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ANALES 



DE LA 



FACULTAD DE DERECHO 



Y CIENCIAS SOCIALES 



DIRIGIDOS POK 



JUAN AGUSTÍN GARCÍA 

Catedrático de la Universidad de Buenos Aires: académico y consejjero 

de la Facultad de derecho y ciencias sociales ; 

Vicepresidente de la Academia de filosofía y letras; ex consejero 

de la Universidad de La Plata 



SECRETARIO : DOCTOR JORGE CABRAL 



TOMO TERCERO 

TERCERA SERIE 






BUENOS AIRES 

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES 
350, CALLE MORENO, 350 

1917 




k 

t.)7 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 



Opiniones del doctor Luis fñ. Drago (1) 

Abril 10 de 1917. 

Mi opinión ha sido, desde el primer momento, y así tuve oca- 
sión de manifestarle a personas muy allegadas al gobierno, que 
nosotros debíamos acompañar a los Estados Unidos, cuando esta 
nación resolvió cortar las relaciones diplomáticas con el imperio 
alemán. El bloqueo submarino y la intimación amenazadora que 
se nos hizo prohibiendo a los buques y a los ciudadanos argen- 



(1) Publicamos las opiniones vertidas por el ilustre estadista doctor Luia 
María Drago, para orientar la política argentina, como comentario a toda la 
documentación oficial. 

Los Anales no deben abrir juicio sobre problemas de política militante, pero 
hemos creído oportuno transcribir los siguientes párrafos, escritos por el doctor 
Juan Agustín García, director de los Anales en 1902 y en 1904 : 

« Es prudente saber con tiempo, que en la orientación que toma el mundo 
en el siglo xx, no digo el predominio, el elemental derecho a la vida autónoma, 
habrá que ganarlo y merecerlo, inspirando respeto por las sólidas marinas y 
ejércitos, y por la base de moral e inteligencia sin lo que todas esas cosas no 
valen nada. Derramar la sangre en defensa de la patria es el sacrificio vulgar, 
de un momento, el buen rasgo común a todos los pueblos, pero que no autoriza 
a equiparar el patriotismo de Honduras con el de los Estados Unidos. A pesar 
de su valor, de su resignación, del sublime desprecio de la vida propia y ajena, 
las naciones inferiores han sido vencidas por otras que no tenían el culto del 
coraje, y apreciaban el derecho de vivir como el mayor y más respetable de 



6 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tinos cruzar por una zona de guerra arbitrariamente trazada en 
el mar libre, contrariando lo más elementales preceptos del de- 
recho internacional, hubieran justificado ampliamente 'esa acti- 
tud. Hoy la situación se ha agravado. Los Estados Unidos se 
encuentran en estado de guerra con el imperio alemán. La lucha 
se ha planteado en la forma que el mensaje del presidente Wil- 
son establece : la democracia contra el absolutismo. 

¿ Cómo podría una nación de América substraerse al conflicto 
y permanecer neutral sin renegar de su pasado y sin comprome- 
ter al mismo tiempo su presente y su porvenir! El Brasil se 
apresta a tomar un puesto entre los beligerantes y muy pronto 
otros estados de América han de seguirlo. ¿ Podrá la república, 
rompiendo los vínculos de solidaridad con sus hermanos latinos 
y su política tradicional, mantenerse en un aislamiento que nada 
justificaría y que estaría además rodeado de peligros ? 

Creo así que debemos aprestarnos a engrosar muy pronto las 
filas de los que oponen a la opresión de los gobiernas absolutos 
el derecho de los pueblos, evidenciando una vez más, en nombre 
de la justicia, la unión material y moral del continente en la de- 
fensa de sus derechos esenciales de independencia y de sobera- 



los bienes. Es que hay ima idea inmanente en las cosas y en los hechos de 
este mundo, que preside su desarrollo y niega el triunfo a los brutos fuertes, 
para darlo a la inteligencia que tiene la clara noción de sus fines. De lo contra 
rio, el progreso humano quedaría librado al más caprichoso azar. La Historia 
es la lucha de estas ideas encarnadas en los diversos países, en su literatura, 
en el arte y en la industria, y cada nación es un símbolo, la forma material de 
esa alma oculta. Y su papel en la vida es realizar la idea, llevarla a su estado 
de conciencia absoluta, por el análisis prolijo, el estudio profundo de su historia 
y sus teudencias. Los poetas homéricos tenían el presentimiento de estas cosas, 
al hacer presidir por los dioses las batallas de los hombres, y que los senti- 
mientos e ideas de los seres divinos iluminaran todos los combates, sugiriendo 
el significado trascendental. Considerados así, los hechos humanos revelan toda 
la intensidad de vida que contienen, y los menores detalles incorporados al 
movimiento del Universo se transforman engrandecidos y magnificados por la 
Inteligencia. » (Anales de la Facultad de derecho, tomo I, página 6.) 

« Con respecto a Venezuela, decía en el parlamento inglés sir H. Campbell 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 7 

nía, que no son, en definitiva, sino la afirmación del principio 
democrático en las relaciones internacionales. 



Septiembre 28 de 1917. 

El telegrama del conde de Luxburg, no puede considerarse 
como un acto suyo individual que sólo lo afecte personalmente. 
Ese despacho es resultado de una colaboración íntima entre él 
y su gobierno, forma parte integrante de un intercambio de da- 
tos, de apreciaciones y de vistas, de una correspondencia, propia- 
mente tal, encaminada a determinar la conducta del imperio en 
su política naval, relativamente a nosotros. No es el ministro 
aquí acreditado quien ha dejado de ser persona grata para este 
país; es el gobierno alemán mismo que ha recibido el consejo 
monstruoso de hundir los buques argentinos sin dejar rastros, el 
responsable directo de las demasías de su agente que, mucho 
tiempo después de la fecha del telegrama, ha continuado en el 
ejercicio de su doble cargo de enviado diplomático y de espía 
acogido a la legación de Suecia. 

El gobierno alemán parece haber recibido con complacencia 
las comunicaciones secretas del agente que de tan despectiva 



Bannerman, la nube se ha disipado felizmente; pero era una nube muy negra... » 
La nube continúa en el fondo del horizonte sudamericano, semiociüta, confun- 
dida por ahora, pero puede volver demasiado cargada de ambiciones imperiales 
y de necesidades irresistibles. 

« Para el que reflexione sobre los últimos cincuenta años de historia europea, 
los sucesos de Venezuela no son hechos aislados, medidas de policía, o repara- 
ción de agravios, sino la oportiinidad que exterioriza una tendencia latente en 
Europa desde mediados del siglo pasado, y que en estos últimos años se acentúa y 
robustece por las nuevas necesidades económicas, las ideas de razas predestinadas 
supuestas sucesoras del imperio romano, vulgarizadas por la filosofía germánica. 

< Mucho antes de que apareciera en la política esta tendencia, comenzó en las 
universidades alemanas el trabajo de transmutación de valores morales, necesa- 
rios para arrancar de raíz los escrúpulos, las dudas ideológicas que dificultan 
la obra y quiebran la eficacia de los guantes de hierro. Y la moral, el derecho, 
la justicia de los conquistadores se sistematizan con la filosofía de Darwin y 



8 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

manera nos trataba, a juzgar por el hecho de haberlo mantenido 
y estimulado en su puesto, finalizando por su intermedio el arre- 
glo del Toro con que se ha burlado la buena fe de nuestra canci- 
llería. Eecuérdese que el gobierno imperial propuso formalmente 
que las negociaciones mismas del arreglo se tramitaran en 
Buenos Aires con el conde de Luxburg, autor del telegrama. 

No es aventurado suponer que el consejo siniestro del minis- 
tro ha sido aplicado al vapor Gurrumalán, de propiedad y bande- 
ra argentinas, desaparecido misteriosamente «sin dejar rastros», 
hace ya algunos meses, en el trayecto de Liverpool a Bahía 
Blanca, con cargamento de carbón. 

Todo induce a creer, por lo demás, que las recientes explica- 
ciones y promesas de Alemania no obedecían a otro propósito 
que el de conservar aquí su grande agencia sudamericana de 
espionaje, con el concurso de la legación de Suecia, y si ahora 
mismo nos diera nuevas explicaciones y formulara protestas, 
ello no sería sino la revelación de que existe algún otro oculto 
móvil, para determinar esa actitud. 

Si hace muchos meses pensé, como tuve ocasión de hacerlo 
público, debíamos romper con Alemania, cuando esa nación de- 
cretó su bloqueo inadmisible, con mucha mayor razón estoy 



Spencer en Inglaterra ; de Hegel, Savigny, Von Ihering, de Sybel y Momsen 
en Alemania. Al viejo y clásico concepto cristiano del derecho, trasunto de la 
equidad, se oponen las ideas de luclia por la vida, de supervivencia del más 
apto ; la noción más exacta de un resultado del desarrollo social, el producto de 
la conciencia jurídica de cada pueblo. Todo ese idealismo de la revolución fran- 
cesa que amparaba a los débiles en virtud de ciertos principios de moral y po- 
lítica ; el derecho natural fundamento de las garantías constitucionales, no 
resistieron a los ataques de los juristas alemanes e ingleses. Con un método 
impecable se demostró el origen y desarrollo de las instituciones, las bases 
económicas y sociales del derecho, concebido con absoluta independencia de la 
moral y de la justicia tradicionales. Así, el universo social como la naturaleza 
orgánica corresponde a los más vigorosos e inteligentes. El superhombre y 
demás teorías de Nietzsche, que causan todo escándelo, son los puntos extremos 
de estas síntesis filosóficas, puestas en aforismos de magistral belleza. » (Anales 
de la Facultad de derecho, tomo IV, página 371.) 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 9 

ahora convencido de que no es posible continuar en relaciones 
cordiales con un país que se vale de tales métodos y de seme- 
jantes agentes. 

El rompimiento de nuestras relaciones con Alemania, al par 
que grato para la dignidad nacional, nos colocaría del lado de las 
grandes naciones democráticas del mundo, y estrecharía nues- 
tros vínculos de solidaridad con las repúblicas hermanas de este 
continente. 



DOCUMENTOS OFICIALES 

Nota de la legación alemana comunicando las medidas adoptadas por su 
gobierno para impedir el tráfico marítimo en zonas de bloqueo de la Gran 
Bretaña, Francia, Italia y {Mediterráneo occidental. 

Legación imperial alemana. 

Buenos Aires, 2 de febrero de 1917. 

A S. E. él doctor Carlos A. Becú, ministro de Relaciones exterio- 
res y Culto. 

Señor ministro : 

Con fecha 31 de enero próximo pasado, se comunicó en Berlín 
a los representantes de todas las potencias neutrales, que por 
razones apremiantes de la guerra y en vista de la guerra de re- 
ducción por hambre ilegal iniciada por la Gran Bretaña, se im- 
pedirá sin dilación y con todas las armas disponibles todo tráfico 
marítimo en las zonas del bloqueo que circundan la Gran Bre- 
taña, Francia e Italia y en la parte occidental del Mediterráneo. 
Los límites de la zona de bloqueo serán indicados por comuni- 
cación radiotelegráfica abierta. 

Los buques neutrales navegarán por las zonas de bloqueo a 
su propio riesgo. Aunque se haya adoptado las medidas necesa- 



10 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

rias a fin de que los buques neutrales que el 1° de febrero estu- 
viesen en viaje con destino a puertos de la zona de bloqueo sean 
respetados durante un plazo prudencial, se encarece se les ad- 
vierta el peligro por todos los medios disponibles, haciéndolos 
cambiar de ruta. 

Los buques neutrales que se bailaran en puertos de las zonas 
de bloqueo podrán, con la misma seguridad, abandonar las zonas 
de bloqueo, si zarparan antes del 5 de febrero y tomaran la ruta 
más corta hacia la zona libre. 

Por encargo del gobierno imperial, tengo el honor de reco- 
mendar a V. E. quiera prevenir, de acuerdo con lo que antecede, 
a los barcos argentinos que eventualmente estuviesen en viaje. 
Al mismo tiempo tengo el honor de repetir la advertencia con- 
tenida en la memoria del gobierno imperial de 8 de febrero de 
1916, sobre el «tratamiento de buques mercantes armados»^ en 
sentido de que los nacionales de las potencias neutrales no via- 
jaran en dichos buques. Estos buques mercantes armados serán 
considerados y tratados por las fuerzas de combate imperiales, 
como beligerantes, también fuera de las zonas de bloqueo. 

Acepte, señor ministro, las seguridades de mi más alta consi- 
deración. 

K. LUXBURG. 



Ministerio 
de Eelaciones exteriores y Culto. 



Buenos Aires, 7 de febrero de 1917. 



A 8. E. el señor conde Karl von Luxhurg, enviado extraordinario 
y ministro plenipotenciario de Alemania. 

Señor ministro : 
Tengo el honor de acusar recibo de la nota de Y. E. de fecha 
2 de febrero de 1917, en la que, comunicando la resolución del 
gobierno imperial de fecha 31 de enero próximo pasado, a los 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 11 

representantes de las potencias neutrales en Berlín, hace saber 
que por razones apremiantes de la guerra, se impedirá sin dila- 
ción y con todas las armas disponibles, todo tráfico marítimo en 
las zonas de bloqueo que circundan la Gran Bretaiía, Francia e 
Italia y en la parte occidental del Mediterráneo. 

El gobierno argentino, lamenta que su majestad imperial se 
haya creído en el caso de adoptar medidas tan extremas, y de- 
clara que ajustará su conducta, como siempre, a los principios 
y normas fundamentales del Derecho internacional. 

Saludo a V. E. con mi consideración más distinguida. 

H. PUEYRREDÓN. 



Ruptura de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos 
y Alemania 

Embajada 
de los Estados Unidos de América. 



Buenos Aires, 5 de febrero de 1917. 

A 8. E. el doctor Honorio Pueyrredón, ministro de Relaciones ex- 
teriores y Culto. 

Excelencia : 

Tengo el honor de informar a V. B. que he recibido instruc- 
ciones de mi gobierno de comunicar al gobierno argentino lo 
siguiente : 

El gobierno de los Estados Unidos de América, en vista del 
reciente anuncio por parte del gobierno alemán de su intención 
de reanudar la guerra submarina ilimitada, no tiene otra alter- 
nativa que seguir la línea de conducta indicada en su nota al 
gobierno alemán de 18 de abril de 1916. Por consiguiente, reti- 
rará al embajador americano y su personal en Berlín y entregará 
sin dilación al embajador alemán en ésta los pasaportes para él 
y su personal. 



12 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

El presidente se resiste a creer qne Alemania quiera realmente 
ejecutar su amenaza, más si la llevara a cabo, pedirá al congreso 
autorización para emplear la potencia nacional en la protección 
de los ciudadanos americanos que viajan apacible y legítima- 
mente por los mares. El temperamento adoptado está, según 
opinión del presidente, completamente de acuerdo con los prin- 
cipios enunciados por él en su mensaje dirigido al íáenado el 12 
de enero, y en consecuencia, considera que contribuirá a la paz 
del mundo si las demás potencias neutrales juzgasen posible 
adoptar análoga actitud a la asumida por este gobierno. 

