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Full text of "Anales históricos de la Medicina en General: Y biografico-bibliograficos de ..."

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tu ISO. 45. 10 Uj 



HARVARD COLLEGE LIBRARY 




bougrt wtth thb gift of 
Harrison D. Horblit '33 



r 





]>B LA 



MEDICINA EN GENERAL, 



BIMIAFlCe-NIUWUFIGO N U ISMÜMi IR PttnCIIUI. 

DOCTOR BN FILOSOFÍA, BACBILLEm BN TBOLOCiÍA, UGBNCUDO EN MSDIGIMá T CIRÜflÍA, 
GO1CSULT0B HONORABIO DEL COEIPO DE SANIDAD MILITAB , BX-CATEDBATICO DE ZOOLOAIa 
DEL ■CSEO KAGIOMAL DE GIENCIA8 NATURALES Y DE LA HISTORIA DE LA MBDIGINA ESPA- 
ÑOLA EN EL LIGEO LITERARIO DE MADRID, SOCIO DE NUMERO POR OPOSICIÓN DE LA 
AGADEMU MEDIGO-QUIRURGICA DE TALEN^IA , SOCIO DE NUMERO T DE MÉRITO DE LA DE 
AMICKW DEL PAÍS DE ESTA CAPITAL, PREMIADO TRES VECES. POR SUS TRABAJOS ZOOLÓ- 
GICOS T LITERARIOS POR ESTA ILUSTRE CORPORACIÓN, ACADÉMICO CORRESPONSAL DE LA DE 
CIENCIAS NATURALES Y DE LA NACIONAL ARQUEOLOOICA DE MADRID, DE LaS MEDICO- 
QUIRUR^ICAS PE CASTILLA LA YIEJA , DE LA DE «ALICIA Y ASTURIAS, DE LA DE 
SEVILLA, DB LA |>E MEOICO, DEL INSTITUTO MEDICO DE PABIS, DE LA ACA- 
DEMIA DE MEDICINA Y CIBUCIIA DE BOUBflES , GONDECOBADO CON LA 
CBUZ DE EPIDEMIAS POB LA DEL COLRBA MOBBO ASIÁTICO, CON LA 
DEGABALLBBO DE LA OBDEN AMEBICANA DE ISABEL LA CATO- 
UGA, Y CON OTRAS POR ACCIONES DE GUERRA. 



HISTOIIA DI lA MIDICINA I8FAX0I1, 




i«a« 



TOMO SEGUNDO. 



▼aisncia: 

IMPRENTA DE D. JOSÉ MATEU CERVERA, 

A CÁK60 DB YBIlTimA LlCCH. 



AflO 1845. 



mn 



^.^.^^ /fo, yy:^^C^¿ 



u- 



HARVARD 
UNIVERSITY' 

LIBi^ART 
FEB 21 1963 



*^ 



INTRODUCCIÓN. 




[oDveDcído^ al concluir los tres primeros tomos de mis Anales hütó^ 
ricos, de que la diversidad de materias que á un mismo tiempo tenia que 
tratar^ no me permitía fijarme en cada una de ellas con toda la -inten- 
sidad que lo haria^ caso de tratarlas por separado ; me determiné á concluir 
la historia general de la medicina^ suspendiendo la de la Medicina Española 
para consagrarme á esta después^ Irbre de otras atenciones. 

Preferí interrumpir la publicación de esta por tener fundadas espe- 
ramas de hacerme entretanto con una colecdon de obras y manuscritos 
preciosos de médicos españoles^ pertenecientes al siglo XVI ^ como efecti- 
vamente asi ha sucedido. 

Habrán visto mis lectores , no sin vergüenza y oprobio de la medicina 
española^ que entre tantos centenares de autores , como he presentado 
en mi Vade-mecum histórico'bibltográfico j redactado á presencia de las ta- 
blas de Agustín Choulant^ del atlas de Casimiro Broussais y de otros biblió- 
grafos , apenad figuran una docena de autores españoles. Habrán visto . 
igualmente que al dar una razón de este hecho^ «1 mismo Casimiro Brous- 
sais dice : ((que la medicina española no ofrece mas que un interés secun- 
dario^ porque no hace mas que seguir el impulso de las otras naciones.» 

Desgraciadamente asi sucede en el sigfo XIX: pero ya que no podemos 
volver por nosotros mismos^ volvamos^ pues^ por nuestros mayores^ dignos 
seguramente de mejor suerte ^ y de presentarlos con todo el brillo que tu- 
vieron^ y que no han debido perder. 

En los siglos XVI y XVII^ en que los ministros de Estado^ los Presiden- 
tes del Consejo^ y aun los mismos monarcas de España no se desdeñaban 
de proclamarse y titularse protectores déla medicina , entonces se publica- 
ron en España muchos cientos de obras ^ y obras voluminosísimas se reim- 



pnmiaii qdi y mu reces: entoDcaí los médicos estrangeros recarrían & 
las obras de aaeitros médicos españolea; en «tas np se encontrabao otru 
citas y autoridades que las de Hipócrates , de Galeoo , de Aviceaa j de los 
médicos españoles de mas celebridad : entonces comerciaban los estrangeros 
con nuestra literatura. 

Ya que por nuestra fatalidad han pasado aquellos tiempos, contentémonos 
con probar que toda la culpa no esté en los médicos españoles en general^ 
lo esti en la falta de protección que de ligio y medio á esta parte nos dis- 
pensan los gobiernos, y lo esté macho mas en aquellos médicos que, habiéd- 
dose colocado por desgracia de la ciencia en puestos donde pudieran haber 
hecho algo en beneficio de ella y de sos profesores, oo solo nada han hecbo 
en ju pro , sino antes por el contrario con sus arbitrariedades é ilegalida- 
des , han contribuido al desdoro de la ciencia , y & desanimar á los qne ha- 
bierao podido hacer alguna cosa por su lustre. 

Por esta y no por otra raion los profesores españoles do publican obras 
de medicina ; por esta raion virimos mas atrasados que los estrangeros , y 
por esta razón, repito, debemos esforxarnos mas para despertarnos del pro- 
fundo letargo en que yacemos. 



CONTEÍÜACION 



BB LA 



c^ 



SEL iSZO'LO ZTZ. 



lUAN BRAVO DE PIÉDRA- 
HITA. El Sr. D. Antonio de Hernán- 
dez Morefon ^ al tratar en sn historia 
hibliografica de la medicina española 
de este célebre médico > se contenta 
con referirnos únicamente los títulos 
de las obras qne escribió , copiándolos 
de la biblioteca de D. Nicolás An* 
tonio (1). 

El Sr. Morejon no debió segura- 
mente yer ninguna de las obras de este 
médico espaftol, pues de lo contrarío 
no pudiera perdonársele el no decir- 
nos nada absolutamente de ellaSj cuan- 
do por otra parte dice «que este mé- 
dico debe ser contado entre los que 
mas trabajaron en pro de los adelantos 
de la ciencia» j fué uno de los varones 
mas esclarecidos de iiu siglo.» 

También duda el Sr. Morejon* 
aunque se inclina á la opinión de Za- 
cuto Lucitano y de D. Nicolás Anto- 
nio, si Bravo fué igualmente el autor 
de los escritos siguientes: De Marsis 



(i) €oiQptfraie Bib. nova de N. A. 
tomo l.*»prfg. 504, col. 1.*, y la hist. b¡- 
bliog. deISr. Morejon, ton. 3.^| pág. 172. 



et PdUs et de vita natura. Esta duda 
me confirma en la idea ya referida de 
que el Sr. Morejon no vio tampoco 
estos escritos, puesto que en su intro- 
ducción dice Bravo basta el motivo 
que le determinó á escribirIos« 

Ignoradas quedarían tanto estas co- 
mo todas las que escribió este célebre 
médico, sí yo no hubiese procurado 
hacerme, no solo con todas las impre* 
sas, si que también con otras muchas 
manuscritas , inéditas j firmadas por 
el mismo Bravo, que pronto daré á 
conocer á mis lectores. 

Juan Bravo fué natural de Piedra- 
Hita, pueblo de Castilla la Vieja. Es- 
tudió la medicina en la universidad 
d^ Salamanca, j en ella tomó la borla 
de doctor , j obtuvo varias cátedras, 
especialmente la de Pronósticos y 
Aforismos de Hipócrates y la de iifa- 
teria médica ; fué médico titular por 
espacio de tres años en sumismo pue- 
blo , cuyo ayuntamiento le asignó un 
gran salario. (Al fin de «la dedicatoria 
al ayuntamiento del tratado de simpU- 
cium medicamentorum .delecta.) 

Escribió varias obras , que son las 
siguientes: 

De h/drophobicB natura , causis. 



•I 



HISTORIA DE LA 



atque medela , líber imus. * luciere 
Joanne Bravo Peirafitano > Scholce 
Salamaticensis publico professore. Ad.. 
amplissimum et Wustrissimum Do" 
minum Petrum Pontíum , Episco^ 
pum Píacentinutn. Salmctnticce armo 
M.D.LXXI apud Joan. Bapt, d 
Terranoifa. 

Habiendo pasado Juaa Bravo á vi- 
sitar ¿ D. Pedro Ponce« obispo de PIa« 
seocia, y preguntado por esté tstando 
UQ dia sobremesa , de dónde provenia 
el veneno de la rabia ; por qué mor- 
dida una persona estaba tanto tiempo 
oculto el virus hidrofóbico , y si era 
cierta la opinión de Aristóteles , que 
todos los animales mordidos J3or un 
perro rabioso, morían escepto el hom- 
bre. Satisfizo tan bien el médico a es- 
tas preguntas^ que el obispo le invitó 
á que escribiese un libro sobre la rabia, 
y que se lo dedicase. Asi lo cumplió. 

SeguD no» dice el mismo Bravo, 
escribió esta obrita eo las vacaciones 
del verano de 1571. 

En esta obrita trata primeramente 
de las cualidades de los perros y de su 
mayor ó menor predisposición i con- 
traer esta enfermedad : cree que se 
desarrolle en ellos espontáneamente^ 
cuyas causas atribuye á las carnes po- 
dridas, al hambre^ y al mucho calor 
(pág. 2.^): prueba que en algunos 
paises es casi epidemia en los perros 
(pág. 3.*). 

Espone la definición de la rabia; que 
según él, es una especie de manía ó 
de furor producido por el virus hidro* 
fób¡co(pág. 3.*). Refiere las opinio- 
nes de los autores sobre la causa de 
aborrecer los rabiosos el agua , y des- 
pués de rebatirlas^ asegura ser una 
antipatía. 

Describe perfectamente las señales 
de los perros rabiosos ; en seguida la 
historia de la hidrofobia en el hombre, 
y en esta parte nada deja por desear. 

Al esponer el pronóstico de la rabia, 
lo considera mortal cuando ha llegado 
i desarrollar los síntomas nerviosos: 
refiere , sin embargo , ct que algunos 



'se curaron bien antes de llegar i este 
periodo (pág. 9.*). 

Divide su curación en esterna ¿ in- 
terna. Entre los remedios tópicos, aun- 
que por de pronto propone agrandar 
la herida, la aplicación de la triaca, 
y la de un pollo ó gallina abiertos 
vivos, aconseja, sin embargo , no de- 
tenerse mucho en estos medios tan 
débiles en un mal tan temible , y 
echar mano.de las ventoáas , la caute- 
rización por el fuego , la succión del 
virus, y la aplicación de sanguijuelas 
á la herida misma (pág> 43): última- 
mente propone la amputación del 
miembro (píg« '44). 

Entre los remedios internos pres- 
cribe la triaca, las sangrías, con tal 
que el enfermo pueda sobrellevarlas 
bien, y el agua fría. Para conseguir 
este objeto, aconseja meter al enfer- 
mo en un baño, ó valerse de un tubo 
ó manga de baqueta, para que ni pue- 
da ver el agua, ni sentir su ruido. Ase- 
gura que de este modo se consiguió el 
que un enfermo bebiese mucha agua, 
' Ademas de estos remedios aconseja 
las lavativas. 

Últimamente confiesa que todos es* 
tos medios son nulos caatido el mal se 
ha desarrollado ; y que todos los es- 
fuerzos del médico deben dirigirse a 
evitar, si es posible, su desarrollo. 

De Marsis et Psylis sen Psylorum 
et Marsonan hominum considera^ 
tio. SalníanticcB Exeudebat Joannes 
Baptista á Terranovaj anno Domini 
M.D.XXI. 

Dice que estando en Bigorra en 
compañía del Ilustrísimo obispo Don 
Pedro Ponee, empezó i cundir la idea 
de que había alguno^ sugetos qué te- 
nían la virtud de curar á las personas 
mordidas de anímales rabiosos ó ve- 
nenosos. Vuelto á Salamanca, se pro- 
puso publicar este escrito para disua- 
dir á las gentes de que no había tales 
hombres, y que los llamados saluda^ 
dores^y no eran mas' que unos bribones 
de mala vida y costumbres; y que aun 
cuando Dios diese esta gracia de onrar^ 



í 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



noeligiriaá estas géotes tan l^ajas j 
tan irreligiosas. 

«Los Uamados saludadores ^ dice, 
SOD anos hombres pervertidos, embus- 
teros^ criminales, entregados á toda 
clase de vicios, y usan de muy malas 
artes para engañar al pueblo. Los que 
se precian de dominar las vívoras y de 
no ser mordidas por ellas, aun cuando 
las tengan en las manos » se valen de 
mil artificios : unos las alimentan con 
carnes, cuya comida les debilita el 
veneno: otros llevan en las manos al- 
gún remedio estupefaciente que las 
atonta y debilita: algunos les arrancan 
con mucha astucia los dientes, ^y en 
este caso no pueden morder : y quie- 
nes, en fin, no han sido tan felices y 
han sido víctimas ante el mismo pue- 
blo del veneno de tales animales.» 

Asegura «que el hombre por medio 
de su imaginación atenta y vehemente 
etsine aUerius adminiculo, puede mu« 
dar y trastornar los cuerpos, y con- 
fundir con solo querer y á su arbitrio 
todos ios elementos del mundo , pro- 
ducir lluvias, nieves y granizo, y en- 
gendrar animales y plantas de alguna 
materia ya dispuesta; producir en el 
cuerpo del hombre mutaciones en bien 
ó en mal, dándoles la salud ó la enfer- 
medad: conocer los humores, agitar 
los espíritus, y determinar muchas 
afecciones (pág. 67 y 68) (I).» 

Fundado en esta creencia , admitió 
la fascinación ó aojamiento , y en 

Crueba de ella cita el ejemplo de su 
ijo Feliciano de edad de quince me- 
ses, el cnal estando bien gordoj sano y 
colorado, fué tomado repentinamente 
de ojo^ y llegó ¿ desesperar de su vida. 
Le curó con la triaca, con las lavativas 
del aloes, y con los miga-panes de vi- 
so aplicados al vientre (pag. 83). 
Refiere en este mismo lugar una 



(i) Si los magnetizadores del siglo 
XIX fanbiesen tenido noticia de esta obri- 
ta, ya nos la habieran citado, tradaciendo 
iflaaginacion , poMnagnetismo* 



epidemia de calenturas pestilentes que 
reinó en Salamanca en 1571, para cu- 
ya curación aprovechó el vino de la 
yerba llamada escorzonera j que se- 
gún Bravo hacia muy poco. tiempo que 
se usaba en España (pág. 87). 

Según estos datos, parece inconce- 
bible que el túédico de Piedra-Hita 
pudiera tener opiniones tan contrarias, 
y que al paso que procuraba ilustrar 
al pueblo sobre la no existencia de los 
llamados saludadores , estuviera él 
obcecado con la fascinación ó aoja- 
miento. 

De i^mi natura (Lh.) 

Dieron ocasión de escribir sobre la 
naturaleza del vino , cuya propiedad 
alexifarmaca reconoce en alto grado, 
los buenos resultados que habia esperi- 
mentado de él en la epidemia referida. 
En la curación de su hijo dio mas im- 
portancia de la que debiera al vino, y 
en la de las calenturas pestilentes su« 
cedió lo mismo. No obstante, se pue- 
de asegurar que no exageró las propie- 
dades del vino , según ste ve en el si- 
guiente pasage , al cual está reducida 
toda la. sustancia de su ohrita. 

«El vino, dice, tomado en modera- 
ción es muy conducente para las en- 
fermedades de rabia y de veneno, por- 
que corrobora las facultades naturales 
y destruye la melancolía ferina. El vi- 
no usado inmoderadamente es muy 
malo, asi como usado bien no solo no 
es malo, sino muy bueno. Sirve para 
la cocción y la digestión ; para la ge- 
neración de la buena sangre; conforta 
el espíritu y lo hace mas confiado , y 
por fin produce buenos humores, des- 
truye los malignos , y los que tienden 
á pudrescer la máquina viviente 
(pá». 18).» 

Trata, también de las diferentes pro- 
piedades del vino blanco , dulce , ne- 
gro y áspero. En esta parte no ofrece 
el mayorinterés. 

Joannis Bravi Petrafitimij doctoris 
medid j et reimediccein Salcunaticen^ 
si academia interpretis. Ve curantü 
rationeper medicamenti pitrgantis ex- 



8 



HISTORIA DE LA 



Mbitionem. Libri III. AdFranciscum 
Mendozium^ Beraguarum ducem y ac 
maris Prcefectum , Aragonim et In^ 
diarum. SalmatiticíB excudehat Cor" 
nelius Bonardus. Anno 1588. 

'Eo la dedicatoria describe Bravo la 
biografía de D. Becnardiiyo de Men- 



dosa, hermano del Daque. Este no sa- 
lo le aceptó so dedicatoria, si que tam- 
bién le dirigió a Bravo nn elocuente 7 
espresivo epigrama, que quiso el mis* 
mo Duque que se pusiese á la cabesa 
de la obra, y es el siguiente: 



Laus , et honor , nomenque tmtm est memorabUe j Brave, 

qui sieyum arte malum pelis Apolínea 
Munus dulce , tui ceu verum pignus amoris 

sumpsimus ^ id prwstans ingenumquefidt. 
Hocque >magis gratum est, quamfratris nomen in Uto 

perpetuos nostri vwet ad usque mes, 
JSiors illum eripuit nobisy utrique dolendum $st 

quod tibí patronus , quod míhifrater abest, 
At tu Pwoniis , quo est nemo peritior'herbis 

hinc soiiH} , nosti, quo meaeare malo* 
Ad.vitain reducem traxisti /ratris honorem 

quo tibi patronus , quo rnihi frater adest. ' 
Frúter utrique deest, sed te medicante, revuni, 

sic tibi patronus , frater et alter ero,. 
Sic fiet , quantus GrcBcis Podalirius olim 

tantus apud nostrof suspiciére viros. 



Divide esta obra en tres libros : en 
el 1 ,^ espone algunas cuestiones gene- 
rales sobre las propiedades de los me- 
dicamentos purgantes: en el %^ ense- 
ña el métooo para administrarlos , j 
en el 3.® trata de los purgantes enpar- 
ticular. 

Se determinó á escribir este tratado 
especial , porque ni Hip., ni Galeno, 
ni Avicena , ni otro autor alguno , se- 
gún dice , habi^ tratado este asunto 
con el interés que se merecia. (In 
praefac.) 

Distingue con toda precisión el me- 
dicamento del alimento : pri^eba que 
no se pueden determinar bien las pro- 
piedades de los medicamentos por el 
olor, ni por el sabor, ni la consistencia, 
ni el color, porque medicamentos do- 
tados de los mismos principios compo- 
nentes, producen en la economía hu- 
mana diferentes efectos (pág. 4). 

Dividió los medicamentos en varias 
clases según los efectos que producian 
administrados estertor ó interiormen- 
te: «en condensantes, emolientes, in- 



durantes, detergentes, atraentes, re- 
pelentep , contrabentes , incrasantes , 
estenuantes, sedantes del dolor , sudo- 
ríficos, estupefacientes , urentes, cor» 
rosivos, atemperantes, fundentes, as- 
tringentes, laxantes ó desinfartantes, 
promoventes de la orina , vomitivos, 
errinos , lactóforos y escitantes de loa 
menstruos (pág. 22).» 

. Ademas de esta división de facul- 
tades admite otra mas especial, cual es 
la orgánica , ó aquella que tienen los 
medicamentos para obrar en órganos 
determinados. Espliea la acción de los 
medicamentos por sus cuatro cualida- 
des de fríos, cálidos, secos y húmedos. 

En el 2.® libro trata de los vicios de 
los humores, j en los casos en que con- 
viene purgar; de la época del año mas 
conveniente para su administración; 
de las cautelas que debe tomar el pro- 
fesor para prescribirlos, j del método 
que ha de emplear. 

Protesta que en la esposicion de es» 
tos estremos se guiará por su propia 
esperiencia, aunque 00 dejaba oe sen- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



tír tener que; separarse ée la opioion 
de alganos. 

Distíngalo la plétora sanguínea de la 
cacoquímica , y presentando los siste- 
mas de una y de otra» sentó por prin- 
cipio que el temperamento sanguíneo 
y linfalíco se diferenciaban por la ma- 
yor y menor cantidad de sangre ó de 
linfa que habia en el cuerpo en el es- 
tado natural. Que la sangre, la melan- 
colía , la pituita y la bilis , estaban en 
el estado natural en la proporción si- 
guiente : la sangre en 60^ , la pituita 
aO > la melancolía en 15 jr la bilis en 
7 : que éstos cuatro humores podían 
auaientarse cada uno de por si, y en- 
tonces constituían una plétora sanguí- 
nea, pituitosa, etc. (pag. 142). 

Trata enseguida d^ las enfermedad 
des que engendra la cacoquimia, y el 
modo jr tiempo de administrar en ellas 
los medicamentos purgantes. Es de no- 
tar <]ue no desecha las sangrías gene- 
rales, prescritas en el principio de las 
enfermedades cacoquimicas. 
. Dedica el tercer libro á tratar de 
los purgantes en especial. En su in- 
troducción hace un elogio de los mé- 
dicos árabes , asegurando que ellos 
coDtribujreron mucho mas que los mé- 
dicos griegos y latinos á la introduc- 
ción de Jos medicamentos laxantes: 
critica justamente í algunos médicos 
contemporáneos sujos, por negar que 
los árabes nada habían hecho en la 
medicina. Prueba que si bien era ver- 
dad que ellos usaban de un lenguage 
como misterioso , también lo era que 
habían descubierto verdades muy im- 
portantes; últimamente que las enfer- 
medades no se curaban ni con barba- 
rismos, ni con palabras elocuentes, 
8ÍQO con remedios. 

Dedica artículos especiales para tra- 
tar de la caña fístula, del manná, de 
los tamarindos, del sen, del ruibarbo, 
del agárico, del acíbar, de los mirabo- 
lanos, del turbit, de la piedra cyaneo, 
del alsebran, de la fumaría^ del asaro. 



del polipodio, de la escan^onea, de la 
coloquintida^ del castóreo, del galvar 
nOj del sagapeno, del amoniaco, de la 
sarcacola, del euforvío, y de la brea. 

Asegura que estos medicamentos 
eran los que se usaban con mas fre- 
cuencia en la generalidad de los casos. 
Describe sus propiedades, sus usos, y 
las enfermedades en que convenían 
respectivamente. 

Esta obrita fué sin duda la mejor 
que se escribió en el siglo XVI: en 
ella abundan las autoridades y textos 
de Avicena, de Rhasis, de Mesue, y 
cuya circunstancia hace su lectura algo 
pesada. De manera que omitiendo las 
citas que entonces tan en boga esta- 
ban, y reduciendo á un lenguage mas 
al corriente las ideas emitidas por 
Bravo ^ aun pudiera en el día de hoy 
ser de mucha utilidad y provecho; 
precisamente en el ramo de pur- 
gantes. 

Joanms Bravi Petrafitcmij jDocto- 
ris medici et scholce medicce Saluma^ 
ticensis publici prqfessorís,in Primum 
pronosticiHíppocratís Ubrurn commeii' 
taria, Editio secunda nunc denuo ab 
eodtm aucthóre recognita et aucta. 
AdPhilippum II CatoUcum Hispa- 
niarwn et Indiarum Regem petentis'^ 
simum, SalmanticcB Apud jínd. Be- 
rantjratres. Anno M,D,XCIII. 

Esta obra se imprimió por primera 
vez en 1583, según se deduce de la 
aprobación de los señores del consejo, 
cuyo secretario Juan de Almazan dice: 
((he visto por mandado de los señores 
del consejo el libro de los comentarios 
que conipuso el Dr. Bravo sobre los 
Pronósticos de Hipócrates que ha diez 
años que se imprimió y agora le quiere 
tornar á imprimir con algunas adicio- 
nes, que también he visto.» 

Dividió este tratado en tres libros; 
en el I.*' espone los comentarios de los 
cuarenta y dos pronósticos de que se 
compone la primera sección del de 
Hipócrates: en el 2.^ los setenta y 



HlST. n£ LÁ M EOIC. ESPAÑOLA. — ToMO 2.^ 



10 



HISTORIA DE LA 



cualro de la segunda sección , y en el 
3«* los coarenla y dos de la tercera. 

No es posible presentar ab estrado 
bien coordinado de las ideas que emi* 
te el autor en cada uno de sus comen- 
tarios. Me concretaré á decir, que este 
libro despojado de tanta cita como 
hace del mismo Hipócrates, de Gale* 
DO, de Avioena j otros médicos de ce- 
lebridad, pudiera en la actualidad con- 
sultarse con mucho provecho por los 
trofesores dedicados á la práctica. Y 
ien seguro que reducido este tratado 
únicamente a las observaciones pro* 
pías del autor, valdría algo mas qué 
algunos de los que se ha valido Litre 
para publicar las obras de Hipócrates* 
¡Pero es españoll! ¡está en latiu*.!! 
¡cansan j fastidian tanto las citas!! 

Joarmis Bravi Petrafitani DoctqrU 
medici et in SalmaÜcensi Academia 
pubUci medicintB interpretis in libros 
Galeni. de dijfferentOs febriwn, Ad 
PhiUppumPrincwtm Máximum Phi^ 
iippi lICaloliciÉispaniamm et Ittdia^ 
rum Megis potentissimifilium» Sala* 
manticse annoM.D.XCvLExcudebat 
Joannes Ferdinandus. 

En la dedicatoria al Principe lo dice^ 
que habiendo sido Hipócrates el ma<- 

Íor médico que tuvo el mundo, le 
abia parecido dedicar la obra ante* 
rior á su dignísimo padre Felipe 11, 
como el mejor de los revés; j habién- 
dolo sido Galeno el único sucesor del 
médico de Goos , á nadie podría con« 
venir la dedicatoria de esta obrita me* 
)or que al Principe, digno sucesor del 
padre* 

Divide este tratado en dos libros, y 
en ambos trata de las diferencias de 
las calenturas. Cree que estas son la 
enfermedad mas general de todas^ 
porque no perdonan ni sexo> ni edad» 
ni otras drcunstancias individuales. 

En los comentarios de Galeno se ha 
dejado Bravo llevar de la imaginación 
fecunda j metafisiea del medico de 
Pérgamo , y comq aquel , es prolijo y 
demasiado confuso. La mayor parte 
de las cuestiones que propone son in- 



útiles, y solo pudieron tener algún va- 
lor en tiempos en que la metafísica 
dominaba absolutamente en todas las 
cuestiones científicas. 

Confieso que es necesario armarse 
de una gran paciencia para leer este 
tratado, y que leido no se sacará nin- 
guna utilidad. 

Joarmis Brasd Petrafiiam Doctoris 
medici et reimedicas in Saiamaticensi 
* Academia interpretis. De simplidum 
medicamentorum delecta et praspora'^ 
tíxme Ubri dúo, : qui ars pkarmacop0a 
dici possunt, Ad Senatum Petrafita'- 
num ad ejusdemque populi RempubU^ 
cam» SalamanticúB Apud Joanncm 
AndreanA^92 (1). 

En la dedicatoria de este tratada al 
ayuntamiento de su pueblo, hace una 
l>ellisima descripción topográfica de 
Piedra* Hita, que nada deja por decir. 

Divide este tratado en dos- libros. 
El primero contiene diea y seis capí*' 
lulos. En el 1.^ trata de todas las par-* 
tes de que se compone una planta y / 
enumera todos los medicamentos que 
pueden tomarse de los reinos animal, 
vegetal y mineral \ en el 2.® del moda 
de coger, preparar v conservar la» 
plantas; en el 3.^ del modo de reco* 
ger, guardar y elegir las yerbas; en 
el 4.® de la recolección y ponservaeioo 
de las flores; en el 5.* de las semillas v 
en el 6.® de la manera de estraer lo» 
)Ugos; en el 7.^ de los líquidos presta» 
' «loa por las mismas plantas; en el 8»^ 
de las cortesas y sus diferencias; en el 
9.^ de la recolección de los frutos; en 
el 10 de la trituración de las snstaii« 
cias ; en el 1 1 del modo de cocerlas; 
en el 12 de su torrefacion; en el 13 de 
fU maceracion ; en el 14 del método 
de hacer las destilaciones; en el 15 y 
16 sobre el modo de lavar los medica- 
mentos, e^ecialmente el acíbar* 
, En el iegundo libro trata eo capí* 
tules separados de los medicamentos 



(1) La aprobtcion está fechada á 2 de 
octubre 4e 1590. 



I 



MEDIQNA «SPAl^OLA. 



11 






€D ptrlienlar ^ y los mas ioUresantes 
ion los del Opio, del aldaiifor, do U 
galanga, de la mirra» del amigóle, do 
la leche, del suero» de la miel y del 
azúcar. 

Escribió UD capitido p^ra triitár de 
los pesos y medidas^ que se usaban por 
los médicos . Nó ofrece ioterés algono'» 
y ÚDÍcameote pudiera servir para el 
que quisiera ilustrarse en este ratno^ y 
nacer un» oomparacion con los pesos 
y medidas que usamos con las de I04 
antiguos. 

De saparum et oehrwn differentíis 
causis et affectiombus Joannis Bra\d . 
Petrafitaní , scholae Salamaiicensis 
publLiprqfessoris^SiltítnMntiése 1592. 

En esta obrita se propuso probar que 
por el olor y sabor que presentan aU 
gnnos' líquidos del cuerpo humano, 
podia muy bien el médico distinguir 
unas enfermedades de otras, j aun 

Eronosticar su crisis en bien ó en mal. 
llama U fitencion sobre los colores de 
\éM orinas , que divide y subdtvide ea 
muchas clases. Asegura que el profe- 
sor puede sacar de ellos mas datoe y 
mas seguros para el dtagoósUco y prc^ 
nóstico de las enfermedades que del 
pulso* Una de las razones en que se 
apoya , 7 no deja de tener su impor- 
tancia , es que el pulso puede sufrir 
mil alteraciones , porque el enfermo 
manda muchas veces sobre él -, pero 
que no puede aunque quiera alterar 
las orinas, y estas siempre manifesta- 
rán el estado interior de los órganos. 

Gomo en el dia está ya tan mvidado 
entre nosotros, aunque sin razón , el 
examen de la orinas > este librito po- 
dría ilustrar mucho á los que quieran 
dedicarse á este ramo de la semeyótr- 
ca« He dicho que la inspección de las 
orinas está sin razón olvidada entre 
nosotros, porque estoy convencido que 
loe hombres mas grandes que ha teoi* 
do la medicina han sacado* un gran re-* 
carsode este sig^o semeyótico. Galeno, 
Valles ; Sydeoham , Daza , . Limón, 
Montero y otros inSnitos nos han de- 
jado tratados especiales sobre esta ma- 



teria » y en ellos recomendada la im« 
^OFtaiicia de. este examen. 

La obrita que'nosoeupa, ademas de) 
interés que ofrece á la medicina prác- 
tica, lo ofrece A la historia , porque ea 
la primera que sobre este tema se ha 
escrito en Europa. 

3Í. «S. jídmoaum utíUs de curatkne 
pleuriti^s j traciatio d />• Bravo 10 
dieMaiiann. 1591. 

Describe perfectamente los sintomat 
de la pleuritis; para su curación pro- 
pone las sangrías generales, repetidas 
según aconsejaba Areteo, y sin pérdi- 
da de tiempo muUm moras' in pleuriü' 
de dat ocasio.... vekemens remedium 
venúB sectío ese (fol. I .*'). 

Eo la terminación de esta enferme» 
dad aconseja los purgantes suaves, y 
añade que si estos estuviesen indteadoa 
desde el principio » no debian admi- 
nistrarse hasta después de bien asegu-^ 
rado el enfermo por las sangrías. Este, 
tratadito abunda en escolen tes consejos 
prácticos del mayor interés. 

Manuscrito. Chrisü nomine invO" 
cato incipit líber 3 pronostkorum Hip* 
pocrates á Doctore Bravo Pein^* 
taño, Anno 1 590. 

Este manuscrito es precisamente el 
original del tercer libro de los Pronós- 
ticos de Hipócrates, <1el que hemos 
hablado yá. Está firmado y rubricado 
déla misma mano del autor. EneMü» 
gar de la foliación dice Doctor Bra^o, 

Manuscrito. De ratiane victos in 
morbis d D. Bratvo» 

Este tratado es un comentario al 
libro de victos ratíone de Hipócrates. 
Comenta veintidós sentencias. Tam» 
bien está firnMdó en ia mayor parte 
de páginas por mano del autor. Al fi- 
nal dice asi: Finis líbri de idctus ratio^ 
¥te. jínno 1591 d D. J?rot)o. (Rubri- 
cado). 

Trata de la dieta me conviene á 
los enfermos en las dolencias agudas. 
Aconseja Is dieta y las bebidas suaves, 
y entre e^tas et agua pura cómo lá me* 
jor. Si hay empacho de vientre, pro- 
pone los laxantes mezclados con el 



12 



HISTORIA DE LA 



ojimiel. También aconseja mucho el 
caldo de los lagartos para moderar el 
calor del estómago. 

Líber secundas de ratione victos in 
morbis. 

Ksie manuscrito se empezó , como 
dice el mismo autor, Die 13 Maü ho-- 
ra 10 ante meridiem anni 1593. 

Es una continuación del anterior, 
sobre el régimen dietético que con- 
viene en las enfermeilades agudas. 

DOCTOR GUpiNEZ. Estudió la 
medicitía en la universidad de Sala- 
manca*, en ella fué catedrático de me- 
dicina, y luego médico de Cámara, 
según se colige de algunas certiGcació- 
nes que dio para la impresión de obras 
médicas. 

Dejó inéditos los tratados siguientes 
que yo poseo: 

Commentaría in aphorismos ffippo' 
crates.l^et^.^ sectiones. Anno 1590. 

In primum et secund. Fem de 
Avicena 1 590. 

De Pulsibus. Todos est<y tratados 
están firmados y rubricados por el 
Doctor Gudinez, Están perfectamente 
conservados y puestos en limpio, con 
notas marginales. No he podido com- 
prender el motivo de no haberse 
publicado ] según al parecer estaban 
corrientes. 

LUIS COLLADO (M. S- Artículo 
adicional. Véase tom. 1.® páp. 415). 

Después de haber publicado él ar- 
ticulo biográfico y bibliográfico de 
Collado, he llegado á poseer un pre- 
cioso manuscrito de este célebre mé- 
dico, que es una colecion de los trata- 
dos siguientes. 

OiuB sequuntur dictavit Ludovicus 
Collado medicas et prqfessor valenti* 
nos sapientissimus. 
■ De simpliciam mediccanentorumfa* 
cultattbas Colladi, 

Observationes in praxi, cíd Colladi 
mentem. 

Constitutiones epidémicas in hac ci^ 
vit. Valent, annorum 1571, 1572. 

' In II methodi Ubrum mediad Ga^ 
leni commentaría Colladi 1571. 



De febríunv putridarum curatione 
ad Gakn, de arte curatíva ad Glau^ 
conem^ Colladi, 

De capitis affectíbus exercitatio" 
nes Colladi, 

De cephalaleia sanguínea» 

De cephalalgia biliosa ^ 

De cephalalgia pituitosa. 

De cephalalgia per consenswn in 
Jebríbus. 

De cephalalgia per consenswn ven- 

triculi. 

De cephalalgia á causa esterna. 

De cephalalgia ab ebrietate. 

De morbo gálico • 

De vertigine. 

De phrenitide. 

De letargo. 

De catalepsi. 

De apoplexia. 

De melancolia. 

De convulsione. 

De paralisi. 

De curatione morborum caintatis 
sntalis exercitaüonesy ac primum de 
pleurítide. 

Este preciosísimo manuscrito, des- 
graciadamente está muy polillado y 
carcomido en algunas partes, con es- 
pecialidad el primero, segundo y ter« 
cer tratados. 

Hay primeramente en este manus- 
crito muchos apuntes por orden alfa- 
bético, los cuales escrinió Collado pa- 
ra su gobierno. Hay igualmente mu- 
chas observaciones suyas escritas en 
forma de aforismos. 

En seguida comenta algunas con- 
clusiones estractadas de los libros ter- 
cero hasta el catorce del método de 
Galeno, las cuales son, como dice Co- 
llado, las bases mas principales de él. 
Asi es que en su esposicion no guarda 
orden alguno. 

De simpUcíbus medicamentis eorunt' 
gue/acuuatibus exercitationes, auC" 
thore D. Collado. 

Dice que al escribir este tratadito se 
propuso reunir en él todo lo mas inte- 
resante que Galeno habia escrito di- 
fusamente en esta materia. En el pri- 



MEDICINA ESPAIVOLA. 



13 



I 



mer capítalo trata clel agua j de sus 
. cualidades. Ed el segundo de los me'- 
dicamentos atemperantes. En el ter- 
cero de los refrigerantes. 

Observatíones in praxi. Espone 
muchas máximas de medicina práctica 
acerca de la ocasión y método de ad- 
ministrar algunos remedios^ con espe- 
cialidad la sangría y los purgantes. 

Casas gui infaciefida medicina, cit' 
va egrotos mifu contingerunt. 
' Refiere muchos casos prácticos que 
le ocurrieron en esta capital, y las ter- 
minaciones que tuvieron. 

Entre ellos lo es el de un enfermo 
en la plaza de San Juan^ de edad de 
setenta y siete años , atacado de una 
calentura ardiente , curado por dies y 
seis sangrías , hechas en el espacio de 
seis días. 

El de dos mugeres, una de ellas em- 
barazada, á las cuales atacó un cólera- 
morbo, y murieron á los tres dia^. 

El de otra mnger á la cual habién- 
dole faltado la menstruación^ le atacó 
una pleuritis -, sangrada repetidas ve « 
ees, terminó en unas intermitentes que 
al cabo de un mes le quitaron la vida. 
Describe otras muchas h istorias mujr 
curiosas é interesantes que omito. 

Constitutiones epidemicce , etc. de 
1571,1572. . 

Las constituciones epidémicas ob- 
servadas por Collado en esta capital de 
Valencia en los años de 1571 y 1572, 
ofreceu mucho interés bajo diferentes 
conceptos: 1 .^porque prueban la maes- 
tría de este célebre médico : 2.* por- 
que no han sido publicadas por nadie, 
ni se tiene de ellas la mas mínima no- 
ticia: 3.^ porque contribuyen á dar á 
este articulo toda la importancia que 
tiene. Traduciré lo mas interesante de 
ellas. 

«En el otoño de 1571 reinaban unas 
calenturas continuas malignas: la ma- 
yor parte de .las enfermedades eran 
agnilisiihas y perniciosisinias. La ca- 
reitia del trigo , la abundancia de las 
frutas de huerta y la muchísima se- 
quedad predisponian á las enfermeda- 



des pútridas. Empezaban por una in- 
digestión ; al momento se afectaba el 
cerebro por simpatía , y de aqui el 
temblor , el delirio, la frenesí y la 
muerte (1). Las calenturas intermi- 
tentes se hacían continuas, y en el prín- 
cipio de sus accesiones caían los enfer- 
mos en un profundo estupor. Todos 
estos morían presentando buenas ori- 
nas. Lucas Fuster, que padeció de es- 
ta calentura con desvelo y sequedad 
de lengua, se libró después de haber- 
le sangrado siete veces: la sangre siem- 
pre salió putrescente, y las orinas bue- 
nas. Desconfiados de la cocción por el 
carácter de las orinas , recurrimos á la 
sangría como una sagrada áncora , y á 
la verdad no fallaron nuestras espe- 
ranzas y deseos, (játque ita parum ji* 
denles urincB adsanguinis emisionem, 
tamquam ad sacram anchoram confu^ 
giebamusj ttnihilnostrípropositi men» 
tita). A las calenturas continuas, ma- 
lignas y peligrosas siempre seguían 
convulsiones , ó ya desde el momento 
que empezaban, como sucedió al hijo 
de Acpall (á: quien salieron también 
dos flegmones uno en cada brazo des- 
pués de la primera sangría que se le 
hizo), y al cura; ó después de la san- 
gría como en Amiguet y Cipriano^ 
frente la puerta del míle. El temblor 
fué mortal en el hijo de Navarro, qtie 
deliraba, y en el hermano deK platero. 
El sudor lo fué también en Cortés, 
yerno de Bartolomé de Mote, La hija 
de Doladeo fué atacada de un fuerte 
dolor mordicante en el ventrículo ; se 
le aplicó una ventosa al dolor , se le 
exacervó y murió en el mismo día. 

(I El invierno fue muy lluvioso y frió: 
en el mes de enero dominaron los 
vientos del norte: en el mes de febrero 
cayeron muchas nieves y lluvias , y 
continuaron los vientos fríos. Se de- 
clararon pulmonías y frenesis muy 
violentas y agudas, acompañadas de 



(i) Creo que es impoiible espresar mas 
CD meóos palabras. 






«^*l 



14 



HISTORIA DE LA 



una Sfinia postracioo, de delirio j de 
derigaaldad de calor. Algana» veces 
se preseotabao TÓoiitos de pituita j 
frialdad, que contraindi<5aban las san» 
grias ; la malignidad del humor qui^ 
taba las fuerzas i los enfermos, y mo- 
rían. Las pulmonías se conyertian en 
perioeumonias, cuyo tránsito anun- 
ciaban los escalofríos, la rubicundez de 
las megillasi el coma, el delirio amo- 
dorrado, UDs ansiosa respiración, la 
cesación del dolor en la región costal, 
la lengua seca y encendida. De estos 
ninguno se libraba. 

aSe presentaron también íleos ó 
cólicos : el vientre se hinchaba, se po- 
oia sumamente dolorido; en el rostro 
de los enfermos se espresaba la malig- . 
nidad del mal; la lengua era secay rur 
bicunda; no podían dormir ; en pocOf 
momentos se estenuaban : les acome- 
tían temblores^ fuerte calentura, y 
morian« 

«Otras veces sobrevenían calenturas 
malignas: los enfermos se quejaban df 
frío esteriormente, y en Id interior se 
abrasaban: les sobrevenian desmayos, 
sudor frío á la frente, y morian entre 
el dia nofc^o y undécimo.» 

Despoes de estas descripciones , es «^ 
pone Collado muchos casos prácticos 
de sugetos qnn murieíoo de estas do* 
lencias. 

Constituciones epidémicas de, 1 572, 

«El verano, dice, fué seco y mujr 
frío , porque reinaron los vientos del 
norte ; reinaban calenturas continuas 
que se aliviaban con copiosas evacua- 
ciones de sangre» El cirujano Campa- 
fta, amigo mió, tuvo calentura conti* 
nna, inquietud ^ desvelo, delirio y con- 
vulsiones : afinque se le sangró copio- 
samente, murió. La sangre que se sa- 
caba á los enfermos era fetiuísima : U 
pituita acudiendo con abundancia al 
cerebro, infestaba los espíritus anima- 
les, y faltaodp la fuerza nerviosa, so- 
brevenía un sopor mortalisimo. An- 
tonio Clemente, escribano-de mi casa, 
fué atacado de pna calentura continua: 
le sobrevino el coma y un sudor frioj 



y murió muy pronto; las orinas 
ron muy claras. 

«En el otoño continuaron las calen^ 
turas pútridas con muy grande cautir 
dad de humores corrompidos* Las san* 

Srías copiosas eran el mejor remedie; 
e modo que un sugeto sexagenario se 
'libró por sie|e sangrías, y mi Tecino 
Piacuelo con trece. En algunos enfer- 
mos se presentaban en el pecho la 
pápula miliácea, que indicaba la ma- 
lignidad del mal. En otros se forma- 
ban abscesos, los cuales eran mejores 
cuando salían en las piernas ó de mor 
dio cuerpo abajo, que los de los bra- 
zos y medio cuerpo arriba. Se cnra* 
baii procurandQ la salida de la ma*> 
teria.» 

Collado refiere muchos capos prác* 
ticos en comprobscion. 

In II Galeni librum Methodi me^ 
dendi Comtnentariif Ludopici Colladí 
Medid pragstofttissinu» 

En este tratada cita su obra titu- 
lada Isagoge ad Jaciendam medicí^ 
rutm, de la que hablamos en otra parte* 
Comenta el 2.^ libro del método da 
Galeno , y trata en él con toda partí <? 
cularidad de las calenturas , teniendo 
presente las constituciones roidémicss 
arríba dichas. Este tratado tué de los 
últimos que escribió. Tiene la ventaja 
sc^re el Isagoge, que en esta habla de 
propia esperiencia ; apenas hace citas 
ni intercala textos. Eu fin , es toda la 
espresioo de su práctica. Afortunada^ 
mente está muy bien conservada esta 
parte del manuscrito. 

De cemitis (^ectíbus perscutationes 
particuuxres Ludosñci Collado medici 
proístantissimi. 

Dedica artículos especiales á tratar 
del diagnóstico, pronostico y curación 
de las enfermedades que ya espusimos 
mas arríba. Entre ellos es muy inte- 
resante el articulo áe morbo gálico* 
Al hablar de su origen, se inclina á 
creer que no fué conocido de los anti- 

(;uos, y si importado por Cristóbal Cp* 
on , según era la opinión general d^ 
*su tiempo. Entre otras razones para 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



Í5 



lirólNir esta ópiDion , ti de que los re* 
medm qoe mas aprovechan eo su ca* 
ración bao sido importados de la India, 
y por cxMMÍgaiepte qoe el tnal venéreo 
delbió ignalmente venir de ellas, ceste 
vMpersuadethunc morhum ex In* 
iuí nobis advenisse^ quoniam medica^ 
mentís ex illa regione adventís cu-' 
ratur. 

Para la gonorrea propone las \nyet* 
eionescoii lasemnlsiones frias, las frio^ 
Clones con el mercurio, j los coci* 
mientos del gaajraco jde uirsa*parr¡lla. 

También son muy interesantes loa 
eapitulos de la frenítis, del letargo, de 
la apopiegia , de las eonvnlsiones > de 
la epilepsia y de la perinenmonia. En 
fodoa ellos espooe ideas las mas intere- 
sante» jr fandaraenlalesde la medicina 
práctiea. 

£sU preciosísimo maaoserito, es* 
p«rga<io de las citas y textos que baoe^ 
y redociéndolo á la simple esposicion 
de los preceptos prácticos, podiera no* 
oerse á la pac de los nciejores escritos 
del siglo XIX. 

Tengo Ja majror satisfacción en ha- 
ber completado con esta esposieioo la 
bibliografía del primer medico de la 
eacttcla valenciasa, el digno rival del 
inmortal Valles. 

JAIME SEGARRA. Mmtuscrko. 
(Articttlo adicional, V. tom. 1.% pa- 
gina 472). 

Deapncs de publicado el articulo 
je ^fste celebre médico , he llegado 
á poseer el precioso maunscrito si* 
guíente: 

CommefUarüdoctíssimi in s^ Ga* 
leni libros de morbo et symtomaie et 
in dúos de differentüs febrium : et in 
Ubellum de pulsibus (¡a Tyrones: et in 
¡ibelium spuriwn de urinis; elaborati d 
Doctissimo et per iwuto Doeiore Ja^ 
cobo Segara , medico valentino f et 
jipoilme artU in prceclara Gmtatís 
KídentindB Academia^ Primario Pro^ 
Jessore* Una eum copiossisime quaes'* 
tioman omniymqae venan memora^ 
biluan,quiB in hisce Ubris cóntinentur, 
1. Éa folio. 



Cste precioso mannscrito^ qne com- 
prende 355 fojas, está perttctísima- 
mentQ conservado; estaba ja en limpio 
^ firmado del autor para darsi á la 
mprenta. 

En el primer libro Irata de las ¿&* 

ferencim de las enfermedades i Indi* 

vida ü trece capítulos. La 'mayor 

Jarte (Üé ellos están reducidos á tratar 
e las enfermedades simples y com* 
yoestas. 

Commentaria in II Galeni tibrum 
de morborum causis. Divide este libro 
en once ca pítalos. Discute si el movi- 
miento és siempre causa del calor : si 
las causas procatáf ticas pueden produ- 
cir en el hombre la calentara: si pa#- 
den existir i un mismo tiempo c|o8 
enfermedades de diferente intempa» 
rie^ á saber t cálida y fría, d lo que es 
lo mismo en nuestro lenguage, si pne^ 
den existir dos enfermedades, una pro* 
doctda por la irrllacicm , y otra por 
atonía. 

Commentaria in III Galeni Ubrun^ 
de srmtomatum dijferentii^* 

En este libro trata de la semejansa 
y de la diferencia de los síntomas; esto 
es, del diagnóstico diferencia.1 según 
el leoguage del dia. Prueba que mu- 
chos síntomas se parecen á otros, v sin 
embargo son desemejantes. Este libro 
es una aplicación de aquella sentencia 
del padre de la medicioa, la seme^ 
fanza de las dijerenmas^ y las dife-' 
rendas de las semejanzas producen 
errores trascendentales en la medicina. 

Commentaria in If^ Galera líbrum 
de sjmtomatmn causis. Este Kbro e^ 
sumamente interesante. Lo divide en 
ocho capítnios. En el I .^ trata de los 
sentidos y de sn influencia en las en« 
fermedades: en el 2.?, que es muy es- 
ténse , trata dé la lesiea de la vista. 
Admira la tenacidad y el convencí* 
miento , de que parte para esplicar las 
alteraciones de la vista, especialmen* 
te la gota serena ó arnauresia, per lar 
trasmisión de los espíritus animale^or 
los conductos que supone en los ner- 
vios óbticos. Aglomera uoa multitud 



16 



HISTORIA DE LA 



de pruebas, que según él soa conclu- 
yentes, aunque los anatómicos, dice, 
no bajan podido demostrar la existen- 
cía de tales conductíllos en los nervios. 
Son sumamente especiosas las pruebas 
que alega j las esplicaciones que da. 
Sí la existencia de los conductos ópti- 
cos y U de los espíritus animales fuera 
indudable, á buen seguro que no pu- 
dieran esplicarse mejor los resultados 
y los efectos de la visión, que lo hace 
Segarra,. Es sumamente insti'uctívo 
todo este capitulo. En el 2.* capitulo 
trata de las enfermedades del oído. 
Describe perfectamente la estructura 
anatómica del oído interno j esterno, 
y es de notar que al hablar de los hue- 
secíllos del oído, y después de tributar 
un elogio á Vesaiio por el descubri- 
miento de los dos llamados yunque 
y martillo , confiesa que su maestro 
Luis Collado descubrió el denominado 
estribo. Véanse sus mismas palabras. 
üEt post KesaUum, prceceptor noster 
Ludovicus Collado, vir sane sine tilla 
controversia impense doctas , tertium 
quoddam osiculwn invemtjquodprop" 
ter similitudinem j stapedan vocavit. 
(pág. 102 y vuelta). En el tercer capi- 
tulo trata de las dolencias del oído. En 
el cuarto de las del olfato, y es de notar 

3ue al citar al doctor Valles , elogia n- 
ole como el médico mas sabio de Es- 
paña, dice entre un paréntisis (semper 
tomen excepto Doctore Hierordmo 
Gudiel , complutensi ac ossumensi 
etiam medico j qid quidem ob impen^ 
sam ejus sapientiam, me judice, \femt 
cum antiqmtate comparandus) (página 
106). 

En el capítulo quinto trata del tac- 
to, al cual llama sentido común y uni- 
versal, porque no hay ser viviente que 
carezca de él, y porque todos los ten- 
tidos no son mas que variedades del 
tacto (pág- 107). Establece que los 
nervios son los únicos conductores de 
la sensibilidad: describe exactamen- 
te la distribución de los nervios, y es- 
tabiece por principio, que el médico 
debe conocer perfectamente el orí- 



gen , la distribución y la terminación 
de los nervios para curar las enferme- 
dades, porque de lo contrario seria una 
temeridad emprender la curación.^ 
(Necessaritan medico est recte novisse 
omnium nervorum exortum, distribuí 
tionem , eorumdemque insertionem» 
Alioquin temeré curationem institue^ 
remas (pág. 109 vuelta). 

En seguida propone la cuestión , si 
permaneciendo el movimiento de una 
parte puede perecer la sensibilidad^ 
ó si conservada esta debe permanecer 
aquel. 

Dedica el capitulo 6.* á esplicar las 
causas del dolory del placer. (Muy in- 
teresante y sumamente fisiológico. 

En el 7.^ trata de las afecciones del 
ventrículo. Asegura que todas las en-* 
fermedades pueden en ocasiones traer 
su origen de una afección de este ór- 
gano, y hasta la epilepsia, el coma y la 
catalepsis.-Da la razón diciendo «que 
ios vapores ascendiendo de dicha vis- 
cera al cerebro, le irritan (pág. 127).» 

En el 8.*^ trata de las causas de los 
síntomas del primer sentido \ esto es, 
el cerebro. (Muy interesante). 

Gommentaria doctissima in quin^ 
tum Galeni Ubrwn de sjjntomatum 
causis. 

Trata en capítulos separados de las 
convulsiones, del temblor, del frió, 
de las palpitaciones, del bostezo, de 
la tos, del eructo , del estornudo , de 
la pandiculación, y del rechinamiento 
de dientes. 

Comm£ntaria in Sextum Galeni 
librum de symtomatum causis. 

Consagra este libro á tratar de las 
cuatro facultades ó propiedades vita- 
les, a saber: la atractiva, la retentiva, 
la digestiva, y la espulsiva. Si se tra- 
dugera este libro con el leñguage mo- 
derno, aun se leería con mucho gusto 
y provecho. Contiene cosas muy'intcS- 
resautes. 

Gommentaria doctissima in dúos 
Claudii Galeni libros de differentíis 
Jebrium, 

Bajo el título de cuestiones prelimi- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



17 



nares {quasstiones preámbulo) , trata 
de las generalidades de las calentaras. 
Dedica catorce capítulos á esponer las 
calentaras en especial, y sobre todo de 
las pútridas, cayos principales sínto- 
mas señala y comenta en párrafos se- 
parados. 

En el segando libro trata de la com- 
plicacion de las calentaras onas coa 
otras, segon indica en las dos tablas 
siguientes: 

Terciana continua, con ana coti- 
diana continua. 

Terciana continua) con ana coti* 
diana intermitente. 

Terciana intermitente, con cotidia- 
na continua. 

Terciana intermitente, con cotidia- 
na intermitente. 

Terciana continua , cpn cuartana 
CM>ntinua. 

Terciana continua, con cuartana 
intermitente. 

Terciana remitente, con cuartana 
intermitente. 

Cotidiana continua, con cuartana 
continua. 

Cotidiana continua, con cuartana 
Intermitente. 

Cotidiana intermitente, con cuar» 
lana continua. 

Cotidiana intermitente, con cuar- 
tana intermitente (pag. 267 yuelta). 

Dedica articalos especiales para es- 
plicar estas combinaciones ( suma- 
mente interesantes). 

A continoacion inserta setenta cora- 
clusiones médicas , que son otros tan- 
tos principios fundamentales ; mejor 
diré , es su doctrina reducida en afo- 
rismos. Interesantísimas (página 281 
j 282). 

, Jacóbi Segarra Prestantissimi Me* 
did Valentini Doctoris in Galeni libe" 
Uum de pulsíbus ad Tjrrones, Com^ 
mentarüis, in quo omnia fere , qiuB 
Galemts XVI librís de pulsíbus tran- 
sefftp brevi exponuntur* Ejwsdemque 
de urínis Disputatio ex Mippocratej 



Galeno , Actuario, et aliis colecta. 

Después de esplicar la combinación 
de los pulsos unos con otros ^ sus ge- 
neralidades y sus diferencias, pasa á 
describir la diferencia de ellos en de- 
terminadas enfermedades. 

Admira sobremanera el estudio tan 
profundo que hizo nuestro médico 
Segarra sobre la naturaleza del pulso, 
como se deja conocer en la cuestión 
que propone > á saber: si los signos 
prestados por el pulso son ó no mas 
ciertos que los prestados por las ori- 
nas. Esta cuestión es seguramente la 
mas discutida por los antiguos; prueba 
de la gran importancia qne todos die- 
ron á unos y otros signos H). 

Espone la diferencia ael pulso en 
razón de las edades, de las intempe- 
ries (temperamentos), y de la diferen* 
cia de las enfermedades. Interesan so- 
bre todas las descripciones de las en- 
fermedades y aplicaciones que á ellas 
hace de los pulsos, la pleuritis, de 
empiemá , la tisis , la perineumonía, 
la.lrenitis, déla catalepsis, la pará- 
lisis, la epilepsia, la apoplegia , el as- 
ma , la orthophnea , y la estrangula- 
ción del útero (desde la pág. 307, has- 
U la 335). 

Pulcra ac utilis Disputatio de uri* 
nis, elaborata d Dpctissimo ac pera^ 



(1) Nosotros los médicos del siglo XlX 
DO nos ocupamos ya en estas cuestioDes 
paerilesÜl ya no dos entretenemos eo mi- 
rar ni en tocar las orinas!!! Pero si alguno 
nos preguntara, ¿es posible qne tantos y 
tan grandes hombres, como son los que es- 
cribieron de la importancia del examen 
detenido del pulso y de las orinas , se ha- 
yan engañado? ¿Es posible qne tantas y 
tantas observaciones y escritos sobre estos 
dos signos hayan venido á reducirse á la 
nada? Yo contestaría , qne los antiguos pe- 
caron por cartas de mas , y los moderóos 
pof cartas de menos ; que los primeros er- 
raron dándoles mas importancia de la que 
tenían, y los segundos no dándoles ninguna. 



Hi5T. DSLA Medio, española. — Tomo 2®. 



^ 



18 



HISTORIA DE LA 



cuto D. Jacoho Segarra, Medico Fa» 
¡entino, et jlpoUnce artis in ipsa^prce^ 
clara Valentina Academia ^ primario 
professore , ex Hippocrate, Galeno, 
Actuario -, et aliis colecta. 

Todo este escrito paede redacirse k 
los siguientes preceptos que son de 
pura práctica. 

1 .® El medico mandará al enfer- 
mo que guarde las orinas después de 
la segunda cocción. 

2.^ El que los enfermos guarden 
toda la cantidad de orina , y no como 
hacen algunos, que de Tergüensa solo 
enseñaban una parte. 

3.^ El que el médico haga que se 
conserven en orinal de ridrio, bien 
trasparente y limpio. 

4.^ El que no inspeccione las ori- 
nas en un lugar muy oscuro, ni de 
mucha luz; porque en el primero pu- 
diera desapercibir alguna notabilidad, 
especialmente en el sedimento; j en 
el segundo la demasiada luz, dando 
mucha trasparencia á las orinaa, pu- 
diera inducirle en error. 

5.^ El médico deberá inspeccionar 
dos , tres ó mas veces las orinas. 

6.^ Deberá meter sus dedos en las 
orinas para distinguir su espesor, se* 
gun que los vea mas ó menos distinta* 
mente, teniéndolos dentro de ellas. 

7.® Deberá advertir á los asisten- 
tes que no agiten las orinas para que 
no se mezclen j enturbien. 

8.^ Notará su color y olor , de- 
biendo recordar que la orina suele im- 
pregnarse de los propios á ciertas sus- 
tancias. 

Se entretiene en esplicar los signos 
prestados por las orinas según sus di- 
ferentes color, olor , consistencia , se- 
dimento^ etc. 

Apoplexiajn fortem solvere ímpO' 
sibile, debilem cegre curaveris. 

Dedicó este escrito al Rector y claus- 
tro de la universidad de Valencia. Su 
contenido está reducido á probar los 
estremos del epígrafe. 

FERNANDO GARCÍA DE HER- 
RERA, natural de Santander , estu- 



dióla filosofía, teología y medicina en 
la universidad de Valencia, bajo la di- 
rección de Jaime Segarra, de Juan de 
Águilar, el Doctor Diego Romero Gla- 
vijo y el Doctor Castillejo, catedráti- 
eos de medicina. Se graduó de bachi- 
ller el viernes 20 de abril de 1584, 
en cuyo dia empezó su práctica con él 
D., Jaime Segarra. Dejó inéditos los 
escritos siguientes. 

Disputatio de humorihus. (Ifanus^ 
eríto). 

Este precioso manuscrito que yo 
poseo , es uno de los que mas clara- 
mente han espuesto la teoría de los an- 
tiguos sobre la formación de los hu- 
mores y producción de las enfermeda- 
des. Voy á presentar su estracto, para 
que mis lectores puedan ponerse al 
corriente de las antiguas teorías. 

((En el cuerpo humanóse hacen tres 
cocimientos: el pHmero es el hondón 
de) estómago del cual resultan dos par- 
teSy una gruesa y otra delgada. La 
gruesa va por un camino que se llama 
piloron, que desciende á las tripas: la 
delgada , que es sumamente blanca, 
llamada quilo, va por las venas mese- 
raicasal hígado, del cual se engendran 
los cuatro humores, por ser compues- 
ta de cuatro propiedades diferentes, 
V. g.^ de la parte fria y húmeda* se en- 
gendra la flenu que es fria y húmeda; 
de la parte caliente y seca se engendra 
la cólera, que es caliente y seca ; de la 
parte templada se engendra la sangre 
templada en calor y humedad , y del 
asiento de los tres humores se engen- 
dra la melancolía natural , la cual es 
fria y seca. Estos cuatro humores com> 
prenden á los cuatro elementos: la fle- 
ma al agua, la cólera al fuego, la me- 
lancolía á la tierra, y la sangre al aire» 
Lo mas sucio de la cólera recibe la ve- 
jiga de la hiél, y de esto proveyó na- 
turaleza que cada dia enviase á las tri- 
pas un poco para que con su acrimo- 
nia y mordacidad dispertase á la fa- 
cultad espultriz para hacer la cámara. 
Lo roas sucio de la melancolía recibe 
el bazo,y de esto envia todos los dias un 



1 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



19 



poco al estómago para dispertar el ape- 
tito y dar gana de comer. La flema se 
ya tras de la sangre por ser sangre me« 
dio cocida^ para que á falta de sangre 
natural se surta de ella , y todos estos 
humores juntos se llama la masa san*? 
guiñaría. Estos principalmente crecen 
en los cuatro tiempos del a&o; én el 
invierno crece la flema , en el verano 
la cólera, en el estio la cólera adusta, 
que es la melancolía preternatural, y 
*en el otoño^ por ser templado, la san- 
gre. Adviértase que cuatro planetas 
tienen predominio y mando en estos 
cuatro humores; la luna, el cual reina 
en lunes, tiene dominio sobre la flema 
por ser la luna friay húmeda: Marte, 
que reina el martes, por ser caliente y 
seco tiene dominio sobre la cólera: Sa- 
turno , que reina el sábado , *por ser 
triste tiene dominio sobre la melanco- 
lía: Júpiter, que reina el jueves , por 
ser templado á predominio tiene do- 
minio sobre la sangre. Estos cuatro hu« 
mores tienen particulares horas en las 
cuales se mueven. Por la mañana la 
sangre, y asi andan alegres los hom« 
bres por las mañanas : á medio día la 
cólera porque después de movidos los 
humores se calienta la cólera como la 
ñas caliente y delgada* A la tarde se 
mueve* la melancolía , y á la noche la 
flema, por lo cual nos parece estar mas 
pesados que en otra época» De aqui 
sacamos un precepto importantísimo 
para curar siempre. Que si en tiempo 
de otoño que crece la sangre nos lla- 
masen para curar un flegmon en par» 
te muy principal, aunque fuese miér- 
coles en la noche le sangraríamos, por- 
que jueves por la mañana crece la san- 
gre, y en otoño nos pondríamos á peli- 
gro de que con aquel ímpetu, de la 
sangre que el jueves por la mañana ha 
de tener, ó se doblaría el flegmon , ó 
nos pondria en peligro de muerte el 
enfermo. 

nModo de conocer el humor pecana' 
te por el sueño, 

«Guando se ensueña en agua peca 
flema, cuando en guerras y cuestiones 



peca cólera*, cuando en cosas alegres y 
deleites peca sangre; cuando en muer- 
tos y cosas negras peca melancolía.» 

Tienen, pues, mis lectores esplica- 
da en pocas líneas la teoría de los an- 
tiguos sobre la influencia y predomi** 
nio de los humores en el cuerpo hu- 
mano. No me estiendo mas en ella 
porque lo espuesto basta para su com« 
prensión. 

Disputatio brevis de hwnorum ge- 
nertuione et prius de sanguine. 

En este escrito dedica artículos se- 
parados para esplicar la teoría de la 
formación: 1.® de la sangre: 2.® de la 
bilis : 3.^ de la melancolía : 4.® de la 

Imiluita: 5.^ de la formación de la b¡- 
is preternatural ó morbosa : 6.^ del 
humor atrabiliario preternatural: 7.® 
déla pituita preternatural. Espone las 
enfermedades que cada uno de estos 
humores produce. 

Ütrum convulsio Jiat á repletione 
vel inanitione solum ^ qiusstio me-* 
dica* 

Este escrito es una colección de pro- 
posiciones ó conclusiones médicas^ que 
no dejan de ofrecer bastante interés^ 
despojándolas de la teoría en que las 
fonda, y ateniéndose á los hechos prác- 
ticos. 

«La convulsión , dice , puede ser 
producida por plétora ó por inanición: 
esta es incurable , aquella no, porque 
es mas fácil y pronto debilitar que en* 
tonar.» Confirma esta verdad práctica 
por aquella sentencia de Hipócrates: 
fehrem supervenire convulsionem^me- 
Uus est quam convulsionemfebrí. 

aEn las calenturas ardientes y su* 
mámente dolorosas acompañadas de 
inflamación vehemente , el remedio 
soberano es la sangría, husque adani'» 
mi deliquium , con tal que el enfermo 
no esté exhangüe. 

(cLa leche diluida en el agua acera- 
da ó ferruginosa, es el mejor remedio 
para la disenteria, con tal que no haya 
una calentura vehemente. 

«En las calenturas punticulares ó 
tavardillos malignos , debe sangrarse 



20 



HISTORIA DE LA 



copiosameDte , pero antes de U erup- 
ción de las pintas. 

«La frenitis ^ que es la inflamación 
de la membrana que envuelve al Ce- 
rebro^ exige psi^A 811 curación pronta y 
larga sangría del pie. Si se resistiese á 
esta, se recurriría i la de la frente, j 
si tampoco bastan se le aplican á la ca« 
beza ventosas sajadas, j se administra- 
rán lavativas irritantes. 

<cNo se ha de conceder vino i los 
frenéticos en el principio y aumento 
del maL aun cuando estén sumamen- 
te débiles, y tengan sincopes. En la 
declinación se les podrá aaministrar 
mezclado con agua. 

«En la pleuritis, que es la infla- 
mación de la membrana que cubre 
interiormente la cavidad del pecho, 
debe sangrarse pronta y largamente 
hasta que el enfermó pierda el color. 
Debe practicarse la sangría del brazo 
correspondiente al lado afecto. 

«La facultad animal, que .es el prin- 
cipio del sentimiento^ reside en el ce« 
rebro y no en el corazón, como dijo 
Aristóteles. La imaginación^ la razón 
y la memoria tienen su asiento en to- 
do el cerebro , y no en una parte es- 
clusiva, según opinon de algunos» Sin 
embargo defenderé uno de los estre* 
mos, ad Ubitum del arsujrente. 

Qumstio celebris, Anpueri smt ca^ 
lidiores fuuenibus. 

Se esfuerza en probar que los niños 
tienen mas calor que los adultos. 

Según se deduce de esta última con- 
clusión , es ya de muy antiguo en la 
universidad de esta capital el formu- 
lar un programa de conclusiones para 
recibir la licenciatura en medicina; 

ANTONIO DE LEDESMA es- 
tudió la medicina en esta universidad 
de Valencia. Recibida la licenciatura, 
marchó médico titular a la villa de La- 
Puebla, en Castilla la Nueva, en la cual 
estuvo tres años. Su mucha fama lo hi- 
zo acreedor a que el Duque de Bejar 
le nombrase medico suyo. Estando de 
médico en el espresado pueblo, tuvo ya 



relaciones literarias con dicho Duque. 
Este médico nos dejó dos escritos di- 
rigidos á dicho se&or , qué conservo 
manuscritos en mi colección. 

Habiéndose presentado en el vizcon- 
dado de Bejar una epidemia de car- 
bunclos , que mataba la may^r parte 
'de los que atacaba, que eran los po- 
bres y necesitados, mandó el Duque 
al médico Ledesma que corriese los 

Eueblos infestados , y que después de . 
aber examinado la naturaleza de la 
enfermedad , sus causas y los medios 
de curación , le informase por escrito 
de cuanto le pareciera debia practi- 
carse para evitar la propagación de la 
enfermedad. En efecto, Ledesma pasó 
á Talarruvias y á la villa de La-Puebla; 
y habiendo examinado detenidamen- 
te las circunstancias del mal , le diri- 
gió el escrito , cuyo estracto es como 
sigue. 

«Escmo. Sr. ■« En algunas villas y 
lugares de este vizcondado de Y. Es- 
celencia han enfermado algunas gen- 
tes, principalmente pobres (y de estos 
en mas número muchachos que de 
otra edad), de unos carbuncos ó antra- 
ces , que el vulgo llama landres , que 
porque han muerto muchos y pegado* 
se á otros , que también han mnertd 
algano de ellos, han puesto miedo en 
toda esta tierra, y hecho entender que 
los tales enfermos están infectos de 
peste, y que era bien guardarse de los 
tales lugares.* Con ser ansí verdad que 
en los tales pueblos por la bondad de 
Nuestro Señor y en toda la comarca 
el aire está limpio y sano , que es la 

Iirincipat causa de contagiosas y pesti- 
enciafes enfermedades , y que estos 
carbúnculos aunque se pegaban por 
contacto material (según que yo [)or 
mandado de V. Escelencia los fui á 
ver en Talarruvias y la villa dé La-Pue- 
bla). Para ser peste contagiosa fatában- 
le cuatro cosas principales, que pues 
V. Elscelencia ayer me mandó se las 
diese por escrito con la preservación 
de peste, que por mandado de mi Se- 



MEDICINA ESPA]?OLA. 



21 



fior en Itngut küoa compase (1) lo 
haré. . 

La primera oosa que faltaba á tos 
carbunclos de esta tierra para ser pes- 
te, es que no producían maligna infec- 
cion^ ni tenían aquella exaltación ve- 
nenosa que cunde por el aire, 7 P^^^" ®^ 
seminario infecto hiriese al reciño^ 
sino pegábase por tratar, limpiar y 
tocar realmente el dicho apostema, 
como se pega una sarna , unas bubas, 
noa oftalmia, y no de otra manera. 

La segunda cosa, que nunca dio ¿ 
hombre que no estuviese mantenido 
de mujr viciosos mantenimientos de 
muchos días j años atrás; como pan de 
cebada , yervas no sanas , bellotas , j 
aun muchos de ellos con bellotas y ja- 
rama jos> que sí. de cualquier otra en- 
fermedad adolescieran (aunque no fue 
ae en esencia billana, murieran según 
estaban aparejados para ello). 

La tercera , que aunque á estos lu- 
gares de La*Pnebla y Talarruvias lle- 
gaban hombres y mngeres mantenidos 
con mejores mantenimientos , nunca 
se les pegó á ninguno, como á los clé- 
rigos que los confesaban, á los médi- 
cos itue los curaban , á los barberos 
que ios sangraban y sajaban los mis- 
moa carbunclos, ni á quien los enter- 
raba. Si alguno mpria era pobre que 
estaba mantenido del mismo manteni- 
miento maligno, y tenia el mismo apa* 
rato morboso aue ellos. 

La cuarta, finalmente , que nineu* 
oo de los mismos pobres acertó á lla- 
mar al primero ó segundo dia al mé- 
' dico ó al barbero, que curándose mu-* 
riése.a 

Sentados estos principios , y convi- 
niendo por otra parte «que propagán- 



(1) Las condesas en el siglo XVI qae- 
riau qae se les hablase de medicina eo la- 
tió. En el figlo XIX destierraó los mismos 
médicos la lengaa latioa del estadio de la 
medicina. Esta esnnaproeba nada equívo- 
ea qae caminamos ú la ilostracioa eomo el 
cangrejo, siempre de lado y hacia atrás. 



dose mucho el contagio pudiera venir 
una exhalación morbosa en. el aire en 
calentando el cielo un poco mas» pasa 
á esponer al Duque el régimen que 
había de guardar en su persona, fami- 
lia y demás dependientes suyos. Hé 
aquí algunas de sus principales máxi- 
mas. 

Cinco cosas aprovechan para preca- 
verse de la peste, y son: sangría. .pur^ 
ga, fuego , huida jr tranquilidad de 
conciencia. 

Cinco cosas dañan en tiempo de pes- 
te: hambre, tristeza^cansancio , venus ^ 
aires infectos^ 

Dedica su tratado á probar los es- 
tremos indicados. Es sumamente pre- 
cioso é interesante cuanto éspone ; y 
á buen seguro que no se sabe ni se di- 
ce mas en nuestros dias. 

De aere puro nkligendo , in quo ci^ 
tra minantis vestís Jornudinem, Esce^ 
lentíssimus Dux Bejarensis saluhriter 
versan queat ; in cujas infectíone et 
Ftoi» iVi abditís Sjrderum it^uxu vera 
pestís causa existit^Auethore Antomo 
Ledesnta, medico* 

£1 principal objeto que se propone 
en este escrito fué probar contra la co- 
mún opinión de los médicos de su 
tiempo , que la causa de las pestes no 
emanaba del influjo celeste, sino de 
causas terrestres y humanas. 

Ridiculiza á los que creían que' unas 
estrellas y planetas eran afortunados y 
otros desgraciados , caujAi de la suerte- 
buena ó mala de los que nacían bajo su 
influjo. Elste manuscrito es de mucho 
interés por las ideas tan sanas y tan 
científicas para los tiempos en que se 
escribieron. 

JUAN DE DIOS HÜARTE T 
NAVARRO. (Articulo adicional. 
Véase tom. 1 .^ de la Med. esp., pági- 
na 312) (1). 



(1) Al hablar de este célebre mádieo, 
dige qae en la primitiva edición qae poseía 
faltaba el *cap(tolo séptimo, el caal había 
sido completamente rasgado por los inqai* 



22 



HISTORU DE LA 



CAPJTÜLO SÉPTIMO. 

Muéstrase que aunque el ánima ra- 
cional, a menester el temperamento 
de las quatro calidades primeras^ assi 
para esstar en el cuerpo como para 
discurrir jr raciocinar, que no por esso 
se infiere que es corruptible y morud. 

Por COSA aTeriguada tuvo Platón 
(InPhcedro) que el ánima racional era 
sustancia incorpórea» espiritaal, no su- 
jeta á corrupción ni á mortalidad^ co« 
md la de los brutos animales:, la qual 
(salida del cuerpo) tiene otra vida me- 
jor 7 mas descansada: pero entiéndese 
(dize Platón In jípologia) aviendo vi* 
vido el hombre conforme á razón: por- 
que sino, roas le valiera al ánima que* 
darse pura siempre en el cuerpo, que 
padescer los tormentos con que Dios 
castiea los malos. Essta conclusión es 
tan iílustre y cathólica, que si ¿1 la al- 
canzó con la felicidad de su ingenio^ 
con justo titulo tiene por renombre, el 
divino Platón. Pero aunque es tal qual 
parece, jamás oupoá Galeno en su en- 
tendimiento: antes la tuvo siempre por 
sospechosa ; viendo delirar al hombre 
cuejrdo, por callentársele el celebro; j 
volver en su juyzio , aplicándole me- 
decinas frias. Y assi , dixo (Lib. qaod 
animi inores, cap. 3. etc. 9 de placit. 
Hippoc. etc. Plato.) que se holgara 
que fuera vivo Platón para preguntar- 
le, ¿cómo era posible, ser el ánima ra- 
cional inmortal, alterándose tan fácil- 
mente, con el calor, frialdad^ hume- 
dad^ y sequedad? Majormente viendo 



sidores. Habiendo suplicado que si algaD 
literato poséis esta edicioo que se habiera 
salvado de las pesquisas del sauto Tribaoal, 
^e digoara ioforroarine de aa cooteoido: be 
merecido que el señor Don José Gutiérrez 
de la Vega, alumno del colegio de San Car- 
los de Madrid» joven erudito y muy iotéli- 
gente en este ramo, me remitiese una copia 
exactíaíma de todo el capítulo séptimo, que 
es el que presento á mis lectores. 



que se va dcd cuerpo por una gran ca- 
llentura , ó sangrando al hombre co* 
piosamente, ó bevieodo cicuta, j por 
otras alteraciones corporales que 6ue« 
len quitar la vida. ¥ si ella fuera in- 
corpórea y espiritual (como dize Pla- 
tón Dialogo de natura) no se hiziera 
el calor (siendo calidad material) per- 
der sus potencias ni le desbaratara sus 
obras. Estas razones confundieron á 
Galeno , y le hizieron desaear , que 
algún Platónico se las ahsolviesse : y 
creo que en sn vida no le halló : pero 
después de muerto , la experiencu le 
mostró lo que su entendimiento do 

[mdo alcanzar (*)• T assi es cierto que 
a certidumbre infalible de ser nuestra 
ánima inmortal no se toma de las ra* 
zones humanas , ni menos ay argu- 
mentos que prüevmn ser corruptibles: 
porque á Ios-unos y á los otros se puede 
responder con facilidad: sola nuestra 
fee divina nos haze ciertos y firmes 
que dura jiara siempre jamás. Pero no 
tuvo razón Galeno de embarazarse 
con tan livianos argumentos , por que 
las obras que se an de hazer mediante 
algún instrumento, no se colige bien 
en philosophia natural , aver falta en 
el agente principal por no salir acer^ 
tadas. El Pintor que dibnza bien, te- 
niendo el pinzel quando conviene á su 
arte , no tiene culpa quando con el 
malo haze las figuras borradas y de 
mala deligneacion : ni es buen argu« 
mentó pensar , que el escribano tenia 
alguna lesión en la nuino, quando (por 
falta dé pluma bien cortada) le fué. 
forzado escrivir con un palo. 

Considerando Galeno las obras ma« 
ravillosas que ay en el universo « y la 



'(*) Nota marginal de este capitulo. 

En muriendo Galeno es cierto que des- 
eeudió al infierno , y vio por experiencia 
que el fnego material qoemava á las áni- 
mas, y uo las podía gastar ni consumir; 
este médico tuvo noticia de la doctrina 
Evangélíeo, y ne le recibió, Lib. 2. de dis^ 
Je, pul, cap, 3. ' 



. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



23 



lavidurra y providencia oon qae están 
hechas j ordenadas , coligió que avia 
Díoi en el mondo , aunque no ie vía- 
mos con los ojos corporales: del qual 
díxo esfas palabras, (Idb defwt. for^ 
matiane,) Deus nec/kctus est aliquan^ 
do , cum peremUter ingenitus sit, ac 
setmñtemus. Y en otra parte disse, que 
la tabrica jr compostura del cuerpo 
humano > no la hazia el ánima racio- 
nal, ni el calor natural \ sino Dios, ó 
alguna intellígencia muy savia. De 
donde se puede formar un argumento 
contra Galeno » y deshacer su mala 
Gonsequencia , y es desta manera. Td 
sospechas ser el ánima racional corrup- 
tible ; porque si el celebro está bien 
templado, acierta muy bien á discur- 
rir y philosophar ; y si se calienta, ó 
enfria mas de lo que conviene, delira 
j dize mil disparates. Esso mesmo se 
m6ere considerando las obras que tu 
dizes ser de Dios : porque si haze un 
hombre en lugares temnlados (donde 
el calor no excede á la frialdad, ni la 
humedad á la sequedad) le saca muy 
ingenioso y discreto : y si es la regioní 
destemplada, todos loa engendra estul- 
tos y necios. Y assi dize elmesmo Ga- 
leno (Libs quod amnd mores, corpa 
c. 10.) que en Scithia por maravilla 
acierta á salir un hombre sabio, y en 
Atbenas todos nacen Philosophos. Pues 
tfoapechar que Dios es corruptible, 
porque con unas calidades haze bien 
estas obras , y con las contrarias salen 
erradas; no lo puede confessar Galeno, 
pues ha dichoque Dioses sempiterno. 
Platón ya por otro camino mas acer- 
tado, .dizíendo, que Dios es eterno, 
omnipotente y de infinita sabiduría; 
que se ha como agente natural en sus 
obras: y que se sugeta á la disposición 
de las cuatro calidades primeras: de 
tal manera que para engendrar á un 
hombre sapientíssimo , y semejante á 
él, layo necesidad de buscar un lugar 
el mas templado que avia en todo el 
mundo, donde el calor del ayre no ex* 
cediesse á la frialdad , ni la humedad 
á la sequedad: y assi dixo, (Düüogo de 



natur,) Deus vero quíisi htlU ac sa^ 
jdentias studium , locum qui viras ipsi 
similUmos producturus electum in pri- 
mis incolendum prasbuii. Y si Dios 
quisiera hazer un hombre sapientissi- 
mo en Scithia , ó en otra región des- 
templada , y no usara de su omnipo- 
tencia, saliera por fuerza necio; por la 
contrariedad de las calidades prime- ' 
ras. Pero no infiera Platón (como hizo 
Galeno) que Dios era alterable y cor- 
ruptible, porque el calor y la frialdad, 
le impiden sus obras. 

Esso mesmo se ha de colegir, quan* 
do el ánima racional (por estar en un 
celebro inflamado) no puede usar de 
discreción y prudencia, y no pensar 
que por esso es mortal y corruptible. 

El salir del cuerpo, y no poder su- 
frir la gran calentura, ni las demás 
alteraciones que suelen matar los hom* 
bres, solo arguye, que es acto y forma 
sustancial del cuerpo humano ; y que 
para estar en él , requiere ciertas dis- 
posiciones materiales , acomodadas al 
ser que tiene de ánima; y que los ins- 
trumentos con que ha de obrar, estén 
bien compuestos , bien unidos, y con 
el temperamento que sus d>ras han 
menester : todo lo qual faltando , por 
fuerza las ha de errar, y ausentarse 
del cuerpo. 

El error de Galeno está en querer 
averiguar por principios de philoso- 
phia natural, si el ánima racional (fal- 
tando del cuerpo) muere luego ó no: 
siendo question que pertenece á otra 
sciencia superior ; y de mas ciertos 
principios: en la qual provaremos que 
no es buen argumento el suyo, ni que 
se infiere bien, ser el ánima del hom* 
bre corruptible, por estar en el cuerpo 
quieta con unas calidades; y ausentar* 
se del , por las contrarias. Lo cual no 
es difficultosa provarse ; por que otras 
sustancias espirituales de mayor per- 
fecion que el ánima racional , eligen 
locares alterados con calidades mate- 
riales; en los cuales parece que habi- 
tan á su contento; y si suceden otras 
disposiciones contrarias, luego se van. 



24 



HISTORIA DE LA 



por no poderlas sufrir. Y assi es cierto^ 
qae aj disposicioDes en el cuerpo hu- 
mano, las cuales apetesce el Demonio 
con tanta agonía , que por gozar della 
se entra en el hombre donoe están ; j 
assi queda endemoniado; pero cor- 
rumpidas y alteradas con medecinas 
contrarias , y hecha evacuación de loa 
humores nebros > podridos y hedion- 
dos, naturalmente se torna á salir» 
Veese esto claramente por experien- 
cia t que en siendo una casa grande, 
escura, suzia, hedionda, triste, y sin 
moradores que la habiten, luego acu- 
den duendes á ella : j si la limpian y 
abren ventanas , para que le entre el 
sol y claridad, luego se van ; especial- 
mente si la habitan muchas gentes, y 
ajr en ella regozijos y passatiempos , y 
tocan muchos instrumentos de música. 
Quanto offende al Demonio el ar- 
monía y buena proporción, muéstrase 
claramente por lo que dize el texto di- 
vino : que tomando David su harpa y 
tocándola, luego huiya el Demonio, y 
salia del cuerpo de Saúl. Y aunque 
esto tiene su espíritu, yo tengo enten- 
dido que naturalmente molestava la 
música al Demonio: y que no la podia 
sufrir. El pueblo de Isrrael sabia ya 
por experiencia, que el Demonio era 
enemigo de música: y por tenerlo assi 
entendido, dixeron los criados de Saúl 
desta manera, (1. Jteg, cap. ^6)Ecce 
spirítus Dei malus exagitat te: juheat 
bominus noster rex , ut serví tui qui 
coram te sunt , quesrant hominem 
scientem psallere cithara» ut quando 
arripuerit spirítus Domini malus, psa* 
Uat mana sua, etc. leyiusferas. De la 
manera, que ay palabras y conjuracio* 
nes, que nazen temblar al Demonio: 
y por no oyrias, dexa el lugar que te- 
nia eUgido para su habitación . Y assi 
cuenta Josepho(£{&. 8. de antiq.c, 2.) 
ue Salomón dexo escritos ciertos mo* 
os de conjurar , con los quales no so- 
lamente echayan (de presente) al De- 
monio, pero jamás osava volver al 
cuerpo de donde una vez fué lanzado. 
También el mesmo Salomón mostró 



3 



una rayz de tan abominable olor para 
el Demonio, que aplicándola á las na- 
rizes del Demonio > lo echava luego 
fuera.' Es tan suzio.el Demonio, tan 
triste , y enemigo de cosas limpias, 
alegres y claras , que entrando Jesu 
Christo en la región de los Geraseos 
(cuenta san M atbeo) que le ocurrieron 
ciertos Demonios, metidos en dos cuer* 
pos muertos , que avian sacado de los 
sepnlchros : dando vozes y diziendo 
Jesu hijo de David ; que tema tiene 
con nosotros, en aver venido antes de 
tiempo á atormentarnos ; rogárnoste, 

3ue si nos has de echar deste lugar 
onde estamos, que nos dexe entrar 
en aquella manada de puercos que alli 
está. Por la qual razón los llama la di- 
vina Escriptura , suzios espíritus: por 
donde se entiende claramente, que no 
solo el ánima racional pide disposicio- 
nes en el cuerpo , para poderlo infor- 
mar, y ser principio de todas sus obras; 
tiero aun para estar en el , como en 
ugar acomodado á su naturaleza , las 
ha menester: pues los Demonios (sien* 
do de sustancia mas perfecta) aborre- 
cen unas calidades corporales^ y con las 
contrarias se huelgan y reciven con- 
tento. De manera que no es buen ar- 
gumento el de Galeno: Vase el ánima 
racional del cuerpo, por una gran ca- 
lentura: luego es corruptible : pues lo 
baze el Demonio (de la manera que 
hemos dicho,) y no es mortal. 

Pero lo que en este propósito mas 
se ha de notar, es que el Demonio, no 
solamente apetece lugares alterado con 
calidades corporales , para estar en 
ellos á su contento ; pero aun quando 
quiere obrar alguna cosa que le im- 
porta mucho , se aprovecha de las ca- 
lidades corporales, que ayudan para 
aquel fin. Porque si yo* preguntasse 
aora, en qué se pudo fundar el Demo- 
nio, quando queriendo engañar á Eva, 
se metió antes en el serpiente ponzo- 
ñosa, que en el ca vallo ^ en el osso, en 
el lobo , y en otros muchos animales 

ue no eran de tan espantable figura? 

o no se que se me podria responder: 



i: 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



25 



bien se que Galeno no admite los di- 
chos y sentencias de Moyse^ ni de 
Clinsto nnestro redemptor : porque 
ambos (dize I¿b. 2. ae diffe* pul. 
cap. 3.) que hablan sin demostración. 
Pero de algún catholico he deseado 
siempre saber la resolución dest^ duda; 
j ninguno rae la ha dado. 

Ello es cierto (como ya lo dexamos 
provado) que la colera quemada, y re* 
tostada, es un humor que enseña al 
ánima racional, de qué manera se han 
de hazer los embustes y engaños. T 
entre los brutos animales, ninguno ay 
que tanto participe de este numor^ 
como la serpiente; y assi mas que to- 
dos (dize la divina escritura) (*) que es 
astuto y mañoso. El ánima racional, 
puesto caso que «s la mas io6ma de 
todas las inteligencias ; pero tiene la 
mesma naturaleza, que el Demonio^ 
y los Angeles. Y de la manera que ella 
se aprovecha desta cólera ponzoñosa^ 
para ser el hombre astuto y mañoso, 
assi el Demonio (metido en el cuerpo 
de aquella bestia fiera) se hizo mas in- 
genioso y doblado. (^^)Esta manera de 
philosophar, no espantará mucho á los 
philosophos naturales porque tiene al« 
guna aparencia de poder ser assi: pero 
lo que mas les ha de acabar el juyzío, 
es : que queriendo Dios desengañar al 
mundo y enseñarle llanamente la ver- 
dad (que es la contraria obra que hizo 
el Demonio) vino en figura de paloma^ 
y no de águila , ni de pavón, ni de 
otras aves, que tienen mas hermosa 
figura: y sabida la causa es; que la pa- 



(*) Nota marginal de esto capítulo. 

Sed etc. serpent erat calUdior candis 
animan tibus terree , gutg Jecerat Dominas 
Deas, Gen, cap, 3. 

{**) Nota marginal de este capítulo. 

Ed esto se conoce la grandeva de Dios 
qae con ser omnipotente, y sio ser necessi- 
dad de sos criatoras, se sirVe de ellas, como 
•i fuesse agente nstaral. 



loma participa mucho del humor que 
inclina á rectitud , á llaneza, á verdad 
y simplicidad; y carece de cólera, que 
es el instrumento *de la astucia y ma- 
licia. 

Ninguna cosa destas admite Galeno 
ni los Philosophos naturales; porque 
no pueden entender , cómo el ánima 
ra<;ional, y el Demonio (siendo sustan- 
cias espirituales) se puedan alterar, de 
calidades materiales (como es el calor, 
frialdad, humedad, y sequedad) por- 
que si el fuego introduze calor en el 
leño, es, por tener ainbos cuerpo y 
cantidad en que sujetarse-, lo qual falta 
en las sustancias espirituales: y admi- 
tido (por cosa impossible) que las cali- 
dades corporales pudiessen alterar la 
sustancia espiritual. Que ojos tiene el 
Demonio ni el ánima racional para 
ver los colores y figuras de las cosas? 
ni qué olfato para percebir los olores? 
ni qué oydo para la música? ni qué 
tacto , para oflenderse del mucho ca- 
lor? para todo lo qual son menester 
órganos corporales. Y si apartada el 
ánima racional del cuerpo, se offende 
y tiene dolor y tristeza ^ no es posible 
dexar de alterarse su naturaleza, y ve- 
nirse á corrumper. 

Estas difficultades y argumentos, 
embarazaron á Galeno y á los Philoso- 
phos de nuestros tiempos: pero á mi 
no me concluyen : porque quando 
Aristóteles dixo, que la mayor propie- 
dad que la sustancia tenia, era, ser su- 
jeto de los accidentes, no la coartó á la 
corporal, ni espiritual: porque la pro- 
piedad del genero , ygualmente la 
articipan las especies: y assi dizo que 
os accidentes del cuerpo passan á la 
sustancia del ánima racional, y los del 
ánima al cuerpo: en el qual principio 
se fundó para escrevir todo lo que dizo 
de la phisionomiá , mayormente que 
los accidentes con que se alteran las 
potencias, todos son espirituales, sin 
cuerpo, sin cantidad ni materia; y assi 
se multiplican en un momento por el 



r< 



HlST. DE XA MedIC. ESPAÑOLA. — ToMO 2,® 



26 



HISTORIA DE LA 



medio « j passao por una Tidrtera sia 
romperla : y dos accidentes cooirarkM 
pueden estar en an mesmo sujeto, con 
toda la intensión aue pueden tener: 
por las guales propiedades los llama el 
mesmo Galeno (Indivisibles) y los 
Pbilosophos vulgares (Intencionales;) 
y siendo desta manera , bien se pue- 
den proporcionar con la sustancia es- 
piritual* 

To no puedo dexar de entender que 
el ánima racional (apartada del cuer« 
po) y también el Demonio» teogan po« 
tencia visiva, olfactiva» auditiva 9 y 
tactiva. Lo qual me parece que es fa« 
cil de provar: porque si es verdad que^ 
las potencias se conocen por las accio- 
nes, cierto es que el Demonio tenia 
potencia olfactiva , pues olia aquella 
rayz que Salomón mandava aplicar á 
las narizes de los endemoniados: y que 
tenia potencia auditiva , pues oya la 
música que David dava k Saúl. Pues 
dezir que estas calidades las percebia 
el Demonio con el entendimiento, no 
se puede affirmar en la doctrina de los 
Pbilosophos vulgares: porque esta po« 
tencia es espiritual, y los objetos de 
los cinco sentidos son materiales* Y 
assi es menester buscar otras potencias 
en el ánima racional , y en el Demo- 
nio *, con quien se puedan propor- 
cionar. 

Y sino, pongamos por caso , que el 
ánima del rico avariento, alcanzara de 
Abrabam, que el ánima de Lázaro 
viniera al mundo, á predicar a sus 
hermanos, y persuadirles que foesseo 
buenos, para que no viniessen á aquel 
lugar de tormentos donde él esta va; 

Eregunto yo agora, cómo el ánima de 
azaro , acertava á venir á la clvdad, 
y á la casa destos : y si los encontrara 
en la calle (en compafiía de otros) si 
los conociera por sus rostros , y lo su« 
piera differenciar de los que venian 
con ellos? Y si estos hermanos del rico 
avariento le preguntaran quien era, y 
quien le emoiava , si tu?iera alguna 
potencia para oyr sos palabras? Lo 
mesmo se puede inquirir del Demo- 



nio, quando andava tras Ghristo nues- 
tro redemptor, oyéndole predicar, y 
viendo los milagros que hazia; y en 
aquella disputa qu'e ambos tuvieron 
en el desierto; con que oydos percevia 
el Demonio las palabras, y respuestas^ 
que Ghristo le dava? 

Ello es cierto falta de entendimien- 
to, pensar que el Demonio, ó el ánima 
racional (apartada del cuerpo) no po« 
drá conocer los objetos de los cinco 
sentidos, aunque carezca de instru- 
mentos corporales: porque por la mes- 
ma razón les provare, que el ánima 
rscional (apartada del cuerpo) no pue* 
de entender, ymaginar, ni hazer actos 
de memoria : porque si estando en el 
cner|M> no puede ver (quebrados loa 
ojos) también 00 puede raciocinar ni 
acordarse, si el celebro está inflamado* 
Pues dezir que el ánima racional, 
apartada del cuerpo , no puede racio- 
cinar por no tener celebro, es desatino 
muy grande* El qual se prueva en la 
misma historia de Abraham: i^'£i,re- 
eordare quia accepísti bona in vita 
tua , et Lazaras simüiter mala', nunc 
autem hk consolatw* , tu yero cru^ 
darisi et in iis ómnibus inter nos et 
vos echaos magnum firmatum est, ut 
hi qui voUmt hinc transiré ad vos^ non 
possiat , neo inde huc transiré. Et ait. 
Rogo, ergote pater, ut mittas eum in 
domum patris mei ; habeo enim quin-* 
que/ratres, ut testetur illis, ne etipsi 
veniant in huno locum tormentorwn. 
De Donde concluyo, que assi como es- 
tas dos ánimas razonaron entre si: y se 
acordó el rico avariento, que tenia cin- 
co hermanos en casa de su padre: y 
Abraham le truxo á la memoria , la 
buena vida que en el mundo avia te- 
nido, y los trabajos de Lázaro, sin ser 
menester el celebro; De la mesma ma- 
nera pueden las ánimas ver sin ojos 
corporales, y oyr sin oydos, gustar sin 
lengua, oler sin narizes, y tocar sin 
nervios ni carne; y muy mejor, sin 
comparación* Lo mesmo se entiende 
del Demonio, por tener la mesma na- 
turaleza que et ánima racional. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



27 



3 



S 



Todas estas dudas soltara bien el 
•nima del rico afarieoto , de qnien 
cueota, S. Lucas^ que estando en el 
infierno, alzó los ojos y v\o á Látaro^ 
ue estava en el seno de Abraham : j 
ando vozes dizo assi» Pater Abra^ 
ham miserere mei: mitte Lazarwn, mi 
intingat extremum digití suiin aguam, 
ut re/ríeeret Unguam meam, guia crU" 
cior in hac Jlamma. Gomo si dixer»> 
Padre Abrabam , (en miserioordia de 
mi» j embia me i Lásaro, para qae 
moje la extremidad de m dedo en 
'gtt*> y me refresque la lengua, porg- 
ue estoy atormentado en esta llama, 
e la doctrina passada, j de lo que 
dice esta letra , se colige que el fuego 
que abrasa las ánimas en el iofieruo, 
es material, como el que acá tenemos: 

Ír que ofiTeodia al rico arariento 9 J i 
as otras ánimas (para dirina disposi* 
jcion) con el calor: 7 que si Lázaro le 
llevara un jarro de agua fria , que sin* 
tiera gran recreación,' metiéndose en 
ella. Testa la razón moj clara: porque 
si no pudo sufrir estar en el cuerpo, 
por el mucho calor de la calentura ; j 
qnando bevia agua fria , sentia el áni- 
ma gran recreación; porque no enten* 
deremos lo mesmo, estando unida con 
las llamas del fuego infernal ? El alzar 
loa ojos el rico avariehto , y ^^ lengua 
sedienta , 7 el dedo dé Lázaro; todos 
son nombres de las potencias del áni- 
ma; para poderse la escritura explicar. 
Los que no van por este camino, ni se 
fundan en pbilosophia natural , dizen 
mil disparates. Pero tampoco se infie- 
re, que si el ánima racional tiene dolor 
7 triBteta (por alterarse su naturaleza, 
con calidades contrarias) que es cor- 
ruptible, ni mortal: porqué las ceni- 
zas con estar compuestas de quatro 
elementos, 7 de acto y potencia, no a7 
agente natural en el mundo que las 

fiueda corrumper, ni quitarles Jas ca- 
idades^que convienen a su naturaleza. 
El temperamento natural de las ceni- 
zas» toaos savemos que es frío 7 seco» 
Pero aunque las echemos en el fuego, 
jamás perderán la frialdad que tienen • 



radical: 7 aunque estén cien mil annos 
en el agua \ es impossible (sacadas de 
ella) qttedar con humedad propia 7 
natural : 7 con esto no se puede dexar 
de confesar, que con el fuego reciven 
calor, 7 con el agua humedad: Pero 
estas dos calidades , son en las cenizas 
superficiales, 7 duran poco en el sub«^ 
jeto: porque apartadas del fuego se 
tornan luego trias: 7 quitadas del 
agua , 00 les dura una hora la hu- 
medad. 

.Pero una duda se oflrece en aquel 
coloquio 7 disputa , que tuvo él rico 
avariento con Abraham. Y es: como 
supo mas delicadas razones el ánima 
de Abraham, que la del rico avariento; 
avieodo dicho atrás, que tpdas las áni- 
mas racionales (salidas del cuerpo) son 
de 7gual perfección 7.saber? Ala qual 
se puede responder, de una de dos ma- 
neras. La primera, es : que la sciencia 
7 saver que el ánima alcanzó estando 
en el cuerpo, no la pierde cuando el 
hombre se muere; antease perfecciona 
después , desegafiándose de algunos 
errores. El anima de Abraham, partió 
desta vida, .sapientíssima , 7 llena de 
muphas revelaciones 7 secretos , que 
Dios le comunicó , para ser su amigo; 
pero la del rico avariento, por fuerza 
avia de salir insipiente : lo uno por el 

Secado, que cria igporancia en el hom- 
re; 7 lo otro porque las riquezas ha- 
zen el contrario enecto de la pobreza: 
esta da ingenio al hombre, como ade* 
lante provaremos; 7 la prosperidad se 
lo quita. Otra respuesta a7 (siguiendo 
nuestra doctrina:) 7 es, que la materia 
en que estas dos animas disputavan, 
era theologia escolástica: porque saber 
si estando en el infierno avia lugar de 
misericordia; 7 si Lázaro podia passar 
dende el limbo al infierno; 7 si conve- 
nia embiar al mundo algún muerto, 
que diesse noticia á los vivos , de los 
tormentos que en el passavao los con- 
denados; todos son puntos escolástieos 
ou7a decisión pertenece al entendi- 
miento, como adelante provaré. T 
entre las calidades primeras, ninguna 



28 



HISTORIA DE LA 



ajque Unto desbarate á esta potencia^ 
como el calor demasiado; del qaai es- 
Uva bien atormentado el rico avarien- 
to: pero el ánima de Abraham mora- 
va en un lugar templadissimo, donde 
tenia gran consocio y recreación: y 
assi no era mucho que raciocinase 
mejor. Por donde concluyo 9 que el 
ánima racional j el Demonio^ se apro- 
vechan para sus obras ^ de las calida- 
des materiales: y que con una se oflen- 
den , y con la contraria reciven con- 
tento ; y que por esta rason, apetecen 
estar en unos lugares^ y huyen de 
otros, sin ser corruptibles. 

BARTOLOMÉ lUDALGO DE 
AGUEROj natural de Sevilla, siguió 
en esta ciudad sus estudios, siendo sus 
maestros los Doctores Juan de Cuevas, 



Alfonso Lacnadra, qae como cirujanos 
tenian gran reputación. Concluida sa 
carrera de medicina y cirugía, las ejer- 
ció aunque no con igual crédito en 
ambas. Su celebridad como cirujano 
era* proverbial , y tanta conGanza ha- 
blan inspirado sus conocimientos, que 
los barateros y jugadores de cuchillo 
y navaja , cuando se ponian á reñir se 
santiguaban diciendo: en Dios me en- 
comiendo, y ^^ manos ck Agüero, 

Su celebridad se aumentó mucho 
mas con los grandes discípulos que tu- 
vo , y que llevaron su nombre y fama 
hasta el nuevo mundo; tal fué el céle- 
bre Pedro López de León. Los prin- 
cipales poetas de España le dirigieron 
su selogios en varias composiciones, de 
las cuales es una {a siguiente! 



Doctor ilustre, honor del patrio nido 
De Hidalgo y Agüero por renombre; , 
T tan hidalgo en trato como en hombre 
Por agüero de Apolo habéis nacido. 

Porque tanto en sciencia habéis sabido 
Que perplejo y confuso cualquier hombre^ 
Dudo á cuál de los. dos primero nombre 
Por haber nuev» sciencia introducido. 

Vos sois lo que pudiste ser vos solo^ 
Si postrero ó primero no se prueba 
Que postrero no sois mas que- primero. 

Lo ano y ' lo otro sois : primero Apolo 
Porque sois inventor de sciencia nueva; 
Segundo Apolo, por nacer postrero* 



Bien sabido es de todos los que co- 
nocen la historia de la cirugia, que an- 
tes que Pareo en Francia y Agüero en 
España (1) iptrodujesen en la práctica 
de la cirugia el reunir inmediatamen- 
te las heridas para curarlas por prime- 
ra intención , habia la costumbre de 
corarlas con ungüentos, con bálsamos. 



(i) A pesar de todo. Agüero tnvo, co- 
mo todos los grendei hombres , mochos ri- 
vales : su Doevo método sofrió tente críti* 
ea y tentet impogneeiooes , como Uarbey, ' 
respecto de le circalecioo de le sangre. 
Eo fin, como los hechoa en ctrogíe soo mes 
•locoentes y decisivos que les eotoridedes» 



ele, y obtener su curación después de 
terminada la supuración, como sacedjs 
en las heridas con pérdida de sustan- 
cia ó continuas. 

Hidalgo, que como práctico y eru- 
dito conocía muy bien á Galeno , se 
aprovechó del consejo que este gran 
hombre habia consignado «de curar las 



coendo demostró que por so anétodo ooevo 
se corebeo en dies á cetorce dits las mis- 
mes herides , qoe por el entigoo tardaban 
meses y meses , les qoe se coreben , y ereo 
les meóos , y le meyor parte de los «nfer* 
mos morieo por consoocion , vino á este* 
blecerse como método general. 






MEDICINA ESPAÑOLA. 



29 



. 






heridas por lo^ medios desecantes j 
« oo por los huméelos»» Lo que en Ga- 
leoo DO pasó de consejo y de proyecto, 
porque no se atrevió á plantearlo en 
Roma , ftté ejecatado por nuestro se- 
villano. 

Viendo Agüero Jos malísimos resul- 
tados que obtenia su maestro Cuevas 
en el hospital de la Caridad , del que 
era cirujano mayor, tratándolos heri- 
dos por el método humectante ó su- 
purativo j que de treinta heridos 
se le morían veinticuatro ó mas^y 
viniéndole á la memoria el consejo de 
Galeno, se resolvió á ensayar este mé- 
todo con reserva. 

Cuatro años gastó en estos ensayos, 
y al fin de ellos «como Hidalgo mos- 
tró mas valor y mas osadía', pues que 
no temiendo la contradicción de sus 
enemigos,* que eran muchos y todos 
hombres doctos, rompió por medio de 
todas las dificultades, y esperimentan- 
do, inquiriendo, añadiendo y quitan- 
do , consiguió descubrir el verdadero 
tesoro de la cirngia.»(£/ editor in pnB- 
fatio). 

Últimamente , Agüero murió muy 
cerca de los setenta años de edad j en 
1597 : su muerte fué generalmente 
sentida , tanto del pueblo sevillano, 
cuanto de todos los profesores de la 
ciencia de curar , contemporáneos su- 
yos. 

Escribió varias obras, la primera 
con el titulo siguiente. 

jítHSos particulares de cirugía con-» 
tra la común opinión, por el Doctor 
D. Bartolomé Hidalgo de jígüero, 
mee&o-círiiyano. Sevilla 1584. 

Estos preceptos son los primeros que 
escribió para dar á conocer su nuevo 
método , y contra los cuales escribió 
Juan Fragoso. 

1.^ Que ninguna herida de cabe- 
sa se ha de legrar^ ni levantar huesos 
aunque punjan y preman , y este in- 
tromiso el cráneo, ni ciso, ni fracto, ni 
eoliso. 

2.* Que todas las heridas de ins- 
trumento que corta, se han de agluti- 



nar y corar con desecantes, y ni mas 
ni menos: las contusas piden la misma 
curación, quitándoles las cosas preter- 
naturales. 

3.® Todas las heridas de cabeza, 
que fueren de instrumento que colide 
y contunde, sino tuvieren lesión en el 
cráneo ó flujo de sangre^ no se han de 
formar, (dilatar). 

4.* Las heridas de cabeza que fue- 
ren de instrumento que colide , y tie- 
nen fractura y huesos intromisos y 
pungentes, no se formarán después 
del primer aparato con fuerte forma- 
ción, sino liviana cada dia mas ligera, 
porque no se han de legrar , ni trepa- 
nar , ni levantar hueso > ni quitar los 
que pungen y premen , ni hacer nin- 

Í[un uso de manos de los que mandan 
os autores. 

5.^ Si el cráneo fuese descubierto 
de golpe ffrande, puede haber sangre 
estravenada en la antrosidad , ó entre 
la dura y el cráneo, ó entre la dura y 
pia membrana ) estando el hueso ente- 
ro y sin ninguna fractura, no se ha de 
perforar con nenguna diferencia el ins- 
trumento, si quieren que sane presto^ 
seguro y sip dolor. 

6.^ Ni se ht de perforar el cráneo 
estando coliso ó contuso el hueso, te- 
niendo fractura capilar. 

7.®' Que ninguna echimosis se ha 
de abrir en cuerpo ni cabeza, aunque 
haya fractura. 

8.^ Que los aneurismas se han de 
curar por resolución y no por aper- 
cion. 

9.® El nervio , ni el tendón , ni la 
coligación se han de apuntar , ni su- 
fren costura , ni las venas ni las arte- 
rías. , 

10. En ninguna herida se ha de 
hacer contrabertura , ni* se ha de po- 
ner secíal ni flámula , aunque sea pa- 
sante. 

1 1 . Todas las fístulas son curables 
aunque estén en cualquier parte del 
cuerpo ó auno. 

\% Que no se puede quebrar el 
cráneo y hueso de la cabeza en la par- 



prepucio qae h cocUre auocjae esté 
iaortt6caiio. 

^1. Si pie, pierQB ó braco eitén 
mortí6cadoij do le bao de corlar dí 
■■errar. 

22. LoicancrOBion cnrableí san- 
qae *eaa manifieatos, ai le maeren. 

23. La iolocion .de cootiiMiidad 
(que ■• dice ecbimoiit) qae es cuando 
queda la cntif entera^ te ba de annme- 
rar, j poner entre el aiieuritme j el 
escirro. 

24. La frtotora del bra», pierna 



engafiaron lo* qoe ban afirmado que 
loa nervios ópticos' tienen cavidad. 

34. También ha habido quien fal- 
tamente afirmase , qae la t rima entra 
en la regiga resadative : la verdad ec 
que entra colative. 

35. El aceite común cooTÍene á 
)at heridas, j todas laa cowa virtnosM 
j olesginous. 

36. Las carnosidades de la vía de 
la orina no se han de romper con plo- 
mo ni gastar con el eáostico común 
cuando las quieren eatirpar. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



31 



37- Ed heridas ¿e pecho pene* 
trantes^ aBrman los autores si están eo, 
la parte alta que se haga contraberlu- 
ra entre .cuarta j quinta costilla: lo 
afirmo que no se ha de hacer. 

38« Clara de huevo en el primer 
aparato en herida de cabeza no solo 
no aprovecha^ pero dalka^ y no se ha 
de nsar. 

39. A todas las heridas conviene 
de sangrar, y también á las de pecho. 
. 40. Eu heridas de cabesa no se 
han de sacar huesos , ni ha de hacer 
escaras > j si las hubiere , han de ser 
superficiales^ aunque el cráneo* esté 
quebrado ó desnudo en mucha can- 
tidad» 

41. En ninguna herida de cuerpo 
se ha de poner torunda , ni clavellina 
ni lechino, aunque pase de una parte 
i otra» 

. 42. El digestivo común de tre* 
mentina j huevo no se ha de usar con 
aceite rosado ni sin el. 

43« El especilo (que es la tenta) 
no se ha de usar para el conocimiento 
de las heridas: pues por ella no sé al- 
canza mas que lo que se ve con la 
vista. 

44. En la erisipela no convienen 
repelentes nineunos^^aunque esté el 
cuerpo evacuado con sangrías j purga. 
. 45. Los que son negligentes en 
cortar cuerpos humanos afirman que 
el hueso sacro se abre al tiempo del 
parto, j después se torna i cerrar > lo 
cual es falso, que ni antes ni nunca se 
ha abierto. * 

46. La comisara que en la frente 
se halla , algunas vec6s dicen que solo 
se halla en mngeres: To defiendo, que 
no solo en mngeres si no en hombres 
Uimbien se halla. 

47. Totisviribu8defendemus,que 
no ha/ espiritas animales, ni la facul* 
tad animal , tubo jamas necesidad de 
ellos. 

. 48. Losfisicosque han afirmado 
que hay regiones para heridas de ca- 
beza buenas, y malas de piernas, y 
por el contrario, se han engañado que 



no va en la región sino en la medicina 
adecuada para U tal enfermedad la 
ci^al ha de tener en toda parle. 

49. En las heridas que se temiere 
finjo de sangre, ó la hay, en invierno 
se ha de curar de siete en siete dias, y 
en el verano de cinco en cinco; y si 
fuese vaso grande se ha de tardar mas 
tiempo, y será hasta doce días. 

50. Los dias decrétorios no se han 
de considerar en cnanto á heridas pa- 
ra bien , sino para mal por diversos 
respetos , y no por razón de herida, 
eomo tampoco tiene en la fiebre ethi- 
ca los dias decrétorios. 

Tesoro de la 9erdadera cirugía jr 
yia particidar contra la común y com^ 
puesto por el Doctor Bartolomé Hi'-^ 
dalgo de Agüero y médico jr cirujano^ 
con la cual se hace un perfecto ciru" 
jano. Sevilla 1604 , en folio. 

Esta obra fué aprobada por el licen- 
ciado Dionisio Daza Chacón , en Ma- 
drid á 25 de Marzo de 1596. Asi cons- 
ta de su censura. 

He dicho mas arriba que Agüero no 
hizo otra cosa que poner en práctica el 
consejo ya dado por el médico de Pér- 
gamo; que el cucar por la via desecan- 
te era mejor que por la húmeda y su- 
purativa. Véanse sus mismas palabras. 
«La cuestión es si se ha de curar dige- 
riendo ó desecando. A esta cuestión 
responde Galeno , y dice : que el uno 
y el otro modo curativo conoció y vio 
ejercitar asi á los cirujanos romanos 
con sus remedios blandos , como á los 
de Asia con los desecantes , cuya via 
alaba mas Galeno, porque vio que mas 
se aliviaban por éiIa, que por la otra 
que usaban los romanos , y afirma que 
si él viviera en Asid, que no ejercitaría 
la via de curar humedeciendo, sino la 
desecante. Y pues tenemos este docu- 
mento tan fuerte y de autor tan gra- 
ve, quien duda de este método, cura- 
tivo, ó lo hace por no entenderlo, ¿ lo 
hace de malicia ocultando la verdad 
y bien común (p&g. I.*)*» 

Tenemos, pues, aclarado el motivo 
de haber introducido Agiiero esta 



32 



HISTORIA DE LA 



práctica áe la cirugiisi ^ y no como cli- 
cen la mayor parte de los historiado- 
res que lo aprendió de Ambrosio Pa* 
reo. Divide esta en cuatro tratados. 

En el primer capitulo se propone 
probar con ejemplos las ventajas de la 
reunión iomediata, y. al efecto refiere 
«que á un criado del conde de Orgaz, 
le hicieron unos soldados una herida 
en la sien derecda tan grande y tan 
profunda, que le cortaron los músculos 
temporales, la arteria y la vena orgá« 
nica de aquel lado , y lo puso por de * 

Í>ronto en la necesidad de darle todos 
os sacramentos por el peligro urgente. 
Que sin embargo fué herido viernes, 
y el viernes siguiente fue sano y sin 
parche á besar las manos al conde (pá* 
gina 3.* col. 1.*).» 

El capitulo segundo se reduce i que 
en ninguna herida de cabeza se ha de 
legrar ni levantar huesos^ aunque pun- 
jan y opriman, y aunque haya fractu- 
ra y subintcacion de esquirlas en'el 
cerebro. 

En el tercero prueba que todas las 
heridas hechas con instrumentos cor* 
tantes, se han de aglutinar y curar con 
desecantes, y que las contusas piden la 
misma curación , evitándoles todas las 
cosas preternaturales. 

En el cuarto todas las heridas que 
fueren de instrumento que colide y 
contunde, que es lo mismo que machu- 
car, si no tuviesen lesión en el cráneo^ 
no se han de dilatar. 

En el décimo reprueba las costuras 
de los nervios, de los tendones, de las 
arterias y venas. 

Capitulo XII. Todas las fístulas 
son curables aunque estén en cual- 
quiera parte del cuerpo humano. 

Capitulo XV. La herida de ca- 
beza que fuese dada con instrumento 
que corta, no se hade dilatar, sino 
aglutinarla y curarla por primera in- 
tención , aunque esté en la parte su- 
perior. 

Capítulo XVI. Las heridas de pe- 
cho aunque sean penetrantes^ no se 
han de dilatar ni tenerlas abiertas sino 



aglatinarbs , y curarlas por primera 
intención, sacando lo estravenado. 

Capitulo XVII. En heridas pene- 
trantes de pecho y no se ha de poner 
cánula de plomo ni de plata, sino to- 
das cararlas cerrándolas^ y que no 
queden fístulas en ninguna de ellas. 

Si la simple enumeración del titulo 
de estos capítulos, en cuyo contesto 
esplana las proposiciones ó sus avisos, 
de que hemos hablado ya , no basta 
para formarse una idea aobre el modo 
de tratar Agüero las heridas incisas, 
añadiremos lo que nos dice. 

((Y puedo afirmar como testigo de 
vista, que he curado mas de veinte 
años, y teniendo lugares públicos co- 
mo es el hospital del Cardenal de Se- 
villa, y otros mochos estudios y dis- 
cípulos, y visto los incómodos y daños; 
y lie ejercitado la vía particular por el 
mismo orden que la común, y he faa« 
liado tan grandes provechos, que me 
han obligado no solo á ejercitarla, mas 
también á comunicarla, para que de- 
jados los rodeos de la común falaz, 
tomen la vía salutífera. Hice regular 
por el libro del dicho hospitaf del 
Cardenal, donde se anotan los heri- 
dos , y se ha visto que el año pasado 
d^ 1583 entraron cuatrocientos cin- 
cuenta y seis heridos, y salieron sanos 
cuatrocientos treinta y seis, y murie- 
ron veinte ; y en dos meses y medio 
ue hice asentar de por si los heridos 
e cabeza, entraron cincuenta y siete, 
y salieron sanos cincuenta, y murie- 
ron solos siete ; y en los años que han 
corado mis antecesores y yo por la 
▼ia común, se halla mayor número de 
los muertos que de los vivos (pág. 48, 
col 2.*))> 

En el capítulo 63 , página 51 , nos 
refiere un caso sumamente curioso. 
Habiendo traído un preso á las cárce- 
les de Sevilla , que tenia una fractura 
del cráneo, el médico le hizo la ope- 
ración del trépano , pero tan desgra- 
ciadamente, que el trepanóse le intro» 
dujp dentro de la nuca cerebral. Le 
quedó una úlcera tan grande y una 



1 



MEDICINA ESPMOLA. 



33 



saparacioD tan abandante^ que diaria- 
mente salía mas de medio cuartillo de 
pu$. Este preso logró la curación *, se 
nutrió j perdió la memoria j el en- 
tendimiento; y aunque habia muerto 
á su contrario en una rifta , le perdo- 
naron los jueces. 

Jtecopilacion de las opiniones » jr 
modos curativos que ha hahido en ci^ 
rugía desde el principio del mundo, 
hasta el presente. Hecha por el Doc" 
tor Bartolomé Hidalgo de Agiiero. 

Divide la historia de la cirugia en 
siete sectas* 1.^ Empirida desde los 
tiempos primitivos hasta los Hebreos: 
2.^ La de los Árabes: 3.* La de los 
antiguos j modernos; esto es, la de 
aquellos autores que, curaban por la 
▼la común: 4.* La Española: 5/ La de 
Aparicio: 6** La de los saludadoras: 7»^ 
La inventada por ¿1, ó sea la curación 

Eor la vía particular, ó reuniendo las 
cridas por primera intención^ 
«Tres causas, dice el autor, le movie- 
ron para escribir «esta materia: la pri- 
mera para que los cirujanos de la vía 
común, cargados de arrogancia é hin- 
chazón, 7 crande severidad, conozcan 
haber estado engañados, como lo estu* 
vieron los autores que alegan para su 
defensa y amparo : segunda para que 
los que quieran darse á esta facultad, 
deprendan j estudien cirugía firme é 
infalible: la tercera para que sea cono- 
, cida en todo el orbe la vía particular, 
pues a ella se han.de reducir todas las 
sectas j opiniones (pág. 63).» 

Llama 1/ secta empírica la que 
practicaban los hebreos con polvos y 
bebidas: 2.* secta empírica á la de los 
árabes que curaban con ceratos y un- 
güentos todas las heridas, desde su 
principio hasta su fio: 3/ secta rocío* 
nal y vía común aquella por la cual 
los aptiguos y modernos curaban con 
uso de instrumentos, elevando, perfo- 
rando y ^sacando los huesos , y perfo- 
rando y espurgando: 4.* secta hispár 
nuca con la que curaban los españoles. 



especialmente en la armada con aguar-, 
diente y cierta pólvora que llamaban 
tres, dos, y as: la 5.* llamada de Apari- 
cio, inventada en su tiempo, compues- 
ta de vino y aceite: la 6/ es la que 
cura con palabras santas y otras cere- 
monias , como lo hacían los llamados 
saludadores: ia 7.* que llama metódica 
y racional, es la de la vía particular, ó 
reuniendo las heridas por primera in- 
tención, evitando si es posible la supu- 
ración, hallada por el autor no sin 
grande trabajo y Urga ejecución por 
muchq^ años en el hospital del Carde- 
nal de Sevilla , habiendo profesado la 
común por espacio de mas de veinte 
años. 

Dedica artículos separados para es- 
planar cada una de estas teorías, y ha- 
cer la correspondiente aplicación de 
ellas ¿ la practica, haciendo ver las 
desventajas ¿ inconvenientes de cada 
uoa de ellas , para hacer en vista de 
todo resaltar la superioridad de la sujra. 
Todo este tratado es sumamente inte- 
resante , y seguramente no se escribe 
mejor en nuestros dias. 

Tratado de las ei^acuaciones tocan* 
tes a los casos de cirusia. 

En este tratado habla de los pur- 
gantes 7 sangrías.. Sobre los primeros 
dice, que aun cuando haya indicación 
urgente para suministrarlos, conviene 
que sean muy suaves. Entre los medi- 
camentos de esta clase que aconseja, 
da la preferencia al maná, ruibarbo y 
caña tístula. Propone la cuestión «si 
conviene saOgrar al herido acabado de 
herir, ó no.» Prueba que no debe san- 
grai^se hasta el dia siguiente de la he - 
rida, y para este caso que ha de haber 
una necesidad. Para hacer la sangría 
se han de poner delante de los ojos dos 
cosas , virtud que consienta, y enfer- 
medad que lo pida. La enfermedad 
que pide sangría es la grande , y lla- 
mare grande en tres maneras. La pri- 
mera, porque de suyo es grande : se- 
gunda, porque es miembro principal 



HisT. BE JLA Medio, española. — Tomo 2°. 



34 



HISTORIA DE LA 



donde está: tercera, por su malicia. 
Aun cuando la enfermedad lo deman- 
de j rirtud lo consienta , dejará de 
sangrarse por cuatro cosas \ por frio^ 
por sudor , por vómitos y por cama- 
ras.... Lo demás e$. mal uso^ por me- 
jor decir abuso, y siempre he rocéado 
contra él para que se le quiebre la ca« 
besa 7 mas no se ejercite (pág. 103).» 

Tratado de la san^ria. 

En este tratado ventila la cuestión, 
si es mejor evacuación la que se hace 
por los purgantes o por la sangría. Se 
decide por esta. Describe los diferentes 
modos de sangrar : proscribe la san- 
gría de las arterias por los muchos in* 
convenientes que tenia : aconseja que 
la sangría se ha de hacer grande ; es 
decir, por una ancha incisión; decide 
que esta debe practicarse del lado 
afecto : previene las medidas que han 
de tomarse antes de proceder a la san- 
gría, y llama la atención á las condi- 
ciones físicas y morales del que ha de 
sangrarse. 

Epitome de anatomía por pregan* 
tas y respuestas. 

Este tratado vale poquísimo , y es 
una lástima que figure entre tantoa 
preciosos, como son: 

Tratado cuarto de heridas en uni" 
versal y particular , por el Doctor 
Bartolomé Hidalgo de Agüero. 

En este tratado presenta algunas 
recetas de las composiciones mas fa« 
mosas de su tiempo para la curación 
de las heridas ; tales son la del aceite 
de Fabricio, y la del aceite Benedic- 
tino y su famosa fórmula de la colo^ 
rodilla^ en la cual tanta fe tenia, com- 
puesta de incienso, mirra, almáciga, 
sangre de drago, bol armónico prepa- 
rado, sándalos rubros, sarcocola, aci- 
bar y albin; de cada uno media onzai 
Se pulverizan y pasan por tamiz tres 
veces, y en cuatro onzas del aceite 
Benedictino, se pone una onza de estos 
polvos. En seguida pasa i descríbrir 
las heridas de cada parte del cuerpo 
humano, refiriendo en cada una de 
ellas el método de la via común, y el 



de la particular. Todo este tratado es 
sumamente precioso, pues en la com- 
paración de uno y otro método en una 
misma herida , es como hizo resaltar 
Agüero la seguridad del suyo. ' 

Fundamentos y preceptos de la vía 
particular. 

Este tratadito comprende veinti- 
ocho preceptos j que debe tener pre* 
«entes el cirujano al practicar el mé« 
todo de la via particular. 

I. Comprende tres preceptos, á 
saber: el primero, que el cirujano que 
cure por esta via ha de curar presto: 
segundo, que lo que hiciere sea sin do- 
lor: tercero, que escuse todo peligro* 

II. Que haga por conservar la 
fuerza de la naturaleza , que es el ca- 
lor nativo , y el artífice de todas las 
operaciones y acciones del sugeto, 
reuniendo y apropincuando las he- 
ridas. 

III. Limpiar la herida, sacar todos 
los cuerpos estrafios, y quitar todos los 
impedimentos que puedan oponerse á 
la aglutinación de las heridas. 

I Y*. Conservar las fuerzas. 

y. No usar en las heridas de ea» 
beza instrumentoa de hierro , y va- 
lerse de medicinas que llama capitales. 

VL Valerse de todos los medios 
en la curación de las heridaa^ menos 
de instrumentos. * 

VIL Curar de preferencia con 
medicinas aglutinantes, y caso de em- 
plear \m digestivas , que sean conser-' 
vadoras y no putrefactivas. 

VIII. Coser ó apuntar la herida 
que no se pueda conservar reunida 
por otros medios. 

IX. Deterger bien las heridas has- 
ta que queden puras y bien limpias, 
y no interponer en ellas sedal, ni tien- 
tas, ni mechas. 

X. Que no se purgtie el herido de 
cabeza en el principio, por razón de 
la herida , sino cuando hubiere causa 
material (1). 



(1) El señor Hernández Morejoo dice 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



35 



XL Sangrar todoft loa heridos ea 
el principio, por razón de revalsion j 
evacuación de Uparte herida, y no de 
la opuesta. 

XIL No coser nervios ni tendo- 
nes , ni ligarlos fuertemente, 

XIIL «Que se cierren todas las 
heridas de la cavidad vital y natura! 
después de sangradas; y si fuesen lar- 
gas y no se pudieran juntar^ se apun- 
ten , y lo mas seguro es apuntarlas 
todas (1).» 

XIV. Lavar todas las heridas de 
cabeza en la primera cura con vino ti- 
hiOy y no aplicar la clara de huevo« 

XV* Curar toda fractura de bra- 
zo ó pierna con herida, como se curan 
las heridas de cabeza con fractura del 
cráneo^ sin tablillas ni caja, y curarla 
iodos los dias , si no se aglutina. 

XVI. Que se haga el flojo de san- 
gre por una de cinco maneras, siendo 
la vena ó artería grandes, con forma* 
cion dé lechinos, ó con costura de pe- 
llejero con ligadura, ó atando el mis* 
mo vaso, ó con ^cauterio actual ó po- 
tencial, ó como mejor pudiere el artí- 
fice (2). 

XVIL Curar por primera inten- 
ción y sin separar el pericráneo,la he- 
dida del cráneo hecha con instrumen- 
to contante; pero si no se conglutina, 
ze curará por la via digestiva. 
' XVIIL No se hará eii herida de 
cabeza separación del pérícráneo, mas 
de lo que hizo el instrumento cor- 
tante. 



•1 esponer este precepto «10, tfue se purgue 
al herido de cabeza, al principio, ti^ Es pre- 
cisamente todo lo contrarío. (Y. Hist, de 
la bib. Fspi, tom. 3.^, pág. 325, núm. iO.) 

(1) El señor Morejoo dice: «13, que no 
se cierren todas las heridas de la cavidad 
vital y na toral después de desangradas y 
•pontadas (Ib Ib.).» 

(2) Es enteramente contrario e] texto 
que hace el señor Morejoo coaodo dice:' 
«16, qne en toda herida, ya sea fresca ó yie* 
¡a, se ha de sangrar.» El aalor no trata aqoi 
de las sangrías. 



XIX. Toda herida se desangra^ y 
las viejas también, con esta diferencia; 
que las frescas de dentro, y las viejas 
de dentro y fuera con sajas. (3). 

XX. No debe hacerse contraber- 
tura en las heridas de pecho. 

XXI. En las heridas ¿el rostro se 
cortarán los puntos de sutura al tercer 
dia, por la hermosura. 

XXII. Se dará á los heridos caldo 
de pollo, y jamás hechos con legum- 
bres. , 

XXIII. Se dilatarán todas las ca- 
vidades y senos de las heridas de cabe- 
za,y después de desangradas y limpias, 
ae reunirán por primera intención, no 
habiendo fractura. 

XXIV. Ser evitará la entrada del 
aire en las heridas de cabeza. 

XXV. £1 color negruzco que á ve- 
ces se presenta en las heridas de cabe* 
za , no es peligroso cuando no está 
acompañado de síntomas malignos: 
caso de estarlo, ea herida mortal. 

XXVI* En las contusiones sin he- 
rida con fractura e intromisión del 
hueso , se aplicarán ventosas secas: 
después majadas para limpiar bien los 
humores. 

XXVII. Toda herida hecha con 
instrumento cortante se ha de agluti- 
nar luego sin introducir tienta: en es- 
ta, lo mismo que en las contusas , se 
estrae todo cuanto pueda estorbar y 
oponerse á la aglutinación. 

XXVIII. La clara de huevo aun- 
que aglutina, no conviene en las he- 
ridas del rostro, antes por el contrarío 
les ofende ; mezclada con aceite es 
inútil. 

Por estas veintiocho proposiciones 
podrá conocerse clara y distintamente 
el grado de confianza que tenia Agüe- 
ro en su nuevo método de curar. 






(3) El Sr. Morejoo dice: 19, «qae no se 
conteugao desde hiego las hemorragias con 
costura, lechinos, atadura ó canterio (Ib. 
Id.).» Esto es preeisantente todo lo contra- 
rio de lo que dice Agüero. 



36 



HISTORIA DE LA 



Breve suma de lat razones de la 
via particular, jr contradicciones de la 
via común , y respuestas que hacen 
fuertes las razones particulares. Por 
el mismo autor. 

Se objeta los argamentos qoe le di* 
rigieron los partidarios de la via. co* 
mun, Y contesta ¿ ellos. 

Antidotarlo general de ambas idas. 
Es una colección de todos los ungüen- 
tos, oeratoSy pomadas, emplastos qne 
se usaban en su tiempo. En el dia es- 
tan ja proscritos las cuatro quintas- 
partes de ellos^ j los pocos que se con- 
serTan aun^ son bien conocidos de to- 
dos; tales son, el basilicon^el ungüen- 
to amarillo, etc. 

Suma de las proposiciones de cirw 
giay que el licenciado Fragoso dice que 
enseña contra unos avisos que yo Ai- 
ce ünprimir el año pasado de 1584. 

Habiendo impreso el autor, como 
dice, unos avisos de cirugía, Juan Fra- 
goso escribió contra ellos «llamándolos 
speudo preceptos , j criticándole de 
haberlos impreso únicamente con el 
deseo de adquirir fama y de dejar me- 
moriade él.» 

Esta controversia fué sin duda una 
de las mas acaloradas, j al mismo tiem- 

Cmas cienti6ca, que se sostuvo entré 
I cirujanos del siglo XVI. Se trata- 
ba de una doctrina nueva, opuesta j 
contraria á la comunmente recibida y 
adoptada de todos; nada de estrafio te- 
nia que sufriera las objeciones de los 
no versados en ella y acostumbrados á 
la antigua. Entre los rivales de mas 
crédito lo fué Juan Fragoso ^ cirujano 
del Rej, y de una reputación colosal, 
el cual imprimió cuarenta y seis pro- 
posiciones en contra de su via particu- 
lar. 

Agüero contesta á ellas, pero con 
una firmeza tal , y con una copia de 
razones tan convincentes, que destru- 
yen completamente las alegadas por el 
cirujano de Madrid. Tanto este como 
Agüero se trataron con bastante acri- 
monia ; pero olvidando ciertas perso- 
nalidades que mutuamente se dirigen. 



pueden reputarse las proposiciones de 
Fragoso como los fundamentos del 
método antiguo , y las contestaciones 
de Agüero como otros tantos testimo^ 
nios del estudio tan profundo qne ha- 
bía hecho en cirugía, y de lo amaes- 
trado que estaba en el tratamiento de 
las heridas por primera intención. 

Siento no poder esponer en esle 
lugar los argumentos del uno, ni lu 
soluciones del otro , por su mucha es^ 
tensión; pero recomiendo su lectura al 
que tenga ocasión de haber á la mano 
la obra de nclestro cirujano de Sevilla, 
la cual desgraciadamente se ha hecho 
sumamente rara. 

Tratado sexto de la teoría de la 
cirugía. 

Es una colección de definiciones so- 
bre algunos puntos de cirugía .Ofrece 
nuísimo interés. 
^rotado séptimo del anotóme del 
cuerpo humano* 

El señor Hernández Morejoui al 
hablar en su historia de este tratado, 
nos dice: aEsun compendio bastante 
reducido de anatomía, que tampoco 
ofrece nada de particular. Creo que 
el sefior Morejon no habia leido dete- 
nidamente este tratadito , porque de 
haberlo hecho, jcómo perdonarle el no 
habernos referido los dntoa qué con- 
signa Agüero sobre la circulación de 
la sangre? Els verdad que el cirujano 
de Sevilla no ha sido el primero que 
ha hablado de la circulación, según 
han visto mis lectores en el primer 
tomo de m\zAnales\ pero también lo 
es, que la descripción que de ella hace 
Agüero > nos hubiera confirmado mas 
y mas en la opinión , de que antes de 
Harbej tenían los médicos españoles 
ideas positivas y demostradas sobre la 
circulación general de la sangre. Pues- 
to que me ha dado esta nueva ocasión 
de consignar á nuestros médicos espa- 
ñoles una gloriosa memoria , trascri- 
biré las ideas principales que emite 
sobre este punto, sin olvidar que Agüe- 
ro solo escribió un compendio bas- 
tante reducido de anatomía. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



37 






Ga pitólo XXIX. Del corazón. El 
corasoD es el mas priocipal de todos 
los miembros. ••• y también el prin* 
cipio de donde salen las arterias j ve- 
nas.*.. Está compuesto de tresmane* 
ras de fibras.*., fibras derechas.. •• iz* 

Jnierdas j obiícnas : estas sirven para 
os moTimieutós que tiene el corazón, 
natural, é involantarip. Las fibras de- 
rechas retiradas hacia sí, y las demás* 
alargándose, hacen dilatar el corazón, 
y este movimiento es el diásCole, y en 
este tiempo el pnlmon atrae la sangre 
por la arteria venosa del ventrículo 
izquierdo. Las fibras rectas cuando se 
relajan, y las atravesadas, se contraen; 
el corazón es contraido y comprimi- 
do, y este movimiento sístole que es- 
pele la sangre y los vapores escremen- 
ticioa , son evacuados por el siniestro, 
por la arteria venosa^ y mucho mas 
por la arteria magna. Del diestro ven- 
trículo por la vena arterial perfecta- 
mente elaborado, trae sangre para 
mantener el pulmón, y asi se ayudan 
mutuamente.. Entre estos dos movi- 
mientos hajr un qaies (ó reposo) que 
se hace con todas las fibras, y princi- 
¡lalmente con las oblicuas. Tiene el co- 
razón dos ventrículos, y entre ellos hay 
septo horadado, por donde pasa la san- 

Sre de uno al otro, y en cada uno hay 
os vasos; en el derecho entra la vena 
cava, y sale la vena arteriosa, y se es- 
parce en los pulmones, llevando san- 
Í[re elaborado. El izquierdo, que es la 
uente del calor nativo , tiene una ar- 
teria venosa: esta lleva la sangre del 
pulmón, y de allí nace la arteria mag- 
na^ origen de todas las demás arterias-, 
y los animales que tienen pulmón, 
tienen estos dos ventrículos \ y los que 
no lo tienen, solo uno como tos peces j 
carecen de respiración y del ventri" 
culo diestro", el cual fué hecho por 
amor del pulmón. Tiene también el 
corasen cuatro bocas ó agugeros : al 
primero del vientrecillo ckrechp res- 
ponde la vena cava , y lleva la sangre 
al corazón : del segundo nace la vena 
arterial que lleva la sangre al pulmón: 



del primero nace la arteria venal por 
donde se comunica la sangre espiritual 
desde el pulmón al vientrecillo iz- 
quierdo, y por el otro sale el mayor 
tronco de la mayor arteria que hay en 
el cuerpo, y asi se tiene entendi¿ío el 
oficio de los dos vasos, que es abastecer 
el corazón de sangre^ cuando se dilata, 
y de despedirla cuando se encoge. En 
estos agugeros del corazón, que son 
cuatro , hay unas membranas en nú- 
mero de once, que sirven de coberte- 
ras , para que la sangre que está fuera 
no entre, ni la de dentro salga á fuera 
basta su tiempo. Antes que la vena 
cava entre en el ventrículo diestro, 
ramifica dos ramos que rodean al co- 
razón como una corona , y la arteria 
magna da otros dos ramos. El corazón 
tiene por la parte de afuera dos orejas 
ó alas huecas que sirven para que el 
movimiento del corazón ño rompa la 
vena cava y la arteria venosa. No 
existe hueso ni cartílago en el corazón 
del hombre. La arteria magna es un 
miembro largo y hueco , por do pasa 
la sangre a todas las partes del cuerpo. 
Su nacimiento es del vientrecillo iz- 

Juierdo del corazón , y en saliendo se 
ivide en dos troncos , el uno mayor 
que el otro; el uno sube hasta la gar- 
ganta, que es el menor^ y produce la 
arteria axilar , que es la que llega al 
sobaco, y esta envía ramos á las costi- 
llas mas altas y al brazo en compafiia 
de la vena, y después se parte el mis- 
mo tronco en dos arterias carótidas, y 
de aquí van hasta el cerebro. El tron- 
co mayor que desciende , da vuelta 
hacia el lado izquierdo; se dirige hacia 
el espinazo echando ramos entre las 
costillas^ á la nuca, á los músculos de- 
trás del pecho, y en llegando al dia- 
fragma, echa dos arterias , una dere- 
cha, otra izquierda, que se distribu- 
yen por él, y pasan por debajo basta 
el penúltimo nudo de los lomos. En 
este parage se reparten en otros ra- 
mos; mas bajo dan las arterias emul- 
gentes, que van hasta los ríñones y al 
sieso. Luego salen las arterias de las 



38 



HISTORIA DE LA 



almorranas , y se reparten por las 
piernas (pá^. 321, col. 2.% hasta la 
324, col. I.').» 

Lejos de opinar, como el Sr. Her* 
nanriez Morejon , de que este tratado 
ofrece muy poco interés j creo que es 
uno de los de mayor mérito qoe se 
escribió en el siglo XVI , pues en él 
se notan ideas muy adelantadas en 
anatomía, y poco comunes en aquélla 
época. 

Tratado octavo de Ja historia del QJo. 

Dividió las membranas del ojo en 
seis y á saber, contando de dentro á 
fuera: 1 ^ es la aranea y ó araignodes: 
2/ la retina: 3.^ la ubea: 4.* la cor-» 
nea ó esclenótica: 5.^ la mnscnlína: 
6/ la adnata. El ojo se compone de 
diez y seis cosas, que por su orden son 
estas. Las cuatro primeras son los cna* 
tro músculos: las dos que siguen son 
el iris, que se. hace por los colores de 
la ubea y la pupila : las seis siguientes 
son las seis membranas : la primera 
adnata nace del pericráneo; la secunda 
llamada muscuUna(de pocos haUada), 
porque nace de los músculos, etc.: 
las demás son los tres humores. . 

En este tratadito demuestra Agüero 
ser un grande anatómico. 

Tratado nono de apostemas. 

Describé la historia del flegmon, del 
edema, de la erisipela, del fornúculo, 
de la gangrena , de los herpes , de las 
escrómlas, del zaratán y de los íam* 
parónos. 

Al hablar de estos últimos, refiere 
haber curado por medio de la ligadura 
un lamparon del peso de diez y nueve 
libras, que padecía un clérigo de Mar- 
chena , llamado D. Luis Benjumea 
(pág. 345^. 

Tratado décimo de la úlcera y sus 
diferencias. 

Tratado undécimo de fracturas. 

Tratado duodécimo de las disloca^ 
Clones. 

Estos tres tratados contienen todo 
lo mejor y mas notable que se sabia 
en aquel tiempo, respectivamente i 
cada ramo. 



Tratado decimotercio de peste. 

Distinguió la peste de la epidemia, 
pues aun cuando una y otra atacaban 
á muchos individuos á la vea , reservó 
la primera denominación ¿ aquella 
enferAiedad que matase á muchos, y 
la epidemia cuando se libraban loa 
mas de los atacados. 

Propone la cuestión sobre cuál de 
los tres males es el peor, el hambre, 
la guerra ó la peste. Prueba que esta 
última. Divide la curación déla peste 
en preservativa y en curativa. Pro« 
pone los preceptos higiénicos genera» 
íes , y los. remedios que deben em-* 
picarse para curarla. 

Tratado decimocuarto del tobar» 
diUo. 

Divide este tratado en seis capi« 
tulos. 

En el 1 «^ dice que por aer estaenfer» 
medad tan ordinaria en España y tan 
terrible por su malignidad > se deter* 
minaba á escribir de ella. 

En él 2.^ define el tabardillo «una 
calentura pútrida^ continua, maligna^ 
con pintas.» 

En el 3.^ hasta de las señales. 

En el 4.® del pronóstico. 

En el 5.^ de la curación. Entre los 
remedios mas principales que propon 
ne, son sangrías repetidas^ ain- perder 
de cuenta las fuerzas del enfermo y la 
duración del mal ; y en caso de pecar, 
mas vale de por menos que por mas: 
purgantes moderados; alimentos sua- 
ves pero sustanciosos; bebidas acidula* 
das; los clisteres abundantes ; los ale-* 
«fármacos en el periodo de putrefae- 
cion del mal ; ventosas secas por todo 
el cuerpo, y sajadas cuando hubiese 
mucha malignidad; embrocaciones ge* 
nerales con.Ios hidróleos ; las infusio- 
nes del agaricoi siendo el enfermo fleg» 
matico. 

■ 

En el 6.^ de la modorra. La fre- 
cuencia con que se presenta el delirio 
con esta enfermedad, conocida oomun** 
mente por el vulgo con tabardete y 
modorra, determinó al autor á tratar 
de este síntoma en particular. Por lo 



J| 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



39 



que hace á 1m deroas compikacioiies^ 
remite á loa lectores á tratadoa espe« 
cíales. 

FRANCISCO DÍAZ. Se ignora sm 
patria. Estadio en la universidad de 
Alcalá de Henares la Blosofia yinedi* 
«ioa 9 J en ambu tomó el grado de 
Doctor. Después vino a Valencia con 
el objeto de instruirse mas, j asistió ¿ 
las cátedras de Luis Collado y de Pe* 
dro Gimeno, según confiesa en los pa- 
sages siguientes: «j no tengo 70 poca 
jactancia de haber estado en esta ciu* 
dad algún tiempo^ j tener por maes«- 
tro al peritismo Doctor Collado j A 
Doctor Gímeno (pég. 19 vuelta).» 

Aun cuándo ejerció las dos faculta* 
des^ no fué coa igual reputación en am- 
bas, j solo como cirujano llegó i te« 
nerla en tanto grado, que mereció ser 
nombrado módico de cámara de Feli^ 
|>e II. 

Esta misma celebridad se aumentó 
con los elogios que públicamente le 
dirigieron varios literatos j poetas , y 
entre estos Lope de Vega y Miguel de * 
Cerrantes Saavedra. 

Escribió las obras sigUentes. 

Compendio ds drugia , en el cual 
se trata de todas las cosas tocantes a 
la teórica y practica de ella y de la 
anatomiadel cuerpo humano, con otro 
breve tratado de las , cuatro enferme'* 
dades. Compuesto en coloquios por 
Francisco IXaz, médico jr cirujano de 
la C. R. M. del Rey D. Felipe, Doc^^ 
tory maestro en filosofía por la uni^ 
í^ersidad de jílcaíd de Henares. Ma- 
drid, por Pedro Cosin 1575, 8.^ 

El autor dedicó esta obrita al Doc- 
tor Olivares, de quien fué discípulo. 
En su prólogo protesta que la inten- 
ción al publicarla no fué otra que la 
de ilustrar á los cirujanos romancistas, 
quienes por falta de un compendio de 
esta clase no bacian el estudio según 
sos fuerzas. El autor asegura que este 
tratado era la médula de su larga prác- 
tica en muchos pueblos de Espafia. 

