elocuencia, porque las combi- 
naciones de sus formas y la variedad de sus matices, entretejidos 
con la sutileza de un arabesco, levantaban, deprimían, exaltaban 
y llevaban el ánimo de una impresión á la otra, obligando aveces 



Í96 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

al pensamiento del auditorio á descuidar la importancia ó la gran- 
deza de los temas, ó la magnitud de las intenciones. 

Sería menester apartarse de toda imagen de realidad y penetrar 
en los dominios de la epopeya miltoniana, para encontrar su sí- 
mil : era una elocuencia satánica con espíritu de ángel hueno. 

Lo incompleto de ciertos estudios, la vaguedad embrionaria de 
muchas pesquisas que el mundo investigador iniciaba con el tesón 
propio de nuestro siglo, deslizaron alguna vez el error en sus alo- 
cuciones; pero lo presantaba con tanta dignidad, lo revestía con 
tal decencia, lo entregaba con tal aristocracia, en el sentido único 
y respetable de alta educación, que sus discípulos hubiéramos de- 
seado, más de una vez, que fuese así la verdad comprobada. 

Pero el microscopio velaba por el brillo de nuestro siglo, y era 
menester que entregara á la ciencia un grupode organismos mis- 
teriosos, deducidos por el espíritu sublime de Hipócrates. 

Millares de volúmenes han pasado á los archivos., desde el dia 
en que se pronunció por la intuición el nombre de « Microbio ». 

En sus maravillosas peregrinaciones por las altas esferas déla 
alegoría, halló el genio de los griegos una verdad científica que no- 
sotros dejaremos demostrada, como un tesoro inestimable, á nues- 
tros descendientes, y consagraron en sus creaciones mitológicas 
aquel germen fecundísimo y profético, dando por padre de íligia, 
diosa déla salud, á Esculapio, dios de la medicina. 

El descubrimiento reciente de aquellos organismos transforma 
por completo la medicina secular, y si es verdadque.se pretende 
que la medicina del porvenir sea la higiene, ello no prueba sino la 
importancia del descubrimiento y sus consecuencias ; pero no la 
sustitución, porque Higia y Esculapio son dioses, y los dioses son 
inmortales ! 

Era imposible que un filántropo como el Doctor Ravvson no de- 
dicara el conjunto de sus aptitudes á resolver y estudiar, siquiera 
fuese con aplicaciones á su patria una cuestión de elevada utilidad 
científica y social, como era la higiene; porque es una de las pre- 
rogativas, concedidas al genio por la Naturaleza, la visión de los 
grandes problemas en los cuales se esconde un espíritu utilitario, 
no encarnado en los egoismos infecundos ni en las etapas ínfimas 
de la actividad humana, sinó en los resplandores vivificantes del 
progreso, ese torrente indefinido, emanado de la permutación de 
los hechos. 

Y era también una deuda, y tal vez una promesa. 



EXEQUIAS FÚNEBRES DEL DOCTOn RAWSON 197 

Fué pailriiio de lésis del Doelor Kawson : Claudio .Mamerto 
Cuenca . 

Poeta, filósofo, médico y filántropo como él, el Doctor Cuenca le 
dirijió estas palabras en una breve alocución de la ceremonia uni- 
versitaria : « La medicina, l)r. Rawson, tiene una página en blan- 
co ; á vos os toca llenarla. » Tenía entonces, y tiene aún la medici- 
na muchas páginas en blant.'O ; poro en la Nacional, en la Historia 
de nuestros esfuerzos por elevarnos hasta desempeñar la obra de un 
pueblo ilustrado, el nombre del J)r. Rawson irradiará sobre más de 
una, simbolizando la personalidad de un luchador incansable, que 
puso al servicio de una noble idea, su talento, su saber, su elo- 
cuencia, su actividad, su honradez y su prestigio. 

Solo es fecundo lo que es útil. 

Kn la misteriosa evolución délos seres, no es dado á todas las in- 
teligencias penetrar los secretos naturales de la compensación ; 
pero, cuando la piedad ha desenvuelto la idea de providencia, 
cuando el fatalismo ha venerado las desiciones del destino, cuan- 
do el estadígrafo ha establecido la ley déla producción y del consu- 
mo, ha sido porque la sabiduría humana penetraba en el santua- 
rio déla Verdad, y consignaba en símbolos multiformes, y en dis- 
tintos lenguages, el concepto de una potencia universal, resultante 
emanada de las fuerzas aisladas y complejas, en su tendencia al 
equilibrio. 

Grandes impaciencias agitan el corazón de los pueblos jóvenes 
y viriles, y en el andar tumultuoso de sus ensayos se asemejan al 
pedregullo de nuestros rios andinos de aguas límpidas y profun- 
das y en los cuales los fragmentos de todos colores se dislocan en- 
tremezclándose ; pero formando siempre el fondo sólido que da 
paso y apoyo al licor trasparente y fundamental de la vida. Si el 
roce los desgasta, se transforman en arena ; si los elige un artista, 
los modela y los pule, y ejecuta con ellos un mosaico expresivo. 

Así somos nosotros con nuestras luchas. 

Movidos, como el pedregullo, por un impulso superior del genio 
nacional, los grandes artistas nos modelan y nos pulen, los unos 
con su elocuencia, los otros con su energía ó con su valor, los de- 
más con su actividad ó con sus luces, y todos, siempre todos, con 
su abnegación y patriotismo. 

Invoco las imágenesaladas que flotan invisibles entre los laureles 
que cubren este sarcófago, y los testigos manes de nuestros gran- 
des patriotas, para que nos fortifiquen en el andar tumultuoso de 



198 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

nuestros ensayos, dejando el recuerdo, en el alma délos conciuda- 
danos, menos deleble que el bronce maldecido de los Césares. 

Si la Paz no tiende su mano, libia de gratitudes, sobre esta tum- 
ba, ¿dónde reposa el corazón que latiera con más amor por sus se- 
mejantes? 

Pero todos sentimos ruido de vuelo, de alas etéreas que conducen 
á la gloria. 

He dicho. 

Los restos del ilustre patricio descansan ja en la patria. Su me- 
moria será eterna en el recuerdo de los argentinos. ¡Ojalá que to- 
dos le lomáramos de ejemplo y le imitáramos en sus grandes vir- 
tudes. 



Buenos Aires, Mayo de 1890. 

M.R.C. 



REYLSTA DEÍ. ARCHIVO 

DE LA 

SOCIEDAD CIENTÍFICA ARCxENTINA 

POR MARCIAL R. CANDIOTI 



INTRODUCCIÓN 

En Marzo del corriente año. hacía ver en una de las sesiones de 
la Junta Directiva las conveniencias que había en organizar los do- 
cumentos que pertenecen ti la Sociedad, y que se encontraban en lo 
que habíamos llamado hasta entonces Archivo de la misma, en e' 
mayor desorden, acumulándose más y más cada dia, con el desen- 
volvimiento creciente de la asociación en estos últimos años. 

La organización y catálogo de su espléndida biblioteca que em- 
pezábamos con algunosde mis colegas á mediadosdel añoanterior 
ha dado los mejores resultados, haciendo conocer acá y en el es- 
trangero la riqueza de obras, que en todos los ramos y en todos los 
idiomas han ido paulatinamente llenando sus estantes hasta cons- 
tituir una délas primeras bibliotecas de la República. 

Terminada esta tarea, nos faltaba organizar debidamente los nu- 
merosos manuscritos que se conservan en su archivo, muchos de 
los cuales, de la mayor importancia, permanecen inéditos ó son po- 
co conocidos. 

Accediendo á mi indicación, la Junta Directiva en su sesión del 
lOde Marzo me comisionó, para que en compañía del Sr. Alberto 
Otamendi procediéramos á recopilar aquella multitud de espedien- 
tes, notas, informes, etc., existentes en el local des(ie 1872. 

Hoy hemos ya terminado esta tarea y en el nuevo archivo de la So- 
ciedad pueden consultarse los documentos de cualquiera fecha en 
los volúmenes elegantemente encuadernados y bien catalogados. 

Muchas han sido las corporaciones científicas que respondiendo 



200 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

masó menos á las necesidades de la época, se han venido íundan- 
do en nuestro país de veinte años atrás. 

El resultado de la mayor parte de ellas es del dominio público. 

Los estudios científicos eran lamentablemente descuidados. Ape- 
nas si una que otra voz se alzaba de entre la multitud ambiciosa 
de otras aspiraciones y dejaba oir su eco, reclamando la necesidad 
de encaminar á una parte de nuestra juventud por el camino aún 
desconocido de las investigaciones científicas. 

En medio del completo abandono que el país hacía de estas cues- 
tiones, fué que en 1872 nació como tantas otras la Sociedad Cientí- 
fica Argentina. 

Un grupo de jóvenes estudiantes de nuestra Universidad, anima- 
dos de los deseos más elevados y de las aspiraciones más nobles, 
hacía un llamado á todos los hombres que de buena voluntad 
quisieran coadyuvar á la realización de sus legítimos propósitos. 

Al Sr. Estanislao S. Zeballos, entonces estudiante de la Facultad 
de Ingeniería, le cupo el honor de lanzar la primera idea en tal sen- 
tido y secundado eficazmente por sus colegas, Dillon^ Rojas, Piro- 
vano y Suarez echaban los cimientos de esta institución que por 
su antigüedad, por su historia, por los miembros que la compo- 
nen y por el nombre que ha conquistado ya, aquí y en el estran- 
gero, es uno de los primeros centros científicos del país. 

En un discurso pronunciado por el inolvidable Sr. Pico, en Julio 
de 1877, celebrando el 5° aniversario de la fundación, decía muy 
bien que la Sociedad joven aún, no podía ostentar un valioso re- 
nombre entre las Sociedades de igual género, pero con esperanzas 
fundadas en las fuerzas de sus consocios, pronosticaba para ella 
dias más felices, en que luciendo méritos conquistados á fuerza de 
abnegación y de trabajo, se había de colocar en el honroso puesto 
en que hoy la vemos figurar. 

Si en la vida del hombre, decía el Sr. Pico, la ancianidad es la 
decrepitud, sucede lo contrario en estas Sociedades : su vejez es su 
vigor intelectual. 

El Instituto Nacional de Francia, la Real Sociedad de Londres, 
las dos más antiguas sociedades científicas y que cuentan con más 
de dos siglos de existencia, figuran hoy como las primeras institu- 
ciones del mundo ; pero estas grandes sociedades marcharon en su 
infancia como la nuestra con pasos débiles é inciertos en el cami- 
no inesplorado de la ciencia. 

La Sociedad Científica Argentina cuenta ya con 18 años de cons- 



UEVISTA DFL ARCHIVO 201 

tanle labur, secuiiduijtlü eücnzmenle desde su fundación el movi- 
mienlü del progreso ¡nleleetual de la República. 

Las visitas y escursionesá los establecimientos industriales fueron 
de su iniciativa, iniciativa de benelicios para todos aquellos que cul- 
tivando la industria naciente en nuestro suelo eran alentados efi- 
cazmente para seguir en el camitio de la mejora y de la perfección. 

La Sociedad Científica Arf/e)itina, con sus propios esfuerzos, des- 
truyendo obstáculos tan insuperables como la indiferencia públi- 
ca, celebró concursos y exposiciones que llamaban á los nobles 
torneos á nuestros jóvenes y á nuestros industriales á disputar 
con los méritos de la supremacía el premio que debía estimularles 
en la senda del adelanto y del pi-ogreso ; en nadie se babrá bor- 
rado aún el i'ecuerdode las exposiciones de IST-iy 1870. 

La Sociedad Cienlifica Argentina fué el asesor de los Poderes pú- 
blicos en todos aquellos casos que requirieron sus servicios, infor- 
mando y decidiendo sobre todos los puntos difíciles que le fueron 
consultados. 

Sus conferencias en su trüjuna ó en su Revista lian coadyuvado 
incesantemente ti la propaganda benéfica de sus propósitos; sus 
Anales nos han mantenido en relación constante con los principa- 
les centros científicos del mundo, que trascriben (> traducen sus ar- 
tículos, (jue llevan al otro continente las descripciones de la rique- 
za de nuestro suelo. 

Ella ha pasado por épocas, difíciles unas veces, prósperas otras, 
y hoy, poseyendo un terreno propio para erigir su ediíicio, contando 
en su seno más de ;300 socios, y dueña de una selecta y numerosa 
biblioteca, ha despertado vivamente el interés público y tiene que 
seguir forzosamente por la senda progresista á que la encaminaron 
sus directores. 

En la pi-esidencia de la Sociedad Científica Argentina han figui-a- 
do personas verdaderamente notables: jurisconsultos, ingenieros, 
naturalistas, médicos, etc., cuyos nombres bastarán para infundir el 
respeto y conquistar la cooperación eficaz de la opinión y de los po- 
deres públicos. 

Consignamos aquí la lista de los Presidentes que desde su fun- 
dación, han dignamente ocupado la tribuna de la Sociedad Cientí- 
fica Argentina : (I) 

(li Ka algunos años figura ni;is de un noinbn; de las personas que no con- 
cluyeron su período. 



202 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Ingeniero En:iilio Roselli (provisorio) 1872 

— Luis A. Huergo 1872 á 1873 

Doctor Juan J. J. Kyle 1873 á 1874 

Ingeniero Francisco Lavaile 1874 á 1875 

Agrimensor Pedro Pico 1875 á 1876f 

— Pedro Pico 1876 á '1877t 

Ingeniero Guillermo White 1877 á 1878 

— LuisA. Huergo 1878 á 1879 

Doctor Guillermo Rawson 1879 á 1880t 

— Valentin Balbin 1879 á 1880 

— Carlos Berg 1880 á 188J 

Ingeniero Luis A. Huergo 1881 á 1882 

Doctor Domingo Parodi 1882 á 1883t 

— Carlos Berg 1882 á 1883 

Ingeniero Santiago Brian 1883 á 1884 

— Francisco Lavaile 1883 á 1884 

— Guillermo White 1883 á 1884 

— Valentín Balbin 1884 á 1885 

— Guillermo White 1884 á 1885 

— LuisA. Viglione 1885 á 1886 

Doctor Estanislao S. Zeballos 1886 á 1887 

Ingeniero Guillermo White 1886 á 1887 

Doctor Valentin Balbin..... 1887 á 1888 

— Valentin Balbin 1888 á 1889 

— Carlos 31. Morales 1889 á 1890 

Los libros del Archivo han sido arreglados por tomos y por año, 
enumerando los espedientes por orden de antigüedad ; cada volu- 
men lleva en las primeras hojas su correspondiente índice con el 
número de fojas que contiene. 

Al dar á luz este pequeño trabajo que hemos titulado Revista, 
no nos lleva otro interés que el de publicar el índice, haciendo co- 
nocer los documentos más importantes que en él figuran. 

Forman también parte del archivo de la Sociedad, los libros de 
actas de las asambleas y los copiadores de notas y comunicaciones 
en general que hayan salido del seno de la Sociedad, y que dare- 
mos á conocer cuando su importancia lo requiera. 

Para terminar, debo hacer público mi agradecimiento al Sr. Al- 
berto Otamendi, quien con una contracción y empeño dignos de to- 
do encomio ha colaborado eficazmente en la tarea que nos enco- 
mendó la Junta Directiva. 



REVISTA DEL ARCHIVO 203 



§ I 



(Libro 1 del Arcltivoj 

Pocos son los (locLimeiilos que se conservan en los primeros 
años del Arcliivo de la Sociedad, y esla deficiencia debe atribuirse 
por una parle á los escasos medios de que se disponía en su insta- 
lación, y por otra á la indiferencia pública en medio de la cual na- 
ció ; no sucede así en los años subsiguientes, en que los concursos 
y exposiciones anuales despertaron vivamente el interés público. 

He aquí los documentos del primer año. 

N" 1. Anlfícedenícs. (Fojas I á 2). — Es una copia le-'alizada de 
un artículo que figura como introducción en el primer libro de ac- 
tas de la Asamblea y que fué publicado en el primer tomo de los 
Anales de la Sociedad. 

Una comisión de estudiantes de la Facultad de Ingeniería com- 
puesta de los señores : Justo Dillon por el cuarto año, Félix Rojas 
por el tercero. Juan Pirovano por el segundo, Estanislao S. Zeba- 
llos por el primero y Joííé Suarez por el curso preparatorio, celebra- 
ron varias reuniones preliminares cu}'0 resultado inmediato fué 
aprobar la idea lanzada primeramente por el señor Zeballos, de 
fundar una asociación científica y redactar un proyecto de bases 
que debieran ser discutidas en una reunión celebrada en la Uni- 
versidad el 30 de Junio de 1872. A ella se invitaron á lodos los 
Ingenieros, Agrimensores, Químicos y á todas las personas que se 
dedicaban A las ciencias exactas. 

El texto de la invitación era esta : 

Buenos Aires, Jimio de 1872. 
Seiior Don... 

Distinguido señor : 

Habiéndose reunido los estudiantes de ciencias exactas con el 
objeto de fundar una Asociación Científica, comisionaron á los in- 
frascriptos para redactar las bases de la Asociación, é invitará una 
reunión á fin de discutirlas. 



204- ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGE.NTINA 

Los fines de la Asociación se reducen á llenar la falta de una 
corporación científica que lómente especialmente el estudio de las 
ciencias matemáticas, físicas y naturales, con sus aplicaciones á 
las artes, á la industria y á las necesidades de la vida social. 

Para la realización de estos fines se cuenta con el concurso de 
los señores ingenieros nacionales y estrangeros, estudiantes del 
ramo, en la esfera de sus conocimientos, y demás personas cientí- 
ficas. 

Por esta razón invitamos á Vd. á la reunión que, con el mencio- 
nado fin, tendrá lugar el dia 30 del actual (Domingo) á las doce 
del dia en la Universidad. 

Saludamos á Vd. con toda consideración. 

Junto Dillon. — Félix Rojas. — Juan Piro- 
vano. — Estanislao S. Zeballos. — José 
Suarez. — Emilio Rosetti, Presidente pro- 
visorio. — Justo Dillon, Secretario provi- 
sorio. 

N" 2. Pi'oyecto de Estatutos de la Academia Científica de Buenos 
Aires. (Foja 3). — En el primer tomo de los Anales se publicó este 
documento, haciendo referencia al original, que, algo deteriorado, es 
el que existe en el Archivo. Pero su texto tal cual se conserva es el 
siguiente: 

ACADEMIA CIENTÍFICA DE BUENOS AIRES 

Estatutos fundamentales. — Objeto de la asociado?! 

Bajo la denominación de Academia Científica de Buenos Aires 
(corregido y borrado : Argentina) se crea esta asociación con los fi- 
nes siguientes : 

1° Llenar la falta de una corporación que fomente especialmente 
el estudio de las ciencias Matemáticas, Físicas v Naturales, con sus 
aplicaciones á las artes, á la industria y á las necesidades de la 
vida social ; 

2" Servir por aquel medio á la República Argentina, ya directa- 
mente, ya indirectamente por intermedio de los Gobiernos Nacio- 
nales y Provinciales. 

3° Procurar empeñosamente el adelanto de las mencionadas 



REVISTA DEL ARCHIVO 205 

ciencias, procurando así honor y gloria científica para el país; 

4° (Borrado). Disciilir y estudiar los progresos, desarrollos y 
nplicaciones de cada rama en aquellas ciencias que se lelacionen 
con las artes y manufacturas ; 

5° Estudiar con preferencia (borrado: protejery disculir las pro- 
ducciones) los inventos ó mejoras científicas de reconocida utilidad 
para e! país ; (borrado : realizadas en el territorio de la Hepública, 
ó en el extrangero, cuando fuesen útiles ti esta). 

De acuerdo con estas bases que serán inalterables se sanciona 
este i-eglainento que solo puede reformarse cada (corregido : pasa- 
dos) cinco años. 

Estas bases fueron leidas por su autor el señor Zeballos en una 
reunión preparatoria, quien declaró que las había presentado con 
el único propósito deque los invitados á la reunión pudieran for- 
marse una idea exacta del objeto de la Sociedad que se trataba de 
organizar. 

Bajo la presidencia del señor Ingeniero Emilio Rosetti se celebra- 
ron cuatro reuniones extraordinarias. 

Sus actas han sido publicadas en el primer tomo de los Anales ; 
la primera junta provisoria, quedaba formada así: Emilio Rosetti, 
Presidente ; Guillermo White, Vice-Presidente ; Justo Dillon, Se- 
cretario. En aquellas cuatro reuniones fueron discutidas las ba- 
ses presentadas por el señor Zeballos. 

El nombre de Acadenua Científica de Buenos Aires fué sustituido 
por el de Estímulo Científico en la reunión del 30 de Junio, y este á 
su vez por el de Sociedad Científica Argentina en la del 14 de Julio; 
en la última reunión preparatoria que tuvo lugar el 28 de Julio de 
1872 en los salones del Colegio Nacional, con asistencia de veinte y 
cuatro personas, quedó solemnemente instalada, nombrándose allí 
mismo la primera Junta Directiva para el ejercicio del año social 
1872-1873. Hé aquí los nombres de los que la compusieron : 

Presidente : Ingeniero D. Luis A. Iluergo. 

Vice-Presidente: D. Augusto Ringuelet. 

Secretario 1°: Ingeniero D. (darlos Stegman. 

Secretario 2'' : D. Justo Dillon. 

Tesorero: D. Ángel Silva. 

Vocal : Ingeniero D. (Guillermo White. 

— — D. Francisco La va I le. 

— D. Juan Ramorino. 

— D. Juan J. Révv. 



206 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

N° 3. Primer Reglamento de la Sociedad Científica. Argentina 
(Foja 4). — El original de este primer reglamento que fué sancio- 
nado el 21 de Julio, no se conserva, pero su discusión consta en el 
acta del primer año social ; todas sus resoluciones podían ser mo- 
dificadas á los seis meses, de acuerdo con el Título VI, artículo 21. 
Folleto de ocho páginas. Imprenta del Mercurio, Calle Potosí, nú- 
mero 291 . Buenos Aires, 1872. 

N° 4. Modelo primitivo del Sello Mayor de la Sociedad. (Foja 5). 
— Es un fragmento rectangular de cartulina de 8x10 centíme- 
tros, en cuyo centro se halla prolijamente dibujado á lápiz y en el 
mismo tamaño el Sello Mayor que hasta hov usa la Sociedad. 

N° 5. Modelos de diplomas. (Fojas 6y 7). — Dos diplomas, el uno 
en cartulina blanca, con una alegoría de « las ciencias» y á cuyo 
alrededor se lee en grandes letras : La Sociedad Científica Argen- 
tina, fundada el 28 de Febrero de 4872, con el objeto de promover el 
adelanto de las ciencias Físico-Matemáticas y Naturales ha nom- 
brado al señor D... como socio... Buenos Aires. . . de 187 ... 

El segundo modelo es el definitivo que usa la sociedad hasta 
ahora. 

Las únicas actas que se conservan de este año, son las corres- 
pondientes á las sesiones preparatorias ya citadas y que no las in- 
sertamos aquí, pues se encuentran, como hemos dicho antes, en 
el primer tomo de \os Anales. 

No existe tampoco ningún libro copiador de la correspondencia 
del primer año. 

El número de los socios activos fué de cuarenta y ocho. 



§ n 

Ano 18T3 

(Libro I del Archivo] 

Los documentos de este año, son los siguientes : 

N" 1. Los intereses argentinos en el puerto de Buenos Aires. Me- 
moria presentada á la Sociedad Científica Argentina, por Luis A. 
Huergo. (Fojas 9 á 80). — Este trabajo fué publicado en un folleto 



REVISTA DEL ARCHIVO 207 

de 150 páginas, conteniendo dos planos. Buenos Aires. Imprenta 
Rural. Calle Belgrano 101. año 1873. 

La Memoria del señor Huergo, fué leida en la Asamblea de la 
Sociedad el 5 de Febrero y discutida en las sesiones extraordina- 
rias del 7 de Febrero y del i" de Abril. 

N° 2. Carta del señor Luís Jorge Fontana al Secretario de la So- 
ciedad. (Foja 80) . 

>í"3. Balance de la Tesorería de la Sociedad ti :u de Julio de 
1873. (Foja 87).— Es el primer balance presentado por el Tesorero^ 
señor Silva, y según el cual, la Sociedad cuenta con 22.500 pesos 
moneda corriente, más 12.500 pesos á cobrar, lo que forma un 
total de 35.000 pesos moneda corriente, siendo el débito de pesos 
8.500. 

N° 4. Juan J. J. Kyle. Memoria presentada á la Sociedad Cien- 
tífica Argentina. Análisis de las aguas del subsuelo de Buenos Ai- 
res. Análisis de un mineral de fierro de Calamarca. (Foja 88). — 
Estas dos Memorias fueron leidas por su autor, y puestas en dis- 
cusión en la Asamblea del 10 de Noviembre, resolviendo la Junta 
Directiva publicarlas en una edición de 300 ejemplares. La edición 
se liizo en un folleto de II pajinas. Buenos Aires. Imprenta de 
Pablo E. Coni. Potosí 50 y 52, año 1873. 

El señor Kyle hace el análisis de un agua de pozo de Buenos 
Aires, refiriéndose á una capa de agua, cuya existencia habían 
anunciado oncéanos antes los señores Sourdeaux y C* al practicar 
un pozo artesiano en Barracas ; hace ver también las ventajase 
inconvenientes que puede presentar esta agua en las aplicaciones 
industriales. 

En la sesión del 6 de Abril de 1874, fué presentada una moción 
por el señor Carenou, en el sentido de pasar al Gobierno de la 
Provincia, acompañando el trabajo del señor Kyle, é invitándole á 
hacer nuevas perforaciones para estudiar las aguas subterráneas ; 
en sesión del 3 de Julio, aprobada esta moción, se comisionó á los 
señores Kyle, Carenou y Lacroze, para que entendiesen en el 
asunto. Las investigaciones del señor Kyle fueron las que dieron 
oríjen á las perforaciones empezadas en 1874, en la Provincia de 
Buenos Aires y de que daremos cuenta en oportunidad. 

La segunda memoria del señor Kyle, trae un análisis detallado 



208 ANALES DE LA. SOCIEDAD CIENTÍFICA AUGENTINA 

de un mineral de hierro titanífero de buena calidad, existente en 
la Provincia de Catamarca, al Este de la Capital y á corta distancia 
del Ferro-carril de Córdoba á Tucum;iíi. 

En el libro de actas de la Asamblea figuran seis, correspondien- 
tes á otras tantas sesiones de este año, )j que se encuentran publi- 
cadas en el primer tomo de los Anales. 

No existe en este año, ningún acta de las reuniones de la Junta 
Directiva, ni tampoco copia de las comunicaciones salidas de la 
Sociedad. 

El número de socios activos en 1873, alcanzó á setenta. 

Durante este año se sancionó un agregado al Reglamento, sobre 
el réjimen de « las discusiones « en las Asambleas. 

A moción del señor Sienra y Carranza fué nombrado el primer 
miembro corresponsal de la Sociedad. Este honor le cupo al señor 
Ingeniero D. León Dovvney y Alzua, con residencia en Madrid. 

§ III 

Año 1ST4^ 
(Libro I del Archivo) 

N° 1. Nota del señor Estanislao S. Zeballos, comunicando su re- 
nuncia del puesto de Secretario f . (Foja 90). 