Aprovecho la ocasión para expresar a V. E. las seguridades 
de mi consideración distinguida. 

F. J. Stimson. 



Ministerio 
de Eelaciones exteriores y Culto. 

Buenos Aires, 9 de febrero de 1917. 

A S. E. el señor Federico J. Stimson, embajador extraordinario y 
plenipotenciario de los Estados Unidos de América. 

Señor embajador : 

En contestación a la nota de Y. E., número 22, fechada el 5 del 
mes en curso, por la cual ha tenido a bien hacer conocer a este 
gobierno la actitud asumida por los Estados Unidos de América, 
con motivo de la resolución de su majestad imperial, tengo el 
honor de llevar a conocimiento de V. E. que el gobierno argen- 
tino ha definido la suya en los términos de la nota que acompa- 
ño en copia (1). 

Ofrezco a Y. E. las seguridades de mi consideración más dis- 
tinguida. 

H. PUEYRREDÓN. 



(1) La copia que anuncia la presente nota es la dirigida al gobierno alemán 
en fecha febrero 7 de 1917. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 13 



Estado de guerra entre Estados Unidos de América y Alemania 



Embajada 
de los Estados Unidos de América. 



Buenos Aires, 7 de abril de 1917. 



A 8. E. el señor doctor Honorio Pueyrredón, ministro de Eelacio- 
nes exteriores y Culto. 

Excelencia : 

Tengo el lionor de informar al gobierno de Y. E. de que ayer, 
6 de abril, el Congreso de los Estados Unidos declaró y el pre- 
sidente proclamó que existe el estado de guerra entre los Esta- 
dos Unidos de América y el gobierno imperial alemán. 

Acepte, excelencia, las seguridades reiteradas de mi más alta 

y distinguida consideración. 

F. J. Stimson. 

Ministerio 
de Kelaeiones exteriores y Culto. 

Buenos Aires, 10 de abril de 1917. 

A S. E. el señor Federico J. Stimson, embajador extraordinario y 
plenipotenciario de los Estados Unidos de América. 

Señor embajador : 

Tengo el lionor de acusar recibo de la nota de V. E. fecha 7 
del corriente, comunicando que el Congreso de los Estados Uni- 
dos declaró y el presidente proclamó que el estado de guerra 
existe entre los Estados Unidos de América y el gobierno del 
imperio germánico. 

El gobierno de la Eepública Argentina, en vista de las causas 
que ban inducido a los Estados Unidos de América a declarar 
la guerra al gobierno del imperio alemán, reconoce la justicia de 
esa resolución, en cuanto ella se funda en la violación de los 



14 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

principios de la neutralidad consagrados por reglas de derecho 
internacional, que se consideraban conquistas definitivas de la 
civilización. 

Acepte, señor embajador, las seguridades de mi más alta y 
distinguida consideración. 

H. PUEYRREDÓN. 



Estado de guerra entre Cuba y Alemania 

República de Cuba. 
Legación en la Argentina. 

Buenos Aires, 8 de abril de 1917. 

A 8. E. el señor doctor Honorio Pueyrredón, ministro de Relacio- 
nes exteriores y Culto. 

Señor ministro : 

Tengo la honra de informar a V. E. que he recibido instruc- 
ciones de mi gobierno, de comunicar al gobierno de la Eepública 
Argentina que ayer 7 de abril de 1917, el Congreso cubano de- 
claró y el honorable señor presidente de la república de Cuba, 
proclamó que un estado de guerra existe entre la república de 
Cuba y el gobierno imperial alemán. 

Eeitero al señor ministro las seguridades de mi consideración 

más distinguida. 

Benjamín Giberga. 



Ministerio # 

de Relaciones exteriores y Culto. 

Buenos Airea, 24 de abril de 1917. 

A 8. E. el señor Benjamín Giherga, enviado extraordinario y mi- 
nistro plenipotenciario de Cuba. 

Señor ministro : 
" Tengo el honor de acusar recibo de la nota de V. E. fechada 
el 8 del corriente mes, por la cual se sirve informarme que ha 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 15 

recibido instrucciones de su gobierno en el sentido de comuni- 
car al de esta república, que el día 7 del mismo, el Congreso 
cubano declaró y el honorable señor presidente de la república 
proclamó, que un estado de guerra existe entre la república cu- 
bana y el gobierno imperial alemán. 

Al manifestar a Y. E. que se ha tomado debida nota de esa 
comunicación, cúmpleme reiterarle, en nombre del gobierno ar- 
gentino, los conceptos que éste ha expresado recientemente en 
apoyo de los principios consagrados por el derecho internacional. 

Saludo a V. E. con mi consideración distinguida. 

H. PUEYRREDÓN. 



Ruptura de las relaciones diplomáticas entre el Brasil y Alemania 

Legación del Brasil. 

Buenos Aires, 11 de abril de 1917. 

A S. E. el señor doctor Honorio Pueyrredón, ministro de Relacio- 
nes exteriores y Culto. 

Señor ministro : 

En cumplimiento de las órdenes que acabo de recibir de mi 
gobierno, tengo el honor de poner en conocimiento de Y. E. que, 
por nota de fecha 9 de febrero último, dirigida al gobierno ale- 
mán, el gobierno brasileño protestó, como es sabido, contra el 
bloqueo submarino, declarando que dejaba al gobierno imperial^ 
la responsabilidad de los actos referentes a ciudadanos, merca- 
derías y navios brasileños, una vez comprobado el desconoci- 
miento de los principios del derecho internacional o de las con- 
venciones firmadas por ambos países. 

Con el propósito de evitar interpretaciones erróneas el gobier- 
no del Brasil, mediante nuestra legación en Berlín, por telegra- 
ma de 13 de febrero, hizo lealmente saber al gobierno alemán 



16 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

que considerábamos esencial para el mantenimiento de nuestras 
relaciones con Alemania que ningún buque brasileño fuese ata- 
cado en cualquier mar y bajo pretexto alguno, habiendo los 
beligerantes incluido todo en la categoría de contrabando de 
guerra. 

El gobierno imperial conocía, por lo tanto, nuestras disposi- 
ciones en caso de atentados contra buques brasileños, incum- 
biendo al del Brasil el deber de defender sus derechos a la liber- 
tad de navegación y los intereses vitales del país. 

Con dolorosa sorpresa tuvo el gobierno brasileño conocimiento 
del hundimiento del vapor nacional Paraná^ a las veintitrés ho- 
ras de la noche del 3 al 4 del corriente, en las siguientes condi- 
ciones : 1° el buque navegaba a marcha reducida, con las luces 
reglamentarias incluso un gran letrero iluminado en que se leía 
la palabra Brasil; 2° no recibió intimación alguna para detener 
la marcha a fin de ser examinados los documentos y la carga; 
3" fué torpedeado sin iirevio aviso de serlo, asimismo sin resis- 
tencia, y luego recibió aun cinco tiros de cañón; 4° el submarino 
a pesar de hallarse próximo y bien visible, no prestó asistencia 
humanitaria a los náufragos. Además de este acto hostil a la 
amistad existente entre el Brasil y Alemania, hay que lamentar 
la destrucción de intereses materiales de gran importancia y 
especialmente la pérdida de vidas de brasileños, fuera de otros 
heridos, sacrificados sin forma de proceso contra las reglas ex- 
presas del derecho de gentes y en desconocimiento de conven- 
ciones adoptadas por la misma Alemania. 

Comprobadas las infracciones de las condiciones de la nota 
brasileña de 9 de febrero, estableciendo nuestra actitud, confir- 
mada y robustecida por el telegrama de 13 de febrero, el señor 
presidente de la república de los Estados Unidos del Brasil 
juzgó que el incidente no comportaba la posibilidad de una ex- 
plicación o de negociaciones. S. E. el señor presidente, en la 
seguridad de que siempre diera cabal cumplimiento a los com- 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL , 17 

premisos libremente contraídos por el Brasil y sus deberes para 
con el gobierno de Alemania, tiene el gran pesar de reconocer 
que se halla forzado a romper nuestras relaciones diplomáticas 
y comerciales con el imperio alemán, por lo que, hoy mismo, 
cumpliendo la resolución del gobierno, el señor ministro de Re- 
laciones exteriores entregó los pasaportes al ministro alemán en 
Río de Janeiro e impartió las órdenes necesarias al ministro del 
Brasil en Berlín para que se retire del imperio alemán con el 
personal de la legación a su cargo y los cónsules brasileños en 
el mismo imperio. 

Aprovecho la oportunidad para reiterar a V. E., señor minis- 
tro, las seguridades de mi más alta consideración. 

Tj. de Lima Ramos. 



Ministerio 
■de Relaciones exteriores y Culto. 

Buenos Aires, 12 de abril de 1917. 



A 8. E. el señor E. de Lima Ramos, encargado de negocios del 
Brasil. 

Señor encargado de negocios : 

Tengo el honor de acusar recibo de la nota de su señoría de 
fecha 11 del corriente, comunicando que, en razón de las cir- 
cunstancias en ellas mencionadas, el presidente de los Estados 
Unidos del Brasil, ha roto las relaciones diplomáticas y comer- 
ciales de su país con el gobierno del imperio alemán. 

El gobierno de la República Argentina, que en resguardo y 
defensa de los principios del derecho público universal, acaba 
de pronunciar su juicio al respecto, aprecia debidamente la acti- 
tud asumida por los Estados Unidos del Brasil, justamente en- 
cuadrada en aquellos conceptos, y le expresa su más francos 
sentimientos de confraternidad. 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 2 



18 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Acepte, señor encargado de negocios, las seguridades de mi 
más alta y distinguida consideración. 

H. PUEYRREDÓN. 
Ruptura de las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Alemania 

Legación de Bolivia. 

Buenos Aires, 26 de abril de 1917. 

A S. E. el señor doctor Honorio Pueyrredón, ministro de Relacio- 
nes exteriores y Culto. 

Excelentísimo señor ministro : 

Cumpliendo con instrucciones que he recibido de mi gobier- 
no, tengo la honra de enviar a Y. E. la copia de la nota pasada 
por la cancillería de Bolivia al enviado extraordinario y ministro 
plenipotenciario del imperio alemán, declarando rotas las rela- 
ciones diplomáticas entre Bolivia y Alemania a mérito de los 
fundamentos que se exponen en aquel importante documento. 

En la persuación de que V. E. se servirá tomar nota de dicho 
acto de política internacional, me cabe el agrado de aprovechar 
esta nueva oportunidad para reiterarle los sentimientos de mi 
más alta y distinguida consideración. 

Eleodoro Villazón. 

COPIA 

Legación de Bolivia. 

La Paz, 14 de abril de 1917. 

Al excelentísimo señor don Wilhelm von Sanden, enviado extraor- 
dinario y ministro plenipotenciario del imperio alemán. < 

Excelentísimo señor ministro : 
Me es honroso recordar a V. E. que el gobierno de Bolivia^ 
filé informado el 5 de febrero pasado por el de los Estados Uni- 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 19 

dos de que el imperio alemán había resuelto iniciar la guerra 
submarina, desarrollando sus medios ofensivos, sin limitación 
alguna. 

Posteriormente, Y. E. por encargo de la cancillería imperial 
tuvo a bien comunicar mediante nota fechada el 6 del mismo 
mes, que el gobierno alemán se vería en el caso de continuar con 
mayor energía y actividad la referida guerra submarina, exten- 
diendo la zona de guerra, a las aguas que circundan la Gran 
Bretaña e Irlanda, Francia e Italia, así como a la parte occidental 
del mar Mediterráneo y expresando que en dicha zona sería im- 
jjedido cualquier tráfico marítimo por todos los medios posibles. 

Esta cancillería, respondiendo a la comunicación de V. E., 
se permitió observar que, tanto la extensión que se pretendía 
dar a la guerra marítima comprendiendo en la guerra ofensiva 
de submarinos a las naves y personas neutrales, cuanto la prohi- 
bición de todo tráfico neutral en la zona mencionada, imi^ortaban 
el desconocimiento absoluto del derecho inmanente de las poten- 
cias neutrales para traficar y mantener su comercio. 

Que en vista de esta acción anormal y atentatoria a todas 
luces, había el gobierno de Bolivia anunciado al de los Estados 
Unidos, su conformidad con la actitud asumida por el presidente 
Wilson, agregando, que se solidarizaba con ella en esa emer- 
gencia diplomática. 

Finalmente, la respuesta aludida, contiene también la pro- 
testa boliviana contra las decisiones del imjierio de cuyo go- 
bierno se esperaba, que haciéndose cargo de las correctas obser- 
vaciones presentadas por diversos estados neutrales, querría 
modificar sus procedimientos por las vías que señala el Derecho 
internacional. 

Los antecedentes anotados, establecen la situación de diver- 
gencia surgida entre el gobierno de Bolivia y el del imperio 
alemán, a partir de la notificación de la guerra submarina sin 
restricciones. 



20 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Tal situación, viene ahora a agravarse con motivo de haber- 
se prácticamente realizado los procedimientos enunciados con- 
tra la naves y personas de los estados neutrales, lo cual querría 
decir, en concepto de este gobierno, que el de Alemania, no sólo 
ha proscripto todas las reglas y principios de derecho, sino qne 
ha cancelado por su sola autoridad, los tratados y convenciones 
subscriptas en La Haya con la generalidad de las naciones. 

Si a lo anterior se añade que, según convencimiento recien- 
temente adquirido, fueron submarinos alemanes los que, cum- 
pliendo naturalmente instrucciones de su gobierno, hundieron 
al vapor neutral Tuhantia, en el que navegaban en aguas holan- 
desas neutrales el ministro de Bolivia, seiior Luis Salinas Vega 
y familia, comprenderá V. B. que muy a pesar nuestro, se han 
hecho insostenibles las relaciones diplomáticas hasta ahora 
mantenidas entre Bolivia y el imperio alemán. 

En esa virtud, V. E. se servirá encontrar adjuntos sus pasa- 
portes y los del personal de la legación. 

Al cerrar este oficio, ruego a Y. E. se digne tomar nota de 
la respuesta de esta cancillería al aviso de la guerra declarada 
entre los Estados Unidos de América y Alemania, que me per- 
mito adjuntar en copia, y también de la formal declaración de 
que los subditos alemanes residentes en Bolivia y sus bienes, 
seguirán gozando en el país de las libertades y garantías que las 
leyes de la república acuerdan a los extranjeros, mientras aque- 
llos no se hagan colectiva o individualmente responsables de 
algún acto delictuoso. 

Saludo a V. E. 

Plácido Sánchez. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 21 

Ministerio 
de Eelaciones exteriores y Culto. 

Buenos Aires, 30 de abril de 1917. 

A 8. E. el señor doctor Meodoro Vülazón, enviado extraordinario 
y ministro plenipotenciario de Bolivia. 