Está diridida en cuatro libros , con- 
sagrados á tratar en el 1.^<de la anato- 



«nia; en el %^ de loa apostemas y su 
curación ; en el 3.^ de las heridas.; en 
el 4.® de las úlceras. Al final afiade un 
tratadito de las cuatro enfermedades, 
i. saber: de la ninfea , de las hernias, 
Ae Ws almorranas y de la fiema sa^ 
iadá. 

£1 primer libro lo divide én trece 
capítulos , y en ellos habla de anato- 
mía. Son muy interesantes el séptimo 
y el octavo, en los cuales describe con 
precisión el sistema arterial y venoso, 
eu distribución en todo el cuerpo , y 
la circulación de la sangre^ con todos 
Sttspormenores. 

En el libro segundo trata de los 
apostemas. Describe la historia de es- 
ta enfermedad , sus causas , síntomas, 
diagnóstico, pronóstico y curación. 
Comprende en la clase de apostemas 
el flegmon, el carbunclo, la erisipela, 
el estiomeoo , el escirro , el cáécer y 
el esfacelo. 

En el tercero trata de las heridas. 
Distingue las úlceras de las heridas so- 
lo en la duración del tiempo; sin em- 
bargo, las desbribe en coloquios sepa- 
rados. Lo mismo hace con las heridas 
hechas por animales rabiosos ó vene- 
nosos (Coloquio 19). 

En el cuarto trata de las úlceras ó 
llagas viejas. Primeramente espone la 
historia completa de las úlceras en ge- 
neral, y después trata en coloquios es- 
peciales de las úlceras verminosa, pú« 
trida , fistulosa, cancerosa , virulenta, 
corrosiva, cariosa y caquéctica. 

Las ideas que emite Diaz en este es- 
crito, son una verdadera. espresion de 
las que en su tiempo habia relativa- 
mente ¿ las enfermedades y práctica 
de su tiempo. Toda ella está llena de 
citas y de autoridades; pero de los ci- 
rujanos mas célebres de los antiguos y 
contemporáneos suyos. En su época 
podo muy bien ilustrar no solamente 
á los cirujanos romancistas ¿ quienes 
se dirigió, si que también á los profe- 
sores de mas nota. 

Tratado de cuatro enfermedades^ 
necesario ppta entenddlas jr curallas\ 



I 



40 



HISTORIA DE LA 



compuesto por el Doctor. Francisco 
Díaz, mécUco jr cirujano de S* M. 

Capitulo 1.^ De la ninfea. 

La Dtofea es sin duda uoa protón» 
gacion del cHtoris^ s^g^^ puede com- 
prenderse de su descripción. «Es en* 
fermedad peregrina, rara y de consi- 
deración, porque es un crescimiento 
de carne que sale por el pudendo de la 
muger, con pesadumbre de la que lo 
padece, y aún con espanto y sospecha 
de quien jo mira.» En seguida descri- 
be anatómicamente la matriz, la sagi- 
na y la vulva. «La ninfea, á quien no 
lo entiende, añade, paresce miembro 
viril, porque se alasa y entiesa cuando 
toca á la ropa , cosa de gran vergüen- 
za y escándalo, y de gran lástima, por- 
que tienta estraordinariamente á la 
que lo padesce á la lujuria , lo cual 
acontesce en doncellas lividinosas j 
lujuriosas, por^e he visto dos mon- 
jas en un monasterio padescer este 
afecto. T también á una casada que le 
salía mas de cuatro dedos por su natu- 
ra , y se le alsaba , y aleándosele le 
atormentaba-, y fué tanto el deseo que 
tenia de parir , que teniendo aquello 
por impedimento se puso en cura , y 
yo se lo curé, y sanó también, que des- 
pués parió tres veces (pág. 353).» Su 
cura es cortarlo (pág. 353 vuelta). 
Describe el mecanismo de esta opera- 
ción (pág* 355.) 

Este hecho curioso prueba al mis- 
mo tiempo la despreocupación y cono- 
cimientos de nuestro cirujanoen aque- 
lla época en que tan en boga y como 
cosa demostrada cundía aun entre mé- 
dicos el hermafrodismo. 

Capitulo 2.^ De las hernias. Bajo 
este titulo trata del hidrocele, del sar- 
cocele^ de la hernia inguinal comple- 
ta é incompleta, y delemfisema del es- 
croto. 

Capitulo 3.** De las almorranas. 
Nada ofrece de particular. 

Capitulo 4.® De la flema salada, 
que se llaman empeines. 

Describe su causa , sus señales , su 
diagnóstico , pronóstico y curación. 



Dividió los empeines (entre nos- 
otros herpes) en siete especies, á sa- 
ber:* mucilagiooso , gipseO) nitroso, 
corrosivo, dulce, salado, y agrio. 

Tomó la base do estas variedades en 
el gusto que tenia el liquido que de 
ellos emanaba , y de los efectos que 

{>roduc¡a. Para su curación propuso 
leñar tres indicaciones: 1 .* guardar las 
cosas llamadas no naturales : 2.* regir 
la materia, cocer erhumor, y evacuar- 
le: 3.* aplicar remedios especiales. 
Entre estos elogia mucho las virtudes 
de un caustico que usaba con predi- 
lección el emperador Carlos V., y del 
que cuenta grandes sucesos, y es el si- 
guiente: 

Ke\^. Escoria de metal, ocho drac- 
mas ; oropimente , cuatro dracmasj sO' 
liman , cuatro dracmas; metal guema^ 
do , eléboro Uanco y cantáridas, qui- 
tadas las afas y los pies, de cada cosa 
dracma y media. Est^s sustancias se 
pulverizan por separado, después se 
mezclan con miel hasta la consistencia 
de un linimento (pág. última). 

Tratado de todas las enfermedades 
de los ríñones, resiga jr carnosidades 
de la í^erga y unna. Compuesto por 
Francisco ¿Haz, doctor en medicinar 
maestro en filosofía, y cirujano del 
Rey Nuestro Señor. Madrid , 1588. 

El autor divide su obra en tres li- 
bros. En el primero trata de Us are- 
nas, piedras, Hagas, inflamaciones y 
otras enfermedades de los riñones. En 
el segundo de las arenas, piedras, lla- 
gas, inflamaciones y demás enferme- 
dades de la vegiga. En el tercero de 
las carnosidades y callos que se desar- 
rollan en la uretra. 

El libro primero lo divide en 14 ca- 
pítulos. 

En el 1 ." trata de los animales en 
que con mas frecuencia se suelen criar 
piedras: asegura que se forman en los 
abscesos y quistes. Cita las observa- 
ciones de un hombre de S. Torcaz , a 
quien se le formó un absdeso en las 
articulaciones de las manos, del cual 
sacó piedras del grandor de una ave- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



41 



llana; y del Emperador Carlos V, rey 
de España, á quien le sacaba piedre- 
cillas de los abscesos qoe se le forma- 
baD en las manos. 

En el 2.®4uip¡tulo trata de la disec- 
ción j anatomía de los ríñones, de sus 
funciones y de su sitio. En el trata^ 
primero de su sustancia; en el segundo 
de su sitio; y en el tercero del perito- 
neo, de las venas emulgentes, de la 
aorta y vena cava. 

En el capitulo 4.® trata de la natu- 

^ raleza de las arenas , de su formación 

en nuestros, cuerpos, de causa, y de 

piedra. En él llama la atención de los 

f>ráctieos sobre la variedad de sus co- 
ores, para fundar el pronóstico: habla 
de las sustancias que pueden engen- 
drar arenas; de los lugares , aguas y 
aires mas á propósito, y de los climas 
en que son mas frecuentes. 

En el capitulo 5.^ trata de la causa 
eficiente de las arenas y piedras: y en 
su concepto eran la frialdad, y los tem- 
peramentos. 

En el 6.® del modo de engendrarse 
la piedra de los ríñones. Dice que las 
arenillas son la causa material , y que 
los líquidos viscosos , pegándose y na- 
ciéndose mas crasos, van formando las 
piedras capa sobre capa. Hace coasis- 
tir la dureza de aquellas al calor de los 
ríñones^ como sucede con las vasijas 
que se endurecen al fuego de un hor- 
no. Asegura haber visto «piedras con 
vetas bermejas , otras negras y blancas 
/doradas.» Refiere que en Alcalá de 
Henares sacó á nn estudiante sacerdo- 
te una piedra que tenia vetas colora- 
das, azules, negras, blancas y doradas, 
y de peso de cuatro onzas, la cual con» 
servaba todavía. 

En el capítulo 7.^ trata de las seña- 
les de la piedra de ríñones* 

En el 8.® del pronóstico de la pie^ 
dra de ríñones. 

En el 9.^ de la manera de regirse y 
preservarse de este mal. Habla de va- 
rias fuentes minerales de España que 



boy no se conocen , y cita la indolen- 
cia de los españoles; añadiendo que si 
fueN otra nación, ya seria mas rica de 
lo que es^ por este solo ramo. 

En el 10 , de la piedra de los riño- 
nes'y su curación. Recomienda las ge- 
latinas de arroz y del farro: las sangrías 
en los pletóricos, las lavativas, los vo- 
mitivos, los purgantes, los anodinos, 
el palo santo y zarza-parrilla ,. los 
dieurét¡cos> y muchas fuentes medi- 
cinales de España. /El autor prescribe 
algunos remedios ridículos, como la 
sangre de una cabra mantenida cuatro 
años con yerbas dieuréticas, el comer 
crudas las pajaritas de nieves^^y otras 
sandeces propias del siglo X vi. 

En el 11 de la inflamación y de las 
llagas de los ríñones. 

En el 12 del ardor de orina ^ y de 
su curación. 

En el 13 del flojo de sangre por 
la uretra. 

Eu el 14 dp la diabetes» 

El autor trata todas estas materias 
con maestría y con mucha filosofía 
médica ; pero el numero de citas de 
autores griegos , latinos y árabes que 
trae, hacen su lectura muy cansada y 
fastidiosa . 

En el libro segundo trata de todas 
las enfermedades de la vegiga. 

Capítulo 1 .^ En el cual se trata de 
la anatomía de la vegiga, de su sitio j^ 
uso. Describe los uréteres de la vegi- 
.ga, el peritoneo, y la diferencia de si- 
lio en diferentes animales. 

En el capítulo 2.^ espone las causas 
de las arenas y de la piedra de la 
vegiga. 

En el 3.^ da las señales de la piedra 
de la vegiga; en este capítulo cita mu- 
chos casos de estraccion de piedras de 
la vegiga , y entre ellos la qu^ sacó á 
un cuta de un lugar cerca de Burgos, 
que foroiabjEi vetas bermejas, azules^ 
doradas, negras y amarillas, que tam- 
bién conservaba. 

En el 4.^ habla del pronóstico : en 



HisT. DE LA Medio, española. — Tomo 2.® 



42 



HISTORIA DE LA 



I 



este articulo reprueba ya el escanda- 
loso abuso de los charlatanes, diciendo: * 
auna eosa no dejaré de decir , y es an 
yerro grare qne en España se usa-, que 
el sacar la piedra , con ser obra de 
tanta estimación y necesidad , la han 
apartado de la cirugía ^ y la tratan 
hombres idiotas , que apenas los mas 
deprendieron i leer: estos se arrojan 
tan sin término ni fundamento, tra- 
yendo en su abono solo la esperiencia 
[ue tantas y tantas reces ha engañado 
páj?. 217Tuelta).)» 

En el 5.® da las reglas para preser- 
varse de la piedra. 

En el 6.^ trata la cura. Propone un 
instrumento de su in^encioD para sa- 
car las piedrecitas de la vegiga; se re- 
duce i una especie de tenacilla, com- 
puesta de dos ramitas que se apartan 
una de otra; se introducen por la ure- 
tra cerradas , hasta llegar ál fondo de 
la vegiga. Dando vuelta i un tornillo, ^ 
se les obliga i separarse : se coje la ' 
piedra, y se saca ; le llamó speculum 
pudendi (pág. 230). Creyó demasiado 
en las virtudes de los amuletos y en 
las de los astros. 

En el capitulo 7.^ espone la cura de 
la medra por obra de manos. 

El autor antes de pasar i describir 
el método operatorio, presenta algunas 
consideraciones que deben tener pre- 
sentes los facultativos para determi- 
narse á hacer la operación. 

1 .• El tiempo en que debe practi^ 
car se. Con este motivo reprueba la 
conducta de algunos operadores am- 
bulantes, á quienes W^nm idiotas y ho^ 
micidás\ que sia ser profesores se atre-. 
ven á practicar esta operación .... que 
arobulando de pueblo en pueblo prac- 
ticaban las opefaciones sin atender a la 
dicha circustancia. Aconseja los meses 
de marzo, abril, mayo, octubre j no- 
viembre; pero que en casos urgentísi- 
mos en todo tiempo. 

^ 2.* La edad del enfenno. En los 
viejos la reprueba. 

3.* El habito del cuerpo, larobus- 
tez jr la disposición del sugeto. 



4.' La región. 

5 .* El lugar preciso y determina» 
do por el cual deba hacerse la aber^ 
tura, 

6.* Las ev€u:uaciones necesarias^ 
es decir ^ la preparación del sugeto pa* 
ra el acto de la operación jr después 
de ella. 

«Descripción de la operación. Si el 
enfermo es niño, deben tenerlo dos 
hombres de mucha fuerza, uno por el 
pecho y otro encargado de las pier- 
nas. Si es adulto se le atarán fuerte- 
mente las piernas y los muslos,' jr dos 
ó tres ayudantes deben encargarse 
ademas de sugetarlo y hacerle tener 
las piernas abiertas. Colocado el enfer- 
mo en esta posición , procede del modo 
siguiente: introduce por el ano el dedo 
medio de la mano derecha, y le dirige 
hasta llegar i la vejiga : con la mano 
izquierda hace presiones desde el om- 
bligo hacia el empeine con el objeto 
de llevar la piedra hacia el cuello de 
la vejiga : entonces por la derecha ht 
de cortar por un lado junto al ano^ la 
parte que está pegada al cuello de la 
vejiga, teniendo siempre cuenta de ha- 
cer la abertura longitudinal, segon las 
hebras de los músculos, sin llegar al 
perineo ó al medio de la raya. Cuando 
está hecha la cisura como conviene, se 
mete por ella un instrumento que se 
llama luncino y de los modernos calza- 
dor (catéter), y cuando el calzador es- 
tuviere dentro, se tiene de abrir mas 
con el rallón (instrumento en forma 
de lanza), y hecha la cortadora, se tie- 
ne de nieter otro instrumento llamado 
pico de grulla, y con la mayor sutileza 
agarralla y estraella la piedra. (El pi- 
co de grulla es una tenaza de hojas 
largas y. delgadas, que se abren y cier- 
ran por un resorte. Se entran cerradas 
y por su propia elasticidad se abren 
aflojando el tornillo ; y se cierran por 
una especie de virola que hace el uso 
de una corredera,) Cuando la piedra 
no pueda salir por su gran tamaño, 
manda introducir una tenaza de dien- 
tes muy fuertes para deshacerla y lúe- 



1 

N 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



43 



go iotrodace ud instrumento en for- 
ma de cuchara , con el cual saca los 
pedacillos de la piedra.» 

Aconseja en este tiempo de la ope- 
ración^ mucho cuidado y mucha pru- 
dencia en los operadores ; pues dice 
haber obserrado casos en que el ope- 
rado quedó muerto en las manos del 
operador por haber este dilacerado la 
yejiga con las tenazas ó con el que- 
branta-piedras. Adviértase, dice, quq 
jamás se estraiga la piedra con violen- 
cia , porque es lo que los enfermos 
pueden resistir menos, j entonces cos- 
taban las costas mas que el principal. 
Nota igualmente el que las piedras se 
han de sacar con mas maña que fuer- 
za, /.que para esto era preciso dirigir 
la alencíon i las figuras de las piedras 
para sacarlas por el lado o parte mas 
cbica. Después de estraida la piedra, 
recomienda la costura encarnativa 
(vendage unitivo), y que debe curarse 
por primera intención. Aconseja no I le- 
gar i la hejrida hasta pasados seis ú ocho 
dias^ con tal que no ocurra accidente 
queobligueáello. Habla en seguida del 
modo y remedios para oponerse ó cu- 
rar la inflamación , tales son las san- 
grías j los atemperantes ^ Igs anodi- 
nos, etc. 

En el capitulo 8.^ trata de la ej- 
traccion dé la piedra a U^ italiana, (El 
método que acabamos de esponer se 
llamaba a la castellana). 

Método á la italiana : colocado el 
enfermo como en el modo anteceden- 
te^ introduce el operador por la ure- 
tra el catéter, reconoce su curvadura 
y ranura, y por ella hace una incisión 
con un visturi convexo: abierta la ve- 
jiga introduce un especulum ó dilata- 
dor de la vejiga: dilajtada ya, introdu- 
ce una tenaza de figura de pico de ána- 
de, con la cual coge la piedra y la es- 
trae : ha bieto do necesidad de usar el que- 
branta-piedras (tenaza cisoria), se va- 
le del cucharon para estraer los frag- 
mentos de la piedra. Después de ana- 
lizar estos dos métodos prefiere este 
último, siempre que el enfermo no ten- 



ga estrecheces en el cañq de la uretra. 

En el capítulo 9.^ trata de la infla* 
moción de la vejiga. 

Es interesante. Entre los remedios 
que propone son las inyecciones den- 
tro de U cavidad de la vejiga. Pa- 
ra ellas se valia de una geringuilla 
mediana, con un sifón idéntico en for- 
ma, longitud y volumen de un caté- 
ter. Introducido este en la cavidad 
de la vejiga^ inyectaba el liquido con- 
tenido en la geringuilla. Presenta la 
figura de este instrumento , d^ cuya 
aplicacioKi se proclama inventor. 

En el libro tercero trata de las car^ 
DOsidades de la via deja verga. 

Capitulo 1." En el cual se trata de 
la invención de la cura de esta enfer^^ 
medad, y de quién fué el primero que 
la usó» 

Asegura ser enfermedad nueva y 
desconocida de los antiguos, y que 
aunque Hipócrates, Cometió Celio, 
Alejandro de Trallesy Pablo Egineta, 
trataron de ella en algunas partes de 
sus obras, solo escribieron algunos ca- 
pítulos muy cortos é insignificantes* 
Que la obra de Laguna , sobre esta 
materia ^ era de muy poca sustancia: 
que Miguel Ángel Blondo, lo hizo con 
inas ostentación que provecho ; que 
Mari^tno S^to, Ambrosio Pareo y 
Amato Lusitano, tampoco escribieron 
de ella lo necesario para entenderla, 
ñi curarla. 

Eb seguida habla de un famoso ci- 
rujano de Carlos V, llamado Maese 
Felipe \ y á este tributa el honor del 
descubrimiento. 

En el capitulo 2.® trata de la ana* 
tomia del pudendo y de la \ferga. Des- 
cribe la naturaleza » sitio y relaciones 
de la vegiga, del pene, de los cuerpos 
cavernosos, de la uretra, del balano, 
de las venas, arterias, nervios y del 
prepucio. 

En el capitulo 3.^ En el cual, se 
trata mas a la larga del inventor de 
esta enfermedad^ y cuándo fué cono* 
cida^y su cura inventada, y la oca* 
sion de hallarse. 



44 



HISTORU DE LA 



Impugna á Amato Lusitano, qaa 
dice haber aprendido el conocimiento 
de la curación de este mal, de su maes» 
tro Alderete, catedrático de medicina 
en Salamanca , asegurando que ni el 
maestro ni el discípulo conocieron esta 
enfermedad, sino de oidas. Añade que 
Andrés Laguna, en suiibro de extir* 
pandis carrucuUs^ habló de esta en- 
fermedad eomo hombre que nunca lo 
usó ni practicó^ mas solamente de 
oirlo decir. 

En seguida describe la historia de 
este descubrimiento, del modo si- 
guiente: 

a Estando Maese Felipe en Alemania 
de cirujano del invictísimo rey de Es- 
paña Carlos V, como padecía de esta 
enfermedad; y era tan mal tratado de 
ella, que cada día le traía al punto de 
la muerte; y como hombre perseguido 
de este mal, j de agudo entendimien- 
to , revolvía entre si la noche y el día 
para quitarse tal tormento , sin poder 
entender una enfermedad que tanto 
le lastimaba, j tan disgustado le traía; 
que muchas veces se le suprimía la 
orina, estando satisfecho que no era 
piedra.» Haciendo muchos remedios^ 
vino i dar por el toque, que el impe- 
dimento era á manera de carnecilla ó 
berruga , y de buscar .medicina , que 
si lo fuere , la comiese: hizo una can- 
delilla de cera delgada, con su pivilo, 
aderezada.de manera que no se pu- 
diera quebrar, pero que pudiera do- 
blarse 7 ponerse en la misma figura 
3ue la vía de la orina, y poner á la re* 
onda de ella un medicamento que es 
comedor , ó un cauterio potencial, y 
con esto empezó la cura..... asi salió 
con su intención ; aunque el cauterio 
d^ que usó era tan fuerte y tan calien- 
te, que í los principios sucedían infla- 
maciones 7 aun mortificaciones, y al- 
gunos otros accidentes peligrosos. ••••. 
Al fin, como inventor 7 descubridor 
de esta cura , á el buen Maese Felipe 
se le deben dar las gracias 7 el honor 
de ella. Este principio de cura fue en« 
Alemania, 7 entonces padecía de esta 



enfermedad el almirante de Ñapóles, 
7 se puso en cura, 7 se alivió grande- 
mente. ... EUtaba sirviendo de practí- 
cente al Maese Felipe un mancebo bo- 
ticario, natural de Roma, 7 tomó el 
secreto 7 volvióse á Roma , en donde 
comenzó á usar la medicina, 7 fue re* 
cibída con grande aplauso 7 contento 
universal de toda la ciudad, dándose 
á si solo la gloria de este negocio, por- 
que jamás se había visto en Roma. En 
este tiempo estaba con el un mancebo 
portugués, boticario, llamado Alfonso 
Díaz, que después se llamó el Doctor 
Romano ; 7 tuvo tal astucia 7 maña, 
que cogió el orden 7 la manera de la 
cura, 7 el secreto: 7 sin parar mas en 
Roma, se vinoá Elspaña, á Valladolid, 

3ue la corte estaba allí 7 los procura- 
ores del reino , juntos en Cortes ; 7 
vista la novedad 7 cosa útilísima , el 
re7 le señaló una plaza de sesenta mil 
reales , 7 el reino ochenta, para que 
anduviere por los reinos 7 enseñare el 
orden 7 modo de corar, 7 descubriese 
el secreto á los cirujanos. En 1552 co- 
menzó á partirse para el reino: lo mos- 
tró á muchos cirujanos , de lo cual al 
presente ha quedado mu7 poco fruto, 
7 á la verdad se le puede imputar la 
culpa al reino por .no criar otro que 
con la misma honra 7 el mismo sueldo 
fuese remunerado para que no se per* 
diera cosa tan necesaria a la república. 
Ninguno ha7 que con tanta claridad 
7 verdad puede declarar esto como 70, 
como li quien han acudido mnchos 
trabajados de este mal. Solo encargo 
que se hu7a de charlatanes que solo 
tienen la obra en la lengua 7 en el 
atrevimiento; 7 como son estran^eros 
7 hablan cerrado , parece que dicen 
, algo 7 de do diere engañando públi- 
camente 7 de estos ba7 gran co- 

fna en esta corte , 7 no son los menos 
ávorecidos. To suplico al re7 que no 
lo mire sin interés 7 remedie , 7 no 
deje perder, sino escoger persona que 
pueda hacer tantos bienes.» 

En el capitulo 4.^ trata qué cosa 
sea camosiaad. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



45 



Espooe la naturaleza de las causas 
y diferencias de las carnosidades ; del 
callo /de las berrugas pensiles, ó sean 
escrecencias pedicuíaims. 

En el capitulo 5.® trata de las cau-' 
sos de la carnosidad jr del callo. 

Considera cooio cansas^ la purga- 
ción , las úlceras y otros tumores que 
se suelen formar y obturar el conducto 
de la uretra : las úlceras formadas en 
el cuello de la vegiga, á consecuencia 
de depositarse en sus pliegues areni- 
llas salidas de la vegiga; el venéreo» la 
gonorrea, el ejercicio y abuso del coito; 
el estar mucho tiempo en la cama acos* 
tado de espaldas ; el dejar el coito el 

3ue estaba acostumbrado á él; la mu- 
anza del clima y de las aguas ; y úl- 
timamente todas las causas de infla- 
macion. 

En el capitulo 6.* trata de las seña- 
les déla carnosidad y callo de la via 
de la orina. 

Considera como síntomas» la discu* 
ria y estranguria; la salida de la orina 
en dos cborritos delgados y bifurcados 
(en este caso dice que el daño está 
muy cerca del oriGcio) ; la no emisión 
del semen en el acto de la cópula ; el 
no poder concluir de orinar de una 
▼eZy sino que quedan con gana; el en- 
contrar obstáculo al introducir la can- 
delilla, junco» plomo ó algalia. 

En el capitulo 7.® trata del pronos^ 
tico de la enfermedad de la camúcula* 

Asegura ser muy peligrosa y aun 
mortal cuando no se la trata conre- 
nientemente y con oportunidad. En 
su confirmación refiere la historia del 
príncipe Ru^gomez^ digna en mi con- 
cepto de ser consignada en este tratado 
por muchas razones, y es como sigue. 

«Que el principe Rnjrgomez » de la 
escelente familia de los Silvas de Por- 
tugal» camarero del cristianísimo rey 
Felipe 11 de España» hijo del invictí- 
simo Carlos y, emperador de Alema- 
nia» padecía este mal» y mandó lla- 
marme» al cual visité» y de la relación 
que me dio» entendí que padecía car- 
nosidad: pero para mayor satisfacción 



a' uise tentarle con la candelilla» y ha- 
¿ la via de la urina tan llena de car- 
nosidades, que le mostré la necesidad 
que tenia de curarse ; porque si no se 
curaba» podría algún día» queriendo» 
qo poder, el cual me dijo que luego lo 
quería hacer mostrando gran volun* 
tad de curarse» y como le vi determi- 
nado» me pareció que yo recien veni- 
do á la corte» y aun hombre tan prin- 
cipal» puesto en el ojo de toda España, 
y aun de todo el mundo, que no seria 
bien atreverme á curarle» sin consulta 
de los que le curaban» siendo tan doc- 
tos y celebres médicos» le dije los avi- 
sase para otro día» para que el mal se 
consultase » y consultado » se aplicase 
el remedio que á tal pasión convenia» 
haciendo yo esto para mayor descar- 
go» por ser príncipe tan grave > y pa- 
reciéndol^ bien lo que yo le avisaba: 
y acerca de este nial con tantas veras 
le aconsejaba» me dijo que era bien» y 
que á otro día volviese ¿ tal hora para 
juntarme con los médicos, y asi con* 
certa ndo me volvía i la hora concer- 
tada » y hallé solos al principe y á la 
princesa con determinación , y me- 
drosos porque le habían los médicos 
amenazado gran peligro en el uso de 
la candelilla» y dicíéndole que no te- 
nia carnosidad, le dejaron tan persua- 
dido con el miedo» que me dijo no era 
su voluntad curarse por entonces» y 
me declaró todo lo que pasaba» sin de* 
Jar cosa qiíe no me la contase^ y los 
que se lo habían dicho. Fué» pues» pa- 
sando el tiempo y creciendo el daño» 
de manera que pasaron diez años; des- 
pués que atormentado y encañado 
pasó el triste señor, hasta que le puso 
en tanto aprieto » que se le suprimió 
la urina; de manera que no tuvo orden 
de urinar hasta el séptimo día ; que 
con lo que le habían menospreciado» 
que fue la candelilla, urinó gran can- 
tidad, que si fuera al principio de la 
enfermedad (digo de este insulto de la 
supresión) pudiera ser tener algún re- 
medio; pero como la uripa estuvo tan- 
toa días detenida, introdujo en todo el 



^m 



46 



HISTORIA DE I4A 



cuerpo tan mala calidad, que luego le 
aló calentura grave y molestos acci<* 
dentes , hasta que murió, Pero una 
cosa no quiero que se me pase de U 
memoria^ y es: que cuando le saqué la 
candelilla, y vido que Uf^inaba^ dijoá 
voces. Dios se Ip perdone^ á quien 
tanto tiempo me ha traido engañado^ 
dando claramente á entender lo que 
Je habían persuadido *con tanta instan-» 
cia los médicos , que aun estaban en 
sus trece, negando que el principe te- 
nía carnosidad: lo cual no pude suCrirj 
ain decir á alguno de ellos cuan enga-*» 
nados habían estado en el mal consejo^ 
que acerca jdé ello habían dado al 
príncipe; y aun estando picado de ver 
que con habérselo certificado muy de 
veras no me habían creído (pero él diQ 
su alma á quien la crió) y estando las 
cosas en este punto, se determinó de 
abrir el cuerpo, porque le habian de 
llevar ¿ su villa de Pastrana, de lo 
cual recibí mucho gusto, solo por des- 
engañarme, ó á los médicos que lo ha- 
bian negado. Puestas las cosas á punto 
se abrió , y le hallamos que de tres 
partes del miembro genital (digo de 
au canal) las dos tenia llenas de carne 
tan endurecida, a manera de callo, 
que con el tiempo estaba como suela 
de zapato, que apenas la navaja podía 
cortarla*, y el médico que lo había ne- 
gado se espantó, de manera que uo 
pudo disimular sin dar muestra de 
espauto, y confesar el engaño por su 
misma boca; y pasado ¿ la vegiga, ha- 
llamos que tenia en ella nueve pedre- 
zuelas, algunas como habas y menores, 
que está claro que. fueron espelidas, y 
00 se detuvieran dentro, si no hallaran 
el paso ocupado, y mas que habían 
crecido en tantos días mas de lo que 
estaban, de manera que claramente 
^e vido y entendió haberle venido la 
muerte por no haberse curado en 
tiempo de las carnosidades, porque 
cierto, que á haberse curado, sin duda 
sanara del daño y no viniera á lo que 
.vino, y no pasara los trabajos que pasó; 
y es cierto que pasando con la disec- 



ción adelante , Je bailamos los ríñones 
hechos ceniza, que al parecer se abra« 
^aron con la mucha inflamación, y que 
se deshacían en solo tocarles .con la 

Í>inza. T cuandp t^tos daños vieron 
os médicos, que estaban en la aper- 
cion del cuerpo , no cesaban de santi- 
guarse, admirados de \q que veían , y 
Dios sabe lo que sintieron .en sus áni- 
inos , de lo que habian sido culpa al- 
gunos, y confesando en muerte lo que 
con tanta fuerza habian negado en 
vida, y afirmaron que las carnosidade9 
eran la causa de la inflamación , que 
e.videntemente se mataba, porque por 
ellas se le había suprimido la urinit 
que había sido causa de la inflamación, 

{)orque ui las pedrezuelas, ni otra cosa 
é mataban, siendo tan pequeñas, por- 
que ya se ha visto (y cada dia lo ve- 
mos) tener uno piedra muchos años, y 
DO matarle , como se vido en el reve- 
rendísimo Valdés, arzobispo de Sei- 
vílla, inquisidor general, que según 
la relación que nos dio muchas veces, 
y de las señales que tenía, habia mas 
de cuarenta y cinco años que padecía 
piedra en la vegiga, y llegado su fip 
para embalsamalle , fue necesario 
abrirle, y se le halló una piedra d^ 
vegiga, del tamaño de un huevo gran- 
de de paloma , la cual era muy lisa, y 
no murió de ella^ sino de distinta en- 
fermedad, según lo mostraron las se- 
ñales y falta de los accidentes que sue- 
len sobrevenir á tales enfermedades 
cuando acaban al paciente, porque te- 
nia la vegiga sana, sin llaga, ni otra 
posa que nos mostrase haber muerto 
de la dicha piedra, y lo mismo acon- 
teció al principe. Y pudiéramos traer 
otros muchos ejemplos que verificaran 
mas este negocio: pero á mi parecer 
bastan estos ejemplos para lo que pre- 
tendemos , porque ya hemo.s declara- 
do las señales y los accidentes que nos 
muestran uno morir de piedra de ve- 
giga, de los cuales ninguno se halló 
en estos dos señores.» 

En el 8.® habla de los síntomas de 
esta enfermedad , y entre ellos da la 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



47 



preferencia al toqne de lá piedra por 
medio de los instrumentoa ó del dedo. 
Varios son los medios, dice, qae se usa- 
ban en su tiempo para reconocer la 
Iiiedra dentro de la vejiga, entre ellos 
os tallos de malvas , del peregil , del 
hinojo j del junco. Los reprueba co<¿ 
mo tnsuBcientes. Habla de las cande- 
lillas causticas que usaba un tal India- 
no, las cuales llegaron á tener un gran 
concepto, basta que habiéndolas usado 
en el Principe Ruygomez ie prodoge- 
ron una irritación y flujo de sangre que 
le puso á la muerte. 

Da la preferencia ¿ las candelillas 
preparadas con el cáustico de su in« 
vención ; cuya preparación es la si- 
guiente» 

Cera blanca ^nm libra ; tremenii' 
na, onza y media; alquiüria, una on- 
za. Con esta composición se prepara- 
ba la candelilla , que era como el p¿- 
vilo de una vela, el cual debía ser pre- 
cisamente de hilo sin curar. También 
hacía las candelillas de un esparto, al 
cual cttbria de una hebra de hilo mas 
ó menos fino. 

En este mismo capítulo presenta la 
figura de un instrumento que llama 
insti*utnento cisorío de nuestra inven^ 
Cion , el cual propone como remedio 
estremo , aunque peligroso. 

En el capitulo 9.** trata de la época 
del año en que se tiene de hacer esta 
cura de carnosidad. 

Recomienda los meses de marzo, 
abril, mayo^ setiembre, octubre y no- 
viembre. Aconseja que si hay lugar de 
elección, no se haga la operación ni en 
el invierno ni en el verano, j si en 
el otoño. 

En capitulo 10 trata de las pre'^ 
Cauciones que se tienen que hacer para 
curar este mal. 

Habla del modo de disponer y pre- 
parar al enfermo con los remedios 
oportunos ; tales como sangrías, pur- 
gas, lavativas emolientes, jaraves, be- 
bidas asicluladas: trata en seguida del 
régimen higiénico, de las bebidas, del 
vino, verduras, licores, alimentos, etc. 



En el capitulo 1 1 trata del modo 
qué se ha de tener en la cura de las 
carnosidades. 

Elogia los baos emolientes, las fo- 
mentaciones templadas de malvas, 
malvavisco , parietaria y simiente de 
lino ; las unturas con el aceite de al- 
mendras dulces y de lino, por espacio 
de algunos diasantes. 

En seguida pasa á describir el me- 
canismcf de la operación del modo si- 
guiente. «Se unta la candelilla en acei- 
te de almendras dulces y se va intro* 
duciendo poco á poco , tomando cada 
dia una ventaja, y señalándola con li^ 
neas para que se entienda lo que pasa: 
que esto debe ejecutarse por muchos 
diaSy hasta que la candela entre libre- 
mente, y entonces se le va sustituyen- 
do otra y otras mas gruesas hasta que 
el enfermo no dé muestras de tener- 
las.» (pág- 366). 

En el capítulo 12 trata de losme^* 
dicamenios que tenemos de usc^ para 

esta pasión. 

• Propone cuatro intenciones ó indi- 
caciones que es necesario satisfacer en 
la cura de esta enfermedad. 1.' dila- 
tar el conducto de la uretra por el mé- 
todo espresado. 2." el que la cauteri- 
zación se haga sin que de ella resulten 
inflamaciones de la uretra, ni dolores. 
3.' limpiar la llaga que hubiere hecho 
el cáustico. 4.*^ cicatrizar la herida. 
En seguida presenta también varias 
consideraciones para emplear los cáus- 
ticos. 1.* la época del año , la edad y 
la robustez del enfermo. 2." sí la car- 
nosidad es antigua ó de pocos dias ; si 
es blanda ó dura; una ó muchas; si en 
el principio, en el medio del miem- 
bro ó en la vejiga ; si está ulcerada ó 
no-, j últimamente, si la orina sale con 
ardor, ó si hay inflamación en la ure- 
tra. 3.* si el sugeto es de. tempera- 
mento colérico, sanguíneo, flemático 
ó melancólico: añade que poner un 
medicamento para todos es error da- 
ñoso. 

Describe á continuación los diferen- 
tes cáusticos que se han de emplear. 



48 



HISTORIA DE LA 



según su mayor ó menor fortaleza. 
1 .^Fuerte. Rep. ^Cardenillo, alum* 
bre y caparrosa, de cada uno dos oa* 
zas: todo jonto infúndase en fuertísi- 
mo vinagre \ luego se ha de moler 
y poner a un sol muy fuerte por espa* 
cío de nueve días. Después se han de 
tomar nueve onzas de aceite rosado\ 
dos onzas de almártaga (mezcla de 

[>lomo, tierra y cobre que arroja de si 
a platíf cuando la afinan en las horna- 
zas), y onza y medía de tierra prepa^ 
raaax se mezclan y se ponen i fuego 
lento de carbón» y del polvo prepara'* 
do se han de echar dos onzas: se aparta 
del fuego» se menea con ana espátula 
hasta que se mezcle bien» y quede for- 
mado un ceroto que se apegue á la can- 
dela \ y si se echan cuatro granos de 
opio, casi no produce dolor« Algqnos le 
añaden un poco de trementina ó de 
resina para que pegue mejor á la can- 
dela.» 

2.^ Fuerte. Otro para lo mismo 
(milagroso)* 

a Se toma ana onza de solimán en 
piedra y otra de tucia preparada , y 
molidos estos se han de echar en claras 
de huevoque queden en forma de bar* 
roque se ha de secar al sereno : seco 
ya» se ha de tornar á moler y echar ea 
claras de huevo , y vuélvase i secar al 
sereno» batiéndolo fuertemente hasta 
que quede hecho barro» y secarlo» y 
hecho polvo sutilísimo se puede osar 
de dos maneras» ó en ungüento ó en 
polvo aplicado á|la candela. Para ha- 
cerlo ungüento se le echan cuatro on- 
zas de aceite rosado y dos de tremen^ 
tina, y se usa de él » añadiendo media 
onza de albayalde y un poco de cera.» 
3.° Fuerte, tijílumbre y caparrosa, 
de cada uno media onza-, oropimente, 
una cuarta; de cardenillo, una onza: se 
hacen polvos finísimos » y al molerlos 
se les rocía con un poco de vinagre 
fuerte\ y luego se le ha de añadir jo- 
líman muerto en agua rosada ó encía- 
ras de huevo , media onza^ que se ha* 
ce de esta manera: tonur una onza de 
solimán y media de azogue, y moler- 



lo todo junto » echado en iai claras de 
huevo, de la misma manera que las 
mogerea amasan el solimán para el ros* 
tro » y ha de tenerse nueve diaa mu- 
dando el agua todos los días» hasta que 
el todo se vuelva blanco; y cuandoesté» 
se echa con las demás cosas , se aftade 
de tucia preparada una onza » y todo 
mezclado se ha de tornar á lavar con 
claras de huevo hasta que se seque, y 
hecho polvo» se le añaden cuatro on- 
zas de aceite rosado , dos de tremen^ 
tina y un poco de cera, y se hace un- 
güento. » 

Diaz propone basta Ocho cáusticos 
fuertes» los cuales consisten poco mas 
ó menos en los mismos remedios de 

Sue se componen los tres primeros, 
olo haré mención del séptimo » por- 
que dice el autor «que eran tales sus 
virtudes » que parecían mílogrosaa; 
pues hacia mas en un solo dia que los 
otros en dos » por lo cual tenia mocha 
fé en él.» 

Rep. a Regalgar, una onza ; se mor* 
tífica con el azogue j echando en ello 
agua de cebada para lavarlo por espa- 
cio de ocho dias continuos : estando 
bien lavado 9 lo han de enjugar á la 
sombra; y cuando esté enjuto» se ha de 
moler muy sutilmente y bañarlo en 
cocimiento de mandragora, dormide- 
ras y malvas » con cuyo cocimiento se 
ha de lavar por otros ocho dias: y des- 
pués volverlo á moler» y añadir de 
tucia preparada^ media onza; de ador- 
mideras » media onza : todo se mezcla 
en cuatro onzas de cera, con la cual se 
hall de encerar los pávilos.» 

Añade que estas candelillas no dan 
dolor» y en la parte sana no corroen» 
sino donde hay carnosidad. 

En seguida describe otras seis pre- 
paraciones de cáusticos que él llama 
medianos; y ocho de los cáusticos leves. 

Últimamente propone %íx secreto, y 
es como sigue: 

uSolinum en piedra» una onza ; se 
muele » echándole al moler uu poco 
de agua rosada» y se deja en ella hasta 
que se cubra: se añade media onza de 



-' 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



49 



canhmlio y media de caparrosa moj 
.molido, j todo janto se ha de tener en 
el agoa nueve días , hasta qae quede 
eojttto: se ha. de moler en la piedra de 
los pintores; y cuando esté molido, se 
ha de añadir de tucia preparada j 
piorno^ de cada cosa media onaa \ de 
opio, veinte granos. Todo ¡unto» se 
echa en las claras de huevo que fue*- 
ren menester , hssta que se enjugue, 
y después de enjuto tornarlo á moler. 
Hecho todo , se guarda en un bote de 
vidrio.)» 

Añade el autor , «que jamás usó de 
otro, ni que jamás lo aplicó í un en- 
fermo que no viere felices sucesos: que 
i los que se les aplicaba no necesitaban 
hacer cama, pues quemaba sin dolor, 
y solo les producía algún escozor.» 

Modo m usar el secreto. «Tomo, 
Jice» la mas delgada candéis que hallo, 
y póngola en una tabla lisa, donde 
echo la caotidsd del polvo; en invierno 
I entibio la candela un poco , y la doy 
vueltas por la tabla hasta que se car- 
gue bien; y para que mejor se apegue, 
le echo una poca tinta ; la dejo secar 
por dos ó tres dias , y cuando lo está, 
la unto con un poco de aceite de al- 
mendras dulces ó violado y y póugola 
en la via de la orina.» 

Añade un gran número de cáusti- 
cos» que seria Isrgo enumerar. 

Método para aplicar el cáustico. 

Se toma la cmdela : se llega con 
ella hasta ¡a carnosidad ó callo: se 
mide por lineas la longitud que ha en^ 
Irado : se repara bien en la moldura 
que saca la candelilla^ se rasca en ella 
hasta hacer una/osita : luego se der^ 
rite el caustico ; y ablandado ya , se 
llena con él lafosita que se ha de iguO' 
lar después perfectamente : se coloca 
ya la candela. car goda del cáustico; y 
cada noche se renueva, y se saca tan* 
tas veces , como el enfermo quiera 
orinar. Se conoce que la candelilla 
obra, cuando sale con mucosidades. 

En el- capitulo 12 trata de los acci- 



dentes que suelen suceder al tiempo 
de estirpar la carnosidad con el cáus- 
tico , y su curación. Se refiere á los 
remedios que ha indicado en los libros 
anteriores, relativos á la cura de infla- 
mación y sus consecuencias « 

En el capítulo 13 traía de las dos 
últimas intenciones, que son modifi- 
car y cicatrizar. 

Es una recapitulación de todo l6 es- 
puesto en los tratados anteriores. Ke- 
fiere, sin embargo , un gran número 
áe casos de esta enfermedad , desgra- 
ciados por la ignorancia de los muchí- 
simos curanderos é intrusos que se pro* 
pasaban á practicar estas operaciones. 

Tales son los escritos de nuestro cé- 
lebre cirujano, y cuyas ideas y prác- 
tica vemos reproducida en nuestros 
dias. Si la obra de Francisco Dia% 
fuese mas conocida de lo que es, segu- 
ramente no tendrian tanta celebridad 
los Ducamps, ni los Latemand , por 
los decantados métodos é instrumen- 
tos que han inventado para estirpar y 
cauterizar las escrescencias y fungo- 
nidades de la uretra. 

Me he estendido un poco en el es- 
tracto de estas obras, por tres razones: 
primera , porque los estractos que de 
ellas nos ha dado el Sr. Hernández 
Morejon, son demasiadamente cortos: 
segunda, porque estas obras son suma» 
mente raras: tercera , porque siendo 
tan buscados y tan bien pagados en el 
estrangero , motivo por que han que- 
dado tan pocos ejemplares en España^ 
(yo poseo tres), importa que. quede 
consignado un buen estracto, antes 
que llegue el día de no encontrarse un 
ejemplar á peso de oro. 

ANTONIO AGUILERA, natural 
de Junquera, fué médico honorario 
de cámara de Felipe II. Estudió la 
medicina en Alcalá de Henares , y re- 
validado en ella la ejerció en Atienza 
y después en Guadalajara , de cuya 
ciudad fué médico titular. Después 
de haber ejercido la profesión por mu- 



_ p 

HCST. DE LA MedIC. ESPAÑOLA.— TomO 2®, 



só 



HISTORIA DE hA 



ahm aftós con graüde celebridad ^ nos 
dejó escritas dos obras ^ la una de ellas 
con el siguiente titulo: 

PrúBcíaroíruditntntorummerUcinaSp ■ 
tSbfi ocio , qui eorutn quükm pro i^era 
mediporum fortuna consequenda, nunc 
•nrimum Enchiridion natura dicuníur» 
1581. 

Elsta obra^ aunque impresa en el 
referido año , consta por la censura jr 
•certiBcacion de la licencia^ que se con- 
cia jo en enero de 1 56 1 . 

Él autor no guardó ningún orden 
ni método en la esposicion de su obra; 
tan pronto habla de las enfermedades 
«orno de la higiene j de la semeyóti- 
ca. Divide su obra en ocho libros. 

En el 1 .® trata de las diferencias j 
accidentes » cansas, diagnóstico , pro" 
nóstico j jr curación de las enferme* 
dades. — En la esposicion de estos es- 
tremos se concreta á generalidades. 
También habla de la diferencia y pro- 
nóstico por los pulsos. 

En el 2.^, que lo subdivide en 16 
capítulos , trata de la preparación de 
los medicamentos. — Toao él ofrece 
muy poco interés. 

En el 3.^» dividido en 17 capítulos, 
espone las diíerendas de los medica^ 
meatos por sus grados de calor y frió, 
. según el espíritu de Galeno. «« El au- 
tor dando ¿ estas cualidades todo el 
valor que en su siglo tenían , se entré- 
tiene mucho en esplicar dichas cuali- 
dades , cuya circunstancia hace muy 
cansada y fastidiosa su lectura. 

En los 10 , 1 1 y 12 habla estensa* 
mente de las diferencias de los sabo* 
raf.«»Su doctrina aun podia servir 
de mucho 9 despojada de la teoría, y 
quedando únicamente las observacio- 
nes practicas. 

En el 4.^, que lo divide en 5 capí- 
tulos , trata del tiempo y modo de re* 
coger, conservar jr preparar las plan* 
tas medicinales. — Ofrece bastante in- 
terés.. 

5.® Todo este libroestá consagrado 
á tratar de la elección y uso que de-, 
be hacerse de medicamentos simples. 



En el 6.* y 7:* continúa hablando 
de la preparación y modo de adminis- 
trar los medicamentos. 

8.* Dedica el último libro á tratar 
del régimen de las enfermedades, y 
del modo de prescribir algunos reme- 
dios, tales como I9 sangría , los emé- 
ticos , purgantes , lavativas, ventosas, 
bahos, etc. 

El autor prestando demasiada con- 
fiansa á las cualidades de los medica- 
mentos , según el espíritu galenino, 
nos presenta en esta obra algunas ta- 
blas sinópticas , en las cuales coloca á 
tos inedicaméntos , según su diverso 
grado de temperatura. 

Escribió otra obra con el siguiente 
titulo. 

Esposicion sobre las operaciones del 
Messue j nuevamente compuesto por 
el Doctor Antonio Aguilera, dirigido 
a D. Femando de Silva. Alcalá 1 569. 
Esta obra es un compendio de ma- 
teria médica , redactado de Messue. 
El autor añade unos comentarios muy 
estensos y eruditos. E^ta obra con m- 
zon mereció el que fuese consaltad%; 
y estudiada como tescto. 

En el capítulo ^.^ trata estensameñ^ 
te dé las cualidades físicas y morales 
que debe reunir el farmacéutico ^ y 
son las siguientes: 

1.* Inteligencia en la lengua latina, 
Cnee muy necesario el conocimiento 
de este idioma , el cual llama la llave 
maestra para todas las ciencias (1): 1.^ 
el ser buen cristiano, temeroso de Dios 
y de muy justa conciencia : 3.* el que 
sea de una edad madura , para que 
pueda tener bastante instrucción y es- 
periencia : 4.^ y 5.* el tener suficiente 
caudal para tener su oficina repuesta 
de medicamentos escogidos : 6*^ rec- 
titud y buena fé en el despacho : re-* 
puta como un delito grave el dar un 



(1) Los médieos famosos del siglo XIX 
la proscribeo de los actos literarios <!• la 
medícioa , qae eqaivalo i decir. No eata- 
dieit la lengua latina. 



MEDIQNiL ESPAJ^OLA. 



51 



le 



fBcdic^meplo. por otro, aunque en sí 
tengan la in»aia virtud ; 7.* ser rouy 
asUtente á la bolíca : 8.^ no 6ar el des^ 
acbo de medica me ti tos enérgicos á 
os mancebos: 9.' ser casado : 10 no 
ser amigo de mugeres : 1 1 tener todos 
los cinco sentidos mu/ perfectos. 

De viwia curandirtuioñe. 

Ño be visto esta obra. D, Nicoláf 
Antonio cree ^ue sea otra edición de 
la primera» 

jipologia por el habito de S. Fran^ 
cisco. 

El limo. Sr. Torres y Amat hace 
mención de esta obra : yo no la he vis* 
to^ ni tampoco la vio D.' Nicolás Ant 
tooio. 

LUIS VASSEO. La major parte 
de historiadores pretenden que no fué 
español y sino natural de Chalona del 
Mama , ciudad en la Cbampaiüa. Se 
fundan para esto, en la palabra aUa'^ 
launus , que significa chalones del 
Manía, y no catalán, porque debía 
decir catahunus. Sin embargo, la ma<» 
yor parte de los historiadores asega* 
ran qué fue catalán, aunque no se sabe 
el pueblo de su naturalea^a. Tampoco 
consta si hizo sus estudios en España ó 
en Francia ; él dice.qiie fué discípulo 
de Silvio en anatomia. 

Escribió sobre este ramo una obrita 
con «I titulo siguiente: 

Ludoyici Fassoeei catalaunensis, in 
anatomem corporis humani tabalee 
quaiuor. Lutetiae 1540, 1553, in folio; 
Venetüs 1554, in S.*»-, Lyon 1552, 
1 560. Traducidas al francés por J. Ca- 
napé. Lyon 1542. Paris 1555. 

To no he .visto esta obra ; pero co- 
piaré lo que sobre ella dice el gran 
anatómico Douglas. «Viendo Vasseo 
por una parte las muchas penas y di- 
ficultades que habia de presentar re- 
cogido todo cnanto hablan escrito Ga- 
leno y otros anatómicos sobre la es- 
tructura del cuerpo humano, y por 
otra la grande utilidad que de ello de«> 
bia resultar, se propuso conseguir este 
objeto representando en láminas el 
tratado deX^áleno de usupartium. 



. «El autor se espieró tanto en ello, 
qne no hay una parte en el cuerpo 
humano, por pequefiisima qoe sea, 
que no se encuentre su descripción en 
las. tablas de Vasseo.» 

Boneils y Lácaba hacen un elogio 
de las tablas de Vasseo , copiando á 
Douglaa. - 

Según este autor , están dividas en 
cuatro partes: en la primera habla de 
las partes qtie forman y se contienen en 
la cavidad natural ó abdominal: la se* 
gunda de las de la cavidad vital: en la 
tercera de la animal ; y la cuarta de 
las estremidades. 

ALFONSO VIRÜES, médico va- 
lenciano: se ignoran casi todas las cir- 
cunstancias de su vida y de sus estu- 
dies. To no tengo mas noticia de él, 
que lo que nos dicen los bibliográficos 
valentinos, que es lo siguiente: 

«Alfonso Virues fué uno de los mé- 
dicos que mas ilustraron á Valencia: 
fué muy amigo del célebre Luis Vi- 
ves, el cual hace memoria de los escri- 
tos de Virués en una carta que escri- 
bió á Erasmp , y en la que le dice: 
liMissi ad te mtper qiue milii erant de 
jíiphonso Virueso scripta,'» Simul 
missit nuüiAlharus negociator hispa^ 
ñus epistolam Viruessi ad Minoritan^ 
magnoB in Hispania auctoritatis ac 
nommis et legttur máxima omnium 
aprobatiore. Estas autoridades prue- 
ban el gran concepto médico que Vi- 
rjiéa tenia. 

Escribió primero, siete cartas que 
refiere Luis Vives. 

Segundo, Centuria jfmati Lusitani 
de vulneribus capitis. 

Tercero, Flores Guidonis. 

No se sabe si dejó inéditas ó impri- 
mió estos escritos. 

CRISTÓBAL AGOSTA., nació 
en África de padres portugueses : no 
, ae sabe dónde hizo sus estudios , pero 
si que siendo ya médico y cirujano, y 
deseando instruirse en la ciencia , y 
especialmente en la botánica , se dé^ 
terlninóá viajar, y efectivamente viajó 
por el África, el Asia y la China. Cayó 



52 



HISTORIA DE LA 



« 

macbaf Teces en poder ele los moros, 
quienes le dieron mujr mal tratamien* 
to^ segan nos dice, pero que nada 
bastó á hacerle abandonar su proyec* 
to ; 7 que olvidó todos los trabajos que 
le hicieron pasar por el gusto que na- 
bia tenido de tratar con los médicos 
árabes y persas , turcos, bracmanes, 
chinos, malavares, yogues, yapones, 
dacheins, malayo», bengalenses, gú"* 
zarates , cambayenses , pitagóricos, 
bancanes, rumes y de muchas otras 
naciones. 



Despws de haber hecho Un largos 
7 penosos viages ^ vino á España y se 
estableció en Burgos , cuyo Senado ó 
ayuntamiento le dio la placa de mé- 
dico*cirujano titular , dotándolo con 
un honroso salario. (En la dedicatoria). 

Acosta llegó á adquirir una cele- 
bridad muy grande, según los Tarios 
sonetos que en alabanza soya compu- 
sieron algunos de los mejores poetas 
de aquella época. D. Pedro Manrique 
le dirigió el siguiente: 



La escura confusión, que fué de gente 
Griega, latina , arábiga nascida 
Con Gn que nuestro ser, su breTevida 
Con varias plantas guarde y le acresciente: 

Bequiere contra tanto error frecuente 

Soiencia y mortal peligro, en ser corrida 
La rica Europa, y China al arte unida. 
Con la grande Asia y 6era Lybia ardiente. 

No solo tanta tierra , mar y viento 

Pasó, sulcó y hendió, y su sangre pura 
Vertió, y fué esclavo de un bárbaro sangrí 

Mas aun -su misma vida á muerte dura 
Redujo el docto Acosta con. intento 
De dar á nuestro cuerpo cierta cura. 



ngríento: 



También le dirigió D. Alonso Gon- forma de diálogo , entre la fortuna j 
zalo de la Torre una dedicatoria , en la fama del autor. 

¿Quién es aquel que tanto ha procurado 

Resistir á mi fuerza? Acosta ha sido 

Que pretende ganar lo perdido 

Siguiendo la mudanza de tu estado. 
¿Que busca? El nombre eterno que le he dado 

Después de en tierra , mar , haber sufrido 

Naufragios, servidumbres, con olvido 

Del patrio suelo y gente. ¿T qué ha hallado? 
La virtud de las plantas, que en el suelo 

Do el fuerte y valeroso Hispano 

Estiende su poder , plantó natura. 
T lo que en ellas puso el alto cielo 

Dejarnos quiso acá su diestra mano 

Con viva 9 natural, y fiel pintura. 



Acosta escribió varias obras: de to- 
das ellas, la principal es la siguiente: 

Tratado de las drogas y medicmas 
de las Indias Orientales, con susplan^ 



tas debitadas id pivo por Cristóbal 
Acosta^ médico y cirujano, aue las 
vio ocularmente. Dirigido a la muy 
noble jr muy mas leal ciudad de Bur* 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



53 



gos, cabeza de Castilla jr aunara de 
Su Magestad. Burgos 1578» en 4.® 

Al hablar el autor de U» obras del 
Doctor García de Orta, dice asi. «De* 
seoso de recoger de mis largas pere- 
grinaciones algún fruto , procuré Ter 
Sor diversas regiones y provipcias la 
iversidad de plantas, que para la sa- 
Ind humana Dios ba criado, j encon- 
tré en las Indias Orientales con el Doc- 
tor García de Orta, médico portagué» 
I y Taron grare^ j de raro j peregrino 
ingenio. ••• el cual compuso un libro 
en aquellas partes del Asia, intitulado: 
Coloquios de los simples jr drogas ^jr 
cosas medicinales de la India^ y deaí'- 
ganas frutas que por aquellas partes 
se creían, Y asi como su obra trata de 
diversas medicinas y plantas , y otras 
cosas pertenecientes á la salud huma-, 
na, asi también trata de otras que son 
inútiles y sin algan provecho para ella» 
No le faltó también otra perfección 
sustancial á la obra, que son las pintu* 
ras y debajos de las planta^ de que tra- 
ta. ... y pareciéndome á mi que seria 
esto de gran provecho, y celoso def 
bien de esta tierra, deliberé tomar es- 
te trabajo, y dibujar al vivo cada plan- 
ta sacada de raiz , k vuelta de otras 
machas cosas que yo vi , jr el Doctor 
García de Orta no pudo ver.» 

. En seguida pasa al cuerpo de la obra 
j á la descripción de las plantas. Divi* 
de su obra en 78 capítulos, cada ano 
de los cuales está consagrado á una 
planta. 

El 1 .^ es sobre la canela. 
Presenta dos láminas, una del árbol 
con la simiente 7 hojas , y otra con la 
hoja natural por separado. 

Espooe los nombres con que se le 
conoce en la Arabia , en la China, en 
la Malaya , en la Persia , en Cejlan, 
en Malabar, en Grecia , en Italia , en 
Espafta ^ en Portugal , en Francia, 
en hebreo, en judesco, en vascuence , 
en inglés , en flamenco , en Escocia, 
en Turgoia y en la Persia (pág. 5). 

Describe con gran maestría los ca- 
racteres físicos y botánicos del árbol. 



flores , hojas y simientes : el tiem- 
po y oportunidad de coger , pre- 
parar y conservar la cortesa de la ca- 
nela , y de los medios y señales para 
conocer cuando está en buen estado, y 
cuando pasada ó corrompida. Refiere 
las adulteraciones y engaños de que se 
valían los comerciantes para venderla: 
de ella hacían Ioíl chinos las importa- 
ciones á Osmuv,,y de allí la traspor- 
taban á Alcpo , y de esta á la Grecia, 
á cuyos médicos engañaban hacién- 
doles creer que se criaba en su tierra 
y en Etiopia. 

Sorprende la sola relación que es- 
te célebre médico hace en este ca- 
pítulo de los lugares y paises que 
anduvo. 

Prueba que los médicos y boticarios 
estaban imnaidos de la falsa crencia 
de que la cassia era diferente de la 
canela, y después de probaí^ la causa y 
origen de esta equivocación, dice que 
ambas son una misma cosa (pág. 8). 

Pasa á describir las propiedades me- 
dicinales de la canela, la cual dice ser 
caliente , que provoca la orina , y que 
sirve para clarificar la vista : aplicada 
con miel quita las pecas del rostro , y 
hace venir á las mugeres la menstrua- 
ción : bebida , vale contra las morde- 
duras de los animales venenosos , y 
contra el mal de ríñones. 

Ridiculiza como fabuloso lo que di- 
ce Teofracto sobre la preparación de 
la canela, de que era preciso cocerla y 
encerrarla en pieles recientes de buey 
para que los gusanos que nacieran se 
comieran la médula, y dejaran limpia 
y seca la corteza. 

. Últimamente describe la situación 
topográfico- físico-médica dé la céle- 
bre isla de Ceylan, á la que llama ca- 
na y patria de la verdadera canela. Re- 
fiere por tradición de sus naturales, 
que aquella isla es el verdadero paraí- 
so terrenal; que hay en ella un Inonte 
elevadisimo en el cual hizo penit^en- 
cia nuestro padre Adán, y que la prin- 
cipal romería que hacen los isleños es 
al referido pico. 



54 



HISTORIA DE LA 



Añide ele observaeion propia , oae 
aquelU tierra abunda mucho de ele- 
Caoles: que estos son mas corpulentos 
y mas fuertes, y a los cuales les gaar* 
dan todo el mayor respeto y sumisioa 
ios de otras partes. 

Muchísimas y preciosas son laa no- 
ticias que solo este capitulo contie* 
né: pero las omito por no ser muy pe* 
sado. 

En ei capitulo 2.^ habla de la pt* 
mientai empieza ¡igualmente diciendo 
cómo se llama en Malabar^ en Canaria, 
en Malaca, en Arabia, en Bengala, eo 
Vizcaya, en Castilla, en Cataluña, en 
Portugal , en Italia , en Francia , en 
Alemania , en Escocia, en Inglaterra, 
en Creta, en Turquía, en Persia y ea 
Filadelfia. 

Describe los caracteres físicos y bó« 
tánicos de la pimienta negra y blanca, 
y asegura $tt absolutamente los mi»* 
roos. Dice que no habia podido ver la 
pimienta luenga ^ porque al tiempa 
.que quería pasar á Bengala con el ob- 
jeto de yerla, lo prendieron en Mala* 
var. 

Asegura que ninguno de los que es* 
cribieron antes de él, ni Plinio, ni Ga- 
leno, ni Isidoro, ni Avicena, ni los de- 
mas árabes, ni los frailes tuvieron bue- 
na y verdadera noticia de la pimienta 
ni de su planta (pág. 24). 

Establece una diferencia nñuy gran* 
de entre la pimienta blanca y negra; 
dice que esta es mas eficaz , mas aro- 
mática y agradable al gusto, porque se 
coge en sazón y bien madura. 

Ademas de estas dos clases de pi- 
mienta habla de la canarín cede la cual 
los médicos bracmanes y los médicos 
canarines usan ordinariamente para 
la pasión colérica, enfermedad llama- 
da morxi, que es tan aguda que mata 

en catorce horas y aun menos de 

esta enfermedad y como se cura, y. 
otras muchas que en las Indias son co- 
munes, hablaré en el otro tratado que 
entre manos tenemos (pág. 27).» 

Últimamente trata estensameote de 
las propiedades medicinales de las tres 



especies de pimienta , y de las enfer* 
medades en que conviene. 

En. el 3.* de los clavos jr de su 
planta* 

En el 4.^ de la nuez moscada. No 
Míenos interés ofrece este que los an- 
teriores : después de referir sus nom- 
bres según queda dicho, describe muy 
bien su historia natural médica; el mo- 
do de cogerlas y secarlas, las condicio- 
nes y señales que han de tenerse pre- 
sentes para su elecion. Dice que los 
portugueses hacian una conserva su- 
mamente preciosa para los males de 
estómago , echando en a^car ó miel 
las nueces recien cogidas y algo ver- 
des. Últimamente trata de sus virtu- 
des medicinales. 
En el 5.° del macer. 
Este es otro de los mas interesantes 
de esta obra. Según el autor la corte- 
za de este árbol es uno de los astrin- 
gentes mas eficaces y poderosos de que 
se valían los médicos bracmanes y loa 
peregrinos. En su comprobación dice 
Acosta. «Preguntando á un médico 
bracman me digese lo que sabia de 
verdad sobre esta corteza, me contesh> 
tó: si vosotros supiesedes en Portugal 
qíie cosa es esta corteza y cuanto vale 
maslaestimariadcf^ y porque vosotros 
no lo conocéis no la sabéis estimar. 
Los polvos que yo doy en toda especie 
de cámaras son de esta corteza , y de 
ctlla son una gran cantidad que tengo 
para mandarlos á Bengala y al Japoo 
(pág. 44).» 

Mostrando yo, dice en otra parte, 
en Malabar, una corteza de la macer á 
un yogue erbolario, y haciendo como 
que no sabia el árbol de qtte era, me 
lo mostró diciéndome : cura suntea 
maere nistusa garul , es decir: el ma- 
cer mostrado por el ángel á las hom- 
bres para su salud. 

Después de recomendarla espeeiaU 
me*nte para las lombrices y contra el 
mal de piedra, de los ríñones y vejiga, 
termina hablando de todas las enfer- 
medades en que se empleaba con gran 
provecho. 



MEDICINA ESPAÑOLA- 



«55 



* Efi el 6.^ tr»U ¿e\ panate , 6 árbol 
áe las erisipelas , según los poriu*- 
gaeses* 

En el 7.^ de la galanga. Todo el 
capítolo es digno de consultarse. 

En el 8.^ de los tamariruhs. 

En el 9.® de U higuera de lasinJBas. 

En el 10 del palo de la China. 

En el 1 1 de la datura. 

D^ esta planta reGere algunas ob** 
seryaciooes, que el autor dice haber 
hecho y visto^ que á la Verdad son muy 
eariosiis. Primeramente dice que es la 
yerba de las enamoradas, y que había 
pocas de estas que dejaran de llevarla 
entre sus joyeles. El mayor nso de las 
enamoradas, es dar esta simiente hasta 
media dracma molida en vino, ó en lo 
que mas se le antoja; y el que la toma 
queda enagenado por grande espacio 
de tiempo, riendo ó llorando , i dur- 
miendo con Tarios efectos ^ y muchas 
Teces hablando y respondiendo el 
pobre que la tiene tomada.... Andan 
ian diestras y esperimentadas muchas 
mundanas en los efectos de esta si- 
miente, que la dan para cuantas ho- 
ras quieren.... que el pobre esté dor- 
mido ó trasportado. .. . y vi a algunos 
por varios dias andar algo perturba- 
dos, y esto seria por haberles dado mas 
eantidad. 

Últimamente trata de sus cual ida -> 
des físicas y médicas. 

En el 12 de las avellanas de las 
indias. 

En el 13 de la palma y su fruto. 

Habla no de la palmera y de los dá« 
tiles, como pudiera entenderse por el 
texto, sino del coco. Este capitulo 
abunda en noticias sumamente intere- 
santes, asi de su historia natural, cocpo 
de las virtudes medicínales. 

En el 1 4 de los cocos contra veneno. 

Si no son interesantes al médico las 
noticias que da, son sumamente curio- 
sas para el naturalista y para el co- 
merciante. * 

En el 15 áñ\h% manzanas de indias. 

En el 16 del lacre* 

Este capitulo no interesa ya mucho 



al médico, porque no está en uso; pero 
sí al comerciante. Pruel>a que este 
lacre es una sustancia animal que ela- 
boran cierta clase de hormigas, como 
las abejas el panal. Refiere muchos 
hechos en prueba de su aserto. 

Ta hemos visto en el artículo de 
nuestro médico Cristóbal de Vega, 
que el jugo que se llamaba maná, era 
también formado por una especie de 
mosquitos grandes, como él tnvo oca- 
sión de ver en los árboles del rio de 
Alcalá de Henares. 

En el 17 de la eañá fístula. 

En el 18 de las cubetas. Las deno- . 
mina ffenereosas, porque escitan los 
órganos de la generación. 
• En el 19 deiyb/¿> indo. 

En el 20 del cate. 

En el 21 de la piedra Bezhar (1). 

Refiere que los naturales de aquel 
país la tienen en tanto valor y estinía, 
que solo la daban á los nobles y á los 
ricos; y á los pobres dab^n en su lugar 
la raíz de la Moringa. En prueba re- 
fiere un dicho vulgar de aquel país: 
Dios crió para los nobles y gente bien 
nacida la piedra Bezhar ; y para los 
pobres jr plebeyos la raiz de la Mo^ 
ringá. Interesa este capitulo. 

En el 22 de los sándalos. 
- En el 23 del spicanardi. 

En. el 24 del schinantho: (el junco 
de olor^. 

En el 25 del acibat\ Todo este^ca- 
pítulo es digno de consultarse. 

En el 26 del ámbar. Contiene este 
capítulo noticias sumamente curiosas 
sobre su naturaleza. 

En el 27 del árbol triste. 



(1) En este ctpflalo dice: « Aonqoe en 
el otro tratado (qae escrebir esperamasde 
todos los aninales, serpientes y aves, así 
de la tierra como del agaa que bay en 
aquellas partes) Iratareroos de tod«s las 
piedras preciosas y medicinales , me pare- 
ció tratar en este de la piedra Beshar.i* 

No ten^ DOlicia si publicó ó no esta obre 
que ofrece : si lo verificó oo la he visto , ni 
aotor que hable de ella. 



56 



HISTORIA DE LA 



Ea el 28 del amomo. 
Eo el 29' de los durioses. Carioso. 
En el 30 del anacardo* 
Dice que son como anas especies de 
habas; y que de ellas se Talen 'algunos 
agoreros para engaQar á los ignoran- 
tes. Refiere «que poniendo una de es- 
tas habas en la punta de un cuchillo» 
y poniéndola al fuego de una vela , y 
en quemándose y cosa de ver es el es- 
truendo que hace con tantos de cohe- 
tes y centellas de fuego» que como ra- 
yos de si echa» con tantos colores» que 
totalmente engaftan los negros de la 
tierra i algunos bisónos y mugeres^ 
metiéndoles en la cabeza que en aque- 
llos rayos y centellas ven i los espíri- 
tus, y los hablan ó dan i entender lo 
que quieren saber de ellos (pág. 235).)» 
Eo el 31 de \kjrerha viVa. 
Curiosas son estremo las noticias 
que da sobre esta yerba» y dice: «tiene 
esta yerba una propiedad tan admira- 
ble » que confunde la razón ,yt% que 
estando muy fresca y apacible , si la 
quieren tocar » va retirando sus hojas 
y encogiéndolas debajo de su delgado 
caule; y tocándole» se pasa de impro- 
viso tan marchita» que parece secarse; 
y lo mas que es de admirar, es que en 
desviando la mano de ella » se'vuelve 
luego á su ser » y tantas veces se mar- 
chita y reverdesce , cuantas le ponen 
la mano ó le tocan (pág. 236).» 

En otra parte añade: «Inquiriendo 
algunos médicos de la tierra» si sabian 
alguna virtud de esta yerba» y si usa- 
ban de ella » me afirmaron que apro- 
vechaba para hacer » lo que la madre 
Celestina» vírgenes de corruptas^ y 
que para reconciliar el amor tenia ad- 
mirable eficacia. Un médico» Gentí- 
lico » y buen letrado á su guisa, vien- 
do el deseo que yo tenia de saber 
las propiedades de esta yerba, me dijo: 
que él me mostraría una; que de ella 
salia tan cierta, que le cortase la ca- 
beza si no la hallase verdadera; y era» 
que nombrase yo la muger de cual- 
quier estado que fuese^y que haciendo 
lo que él me mostraría con aquella 



* 
yerba » la haría inclinar i todo lo que 

yo quisiere. Mas viendo yo que no 
era justo tal saber» ni hacer» no lo 
quise» ni se lo consentí (pág. 237). » 
En el 32 de la yerba mimosa. 
En el 33 de la canfora. 
Distingue dos especies de alcanfor; 
el uno llamado de Borneo» no es cono- 
cido en Europa por su carestía » pues 
que una libra de este vale tanto como 
un quintal del de la China» cual es el 
traído á Europa. Interesante es en es» 
tremo todo este capítulo» y debe con* 
saltarse. 

En el 34 de las carambolas. 
En el 35 del azafrán de las indias. 
En el 36 del gengibre. 
En el 37 de la zoca. 
En el 38 de los jambolins. 
En el 39 de los zambos. 
En el 40 de los zangoruas. 
En el 41 de los miraholanos. 
En el 42 de los negundos, macho jr 
hembra. 

Les da las mismas virtudes medici*»' 
nales que á la pimienta. Refiere que 
las mugeres que quieren hacerse em» 
barazadas» se dan baños y lociones oon 
su agua á cocimiento; y que tenían 
tanta fé y confianza en sus hojas » flor 
y fruto» que apedrearían al qué lo 
contrario quisiera persuadirles. Añade 
que las Dayas (comadres) las prescri- 
bían para facilitarlos partos (pag. 282) 
En el 43 del nimbo. 
Asegura de propia esperiencia «que 
sus hojas mojadas con zumo de limón 
son en estremo buenas para curar lla- 
gas callosas» sórdidas y cabernosas» 
aunque fueran de mucho tiempo. Que 
lo eran también en estremo prodigio- 
sas tomándolas en polvo » para matar 
y arrojar toda clase de lombrices. 

En el 44 del reobarbaro (articulo 
interesante). 

En el 45 de los ambares. 
En el 46 del espodio. 
En el 47 del turbit (1). Interesante 
en todo cnanto dice de él. 

( 1} Eu esta espítalo dice que oo copia 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



57 



En el 48 de los pifiones de Maluco. 

En el 49 de las mangas. 

En el 50 de los charemeis. 

En el 51 delco^^o. 

En el 52 de W yerha de Maluco. 

Asegura que sus hojas aplicadas á 
las llagas; las detergía perfectamente: 
que con ellas j manteea se hacia un 
.ungüento mararilloso «que en cual- 
quiera enfermedad quirúrgica andaba 
luego el ungüento de üfa/iAX) delante, 
como remedio esperimentado (pági*' 
na 329). 

En el 53 del palo de Maluco (Inte- 
resante). 

En el 54 del palo de culebra. 

En el 55 del palo de culebra. 

Dedica dos artículos bajo este mis- 
mo nombre 9 porque son mujr distin- 
tos: el uno es arbusto, y el otro jerba, 
7 se conocen bajo un misino nombre; 
porque ambos tienen una virtud espe- 
cial contra las picaduras de las sierpes 
Tenenosas* 

En el 56 de la moringa. * 

Esta es la planta , que como ya he- 
mos dicho , se prescrioia á lo» pobres 
en vez de la piedra bezhar. 

En el 57 del ananas bra\^. 

De estos frutos dice. «Se saca un 
zumo que tomado en cantidad de seis 
hasta ocho onzas, con azúcar , de ma- 
ñana en ajunas, es remedio escelenti- 
simoj muj esperimentado para el es- 
calentamiento del hígado 7 de los ri- 
fiooes, 7 llagas de Iqs ríñones , 7 uri- 
nar de materia 7 escocimiento de la 
▼erga. En las cuales pasiones hace es- 
tremada obra con mucha brevedad, 7 
los que urinan materia 7 les escuece 
la urina, por la mayor parte sanan en 



la lámina del iurbit, porque 00 había visto 
la planta , aunque la tenía dibojada por 
otra. Da la razón de no querer presentar 
otras láminas que las dibujadas por sí mis- 
mo á la vista de la natural. 



tres veces que lo toman: 70 lo esperi- 
mente (pag. 348).» 

En el 58 del ananas (oloroso 7 do- 
méstico^. 

Eq el 59 del sargoso. 

En el 60 del cascapuli. 

Eq el 61 del bangre, 

Eu el 62 de la asa^fétida (mu7 in- 
teresiinte). 

* En el o3 del cálamo aromático (in- 
teresante). 

En el 64 del cardamomo (es tan cu* 
rioso como interesante). 

En el 65 del mana. 

En el 66 del añil. 

En el 67 del opio. 

Este capítulo contiene observacio- 
nes 7 noticias sumamente curiosas é 
interesantes^ dignas por cierto de con- 
signarse en este articulo. 

«Este opio se come mU7 de ordina- 
rio en aquellas tierras, asi para que 
durmiendo, ó medio enagenados dor- 
mitando no sientan sus trabajos, como 
para el efecto venereoso: para, el cual 
aunque razón lo repugna , lo tienen 
tanto en uso > que es el mas ordinario 
7 familiar remedio de los viles hijos 
de Venus. Volver el uso del opio (por 
su estupefaciente 7 narcótica calidad) 
impotentes á los que son vezados a co- . 
mer de él , razón lo concede, allende 
de la esperiéncia : 7 así lo sienten , no 
solo todos los nuestros secuaces de la 
medicina, mas todos los otros médicos' 
árabes, parsios, turcos, corazones, sun- 
das, mala70s, chinas, malavares, con 
toda la caterva jde los médicos Gana- 
rins, Decanins 7 Bragmenes, etc. Mas 
es tan eficaz la imaginación de la gen- 
te plebe7a, que de la impotencia sa- 
can potencia: 7 asi para sus torpes de- 
lectaciones carnales, de ordinario lo 
usan: 7 es peor, que hecho por hibito 
una vez, el gusto 7 el apetito á ello no 
lo pueden dejar, sin grande riesgo de 
la vida: la cual les falta, en el opio les 
faltando , si con buen vino puro , en 
lugar del opio no le socorren. Lo cual 



HlST. DE LA MeDIC. ESPAÍ^OLÁ. — TOMO 2.® 



8 



[ 



■V 



58 



. HISTORU DE LA 



acaso siipe de on discreto y sabio tur- 
co á su guisa, natural de Aden, el cual 
(navegando jro por la mar de la India, 
en demanda del cabo de Buena Espe- 
ranaa, en una nave, en la cual el po- 
bre turco , con otros turcos, parsios y 
árabes» venian cautivos para Portugal, 
j de algún opio que escondido traiau 
sustentándose , del cual por ser poco, 
tomaban como por medicina) me dijb 

3ue si no le daba opio, no viviría dos 
ias: j DO lo habiendo para se lo dar, 
me dijo el dicho turco ^ que pues en 
aquella nave yo t^nia cargo de curar 
á los enfermos , y socorrer á los mez- 
quinosy que supiese simo le daba opio, 
el j todos sus compañeros hablan de 
morir, por el continuo uso que dende 
su puericia tenian de lo comer : j al 
6n, no lo habiendo , roe dijo que si á 
todos estos hombres vezados a! opio, 
les diese cada mañana un trago de vino 

[mro , j acrecentando la cantidad , se 
^ o fuese dando entre dia, que todos se 
escaparían de la muerte, por la falta 
del opio. Y que supiese, que solo este 
remedio había para les quitar el usojr 
falta de él : aunque era remedio para 
ellos muy duro y enojoso, por ser con« 
tra su ley: mas que pues necesidad de 
la vida tanto les constreñía , que era 

r fuerza sufrirlo. Y asi yo les fui 
ando el vino por la orden del dicho 
turco, y ninguno dellos murió; y an- 
tes de un mes no quisieron el vino , y 
no les hizo daño la falta del opio : y 
acometiéndole por veces con vino , y 
tentando á uno con un poco de opio, 
que yo tenia en la botica , que en la 
nave llevaba para curar á los enfer- 
mos, ni opio ni vino quisieron. 

aY volviendo á la causa, porque ha- 
ciendo el opio con su uso á los poten - 
tes, impotentes, para acrecentar la po- 
tencia, lo comen, y usan tanto de or- 
dinario de él. Entenderse á que estos 
aunque sin razón lo haced , se pueden 
fundar en esta, y es que por cuanto la 
virtud imaginativa ayuda mucho á la 
delectación carnal ; y como ella sea 
superior de la virtud espulsiva, obedé- 



So 
ai 



ce á ella, la cual virtud imaginativa, 
cuanto es mas fuerte, tanto mas presto 
se acaba el torpe acto de Venus, por- 
que manda la virtud imaginativa í la 
espulsiva, que eche la simiente geni- 
tal en los testículos ; y cuanto mas se 
vigora la imaginación en este acto, 
tanto mas presto viene la simiente al 
miembro: y por cuanto los que comen 
este opio , están medio enagenados y 
casi privados de juicio y razón; por 
falta de la imaginativa , acaban este 
acto venéreo mas tarde : y por cuanto 
las hembras por la mayor parte no 
echan la simiente tan presto, como el 
hombre , en cuanto él tarda, ejercita 
ella su obra , y asi sucede por la ma- 
yor parte acabar el venéreo acto los 
dos juntamente : y para esto sirve el 
comer del opio.» 

Tal es el número de los capitulot y 
materias de que trata nuestro Acosta. 
Muy bien puede decirse que fué el 
padre de la materia médica en el si- 
glo XVI. Parece imposible que esta 
preciosa obra hubiera de llegar tiem- 
po en que fuese desconocida : y á la 
verdad es muy de estraftar que lo ha- 
ya sido de los oelosos autores del Dic- 
cionario universal de materia médica 
Merat y Deleus , pues es bien seguro 
que estos dos célebres escritores la hu- 
bieran apreciado en todo su justo va- 
lor. 
Tratado delelefantejrsuscaUdades, 
El autor se propuso escribir un tra- 
tado especial soore es'te admirable 
animal. Parece imposible que en el 
dia en que la zologta ha hecho tantos 
progresos en todos los ramos que la 
pertenecen , pueda decirse mas sobre 
el elefante, que lo que no^ refiere en 
su tratadito Acosta. 

Lástima es que no imprigiiera su 
tratado de animales que ofreció ; pues 
si en todos ellos hubiera hablado con 
la exactitud que el presente , poco ó 
nada hubiera dejado que decir á los 
Azaras y á los Bufones* 

Remedios específicos de la India 
Oriental jr de la jíméríca. 



MEDIQNA ESPAÑOLA. 



59 



También es de CristOTal Acosta U 
coleccioD de remedios que se contie- 
nen en esta obrita , que ha llegado ¿ 
hacerse en estremo rara , y de la qne 
no he yisto otro ejemplar que el que 
JO poseo. También lo biso estando en 
Burgos, j se conoce que en su forma- 
ción no tuvo mas idea que presentar 
sus virtudes medicinales j las enfer- 
medades en que convenian. Creo de 
mi deber darlos a conocer a mis lec- 
tores porque no los verán tal vez en 
otra parte. El ¿eñor Hernández More- 
fon tampoco la conoció. 

Almojon ó especie de cardamomo 
de la India Oriental. 

Esta semilla se ha esperimentado 
eficacísima para corroborar el ventrí- 
culo, aumentar el calor nativo y recha- 
zar el preternaturaL Es buen remedio 
i cualquier dolor que proceda dé can« 
sa frígida. Provoca el parto. Su uso es 
tomándolo en polvo en la cantidad de 
diez hasta doce granos en agua ú otro 
licor apropiado. 

jtnime copal. 
. «Se halla en Campeche, y sirve pa- 
ra los dolares de cabeza por perfumes, 
j para resguardar de aires malos, po- 
niendo dos parchecitos en las sienes, ó 
recibir el perfume antes de salir de 
casa« y el mismo perfume es buen re- 
medio para perlesía. Se saca de ella la 
esencia que sirve para fortificar el es- 
tómago.» 

Aceite de maná. 

«Sirve para heridas muy grandes: 
se aplica caliente estendido en un lien- 
zo. Quita los dolores de estómago, 
restriñe los cursos que provienen de 
crudezas, atrae el calor natural; es 
contra ciáticas, empeines y tumores.» 

A este tenor sigue hablando en pár- 
rafos especiales. 

Del bdlsanto de Guitemala. 

De los cangrejos empedernidos de 
Macao. 

Ve los cascaveles de vivoras, 

Del espejo de Inga. 

De lo goma sonora» 

Debías jojobas. 



De la leche de mechoacan. 

Del Uño aloe. 

De los ojos de venado. 

Del palo butra. 

Del palo dulce. 

Del palo molavi philipinico. 

Delpeguame. 

De las pepitas de lo^alongas , lia' 
mados ígazud ó de San Ignacio en 
las Filipinas, 

De la piedra vesaL 

.De tas piedras besuarticas termales 
de Tuspa. 

De la piedra iguana; 

De la piedra de culebras. 

De la piedra cuadrada. 

De la raiz deljenzaon ó del chitu" 
bax ática. 

De la raiz de la postema. 

De la tierra de lucuta ó de Santa 
Marta, 

De la Jiña de la abada (un animal de 
Asia). 

De la jrerba para los aires. 

En todos estos artículos trata de las 
virtudes medicinales, dejas enferme- 
dades en que convienen, y del modo 
y dosis de administrarlos. En su des- 
cripción ciertamente acredita haber 
daoo ascenso á algunas de las creen- 
cias, tanto de aquellas gentes, como 
de la época en que escribió , como se 
ve al hablar del umicornio, que dice 
servir para la gota coral, mal de cora- 
zón, tabardillos, espantos, sustos, al- 
ferecías, toda suerte de ponzoña , ra- 
bia y mal de 0|o. T esponiendo las vir- 
tudes de la liña de la Abada, dice: 
«que la Abada es un animal de la 
Asia: sus virtudes son infinitas en su 
sangre, como en el cuero, huesos y 
otras partes de su cuerpo. Pero lo ha 
dotado Dios de las mayores virtudes 
en las uñas de los pies, que supera al 
unicornio^ al rinoceronte, y otros ani- 
males alezifarmacos. » 

ALVAREZ MIRA VAL (BLAS^, 
vecino de Salamanca, y catedrático ae 
medicina en dicha universidad. Estu- 
dió tflmbien teología , y en ambas 
ciencias obtuvo el doctorado. Sueru- 



60 



HISTORIA DE LA 



dícion era Un grande , qne la lectnra 
de sns obras pasma , por los vastos oo- 
nocimientos qne poseía. Puede decirse 
que sn obra es un compendio de cuan- 
to se habia escrito basta su tiempo, y 
es difícil abrir una página sin que se 
▼ea en ella un cúmulo de autoridades 
de la Saffrada Escritura, santos padres^ 
historiadores, poetas, etc., etc. Puede 
decirse que Airarez Miraval es el 
alfa de los eruditos \ j como tal era 
respetado por sus compafieros: fué ele* 
gido para escribir al rey el pésame 
por la muerte de su esposa Dofta Ana 
de Austria^ en nombre de la univer- 
sidad de Saltfmanca. Elsta carta, es- 
crita á S. M., se halla al principio de 
su obra, que titula: 

Conservación de la salud del cuerpo 
y del alma^ para el buen regimentó y 
mas larga vida de la católica magestad 
del cristianisimo Rey Felipe III. 
Salamanca 1599. 

Esta obra está dividida en 113 ca- 
pítulos, en cada uno de los cuales trata 
de remedios higiéaicos, relativos á los 
dos estremos que abrasa el titulo. 

Todas las materias de que trata en 
cada artículo , son muy interesantes^ 
pero entre ellos hay muchísimos que 
merecen una atención particular : ta- 
les son el capitulo 2.^, en el que trata 
de los perjuicios de la ociosidad: el 3.® 
de la escelencia del hombre: el 5.^ so- 
bre si se puede por medio de la medi- 
cina alargar mas el período de la vida: 
el 6.° sobre el modo como la enfer- 
medad del alma puede enfermar el 
cuerpo, y vice^versa : el 8.® sobre lo 
conveniente que es la conservación de 
la salud, á la religión, buenas costum- 
bres y al ingenio de los hijos, el que sus 
madres les den de mamar: el 12 hasta 
el 20 9 sobre los alimentos, bebidas, 
aires y aguas : los siguientes sobre la 
escelencia del amor, y daños ó prove- 
chos de la Venus: el 44 y 46, sobre si 
es mejor para la salud y buena policía 
casarse con una riiuger bonita ó fea: 
el 68 sobre el modo de conocer si la 
esterilidad está de parte del hombre ó 



de la muger: el 74 si la impresión de 
los cuerpos celestes sea cansa de ana 
en algunas regiones haya diversidad 
de costumbres, virtudes ó vicios, etc. 
Son tan preciosas é interesantes las 
materias de que trata , que es lástima ' 
que esta obra no sea mas conocida de 
lo que es en el dia; y estoy seguro que 
el que una vez la lea, no la olvi- 
dara mas. 

También escribió otra memoria^ 
titulada: 

Tratad de la firme memoria y del 
bueno y claro entendimiento , utiUsi^» 
mo para todos los que pretendan saUr 
aventmados letrados en cualquier ge^ 
ñero de ciencia. 

Elste escrito se reduce á propo- 
ner los medios para conservar la me- 
moria, ¿ aumentarla cuando se dis- 
minuye. Toda esta materia está con- 
tenida en los capítulos siguientes, que 
dicen: 

1 .^ De algunos ciertos y muy im- 
portantes remedios naturales, con los 
cuales los estudiosos vengan á tener mas 
agudo y mejor entendimiento. 

2.^ Cómo sabrá cada uno la cien- 
cia y facultad , en la cual ha de salir 
mas aventajado y mas letrado. 

Los siguientes son continuación de 
este mismo asunto. 

En el primer artículo indica ya Al- 
varez Miraval, el que la memoria 
tiene asiento determinado en una par- 
te del cerebro , distinta de las demás; 
pero al tratar de las causas de la me- 
moria ó su abolición, dice que el calor 
seco la aumenta , y one la frialdad la 
disminuye ; consiguiente á estos dos 
principios hipotéticos, aconseja los 
tónicos y califacientes, para que los 
desmemoriados recuperen sn memo- 
ria *, tales como el aceite de laurel , el 
de eneldo, el orégano, poleo, Valeria- 
no*, en una palabra, los difusivos y 
nervinos. 

Aunque estos remedios no pueden 
producir el restablecimiento de la me- 
inoria, sin embargo, los artículos re- 
feridos son dignos de consultarse por 



62 



HISTORIA DE LA 



dicioa obtavo ana cátedra basta sa 
muerte, ocurrida en esta misma capi^ 
tal. Escribió las obras siguientes, 

Flos breviaríum , sive historia ro^ 
mana. Valencia 1557. 

Colloquia Jamiliaria aueta et se» 
lecta ex onvúbus Desiderii Erasmi 
Redorodami , ita denuo repurgata ut 
juifentuti commodo non uulgari chris» 
tíanissinús aurihus qfendendo nutlus 
deinceps essepossit, Barcinone. 1557. 

Antonii Sophistm primee apud Be» 
tborem exercitationes. Barcin. 1611. 

He visto estas obras en la biblioteca 
de esta ciudad, j en ellas be leido, que 
el Rey le concedió un permiso y dio 
liceucia para comentar ó poner esco- 
lios á las obras que quisiese, y publi« 
carias por si ó en nombre de otro». 

JUAN ALEMANY / Doctor en 
medicina , y según la opinión mas 
probable fue catalán. 

El Ilustrisimo Señor TorresyAmat, 
en su Diccionario bibliográfico de los 
bombres célebres de catalu&a, dice lo 
siguiente. 

(iDon Jaime RípoU mayor, posee de 
este autor las obras siguientes. 

Lunari ó Repertori del temps, cora« 
post per lo molto babil Juan Alemany, 
bachiller en arts y doctor en medeci- 
na ^ de nasió cátala. ••« Stampat en 
Barcelona en casa de Jaime Cendrat, 
any M.D.LXXX. Venese en casa de 
Gerónimo Pi. 

Otra edición de esta misma obra se 
halla con el titulo siguiente: 

Jtepertorí del temps j^ Lunari per» 
pectuo. Barcelona 1o40. (Obra citada 
pág. 12). 

PEDRO MERCADO, natural de 
Granada: nació por los años de 1585 
al 1590. Estudió en la universidad de 
dicha ciudad la filosofía y medicina, 
y en la misma obtuvo una. cátedra de 
física. Con este motivo tuvo ocasión de 
convencerse de lo poco. que habia es* 
crito en Elspaña sobre dicha materia, 
como dice el mismo en la dedicatoria 
de una de sus obras al Arzobispo de 
Granada. «Considerando lo poco que 



de filosofía hay en nuestra lengua ma- 
terna escrito , y el deseo de muchoa 
curiosos de saber de que y cómo se 
compone este mundo, determiné tra- 
tar oe ellas comenzando de la filoso- 
fía de la tierra hasta el postrero cielo, 
que llaman los teólogos.»- Escribió la 
obra siguiente.' 

Diálogos dephilosojia moral, com'^ 
puestos por el Doctor Pedro Mercado, 
médico y filosofo^ Dirigidos al mwjr 
Ilustre jrÉeverendisimo Señor D. Pf 
dro Guerrero, Arzobispo de Grá^^ 
iiaáa.(Ib. 1558in8.*') 

Esta obra se compone.de siete diá- 
logos entre Gaspar y Antonio , que 
maravillados de las cosas naturales de- 
sean conocerlas, y Julián que lea cum- 
pie su deseo. 

En el primer diálogo trata de los 
cuatro elementos en común, jr en par^ 
tícular de la tierra y del agua, donde 
se tocan muchas dudas , y refutan mu» 
chas opiniones de antiffios, y se decla^ 
ra en suma cómo se producen los ani» 
males, plantas yfrutosx Uis causas de 
los montes y temblores de la tierra] 
metales , piedras jr otros minerales] 
fuentes y bocas defuego\ de la mar y 
de su flujo y reflujo , y causa de su 
saladla. 

¡Cuan precioso es este diálogo! ¡Que 
descripciones tan bellas y tan elocuen- 
tes se hallan en ¿1! ¡Qué ideas tan su- 
blimes se leen á cada paso! No pue- 
do resistir al deseo de consignar algún 
trozo de él. 

«Gaspar. ««Todas las veces que con» 
aiderOy señor Antonio , las cosas natu- 
rales, la gran providencia con que na- 
turaleza las rige con tanto orden y con« 
formidad; este anochecer y amanecer; 
este movimiento del sol tan concerta- 
do que en el mismo punto y lugar que 
agora está, estuvo hoy, ha un año, diez, 
ciento, mil. Este alumbrarnos y ca- 
lentarnos de dia con su presencia, j 
de noche en ausencia suya dando luz 
i las estrellas y á la luna. Ese desviarse 
y allegarse de nosotros. Esa consti- 
tución y división del año en cuatro 



MEDICINA ESPAl^OLA. 



63 



I 



tiempos; unos escesÍTa mente calientes, 
otros escesifamente fríos qae los cor- 
rigen jr otros dos mas templados. El 
maltiplicar de las aguas y fratos en la 
creciente de la lana^ y disminución de 
ellas en su menguante. El eclipsarse y 
escurecerse suyo , jr del sol. Tantos 
planetas y estrellas.... Tantas impre- 
siones en el aire. Tantos y variados co< 
lores en las nuves al salir y ponerse el 
sol. Tantos rayos^ truenos y relámpa- 
gos, lluvias, granizos , nieve , nieblas, 
escarchas y granizos. Ese arco que apa* 
rece de tan hermosos colores. Ese mar, 
esa balsa inmensa de tan varias espe« 
cies de plantas, de piedras y anímales 
como en la tierra: tantas diferencias 
de piedras , metales y otros minerales 
oomu en ella se crian: tantos rios ma* 
gestuosos como la riegan: esta tierra, 
en anas partes áspera, alta y montuo- 
sa, en otras llana y rasa: tantas regio- 
nes que contiene, unashabitadaSy otras 
sin habitar, unas calientes otras frias, 
unas secas otras húmedas. Todas las 
veces que esto considero quedo-mara- 
villado de verlas, escandalizado de no 
entenderlas, trayendolas entre manos 
7 representándosenos á cada momen- 
to: pasar por ellas tantas veces. ... 

Julián. i« El verdadero intérprete 
es la misma naturaleza j y ella ensenó 
á filosofar á los primeros filósofos, a 
los cuales ninguno precedía de quien 
pudieran ser enseñados, y si naturale- 
za nos encubriera tanto las cosas na- 
turales que nos obligara á ser enseña- 
dos precisamente de hombres para sa- 
berlas, tuviéramos de ella justa queja, 
porque cosa que tanto nos importaba 
ponia en manos de quien pudiera ne- 
gárnoslas y hacerse avariento de ellas. » 

En este diálogo se halla una cosa su- 
mamente notable para el tiempo en 
aue escribia Mercado , que antecedió 
a la hipótesis de Nicolás Coopernico, 
de que la tierra se movía al rededor 
del sol y que este estaba quedo. Véan- 
se sus palabras. 

«Gaspar.-^ Diff>lOt porque el otro 
diatomasteportemade que la tierrase 



mo\da, jr que todos los cielos estaban 
quietos y reposados \ que el anoche^ I 
cemos era escondesernos el sol con el 
moiimiento de la tierra\ y que cuando 
la tierra descubría el sol en el Oriente, 
entonces nos amanecia. Contestación. 
Es mas razonable que se mueva la 
tierra que el sol y los cielos ; lo uno 9 
porque es razón que descansen los cié* 
los y mas nobleza^ y por esto es mas 
verosímil que la tierra , como menos 
noble, este en esta servidumbre y tro- 
bajo en gravamen de la virtud que de 
¡os cielos procede, y por ser la tierra 
mas aparejada para esta vuelta y mo* 
pimiento, por su pequeña cantidad , y 
Y los cielos tan graves y tan pesados. 
Si este movimieto lo hicieron los cielos 
para adquirir el tugar natural que hu- 
biesen perdido , sería imperfección. ... 
Asi la misma pesadumbre que vos f o- 
mais por argumento contra mi, para 
que la tietra descendiese, tomo yo por 
respuesta contra vos , para que una 
cosa tan pesada como la tierra, impo- 
sible es que suba, y lo que os pareciere 
muy necesario caerse la tierra hasta 
el otro medio cielo , sien la otra Jaz 
de la tierra estuviérades debajo del 
otro medio cielo j os pareciera imposi' 
ble, tanto como subiese la tierra hasta 
el cielo (pág. 14 y 15)». 

Estas opiniones filosóficas prueban 
hasta la evidencia , que cuando Pedro 
Mercado espuso esta teoría del movi- 
miento de la tierra^ no conecta la hipó- 
tesi de Copernico, ni la bolla del Papa 
que solo permitió defenderla cokno 
una hipótesi, fundado de que se opo- 
nía al texto infalible de la Escritora, 
de que el sol se movia. De otro modo 
es bien seguro que no solamente hu- 
biera alegado razones en pro, ni con- 
testado á IOS argumentos que se le ha- 
cían , si que ni aun dudar de la con- 
traria opinión , mediando dicha bula 
pontificia. 

En este diálogo prueba del modo 
mas incontestable la redondez de la 
tierra: refiere las leguas romanas, fran- 
cesas y españolas que atiene la tierra 



64 



HISTORIA DE LA 



en redondo desde la India hasta Es- 
paña (pág. 22 vuelta).» 

Espiica exactamente la diferencia 
de las noches y de los dias, en los dife- 
rentes países del globo (pág- 24), 

Eo el segando diálogo «trata de la 
filosofía de los vientos , el número de 
ellos/ la diversidad de sus cualidades; 
• de la filosofía del aire y las maravillas 
que acaecen en sus regiones, del rocío, 
escarcha, niebla, lluvia, nieve, gra- 
nizo, del arco j variedad de sus colo^ 
res, de los cometas, rayos, truenos, 
relámpagos, de la filosofía del ele- 
mento del fuego, perpetuidad de su 
movimiento , donde se traen muchos 
problemas y cuestiones^ apacibles y y 
de gran erudición.» 

Muy cariosas, al par que interesan- 
tes, son las cuestiones que se propone 
resolver en este diáloeo. 

¿Por qué el agua de los pozos está 
fría en verano? 

¿Por qué en el estio y en el invierno 
caen pocos rocíos? 

¿Por qué el rocío desata el vientre 
del hombre y de los animales que lo 
pacen? 

¿Por qué el irocío no cae sobre ár- 
boles ni lugares altos? ' 

¿Por qué en tiempo nebloso hay 
poco rocío? 

¿Por qué cuando ha/ vientos no cae 
rocío? 

¿Por qué cuando sopla el viento 
Ábrego caen rocíos? 

¿Por qué la rociada es pequeña , y 
las lluvias grandes? 

¿Por que en tiempo caliente no cae 
escarchar 

¿Por qué no hay rocío ni escarcha 
á prima noche? 

¿Por qué hace mas frió á la madru- 
gada que á la media noche, siendo asi 
que el sol está ya mas cerca? 

¿Por qué las nieves hacen fértiles 
las tierras? 

¿Por qué siempre nieva en los mon- 
tos altos y se conserva en ellos nieve? 
¿Por qué estando nevando en las 
sierras, llueve al pié de ellas? 



¿Por qué en estio jamás nieva? 

¿Por qué graniza en verano^ y no 
en invierno? 

¿Por qué graniza y llueve al mismo 
tiempo? 

• ¿Por qué el granizo no hace férti* 
les las tierras comp la nieve? 

¿Por qué después de vientos recios^ 
vienen recias lluvias? 

¿Por qué en el estio llueve poco , y 
tanto en el invierno y verano? 

¿Por qué el tiempo raso es siempre 
mas frió que el nebuloso? 

¿Por qué cuando aparece el sol mas 
grande en el oriente, indica lluvias, 
y en el occidente al contrario? 

¿Por qué cuando se baja la niebla 
es señal de serenidad? 

¿Por qué la disminución de las fuen* 
tes y de los rios indica lluvias?^ 

¿Por qué en el estio no hay vientos, 
y en el invierno son pocos? 

¿Por qué en el verano y otoño hay 
muchos vientos? 

¿Por qué en lloviendo cesan los 
vientos? 

¿Por qué otras veces las lluvias can* 
san vientos? 

^ué enfermedades causan los vien* 
tos? 

ÍPor qué el viento Ábrego causa 
érmedades? - 

¿Por qué el cierzo sopla todo el año, < 
y el Ábrego no? 

¿Por qué los rayos caen en los edi- 
ficios mas altos? 

Eo el tercer diálogo «trata de la 
filosofía de los cielos , materia y nú- 
mero de ellos, de sus movimientos co- 
munes y propios suyos, y de las estre* 
Has , de la primeria causa y movedor 
primero, del número de cielos, de los 
planetas, la demostración de los loga- 
res, de los fortunios ó infortunios que 
producen, de ios eclipses dé la luna y 
del sol, del firmamento y cielo estre- 
llado, del primer móvil, y del primer 
cielo. 19 

En este diálogo reúne todo lo me- 
jor que hasta su tiempo se habia es- 
crito sobre estas materias. Esplíca per- 



MEDrCINA ESPAÑOLA. 



65 



Téctamente los eclipses del sol j dt U 
lana (pág. 69 hasta la 73). / 

Demuestra los movimientos de los 
planetas , j el tiempo que cada uno 
gasta para concluir sus órbitas; empe- 
zando por la luna , y terminando por 
el cielo estrellado^ cuyo término cal* 
cala ser el de siete mil años. Reúne en 
este diálogo un gran número de noti* 
cias sumamente curiosas. 

Diálogo cuarto. aCon motivo de ha- 
ber sido convidados dos caballeros á 
comer, se llevaron consigo á un mé« 
dico llamado Joanicio, con la idea de 
sacarle avisos del bien comer y beber 
para la conservación de la sanidad. 
Donde se hace comparación de todos 
los manjares » 7 se declara cuáles squ 
las mejores yerbas y legumbres, las 
mejores aguas y los mejores vinos, las 
mejores carnea y pescados, y la orden 
medicinal que conviene guardaren el 
uso y preparación de todos estos man- 
jares» con muchas dudas de grande 
aprovechamiento para nuestra salud.» . 
Ventila con mocho acierto en este 
diálogo, cuál de las dos necesidades el 
comer ó el beber es mas imperiosa* 
Prueba que la segunda. 

Espone los inconvenientes del agua 
y del vino cuando se abusa de ellos; y 
sus ventajas y beneficios cuando se 
usan moderada y oportunamente. 

Habla del uso de las carnes; y si soo 
de mas nutrimento asadas ó cocidas: 
en fin , es un tratadito muy suscinto, 
pero muy bueno de higiene, con res- 
pecto á los tiempos en que se escribió. 
Diálogo quinto. «De la compara- 
ción de las ciencias entre un médico 
y un licenciado jurista , donde el uno 
contra el otro se ponen cávilos y argu- 
mentos contra sus ciencias > y se res- 
ponden.» 

Este diálogo es interesantísimo; re- 
une todos los argumentos que se ha- 
cen contra la medicina y contra la ju- 
risprudencia. El que se encuentre en 
ocasión de hablar de esta materia^ 



encontrará en este tratadito todo cuan- 
to pueda ilustrarle. 

Dialogo sexto* De la melancolía. 
«Se declara que sea esta, enfermedad 
y la variedad de sus especies, las di- 
versas imaginaciones, temores é infor» 
tunios que nacen de ella. Cqn muchos 
avisos y razones contra escrúpulos.» 

E^te es otro de los diálogos mas in» 
teresantes de esta obrita , por los mu- 
chos casos de locos ó melancólicos que 
refiere, y que son dignos de saberse. 
Definela melancolía. «Unalocura... 
Los apasionados de ella están en con- 
tinuo dolor y no saben dónde , ni se 
osan qaejar de él; temen, y no saben 
qué, ni osan decir qué temen : reca- 
íanse y no saben de quién , ni saben de- 
cir lo que se recelan. Huyen sin qoe 
nadie los persiga, y finalmente la me- 
lancolía es pelear con un duende: pre* 
güntaose y se responden : ya se con- 
suelan; ya se animan; ya se recelan y 
entristecen; ya se condenan; ya se ab- 
suelven en discordia ya en paz. Unos 
aunque entienden que matarse es ma- 
lo pretenden que el morir es menor 
mal del que padecen , y que con la 
muerte se libran de otro mayor. Unos 
tienen la imaginativa tan aguda y su- 
til que dicen cosas tan grandes y agu- 
das, que se escriben como notables. 
Unos temen que el gigante que sostie- 
ne con sus brazos el ciclóse ha de can- 
sar, y ha de desplomarse y confundir- 
los: otros se creen convertidos en ollas 
ó en cántaros , y temen el acercarse á 
las paredes para no quebrarse: otros se 
caen como muertos, y no comeo, por-* 
que los muertos no comen, etc.» 

Después de esta descripción refiere 
un gran número de observaciones de 
melancólicos , y los medios de que sé 
valió para curarlos. Uno de ellos creia 
estar devorado por una serpiente que 
tenia dentro de sus entrañas ; se curó 
poniéndole en la cama sin que lo aper^ 
cibiera, una culebra muerta; le dio un 
emético^ y le hizo creer que la habia 



HlST. DE LA MeDIC. ESPAÑOLA. — ToMO 1 •** 



9 



nm 



66 



HISTORIA DE LA 



arrojado» coa cujra astacia qoedó cu* 
rado. Otro do quería comer porque 
decía que ao tenia cabeza. Mercado le 
putouD gorro bien pesado de plomo,. 
y á poco tiempo que lo llevó poeato, 
le sobreTÍuo una gran cefalalgia, que 
le curó la melancolía. 

Machos autores han consignado en 
sus escritos casos particulares de los 
melancólicos : me contentaré con espo- 
ner dos que refiere el autor. «Me acae- 
ció en Valencia, dice, la mas alta gra- 
cia del mondo, viendo la casa de los 
brates^que es muy de ver; á la entra- 
da hallé un hombre de un buen pare- 
cer I j creyendo ser el alcaide de la 
casa , después de saludarle, dígele: se- 
ñor alcaide , recibiré merced en que 
me diga en qué parte veré los locos de 
esta casa ; respondióme , no sé lo que 
dices , mas hágote saber que sojr San 
Pedro, que me envió Dios i predicar 
al mundo. Reime mucho y pasé ade- 
lante. A poco encontré un clérigo muy 
bien portado, y para que holgase de la 
respuesta del loco ^ le dige: acaba de 
pasarme con un loco un donaire el ma- 
yor del mundo, que me ha dicho que 
era San Pedro que lo enviaba Dios ¿ 
predicar al mundo: el clérigo respon- 
dióme ; en verdad te digo que nunca 
tal envié.» 

Espone en seguida del tratamiento 
moral y terapéutico oportuno para es- 
tas dolencias. 

Diálogo séptimo. De la superfluidad 

Jue hay en &pa&a de letrados : del 
espreciarse loa oficios mecánicos de 
que los reyes y señores se precian en 
otras provincias: de cuan mal se saben 
las artes y las ciehciss: de los desórde- 
nes en los sirvientes y acompañamien- 
tos : corrupción en los vestidos y tra- 

En este diálogo pinta con los mas vi- 
vos colores la corrupción de costum- 
bres que en su época babia. Abunda 
de tantos preceptos de buen gobierno 
para una monarquía y habló con tanta 
claridad, que seguramente no se diría 
otro tanto en esta época en que hay 



mas libertad de hablar que en el 
tiempo d^ la santa inquisición. 

Recomiendo muchísimo la lectura 
de este diálogo á todo el que quiera 
conocer las costumbres de los espa- 
ñoles. 

Bien quisiera esponer algunos de 
sus preceptos y de las acriminaciones 
que dirigió á ciertas clases de perso- 
nas; pero seria demasiado largo. 

Esta obra es en mi concepto una de 
las mas filosóficas q^ae se han escrito en 
el siglo XVI, y es lástima que se haya 
hecho tan |>eregrina, y que tan pocos 
ejemplares hayan quedado en España. 
Por esta razón me he estendido algo 
mas en ella^ y también porque cl se- 
ñor Hernández Morejon , se contentó 
únicamente con estractar los títulos 
de los diálogos. (Gomp. sn bibliog. 
esp. tom. 3.^ pág. 83 y 84). 

También escribió otra obra con el 
título siguiente. 

De febrium differentus eorumque 
causis, siffds, medela tam in tmiver^ 
sali, quam in partículari, et antíquo" 
non , etjwñorum tum grcecorum tum 
arabumauthoritaté. Grana». 

El autor se propuso formar una cla- 
sificación de las calenturas tanto en 
géneros como en especies: y reca- 
pitular en este tratado las principales 
ideas que emitieron los griegos y los 
árabes, para esplicar las diferencias de 
unas calenturas con otras. 

Las dividió en clases genéricas y las 
que subdividió en otras variedades. 
Las primeras ^n efímeras ó diarias, 
las segundas las continentes no pútri^ 
das, las terceras las heeticas, las cuar- 
tas las marasmódicas , las quintas las 
pútridas , las sextas las coíérícas , las 
séptimas las producidas por lajlema, 
las octavas las nacidas delju^o melan^ 
cólico , las novenas las pestíferas , las 
décimas Us fiebres complicadas» 

Esta obrita me parece de muy poco 
interés: su lectura es fastidiosa y mo- 
lesta por el sinnúmero de citas que 
sobre un mismo punto hace, de Hipó- 
crates, de Galeno , de Avicena , y de 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



67 



I 



Otros mochisimof médicos de la edad 
media. Sa teoría está fondada en la de 
los humores: entre los principales re- 
medios generales que propone para stt 
curacioD sod la sangría y los purgantes, 
apropiados según la especie del humor 
pecante. 

GERÓNIMO MURILLO , nata- 
ral de Zaragoza. Estudió la medicina 
y cirugía en esta universidad , y eu 
ambas tomó la licenciatura. La justa 
celebridad que disfrutó no solo en Es« 
paña sino en el estrangero » fué causa 
de que sus obras corrieran especiaU 
mente en Francia , en la. cual se hizo 
una edición de ellas. 

Juan Antonio Thevano , editor de 
«Da de las ediciones , en su dedicato* 
ria que de ella hace a D. Antonio Jo- 
nes, yicario general del arzobispado de 
Valencia ,,le dice. aEl libro que pre- 
sento á y. M. y pongo á sos pies , es-» 
taba no solo muerto , pero sepultado 
en el olvido, con ser él y su autor dig« 
nos de eterna memoria. d 

Escribió la obra siguiente. 
. Terapéutico método de Galeno en 
lo que toca a cirugía. Zaragoza 1572. 
Esta obra se volvió á imprimir en Va* 
lencia en 1621, Zaragoza 1651 con el 
titulo siguiente. 

Terapéutica, método de Galeno en 
lo que toca a cirugía. 

Mnrillo dividió su método en cator* 
ce libros. 

En el 1.® trata del método de curar 
las úlceras; de la manera como admi- 
nistraban los empíricos los medica- 
mentos; de la curación de las heridas 
con pérdida ds sustancia; de la diversi- 
dad de medicamentos que han de su- 
ministrarse á los enfermos , según la 
clase de úlcera; de la buena temperatu* 
ra; de las cuatro calidades, y del buen 
t.em pera mentó de la parte ulcerada. 

En el 2.^ trata del método de curar 
las úlceras malignas. 

Con este motivo compara los méto- 
dos de que se valían Hipócrates, The- 
salo y Galeno para la curación de estas 
dolencias. 



En el 4 .^ traté de los estiptícos para 
r^triñir la sangre cuando han sido 
cortadas una vena ó una arteria; de los 
cáusticos^ de las enfermedades en que 
convinen, y modos de aplicarles. 

En el 5.® espone la historia y mé- 
todo de curación conveniente de las 
heridas de los nervios y de los tendo- 
nes. Habla también de las heridas 
del abdomen, y es notable la descrip- 
ción anatómica que hace de esta cavi- 
dad , antes de pasar á la descripción 
de sos heridas penetrantes (pág. 143). 

Al hablar de tas suturas del abdo- 
men , son notables los dos que des- 
cribe. «Comenzaremos, dice, esta co^ 
tura, del un cabo de la llaga, entlrando 
el aguja por el cuero , j metiéndole 
por el ad)entro hasta pasar el músculo 
recto, dejando del todo el peritoneo 
de aquella parte. Hecho esto, búsquese 
el aguja por la parte contraria , y co- 
miéncese del peritoneo, pasándole pri* 
mero de adentro para fuera, atrave-^ 
sándole todo hasta pasar el cuero. De 
0sta misma parte comenzaremos otra 
vez a pasar el aguja , atravesando el 
cuero de fuera para adentro , por do 
salió el aguja la postrera vez, y pene- 
traremos el cuero con el recto múscu- 
lo, dejando el peritoneo como hicimos 
cuando comenzamos. Hecho esto , ir- 
nos hemos á la parte contraría por do 
comenzamos la costura , y pnesta la 
aguja por el peritoneo de adentro para 
afnera, todo lo atravesaremos, cuero y 
todo, basta pasar y sacar la aguja para 
afuera. T por este orden acabaremos 
la costura basta llegar al cabo (página 
146)». 

En el 13 habla de los tumores pre- 
ternaturales, del flegmon, de las glán- 
dulas, del hígado y del bazo. 

En el 14 trata de la erisipela , del 
edema, del escirro, del cáncer, del 
carbunclo, de las estrumas, del atero- 
ma, del esteatoma, de la mola de las 
mugeres, y del herpes. 

libro II del arte curati{K> d GlaU" 



con. 



Consagra este tratado á la esposi- 



im 



68 



HISTORIA DE LA 



cion de lu inflamaciones* Habla en 

Grticular de las enferinedadea del 
^ro aoterior. • 

Libro de tas tiempos de toda una 
enfermedad. 

Divide los tiempos de las enferme* 
dades en cuatro^ á saber : principio, 
aumento, estado y declinación. Dedi- 
ca artículos especíales pa^a demostrar 
la indicacioD que cada uno de ellos 

Imede exigir, respecto al paciente y a 
a misma enfermedad. 

libro de los tumores preternatural 
les. 

Trata en este libro de los abscesos^ 
de la gangrena , de las úlceras simuo- 
sas, callosas y fistulosas, de los car* 
buoclos agangrenados, del aneurisma, 
de la sama, de la elefantiasis, de la 
rotura del peritoneo, de los pólipos, y 
del estafiloma. (Todo ¿1 ofrece poco 
interés). 

Tratado de la materia de cirugía. 
Compuestopor Jacobo HoUerio Stem- 
pono, interpretado por Gerónimo Mu- 
rillo, cirujano de Zaragoza. Y ahora 
nuevamente añadido en esta última 
impresión, traducidas las recetas del 
Imn al romance por el Dr. Antonio 
Pablo Serrano , medico valenciano* 
Valencia 1624. 

Trata en otros tantos capítulos, de 
los medicamentos repelentes, de los 
atray entes, de los resolutivos, de los 
emolientes , de los supurantes , de los 
mundificantes, de los sarcóticos, de los 
cicatrisantes, de los coqglutinantes, de 



los cáusticos , y de los astrinsentes. 

En cada uno de estos capítulos in- 
serta la composición de los medica- 
mentos, de que habla en el título* 

LUIS DE LEMUS. Natural de 
Fronteira en Pprtugal: estudió la filo- 
sofia y medicina en la universidad de 
Salamanca; y en la misma tomó la 
licenciatura de medicina. Pasó á la 
ciudad de Llerena , en la que ejerció 
la profesión como medico titular ju- 
rado. Obtuvo una cátedra de filosofía 
en la espresada escuela de Salamanca, 
y últimamente fué nombrado médico 
de cámara del rey de Portugal j en 
cuyo destino acabo sus dias. Escribió 
varias obras, tanto de medicina como 
de filosofía, y todas ellas de mucha ce- 
lebridad , y tanto, que son muy bus- 
cadas die los literatos, especialmente 
estrangeros. 

De óptima pnedicendi ratione libri 
sesc. Jtem, Judicii opetum maguí Hip^ 
pocratis , líber unus. Ludovico Lemo^ 
siophisico ac medico authore. jádiUuS' 
trissimumadmodum ac stmientissinwm 
D* Dominum Petrum Portocarrero, 
Supremi Begii Consilii GeneraUsque 
inquisitionis senatorem cequissimum» 
(Salmantícs. Ex officina Ildefonsi a 
Terranova et Neyla, 1585 in 4.®). 

El célebre Francisco Sánchez Bró- 
cense, catedrático de lengua griega y 
de retórica en la academia de Sala- 
manca, dirigió el sienienle soneto al 
autor, en testimonio de sus admirables 
pronósticos en las enfermedades. 



ís te medicíB docet periium 
Ante omnes satis hic libellus j índex 
Ter magni ingenii tui ó Machaon, 
Mtatis celebrandíB jure nostrm* 

Fatem te queque prwcinit verendum 
Doctrince graxitas : potes Jbtura 
Qui nos non dubiis aocere signis 
Et pensum properantis indicare 
Clothús, redere nosque certiones, 

Tum prcedicere si mqü quidinstat. 
Jtem miramur? utrumtue vrcestat authot 
Artis fatídicas , nam Apollo vates 
Est j ídem Medicus : neget quis ergo* 



MEDICINA ESPAÑOLA. 

• Sub UMo, Ludctmce, te magistro 
F'italem didicisse ferré opem cegris, 
Fatalemparíter re/erre summam? 



69 



En It dedioatork de la obra dirigida 
á D. Pedro Portocarrero, hace ver las 
veotajas qae puede obtener un médi- 
co que hajra hecho fin profundo estu- 
dio en la ciencia del pronóstico. 

«Nada, dice» me ha dado mas hon* 
ra j celebridad que la seguridad con 
que he pronosticado; j en esto he sido 
tan feliz que nadie me ha aventajado 
(inpredicendo adeo sum felix , ut ne- 
minem mihi vel emuU ipsi prceferent)^ 
j hasta mis ¿mulos me prefieren. De 
esta verdad sois vos testigo de vista; 
recordad que cuando estuvisteis en 
Granada j j vuestra cara hermana la 
marquesa, padecía de una inflamación 
de vientre con calentura continua, con 
grande peligro de la vida, pronostiqué 
por el pulso, a vuestra presencia j de- 
mas asistentes, que terminaría en bien 
por un próximo sudor general, lo cual 
asi sucedió con grande admiración 
vuestra y con gran lauro de la medici- 
na. Después estando en Villanueva 
con mi señor el marques , afectado de 
ana terrible calentura terciana doble, 
le pronostiqué por sola la inspección 
de la orina que el dia catorce quedaría 
libre de ella , j asi se verificó (en la 
dedicatoria). 

^ Pronosticando bien el médico^ con- 
tinua , se estima en todo su valor el 
mérito de la ciencia de curar, la fama 
se engrandece, los enfermos depositan 
en él su confianza, y se le prestan con 
docilidad. (Id.). 

Después de asentar estos principios, 
dice con osadía: que la ciencia de pro- 
nosticar no se puede adquirir sin es- 
tudiar profundamente las obras del di- 
vino Hipócrates , cujos aforismos , li- 
bros de las epidemias j de los pronós- 
ticos, enseñan masque todos los libros 
de la medicina juntos. (Id.)» 

El autor divide su obra en seis li- 
brea. El primero lo subdivide en on- 
ce capítulos. En el 1 .^ prueba la nece- 



. 



sidad que el médico tiene de estudiar 
la ciencia. En el 2.® que el médico de- 
biendo conocer el modo de obrar de la 
naturaleza , puede pronosticar lo que 
ha de suceder en el curso de una en- 
fermedad. En el 3.^ que ningún mé- 
dico ha escedido ni auu igualado á Hi- 
pócrates , j que el práctico que desee 
adquirirse una reputación sólida , de- 
bía en esta parte consagrarse continua- 
mente al estudio de sus obras. En el 
4.^ que el médico tiene obligación de 
dedicarse á la observación délas enfer- 
medades , j k conocer la naturaleza, 
porque esta era la que curaba las en- 
fermedades > 7 el médico no era mas 
que un ministro de ella. {Hwc ergo 
est, quüB eurat morbos medUcus autem 
hujus naturcB est nunister. Critica 
aquellos que sin entender á la natura- 
leza de la enfermedad ni del paciente^ 
cuantas veces entran en la casa , otras 
tantas le mandan sangrar, purgar, etc. 
de estos dice: Quoties ad {eguum acce^' 
dunt, totiesp€cúnt(pig. 21). En el 5.® 
que sin conocer bien la enfermedad es 
imposible curar bien. En el 6.® espo- 
ne algunos preceptos/ reglas para que 
el medico pueda pronosticar oien. Su- 
poniendo ya los conocimientos en- 
carga que el practico no vea al enfer- 
mo i oscuras, ni que se ponga ala ca- 
becera, sino de frente , con bastante 
luz, para que á un golpe de vista, pue- 
dan presentársele todos los signos t|ue 
ofrezca. En seguida habla de los di- 
ferentes signos y de su mayor ó menor 
importancia en cada parte del cuerpo: 
sobre todos llama la atención á la ca- 
ra, porque en ella residen los sentidos. 
En el 7.^ dirige una censura la mas 
agria y severa contra aquellos médicos 
que toda su habilidad ja fundan en su 
vervosidad. Asegura que estos hacen 
mas daño al enfermo que la misma 
enfermedad. Los compara á los far- 
santes. Confiesa que la medicina sobre 



70 



HISTORU DE LA 



ser la ciencia mas bené6ca j mas se* 
mejante i la sobrenatural, había lle- 
gado á envilecerse por esta polilla de 
malos médicos , j por la ignorancia 
del vulgo que se dejaba engañar de su 
falsa locuacidad. Increpa a las autori- 
dades que consentían á estos pseudo- 
médicos. Quis non ab sino pectorein» 
gemusceret,med¿cinam tamsacrosan* 
tam Dei donum, as^arída atque igno^ 
rantia pseudomedicorum in hominum 
perniciem com^ertí? Quispius bonus* 
que cequoferet múmo? Certe nullus: 
nisi Prasfecti aut magistrati mune^ 
non deiHjrcttores qui aceptatpecuniola, 
hasc medicinoB monstra in perniciem 
subditorum, ídunt^fovent , et tueñturí 
Sed dabit Deus iis vi quoquefinem! En 
el 8.^ espone todo lo que el médico 
tiene necesidad de conocer j de pro- 
nosticar : estas son las constituciones 
de los tiempos ; las enfermedades dd 
ellas emanadas; si estas son largas, cor- 
tas^ curables ó incurables : cuales son 
las agudas mortales, y cuales las agu- 
das curables. En el 9.^ Da los precep- 
tos y reglas para conocer las constitu- 
ciones y los tiempos de las dolencias. 
En el 10 de los tiempos de las enfer- 
medades, y en el 1 1 qe las constitucio- 
nes, particulares de cada dolencia. 
Libró II. Este libro está consa- 

f;rado á tratar de los signos de las en« 
érmedades. 

Inculca la necesidad que tiene el 
médico de observar bien y atentamen- 
te los signos, primeramente uno á uno^ 
y después reunidos. A continuación 
prueba la necesidad que tiene de cono- 
cer la naturaleza é índole de la enfer- 
medad por los signos: trata en 17 capí* 
tulos, de los signos de la cocción, de la 
crudeza, de los esputos y de las deyec- 
ciones. Desde e^ capitulo 5.^ hasta el 
8.% trata de los signos que dan las ori« 
ñas blancas, las pálidas, las rojizas, las 
verdes y las oleosas » las lívidas y ne- 
gras, las comutentes, los sedimentos, 
la cantidad, y los cuerpecillos que na- 
dan en ellas. En el 18 de los sudores, 
y en el 19 el pus. 



Después de tratar del valor de to* 
dos estos signos, encarga que el médi- 
co (enga presente los siguientes ver- 
sos, asegurando que toda su doctrina 

está reducida á su contenido. 

» 

Bonum ut causa et ut signum 
Bonum ut causa et non ut signum 
Bonum ut signum etnonut causa^ 
Malum ut causa et ut signum 
Malum ut eausa et non ut signum 
Malum ut signum et non ut causa* 

(pág. 81). 

Libro III. De las sefiales de la 
salud j' de la muerte. 

Este libro está dividido en 15 capi- 
tules. En el 1.® trata de los malos 
signos, y esplica el sentido y fuerza 
clel non bonum, del mortale, del per- 
niciosum, del exitiale^ del malignum, 
y del inutile. En el 2.^ trata de ios 
signos buenos, y advierte que auo 
cuando la reunión de estos indique 
el restablecimiento de la salad , lo 
mismo que la de los malos la termina* 
cion en la muerte , estos tienen mas 
fuerza que aquellos , porque muchas 
veces se ha de teiper mas de un sín- 
toma malo, que esperar de muchos 
buenos. En el 3.* trata del modo 
de pronosticar la vida ó la muerte. 
En los restantes capítulos trata de la 
fuerza que tienen el pulso y la res- 
piración para poder pronosticar por 
ellos. Esplica las variedades de uno y 
de otra. En el 13 habla de los signos 

3ue presta cada* parte del cuerpo : lo 
iviJe en 1 5 párrafos ; y en cáela uno 
de ellos trata , del valor que prestan 
los signos de la cara, de los ojos, de los 
ojos durante el suefto, de los oidos, de 
los dientes, de la lengua y de la boca, 
de las fauces, de los hipocondrios, del 
hígado, del bazo, de los ríñones y ve- 
giga, de les testículos y partes genita- 
les, de las estremidades superiores é 
inferiores. En el 14 trata de los signos 
prestados por la gesticulación de las 
manos, por el delirio, por la cefalalgia 
y estornudo, por el bostezo, por las 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



71 






pandicuUcioiies, por el sbefio j la vi- 
gilia, por el decúbito, por los ensue- 
ños, y por la madansa de aoa enfer- 
medad en otra. 

Elste libro, como se deja* ya ver , es 
uno de los mas interesantes ae la obra; 
en él se contienen todas las obserra- 
ciones del autor , y este solo bastaría 
para darle una célebre j bien mere- 
cida reputación. En este libro nada 
de teorías , todo él es una pura prác- 
tica , de aquella , como dice el mis- 
mo Lemus , cpie bace á los médicos 
asemejarse a Dios. Es bien seguro que 
en el dia ni se dice mas , ni se observa 
^^\^^ ; 7 es una desgracia que mien- 
tras otros autores estrangeros andan en 
manos de bosotros/la obra del célebre 
médico Lemus, baja sido tal ves con- 
sumida en envolver especias. 

Libro IV. De las crisis. 

Lo divide en 10 capítulos. En el 1.^ 

Erueba la existencia real j efectiva de 
18 crisis. En el 2.^ trata de sus dife«^ 
rencias. En el 3.'' de las sefifales de las 
buenas crisis. En el 4.^ de las sefiales 
que preceden á cada crisis en particu- 
lar. En el 5 .^ de las señales que ante- 
ceden i las crisis que se verifican por 
erupciones cutáneas. Con este motivo 
describe con los mas vivos coloridos la 
epidemia de tabardillos que en su 
tiempo reinó poc toda la España, j. 
que mataba á la mayor parte de los 

3ne acometía. Dice que esta enferme- 
ad fué desconocida de los anti<(uos» y 
sumamente raro y no visto en España. 
{Rarus tomen hic morhus apud vefe- 
res fidt, et oUm etiam in Hispania 
raro visus.) (pág. 271). 

Asegura que empezó á observarse 
por primera vez en España , después 
de la guerra en Granada. (Post tomen 
hellum Granatense, superioríbus on** 
nis vigere popularíter per Unii^rsam 
Sispaniam tndimus , tanto impetUy ut 
sanis hommíbus morbos obreperet, et 
oiko erat s€bpus, ut quos invodebat^ 
omnes neeahat cum gravissimis ae let- 
hatibus simptomatibus,}^ 

En seguida describe la historia de 



c 



esta enfermedad , digna seguramente 
de ser consignada en este articulo, ya 
or lo bien descrita , como por ser de 
as primeras que se escribieron en el 
siglo XVI. 

«Unas veces la calentura era peque- 
ña; pero lo mas regular era continua y 
ardiente. El pulso frecnent^, pequeño, 
débil, formicante, especialmente .¿ la 
proximidad de la erupción. La respis 
ración era fria , fétida , á veces muy 
difícil, otras acompañada de palpita- 
ciones de corazón y de angustias. Los 
enfermos estaban inquietos, toda pos« 
tura les era violenta, se revolcaban eb 
la cama ,'y arrojaban las cubiertas de 
ella por no poder sufrirlas. En la boca 
del estómago tenían un dolor vehe- 
mente , pesadez general de todo el 
cuerpo, postración, vigilia, delirios, 
acompañados algunas veces de olvido 
y de indolencia: sed abrasadora, fasti- 
dio y repugnancia invencible i los al i* 
montos, y una horrorosa fetidez del 
aliento y de los escrementos. Las ori- 
nas al principio salían buenas, muy 
luego confusas y turt>ias, la mayor 
parte de delgadas y crudas , con fre«* 
cuencia crasas y turbias, y quedaban 
un sedimento turbulento y rojizo. A 
veces las orinas eran negras, y vi á ma* 
chos librarse con ellas. También pade« 
cían temblores de las manos y de la 
lengua, nauseas y vómitos. Pero estos 
síntomas eran comunes : otros tenían 
estas calenturas que les era particular 
y propio, la salida de unas manchas ó 
petequias por todo el cuerpo , pareci- 
das a las picaduras de pulgas ó de 
chinches. Alguna vez se las vi en los 
niños, sin •calentura ^ y entonces no 
eran peligrosas ; pero si salian con la 
calentura, eran sumamente malignas: 
otras veces se presentaban después de 
una ó dos evacuaciones de sangre; y 
en este caso no eran muy perniciosas. 
También solían aparecer después de 
una hemorragia de sangre por. las na- 
rices al cuarto dia ; si esta era muy 
abundante, era buena; pero muy exi- 
ciosas, cuando el flujo era de corta 



72 



HISTORIA DE LA 



cantidtd. Guando las manchas salían 
en la cara solamente , eran las peores 
de todas : eran también mas ma- 
lignas , cnanto majores en número^ 
grandor, j duración faesen: las de co^ 
lor pálido, las rojas , las encarnadas, 
las verdes, las cernías , las moradas j 
las negras» eran muy malignas, (pá- 
gina 271 hasta 274).» 

En el capitulo 6.® trata de la dife- 
rencia de la crisis buena y mala. En 
el 7.® enseña el modo de conocer 
cuándo se ha de pronosticar si la en- 
fermedad debe terminar por la salud 
ó por la muerte. En el 8.* prueba que 
en las accesiones siempre hay crisis. En 
el 9.^ manifiesta el modo de conocer 

Íor qué vias ha de terminar cada en^ 
írmedad^y cuándo(Interesanti^¡mo). 
En el 10 prueba que el médico está 
obligado a predecir , no solamente lo 
que ha de suceder en el curso de las 
enfermedades, si que debe también 
conocer exactamente las señales de U 
enfermedad futura (Interesantísimo). 
Libro V. De los dios decretónos. 
En el capitulo 1.® prueba que real 
y efectiramente los hay. En el 2.* ha- 
bla de su diferencia. En el 3.^ de su 
dignidad y poder de los dias críticos. 
Lo reduce á la siguiente tabla. 

Índices. DécreL índices. Deeret, índices. Decret. 

4 7 11 14 17 20 ■ 

24.... .27..... 31 34 37.....40 

44,....47 51 54...;.57 60 

64 67 71 74.. ...77 80 

0^»«.«»0/.. ••%%/ I ... •t%/Tfm» •%f/» • .« If/U 

I 

En el capitulo 4.^ trata de la na- 
turaleza de los dias de la enferme- 
dad , hasta el veintiuno. Este capi- 
tulo es sumamente interesante ; espo- 
ne las razones y los hechos que com- 
prueban la verdad de las crisis veri- 
ficadas en los días que marca. Va re- 
corriendo dia por diá. En el 5.*^ trata 
desde qué dia debe empezarse á con- 
tar. En el 6.^ si debe cootarse del 
mismo modo en la calentura puerpe- 
ral. En el 7.^ prueba que no donen 



administrarse purgantea en los dias 
criticos. En el o.° discute la cuestión 
¿por qué en nuestros tiempos no se 
presentan con tanta frecuencia las cri* 
sis^ como en los dé Hipócrates? Da dos 
razones: primera, el que los enfermos 
muchas veces.no llaman á tiempo al 
médico: segunda, que los médicos sne« 
len la mayor parte de veces alterar el 
orden y curso de la enfermedad con 
sussangriaSf con sus purgantes^ con 
sus alimentos: á estos los llama artis 
corruptores (pág. 238 vuelta). En el 
9.* demuestra que los dias nones tie- 
nen mas fuerza para las crisis-, y son 
* mas seguros que los pares (Interesante) 

Libro VI. .De las causas de los 
dias críticos. 

Este capitulo es puramente teórico, 
y cree el autor que la causa de los dias 
criticos pueda residir en la influencia 
de los astros. 

Tal es el estracto que me ha pare- 
recido disno de presentar á mis lecto- 
res. Por el podrán ya tener un cono- 
cimiento de las principales ideas del 
autor : podrán igualmente tenerla los 
literatos estrangeros para quienes esta 
y otras obras de Lemus, son absoluta- 
mente desconocidas. 

Judicium Operum Maad Hippo^ 
cratis. Ludovico Lemosio authore. 
Salamanticce. Inasdibus Ilde^onsi d 
Terranoya et Nej'la 1584, in 8.* 

Esta obrita es indudablemente una 
de las mas peregrinas y raras dé la li- 
teratura médica. 

En prueba de esta verdad, citaré lo 
que dice el historiador de la medicina, 
Sprengel, al hablar de los comentado- 
res de las obras de Hipócrates, en la' 
sección de los humanistas en el siglo 
XVI: «Luis de Lemus, portugués, pu'^ 
blicó una censura de este genero; pero 
su libro es tan raro , gue ninguno de 
los literatos célebres ha tenido ocasión 
de verle (Spren^. Hist. de lá med. por 
Jourdan, tomo 3.*^, pág. 17).» 

Respecto á su mérito cientifico, 
veamos lo que dice nuestro célebre 
D. Andrés Piquer: «Luis de Lemus, 






MEDICINA ESPA]SOLA. 



73 



medioo de Llerena^ uno de los bom* 
bres mas doctos de su tiempo, faé á 
mi entender el primero que trató de 

{>ropós¡to, reduciéndolo á examen, de 
a legitimidad de las obras de Hipó- 
crates^ en un tratado sobre este titulo: 
Juditium operum maeni ffippocratis. 
Poco después de la piu>licacion de este 
tratado^ dio Mercurial a luz las obras 
de Hipócrates en griego y eñ latin> 
poniendo algunas notas suyas al fin de 
cada libro. Al principio puso su. juicio 
sobre las obras de Hipócrates, oon este 
titulo: Censura operum magni HipfHh» 
cratis , y las pruebas que trae sen en 
sustancia lo que dijo Lemas, mudando 
solo fX juditium del titulo en censura^ 

Íf formando cuatro clases en que colocó 
os escritos de Hipócrates, según el 
concepto que merecían en su com«» 
prensión. Los modernos que ban es* 
crito después acerca de este asunto, es 
muy poco lo que a&aden á lo que di* 
geron Lemus y Mercurial; y asi se ve 
que babiendo tomado todos lo prioci* 
pal de Lemus, se presentan al público 
sin confesar que ban bebido de nues- 
tras fuentes lo mejor de su doctrina (1 )» 
Al tratar el Sr. Hernández Morejon 
de este célebre médico, dice lo si- 
guiente: 

«De este escrito hace mención Spren- 
gel, confesando no haberlo visto él ni 
ninguno de los literatos mas célebres. 
También Grugner dice lo mismo , y 
es bien estrado , puesto que no sola- 
mente se imprimió en Salamanca en 
1584 en 4*^, y en folio en 1588, sino 



(1) Las obras de Hipócrates mas «e- 
UeiaSf tradocidasal castelUno é ¡lustradas 
por el Dr. D. Andrés Piqoer , (tomo 5.^, 
proBfatio pág. V.) No es, poes, exacta la 
cita que hace el Sr. Morejon al copiar este 
pasage, refiriéndose {Piquer^ Pronósticos 
de Hipócrates, toro. 5.**, pég. 5.) (Hist. de 
lamed, esp. lomo 3.**, pag. 330). (Piqner 
en el tomo 3.° no habla de los Pronósticos, 
sino de las Epidemias de Hipócrates). 



también en Venecia en 1592, cuya 
edición podian haber leído, ya que no 
la española. Igualmente le cita con 
elogio Pinel , y á la verdad que es 
acreedor á toda alabanaa (Ob. cit» 
tom. 3.^, pág. 330).» 

Si el Sr. Hernandes Morejon se es-' 
trafia de que los estrangeros no cooez.- 
can la obra de nuestro médico , ¿con 
cuánta mas razón debemos nosotros es* 
trañar, el que ni una sola palabra nos 
diga de las ideas del autor, ni del con- 
tenido en la obra? ¿No nos dice que 
ningún célebre literato la . ha visto? 
¿No debia ser este, un poderosísimo 
motivo para darla á conocer con todos 
sus detalles, siendo asi que se gloria de 

[poseerla? (pág. ib.) ^No babria va- 
ido mas que se hubiera entretenido 
en dar á conocer una de las obras mas 
peregrinas de nuestra literatura espa- 
ñola > que en la discusión histórico- 
política agena de la medicina, cual 
consagra a Diego Olivares? (tom. 3.^, 
pág. 130 y siguientes). 

Puesto que el Sr. Hernández Mo« 
rejon se ha contentado únicamente con 
esponer los títulos de las obras , voy á 
llenar este vacio, no solo de la -que po« 
seía , sí también de otras del mismo 
Lémus , que no vio , y de las cuales 
tengo ejemplares duplicados. 

Él autor dividió esta obrita en diez 
capítulos. En el argumento de la obra 
dice asi. «Cincuenta son los libros que 
circulan bajo el nombre de Hipócrates, 
y que como tales son citados por otros, 
y especialmente por Galeno. Todos 
estos no son de Hipócrates, sino de 
otros muchos autores aun de su misma 
familia , que á la sombra de un hom- 
bre de tanto crédito han querido pro- 
pagar los suyos. No desconociendo Ga- 
leno esta verdad, y deseando poner es- 
to en claro, ofreció componer una obra 
cuando estuviere algún tanto desocu- 
pado^ pero ya que fuera que no lo eS' 
cribió, ó que si lo formó se perdiór, lo 
cierto es que nada hay escrito sobre 



HlST. OE LÁ MeDIC. ESPAffOLA. — TOMO 2.^ 



10 



I — 



74 



HISTORIA DE LA 



esta materia. Entré todas Us plagai 
que sufrieron las obras de Hipóerates, 
no es menor la adulteración que han 
esperi menta do, mezclándose con otras 
obras indignas de las suyas. Deseando, 
pues, demostrar esta rerdad me he pro* 
puesto escribir esta obrita, en la cual 
he gastado mucho tiempo. Bien sé que 
no tallará quien me critique que este 
trabajo no es mió; pero yo le respon- 
deré que falta á la verdad ; pues que me 
han costado mucho las diligencias que 
he practicado para encontrar los librol 
que para este objeto me han senrido«)i 

En el capitulo 1.® trata de cudnne^ 
ceiorio es tener incorruptos los libros 
de los antiguos. 

«Ta se suscitó la cuestión, dice, en* 
tre los antiguos comentadores sobre 
los libros de Hipócrates, cuáles de ellos 
eran los geoúinos j cuáles los apócri- 
fos; pero tiablaron con tanta variedad 
que no es fácil asegurar nada de c¡er« 
to. El mismo Galeno considerando al- 
tamente cuan necesario era dar á co- 
nocer unos de otros, prometió, cuando 
sus ocupaciones se lo permitieran, es- 
cribir un libro en el cual demostraría 
cuáles eran los verdaderos j cuáles los 
falsos; pero no consta que Galeno ba- 
ja escrito este libro, porque ni él lo 
dice en sos escritos, ni hay autor algu- 
no que lo haya visto. Conviene siem* 
preelegirlos autores antiguos, y se ne- 
cesita trabajar mucho para obtener las 
obras genuinas de cualquier autor. En 
la menicina solo hay dos caminos para 
progresar en ella, la razón y la espe- 
riencia : aquellos autores que apoya- 
ron sos razones con su esperiencfa son 
los que deben elegirse, porque si nos- 
otros pretendiéramos examinar todo lo 
quíe hay que saber por nuestra propia 
razón y esperiencia , no pudiéramos 
conseguirlo aunque viviéramos tres 
veces mas de tiempo del que vivimos. 
De este modo pueden aprenderse con 
facilidad ▼ prontitud lo que á sus au- 
toreseosto muchos aftos de esperiencia , 
y en esta parte somos mas felices que 
ellos» Cada ciencia tiene un modelo 



5ne imitar: los metafisioos tienen á su 
iriislóteles, los geómetros á Eoclides, 
los astrólogos á Ptolomeo, y los médi- 
cos á su grande Hipócrates, el cual nos 
dejó por escrito el resultado de las ob- 
servaciones de toda su vida. Asi, pues^ 
importa muchísimo á los médicos co- 
nocer y distinguir sus verdaderas obras 
de las apócrifas , trabajo sumamente 
improbo de hacer , pues Galeno pro- 
metió escribirlo cuando estuviera des« 
ocupado , lo ' cual no hizo con ningu- 
no cíe sus otros libros. 

Para poder indagar si un libróos de 
un autor ó no, es preciso atenerse al 
lenguaje y á la naturaleza del mismo 
libro, ai hay uno que conste ser legi- 
timo y genuino, tanto por el lengua - 
ge como por la sublimidad de los con- 
ceptos, este debe ser el punto de par- 
tida para comparar los demás. Senta- 
dos estos principios podemos conocer 
y distinguir los verdaderos de los falsos 
dé Hipócrates. Antes que los reyes de 
Pérgamo y de Alejandria formaran 
Una competencia sobre cuál de los dos 
habla de tener mas núoiero de li- 
bros y de autores célebres , las obras 
no estaban adulteradas con falsos títu- 
los; pero desde el momento que Átalo 
rey de Pérgamo y Ptolomeo rey de 
Alejandria empezaron á pagar muy 
caros los libros, abrieron un anchuro- 
so camino á la codicia y á la ambición^ 
y desde entonces empezaron los falsi- 
ficadores de obras. Tal fué la genero* 
sidadde Ptolomeo en pagarla traduc- 
ción de la sa^rrada escritora^que remitió 
al Pontífice Eleazaro cincuenta talentos 
de oro, cien de plata , é infinidad de 

(úedras y vasos preciosos para servir á 
a mesa y al altar de los sacrificios. 
Véase, pues, las causas de las falsifica- 
ciones ae las obras de Hipócrates y de 
otros autores célebres; la inmoralidad, 
repito» y la codicia insaciable del oro.» 
Capítulo 2.® De la costumbre de 
los antiguos de escribir en pergamino, 
y del origen de la imprenta. 

No fue la menor causa de la depra- 
vación de los librosantiguos la costum- 



MEDICINA ESPAI^OLA. 