N° 2. Estanislao S. Zeballos. Los Cisnes argentinos en Bélgica. 
Memoria presentada ci la Sociedad Científica Argentina. (Fojas 91 
á 106). — Esta memoi'ia fué presentada el 14 de Marzo de 1874 y 
leida en la Asamblea del 6 de Abril del mismo año. El autor hace 
una completa descripción de la variedad de cisnes de la Repúbli- 
ca, en especial de los de cabeza negra, estudiando sus usos, mé- 
todo de vida, alimentos, etc. 

Su crianza ofrece facilidades, incubando sus huevos con gallinas, 
siendo así como se ha conseguido propagar la raza en Bélgica y en 
otros países. 

A propósito de la exportación de los cisnes á Bélgica, el señor 
Zeball(>s narra el siguiente hecho : 

« En '1805 fueron recogidos algunos huevos de una isla del 
Rio Paraná. 

« Echados á una gallina se obtuvo un resultado feliz. 



REVISTA DEL ARCHIVO 209 

« Los cisnes nsí obtenidos, fueron atendidos con solicitud en sus 
primeros dias, lográndose así su desarrollo. 

«Se les alimentaba con arroz y con maiz pisado. 

« Sin embargo, mostrábanse más entusiastas por ciertos vegetales 
leguminosos y por la lechuga y el repollo. 

« En el plato destinado á contener el agun para los cisnes, había 
un depósito de arena que ellos revolvían con sus picos. Se observó 
al cabo de algún tiempo que tenían en el buche un depósito regu- 
lar de la misma materia . 

«Esta cría era así lograda á siete leguas de Buenos Aires, en la 
estancia de San Juan del señor D. Leonardo Pereyra, por el encar- 
gado del parque, señor D. (".arlos Vereecke. 

«En 1866 los pequeñuelos habían adquirido su desarrollo y cons- 
liluian una mansa y elegante bandada. 

« Entonces fueron perfectamente acomodados y partieron para 
Europa con el señor D. Constan Vereecke, hermano del señor D. 
Carlos. 

« Los cisnes argentinos iban destinados á formar parte de las co- 
lecciones del Museo Zoológico de Amberes. 

«Sin novedad de ningún género atravesaron el océano y llegaron 
á Burdeos. 

« Alojado en un hotel el señor Vereecke fué víctima de un desas- 
troso sueño. 

« Parece que en su incubo ci-eía ver las aves confiadas á su celo, 
en poder de unos ladrones. 

«A impulso de In piofnnd.i impresión causada por este sueño, el 
señor Vereecke salló de su cama, y desde el quinto piso del hotel 
se arrojó á la calle. 

« Esto ocurría entre las doce y la una de la madrugada. 

«Ala sazón se dibujaba en un b;dcon de enfrente el elegante 
cuerpo de una dama, en traje de dormir. 

« Juntamente con ella aparecía un individuo que resultó ser su 
sirviente. Aquella dama que había visto caer al señor Vereecke, 
envió al sirviente en su auxilio. 

« Recojida la víctima, se procedió á suministrarle los auxilios cor- 
respondientes. El conductor de los cisnes se hallaba en una situa- 
ción más que crítica. Pueile bosquejarse diciendo que estaba solo 
en una ciudad para él desconocida, con un brazo roto y con la 
cabeza despedazada. 

« Felizmente se hall(') en uno de sus bolsillos una carta para Mr. 

ANAL. SOC. (.II.Nr. AlU.. T. \\l\ 14 



210 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Frousac, encargado y representante en Burdeos de la Sociedad 
Zoológica de Amberes, quien recibía y remitía los animales llega- 
dos para ella . 

«Esta carta fué importantísima para el desgraciado introductor. 
Ella reveló la misión que llevaba el señor Vereecke. 

« El amor á las ciencias en cuyo servicio se había golpeado, era 
su amparo en Burdeos, pues, como era natural, el señor Frousac, 
}omó participación en el asunto y el señor Vereecke fué recomen- 
dado y esmeradamente atendido en el hospital. 

«Los cisnes ll?garon también perfectamente áAmberesy allí fue- 
ron hospedados en un lujoso departamento. 

« Un aparato de calefacción daba á su morada la temperatura me- 
dia de Buenos Aires. 

« En el centro de la habitación había agua é islelas diestramente 
arregladas y distribuidas, de modo que los huéspedes estuviesen 
como en el país natal. 

«Al siguiente año los cisnes argentinos ponían huevos y procrea- 
ban con el mejor éxito. 

« La cría fué n:uv solicitada. 

« Compráronla dos interesados : una parte para el Jardín Zooló- 
gico, de Amsterdam, y otra para el Jardin Kew, de Londres. 

« Estos establecimientos obtuvieron crías y sucesivamente en 
aquellas regiones ha ido propagándose la raza de cisnes argenti- 
nos de pescuezo negro, 

«El señor D. Carlos Vereecke, fué nombrado miembro honorario 
de la Sociedad Zoológica de A^mheA-es, y tanto él como su herma- 
no, recibieron regalos de otra naturaleza . » 

N" 3. Estanislao S. Zeballos. Memoria presentada á la Sociedad 
Científica sobre el cólera mórbus en la Boca del Riachuelo. 1S74. 
(Fojas 107 á 119). — Este trabajo fué leido por su autor en la 
Asamblea del 6 de Abril; en él se hace un estudio detallado sobre 
la propagación de! cólera en el distrito de la Boca del Riachuelo, 
con motivo de la epidemia del año 7!, para llegar luego á las 
causas estimulantes de la enfermedad en aquel 'paraje. Según el 
señor Zeballos, «estas causas que otros con más tiempo y mayo- 
res conocimientos preparatorios, pueden establecer con mas éxito, 
son : 

« 1" La constitución geológica del terreno; 

« 2* Las materias orgánicas residentes en el rio Riachuelo ; 



REVISTA DEL ARCHIVO 211 

« 3" La vnrincion extraorfünnrin y frecuente del nivel de sus 
aguas ; 

« 4" Materias jDulrescibles existentes en lugares adyacentes; 

« o" Mal sistema de letrinas en la población ; 

«6* Impureza de las aguas del rio; 

«7" Humedad de los terrenos. » 

Que estas sean las causas del estrago que han heclio las epide- 
mias en este paraje, no puede haber duda en afirmarlo. 

El que es hoy un distinguido orador y jurisconsulto, estudiaba 
con detención aquellas cuestiones tan importantes como que afec- 
taban á los intereses generales. 

N" 4. Balance del estado de ¿a Sociedad á 6 de Abril de 1874, por 
el tesorero D. Santiago Brian. (Fojas 120 y 121). 

N" 5. Un informe sobre las obras del Riachuelo (i}nón\mo). (Fojas 
122á 124). 

IN" G. El Ingeniero Carlos Ikirbier, miembro corresponsal de la 
Sociedad Científica Argentina, en I'aris, y el Ür. Guillermo Jlawson, 
miembro honorario de la misma. (Fojas 12o á 130). — El distingui- 
do ingeniero francés, D. Carlos Barbier, fué propuesto como socio 
corresponsal á moción del socio señor Julio Lacroze, en la Asam- 
blea del 14 de Agosto de 1874. En el informe presentado por el 
proponente, hacía constar que el señor Barbier había venido á 
nuestro suelo enviado por el Gobierno francés, para estudiar sus 
producciones y sus industrias, así como el desarrollo que estas 
Iludieran adíjuirir, y que últimamente el Gobierno Argentino que- 
riendo utilizar sus conocimientos en Agronomía, le había confiado 
el estudio de varios proyectos de la mayor importancia sobre este 
punto. 

El Dr. Rawson fué también propuesto á moción del señor Lacroze 
para miembro honorario de la Sociedad, haciendo resaltar con jus- 
ticia los méritos que este gran estadista podía exhibir para optar 
i\ aquel honroso puesto. 

La Asamblea de la Sociedad Científica Argentina del 14 de Agos- 
to de 1874, estudiando la moción del señor Lacroze, nombró una 
comisión compuesta de los señores, J. Ramorino, Estanislao S. 
Zeballos y Julio Lacroze para que presentaran en la próxima Asam- 
blea un informe sobre la admisibilidad ó inadmisibilidad de los 



212 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

señores Barbier y Rawson, respectivamente como socio correspon- 
sal y honorario. 

La Asamblea del 3 de Setiembre, de acuerdo con el Reglamento 
vigente y oido el informe de la comisión, proclamó al Ingeniero 
Carlos Barbier socio corresponsal en Paris y al Dr. Guillermo Raw- 
son miembro honorario. 

Hé aquí la nota con que contestó el señor Barbier á la Sociedad, 
al comunicarle su nombramiento. 



Buenos Aires, Noviembre 16 de 1874. 

Al señor Presideníe de la Sociedad Científica Argentina, Ingeniero 
D. Francisco Lavalle. 

Señor Presidente : 

He recibido su atenta carta del 4 de Setiembre próximo pasado, 
por la cual Vd. me informa que en su sesión del 3 la Sociedad Cien- 
tífica Argentina me ha honrado por unanimidad con el título de 
socio corresponsal. 

Antes de contestarla había creido conveniente esperar la remi- 
sión del diploma que me anuncia, la cual habrá quedado sin duda 
aplazada por los sucesos que han sobrevenido, 

Todavía estando en vísperas de verificar mi partida, vengo á ro- 
garle señor Presidente se sirva trasmitirles á mis eminentes cole- 
gas mis sentimientos de gratitud por el honor que se dignaron 
tributarme y que me conmueve en alto grado. 

Siento que las circunstancias no me hayan permitido correspon- 
derlo aquí mismo, llevando mi modesta cooperación á vuestros 
trabajos, pero quedo asociado á ellos; he de seguir con el más 
simpático interés y me consideraré dichoso si encuentro las opor- 
tunidades de hacerlos apreciar y de dirijiros algunas comunicacio- 
nes de cordial recuerdo. 

Sírvase Vd., señor Presidente, recibir y ofrecer á mis honorables 
colegas el homenage de mi más distinguida consideración. 

Cha BLES Barbier. 



IN" 7. ISota de los directores de los Anales Científicos Argentinos. 
(Foja 131). — La aceptación favorable que conquistaba dia á dia la 



nr-VlSTA DKL ARCHIVO 213 

Sociedad indujo á los Directores de los Anales Cienlíficos Aríjenli- 
nos íi prestarle su concurso ofreciéndole las columnas do un ór- 
gano de ({ue hasta entonces carecía nuestra corporación. Ifé aqui 
la atenta nota pasada por aquellos con este motivo ; 

Buenos Aires, Agosto 14 de 1874. 

Se/7or Presidente' de la Sociedad Cienlífica Argentina, IK Luis A. 
Hiiergo. 

Los que suscriben propietarios y editores de la publicación Ana- 
les Científicos Argentinos, cuyo tiraje es de mil ejemplares y cuya 
circulación en Buenos Aires sube á G3i- númeíos tienen el lionor 
de ofrecer sus columnas á la muy importante Sociedad que Vd. 
preside, sea para la publicación de sus actas, sea para la inserción 
de sus memorias, estrados, etc. 

Al dar estos pasos anímanos solamente el deseo de vincular más 
y más todos los esfuerzos que se operan en este país para desper- 
tar con vigor el cultivo de las ciencias, de las que debemos esperar 
gloria y grandeza. 

Deseando que esa Sociedad acoja nuestros fraternales sentimien- 
tos tenemos el honor de suscribirnos atentos y S. S. 

Estanislao S. Zehallos — José María llamos 
Mejias. — Francisco liamos Mejías 

Este ofrecimiento fué aceptado en sesión del 14 de Agosto. 

N" 8. Estado de los fondos de la Sociedad á i i de Agosto de iS74, 
presentado por su Tesorero D. Santiago Urian. (Foja 132). — Este 
balance arroja desde la instalación de la Sociedad una entrada de 
$ m/c 130.81 1 y en salidas |5 m/g 91.556, existiendo en caja $ m/g 
39.255 

N" 9. ?iota del señor Luis (\ \faghoni aceptando el puesto de Se- 
cretario 2°. (Foja 133). 

N" 10. Nota del señor Estanislao S. Zeballos aceptando el puesto 
de Secretario 1°. (Foja 134). 



2í4 ANALES DK LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

N° 11. Presentación de varios socios por el señor Carlos Robert- 
son. (Foja 135). —Los señores Franck Turnery Arturo Seelstrang 
propuestos por el señor Robertson fueron aceptados como socios 
activos. 

N° 12. ¡Sota del señor Juan J. ,1 . Kyle aeeptando el puesto de 
Vice- Presidente de la Sociedad. (Foja 136). 

N° 13. Vai^ios socios propojien reformar el reglamento. (Fojas 
137 y 138). — A moción del señor Ingeniero Francisco Lavalle se 
nombró una comisión compuesta de los señores : Huergo, Lavalle 
Firmat, Lacroze y Rojas para que presentasen un proyecto de regla- 
mentOj introduciendo algunas modificaciones en el primero que fué 
sancionado en 1872. El reglamento quedó discutido y aprobado en 
la Asamblea del 20 de Enero de 1875. 

N° 14. Donación de varias obras para la Biblioteca, por el señor 
Julio Lacroze. (Foja 139). 

N° 15. Nota del señor Juan M. Burgos sobre su conferencia del 
í'^ de Noviembre. (Foja 140). 

N° 16. Contrato celebrado por la Sociedad con el señor E. Dumes- 
nil, para la construcción de un mapa de la Provincia de Buenos Ai- 
res. (Fojas 141 á 144). — Habiéndose propuesto la Sociedad Cien- 
tífica Argentina construir un nuevo mapa de la Provincia de Buenos 
Aires, comisionó á los señores socios Julio Lacroze y E. Carenou 
para que entendieran en este asunto, autorizándolos a contratar la 
ejecución de esta obra. 

A veinte y nueve de Diciembre de 1874, los señores Carenou y 
Lacroze firmaron el siguiente contrato con el señor E. Dumesnil : 

« Entre los abajo firmados: D. Eduardo Carenou, D. Julio La- 
croze y D. Ignacio Firmat, Ingenieros civiles y miembros de la Co- 
misión encargado por la « Sociedad Científica Argentina » de reali- 
zar la construcción de un nuevo mapa de la Provincia de Buenos 
Aires, por una parte ; y D. Esteban Dumesnil, Ingeniero Civil, por 
la otra, se ha convenido en lo siguiente : 

1" El nuevo mapa de la Provincia de Buenos Aires será ejecutado 
con el mayor esmero y á la brevedad posible por el señor Dumes- 
nil, en una escala de cinco milímetros por kilómetro, ó sea de 1 
por 200,000; dicho mapa reproducirá todos los datos consignados 



REVISTA DEL ARCHIVO 215 

en las carias actualmente conocidas, y á más todos aquellos 
que puedan procurarse relativos á los accidentes físicos, como son 
ios rios, arroyos, cañadas, lagunas, serranías, médanos, etc., etc., 
indicará también la división di? los partidos, la situación de las 
ciudades y los [)ueblos, las carreteras, los puentes, los ferro-carri- 
les construidos, en construcción ó simplemente proyectados; 

2" La especificación de todos los datos que menciona el artículo an- 
terior llevará de una manera precisa la indicación desús correspon- 
dientes cuotas de nivel en relación con un solo plan general, el cual 
servirá como punto de referencia para todas las nivelaciones que 
harán conocer el relieve ó configui'acion de lodo el territorio de la 
Provincia ; 

3" En un lugar conveniente del nuevo mapa se representará 
también en una escala de ciento veinte y cinco, diez milésimos, ó 
sea de i j)or 80,000 el plano de la ciudad de Buenos Aires y sus al- 
rededores en una extensión de cincuenta (50) kilómetros de N. O. á 
S. E., por treinta (IJO) kilómetros de N. E á S. O ; 

4" La ejecución de este nuevo mapa y su ampliación se hará 
bajo la inmediata superintendencia de la Comisión especial actual 
ó de aquella que la reemplazara ; su fallo en mayoría será acatado 
por el señor Dumesnil, sin que este pueda apelar ante ninguna 
autoridad. Se lomará como modelo de la ejecución el espécimen 
remitido á la Comisión por el señor Dumesnil el cual queda agre- 
gado al presente contrato ; 

5° Este mapa á más de las escrituras necesarias para la inteli- 
jencia de todos los datos que en él se hubieren consignado, con- 
tendrá también una leyenda esplicatoria sobre su construcción y 
estadística administrativa de la Provincia que será redactada por 
la comisión especial ; esta se encarga también de suministrar al 
señor Dumesnil todos los datos nuevos ó especiales que deben con- 
signarse en el mencionado mapa, correspondiendo á dicho señor 
verificar su exactitud y ponerlos en armonía : 

6° Este trabajo es remunerado con la cantidad de treinta mil 
(30.000 $ m/c) pesos moneda corriente pagaderos por cuartas par- 
tes ; debiendo la primera ser abonada al señor Dumesnil al firmar 
el presente contrato y las otras tres á medida del adelanto del tra- 
bajo á juicio de la Comisión; la última parle quedando en ma- 
nos de la Comisión liasta la recepción definitiva del nuevo 
mapa; 

7" A discreción ya sea de la (jjinision, ya sea del señor Dum es- 



216 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ni I, la ejecución del nuevo mapa podrá ser suspendida una vez 
hecha la cuarta parte ; 

8" La mesa de dibujar y demás objetos entregados por la Comi- 
sión ai señor Dumesnil serán devueltos por este á la conclusión del 
trabajo ; 

9° Al cumplimiento de lo que queda estipulado se obligan am- 
bas parles, j á este efecto se hacen dos de un mismo tenor en Bue- 
nos Aires á veinte v nueve del mes de Diciembre de mil ochocientos 
setenta y cuatro. 

E. Carenou. — Julio Lacroze. — Ignacio 
Firmal. — E. Dumesnil. 



Acompaña al espediente un espécimen del futuro mapa en el que 
se han dibujado los modelos de indicaciones, y que está formado por 
los cuatro señores ya mencionados. 

Este contrato según creemos ha permanecido inédito en el Ar- 
chivo de la Sociedad. La obra desgraciadamente no se llevó á cabo; 
en la sesión del 5 de Julio de 1875, la Asamblea determinó sus- 
pender los trabajos que se encontraban ya bastante adelantados, 
á consecuencia de tropezar con graves inconvenientes sobre la ad- 
quisición de los datos necesarios para su ejecución. 

N° 17. Diversas mociones presentadas á las Asambleas en ¡874. 
(Fojas 145 á 150). — Entre las mociones principales elevadas á las 
Asambleas en 1874 figura primeramente una del señor Eduardo 
Carenou, para pasará los socios ingenieros, al Departamento Topo- 
gráfico y á las Empresas de ferro-carriles una comunicación, pi- 
diéndoles todos los datos que tuvieren sobre nivelaciones y plani- 
metrías en la República á fin de que con todos estos datos la 
Sociedad construya un plano en relieve de la República Argentina. 

Esta moción fué presentada y discutida en la Asamblea del 6 de 
Abril, y aceptada por la mayoría de los socios, se resolvió nombrar 
una comisión compuesta de los señores Guillermo White, Julio La- 
croze y Eduardo Carenou para que recibieran aquellos dalos é in- 
formaran sobre su utilidad. 

A este espediente acompaña un informe bien interesante del Dr. 
Germán Burmeister. 

Por moción del mismo señor Carenou y en la misma fecha se pasó 
una nota al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, adjuntando un 



IIEVISTA I)i:i, AUCIIIVÜ 217 

ejemplar del Irabajo del señor Juan J. J. Kylo sóbrela composición 
de un agua de pozo de Buenos Aires, é invitándole á hacer nue- 
vas perforaciones y estudios sobre este punto, por ser una cues- 
tión de la mayor importancia, si ellos daban resultados favora- 
bles. Aquella nota la liaremos conocer en seguida ; ella fué acom- 
pañada de un informe de los señores socios Carenou, Kyle y La- 
croze, con el costo de las máquinas y útiles de la perforación que 
en gran parle existen en el Ferro-carril del Oeste. 

Por indicación del señor Canerou, se envió aquel trabajo del se- 
ñor Kyle. al distinguido naturalista Dr. Germán Burmeisler, quien 
pasó á la Sociedad un informe bien favorable en el que apoyaba 
la idea de hacer estudios serios sobre las aguas subterráneas de 
Buenos Aires. 

(Continuará). 



MOVIMIENTO SOCIAL 



La Junta Directiva ha cumplido en todo el programa organizado 
para la recepción de los restos del Dr. Rawson. Se publica en otra 
sección una crónica al respecto. 

El socio D. Benito J. Mallol ha donado las dos acciones con que 
se suscribió para la erección del edificio social. 

La Junta Directiva ha autorizado al señor Roque Casal Carranza, 
Secretario de la Legación Argentina en Lisboa, para que ponga en 
relaciones á esta Sociedad con las de igual género de aquel país, 
estableciendo cange de publicaciones, correspondencia, etc. 

La Junta Directiva ha resuelto hacer un tiraje aparte de 300 
ejemplares de la obra que publica el señor Candioti en los Anales, 
titulada : Revista del Archivo de la Sociedad Científica Argentina 
debiendo destinarse cien para el autor. 

La « Sección La Plata » de la Sociedad Científica Argentina comu- 
nica haberse instalado con fecha 22 de Abril próximo pasado en la 
calle 6 entre 40 y 47, habiendo pasado al mismo tiempo una nota 
al Gobierno de la Provincia ofreciendo sus servicios. 

El Dr. Federico Haft ha sido autorizado para dictar un curso li- 
bre sobre : Cálcalo de Probabilidades v Método de los Cuadrados 
Mínimos. 

Han sido admitidos como socios activos los señores: Dr. Julio 
Fernandez Villanueva, Miguel M. Paiggari, Julio Koslowsky, Ho- 
norio Pueyrredon, Emilio Schikendantz, Ángel Román Cartavio, 
Joaquín J. Yedoya y Roque F. Benavidez. 



FISIOdlIAFIA Y )1KTK01M)LÍ)()IA 



di; i (is 



MARES DEL GLOBO 

Por JU AN L LERENA 

(Continuación) 

El nivel mediterráneo no bajará, no digo de una pulgada, pero ni 
de una línea; porque ese mar hoy, con el canal do Suez, está en con- 
tacto y en intercambio de circulación con los dos grandes ocean; s 
del globo, el Occidental ó Atlántico por el estrecho de Gibraltar, y con 
el gran Océano Oriental por el canal de Suez. 

El agua quo se cstraiga será pues repuesta: 1" por los grandes rios 
del viejo continente que desaguan en el Mediterráneo; 2" del Atlán- 
tico por el estrecho de Gibraltar; 3" del mar Indico por el canal de 
Suez. El nivel de los mares quedará pues el mismo, sin la diferencia 
de una línea. Pero el mar proyectado de los Schotts no hará desapa- 
recer sino la parte Occidental del Sahara, confinante con el Atlas. 
El resto quedará desierto y sus aires cálidos quedarán circulando 
jiara los que los necesitan ó pretenden necesitarlos. No habrá naila 
de perdido, y si por el contrario mucho de ganado, aumentando en una 
vasta área la superficie habitable del globo. 

lín su promedio, el Mar Rojo es bastante profundo para asumir el 
azul índigo del océano, que viene á sustituirse al sombrío azul verdoso 
presentado hasta aquí por la superficie. Esto dá una idea del relieve 
de la hoya ó cuenca que las aguas de este Mar cubren. Ella es an:í- 
loga á la cuenca del Mar Muerto, profunda en su centro y elevada 
en sus contornos. Bastará una serie de solevantamientos en sus estre- 
midades Sudeste y Noroeste, para que esta cuenca quede aislada y 
llegue a disecarse con los años. Pero ella no tiene un Jordán que 
alimente un Lago Central, y acabará por desaparecer, dejando profun- 
dos depósitos de sal de roca en su fondo, com.) ha desaparecido el Mar 
de los Schotts argelianos, todavía subsistente en parte en tiempos de 
Heródoto; ó ha sucedido con los Lagos Amargos, parte integrante del 
Mar Rojo, ó mejor, del Golfo de Suez, tal vez hasta la época del 
Éxodo, fastos separados por un solevantamiento del suelo intermedio, 
se han ido poco á poco disecando por la evaporación del sol y del de- 
sierto, hasta quedar convertidos en un llano ó cuenca del sal maciza, 
que ha habido que profundizar cortándola á cincel para dar paso al 
canal. En una época que no recuerdo en este momento, por no tener 
á mano mis libros, hubo un rey de Egipto que concibió el proyecto 
de cerrar las embocaduras del Nilo en el Mediterráneo, hechando las 



220 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

aguas de este rio en el Mar Kojo. Un tal acontecimiento, no solo 
habría cambiado la faz geográfica del mundo, sino también su faz 
política. El Egipto habría cesado de estar en contacto con el mundo 
civilizado establecido en torno del Mediterráneo y se habría conver- 
tido en una potencia enteramente Oriental, como la India ó la China ; 
T el delta formado por el limo del Nilo, habría venido á establecerse 
llenando paulatinamente el Grolfo de Suez, convertido de un desierto, 
en un par .uso de verdura 3'^ fecundidad. Las aguas del Mar Eojo 
acrecentadas, menos salobres y ardientes, habrían tenido mayor eva- 
poración, más nubes y por consiguiente un aumento de lluvias y ro- 
cíos, que habrían hecho t-)l vez desaparecer el desierto en sus contor- 
nos, cubriéndolos de vegetación y flores; todo esto hubiera podido 
tener lugar, y la historia del mundo civilizado antiguo, truncada de 
la influencia Egipcia, habría podido tal vez sufrir un eclipse ante- 
rior al advenimiento de la barbarie. Pero ese rey no pudo llevar á 
cabo su pensamiento y el Egipto y su historia siguió ligada á la serie 
evolutiva de la civilización Occidental y Mediterránea. 



Aa 



EL MAR nOJO EN SU PROMEDIO Y EN SU ESTREMIDAD. — PENÍNSULA 
DEL MONTE SINAI. — RECUERDOS QUE EVOCAN SUS ALTURAS 



Son muy escasas las algas que hemos visto sobrenadar en la super- 
ficie del Mar Rojo, Y sin embargo, en su antigüedad más remota 
este Mar era conocido con el nombre de J/ar de Shari, esto es, Mar 
de las Algas, por los antiguos Egipcios. ¿En qué se fundaba pues, esta 
apelación que le daban los primitivos moradores de sus riberas? Ha- 
bían más algas entonces, que en la actualidad? ¿O acaso se concen- 
tran las algas sobre los bancos de las riberas, en vez de obstruir la 
línea central de profundidad, que es la línea de navegación para las 
grandes embarcaciones ? Todo esto puede muy bien ser ; las algas 
aman más las riberas, que el alta mar, con escepcion del Sargasso. 
Si las algas son realmente escasas, á ello debe contribuir sin duda la 
sequedad de la atmósfera circunstante, porque generalmente en los 
brazos de mar que penetran profundamente en el interior de las 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MAUES DEL GLODO ¿ál 

tierras, como es el caso aquí, las algas son abundantes, como sucede 
• n las ensenadas y caletas profundas del Estrecho de Magallanes, 
donde abundan las algas, los fucus, los varees y esas esqui itas vege- 
taciones marinas, el cacholiuyo y el luche que son la delicia de los 
gourmets chilenos. Pero allí el suelo es fértil y vestido de una rica 
vegetación, y el aire húmedo y las algas y fucos marinos, no solo se 
alimentan con los acres jugos de la mar, sino con las humedades, 
gases y fluidos atmosféricos. La vida animal, sin embargo, es abun- 
dantísima en el Mar Rojo; y por todo él se ven moviéndose con aji- 
lidad, cardúmenes de peces grandes y pequeños. A bordo es un 
placer ver á los habitantes del océano, salidos de las sombrías profun- 
didades del abismo, sentirse tan lijeros y veloces al llegar á la ra- 
diante superficie iluminada por un sol tropical, dar enormes saltos 
repetidos de regocijo fuera del agua, persiguiendo por diversión á 
los vapores que pasan, hasta que rendidos de fatiga de seguir en su 
rápida marcha al monstruo jigantesco de hierro y fuego infatigable, 
se quedan atrás y desaparecen á la vista, volviendo á sus guaridas 
sin duda á referir á sus asombrados compañeros, en su idioma de pes- 
cado, las maravillas que acaban de ver; un mar liviano donde se puede 
triscar hasta saltar en el vacío (para un pez el aire es el vacío, 
como lo es para el hombre el espacio superior á nuestra atmósfera); 
donde brilla un sol esplendente y donde vagan monstruos colosales 
batiendo las aguas y produciendo un ruido atronador. Pero no solo 
hay peces, también la atmósfera se halla cruzada por innunmerables 
aves, añades, gaviotas y otras. 