Señor ministro : 

Tengo el honor de acusar recibo de la nota de V. E. fechada 
el 26 del mes en curso, por la cual y en virtud de instrucciones 
de su gobierno, V. E. remite copia de la comunicación pasada 
por la cancillería de Bolivia al enviado extraordinario y ministro 
plenipotenciario de Alemania, declarando rotas las relaciones 
diplomáticas entre ese país y el imperio alemán, a mérito de los 
fundamentos que se exponen en ese importante documento. 

Agrega V, E. que abriga la persuasión de que este gobierno 
tomará nota de dicho acto de política internacional. 

Cúmpleme manifestar a V. E., en respuesta, que se ha tomado 
debida nota de la precitada comunicación, reiterando en esta 
oportunidad, en nombre del gobierno argentino, los conceptos 
que recientemente ha expresado en apoyo de los principios fun- 
damentales del derecho internacional. 

Me complazco en saludar a V. E. con las seguridades de mi 
consideración más distinguida. 

H. PUEYRREDÓN. 



Reclamación por el hundimiento del barco argentino « Monte Protegido » 

El á de abril, un sumergible de la armada imperial alemana, 
atacó a cañonazos, y su tripulación hundió por medio de dos 
bombas, al velero argentino Monte Protegido, como a 30 millas 
al suroeste de las islas Sorlingas (Scilly) en el Atlántico norte. 

Practicadas por el gobierno argentino minuciosas investiga- 



22 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tiones sobre las circunstancias en que se produjo el liundimien- 
to, carácter, procedencia y destino del buque, y del cargamento, 
condiciones del barco y situación jurídica del hecho, se entabló 
por el gobierno argentino, por medio del representante diplo- 
mático en Berlín, la protesta y reclamación consiguientes, con 
el resultado de que informa la siguiente documentación : 



Londres, 10 de abril de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El capitán Teigen, de la goleta argentina Monte Protegido, 
que salió de Buenos Aires con destino a Eotterdam, con carga- 
mento de linaza, comunica por telégrafo desde Penzance que 
su barco fué hundido por un submarino alemán el 4 de abril, 
a 30 millas del suroeste de las islas Scilly (islas Sorlingas). La 
tripulación fué desembarcada en Penzance, de las islas Scilly, 
X)or un bote de patrulla que les prestó socorro. 

Informaré ulteriormente. 

Arturo ParJcer. 

Buenos Aires, 10 de abril de 1917. 
A 8. 8. el señor Encargado de negocios argentino. 

Londres. 

Confirme y transmita telegráficamente detalles amplios sobre 
el hundimiento de la barca argentina Monte Protegido. 
Conteste urgentemente. 

PUEYRREDÓN. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 23 

Buenos Aires, 11 de abril de 1917. 

A S. S. el señor Encargado de negocios argentino. 

Londres. 

Averigüe minuciosamente el caso del Monte Protegido, exami- 
nando la matrícula, estado de sus papeles, nacionalidad del ca- 
pitán y tripulación, clase y destino de la carga, puertos de sa- 
lida y destino, y todo género de datos convenientes para deter- 
minar con exactitud los circunstancias del suceso. 

PUEYRREDÓN. 
Londres, 11 de abril de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

De las averiguaciones hechas por el almirantazgo inglés, re- 
sulta que el buque nacional Monte Protegido, ha sido echado a 
pique el 4 de abril, por un submarino alemán, después de sa- 
carle las provisiones, el sextante y cronómetro. La tripulación 
ha sido recogida por un buque de guerra británico, y llegará a 
Londres mañana. Prestará las declaraciones ante el consulado 
argentino. 

Villegas. 

Londres, 13 de abril de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El capitán Hans Teigen y la tripulación del Monte Protegido, 
han declarado que el buque es nacional, del registro de Buenos 



24 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Aires, y propietario Pablo Arena. Ha sido despachado en no- 
viembre 22 por el cónsul argentino en Montevideo y recaló en 
Pernambuco el 13 de enero. Todos sus papeles los ha tomado 
el submarino. El capitán y la tripulación son noruegos, y nin- 
guno argentino. El cargamento del buque es de lino, con des- 
tino a Rotterdam. El consignatario no es recordado. El 4 de 
abril hízole fuego el submarino en las proximidades de las islas 
Scilly, sin avisar previamente. El Monte Protegido llevaba izada 
la bandera nacional, y también la bandera argentina pintada a 
estribor. 

El submarino no tenía número, como tampoco la bandera 
izada, pero se supone que era alemán. Una vez que la tripula- 
ción se embarcó en el bote, el buque fué echado a pique con 
bombas explosivas, después de sacar las provisiones e instru- 
mentos náuticos. La tripulación fué abandonada en alta mar, 
la recogió al día siguiente un buque de guerra británico. Dicen 
que del submarino les preguntaron si sabían que el canal se ha- 
bía cerrado, a lo que se contestó que no. 

Villegas. 

Buenos Aires, 14 de abril de 1917. 

A los ministros argentinos en Berlín y en Faris. 

Informe lo que V. E. sepa sobre la suposición de que el bu- 
que con bandera argentina Monte Protegido, haya sido hundido 
por un submarino alemán, y si no tiene datos fidedignos, refiera 
los juicios públicos de allí, al respecto. 

PUEYRREDÓN. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 25 

Buenos Aires, 14 de abril de 1917. 
A 8. S. el señor encargado de negocios argentino en Londres. 

Trate de obtener declaración jurada, individualmente, de los 
tripulantes del Monte Protegido^ acerca de la exacta posición 
geográfica del hundimiento, y compruebe la veracidad de la 
misma por todos los demás medios que tenga a su alcance. In- 
terrogue también a los tripulantes acerca de la distancia entre 
el lugar del hecho y el punto en que fueron recogidos. 

A objeto de identificar al submarino, pregunte a los tripu- 
lantes cuál era la nacionalidad de los individuos que fueron a 
bordo, idioma en que les hablaron, detalles del uniforme e in- 
signias, y cualquier otra circunstancia conducente al total es- 
clarecimiento de este punto. 

Inquiera también de los tripulantes si saben con qué objeto 
se les preguntó si conocían que el canal estaba cerrado; y qué 
significado y alcance atribuye S. S. a esta pregunta. 

Proceda S. S. con toda la urgencia del caso, obteniendo la 
mayor amplitud en las informaciones. 

PUEYRREDÓN. 

Londres, 15 de abril de 1917. 
Señor ministro de Relaciones exteriores en Buenos Aires. 

Con referencia a los telegramas de V. B., números 26 y 27, la 
declaración ante el consulado general argentino dice textual- 
mente como sigue, en idioma inglés, por ignorar el idioma cas- 
tellano la tripulación : «Yo, Hans Teigen. capitán noruego de 
la goleta Monte Protegido^ registrada en Buenos Aires, de 285 
toneladas, perteneciente al señor Pablo Arena, de Buenos Ai- 
res, declaro lo siguiente : partí de Montevideo el 22 de noviem- 



26 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

bre de 1916, e hice escala en Pernambuco el 13 de enero de 1917 
a fin de reparar el chinchorro, y estando escaso de agua y pro- 
visiones. Después de haber efectuado la reparación del chin- 
chorro y tomar provisiones y agua, me hice a la mar desde Per- 
nambuco, el 20 de enero, con poco viento. Todo iba bien hasta 
el 4 de abril de 1917, cuando a las 3.45 p. m. y siendo nuestra 
situación 6°44 longitud oeste, y 49°27 latitud norte, o aproxi- 
madamente 30 millas sudoeste de las islas Scilly, avistamos un 
submarino a cuatro puntos más o menos de nuestra amura de 
estribor, estando nuestro buque en dirección este por sur mag- 
nética. Sin previo aviso alguno, el submarino, distante un cuar- 
to de milla más o menos, disparó un cañonazo, cayendo el pro- 
yectil cerca, a distancia de medio cable. Inmediatamente des- 
pués di la orden de poner el buque a la capa, para detenerlo. 
Todas las velas fueron aferradas, quedando el buque sin avan- 
zar. El tiempo era sereno entonces, con un viento variable de 
noroeste. Un segundo cañonazo fué disparado por el submarino 
diez segundos después del primero, pasando el proyectil por 
sobre el buque, y cayendo en el mar, a la distancia de dos eslo- 
ras, más o menos. Diez o doce segundos después fué disparado 
un tercer cañonazo, que pasó sobre el buque sin causar daño 
alguno. El submarino cambió entonces de posición, y barloven- 
tando, se puso a la distancia de medio cable. Izó la señal de 
M. N., que significa «deténgase inmediatamente», pero mi bu- 
que ya lo había hecho. Los disparos recomenzaron ; el cuarto 
cañonazo no ocasionó daño; el quinto, sexto y séptimo cañona- 
zos perforaron la lancha-motor, arrancaron la braza de trinquete 
de estribor, el amantillo y el nervio de foque ; el casco del bu- 
que hasta entonces no había sufrido daño. Todos corrimos a 
popa y levantamos las manos. El comandante del submarino 
contestó entonces nuestra señal levantando su mano, cesando 
entonces los disparos. Se acercó a mi buque y nos ordenó echar 
al agua un bote. Hallándose la lancha-motor completamente 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 27 

inutilizada por los cañonazos, ordenó que fuese bajado el chin- 
chorro. Toda la tripulación, y yo mismo, abandonamos el buque, 
hallándose todos los documentos de a bordo en mi poder, y re- 
mamos. El submarino no tenía número, y estaba pintado de co- 
lor pizarra. El comandante me ordenó subiera a bordo acompa- 
ñado del primer oficial, segundo oficial y mayordomo. A los de- 
más marineros, dejados en mi bote, fué ordenado regresar a mi 
buque con dos oficiales del submarino que llevaron dos bombas 
consigo. Entre tanto permanecí en la cubierta del submarino, 
conjuntamente con el primer oficial, segundo oficial y mayor- 
domo. El comandante del submarino me interrogó como sigue, 
expresándose en idioma inglés : g,De dónde viene usted? Con- 
testé, de Buenos Aires. Me preguntó entonces, adonde me di- 
rigía. Contesté, a Eotterdam. Me preguntó entonces, porque no 
había dado la vuelta por el norte de Escocia, y contesté, es im- 
posible a causa del viento norte y noroeste. Me preguntó luego, 
si tenía conocimiento del hecho de que el canal inglés estaba 
cerrado ; a lo que contesté que no. Me dijo entonces : bneno us- 
ted perderá su buque. Me preguntó mi nacionalidad así como la 
del primer oficial. Contesté, noruega. Dijo entonces ; ustedes 
noruegos ayudan a los ingleses y navegan en buques británicos 
por mucho dinero. El segundo comandante del submarino in- 
terpuso la observación : la mayor parte de los buques neutrales 
que hemos hundido son noruegos. El comandante del submarino 
habló entonces en alemán al segundo oficial y le preguntó su 
nacionalidad. Contestó : soy danés. Le dijo, entonces, el coman- 
dante : usted debía estar en la marina alemana. Mientras esto 
sucedía, mi buque había sido volado, habiéndose colgado una 
bomba fuera del buque, en los obenques del palo trinquete, y 
la segunda fuera del buque, en los del palo mayor. Después de 
haberse hecho explotar estas bombas, el buque permaneció 
a flote cuatro o cinco minutos, hundiéndose luego, poco a poco, 
por la proa. Eegresé en mi pequeño bote, con los dos oficiales 



28 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

alemanes, los que subieron a bordo del submarino. IÑToté que 
habían sacado el cronómetro y el silómetro, pertenecientes a 
mi buque, así como una cantidad de nuestras provisiones. El 
comandante del submarino, de quien tengo la seguridad abso- 
luta de que era alemán, ordenó al primer oficial, al mayordomo 
y a mí, pasar a mi bote pronto. Pedí entonces al comandante 
del submarino, la devolución de mi valija conteniendo los do- 
cumentos del buque, y contestó : no, no, me pertenecen ; y los 
retuvo en su poder. Le pedí entonces que nos remolcara cerca 
de tierra, y contestó: no estoy autorizado a hacerlo; existen 
por ahí muchos buques ingleses para recogerlos. El segundo 
comandante del submarino, observo : ustedes tendrán una bue- 
na paga. El comandante me indicó la ruta hacia las islas Santa 
María Scilly, que fué norte por este, añadiendo que quedaban 
a una distancia de 25 a 30 millas. El submarino se alejó enton- 
ces a las 5 p. m., hacia el oeste, y me vi abandonado al azar, 
en mi pequeño bote, conjuntamente con la tripulación. El bote 
estaba tan cargado que me vi en la obligación de arrojar al 
agua el mástil y el timón. Continuamos nuestra ruta, remando 
con todas nuestras fuerzas, durante toda la noche, y dirigién- 
donos por la estrella polar, pasamos un vapor a las 2 a. m. más 
o menos del 5 de abril, e hicimos señales, que fueron contesta- 
das por el buque, que sin embargo, se alejó. A las 6.30 a. m., 
avistamos un buque patrullero británico, y a las 6.45 a. m. fui- 
mos recogidos a bordo. El viento había refrescado entre tanto, 
algo borrascoso, y el bote tenía más de un pie de agua. Fuimos 
recogidos justo a tiempo. El buque patrullero nos llevó inme- 
diatamente a Santa María, tratándonos el comandante y toda 
la tripulación con la mayor amabilidad, durante nuestra perma- 
nencia a bordo. Llegamos a Santa María a las 10.30 a. ra., pero 
durante nuestra travesía, nuestro bote, que iba a remolque, 
rompió el cable de remolque y fué abandonado. Salimos de San- 
ta María el 6 de abril a las 6 a. m. con destino a Penzance, 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 29 

siendo conducidos allí iDor un buque patrullero británico. Lle- 
gamos a las 11 a. m. y allí permanecimos hasta el 11 de abril, 
día en que tomamos el tren para Londres, llegando a las 7 p. m. 
En fe de lo cual, y después de haber sido leída a la tripulación 
del buque la presente declaración, que es verídica en todas sus 
partes, fué confirmada por la misma, y en prueba de ello firman 
conmigo, en Londres, a los 12 días de abril de 1917. — H. Tei- 
gen, capitán. — P. Anderson, primer oficial. — G. Nielsen, se- 
gundo oficial. — J. Vicente de OUveira^ marinero. — Testigos : 
B. Begg, Luis Navarro Viola ; Arturo ParJcer, cónsul. » 

La importancia que atribuyo a la pregunta sobre la clausura 
del canal, consiste en que el buque fué hundido, no obstante que 
el capitán ignoraba la notificación alemana. 

Es imposible verificar aquí la exactitud de la matrícula ar- 
gentina, por falta de los papeles, cuyos datos se obtendrían en 
los consulados de Montevideo y Pernambuco. 

Otros informes los he transmitido por telégrafo, no estando 
comprendida la declaración. Fueron interrogados por el agrega- 
do naval de esta legación. 

Villegas. 



Londres, -17 de abril de 1917. 

Señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El capitán del Monte Protegido, dice que la dotación del sub- 
marino llevaba los impermeables y gorras de costumbre; habla- 
ba idioma alemán, y en Pernambuco se han desertado los ma- 
rineros Svensson y Kundsen, tomando en su lugar a Danielsen, 
danés, y Oliveira, brasilero. 

Villegas. 



30 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Buenos Aires, 17 de abril de 1917. 
A S. S. el señor encargado de negocios en Londres. 

Interrogue individualmente, por separado, a cada uno de los 
tripulantes que firman la declaración respecto a los puntos soli- 
citados en telegrama anterior. Pregúnteles lo siguiente, además : 

1" Si llevaban izada la bandera argentina, y si previnieron al 
comandante del submarino que el buque era argentino; 

2" Qué uniforme e insignias tenía el personal del submarino ; 

3° Por qué razón el capitán les habló en inglés; 

4° Si observaron en el submarino algunos atributos que de- 
nuncien su nacionalidad ; 

5° Qué papeles entregaron, y los detalles de los papeles que lle- 
vaban, expresando si entre ellos estaba la matrícula argentina; 

6° Si pensaban quedarse en Eotterdam, pues el armador ma- 
nifiesta que iban contratados y pagados por el viaje de ida, so- 
lamente ; 

7° Si el submarino los abordó por babor o estribor; 

8" Si el primer puerto donde pensaban tocar era Eotterdam; 

9° Que amplíen con otros datos sobre lo que se les pregunta. 
Eecomiéndole urgencia. 

PUEYRREDÓN. 
^ Berlín, 19 de abril de 1917. 

Señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El almirantazgo alemán no sabe hasta este momento que ha- 
ya sido hundido un buque argentino. Según un telegrama pu- 
blicado en un periódico sueco y reproducido aquí, los tripulan- 
tes son daneses y noruegos. 

Molina. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 31 

Buenos Aires, 21 de abril de 1917. 
Al ministro argentino en Berlín. 

Sírvase V, E. transmitirme las informaciones que tenga sobre 
el Monte Protegido. 

PUEYRREDÓN. 

Berlín, 24 de abril de 1917. 

Señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El almirantazgo no ha recibido aún ningún informe. 

Molina. 

Londres, 19 de abril de 1917. 
A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

De acuerdo con las instrucciones dadas en su telegrama 29, 
transcribo a continuación la declaración jurada separada. 

CAPITÁN TEIGEN 

Ha contestado la pregunta : 

Primera : Dije al comandante del submarino que mi buque 
era argentino y llevaba izada la bandera argentina. 

Segunda : La dotación vestía ropa gruesa, como la de los 
chaufifeurs, la oficialidad tenía insignias en la gorra y galones 
en los hombros, pero no conozco el significado. 

Tercera : El comandante del buque hablóme en idioma inglés, 
pero daba sus órdenes a los tripulantes en idioma alemán. 

Cuarta : Que no, pero no tenía duda de que era un buque de 
guerra alemán. 



32 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Quinta : Los libros de navegación, el rol de la tripulación, el 
manifiesto, el conocimiento, la matrícula y un certificado de los 
inspectores técnicos del Lloyd que ha firmado el señor Eddy. 

Sexta : Tenía la intención de permanecer en el buque, nave- 
gando entre Inglaterra y Escandinavia. 

Séptima : El submarino empezó el fuego a mi estribor, me 
«ruzó por la proa y, finalmente, abordóme por babor, ordenan- 
do arriar el bote. 

Octava : Que sí, pero que estábamos escasos de provisiones ; 
tal vez tendríamos que entrar en un puerto de Inglaterra. 

Novena : Que no, con excepción que debe rectificar la fecha 
de salida de Pernambuco, que debe ser el 29 de enero. 

EL PILOTO ANDERSON, NORUEGO, HA DECLARADO 

Primera : Que sí izó la bandera argentina. 

Segunda : En su mayor parte vestían uniforme, y toda la do- 
tación tenía gorra con un águila al /recite. 

Tercera : Hablóme en idioma inglés, y le he contestado del 
mismo modo. 

Cuarta : Que no. 

Quinta : Del mismo modo que el capitán. 

Sexta : Eotterdam solamente. 

Séptima : Al principio, 8 puntos a estribor, pasó barlovento a 
babor, otra vez tiró y entonces corrimos a la popa, levantando 
las manos. El submarino se acercó ordenando que bajásemos 
con apresuramiento al bote. 

Octava y novena : Del mismo modo que el capitán. 

MAYORDOMO CHRISTIAN, DANÉS 

Primera : No estaba en cubierta, pero estoy seguro que la ban- 
dera argentina estaba izada al tope. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 33 

Segunda : Creo que con uniforme, pero no puedo decir la cla- 
se, porque usaban capotes gruesos con insignias. 
Tercera : No hablé con ninguno del submarino. 
Cuarta : Ninguno. 
Quinta : No sabe. 
Sexta : Sí, por terminar mi viaje. 
Séptima : No sabe. 
Octava : Sí. 
Novena: Nada. 



MARINERO GUSTAV ENGLUND, SUECO 

Primera : La bandera argentina la tenia izada, pero no sabe 
si se i)revino al comandante del submarino que el buque era ar- 
gentino. 

Segunda : Los oficiales con uniforme con botones dorados, y 
gorras con emblema; pero no sabe cuál; los marineros tenían 
saco azul y gorras sin nombre. 

Tercera : No sabe. 

Cuarta : No. 

Quinta : No sabe. 

Sexta : Sí. 

Séptima : Avistólo a babor. 

Octava : Sí, pero creo que tocaríamos Falmouth, por víveres. 

Novena : Que no. 

MARINERO DANIELSEN, DANÉS 

Primera : Igual marinero Englund. 

Segunda : Oficiales y marineros usaban uniforme, pero no sé 
cuál. Los oficiales llevaban gruesos capotes, y los marineros, 
«ecas. 

ANAL. FAC. DE DER. — T. IH (3» SER.) 3 



34 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Tercera : No sé, pero el comandante del submarino hablaba 
en alemán a sus marineros. 
Cuarta : No. 
Quinta : No sé. 
Sexta : Que sí. 
Séptima : A estribor. 
Octava ; Sí. 
Novena : Salida de Pernambuco el 29 de enero. 

MARINERO MADSEN, DANÉS 

Primera : Igual al marinero Englund. 

Segunda : Unos tenían uniforme y otros no. El tercer oficial 
y el contramaestre, vestían uniforme, pero no vi insignias en 
las gorras, hablaban alemán. 

Tercera : No sé. 

Cuarta : No. 

Quinta : No sé. 

Sexta : Quedaba en Eotterdam. 

Séptima : No sé. 

Octava : Sí, pero iríamos a Falmouth por víveres. 

MARINERO OLIVEIRA, BRASILEÑO 

Primera : La bandera argentina la tenía izada, y creo que se 
previno que el buque era argentino. 

Segunda : Creo que algunos oficiales usaban uniforme. 
Tercera : No sabe. 
Cuarta y quinta : No sabe. 
Sexta : Que sí. 
Séptima : A estribor. 
Octava : Sí. 

Las declaraciones del piloto Nielsen, las telegrafiaré mañana» 

Villegas. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 35 

Londres, 20 de abril de 1917. 
A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Con referencia a mi telegrama de ayer por la tarde, el piloto 
Melsen, danés, ha contestado : 

Primera : Que sí. 

Segunda : El comandante vestía chaqueta de cuerpo, y la ofi- 
cialidad uniforme con botones dorados. Los marineros tenían 
impermeables, y en las gorras insignias negras, blancas, y rojas 
en el centro. 

Tercera : Hablóse en idioma alemán. 

Cuarta : Que no. 

Quinta : Del mismo modo que el capitán. 

Sexta : Que sí. 

Séptima : A estribor. 

Octava : Que sí. 

lío vena : Nada. 

Villegas. 

Buenos Aires, 22 de abril de 1917 
A S. E.- el señor ministro argentino. 

Berlín. 

Sírvase Y. E. presentar, sin demora, a ese gobierno, la si- 
guiente nota : 

« Señor ministro : 
«El gobierno argentino, después de una prolija investigación, 
ha comprobado que el buque de bandera y matrícula argentina 
Monte Protegido, navegaba el 4 de abril corriente, en el Atlán- 
tico Norte, a los 6°44' longitud oeste y 49°27 de longitud nor- 
te, como a 30 millas de la costa, al sudoeste de las islas Sorlin- 



36 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

gas (Scilly), cuando fué hundido por un sumergible tripulado 
por marinos de la armada imperial alemana. 

« La tripulación del precitado velero, avistó al submarino a es- 
tribor y a un cuarto de milla le hizo fuego de cañón, hasta tres 
disparos, no obstante que el buque agredido llevaba izada al 
tope la bandera argentina, ostentando también esa insignia pin- 
tada a su costado de estribor. 

« El buque se detuvo antes que desde el submarino se le hi- 
ciera la señal M. N., y después éste, pasando a babor, le disparó 
cuatro cañonazos más, que le alcanzaron. 

« El capitán y siete tripulantes del velero fueron obligados a 
abandonarlo, y después de un interrogatorio respecto a la pro- 
cedencia, destino y carácter del barco, se le despojó de su docu- 
mentación, instrumentos náuticos y algunos víveres, dejándolos 
librados a su suerte en un pequeño bote, hundiendo el barco 
por la explosión de dos bombas. 

« El Monte Protegido había salido de Buenos Aires, con carga- 
mento de lino, de propiedad neutral, para Eotterdam, el 21 de 
octubre de 1916, tocó en Montevideo, y el 27 de enero de 1917 
zarpó de Pernambuco, último puerto donde hizo arribada ; todo 
lo cual consta en la documentación en forma de que se incautó 
el capitán del submarino. 

« El ataque llevado al buque argentino es evidentemente con- 
trario a los principios de derecho internacional consagrados, a 
la neutralidad observada estrictamente en todo momento por la 
República Argentina, y a las relaciones cordiales entre este país 
y ese imperio. 

« El gobierno argentino, contestando en 7 de febrero de 1917, 
la respectiva comunicación de la legación alemana, expresó que, 
lamentaba la adopción por parte de su majestad imperial, de 
medidas tan extremas como las enunciadas, declarando que la 
república ajustaría su conducta, como siempre, a los principios 
y normas fundamentales del derecho internacional. 



■ LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 37 

« De acuerdo con estos antecedentes, el hundimiento del Mon- 
te Protegido^ en tales circunstancias, constituye una ofensa a la 
soberanía argentina, que pone al gobierno de la república en el 
caso de formular — como lo hago por la presente, en términos 
expresos, y en virtud de instrucciones del excelentísimo señor 
presidente de la íí ación, — la justa protesta y la reclamación de 
las explicaciones consiguientes. 

« El gobierno argentino espera que el gobierno imperial ale- 
mán, reconociendo el derecho que asiste a la república, le dará 
las satisfacciones debidas, desagraviará el pabellón y acordará la 
reparación del daño material. No escapará al elevado criterio del 
gobierno de su majestad imperial alemán, la premura con que 
el gobierno argentino desea obtener la respuesta a esta recla- 
mación. 

« Ofrezco a V. E. las seguridades de mi consideración más 
distinguida. — Luis B. Molina. » 

Comunique por telégrafo cuando reciba este despacho, y avise 
la fecha en que V. E. entregue la nota, que no debe ser pública 
por ahora. 

Demuestre a ese gobierno la necesidad que hay de una res- 
puesta urgente y terminante. 

Queda librada al tacto de Y. E. tan delicada gestión. 

PUEYRREDÓN. 

Berlín, 24 de abril de 1917, 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Hoy, 24 de abril, he recibido el telegrama de Y. E. número 
30. Procederé de acuerdo con las instrucciones de Y. E. 

Molina. 



38 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Buenos Aires, 25 de abril de 1917. 
Al ministro argentino en Berlín. 

Encarezco a V. E. active eficazmente las gestiones, y telegra- 
fíe su estado cada día. 

PüEYRREDÓN. 

Berlín, 25 de abril de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Comunico a V. E. que he entregado personalmente la nota 

al subsecretario del departamento de Eelaciones exteriores, hoy 

25 de abril a mediodía. Hoy mismo, a las 6, conferencié con el 

secretario de estado Zimmermann. 

Molina. 

Berlín, 26 de abril de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

He tenido una larga conversación con el secretario de estado. 

Está bien penetrado de la gravedad de la situación, y desea 

el mantenimiento de las cordiales relaciones entre los dos países. 

Me ha prometido una pronta contestación. Excuso decir a Y. E. 

que hago lo posible por solucionar el asunto. 

Molina. 



Berlín, 27 de abril de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Comunico a V. E. que se ocupan del asunto con mucho inte- 
rés. Ayer y hoy he conferenciado con el subsecretario. Contes- 
tarán tan pronto como sea posible. 

Molina. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 39 

Berlín, 28 de abril de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Espero recibir mañana, 29 de abril, la contestación. Acabo de 

saber que la nota está pronta. 

Molina. 

Berlín, 29 de abril de 1917. 
Señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

La nota, fechada el 28 de abril, me ha sido entregada perso- 
nalmente por el secrerario de estado, en el departamento de 
Relaciones exteriores, a las 12. Dice así : 

« Señor ministro : Tengo el honor de acusar recibo de la nota 
de fecha 24 del corriente, por la cual ha tenido a bien informar- 
me que el buque argentino Monte Protegido, ha sido hundido 
por un buque alemán. De las informaciones suministradas por 
el gobierno de la República Argentina resulta que el buque zar- 
pó de Pernambuco antes de que la declaración alemana de enero 
21 hubiese sido publicada, y que, por consiguiente, él no ha po- 
dido conocer las nuevas medidas alemanas. En presencia de 
estas informaciones el gobierno imperial deseoso de demostrar 
el espíritu amistoso de que está animado, se apresura a asegurar 
al gobierno argentino por nuestro intermedio, que está dispuesto 
a dar la reparación jjor el daño causado, y expresa, al mismo 
tiempo, sus sinceros sentimientos de pesar por la pérdida del 
buque argentino. Estos sentimientos de pesar son tanto más 
vivos cuando que el gobierno imperial tiene empeño en conser- 
var, como siempre, las relaciones amistosas que jamás han deja- 
do de existir entre los dos países, y de que el gobierno imperial 



40 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ha dado pruebas en muclias ocasiones. Aprovecho la ocasión 
para renovarle, señor ministro, las seguridades de mi alta consi- 
deración. — Zimmermann. » 

El secretario de estado, al entregarme la nota, me expresó 
también que el almirantazgo no ha recibido todavía ninguna 
noticia sobre el j)articular, y que a pesar de ello el gobierno 
imperial, haciendo honor a la palabra del gobierno argentino, 
se ha apresurado a hacer las manifestaciones de que instruye la 

contestación. 

Molina. 

Legación imperial alemana. 

Buenos Aires, 2 de mayo de 1917. 