75 



bre de escribir eo UbUt ó en mem* 
braoas. Se lUman cartas de pergami'* 
no, porque las formaban de las pieles 
de miníales» y escribian primero por 
ooa cara y después por la otra, quitán- 
dole bien antes el pelo. Este uso turo 
su origen eti Pérgamo reinando Eu- 
meres, de donde tomaron el nombre 
de pergamino, j de las cuales biso un 

{presente á Roma el rejr Átalo. Se di* 
érencian las cartas de las membranas 
porque estas son de pieles y la^otraa 
de papel. También acostumbráronlos 
antiguos á escribir en las palmas j en 
las cortezas de ciertos árboles. EU mis« 
* mo Hipócrates escribió en pieles, las 
cuales se depositaron en el templo de 
Esculapio. Pero después del descubrí* 
miento de la imprenta en 1440 , fue» 
ron ya menos adulterados los libros^ 
porque se procurabe corregirlos , con 
la seguridad de que se babiao de pro^ 
pagar y ser leidos por lodo el mundo. 

•Capitulo 3.^ Del grande Htpóora^ 
tes, péidre, abuelo, hijos r nietos. 

Refiere Lemus la familia de Hipó« 
orates, según la espuso Peto en la car* 
ta aue escribió al rey Ataxerges, en le 
cual le daba noticia de todo su linage, 
de sus estudios , de sus conocimientos 
y de su gran ciencia en curar; 

En lo que* resalta mas la vasta eru* 
dicion del autor es en la ennumeracion 
de los grandes servicios qne biso el pa-' 
dre de la medicina en los pueblos con-, 
tagiados por la peste, y en la recopila* 
cion de elogios que le tributaron los 
hombres mas célebres de la antigüe- 
dad. En esta parte puede competir con 
el mismo Alberto de Haller. 

Capítulo 4.® De la causa de la cor-* 
rupcion de las obras de Hipócrates. 

Fiieron causas de esta adultera- 
cion el babe'r habido muchos Hipócra- 
tes médicos de su misma familia •, los 
malos copiantes , la tergiversación que 
bicierou hasta de sus títulos, y sus mis- 
mos hijos y discípulos qne promiscua* 
ron sus obras y sus opiniones con las 
de Hipócrates, resultando de esta he* 
terosfeneidad contradicciones manifies- 

I 



tas , hipótesis confusas , y una grande 
confusión. 

Capitulo 5.® De los libros publica'* 
dos por el grande Hipócrates. 

Según Lemus el libro séptimode las 
epidemias no es suyo: el quinto es de su 
hijo Dracon : el segundo , cuarto y 
sextOj aunque de Hipócrates, pero es- 
critos para su gobierno ó como para 
servirle de apuntes: el primero y ter<^ 
cero son verdaderamente bipocráti* 
eos: lo son igualmente, el de los aforis* 
mos; el de aguas, aires y lugares; los 
del régimen en las enfermedades agu* 
das; el de la naturalesa humana; el del 
juramento; el del alimento ; el de los 
humores; el de las heridas de cabesa y 
úlceras; el de las fracturas; el d]e la 
naturaleza del ni&o ; el de la ley ; el 
del parto seplimestre , y el de la su* 
perfetacion. 

Capitulo 6.® De los Ubros citados 
como de Hipócrates , jr que son de 4u 
femó Polibio. 

Estos son el segundo de la natura-* 
leza humana ; el de la naturaleza de 
los huesos; el de la dieta saludable. 

Capitolo 7.^ De los Ubros, citados 
como hipocrdticos , y que son. de su 
hijo Dracon, 

El libro quinto de las epidemias;'el 
de morbo sacro. 

Capítulo 8.® De los libros qu^ swi 
de su hijo Thesedo. 

El de las enfermedades; el de la ge- 
nitura, y el de los medicamentos pur« 
gantes. 

Capítulo 9.* Juicio de las prenO'- 
clones coacas y los Prorréticos* 

SaUm dos libros fueron escritos por 
los dos hijos de Hipócrates/ Thesalo y 
Dracon. 

Capítulo 10. Juicio acerca del libro 
de la dieta. 

Lemus atribuye este libro al medi* 
co Chondro, contemporáneo de Hipó* 
orates. 

Capítulo 11. Los demás libros quQ 
se atribuyen á Hipócrates no son su* 
yos , sino que deben referirse á otros 
médicos contemporáneos. Dichos li* 



76 



HISTORIA DE LA 



bros «OD el de los lagares del hombre; 
el de las glándulas \ el de las afeccio* 
oes ioteroas; el de las afecciones^ el de 
las carnes, y el de los flatos. 

Tienen, paes^ mis lectores on es- 
tracto de esta preciosa obrita, bastan* 
te para que conoscan sus principales 
ideas. Creo haberles hecho on obse« 
cruio, puesto que seria sumamente di« 
ncil el que pudieran haber á las ma« 
nos dicha obrita, ni saber su conteni- 
do, no habiendo hablado de ella el 
Sr. Hernandes Morejon. 

Ludoiñci Lemosii meJUci ac phüo* 
sopH, Salamantica philosophias pu' 
buce prqfessaris\ Paradoxanjan Úia^ 
lecticorum librí dúo ad Illustrissi^ 
mían , ac Doctissimutn D. D. Chris^ 
tophorum Felkun , etin sacra Theo^ 
hgUi meritusimum dfisisnaium, («So/- 
mantias, apudheredes Joannis a Junta 
JFÍoren.1558 8.*) 

Sin duda no rió esta obrita el sefior 
Hernández Morejon , cuando la da á 
conocer con el titulo siguiente: Para" 
doxarum, seu de erratis dialéctico' 
rum» JUbri dúo. 

En la dedicatoria í D. Cristóbal de 
Vela, le dice: «que hallándose de ca- 
tedrático de lóffica en la universidad 
de Salamanca, y observando los erro- 
res tan perjudiciales y funestos que 
algunos escritores de dialéctica iban 
publicando, no había podido menos 
de escribir este tratado, en el cual se 
baria únicamente cargo de los errores 
mas principales para rebatirlos , por* 

3ue de otro moao , si la juventud se 
ejaba posesionar de ellos j pudieran 
resultar grandes males (quAus si ado* 
lescentes m his artibus imbuerentur 
¡Dii immwtales guanta malu compa* 
rare videreslj 

En esta obrita presenta Lemas 
veinticinco errores de los principales 
61osófos del siglo XVL Los discute 
en capítulos separados y muy esten- 
sos. Ellos versan sobre la lógica y dia- 
léctica, cojra diferencia discote en un 
capitulo especial. Su contenido solo 
pcidia ofrecer interés en aquel siglo. 



en que la filosofía aristotélica estaba 
en su ap<^eo. En el dia no nos ofrece 
el mas mínimo; pero pueden consul- 
tarlo con provecho aquellos que deseen 
ilustrarse de la íilosofia de aquellos 
tiempos. 

Los principales autores á quienes 
se opone, es el famoso Nnftes^ filósofo 
valenciano, y á Ramos. 

Ludovici Lemosüj Philosóphias ad 
medicines olim Salanumticas publid 
prqfessoris , nunc tfero opidi de Lie* 
rena Medid jurati\ in libros Ga^ 
leni de morbis medendis Commentarii, 
nunc in lucem primum edUi. Ad Per 
illustrem ac Sapientissimum D. D. Pe* 
trum Portocarrero , Supremii Regfi 
ConsilU Senatorem cequissimwn. Sal** 
manticcB M.D.LXXXI ^Apudhere* 
des Matías GastiijfoUo* 

En la dedicatoria dice, que por es* 
pació de quince afios ense&ó publica* 
mente en la universidad de Salaman* 
ca los libros de Galeno. Después de 
esta dedicatoria, dirige otra á sus dis-* 
cipulos, con este título : mlms de Le^ 
musj a sus dhcmulos diseminados por 
todo elorbe.T» En esta les recuerda las 
esplicaciones que les hizo de las obras 
de Galeno en tantos años como regen* 
tó la cátedra, según los estatutos de la 
universidad : les recomienda su obra 
como lo mas selecto de sus lecciones 
diarias y de su feliz práctica. Les ase* 
gura que los catorce libros de Galeno 
estaban redactados con la mayor pre* 
cision en estos comentarios. 

Divide su obra en doce libros , en 
los caales comenta otros tantos de Ga* 
leño. Aun cuando pudiera parecer á 
primera vista que esta obrita seria des- 
tinada á tratar de las enfermedades, 
no es asi. Es en la majror parte histó- 
rica ; pero admira la vastísima erodi- 
cion que manifiesta en ella , 7 en mi 
concepto es uno de los libros en qae 
mejor se ha espuesto la historia bio- 
gráfica y bibliográfica de los filósofos 
y médicos antiguos, anteriores y pos- 
teriores á Galeno. 

Asi, pues, el que quiera ilustrai'se 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



77 



■obrseiti materia, podrá coOsnUarla, 
tegoro d« que encontrará en ella todo 
lo meior que Galeno eicribió en ana di- 
fasisioiaa obras: el que quiera consul- 
tarla lo hará preciumeote eo los siglos 
VTII j XI, en los qnc trata muy bien 
de algnnss enfermedades, especiaU 
mente de las calenturas. 

CammetOiaria in Gaienum áefacvU 
tatibia naturalibus , etc. (Salmantica 
1591. 4.* 

En este libro, como ya indica en el 
lítalo, trata de las facultades natnra- 
lea. Es an compendio de la fisiología 
galénica, fondada en las propiedades 
vital, animal 7 nataral. Lemas se dejó 
arrastrar eo esta obrita de la metafí- 
aica de Galeno ; sn lectura cansa, por 
las mncbas autoridades j teitos que 
intercala, JVada de particular ofrece.. 

Phisicte dan metüca, dUputationes. 
(Ihid.) 

Es nua cdeccion de cuestiones que 
H propone rest^rer como suplemento 
á las dadas j contradicciones eo que 
al parecer babia incurrido esponiendo 
loi doce libros ó comentarios Galeno 
de morbü medenáis, de que bemos 
hablado ja. Son en número de noTen- 



de su siglo. Sus obras, como bsn risto 
mis lectores, no ofrecen igual interés; 
mientras que describió so verdadera 
práctica, como en la obra del pronós- 
tico, se hace de admirar , porque en 
ella se ven citados á cada paso los tex- 
tos de Hipócrates, confirmados por Le* 
mus con obserraciones hechas a la ca- 
becera de los enfermos. Pero caando 
quiso seguir y comentar las teorías del 
médico de Pérgamo, se pierde en abs- 
tracciones é hipótesis, difíciles de en- 
tender. Puede decirse de este médico 
lo qae de Galeno dijo BoerbaTe. 2bi 
venta , fuit , ubi hippocraticus Jwt. 
Efectivamente ai uno se dedica á es- 
tractar de la obra de pre^cendi ratio' 
ne sus obiervactones prácticas , desen- 
tendiéndose de las teorías galénicas, 
aoe en su tiempo eran el alma de to- 
os los escritos médicos, podría repu- 
tarse dicha obrita como los monumm' 
los dt oro de ¡a medicina práctica. 

PEDRO DE PERAMATO, por- 
tugués, estudió la medieína en la oni> * 
Tersidad de Salamanca : fué discipub 
de Tomás Rodrigo Veiga (lib. de tem- 
peram. p. 77> vuelt.). 

Escribió TBriaa obras de medicina. 



78 



HISTORIA DE LA 



Uher dejitcultaiibus nostrum cor-* 
pus dispensantibus. Petro de PerO' 
maio Escelentissimi Ducis de Medina 
S/donia protomedico authore . San Lu* 
oar á Bcurrameda M.D. LXXI. 

Ea este tratado habla de ¡as faculta» 
dea del alma^ de aa inílojo en las faa-* 
Clones orgánicas «^ del origen y usos de 
los nervios. Prueba que son los con-* 
ductores de las impresiones recibida^ 
en los sentidos estemos, y que ellos 
vuelven ¿ conducir la determinación 
de la voluntad. Discute la cuestión si 
los espíritus animales se propagan y 
oorren solamente de los nervios ó con 
la misma sangre por las arterias. Es^ 
pJica el movimiento voluntario de I09 
músculos por la acción de los nervios» 
y sostiene que todo músculo que no 
puede moverse voluntariamente » ca-^ 
recé de nervio, 6 en caso de tenerlo, 
qué na está hueco. Divide los nervios 
en huecos, y en macisos ó sólidos: 
estos se distribuyen por tas partes en 
cuyas funciones no mandamos; y oque* 
líos en las que nuestra alma tiene do" 
minio. 

Hace aplicaciones de estas teorías á 
la cocción, i la circulación, al pulso, 
y á las escresiones. 

En medio de las ideas mas metafi* 
sicas y oscuras, emite el autor algunas, 
que sobre ser curiosas, ofrecen interés. 
Tal es la de que los nervios que sirveu 
para las funciones de la vida , en que 
no mandamos^ están sólidos, y no ca- 
minan por ellos los espíritus vitales; y 
por el contrario los que se ramifican 
en todos los órganos, en cuya movili** 
dad podemos mandar. Eáta idea no 
pasa de una hipótesi; pero á la yerdad, 
es ingeniosísima y nada trillada. Para 
mi ooufiesoque es nueva, y no recuer» 
do ningún autor que la liaya es« 
presado. 

ínclito y ac Magnánimo Principi, 
D. lUeJbnso Pérez de Guzman el 
bueno, Duci de Medina Sjrdoniaj Co* 
miti de Niebla , Marcfuom de Ca^' 
zaza j dignissisimo Almadravarwn 
Domino. Petrus ife Peramato , Me-. 



dicus de Semine Ubrum nuncupat. 

Este tratado es sumamente curioso: 
en ¿1 reúne todo lo mejor que hasta su 
tiempo se había escrito sobre el semen: 
discute cuestiones de algún interés, 
tal como si es necesaria la presencia 
del semen femenino para el acto de la 
concepción. Refiere igualmente mo- 
chos hechos cariosos sobre el coito de 
algunos animales , eápecialmente de 
los peces, de las aves y de los insectos* 
Sostiene que en el semen hay dos par- 
tes, una vital espirituosa, otra crasa y 
orgánica; aquella es el tdmaAe la icón* 
capción, esta el vehicnla ó sosten de U 
otra. Basta la primera para concebir: 
los hombres ya muy aebilitados por 
la edad ó por la repetición dé los actos 
venéreos, no hacen concebir, porque 
3e les ha consumido la sustancia es-» 
pirituosa. 

ínclito ac Maffianimo Printípin,.. 
etc. Petrus de 'Peramatus Medicas 
Ubrum hunc de homüus procreatitme 
nuncupat (Ib.) ' 

Se esfuerza en probaí* qub la muger 
verifica la eyacuUcion de su semen nó 
dentro de la cavidad de W matriz, 
sino en su cuello. 

En el 2.® capítulo desoribe perfec-* 
tamente la matriz y las membranas 
del felu: da la razón por qué las mu- 

Seres no tienen la menstruación estañ* 
o en cinta. 

En el 3.^ examina las funciones fi* 
siológicas que el fetns desempeña en 
el útero materno: asegura que en este 
caso no tiene mas que una vida orgá- 
nica. Discute si el fetus respira den- 
tro del seno materno , y prueba que 
no: defiende también que no escre-^ 
menta ni orina , porque no. se alimen- 
ta por la boca, sino de la sangre de la 
misma madre. Pone en duda si podrá 
sudar» y si la sustancia sebácea de qrue 
sale el niño cubierto , podrían ser los 
residuos de la transpiración cutánea. 
En el 4.* trata de la formación de 
los miembros. Establece que debe ser 
el corazón , porque dependiendo ios 
demás miembros de ¿1 , no pudieran 



-M- 






MEDICINA ESPAÑOLA. 



79 



esotir sin el cálor qoe lescomantcaba. 
En el 5.* habla del espíritu forma*- 
dorjr del tiempo que se invierte en la 
farmmden completa del hombre. 

Cree cjae en U coneepcion hay oa 
espirito creador que lodo lo rige j 
dispone según conviene: que engendra 
antes de la formación de las membra** 
ttas , tres borbnjas , destinadas nna 
para el corazón, la superior para el 
cerebro, j la mas baja para el nigadot 
que progresando la generación , estas 
barbotas se separan, y cada ona desar* 
rolla los órganos y miembros que le 
son propios. 

En el 7.^ trata de la posición del 
fetus en el seno materno^ 

En el 8.® trata de los partos antes 
délos siete meses» 

Cree que el fetus es viable de los 
leis meses en adelante. ReBere mu-* 
chas observaciones de médicos cele* 
bres 9 que aseguran haber vivido con 
perfecta robustez nrtichos nacidos an-* 
tes de dicho término; y entre ellas las 
dos siguientes: 

.«He conocido en Guadalupe una 
hoqestisima doncella, la cual, nabién* 
dose muerto el padre , llamado Anto- 
nio González, platero, se retiró i 
Qn convento, en donde vivió santa- 
meote. A los dos sños salió de él para 
casarse con un médico llamado Lez* 
cano, y á los cinco meses dio una niña, 
la cn»l , aunque costó mucho trabajo, 
se crió, y tiene ya 18 años (pág. 75)». 
Historia singular, 

«Aun es mas admirable la historia 
de una muger á quien conozco, castt<« 
sima j honrada 4 cual puede halier 
otra, la cual quedó en cinta el dia 19 
de febrero , y pasó bien el embarazo, 
basta que el 22 de junio , habiendo 
salido a vender leche, montada en una 
caballería, esta la dejó caer al suelo. 
Turbada y condolida del golpe, tuvo 
al momento una ligera diarrea; luego 
empezaron a dolerle los lomos, y i las 
siete Se la mañana del siguiente dia 
23 de junio abortó un cuerpo, de figu» 
ra casi esférica , y de magnitud como 



una cabeza humana, el cual envolvie- 
ron en una sabana y lo dejaron bajo 
de la cama como una cosa inútil, 
mientras atendían á la madre que se 
hallaba muy maL Las criadas, lleva- 
das dé la curiosidad mas que de otra 
cosa, cortaron con las tigeras la mem<»> 
brana que lo envolvía, de la cual sa- 
lieron muchas aguas , y en medio de 
ellas apareció una nifia, de largaria de 
tfiez y ocho dedos, pero tan sumamen- 
te tierna y tari ílaquita, que casi por los 
tegumentos se traslucía la sombra de 
algunas visceras. Al tomarla en las 
manos, arrojó alguna sangre por sus 
genitales, y vomitó nna porción de 
agua Verdosa, parecida i la de la bol^ 
sa. En los primeros dias se le dio la 
leche con un pistero: al tercero ya to- 
maba el pecho de nna nodriza. Em-- 
pezó a deponer unos escrementos ne- 
gros , fétidos V verdes , cuya evacua- 
ción le doró algunos días: la cabeza se 
le cubrió de postiIlas,de las que salía un 
liquido feiid{simo,y continuó gozando 
de poca salud. Llegó por Gn a la pu- 
bertad: vive todavía; es muy morena, 
enjuta de carnes, muy viva, desinque- 
ta, enojadiza, de nna imaginación viva 
V JFecnnda , y de una temperatura en 
extremo biliosa (pág. 76 vuelta).» 

En el capítulo 9.^ habla de hs par* 
tos de ocho, nuevCy diez, doce, trece 
y catorce meses. 

Prueba que los fetos de ocho meses 
son viables: en su confirmación refiere 
dos casos propios: «Vi en Córdoba, 
dice, á Doña Antonia de Bernni , pa^» 
rir un nifio de ocho meses no cumpli- 
dos, el cual vive. También Doña Blan- 
ca, hija del ilustre conde de Bailen, 
nació á los ocho meses no cumplidos, 
y cuenta ya 18 años de edad (pa« 
gina 77).» 

Prueba igualmente que aunque 
muy raros, pueden serlo los demás 
partos que anuncia en el tituló, y acon« 
seja i los legisladores y á los médicos 
que jamás decidan que es imposible 
(pag. 77 vuelta). 

En el 10 ridiculiza la causa del 



80 



HISTORIA DE LA 



parto natural como emanada ik hs 
astros. 

El autor se hizo superior en esta 
parte ¿ muchísimos de los mayores 
médicos 7 sabios del siglo XVL 

En el 11 se desecha la causa del 
parto, tomada de los números de Pi* 
tdgoras j r se señala la verdadera jr 
natural (Este capitulo es interesan* 
lisimo). 

En el 12 ¿por que unos partos na* 
tundes se aaelantani y otros se re^ 
trasan del término prescrito por la 
naturaleza? (Interesante). 

En el 13 51 ¿a computación del tiem* 
po del emiarazo se há de contar por 
meses lunares ó por meses solares. 

En el ^4 jamas deben dividir ¿e los 
huesos del pubis ni el sacro para dar 
la salida al niflo. 

Reprueba la sinOscotomia* 

Capitulo 16. ¿Por qué razón viene 
la leche a los pechos de la muser des* 
pues del parto, y por qué el mño sabe 
mamar desde el momento? 

G)ntesta que el niño naee yá eoseü* 
nado por la misma naturaleza y dota» 
do de un instinto» que pierde desde el 
momento que le salen los dientes. Con« 
tiene este capitulo idqas muy pre^ 
ciosas* 

Capitulo 17. De Ja semejanza de 
los hijos á los padres, a los abuelos y 
bisabuelos, y de las desemejanzas. 

No se atreve á decidir cuál sea la 
causa* 

Capitulo i8. De la superfetacion y 
de los muchos hijos en un solo parto. 

Admite la superfetacion. 

Capítulo 19. De la dignidad y es^ 
celencia del hombre sobre todos los 
animales. (Interesante). 

Apendix, quo docetur^ quidnatura^ 
le , quidie miraculosum in conceptio" 
ne,etpartu Domininostri Jesu-Chris* 
ti interfuerit. 

Establece que en- la concepción de 
Cristo hubo dos fenómenos uno natu« 
ral, porque la Virgen María prestó por 
una parte materia natural para ello; 
7 otro sobrenatural ^ cual fué la del 



Padre Eterno, que por medio det Es« 
pirita Santo practicó la virilidad, y 

Eor esta razón fue Jesucristo Dios y 
ombre; hombre por la parte de ma- 
dre. Dios por la de padre. 

Establece la cuestión si Jesucristo 
cuando fué concebido, fué animado en 
el seno materno, estoes, si se le infun- 
dió un alma, y esta cuando murió en 
la cruz si fué al cielo. Responde que la 
divinidad suplia por el alma. Elste ca- 
pítulo es sumamente curioso^ y podra 
consultarlo el que guste ilustrarse en 
esta materia» 

Ad eudoxum teologum qui ab auc* 
tore qumsiidt , (pjud naturale , quidie 
miraculosum fuerit in conceptione, 
qua S. jínna Firginem Mm^iam con^ 
ceperit. 

Elste tratadito es sumamente curio- 
so, y tanto en este como en el anterior 
sorprende la erudición del autor. Am« 
bos fueron aprobados por Fr* Lorenzo 
de Villavicencio^ 

Anad medid qfficiumpertineat as* 
trohgiam didicisse , quanti astrorum 
pentia sit habenda, etanin horóscopo 
visjüiqua sit habenda* 

Determinó al autor escribir esta 
obra el nacimiento de un hijo de Don 
Francisco de Zúñiga y Sotomayor, y 
de Doña Maria Andrea Coronel, con- 
des de Belalcazar , y cuyos padrinos 
fueron Alfonso Pérez de Guzman el 
Bueno, y Doña Ana de Córdova, mar- 

3uesa de Ayamonte. Siendo los padres 
e un ingenio muy agudo, y deseando 
saber que suerte lé espejar ia á su hijo^ 
trataron entre otras cosas de sujetar- 
lo á los horóscopos para que les digera 
la buena ventura. Pero habiendo con- 
tado antes con el autor, se vio en el ca- 
so de escribir este tratado í probar que 
los vaticinios astrológicos era una sar* 
ta de embustes y de mentiras. 

¿Cómo es, dice, que entre tantos 
horóscopos y profetas astrológicos, qíq. 
guno de ellos ha anunciado la horrorosa 
perdida naval que acaba de sufrir en 
este año el gran Turco, y nuestras glo* 
rias navales? 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



81 



' Imdi^ ac hutffrtammo Prineipi lile' 
Jbnto Pérez de Guzman el BuenOp 
etCé Petrus de Peramato medicas U" 
brus de regimine infantis et de regir 
mine pregiumtis et ¡merperoí nun^ 
cupat» 

Divide €8te traUdito en cinea cipi* 
talos. 

. Eo el 1.® espoDe el método de tre« 
lar i un ni&o recién oicido hasU el 
destete. (loteresaoüsímo^ pues segura* 
mente no se sigue eo el dia otra prác- 
tica que la indicada por el autor.) 

En el 2.*^ de la elección de la no- 
diiza. 

Espone las circunstancias que debe 
reunir una buena nodriaa (Interesan* 
tisioao). 

En el 3.^ de las, cualidades que debe 
tener la leche para ser buena. 

En el 4^^ enseña el modo de laclar 
los niños k falta de nodriza, j el trata- 
miento j régimen que oonfiene seguir 
f>ara aumentar la cantidad de tecne a 
a nodriza. . 

En el 5.^ enseña el modo de corre- 

5 ir la mala calidad de la Icche^ cuan* 
o no haya proporción de otra mejor. 
^ En el 7.^ demuestra el modo de di- 
rigir los niños hasta los catorce años, 
de guiarles por el camino de la virtud, 
y las ciencias que se les debe enseñar. 
¡Qué doctrina tan sublime contiene 
todo este capitulo! Sirva de ejemplo 
el siguiee te pasage • 

((Los niños de ambos sexos han de 
tener sus consocios \ debe proponérse- 
les un premio psra que los aplicados 
se estimulen, y los díscolos se animen 
á seguirlos : pero á estos no se les ha 
de obligar jamás con amenazas j con 
castigos , sino animarles con elogios j 
buenas esperanzas. ••«. No se han de 
entregar á un maestro brusco por mas 
sabio que sea , porque sus voces , sus 
reprensiones duras, sus amenazas j sus 
penas no servirán sino para otra cosa 
que para hacer á los niños aborrecer 
para siempre las letras. Con suavidad 



jF con dulzura se consigue lo que no 
con ezotes y con afrentas.» 

. En el 8.^ trata de las partes ó miem- 
bros que suelen salir de mas ó de me* 
nos al acto de nacer , del frenillo de 
la lengua , del labio leporino , de la 
oclusión de los párpados, de la boca y 
vulva, y del hermafrodismo. EUte ea- 
pituloes muy curioso por los muchos 
casos de supuesto hermafrodismo que 
refiere , tanto suyos como tomádeade 
diferentes autores» «Entre lo» suyos, 
es curiosa la hbtoria de nn niño míe 
nació sin miembro viril aparente \ fué 
clasificado por muger, pero'al cabo de 
algnnos años se desarrolló y salió á los 
genitales estemos. »•• En una monja de 
Santo Domingo el JReal de Madrid 
sucedió lo mismo, que después de ha- 
ber estado en el claustro muchos años, 
le salió el miembro viril. Despedido ya 
de monja de este convento , se ordenó 
de sacerdote (pág. 117).» 

Tractatus secundas de regimine 
pregnantis et puerpene^ 

En el capitulo 1.^ trata de las pre-^ 
cauciones generales que se han de to- 
mar para prevenir el aborto. 

En el 2.^ de las causas especiales pa^ 
ra evitar el aborto, según sus causas. 

En el 3.** de la calentura puerperal 

En el 4'^ de los caprichos de las em^ 
barazadas. 

En el 5.® de lo que debe hacerse en 
el último mes del embarazo. 

En el 6.^ de lo que conviene hacer 
en el acto del parto. . 

En el 7.^ de la estraccion del fe tus 
muerto. 

Eo el 8.° de la salida natural y es» 
tracción de las secundinas. 

En el 9.^ de la curación de las molas. 

En el 10 de los cuidados que recla- 
ma una reeien parida. 

De plenUudine et caohoclumia líber 
gui preámbulos est ad Ubram de eixa- 
cuandi ratione. Petro de Peramato 
protomedico Serenissimi ac EsceHen* 
tissimi Domini Alfonsi Pérez de- Guz* 



HlST. DE LA MeDIC. ESPAltOLÁ. — ^TOMO 2.^ 



11 



83 



HISTORIA DE LA 



nam ti Bueno ^ Ducis de Medina 5^- 
donia , auctare et dedicatore. Armo 
Dúmini 1576. San Locar de Barra'' 
n$eda» 

Admite un« plenitud de sangre j 
otra de fluidos : distiogae la plenitud 
en dos especies ad vasa , et ad afires* 
De sangre j de humores. Guando es- 
tos eseeden en cantidad á la sangre ¿ 
están alterados , resulta una cacnoehi» 
mia: si por el contrario , una plétora. 

Petri de Peramato de íuteuandi ra» 
tiane per sanpdnis misionem. 



La plétora exige la sangría ^ la ca* 
chochimia los purgantes : no convie- 
ne sangrar sino rarísimas Tcoes antes 
de los catorce aftos j después de los se- 
senta. La sangría debe hacerse en 
cuanto lo permitan las fuersas del en- 
fermo j la natoraleía del mal. En las 
enfermedades agudas conTÍcne que la 
sangría sea en bastante cantidad^ siem* 
pre que se orea deban practicarse mas. 
A veces una sangría de esta natnralect 
evita muchas. Se atenderá á la cos- 
tumbre del enfermo. 

Cuando tengan que administrarse 
purgantes en la cacfaoehimia, se eligi- 
rán aquellos que mas relación tengan 
con el humor pecante^ ya sea la bilis, 
la pituita j la melancolía. A vecea no 
obsta lacachochimia para practicarse 
la sanffría, r antes que las purgas. 

Dedica el penúltimo articulo á tra- 
tar del mecanismo de la sangría , y á 
esponer las reglas y preceptos que de* 
be tener presentes el sangrador. Este 
articulo es curioso, aun cuando no sea 
roas que por conocer la multitud de 
vasos de los que se sangraba en s« 
época . 

El ultimo tratado se reduce á lo que 
debe hacer el sangrador , cuando pi- 
cando una vena , interese nn nervio ó 
una arteria. En el primer caso dice, 
que si los dolores son mujr vehemen- 
tes y no ceden á los remedios , el que 
se aeabe de cortar el nervio \ y en el 
segundo propone los astringentes , y 
caso de no bastar, los cáusticos. 



Mis lectores aoaban de ver por el 
simple estracto de estas obras , qoe el 
autor es digno de 6gurar en la histo- 
ria de la medicina espaAola. Nada nos 
dice de él ni de sus obras el Sr. Her- 
nández Morejon, y seguramente bo 
entiendo la raaon de este silencio. 

BERNARDO CAJANES , natural 
de Barcelona , estudió la medicina en 
esta universidad. 

Estando pasando la práctica con el 
doctor Enrique Solano en el afio de 
1583, y habiendo llegado á su noticia 
la mala oostumbre que tenían algunos 
médicos de no tratar ninguna calen* 
tura sino por medio de repetidisimai 
sangrías^ coya viciosa práctica habiá 
tenido origen en la escuela médica va* 
lenciana, se propuso venir á esta capi- 
tal con el objeto de hacer sus obser^ 
vaciooes. Tal pensaba, cuandoen el es* 
presado afio fueron algunos disci pidos 
de esta universidad á Barcelona, r em- 
pezaron á tentarle á que llerase adelan- 
te su projecto, y ssi lo veriflcó. Llegado 
á esta ciudad siguió la práctica con el 
famoso Gerónimo Polo^ del cual dice» 
que si bien era de los médicos mas si- 
bies de Valencia , tampoco tenia «e* 
gondo en sangrar mucho (1). 

Tan luego como conoció la prácti- 
ca que seguian tanto Gerónimo Polo 
como la mayor parte de los médicos 
valencianos , regresó á Barcelona , y 
escribió una obrita con el titulo si* 
guíente. 

Adversus valentinos et quosdam 
altos nostri temporís médicos , de ra^ 
tione mitendi sangumem m febríbus 
putrídiSf Ubri tres. Bernardo Cizañes 
medico Barcinonensi Auctore* Ad 
prestantissimum phUosophwn et Me* 
dicum Hieronimwn Medióla. S* C. et 
jR. üf. inprindpatu Cathaloniw Ar^ 



(1) Da aquí partid la tqoívoetcioo del 
Sr. Htrnaodez Hortjop, coando dict: ««qat 
Cftjitoel eitodió It medicina tn Vtlaucia 
con ti famoso Garónimo Polo (Ob* cit. 
lom. 3.^, prfg. 3S0).» 



MEDICINA ESPAJ^OLA. 



83 






^hiátifff^ ei'ummrsUmis 'Si^rcüumen* 
sis Wicecancelorium. Barcjaumím 1592;. 
¡08.^ ■ 

. En U dedi^aloria se queja amarga*, 
mente de que siendo la medicihna U 
f iencia mas a?eoUjada y necesaria pa- 
ca la oonienraeion del genero humano» 
bqbiera Tenido i ser dafiosa por tañ- 
ías congeturas j por lanías o))iniones 
qué en ella abundan. «Vernos^ dice, 
que las enfermedades fueron tratadas 
por los antiguos por medios suaves y 
blandos; en él dia eslamoe Tiendo que 
muchos doctores las tratan 'tan torpe 
j bárbaraiAente , que puede ^Iccirse 

5ue eruei6ean j dislaceran para curar, 
on tan atrevidos en hacer sangrías, 
cose que los antiguos no practicaban 
sio una necesidad, que apenas bajr en* 
fermedad alguna que no la traten con 
repetidisimas sangrías. Por lo que po* 
dido ayeriguar, esta perniciosa gos« 
tambre tuvo su origen en la escuela 
de Yalencía, y me propuse coo6rmat 
«Él inicio paseando por dicha ciudad, y 
riendo curar á los principales médi^ 
iM>S'. Estando ,. pues , pasando la prác^ 
tica con el eruditísimo Enrique Sola- 
no; en el año de 1583, y habiéndome 
tentado algunos médicos jóveúes qu^ 
de: Valencia vinieron, me determiné 
á marchar á esta capital. Lle^ado^ émr 
pecé a pasar la práctica con Gerónimo 
Pola, el médico á la verdad el mlis 
instruido de Valencia , pero sin se- 
gundo en curar por las sangrías. En<v 
toncos tuve ocasiún de ver esta per- 
niciosa costumbre en Gerónimo Po^ 
lo, pues á ooánlós ebfermos se le 
presentaban con calentura , los san^ 

{jreba s sm atender al género , ni a 
a especie , ni á otras circunstancias; 
de modo que bafo el pretesto de que 
refrigeraban «el hígado, persistía en 
ellas hasta que la calentura desapa- 
recía, ó hasta que estraía el alma jnn* 
lamente con la sangre , y mandsba 
doee y basta quince satigrías en el es- 
pacio de dies dias. Y no solamente 
aengraban ándasmente en las calentu- 
ras^ %i también en otros que nó la te- 



nían, menospreciándolos jarabes y-Ids 
purgantes , los fomentos, y todos los 
clamas medios. Eunim cegrotis amni'^ 
bus i fehri cuaniumbis leífi corrBptís, 
sola febrís habita ration^, nuUa ge/ie- 
ris ipsius , nee causas , nec aUorum, 
venas sectío prcescribebatur : utpote 
^uam maximam jecoris refrigeratio^ 
nem^ perpetuo in ea persistentes doñeo 
velfebris vel anima abasgrotantis cor^ 
pore wue cum sangume éxtrueretur, 
adeo ut Scepissime ad Aiodecim imo et 
ad decimam quintam vence sectUmem 
decena dierum espolio pervenirenté 
Nec solum in/ebribus aut qféctibust 
auosfebres soient comnUtari ea mut' 
loties repetita utebantur, sed etíam üt 
alus qui absquefebre infestante kur 
morwnjluxwn statuent^s, sjrrupi^; et 
purgantibusmedicamentisjerme relie* 
tisjfbmentis ac lopicisrejectisj adauc' 
ter eodem precudio revetepont* Quap$ 
adeo audaces in vence sectüme se qS" 
tentante ni nuüumjeré liceat reperire 
morbum, cid ab iliis vente sectione re* 
petitanonconsulatur,^ 

Constan, pues; ya los motivos de 
haber escrito Ca janes la obra referida, 
protestando que al hablar con tanta 
libertad, no había sido su objeto de- 
nigrar la conducta de los médicos va- 
lencianos, sino combatir cK error y 
buscar la verdad. 

' Antes de entrar en materia , ni^m- 
bra los autores de que se habia valido 
para componer su obra; tales son Hi- 
pócrates, Galeno, Pablo Egiñeta, 
Aetio, Cornelio Celso, Alejandro de 
Trallas y Oribasio» 

A&ade que aunque pudiera haber 
citado a Avicena, Rbasís, y otros prin- 
cipales médicos árabes, los omitía por 
saber que los médicos valencianos eran 
muy poco adictos a estos, y pudieran 
sus aotorídtfdes plrestarles pbc» íév 

Divide su obrita en tres libros, y el 
primero de estos en 1 1 ca pitólos* 

Establece por base , que solamente 
se ha de sangrar en aquellas oalent»» 
ras pútridas en que haya múchtfre- 
plecioo y abundancia de sangre ; c{ne 



í 



84 



HISTORIA DE LA 



el «ügeto set joven j sangnineo ; que 
sobrevenga en yeranos secos, j el pulso 
sea frecaente y lleno ; pero cnando la 
calentura pcorenga de la mocha can» 
tidad ó mala calidad de los humores» 
en vez de la sangría se le deben admi- 
nistrar eméticos, si la enfermedad re* 
side en el estómago, y purgantes mas 
ó menos suaves, cuando en los intes- 
tinos. 

Dedica el 2j^ capitulo i deshacer 
las objeciones que le propusieron los 
médicos valencianos, con motivo de la 
opinión sentada en el capituló ante- 
rior. Trae en pro de sus asertos mu- 
chas autoridades de Hipócrates , de 
Galeno , y de otros médicos anti- 
guos. 

En el 3.* demuestra que la sangre» 
por mas alterada que la supusieran 
ios médicos valencianos , no indicaba 
la necesidad de sangrar. Con este mo- 
tivo describe una terrible epidemia 
de calenturas que' reinó en Barcelona 
en el afiode 1589; dice, todos cuantos se 
sangraron murieron , y los que cura- 
ron fué por medio de la triaca de Mi- 
tridates. Asi lo asegura de propia es- 
periencia, y de la del doctísimo Ro- 
mano Folguerio y de Gaspar Vexo, 
cuyos médicos asistieron en todo el 
tiempo que duró la epidemia (pá- 
gina 32). 

En el 4.^ contradice la opinión de 
los médicos valencianos , defendiendo 
que solo debia sangrarse coando la 
edad y las fuerzas del enfermo lo exi • 
gieran. 

' En los capítulos 5.* y 6.* trata de 
este mismo asunto» presentando algu- 
nas consideraciones sobre la edad y 
fuerzas del enfermo , y distinguiendo 
las fuerzas real y positiva de la apa- 
rente. 

En el 7."^ trata de la fuerza de la 
costumbre , para sangrar ó dejar de 
hacerlo. En este capítulo critica muy 
brusca é injustamente i los médicos 
Talencianos (pág. 70 y 95). 

Divide el segundo libro en 9 espí- 
talos, en los^uales contesta í los argu- 



mentoa que le objetiron los 
de Valencia. 

En el 3.^ trata de la hora en que' 
conviene mas practicar la sangría; la 
cantidad que debe estraerse; y ultima-' 
mente, que son perjudiciales tantas 
sangriss como hacían los médicos va- 
lencianos, pues muchas vecea se lea 
morían los enfermos de tan exhaustos 
de sangre y de fuerzas como los de- 
jaban. 

Estas son las principales ideas que 
contiene esta obrita. Está escrita oon 
elegancia y con mucha erudición : las 
razones que alega , y los hechos que 
revela, indican evidentemente que en 
aquella época se abusó de las sangrías* 
Pero induflablemente esta obrita ten- 
dría muchísimo más mérito, si Gajanes 
se hubiera producido con mas finura, 
y no hubiera criticado tan bruscamen- 
te á hombres^ que si sangraban mu- 
cho » seria porque su esperiencia y no 
la malicia les índocia á ello. 

No obstante de todo, la obrita do 
Gajanes es muy interesante , y honra 
la escuela de Bsrcelona. La concloyó 
á los 32 aftos de edad. 

FRANGISGO AGUILAR , natu- 
ral de Valencia , estudió la medicina 
en esta universidad , y en ella to- 
mó la licenciatura. Exasperado de la 
critica que Bernardo Gajanes habia 
dirigido á los médicos valencianos, se 
propuso defenderlos en una obrita que 
escribió con el título siguiente, y de- 
dicó al claustro de la universidad de 
Valencia, 

Pro Valentina Medkorwn SehoUtj 
adversas Bemardum Cajones, Barcia 
nonensem MeJScum. Dejebriumpu* 
tridarwn curatíone liber aucinore 
Francisco Aadlar Medico Valentino. 
Adamptis^ ñeip. valentinas Cónsules. 
ValentiiB Edetanorum Apud P/ulip" 
pum. Maj M.D.XCIF. 

El autor, antes de contestar al libro 
de Bernardo Gajanes, le dirigió una 
carta, que hace vez de introducción á 
au obra, en la que se queja con mocha 
razón de la critica tan mordaz con que 



M»i 



1 



MEDICINA ESPA^KHíA. 



65 



hibia tratado á los méciieos valencia <*•' 
nos. Le asegura que ea esta escuela de 
Valencia había tan buenos médicoa 
como pudiera baberjos en ia de Bar- 
celona: que estos despreciaban loa in* 
snltoa que lea había dirigido » .y no 
querían contestar á su obra. 

Aguilar no se propuso criticar i 
toda la obra de Ca janea, sino a ciertos 
capítulos, que son el 1.% 3.^ y 6*® del 
libro primero, j al capitulo 1.^ delae- 
gundo. 

Al decir verdad , esta obrita es de 
un mérito muy inferior á la de Caja- 
nea; y aun cuando el autor hiao cuanto 
podia y debia para librar á los médi- 
coa valencianoa de la nota de estrema» 
dómente sangradores, como decia Ca« 
janea, ain embargo , catán muy lejoa 
sus raxonea y autoridadea de deatruir 
laa alegadaa por su contrario. 

Hay algunos bistoriadorea, y entre 
ellos Halier, D. Nicolás Antonio y 
otros muchísimos , que aseguran que 
esta obra de Aguilar ea de Gerónimo 
Polo, á quien tanto criticó el médi- 
co barcelonés ; pero yo opino de otra 
nunera; porque el mérito de cata obra, 
eo sn lengua ge y en su erudición , no 
eonesponden á los grandes conoci- 
niientoa que en todoa ramos poseía Po- 
lo. Asi es que eligió para rebatir la 
parte maii débil de la obra de Caja- 
nes, como son los citados capítulos. 

ENRIQUE JORGE ANRIQUEZ, 
nació en la ciudad de la Guarda, en la 
prOTincia de Beira, en Portugal. Estu- 



dio la medicina en la universidad de 
Salamatica, y en ella obtuvo la cátedra 
de lector ordinario de artes. Pasó des- 
pues á Goimbra, y regentó como sus- 
tituto la cátedra de Avicena: á los tres 
aftos regresó de nuevo á Salamanca, y 
fué catedrático de prima en su univer- 
aidad. Su merecida reputación lo hizo 
acreedor á ser nombrado médico de 
cámara de D. Antonio Alvares de To- 
ledo, duque de Alba; y á que los poe-. 
tas mas distinguidos le dirigieran com- 
posiciones poéticas en loor suyo. 

Escribió De regfmine cihi atque 
potus et de cceterarum rerum non fia- 
turalium usu^ nova enarratio. (Sala^ 
fiMintica?1594,m8.°) 

Se propuso en esta obrita comentar 
el libro de Awcena sobre las cosas no 
naturales, para que pudiera servir de 
texto á sus discípulos. Es un compen- 
dio muy reducido de bigiene , suma* 
mente cargado de citas de Avicena y 
de otros árabea; de modo que si se le 
quitaran estas^ estaría reducido á muy 
poca cosa. No ofrece ningún interés 
para la práctica. 

Retrato del perfecto medico, dedi^' 
cadodD. Antonio Alvarez de To* 
ledo ) duque de Alba , compuesto por 
el ¡incendado Henrico Jorge Anri" 
{¡uee. {Salamanca, casa de Juan y 
Andrés Jtenaut M.D.XCF, en 4.<' 

Al principio de eata obra se hallan 
los dos sonetos siguientes^ de Lope de 
Vega Carpió. 



Deserive Tulio on orador discreto 
Virgilio un capitán fuerte y famoso 
Homero un desterrado cauteloso 
Ovidio un amor sabio y secreto^ 

Es de Valerio una Argos el concepto 
Muéstranos Plauto un milite glorioso 
Séneca enseña un Hercúlea furioso 
T Anriqueis pinta un médico perfecto^ 

Que los haya escedido heroicamente 
Conóaeese muy bien pues ha llegado 
Del perfección al mas profundo abismo. 

Pero quedar a mu perfectamente 



86 



B18T01VU DE LA 



El méilico perfecto retnUdo- ■ 
RetraUodoie Áoríqaex á 8Í mismo. 

« 

TraspaesU plantt al castellano suelo 
Del Teiituroso yuestro Lusitaoo 
A quien debe el -lenguage .oastelUiio 
Tanto como al ¡ctgénio^ al noUc celo 

Vende laurel, í)ue de la embidia el bUlo . 
T el largo tiempo ofenderán en vaho 
Ingenio milagrosa, pluma y mano 
Enriquecida del favor del cielo. . 

Embidie Tueslra fama y firme agraTió 
Que siendo vos si^ Aobiquec, enrriqtte,?&Ca 
La nuestra vuestra ciencia / escripturá. 

T al médico. perfecto heroico (jr sabio 
Que sois vos mismo, la una y jaotna ofreaca 
Fama inmortal^ para los dos segura^. 



El autor nos dice en su introducir 
Clon, como disculpándose y dando ana 
satisfacción al mundo médico , que le 
hubiera sido mucho mas fácil compo^ 
ner su obra en tatin que en castellano^ 
h) cuil le hubiera dado mas renom«v 
bre ; pero que lo hizo asi mas por el . 
bien común, que por el propio. 

Dividió su obra en cinco diálogos. 
Estos son entre el mismo Anriquez y 
un teólogo, arcediano de Coria • 

íL Dialogo 1 .^ Trátase de la yerda^ 
dera amistad, y cuan necesaria es la 
amistad del docto médico : mostraré 
cuan noble y antigua es la medicina, 
y cüáh útil á la república: que el mé* 
dico ha de ser temiente alSeflory muy 
humilde, y no soberbio y vanaglorio- 
so; que sea caritativo con los pobres, 
manso, benigno, afable, y no venga- 
tivo. Que guarde el secreto; que no 
sea lioguaraz, ni murmurador, ni li« 
ffonsero, ni embidioso. Que sea tem* 
plado> prudente; que no sea demasia- 
damente osado. Declárase que hace á 
los médicos el ser bien afortunados en 
sus curas: y á los capitanes en los su- 
cesos de las batallas: que sea continen- 
te y dado á la honestidad y recogido; 
que sea el médico dado á las letras y 
curioso: que trabaje en su arte y que . 
huya de la ociosidad : que sé^ el mé** 
dico muy leido, y que sepa dar razón , 



de todo. Declárase qué libros ha de 
haber leido el médico ; que imite al- 
gún docto varón; que no sea dado á la 
sopbisteQcia > sino á ^ciencia madura: 

3ue no buya las disputas aobre oosaf 
e su ciencia: cus^niO' da&o hacen loi 
imperitos vulgares que quieren curar 
y usar de álgebra^ y como debían ser 
pungidos^ Muéstrase el poco cuidado 
que tienen las justicias en castigar á ips 
que mal profesan este arte , y lo- mal 

3ue hacen en premiar al indocto mé- 
ico, como al docto , lo cual es cansa 
de que la medicina tsn poco florezca^ 
y no haya muchos sabios en ella* 

An Dialogo 2.^ Trátase de que e) 
médico debe haber tenido buenos pre* 
ceptores, y que debe tener el ingenio 
que pide ¡a medicina* Declárase cuá- 
les han de ser los preceptores del mé- 
dico, que haya estudiado con orden, 
largo tiempo» y fuera de su patria; que 
tenga esperieocia. Dispútase si ha de 
ser muy v¡e)0 ; que tenga el médico 
buena memoria. Trátase de la repe- 
tencia de Us fiebres intermitentes : y 
del beber frió , y cuánto vale el buen 
juicio en el médico. De qué estatura 
debe ser ; qué.linage de gentes dige- 
rou. algunos tener ingenio mas acomo- 
dado para la medicina. Que sea el 
médieo de buen rqstro. Que sea retó- 
ricOr . 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



87 



^DuUogo' 3.® Vaélvése i encomen^ 
dar al médico la bamildad. Qué ves* 
tídosea al médico mas decente. Que 
sea el médico limpio; que tenga buen 
anélito* Si es bien que el médico beba 
vino. Qae haya de la ociosidad. Qoe 
no ande en combitcs: qoe sea te^pU-* 
do en el comer. Que sea honesto. 
Cnanto daño hace la lojoria á las obras 
del entendimiento: cómo se hnirá de 
este vicio« Que sea el médico celoso 
de sn honra: qne había de haber pre* 
mioB, con los cnalea no defaria de ha** 
ber hombres doctos en la medicina. 
Qne sea el médico grande latino, grie* 
go, j qne tenga conocimientos en la 
arábiga. Qne sea astrólogo. Tráctanse 
coses pro astrólogos et contra astrólo* 
gos> jr de sos pronósticos. 

mÓidlogo 4.^ Trátasele qne debe 
ser el médico muy cierto en sns pro* 
nósticos. Qoe para el médico ser per- 
fecto ^ es necesario qoe ^tún buen 
crédito , f de él tengan eoonaosa los 
enfermos. 

«Qne el médico sea en sos corss abs- 
tero«Cuán provechosa es la consulta en 
la medicina* Qoe sea el médico de gen* 
te honrada, que sea pacifico, qoe debe 
ser anatomista j buen ciroíano; si es li- 
cito hacer anatomía en cuerpos de bom* 
brea. Declárase el adagio quarta luna 
naius: trátase qué cosa es cura regular, 
cómo se ioTcntaron los remedios de la 
medicina en las enfermedades. Trá* 
tase de la TÍrtud ▼ propiedad de mu- 
chas coms naturales , lo cual importa 
al médico saber. 

nDidhgo 5 .® Trátase de que suce* 
den muchas enfermedades en castigo 
de nuestros pecados. 

«Que el médico haga recibir á los en> 
fermos los Sacramentos de la Santa 
Madre Iglesia , y repréndese la negli* 
gencia que algunos tienen en esta par* 
te. Trátense muchas cosas de astrolo* 
gia necesariss al médico. Soéltanse 
muchas dodas qoe se posieroo en el 
coarto diálogo. Qoe es licito al médico 
tomar un poco de recreación siendo 
honesta, y esta cual parece será mejor; 



Íiie no le es licito ¡ugar á los nsipes. 
luán torpe vicio es la mentira. Cuán- 
to debe el médico huir de ella : qoe es 
necesaria al médico la peregrinación. 
Que debe ser cosmógrafo : que debe 
tener muchos libros: que haya leido y 
sepa muchas historias ; que tenga al- 
gún conocimiento de música : que sea 
poeta latino. Dispútase cómo cono* 
ció Hipócrates las enfermedades : trá* 
tanse muchas cosas de la ira : cuán- 
to daAo hace & las obras del enten- 
dimiento T hará al médico : que sea 
útil al médico saber de fisonomías: que 
ha de saber el médico las matemáticas, 
principalmente aritmética y geome* 
tria: que es necesario ser médico día* 
láctico y filósofo: que sepa filosofía mo- 
ral y metafísica: qué tiene de hacer en ^ 
las enfermedades de suyo mortales: 
que se psgue al médico su trabajó: 
cuál fué el primer médico que puso á 
la medicina precio: hádese mención de 
grandes salarios qoe tuvieron algunos 
médicos: trátase cuál ha de ser la bue- 
na cura: qne es supersticioso el uso de 
las sortijas: si se pueden curar las en- 
fermedades con solas palabras. Tráta- 
se por qué produjo la naturaleza los 
venenos, y de qué manera son: que no 
use el médico de suertes: que será pro- 
vechoso al médico docto salir de su na- 
tural y porque la patria suele ser las 
mas de las veces madrasta de los bue- 
nos ingenios.» 

Tal es el resumen literal de las ideas 
mas principales que contiene cada diá- 
logo» y que sirve de epígrafe ó titulo á 
cada uno de ellos. Confieso qoe me hu- 
biera visto muy embarazado para for* 
maryoeleslractOy pues son tantas, tan 
preciosas y tan interesantes las ideas v 
nechos que contiene, que no sé á cual 
hubiese dado la preferencia. Asi como 
las autoridades y citas qoe hace de 
Avicena en la obra anterior hacen su 
lectura muy fastidiosa y cansada, por 
el contrario los de ella son muy curio- 
sas, interesantes y científicas. 

Creo que esta obra del Perfecto 
debiera reimprimirse tal como 



88 



HISTORIA DE LA 



€slá^ ptra que fuera mu conocidaxie lo 
que«s. 

El señor Hernaodes Mprejoa al ha« 
blar de ella, solo nos da noticia de lo 
contenido en el priofier diálof^o. 

ALFONSO rodríguez DE 
GUEVARA nació en Granada, 7 esta- 
dio la medicina en la academia de esta 
capital. Antes de concluir la carrera 
pasó á Italia , llevado de loa deseos de 
ilustrarseen anatomía, ¿ la cual se ha- 
bía dedicado con especialidad. En Ita- 
lia se asoció con nuestro Juan de Vi- 
llaverde , y aun hajr fundamento para 
creer que le ajudó a componer la obra 
de anatomía que escribió en Roma en 
1551 y de la que hablamos en otro 
lugar. 

Regresó* á Espada impuesto perfec- 
tamente en anatomía, j fué nombra- 
do catedrático de anatomía en la uni- 
versidad de Valladolid, en la cual da« 
ba algunas lecciones sobre el cadáver. 
Últimamente pasó á Goimbra de mé- 
dico de la Reina Doña Catalina , en 
cuyo destino murió. 

Escribió la obra siguiente* 

AlphonüRod. de Gtteuara,inaca'* 
demia Commbrícensimedkceprqfesso^ 
rís et IncUtcB Regina medici^ inpbirí» 
bus ex üs , quibus Galenas impugna^ 
tur ab Andrea Vessalio Bruxlensi in 
constructione et usu partium corporis 
humani, defensio: etnonnuUorum, qum 
in anotóme deficere videbantur supple- 
mentum. Coimbra 1559, en 4.^ 

El señor Hernández Morejon al ha^ 
blar de este médico granadino, se es- 
fuerza en probar que el impulso que 
se dio á la anatomía en España en el 
siglo XVI j no fué debido al célebre 
Andrés Vesalio, sino á nuestro Rodrí- 
guez de Guevara. En su confirmación 
apela al prólogo de su obra , que nos 
traduce, y es como sigue. 

(cPuesto que al tratarse de la ciencia 
anatómica, á mi mejor que á otros 
profesores de España toca el desempe- 
ñarlo, hé aquí, amado lector, el pe- 
queño fracmento que publico de mis 
tareas, y que debe tenerse como el 



anuncio de mí futura edición aeerca 
de los comentarios á loa diei y siete 
libros que esoribió Galeno del oso da 
las partes. 

«Habiendo, pues p pasado doa áftoa 
en Italia, adonde me trasladé con el 
objeto de perfeccionarme en la anaUH 
mía, esta es la razón por qué heeono- 
cido la grande utilidad que se saca de 
su estudio ; y no be podido menos de 
compadecerme de mis compatrietaa 
los españoles , -que , ó han de «hacer 
como yo este viage, ó de otro modo 
ignorando esta parte de la medicina^ 
ósea la anatomía, no pueden menos 
de verse comprometidos mas de una 
vez. Por tanto, juzgando poco noble 
aprovecharme yo solo de estotf cpnoci- 
mientos, y no valerme de la ocasión 
que se me presentaba de dar á la hu- 
manidad un testimonio de mi buen 
deseo, juzgué que se debía procurar 
por todos. los medios postbles que se 
instalase una cátedfa de esta facultad 
en nuestras academias española»; A cu- 
yo efecto me presenté en el regio se- 
nado , donde espuse mis deseos al 
príncipe Maximiliano, que á la sason 
era el encargado de los negocios de 
España, y conocí que se mostraba pro- 
picio. 

«Después encontré á muchos y muy 
famosos profesores de medicina que 
estaban animados de mis mismos de- 
seos, si bien los creían impracticables^ 
porque tenían presente que muchos 
10 habían intentado, pero que ninguno 
lo babia conseguido. Sin embargo, su 
deseo y mí confianza tanto se acrecen- 
tó, que ni ellos ni yo omitimos medio 
alguno para lograr nuestro objeto. T 
asi enterado el tribunal supremo de la 
utilidad y necesidad de la ciencia por 
la razoif ya espuesta , se me entregó 
un decreto (intercediendo para ello el 

Erocorador del fisco), por el que se 
izo presente ¿ las universidades de 
Alcalá y Salamanca, para que reunidos 
en junta los maestros, examinasen el 
asunto con premura , y respondiesen 
con su acuerdo, decretado y aeUado 



I 



I 



M5J)ICINA ESPAÑOLA, 



89 



QOn el sello público. Ea cujas acade- 
mias faeron de opinioD que la aoato- 
mía DO solo era útil y necesaria á los, 
cirujanos^ sino también á tos médicos, 
y lo hicieron saber por cartas al mis- 
mo Principe y al Pretorio, las que 
leídas, y previa la licencia del Pretor, 
y estando todo corriente , se instaló, 
con no poco ausilio de la justicia, una 
cátedra en la universidad de Vallado- 
lid, la que 'después de pasados setenta, 
dias (i pesar del gran número de sa- 
bios competidores que alli como por 
casualidad se babian reunido), sin to- 
mar ningún parecer á los estudiantes, 
me fué encargada solemnemente. En 
el primer curso, que duró veinte me* 
ses, fué mucbo el concurso de peritos 
e;n las lenguas , de profundos filósofos 
muy prácticos y eminentes en su fa- 
cultan, los cuales hacian tanto aprecio 
de los escritos ágenos^ como desprecio 
de los suyos propios, ridiculizando las 
sandecei de la baja plebe; y otros mu- 
chos, no tan sabios ^pero que también 
enseñaban públicamente), fueron im- 
buidos de las ideas anatómicas \ pero 
dejo'el referirlo á otra pluma qoe no 
sea la mia» por si en algún tiempo al- 
guno quisiera con maldad aprovechar- 
se de esta gloria» 

.((De su asistencia mas fruto saqué 
yo qoe ellos, porque nadie sino ellos 
era capaz de presentar unas dudas tan 
sutiles y unos argumentos tan agudos, 
ni nadie era capaz de dar las respues- 
tas que ellos a sí mismos se daban; 
siendo de advertir que la mayor parte 
residían en la corte del rey D. Felipe, 
ó en la universidad de Valladolid. 
Ademas fuimos favorecidos con el tra- 
to de otros que el cruel hado nos arre- 
bató, por ejemplo aquel sapientísimo 
Céspedes, digno profesor de la cátedra 
de medicina de por la tarde (respeta- 
ble por su venerable canicie y por su 
opúsculo de ossihus)^ que honró nues- 
tra cátedra, asistiendo desde que se 
instaló hasta el último dia de su vida; 



i 



r. 



el no menos docto Ledesma, quien 
abiendo consumido muchos años en 
Alcalá resolviendo dudas acerca de la 
medicina, desempeñaba entpnces la 
>laza de primer médico de cámura en. 
a corte ael César, al mismo tiempo. 

3tte la de censor de la malvada beregia, 
igna recompensa de su méritq. Tam- 
bién se hallaban presentes con su dis- 
tinguida erudición los doctoresRodrigo 
y Juan <le Peñaranda, catedrátieospu- 
laucos y perpetuos, asi de medicina, 
como de filosofía» El brillantísimo 
doctor Cartagena , médico y atchaiea 
del maestro de loa caballeros de Es- 
paña, el benignísimo D. Pedro López; 
el muy sabio doctor Madera, que ahora 
goza el empleo de médico de cámara; 
el doctor Daza, Santa Cruz, León 
Nuñ^z Pérez; para decirlo de uqa vezjf 
los muy sabios licenciados San Pedro, 
Santa María, Medina, Yeotu^a^ Ma- 
yorga, el doctor Torres, Losa , y Al-t 
varado. Añádanse á los ya dichos, va- 
rios que en otro tiempo con honradez 
y gran provecho , dieron al Estado 
pruebas meqoívocas de un escelente 
carácter, acompañado de virtud v de 
talento, entre los que se halla el doc- 
tor Sahagun > y el licenciado Pedro 
Eoriquez, sustituto de la primera cá- 
tedra de medicina ; Salvatierra, Am- 
brosio Enriquez, profesor de filosofía, 
Elscobar y Segovía. ¿Y qué diré del 
sabio práctico colegio de cirujanos? 
¿podré hacer mas que nombrar al sa- 
pientísimo licenciado Torres, al ba- 
chiller Torres, á los licenciados Arias, 
Sosa y Herrera? Mas para comple- 
mento añadiré dos que á propósito de- 
bía de omitir su recuerdo, el del uno 
por no aumentar mi profundo senti- 
miento , y el del otro porque bajo su 
tutela debia de concluirse la oLsyor 
parte de este tratado. Elstos son el res- 
petable doctor O&ate, que á la verdad 
era como la mitad de mí mismo, y el 
insigne doctor Montaña, el/¡ue siendo 
ya de 70 años, y estando molestado 



HlST. DE LÁ MeDIC. española. ToMO 1 •* 



n 



90 



HISTORIA DE LA 



ik tena rebeldísima gota » hallándose 
coronado de innumerables laureles 
médicos f y ageno de toda inanidad, sin 
perder una, asistió a todas mis teccüh 
nes » haciéndose lle%far al efecto en 
una silla de manos\ to que • U verdad 
tanto chocó á lis primeras noUbilida- 
dea de Espa&a, que unidameiite, j 
con grande placer , prorumpieron en 
un elogio singular, con lo que dieron 
un testimonio de no quedar nada que 
desear á los médicos espaftoles que con 
iraál solicitud pretendiesen conseguir 
el mismo 6n. 

«Pero ja es demasiado prolifo mi 
prefacio. Conelotré , pues , diciendo 
qae JO mas que ningún otro profesor 
estoy obligado á propagar la anatomía 
en ISspafia ; lo uno porque be sido el 
primero entre ios castellanos que be 
planteado sus cimientos, j tn secundo 
fugar que todos los mécfieos celebres 
tienen puestas sus miras en mi, espo- 
niéndome justas rasooes « con las que 
me instan, para que separando j esco- 
giendo de todo lo que yo bajrá oido 
aoerca de esta nueva ciencia , lo mas 
selecto , lo escriba con premura para 
que el Tulgo se entere mejor , 7 a las 
que no puedo ya menos de ceder , si 
me he de mostrar agradecido con mis 
muchos fa¥orecedores.(En otro obtuve 
no poca alabanza y aprecio del invicto 
rey de Espafta D. Felipe U antes que 
partiese para Inglaterra-, y nuestro au- 
gusto Juan III, rey de Portugal, i pe- 
sar de ser estrangero y desconocido, 
me confirió una cátedra doUda con 
grandes rentas , y varios otros honores 
no despreciables). Sin embargo, hube 
de esponer alguna raion , cuando por 
falu de un escultor que me hiciera 
unas fiegnras honestas que representa* 
sen todas las formas del cuerpo huma* 
no, no pude publicar una oora com- 
puesta brevemente en estos cuatro 
afios, por lo que creí que debia since- 
rarme y vindicarme , puesto que no 
me lo impedian los honores. Mas para, 
mostrarme de algún modo agradecido, 
juagué que nada mas cómodo y mas 



del gusto de los sabios podía escoger 
que de algunas obras que tenia ya ha- 
eia tiempo compuestas, publicarlas 
dispotas y controversias acerca de la 
fábrica y uso de las partes del cuerpo 
humano, entre Galeno y Andrés Ve- 
salió , diestrisimo anatómico , que ha 
tomado de nosotros algunos conoci- 
mientos: lo que mas de una vea moles- 
ta á los amantes de la verdad y secua« 
ees de la verdadera filosofía. No tra- 
tamos en el discurso de este opúsculo 
de todos los miembros por su orden, 
sino solo de aquellos en cuya situación 
y sustancia , nacimiento ó inserción, 
circunscripción ó uso intervienen al- 
gunas dudas , dado caso de que en la 
humana fábrica encuentren semejan- 
tes miembros. Porque el hacer un pro« 
longado examen de los errores en que 
incurrió Galeno, engaftado por la for- 
mación de otros animales , lo dejamos 
para cuando tratemos de este asunto 
en nuestros comenUrios á los libros 
del uso de laa partes. Recibe , puea, 
benigno lector, este opúsculo con afec- 
to, y disfruta de nuestro trabajo. . 
«En una palabra, aunque lo que es* 

fulleamos en la fábrica no lo tratamos 
ñeramente , ni dejamos en claro las 
significaciones de las palabras, nues- 
tro ánimo no ha sido mas que el de di- 
rigirnos á aquel que no desconozca la 
fábrica del cuerpo humano. 

«En el gimnasio de Goimbra y ca- 
lendas de abril del afto de Cristo de 
1559.11 ' 

El señor Morejon al dar á este pró- 
logo mas importancia de la que real* 
mente tiene , no debió olvidar que 
Juan de Amuso Val verde habia escri- 
to un tratado completo de anatomía, y 
no como Guevara que escribió un muy 
corto compendio: un pequeño /rag'^ 
mentó, y como el anuncio de su futura 
aUcion acerca de los comentarios d los 
diez y siete libros que escribió Galeno 
del uso de lasvartes (como dice p« 1 .*); 
un libro, en pn, dirigido d aquel que no 
desconozca la fábrica del cuerpo ku^ 
' mano (pág. 3.*)« 



■^ 



MEJDiaVá ESPAJ^OLA. 



91 



Debió reoordtr que Bernardino 
Mon4«ft« de Mooaerrale poblieó otro 
traUda general de anatomía, y del qae 
ja lieoen nolíeía mía léctorea « en el 
a5o de 135 1: qoe Pedro Giioeno lo 
babia eaoritoeD 1549; Luía Collado en 
155 U J todoa eacriloa á preaencia» di"» 
gámoalo aai , de loa cadaTerea en laa 
noireraidadea de Alcalá j de Valeneia« 

No pnedo conciliar lo que dice Gue* 
▼ara y que Bemardmo Montaña sien* 
do de setenta añas, y estando molesta* 
do de uña reheldisima gota , asistió d 
sus lecciones haeiéndose ¡levar al efec* 
to en una silla de manos. 

Cuando Rodrigues de Guevara em* 
peió í enaeftar la anatomía en Vallan 
dolida Bemardino de Montaña cataba 
en Barcelona , aegun ae colige del pa- 
aa|^ aiguieote* Faj^a d F'aUadolid, 
donde agora nuevamente se comienza 
a hacer por el bachiller Rodríguez c>* 
rujano (Bernard. de Moni, ob.cil», to 
proem. fol. III). Creo , puea , que no 
debe aer exacto lo que dice el autor. 

Dividió au obra en doa partea ó li- 
bros ; aubdividió el primero en doce 
capítulos, 7 el aegundoen diez. En elloa 
trata de algunaa partea del cuerpo bn«* 
mano en eapecial : la mayor parte de 
las ideaa que preaenta eatán tomadaa 
de la obra de Yalverde , de manera 
que jro reputo la obra de Bodrignes de 
óuevara como un compendio de Ja de 
aquel. 

FRANCISCO FRANCO, natural 
de San Felipe de Játiva (fol XIX), 
estudió U medicina en Alcalá de He« 
nares bajo la dirección del famoso doe^ 
tor León (fol. XXXVII); en ella tomó 
la borla de doctor » jr a poco tiempo 
fué nombrado catedrático de medici*» 
na en la misma (fol. X). Desde Espa<» 
fia pasó á Coimbra, .en la cual se le dio 
una cátedra de materia medica , en 
cuyo desempefto se adquirió tanta ce- 
lebridad, que era concurrida de laa 
peraonaa maa científicas y de mas alta 
categoría, aegun manifiesta el siguien* 
te paaage: «y en la división de los ve- 
nenos gasté yo una liccion en Coim- 



bra, oyéndome el Ilustrisimo Pompe* 

So Sambicario , Obispo Belunense* 
funoio de Nuestro Padre Santo en la 
corte de Portugal , y con su señoría 
venian loa señores Rector D. Manuel 
de Meneses y D* Fulgencio» y el Obis- 
po de Coimbra D. Juan Suareí, y el 
conde, loa cuales quedaron maravilla- 
dos cuando oyeron hablar de tantas 
clases de venenos (fol. XXIX).» 

Esta miima reputación le propor- 
cionó á que el rey de Portugal lo lla- 
mase para decidir una cueatioo habida 
entre sus dos médicos» sobre las virtur 
des de una planta , cuya satisfactoria 
contestación y feliz resultado le mere- 
ció el nombramiento de médico de cá- 
mara, con alojamiento dentro del pala- 
cio real. «Su Altesa mandó que me 
Uamaaen para que yo digeae mi pare* 
cer; y llegado, me dijo uno de los f¡- 
sicoa que el rey qneria aaber mi pare- 
cer en aquella dincultad, y digela toda 
en latín, porque con este lenguage 
Su Akeza se holgaba (1); y resolví 
que no era cáustico, de manera que ae 
le aplicó al Kej, y el sncseso fué prós- 
pero, y el serenísimo Rey me híio 
merced de darme la nombradla de su 
físico (fol. XIII).a Estandoen Coimbra 
encontró la yerba llamada escordio. 
«Andando una tarde en Coimbra pa-_ 
aeandocon unoa amigos discípulos, de» 
tras de S. Francisco junto á una fuen- 
te baja, vi una yerba pequefika» cogila^ 
y dígeleaá los estudiantes: no habernos 
empleado mal la tarde , pues hemos 
encontrado el escordion> yerba rara y 
de mucha virtud (foL XXIV).» Dio 
también á conocer en Coimbra lapm- 
pénela. «Esta yerba cofA muchas ve- 
ces en pefiascos y paredes antiguas en 
la hermosa Coimbra, seftaladamente en 



(1) ¿Qeé hubiera dicho el rey de Por* 
tugal ti sos médicos le hnbieseo propaeslo 
uo plan de eslodios médicos , en que se 
proscribía la leegaa UUna? Aquel siglo no 
ara «I do la ilustración: no era el XFX:¡era 
eu Portugal ! 



92 



HISTO&U DE LA 



el circuito de unt croe qoe está pues» 
ta sobre un peftasco, saliendo de la ciu- 
dad » camino del Espíritu Santo (fo« 
lioXXIV).)! 

Después de estar en Portugal seis 
aikos y regresó á Elspaña ,j se estable- 
ció en SeTÍlla, en cuya universidad re- 
gentó una cátedra. Con motivo de cor- 
rer voces en esta capital de haber pes- 
te en Utrera , fué comisionado por el 
ayuntamiento para pasar á esta ciudad 
e informarse de sus médicos si habia 
tal peste ^ j su naturaleía. De a<{ui 
tomó ocasión para escribir una obra 
de esta enfermedad en castellano^ afta- 
diendo que lo pudiera hacer mejor en 
latin; pero como en tiempo de peste 
los físicos principales suelen retirarse 
j poner en cobro sus personas , pare- 
cble mas conveniente escribir este li- 
bro en lengua castellana, para que 
cada uno en su casa puedaa provechar- 
sede él en tiempo de tanta necesidad 
(in dedicat). 

Escribió dos obras, la primera con 
el titulo siguiente: 

Libro de enfirmedades contagiosas, 
jr de la preservación deltas» Com^ 
puesto por Francisco Franco, médico 
del Serenísimo rey de Portugal ^ y ca- 
tedrdtico de prima en el colegio ma^ 
yor de Santa María de Jesús y uni* 
uersidad de Sevilla. Sevilla 1569, 4.<» 

En el primer capítulo trata de al* 
gunas precauciones que se han de to- 
mar para preservarse de la peste; en- 
tre ellas aconseja á los que no tengan 
obligación por sus oficios de perma- 
necer en los pueblos apestados el que 
huyan pronto, lejos» j vuelvan tarde. 

En el 2.® trata de las causas de la 
pestilencia. 

Reputa como la principal de ellas 
el aire viciado j corrompido : admite 
el contagio de estas enfermedades. 
«Resolviendo este negocio en pocas 
palabras, dice, la salud es la que no se 
pega, y la enfermedad se pega.» 

En este capitulo trata del origen j 
motivo de haber posos en la ciudad de 



San Felipe de Játiva ; dice asi: «Los 
comuneros qoe estaban dentro de Já- 
tiva , que es una ciudad muy princi- 
pal en el reino de Valencia , de donde 
soy natural, temian que los contrarios 
no les tosicasen el agua... de dos fuen- 
tes muy principales que venian á la . 
ciudad.... y entonces que estuvo cer- 
cada Játiva del ejército del Viso-Rey 
de Valencia , no les echasen ponaoña 
en las aguas, determinaron laorar po- 
sos, y no beber de otra agua , y por 
esta razón en casi todas las casas hay 
fuente y poso (pág. IX). v 

También refiere en este capitulo, 
que hallándose de catedrático en Al- 
calá de Henares, en 1543, se padeció 
una horrorosa peste en los pueblos 
cercanos á la corte , y aun dentro de 
ella , motivo por que pasaron los reyes 
á moraren Alcalá. Con este motivo se 
hicieron secar los pantanos que había 
en las cercanías de esta ciudad, con lo 
que ganó mucho el pueblo; aftadiendo: 
«Esta era tan mal sana, que era la se- 
pultura de los estudiantes navarros y 
aragoneses y viscainos, porque no po- 
dría contar los que en pocos a&oa allí 
acabaron sus vidas , y la lástima era 
que morian poco antes de concluir sus 
estudios (fol. XI vuelto).» 

También habla del carácter prin- 
cipal que marcaba esta peste, «cual 
era la salida por todo el cuerpo de unas 
flores negras , azules, verdes, blancas 
y rosadaa , aue en Castilla llaman ta- 
bardete ó tabardillo; en Portugal bre- 
toeja ; en Valencia pulgón ; en latin 
morbus pulicataris (fol • ib). » 

Entre otros síntomas malignos de la 
peste, reputa el frió estremo que sien- 
ten los enfermos en las partes esterio- 
res de todo su cuerpo , y el incendio 
que por dentro les devora. 

Con este motivo refiere un paiMee 
de una obra de un catalán llamado 
Auxias Marek, diciendo, que era dig* 
na de ser escrita en letras de ora', la 
cual vio manuscrita en la librería de 
D. Luis Zapata. 



MEDICINA ESPASÍOLA. 



93 



Merge scient no te lo cas per joch 
Gom la calor no surt á part eatrema 
Lignorant rea qae lo roalat no crema 
He jutial sa puix qae mostra boa toch 
Lo pacient no podra dír son mal 
Tot afeblit ab llengua mal diserta 
Gesta é color asats tao deseaberta 
Part del afao que tant com lo dir yal* 



Ea el capitulo 3.® trata del pronos^ 
tico. Asegura qoe el noíédíco sea mojr 
reservado en pronosticar. 

En el 4.^ trata de la preservación 
de la peste. Aconseja , como bemos 
dicho mas arriba^ hair pronto; mar- 
char lejos , y rolver mo/ tarde. Con 
este motivo reBere an suceso muy cu- 
rio80> al par que interesante. aComo 
saliese de Sevilla uno de los duques 
de Medina Sjdonia á una de sus villas 
para huir de la pestilencia j tu- 
viese noticia de haber cesado la pes- 
te en Sevilla , con deseos de volver 
á su casa 9 vino^ j desde gradas has- 
ta el palacio del duque, fué mucha 
lu suma de pevetes j pastillas ; y car- 
gas de romero j otras lefias olorosas 
qae se gastaron en perfumar las calles 
por donde debía pasar el duque : mas 
todas estas diligencias fueron vanas, 
porque no le bastaron para librarlo 
de la roberte, porque en llegando á su 
palacio le dio una calentura pestilen- 
cial , de la que murió á las veioticua* 
Ird horas (foL XVI}.» 

Bu los capítulos siguientes trata res' 
pecCivamente de las virtudes del uni- 
cornio, de la ufia, de la esmeralda, de 
la escorzonera^ de la pimpinela » del 
camaleo blanco, del escordio, del as- 
elepias, de la enula, de las piedras, de 
la piedra del águila, de la chelidonia, 
de la tief ra sigilata , de la armeuica, 
de la triaca, del nutridato, de las car- 
nea» de los pescados, de las frutas. 

En el cap. del mitridatOi dice «que 
solioitó del ayuntamiento de Sevilla el 
que se formase un jardia botánico pa- 
ra tener las plaotas medicioales , del 
mismo modo ciue lo tenia en Aran juez 
el rey D. Felipe II, el cual acababa 



de mandar á las Andalucías , de real 
orden, á un gran herbolario D. Fran» 
cisco de Castilla, encargado de recoger 
todas las plantas medicinales que en- 
contrara, y llevarlas al jardin de Aran- 
juez (fol. XXXVIII).)» 

En el folio LX V , hace mención de 
haber leido la descripción de una pes- 
te de landres que hubo en Sevilla en 
1402, en la que se libraron la mayor 
parte de los aue durante su curso co- 
mieron varonumente,es decir, mucho: 
de la de 1410^ueempezoen Nieble, 
Guibraleon , Trigueros , e invadió á 
Sevilla en aaosto hasta octubre ; la de 
1 507 y la de 1 524, en la oue morían 800 

C»rsonas diariamente. Desde el folio 
XIX hasU el LXXIII (1) habla de 
los casos en que las sangrías pueden ser 
útiles y ventajosas. En el LXXIII des- 
cribe un electuario que dice fué un 
secreto para el doctor Alderete , cate- 
drático de la universidad de Salaman- 
ca , cuyo remedio se titulaba bocado 
de Alderete. Es el siguiente. Azúcar 
rosado> una onza*, jarabe acetoso, cua- 
tro onzas; polvos de Juan de Vigo, ca- 
nela, eléboro negro , de cada cosa una 
onza ; zumo de cogombrillo amargo, 
cinco onzas. Se mezclan á fuego lento, 
y se guardan en una botella de cristal, 
cubriendo el tapón con cera ó lacre. 
Dice que en Sevilla se hacia tanto 
abuso de la zarza-parrilla; que de ella 
se hacian mas guisados que délos hue- 
vos; pues se daba en jarabe, en julepe, 
en cascara, en corazón; añadiendo que 
el médico que no salia con una inven- 
ción acerca de su administración, no se 
le tenia por buen médico. 

(i) Los capítulos no estáttsunmarados.' 



94 



HISTORIA DE LA 



Tratado de la nieue y del uso de 
ella. Dirigido al muy ilustre Sr, Don 
Fernando Henriquez. Compuesto por 
Francisco Franco^ médico del sereni-" 
simo rey de Portugal , y catedrático 
de prima en el colegio mayor de San-^ 
ta Maria de Jesús y universidad de 
Sei^itla. Sevilla M.D.LXIX, en Q."" 

Este trataditoestá reducido ¿ cator* 
ce fojas : dióle motivo á (escribirle el 
haberle preguntado dos veces D. Fer- 
nando Henriquez sobre su modo de 
enfriar las bebidas con nieve. aDe 
veinte dias á esta parte , dice , me ha 
preguntado Y. S, dos veces qué rae 
parecia del enfriar la bebida con nie- 
ve, y yo le respondí sumariamente lo 
quesentia.....; pero como en esta par» 
te hay tanta contrariedad en los físi- 
cos, determiné escribir largamente lo 

que dige á Y, S Quisiera escribir 

de la diversidad de las aguas, empero 
como en otra parte he escrito de eilas^ 
declarando cuáles son las mejores, cuá- 
les de ellas se han de cocer, y qué ma-^ 
ñera se ha de tener en cocerlas, no he 

3uerido multiplicar escritos (epistoU 
edicatoria.))» 

Trata de todos los modos con que se 
enfriaba el agua en su tiempo, ya coa 
nieve ya por otros medios : sobre ellos 
elogia su método particuhr , el cual 
usaba todos los dias, reducido á poner 
en un vaso ó taza ancha la cantidad de 
agua que se liabia de beber, y tapán«» 
dola con una cobertera delgada de pla<» 
ta, sobre la cual colocaba cierta cantí* 
dad de nieve* 

Asegura que en ningún pueblo de 
España babia mas necesidad de refresr 
car el agua como en Sevilla, pues <{^ue 
en ella hacia tanto calor en el eslío co-* 
mo en los pueblos de la linea e()uinoc« 
cial. Todo cuanto espoue del agua, lo 
aplica á la leche y al vino. Aconseja 
que ni los débiles de estómago ni los 
afectos á costipados y á toses beban 
mucha agua fria. También prohibe su 
uso á los niños hasta la edad de la pu* 
bertad y á los viejos, porque dice que 
estos pecan ya de humores fríos. 



FRANCISCO NUÑEZ DE CO- 
ría, natural de Casarrubíos del Mon- 
te, pueblo inmediato á Madrid , estu* 
dio la medicina eo la universidad de 
Alcalá de Henares, y en la misma to- 
mó la borla de doctor. 

Escribió una obra de higiene con el 
titulo siguiente. 

Regimiento y aviso de sanidad ^ que 
trata de lodos los géneros de alimentos 
y del regimiento de ella* Medina del 
Campo 1586, en 8,* 

Esta obra se halla dividida en cinco 
libros con la adición de vo traüuiodél 
uso de ¡as mugeres, y como sea diOlo*- 
so X provechoso 9 yquécosQsse hayaSn 
de hacer para la tentadou de la carne 
y del sueño y baños. 

En la introduccáoo quiere probar 

aue el temperamento bueno o malo 
el hombre depende de la clase de ali- 
mentos t dice asi. 

«Que aun no solamerite son neoes* 
sarios los alimentos para la vida de los 
animales: empero hazen mucho al caso 

Eara la rectitud de costumbres de los 
ombres, porque del uso del buen re* 
gimiento, y buenos y loables manjares 
resulta buena complexión, y de la bue- 
na conplexion, buen entendimiento, 
del qual proceden las buenas costum- 
bres. Esto dixo lo el Galeno en mu* 
cbos lugares , especialmente en el se« 
gundo, de Sanitate tuenda, disieodo: 
Que ansi como el niño que de su cofia* 
plexion nasce templado , pero por 
criarse en ociosidad y regalo, y con 
manjares diversos^ y a. las veces con- 
trarios, se corrompe su naturaleza , y 
haze vicioso y desenfrenado. Ansi por 
el contrario el que nace de complexión 
y naturaleza viciosa, é inclinada á mal, 
con el buen regimiento y templado 
exercicio, vuelve su naturaleza en me* 
jor. La razón es, porque del buen 
manjar , se engendra buena sangre, 
de buena sangre, huena complexión y 
contextura, de donde procede el buen 
i^ntendimiento y buen juyzio, y den- 
de buenas costumbres. Por lo qiial 
dixo Aristóteles. La bondad del tacto^ 



MEDICINA ESPASrOLA. 



95 



arguye bondaá Ae cara0» La boodad 
de la carne , argajre bondad de com** 
plezion , la qual argaye bondad de 
entendimiento. Por el contrario del 
duro tacto, se arguye dura carne, de 
la dura carne, mala complexión, de la 
mala complexión, mal entendimiento, 
inclinado i malas costumbres, é injus* 
tas obras. Y está manifiesto, que la 
buena carne y tacto, procede delbue- 
no y loable mantenimiento, y el duro 
tacto y carne , del mantenimiento 
malo y duro de digestión* T poreode 
el divinal Galeno escribió un libro in« 
titulado » aue las costumbres del ¿ni« 
mo siguen la complexión y naturaleza 
del cuerpo , y ansí lo provó, y ansi lo 
vemos que el de complexión templas- 
da, ijual es el sanguino, es de buen 
entendimiento y |uyzio^ y es alegre, y 
no malicioso, y no mañoso, antes justo 
y loable. El colérico es osado , veloz, 
agudo, sutil, ingenioso, fácilmente se 
ajrra y aplaca , el melancholico natu* 
ral es prudente , astuto, no fácil alte- 
rableí^ cavilloso^ engañador, triste, se- 
vero « que guarda la inyuria mucbo 
tiempo. El flemático , tardo desgra- 
ciado, frió, afleminado, de grueso io« 
géftio y juyzio. Per lo qual común** 
inetite dezimos , al que fácilmente se 
enoja, que es un colérico, y al que 
anda severo y triste, que es un melan* 
eholico y tretico. Al alegre y liberal, 
que es sanguino de buena complexión. 
Al pesado y prolixo, que es un pedazo 
de flema, por lo qual como de los 
mantenimientos calientes se encienda 
la cólera, y de la cólera ansi encendida 
se despierte la yra y coraje, sigúele 
que del tal alimento se corrompan las 
costumbres. ítem como del manjar 
frió y seco, grueso, se engendre me* 
lancnolia , sigúele que los hombres se 
vuelvan tristes ^ temerosos de lo por- 
venir, y porende son tímidos, avaros^ 
ítem como del manjar frío y húmido 
se cause flema , faazen se los hombres 
tardos,perezo80S para qualquiera obra, 
de donde se sigue corrupción de las 
buenas costumbres, pi;iea la yra es 



contraria i la paciencia y suflrimien- 
to, la avaricia á la liberalidad , la pe- 
reza á la diligencia. Empero como 
del bueno y templado mantenimiento 
se cause sangre buena^ y humores mo- 
derados , hazen se los hombres justos, 
buenos, nobles: y por esso dize el re- 
frán común , con quien pasees, y no 
con quien nasces. Sentencia á mi ver 
conclayda de los muy altos sabios y 
philosophos, para dar á entender que 
apascentándose y criándose de buenos 
y templados alimentos , proceden las 
buenas costumbres, y el dessear ser 
castos, y servir á Dios, por el contra- 
rio, de criarse en mucho ocio y rega- 
lo, mucha abundancia de manjares, 
procede de desseo, de 1 uxoria y cosas 
torpes, dé donde se cometen atroces y 
facinorosos delictos. Por lo qual , co- 
mo de los muchos y diversos manjares 
dados por mal orden, no solo les siguia 
daño y perjuyzio al cuerpo. Empero 
taihbien ai ánima , provocándole á 
malas y ainiestras costumbres. n 

En el libro 1.^ trata de la historia de 
la higiene y de los alimentos que usa- 
ron los primeros hombres: el modo 
cómo se fueron descubriendo muchas 
otras sustancias alimenticiaa , y de las 
que usaron y usaban lossahoyanos, los 
alemanes ^ los bretones , los ingleses, 
los franceses, en uiiá palabra , este li- 
bro es un compendio histórico de la 
higiene de todos los pueblos del mun- 
do, y creemos que este tratado bastaría 
por si solo para elogiar el mérito de la 
obra. 

En el 2.® libro trata del pan, car* 
nesj leches y hueifos. 

Lo divide en sesenta y ocho artícu- 
los; en ellos habla respectivamente del 
trico, de sus cualidades y diferencias; 
de la harina; del modo de cocer el pan, 
daños ó provechos que hace según esté 
mal ó bien cocido ; de su elección ; de 
las carnes, sisón mejores la de los ani- 
males caseros ó montaraces; las de los 
machos , las de las hembras ó de los 
castrados; de las de los animales recien 
íiacidos, adultos ya ó viejos; las de ani- 



96 



HISTORIA DE LA 



males flacos ó lasde Ibs medianiimettte 
gordos; del modo de cocerlas*, de las sa- 
ladas, de las llamadas de la leche; de la 
de poeírco y su utilidad; de las de 
liebre, copejo, ciervo y cabra montes; 
de las del erizo, nátrias y castores; de 
las de las aves como gallinas, capones, 
¿nades, gansos, palominos, pavos, fai* 
sanes , codornices , tórtolas , aveatrús, 
gralla, zorzales, tordos, mirlos y gor- 
riones. Desde el capitulo 3? habla de 
las partea de los animales que son nus 
fáciles de digerir: habla de su cerebro, 
de su corazón j pulmones, tripas, cua- 
jar , vientre , matriz ^ higaao , £azo, 
testículos, ríñones y ternillas ; de los 
pies y cola de los animales^ en cuanto 
á alimento. 

Desde el capitulo 46 trata de los 
huevos, de su elección j del modo de 
cocerlos. Desde el 49 traía de las le« 
ches , de sus especies; de las precau- 
ciones que deben suardar después de 
haberla tomado, o cosas compuestas 
con ella : de los daños que signen de 
su continuo uso; de las cuajadas ¿ ná- 
zulas, natillas, requesones y del queso. 

En el 59 empieza á tratar de los pe- 
oes de mar y ác los de rio , y cuáles 
sean mejores; de los de las lagunas y 
estanques; de sus condiciones y de su 
preparación : de los pescados salados, 
galápagos , tortugas y caracoles, y de 
las condiciones que se deben guardar 
en el comerlos. En estos capítulos tra- 
ta de todos los peces conocidos en Els- 
paña, y son muy interesantes las noti- 
cias y advertencias que hace para que 
puedan comerse sin qoe bagati daño. 

En el libro 2.^ habla de tas horta^ 
Uza$ y legumbres. Lo divide en vein- 
ticuatro capítulos , en los cuales trata 
de la verdura y del modo de conocer 
sus calidades : de las acederas y del 
apio, de sus daños y provechos: de las 
ensaladas de albaca : de las acelgas y 
borrajas : de la achicoria , escarola y 
ajonjera : del hinojo : de las lechugas: 
de la yerba buena: del mastuerzo, pe«- 
regU, verdolaga-, berros y mostaza: de 
las espinacas , cardillos y mercuriales: 



de los espárragos y lúpulos: de los ajos 
y cebollas: de los nabos y zanahorias: 
de los rábanos» puerros y chirivias;del 
cardo Y alcachofa : de las semillas y 
legumbres : de los garbanzos , de las 
habas: de la cebada: de las arvejas: del 
arroz: del farro y almidón. En cada 
uno de estos artículos encontrará el 
Lsctor cuantos conocimientos desee ad- 
quirir sobre cualquiera- de las sustan- 
cias que se citan. ^ 

El libro 3.^, de aviso de sanidad que 
tratade las frutas. Lo divide en trein- 
ta y ocho capítulos, en los que habla 
respectivamente de las frntaf que no 
se cleben comer por razón de sia poco 
nutrimento I á qué sugetos conviene 
mas ó menos él comer frutas, y si con- 
venga beber vino ó agua tras ellas: de 
las alcaparras : de los melones y sus 
cualidades : de las calabazas y su nu- 
trimento : de los hongos y setas , y de 
maliciosa nutrición: de las berenjenas: 
de las frutas verdes y secas : de las al- 
mendras como alimento: de las avella- 
nas : de las castañas y su preparación: 
deias nueces y su nutrimento: de. los 
piñones: de los dátiles : de las cerezas 
y guindas: de las moras y su manteni- 
miento: de la zarzs, moras y fresas: de 
los higos recientes y su naturaleza: de 
los higos pasados y su nutrimento: de 
las uvas: de las pasas: de las ciruelas y 
sus propiedades: de las manzanas : de 
las peras y sus propiedades: de los al- 
bericoques y albérchigos : de los du- 
raznos y priscos y sus propiedades, en 
cuanto á alimento : de los membrillos 
y su naturaleza : de las granadas y su 
naturaleza , en cuanto á alimento < de 
las azufaifas y nísperos, en cuanto ha- 
cen á sanidad : de las algarrobas : de 
los limonesy naranjas, y de su natura- 
leza para manjares: de la cidra: y de las 
aceitunas. 

El libro 4.^ de aviso de sanidad de 
los manjares j guisados y confituras, 
en el cual se enseña a conocer la na-» 
turaleza^ virtud y propiedades de los 
manjares compuestos , como ensala^ 
das, sabores, misturas, salsas, paste • 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



97 



les, guisados , que fio dañen á la sa^ 
íud. 

De las salmuera : de \bb gorduras, 
en)undias j priogues: de la manteca 
de vacas y aceite de olivas: del vina* 
gre^ y de sus provechos j da£k)s.* del 
sumo del agraz: de la miel^ 7 su oa- 
luralesa: del asücar, y sus propieda- 
des: del arrope de vino cocido : de la 
sal, y de su naturaleza para daftar ó 
aprovechar: del anis: de la canela: pa- 
ra usar de ella en guisados: del azafrán: 
de los clavos: de la nuez moscada, pi- 
mienta, agengibre y de sus propieda- 
des para guisar: del sabor y cualidad . 
de los manjares: que alimentos se de- 
ban comer primero, y cuáles a la pos* 
tre de li mesa , y cómo la diversidad 
de manjares haga dafio. 

En el libro 5.^ trata como sea ne- 
cesario beber: de los géneros de los 
vinos y aguas, y otras bebidas: del 
beber, y cómo sea necesario : si con- 
viene ó no beber dos ó tres horas des- 
Eues de haber comido: si se debe be- 
er después del ejercicio y trabajos: de 
los daAos que se siguen de la demasia- 
da bebida del vino: del agua ó vino 
enfriados con nieve ó de otra manera, 
y sus dados : de los vinos en general: 
del vino aguado y del -vino blanco: de 
los vinos claretes, oscuros, gruesos, 
turbios y 00 turbios : del vino aromá- 
tico oloroso, y del vino del mal olor, 
y de sui dafios: del vino añejo: del lu- 
gar en que se han de conservar los vi- 
nos, y de sus adobos : de las aguas, y 
cuáles sean mejores para beber: de las 
aguas lluvias, de rios, pozos y estan- 

3ues! del agua caliente, tibia y cocida: 
e la aloxa, cerveza y cidra. 
Tratado del uso de las mugeres ,y 
cómo sea dañoso r cómo provechoso, 
y qué cosas se ha/an de hacer para 
la tentación de la carne, del sueño, 
jr baños. 

Capitulo 1.^ Declara qué cosa sea 
el coito, y si la delectación de tal acto 
sea mayor en la muger que en el va- 



ron; de las utilidades y provechos que 
se sigan del moderado ayuntamiento 
con las mugereSj y de los males y da- 
fios que se siguen de dejar la tal obra 
á los que están acostumbrados: de los 
daftos de la lujuria: qué tiempo del 
afio sea mas dañoso para el coito, y á 
qué complexiones convengan: en qué 
tiempo del año y en que hora conven- 
ga el coito : de qué cosas se han de 
guardar los religiosos y varones que 
quieran guardar castidad : qué es ló 
que deben hacer los que no quieran 
ser molestados , ni fuertemente trata- 
dos de la carne: de las condiciones que 
deben guardar los que hayan de en- 
trar en el baño : del baño- de agua 
fria, sus utilidades, y provechos: cuá- 
les sean las utilidades y provechos del 
sueño moderado, y de sus daños cuan- 
do es inmoderado: á qué hora se ha de 
dormir, en qué disposición de cuerpo, 
y sobre qué parte del cuerpo. Termi- 
na su obra por un epigrama que sobre 
un medicamento compuesto por él, 
dedicó al rey Felipe* 

Por el simple estracto que presen- 
tamos de esta obra, conocerá el lector 
la importancia y el interés que ofre- 
cería en el sigilo XVI, cuando publi- 
cada en el XIX honraria aun al autor. 
Apenas hay una sustancia que pueda 
y deba figurar en un tratado de hi- 
giene^ que no se halle descrita por 
Ñuñez. 

Si el lector conmuta el lenguage y 
las virtudes que Nuñez atribuye a las 
sustancias de que se trata, como v. g., 
el ser húmedas en primer grado, y se- 
cas en ef segundo, etc. etc., con todo 
lo demás relativo á las cualidades hú- 
medo, seco, frió y caliente, según Ga- 
leno y los árabes, y los refunde en lo 
que llamamos escitantes , tónicos, as- 
tringentes, debilitantes, etc.... Esta 
sola obra será un manantial en que 
beberá buenas doctrinas, al paso que 
una erudición muy singular y es- 
cogida. 



HisT. nz LA Medic. emanóla. — Tomo 2.^ 



13 



98 



HISTORIA DE LA 



PEDRO TAMARIT, natural de 
las islas Baleares , estudió la medU 
ciña en esta universidad de Valencia. 
Recibido de médico ^ marchó á Car- 
mona , y en ella ejerció la profesión 
con mucho aplauso. Fue médico de 
D. Diego Arnedoy obispo de Mallorca^ 
al cual dedicó la obrita siguiente: 

Petri Tamariti Balewis medici de 
causis meáicamentorum purgantiwn 
Uhriduo* f^akntuepor Pedro Huete 
1569, 8.^ 

Al final de esta obrita se encuentra 
una carta del autor í los doctores Luis 
Pérez y Juan de h Plaza , maestros 
suyos, en la cual consta , que Pedro 
Tamarit, desconfiado de los impreso- 
res de Mallorca , y teniendo presente 
las buenas imprentas de Valencia, re- 
mitía la obrita para que cuidaran de 
su buena y pronta impresión. E^tá 
fechada la carta en Mallorca, á 26 de 
marzo de 1569. 

Divide su obrita en dos libros. El 
primero lo subdivide én nueve capí- 
tulos, en todos los cuales trata .de las 
causas de los medicamentos purgan- 
tes , es decir , por qué razón ciertos 
medicamentos tenian la propiedad de 
evacuar los humores, y otros no. 

El autor espone las opiniones de 
todos los médicos que habían hablado 
de esta materia. 

No ofrece absolutamente interés 
ninguno, porque la materia es en si os- 
curísima, y mucho roas cuando se tra- 
ta de discutirla y probarla con au- 
toridades de Galeno , i quien se pro- 
f>uso defender , y de los árabes. He 
eido esta obrita desde la primera has- 
ta la última linea , y confieso que no 
he encontrado una idea que me haya 
satisfecho. No tiene roas roérito que 
el ser un libro muy raro. 

JUAN FRAGOSO, natural de To- 
ledo , según la opinión mas recibida. 
Se ignoran casi todas sus circunstan- 
cias biográficas ; fué cirujano de cáma- 
ra de Felipe II. Elscribió varías obras 
y merecieron mucha aceptación tanto 
en Elspafta como en el estrangero, que 



reimprimieron variu veces en anos y 
otros paises. 

Escribió las obras siguientes: 

Erotemas (¡uirúrgicos, en los cuales 
se enseña lo mas necesario del arte de 
cirugía , asi para el examen de ella, 
como para ejercitarla, con una glosa 
en que se contienen muchas cosas de 
curiosidad y de doctrina. Madrid 
1570, en 4> 

Divide esta obrita en dos partes; 

'trata en capítulos setíarados de las 

apostemas, de las berioas, de las úlce* 

ras , de las fracturas \ y últimamente 

de las dislocaciones. 

Trata igualmente de anatomía. Este 
es uno de los mas estensos que se es- 
cribió en su tiempo. Los demás arti* 
culos, como en compeudio^ nada de- 
jan por desear , y puede asegurarse 
que fué uno de los mejores que se es- 
escribieron en Espafia en el siglo 
XVI, en lo tocante á la anatomía y ci- 
rugía. 

De succedaneis medicamentís^ líber 
denuo auctus. J. F* Toletano medico 
et regiie majestatis chururgo auctore. 
EJusaem animam versiones, in quam 
píurima medicamenta composita^ quo* 
rum est usus in Sisprnucis officmís. 
Madrid 1575 , ib. 1583, y en Sevilla 
1632,8.* 

Está aprobada por Francisco Va- 
lles de Covarrubias y por el doctor 
Fernandez^ médicos de cámara. 

Esta obrita es una especie de mate* 
ria médica 9 en la que trata de los 
principales remedios que en su tiempo 
se administraban. 

El autor admite en los medicamen- 
tos cuatro facultades^ 1.*» la general 
común á todos, á saber: ó cálida, fría, 
seca ó húmeda: 2.^, la particular de 
producir en el cuerpo mutaciones sen- 
sibles^ como la estennacion, la laxitud, 
la construcción, etc., etc.: 3.% la de 
producir ciertos fenómenos particula- 
res, V. gr., la orina, la menstruación» 
etc.: 4.S la de determinar otros acci- 
dentes, cuales son los venenosos. 
Entiende por medicamentos suce- 



MEDICINA ESPASfOLA. 



99 



dáoeos , aquellos que gozan de unag 
mismas facultades, y como tales y los 
únicos capaces de sustituirse en la cu-* 
ración de las enfermedades. 

Habla de los medicamentos por or- 
den alfabético : describe sn historia 
natural, dosis j modo de administrar; 
j al 6nal de cada uno« espone los me» 
dicamentos sucedáneos que les pueden 
suplir , dado caso de no haberlos en 
la botica los primitivos. Ademas, pone 
en lengua castellana los nombres cor» 
respondientes í cada planta. - 

Joannis Fragosi animadversiones 
in nomtlUi medicamenia » quorum est 
usus in Hipanicis officinis. (Ib*) 

En este tratadilo habla de la pre- 
paración de los electuarios , opiados j 
aromálioos: de las pildoras: de los ja- 
rabea: de loa trociscos: de los aceites: 
de los ungüentos: de los emplastos: de 
los ácidos» conseryas j polvos. Después 
de tratar, como queda dicho, de la 
composición de estos medicamentos, 
añade estensos comentarios sobre su 
administración. 

Esta obrita debió servir muchísimo 
en el tiempo que se escribió; pero en 
el dia no ofrece interés alguno , por- 
que la major parte de las composicio" 
nes ya no están en uso. 

Catalogas simplicium maScamen^ 
torum , quiB in mnsitatis hayus ttm^ 
poris compositiombus, pnssertím ilfe- 
sucBi et Nicolai , aliorum penuria ih- 
vicem supmuntur tum ex Diosco^ 
ride , Galeno , Aetio , Paulo , tum 
etiam et Arabihus Antiballomena 
Graséis dicuntur et nostrce astatis me- 
dicis Quidpro quo Joanne Fraga To" 
letano medico. (Compluti ApudPe^ 
trum Robles et ViUanova anno 1566, 
in S.**) 

Esta obrita no la conoció el Sr. Her 
naodes Morejon, porque nada nos dice 
de ella,á no ser que se contentara con 
esponernos solo su titulo, cuando dice: 
De la naturaleza , calidades y grados 
de los medicamentos simples (tom. 3.% 
pág. 164. núm. 15). Aun cuando asi 
fuera , mis lectores podrán i primera 



vista conocer, que el titulo de la obra 
no es etacto. 

Dedicó esta obrita al doctor Joan 
Gutiérrez y de Santander, médico de 
cámara de Felipe II. En la dedicato- 
ria, le dice que tenia escrita la histO" 
ria de las plantas de España, 

No nos ofrece un grande interés. 
Ademas trata casi de los mismos me- 
dicamentos simples que en el de Jiic- 
cedaneis medicamentis . Mas bien pa- 
rece una segunda edición , aunque 
aumentada. 

Cirugía universal t ahora nueva^ 
mente añadida con todas- las dificulta" 
des y cuestiones pertenecientes d las 
materias de que se trata. ítem: otros 
cuatro tratados. El primero es una 
suma de proposiciones contra ciertos 
avisos de cirugía: el segundo acerca de 
dÍT^ersas heridas y muertes: el tercero 
de los aforismos de Hipócrates, tO" 
cantes a cirugía: el cuarto de la ruitu^* 
raleza y calidades de los medicamen^ 
tos simples. Autor, el licenciado Juan 
Fragoso , medico jr cirujano del rey 
nuestro Señor, y de sus Altezas. Ma- 
drid 1666, en fólio. 

En su dedicatoria al doctor Juan de 
Chavarri , médico de cámara de S. M., 
dice: que publicaba á sus espensas esta 
obra, para con su producto atender al 
culto ae San Gerónimo. 

En la dedicatoria al lector, le dice 
que esta nueva edición que hacia era 
la sexta : «Por estas causas me deter- 
miné con el favor de Dios j ayuda de 
gravísimos autores. ... y con mis és- 
periencias j observaciimes, á recopi- 
lar esta sexta edición.» Cuya circuns- 
tancia es ana prueba bien evidente de 
la grande aceptación que tuvo. 

Divide su obra en dos partes^ la pri- 
mera se subdivide en setenta y oñ ca- 
pítulos , en los cuales trata de anato- 
mía. Este tratadito es un compendio 
de anatomía muy bien escrito, y en el 
cual se encuentra recogido lo mas útil 
y necesario que sobre este ramo habían 
escrito los principales anatómicos del 
siglo XVI. En varios lugares ineulca 



100 



HISTORIA DE LA 



U necesidad que tiene el cirujano de 
conocer perfectamente le anatomía, si 
la ha de ejercer dignamente. Partien- 
do de estos principios trata siempre, i 
continuación de la anatomía, de la ci* 
rugía. 

tiibro 2.^ De los tumores lUunados 
vulgarmente apostemas. 

Empieza este libro dividiéndola ci- 
rugía en teórica y en practica: «la pri- 
mera, dice, puede poseerla cualaniera 
que entiende los preceptos j reglas de 
la cirugía. La segunda es la que pone 
por obra diestra j liberalmente las co» 
sas que se hallaron por la ciencia y por 
la razón, j esta ñola puede tener per» 
fectamentesino es habiéndose ejercita- 
do mucho en ella^ j visto muchas ve- 
ces obrar á estos cirujanos, j guardado 
las cosas que hubiese yisto (pag. 47).» 

Este lengnaee del siglo XVI equi- 
vale al que en el siglo XVIII usó Boer- 
habe,> cuando dijo: el estudio de la 
medicina es inseparable del de la c¡r 
rugia; esta puede definirse quadmeca* 
fdcum est in arte* En el XIX se espre- 
san casi del mismo modo los autores 
mas célebres , Vidal de Gassis y Vel- 
peau. 

Divide este libro en diez y seis ca- 
pítulos, en los cuales espooe las causas, 
síntomas, diagnóstico, pronóstico y cu- 
ración de los apostemas en general. 
Eotre estos comprende el flegmon, el 
divieso, el carbunclo } describe per- 
fectamente las cuatro terminaciones 
del flegmon en resolución, supuración, 
induración y gangrena, y los remedios 
oportunos á cada una de ellas (pág 49 
y siguientes. 

También espone con la major exac- 
titud el curso del carbunclo , y de la 
pústula maligna , su diagnóstico dife- 
rencial y los medios de curación. En- 
tre los síntomas de uno y otro hace 
notar con mucha razón, que la pústu- 
la maligna siempre viene de causas es- 
ternas, y jamás es fenómeno crítico; al 
paso que el carbunclo ¿ veces es críti- 
co de otras enfermedades y otros sín- 
tomas de ellas, en cuya comprobación 



cita la peste de Zaragoza, observada 
por Tomás Porcel. Advierte que en la 
pústula maligna importa siempre sajar 
y quemar , y en el carbunclo á veces 
intentar la supuración. Entre los cáus- 
ticos que aconseja es quemar con la ca- 
parrosa , con el oropimiente ó con el 
solimán (cap. 7 pág. 53 y 54^. 

En el capitujo 9 trata de los aneu- 
rísmas, Elspone sus causas, el modo 
de formarse según estas sean inter- 
nas ó esternas, su diagnóstico, pronós- 
tico y curación. Son ae notar estas pa- 
labras. «Cuando los aneurismas safen 
en partes en que no se puede llegar á 
ellos, mueren los enfermos en la mis- 
ma hora que se revientan ; lo cual no 
acontece en los aneurismas de bracos 
y piernas, porque enlazada la arteria 
por lo alto no hay mucho que temer , 
y no haciendo esto corren el mismo pe* 
ligro qae los otros. i^ Cita en compro- 
bación tres casos desgraciados de aneu- 
rismas por no haber ligado la arteria 
según convenia (pág. 56, col. 1.*) 

JEstas notables palabras y la seguri- 
dad que da de no haber peligro cuan- 
do se enlazaba la arteria por lo alto^ 
indican evidentemente que les era co- 
nocido ya el método de ligar las arte- 
rias , que después tomó la denomina- 
ción de método de Anel. Termina este 
libro hablando de los abscesos, del ede« 
ma y de los lamparones (escrófulas). 
Todo este libro es interesante , y tra- 
ducido en el lengnage del siglo XIX, 
aun se sacaría fruto de él, al menos en 
las observaciones prácticas. 

Libro 3.^ De las heridas. 

Distingue estas en recientes y anti- 

fuas: las primeras dependen siempre 
e causa esterna^ las segundas de cau- 
sa interior humoral (pag- 64 col. 2.*). 
Esta división equivale precisamente 
á la distinción admitida ae Bicherand 
entre heridas y ulceras, 

Al hablar de las suturas propone un 
medio^ cuya utilidad aun podia discu- 
tirse, á saber : que en vez de sostener 
los labios de una herida por medio de 
un hilo , pudiera conseguirse por un 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



101 



anzuelo ó garfio doble^ cajos estremot 
compreodieran los dos labios de la 
henea. A primera vista se echan de 
yerloB inconvenientes j las ventajas 
que pudieran ofrecer. 

Habla también en este libro de las 
heridas causadas por ammales veneno- 
sos j rabiosos: de las heridas de cabe- 
za tanto esternas como cerebrales: y de 
las penetrantes de pecho. Refiere con 
este motivo una observación muy in- 
teresantCj de un herido i quien le ha- 
bia caido una gran cantidad de sangre 
dentro del pecho «de suerte que la 
respiración apresurada no le dejaba 
hablar ; tenia gran calentura^ sed^ tos 
con sangre » dolor agudo en aquel la- 
do, y tenia la herida cosida, de mane- 
ra que no podia salir nada. Descosida 
se le hicieron inyecciones, primero 
con agua de cebada y miel rosada , y 
después al paso que se iba mundifi- 
cando con el cocimiento de ajenjos, 
centaura y acibir, y sanó. (pág. 80).» 
En seguida trata de las heridas simples 
y penetrantes de vientre. 

En el libro 4.^ trata de las llagas 
viejas (úlceras). 

Define la úlcera «una solución de 
continuidad hecha sin cortar ni herir, 
con perdimiento de sustancia, con su- 
pnracion.... sostenida de malos humo- 
res que corren á la Haga, engendrados 
de malas viandas , ó por alguna des- 
templanza de las visceras.» ¿Puede 
darse en el siglo actual una.distincion 
mejor entre la úlcera y herida que. la 
da nuestro médico Toledano? 

En seguida trata de las úlceras vi* 
mientas sostenidas por un virus de las 
sórdidas, de las pútridas , de las fístu- 
losas, de las carnosas, de las varicosas, 
de las callosas y de las verminosas. 

Libro 5.® De las fracturas. 

Els notable el capitulo sobre la for- 
mación de lo que Fragoso llama poro, 
y nosotros co/Zo. Establece que para 
conseguirlo es necesario hacer una per- 
fecta reunión de las piezas fracturadas, 
sostenerlas sin movimiento , y que 
en igualdad de circunstancias, em- 



pieza la formación del poro ¿ los sie- 
te dias en los niños , ¿ los quince en 
los adultos, y á los treinta , cuarenta 
ó cincuenta en los muy viejos (página 

Aun es mucho mas notable el reme- 
dio que aconseja aplicar para sostener 
sin movimiento las piezas fracturadas, 
aplicando una Religación untada con 
trementina^ resina y pez, todo derre-* 
tido e incorporado con harina de trigo 
jr bolo arménico (pág. 95). Esto indi- 
ca que ^a Fragoso usaba el vendage 
inamovible en la curación de las frac- 
turas , propuesto en nuestros dias por 
Velpeau y otros, con la diferencia de 
valerse estos de la dextrina y otras sus- 
tancias. Trata de las fracturas de to- 
dos los huesos. 

Librd 6.* De las dislocaciones. 

Trata de las dislocaciones en gene- 
ral y en particular. Es de notar el ca- 
pítulo en que habla de la de la cabeza 
con la primera vértebra cervical, pues 
aunque asegura que es mortal , cuan- 
do es completa ó de ambos lados, pue- 
de remediarse cuando lo sea de uno 
solo. 

Segunda parte. De la cinuaa coni'* 
puesta por el licenciado Juan Fragoso. 

En la introducción prueba la noble- 
za de la cirugía , y «que es una cien- 
cia puesto que es una colección de he- 
chos, de preceptos^ de reglas y docu- 
mentos, ordenados para un fin tan pro- 
vechoso como es la vida.» 

EUtablece una diferencia entre las 
obras del cirujano y de la naturaleza: 
aquel puede curar una enfermedad 
por medio de mano, sin cuyo ausilio 
la naturaleza era impotente; v. g. una 
dislocación; pero también aquella po- 
dia curar otras sin necesidad de aquel, 
V. g. la regeneración de las carnes en 
las heridas. Partiendo de este princi- 
pio, el autor prescribe al cirujano los 
preceptos á qne debe atenerse, siendo 
uno^ntre los principales primero, ^er 
huen médico, porque de otro modo, es 
un empírico...... una peste, no bien 

advertida de la república (pág. 108, 



.»« 



102 



HISTORIA DE LA 



col. 1.* y 2.*): segundo, ser un minis' 
tro de la naturaleza. 

A contÍDaaciofi propone ciento vein- 
titrés cuestiones j sobre otros tantos 
puntos generales de la anatomía y ci<* 
rugía. Entre estas hay algunas bien 
inútiles y aun ridiculas si se aniere, 
V. g. si es posible tornarse tas mngeres 

hombres si la carne de las teteas 

es insensible y algunas otras, aun* 

que pocas; pero las tres quintas partes 
ofrecen un interés vital. Entre estas 
son muy interesantes los casos que cita 
en la glosa de la gangrena: «Un criado 
de la serenísima princesa de Portugal, 
murió con un dolor agudísimo en las 
dos piernas , sin hallar en ellas mas 
que una frialdad tan escesiva, que con 
ningún género de medicamentos ca- 
lientes recibía consuelo, ni calor.» 
«Un carcelero de la corte le* hormi- 
gueaba un pié, con intensísimos dolo- 
res, hasta que poco á poco se lo fuimos 
cortando. D. Diego de Mendoza y 
otros muchos enfermos de calenturas 
con pintas, se les cortaron piernas y 
brazos, puesto que pocos se escapaban. 
Estos ejemplos bastan para ver, que á 
unos con calentura, á otros sin ella, y 
á muchos comenzándoles dolor, sin 
otro accidente de la parte, les da gan- 
grena (pág. 159, col. I.*).» 

Cuestión 51. Si el miembro gan- 
grenado se ha de cortar por lo sano ó 
ha de quedar algo dañado. 

Cuestión 53. Si el miembro cor- 
rompido se ha de cortar por la ¡un- 
tura. 

Esto indica que en su tiempo se 
practicaban ya las amputaciones por 
contigüidad. 

Cuestión 54. Si está obligado el 
enfermo á dejarse cortar un miembro 
por escapar la vida. 

Responde , que ni la justicia, ni el 
padre, ni el prelado, pueden obligar 
respectivamente á que uno se defe 
cortar un miembro. En su confirma- 
ción refiere: «Que cop motivo de estar 
enfermo un oidor de S. M., hubo una 
reunión de teólogos y de médicos ; y 



habiendo saneado su conciencia con 
su dictamen, no se quiso dejar cortar 
la pierna , y prefirió morir. Cierto 
fraile de Madrid, habiéndosele hecho 
llagas en la cabeza con gran corrup*» 
cion del casco , no consintió la trepa- 
raciori, y prefirió dejarse morir. El 
conde de Haro, estando aparejados los 
cirujanos para cortarle un miembro, 
dijo: No consentiré, que pretendiendo 
vivir mas regaladamente, eomience i 
vivir y á padecer con mas crueldad* 
Dejó morirse (pág. 163).» 

Cuestión 61 • ¿Se han de estirpar 
los cánceres? 

Responde que debe estirpafse en 
un principio, cuando haya casi certe- 
za de quitar el mal, y cuando no sea 
constitucional (pág. 174). 

Refiere que un lipoma terminó su 
cáncer; que á pesar*de su gran volu- 
men y peso , que ascendió i mas de 
sesenta libras, se le ligó^ y luego se le 
cauterizó, con cuyos qnedios curó (pá- 
gina 177). 

Ridiculiza la virtud que se decia 
tener los reyes de Inglaterra y Fran- 
cia , para curar las escrófulas , por el 
simple tacto con sus manos. 

Cuestión 66. ;Se ha de abrir al- 
gún apostema crudo y sin materia? 

Cuestión 72. Si todas les heridas 
de que mueren son mortales , y por 
qué mueren algunos de peque&as he- 
ridas, y sanan de grandes. 

Cuestión 73. Si las heridas esen* 
cialmente mortales se han de curar. 

Cuestión 77. Si las heridas de es- 
copeta, bombardas, adonde intervie- 
nen pelotas (balas) y pólvora, sean ve- 
nenosas y tocadas de calor escesivo y 
estraño. Demuestra con muchas razo- 
nes la negativa. 

Cuestión 78. ; Qué se ha de sentir 
de los saludadoreéf 

Cuestión 78. ¿Por qué las heridas 
de cabeza son peores en un pueblo que 
en otro? 

Cuestión 101. Si la erisipela es 
mala señal en heridü de cabeza. 
En este articula describe la terrible 



I 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



103 



enfermedad del prÍDcipe D. Garlos, y 
de lo que socedlo en sa cura. Dice asi: 
«Bajando el principe un domingo, 
á 19 de abril de 1&62j después de co* 
mer, entre once y doce, cayó por una 
escalera estrecha, y se le hiio una des- 
ea labradora en la parte porterior de la 
cabesa , sobre el hueso del colodrillo, 
que declinaba hacia la parte izquierda: 
corlóse el cuero y la caroe, y macbu* 
cóse algo el pericráneo: curóse luego, 
metiéronle basta cuatro ó cinco me- 
chas tan grandes como piñones mon- 
dados» Después de la cura, le sobre* 
?ino sudor , y después del sudor le 
sanjpraron del braso derecho, y sacá- 
ronle mas de seis onaas de sangre ; y 
aquella noche cenó con dieta* El lunes 
siguiente le hicieron segunda cura , y 
le tornaron á sacar del brazo izquierdo 
otras seis onzas de sangre. Luego le 
dio calentura, la cual tuTo hasta el se- 
teno, qne fué el sábado siguiente : en 
este tiempo había tomado medicinas 
y jarabes, y el viernes, antes que fue- 
se sexto , ae purgó con maná: la llaea 
se fué mundificando y encarnando 
hasta el onceno, que no dio tao buena 
. señal como los pasados, en color, ni en 
materia , y en todo este tiempo tuvo 
muy buena gana de comer. Jueves 
postrero de abril , á las dos de U ma- 
ñana^ y al onceno le vino un poco de 
frió, y luego se encendió en calentura. 
Hízose junta de médicos y cirujanos pa- 
ra determinar si seria bien descubrir 
mas la herida , y pareció á todos que 
sí, y se abrió luego por dos partes, 
hasta descubrir el casco : tomóle la 
sangre, y lechinóse muy bien. Otro 
dia, que fué viernes y primero de ma- 
yo, se miró el casco, y estaba limpio: 
y como el príncipe habia sido cuarta- 
nario, y estaba lleno de ranchos y ma* 
los humores , subíanle á la cabeza , y 
comenzó á tener muy ardientes calen- 
tura^. Luego le sucedió una erisipela, 
comenzando por la parte izquierda de 
!a cabeza, y anduvo roas de ocho ó 
diez días , rodeándola toda , orejas y 
garganta y boca, por de dentro y por 



de fuera, y bajó por los pechos y por 
los brazos , y asentóse gran parte de 
ella encima de los ojos : tuvo todo el 
rostro muy hinchado, y estuvo sin ver 
mas de ocho dias. Hiciéronsele dos 
apostemas debajo de los párpados de 
los ojos, en los cuales le dieron dos lan- 
cetadas, y salió de ellas mucha mate- 
ría y agua. Las orejas y carrillos, y 
narices, se avegigaron, y después lo 
tuvo hecho llagas, y ni mas ni menos 
la cabeza. Lnego el sábado por la ma- 
ñana se tornó á curar, y hallóse la 
llaga con harta materia , y los labios 
de ella gruesos y colorados, porque se 
curaba con digestivo: y en este tiem- 
po se mostraba la erisipela al derecho 
de la herida. Procedióse con esta ma- 
nera de cura, yéndose aumentando la 
erisipela, hasta pasado el catorceno; y 
desde el catorceno hasta el diez y sie- 
te, que quitaron el digestivo y pusie- 
ron otros ungüentos , viendo que la 
calentura era tan grande, y el calor y 
sequedad en la cabeza, qne tenia, por 
causa de la erisipela , quedara la llaga 
muy seca y sin materia. También 
hubo alteración sobre si seria bien, 
que se legrase ó trepanase el casco-, 
porque estaba manchado tanto como 
medio real de color leonado: hubo pa- 
recer, que trepanasen ó rapasen basta 
la tela de los sesos : otros decían, que 
no se trapanase ni rapase el casco, 
que tenia por cierto que no estaba da- 
ñado, ni corrompido por la parte de la 
caída; aunque después determinaron 
que se rapase hasta ver donde llegaba 
la malicia de la mancha: puesto que 
hubo votos que dijeron qne si el prm- 
cipe había de morir en tres días, mo- 
riría en dia y medio. Con todo esto, se 
legró el casco, estando en los diez y 
ocho; jr comenzando á raparle, se qui* 
tó luego la malicia , y quedó blanco: 
y andando mas adelante , comenzó á 
faltar sangre por los poros del casco. 
Los qne eran de opinión que no se ra- 
pase, daban priesa que no se tocase 
mas en el casco, y asi cesaron, sin pa- 
sar adelante con la raedora , y UkIos 



104 



mSTORIA DE LA 



quedaron sa tiifechos de que Tieron que 
el principe no tenia dañado el casco. 
Comenzó cop este trabajo á crecer mas 
la erisipela, y también porque subían 
muchos vapores ¿ la cabeza de sangre 
colérica. T con todos estos accidentes, 
vino S. A. á ser parafrenet izado, y 
desvariar por mas de seis dias , y per- 
dió el conocimiento de los que con él 
hablaban, tanto, que con estos seis diaa 
no hacia cosa , sino hablar , sin que se 
le entendiese cosa de lo que hablaba, 
y tenia muchísima inquietud en la ca-¡ 
ma > y falta de sueño. 

«Todos estos accidentes duraron 
hasta queentróen veinte y uno: en este 
dicho tiempo se le aplicaron ventosas 
de saja y sin saja^ por las espaldas y 
en el colodrillo, las cuales, aunque 
fueron diez / siete , nunca las sintió ó 
fué muy poco. Y después que tornó en 
sí , no se acordara que se le nabian echa- 
do, sino fuera por el dolor y sentimien- 
to que le daban las de saja. También 
recibió en este tiempo baños de pier* 
ñas, que se le dieron en cuatro noches, 
y tras los baños de piernas j los dé ea« 
beza., Después se pusieron en la molle- 
ra \ en las sienes y en las narices cosas 
que le provocasen sueño. T el mal es- 
tava tan fuerte, que con todo lo dicho 
y con que en el catorceno le sucedie* 
ron cámaras y una tosecilla seca , es- 
tando (como ya se ha dicho^ todo hin- 
chado y que veia , teniendo cada ojo 
como un puño de la erisipela; y al diez 
y ocho , habiéndosele ya aflojado las 
cámaras , tomó una purga de jarabe 
rosado de nueve infusiones , con que 
hizo veinte cámaras , entre grandes y 
pequeñas. El mal estaba en su fuerza^ 
y asi sábado por la mañana, en nueve 
de mayo, estando su Alteza en el vc^in- ' 
te, se le hizo una sangría en el pico de 
la nariz, la cual con meterle gran par- 
te de la lanceta , no sintió, y salió po- 
ca sangre. Después de la sangre le echa- 
ron una ventosa, y tampt>co la sintió: 
y en este mismo tiempo le bañaron las 
piernas. La cura que se hizo este sába- 
do por la mañana, fué con el ungüen- 



to de pinterete del Moro de Valencia 
porque estaba la llaga seca, y la carne 
se desapegaba del casco, que eran to- 
das muy ruines señales. A las cinco de 
la tarde trajeron de S. Francisco una 
muy solemne procesión con el cuerpo 
del Santo Fr. Diego, viniendo delan- 
te dos procesiones de diciplinantes, que 
cada dia venian de las aldeas, y todas 
las cruces de las parroquias y frailes de 
S. Francisco , y toda la clerecía de 
aquella villa , iban en el dicho acom- 
pañamiento. T en llegando á palacio, 
subieron los frailes el cuerpo que lle- 
vaban, y puesto encima del altar de la 
capilla, di|eron sus oraciones, y dichas, 
le metieron en la cámara del Principe 
y le pusieron encima de la cama. En- 
tonces dijo el Obispo de Cuenca al 
Principe, que mirase su Alteza que te- 
nia allí el cuerpo del bienaventurado 
Santo Fr. Diego, que se encomendase 
á él , y asi se comenzó luego á enco- 
mendar á Nuestro Señor y a él. T co- 
mo no veia ninguna cosa, andaba con 
la mano tentando por encima del cuer- 
po. Preguntáronle si quería ver, y dijo 
3ue SÍ! y abriéronle lo mejor que pu- 
ieron con la mano un poco del ojo 
dereclio, y vio el cuerpo del santo. Y 
luego, con la misma orden, tornaron 
á llevar á San Francisco el Santo, que 
con haber que murió, según dicen, 
noventa y nueve años, hasta entonces, 
y haber estado los tres debajo de tier- 
ra, se estaba tan entero como el dia 
que murió; y tenia el hábito tan sano, 
como si lo sacaran de la tienda , y con 
un olor muy bueno. 

((Acabado de sacar el cuerpo, S. A. 
pidió de cenar, y cenó dos bocados de 
un pollo picado y una escudilla de 
sustancia, y luego durmió como una 
hora (que se tuvo en mucho) y des- 
pertó con mucha mas flaqueza^ y con 
intercadencias en los pulsos , y al pa- . 
reeer formicantes; y asi juzgaron algu- 
nos médicos que esto era acabar la 
vida muy apriesa, y que no llegaría á 
la mañana: y asi proveyeron que estu- 
viese á punto la unción: la cual estaba 



MEDICINA ESPAl^OLA. 



105 



•D^el palacio cuatrodial babia^AS, M.. 
avisaron, y. suplicaroD se saliese loego 
de Alcalá, porque no viese morir á sa 
bijo. Desde bá dos horas que S. M. se 
fué, cesó nn poco el desvariar, y dur- 
mió tres horas. Tuvieron los médicos 
este sueño por bueoa setkai,./ luego 
despjAcharoo correos al rejr, bacíéndo* 
le saber la mejoría. Domiogo, á diez 
de mayOj^le curaron, y estaba la llaga 
de mejor color, y cou alguna materia, 
Y desde este tiempo fué siempre, me- 
jorando el príncipe, y continuando el 
sueño, y aflojando la calentura, puesto 
caso que en el desvarío no mejoraba: 
y aunque iba esforzando el calor na«. 
tural para dar materia a la Haga con 
el buen sueño y mas comida, hallaron 
que el ungüento del Moro es caliente, 
que á S, A. era dañosa, y estorbaría 
la materia: y asi no se curo con él, sino 
solas tres ó cuatro veces*, y después fué 
acordado entre los médicos y ciruja- 
nos, que le pusiesen en la Haga man- 
teca de vacas lavada v jema de hue- 
vo, para templar el luego, que le ha- 
bía necho el ungüento del Moro. Y 
asi, dentro de tres ó cuatro dias. si- 
guientes, se fué poniendo digestivo de 
yema de huevo y trementina con man- 
teca-, por lo cual, y por la mejoría que 
S. A. tenia de los accidentes malos, la 
llaga iba teniendo materia gruesa, 
blanca, y comenzaron los labios á po- 
nerse mas gruesos y colorados. Elsluvo 
5« A. desde el veintisiete todo lo de- 
mas del tiempo asentado en la cama.. 
Después que comenzó ¿ mejorar, dor- 
mía cada noche nueve horas: no comía 
mas de dos comidas en veinticuatro 
horas. La comida era urfa escudilla de 
caldo, que era la sustancia de un ca- 
pón, de una polla y de una pierna de 
carnero, y luego de una pechuga de 
ün pollo picado, y luego. comía de un 
pastel hecho de pechugas de pollos; 
acaba* en un vizcocho y mermejada,.ó 
guindas en conserva , y la * cena era 
otro tanto. No bebia entre dia , des- 



pués que se le quitó la calentura* 
Martes á las ocho de la mañana^ y dos 
de ^unio, tentaron el casco, que ya es^ 
taba tan negro como la tinta ^ y se lo 
sacaron sin que lo sintiese , y era á 
forma de un corazón.» 

Cuestión 109. ¿Por qué en las he* 
ridas mortales de cabeza se pasma el 
lado contrario de la llaga? 
. Cuestión 110. Si las úlceras tie- 
neu cuatro tiempos como las demás 
enfermedades. 

Tratado de las e^focuaciones. 
Entiende por evacuaciones en ciru- 
gía, la sangría , la purga , el. vómito, 
la;i ventosas , las sanguijuelas , los ba- 
ños, los clisteres, el sudor, el ejercicio 
y las fricciones. De estas evacuaciones 
considera como las mas principales la 
sangría y la purga , y entre estas dos 
la primera porque puede sangrarse 
cuando se quiera , y la- segunda no, 

Í>orque una vez tomada y removidos 
os humores, no está en nuestra mano 
contenerlos. 

La enfermedad grande reclama 
nempre la sangría: puede ser una en- 
fermedad grande de tres maneras , á 
saber : por la escelencia de la parte-, 
por la intensidad del mal , y por su 
n^alignidad. En la enfermedad grande 
en fuerzas y en virtud, debe sangrarse 
hasta el desmayo.*.. La mejor hora es 
la mañana; y los dias, los primeros de 
la enfermedad: se ha de hacer la san-, 
gría lo mas cerca posible de la parte 
afecta -, y si al tiempo de hacerla apa- 
reciera una evacuación natural , v. g. 
la menstruación , se procurará sacar 
la cantidad de sangre que se calcule 
necesaria , contando con las dos eya- 
cuaciones. 

jintidotaj*io de los medicamentos 
compuestos, de que en este libro se 
hace mension, y de otros esperimenta-* 
dos por el autor para diversas enfer'-^ 
meaades. , 

Dice en el prefacio. «Considerando 
cuan necesario sea al cirujano saber la 



HlST. DB LA MeDIC* ESBJLÜOLA.-^TOIIO 1 .® 



w 



106 



HISTORIA. DE LA 



cieaciia de las coMt con que cura para 
osar mejor de ellas ^ j qae machos se 
contentan con la cerlesa de los nom- 
bres, quizá no Unto por su falta como 
por la negligencia de los autores y 
maestros á quien se arriman, y que eo 
nuestros libros de cirugía ^a impresos 
otras Teces, faltaba algo de esto, acor- 
de hacer un antidotarlo ó recopilación 
de medicamentos compuestos.... no 
para que los haga cada uno en su ca- 
sa , ni tampoco para que los cirujanos 
usen el o&cio de boticarios.)» 

El antidotarlo es , pues , una colec- 
ción de fórmulas de ungüentos , acei- 
tes, pomadas, unturas, emplastos, etc. 
No ofrecen interés algono« porque casi 
todos están ya proscritos de la cirugía. 
Sin embargo 9 hablaré del aceite de 
Aparicio , que tanta celebridad llegó 
á disfrutar eo el siglo XVI, no por lo 
que él valga, sino por ser este Aparicio 
espafioi, según se deduce del pasage 
siguiente (1): 

«El aceite que declaró su muger 
por mandado ae los señores del con- 
sejo en casa del doctor de La «Gasea, á 
quien fué cometido, j que ella hizo 
eo presencia del doctor S. Pedro, pro- 
curador á Cortes por Valladolid , y 
D. Diego de Burgos, boticario de 
S. M., en 12 de marzo de 1567, es el 
siguiente: Rep. De la flor de hiperi^ 
con, ocho onzas; raicea de sHMleriana y 
CiurdosantOi de cada uno cuatro onzas; 
trigo limpio , cinco onzas: todo que- 
brantado, se infunde por un dia y una 
noche en tres libras de vino blanco. ^ 
Al otro dia se añadirán tres libras dé 
buen aceite , bien aftejo , y se cocerá 
á fuego manso hasta que se consuma 
la humedad del vino y de las yerbas. 
Colado el aceite, se echarán dos libras 
de trementina: cuezanse estas dos sns^ 
tancias á fueeo manso; y sacándolo del 
fuego, se echarán ocho onzas de po/^ 
vos de incienso , se torna otra vez al 



(i) Después de ese rito este artículo,, 
ha sabido que era oatural de Yiscaya. 



fuego , y herhirá por un cuarto de 
hora ; y tapando después la olla , se 
deja enfriar.» 

Aceite de la de Olmedo» La viuda 
de este Olmedo, fué obligada por los 
señores del consejo de Castilla, á reve- 
lar la composición del aceite que usaba 
su marido c(m tan feliz ézito en las 
heridas. Fueron comisionados para 
presenciar su composición , el doc- 
tor Juan Gutiérrez, proto-uiédico de 
S. M., D. Diego de Burgos, boticario^ 
y D. Damián Aojas, escribano. 

Tres tratados de ciruma nuevamen' 
te enmendados y añadidos por el U** 
cenciado Juan Fragoso , medico y cí- 
rujano del rejr nuestro señor. 

El primer tratado se titula 

Suma de las proporciones de ciru" 
gia que el licenciado Juan Fragoso 
enseña, contra unos avisos que impri* 
mió un doctor de esta facultad el año 
de 1584. 

Acabamos de ver en el articulo de 
Hidalgo de Agüero los avisos que pu« 
blicó en 1584 , para dar á conocer su 
nuevo método de curar las heridas por 
primera intención , y las objeciones 
que le haoe Juan Fragoso contra la 
práctica en ellos recomendada. Escu- 
so en este lugar el esponer la suma de 
estas proposiciones por no hacer el ar* 
ticulo mas estenso, y porque con sola 
la lectura de aquellos pneaen formar- 
se mis lectores una idea de estas. 

Tratado segundo. De las declara'^ 
clones que han de hacer los cirujanos 
acerca de muchas enfermedaaes y 
muchas maneras de muertes que su^ 
ceden. 

Este tratado es seguramente uno de 
los mas interesantes que se escribió de 
cirugía legal en el siglo XVI, en cuya 
época este ramo de la ciencia estaba 
por cultivar. Voy á presentar un es- 
tracto cual se merece, para que poda- 
mos decir, sin temor de ser desmenti- 
dos, que apenas hubo punto de la cien* 
eia que no dirigieran su atención nues- 
tros médicos. 

Qué heridas son de necesidad mor» 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



107 



tahs, jr cuales -por ¡a mayor parte^ 
cuales son de necesidad seguras j jr cud* 
les por ¡a mayor parte con seguridad 
(p¿g.395)(l). 

Dítlingue Uf heridas, en cuanto á su 
gravedad, en cinco ckses, á saBer: 1/ 
mortales por necesidad : 2/ mortales 
la mayor parte de veces jr denone** 
cesidad: 3/ las sanables la mayor 
parte de veces: 4.* las malencas, esto 
es^no sanables de necesidad porque 
siempre dejan rastro : 5/ las nudas ^ 
que igualmente sanan e igualmente 
matan. 

Reputa oomo mortales de necesidad 
e incurables, las que penetran las sus* 
tancias del oorason : las heridas graves 
j profundas del cerebro, del higado> 
del tragadero, del estómago, del gas« 
nate (laringe), de los pulmones, de la 
▼egíga , de las tripas delgadas , de la 
madre , de la vegiga urinaria j de la 
hiél, j las del espinaxo qm tocan al 
tuétano.» 

Eln seguida espone las causas por qué 

das estas heridas son esencialmente 
mortales. 

Considera como de necesidad no 
mortales ó sea mortales ut plurimum 
las heridas de los órganos mendonados 
con tal que no pasen adentro sino que 
los lleguen ó toquen* Dicense morta* 
les ut plurimum y porque purándose 
bien suelen sanar de tales heridas , f 
habiendo descuido, se hacen de neoe* 
sidad mortales* 

Son de necesidad curables aquellas 



(1) Citaré las ptfgínss en que se hillaa 
los títulos , porque no es exacte la cita del 
6r. HerDtndev MorejoD por espítalos, por* 
que no hay tales espítalos en este tratado. 



heridas situadas en partes carnosas, 
mu j desprovistas dé vasos y nervios, 
que no son grandes en esencia, ni an« 
cnas, ni largas, ni profundas, y en su- 
jetos bien condicionados. 

Son Curables ut plurimum y segu* 
ras las heridas no penetrantes de pe- 
cho/ de vientre (pág. 396 y 397). 

A conliDuacion trata de las heridas 
penetrantes de pecho, de la de los pul* 
raones, del corazón, del diafragma, de 
la arteria aorta y vena cava , del me« 
dula espinal, del hígado , del estoma* 
go, del bazo , de las tripas, de los ri* 
ñones, de la vegiga^ de la matriz y de 
los nervios y junturas. 

Describe los síntomas diagnóstico 7 
pronóstico de cada una de estas lee* 
ciooes (interesantísimo). 

Para conocer de qué murió algún 
niño que hallaren muerto d deshora 
junto a su ama (pág. 399). 

Describe las señales del infanticidio 
por sofocación , por opresión á otra 
violencia esterna. 

Qué término se aguarda en las he^ 
ridas de cabeza para declarar que el 
enfermo está fuera de peligro • 

Asegura que cuarenta días, y según 
Pareo a los cien. Con este motivo re- 
fiere algunos casos de su propia prác*^ 
tica. «La opimoa de Pareo se confir- 
mó , dice , en Madrid estando alli la 
corté del emperador Carlos Y , adon- 
de murió el Comendador Solía, casi á 
ios cien dias de una herida que le dio 
en la cabeza D. García de Carvafai', 
por cuya muerte pagó con la suya ^pa- 
gina 403). » En resumen^ aconseja a los 
prácticos tener presentes uno de kü 
eonsefos que dio el célebre D. Diego 
del Cobo á su hijo. 



No asegures d ningún plisado. 
Pues no sabes lo que tiene Dios y notara juzgado: 
Y aun cuando las llagas te parezcan ligeras, 
Jfo las juzguez como si fueran guarideras. 
Acuerda que son tres los operantes. 
Dios por si solo, y natura jr arte mediantes (p. 403)« 



108 



HISTORIA DE LA 



I 



En gué se conocerá sí el muerto con 
algunas heridas las ricibio estando vi'- 
voó ya difunto (pág . 403). 
. Hace una ilemostracioncnU pruebt. 

Si al que hallan ahorcado le ahor* 
carón vivo ó después de muerto, 

¿Cómo se conocerá si al que hallan 
ahogado le echaron viyo en el agua ó 
muerto (pág. 494.) 

Para conocer la virginidad de la 
muger (pág. 405). 

«Los signos prestados por la mem- 
brana bimen son enga&osísimos, por- 
que apenas la tiene una entre mil^ 
recien nacidas.» Interesantísimo* 

Seguramente no se dice mas respec- 
to de esta cuestión en el siglo XIX. 
Dice qoe en Navarra parió una niíla de 
nueve afios (pág. 405). 

También reéere un caso judicial 
mujr curioso ¿ interesante por las cir- 
cunstancias. «Una moxa burgalesa te- 
nia lecbe en los pechos j falta de me- 
ses. Su amo la acusó de estar embara- 
zada: un médico sostuvo la acusación^ 

el doctor Vega la defendió, y probó 
a posibilidad ue tener leche una mü- 
ger , no por habérsele detenido la re- 
gla sin concebir. Pasados los nueve 
meses se vio claro que la moza habift 
vivido honestamente j ser doncella» 
j pasados algunos dias le vino su cos- 
tumbre (pág. 406^ col. 2.*). 

Para conocer si alguno murió de ve- 
neno. 

Cómo se conocerá, a la muger que 
tiene mal de madre y duda de su vida, 
esta viva ó muerta. 

En que se concerd si un apoplético 
está muerto ó no (pág. 408). 

Cómo se declara si uno murió de 
enojo jrpesar (pág. 410). 

oialque hallaron muerto de dpo^ 
co de tomar unti medicina se ha de ¿/e- 
clarar que murió de ella (pág. 41 1). 

Cómo se ha de haber el cirujano 
cuando le pidan que declare de alguna 
persona, si la enfermedad que tiene es 
de bubas ó contagiosa. 

Cómo declarara el cerujano acerca 
de dos recien casados que se pide di* 



i 



vorcio por ocasión de alguna impo* 
eencúi(pág. 412). 

Son muy curiosos dos casos que ci- 
ta; pero es mas singular todavía el si- 
guiente que lo discute bajo este titulo. 

Declaración acerca de una muger 
que dijo estar preñada y doncella^ y 
ser su marido impotente (pág. 413» 
col. 2.*). 

aUna muger casada» dice» pidió di- 
vorcio al tribunal » alegando que su 
marido era impotente , no embargan- 
te que estaba pre&ada de él , pero no 
corrompida. El juez cometió el exá^ 
men á los cirujanos» especialmente to« 
cante al marido» para que visto dijesen 
su parecer. Los cuales convinieron que 
en lo que aparecía de fuera él tenia 
sus miembros bien proporcionados j 
dispuestos á tener cópula. En cuanto 
á estar preftada j ser doncella la mu- 

fer hubo variedad de opiniones» j se 
eterminó que una mugeic podía con- 
cebir sin estar desvirgada» absorvien- 
do la parte espirituosa del semen. 

Para conocer jr declarar acerca del 
pecado nefando que se presume haber 
cometido un muchacho. 

Refiere un caso ocurrido con on 
muchacho» preso en las cárceles de U 
corte» con sospechas é indicios de so- 
metico (pág. 414). 

Decüroídon en caso que se pregan» 
tare, si una muger pueae emprefkarse 
de oera (pág. 413). 

Dice: «Eran dos mugeres» una viu* 
da j la otra tenia marido. La viuda^ 
estando muj caliente j furiosa, pro-t 
vocó á la casada á que se echase con 
ella» la cual » poco antes había tenido 
acceso con su marido*, j con muchas 
vueltas j tocamentos deshonestos» es- 
tando asi juntas» recibió en si la viuda, 
no solo la simiente de U otra , mas 
también la que había recibido de su 
marido » con lo cual se hizo preñada. 
Asi lo declaró j afirmó con muchos 
juramentos » j que se le había de dar 
crédito » pues era cosa de menos ver- 
güenza confesar haber concebido de 
hombre que de otra muger por tan 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



109 



penrersc» j deshonestos medios (pá* 
gína 414).i» 

Fragoso cree este caso muy posible. 

iSi* parida una muger d ¡i>s once 
meses, se ha de declarar si fue legiti'' 
mo el parto. 

Cómo declarará el cirujano cuando 
se lo pidiere » si puede engendrar un 
hombre, fakdndole el miembro viril jr 
puesto cjgun artificio (pág. 4 16). 

El autor do cree la posibilidad, fun- 
dado en que á un hombre que le falta 
el miembro TÍril^ no puede tener sen- 
sacion de placer» di ejaculacioo : se- 
gundo, que el semen no puede mar* 
char bien por un conducto inerte, 
porque necesita de las contracciones 
del miembro: tercero, porque supo- 
niendo todo esto posible, le laltaria el 
calor necesario: cuarto, porque era 
imposible dirigirlo bien hasta el ene* 
lio de la matriz (ib.) 

Cómo ha de declarar el cirujano 
sobre la muerte de alfpm herido» 

En qué conocerá el cirujano al que 
finge manquedad, de golpe ó herida, 
que tuvo (pág. 417). 

Cómo se ha de haber el cirujano 
en la declaración y examen de un es* 
clavo que se vende. 

Declaración de sangría de que suele 
ser acusado algún barbero (pag. 4 1^. 

Declaración y examen de un U» 
prosa (pág. 420). Es muy interesante. 