Hasta he visto pararse sobre la arboladura de nuestros steame)% 
pequeñas avecillas con el matiz jaspeado de la perdiz. Si estas no 
son de esas codornices de que se mantenía el pueblo Hebreo, 
cuando peregrinaba en los desiertos inmediatos, son por lo menos 
grandes gorriones de una especie particular. El color azul del prome- 
dio, en la zona central del Mar Rojo, se aclara más adelante y se 
convierte en un bellísimo azul sajón ó azul záfiro trasparente. Esto 
indica una disminusion de profundidad sin duda, pero es bellísimo 
bajo el esplendor de un sol intertropical, en medio de esos mares 
lánguidos, de esos mares pam/^as, que en las regiones tropicales suce- 
den de un lado á los mares equinocciales eballentes; y del otro, á los 
mares ondulados, agitados perpetuamente por los trade-ioimls atur- 
didores, los cuales como hemos dicho en otra parte, suceden á los 
mares erizados, á los mares montañas de las zonas frias, azotadas 
por las violentas corrientes polares. El Mar Rojo, bajo el trópico de 



222 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Cáncer en que nos encontramos por el momento, forma una perfecta 
llanura de zafir líquido, nivelada é igual como un espejo de bruñido 
azogue, que una leve brisa encrespa lijeramente. Una cosa que debe 
disminuir un tanto la evaporación disminuyendo la fuerza de la radia- 
ción Polar, es la niebla seca pendiente á perpetuidad creo, como una 
tienda de gaza, sobre la esmeralda del Mar; porque el Mar Rojo de 
un verdadero azulado ó de un azul subido en su centro, es sin duda 
de un bello esmeralda en sus riberas someras, donde la onda de un 
trasparente azul se rebulle muellemente sobre un lecho de arena do- 
rada, produciendo el verde esmeralda más espléndido. El canal cen- 
tral, por donde solo pueden pasar los grandes vapores, no tiene más de 
ÍO á i2 millas de ancho; y fuera de esa banda central azulada como 
el Gulf Streain, se estienden los bancos, esos médanos sub-marinos 
que imprimen á las aguas el color indicado. 

Son numerosos los vestigios de naves perdidas en esos bancos que 
hemos visto ; tal vez llegen de 6 á 8. Probablemente se hallaban 
manejados por pilotos poco espertos: perderse donde tantos se salvan 
con solo conservarse en el buen camino, es una bien triste imprevi- 
sión. Es en la parte S. E. donde se hallan estos vestigios de pérdidas. 
¿Es la parte X. O. de este mar más profunda y menos peligrosa? 
Sería estraño este hecho; si bien la influencia actual del canal puede 
ya ser tan pronunciada, que produzca este resultado inesperado. 

Navegamos por mares tan suaves, como un fino raso plegado en 
ondas. Lejos de rechazar bramando y espumante el surco del stea- 
mer, se pliega suavemente á su paso como la elegante matrona plie- 
ga pulcramente sus ropages de seda, al paso de un rough. La onda 
pulida se dobla suavemente como si fuera de miel ó de azul, sin tro- 
nar, sin rabiar, sin deshacerse en espuma, y apenas susurrando esa 
suave queja de las personas finas rosadas por el paso de un brutal. 
Pero he ahí un fenómeno curioso, un banco de ostras viajando en 
sociedad, impulsadas por la onda azul. Diríase que fatigadas de su 
eterna inmovilidad chinesca, Hindú ó Mahometana, han querido su- 
bir á un mundo más suave, más lijero, menos pesado, más luminoso; 
y helas ahí respirando el aire y la luz del mundo superior. Este 
milagro, no lo podríanhacer las ostras sociales humana, ¿no es verdad ? 
j dichosas ostras! Hemos navegado tres dias consecutivos por el Mar 
Piojo, y fuera de las islas é islotes piramidales y sepulcrales de que he- 
mos dado cuenta, hasta ahora navegamos por el centro dul mar tan 
distante de una y otra ribera, que no alcanzamos á ver ni las costas 
por la distancia, ni las montañas por las nieblas secas del cielo del 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 223 

desierto. Pero en vez de costas y montañas cada hora vemos pasar un 
gran vapor que navega hacia el Oriente'. Cuantas esperanzas, cuántos 
proyectos, cuántas existencias preciosas para su^ familias no van eu 
ellos, á pasar por los dcsancantos de las luchas fatales de la vida, ó á 
triunfar al soplo de una fortuna propicia 1 Dos dias más, y ya podre- 
mos contemplar las altas moles graníticas de la península del Sinai', 
de cuya cima salió la ley moral fulminada sobre la humanidad, el 
Decálogo. La única ley grande, verdadera y digna que los hombres 
hayan conocido. Pero guardémonos para entonces. 

Como ya hemos pasado de los 24° latitnd N. (Suez se halla á los 30° 
en la dirección del Kor-Oeste), las estrellas de nuestro bello hemis- 
ferio austral las hemos perdido de vista, ó por lo menos, esa esplén- 
dida agrupación de constelaciones y de grandes astros de primera 
magnitud que se aglomeran en torno de la Cruz del Sud, de las Nubes 
Magallár.icas y de la bifurcación de la vía láctea Austral, tan brillan- 
te. No nos quedan otros compatriotas en la esfera, que la espléndida 
constelación de Orion y las magníficas estrellas que se agrupan en 
torno suyo. 

En compensación, las dos osas y la estrella polar brillan en el he- 
misferio boreal con una luz menos magnífica, pero siempre interesan- 
te. Basta mirar al cielo para poder, por la altura de la modesta, pero 
espléndida estrella polar, juzgar de la latitud en ese hemisferio. Nues- 
tro polo antárticj no tiene esta ventaja; el vacío de los grandes as- 
tros reina en él, y solo por la altura de hi constelación de la Cruz, 
que le está inmediata, se puede aproximadamente juzgar délas latitu- 
des australes á la simple vista. Entre tanto, las noches son esplén- 
didas sobre el Mar Rojo. Así que la luz anteada del crepúsculo bri- 
lla sobre el cielo occidental, y que por el enfriamiento del aire pro- 
veniente del mero hecho de la ausencia del sol, comienza á preci- 
pitarse vapor acuoso, el velo opaco de la niebla seca y terrosa 
comienza á disiparse, precipitada por el rocío, y la luz de los cielos á 
despejarse de sus lívidos velos. Es una belleza que se digna apartar 
el velo que oculta su espléndido semblante. Las estrellas comienzan 
su danza de regocijo con sus vivas ciutilaciones y las constelaciones 
se diseñan en el firmamento. El cielo despejado y sereno, es de una 
poesía, de un reposo lleno de magestad y de esplendor. En esta región 
de los grandes recuerdos de la historia, esa poesía, esa belleza, ese 
esplendor tienen un encanto y una significación indecibles. El cielo, la 
naturaleza hablan aquí al alma ; y en esto no hay exageración, ni 
hipocresía. Un idiota se sentiría conmovido ante esa calma, ante esa 



224 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARCENTJNA 

belleza, ante esos recuerdos inmortales, ante esos objetos tan bellos 
en su severidad. 

La cuestión de cronología parece insignificante, pero en realidad 
ella es la llave de la verdad en la verdadera historia de la humanidad 
y de la civilización ; la llave de la exactitud, de la dignidad, de la li- 
bertad del espíritu humano para la investigación de la verdad. Y sin 
la verdad, ni hay verdadera inteligencia, ni verdadera civilización. 
La Biblia no tiene en realidad una cronología determinada, ni podía 
tenerla. La Biblia, en lo que respecta á los orígenes hununos, 
que en nada atañen el dogma religioso, no solo no tiene en realidad 
una cronología, sino que no puede tenerla. La Biblia dice la verdad, 
pero es en el sentido del espíritu que dcá la vida y no de la letra que 
mata, como decía Jesu Cristo, que es el verdadero comprendedor y di- 
fundidor del Decálogo. Tomad el texto bíblico en sentido literal, será 
un conjunto de disparates y errores garrafales ; tomadlo en su sen- 
tido espiritual y verdadero, y lo hallareis lleno de sabiduría y verdad. 
La Biblia, dice, por ejemplo: « la Palestina es una tierra que mana 
leche y miel ». Tomad ese concepto en su sentido literal y será un dis- 
parate enorme ; tomadlo en su sentido figurado, simbólico; en su sen- 
tido espiritual qué es el verdadero, y resultará un hecho geográfico é 
histórico verídico é interesante. Lo que el escritor sagrado ha querido 
decir con esas palabras, es que en los ricos pastos y montañas de la 
antigüedad habíi muchos ganados que producían leche y muchas abe- 
jas que producían miel ; pero no que las peñas manasen miel, ni que 
los rios lleva^^en leche, como algunos imbéciles lo pretenden, tomando 
con los dientes el texto bíblico. Tales gentes son solo propias para po- 
ner en ridículo el espíritu humano, y para hacer dudar á las genera- 
ciones venideras del buen sentido de nuestra época. 

El Génesis de la Biblia ha sido sujetado á cálculos falsos de cos- 
mogénesis y de cronología, que no se conforman con su sentido espi- 
ritual, que es el verdadero. Adán no es un hombre, es una época de 
la humanidad, es una raza si se quiere, es la raza de Atlan ó Adán 
que habitó la Atlántida, cuna de la civilización humana y cuya exis- 
tencia sube en los siglos por lo menos hasta dos edades geológicas 
anteriores. Los hijos de Adán tienen todos nombres de pueblos ; son 
pues, pueblos, no son hombres, como claramente lo dá á entender la 
Biblia. Lo mismo sucede con Noé y con sus hijos. Todos ellos tie- 
nen nombrts de pueblos, do pníses ; nombres de regiones, son, 
pues, pueblos, países, regiones, no son individuos. Los dias de la 
creación bíblica, no deben entenderse como dias de 24 horas, son 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO :i'25 

edades geológicas, que son en número de siete, descansando Dios en la 
sétima, porque tiene el hombre que lo desempeñe para establecer en 
la naturaleza el urden .y la armonía que ella misma no puede darse. 
Cuando habla, pues, la Biblia de hechos anteriores á los anales escri- 
tos de la humanidad, cuando habla de individuos que vivieron 1000 
años, se refiere generalmente á pueblos, anaciónos, á razas y sus año 
pueden en muchos casos traducirse por siglos. Además, en materia de 
historia, de cronología, de cienci.is, la Biblia no es un libro sagrado ; 
es un libro respetable, pero humano, porque es la obra de hombres, 
no de Dios, á no ser que queramos hacer dioses á esos hombres, lo 
que sería idolatría, y la idolatría á sabiendas es un crimen según los 
verdaderos preceptos bíblicos. En esas materias, la Biblia no es ¡^re- 
ceptiva, es solo consejil y deductiva. No hay más preceptivo^ esto es, 
de fé verdadera en la Biblia que el Decálogo ; todo lo demás ni es de 
fé, ni es preceptivo. Los que quieren colocar la Biblia en otro terreno, 
quieren hacer de la Biblia un ídolo, un fetiche, y de la razón del es- 
píritu humano, no la antorcha de la verdad y de la luz, como es la vo- 
luntad de Dios, sino un instrumento de confusión, de tinieblas y de 
error. Que el autor de la Biblia, Moisés, no ha querido hacer de ella 
un ídolo, está patento por el horror., por la abominación que manifies- 
ta contra la idolatría, que considera como el mayor delito contraía 
divinidad de Dios y contra la razón y la libertad humana, que Moisés 
respetó hasta el grado de establecer la República y prohibir la mo- 
narquía ; para que no le idalatrara el pueblo, Moisés hizo ocultar su 
cadáver en las montañas. 

Los que quieren hacer de la Biblia un fetiche, han fundado sobre 
su texto literal, sobre la letra que mata, una cronfdogía ficticia y ridi- 
cula en la que se presentan entre ellos mismos hasta 300 opiniones 
diferentes é irreconciliables unas con otras, dando los unos á la crea- 
ción 300.000 años y otros rebajándola, como el Padre Petan, hasta 
menos de 6000 años. Con esto, lo único que se conseguirá después da 
falsear y contradecir las verdades más evidentesy palmarias, es poner la 
Biblia en ridículo y en contradicción con los hechos evidentes del mun- 
do físico que están á la vista y que solo tienen una aplicación, á saber: 
quo el mundo tiene muchos millones de años de existencia. Son, pues, 
enemigos, no amigos de la religión esos hombres que quieren poner- 
la en oposición contra todas las verdades y evidencias del mundo físi- 
co, invocando para ello la fé falsa y errónea de los pueblos bárbaros y 
salvajes en su infancia. Solo debe ponérsela fé en la razón, la justi- 
cia, la verdad, y no en el disparato y id absurdo. Dios no tiene ni ha 

ANAí. soc. r,ii.:\T. AR(.. r. XXIX Kí 



226 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tenido manos, porque no es un hombre carnal ; él no ha podido ma- 
terialmente fabricar al hombre con sus manos, como un alfarero fa- 
brica nuaoUa. Las manos de Dios son la evolución, y el barro de que 
formó al hombre y á todos los seres, es el protoplasma de la ciencia. 
Estos no son articules de fe, son artículos de investigación que la 
ciencia modifica, perfecciona y acerca más á la verdad real todos los 
días. Tomada en el espíritu que dá la vida, la Biblia es una verdad y 
un. libro eterno y divino ; tomado en la letra que mata, la Biblia es un 
eiror que los descubrimientos del siglo han desmentido. Se vé, pues, 
que los que se empeñan en sostener la letra que mata, lo primero que 
matan es la Biblia misma, haciendo de ella en vez de un libro de luz 
y de verdad eterna, un libro de error y de superstición, enemigo de 
la razón, de la verdad y de la ciencia. ¿Cuáles son, pues, los verdade- 
ros amigos déla religión ? 

A pesar del desmentido y de la evidencia de los hechos, los falsea- 
dores de la verdad histórica, que después de quemar bibliotecas y fal- 
sificar documentos y monumentos, se encuentran, sin embargo, con la 
evidencia demostrada por los monumentos exhumados, que las dinastías 
de Maneton son realcS y sucesivas; y que cuando hay dinastías contem- 
poráneas Manotón las señala, sin enumerarlas; en presencia de estos he- 
chos, confirmatorios de tantos otros testimonios históricos y monumenta- 
les, se han refugiado en el cálculo de las probabilidades de que es impo 
sible que un pueblo ó una raza pueda existir consecutivamente en un 
mismo país, durante 6000 años. Entro tanto, tenemos á la vista la 
China con monumentos, documentos auténticos é históricos de más de 
6000 años de data ; y á la India con una raza de una existencia consta- 
tada poco menos, y esos pueblos, esas razas tan antiguas, no están 
muertas, están, por el contrario, vivas y casi pudiera decirse en el vi- 
gor de su virilidad. Entre tanto, la raza egipcia ya no existe, prueba 
de su antigüedad mucho mayor que las naciones citadas. Por lo demás, 
este no es punto para discutirlo en las dimensiones de una escursion 
marítima. Tenemos trabajos especiales sobre esto, que publicaremos 
algún dia, con los documentos maravillosos dados á luz perlas exhu- 
maciones más recientes. ¿No es maravilloso, en efecto, haber desen- 
terrado las tablillas y cilindros con inscripciones cuneiformes, enter- 
rados en el templo del Sol, de Sipara, la ciudad donde según las tra- 
diciones conservadas por Beroso, el rey antediluviano Xisuthro en- 
terró los documentos y la historia de las edades antediluvianas? ¿T el 
haberse recientemente descubierto en Sakara las pirámides sepulcra- 
les de las primeras dinastías, confirmatorias de la realidad de las di- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 2:27 

nastías sucesivas de Manethon ? Más, ¿el haberse descubierto las mo- 
mias de los perdidosre3^es de la XVIII yXIX dinastía faraónica? Solo 
una cosa falta, el descubrimiento del sepulcro de Osirisy dealguna luz 
monumental acerca de la época de su gobierno y de sus conquistas y 
dolos hechos de su historia conservados solo vagamente por la tradi- 
ción y la fábula. Esto ayudaría mucho á descubrir los orígenes verda- 
deros dalas antiguas razas y civilizaciones. Entre los pueblos, como 
entre los individuos, los hay destinados á una corta ó á una larga 
existencia según las circunstancias. G-eneralmente, lo que cambia son 
las formas de gobierno y las dominaciones, no las razas. 

La Persia, por ejemplo, no figura en la historia como monarquía, 
sino dos siglos. Entre tanto, como nacionalidad, como raza, tiene hoy 
4000 años cuando menos, puesto que desde el tiempo de Abrahan, 
2200 años antes de Jesu-Cristo, ya había un rey de Elam y elamistas 
por consiguiente. Y lo mismo de las demás razas y nacionalidades. 
La Italia y sus razas han sufrido un eclipse de 16 siglos con la deco- 
ronacion de Roma practicada p ir Constantino, que despojó á Eoma 
del Imperio que ella había conquistado con su sangre, para entroni- 
zar el catolicismo, enemigo del nombre y del poder romano. Pero hoy 
resucita. Xo es, pues, en mil años que se debe calcular la duración de 
la raza italiana. Eso duró su hegemonía, pero la raza aún subsiste y 
ha recibido una nueva vida con la unidad y la independencia, de que 
esperamos hará un juicioso uso. 

¿Entra la letra muerta, esto es, laverdaderi idolatría de la Biblia, 
en el sistemado religión y legislación de Moisés? Indudablemente no, 
por su odio tan profundo á la idolatría, que al morir, hizo esconder 
su cadáver para que el pueblo no idolatrara en él. Esto hace ver la 
altura de la inteligencia y del carácter de Moisés, que no quiso ni 
hacerse Dios, ni rey; lo que le hubiera sido fácil, visto el carácter 
del pueblo hebreo, propenso á la idolatría de sus gefes y objetos ofre- 
cidos á su culto, hasta el grado que posteriormente lo vemos adorar el 
Ephod, adorno sacerdotal, como Dios, y consultarlo como oráculo. 
Esto es, sin duda, el resultado de la ignorancia y de la superstición y 
ceguedad que ella engendra. Es esta adoración ciega de la letra muer- 
tala que ha perdido al pueblo Judío, haciéndolo tomar el texto bíbli- 
co, por la palabra infalible de la divinidad, cuando es solo en su espí- 
ritu que la voluntad divina puede revelarse. La letra muerta es la 
obra del hombre, del secretario humano que hace la escritura mate- 
rial ; no es la obra de Dios, porque Dios no tiene manos, y si algo ha 
escrito, la verdadera Biblia de Dios se halla en las capas geológicas y 



228 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

en los fósiles, que en gerogiíficos descifrables para los ojos de la ra- 
zón, nos revela la verdadera historia del mundo y su evolución cósmi- 
ca y orgánica. Esa es la verdadera Biblia de Dios, porque nadie otro 
que la naturaleza, esa hija de Dios que no sabe mentir, ha podido es- 
cribirla con sus propios despojos, esto es, escribirla con el testimonio 
mismo evidente de la verdad que se refiere. Es el espíritu de la Bi- 
blia y de su ley lo que Moisés ha prescrito á su pueblo y no su letra 
muerta. Este es el verdadero sentido en que la Biblia es tomada por 
sus mejores intérpretes, Samuel, David, Salomón, los grandes Profe- 
tas, Jesu-Cristo y San Pablo; á este último pertenece sobre todo la 
reprobación de la letra que mata y el pensamiento del espíritu que dá 
la vida. 

Es el espíritu eterno é inmortal, lo que puede dar duración eterna 
á la Biblia, pues la letra que mata la reduciría á la ciencia de la edad 
de Moisés (á quien Dios llama sabio con toda la ciencia del Egipto, 
que érala ciencia de su edad) ; ciencia que ha quedado muy atrás en 
nuestra época, que ha demostrado palmariamente, á la vista, con los 
hechos, el error de la idea ^eomzíWca y de la idea antropocénlrica . 
Esos errores demostrados, tienen que aceptarlos como verdad los que 
se atienen literíümente á la letra que mata, cuando su error y absur- 
do es una cosa que salta á la vista hoy, en que cualquiera puede dar 
la vuelta al mundo y convencerse de visu de que nuestra tierra es un 
planeta que vaga en el espacio, girando en torno del sol, y de que el 
hombre es solo el último término de una cadena descendente de seres 
orgánicos, cuya descendencia y evolución está á la vista en la serie 
progresiva de fósiles de las capas geológicas. Porque, lo repetimos, 
Dios no es un ser material, no tiene manos materiales, él no ha podi- 
do con sus propias manos materiales (que no tiene, porque es espíritu 
puro) fabricar las plantas, los animales, el hombre ; los ha fabricado 
con la evolución, que es su mano, de la manera progresiva que nos en- 
seña la ciencia geológica, con los fósiles de las capas terrestres suce- 
sivas á la vista. La idolatría de la letra muerta de la Biblia no es 
pues, la última palabra de la ortodoxia. La letra muerta pondría la 
Biblia del lado del error, contra la evidencia, contra las verdades fí- 
sicas más evidentes, lo que es un absurdo. La Biblia no es un trata- 
do científico y por consiguiente no puede constituírsela en ciencia, ni 
menos en única ciencia, como los mahometanos han hecho con el 
Koran, que es hoy, como consecuencia, una cosa caduca y muerta. La 
Biblia es historia, la historia de su tiempo, con los errores de su tiem- 
po. Lo único revelado, lo único preceptivo que ella tiene es el Decálo- 



FISIÜGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLODO 2^0 

go, que es un código purísimo de religión y de moral, que sobrevivirá 
á todas las revoluciones del tiempo y del espíritu liumano. Fuera del 
Decálogo, todo lo demás es humano, y como humano sujeto á error y 
á rectilicacion. La Biblia no es un estorbo, un atajo al desarrollo sa- 
ludable del espíritu humano, es, por el contrario, el primer paso de su 
progreso en la buena dirección y un estímulo para seguir adelante en 
el cultivo de las ciencias y de la civilización, y no un obstáculo insu- 
perable para su marcha. El que pretenda poner á la Biblia del lado 
del error, contra la verdad, contra la luz, contra la evidencia, estable- 
ciendo como ortodoxia el sentido literal de su letra muertn, en lo que 
no es preceptivo sino humano é histórico, es el enemigo de la Biblia, 
no su amigo, pues la pone del lado de las tinieblas, contra la luz, del 
lado del error, contra la veidad. Este ciertamenLe no ha sido el espí- 
ritu de su fundador Moisés, pues osa es idolatría de la materia, del 
error, de la letra que mata, cuando sabemos que Moisés abominaba la 
idolatría. Es como poner, en una palabra, la Biblia en un combate 
contra la verdad, lo que es contra naturaleza, esponiendo á perecer un 
libro que no debe perecer. Sin la idolatría de la letra que mata no 
veríamos al pueblo Judío en la triste situaoion que se encuentra hace 
siglos. La idolatría del texto bíblico, en la parte que no es dogma, es- 
pone á ese noble pueblo á la suerte de esas viejas razas destinadas á 
desaparecer al través de los siglos, junto con sus creencias absurdas é 
iiuposibles, en contradicción con la verdad y con los hechos, prolon- 
gando su existencia á fuerza de algunos fanatismos individuales. La 
Biblia, como su pueblo, merecen una suerte mejor ; merecen ser eter- 
nos por la adaptación y la verdad, lo que solo conseguirá desechando 
la letra que mata y adoptando solo el espíritu que dala vida, de con- 
formidad con la voluntad de su gran legislador y con la palabra de 
sus grandes Profetas. 

El tiempo ha seguido fresco con un fuerte viento del Noroeste, esos 
vientos que Heródoto llama vientos Hetesios y que atajando la salida 
de las aguas del Nilo, según él, las aumenta, las derrama por las tier- 
ra utilizándolas para su irrigación é impidiendo su rápida y estéril 
deperdicion en el mar. El mar, sin embargo, al aproximarnos á las 
costas de la península de Sinaí, ha perdido el esplendor de su bello 
azul oceánico traslucido, asumiendo los matices de un verde sombrío. 
Este fresco es sin duda benéhco y neutralizante de los fuertes calores 
del Mar Rojo; pero la poesía áspera y movimentada de los vientos, 
poesía varonil y luctante, no es como la suave poesía de los dias de 
calor y calma: pero también esta agitación saludable, es la salud de 



230 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

la vida; y se armoniza alternándose con la calma, porque la vida es 
lucha, es vicisitud, es trabajo, es vida y es muerte : esa muerte que 
es la prolongación de la vida en la eternidad. Bajo este aspecto, el 
Mar Rojo no es ya una cosa vieja y corrompida; no es ya ese foco 
pestilencial en que se infestan las devotas caravanas que pasan á ha- 
cer su visita preceptiva ala Meca. Es un mar rejuvenecido por el 
soplo vivificante de Occidente ; un mar nuevo, lleno de vida y de por- 
venir; ese viento saludable arrastra lejos los gérmenes pestilenciales, 
y solo deja salud, vigor, pureza, tr^.bajo, inteligencia en pos de sí. 
Esa región sigue llena de vida aérea y marina, de vida celeste y ter- 
restre; de estrellas y revelaciones en el cielo; de vida, de perfumes, 
de misterio en la tierra. Moisés resucita en nuestro espíritu joven y 
con toda la ciencia de los modernos ; el pueblo de Israel resplandece 
de nuevo con su aureola de pueblo gefe, de pueblo modelo, de pueblo 
redentor; de pueblo que pisando la serpiente de los odios, déla 
ignorancia, de los combates groseros del pasado, establece la era de la 
inteligencia, de la armonía, de la paz, de la ciencia y de la industria. 
Pueblo que trae el reinado del espíritu inmortal, implantándolo en el 
lugar donde se alzaba la materia corrompida. 

¿Estas son visiones? Sí, sin duda; esta es la tierra de las visiones 
y de los videntes. Isaías vio pasar al eterno en forma de soplo vivifi- 
cante, entre las alturas ; Juan vio allí la Nueva Jerusalen celeste de 
que habla en su Apocalipsis. ¡ Desgraciado del que, en el país de las 
visiones, no tiene visiones de bienandanza, aunque sea de bienandanza 
personal! Eso probaría que su espíritu no se eleva más allá de donde 
alcanzan los vapores más corrompidos de la materia vulgar. Bajo este 
bello cielo, al soplo de este aire vital, ante esos monumentos y re- 
cuerdos eternos de la naturaleza, de la tradición, de la religión, del 
arte, el espíritu más adormecido se despierta y piensa: cogito, ergosum! 
como decia el filósofo. 