A 8. E. el señor ministro interino de Relaciones exteriores, señor 
doctor Honorio Pueyrredón. 

Buenos Aires. 

Señor ministro : Agradecería a V. E. tuviera a bien conceder- 
me una entrevista a fin de manifestarle personalmente cuanto 
lamenta el gobierno imperial que el velero argentino Monte Pro- 
tegido, haya sido hundido por fuerzas navales alemanas. Ruego 
a y. E. quiera estar persuadido de que este accidente en una 
consecuencia lamentable de la condición de guerra intensiva a 
la que se ve obligado mi gobierno, a causa de los acontecimien- 
tos en Europa y de que no se basa, de modo alguno, en una falta 
de respeto hacia la bandera nacional argentina. Este símbolo 
de la soberanía de un pueblo amigo, es honrado y respetado por 
todos los alemanes. 

Tengo especial interés en asegurar a Y. E. que el gobierno 
imperial y el pueblo alemán, mantienen firmemente la simpatía 
que desde hace muchos años abrigan por el pueblo argentino y 
sus instituciones. 

En prueba de ello, el gobierno imperial aprovechará, — dada 
la imposibilidad de demostrar en los momentos actuales su res- 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 41 

peto al pabellón nacional argentino — la primera oportunidad 
que se ofrezca para hacerlo saludar por la escuadra imperial. 

Aproveclio la ocasión para reiterar a Y. E. las seguridades de 
mi consideración más distinguida. 

K. LUXBURG. 

Buenos Aires, 27 de abril de 1917. 

Señor ministro argentino, 

Berlín . 

Sírvase V. E. presentar a ese gobierno la siguiente nota : 

« Señor ministro : Tengo el honor de acusar recibo de la nota de 
V. E. de fecha 28 del mes pasado. — El gobierno de la Eepública 
Argentina aprecia debidamente la actitud del gobierno imperial 
alemán en cuanto ella reconoce la plenitud del derecho de la 
república y satisface la reclamación en todos sus términos. 

«En tal concepto cúmpleme manifestar a V. E. en nombre del 
señor presidente de la Nación, que el gobierno argentino acepta 
las satisfacciones del gobierno de su majestad imperial y al re- 
tribuir las .manifestaciones de V. E. se complace en ratificar los 
sentimientos amistosos que han existido siempre entre los dos 
países. 

« Aprovecho la ocasión para renovarle, señor ministro, las se- 
guridades de mi alta consideración. — Luis B. Molina. » 

Saluda a V. E. atentamente, 

H. PUEYRREDÓN. 

Buenos Aires, 4 de mayo de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Alemania en la Argentina conde Karl 
von Luxburg. 

Señor ministro : Tengo el honor de acusar recibo de la nota 
de V. E. fechada el 2 del corriente mes. El gobierno argentino 



42 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

acepta las amplias manifestaciones de V. E. que estima en su 
verdadero significado. De igual manera aprecia las declaracio- 
nes del consejero imperial Zimmermann, a que se contesta por 
nota transmitida a Berlín de la cual tengo el agrado de adjuntar 
copia a Y. B. 

Al reiterar y ratificar las expresiones de amistad del pueblo 
y del gobierno argentino, saludo al señor ministro con mi más 
alta consideración. 

H. PUEYRREDÜN. 



Berlín, 7 de mayo de 1917. 
A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Hoy lunes 7 de mayo, a las 5, he entregado la nota, personal- 
mente al secretario de estado señor Zimmermann, sobre el hun- 
dimiento del Monte Protegido. 

é 

Se manifestó muy complacido por la feliz solución y el man- 
tenimiento de las amistosas relaciones entre los dos países. 

Molina. 



Reclamación por el hundimiento del barco argentino « Toro » 

No 42. 

Londres, 25 de junio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El vicecónsul argentino en Gibraltar me avisa que ha llegado 
el patrón y diez hombres del vapor argentino Toro, que ha sido 
hundido por un submarino y dice que el otro bote con el capitán 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 43 

no ha llegado todavía. He pedido informes más completos para 
transmitirlos a Y. E. 

Villegas. 

No 41. 

París, 26 de junio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El ministerio de Marina comunica que el vapor argentino 
Toro ha sido hundido el 22 de junio, a las 5 p. m., a 84 millas al 
sudoeste del cabo Espartel. Comunicaré detalles tan pronto 
como los reciba. 

Alveak. 

No 3. 

Buenos Aires, 27 de junio de 1917. 

Vicecónsul argentino en Gibraltar. 

Transmita urgentemente detalles sobre el hundimiento del 
vapor argentino Toro y declaraciones de la tripulación; indique 
si enarbolaba el pabellón argentino en el momento del hundi- 
miento. 

PUEYRREDÓN. 

No 44. 

Londres, 27 de junio de 1917. 

A 8. U. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 42 el vicecónsul argentino en 
Gibraltar dice que ha llegado a Tánger el otro bote del vapor 
Toro. 

Villegas. 



44 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

N« 42. 

París, 27 de junio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama número 41, el ministerio de 
Marina comunica que el vapor Toro lia sido destruido por un 
submarino alemán. 

Según noticias oficiales recibidas hasta la fecba^ el capitán y 
doce hombres de la tripulación desembarcaron en Tánger. Do- 
dero, copropietario del Toro ha recibido la noticia telegráfica 
de que los catorce hombres restantes llegaron a Gibraltar. 

Altear. 

N0 62. 

Buenos Aires, 27 de junio de 1917. 

Al ministro argentino en Berlín. 

Averigüe y transmita informes oficiales y generales sobre 
hundimiento del vapor argentino Toro cerca de Gibraltar el 23 
de junio en viaje de Buenos Aires a Genova. 

PUEYRREDÓN. 

No 58. 

Buenos Aires, 27 de junio de 1917. 

Señor encargado de negocios argentino. 

Londres. 

Averigüe con minuciosidad el caso del vapor Toro; ordene 
al vicecónsul en Gibraltar que examine la matrícula, el estado 
de la documentación, el nombre y nacionalidad de los tripulan- 
tes, las variaciones del rol ; clase, destino y propiedad del car- 



LA CUESTIÓN INTEENACIONAL 45 

gamento, puertos y fechas de escalas, lugar preciso del hundi- 
miento ; si entonces tenía bandera argentina ; tomándose decla- 
ración capitán y tripulantes sobre detalles del hundimiento, 
nacionalidad del navio que lo hundió, fecha, forma y detalles. 

PUEYEREDÓN. 

Gibraltar, 28 de junio de 1917. 
A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

He recibido el telegrama número 27. Telegrafíe al consulado 
en Londres las declaraciones de la parte de la tripulación del 
Toro que se encuentra aquí. El Toro se detuvo e izó el pabellón 
nacional al tercer cañonazo de aviso. El submarino ordenó que 
se le aproximara una embarcación con la documentación. Inme- 
diatamente después de haberse efectuado esto, el submarino, 
conservando la documentación, ordenó el abandono del buque 
dentro de los diez minutos 5 pero como el Toro distara 1800 me- 
tros y estando la mar gruesa, faltaba el tiempo necesario para 
que el bote transmitiera dicha orden a la tripulación; entonces 
el submarino se aproximó a bordo y dio ese aviso, embarcándo- 
se los tripulantes en botes. El Toro fué hundido mediante cua- 
tro cañonazos, teniendo siempre izado el pabellón nacional. 

Bugeroni, 

N» 94. 

Berlín, 29 de junio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia al telegrama de V. E., número 62, confirmo el 
mío, número 21 y el de ayer número 27. Así que el almirantazgo 



46 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

consiga alguna noticia se me informará. Los diarios nada dicen 

sobre el particular. 

Molina. 

N» 45. 

Londres, 29 de junio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El vicecónsul en Gibraltar telegrafía la siguiente declaración : 
«Alfredo Corrales, primer oficial y la tripulación declaran aquí lo 
siguiente : «El Toro zarpó de Buenos Aires con destino a Ge- 
nova el 14 de mayo con cargamento de lanas y carnes, grasas, 
cueros, cascos y tanino. Hizo escala en Bahía el 25 de mayo y 
en San Vicente (Cabo Verde), el 8 de junio, cuando a los 35° 
32' norte y 7° de longitud oeste rumbo verdadero norte 61 este, 
un submarino alemán apareció a popa y disparó cuatro cañona- 
zos para detener el buque. El capitán se detuvo. El Toro izó la 
bandera argentina. Después del tercer cañonazo, el submarino 
se acercó e indicó al Toro que enviara un bote a bordo. El ca- 
pitán mandó al primer oficial con los documentos del buque; el 
comandante examinó los documentos y manifestó al primer ofi- 
cial que regresara a bordo, concediéndole diez minutos para que 
la tripulación abandonara el buque, prohibiendo el uso del Mar- 
coni, bajo amenaza de muerte de toda la tripulación. El primer 
oficial manifestó al comandante ser imposible regresar al Toro 
e impartir instrucciones en diez minutos. El submarino se colo- 
có al costado del Toro; ordenó al capitán que arriara los botes, 
que se iba a hundir el buque. El capitán arrió dos botes salva- 
vidas. El submarino disparó cuatro cañonazos contra el Toro. 
El primero dio en la parte de proa, debajo de la bandera nacio- 
nal pintada; el segundo dio en la cámara de máquinas a estri- 
bor ; el tercero alcanzó la cámara de máquinas por proa ; el 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL » 47 

cuarto de popa a proa, destruyendo las calderas. El Toro se 
hundió en ocho minutos. El Toro llevaba pintado en ambos cos- 
tados la bandera nacional, así como en cada costado en grandes 
letras: «Yapor Toro, Buenos Aires». El capitán Pablo Badano, 
es un ciudadano argentino; la tripulación se compone de argen- 
tinos, italianos, portugueses, uruguayos y un inglés. El primer 
oficial ignora la naturaleza de los documentos del buque y de 
los papeles de a bordo, puesto que todos estaban en poder del 
capitán y les fueron entregados en dos sobres para llevárselos 
al comandante del submarino, quien los retuvo. — Rugeroni. » 

Villegas. 

N» 29. 

Madrid, 30 de junio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

La embajada acaba de recibir en toda su extensión la decla- 
ración que el capitán del vapor Toro ha hecho al cónsul de Es- 
paña en Tánger. Sírvase indicarme si debo transmitirla por te- 
legrama, porque el próximo correo sale recién el 7 de julio. El 
cónsul de España en Tánger, como encargado de los intereses 
de la nación en Tánger, ha amparado a los náufragos siguien- 
tes : capitán Badano, Juan Várela, Marcos Cerinedo, José De- 
moro, Mario Tardito, Juan Sabatino, Luis Eenschaw, Eafael 
Pizarello, Manuel Pires, Severo Silva, Teófilo Gómez, Eoberto 
Bell. Hasta este momento no hay noticias de los tripulantes del 
bote número 1. 

Avellaneda. 



48 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

N» 18. 

Buenos Aires, 2 de julio de 1917. 

Embajador argentino en Madrid. 

Con referencia a su telegrama número 29, transmita breve 
resumen declaración capitán y texto por correo. 

PUEYRREDÓN. 

No31.' 

Madrid, 3 de julio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

La declaración del capitán del vapor Toro consta de 1700 
palabras, por tal razón remito a Y. E. en extracto lo que creo 
más importante : En Tánger, junio 24 ante Ernesto Freyre, cón- 
sul de España, encargado de los intereses nacionales, compare- 
ció Pablo Badano, naturalizado argentino, nacido en Genova, 
capitán del vapor Toro^ con matrícula del puerto de Buenos 
Aires, número 21.911, tripulado por veintiséis hombres, salió 
del puerto de Buenos Aires el 13 de mayo con cargamento de 
lanas, cueros, carnes conservadas, grasas, quebracho y pezuñas 
de buey con dirección a Genova. El día 22 de junio a las diez 
de la mañana, encontrándose a 80 millas al sudoeste del cabo 
Espartel, a los 35° 32' de latitud norte y 7° 30' de longitud oes- 
te meridiano de Greenwich, divisó navegando a flote un gran 
submarino que disparó un cañonazo sin bala. Badano, enarbo- 
lando la bandera nacional, detuvo la marcha. El submarino se 
acercó, ordenándole que enviase un bote. Fué enviado el bote 
con un oficial llevando la documentación. El submarino enton- 
ces se acercó y el comandante gritó al capitán ; ¡ Pronto al agua ! 
¡ Cinco minutos ! Entre tanto, el submarino se acercó más, apun- 



V 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 49 

tando con un cañón de 220 milímetros. Sin i)erder tiempo, 
arriando los botes se embarcó la tripulación en menos de cuatro 
minutos, sin poder salvar más documentos que el rol del buque 
y las instrucciones de los armadores del buque. La proximidad 
de los buques permitió ver al capitán que el submarino osten-, 
taba la bandera de guerra alemana. Apenas se separaron los 
botes, el submarino, colocándose a 50 metros, disparó, produ- 
ciéndose el hundimiento en un minuto. Los botes con la tripu- 
lación tomaron el rumbo hacia el cabo Bspartel. Cuando ame- 
necía el día 23, no vióse más el bote número 1, llegando el nú- 
mero 2 al sur de Espartel a las 10 de la noche. Allí el buque 
español San Antonio los recogió, conduciéndolos a Tánger, lle- 
gando el día 24. Por mi telegrama número 30, V. E. sabe que 
la tripulación del bote 1 también se ha salvado, encontrándose 
en Gibraltar. De la tripulación diez son argentinos, diez italia- 
nos, tres portugueses, uno brasileño y uno inglés. 

Avellaneda. 

N°65. 

Buenos Aires, 4 de julio de 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

Sírvase V. E. presentar a ese gobierno la siguiente nota : 
<s Señor ministro : El gobierno argentino ha comprobado que 
el 22 de junio un submarino de la armada alemana hundió al bu- 
que TorOf de bandera y matrícula nacional, que había zarpado 
de Buenos Aires, con destino a Genova, el 14 de mayo pasado, 
con un cargamento de lanas, carnes, grasas, cueros, cascos y ta- 
nino. Hizo escala en Bahía el 25 de mayo y en San Vicente (Cabo 
Verde), el 8 de junio, partiendo de San Vicente con rumbo a Gi- 
braltar, cuando a los 35° 32' de latitud norte y 7° de longitud 
oeste, rumbo verdadero norte 61 este, un submarino alemán 
apareció a jiopa y disparó cuatro cañonazos. El Toro se detuvo y 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 4 



50 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

el capitán izó bandera argentina. Habiendo recibido indicaciones 
de enviar un bote, el capitán mandó al primer oficial con los do- 
cumentos del buque y el comandante del submarino los examinó 
y retuvo, concediendo diez minutos a la tripulación para aban- 
donar el Toro^ y prohibiendo el uso del Marconi, bajo amenaza de 
muerte. Arriados los botes salvavidas, hizo disparar cuatro caño- 
nazos que produjeron el hundimiento del buque en ocho minutos : 
éste llevaba pintada en ambos costados la bandera nacional y en 
grandes letras la inscripción «Vapor Toro, Buenos Aires». El 
capitán y parte de la tripulación eran ciudadanos argentinos. 