Es un tratadito de todos los sínto* 
mas generales j particulares con que 
▼a acompañada la lepra. En sustancia 
es lo siguiente: 

aE) cirujano tomará juramento al 
enfermo que dirá verdad de lo que 
fuere preguntado: procurará conso- 
larlo con palabras blandas j amorosas: 
^se informará de su régimen j dieta, 
si ha tenido almorranas, bubas ó em- 
peines en la cara , ó cualquiera otra 
jBufermedad. Hará una sangría ancha 
del braco , j examinará si el color de 
la sangre es de tierra ó de plomo , si 
huele mal , si es viscosa ó untosa ^ si 
arenosa y áspera ) j si lavada la san- 
gre con agua, colada por un pafto del* 



gado, y estregándola, se hallaren en lo 
hondo granos como de tierra, carnosos 
y ñudosos, pues que esto es grande se- 
fial de lepra. Se mirará la cabeza y el 
rostro; si hay granos é hincbasones 
duras y redondas por toda la cara ; si 
su color es denegrido, y si está untuo- 
sa. Considérese la caida de los pelos si 
hacen eras, y si en lugar de los caidos 
salen otros mas cortos y raros. Se ob- 
servará si la frente está arrugada como 
de león; si los ojos están redondos y el 
aspecto fijo y sin moverse. Considé- 
rense los párpados si están hinchados; 
si se caen los pelos de las cejas ; si lo 
blanco del ojo está oscuro , y si están 
húmedos. Mírense las ore jas, si están 
contrahechas y redondas por haberse 
consumido la parte carnosa. Si las na- 
rices están por defuera como abiertas 
é hinchadas. Inspecciónese la lengua, 
y véase si está denemdií^ hinchada^ y 
si debajo de ella están las venas dilata- 
das. Si están los labios alzados , |[rao* 
sos , duros , hundidos y denegridos ó 
cárdenos. Si lu encías están gastadas, 
sucias y ásfi^Bras y con mal olor. Si tie- 
ne el enfermo ronquera, la voz oscura, 
como quebrada ó que habla por las 
narices. Si tiene consumidos los mús- 
culos de las manos, especialmente en- 
tre el dedo pnlg^r J ^1 indicador. Si 
en el cuero del cuerpo hay albarazos, 
desigualdades y aspereza agranujada; 
si hay herpes , sarna ulcerosa ó como 
escamas, ¿e donde sale salvado. Si hay 
dolor punzante en todo el cuero ó ador- 
mecimiento. Si los sueños son espan- 
tosos, que pare^ que ven los pacien^- 
tes á los demonios , culebras , cuevas, 
sepulturas y cuerpos muertos. Si tie- 
nen desordenado apetito del coito. Si 
hay flaqueza en el pulso. Si la orina 
es turbada ó gruesa como de jumento. 
Por último , si hay constipación de 
vientre, .y regüeldos á menudo, se po- 
drá concluir que cualesquiera que tu- 
viere estas señales ó las roas de ellas, 
padecerá de elefancía ó lepra.» 

Cómo se hande embalsamar j con- 
servar los cuerpos muertos. 



110 



HISTORIA DE LA 



Tratado tercero. De los aforismos 
de Hipócrates^ tocantes d la cirugía, 
con una breve esposicion sobre cada 
uno de ellos. Por el licenciado Juan 
Fragoso^ etc. 

Eo el comelitario del aforismo A9 
Inossecegrotante, caro Usñda, maban, 
habla de loa colores de las orioaa \ j 
para probar que lo color livido indica 
haber sofrido golpes y contasiones, 
añade: «cosa notable que por este co- 
lor de orina conociere nn médico ami* 
go nuestro^ haber aiotado á un hom* 
bre, que se entraba á curar en el hos* 
pital de la Misericordia en Toledo, el 
cual por ciertos rodeos Tino al fin i 
confesar, que le habían sacudido las 
espaldas en Madrid (pag. 445, col 1/) 

Comenta 67 aforismos. 

De la natnrakza, calidades y gra^ 
dos de los medicamentos simples. ja.ho* 
ra nuevamente añadido por el Ucen' 
dado Juan Fragoso; y para mas clá^ 
ridad, puesto por el A. B. C* 

Ofrecen toaos ellos poqi\ifiinio inte- 
rés, por estar ya. en d^uso la mayor 
parte de los que refieren. Sin embar* 
go , prueba la mucbt (é que los ánti* 
guos tenían en los medicamentos tot 
mados del reino regetai. 

He terminado las obras de este cé** 
lebre cirujano. Por los estractos que 

Kesento á la consideración de mis 
storesj podrán conocerse que los ci- 
rájanos del siglo XVI son bien acree- 
dores i nuestra consideración ; pues si 
tuvieron la desgracia de no saber mas, 
fué por el tiempo ; no porque ellos 
descuidaran el estudio de la ciencia» 

BARTOLOMÉ MONTAÑA. Na- 
da puedo decir ni de su patria, ni de 
sus obras. Hablo de él, refiriéndome 
a Juan Fragoso, que dice haber escrí* 
to este médico una obra de consultas 
médicas, y cita la 261 (Frag. drugt 
univer. pag. 297, col 1.*) 

FERNÁN SÁNCHEZ DE RI- 
VERA. No tengo otra noticia de este 
médico, que la qiie da Juaá Fragoso, 
diciendo: «El doctor Fernán Sánchez 
de Rivera , médico de Llerena, entre 



<^Á 



otros tratados de medicina que escri- 
bió, dirigidos á Arias Montano, fué 
uno: De la com^ersion de las mugeres 
en hombres, y al contrarió (Frag. ob« 
cit. pág. 115, col. 1/)» 

GERÓNIMO MEROLA , natural 
de Balaguer, estudió la filosofía y me- 
dicina eo la universidad de Barcelona, 
y en ella tomó la borla de doctor en 
ambas facultades, y obtuvo una catcr 
dra de medicina. Pasó i Mompeller, y 
fué discípulo de Guillermo Rondoleto 

ág. 53). 

El autor dice, que siendo ya de edad 
de 50 aftos, y deseando dejar una me- 
moria de su aplicación y de sus estu- 
dios , estuvo mucho tiempo pensando 
la materia sobre que babia de escribir, 
que al mismo tiempo que fuese origi- 
nal, y no tratada por ninguno, lo fue» 
ra también ¿til y ventajosa. En medio 
de estas dudas , le ocurrió el dicho de 
Platón, abitas bene instituta, similis 
estjabrícoí corporis humani. 

Se equivocó, pues, el Sr. Reman- 
dez Morejoo, cuando dijo «que este 
autor pudo haber tomado de la abra 
del manchego Juan Valdés de la Plata 
el pensamiento de publicar su repú'^ 
bUca original del cuerpo humano (tomo 
3.«, pajr. 354). 

Si IVkrola no confesara de dónde le 
tomó , aun pudiera haber dicho el 
Sr. Hernández Morejon que la había 
tomado del tratado de anatomía de 
Andrés Laguna , publicado en 1535: 
también hubiera podido asegurar que 
Sánchez Valdés ae la Plata la baoia 
tomado igualmente del médico Sego- 
viano, que escribió mas de treinta 
años antes. 

Escribió la obra siguiente: 

RepúbUoa original, sacada del cuer^ 
po humano. Compuesta por Gerónimo 
Sferola, doctor en filosofía y rfíedici* 
na, catalán , Y natural de balaguer. 
Barcelona M.D.LXXXVII, en 8.» 

Dividió esta obra en dos libros. Sub- 
divide el primera en 37 capítulos» 

En el 1.® espone el objeto de su 
obra, cual es la de hacer ver la seme- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



111 



finu ie no gobicrnode nasitro tiem- 
po, 000 el át om eindad bien orde- 
Dida. 

En el %' de la oeceiidad de U vida 
•otira, cajo ejercicio ae hace median* 
t« e! inatromento de nuestro cuerpo. 

En el 3 ." de loa bienef qae concedió 
Dioa al hombre. 

En al 4." prneba qt^e todos los bie- 
nes son det alma, del cuerpo, ó de U 
fortuna. 

En el 6,' que todo* los hombres son 
ó teólogos, 6 médicos, ó letrados, ó 
fanilia de estoi. 

En el 8.° ¿por qaé causaban car- 
gado mas laa calumnias «obre la medi- 
cina que sobre la teología r el derecho 
etril?.... «El derecho cirif es también 
respetado porque ciñe espada^ castiga, 
prende, suelta, absuelve, condena, da 
7 quita la posesión de los bieuea: la teo- 
logía está libre de calamm'as, porqne 
el Qaoto Oficio está de por medio (que 
boen siglo baya qnien te iottituyó). 
Asi todo el granito cae sobre la medi- 
cina, porque ni sabe defenderse, ni 1* 
defiende nadie (pag. 54).» 

En el 9." prneba por autoridades 
del viejo testamento, la nobleca de la 
medicina. 

Ed el 10 prueba lo mismo por auto-- 
ridades del nuevo testamento. 

En el 1 1 prueba por autoridades de 
autores proianos. 

En el 12 refiere los Césares roma- 
nos que fueron médicos. 

En el 15 por qué solo el caballero 
puede decir á fé de qnien soy, y no el 



Ea*l24 que el hombrees un man- 
do pequeBo y abreviado. 

En el 25 que en nuestro cuerpo 
está representada la policía real. 

En el 26 que onestre cuerpo repre- 
senta la policía en que machos sabios 
y buenos ordenan y mandan. 

En el 27 por qué no se hilla cifrada 
en nuestros cuerpos aquella policía, 
en la cual los plebeyosy hombres ba- 
jos gobiernan. 

En el 28 que nuestro cuerpo es el 
dechado de una perfectísima ccono- 
mia. 

£n el 29 que la verdadera guerra y 
disciplina militar está representada en 
nuestro cuerpo. 

En el 30 que las centinelas en las 

K erras, las enseñas y pendones, se ha- 
n cifradas en noestro cuerpo. 

En el 31 que nuestro cuerpo es la 
cifra de un tribunal. 

Ed el 32 que nuestro cuerpo es la 
cifra de loa tres brazos , eclesiástico, 
militar y real. 

En el 33 que nuestro coerpo es la 
cifra de loe oipotados. 

En el 37 que en nuestro cuerpo se 
halla la cifra v figura de muchos ins- 
tromentos, de las artes mecánicas y 
serviles. 

Zjbro seffotáo. Ertá dividido en 26 
capitulo*. 

En todos ellos se esfuerza en probar 
que la medicina es mas noble y esce- 
lente que la jarisprudeocia. Sus ob- 
servaciones sobra lu leyes no dejan 
de interesar. 



112 



HISTORIA PE LA 



Las leyes profatías 7 humanas no 
pueden causar la paz. 

Las leyes pueden dar los bienes de 
fortuna. 

La medicina puede dar la salttd^ 
sin la cual los bienes nada sirven.» 

Por los datos que acabo de esponer^ 
conocerán mis lectores que esta obrita 
es sumamente interesante. Desgracia- 
damente se ba hecho sumamente rara; 
por esta razón me he entretenido algo 
en su análisis. 

LUIS DE TORO. Nació en Pía-, 
cencia en el año 1532: estudió la filo«» 
sofia en su pueblo , y concluida á la 
edad de quince años, pasó á la univer-. 
sidad de Salamanca para estudiar lar 
medicina en 1547. En esta tuvo por 
maestresa Agustín Lopez^ á Juan Par<^ 
ra , á Juan y Lorenzo Pérez» herma- 
nos , y a los doctores Alderete y Vega 
(pág. 5). En 1550 se licenció de mé-» 
dicOy y pasó á su pueblo natal de mé- 
dico titular. En este tomó relaciones, 
intimas con Enrique Mantisio, médi» 
co del emperador Carlos Y, con Juan 
Gutiérrez de Santander, con Fernán-, 
do Mena, Bernardo Quiros, Jaime Oli- 
rares, Alfonso Llovera, Pedro Gonza« 
lez , Andrea Sosa y Martin Rodrigo, 
todos médicos de cámara. Añade que 
no hubo médico célebre en España 
con quien no tuviera relaciones epis-^ 
telares (pág 6). 

JEUcribió una obra con el título sí^ 
guíente. 

De fehris midemicíB et novas ^ auco 
latine punticularis, sfulgo tavardiÚo et 
pintas cUcUur , natura , cognitione et 
medela, ad eos, qui introducuntur. Per 
Aloisium Toreum phisicum et medi» 
cum placentinum, (Burgis^ Apud Phi- 
lip. Juntam 1574, in 8.**). 

Prueba que esta enfermedad era 
nueva y desconocida de los antiguos, 
como lo fueron otras muchas que cita 
(pág. 17) , que se presentó en España 
casi repentinamente en el año de 1557 
(id.): Confiesa que aun cuando habiao 
hablado de ella otros muchos médicos^ 
inclusos los españoles Alfonso López de 



Corella, Gómez Pereiíra y Juan Brabo 
de Piedrahita, sus obras no habían lle- 
gado á sus manos (pág. 18). 

Se obgeta las descripciones de los 
antiguos sobre algunas enfermedades 
que al pareceic^ran de fiebre punticu- 
lar ; pero contesta probando su dife- 
rencia (pág. 20). Cree aue estaepide* 
mia tuvo su origen en las guerras de 
Granada entre los sarracenos y cristia- 
nos, y que si tantos años estuvo sin des- 
arrollarse fué por la templanza del 
cielo, y por otras circunstancias favo- 
rables que habian llegado á su térmi- 
no (pág. 26). 

También se inclina á creer que los 
astros influyen en la corrupción del ai- 
re , y por consiguiente eii la produc-* 
cion de las enfermedades pestilencia- 
les. Entre las causas predisponentes 
cuenta la plétora, la robustez del cuer* 
po y el temperamento sanguíneo (pá- 
gina 50). . 

La descripción sintomatológica que 
hace nada deja por desejar. «Empiezaj. 
dice, por una gran laxitud de todo el 
cuerpo, v muy luego sobrevienen pe- 
sadez y dolores entre las escápulas. La 
cara se pone muy encendida , los ojos 
se inyectan de sangre, y lagrimean sin 
cesar. Hay vehemente dolor de cabe- 
za con pulsaciones en las temporales; 
el pulso se hace grande , frecuente y 
desigual: el pecho duele, algunas ve- 
ces arrojan esputos de sangre como en 
la pleuritis : sienten un grave peso en 
la región lumbar, duermen poco y de- 
sasosegadamente ; la mayor parte de 
veces tienen desvelo y delirio: las ori- 
nas son muy encarnadas y turbias. Si 
á esta calentura precedía una disposi- 
ción biliosa, sentían un calor abraza- 
dor en todo el ámbito del cuerpo, es-* 
pecialmente en el estómago; sed ines- 
tinguible, ansiedad, nanceas, vómitos^ 
aspereza y neguisa de la lengua. Si el 
humor dominante era la melancolía, 
los enfermos ademas de lo indicado 
tenian delirios tristes , el sueño muy 
perturbadlo, temor , tristeza y desma- 
yos.... No bay parte ni miembro del 



/ 



» v «■ 



MEDICmA ESPAÑOLA- 



113 



cuerpo, pi fuDciion ▼¡Ul> animal ¿nn* 
tural que no se baile invadida de e»U 
cmelísisna herida..». Ademas de. estos 
siotomas produce otros muchos se|[UD 
la iateusidad de la causa: eu unos pro- 
dnoe delirios atroces; ea otros Tigilias 
fatigosas; á unos los deja sordos^ a otros 
iDudos^ á algunos comatosos y atonta- 
dos, á quienes conyulsos.jr tembloro* 
sos. En cnanto ¿ la fuerza Tital.... ha- 
ce los pulsos desiguales , frecuentes, 
peqne&os , casi noios é intercidentes: 
produce palpitaciones de coraaon y 
desmayos. En cuanto á la natural, tó- 
mitos de una bilis unas veces amarilla, 
otras verdosa ó negruzca, diarreas, có- 
licos, disenterias y sudores copíosi- 
aimos. 

Pasa en seguida á espticar las causas 
de todos los síntomas espresados. 

altera ad iilustrissimum D. Luaovi» 
oum de Astuniga et Abüa^ Marehió'^ 
nem de Mirabel Aloisias Toreus. 

Antes de esponer el método tera- 
péutico conveniente á esta enferme? 
dad, hace una digresión sobre las ven- 
taías que pueden reportar á la repú* 
blica loa fnédicos ; y prueba que ellos 
cumpliendo con su sagrado ministerio 
contribuyen á laaalucT de los ciudada- 
nos, que es el primer elemento deT la 
felicidad de un pueblo , por cuya ra- 
zón deben ser considerados como los 
nervios del estado. 

Al tratar del nkétodo curativo, dice 

?[ne no hay que fiarse del estado de 
uerzas del enfermo, pues que aunque 
en el principio de la enfermedad sean 
machas, hay que contar con la dura- 
ción del mal y con la debilidad que 
se presenta constantemente en el ter- 
cer |)eríodo (pág. 99). 

Prueba la mucha dificultad que hay. 
en conocer y en prever oportunamen- 
te los síntomas que en el curso de la 
dolencia vienen á complicarla, tales 
son las hemorragias, los vómitos, los 
sudores, las diarreas, etc. 



Respecto al régimen^ aconseja * que 
sea muy moderado; porque si Joa en- 
fermos usan de un régimen muy te- 
mido, se debilitan y se angustian ; no 
pueden conciliar el sueño de desma- 
yados; las orinas que arrojan son< muy 
acres; y, en. fin, lo pasan muy mal , si 
de un. régimen muy nutritivo,. el < mal 
toma mayor incremento. 

Propone la cuestión,- si deben pro- 
moverse los sudores'desdeel principio 
de la enfermedad. Decide que si la 
plétora es sanguinea^.convendria em- 
pezar por la sangría ; pero si era la 
plétora cacboquímica , pudieran em-» 
picarse antes los purgantes (pág« 199). 

Llama mucho la atención sobre el 
tiempo de hacer las sangrías en estaen^ 
fermedad , y aconseja que se suspen- 
dan ó que no se hagan cuando las pin- 
tas hayan ^salido y diseminádose por 
todo el cuerpo; porque en este caao se 
mezclan unas con otras, la putréfac- 
i»on se aumenta, se debilitan las fuer*- 
zas, y los enfermos se angustian y se 
ponen peores (pág- 128). 

En su confirmación refiere la histo- 
ria de la enfermedad que padeció, y 
de la cual murió Doña Inés de Ayala, 
á la cual se le hicieron nueve sangrías, 
y algunas de ellas después de disemi- 
nadas por todo el cuerpo las pintas. 
Últimamente aconseja el que se san- 
gre cuanto se deba , hasta el cuarto ó 
quinto dia de la enfermedad. 

Al hablar de los purgantes previe- 
ne el que no se usen después de apa- 
recidas las pintas, y si acaso conviene 
administrarlos que sea en el principio. 
Proscribe ios purgantes fuertes y re- 
comienda la casia, la fístula, el maná, 
los tamarindos, el ruibarbo, él jarabe 
solutivo de rosas. En el último período 
de la enfermedad, aconseja los apoce- 
mas cordiales, compuestos con la pie- 
dra bezar, el bolo armónico, la triaca» 
las limonadas frias,y las fricciones con 
el ungüento cardiaco. 

Si las petequias desaparecieran* de 



HlST. DE LA MbDIC. ESFAftOLil.-^TOMO 2.^ 



15 



114 



HISTORIA DE LA 



I 



repente , con exacenracion del enfer- 
mo , se aplicaráii ventosas, j se darán 
fricciones generales con sustancias al* 
go estimulantes. Si en el curso de U 
enfermedad sobreviniera algún sinto* 
ma malignOi ó bien que se hiciese al- 
guno de los ya esístenteSy predomi« 
nante , se le trataría con remedios 
apropiados. 

Luis de Toro es indodaLlemente 
uno de los que mejor describieron la 
historia de eata epidemia: su obra 

f»oede considerarse como la monogra- 
¡a mas completa del tabardiUo, j aon 
en el dia pvede consultarse con mu- 
cho provecho, porque no desmerece 
de ninguna otra de su clase. Láslima 
es que sea tan poco conocida , j aun 
sera mayor el que esta obrlta desapa» 
resca de nuestra literatura ^ que no 
falta mochb* Es mujr rara y pre- 
ciosa» 

JUAN ALEMANT. ConsU que 
fué catalán , aunque no el pueblo de 
su naturaleza: estudió la medicina en 
Barcelona. 

Bspertario de los tiempos y juicio 
astronómico. Sevilla 159d. 

D. Jaime Ri|)oll, mayor, poeee ana 
obra del mismo con este título: 

Lunari ó JtepertoriJel temps, com» 
postpor lo molió hábil Juan AUmany^ 
bacneller en arts y doctor en medici^ 
na, de nasió catata, en lo cual se tro^ 
varan las conjuncions. EsUimpat en 
Barcelona en casa de Jaume Cendrat, 
anny M.D.L.XXX. F'enese en casa 
de Gerónimo Pi. 

Otra edición de la obra se baila con 
el titulo siguiente: 

Jtepertori del tempsy Ikmariper^ 
petuo. Barcelona en 1640 en 4.'> no^ 
vament corregit y cUlargat ftnis al 
anny \6ii ver lo Doctor Puiasol, 
presbítero. (Torres y Amat^ dic. de 
homb. celeb. de Gatal, pág. 12). 

FRAirCISCO BRAVO, natural 
de Osuna, escribió una obrita sobre el 
tabardillo, que no poseo; y siendo el 
Sr. Hernández Morejon el único que 
la trata: con todo el interés que se me- 



rece , copio de él cuanto nos dice 
de ella. 

«Habiendo la fiebre conocida con 
• el nombre de punlicular ó tabardete 
pasado á la América por medio de 
nuestras naves , acometió tan intensa- 
mente i la espresada ciudad de Mégi- 
co, donde se hallaba este facultativo, 
qse los muchos casos que le propor- 
cionó su práctica le movieron á escri- 
bir un libro, sumamente raro en el 
dia , titulado: 

Opera medicinalia in auibus 4fuam^ 
plurima extant scitu meaico necessa* 
ria in guator libros digesta, quoí pa* 
gina versa continentivr^ auetore Fran^ 
cisco Bravo , osunensi doctore , ac 
mexictmo medico, Mégico, por Pedro 
Ocharte^ 1570. en 8.^ 

Está dedicado al Escmo. Sr. D. An- 
tonio Martin Enriques, virey de Nue- 
va Espa&a , con unos versos latinos en 
alabanza de dicho principe, por Mel- 
chor Tellez. 

Eln el primer capítulo habla de la 
esencia del tabardillo. La fiel pintura 
que nos h^ce de este mal es tan exacta, 
que merece la traslademos aqui tal 
como nos la refiere^ pues que en el 
dia apenas podríamos aftadir mu: prin- 
cipia de esta manera...... «Si quidem 

nos artificea sumus sensuales qni ea, 
que scnsibtts prius innotescunt, inda- 
gamus: ac ex sensibilibua mana ducti 
ad internas morbocum species inda- 
gandas movemur: qwQ lex ita nobis 
tn usu est, ut sine ea , nee morbum 
adhuc mínimum oognoscamus. Modos 
igitor , et forma invadendi talis est: 
ocopat freqnenter hoc morbo affectos, 
febris intensa aatis, qoae sine intermis- 
sione eodem teoore ad pinrcs dies ex- 
tenditnr; cum venarum máxima re- 
pletione ac extensione, cum intensis<- 
simis corporis totius teosivis lassttu- 
dinibus, et doloribus, prascipneque 
capitis, in qao máxima gravitas et doc- 
tor afllguntnr, et s»pisime cum sube- 
t¡cÍ8> aut comatossis símpthomatibos 
etdeliriis^ cum máximo faciei rubore^ 
cum orina crasa et colore rubra , cum 



r 



MEDICINA ESPAIÍOLA. 



116 



pulsos mtf^itocliiie, irehementia^ Ve» 
focitate^ ac erebritate^ ciim cordis ao« 
xietatibat, eum inexplicabili uti, ac 
nígredine ex hamorofti adastione ge^ 
nitis^et graritas io temporibus^ et ca- 
lor inkemisiimns tolius corporia: ita 
at ari videaotur : et aecidit eia d{ffi« 
cultas loquendi , et angustia in spiri- 
tuaiibas^qui morbusbis ómnibus acci- 
dentibtts rexanti cTenit, ut prima die, 
vei secunda, vel tertia^ vel quinta^ Tel 
séptima^ et stc de aliis diebos erum« 
pant per unirersam corporis cutem^ 
pustulae culienm morsibus simíles» 
ailiquándo rubras ve! lividum^ aut oi- 
grum colorem prsesefereotes eum ac- 
ci^leniiuiQ máxima iotensione et se« 
Titia » 

En el capitulo 2.^ trata del conoci'* 
miento que los médicos árabes tuvie- 
ron de este mal, presentando las seña- 
les que Rasis y Avicena descríbieroa 
para darlo á conocer. 

En el tercer capítulo se ocupa del 
parecer de los médicos griegos. 

En el capitulo 4.^ prueba que esta 
enfermedad pertenece i la clase de las 
ardientes. 

En el 5 «^ dice que es también de la 
clase de las pestilentes y siéndolo en 
cierto modo, pues que tiene una na- 
turalesa media, que participa del ca- 
rácter de las que son pestilentes y de 
las que no; y prueba su aserción por 
cuatro razones: 1 .^ porque es conta- 
giosa : 2.* porque mueren la major 
parte de los acometidos: 3.* porque 
no guarda época » manifestándose tan 
intensamente en una estación del año, 
como en otras \ y 4.* por la aparición 
de sus erupciones y pústulas, cuyos 
caracteres asegura que ya eñ el año de 
1553 babia observado en Sevilla, 
cuando empesaba á practicar , siendo 
tau intensa y maligna en esta ciudad, 
y haciendo un estrago tan espantoso, 
que apenas habia tiempo para aplicar 
á los enfermos medicina alguna. 

En el capitulo 6.^ prueba que las 
pintas que aparecen en este mal son 
ana verdadera crisis. 



En el 7.^ habia de los signos. En el 
8.^ de las causas que dieron lugar á 

3ue apareciese esta fiebre en la ciudad 
e Mégico, juzgando que provenia de 
las emanaciones de las muchas lagu- 
nas que rodean á dicha población, las 
cuales corrompian el aire. En este ca- 
pitulo da también algunos conseíos 
higiénicos para precaverse de aquel 
acote. 

Desde el capitulo 9.^ hasta el 16 se 
ocupa del método curativo. Este con- 
sistía en los evacuantes por medio de 
las purgas suaves, como el maná, ta* 
marindos, etc.; en las emisiones san- 
guíneas, las bebidas frias, los tópicos, 
enemas, ventosas, fricciones y aposi- 
t(ts antes de aparecer las pústulas , fes 
alterantes después de evacuar, con ob- 
jeto de reprimir el aumento del calor, 
y por último en corregir la intensidad 
de los síntomas. 

En el capitulo 17 trata del sueño 
profundo que solia sobrevenir á ios 
enfermos ; y en el 18 de la enagena- 
cion , aconsejando que en el caso de 

1 presentarse el enfermo con frenesí, se 
e practique una sangría del brazo, y 
aun de la frente, si aquella no bastase, 
para calmar tan pernicioso síntoma. 

Sigue luego en el capitulo 19 ha- 
blando de la vigilia prolongada, en 
cuyo caso aconseja los narcóticos. 

En el capitulo 20 y último se ocupa 
de la sed inestinguible que esperimeii- 
tan algunos enfermos , de la aspereza 
y color oscuro de la lengua y otros 
síntomas. 

Después de este tratado se halla en 
la misma obra otro libro, titulado: 

Líber secundas in quo dialogus con- 
tinetur, de \fencB sectione in pleuñtide, 
et ómnibus aliis inflammatíonibas cor- 
poris, nec non multa alia acvturia rei^ 
qué medicce máxime proficua tractan- 
tur , ad eundem Excellentissimum 
principem dominum, dominum Marti- 
num Ennquezj huyus mexicanirégne 
proregem dignissimum. 

Este tratado se halla en diálogos 
sostenidos entre Francisco y Luis , y 



116 



HISTORIA DE LA 



al prindpio se r& un epígrafe de Ea- 
riqae Tobares ^ cirujano de Megicó, 
en alabanza del aotor« Impugna la opi- 
nión de Nicolás Monardes^ y la de 
otros médicos de su tiempo, sobre las 
emisiones sanguíneas, y nos hace la 
historia de la pleurilis, esponiendo 
sus síntomas patognomónicos ^ cura- 
ción, etc. 

Signe a este tratarlo otro con el ti* 
tulo de Opusculum de diebus decreto " 
riis: in quo brevi succintoque sermone 
eorum doctrina ex Hipp. Galenique 
mente enodatur^ et vera^ ac nullo hac- 
tenus scripta ipsorum causa exponitor. 

Lo consagra i Luis Villaoueva, 
doctor en leyes, á quien dirige una 
larga epístola. 

Habla en este opúsculo de la crisis 

Íf de los dias críticos, tanto en Us en* 
érmedades agudas , como en las cró- 
nicas^ y con doctrina de los médicos 
griegos, árabes, latinos y regnícolas, 
apoya su opinión que es la de creer, 
que hay en los males dias críticos, que 
según el, son los siguientes: hasta el 20 
juzgan el 3.4,5,7,9, 11,14,17 y 
20: desde este hasta el 40 juzgan el 
24, 27, 31, 34. 37 y 40-, y desde en- 
tonces en adelante el 60, 80, 100 
y 120. 

Sin embargo de ser partidario de 
los dias críticos , hace la. fuiciosa ad- 
vertencia , de que en las enfermeda- 
des agudísimas y muy peligrosas, es 
necesario propinar los remedios que se 
crean mas convenientes, desentendién- 
dose el médico en ellas de la conside- 
ración de los dias críticos*, pero en las 
benignas y de carrera regular, quiere 
que se respeten. 

Concluye esta obra con el libro 
cuarto, titulado: 

Digresh radicuUje quce %femáeula 
Unsua zarzaparrilla dicitur , in qua 
\fulgaris medicorum huyas oppidi me-' 
xicani error, /rigidam esse affirman^ 
tium elinunatur^ cuyus effectus, qnos 
corpori impartiri sólita^ et morbis qui' 
bus conveniat et reliqua^ quce scitu 
necessaria sunt, oonunodoenodantur. 



ad eundem ilüistrem admodum uinan 
Ludoi^ioum de f^illanueva. 

Trata en esta última parte de las 
virtudes de la tarsaparrilla, y trae un 
diseño de ella, esponiendo en qué en- 
fermedades, edad, tiempo y regiones 
conviene administrarla.» 

FRANCISCO VILLARINO, na- 
tural de Zaragoza , hijo de Juan y de 
Doña Juana García de Oryansum; es- 
tudió la medicina, y se revalidó en la 
universidad de Zaragoza , en donde 
ejerció la profesión hasta que fué nom- 
brado diputado del reino de Aragón. 

Elscribió una obra con el título si- 
guiente. 

Medendi canonum tomus primas in 
quo plurimce ff'avissimorum auctorum 
sententias difj^ciles ábdidssimceqae cir- 
ca carationem affectuum capitis etpec' 
toéis descriptas exharantur. jíuthore 
Francisco Fillaríno Cesaraugustano, 
medico. Tudelas 1573 in 8.** 

En el prólogo dice que se habia de- 
terminado á escribir en forma de cá'- 
nones , para que los discípulos y aun 
los prácticos pudiesen retener con mas 
facilidad los fundamentos de la prác- 
tica. Asegura al mismo tiempo que 
sus cánones eran otros tantos aforis- 
mos ó sentencias breves, en los cuales 
se encontraria todo lo mas interesante 
de la medicina práctica. 

Divide esta obra en dos libros : el 
primero está snbdividido en trece cá- 
nones relativos á diferentes enferme- 
dades, cuyas causas , síntomas , diag- 
nóstico y curación espone. 

El segundo libro contiene quince 
aforismos, en los cuales trata de las 
enfermedades cerebrales , de la angi-* 
na, catarro, asma y pulmonía. 

Si los cánones ó aforismos de Villa- 
riño se acomodasen al sistema actual 
de conocimientos , ann pudieran ser- 
vir á los estudiantes como verdaderos 
modelos que imitar. 

PEDRO VAEZ, natural de Co- 
vilhaon en Portugal; estudió la medi- 
cina en Salamanca ; rebalidado ya, 
marchó i la ciudad de Avila. En ella 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



117 



/ 



ejerció la profesioo en imicho crédito; 
tomó relaciones con el daqae de Ma- 
qoeda^y habiendo sido nombrado me- 
dico suyo , pasó con él á Barcelona^ 
cuando fué nombrado Tirej de Gata- 
lafia. Escribió 

Commentarius medicus multa rei^ 
mediccB sub-obscura lucidans^ etdplw 
rimus neotericorum calumníis probatce 
doctriíkB autores defendens : accedit 
etiam medicamentorum compendium 
prínuUum obtinentium ad varias affec- 
tiones, et clarisimis auctoríbus. Petra 
F'aezio Lusitano medico auetore. Ma- 
drid 1576 en 4.'' 

En esta obra comenta noventa y una 
cuestiones de medicina , de higiene y 
de materia médica. En estos comenta- 
rios cita á cada momento las autorida* 
des de los médicos griegos , latinos y 
árabes; de modo qne si se quitaran las 
citas quedaría reducida ala nada. Con- 
cluye con un antidotarlo de los medi« 
camentos que mas se usaban en su tiem- 
po. La mayor parte están ya en un 
completo desuso entre nosotros. 

Petri F'aezi Lusitani^ excellentissi» 
mi Príncipis Marchonis Filíenos, duci 
ScaloniB , medici: De epidemia pesti-^ 
lenti nostris temporibus libellus. Va-' 
Undm 1601. 

Cl Sr. Hernández se equivocó, cuan- 
do al citar esta obrita, copiando su ti- 
tulo de D. Nicolás Antonio, creyó «que 
en su concepto no existía ^ y solo era 
un capítulo de otra obra del mismo» 
(tom.S.^'pág. 258).» 

Efectivamente eiiste esta obrita se- 
gún he espuesto. El autor la divide en 
ocho capítulos, en los cuales se limita 
a esponer las generalidades de las en- 
fermedades pestileociales^y dedica un 
capitulo para tratar de sus causas, sín- 
tomas, pronóstico , curación y preser- 
vación . 

Aun cuando promete en su prefacio 
y ea el titulo de la obra hablar de la 
peste que en aquellos tiempos corría, 
á saber, la ancina y el garrotillo , solo 
nos presenta algunas generalidades. 

Su lectura es pesadísima por tanta 



cita que hace de Hipócrates, de Gale- 
no de Avjcena , de Rhasis y de otros 
muchos. Creyó que la peste era un 
castigo de Dios por los pecados de los 
hombres, y en su Curación propone la 
penitencia , imitando al santo rey Da* 
vid , y citando á cada paso versículos 
del Miserere Mei Deus. 

Petri Vaeü Lusitani excelentissi-^ 
mi Principis Ducis MachequWj et pro 
Regís CatkalonicB medici. Apología 
medicicinalis. Accedunt egrasg^ce cen^ 
surcB^ de venas sectione injebribuspu- 
tridis, et curatíone puntaularis: ducs*- 
ifue medicinales epístolas aprime útiles: 
eodem auctore. Barcinone apud Se» 
bast. dCormeUes M.D.L.XXXXIII 
inS."" 

El autor se propuso escribir contra 
Argenterio y contra Pedro Pablo Pe- 
reda. Al efecto eligió de la obra de es- 
te último los'capitulos que le parecie- 
ron , y contra ellos escribió otras tan- 
tas censuras. La 1.* versa sobre la 
caida de los cabellos , cuya causa atri- 
buia Pereda á la sangre viciada, y 
que por la mismo se habia de curar 
con la sangría. El autor prueba que 
los cabellos se crian como las plantas^ 
y que sus vicios debían provenir de los 
malos alimentos^ por consiguiente que 
su curación debia verificarse corri- 
giendo las malas cualidades de aque- 
llos. La 2.* censura versa sobre la 
enfermedad del gálico y de la virtud 
del mercurio en su curación. La 3.* 
sobre las causas del dolor. La 4.* de 
la frenitis. La 5.* del asiento de la fa- 
cultad' motriz. La 6.* de la curación 
de la frenitis, que hace, consistir en 
las sangrías. La 7.^ de los vértigos. La 
8.* de la epilepsia. La 9.* déla me- 
lancolía. La 10 de laapoplegia. La 11 
de la catarata. La 12 de las ventajas de 
los miembros de la mano derecha y de 
la pleuritis del lado derecho. La 13 
del empiema. En esta censura refiere 
un caso de empiema bastante iotere- 
. sante acaecido á un criado del duque 
de Maqueda , llamado Cárcamo , á 
quien se le formó una úlcera por don- 



118 



HISTORIA DE LA 



de le salió «loa inmeoM catilidad de 
pus , y el cual curó después de cien 
días de calentura lenta (pág. 43 vuelt.). 
La 14 de la palpitación del curaion* 
La 15 de la inflamación del estómago. 
La 16 de la diarrea. La 17 de la di* 
senteria. La 18 de la hidropesía. Acon- 
seja que en las hidropesías debe ha- 
cerse la paracentisis al principio^ j no 
aguardar á que se baya formado una 
gran cantidad de agna. En el primer 
caso puede ser curativa , en el según- 
do tan solo paliativa. La 19 de la \U 
liasía. La 20 de la sangría en las ea^ 
ienturas pútridas. Esta censora es una 
de las .que mas interés ofrece. En la 
22 establece en compendióla curación 
de la calentura punticular ó tabarde* 
te. Esta censura es muy interesante; 
espiica por qué los enfermos de este 
mal podrían curarse en el reino fie 
Valencia por sangrías repetidas » y en 
Andalucía se morían en mayor número 
cuando se les trataba por ellas ^pági- 
na 87). Eran muy conocidos al autor 
los escritos de loa priooi pales médicos 
españoles sobre esta enfermedad ; asi 
es que continuamente cita á Mercado^ 
á Luis de Toro y á López de Corella. 

Qiiibusdam rtimediom studiosis ef^ 
JlagiUmtibus dubiorum iUustrationem 
de quáurtana febre^ airabile , pare et 
phrenitide. Petras F'eazius S. D. 

Apología amantissimojratí Francis'^ 
co Kaezio medicas Jacuitatís doctori 
de temperamento ad pondas et febril 
bus Doctor Petras Kaezius Lasita'* 
ñus S. D. 

Son dos cartas que dirigió^ la prime* 
ra á sus discípulos, y esta á su herma- 
no Francisco ^ sobre los estremos que 
indican sus títulos. 

SIMÓN TOVAR , natural de Se- 
villa, estudió y se doctoró en medici- 
na en la universidad de esta ciudad, y 
en ella ejerció la profesión. Desde el 
principio de su carrera se dedioó con 
entusiasmo á las matemáticas , y con 
especialidad i la botánica. En esta hi- 
xo rápidos y grandes progresos , y la 
celebridad que en ella se adquirió, le 



proporcionó grandes relaciones con loa 
principales personages de Sevilla. 

Uno entre ellos fué D. Juan de Men» 
dota y Guzman , conde de Orgáe , á 
quien dedicó una de sus obras. 

De compositorum medicamentorum 
examine noinan methodum. Amberes 
1586 en 4.* 

Hispalensium pharmacopoUorum 
recognitio. Sevilla 1587 en 4.® 

En la dedicatoria á D. Juan de Men* 
do&a le dice , que entre loa grandes 
beoeBcios que había hecbo á la ciudad 
de Sevilla, lo era especialmente ei faa« 
beria limpiado de los muchos vagos y 
sugetosde mala vida que había en ella, 
habiendo cortado por este medio ei 
per n ¡Grosísimo comercio qne hacían 
ciertos traficantes , vendiendo y eom- 

Erando las yerbas y plantas medicina- 
»s. Se queja de que los médicosy aun 
los mismos boticarios estaban t«n atra* 
sados en botánica, qne ellos mismos 
acudían á dichos traficentes á comprar- 
lea las yerbas y plantas. ^ 

Los continuos males qne este funes- 
to Comercio producía, lamuchedumT 
bre de boticarios y la confusión qne 
resultaba en el despacho de las medi- 
cinas, obligaron á D. Juan de Mendo- 
za á poner mano en un asunto tan ca- 
pital, para corregir males tan funes- 
tos. Al efecto comisionó al autor para 
el arreglo definitivo de este negocio, 
el cual desempe&ó cumplida y satis- 
factoriamente. 

En el proemio confiesa que fué au- 
siliadoeneste trabajo del famoso Fran- 
cisco Sánchez de Oropesa, el cual por 
su modestia se había negado á deno- 
minarse aulor. Protesta que no era su 
objeto componer nna farmacopea^ si- 
no el llamar la atención de los botica- 
rios y médicos sobre aquellas formu- 
las que se habían ya separado de sn 
verdadera composición. 

Dividió sn obra en dos libros: el pri* 
mero contiene dos capítulos. En el 
primero «trata del examen de la ver- 
dadera y exacta proporción de los pe- 
sos y medidas de Espafta, y los de los 



í - 



MEDICINA ESPAlSOLA. 



119 



romtQOf • » Este capítalo es 0aroeiiieiiie 
I curioso^ j contiene cuanto, pueda de • 
aear el que quiera iluatrarseí en este 
ramo* 

En el segundo capitulo trata de la 
diferencia de los pesos j medidas do 
Espafta jf^ Roima» y del modo c6mo de* 
hieran corregirse el abuso y loserro« 
res de los boticarios de SeTÍlla. 

Sorprende k la verdad el contenido 
de este capitulo al Tcr los vastísimos 
conocimientos que nuestro médico 
poseía en esta materia. Al final de él 
espone en tres tablas la diferencia de 
los pesos y medidas de los espafioles j 
romanos. 

Libro 2.^ En este trata del modo 
de triturar los medicamenles {mrgaia^ 
tes. Dice que inducidos loa boiioaries 
de Sevilla de una mala tntcrpretaoiotí 
de GalenOj que aconsejaba pasar estos 
medicamentos por una orios , los pi« 
caben con tanta variedad» que unos se 
contentaban con reducirlos al tamafto 
de medio garbanso» otros al de un grano 
de trigo» j últimamente que no habie 
dos siquiera que abundasen en une 
misma idea. 

El autor les biso ver esta, equivoca- 
ción, y les determinó el tamafio 7 for» 
me como habían de ser triturados. 

Libro 3.^ Está reducido este libro 
á tratar de la verdadera composición 
de los jarabes, de los electuarios, de 
las pildoras, de los ung^enU)s y de los 
emplastos. 

La mayor parte de las fórmulas que 
presenta se conservan todavía entre 
nosotros. 

JUAN ARCE Y VILLAFAÑE^ 
Este antor, aunque no fué médico, es» 
tadió la anatomía en la universidad de 



Salamancs, bajo U dirección del cele* 
bre Cosme de Medina, eayo catedrá- 
tico bacia las anatomías en los cadá- 
veres de los ajusticiados y de los men- 
digos que morían en el hospital. Pin- 
tor de profesión, se llenó de un lauda* 
ble celo al ver las obras tan primoro- 
sas, oomo fueron el retablo del templo 
de S. Benito el real de Valladolid, y 
el de la villa de Mcíorada que hizo el 
famoso Berruguete; el retablo de la ea* 
tedralde Astorga y el de las descalzas 
de Madrid por el célebre Gaspar Be- 
oerra , natural de Baeza. Deseando 
imitarles, y conociendo que el mejor 
medio era estudiar la anatomía, pasó 
k Salamanca con este objeto. 

Sabido es de todos que no hace mu- 
chos años que D. Rafael Cáceres pu- 
blicó un tratado de miología en verso, 
eayo folíelo mereeió los mas altos en- 
comios: sabido es que en estos últimos 
tiempos se ha escrito en tratados de 
medicina legal «que dado un hueso 
del cuerpo humano, se podía deter^ 
minar la magnitud de todos los demás, 
y hasta la del esqueleto (Briand, Or- 
fila, Devergie).» Seguramente no hay 
otro medio para conocer esto, que la 
debida y mucha relación de unos hue- 
sos con otros. Tal es lo que precisa- 
mentobfzo nuestro pintor, señalar las 
proporciones: de manera, que cuando 
el anatómico, dado un hueso deter- 
mina la de todo el esqueleto, hace lo 
mismo que cuando un pintor forma 
su esqueleto proporcionado al hueso 
dado. 

Para que mis lectores tengan una 
noticia, copiaré algunas octavas desti- 
nadas á tratar de la colocación de los 
huesos y sus usos en el cuerpo humano. 



Dt los huesos del cuetpo humano. 

1.» 

Tratando de los huesos , que es sustento 
Para elegir el cuerpo que queremos) 
Quiero aecir , del curso y movimiento. 
Que hacen cada vez que los movemos: - 
Porque estos son la basa y fundamento 



120 



HISTO&U DE LA 

Sobre quien los morcillos compODemot; 
Que según la manera con que encajan 
Sabremos como juegan j trabajan. 



2.' 



Fué con discursos largos inquirida 
Por mi la incertidumbre de esta esciencia. 
En que gasté gran parte de mi vida. 
Poniendo en esto estráña diligencia: 
Que de mi propia estancia en abscondida 
Parte , mire gran tiempo la presencia 
De un cuerpo embalsamado ^ do los gruesos^ 
Largos, y formas ¥Í de todos buesos. . 

3/ 

Tiene pues la cabeza yeinte buesof. 
Ocho en el casco y doce por la cara; 
Dos tiene la quijada , que están presos, 
T en medio la juntura se Te clara: 
En el pescueio haj siete, no muy gruesos. 
De compostura peregrina y rara; 
También se muestran junto las assillas. 
Presas al pecho y á las espaldillas. 



4.' 



Hay aqui muchas puntas, agujeros, 
Góncayos^ tolondrones y salidas; 
En la parte de abajo son mas fieros, 

Y sus junturas son mas escondidas: 

Los dos que aqui se muestran son primeros, 

Y están ao las orejas son asidas, 
Al fin de las salidas principales. 

Que las suelen llamar huesos yugales. 



5.' 



El hueso que hace el pecho, es como 

Y tiene su principió en las assillas. 
Fenece en una punta algo delgada, 

Y préndense con el siete costillas: 
Pártese en cinco partes , y pegada 
Está cada una de ellas con ternillas; 
Al hígado, y estómago es ampara. 
Como en este diseño muestro claro. 



espada. 



6.' 



Doce costillas tiene cada lado 



MEDICINA ESPAÑOLA, 

Del caerpo , diferentes en hecbnra; 
De todas viene ¿ hacerse nn talle ovado> 
Como se puede ver en la figura: 
Las siete el pecho tienen, abrazado^ 
Las cinco es diferente^ su atadura. 
Tienen unas ternillas en las puntas^ 
T estas las pegan j hacen estar juntas. 



7: 



Las ancas son dos huesos que se juntan 
Con el hueso mayor , y hacen tal liga^ 
Que jamás por allí se descoyuntan, 
Auiique el cuerpo padezca gran fatiga: 
Tres partes son aquellas donde apuntan. 
La una está debajo la barriga. 
Las otras es su nombre los quadríles^ 
T están con comissuras muy sutiles. 



8J 



De la quinta costilla á la primera 
Es el sitio que tiene la espaldilla, 
T tiene dos salidas : de manera 
Que una toma del cuello basta la orilla: 
Esta tiene en la parte de. hacia fuera, 
Y en ella una cabeza de la assilla 
Se prende, y otra nace, de tras de esta. 
Que en la mas alta orilla se ve puesta. 



9.' 



De veinticuatro huesos muy estraftos 
Se hace el espinazo todo entero, 

Y están como conductos en los caños. 
Pegado cada cual al compañero: 
Dineren solamente en los tamaños^ 

Que es mayor el postrero que el primero, 

Y pasa por el hueco de estos huesos 
Un tuétano que sale de los sesos. 

10. 

Del pescuezo son siete, y son menores, 

Y tienen diferentes las salidas-, 

De las espaldas doce , y son mayores, 

Y á estos las costillas son asidas: 

De los lomos son cinco*, y sus tenores 
Son tales, que sobre ellos son movidas 

HisT. DE LA Medio, españoul. — Tomo 2.® 



121 



16 



123 



HLSTOAIA DE LA 

Las TuelUs que baee el onerpo i todas partes. 
Las cuales sueleo ser por muchas artes. 

11. 

Pártese en cinco partea el grau hueso, 

Y tiene roujr Confusas las juntaras; 
Viene a hacerse en medio un poco teso, 

Y tiene muy dirersas cavadoras: 
Con los quadriles ambos está preso^ 

Y atado coD mujr recias ligadnras. 
Es corvo , agureado j puntiagudo. 



Y viene a hacer un talle como escudo. 



12. 



La rabadilla viene á componerse 
De cuatro huesos juntos ; de manera 
Que fenecen en punta, j viene i hacerse 
Una cola , cual tiene cualquier fiera: 
Nace del hueso grande , y i torcerse 
Comienza para adentro su carrera, 

Y en el remate da ella es el pedaxo. 
Donde fenece todo el espinazo. 

13. 

Tiene un seno i una parte la espaldilla. 
Donde se arrima el brazo, j aUi joega, 

Y annaue es pequeflo el hoyo, una ternilla 
Le suple lo que falta hasta que llega 

A cobrir j cercar la cabecilla. 
Que del hueso del hombro aquí se pega: 
Chichones tiene asas j afiadioluras. 
Según lo mostraré en figuras. 

14. 

Luego el huelo del hombro aqui se arrima, 

Y llega donde el codo se menea; 
*Una cabeza lisa tiene encima, 

Y abajo una figura de polea. 

En que traba la parte que sublima 
De la canilla , jr hace que se vea 
Prendida con dos puntas: en tal modo. 
Que es la mayor de fuera ^ y hace el codb. 

15. 

Desde el codo á la mano hay dos canillas. 
Préndese en este hueso la mayor. 



MEDICINA ESPAÍÍOLA. 

Eo la caal parte tiene doa puntillas, 
Encájase hacia dentro la menor: 
Entrambas tienen sesos, cabecillas, 
Maévese la pequeña al rededor, 
A la cual sola está la mano asida. 
Por cujra intercesión ella es movida. 



16. 



La mano viene á hacerse toda entera 
De reintisiete huesos repartidos. 
Los cuales por de dentro y por de fuera 
Los tienen mochos neririos revestidos, 
T entre ellos la mufieca es la primera^ 
Que se hace de ocho bien asidos: 
La palma tiene cuatro mas dispuestos, 

Y cada dedo tres en largo puestos. 

17. 

El hueso que hace el muslo es el mayor 
Que en el cuerpo se halla todo entero^ 

Y el talle de él también muy mejor. 
Puesto de todos lados y frontero; 
De la parte de atrás , en lo inferior. 
Tiene dos bultos , aue sin asidero 
Juntan con la canilla de la pierna. 
Sobre quien se sustenta y se gobierna. 

18. 

« 

El hueso que hace el muslo es el mayor 
Que en el cuerpo se halla todo entero, 

Y el talle de el también es muy mejor. 
Puesto de todos lados y frontero; 

De la parte de atrás, en lo inferior. 
Tiene dos bultos, que sin asidero 
Juntan con la canilla de la pierna. 
Sobre quien se sustenta y se gobierna. 

19. 

De la rodilla en la juntara yace 
Una chueca que en ella está por frente. 
Gruesa , cuanto volar fuera le place^ 

Y atañía fuertes telas reciamente. 

Ni ayuda al movimiento , ni le hace: 
Mas sirve en esta parte solamente, 
A que no desencaje la canilla 
Aunque se doble mucho la rodilla. 



123 



124 fflSTOMA DE LA 

20. 

Pártese el pie en tobillo jr en zanca jo. 
Hueso navicular , garganta y dedos^ 
Por arriba se ven 7 por abajo 
Moverse nnos^ j otros estar quedos: 
Dos del pulgar reciben mas trabajo. 
Aunque ájudan la u&a , j los molledos: 
Tiene pues cuatro buesos la garganta, 
Tres cada dedo , j cinco el peine y planta • • 

21. 

Para mejor mostrar la compostura 
Que tiene un cuerpo humano estando entero, 

Y que se goce bien de su hechura. 
Le mostrare de espaldas j frontero. 
Sin mostrar en los huesos comisura; 

. Mu puesto cada cual en su agujero. 
Que no quise meterme en mas misterios. 
De cómo los he visto en cementerios. 

22. 

Ciento ochenta y dos , sin las ternillas. 
Son los huesos de un cuerpo en sus pedazos: 
En la cabeza dos, dos las assillas, 
G>stillas veinticuatro, y seis los brazos, 
. Cinco el pecho, las ancas y espaldillas. 
Sesenta pies y piernas en sus trazos. 
Las manos veintisiete un par de veces, 

Y el espinazo nueve con dos dieces. 

De tos morcillos del cuerpo humano. 

1.' 

Por ver como en cabeza , cuerpo y mano. 
En pierna 7 pie la carne se ponu. 
Atentamente en mas de un cuerpo humano 
Vi hacer general anatomía: 
Cuanto escribo me fué patente 7 llano, 

Y mucho mas que aquí decir podria; 
Pero solo diré lo conveniente, 

Para formar un cuerpo solamente. 

2.» 

Del rostro 7 la barriga los morcillos 
Quiero mostrar por bultos esteriores. 
Pues aolo han menester el descubrillos 



MEDICINA ESPAÑOLA. 125 

Lo6 de la medicina profesores» 
Qae para la escoltara describillos 
Cabiertof de pellejo son mejores, 
Paes por la superficie ha de juzgarlos 
Quien quisiere mejor saber formarlos. 

3.* 

De siete ñudos que el pescuezo tiene. 
Diez j ocho morcillos ¿ los lados 
Puestos están , de quien su origen viene. 
Aunque son al nacer algo delgados. 
Su postura entre si mal* se conviene. 
Por ir unos con otros enredados. 
Por ser unos delgados j otros gruesos. 
Unos derechos ir j otros, traviesos. 

Aquí se muestra el casco con cabello, 
Asi cual le formó naturaleza; 
Comienza en la corona todo ello, 

Y dando vueltas hinche aquella pieza: 
Los músculos que cubren todo el cuello 
Son de las espaldillas y cabeza, 

Otros del hueso hioide y el gaznate, 
T la lengua do hace su remate. 

La oreja toda entera una ternilla. 
La hace, y su principio es del oido: 
Otra tiene cada ojo, y por la orilla 
Lo tiene todo al rededor ceñido: 
Cinco tiene del hueso á la puntilla, 
La nariz cada cabo harto ensolvido; 
La barba cubre toda la quijada, 

Y á sienes y megillas va pegada. 

Ochenta y un mor¿illos abrazados 
Están al pecho y prenden sus costillas; 
Nacen de las espaldas, y á los lados 
Pasan todos por cima las assillas: 
Después que aqui son juntos y pegados. 
Suceden unas cuerdas muy sencillas. 
Que bajan discurriendo á la barriga, 

Y alli con otros ocho hacen liga. 



126 



HISTORIA DE LA 

7/ 

Elstán con tantas vueltas j. embaraxos 
Estos morcillos , j tan mal derechos. 
Que algunos de los que atan á los bra«M 
Están sobre los que atan i los pechos: 
En las paletas hay otros pedazos. 
Que dejan á los hombros medio hechos, 
Y los hacen mOFcr á todos lados. 
Como la voluntad los trae forndos. 



8J 



Ocho morchillos hay en la ^ 
Que hacen cuatro partes, de los cuales^ 
Desde el hueso del pecho á la vegiga^ 
Se muestran los viages principales: 
Hay una cinta en medio que los liga, 
La cual muestra apretando sus señales^ 
T ellos , con este aprieto GOostre6idos> 
por el medio algo embutidos, . 



9: 



Siete morcillos tiene el hombre unidos^ 
Que se ven sin estorbo ni embaraso: 
En varias partes estos son nacidos^ 
T hacen fin adonde nace el brazo: 
Nacen de aquellos ñudos que hay salidos 
En el hueso mayor y el espinazo; 
Otros nacen también de U espaldilla 
T del hueso del pecho jr de la assilkt 



10. 



Otros cuatro morcillos se parecen^ 
Aunque con diferente nacimiento. 
Que ligan la espaldilla do fenecen; 
Y estos causan en ella el movimiento; 
La paletilla pegan y guarnecen, 
Que siempre anda del brazo en seguimiento; 
De las costillas nace «A un morcillo, 
y los tres del pescuezo y colodrillo. 



11. 



Muévese el espinazo todo entero 
Con diez y seis morcillos ofuscados: 
Desde el hueso primero basta el postrero 
Están por todas partes arrimados: 
A un fado el uno , y á otro el compafiero. 



MEDICINA ESPAlSOLA. 

Todos muy bien nnMos y abraasaclos: 

En estos mismos huesos nacen todos^ 

T en las ancas también por muchos modos. 



12. 



La anca no la sostiene algnn morctllo^ 
Mas una sola tela la acompa&a: 
De este hueso se junta un rincoBcillo 
G)n el hueso mayor por arte estrsña; 
T aunque el atar pareee algo sencillo^ 
Es tan recia la cuerda que la apafta. 
Que si por partes mil se descoyunta 
El cuerpo, esta se queda entera y junta. 



13. 



Sobre esta lela que ala las caderas 
Hay dos morcillos gruesos y carnosos. 
Que son los que se llaman sentaderas. 
Por ser grandes, rollizos, no nerviosos; 
Atan estos los musloe muy de Teras, 
Con nervios de principios vigorosos. 
Que en los cuadriles quedan resumidos. 
Debajo de otros muchos abscondidos. 



14. 



Desde el hombro hasta el codo solamente 
Están doce morcillos corpulentos, 
tinos vienen derecho frente á frente. 
Otros pasan por ellos mas esentos; 
El que llaman molledo es apárenle» 
Que engruesa y adelgaaa por momentos; 
Porque plegaoao el braco hace gran plaza, 

Y estendiendolo luego se adelgaza. 

15. 

La canilla ¿ que esta la. mano asida 
Cuatro morcillos solos la menean, 

Y sobre la mayor la traen movida. 
Que afuera y hacia dentro lo voltean: 
Desde el hueso del hombro es su caida, 

Y por sobre ella misma se pasean: 
Solamente esta vnelta es su ejercicio. 
Que no les dio nainra allí otro oficio. 



16. 



La muñeca y la palma cuatro de ellos 



127 



m.m m.m m m 



iriMMi 



128 



HISTORIÁBALA. 

La mueven y la cubren , kvantando 
En partes unos bultos , que con ellos 
Ase mejor la mano en apretando; 
Diversos nombres tienen todos ellos 
Ghirománticamente los nombrando-, 
Llaman monte de Venus al major, 
Y es monte de la lana otro menor. 



17- 



Veintiocho morcillos van muy quedos^ 
Pasando por el brazo lentamente 
A vestir los artejos de los dedos^ 
A quien dan movimiento dtferente; 
Por parte de la palma son molledos, 
Y asi tienen y aprietan fuertemente 
Todas las cosas ásperas y duras. 
Sin que les duelan nervios ni juntaras. 



18. 



La pierna es muy diversa en armaduraj 
Que la carne del muslo vá de suerte 
Que hace en la rodilla la atadura: 
La padtorriiU liga al pie muy fUevtes 
Por delante se ve la ligadura. 
Que después por los dedos se divierte: 
Veinte morcillos ^ pues , tiene la pierna 
G>n que se entalla, mueve y se gobierna, 



19. 



Diez que hacen el muslo son camosoii 

Y estos los mas gobiernan la espinilla^ 
Nacen en el cuadril todos nerviosos, 

Y engiérense debajo la rodilla: 
Son los tres delanteros poderosos 
De sustentar allí la cboquecilla, 

Y hacen en el gobierno de la corva^ 
Que nadie se lo impide ni lo estorba. 



20. 



Al pié de la rodilla nueve bajan. 
Que del pié los llamamos comunmente*. 
En las canillas nascen y se encajan. 
Según para ligarle es conveniente: 
Uno de los que mas aqui trabajan 
Al tobillo de fuera va corriente; 
Otro se arrima y va por la espinilla; 
Cubre, casi los mas, la pantorrilla. 



MQf ICESTA ESPAIÍOLA. 



129 



21. 



De entre las dos canillas algo afuera 
Sale un morcillo grueso ^ qtíe se parte 
Al cabo en cinco cuerdas , de manera 
Que por los cinco dedos se reparto; 
Esta cuerda se muestra toda entera. 
Que las demás no muestrao sino parte; 
Con este veintidós son los morcillos 
Que sirTCD al bajallos y subillos. 



22. 



En esto TieDeii, piies^ á resumirse * 
Los huesos y morcillos ya mostrados. 
Todos con el pellejo bao de cubrirse. 
Para mostrarse mas disimulados, 
T por este camino han de seguirse 
Los que en esto querrán ser consumados: 
T son estos morcillos de esta cuenta 
Siete sobre trescientos y cincuenta. 



23. 



Tiene cuarenta y seis rostro y cabeza. 
Ochenta y nueve la barriga y pechos. 
Veinticuatro la espalda, y de allí empiesa 
Quien los brasK» y manos dejan hechos. 
Que son noventa y seis pieza por pieza, 
Y son los que nos causan mas provechos: 
Ciento y veinte las piernas solas tienen. 
Con los cuales á ser los dichos vienen. 



GERÓNIMO MUÑOZ, natural 
de Valencia. Estudió las lenguas lati- 
na» griega y hebrea ; á continuación 
las matemáticas y la geografía, y úl- 
timamente la medicina* Revalidado 
de médico marchó á Italia, obtuvo 
una cátedra de hebreo en la universi- 
dad de Ancona, y la enseñaba con tan- 
ta propiedad, que los mismos hebreos 
se admiraban afirmando que era de sa 
nación. 

De Ancona regresó á Valencia , en 
cuya universidad regentó á un nuevo 
tiempo dos cátedras una de matemá- 
ticas y otra de lengua griega. La uni- 
versidad de Salamanca sabedora de sus 



grandes conocimientos formó un em- 
peño ea llevarle, lo cual consiguió 
dándole grandes honorarios. Desem- 
peñó en aquella las mismas cátedras. 

No dejó escrito alguno de medicina, 
pero si muchos de matemáticas , geo* 
grafía y astrología. 

Institutianes Aritmeticce adpercí* 
piendam astrqlogiam et mathematiccu 
Jiicultates necesarias. Valencia 1566* 

El Cometa. 

jilphabeticwn hebraicwn cum ra-^ 
turne legendi cum punctis á Magistra- 
toHierommo Muñoz. S^hviííncdL 1585. 

Lectura greografica, 

Interpretatíoinsex libros EucUdis. 



HiST. DE x.Í'Mkdic. ESP AfiOLA.— Tomo 2.® 



17 



130 



HISTORIA DE LA 



De planipherii paraUeloarand in^ 
yentíone, (Gímeno, tomo 1.® página 
143). 

BENEDICTO BÜSTAMANTE 
DE LA PAZ , natural de Salaman- 
ca (In ep. noncopatoria ad finem)» es- 
tadio la filosofía y medicioa en so udí* 
Tersidad^ j en la misma se graduó de 
doctor en esta facultad. Coocloida sa 
carrera j deseando ilustrarse mas, via- 
jó por algunas capitales de Europa. 
Estando en Bolonia vacó una cátedra 
de filosofía en el colegio de San Cle- 
inente, salió al concurso de oposicio- 



nes y fue agraciado con ella. La des- 
empeñó por algunos a&os* 

Estanoo en esta ciudad escribió un 
eomentoá los aforismos de Hipócrates, 
el cual dedicó al claustro de la uni- 
versidad de Salamanca^ cuyo titulo es 
el siguiente. 

Methodus in septem aphorismorum 
libris ab Hipocrate obseryata , quam 
et contínuum librorum ordinem argu» 
menta et schenuUa declarante Bene* 
dicto Bustamante Paz , hispano , «Sa- 
lamaticensi doctore médico ac phUosO" 
pho autkore (1550). 



AUTHOR. 

Qui capis Hippocratem, nunc Phcebo digna locutx 
Noscere; qmdque senis máxima dicta ueiint. 

Hasc lege: sic methodum disces perplexaque sensa 
Nam quce nemo nunní, luciáuora dedi. 



Por la epístola nuncupatoria consta 
que se escribió en l.^de abril de 1550. 
En esta misma se queja déla incoria de 
los médicos de no haber tratado ningu* 
no de ordenar y presentar bajo un pnn* 
to de vista las materias tratadss por Hi* 
pócrates en sus aforismos j cuya falta 
desanimaba a cuantos quisieran hacer 
un estudio de ellas. Asegura que na- 
die hasta el habia emprendido este 
trabajo; pero que le cabia la satisfac- 
ción de haberlo concluido según de- 
seaba y merecian las obras del grande 
Hipócrates. 

En esta ofrecía publicar unos eradi- 
tisimos comeotarioa de Aristóteles^ úti- 
lísimos para entender los de Hipócra* 
tes. Prodibuntque in lucen industria, 
curaque nostra , emditissima etfruc^ 
tuosisima medunnee opera Aristoietis, 
ih duas clases dis tributa in quibus, to^ 
tum Hippocratemfelicissimie interpre» 
tatur, eujus methodus Hippocratís me - 
thodo responderé videtur. (Loco cita ti 

La obrita de este médico es otra de 
las mas preciosas que se escribieron en 
el siglo XVI» y tan rara que en tantos 
afios como estoy dedicado i buscar es- 
ta cláf% de libros ^ solo he tenido oca« 



sion de ver la aue poseo. Esta circuns- 
tancia me obliga á dar mas detalles 
que el Sr. Hernández Morejon, que al 
parecer solo la leyó muy supernciaU 
raenle. Se contentó con copiarnos so- 
lamente nn troio del diálogo entre el 
autor y su hijo Armodio , que si bien 
es cierto que esplica algún tanto sus 
opiniones , no basta en mi concepto 
para tomar una notocia circunstan- 
ciada de la obra, y tanto mas cuanto 
nos dice «qtte ella es una de las mas fi- 
losóficas y preciosas que se escribie- 
ron en aquel siglo sobre el objeto 
que se propuso el autor (tom. 2.^ 
pág. 348).» 

El autor divide su obra en siete ar- 
gumentos^ destinados respeetivamen- 
te á cada uno de los siete libros de los 
aforismos de Hipócrates. 

Pero antes de pasar i esponer lo 
principal de esta obra ^ copiaré un 
trozo del diálogo entre el autor y su 
hijo Armodio , acerca de lo que hay 
mas de interesante en los aforismos de 
Hipócrates, y mas conviene al médico 
saber. 

« Non possum nun magno opere mira 
tí Armodifiti, cum mecum ipse cogito 



MEDICINA ESPAJ^OLA. 



131 



«h)í ing^ et aS^entía prastantís- 
simos m hac medtcuuB arte versutos, 
qui dum Hippoeratem diiigentissime 
consecUmtur, ^áves turnen illas apho* 
risticas sententias seümotas esse ^ or^ 
dineque\ onuú carentes, arbitrati sunti 
nullamethodoacffubita, smeque\ se^ 
lectu scriptas eos esse crederU^s, cum 
summo auctorís dedecare : nam quid 
túm indignum Hippocratis gravitate 
atque constantía wat, quam literis 
háBc divina oracula mandare, ubi to* 
Uun artem me^cince Jbelicissime est 
complejeus: ea tamen nec dispanere nec 
metnodo iUusirare: qua tamen solent, 
incunditate quadam ad legendum artis 
studiosi invitati máxime alud, Magni 
enim existunabat interesse, adres tam 
graves tamque\ prasclaras explican^ 
das, certam quandam disciplina for^ 
muiam addere: ¿» qua aamirabilem 
quandam eontinuaüonem , seríemque; 
rerum, videre liceat: ita ut alia ex 
aliis annexa, et ínter se opte colligata 
videantur. Ar* Hoc idemne Galenum 
sensisse putas? Be. Id idem Galeno 
visumfuisse, ejus oratio aperte deola^ 
rat: neminem autem ante nos eam quos 
oritur á notionefinis doctrinam scrip^ 
sisse comperimusy ex qua omnes artes 
via quadam atque ordine constituun- 
tur. Ar. Charissinke pater siquidem 
me iam in summan expectationem hw 
jus methodí adduxisti, te obsecro, ut 
eam tu primas mOd primo explices, et 
exponas nisi mowtum fuerit. Be. 
QwB nemo adhuc cognoi^rat, nec erat 
unde studiosi scire possent , et quús te 
uelle video , ut potero faciam , ut tíbi 
primum nota sint: ordinemque\ et met^ 
hodum, quam in his libris Hippocr<Ues 
serval ^aperiam, etexplicabo • Ar. Tu 
ut videtur , ego ad audiendum pr cesto 
ac paratas sum. Be. Hippocrates vir 
primas ratíonulis , pr acepta artis ad 
sanitatem tuendam uecessaria , et ad 
^morbumprofligandum (si quis hm^us 
fueritj miro quodam ac incredíbik or^ 
diñe complectitur quofulti artis stu- 
dios si ^ corporum. humanorum curam 
suscepturi,4>pportunaJacerepoterunt, 



et quee CBgris sint projutura. in pri^ 
misque ; jubet, ante oculos quatuor 
decim scopos poneré , quo tutms cor» 
pus hunumum curare possintx á quibus 
indicia sumenda sunt (inconsuhi autem 
aetemerarij medid esset , his neglec* 
tis Corpus curarej vires sciUcet cegro^ 
tantis,adquas cum respicit, rationem 
victos aecommodatam ac congruentem 
adhibet. morbum , non sobtm genera* 
tim, verumetiam speciatim, dum indi" 
cat acutum , aut peracutum , aut eum 
diutumum esse , nam ad morbi cura'-* 
tionem, muUum conducit hanc aut il* 
Iam speciem cognoseere, Morbi etiam 
causam , qui est humor noxius infes-* 
tans, admedicumpertinere certumesti 
cum et ipsam nonnunquam admere 
prius óporteat. nam cum hic humor 
turget ac concitatus est , evacuatio* 
nem primum desiderat, quam minime 
moUetur medicus^eo non turgente j nisi 
concoctUme expectata* prasterrea hu» 
moris noxij motum medicum contení 
plariopenBpretiumesti intelligereque\ 
fquod medid est) in qua corporis po^ 
tissimum parte humor generetur, quie^ 
que ; sit illius causa , et quo vergat» 
Morbi etiam sjrmptomatay cum et ipsa 
multa qucB in cegritudinibus considc" 
randa sunt, pate Jaciant, et curam 
aUquando adsé trahant, medid jo/i- 
citudinemadse convertunt, ita ut o^ 
fectum deserere cogatur. morbi etiam 
témpora á medids notanda sunt , cum 
in cibis dandis eorum obseruatio muí" 
tnmprositi simulque\accessionwnque\ 
circuitus, partis etiam natura accura^ 
tissime perpendenda est^ in curationi" 
bus queque intentio Iwhenda est ad 
partis naturam (cum temperamenta 
partes ipsoí sortiantur vuriaj ut cog^ 
noscamus , quibus humoris moius nO' 
xius sit, aut congruens, cum aliqíd 
imhasret partí. A etates etiam , sicut 
et anni témpora , quibus prouortione 
respondent, cum in eis varij dominen^ 
tur humores, yariaque ; habeant tem* 
peramenta, medicamina yariant ac dis* 
tinguunt: id circo varia indicant, sicu* 
ti et consuetudo* Regio queque consi^ 



132 



HISTORIA DE LA 



dercmda estj non solum enim ex ea, 
eorum quce ad uitam pertínent , capia 
suggeritur, verumetiam cuan tam varias 
sint, temperamentaque\ varia sortítas, 
in eis varias adhiberuke sunt curatiO'^ 
nes\ ülarwn quoque Jissimilitudines 
ruUuram ipsam permutarU , ut pluri^ 
mumenim conveniunt hominum mo^ 
res y regionis naturm. Diesquey insuper 
decretorins: nam mutationes qu(S in 
hisñunty cun adveiora decUnant, Ice^ 
tales sunt ad meuora autem non exi» 
tiales, sedbeniffUB. Hasc unusquisque 
qui in hoe óptimas artisfludio se exer^ 
cere debet j ante ocidos poneré debet, 
anteaquam corpus humanwn curare 
aggrediatnrj ne turpiter in eo ipsoj 
cujus scitntiam profitetur , peccet, 
tune vero id tuto tentabit, si morbi 
causam primum invenerit , exquisitC'* 
que ; perpenderit , subUuione enim 
asgrificaí causas^ tollitur morbus: pros- 
cipue cum morbos Jovet^ idcirco mor-' 
bi causa reperta y curatíonem inven^ 
tam esse putamus. perfacile enim sic 
est, ac nuilius propemodum negotij, 
morbis mederi."» 

Hemos dicho que el autor dividió 
su obra en siete argumentos. Espon- 
dremos el primero, para que en su 
vista puedan formarse mis lectores U 
idea que sigue en todos los demás* 

Después de un largo comentario, 
en el que espone todo lo que debe te- 
ner presente el médico en la cabecera 
de los enfermos^ dice asi: 

Medicus óptimas j omnia^ quas sunt 
secundum naturam comperta , inpro" 
rumptu tenet, oportunaque faceré di-' 
citur cum ab ómnibus eis, sufficientes 
sumit imHcationes. 

En este aforismo dice que el mé- 
dico debe tener presentes todas las 
circunstancias, según la naturalexa de 
la enfermedad, y según ellas, cumplir 
suficientemente las indicaciones. 

jÍ. De las fueraas del enfermo. 
Afor. 9. 3. 

B. De las enfermedades* que pue- 
den ser 
algunas son agudas... Afor. 4. 



otras diarias Afor. 4. 

otras agudísimas.... Aforis. 4. 6. 7* 

C De los humores pecantes 
que puede ser de muchas maneras. 

Algunos turgen , 7 en estos se han 
dr evacuar desde el principio 22. 24. 

Otros no turgen , y entonces se ha 
de esperar la cocción 22. 

Otros infestan por su cualidad 2. 
23. 25. 
otros pecan en cantidad 3. 

Z). Del movimiento de los hnmo-^ 
res 21. 

E. De los síntomas de la enfer- 
medad 12. 

F. De los tiempos de las enferme- 
dades , á saber : principio, aumento, 
estado , 7 declinación 8. 9. 10. 19. 

G. De las accesiones 7 de sus perío- 
dos 11. 12. 19. 

B. Del dia indicador 20. 

i. De la naturaleza de la parte 21. 

jfiC. De la edad 2. 13. 14. 17. 

X.Deltiempo2. 15. 17. 18. 

jU. De la región 2. 

N. De la costumbre 17. 

O. Del régimen, 
en cualidad 16. 
en el modo 17. 
en cantidad. . 

en tenuissima, por la dieta 7 lel 
melicrato hasta la terminación 6. 7. 

tenue y por ligeros alimentos 7 

tisanas de cebada. 

-.—^ plena, por huevos, peces, etc. 

Este es el argumento mas corto de 
los siete de que trata. El basta para 
convencer á mis lectores > de que las 
obritas que se han publicado, espe- 
cialmente en este siglo, de los aforis- 
mos de Hipócrates, no pueden deno- 
minarse como cosa nueva 7 original, 
según dijo nuestro García Suelto , en 
la que hizo de los aforismos 7 prOQÓs- 
ticos. Si alguno desease escribir sobre 
esta materia , podría consultar á este 
autor, segurísimo de hallar noticias 7 
hechos interesantes , al paso que mu7 
curiosos 7 no sabidos de muchos. 

ANTONIO PÉREZ. Se sabe que 
fué portugués , aunque no el pueblo 



MEDICINA ESVAÑOLA. 



1J3 



de su natoraleza. Fné cirujano de cá- 
mara de Fefipe II. Escribió la obrita 
siguiente: 

Suma y examen de cirugía, jr de lo 
mas necesario que en ella se contiene; 
con breves esposiciones de alsunas sen- 
teneiasde Hipócrates y Galeno. Com- 
puesta por el licenciado Antonio Pe^ 
rez , portugués , cirujano. Madrid 
1566. 

De esta obrita se hicieron varias edi« 
ciones: la primera en Madrid en 1568, 
iqne es la que poseo: id. en 1604. En 
Valencia en 1634 7 1649. Está apro- 
bada por los médicos de cámara el 
Dr. Mena 7 el Dr. Luis Ribera, 7 de- 
dicada al Dr. Juan Gutiérrez de San- 
tander, proto-médico deS. C. B.. M. 

En la dedicatoria dice el autor «que 
se determinó á escribir esta obrita por 
la mucha falta que tenian los ciruja- 
nos romancistas de un tratado sencillo 
7 claro; que los que corrían entre sus 
manos, aunque escritos en romance, 
estaban tan sobrecargados de citas 7 
textos latinos, que no entendian la 
ma7or parte de las cosas.» Asi es que 
seescrÍDÍóúoica7 esclnsivamente pa- 
ra los cirujanos romancistas. Protesta 
<cque mejor pudiera escribirla en latín , 
para que mas autoridad tuviera ; pero 
nolonacia por las razones espuestas 
en su dedicatoria (aviso al lector).» 

La divide en cinco libros. 

El 1 «^ trata de apostemas en gene- 
ral 7 particular. 

El 2.® de las llagas recientes. 

El 3.^ de úlceras. 

El 4.® de las fracturas 7 disloca- 
ciones. 

El 5.° de los aforismos de Hipócra- 
tes» tocantes á cirugía. 

Antes de entrar en la esposicion de 
estos libros, hace preceder unos preli- 
minares sobre las circunstancias que 
debe rettnir el cirujano para desempe- 
ñar dignamente su profesión. «El ciru- 
jano, dice, debe ser sabio, docto, inge- 
nioso, visto en letras, 7 amigo de estu- 
diar: esperto 7 solicito en su airte , de 
buen juicio, virtuoso, 7 temeroso de 



Dios , buen teórico 7 buen práctico; 
debe peregrinar por el mundo para 
platicar 7 comunicar con hombres 
doctos 7 esperimentados.» 

A continuación inserta un tratadito 
mu7 curioso de anatomía, como nece- 
sario, dice, para entender 7 obrar en 
cirugía. 

Siguen á este el libro de apostemas, 
7 los tres 7a referidos. 

Elsta obrita es el mejor compendio 
que se escribió de cirugía en España; 
el buen orden en las materias, las des- 
cripciones de las enfermedades, 7 la 
claridad, hacen recomendable su lec- 
tura. 

jáforismosde cirugía, entresacados 
de los de medicina de Hipócrates^ je- 
ñalados los lugares para que los curio- 
sos sepan donde se sacaron. Tradu'^ 
cidos de la' lengua latina en nuestro 
vulgar castellano. Por jintonio Pérez, 
portugués, cirujano. 

Es una simple traducción de los 
aforismos de cirugía : no hace sobre 
ellos ningún comentario. 

JUAN RODRÍGUEZ, natural de 
Tavira de la provincia de los Algar- 
bes, escribió 

De secunda vena in pleuritide. 
1550 (V. D. Nicol. Ant. pág. 720). 

ALONSO DIEZ DAZA, natural 
de Garacena , estudió la knedicina en 
la universidad de Salamanca ; 7 fina- 
lizada su carrera^ marchó á Sevilla, en 
cn7a capital la ejerció con mucha re- 
putación. Escribió las obras siguien- 
tes: 

Alfonsi Daza Artium et medicina: 
Doctoris Ubri tres de ratione cognos^ 
cendi causas et signa tám in propera, 
quam adversa vaUtudine Órinarum 
deque earum venis juditiis et prcenun» 
iiatíonibus ojhís prceclarum taque exi- 
mium , ommbus meiiicimie praxim 
exercenúbus per utile et nunc pri^ 
mum ad coden auctore in lucem edí- 
tum non ulla tándem de febribus et 
diehus decretorUs. Hispali apud Alf. 
Barreraanno DominiM.D, LXXFII 
in 4.^ 



134 



HISTORIA DE LA 



Vos m» tyrones medici jwfenesque , senesMe 
nocturna vérsate numu, vérsate diurna (El autor). 



Dedicó au obra al ayuntamiento de 
Sevilla* 

Ta hemos visto por otras muchas 
obras de este siglo el gran valor que 
se daba á la orina para formar el diag^ 
nóstico j pronóstico de ks enferme- 
dades; el color , sabor , consistencia j 
sedimento » eran las principales cir« 
cunstancias áqne se atendía. También 
hemos visto que los médicos de mas 
opinión de Espa&a han escrito lrata« 
dos especiales sobre ellas. 

El autor nos ha consignado en esta 
obrita no solo sus observaciones si que 
'también las de sus antecesores. Sor* 
prende á la verdad cuanto nos dice del 
juicio de las orinas relativamente á sa 
pronóstico. Si sus observaciones son 
ciertas, preciso es confesar que el que 
no haya nacho un grande estudio é m* 
vestigaciooes profundas respecto de las 
orinas, le falta mucho» muchísimo pa* 
ra saber tratar a un enfermo, pro» 
nostícar el resultado de su dolencia, y 

3ue es imposible hayan podido aban- 
onarse su examen é inspección por los 
médicos modernos* 

Me contentaré con hacer una ligei^a 
espdsicion de algunos pronósticos que 
emite el autor al hablar de los colorea 
de las orinas* Dice en primer lugar 
que el médico necesita saber cuáles son 
los caracteres <de las orinas en el es- 
tado natural, para poder formar su 
juicio y pronóstico en el estado mor- 
boso. 

En la inspección de las orinas natn* 
rales se tendrán presentes, dice, estas 
circunstancias: el color debe ser dora- 
do ó ligeramente azafranado; la cánti' 
dad correspondiente á las bebidas ; la 
sustancia ni muy tenue ni muy eras»; 
el sedimento blanco , igual y ligero. 
Los colores de la orina muy mala son 
blanco ó neffv. También puede pre^ 
sentar otros muchísimos colores* De- 
dica un capítulo para tratar y esponer 
el pronóstico y la terminación de las 



K 



enfermedades dé «ada uno de ei-los* 

Sirvan de ejemplo los dos pasages 
siguientes. 

La orina muy klanca de nieve o 
muy cristalina. 

Causas, En un hombre sano, por 
mucha cantidad de vino , por debili- 
dad del calor de todo el cuerpo y miem* 
bros naturales: en el estado morboso» 
or la artritis, epilepsia y sincope; por 
a supresión de los menstruos, por la 
de las hemorroides, por la nefritis. 

La harina láctea en las calenturea 
ügudas, indica la muerto ó la calentar 
ra hécttca* 

Si se presenta desde el prineipio de 
la enfermedad acompañada de malos 
signos, el hombre morirá de esta do- 
leneia. 

Si con buenos signos, se salvará* . 

Si abundante y nácia el fin , la so- 
lución del mal* 

Si dura todo el curso de una calen^ 
tura diaria, degenera en cuartana* 

Si es de color de plomo y el sedií* 
mentó confuso, muy malo. 

Si se complica con la emisión del 
semen , indica U apoplegia , y de esta 
la parálisis* 

Si Uanca y tenue como el agua, 
afección del hígado. 

Si continua de esto modo desde el 
principio hasta el fin , crisis muy difí- 
cil y peligrosa. 

Orina de color de limon^ 

Si su sustancia es tenue , en joven 
pituitoso ó melancólico significa ter- 
ciana simple* 

Si el sugeto es viejo, terciana doble* 

Si niño, calentura continua. 
. Si en el oto&o ó invierno, calentu* 
ra cuartana errática* 

Si con espuma y burbugitas en su 
superficie, enfermedad del pulmón ó 
del higado* 

Si muy abundante , inúanaacion y 
sequedad del higado* 

Si ae presMEita al principio de la en- 



I 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



135 



fcrmedad, debilidad de faenas j la 
muerte. 

Si éd el aomento j en el eátado sin 
eTacoacioDj rapto de sangre á la ca* 
besa. 

Si al fia de la dolencia » buena ler* 
mioacion. 

De la misma manera disente enáodo 
trata de los demás colores qoe suelen 
presentar las orinas^ de su sustancia jr 
sedimentos. 

He consagrado muchos ratosen pen* 
sar sobre la cansa que haya podido in« 
finir en estos tiempos ¿ no detenerse 
los médicos en el examen é inspección 
de las orinas eomo los antiguos > y be 
creido pudiera ser la oscuridad v las 
discusiones metafísicas que han domi* 
nado en su esposieion. Que hay obser* 
▼aciones interesantísimas sobre la na* 
Inralesa de las orinas en ciertas enfer-* 
medades, es indudable. Que están he- 
chas y recogidas por hombres inteli- 
Sntes y de buena fé> ciertisimo. No 
Ita, poeSf otra cosa k mi entender» 
que entresacar estas obsenraciones» de- 
purarlas del ontologismo con que están 
escritas, y presentarlas con toda su 
purera » y cual son en si. Este trabajo 
queda por hacer en la ciencia» y creo 
que si una persona inteligente se dedi- 
cara á esto» baria un gran servicio i la 
medicina práctica. Hace mucho tiem« 
que estoy meditando en ello; y lo 
aré con el mayor gusto, cuando ten- 
ga tiempo» y me desembarace de otros 
trabajos. 

La obrita de nuestro Díes Daia es 
preciosisiau para este caso» porque 
nada deja por desear. 

GERÓNIMO GIMÉNEZ» natu- 
ral de Zaragoia» estudió en esta uni- 
versidad humanidades» filosofía y me» 
dicina» y se graduó de doctor en esta 
última. A poco de graduado » obtuvo 
la cátedra oe instituciones médicas» la 
cual desempeftó por espacio de dies 
a&os* Elocuente «insegundo» y dotado 
al mismo tiempo de otras circunstan- 
cias personales recomendables^ obtuvo 
una oelehridad poco común. Su cáte- 



nai 



dra era concurrida de las personas mss 
ilustradas^ que acudian á ella arrastra- 
dos de su gracia en el decir, y de la 
suma facilidad con que se producía en 
latin. Asi es que al escribir la obra de 
la que va á ocuparnos» ana eusndo 
está redactada en un latin tan elocoen* 
te y sublime » nos dice al final de su 
próloeo » que habia elegido un modo 
de hablar » que ni fuese humilde » ni 
que fastidiara por sus pomposas frases* 

Escribió una obra de instituciones 
médicas^ con el titulo siguiente: 
- InstUutionum mediearwn libri ouof 
tuor, nunc prímum in lucem ediü. Hi^ 
ronimo Giménez aactore. (In Epilen» 
si ofido ex offieina Joannis Perezii á 
Valdiveso , anno 1 578. 

De esta obra se hicieron dos edicio- 
nes mas; en.Epila 1596, en 4.% y en 
Toledo 1578» en folio. 

Yo paseóla primera y tercera; pero 
en este artículo me refiero á la primi- 
tiva de 1578. 

Las pocas noticias que el Sr. Her- 
nandex Morejon nos da de las obras de 
Giménez » que por una parte son las 
mas eruditas y científicas que pudie<* 
ron escribirse en el siglo de oro de la 
medicina espaftola» y por otro lo rarí- 
simas que se han hecho» me determi- 
nan á presentar un estracto de ellas 
cual se merecen. 

Eu el prefacio al lector demuestra 
la necesidad que tienen todos los que 
se dediquen á la noble ciencia de cu* 
rar» de preparar antes su espíritu con 
-las nociones de la lógica, física» filoso* 
fia moral , metafisica y matemáticu^ 
porque estas ciencias no solo son la in- 
troducción á la medicina» sino que tie- 
nen muchos puntos de contacto con 
ella. 

En seguida trata de la importancia 
de conocer bien las instituciones mé- 
dicaSy á saber: la anatomía» la fisiología» 
la materia médica ^ la semey ótica y la 
patología. 

Prescinde en esta obra de la anato- 
mía > y al tratar de la fisiología reco- 
mienua altamente su estudio» dicien- 



136 



HISTORIA DE LA 



do: (tesa ciencia divina que trata de la 
naturaleza, de esa fuerza etérea jr 
sobrenatural que preside en tas accio « 
nes humanas , que con tanto orden y 
sabiduría todo lo gobierna y todo lo 
rige, todo lo cria y todo lo protege y 
conserva (loco citato).» 

Diride su obra en cuatro libros. El 
primero contiene veintiún capítulos* 
En el 1.^ trata de la salnd^ la cual oon« 
siste según ¿1 en el equilibrio de las 
funciones interiores con la acción de 
los agentes esteriores* Si aauellos les 
resisten baj salud • si vencen los según* 
dos hay enfermedad. Para que sea lá 
salud completa , es preciso que baya 
simetría de todps los bumores^ espiri« 
tus y partes del cuerpo. 

En el 2.^ trata de la enfermedad 
que consiste en la ametría de ios bu- 
mores, espíritus, etc. 

En el 3.^ trata de las cansas de las 
enfermedades que distingue en tres 
clases: 1.* de jítoj (eficientes), 2.*oca< 
sionales, 3.* predisponentes. 

En el 4.® trata del aserto de las en^ 
fermedades en general. Esplica cómo 
pudiera bacerse la producción de las 
enfermedades simpáticas por el con-* 
ducto é influencia de los nervios. 

En el 5.^ de la naturaleza y genio 
de las enfermedades. 

En el 6.^ de su curso y movimiento. 

En el 7.® de la constitución y pe- 
riodos universales de las enfermedades. 
Los distingue en cuatro, á saber: prin- 
cipio, aumento, estado y declinación: 
esplica lo que debe entenderse por ca- 
da UDO, y desde cuando deben empe- 
sar á contarse. Confirma todas sus ideas 
con los enfermos de las epidemias de 
Hipócrates. (Interesantísimo). 

En el 8.^ de las diferencias de las 
enfermedades. 

En el 9.^ de los tipos de las enfer- 
medades, ([nteresante). 

En el 1 de las clases ó especies de 
los tipos. (Interesantísimo). 

En el 11 espone las causas por 
qué ciertas calenturas y algunas otras 
enfermedades se ban de coacervar 



con tipos en períodos determinados. 

En el 12 espone las razones por las 
cuales las enfermedades biliosas y es- 
pecialmente las calenturas, guardan el 
tipo de tercianas, las pituituosas de co* 
tidianas , y las melancólicas de cuar- 
tanas. 

En el 13 trata de los síntomas en 
general. 

En el 14 del valor de los síntomas 
en particular. Espone los signos , ca« 
ractéres y diferencias del pulso. Es- 
tablece cuatro diferencias generales, 
según se siente la pulsación en uno ó 
mas dedos de la mano del profesor, á 
saber: 1.* cuando el dedo índice y el 
anular sienten la pulsación 9 y el me« 
dio y anular no la perciben: 2.* cuan- 
do el Índice anular y mínimo la sien^ 
ten, y el medio no: 3.^ cuando el ín- 
dice y el mínimo la perciben y el me« 
dio y anular no; lo cual demuestra en 
la tabla siguiente, 

ifuUeé. mtíUo. «muiar, mínima. dtf*r€neÍM4 

1'D¡f....1....0 3 Ootrasvidif. 

2* D¡f....1....0 3 4 24 dif. 

3' D¡f....1....2 O 4 24 dif, 

4' Dif....1....Q.,...0 4 6 dif. 

Mas adelante compara los pulsos con 
las notas de música; la nota breve cor- 
responde al pulso de los viejos , la se- 
mibreve á los adultos, la mínima á los 
jóvenes, y la seminima á los niftos. 

En el 15 trata de los vicios de la 
respiración y de sus especies. 

En el 16 del dolor y sus variedades 
según las dolencias. 

En el 1 7 de la inflamación del es- 
tómago. (Interesante). 

En el 18 de la tos , del estornudo y 
del bostezo, como signos de las enfer- 
medades. 

En el 19 de las escreciones. 

Los capítulos restantes interesan 
poco. 

Libro II Del método para formar 
eldiaspósticOf jrde los lugares de que 
han de tomarse los indicios. 

Para formar un perfecto diagnósti- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



137 



co es precisa^ dice^ conocer las causas» 
la nataralesa del mal , sa forma , su 
asiento afecto j su iotensidad » la cos- 
tumbre^ su curso, su tipo, y la consti- 
tncion del a&o. Importa sobre todo co- 
nocer el asiento del mal para poder 
distinguir si las enfermedades son sim- 
páticas; si causa ó efecto, si son el su- 
geto ó el adjunto, si semejantes ó de- 
semejantes. 

Describe con la major precisión las 
dolencias mas propias á cada edad, las 
de los recien nacidos, de los jóvenes, 
de los adultos y de los viejos. Las pro- 
pias á cada sentido, siendo sumamente 
de notar la bella descripción anatómi- 
ca que hace de cada uno de ellos antes 
de esponer sus enfermedades. (Intere- 
•antisimo)* En el capitulo 3. ^describe 
el origen , naturaleza , distribución y 
funciones del sistema nervioso. Ase- 
gura que su método ni puede conocer- 
se ni practicarse sin tener una noticia 
exacta de dicho sistema. 

üijítque hwc (¡ludam de orígfne ner* 
'vorumj singulorwn, deque eorum tum 
progresibus , tum insertiombus tam^ 
quanh axionata ex anotóme repetenda 
¡Uxi; non ut te ea docerenv ^ quce jam 
pridem oportuit didicise j sed ut illa 
tibí in memoriam revocarem^ quce nisi 
in promptu sint, nec inteligi quidem 
possit ktecmea methodus, qua partem 
primario affectam^ et cujrus partis 
rnotu sensuve labefaetato uestigars 
instituí. (Pag. 89). 

Queda ya, pues^ espresada en estas 
últimas palabras la idea del autor, que 
pretende investigar por medio de las 
simpatías y signos prestados por el sis- 
tema nerviosa, cual era la parte pri- 
mitivamente afectada en una enfer- 
medad dada, y cual la secundaria ó 
simpática. Todo este libro ofrece el 
mas alto interés, y fuera bueno que 
pudieran publicarse las bellas ideas y 
observaciones que contiene , para que 
constase que nuestros médicos españo* 
les no han dejado por tocar ni de ilus- 



trar todos los ramos mas interesantes 
de la ciencia. 

Institutionem medicarum líber III* 
De pronostica morborum metkodo, 
tribusque ejusdempartibus: acprimum 
de notis pronosticis salutis veímortis, 
ab accíonibus animatibus et earum 
vitiis. 

Si interesante es el libro de que 
acabamos de hablar , lo es muchísimo 
mas este , en que espone cuanto ha/ 
que saber en medicina , para formar 
un acertado pronóstico sobre la vida 
ó la muerte de los enfermos. Divide 
este libro en 21 capítulos, en los cuales 
trata de las materias siguientes: 

En el 1.^ dice que las enfermedades 

fmeden terminar de tres maneras; por 
a salud , en otra enfermedad, y por 
la muerte. Para poder pronosticar cuál 
de ellas tendrá lugar en la enfermedad 
dada, deberá atenderse á tres circuns- 
tancias: 1.*, á la gravedad del mal: 
2.% á las fuerzas del enfermo: 3.% á la 
duración de aquel. Para esplicar la 
fnersa de estas circunstancias, se vale 
de la alegoría siguiente: «Se desea sa- 
ber si un hombre que lleva un peso á 
hombro, podía llegar con él basta lá 
terminación de su camino. En este 
caso atiéndase 1.°, al peso de la carga: 
2.^, á su resistencia y la del báculo: 
3. ^j á la distancia ó longitud del ca- 
mino. Bien examinadas estas cir* 
cunstanciasy podía resolverse la cues- 
tión, prescindiendo de las averjas que 
por otra parte .pueda sufrir el cami- 
nante.» 

.Bajo esta alegoría, trata con la ma- 
yor estension de los signos pronósti- 
cos .prestados por las funciones ani- 
males (1).Con este motivo espone con 



(1) Teogsn presente mis lectores qae 
los antiguos dividian las funciones en tres 
clases, ü saber: animales, vitales y natura* 
les, según que los órganos que las desein» 
peñaban estaban contenidos en la cavidad, 



HlST. DE LA MbDIC. ESPASOLA. — TOmO 2.® 



18 



138 



HISTORIA DE LA 



la majror estension , los signos pro- 
nósticos tomados de las facultades in- 
telectuales^ del sistema nervioso, de 
los cuatro sentidos, fista, oido, gusto 
y olfato 9 del dolor, del sueño, de la 
vigilia, del delirio, de la voz, etc. (Elste 
capitulo es sobremanera interesan- 
tísimo). 

En el capitulo 2.® trata del pronós- 
tico, j de los signos pronósticos de sa- 
lud ó de muerte, tomados de las fun- 
ciones vitales. 

Habla de los pronósticos suminis- 
trados por el pulso, j por la respira- 
ción. 

En el 3.® de los tomados de las fun- 
ciones naturales. 

Habla de los signos pronósticos de 
las afecciones ó alteraciones, ya pri- 
marias, ya simpáticas del estómago é 
intestinos delgados y gruesos. 

En el 4.® de los signos prestados de 
, los vicios de las acciones naturales 

Esrtenecientes á la segunda cocción, 
ntiende por esta la qaili6cacion y 
las secreciones. Con este motivo trata 
de, los signos prestados por las orinas. 
En el 5.^ trata de los signos de las 
lesidnes de la tercera cocción ; habla 
precisamente del sudor (Interesanti- 
aimo). 

En el 6.*" de los del hábito esterior 
del cuerpo. 

En el 7.® de los prestados por los 
abscesos, tumores , pústulas y demás 
erupciones. 

En el 8.^ de los sisnol del dolor. 

En el 9.® del juicio y comparación 
de los signos saludables y mortales, 
cuando al mismo tiempo concurren 
en una enfermedad (Interesantísimo). 

En el 10 cuántas y cuáles sean las 
terminaciones saludables ó pernicio- 
sas: del conocimiento de las crisis, de 
sus causas y de las partes que consta. 

En el 11 de la diferencia de las cri- 



del ertfoeo , del pecho y del vientre, i las 
Cttales denominaron cavidad animal^ vital^ 
j faiural. 



sis > y con especialidad de las cuatro 
circunstancias de la crisis saludable. 
Habla de los fenómenos críticos, de las 
cualidades que deben tener, y los días 
en que deben presentarse para repa- 
tarlos comí) saludadores. 

Respecto del sudor dice es siempre 
saludable, cuando empieza en los dias 
3, 5, 7, 9, 11, 14, 17,20,27, 34. 
En los otros dias, sobre no juzgar la 
enfermedad , la exasperan , y nada 
b ueno debe esperarse de ellos. 

En el 12 del modo de conocer las 
malas crisis, cuando se presenten. 

En el 1 3 del conocimiento de las 
crisis que se verifican por abscesos , si 
son buenas ó malas. 

En el 14 del modo de conocer las 
crisis en las enfermedades lentas. 

En el 1 5 de los signos pronósticos de 
cualquier crisis que pueda sobrevenir. 
En este espitólo prueba que no basta 
que el médico conozca una crisjs pre- 
sente , el que sea buena ó mala , sino 
que es menester que sepa todavía si se 
na de verificar por sudor , por orinas, 
por el vómito, por beriAorragia ó por 
deyecciones albinas. Que no basta tam- 
poco el que sepa el que se ha de hacer 
por abceso, sino que debe saber la na- 
turaleza del tumor, si lento, si agudo, 
si por congestioo; porque todo otro 
modo ni puede prevenir á la natura- 
leza con tiempo, ni dirigirle metódi- 
camente cuando se presente. 

En los capítulos 16 , 17 , 18 ;|r 19, 
habla estensamente de todos los signos 
propios á cada una de estas termina- 
ciones. 

En el 20 espone los signos pronósti- 
cos por los cuales podrá predecirse no 
solamente la crisis buena ó mala, sino 
hasta el dia en que se verificará. 

En el 21 declara el método de pro« 
nosticar el dia y hora en que ha de 
terminar la enfermedad, y el de ave- 
riguar de dos enfermedades existentes, 
iguales en fuerza y grado, cuál de ellas 
terminará antes. 

Por el sencillo estracto que acabo de 
presentar, podrán apreciar mialecto- 



I- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



139 



res en so jasto Talor el mérito de este 
libro de pronósticos del autor. En okí 
concepto puede ponerse al lado del li* 
brode pronósticos , y del libro de epi- 
demias de Hipócrates , comentados 
por nuestro Valles: la sublimidad de 
sa leoguage encanta^ j el enlace de sus 
ideas sorprende. 

Libro IV. Trata del método cura- 
tivo de las calenturas continuas é in^^ 
termitentes\ de los tumores jra agudos 
jra crónicos^ de la hemotisis, de la he* 
petitis, de las afecciones del estomagó 
é intestinos. 

Dedica el capitulo 24 ¿ tratar del 
origen, distribución y Usos del sistema 
▼enoso. Asegura que él médico tiene 
necesidad de conocer bien este sisté* 
ma» porque de otro modo no podría 
esplicar la desaparición y aparición de 
las dolencias de uno ú otro punto, cu- 
yas mutaciones, según ¿I, se hacen por 
conducto de las venas. 

En el 25 trata de la revulsión y de* 
ribacion. (Sumamente interesante). 

En el capítulo 26 trata de cuatro 
clases de enfermedades generales por^^ 
que afectan todo el cuerpo, á saber: la 
elefantiasis^ la anasarca, la ictericia y 
el mal sfenéreo. 

Este libro no ofrece tanto interés 
como los otros. Dedica muchos espitó- 
los á esplicar la acción de los medica- 
mentos por la teoría de los árabes^ es- 
pecialmente de Mesue , de cuya ma* 
teria médica tomó la infinidad de los 
remedios que propone. Sin embargo 
habla del opio^ del castor y de las san- 
guijuelas , á las cuales se conoce fué 
muy afecto, cuando las mandaba apli- 
car al ano como derivativas del humor 
melancólico residente en él hígado y 
en la vena porta , al cual atribula la 
elefantiasis (cap. 26). 

No concluiré este articulo sin reco- 
mendar a mis lectores la adquisición 
de esta preciosísima obra, que es sa- 
perior á la de Próspero Alpino de pre^ 
sagUmda vita et morte (1). 

( 1 ) ¿No sería lástima y al mismo tiem* 



Hippocratis de natura humana li^ 
ber. Hyerommi Giménez philosophicB 
ac medicinas doctoris ejusdemque üi 
academia cesaraugustana puhlici in^ 
terpretis comentarios ibtstratur, nunc 
primum in lucem editus. CesarauguS'^ 
í«1589i>i8.° 

Elsta obrita está dirigida i D. Pedro 
Cerbuna: en la dedicatoria dice haber 
estado ausente de Zaragoza por espa- 
cio de seis años, cuyo tiempo habia 
invertido en pasar á otros paises con 
el objeto de ilustrarse mas. 

En el prefacio espone la definición 
de la medicina , su objeto y las partes 
ó ramos en que se divide. I'rueba tam» 
bien que el libro de natura humana 
era genuino de Hipócrates » y no apó- 
crifo como algunos habían dicho. Prue- 
ba su opinión por la comparación y 
examen de los textos del mismo Hipó- 
crates, disemillados en aquellos libros, 
de los que nadie dudaba ser genuínos. 

En el cuerpo de la obra comenta 
los textos del libro de la natura huma- 
na\ habla con especialidad de los ele- 
mentos y de los humore?^ como prin^ 
el pales componentes del cuerpo del 
hombre. 

Todo este libro es muy oscuro -, en 
la mayor parte ininteligible ; abunda 
de teorías metafísicas, y su tectnra 
por lo mismo es cansadísima y de muy 
poco provecho. 

Al decir verdad, el autor parece 
otro hombre del que escribió la obra 
de las instituciones médicas y del libro 
de los pronósticos, que dejamos refe- 
rida. La que nos ocupa no compensa 
el trabajo de leerla , y es una lástima 
que el autor no haya elegido otra ma- 
teria mas digna de su pluma y de sus 
talentos. 

LUIS MERCADO. Vamos á ocu- 
parnos de los escritos de uno de los 



|»o un baldoo para qq médico » el qoe pre- 
sentándole ocesiort de haber la á las maoos, 
DO pudiera servirse de ella por do enteoder 
la lengua latina? 



^p 



140 



HISTORIA DE LA 



médtCM IDAS célebres del siglo XVT, 
y sobre cuyo mérito bibliográfico tan* 
tas y tan encontradas opiniones reí* 
nan entre los historiadores. 

Sprengel ai tratar de la influencia 
de la filosofía de Ramos en la medí* 
ciña , se esplica sobre este médico en 
los términos siguientes. «Los españo- 
les se adhieren macho al escolasticismo 
y a la doctrina de los árabes: una prue* 
ba de esta verdad son las obras de Luis 
Mercado » médico de Felipe II, por- 
que efectivamente es imposible ima- 
f^inarse hasta qué punto este escritor 
levó el escolasticismo. Sin adoptar el 
menor orden científico en sus trabajos, 
introduce infinitas cuestiones inútiles, 
é las cuales unas veces responde afir- 
mativa» otras negativamente : en una 
palabra , no lo puedo caracterizar de 
otro modo que llamándolo el Santo 
Tomás de Aqnino de la medicina» y 
el primero de todos los médicos esco- 
lásticos. (Esprengel » hist. de la med, 
por Jourdan , tom. 3.® pág. 20 y 21). 
Otros le hacen superior á Francisco 
Valle. El Sr. Hernández Morejon de« 
dica un artículo á defender á Mercado 
de la critica que le dirigió el historia- 
dor de la medicina, 

To creo que todos tienen razón» cu- 
yos estremos haré ver al paso que vaya 
esponiendo cada libro (1). 

La celebridad que gozó Luis Mer- 
cado no corresponde con las pocas no- 
ticias biográficas que de él nos han 
quedado. Nació en VaHadolid por los 
años de 1 520: no se sabe donde estu- 
dió la medicina » aunque es de presu- 
mir que lo verificara en la universidad 



(1) Dige en otra ocasión y vuelvo ú re- 
petir eo este lugar , qoe ai escribir la his- 
toria de los médicos eapuñoles no me he 
propuesto ser el panegirista de todos ellos; 
me be propuesto aer imparcial , alavar lo 
boeno y no desfigurar lo malo : creer que 
todos los médicos espafioiea han sido mode* 
los de aabidiir/a, es on absurdo; encomiar- 
loa mea de lo que merexcaD, un mal; y ala- 
var ú todoa es no alavar á oíognoo. 



• 

de dicha ciudad. En ella fué catedrá- 
tico de medicina » cuya cátedra dejó 
cuando fué nombrado médico de cá- 
mara de Felipe II» cuyo destino des«- 
empefió en la cámara de Felipe IIL 

Escribió las obras siguientes. 

Ludovici Mercad medici á cubículo 
Philipi II et III Hispaniarwn at" 
que Indiaruní regum potentissimorum 
atqueeorumdemprotomed¿ci,etin Va" 
Uesoletana academia primaruB cate^^ 
drcB prqfesoris emeríti^ Opera omnia 
in tres tomos divisa* Valladotid 1605» 
1611 , 1613. Francfort 1608, 1614, 

1620(1)- 

El primer tomo está dividido en 

tres libros , y e\ primero de estos en 
cinco partes. La 1.* está subdividida 
en otras cuatro clases : en la primera 
de estas trata si la medicina es ciencia» 
y si es necesaria. En la segunda, 
tercera, cuarta y quinta de los elemen- 
tos. En la 2.* parte trata de los tem- 
peramentos, y la subdivide en cuatro 
clases. En la 3.* de los humores , la 
cual divide cinco clases. En la 4.* de 
partes , y la subdivide en seis clases. 
En la 5.* del alma y sus propiedades^ 
y la divide en seis clases. 

En el segundo libro trata de la sa« 
lud y del modo de conservarla *, lo di- 
vide en tres clases. 

En el tercer libro trata de las cau- 
sas de las enfermedades , sus diferen- 
cias, diagnóstico, pronóstico, y cura- 
ción. Lo divide en dos partes y en seis 
clases. 

Tales son las materias de que trata 
en este primer tomo. El Sr. Morejon 
al dar su dictamen sobre el mérito de 
ellas, nos dice: «la dialéctica de Mer- 
cado en la obra cuyo plan acabamos 
de esponer, y la sutileza de sus razona- 
mientos en la gran copia de argumen- 
tos que trae , hizo que Sprengel le 



(1) Esta es la que yo poseo y está di* 
vidida en cinco tomos. También tengo al- 
gunos tomos sueltos de las otras ediciones. 
En mis citas me refiero á la dicha. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



141 



comparase con Santo Tomas de Aqni- 
no. Sin embargo en medio de su me- 
tafísica descubre en sus ideas un fondo 
de sabiduría y de máximas prácticas 

5ne forman la base principal de sus 
octrinas, y en cuya cúspide se osten- 
ta el alma metafísica de este hombre 
singular. (Her. Mor., Hist. de la med. 
Esp., tom. 2.'' p. 184). 

No puedo conformarme con el dic* 
támen de mi maestro. To diré aue la 
obra^ cuyo sucintísimo plan acabo de 
presentar es el océano del ontologis- 
mo: aue Mercado echó á volar su ima- 

E 'nación por los inmensos espacios de 
metafísica : que todas las ideas úti- 
les que contiene en este ton\o de mil 
fojas cávales , pudieran escribirse en 
una veintena de ellas : que su lectura 
causa pesadilla , j en mi concepto se 
quedó aun muy atrás el escritor Spren- 

Jel. Si algún curioso desea saber cuál 
e las dos opiniones, la del Sr. More- 
jon ó la mia sea la verdadera y la im- 
parcial^ que abra el libró de Mercado, 
y juzgue por su propia convicción. 

El segundo tomo , dividido en cin- 
co libros, trata de las materias siguien- 
tes: 

En el 1 .^ del modo de prestar los 
ausilios médicos. 

En el 2.^ de la esencia , causas , di- ' 
ferencias, diagnóstico, pronóstico y 
curación de las heridas. 

En el 3.^ de la armonía de los pul- 



En el 4.® de la naturaleza y cura- 
cion del morbo gálico. 

En el 5.^ de las enfermedades he- 
reditarias. 

En el primer libro trata de un mo* 
do general del uso que debe hacerse 
en las enfermedades ae la dieta, de las 
bebidas, de los baños, de las sangrías, 
lavatibas , purgantes y vomitivos. En 
las enfermedades agudas aconseja las 
sangrías, las bebidas atemperantes.y 
acciduladas, frias. Aconseja las sangui- 
juelas para combatir ciertos síntomas 
inflamatorios locales \ los sudoríficos 
para obtener el sudor, y entre ellos los 



baños calientes , artificiales y natura- 
les (minerales). 

En el segundo trata de las calentu- 
ras en general y de cada una de ellas 
en particular: admite que la calentura 
no es una sustancia ó un ser, sino una 
calidad y un accidente. Las divide en 
simples y en compuestas, en cortas y 
largas, en agudas y crónicas , en con- 
tinuas é intermitentes. Discurre sobre 
la naturaleza de estas últimas y sobre 
las causas de su intermisión; espone y 
reprueba las opiniones de aquellos que 
atribulan la periodicidad 1.° al influ- 
jo periódico de la loqa: 2.^ de los de- 
mas planetas: 3.® á la naturaleza espe- 
cífica de los humores: 4.** á la influen- 
cia simpáticvy periódica de unos sobre 
otros órganos: 5.^ al humor pituitoso. 

En seguida trata en libros especia- 
les de la calentura efémera de la héc- 
tica y de las pútridas. En este libro es 
donde habla de las calenturas perni- 
ciosas f y es cuando Mercado se hizo 
superior á todo elogio , y digno de la 
mas alta consideración (1 ). 

Voy á presentar un ligero estracto^ 
para que mis lectores puedan en su 
vista ¿jar su opinión soore esta mate- 
ria. (Tradncioo). 



(1) Es tf la verdad may estraiSo qae el 
Sr. Heratnd.es Morcjou qae ht dedicado an 
•tteoso arUcalo eu copiar los títulos de los 
libros de Mercado, que segoramente oo 
iostroyeni interesa, haya pasado en sileocio 
el precioso pasage de Mercado , eo el que 
aoaocia por primera vea le exiateocia de 
las calenturas perniciosas, desconocidas de 
todos, y que tantas víctimas babian sacrifi» 
cado. ¡Cuinlo mas hubiera valido que eo 
vez de copiar el largo pasage que Sprengel 
dirige contra el médico español , hubiera á 
SQ Tez presentado el de estas calentara»! 
No paede negarse qoe el Sr. Morejoo ha 
fundado sa defeasa eo la descripción de las 
caleotoras ya referidas; pero lo es tambieo 
qne lo hubiere hecho mejor copiando el 
texto original, porque de otro modo siem- 
pre podra'o decir los lectores de le obre del 
Sr. Morejoo: y hieo ¿qué dalos nos prestas 
pera eooveoceraos de tas aserciones? 



142 



HISTORIA DE LA 



De la terciana perniciosa. nEa esta 
clase de calenturas que se exacerba d 
cada tres días, se encuentra esta ter- 
ciana perniciosa , desconocida hasta 
ahora, sumamente peligrosa para el 
enfermo y admirable para el médico. 
Lo que raras veces sucede , con mas 
dificultad se conoce » y como acomete 
con tanta gravedad no deja lugar mas 
que al terror y al espanto, y siendo la 
enfermedad mas mortífera , es la que 
menos se entiende y la que con mas 
ignorancia se cura* ¿Quién habria de 
creer que una calentura terciana ha- 
bia de ser tan mortífera , después dé 
haber dicho Hipócrates , que una ca- 
lentura de cualquier modo que inter- 
mita indica no tener peligro (Jebris 
quocumque modo intermisserit peri-' 
culum abasse siffuficat) , y que la ca- 
lentura terciana era la mas breve y 
segura de todas? 

Definición. La terciana perniciosa 
consiste en una calentura que simula 
el tipo tercianario, mortal y compli- 
cada de mil accidentes graves. 

Diidsioné Esta es simple y com- 
puesta, ^ 

Causas • Esta reconoce seis causas: 
1/, la invasión de los humores vicia- 
dos á un miembro principal: 2.% la 
tenuidad y putridez de estos humores, 
especialmente de la sangre de las ve- 
nas: 3.*, los humores viciados por ali- 
mentos corrompidos: 4.% la crudeza 
desigual crasicie de los humores : 5.^, 
por el aflujo que puede determinar el 
demasiado calor febril: 6.% la cons- 
telación epidémica y contagiosa. 

Síntomas, Denotan que la tercia- 
na será perniciosa los graves y peli- 
grosos síntomas que se presentan des* 
de la primera accesión , que ponen 
perplejo al médico. 

£1 semblante del enfermo se vuelve 
cadavérico y muy tímido: el pulso se 
hace tardo, desigual, débil , intermi- 
tente, asfixia: las orinas salen dema- 
siado crasas y de mal color : el enfer- 
mo esperimenta una inquietud suma 
y desacostumbrada ; tiene lipotimias, 



ansiedades y sudores fríos; la respira- 
ción difícil -, hay delirio ó letargo, vómi- 
tos de materias eruginosas, náuseas an- 
gustiosas, y pertinaces. Si tiene diar- 
rea , degenera muy pronto en disen<* 
teria, y los humores salen. fétidos , lí- 
quidos y de diversos colores : hay sed 
inestinguible. Ademas de estos sínto- 
mas, tiene la terciana perniciosa lúft 
mismos que las comunes, aunque mu- 
chísimo mas intensos. Los enfermos 
no quedan libres del todo pasada la 
primera accesión ; les quedan, ó gran 
postración de fuerzas , ó delirio pasa- 
gero, ó un sueño muy profundo y 
muy falaz, ó una sed devoradora,ó un 
desasosiego que no pueden esplícar, y 
esto aun cuando la calentura baya 
desaparecido ó sea casi nula. Es de 
muy mal agüero el que el enfermo 
sude estando con el trio; que tenga 
frio^ en el periodo de la calentura; y 
el que se desmaye en el periodo del 
sudor. Importa, pues, qae el médico 
se prevenga desde la primera accesión, 
y que se penetre de que el enfermo 
está profundamente orinado. 

Pronóstico No todas estas calen- 
turas perniciosas son mortales de ne- 
cesidad: su peligro está en razOn de la 
intensidad de las causas arriba espre- 
sadas, y de lo mas ó menos necesario 
que sea á la vida el miembro^ que fué 
invadido de los huniores* 

División de las calenturas. Se di- 
viden estas calenturas en otras tantas 
especies cuanto son los síntomas mas 
dominantes en ellas, y los órganos 
afectados; asi es que las hay pleuriti- 
cas, sincópales, soporosas, hepáticas, 
uterinas , etc. Es preciso conocer bien 
sus diferencias, porque exigen un mé- 
todo especial de curación. 

Calentura perniciosa cardiaca ó del 
coraj207i.>»Sintomas.«KCuandoel hu- 
mor ataca á lasestremidadesde las ve- 
nas del corazón, se presentan largos y 
frecuentes síncopes, pulso pequeño» 
frecuente y desigual, al cual suele se- 
guir total asfixia. Estos síntomas vie- 
nen á complicarse con rubicundez y 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



143 



Bodores en la cara , ojos cóncayos* y 
lángaidos y estreroada resolución d^ 
faersas , y ¿na muerte repentina. 
Otras veces el ebferoio siente una tor* 
peza y dejadez estremadas: le vienen 
sudores frios.á la frente: queda at¿ni<* 
lo, sin saber referir lo que le pasa ni 
lo que siente: la respiración es suspi-* 
rosa; no puede moverse para nada: se 
siente agoviado por uoa terrible an- 

f[U5tia : tiene sudores , á veces muy 
rios , otras muy calientes. Estos en- 
fermos mueren á la tercera accesión; 
y si de ella escapan, quedan con otros 
males tan malignos, a los que después 
de mas ó menos tiempo sucumben. 

Terciana perniciosa por lesión del 
estómago. ^=»Sintoíntí$.^=^E\ enfermo 
siente grandes picotazos y bocados en 
la boea del estómago: tiene vómitos de 
materias biliosas y pútridas : gran an« 
siedad é inquietud : pérdida , ó una 
grandísima debilidad del pulso , al 
cual sigue un sincope: sudores friesen 
la frente: palidez del rostro, concen- 
tración de los ojos dentro de sus órbi- 
tas, y la muerte al quinto dia ó antes. 
Si esta calentura se hace continua, no 
tiene tanto peligro. 

Calentura perniciosa cerebral. La 
enfermedad empieza por una gran 
soñolencia, ó por un letargo, en el 
cual suelen terminar sos dias. 

Calentura perniciosa por lesión del 
hígado (hepática). Los síntomas ge- 
nerales son los mismos; pero esta ca- 
lentura no es tan peligrosa , porque 
suele hacerse con frecuencia continua; 
en cuyo caso si no desarrolla una hi* 
dropesia consecutiva, se libran los en* 
fermos; pero después de muchísimo 
tiempo (pág. desde la 395, col. 1.% 
basU la 398). 

A continuación trata también de las 
calenturas intermitentes, perniciosas, 
y pútridas; y dice «que estas recono- 
cen por causa los alimentos vegetales^ 
especialmente las frutas agrias. Los 
enfermos que las padecen caen al sue- 
lo como desmayados: sudan con pro- 
fusión: tienen el pulso pequeño, débil 



¡r muy frecuente : vigilias pertinaces: 
es suben á la cabeza continuos vapo- 
res : vómitos ó náuseas pertinaces: 
amargor de boca : suma telidéz del 
aliento: inapeteocia; vértigos tenebro* 
sos: el semblante triste y como dolo- 
rido: la boca, dientes y lengua negros, 
terrosos y fétidos. Mueren á la tercera 
ó quinta accesión. 

Terciana perniciosa jr biliosa. ^^ 
Síntomas.aBLa calentura que sucede 
al frió es vehemente : hay gran sed, 
secura y aspereza de lengua: los ojos 
se esconden en sus órbitas : el rostro, 
aunque cadavérico, está como encen- 
dido, angustioso^ compungido y sin 
espresion: el enfermo está inquieto en 
la cama, como si todo él estuviese ul- 
cerado: el calor le abrasa ; pero ni el 
aire, ni la respiración j ni el agua, le 
consuelan. Las orinas salen encendidas 
como fuego, y como si fueran legia: 
el pulso es pequeño, débil, y casi nulo: 
la respiración angustiosa : las evacua- 
ciones alvinas, primeramente biliosas, 
después porraceas; y últimamente di- 
sentéricas: los vómitos pertinaces^ an- 
gustiosos y con sincopes. Los enfer- 
mos no pueden sudar, por los diaforé- 
ticos , y sudan poco antes de morir. 

Terciana sincopal perniciosa humo* 
ra/. i» Síntomas, «i- Empieza por un 
gran frió, interrumpido de gran calor; 
de modo que los enfermos unos ratos 
se abrasan , y otros se hielan: durante 
todo el curso de la enfermedad, están 
hechos un leño: se quejan de frió, y al 
mismo tiempo de una sed que les 
abrasa ; pero las bebidas , lejos de ali- 
viarles,'les empeoran: el vientre se in- 
cha y se pone como un timbal: se des- 
mayan con frecuencia, pero no se rea- 
niman con las aspersiones de agua fría 
sobre el rostro; antes por el contrario, 
se alivian con las fricciones y las liga- 
duras: la respiración es fuerte y ane- 
losa. Ademas de estos síntomas, hay 
otro patognomónico,y es la irregula- 
ridad y desorden con que se presentan 
los períodos de estas tercianas; algunas 
veces estando ep el aumento dismi- 



144 



HISTORIA DE LA 



nave j engaña ¿ los médicos ; y si se 
da agua á los eoferinos > se recrudece 
de nuevo: otras teces estando en el 
de la declinación, se agrava. En medio 
de este desorden, sobreviene el coma, 
y les hace sucumbir (desde la página 
398, basU la 403). 

Vean , pues , mis lectores^ en estos 
preciosos cuadros de las intermitentes 
perniciosas, confirmada mi opinión de 
que los historiadores que babian elo* 
giado y criticado á Luis Mercado , no 
tenian razón. Efectivamente, Sprengel 
se conoce que no leyó mas que el pri- 
mer tomo , y seguramente le faltó la 
paciencia para leer los demás. Este au- 
tor, por otra parte, es superior no solo 
i Francisco Valles, sino i cuantos mé- 
dicos le han precedido. To creo que 
si Mercado se hubiera contentado con 
escribir este último libro y algún otro 
de los que vamos á ocuparnos inme- 
diatamente^ hubiera podido ponerse 
al lado del padre de la medicina. 

Después de las tercianas, trata de 
las cuartanas : critica la opinión de 
Celso, que la cuartana no mataba i 
nadie (quartana neminen jugulat), y 
prueba su falsedad por muchas obser* 
vaciones propias. 

Dedicó un libro á tratar del uso 
• del corazón, de las arterias, y del 
pulso ', y otro del morbo gálico. Nada 
de particular nos presenta cuestos dos 
libros: reúne, si, todo lo mejor que 
sobre una y otra materia babia escrito. 

En el tomo tercero trata estensisi- 
mamente de todas las enfermedades 
que pueden acometer al cuerpo hu- 
mano, y de su curación. 

Este trabajo tendría mas mérito 
del que tiene , si el autor no se en- 

f[olfase tanto en las discusiones meta- 
isicas. 

En el tomo cuarto trata esclusiva- 
mente de las enfermedades de las mu- 
geres. Lo divide en cuatro partes : en 
la primera habla de las enfermedades 
de las mugeres en general : en la se- 
gunda de las de las doncellas y viudas: 
en la tercera de las estériles y emba- 



f. 



razadas: en la cuarta de las puérperas 
y nodrizas. 

En la primera descri&e las diferen- 
cias del sexo, de la menstruación de su 
falta, ó esceso, de la leucoi^rea, y de 
las úlceras cancerosas de los pechos. 

En la segunda , de la naturaleza y 
enfermedades de la matriz, del histe- 
rismo, de la estrangulación de la ma- 
triz, de la melancolía de las doncellas 

viudas, de la epilepsia interna, de 
as enfermedades emanadas de la le- 
sión de la misma matriz , tales como 
la procidencia , la oblicuidad , la im- 
becilidad, los dolores, la inflamación, 
el escirro , el cáncer, los cordilomas, 
las fístulas, las bemorraides y cálculos 
de la matriz. . 

En la tercera de la esterilidad y de 
la concepción , y de otras enfermeda- 
des de las embarazadas. 

En U cuarta del parto natural y la- 
borioso, del aborto, de la estraccion de 
las secundinas , de las molas, de lo9 
flujos interinos, de la supresión de los 
loquios, de la inflamación del útero. 
Últimamente demuestra las cualida-* 
des que ha de tener una buena no- 
driza. 

Elste tratado sobre las enfermeda- 
des de las mugeres, fué el que mas 
contribuyó quizá á la reputación colo- 
sal que disfrutaba Luis Mercado. No 
hay bibliógrafo que no bable con elo- 
gio de este escrito. La falta que tiene 
es la común á todos los otros; la mul- 
titud de citas^ su demasiada eslension, 
y las innumerables cuestiones pura- 
mente dialécticas que discute sin ne- 
cesidad y sin ilustración. 

El tomo quinto lo consagra á espo- 
ner varias consultas médicas suma- 
mente interesantes, de casos verdade- 
ramente estraordinarios. Tal es el de 
la consulta 20, de una señora, que 
después de quince años de casada , no 
tuvo ningún hijo; pero al cabo de este 
tiempo llegó á concebir , y á los ocho 
meses dio a luz un horrorosísi- 
mo monstruo, el cual si hubiera naci- 
do vivo, habría inspirado miedo, como 



*— í 



MEDIQNA ESPASÍOLA. 



145 



dice eI'iii¡«iio Mercado. La 6gura^ 
a&ade^ era humana; tenia la cara su- 
mamente horrorosa.^ los. ojos muy 
grandes y salientes , la boca j los la- 
bios comO:el pico de una águila , sin 
nariz , y las estremidades no se pare^ 
cían á las del hombre (pág. 106). 

También interesa mucho la con/» 
sulta 24> en la que trata de la angina 
gangrenosa , llamada TUlgarmente en 
Espalla garrotíUo* Asegura que esta 
enfermedad no fué conocida de los an- 
tiguos, que habia .muy poco tiempo 
que se habia presentado ; pero que eu 
la época. en que escribía^ reinaba epi- 
démicamente en muchos pueblos y 
aun provincias de España. El primer 
caso que de esta enfermedad tío , fué 
en un hijo de Rodrigo Suarez de To- 
ledo. Describió con la mayor exacti- 
tud sus causas^ síntomas, diagnóstico 
diferencial y pronóstico y curación. Al 
hablar. del pronóstico^ dice que esta 
enfermedad era la mas grave de cuan* 
tas habia visto prácticamente. Prueba 
que esta enfermedad es contagiosa , y 
lo confirma con un caso que no deja 
de ser muy notable : copiaré sus mis- 
mas palabras. «Pero lo mas admirable 
era la condición deletérea y contagio- 
sa de este mal , pues habiéndole mor'* 
dido el dedo á su padre , una vez aue 
le sacaba con el una especie de baba- 
za y moco concreto j empezó á sentir 
dolor en la parte j y luego le sobrewno 
inflamación, A muy poco esperimentó 
mficidtad de respirar y de tragar, 
acompañadas de dolor y de tumor en 
la garganta y en las glándulas esterio' 
res del cuello y de la barba, uíl se^ 
gundo día arrojaba un hálito fetidísi- 
mo j y el tumor de las/auces presen- 
taba un color violado, lo mismo que el 
del hijo (pág. 139).» 

En la curación de esta enfermedad 
se valió de sangriai^ de purgantes y de 
gargarismos antipútridos. Aplicó ven« 
tosas sajadas , y después de caida la 
costra, los cáusticos y los astringentes 



diluidos con agua. Entre estos dio la 
preferencia al alumbre. 

• Mercado fuéel primero que obser- 
vó y descubrió con precisión el g*rro- 
tillo, y bajo este punto de vista se ha- 
ce acreedor á nuestro respetuoso reco- 
nocimiento. ELsta consulta de Mercado 
es interesantísima. 
. También es digna de leerse la con* 
sulta 28; en la que describe una epi- 
demia de erisipelas que reinó' en el 
real sitio del Escorial. 

LudoviciMercati,.. Tractatus uni- 
cus continens grai^issimarum atque dif* 
ficilium et abditarum rerum disputa- 
tiones, magnimomenti et ussus. 

En la 1. "trata de la naturaleza del 
calor febril. 

En la 2." de los espíritus animales. 
' En la 3.* de los.sudores. 
« En la 4.* de las funciones.vitales. 

En la 5." trata sobre los inconve- 
nientes ó ventajas de las sangrías ó pur- 
gantes en la supresión de los mens- 
truos. 

Ludo\fici Mercatiy etc*.» De preño» 
rum educatione custodia et providen- 
tia. Trata sobre todo de las circuns- 
tancias que debe tener una buena no- 
driza. (Interesante).- 

De morbis puerorum. Es un tratado 
muy completo de las enfermedades de 
los niños. (Interesante). 

Ludovici Mercati , etc.,,. Institu- 
tienes adussum et examen eorum, qui 
luxatoriam autem exercent. Este tra- 
tado es uno de los mejores que se es- 
cribieron en el siglo XVI sobre las 
luxaciones y fracturas de los huesos. 
Primeramente trata de las diferencias 
de las articulaciones tanto de las de 
movimiento como de las que carecen 
de él: describe con precisión los sintop' 
mas particulares-de cada una de ellas, 
y el modo de remediarlas. 

Ademas del interés que bajo este 
aspecto merece , es también muy cu- 
rioso ^ porque presenta todas las figu- 
ras de las máquinas que usaban lotf «n« 



HlST. DB L4 MeDIC. BSPÁÍ^OLA. ToMO 2.* 



19 



146 



HISTORIA DE LA 



tigooi para reponer las diferentes 
laxaciones. 

Ludovid Bfercati, etc... InstitutíO'^ 
nes Chirurmca in Amos Ubros disecto! 
jussuque Regís pro chirurgis in praxi 
examinandis^JactWf ac ácwtens pro» 
tomedicis approbatm,..* 

Divide este tratado en dos libros. 
El primero de estos está snbdividido 
en tres tratados: en el 1.* habla de los 
tumores preternaturales; en el 2.^ de 
las heridas; en el 3«^ de las úlceras. En 
el segando libro trata de los medica* 
mentos tópicos» convenientes ¿ cada 
ana de las enfermedades designadas. 

De esentia « causis p sigms et cura'» 
tíoñe Jehris nudignss , in gua macuLe 
rubentes símiles morsfbus puiicMunper 
cuiem erumpunt. Cm accesitconsiüum 
contínens summum totiuspréesagado'* 
nis ¿s eódem sffeetu. yalfadolidri574 
enS."» 

Dividió esta obra en cuatro libros. 

En el 1.* trata de la esencia y na- 
toralesa de esta enfermedad: consiste^ 
según el autor, en U depravación i in- 
fección del aire; recbaat la opinión de 
aquellos que decian que los astros po« 
dian producir las epidemias en la épo- 
ca de sus conjunciones. 

En el 2.^ trata de las causas: las re- 
fiere ¿ los malos alimentos, á los esce- 
sos de las seis cosas naturales, j a la 
infección del aire. 

En el 3.® trata de los síntomas del 
tabardillo: en su descripción nada abso- 
lutamente deja por decir , j cierta- 
mente no se escribe mas ni mejor en 
el siglo XIX. 

En el 4.^ trata estensaroente de so 
curación • 

Han visto, pues, mb lectores un es« 
tracto, aunque ligero, de las obras que 

EublioóLuis Mercado. Me parece que 
e demostrado los estremos que anun- 
cié al principio del articulo j i saber: 
que nenian mucha raaon los que le 
criticaban de metafisico> y los que le 
hacían superior á Valles. 

Reduciré mi dictamen á muy pocas 
palabras: las obras de Mercado relati- 



Tas a la medicina practica son dignas 
de consultarse aun al presente, porque 
en eliss se muestra un práctico consu» 
mado, un sabio, un segundo Hipócra- 
tes ; pero en las que tienen relación 
con la metafísica , la física , etc., co* 
mo son las materias del primer tomo, 
es un segundo Aristóteles , ▼ necesita 
nn Edipo para entenderle. Me parece 
que este aviso puede servir de guia á 
los que quieran dedicarse á la lectura 
de las obras de Mercado. 

ALONSO DIEZ DAZA(1). (Arti- 
culo adicional). 

Uhro de los provechos r daOos que 
provienen con la sola bebula del agua, 

Í' cómo se deba escoger la mejor, 
retiñcar la que no es tal^r cómo se 
ha de beber frió en tiempo de calor sin 

SB haga daho. Compuesto por Alonso 
ezDaza. Sevilla 1576, en 8.^ 

El autor divide su obra en dos libros. 

El primero contiene 10 capitules; 
en ellos habla respectivamente en el 
1.* de la sed, j cuál sea la causa^ j de 
los provechos del agua. 

En el 2.^ de la buena araa y de sn 
conocimiento , r el de las fuentes: 
trata en este capitulo de las cualida« 
des de las aguas de las fuentes de Se- 
villa. 

En el 3.® de las aguas de los rios: 
habla de los rios de Serilla. 

En el 4.® de las aguas llovediaas, j 
por so orden de las siguientes. 

En el 5.® del agua de los pozos. 

En el 6.® de laslagunas que son per- 
petuas, y cuyas aguss tienen alli su na* 
cimiento, y de las otras lagunas ó char- 
cos que tienen el agua reposada y se se- 
can , y de la de las nieves y hielos. 

En el 7.* de la naturalesa del agua 
cómo es fria y húmeda, y cómo apaga 
la sed por tener dichas cualidades. 

En el 8.^ de la cantidad de agua 
que se ha de beber , j á qué tiempos. 



(1) Dtspaes de h^ber impreso el artf* 
culo de este médico^ he recibido le obra, 
coyo estrecU presento tf mis lectores. 



MEDICINA ESPA190LA. 



«7 



En el 9.® del agoa muy fría , y i 
qué personas convenga bebería y á 
qaíénes no. 

En el 10 del agua caliente j tem« 
plada^ 7 cuándo es provechosa y cuán- 
do es perjudicial. 

En el libro segundo^ cómo se ha de 
beber el agua enfriada con nieve ó con 
otras cosas, sin que haga daño al cuer- 
po humano/ á cualquiera complexión 
sana. 

Lo divide en 5 capítulos. 

En el 1 .® cómo se ha de preparar el 
agua cruda para que no dafte. 

En el 2.^ espone el modo de en- 
friar el agua con nieve , j de la nieve 
ser la cosa mas fria de cuantas hajrt tra- 
ta en este capitulo de los diferentes mo- 
dos de enfriarla en Sevilla. 

En el 3.^ del modo de enfriar el 
agua según los antiguos, y dice que se 
ha de calentar y hervir primero que 
se enfrie. 

En el 4«*de cómo se ha de enfriar 
el agua con nieve , para beberse sin 
que baga daño, y cuan antigua sea éste 
arte de enfriar con nieve. 

En el 5.^ en que se pone en suma 
cómo se ha de enfriar con nieve el 
agua, ó con otras cosas, sin que dafie. 

Esta obríta es una de las mas eru^^ 
ditas é interesantes que se han escrita 
del uso del agua como, remedb hígie« 
nico j terapéutico. Recomendamos con 
la mayor eficacia su lectura. 

TOMAS ALVAREZ escribió una 
obra con este titulo. 

Megimiento pitra presentar en tierna' 
po de peste. Lisboa 1 580» 

No he visto esta obra ; hablan de 
ella Alberto de Haller y Villalva en 
su epidemiología española (pág 109}. 

ANT9NIO ALVAREZ, portu. 
gnés; se ignora el pueblo de su natu- 
raleza. Estudió la filosofía en Alcalá de 



Henaresi y la medicina en Valladolid. 
En esta universidad tomó la licencia* 
tura, y después pasó á Burgos, y se es- 
tableció en esta ciudad. Bjercio con 
mucho lauro su prefesion ; fué médi* 
co del Du<)ue de Osuna^ y nombrado 
este virey de Ñapóles, le acompañó á 
dicha ciudad. 

Escribió la obra siguiente: 

Epistolarwn tt cónsitiorwn medki'» 
naUum pars prima non mediéis soium^ 
sed eíiam pfdlosophke studiosis utíiis" 
sima. Nápoies 1585, en 4.^ 

Son diez cartas, en las que trata de 
algunas enfermedades en general. No 
ofrecen interés alguno. 

ANDRÉS VELASQUEZ. Se igno* 
ra el pueblo de su nacimiento y la 
mayor parte de sus circunstancias bio* 
gráficas. Ejerció la medicina en Arcos 
de la Frontera: fué médico de cama* 
ra de D. Rodrigo Ponce de Leon^ du- 
que de Arcos« 

Escribió una obrita sumamente cu- 
riosa é interesante , la cnal dedicó al 
espresado duque con el titulo siguientes 

Libro de la melancolía , en el cual 
se trata de la naturaleza de esta en- 
fermedad , asi llamada melancolia, y 
de sus causas Y síntomas, V si el rusi- 
fico puede hdolar latín ó filosofar es'' 
tanao frenético ó maniático , sin ha* 
berlo primero aprendido. Compuesto 
por el doctor Andrés Velasauez, mé^ 
dico de la ciudad de Arcos de la Fron- 
tera. Sevilla, por Diaz, 1585, en 8.® 

Ella es una de las mas raras de núes* 
tra literatura médica, motivo por que 
mé estenderé un poco en su análisis* 

Al principio de la obra se hallan 
varios epigramas latinos compuestos 

r el maestro doctor Alfonso Garcíii, 

é ellos elegiré el siguiente , porque 
en él espresa áu autor el contenido de 
la obra. 



e 



Temperiem cerehri humana inter membra tenenentis 
Culmen, qui exacte noscere forte cupit 
Et risus , que causee ^ quid quoque bilis 
Atra sit , heu multis exitiaíe maíum. 
Aque huic gignendo pariter que corpora morbo 



^ I 



148 



HISTORIA DE LA 



Apta nimis , multo sintque , parata magis 

Deinde facultates aninu ledantur ut illm 

Rectrices docti , quas vocitant medid 

Rinticas an possit rapuit quem insana phrenesis 

Quce non eaidiscit verba latina loqui* 

fíoc opus evolvat prceclarum graviter , illud 

Namque eaque cecini , si petat ipse , dabit. 



Divide esU obra eo ocho capítulos. 

En el capítulo 1.^ ase trata del ce- 
rebro y su temperamento , j algunas 
otras que se presuponen para tratar de 
esta enfermedad melancólica (1).» 

Compara la importancia de las 
funciones que desempeñan *el cere- 
bro^ los pulmones y el corazón^ y de- 
cide que en su concepto es mas inte- 
resante á la vida el primero* Es nota- 
ble el pasage siguiente: «todavía afir* 
moser el cerebro mas principal miern- 
bro^ como fuente y origen de la facul- 
tad animal , de las cuales nos emana 
la virtud motiva y sensitiva^ y donde 
tienen sus asientos y lugares las po- 
tencias que llamamos rectrices^ de don- 
de viene su virtud á los sentidos esterio- 
res.... de ella emanan los espiritusani- 
males> los cuales si el alma fuera cor- 
pórea^ estos espíritus serian el alma 
misma ^ pero siendo incorpórea, ellos 
son el instrumento que tiene para 
obrar (pág. 16).» 

En seguida discute qué lesiones son 
mas mortales, si las del cerebro, las del 
corazón, ó las del hígado. 

Distingue los nervios en nervios de. 
sensibilidad y en nervios de locomo- 
ción: los primeros asegura que nacen 
de la parte anterior de los loonlos del 
cerebro , y los segundos de la poste- 
rior (pág. 20). 

Propone la cuestión ¿por que sien- 
do el cerebro de la misma sustancia 
que los nervios que de el y de la co- 
lumna espinal salen , estos sienten y 
aquel no, i pesar de llamarse y ser el 



(1) En este capítulo dice qae se estaba 
ocupando en escribir una obre comentafido 
el libro nono de Rbasis (pág. 15). 



centro de la sensibilidad? Resuelve 
que la sustancia cerebral de los ner- 
vios no es la sensible i natura, sino por 
las túnicas que envuelven í los ner* 
vios (pág. 20). 

Distingue las acciones del cerebro 
en dos clases, unas del alma, las otras 
de la naturaleza; ¿ las primeras llama 
animales, a las segundas naturales: 
las animales se subdividen en tres , á 
saber: sensibles, motilaos ó movibles j. 
rectrices: las sensibles se subdividen 
en cinco, iisiua, olfatoria, gusttUoria, 
auditoria, y tactoria: la motiva es úni- 
ca, y consiste en los músculos: las rec- 
trices se subdividen en tres potencias, 
imaginativa j raciocinativa y recordar 
tiva. Con este motivo combate la opi* 
nion de Juan Huarte de San Juan, que 
admite la necesidad de instrumentos 
para obrar los sentidos internos (pági- 
na 22). 

Últimamente esplica el por qué en 
una parte ó miembro se pierde antea 
el movimiento que el sentimiento. 

Capitulo 2.^ «En que se declara 
el modo cómo se comunica la facultad 
animal por los nervios. Del sitio jr oso 
de los ventrículos interiores del cere- 
bro, y otras cosas á esta materia per- 
tenecientes.» 

En este capitulo reúne todo lo me- 
jor que hasta su tiempo se habia es- 
crito en esta materia: combate la opi- 
nión de todos sobre los viages de los es- 
píritus animales por los nervios: crejró 
que la sensación de los cuerpos ester- 
nos se conducían por medio de indu- 
laciones de los espíritus, d^l modo que 
el agua un estanque. 

Habla con la mayor precisión de la 
situación, forma y ulos de los ventrí- 
culos del cerebro, afiadiendo: <cSé de* 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



149 



cir , j asi lo afirmo , que vide hartas 
aoatomias^ j jamás vine las cavidades 
de ios nervios (pig. 25).»'^ 

Mas adelante, contradiciendo la opi- 
nión de Galeno , dice : «quisiérale yo 
preguntar : si jro digese que ano ó los 
dos primeros ventrículos sirven para 
este cocimiento (formación de los es« 
piritus animales) y el de en medio 
7 el postrero para filosofar y discurrir, 
¿con qoé demostración me probara lo 
contrario? Y si yo dígera también que 
el postrero 7 medio se bace el coci- 
miento, 7 que solos los dos primeros 
sirvieron para filosofar 7 aiscurrir, 
¿cómo, ó con qué demostración me 
podria el inducir i que 70 cre7ese lo 
contrario?» 

Capitulo 3.^ «En que se declara 
en qué edad se ha de comenzar i oir 
las scienciaSy 7 si ha7 instinto de na- 
turalesa ó no.» 

Decide que las ciencias deben apren- 
derse en la adolescencia, aporque en 
esta edad la razón se va 7a descubrien- 
do' bien»; que aunque importa mu- 
cho para aprenderlas tener una pro- 
porcionada cantidad de médula del 
cerebro, bnena cabeza» 7 buena figura 
f número dis los ventrículos; para ser 
os hombres ingeniosos , hábiles 7 le- 
trados, era necesario ademas tener 
buen temperamento. Cree que el tem- 
peramento melancólico es el mas á 
propósito para las ciencias. Lo prueba 

Sorque habia algunos sugetos notados 
e este, que tenian tanta fuerza de in- 
genio, que antes parecía cosa divina 
3ue humana; 7 que los hombres gran- 
es que hablan tenido las ciencias, to- 
dos eran dotados de este tempera- 
mento melancólico (pág. 36). 

Distingue la fuerza del tempera- 
mento 7 del instinto* Prueba que en 
los animales ha7 operaciones determi- 
nadas por el instinto. Se vale del es- 
perimeoto que hizo Galeno con un ca* 
brito, recien nacido, el cual, tan luego 
como nació, empezó á andar 7 á ras- 
carse la cabeza con una patita ; 7 ha- 
biéndole puesto vasijas llenas de agua. 



r. 



de vino, de miel 7 dé leche, fué olien^ 
do estos liquidos, 7 solo bebió la leche. 
Se obieta un pasagé de este mismo, en 
el que asegura hacerse la erección del 
miembro viril por un instinto na- 
tural que este tenia, 7 lo combate di- 
ciendo: «Los espíritus vitiles son los 
iústrumentos propios del alma : todos 
los movimientos 7 afectos de esta se 
representan, 7 los venimos á entender 
por el movimiento de estos espíritus... 
Y asi como estamos imaginando 7 pen- 
sando en un acto venéreo , muévense 
al mof imientode nuestra imaginación 
estos espíritus ; 7 asi movidos, corren 
á los miembros genitales, é hinchán- 
doles, les hacen levantar. De donde 
se infiere mu7 bien que por ir ellos á 
aquel miembro fistuloso 7 correr á él, 
se levanta, 7 no como dijo Galeno, 
que por se alterar él 7 se levantar ex 
naturce instinto , sucedían los espíri- 
tus, sino antes por el contrario, por 
acudir allí los espíritus al movimiento 
de la imaginativa, y asi se levantan las 
partes genitales (pag. 41).» 

Capitulo 4.* «En que se declara la 
imaginación qué fuerza tenga , qué 
cosa sea risa, 7 las causas de ella 7 de 
las cosquillas.» 