En un islote redondo, de granito, situado en la apex ó extremidad 
aguda de la península del Sinai, se alza un faro destinado á señalar 
á los navegantes la situación de la península, que el monte histórico, 
el monte inmortal, llena en su vasta espansion. El verdadero faro 
está sin duda en la imaginación, en la mente del que lo contempla ; 
porque ¿quién no ha leido la Biblia y quién no ha admirado y amado 
á su legislador y á su pueblo? Hoy se puede decir esto en que ese 
antiguo pueblo se halla disperso y perseguido: de otro modo se toma- 
ría por una adulación. El viento continúa soplando con fuerza y el 
mar encrespado, herizado, mugiente, se estrella con furor contra la 



FISIOGRAFÍiV Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 231 

proa del Sia7n. El silvido de los vientos y el estruendo de las olas, 
const¡tu3'cn un conjunto imponente. El fluido mai'ino tiene esa mira- 
da torva, sombría, de un mar borrascoso que ha perdido su trasparen- 
cia y esa mirada azulada, plácida, celeste, de un mar en calm;u Plá- 
cido, magestuoso ó airado, el jMar Rojo me ha encantailo, aunque 
sea solo por sus antiguos y grandiosos recuerdos : las esculturas dé 
Snefru, de 5000 anos de data; las escuadras de Sesostris, de 3500 
años; y el Sinní y el Decálogo do una fecha muy poco posterior. 
Esos son los grandes hechos de bi edad antigua, cuya influencia se 
perpetúa en la moderna : porque la civilización de Snefru y de Se- 
sostris, es la base de nuestra actual civilización ; y la ley del Sinaí es 
nuestra ley. 

El Mediterráneo es mas grande, más brillante, más poderoso, más 
opulento y más rico, pero no tan poético, tan bello y lleno con tan 
viejos é interesantes recuerdos. El Mediterráneo es como un mar 
joven, en el cual se ha elaborado la historia y la civilización moderna. 
El Mar Rojo es el mar viejo de la infancia de la civilización humana, 
y como su cuna. 

A medida que avanzamos en el Golfo de Suez, las altas montañas 
de la costa africana se alzan en altas ondas azuladas del carácter más 
pintoresco, formando grandes crestas y grandes picos erizados de un 
carácter volcánico. Más abnjo y paralelamente á ellas, se prolonga un 
cordón de lomas bajas, redondeadas y al parecer graníticas. Al 
frente, en Suez, las altas montañas de Ataka se alzan crilminantes; 
mientras que en la Arabia, las costas terminales de la península del 
Sinaí, se presentan coronadas por las altas crestas graníticas de la 
montaña memorable. El sol, al ponerse detrás de esta alta cadena 
en ondas piramidales, diseña sus crestas sobre sus celajes de púrpura, 
y esa banda anteada, de que habla Volney, como característica de los 
paisajes levantinos, se estiende detrás de las cadenas y de vapores, 
dándoles esplendor y relieve. El mar, más reposado, estiende sus 
llanuras agitadas y movientes á los pies de esas masas y de esos es- 
plendores celestes inmóviles, pareciendo como un sombrío tapiz do 
fluido plomo. 

Por la noche, el cielo aquietado, despejado, depurado, resplandece 
en las más bellas constelaciones boreales, cobijando mares y monta- 
ñas bajo su manto constelado. Durante la noche, el mar que se tragó 
la hueste de Faraón, lanzaba rugidos estraños, como esos rugidos 
salvajes de las selvas primitivas : rugidos de fiera. Era la íiera que 
dormitaba, cazaba ó vagaba enfurecida. 



23'2 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

En la mañana del 3, muy temprano, yo estaba de pié. Después de 
tomar un baño helado de mar, salí á cubierta. El alba brillaba en el 
horizonte Oriental con todo su esplendor ; el mar encrespado, espu- 
mante y mugiente, se plegaba y desplegada en gruesas olas brama- 
doras ; pero el gran steamer marchaba con bastante serenidad, cor- 
tando las olas de frente, que rabiosas y espumantes, se proyectaban 
sobre cubierta en gruesos chubascos do blanca espuma salada. A mi 
izquierda alzábase sobre la llanura marítima agitada, la serie africa- 
na de montañas volcánicas ó porfirídicas, dispuestas en ondas erizadas 
y negruzcas, terminaban hacia la estremidad del Golfo en el N. O. 
en una inmensa meseta ó macizo de ;tlturas calcáreas ó gredosas, 
culminando sobre las playas y riberas del mar como un inmenso bluff 
ó altísimo barranco gredoso, de muchas millas de estension. A mi 
derecha, la cadena del Sinaí, que culmina hacia el S. E. en altas 
cuchillas y picos graníticos de una gran elevación, se estiende como 
un muro ó cresta de regular altura. Por encima de sus picos y 
crestas más elevadas, se estiende la banda anteada, traslúcida, esplén- 
dida del crepúsculo matinal. El ante, un ante suave y brillante es 
el carácter más saliente de los crepúsculos en esta región híbrida del 
mundo, entre África y Asia, entre Egipto y Arabia, tierra disputada 
y contendiente, y campo de batalla en las huestes asiáticas y africa- 
nas. Muy luego la luz anteada del crepúsculo, comenzó á intensificarse 
sobre la cresta erizada de la montaña sagrada, convirtiéndose de 
ante, en naranjado, y de naranjado en oro fluido, al asomar el disco 
esplendente del sol sobre las cumbres regocijadas y embellecidas 
con su luz, estendiéndose tenuemente su traslúcido baño de esplen- 
dente luz sobre mares y montañas, sobre alturas y sobre abismos. 
En el Noroeste, en nuestro derrotero, se alzaba el cordón sombrío de 
la sierra del xitaka, dorada por los primeros rayos del sol matinal. 
Sobre el agitado plano marítimo de un verde gris sombrío, una 
águila negra como la noche, de un tamaño prodigioso,, se cierne sobre 
lasólas agitadas, bañándose en sus espumas. Esta ave era de buen 
agüero para los antiguos, ella anuncia triunfo y gloria; me conten- 
taré con que á nuestra modesta nave correo, con tripulantes y pasa- 
jeros aún más modestos, nos anuncie un feliz éxito en nuestro viaje. 
El viento es fuerte, mas el cielo permanece despejado y el sol alum- 
bra espléndido, trepado sobre su trono granítico de montañas Orien- 
tales, de donde derrama luz, vida y calor sobre la naturaleza. 

Ambas cadenas de montañas, la africana al Oeste, terminada por 
un macizo calizo de un color terroso claro, cuyas capas superpuestas 



FISIOGR.VFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 233 

se distinguen de á bordo, y la asiática al Este que forma un cordón 
granítico de moderada elevación, terminan al llegar á Suez en lomajes 
bajos que descienden gradualmente hasta terminar su punta en sus 
estremos. En el centro, en medio de estas dos puntas terminales, se 
redondea la estremidad del Golfo en que se halla Suez, á cuyo fondo 
se destaca la onda granítica de las alturas del Ataka. Damos estos 
detalles con amore, porque ese mar, ese cielo, esas montañas, ese suelo 
despiertan en nosotrosn un interés profundo; el interés de la antigüe- 
dad de la historia, de las tradiciones ó recuerdos más remotos ó gran- 
diosos de la antigüedad. Antes de la sierra de Ataka se presenta un 
cordón de montañas bajas que corre de Oeste úEste, viniendo á termi- 
nar en la ribera del mar, en un inmenso promontorio, farellón ó ladera 
de rocas calcáreas arcillosas y arenáceas entreveradas, de nn color 
bistroso amarillento. 

El color del mar se aclara, y de un gris verdoso oscuro, pasa á un 
gris verdoso claro, al aproximarnos á Suez, á la antigua Arsinoe, uno 
de los puntos tal vez más antiguamente poblados de nuestro globo y que 
debe existir desde antes de la época de Osiris-Dionisios; esto es, una 
pobh-cion que cuenta más de 8000 años de data y cuyo suelo ha sido 
hollado por la planta de todos los grandes conquistadores del mundo. 
A la estremidad del macizo cretáceo arcilloso en que termina la cade- 
na costera africana, formando una especie de bluff 6 barranco colosal, 
sulcado en sus faldas terrosas de cavidades y quebradas ; sobre la 
playa de la punta medanosa en que este termina, al aproximarse al 
al apex del Golfo de Suez, se halla un blanco faro, columna blanca de 
dia, y punto luminoso en la noche, señalando sin duda al navegante 
bancos peligrosos. Todo el apex circnlar del Golfo se halla rodeado 
de riberas arenosas, médanos formados por los vientos y en medio de 
cuyas doradas arenas, se alzan las negras rocas volcánicas que for- 
man el esqueleto del suelo. 



VII 



GOLFO, PLEUTO Y CIUDAD DE SUEZ. —UNA ESCURSlON AL SINAl 
Y A LOS DESIERTOS INMEDIATOS. 

Antes de entrar en más detalles del Golfo de Suez y de su fisono- 
mía, diremos algo sobre las riquezas coqnilarias, ya que hemos ha- 
blado en Oboelv de sus riquezas biológicas. En el Mar Rojo existen 



234 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

actualmente varias pesquerías de perlas. En efecto, la pesca de la 
concha de nácar ó madre perla, tiene lugar en todo el Mar Rojo, des- 
de su estremidad seténtrional hasta el Grolfo de Aden. 1-ero las me- 
jores pesquerías se encuentran en las inmediaciones de Sualíin, de 
Massowah y de las islas de Farsan. La flota pescadora se compone 
de unos 300 barcos ó lanchones, pertenecientes en su mayor parte á 
los beduinos (Bedawms) de Zobeida, tribu que habita la costa entre 
Jeddah y Yambo. Como 50 pertenecen á Jeddah y los otros á di- 
versas localidades. Son grandes botes abiertos desde 8 hasta 20 to- 
neladas dé carga, con una vela latina. Su tripulación varía desde 8 
hasta 12 hombres. Se conocen dos estaciones de pesca, una de cuatro 
y otra de ocho meses. Así estos lanchones permanecen casi todo el 
año en el mar, excepto unas pocas semanas de reposo. Su tripula- 
ción formada en su mayor parte de esclavos negros, recibe dos ter- 
cios de la pesca, descontándose de esto el valor de los alimentos su- 
ministrados, el otro tercio es para los dueños de la lancha. Experi- 
mentan raros accidentes, y los buzos gozan de robusta salud y de 
gran vigor físico. Son todos hombres de 40 á 40 años. Los bancos 
de pesca se hallan en las inmediaciones de los arrecifes de coral, cer- 
ca délos cuales se hacen anclar las lanchas. Para trabajar los buzos 
emplean pequeñas canoas, importadas de Malabar. Se necesita que 
el mar esté tranquilo, pues las aguas turbias no permiten ver las con- 
chas. En estos últimos 40 años, esto es, de 4877 á 4887 la pesca ha 
descendido de 40 á 20°/o; mas como los precios han subido y se vende 
bien todo, bueno y malo, esto hace que el negocio haya marchado 
bien. La producción anual varía de 420,000 á 470,000 duros. Du- 
rante los cuatro primeros meses del corriente año, solo han pescado por 
valor de 25,000 duros, contra 50,000 duros obtenidos otros años. Una 
parte de esta pesca se vende eii Jeddah, y el resto en Suakin y .Mas- 
sowah. Perlas suelen pescarse anualmente por valor de 4000 á 5000 
duros; pero las más valiosas se venden secretamente. La concha de 
perlas se vende en lotes de 50 libras. Antes estos negocios se hacían 
en el Cairo; hoy se hacen en Trieste. El nácar de Jeddah es me- 
nos estimado por su tinte amarillo, que el de Massowah ó Sua- 
kin. 

Volviendo al Golfo de Suez, los inmensos promontorios ó bluffs de 
los macizos de rocas cretáceas, calcáreas, arcillosas y arenosas que 
rodean el Golfo en su estremidad occidental, forman un caracterís- 
tico árido, pero grandioso de él. Compréndese al mirar esa disposi- 
ción topográfica, cual es el origen de las arenas y depósitos aluvio- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO í235 

nales y terciarios,, que cubren los desiertos de la Arabia y del na- 
ciente del Nilo. Esos macizos que forman en sus cimas vastas mesetas 
áridas y pedregosas, se presentan surcadas en sus faldas y gradientes 
por innumerables quebradas, cavidades y barrancos hijos de la ero- 
sión de abundantes aguas corrientes y de lluvias, bajo un cielo hoy 
sin nubes. Este fenómeno solo puede esplicarse subiendo en las eda- 
des geológicas. Esos macizos han sido indudablemente islas regadas 
y con una abundante veo-etacion terciaria; más con la emersión do 
los continentes africano y asiático, y la retirada consiguiente de los 
mares en la edad que sucedió inmediatamente al período glacial, esos 
macizos encallados en los áridos desiertos, anteriormente lechos de 
mares eocenos y miocenos, perdieron su fecundidad y quedaron redu- 
cidos á mesetas, ladi'ras y promontorios de una proverbial aridez. Las 
arenas de los antiguos mares que rodeaban esas islas, han salido sin 
duda de sus arenáceas erodadas y denudadas por las aguas de arriba 
y de abajo; y el resultado de esas inmensas denudaciones ha sido 
los inmensos arenales, lechos de mar primero, y en seguida médanos 
acumulados por los vientos en los ]>arajes bajos, quebradas y cavi- 
dades de su dirección habitual. 

Las cadenis arábigas del Sinaí se estiendeu á lo largo de las ribe- 
ras del nord-este del Golfo, en cuya estremidad en esa dirección se 
halla el naciente del sol, como en la estremidad de la dirección opuesta 
de las cadenas africanas se halla el poniente; á lo largo de esas ca- 
denas, decimos, y á sus pies, hasta la lengua del agua, se estiende 
una banda de blanca arena, resaltante entre el azul indeciso de las 
cadenas graníticas y el sombrío azul verdoso del mar. Es como un 
mnro de lázuli levantado sobre cimientos de blanco cuarzo. Esa ban- 
da arenosa parece estrecha en la lontananza marina ; pero es de bas- 
tante consideración á juzgar por el mapa que da Palmer de la penín- 
sula del Sinaí; esa banda marca la estension de la retirada de las 
aguas del Mar Kojo, el cual debe haber lamido el pié de las alturas 
marítimas del Sinaí á fines del período glacial y principio de la edad 
moderna, de 20.000 años á esta parte, midiéndola por la ley de Lyell 
de un pié de despojos por cada seis mil años ; la retirada es grande y 
ella puede provenir no tanto de la evaporación inmensa de este mar, 
situado en estrecha lonja entre desiertos áridos, como del solevanta- 
miento lento pero continuado de las riberas contiguas. Del lado afri- 
cano del Golfo, la retirada es insignificante, debido á que esa parte 
del litoral del Mar Rojo, más que en vía de elevación, se encuentra 
en vía de hundimiento. Por lo demás, el Situs ó Golfo de Suez no se 



236 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

halla recto ea la línoa eje de la dirección general del Mar Rojo, sino 
que forma un recodo á la derecha, recustándose del lado arábigo del 
litoral. El mar sigue no obstante, de un azul sombrío muy poco ver- 
doso, pero sus aguas de fino raso de seda atornasolado, presentan cier- 
tos visos ó iridescencias rojizas: ¿es este tornasol rojizo lo que le ha 
hecho dar el nombre de Mar Rojo ? Porque sus riberas son doradas^ 
blanquizcas, bistrosas, pero no rojas. Pero antes de despedirnos 
del Mar Rojo }'■ del Sinai, quiero entrar en una digresión histórica. 

Dos religiones han surgido en el Asia en la época del despertar del 
espíritu humano, entre los siglos xxii y xv antes dé J. C. ; dos re- 
ligiones igualmente puras, sublimes y verdaderas. La una ha bri- 
llado en la antigüedad con ana luz espléndida y vertiginosa, eclip- 
sando y reapareciendo de nuevo con el restablecimiento del trono 
persa por los Sasanidas. Este es el Mazdaismo, la más antigua, la 
religión de Zoroastro, que reconoce un solo Dios creador, fuente de 
todo bien; y la religión de Moisés, surgida en el Sinai, viva aún hoj, 
pero que ha gozado un soplo de pequeño brillo y esplendor político 
en la antigüedad, con siglos de dispersión y persecusion cruenta. Dos 
religiones bellas y buenas y aliadas ; habiendo la una, por mano de 
Cyro, libertado al pueblo de Israel de su esclavitud ; permitiendo á su 
rival un largo período de influencia y brillo renovado. La religión del 
Mazdaismo tiene á la fecha más de 40 siglos y aún se conserva un 
tanto adulterada y trunca entre los Parsis que no adoptaron el ma- 
hometismo. La religión de Moisés que cuenta hoy 24 siglos, se con- 
serva aún en algunos millones de judíos desparramados sobre el haz 
de la tierra. La religión más antigua es la que más ha brillado y la 
que más adeptos ha tenido (medos y persas). 

Ella ha tenido un hijo robusto, el mahometismo. La religión he- 
braica ha tenido también su hijo espúreo, el cristianismo; espúreo de- 
cimos, porque el judaismo lo reniega y porque cria un dios hombre al 
lado de un Dios único y celoso de su unidad, tanto como de su eternidad. 

Esto, se vé, desnaturaliza su dogma fundamental. Pero, ¿cuál délos 
dos tiene más vida? El judaismo, sin duda, tanto porque es más jo- 
ven, cuanto porque, aliado con la libertad y con la equidad, su im- 
perio es seguro y eterno en esas condiciones. El mazdaismo, por el 
contrario, aliado desde un principio con el despotismo, se ha confi- 
nado á la estrecha esfera de acción de este y subido y bajado con él. 
Su autor y legislador Zoroastro, tuvo sin duda miras muy elevadas, 
él quería confiar puramente á la naturaleza humana, el bien de la 
naturaleza humana. El eligió al déspota para la realización de su 



fisiografía y meteorología de los mares del (iLono 237 

bien, porque confiaba en la elevación y equidad de la naturaleza hu- 
mana. Esta confianza es justa, cuando ella se refiere simplemente á 
la naturaleza humana. 

Pero un déspota no es un hombre. 8i el ha rocihido el absolutis- 
mo como herencia, como sucedió á Felipe II de España, él se cree 
superior á la naturaleza y los derechos del hombre, y despotiza á 
este en su físico y en su moral, en su cuerpo y en su alma. Si es 
un dictador que surge de la aclamación de la multitud, se convierte 
en un tirano desapiadado, que todo lo sacrifica á su ídolo. De este 
hecho ha resultado que el hebraísmo y sus derivados, forman hoy 
la religión de los pueblos viriles. El mazdaismo, por el contrario, es 
la religión de los pueblos surgentes ó niños, y de los pueblos deca- 
dentes ó caducos ; pueblos que necesitan protección, sea para la debi- 
lidad de la infancia, ó para la debilidad de los años. 

Un tercer gran promontorio, estremidad de una tercera cadena, 
la del Ataka, se representa aún antes de penetrar en la rada de Suez. 
Presenta la misma naturaleza gredosa, calcárea, arenácea, manteada 
de los anteriores. Son tres grandes cadenas, paralelas sin duda, que 
tienen su punto de arranque sobre las riberas del Mar Rojo. Sobre 
sus playas, en sus falderíos y quebradas bistrosas, se proyectan al- 
gunas sombras negras; es la vegetación achaparrada del tamarisco, 
el árbol de los arenales. Su presencia suele marcar las aguadas tan 
raras en esos desiertos de aluvión, como diría un inglés. Desde la ra- 
da, en el costado arábigo, se ven los jagüeles ó pozos llamados de Moi- 
sés, rodeados de la vegetación sombría del tamarisco. El punto del 
paso sin embargo, no lo creo ese: el paso del Mar Rojo, que dio es- 
cape al pueblo y sumergió á Faraón y su ejército debe encontrarse 
en un punto hoy abandonado por las aguas, entre los lagos Amar- 
gos y la rada. Porque los lagos y la rada no formaban en esa época 
sino un solo mar. Una vez pasado el mar, el pueblo debió correrse 
por su ribera; y desde los pozos llamados de Moisés, teniendo á la 
vista el mar, salvaguardia de su libertad, él pudo entonar el cántico 
do gracias y de triunfo que se halla en el Éxodo. Al contemplar el 
vasto promontorio ó macizo manteado que culmina con pendientes 
muy empinadas sobre la Bahía, de un bistrado rojizo, jaspeado de 
blanco, se comprendo que esas alturüs tan culminantes sobre las ri- 
beras de ese mar, en su punto de acceso, en Arsinoc, que los árabes 
han bautizado de Soneys, hayan podido comunicarle el nombre de 
su color. El promontorio de Ataka, que se estiende al poniente de la 
ciudad de Suez, culminando en una vasta ostensión sobre su ribera 



238 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

marina, ha podido reflejar los tonos rojizos de sus penumbras sobre 
el mar qne besa sus plantas, 3- que á veces lo amenazan bramantes y 
espumantes, azotándose con furor sobre sus c.inientos rocosos; lié 
ahí tal vez la causa del nombre de rojo, dado á este mar que los anti- 
guos egipcios y etiopes llamaban el mar de las Algas. Entre tanto, 
nosotros en la línea de navegación promedia, no hemos encontrado 
algas, ni aguas rojas. ¿Será sobre las playas arenosas, en los bancos 
de las riberas donde se encuentran las algas y las aguas rojas? En 
la estremidad del Golfo de Suez no se encuentra tampoco nada de 
eso, á pesar de abundar las arenas. Por lo denicás, solo la ribera afri- 
cana es de un negro rojizo; la ribera asiática es amarillenta, lívida, 
plateada, blanquizca ó dorada. Entre las dos riberas, se estiende el 
puerto y la ciudad de Suez. 

Nosotros decenderemos á la ciudad, que describiremos en pocas 
palabras, y de allí tomándola por base de operaciones, escursionare- 
mos al Sinai y á los desiertos circunvecinos, inclusos los que rodean 
el canal de Suez. Suez presenta el aspecto de todas las ciudades Orien- 
tales, altos y agudos minaretes, como obeliscos ; y casas blancas con 
persianas. Esta ciudad del Bajo Egipto, ocupa la costa sud del Golfo 
de su nombre y su rada es poco profunda, escepto el canal por donde 
cruzan los grandes vapores y que irradía desde el canal intermarítimo. 
Hállase á 133 kilómetros al E. del Cairo, en los 29^58 '37" latitud 
Norte. Un canal de las aguas dulces del Nilo llega hoy hasta Suez, 
pero se emplean todas en la ciudad, no habiendo por consiguiente 
irrigación ni cultivos en sus inmediaciones, escepto algunos árboles. 
Mucho más se podría hacer, pero la pereza y haraganería Oriental es 
proverbial, y los últimos cultivos del valle de Egipto se encuentran á 
120 kilómetros de distancia. Por lo demás, la ciudad recibe todas sus 
provisiones del ferro-carril que la liga oon el Cairo. Su población se 
acerca á 20.000 habitantes y cuando se principió el canal en 1856 no 
tenía 12.000. Cuenta canteras de construcción para el cabotaje, entre 
esta ciudad y Djeddah sobre las costas de Arabia. La compañía inglesa 
de navegación entre Australia y la India, tiene también allí magní- 
ficos establecimientos, lo mismo que la administración del canal y 
del ferro-carril. Es el entrepuerto del comercio del Cairo con Arabia, 
Siria^ Mésopotamia y Persia. Este comercio se hace por caravanas 
que transportan más de 100.000 cargas de camello (doble de la carga 
de muía). La ciudad mal construida antes y de aspecto miserable, 
mejora todos los dias con los nuevos edificios de los establecimientos 
estrangeros. Ella recibe anualmente más de 5.000.000 de duros en 



fisiografía y METEOIlüLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 239 

mercaderías do tránsito; y 30.000 viageros entre ingleses, comercian- 
tes estrangeros y peregrinos de la Meca. Su suelo es árido, arenoso, 
pedregoso, estéril y quebrantado por médanos } lomas pedregosas. 
No tiene otra vegetación que ralos tamariscos y matorrales de brezos 
y otras malezas del desierto. La ciudad de Suez comunica por ferro- 
carril con el Cairo y Alejandría. Su puerto, que forma la estremidad 
Nor-Oeste del Mar Kojo, era conocido en la antigüedad con el nombre 
de Kada y Golfo de Heroópolis. 

La bahía al pié de las alturas del Ataka, es grande, reposada, es- 
paciosa ; y sus aguas de un verde turquesa delicado, son espléndidas. 
Antes de entrar en la baliía, las aguas del Mar Rojo sonde un celeste 
záfiro bellísimo. Bellas gaviotas blancas y grises animan lo parages 
marítimos; revolotean en torno á las embarcaciones, se amacan sobre 
el lomo de las olas ó cazan pecesillos de los muchos cardúmenes de 
ellos que acuden ala bahía, ó se disputan los despojos tirados de á 
bordo. En Suez no se tiene el aspecto un tanto salvagc de hombres 
desnudos navegando en canoas manejadas por una pala, como de Ceilan 
yAden; y como sucedía hace un siglo en la Oceanía. Porque los 
Kanakas de la Oceanía, que tienen sangre Americana en sns venas, se 
han transformado, civilizado y adaptado al progreso moderno, dejando 
muy atrás esas viejas sociedades asiáticas, que se arrastran misera- 
bles y desnudos, á los pies de sus viles supersticiones y tiranos, que 
las tienen sumergidas en una infancia y en una miseria eterna, per- 
dida toda conciencia de derecho, de deber y de dignidad é inteligencia 
humana. El Asia como los compañeros de Ulises,hasido transformada 
en creación bruta, sin alma por Circe, que son sus supersticiones y 
sus viejos ídolos seculares. En Suez, todo es decente y culto. Las em- 
barcaciones menudas son vistosas y aseadas; sus tripulantes se presen- 
tan decentemente vestidos, y las lanchas á vapor son cómodas, aseadas 
y bien dirigid as. No podría ser de otro modo; esta es la puerta de la 
civilización Occidental á la entrada del magnífico canal marítimo, que 
ha hecho desaparecer el Istmo desierto de Suez, debido á la ciencia y ai 
poder del hombre moderno ; y que ha venido á poner en contacto dos 
mundos opuestos; el Oriente, dormido como la Bella del Bosque, y el 
Occidente despierto, viril y laborioso. Del Oriente sofocado y corrompi- 
do entre los brazos del despotismo físico y moral más embrutecetlor, y 
el Occidente animado por el soplo vivificante de la libertad y de la ciencia . 

Y ya que hemoa bajado á Suez, no nos reembarcaremos en el vapor 
sino después de hacer una escursion al Sinaí y á los desiertos inme- 
diatos, esto es, darles una ojeada á vuelo de pájaro, pues de otro 



2-40 ^ ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA . ARGENTINA 

modo sería cosa de nunca acabar. La idea general que se tiene del 
Sinai es la de ser una montaña aislada, en medio de un desierto de 
arena. La misma versión vulgar de la Biblia ka contribuido á darnos 
esta idea engañosa, representándonos al Sinaí como una montaña 
aislada en medio de un llano. El Sinai mientras tanto, es un vasto 
macizo de montañas situado entre dos brazos de mar, en forma de 
península : ese grupo de montañas, por su aspecto, se parece á la 
sierra del Jigante en San Luis, á la sierra del Pié de Palo en San 
Juan. Aún en aquellos puntos en que más se aproxima al aspecto de 
una montaña aislada en medio de un desierto, la arena es la escep- 
cion y el suelo forma una zona quebrada j pedregosa, y no una 
llanura pedregosa. La península triangular del Sinai se estiende se- 
gún lo hemos ya dado á entender, entre el Golfo de Suez y el Grolfo de 
Akabah, con el escarpamiento de la meseta del Tih que se proyecta 
en forma de cuña desde su base setentrional. Los costados de este 
triángulo miden el uno 190 y el otro 130 millas respectivamente; 
siendo el largo de su base de unas 440 millas, lo que dá una área de 
11.600 millas cuadradas para toda la península. 