«El gobierno argentino, al contestar la nota del gobierno im- 
perial alemán, anunciando la guerra submarina limitada, decla- 
ró que la república ajustaría su conducta, como siempre, a las 
normas y principios fundamentales del derecho internacional. 
Fué fundándose en este concepto que formuló su reclamación 
en el caso del Monte Protegido y que aceptó las explicaciones 
del gobierno imperial alemán, en cuanto ellas reconocían la 
plenitud del derecho de la república y satisfacían la reclama- 
ción en todos sus términos. Al proceder así, este gobierno en- 
tendía que aquella actitud tenía el alcance de colocar en lo su- 
cesivo a los buques argentinos al amparo de las medidas de 
guerra de que había resuelto hacer uso el gobierno imperial ;: 
pero ante la reiteración del hecho, las satisfacciones morales y 
las indemnizaciones del daño material serían insuficientes para 
salvar el derecho vulnerado. En consecuencia, se ve en el casa 
de formular nueva protesta, y reclama, adeüiás del desagravio 
moral y de la reparación del daño, la seguridad del gobierno 
alemán de respetar en lo sucesivo los barcos argentinos en su 
libre navegación de los mares. 

«La república desea mantener sus relaciones cordiales con el 
imperio alemán, pero no podría, por las razones aducidas, acep- 
tar soluciones cuyos términos no signifiquen la consagracióa 
definitiva de su derecho. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 51 

« Espera el gobierno argentino que el gobierno imperial ale- 
mán reconocerá la razón que asiste a la república y le acordará 
las satisfacciones pedidas. 

«Ofrezco a V. E. las seguridades de mi consideración más 
distinguida. — Luis B. Molina. » 

Comunique por telégrafo cuando reciba este despacho y avi- 
se la fecba en que entregue la nota. No escapará a V. E. el al- 
cance de esta reclamación y en consecuencia esté V. E. prepa- 
rado para cualquier eventualidad. 

PUEYKREDÓN. 

N«97. 

Berlín, 5 de julio de 1917. 

A S. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 94, comunico a V. E. que hoy 
miércoles 4 de julio a las 7 y media de la noche, he recibido 
los siguientes datos transmitidos por el almirantazgo al depar- 
tamento de Eelaciones exteriores : « El Toro en viaje a Genova 
fué detenido por un submarino alemán el 22 de junio a quince 
millas al oeste del cabo Espartel (fuera de la zona prohibida) y 
como llevaba contrabando de guerra, absoluto y condicional, 
(lana, cueros y carne), fué hundido a cañonazos después de ha- 
berse dado a la tripulación el tiempo necesario para salvarse. 

Molina. 

No 48. 

Londres, 6 de julio de 1917. 

A 8. JE. el señor ministro de Eelaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

El vicecónsul de Gibraltar telegrafía la siguiente declaración 
del capitán del Toro : « El vapor destinado a Genova llevaba un 
cargamento de lana, cueros, carnes, tanino, grasa y cascos. El 



52 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

22 de junio a las 4.30 p. m., latitud 35°12' norte y 7°30' de 
longitud oeste de Greenwich, fué perseguido por un submarino, 
el cual disparó dos cañonazos sin bala, haciendo las señales M. 
N. Obedecida la señal, el submarino disparó otro cañonazo sin 
bala e hizo la señal F. H. Arriado el chinchorro, se envió al pri- 
mer oficial con los documentos de a bordo y dos hombres al 
submarino. El comandante examinó los documentos. El subma- 
rino se nos aproximó y ordenó fueran arriados los botes, dando 
cinco minutos de plazo. Los botes fueron arriados y todos aban- 
donaron el buque. Cuando los botes se apartaron, el submarino 
se aproximó al costado de babor del Toro y le disparó dos ca- 
ñonazos. Pasando al costado de estribor, disparó dos cañonazos 
más, y como el Toro no se hundiera, se colocó otra vez de ba- 
bor, haciendo explotar las calderas con el quinto cañonazo. El 
Toro entonces se hundió. Llevaba pintada la bandera nacional 
y el nombre Toro, Buenos Aires, en ambos costados, hundién- 
dose con la bandera argentina izada. El bote del capitán con- 
ducía doce hombres y el bote del primer oficial, catorce. Estos 
últimos fueron recogidos por un vapor francés y conducidos a 
Gibraltar. Los primeros continuaron rumbo hacia el cabo Es- 
partel, llegando y fondeando el sábado a las 10 p. m. Al día 
siguiente, en el estrecho, aceptaron remolque de un buque de 
vela y llegaron a Tánger el domingo 24. El buque tenía a bordo 
todos los documentos prescriptos por la ley; solo salvó el rolde 
tripulación y la carta de instrucciones del armador. El subma- 
rino enarbolaba bandera alemana. La parte de tripulación sal- 
vada en el bote del capitán confirma la declaración que antece- 
de. La tripulación restante está de acuerdo en todo, excepto que 
declara que el submarino disparó cuatro cañonazos sin bala y 
cuatro para hundir el Toro, en lugar de tres sin bala y cinco 
con bala, según manifiesta el capitán. — Bngeroni. » 

Villegas. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 53 

No 98. 

Berlín, 8 de julio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Ayer, viernes 6 de julio, a las 9.30 de la noclie he recibido el 
telegrama de V. E. 65. Procederé de acuerdo con las instruc- 
ciones de V. E. 

Molina. 

N» 90. 

Berlín, 9 de julio de 1917. 
A 8. E. el señor Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 98, hoy domingo a la 1.30 p. m. 
entregué la nota personalmente al secretario de estado Zim- 
mermann. He tenido una larga conferencia y estoy convencido 
de que hará cuanto esté de su parte para solucionar tan delica- 
do asunto, pues desea vivamente el mantenimiento de las bue- 
nas y amistosas relaciones dentro de los dos países. 

Molina. 

ACTA 

En la ciudad de Tánger, imperio de Marruecos, a 24 de junio 
de 1917, ante mí : Don Ernesto Freyre y María, cónsul de Es- 
paña, comparece : don Pedro Badano Sartoris, de 40 años, viu- 
do, subdito argentino por naturalización y nacido en Genova 
(Italia), de profesión capitán de la marina mercante, quien ac- 
tualmente desempeña el cargo de capitán del vapor Toro^ de 
pabellón argentino, perteneciente a la matrícula de Buenos Ai- 



54 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

res, en la que figura con el número 21.911, cuyo vapor tiene, 
según declara el compareciente, 709 toneladas de registro neto 
y 1300 de carga, con casco de hierro, cuya tripulación consta 
de veintiséis hombres, contándose a sí mismo. El capitán don 
Pablo Badano manifiesta que salió del puerto de Buenos Aires 
dirigiendo el vapor Toro en la mañana del 12 de mayo del año 
de la fecha, siendo el fin de este viaje arribar a Genova (Italia). 
La carga del vapor se componía de lanas, cueros, carne en con- 
serva, barriles de grasa y extracto de quebracho ; sobre cubier- 
ta llevaba 33 toneladas de pezuñas de buey, siendo su carga 
total de 950 toneladas. Las carboneras iban repletas de carbón, 
del que conducía unas 260 toneladas. Emprendido el viaje, en 
Bahía (Brasil), cargó 165 toneladas de carbón para el repuesto ; 
llegaron sin novedad a San Vicente (isla de Cabo Verde), el 8 
de junio, donde el barco tomó 150 toneladas de carbón. La na- 
vegación siguió sin incidente alguno hasta el día 22 de junio. 
En dicho día 22, a las 16.55, encontrándose a ochenta millas al 
sudoeste del cabo Bspartel, latitud 35° 12' norte y longitud 
7° 30' oeste meridiano de Greenwich, divisó navegando a flote, 
dentro de la faja que forma sobre el agua el reflejo del sol, aun 
gran submarino. Éste se hizo notar disparando un cañonazo con 
pólvora sola ; encontrábase a tres millas de distancia del vapor 
Toro. En cuanto oyó el disparo, el declarante ordenó que arbo- 
lasen bandera nacional argentina. Por su parte el submarino, 
ya a una distancia de milla y media, hizo un segundo disparo, 
también sin bala y levantó la señal internacional M. IST., que sig- 
nifica «deténgase inmediatamente», orden que el declarante 
obedeció. Ep seguida, el submarino arrió las iniciales M. N. y 
arboló F. H., que significa «envíe su bote inmediatamente». 
Con el objeto de verificar la operación que se solicitaba y con- 
servar los botes salvavidas, el capitán declarante ordenó que 
arriasen el chinchorro, bote pequeño, en cuya operación y por 
tener que quitar las amarras, se emplearon tres o cuatro minu- 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 55 

tos. íío habrían pasado dos, cuando el submarino, a unos 500 
metros, aproximandamente, disparó un tercer cañonazo, tam- 
bién sin bala; entonces se detuvo. A bordo del chinchorro mar- 
charon el primer oficial, don Alfredo Corrales y dos marineros, 
Domingo Prioli y Juan Lodi, los cuales llevaban la documenta- 
ción del Toro, y se pusieron al costado del repetido submarino, 
entregaron la documentación al capitán y oficiales del mencio- 
nado buque de guerra, los cuales se encontraban sobre cubierta, 
en la torre. Seguidamente el submarino se acercó a unos 50 me- 
tros del costado del vapor Toro, oyendo el declarante que desde 
aquél le gritaban en español: «Capitán... pronto, pronto al 
agua, cinco minutos»; siguió marchando siempre a estribor y 
cuando se halló situado a la popa, se detuvo y apuntó al barco 
que el declarante manda, con un cañón que llevaba sobre cu- 
bierta y que a su juicio era de calibre de 220 milímetros. Vista 
la orden terminante y no habiendo minutos que perder, el de- 
clarante ordenó que arriasen los botes salvavidas y que embar- 
case la tripulación, en todo lo cual se emplearon cuatro minu- 
tos a lo sumo, siendo el principal cuidado que todos embarcaran; 
no pudiendo, sin embargo, salvarse otros documentos que el rol 
del barco y la carta con instrucciones de los armadores, que el 
compareciente llevaba casualmente en el bolsillo, y a este con- 
sulado exhibe y entrega en este momento. Dada la proximidad 
en que el vapor Toro se encontraba del submarino, el señor Ba- 
dano pudo apreciar que éste último ostentaba la bandera ale- 
mana, que mediría delOOallO metros de eslora, que su tone- 
laje aproximado sería de 900 a 1000 toneladas, que llevaba 
sobre cubierta el cañón antes mencionado de 220 milímetros, y 
visibles cuatro tubos lanza torpedos. En fin, el capitán del sub- 
marino era de complexión más bien robusta, como de 40 años 
de edad y usaba barba rubia, larga, cuadrada. El declarante 
manifiesta que los botes se arriaron en la forma siguiente : por 
estribor el bote número 1, con el primer oficial y trece hombres ; 



56 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

por babor el bote número 2, con el que subscribe y once hom- 
bres el resto de la tripulación. Al separarse del costado del bu- 
que ambos botes, y cuando nos hallábamos — dice el declarante 
— a unos 30 metros del submarino, éste pasó a babor y situán- 
dose hacia el centro del vapor Toro y a unos 50 metros de dis- 
tancia, disparó dos veces sobre la línea de flotación, con bala 
explosiva, según pudo apreciarse, por la segunda ex})]osión que 
el proyectil produjo después de penetrar en el casco del barco. 
En vista de que éste no se sumergía, el buque atacante pasó a 
estribor y a la misma distancia de 50 metros disparó otros dos 
cañonazos sobre la línea de flotación, sin conseguir tampoco 
hundirlo, probablemente a causa del cargamento de lana apren- 
sada que llevaba a bordo. Un quinto disparo dirigido hacia el 
centro del barco y cuyo proyectil acertó con el departamento 
de calderas, las hizo explotar y produjo la sumersión. Éste tar- 
dó en hundirse un minuto. En el lugar en que se produjo el su- 
ceso habría una profundidad de doscientas sesenta brasas y 
desde el primer disparo con proyectil hasta la sumersión del 
barco, transcurrirían quince minutos. Alejadas del submarino 
las dos lanchas en que el declarante y su tripulación se halla- 
ban refugiados, hicieron rumbo estenordeste y pudo notarse 
desde ellas que el submarino fué a situarse otra vez en línea 
del sol, como cuando al principio fué divisado. Durante ese via- 
je de salvamento, antes de que se hiciese de noche, el declaran- 
te avisó al primer oficial, que mandaba la embarcación número 
1, que hiciera rumbo estenordeste durante ochenta millas, con 
lo cual descubrirían el cabo Espartel. Ya cerrada la noche el 
bote que conducía al declarante siguió su rumbo, y al amane- 
cer, desde él no se divisó a la lancha número 1, ignorándose 
hasta ahora qué haya sido de ella y de los que la tripulaban, el 
viento siguió siendo favorable. Durante todo el sábado 23, la 
embarcación en que iba el capitán compareciente continuó con 
mar tranquilo, llegando a, eso de las 10 p. m. al sur del cabo 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 57 

Espartel, frente a las piedras de amolar, dando fondo a 50 me- 
tros de la orilla. Permanecieron allí todos hasta las 4.30 del día 
de hoy, 24 de junio, en que el falucho español San Antonio^ de 
la matrícula de Tarifa, que pasaba por aquellos parajes, divisó 
a la pequeña embarcación y envió a ésta una lancha con el ob- 
jeto de hacernos saber que al otro lado del cabo Espartel había 
fuerte viento del este y marea contraria; todo lo cual hacía di- 
fícil la navegación en un bote. El capitán declarante aceptó el 
ofrecimiento que se le hizo de conducirlo con los suyos y el 
bote, hasta Tánger, adonde llegaron a las 12.40 a. m. de hoy, 
domingo 24 de junio. En la embarcación donde iba el declaran- 
te se encontraban, a más del mismo, los oficiales y tripulantes 
siguientes : don Juan Várela, segundo oficial, argentino, de 46 
años de edad; Marcos Cerinedo, primer maquinista, argentino, 
de 58 años de edad; Juan Demore, cocinero, italiano, de 51 años 
de edad; Mario Tardito, marinero, de 28 años; Juan Sabatino, 
marinero, italiano, de 29 años; Luis Eenschaw, radiotelegrafis- 
ta, argentino, de 20 años; Eafael Pizarello, mozo, italiano, de 
42 años; Manuel Pires, cabo fogonero, portugués, de 30 años; 
Severo Silva, fogonero, brasileño, de 26 años; Teófilo A. Gó- 
mez, fogonero, portugués, de 27 años; Roberto Bell, primer 
cabo fogonero, inglés, de 33 años; el capitán señor Badano ma- 
nifiesta igualmente que faltan el oficial y triiDulantes que em- 
barcaron en el bote número 1 y que seguidamente se expresan: 
don Alfredo Corrales, primer oficial, argentino, de 52 años; Luis 
Bonavera, marinero, italiano, de 37 años; Juan Ferrari, mari- 
nero, italiano, de 56 años; Marcelino Caraballo, marinero, ar- 
gentino, de 25 años; Domingo Prioli, argentino, de 27 años; 
Juan Lodi, lavaplatos, italiano, de 20 años; José Porretto, se- 
gundo maquinista, italiano, de 39 años; Arturo ííana, tercer 
maquinista, de 29 años; Juan A. Gómez, cabo fogonero, argen- 
tino, de 29 años; Salvador Morguero, fogonero, italiano, de 54 
años; Martín Torres, fogonero, uruguayo, de 28 años; Evaristo 



58 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Eomero, palero, argentino, de 35 años; Carlos J. Lima, palero, 
portugués, de 30 años y Tomás Sánchez, palero, argentino, de 
29 años. De todo lo cual el compareciente da cuenta al señor 
cónsul de España en esta plaza, en calidad de encargado de los 
asuntos de la República Argentina en esta residencia, protes- 
tando enérgicamente contra el cañoneo que ha ocasionado la 
perdida del vapor Toro que mandaba, a los efectos proceden- 
tes; y firma conmigo, el cónsul de España, que doy fe. 