Demuestra en este capitulo el poder 
7 la influencia que la invaginación tie- 
ne en producir las enfermedades: ri- 
diculiza la opinión de Avicena, que el 
hombre con sola su imaginación podia 
alterar los elementos 7 producir lluvia; 
7 prueba que este poder de la imagi- 
nación no es absoluto, sino limitado, 
7 que no puede salir de su licencia 7 
mando (pag. 42). 

De la risa, dice es nna cierta vibra- 
ción del septo trasverso, y de los mús- 
culos del pecho 7 boca. Ella se hace, 
proviene, 7 sigue el contento con al- 
guna admiración De aqui provie- 
ne, que el hombre entre todos los ani- 
males es el solo que se rie , porque 
solo él entre todos se admira : los de- 
mas animales huélganse , pero no se 

ríen, porque no se admiran los 

niños, IOS taltos 7 las mugeres, se rien 



150 



HISTORIA DE LA 



masque los hombres^ porque ven mas 
COMt nuevas,.,. (|Wg« 44). 

También. dístiDgue otra especie de 
risa y y es la de los embriagados con 
buen vino» añadiendo: «Asi vemos i 
los embriagados de buen vino reírse 
j soñarse cardenales, artobispos y re-« 
yes ; por el contrario los ove se em« 
briagan con mal vino turbio y basto^ 
sueñan andarse despeñando» ó caer en 
los cuernos de algún toro, j otros tor- 
pes sueños.» Con este motivo dice el 
autor que jamás habia bebido vino. 
c(Dígolode oidasy porque como soy 
aguado , ni sueño lo uno ni lo otro 

(paV. 46).» . . , .^ 

La risa puede también producirse 
por Us cosquillas: de todos los anima- 
les, solo el hombre tiene cosquillas;' 
pero ninguno se hace cosquillas i si 
mismo, porque para ellas es menester 
tocar las partes sensibles muy blanda* 
mente, con cierto halago , y hacerlo 
sin prevención ; de lo contrario , no 
hay deleite, pues sabe que van á ha* 
cerse las cosquillas , del mismo modo 
que los graciosos no se rien porque sa- 
ben loque van á decir, y para ellos 
no hay novedad, que es lo que causa 
el deleite (pág. 46). 

Capítulo 5.® «Donde se declara 
los significados de este nombre melan- 
colía, y cuáles sean los cuerpos mas 
dispuestos para la engendrar. i» 

Reputa como causa de la melanco* 
lia la atrábilis. Los sugetos mas dis* 
puestos son «los flacos ó delgados, mo- 
renos y bellosos, que tienen las venas 
muy anchas y espaciosas : después de 
estos vienen los rubios, y después Ios- 
flacos (páff. 54).» . 

Capitulo 6.^ «En el cual se trata 
de h melancólico morbo, j i qué g¿« 
ñero de enfermedad se haya de redu- 
cir, y otras cosas que de esta materia 
dependen.» 

Define la melancolía una enaeena^ 
Clon del alma sin calentura. Distmgue 
la melancolía en dos especies; la 1 .* es 
la verdaderamente llamada melanco- 
lía: la 2.^ es la conocida con los nom- 



bres de insania , manía ó furor, lia 
causa <le esta enfermedad melancólica 
es el humor melancólico, del cuál 
tomó el riombre la enfermedad. Dití- 
de la melancolía' en primitiva ó sini- 
pática: cuando el cerebro se daña pri- 
meramente^ se llama primitiva; cuan* 
do por consentimiento ó cuando se baoe 
por los vapores que suben a él desde 
el estómago. 

Capitulo 7.^ «En el cual se de^ 
clara el modo y orden que hay en se 
corromper y dañar las facultades rec- 
trices, y cuáles sean los simptomas de 
esta enfermedad melancólica.» 

Las facultades intelectuales, dice, 
pueden alterarse, ó dañándose^ ó dis- 
minuyéndose, ó borrándose, ó depra-^ 
vándose. Describe los síntomas de la 
melancolía. 

Capitulo 8.^ «En que se declara 
si el rústico estando frenético ó ma- 
niático, puede hablar latió, sin lo ha- 
ber antes sabido, y tractar de precep*' 
tos de filosofía.» 

Prueba 1a imposibilidad. Ed las 
últimas líneas de esta obrita, promete 
bablar de la curación de esta enfer- 
medad «en los scholíos que estaba ba- 
cieodo á las obras de Almaoaor j 
Rassis.» 

JUAN LÓPEZ DE TÜDELA es- 
cribió, según refiere D. Nicolás Anto« 
qio» una obra 

De materia medica ad Tyrónes. ... 
Pamplona 1585. (D. N. A., tom. !.•, 
pág. 721). 

RODRIGO DE FONSECA(l), na- 



(1) El Sr. Hernández Morejon al ha- 
blar da este médico, dice cqoe fué ano de los 
hombres mas sabios que ilustraron las es- 
cuelas estrangeras en el siglo XVI , y que 
habiendo ocupado toda su vida eo la ense- 
nansa y el e«tad¡D, nos dejó el fruto de tan 
asidua y prolongada tarea eo el gran núme- 
ro de obras que publicó (tom. 3.^ pégina 
334). a ¡Qué loal vieue este elogio con el taA 
miserable artículo bibltogrtffíco que le con« 
sagra! To voy é llenar el yació que dejó^ por» 
que poseo todas sns obraé* 



rt.-^ 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



151 



toral da Lisboa , f uno de loa niédicoa 
mas ilustrados de sa siglo. Por so cele* 
bridad j Tastos coiUMsimientos , mere* 
ció ser Dombrado catedrático de medi* 
ciña en la oniversidad de Pisa , cayo 
destino dejódespoes de haberlo desein* 
peftado macho tiempo. Pasó á Pidna, 
j por so universidad fué invitado a 
tomar ooa cátedra de medicina, cayo 
carro aceptó y desempefk). Escribió 
vanas obras. 

Jtoedericiá FcnsecaLusitani Oljrsu 
ponensi* Medicinam in Pisana acadt^ 
mia publice profitentis: In Hippocror 
tís legem Commentaríum , guo per* 
/ecti medici natura esfUcatur. Roma 
1586, en S."" 

En esta obríta comenta el libro de 
la ley de Hipócrates: es ooa de laa 
mejores <}oe se escribieron en el ú^ 
gb %Vh El Sr. Morejon se contentó 
con trascribirnos solamente so título^ 
yaegoramente qne no debió haberla 
visto, porque de otro modo, ¿cómo pu« 
diera perdonársele so silencio? A boeo 
segoro qoe no hobiera podido criticar- 
sew de exagerado el elogio que de so 
elocoente ploma hobiera salido. 

Esta obrita se dedicó á D. Fernán* 
do de Médicis , cardenal de la S. R. 
En so introducción proeba el aotor 
qoe el libro de la ley qoe circola con 
el nombre de Hipócrates, era legitimo 
y genoino, porque sus máximas y sus 
preceptos estaban diseminados y es* 

Eresados con las mismas palabras , en 
» otros libros que se reputaban una* 
nimemente como verdaaeros de Hipó» 
crates. 

Hace ver qoe on médico para mere- 
cer el nombre de tal , era preciso qoe 
reoniera mochos conocimientos en to- 
das las ciencias, porque todas le eran 
necesarias, y venian a reíloir en la me- 
dicina. «El médico, dice, debe ser 
buen gramático, porqoe debe saber es- 
cribir y hablar correotamante ; debe 
ser ló¿co, porqoe neceiita de los pre- 
ceptos de la lógica para dirigir so al* 
ma por el verdadero camino, ¿ fin de 
saber distiogoir lo verdadero de lo fal- 



so; debe ser reetóríeOp para saberse pro- 
docir bien con sus enfermos ; saberlos 
convencer y consolar cuando cooven* 
ga , porqoe de otro modo no puede 
grangearse su confianza , ni disponer 
de so obediencia : debe ser astrólogo, 
porque necesita conocer las constela- 
ciones , los equinoccios y soliticios, y 
otras cosas no menos necesarias para 
la práctica: debe wergeómetro, porqoe 
le importa conocer las conjonciones y 
articulaciones de los hnesos ; conocer 
el orden natoral qoe guardan todas las 
partes : medir las dimensiones , reía* 
clones y distancias de anas con otras, 
sin coyos conocimientos no podrá re* 
poner bien onadislecacion, etc.: debe 
ser aritmético, porqoe mas de una ves 
tendrá qoe apelar á los números para 
conocer los dias índices y decretorios, 
las oriaeSy etc. :debe ser mixteo, porqoe 
la música es el deleite del alma , y so 
influjo en ciertas enfermedades es un 
remedio soberano : debe conocer los 
tonos y semitonos, porque según sean, 
asi causan ó no mas impresión en el 

Eaciente : debe ser geógrafo, porque 
miendo necesidad de viajar, debe sa* 
ber lo bastante para conocer la dife* 
reocia de los climas , del suelo, las lo* 
calidades de los poeblos hacia los pon- 
tos cardinales del mondo , etc. , etc.: 
debe ser architecto, para poder infor* 
mar sobre las boenas ó malas coal ida- 
des de on edificio; sobre la constrnc- 
cion de hospitales, sobre la buena elec- 
ción del sitio para fundarlo; lasdimen*» 
siooesy distancias de los pisos, etc.: 
debe ser moralista, para que sus accio- 
nes sean on espejo de moralidad j de 
religión: debe ser teólogo, para qoe co- 
nociendo la existencia de un Dios to- 
topoderoso , conozca lo qoe el médi- 
co poede hacer y nada mas ; y para 
Siue coando no poeda corar á un en- 
ermo, le haga ver qoe le queda otra 
vida en la que Dios remunera la vir- 
tud y los sufrimientos de los trabajos 
que al hombre envia cuando le convie- 
ne (desde la pág. 44 basta la 50) <» 
En seguida prueba el dominio oni- 



i'- 



152 



HISTORIA DE LA 



yersal de U medicina', porque estando 
sujetos á las eoferoiedades desde los 
pontífices hasta el último esclavo , to- 
dos tienen precisión de sujetarse á. 
ella (1). 

' Prueba que no hay una sola clase 
de la sociedad que no se glorie ó de 
ser médicos , ó de entender algo de 
medicina. En su apoyo refiere un sin- 
número de pontífices, de emperadores, 
de rejes, de arzobispos, curas, frai- 
les , etc., etc. , que quisieron pasar j 
ser reputados como médicos. (Curio- 
sísimo). 

Al hablar del carácter de los médi- 
cos , demuestra que no hay una clase 
mas consecuente y mas compasiva en 
las adversidades que ellos , porque ja* 
más niegan sus ausilios al pobre ; y 
porque aun cuando pudieran abusar 
como médicos de las armas de la me- 
dicina , les es imposible dejar de ser- 
vir como médicos hasta á sus propios 
enemigos. 

Todo este articulo es interesantísi- 
mo: arrebata su lectura. 

Texto 2.® Pero por la ignorancia 
de los mismos médicos y rudeza del 
vulgo 9 ha llegado d tal estremo la me- 
dicina ^ que ha venido a ser la mas ab-* 
yecta y vil de todas las ciencias. 

El respetuoso y triste lenguage que 
nsa Fonseca cueste comentario, prue- 
ba el profundo sentimiento que le do- 
minaba al redactarlo. Se propuso de- 
mostrar los motivos de la abyección 
en que estaban los médicos y la cien- 
cia. Dignas son ciertamente de incul- 
carse en la mente de los médicos y del 
vulgo las reflexiones que hace ; pero 
desgraciadamente el remedio es im- 
posible. El autor pinta un esceiente 
cuadro de los malos médicos y del 
vulgo-, añadiendo que como unos y 



(1) ¡Qaé otra saerte correrian los ipé- 
dicos si todos conociesen el valor infinito 
de esta verdad! Los roédicoi dominarían el 
mando, y por no entenderse se ven domi- 
nados de todos. 



otros se semejan :mnch ¡simo, son mas 
estimados los malos que los buenos. 
Repecto aquel , dice : «todos se creen 
con derecho para hacer de médicos, 
pero también para insultar á los mé- 
dicos: ellos, que no han estudiado la 
medicina, la entienden; y los médicos 
que la han estudiado son unos bár- 
Daros. Creen que todas las enfer- 
medades son curables , y cuando un 
enfermo se desgracia , imputan la 
muerte i la ignorancia de los profe- 
sores.» 

Este comentario es sumamente in- 
teresante. 

Texto. Este pecado se comete en 
mi concepto por esta causa : solo el 
ejercicio de la medicina está exento de 
castigos públicos , esceptuando la ig' 
nominia\ pero, esta no afecta ni lUiga 
a aquellos que una yes se despojaron 
de la vergüenza. 

El autor, en su comentario, se queja 
con mucha amargura de la impunidad 
en que dejaban á los malos médicos. 
«Protegidos, dice, con el escudo de la 
piedad cuando visitan los enfermos, 
quedan sin castigo cuando por error 
matan á un enfermo.» 

«Con razón se dice vulgarmente que 
á solo los médicos está reservado ma- 
tar impunemente. Los teólogos y los 
pontífices que tratan de las cosas divi- 
nas, están sujetos á la ley de escomu- 
nion y otras ; los soldados, los genera- 
les, los abogados^ están sujetos á la 
ley ', ¿por qué , pues , los médicos no 
han de estarlo igualmente?» . 

Texto. Los tales médicos son se^- 
mejantes a los cómicos, pues asi como 
estos se revisten del título , hábito y 
persona de los personages que repre^ 
sentón , y no lo son mas que en apa-^ 
rienda j asi hay muchos médicos en 
nombre y en Jama; pero en realidad 
muy pocos. (El co.meatario es suma- 
mente interesante). 

Texto. ((El que desee adquirir la 
verdadera medicina , es preciso que 
reúna todas estas circunstancias : doc^ 
trina, generosidad de costumbres, lu- 



MEDICINA . eSPAJÍOL A. 



153 



g^f i pro|^Up'p«ra los estudios, el 
estadio desde.ni&o^ industria^ tiempo^ 
disposición para las letras , (pprqjae 
repuffianU natura ürita omniafiunt^ 
si vero natura ad óptima viam demons* 
prtt, artis doctrina f adíe contingit) 
buenos maestros, (poraue los precep- 
tos de estos son como las buenas se- 
milla^).» 

Últimamente coqcluje su obra di- 
ciendo: «No hsbria taota multitud de 
malos médicos si los principes y ma- 
gistrados los castigasen con duras pe- 
nas; j si los rejres , asi como eligen 
para fabricantes de monedas los mas 
diestros é ioteligenteS} eligieran bue- 
nos médicos para depositar en ellos la 
salud de los pueblos , i buen seguro 
que habria meoos^ 7 la medicina mas 
honrada.» 

Jtoederici d Fonseca de calcidor 
nun remediis qui in renibus et vessica 
gignuntur libri dúo. {Ad. Sixtum F*. 
Pontificem Máximum et Felicissi^ 
mum. (ItomcB 1586, 4.®) 

Esta obrita es suipamente rara: nada 
nos dice de ella el Sr. Hernández 
Morejon. 

Elstá dividida en dos libros : el pri-. 
mero consta de 22 capítulos* 

jEn el 1.® dice que se necesitaba 
publicar un libro especial de esta ma* 
teria, por estar ja casi olvidado lo que 
se habia sabido. 

En el 2.° trata de la etimología jr 
naturaleza del cálculo. ^ 

En el 3.^ de las clases de los cálcu- 
los. Admite alguna diferencia entr<B 
los formados en los riñones y los de 1^ 
vegiga. 

En el 4.® de su diferencia en cuanto 
á su sustancia y composición. I^efiqr<i^ 
la histpria de un catedrático compa- 
ñero suyo, que murió de cálculos ; y 
hecha la disección anatómicja , $e 1^ 
encontraron en la vegiga hasta 50 d^ 
bastante tamaño* 

En el 5.^ refiere habejrse encontrado 
cálculos en muphas otras partes de} 



cuerpo > t^les el cerebro^ el qoca^oiiiA 
el higado, los testículos y jas articu- 
laciones. 

En el 6.^ de la causa eficiente» 
. En el 7.^ de la materia de los cálr 
,culos. 

En el 8.^ de las concausas. 

En el 9.^ propone y resuelve ln 
jcuestion ^por qué á los jóvenes se .en- 
gendran los cálculos en la vegiga^ y, i 
Jos viejos en los ríñones? 

En el 10 de los síntomas.. 

En el 11 de la naturaleza del 4oilor^ 
y de sus diferencias. 

En el 15: trata de la anaton^ia de lp| 
riñones: presenta unfi figura de estof 
órganos con sus vasos sanguíneos. 

£0 el 16 del diagnóstico del cálcfdo 
en los riñones. 

En el 17 de la estructura de I9 TOr 
giga de la orina. 

En el 18 del cálculo de la vegiga 
en particular. 

En el 19 del pronóstico At los^lr 
enlosen general. . 

En el 20 del pronóstico de los cál- 
culos renales en particular. 

En el 21 del pronóstico del cálculo 
de la vegiga en particular. 

El segundo libro trata de todo lo 
relativo a la operación de la litotomia. 
Habja de} .métodp que se ba de seguir 
ep la operación ; del tien^po ^n que 
debe ejecutarse ;.de las circunstancias 
de)l enfermo *,. del operador y de los 
asistentes; de los instrumentos que de- 
ben emplearse; del sitio y figura de )a 
incisión -, y última niente de todo Iq 
que debe hacer el médico después áíp 
la pperacion para corregir los acci- 
dentes. 

Esta obritfi nada contiene de jorigU 
pal. SpIq es un compendio, aiioque 
bueno, de lo qne se habia escrito hasti^ 
los tiempos de Fonseca,. 

Coffimentaria in septem libros jiphQ* 
rismorum Hippocratis eq orduie conr* 
testa^ quo doctoratus (ut ayuni)puncf 
ta expani consueyere .Auctore J^oeder 



HlST. DB LA MeDIC. ESPÁÑ0I.A. — TOMp %* 



20 



154 



HISTORIA DE LA 



ríoó de Fomtca Lusitano. Veneúas 
M.D.C.XXFIII. 

EsU obra disfrutó de.taoU cele» 
bridad, qoe en poco tiempo se hicie- 
ron cuatro ediciones. Se propaso fa- 
cilitar el estudio á aquellos que h^ian 
de tomar la borla de doctor, para 
cu JO ejercicio literario debían leerse 
dé puntos, picando en el libro de los 
Aforismos. 

El autor hace un perfecto aoalisii 
de cada aforismo, y sus comentarios 
están reilaetados con orden , con pre- 
cisión^ y con un método muy filosó- 
fico. Ea de los mejores comentarios 
que se ban escrito sobre los aforismos, 
f en mi concepto aventajan mucho k 
os de nuestro Valles y á los de Mer- 
curial. En esta obra no hay cuestionet 
metafísicas*, apenas se lee alguna que 
otra^ita, y estas son del mismo Hipó- 
erates. EÍn algunos aforismos presenta 
unas tablas sinópticas, para aclarar 
mal los hechos. 



{ 



Meihodás curandarum fehrium» 
Per ñoedericum de Fonseca. Cui <ic- 
eesere ejusdem Fonsecce^ que ad ope^ 
ris dejebribus absolutionen desidera*^ 
hantur. Basilea 1625.' 
' El autor de esta obra fué Leonardo 
Jachino, como dice en su prólogo. 

«Este librode calenturas, dice, estu* 
▼osepultado en el olvido porespaciode 
mas de sesenta a&os, ^ f^ }^ provi- 
dencia del Señor llego a mis manos. 
Le leí, lo releí muchas; una y mil ve- 
cesy me arrebatósu lectura; poraueea 
ella se representan bien manifiesta^ 
mente una sublimidad de ingéuio, 
una erudición sin segunda, y una gra- 
vedad muy respetable.» 

La publicación de esta obra llamó 
mucho la atención de los médicos 
ilustrados y de los poetase Al princi- 
pio se encuentran varias composicio- 
nes en loor de Fonseca y de Jachino, 
por haberle dado á luz. El siguienU 
ti uno de ellos. 



Htrebat tHutítus m situ. et pulvere Jachis 
Integer en prodit y cemitur et leeitur 
Hoc opus est ^ Fonseca , tuce, relevare jacentes. 
Sarcire et laceros^ hoc opus ecce tman. 



Boedericid Fonseca in Celebérrima 

Academia Pisana artis mediaB Pro* 

Jhssoris primarii, methodus caranda'^ 

ram/ebrium , t/uas Jachinus omissit. 

Habla de la cuartana^ de la peati- 
lente^ de la epiala, de la sincópala de 
la héctica, y de la efímera. De todas 
estas trata con mucha ealtension. De- 
fando i parte las cuestiones relativas a 
la teoría de ellas, cuyas ideas no pue- 
den acomodarse al estado actual de laa 
nuestras; sin embargo» en«l diagnós- 
tico, pronóstico y curación, se encuen* 
tran muy escelentes preceptos, una 
práctica muy juiciosa , y un motlo de 
observar que debíamos imitar. Asi es 
que puede decirse de este tratado de 
Fonseca , lo que de otroe infinitos de 
aquella época, que espurgados poruña 
m«no inteligente de tantas ¡deas an- 
tiguas , y consignados loa principios 



Crácticos, nada tendrían qoe envidiar 
M obras del dia. 
Jtoederici á Fonseca Lusitani. Opus* 
culum quo adolescentes ad medicini^ 
nam /aeile vapesendam instruuntur, 
cassus ommumfebrium methodice dis» 
cutiuntur et curarUurjuxiam normam 
in punctis tentativis pro doctoratu re- 
citandis usitatam, utpost universaiem 
medendi methodum in particutaribus 
se quisque exercere pússit* Floren* 
tía 1586. 

El autor se proposo ilustrar á los es- 
tudiantes de medicina , ensenándoles 
tos medios para que pudieran vencer 
tas dificultades que se les presentaran, 
y adquirir unos conocimientos sólidos. 
Este libro es un comentario óauy 
estenso del que consagró al libro de 
Uge de Hipócrates , del cual he dado 
ya notida á mis lectores^ y por esta 



MEDICINA ESPANTÓLA. 



155 



raflon DO me en6r«teiigD en presentar-* 
les el estraoCo. Dedica 22 capilnlos i 
tratar separadamente Ac las ciréuns* 
tancias qoe deben adornar al medico; 
de las cualidades qae deben tener loa 
maestros ; los libros qne han de con* 
su(tar, eie», etc.: j bajo este punto de . 
▼ista^ ofrece tanto ó ^qn mayor inte«^ 
res jqae el iie tege de Hipócrates* 

Consilia aUaiiOt morborum vario^ 
rutn Boederiei d Fondea et primo 
explicatur , quw tatione vulnera ca^ 
pitis curan posdnt sin» calvarite aper^ 
tione , et per oleum jáparitü ceieoer» 
rimum iñ tota Hispania, et admirahilB 
remeáiwn. 

Se reduce esta obra á presentar la 
eompostcion del aceite de Aparicio^ 
de cuyas virtudes babla con tanto en- 
comio, como si fuera una medicina 
sobrenatural j milagrosa. 

Ademas describe cuarenta j siete 
consultas de otras enfermedades de 
medicina y oirugia* No ofrecen nade 
de particular. 

Jtoederici a Fonseca OUsiponensis 
MeJióinam supraordinariam nunc Pa^ 
tayüpracticam prior e locoprojitentis. 
Consultationes medicce singularibus 
morbis refertw, non modo ex antiqua, 
venan etiam ex nova medicina depro^ 
miturj ac selectisj quorum ussus exao 
tissima méthodo expÜcator, et tf^^pe- 
rímentis prohatur. Francfort "[mñ. 

El autor describe cien historias ó 
casos prácticos mujr interesantes. Ha<* 
bla en cada articulo respectiro de sus 
cansas, síntomas, pronóstico, curación 
j presenracion. Todos estos casos son 
poco comunes en la práctica , j como 
tales habló de ellos para que pudieran 
servir de nortaia en casos semejantes. 

Esta obra es de las mejores que es* 
cribióel autor^y aun en el dia puede 
consultarse con provecho, porque en 
nada desmerecen de las centurias de 
Amato Lusitano, de Zacuto^ de Pedro 
Foresto, j otros. 

MIGUEL MARTÍNEZ LEIYA, 
natural de Santo Domingo de la Cal-* 



sáda en la Riofa » estudio la medicine 
en Salamanca; fué discipujo del fa» 
moso Alderete (pág. 50) en 1556» 
Siendo ja profesor, estuvo curando 
la peste en Segura de León y en Fuen 
de Cintos : también asistió en la que 
reinó en Sevilla en 1580, 1582 j 1583. 
Fué militsr, aunque no consta si sir* 
vio como oficial ó como medico; «Por* 
oel dice estuvo en la estacada en el 
hospital de Zaragoia por tiempo de 
diea meses , y en contra ponto destos 
meses be yo andado en la guerra tres 
años que ha tenido la peste asentado 
el real en la tierra de Sevilla.. • y todo 
esto que digo, atiende que lo he visto 
y corado por mis manos, he procurado 
saber , á fin de dar buenas cuentas y 
escribir verdades , y de ellas danoo 
raiooes suficientes ^ jra que agora no 
las puedo dar por haberlo renunciado 
j hecho voto por cierto caso que pro* 
leso en el arte miHtar ^ como soldado 
que he sido pr sojr.9 
. Con el ejercito pasó á Portugal, y 
de aqni á Venecia y Roma. 

Leiva fué uno de aquellos talentos 
privilegiados , que en todas las carre«> 
ras que emprenden hiicen progresos 
en ellas. Asi se vé que quejándose de 
su mala fortuna , se espresa del modo 
siguiente: 

a O invidia, jamás se ha hallado en 
el' mondo persona qoe tanto persiea 
los buenos, virtuosos y favorecidos dé 
la fortuna como tú: bien dizo el poeta, 
Invidia SicuU non iní^enere tjrranni, 
etc., ni jamás se ha ¿ido que tu hayas 
perseguido á los miserables desafortu- 
nados é infelioes; y que esto sea verdad 
todos lo sabemos : y alcansamos que 
solas tres cosas son aquellas que de tu 
propria naturaleza , y cossecha tienes 
de siempre perseguirlas sobre todas 
las otras , y son estas: Conviene á sa* 
ber, la Virtud, el Arte^ la Indnstris: 
y esto puedo yo dezir con verdsd^ 
porque en todas tres me has persegui- 
do , y perturbado como es notorio al 
mundo , y á mi cierto me parecía no 
haber hecho cosa por donde esta per* 



Í56 



HISTORIA DE LA 



secación mereciesie ; mar solamente 

Eor cumplir tu perversa voluntad, lo 
as hecho. No sabes tn ó invidia y 
se te acuerda, que en Roma j en Vé- 
necia perseguiste tanto mi virtud , la 
qual con tanto trabajo j sudor jo ha* 
bia adquirido en el mundo , y tú por 
solo tu antojo, sin merecértelo jamás, 
fuiste contra m¡, j tan cruelmente 
me has perseguido en el arte, aquello 
que Dios y la naturaleza me han con- 
cedido, que yo con mis propias manos 
con tanta indnstHa y diligencia suelo 
obrar : y sé casi en todas las cosas lo 
que otros muchos con luenga fatiga y 
estudio no lo han podido saber ; y úl- 
timamente me has siempre perseguido 
en la industria de la dentadura, como 
claramente todos pueden ver, porque 
yo he hallado tan hermosas invencio- 
nes, que son para enriquecer este 
nuestro Biglo, y tu enemiga cruel jun- 
tamente con la tirana fortuna lo ha- 
béis hecho conmic^ode tal suerte, que 
del todo me habéis puesto en olvido. 
Y porque no parezca que de ti yo me 
qnexo sin razón , quiero espressar al- 
gunos agravios y hazer processo con- 
tra ti en este Ingar. ¿No sabes tú que 
fny yo el que nalle la invención de 
bazer el agua de la mar dnice , sa- 
brosa y saludable? ¿No mostré yo al 
mundo el orden de gran utilidad y 
provecho para los navegantes? ¿No he 
enseftado yo tantos de secretos milita- 
res, y otros ardides de guerra, que si 
me ovieran creydo no oviera ávido 
ninguna desventura? ¿No soy yo aquel 
que en la cirugía he aescubierto n^ur 
cbos secretos, y que en la física he 
hallado la verdad del arte? ¿To no he 
hallado tantos remedios nuevos , que 
bastarían á sanar todas las enferme- 
dades del mundo? T tú con tu maldita 
perfidia has malamente informado í 
lá fortuna tu compafiera, que siempre 
ae me ha mostrado enemiga ; aunque 
ya agora espero estar en paz con ella, 
teas contigo estoy bien cierto que no 
tendré jamás paz : y cierto yo, bago 
poco caso de ti, por dezirte la verdad. 



ni querría qiie jamás dexaases de per* 
seguirme: porque vemos que todos 
aquellos de quien tú no tienes memo- 
ria, y devas estar, son infelices, y mi- 
serables tanto que ninguno los estima. 
Y que esto sea verdad si discurrimos 
por las cosas passadas , hallaremos en 
todos los anales y siglos, que los hom- 
bres valerosos qué hicieron notables 
hechos en el mundo , en las guerras, 
y triunfaron de sus victorias, aquellos 
solamente fueron de ti perseguidos y 
mal amenazados; mas aquellos que en 
sus obras tuvieron por enemiga la for- 
tuna, y que jamás hizieron cosa digna 
de memoria, de aquestos tales está en* 
tendido, que jamás tuviste cuenta al- 
guna , mas antes te olvidabas dellos 
en todo y por todo. Ansi que conclu- 
yendo y acabando este nuestro razo- 
namiento, digo, de que no quéria que 
jamás de mi te olvidasses, ni dezasses 
de perseguirme, porque no quería 
tener causa de querellarme j lamen- 
tarme , juntamente con aquel capitán 
Atlieniense, que góverno setenta y 
quatro años de aue lamentaba s^ vida, 
en la qual jamás babia hecho cosa digna 
de memoria , y que jamás ninguno le 
bavia tenido embidia^ mis antes man- 
zilla: empero mucho mas contento 
recibo, que los médicos que no saben 
mucho me tienen embidia, que los 
sabios y doctos, han tenido de mi com- 
passion y manzilla. Ansi á aquellos 
que de mi blasonaron y digeron mal, 
coáio he dicho otra vez, mas obras les 
serán la verdadera señal y testimonio 
de su ignorancia y persecución: y por 
el contrario los que no blasonaren de 
mi, y de mi doctrina, aquellos serán 
prudentes y doctos, jr de buena vida. 
Ansi que embidia maligna ten cuenta 
para perseguir de jamás te olvidar de 
nii, porque mientras assi lo hizieres, 
yo seré al inundo dichoso y de buena 
ventura: y en seflal que te lo agrade- 
ceré si ansi lo hizieres , no digo mas, 
como soldado que soy de que uses tu 
oficio en mi persona poniendo fio á 
mi razonamiento.» 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



157 



íbió ana ' cb'riU con el titulo 
sigoieiite: 

Remedios presersfotivos curativos 
para, en tiempo de peste, jr otras cu^ 
riosás esperiencias : diiodido en dos 
cuerpos. Dirigido al Serenísimo Priti" 
cmeD. Felipe I H y Tajo del católico 
D^ Felipe /i, rejr de España. Com'^ 
puesto por Miguel Martinez Leiua, 
su criaao, natural de Santo Domingo 
de la Calzada. Madrid 1597, en S.^" 

El primer capitulo trata de la di- 
ferencia de las enfermedades epidé- 
micas, endémicas j pandémicas: las 
epidemias vienen del airé corrompido 
j alterado» Describe una epidemia 
dé catarros que reinó en Sevilla el 
aftode 1580, cuya enfermedad quitó 
á muchos la vida, especialmente á las 
mugeJres* Con este motivo refiere que 
tuvo una seftora atacada de esta enier- 
medad , á quien le prescribió una 
dracma de triaca magna , como sudo- 
rífica, y habiendo tomado equivoca* 
dimente una onza , fué tanto lo que 
sudó , que quedó libre dé la fiebre / 
del catarro (psg* 7). 

EUi el capitulo 2;® prueba que la 
epidemia que padeció Sevilla, y en la 

?ae él había asistido en 1580, 1581 j 
582 en oompaftía del doctor Alfáro, 
f»roto-roédico de Felipe 11^ no fué en- 
érmedad pestilente nacida de la cor- 
rupción del aire, sino que fué impor- 
tada de Palermo por unos soldados j 
negros que llegaron embarcados en 
dos galeras. 

En el capitulo 3.^ refiere un gran 
número de epidemias, y especialmen- 
te trata de una que reinó en Utrera en 
1583, en la que fué testigo asistiendo 
á ella : esta acometía á las mugeres> y 
especialmente i las doncellas de quin* 
ce á veinte afios, y i las embarazadas» 
i todas las cuales mataba (página 1 7 
vuelta). 

Refiere otra epidemia que reinó en 
España en 1535, la cual atacó á los ri- 
cos y perdonó á los pobres. 

Dioica un' capitulo i tratar de la 
influencia ' de los astros en la produc* 



cion de las epidemias*, ridiculiza la as- 
trologia, diciendo: dejemos d esta co» 
mo a bachillera de ventana que habla 
de alto,... 

En el capitulo 4.^ trata de la esencia 
de la enfermedad epidémica que rei- 
nó en Sevilla, en Líereoa, Fuente de 
Cantos, Segura de León , Bordonal, 
FregenaI,Cubreras altas. Riveras, Al- 
mendralejo y otros pueblos de Estre- 
ma dura: dice que aunque no fué ver- 
dadera peste, debia llamarse hija ó mal 
parto de ella , pues su origen venia, 
como se ha dicho, de parte apestada. 
En el capitulo 1 1 propone la cues- 
tión, ¿por qué la peste hace tanto da^ 
fio y mata tanta gente cuando reina? 
Entre las causas que alega , es una el 
abandono en que quedan los pueblos 
y necesitados. En su confirmación re- 
fiere un caso digno de ser consignado, 
para que mi leáores teniendo una no- 
ticia de él deduzcan sus consecuencias. 
«Referiré otro por venir tan apelo , y 
á propósito de lo que decimos que 
aconteció en la ciudad de Burgos en 
el afto de 1565 en fin de mayo, cuan- 
do S. M. el Rey D. Felipe fl y la se- 
renísima Reina Doña Isabel de la Paz, 
que sea en gloria, quisieron entrar en 
la dicha ciudad yendo la Reina a ver- 
se con su madre. Estando ya i dos le« 
guas de Burgos , hubo cierta diferen- 
cia entre el regidor mas antiguo de la 
dicha ciudad, por su antigua preemi- 
nencia, y el cardenal D. Francisco de 
Bovadilla, sobre quién habia de ir ba- 
* ¡o del palio con su Magestad mostran* 
do- las cosas de la ciudad, como seseos- 
tombra hacer; y como el cardenal no 
pu'Hiese salir con su intento y preten- 
sión , atento que el regidor no quiso 
perder A preminencia de antigüe- 
dad, para el efecto fingió y publicó j 
escribió á su Magestad, que no entrase 
en Burgos porque habia peste ; y era 
una enfermedad de tercianas ordina- 
ria. Y esto hizo el dicho cardenal á 
efecto de quedar con so honor sin 
aquella nota pública , por haberlo él 
pretendido y pedido al cabildo; y^iten* 



158 



HISTORIA DE LA 



to su gran personage, se dio crédito a 
lo que representó , 7 se biso qae su 
Magestad ni la Reina no entraron, no 
obstante que todos los cortesanos foe-> 
ron á la ciudad» sin padecer de la fin- 
gida peste detrimento alguno. Sucedió 
que ida la corte , los de la ciodad se 
atemorizaron tanto del sonido de la 
peste, en aterse publicado , que todds 
los ricos que pudieron se fueron jr des* 
ampararon la ciudad , j los que por 
pobres no se pudieron salir quedarom 
y como no tenían que comer, j ame** 
drentados con la pestilente invención, 
sin peste se morian de hambre íque 
era bastante ocasión) , y si saltan de ta 
ciudad á buscar en los ricos el socorro» 
tos recibían con escopetas y bafleataS, 
arro¡ánd(Jes balas » y {aras en lugar de 
pan: y si algo les daban arrojadixo 00» 
mo á perros; y ansi los míseros pobres 
morian aullando y rabiando de ham- 
bre como perros, sin peste^ que no há« 
bia ni hubo. Visto el dislate por algu- 
nas gentes de buen seso , qae aouella 
gente mas padecía hambre que dolen- 
cia, hubieron su acuerdo, y solviéron- 
se á la ciudad, y proveyeron a la ne- 
cesidad que babia, y á su necedad. 
De suerte que no murió mas persona 
alguna, y assi se cobraron muchas vi- 
das con la muerte de la hambre. Fué 
eate un caso que puto en condición i 
Burgos de perderse por la ambiciosa 
invención del cardenal : y ansi viene 
bien con la segunda causa este infelis 
y verdadero acontecimiento. Dondese 
infiere ser cosa muy sin duda , que el 
temor causa mucho daño, y la imagi- 
nación autorizada de personal aaténti- 
ea, con apariencia da verdad.» 

En el capítulo 12 propone otra cues* 
tion ¿Por que escrih^fyftídm la ver^ 
dad en materia de peste? Ea\» capttu* 
lo es muy interesante. 

Libro II. Regimiento preserpotivo. 

Hasta aqui ha tratado de las causas, 
siütomas , pronóstia^ y curación de la 
enfermedad de landres padecida en 
Sevilla y pueblos de su contorno. En 
al presente habla de loa medios pre* 



servatitos » tanto higiénicos oomo'te- 
rapéuticos para no contagiarse. El an* 
tur abundaba én la idea « mtty en bo- 
ga en su siglo, de que ciertas piedraa 
tedian virtud para preservar y aun en* 
rar las enfermedades pestilenciales. 
Asi es que dedica artículos especialea 
para tratar de la piedra bezoar , de la 
esmeralda y de la tierra aigilata ó se* 
liada. 
Los remedios higiénicos que pro- 

Eone son los mas conformes con la 
nena practica, y nada dejan por de« 
sear. 

Carta al doctor AlfarOj proto^me^ 
dico del rey nuestro señor. 

Estacárta se reduce á probar que la 
ciencia y la virtud siempre deben estar 
hermanadas en un sugeto. 

Describió también la historia del 
tabardillo, á cuya enfermedad llamó el 
ojo de la peste. 

De la vida del hombre eh este mun^ 
dOy y sus dircursos. 

Dedica este capitulo á esponer las 
miserias de la viaa humana , para la 
cual propone como los mefores reme- 
dios, la salud, la tranquilidad de con- 
eiencia , la resignación y la esperanza 
de la gloria eterna. 

Esta obrita es muy curiosa y muy 
científica : el autor manifiesta en ella 
una asombrosa erudición de todas las 
obras antiguas , especialmente de Hi- 
pócrates y de Galeno. Ptiede consul- 
tarse aun con mucho provecho. 

JUAN CARMONA. Se ignora él 
pueblo de su naturaleza; solo se sabe 
que ejerció la profesión de medicina 
en la ciudad de Sevilla. Tuvo Varios 
partidos en Estremadura : en Llerena 
obtuvo el honroso cargo de regidor 
perpetuo ; t también fué nombrado 
médico de la santa inquisición. 

Escribió dos obras con los siguien- 
tes títulos. 

Joanms de Carmana medici atque 
jJdtosophi HispaUensis quondam Lie* 
renos perpetui decurionis f ejusdemque 
sáncta inquisiiionis medici jurati , He'- 
giaque meroede conducti. Tractatus 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



159 



ak jistrologfa sü metBeis necessaria* 
BispaU ibSo. 

Etia obra etU dedicada i D. Rodri- 

Eo de Castro» Arzobispo de Sevilla. En 
\ cledicatoria dice haberse determi* 
nado á escribir sobre esta materia» 
porqae era tiempo ja de 6 jar la cues»- 
lion de algunos médicos qae juxgaban 
la astrologia como necesaria á la me- 
dicina , y otros la despreciaban alta* 
mente. Divide «ste tratado en (res li«> 
bros. En el 1.® presenta todas las ra- 
sones j argomentos de los que soste- 
nían que la astrologia era necesaria á 
los médicos, 7 aun afiade algunas pro- 
pias sujras.En el 2.® prueba no ser ne- 
cesaria al médico la astrologia. En el 
3.^ rebate todas las raaones / argu- 
mentos que presentó en el primer li- 
liro. 

Este tratado es uno de los mas oom* 
pletos y filosóBcósque se escribieron 
tm el siglo XVI sobre esta materia. En 
él se encuentran recogidas las observa- 
ciones j hechos presentados tanto por 
los que sostenían la a6rmatíva9 como 
los de la negativa. 

Joarmis de Carmena mBtUci aUfue 
ptulosophi tusnaliénsis.... Tractatus 
dé peste et Jebribus cum jnmticuUs, 
<mugo tabardillo^ Ad Sanctissimum et 
apostoUcwn tribunal sanctae inquisi^ 
itoms. Uerenensis. (Ib. 1588, 1590). 

Divide esta obra en once capítulos. 
Se determinó á escribir esta obra al 
ver la gran variedad de opiniones que 
habia entre los médicos sobre su con- 
tagio y no contagio^ j sobre si se ha- 
bía de tratar por medio de las sangrías 
derivantes ó repelentes. Cree qtíe las 
enfermedades pestilentes consisten etí 
un veneno que tiende siempre á inva- 
dir el corazón v el cerebro; por consi- 
guiente que debia derivarse %^rsus 
inferiora , 7a por sangrías generales 
^1 pí^f y* P^^ purgantes. Respecto 
de estos» dice que no tienen una .vir- 
tud especial para atraer cada uno un 
determinado humor; v. g., tal pur- 

Eante la flema , otro la pituita , aquel 
I melancolía^ etc. 



Trata eslensamente en capítulos se* 
parados de las causas, síntomas, diag- 
nóstico, pronóstico j curación del ta- 
bardillo: admite cootra Juan Fragoso^ 
que esta enfermedad era contagiosa. 

El autor se decidió en cuanto al 
método curativo, al uso moderado de 
los antiflogísticos y emolientes. 

Prescribía las sangrías generales en 
los primeros dias de la enfermedad: 
aplicaba ventosas en el periodo mas 
avanzado , especialmente si las pintas 
retropelian en alguna parte del cuer- 
po. Entre los purgantes elogia los mas 
débiles « 7 los repetía cada dos ó tres 
dias, cuando la enfermedad tocaba 7a 
en su término. Si se formaban absce- 
sos críticos los trataba con losemiloen- 
tes. Con este motivo reflere un caso 
que le sucedió en Sevilla. Habiendo 
empezado a tratar^ dice , los abscesos 
con los emolientes, un profesor trató 
de desconceptuarme, 7 formó una que- 
ja, judicial contra mi. Llamado por 
el juez, satisfice á la demanda, pidien- 
do el tiempo necesario para que la es- 
periencia acreditase mi conducta. Yo 
seguí tratando del mismo modo los 
abscesos: al cabo de tres meses nos 
presentamos al juez, 7 preguntándole 
sobre el mejor medio de curarlos , se 
vio en la necesidad de confesar que 
los emolientes eran los mejores me- 
dios. El juez quiso castigarle por U 
demanda, 7 lo despidió con la ma7Qr 
afrenta (p. 368)* 

Carmena sopo sobre esta enferofe- 
dad cuanto poaia saberse en su tiem- 
po ; en cuanto á la descripción de los 
síntomas, pronóstico 7 curación, nada 
deja por desear, 7 aun puede consul- 
tarse con ventaja. 

AGUSTÍN VASQUEZ, natural 
de Salamanca, estudió las humanida- 
des V filosofía en su universidad , bajo 
la dirección del licenciado Pacheco 
(in dedicatoria), 7 en la misma obtu- 
vo la cátedra de anatomía. 

Escribió una obra con et titulo si^ 
guíente. 
• Quasstiúnes practiaB' medicae et 



160 



HISTORIA DE LA 



chirurffcdB, Auctore doctore Augusti' 
no Kasquez^ medico publico , profes-^ 
sore in gimnasio Salmaticensi. Sal» 
numUcm M. D,L.XXXIX in 4.® 

Dividió esta obrita ea tres tratados: 
en el l.^jr 2.® espone las enfermeda- 
des de los órganos contenidos en las 
tres cavidades, cabeaa, pecho y abdo- 
men: en el 3.^ trata de algunas enfer- 
medades de cirugía. Esta obra es un 
mal compendio de medicina y cirugía, 
y en mi concepto ni interesa ni ins- 
truye. El Sr. Hernández Morejon al 
hablar de ella » nos llama la atención 
como una especialidad sobre la céle- 
bre cuestión q.ue discute el autor al 
fol. 1 45> de si se debe sangrar en las 
fiebres pútridas ó no. Baste decir que 
Vasquez invierte cuarenta v siete lí- 
neas en su discusión ; y ti de estas se 
quitan treinta, que dedica á tratar de 
otras calenturas , queda reducida á la 
nada. Esto prueba el juicio y dicta- 
men sobre el mérito de esta obra que 
acabo de emitir. 

ALFONSO LÓPEZ DE HIÑO- 
JOSA (ó Hinojoso), natural de Hino- 
¡osa, en Castilla la Vieja , estudió la 
medicina en la universidad de Valla- 
dolid. Concluidos sus estudios , pero 
sin examinarse, eatró en la religión de 
San Ignacio de Lojola; y siendo reli- 
gioso, pasó i Mégico : se ignora el ca- 
rácter con que fué , aunque según 
presumo, fue como religioso , y tuvo 
el cargo de algún hospital. 
' Escribió una obrita, titulada: 

Suma jr recopilación de cirugía , con 
un arte para sangrar y examinar bar- 
beros. Mégico 1578, en 8.*^ 

La lectura de esta obrita indica que 
el autor desempeñó un cargo al lado 
de los enfermos , y que habia tenido 
una práctica nada común; pero no 
consta si fué antes ó después de haber 
tomado el hábito. 

En ella trata indistintamente de al- 
gunas enfermedades de medicina y 
cirugía: enseña, aunque con mucho 
laconismo, el método de sangrar, ó 
las reglas que han de guardar los 



maestros, barberos y sangradores. El 
capitulo que dedica k los partos^ es 
una copia bastante mala de algún au- 
tor de la edad media. En mi concepto 
esta obrita se hizo para gobierno de 
los enfermeros/ practicantes. Noofre* 
ce interés alguno. 

MIGUEL GABALDA, natural de 
Yinaroz, reino de Valencia , maestro 
en artes, y doctor en medicina, flore- 
ció por los años de 1571: escribió una 
obra con este titulo: 

EUenchus problematwn sive opusr 
culorwn. Valencia 1581. 

Contiene los opúsculos siguientes: 

1.® Quwstio medica de pleuritide 
phlebotomiacum nova epitome in cale- 
ce addita hujus quwstioms. 

2.® Colíoquium duorum medicinfie 
vacantium de dolore reman et coUi 
pasione. 

3.® Utrum pleUgmone incipienti 
.pi alterum crurum sit sansuis miten^ 
dus ex reliauo crure, vel braguio. 

4.^ Colíoquium aliud medicum^ 
nempe Stephani Pneceptoris et üi- 
carai ejus discipuU. 

5.^ Dubium inter dúos socios de 
sanguine mitendo in angina. 

6.^ Schema sive figura tjrporum 
oompositorum ubi corrigitur testus 
Gateni in libro d«i tjpis. 

No he visto esta obra. (V* D.N. A. 
Gimeno, y Pellicer). 

MATÍAS NARVAEZ CUERZE- 
CDERCU. No habiendo llegado á mis 
manos los escritos de este, copio lo que 
sobre ellos nos dice el Sr. Hernández 
Morejon. 

«Natural del antiguo reino de Ara- 

Eon , aunque no se sabe de qué pue- 
lo. Fué Lábil médico y cirujano , 7 
buen anatómico. 
Escribió: 

^Silva sententiarum ad chirurgiam 
pertinentium ex libris Hip. in studio^ 
sorum utilitatem de sumpta et nova 
quídam instrumentorum genera, quo- 
rum ussus incurandis capitis ifulneri- 
bus necessarius* Amberea 1576, cu 
8.^ 1634. 



MEDICINA ESPAlffOLA. 



161 



«Eita libro es nn compendio de la 
mayor parte de los pasages. de las pbras 
deHipócrates, principalmente del libro 
dé tntlneríbus capitis: todo él coasta de 
las máximas del me'dico griego^ relati* 
vas á las heridas de cabeza; pero lo mas 
particular qae contiene, son las ooti* 
cías que da de los instrumentos qui* 
rárgicos reformados por él, enjra uti* 
lidad j 6nara han elogiado machos f 
muy doctos cirujanos. Esta obra es bas- 
tante rara, y ninguno de nuestros bi- 
bliógrafos hace mención de ella* Está 
adornada con cinco láminas, que re« 
presentan varios instrumeatos , prin- 
cipalmente una reforma del trépano. 
El autor la dedicó al ilastrisimo Jalian 
Romero, caballero del hábito de San- 
tiago, maestro y conciliario de los hos- 
S ¡tales de Bélgica. Es de inferir qae 
Farvaev fuese médico militar; pero 
nada se sabe respecto de su vida (Hist. 
déla Med. Esp., tom. 3.^, página 
362).» "^ '^^ 

GASPAR LÓPEZ NUCEDA, na- 
toral de las Islas Canarias, catedrático 
de medicina en la uaiversidad de 
Osuna, ejerció en este pueblo la pro* 
fesion, y fué nombrado médico fami* 
liar de Don Pedro Girón , duque de 
Osuna. 

Escribió una pbra con el sigoienta 
titulo: 

In libros Galeni de temperamentü 
novi et inteffi commentarü in quibus 
fere onmiaqiuB adnáUuralem meaiciruB 
partemspectarUcontinentur, opas non 
solwn mediéis sed etiam phúosophis 
apprime utik. Alcalá 1565, fol. 

Esta obra ofrece may poco interés: 
se reduce á comentar los libros de los 
temperamentos de Galeno. Creo de 
esta lo mismo que de otras mochas 
que se han escrito para esplicar la 
mente del médico de Pérgamo , que 
lejos de aclarar la materia , la hacen 
mas oscura é ininteligible, porque 
hacen una mezcla del galenicismo y 
del aristoteiicismo^ que puede apli- 



carse aquella sentencia dum clarior 
esse puto » obscuríor fio • 

BERNARDINO GÓMEZ MIÉ- 
DES. Este español no faé médico, y 
si obispo de Albarracin. Habiendo pa- 
decido muchos años de gota, se obser- 
vó tanto á si mismo, é hizo tantos en** 
sayos, que al fin vino á encontrar un 
remedio, que á su parecer era muy 
escelente para su cura. Deseando dar- 
lo á conocer, escribió la obra siguiente: 

Enchiridion ó manual^ instrumento 
de salud contra el morbo articular^ 
que llaman gota, y demás enferme^ 
dudes que por catarro y destilación 
delacabezase engendran en la.per- 
sona , y para reducir y conservar en 
su perfecto estado de sanidad eltem'» 
peramento humano. Zaragoza 1589, 
en 8.*^ 

Dedico esta obrita á Felipe II. En 
la dedicatoria dice: «que atormentado 
del dolor de la gota, se echó á imagi- 
nar sobre ella, como en causa propia, 
j llegó á descubrir la* mejor y mas 
acertada medicina que jamás se vio, 
ni hasta aquel dia se habia usado en 
la forma y modo que se debia, la cual 
es en suma la fricción ó estregadura 
hecha sobre los huesos y miembros de 
toda persona; haciéndose, no solo con 
el óraen, talento, regimiento y perse- 
verancia debida^ mas aun con las pro- 
pias manos, aunque cueste trabajo.» 

Divide esta obrita en tres libros; en 
el primero trata de la naturaleza^ 
causas, y asiento de la gota : en el se- 
gundo de los medios y reglas higiéni- 
cas que deben guardar los gotosos : en 
el tercero esplica su nuevo método. * 

«Lo primero, dice, que cada uno de* 
be hacer es, que ordinariamente en des- 
pertándose en la cama , por muy ma- 
ñana que sea, alce sus manos al cielo, 
y en habiéndose persignado y dado 
gracias á su Omnipotente Criador y 
Señor, que le despertó con salud y vi- 
da, las baje sobre su cabeza (que ha 
de estar corta de cabello , echada po* 



Hist. de la Mepic v^paAolí. — Tomo 2.® 



:íi 



I 



162 



HISTORIA DE LA 



bre alnlobadt muy baja) j j con loa 
dedos j uRas la rasque toda eon vehe- 
mencia y presteza^ por espacio de uq 
eredo bien rezado » á Gn de tirar y 
atraer el humor afuera , como dicho 
habernos; y á efecto que en este medio 
los sesos y celebro libremente puedan 
comunicar todos sus espíritus anima- 
les a los sentidos; y por otra parte 
también dar su recaudo i los nervios 
superiores, que según antes digimos^ 
nacen de ellos ; y juntamente acudir 
al mehollo que desciende de los mis- 
mos sesos por la nuca abajo al espina- 
co, para que con la misma fricción 
se codounique con mucha suavidad la 
sustancia y virtud sensitiva á todos los 
nervios inferiores, que también nacen 
del mismo mehollo del espinazo ; j 
por consiguiente a los demás nervios 

Ípeleja carnosa. De manera que aca- 
ando la primera fricción ó rascadu- 
ra del cssco , sslten luego las manos 
al colodrillo , para hacer otra fricción 
la nuca abajo^ y que sea basta el espi« 
nazOf por otro tanto espacio , y con la 
misma vehemencia ya dicha ^ no con 
las ufias , sino con solo los dedos , y 
palma de las manos, y sea todo lo 
que se puede alcanzar hasta el espina- 
zo con ellos: lo cual hecho, volverá la 
utia mano hacia atrás á las espaldas, é 
bincará los dedos en lo mas alto que 
pudiere del dicho espinazo , y lo es- 
tregará con algunas intercadencias, 
tomando tan solamente con los dos 
dedos el espinazo en medio, como la 
emelga entre dos sulcos , y los bajará 
con la vehemencia que mas pudiere 
tres veces á la llana , y otras tres con 
intercadencias de nudo en nudo , y 
otras tres llanas hasta cerca de la ra- 
badilla ; y sentirá notable descanso de 
ello, por ser el dicho espinazo com- 
puesto de muchos huesos, y hecho co- 
mo un aguaducho de muchos arcadu- 
ces , por el cual pasa el mehollo , y 
desciende basta cerca de la dicha ra- 
badilla, y por eso tiene necesidad se 
haga su fricción con las intercadencias 
dichas. 



la mUma JHceion , jr muet'^ 
ira el fin y provecho de ella. 

«Mas adelante, hecha la fricción 
sobre la nuca y espinazo , con la cual 
como decimos, se refocilan y recrean 
estraftamente los dichos, y mas el me- 
hollo del espinazo, hará la misma fric- 
ción con la mano derecha sobre el 
hombro, y punta de espalda del bra- 
zo siniestro siete veces , comenzando 
desde la oreja, cuello abajo, estregán- 
dolo con vehemencia hasta el codo, y 
de allí con la misma otro tanto el bra- 
zo abajo hasta la muñeca , torneando 
y retortijando las dos partes dichas co- 
mo lugares de junturas y de mochos 
huesos, y también los brazos abajo, y 
que las manos se retuerzan la una á la 
otra , como quien las lava en seco ; y 
tirando los dedos cada uno por si por 
los artículos ó artejos y con fuerza, 

Eues la causa porque el mal humor se 
ace de sentir mas frequentemente en 
los dedos de los pies y manos donde 
suele tener sus ordinarias estaciones, 
sin perdonanzas, es por ser logares 
donde concurren mas ¡unturas debue* 
sos que en todo el resto del cuerpo, y 
por estar mas destituidas del calor na- 
tural j á causa de la distancia grande 
que de ellas hay al centro de él , que 
es el corazón; y por tanto ser mas dé- 
biles para resistir al humor. De don- 
de se sigue, que como los nervios ha- 
[;an su camino por dichas junturas, 
es sale de través el dicho humor, co- 
mo salteador á los pasos estrechos , y 
como á muy sensitivos les causa do- 
lor; de manera^ que sola la fricción es 
bastante para ensanchar el camino , y 
escusar tan dolorosa com prehensión, 
atenuando y dirigiendo con el calor 
movido por ella , no solo el alimento 
para mejor distribuirlo, pero también 
para juntamente adelgazar las super- 
fluidades y escrementos que de la {nu- 
trición de dichas partes quedan. Lue- 
go de los dedos , y manos , pasará con 
la siniestra al hombro y brazo dere- 
cho, y hará otro tanto sobre ellos, tor- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



163 



neaodo y cslirando los huesos d^\ co* 
dOf iiiuáeca, mano y cledos^ como ao* 
tes. Lo mismo hará do quiera que ha- 
hiere janturas de huesos , pasando los 
dedos como sobre teclas por ellos , y 
apretándodolos con la triccioo. Lo 
cual hecho , pondrá las manos eo la 
punta de la barha^ y de a II i con los 
gemes udo tras otro , estregará loa 
gaznates cuello abajo hasta el pecho. 
De allí volverá las manos sobre los dos 
huesos altos , qae vienen del hombro 
al pecho (que los anatomistas llaman 
farculas), sobre los cuales dará tam- 
bién arriba y abajo» y á la redonda so- 
bre la tabla del pecoo » siempre con 
la vehemencia yñ dicha , porque con 
esto enjugará y descargará de él la 
pituita. De ahi clruzarán los brazos^ 
y con las manos fregará con alguna 
mas fuerza sobre los sobacos» pelliz- 
cándolos y tirándolos hacia fuera^ 
por ser estos los desaguaderos del co- 
razón. Otro tanto hará sobre las cos- 
tillas hacia el pecho : de donde volve- 
rá á cruzar losbrazos sobre los costa- 
dos y barriga con otro tanto ejercicio» 
y luego pasará al grande hueso del an« 
ca » y dará con toda vehemencia con 
los gemes sobre las dos puntas de los 
lados hacia abajo, hasta las armaduras 
y encajadura de los muslos » haciendo 
sobre ellas la misma vehemente fric- 
ción para notable preservación , y re- 
medio del dolor de la soiática. De alli 
volverá las manos hacia atrás , y vuel- 
tas las palmas hacia arriba » las pon- 
drá bajo las renes ó reñones » y mo- 
viendo el cuerpo sobre dichas palmas 
á una y á otra parte , las llevará poco 
á poco con el dicho movimiento y pe- 
so » delezoándolas hasta lo último de 
las ancas: de manera que por el mis- 
mo orden también se entreguen y 
ejerciten dichas renes con los huesos 
siguientes hacia abajo» por el manifies- 
to beneficio que se sigue de esto » asi 
para purgar aquellos y facilitar la ori- 
na» como para divertir los escremeolos 
de ella» que suelen causar piedra yare- 
ñas» no vayan á parar en la vegiga» ni 



que en comnafiia de este mal humor» 
causen el dolor de la hijada. También 
será saludable hacer con honesto reca* 
to su fricción sobre las ingles muslo 
abajo 4 por ser estas los desaguaderos 
del hígado» como los sobacos (según 
poco ha diximos) lo son del corazón: 
como se vé cuando herido de landre el 
hígado» las secas ó echaduras» luego 
son á las ingles. De alli pasará á lo 
mas alto de los muslos» y con la mis- 
ma fuerza hará otra tanta fricción en 
cada uno de ellos hasta las rodillas^ en 
las cuales hecho otro tanto ejercicio» 
retortijándolas con grande fuerza co- 
mo en los codos » por ser junturas^ las 
pantorrillas abajo. Finalmente» to- 
billo con tobillo» pie sobre pie» y de- 
dos de emtrambos» con mucha mayor 
fuerza acabará su fricción » tomando 
por presupuesto de que no quede hue* 
so en toda la persona por frotar» ó ve- 
ramente por ejercitar: por lo que con 
este particular ejercicio percibe tam- 
bién cada uno igualmente su alimen- 
to» que es nuestro primer presupues- 
to. De manera » que con esto se con- 
cluirá esta empresa. Puesto que para 
mayor cumplimiento de salud pasará 
tas manos sobre los huesos de la fren- 
te y sienes » y todo el rostro y quija- 
das» con el colodrillo» y cogote en las 
primeras dos fricciones» porque son 
para notable remedio» y prevención 
eontra el dolor de muelas^ por el di*»^ 
vertimiento del huiplor qué les cae de 
la cabeza» según arriba diximos.». 

Tal es en resumen el nuevo método 
del obispo de Albarraeiu» que pudiera 
usarse todavía con ventaja en los reu- 
matismos crónicos» en las parálisis » y 
en todas las enfermedades en que con- 
viniera aumentar la tonicidad. 

JUAN CORNEJO. Se ignora ei 
pueblo de su naturaleza» y únicamen- 
te consta que en 1Sl90 estaba de mé- 
dico, aunque muy viejo ^ en la corte 
de Felipe II. En la obra que escribió 
y dirigió al Papa Clemente VIH » le 
dice: «que si su avanzadísima edad se 
lo hubiera permitido» habría pasado á 



Mm 



164 



HISTORIA DE LA 



Roma i besar tas pies 7 ofrecerle sns 
senricios'i segnn de ella se deduce con -' 
taba ya cieo años de edad^ con sesenta 
jr seis afios, dice» de profesión y cua^ 
renta de ejercicios de medicina, me 
puse en brío ^ y tomé ánimo de partí* 
cipar de estas gracias é indulgencias.» 

Escribió las obras siguientes: 
* Discurso jr despertador presenta* 
tivo de corrimientos y enfennedades 
de ellos. A' la santidad del heatismo 
y clementismo Papa Clemente VIH, 
Autor, el Doctor Juan Cornejo^ filó" 
iofo j y medico en la corté del rey 
D. Fetipe II. Madrid 1594. 

Se propuso desterrar de la medicina 
la polifarmacia como inútil la mayor 
parte de Teces , según se lo acredi- 
taba su esperiencia de tantos aftos, y 
al efecto dice asi: «Siendo yo médico 
y bien necesitado de saluda viéndome 
tan cercado de males y enemigos, y 
tan cargado de aforismos y preceptos, 
de medicamentos y medicinas, de tan« 
to número de recetas , con tanto apa- 
rato de boticas» de tantos remedios 
empíricos y racionales, de tantos hu- 
mos y zumo del tabaco y del eléboro 
▼enenoso, y de vomitivos y de olios y 
polvos, de minerales, de oros potables 
y quintas esencias de alquimistas , y 
en una perpetua contienda de esta 
temerosa confusión.» 

El autor entendió por corrimiento 
la estenuacion y pérdida de las f uer- 
sas por causa de las diarreas prolonga- 
das. Trataba- estas enfermedades con 
buenos alimentos y con su oro potable, 
que no era otra cosa que un cocimien- 
to muy saturado de las hojas del len- 
tisco. Dedica un articulo especial para 
dar á conocer su preparación. 

Este libro no ofrece el mas mínimo 
interés. 

Discurso particular preservativo de 
la mota , en que se descubre la natU'^ 
raieza,yse pone su propiacura, A la 
Catotiea Magestad ¿el Rey D. JPe- 
Upe II, nuestro. Señor. Autor, eldoc» 
tor Juan Cornejo, medico^ y filosofo. 
Madrid 1594. ^ J ^ 



' Divide so obrita en 4 capítulos. 

En el 1 .* trata de los varios nom- 
bres que dieron los antiguos á esta do* 
lencia , y esplica la causa de llamarse 
gota. 

En el 2.* trata de los sugetos pro- 
pios para padecerla. Dice que estos son 
los fuertes , los calvos , los ancianos, 
los venerables, los prudentes de inge- 
nio y de consejo. Asegura que no vio 
jamás un tonto gotoso. Hace una apo- 
logía de los calvos, diciendo: «El hom* 
bre calvo con cara y frente grande 
descubierta , representa en la cabeza> 
en los ojos y en el meneo, un calor vi* 
váz , un corazón grande , un pecho 
fuerte, bríos y fuerzas. Con la imagi- 
nativa se hacen artífices bien diestros 
é ingeniosos; y por falta de este calor, 
los eunucos no padecen de calvicie ni 
de gota , pero son hombres de poca 
cosa (pág. 17).» 

En el 3.® habla de U cansa de la 
gota. 

Para probar las dificultades que 
suelen mediar para desconocer la go- 
ta, finge una visita de un médico á un 
gotoso , en cuya relación describe el 
ataque gotoso, diciendo: «porque tra- 
tanao de apurar el ser ó esencia , y la 
cura y causa de la gota del triste la- 
brador, que padece el mal y propues» 
to el dolor al médico que mira la hin- 
chazón de las rodillas y los pies, y toca 
los pulsos y siente calentura, y no sabe 
ni entiende otra causa alguna que le 
descubra la óausa y raiz del mal , ni 
resuelve en él como le vino, ni de 
dónde ni por qué; ni le contenta la re- 
lación torpe y confusa que le hace el 
enfermo , que gimiendo le dice que 
estando como sano y descuidado de re- 
pente ; le vino hincharse. las rodillas, 
y luego sintió hinchársele los pies, 
que tiene un gran ardor junto a los 
tobillos , con un dolor pestifero como 
si le hincasen clavos^ que no puede 
dormir ni reposar, que no lo entiende 
ni s^be mas del mal; pero aue es mal 
rabioso, que al punto que se lo quite. . . 
y con esta narrativa los dos están igua- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



165 



les. Un ]gnOi(ante j confuso el oop 
como el otro 9 y lo mismo entiende el 
medico del mal qae siente j re£ere el 
kbndor, y entre tanto el mal se en- 
sorbeVece» atormentando los pies nus 
jmas.... (pág. 18).» 

En seguida deSne la gota. «Es ana 
materia morbosa, escrementosa^ sutil, 
corrupta /.maliciosa , que cae j corre 
de la cabeza i los pies, y alii repara j 
hace. diferentes accideates de ardores 

Íde congojas , de hiochaiones y ru- 
ores , y con inflamaciones (página 

En el 4.® espone el tratamiento de 
la gota; reprueba las fricciones gene* 
rales propuestas por el obispo de Al- 
barracin : recurre á las preparaciones 
del lentisco. 

JUAN CÁRDENAS, natural de 
Mondejar j en la provincia de la Al- 
carria , estudió la medicina en Alcalá 
de Henares. Terminada , pasó á Mé«- 
gico j ei% cuya ciudad se estableció y 
ejerció la profission. Escribió la obra 
siguiente: 

De los problemas y secretos ma* 
ravülosos de las Indias Még\co, 1 591 • 

En esta obrtta refiere las recetas de 
▼arias composiciones que se usaban en 
Megico \ entre ellas habla de la del 
chocolate^ como lo usaban los megica- 
iios. Ofrece poquísimo interés á la 
medicina. 

FRANCISCO HERNÁNDEZ. 
Apenas tenemos noticia alguna de las 
circunstancias biográficas de este cé- 
lebre médico. Se sabe que fué natural 
de Toledo, y que llegó á ser médico 
de Felipe IL Pasó á las Indias occiden* 
tales, comisionado especialmente para 
recoger todas las proaucciones de los 
tres reinos, y escribir sobre ellas. Des- 
pués dé muchos años de haber perma- 
necido en aquellas, consagrado esclu- 
siramente á la recolección de objetos 
de historia natural , toUíó á Elspaña, 
trayendo consigo sos trabajos \ pero 
«habiéndolos depositado en la biblio*- 
teca del Escorial , y sufrido esta un 
vasto incendio, fueron quemados. 



El autor de flora española, al tratar 
de este médico, dice lo siguiente: 

«Envió el monarca con real marai. 
ficencia al doctor Don Francisco Her?- 
nandez , natural de Toledo 9 á las In- 
dias occidentales, á que escribiese una 
historia de todos los animales y plantas 
que pudiese observar en aquellas re- 
motas regiones. Asi lo ejecutó como 
docto y diligentisimo investigador en 
poco mas de cuatro años. Repartió la 
nistoria en quince libros grandes de á 
folio, que se depositaron en la real bi- 
blioteca del Escorial. Estos contenian 
las figuras de las plantas y animales, 
con sus mismos nativos colores, asi de 
árboles como de yerbas , con raices, 
troncos, ramas, hojas , flores y frutos. 
De la misma manera se representaban 
los animales, como caimán, araña, cu- 
lebra , serpiente , conejo , perro , etc* 
También se veian demostrados los pe- 
ces con sus escamas , y las hermosísi- 
mas plumas de tanta diversidad de 
aves con sus pies v picos. Igualmente 
se manifestaban el talle, colores y di- 
ferentes modos de vestir de hombres 
y mugeres, y los adornos de sus galas 
y fiestas, corros y bailes, ritos y sacri- 
ficios. En fin, toda la obra era un ob- 
jeto de singular deleite, y el mas her- 
moso á la vista. En algunos de estos li- 
bros puso la figura, forma y color del 
animal y de la planta, disecándolos 
y preparándolos en el mejor modo que 
alcanzó. En otros (á quien se remite 
por sus números) pone la historia de 
cada cosa ; las calidades, propiedades, 
virtudes y nombres de todo^ confor- 
me á lo que pudo colegir y alcanzar 
de aquella gente bárbara, y de los es- 
pañoles que hablan nacido , vivido y 
criado en aquel dilatado imperio. Com- 
puso , ademas de estos quince libros, 
otros dos separados: el uno trata de las 
plantas y de la similitud, propiedad y 
correspondencia que tienen con las 
nuestras : el otro contiene las costum- 
bres, leyes y ritos de los indios, y jun- 
tamente las descripciones de la situa- 
ción de las provincias , tierras y luga- 



166 



HISTORU DE LA 



res de aquellas regiones j nnevo mun- 
do, dividiéndolas por sus climas y tem- 
peramenlos. Para ocurrir a los gastos 
ríe tan considerable obra, fue preciso 
que S. M. mandase aprontar sumas 
cuantiosas; porque no cabe en la po« 
síbilidad de un particular el costear 
tan raras esploraciones, y en regiones 
tan remotas y si la generosidad de un 
principe no le ayuda. Esta obra se bi- 
so encuadernar magníGca mente coa 
hermosas cubiertas de color azul, la- 
bradas de oro , con manecillas, canto- 
neras y bullones de plata muy grue« 
sos, de escelen te labor , y primoroso 
arti6cio. Dé los borrones y diseños que 
se hicieron en ios campos , andando 
por soledades y desiertos , se adorna- 
ron lienzos de pinturas que estáu en 
la galeria y cuarto del rey , en el real 
sitio de San Lorerizo. 

«En el incendio y quema que pa- 
deció este real sitio, principalmente 
en la biblioteca, le cupo gran parte a 
esta obra tan magnifica como costosa^ 
]0h qué dolor! De modo que la ma- 
yor parte de ella fué victima funesta 
de las voraces llamas. No obstante, 
quedaron algunos fracmentos que he 
tenido en mis manos, que casi me hi- 
cieron enternecer al contemplar tan 
f)ri morosos dibujos, y la viveza de co- 
ores con que estaban las 6guras de 
plantas, arboles y animales , todo por 
el natural.» 

Escribió las obras siguientes: 
nerum Medicarum novce hispanÜB 
thesaurus seuplantarum, animaUum, 
mineralium mexicanorum historia ex 
Francisci Hernández noyiorbis Me^ 
dicí primaríi relationibus in ipsa Me^ 
xicana Urbe conscriptís, á Nardo 
Antoiúo Beccko Monte Corvinate 
Catholicm majestatis medico ^ et Nea- 
poUtani regno Archiatro generali, 
jussu PhiUpjH II Hispaniarum et In- 
diarum etc. Hegis colecta ac et or^ 
dinem digesta ^ á Joanne Terrentio 
Ignceo Constantiense Germ. Phi* 
lip, ac medico notis illustrata. Roma 
M.D.C.XXXXXI.fol. 



. Esta obra es tal vez ana de las mas 

raras y estimables de la literatura mé* 
dica. Esta obra contiene Tarios tratan 
dos: el primero se sobdivide en diez li- 
bros, sobre las plantas, escrito por el 
médico Hernández, y comentado por 
Antonio Bechi. Al final de la obra hay 
otro tratado, cuyo titulo es: 

HistoricB animalium et mineralium 
novíB hispanice líber tmicus in sex traC' 
talas divissus, Francisco Hernández 
Philippi Secundi primario medico auc^ 
tore. (jtonue anno dtato). 

Dedica el primer tratado a descri- 
bir la historia natural de los cuadrú- 
pedos de la Nueva Espafta, Habla de 
60 animales. 

El 2.^ tratado versa sobre la bistor 
ria natural de las aves. 

En este habla de 229 aves. 

Els sumamente puriosa la descrip- 
eion qtfe en el capitulo 2.^ hace del 
Quetzakotol (ó sea ave de las plumas 
preciosas). Después de describir su 
historia natural, dice que sus plumas 
eran tanto ó mas estimadas que el oro; 
que de ellas se servían para plumages 
en los sombreros*, que había penas 
muy grandes para los que mataran 
las aves, y únicamente se permitía co^ 
gerlas, arrancarles las plumas , y vol- 
verlas á soltar. 

De otra que remitió á Felipe II, 
nos dice que tenia una cresta de ocho 
palmos de larga \ pero que no llegó á 
España, por haber muerto en la tra- 
vesía. 

En el 3.^ habla de los reptiles de la 
Nueva Elspafia. Describe 68. 

En el 4.^ de los insectos de la Nueva 
España. Describe 39. 

En el 5.® de los acuáticos de la 
Noeva España. Describe 55. 

En el 6.^ trata de los minerales de 
la Nueva España. Describe 36 mine«- 
rales. 

He dicho, y vuelvo a repetir > qae 
esta obra es una de las mas preciosas 
que se escribieron en el siglo XVI, 
y de las mas buscadas de los literatos 
estrangeros. Son rarísimos los ejem- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



167 



piares que de ella hay en Espafta. El 
Sr. Heraandes Morejon nada nos dice 
de ella^ y siu dada no lavo ocasión de 
verla , cuando se contenta con copiar 
•I autor de la Flora española, y á Don 
Casimiro Gómez Ortega. 

Prancisci Hemandi Medid aiifue 
historíci Pfulippi II Hispaniarum et 
Indiar^ Begis et totíus nos^i orbis ar^ 
ehiatri opera, cwn edita, tum inédita 
úd autográphi Jidem et mtegritatem 
expressa impensa etjasso regio» Ma* 
triti anno M.DCC.LXXXX 3 vol. 

D. Casimiro Gómez Ortega» cono- 
cido ventajosamente en el mundo li* 
lerarioy fné editor de esta obra. En su 
prólogo nos dice alguna cosa sobre la 

{>nMicada por Antonio Rechi , que es 
a misma que acabo de esponer. Los 
bibliógrafos estrangeros no han visto 
esta obra» y por esta razón copio su 
mismo dictamen» tal como lo escri- 
bió. Dice asi: 

«Neminem fore arbitror adeo in li« 
terarum historia hospitem ac peregri* 
num, quin audiendo, aut legendo di« 
diceret»Franciscum Hemandum» Phi* 
lippi II Hispaniarum et Indiarunr Re- 
gis Medicum longé doctissimum , ab 
ipso fuisse delectum» qui inclinante 
jam saeculo XVI in Indias occidenta* 
íes trajiee^et» et Mezicanarun planta» 
rum» aniraalium » et mineralíum ge- 
nera» formasqne inspiceret » delinean* 
das curaret describeretque» ac omnium 
vires et usns in communem hominum 
ntilitatetn exploraret. Hernandns ciim 
sentem fere annorum spatio in Nova 
Híspanla commoratus negotium sibi 
commissum strenué obiisset ; nescio 
quo misero» et scientiis calamitoso fa- 
to accidit» ut septemdecim ingentia 
volumina» quibus non modóillius re- 
gionis res naturales diligentissimé des- 
criptionibus » iconibus^ indicibus di- 
lucidarat » sed etiam Mexicani Regni 
Topographiam» et Antiquitates perse- 
quutus fuerat» ejusdem Regís jussu 
Nardo Antonio Recebo» Medico ítalo» 
et Neapolitani Regni Arcbiatro gene- 
ral! , recognoscenda » evulgandaque 



traderentur* Is per speciem omnia in 
MSS. contenta in epitomen et in or- 
dinem redigendi » pauca^selegit» quae 
jl^otiús transcripsit , quám contraxit; 
quaecumque ad Naturae Historia m» 
non vero ad Medicinae usum spectare 
sibi visa sunt^ temeré esclusit» nonnntla 
tamen saluti tuendae utilia negligens; 
vetera Indorum monumenta» quorum 
cOgtHtio vel ob raritatem ab eruditis 
viris snmmoperé expetitur » praeter- 
misit; plures plantas in insulis Philip- 
picis ad regni Mexicani ditionem se^ 
cundum divisionem ab Hispanis stabi- 
litam pertinentibus sponte nascentes, 
et ab Hernando ex allatorum specimi- 
num inspectione » et testium oculato- 
rum fide descriptas omnino rejecit; 
escribentis etiam errata repraesenta- 
vit; opns denique amplissimum» pre- 
tiosissimumque malé mulctavit » cor- 
rupity deformavit; quemad modum ex 
coilatione integrae bujus editionis cúm 
Recchiano opere Romae evulgato pa- 
tebit et in Commentario » quem de 
Francisci Hernandi vita et scriptisvo- 
lumini quarto praefigemus , fusiús et 
luculentiús ostendetur. 

«lllnd tamen Recchi compendium» 
seu potiús compilatio» cúm m Acade- 
micorum Lynceorum manus incidis- 
set) adeo eos admiratione percelluit» 
quantumvis mancum» mutilatumque, 
ut ipsorum cominentariis illustratum» 
et rerum medicarum Novae Hispaniae 
Thesauri titulo insignitum » Romae 
anno M.DCLI edere non dubitarint. 
Plurimarom autem stirpium icones, 

3uas» uti jam diximus» quoniam Me- 
icinae inservire nondum innotesce- 
bat» Recchus omiserat» cordatiores ip- 
si» et meliori mente imbuti adjunxe- 
runt» descriptionibus tamen deslitu- 
tas » quas in compilatoris adversariis 
frustra quaesiverant.Compendii evnl- 
gatione» quod eventurum viri pru- 
dentissimi praevidebant» brevi evenit: 
eximia nempe Auctoris Hernandi opi- 
nio longé latéque percrebruit» et illius 
operum» quorum integrum exemplar 
MS. sartum» tectumque adbuc in Re- 



168 



HISTORIA DE LA 



gíá BibliotecA Escurialensi assenraba- 
tar^ editionít desideriam conctoram 
mentes oecaf^vít. Interea , anno sci- 
licet M.DCLXXI luctuosam illud 
et genérale Goeoobü nobilissimarum 
aedium inoendium accidit , qno non 
modo Hernandi Tolumina MSS. sed 
eftiam celera ferme omnis Librornm 
locupletissima snppellex conflagravit. 
' «Defleverant igitur ingenCem , ai- 
que irreparabiiem Hernandi operum 
jactoram boni omnes , atqne ipse 
Tournefortios^ Botanicorum sni tem* 
•poús princeps, dam plaotarum inqai* 
rendarnm cansa ad memoratnm Coe-» 
oobiom Elscnrialense divertisset \ pro 
Hernandi collectionibus, stirpium in- 
digenaram, semiputridarumque codi^ 
ees síbi ostensos in Isagoge in Rem 
Herbariam questus fuerat ; cúm non 
sine Divino consilio contigit , nt nos- 
irá aeUte Hernandi Adversariomm^' 
sea primis secundisque curis elabora- 
ti » et ipsius mana emendati codicia 
volninina quinqué , quae Matriti in 
Cdlegü Imperialis , quod ad Societa^ 
tis Jesu Sacerdotes pertinuerat , Bi« 
bliothecae scriniis aelitescebant , are 
cum blattis tíneisque luctabantar, 
faustissimo eventu a Joanne Baptistá 
Monnozio, Indiarum Gosmographo, 
viro in primis harum rernm diligenti 
admodum scrutatore , et mnltiplicí 
eruditione instructo, reporta sint« 

aAdministrabat res Indicas tnno 
temporis Excell. D» Jusepbus Galveí, 
Sonorae Marchio , qui. tanti inventi 
alacritate, ut erat palriae laadum» et 
literarum íncremeñti snpra quam ere* 
dibile est, studiosus^ vefaementer ex*^ 
sultana, et exardecens continuó Re- 
gem sapientissimum , Carolum III. 
fiua aponte ad óptima quaeque procli- 
vem, adiit, atque incitavit, ut horum 
MSS. auxilio Fraocisci Hernandi ope* 
ra omoia, cum edita, tum inédita, au* 
tographi fidei et integritati restituta 
evulganda decerneret. 

«Vita functis óptimo Rege> et So- 
norae Marchiooi, incboatam editio- 
nem baud minus urgert , et ad finem 



suis anspiciis perdnci,' beñigné, et li- 
beraliter, vix dnm Imperio auseepto, 
jussit Attgasti Patria et virtoinm » et 
regnorum herea Garolus IV. Rex pro- 
TÍdenttssimas, consilio et opera usns 
viri Excell. Antonii Portier, ad Ee- 
clesiae. et Jnrisdicendi publica con- 
lerenda munia^ necnon ad literaa in 
Indiis fovendas literatissimi Admi^ 
nistri, veteri probitate simal, ác sin- 
gulari bumanitate Hispanornmque 
gloriae flagrantissimo studio praediti. 
Sed antequam , quo pacto ntriusque 
Regis mandata exaequi nobis propo- 
suerímus, breviter ostendimns; operáe 
nos pretium factnros existimamos , si 
qüae in unoque Tolumine ex quinqué, 
quibns universum opas constare supe* 
riiis innuimos, continentur, lectorum 
oculis subjiciamus* 

Priora tria volumina, quae quidem, 
uti et dúo reliqua v} fbl. , chartá, ut 
a¡unt , magna , characteribna nitidis, 
et emendationibtts Tersibus interjectis 
Auctoris Ipsios manu exaratis acripta 
aunt, Mexicanarum plantarum Hiato* 
fiam latina linguá oontextam, et ai 
cum eadem historia Romae evulgatá 
conferatur , magna ex parte ineditam 
exhibent^ addita quandoque poat sin- 
guloa libros appendicis loco descrir 
ptione quammdam plantarum Indiae 
orientalis, et insularum Philippicarum 
ex testium oculatorum testimonio, et 
allatis ramis. loitio primi tomi adsuta 
sunt ejusdem Hernandi plantarum 
Mexicanarum Historiae liber primas, 
et secundi libri priora quindecim ca- 
pita, hispano sermone expressa. Ter- 
tiumTolumen nonnulliscapitibus clau- 
ditur, quae de Animalibus, et Mine- 
ralibus agant , quaeque veluti rudi^ 
menta tractatuum quartí tomi haberí 
queunt, 

(dnquartovolumine Hiatoriae Qua* 
drupedum, Aviura, Reptilium, Insec. 
torum, Aquatilium, Mmeralinm No- 
rae Hispaniae singulis librisexplicatae 
cootinentur, praeter copiosissimos in. 
dices in fine , alterum Plantarum, 
alterum Animalium et Mineralíum, 



-I 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



169 



/ «Qttintum denique ex opafculis 
penitoft inedUis totam conflatur, atque 
tkdta libnun unum complectitur «do 
«parlibas septaaginta ocio maxiaii 
aTempli Mexicani» fartis effnso saQ- 
«gaioe, aliis inÍDÍ8leriiij generibus 
aoffidoram^ volis, jorejurando» hjín- 
muís, ac feminis ^ quae templo in8er<» 
a?iebaiit.«sLibram de ProTÍncia Cbi« 
.«nae^seu Taibin, qnse septena dierum 
«navígatioDe dUtat á Pbil¡ppic¡a.-"De 
«morbo Novae Hispaniae anoi 1576» 
.«vocato ab lodis CocoUztU.^^De Sine 
«ex epístola Melchioris , Societatis 
«Jestt, etaliis.-oDe Pisce, quem val« 
•gus navigantium septentrionaliam 
^iUmerico appellant.^De Pisce JV- 
«&icrofie.a;GhrisliaDae methodi libros 
«tres (versibus hexametris) cum era- 
«ditíssimis anDOtatioDÍbus ad margi* 
«nem apposUis illustrissimi^ reveren* 
«dissimiqae yiri, Petri Mojrae de Gon- 
«treras » Archiepiscopi Mexicensis, 
«qaae loca explicaot pauló difllei* 
(dioca. a- QoaestioDQm Stoicarum li* 
«brum unum cum Proemio ad Phi* 
«lippum II Ilegem. «- Problematom 
«Stoiconim librum aoum. i» Proble- 
«mata , seu Erotemata philosophica 
«secundúm rneutem Peripatetieorum, 
«et eorum principís Aristotelis.«-MeT 
«teocologica. »• De anima ProblemA** 
ata. •» Problemata moralia ex mente 
«Aristotelis. ■» Carmen denique ad 
«Ariam Montanum , virum praecUp 
ris4imum , et doctísimum, quo illum 
jam in Hispaniam redux Hernandus 
de suis TÍgiltis^ laboribosj scriptisque 
operibus^ quae lígillatim recenset^de- 
que utilitate inde emanaturá certio- 
rem facit > de adversariorum imperi- 
tiá 9 et eorum iniquissimo judicio, 
quorum censurae commissa fuera nt, 
grariter elegauterque conqueritur: ac 
denique se , suaque ?eteri et sapienti 
amico adversús detractorum calum- 
nias tuenda commendat. 

«Hauc Epistolam primo hujus nos- 
trae editioois volumini praemitten- 



dam duximus^ qnooiam nulla alia rá- 
tio potior nobis visa est, quám si Her- 
nandnm ipsum in eá de suisOperibus 
veluti praefantem induceremus. Re- 
liqua scripta ita distribuere opportu- 
nnm visum est. Tribus prioribus vo- 
luminibns, quae nunc evulgamus^ No- 
vae Hispaniae plantarum Historiam in 
XXIV. libros dispertitam concludi- 
mus; quam quidem ad finem tertii 
voluminis copiosissimis, accuratis^ et^ 
ni fallor, haud exigui usús Indicibus 
illustrarí conati sumus , quorum pri- 
mus universa nomina plantarum^ ut 
plurimum Mexicana, alter loca earnm- 
dem natalia^ tertiús res notatu dignaa 
oomprehendit. 

«Quartum Volumen^ quod prope* 
diem simnl cum Quinto sub prelo 
sudabitj praeter Commentarium de 
Hernandi vita et scriptis^ Novae His- 
paniae Quadrupedum > Avium , Ae- 
ptilium, Insectorum^ Piscium, Mine- 
ralium Historias exbibebit cum Aucto- 
ris Proemio inédito y quo Pbilip- 
pum II adloquitur. Has excipient non- 
nullarum Plantarum in India orienta- 
\\j et in iosulis Philippicis nasceotiura 
descriptiones, quas quidem ex Mexi- 
canarum Historia^ ubi dispersae, et 
inordinatae inautographo reperieban- 
lur y coUectas huc in unum contuli- 
mus , simulque conjecimus praedictae 
stirpium Mexicanarum Historiae li- 
brum primum , secundique partem^ 
quos etiam Hispanicé scripsisse Her- 
nandum innuimus. Quód si ea omnia 
haud sufficere visa sintad ¡ustam vo- 
lumini magnitudinem conciliandam;; 
nibil magis é re fore putamus , quam 
Appendicis instar recudere rarissi- 
roum, atque valdé expetitum opuscu- 
lum de bis ipsis Mexicanis per tria Na- 
turae Regna Opibus, quod, velutlquae- 
dam Hernandi operum epitomi, Mexi- 
c¡ editum est in 4.^ anno M.DGXV. 
Francisci scilicet Ximenii libros qua^ 
tuor de natura, et viribus plantarum, 
et animalium, quae in MecUcinae us^ 



HisT* DE LÁ Medio, española, — Tomq 2.* 



22 



1 



170 



HISTORU DE LA 



sumin líovd Hispanid recepta sunt. 

«Qaiotom denique volumen Iqcu- 
braliones pronas inéditas de Máximo 
Templo Mexicano, de Provincia Ghi- 
nae, de morbo Cocoliztli, de Pisce 
Homérico, de Pisce Tiburones Ghris- 
tianae Methodi Libros tres» qusestio** 
nes Stoicas cnm Proemio ad Pbílip* 
pam IL Regem , ceteraqoe opascula 
philosopbicayquae in recensione ope* 
rum in Códice MSS. contentorum 
merooravimua j complectetor. Cele* 
rúm quamvis nonnullos nacTOS, velatt 
doplicata iterataqne nonnnlla , et or- 
thographiae varietatem in iisdem Me* 
xicanif rerpm Natoraliam et oppido* 
rum Dominibus á diversa linguaram 
natura» et proferendi aingolorom ra- 
tione profectam in hisce MSS* offeo* 
dimas; religión! tanien paene baboi* 
mus qaidquam pro iabitu adlicére^ 
aut ¡mmntare. 

«Nibil in praeaentiáezponereani* 
mnsest de Plinii Natarali Historia, 
qnam Hernandus Hispanicé universam 
interpretatos est, et praeclaris doctis- 
simisqne animadversionibus locupleta- 
▼it) cojos interpretationis XX V prio- 
rum tibrorom volnmina in Regia Ma* 
trttenst BibKotecá asservatA » á Fran« 
cisco Cerdano et Rico» doctissimo ba« 
manissimoque virOj quem ana ipsios 
edita opera supra omnem laadatiooem 
nostram extollttnt» paucos ante annos 
detecta sunt » Regique » et Indiarum 
Administris eloqaentiae , qoa pollet, 
vi » et sententiae » qnam ipsi plurimi 
penden!, gravitate pro egregio, qao 
in hajttsmooi monumenta evulganda 
fertar» studio» ad editionem commen- 
data. Sed de bis» proat etiam de qna- 
dam suspicione » qaae eidem Cerda* 
no » nobisqne ipsis » certis de causis» 
qoas ble commemorare non est neces« 
se» saborta est » an scilicet Hieronj* 
mus Huerta» qui pauló post Hernandi 
obitom Plinii interpretationem His- 
panam comí annotationibos suo nomi*> 
Be evulgavit » ab Hernando pleraque 
motuatos fnerit » qóem indictum ta- 
men praeteriit» enucleatiús agemns in 



Commentario de Hernandi vita etscri- 
ptis toties memorato. Nunc ad alinm 
scropulom gravíorfs momenti eximen- 
dom properamus. 

«Non deerunt fortasse viri alioquin 
docti, cordatiqoe » sed plus justo su* 
brigidi» qui hanc Hernandi operom 
editionem improbaboot» otpote nimia 
seram » bominibns borum clarissimo- 
ruro temporum infructuosam » nibil- 
qoe aut parum solidae laudis Auctort 
ipsi^ aut Hispano oomini allaturam. 
Ego vero qoemadmodum non inficia- 
bor» multa in Hernandi de Naturae 
Historia scriptis desiderati ad verani 
methodom» et systematicam reruih 
naturaiium describendarum rationem 
spectantta» quae bis duobus postremis 
aaeculis Botanicem praecipné ad scien« 
tiae culmen evexerunt; ita quoqoe 
non modo censen banc veniam Aoc- 
tori nostro » prout ceteris ejusdem 
aetatis^ et antiquitatis omnis scripto- 
ribus jure meritóque tribuendam» sed 
etiam contendo Mexicanarum planta* 
rum descriptiones» si cúm Diosooridit» 
cujus opera nemo sanus non magni 
aestimat» et tamquam pretiosissimum 
ibesaurnm, unde recentiores pinrima 
bauserunt, reputat» descriptionibus 
conferantur» eoncinniores esse» ad ar- 
lis regulas magis exactas» atque ad 
stirpium cognitionem opportuniores. 
Adae Dioscoridem patriae , et finiti- 
marum Graeciae regionum vegetabi* 
lia explorasáe , vel eornm observatio* 
nes ab aliis instituías collegisse el evul- 

fasse: Hernandum é contrario dissitas 
lexicani Regoi provincias peragras- 
se» novumque» elab aliis intentatum 
opus aggrc^um , incredibiiem atir- 

Eium» elaniroalium oopiam veteri or- 
i prorsus ignolam posteritatt tradi- 
disse. 

«Sed » qnod capul est » multiplicia» 
ñeque parvi facienda utilitatum gene- 
ra ex borura opernm editione in ge* 
ñus bumanum » el naturaiium Scíen* 
tiarum incrementum redundatura es* 
se » neutiquam dnbitarí polest. Pri* 
múm» ne de Pbilippicarom plantarnm 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



171 



libro, «al ¿e Oposcolis V» Tomo ine- 
áiiii loquareiir» ad Historiae Hterariao 
fidem noa secos , ac ad Hispanorum 
io lileris laudam pertioet, Hernando 
nortro bujiis abaolatae operum ejut, 
qnolqiiot exstant, e?ulgatiooifl ope ja* 
ra nía aiierere , atque ab usarpatori- 
biif » Nardo Antonio Recebo» et Joan-* 
oe Terreotio Tiodicare : quascumque 
plantas hic postremos vis una aot al- 
tero ?erbo praeter tituinm singula- 
rum imaginibus subjeotoedidit^ube* 
riús, et, ot supra ezposuimas, satis ab 
illo concinné descriptas nemo repe* 
rielar qui non modosine mirifica ani- 
mi Toluptate, sed eiiam cum earum* 
dero proprietatom proficaa animad^ 
versione non OTolvat, et ipsarnm non- 
nnllas cum enropaeis casdem este 
•comprobare , tcI qoae prorsas novae 
sint, ad recen Horum Botan icorora sys* 
temata , qooad fieri possit j redigere 
non satagat Praeterea nomina Mezi^ 
cana tom Stirpium, tom Animaliom/ 
tnm elíam Mineralinro ab Hernando 
diligenter explorata , atqoe ex Indo^ 
rum ore excepta, eorum formara, tcI 
mirabilem aliqnam , ant salótarem, 
rat noxiam facnitatem plernmque 
exprimont! quo qoid ntilins , sen ad 
rernm natnram investigandam , sito 
etiam ad sermonis ipsins Mexicani non- 
dum Hispanorum convicta , et socie* 
late immutati propietatem , copiam 
dignitatemqoe cognoscendam ? Jam 
Tero loca natalia , in quibns singnlae 
res prooreahtnr , qoaeqne indefesso 
animo summia exantlatis laboribas 
Auctor ipse adiit , et feré semper ad* 
notavit » nonne yiam cuiqne sternunt 
ad eadem corpora oatnralia faeiliús 
exqnirenda , invenJenda , et in nsos» 

3U0S indagaTit et prodidit , adhiben- 
a? Ad extremum plantamm vires, et 
quidem nonouUarum eximias «d gra- 
Tissimarumaegritndinnmsaoationero, 
praestantesque alias ad bomínom vi- 
ta m toendam, et ad oeeonomiam pro- 
movendam ntilitates , qaarnm rerum 
notitiam ex plurium saecnlorum ob- 
servationibus sensim comparatam, et 



qoaai per manns á majoribos natn ad 
minores traditam Heroandus acoepít, 
aut etiam extorsit ex Indis MediciSj 
qui primis illí« tempcribus adhuc vi- 
gebant, quae Mexicanorum abHisp- 
nís debellationem conseqauta snnt; 
ecquis erit tam imprudeos, tam con« 
silíi inops, qui non senliat, tbesaarom 
veluti qnemdam, ut Ljrnceomm ver* 
bis utar, constituere , qaem nisi scri- 
ptor noster in lucem protulisset^ et 
monumeotis suis coosignaaaet , jam 
din amissom , et ex oculis ereptum 
frustra hodie quaereremus? 

«Ad Icones, urgebit quispiam,qni- 
bus Auctor omuia illustrarat, EscuiriaF 
lensi incendio , irreparabili jactará 
oonsumtae sont: immó, inqniam^ lar* 
giter reparandá» et compensandá: ú^ 
quidem egregia Potentissimomm Re* 
gum Caroli III et Caroli IV mnnifi- 
centiá ataue mirifica eornm erga lite- 
ras liberalitate provisam est, ne quid^ 
quam ¡o Hernandi operibus diotiús 
desideraretur. Nam cum animadver- 
tereot sapientissimi Principes, oibfl 
praesidiorum superesst, quae in Italia 
ad Recchi editionem inservierant, ir- 
ritis conatibus ExcelK et polilissimi 
viri, Josepbi Nieolai de Azara , acer- 
rimi ingenii etomni feré doctrinarum 
genere exculti , cui ea Romae inqui- 
rendi negotiam demandatum fuerat; 
Regio sumto^ etauspiciis, vixhac edi- 
tione incboata, missi snnt idonei Bo- 
tanici, et rernm naturalium scrutato- 
res strenui , Vincentins Cervantes, et 
Josepbns Loagínes Martines, quorum 
alter Botanices ministerio in urbe Me- 
xicaná coostitulo , et Horto consito 
soientiam publicé doeendi muñere 
fnngatur, et Novae Hispaniae vegeta- 
bilia excoiat, et to Hfspaniam trans- 
míltat , alter Anatomicus etiam dex- 
terrimns , ejusqne socii Joannes del 
Castillo et Jaoobos Senseve, atque 
omnium Praefeetns doctissimus , ex- 
celso animo ac ingenio praeditus et 
Mexicani sermonis in primis peritus, 
Martinas Sesseos, Medicinae Doctor, 
adscitis Pictoribos, et hujus editionis 



172 



HISTORIA DE LA 



exemplaríbas maniti^ ceterorumqne 
libroram , operarum, et omnis gene-* 
rifl adjumentorum supellectile ioatrac* 
ti per aoWersas Novae Hispa niae pro- 
vincias peregrinentur, et quidquid ad 
Naturae historiam spectans detexe- 
rint, praesertim ab Hernando oiim 
adumbratttnij coUigant, ad artis ñor- 
mam^ et recentium Botanicorum pro- 

Erietatem , atqae elegantiam descri* 
ant , et delineandum, Tiyisque coló- 
ribus depingendam curent. Ezquo* 
ram laboribus exsnrget opas tum scri* 
ptorum Auctoris nostri commeiitadi 
optimi titulo dignttoiy tom qooque in 
Scientiae naturalis incrementum tjf pií 
committendam. 

«Qaam quidem Naturae Historiam^ 
haud neglecto ceterarum Disciplina- 
rum et Artium patrocinio, Carolas 
Rex ad generis humani felicitatem na- 
tas atque edocatus^ ejusque. Indiaram 
saperias laadatos Administer , nullo 
samtui parcentes, impensé et ooiani* 
ficé fovent , et promovent non modo, 
qaa ratiooe paoló ante diximus, in 
Nova Hispaniá , sed etiam per certos, 
cosque peritissimos Professores huic 
negotio destinatos, in Peruviá, in No- 
vo negoo Granatensi, in insulis Pbi- 
lippicis, in unirerso denique, qoá late 
paret, Hispanorum in Indiis Imperio. 



Quamobrem gratolari bonos omnes, 
et aequos rerum estimatores par est, 
et gratias agere clementissimo Regi 
Carolo IVsiquidemejtts aroplissimae, 
Augustique Patris erga universos ho- 
mines benefioentiae, quoscnmqoe in- 
de fractus perceperimus, acoepti refe- 
rendi sant, nosque praesertim Hispa- 
nos Paternae illios dominationibus 
subditos , qui ipsi debemus ne nobis 
in posterum objici queat, parum^ aut 
nihil populares nostros post tot saecula 
ad humanas cognitiones augendas et 
amplificandas contulisse; cúm ómni- 
bus compertum erit, cujas gentis for- 
tissimorum militum facinoribns , et 
victoriis dissitae illae , vastissimaeque 
Americae et Asiae regiones insignitae 
sunt, et Catholicorum Regum ditioni 
subjectae , earum incolisaa bamanita- 
tis et Religionis cultum traductis; 
ejusdem , inquam , Hispanae gentis 
doctorum bominum ingeniis j itineri*- 
bus, investigationibus,1iterarum mo- 
numentis ad ipsarum nationum, ad to* 
tius terrarum orbis utilitatem pera- 
grari, atque illustrari.» 

En el siguiente poema de Hernan- 
dex^ dirigido á Arias Montano, refiere 
algunas de sus circunstancias biográ- 
ficas. 



11 



AUapsum jam Astae rifds , Mqntane , sodalem 
Ne veterem contemne tuwn , cid cerneré primúm 
Jtomuled quondam licuit te , et noscere térra, 
Jtarum naturae miraclum, et gentis honorem, 
jác nostri omamentum aevi ; rursusque videre 
Post secessum ilbinij quo te , Montane , sórores 
Jnstituere novem , implerunt et pectora rerum 
Causis , ac variis linguis , et lamine diuum, 
Igmferos intra scopulos, et sacra Philippo 
Moenia, delicias Aegis , sedesque beatas: 
Unde quadrigeminá casurus biblia linffiá^ 
Immensum ^ praeclarwn opus , ingentisque laboris, 
Sponte petis belgas moUes, patriaque relicta 
Algentes tractus calcas digressus in arcton\ 
üum nos sepositis plagis arcafia colentes 
Naturae haud pigri occiduos adnamus ad Indos j 
demente adnixi imperio parere PhUippi, 
Hesperiae dominio lacerum qui vindicat orbem. 



\ 



MEDICINA ESPAÑOLA. 

InstUuit leges sonetos, renovatque cadentes, 
Perdens injustos j et Christi nonúnis hostes. 

Ergo post uoríos cosus , post munia nostra 
Praestita , qud vahd cura , terrdque marique. 
Excipe me reducem tam multis casibus actum, 
Jn gremioque tuere tuo, nam diceris esse 
Permessi solers costos , fidusque colonus. 
Sunt qui post tergo oblatrent , /imdantque venena 
Jnvidi, et innocuos tentent danmare labores, 
Quos non viderunt, aut percepere Urentes: 
Indimi quos térro tesat , yel turba bonorum • 
AumU efJUmtes scelerato ex ore chelydros. 
Hoec te propulsare aequum estj haec trudere in orcum 
Sincero canaore tuo , sapientio et arte, 
Et . gravitate , Jide ac praestanti robore monstro\ 
Ne tnrtus deserta ruat carituro patrono, 
Et foedi nitidis mergantur fontíbus apri. 

Tempus erit, cúm te liceat contmgere dextru, 
Et corom gratas audire et reddere voces. 
Tune ego Musarwn yeluti sacraria visens^ 
Jmpensé exsultansj nihil, ó Montone , sihbo, 
Aa res quod speetet nostras, ut noscere possisj 
Quantafides istis scriptis sit debita, quanta 
úratia , conatos maneat quoe gloria nostros\ 
In rebus magnis si tantiun ad culmina celsa 
Direxisse gradum magnum est, plenumque decoris, 
Atque sceuts patret qui his detraetoribos aures 
Praebeat immani diruptus idscero morbo. 

Tronseo quám tuJkrim fastidia longa per onnos 
(Sanguine jam gélido languens , steribque seneeta) 
Septenos , more bis mensos, terrasque repostas. 
Expertos caelum mutatum^ alimentaque passim 
Jam pridem consoeta nUhi, Ijrmphasque maliffms. 
Praetereo ingentes aestus , et frigora magna, 
Vix olio superando modo mortalibus aegris. 
Silvosos etiam calles, atque invia lustra, 
Flomina , stagna , locos vastos , latasqoe palodes. 
Non refero Indorom consortia perdita , jraudes 
Nec canimus tantas , dirá aut mendacia, qoeis me 
Non.semel incautum lusere, ac verba dederunt, 
Insigni cura vitata , industria, et arte, 
Et quoties vires plantarum , et nomina falsa 

Suarumdam aecepi fallaci interpretis usos 
roclo: medica aecuit quoe vulnera cauté 
Interdum methodo curare , atque aospice Chisto. 
Pictorom fyxod numerem lapsus, qui muñera nostra 
Timgednt, aderantque meae pars nutxima corae, 
Ne quidquam digitom latum distaret ab ipsd 
Beddentá forma , patulé sed cuneta liquerent; 
Atque moras proeerum , qui me properante moUstae 
Soepe fuere meis aosis, ac nixibos. Aut quid. 



173 



174 



fflSTORIA DE LA 



Quoe et^enere mihi gustanti pharmaca , éScam 
Ñoxas y ac vitae pariter descrimina magna? 
Aut morbos y nimii mihii quos peperere labores, 
Nunc etiam infestos, et in ultima témpora vitae 
Desaevituros ^ quotquot durabit in aanos? 
Coetussfe hostiles, laoubusque natantia monstra, 
íntegros homines i^astá captentia in alvo? 
Quidve famem, al que sitim? vel mille animaUa Uandam 
Sanguiferis punctis passim ajjicientá pellem? 
Héctores tétricos , atque agmina inepta $ ministros? 
Silvestre Indorum ingenüunj nullisque docendis 
Naturae arcanis promptum, aut candare paratum? 
Praetereo, inquam, haec, et sohtm quodjecimus ipsi 
Auxilio divúm eximio , Christoque secundo. 
Hesperias occiduae lustrantes , dicimus, oras. 

F'iginti ptantarum igitur , pariterque quatemos 
Dictamus libros (praeter qui Julini metalla 
Subjicitínt oculis hominum , et genus omne animantumj\ 
E quibus herbiferis profert Hispania in agris 
NuUam, nam occiduas tantum sectamur , et wUÍ 
Caules, radices, uarioque colore migantes 
Flores ; neo fructum , aut Jblium contemno , nec ipsa 
Nomina j quorum est in variis regionibus ususj 
Aut vires, natale solum, cultum , atque saporem, 
Aut lacrymas stipitis stillantes vulnere \ morbi 
Qitf eurentur eis, quaenam sit meta caloris, 
lui color, et lignis qualis substantia subsit, 
'!t breviter quaecumque salus humana requirit, . 
Aut nalturalis rerum haec narratio posoit, 
Quám propriis verbis potui, et brevitate deoenü. 
Quin vivi$s plantas viginti , ac semina multa, 
Pharmacaque innúmera, Augusto mittenda Philippo, 
Pra^fecto deditnus , cura ut majore /enmtur 
In patriam, Hesperiaeque hartos , et culmina adotnent\ 
Emensamque novam Hesperiam duce sidere caeli. 
Urbes , ac populas, montes, ac Jlumina, valde 
Rem optatam nastris , esset quo cognita mundo 
üsque adeo dives ^ tamque ampli naminis ora. 
Scribimus et methodum , qua quis oognoscere plantas 
Indas , ac nostras possit; vel quo ordine cunctis 
Occiduis usus ualeat succurrere marbis, 
Noscereque indígenas , nastrisve ex montíbus alto 
Transvectas Indas tam longo tramite in oras* 
Pharmaca et addtdúnus firmo sancita periolo. 
Experta et nobisj quos pellant corpore suecos, 
Quae superent nastris nota, et quae cederé possint: 
Cetera nam sUeo , Domina quae dante videbis, 
Atque emendabis , cuando tua maenia laetus 
Intrare , et dabitur genio Musisque potiri, 
Curarum et vacua mlci indulgere Jwnori. 
Ergo qui credi par est, ut talia nutu 



MEDICINA ESPASÍOLA. 



175 



Alterius scribi valeant , viresve referri; 

Si koc opas hanc curam , atque examina temía requirit? 

JVec passim invenías , humeris qui ferré labores 

Tantos sustineant propriisj suveanve Ubenter? 

Aut qui judex esse queat ,- censorve peritas, 

Qui nuUas usquam nascentes noverit herbas? 

Aut qui nee libros nostros, durosve labores 

Fideritl At magnos num quando inifenimüs ausus 

Invidiá caruisse suá, aut prurigine turpi? 

Jactaue in abjectos torqueri fulmina valles? 

Ergo tu nostros , vir praeclarissime , libros 

Perlege , et üuligni, si non pid^antur honor e. 

Conceptas veluti cari complectere fratris, 

Sieque favens , tíU me aetemos obstringito in annos. 



Es una lástittia verdaderamente que 
D. Casimiro Gómez Ortega no baja 
conclnido toda la obra de Francisco 
Hernandes. Asi es que no nos dio mas 
noticias que de la parte botánica. 

Materia medicinal de la Nueva Es* 
paña. (Manuscrito). Voy á dar á cono* 
cer á mis lectores el manuscrito mas 
estimable y de mas mérito que se es- 
cribió en el siglo X VL Esta es la ma^ 
teria medica de la Nueva España^ que 
el autor trabajó con el major cuidado 
y celo : desconocida del comentador 
del Tesaurus plantarum (Recbii) , de 
D. Gómez Ortega y de todos los bibíio* 
gráBcos é historiadores ; es digna ba- 
jo de macbisimos aspectos de presen- 
tarse con alguna ostensión , porque en 
ella trata el autor de las virtudes me- 
dicinales de los tres reinos , animal, 
vegeUl y mineral de la Nueva Es- 
paña. 

Divide esta obra en tres libros. 

El 1 .^ está subdividido en tres par^ 
tes. 

En la 1 .' trata de las plantas aro* 
mdtícas. Esta parte contiene veintiséis 
capítulos, en los cuales trata por sepa- 
rado de cada planta. Describe : 1.® el 
nombre americano : 2«^ sus caracteres 
botánicos: 3.^ los lugares en que se 
crian: 4.^ la época de su recolección: 
5.® las virtudes medicinales: 6.® las en- 
fermedades en que convengan: 7.^ los 
usos domésticos ó mercantiles que sé 
hacen con ellas. 



En el capítulo 2.^ hablando de la 
yerba llamada y¿ia?aj;apof /a ó ptarmi" 
ca, dice lo siguiente: aVéase una cosa 
admirable en esta yerba (lo cual yo he 
esperimentado muchas veces), que una 
piedra mojada , restregando con ella, 
aunque sea de una tercia de grueso, 
y poniendo las narices á la parte con- 
traria de la piedra , se percibe de la 
misma manera el olor como si la pro- 
pia yerba se pusiera á las narices, tan- 
ta es su fragancia. Su vapor tomado 
por las narices promueve luertemeote 
el estornudo , y aplicada en (brma de 
emplasto poco antes de venir el frío de 
las calenturas, las quita admirablemen- 
te(pág. 17 vuelta).» 

El capitulo 1 1 en que trata de la 
canela, es sumamente interesante: des- 
pues de hablar de sus propiedades fí- 
sicas y niedicinales, añade : «una cosa 
solamente advertiré que por esperien- 
cia me consta ya, que la casia cmamo- 
mo y canela nacen de un mismo ár- 
bol y no de diversos (aunque digan de 
esto lo que quieran los antiguos her- 
barios). Si le dan diferentes nombres 
es por causa del esceso y valor que te« 
nian por codicia de los mercaderes 

(pi|?. 81).» 

Parte segunda del libro piimero de 
la materia medicinal de la jNueva Es" 
paña. 

Contiene ochenta capítulos dedica- 
dos á tratar en cada uno los caracteres 
botánicos y medicinales y etc. , según 



176 



HISTORIA DE LA 



dejo referidos. Tambian' trata de las 
lágrimas, gomas frutos j semillas qae 
de ellos se sacan. 

Eo el capitulo 1.® trata de la go- 
ma machuit. Dice que es de un olor 
tan fragante, que los indios la quema- 
ban en los altares para la adoración de 
sus dioses. Elogia sus fumigaciones 
para los dolores de cabeza. 

En el 71 del cacanaqnahnitl (cacao). 

En este capitulo describe las cos- 
tumbres de los indios antes de ser con- 
quistados por nuestros españoles^ cuya 
historia es digna de referirse. 

«Grandes cosas^dice, se descubren 
en el cacao tocante á la suerte j mise- 
ria humana. Considerando que en el 
viejo mundo, en aquellos tiempos anti- 
guos no se compraban con dinero aque* 
llascosas de que los hombres tenian ne- 
cesidad para pasar la vida, j que si les 
faltaba, las habiande procurar forzosa- 
mente de otra parle, porque ni corriaii 
entre ellos las monedas de oro y plata, 
ni se habian esculpidoeo los metales las 
6guras de los reyes y príncipes, vivian 
los ¡odios trocando unas cosas con otras, 
ayudándose los unos á los otros con Ip 
que cada uno tenia y guardaba. FinaU 
mente se abrieron los metales con cu- 
fio, y se labró la moneda con quien se 
ven cien mil figuras de cosas esculpi- 
das. Pero en este nuevo mundo nunca 
habian entrado muestras de avaricia^ 
no habia la ambición levantado cabe- 
za , hasta que nuestros españoles trai- 
dos con novelas y viento le invadieron 
y conquistaron : no tenia entre los na- 
turales indios tanta autoridad el oro 
ni la plata, de los cuales entre ellos ha- 
bia grandísima abundancia, porque 
la suma de todas sus haciendas y rique- 
za consistía en plumas de aves hermo- 
sísimas 9 y en ciertos lienzos ó mantas 
de algodón, ó algunas pedrezuelas que 
en esta tierra se producen á cada paso 
sin cuidado de nadie. No estimaba ni 
tenia en precio esta gente las manillas, 
cadenas , collares ni brazaletes , sino 
eran acaso las que hacían de rosas y 
flores*, ni hacían caso de las perlas ni 



piedr;as preciosas: andaban casi desnu- 
dos, vivían vida alegre, sin cuidado al- 
guno de lo venidero: no les desvelaba 
ni traía solícitos la codicia de hacer 

Írandes tesoros y acrescentar estados ni 
acienda : vivian sin cuidados del dia 
de ma&ana muy á gusto y dándose á 
buen tiempo en suerte y fortuna hu- 
milde, pero quieta y dichosa gozando 
alegremente de los principióles dones 
de la naturaleza. La gente de esta tier- 
ra usaban de la semilla del cacao en lu- 
gar de dinero, con el cual alcanzaban 
todo lo que les era necesario para pa- 
sar la vida , y aun hasta el dia de hoy 
dura esta costumbre (pág. 120 vuelta 
hasU la 121).» 

En seguida espone con la mayor 
precisión los caracteres físicos y botá- 
nicos de esta planta ; trata de cuatro 
especies de ella, y describe las regiones 
y circunstancias del terreno en quena- 
ce. Últimamente consigna, como dice, 
para una memoria y las célebres com- 
posiciones que hacían los indios con el 
cacao y el maíz. Todo este capitulo es 
interesantísimo. 

También lo es el capitulo 50 que 
trata de los tamarindos: el del guayaco. 

Tercera parte del libro primero de 
la materia medicinal de la Nuei^a E^^ 
paña, en que se trata de las matas. 

Divide esta parte en cuarenta y seis 
capítulos. 

En el capítulo 14 «trata del mo- 
do de sembrar las caflas dulces ó de 
azúcar y de cómo se preparan , y la 
traza y orden con que el azúcar se ha- 
ce.» Describe con la mayor estension 
el modo de elegir , plantar y cultivar 
las cañas dulces: el modo de preparar- 
las y de hacer el az\ícar: los instrumen- 
tos y máquinas de que se valen para es- 
tas preparaciones , y últimamente las 
cualidades que debe tener el azúcar. 

libro segundo de la materia medi'- 
cinal de la Nueua España. 

En el proemio dice^ que después de 
haber hablado en el primer libro de 
las materias ya espresadas , paaaba á 
tratar de \9l% yerbas. 



MEDICINA ESPAÑOLA- 



177 



Diride este libro eo dos |Mrtes : en 
la 1/ habla de las yerbas que tieoen 
el sabor agudo y mordaz » y en la 2.^ 
de las de sabor amargo. Subdivide U . 
I •* parte en ciacaenta y ocho c^pltu« 
los, 

Eq el capitalo 3.^ trata de la pi- 
mienta de las Indias : re6ere las d¡fe«- 
rentes especies que hay en las Indias, 
adadiendo.... por lo cual no solaodente 
me pareció de escribir y hacer pintar 
las formas y Bguras, declarar todas las. 
virtudes y facultades y naturalesa^ y 
dejar á los venideros por memoria las 
diferencias que en esta Nueva Espa- 
ña nacen, sino también todas aquellas 
especies que á nuestras manos han ve*-^ 
nido (pág. 173) (loteresantisimo). 

En el capitulo 51 trata esteosamen- 
te del picietl ó tabaco. Elste es otro de 
ios capítulos mas interesables. 

Parte segwida del libro segundo, en 
la que se trata de las yerbas que tie^ 
nen amargo sabor. 

Está dividida esta parle en sesenta y 
siete capítulos, en los cuales trata de 
otros tantos vegetales amargos. Hablaor 
do del ruibarbo de la India, dice: que 
su descubrimiento se debia al valeroso 
y científico español de D. Bernardino 
del Castillo , el cual sobre el mérito 
de las hazañas militares en la guerra 
con los indios , tenia el de ser uno de 
los mas inteligentes que habia en las 
Indias en lo tocante a yerbas (página 
243 vuelta). 

Libro tercero de la materia medici^ 
nal de la Nueva España» 

En el proemio ofrece tratar, l.^de 
las yerbas que tienen el sabor dulce 
ó salado: 2-^ de las que tienen un sabor 
intermedio y mas ó menos llegado á 
uno de estos: 3.^ de las que no tienea 
ninguno. 

Al efecto dividió este libro en trcto 
partes. 

Primera parte del libro tercero, en 
que se trata de las yerban que tienen 
sabor sedado ó dulce» 



Divide esta en áeienta y un capí- 
tulos. 

En el capitulo 40 «trata del maiz, y 
de las bebidas y gfSneros de tortillas 

Suede él se hacen.» (Muy interesante.) 
lefíere ocho variedades de espigas de 
maíz, blancas, rubias, negras , amari- 
llas, azules, naranjadas , purpúreas, y 
mixtas^ «las cuales-diferencias , añade, 
van pintadas al. vivo.» Habla del modoy 
tiempo de sembrarlas. Respecto á sus 
propiedades medicinales es de mucho 
mterésloquedice. <í Hasta lavenida de 
los españoles d esta tierra no conocie» 
ron ni habían oído decir que hubiese 
enfermedades de piedra, y para la 
'cual no se halla entre los inaios mas 
útil ni acomodado mantenimiento en 
las enfermedades agudas , y en tanto 
estremo que se debe con mucha razón 
preferir r estimar en mas que la tan 
celebrada de los antiguos. 

«La prudencia de los médicos me* 
gicanos , añade y ha introducido las 
puches y tisanas de maiz como prefe- 
ribles á todas , y las llaman atole j co- 
mo cosa mas usada y agradable á la 
ente de esta tierra ; y como cosa tan 
¡giia de saberse y practicarse, daré á 
entender de cuántas maneras se puede 
preparar el atole , asi para los sanos 
como para los que padecen algún gé- 
nero de enfermedad (1). El atole hu<- 
medece y resfria los cuerpos que pa« 
decen destemplanzas calientes y secas^ 
ablanda el pecho ; da mucho y buen 
mantenimiento ; corrobora y engorda 
el cuerpo desíiaquecido y ealenuado; 
restaura y restituye las fuerzas perdí- 



s 



mm 



(i) Quiero entretenerme ^d pQCo en 
este capítulo» para hacer verá mis lectores 
el grao uso que se hacia ^p las Indias del 
niaizyj tanto mas » cuanto en España ape- 
nas lo usamos en medicina , siendo asi qna 
pndiéramos obtener de él mas provecho 
del qoe.sacBínoSf tanto como alimento co- 
mo medicamenlo. 



HlST. PE }.▲ M£01C.,EaPAÑ0tA. — ^TOMO 2/ 



23 



178 



HISTORIA DE LA 



•s 



das^ participa también ¿% Tirtud abs- 
tergente 9 y es mantenimiento otiVisi- 
mo ¿ los enfermos j ann á los éticos 
que se van consumiendo; suple mejor 
que la tisana j el ordeate de cebada ; 
ayuda notablemente, y da la mano á 
los que padecen enfermedades grayes 
y peligrosas.» 

Describe once preparaciones , ja 
simples ya compuestas, añadiendo al 
final: ny con esto damos fin i loque 
hay que decir de las diferencias del 
atolli.... nuestro intento es solamente 
tratar de aquellas cosas que en este 
nuevo mundo se usan y son familia* 
res, y de que nuestro antiguo orbe nin- 
guna noticia tiene (pág. 273 vuelta).» 

Dedica el capítulo 41a tratar de la 
manera cómo se bace el pan de maic. 

El capitulo 53 , en que trata de la 
yerba aenits Ghuariraco ó yerba con- 
tra los venenos , ea muy interesante; 
pues según el autor, es el remedio mas 
eficaz que puede descubrirse contra 
los venenos. 

Segunda parte del libro tercero, en 
que se traía de las yerbas que tienen 
sabor austero y ácido ^ y también de 
las insípidas , y que no tienen sabor 
ningtoío. 

Comprende ochenta capítulos. 

Dedica cinco de estosá tratardeotraa 
tantas especies de saraa-parrilla: la mas 
rara de todas^ que llama mecaptaU^ 
dice, «haberla el hallado no lejos de 
la ciudad de Mágico, en el pueblo de 
Santa Fé , cerca de la fuente, donde 
nace el agua dulcísima y muy saluda- 
ble, ^ne por caños y acueductoa se 
trae a la ciudad. Esta planta es una 
especie de la carsa-parrilla , aunque 
los espaftoles que no lian pasado á es- 
tas indias no se pueden persuadir á 
ello en ninguna manera (pág, 306).» 

Libro cuarto de la materia medid' 
nal de la Nueva España. 

Proemio. aEn loa tres libros pasa- 
dos, estudiosísimo lector, dice, hemos 
tratado de las plantas aromáticas, de 
los árboles, de los tumos , lágrimas y 
semillas que nacen de ellos, y también 



tratamos de las matas, unas y otras, y 
de las yerbas de sabor agudo , salugi- 
noso y dulce 9 y de las de los demás 
que en los otros sabores comunicaban, 
y también de las inaipidas y que no 
tienen sabor notable. Resta ahora este 
cuarto libro , el cual dividiremos en 
dos partes. En la primera de las cua- 
les, trataremos de los animales , para 
que 8US figuras se sigan después de las 
plantas; y en la otra segunda de los 
minerales, y asi se dará fin á lo que 
propusimos tratar ál principio.» 

Parte primera del libro cuarto, en 
que se trata de las partes de los ani" 
males con%fementes en el uso de la 
medicina. 

Esta parte se subdivide en veintiún 
capítulos, en los cuales trata de los ani* 
males que se servian ios indios para 
curar las enfermedades. Todos ellos 
ofrecen un alto interés, ño solo por 
las virtudes medicinales, sino también 
por las bellísimas descripciones que 
da ellos hace. 

En el capitulo 1.^ trata del arma'' 
dillo, y elogia mucho la cascara de su 
cola pulverizada en dosis de una drac* 
ma en una libra de cocimiento de sal- 
via , para promover el sudor. Tam- 
bién elogia mucho este remedio para 
la curación del mal francés* 

En el capitulo 2.^ habla del escor* 
pión de la India, y dice que la carne 
de aus lomos , comida en peso de dos 
óbolos, despierta admirablemente el 
apetito venéreo, y lo reconoee como 
buen antidoto contra las mordeduras 
de los mismos escorpiones. 

Segunda parte del Ubro cuarto de 
la materia medicinal de la Nueva Es- 
paña, en la que se trata de los mine» 
rales para el uso de la medicina. 

En el capítulo 9.^ dice que si hu- 
biese de tratar dignamente de todos 
los minerales de la Nueva España, se- 
rian necesarios otros libros , como los 
presentes, que escribía por mandado 
del invictísimo rey D. Felipe II. 

Concluye esta obra con el epígrafe 
Laus Deo óptimo et máximo. Finis. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



179 



Todos los libros que hemos meo- 
ciooado coatlenen 445 capitulos, des« 
tinados a tratar por separado de otras 
tantas sustancias medicinales» La obra 
consta de 700 páginas. 

A continuación inserta unas tablas 
sinópticas de los grados de caalidad de, 
cada una de las sustancias espuestas^ 
á saber: 

CcUienie en primer grado. CaiienU 
en el segundo. En el tercero. En el 
cuarto. 

En cada una de estas columnas co- 
loca las plantas que, según el^ tenían ei 
grado de cualidad respectivo. 

En el nombre de Nuestro Señor 
JesU'Guisto ^ comienza la printera 
tabla de la aplicación de las medicinas 
contenidas en el libro delproto^médico 
Francisco Hernández , d toda diver^ 
sidadde enfermedades j las quales van 
referidas d las tablas mayores del 
dicho libro por pdrraphos. 

El autor r acieaus del capitulo que 
dedica á cada sustancia , las enumera 
al margen con el §. 1.% 2.®» 3.^« basta 
el 445. En esta tabla hace una reseñado 
las enfermedades por el A. B. G* D.v 
de manera que marcada la enferme* 
dad y el párrafo , es sumamente fácil 
buscar la sustancia. 

Tabla segunda de las virtudes y 
Jacultades. itó los medicamentos con^^ 
tenidos en este libro j según las diver^ 
sos partes del cuerpo. 

Este es uno de los tratados mas in- 
teresantes*, 7 en la posibilidad de pre* 
sentarlo, me limitaré á esponer los 
títulos. 

Para los dolores de cabeza nacidos 
de causa fria. 

Para los dolores antiguos de la ca- 
beza. 

Para los dolores de cabeza nacidos 
de calor. 

Para la jaqueca. 

Para purffar la cabeza. 

Para los dolores, de cabeza por hu- 
medad. 

Para provocar el sueño. 

Para el mal de gota coral. 



Para loa espantados de rayo. 

Para la melancolía. 

Para el reuma y flujos de cabeza. 

Para confortar el cerebro. 

Para las llagas de la cabeza. 

Para la convulsión ó pasmo. 

Para el estupor ó entumecimiento. 

Para la perlesía. 

Para las enfermedades y dolores. 

Para las heridas de los nervios y 
cuerdas. 

Para la contracción y durefea de los 
nervios. 

Remedios para los ojos. 

Para las asperezas de las pálpebras 
de los ojoa. 

Para la sarna de las pestañas. 

Para laa nubes de los ojos. 

Para las uñas que nacen en los ojos. 

Para los golpes y heridas de los ojos. 

Para las llagas de los ojos. 

Para la carne que hace en los ojos. 

Para las inflamaciones de los ojos. 

Para la oscuridad de la vista. 

Para las reumas y fluxiones de los 

OjOS. 

Para los dolores de los oidos. 

Para las pasólidas ¿ hinchazones de 
los oidos. 

Para los oidos que manan materia. 

Para el flujo de sangre de narices. 

Para estornudar. 

Remedios de la boca. 

Para el mal olor de la boca. 

Para las postillas. 

Para las llagas de la boca. 

Para hacer buen aliento de boca. 

Para la aspereza de la lengua. - 

Para los dfientes y encías. 

Para los dolores de los dientes. 

Para afirmar los dientes. 

Para las encías fluidas y gastadas. 

De la garganta jr gula. 

Para la esquina ncía. 

Para Us' inflamaciones de la gar- 
ganta. 

Para las destilaciones de la gola. 

D(bI pecho y pulmón. 

Para los que escupen sangre. 

Para la tos. 

Para el dolor de costado. 



180 



HISTORIA DE LA 



Para los que escupen podre. 

Para el asma. 

Para arrancar las viscosidades del 
pecho. 

Para purgar el pecho de las visco- 
sidades. 

Para las destilaciones y reumas del 
pecho. 

Para todos los daños del pecho« 

. Para el desmayo. 

Para la cardiaca afección. 

Para el temblor del corazón. 

Para el movimiento j pulso del co- 
razón. 

Para el dolor de corazón. 

Para los dolores de las teta^. 

Para hundiGcar la leche de la mu- 
ger que cria. 

Para quitar la leche. 

Para que crezca la leche de la muger . 

Del estómago. 

Para las náuseas y vómitos. 

Para los celiacos y flacos de estó- 
mago. 

Para provocar vómito. 

Para los dolores de estómago. 

Para las mordicaciones. 

Para los ardores de estómago. 

Para la ventosidad de estómago. 
- Para el hipo ó singulto. 

Para la acedia de estómago. 

Para las inflamaciones del estómago 
y ahitos. 

Para procurar el apetito. 
' Para a judar la cocción del estómago. 

Para mitigar la sed. 

Para la ictericia ó morbo regio. 

Para los dolores del hígado. 

Para las durezas del hígado^ 

Para el hígado resfriado. 

Para la dureza y escirro del hígado. 

Para el mal hábito y caquexia. 

Para la hidropesía. 

Para los bazos endurecidos. 

Para las opilaciones del bazo. 

Para los dolores del bazo. 

Para el bazo resfriado. 

Para deshacer el bazo mujr hinchado. 

De ¡os intestinos. 

Para los dolores de las tripas por 
c«usas frias. 



Para las disenterias y cámaras de 
sangre. 

Para detener las cámaras de dema- 
siada decorrencia. 

Para las disenterias, cámaras de san* 
gre con tremedales de frialdad y dujo 
de vientre. 

Para las cámaras antiguas. 

Para las inflamaciones y ventosida- 
des de ias tripas de causa fría. 

Para las lombrices que están dentro 
de las tripas. 

Para el dolor de hijada y cólica pa- 
sión de causa fria. 

Para mitigar el dolor de las almor- 
ranas. 

Para el flujo y sanguaza dé las al- 
morranas. 

Para el pojo. 

De los pifiones. 

Para el dolor de los ríñones. 

Para piedras y arenas de los ríñones. 

Para las llagas de los ríñones. 

Para las ostrucciones de los ríñones 
por causa fria. 

De la í^egiga. 

Para provocar la orina que se detie* 
ne por causa fria. 

Para el destilar de la orina. 

Para las llagas de la vegiga. 

Para las heridas de la vegiga. 

Para espeler las piedras de la vegiga . 

Para quebrar y espeler las piedras 
de la vegiga. 

De las partes viriles jr vergonzosas. 

Para despertar el apetito venéreo. 

Para acrescentar la genitura. 

Para refrenar la lujuria y reparar 
las nocturnas poluciones. 

Para espeler la simiente detenida. ' 

Para las llagas de las partes vergon- 
zosas. 

Para las llagas cancerosas de los ge- 
nitales. 

Para la sofocación y ahogamiento 
de la madre. 

Para procurar las reglas. 

Para detener los meses. 

Para espeler las pares. 

Para espeler la criatura muerta. 

Para las dificultades del parto. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



181 



Para ayudar la concepoion. 

Para estorbar el aborto. 

Para ayudar loa partos. 

Para las llagas de la madre. 

Para las indaraciones de la madre. 

Para las inflamaciones de la madre. 

Para las frialdades de la madre. 

Los miembros estemos y cojrun" 
turasm 

Para la sciática. 

Para la gota ó dolor de los artícaios: 

Para los venenos. 

Para los dolores antigaos de la gota. 

Para los dolores de las rodillas. 

Para los tophos de los artejos. 

Para las inflamaciones de las ingles. 

De las fiebres. 

Para las tercianas. 

Para las cuartanas. 

Para las continuas. 

Para las quotidianas. 

Para las ardientes con frió. 

Para las 6ebres compuestas. 

Para la hética con hinchazón de 
Tientre. 

Para lu fiebres tarifas. 

Para las fiebres pestilenciales. 

De ios tumores preternaturales. 

Para las viruelas j sarampión. 

Para la gonorrea y esfacelo. 

Para la erisipela y fuego sacro. 

Para los herpes o inflamaciones tu* 
mores del calor. 

Para los lamparones puercas. 

Para los encordios y apostemas. 

Para resolver los tumores. 

Para los tumores esteatomas j me- 
Uicierides. 

Para los tumores generales de causa 
fria. 

Para los tumores causados de golpe. 

Para aglutinar las heridas. 

Para detener el flujo de sangre de 
las heridas. 

Para las heridas de armas veneno- 
sas. 

Para criar carne las heridas. 

Para estraer las cosas que están en 
las heridas fijas. 

Para cicatrizar las heridas. 

Para las heridas interiores. 



Para las llagas ánibulativas este- 
riores. 

Para las llagas viejas. 

Para laa llagas venenosas. 

Para las llagas malignas y dolorosas. 

Para las fístulas y llagas cavernosas. 

Para las llagas hechas con cosas 
erodentes. 

Para las llagas sórdidas. 

Para las quemaduras. 

Para las llagas de bubas. 

Para las bubas. 

Para las luiíaciones de los miembros 
hinchados. 

Para los huesos quebrados. 

De los venenos. 

Para las picaduras venenosas en 
general. 

Para las mordeduras de vivoras. 

Para las de las serpientes j áspides. 

Para las del perro rabioso. 

Para las de todos los venenos. 

Para obrar contra el opio. 

Para remedio de los hongos malos* 

P|ira las mordeduras del escorpión. 

De las cosas tocantes d la hermo» 
surajr buen parecer. 

Pñtñ la alopecia ó pelambrera. 

Para no caerse los cabellos. 

Para los fúrfures de la cabeza. 

Para matar los piojos y liendres. 

Para dar buen color al rostro. 

Para las manchas de la cara. 

Para los barros de la cara. 

Para los empeines. 

Para la especie de lepra llamada 
psora. 

Para la sarna en general. 

Para la lepra de los griegos. 

Para enflaquecer los gordos. 

Para provocar sudor. 

Para limpiar el cutis. 

De los medicamentos purgantes de 
la cólera. 

Para evacuar la fle^ma. 

Para evacuar la melancolia.' 

Para evacuar todos los humores. 

Para ablandar el vientre y provocar 
cámara. 

0)úcluye este tratado con el epí- 
grafe Loas Deo. Está firmado en abre- 



182 



fflSTORIA DE LA 



viatara , y rubricado por el autor. 

Aqui tienen, pues, mis lectores unii 
reseña de este interesante tratado. 
Ademas de la referencia que hace el 
autor a todas las sustancias conyenieii- 
tes, con la designación de los párrafos, 
añade otras mucbas observaciones, he- 
chas sin duda después de. escritos 
aquellos. 

Tabla tercera de los nombres de 
las medicinas en la lengua mexicana. 

Espone sus nombres megicaoos por 
el orden det abecedariot 

Concluye diciendo £aiiJ Deo omn¿* 
potenti et uirgini sacralissimas.'^EstíL 
rubricado. 

Hemos visto que Francisco Hernán- 
dez clasiGcó las plantas medicinales 
por la diversidad de sabores , y bajo 
este concepto trató de ellas. Fuudado 
en este principio, escribió uo tratadi- 
to sobre esta materia « que no tiene 
principio, y que se halla al final de la 
obra. En este habla de las propiedades 
de las plantas en general. 

Eu el primer capitulo trata* de los 
sabores : hace una reseña de sus dífe<* 
rencias, admitidas por Platón y Teo* 
frasto. 

Deapues de rebatir sus opiniones^ 
admite ocho variedades de sabores, 
tales son agudo, amargo, salado, dul'^ 
ce, desabrido^ dgrio, austero y acerbo) 
esplíca sus respectivas virtudes. 

En el capitulo 2.^ de la diversi" 
dad de las plantas del nuevo mundo d 
las naturales del nuestro antiguo y de 
la multitud de ellas, y por que no 
se trata de muchas de ellas en esta 
obra. 

En el 3.*^ en que se pon^i las dub-» 
das de los que afirman ser inútil y de 
poco artificio traten^ de las plantas^ y 
cuéntase bres^emente las causas que 
hacen engañarse en el conocimiento 
de ellas* 

En el 4.^ en que se espUcan las 
mudanzas que acontecen en las plan* 
tas por razón de las delincaciones y 
pinturas. 

En el 5.^ en que se trata de los er* 



rores que por rAzon de las facultades 
acontecen en las plantas* 

En todos estos capítulos trata muy 
por estepso de todos los estremofi que 
refiere ea atts epi^^rafes. 

Este, tratado está desgraciadamente 
falto de principio y de fin. 

JUAN CALVO. No consta cier- 
tamente si fué valenciano ó aragonés» 
puesto que en una obía se titula mé- 
dico aragonésy y en otra edición de la 
misma, médico yalenciano. Sea como 
quiera, estudió la cirugía en U univer- 
sidad de Zaragoza , bajo la direcdoo 
de Gerónimo Murillo (pág. 559> ed. 
de Mad. 1626^ en fol.) 

Fué catedrático de eirugit en la 
universidad de Valencia por espatio 
de doce años, cuyo destino desempeñó 
con la mayor reputación» Al mismo 
tiempo tuvo en su casa una academia 
de cirugía, la cual fué concurrida. 

Conociendo que los cirujanos ro- 
mancistas tenían falta de una obra 
elemental de cirugía , escribió tina, 
dedicada á aquellos que no habiendo 
podido asistir á la universidad, no es- 
taban dispuestos para recibir uda o4)ra 
completa de cirugía teórica y prác- 
tica; dice: tt^unque aqui no se trata 
largamente de la teórica y práctica» 
porque los cirujanos para los cuáles 
se escribe esta obra , son la mayor 
parte romancistas, y no tengan cogni- 
ción de filosofía ni medicina, sino de 
lo que han visto hacer á sus maestros^ 
ó leído en alguoos libros, fuera con- 
fundirles el entendimiento, si todo lo 
que pertenece á estas dos partes de la 
medicina y cirugía se digera (In proe^ 
mió).» 

Escribió una obra con el titulo si- 
guiente: 

Primera y segunda parte de la ci* 
rugia universal y patticular del cuer^ 
po Immano, (Sevilla 1580, en 4.^*, 
Barcelona 1591, en 4.^Madrid 1626, 
en fólio'i ih. 1657, en folio; ib. 1674, 
en folio-, Valencia 1690, en folio). 

El Sr. Hemandee Morejon , nos 
dice: «que á pesar de las muchas edi- 



MEDICINA ESPAlSrOLA- 



183 



oiones que se hicieron de esta obra, 
fué buscada j recomendada en siglos 
posteriores^ baciéndoae en este lan 
rara, qae con díficoltad se encaenlra 
nn ejemplar {Med. Esp.^ lom. 3.*, 
pág. 319).» 

Felismente poseo yo tres ediciones 
sumamente preciosas; j paesto que el 
Sr. Morejon nada nos dice absoluta<« 
mente de su contenido, cuando debió 
hacerlo por la sencilla raeon de ser tan 
rarajr difícil de hallarse, voy á llenar 
este vacio y seguro de que complaceré 
¿mis lectores. 

^ Visto ya el titulo de una de las edi- 
cienes, Teanse las demás. 

Libro muy útil jr provechoso de 
medicina jr cirugía^ que trata de las 
tosas naturales^ no naturales y pre-- 
tematuraleSj de las indicaciones ^ hu* 
mores y apostemas ^ asi en general 
como en particular» Compuesto por el 
Doctor Juan Calvo, méAco aragonés^ 
lector de la misma facultad en la ós- 
signe ciudad de Faleneia (Barcelona 
añoM.D.LXXXXI,en4.» 

La otra edición llera el titulo si- 
guiente : 

Primera jy secunda parte de la cí- 
rugía universal y particular del cuer^ 
pohumano^ que trata de las cosas na* 
turóles j no naturales jr preternatural* 
les, iudicaciones, humoreSj.de la cu*' 
ración de hs apostemas, llagas y úU 
ceras ,y del antidotarlo, en el cual sé 
trata de todos los mediccunentos , asi 
simples , como compuestos , con otros 
tratados j asi en general como enpeiT" 
tícular. Corregida y enmendaaa en 
esta última impresión, y añadidos mU' 
chos capítulos , preguntas y respues" 
tas muy necesarias» Compuesta por 
el Doctor Juan Calvo, medico poíen" 
dono, lector de medicina en la Acha 
universidad. Madrid 1626, en folio. 

Divide esta obra en tres libros (edi* 
cionesde 1580 y 1591). 

En el primer libro trata indistinta- 
mente de algunos puntos de anato- 
mía, fisiología y patología. general. 
Habla de los primeros elementos or- 



gánicos del <mernó humano, de loa 
temperamentos^ de la naturalesa, nú- 
mero y funciones de los humores, de 
las facultades animales , vitales y na- 
turales, del diagnóstico, pronóstico y 
curación de las enferraeaades en ge-* 
neral. 

Al hablar de la facultad vital, prue« 
ba que tenia un conocimiento muy 
exacto de la circulación de la sangre, 
y de su natura leza, «La acción propia 
de esta facultad , dice , es engendra!* 
sansre arterial : esta sangre arterial 
se nace de la venal que por la vena 
cava entra en el corazón , cuya ope^ 
ración se hace en el izquierdo ven* 
triculo del corazón , aunque es verdad 
que en el derecho se principia á prepa» 
rar, y á ir poco á poco trasmutándose 
de venal en orteriaL Entre la sangre 
venal y arterial hay gran diferencia', 
la venid es algún tanto gruesa y negra, 
porque con ella van otros humores 

también gruesos la arterial es mas^ 

sutil , delicada y muy mas colorada. 
Llamase esta sangre arterial , porque 
va desde el corazón a todas las partes 
del cuerpo por las arterias , asi como 
la venal vuelve por las venas , lo cual 
era muy necesario para que se restau* 
rase la sustancia del calor natural que 
cada momento se pierde, (pág. 73 ed. 
de 1596 ; pág. 28 col. 1.* y 2.* de la 
ed.de1626, fol.) 

Mas adelante se espresa en los tér- 
minos siguientes: <cEi espíritu vital se 
engendra principalmente en el ven- 
trículo izquierdo del corazón. La causa 
eficiente es el propio temperamento 
del corazón; la material es el aire es- 
terno que entra por la boca cuando 
respiramos, el cual baja por la tráquea 
arteria, y va á ios pulmones, y de allí 
cuando el corazón se dilata , le atrae 
por la arteria venal. Este aire que está 
ya preparado en el pulmón , le altera 
de nuevo la facultad concolrix del co- 
razón, y le mezcla con la sangre que 
se cuece en el ventrículo izquierdo, y 
se viene á engendrar el espíritu vital, 
el cual después de engendrado, el co- 



184 



HISTORIA DE LA 



razón le eniMi juntamente con la san* 
gre arterial a todas las partes de nues' 
tro cuerpo (pág. 78 ed. 1591) (1).» 

En el libro segundo habla de los 
apostemas. Divide este libro ea 25 
capítulos. 

En los cinco primeros trata de la 
división 9 causas, síntomas, diagnosti- 
co, pronóstico y curación de dichas 
enfermedades* En los restantes trata 
de los abscesos en general y partica- 



(1) Mis lectores recordaran la descríp- 
cioD Un exacta que nuestro cirujano de Se- 
villa, Hidilgo de Agüero , d¡(Íde la circu- 
UcioD de la sangre, y otros pormenores so- 
bre ella. (Vdase mas arriba pég. 36 col. 2 ^ 
y pág. 37). Acaban de ver otro pasage no 
menos importante sobre la misgia, y que en 
mi concepto nada deja por desear. 

Tampoco deben haber olvidado las des- 
cripciones tan bien hecbas y demostradas 
que sobre e//a dieron nuestros médicos 
españoles Andrés Laguna , Pedro Gime- 
no, Juan Valverde, Bernardino de Mob« 
taña y Monserrat, las cuales presenté eo 
808 artículos correspondientes. Sentadoses» 
tos principios, examínese el justo valor jdel 
siguteute aserto del Sr. Iferpandez Morer 
jan, cuando al babfar de Francisco la Rei- 
n%, dice: upo r cuya relación se podrá infe^ 
rir bien qut este autor espresó terminaute» 
mente, no solo que la sangre no estaba pa^ 
rada, sino que se movia en torno y en rué» 
da, cuyas precisas palabras encierran tal 
exactitud y entruelven un conocimiento tan 
esplícitOf que por mas que recorramos la 
historia de la medicina , no hallaremos en 
ningún escritor anterior d Harveo pasage 
alguno que pueda cotejarse d este en cuan-- 
to d la claridad, laconismo y decisión con 
que presenta las ideas relatis^as al punto 
que discutimos, (Med. Esp. tom. 3.^ ptfgi* 
na 10).» 

£1 mayor obsequio que puede hacerse al 
Sr. Hernández Morejon es, el decir que las 
espresiones que acabo de consignar no son 
suyas, y qne el artículo de Fraocisco la 
Beioa esttf redactado por algún presunto 
de erudito tf Ik violeta, y escrito después de 
haber yo tratado de la circulación de la san- 
gre. 

Mis lectores tendrtfn presente la impug- 
nación que yo dirigí sobre el pasage de 



lar^ del aoeurismaj diel escirro , del 
cáncer, y de los herpes. 