Una ancha banda de arenácea atravieza la península inmediata- 
mente al Sud de la frontera del Tij (Ti/i) estendiéndose casi de mar 
á mar, puesto que abarca desde Wady Wutas hasta Jebel Mokatel. 
Las montañas de este distrito son generelmente bajas y aisladas con 
anchas mesetas en su cima; pero las formas fantásticas y espléndido 
colorido de las rocas, compensan bien su falta de elevación; y algunos 
de los picos de asperón, como IJmm Rijlain, forman uno de los rasgos 
más característicos de la península. Vastas llanuras onduladas y 
estrechos valles, concostados escarpados, forman uno de los rasgos más 
conspicuos de esta zona de país. El más ancho de estos llanos es el 
llamado Debbet-el-Iiamleh, que costea las faldas de la cadena del Tij 
y ocupa un octavo de todo el área de arenácea. Esta formación es 
rica en recursos minerales, conteniendo muchas vetas de hierro, cobre 
y turquesa. La ausencia de todo elemento para su fundición y tras- 
porte, los priva en la actualidad de todo valor comercial. Pero los 
antiguos Egipcios, desde las edades más remotas, parecen haber 
esplotado estos minerales en grande escala. Las inmediaciones de 
Serabit-el-Khadim y de Magharah abunda en minas y en geroglíücos 
esculpidos sobre la piedra, que recuerdan los nombres y títulos de los 
reyes bajo cuyos auspicios se beneficiaron ; lo mismo que otros restos 
arqueológicos del mayor interés y antigüedad. 

(Continuará). 



REVISTA ÜEL ARCHIVO 

DE L.\ 

SOCIEDxVD CIENTÍFICA ARCxENTINA 

Por marcial R. CANDIOTI 



(Continuación) 

^° IS. Espediente de las perforaciones practicadas en la ¡Provin- 
cia de Buenos Aires. (Fojas 151 á 211). — El origen de este impor- 
tante estudio que emprendió la Sociedad secundada por el (io- 
bierno de la Provincia en 1874, fué la moción que más arriba 
consignamos, debida al señor Carenou. 

Los estudios se prosiguieron con regularidad hasta mediados de 
1876, y se constató la existencia de aguas surgentes en algunos 
puntos de la Provincia ; las desaveniencias ocurridas posterior- 
mente entre la Sociedad y el contratista señor Robertson, y la 
muerte de este señor, acaecida algún tiempo después, dejaron sin 
terminar este importante estudio que nuevamente debiera ini- 
ciarse liov que contamos con más recursos materiales v con ma- 
yor abundancia de conocimientos. 

En Julio de 1874 fué pasada al Gobierno de la Provincia la nota 
á que se refería en su moción el señor Carenou. De esta nota no 
existe copia en el archivo de la Sociedad y solo fué publicada en el 
número 138o del diario la fz-m^a del mismo año. He aquí la nota 
ú que nos referimos : 

Buenos Aires, Julio de 1874. 
Al señor Ministro de Gobierno, Dr. Don Amando Alcorta. 

E.vmo señor : 

En la Asamblea de la Sociedad Científica Argentina que ha tenido 
lugar el presente mes, á moción de uno de sus miembros señor 
Ingeniero Don Eduardo Carenou, se ha adoptado la siguiente re- 
solución. 

« El Presidente y Secretario déla Sociedad reunidos á una comi- 
sión compuesta de los señores Kyle, Carenou y Lacroze, se dirijirá 
al Superior Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, remilién- 

ANAL. SOC. CIENT. ARG. T. XXIX 16 



242 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGEKTINA 

dolé el trabajo del señor Don Juan J. J.Kjle como también todos los . 
otros que se creyese útil agregarle, para poner más en claro las 
conveniencias que habría en hacer efectuar varias perforaciones 
en distintos puntos de la campaña de la Provincia con el fin de 
comprobar la existencia de una napa ó corriente subterránea cu- 
yas aguas han sido analizadas por el señor Don Juan J. J. Kyle. 

Cumpliendo pues con este honroso cometido, adjuntamos á la 
presente unos ejemplares del trabajo del señor Kyle, y al mismo 
tiempo nos permitimos proponer al ilustrado Gobierno deque V. S. 
forma parte, ciertas observaciones que, ajuicio de la mencionada 
Sociedad, pueden ser de la mayor importancia para el estado ac- 
tual y futuro de nuestra campaña. 

Antes de todo hacemos notar á V. S. que la idea que sirve de 
base á esta comunicación no puede ser considerada como nueva 
entre nosotros; en efecto el señor Sourdeaux, en un folleto que pu- 
blicó en 1862 con el título de Apuntes sobre la industria arte- 
siana, se espresaba así : 

« Hasta ahora para proveerse de agua los estancieros han re- 
currido á la creación de multiplicados jagüeles; pero por desgra- 
cia, si la seca se mantiene rigurosa, bien pronto estos jagüeles 
no abastecen al diario, pues el nivel de las aguas va disminu- 
yendo hasta tener el estanciero que esperar algunos dias para 
obtener otra pequeña cantidad de agua que dos ó tres dias de tra- 
bajo agolan de nuevo. En una palabra, los jagüeles casi en todas 
partes han sido reconocidos como insuficientes en tiempo de seca, 
por el poco rendimiento de las infiltraciones superiores. 

« Pues bien, son estos mismos jagüeles que vamos á hacer inago- 
tables atravesando con la sonda la capa impermeable que forma el 
fondo, hasta alcanzar las segundas filtraciones, es decir la primera 
corriente subterránea. 

«Trabajo sencillo, muy poco costoso y que remedia completa- 
mente el mal señalado. Analizemos pues una idea destinada á 
salvar anualmente el país de enormes pérdidas. 

« Hemos indicado en nuestro examen teórico que según que las 
aguas alcanzadas por la sonda, esperimentasen una presión hi- 
drostática más ó menos fuerte, estas aguas subirían en el agujero 
con masó menos fuerza dando lugar aun pozo artesiano surgenle 
ó simplemente ascendente. 

«Un pozo ascendente es una corriente subterránea permanente, 
cuyo nivel de equilibrio no varía. Si pues la primera napa aseen- 



REVISTA DliL ARCHIVO 243 

. denle se halla á 20 6 30 varas debajo del suelo, alcanzando esla 
corriente con la sonda y calándolas paredes de este agujero con 
un tubo de fierro, si el nivel ascendente de la napa es por ejem- 
plo de 2 varas debajo del piso del terreno, y si corno es de costum- 
bre el jagüel tiene una hondura total de 7 á 8 varas, es evidente 
que el tubo habiendo sido colocado á media vara solamente arriba 
del fondo del jagüel, la corriente subterránea se derramarcí en 
este jagüel. . . y subirá hasta alcanzar su nivel de equilibrio, eso 
es, manteniendo siempre 5 (3 6 varas de agua en el jagüel . . . 

«Se vé, pues, que con gastos relativamente insignificantes, el es- 
tanciero con unos jagüeles podrá proveer no tan solo á la bebida 
de los animales, sino que también tendrá facilidad para regar un 
pequeño potrero en el que sus haciendas más finas hallarán un 
precioso recurso contra la falta de pasto, ("on un jagüel de 2 me- 
tros de an(;ho, lo de largo y o de hondura, se tendrá un acopio de 
350 pipas de agua, que supliría con abundancia á más de 3000 
cabezas de ganado vacuno.» 

El medio aconsejado por el señor Sourdeaux, tan comprensible 
por la claridad con que está descrito, como sencillo por su apli- 
cación, hace muy sensible que no haya sido puesto en práctica, 
evitando así en gran parte los desastres que puede decirse esperi- 
menta nuestra campaña, debido á la falta de agua. 

Entre las varias causas que han demorado la construcción de 
los citados pozos, la que proviene de la confusión que ha existido 
entre el significado de aguos surj entes ó simplemenie ascendentes, 
debe sin duda considerarse, como la principal; en 1862, época en 
que se llevaban á cabo los trabajos de perforaciones, todos se preo- 
cupaban del descubrimiento de las primeras, sin detenerse á con- 
siderar, como la importancia del asunto lo exijía, los beneficios in- 
calculables que se podrían obtener con las segundas. 

Si á esto se agrega la carencia de estudios sobre la naturaleza de 
las aguas provenientesde la primera napa ó corriente subterránea, 
del conocimiento de su calidad y de los usos á que podría ser des- 
tinada, nuestra larga inacción de 12 años para resolver un proble- 
ma de esta magnitud se esplica ; pero hoy que el estudio que ha 
tenido ocasión de hacer el señor Kyle sobre las aguas ascendentes 
de un pozo situado en el bajo de la Recoleta en la ('ervecería del 
señor BiecUert, ha venido á revelar la excelente calidad de esas 
aguas, venimos á llamar la atención de V. S. de un modo muy es- 
pecial, sobre la conveniencia que habría en hacer una serie de per- 



24-i ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

foraciones en toda la campaña de la Provincia, cuyos resultados 
serían de gran importancia para el porvenir de nuestros intereses 
rurales. 

Confiados en que el superior Gobierno se penetrará de la tras- 
cendencia del asunto que sometemos á su consideración, nos per- 
mitimos indicarle el presupuesto del costo, los aparatos necesa- 
rios para practicar las perforaciones, y teniendo también en vista 
la seca actualmente sentida en nuestra campaña, creemos que con- 
vendría ordenar la ejecución simultánea de varios pozos en puntos 
distintos, con el fin de comprobar antes del próximo verano de una 
manera definitiva la existencia de la napa de agua á que aludi- 
mos. 

Para este objeto será necesario disponer de varios aparatos de 
perforaciones, los cuales (sin hablar de los incompletos que se 
pueden hallar en los talleres del F. C. O.), podrían ser ejecutados 
por el tipo del últimamente construido en los talleres de la «Fun- 
dición Francesa» por cuenta del señor Don Carlos Barbier, y cuyo 
costo no debe pasar de 4500 á 5000 pesos m/c. 

En el caso de que fuese solamente un aparato, este tendría que 
ser trasportado sucesivamente en los diferentes puntos donde se 
fuesen á ejecutar estas perforaciones, en este caso creemos que 
podría utilizarse con ventaja uno de los aparatos empleados en 
este país con este mismo objeto y cuyo presupuesto de costo, ha 
sido remitido al señor Kyle y que damos en seguida: 

Precio de un perforador mecánico pudiendo perforar has- 
ta 60 varas de profundidad, montado sobre un carro 
de cuatro ruedas y elásticos con su correspondiente me- 
canismo para hacerlo mover abrazo de hombre, pesos 

m/c 35 . 000 

65 varas tubos huecos de 2 pulgadas á pesos m/c. 45 la 

vara, pesos m/c 2.925 

Por la perforación de los tubos prontos para recibir los 

útiles de perforar á pesos m/c. 15 la vara, pesos m/c. . 975 

4 piezas de perforar á pesos m/c. 500 2 . 000 

2 alijadores 1 .000 

Por un molinete para 2 caballos 6.000 

Esperando haber cumplido on el cometido que nos había en- 



REVISTA DEL ARCHIVO 245 

cargado la « Sociedad (^ientítica Aigentina » nos es grato saludar al 
señor Ministro con toda consideración. 
Dios guarde á V. S. 

Francisco Lavalle, Vice-Presidenle. — 
F. Ilojaa, Secretario. — J. Ki/lc. — /:. 
Carenou. — ,/. Lacroze. 

En el mismo espediente figuran algunos otros documentos rela- 
tivos al mismo asunto, provocados por el vivo interés que despertó 
en el público este importante estudio. 

El señor Alfredo Llox, persona de reconocida competencia en la 
materia, se ofreció por medio de una atenta nota para coadyuvar 
con los medios á su alcance á la realización de aquellos fines, po- 
niendo á disposición de la Sociedad todos los datos que había po- 
dido reunir. 

El señor Luis Maglioni pasó una nota á la Sociedad elevando á 
la consideración de la J. D. el siguiente programa para ser pre- 
sentado al Gobierno. 

« 1° A qué precio por metro lineal se harían unas perforaciones 
pudiendo llegar hasta 80 metros de profundidad, siendo com- 
prendidos en ese precio unos tubos de fierr) galvanizado de 8 á 
10 centímetros de diámetro interior que en ellas se establecerían; 
á más dicho precio por metro lineal será dado ya sea por el caso 
de una perforación á partir del fondo de los jagüeles existen- 
tes; 

'( 2" Serán obligaciones de él ó de los contratistas: 

« a) Llevar un diario del modo y marcha de las perforaciones; 

« b) Constatar el nivel de las aguas ordinarias y después de he- 
cha la perforación averiguar á qué altura se levantarán las aguas 
ascendentes; 

« c) Tomar con todo esmero muestras de las varias capas de tier- 
ra, ó délas varias napas de agua encontrarlas; 

« 3" Todos estos trabajos podrán ser ejecutados bajo la superin- 
tendencia de una persona competente que designará el Superior 
Gobierno. » 

La nota pasada al Gobierno de la Provincia, tuvo un resultado 
favorable para la Sociedad, la que quedó encargada de contrataré 
inspeccionar las obras que las perforaciones demandasen. 

La comisión nombrada por la Sociedad Científica Argentina para 



246 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

entender en todo lo reLativo al asunto «perforaciones» estaba 
compuesta de los señores: Juan J. Kvle, Eduardo Carenou, Pedro 
Pico, Valentin Balbin y Luis A. Huergo. Ella tomó en considera- 
ción las siguientes propuestas presentadas para la ejecución de 
las obras : 

P La del señor Antonio Balloe, con fecha 11 de Marzo de 1875, 
cuva tarifa era : 

Hasta la profundidad de: 

40 metros á pesos 300 cada metro lineal 
41 á 60 » » 400 » » 

61 á 80 )> » 500 )) » 

En estos precios estaban comprendidos los tubos de fierro gal- 
vanizado y su colocación; 

2^ La del ingeniero Carlos J. Robertson, con fecha 12 de Abril, 
cuya tarifa es esta : 

Por 10 metros 1000 pesos m/c. 

). 20 » 3500 

» 30 » 5250 » » 

» 40 » 7000 » » 

» 50 » 9000 » » 

). 60 » 11000 » » 

» 70 » 1 3000 )) » 

» 80 » 1 5000 » » 

Como el señor Robertson no hiciera en esta comunicación refe- 
rencia alguna á los tubos de fierro galvanizado que debieran em- 
plearse en las perforaciones, la Sociedad pidió una aclaración so- 
bre este punto á la cual contestó el señor Robertson manifestando 
que en ellas no estaba incluido el precio de dichos tubos y que 
este importaba la cantidad de 8 pesos m/c. por cada yarda sim- 
ple, teniendo un diámetro interior de 8 á 10 centímetros. 

El aparato de perforaciones, por otra parte, importaba la suma 
de 12000 pesos m/c. 

Se encuentra en seguida de estos documentos una nota pasada 
por la Sociedad denominada «Hidrófero» ofreciendo lodo su con- 
curso para llevar adelante los trabajos emprendidos por la So- 
ciedad. 
LaS);Í3l)l i:i ;;ilíri ;;i \i'g^;itini se dirijió luego al Gobierno 



REVISTA DEL AIlCHIVO '247 

pidiendo autorización para contratar con el ingeniero darlos llo- 
bertson la ejecución de doce perforaciones en el territorio de la 
Provincia de Buenos Aires, de acuerdo con un contrato que debía 
celebrarse con dicho señor. 

Según decreto del P. E. del 19 de Junio de 1875, se facultó á 
la Sociedad para que procediera á contratar las mencionadas per- 
foraciones, en virtud de lo cual esta dirijió al Gobierno la si- 
guiente comunicación á la cual sigue la resolución del P. E. 



Buenos Aires, Julio 13 de 1875. 

Exmo. Señor Mitu'stro de Gobierno, señor Don áristóbulo del Valle. 

La Sociedad Científica Argentina autorizada por V. S. para 
contratar con el señor ingeniero Don Carlos J. Robertson la ejecu- 
ción de doce perforaciones según el decreto de 19 de Junio próximo 
pasado, recaído en el espediente seguido con ese objeto, yá fin 
de constatar la profundidad á que se encuentra una capa de arena 
fluida con aguas ascendentes ha formulado el contrato que tiene 
el honor de acompañar á la presente, para que siendo del agrado 
del Gobierno se sirva Vd. recabar la autorización correspondiente 
indicada en el artículo T del referido contrato. 

Con este motivo la Sociedad tiene el honor de saludar al señor 
Ministro con la debida consideración. 

Juan J. Kyi,e. 

Luis C. Maglioniy 
Secretario. 

He aquí el contrato celebradi) por la Sociedad con el ingeniero 
Carlos Robertson. 

CONTRATO 

Entre los abajo firmados, la Sociedad Científica Argentina por 
una parte, suficientemente autorizada por el Exmo. Gobierno de 
la Pi'vj/incia y el señor Don Carlos Robertson por la otra, á fin de 
llevar á cabo la ejecución de doce perforaciones en doce puntos de 
la campaña han convenido en lo siguiente : 

Art. r. — El señor Robertson hará una perforación en cada 



248 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

ano de los siguientes partidos: San Vicente, Ranchos, Chascomús, 
Dolores, Las Flores, Merlo, Villa de Lujan, Mercedes, Chivilcoy, 
Navarro, Pilar y Carmen de Areco, 

Art. 2°. — Las perforaciones anteriores no deberán exceder la 
profundidad de sesenta metros pudiendo sin embargo darles ma- 
yor profundidad el señor Robertson por su sola cuenta. 

Art. 3°. — En el caso de resultar interés científico en la conti- 
nuación de una perforación, ella se hará previa consulta á la So- 
ciedad y al Gobierno y su valor será convenido según convenio co- 
mo también los términos de su abono. 

Art. 4°. — Será de obligación del señor Robertson colocar encada 
perforación tubos de hierro galvanizados, remachados y soldados 
de á lo menos (7V2) siete y medio centímetros de diámelro inte- 
rior (3 pulgadas inglesas), y de arreglar sistemada y proporcio- 
nalmente por duplicado las diferentes capas de tierra, y con ano- 
tación de los cursos de agua que se encuentren, de los que de- 
berá conservarse muestras suficientes para su análisis, y de la 
temperatura del fondo de cada perforación, relacionadas también 
con la boca de las perforaciones de los ferro-carriles por medio de 
nivelaciones especiales, siempre que estas perforaciones no disten 
más dedos kilómetros de un ferro-carril. 

Art. 5°. — Siendo el objeto principal de estas perforaciones, el 
de constatar la profundidad á que se encuentra una capa de arena 
fluida que contiene aguas dulces ascendentes hasta el nivel de las 
aguas de pozo comunes, la perforación se tendrá por terminada 
una vez alcanzada una capa de arena. 

Art. G°. — En el caso de hallarse en una perforación una capa 
de piedra resistente, dicha perforación será suspendida y el señor 
Robertson será indemnizado del trabajo hecho con arreglo á los pre- 
cios que determina el artículo siguiente. 

Art. 7°. — El señor Robertson será pagado por sus trabajos de 
perforación cinco dias después de terminada cada una de ellas se- 
gún la tarifa siguiente: 

De O á 10 metros de profundidad, pesos m/c. 1000 



» 


»20 


» 


» 


)) 30 


» 


» 


» 40 


» 


» 


» 50 


)> 


» 


» 60 


» 



» 
» 
» 
» 
» 



» 3500 

)) 5600 

» 8000 

» 1 0000 

» 12000 



REVISTA DEL ARCHIVO 249 

Las cuentas presentadas pur el señor Roberlson serán dirijidas 
al Gobierno para su abono. 

Art. 8". — Antes de hacer el pago correspondiente de cada per- 
foración deberá constatarse su profundidad por un delegado espe- 
cial que será nombrado y subvencionado por el rrobierno. El en- 
viado especial se trasladará al |)unto de la perforación antes de (3) 
tres dias transcurridos después del aviso correspondiente dado á 
la Sociedad por el señor Robertson. 

Art. 9". — El contratista dará principio á las perforaciones antes 
del término de cinco dias después de aprobado este contrato por 
el Exmo. Gobierno y quedarán terminadas antes de un año con- 
tado desde la misma fecha. 

Art. 10. — El señjr Robertson no poJrá suspender la ejecución 
de las perforaciones (de este contrato) por pretesto alguno, sola- 
mente que el Gobierno faltase en dar cumplimiento á lo estipulado 
en el artículo 7", y en caso de hacerlo se concluirán á su costa, 
por un nuevo empresario nombrado al efecto por el Gobierno. 

En fé de lo cual firmamos tres de un tenor en Buenos Aires, Julio 
13 de 187o. 

Juan J. Kvle, Presidente. — Luis C. Ma- 
í//iO«/, Secretario. — Carlos .1. Uobertson. 



Julio, 21 de 1875. 

Visto lo espuesto en la presente solicitud apruébase el (;onIrato 
que se acompaña para practicar las perforaciones á que él se re- 
fiere, y en los puntos que indica. Comuniqúese esta resolución y 
la del 19 de Junio próximo pasado al ¡>rinisterio de Hacienda con 
copia autorizada del referido contrato y hágase saber esta resolu- 
ción á la Sociedad recurrente. 

C. Casares. 
A. del Valle. 

Suficientemente autorizada la Sociedad por el Superior Gobier- 
no, el señor Robertson dio principio á practicar las perforaciones 
consignadas en el anterior contrato. 

La primera que se efectuó fué la de San Vicente, comenzada se- 



250 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

gun lo manifestó por nota el contratista el 26 de Julio de 1875, á 
los cuatro días de firmado el contrato, y practicada en terrenos del 
señor Solanit. A principios de Octubre comunicaba el señor Ro- 
bertson á la Sociedad que esta perforación estaba terminada, ha- 
biendo llegado á encontrar una capa de arena fluida amarillenta 
que contenía agua surjente ; la perforación se había efectuado sin 
necesidad de emplear caños hasta los '62 metros de profundidad, 
en cuyo punto se encontraba aquella capa, habiéndose seguido 
por medio de tubos de fierro de 8 centímetros de diámetro interior 
4.50 metros más. 

El señor Robertson después de hacer resaltar los serios inconve- 
nientes y dificultades con que había tropezado á causa, entre otras, 
de la rotura de los caños, terminaba su comunicación así : 

«Señores, por lo demás, creo que es deber de la Sociedad urgir 
al Gobierno que se siga con esta perforación hasta encontrar el 
agua buscada; mientras tanto gracias al amor á la ciencia y ca- 
rácter de empresas que distingue al señor Solanit, propietario del 
terreno, seguiré con esta perforación hasta recibir la contestación 
que espero de la Sociedad y del Gobierno, la cual no puedo ni 
por un momento dudar que ha de ser en favor de los intereses 
científicos que todos tenemos en vista, y los cuales son mayor- 
mente empeñados en continuar los trabajos de esta perforación 
que por su posición geográfica y geológica es de una importancia 
magna. » 

Con fecha 27 de Setiembre del mismo año de 1875 comunicaba 
el contratista á la Sociedad, que la capa de arena, encontrada en 
la perforación de San Vicente era la misma que indicaba en su 
análisis del agua de un pozo de Barracas el señor Kyle. 

La perforación de San Vicente costó 16000 pesos m/c, según cuen- 
ta pasada por el contratista, por cuyo motivo la Sociedad se diri- 
jió al Gobierno en la siguiente nota cuya copia existe en el primer 
libro copiador á foja 32: 

Buenos Aires, Octubre 4 de 1875. 

Señor Ministro de Gobierno de la Provincia. 

Tengo el honor de elevar al conocimiento de V. S. la cuenta que 
ha presentado á esta Sociedad el ingeniero encargado de las per- 



REVISTA DEL ARCHIVO 251 

foraciones r-.onlra laclas á nombre del Gobierno de la Provincia. 

Ha sido lerminada con feliz éxito la perforación que se praclicíi 
en el partido de San Vicente segiin lo avisa á la Sociedad el con- 
tralista de los trabajos. 

Al comunicarlo á V. S. me permito recomendarle el siguiente 
articulo del contrato á íin de que se sirva proveer de acuerdo con 
él: 

«Art. 8^ — -Antes de hacer el pago correspondiente de cada per- 
foración deberá constatarse la profundidad por un delegado espe- 
cial que será nombrado por el (robierno. El enviado espe(;ial se 
trasladará al punto de la perforación antes de (3) tres dias trans- 
curridos después del aviso correspondiente dado á la Sociedad por 
el señor Robertson. » 

Aprovecho esta ocasión pai-a saludar al señor Ministro con mi 
mayor consideración y aprecio. 

Pedro Pico, 

Presidente. 

Estanislao S. Zeballos, 

Secretario. 

Como uno de los defectos principales en la operación consis- 
tiese en la deficiencia del diámetro de los caños que habían sido 
rotos varias veces, el Gobierno pasó el es[)ed¡ente á informe del 
Deparlamento de Ingenieros, quien opinó que debían emplearse 
tubos de mayor diámetro, opinión que se comunicó al contratista 
con fecha 29 de Octubre. En el mismo informe el Departamento 
de Ingenieros manifestó que era muy probable que la arena fluida 
hallada en San Vicente hubiese subido por la presión sobre ella 
ejercida hasta los 47.54 metros, debiendo encontrarse la capa á 
mayor profundidad. 

La segunda perforación que se practicó fué la del partido de Los 
Flores, en Octubre de 1875, en la cual se había alcanzado hasta 
los 00 metros de profundidad sin obtener la capa buscada de 
arena fluida. Con este motivo se pasó al Gobierno la siguiente 
nota : 



252 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Buenos Aires, Noviembre 5 de 1875. 

Señor Ministro de Gobierno de la Provincia, Dr. Don Aristóhulo del 
Valle. 

Pongo en conocimiento de V. S. que ha sido practicada una nue- 
va perforación en el Partido de Las Flores, habiendo alcanzado se- 
gún lo comunica el ingeniero contratista á esta Sociedad, á 60 me- 
tros de profundidad sin encontrar la napa de agua que se busca. 

El ingeniero de las obras propone continuarla á mayor profun- 
didad mediante remuneración extraordinaria del respectivo con- 
trato; pero esta Comisión ha creido prudente no resolver nada sin 
tener exacto conocimiento de las razones en que se funde la con- 
veniencia de continuar la mencionada perforación; y lo ha resuelto 
así también por informes que ha recibido de que las investigacio- 
nes continúan bajo los auspicios de un vecino en cuyo terreno se 
practican. 

Aprovecho esta ocasión para saludar á V. S. con mi más distin- 
guida consideración. 

Pedro Pico, 

Presidente. 

Estanislao S. Zeballos, 

■ Secretario. 



Posteriormente el señor Robertson comunicaba á la Sociedad 
que había proseguido esta perforación hasta los 72 metros de pro- 
fundidad donde tuvo la desgracia de perder la bomba con que ope- 
raba. 