El capitán, Pablo Badano. — El cónsul, 
Ernesto Freyre (rubricados). 



DECLARACIONES COMPLEMENTARIAS DICTADAS ANTE MI AUTO- 
RIDAD POR TRES DE LOS TRIPULANTES DEL VAPOR ARGEN- 
TINO «TORO», CAÑONEADO Y HUNDIDO POR UN SUBMARINO 
ALEMÁN. 

Decreto 

Tánger, 2o de junio de 1917. 

En vista de la anterior comparecencia de protesta hecha por 
el capitán del vapor Toro, don Pablo Badano Sartoris, recíbase 
declaración a tenor de los hechos que la misma comprende, a 
tres de los individuos de la dotación del mismo, que se encuen- 
tran en esta población, encargándose de la comparecencia de 
los mismos ante este consulado, a dicho capitán, póngase a con- 
tinuación testimonio liberal del despacho del referido vapor que 
obra en el rol respectivo al mismo, y de la carta presentada por 
el repetido capitán, señor Badano, en el acto de su compare- 
cencia. Lo mandó y firma el señor cónsul de España que cer- 
tifica. 

El cónsul de España, Ernesto Freyré 

(rubricado). 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 59 

Declaración de don Juan Verda Camelia 

En 26 del mismo mes y año ante el señor cónsul de España 
en esta residencia, en calidad de encargado de los asuntos de la 
Eepública Argentina, compareció don Juan Yerda Camelia, na- 
tural de Oneglia (Italia), de 46 años de edad, de estado soltero, 
segundo oficial del vapor Toro y preguntado a tenor de los ex- 
tremos que comprende la comparecencia hecha por el capitán 
del referido vapor, don Pablo Badano, dijo : Que son ciertas 
todas las manifestaciones que el capitán don Pablo Badano hace 
en su declaración de la que ha sido enterado, sin que tenga que 
añadir ni modificar ninguna otra cosa. Leída que le fué esta de- 
claración al que la ha prestado, por renunciar a hacerlo por sí, 
en ella se ratificó y afirmó y firma con el señor cónsul que cer- 
tifica. 

El cónsul, Ernesto Freyre. — Juan 

Verda Camelia (rubricados). 

Declaración de don Marcos Cerinedo Crosti 

En el mismo día ante el señor cónsul de España en calidad 
de encargado de los asuntos de la república en esta ciudad de 
Tánger, compareció don Marcos Cerinedo Crosti, natural de Mi- 
lán (Italia), de 58 años de edad, de estado casado^ de profesión 
primer maquinista del vapor Toro^ con instrucción y pregunta- 
do a tenor de la declaración prestada por el capitán de dicho 
vapor don Pablo Badano que obra por cabeza de estas diligen- 
cias, dijo : Que es cierto cuanto en ella se contiene, pues han 
ocurrido los hechos tal y como en la citada declaración se ma- 
nifiesta. Leída que le fué esta declaración, por renunciar a ha- 
cerlo por sí, en ella se afirma y ratifica, y firma conmigo el cón- 
sul de España, que certifico. 

El cónsul, Ernesto Freyre. — Marcos 
Cerinedo (rubricados). 



60 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Declaración de Juan Sabatini Bosasco, marinero 

En el mismo día, ante el señor cónsul de España, en calidad 
de encargado de los asuntos de la Eepública Argentina en esta 
ciudad de Tánger, compareció Juan Sebatini Eosasco, natural 
de Genova (Italia), de 32 años de edad, de estado soltero, de 
profesión marinero, de la tripulación del vapor Toro, con ins- 
trucción, y preguntado a tenor de la comparecencia hecha ante 
este consulado por el capitán de dicho vapor, don Pablo Bada- 
no, en 24 del actual, de cuyo contenido fué enterado, sin leér- 
sele, dijo : Que es cierto cuanto se manifiesta en su declaración 
por el referido capitán y le consta de una manera cierta por ha- 
berle tocado el servicio de turno de timón. Leída que le fué esta 
declaración por renunciar a hacerlo por sí, en ella se afirmó y 
ratificó, y la firma conmigo el cónsul de España de que certifico. 

El cónsul, Ernesto Freyre. — Juan Sa- 
batini (rubricados). 

Comparecencia de don Pablo Badano, capitán del vapor « Toro » 

En el propio día, ante el señor cónsul de España, en calidad 
de encargado de los asuntos de la Eepública Argentina en esta 
ciudad, compareció el capitán del vapor Toro, don Pablo Bada- 
no Sartoris, y dijo : Que acababa de recibir de Buenos Aires un 
telegrama que copiado literalmente dice así : « Capitaine Badano, 
-vapeur argentin Toro: Tánger. Adressez Albert Dodero, 11 bis, 
rué Scribe, Paris, quant l'équipage. Corrales avec treize arrivé- 
rent Gibraltar, télégraphiez s'il manque des hommes. — Bodero. » 

Y el señor cónsul mandó extender la jiresente que contiene 

el presente testimonio y firma con el compareciente don Pablo 

Badano. 

El cónsul de España, Ernesto Freyre. — 

Pablo Badano (rubricados). 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 61 



Testimonio 

El cónsul de España que subscribe, encargado de los asuntos 
de la Eepública Argentina en esta ciudad de Tánger, certifica 
que a los folios 1 y 2 del rol de navegación respectivo al va- 
por denominado Toro^ que hacía su travesía de Buenos Aires 
a Genova, aparece el despacho que copiado literalmente dice 
así : «En esta fecha se despacha por esta oficina el vapor na- 
cional Toro, de 709/36 tonelaje de registro, matrícula número 
21.911, con destino a Genova (Italia), con carga y la tripula- 
ción que consta en el presente rol : Pablo Badano, capitán, 40 
años, argentino, libreta número 30.770, haberes 50 libras; Al- 
fredo Corrales, primer oficial, argentino, libreta 22.060, habe- 
res 30 libras; Juan Verda, segundo oficial, 45 años, argentino, 
libreta 994, haberes 15 libras; Luis Renschaw, telegrafista, 20 
años, argentino, libreta 62.302, haberes 13 libras; Luis Bona- 
vera, marinero, italiano, libreta 14.129, haberes 8 libras; Juan 
Ferrari, marinero, italiano, libreta 14.011, haberes 8 libras; 
Mario Tardito, marinero, italiano, libreta 49.198, haberes 8 li- 
bras; Juan Sabatini, marinero, italiano, libreta 34.1 18, haberes 
8 libras; Marcelino Caraballo, marinero, 25 años, argentino, li- 
breta 46.324, haberes 8 libras; Domingo Prioli, marinero, 27 
años, argentino, libreta 58.730, haberes 8 libras; José Demoro, 
cocinero, 51 años, italiano, libreta 35.680, haberes 11 libras; 
Rafael Pizarello, mozo, 42 años, italiano, libreta 44.254, habe- 
res 8 libras ; Juan Godi, lavaplatos, 20 años, italiano, libreta 
54.417, haberes 5 libras; Marcos Cerinedo, primer maquinista, 
58 años, argentino, libreta 7687, haberes 35 libras; José Porret- 
to, segundo maquinista, 39 años, italiano, libreta 21.068, habe- 
res 22 libras; Arturo Nava, tercer maquinista, 29 años, argen- 
tino, libreta 33.961, haberes 20 libras; Manuel Pérez, cabo 
foguista, 30 años, portugués, libreta 15.597, haberes 11 libras; 



62 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Juan A. Gómez, cabo foguista, 29 años, argentino, libreta 5684, 
haberes 11 libras; Severo Silva, foguista, 26 años, brasileño, 
libreta 16.516, haberes 9 libras; Salvador Morguero, foguista, 
54 años, italiano, libreta 6189, haberes 9 libras; Martín Torres, 
foguista, 28 años, uruguayo, libreta 17,039, haberes 9 libras; 
Teófilo Gómez, foguista, 27 años, portugués, libreta 48.110, ha- 
beres 9 libras; Eoberto Bell, primer cabo fogonero, 33 años, 
inglés, libreta 5056, haberes 12 libras; Evaristo Eomero, car- 
bonero, 35 años, argentino, libreta 13.459, haberes 7 libras; 
Antonio Molina, carbonero, 39 años, argentino, libreta 13.083, 
haberes 7 libras; Carlos J. Lima, carbonero, 30 años, portugués, 
libreta 57.404, haberes 7 libras; Tomás Sánchez, carbonero, 29 
años, argentino, libreta 55.159, haberes 7 libras. 

La tripulación precedente ñrma el rol en las siguientes con- 
diciones : todo de acuerdo al Código de comercio y reglamentos 
de ordenanzas de la Prefectura general de puertos, se compro- 
meten a efectuar el viaje hasta Genova (Italia), y escalas que 
sean necesarias. Todos los tripulantes tendrán derecho a sus 
haberes hasta la terminación de la descarga del buque en su 
destino y terminada ésta queda de hecho rescindido ese com- 
promiso. Cada tripulante después de llegar el buque a su desti- 
no a más de sus haberes, tiene derecho a un mes de sueldo como 
gratificación, renunciando a todo derecho sobre gastos de esta- 
días, pasajes, etc. A más de lo estipulado tendrá derecho a pa- 
saje de retorno hasta Buenos Aires, los siguientes tripulantes : 
el capitán a pasaje de primera clase y primero y segundo oficial 
de cubierta ; primero, segundo y tercer maquinista y radiotele- 
grafista, a pasaje de segunda clase. Asimismo certifico : que la 
carta presentada por el capitán del vapor Toro, don Pablo Ba- 
dano en el acto de su comparecencia, por la que la casa arma- 
dora le facilita las instrucciones de vidas, copiada literalmente 
dice así: Hay un membrete que dice: «Dodero Hermanos. 
Steamship Agents and phisbroker, Montevideo, Buenos Aires, 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 63 

Rosario, Bahía Blanca. Buenos Aires, 27 de abril de 1917. 
Señor capitán vapor « Toro », presente. Muy señor nuestro : nos 
permitimos adjuntar a la presente, los siguientes certificados 
del Burean Veritas, correspondientes al vapor de su mando : 
Xirimero, certificado de máquina y calderas ; segundo, certifica- 
do de clasificación del casco. Viaje presente. En vista de liaber 
terminado sus operaciones de embarque y alistamiento del va- 
por, rogárnosle se sirva proceder con la mayor rapidez para el 
puerto de destino, Genova. 

Carbón. — A los efectos de llenar sus carboneras en los puer- 
tos de Bahía y San Vicente, usted encontrará las instrucciones 
relativas en la casa Wilson Sons y compañía, donde firmará giro 
sobre los señores Herris y Dixson de Londres, por el valor del 
carbón total. 

Avisos telegráficos. — Todas las llegadas y salidas y la canti- 
dad de carbón que embarcará en los puertos de escala, nos de- 
berá ser comunicada telegráficamente. Después de San Vicente 
sírvase informar también a nuestro señor Alberto A. Dodero, 11 
bis, rué Scribe, París los movimientos de su vapor. 

Provisiones. — Sobre este punto le estimaríamos mucho su 
personal vigilancia y al mismo tiempo que el consumo de la 
misma sea efectuado con el mayor cuidado posible. 

Viajes. — Desde el punto de escala como a su llegada a desti- 
no, le agradeceríamos escribiera dándonos los particulares del 
viaje, como también todo cuanto se refiere a la velocidad y con- 
sumo de carbón, el tiempo y ruta seguida y además todos aque- 
llos detalles que pudieran interesarnos. Deseándole un feliz via- 
je saludamos a usted atentamente su seguro servidor. — Bodero 
Hermanos. » 

El despacho y carta antes copiados están literalmente con- 
formes con los originales a que se refiere y para que conste se 



64 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

extiende el presente testimonio, que firmo en la ciudad de Tán- 
ger, a 26 de junio de 1917. 

El cónsul de España, Ernesto Freyre 
(rubricado). 

Acta 

En la ciudad de Tánger, a las diecisiete horas y treinta mi- 
nutos del día 24 de junio de 1917, ante mí, don Ernesto Freyre 
y María, cónsul de España, comparece don Juan Cazalla Gon- 
zález, de 55 años de edad, de nacionalidad española, casado, 
natural y vecino de Tarifa, de profesión marino, y manifiesta 
que en el día de la fecha salió a las cuatro horas de la madru- 
gada de Tánger, patronando el falucho San Antonio, de 13 to- 
neladas, matriculado en Tarifa (Cádiz), con cinco hombres y un 
grumete de tripulación, gobernando en dirección de Arzila, parS, 
dedicarse a la pesca llamada de cordel, navegando con mar pi- 
cada llegaron hasta unas tres millas al sur de cabo Esparte!, 
divisando entonces por la parte de tierra y a una media milla 
de la orilla, un bote tripulado por doce hombres, que a voces y 
con señales pedían que se aproximasen y les prestaran auxilio, 
como así lo hicieron, dando fondo y recogiendo velas para que 
el mucho viento reinante no dificultase la operación. Puestos al 
habla los tripulantes, resultaron ser los que auxilio pedían, el 
capitán don Pablo Badano, y once hombres de la tripulación 
del vapor Toro, que había sido cañoneado y hundido por un 
submarino alemán, el viernes 22 de los corrientes a las 16 horas 
horas 55 minutos de su tarde. Pidió el capitán del vapor Toro 
ál compareciente que le llevase con su gente y el bote a Gibral- 
tar, a lo que le respondió no era posible por impedirlo el viento 
y que sólo podría hacerlo en dirección a barlovento, es decir, 
hacia Tánger. Tomamos primero, dice el patrón Juan Cazalla, la 
dirección norte, para sortear el viento, y después la sudeste, 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 65 

llegando por fin sin novedad al puerto de Tánger a las 1 2.30 del 
día 24 de junio de 1917, Y para que conste se extiende la pre- 
sente acta, que no firma el declarante por no saber, haciéndolo 
a su ruego el testigo José Eamón Atalaya, vecino de Tánger. 
Eeclia supra. 