Entre estos ofrecen mucho interés 
los capítulos del carbunclo, déla gan- 
grena « y el de los aneurismas. Al tra- 
tar de la curación de estos, aconséjala 
ligadura de la arteria: reprueba el mé« 
todode Celso y de Aetio, qüeaconseja- 
ban hacer dos incisiones , una encima 
del tumor , y otra por debajo de ¿1. 
«Quiere que se proceda á la ligadura 



Francisco la Reina , fundado en que fal- 
taba en la edición que yo poseía. Es nece- 
sario, pues, ser muy miope para dejar de 
ver claramente que este artículo se escri- 
bió después del mió , puesto que con refii-* 
nada intención se dice «copié las mismas 
palabras de Francisco la Reina , cuya obra 
tuve d la vista,» 

De cualquier modo que sea , la aserción 
del Sr. Hernández es muy aventurada, in- 
exactísima y muy denigrante de la medi- 
cina española, porque al peso que da una 
exagerada importancia á la espreaion, de 
que la sangre se movia en torno y en rueda, 
omite y pasa en silencio descripciones, bien 
hechas, y pormenores interesantísimos pu- 
blicados por nuestros médicos españoles. 
Esta verdad se demuestra mejor teniendo 
presente que Harveo escribió su diserta» 
don anatómica del movimiento del cora* 
zony de la sangre en 1626 , y que Hidalgo 
de Agüero , Juan Calvo y los cuatro médi* 
eos, qne acabo de citar, publicaron sus desr 
cripciones desde 1550 hasta 1591 , por 
consiguiente treinta años antes que el in- 
glés. 

Gnando yo publiqué los artículos biográ- 
fíco-bibliográñcos de dichos médicos , aun 
no habia visto la luz pública la obra del 
Sr. Morejon: en mis artículos presenté los 
passges relativos ú la circnlacíon de la san* 
gre¿ el Sr. Morejon los confirmó eo ptrte; 
y tal vez si yo no le hubiera precedido que- 
daran ignorados^ del mismo modo que ha pa- 
sado peralto ios de Hidalgo de Agüero y de 
Juan Calvo, sobre los cuales ni uua solo pa- 
labra nos ha dicho. De este modo nada mas 
cierto ni nada mas fácil de aventurar , que 
nadie hasta Harveo ha hecho mejor una 
descripción del mOinmiento de la sangre 
que el albeiiar de Zamora. 



1 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



185 



de la arteria haciendo ana sola incisioa 
por encima del tumor ^ buscar en este 
panto el vaso ^ 7 ligarlo fuertemente 
(pág. 321).» 

Al tratar de la curación de la erisi* 
pela, aconseja primeramente las irri* 
gaciones de agua fria, j luego la apli- 
cación de fomentos fríos. «Se echará, 
dice, un picher, (un pachero)de agua 
bien fria,y loego pónganse paños mo- 
jados en la misma agua fria (p. 333).» 

En el libro tercero trata de ¡os apos* 
temas envarticular. 

Descrioe los tumores de todos los 
órganos contenidos en las tres cavida- 
des animal, vital y natural, empezan- 
do por los de la primera. Este tratado 
ofrece mucho interés ; pero se leerla 
aun con mas gusto, sí no tuviera tan- 
tas citas de Galeno , de Aétio y otros 
cirajanos de la edad media. Es tan 
fuerte para Calvo la autoridad de Ga- 
leno, que aun sus mismas observacio- 
nes, con teiitos de aquel, couipruebaa 
como si no tuvieran fuersa sin esta 
autoridad. 

Libro de cirugía y medicina j gue 
trata de las llagas en general y en 
particular. Compuesto por Juan Cal* 
voj medico en la ciudaa de Valencia. 
Barcelona 1 592» en 4.® 

Divide este tratado en dos libros. 

En el primero habla de las llagas ó 
úlceras en general: describe sus cau- 
sas, síntomas, diagnóstico, pronóstico 
7 curación. 

En el segundo de las heridas en 
particular. Empieza por las del crá- 
neo, 7 termina por las de las estremi- 
dades inferiores. Trata al mismo tiem- 
po de las fracturas v dislocaciones, 
cuando habla de las heridas de cada 
hueso. 

Libro muy útHy provechoso del 
morbo gálico, en el cual se enseña su 
origen, causas y curación, el modo de 
hacer el vino santo, dar las unciones, 
y corregir sus accidentes. Barcelona 
1592,en4.^ 



Este tratado es muy poco conocido 
de los historiadores. Está dividido en 
25 capítulos. 

En el 1 «^ prueba que esta enferme* 
dad no era la elefantiasis, como creían 
algunos autores. 

En el 2.^ que es una enfermedad 
nueva, desconocida de los médicos 
griegos, latinos 7 árabes. 

En el 3.® habla de su origen : cree 

Íue fué importado de las Américas á 
luropa por Cristóbal Colon : critica 
la opinión de Andrés Alcázar, que 
atribuía su origen á las miserias de las 
guerras de Nápdes. «Esto que dice 
Alcázar, lo tengo por burla 7 cosa de 
aire , porque, otras guerras civiles ha 
habido, donde los soldados han comi- 
do tan malos alimentos, 7 aun carnes 
de caballo 7 humanas , no sabiéndolo 
ellos; 7 no leemos en ningún autor 
6dedigno que diga haber venido á te- 
ner esta enfermedad (pág. 155).» 

En el 4.® trata de las causas. Prue- 
ba que esta enfermedad es eminente- 
mente contagiosa , 7 que puede pro- 
pagarse de unos á otros , hasta por el 
aliento. 

En el 5.® trata del diagnóstico. 

En el 6.® del pronóstico. 

En el 7.^ de la curación en general. 
(Es muv interesante). 

En el 8.® de la preparación 7 usos 
de la zarza-parrilla. 

En el 9.® del nalo santo. 

En el 10 de las virtudes 7 modo 
de administrar el mercurio. (Intere- 
sante). 

En el 1 1 del modo de practicar las 
unciones. 

En el 12 de las estufas. 

En los capítulos restantes trata de 
las úlceras de la boca, de las de la gar- 
ganta , de las úlceras corrosivas de 
estas mismas partes, de la gonorrea, 
de los dolores venéreos , de las pústu- 
las 7 bubones gálicos, 7 de la alopecia 
venérea. 

Este tratadito del venéreo, es en 



HfST. DE LA Medio. espaSola.^-Tomo 2.* 



24 



186 



HISTORIA DE LA 






mi concepto ano de los mejores qae se 
escribieron en el siglo XVI • El no 
contiene ninguna id^a nueva j de un 
interés especial; pero en com pensacion 
reúne todo lo mejor que se habia es- 
crito hasta su tiempo. 

Lo que si encuentro de notable j 
estraño es^ que Juan Calvo no conozca 
ningún médico español , al menos no 
lo cita^ de los muchísimos que escri- 
bieron sobre esta enfermedad en el 
mismo siglo XVI* 

ANDRÉS DE LEÓN. Inútil es 
buscar en los bibliográCcos noticias 
biográficas sobre este autor: nadie has- 
ta ahora ha espuesto su historia. El 
Sr. Hernández Morejon no habla de 
élj y á la verdad que no comprendo el 
motivo de su silencio. La biografía 
que presento á mis lectores está estrac- 
tada de sus mismas obras. 

Nació por los años de 1 560; fué na- 
tural de Baeza; estudió la medicina y 
cirugía en la universidad de Sevilla: 
en esta ciudad pasó la práctica con el 
célebre Nicolás Monardes, en los hos« 
pítales de los Desamparados j del Car* 
denal (libro del gálico, pág. 6). Se re- 
validó por los años de 1 583. En segui- 
da marchó á la ciudad de Baeza, en la 
cual ejerció la profesión por dos ó tres 
años (pág. 35 vuelta). Desde alli vino 
al hospital de Valencia, y de este naso 
al de Zaragoza (pág. 6 ibidem). Oes- 
de esta capital marchó á Madrid, y 
acompañó al Duque de Alcalá al sitio 
del Escorial, cuando trasladaron á este 
los restos mortales de los Reyes. A po' 
co después fué nombrado médico del 
Duque de Alba , con el cual pasó al 
ejército de Portugal , y estuvo en la 

Suerra por los años de 1579 y parte 
el 1580 (pág. 17}. En 1580 regresó á 
Sevilla^ y describió la peste de virue- 
las que reinó en este año , en la cual 
dice que atacó mucho á los viejos. 
También describió las epidemias va- 
riolosas que reinaron en la provincia 
de Toledo en 1585, y otra en Galicia 
en 1600, la cual según testimonio su- 
yo atacó con especialidad á ios viejos. 



Fué nombrado médico-cirujano ma- 
yor y protomédico de la armada que 
pasó á Portugal , bajo el mando del 
general Adelantado mayor de Casti- 
lla , con el sueldo de ochenta mil es« 
codos. Vuelto de esta espedicion fué 
nombrado médico de cámara. Se pro- 
puso viajar por toda España con el ob« 
jeto de ilustrarse. Refiere haber estado 
en Valencia, Burgos, la Cor uña, San- 
tender y en Viveros. Estando en esta 
escribió su tratado práctico del morbo 
gálico en 1602 (pág 36). Asi es que de* 
bió ser de una edad muy avanzada 
cuando escribió su última obra. No 
consta el año de su muerte. 

Escribió varias obras con los títulos 
siguientes: 

Libro primero de anatomía, reco- 
pilaciones j examen general de eva- 
cuaciones j anatomía Y compostura del 
cuerpo humano , diferencias y virtu- 
des del amma^ definiciones de medici- 
na con muchas cosas curiosas y pro- 
vechosas de philosophia r astrologjui. 
mmRepartidos en cuatro libros, en los 
cuales últimamente se rematan dos 
tratados de avisos para sangrar jrpur' 
gar , en todo respetando los signos jr 
planetas* Por el doctor Andrés de 
León , medico y cirujano del Bey 
nuestro Sefior en la jomada de Por- 
tugal. Baeza 1 590^ en 4.® 

Dedicó esta obra al conde de Caste- 
llar, la cual llegó á tener una eran ce- 
lebridad, según se deduce délos cin- 
co sonetos que le dirigieron algunos 
poetas de reputación , y que se leen 
después de la dedicatoria. 

La divide en cuatro libros : el pri- 
mero consta de cuarenta y un capítu- 
los , en los cuales trata de anatomía. 
Entre ellos hay algunos muy intere- 
santes, tal es el 1»^ en el que prueba la 
absoluta necesidad de saber bien la 
anatomía para curar las enfermedades. 
Con este motivo prueba igualmente 
que debe saber muy bien la gramáti- 
ca, la dialéctica, la retórica, la arit- 
mética , la geometfia y la música. 
(Tratando de la poderosa influencia 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



187 



J^ae ^U tieoe en U curación de las en- 
ermedades , trata del tarantulismo 
f producido por la picadura de la araña 
lamada tarántula, j cree que la má« 
sica es el mejor medio para curarla 
(|)ág. 4)* Es digno de copiarse el tro- 
%o siguiente. Al recomendar el esta- 
dio de la anatomía, es digno de tras- 
cribirse el nasage siguiente , con el 
que trata de probar la existencia j 
sabiduría de Dios. 

«¿Quién es el que tan bien supo 
gastar las yiras colores de tan estraña 
pintura? ¿Quién dibuxó tan bien estos 
hermosos ojos , ventanas de todo el 
cuerpo, espejo claro del alma? ¿Quién 
estendió los labios en la boca? ¿Quién 
supo tan bien añudar los nervios? 
¿Quién entretezió j mezcló tanta muU 
titud de venas, que sirven de arroyos 
á todo el cuerpo como canales corrien- 
do sangre , con los tres humores que 
sustentan j riegan al cuerpo con su nu- 
midad j grossura? ¿Quién hizo los huet 
sc^ tan duros y rezios? ¿Quién los en- 
casó é inxirió y enclavo tan bien , y 
con tanto acierto, para que como guav* 
das ó alabarderos detener el pensa- 
miento quaudo se levanta muy alto j 
3niere salir de orden, concierto y me* 
ida, hazerse fuerte contra la razón y 
templanza? ¿Quién cubrió la carne de 
un cuero tan delicado y blando? ¿Quién 
distinguió y apartó los dedos con sus 
coyunturas? ¿Quién estendió los pies 
en tan buena proporción y justa me- 
dida, por cimiento de todo el cuerpo? 
¿Quién abrió tanto camino y puerta 
como ay en el cuerpo? ¿Quién apretó 
el bazo tanto y le dexó como pisado y 
estrujado en lagar? ¿Quién dio aquella 
figura piramidal al corazón? ¿Quién 
entretexió tantas redes y rayzes en el 
hígado? ¿Quién acanaló las canales y 
agujeros de los pulmones? ¿Quién dio 
tan anchuroso lugar al vientre? ¿Quién 
tanta capacidad y espacio? ¿Quién 
puso ¿ los miembros honrados en la 
plaza y lugares eminentes para ser 
vistos de todos» y á los deshonestos re- 
partió por callejuelas y lugares apar* 



3 



tados> donde la cobertura los honrasse 
y diesse valor y ser? ¿Quién piensas 
tú que hizo obras tan estrañas? ¿A 
quien tienes tú por padre é inventor 
de ellas ? ¿ Quién quieres que sea ma- 
dre, sino Dios invissible?» 

Lo es igualmente el capitulo 22. 
«El G)razon es miembro princi- 
palissimo, fuente del calor natural: y 
assi naturaleza te crió para dar vida y 
calor á todas las partículas del cuerpo 
mediante los spiritus vitales que del 
se distribuyen. Es de figura de una 
pina, lo ancho arriba, y la punta 
abaxo, aunque toma forma redonda 
aando se dilata. Está situado en me- 
iodel pecho y cuerpo. Su substancia 
es de una carne dura, diflerente do 
las demás del cuerpo, entretexida con 
muchos filos como nerezuelos. Es de 
complexión caliente, mas que todo lo 
i^estante del cuerpo, por la gran suma 
de spiritus que en él se contienen. 
Tiene y participa de mas sequedad 
ue humidad. Hállanse en el corazón 
os ventrículos, uno diestro y otro si- 
niestro, situados i la larga : el sinies- 
tro está en medio del corazón , y el 
otro á la parte derecha ; y este sirve 
de recebir la sangre que viene del hí- 
gado, para preparársela al siniestro; 
el cual sirve de apurar la sangre que 
viene al derecho, y allí se haze la san- 
gre arterial, de que se mantienen los 
miembros sólidos y también los spiri- 
tus vitales , para lo restante del cuer* 
po. El passage de un ventrículo á otro 
es por los poros que ay en la substan- 
cia del corazón. Tiene cada uno des- 
tos ventrículos dos agujeros ; por el 
uno del derecho entra la sangre que 
del hígado viene embiada de la vena 
del corazón, que es la arterial, que la 
cubren dos túnicas, como á la arteria, 
y tiene quietud como vena. Determi- 
nase en la substancia de los livianos, á 
quien le sirve para su nutriction. Por 
el un agujero del ventrículo siniestro, 
entra la arteria venal, que sirve de 
entrarle ayre fresco al corazón del 
pulmón para refrescarle* Y assimismo 



3 



188 



HISTORIA DE LA 



Z 



por esta arteria embia el corazón san* 
gre arterial y spiritas rítales^ para el 
outrimento de las partes sólidas del 
pulmoD, Y del otro agajero del cora- 
soo sale la arteria grande llamada 
adorte, que lleva la sangre delgada y 
spiritus vitales. En estos agujeros paso 
naturaleza maraTillosamente sus puer- 
tas convenieiites para sus exercicios^ 
ue se (Aren cuando el corazón se <£- 
ta, y cierran cuando se comprime* 
Aqui se nota uoa cosa que sustenta el 
Doctor Ximenez , medico y catedrá- 
tico de la universidad de Zaragoza, el 
qual averigua y sustenta en un su li- 
bro, que el corazón y las arterias se 
dilatan para recebir sangre y ajre 
fresco f 7 se comprimen cuando el si- 
niestro ventrículo quiere expeler al- 
gunos escrementos , y todo esto i un 
tiempo naturalmente^ y que lo hazen 
con la presteza que los rayos del sol 
penetran una vedriera. Pues gran Dios 
sí el corazón para expeler los escre- 
mentos, forzoso se ba de comprimir, 
de necesidad las arterias se han de ¿K- 
latar para recibir aquellas superjluy^ 
dades que el corazón le embia : y por 
el contrario se comprimen las arte" 
riasj para embiar sangre al corazon,^ 
el cual de necesidad se dilata para re- 
dbilla. Luego sigúele que si uno se 
comprime para dar, el otro se dilata 
para recibir^ r esto es forzoso. Luego 
lo contrario aesto que se alegare, /id-' 
so sera, 

«Tiene assimismo por la parte de 
afuera dos orejas, que la una corre al 
ven trícalo derecho, y la otra al iz- 
(|u¡erdo : y la que está en el derecho, 
sirve de tener de depósito la sangre 
venal, y la izquierda para tener algu- 
na quantidad de a jre , esto es, según 
la coman opinión de los doctores. 
Tuvo necesidad el corazón del depó- 
sito destas orejas: porque por el dema- 
siado movimiento y calor del corazón^ 
no recibiessen daAo los vasos que desto 
sirven, y la vena cava y la arteria ve* 
nal, no pudieran acndir al corazón 
con la sangre y ayre que habia me* 



nester por su demasiado movimiento 
y calor ; y también se pudieran rom- 
per las venas. Assimismo sirven de 
tener en depósito la sangre necessaria 
al corazón, para conservación de la 
vida: porque para esto conviene tenga 
siempre el corazón sangre arterial y 
venal; y si le faltasse ^ perecería. 

«Asse de notar que las obras mas 
principales del corazón, son la dilata- 
ción y compression que avernos dicho; 
porque mediante la dilatación, recibe 
sangre del hígado, y ayre fresco de 
los livianos , y mediante la cótUpres- 
sion, embia spiritus vitales y sangre 
arterial: y expele el ayre caliente y 
los malos humos que llevo misturados: 
y ansí mismo embia á los livianos del 
ventrículo derecho la sangre que le 
sobra por la vena arterial , porque 
della se mantienen (1)*» 

Este tratado de anatomía «s un es- 
celente compendio, y contiene todo lo 
que se sabia de anatomía en su tiempo. 

Libro segundo j en el cual se contie- 
nen definiciones de medicina , jr ai 
principio diferencias y virtudes del 
anana, con declaración de los elemen- 
tos, tiempos, facultades, temperamen- 
tos, morbos^ causas, síntomas y otras 
cosas muy importantes a esta facul- 
tad. Val cabo declaración de pulsos y 
orina. Compuesto por el doctor An^ 
drés de León , medico y cirujano del 
Rey N.S.enla jomada de Portugal. 

Dedica los dos primeros capítulos á 
tratar de las diferencias y virtudes 
del alma. 

«Tallí, dice, ep el alcázar real dbavia 
deestar el Anima divina , le fabricó el 
Hazedor de la naturaleza tres salas. 



(1) Si mis lectores craso qaa en este 
artículo describe el autor perfectamente U 
circulación de la aangre , pueden añadirlo 
al catálogo de los médicos espafiolef qae la 
faen descrito mucho mejor que Francisco 
la Reina antes que Harveo. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



189 



qne son tres celdas de la médula del 
cerebro, en las quales hiziesse sus ac- 
ciones j officios spirituales. La pri- 
mera en la frente , para sentir y en « 
tender lo presente. La de enmedio 
para ymaginar y raciocinar lo absenté, 
j juzgar, querer ó aborrecer. La pos- 
trera para guardar las especies de lo 
ya passado y absenté, con tanta orden 
y tan admirable , como se declara en 
su annathomia» T allí junto le fabricó 
cinco órganos y puertas para los cinco 
sentidos, porque del Anima racional 
que el hombre tiene resultan las po- 
tencias. Reminiscencia, Memoria, fen- 
tendimiento. Razón y Voluntad, si- 
tuadas en la cabeza, miembro tan di- 
TÍnocomo avernos probado, áquien 
llamó Platón silla y morada del Ani- 
ma racional, 

«De manera que por el Entendi- 
miento entiende y siente males y da« 
ftos presentes , y por la Memoria se 
acuerda de males y daños passados, 
por la Razón y prudencia teme y es- 
pera los daños futuros, y por la volun- 
tad aborrece. 

«Estos tres géneros de males pre- 
sentes, passados y futuros ama, dessea, 
teme y aborrece. Tiene esperanza y 
desesperación, gozo y placer, enojo y 
pesar, temor, cuydado y eongoxa. 

«Assi que solo el hombre tiene do- 
loT) entendimiento spiritual de lo pre- 
sente, pesar de lo passado, temor, <H)n- 
goxa y cuydado ae lo porvenir.» 

En el capitulo 3.* habla de los dias 
críticos : todo el que quiera ilustrarse 
en esta materia debe consultar este ca- 
pitulo. Ciertamente es uno ó tal vez 
el mejor que se ha escrito, no solo por 
su claridad, sino también por las infi- 
nitas noticias sumamente curiosas que 
refiere. 

En los capítulos restantes trata por 
preguntasy respuestas de algunas cues- 
tiones médicas. Entre ellas merece 
consultarse el capítulo 25 que trata 
del modo cómo pueden los humores 
producir enfermedades. Els igualmen- 
te curioso por la relación de los anima- 



les que se curan sus dolencias con re- 
medios indicados por su instinto. 

Admite con Galeno tres clases de 
calentura: espone sus causas, síntomas, 
diagnóstico y curación. Proclama la 
necesidad de reunir un mismo sugeto 
los estudios de medicina y cirugía. 

«Y pues bastantemente avemos de- 
clarado las causas y señales de la fie- 
bre diaria , ahora es bien mostremos 
la cura y regimiento que en esta fiebre 
se ha de tener : porque es de mucha 
importancia , que el buen cirurgiano 
conozca y sepa los secretos de medi- 
cina, como al buen médico le importa 
saber los de cirugía ; porque de otra 
manera, ni el uno ni el otro procede- 
rán bien en su artey sciencia: porque 
estos dos ministerios se corresponden 
mucho el uno al otro , que pocos años 
faá que se hizo esta distinción , divi- 
diendo la cirugía de la medicina: aun- 
que los primeros que hizieron esta di- 
visión 9 no fué con intento viniera á 
manos de romancistas: porque los pri- 
meros cirurgianos latinos y gradua- 
dos, fueron como hoy lo son los de 
Valencia, assi que seria difllcil cosa 
traer la cura y regimiento de todas 
las fiebres diarias^ porque son casi in- 
finitas: y seria causa de escrevir gran 
▼olúmen ; mas haremos mención de 
algunas, y sabidas por ellas, se puede 
rastrear lo restante.» 

Últimamente trata de laa afecciones 
cerebrales ^ de sus causas , síntomas, 
diagnóstico , pronóstico y método cu- 
rativo. Todo este tratado si bien es 
rerdad que no ofrece ninguna idea 
nueva, está muy bien escrito; su lec- 
tura es amena , y al mismo tiempo 
muy instructiva. 

ídbro tercero. Examen de cirugía. 
Por el doctor Andrés de León, etc. 

En él trata de los. apostemas , y de 
algunas otras enfermeclades. No ofre- 
ce interés alguno. 

Idhro cuarto. 

Divide este libro en otros dos: en el 
primero trata de las utilidades y da- 
Ikoe de la» sangrías : del tiempo mas 



190 



. HISTORIA DE LA 



oportuno en qae deban practicarse^ y 
del mecanismo de la operación, 

Al hablar de la época en qae debe 
sangrarse , aconseja tener cuenta con 
la influencia de los planetas, y espe- 
cialmente de la luna. Para su esplica- 
cíon presenta la figura del hombre 
con los signos y planetas que dominan 
en sus miembros. Dedica un eapítulo 
para enseñar el modo de saber positi- 
vamente el dia en que se halla la lu- 
na-, el cual quiero trascribir para que 
mis lectores puedan , si gustan^ apro- 
vecharse de las reglas que da. 

«Ahora conviene saber por la nueva 
epacta^ la edad de la luna, y saber de 
memoria en qué signo a oda cada dia: 
porque saber en qué signo anda la 
lunares cosa mujr importante para di« 
versas cosas, y no todos tienen ephe- 
mérides para saberlo. Y assi ponemos 
una regla, para que rústicamente se 
pueda saber de n^emoria cada dia; y 
aunque algunas veces parecerá discre- 
par de la décima sphera , verna á salir 
el proprio lugar de la octava, confor- 
me á lo que la verificaron los poetas y 
sabios antiguos : para que según el 
signo que se hallare, se hagan las san* 
grias y se apliquen las medicinas. Lo 
primero, conviene saber la edad de la 
luna, conforme á la nueva epacta, es 
menester dar nueva regla para sacar 
la dicha edad de la luna, y el dia de su 
conjunción con el sol, que no será muj 
discrepante de la que antes se usaba. 
Saberse há que tenemos de epacta el 
año que lo quisiéramos saber, y ayun- 
larleemos con los dias que corren del 
mes, y á esta semana añadiremos co- 
mo de antes uno por cada mes^ si fue- 
re después de marzo , comenzando la 
cuenta de marzo , y esto se entiende 
hasta diziembre. Pero ni en henero ni 
hebrero no se ha de añadir cosa, 
eiemplo. £1 año de mili é quinientos 
y ochenta y tres tenemos siete de 
epacta \ quiero saber á diez y siete de 
henero quántos tuvimos de luna; á los 
dichos diez y siete añado los siete de 
la epacta, y hazen veinte y quátro y 



tantos tememos de luna. Sí quiero sa* 
ber quándo será la conjunción , quito 
la epacta de treinta , y la resta será el 
dia de la conjunción : como quitados 
siete de treinta quedan veinte y tres 
de henero, que será la conjunción. 
Esto se entiende para solos los meses 
de henero y hebrero, que para los de- 
mas se ha de juntar la epacta con otro 
tanto número como meses han pasa* 
do dé marzo adelante , si el conjunto 
fuere menor que treinta , se quitará 
tomo antes de treinta; y si fuere ma- 
yor se quitará de sesenta. Exemplo 
de todo, el mesmo año á tres de ¡ulio 
quantos serán de luna, ajunto los tre- 
za con los siete de epacta, y hazen 
veinte, á los cuales añado cinco de los 
meses, y serán veinte y cinco, tantos 
tememos de Luna. Quiero saber qué 
dia deste mes será la conjunción; ajun- 
to los siete de epacta con los cinco de 
los meses, y harán doze, los quales 

3nito de treinta ; y la resta (que son 
iez y ocho) será el número de el dia 
ue será la dicha conjunción. El año 
e mili é quinientos y ochenta y qua^ 
tro, á oóze dé hebrero , quiero saber 
qué tememos de luna; ajunto los diez 
y ocho que serán de epacta, y hazen 
veinte y nueve: y porque la luna deste 
mes no tiene sino veinte y nueve dias^ 
que el tal dia será la conjunción. Prué- 
bolo, queriendo saber á quántos de 
hebrero será la conjunción ; quito los 
diez y ocho de la epacta , de veinte y 
nueve que son los dias de luna , que 
tiene este dicho mes, y quedan onze 
dias. T assi diremos , que á once de 
hebrero será la conjunción de la luna. 
Y assi de los demás meses y años, ad- 
virtiendo que la epacta corre de hene- 
ro á henero. 

«Y assimismo se avisa , que no en 
todos los años ni meses viene precisa- 
mente el dia de la conjunción de la 
luna, ni de los dias que de ella corren, 
sino qne muchas vezes sale un dia de 
menos, y algunas un dia de mas. Pero 
generalmente sale un dia menos las 
mas vezes, con que sirvie solo para una 



3 



MEDICINA ESPASfOLA. 



191 



cosa y rustica noticia. Tassi sabida por 
la sobre dicha regla la edad de la luna 
dobiarsea, y mírese quántos cincos ay 
en todo aquel número, y contaremos 
otros tantos signos del signo en que la 
luna j el sol nisieron conjunción ex- 
clusive , y donde feneciere según el 
orden y succession de los signos en 
aquel , diremos que está la luna: y si 
sacados los cinco sobrare algo^ tomará 
la luna , parte del signo que se sigue, 
es á saber el signo en que se hizo la 
conjunción^ es fácil de saber, pues sa- 
bemos que ha de ser en el que anda 
el sol, que es en el que cae cada mes. 
Exemplo, el año de ochenta y tres, á 
diez y ocho de henero , quiero saber 
en qué signo anda la luna, por lo que 
se ha notado busco primero la edad 
de la luna, y hallo que son veinte y 
quatro, los quales doblados, hazen 
quarenta y ocho, que tienen nueve 
cincos, y sobran tres números : pues 
por la mesma regla de los días de la 
luna tengo sabido que la conjunción 
anterior fué á veinte y quatro de di* 
siembre, y que estaba el sol en Capri- 
cornio (que es el signo en que este mes 
anda el sol) pues contando nueve sig- 
nos exclusive , que comenzando la 
cuenta del signo de Aquario j que es 
el primero que se sigue á Capricornio, 
diré que la luna ha acabado de andar 
el signo de Libra , y porque sacados 
los cinco meses sobraron tres, diré que 
anda ya la luna en Escorpio de la dé- 
cima sphera, aunque ella está en Libra 
de la octava. Mas justamente algunos 
han pretendido dar regla para saber 



3 



los grados ; pero por el grande error 
ue puede aver por la mucha veloci- 
ad ae la luna, no parece ser cosa im* 
pertinente. Pero si alguno quisiere 
saber algo , mire el dia que quisiere, 
quántos dias han passado dende la 
conjunción^ y por cada dia tomará 
treze arados y doze minutos, con que 
vendrá á saber los grados que la luna 
ha andado desde el grado en que fué 
la conjunción. Lo qual es según su 
medio ó ygual movimiento: porque 



según su movimiento, unas veces anda 
roas y otras menos, y assi si no fuere 
sacándolo por las tablas del movi- 
miento, no se puede saber precisa- 
mente. T también lo hallarán en cada 
dia.eñ las ephemérides , y desta ma- 
nera se conseguirá lo que se pretende 
con este conocimiento, y se procederá 
con buen methodo en el sangrar y 
purgar , que es nuestro principal in- 
tento.» 

El autor da mucha importancia á la 
salida y ocaso de las constelaciones, 
para el régimen y tratamiento de las 
enfermedades. Entre todas ellas, dice, 
ninguna mas interesante que la llama- 
da can ó canícula. Para que el médico 
pueda tener una idea sobre su salida, 
estampa una tabla, en la que señala el 
dia con respecto á algunas capitales de 
España y de las Indias. 



días. 


MESES. 


Alcalá. 


31 


Julio. 


Burgos. 


2 


Agosto. 


Barcelona. 


31 


Julio. 


Braga nza. 


30 


Julio. 


Cádiz. 


26 


Julio. 


Cartagena. 


28 


Julio. 


Lisboa. 


29 


Julio. 


Santiago. 


2 


Agosto. 


Salamanca. 


31 


Julio. 


Sevilla. 


21 


Julio. 


Toledo. 


31 


Julio. 


Tudela. 


1 


Agosto. 


Valladolid. 


1 


Agosto. 


Islas de Cdb 


oFer 


'de. 


Santiago. 


31 


Julio. 


San Nicolás. 


2 


Julio. 


Las Ini 


íias. 




Santo Domingo. 


12 


Julio. 


Santiago deCuba. 


13 


Julio. 


Puerto de Plata. 


13 


Julio. 


Habana. 


15 


Julio. 


Nombre de Dios. 


6 


Julio. 


Cartagena. 


7 


Julio. 


Mágico. 


13 


Julio. 


Cabo de Honduras. 


10 


Julio. 



192 



HISTORIA DE LA 



Las Cammeu. 



4 


días 


. MESES. 


Gran Canaria. 


19 


JuKo. 


La*Madera. 


22 


Julio. 


Dorado. 


29 


Junio. 


Quito. 


29 


Junio. 


Popayan. 


30 


Junio. 


San Juan. 


30 


Junio. 


Bogotá. 


30 


Junio. 


San Miguel. 


25 


Junio. 


Santiago* 


26 


Junio. 


Rejres. 


10 


Junio. 


Nasca. 


16 


Junio. 


Cuzco. 


20 


Junio. 


Charcas. 


14 


Junio. 


Guamaca. 


11 


Junio. 


Tarifa. 


13 


Junio. 


Trugilio. 


22 


Junio. 



Practicó dé morbo galUco , en el 
cual se contiene el orisen y conoció 
miento ele esta enfermedad, y el me-* 
jor modo de curarla. Por el doctor 
Jindi*és de León , médico y cirujano 
del Rey N> S. fV protomedico de la 
real armada del mar Occéano» Di'* 
rígido al conde de Lemos. Vallado- 
lid 1605. 

La publicación de esta obra dio 
grande reputación al autor. Losmejo* 
res poetas de la corte le dirigieron en 
su loor varios sonetos, entre los cua- 
les es el siguiente de Juan López de 
ülloa. 



Las nueve hermanas bajan de Elicona 
Ornadas de laureles sus sacras manos. 
Tejiendo con primores soberanos 
Para un nuevo Esculapio^ una corona. 

Viéndolas tan solicitas Belona 
Pide le hagan sus intentos llanos; 
Respóndole oon coros muy ufanos. 
Suba su claro nombre basta la zona. 

Replica ella ¿de quién? Responden ellas. 
Del prudente León , Doctor famoso. 
Cuyo divino ingenio, industria j arte 
Subiendo su valor á las estrellas. 
Contra el gállico morbo pernicioso 
Alcanzó de remedio tanta parte. 



Divide la obra en cincuenta y nue- 
ve capítulos. 

En el 1 .^ trata del origen de esta 
dolencia, y asegura haber sido impor- 
tada de la isla de Santo Domingo por 
Cristóbal Colon, y propagada en Eu- 
ropa, durante las guerras de Ñapóles, 
por conducto de varios indios é mdias 
que á dicha ciudad se condujeron con 
el objeto de que las vieseel emperador 
Carlos V , y los cuales contagiaron a 
los europeos^ tanto franceses comoes- 
pafioles y napolitanos (pág. 2). 

En el 2.^ prueba que esta enfer- 
medad fué desconocida de los médi- 
cos antiguos. 



En el 3.^ prueba que es eminente* 
mente contagiosa. En este capitulo 
comete un error, diciendo que el doc* 
tor San Juan, que escribió examen de 
ingenios, era natural de Baeza. Sin 
duda quiso decir Rodrigó Ruiz de 
Isla, pues que cita al pie de la letra 
un pasage suyo; y ademas Juan Huar- 
te no escribió de venéreo. 

En el 4.® asegura que la curación 
de este mal fué puramente empírica 
y carnal. 

En el 5.^ que esta enfermedad es emi- 
nentemente contagiosa. Asegura ha- 
ber curado ¿ muchas religiosas afecta- 
das del venéreo por contagio de ropas. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



193 



Eoel 6.^ etponelas difereociasde 
esta dolencia en tres especies: pri- 
mera , segunda j tercera : entiende 
por primera» el principio de la enfer* 
medad: por segunda, cuando va en 
aumento; j la tercera , cuando dege- 
nera en crónica. La primera , ^'" 



puede curarse solo con un buen régi- 
men: la segunda requiere ya medica* 
meatos apropiados ; la tercera el plan 
aoti-venéreo en toda su estension. 
' En este. capitulo refiere tres epide- 
mias de viruelas que obsenró ; una en 
Se?illa en el año de 1580*, otra en la 
provincia de Toledo en 1585 y 1586, 
y la tercera en Galicia en 1600. Todas 
ellas , añade , afectaron á niños y vie- 
jos , y á estos con especialidad la de 
1600 (pág. 8). 

En el capitulo 13 dice, que el ve* 
néreo fué tan terrible en los prin- 
cipios, que comprometía la vida de ios 
enfermos, y que el mejor remedio era 
cortar la parte afectada. 

Es de notar el siguiente pasage: a Asi 
certifico que en la jornada de Portu- 
gal, siendo general el duque de. Alba, 
donde yo iba por médico y cirujano, 
el año de setenta y nueve y ochenta, 
y estando el ejército en la villa y puer* 
lo de Setuval^ se cortaron al pie de 
cinco mil miembros entre todos los de 
la facultad, é yo la mayor parte : por 
cuyo aviso me dio el duque la visita 
de las mugeres de cada ocho dias , y 
mandó echar bando , que la que no 
tuviere cédula de visita, la desval iza- 
sen y diesen doscientos azotes , y que 
fuesen desterradas del ejército, y que 
ninguna pudiese ganar mas de ocho 
maravedís , y se atajó por estos me- 
dios (pág. 17).» 

En el capítulo 57 llama seriamente 
la atención de los prácticos sobre el 
abuso qne se hacia en la curación de 
las heridas y úlceras , de los ungüen- 
tos* En stt lagar aconseja eficazmente 
el curar con hilas seeas. Dice asi: «De 
mucha consideración es notar las vir- 



tudes y escelencias que las hilas secas 
tienen, que son innumerables: deben 
ser de lienzo de lino, delgado, viejo y 
limpio, ó de tocados viejos de lino: 
pónganse muy menudas y raspadas en 
partes ó personas muy delicadas. Han- 
me sucedido con esta simple medicina 
milagrosos efectos ; y para las úlceras 
secarlas y curarlas perfectamente, 
tengo este remedio solo como el mejor 
de todos. En las guerras, ejércitos y 
armadas, marchando y navegando, 
donde no habia comodidad de curar á 
menudo, daba orden a muchos enfer- 
mos se curasen con hilas secas hasta 
que ordenase otra cosa: y cuando acor- 
daba , estaban carados de las úlceras 
y heridas de todo género: y con solo 
este remedio, curé nuravillosamente 
(pág. 123).» 

En el capitulo 52 elogia altamente 
nn jarabe que llama magistral , y de 
su invención , muy parecido á la ver- 
dad á lo que algunos preparan con el 
título de rob antisifilítico. 

Receta ¿/e/yara¿e."»Zarza-parrilla, 
cuatro onzas; palo santo bien raspado, 
dos onzas; china fresca, dos onzas; re- 
galiz, una onza ; sasafras, dos onzas; 
polipodio, tres onzas; hermodátíles, 
dos onzas ; de epitomo , dos onzas; de 
hojas de sen, dos onzas ; de fumaria, 
de borraja, de peregil, de hinojo, de 
cada ano un puñado; cebada muy 
limpia y mondada, un puñado; azo- 
faifas sin huesos, número, 50*, cirue- 
las, pasas, sin hueso, número, 36; 
llores de borraja , violetas, rosas finas 
castellanas, todas cogidas en sazón, de 
cada una, una onza; simiente de anís, 
onza y media; canela fria, onza y me- 
dia. Hágase un cocimiento, y luego 
jarabe espeso. 

En este mismo capitulo , hablando 
de la zarza-parrilla, dice que la cogió 
muchas veces entre Marios y Torre- 
gimeno, obispado de Jaén , y que era 
de maravillosos efectos (pág. 8d). 

He procorado poner en conocimien* 



HisT. DB LÁ MsDic. ispjüíoLA.— Tomo %^ 



25 



194 



HISTORIA DE LA 



. 



to de mis lectores aqaelUt ¡deas de 
este aator que me bao parecido mas 
notables: por lo demás, esta obra es 
nn compendio de la que escribió Ro- 
drigo Ruis de Isla , con el titulo de 
mal serpentino , y de la cual be dado 
ja á mis lectores un conocimiento 
exacto. 

A pesar de esto es muj interesante^ 
porque ba compendiado con toda da- 
ridad j método lo mas interesante que 
contiene la obra citada. No puede, ni 
debe perdonársele al autor , el baber 
copiado al pie de la letra pasages en- 
teros de Rodrigo Ruis de Isla» sin ci« 
tarle, como apropiándose las obser- 
vaciones del médico de Baeza. 

PEDRO BAIRO, natural de Fon- 
dao, en el reino de Portugal, estudió 
la medicina en la uniTersidad de Tu- 
rb, ¿espensas del príncipe D. Garlos 
(in prólogo). 

Escribió una obra con el titulo si- 
guiente: 

Petrí de Bayro themccB lectionis 
lectarís ordimúii : quaestio nova de 
peste ^ cura ejusdem, aique utrwnque 
prasseruatí^mm et curativum felidter 
incipit. Tauríni 1589, in 4."" 
^ Trata del origen , cansas, diagnós- 
tico, pronóstico y curación de la pes- 
te que observó en Castilla la Vieja por 
losaftoa 1500 basta 1507. Dedica ar- 
tículos especiales para tratar de la cu- 
ración de los bubones, antraces f paró- 
tidas con que se complica dicha enfer- 
medad. Habla últimamente de las vi- 
ruelas pr sarampión, cuyas enfermeda- 
des vio complicarse con la peste rei- 
nante. 

Los bibliógrafos re6eren otras obras- 
que escribió, tales son. 

De medendis humani corporis nudis. 
Turin1512,en4.*^ 

fíe doloríbus morbi gaUci, Venecia* 
1560, en 4.*^ 

Tosolo be visto y leído la obra cu jo 
eslracto acabo de presentar. 

LORENZO GOZAR, natural de 
Valencia^ estudió en esta universidad 
la medicina , y en ella tomó la borla 



de doctor. Se dedicó ooo^el mayor en- 
tusiasmo á la química, ysobre ella es- 
cribió la obra siguiente: 

Dialogas veros medidruB Jbntes 
vuRcans eorumque conditionem per^ 
Jecto medico necessaríam esm de^ 
monstrans. Valenda 1589. 
• Se propuso hacer ver por medio de 
este escrito, que el estudio de la. quí- 
mica era aumameote necesario al me- 
dico , y que de ella podrían sacarse 
ausilios poderoaoe para la curadon de 
las enfermedades* 

No deja de ofrecer bastante interés. 

PEDRO DE TORRES , natural 
de Daroca, en el reino de Aragón, es* 
tudió la medicina en la universidad 
de Zaragosa. Concluida pasó i Ma- 
drid, y filé nombrado médico del hos- 
pital de la Pasión y de los Italianos, 
cuyo destino desempeftó por mas de 
echo afios (en el aviso al lector). Des- 
pués fué agraciado con el nombra- 
miento de médico de cámara de la 
emperatriz Do8a María de Austria. 

Escribió un tratado del mal vené- 
reo con el titulo siguiente: 

Ubro que trata de las enfermedad 
des de las bubas. Compuesto por el 
doctor Pedro de Torres, médico y ci^ 
rujano de la magestad de la empera- 
triz, natural de Daroca, en el reino de 
jíragm. Madrid 1600, en A/" 

Esta obra se ha hecho sumamente 
rara en España: y siendo de bastante 
interés, haré de ella un ligero estracto, 
porque el Sr. Hernández Morejon na- 
da nos dice de ella. 

La divide en treinta y cuatro capí- 
tulos. 

En el 1 é^ trata de las denominacio- 
nes de las bubas, y la canu de llamar- 
se asi. 

En el 2.° si esta enfermedad era 
nueva ó desconocida de los antiguos. 
Se esfuerza en probar que fué conocida 
de ellos, olvidada con el tiempo, y re- 
producida en el siglo XV. 

Eln el 3.* trata de sos causas. Supo- 
ne que es un vicio de la sangre. 

En el 4.® si el hígado ó los humores 



MEDICINA ESPAJSOLA. 



195 



qae en él le engendran ton la fuente 
de esta enfermedad. Espone iás opi* 
oiones de ios autores^ y por ningún» se 
decide. 

I En el 5.* trata de las personas á 
quienes ataca j alomenta mas. Cree 
que los hombres son mas afectados de 
ella que las mngeres^ porque eatae se 
limpian mejor por medio de la mens* 
trntcion.» 

En el 6.* de las señales de esta en* 
fermedad. Describe sus síntomas, tan- 
to en el hombre como en la muger. 

En el 7.^ espone las diferencias ó 
especies de esta enfermedad. Cree que 
en la esencia son una misma cósa^ pe- 
ro que se diferencian por el grado ile 
intensidad y la variedad de sintonías 
que desarrolla ; j partiendo de esté 
prindpio, establece cuatro diferencias. 

En el 8.^ trata del modo cómo po- 
drá defenderse cada uno» después del 
coito, de esta dolencia. Propone como 
presenrativo muy seguro introduoir el 
pene en agua tan caliente como.pue* 
da resistirse, y la muger Ufándose con 
ella; pero teniendo cuidado de que el 
agua no se enfrie. También aconseja 
habituarse á orinar después 4lel coito, 
/ lavarse con las mismas orinas. 

En el 9.^ si conviene sangrar en el 
principio de esta enfermedad. Aoon- 
seja que no se sangre, á no ser que el 
mal sea muy intenso. 

En el 10 de las llagas que se hacen 
en el miembro. Aconseja que si son 
mtty superficiales se laven con un co- 
cimiento emoliente, y si están comjdi- 
cadas con durezas ó con sordicie , se 
les cnre un dia si y otro no con los 
polvos de Juanes. 

En el 1 1 por qué habiendo llagasen 
el miembro de la generación acude 
seca á la ingle. Responde que por co- 
municación simpática de unas partes 
con otras; que si la llaga está en la 
mano, la seca acude al sobaco, si en la 
cabeea al cuello, y si en el miembro 
viril á la ingle. 

En el 12 del prepucio onando está 
tan hinchado que no puede descubrir- 



se la glande para curar las Hagas (fi- 
mosts). Reprueba la operación^ y acon- 
seja las inyecciones emolientes. 

En el 13 ¿qué se ha de hacer cuan- 
do estando descubierta la glande, se 
hincha el prepucio , sin que se pueda 
volver? (Paranmosis). Propone los tó- 
picos emolientes. 

En el 14 de la salida de la glande 
por una úlcera del prepucio. Decide 
que es necesario ligarle fuertemente, 
y después cortarle. 

En el 15 de la fístula que se hace 
en el miembro virU saliendo la orina 
por ella. Propone la introducción de 
una algatiapor espacio dealgunosdias, 
y si no basta , hacer una incisión so- 
mera y oblicua entre el mismo cafio 
y pellejo del miembro , para que es-^ 
tendido el cuero hacia delante, por U 
ligadura y el medicamento emplástico 
que se poneré para cerrar , se agluti* 
ne el agujero por do salia la orina. 

En el 16 de las verrugas que se ha4 
een en el prepucio. Propone la esci- 
sión ó la ligadura ó la cauterización, 
según sean las circunstancias. 

En el 17 de los que purgan mate- 
rias por el cafto. Propone la treroenti* 
na de abeto tomada interiormente ^ y 
las inyecciones con vino tinto estipa 
tico. 

En el 18 de los encordíos. Aconse- 
ja U aplicación de los estimulantes pa« 
ra favorecer la supuración , y forma- 
da esta, dilatarlos sin esperar á que la 
naturaleza lo baga por si. 

En el 19 de la caída del cabello. 
Propone , siguiendo á I^ablo Pereda^ 
hacer fricciones con el ungüento de 
mercurio en la nuca cuello y espaldas, 
ausiliadas de la aplicación de bafios, 
fomentos y purgas. 

En el 20 de los empeines. Propone 
las sangrías generales , los baftos de 
agua dulce tibios, y fricciones con el 
ungüento de azufre y mercurio^ mez- 
clados. 

En el 21 de los dolores qrue acuden 
á las junturas. Aconseja primeramen« 
te las sangrías , y después los purgan* 



L 



196 



HISTORIA DE LA 



tes que iodiqíae el humor pecante. 
Gomo tópicos aconseja los cáuiticos 
qae obren muj saperficialmente , j 
sobre todos las unciones del azogue. 

En el 22 de las gomas (lipomas^,/ 
sobre huesos (exostoses) que se lor- 
man. Aconseja abrir y cauterizar los 
primeros: para los segundos dilatar la 
piel, j esco6nar los huesos. 

En el 23 del dolor de cabeza propio 
de este mal. Propone las sangrías y los 
purgantes. 

En el 24 de las talpariasy llagas de 
la cabeza (úlceras cariosas). Aconseja 
legrar el cráneo. 

En el 25 de la cura de esta enfer- 
medad por el azogue. 

En este capitulo trata estensamente 
de las partes del cuerpo que se han de 
untar: del ungüento mercurial según 
las edades, intensidad del mal, tiem- 
po y lugar en que se han de dar las 
unciones : las veces que se han de re- 
petir: el tiempoen que se han de con- 
tinuar, j de las personas que deben 
tomarlas. (EsU capitulo es muy inte- 
resante). 

En el 26 por qué los untados suelen 
caer en accidentes graves. Asegura 
ue estos solian sobrevenir del abuso 
el mercurio, j de los escesos cometi- 
dos por ellos durante las unciones. 

En el 27 que el azogue no es vene- 
no , ni da&e á los cuerpos humanos, 
salvo si ust^ren mal de él. Prueba muy 
bien los estremos que índica. 

En el 28 de la cura por sahumerios. 
Describe perfectamente el mecanismo 
para tomar bien las fumigaciones : la 
silla que debe servir para este objeto, 
y la composición de las pastillas. For- 
ma tres especies , que no se diferen- 
cian mas que en la cantidad. Los in- 
gredientes son cinabrio, incienso , es- 
toraque y benjuí. 

En el 29 de la cura de este mal por 
la zarza-parrilla, china y palo santo. 
Refiere un gran número de prepara- 
ciones. 

En el 30 del modo que se ha de te-, 
ner en administrar los sudores de agua 



I 



de las cosas dichas. Este método con- 
siste en tomar el enfermo muy de ma- 
ñana cierta cantidad del cocimiento 
hecho de las tres sustancias arriba di- 
chas: en seguida se le quita la camisa^ 
y se le cubre con una sábana y mu- 
cha ropa hasta que sude : debe conser- 
var este sudor por espacio de dos ho- 
ras, y debe administrarse todos los 
dias una ó dos veces, según las fuerzas 
del enfermo. 

En el 31 del modo que hay de cu- 
rar sin unción y sin sudor. Consiste en 
beber á pasto el cocimiento de zarza, 
china y palo santo. 

En el 32 de las calidades del palo 
santo y china. 

En el 33 de algunas particularida- 
des acerca de esta cura. Supone las 
cuestiones siguientes: ¿cuál es la razón 
por qué vemos juntarse un hombre 
muy estropeado y perdido de esta en- 
fermedad con una mnger muy sa- 
na, dormir y habitar juntos algunos 
afios , y no ofenderla ni pegarle mal 
ninguno? ¿Otros que están muy sanos 
y ellas muy enfermas, y quedar bue- 
nos el uno y el otro? ¿Otros que el va- 
ron está muy perdido, la mu^er sana, 
y quedar ella perdida , y el vivir y 
quedar muy sano : y otros , al revés, 
estar ella dañada y él sano , y quedar 
él perdido y ella buena ; y cetros que 
el uno y la otra lo quedan? Contesta 
en buena filosofía, que depende de la 
disposición del sugeto. 

Antidotario breve de las diferen- 
ciáis de jarabes magistrales y apoci" 
mas , ungüentos , pegados , polvos, 
conservas^ vinos (¡ue por nuestras Es- 
pañas se usan para la cura de este 
mal* 

No ofrece interés* 

MANUEL ESCOBAR. Se ignora 
el pueblo de su naturaleza. Estudió la 
medicina en Alcalá de Henares, y des- 
pués de revalidado, marchó á Torrela- 
guna, pueblo de Castilla la Nueva, 
en donde ejerció la profesión como 
médico titular. Escribió 

Tratado de la esencia, causas, cu'^ 



MEDiaNA ESPAÑOLA. 



197 



radon Je los bubones, carbunclos pes^ 
tilentes, con otras muchas cosas con-' 
cernientes d la materia. Alcalá 1600^ 
en 8.^ 

Está dedicado al consejero D. Alon- 
so de Etgreda , comisario general de 
salud del reino. En esta obrita des- 
cribe la historia de la peste que reinó 
en Tarragona y pueblos inmediatos. 
Creyó que su causa determinante fue- 
ron los malos alimentos: dio mucha im- 
portancia> aunque no tanta como otros 
escritores contemporáneos, á las in- 
fluencias astrales. Llama mucho la 
atención sobre la naturaleza de los car- 
bunclos: aconseja que no debian dila- 
tarse los bubones críticos hasta bien 
formada la materia , porque esta dis- 
minuía el mal, al paso que se iba for- 
mando. Trata al mismo tiempo délas 
viruelas y sarampión, cujas enferme- 
dades tío complicarse con la peste que 
describe. 

NICOLÁS BONCANGELINO, 
natural de Madrid^ j oriundo de Ge- 
nova , fué médico de cámara de Fe- 
lipe m, jr de la emperatriz, abuela de 
dicho monarca. 

Escribió la obra siguiente: 

Libro de las enfermedades malignas 
y pestilentes, ccuisas , pronóstico j cu'" 
ración y preservación. MMÁná 1600, 
en 4.« 

El autor escribió antes otra en idio- 
ma latino, que tradujo él mismo, yes 
la referida. 

Dividió esta en 35 capítulos. 

En el 1.^ trata de lo difícil que es, 
y al mismo tiempo necesario, conocer 
las enfermedades malignas : reputó 
como causa eBciente de ella, la putre- 
facción y corrupción de los humores 
y espíritus, y los malos alimentos; 
porque corrompiéndose en el estóma- 

fro, y teniendo esta entraña tanta re- 
acion con el cerebro y corazón , por 
medio de las arterias, venas y nervios, 
se propagaba á ellos, y se hacia la ca- 
lentura, maligna. 

En el 2.^ espone las señales para 
conocer esta enfermedad. Caracteriza 



como síntomas propios de ella , la ca- 
lentura continua , la postración de 
fuerzas desde los primeros dias, la 
desigualdad del calor, la pequenez 
del pulso^ los vómitos, los desmayos, 
la cefalalgia irresistible, la modorra, 
una tristeza profunda , la soñolencia, 
la respiración angustiosa, las cámaras 
liquidas y fétidas, los sudores que al 

Eronto alivian, pero que luego dañan, 
LS orinas al parecer buenas, el delirio, 
y las convulsiones. 

En el 3.^ habla del pronóstico. 
Aconseja que el médico sea muy re- 
servado, pues que vio muchas veces 
que con pulsos buenos y orinas casi 
naturales, se morían los enfermos, 
cuando mas esperanza daban de buena 
terminación. 

En los capítulos 4.® y 5.* trata del 
método curativo: en el principio pro- 
pone las evacuaciones de sangre , si las 
xuerzas del enfermo lo permiten^ des- 
pués de estas, los alexifarmacos, los 
cordiales, los nervinos, y los estimu- 
lantes revulsivos. 

Desde el 6.® hasU el 9.^ trata del 
régimen higiénico para curarse y pre- 
caverse de esta dolencia. 

En el 9.^ espone las opiniones que 
habia sobre el origen de esta enfer- 
medad pestilente de secas : asegura 
ue fué importada en un cargamento 
e ropas que llegó de Flaodes á San- 
tander, en cuya ciudad se desarrolló 
primero, y de ella se propagó casi á 
toda España (pág. 61). 

Prueba que esta peste fué suma- 
mente contagiosa; que otra de las cau- 
sas que contribuyeron á su propaga- 
ción y desarrollo, fueron los muchos 
eclipses de luna y de sol que prece- 
dieron* Refiere con este motivo el 
eclipse de luna en 20 de febrero de 
1598; el del sol en 7 de marzo del 
mismo; el de la luna en 10 de febrero 
y en 16 de agosto de 1599. 

En el capítulo 12 trata de la natu- 
raleza del contagio. Sostiene que esta 
enfermedad fué cbntagiosa , y que se 
pegaba aun de ponerse una camisa, que 



I 



198 



HISTORIA DE LA 



hubiera estado junto ¿ otras de 8age« 
tos apestados. 

Ed el 1 5 clasifica las caleotoras pes- 
tilenciales en tres géneros^ á saber: 
diarias^ hécticas, y pútridas. 

En el 16 espooe los síntomas pro- 
pios á cada una , y también trata del 
▼alor respectÍTO de cada uno de ellos^ 
para formar el diagnóstico y pronós- 
tico de la enfermedad. 

En el 19 propone la cuestión de 
que si por temor de caer en enfer* 
Qiedades pestilentes , convenga san* 
grarse y purgarse. Aconseja el que se 
preceda según la costumbre y el es- 
tado del sugeto; sin embargo asegura 
que la purga no tiene tantos inconve- 
nientes como la sangría. 

En el 21 discute si conviene la san» 
gria en el principio, aunque haya apa- 
recido tumor pestilente. Responde 
afirmativamente en los sugetos ro- 
bustos ; pero en los débiles propo- 
ne las evacuaciones tópicas por me- 
dio de escarificaciones y de sangui* 
juelas. 

En el 23 si se ha die purgar en las 
enfermedades pestilentes. Prueba que 
debe purgarse imitando á la natura^ 
leza que se valia de este mismo me- 
dioy cuando se libraban en el princi- 
pio algunos enfermos. 

En el 24 si á veces conviene U be« 
bida del agua fria en vez de caldo. 
Propone la afirmativa en los sugetos 
robustos y coléricos. 

En el 26 trata del orden de la cura 
que ha de seguirse en los niños y re-, 
cien nacidos. Es muy interesante por 
los preceptos que da sobre el régimen 
que han de guardar las amas* Respec* 
to de las sangrías generales, dice que 
ha de ser solamente en casos urgentes, 
y teniendo el niño señales de plenitud. 
Aconseja que en lo general no debe 
sangrarse á los niños. 

En los capítulos 27 y 28 espone la 
definición, causas , síntomas y cura- 
ción del carbunclo pestilencial. (Inte- 
resante). 

En el 29 de las secu. Describe su 



historia desde su primera formación. 
(Interesante). 

En los 30 y 31 habla del uso de los 
vegigatorios. Los aprueba en la ter- 
minación del mal. 

En el 33 describe la calentura pe* 
tequial ó punticular. 

En el 35 trata del orden y disposi- 
ciones que se dieron en una ciudad de 
Italia en un caso de calentura pesti- 
lencial. Se reduce a procesiones, ro- 
gativas , y algunas otras medidas de 
higiene y de policía médica. 

Éstos son los capítulos é ideas mas 
notables que contiene esta obra. En 
su tiempo disfrutó de mucha reputa- 
ción. En el dia aun pudiera ser útil su 
lectura 

JAIME FERRER^ natural de Va- 
lencia. 

Libro en eiqual se trata del verda^ 
aero cofiocinúento de la peste r sus 
remedios , para qualqvier calidad de 
persona. Compuesto por el Doctor 
Jaime Ferrer^ médico valenciano. IH^ 
rif^ido a los jurados de la ciudad de 
Valencia. Con priinlemo. Impreso en 
Valencia t junto al mouno de ñoveUa; 
Ano 1600, en 8.* 

La licencia está dada por el conde 
de Benavente^ D. Juan Alonso Piroen» 
tel y de Herrera , Señor de la casa de 
Herrera^ virey y capitán general del 
reino de Valencia^ fechada' en esta 
ciudad el 9 de abril de 1600. 

Está revisado por el doctor D. Fran* 
cisco López de Mendoza. 

En la epístola dedicatoria ,' mani- 
fiesta que tenia idea de escribir algu- 
nas otras obras, cuando dice al jurado, 
que «reciban este humilde presente 
con seguridad, que no será el solo^ A 
halla la acogida....» 

Ubro en el qucil se trata del uerda» 
dero conocimiento de la peste, sus cau* 
sasjr señales, y de la guarda en ge» 
neral y en partipular della, j dé su 
curación , con diversidad de remedios 
para toda calidad de personas. 

Dice que su objeto es poner en co- 
nocimiento de todos , los medios para 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



199 



I 



póee^rtn^ dé la peste qae les ame* 
na Baba. 

Divide su obra en 8 capitnlos. 

Gipitttlo 1 .^ De la esseocta ^ natu- 
raleza j causas de esta pernioiosa en- 
fermedad. «"Entra en la cnestion sobre 
sí la pestilencia ó calentura pestilen- 
cial, mata cdn la grande putrefacción 
ue engendra en loscuerpos, ó si á mas 
e esto mata por alguna oculta cuali* 
dad) j dice: uTo seria de parecer, que 
la calentura pestilencial, no tan sola- 
mente mata con su putrefacción, pero 
también con un pravo seminario que 
tiene.» Luego continúa: «Agora es de 
saber, si estas landres ó secas inficiona- 
▼an y se apegaban á los otros, corrom- 
piendo primero el ajrre , ó Solamente 
era la infección por contagión. » Cree 
que rouj bien puede el aire no estar 
infestado, 7 trasmitirse de uñosa otros 
por el contacto; «como el que duerme 
con uno que tiene bubas se las apega, 
porque le toca su cuerpo; y el que tiene 
8arna> lo mismo.» La causa de esta 
enfermedad, según Ferrer, consiste en 
hallarse sobrecargado el aire de mias* 
mas pútridos , y también en el enojo 
de Dios que pretende castigar los pe- 
cados de los hombres. En el primer 
caso critica á Galeno ,. porque pres- 
cribía la triaca magna , «que solo en 
una qoalidad es favorable i los apes- 
tados, que es la sequedad: y con la 
otra , que es el calor , aumenta él 
calor putredinal. Mejor le fuera en- 
comendarnos, usáramos de medica- 
mentos fríos y secos, que fueran favo- 
rables con dos qualidades, pues ay 
tanta copia.» 

Capitulo 2.^ De las señales para 
conoscer los heridos de peste y ayres 
contagio60S.Bs«Se presentan, dice, ca« 
lenturas con secas , 6 estas sin aque- 
llas. Otras veces unas calenturas gran- 
des sin secas, con figura de fiebres 
continentes: entonces advierte tam- 
bién el medico sabio, si los que pade- 
cieron dichas enfermedades , súbita- 
mente les dá grandes congoxas é in- 
quietudes, con una difficuítad de res- 



pirar y un mirar' varío y itroz^: y si 
padecen á sus vezes arcadas , vómitos 
y astios, congolas en el estomago , y 
desmayo: si bostezan y se esperezan 
muy á menudo , con un comezón y 
sentimiento por todo el cuerpo, como 
punzadas. Advierte también , si ay 
algunos inclinados í dormir-, otros con 
un frenesí , y otros no poder dormir 
ni velar ; los pulsos pequeños , flacos, 
frequenfaBS y desiguales en todas sus 
differencias : y algunas vezes apare- 
cen manchas de diversos colores en 
todo el cuerpo , v principalmente 
bubones y carbunclos ; es todo lo di- 
cho, evidente señal de peste.» Si- 
guiendo la opinión de Hipócrates, di- 
ce: que el tiempo mas á propósito para 
engendrarse la peste , es cuando pre- 
domina en el aire, el.calory la hume- 
dad. Si el aire es el infestado, y de 
consiguiente en él existe la causa de 
la peste, ha de conocerse en que las 
aves huirán de aquellos sitios , y mo- 
rirán muchas súbitamente; y si en las 
aguas de los ríos existiese , sucederá 
esto mismo con los peces ; y si en la 
tierra, en los animales terrestres. Tam* 
bien será señal infalible el ver gran 
copia de aquellos animales que son 
engendrados por la putrefacción. 

Capitulo 3.® De la providencia y 
guarda que se ha de tener para pre- 
servarlas.«BPropooe veinticinco pre- 
ceptos, los cuales no se observan mejor 
en nuestros días; y en prueba de ello 
copiaré este: «Mas, que las ciudades ó 
higaresj nombren y dediquen Phisicos 
para que cada semana visiten las boti- 
cas de los boticarios: mandándoles 
tengan lo necesario, y de otra manera 
sean punidos y castigados los que con- 
travinieren.» 

Capitulo 4.° De lo que se debe 
hazer para la salud y precaución de 
dicha enfermedad, y lo que incumbe 
á los regidores.-BPropone varios me- 
dios, tanto a las autoridades como á 
cada uno en particular j para preca- 
verse del contagio. Recomienda mu- 
cho los zahumerios, como hizo Galeno 



200 



fflSTORU DE LA 



en la pesie qae de Etiopia pasó i 
Grecia. 

Gapitalo 5.^ De lo qae cada uno 
en particular debe hazer.seEm pieza 
encargando que se imite al glorioso 
S. Gregorio en la grande peste que 
hubo en Roma cuando hizo las proce* 
siones de las Letanías. Prescribe una 
infinidad de fumigaciones y aguas de 
olores : buenas clases de alimentos^ el 
agua cocida, la moderación en todo, y 
cuando sean necesarios loa purgantes 
f sangrías. 

Capítulo 6.^ De la curación de los 
apestados. oiEn la mayor parte se re- 
fiere á los capítulos anteriores; mucho 
recomienda las sangrías ; y si se pre- 
sentan bubones, carbunclos ó landres, 
háganse del mismo lado. Y concluye 
con una porción de fórmulas^ como la 
triaca j la confección de jacintos 9 y el 
antídoto de sanguinibus Galeni. 

Capítulo IJ* De la orden que se 
ha de guardar en las purgas. «sDice 
que sobre esto habia una cuestión en- 
tre los médicos castellanos y valencia- 
nos: Ferrer se decide por la opinión 
de los segundos, que consistía en no 
usar de los purgantes. 

Capitulo 8.® Del orden que se 
debe guardar en la curación de los 
landres.a-Estos tumores pueden pro- 
ceder de gálico, ó ser pestilenciales, 
como los que ¿I se propone curar.. En 
este caso aconseja, después de prepara- 
dos, dilatarlos ó cauterizarlos, y pro- 
curar que segreguen todo el humor 
que sea posible; y concluye 9 diciendo: 
«que hay cinco cosas en la curación y 
precaución de grande provecho , y 
otras cinco de grande daño. Las de 
provecho son las siguientes: la huida» 
fuego, sangría, evacuación de escre- 
mento, y fricciones. Las dañosas son: 
hambre, hembra, cansancio ^ fruta, y 
yentosidad. 

SIGLO XVIL 

lia reseña histórica de nuestra medi- 
cina que acabo de presentar, es el tes- 



timonio mas auténtico de los grandes 
esfuerzos que hicieron nuestros mé- 
dicos y cirujanos para llevar la cien- 
cia á su mas alto grado de perfección. 
Por ella hemos podido convencernos 
de que no hay un solo punto de la cien- 
cia que no haya sido tratado por ellos 
con dignidad y maestría. La anatomía^ 
la fisiología, la materia médica, la se- 
meyótica , la medicina, la cirugía, la 
cirugía legal y la obstetricia, han sido 
objeto de escritos especiales , y mu- 
chísimos de ellos de un mérito incon- 
testable. Los Collados, los Gímenos, 
los Montañas, los Lagunas, los Dazas, 
los Agüeros, los Fragosos^ los Lemus, 
los Valles, los Mercados, los Huartes, 
los Fons^as y otros muchísimos , en 
fin, que omito, dejaron ya sembradas 
las semillas que habían de dar tan es- 
eelentes frutos. 

Si el siglo XVI puede con razón 
llamarse el siglo de oro de la medici- 
na española, el XVII es una verdade- 
ra continuación. Efectivamente en es- 
te sostuvo aun la medicina española 
toda su reputación y brillo. Hombres 
eminentes, discípulos de los anterio- 
res, contribuyeron á que el siglo XVII 
conservase aun aquella gloriosa deno- 
minación. No hay punto en la ciencia 
que nose halle tratado con maestría por 
nuestros médicos : pero importa que 
antes de darlos á conocer, espongamos 
algunas causas preparatorias, dejando 
para la conclusión del siglo , el hacer 
un epílogo ó resumen de todas las ideas 
principales que sobre cada ramo de la 
ciencia hubo entre nuestros médicos. 

Los reyes Felipe II y III, ávidos de 
la perfección de la medicina , crearon 
un tribunal llamado del Protomedicato 
y otro de ezámenes , compuestos cada 
uno de tres profesores distinguidísi- 
mos. Los ezámenes de reválida se ha- 
cían con el mayor rigor : se impusie- 
ron y se llevaron á efecto severas pe- 
nas contra los intrusos , y se le dio al 
tribunal del Protomedicato , en los 
asantes de su jurisdicción, una autori* 
dad superior á la del consejo supremo 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



I 



201 



de GistUla* Pero al mismo tiempo qae 
protegian la ciencia y loa médicos, ins- 
truidos, se tenia á raya i los ignorantes 
jr desaplicados «para que ni perjadica- 
sená los buenos ni a la humanidad do- 
liente.» En prueba de ello aduciremos 
algunas reales órdenes. En la fechada 
en el Pardo en 7 de noviembre de 161 7, 
7 es la VII del libro viii, titulo xi de la 
Novia* hecha por Felipe III se dice: 
«Porque se ha visto por esperiencia 
que muchos médicos y cirujanos des- 
pués de examinados se van oon parti- 
do á las villas j lugares de estos rei- 
nos , 7 se descuidan en estudiar el 
tiempo que en ellos asisten olvidando 
lo que sabian , y después habiéndolos 
conocido los echan de tales lugares, y 
se vuelven á esta nuestra corte i usar 
7 ejercer la dicha facultad y antes con 
mucho daño de la gente que no los 
conoce ; mandamos que cuando algu- 
no viniere de nuevo tenga obligación 
de presentarse ante los protomédicos 
para que le examinen segunda f^ersiil 
que pague derechos algunos por la 
asistencia á la corte , porque de esta 
suerte tendrán cuidado de estudiar , y 
DO habrá tantos hombres ignorantes^ 
so pena que el que no se presentare i 
los dichos protomédicos incurran en 
pena de treinta mil maravedís. (Nov. 
recop., tom. 4.® pág. 88 col. 2.')» 

Mientras que el gobierno persea- 
guia á los. médicos ignorantes 7 des- 
aplicados, no desatendía tampoco á los 
catedráticos de las universidades , in- 
dicándoles las obligaciones 7 la misión 
que como tales habian de cumplir. 

Gomo en este mismo siglo empeza- 
ron á cundir en España los nuevos sis- 
temas de Vanhelm^nt 7 de Sylvio, 7 
empezaron también los catedráticos de 
medicina á dejarse arrastrar de las 
nuevas teorías, olvidando el estudio de 
las obras hipocráticas que por reglas 7 
estatutos debían enseñarse en las uni- 
versidades-, fué preciso que el gobier- 
n(4 pusiera coto á sus demasías. Al 



efecto se publicó la real pracmática 
que sigue. 

«Porque hemos sido informados de 
personas doctas 7 celosas del bien co- 
mún, que en estos nuestros reinos ha7 
falta de buenos médicos^ 7 que se pue- 
de temer que han de faltar para las 
personas reales., •• 7 después de haber 
consultado con las universidades prin- 
cipales, ha parecido necesario mandar 
que en los catedráticos lean la doctri- 
na de Hipócrates.... 7 que hu7an de 
las cuestiones impertinentes porque 
gastan el tiempo en valde.... 7 man- 
damos que el catedrático que no lo 
cumpliere pierda el provecto 7 sala* 
rio que por aquella lección le cabia de 
su cateara , 7 por la segunda vez sea 
la pena doblada ; 7 si reinsidiese , el 
rector de la universidad dé cuenta al 
nuestro consejo, 7 le priven de la cá- 
tedra 7 le inhabiliten para tener cate* 
dras. rPracmática de 7 de noviembre 
de 1617. Nov. recop,, loe. citat.)» 

Los médicos de cámara imitando la 
conducta del célebre Gu7 Patin , se 
opusieron á la propagación por Espar- 
ña de los sistemas de Helmoncio 7 S7I- 
vio; insistiendo en la necesidad de es- 
tudiar los libros del padre de la me- 
dicina. 

Otra de las causas que contr¡bu7Ó 
poderosamente á la conservación del 
esplendor de la medicina, fué la im-f 
prescindible necesidad de obtener las 
cátedras por rigurosa 7 pública oposi- 
ción. Asi es que cerrada la puerta á los 
ignorantes 7 desaplicados para conse* 
guir por medio de la intriga, del com- 
promiso 7 de los empeños estos hon- 
rosos deslinos, crearon un poderoso ali- 
ciente á aquellos que se dedicaban al 
estudio de la ciencia, con la esperanza 
de encontrar un dia la merecida com- 
pensación de sus trabajos 7 de sus des- 
velos. Asi es que el gobierno de Feli- 
pe II 7 III protegieron la ciencia de 
curar por tres medios: 1.® dando ho- 
nor 7 estimación á los médicos: 2.^ de- 



HíST. DE LA Medio, española. — Tono 2.* 



26 



!202 



HISTORIA DE LA 



nigrandoj persiguiendo a los médicos 
ignorantes y desaplicados: 3.^ com- 
pensando el verdadero mérito (1). 

CRISTÓBAL PÉREZ DE HER- 
RERA. Voy i dar principio i la bis* 
toria de la medicina española del siglo 
XYII, por dar i conocer nno de los 
médicos célebres qne roas honran 
nuestra medicina; y que no solo se dis- 
tinguió como médico, sino como uno 
de los mas consumados políticos j mi* 
litares de su época, como réremos mas 
adelante. 

' Cristóbal Pérez de Herrera nació en 
Salamanca en el año de 1558 (consta 
del rótulo de un precioso retrato suyo 
que poseo, que dice asi: Doctor Chrís- 
tophorus Pérez de Herrera Salmatí' 
censis medicus regius , cetatis stue 56, 
anno 1614. 



(1) En la memoria que dirígf á las cor* 
les coD motivo de le pobliótcioD del plan 
de estudios médicos de 10 de octabre de 
1^43, la cual se imprimió en e) Boletín de 
Medicina, Cirugía j Farmacia , probd por 
una serie no ioterrumpide de reales órde» 
oes y precmiflices espedidas desde 1458 
por Enrique IV basta Doña María Cristina 
de Borbon, que todas las cátedras de roe« 
dicina se ban dado por una públice y r¡gu« 
rosa oposición. 

En el siglo XIX se ban ansiado las d¡s« 
posiciones de tantos reyes y la costumbre 
autorizada por los siglos. Ya ofrecí en otra 
parte ú mis lectores que cuando llegara al 
siglo XIX me ocuparía detenidamente de la 
legislación médica de este siglo, y de los di- 
ferentes reglamentos que se han publicado 
sobre la materia. También ofrecí en uno de 
mis prospectos que consagraría ana sección 
i la medicina militar de España, cuyos di- 
ferentes reglamentos analisaria en la parte 
que tenia relación con la enseñanza de la 
ciencie* Desgraciadamente hay tela larga; 
y ya que la bibliografía medico*qnírúrg¡ca 
del siglo XIX no puede ocupamos mucho 
tiempo, tendremos lugar de entretenernos 
en presentar los males que ha sufrido la 
medicina española, y los bienes que hubie- 
ra podido reportar , si los médicos que ¿o* 
nocemot por sus autores hubieran sido ins- 
pirados por el genio de la ciencia. 



Estudió ia medicina en la anÍT«rsi* 
dad de Alcalá de Henares, siendo dis- 
cípulo del célebre Francisco Valles de 
Govarrubias (in proemio del compen» 
dium totius medicincBj (2). 

Concluida la medicina, pasóá Sala- 
manca, y en su universidad recibió la 
borla de doctor. En 1570 marchó á 
Madrid, llamado por su maestro, y 
fué nombrado catedrático de medicir 
úa, ausiliar del doctor Diego OÜTaresy 
cuya cátedra desempeñó basta 1580* 

En este mismo año fué nombrado 
proto-médico general de las galeras 
de España, en cuyo destino sirvió por 
espacio de doce años, y en el cual eje- 
cutó proezas admirables de valor j 
pericia militar. 

En 1592 fué nombrado médico de 
cámara, y pasó á Madrid. 

Llegó á ser nno de los médicos qne 
mas confiansa han tenido con los mo» 
narcas, y empleó todo el valimiento 
que tenia con Felipe III, en bien de 
U humanidad y en gloria de la Espa- 
ña. Fué el fundador del hospicio de 
Pobres aue se estableció en Madrid, 

?[ue en el dia es el hospital general: lo 
üé igualmente de las casas de Bene- 
ficencia, de las Inclusas, ó casas de 
niños espósilos , de las Gasas*Galeras 
para las mugeres de mala vida, de los 
presidios correccionales, y de los cuar- 
teles de Inválidos. Por su influjo se 
concedieron á los militares é inútiles 



(2) Mas adelante refiere , que siendo 
muy )dfen , y estudiando la medicina con 
el doctor Francisco Valles, catedrático en- 
tonces de prima en la nniversidad de Al- 
calé 9 vio en su casa varias sentencias mo- 
rales escritas de su propia mano, y eran les 
siguientes: 

Bex esse vím? Te rege, Episeopus? Te 
cireunspiee. Jmperator? Ajffectibus luis, 
impera, Vis esse dives? HiS^ quas habes, 
coníenitts/ruere, NobbiHsl üt filium Dei 
te ge'*e. Honores embis? Ifiljac inkones^ 
tum Fis esse hngop^us? 19ii tibi peréat 
temporis (Comp. totuis medicinse , página 
151). 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



203 



los retiros , y l«s condeGoraeiones mi* 
litares. Los prociKs dores á Cortes le 
nombraron pfoto-médico general , j 
protector nato de los establecimieotoi 
piadosos de todos los reioos y se» 
5orios de España, Eo fio puede de«> 
cirse que la ?ida de este célebre me- 
dico , fué la historia de sus beneficios 
por la humanidad* 

iSi tanto se distioguió como médico, 
se distinguió aun mas como literato. 
Elscribió muchisimasobras^ según dice 

él mismo en el siguiente pasage « 

«pues de tan buena voluntad y fenre« 
roso celo del bien universal me desre- 
lo y trabajo, gastando el tiempo que 
pudiera ocupar en mis acrecentamien- 
tos y tanta hacienda que solo en 

cuarenta impresiones diferentes de &*- 
bros exondes y pequeños > que en ra* 
zon de esto he impreso , asi de mate'^ 
rías poüticas de repiibüca, como en 
ocho de mi facultad en lengua ¡atina, 
que me cuestan todos mas de cuatro 
mil ducados, sin gran cantidad de ba«- 
cienda^ que por acudir al serricio de 
S. M. be dejado de ganar en mí pro* 
fesioo. (Apuntamiento para el bien y 
descanso de estos reioos ^ pág. 356).» 

En I6O67 1607» se distinguió tanto 
por sos escritos sobre el garrotillo co- 
mo por su práctica felis y limosnas 
que hacia á los enfermos pobres y de 
manera, que io que ganaba risitando 
á los rióos, lo irepairtia entre los nece* 
sitados. 

El nombre y apellido de Herrera, 
se halla grabado en medallas de oro, 
plata y cobre^ las coales, cerradas en 
uua caja de plomo , se colocaron den- 
tro de la primera piedra que se puso 
en el hospicio de los pobres de Af a« 
drid, como ?eremos mas adelante. 

En vista 9 pues, de todos estos datos, 
jpodrá creerse que el nombre del autor 
y sus obras sean desconocidos entre 
los médicos y literatos \ y que m¡en« 
tras tantos ingenios se han devanado 
la cabesa en mejorar los estableci- 
mientos caritativos de España , y aun 
las cárceles y presidios correccionales. 



Cristóbal Pérez de Herrera , sü fun-^ 
dador, baya de haber permanecido en 
su tumba? 

El autor es absolutamente descono- 
cido entre nosotros y entre los estran- 
geros: sus preciosas obras han desapar 
recido ya de nuestro suelo (1); y en 
el dia costaría muchísimo trabajo ha- 
llar ya ni un solo libro de Herrera. 

Asi, pues, á fin de que mis lectores 
con poco trabajo y menos coste, pue- 
dan tener una noticia de las principaii 
les obras con que enriqueció nuestra 
literatura , voy a presentarles un es- 
tracto cual se merece^ y al propio 
tiempo copiaré íntegros aquellos que 
por su interés y novedad , y por ser 
poco esteosoi , puedan tener cabida 
en este artículo, aun cuando se pro- 
longue algo mas que los otros. 

Escribió las obras siguientes: 

Discursos del Amparo de los leei'* 
timos pobreSy jr reducción de los jin^ 
gidosj y de la fundación y principio 
de los albergues de estos reinos y am-^ 
paro de la milicia dellos. Compuesto 
por Cristóbal Pérez de Herrera, pro* 
to*m¿dico general de las Galeras de 
España. Madrid 1598, en 4.*' 

A la cabeza de esta obra se hallan 
muchísimas composiciones de los me- 
jores poetas de aquella época, en loor 
de este médico. De todos ellos elegiré 
el romance panegírico que le dirigió 
D. Francisco de Avales y Orozco, 
Veinte y cuatro de la ciudad de Ube- 
da^ en el cual se refieren algunas de 
las hazañas memorables del autor, 

A ti, famoso Esculapio j 
De zeio y valor exemplo^ 
Que por tan sublime parte 
Sueles d tanta del cielo, 
A ti, que en la tierra esparces 
El aromático incienso, 



(i) Si 60 el cielo se leyeran libros, di- 
ría yo que los tfogelet se los habían llevado 
pero formar nna bibliolece celeite , y para 
conservar eternamente la gloria del eutor. 



204 



HISTORIA DE LA 



Que al trono y dosel de Dios 

Toca con fogoso vuelo. 

A tí, á quien la fama erige 

Por propios merecimientos. 

De Cipion las estatuas. 

Las de Platón ^ las de Homero. 

A ti, á quien el f ero Marte, 

Con el científico Febo, 

Con mano propicia y franca. 

Tan igualmente acudieron. 

A ti, cuya noble sangre 

A los enemigos hierros 

A veces sirvió de esmalte. 

Ley, patria y rey defendiendo. 

Y con animo invencible 
Perdido d la muerte el miedo. 
Aventuraste la íáda 

Con tan valerosos hechos. 

Y de belicosas manos. 

Que provocaron tus azeros. 
Siete banderas ganaste 
Con honrosos vencimientos, 
A ti, d quien en Berberia 
Sus Alárabes temieron 
Por ultimo en el tesón, 

Y en acometer primero. 

Y con tus estratagemas j 
Cuerdos y sabios consejos, 
Keinte contrarios navios (1) 

(i) Alade esto al hecbo sigaiente: vién- 
dose noü noche cercado de treinta baques 
enemigos, y que al dia siguiente babian de 
ser írreinitibleaiente tic limas , escogitó la 
estratagema siguiente: dispuso tirar de una 
tf otra de sus galeras unas cuerdas , y col- 
gar de trecho en trecho unos faroles en- 
cendidos.* Dispuesto asi , mandó al arma, y 
con mucha algazara y gritos acometieron á 
los enemigos bruscamente. Estos engaña- 
dos por el número de luces creyeron que 
babia llegado á los nuestros mas refuerzo, 
•e acobardaron y se rindieron. Al amane- 
cer se encontraba ya amarrada toda la 
tripulación enemiga , y en nuestro poder 
▼einte naves con siete banderas , y un in- 
meusobotin. Llegada á noticia del rey esta 
estratagema feliz y su victoria, nombró tf 
Herrera noble de primera clase, y que en su 
escudo de armas se pusiera el ep^rafe si- 
guíente: non armis obsiant UtercB. En este 
mismo están representadas lastietebaode- 
ras que apresó. 



Se rindieron a los nuestros. 
A ti, que por tu valor 
No vieron fines violentos 
Barcelona con tumulto (2), 

Y Gibraltar con incendio (3)« 

Y después en esta corte. 
Infestando peste al reino ^ 
Ser su antidoto emprendiste. 
Si bien con peligro cierto. 

Y escribiendo y estampando ' 
Sutiles advertimientos, 
F'enciste la enfermedad 

Con tus eficaces medios. 

A ti, que en la antigua Mantua, 

De Filipo ilustre assiento, 

Premiador de tu virtud. 

Conocedor de tu zelo. 

Aquel David religioso. 

Aquel Salomón escelso. 

Cuya vida comenzó 

Cuando el alma dexo el cuerpo. 

Fabricaste el edificio (4), 

Que de albergue nombre dieron. 

Para que serlo pudiesse 

De los pobres verdaderos. 

Yo el mas humilde orador. 

Con mi pequeño talento. 



(2) En Bercelonabobo un tumulto po- 
pular en que intentaron sus habitantes 
emenciparse del dominio del rey; Herrera 
se encontraba allí en aquella sazón , y fué 
tal la impresión que prodnjo en los ánimos 
de los barceloneses una arenga que les di- 
i'>gi<( » que fué bastante para hacerles re- 
Bunciar i sus proyectos y someterlos é la 
autoridad. 

(3) En Gibraltar buho otro movimiento 
popular, en el cual los alborotadores inten- 
taron pegar fuego i los depósitos de polvo- 
ra; pero advertido Herrera de este proyec- 
to lomó la espada, y sin ningún otro auxi- 
lio dispersó los malvados , y libró al pue- 
blo de una triste calamidad. Por esta razón 
mandó el rey que en su escudo de armas se 
representase un castillo, y una mano em- 
puñada de una espada , defendiéndolo. 
Efectivamente asi aparece. 

(4) Alude al establecimiento del pri- 
mer hospicio de pobres que se fundó en 
Madrid , el eoal dirigió el autor, como ve- 
remos mas adelante. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



205 



De su templo á las paredes 
Estas memorias ofrezco. 
Tú, que para gloria tuya 
El gran Felipe Tercero, 
La intención reconocida, 
Honra y premia tus deseos. 
Este sol, que desterró 
(Favoreciendo tus rueeosj 
Las nieblas de los moriscos 
Pertinaces en sus jrerros. 
Tú, que d los desamparados (1) 
Niños, faltos de remedio. 
Para santa educación 
Les procuraste alimentos. 
Tá, que para el bien común, 

Y el ornato de este pueblo, 
Gastando tiempo y hacienda j 
Diste lucidos desvelos. 

Tú, que a mugeres perdidas (2) 
Decente recogimiento, 
ir reclusión preveniste. 
Castigo de sus excessos. 
Tú y quién ajusta admiración, 
De medicina el compenso, 

Y gqrrotillo el tratado 
Itindes en dichoso empleo. 
Que quando el tiempo camina, 
Mas presuroso y ligero, 
Quarenta libros impressos. 
Tú, que al principe Filipo, 
A quien concedan los cielos 
En los años de Néstor 

De Alexandro los trofeos. 
Si confiado , si humilde. 
Tus enigmas y proverbios 
Dedicas para serville 
Con tributos de tu ingenio: 
Dirás que a Filipos tres (3), 
Gloria del conñn Hesperio, 
Si vivos al hijo y paire, 
Serídste al difunto abuelo. 



(1) Faudó el colegio llamedo de los 
Desampiradcfl de Santa Isabel , que ano se 
coDserva con este nombre en la calle de 
Atocha'en Madrid. 

(2) Alude Á la casa de reclosíon llama- 
da Galeras, qne se fundó en Madrid para 
lá reclusión de mugeres mundanas. 

(3) Fué médico de Felipe 11 , Feli- 
pe m j Felipe lY. 



Honra, aunque bien merecida 
De tu generoso intento. 
Que te promete favores. 
Que te pronostica premios ¿ 
Que quien d la noche (tristej 
Juzga el dia sin provecho. 
Que sin hacer bienes passa 
A quien necesita de ellos. 
El que d enemigos y amigos 
Guarda en ausencia el respeto. 
Si no debido a sus obras, 
A la virtud de su dueño. 
¿De qué elogios será digno? 
¿De qué insignes epítetos 
Contra injurias del olvido, 

Y assechanzas del silencio? 
Ciña el ramo tu cabeza, 

A quien el señor de Délo, 
Antes de ser trenzas de oro. 
Dio el enternecido pecho. 

Y tus méiitos y nombre 

De nuestra edad los Romeros 
Eternicen con sus plumas, 

Y celebren con sus versos. 
Si te mordiere Teon^ 

Si te calumniare Leíio, 
Afinaran mas tus obras 
De la envidia los efectos. 
No dudes que alcanzaras 
Timbres y lauros eternos. 
Que no muere el virtuoso. 
Ni los que de él se valieron. 
Padre y protector de pobres (4), 
No te desanime el tiempo, 
Que aunque velozmente passa. 
Sigue d la virtud el premio. 
Ni te admire que se tarde 
El ocupar dignos puestos. 
Que sucede al merecer 
Los cargos elposseerlos. 
Marcha, capitán Jamoso, 
Con esse estandarte al viento, 
Dd el assalto , pica el muro 
Dificultoso y sobervio. 
Rompe por las hinchazones 



(4) 8e refiere al nombramiento que le 
dieron el rey con las cortes de padre y pro- 
tector general de todos los establecimien- 
tps piadosos de España, 



206 



HISTORIA DE LA 



Del mundo y sus devaneos, 
Que aunque de lo que promete, 
Dá un grito jcon mil descuentos^ 
Hidrópicos son al fin 
Los de ambelantes afectos. 
Que sedientos y ambiciosos 
Si mas beben, sanan menos* 
Y son bienes propiamente 
Los que tú vas adquiriendo, 
y males aquellos todos. 
Que están al hado sujetos. 

En U dedicatoria á Felipe III ^ le 
dice: «A un principe supremo^ nin* 
gun seryicio se le puede hacer mayor 

J[ue proponerle los fundamentog mas 
uertes que hay para la conservación 
y aumento de su monarquía , que soo 
el remedio de los pobres, en que está 
inclusa la estirpacion de los vagabun* 
dos , y el amparo de los soldados que 
salen mancos y estropeados de la gtier« 
ra^ ó han llegado i tanta edad en ella, 
que están ya ioiitiles para proseguirla^ 
para que tengao con que pasar la vida 
en la vejez, sin afrenta ni necesidad^ 
pues lo merecen ^us obras , y servirá 
de poner ánimo á los demás para pe- 
lear con mucho valor.» 

Divide esta obra en diez discursos. 
Discurso 1.^ Tiene por emblema 
la justicia, representando una matro- 
na con una espada en la mano dere- 
cha, y un peso de balansa en la iz- 
quierda. Al pie de ella se lee: 

El atajar que no pida 
Quien mendiga con malicia, 
És administrar justicia. 

Espone en este discurso «los in« 
convenientes que se siguen de que los 
mendicantes fingidos y ragabundos 

fiidan limosna I y ios ardides y en- 
érmedadea que fingen para quitársela 
á los verdaderos pobres.» 
Propone seis inconvenientes. 
1.^ Q«« loa pobres fingidos eran 
todos irr«U||ioaoa^ de mala vida y cos- 
tumbrta « s\^ n¡ oían misa, ni hacían 
ninguna ^iH <>bra de buen cristiano. 



2.® Que con está mala vida qne 
traían , estaban siempre cometiendo 
pecados de toda especie, y sobre lodo 
el de la sensualidad. 

3.® «Lo tercero, dice, es tener esta 
gente nn pecado de codicia tan insa- 
ciable , qne no gastando casi nada, 
juntan mucho dinero, que luego se 
juegan en parages ocultos: son homi- 
cidas de sí mismos , pues se ha visto 
que á muchos que han muerto en los 
portales, que parecía no tener un ma- 
ravedí, se han hallado muchos dine- 
ros, y pudieran haber conservado sus 
▼idas por mas tiempo, dejando de an- 
dar desnudos todo el dia y la noche, 
yendo, como podían, bien abrigados.» 
Hace ver los embustes y las ficciones de 
que se valían para escitar las gentes á 
la caridad. (Interesantísimo.) 

4.^ Refiere las enfermedades que 
se producían para continuaren laclase 
de mendigos: dice que muchos padres 
retorcian á sos hijos recien nacidos los 
pies y manos , para con este pretesto 
pedir para ellos. Entre los muchos ca- 
sos que Gbenta, es horrorosísimo et de 
un malvado padre que en Madrid ce- 
gaba sus hijos con un hierro encendi- 
do*, y cuyo crimen descubrió la infeliz 
madre á Fr. Pablo de Mendoza, de la 
orden de S. Bernardo^ añadiendo que 
había dejado ya ciegos á dos hijos su- 
yos, muy hermosos, con los cuales ga- 
naba mucho dinero, llevándolos de 
f*asa en casa. Este discurso es intere- 
santísimo bajo de muchos conceptos^ 
por los casos tan singulares de ardides 
que se valian los vagabundos para sa- 
car limosna ; y especialmente las ta- 
p9das vergonzosas. Cuenta de una 
tapada de Sevilla que compró dos ca- 
sas con la limosna que había recogido: 
que una de ellas estaba muy mal tra- 
zada, y en esta tenia la ropa andrajosa 
que se ponía para pedir: que la otra era 
muy suntuosa ^ y en ella hasta vagilla 
de plata tenia. Descubierta su vida, se 
la puso en la Galera , y se destinaron 
sus bienes á loa establecimientos pia- 
dosos. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



207 



También bizo rer a S. M. los in- 
nvmerablea escesot que se cometian 
por los pobres que en romería y en 
congregaciones viajaban por toda Es- 
pefta^ y partícnlarmente á Santiago 
de Galicia. 

Discurso 2.^ Cuyo emblema es U 

Ciedad de la cigüeña , el gobierno de 
íS abejas y el orden y proTidencia de 
las hormigas. 

Orden , ffAiemoy piedad^ 
De hormiga f abeja jr cigüeña, 
Por este emblema se enseña • 

Del remedio para albergar los po* 
brcs mendigantes verdaderos, j ois- 
tinguírlos de los que no lo son , y del 
amparo de los vergonzantes , 7 de las 
eárceles^ cautivos y huérfanos. 

Trata en este discurso de la mane* 
ra ide llevar ¿ efecto en las capitales de 
España el establecimiento de alber- 
gues, de hospicios y de su gobierno 
interior. Propone el qne se junten to- 
dos los mendigos de Espafta en sus res- 
pectivas capitales por medio de un 
edicto general : que estos albergues 
sean administrados por personas de al- 
ta categoría tanto eclesiásticas comoci* 
viles: que á la entrada de los pobres en 
los albergues sean visitados por facul- 
tativoa de medicina y de cirugía, para 
qneiosque resultaren íniitilespara tra- 
bajar seles permitiese salir á pediruna 
ó dos horas por la ma&ana, pero mar- 
cados con las señas de cada uno y de 
su inutilidad *, y los enfermos se tras- 
ladasen a curar ¿ los hospitales. (Inte- 
resante sobre manera). 

Del amparo de los pobres vergan^ 
zantes,de las corceles, cautivos j" huér' 
fimos. Propone que los primeros sean 
asistidos í costas de sus parroquias, por 
diputaciones nombradas de las perso- 
nas mas acomodadas del barrio. Con 
este motivo refiere el orden como se 
socorría ¿ los dichos en la prrroquia 
de S» Martin en Madrid. (Interesau- 
tisimo). 

Respecto de los encarcelados, dice. 



que son los pobres mas necesitados de- 
cuantos hay en la repüblioa, y la gen« 
te mas desamparada y sin consuelo 
que tiene el mundo. Propone á S. M. 
el establecimiento de hermandades: 
que se estimulara i todos los capita* 
listas de cada provincia á dar á los en- 
carcelados un dia de comer al mes: 
que se ncKubrasen abogados y procu- 
radores de pobres: mandar ¿los letra* 
dos que no invitasen las partes ¿ plei- 
tos sino i su transacción, y que en las 
causas criminales procedieran con la 
mayor brevedad posible, pues de esta 
manera ahorraban á los desgraciados 
de largos padeceres: que se nombrase 
una cofradria llamada de presos , cu- 
yos cofrades tuviesen derecho i pedir 
i los tribunales para mejorar la suer- 
te ó sentencia de los presos: que la mi- 
tad de las penas pecuniarias se desti- 
nase á los encarcelados^ y lo mismo el 
pan» legumbres, aceite, vino, etc., que 
se embargasen por mal pesados ó me- 
didos. 

Discurso 3.* Representa el em- 
blema las flechas de Cupido hechas pe- 
dazos y una olla de barro. 

Loque en la niñjíz se aprende. 
Ora sea inicio o viHud, 
Permanece en senectud. 

De la forma y traza de pedir I¡mos> 
na otros géneros de pobres, y de cómo 
se han de acomodar y ocupar los re- 
formados fingidos, y del amparo, dis- 
tribución y ocupación de los niños y 
niñas pobres, y huérfanos desampara- 
dos. 

Espone en este discurso los grandes 
males que resultaban i España de la 
entrada de los estrangeros en clase de 
peregrinos y de mendicantes. Para 
remediarlos, propone ¿ S. M.: 

1.^ Que los mendicantes que pe- 
dían para ermitas y santuarios, fuesen 
examinados en su conducta, erigién- 
doles una licencia autorizada por los 
diocesanos respectivos. 

2.^ Que los peregrinos no pudie- 



208 



HISTORIA DE LA 



«en mendigar en sus romerías sin lle- 
var consigo una autorización de las 
justicias y ordinarios*, que se les debia 
marcar tiempo j ruta precisos. 

3.° Que IOS peregrinos estrange* 
ros debían traer licencias por escrito^ 
marcando las señales de su persona^ 
edad y nación, día, mes j año que se 
espidieron^ añadiendo «que este era el 
modo de saber S. M. quién entra en 
sus reinos, de dónde viene, por qué 
viene , y dónde va , porque la mayor 
parte de los que entraban bajo esta 
forma , eran unos espías de otras na- 
ciones, para conocer el estado de Es- 
paña.» 

4.® Que tampoco se permitiere i 
los estudiantes de las universidades 
pedir limosna, cantando y haciendo 
comedias por los lugares , sin licencia 
espresa del rector y sin testimonio de 
pobreza, dado por el cura de sus pue- 
blos. 

5.^ Que debían reformarse com^ 
pletamente las casas de los niños lia* 
mados de la doctrina. 

6.^ Que se esouse y evite en lo po- 
sible que los niños pidan limosna^ por- 
que no se enseñen ¿ ello. 

7.° Que se establezcan hospicios- 
seminarios de niños en todas las capi- 
tales de España. 

8.^ Qae haya en todos los pueblos 
de España alguaciles comisionados^ 

Cara prender ¿ todos los vagabundos y 
ombres mal entretenidos , sin oficio 
ó su beneficio. 

9.^ Que todos los ayuntamientos 
de España nombren anualmente dos 
personas de las de mas probidad y 
comodidades, una llamada padre de los 
mozos , cuya obligación fuere buscar 
y acomodar con amos á los que llega- 
ran de.fuera sin tener oficio conocido: 
y la otra denominada padre de traba', 
j adores , encargado de proporcioDar 
trabajos. y labores á los jornaleros, de 
arreglar sus jornales, y sus salarios. 

10. Que no pudieran admitirse 
criados ni criadas en la casa de los 
amos, sin llevar una papeleta firmada 



de los primeros amos , caso de haber 
servido ya, ó del cura y alcalde, en el 
caso contrario. 

1 1 . Qae los niños de ambos sexos 
que se hallaren huérfanos y desampa- 
rados, y que fuesen muy pequeños de 
criar , se distribuyesen por mano de 
los curas y alcaldes de los pueblos en- 
tre las personas mas acomodadas. 

12. Que los niños útiles , en pa- 
sando de ocho años, se pusieran á ofi- 
cios, y las niñas á servir ; con la obli- 

5 ación de que los maestros los habian 
e habilitar de oficiales en el preciso 
término que se les señalare, y los amos 
de las niñas de proporcionarles casa- 
miento ú otro acomodo. 

13. Que los mayores de diez i 
catorce años, unos se llevasen á las ar« 
madas para que aprendieran i ser bue- 
nos marinos; y á otros que se les ense- 
ñare i fabricar armas, hacer pólvora, 
fundir artillería , hacer balas y otros 
instrumentos de guerra : otros á tra- 
bajar tapicerías: que i los que diesen 
pruebas de mucho talento , se les en* 
señare matemáticas, y aun la cirugía, 
arquitectura , geometría, geografía y 
demás ciencias. 

1 4. Que adoptando estas medidas 
en España^ podrían contarse con tres* 
cientas mil personas de honra jr pro^ 
vecho, en vez de contar con trescien^ 
tos mil mal entretenidos , vagabundos 
y ladrones. 

15. Que la España aumentaría 
considerablemente en honor , en po- 
der y en riquezas materiales-, añadien- 
do que lo que hace á una nación po- 
derosa, son las ciencias y las riquezas. 

Discurso 4.^ Representa el em- 
blema una mano abierta con un ojo en 
cada dedo, con el epígrafe siguiente: 

Con los ojos en las manos, 
Y ocupadas en labores, 
Tendrán costumbres mejores. 

«De la forma de reclusión y castigo 
para las mugeres vagabundas y delin- 
cuentes de estos reinos.» 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



109 



Aconseia á ,S« M.Us medidM 8Í- 
gpieixtes: 

1 / Qae se establezca en Madrid 
j demás capitales del reino nna casa 
adonde se recojan por orden de las jos- 
licias todas las mngeres mundanas. 

2.* Qae se les baga trabajar en 
diferentes oficios^ para qne pagaen el 
valor de sus alimentos y Testir^ y los 
salarios de los encargados de su eos- 
todia. 

3.* Qae baja alcaides de probi- 
dad-, médico y cirujano para asbtirlas, 
y ana rectora. Propone para este lo- 
cal^ uno de los cuatro departamento^ 
del hospicio que á sus costas fabricaba 
en Maarid; y que becba la prneba en 
él, se ejecutare en las demás capitales 
del reino. 

4.* Qne habia grandes inconTe«' 
nientes, y se segaian mnchos daftos de 
consentirse el que bubiera padres y 
madres de mozas de servicio. 

Discurso 5.^ Representa un sol 
que sale entre nubes ^ j las disipa.* 
Epígrafe. 

Los argumentos que ofrecen 
La duda jr contrariedad^ 
Aclaran mas la verdad. 

De las respuestas a ciertas dudas y 
objeciones opuestas al doctor Cristóo*^ 
bal Pérez de Herrera en los discursos 
qae escribió á S. M. del Amparo y 
reformación de los pobres mendigan*^ 
tes de estos reinos. 

1.' Objeción. Que hay doctrinas 
de santos en que dicen que no es bien 
que haja examen y escrutinio de po-^ 
bres mendigantes, sino que todos pi- 
dan limosna como quisieren. Coates -• 
tacion. Que si en el tiempo de los san- 
tos bubiera habido tanto desorden y 
maldades en los mendigantes como en- 
tonces los habia , i buen seguro qu» 
los santos hubiesen puesto remedio á 
ellos. 



2.* Els cosa infame y dura de su- 
frir poner se&ales i los pobres mendi- 
gantes. Contestación» Las señales no 
signiGcan mas mal ni bien de la cansa 
por que se traen : que si la verdadera 
pobreza era una virtud , sn divisa no 
podia ser infamia, sino antes bien un 
estimulo para remediarla. 

3.* Que durmiendo juntos en ana 
casa los pobres, habia muchos mas es- 
cándalos y pecados. Contestación, Que 
mas delitos , torpezas , desórdenes y 
pecados cometían andando á su albe-* 
drio, durmiendo por portales, pajares, 
cuevas y otras partes ocultas , sin es- 
tar sujetos i la vigilancia, sin tener ca- 
beza, ni pastor, ni razón, *ni justi- 
cia, yendo cada uno con su alma en sa 
palma. 

4.* Que podrían cansarse mucha 
corrupción y enfermedades por estar 
jnntos los pobres en estos albergues. 
Contestación. Que cesando las enfer- 
medades Bngidas que se hacian, y ocu- 
pados en c|l servicio de las armas ó en 
oficios \ vistiendo y alimentándose me- 
jor y con mas orden , y destinándose 
á los incurables á los hospitales ; y en 
fin separando los verdaderos pobres de 
los fingidos, sucedería el estremo con- 
trario de la objeción. 

5.* ¿Que por qué se ha de hacer lo 
que no se ha hecho hasta ahora? Que 
era una novedad, y que si siempre se 
habia pasado así el mundo con está 
inmemorial costumbre de mendigan- 
tes de todas maneras viviendo á su al- 
bedrio. Contestación, Responde des- 
preciando á sus autores como ridi- 
culos." •• 

6.^ Que en tiempos de bambre y 
estériles no se podía proseguir ésta 
costumbre. Contestación. Que reda- 
ciendo el número de pobres, y pi^hi- 
biendo pidan limosna los mendigantes 
fingidos , que roban la limosna á los 
verdaderos pobres , quedando estos so- 
los, y ocupados los vagabundos, no 
habría la escasez que se supone. ' 



HisT. DBLÁ Medic. cspAfiOLA.— Tomo 2.^ 



27 



210 



HISTORIA DE LA 



I 



Discurso 6.^ El emblema repre- 
senta an taller de bílar ceda. 

Qué lo que prudencia rige^ 
Por largo tiempo se queda. 
Muestra el gusano de seda. 

«De U forma qoe parece se podría 
tener en la efecucion para el fanda* 
mentó , eonserfacion y perpetuidad 
de los albergues j lo nemas necesario 
al amparo de los verdaderos pobres, 
j reformación de los vagabundos de 
estos reinos.» 

En este discurso trata de los me- 
dios j recursos de que pudiera ecbar« 
se mano para sostener estos estableci- 
mientos. Entre ellos aconseja i S.M. 
diese una real prscmática para que ca* 
da persona que entrase á las comedias, 
puesto aue estas eran acomodadas, pa- 
garan nos maravedís mas de entra- 
da, con aplicación á dichos estableci- 
mientos. 

Discurso 7.* Representa un ramí- 
líete de flores. 

Gran gusto da de un jardín 
El ramillete de flores y 
Compuesto de las mejores. 

Dies proposiciones y dies adverten- 
cias principales, dirigidas á S. M. 

Primera proposición. Que se de 
orden como los pobres vivan cristía' 
ñámente. 

2.* Que en cada lugar grande sé 
haga un albergue para ellos. 

3/ Que en tos lugares grandes 
liajra en cada albergue un admutistra- 
dar jr dos diputados. 

4 .* Que traigan los pobres un ro- 
sario al cuello , con una imagen de 
nuestra Señora de la Anunciación. 

5 •* Que no puedan andar íHigando 
losvobres sin licencia. 

o/ Que se ocupen ¡os hijos de es" 
tos ociosos. Que seria bien ocuparse 
los niños en oficios convenientes d la 
república. 

7.* Que se hagan hermandades 



en las parroquias de estos reinos para 
socorrer y curar los pobres vergoH* 
iantes de ellas. ' 

8.* Que se acomoden los mendi^ 
gantes reformados en oficios necesa^ 
ríos a la república. 

9.* Que en los lugares grandes se 
hagan casas de labor para castigo de 
las mugeres delincuentes. Que se es^ 
cusen en la república padres j' madres 
de mozas de sen^icio. 

10.* Que se elijan personas con 
las cuales se hagan juntas en casa del 
presidente del consejopara este efecto. 
Que se le dé a cada alguacil dos rea* 
les por cada í^agabundo que prendiere. 
El orden de petUr los peregrinos y es- 
trangeros. 

Primera advertencia. Que con la 
ejecución de esto, se aumenta y revi' 
vé la caridad. Que se dará la limosna 
con mas satisfacción viendo que sort 
los pobres legítimos • 

2.^ Que habrá quietud de hoy 
mas en las iglesias. 

3.* Que confiesen estos pobres 
dos veces al año por lo menos. 

4,* Que no se han de curar los 
pobres dentro de los albergues* 

5.* Que los pobres casados y CO' 
nocidos puedan vivir en sus casas, 
trayendo la señal de los demás. 

o.* Que los bienes de los pobres 
cuando mueren, queden en utilidad 
de la república. 

7.* Que los albergues han de te* 
ner por su cuenta una sida para incu* 
robles en los hospitales. 

8 •* Que no morirían sin sacramen* 
tos y de mal tratamiento jy se redw 
ciran d trabajar. 

9.* Que se ejecute todo ahora al 
principio con gran ligor ^ para que 
después venga a quedar en un medio 
razonable. 

10.* Que se funda en dos cosas 
el atajar que no haya tantos men" 
digantes. Que la ejecución de esto es 
mas fácil de lo que parece. Que por 
haberse de hacer por mano de gente 
poderosa, y no contra eUos, sera mas 



MEDiaNA ESPAlSOLA. 



211 



fácil la ejeeudon^ Qme soto se pre^ 
tende ejecución de lo dispuesto por las 
premátícas* Que si alguno tuwere 
duda, la proponga por escrito., jrsele 
responderá. 

Discurso 8.^ Representa uq iiatío 
en medio de una furiosa tempestad. 

* 

Si los vientos son contrarios. 
Es grande cordura y ciencia 
El amainar con paciencia* 

«Da algunas relaciones , aprebacio- 
nes , inslcncciones y cartas en conBr* 
macion y aprobación de los discursos 
para el negocio del amparo de los le- 
gítimos pobres 9 y reformación de los 
fingidos de estos reinos.» 

ñelacion d la magestad del Rey 
/)• Felipe nuestro señor , por eldoc-* 
tor Pérez Herrera j en que se escribe 
el fundamento y sitio ae la fabrica 
del albergue de esta villa de Madrid, 

Elste capitulo es interesantísimo: 
describe la to|M>grafía del hospicio que 
se iba á fabricar » que es el conocido 
boy dia en Madrid con el de Hospital 
General, 

«Está en un camino real ^ y de tan 
gran concurso , como es el que va á 
Ntra, Sra. de Atocha , casa de tanta 
devoción* Limpianle todos los ayres, 
sin que alguna cosa se lo pueda estor- 
bar. Este sitio tiene el Cierzo por la 
delantera, y el Mediodía por lasespal* 
das, que para la sanidad y conserva- 
ción de la salud de la gente que dur- 
miere y viviere dentro , es de mucha 
importancia : v puédese meter dentro 
el agua del pilar » que está en el mis- 
mo camino de Ntra. Sra., basta un 
buen pedaso de la casa , que se vaya 
por su pie, para que con el remanente 
del mismo pilar, que Vuestra Mages- 
tad es servido se arrime á la huerta 
del albergue, puedan limpiar las ofi- 
cinas del, y salir el agua á su acostum- 
brado camino , que es un arroyo que 
va al rio desta villa , y también desde 
que el sol sale, basta que se pone, 
le baña. 



«El sitio es alto y capas, oonforme 
la trasa , que es de la forma qne se 
verá luego. Tiene esta fábrica quatro- 
cientos pies quadrados^ que son mil y 
seyscientos de circny to : la iglesia está 
en medio , v tiene ochenta y quatro 
pies en qnadro, y el altar mayor en 
sitio y lugar qoe se oya missa de todas 
partes: la sacristía ha de estar debaxo 
del altar con luaes á los patios de la 
dicha casa , que son quatro casi qua- 
drados, y en cada uno de los de los po^ 
bres mendigantes dos chimeneas de 
campa&a muy capases, con sus poyos 
para sentarse á calentar las noches de 
invierno, y al rededor de los patios 
portales. Tiene assi mismo esta fabrica 
onse dormitorios, cada uno de veinti* 
cinco pies de ancho, y ciento y cin- 
cuenta r ocho de largo, los quales 
vienen a parar á la dicha iglesia, sien- 
do tres porcada parte de quatro della, 
y dos por la delantera, porque se quita 
uno para entrar á la iglesia , y esto se 
haze con intención de que de cada uno 
dellos , y de unos apartamientos que 
habrá, puedan oyr missa los pobres 
de cada dormitorio. T lo mismo hagan 
las mugeres de la reclusión de la casa 
del trabajo y labor , que las justicias 
de V. M. han de condenar de aqui 
adelante por los delitos que cometie- 
ren á ella , como dixe en el discurso 
quarto : la qual se haze y execula eú 
uno de los quatro patios dichos en lo 
mas bazo del, porque se manda este y 
otro su compañero al mismo lado por 
corredores para igualarlos con los otros 
dos de mano derecha por un des- 
nivel que tiene el silio^ y con esto 
se iguala. 

«En esta casa bssta ahora todos íos 
dormitorios y quartos son en bazo sino 
se doblaren algunos para lo que suce* 
diere con el tiempo , poniéndose y 
trasladándose el hospital general desta 
Filia en los dos patios de atrás, como 
diré adelapte, aunque son muy enzu- 
toSy por ser el sitio de suerte y altura 
que se sube á la casa desde la calle por 
grados, solo el aposento del Retor, 



212 



HISTORIA DE LA 



AdmioMtrador della , se fabrica en 
alto arrimado á la iglesia , para que 
por UD corredor que por la parte de 
adentro della^ ha de ayer por unas 
Tentanasqoe caygan á los dormitorios, 
pueda juzgar j visitarlos las noches, 
viendo lo que hazen con las luzes de 
las lámparas dellos, que han de estar 
encendidas toda la noche. Tendrá esta 
casa una huerta muy capaz, que jrrán 
sus lindes por el arroyo que passa al 
rio desde el segundo prado de S. Ge- 
rónimo, de la qual se podrá sacar al- 
guna buena renta para ayuda á la eos* 
ta de la lumbre de invierno para las 
chimeneas y luzes de las noches y re- 
paros de la casa, y gastos para el culto 
divino de la capilla» no teniendo otro 
gasto de consideración, no comiendo, 
ni cenando los pobres á cuenta de la 
casa, como se dixo en su lugar* 

«Es tan grande y capaz esta casa de 
sitio y fábrica, que al presente por ser 
muy costosa, no se podrá edificar toda 
de una vez, sino la mitad de la parte 
de la delantera para ezecutar luego el 
negocio de los pobres, y el de las va- 
gabundas: y espero en nuestro Señor 
que adelante en estando acabada en 

3uatro patios que tiene, se han de po- 
er acomodar estas obras heroycas en 
el uno de la mano derecha á la entra- 
da de la puerta principal los pobres 
mendigantes varones , con tres ó cua- 
tro dormitorios capaces para todos 
ellos: y en el otro patio , que está á la 
mano izquierda , que se entra por los 
corredores que dize, las mugeres po- 
bres mendigantes, y niños y niñas que 
han de assistir en ellas hasta edad de 
siete ú ocho años , con dos ó tres dor- 
mitorios suficientes para todas ellas. 
T en el patio de la puerta principal de 
la mano izquierda, que está debaxo 
deste quarto, mandándose por puerta 
particular, se han de encerrar las mu* 
geres vagabundas delinquentes de la 
casa del trabajo y labor , por averse 
fabricado con esta intención por con- 
sulta y mandado de V, M«, teniendo 
calabozos á propósito para las incorri- 



gibles: y las deraas^ oficinas y dormito- 
rios necessarios para su vivienda. Y en 
los otros dos patios á las espaldas desta 
casa, que confinan con estos, se podrá 
trasladar el hospital general desta 
Corte, porque al presente está en sitio 
muy estrecho y poco ayroso , y mas 
metido en la villa de lo que conviene 
para la salud della , solo con doblarse 
dos dormitorios de los que están vezi- 
nos de aquel patio , para que en ellos 
se acomoden los pobres , para que en 
los quátro dellos se curen los del dicho 
hospital general, y en el otro conva- 
lezcan y se recojan los enfermos para 
salir convalecidos, pudiendo estas quá- 
tro obras y ministerios mandarse por 
diferentes puertas , cada uno por la 
suya, y tener diferentes ministros su- 
bordinados todos al Rector, ó Admi- 
nistrador general de la casa. Y si por 
alguna razón y causa pareciere no 
convenir que el hospital general se 
acomode y trasladé en la parte dicha, 
que confio en nuestro Señor se hará, 
se podrá en su lugar fundar otra obra 
muy necesaria y piadosa , de que al 
presente carece esta Corte, y es muy 
conveniente la aya en lugar tan pppu* 
loso, que es una casa que se llame del 
rememo , y aprovacion de las mugeres 
convertidas, adonde las que han vivi- 
do viciosamente, y tocadas con la gra- 
cia y favor de nuestro Señor, y gana 
y desseo de hazer penitencia^ y emen- 
dar la vida, se quieren recoger en ella 
para de alli, ó darles estado de matri- 
monio, ó meterse monjas en la casa de 
la Madalena desta Corte, que se llama 
de las arrepentidas: y assi mismo sirva 
de refugio esta dicha casa , para que 
pueda acogerse á ella qualquiera mu- 
ger ordinaria que fuere cogida en al- 
guna flaqueza , y quisiere reduzirse á 
servir á nuestro Señor, Y ai el dicho 
hospital general se reduzere á estos 
quartos como está dicho, podria servir 
la casa en que al presente él está deste 
efecto, ó alguna parte de ella, por ser 
mucho el sitio, pudiéndose vender lo 
que sobrare para comprarles alguna 



MEDICINA ESPMOLA. 



213 



renta con qnt yivan^ y con lo qáe 
nuestro Señor socorra j ó podía esta 
obra tan importante bazerse en el otro 
adonde está la casa que sirve las qaa- 
resmas de predicarlas j recogerlas, 
qae es el bospital de los peregrinos 
antiguo desta Corte , en la calle qae 
llaman de los ciegos , etc. 

«T para que se vea la traza desta 
casa y albergue en su planta, montea, 

Ír perspectiva de los qaartos de la de- 
antera y Yglesia, me ba parecido po- 
nerla aqui, para que otras ciudades 
destos reinos se aprovecben de la traza 
della, y en las provincias de los estran- 
geros hagan lo propio, con el favor di- 
vino, con el tiempo, que aunque no 
sean las que edificaren tan costosas, 

Eor ser pocas las ciudades que pueden 
azer gastos grandes, alómenos imiten 
en lo mas que pudieren esta traza, por 
parecer que es acomodada para el in- 
tento que se lleva en este orden de 
recoger mendigantes i vida de concier- 
to 7 cbristiaoa.» 

' En seguida presenta el plano del 
bospital. Describe la solemnidad de su 
fuodacion, y otras circunstancias dig* 
ñas de saberse en estos tiempos, y de 
las cuales babrá poquísimos que de 
ellas tengan noticia. 
. «Comenzóse esta fábrica , ponién» 
dose la primera piedra en ella con la 
solemnidad que se dirá el dia de nues- 
tra Señora de Setiembre del año pas- 
sado de 1596, á las seis de la tarde, en 
la forma siguiente: 

«Hizose una procesión general^ eon 
lascruzesy pendones de las parrocbias 
desta villa, y muchos religioios de to» 
dos los conventos , y otra mucha so- 
lemnidad. Y salió del hospital de An- 
tón Martin, llevando la piedra qua- 
drada angular muy bien labrada en 
hombros algunos hermanos del dicho 
hospital, con una imagen de un niño 
Jesús encima de bulto, con mucho 
ornato, y muy ilustre y grande acom- 
pañamiento, y en particular el licen- 
ciado Rodrigo Vázquez Arce , presi- 
dente del Consejo, y el licenciado Va- 



lladares, de la cámara de V. M., y 
otros consejeros y alcaldes de Casa y 
Corte , y muchos caballeros de hábi- 
tos y gran calidad. Y llegando la pro- 
cesión á la primera esquina del alber- 
gue, á un sitio, donde estaba un altar 
muy adornado, el obispo de Avila Don 
Fray Juan de las Cuevas, de la orden 
de Santo Domingo, vestido de pontifi- 
cal, hizo las ceremonias y bendiciones 
3ue la santa Iglesia católica tiene or- 
enadas en el pontifical para este acto, 
de principio , y fundación en algún 
edificio y casa dedicada al culto divi- 
no , y asi se puso la piedra en el ci- 
miento, después de bendezida, en el 
bueco de otra grande que estava pues* 
ta á propósito para ello > ponienao en 
tres caxitas de plomo j que avia hecho 
hazer d este propósito, en la una mo- 
nedan de todo género de cobres , y 
quartillos , jr medios reales : y en la 
otra monedas de plata y oro di/eren^ 
tes: jr en la del medio una medalla de 
plata sobredorada, muy al natural de 
la efigie de V. M., y una cruz^ y una 
imagen de nuestra señora del miste- 
rio de la Anunciación y cuya devoción 
y advocación es esta casa: y en medio 
de la piedra se puso una lámina de 
plomo^ cubierta con otra , en la cual 
estaban vaziadas y relevadas las razo- 
nes de la siguiente página, para servi- 
cio de nuestro Señor , y memoria en 
^glos venideros, á imitación de lo que 
los passados antiguos han usado con 
nosotros en los fundamentos de obras 
insignes y grandiosas, quando les die- 
ron principio: porque si con el tiempo 
que todo lo consume y acaba, se des- 
cubrieren en las ruynas de los edificios 
tales cosas, se sepa y eche de ver la 
razón por qué se fundó el edificio, y 
para qué fin fué su principio , dando 
contento y gusto á los hombres el ver 
declaración de antigüedades , por la 
inclinación natural que tenemos todos 
a saber las cosas pasadas , sabiendo 
assi mismo en qué año , mes y dia se 
fundó esta obra, qué Rey y Señor la 
mandó hacer, y posseya entonces á 



214 



HISTORIA DE LA 






España, y otras curiotidades digoas 
de memoria. 

POSTERITATI. S. 

«AríPíUWTIATIOPíI DEIPARiE 
VIRGINIS MARriB HOC SA- 
CRUM, AD MENDICORÜIVI HOS- 
PITIÜM. ET AD VITiB IN ME- 
LIÜS INSTITÜTIONEM DIGA- 
TÜM EST. JÜSSÜ ET OPE PHU 
LIPPI H. HISPANIARUM REGÍS 
POTENTISSIMI, ATQÜE EJÜS 
FILII PHfLIPPI III. PRINCIPI9 
FELICISSIMI FAVORE: EX DE- 
CRETO AÜXILIOQÜE PR^CLA* 
RISSIMI VIRI ROPERICI VÁZ- 
QUEZ ARCE, SUMMI PRESIDÍS, 
ET ALIORUM A REGÍS CONSN 
LIO VIRORÜM CONSENSÜ. SO- 
LERTIA ET PRECIBÜS DOCTO- 
RISCHRISTOPHORI PÉREZ DE 
HERRERA SALMANTICENSIS, 
APUD TRIREMES HISPANIíE 
PROTHOMEDICI REGÍ I. AN- 
NO QÜARTO PONTIFICATÜS 
S. D. N. CLEMENTIS VIII. IN- 
CARNATIONIS VERO DOIVIINI 
NOSTRI JESU CHRISTI MILE^ 
SIMO QUINGENTÉSIMO NONA- 
GÉSIMO SEXTO DIE OCTAVO 
SEPTEMBRIS.» 

. Carta del Doctor Pérez de Herré* 
ra al Rey D* Felipe nuestro señor y 
acerca cíe la ocupación que podrían^ 
tener en oficios déla repúoUca alguna 
parte de los niños del seminario de 
Santa Isabel la Real. Madrid Ib. 

- aSeftor: La cosa masnecessaria que- 
parece puede a ver para el aumento / 
contervacioD de muchos ¿ienes espi- 
rituales y temporales eu estos rejrnos. 
de V.M., consiste, (como teogo dicho 
eo otra parte) en que todos se ocupen 
en ellos en diferentes oficios j minis- 
terios 9 assi de la república ^ como de. 
la guerra , siendo la ociosidad madro. 
y or¡fi[en de muchos vicios y pecados: ' 
para lo cual es muy á propsito hazer. 
gran fuersa en ocupar, los niños en« 



oficios meeánícos , y otros neeesarioi 
para la vida : pues criándose y acosi 
tombrándose á ello » jr teniéndolo por 
aa oficio y ganancia, lo continuarán 
adelante siempre, con que se escusará 
el andar tan vagabundos , y otros in* 
convenientes que dello resultan , pnes 
ja será dificultoso reduzir í traba|ar á 
todos los que han llegado acrecida 
edad con ociosa vida. T assi me ha pa« 
recido suplicar a S. M . se sirva man« 
dar se ocupen, exerciten y abiliten en 
ellos alguna parte de loi niftos que 
V. M.. con su piadoso y santo zelo, 
manda alimentar en el seminario de 
Santa Isabel la Real desta Corte , y 
que sea de manera que estos reinos 
abunden de las mercaderías que se 
traen de fuera dellos, ywe hinchan de 
oficiales de todos ministerios, man* 
dando V. M. siendo servido , que se 
derriben algunas casas de poco valor^ 
que están en la delantera del dicho 
seminario, y se haga y allane allí una 
gran plaza , fabricándose ¿ los lados 
ochenta tiendas, qua renta de cada 
parte , siendo este edificio de suerte 
fabricado, que no se estorve el passo y 
camino que va por delante la casa de 
Santa Isabel , salvándose con unos ar- 
cos desde la dicha casa, hasta el prin* 
oipio de la plaza: y las dichas tiendas 
y viviendas moderadas , se podrían 
ocupar con otros tantos oficiales natu- 
rales y estrangeros, que se hallarán 
con mucha facilidad, dándoseles de. 
valde , y haziéndoles V, M« alguna 
merced particular porque vivan en 
ellas; pues con esto, y con servirse ca- 
da uno de dos ó tres muchachos del 
dicho seminario, no manteniéndolos; 
acudiendo á sus horas al seminario á 
comer, cenar y dormir; y á continuar 
el aprender buenas costumbres > vi- 
viendo christianamente, el tiempoqoe 
tardaren en salir maestros de . los ofi- 
cios que apreodieren, que podrán aer 
muchos y de importancia, como es la* 
brary fabricar arcabuzes, mosquetes, 

Eistoletes, frascos y muchas cosas de 
ierro, azófar y peltre y otras meno** 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



215 



¿encías que se suelen traer de Flan*^ 
des^ pintar liensosjr mapas, baser esw 
feras y globos, reloxes j compases de 
diferentes formas, escritorios como los 
de Alemania, y bafetes y pejrnes, la- 
brar cosas de vidrio, hazer anteojos, j 
abrir sellos , y bazer estncbes con sus 
erramientas, j espejos, j diferentes 
mercaderías curiosas qne se traen de 
fuera del reyno , y necessarias para la 
vida humana : pudiéndose también 
texer en estas tiendas telillas , passa-» 
manos y otras cosas qne el mismo 
tiempo irá enseftando ^ pues teniendo 
tres ó quatro puertas principales á la 
calle de Atocha, con sus arcos y cade-* 
ñas, que por ellas se vea y descubra la 
fábrica del dicho seminario, lucirán y 
parecerán muj bien las tiendas y oñ^ 
cíales, y todo el reino acudirá á com- 
prar á ellas por junto las mercaderías 
que hubiere menester para sus tratos: 
pudtendo salir de allí dentro de pocos 
afkos oficiales que enseñen á otros , y 
que assi mismo hinchan y ocupen las 
tiendas que Y. M. tiene fabricadas 
junto á su Real palacio, y en la calle 
Nueva, donde ay muchas del las, pues 
es justo que la Corte de V. M., como 
del major rey del mundo, esté ador- 
nada por muchas maneras de todas las 
cosas necesarias, usadas y frequentadas 
por todos estos reynos de Espafia,- 
pareciendo en el trato otro Amberes. 
icPues con esto tomando exemplo 
algunas ciudades, y en particular la 
de Sevilla , Valladolid , Granada, Za- 
ragoza, Valencia, Barcelona y Lisboa, 
y otras de consideración, harán lo pro- 
pió, y se enriquecerán estos reynos, 
como está dicho, sin tener precisa ne- 
cesidad de otros , y se escusarán mu-» 
chos inconvenientes y daños, qué ay, 
como tengo apuntado en mis discursos^ 
á que ayudara mucho la fábrica de los 
tapizes, que V. M. ha sido servido 
mandar se hagan alli cerca en otra 
casa: y Y. M. se sirve se comience ya 
el exercicio della con los mismos mu- 
chachos, y con la ocupación de dife- 
rentes labores^ y otros oficios caseros 



de las niñas del mismo aemi na rio, que 
están á cargo de la madre Madalena 
de San Gerónimo, persona muy vir- 
tuosa y zelosa de servicio de nuestro 
Señor, y de V. M., que las dotrina 
con particular cuydado. Y con la casa 
del trabajo y labor para ocupación y 
castigo de las vagabundas , y con el 
albergue y examen de los mendigan- 
tes y reformación de los que fingida-* 
mente piden limosna , padiendo tra- 
bajar, por tener salud y edad para 
ello, ocupándose en diferentes minis- 
terios y oficios , espero en Dios verá 
Y» M. y lo gozará largos años, hechas 
muchas cosas de importancia para ser« 
vicio de nuestro Señor , y de Y. M., 
y bien y aprovechamiento deslos rey* 
nos.» 

Memorial que los caballeros pro-- 
éuradores de cortes de estos reinos 
dieron al Rey nuestro señor , supli" 
candóle ponga en ejecución estos dis^^ 
cursos. Macirid Ib. 

«Señor: El reynodizeque conside- 
rando quan necesaria es la caridad, 

1>ues ella vivifica, y da fuerzas á todas 
as virtudes , y con ella , y por ella se 
exercitsn las obras de misericordia, 
de que tan en particular hemos de dar 
cuenta á Dios nuestro Señor, como por 
su Evangelio nos enseña ) y la ocasión 
que dan los mendigos de que esta di- 
vina virtud se resirie en nuestros co« 
razones, que con fingida pobreza , y 
enfermedades y llagas no verdaderas, 
sino procuradas, toman por oficio el 
de los qué son verdaderamente pobres; 
y como los unos y los otros atendiendo 
a solo su interés , no tienen cuydado 
de guardar los mandamientos de la 
Iglesia, ni tampoco ay quien lo tenga 
de si los guardan ó no , viven como si 
nohuvieran nacido en el gremio della^ 
y casi todos mueren como si no fueran 
sus hijos, sin médico ni medicinaa, sin 
confesión ni Sacramentos^ sin que na-* 
die sepa ni crea si se mueren: y en tai 
forma viven y mueren los verdadero^ 
y los fingidos pobres, que se deve sen^ 
tir mucho, y á obligar á procurar su 



216 



HISTORIA DE LA 



remedio: por lo qaal eo diversas core- 
tes se ha suplicado i Y. M. para que 
dairdo forma que á los necesitados se 
les socorra con caridad , j para que 
sea con seguridad de que lo son , se 
procure cómo se conozcan ^ y que 
también aja quien les dé el manteni- 
miento espiritual ^ como el corporal, 
del qual están tan necesitados. Y aun- 
que con el sumo cuydado^ que de to- 
das las obras de piedad , y buen go- 
bierno ha avido^ assi en V. M.- como 
en los Rejes de gloriosa memoria sus 
predecessores ,- se han hecho leyes ea 
esta razón, y se han querido ezecutar, 
se ha hallado alguna díBcultad, porque 
se manda por ellas^ que ninguno pida 
en lugares fuera de su natural, dándo- 
les seys leguas de distrito \ que tiene 
grandes inconvenientes , porque las 
tierras que son pobres, tienen muchos 
naturales que mendigan, y pocos ó 
ningunos que los puedan socorrer: 
demás de que á los que vienen á tan 
trabajoso estado, se les haze vergüenza 
pedir donde los conocen : particular* 
mente si le han tenido mas próspero» 
y sus deudos se afrentan, y dellos y de 
los estraños reciben mas vezes repren- 
sión, que consuelo y limosna, sin otros 
inconvenientes, que assi en esta, como 
en las demás parece que ay: y estando 
con gran cuydado, conociendo los mu- 
chos daños, y no viendo los remedios, 
se alentó mucho el reyno, viendo los 
discursos del Docto r Christoval Pérez 
de Herrera , por parecer le que con 
ellos se averigua la verdad de los que 
son pobres, y se remedia que vivan y 
mueran bien , y que su execucion es 
fácil, no siendo violenta, y siendo he- 
cha por muchas manos, y ¿ un mismo 
tiempo en todo el reyno, y puesta en 
execucion por personas de caridad y 
de autoridad, con poca costa, sin obli- 
garles á que no pidan, ni que vayan á 
hazerlo en partes que sea contra su 
voluntad. Y aviándose divulgado por 
las ciudades destos reynos, ha sido en 
general y en particular aprovado,y 
bien recebido, y querrían ver su exe-« 



cucion y efectos. Y desseando el reyno 
lo mismo, ha dilatado elimportunar 
á y. M., sabiendo que su piadosissimo 
y católico zelo tiene muy prevenidas 
todas las cosas que son tan de servicio 
de nuestro Señor. Mas considerando 
aora , que el averse tratado deste ne- 
gocio y de sus inconvenientes, y la 
publicidad de las cosas que por los po« 
bres fingidos se han usado, ha causado 
que se resfrie la caridad con ellos y 
con los verdaderos, y que no se avien- 
do remediado los daños que avia , se 
aya seguido este : y que se podría re- 
mediar lo uno y lo otro , con que 
y. M. fuesse servido de mandar, que 
con brevedad se tomase resolución en 
esta materia , que al parecer sus for- 
mas son fáciles de execular, y snaves 
de llevar, sin tener (á lo que ahora se 
conoce) inconvenientes : suplica hu- 
mildemente á y. M* sea servido de 
mandarlo poner en execucion. «ePor 
acuerdo del reyno, Pedro de Contre- 
ras, y D. Juan de Inestrosa, sus secre- 
tarios. Fué este memorial dado á S.M. 
en las Cortes, en el año de' mil y qui- 
nientos y noventa y seys.» 

Aprohaciones destos discursos y 
conceptos, por muchos Teóloeos in^ 
signes jr predicadores que residen en 
esta corte , y de los catedráticos de 
propiedad de las universidades destos 
reynos. Madrid Ib. 

«Las personas que aqui firmamos 
nuestros nombres, dezimos , que ha- 
biendo visto estos discursos del Doc" 
tor Christoval Pérez de Herrera , de 
la materia del amparo de los verdade- 
ros pobres, y reducción de los vaga- 
bundos, nos ha parecido ser cosa muy 
justa el executarse todo ello con bre- 
vedad; por ser muy llegado á la ley 
natnral, y. fundado en sacra Teología 
y derecho divino y humanó, y en la 
Economía , Etbica y Política, que los 
pobres sean amparados, y vivan y 
mueran como christianos, y se distin - 
gan de los vagabundos que se mezclan 
entre ellos á hurtarles la limosna. Y 
por ser este nuestro parecer, lo firma- 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



217 



mos de nuestros nooibres. En Madri4 
« 1.^ de majo^ de 1595 años. Fray 
Diego de Tepes , confesor de S. M •, 
de la orden de San Gerónimo. Fray 
Pedro Fernandez^ confesor del prín- 
cipe nuestro Se&or. Fray Jnan Gn- 
tierresy predicador de S. M., de la or- 
den de Santo Domingo. El licenciado 
D. Alonso Coloma, canónigo de la 
.doctoral de Sevilla; y el padre Fray 
Juan de Castroverde , predicador de 
S. M. El doctor Castillo, canónigo de 
la doctoral de Cuenca. Fray Sebas- 
tian de Bricianos , de la orden de San 
Francisco. El maestro Fray Jnan de 
Castaftizas, de la orden de San Benito. 
Fray Sebastian de Villosiada , de la 
misma orden. El padre Dionisio Gui- 
llen, de la compañía de Jesús. El pa- 
dre Sebastian Fernandez, de la com- 
pañía de Jesús. El padre Juan del 
Águila , de la compañía de Jesús. El 
padre Fray Francisco de Mena, gene- 
ral que es de la orden de los Mínimos. 
Y el padre Fray Juan Ponce de León, 
de la misma orden. T otros predica- 
dores de las órdenes de San Agustín y 
el Carmen , y de San Francisco de 
Paula, y muchas otras personas de 

Erandes letras y partes lo han apro- 
ado; y en particular todos los cate- 
dráticos de propiedad de Teología, 
Cánones y Leyes de las universidades 
•de Salamanca, Valladolid y Alcalá» á 
quales les ha agradado mucho ^ como 
parece por los originales: y fuera des- 
to, á muchos hombres doctos y de en- 
tendimiento destos reynos, assi de los 
consejos de V. M. en esta corte, como 
de las chancillerias dellos, procurando 
yo con particular coydado y diligen- 
cia al principio que comencé á escrivir 
el primer discurso, comunicar mis 
conceptos y pensamientos con muchos 
varones de gran christiaodad y letras, 
por yr muy enterado en que mi in- 
tento era acertado para proseguir y 
llevarlo adelante con muchas veras, 
como con el favor de Dios lo he hecho. 



y sino lo fuera, dexar este camino de 
amparar pobres, y reduzir fingidos 
mendigantes , y buscar el qué fuesse 
mas en servicio de nuestro Señor, de 
y. M. y bien común destos reynos, y 
descanso para los mismos pobres.» 

Instrucción que por orden de 5. M. 
embió su presidente j' consejo d cm- 
cuenta ciudades y villas destos rey^^ 
nos, en lo acaldado sobre este parti- 
cular. 

Se mandan llevar á efecto las me- 
didas propuestas por el doctor Pérez 
de Herrera, en sus discursos á S. M. 

Carta de Alonso de Barros, criado 
del Rey nuestro Señor, epilogando y 
aprobando los discursos del Doctor 
Óhristóval Pérez de Herrera, de la 
reducción y amparo de los pobres 
mendigantes del reyno* 

Esta carta se reduce á las siguientes 
proposiciones, que el autor comenta 
estensa mente. 

1.* Las mercedes que Dios ha 
hecho a los hombres. 

2.^ La paga que quiere Dios por 
¡os beneficios que nos ha hechoyhcuse. 

3.* Embustes y ficciones de los 

pobres, 

4 .■ Que el intento del autor, no es 
quitar pobres^ simo mejorarles su ma- 
ñera de vivir. 

5.* Que negándose la limosna a 
los que fingen ser pobres , buscaran 
otra manera de vivir. 

6.* Que se confesaran d sus tiem- 
pos los pobres , / se evitarán muchos 

pecados. 

7." Que de estos pobres saldrán 
de hoy mas oficiales para la república. 

8.* Que se descubrirán muchos 
embustes y engaños de esta gente, 
con el orden que se da para su re- 
medio, 

9.* Que estando encerradas las 
uagabundas, se enmendarán mucho 
sus costumbres, 

10.* Que merece el autor ser pre- 
miado (aunque no lleve ese intento) 



HlST. DE LA MeMC ESPAftOLA.— T^^^ 2/ 



28 



218 



HISTORIA DE LA 



por haber trabyado tanto en este ne* 
gocio de los pobres. 

11.* Que la esperanza del premio 
facilita el trabajo. 

Discurso 9.* BepreienU á S. Mi- 
guel j al «tiablo en forma de dragón, 
puesto á sus pies. 

Para castigo de malos 
Se movió guerra en el deloj 
Y se aprooó la del suelo. 

Al Rey D. Felipe nuestro Señor, 
del exercicio y amparo de la milicia 
destos rejmos jjpor el Doctor Chisto • 
val Pérez de Herrera, al poderosissi- 
mo principe de lasEspañasjr delnuevo 
mundo D. Felipe nuestro Señor ^ su" 
pilcando a 5« jí. mnpare este discurso 
con S. M. Madrid Ib. 

DiTide este discurso en ocho pontos 
principales, á saber: 

1.^ Del ejercicio y amparo de la 
milicia destos rejmos. 

Prueba que es mojr justo que los 
soldados que pierden so salud por su 
ftj, sean favorecidos j protegióos por 
¿I. Dice asi: «conreniente es que de la 
mano real y liberalisiroa de V. M. 
salga el remedio de otros verdaderos 
pobres, que por ser de los mas honra* 
dos que hay en el mundo^ es santa co- 
sa j mor justa que no queden sin re- 
medio. Estos son , señor, los soldados 
3ue profesando la milicia jr defendién- 
oñps con valor y virtud sirviendo á 
V. M., pusieron y ponen de ordinario 
i riesgo sus vidas , y de ellos los que 
quedaron con ellas estáoí de suerte 
qué por las heridas que en sus cuerpos 
recibieron y trabajos qne han padeci- 
do, ios vemos estropeados e inútiles ó 
tan cargados de la edad , que por no 
estar para servir obliga á dsrles el re- 
medio que merecen sus obras. Asi, 
pues , este asunto merece llevarse al 
consejo de estado para que se trate de 
su remedio.» 

2.^ Del ejercicio de la milicia. 

Propone el autor el que se estrage- 
ran de los seminarios y hospicios ai- 



£na parle de los ni6os tfoe pasaran 
catorce afios, y que se destinasen ¿ 
Us oficinas de guerra, como armerías, 
arsenal es, fábricas de armas, etc. Acon« 
aeja también i S. M. que en todas las 
ciudades, villas y lugares de España se 
establecieran ejercicios gimnásticos 
militares tanto de á pie como de á ca- 
ballo dándoles armas de las armerías 
que habia en el Alcázar de Segovia, 
Toledo, Mota de Medina del G^impo^ 
Burgos, Murcia^ Granada y Sevilla. 

3.® Del amparo de la milicia. 

Propone á S. M« el que se estable^ 
ciese en la corte una congregación de 
caballeros de caridad , calidad y ha* 
cienda, y soldados viejos hasta el nú- 
mero de ocho, para que sin salario ni 
estipendio alguno se encargasen del 
cuidado y protección de los militares: 

Jue de esta congregación se eligieaen 
os diputados y un protector general 
con poderes para presentarse á S. M. 
y su consejo, en demanda de los dere*- 
chos que á los militares competiese y 
de las pagas que se les adeudase. Que 
esta congregación tuviera á cargo suyo 
el correr todas las diligencias que ha« 
hieran de practicarse en la corte, rela- 
tivas á asuntos y solicitudes de los mi^ 
litares ; pero que estos no pudiesen ir 
á la corte sin licencia esnresa de S« M.^ 
porque habia acreditado la esperien* 
cia, que la mayor parte de Jos que 
iban, pendian mucho de su crédito y 
valor, por estar largo tiempo ociosos. 

4.^ De la trahaiosa "moav gran^ 
des merecimientos de los soldados. 

El autor refiere largamente los tra- 
bajos qu^ pasan los soldados en la 
guerra ; añadiendo que tenia de ello 
la esperiencia por haber estado entre 
ellos por espacio de doce años. Llama 
la atención de S. M., haciéndole ver 
que sobre ser la clase de la sociedad 
mas subordinada y mas beneméri- 
ta, no habia otra cuyas faltas fuesen 
castigadas con mas severidad , que á 
veces ra vaha en crueldad j y mas que 
el derecho común de gentes permitia. 
Mas adelante dice i 5. M. ^T pues 



MEDICINA ESPAl^OLA. 



219 



/ 



hay tentof pMmiot para loaecléaiáali* 
coa y Unías dignidades , j tantoa €(H 
legiof, y Untas prerogatiras | j UbUs 
plasas j oficios de }arisdiccion» y Ud^ 
tos salarios jr premios.. .. Umbieo sterá 
maj justo que para la gente de guerra 
baja algan descanso y premio^ asi 
para los qme en este ejercicio ban en- 
fermado, como para los que están ioó- 
tiles por estar sin brazos ó piernas^ co- 
mo para aquellos á quienes U Tejes 
tiene imposibiliudos para servir. Asi 
estos vasallos deben ser premiados li- 
beral mente para el que quisiere la 
guerra , procure pasar adelante con 
ella^ confiado que si la suerte le fuere 
contraria^ esté cierto que st saliere es^ 
tropeado ó inútil de entre los peUgros 
en que TÍve^ ó la edad le pusiere en la 
necesidad de no poder servir ni sus- 
tentarse por aquel oficio^ que es el ca- 
mino que siguió , será socorrido con 
casa, camajr vestido ; y si es hijodaU 
go tendrá renta con que pueda passr 
su vida y morir en quietud y sosiego» 
7 los unos y los otros tendrán insignias 
honrosas por sus servicios.» 

5.^ El orden del amparo, y re* 
compensa de los soldados ordinarios. 

Propone á S. M • el que á cada sol- 
dado que hubiera quedado por inútil» 
sea la recompensa 12,000 mararédis 
á cada uno para vestirse , casa y cama 
en que duerma , y curarle sus enfer* 
medsdes en el esUblecimíento ó en^ 
fermeria que para ello baya* 

Habla del régimen interior que de- 
biera guardarse en estos estableci- 
mientos de inútiles» á los cuales deno- 
mina casas del amparo- de la miU" 
cia (1). 

Propone Umbieo á S. M. para este 
edificio, el seminario de Saota Isabel' 
de Madrid, con la condición de que 
los soldados que á ellos fuesen» permi- 



(1 ) ¡Cuánto mas filosófica y mas espre- 
siva ti esta deaomÍDacion qoe la de caarlé* 
les de ¡ó válidos , «oo qae ahora se cenocsn 
estos «fttabJecíniieotos! 



tiéndoio su estado» se encargasen tdé 
adoctrioar y amaestrar á muchos n¡5os 
del dicho seminario en los ejercicios 
miiiUres» imponiéndolos en jugar ar- 
mas de todo género, tirar con arcabu« 
ees al blanco» y otros á plantar» apun^ 
Ur y disparar artillería» en hacer mi- 
nas y contraminas» escalar murallas» 
á formar escuadrones» abrir trinche- 
ras y otros oficios miliUres ; y seria 
cosa mucho notable ver en esta corte 
tres casas tan famosas y otras tan in- 
signes» dignas de los felicísimos tiem- 
pos de y. M. » la una de soldados y 
gente de mar» que descansan de sos 
trabajos; otra de los que empezaran "i 
seguir erta profesión*, y láotra el al- 
bergue general de los pobres.» 

6.^ Z)e las remuneraciones y amr 
paro de los capitanes, alféreces y sar^ 
gentos, y otros soldados, hidalgos, y 
de caliaad. 