Esta perforación, por desgracia, no dio ningún resultado satisfac- 
torio. La mala calidad y poco espesor de los caños empleados dio 
luego origen á un incidente entre la Sociedad y el contratista, que 
vino á entorpecer por primera vez la marcha de las perforaciones; 
como decía muy bien el señor Balbin en una de las sesiones en que 
la Junta Directiva discutía este asunto, ambas partes eran culpa- 
bles en la cuestión: la Sociedad porque no especificó clara y de- 
tenidamente la calidad de los caños y su espesor; el contratista 
porque había cometido errores en el presupuesto, calculando mal 
el precio de la yarda de caño conveniente. 



REVISTA DEL ARCHIVO 253 

La tercera perforación fué practicada en el Partido de Ranclios, 
en la cual se llegó hasta 16 metros de profundidad; según ins- 
truye el correspondiente infurnfie del señor Robcírlson se encontró 
entre los 1 4 y lo metros una capa de arena blanca conteniendo 
agua que ascendió hasta 0,30 metros más arriba que las aguas su- 
perhciales; pero esta napa no era la que se buscaba como ascen- 
dente pues bajó al llegar á los 16 metros. Al continuar la perfora- 
ción se encontró con una gruesa capa de arcilla colorada y tosca 
dura, lo que decidió á abandonarla. 

El siguiente documento, cuya copia existe en el primer libro co- 
piador de la Sociedad á foja 90, instruye de la actitud de esta 
para con el contratista. 

Buenos Aires, Enero 7 de ISTfi. 

Señor Ministro de Gobierno, Dr. Don Arislóbido del Valle. 

Tengo el honor de elevar á V. S. la adjunta cuenta pasada á la 
Sociedad Científica Argentina por el señor ingeniero civil Don Car- 
los J. Robertson correspondiente á una perforación concluida en 
el partido de Ranchos, á fin de que Vd. se sirva disponer que di- 
cha perforación sea constatada con arreglo al artículo 8° del con- 
trato relativo. 

La Junta Directiva de esta Sociedad me encarga participar á V.S. 
que á consecuencia de varias comunicaciones entre esta Sociedad 
y el señor Robertson respecto á la calidad de los caños que debe 
emplear en sus perforaciones, se le dirijió últimamente la nota 
que trascribo, para que el comisionado especial la tenga presente 
en el examen que debe hacer de la perforación concluida : 

^< Buenos Aires, Diciembre 10 de 187o. — «.Señor Don Carlos J. 
liobertson. — « La Comisión Directiva de esta Sociedad ha celebrado 
una sesión especial con el objeto de ocuparse de las cañerías em- 
pleadas en las perforaciones que Vd. lleva á cabo en la Provincia. 
Despuesdeuna detenida y madura deliberación ha resuelto la Comi- 
sión, y me encarga comunicarle á Vd. lo siguiente : Que Vd. debe 
emplear en los trabajos que efectúa, caños de hierro galvanizado 
de dos milímetros de espesor por lo menos ; y de un diámetro in- 
terior en la parte inferior de la perforación de tres pulgadas ingle- 
sas, como lo estatuye el contrato. Dejando así contestada su úl- 



254 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

lima comunicación de fecha 1° del corriente y resuelto el incidente 
sobre la clase de caños de que se debía hacer uso, me es grato sa- 
ladar á Yd. atenlcimenle. — Pedro Pico, Presidente. — Estanislao 
S. Zeballos, Secretario.» 

Con este motivo me es grato saludar al seño)- Ministro con la de- 
bida consideración. 



Pedro Pico^ 

Presidente. 

Estanislao S. Zeballos, 

Secretario. 



El ingeniero Don Miguel Tedin, al tener noticias de que se efec- 
tuaban perforaciones en la Provincia de Buenos Aires, creyó poder 
encontrar en la isla de Martin García la misma napa de agua que 
se perseguía en tierra firme ; al efecto determinó un corte geoló- 
gico de la isla, cuyo plano remitió á esta Sociedad y se encuentra 
agregado á este espediente^ habiendo llegado á 36 metros de pro- 
fundidad. Con fecha 24 de Setiembre el señor Presidente dirijió una 
nota al señor Tedin, sobre la utilidad de este trabajo, la cual cons- 
ta en el acta de la Asamblea del 1° de Octubre, pero no hemos 
encontrado copia de este documento, ni conocemos su conte- 
nido. 

La cuarta perforación fué practicada en el partido de Merlo, y de 
su terminación y resultado daba cuenta el señor Robertson á la So- 
ciedad con fecha lo de Febrero de 1876 ; en la nota que con este 
objeto pasó á esta corporación, manifestaba que la capa de arena 
fluida había sido hallada á una profundidad de 38 metros, orde- 
nando su prosecución hasta los 40 metros. El precio en que esti- 
pulaba este trabajo era de 8000 pesos m/c. 

La perforación hecha en el partido de Chascomús fué terminada 
el '17 de Febrero de 1876, y en ella se encontró la capa de arena 
fluida á los 53 metros de profundidad, siguiéndose la operación 
hasta los 55 metros. 

La perforación en el partido de Dolores fué terminada el 22 de 
Marzo habiéndose constatado la presencia de la capa de arena fluida 
á 42 metros de profundidad. 

Posteriormente se verificaron operaciones análogas en Castelli 
y otros puntos; los resultados eran en general satisfactorios, 



REVISTA DEL ARCHIVO 555 

pero á juzgar por las actas y notas cambiadas en aquella época 
entre la Sociedad, el Gobierno y el contratista, este no cumplió 
como debiera, las bases estipuladas vn el contrato de Diciembre 
de 1874, loque produjo un incidente enojoso enlre él y la cor- 
poración, cuyo resultado fué el abandono de este interesante 
trabajo. 

Una de las perforaciones más importantes por la buena calidad 
del agua que de ella se estrajo fué la de Castelli. El señor Juan J. 
Kyle comunicaba á la Sociedad con fecha 30 de Junio que babía 
analizado el agua de aquella perforación, la que tenía todo los ca- 
racteres de lo que conocemos por agua mineraL. He aquí los resul- 
tados obtenidos por el señor Kyle. 

Densidad á 15^ centíg. 1.0504. 

Sustancias predominantes: cloruro de sodio, cloruros y sulfatos 
de calcio y de magnesia ; la proporción del bicarbonato calcico es 
insignificante. 

1 litro de agua contiene: 

Oxido de sodio ¿8.940 

» calcio I .036 

» magnesio 3 . 3o I 

Anliidrido sulfúrico ."i. 981 

Cloro 35.070 

IJromo ) , , , 

.,,,., . , . 1 no se ha determinado. 
Anhídrido carbónico 



El señor Kyle prometió hacer nuevos análisis, que no había efec- 
tuado por ser mínima la cantidad de agua que había obtenido como 
muestra ; según él efectuando otras investigaciones era posible ha- 
ber dado con un agua medicinal. 

La Sociedad en vista del no exacto cumplimiento que daba el 
contratista á sus compromisos, le citó para una sesión especial que 
se celebraría el 24 de Febrero, á objeto de pedir esplicaciones sobre 
la marcha y estado de las perforaciones; el señor Robertson no con- 
currió á la sesión. 

La Sociedad pasó después al Gobierno la siguiente comunica- 
ción : 



256 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



Buenos Airos, Marzo 13 de 1876. 
Señor Ministro de Gobierno, Dr. Don Aristóbulo del Valle. 

Tengo el honor de participar á V. S. que el señor ingeniero Don 
Carlos J. Robertson, encargado de hacer perforaciones en la cara- 
paña por cuenta del Gobierno y bajo la dirección de la Sociedad 
que presido, ha dado aviso de haber concluido una perforación en 
el partido de Chascomús y otra en Merlo. El mismo señor Ro- 
bertson ha ocurrido al Gobierno según tengo entendido, para el 
pago de las perforaciones efectuadas, las cuales deben ser consta- 
tadas por un ingeniero nombrado por Y. S. para el efecto del 
abono. 

La Junta Directiva de esta Sociedad me encarga hacer presente 
á V. S. debe cumplir con las prescripciones contenidas en la nota 
que se le pasó por esta Sociedad con fecha 10 de Diciembre del año 
próximo pasado y la cual se transcribió á Vd. con fecha 7 de Enero 
último. 

Esas prescripciones son tendentes á que las perforaciones efec- 
tuadas den el resultado que de ellas se debe esperar, empleando 
caños que no se destruyan como sucedía con los primeramente 
empleados. 

En consecuencia de lo anteriormente dicho puede V. S. ordenar 
que el Ingeniero Inspector sea munido de los documentos citados 
para el mejor desempeño de su comisión. 

Con este motivo me es grato Srdudar al señor Ministro con toda 



mi consideración y estima. 



Pedro Pico, 

Presidente. 

Estanislao S. Zeballos, 

Secretario. 



Posteriormente los trabajos fueron abandonados por el contra- 
lista quien se ausentó de la Provincia sin haberse puesto de acuer- 
do con la Sociedad. 

(Continuará.) 



MOVIMIENTO SOCIAL 



La Sociedad efectuó el 4 del mes pasado una visita al Mercado 
Central de Frutos (Barracas al Sud) ; este edificio se construye bajo 
la dirección del consocio Arquitecto D. Fernando Moog. Es indu- 
dablemente el primer edificio en su género en la República ; opor- 
tunamente se publicarán en los Anales los detalles de su construc- 
ción. 

El señor Ingeniero Luis A. Viglione ha sido encargado para re- 
dactar el informe sobre aquel establecimiento. 

La Sociedad prepara otras visitas á diferentes establecimientos 
industriales, las que se anunciarán oportunamente. 



Se han recibido en cange con los Anales las siguientes publica- 
ciones : 

Revista económica de la Cámara de Comercio de España en Lon- 
dres. 

La Nueva Enseñanza, de San Salvador. 

Boletín trimestral del Instituto Meteorológico Nacional de Costa 
nica. 

Observaciones magnéticas y meteorológicas del Real Colegio de Be- 
lén, en Habana. 

Lm Union Ibero- Americana, de Madrid. 

Anales de Ingeniería, Bogotá. 

Anales del Museo Nacional de Costa Rica. 

L.a América Científica, de Nueva York. 

La Gaceta Española, de Londres. 

Boletin de la Sociedad Guanajuatense de Ingenieros, Guanajuato. 

Anales del Museo Nacional de Méjico. 

La Medicina Científica de Méjico. 

ANAL. SOC. CIENT. AllG. T. XXIX 17 



258 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Han sido aceptados como socios activos durante el mes de Mayo 
los señores : Julio Labarthe, Osear A. Mandino, Ernesto Maupas, 
José Scarpa, Carlos Ramallo, Santiago A. Ferrari, Héctor Bergada, 
Julio Gánale, Juan Carlos Lanús, Miguel A. Taboada, Horacio Tre- 
gua, José Giardelli, Ernesto Castelhum, Bonifacio N. Arias, Manuel 
Pereira, José Repetto, Rafael P. Rubin, Mauricio Durrieu, Alejan- 
dro Llosa y Gastón Lecurieux. 



El 4 del corriente mes termina el plazo fijado para la presenta- 
ción de memorias al Concurso de 1890. 



La cuota mensual de suscricion á los Anales se ha fijado en 1 
«1/11 y proporcionalmente las trimestral y anual. 



Los señores Marcial R. Candioti y Alberto Otamendi han entre- 
gado 4 volúmenes del archivo de la Sociedad encuadernados en 
pergamino, correspondientes á los años 1876 a 1883. 



LAS UNIDADES 

POK MANUEL benjamín BAHÍA 



(Continuación) 

Ecuaciones do (Jimomionos de las unidades térmicas 

Generalidades . — Kl volumen de un cuerpo disminuye en ge- 
neral cuando se le comprime ó cuando se le enfría, y aumenta 
cuando se disminuye la presión que sobre é! se ejerce ó cuando 
se le calienta. Cuando un cuerpo está sometido sobre toda su su- 
perficie á una presión uniforme p, se puede considerar á su volu- 
men V como una función de dos variables independientes, su tem- 
peratura t y la presión p. Sea 

F (p, V, = (1) 

la relación que liga k p, v y t. Cuando dos de estas cantidades son 
dadas, la tercera está determinada por la relación {\), es decir, 
que el estado del cuerpo está enteramente fijado. 

Si se considera á p, v, t, como coordenadas corrientes la ecuación 
(I) representará una superficie de la cual cada punto a caracteri- 
zará una manera de ser posible del cuerpo. Cada transformación su- 
frida por el cuerpo será acompañada de un desplazamiento de este 
punto figurativo ?,ohvQ, la superficie representada por la ecuación (I ). 

Supongamos que, manteniendo constante la temperatura, se ha- 
ce variar la presión. Variará el volumen, y el punto figurativo a 
describirá sobre la superficie una línea plana cuyo plano será pa- 
ralelo al plano v o p. 

Si manteniendo constante la presión se comunica ó se sustrae 
calor al cuerpo, se hará variar al volumen y á la temperatura y el 
punto figurativo a describirá sobre la superficie una línea plana 
CU30 plano será paralelo al plano v o t. Finalmente, si mante- 
niendo constante el volumen se comunica ó se sustrae calor al 
cuerpo, variarán la presión y la temperatura, y el punto figurativo a 
describirá una línea plana'cuyo plano será paralelo al plano t op. 

Los sólidos y los líquidos son muy poco compresibles, á tal 
punto que se puede admitir que las variaciones de la presión at- 
mosférica no influyen sobre su volumen. A temperatura constante 
los sólidos y los líquidos poseen un volumen propio que se puede 
considerar como independiente de las variaciones de la presión at- 
mosférica. Los sólidos tienen además la forma que la naturaleza 
ó el arte les haya dado ; los líquidos no tienen forma determinada 



260 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

porque toman siempre la forma délos recipientes que los contie- 
nen, y cuando están en vasos abiertos quedan limitados superior- 
mente por una superficie plana normal á la vertical. 

Los gases son eminentemente compresibles. Las variaciones de 
la presión atmosférica influyen notablemente sobre su volumen. 
Permaneciendo constante la temperatura, una masa dada de gas 
tiene el volumen del recipiente cerrado que lo contiene si este es 
rígido y si no es rígido cambiará de volumen según las variacio- 
nes de la presión atmosférica. Una masa de gas encerrada en un 
globo de vidrio y separada de la atmósfera por un obturador de 
mercurio, á una misma temperatura tendrá volúmenes diferentes, 
según sea la presión atmosférica. 

Los sólidos son menos dilatables que los líquidos y estos menos 
que los gases, bajo la acción del calor. 

La constancia del volumen de un sólido ó de un líquido indica 
que su temperatura permanece constante ; pero hay que notar que 
la variación de volumen de los líquidos observada directamente en 
los recipientes que los contienen no es la verdadera variación ex- 
perimentada por el líquido y esto se debe á que los recipientes se 
dilatan. 

Tratándose de los gases, el error que se cometería lomando la di- 
latación observada por la verdadera es mucho menor, por la gran 
dilatabilidad de esos cuerpos. 

Cuando un gas es calentado ó enfriado bajo presión constante 
siempre aumenta ó disminuye de volumen. 

Los cuerpos en estado sólido ó en estado líquido presentan al- 
gunas excepciones á ese fenómeno general para los gases. 

El agua en estado sólido cerca de su punto de fusión se contrae 
al calentarse ; el mismo cuerpo en estado líquido se contrae desde 
la temperatura de cero hasta la de unos cuatro grados centígrados. 
La aleación fusible en estado sólido, disminuve de volumen cuan- 
do se calienta desde iS"? hasta 68°7. 

Cuando se ha estudiado la dilatación de los sólidos y de los lí- 
quidos bajo la presión atmosférica, se ha podido hacer abstracción 
déla presión y considerar al volumen de esos cuerpos como fun- 
ción de la temperatura únicamente, de manera que se tiene : 

v = f(l) 
de donde 

v = f(o)^\r (o)^-^r (o)-\- ... ; 



l.AS UNIDADES 261 

serie que es siempre bastante convergente como para que se de- 
tenga el desarrollo en los primeros términos. Se emplea lo más á 
menudo, para representar el volumen de los cuerpos ó las diver- 
sas temperaturas, fórmulas empíricas de la torma 

v^iy^fl + af + bl' + ct-- -\- . . . ); 

así tenemos para expresión del volumen del agua entre cero y 
treinta grados: 

v^ = Vq\\ — 0,0000(30300 I 
+ 0,0000079279 t' — 0OOOOOOOÍ.26OÍ- /•'] 

en la cual t expresa la temperatura en grados normales, es decir, 
que el punto 100 corresponde al vapor de agua hirviendo bajo la 
presión de 7G0 milímetros de mercurio, á la latitud de 4.'3" y al ni- 
vel del mar. Esta fórmula da para la temperatura del m;iximo de 

densidad : 

:3,9277G ; 

ha servido para calcular el cuadro N" I que damos al íln. 
Para el mercurio tenemos la fórmula : 

V, = v^ |l + (181792 ¿ -f 0,175 f + 0,0351 t') 10 -■'] 

donde las tem[)eraturas están espresadas en la escala del termó- 
metro de aire. 

Se llama coeficiente de dilatación medio entre dos lem[)eraturas 
t y t' la relación 



V, (f -t) 



K es dado por la experiencia y es función de t y t' . Si se asigna á 
í un valor determinado y se hace tender á t' hacia el valor límite 

t, el cociente —, tiende hacia un valor finito y determinado, 

c c 

que es la derivada de la función v tomada con respecto á /. El coe- 
ficienle'.K tiende hacia un valor límite designado con el nombrede 
coeficiente de dilatación verdadero á la temperatura t. 

Sea, por ejemplo, un cuerpo cuyo voliimen está exactamente re- 
presentado por la fórmula de tres términos 

V = ü,, (I -\- at -^ bt'). 

El coeficiente de dilatación medio entre cero y t, será 



262 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

K 

es decir 



v^ (1 + at + bfi) — V, 



VqI 



K = ft + bt. 

El coeficiente de dilatación verdadero ó cero será «, yá ¿grados 
será 

a + 2bt 

Para ciertos cuerpos, se puede escribir más simplemente, para 
expresar el volumen 

V = Vq ('1 + «O " 

y entonces K es constante é igual á a; a es el coeficiente de dilata- 
ción cúbica de la sustancia considerada. 

Imaginemos un cubo de una sustancia sólida que se dilate 
igualmente en todos sentidos y busquemos qué relación hay entre 
la dilatación total y la dilatación de sus aristas y de sus caras. El 
cubo á cero grados tiene un volumen Voj á un grado un volumen 

Vq (1 + a) 

Siendo VoCí el aumento total de volumen; una arista tiene á 
cero la longitud 4 y de cero á un grado aumenta esta longitud 
una cantidad xh, de modo que la longitud á un grado es 

k (1 + oc) 
Es evidente que se debe verificar 

lo^ (1 + xy = vo (1 + a) ; 
desarrollando se tiene 

/o3 (I -I- 3x ■\-3x'^ + x"^) = V, (1 -f a) 

ó simplemente 

1 + 3 ce + 3 í»2 + ¿c'^ = 1 + a. 

Despreciando las potencias de ¡r que son sumamente pequeñas, 
queda 

1 4- 3 í» = 1 + « 



LAS UNIDADES 203 

es decir 

3 x = a 

I 

ó X = ^a- 

X se llama el coeficiente de dilatación lineal y se vé que es un ter- 
cio del coeficiente de dilatación cúbica. 

De la misma manera la superficie .s„ á cero, será : 

So (1 + y) 

á un grado, y tendremos : 

I,' (1 + oif = s, (I + y) ; 
desarrollando se tiene 

/,;^ (1 + 2c» + a?-) =s,(\ + y) 

y por consiguiente 

'1 H- 2í» + ¿c- = I + !/ 

Despreciando á í»'^, se tiene ; 

i\ -\- 2x = 1 + y 

ó sea y = 2a? 

Como 

1 

a? = K ¿t 
o 

resulta 

2 

y = ^a 

yes el coeficiente de dilatación superíicial, que es como vemos 
igual á dos tercios del coeficiente de dilatación cúbica. 

Los coeficientes de dilalación lineal han sido especialmente de- 
terminados por métodos que han llegado á un grado de precisión 
admirable. 

Laplacey Lavoisier en sus célebres determinaciones ejecutadas 
en 1782, medían el alargamiento de reglas hechas délas sustan- 
cias á estudiar, por un método que consistía en amplificar el alar- 
gamiento en una relación conocida y medir con instrumento ordi- 
nario la amplificación producida. 



264 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Borda, encargado de la medición de la meridiana francesa, tuvo 
que resolver el problema de la determinación de la dilatación lineal 
de las reglas que empleaba ; usó un método propuesto por de Luc 
y tal que las reglas indicaban ellas mismas la temperatura á que 
se encontraban y la corrección que se debía hacer á sus indicacio- 
nes. Ese método es conocido con el nombre de método di feí^encial. 
En otro método imaginado por Ramsden para determinar la dila- 
tación de las reglas que se empleaba en la medida de la meridiana 
inglesa, se colocaba tres cajas largas dispuestas paralelamente ; en 
las estremas, reglas metálicas que se mantenía á cero ; en la del 
medio, la regla que se estudiaba que era calentada á temperatu- 
ras diferentes. Las reglas llevaban en sus extremidades columnas 
de metal. En una regla extrema las columnas llevaban cada una un 
retículo y un espejito para alumbrarlo. La regla del medio llevaba 
en cada una de sus columnas un tubo metálico provisto de un len- 
te que recibía la luz que partía de la cruz de hilos de la extremidad 
respectiva de la primera regla, formando una mitad de anteojo 
astronómico. La otra regla extrema llevaba en cada columna la 
otra mitad de anteojo astronómico, provisto de retículo. Superpues- 
tas á cero las imágenes de los dos retículos colocados en el anteojo 
y en la extremidad correspondiente de las reglas extremas, al ele- 
varse la temperatura de la regla central se rompía la superposi- 
ción de las imágenes y previos ciertos arreglos, se medía la canti- 
dad que debía desalojarse la mitad de anteojo central para obtener 
nuevamente la superposición de las imágenes, con lo que se tenía 
la dilatación producida en la regla central estudiada, entre los pies 
délas columnas que sostenían alas mitades de anteojo. Las medidas 
de la meridiana inglesa fueron hechas bajo la dirección del general 
Roy. Su relación fué publicada en las Transaciions philosophtques 
del año 1757. 

El método propuesto por el barón de Wrede y empleado en la Ofi- 
cina Internacional de Pesas y Medidas, es en el fondo una variante 
del método de Ramsden ; pero ofrece todas las garantías de exacti- 
tud deseables y puede ser propuesto como ejemplo de la aplicación 
á las medidas físicas de los procederes precisos de instalación y de 
construcción que solo usaban los astrónomos. 

Como el método de Ramsden, consiste esencialmente en compa- 
rar las longitudes de dos reglas horizontales una de las cuales es 
mantenida á una temperatura fija, la otra es llevada sucesivamen- 
te á diversas temperaturas ; pero esta comparación se efectúa lie- 



LAS UNIDADES 265 

vanelo sucesivamente las extremidades de estas reglas bajo los ob- 
jetivos inmóviles de microscopios verticales provistos de micróme- 
tros. 

La longitud de una regla puede espresarse con la fórmula 

/, = /„(! + ai + íi^') 

análoga á la que representa el volumen. 

Cuando solo se tiene á disposición pequeñas muestras de cuer- 
pos, se estudia la dilalación lineal por el método de Fizeau, que es 
un método óptico. El principio del método de medida imaginado 
por Fizeau en 1864^ consiste en hacer servir para la determinación 
exacta de muy pequeñas variaciones de longitud las modificaciones 
que ellas imprimen A franjas de interferencia producidas entre dos 
superficies planas y paralelas. 

Hemos dichoque, siendo los sólidos y los líquidos cuerpos muy 
poco compresibles se puede hacer abstracción de las variaciones 
de la presión atmosférica cuando se trata de espresar el volumen 
de dichos cuerpos ; pero cuando se trata de los gases, las variacio- 
ciones de la presión exterior producen efectos que hay que tener en 
cuenta tanto como los que producen las variaciones de temperatura. 

La compresibilidad de un gas cuya temperatura es mantenidain- 
variable está regida por la ley de Mariotte. Esta ley dice : 

A una misma temperatura, los volúmenes ocupados por una masa 
determinada de gas están en razón inversa de las presiones que ella 
soporta. De manera que si v \ v' , son los volúmenes que a una 
misma temperatura y bajo las presiones/) y />', tiene una misma 
masa de gas, se tiene 



ó bien 



Si D y D', son las densidades de la masa de gas considerada, á 
una misma temperatura, cuando ocupa los volúmenes vy v' á cau- 
sa de las presiones p y p' tendremos sucesivamente : 



i' 

V' 


-111 

V 


vp = 


.Vp' 



V 


D' 


V''' 


~ D 


D' 


v 


n 


p 



266 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

vemos pues que á una misma temperatura la densidad de un gas 
es proporcional á la presión que soporta. 

La ley de Mariotte no es cumplida de una manera rigurosa por 
gas alguno, pero para los gases llamados permanentes y para pre- 
siones próximas á la presión atmosférica, se aproxima mucho á ser 
verdadera. 

Gay-Lussac, resumiendo los resultados de sus experiencias so- 
bre la dilatación de los gases y los de las experiencias de Davy, 
quien había hallado que la dilatación del aire comprimido ó rari- 
ficado permanecía constante entre los mismos límites de temperatu- 
ra, enunció las siguientes leyes, conocidas por leyes de Gay-Lussac : 

/* Todos los gases se dilatan igualmente ; 

2^ Su dilatación es independíenle de la presión; 

3^ La dilatación común de todos los gases es de 0.375 entre 0° y 
Í00°. 

Las esperiencias de Gay-Laussac estaban sujetas á errores y fue- 
ron recomenzadas por varios físicos, entre ellos Regnault. Los re- 
sultados de las experiencias de este célebre experimentador son los 
siguientes : 

1 " El coeficiente de dilatación del aire entre 0° y 1 00= es deO. 00367 

ó sea :^^ en vez del valor 0,00375 ó ^^ que corresponde á lo que 

halló Gay-Lussac ; 

2° No es completamente exacto que los coeficientes de dilatación 
de todos los gases sean iguales. Regnault encontró los siguientes 
números para coeficientes de dilatación de diferentes gases entre 0° 
y 100° bajo la presión de la atmósfera : 

Hidrógeno 0.003661 

Aire 0.003670 

Oxido de carbono 0.003669 

Anhídrido carbónico 0.00371 

Protóxido de ázoe 0.00371 9 

Cianógeno 0.003877 

Acido sulfuroso 0.003903 

Como se ve el coeficiente crece del primer gas al último, pero pa- 
ra los tres primeros, que son de los llamados permanentes, la va- 
riación es casi nula. Siempre que se trate de un gas de los llamados 
permanentes podremos tomar el mismo coeficiente de dilatación 



LAS UNIDADES 267 

] 

0.003(37 ó ^^. Regnault demostró aun que el coeficiente de dilata- 

ci(3n cambia con la presión que actúe durante la experiencia ; pero 
cuando se trata de los gases llamados permanentes esta variación 
es tan pequeña que no hay que tenerla en cuenta en los cálculos. 
Por el contrario es notable para los gases fácilmente liquidables. 

Ahora bien, sea v,, el volumen de una masa de gas á 0° y bajo 
la presión p„; á la misma temperatura y bajo la presión /;, tomaría 
esa masa un volumen en ¿^, tal que se tenga, según la ley de Ma- 
riotte, 

El volumen que á 0° y bajo/j, es fi, será á t y bajo la misma 
presión p^ 

v' = Vi(\ + a¿) 

siendo a el coeficiente de dilatación de los gases. De aquí 



i'i = 



v' 



y entonces 

Supongamos /Jo = 7G0 ; la fórmula que precede nos daría en 

Vo = v' J-r¡- 



760 I + a í 

el volumen que tendría á 0° y bajo la presión de 7G0 milímetros de 
mercurio, una masa de gas que á t y bajo la presión p, tiene el 
volumen ¿''. 