Propone á S. M. cieq premios apua* 
les como remuneraciones de tres espe- 
cies mayores» medianas y pequeñas: 
la primera^ destinada á los capitanes» 
de 120,000 maravedís: la segunda» á 
á los alféreces de 80^000 , y la terce- 
ra» de 40»000. También propuso, á 
S. M. el retiro para los que sirvieran 
treinta y cinco años de buenos servi- 
cioS) y que laü insignias del retiro f^e• 
sen en los soldados cintas de seda.» y 
en los oficiales cintas con flecos de oro» 
porque honrados de este modo», se 
animarian muchos á seguir la carrera 
militar. Ultimarñeote aconsejó á S. AL 
espidiese una real orden contra la aba- 
desa del monasterio de las Huelgas de 
Burgos^ para que proveyese esclusíya- 
mente en los militares retiicados las 
trece plazas de comendadores que es- 
tableció con este objeto el Rey Don 
Alonso el noveno » lo cual no babia 
cumplido ni cumplía la dicha abadesa. 
7.°' Que todas las personas que 
sirven en la guerra en general, es muy 
justo sean premiadas. 

Propone á S. M . que los generales 
de mar y tierra debian ser premiados 
con encomiendas» hábitos y cruces de 



^tm 



220 



HISTORIA DE LA 



U major distinción: 7 que los cape* 
llanes de regimientos sean colocados 
en canongias j otras prebendas. 

8.^ Cómo se podrá saear renta 
bastante para el sustento jr remune"- 
ración ¿le esta casa , y gastos de la 
congregación que se podna fundar en 
esta corte. 

Propone á S. M. los recursos de qoe 

fmdiera echarse mano para mantener 
as casas del amparo de la milicia. 

1.* Qae se se&alen la cuarta ó 
quinta parte de lo corrido de las va- 
cantes de las encomiendas, 7 la veinte* 
na de todas las que se proveyeran en 
lo sucesif o. 

2/ Pedir á Su Santidad , puesto 
que era la persona representante de 
Jesucristo, quien tanto nos dejó redo- 
mondados los pobres, cediera la parte 
que le tocaba de las vacantes de los 
arzobispos j obispos que morian . 

3.* Que S. M. fuese el primero 
en imitar con su ejemplo, cediendo 
la octava ó décima parte de sus pen- 
siones sobre los arzobispados y ob¡s« 
pados. 

4.* Que los bienes que dejó el 
Cardenal de Toledo , y que el presi- 
dente del consejo D. Rodrigo Vázquez 
de Arce y los demás testamentarios 
repartían entre sus criados y deudos, 
dándoles rentas y juros de la misma 
hacienda, se destinaren a estas casas 
del amparo. 

5.* Que cada caballero que fuese 
agraciado con el hábito de ana orden 
militar, paguase cincuenta ducados, 
destinados al mismo objeto. 

6.* Que los vireyes, capitanes ge- 
nerales, coroneles y sargentos mayo- 



res, al recibir sus reales despachos, 
dejasen por lo menos la cuarta parte 
de su salario al mes ; porqué estos 00 
hadan mas que obrar para si mismos. 

7.* Que S. M. cediera la parte 
que le correspondía por las aprehen- 
siones de fraudes. 

Tal es el contenido de esta inesti- 
mable obra, la cual demuestra eviden* 
tómente el filantrópico corazón de 
nuestro médico, y al propio tiempo la 
influencia tan poderosa que tenia con 
el monarca. Este, invitado por sus con- 
sejos» como acaban de ver mis lectores, 
dio de una sola vez para la casa del am- 
paro de la milicia , veinticuatro mil 
ducados, mandando al mismo tiempo 
por órdenes muy terminantes se pu- 
siesen en práctica todos los medios que 
proponía su médico. De modo que de 
esta época datan el hospicio de Ma- 
drid, fas casas de galeras, los presidios 
correccionales, los cuarteles de inváli- 
dos, los retiros de los militares, y otros 
muchos institutos de beneficencia. 

Proverbios morales y consejos cris- 
tianos muy provechosos para concier» 
to y espejo de uida, adornados con lu'> 
garesy textos de las dixnnas y huma^ 
ñas letras j y enigmas filosóficos , na^- 
turóles y morales , con sus comentos, 
adornadas con trece emblemas y sus 
estampas muy curiosas mropiadas d 
sus asuntos. Su autor el Óoctor Cris" 
tóval Pérez de Herrera , médico de 
S. M. Madrid 1612. 

Al principio de esta obra se hallan 
un gran número de composiciones de 
los poetas mas distinguidos del siglo 
XVn. De estaa copiare únicamente 
tres, y son las siguientes: 



Al rey nuestro señor D. Felipe III , el doctor Cristóbal Pérez de Herrera, 

médico de S. M. 

Sangre del que con águilas romanas, 
Y arrogantes castillos , y leones 
Enmudeció los triunfos, y blasones 
De las sobervias lunas otomanas: 

Tú que á emular sus obras soberanas. 
Aun en tan tiernos años te dispones. 



t^ 



MEDICINA ESPMOLA. 

Para que tiemblen todas las naciones 
Las armas, y banderas castellanas: 

Oye del sabio Herrera el graue canto. 
En que aconseja a tu niñez tu zelo. 
Tributo de su ineénio, jr raro /ruto. 
. Pues con ser el ingenio Ubre tanto, 

§ue no debe tributo sino al cielo^ 
e ofrece el suyo patrias , j tributo. 

Al priocipe nuestro señor D. Alonso de Salas Barbadillo. 

Jo que al segundo^ al sabio, al mas prudente 
PUlipo, padre tuyo, en causas tales 
{A la espada, y la pluma haciendo iguales) 
Aunque indigpo, serví dichosamente» 

Yo que del bien común con zelo ardiente 
Postré desvelos a tus plantas reales. 
Que consiguiendo efectos inmortales, 
Mindieron fruto generosamente. 

Yo, pues, o rey augusto^ ó gran monarca. 
Humilde ofrezco á tu retrato vivo 
Dulces enigmas, breves desengaños. 

Y hoy casi d Iqs umbrales de la parca 
Sirven en ti al abuelo, al hijo altivo. 
Las jra postrimerías de mis años. 



221 



• Lector amigo , la Fama 
Soy, que la regum Etérea 
Penetro con leves plumas. 
Admiro con varias lenguas. 
Mi monstruoso cuerpo alado. 
Ni te espente, ni le temas, 

g|ii6 Argos tuvo tantos ojosj 
orno yo formas diversas. 
Y si, eres de ánimo altivo^ 
No me juzgaras por fea. 
Que muchos la %ida amable 
Por mi animosos desprecian. 
Por mi muriendo alcanzaron 
AlgunQS memoria eterna^ 
No por lascivos amantes 
Heridos de blandas flechas. 
No de afectados Narcisos 
Entre (dgodonesjr sedas. 
De Pirros si, de Palantes, 
Fabios ^ Héctores y Cevolas. 
Yo, pues, ó lector curioso, 

Sue del orbe pregonera, 
jn varias lenguas discurro 
Tantos mares j tantas tierras. 
Te presento este volumen. 



Este libro, en quien de Atenas 
Verás la culta doctrina. 
La doctísima academia. 
En el de los héroes siete. 
Que ennoblecieron á Grecia, 
Él crisol de sus ingenios. 
El oro de sus sentencias. 
Verás matizadas flores 
De la copia de Amaltea, 
Que cifran un templo hermoso 
En distancia tan pequeña. 
Un ameno paraíso. 
Que entre blancas hojas bellas 
Produce el sabroso fruto , 
Que de la muerte preserva. 
De moral filosofia 
Tendrás una quinta esencia^ 
Salud y vida del alma, 

gue con los vicios enferma, 
n consejero avisado,' 
Un amigo con llaneza, 
EstCj por quien te corrijas. 
Aquel, por quien te suspendas, 
Y al fin por que tanto adorna 
La variedad j" hermosea, 



222 



HISTORIA D£ LA 



Como en nuestra madre vemos 
La sabia naturaleza. 
En este libro su autor 
Tanto agradarte desea. 
Ya grave orador cristiano, 

Y ya ingenioso poeta. 
Con agudeza estremada, 

Y lacónica elocuencia, 
Doctamente persuade , 

Y dulcemente aconseja. 
Ya con sutiles enismas 

Te entretiene, si las veras ' 

Quieres dejar de Catón, 

De Herdclito las endechas. 

Que no son de Esfinee, no y 

Las intrincadas emblemas, 

iVt que por castigo den, 

Como d Homero, muerte fiera. 

Porque de sus laberintos. 

De sus nudos ó sus pruebas. 

De dificultades tantas. 

Cuando nunca las entiendas. 

La pena es ver el comento. 

Que tantas cosas enseña. 

Tantos secretos descubre. 

Que acierta mas quien mas yerra^ 

De esta, pues, obra divina, * 

Di?idle esta obra en tres libros de 
proverbios morales y dos de enigmas 
filosóficos. 

Son tan interesantes los proverbios 
morales, tan instructivos y táñelo- 
cuentes, que no puedo resistir al de- 
seo de darlos i conocer á mis lectores; 
tanto mas por ser ya sumamente ra- 
ros , pues en tantos años que me en- 
tretengo en busca de nuestros libros» 
no he podido ver otro ejemplar mas 
que el que poseo. 

Todo es mudable en el mundo, 

Y vanidad sin cimiento. 
Y no es cumplido contento 

Tener en él mucha sobra. 
Ni hay perfección en la obra. 

Donde falta la humildad. 
Ni camino de verdad 

Puede haber que no sea estrecho. 
NI es prudencia, por despecho. 

Hacerse mal á si mismo. 



De esta maravilla nueva j 
¿Cómo (o lectorj no preguntas 
Quién el artífice seaf 
¿Pero que digo? ella misma^ 
Si ya saberlo deseas j 
Publica d voces por dueño 
jilvfTidente y sabio Herrera. 
O dichosa y grave pluma. 
Tú que con grandiosa alteza 
A tantos libros has dado 
Alas con que al sol se atrevan. 
Sin miedo qué al Océano, 
De negras ondas leteas 
Dar puedan leatos nuevos. 
Fiados de blanda cera, 
Venere el mundo tu nombre ^ 
Hónrese España en tu ciencia ^ 
Premie el cielo tus trabajos j 
Pague Filipo tus letras. 
Del hijo augusto, d quien rindes 
Por tributo tales prendas. 
La gracia te dé favores. 
Las mercedes te engrandezcan* 
Que yo incansable , entretanto 
Que tú digno premio llevas, 
fiaré notoria tu /ama 
Aun en la mas alta esfera. 

Ni es poco infernal abismo 

El pecho del embidioso. 
Ni hay hombre tan sin reposo. 

Como el de mnoha codicia. 
Ni administrará justicia 

El que mira el interés. 
Ni hay quien no juzgue al revés. 

Si esta muy apasionado. 
Ni mas infelice estado. 

Que estar asido de un necio. 
Ni de si mayor desprecio 

Que bajarse & hacer vilezas. 
Ni son loables proezas 

Hacer mal á miserables. 
Ni hay riquezas mas instables 

Que las que el Tahúr posee. 
Ni hay bien que tanto recree 

Como la quietud del alma. 
Ni conseguirá la palma 

El que no perseverare. 
Ni acertará el que pensare 

Que el tiempo suyo no vuela. 
Ni que el secreto revela. 



MEDICINA ESPAl^OLA. 



223 



Con algoien ferjt cabido. 
Ni el que fuere comedido 

Dejará de ser amado. 
Ni acertará el que ha pensado 

Qoe haj coea qae do se sepa. 
Ni hay logar adonde quepa 

El necio favorecido. 
Ni mas condenable olvido 

Que el del qoe vive en pecado. 
Ni es poco dichoso estado 

El del matrimonio á gusto. 
Ni entretenimiento justo. 

Donde otro recibe omI. 
Ni tendremos por leal 

Al qoe en la fe poco dora. 
Ni por de poca cordura 

Al qoe en la cueta ha caido. 
Ni se hallará arrepentido^ 

Quien compuso diferencias. 
Ni hay tan seguras sentencias^ 

Gomo no esperar alguna. 
Ni hombre que de fortuna 

No haya algún golpe probado. 
Ni ediBcio tan fundado. 

Que no se pueda caer. 
Ni hay mas cierto merecer 

Que el de las persecuciones. 
Ni perder las ocasiones 

Puede ser cosa acertada. 
Ni hay fortuna mas predada, 

Que la que se alcanza tarde. 
Ni da indicio de cobarde 

ün honrado sufrimiento. 
Ni es jamás seguro asiento 

Tomar el mejor lugar. 
Ni ne podrá conservar 

El necio en sublime estado. 
Ni se llame desdichado 

El pobre, si tiene ciencia. 
Ni hay mas inquieta conciencia. 

Que la del murmurador. 
Ni obra de tanto primor. 

Que no la censure alguno. 
Ni tengas por importuno 

Al que pide cosas fustas. 
Ni al vicio de que mas gustas 

Dejes adquirir costumbre. 
Ni es loable mansedumbre 

Sufrir ofensas de Dios. 
Ni por honraros á vos 

Queráis á otro afrentado. 



Ni perderá el ser honrado 

El qoe de honrar se preciare. 
Ni es licito al que abogare 

Alegar por ambas partes. 
Ni en usar de muchas artes 

Está fondado el saber. 
Ni hay perfecto merecer 

Donde falta caridad. 
Ni es probana» de bondad 

Dar crédito fácilmente. 
Ni da indicio de prudente 

Quien habla muy confiado. 
Ni el que gasta de fiado. 

Podrá vivir con concierto. 
Ni aun del enemigo muerto 

Es licita la venganza. 
Ni es indecente mudanza 

Mejorar de presupuesto. 
Ni ocupará honrado puesto 

El que fuere descuidado. 
Ni hay mas venturoso estado, 

Qoe á nadie haber meneater. 
Ni cosa de mas placer 

Que los virtuosos hijos. 
Ni enemigos mas prolijos 

Que los que aprietan les fien. 
Ni hay hombres que assi confien 

Como necios porfiados. 
Ni beneficios logrados 

Hechos á persona ingrata. 
Ni hay cosa que sea barata. 

Si se compra con pecar. 
Ni el cuidado es de estimar. 

Que nace de vanidades. 
Ni los que apuran verdades 

Suelen ser bien recibidos. 
Ni he visto hombres mal sufridos 

Que no les corra desdicha. 
Ni puede llamarse dicha 

La del rico miserable* 
Ni hay quien atrevido hable, 

Que no se arrepienta luego. 
Ni amigo de ocio y de juego. 

Que no acabe con pobreza. 
Ni dar mucho de cabeza 

Suele ser caso bien hecho. 
Ni hacer justicia y derecho. 

Merece poca alabanza. 
Ni habrá tan recta balanza. 

Que algún tiempo no se tuerza. 
Ni acierta quien hace fuerza 



224 



HISTORIA DE LA 



En conoícerse á si mismo. 
Ni hay tan firme silogismo 

Gomo el fundado en razón. 
Ni mas triste confusión^ 

Que ser hallado en mentira. 
Ni el que á grandezas aspira 

Dejará de ser valiente. 
Ni hay tan dañosa serpiente 

Gomo la lengua mordaz. 
Ni mas incierto solaz, 

Que el ganar de mercader. 
Ni le queda que perder 

Al que perdió la vergñenza. 
Ni cuando uno á si se venza 

Ganará poca victoria. 
Ni hay mas verdadera gloria 

Que ser amparo de pobres. 
Ni de que mas paga cobres. 

Que dé obras de caridad. 
Ni hay mas infame maldad. 

Que hacer mal al bienhechor. 
Ni mas agradable olor 

Que el de la perfecta vida. 
Ni mas amarga comida. 

Que la que causó el pecado. 
Ni tan molesto cuidado 

Gomo es el mucho deber. 
Ni cosa mas de temer^ 

Que riqueza sin virtud. 
Ni mas tarde el ataúd 

Espere el mozo que el viejo. 
Ni hay mas claro y cierto espejo, 

Que es el del discreto amigo. 
Ni tan dañoso testigo, 

Gomo la propia conciencia. 
Ni mas importante ciencia. 

Que aprender á bien morir. 
Ni con |irudencia el sufrir 

Dejó de alcanzar victoria. 
Ni se halla en profana historia 

En todo puntualidad. 
Ni hay tan crecida maldad 

Gomo de hacer mal preciarse. 
Ni pena como apartarse 

Dos unidos corazones. 
Ni blandas reprensiones 

Enojaron á ninguno. 
Ni hay dolor, si es importuno^ 

Que no acabe, ó el fenezca. 
Ni cosa que bien parezca. 

Si con envidia se mira. 



Ni rayo como lá ira ' 

Gon el primer movimiento. 
Ni las burlas con que afrento 

Pueden llamarse donosas. 
Ni hay famas tan peligrosas 

Gomo las mal adquiridas. 
Ni vidas mas abatidas, 

Que sujetas á pecados. 
Ni servicios mas honrados. 

Que los hechos en la guerra. 
Ni se emendará el que yerra. 

Si no conoce su error. 
Ni se halla amistad mayor» 

Que la de dos virtuosos. 
Ni los hombres muy celosos 

Vivirán asegurados. 
Ni hay hijos tan malogrados 

Gomo los desobedientes. 
Ni se muestran los valientes 

Sólo en regir una espada. 
Ni hay prenda mas empeñada. 

Que la palabra del bueno. 
Ni gustar del mal ageno 

Es de ánimo generoso. 
Ni tener poco reposo 

Es indicio de prudente. 
Ni hay cosa mas indecente. 

Que mocedades en viejos. 
Ni mas seguros consejos. 

Que los que nacen de amor. 
Ni tan terrible dolor. 

Que el que decirse no puede. 
Ni quien tanto daño enrede. 

Como una airada muger. 
Ni ha de medir su poder 

Gon la voluntad del hombre. 
Ni hay cosa que mas asombre. 

Que acordarse de la muerte. 
Ni el corazón del que es fuerte 

Se rinde con los trabajos. 
Ni hay pensamientos mas bajos. 

Que son los del hombre avaro. 
Ni don que cueste mas caro. 

Que el que recibe el juez. 
Ni es muy cierto en la vejez 

La enmienda que se difiere. 
Ni piense el que mal hiciere. 

Que faltará quien lo diga. 
Ni es bien tenga el qtie castiga 

Odio, venganza, o malicia. 
Ni trata bien de milicia 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



225 



Quien nunca la ha egercitado« 
Ni paede ser buen soldado 
Quien no sabe obedecer. 
Ni quiera reprehender 

Quien vive viciosamente. 
Ni llamaremos prudente 

Al que se alaba que sabe. 
Ni es bien entregar la llave 

Del alma á cualquier amigo. 
Ni hay mas dañoso testigo 

A las veces que el semblante. 
Ni sobervio ni arrogante. 

Que deje de ser cobarde. 
Ni eldescanso vino tarde 

Como á algún tiempo llegase. 
Ni hay cometa que asi pase^ 

Como el contento del suelo. 
Ni es seguro el alto vuelo» 

Pues se puede dar caida. 
Ni len|[tta descomedida» 

Dejó de llevar su pena. 
Ni el que usurpa hacienda agena 

Suele con ella lograrse. 
Ni centella levantarse» 

Que abrasar no puede un mundo* 
Ni ciervo mas sitibundo» 

Que el lascivo con poder. 
Ni de constante muger 

Es justo tener sospecha. 
Ni hay mas penetrante flecha» 

Que la palabra afrentosa. 
Ni vida mas peligrosa» 

Que la del arrojadizo. 
Ni el que. bien dijo ó bien hizo 

Quedará sin premio de ello. 
Ni es poco seguro -sello 

El pensar lo que se dice. 
Ni hay cosa que asi autorice 

Las obras como humildad. 
Ni ser de alta calidad 

Luce entre bajas costumbres. 
Ni faltarán pesadumbres 

Al que dá causa á tenellas. 
Ni hay mas honradas doncellas^ 

Que las poco conocidas. 
Ni mas dañosas heridas» 

Que las que no se descubren. 
Ni á los que vicios encubren 

Tengas por menos viciosos. 



Ni hay hombres mas peligrosos» 

Que los muy determinados. 
Ni en pechos afeminados 

Es bien hacer confianza. 
Ni los que adquieren privanza 

Por lisonjas durarán. 
Ni si miras qué dirán 

Podrás hacer cosa buena. 
Ni hay mas fuerte y vil cadena» 

Que una pasión amorosa. 
Ni en mu^er vana y hermosa 

Se puede mucho fiar. 
Ni el oir» ver y callar 

Pudo no ser agradable. 
Ni hay cosa mas detestable» 

Que ser traidor al señor. 
Ni tan pesado dolor» 

Como el ir de mas á menos. 
Ni en los pesares ágenos 

Des muestra de crueldad. 
Antes con justa piedad 

Oye con misericordia 

La contraria adversidad» 

Volviendo en dulce concordia 

El rencor» y enemistad. 

Tratado segundo. 

No se aleanza la victoria 

Sin haber bien peleado. 
Ni lo mal considerado 

* 

Está muy lejos de errarse. 
Ni de parecer mudarse 

Da indicio de liviandad. 
Ni es poco noble bondad 

Hacer bien al enemigo* 
Ni puerto de buen abrigo 

Amparo de mala gente. 
Ni hay pequeño inconveniente» 

Que despreciado no crezca. 
Ni de aquel que en paz fenezca 

Se puede tener mancilla. 
Ni una voluntad sencilla 

Desprecian los generosos. 
Ni son truanes graciosos 

Los que dicen pesadumbres. 
Ni aun al de torpes costumbres 

Parece la virtud mal. 
Ni el matrimonio no igual 



HisT. DE LA Mepic. española.— *T^mo 2.^ 



29 



1 



226 



HISTORIA DE LA 



Permanecerá en contento. 
Ni es bien que el honroso intento 

Se deje por cosa algana. 
Ni que echen ¿ la fortuna 

Los descuidos del culpado. 
Ni í pocos habrá engañado 

Fiarse de su esperiencia. 
Ni es siempre acto de paciencia 

No ejecutar la intención. 
Ni poco honrado blasón 

Llamar á uno virtuoso. 
Ni el que fuere cuidadoso 

Hija criará liviana. 
Ni se dirá bien que gana 

El avaro, aunque enriquezca* 
Ni es bien» aunque se merezca 

Lugar de hermano major. 
Ni cosa de gran primor 

Hablar siempre con malicia. 
Ni administra nien justicia 

El juez mal informado. 
Ni será justo abogado 

El que defiende torpeza. 
Ni lo que con mal empieza 

Promete alegre suceso. 
Ni puede ser de buen seso 

El que prueba á su mugcr. 
Ni deoe descaecer 

El que buenas obras hace. 
Ni ha j lazo que tanto enlace 

Gomo el de la hipocresía. 
Ni el que sin razón porfia 

Deja de ser mal criado. 
Ni el capitán arrojado 

Dará buen fin á la guerra. 
Ni amparar su patria y tierra 

Es poco honrado blasón. 
Ni siempre buena intención 

Es disculpa del pecado. 
Ni codicie amigo honrado 

De su amigo alguna prenda. 
Ni es bien por seguir la senda 

Dejar camino ancho j llano. 
Ni al vengativo inhumano 

Le juzgues por mujr valiente. 
Ni cabrá entre buena gente 

Quien se precia de chismoso. 
Ni quien tiene hijo vicioso 

Tendrá sueño con sosiego. 
Ni se mata bien el fuego 

G)n leña seca y menuda. 



Ni siempre quien te saluda 

Desea lo que promete. 
Ni es discreto el que se mete 

Donde no es licito entrar. 
Ni de agravios gracias dar 

Es hecho poco prudente. 
Ni decir lo que se siente 

En todo es cosa acertada. 
Ni ofende una cuchillada 

Tanto como un testimonio. 
Ni haj mas rico patrimonio^ 

Que la virtud que se hereda. 
Ni hay quien mas daño hacer pueda 

Que un traidor disimulado. 
Ni da cosa mas cuidado^ 

Que mucha copia de hijas. 
Ni hay personas mas prolijas. 

Que fas de gran vanidad. 
Ni es perfecta castidad 

La que en lo interior faltare. 
Ni el que no se sujetare 

Acierta , si saber quiere. 
Ni el que de sí presumiere 

Tendrá prósperos sucesos. 
Ni perdonar los esoesos 

Es piedad en el juez. 
Ni en mocedad ni en vejez 

Es bien hacer cosa fea. 
Ni aunque ninguno lo vea 

Te abatas á cosa baja. 
Ni se estime en una paja 

El st del hombre mudable. 
Ni persona miserable 

Conservó buenos amigos. 
Ni hay peores enemigos. 

Que parientes con rencor. 
Ni tan seguro favor 

Gomo buena diligencia. 
Ni mas terrible sentencia. 

Que la que el honor derriba. 
Ni el que en adular estriba 

Dejará de ser odiado. 
Ni hay secreto tan guardado 

Gomo el que á nadie se dice. 
Ni titulo que autorice 

Gomo la ciencia premiada. 
Ni privanza tan fundada. 

Que no pueda fenecer. 
Ni es bien que te dé placer 

El peligro y daño ageno» 
Ni al que fuere justo y bueno 



MEDICINA ESPAÍÍOLA. 



227 



Faltará quien le persiga • 
Ni es poco amarga latiga 

La pobreza en el honrado. 
Ni el que fuere concertado 

Tendrá gran desasosiego. 
Ni las pendencias del juego 

Dejaron de ser pesadas. 
Ni damas muy celebradas 

Suelen no desvanecerse. 
Ni es error atrás volverse. 

Si hay peligro en el camiuo* 
Ni tener un buen vecino 

Se debe estimar en poco. 
Ni hay desacato mas loco. 

Que el que se hace á la justicia. 
Ni mas grave siojusticia. 

Que no oir á entratnbas partes* 
Ni mas fuertes valuartes. 

Que e[ente determinada. 
Ni batalla mas travada, 

Qae la de dos pensamientos. 
Ni hay dotes en casamiento 

Mas ricos que de virtudea. 
Ni tu pecho le desnudes 

De todo punto á tu esposa. 
Ni hay fiera mas ponzoñosa. 

Que la soberbia muger. 
Ni vida mas sin placer. 

Que la de la esclavitud. 
Ni adonde hay honra y salud 

Tienen mocho que llorar. 
Ni muerte de mas pesar. 

Que la del mozo travieso. 
Ni hay mas condenado esceso. 

Que al bienhechor dar mal pago. 
Ni mas peligroso halago. 

Que el que engañando recrea. 
Ni el discreto jamás sea 

Portador de mala nueva. 
Ni es de virtud poca prueba 

Saber volver bien por mal. 
Ni hay pena mas desigual. 

Que gran falta de dinero. 
Ni ser duro de sombrero 

Es poca señal de necio. 
Ni sucede mal tan recio. 

Que otro no pueda igualalle. 
Ni es poco bien que se halle 

En la juventud cordura. 
Ni mucho en edad madura 

Saber lo que es necesario. 



Ni el preguntar de ordinario 

Da muestras de discreción. 
Ni hay mas honrado blasón, 

Que el de las propias hazañas. 
Ni sin ver tierras estrañas 

Puede haber mucha esperiencia. 
Ni es de pequeña prudencia 

Disimulando sufrir. 
Ni se podrán resistir 

Hombres desapercibidos. 
Ni es bien cerrar los oidoi 

A quien te quiere informar. 
Ni dejarán de acertar 

Los que admitieren consejo. 
Ni el que es continente y viejo 

Sera discreto en casarse. 
Ni joya debe estimarse 

Gomo la buena muger. 
Ni es bueno haceros temer 

Por condición escabrosa. 
Ni el mercader que reposa 

Juntará mucho caudal. 
Ni hay bien que no vuelva en mal 

La falta de la salud. 
Ni fué la solicitud 

Al negociante dañosa. 
Ni imprimas alguna cosa 

Que dé al lector mal ejemplo. 
Ni he visto quien contra el templo 

Fué atrevido en bien parase. 
Ni quien corrido se hallase 

Por haber sido templado. 
Ni que quien amó al pecado 

No acabase con el mal. 
Ni adquirirá gran caudal 

El que juega de ordinario. 
Ni el soldado temerario 

Daña menos, que el cobarde. 
Ni suele el que viene tarde 

Negociar siempre peor» 
Ni con el cabilador 

Se ha de alterar con razones. 
Ni sin virtudes los dones 

Aumentan autoridad. 
Ni es mala la novedad 

Que las costumbres corrige. 
Ni el que de pecar ae aflige 

Hará en sus culpas asiento. 
Ni el hombre de buen intento 

Dejó de ser envidiado. 
Ni al que vive recatado 



228 



HISTORU DE LA 



Le «uceden machos daftos. 
Ni los esquivos estraños 

Son grandes negociadores. 
Ni jamas con los majrores 

Han de trabarse contiendas. 
Ni en materias que no entiendas 

Hables con bachillería. 
Ni con vana fantasía 

Nombre de cuerdo se cobra. 
Ni se puede hacer tal obra 

Cual la limosna secreta. 
Ni hay discreción mas perfecta, 

Que procurarse salvar. 
Ni cosa mas de loar» 

Que el crédito por la espada. 
Ni se han de tener en nada 

Palabras sin obras vivas. 
Ni riquezas fugitivas 

Se deben mucho estimar. 
Ni hay mayor gusto que dar 

Lo que el pobre noble pide. 
Ni al que mucho se comide 

Menospreciarás hinchado. 
Ni á padre desconcertado 

Le tendrá el hijo respeto. 
Ni es bien revelar secreto 

Que de ti solo se fia. 
Ni se vio que gran porfía 

Se escapase de pendencia. 
Ni es justo que á la paciencia 

Uses descomedimiento. 
Ni hay tan vano pensamiento 

Gomo dar crédito á suefios. 
Ni vi que de muchos dueños 

Haya hacienda bien guardada, 
Ni hay cosa en mas estimada» 

Que tratar siempre verdad. 
Ni de mayor cualidad. 

Que el limpio de corazón. 
Ni busques mas noble don^ 

Que el de la sabiduría. 
Ni de la hacienda no mia 

Es cordura disponer. 
Ni el prudente ha de leer 

En libros de vanidades. 
Ni te cansen las verdades 

Que te dicen con amor. 
Ni tencas por desfavor 

Enviarte Dios trabajos. 
Ni de pensamientos bajos 

Se puede sacar provecho. 



Ni estar de si satisfecho 

Es de persona avisada. 
Ni cosa muy deseada 

Parece que tarda poco. 
Ni está lejos de ser loco 

Quien signe siempre un cuidado. 
Ni podrá ser estimado 

Él hombre de bajo pecho. 
Ni hay cosa tan sin provecho. 

Como es sin causa hacer mal. 
Ni mas seguro caudal. 

Que en Dios poner la esperanza. 
Ni espere mucha bonanza 

Quien en mal tiempo navega. 
Ni el que lo que hizo niega 

Siente bien casos de honor. 
Ni hay mas bajo deshonor^ 

Que en la raerra cobardía. 
Ni teme la luz del dia 

El de segura conciencia. 
Ni alargue la penitencia 

El que salvarse quisiere. 
T en su verde edaa no espere 

Mas por norte la esperanza. 

Del mal venza la pujanza, 

T la borrasca no altere 

A quien espera bonanza. 

Tratado tercero. 

Quien corre tras sus antojos. 

De luz natural va ciego. 
T no alcanzará sosiego 

A quien el remedio ofende. 
Ni el que en ambición se enciende 

Della sacará buen pago. 
Ni en este mundo y su haisgo 

Se hallará buena amistad. 
Ni goza su libertad 

El que recibe cohecho. 
Ni tendrá seguro el pecho 

El de enredada conciencia. 
Ni muestra mucha prudencia 

Quien conservarse no sabe. 
Ni el que es de trato suave 

Dejará de ser bien quisto. 
Ni hombre avariento se ha visto 

A quien todo no le falte. 
Ni hay sobre oro tal esmalte 

Gomo en la ciencia humildad. 
Ni se llame caridad 



MEDICINA ESPMOLA. 



229 



Hacer bien con Ttnagloria. 
Ni haj tan honrada memoria 

G>mo la qae deja el justo. 
Ni baj gusto que dé tal gusto. 

Como el bacer paz con Dios. 
Ni hay alma partida en dos. 

Como la de bien casados. 
Ni destierra los pecados 

Quien se queda en la ocasión. 
Ni es buena la pretensión 

Que no es licita y honesta. 
Ni hay despeñadero ó cuesta 

Cual la vida del vicioso. 
Ni estará de si quejoso 

El que puso diligencia. 
Ni el que tuviere prudencia 

Sera amigo de contiendas. 
Ni se gozaran haciendas 

Que fueren mal adquiridas. 
Ni hay quien consuma las vidas 

Tanto como pesadumbres. 
Ni vi que honestas costumbres 

Dejasen hombre burlado. 
Ni el prudente, aunque letrado. 

Con serlo se desvanece. 
Ni pequefto afán padece 

Quien se gobierna al revés. 
Ni se arrepiente después 

Quien piensa bien lo que hace. 
Ni á Dios el pobre le aplace 

Si no es de humilde intención. 
Ni es bien que se de ocasión 

A que juzguen otros mal. 
Ni querer hacerse igual 

Con el de mayor estado. 
Ni pretendas ser loado 

De la virtud que tuvieres. 
Ni el bien que en secreto hicieres 

Le manifiestes a todos. 
Ni es bueno que busques modos 

De regalar tu persona. 
Ni llames bueno al que abona 

Las cosas que son mal hechas. 
Ni te cases con sospechas 

Que te podrán ser dañosas. 
Ni personas envidiosas 

Gozarán de algún consuelo. 
Ni viviente hay en el suelo. 

Que de algo no se queje. 
Ni quien por Dios honra deje 

Que mayor no se le siga. 



Ni aquel que imitó á la hormiga 

Le llamaran perezoso. 
Ni de alguien va temeroso 

El pobre cuando camina. 
Ni cosa da mas mohina. 

Que la condición ingrata. 
Ni el que en palabras maltrata 

Salará sin mala respuesta. 
Ni es bien tener la honra puesta 

A riesgo por pocas cosas. 
Ni te parezcan sabrosas 

Pláticas que perjudican. 
Ni los que a virtud se aplican 

Viven con poco descanso. 
Ni hay agraviado tan manso 

De quien no estés sospechoso. 
Ni quieras estar gozoso 

De oir defectos ágenos. 
Ni dejan de doler menos 

Las penas comunicadas. 
Ni son buenas las pisadas 

Dadas por cosas de viento. 
Ni hay verdadero contento 

En aquesta triste vida. 
Ni será mal recibida 

La muerte en casa del justo. 
Ni tendrá pequeño gusto 

El amigo de sermones. 
Ni el decir á otros baldones 

Es de pecho generoso. 
Ni hay tormento tan sabroso 

Cual padecer por la fe. 
Ni quien mochóse ama vé 

Las faltas que él mismo tiene. 
Ni pienses que te conviene 

Lo que Dios no quiere darte. 
Ni que por otro envidiarte 

Dejes de recelar daño. 
Ni es pequeño desengaño 

Ver la miseria del mundo. 
Ni dolor hay tan profundo 

Como perder el honor. 
Ni cosa de mas loor. 

Que hacer bien á todas gentes. 
Ni son poco impertinentes 

Los que pecan de curiosos. 
Ni con pasos perezosos 

Se conquistan cosas grandes. 
Ni es bien prometas ó mandes 

Lo que no puedes cumplir. 
Ni se debe diferir 



230 



HISTORIA DE LA 



La enmienda para adelante. 
Ni vi necio y arrogante 

Que piense qae sabe poco. 
Ni parecer por Dios locó 

Deja de ser gran cordura. 
Ni haj fortuna^ ni ventura^ 

Sino voluntad divina. 
Ni el necio se determina 

Del discreto^ como calle. 
Ni ha j algano i quien no halle 

Tarde ó temprano la muerte. 
Ni es bien que permitas verte 

Afligido por fíar. 
Ni algún bien puede esperar 

El que á otros perjudica. 
Ni el que i trabajar se aplica 

Dejará de acrecentarse. 
Ni le es licito vengarse 

En algún tiempo al cristiano. 
Ni des muestras de liviano. 

Por lo menos cuando hay canas. 
Ni palabras^ y obras vanas 

Te satisfagan al gusto. 
Ni te inclines á lo injusto 

Por alguna persuasión. 
Ni te ciegue la afición 

A decir lo que es mentira. 
Ni tengas puesta la mira 

En las cosas de la tierra. 
Ni te hagas á tí guerra 

Con tus vicios y pecados. 
Ni quieras cargos honrados. 

Si el alma te han de cargar. 
Ni ventajas procurar 

En perjuicio de alguno. 
Ni te precies de importuno 

Por cosas de poca cuenta. 
Ni recibas por afrenta 

Ocuparte en obras pias. 
Ni la caridad resfrias 

En corregir al vicioso. 
Ni te muestres codicioso 

De lo superfino jamás. 
Ni vuelvas el rostro atrás 

Del bien comenzado á hacer. 
Ni te pese padecer 

Trabajos por la verdad. 
Ni la virtud y bondad 

Consiste solo en palabras. 
Ni es bien que tu pecho abras 

A gente que no conoces. 



Ni quieras vencer á voces 

Las contiendas sin razoo. 
Ni tengas mala intención^ 

Aunque te den ocasiones. 
Ni por muchas persuasiones 

Te inclines á hacer lo injusto. 
Ni tengas por de buen gusto 

Al amigo de pecar. 
Ni te pese de guardar 

A pensar bien lo que hicieres. 
Ni las cosas que no vieres 

Las afirmes por muy ciertas. 
Ni llegues jamás á puertas 

De avariento á socorrerte. 
Ni procures esconderte^ 

Que es hacerte del culpado. 
Ni quieras ser estimado 

Por el bien que hubieres hecho. 
Ni te muestres satisfecho 

Con el daño cometido. 
Ni al que es por Dios abatido 

Lo juzgues por desdichado. 
Ni hay mas peligroso estado, 

Que el del muy favorecido. 
Ni pierde por ser sufrido 

El hombre reputación. 
Ni es de estimar el blasón. 

Que lo alcanzó el interés. 
Ni se olvide de lo que es 

Nadie por mucha riqueza, 
üi quien tiene gran firmeza 

Suele por poco mudarse. 
Ni hay cosa que conservarse 

Pueda, sino es. virtuosa. 
Ni vida mas congojosa, 

Que la del hombre avariento. 
Ni tendrá merecimiento 

Quien pidiere acá la paga. 
Ni en algo te satisfaga 

Lo que es fundado eu maldad. 
Ni puede tratar verdad 

Quien lo que no tiene ofrece. 
Ni el que en virtud deafallece 

Conseguirá su deseo. 
Ni tengas por gran trofeo 

Vengarte de tu enemigo. 
Ni hay mas agradable amigo. 

Que es el hijo virtuoso. 
Ni con el hombre envidioso 

Converses mucho, ni andes. 
Ni por nada te desmandes 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



231 



A hacer cosas mal faechas. 
Ni fies de qaien cohechas, 

Qae hará lo mismo al contrario. 
Ni tengas por adversario 

Al poderoso jamás. 
Ni ▼aelvus palabra atrás, 

Caando la diste ana vez. 
Ni quieras en la Tejes 

Tener condición de moso. 
Ni pienses hallar tal goso^ 

Que no tenga su desmán. 
Ni se oome siempre el pan 

En el mundo sin dolor. 
Ni la hacienda sin sudor 

Ganada se logra mucho. 
Ni quien dice , jo no escucho 

Disculpa, tiene rason. 
Ni vencer la tentación 

Es poco merecimiento^ 
Ni tiene firme cimiento 

Lo fundado en vanagloria* 
Ni olvides de tu memoria 

Jamás el ser polvo j tierra. 
Ni siempre virtud se encierra 

En U apariencia esterior. 
Ni tiene mucho valor 

El que á todos amenaza. 
Ni pretendas que en la plaza 

Se publiquen tus virtudes. 
Ni tuerzas jamás ó mudes 

El propósito que es bueno. 
Ni por mucho aue estés lleno 

ue bienes te oesvanezcas. 
Ni con estrenuo encarezcas 

A nadie el bien que le hiciste. 
Ni te olvides que naciste 

Desnudo, 7 sujeto á muerte. 
Ni te precies de mujr fuerte. 

Pues pecas á cada paso. 
Ni seas corto, ni escaso 

En pedir á Dios mercedes. 
Ni los bienes que hacer puedes 

Los quieras para uno solo. 
Ni te defiendas con dolo, 

Aunque tengas gran justicia. 
Ni tiene poca malicia 

Quien jura lo que no vio. 
Ni del mal se desvió 

Quien no teme padecer. 
Ni grande gozo y placer 

Se conservó muchos dias. 



Ni es bien que por malas ?ias 

Quiera alguno levantarse. 
Ni ocasión para quejarse 

Faltará al amigo dello. 
Ni jamás abórrecello 

Suele quien el vino usó. 
Ni el que apostó ó porfió 

Fué tenido por discreto. 
Ni el mancebo no sujeto 

Puede vivir cuerdamente. 
Ni es pequeño inconveniente. 

Que el hombre siga su gusto. 
Ni de Juez que es injusto 

Se espere sentencia buena. 
Ni hay cosa que dé mas pena 

Que faltar lo necesario. 
Ni mas terrible adversario^ 

Que el enemiffo encubierto. 
Ni el reconocer buen puerto 

Es poco gozo en el mar. 
Ni le hajr mayor que acabar 

En servicio del Sefior, 

Pidiendo nos dé favor 

Para suvir á gozar 

De su sempiterno amor. 

Tratado cuarto. 

Es justo tomar consejos 

De prudencia y rectitud. 
Porque siguiendo virtud 

Cualquier trabajo es ligero. 
Y es camino verdadero 

De la fé V verdad cristiana. 
No diferir a mañana 

El bien que hoy se puede obrar, 
Procurando no imitar 

A los de aqueste tratado: 
Al que puede ser amado, 

Y gusta que le aborrezcan. 
Al que pretende que crezcan 

Sus deleites y placeres. 
Al que por llegar haberes 

Pone su persona en mengua. 
Al que de dañada lengua 

Pretende sacar provecho. 
Al ^ue estando satisfecho 

Pide cosas escusadas. 
Al que mide otras pisadas, 

Y no quiere ser medido. 
Al que después de perdido 



232 



HISTORIA DE LA 



Agaarda á tomar consejo. 
Al que perdió amigo viejo^ 

Y may presto se consuela. 
Al qne siempre se desvela 

En fundar torres de Tiento, 
Al que sobre ruin cimiento 

Cargare grande labor. 
Al que se rige al sabor 

De su antojo y accidente. 
AI que por ser negligente 

Perdiere la coyuntura. 
Al que la cosa madura 

Dilata para otro dia. 
Al que con ansia por fia 

En perder honra y caudal. 
Al que procura hacer mal, 

Y esconde luego el azote. 
Al que lastima con mote^ 

Y en las burlas se apostema. 
Al que sin por qué se quema 

Antes que el fuego lo toque. 
Al que por guardar el roque 

Deja perdida la dama. 
AI que se distrae y derrama 

Pretendiendo cosas vanas. 
Al que deshonra sus canas 

Con ser torpe ó ser logrero, 
Al que jamás por entero 

Mira derecho á la cara, 
Al que torciere la vara 

Por abastecer su seno. 
Al que de vano muy lleno 

Busca lo que es imposible. 
Al que el sosiego apacible 

Deja por enemistades. 
Al que naciendo mil maldades 

Piensa tener buena fama. 
Al que donde quiera que ama 

Fia su honra y estado. 
Al que en el oficio honrado 

Se infama en cualquier manera. 
Al que pasa la dentera 

Gozando otro del sabor. 
Al haragán dormidor^ 

Que se queja de su suerte. 
Al que se muestra león fuerte 

Donde es bueno ser oveja. 
Al que de virtud se aleja 

Olvidado de su alma. 
Al que su ruindad ensalma 

Con hechos de sus pasados. 



Al que á loe naipes y dados 

Tiene entres;ada su honra. 
Al qne se pierde f deshonra 

Con sn riqueza y su bien. 
Al que quiere qne le den 

Lo que él nunca quiso dar. 
Al que se procura honrar 

Con sufridos y pacientes. 
Al qne niega sus parientes 

Cuando está en prosperidad. 
Al que usa de crueldacl 

Siendo con los flacos fuerte* 
AI que teme cualquier muerte 

Mas que deshonrada vida. 
Al que sale de medida^ 

Y se precia de discreto. 
Al que piensa ser perfecto 

No negando sú apetito. . 
Al que se muestra marchito^ 

I es en condición demonio. 
Al Que urde un testimonio 

Sm temer su perdición. 
Al que temor ó afición 

Le hacen prevaricar. 
Al aue es presto en sentenciar 

Sm hacer bien la pesquisa. 
Al que fia de la risa 

Que le muestra su enemigo. 
Al que bnsca por abrigo 

A aquel á quien hizo daño. 
Al que lo feo del eogafio 

Con oro falso lo dora. 
Al que de si se enamora^ 

Aunque mas virtudes haya, 
Al que pasa de la raya 

Confiado en el poder. 
Al que procura vencer 

Cfon mentira y falsedad. 
Al que busca libertad 

Huyendo de la virtud. 
Al que obra ingratitud, 

Y finge santa doctrina. 

Al que á murmurar se inclina, 

Y á sus prógimos infama. 
Al que porque mucho se ama. 

Nunca conoce su error. 
Al que es gran disipador 

Por opulenta comida. 
Al que fia su alma y vida 

De su enemigo, y contrario. 
Al que siendo grao cosario 



ESPAl^OLA. 



23^ 



Se descobire ¿/eualqiiier ig^nte 
Al que Q0tá ileDtro en la fuenle» 

Ytemt dono hallar agaa« 
Al que cerca de k fra|[ae 

Pretende guardar la eaCopa* 
Al aue con6a ao ropa 

Al que AO tiede cencieBeia. 
Al que pierdt la paeienoia 

Por cualquier causat 
Al que entiende que se gana 

Por temoso apasionado. 
Al que por ser muy doblado 

Tiene la casa senoilla. 
Al c^ue desecha so silla 

Sin tener otra mejor, 
Al que muestra ir con dolor 

Adonde por fuerza ha de iri 
Al que oo puede sufrir 

Hablar eo lo venidero. 
Al que cop mucho dinero 

Hartar piensa su codicia* 
Al que por mucha avaricia 

Vive apocado y hambriettio. 
Al que secreto y contento 

Busca -de lengua parlera. 
Al que de la talan<piera 

Grita y hace del torero* 
Al que fuere lisoogero 

Cfon amigos j seftores. 
Al que baeiendo sinsabores 

Piensa tener gran ventufii> 
Al que todo lo asegura , 

I de (cdose confia. ' 
Al que de nadie se fia 

De avariento j codicioso. 
Al que siendo pereíoso 

Quiere descanso adquirir* 
Al aue no puede sufrir 

El ser templado en su pasto« 
Al que tiene mayor gasto. 

Que su renta y su caudal, 
AI que de hombre desleal 

Se favorece y ampara. 
Al que con miedo se para 

I>oode virtud puede obrar^ 
Al que oo piensa hallar 

Tugo papa su melena, 
Al que no sangra de vena 

Que no sea la. del arca. 



Al que entra solo en la batea ■ 

Sm saberla gobernar, 
Al que procura abarcar 

Mas que puede susteoer*. 
Al que pretende valer 

Por tratar siempre eo mottaaa. 
Al que de torpe se enlasa, 

O mal criado 9 ó liviano. 
Al que cuanto, mas anciano 

Es mas bajo, y menos franco. 
Al qne es rudo , flojo y manco. 

Por ser vkioso oootioo« 
Al que yendo de camino 

Deja el puente, y toma el vado. 
Al que busca en alto estado 

Firmeza, y seguro abrigo. 
Al que es presto eo dar castigo, 

T él en nada es continente. 
Al que sua cosas oo sieüte, 

T en lo ageno es muy sentido. 
Al que es muy mal eorregido¿ 

Y es grande corregidora 
Al que-Ueva por rigor 

Las'Ooaas que tienen corte. 
Al que.espera alegre porte ' « 

Trayendo nuevaa de llanto. 
Al qué cubre con súmanlo • 

A quien siembra división. 
Al que piensa es dísorecion 

Gastar mucho tiempo en risa. 
Al que haoe- la pesquisa 

Guando el hombf« esta ahorcado* ' 
Al que después de- ordenado 

Vive sin orden alguna. . 
Al que deTuinaeeituna 

Quiere stcaRbuen aceite. 
Al que por cualquier deleite 

De¡9 «el virtuoso artfeo. 
Al que no tiene deseo • . : 

En sus vicios de emendarse; 
Al que pifl«aa autorizarse 

Con lo que«l,otro trabaja. 
Al que hace cosa baja 

Sin quedar en confusión. 
Al que defiende razón, 

X teme pasar afán. 
Al que siendo guardián 

Ha menester eer guardado* 
Al que es ciego apasionado. 



• • • 



HlST. M.I.A.MBDIC. SSPÁfOLA.-^ToMO 2.* 



I • .' > 



3d 



^ia«a 



334 



HISTORU DE LA 



T sin goia le menea* 
AI qae su trabajo emplea 

Donde DO le paeda honrar. 
Al qoe finge el atajar 

DafloSy y siembra cisafia. 
AI qoe coantos traía engafia 

Fingiendo a lodos modestia. 
Al que vire como bestia 

Publica j secretamente. 
AI que busca entre ruin gente 

Amigo de gran constancia. 
Al que con mala ganancia 

Piensa salir de cuidado. 
Al que al oro ya esmaltado. 

Pule con grosera lima. 
Al que sin fiador se arrima 

A balcón de ruin madera. 
Al que con carga ligera 

Se quebrailta y ae fatiga, 
Al que se pierde y ae liga 

Por resaber lo escasado. 
Al qoe en lo que es d)ligado 

No es cuidadoso y diligente. 
Al que entiende que es Tállente 

Por soberbia y presunción. 
Al que se mete en pristcm 

De ruin mueer por 
AI qae 1. .g». eoSitiend* 

Echa á la parte peor. 
Al que sin mucho sudor 

Piensa alcansar buena suerte. 
Al que juega por mas fuerte 

A quien obrare mas mal. 
Al que fuere liberal, 

1 pródigo en bien ageno. 
Al que solamente es bueno 

Por el temor de la pena. 
AI que usurpa hacienda agena^ 

T la suya no perdona^ 
Al que apoca su persona, 

T piensa que es gran varón. 
Al que no escucha rason 

Que le saque de pecar. 
Al que no quiere acabar 

De caer bien en la cuenta. 
Al que no teme tormenta 

Navegando sin sason« 
Al que teme reprensión 

Tno huye el merecella. 
AI c|ue de otro se querella 

Sin estar bien informado. 



Al que en viéndose ganado 

Se pierde por otro estremo. 
Al que con vela y con remo 

Las cosas injustas ruega. 
Al que afligiéndose ciega 

Llorando duelos ágenos. 
Al que aborrece á los buenos 

Por no seguir su destino. 
Al que sin ver el esmino 

Se va al hilo de la gente. 
Al que corre neciamente 

No sabiendo el paradero. 
Al aue juzga por tercero 

Al que nunca en algo acierta* 
Al que se llega á la puerta 

Del hombre sabio a fingir. 
Al que se quiere pulir, 

T adornar con lo prestado. 
Al que siente que alabado 

Sea otro en su presencia. 
Al que tiene por clemencia 

Dar consejo deleitoso. 
Al que por ser poderoso 

Vive á descuido y placer. 
Al que estudia en complacer 

Sm cosa mala estorbar. 
Al que piensa reposar 

Ño siendo en nada fiel. 
Al que se atribuye i él 

Todo el bien que Dios le dio. 
Al que entiende que nació 

En algo libre y esento. 
Y i aquellos que sufrimiento 

T caridad no tuvieren. 

Porque caos viven y mueren 

Con pena eterna y tormento. 

Tratado qwnto. 

De lo que debes huir 
Te aconsejé en el pasado, 
T en este último tratado 
Lo que conviene seguir 
Hallarás bien dibujado. 

Sigue al que el mundo ha dejado 
Por mejor aervir i 



Al aue no quiere ser visto, 
T huye a la soledad* 

Al que con gran caridad 
A los prógimos consuela. 

Al que siempre se deavela. 



] 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



iüs 



En mirar por so cOMcienoi». 
Al qae vive eóo prodencift 

T Unta iToeeridacl 
Al que ama la verdad 

Por ser te||[uro camino* 
Al qae confiesa por trino 

A Dios en única esencia. 
Al qne tnviere pacieneia 

En sufrir persecuciones. 
Al que afrentas ni baldones 

No le causaron rencor, 
Al qne conoce tu error, 

Y se enmienda del pecado. 
Al que viéndose ensalzado 

Se humilla, y teme eaer. 
Al que por mas merecer 

Se hace con todos menos. 
Al qne los males ajenos 

Gomo los propina los siente. 
Al que por ser continente 

Se retira de ocasiones* 
Al que admite persuasiones 

Cuando está mas enojado* 
Al que se halla aparejado 

A sufrir cualquier trabajo. 
Al que se juaga por bajo. 

Aunque sea de gran casta. 
Al que nunca el tiempo gasla 

En obrar cosas livianas. 
Al que no aguarda á las canas 

Para enmendar su vivir. 
Al que piensa combatir, 

Y vencer siempre al demonio< 
Al qne el falso testimonio 

Lleva con rostro sereno. ■ 
Al que está contino lleno 

De virtudes y constancia. 
Al qne tiene por ganancia 

Hacer á todos placer. 
Al que gusta parecer 

En sufrimiento á los buenos. 
Al que tiene siempre llenos 

Los pobres de buenas obras. 
Al aue no pretende sobras . 

Sino para repartillas. 
Al que huye las rencillas. 

Aunque le den ocasión. 
Al que tiene compasión 

De gente oprimida y presa. 
Al que en cstremo le pesa 

De ver al prógimo e^nfermo.. 



Al que se recoge al yermó 

A contemplar quien Dios es. 
Al que no aguarda á después 

A corregir su vivir. 
Al que piensa en el morir 

Muchas veces en el dia. 
Al que á la Virgen María 

Tiene por norte y amparo. 
Al que no busca reparo 

Que no sea virtuoso. 
Al que nunca es pereaoso 

En obras de caridad. 
Al que por mucha bondad 

No tiene en nada malicia. 
Al que ama la justicia. 

Aunque sea contra si mismo. 
Al que piensa en el abismo 

Cuando va á hacer el pecado. 
Al que siempre ba venerado 

Al padre que le engendró. 
Al que jamás se quedó 

Con hacienda que sea agena, 
Al que es de condición bueiMi 

Con sos prógimos oontino. 
Al que no deja el camino 

Por buscar atajo incierto. 
Al que se tiene por muerto 

Al mundo y sus vanidades. 
Al que escucha las verdades. 

Aunque no le estén á caíetito, 
Al que nace buen cimiento 

De humildad en su vivir. 
Al que jamás diferir 

Lo bueno quiere adelante. 
Al que está siempre constante 

Hasta morir' por la fé. 
Al que con firmeaa eree 

Cuanto en ella se contiene. 
Al qtte conoce qne vieñfe 

De padres desobedientes. ' 
AI que socorre psrientes. 

Aunque se halle en alto estado. 
Al que entiende que prestado 

Es todo el bien que tuviere. 
Al que sus fuertas pusiere 

En dar al pobre su ayuda. 
Al que su cuerpo desnuda 

Por dar á este tal la ropa, 
Al que con ninguno topa, 

A quien no tenga respeto. 
Al que quiere estar sujeto 



I . 



236 



BfSTQElA DE LA 



Siempre á lo que es obligada. 
Al que eoliende que es bonndo 

Cuando osa de mas f irtod< 
Al qne aguarda el ataúd 

Cada, j cuando que TÍoiere. 
Al que sus riquezas quiere 

Para tesoros del cielo. 
Al que no mira si baj duelo 
En perdonar las afrentas. 
Al que corre las tormentas » 
De este siglo con paciencia* 
Al que tiene su conciencia 

Muj medida, y concertada. 
Al que el alma enamorada 

Tiene de Cristo en la crn. 
Al que tiene por su lus 

Los divinos Matfidamientos. 
Al que es de buenos intuitos 
Todo el curso de su ?ida. 
Al que jamás por comida 

Se fatiga, ni congoja. 
Al que entiende que no bay boja 

Que en todo i Dios no obedezca. 
Al que aunque mocho merezca 

No por eso se sublima. 
AI que no sigue su clima 

Sm razón, freno ni rienda, 
Al que gusta no se entienda 
Del cosa aue no sea justa. 
Al que se mide y ajusta 
A su poder y caudal. 
Al que ninguno bace mal. 

Antes se ejercita en bien. 
Al que no quiere le den 

Gracias por el beneficio. 
Al que se ocupa en su oficio» 

Si no baila otro mejor. 
Al que no es murmurador. 

Aunque para esto le instiguen. 
Al que yé que le persiguen, 
1 psga con buenas d>ras. 
Al que no quiere zozobras. 

Compradas con interés. 
Al que Bp dice quien es 

Por vanidad eada paso. 
Al que no es corto, ni escaso 

En bablar bien de quien pueden 
Al que no quiere que quede 

Sin pagar deuda i su muerte. 
Al que jttiga que ser fuerte 
Cíonsiste en disimular. 



Al que no quiere aparar 
Al amigo la paciencia^ 
Al que entiende que es gran ciencia 

Saber sufrir, y templarse. 
Al que á Dios encomendarse 
Acostumbra á la mañana. 
Al que con voluntad sana 
A menudo se confiesa. 
Al que en el alma le pesa 

De ofender í sá Criador. 
Al que tiene por bonor 

Servirle en sus sacrificios. 
Al que buje de los vicios 

Fundado en solo su amor. 
Al que lleva con valor 

Por Jesucristo trabsjos. 
Al que pensamientos bajos 
No tuvo en toda su vida. 
Al que temie la subida, 

Por ser cosa congojosa. 
Al que por muj peligrosa 

Juzgo siempre la ocasión. 
Al que no ciega pasión 

Para hacer cosa mal hecha. 
Al que de nadie sospecha. 
Ni se mete en su vivir. 
Al que siempre en el partir 

Ea comedido 7 afable. 
Al que no ha j temer que baUe 

Algo que ofenda jamás. 
Al que no se vuelve strás, 

l>el bien comenzado i hacer. 
Al que antes de anochecer 

Se encierra siempre en su casa. 
Al que no es de mano escasa 

Para socorro del pobre. 
Al que quiere no le sobre 

Mucho después de sus dtas. 
Al que por dañadas vias 

No pretende haber hacienda. 
Al que no gusta se entienda 

La limosna que reparte. 
Al que 00 vive con arte. 
Sino con saba llaneza. 
Al que todo lo endereza 
En servicio del Sefior. 
Al que con pecho 7 valor 
Sobrelleva los trabajos. 
Al que juzga por mu7 bajos 

Los tesoros de la tierra. 
Al que en su pecho no encierra 



MEDICINA ESPMOLA. 



237 



Goia qué no nea ▼irtod* 
Al que nanea iogralitad 

Ha usado en toda ta 
Al que no batea coaiida 

Maa de para sostentarie. 
Al que proeora guardarte 

De Icít peligrot del alma. 
Al que DUDca te detalma 

Eq viciot, ni l¡TÍiDdadet. 
Al que ama las verdades 

Sin mudarte hasta la muerte* 
Al que entiende que no es fuerte 

Sm el antílio diirino« 
Al que ?a por el camino 
' Que caminaron los instes. 
Al que no procura gastos 

Sino penas y trabajos. 
Al c[tte estima i los mas bajos. 

Si son de virtudes claras^ 
Al que con gentes avaras 

Mo traba grande amistad. 
Al que tiene castidad 

De cuerpo y alma muy pura. 
Al que contino procura 

Favorecer los caidos. 
Al que de pasos perdidos 

Se acusa en las confesiones. 
Al que escusa las pasiones 

Por quietud de la conciencia. 
Al que tuvo la prudencia 

Que bastó para salvarse. 
Al que nunca en alabarse 

Se ocupa de sos hazañas. 
Al que no vive con mafias 

Con astucias ni fingir. 
Al que procura morir 

Coa perfecta contrición. 
Al que en gran veneración 

Tiene siempre al sacerdote. 
Al que acá paga el escote 

EÑb los pecados que ha hecho. 
Al que no está satisfecho 

Jamás de su proceder. 
Al que en morir v en nacer 

Sabe que á todos se iguala. 
Al que luego que resvala 

Se levanta sin tardansa. 
Al que cuando hace mudanza 

Proeara que sea mejor. 
Al que no vive al sabor 

De la gusto y paladar. 



I 



Al que es liberal en dar 

Del bien que Dios le ha prestado. 
Al que por ser estimado 

No se ensalza, y desvanece. 
Al que entiende que merece 

Cualquier daño que le venga. 
Al qoe aunque mas se prevenga 

Sabe que se va acabando. 
Al que nunca sigue bando, 

m es parcial en cosa mala. 
Al que. arranca, quema y tala 

Las culpas que van creciendo. 
Al que viviendo y muriendo 
Gime y llora sus errores. 
Al que tiene sus amores 

Puestos en Cristo y su Mad^e. 
Al que por mas que le cuadre 

Mo codicia cosa agena. 
Al que no solo la pena 

Le aparta del mal obrar. 
Al que procura atajar 

Los daños en ocasión. 
Al que no tiene pasión 

En cualquier cosa que trate. 
Al que vaivén ni combate 

No le apartan de lo bueno. 
Al que tiene siempre lleno 

El pecho de caridad. 
Al que guarda castidad» 

Cosa á Dios tan agradable. 
Al que por muy detestable 

Juzga siempre la mentira. 
Al que se aparta y retira 

De lo que á Dios no es conforme. 
Al que antes que se informe 

Ninguna cosa condena. 
Al que de virtudes llena 

Tiene el alma de con tino. 
Al que al pobre peregrino 

Agasaja y favorece. 
Al que jamás desfallece 

De lo bueno que comienza. 
Al que aunque á los otros venza 

No se jacta ni engrandece. 
Al que en obras siempre crece 

Ejemplares y cristianas. 
Al que las cosas mundanas 

Aborrece con firmeza^ 

Y pone su fortaleza 

En ganar las soberanas 

Que dé la suprema Alteza. 



240 



HISTORIA DE LA 



Lctí lumbres d» la n&chs: en su venida» 

Que de otra mas resplandeciente aurora 
Han de ser esos ojos alianbrados, 
Si por su Dios están llorando ahora^ 

Ni fmrtes la manzana en los vedados 

Sotos del mundo j corre, j^ para entre ellas 
Los ojos, Y alma al cielo levantados* 

Ni es bien que pongas en olvido aquellos 
Ramos dorados , que dejrutos abundan^ 
Seguros que la helada ¿^ sol dé en ellos. 

El alabastro y pórfido en que fundan 

Los grandes, no lo envuaes , que arruinando 
Sera de suerte que ellos se confundan. 

Que es pobre el jaspe, j' mármol torneado 
De la mundana choza á las columnas 
Del trasparente cielo comparqdo. 

Y si te aconteciere ver algunas 

Criaturas bellas llenas de hermosura. 
Siempre á la vista alegres y oportunas. 

Conoce ser borrón, sombra y figura 
De aquel, que no hay decir su gran belleza. 
Que es nueva, no comienza^ y siempre dura^ 

Al viento de la Jama, y la nobleza. 
Si está del corazón ¡a entrada abierta 
Difícil es guardar total pureza. 

Acuérdate , que esperas gloria cierta^ 
Que no puede haber nuedo de perderse^ 
yol golpe de la envidia está encubierta» 

Si al cedf'o vieres ensoberbecerse^ 
y con su altura amenazar el cielo, 
V con fértiles brazos estenderse. 

Si con torcidas vueltas mucho suelo. 
Penetrar su raiz , y andar minando 
Por mejor levantar el alto vuelp* 

No pienses que ya es, porque en pasando 
Si vuelves á mirar ^ no hay del memoria\ 
Si dices ¿cuándo fué? tampoco hay cuandQ^ 

y no pierdas de yista aquella gloria. 

Que como el que es la causa siempre vive 
Asi no hade ser ella transitoria. 

Ni puede tener fin quien la recibe, 
íue después de mil siglos acabados 
^fternidad de gloria se percibe, 
De que gozan los Bienaveniztrados. 

Soli Deo honor , etc. gloria* 



Libro de los enismas. Su autor el 
Doctor Christóval Pérez de Herrera. 
Madrid 1612. 

Divide este tratado eii tres oentu* 



riaS) en las cuales pone trecientos enig* 
mas, diestramente combinados y sn* 
mámente difíciles de esplicar , sí no 
diera al pie de ellos sus esplicaciones. 



. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



241 



Doce enigmas sin comento , cuyos 
nombres irán al fin de ellas , escritos 
en una quintilla , y por la dificultad 
con que se acertarán d distinguir , se 
echara de ver cuan difícil /itera sin 
comento declarar algunas. Su autor 
el Doctor Cristoval Pérez de IferrC" 
ra. Madrid 1617. 



ENIGMA 6.* 

Esme el mundo buen testigo 
De que dividido en partes. 
Aunque junto nada digo. 
Enseño al hombre las artes 
Si trata mucho conmigo. 



ENIGMA 1/ 



ENIGMA 7J 



Mal me hallan en el mar; 
Sojr de poetas buscado, 

Y en los huertos trasplantado^ 

Y no fácil de acertar 
Cou estar á ti pegado. 

ENIGMA 2.* 

Peso mas de mil quintales; 
Soy con esto tan liviano. 
Que me tienes con la mano: 
Enfermo causo mil males^ 

Y mil bienes si estoy sano. 

ENIGMA 3.* 

Caballeros suelen ser, 

Y dan remedio á un sentido. 
Que va perdiendo el poder: 

Y han por ellos fenecido 
Mucho antes de nacer. 

ENIGMA 4.'^ 



Hecho cuartos siempre muero^ 

Y suelo enfermar al hombre, 

Y á este mismo refrigerio: 

De un gran rey conservo el nombre^ 

Y castigo al hechicero» 

ENIGMA 5.* 

Soy blanda^ cuadrada y yerta, 

Y es muy cierto que mi ser 
Consiste en estar bien muerta. 
Que viviendo es cosa cierta 
Ser fácil de fenecer. 



Mi oficio es casi de un barco; 
Soy fuerte^ hermosa y querida^ 
Tengo las cejas en arco^ 

Y por mis ojos sin vida 

De lágrimas corre un charco. 

ENIGMA 8.* 

Mándanme echar en remojo. 
Aunque no para comerme; 
£1 deshacerme es hacerme, 

Y suele causar enojo 

En muchos el no tenerme. 

ENIGMA 9.» 

Bruto en el nombre parezco^ 

Y soy un cierto puntal. 
Que sustento, y favorezco 
La falta del animal 

Por quien fui plaptado, y crezco. 

ENIGMA 10. 

Aun animalejo imito 

En el nombre y en el canto, 

Y con una acción que evito 
Al hombre le daño tanto. 
Que á veces la vida quito. 

ENIGMA 11. 

¿Cuál es la sierra ó montaña. 
Sin fruta, yerba y corrientes. 
Que con gran cólera y sa&a 
Los árboles con los dientes 
Rompe, quiebra^ muerde, arafta? 



HlST. DB LA MeDIC. UPAÑOLÁ. — ^TOMO 2.^ 



31 



242 



HISTORIA DE LA 



ENIGMA 12. 



Tiene dientes y no boca^ 
Suele despeñar vivientes 
Desde una encumbrada roca^ 
Hermosea, limpia^ toca, 
Y da salud á las gentes. 

IjOS nombres de estas doce enigmas 
que van sin comentos ^ son los si» 
guíente s: 

Hacha, Barba, Peine y Pie, 
Muleta, Pepino j Grillo, 
Puente, Sierra, y A. B. C. 
Antojos y peso fué: 
Procura tú distinguillo. 

Compendiwn totius medidme ad ty» 
roñes, eis magna distinctionCj et clan* 
tote modum discendi , et provectiori'* 
bus reminiscendi i/tsinuansj in tres li^ 
bros divisum, Ad caihoücum , et po^ 
tentissimum PhiUppum III Hispa-' 
niarumjCt Indiarum Regem invictissi- 
mam, Aucthore Doctore Christophoro 
Pérez de Herrera Satmaticensi, apud 
Triremes Hispamos Protomedico ^ et 
domus reguB, et regni medico. Matrití 
1614, ín 4.*; 

En el prólogo ofrece que esta obra 
contendria todo io mejor que hasta 
entonces se habia escrito en medicina. 
Divide este libro en tres partes 
principales; trata en la primera, de las 
cosas naturales'^ en la segunda, de las 
no naturales ; y en la tercera , de las 
preternaturales» 

La primera comprende 12 capítu- 
los: en los tres primeros espone la de- 
finición de la medicina, su objeto, na- 
turaleza y división en dietética» qui- 
rúrgica y farmacéutica. En los 4.®, 5. *•, 
6.^, 7.°, 8.*, 9.^ y 10, esplica lo auc 
debe entenderse por naturaleza, salud 
y enfermedad. Trata de los elemen- 
tos orgánióos de nuestro cuerpo, de los 
temperamentos, de los humores natu- 
rales y preternaturales , la sangre , la 
pituita, la bilis y la melancolía. Dice 
que cuaudo estos cuatro humores es- 



tán en armonía j hay salad ; y que 
cuando alguno de ellos peca por esceso 
ó por mala cualidad , produce enfer- 
medades relativas al humor pecante. 
En el capitulo 11 trata de las facul- 
tades, que divide en cuatro especies, á 
saber : facultad vegetativa , sensitiva, 
motiva ó motriz, é intelectiva. Al ha- 
blar de la generación y circulación de 
los espíritus , dice que estos no mar- 
chan como la sangre por las arterias y 
venas , sino por continuación de par- 
tes. Comprueba la circulación de la 
sangre por esperiencias hechas , ligan' 
do tas arterias jr las venas (pág. 29). 
En la segunda parte dedica capítu- 
los especiales para tratar de los ali- 
mentos, bebidas, hábitos y costum- 
bres, del vino , de la aloja , del aire, 
del movimiento y descanso, del sueño 
y de la vigilia, del uso de la venus ^ y 
de las pasiones. 

En la tercera parte trata de la defi- 
nición, causas, síntomas, diferencias y 
pronóstico de las enfermedades en ge- 
neral. 

Al hablar de las calentaras , refiere 
una observación muy curiosa é inte- 
resante de una calentura efímera que 
padeció en Toledo D. Ildefonso de 
Anaya, canónigo y vicario general, la 
cual le daba el dia 27 de cada mes, y 
continuó por espacio de diez y ocho 
meses, sin faltar una accesión (p. 57). 
También refiere otra , de autoridad 
del doctor Andrés Zamudio de Alfaro, 
de un sugeto que padeció mucho 
tiempo de una calentura intermitente 
aeptimania, la cual últimamente le re- 
petía cada treinta dias, y continuó 
hasta la muerte del enfermo (Ib.) 

Compendü totius medicinas ad ty^ 
roñes líber secundus. Aucthore Docto- 
re Christophoro Pérez de Herrera, 
ScUmaticensi medico regio et regni. 

En este libro trata con la mayor 
estension de las indicaciones , de los 
pulsos, de las crisis , de los dias críti- 
cos, y del valor de los signos diagnós- 
ticos y pronósticos. 

Soij de mucho interés los capítulos 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



243 



que dedica ' á esponer las indicaciones 
j contra indicaciones de administrar 
las sangrías, los eméticos y purgantes. 
No lo es menos el tratado de pulsos^/ 
sobre todo el capitulo en que enseña 
el modo j mecanismo de aplicar los 
dedos á la arteria para tomar el pulso. 
Todo cuanto ha dicho posteriormente 
el célebre Bordeau sobre este punto^ 
se encuentra en nuestro medico, como 
puede comprobar el que guste con- 
sultar a uno y otro. 

Compendíi totius medicince ad ty^ 
roms.jíucthore Doctore Chrístophoro 
Pérez de Herrera, Salmaticensi me- 
díco Domus Jtegice, et apudHispama" 
rían Triremes Protomedico Regio. 

En este libro trata de todas las en- 
fermedades del cuerpo empezando por 
las de la cabeza , y siguiendo las del 
pecho y vientre. Nada absolutamente 
de¡a por desear en cuanto al trata- 
miento de estas enfermedades. 

Quod sit ojjficium medici et quomo" 
do eo teneotwrfuaigif et nonnuUacon- 
silia ad probé et docte suum munus 
exercenaum utilia. 

Es un tratadito muj compendioso^ 
pero muy interesante , de moral mé- 
dica: voy á esponer en sus mismas pa- 
labras lo mas interesante. 

(cAd Medicum autem spectat^ Gra- 
vem esse , et Ornatum , non nimis 
Curiosum , nec tnrpi veste et obs- 
coena> sed Decenti babitu indotnm; 
non Elatnm, Loquacem» nec Tristem, 
et nimis Tacitum , sed graviter Hi- 
larem ; (hec enim extrema fugienda 
sunt) Gharitati pot¡ús(qua Ghristiana 
Religíone , et graduum juramento 
tenemur ) quam cupiditati et lucro 
deditum; prsecipue» cúm accersitns 
fuerit ad curandos mediocris status 
in&rmos, Hispané^ Gente honrada y 
pobres vergonzantes appellatos: prae- 
sertim , cum de eorum necessit'ate 
constiterit. Absurdumenim^impium 
et turpe est , aegros ob id incuratos 
relinquere» cúm tales ob status decen- 
tiam potiús moti, quám ad xenodochia 
deferri permittant. Ceteri autem in- 



fimae notas pauperes mendicantes in 
bospitalibus ad finem usque; vite, aut 
raorbi evasionem medicantur. Opor- 
tet etiam esse Medicum bene fortu- 
natum 4 naturaque ; prudentem, ut 
Hippocr. lib. de decenti ornatu nos 
docuit: nam ut Sénecas placuit, Infir- 
mus non querit Medicum eloquentem, 
sed curare scienlem^ ut recté imperet^ 
et cognoscat > an probé administren- 
tur necessaria aegroto , ut ex his (Deo 
favente) salus desiderata contingat. 

(cGonvenit etiam prudenti et doc- 
to Medico, arcana sibi commissa fide- 
Uter celare^ hoc enim recle non pr^es- 
tare, ignominiosum est, sicut indeco- 
rum valdé, si ea quae inter privatos 
asgrotorum parietes videret, ómnibus 
patefaceret. Nec continuis Indis ^ ita 
ut débitis studiis; et suo muneri vacare 
non possit, contractibusque illicitis> 
et alus rebus, quae ingenia non exer* 
cent, sit deditus. Ñeque indiciari» 
Astrologise studiosum se nimis iactet: 
nam populi fallacia vana, et inani, 
mendacique; conceptu, multos interi«^ 
met^ et in prognosticis morborum 
saepius hallucinabilur ; cúm ad doc- 
tum, et cordatum Medicum praecipué 
spectet, atenté, et bené loqui , et mu- 
nus suum 6deliter exequi, ex quo 
Cama, honor, et lucrum sequitur , si- 
eut é contrario oppositum : quia ufe 
communiter dicí solet, Melius est 
silerej quám in prognosticando/alU* . 

aGontinuó itidem det operam lite-' 
ris: non enim sufficit studuisse, sed 
infatigabiliter studere; sic namque la« 
bore et cura pro possibiii ad hibjtis^ 
exitum rei cuiusque poterit spectare 
felicem , immeritoque de asgrotorum 
adversis eventibus calumpiabitur. 

«Non sophisticis , et entitatibus 
metaphysicis, coufusisque syllogismis, 
et argutiis implicetur, sed solidas phi* 
losophias , et Medicinas theoricas et 
practicas se omninó tradat. 

«Non ob id non laudo , sed po». 
tiús virtutibus et laboribus debito 
prasmio digni debent indicari , qui 
sacras Theologias , jurisprudentiae 




244 



HISTORIA DE LA 



hamanarom literaram laoJabilia sta- 
día modlicé amplectuntar. Id enim 
Medie» facultati non adversatar; 
qaem admodúm necilli comteroplatio 
reram Reipublicae utilíum quicquam 
ofBcit^ quinimó ingenium ad suum 
manos meliús obeundam acuit, et fa- 
cilitat^ prsesertim cam bsc facolUs 
tam coniecturalis, aestimativa^ et dis- 
cursiva exista t. Et ratio ni oomso- 
Dom videtur, faciliúsposse curare ho- 
minem mundum partuum , micro- 
cosmos Graece apoellatum , qui rei- 
publicae danna sufqcienter curare stu- 
det, et ad id consiliis, et consideratío- 
Dibus non inepté at inuat, quam illi» 

3ui solnm suae facultati astricti et 
evincti suDt : ut Potentissimus , et 
Prudentissimus , felicisque memoriae 
Rex Fhilippus 11. occasione quadam 
occurrente, de literis , et partíbus 
cuiusdam Medici cum alio á cubica 
losuoIoquenSySuometore pro protulit, 
«Superuacuum duxi, doctis, etstu- 
diosis viris , ne invidi , et detractores 
sint, consulere, cúm haec dúo reipu- 
blicae monstra ab eis tám loo ge abfu- 
tura indicem: Virum enim corda tum 
dedecet» aliornm felicitate torqueri: 
et qui alterius fortunae invidet , ea se 
indignum praedicat. 

«Redoleant hujus facultatis profes- 
sores nobílitatem» quam á parentibus 
duzerint; et faltim eam^ que in gra- 
dttum Licentiae, et Doctoratus suscep- 
tiooe adepti sunt. 

«Sint etiam cauti , et pudici ^ et 
quó magis de eis confiditur, facilior- 
que, ad interiora cujusque yel religio- 
sissimae domus aditus patet, eó se ma- 

{{is j suosque mores componant^ ocu- 
osque et verba, et gravitate et honés- 
tate t^mperent: cúm Christi Redem- 
ptoris nostri, et tot sanctorum pie hu- 
jus facultatis exempla imitan possint, 
eorumque vestigiis inhaerere.» 

Theromata et prcBcepta qucB in 
atio ífolumine compendióse etiam me 
scriptutum promito. 

Dice que tenia conclaidos y dispues- 
tos para imprimir los tratados siguien- 



tes , que liarian un segando tomo de 
este compendio. 

I .^ De fehre punticulari et de om" 
niumfehrium victu et curatione, 

2.® De valetudine tuenda et regi^ 
min6 vitm. 

3.^ De dolare et voluptate, et eo- 
rum causis, 

4.** De rigorej tremore , consnil" 
sione , ac palpitatiúne, 

5.^ De coctione etputreduie. 

6.® De recidivis et res^ersionibus 
morborum, et in quo differant. 

7." De victu et rejectione conva*^ 
lescentium, 

8 .® De cljrpeo puerorum cum epi' 
lepsia y morbiUs , et variolis et alus 
morbis cutaneis eorum, 

9.® De animadversionibus quibus- 
dam circa febres pestilentes et earum 
carbúnculos et bubones. 

10 De affectu amatorio heroum 
príBcipue et ejus medelce. 

II De morbo gálico et cutis <fe- 
/bedatione et curatione eourumdem, 

12 De fascinatione an sit, 

13 De prcBsagüs et modo pronos^ 
ticandi. 

14 Compendiosumquodamchirur- 
gicum una cam reliquis materUs ad 
operationem manualem atinentibus, ut 
pote de hemiis'^rupturís'^alffebra^sm 
de oculistarum usu et oficio^^de calcu* 
lorum rerumfractume prascauticne et 
medela ■« de modo itauco lapides ve^ 
siccB extrahendi at de ejus victu et cu-- 
ratione '^ qua industria morbi simu^ 
lantes sint deprendendi ^=^ de breviet 
compendiosa totius corporis humani 
anatomía, 

1 5 Copiosam Dosim et mensuram 
omnium medicamentorun tironibus uti" 
Ussimam adjiciam. 

Desconozco todas estas obras ó tra- 
tados , ni he visto autor alguno que 
hable de ellas. Tal vez no llegarían á 
imprimirse atendiendo ¿ que el autor 
confiesa que lo verificaría después de 
publicar su tratado de proverbios mo* 
rales, y este lo escribió ya á una edad 
muy abanzada; según se deduce de la 



MEDICINA ESPAÑOLA, 



245 



decíicatoria que dirigió á Felipe ITI, j 
qae se lee al principio del referido 
tratado. 

Brevis et compendiosus tractatus de 
esentia , causis , nolis , prcesagio, cu^ 
ratione , et prascautione faucium, et 
guturis angmosorum ulcerwn morhi 
soffocantis^ garrotiUo hispanice apela' 
ti, cum qmhusdam conchisioníbus ma- 
ximi momentiex ipsius curationis me- 
' ékla deceptis circa exactiorem cogni" 
tionem et medelam hujus periculossissi- 
mi affectiis. Authore Doctore Chisto^ 
phoro Pérez de Herrera Salmeticen" 
si , medico regio et regni apud Hispa-- 
niarum triremes protomedico. Armo 
i6)5.Mairitiin4.'' 

El autor se propuso publicar esta 
obrita sobre la epidemia de nlcerali 
gauGfrenosas de la garganta, que reinó 
en Madrid y otros muchos pueblos de 
España en el año de 1599. 

Al presentar el estracto de esta pre- 
ciosísima monografía, no puedo menos 
de copiar. las conclusiones que al final 
de ella se encuentran» en las cuales es- 
tán compendiadas y estractadas por el 
mismo autor las principales ideas que 
en ella emite, por cuya razón dice que 
estas son la médula de su obra. 

1.* conclusión. «Esta enferme- 
dad se llama vulgarmente garro^^ 
tillo f porque la sensación que produce 
en los enfermos, se parece á la del 
garrote ; ella se distingue de todas las 
especies de angina. Se asemeja mucho 
á las añas y otras ulceras que suelen 
formarse en los niños en la boca y en 
los labios *, pero se diferencian en el 
sitio, y por su maligna cualidad gan- 
grenosa, E!stas úlceras pueden ir acom- 
pañadas de calentura, ó estar sin ella; 
otro carácter distintivo de todas las 
anginas.» 

2.* conclusión. «Siendo esta en- 
fermedad inflamatoria , acompaña- 
da de calentura y de una úlcera, á 
veces cancerosa y custrosa , á manera 
de carbúnculo maligno, ya en un lado, 
ya en el otro del cuello , tiene ocho 
grados: 1 .^, rubicundez de la gargan- 



ta y partes vecinas: 2.°, rubicundez^ 
inflamación , con algo de tumor y 
dolor. Estos dos grados son comunes 
con las anginas y la enfermedad sufo- 
cante: 3.^, escoriación: 4.®, úlcera pu- 
rulenta , y mayor dolor: 5.®, úlcera 
carbunculosa con podre fetidísimo, y 
figura la mas pésima: 6.^, costra sobre 
la úlcera que serpea , corroe y empo- 
drece la parte á la cual hace ulcerosa, 
costrosa^ carbunculosa^ cancerosa, y 
esta es la mas mala de las tres especies, 
y puede considerarse de tres maneras, 
á saber: de color blanco, como se in- 
dica en este 6.® grado, 7.® color mo- 
rado, y 8.® color negro, que es el peor 
de todos (desde el fol. 5 hasta el 7). 
Esta descripción es enteramente dis- 
tinta de la angina membranosa.» 

3.* conclusión. «Guando esta en- 
fermedad es muy cruel y matadora^ 
se perturban é invierten el orden y 
los cuatro periodos, á saber: principio, 
aumento, estado y declinación, de tal 
suerte , que muchos suelen perecer en 
el principio ó en el aumento, etc. El 
género de este mal consiste en el tem* 
peramento, composición viciada, y so- 
lución de partes ; pudiendo llamarse 
enfermedad particular , contagiosa, 
maligna^ epidémica, y pestilencial, 
pero no peste. El género especial es 
inflamación con tumor y úlcera, como 
se ha dicho en la conclusión segunda 
(fol. 7).» 

4.* conclusión. «Debe llamar- 
se contagiosa, pues ejerce su malicia 
por contacto, mediato é inmediato, 
especialmente en los niños mas que en 
los adultos. Sus causas son el tempe- 
ramento cálido y húmedo, y los esce- 
sos y deprabacion de las seis cosas no 
naturales.» 

5.* conclusión. «Esta enferme- 
dad ataca á la garganta y partes ve- 
cinas, con preferencia á las demás del 
cuerpo. Algunas veces se esliende á 
las narices, paladar, áspera arteria y 
esófago.» 

6.^ conclusión. «Siendo el asiento 
de este mal la garganta y partes veci- 



246 



HISTORIA DE LA 



nas^ hay mayor ó menor daño en la 
respiración y deglución^ según la in- 
tensidad del mal. Algunas veces le 
acompaña calentura ; otras no , cuyo 
síntoma es mas fatal. El pulso es des- 
igual; las estremidades se ponen frias: 
hay muchísima sed-, la lengua áspera; 
fetidez en la boca; temblores y rigores; 
las orinas descoloridas y delgadas ; y 
cuando estos síntomas aparecen mas 
remisos, entonces están los enfermos 
en mayor peligro. Se presenta en to- 
dos tiempos; es mas peligrosa en el 
otoño; y mas frecuente, pero segura^ 
en el verano.» 

7.^ conclusión. «Suele terminarse 
en siete dias, cuando es poco aguda, y 
en los cuatro si es muy intensa. Si la 
costra tira á morada, es muy malo; y 
mucho peor , si á negra. No termina 

Eor crisis. Si hay flujo de narices ó de 
oca , el pronóstico es mortal , espe- 
cialmente si hay costra , pues enton- 
ces no es decretorio, sino sintomático. 
Lo mismo debe decirse con respecto á 
las cámaras. Es incurable esta especie 
de úlcera , pues los remedios que son 
necesarios para su curación son tan 
activos, que por sí solos pueden matar 
al hombre mas sano y robusto (fol. 19 
y 23).)) 

8,^^ conclusión, «Pudiendo ser el 
tumor ya cansa ya síntoma de esta en- 
fermedad, ha de principiarse la cura- 
ción según sea síntoma, etc.)) 

9.^ conclusión, a Se refiere su con- 
tenido á lo que se deja dicho.)) 

1 conclusión, u Convienen en esta 
enfermedad, los alimentos de fácil di« 
gestión^ y los muy nutritivos en poca 
cantidad; las bebidas de flores cordia- 
les, el vino aguado y aun puro, y el 
aire muy cargado de emanaciones 
odoríficas : debe huirse del estanca- 
do y fétido.» 

1 1 conclusión. «El sueño debe ser 
ligero, y no debe pasar de tres á cua- 
tro horas, dejando pasar otras seis. Eu 
ios niños, por el contrario, es muy sa- 
ludable. Es muy dañoso el demasiado 
ejercicio.» 



12 conclusión. «Acarreando este 
mal un gran abatimiento de fuerzas, 
las sangrías no deben ser escesivas.» 

13 conclusión. «La primera san- 
gría debe hacerse del pie aun en las 
mugeres perezosas en menstruar; des- 
pués de esta sangría debe recurrirse 
á la del brazo.» 

14 conclusión» «Si estas son insu* 
ficientes podrá sangrarse entonces de 
las venas sublinguales, aunque pares* 
can de poco calibre.» 

15 conclusión. «En los enfermos, 
de temperamento linfático, debe prin- 
cipiar la curación por los purgantes, 
cuya dosis se arreglará á sus fuerzas 
y á su edad ; pero en la mayor parte 
de casos por la sangría.» 

16 conclusión. «Este mal exige, 
medicamentos y gargarismos, ya sua- 
ves ya fuertes , según las circunstan- 
cias y la ocasión: el vinagre no convie* 
ne. Guando la úlcera ha tomado el as- 

I)ecto carbunculosO) deben practicarse 
os remedios siguientes.» 

1 7 conclusión. «Según algunos au- 
tores cauterizarle con el nitrato de 
plata óescariflcarla con un hierro agu- 
dísimo hecho ascua ; pero es mas ra- 
cional pensar que estos irriten mas las 
partes » que se haga mayor la úlcera, 
y que impedida la respiración se sofo- 
que antes el enfermo. Por el contra- 
rio, tratándola con los remedios sua- 
ves y demulcentes, (fol. 37 y 38).» 

18 conclusión. «En el principio 
de este mal suele ser útil un vegigato- 
rio aplicado esteriormente sobre la 
parte afecta, sin esperar las evacuacio*» 
nes generales del cuerpo; muchos en- 
fermos, casi desesperados, se curaron 
con este remedio (fol. 41 hasta 47).» 

19 conclusión. «Están mas dis- 
puestos á contraer este mal, los que le 
han padecido otra vez; y estos suelen 
perecer cuando mas libres se conside^ 
ran (fol. 47.. hasta el fin del capítulo.)» 

20 conclusión, «Siendo mas fácil 
evitar este mal que curarlo, debe vi- 
gilarse en que se proscriba y destierre 
el uso de lodos aquellos objetos que 



MEDICINA ESPAÑOLA, 



247 



por sa nataraleza puedan conservar el 
Tomes contagioso: tales son las camas, 
las ropas, y todos los enseres en fin , que 
bajan servido para los enfermos. Han 
de evitarse en los niños el escesivo ca- 
lor ó frió de las bebidas y alimentos; 
y también deben aislarse los enfermos 
completamente , cuando las circuns- 
tancias lo permitan.» 

Tienen^ pues, mis lectores un es- 
tracto bien circunstanciado de las prin- 
cipales obras de este médico. Tal vez 
paracerá á alguno demasiado estenso; 
pero si se propone reunir las obras de 
qae acabo de hablar» seguramente le 
costaría mucho tiempo y dinero ha- 
cerse con ellas. Al presentar este arti- 
culo con tanta estension, be creído 
complacer ¿ mis lectores ; si no lo he 
conseguido me he equivocado de bue- 
na fe^ y reclamo su indulgencia. 

MIGUEL FRANCO, natural de 
la ciudad de Andújar ^ estudió la me- 
dicina en Sevilla ; y terminada » vol- 
vió a su pueblo » en el que eferció la 
profesión como médico titular. 

Escribió: 

Discurso medicinal , en el cual se 
declara la orden que se ha de tener 
para preservarse de la peste j" otras 
erifermedades. Córdoba 1601, en 8.^ 

Describe en esta obra la peste que 
reinó en Sevilla, Ecija y Córdoba : la 
ere jó de naturaleza contagiosa; j para 
sa curación propuso las sangrías en el 
principio, después los purgantes y 
vomitivos, como para depurar el hu- 
mor pútrido j pestilente que las cau- 
saba; las ventosas, para derivarle de 
las entrañas principales ; las fumiga- 
ciones olorosas , para neutralizar el 
aire corrompido; j el usode los ácidos, 
para destruir la naturaleza del virus 
morbífico. Para su preservación acon- 
sejó el buen uso de las seis cosas lla- 
madas no naturales. 

GERÓNIMO GÓMEZ DE HUER- 
TA > natural de Escalona, en la pro- 
vincia de Madrid, nació en el año de 
15 79. «Estudió las humanidades en la 
universidad de Alcalá de Henares. 



Una feliz casualidad le proporcionó 
la amistad con los dos hermanos Juau 
j Fernando de Mendoza , con cujos 
auspicios logró ejercitar su buena dis- 
posición para las letras , y habilitarse 
para tratar en la ilustración y defensa 
del concilio Iliberitano. El deseo tan 
estremado que infundió en Huerta el 
trato continuo con los Mendozas y es» 
pecialoaente en materia de antigüe- 
dades y de historia sagrada j profana, 
le tuvieron indeciso sobre la carrera 
que habia de seguir. Primeramente 
le pareció la jurisprudencia la profe- 
sión mas apropiada; pero el amor que 
tenía al estudio de la naturaleza en la 
lectura de las obras de Plinio, le obli- 
gó á seguir la medicina. Efectivamen- 
te, la estudió en la universidad de Va- 
Uadolid ^ j en ella tomó la borla de 
doctor. En esta misma ciudad ejerció 
la profesión por espacio de algunos 
años. Contrajo matrimonio con una 
señora muj noble j rica ; mas no por 
esto dejó los estudios, ni la asistencia 
de los enfermos. Nada holgaba en sus 
observaciones, como él mismo dice, 
cuando trataba una enfermedad : re- 
flexionaba atenta y detenidamente 
sobre el género de vida, humores, 
edad, influjo de las estaciones, y clima. 
Era un orátulo en sus pronósticos , j 
un Demóstenes en su conversación ; y 
asi le buscaban y consultaban de todas 
partes. Otro que Huerta , hubiera 
aprovechado esta ocasión para llenarse 
de riquezas; pero él hujo siempre de 
los aplausos j de la adulación. Muerta 
su esposa, j tomando su hijo el hábito 
de religioso carmelita, se retiró á Val* 
demorOj j después pasó á Arganda. 
Libre en estos pueblos de los cuidados 
que antes habia tenido , pudo entre- 
garse al estudio y ampliar las obras 
sobre la historia natural de Plinio, 
corregir las traducciones que habia 
hecho de ellas , y coordinar sus pro- 
blemas filosóficos, CUJOS trabajos le hi- 
cieron acreedor al honroso titulo de 
el Plinto español. 
Aunque Huerta quiso vivir retirado^ 



248 



HISTORIA DE LA 



su fama no pudo oscurecerse de ma- 
nera alguna. Felipe IV le nombró 
medico suyo, y aunque renuncio este 
cargo por no creerse con suGcíencia 
para ello, no le fué admitida la renun- 
cia. Trasladado a la corte y entregado 
i nuevos cuidados, no pudo dedicarse 
con tanta pasión al estudio; sin embar* 
go , aun trabajó el tratado de proce^ 
dencia de España , debida á sus reyes 
católicos ', el Florando de Castilla ; el 
Lauro de los caballeros, y el panegí^ 



rico latino de la purísima Conoepoion, 
Huerta murió en 1649, de edad de 
70 aoofl^. Felipe IV tenia tan deposi- 
tada su confianza en él, que en el ins- 
tante de saber su muerte dijo: «iVb 
viviré mucho tiempo ^ muerto Huerta, » 
(Retratos de. hombres ilustres^ artí- 
culo Huerta. En esta misma obra se 
halla un precioso retrato del autor). 

El poeta D. Alonso Solorzano y de- 
dicó al autor el siguiente soneto. 



Dando leños al mar al viento lino. 
Fia Colon su dicha en su esperanza; 
Nuevos climas le ofrece su bonanza. 
Si ricos minerales su destino. 

Por piélagos salados peregrinos 

Fernán Cortés con nueva confianza. 
Dilatando su empresa en premio alcanza^i 
El megicano imperio ultramarino. 

Plinio ha sido el Colon, investigando 
Del orbe los secretos naturales 
para que le acredite en su memoria; 

Y vos. Huerta, el Cortés, que dilatando 
En plantas, aves, peces, y animales 
Sus propiedades^ merecéis la gloria. 



Huerta escribió las obras siguientes: 
Triuhíccion de los libros de Cayo 
Plinio segundo » de la historia natural 
de los animales. Hecha por el licen^ 
ciado Gerónimo de Huerta, médico y 
filósofo , y anotada por el mismo con 
anotaciones curiosas , en las que pone 
los nombres, la forma, lanaturaleza, 
la templanza, las costumbres y pro' 
piedades de todos los animales^ pesca- 
dos, aves, insectos^ y el provecho ó 
daño que pueden causar d tos hombres^ 
y los geroglifcos que tuvieron de ellos 
los antiguos, con otras cosas muy cu" 
riosas. Primera parte. Alcalá, por 
Justo Sánchez Crespo^ año M, D, CII 
Dirigida á Felipe HI, dos tomos 
en 4.^ 

No es posible presentar un estracto 
coordinado de esta obra, por ser tantos 
y tan varios los comentarios de Huer- 
ta, cuantos son los textos de Plinio. Me 
concretaré á decir que en el libro 7.% 



el cual dedica á la historia del género 
humano, hallará el lector muchos tro- 
zos y pasages de la obra de Virey. 
Son muy interesantes los capítulos del 
elefante, como mas inmediato al hom- 
bre en la inteligencia; el del león y el 
del lobo. El 37, en el que habla de los 
animales que nos enseñaron algunas 
medicinas. El 39, en el que refiere las 
ciudades y gentes que fueron destrui- 
das por los insectos. El 41 , en que 
trata de la mordedura de los per- 
ros rabiosos, y la historia médica de 
las heridas de esta naturaleza : el 42, 
43 , 44 , 45 y 54 , en que habla res- 
pectivamente del caballo, del asno, 
del buey, del perro , y de los cuadra- 
manos. 

Libro nono de Cayo Plinio segundo. 
De la historia natural de los pescados 
del mar, de lagos y rios^ hecha por el 
licenciado Gerónimo de Huerta, me-' 
dico y filósofo. Dirigido al Rey Don 



MEDICINA ESPAIVOLA. 



249 



Fetipe III. Madrid 1603, por Pedro 
Madrigal» 

En este segundo toma empieza se- 
gún acabamos de rer , por la tradac- 
cíOQ del libro nono, consagrado escla- 
sívameote á dar á conocer la historia 
natural de los peces. Todo él inspira 
un alto interés; pero sobre todo los ca- 
pítulos sobre las ballenas. El 7.®, en 
qne discute si los peces respiran ó no, 
y si duermen : el de los moluscos. El 
35, en el que habla de la pesca de las 
perlas, el de las púrpuras ó sea de los 
moluscos de que sacaban los antiguos 
ef color de púrpura para te&ir las ro- 
pas. El 49, en que habla de las enfer* 
medades de los peces. Y el 51 , de su 
generación. 

No contento el autor con haber pu- 
blicado esta traducción de los nqere 
libros de Plinio, volvió á hacer una 
segunda edición , con el titulo que 
sigue: 

Historia natund de Cayo PUnio 
segundo* Traducida por el licenciado 
Gerónimo de Huerta , médico y fa-^ 
miliar del santo oficio de la inquisi-» 
don, y ampliada por el mismo con ej- 
coUos y anotaciones en que aclara lo 
oscuro y dudoso, y añade lo no sabi^ 
do hasta estos tiempos. Dedicada al 
católico Bey de las Españas y In^ 
dios D. Felipe IV. Madrid por Luis 
Sánchez 1624, 2 tomos en 4.° ma-* 
yor. 

. En la dedicatoria á Felipe IV, dice: 
f<Desnues de haber traducido y ano** 
tado tos nueve libros de Plinio con que 
serví á la magestad del Rej D. Feli- 
>e III, de gloriosa memoria, padre de 
^ M., que fueron tees desde el sépti- 
mo , teniendo para sacar a luz los de 
aves y de insectos, á persuasión de al- 
gunas personas curiosas que advirtie- 
ron las curiosidades de los seis prime- 
ros , determiné servir á V. M. con su 
universal traducción, comenzando des- 
de el primero.» Añade que asi como 
Plinio dedicó su obra á Vespasiaoo, en 



(? 



lo que trató con especialidad de los rei- 
nos que poseía, también él se proponía 
esplanar la historia de Plinio, hablando 
de las cosas notables que en su reino y 
países conquistados había. 

Esta obra está dividida en treinta y 
siete libros. 

En el primer volumen presenta on- 
ce láminas de las efigies de gentes 
monstruosas, animales^ pescados, ave^ 
é insectos contenidos en él. 

1.^ Refiere algunas cartas que Pli- 
nio dirigió á Vespasiano, y los autores 
de que se habia valido para la forma- 
ción de su obra. 

2.^ Contiene la historia del mun^ 
do, y de las cosas celestes , terrestres 
y aéreas. (Contiene 418 capítulos). 

Én los libros 3.®, 4.®, 5.® y 6.® tra- 
ta de los sitios, gentes, mares, pueblos, 
ríos, mesuras y naciones. 

7.^ Contiene admirables figuras de 
gentes (60 capítulos). 

8.® La naturaleza de los anímale^ 
terrestres que andan pie ante pie (59 
capítulos). 

9.** La historia y naturaleza de los 
animales de agua (62 capítulos). 

10 La naturaleza é historia de las 
aves (85 capítulos). 

1 1 Las historias y naturalezas de 
animales pequeños y reptiles (54 ca- 
pítulos). 

12 La historia y naturaleza de los 
árboles (28 capítulos). 

13 Los ungüentos y árboles ma- 
rítimos (25 capítulos). 

14 La de las vides y viñas (22 ca- 
pítulos). 

15 La naturaleza de los árboles 
fructíferos que se cultivan (30 capítu- 
los). 

16 La naturaleza de los árboles 
silvestres (44 capítulos). 

17 La naturaleza de los árboles 
que se reproducen por semilla y se 
cultivan (28 capítulos). 

18 Trata de agricultura (35 ca- 
pítulos). 



HlST. UE LA MeOIC. ESPAÑOLA. — TOMO 2.® 



32 



. 



250 



HISTORIA DE LA 



19 De la oataraleza del vino j 
sus maraTÍllas (12 capítulos). 

20 De las medicinas que se toman 
de aquellas cosas que se siembran en 
los huertos (24 capítulos). 

21 De la naturaleza de las flores y 
plantas de que se hacen coronas (34 
capítulos). 

22 De la virtud de las jerbas (25 
capítulos). 

23 De los arboles que se cultiyan 
(9 capítulos). 

24 De las medicinas de los árbo- 
les silvestres (19 capítulos). 

25 De la naturaleza de las yerbas 

3ne nacen sin sembrarlas , y la virtud 
e estas , y del origeu y principio de 
usarlas (13 capítulos). 

26 De las demás medicinas , por 
las diferencias de las enfermedades, 
y de nuevas enfermedades, y del em« 
peine (15 capítulos). 

27 De los géneros de yerbas (13 
capítulos). 

28 I>e las medicinas tomadas de 
los animales (20 capítulos). 

29 De las medicinas tomadas de 
lo9 animales (6 capítulos). 

30 ídem (16 capítulos). 

31 y 32 De las medicinas de los 
acuátiles , y maravillas de las aguas 
(21 capítulos). 

33 De la naturaleza de Ids meta* 
les (13 capítulos). 

34 De los metales, cobre, fierro, 
plomo y eslaño (18 capítulos). 

35 De la pintura (16 capítulos). 

36 De la naturaleza de las pie- 
dras y diferentes mármoles (27 capí-» 
lulos). 

37 Del origen de las piedras pre- 
ciosas (13 capítulos). 

ALFONSO PONCE DE SANTA 
CRUZ. Tenemos muy pocas noticias 
biográficas de este célebre médico. 
Por relato de su hijo Antonio^ de quien 
hablaremos, sabemos que fué medico 
de Felipe 11, y que poseía tan grandes 
conocimientos médicos, que lo respe- 
taba y veneraba como un oráculo. 

Escribió el tratado siguiente: 



Dienotio et cura ifffectuum me^ 
¡ancoiiconan. Auctpre Doctore Al" 
phonso de Santa Cruze, Ad regem 
CatoUcum, Matríti apud Thomam 
Juntam tjrpographum regium. Armo 
M.D.CXXlí{\). 

Antonio Ponce de Santa Gruz^ al 
tratar de la melancolía, elogia mucho 
este tratado, denominándole libro de 
oro de hoc puncto eleganter et erudita 
scripsit veneratidus Parens meus Doc» 
tor Alphonsus de Santa Cruze in suo 
Ubro áureo de melancolía (lib . de morb. 
sacro com. de Hip. pág. 7). 

En la dedicatoria á Felipe II, le 
dice: «Dios me ha dado ocasión de po- 
der ayudar con mi trabajo, ofreciendo 
á los hombres un arte breve y clarOj 
como la principal joya que Dios les 
dió^ que es el entendimiento, en el 
cual se le asemejan, para qae lo sepan 
conservar y guardar de un poderoso y 
pestilencial enemigo que le suele com» 
batir y quitar á veces las fuerzas de 
tal manera, que en todas sus acciones 
no parecen hombres, sino unos insen- 
satos brutos ; y otros , furiosos^ Tal es 
el humor melancólico.» 

Este tratado se reduce á nueve diá** 
logo^, entre Aristipo y Sofronio, en 
los cuales habla de las materias si- 
guientes: 

En el 1 .^, de la naturaleza y origen 
de esta enfermedad: dice «que este hu- 
mor melancólico, hijo natural de las 
bilis adusta, invade al cerebro y <rfen» 
de sus tres potencias rectrices, a saber: 
la imaginatwa, la escogitativa, y la 
memorativa: daña á la primera de tres 
tnodos, ó quitándola del todo, ó dis- 
minuyéndola, ó pervirtiéndola: tam- 
bién ofende la raciocinitiva ó racio* 
nal de otros tres, oquitdndola^ y pro- 
duce entonces la demencia^ ó alterdn' 



(1) Aaoqae esta obra se Imprimió das* 
pees de alganas otras que publicó el hijo, 
me h» parecido mas conforme hablar antes 

de ella. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



251 



dola, y es ia desipieDoU , ó dismáiu^ 
yéndoia^ j es la estulticia o fatuidad. 
Coandoeste humorafecta la mettioria, 
produce el olvido» el miedo y la tris- 
teza. Si tiende á los hipocóodrios jr va 
acompaftado de obstrucciones , deter- 
mioa la hípocóodria; si de delirio^ la 
mama; si ataca al útero, produce el 
furor uterino.» 

En el 2,% trata del asiento de la en- 
fermedad , que dice ser el cerebro. 
Con este motivo presenta una descrip* 
cíoii anatómica bastante circunstan» 
ciada de dicho órgano. 

En el 3.^4 trata de los signos de la 
parte afecta. Asegura que la melan- 
colía DO siempre reconoce la lesíotí 
primitiva del cerebro , sino que esta 
puede ser simpática de la del estoma* 
go» hígado, intestinos y bazo. Descri* 
be con la mayor precisión los sínto- 
mas de esta enfermedad , ya primi"* 
tiva, ya simpática. 

En el 4.^9 presenta algunos proble* 
mas, relativos á dicha dolencia. 

En el 5.^y re6ere algunas observa- 
ciones sumamente curiosas de otros 
tantos enfermos , de las coales voy á 
presentar un ligerísimo estraoto. 

1.^ Un enfermo se creía conver- 
tido en un Taso de cristal*, y temiendo 
el. llevar un golpe , hnia de todo el 
mundOé Se le aconsejó el que supuesto 
estaba convertido en cristal , que se 
dejara cubrir de paja y heno, del 
mismo modo qué los cristaleros oon- 
dncian los vasos y botellas. Conven- 
cido en esta propuesta, se \t acostó 
sobre paja bien seca, encerrándole en 
un cuarto; y cuando mas descuidado 
estaba, se le dio fuego á la paja , cer* 
rándole la puerta para que no pudiera 
escaparse. Atemorizado de las llamas, 
empezó á dar fuertes golpes ala puer- 
ta y llamar á los parientes. Avisados 
estos, le preguntaban desde fuera, 
que si era de cristal^ ¿cómo podia dar 
tan grandes golpes con las manos, pies 
y todo el cuerpo sin quebrarse? A lo 
cual contestó: amigos, parientes mios, 
yo no soy vaso de cristal , soy el mas 



infeliz de los hombres, sino me sacáis 
de este peligro. 

El enfermo recobró su juicio por 
medio de esta estratagema. 

2/ Es de un monge que se creía 
haberse muerto y después resucitado 
é inmortal. Le curó con repetidaMva- 
cuaciones de sangre, los demulcentes, 
el suero y los pungantes. 

3.* Contrajo la dolencia por ayu- 
nar mucho , y haberse debilitado con 
otros ejercicios de penitencia. Se curó 
restableciéndole el flujo hemorroidal 
que se le había suprimido. 

4** Es de una joven que padeeia 
de furor uterino. Se curó restablecían* 
dolé la menstruación. 

5.* Es de un sngeto muy apasio- 
liado á la venus , y que habiendo to* 
madoel hábito de religioso con repog* 
nancia , empezó por entristeoerse y 
terminó por furioso. Se curó con la 
esclaustracion. 

6.* Es de UQ sugeto de treinta y 
tres años, que de resultas de malos ali* 
montos cayó en una tristeza muy gran* 
de. Huyendo siempre del trato de los 
hombres y buscando la soledad , se 
creyó convertido en lobo^ y siempre 
iba trepando los montes , aullando 
como aquel de noche^ yendo á los ce- 
menterios y llamando á los muertos. 
Recogido por la autoridad en el hos-» 
pital , y puesto bajo la dirección del 
autor , curó al cabo de seis semanas 
por medio de las sangrías generales y 
locales, de los purgantes suaves, de los 
baños generales y de chorro sobre la 
cabeza, y sobre todo con loa alimentos 
nutritivos y de fácil digestión. 

8.* Lo es de un caballero de altas 
prendas , que habiéndose enamorado 
de una dama y no siendo correspondió 
do, cayó en una melancolía furiosa* 
No se curó. 

9.^ Es de una religiosa que ha^ 
hiendo padecido muchos años de una 
oftalmía, se le suprimió esta, le sobre* 
vino cefalalgia , gran tristeza, y últi- 
mamente la melancolía. Curo á los 
cuarenta dias con el auzilio de sangrías 



I 



252 



HISTORIA DE LA 



locales, de pedilubios y ele purgantes. 

10 Es ae un religioso que de tan- 
to ayunar y bacer penitencias fuertes 
se demacró , se entristeció terrible- 
mente, y por 6n vino i padecer una 
melancolía por escrúpulos de coocien - 
eia. Se curó por los baños generales en 
el rio , y por los de chorro en la ca- 
beza. 

11 Elsde un enfermo que vino á 
dar en una melancolía furiosa, á causa 
de haberle vendido un pariente.su ha- 
cienda. Curó i los 40 dias. 

12 Es de un monge septuagena- 
rio que contrajo una melancolía fu- 
riosa, á causa de haber ayunado por 
muchísimo tiempo á pan y agua. 

13 Es de una puérpera que cayó 
en delirio de resultas de la supresión 
loqniaK Curó por medio de las san- 
grías del pie. 

14 Es un loco de resultas de la 
crápula. 

Todas estas historias son muy dig- 
nas de consultarse , pues seguramente 
no se describen mejor en el siglo XIX. 

En el 6.^, se reduce á tratar de la 
eficacia de algunos medicamentos en 
esta enfermedad. Elogia la valeriana, 
la matricaria» y el jarabe escilítico. 

En el 7.®, versa sobre el modo, 
tiempo y circunstancias de adminis- 
trar los medicamentos. 

Los 8.** y 9.** , se concretan á espo- 
ner los medios preservativos. 

ANTONIO PONCE DE SANTA 
CRUZ , natural de Valladólid , hijo 
del anterior , estudió la filosofía y la 
medicina en la universidad de dicha 
ciudad con Luis Mercado. En esta ob- 
tuvo y desempefló la cátedra de pri- 
ma, hasta que Felipe IV, cerciorado 
de sos vastos conocimientos en la cien- 
cia , le nombró médico de su cámara 
con ejercicio, en cuyo destino llegó i 
ser el decano de todos los médicos de 
cámara, y proto-médico general. Ob- 
tuvo igualmente ^ por una gracia de 
S. M. , una abadía en la iglesia de 
Govarrubias. 

Sus talentos, sus esludios y su gran 



acierto en la práctica, lo hicieron al- 
tamente recomendable y digno de la 
celebridad que disfrutó. Fué muy 
hábil en el pronosticar ; y su pericia 
llegó á tanto, que al aspecto de un solo 
enfermo predijo una horrorosa peste 
en Valladólid. 

Escribió muchas obras , todas las 
cuales, lo mismo que la del padre, se 
han hecho tan peregrinas y rarísimas, 
que hasta el dia no he visto mas ejem« 
piares que los que yo poseo, que afor- 
tunadamente son todos. 

Voy, pues, á presentar á mis lec- 
tores un estracto de todas ellas. 

Tratado de las causas y curación 
de las fiebres con secas pestilenciales , 
que han oprimido á P^alladolíd y otras 
ciudades de España; en el cual se tra* 
tan muchas in/icuUades que se han 
ofrecido después de todos los que hasta 
este tiempo han escrito. Compuesto 
por el Doctor Antonio Ponce de Santa 
Cruz , profesor público de la cátedra 
de prima de medicina en la insigne 
ciudad de Valladólid, Valladólid, por 
Pedro de Merchan Calderón ,afto 1 601 • 

Está dedicada al Doctor Luis Mer- 
cado, á quien dice: «y considerando 
cuyo nombre llevaría en la frente este 
hijuelo mió para que no fuese despe- 
dazado, me pareció ofrecérsele á su 
abuelo.» 

Bajo el epígrafe de El primer era- 
fermo que hubo de seca en Valladólid, 
y lo que acerca de él sucedió , refiere 
el modo de invasión que tuvo en dicha 
ciudad la peste ; cuyas circunstancias 
son muy interesantes. Dice asi: 

«Gozando Valladólid de la mas en- 
tera salud que muchos años antes ha- 
bía tenido , conservándose en medio 
de logares comarcanos enfermos, no 
debió de poder guardarse con tanto 
recato de ellos, pues fui llamado para 
ver un enfermo, vecino de la villa de 
Covarrubias, tierra de mucho trato y 
comercio con la de Burgos , y bien 
desapercibido que había de hallaren 
Valladólid hombre apestado, entré en 
una posada , junto á la puerta de San 



MEDICINA ESPMOLA. 



253 



Xaan^y yi un hombre de media edad, 
colérico, fríos los estremos , peqaefio 
el calor, pulsos frecuentes, desorde- 
nados , débiles ^ parvos , sudaba io* 
úlilmente, vomitaba, loqueaba, noso* 
segaba un punto, con una seca algo 
mas abajo de la ingle izquierda: y con 
todas estas señales tenia tan engaSados 
á los asistentes j que con mncba difi- 
cultad les persuadí le hiciesen dar los 
santos Sacramentos, porque le veían 
algunos ratos estar tan en si y tan tem- 
plado , que parecía estar bueno. 

« En fin, se procuró con todos los 
medios posibles divertir del corazón 
tanta copia de veneno, convocarle i 
los emunctorios, reprimir la putrefac- 
ción, defender el corazón con alexi- 
fármacos, y con los mismos contrade- 
cir á la cualidad venenosa : murió al 
séptimo, habiéndole visitado desde el 
quinto, porque según parece desde 
Covarrubias venia herido de la landre. 
Parecióme advertir de esto al corregi- 
dor aue entonces era, y persuadirle 
mandase guardar de aquella tierra y 
su comarca. Al otro dia siguiente en 
so casa, hice una junta y consulta con 
algunos médicos doctos de esta ciudad, 
donde me confirmé en que aquella 
habia sido verdadera peste, y que con- 
venia hacer la diligencia acostumbra- 
da contra el contagio con todos los que 
enfermasen de este mal. Los demás 
fueron de contrario parecer; y dando 
la razón, era porque no hablan muer- 
to muchos en Valíadolid de aquel mal, 
y asi no era bien escandalizar la ciu- 
dad. De todo -esto me venia un gran 
sentimiento al corazón, viendo el pe- 
ligro en que esUba Valíadolid. Esto 
llevaron tan mal mis discípulos , que 
me porfiaron tuviese unas conclusio- 
nes públicas en la universidad contra 
este barbarismo, en lo cual también 
se me hizo mucha contradicción , di- 
ciendo que se alteraría la gente oyen- 
do decir y defender que habia entrado 
un apestado en la ciudad. 

(cPocos dias pasaron, cuando vimos 
encenderse el contagio por todo aquel 



contorno de la calle de Ruyhernandez, 
salpicando por toda la ciudad , y des- 
poblando casas; y con todo esOj incré- 
dulos de que era peste. Después supe 
de Fr« Juan de Covarrubias , natural 
del mismo logar, y religioso de la or- 
den de S. Gerónimo, que aquel hom- 
bre que vino herido dejó su casa apes- 
tada , y fué principio de todo el dafk> 
de aquella villa. 

«De lo cual se infiere que este mal 
entró en esta ciudad por seminarios y 
contagio^ como en las demás. Porque 
quién duda sino que entrando este, 
entrañan otros de partes sospechosas 
y enfermas: y sin dispotar ahora qué 
seminarios pudo dejar ^ por lo menos 
lo que ae vio fué comenzar la peste no 
lejos de su posada. T como quedará 
probado en los capítulos siguientes, 
este solo fué poderoso para destruir 
esta ciudad, si Dios no nos socorriera. 

Del triste desengaño que se ha te* 
nido por no creer que este mal era 
pestilencial jjr lo que después sucedió* 

«Pocoá pooo, y encubiertamente 
por la comunicación secreta del con- 
tagio, creció el numero de los enfer- 
mos; de manera, que la ciudad deter- 
minó fundar un hospital- en San Lá- 
zaro, para recoger los pobres, y asi se 
hizo desde principio de mayo, pero 
confusamente , teniendo juntos los de 
calenturas solas con los de secas, por- 
i(ue siempre estuvieron incrédulos del 
contagio ; bien boceado de mi en ios 
principios, asi se fué disimulando, y 
el da&o esforzando, hasta que en 3 de 
junio fué Dios servido nos enviase 
$. M« por corregidor á D. Antonio de 
UUoa, caballero del hábito de San tía- 
o, el cual comenzó á ayudar al tra. 
tajo; de suerte, que luego supo de to- 
dos los médicos los enfermos que te- 
ñían por la ciudad; y con un ánimo y 
determinación grande , sin género de 
temor del contagio, de dia y de noche 
andaba por las casas con un cirujano, 
visitando los enfermos por su propia 
persona : y conociendo el gran daño 
que habia , comenzó á formar hospi- 



i 



254 



HISTORIA DE LA 



r 

taleg trapaces para tanto núoiero de 
gente como iba cayendo» j fundó con 
gran brevedad cuatro bospitales para 
loa dolientes y dos para convalecientes^ 
que ya por todos eran siete, en los cua- 
les estaban repartidos mas de mil y 
seiscientas personas, á quien todos los 
mas dias visitaba , y miraba como se 
hacia lo tocante á su servicio y como- 
didad; y cuando el enfermero no osa- 
ba llegar al herido, él le tomaba por 
la mano y le metia en la cama, y an- 
daba animando ¿todos, como sino 
fuera sujeto á dolencia; tal orden puso 
en los hospitales; asi los alentaba, que 
mocian poquísimos. En medio de estas 
tribulaciones, le desanimaban con la 
falta de dinero , con el temor de los 
que desamparaban la ciudad. Pero a 
todo ha resistido; de manera, que sa- 
biendo cuan ^na peste es esta, los per- 
suadia que no se pegaba, para que no 
desmayásemos; y por otra parte gran 
solicitud en recoger la ropa , ejecu^^ 
tando las demás cosas necesarias; y no 
contento con esto , hizo dar de comer 
á todos los necesitados por las parro- 

Juias, y en su casa ae guisaba U comí- 
a para todos los de su parroquia, á so 
propia costa , animando á ]os demás 
para que hiciesen lo mismo. Con esto 
se animaba el pueblo; de manera que 
andaba alegre en medio de su daño. 

«Pero qué diré de loque el santo 
obispo D. Bartolomé de la Plaza ha 
hecho en este negocio , la entereza é 
igualdad que ha tenido en medio de 
tantos temores, las limosnas, el go- 
bierno con sus iglesias; tal, que de 
tantos como han muerto, no se sabe 
que á ninguno baya faltado los divi- 
nos beneficios y sepultura en sagrado, 
y entierro con pompa » que en tan 
grande revuelta y alboroto de males» 
es cosa de grande estimación : todo 
esto se debe al celo apostólico de tan 
grande prelado , y i la grao caridad 
que en esta ciudad se ejercita. 

aDe todo lo dicho en este capitulo, 
se sacan dos cosas importantes. La 
primera á cuántos danos trae un error 



i 



hecho en el principio ; y la segunda, 
cuánto vale el buen ánimo y resolu- 
ción para el buen gobierno de estas 
cosas, y para que la fuerza del conta- 
gio pieraa sus bríos.» 

Define esta enfermedad pestilen- 
cial «una fiebre muy aguda, maligna,, 
contagiosa, venenosa, acompañada de 
algunas manchas, seca ó carbunco, 
que acomete y mata á muchos (pá- 
gina 7).» ttEIsta enfermedad de seca 
trae tantos y tan varios accidentes,, 
que t&nos mueren durmiendo , otros 
loqueando, otros quietos en su juicio, 
otros con secas en laa ingles , otros en 
los brazos , otros detrás de las orejas, 
ue casi no muere uno como otro 
pág. 15).)> 

Combate como ridicula la opinión 
de aquellos que tratando de esplicar la 
raxon de estas diferencias, admitian la 
entrada del contagio venenoso, di- 
ciendo: «que si entraba por los pies, 
daba la seca en las ingles ; si entraba 
por los dedos de la mano, daba debajo 
de los brazos; y si entraba el contagio 
por las narices, daba tras de las orejas, 
y loqueaban y se dormían , si por la 
respiración daba carbunclos y tamo- 
res en el pecho.» El autor añade: «res- 
puesta por cierto ridicula é indigna de; 
oirse, porque contra ella están mil ra- 
zones y esperiencias, pues vemos tan- 
tos heridos y muertos sin haber guar- 
dado ese orden, en particular los mé- 
dicos y cirujanos 5 que respiraban el 
vapor maligno y tomaban tos pulsos^ 
y han muerto sin guardar ese orden 
de dedo al brazo, y del pie á la ingle 
(pág. 16),» 

Creyó que este veneno era de una 
naturaleza especial , y de suigeneris\ 
que asi como las cantáridas obraban 
contra la vegiga de la orina, el napello 
producía apostemas en la boca y len- 
gua, asi el humor pestilencial obraba 
contra todas las partes del cuerpo en 
mas ó menos, según su disposición, 

f>orque escedia en malignidad á todos 
os venenos: porque vemos que en esta 
fiebre hay vómitos, suversiones de es* 



I 



MEDiaNA. ESPÁl^OLA. 



255 



. 



tómago, saefíos» delirios; congojas, io- 
quietades, refrigeraciones de laa es* 
tremidades, pulsos desiguales, par?os, 
frecuentes, lánguidos, gran incendio 
interior 9 7 grande frió esterior al mis* 
mo tiempo. Si los venenos sépticos 
podrecen y dividen las partes ; si los 
corrosivos y calientes las queman j 
abrasan , ¿por qué todos estos mismos 
efectos que produce, no se han de 
atribuir a un veneno? (pág. 17).» 

Al rebatir la opinión de aquellos 
que aseguran qué nunca tiene un mal 
razón de peste hasta que mata a mu* 
chos , dice lo siguiente : «¡Triste caso 
es por cierto que haya un médico y 
una república de esperar á ver acabada 
la mayor parte de la gente para cono- 
cer qué enemigo tiene en casa! pero 
¿qué mayor enemigo que el médico 
que esto dice? Entiendan de aqui en 
adelante, que la peste tiene su ser en 
el primer doliente , sin esperar k que 
se comunique á otros. Preguntóles yo 
á los que están en este error, ¿cuando 
ven un fuego de lejos que no les ca- 
lienta, si es aquel fuego? Según ellos, 
están obligados á decir que no ^ y la 
razón es porque no los calienta; ¿puede 
haber mayor barbarismo?» 

El autor considera como cansa efi- 
ciente de la peste el influjo de las es^ 
trollas y de los cielos. «No son dignos 
de ser oídos , dice, los que tienen por 
opinión que el cielo no puede causar 
peste; y siendo asi que el veneno con* 
siste en una perniciosa modificación 
de calidades, bien pueden diversas es- 
trellas producir en el aire tales grados 
y en tales proporciones que le hagan 
mortífero y venenoso (pág. 25).» 

Describe con la mayor exactitud los 
síntomas con que se presentó esta en- 
fermedad : dedica artículos especiales 
para tratar de las manchas , de las se- 
cas inguinales y de los carbunclos. 
Llama la atención de los prácticos so- 
bre su naturaleza, tiempos y manera 
de su aparición. Trata igualmente en 
artículos separados de la oportunidad 
de prescribir las sangrías , los purgan- 



tes y el régimen. Entre las primeras 
elogia la sangría del pie , y en los jó*- 
veoes y robustos usque ad ammi deli- 
qtdum: entre los segundos prefiere los 
suaves , y respecto de los alimentos 
aconseja los de fácil digestión, ausilía* 
dos de alguna corta porción de vino. 

En la curación de los carbunclos 
«propone la sangría general del pie 
hasta el desmayo, sino es que haya cosa 
que lo estorbe , en cuyo Caso debe 
remplazarse por la local, auxiliada de 
loa tópicos refrigerantes (pág, 126).» 

Elsta obrita es de un mérito singu- 
lar; su autor consignó en ella algunas 
preocupaciones de su siglo, tales son el 
que las enfermedades pestilenciales 
pueden ser producidas por los ángeles 
en castigo de nuestros pecados^ y aun 
de los diablos (pág. 24 vuelta) ; pero 
dejando esto aparte sus principios 
prácticos son interesantisimtMi , sus 
consejos dignos de serairse, y sus 
descripciones un cuadro bien aca- 
bado de la peste que desoló á Valla- 
dolid. 

Opuscula medica et phibsophiea ad 
PhUipum IV Hispaniarum Irukarum- 
qut Ilegem potentissimum^ Authore 
Antonio Ponce de Santa Cruz , olim 
primario ViUmsoletano , nunc autem 
á cubiculo ejusdem Philipi VI regis 
catoOei et Proto-medico generaU. lúa* 
triti anno M.D. C.XXIV infol. 

En esta obra se contienen los trata- 
dos siguientes cuyos títulos son. 

Opuscula in Primam primi Aince^ 
nos pro lectiombusprímariis» Authore 
Antonio Ponce de Santa Cruz olim 
primario Vallisqletano j nunc vero á 
euhiculo regís catoüci. 

Este tratado contiene diez opúscu4 
los. 

En el 1 .^ diserta sobre la medicina^ 
y prueba que no es arte sino una cien* 
cia, que tenia sus principios fijos y 
constantes como las demos ciencias. 

En el 2.^ trata de los elementos or* 
gdnicos de los cuerpos. 

En el 3.® habla de los tempera» 
mantos. 



256 



HISTORIA DE LA 



En el 4.° del temperamento de los 
sexos y de las edades. 

En este tratado es mny interesante 
y carioso el capítulo II en qoe trata 
del número de las edades. Espone las 
que admitían los fenicios, los caldeos^ 
los griegos, los romanos, los santos pa« 
dres , los botánicos y los astrólogos. 
Comenta estensamente unas y otras, 
entre las cuales son dignas de referir- 
se estas dos últimas. 

Las plantas tienen siete edades. 1 / 
la infancia , cuando sale de la tierra: 
2.* la puericia ó niñez, cuando empie- 
zan á presentar unos surcos: 3.* la pii- 
bertaa, cuando empieza á pulular el 

{germen. 4.* la adolescencia , cuando 
es caen las flores : 5.* la pubertad^ 
cuando maduran las frutas: 6.* la ve^ 
jéz , cuando las hojas empiezan á po- 
nerse amarillas, se secan y últimamen- 
te se caen : 7.* la decrepitud , cuando 
solamente queda el tronco pelado y 
marchito. 

Los astrólogos admiten otras siete 
edades en el hombre, comparándolas 
con las mutaciones del sol en el de« 
curso de un dia. La infancia , es el 
primer crepúsculo de la mabana, ó lo 

3ue llaman la aurora : la niñez, cuan- 
o la aurora está ya muy adelantada, 
ó poco antes de salir el sol : la pu&er- 
tad , cuando el sol ra elevándfose del 
horizonte: la adolescencia , cuando el 
sol llega al medio dia : la edad uiril, 
cuando el calor se sostiene todam , ó 
desde las doce del dia hasta las tres de 
la tarde : la vejez, cuando se pone el 
sol: la decrepitud, el último crepúscu- 
lo de la tarae. 

Los santos Padres comparan el nú- 
mero de las edades del hombre con los 
días de la creación del mundo. 

En el primer dia creó Dios el cielo 
y la tierra. En la primera edad el hom- 
bre está formado e infundida su alma 
en el cuerpo. 

En el segundo dividió Dios las aguas 
de las aguas. En la segunda edad se di- 
vidieron los humores del cuerpo hu- 
mano, el esperma de la orina, etc. 



En el tercero apareció la tierra seca, 
congregadas las aguas en la mar para 
que la tierra fructificara. En la terce- 
ra edad hay ya en el hombre abun- 
dancia de semen. 

En el cuarto hizo Dios dos grandes 
luminares^ el sol y la luna para que 
presidiesen aquel el dia y esta la no- 
che. En la cuarta edad el hombre tie- 
ne ya toda la razón bien formada. 

En el quinto creó Dios los cetáceos 

Ílos demás animales acuáticos. El 
ombre en la quinta edad hace sus 
obras de mayor admiración, de poder 
y de saber. 

En el sexto creó los animales ter* 
restres que andan i cuatro píes sobre 
la tierra. En la sexta edad se asemeja 
á los cuadrúpedos, porque necesita ya 
báculo para andar , ó no andaría sin 
él mas que como ellos. 

En el séptimo Dios descansó de to- 
das sus obras. En la séptima el hom- 
bre descansa ya de todos sus trabajos, 
y se prepara para bajar al sepulcro. 

El autor, como ya he dicho, espla- 
na todas estas ideas , para reñir á in- 
culcar en la mente del médico la im- 
portancia y necesidad de conocer bien 
las edades del hombre. Dedica los si- 
guientes capítulos á tratar del tempe- 
ramento de cada una de estas edades. 
En el 5.^ trata de las causas natu^ 
rales de la uejez y de la muerte na* 
tural. 

Muy interesante , y lo seria mucho 
mas aun si no hubiera aglomerado tan- 
to texto de Avicena. 

En el 6.® trata de los humores del 
cuerpo humano. 

En el 7.^ de los miembros. 
Este es un tratadito de anatomía 
que nada absolutamente vale. 

En el 8.^ de las facultades en ge- 
neral. 

En el 9.^ de las facultades en par- 
ticular. 

Estos tratados no merecen siquiera 
la pena de leerse. Todas las cuestiones 
que en ellos propone son puramente 
escolásticas. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



257 



S 



En él 10 del influjo mutuo de unas 
partes sobre otras» 

£st^ tratado es el mas interesante 
de todos; describe muy bien lassimpa- 
tías: admite que se trasmiten por me- 
dio del fluido nervioso ó espíritus ani*- 
males. Dedica capítulos especiales pa- 
ra probar su existencia en el cuerpo 
humano^ y su circulación por los ner- 
vios. 

Philosophia hippocratica^ sive de his 
fue phisice scripsit Hippocrates. Ad 
IxceUentissimum ííeroern D. Gas" 
paremde Guzínan conütem de OH" 
yares, jiuthore Antonio Ponce de 
Santa Cruz á cubículo Regis cato^ 
lici et Protomedico generaU. Matri'- 
tiM.D.C.XXIIinfoL 

Este tratado es un comentario de 
los libros que escribió Hipócrates so-* 
bre la dieta. 

ExactissinuB Disputatíonesde pul^ 
sibus, quíhus Galeni et Avicenas doc* 
trina phihsophicas perpenditur. Au^- 
ihore Antonio Ponce ae Santa Cruz, 
etc. AdExcellentissinuun Comitem de 
Olivares. Matritianno M.D, CXXII 
injbl. 

Este es otro de los interesantes que 
publicó el autor. Lo divide en 3 opús- 
culos. 

En el 1,® trata de la naturalezadel 
pulso. 

Con «ste motivo hace una descrip- 
ción anatómica muy completa del co- 
raron: dedica capítulo» especiales pa- 
ra hablar de su naturaleza , de sus fi- 
bras , del mecanismo de su organiza- 
ción, de los ventrículos , de las aurí- 
culas, de las arterias^ venas y válvulas. 
Para que mis lectores puedan formar 
una idea de la descripción que hace 
de ias válvulas , voy á copiar sus mis- 
mas palabras. 

<( Kaluulas sunt quáBdamportw, quas 
ita diuissit natura: duas dedit arterice 
venenosw y tres vence arteriosae , tres 
arterice magias aortce , et tres venas 
cayce. Factce yero sunt ut cruentum 



(sangumis) a corde in exteriora ex- 
panaitur, iterumnonrejluatin cor, et 
quodingreditur, non exeat. Claudun^ 
tur enim et aperiuntur ےd dilatado' 
nem et compresionem cordis. Sunt ye- 
ro in duplici difierentia : qucedam ad 
interiora cordis clauduntur^ desinendo 
in triangidum^ ad exteriora yero ape- 
riuntur. I stce fibrosas sunt adeo ut 
meo juditio Aristotelem. deceperínt 
exisUmantem esse ñervos, et hinc ha* 
bere suam originem» Deserviunt au-- 
tem istas válvulas €ul intromitendwn 
sanguinem in cor, et a figura apellan- 
tur tricúspides : aliie sunt semHuna-^ 
res , qum intus apertce sunt et clau* 
dunturad exteriora, {ui^, 11 col. 1.*)» 

En'el 2.^ trata de las causas intrín- 
secas del pulso. 

En el 3,^ de las cualidades y difis'- 
rencías de los pulsos, 
. Praslectionts F^allisoletanw in li^^ 
brum Moffd Hippocr» Coi de morbo 
sacro. Authore Antonio Ponce de 
Santa Cruz Max. Philípi III et Phi- 
lipí IV a cubículo Protomedico gene- 
rali Primario Faltísofetano , Abate 
Coyarrubiensi. Ad Excellentíssimum 
Comitem Ducem D, D, Gasparumde 
Guzman, Matríti, apud viduam Lu* 
doyíci Sánchez, anno M.D.C.XXXI 
inJoL 

Según nos dice el autor en su pre- ' 
fació escribió esta obra en el año de 
1591, siendo catedrático de prima en 
la universidad de Valladolid. Prodit 
in lucem líber de morbo sacro ante 

Í}uadt^agintu annos préelectíonibus Va-. 
UsoUtanis íllustratus (loco citato). 

Empieza su obra probando que este 
libro fué otro de los genuinos de Hi- 
pócrates. 

Me es sensible no poder presentar 
un eslracto bien coordinado de las 
ideas que el autor emite en sus co- 
mentarios. 

Es notable el comentario quinto^ 
en el que describe la naturaleza y di- 
ferencias de las enfermedades menta- 



HiST. PE LA Medio, espáí^olá. — Tono 2.^ 



33 



I 



^58 



HISTORIA DE LA 



les. En esta primen parte presenta 
con la mayor exactiiucf todos ios sia« 
tomas de la epilepsia; es mujr iotere* 
saote, y digno de consaltarse. 

Dedica la segunda parte a tratar de 
las inteligencias divinas y de su poder^ 

Eara producir ciertas enfermedades, 
.epata i Dios como la primera ; pero 
niega que este sea causa de las enfer- 
medades. Admite inteligenciaa bue* 
ñas y malas ; las primeras son los ín* 
geles ; las segundas son los diablos: 
nnos y otros pueden causar males pes- 
tilenciales. Los cielos^ las estrellas f 
los planetas^ son también del número 
de las causas que determinan doten** 
ciai especiales en el cuerpo humano. 
Todo este libro, al decir verdad, 
está escrito en un lenguage tan meta** 
físico y oscuro, que en muchas partes 
es del todo ininteligible. En otras se 
nota una soblimidad de ideas que in- 
vitan y estimulan á 6jar en ellas toda 
la Atención. Se necesita mucho estu<* 
dio y reflexión de parte del lector para 
sacar de ellas todo el interés y mérito 
que encierran. Sin embargo , creo 
qne el que quiera hacer un estudio del 
libro de Hipócrates sobre la epilepsia, 
deberá consultar los comentarios de 
nuestro médico. 

De impedimentis magnorum auxi^ 
liorutn in morborum curatíont ad 2y- 
rones, quibus omnes difjicukates qum 
in magnis pericul'i se oferunt ex men- 
te antiquitatis expUcantur opus ita 
necesarium , ut mérito curationis Di^ 
rectorium possit apellan* Authore 
Antonio Ponce de Santa Cruz, etc. 
Madrid 1695» en 4.'' 

De cata obra se hicieron algunas 
ediciones anteriores; pero siendo esta 
la que yo poseo, me refiero á ella. 

Estando en tiempos del autor muy 
en boga las sanarías y los purgantes, 
se propuso fijar la cuestión y presen- 
tarla bajo su verdadero punto de vista. 
En concepto de este medico^ las eva- 
euaciones de sangre y las purgas eran 
los dos grandes ausilios del arte; y 
como quiera que estos podían produ- 



cir mucho bien ó mal, ségnn el btien 
ó mal uso que de ellos se hiciera , se 
determinó a escribir esta obra , para 
hacer ver en ella las indicaciones que 
pudieran reclamarlos, y las contra- 
indicaciones que los proscribieran. 

Sprengel, al tratar de nuestro au- 
tor, dice lo siguiente: «Antonio Ponee 
de Santa Grúa , profesor de Vallado- 
lid, siguió la misma marcha que Sana- 
torio; sin embargo, recogió muchas 
verdades muy útiles en una obra que 
escribió sobre las indicaciones del mé- 
todo evacuante , en la cual desarrolló 
é biso ver satisfactoriamente loa peli- 
gros é inconvenientes de sn adminis- 
tración (Hist. de la Med. por Jotir« 
dan» tomo 5.®, pág. 390).» 

Segnn el antor pueden impedirse 
las evacoaoiooes : 1.^ por las cansas 
naturales: 2.® por las no naturales: 3.^ 
por las preter naturales. El tempera- 
mento, la edad 4 el hábito del coerpo, 
la costumbre» figuran entre las prime- 
ras : las pasiones del alma y del cuer- 
po, el aire, el coitu, la vigilia, el sae« 
ño etc.» ion de las segundas: y las en- 
fermedades y los síntomas» perténe-*' 
cen á las terceras. Gonsignieote á es- 
tos principios, divide so obfa eii tres 
libros, consagrado cada uno de ellos á 
tratar respectivamente de cada orden. 
Esta obra es una de las mejores que 
se han escrito sobre el modo y opor- 
tunidad de administrar ó proscribir 
las evscuacioHcs sangnineas y las pur- 
gas. Es digna de consultarse aun en 
nuestros dias. 

Tienen» pues, mis lectores una no- 
ticia de todas las obras eme escribió 
Antonio Ponce de Santa Cruz. Todas 
ellas son tan raras, que nuestro Don 
Nicolás Antonio no tuvo ocasión de 
ver ninguna: y Dios sabe si hubieran 
tuelto á figurar en el mundo literario, 
si yo no me hubiera hecho con todas 
ellas, á costa de tiempo y de sacri* 
ficios. 

JUAN GIMÉNEZ SAVARIEGO, 
natural de Ronda ; nació en 1 558 (pá- 
gina últ.) ; estudió la medicina en la 









Ll 



MAM 



MEDICINA ESP AIRÓLA. 



^59 



T coodaidi 
se estableció de médico titutar en la 
ciudad de Anteqnera. Sa repfÉtaeioo 
ÍMHiiUtiva le biso acreedor á ser Dom^ 
brado protomédico délas galeras^ r 
médico de cámara de Don Martin c(e 
Padilk, Adelantado iñayer de Caiti- 
Ik., y capitán general de iaegalerai 
de España. 

Escribió vtta obra de peste coa el 
titulo sigaieote. 

• Trat€Kh de pesie domdeie contie^ 
nea ¡as causas ^ preservación y cura', 
con algunas cuestiones curiosas al in-* 
tentó. Amteqaera^ por Claudio Bolav^ 
año 1602 en .4.P 

Divide su obra en treinta y cinco €a> 
pítalos. Eln el l.^dioe «que tomó oca- 
sión de eteribir eata>obrB de beber pa«> 
bltcado el- Doclior Francisco Sancbex 
de Oropesa y el Doctor Saavcdra^ doi 
escritos sobre la. naturaleza de la pes<» 
te que reinaba en Sevilla en el año dé 
1 599 (que es el en que escribia) » cu* 
y aS' ideas eran poco oonferraea con las 
que él tenia. «Por este papel, dice, no 
pretende ^raviar á nadie en dichio ni 
eo bocho ni pensamiento, no quáae df» 
simular contra quien escribo, antea lo 
declaro, porque mi intento es apren«« 
der y aparar puntos^ de mi facnltad. 
Y con la contracEccion manifiesta in- 
eito i los de contraria opinión , i que 
investiguen razones que aclaren y des* 
cubran la verdad (pág. í.*)» 

Los médicos pn citados, sosteniao 
que la doleneia de los babones , secas 
y carbunclos que complicaban la ca« 
lentura reinante , no era peste , ano* 
que si enfermedad epidémica ; pero 
que no > era contagiosa. El autor ^ re- 
firiéndose á lo que su esperiénda te 
enseñaba , que en esta peste en£sr« 
miaban mucbos de la misma dolen- 
cia y manera ; qae los mas* qae en-« 
fermabao moriaa sin remedio ; qae 
los que servian í los dolientes eon^ 
traian el mismo mal: les critica di- 
eiendo> «que esto con mAo verlo se en<% 
tendia y sabia , sin tener letras, sino 
con solo tener razón y sentidos , que 



llene todo boiAbre. &ien es verdad, 
tontimnt, qoe no es cosa fácil de apear 
aunque sean nédiúos, porqoe una en<* 
fermedad es epidémica^ y si el conta- 
gio le viene del aire , de la ropa ó de 
MIS mismos apestados; empero esto no 
quita la facilidad y certeza de lo que 
percibimos por los sentidos. ¿Qué cosa 
mas ordinaria y cierta que ver salir por 
la mañana el sol por el Oriente, y ca- 
da terde esconderse por el Occidente? 
Empero dar la razón de cómo viene al 
Oriente , y quién lo trae , y quién lo 
lleva: lo uno lo ven todos los que no 
carecen de vista ; lo otro poco» lo sa- 
ben , y entre los que lo saben , bay 
bien qae entender , lo que es mas 
cierto.» 

En el eapítulo 2.^ discute ser ver« 
dadet a peste la enfermedad que cor- 
ría. 

Deanes de alegar las razones que 
tenia. para considerar la enfermedad 
reinante contó peste, dice: «T en cosa 
tan clara y manifiesta, no hay para 
qme ibs seitores médicos nos la eseu- 
razcan con varios pareceres, porqué 
esto no es ser Hipócrates , sino unos 
hipócritas. Ni los señores gobernado- 
res para este punto acudan á los mé- 
dicosy ni crean á nadie, sino á los sen- 
tidos, que no los pvedeo engañar. T 
viendo que en su república enferman 
muchos de una propia enfermedad^ y 
los mas <fe los eoferntos mueren sin 
remedio, asi coma los que los visitan 
y airven; la tel enfermedad, ténganla 
por peste , y procúrenle el remedio á 
prisa; y para buscarlo, consulten doc« 
tos y desapasionados médicos , y no 
para que les digan si es peste ó no es 
peste. Que en este caso imitarían á los 
que viendo encendido fuego en su re- 
pública que se abrasa , sin temer el 
faego c|ae la va abrasando , se ponen 
muy despacio á hacer información^ 
de quién yxon qué se encendióel fae- 
go (fól. VII).» 

Dedica el capitulo 3.^ á tratar de 
las enfermedades epidémicas 6 co- 
munes. 



260 



HISTORIA DE LA 



Sienta por priocipio^ que la peste 
siempre es una enfermedad común y 
epidémica. Establece las diferencias 
entre las epidémicas, endémicas y 
esporádicas. 

En el capítulo 4.^ trata de las caa« 
sas que pueden desarrollar una enfer- 
medad epidémica : admite cuatro ór«- 
denes de estas, ¿ saber: los cuerpos ce- 
lestes, el aire, el agua j la tierra. «El 
aire, dice^es la mas común y universal, 
y puede corromperse por la mala in- 
fluencia de las estrellas, de los vientos 
australes y meridionales, de las hume- 
dades, de las emanaciones pantanosas 
y cadavéricas.» Con este motivo refiere 
una enfermedad pestilencial que de- 
soló todo un barrio de Granada de re- 
sultas de haber abierto una íbsa, en 
que habian sido enterrados mas de 
cien moros (fól. XVI). 

Consagra el capítulo 5.^ á tratar del 
contagio. Se esfuerza en probar que 
toda enfermedad pestilencial es con- 
tagiosa» 

En el 6.^ hace ver el poco tiem- 
po que dura el desengaño de si es 
una enfermedad peste. (Interesantísi- 
mo). 

«El no tratar los médicos, dice, en 
sus escritos cosas claras de la peste, 
sino contradicciones de unos y otros, 
causa el que los gobernadores vacilen, 
y valiera mas que se ocupasen en es- 
cribir cómo se saldría mas presto del 
desengaño , y procurasen su cura y 
preservación, y ausiliasen en lo que 
pudiesen á los gobernadores á guardar 
sus repúblicas-, y si acaso se prendió 
alguna centella, ayudarles á matallay 
consumí lia de raíz , y no que se esta 
ardiendo el pueblo de peste , y sacan 
ellos libros, dudando si es peste ó no 
es peste. ¡Cuántos engañados se desen- 
gañaron algunas veces tan ¿costa suya 
(fól. XXIX).» 

En el capítulo 7.^ trata del modo 
de conocer la disposición ¿ esta enfer- 
medad. 

Desde el capitulo 8.° basta el 13, 
se entretiene en esplicar la manera de 



corromperse el aire ^ y las causas del 

contagio. 

En los 14 y 15 trata de las condi- 
ciones que se requieren para que una 
enfermedad se haga peste y y de las 
diferencias de ella. 

El capítulo 26 enseña lo que debe 
hacerse en un pueblo que se guarda 
de otro pueblo, apestado ya. 

En el 27 lo que debe practicarse 
en aquel en que ha entrado ra la pes- 
te. En este capítulo refiere el autor la 
topografía físico-médica de Anteque- 
ra , y las circunstancias que tenia el 
hospital que bajo su dirección se esta- 
bleció en la ciudad para recoger y 
curar los apestados. 

El 28 trata de la curación de la 
peste. Entre los remedios especiales, 
propone el agua dorada , ó sea el agua 
hecha con el oro en polvo, como la 
acerada con el acero, añadiendo que 
tiene una gran virtud para confortar 
el corazón. Ademas, propone la vale- 
riana, el escordio, y todas las sustan- 
cias nervinas. 

En el 29 trata de la sanaría y purga. 
Aconseja que las sangrías se hagan 
antes de pasadas las 24 horas, pero con 
moderación , y sin abusar de ellas. 
Otro tanto dice de los purgantes. 

En el 30 traU de la dieta , y de la 
curación de esta peste. Se concreta á 
esponer los casos y circunstancias que 
han de tenerse presentes para la pres- 
cripción de las sangrías, especialmente 
cuando se presentan los bubones y 
carbunclos. «La sangría se ha de ha- 
cer, dice, de la vena mas allegada al 
emuntorio dicho ; si es detrás de las 
orejas, de la cefálica del brazo mismo; 
si debajo del brazo, de la del arca del 
brazo mismo; si en las ingles, del tobi- 
llo del mismo lado, y á este respeto en 
otras partes, guardando la rectitud de 
las venas. Aqui entra de ver lo que 
se ha de hacer en las mugeres preña- 
das ó paridas que tienen peste , y en 
estas tales yo no usaría sangría ni pur- 
pa, por el peligro que hay en las tales. 
Si tienen enfermedad aguda, ^cuánto 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



261 



major lo tendrán en caso de peste? Yo 
asi , usaría de mis apócemas ^ de mis 
pociones aleirifarmacas j de mis apo- 
sitos, y encomendallas á Dios con al« 
Sana dieta mas tenue, porque aunque 
e las sangrías no se siguiera mas que 
el aborto , no es cosa tan fácil y que 
aobre esta enfermedad tan aguda^ 
como es la peste, no se ponga la vida 
de la preñada al tablero. T asi tengo 
en este caso por peligroso el sangrar, 
porque ya mucho en que á la preñada 
la mate el remedio que se hace por 
consejo del médico , o que la mate la 
enfermedad (fól. CL).» 

Dedica los últimos capítulos i tra- 
tar de los remedios que convienen 
aplicar cuando los bubones j carbun-* 
elos empiezan á manifestarse^ y cuan- 
do ja han salido. Distingue á unos y 
otros en primitivos , causa de la en- 
fermedad, y secundarios ó críticos de 
ella. Aconseja los tópicos emolientes, 
los calmantes, y últimamente los su- 
purativos. 

MARTIN ANDOSILLA, licen- 
ciado en medicina y en cirugía, 
- Escribió la obra siguiente: 

lÁhro en que se prueba con dari" 
dad el mal que corre por España ser 
ruMBVojr nunca visto ^jr su nátundeza, 
causas , pronostico y curación , y la 
providencia que se debe tomar con e7, 
con muchas dificultades y cosas ncce- 
%fas. Pamplona , por Matías Mares, 
1602, en S.*^ 

Este profesor fué comisionado para 
visitar y examinar la peste que corría 
por algunos pueblos de España. Pasóá 
Logroño con este objeto, pero tuvo 
que detenerse en el pueblo de Navar- 
rete, distante dos leguas, en el cual 
tuvo a su cargo en los meses de se- 
tiembre y octubre mas de mil dos- 
cientos enfermos de esta peste. 

Su obra se reduce poco mas ó me- 
nos a emitir las mismas ideas que la 
anterior ; y aun cuando trata muy 
bien de la enfermedad, nada nos dice 
de particular. 

JUAN ALONSO. Alfonso Nuñes 



de Llerena , al tratar de las disputas 
que se suscitaron ' en aquella época 
acerca del contagio de la epidemia de 
garrotillo que entonces cnndia , dice 
que Alonso dio á luz Algunas dispu-» 
tas de la angina maligna^ el cual juz- 
gó que eran aptas sin inflamación cier- 
tas úlceras, en cuya opinión babia 
convenido con Pedro Vázquez muchos 
años antes de 1600^ cuando estaban 
dirigiendo la salud del Escmo. señor 
conde de Oropesa. Véanse sus mismas 
palabras: «Quod si hanc controver- 
siam agitatam desideras legito Joan- 
nem Alfonsum Gompluti primarium 
profesorem^qni quasdam hufus morbi 
disputationes nuperrime in lucem 
edidit , in disputatiooe prima, in qua 
Petri Vázquez Medici Toletani opi- 
nionem refert isdem verbis, quibus 
in apologética disputa tione aphtas esse 
solum existí mavit absque inflama tio-^ 
ne, cuyns placitum multo antea anno 
1600 duum Excelleotissimi et Chris- 
tianissimi Ducis de Oropesa pro sa- 
lóte tractanda conveniremas, ego viva 
vooe reprovavi, quae causa fuit, ut 
postea Apoloffiam typis excusam mihi 
remiteret.» (Idelphon. Nuñ. Llere- 
nensis^ de fauoium ulceribus gangre- 
nosis, pág. 3). 

FRANCISCO SILVA DE OLI- 
VERA, natural de Alcalá de Hena- 
res, fué médico titular de Granada^ y 
escribió la siguiente obra: 

Discurso de la providencia y cura^ 
don de las secas y carbunclos con 
contagio. Granada , por Sebastian 
Mena, 1603, en 8.° (V. D. Nicolás 
Antonio y Villalba , epidemiol. tomo 
2.% pág. 19). 

No he tenido ocasión de ver esta 
obra. 

ALONSO NUÑEZ, natural de Lie- 
rena j fué discípulo de Joan Bravo de 
Piedra-Hita , pág. 36 lib. de pulsum 
esentia, etc., etc.: estudió la medicina 
en Granada; terminada, marchó á Pa> 
lencia, en cuya ciudad ejerció la pro- 
fesión por mucho tiempo^ siendo mé- 
dico familiar de D. Pedro González 



262 



HISTORIA DE LA 



de Acebeilo» obispo de aquella diócesis. 
Ultimameote se esUbledó eo Serül»* 

Nuestro Villalbt^ al hablar de etle 
médico, dice lo siguiente: «De AloMO 
Nuñez be viaio en la biblioteca de 
San Ildefonso en la ciudad de Zarago* 
za, en la sala, de lo» maaoicffitos, la 
obra sigoieale: 

Parecer del Doctor jilenso Nu>^ 
ñez , medico de su Señoría Don Pe^ 
dro González de Acebedo , Obispo 
de Plasencia , en que se declara 4fuó 
enfermedákd sea la que de presente, da 
a los niños en esta ciudad y otros pete,* 
hlos de su comarca, d lo eualet vulgo 
llama garrotiUo, de que causas proce^ 
da y como se ha do. curar. Firmada 
en Plasenoiad 29 de octubre de 1605 w 

El misoio autor confiesa haber es^ 
erito este tratado eo lengua casleUaoa» 
para que los cirujanos romancistas pvh 
dieran aprovecharse de él* £t ego dum^ 
salutís magm Episcopi curam. ^rerem^ 
in civitate Plasentina anno.milessino 
sexcentessimo quinto cum constitutioi 
divulgar^tur satis hufus morbi sievisH,^ 
ma in qfiodam^ oonailio , hispano ser^ 
mone quod in gratiam cmrurgorumt 
lineuioi l(Uin€e imperiiorwn edidi. 

No he visto, estis foUetOi . 

De pulsuum esentia, differentíis^ 
cognitione, causis j et pronostico, Über 
unus in quinqué sectiones divisus. Aut 
thore lllephonso Nunesio Clarissimi 
Domini D. petri de Acebedo Sanctm^ 
EcUsim Placentime episcopi dignissU 
mij medico* S^lmanticas M^D.C^FI 
inA."" 

Al principio de esta obra se hallan 
ocho epigramas e^ latin , castellano j 
griego, escritos en loor de Nuftez por 
Ips mejores poetas db aquel, tie.inpo. 

Dividió su obra en cinco tratados: 

En el 1 «^ Irata de la esencia d^l pul- 
so: habla de las facultades animal, vi«i 
tal y natural : esplica sus funcionea y 
la mutua influencia que tienep eo la. 
producción del pulso y en los roovi^» 
mientos de contracción y dilatación 
del corazoo« Disculecon la. mayor de* 
tención tas causas eficientes del movi- 



miento del ceraasoB y de Jas arterias^ 
como únicos instrumentos matecialesíi 
Deseribe en pocas palabras la salida y 
entrada de la sangre en el covazop por 
las arterias y venas, ansiliados les mo* 
vimientos de estos órganos por la di»r 
posición analómiea de las va)vela»(pá^ 
gina 43). Este tratadito es muy intare* 
sanie. 

En el 2.* habla de las variedades y 
difereoeias del pulso. Presenta mu-* 
chas tablas sinópticas de las variedar 
dea de pulsos que admitieron Galeno 
y otroa médicos célebres. ) 

Son dignas de escribirse las reglas y 
preceptos' que da para tomar ú polso 
á los enfermos^ v sacar de está opera*4 
cion todaa las utilidades posiUcs» 

1.^ Se tomará el pulso en todas 
ks partes del cuerpo en que se perciba 
el movimiento de las arterias, cuando 
menos en las temporales , en la bra<n 
quial ^ en la radial , en las muñecas y 
en el larao* 

2.* Si la necesidad exige tomar el 
pulso, ep la braquial , hágase con la 
mayoc honestidadposible. > 

3.*^ No se tome jamás el pulso es- 
ti^nda el enfermo agitado ó conmovi- 
do por pesadumbre^ por una alegría- o 
tristeza. En todos esUis casos e{ pulsoí 
será infiel » y lo mismo todas las con«> 
s.ecuettGÍas que de é\ se deduzcan. 

4.^ El enfermo deberá colocar su 
mano lo mas cómodamente que sea po^ 
sible : la mejor posición es doblado el 
büazo y colocada la mano sobre el pe- 
cho » estando enfermo. 

5.* Tendrá la mano y dedos muy 
quietos; procura tenerla apoyada parA 
que el peso y la fuerza de tenerla sus* 
pensa^ oo> perturbe el pulso* El me- 
dico podrá sostenerla con una de sus 
manos. 

6.*^ Tendrá este muy presente 
que la arteria radial puede presentar 
muchas anomalías en la fuerza de sm 

Eulsacion por estar mas ó menos cu* 
ierta de carnes , ya por cicatrices, 
etc. En este caso conviene buscar el 
pulso en.otras partes. Con este motivo 



MEDIQNA ESPAÑOLA, 



263 



reOeire dos observacioocs , la una de 
«n enfermo que do te le percibía el 
pulso en el carpo» j si entre los dedos 
pulgsré índice: otra de un jóren mujr 
robiüto á quién faltaban absolotamen^ 
te las pulsaciones en la radial^ y úni* 
camente se le sentían en loa tetnpo* 
rales. 

7.^ El médico si ka de sacar del 
pulso todo el partido que debe, ba de 
lener muy presentes todas sus varié* 
dades. 

8/ Seria mu j bueno que cono* 
isiese la naturaleza del pulso en un su* 
geto Mno^ para poder apreciar mefor 
ja diferencia^ 

9/ Debe preservar j resguardar 
Ú9 toda impresión brusca las jemas 
de los dedos para que no pierdan sú 
•ensibilidád: en el invierno convendría 
que l)ev4ise guantes. 

10. Procurará no tomdr el pulso i 
Mingiiti eufermo con las manos muy 
frías. 

11 . Mo tomaYa el pulso al enfermo 
basta después de haber estado un lar* 
go rato eon ¿I , porque los enfermos 
melen agitarse con la visita del médi- 
co, y es preciso dejarlos que se tran* 
quÜicen. 

12. No debe tomar el pulso solo 
por cumplimiento: debe detenerse 
bastante para poder apreciar en su 
justo valor la diferencia que realmen* 
te puede presentar. No deben bajar dé 
vemteió treinta pulsaciones lasque han 
de observarse. 

13. El médico tomará el pulso con 
finura y delícadesa, valiéndose de las 
tres ó cuatro yemas de sus dedos, y 
úunca con toda la mano. 

14. Debe aplicar los dedos con 
suavidad y apretarlos insensiblemente. 

15. También podrá tomar el pul- 
so aplicando simplemente los dedos 
sóbrela arteria sin abarcar la muñeca^ 

Dedica capítulos especiales para tra* 
tar estensamente de las diferencias de 
pulsos que admite. 

El 3.® versa sobre las cansas de 
los ptilsos. Ofrece bastante interés^ 



porque ademas dé las muchas tablas 
ainóplicas que presenta , describe el 
pulso que corresponde á cada enfer* 
medad» 

Consagra el último tratado á consi» 
derar Jos pulsos como signos para pro- 
nosticar la terminación de las enfer«> 
medades en bien ó en mal. Se esfuer- 
za en probáis que los signos pronósticos 
prestados por los pulsos tienen mas 
tuerca y seguridad que los tomados 
de la orina ; bien que dice haber vis- 
to morir enfermos con buenas orinas 
y buenos pulses. 

Si esta obra se espurgara de tanta 
teoría galénica y de tanta cita como 
hace 61 autor de Santo Tomas > de 
-Aristóteles y otros , y se dejaran útii- 
camente los preceptos pirácticos , pu- 
diera muy bien suplir por la obra que 
tanto crédito dio á Bonleau. 

Doctor lUephonsus Nuñez LlerC'^ 
nensis, medieus hispatiensisi De gutu^ 
ris tt faucium ulceríbus an^nosis, 
wJgo sarrotillo. JÍd* Exceltentissii- 
mam /). D. Ferdinahdum Enriquez 
de Bisftra Ducem de Alcalá. Sevilla 
por Francisco Lysa , año 1615 en 4.^ 
Esplica la etimología de la palabra 
garrotillo $ la cual impuso el vulgo al 
ver que todos los que morían de esta 
enfermedad » morían como agarrota- 
dos sin poder respirar. Se propone 
cinco cuestiones. 

1/ Si esta enfermedad era angi- 
na. Cbnte^ta que en su esencia no era 
otra cosa que aftas. 

2.* Si fué conocida y descrita por 
los antiguos. Asegura la a^rmativa. 

3.* Si era una enfermedad epidé- 
mica: prueba que si. 

4.^ Si era contagiosa : admite la 
afirmativa, 

5.* Si siendo contagiosa y pestl^- 
lencial debiera tratarse con remedios 
alezifarmacos. Prueba su utilidad. 

De las causas. Combate victorio- 
samente la influencia de las cansas ce- 
lestes. Asegure haber asistido estando 
de médico en Plasencia en las pestes 
que corrieron en 1600, 1603 y 1605. 



264 



HISTORIA DE LA 



Asegura <)ue los malos aUmeotos j las 
bebidas espir itnasas tomadas con esce* 
so^fueroa bastantes para pro jucir esta 
enfermedad sin necesidad de recurrir 
i los astros, (pág- 10). 

De los síntomas, tEsta enferme- 
dad y dice , va acompa&ada de todos 
los síntomas de una angina agudísima. 
Tales son dificultad de tragar j de 
respirar-, dolor vehemente en las fau* 
ees, reflujo de los alimentos y bebidas 
por las narices. Deprimida la lengua 
se observa con la simple vista diferen* 
tes úlceras y de diverso aspecto ; en 
unos se presentan blancuscas y cubier- 
tas de una capa puriforme : en otroi 
parduscas y lívidas^ y unas y otras de 
fetidísimo olor: estas se hacen corrosi" 
vas^ y van estendiéndose con rapidez 
en todas dimensiones. Si se agrava el 
mal j toman mayor incremento todos 
los síntomas referidos : entonces apa- 
rece un gran tumor , que á veces se 
estiende desde el cuello al pecho ; la 
respiración se va haciendo mas y mas 
angustiosa , y la deglución se impide 
hasta el estremo de no poder tragar 
el enfermo ni una gota de agua , ni 
aun su propia saliba. Las úlceras to- 
man un carácter carbnnculoso , la fe- 
tidez aue despiden es insoportable i 
los enfermos y á sus asistentes: la cara 
toma un color amarillo ; las faccio- 
nes pierden toda su espresion» Jos pul- 
sos se hacen frecuentísimos , muy pe- 
queños y desiguales: hay tendencia i 
la modorra ó soñolencia, y últimamen- 
te sobrevienen el delirio» la sofocación 
estremada y la muerte (pág. 14).» 

Del pronóstico. Aconseja que el 
médico tenga mucha prudencia y re- 
serva para establecerlo : sobre todo 
que atienda al estado del enfermo y 
de la enfermedad. 

De la curación. Quiere que se san- 
gre al enfermo en la misma hora en 
ue sea acometido del mal. fiecomien- 
a al médico valentía para practicar 
una, dos ¿ roas sangrías , aun cuando 
parezca que el enfermo está muy dé* 

DÍl. 



3 



Et iterwn , dico , in hoc consistere 
%feram ac certam methodum curandi 
morbum ; vt scilicet , quam cítissime 
sangtás extrhatur^ eadem scilicet hora 
ac incipit, quare quamhis rigentes aut 
hórrenles yideatis . cegrotantes , non 
propterea differetis sanguinis misio-!- 
nem (pág 18). 

. Sin embargo j asegura que las eva- 
cuaciones de sangre no son muy segu- 
ras en los niños menores de tres años, 
en cuyo caso pueden suplirse las san- 
grías por la aplicación de sanguijuelas 
ó escarificaciones hechas en los bra- 
zos ó en las piernas. In puerís ante 
tres yel quatuor annos , non est secu^ 
rüm sanguinem mitere per vencB seC" 
tionem , non eniín tantum remedium 
toheratur bene imbecilibus viribus in 
tenella astate ; sed yel per hirudines 
aut /actis scanfiaxtionibus , vel in 
brachUs velin cruribus, prout periculi 
ursentia postuláberit , et puer bene 
ío/6reí(pag. 19). 

Además de estas evacuaciones pro- 
pone otras hechas por escarificaciones 
bajo de la lengua: las ligaduras de \qb 
brazos, las ventosas aplicadas al cue- 
llo^ los estarnutatorios, y las lociones 
antipútridas y detergentes. Previene 
que no se tomen los cáusticos en be- 
bida , ni en polvos^ sino aplicándolos 
inmediatamente por medio de un biso* 
pillo. Últimamente propone la cues- 
tión de si pudiera ser útil la laringe- 
tomia. Dice que un empírico recurrió 
á esta operación , la cual tuvo buen 
éxito la primera vez , pero que habia 
sido testigo de haber visto morir á 
cuantos se la practicaron. 

La obrita que acabo de estractar, 
es indudablemente una de las mejo- 
res que se han escrito desde su época 
basta nuestros dias. No titubeo en ase- 
gurar que tiene tanto mérito como 
cualquiera de. las muchas que se han 
escrito en Francia en estos últimos 
veinte años. 

Doctor i Thonue Aguiar Excelen • 
tissimi Ducis de Arcos medico, doctis- 
simo y Doctor Jldephonsus Nuñez Lie- 



1 



MEDICINA ESPAlSOLA. 



265 



renensis , meéScus hispaUends. Salu^ 
tem. Pro laborante idsus o/uscatione 
sive iminuta visione ConsiHum. His" 
palí 13 Decemhris anno 1616. 

Teniendo el Doctor Aguiar a su 
caidaílo un sageto de alta categoría 
qoe padecía mucho tiempo de corte- 
dad de vista^ la cual se iba aumentan- 
do de dia en dia, dirigió al autor una 
consulta^ pidiéndole su parecer. Nu- 
ñezde Llerena le contestó en esta me- 
moria^ la cual puede considerarse 
como una nonografía bien acabada 
de la catarata capsular. El autor se 
hace cargo primeramente de la his- 
toria de la enfermedad : en seguida 
hace una descripción muy completa 
del órgano de la vista; prueba que la 
pérdida de la visión babia sido con- 
secuencia del escurecimiento de la 
membrana; y termina asegurando que 
los remedios "capsular que se le pres- 
cribiesen^ asi tópica como interior- 
mente , serian en vano. Nada , sin 
embargo^ dice de la operación. 

ALONSO FREIL AS. Nuestro mé- 
dico Villalba nos dice en su Epide- 
miología española : «D. Alonso de 
Freilas, médico de cámara del Ilustrí- 
símo cardenal D. Bernardo de Roxaa 
j Sandoval, arzobispo de Toledo, es- 
cribió una obra sobre peste.... Esta es 
una de las mejores que tenemos escri- 
tas sobre esta materia ; j su capitulo 
tercero, donde pregunta si conviene 
que las repúblicas formen hospital 
para preservarse de pesle^ ó si será 
mejor que el que quiere se cure en su 
casa libremente , es una de las cosas 
que mas deben llamar la atención de 
los profesores j de un gobierno ilus-^ 
Irado. El francés Dipartieuz^ y los 
ingleses Dedauphin y Dewágstaf , ci- 
tados porCantwel, han seguido el pa« 
recer del español Freilas, reprobando 
los hospitales como un seminario de 
monstruosas epidemias desde el prin- 
cipio de la invasión; y sino tuviéramos 
muchas pruebas de los grandes ade- 



Jantamientos de Antonio de Haen so- 
bre la medicina, era de sospechar que 
babia tomado de nuestro español, la 
opinión, el discurso y las razones para 
argüir contra la perjudicial práctica de 
hospital general en tiempo de peste 
(Vitlalb. Epidem. Español, tom. 2.^ 
p.25).» 
^/p/i^oFrei^, fué natural de Jaén; 

estudió la medicina en la universidad 
de Granada; y hecho médico, se esta- 
bleció en la ciudad de Jaén, su patria. 
Asistió á la peste que. reinó en esta ciu* 
dad en 1603, y tné tal la (Celebridad 
que su feliz práctica y celo en asistir á 
los enfermps le dieron , que muchos 
literatos y poetas de España le diri* 
gieron epigramas en su alabanza. 

Efectivamente , al principio de su 
obra se leen nueve sonetos que acre- 
ditan la sunia gratitud y respetos á 
que se hizo acreedor nuestro médi- 
co. Por otra parte, su pueblo, por 
auto de su ilustre ayuntamiento, acor- 
dó pedir á S. M., por medio de sus 
procuradores á Cortes , el que se im- 
primiera la obra de su médico. Gomo 
estos testimonios hacen tanto honor á 
Freilas , me ha parecido conveniente 
insertarlos en este articulo. 

Acuerdos de la ciudad. 

«En la muy noble , famosa y muy 
leal ciudad de Jaén, guarda y defen- 
dimiento de los reinos de Castilla, á 
veintinueve días del mes de octubre 
de mil seiscientos y tre3 años: este dia^ 
estando la ciudad de Jaén juntos en su 
cabildo y ayuntamiento, según lo han 
de uso y costumbre de se juntar , cu- 
yos nombres de la justicia. Veinti- 
cuatros y jurados , están escritos en el 
cabildo que la dicha ciudad hizo el 
dicho día. Por la dicha ciudad se acor- 
dó un auto del tenor siguiente: 

li jauto. En este cabildo entró el 
Doctor Alonso de Freylas^ médico de 
esta ciudad y del Ilustrísimo cardenal 



HisT. DE j.k Medic. española. — Tomo 2/ 



34 



266 



HISTOÍIIA DE LA 



de Toledo , j ofreció i la ciudad un 
libro que ha compuesto para preterva- 
cioD de peste j curación de ella , en 
que ha mostrado sus muchas letras. T 
visto por la ciudad , estimó en mucho 
el cuidador trabajo que habia tomado, 
y el haberío dedicado i esta ciudad. 
T para que con mayor satisfacción se 
pudiese escribir al rej nuestro Señor 
7 á su real consejo , pidiendo licencia 
para imprimirle, lo cometió esta ciu- 
dad i los señores D. Ambrosio Juárez 
del Águila, Juan Lopes de Soria Vera 
j D. Pedro de Contrerasde la Cueva, 
Veinticuatros; y á Alonso Ruis Em- 
buenora y Baltasar de los Rejes , Ju- 
rados j para que juntándose con el se- 
ñor alcalde mayor, lo vean muj par* 
ticularmente, j hagan relación de lo 
que les pareciere del dicho libro, en 
esta ciudad. Los cuales , habiéndose 
{untado en las casas del dicho señor 
alcalde mayor; y habiendo tomado el 
parecer de cuatro médicos de esta ciu« 
dad y dos letrados juristas de ella , y 
con el parecer del Doctor Pastrana, 
teólogo de los eminentes de esta tierra, 
eanónigo en la magistral de esta san- 
ta iglesia. Se resolvió que el licenciado 
era de grandísima utilidad y prove- 
cho , y que contenia en si cosas muy 
graves y de muy grande curiosidad; 
y que el dicho señor alcalde mayor, 
en nombre de todos, lo diga i la ciu- 
dad; para que sobre ello acuerden lo 
que convenga ; y para hacer la rela- 
ción, se llamen por cédula los caba- 
lleros del cabildo. 

«En la muy noble, famosa y muy 
leal ciudad de Jaén, guarda y defen- 
dimiento de los reinos de castilla, 
viernes nueve dias del mes de enero, 
de rail y seiscientos y cuatro años, es- 
te dia estando la dicha ciudad, justicia 
y regimiento juntos , en su cabildo y 
ayuntamiento según costumbre , pre- 
sente el señor D. Luis de Godoy Pon- 
ce, corregidor y justicia mayor de la 
dicha ciudad; y los demás. Veinticua- 
tros y jurados de ella , cuyos nombres 
están escritos en el cabildo del dicho 



dia. Por la dicha ciudad se acordó un 
auto del tenor siguiente. 

fujáuio. Este dia , en cumplimiento 
de la comisión que la ciudad dio al se- 
ñor licenciado Juan de Medina, alcalde 
mayor de esta ciudad , y a los demás 
cavalleros comisarios : el dicho alcalde 
mayor dijo en el cabildo, que él habia 
visto y leido muy en particular, el li- 
bro que habia escrito el Doctor Alon- 
so de Freylas, intitulado conocimien- 
to» curación y preservación de peste, 
habiéndose juntado con él los caba- 
lleros comisarios nombrados, y cuatro 
médicos , y los letrados de la ciudad; 
y habiéndolo consultado con el Doctor 
Pastrana, teólogo muy grande^ se re- 
solvió con el parecer de todos, que el 
libro era de grande importancia, y 
que contenia en si cosas de grande cu- 
riosidad y provecho para estos reinos^ 
y que era muy digno efe que la ciu- 
dad lo amparase, y suplica i S. M. 
diese licencia para imprimirle; y al 
Doctor Freilas se le hiciese una gran 
merced por el trabajo y cuidado que 
habia puesto en escribirlo. 

«Oida la dicha relación por la ciu- 
dad, acordó se suplique á S. M. y se- 
ñores de su real consejo , por la licen- 
cia para imprimir el dicho libro, y se 
escriba á los caballeros procuradores 
de Cortes, de su parte , lo supliquen 
en nombre de esta ciudad, y hagan de 
su parte las diligencias necesarias has- 
ta haberla; y cometióse escribir las 
cartas á D. Ambrosio Juárez del Águi- 
la, y á Juan López de Soria, Veinti- 
cuatros. 

El señor D. Luis de Godoy Ponce, 
corregidor de la dicha ciudad, mandó 
que se cuenten las fojas del dicho li- 
bro , y rubriquen , y al fin se signe y 
firme de uno de los escribanos mayo- 
res del ayuntamiento: y fecho se des- 
pache como la ciudad lo acuerda, y no 
en otra manera. Ante mi Antonio de 
Talavera, escribano del cabildo. 

(lY en virtud del dicho auto y co- 
misión . se escribió al rey nuestro Se- 
ñor la carta del tenor siguiente: 



MEDICINA ESPAJÍOLA, 



267 



Carta para el rey rmestro Señor. ' 

«Señor: Estima esta eiodad en tanto 
la persona y letras del Doctor Alonso 
de Freilas , medico de los mas acerta- 
dos de esta provincia , aoe nos obliga 
i darle á conocer á Y. AI., suplican* 
dolé le mande hacer merced ,y se ic 
ét Kcenda para aue imprima un libro 
que ha escrito^ de consejos saludables 
de utedicina , que por tener esperien* 
cia esta ciudadf, de que son y fueron 
mujr ciertos jr proTecnosos en el tiem- 
po que fué afligida de peste^ y haber* 
se librado de ella por haberlos «egui* 
do; juzgamos será de mucho provedie 
para todo el reino. Que demás de 
que el Doctor quedará con •esta mer- 
ced mujr favorecido y premiado» 
la recibiera esta ciudad por propia* 
Guarde Dios nuestro Señor la católica 
persona de V. M. muchos años, como 
la cristiandad ha menester. Jaén dooe 
de enero de 1604.» 

Escribió la obra siguiente: 
Conocimiento , curación y presera 
vacion de la peste. Adonde se trata 
io qué 7um de hacer las ciudades y go* 
bemadores de ellas, y cada particular 
ifecinb en su casa. Y el remedio con 
que se hade preservar y curar el par* 
ticular iugeto de cada uno , según su 
complexión, edad y naturaleza. Fa 
añadido un tratado nuevo del arte de 
descontagiar las ropas de seda^ telas 
de oro y plata , tapicerías /lienzos y 
otras cosas contagiadas. Con un dis'^ 
curso al fin , si los melancólicos pue* 
den saber lo que estupor venir con la 
fuerza de su ineénio, ó soñando. Com* 
puesto por el Doctor Alonso de Frei-' 
ios, medico de cámara del arzobispo 
de Toledo. Jaén , por Fernando Días 
Montojra, 1606,en4.<> 

Divide su obra en tres partes. En la 
primera trata de la naturaleza de lá 
enfermedad ; prueba que la enferme* 
dad que corría en Jaén desde 19 de 
marzo de 1602 era una verdadera pea* 
ie, acompasada de secas y de carbun- 
closeñ las ingles. Pretende probar que 



Ja denominación de peste no se refiere 
i esta ó á la otra enfermedad determi* 
nada, sino que todas aquellas que aco^^ 
metían y mataban á los mas eran ver*- 
daderas pestes. 

En el capitulo 2.^ al hablar de las 
señales precursoras de la peste y refe- 
rir las que algunos autores considera* 
ban como ciertas^ cual es el ausentar- 
se las aves, el caer muertas del aire y 
morir algunas personas de repente, di? 
ce asi : «estas sieñales esperaban algu* 
nos de la facultad y el caerse muertos 
por lo menos cien hombres cada diay 
Jas cuales creía y seguía el vulgo rudo 
teniéndolas por ciertas que liabian de 
preceder primero á la peste. Pero pres- 
to saKó de este desengaño y convirtió 
su falsa alegría en funesto y triste llan- 
to , de los que seguros que el mal no 
era peste y que no se pegaba, comuni* 
earon los enfermos j causándose ¡yot 
esto muchas muertes, por haberse le* 
vantado el hospital sin tiempo, y por 
los diferentes pareceres que en esta 
ciudad hubo sobre ello (pag. 3).» 

Combate la opinión de aquellos que 
creyeron como signos jmilagrosos y 
anunciadores de peste la aparición de 
ciertos fuegos que en aquella época se 
vieron por las noches en la torre de la 
iglesia de Jaén, y prueba que eran fe- 
nómenos naturales (pág* 4).» 

En el capitulo 3.* refiere á tres las 
causas determinantes de la peste, á sa- 
ber: 1/ la voluntad de Dios: 2.* la in* 
fluencia del cielo , y de los cometas: 
3.^ la mala cualidad del aire. Dedica 
capítulos especiales á tratar de estos 
tres puntos con toda estension. 

En el capítulo 6.^ discote si puede 
haber peste sin calentura. Decide que 
si bien pudiera suceder asi alguna vez, 
lo mas frecuetite y propio era el ir la 
peste acompañada de aquella. 

En el 7.® trata de la calentura pes* 
tilencial en coman. Dice «que esta 
toma el nombre de peste por ser en* 
fermedad generalísima que conipren* 
de en sí todas las especies de enferme* 
dades pestilencias con calentura y sin 



268 



HISTORIA DE LA 



ella» la define una enfermedad aguda., 
vulgar, contagiosa , dependiente de 
corrupción de alguna de las tres sus- 
tancias de corazón. «Distingue esta de 
las simplemente pútridas , porqoe en 
ella se ataca !a parte sólida , humoral 
y espirituosa del corazón.» Asegura 
que la putrefacción ó podrecimiento 
precede primero como via y dis- 
posición de la corrupción (pag. 27 
y 28). 

Al esplicar el modo de propagarse 
la infección, dice, que ella puede tras- 
mitirse del cielo p^r modumtranseun- 
tis, de la tierra per modum inherentis^ 
y por el aire de un modo directo. 
Prueba «que de ninguna causa tan po- 
derosa nacen las enfermedades como 
del aire inquinado, j no solo los hom- 
bres, pero los demás animales padecen 
con el aire viciado. Con este motivo 
refiere una enfermedad epidémica que 
padecieron las gallinas en 1603 en la 
tierra de Campos , Valladolid , y en 
otras muchas partes de Andalucia, de 
la cual murieron casi todas (pág. 28). 
Prueba también que esta entermedad 
fué emineotc;^iente contagiosa. 

Segunda parte ^ Donde se prueba 
que (a calentura con secas y carbun- 
clos,que es común en España, es yer» 
dadfira peste ,Y su curación. 

En el capitulo 1 «^ describe el ori- 
gen de esta peste*, dice que fué impor- 
tada á España de Flandes por unos 
mercaderes de ropa que desembarca- 
ron en Santander, de cuya ciudad pa« 
só á Burgos^ Valladolid, Madrid, To- 
ledo , G)rdova , Málaga Velez, Ecija, 
Antequera , Granada , Jaén j Andujar 

Ítoda su comarca. Se esfuerza en pro- 
ar que las causas que produjeron la 
enfermedad fueron tres: l.^ios semi- 
narios de contagio importados de Flan- 
des : 2.* el aparato y disposición de 
los humores de gente pobre y mal 
mantenida , alterados de tiempos hú- 
medos y pluyiosos : 3.' los aspectos y 
malas influencias celestes. Refiere un 

!;ran número de eclipses de sol y de 
una I y conjunciones de los plane- 



tas que ocurrieron a últimos del si- 
glo XVI> los cuales según él , predis- 
pusieron las gentes á padecer enfer- 
medades. 

En el capitulo 2.^ trata de las seña- 
les de -esta calentura con secas y car- 
bunclos, y del tiempo que podia durar 
en razón natural. 

«Las señales, dice, son varias, y no 
de una manera en cada enfermo , por 
la diversidad de su particular natura- 
leza y complexión, y por la diferente 
disposición de los humores que causan 
la calentura: de esta ó de aquella es- 
pecie á quien siguen sus particulares 
señales , que declaran la tal calentura 
ser ética pestilente, ó podrida, ó efí- 
mera. Y no es menor la variedad de 
las señales , por la diferencia de las 
partes principales ofendidas del ve- 
neno, ó por el diverso lugar ó emun- 
torio adonde arrojan el humor de la 
seca ó carbunclo. 

«Porque si precediese cansancio, ó 
tristeza, ó flaqueza repentina, sin cau- 
sa perderse la gana del comer, revuel- 
to el estómago, dolor de cabeza ó gra- 
vedad en ella, delirios, ó vigilias, ¿ 
sueños» el rostro y ojos encendidos, la 
cabeza es la parte ofendida, y habe- 
rnos de esperar la seca ó nacida detrás 
de las orejas, ó debajo de la barba, ó 
alguna inflamación ó llaga corrosiva 
en la garganta^ como son las aptas 
que dan á los niños y muchas donce- 
llas, qne le han puesto por nombre 
garrotillo. Si el enfermo se quejare 
de ansias y congojas del corazón, y 
tuviere tremores, palpitaciones ó des- 
mayos , pulsos pequeños, débiles y 
desiguales , muchos suspiros tristes y 
congojosos, la respiración apresurada, 
y algunas veces de mal olor, sudores 
fríos en el rostro y cuello, el corazón 
es el que padece , y se ha de esperar 
la seca ó landre.s debajo de los brazos. 
Si el enfermo fuere sanguino, de com- 
plexión caliente y húmeda , pulsos 
rsndesy llenos y agravados, desigua- 
es en la contracción^ urinas crasas, 
turbadas ó muy encendidas, vómitos 



6 



"s 



MEDICINA ESPAJÍOLA- 



269 



de cólera ó cámaras^ detenida alguna 
evacuación acostumbrada de gota^ 
fuente^ almorranas^ ó en las mugeres 
su natural purgación , con mucha ra- 
sen se podrá esperar secas , ó nacidos 
en las ingles ó tablas de los muslos, ó 
carbunclos en las partes inferiores « ó 
sarpullido^ ronchas» sarampión» ó ta- 
bardillo en todo el ámbito del cuerpo^ 
por ser el hígado el que padece^ y la 
parte ofendida» j consentir en el daño 
todos los cuatro humores contenidos 
en las venas» j principalmente la 
sangre.» 

Se queja con mucha razón de las 
autoridades que siendo esta enferme- 
dad de las mas mortíferas y difíciles 
de curar, autorizaban á los barberos j 
cirujanos romancistas para asistir á los 
pueblos apestados» siendo asi que por 
el contrario debieran llamar á los me- 
dicos mas instruidos y de mas reputa- 
ción (pág. 45). 

En el 3.^ habla de las diferencias 
de la calentura pestilente j de las se- 
ñales con que se da á conocer cada 
una. Advierte tres especies » á saber: 
ética, humoral y diaria: supone que el 
órgano principal que se afecta en la 
calentura pestilencial es el corazón; y 
que este puede serlo en su propia sus* 
tancia» en la sangre ó eu los espíritus 
vitales que de ella se engendran. En 
el primer caso se forma la ética» en el 
segundo la humoral» y en el tercero la 
diaria. 

En el 4.^ trata de la calentura dia- 
ria pestilente v sus señales. 

«En esta calentura » dice^ están po- 
dridos los espíritus vitales que son el 
sugeto del calor, y pueden empodre- 
cerse de tal manera que adquieran na- 
turaleza de veneno. Bien lo prueba la 
esperiencia con la muerte repentina 
de muchos enfermos » arrebatados en 
un momento como derribados dé un 
rayo del cielo» con un sudor frió y sin- 
copal sin daño ni opresión de la facul- 
tad animal. Por esto falta, la vida de 
repente» faltando el instrumento in* 
mediato de ella que son los espíritus» 



que por estar podridos no lo pueden 
ser (pág. 51). 

En los capítulos 5» 6 y 7 trata de su 
curación » en la cual propone las san- 
grías en el principio » y los remedios 
alexifarinacos y nervinos en la termi- 
nación. 

Dedica los capítulos 8» 9» 10 y 11 á 
tratar de las señales y curación de la 
calentura ética pestilente «Asegura 
que entre todas las especies de calen- 
turas pestilenciales solo la ética no te- 
nia señales propias » que todas eran 
confusas y podían hallarse en las otras 
especies. Dos testigos fidedignos» dice» 
que hay para el conocimiento de ellas» 
el pulso y la orina, son tan inciertos y 
engañosos» que mostrándose al parecer 
buenos y prometiendo la salud » se si- 
gue la muerte del enfermo. Entre las 
señales que mas propiamente diferen- 
cian la etica pestilente de la podrida 
es que en la primera no sienten los en^ 
Jermos la calentura » ni piensan que 
están enfermos» aunque estén cercanos 
á la muerte , y ponen gran fuerza y 
diligencia para levantarse de la cama» 
y les acontecen muertes repentinas y 
no pensadas, que en esta enfermedad 
son muy comunes. Gomo fué la de un 
sacerdote llamado Alfonso Toledano, 
que habiéndose ido por su persona ál 
hospital teniéndose por bueno » y ha- 
blando con los ministros que estaban 
enterrando á otro sacerdote que confe- 
saba á los apestados» y diciéndoles que 
ahondasen bien la sepultura porque 
no saliese mal olor , se quedó muerto» 
asaltado de este género de muerte en- 
gañoso (pág. 78).» 

Al esponer sus caracteres» dice: «Lo 
es muy gran señal poner la mano so- 
bre el pecho del enfermo ; y aunque 
al principio no se sienta calor » perse- 
verando se sentirá un calor acre y 
mordaz» que parece salir del profundo 
del pecho: segundo» la calentura es 
igual» uniforme^ sin crecimientos^ ni 
variedad de accesiones: tercero » que 
el pulso y la orina están buenos y se- 
mejantes al natural: cuarto» tener in- 



270 



HISTORIA DE LA 



flamadas las partes de la boea^ lengua 
y garganta , con muy mal olor en la 
respiración (pág. 78 y 79).» 

En su curación , propone los mis^ 
mos remedios que en la ética; y entre 
las bebidas, aconseja el agua de nieve 
en que haya estado bastante tiempo 
en inversión edguna jneza de oro^hc" 
cha en láminas finas ó reducidas á 
polvo (pág. 87), y las limonadas tan^ 
bien resfriadas con nieve. Entre los 
medicamentos cordiales y creyó que 
las confecciones de esmeraldas, de ja<- 
cintos, sáfiros de oro y plata, eran muy 
eGcaces. 

Desde el capítulo 17, empieza i 
tratar de la curación de los accidentes 
con que viene esta enfermedad. Ase* 
gura «ser los carbunclos y bubones 
inguinales, porque los demás son sim* 
páticos, y se curan curando la enfer* 
medad. Propone las sangrías genera^» 
les si el enfermo puede llevarlas bien*, 
y caso de no, las locales por medio de 
sanguijuelas y de escarificaciones: si 
las secas nacen en los sobacos ó en el 
cuello, aconseja sangrar de las estre* 
midades superiores» y siempre lo mas 
cerca posible del sitio que ocupen *, si 
en las ingles y del tobillo. Si estando 
en este lugar , la seca desapareciese y 
el enfermo empezase á delirar, se le 
aplicarán sanguijuelas á las nariceSj 
como un remedio admirable (página 
128).» Si las secas van tomando au- 
mento, y al mismo tiempo el mal dis- 
minuye, se les aplicarán los supura- 
tivos*, y estando ya formado el abceso, 
se le dilatará. 

Dedica el capitulo 21 á tratar si las 
secas ó carbunclos se han de dilatar 
con fuego y con lanceta ó con cáusti- 
cos. Decide que si la indicación pide 
solamente dar salida al podre, que no 
hay inconveniente dilatarlo con la 
lanceta*, pero que si se supone alguna 
cualidad maligna en el temor, debería 
practicarse con los cauterios. 

En el capitulo 23 trata del tumor ó 
landre que desaparece. aPara dar re* 
medio, dice^ de caso tan dificultoso. 



quisiera tener por compañero un án- 
^el que me guiara y ensefiara lo que 
debía hacer, porque no resta mas que 
morir ó aventurarse el médico á hacer 
algún remedio 9 aunque sea dudoso, 
por ver li puede impedir una muerte 
cierta , pues el remedio no le puede 
poner en mayor ni en mas evidente 

Iieligro del en que está puesto el en- 
érmo por su entermedad (pág. 142). )» 
Propone la aplicación de vegiga torios 
y de ventosas para volver á llamar el 
humor, confortar y reanimar las fuer> 
zas del enfermo ; pero pronosticando 
siempre la verdad del suceso que se 
espresa de cualquier manera y con 
cualquier remedio humano (pág 1 43). 
En el capitulo 24 trata del carbun* 
cío pestilente. Describe el carbunclo 
ordinario y el pestilencial: estese ten- 
drá por tal , cuando fuese epidemial, 
contagioso , con calentura, graves ac- 
cidentes 9 del cual mueran la mayor 
parte de los enfermos (pág. 144). 

ci Comienza el carbunclo pestilente 
á señalarse como los demás; con su 

f>ustulilla, aunque no es necesario que 
a tenga siempre, porque muchas ve- 
ces no sale; y aun él se queda en lo 
interior del cuerpp, que es lo peor, 
que arguye gran venenosidad y fla- 
queza de la facultad. Y por esta causa 
a muerto en esta ciudad de Jaén mu- 
cha gente con gravísimos accidentes, 
en veinticuatro horas, y algunos en 
menos; y con unos dolores de costado, 
que al principio sentían escocimiento, 
ardor y dolor en el lado, con poca di- 
ficultad eu la respiración , pero gran 
calentura y grahaes congojas. T luego 
se les quitaba el dolor de repente, con 
mal olor en la respiración, se morían 
muy aprisa , que sin duda eran car- 
bunclos interiores maliciosísintos: que 
al principio se mostraba el dolor y ar- 
dor en la parte, y después no se sentía^ 
porque estaba la parte gangrenada , y 
perdido el sentido, y morían todos. 
Volviendo , pues , al punto, digo que 
siempre es necesario que parezca pus* 
tula ó carbunclo. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



271 



«Las demás sefiales del pestilen* 
cial son ! traer siempre calentura. 
Y pienso que la calentura es esencial 
en et como enfermedad 9 7 no como 
accidente , que se le sigue , y que 
es podrida pestilente , que comien- 
sa antes que el carbunclo^ ó aun mis- 
rao tiempo se parecen ; 7 que el 
carbunclo es efecto de la calentura^ j 
señal de su gran malicia^ principal* 
mente en constitución pestilencial ^ j 
que corre la tal enfermedad por la 
comarca , en la cual también podria 
nacer la calentura del carbunclo al- 
guna vez , como cuando se pegase el, 
carbunclo al tercero» jr á él se siguiese 
calentura, j creciese la calentura cre« 
cíendo el carbunclo; estos tales no se* 
ran tan perniciosos siendo pegadizos, 
«no bailasen gran disposición de bu* 
mores que pudiesen causar calentura 
pestilencial, que por sí solo matase: 
que la malicia del carbunclo 7a seña- 
lada en las partes esteriores^ no te- 
niendo rail adentro, mtt7 fácilmente 
se rence. Pero siendo la calentura la 
enfermedad principal y es peligrosísi- 
mo negocio : porque son perniciosas 
7 mn7 intensas. De suerte, que el 
carbunclo pestilencial trae siempre 
calentura maliciosa, ó se sigue á ella. 
Acompaña casi siempre al carbun- 
clo pestilencial seca , ó nacida en la 
ingle, ó debajo del braco que cor- 
responde a la parte donde nace el 
carbunclo. Trae consigo desma70s, 
congojas , padeciendo el corazón , 7 
irómitos, si el mal se comunica al estó- 
mago; 7 pierde el apetito de suerte, 
que se dejarán muchos antes morir, 
que comer; 7 cuando á hacerlo se es- 
toeraan , es con grandes arcadas 7 
náuseas. 

«Los peores carbunclos son los ne- 
gros, porque denotan ma7or encendi- 
miento 7 ma7or malicia , á lo cual se 
sigue ma7or recelo del estado natural, 
basta mortificar y corromper la parte 
quitándole la vida. Entre los negros, 
son perniciosísimos los pequeños , 7 
que no crecen ni se eitienaen, prin- 



cipalmente si la calentura 7 los demás 
accidentes crecen : porque es señal, 
que por la gran malicia está la facul- 
tad débilísima , 7 no puede espeler á 
fuera el humor venenoso, ó que es el 
humor rebelde ó inobediente , por su 
modo de sustancia, ó mala calidad, 
principalmente si siendo pequeño el 
carbunclo, ó si está en el pecho, ó 
cerca de parte principal , 7 comenzó 
primero la calentura ; 7 si saliesen 
muchos, aunque fuesen pequeños, se 
librariaü espeiido él humor á fuera. 

«Los mas saludables son los rojos, 
7 grandes en partes menos nobles, 
como en piernas, brazos ó asentaderas. 
Los medios en malicia son, los lívidos, 
como lo son eq el color^ 7 los de color 
ceniciento.» 

Respecto á su curación proscribe las 
sangrías busque ad animi deliquium\ 
pero aprueba las hechas moderada- 
mente 7 según sean las fuerzas 7 edad 
de los enfermos (pág. 147). Ridiculi- 
za los médicos que se obstinaban en 
las sangrías^ diciendo «la vida 7 el fer- 
vor del carbunclo se acabarían juntos, 
como les ha acontecido en esta parte á 
algunos médicos tan sangradoresTque 
se ponen con el enfermo á tema di- 
ciendo: dcune la vida ó el carbunclo, 
y lo mas ordinario es quedarse con la 
vida del miserable que la puso en sus 
manos, (pág. 147 vueltaj. Aconseja 
las evacuaciones tópicas hechas con las 
escarificaciones ó con las sanguijue- 
las (Ib). 

Si se ha de sajar el carbunclo pre- 
viene que no se llegue á las partes vi- 
vas 7 rubicundas, sino precisamente á 
la costra; cu7a eliminación debe pro- 
curarse después con las sustancias blan- 
das; entre ellas elogia una pomada he- 
cha con partes iguales de los ungüen* 
tos basalicon, egipciaco 7 triaca. 

Tercera parte. De la preservación 
universal de la peste jrde su grande 
escelencia , y déla particular preser^^ 
veranda de cada uno. 

En el capítulo 1.^ discute si ba7 re« 
medio natural que preserve de la pes« 



272 



HISTORIA DET LA 



te cuando viene del cielo. Sostiene la 
afirmativa. 

En el 2.^ lo qne deben hacer las 
justicias de las ciudades para la pre- 
servación de la peste. Los reduce es- 
tos medios í tres: 1.^ impedir con 
grandísima vigilancia el contagio de 
la ciudad para que no pase de uno i, 
otro > 7 un enfermo sea causa de mil: 
2.^ purificar el aire : 3.** proveer las 
ciudades de buenos alimentos, y pre- 
miar los buenos y celosos médicos. 

En el 3.® si conviene que las repú- 
blicas formen hospital para preservar - 
se de peste , ó será mejor que el que 
quisiere se cure en su casa libremente. 

En el principio de este articulo he- 
mos hecho mención refiriendo lo que 
sobre las ideas del autor dice nuestro 
Villalba en suEpidemologia española. 
Asi, pues, para que mis lectores ten- 
gan un conocimiento de cuanto pensó 
sobre esta materia el autor , les tras- 
cribiré el capitulo. 

«La cuestión parece nueva, y en 
mi no lo será el mudar parecer , ha- 
llando razón que me obligue , y lo 
mismo pienso que harán los temerosos 
de sus conciencias , á quien la razón 
hiciere fuerza para seguir la opinión 
que mas cuadrare y quietare el en- 
tendimiento. Y para qne la una y la 
otra se considere^ se suponga por am- 
bas partes lo^que de todos esta recibi- 
do; que el hospital se forma con fin 
de librar la ciudad de contagión , y 
curar los enfermos y tocados de ella, 
Y si con formar hospital fuera de los 
muros^ aunque sea con las condiciones 
y calidades (médicos y ministros) que 
todos dicen, es medio mas eficaz para 
contagiar mas la ciudad, y para que se 
curen menos enfermos , y estos mal 
curados. 

(c Luego no conviene por esta razón 
formarle , pues no se consigue el fin 
porque se hace, sino antes se consigue 
el contrario: lo cual ^ prueban mani- 
fiestamente las razones siguientes , de 
las cuales es la primera : Puede tanto 
el miedo cuando es grande ,y es tan 



poderosa una vehemente imaginación, 
que aunque sea en varones fuertes y 
constantes, les fuerza y obliga á hacer 
grandes errores, de los cuales en cierta 
manera están disculpados. Y es tan 
grande el miedo que conciben los 
heridos de peste , cuando se ven sa- 
car de sos camas con violencia , de 
unos ministros de figura espantosa, 
que considerando que los líevah al 
hospital , donde están todos apesta* 
dos, y que de todos los que lievaui 
no saben si escapa alguno ; y que 
es aquel lugar de sujo horrendo y es- 
pantoso, lleno de confusión y de mal 
olor: y van todos tan vencidos de una 
poderosa imaginación, que en llegan- 
do al hospital se han de morir; qfue eñ 
muchos de ellos se verifica el llegar 
muertos al hospital , y otros en pocos 
dias, por los que ellos han pasado en- 
cubriendo la enfermedad, por miedo 
de no verse en él. Y si en los fuertes y 
animosos hace tanto efecto, jcuál será 
el que causará en una doncella teme- 
rosa, recogida y vergonzosa, que ja- 
más se ha visto apartada de la presen- 
cia de sus padres , viéndose llevar de 
los ministros, sin que padres^ herma- 
nos, ni deudos le puedan favorecer, 
ni se les dé licencia de acompañarla 
al lugar donde la llevan ? Que este 
dolor solo, y el gran miedo y turba- 
ción que recibe, es causa poderosa 
(cuandootra no hubiera) de su muerte. 

«El ver esto con los ojos los demás 
vecinos de la ciudad^ toman tan firme 
determinación de encubrir la enfer- 
medad, si acaso les díere^ por no verse 
arrebatados, que quieren antes morir 
en sus casas sin remedio, y aun sin el 
del alma , y que los entierren en sus 
bóvedas y corrales, que haber de ma- 
nifestar la enfermedad. Pues luego al 
punto han de ser llevados adonde mue- 
ran con nMjor desconsuelo. 

(cDe este inconveniente se signe^el 
quedar toda esta casa , los vecinos de 
ella, y la ropa, contagiada. Y la misma 
razón corre por la mayor parte de la 
ciudad; porque encubriéndose y hn- 



MEDIQNA ESPAÑOLA. 



273 



jendo de ana casas á otras do diciendo 
están apestados, va eatendieodo cada 
nno por su parte la cootagioo por la 
ciudad, y es muy cierto, j en buena 
razón cabe, que la comunicarán j es- 
tenderán mas cincuenta que están en- 
cubiertos, que podrán remediar diez 
que se Ueyan. Pues aun estos como se 
encubren los dias que pueden , dejan 
también muchos seminarios de conta« 
gion en sus casas: causa bastante para 
estenderla mas. Luego bien se signe^ 
que el medio que toman las ciudades 
para impedir el contagio formando 
hospital , es el mas poderoso y eficás 
que pueden hallar para estenderlo 
roas, j se curen menos y mas mal cu- 
rados. Porque aun los que llevan, ja 
van tarde, y han perdido la ocasión 
del remedio que pudieran tener; lo 
cual se prueba, porque aquella enfer- 
medad, aunque sea muy grande y pe* 
ligrosa, se puede curar cuando el mé- 
dico docto y ejercitado desde el prin- 
cipio la conoce , y el enfermo y sus 
ministros obedecieron el remedio en 
)a ocasión que se les ordena , y el lu- 
gar ó aposento, y el aire que el enfer- 
mo goza le fuere favorable y contra- 
rio á la enfermedad. 

«Todo esto es muy al contrario 
cuando se cura el apestado en hospital 
y sala de apestados. Luego bien se si- 
gue, que en él se curan menos, y muy 
mal los que se llevan. Y probando to- 
dos los requisitos que son necesarios 
para la curación de esta enfermedad, 
se verá muy clara esta verdad por las 
razones siguientes: 

«T comenzando por el primero, los 
grandes médicos que esta enfermedad 
conocen esencialmente por sus seña- 
les, y los graves accidentes que le 
acompa&an y sobrevienen^ y que co- 
nocen la ocasión de usar el remedio y 
la sustancia de las fuerzas para su- 
frirlo: nunca estos tales se encierran á 
curar en los hospitales, porque las ciu- 
dades los reservan para la gente prin^ 



cipal. T los que de ordinario entran, 
aunque sean suGcientes, con el mucho 
número de enfermos y la gravedad de 
la enfermedad , y la incomodidad del 
lugar^ no es posible que puedan curar 
bien, ni cómo conviene. Y los que sa- 
nan, mas presto los sanará naturaleza 
en su (»sa, ó en el campo, gozando de 
aire puro y limpio. 

«Ni los ministros aunque sean rou- 
cha<s, y de gran caridad, creciendo el 
número de los enfermos, pueden dar 
recado en la hora y ocasión que á 
cada uno le conviene sangrarse ó por- 
garse, ó comer ó dormir, porque unos 
se impiden á otros , y cada enfermo 
habia menester para si solo un médico 
y un enfermero, y un lugar apartado, 
que cuando quisiera dormir 6 tuviera 
necesidad de sosiego, no lo impidieran 
laa voces, que da quejándose el que 
está junto á su cama. Ni el enfermo 
pierde el gran miedo, ni la imagina- 
ción de que se muere: y asi obedece 
desconfiadamente los remedios, que 
importa mucho la fé y confianza en 
ellos y en el médico, para que le 
aprovechen. 

«Ni el aire del hospital es en su fa' 
vor \ porque aunque haya cuidado de 
purificarle, el gran número de los en- 
fermos y el mal olor de los escremen- 
tos y materias de apostemas abiertas, 
le hacen tan pernicioso , que él solo, 
inspirado, basta á matar como veneno» 
Por todo lo cual se prueba, lo mal que 
se pueden curar tantos enfermos jun- 
tos en un hospital , por un médico , y 
pocos ministros. 

«Esta parte se prueba muy bien 
con la esperiencia que esta ciudad de 
Jaén tiene de lo que sucedió; y el 
vulgo decia del hospital de ' San Ge- 
rónimo, adonde estaba un médico tan 
cuerdo , y que con tanta diligencia y 
caridad hizo ambos oficios de médico 
y cirujano , como el licenciado Her- 
nando de Higueras , cuyas letras son 
tan conocidas y estimadas en esta cin* 



HisT. DBxi MEnic; española, -^Tomo 2.® 



35 



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274 



HISTORIA DE LA 



dad, habiendo también mnchos mi- 
t)Í8tros, y grande abundanciade bas- 
timentos, medicinas j regalos: se pa- 
blico que todos morían en los suelos 
sin remedio ^ j por este temor se en- 
cubrían*, lo cual fué causa de revolver 
con major fuerza la enfermedad, es- 
tendiendo por ella el contagio. Ycuan- 
do esta ciudad fuera tan grande , tan 
rica y opulenta, j tuviera los grandes 
hospitales que suelen tener otras, con 
suntuosos edificios y cuartos divididos 
para hombres y mugeres , para con- 
valecientes y ministros; y anchura de 
f>atios y galerías, fuera ó dentro de 
os muros, aun había dificultad de re- 
coger en ¿I tantos heridos de peste. 
Porque estas semejantes casas se fun- 
daron para diferentes enfermedades, 
que es la peste. 

«No hallo yo en los autores anti- 
guos griegos ni árabes, quien di^a que 
en las grandes pestes que en su tiempo 
sucedieron, se usase de semejante re- 
medio. Ni quería traer á consecuen- 
cia^ por no ser medicinal , el gravisi- 
ttio dafio y pérdida de hacienda que 
reciben las ciudades con la voz de na- 
ber formado hospital , pues al punto 
no se da testimonio aunque no haya 
enfermos en él ; y cesan los tratos y 
correspondencias de las mercadurías, 
dejanao muchos hombres destruidos 
y perdidas las rentas y alcabalas ; de 
suerte que el dafio que por esta causa 
hs ciudades y vecinos reciben , no se 
puede restaurar con millones de ha- 
cienda. 

«Y creo que la razón que i movido 
á los médicos doctos de nuestro tiem- 
po á dar parecer que se forme hospi- 
tal, fué considerando lo que conviene 
impedir la contagión de la ciudad, 
tfunque muriesen algunos de los heri- 
dos, que por fuerza han de morir. 
Pero no consideraron los grandes in- 
convenientes que de ello resultan, 
porqué estos los muestra la esperien- 
cia ; y el formar hospital lo decía la 
razón, y anteponer el bien común al 
particular. Pero bien considerado pa- 



rece lo contrario, por las razones refe- 
ridas y por lo que la esperiencia nos 
ha mostrado , y el ver que esta enfer- 
medad tiene mas fuerza con la infiuen* 
cia del cielo , que con la contagión, 
por no nacer de grande y sórdido po- 
drecimiento, adonde los seminarios, 
son mas eficaces y de mayor actividad; 
que con impedir no se comuniquen, 
se hace mayor provecho que con otro 
remedio alguno. 

«Ya que nabemos referido los gran* 
det inconvenientes que trae consigo el 
formar hospital , será bien qve se re* 
fieran ks comodidades , provechos y 
remedios que con no formarle se ha- 
llan mas ciertos y mas seguros. 

«El primero sea , haberse quitado 
el miedo y la vehemente imaginación 
que les causaba y forzaba á dejarse an- 
tes morir sin remedio del alma y del 
euerpo , por no dejarse llevar al hos- 
pital. De donde resulta otro muy gran- 
de, que el enfermo está pacifico y 
contento y mas confiado, con la espe- 
ranza que tiene que ha de sanar con 
la diligencia, amor y cuidado de los 
suyos, y asi le aprovechan mas los re- 
medios. 

«El segundo, aunque primero en la 
dignidad , es, que se confiesan una, 
dos y tres veces con quietud y sosiego, 
y hacen sus testamentos públicos , sin 
temor que en descubriéndose hayan 
de ser arrebatados por los feos minis- 
tros ; y quitadas las culpas y pecados 
por la confesión que da la causa de la 
peste mas flaca , pues nace de culpas, 

el enfermo mas fuerte, para que con 
a confianza y ayuda de Dios, la pueda 
mejor vencer. 

«La tercera, que goza de mayor re- 
galo y limpieza, y de mejor aire, mas 
puro y mas limpio, que se puede me- 
jor purificar, que el de tona una sala 
de apestados, que aunque no sea mas 
de mirar las paredes de su casa adonde 
nació, se alienta y mejora el enfermo. 
Y no hace mas fuerza la razón de los 
que dicen, que de no formar hospital 
se pegará mas la peste ¿ los vecinos de 



t 



] 



MEDICIIÍA ESPAÑOLA, 



275 



la eiadftd, pnes queda probado que an- 
iel por formarlo se estieode mas el 
contagio por las rasones dicbas. Y la 
que mas tuerza hace es que cuando la 
peste viene por influencia del cielo, 
no se pega tanto» y asi anda salpicando 
de un barrio en otro» j de una casa ¿ 
otra» y en los conventos de monfaa en* 
cerradas y niftos y doncellas muy re- 
tiradas» adonde jamás uno sospecha 
causa ni ocasión de contagión » sino 
solo infloencia del cielo: que hallo ea« 
tos tales sttgetos mas dispuestos , para 
hacer su efecto. Y creo por muj cierto 
que el vecino que supiere que el sujro 
está apestado» se guardará mas de él, 
y aun plega á Dios que los suyos de su 
casa no lo hagan ; y se ha visto por 
guardarle» habiendo muchas ropas de 
cndicia por las calles» oo haber quien 
las aloe» por el temor de la contagión. 
Por todo lo cual» me resuelvo en que 
en ninguna manera esta ciudad ni 
otras semejantes» formen hospital para 
preservarse de la peste» sino que cada 
vecino ^ueda libremente curarse en 
su casa.» 

El capitulo 4.^ trata del medio mas 
seguro para que las ciudades se pre- 
serven de peste y los heridos de ella 
sean mejor curados (Interesantísimo). 

En el 5.^ si es remedio mejor huir 
presto lejos y volver larde ^ ó si será 
mas segura estarse quedo coando la 
peste viene por influencia del cielo. 

Los restantes capítulos están dedi* 
cadoa á tratsr de los remedios higiéot* 
eos que deben emplearse en general» 
y en particular los dotados de difo- 
rentes temperamentos, tales como los 

I>¡tu¡tosos» los biKosos» los flegmáticos» 
os meiáocolioos» los vicios y losniiles. 
Este último merece ser consultado por 
el alto interéa que ofrece* 

Dd modo jr arte de ckscQrUagiar 
las ropas apestadas, de seda, lienzos, 
papeles y^ otras cosas. Jaén 1606j en 

Este tratado está dividido en vein- 
tiún capítulos consagrados á espoñer 
el modo de descontagiar: 1«^ las ropas; 



2.° la seda cuando está en capullo; 3.^ 
la seda hecha ; 4»^ la seda tejida ; 6.^ 
los vestidos de seda; 7.^ el oro y plata 
hilados ó tejidos sin seda ; 8.^ el algo- 
don ; 9.® la lana ; 10 las piesas de 
lienzo; 1 1 los pellejos y forros de mar- 
ta ; 12 los cordobanes y las obras he- 
chas de ellos ; 13 los libros y papeles; 
14 el oro» la plata» cobre y hierro; 15 
el trigo» cebada » harina » lentejas» y 
otras semillas; 16 las maderas» camas» 
mesas» sillas etc.; 17 los caballos» mu* 
las» y otros animales; 18 el queso ; 19 
el aceite » manteca y las demás cosas 
grasas; 20 las mercadurías venidas de 
parte sospechosa; 21. las casas y habi- 
taciones. 

Este tratado fué sin duda uno de 
los que mas servicios pudieron prestar 
á loa intereses de la sociedad. El con« 
tribuyó á desterrar la perjudicial cos- 
tumbre de quemar todo cuanto habia 
en las habitaciones de los infelices en- 
fermos. Los dafios que á la muerte de 
ellos seguía» se aumentaba el dolor de 
ver quemar los trastos, los útiles y has- 
ta las alhajas preciosas de una familia. 
Mis lectores le penetrarán mas de la 
aka importancia de este escrito» al sa- 
ber que una de las escrupulosas medi* 
das que se tomaban con los apestados 
era la siguiente. «Que luego que en- 
trare el médico á visitar el enfermo 
haga por su persona un naemorial é 
inventario de los bienes qne hubiese 
en el aposento dd enfermo» y Grmado 
con juramento declare no haber mas 
ni menos » y se de este memorial al 
caballero dipotado de aquella y colla* 
eioso» para que en muriendo ó sanan • 
do este enfermo se recojan.» 

EU autor» pues» hizo un grande bien 
con destruir esta detestable oostum* 
bre, capaz por si sok de arruinar una 
república. 

<S» hs melancólicos pueden saber lo 
que está por venir, ó adivinar el su* 
ceso bueno órnalo de lo futuro con la 
fuerza de su ingenio ó soñando. 
• Sostiene que es imposible que ha- 
ya .en un hombre ninguna templan- 



276 



HISTORIA DE LA 









za ni humor , ni poderoia imagina-' 
cion para saber lo que está por ve- 
nir por medio natural» Admite sin 
embargo que los hombres dotados del 
humor melancólico son los mas de mas 
talento^ entre los cuales cuenta á Pla- 
tón, Sócrates , Empedocles^ Hércules 
!r otros muchos que en letras sobresa- 
ieron. Cree que estos melancólicos 
con la fuerza natural de su ingenio, 
velando con profunda j vehementísi- 
ma imaginación , retirados en lugares 
oscuros y libres de distraerse , ó dur- 
miendo con natural sueño , quieto j 
sosegado con las especies recibidas, y 
velando con su fogosa imaginación, 
puede su alma alcanzar loque está por 
venir; pero que jamás pasa de lo natu- 
ral. Creyó últimamente que el demo- 
nio podia juntarse con el humor me- 
lancólico, y en este caso los endiabla- 
dos podrían alcanzar muchas cosas; 
pero infinitamente menos que los pro- 
fetas verdaderos inspirados por Dios. 

PEDRO garcía carrero, 
natural de Calahorra , estudió la me- 
dicina en Alcalá de Henares, y en ella 
tomó la borla de doctor. Fue uno de 
los médicos que roas reputación tu- 
viera en su época ; y en los muchos 
años que enseñó la medicina en la di- 
cha universidad, tuvo la gloria de sa- 
car un crecido número de discípulos 
sobresalientes, que luego honraron la 
memoria en los escritos que publica- 
ron. El autor dio á luz la obra si- 
guiente: 

Disputatíones medicas super libros 
Gideni de locis a/ectis et de alus mor* 
hisah eo ibi relictis. Opus Doctoris 
Petri García Carrero prímarü mecU-* 
cinw projessoris in complutensi acode ^ 
mia. Compluti armo 1o05 in/oL 

En esta voluminosa obra, que alcan- 
za á mil trescientas fojas, presenta se- 
tenta y cinco artículos con el epígrafe 
de disputas médicas, relativas á física, 
anatomía j fisiología y medicina. De 
todas estas las de medicina práctica 
ofrecen bastante interés, pero desgra- 
ciadamente son las menos. La 1 •' ver- 

I 



sa sobre las simpatías j y esta es apre- 
ciable por las ideas tan esplícitas que 
el autor tenia sobre este fenómeno fi- 
siológicOj que supo aplicar oportuna- 
mente á la patología y á la medicina 
práctica. Trata de probar que los efec- 
tos simpáticos que se notan ya en el 
estado morboso, como en el sano, de- 
penden de la imaginación, y de este 
principio parte para esplicar por que 
un sugeto bosteza cuando otro ; por 
qué el ver orinar á uno estimula y de- 
termina á otro á lo mismo ; por qué 
cuando uno masca agraz ú otra cosa 
acida , á otros les estimula á salivar y 
hacer gestos , etc. 

Interesan igualmente, la 7.* que tra- 
ta de la frenitis y de la perversión de 
las facultades intelectuales : la 8.* en 

3ue prueba que el cerebro puede pa- 
ecer toda especie de inflamación, in- 
clusos el escirro y cáncer : la 13 que 
describe perfectamente la melancolía, 
de cuyas variedades y síntomas habla 
con precisión : la 14 que trata de la 
música y demás enagenaciones del al- 
ma : la 18 en que describe muy bien 
las causas j síntomas , pronóstico y di- 
ferencias de la apoplegia: la 19 y 20 en 
que habla de las enfermedades de los 
nervios: la 44 en que trata de la muer- 
te natural y de los órganos que son los 
S rimeros en morir: la 50 y 55 en que 
escribe las enfermedades del estóma- 
go y las de los intestinos: la 67 en que 
trata estensamente de la virginidad y 
de sus señales: la 71 de la nutrición 
del fetus en el seno materno, y la últi- 
ma que trata del aborto, y de sus conr 
secuencias. 

Mis lectores pueden conocer ya á 
cuan poca cosa está reducida esta gran 
mole literaria. Las mil trecientas fojas 
que contiene pudieran reducirse á un 
centenar de ellas; asi es que su lectu- 
ra es cansadísima, fastidiosa; y si estas 
circunstancias se unen al lenguage si- 
logístico y metafísico con el cual trata 
de aclarar cuestiones ya de por si me- 
tafísicas y oscuras, hacen que esta obra 
no merezca leerse. 






~ I 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



277 



JUAN ALONSO DE LOS RUI- 
CES Y FONTEGHA , natural dé 
Daimiel, estudió la medicÍQa en Alca- 
lá de Henares^ j en la misma fué ca- 
tedrático de TÍsperas : revalidado de 
médico pasó á la uoirersidad de Bolo- 
nia^ en cuya ciudad tuvo trato con el 
célebre Taliacoci, quien le presentó dos 
enfermos á los cuales había repuesto 
las narices por su método (Med. inci- 
pient. med. pág. 145). 

Escribió las obras siguientes: 
Medicorum incipientium medicina, 
seu medicifUB christiancB speculwn; 
tribus luminaríbus distintum á medicis 
inchoantíbus pros oculis semper fui'* 
bendum, confessarüs admodumutilis, 
Editum per Doctorem Joannem Al-" 
phonsum et d Ruycibus de Fontecha, 
in Complutensi Academia Cathedras 
Kespertínoí , publicum professorem. 
Ib. 1598, 1606, m 4.» 

Tomó ocasión de escribir esta obra, 
el haber repugnado el Duque del In* 
fantado comer carne en tiempo de 
cuaresma, á pesar del mandato espre- 
so de los médicos. Asi es que se pro- 
puso aclarar todas las cuestiones reía* 
tiras á las facultades que tienen los 
médicos de dispensar en los ayunos, en 
las penitencias, etct , con el nn de que 
pudieran servir á los confesores 7 á los 
médicos. 

Dividió esta obra en tres secciones 
con el titulo de luminares. 

La 1.* es un tratadito muy aprecia- 
ble de moral médica. Enseña todo 
cuanto el médico debe saber y practi* 
car para ejercer su profesión con ho« 
ñor , y hacerse apreciar de los enfer- 
mos y de sus mismos comprofesores. 
En la 2.^ espone las causas y sínto* 
mas de todas aquellas enfermedades, 
en las cuales pueda haber duda si se 
puede dispensar de los preceptos ecle- 
siásticos de ayunar, comer carnes, lac- 
ticinios, pescados, etc., etc. 

El autor dice que nadie babia es* 
crito de esta materia antes que él , y 
que su utilidad era sumamente cono- 
cida, para que en vista de las pruebas 



y autoridades tanto profanas como di- 
vinas que alegaba, pudieran los médi- 
cos y confesores ponerse de acuerdo, 
y los enfermos tranquilizar sus con- 
ciencias. 

En la 3.^ trata muy ligeramente de 
algunas cuestiones médico-legales, so- 
bre si conviene algunas veces provocar 
el aborto , sangrar ó purgar á las em- 
barazadas. 

Todas estas cuestiones promete tra- 
tarlas en otra obra que decia tener á 
punto de publicar , lo cual efectiva- 
mente hizo , según veremos muy 
pronto. 

La obra que nos ocupa es interesan- 
te bajo dos conceptos : el 1 .^ porque 
describe mnv bien, y trata con mu- 
cho acierto, las enfermedades, y el 2.^ 
por las noticias tan curiosas y observa- 
ciones tan raras que presenta , toma* 
das de los mejores autores que de ellas 
trataron. 

Esta obra no tiene mas mérito que 
ser ya muy rara en nuestra literatura. 

ÍNccionario de los nombres, pie'* 
dras^ plantas, frutos, yerbas aflores, 
enfermedades , causas y accidentes 
que van este libro , de los diez libros 
de las mujeres preñadas, y se hallan 
comunmente en los autores que van 
citados en él, Hipócrates, Galeno, 
Avicena , Paulo Egineta , Rhasisj 
Moschion, Cleopatra, Aristóteles y 
otros muchos, guardado solo el orden 
de romancearlos conforme están en 
ellos, ora estén corrompidos en la len^ 
gua griega, arábiga ó latina, ora no, 
para que los estumantesque empiezan 
la ciencia de la medicina, tengan noti'^ 
da de ellos. Hecho por el mismo au* 
tor. Alcalá 1606. en 4.'' 

Este diccionario es sumamente cu* 
rioso, y una de las obras mas raras de 
nuestra medicina española. Todo aquel 
que quiera ilustrarse en el significado 
délas palabras antiguas, encontrará 
en él todo cuanto necesite. 

Diez privilegiospara mugeres pre^ 
nadas. Alcalá de Henares 1606. 
En la introducción se propuso pro« 



278 



HISTORIA DE LA 



bar que el estado de embarazo debía 
ser un estado privilegiado, durante el 
cual la muger hhbia de ser respetada 
y complacida en todo y por todo. 

El epilogo de los privilegios, foraia- 
do por el mismo autor es como sigue. 

Epílogo de lo que se trata eo est09 

privilegios. 

En la introducción se toca, si elan» 
tojo de la preñada es natural \ si Ioá 
mugeres son dignas deprii^ilegios. Di^ 
cese mal y bien de mugeres^ y que 
concurren con actividad d la genera^ 
cion^ y ()ue las preñadas han de ser 
privilegiadas. 

Privilegio 1 .^ «Se traen las seña^ 
les de las mugeres y hombres estéril* 
les, la certidumbre que tienen las se " 
nales de los partos y y si lo concebida 
es hijo ó hija, y cómo no se les puede 
negar lo que justamente piden por ve^ 
hemente apetito , á las preñadas. 

Privilegio 2.® Se entila si se ha 
de sangrar la preñada, y en quécasos 
se puede sangrar, en que tiempos ^ de 
qué vena , jr con qué prevenciones se 
sangran sin peUffro de aborto. 

Privilegio 3.^ Si es cosa conve^^ 
niente purgar las preñadas \ se trata 
en qué casos, en qué tiempo , con qué 
medicamentos ; declarase que es tur^ 
gencia, urgencia, y los autores y opi-- 
niones que ha habido de lo uno y otro^ 

Privilegio 4,^ Se pregunta y re^ 
suelve y si Isis preñadas hm de ayunar 
ó no, y en qué n%eses\ dicese qué es 
ayunoy sus grandes escelendas y obras 
que hace, y los que le dieron principio 
en dii^ersas leyes, r las diversas suer* 
tes que ha habido de ayunos en diver* 
sas personas sonetos y gentiles. 

Privilegio 5.^ Se pregunta si la 
preñada puede traer lo que quisiere: 
declárase qué cosa es aborto, y cuan 
impío y aborrecible ha sido elcausarlo, 
no solo en la santa ley de Cristo nues' 
tro Señor, sino acerca de gentiles y 
bárbaros, laspetuis que tienen les que 
los císusan, las piedras, yerbos y otras 



cosas que tienen virtud y eitán espe* 
rimentttdas, cómo y de qué manera los 
impiden. 

Privilegio 6.® Se esputo si la pre- 
nada puede hacer ejercicio : declárase' 
qué es , cuántas maneras hay dé él, 
cuáles convienen d las preñadas, y eti- 
qué tiempo que tan saludable cosa es 
el ejercicio; tócase un pedazo de con- 
suetudine. 

Privilegio 7.® Se trata si puede la 
preñada pedir justamente la lleven á 
parir á este á otro lugar: cómo es U^ 
cito mudar lugares para la conserva>» 
eion de la v¿aá humana \ cómo unos 
lugares son más cómodos , y cuáles 
para que los hombres sean mas sábiosy 
mas valientes, mas fuertes, mas her-* 
mosos, ó de otras comSciones , y qué 
hace el injlujo celeste y disposición dé 
la tierra para esto. 

Privilegio 8.^ Se averi^a que la 
preñada puede elegir esta ó la otra 
comadre, para el buen suceso del par -^ 
to\ declárase las condiciones, partes y 
sctbiduriay prudencia que ha de tener 
la comadre : lafábrioa de sus manos, 
los instrumentos de que ha de estar 
prevenido, y de todo lo que ha de estar 
prepar€tda para el buen suceso del 
parto\ qué piedras, yerbas, bebidas y 
otras cosas le Jacídtan y ayudan á 
sacar las criaturas ya muertas. 

Privilegio 9.° Gomo la preñada 
puede buscar ama con tiempo, á cud* 
les les es licito criar y cuáles no, y si 
les han de quitar la criatura en estan^^ 
do con regla, cuánta Juerza tiene la 
naturaleza y costumbre , qué edad, 
templanza y costumbres ha de tener 
el ama y qué ejercicio, y manera en 
criar la criatura ha de guardar. 

Privilegio 10. Seokclaraquepue» 
de la preñada prevenirse de cosas para 
que no le aojen su criatura en nacien- 
do \ si hay aojo, de cuántas maneras 
acontece,, qué señales hay para cono-* 
cerle, cómo se cura, y con qué remC" 
dios se prohibe y sana. 

Elsta obra jsi bien es verdad que con* 
tiene algunas cosas curiosas lo es tam* 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



279 



bien qae se resieote de todas las preo** 
cupaciooes de su siglo. Asi es que el 
autor cree obstinadamente en la fasci- 
nación ; en que aquellas embarazadas 
cujos capricbos no babian sido satisfe- 
cbos , daban á luz sus hijos marcados 
con las figuras de los objetos de sus de- 
seos; que el coral y algunas otras sus* 
tancias colgadas al cuello preservaban 
j aun curaban el aojamíento de los 
niños, 

GASPAR TRISTAN, natural de 
Valencia ; estudió la medicioa en esta 
universidad^ j en ella recibió la licen* 
ciatura. Hecho médico , y después de 
algunos años de práctica^ pensó en or- 
denarse de sacerdote, j asi lo verificó: 
ordenado se dirigió al papa solicitando 
de su santidad la licencia para ejercer 
la medicina y obtener cátedras de ella, 
cuya gracia le fué concedida. 

Escribió una obrita con el titulo si-^ 
guíente. 

De elenco medico curiosa discepta^ 
tío j dve mtefjfretatío ad tesctum in 
cap^ 7.^, adaures de wtate et guaU" 
tatef^PubUce habitain Schola ralerut 
tína^ ah aucthore postea aucta, et lo^ 
cupletata.t^In qua demonstratur Doc» 
torem medicum in sacrís et pnBsbite» 
ratus ordiníbuspromotum. fosse, jure 
communi attenta , Medicam artem. 
exercere. aucthore Ocupare Tristón 
hedentina prcesbitero, medicme Doc* 
tore ac sacrar. Sdentianan TheologicB 
etjur. canonic. prima laurea ins^mto. 
ValenticBapudPetrum Me y, 1 606,8.* 

Acaban de ver mis lectores que el 
objeto principal que el autor se pro- 
puso probar es » de que un sacerdote, 
atendiendo al derecho común de sen^ 
tes, podia no solo ejercer la medícma^ 
sino también obtener cátedras de su 



enseñanza. 



Esta obrita es tan curiosa, y al mis- 
mo tiempo tan rara, que no be tenida 
ocasión de ver otro ejemplar que el 
que yo poseo. En ella hay documen- 
tos tan importantes, que creerla no 
llenar mis deberes sino pusiese á mis 
lectores al corriente de ellos. 



El autor toma ocasión de escribir 
su obra de una consulta que un canó- 
nigo elevó al Papa , y de la respuesta 
de «Su Santidad. 

Consulta. «D. R. Colon estudió la 
medicina, y hecho médico, la ejerció 
por algunos años. Sucedió á este mé- 
dico lo que á todos, que unos enfer- 
mos se le morían y otros se curaban. 
Entró en escrúpulos; y deseando orde* 
narse de sacerdote , consultó al Santo 
Padre si podría aspirar al sacerdocio, 
por la muerte de los enfermos á que 
asistió.)» Contestación* «Que si su con» 
ciencia le remordía, le aconsejaba 
no se ordenase.» 

El autor comenta esta lacónica y sa- 
bia decisión diciendo: «La conciencia 
solo podia remorderle cuando Colon 
no hubiera asistido y dirigido los en- 
fermos según las reglas del arte ; lue- 
go el ejercicio de la medicina no irre- 
5ularíza;,8Í acaso, el no haberla ejercí* 
o bien. 

De e^a base parte para probar que 
un sngeto que* ha estudiado la medi- 
cina con aplicación y aprovechamien- 
to, y á quien no arguya la conciencia 
de haber abusado de la ciencia , no 
queda irregular para obtener las sa« 
gradas órdenes. 

Sobre este principio funda el que 
motiva el principal de su obra , á sa- 
ber «que el ejercicio de la medicina no 
estaba prohibido á los sacerdotes, y si 
únicamente la cirugía. Espone larga- 
mente las razones que tema, y en se- 
guida todos losargumenlos que pudie- 
ran hacerse contra ellas. 

Dedica el párrafo 9.^ á demostrar 
que Jesucristo fué médico, y que ejer- 
ció todas las partes de la medicina; 
que fué el Archiatro ó primer médico, 
y que Moisés é Isaías eran discípulos 
suyos en esta ciencia. 

Dedica los párrafos 10, 11, 12, 13, 
14 y 15 á probar en cada «do de ellos 
que fueron también médicos, el ángel 
San Rafael^ San Lucas , San Andrés, 
los profetas y los santos. 

En el párrafo 22 prueba la vanidad 



280 



HISTORIA DE LA 



j falacia de la artrologia judiciaria. 
(Interesante). 

Dedica el 23 á esponer las inmiini- 
dades y privilegios que debían tener 
los profesores de medicina. (Intere- 
sante). 

En el 24 prueba qae debieran ser 
castigados terriblemente los encanta- 
dores, ensalmadores^ los saludadores^ 
etc. (Interesantísimo). 

Dedica el 27 ¿ comparar entre si 
las ciencias : decide que de todas la 
teología era la mas noble , pero la mas 
útil y ^benéfica al género humano la 
medicina; con este motivo hace de ella 
un panegirice. (Interesante). 

En el 28 propone la cuestión de los 
honorarios de los médicos. 

En el 29 prueba que no todas las 
enfermedades son curables , ni que el 
médico puede siempre curarlas todas. 

En el 30 espone las causas por qué 
no pueden curarse todas las enferme- 
dades. 

En los 31> 32 7 33 se entretiene en 
aconsejar al médico lo que debe hacer 
con sus enfermos^ especialmente que 
estén en peligro. 

En el 34 discute largamente ^ si es 
válido V forzoso el pacto habido entre 
el méaico y su enfermo. Decide a6r^ 
mativamente. 

En el 42 nos ofrece la cuestión si« 
guiente : si un sacerdote puede eose- 
ftar la medicina^ tener actos literarios 
sobra ella, y curar los enfermos. Prue*^ 
ha la afirmativa. 

BrcTHs resohuio earum, qwE in su^ 
perioribus dicta sunt ab ipso ímcthore 
úifaiforem sui, antequam á sede apos^ 
toíica haberet UcerUiam exercenm ar* 
tem medicam. Pro Gaspare Tristoño 
Diácono (rmnc \fero Prtssbitero), doc* 
tare meaco Valentino ^ potente ut in 
sacris ac prasbiteratus ordinibus pro^ 
motus possit exerce atque in aítaris 
ministerio ministrare , necnon causa 
pietatis publica ac libere quoscwnque 
cBgros curare^ 

El autor dirigió una peticiohal pa- 
dre santo, rogándole le concediese li- 



cencia para ejercer la medicina j en- 
señarla, al mismo tiempo compatible 
con el sagrado ministerio: es decir, pa« 
ra poder decir misa, predicar, confe- 
sar, etc, y visitar enfermos, obtener 
cátedras de medicina, etc. 

Fundó esta solicitud en otra gracia 
de igual naturaleza que el Papa Gre- 
gorio XIII concedió á D. Luis Pérez, 
médico valenciano, enana bula que 
luego veremos. 

El informe que de esta solicitud dio 
el Legado á latere del Papa, y que fué 
aprobado por su santidau, es como si- 
gue- 

«Ardua, ac difficilis res aliquibus 

videtnr, quod petitur ex parte I)octo- 
ris Gasparis Tristan Valentín, qui li- 
cet cum pnblice in Academia Valen* 
tin. fuerit Doctor Medicus creatus, 
publiceque ipsam artem Medicam 
(ut solént alii Medici Doctores) excr- 
cuerit: postea vero ob devotionis fer- 
vorem quem habet, et habuit ad viUm 
et statum sacerdotalem, obtinuit ab 
Ilnstrissimo Nunoio Apostólico in reg* 
nis Hispaníarum oommoraote licen- 
tiam ac facultatem, ut poiset ad onmes 
sacros, et presbyteratus'ordines pro- 
moveri , in quibus ípse iam est pro- 
mottts: tamen quia multi ejns consan- 
guinei , familiares, et alias pauperes 
infirmi tam seculares^ quam ecclesias- 
tici , qui ejus diligentiam ac solicitu- 
dinem sunt experti in ipsius artis Me- 
dióse exercitatione , ejusque opera in- 
digeant circa ipsam artem Medicam , 
ejusque ministerium indios requirant, 
pro inde supplicat^ ut sancta Sedes 
Apostólica dignetur ei concederé gra- 
tiam et facultatem ut possit ipse ante 
et post sacrorum, ac presby teratus or- 
dinum promotionem etsusceptionem, 
quibuscumque Ghristi fidelious infir- 
mis operam ipsius requirentibus libe- 
re ac publico mederi , illosque visita- 
re, medicamenta quaocumque , et op- 
portuna remedia juxta suas consciéntise 
arbitrium, et artis Medióse pracepta 
afierre, ordinare, minislrare,^seu mi- 
nistrare faceré, necnon quomodolibet 



MEDICINA ESPAl^OLA. 



281 



tlías illiá ex Medicine arte aubTenirt, 
et quoscanque alios actas scbolasticos 
ad Medicinae Doctores pertinentes pu* 
blice ac libere exercere : et nihilomi- 
nu8 ad omnes sacros et presbiteratos 
ordines promoveri possit^ et in illis 
prometas in altaria miaisterio mi- 
nistrare. 

«Qaod negotium si attente consi- 
deretur^ non procedit de rigore jaris, 
cam libere possit clericos Médicos in 
sacris oonstitatas ipsam Medicam ar- 
tem exercere: hoc enim non repngnat 
juri Ecclesiastico^ sive Canónico dicto: 
in toto enim jare non repeeitnr exer- 
citiam artis Medicse clericis interdic* 
tam, sive probibitam^ ot docet Abbas 
in c. Seotentiam sangaibis , ne derici 
YeL mooacbi. na. 22. Dno aatem sont 
qoas á jure probibentor persoois eccie- 
siasticis^ et in sacris constitntis; et 
prsdictam artem aadire^ at in o. non 
magnopere, et in c. snper'Specata. 
eodem tit. ne clerioi, Tei monacbi. et 
prohibetar quoqae eis exercitium ar- 
tis Chirargiae qooad incisionem et vis- 
tionem^ ut in d. c. s^rUentiam sangui' 
nis» At nostrnm negotinm neqae est 
de aadiendo artem Medicam^ nec de 
exerciendo Chirargiam , sed de exer- 
citio artis Pbysicae» si?e Medicinae. 
Immo coUigo ex sapra dictis capiti- 
hüB, artb Physicae, sire Medicinas • 
exercitiam non solnm non esse prohi- 
bitam^ sed libere ipsis concedi : nam 
cam audire ipsam Pbjsicam probibea- 
tar ipm clericis» non tamen absoluto^ 
qnia tune prohiberetur et ejos exer- 
citium , sed propter aliqaam particu- 
larem cansam. Hinc sit, ut ejus exer- 
citium praedictis clericis non prohí- 
beatur: nam in c. non magnoperej 
snpra allégate prohibetar audire ip- 
sam artem , ne monacbi é claustro 
exeant ; et ita in claustro , si ve iotra 
claustrnm poterunt audire ipsam ar- 
tem» si non fuerint in sacris constitn- 
ti. Sic teoet Innocentios» quem sequi- 
tur divus Antoninus, ut refert Abbas 



in d. c. super Specola. n. 13. In alio 
▼ero iam d. cap. super Specula. in- 
terdicitur audire ipsam scientiam re- 
]igio8Ís« et ecclesiasticis personis» pre- 
cipuo in sacris constitutis ; monacbis 
autem propter iam prae diotas causas» 
aliis Tero ut amplietur studíum sacr» 
Theologiae. Quare cum in bis dno- 
bus capitibus probibeatur ecclesias- 
ticis personis audire praedictam artem 
propter iani dictas causas et rationes 
propositas» et non propter exercitium; 
seqaitur igitnr dictum exercitium prae 
dictis personis ecclesiasticis non esse 
prohibitum. Si ergo ante predictas 
oonstittttiones iam aliquls exercebat 
ipsam Pbjsicam artem » aut Medici- 
nam , poterat queque ipsam exercere 
post praedictas constitutiones» quando 
quidem talis prohibitio tantum erat 
de audiendo, et non de exercendo. 
Ñeque est quod dicst Abbas, quia 
pronibetur studium ipsis clericis in 
sacria constitutis, prohiberi quoque 
exercitium: nam cum quid prohibe^ 
tur j et omoia quas ex ille seqnuntur» 
Keg. cum quid in seit. Hoc autem 
solum videtur procederé» cum id quod 
prohibetur absoluto , et non propter 
aliquam causam particularem probi- 
beatur» ut in d. o. quia si propter stu- 
dium. ut loquar verbis ipsius Abbatis 
probibetur exercitium^ nulla ratione 
poteraot ecclesiasticae personae ipsam 
artem Physicam ejerceré; cum taraen 
sentiat ipse Abbas in d. c. sententiam 
sanguinis» clericis etsi sint in sacris» si 
non sint sufficienter beneficiati , non 
esse interdictum hujus modi exerci- 
tium. Tum etiam facit ad bocy ut ipse 
Abbas sentit in supra dicto loco: quod 
ex eo quod Pontifex prohibeat eis 
istara artem chirurgiae quas ad inci- 
sionem et usiionem inducit , in Pby- 
sica Tero illud cessare videtur: quare 
cum nullo modo probibeatur eis ipsius 
Physicae , sive Medicinas exercitmm, 
sed tantum audire^ qui ipsam audivit, 
etdidicit ante prometionem et sns- 



HlST. DE LA MeDIC. ESPAÍ^OLA. — ^TOMO 2.^ 



36 



V 



282 



HISTORU DE LA 



3 



ceptiooein ordioam , poterit et illam 
pcíst prae dictoram ordinum proroo* 
tionem libere exercere. Hioc est, quod 
clericus Médicos aui cansa pieUtis 
carat infirmom , si lofirmus moriatur 
non sit irregolaris curando gratis; 
quia quam uis det operam rei peri- 
culose, non tamen ilíicitae, nt tenel 
Angles in snis floribos qoaettionum 
Tbeologicarnni lib. 4. Sententiarnns, 

• de Sacramento ordinis , art. 3. 

ifl*. 3. appendice ad 3. conclnsionem» 
Hoc tamen sic est intelligendam , nt 
adhibeat diligeotiam, et est tez. cele« 
bris ad hanc rem probaodam, in c. ad 
aores ^ de astate , et qualitate. In qno 
capite non censetnr Medicns ille irre- 
gularis ad sosceptionen ordinum , et- 
si Ínter medenaom multi iuterieriat, 
dummodo adhibuerit diligentiam in 
curando , habeatque conscientiam sa- 
nara j cumque irregularitas tam dicat 
ad susceptionem ordinum, qnam ad 
administratiónem illorum : proinde 
qui propter aliquem actnm ante sus- 
ceptionem ordioom per euodem ac- 
lotum non erit irregolaris ad ordinum 
administratiónem; et ita homicidium 
contractnm ez aliqoo acta licito ante 
promotionem non facit irregularem 
aliquem; neq; idem homicidium fac* 
tum post susceptionem ordioum^ 
dummodo ille actus non prohibeatnr 
á jure ratione ordinis suscepti : rerbí 
gratia , Gbirurgus qui ezercuit artem 
chirurgicam ante susceptionem ordi- 
num, incindendo, et urendo^ etsi ali- 
quis moriatur ínter cnrandum, non 
sit irregolaris, dummodo adhibeat di« 
ligentiam , habeatque conscientiam 
aanam : poteritqne dicttis Gbirurgus 
promoveri absque dispensatione^ cum 
non sit irregniaris. Ita docet Abbas in 
d. c. snper Specula. nu. 23. Verum si 
post promotionem ordinum ezerceat 
ípsam Ghirurgiam, incindendo, yel 
urendo, et peccat mortaliter, et sit 
irregniaris si aeger moriatur, eo quod 
det operam rei sibi illicitae quia pro- 
hibltae , cum incisio , et ustío prohi- 
beantur ipsis clericis in sacri constitu- 



tis, ex d. c. sententiam sangninis , ut 
dizimns; et ita monacbus ille cbirur* 
gus ac presby ter qui aperuit tumorem 
mulieris in entture existentem cum 
ferro , fuit irregniaris , indiguitque 
dispensatione, ut in d. c. tna nos, de 
homicid. dicitor aparte , etsi id fece- 
rit causa pietatis, adbibueritque om- 
nem diligentiam. Gausa autem faujus 
rei fuit, quia dabat operam rei sibil 
illicitse : non enim licebat illí forro 
aperire tumorem, ut docet Gardinalis 
Zabarella in d. c. tua nos; et notat 
ipse Gardinalis quod non fuisset irre- 
gniaris, etsi innrmus interiisset, si 
ezercnisset artem Pbjsicam^ et in 
nostro casu, quia talis exercitatio non 
prohibetur clericis. Quem sequitur 
doctissimus, ac gravissimus D. Dida- 
cttS de Govarrubias in secunda parte 
relectionis Clement. si cnriosus n. 3. 
et 4. ubi is gravissimus Doctor notat, 
quod ad hoc qood mors infirmi non 
imputetur Medico , nec Medicns te- 
neatnr ad ejus mortem , nccesse est, 
ut sit peritos in sua arte. 1. illicitas. §• 
sicttt. ff. de ofBcio praesid. Doctor 
autem in sua arte ceosetur peritus. 
Secundum est, ut moneat Medicns 
infirmara, ut careat se á nozis et con« 
trariis. d. c. tua nos. et assistat aogro 
quandoest aliquod periculura. Tnm- 
que adde> quod si clericus sit in sacris 
constitntus , abstíneat se ab incisione 
et ustione, cora h»c a jure probibean* 
tur : et ita si h«c obserTaverit Medi-* 
cus, et juxta su» cooscienti» arb¡« 
trium, et artis Medico praeoepta prass* 
cribat remedia^ quamuis soger moria- 
tur , non sit irregular is, cum hoc ho- 
micidium non sit voluntarinm, sed 
casuale: nam si in eo reperietnr actus 
mortis, non tamen voluntas, quod est 
discrimen Ínter homicidium casuale, 
et voluntarinm; et homicidium casua- 
le non imputaiur ei qui dat operam 
rei sibi licitas , et non est in aliqua 
causa, ut in cup. dilectus, de homicid. 
nec facit aliquem irregularem ai sit 
sine culpa, ut in d. c. dilectus notat 
Abbas. n. 3. 



MEDICINA ESPA170LA. 



283 



' ' «Prasttfreáy oierkokn «xercere artem 
Medicam et sacra Iractare doq cat 
▼elle serviré Deo> <et mammona, «ft 
aliqui arbitraatur^ ac dicoDt^ hoc si« 
qoidem Domino lesalesUnte, impos* 
sibile esly praecipue si fiat causa píe- 
la tis, et amoris Dei, ob charítatem et 
consoUtiotietii infirmorüm aliqaoraoi 
proziinorum, oec miniis est se ¡mmis- 
.cere oeeotiis secularíbns ; nam et hoc 
Apostohs et d¡8cípa)Í8 Gbrbti miDime 
licebat , nisi quaiido aderat cfaaritas 
fraternaliá^ ut Pauliis Apostólas Roin. 
16. ait ipsis Romaois: Assistatis ei io 
qoocaniqae ; oegotio vestn) indigne^ 
rtt ; naca tractare negotia secularía et 
aliena ditobas modis contingit, secii^ 
lariter scilioet^ solo ¡otoitu favoris pe- 
cuniae , Incri , aat altcajas rei similis 
oánsa; et bao ratione nuílo modo licet 
personis líoclesiasticis > militibasqae 
Christiy aut alio modo potest qois trac- 
tare negotia soecularia et aliena, prop- 
ter pietatem scilicet, et in anxiliaiñ 
pauperam, ac miserornm; et faocqni- 
dem máxime religiosum est, et ezpe- 
dit qnidem valde ?irÍ8 religiosis et ec* 
deslasiiois i' et sic clerícas Medicas 
curans infirmara ob pietatem, et prop- 
ter amorem Dei , non se immicét ne- 
gotiis secnlaribaSf nec minas facit boe 
ád serviendnm Deo, et mammón». 

«Quam tándem resdntionem nos- 
tram fere de jare commani sectando 
Gregorios 13. Pont. Max. videtar ap- 
probare, concedendo lioentiam me« 
dendi^ sivefacüttatem Ludovico Peres 
Medico Valentin. ad Medicam artem 
exercendam, et sacra traotanda , cam 
lamen non concesserit dispensalionem; 
in loto enim tndallo coocesso Rom» 
apnd sanetam Petram sob annalo 
Piscatoria die 5. lanoarii anno 1574. 
Pontificalas sai anno secando , nan- 
qoam sil mentio dispensationis: dis» 
pensatio siquidem sapponst jos in con* 
trariam, cnm sil dispensatio rigoris 
-juris per eam adqoem spectat cano^ 
nice sactarelaxatio, al in can. reqai^ 
TÍlÍ8,si rigor. \.q. 7. camqoe nultam 
jos sil in contraríame al supra dixi- 



mos, proinde non fnit dispensatio, sed 
licentia et facaltaSy:ut ex todolti serie 
lioet facile eolligere. Ifam cnm pr»- 
dictas Z)ocCor útdovicus Pérez cape* 
ret ad omnes sacros, et presbiteratos 
ordines promoreri^ simolqae artem 
Medicam exeroere, id antem sibi lice- 
re , aot permitli dobitabat absqüe 
«inctse Sedts Apostolicselicentia^ ol in 
d. indulto . baJ^elor , ut sibi licentia 
concedalor, quam praedictus Pontifex 
oi concessit* 

«Ut antem ea quaa de indulto prx- 
dic.li Docloris Ladovioi Pérez Medici 
Valentín, clarios palefiant, ac de- 
anonsirentnr , visom futt pr» dictúm 
indultum ad ungnem , si? e ni ajant, 
de verbo ad verbum bic proponere, 
quod aic babel* 

Dilectio filio Ludovieo Pérez ck* 
rico Valentín. Artium^ et MediciruB 

Doctori. Gregorios PP. XII !• 

> 

* 

«DUecli fili,salotem et Aposlolicam 
benediclionem: Exposci nobis nuper 
fecisti, quod cnm tu, qoi cum un.ica et 
virgiue iam defuncla conjúgalas fuis- 
ti, el in Uoi?ersitale Valentín, sen 
alibi Medicinara publice legeodo , ac 
.ia6rmos opera tüa indigentes meden- 
do. apatio Iriginta annorom ai|l circa, 
Jaudabiliter exercuisli , capias eliam 
si contingat.«d omnes etiam sacros ac 
.presbyteratus ordines, ad quos ratione 
cnjnsdam beneficii quod ohtioes pro- 
moveri; tenearis artem Medicam bu- 
jasmodi, in qua experlas existís, et 
ifuam confessore^ tus, toam conscien* 
tiam enerando obexperientiam quám 
in ea babea exercere commendant, 
tam legendo, qaam. medendo, et gra- 
dos in eá proal alii Doctores eonfe^ 
.runt ana cum.illis prsacedente. sólito 
examine conferre, id antem tibi lice- 
re, aat permilti dabitas absque nostra, 
el Sedis Apostolic» liceiilia speciali, 
qaam nobis bnmililer soppUcari |e*> 
cisti) ut le specialibus favoribus et 
^raliis prosequi^de benignilate Apos- 
tólica dignaremur. Nos igitur le áqut- 



284 



HISTORU DE LA 



Inu bif if eacoiDmaoioDe, suspensiones 
iolerdicto, alüsqne ecdesiasticis sen- 
teotiis, censuris, et pceois a jare , Tel 
ab bomioe, qnaris occasione^ vel can- 
sa latís siqnibns qoomodolibet ionoda- 
tns existis, ad effectam prsesentium 
dnmtaxat oonseqaendnm namm serie 
absol?entes^ et absolatam fore cen* 
seotes: bajasmodisnpplícatioDibns in- 
clina ti^ tibi ex nnnc ac etíam post* 
qnam ad dictes ordines promotns fne- 
rís artera Medicinas hojosmodi pnbii^ 
ce nt hactenns legisti in dicta Valen- 
tina ^ seu alia Universitate legere, et 
in ea Bacchalanreatns, Magisteríi, et 
Licentiatnré , ac Ooctoratos gradas 
soscipere Talentes examinare , et gra* 
das hajasmodi illis conferre, sea com 
alus Doctoríbtts ad id depatatis exa* 
mini seu collationi graduara hojos- 
modi interesse » et illoa etiam confer- 
re: necnon qoibuscaraqoe Gbristi fi- 
delibos infirmls operara toara reqoi- 
rentibos, ac paoperibos gratis ac arao* 
re Dei raederi, illosqoe TÍsitáre» ac eis 

Sodecanqoe medicamenta atque anti- 
ota, ac opportuna remedia joxta to» 
eonscientiüB arbitriura ^ ac Medicinas 
artera afierre^ ordinare, ac rainistrare, 
sea ministrare faceré ; necnon alias 
qoomodolibet ex Medicinan arte illis 
•sobvenire: citra tamen adasfionem et 
ineisionem, ac pnemii qooad facalta- 
tera medendi prasdictara exactionera, 
et nihilorainus ad dictos sacros et pres- 
biteratos ordines proraoveri, et in 
illis promotus etiam in altaris minis- 
terio ministrare, ac dictum per te ob- 
tentora beneficiara, et alia tibi cano- 
nice conferenda beneficia ecclesiastica 
com cora et siue cora, quaeconqne, et 
qualiaounqoe sint recipere» ac retine- 
re libere, ac licite raleas, licentiam et 
facultatetn concediraus , non obstan- 
tibus conititutionibus, ordinationibos 
Apostolicis» et Ecdesiasticis in quibns 
benefida hujasmodi foerint joramen- 
to^ confirraatione Apostólica, vel qaa- 
Tis confirraatione alia roboratis, stato- 
tis, et eonsoetodinibas oontrariis qoi- 
bosconqoe. Dat. Romas, apud sane*- 



tora Petrom lob annnllo Piscatoris, 
die 5. Janoarii M.D.LXXIV. Ponü- 
ficatns nostri anuo secando. 

«Ccex Gloríerttts,9 

Tienen, pues, mis lectores ana idea 
bien cabal de todo lo raas interesante 
qoe contiene esta obra. 

JUAN DE SOSA SOTOMAYOR, 
natural de Sevilla; fué raedicoy ciru- 
jano, discinnlo de Hidalgo de Agüero. 

Escribió los tratados siguientes. 

Tractaius de ctqusdam nopi ^müne^ 
rís curatiane quod pertingU ad duas 
cavitates tam viudem , quam natura^ 
íem. Doetissimo Ludoyioo Mercato^ 
doctorí medico , 511115 Doctor Joannes 
de Sosa Sotomajror, medicas ac cAí- 
rurgus hispaliensis siduiem elfcelid^ 
tótem exoptat. HispaU 1606. 

Este tratadito es una monografía 
sobre las ventajas de curar las h^das 
por primera intención , según el mé- 
todo del célebre Hidalgo de Agüero. 
Refiere tres casos de heridas penetran-» 
tes de pecho y de rientre, curadas por 
él según los preceptos de la reunión 
inmediata. 

Adewndem Doctorem. Ladovicum 
Mercatum medicum regiumjure em- 
merítum. Tractatus in quo agitar de 
yerahuhonisvenereicuratíone. AucUh 
re Joanne de Sosa Sotomayor flbj. 

Esnone las causas, síntomas y cura- 
ción ae un bubón venéreo de mala ca- 
lidad qoe se le presentó. Nada de par- 
ticular nos dice y ni que dejara de ser 
común en su tiempo. Con este motivo 
trata del origen del venéreo : refiere 
algunas historias tomadas de Areteo 

?r de Galeno, para probar que esta en- 
érmedad les tué conocida, por consi- 
guiente que no era nueva en Europa. 
J^o dejan sus razones de hacer mucha 
fuerza^ 7 son dignas de consultarse en 
esta materia. 

Lo que sí no puede ni debe perdo- 
nársele es que habiendo va publicadas 
en España tantas j tan buenas obras 
sobre esta enfermedad, no cita ningún 
médico español , 7 n algunos estran- 
geros. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



285 



SIMÓN RODRIGO DE RAMOS, 
aatural de Serilla j y médico titaUr 
en la misma. 

Escribió una obriU con el titulo si- 
guiente. 

Doctori Joanni de Sosa Sotoma» 
jar, medico ac chimrgo j^íBStantissi^ 
mo Doctor Simón Roaeticus Jtamos. 
De fcdsitate opinionis inunsendi capi» 
tis argento i/iW • utque di quaütate 
ejusdemargenti wvi in confirmatíonem 
stue verisimiB ojñnionis pauculapérs» 
eríbit. HispaU 1606. 

Habiendo aaegorado Jaan de Sola 
qne el mercnrio era un veneno, tomó 
ocasión el autor para escribir esta obri** 
ta, en la cual trata de probar que era 
absurda j perjndicial la costumbre 
que habia de administrar el mercurio 
en fricciones en la cabeaa. No ofrece 
absolutamente interés, ni mereced 
trabajo de leerse. 

FRANCISCO PÉREZ CÁSCA- 
LES, natural de Gnldalajara: estudió 
la medicina en la universidad de AU 
cala de Henares, siendo discípulo del 
doctor Juan Gómez deSanabria, mé« 
dico de cámara de Felipe III (pág. 66), 
en la cual tomó la licenciatura en el 
afi&ode 1577. Estuvo de médico titu- 
lar de Tepes por espacio de quince 
años (pág. 10). Su reputación faculta- 
tiva fué muy grande, con especialidad 
sobre las enfermedades de los nifios, 
á cuya práctica especial confiesa ha- 
berse dedicado treinta j cuatro aftos. 
Con motivo de haber salvado de la 
muerte á uno de los hijos del duque 
de Maqueda , mereció ser nombrado 
médico suyo. 

Escribió la obra siguiente. 

lÁher de affectiomihus puerorum\ 
una cwn tractatu de morbo iUo vulgar 
riter garrotülo apeUato , com duahus 
qucBstiombus'. akera, gerentibus útero 
rem apeientibus denegatam , altera, 
vero de Jascinatione» Per Doctorem 
Franeiscum Pérez Cáscales de Gua» 
didajara. MatriÜ 161 1 in 4,"" 

Dedicó esta obra á D. Antonio Va- 
negas Figueroa, obispo de Pamplona; 



este al admitir su dedicatoria honró la 
memoria del autor, previniéndole pu- 
siese en ella su escudo episcopal* 

El autor no se propuso escribir un 
tratado general de tonas las enferme- 
dades infantiles, sino de aquellas que 
les eran mas frecuentes j comunes, j 
solian quitarles la vida. Dividió este 
tratado en cincuenta capítulos. 

En el 1.® trata de las aftas: estas 
pueden provenir ó de la mala calidad 
de la lecne de la nodriza , ó de la al- 
teración de la leche en el estómago 
del nifio. Llama la atención del médi- 
co sobre esta diferencia de causas, por- 
que no partiendo de ellas no las cura- 
ría jamas Para establecer el método 
curativo encarga se tenga cuenta con 
la variedad de colores que tengan las 
aftas, porque si son blancas están pro- 
ducidas por la pituita; si amarillentas^ 
por la bilis , si parduscas ó negras por 
la melancolía, y si últimamente muy 
encarnadas por la sangre. En cada uno 
de estos casos conviene usar los medi • 
camentos apropiados á cada humor 
pecante* 

Desde el capitulo 5.^ hasta el 1 1 tra- 
ta de la sinomia, causas, diagnóstico^ 
pronóstico y curación de la alferecía ó 
epilepsia. Define esta enfermedad una 
lesión del cerebro: la distingue en hi- 
diopática y simpática. En el primer ca- 
so la lesión existe en dicho órgano: en 
el segundo ó puede provenir de una 
afección del e^ómago ó de otra parte 
del cuerpo. Al hablar de sus diferen- 
cias presenta una descripción preciosí- 
sima de cada una de ellas, tanto de la 
cerebral como de la simpática. Prue- 
ba que en la epilesia no siempre habia 
abolición de los sentidos estemos y de 
facultades intelectuales. En confirma- 
ción refiere dos observaciones suma- 
mente interesantes de dos jóvenes qne 
tuvo á su cargo estando de médico en 
la Villa de Tepes , las cuales pa- 
decían una horrorosa epilepsia ute- 
rina ; y sin embargo de que sufrian 
unas convulsiones tan borrosas qne 
cuatro ó cinco hombres no las podían 



286 



HISTORIA DE LA 



sajeUr, o»d, Teian j enten^iao cnanto 
ae les decii » jr no podían contestar. 
Ego sum oculatus testis (Deum testar 
inmortalem) hwc vidisse in oppidó qui 
Tepes aUcitur, ubi in curandis carpori" 
bus quindecim fere annis operam dedi 
(pág. 10). Respecto i sn curación na- 
da absolutamente deja por desear. 

En el capitulo 12 presenta en po- 
cas palabras las cualidades que debe 
tener una buena nodrisa: su edad, di- 
ce, no debe bajar de Teinticineo aftos^ 
ni pasar de treinta y cinco : ha de ser 
de genio víto y placentero ; de buen 
color; cuello robusto j bien formado, 
de buenos pechos; ni muy gorda ni 
muy flaca ; consistente de carnes ; sus 
mamas duras y apretadas ^ ni muy 
grandes ni pequeñas ; abundantes de 
leche. Debe estar separada del marido» 
y libre de menstruación en todo el 
tiempo de la lactancia: la leche no de- 
be tener menos de dos meses ni pasar 
de los diez , ni ser primeriza. Tales 
son las circunstancias que debe reunir 
una nodriza (psg* 15). 

Es muy interesante también el ca- 
pitulo en que trata de los cálculos ve* 
sicales en los niftos ; y entre otras ob- 
servaciones muy curiosas, refiere la de 
una muger que en muy breve tiempo 
arrojó tres muy voluminosos , de los 
cuales envió uno á su maestro el Doc- 
tor Juan Gómez de Saravia , otro al 
Doctos Valles , y el tercero al Doctor 
Zamudio y Alfaro (pág. 68). 

Los demás capitules que consagra á 
tratar de otras enfermeaades » no son 
menos interesantes que los anteriores: 
sobre presentar unaa descripciones 
muy bien acabadas de cada una de 
ellas, ofrece en comprobación mu- 
chos casos de interés tomados de su 
Eropia práctica, cuyas circuostancias 
acen á esta obra sumamente recomen* 
• dable y digna de consultarse aun en 
•nuestros días. 

Tractatus de morbo illo nUgariter 

farrotiUo apellaio^ ab eodem ífoctore 
^randsco Pérez Cáscales Guadalaja* 
ra, noviter depromptus (/&•)• 



Divide este tratado en once capítu- 
los. En su introducción asegura que 
tenia una gran esperiencia practica so- 
bre esta enfermedad , pues solo en la 
villa de Torri jos^ en la que estuvo sien- 
do medico del duque de Maqueda, 
visitó de esta enfermedad mu de tre- 
cientos niftos. 

Dedica el primer capfítnlo á tratar 
de la etimología de esta enfermedad, 
y la causa de llamarse garrotillo. 

En el 2.® refiere las opiniones de los 

{principales autores sobre si el garroti* 
loconsistia én úlceras de la garganta, 
ó en una inflamación de mal carácter 
•que afectaba los músculof , arterias y 
nervios del cuello. 

En el capitulo 4*^ sostiene que esta 
enfermedad consistía en la inflama- 
ción de dichas partes y no en las úl- 
ceras. 

En el 6.^ prueba que el garrotillo, 
•aunque fuese una enfermedad epidé- 
mica, de ningún modo era contagiosa. 
Ego minime neeo populares morbos j 
contagiosos fien posse , sed quod iste 
morbos garrotillo qui populariter mo- 
do grasatur, non sit contagiosus, hoc 
omnes pro comperto habemus (p. 99). 

Dedica todo el capitulo 8.^ á probar 
que el garrotillo no era enfermedad 
contagiosa. 

Últimamente en los capítulos 10 y 
1 1 trata de su curación. Aconseja la 
dieta rigorosa y los gargarismos hechos 
con agua de alumbre ó aiuminbsa, co- 
mo especiales. Vuelve á llamar la aten- 
ción de los prácticos para que no insis- 
tan ni se precipiten á administrar los 
gargarismos muy fuertes , porque be 
visto, añade , morir muchos prontí- 
simamente sin haber tenido ninguna 
afta ni úlcera en la garganta* Reco* 
mienda la aplicación de ventosas (con 
mucha llama) á las escápulas , al 
ocipucio y al cuello mismo. Reco- 
mienda prudencia y circunspección 
en las sangrías, sobrá todo en los ni- 
ftos muy delicados ; y los porgantes 
suaves después de hechas las evacua- 
ciones de sangre (conferentes) ó en su 



I 



MEDICINA ESPAÑOLA, 



287 



▼es las tópicas , cuando aquellas no 
sean conferentes. 

Qucestio. Utrum mulieres útero 
gerentes » ob privationem aUcujus eibi 
ardenter appetiti et denegaü , poskit 
aborsum faceré. 

Decide qae si la muger embaraza- 
da pretende comer una cosa qne no 
puede ^ podrá abortar si se obstina en 
no comer , pues debilitándose la nu- 
trición, se debilitaría al mismo tiempo 
la fuerca uterina ; pero que si come 
Otra cosa y qne no abortara. 

Esta cuestión está tratada con mu- 
cha maestría j con mocha despreocu* 
pación, j merece ser consultada por 
él que quiera ilustrarse en las opinio- 
nes que en aquella época reinaban so* 
bre esta materia. 

Questiode/ascínatiorte^sx Utrum de* 
tur fascmatio phisica qua infantes ao 
pueri á vetutis fascinari possint (Ib). 

No admite la fascinación: se objeta 
Un gran número de Autores que la 
sostuvieron en sus escritos , tales son 
Santo Tomas, Alberto magno, Virgi- 
lio, j los españoles Brabo, Antonio de 
Cartagena , el Abulense j otros mu- 
chos; pero disuelve sus argumentos 
satisfactoriamente • 

Contestando a Virgilio cuando cantó 

Ifescio, qmls teneros ecuhs mihifmteinat. mgnot 

dice: el fascinado con su poesía fué Vir- 
gilio; su autoridad debe estimarse en 
muj poco, porque fué una ficción poé- 
tica (respondeo F^irgUium secundum 
poeticam faseinatíonem fidsse locu^ 
twn , qum vulgaris est , et parvi pen- 
denda, eumfictio sit poética) (p. 127). 

Últimamente se nace cargo de las 
curas obtenidas con medicamentos es- 
I peciales de la fascinación. Contesta 
negándolas. 

Ue lo espuesto basta aqui se echa de 
▼er que nuestro autor es digno de ocu- 

t»ar un lugar mujr distinguido entre 
os médicos de su época , j sus obras 
entre las mejores del siglo XVIL 

JUAN DE VILLAREAL. Vamos 
i ocuparnos de una de las obras mas 
preciosas y que mas honra nuestra li- 



teratura médica del siglo XVII , j a 
la cual se ha añadido mujr pocas cosas 
hasta nuestros dias. 

Hemos visto hasta aqui que cuantos 
médicos espafk>les han tratado del gar* 
rotillo, han descrito aquella especie 
de angina llamada por los autores car- 
bunclosa , cuya esencia estribaba en 
úlceras ó aftas en la garganta ; pero 
ninguno ha hablado ni una sola pala- 
bra de la angina membranosa ósea de 
la conocida con el nombre de erowp. 

Para que resalte mas el mérito de 
esta preciosa obraj y la crasa ignoran- 
cia de losestrangerosen nuestra litera- 
tura quede en todo su ridiculo , con- 
viene que espongamos algunos antece- 
dentes. Mr» Desrruelles que pasa por 
uno de los mejores autores que han es- 
crito de esta materia , y que se vana- 
S loria de conocer las opiniones de to- 
os los médicos europeos , dice asi: 
íiL Resulta de las sabías investigaciones 
del Doctor F'nlentin, que elcrowp es 
mas conum en los países del Norte que 
en Francia', que los españoles no conO' 
cen esta enfermedad mas que por teo» 
ria, y que la aneina membranosa no 
es conocida en España , y no hay un 
solo medico español que hajra escrito 
de ella. (Desrruelles, traitée tbeorique 
et practique du crowp; deuzieme edi- 
tion. Paris 1824, pág, 177). 

Con estos antecedentes vamos á 
ocuparnos de nuestro autor. 

Juan de Villar eal , fué natural de 
Ubeda: estudió la medicina en Alcalá 
de Henares, siendo su maestro Pedro 
Gsrcia Carrero (pág. 36), y la con- 
cluyó por los años de 15. 
Escribió la obra siguiente: 
Joannis de Fülareal Ubetensis et 
m schola complutensi Doctoris pri^ 
marii de signis , causis, pronostico et 
curatione morbi soffocantis libri dúo. 
Compluti ex qfftcina Joannis Gra^iam 
apua índuam. jinno ^61^ (1). 

■ ■■■ ■ ■ y ii ■ I . I g 

(1) Derroelles confies» qoe Home fné 
•I primero qae oMribié del croop en 1765 
(P<g. 86). 



288 



HISTORIA DE LA 



f. 



i« 



Está dedicada al obispo de Toledo 
D, Sancho de Avila , j aprobada con 
mucho elogio por Cristóbal Pérez de 
Herrera. 

El autor divide esta obra en doa li- 
bros : el primero está siibdividido en 
nueve capítulos. 

En el primero trata de la etimolo- 
ia de esta enfermedad. Prueba que 
a denominación de morhus soffoca^ 
tivus si?e strangulatorius no le podría 
cuadrar» puesto que otras enfermeda- 
desj V. g. U .pleuritis» la pulmonía» la 
apoplegia» el asma; etc. solían quitar la 
▼ida» impidiéndola respiración» y por 
consiguiente sofocando; y sin embar- 
o» á nadie le había ocurrido llannar- 
as enfermedades sofocantes (1). 

Prueba que tampoco podia aplicar, 
se la denominación de morbos strar^ 
gulatorius\ porque para esto era nece- 
sario que la estrangulación fuese acom* 
panada de la luxación de las vertebras 
del cuello» lo cual no sucedía asi. Úl- 
timamente sostiene que á esta enfer- 
medad convenía el nombre de garrO'- 
tillo de dcw garrote, porque en los que 
sufrían esta pena^ el cordel obraba en 
toda la circunferencia de la garganta, 
y lo mismo sucedía en la enfermedad 
en cuestión» cuya causa pendía en una 
materia crasa y compacta » á manera 
de membrana, que afectaba el traga- 
dero» la garganta y fauces » como si 
fuera un lazo; de suerte» que las par- 
tes necesariamente llegan á juntarse» 
del mismo modo que á los que se le 
tuerce el cuello con una soga: uquod 
cum morbos hic (ot infra ccnstabit) 
pendeat ex crasa et impacta materia, 
et per modom membranas afficiatgo^ 
tot*, goUun, et fauces, velut laqoeo 
quoaaam trhaitur áspera arteria ita 



(1) Starr le deDomipó morhus stran* 
gutalorius. Rosen de Rosentetn morbus 
sojybeativus striduhsus, Bsrd , ñngina 
suffbcativa . Hil U r jr , cutarras su/Jbcativus. 
Todos astos autores escribíeroo mas da 
150 años después de Yillareal. 



ut ejusdem latera se contíngúnt néeeS" 
sarioj non secos ac ín his » qui Umo 
retorto laqueo soffocantor ii et im^ 
pulso facto a ligno et laqueo se con^ 
tringunt latera íficta ¡asperw arteriie 
et inspiratione impedita statim soffo^ 
cantur. .... quod magis patebit soíven" 
do argumenta (pág. 4).» 

Prueba» pnes> que la enfermedad 
consiste en una membrana resistente» 
que cí&endo toda la circunferencia de 
la tráqufea» y contrayéndose; contraía 
también U>s lados de esta ; disminuía 
su diámetro progresivamente hasta 
llegar á impedir la respiración com- 
pletamente. Por esta razón le llamó 
garrotillo: nmereturpeculiarius nomen 
garrotillo, causa conjuncta hujus mor- 
bi, quw est crassima materia , solida 
et impacta qucB afficiensgulam: gutur 
et fauces magis per superficiem et 
modum irrigationis, quam per modum 
tumoris praster naturam\ nam compri- 
mit asperam arteriam seeundumfere 
totum capot ejus per modum laquei, 
et id ma^sper soperficiem. Hinc est, 
ut potioni iui*e fue morbus apelletur 
garrotillo {^pág* 7» 6oal del cap.) (2)» 
. En el 2.^ capitulo discute sí esta 
enfermedad fué conocida de los anti- 
guos» yaun modernoa. 

El autor dice: «Hipócrates» Areteo» 
Celio Aureliano» y Ajetio» reBeren he* 
chos que al parecer denotan describir 
un carbunclo: sí esta enfermedad lo 
íjuese tal, ciertamente la habían cono- 
cido.» Inmediatamente espone todos 
los textos de estos médico^ ; comenta 
sus opiniones» y prueba satisfactoria- 
mente que les fué desconocida. OpO" 



(2) Mis lectores no deben llevar á nal 
que sea no poco prolijo en citar al pie de la 
letra los paisages de nuestro médico , por- 
que interesa mucho i nuestro honor nacio- 
nal hacer ver i todos los médicos de Euro- 
pa, que todos cuantos autores han escrito 
UQ siglo después de Yillareal, han quedado 
moy atrtfs ; y que sí huhieran conocido so 
mooograflía , pudiéramos considerarlos á 
lodos como sus pedagogos y plagiarios. 



MEDICINA ESPAÑOLA. 



289 



sita sententia est provahilis magis\ 
nempe, morborum sqffocantem de quo 
agjimus non Juisse cognitwn ab anU^ 
qius(pig, 1^}. 

El autor se estiende largamente en 
esponer con toda sa fuerza cuantos 
textos y autoridades se leen en las obras 
de los citados autores , y demuestra 
últimamente que ni ea Hipócrates, ni 
en Areteo, ni en Galeno^ ni en Aetio, 
se encuentra una sola palabra qoe 
pueda hacer presumir que les fué co- 
nocida. Este capítulo es sobremanera 
interesante, por la infinidad de textos 
de todos los médicos citados que aduce 
el autor yU imparcialidad y baena fe 
con que los presenta, y las solidas ra* 
sones con que los disuelve para ^enir 
á parar ¿su opinión de no habérseles 
sido conocida (1). 

£n este mismo capitulo ▼nelre á 
insistir en que la causa de esta enfer* 
mbdad uno eran aftas ^ ni úlceras^ ni 
carbunclos, sino una membrana como 
un pergamino, de tsl consistencia, que 
si se estendia con las manos , se alar- 
gaba y encogia como un pergamino 
humedecido , cuya esperiencia habia 
aprendido en los vivos por los pedazos 
de membrana que arrojaban; y en los 
muertos y por medio de la disección 
anatómica; añadiendo, que habia visto 
miles de enfermos.» 

(cEgo veró^ qui millies vidi hos 
aegrotantes, statim in primo insultu 
morbi , conspexi jam adesse frustrura 
álbum io faucibus^ &^^9 ^^ gutture, 
nulla prius (dicente segro) sensata 
Isesione. Secundo quoniam excremen- 
tum crassisimum, et concretum con- 
tentum in ulcere cavo ; de quo agit 
Aretaeus» non potest statim in princi- 
pio laedere deglutiooem, et respiratio- 



(1) |Ca<n misertble y poco aradito as 
el arttealo qaa Derruelles consagra á la dis» 
catión de aste paoto! Véase U obra citada, 
desda la ptfg. 102, basU la 108. 



nem: quia est in sinu uloeris tanquam 
in loco non arclans cavitatem gutta- 
risy et nisí ejus jam ancla quantitate. 
Tertio efficaciler probo ; nan licét 
concederemus Aretsum , Aetium, et 
alios cognovisse ulcera in gutture , et 
suflbcantia pendentia ex humore pin- 
gni, et concreto, ut ex primaria causa, 
non nt escremento sequuto ad ulcus 
(ttt dico loqui Aretaum) quo pacto 
concederemus cognovisse. Tamen nu- 
llus serípsit vidisse in faucibns, gula, 
et gutture y quasdain velut membra- 
nas (como pergamino) cingentes fau- 
ces, etc. et tali constantes modo snbs* 
tantia, ut si propriis manibus tendas, 
▼ideas ejus partes cederé , qnas si de- 
sinas , videas refluere , propriumque 
adquiere locnm: non secns ac si co- 
rium madidum, aut membranam ma- 
didam tendas, et sinas. Haec esperien«* 
tia didici , tum in viventibus ex creta 
causa per os, tum in morienlibns fac- 
ta anatomía, ut infrá videbis.» 

«Ulterius Aretsus docet convenire 
cttcnrbitam scaríficatam in pectore, 
quod in ejus morbo est conveniens; in 
nostro repugnañs: nam vel causa est 
inaspera arteria , ant in gula, aut in 
utraque: in quacunque sit parte,adhi« 
betur pro eductione causa conjunctae. 
Haec, si sit tennis, potest educi per cu- 
onrbitnlse factnm , sicut in pulmonía 
applicamus pectori , et in pleuritide 
lateri. Si vero sit crassis^ima, et velnt 
membrana, non solum non extrahitur 
aliquid , sed causa exiccatur magis, et 
haeret. Ergo cttm Aretens utatur dicta 
cucurbitula, putandum est ejus mor- 
bum penderé ex tenui materia pri- 
maria ratione, aut ex sola distemperie, 
ob quam succi tenues vocentur in 
partem. Noster vero morbns pendet 
ex dicta materia primario^ non qua- 
si per accidens sequnta ad priorem 
causam.» 

«Non ergo caret probabilitate ñttt' 
rere , morbum hunc snffocantem esse 
novum , ñeque antea cognitum: quod 



HisT. DB LÁ Medic. espaííolá.— Tomo 2.^ 



37 



290 



HISTORIA DE LA 



in calce hnjus ca pitia efficaciter con- 
firmo. Nam apad Hippocrateai nulla 
extat historia íd Epydemiis, ex qua 
possit colligi quod sine dubio fecísset 
Hippocrates, si alrqiieni hcc morbo 
labo Tanteen vidisset. Et Galenus locís^ 
qaibus ex professo agit de tumoribus 
praeter nataram , ut libro hujus iitu- 
li 13. et 14. Methodi. 2. de arte cu- 
rat. ad Glauc. non fecit mentionem 
bujus morbi.» 

En el ca pitillo 3,^dtsóute si pueden 
ens^endrarse nuevas enfermedades en 
nuestro cuerpo j y el tiempo en que 
apareció esta enfermedad. 

Prueba la afirmativa, y respecto del 
segundo estremo dice que empezó i 
observarse en algunos pueblos de las 
Andalucías por los años de 1 590 y 1 591 
(pág. 49) , continuó por los de 1598 y 
1599, y seguía por los de 1606 y 1608 
eo que escribió esta obra. 

Capitulo 4.° Si esta enfermedad de 
garr Otilio es contagiosa jr pestilente. 

Después de aplicar lo que debe en- 
tenderse por contagio , y las varias es* 
f>ecies que hay de ¿1^ dice; que esta en* 
ermedad es contagiosa /omite et per 
contactum^non vero addistans: prue- 
ba que es contagiosa , porque vio fa- 
milias enteras padecer este mal empe- 
zando por uno é invadiendo á los de- 
mas. Por contacto porque vio á niños, 
que padeciendo de este mal lo pega- 
ron a sus madres lactando ; y por el 
contrario, madres enfermas la comu- 
nicaron á sus hijos: por fomes ó infec- 
ción , por haber visto pegarse el mal 
i sugetos que durmieron en las camas 
de los enfermos; pero no addistans 
porque pendiendo esta enfermedad de 
una materia crasísima membranosa, 
seca y consistente , no era apta para 
propagarse por alíto, diseminarse por 
el aire y marchar a larga distancia (1). 



(1) Mr. Desrrueiles dedica nn artíca- 
)ó á diiscQtir si el crowp es QooUgiosó , y 
dice: «Slarr , Rosícu , Schallz , Walhom, 
Wicbniínaa, Leatin, Seoff, Harles, Field y 



fílfoster vero marhus suffocativus 
est contagiosus, ut dixi. Contagiosus 
quidem, cían ohservaverim integras 
familias laborasse, incipiente ab uno y 
et perplures serpente : per contactum 
veró^ cúm infantes etpueros hoc mor* 
bo laborantes viderim ^ qui matribus 
lactantipus , aut secus , morbum com^ 
municarunt, Et é contra matres labo^ 
rantes pueros infecerunt eodem mor» 
bo: atfomite, cúm post obitum cegro^ 
tantium viderim piares utentes eisdem 
lectis eodem morbo laborare . Non i/eró 
ad distans , cum conversantes cum 
asgrotis t intrantes et ejceuntes , ,non 
solebant capi hoc morbo\ unde prmciso 
contacta i et prascisofomite non labo^ 
rabant, Cujusrationem mihi cogitanti 
hcBc se qffert: nam cúm morbus hie 
lethalis pendeat ex crassissima mate^ 
ria, et membranosa , non molli et fui" 
mida (ut dicat infrá) non est apta ver* 
ti in hálitos , at vapores, qui possint 
deferri per aerem , et ad distans in^ 
sicere . » 

¿Qué han añadido estos célebres au- 
tores a lo que antes que ellos dijo nues- 
tro Villareal? nada ; absolutamente 
nada. 

Prueba también que esta enferme- 
dad era pestilente porque acometia á 
un mismo tiempo á muchos, y mata- 
ba á la mayor parte. 



Burd creen en e) contagio. La enfermedad, 
que con razón lleva el nombre de estrao* 
gulaloria , dice Starr ha reinado desde al- 
gunos mSos en diferentes paises del conda- 
do de Cornavilles : ella ha hecho ef tragos 
llevándose todos los niños de diferentes fa- 
millas , prueba manifiesta de que es conta** 
glosa. Rosseu de Rosseotin hablando di* las 
epidemias que reinaron en Suecia en l75iy 
1762 dice, que en muchas casas en que en- 
traron mataron todos los niños , y los que 
iban 8 ver 6 trataban á sus cantaradas en- 
fermos, eran atacados del mismo mal. Mr. 
Lobstein refiere otra observación de un ni- 
ño de cuiitro años qu« habiendo ido de] 
campo á asistir al entierro de su hermana, 
enfermó y murió de crowp (oh. citada pá- 
gina 263j.» 



MEDiaNA ESPAÑOLA. 



291 



Capitulo 5.^ De las señales de esta 
enfermedad. 

El autor dice que eo esta enferme* 
dad se préseoUn dos clases de sinto- 
nías^ unos comunes á la angina j otros 
propios y peculiares j patbonómicos 
de ella (pág. 77). 

Describe los de la primera série^ 
j en seguida espooe los de la segun- 
da, a Los signos propios de esta en- 
fermedad, dice^no siempre se presen* 
taban del mismo modo , porque abier* 
ta la boca y deprimida la lengua, unas 
Teces se notaba un ápice enteramente 
blanco que salía de lo hondo de la 
garganta^ y que impedia la deglicion: 
otras cierta costra como una membra« 
na que cenia las fauces j la garganta, 
DO perfectamente blanca , sino decli- 
nando á lívida^ cuya variedad nace de 
la diferencia de las causas , y junta- 
mente con estoaparecia la lengua blan- 
ca desde su nacimiento hasta la mi- 
tad ó casi toda ella; por cuya sefial , y 
con la dificultad de tragar y la epide- 
mia reinante, puede reñirse en cono- 
cimiento del principio del mal antes 
que aparezca el dicho ápice blanco. 
La blancura de la lengua indica que 
ya está formada la costra blanca en la 
parte inferior, y que se manifiesta por 
el esófago. Aunque la lengua puede 
presentarse blanca en otras enferme- 
dades , y no sea un síntoma propio y 
patonomónico de esta enfermedad; 
sin embargo existiendo al mismo tiem* 
po la dificultad de tragar y la epide- 
mia reinante, puedes estar bien segu- 
ro que esta enfermedad es el garroti- 
llo. Tendrás mas certeza todavía , si 
vieses tumores en el cuello ó detras de 
las orejas; cuyos tumores se observan 
en todos , y aun mas en aquellos cuya 
costra declina á lívida, y es como una 
membrana. » Veamos sus mismas pala- 
bras, para que absolutamente no de- 
jen duda alguna. 

« Grca signa prapria , quce in hoc 
morbo conspiciuntur , non semper eo* 
dem modo apparent: nam ore adaper^ 
to , eC depressa lingua, modo conspU 



ciebam apicem omnino cdbum^ exeun* 
tem ab imo gulas , et impedientem de- 
glutionem , mo(tí quamdam crustram 
veluü membranam, cingentem/auces, 
guttur, et gulam, non perfecté aíbam, 
sed declinantem ad Uvidam ; quce di^ 
versitas nascitur ex causw divfersita^ 
te: et simal cumhoc apparehat lingua 
alba, á radice ejus usque ad medieta- 
tem, autjeré totam: per quod signum 
simal cum dipcultate deglutiendi, et 
grassante tali epjrdemia, potest cog-^ 
noscimorbus hic ¿ncipiens, antea quám 
appareatfrustrumillud álbum: aibedo 
enim linguce indicat esse in parte su* 
biecta , et in/eriori , crustram albam^ 
quiB iam iam per cesophagum, autgut- 
tur , se manifestat: nam licét possit 
reperiri lingua albaj infebre alia aca- 
ta, aut secus, et sic non sit proprium, 
et pathonomonicuñí hujus morbi : ta- 
men sensata simal dijfficultate deglu^ 
tiendi, et grassante tali epydemia, sis 
certas morbum esse suffocantem. Au* 
get certitudinem^ si in eolio , et retro 
aures decUi^ius, tumores conspicias: 
nam tales tumores in ómnibus répe* 
riuntur , et niagis in ilUs , quorum 
crustra ad lividum declinat, et est ve* 
lut membrana. Me enim tumores simal 
eum aliis signis^ sjrndr ornen consti^ 
tuunt signorum morbi suffocantisy non* 
dum apparente ctnstra ; aut si iam 
appareat, sit tamen puer renitens óris 
apertioni: in grandioribus enim crustra 
iam manifesta, ore adaperto, et de" 
pressa lingua , evidenter cognoscitur. 
Heec infrá magis patefienl. » 

Observo que aun cuando lo masco* 
mun era tener estos enfermos calen- 
tura, y asi lo babia observado; tam- 
bién faabia visto á otros carecer de 
ella. 

nQuoniam swpe observavi , Aoo 
morbo laborantes non semper hábere 
febrem , plures enim á principio erant 
animo exoluti, non/eíridtantes, sed 
potius intus et extra frigidií non sicut 
infebre Uppiria interna ankbantj al* 
gentibus extemis, ob intemam infíamm 
matíonem , per modum cacurbitula 



292 



mSTíJílIA DE LA 



tráhentemextotocorpore sanguinem.T» 
Probó que i esta enfermedad no 
siempre acompañaban tumor ni infla* 
macioD, ni dolor ni calentura (p. 83). 
Dio la razón de esto diciendo , que si 
bien esta enfermedad era causa bien 
abonada para desarrollar calentura, 
no sucedia á veces esto porque la ma- 
lignidad del mal estinguia desde el 
principio el calor vital (verum esse 
piares laborantes morbo saff'ocatiifo , 
animo exolutos et non Jébricitantes 
reperíñ , quod non sit et eo quod non 
sit causa febricitandí, sed ob extín^ 
tionem nativi colorís , Jacta á causee 
facientis morbum malignitate (pági- 
na 84) Ob fume causam igitur sO" 

lent aparere sinc febre morbo labo^ 
rantesj nam cum pendeat ex maligna 
materia, etjbnte maligniorij quam in 
vero carbunclo, extinguitur ita natisnis 
calor , ut non solum subjrigidi mu" 
neant atgrotantesj sed cum pulsu par'- 
vo, et celeri, aut aliquanto majrorí et 
raro , comunicato cordi veneno per 
viam, quafertur aer respiratione ..... 
Obiter nota melius esse in hoc mor" 
bo fehrire quam nonjebríre, pras^ 
senté aduc crustra et dijjicultate res^ 
pirandi et deglutiendi signum enim 
est nondum factam esse extintionem 
caloris, sed adue esse vires j quce pos-^ 
sint remedia ferré (pág. 85). 

Dedica el capitulo 6.^ á tratar de las 
causas de esta enfermedad. Asegura 
ser únicamente dos las eflcientes: 1.^ 
el calor que produce esta crasicie y 
densidad en la materia: 2.^ la influen- 
cia atmosférica. Sostiene que ni una ni 
otra de estas puede por si sola desarro- 
llar la enfermedad y y que era necesa- 
ria la confluencia de ambas. 

Capitulo 7.^ De la esencia de esta 
enfermedad sofocante. 

Antes de espoiier su opinión sobre 
la naturaleza de esta enfermedad prue- 
ba en articulos especiales 1.® que noes 
carbunclo, 2.^ que no es edema, 3.^ 
que no esesciro, 4.^ que no es un ver- 
dadero tumor preternatural , 5.^ que 
DO es angina inflamatoria, 6.^ que no es 



cáncer, 7.®qae ooeraestruma, 8.^ que 
no era absceso, aunque á veces presen*> 
taba una cierta sustancia sebosa ó á 
minera de sebo ; quod cum in morbo 
.so/bcativo apareat substancia alba ve* 
luti sevum. (pág. 1 16) (1) que no era 
tal porque era de una naturaleza mas 
consistente, j la cual no salia por in- 
cisión como sueedia en los abscesos, 
quod non est ita, cum sit solidioris na^ 
tune y et non exit per incisionem, si'* 
cut exit materia abscesus, (pág. 166). 

El autor establece su opinión dicien- 
do que era ona membrana ^ salida y 
consistente, que cifie las fauces. Ai^ade 
que esta opinión se la habia demos- 
trado la esperiencia en los que se li- 
braban de la enfermedad, que arroja- 
ban por la boca algunos pedazos ya 
blancos ya lívidos^ membranosos, co« 
mo un cuero ó pellejo humedecido y 
flexible ; y en los que morían hacien- 
do la autopsia cadavérica, habia nota- 
do que la dicha membrana cenia las 
partes arriba dichas y levantada la 
membrana con el instrumento las 
partes infrayaoentes aparecían intac- 
tas (2). 

«Membrana qnaedam solida cingit 
fauces , guttur , et gulam-, nemque 
enim propter maximam ejus crassi- 
tiem y et soliditatem , potest recipi in 
poris. Quae ratio desumitur ab experi- 
mento: nam sepas vidi, in his qui fue- 
runt liberati, excerni frustra quaedam 
alba, aut ad livorem declinantia, mem" 
branosaquidem, et velutcorium madi» 



(1) Esta misma observación determinó 
ú Mr. Gaerseot ú llamarU angiot paltacea 
ó caseí-forme , acompañada de concrecioo 
de moco bajo la forma óesebo 6 queso (Ro« 
che y SaosoD, tom. 1.^ pág. 531.) 

(2) ¿No praeba esta observacioo hecha 
mas de cíeo años antes que la de Selle, que 
no siempre es ioílamatoria esta enferme* 
dad? ¿Nos han dicho algo de nuevo Roche y 
Sansón , cuando nos dicen «que por debajo 
de esta concreción la membrana mucosa no 
está escoriada ni ulcerada? (Roch y Sao., t. 
l.'pág. 35ltrad.) 



MEDICINA ESPAJSOLA. 



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f. 



dum flexibilía (per quod patet ratio 
pomtnis suprá dicta) et his qui inte* 
riemnt, ^fiícta anotóme, irnfeni dictam 
membranam cingentem partes dictas, 
quam instrumento férreo levavi^ par- 
te subjecta integra apparente ; est er- 
go causa hujus morbi per mocluní ad-* 
naerentis ,. et irrigantis corporis , non 
per modum tumoris prseter uaturam.» 
Ea el capitulo 8 .° trata del asiento 
de esta enfermedad. 

Prueba que la parte primitivamen- 
te afecta es la garganta (laringe) , y 
secundariamente el tragadero (farin- 
e). Se propone la objeción , por qué 
os pacientes sienten mas dolor y di« 
ficultad al tragar que al respirar; con- 
testa que para tragar es necesario que 
los músculos trabajen mucho para di- 
latar y contraer la faringe; loque no 
sucede del mismo modo para respirar. 
En el capitulo 9,^ trata de las eda* 
des. sexos y tiempos en (jue mas se 
dessarroUa esta enfermedad , ^ del 
pronóstico. 

Una frecuente observación me ha 
enseñado , dice » que esta enfermedad 
ataca con mas frecuencia á los niños y 
jórenes de ambos sexos , raras veces ¿ 
los adultos, jamás i los viejos ; yo al 
menos no he visto á ninguno de estos 
con la enfermedad (pág. 123). 

Acerca de los sexos dice : que las 
mugeres son atacadas con mas frecucn- 
cia que los hombres ; que de aquellas 
son mas las que padecen de obstruc* 
ciones , y de estas las mas hermosas 
(pág. 131 y 135). 

Respecto de los tiempos dice qu