Si Du es la densidad del gas á 0° y á 760 y D' la densidad del 
gas á t y á jo,, tratándose de la misma masa de gas tenemos 

VoJ)o = V'l)' 

y si en esta ecuación reemplazamos el valor de Vo dado por la fór- 
mula precedente se obtiene 



7C0 I 4- J ( 



268 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Estas fórmulas tienen gran aplicación y es importante recor- 
darlas. 

Para los gases llamados permanentes puede tomarse como ver- 
dadera la fórmula 

v'p. 



'1 + a í 
Ó lo que es lo mismo 

vp 

la que se puede escribir bajo una forma más simple. En efecto, co 
mo a= ^^ se tiene 

«/^ = 11 (273+ o 

y designando la temperatura absoluta 273 + t con T y al cociente 

Vf p 
constante 'J^ con R tendremos : 

^ i ó 

vp = RT 

Si se quiere tener en cuenta las diferencias que existen entre 
los^'ases perfectos y los gases reales se puede adoptar la fórmula de 
Clausius 



[p + Y^^ i--^) = RT, 



Ó bien la siguiente, propuesta por Sarrau para el anhidrido car- 
bónico 



[p^^^(^-'-> = ^^ 



donde a ¡3 K y e designan constantes que dependen de la especie de 
gas considerado. 
Teníamos la fórmula 

pv 



1 H- ai 



donde a es el cosfíciente de dilatación á presión constante. Suponga- 
mos que la masa de gas libremente dilatada es comprimida hasta 



LAS UNIDADES 269 

readquirii- el volumen inicial i'y pero á la temperatura t; entonces 
la presión lomará un valor tal que satisfaga á la condición 



ó bien 



de donde 






' =p. 



De aquí se deduce 



P = Po(^ + xí). 



,^P~P^r 



Pot 



que es el aumento de presión de una masa de gas cuya presión 
inicial es i y cuyo volumen permanece constante^ cuando la tem- 
peratura se eleva I ° ; es el coeficiente de dilatación á volumen cons- 
tante. La relación precedente debiera ser igual á 

Vot 

que representa al coeficiente de dilatación á presión constante, pe- 
ro como lo ha demostrado Regnault esa igualdad no existe riguro- 
samente. 

Si por medio de una pipeta curva se introduce en el tubo de un 
barómetro una gota de agua, esta se eleva en el tubo á causa de 
su menor densidad, pero tan pronto como llega ¿í la cámara baro- 
métrica se la ve desaparecer al mismo tiempo que el nivel del mer- 
curio se deprime bruscamente, exactamente como si en lugar de 
agua se hubiera introducido una burbuja de aire en el vacío baro- 
métrico. El agua líquida colocada en un espacio vacío se transfor- 
ma instantáneamente en un cuerpo análogo á los gases, que posee 
como ellos una tensión, representada en la indicada esperiencia por 
la cantidad en que ha bajado el mercurio en el tubo en el momen- 
to en que llegó el agua á la cámara barométrica. Sin embargo exis- 
te una gran diferencia entre lo vapores y los gases. 

Si se introduce sucesivamente varias burbujas de gas en la cá- 
mara de un barómetro, el nivel del mercurio baja cada vez y la ten- 



270 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

sión del gas puede crecer indefinidamente. Si se introduce sucesi- 
vamente varias gotas de agua, las primeras gotas se vaporizan al 
llegar á la cámara barométrica y la tensión del vapor aumenta pri- 
meramente; pero pronto las gotas conservan el estado líquido y el 
nivel del mercurio se hace invariable. 

La tensión del vapor no puede pasar un cierto límite y desde que 
este límite es alcanzado, la vaporización cesa de producirse; hay 
una tensión 7náximaqu.e el vapor no puede pasar á una tempera- 
tura dada. Esta tensión máxima es independiente del volumen y 
aumenta con la temperatura. Es también diferente de uno áotro lí- 
quido á la misma temperatura. El vaporen contacto con su lí- 
quido generador se llama vapo7' uiturado. 

Los físicos han establecido fórmulas empíricas que permiten cal- 
cular la tensión máxima de los vapores saturados en función de la 
temperatura. Para el agua, Biot y Regnault han adoptado la fun- 
ción 

log F = ft + 6 a* + c ^\ 

donde F es una altura de mercurio avaluada en milímetros. El tér- 
mino c 3* es muy pequeño relativamente á b a*; se le desprecia al- 
gunas veces. Para la mayor parte de los líquidos b es negativo y a 
menor que la unidad . 
Se emplea también la fórmula de Duperrey 

F;, = 64, 

en la cual F^ expresa la presión en kilogramos por centímetro cua- 
drado y O la temperatura en centenas de grados centígrados. 

Los vapores no saturados tienen las mismas propiedades que los 
gases ; si /"es su tensión se tiene 

fv 

-—!- = constante. 

1 -|- a í 

Veamos ahora qué relación existe entre los coeficientes de dila- 
lación y de compresibilidad de un cuerpo cualquiera. 
Sea la ecuación 

F (p,v,t) = o 
que liga á p V t. Diferenciando se tiene 



LAS UiMDADKS 271 

-i— "P + I— do -\ — ¡- dt = o 
d p ' d V d t 

Supongamos que permanezca consUinle la presión ; dp será igual 
á cero y queda 

d¥ , . dF . 

—r- dv ■-{ — — dt = O- 
dv dt 

Ahora bien el coeficiente verdadero de dilatación á presión com- 
írt/iíe á la temperatura t es 

_ 2 í/ü 

t'„ d t 

y como de la ecuación precedente sacamos 



resultará 





dF 


do 


dt 


dt 


dF 




dv 




dF 




I dt 


a — 


Vq d F 




dv 



Supongamos que se caliente al cuerpo ó volumen constante, en- 
tonces dv = o y se tiene 

í/ F , . dF j^ 

— dp^^dt^o. 

El coeficiente verdadero de dilatación á volumen constante es por 
definición 

^ p dt 

y como por la ecuación anterior 

(IF 
dp dt 

Jt~ ~ (Tf 
dp 
tendremos 



272 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

d¥ 

' pdF 

dp 

Si suponemos en fin que se con^iprima el cuerpo á temperatura 
constante, entonces dt = o j queda 

dF . , d¥ j 

-f- dp A — ^ dv = o. 

dp ' dv 

El coeficiente verdadero de compresibilidad, es, por definición 

_ __]_dv 

^^' ~ Vo dp 

j por la ecuación anterior se tiene 

dj 

dv dp 

dp d F' 

dv 

j en fin 

d F 

__ 1 dp 
^: ~Vo~dF- 
dv 

Multiplicando 3 por ¡j, se tiene 

dj d_F 
1_ ^ dt^ 

dv dp 
ó bien 

d_F 

J_ AL 

VqP d F 

dv 

(Continuará). 



í3h. = - 



FISIOGRAFÍA Y METEOIIOLOGIA 



DK T.OS 



MARES DEL GLOBO 

Por JUAN LLERENA 

{Continuación) 

Si de la quebrada de Wadi Quenuh, se pasa á la pequeña quebrada 
de WadiMagharah, que es una ramificación suya, allíla arenáceay el 
granito se aparecen el uno al lado del otro. Allí y muy arriba en los 
precipicios de asperón del Norte, se presenta la notable roca en for- 
ma de síele Egipcia, que es uno de los más antiguos monumentos que 
se conozca del antiguo Imperio Egipcio; del que comienza con Menés, 
el cabeza de las dinastías Manetónicas, y termina con Timaos aca- 
bando á mano de los Hicsos, del más remoto alto viejo Imperio 
Egipcio fundado por los Piromys deHoródoto y cuyo monarca conspicuo 
es Osiris. El nuevo Imperio comienza de la 8" dinastía para adelante. 
Tan alto como la 4" de las dinastías de Manethon; la misma que 
construyó las grandes pirámides de Gizeh en Egipto, más de 50 siglos 
antes de J. C, se descubrieron minas de cobre en este desierto, que 
se hicieron trabajar por una colonia de operarios; mucho antes de 
esta época se había trabajado en esta Península minera, minas de oro 
y de cobre. Aún antes del tiempo de Snefrou, que encabeza la 4" 
dinastía de Manethon, la península del Sinai se hallaba ocupada por 
tribus asiáticas, probablemente razas semíticas, por cuya razón vemos 
á menudo á los faraones representados en las tablillas geroglíficas es- 
culpidas en las rocas á que hemos hecho alusión, como triunfantes 
sobre los enemigos de Egipto. Casi todas las inscripciones de estas 
minas, pertenecen á la antigua monarquía. Solo se ha descubierto u la 
posterior, perteneciente al período en que el rey TuthmosisIII y su 
hermana, reinaron juntos. 

Después de este parage, solo se encuentran antiguos monumentos 
Egipcios en Sarbut-el-Chadem. Estos monumentos son verdadera- 
mente asombrosos, presentándose como tales aún para aquellos que se 
hallan más preparados para estudiarlos. Las más antiguas represen- 
taciones pertenecen también aquí todas, á la antigua Monarquía, pero 
solo hasta sus últimas dinastías, cuya autenticidad había sido puesta 
en duda por los adulteradores de la historia en provecho de una cro- 
nología falsa ; tales son las dinastías \2%i3\\A\ i5« y si falta la 46' 
es solo debido á que su rey último, Timaos, fué muerto por los con- 
quistadores Hicsos. Esos mutiladores han querido hacer pasar el 
Egipto de la dinastía 12% dinastía conquistadora y con reyes más 

AXAL. SOC. CIEXT. ARG. T. XXIX 18 



274 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

grandes que Eanisés IIMeiamoum, á los Hicsos, loque es un aíDsurdo. 
Han sido precisas las dinastías sucesivas 13% Í4^yl5^ para hacer 
degenerar el Egipto en la molicie, y colocarlo bajo el yugo de sus 
conquistadores bárbaros. Los monumentos prueban aquí este hecho 
lógico de la historia. En este período, bajo Amenemha III, háse 
esculpido en la roca una pequeña gruta, escavando también una ante- 
cámara. En el esterior hánse erigido elevados steles, en diferentes dis- 
tancias y sin el menor arreglo preconcebido, estableciéndolas los 
reyes de las dinastías sucesivas^ sin ninguna preocupación del con- 
junto, que se esplica por la distancia de los tiempos y la indiferencia 
de monarcas pertenecientes á dinastías sucesivas distintas. Si fuesen 
la obra de un solo monarca y de un solo pensamiento, habrían sido 
dispuestas con regularidad y en vista de un conjunto, de un efecto, 
como los otros monumentos autónomos. El más remoto de estos 
steles se halla á distancia de Y^ de hora, en el punto más elevado do 
la meseta y pertenece á la dinastía iS"*. 

Al advenimiento de la Nueva Monarquía, Tuthmosis III ensanchó el 
edificio hacia el Oeste y añadió un pequeño pilón, con un patio este- 
rior. Los reyes posteriores añadieron una larga serie de cámaras 
adicionales, uñasen frente de otras, en la misma dirección; única- 
mente, según parece, con el objeto de proteger las steles memoriales 
erigidas sobre ellas, de la intemperie, con especial de los fuertes 
vientos cargados de arena, que hasta la fecha, casi han destruido del 
todo las más antiguas steles, que se encontraban hasta esa época sin 
protección. La última stele que se presenta exhibe los escudos del 
último rey de la 19^ dinastía (la de los Ramsés). Parece qne desde 
esa época (que coincide con la época del éxodo) el mineral ha sido 
abandonado por los Egipcios. La divinidad á quien se tributaba un 
culto especial, desde el advenimiento de la Nueva Monarquía, era 
Hator, con el epíteto que se encuentra también en el mineral más 
antiguo de Wadi Magharah, Nuestra Señora deMafkat, es decir Nues- 
tra Sefíora del país del cobre; pues Mafka en geroglíficos, lo mismo 
que todavía en el idioma cóptico significa cobre. Por consiguiente este 
fué también un mineral de cobre. Esto se halla confirmado por un 
aspecto peculiar, que, parece estraño, pasó inapercibido para todos 
los viageros anteriores al sabio alemán Lopsius. Al Este y Oeste del 
templo se ven unas grandes pilas ó pircas de escorias, que por su color 
negro forman un fuerte contraste con todo cuanto los rodea. Estas 
elevaciones artificiales, la mayor de las cuales presenta 256 pasos de 
largo, con 60 á 120 de ancho, se hallaa situadas sobre una lengua de 



FISIOGRAFÍA Y METEORÜLoGÍA DE LOS MARES DEL CLORO 275 

tierra que forma una meseta que se proyecta dentro del valle; •há- 
llause cubiertas con una sólida costra ó reboque de escoria de 1 á 5 
pies de espesor, presentan lose cubiertas hasta su base con ñ\¡y- 
mentos separados de escoria, hasta la profundidad de 12 á 15 pies. 
Estos depósitos de escoria se hallan lejos de las boca-minns. En efecto 
para la fundición de los metales se habrá escogido un sitio despejado 
donde el viento podía fácilmente llevarse los vapores nocivos. 

Ahora, preguntamos nosotros, ¿ con qué combustible se hicieron 
esas fundiciones ? Es claro que no fué con hulla ó carbón de piedra, 
combustible desconocido de los anliguos. Estas grandes fundiciones 
han tenido, pues, que hacerse con leña y por el sistema dispendiosí- 
simo de los antiguos. Esa leña no pudo venir de las riberas del Nilo, 
i)i de otro punto de las costas, pues estos minerales se hallan lejos del 
mar, al través do un país quebrado. Este combustible se ha tomado, 
pues, de los bosques primitivos de la península del Sinaí. Aquí te- 
nemos pruebas, entonces, entre muchas, no solo déla fecundidad an- 
tigua de estos modernos desiertos, sino de las causas reales que los 
han reducido a su condición actual. La devastación délos bosques no 
replantados, y cuyo corte no ha sido reglamentado por un Gobierno 
previsor é inteligente. Esos desiertos han sido antes la mansión de la 
frescura, de la vegetación, de las aguas corrientes. La mano del hom- 
bre los ha devastado con un objeto cualquiera. La tierra, falta de bos- 
ques, cesó de atraer las lluvias de las nubes y el rocío del aire se disecó 
y esterilizó, produciendo el desnudo, el árido desierto actual, que en- 
tristece el alma y mata al pobre viajero con la sed y el hambre. El paga 
laimprevision, la ignorancia y la culpa de las antiguas generaciones. 
Otras pruebas, á más délas marcadas, se encuentran en esos actuales 
desiertos, de su antigua fecundidad ; estas son ruinas de minerales y 
de ciudades jigantescas (en Madian y Bashan) y los innumerables 
cauces y quebradas que atestiguan haber en otros tiempos arrastrado 
caudalosas ajuas y que hoy son la imagen vivado la aridez y la este- 
rilidad. Un inmenso paraíso convertido en un inmenso desierto, por la 
devastación de los bosques ! 

Volviendo ala descripción del Sinai actual, al sud de la zona de 
arenácea que acabamos de recorrer., se alza una masa triangular de 
montañas, cuyos picos más elevados alcanzan una elevación de 8000 
á 9000 pies (de 2600 á 3000 metros), corriendo sus dos costados casi 
paralelos con los de la península misma, hasta que vienen á juntarse 
on un apex común en el cabo Ras Mahomed, que es la punta oriental de 
la península que sepáralos dos brazos ó Grolfos del Mar Rojo, el de 



276 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Suez y el de Akabah. Una lonja de desierto llano confina este triángu- 
lo á su costado este y oeste ; en el costado oriental esta lonja arenosa 
desaparece aquí y allí, cuando las montañas escarpadas acercándose al 
mar, forman sobre él empinadas laderas ; en el costado occidental esta 
loma se ensancha gradualmente al estenderse al sud, alcanzando su 
mayor anclio en Tor. Allí se presenta un plano undulado de granel 
(arena gruesa, especie de ripio); es llamado antonomáticamente lo 
mismo que un llano más grande en el interior, El Gaah, la pampa. 
La monotonía de superficie solo se halla interrumpida por un cordón 
de lomas, médanos bajos que costean la ribera, y por dos pequeños 
montículos cónicos en su centro, los cuales por su conformación pe- 
culiar los árabes han denominado Gera'in Utud (los cuernos nacien- 
tes de cabrito). 

La formación cretácea costea la ribera, formando una larga y estre- 
cha lonja, que se estiende al sud desde Suez á Tor, y confinado al nor- 
deste por el escarpamiento del Tij, y al este y sudeste por los distri- 
tos déla arenácea y del granito. Aquí y allí las playas de la ribera se 
hallan interrumpidas por escarpadas laderas de calcárea. Esta región 
es la más desolada de todas. Las montañas que en ninguna parte se 
alzan á más de 2600 pies, son incoloras y casi informes, alzándose 
suavemente al principio de las playas del mar, y en seguida más em- 
pinada y abruptamente hasta sus crestas más elevadas. Aún allí suelen 
encontrarse á veces estrechas quebradas ó pintorescos valles, un fres- 
co arroyuelo corriendo sobre su lecho de guijos, y sus blancos y ofus- 
cantes muros festoneados por las guirnaldas perfumadas de las matas 
de la alcaparra. Las montañas de este distrito cretáceo se hallan con- 
finadas á su porción meridional. Del Wady Gharandel hacia el norte, 
el país forma un desierto plano y nivelado, con una gradiente pronun- 
ciada hacia el mar. 

Uno de los rasgos más carasterísticos de esta región es la infinita 
ramificación de pequeños valles que se encuentran en algunas de sus 
planicies y páramos. Esta formación se exhibe sobre todo en la mese- 
ta situada al oeste dé Sarbut-el-Temel, donde se presenta á la vista 
una perfecta red de pequeños wadyes cretáceos; circunstancia que 
los árabes, en su lenguaje esprt sivo, llaman Shebeikeh, la red. El ára- 
be ps el pueblo más preparado para dar á cada cosa su nombre más 
adecuado. En cada localidad, cada roca, montaña, barranco ó valle 
tiene su nombre apropiado y espresivo de su naturaleza. Para ellos 
una colección de ncmbres es un tratado completo de topografía. Así 
por todo, ellos han sustituido con su nomenclatura los nombres bíbli- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 277 

COS. Pero muchos de sus nombres dan la llave para recobrar las anti- 
guas designaciones, mediante que todos sus nombres tienen susignifi- 
cacion y está adecuado ala cosa. Solo para esta clase de nombres tie- 
nen memoria los árabes. En Wady Foiran, un delicioso vallo del SinaV, 
es fácil descubrir, por ejemplo, el nombre bíblico de Paran, Ferain en 
Bédawin quiere decir ralon, y el heciiicero valle ha recibido este nom- 
bre, Wady Fciran, Valle de los ratones, porque sus rocas se hallan 
perforadas por los cenobitas de la época cristiana, de manera á simu- 
lar cuevas de ratones, esto es, de jerboas, que es el ratón de estas lo- 
calidades. En lugar de Monte Horeb, este ha recibido el nombre de 
Jebel Aribeh, llamándolo así de la planta aromática el aribe/i, en que 
abunda. El Monte Horeb se halla en las inmediaciones del Monte de 
Moisés, Jebel Musa, que se supone haber sido el teatro para la pio- 
mulgacion de la ley. 

En el Sinaí, como por todo, los más interesantes paisajes de mon- 
tañas se encuentran en las cadenas primitivas cristalinas (el granito, 
el gneis, etc.), que justamente ocupan la parte central de la penínsu- 
la. Las formas graníticas son más imponentes que las del gneis, del 
pórfido ó iamicaschista; en estas últimas, sinembargo, esa espléndida 
y bella coloración de la dolerita, que jaspean las masas de gneis y de 
micaschista, dan al paisaje los aspectos más romanescos y gratos que 
es posible imaginar. Las montañas graníticasse presentan en un haci- 
namiento y caos tal, que á penas si podría caracterizárselas. Los geó- 
grafos del Sinaí las han dividido en tres grupos ; el del oeste que tie- 
ne al monte Serbal por su cresta culminante ; el grupo central ó del 
Sinaí, uno de cuyos pieos, que culmina en los horizontes de la estre- 
midad setentrional del Mar Rojo, el Jebel Katharina, es el más elevado 
de la península, y el grupo del sudeste, que culmina en el magnífico 
pico del Umm Shomer. Más afuera de estos hay numerosos otros picos 
y grupos, que apenas si son menos grandes é imponentes. En el oeste, 
la enorme masa roja del Jebel Benat, con sus graciosos contornos, lla- 
ma la atención tanto como el Monte Serbal; y el Jebel Umm Alavrai, 
que se enseñorea sobre el magnífico llano que se estiende á los pies 
de su falda nordeste, á estar menos escondido, hace tiempo por cierto, 
que ya habría reclamado el honor de ser la montaña de la cual el De- 
cálogo fué promulgado. 

El rasgo más conspicuo de la región granítica, es la prolongada ca- 
dena al Norte del Wady Nasb Oriental, la alta sierra del sud, que te- 
niendo á Jcbel-el-Thebt por su punto más setentrional y elevado, 
llega casi hasta el cabo Ras Muhammed, y el gran muro granítico 



278 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

que circiij'e la masa central de rocas platónicas en medio de las cua- 
les culmina el Monte Sinai". Las largas y tortuosas quebradas que in- 
terceptan los grupos ó falanges de montañas, se llaman en árabe Wa- 
dys. Por cierto que en nada se parecen álos lindos valles que intercep- 
tan las sierras de Córdoba ó San Luis. Más bien se parecen á enormes 
ríos secos con lechos arenosos y disecados, abiertos por una exuberan- 
cia de aguas, y hoy reducidos á la más espantosa aridez, como las 
quebradas del Jigante, ó del Pié de Palo, en San Juan. Indudable- 
mente son el lecho de antiguos torrentes, porque hoy pocas veces llue- 
ve y su formación debe remontar á la época en que la península del 
Sinaí tenía vegetación y vida. Como hoy no existe vegetación en los 
flancos de las montañas que contengan y absorban las ralas, pero tor- 
renciales lluvias de est.i región, estas quebradas ó rios secos carecen 
por completo de aguas corrientes, y cuando la lluvia llega á precipi- 
tarse sóbrelas alas de una espantosa y deshecha borrasca, los torrentes 
se precipitan en cascada de las cumbres, corren por las quebradas y 
se agolpan en alavionen los grandes "wadys que llenan con sus turbios 
y con los despojos de rocas desgajadas de las montañas ; el ripioy la 
pedrason rodada que llenan estos valles, prueban la realidad de este 
hecho, el cual raras veces es general, siendo solo parcial del grupo que 
se ha atraido la borrasca. 

Por lo demás, las lluvias ordinarias, aunque escasas, son suficien- 
tes para abastecer las pocas fuentes y arroyos que hoy forman la 
provisión de agua permanente de estas montañas. Tan rápida es la 
evaporación, que poco después de los torrentes de agua precipitados 
de las nubes, la superficie del suelo se presenta tan seca y sedienta 
como antes; pero una gran proporción de ella debe haber sido absor- 
bida y retenida en el gravel ó arena gruesa que llena el lecho de los 
wadys; además, los grandes aluviones que á veces suelen precipi- 
tarse hasta el mar, deben dejar sin sumirse mucha humedad. Aunque 
el aspecto general del país es desolado y desierto, no debe creerse se 
halle por completo privado de toda feracidad. No hay, ciertamente, 
rios considerables ; pero suele á veces encontrarse algún arroyuelo 
que desciende murmurante entre verdes márgenes; especie de des- 
pojo del naufragio en que un desmonte imprudente y en grande es- 
cala, sumergió esta en otro tiempo rica y feraz región. Donde con 
más frecuencia se encuentran estos preciosos arroyuelos, es en las 
románticas quebradas del distrito del granito. En los wadys de Nasb 
y Gharandel, se presentan corrientes perennes, aunque no continuas, y 
grandes estensiones de vegetación. En esa parte del Wady Eeiran, 



FlSIOGlUrÍA Y METEORÜLÜGÍA UE LOS MARES DEL GLOBO 279 

donde el vallo se contrae en su anclio, concentrando la humedad, se 
presenta el oasis más considerable de la península ; y detrás del pe- 
queño puerto marítimo de Tor, otro parage en que una depresión 
del gran llano aluvional de El Gaah parece concentrar la humedad, 
existe un vasto y magnífico bosque de palmeros dátiles. 

Además de esto, los parages más feraces producen espinos, acacias, 
tamariscos, sidiy otros árboles; mientras que la mayor parte de los 
valles contienen alguna vegetación, como sucede con los vallesy que- 
bradas del Pié de Palo en S;ui Juan, aunque en ese grupo sud-ame- 
licano no faltan árboles mimoseas. JÍn las altiplanicies ó mesetas 
crecen la mirra, el tomillo ' otras yerbas fragantes; y en los llanos 
abunda la retama (que los árabes llaman i'eíem que es el junípero ó 
enebro de la escritura) una malva llamada sekkeran i)ov los árabes; 
la yerba abeitJiiran y multitud de otras de que los camellos se ali- 
mentan. Aún las faldas de las colinas más desnudas y pedregosas, 
rara vez se encuentran destituidas por completo de vegetación, y la 
rosa de Jericó, una planta extraordinariamente bibulosa, que tiene 
la facultad de revivir cuando se la coloca en agua después de perma- 
necer abandonada en un gabinete durante años, puede verse en los 
parages más estériles. El herbaje de los valles es de un verde gris 
pálido, y en la estación de verano, tan requemado á veces, que se 
reduce á polvo al más ligero contacto ; pero la primer lluvi¡i de pri- 
mavera vuelve estas plantas á la vida; y como la vara de Aaron los 
tallos marchitos y secos, vuelven á brotar de nuevo hojas y flores. 
Toda esta vegetación, sin embargo, no modiíica en lo menor el as- 
pecto general desolado y desierto del país. La vegetación, como dice 
Darwin, en su lucha por la existencia, tiene que adaptarse á las exi- 
gencias y al aspecto del país, confundiéndose entre las áridas arenas, 
ripios y rocas : á Moisés y los hijos de Israel, más de 3000 años hace, 
debe haberles ofrecido el mismo aspecto que hoy. 

Muchos de los wadys menos frecuentados, con especial los que 
descienden de las grandes montañas graníticas, se hallan regados por 
dulces corrientes y naturalmente ostentan una frondosa vegetación. 
Los antiguos cenobitas y frailes que vinieron á perturbar con sus su- 
persticiones estas montañas consagradas por el decálogo del Dios 
único, del dios de la razón, de la luz y de las ciencias, dejaron por 
lo menos el beneficio de plantar jardines y bosques de olivos, mu- 
chos de los cuales aún se conservan hasta hoy. Estos jardines, mien- 
tras fueron cultivados con esmero, obraron como otras tantas espon- 
jas ó represas, atesorando el precioso líquido y aprovechando las aguas 



280 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

de los torrentes, y mediante el represainiento de estas aguas le fué no 
solo posible atender á sus necesidades, sino regar con abundancia 
sus huertos, jardines y cultivos, conviertiendo un azote en un bene- 
ficio y un don. Esto nos conduce á otra consideración no menos im- 
portante. ¿Era el país más fértil en la época del Éxodo que boy? In- 
dudablemente si, pues su desmonte no debía ser tan completo. Con- 
quistado este país por los egipcios desde una remota antigüedad, 
fué cultivado por ellos é indudablemente hasta el tiempo de Moisés, 
debían conservar allí represas y plantíos. Los pastos debían tam- 
bién ser, junto con las aguas, más abundantes. Como el pueblo tenía 
numerosos rebaños, pudo pastorearlos allí y vivir y vestirse de sus 
productos. El cultivo del suelo suministraría el trigo y los vegetales 
indispensables; tanto más, cuanto que los mismos matorrales en que 
abundaba el país producían entonces, como hoy, esa exudación aro- 
mática y sustanciosa llamada maná, que constituyó parte del ali- 
mento del pueblo y que aún hoy mismo se produce en la vegetación 
más escasa que se ha conservado hasta nuestros dias. Así esplicados 
los hechos, se hacen creíbles y admisibles á la filosofía, siendo mu- 
cho más probable que Dios obre sus milagros sin violar sus propias 
leyes. Se pueden además citar muchos pasages de la Biblia que prue- 
ban que llovió con frecuencia durante la peregrinación del pueblo por 
el desierto. 

Se conservan aún muchos bosques de acacias y otros árboles en la 
península; y estos, como los jardines, forman una especie de barri- 
cada contra la fuerza de los torrentes. Ahora bien, cuando uno de 
ellos ha sido destruido y que una borrasca se desata, toda la vegeta- 
ción que defendía ó era protegida por el bosque, es luego arrastrada 
y la esterilidad y la desolación marca el curso de las aguas de alu- 
vión, que aprovechadas en represa, serían un manantial de abun- 
dancia y riqueza. Ahora bien, según la Biblia, existía una gran po- 
blación, en las inmediaciones del Sinaí en la época del Éxodo; y 
los vestigios que aún se conservan de ellas, indican que esos poblado- 
res, como los monjes posteriores, se esforzaron en hacer valer todos los 
recursos que el país presenta. Se conservan, además, abundantes ves- 
tigios de grandes colonias de mineros egipcios, cuyos hornos de fundir 
y montones de escoria se ven aún en muchas partes de la península. 

Ya hemos dicho que estos mineros han debido destruir muchas 
millas de bosques, empleándolos como combustible para sus opera- 
ciones de fundición. Aún más, los mismos hijos de Israel no han po- 
dido residir y pasar por allí sin consumir también vastas cantidades 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLODO 281 

de combustible. Y si los bosques naturales de estas montaíias desa- 
parecieron así unos tras otros; si la población quedó reducida á algu- 
nas tribus pastoras de voraces cabras, que devoran toda vegetación 
hasta la raíz; si las represas, los cultivos y la replantacion de los 
bosques quedaron descuidados, entonces lus rocíos y lluvias que cada 
vez se hicieron más escasos por la falta de árboles que lo atrayesen, 
los aguaceros, al caer en forma torrencial, no se detuvieron para fer- 
tilizar la tierra, sino que ahondáronlos lechos de los torrentes de 
las montañas y arrastráronlo todo á su paso, hasta precipitarse en 
los vecinos mares; secos y ardientes estíos sucesivos completaron 
luego la obra de la desolación, y la península del Sinai, siglos antes 
país fértil y abundante en aguas y bosques, quedó insanablemente 
reducida á lo que es hoy un desierto. 

La actual esterilidad del país hace las visisitudes del clima mucho 
más severas en el Sinai que en otras partes de la Arabia. Del estre- 
mo del calor, se pasa al estremo del frío, presentándose en la tem- 
peratura enormes diferencias de 50° Farh. entre la temperatura del 
dia y de la noche; no existiendo ni combustible para contrarestar el 
uno, ni sombra para neutralizar el otro. La desnudez misma de las 
rocas imparte á la pscena una grandiosidad y belleza que lé es pecu- 
liar. Porque como no existe vegetación para suavizar los ásperos li- 
ncamientos de las montañas, ó que oculten la naturaleza de su for- 
mación, cada roca se presenta con sus contornos distintivos y su co- 
lor propio con tanta claridad, como en el trazado de un mapa geoló- 
gico jigantesco. En algunos wadys las faldas de las montañas se 
presentan señaladas con innumerables vetas de los matices más bri- 
llantes, produciendo efectos de color y diseños fantásticos quesería 
imposible describir. Estos efectos se hallan realzados por la especial 
claridad de la atmósfera y el esplendor ofuscante del sol arábigo ; 
una parte de la montaña se vé brillar con un matiz áureo ó rojizo, 
mientras el resto se presenta sumerjido en una densa sombra. A 
veces un remoto pico parece confundirse con el fluido azul del ñrma- 
mento; mientras otros se presentan con toda la magnificencia de sus 
ocres purpúreos ó violetas; y con lo que podría juzgarse un mero es- 
queleto de paisage, se obtienen tan pasmosos efectos, como si las des- 
nudas rocas se hallasen vestidas de bosques y viñedos ó coronadas 
con las nieves esplendentes de nuestros Andes. La naturaleza, en 
una palabra, ha querido demostrar aquí, que ella, con su paleta má- 
gica, puede convertir el más árido y desolado conjunto geológico, en 
un caleidoscopio mágico de una esquisita belleza. 



282 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 



YIII 



ISTMO DE SUEZ. — SU ASPECTO, SUS DESIERTOS. — PASAJE DEL 

CANAL DE SUEZ 

Acabamos de dar una idea de la montaña, ó mejor de la región, en 
que ahora 35 siglos se promulgó la ley inmortal del Decálago. Más 
adelante añadiremos otros detalles más precisos á los rasgos genera- 
les de nuestro cuadro, pasando inmediatamente á las descripciones 
que comporta la continuación de nuestro viaje. El Istmo de Suez, 
hoy cortado por el canal marítimo de Lesseps, es una angosta lonja 
arenosa de tierra, ó mejor, medanosa en partes y en partes pedrego- 
sa y quebrada, que ha ligado desde antiguo, probablemente desdólos 
comienzos de la edad geológica moderna, los dos continentes asiático 
y africano, estendiéndose de un lado, entreoí mar Eojo y el Mediter- 
ráneo del otro (entre los Golfos de Suez ó Heroopolis y de Pelusium), 
con un ancho de 177 kilómetros (cerca de 20 leguas francesas de -4 ki- 
lómetros). Así sus dos puntos estremos son Pelusa (hoy puerto Said), 
y Suez, la antigua Arsinoe.En su relieve esterior este istmo forma una 
depresión longitudinal, resultado de la intersección de dos planos in- 
clinados descendiendo por un declive insensible, el uno del Egipto, el 
otro de las primeras lomas ó colinas asiáticas, lo que caracteriza per- 
fectamente la cuenca del antiguo canal, estrecho ó brazo de mar, que 
pasando por sobre los médanos de El Gruisi, ponía en contacto las 
aguas del Mediterráneo con las aguas del Mar Rojo, en la época indi- 
cada arriba. Suelo arenoso y pedregoso, con esos guijos rodados que las 
olds arrastran en su lecho marino, suelo hoy muy accidentado por los 
médanos acumulados por' los vientos, los matorrales y las piedras y 
terrenos de transporte de los aluviones del desierto, y en el cual á 
más del canal, se presentan numerosos lagos salados, como los lagos 
Amargos, el lago Tisusah, el lago Mensaleh, etc. 

Antes de pasar al canal, referiremos al lector algunos detalles de 
una escursion emprendida al través de los desiertos inmediatos al ca- 
nal, para dar una descripción del país, terminando con una descrip- 
ción del delicioso valle Feiran, en el Sinai. La escursion la hicimos el 
4 de Abril, en camellos. Un ardiente kansionó viento sud del desierto 
soplaba ese dia, el cual arrastraba nubos de arena y de menudos gui- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLÜÜÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 283 

jos con que azotubci nuestros rostros, que tuvimos que cubrir con un 
pañuelo y unos anteojos par¿i la protección déla vista; causando gran 
dolor íi nuestros guías árabes, que marchaban con las piernas desnudas 
para seguir la moda de su paí^, sin quejarse ni chistar. Jamás ha- 
bíamos visto una tal clase de granizo. El zonda en el interior de nues- 
tro país, íirroja nubes de polvo y arena gruesa, pero no con tanta vio- 
lencia ni persistencia. Paramos un poco antes de ponerse el sol, colo- 
cando nuestra tienda en un hueco entre dos médanos que presenta- 
ban algunos arbustos espinosos, y unas matas de árido pasto que ser- 
vía para la comida de los campillos. La tormenta de tierra y arena 
duró toda la primera parte de la noche, y al despertarnos estuvimos 
por creernos fósiles, teníamos una gruesa capa de arena rnciina. La 
segunda parte de la miche llovió á cántaros. Pero el di, i siguiente 
amaneció espléndido y como el aguacero había destrozado los grandes 
enemigos del viajero en estos climas, el calor, la sequedad y el polvo, 
en la mañana nos pusimos en marcha con tiempo delicioso y respiran- 
do el puro y delicioso ambiente de los desiertos arábigos, después de 
un aguacero, aromado de mirra, benjuí y áloe. El viento cálido y pul- 
verulento Wámiulo kans Ion, se había convertido en una brisa fresca, 
deliciosa y perfumada. La Providencia pues nos protejía en nuestra 
escursion arriesgada en el desierto, y la tarde de polvo se olvidó con 
la grata frescura matinal humedecida por la lluvia. 

Antes de continuar nuestra marcha di un paseo por las inmediacio- 
nes del campo. Las montañas de Arabiase alzaba;- azuladas al nacien- 
te, y las de África, en el occidente. El suelo del desierto, mitad gra- 
nel, mitad arena, fresco y suave crujía hundiéndose bajo los pies sin 
levantar polvo como nieve recien caida; por un lado presenta méda- 
nos ó lomas arenosas bajas ; pero atrás llanuras interminables siem- 
pre con el mismo matiz leonado ó bayo terroso. Todo nuestro camino 
se halla sembrado de esqueletos de camellos y de huesos blancos como 
la nieve. A veces se suele encontrar la calavera de un esqueleto á 
medio enterrar entre la arena, reliquia tal vez de algún pobre peregri- 
no muerto de fatiga ó de peste. La melancolía del desierto se acentua- 
ba con esto>; hallazgos de la muerte. Pero no todo es muerte en esas 
soledades. También alcanzamos á ver un sapo (sería curioso saber 
lo que allí hacía), un lagarto gris, algunas codornices y algunos cuer- 
vos, cuya presencia daba cierta vida á esos arenales, que solo nos pre- 
sentaban algunos arbustos espinosos, algunas flores silvestres y una 
planta muy fragante parecida á nuestra manzanilla silvestre, que los 
árabes llam:i.n beJiliaii-an. Por largo tiempo se nos presentó en el hori- 



284 AXALES DE LA. SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

zonte un árbol eu perspectiva con la aparente dignidad de una palmera 
más ul acercarnos vimos consistía en un arbusto espinoso cu- 
bierto de trapos allí colgados por los peregrinos de la Meca,, y 
los cuales agitados por el viento, nos habían simulado palmas. 
Cerca de él había un camello á medio devorar por los buitres. 
La presencia de estos señores no era pues en vano. Costeamos prime- 
ro un largo y pintoresco cordón de colinas situado al norte de Gebel- 
Ataka, y el cual, de un gris rosado por la mañana, anunció después 
deponerse el sol un subido matiz ferruginoso: termina á las inme- 
diaciones de Suez. 

Pero aquí se nos viene una reminiscencia bíblica: los israelitas al llegar 
á Etham en el confin del desierto, viniendo de la tierra de Gessen; 
marcharon á Phiairoth en la dirección del sud durante un diu 
entero. Phiairoth es un paso ó puerta al través de la montaña 
del Ataka, Portezuelo, como lo llamamos en el interior. Un estrecho 
o quebrada entre dos macizos de montañas, con el mar al frente y Fa- 
raón (Mernephta, el hijo de Sesostris) con su ejército enemigo detrás. 
Mas por un milagro, ellos llegaron en la baja marea y las aguas, al 
retirarse, habían dejado un paso ó lengua de tierra entre los lagos 
Amargos, que era en es época la estremidad del golfo Heroopolita, y 
la actual ensenada de Suez. El pueblo huyendo desesperado del ene- 
migo que lo pisaba por detrás, aprovechó aquella feliz ocasión y pasó 
en columna entre dos olas, como quien dice entre dos mares, que al 
pisar aquel médano bajo de arena que le servía de puente, el pueblo 
debió considerar como dos muros de aguas abiertas, milagrosas é 
inmóviles para darles paso. Faraón que no veía en esto el menor mi- 
lagro sino el paso abierto siempre por las olas en baja marea entre dos 
mares en retirada, la emprendió también por ese mismo estrecho ó 
istmo. Pero cuando Faraón y su ejército en columna se hallaban todos 
englobados en el paso entre dos mares, ó mejor dos olas, he ahí que 
un viento recio se levanta y los dos mares separados por la baja marea 
al juntarse, abismaron á Faraón y su ejército. De ahí el nombre de 
Ataka dado á esa montaña, que significa libramiento milagroso. Y lo 
era en efecto. Sin hacer milagro, Dios libprtó al pueblo de Israel, lo 
milagroso es la libertad de este, no el hecho. Los verdaderos milagros 
Dios los hace sin violar las leyes de la naturaleza, libertando á los 
justos y confundiendo á los opresores. 

Al salir de las montañas, en los llancj que recorríamos, se tiene el 
fenómeno del miraje: le parece á uno tener el Mar Rojo al frente; y 
hasta se ven las naves que lo surcan refractadas en las nubes. Respec- 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 285 

toa nuestras cabalgaduras hemos dicho, consistían en camellos, los 
de Arabia no son tan fuertes como la cría egipcia, digo camellos y de- 
biera decir dromedarios, son estos últimos los que se monta , los ca- 
mellos propios solo sirven para carga. El dromedario es al camello, lo 
que el caballo inglés de carrera, al pesadote caballo de tiro frison. 
Solo el camello de la Bactriana tiene dos jorobas, que se han atri- 
buido falsamente al dromedario. IjOS árabes que nos acompañaban 
eran de raza zoalía, de la Tora ó tribu del Sinaí. Las tribus del Tora 
forman una bella raza, bien formada, dispuestos, alegres y compla- 
cientes con los viajeros. Su vestido es el kefia 6 turbante enrollado en 
torno déla cabeza, una túnica ó camisón blanco atado á la cintura 5'^ 
una capa de lienzo asargado azul, con ojales de cuero de pescado, 1 e 
ahí su traje. Generalmente yo me marchaba cá pié dos ó tres horas 
antes de ponerse en movimiento la caravana, descansando de vez en 
cuando bajo la sombra de una roca ó de un arbusto, hasta que la ca- 
rabana me alcanzaba, y entonces montaba mi dromedario. Antes de 
la parada de la tarde, volvía á dar otra caminata á pié estudiando el 
suelo, las yerbas; los animales que encontraba al paso. Los camellos 
marchan generalmente á razón de tres millas por hora. Pero los ca- 
mellos cargados con las camas y las provisiones son muy caprichosos 
en su marcha, ocupándose en ramonear por todo el camino y aún se- 
parándose de este por poco que una buena matado pasto tiente su 
golocina de camello, aún esponiéndose á una reprensión de su conduc- 
tor. Estos desiertos abundan en plantas espinosas y aromáticas. 

Al caer la tarde, se escojo un sitio parejo para hacer el alto noctur- 
no al pie de una roca ó de una colina para abrigo y seguridad. Los ca- 
mellos se arrodillan para cargarlos y descargarlos y para permitirá 
los pasajeros subir ó bajar. En inedia hora las tiendas estaban para- 
das, los fuegos encendidos y las estrellas brillaban sobre nuestras ca- 
bezas. En estas regiones el crepúsculo dura poco. Mientras dura la 
luz, los camellos ramonean á discreción. Pero entrada la noche son 
atados en torno del campamento, ruminaudo su ración de torta de 
avena ó dátiles. Los beduinos, terminada su cena de pan y dátiles y 
sus alegres charlas, se envuelven cuan largos son en sus abbasj se 
duermen. Un arriero riojano ó catamarqneño, tiene muchos puntos de 
semejanza con estos árabes. Esta vida de beduinos, parecida á la vi- 
da de nuestros arrieros de cordillera, es la más primitiva, patriarcal 
y agradable que es posible imaginar. Al llegar álos puntos bíblicos, yo 
leía el pasaje correspondiente del éxodo y me extasiaba en la contem- 
plación del paisaje. Cualquier nube, nos parecía la columna de humo 



286 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGEíNTINa 

que guiábalos israelitas, por la noche^ los fuegos de las caravanas ó 
pastores vivaqueando en el desierto, nos parecían la columna de fuego. 

La vista del golfo de Suez desde la ribera asiática es magnífica, 
Gebel-Atalva y Gebel-Deradje, las dos cadenas de que hemos dado 
cuenta sobre la ribera africana del golfo de Suez, cada una corriendo 
á formar un largo promontorio, se estiende á lo largo del litoral afri- 
cano, y casi opuesto al portezuelo de la cadena, se avanza el Ras 
Musa, ó promontorio de Moisés (ras en árabe y ros en celta ó gaélico, 
tienen el mismo significado). A cada paso que avanzamos vemos la 
comprobación de la teoría de Mr. Donnelly, de que los habitantes del 
mundo desaparecido de la Atlántida, son el centro creacional de todas 
las razas cultas actuales. De allí hemos visto ponerse soberbiamente 
el sol detrás de las crestas del Ataka, y la media luna brillaba esplén- 
didamente en el cielo purísimo de la arabia, cuando acampamos en las 
inmediaciones de Ain Mura 6 las fuentes de Moisés. Allí se alzan mu- 
chas palmeras desparramadas en contorno, las cuales han formado una 
espesura híspida por falta de poda. Los sapos, los grillos y los asnos 
rebusnantes entre las tropillas, nos dieron un ruidoso concierto toda 
la noche, á cuya armonía salvaje pudimos dormirnos pacíficamente. 

Al dia siguiente, durante tres horas, marchamos en un desierto al- 
ternativamente arenoso y pedregoso, con el mar Rojo, de un profun- 
do azul á la derecha y la cadena de Gebel Tih á la izquierda. El país 
que se estiende más ai nordeste es el Tij, esto es^ el desierto de los is- 
raelitas errantes. De las tres á las cuíitrode la tarde penetramos en 
las áridas é infinitas llanuras del desierto arábigo, que tiene por nom- 
bre El Ata y que no es otro que el desierto de Etham de la escritura, 
el cualá juzgar por la relación de Moisés en el éxodo se estendía alo 
largo del golfo, que comprendía en esa época los lagos Amargos. 
Al cabo de siete y media horas de marcha, nos detuvimos en la noche 
en el Wady Seder, sobre un lecho de arena tan mullido como la al- 
fombra de Persia ó de Bruselas que tapiza un salón de baile. Ya sabe- 
mos que Wady en árabe significa valle, aplicándose igualmente á 
una escabrosa quebrada de montaña, ó á una mera cañada ó depresión 
en el llano horizontal del desierto, como en el presente caso. El Gua- 
cli de los españoles es una corrupción del Wady árabe. Los terrenos 
que en nuestro país llamamos guadalosos son no solo arenosos ó me- 
danoso>, sino también quebrados de cañadas bajas, también arenosas 
y áridas, como los Wadys árabes. Seder es una corrupción de S/iur 
ó Sdur, el antiguo nombre del desierto que separa el Egipto de la Pa- 
lestina. Eué á este desierto ó á su parte setentrional, donde huyó 



FISIOGRAFÍA Y METEOROLOGÍA DE LOS MARES DEL GLOBO 287 

Hugar, la madre de Ismael, ti antepasado de los beduinos, segiin la 
Biblin. Pero esta es una mala rersion. Ismael es solo padre de una 
tribu beduwin óbeduina, pues .tras tribus beduií.a^ existían ya antes 
de este patriarca que vivió en el siglo xxii antes de J. C. como se ve 
por las inscripciones de Wadj^ Magbara, que tiene unos 5000 años 
antes de J. C. de data. Entro esas inscripciones se ve al rey Snefron 
de la 4" dinastía, imponiendo la sumisión á los árabes asiáticos que 
ocupaban el Sinaí. Cuan vividamente las escenas pastoriles de la Bi- 
blia se pintan en éste desierto. El terreno en estas inmediaciones se 
halla cubierto con lechos de la más lina creta, recocida por el sol en 
grandes panes de un blanco purísimo, toda esta cañada se encuentra 
inundada en la época de los grandes aguaceros. 

Al dia siguiente, partiendo á las siete y media de la mañana, llega- 
mos á las dos y media de la tarde á la fuente de Howara, de aguas 
amargas de la cual bebieron los camellos hasta locupletarse. Esta 
agua no se halla tan impregnada de sales minerales, que sea intoma- 
ble. Solo es nauseabunda para un paladar humano. Aguas igualmen- 
te nauseabundas he probado en las aguadas de Atacama y otros pun- 
tos de Sud-América, Estas aguas pasan probablemente por algún ban- 
co de fósiles ó de pizarras petrolíferas ó natronosas. La de Howara 
brota sobre una loma elevada, rodeada de médanos. Dos bellas pal- 
mas del Foenix datilifera crecen á sus inmediaciones. El cielo destila- 
ba calor, como la bóveda de uw horno, al acercarnos, y un tinte pálido y 
pulverulento se estendía sobre el paisaje. En este punto fué donde loa 
israelitas, muriéndose de sed junto á esta agua amarga, murmuraron 
contra Dios. Porque no cabe la menor duda de que este pozo es el 
Mará de la Escritura, que Moisés endulzó, mezclando siu duda con el 
ngua cantidades del mana ó munn que se exiida del Tai'fa ó de la fruta 
del honir ([we allí abunda, pues así lo hacen los árabes hasta boy 
para endulzar estas aguas nauseabundas. Tarfa es la planta impor- 
tada entre nosotros con el nombre de Tamarisco. Estas plantas del 
liomr y del tarfa de que se puede obtener este maná ó resina endul- 
zante, abundan en eMVady Gharandel, dos horas más adelante de 
Beer Howra, donde hicimos nuestra parada de la noche. El primero 
da unas pequeñas bayas rojas, cuyo zumo, desleído en agua, produce 
un delicioso sorbete alimenticio, el munn tiene un sabor aromático 
parecido al de la trementina, se puede guardar en panes, que se de- 
rriten cuando se quiere mojar el pan en él. 

Entre Beer Howra y Wady Gharandel el país se hace más 
montañoso y asume un carácter más pintoresco. Hicimos núes- 



288 ANALES DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

tra parada entre matorrales de Tarfa bajo una de' las colinas de 
Wady Gharandel, este paraje es probablemente el Elimde la Es- 
critura. Al dia siguiente al partir, vimos un pastor que arriaba 
en estas melancólicas v desoladas llaneras, un rebaño de cabras, era 
el primer ser humano que encontrábamos después de salir de Suez. 
Nuestro camino seguía el Wady TJssait, al poniente del cual cruzaron 
Moisés y los Beni-Israel, después de abogado Faraón en el Babr Souf, 
nos decía nuestro guía Babr Souf ó Yam Souf como lo llama Moisés, 
es el mar de las algas el golfo dé Suez, donde no hemos encontrado 
algas. Se ve que los nombres varían poco en oriente con los siglos. 
Muy luego en la mañana tubimos á lo vista elGebel Serbal, magnífi- 
ca montaña de granito, al noroeste del monte Sinai, A. la una y cuar- 
to, media hora después de dar de beber á nuestros camellos en los po- 
zos de Wady Sal, llegamos á la encrucijada del camino que se dirijo 
al monte Sinai y á Sarboutel Kadem. Tomamos el primero, que es el 
más interesante, por haber sido el camino de los israelitas después 
del éxodo. Torciendo al oeste en este punto, penetramos en Wady 
Taibi, de cuyo punto la brisa de mar impregnadade un perfume y de 
una frescura peculiar, nos anunció que descendíamos á la ribera del 
mar. El paisaje de este valle es notable. Durante la estación lluviosa 
un torrente se precipita de él de 10 á di pies de profundidad, su fon- 
do se halla tapizado de lodo blanco, de tal manera endurecido, que no 
recíbela impresión de las pisadas de los animales, esto es un depósi- 
to en vía dé petrificarse. De estas inmediaciones se extrae una sal de 
roca de un purísimo blanco y digna de figurar en una mesa regia. 

Después de pasar un pequeño bosque do Tarfa y de datileros sil- 
vestres que costea una montaña al parecer volcánica por su color ne- 
gro, después de desfilar por una estrecha quebrada, donde es(iUchamos 
un mirlo cantar alegremente en medio de la soledad, teniendo otra 
montaña negra á la izquierda, doblamos la punta que forma con el 
valle, y el espléndido Mar Eojo se presentó á nuestra vista, con velas 
y un vapor que lo surcaban á la distancia, y las montañas azuladas 
del África á la otra parte, espectáculo magnífico pero luego que pe- 
netramos más á dentro dé la llanura sobre la pendiente de la ribera, 
la vista se hizo aún más magnífica, diseñándose á nuestra vista toda la 
costa africana, desde Grebel Ataka hasta Grebel Gharib, vasto anfiteatro 
de montañas de lázuli con sus pies bañándose en la turquesa fluida de 
las aguas del mar Rojo, mientras la perspectiva marina se perdía de 
vista en el espacio interpuesto entre los promontorios asiático y líbico. 

(Continuará). 



ÍNDICE GENERAL 



DE LAS 



MATERIAS CONTEfllÜAS P EL TOMO VIGÉSIMO NOVEXO 



Págiii;!: 

Enumeración sistem;Uica y sinonímica de los Formícidos argentinos, por el i»r. 

ۇrlo.N Uerg f, 

Doctor Domingo Parodi (necrología) 44 

Movimiento social 46 

El doctor Guillermo Rawson (necrología) 19 

El platino nativo de la Tierra del Fuego, por Juan .1. J. siylo .")! 

Informe sobre el wagón bélico del señor Montagner óa 

Movimiento social 57 

Fisiografía y meteorología de los mares del globo, por l». «luán lilcrcna (conti- 
nuación) 59 

La Unidades, por Manuel U. Bahía 97 

Movimiento soc'.al 123 

Fisiografía y meteorología de los mares del globo, por l». Juan Mcrona [conti- 

nuacio)i) 125 

Primer aniversario de la muerte del doctor Puiggari 145 

El gas de agua y el gas de agua purificado, por l'ctiro ]*. .4rata 148 

Sobre la construcción de una superficie del tercer orden de Grapmnnn y una afinidad ; 

recíproca del tercer grado en el espacio, por el i»r. Federico Biaft 157 

La escuela de Aplicación para ingenieros, en Ñapóles, por el ingeniero Luis a. 

Viglionc 162 

Movimiento social 172 

Fisiografía y meteorología de los mares del globo, por ». Juan Llcrena (conti- 
nuación) 173 

Exequias fúnebres del doctor Rawson 193 

Revista del Archivo de la Sociedad Científica Argentina, por Marcial H. Canilloti. 19!) 
Fisiografía y meteorología de los mares del globo, por o. Juan L,lerona [conli- 

nuacion}] 218 

Revista del Archivo de la Sociedad Científica Argentina, por marcial tt. Candioti. 241 

Movimiento social 257 

.Las Unidades, por nianucl 11. Bahía (conlinuaciotí) 259 

Fisiografía y meteorología de los mares del globo, por D. Juan l^lercna (conti- 
nuación) 27J 



New York Botánica! Garden Libra 




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