José Ramón Atalaya. — El cónsul de 
España, Ernesto Freyre (rubricados). 

Consulado de España en Tánger 
Marruecos 
N» 229 

Tánger, 2 de julio de 1917. 

A 8. E. el señor doctor Marco Avellaneda, embajador de la Be- 

pública Argentina. 

Madrid. 

Excelentísimo señor : 
Muy señor mío : Tengo el honor de poner en su conocimiento 
en adición a mis despachos anteriores sobre el mismo asunto, 
que el capitán del vapor Toro, don Pablo Badano, y los once 
tripulantes que estaban en esta ciudad de Tánger, han marcha- 
do en el día de hoy a Gibraltar, siguiendo las instrucciones que 
le han sido comunicadas por el representante de la casa arma- 
dora en dicho puerto. Euégole acepte, señor embajador, el tes- 
timonio de mi más alta consideración. 

El cónsul de España, Ernesto Freyre. 

Buenos Aires, 28 de julio de 1917. 

A S. E. el señor Pablo Soler y Guardiola, embajador de España. 

Señor embajador : 
Tengo el agrado de dirigirme a V. E. haciéndole saber que la 
embajada de la república en Madrid ha transmitido a este mi- 
nisterio copia de las actas originales labradas en el consulado 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 5 



66 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

de España en Tánger, con motivo del liundimiento del vapor 
argentino Toro en las inmediaciones de aquellas costas, por 
cuyos documentos se pone de manifiesto el celo y la actividad 
con que se ha desempeñado en este caso el señor cónsul de Es- 
paña en dicho puerto, don Ernesto Freyre y María, quien está 
encargado de los intereses argentinos : aun cuando aquella em- 
bajada ha transmitido al señor Freyre las expresiones de su 
agradecimiento por su lucida actuación en este asunto, he creí- 
do oportuno informar ahora a Y. E. de lo que antecede, por si 
estimara conveniente llevar a conocimiento de su gobierno el 
recomendable proceder observado por el aludido cónsul. Saludo 
a V. E. con las seguridades de mi consideración más distin- 
guida. 

H. PUEYRREDÓN. 

N099. 

Berlín, 8 de julio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Con referencia a mi telegrama 98, hoy domingo a la 1.30 j). m. 
entregué la nota personalmente al secretario de estado Zimmer- 
mann. He tenido una larga conferencia y estoy convencido de 
que hará cuanto esté de su parte por solucionar tan delicado 
asunto, pues desea vivamente el mantenimiento de las buenas 
y amistosas relaciones entre los dos países. 

Molina. 

N» 102. 

Berlín, 11 de julio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 99, de julio 8, sigo ocupándo- 
me del asunto con el mayor empeño. He tenido varias conferen- 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 67 

cias y puedo asegurar a V. E. que hay el más vivo deseo de 

llegar a una solución satisfactoria. Hoy, 11 de julio, se me ha 

prometido pronta contestación. 

Molina. 

N» 108. 

Berlín, 16 de julio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 102, la contestación demorará 
algunos días, debido al cambio de canciller del imperio. 

Molina. 

N<>73. 

Buenos Aires, 17 de julio de 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

Eecomiéndole la mayor actividad posible para obtener res- 
puesta inmediata a nuestra reclamación. 

PUEYRREDÓN. 

No lio. 

Berlín, 19 de julio de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

» 

Anoche he recibido el telegrama de Y. E. 73. Hoy jueves 19 

de julio, a las 7 p. m., se me ha prometido la respuesta para 

dentro de dos o tres días. Se me manifestó que no era posible 

hacerlo antes, por la situación política del país y que se espera 

que el gobierno argentino tendrá en cuenta las dificultades del 

momento para excusar aun la demora de uno o dos días más, si 

era necesario. 

Molina. 



68 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

N» 112. 

Berlín, 21 de julio de 1917. 

A 8. JE. el señor ministro de Belaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 110, espero recibir contesta- 
ción mañana domingo 22 de j alio o el lunes a más tardar. Aca- 
bo de saber que la nota está pronta. 

Molina. 

N» 113. 

Berlín, 24 de julio de 1917. 

A 8. JEJ. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 112, la nota fechada julio 22 
me ha sido entregada personalmente por el secretario de estado 
en el departamento de Eelaciones exteriores ayer lunes 23 de 
julio a las 7 p. m. Dice así : 

« Señor ministro : 

« Al acusar recibo de la nota que ha tenido a bien dirigirme 
el 7 del corriente, relativa al hundimiento del buque Toro, ten- 
go el honor de contestar lo que sigue : 

«De dicha nota se desprende que el gobierno de la Eepúbli- 
ca Argentina presume que la pérdida del vapor Toro es el re- 
sultado de la guerra submarina sin restricciones, tal como ha 
sido anunciada por la declaración del 31 de enero último. 

«El gobierno imperial no ha recibido aun informe detallado 
de sus fuerzas navales sobre el buque Toro. Sin embargo, délas 
informaciones contenidas ya en la nota, entre otras de la indi- 
cación del lugar, resulta que el incidente ha ocurrido lejos de la 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 69 

zona interdicta designada en la declaración del 31 de enero y 
que él no es una consecuencia de la guerra submarina sin res- 
tricciones, sino de la aplicación de las reglas generales interna- 
cionales del derecho en la guerra marítima. Esas reglas han sido 
codificadas en la declaración de Londres del 26 de febrero de 
1909, especialmente en el capítulo IV intitulado I)e la des- 
trucción de presas neutrales. En la introducción de esta decla- 
ración, que ha sido firmada por todas las potencias represen- 
tadas en la conferencia de Londres, por España entre otras, 
se dice que los principios adoptados en la declaración están de 
acuerdo con los principios generalmente reconocidos del dere- 
cho internacional. Que esos principios son considerados como 
la consagración del derecho marítimo moderno, lo prueba el he- 
cho de que el señor presidente de los Estados Unidos de Amé- 
rica, en los comienzos de la guerra, propuso la ratificación in- 
mediata de la declaración de Londres. Esta jiroposición fué 
aceptada por Alemania, pero rechazada por Inglaterra. Además, 
en cuanto al derecho de presas Alemania se ha mantenido es- 
trictamente de acuerdo con las disposiciones de esa declaración. 
Las modificaciones que ella ha introducido en la lista de los ar- 
tículos de contrabando absoluto durante la guerra, han sido 
hechas solamente siguiendo el procedimiento análogo de Ingla- 
terra. Así las lanas, cascos y el tanino han sido declarados con- 
trabando absoluto después que el gobierno británico aumentó 
su lista de contrabando de estos artículos. 

«Según su nota, el cargamento se componía en parte de esos 
artículos de contrabando absoluto. El resto del cargamento con- 
sistía en carnes y grasas, es decir, contrabando. Bien, el artículo 
30 de la declaración de Londres, dice que los artículos de con- 
trabando absoluto son apresables si ellos están destinados al 
territorio enemigo. En cuanto a los artículos de contrabando 
relativo, la destinación enemiga se presume, si el envío es hecho 
con destino a una plaza fuerte enemiga o de otra plaza que sir- 



70 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

va de base a las fuerzas enemigas 34). En el presente carga- 
mento destinado a Genova, es decir, no solamente al territorio 
enemigo, sino aun más a una plaza fuerte que al mismo tiempo 
sirve de base de operaciones y de aprovisionamiento. 

« Según los artículos 37 y 49, un buque que transporte ar- 
tículos apresables puede ser apresado y destruido, si él no pue- 
de ser conducido a un puerto sin comprometer la seguridad del 
buque de guerra o el éxito de sus operaciones. Teniendo en 
cuenta que el lugar donde se produjo el hecbo está lejos de un 
puerto alemán o de sus aliados y muy cerca de Gibraltar, una 
de las bases navales más fuertes del enemigo, parece evidente 
que las imposiciones del artículo 49 se habían llenado en el caso 
del Toro. 

«Según el contenido de su nota, parece que las prescripcio- 
nes del artículo 50 ban sido observadas igualmente. Es decir, 
las personas que se encontraban a bordo, han sido salvadas y 
los papeles fueron trasbordados al submarino. 

«De los precedentes resulta que el comandante del submari- 
no tenía razón de estar convencido que su manera de proceder, 
estaba de acuerdo con el derecho internacional. 

« Debe agregarse todavía que en la guerra actual, lo mismo 
que en las guerras anteriores, numerosos buques mercantes 
neutrales han sido hundidos siguiendo los principios precitados 
de la guerra de buques cruceros. Así es que en la guerra ruso- 
japonesa las fuerzas navales rusas hundieron numerosos buques 
neutrales cargados de contrabando sin que los gobiernos inte- 
resados del imperio alemán y de los Estados Unidos protesta- 
ran contra tales hundimientos. Por ejemplo, cuando fueron des- 
truidas las mercaderías americanas en el buque inglés Knight- 
commander el gobierno de los Estados Unidos de América re- 
chazó expresamente fundar una reclamación en la tesis según 
la cual un captor no tendría el derecho de destruir una presa en 
caso de necesidad imperiosa. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 71 

«En efecto, el Naval War Code norteamericano, que estaba 
en vigencia en esa época, declaraba que en caso necesario la 
destrucción de las presas era permitida. 

«Si el gobierno argentino cree que el comandante del sub- 
marino no ha procedido de conformidad con esas reglas inter- 
nacionales, el gobierno imperial se complacerá en recibir las 
aclaraciones del gobierno argentino^ que tomará en debida con- 
sideración. Además, el caso del Toro será examinado con minu- 
ciosidad por el tribunal de presas. 

« Entonces, si de las averiguaciones resulta que las precita- 
das reglas internacionales, no permitían el hundimiento del 
To7'Of se sobreentiende que el gobierno alemán indemnizará a 
los reclamantes. 

« En todo caso y sea como fuere el resultado de esas averi- 
guaciones, el gobierno imperial se apresurará a expresar su vivo 
pesar con motivo de la pérdida de un buque argentino. 

« Al mismo tiempo quiere esperar que sea superfino afirmar 
que el sensible incidente no ha sido causado por la menor falta 
de respeto al noble pabellón de la Eepública Argentina, ni de 
parte de la marina imperial. 

«Por otra parte, usted sabe ya que la marina imperial, en se- 
ñal y testimonio de particular y alta estima y sincera simpatía, 
tendrá la honra de saludar al pabellón argentino tan pronto 
como la situación militar y política lo permita. El gobierno im- 
perial tiene la firme confianza de que el amor a la justicia que 
anima al gobierno argentino lo decidirá a hacer examinar el in- 
cidente desde los puntos de vista precitados y que entonces, el 
gobierno convendrá con el gobierno imperial en que se trata de 
una divergencia que permite que los hechos sean reexaminados 
y aclarados en tanto que los principios jurídicos en que el go- 
bierno imperial se apoya, se encuentran aparentemente de acuer- 
do con numerosos precedentes, así como con las prescripciones 
de la declaración de Londres. Tal divergencia, que puede ser 



72 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

resuelta a satisfacción mutua de los dos gobiernos, no tiene se- 
guramente la importancia de poder afectar las relaciones cor- 
diales que han existido siempre entre las dos naciones. 

«He tenido ya la honra, señor ministro, de asegurarle ver- 
balmente, cuánto el gobierno imperial comparte el deber del 
gobierno de la Eepública Argentina de mantener las buenas 
relaciones que unen a ambos países y que mi gobierno está 
dispuesto a hacer esfuerzos no menos sinceros que efectivos, 
para salvaguardar también en un futuro esta amistad tradi- 
cional. 

«Eefiriéndome a esas seguridades que me complazco en reite- 
rar, aprovecho la ocasión para renovarle, señor ministro, las se- 
guridades de mi alta consideración. — Zimmermann. » 

Las manifestaciones verbales que me ha hecho el secretario 
de estado, me permiten expresar a Y. E. la convicción de que el 
caso y que en lo sucesivo los buques argentinos serán respeta- 
dos. Sobre este punto se han transmitido instrucciones al mi- 
nistro de Alemania en la Eepública Argentina, quien dará las 

explicaciones consiguientes. 

Molina. 

N« 115. 

Berlín, 26 de julio de 1917. 

A S. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Hoy jueves, 26 de julio, los jefes de misión han sido recibi- 
dos por el canciller del imperio. Me habló con mucho interés 
del asunto del vapor Toro, expresándome en términos que no 
dejan lugar a duda, sobre la sinceridad y el alcance de las pro- 
mesas hechas por el gobierno alemán. Espera que el gobierno 
argentino encontrará satisfactoria la respuesta del gobierno 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 73 

imperial y que nada podrá afectar ya las buenas y amistosas 
relaciones que lian existido siempre entre los dos países. 

Molina. 

No 77. 

Buenos Aires, 4 de agosto ele 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

Con referencia a su telegrama 113, sírvase Y. E. presentar 
a ese gobierno la siguiente nota : 

« Señor ministro : 
«Obra en mi poder la nota de V. E. de fecha 23 de julio últi- 
mo, contestando la reclamación relativa al hundimiento del bu- 
que argentino Toro. En ella V. E. circunscribe la cuestión a los 
términos de la convención de Londres, según su interpretación, 
y alas modificaciones posteriores introducidas por los mismos 
beligerantes. No es ese el plano en que el gobierno argentino 
ha colocado su reclamación, ni el que acepta para sostener sus 
derechos de nación neutral y soberana. Las divergencias exis- 
tentes entre el gobierno de su majestad imperial alemana y el 
gobierno argentino, deben resolverse por principios y concep- 
tos inalterables. La plenitud de la soberanía nacional al com- 
prender la inmunidad del derecho ampara las actividades que 
debe desplegar para realizar su comunidad con el mundo, y ño 
es dable admitir que mientras ella garantiza ampliamente la 
persona y los bienes de los subditos alemanes en la república, 
los intereses argentinos en los mares sean atacados y destruí- 
dos por las escuadras del imperio. La república soporta como 
estado neutral las consecuencias mediatas de la guerra; pero no 
puede consentir como legítimo el daño directo, a base de con- 
venciones que le son extrañas o por imposiciones de una lucha 
en que no participa. 



74 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

«No es concebible que sus productos naturales se califiquen 
en momento alguno como contrabando de guerra y jamás han 
figurado en tal carácter en los tratados celebrados por ella. Son 
el fruto del esfuerzo de la nación en su labor vital, no para sa- 
tisfacer exigencias de la guerra, sino para las necesidades nor- 
males de la humanidad. El gobierno argentino no puede así re- 
conocer que el intercambio de la producción nacional del país, 
sea motivo de una calificación bélica restrictiva de su legítima 
libertad de acción y de evidente menoscabo a su soberanía. 

«En consecuencia, no cabe aceptar las proposiciones -que for- 
mula V. E. y de acuerdo con el derecho que sustenta, insiste en 
la reparación requerida y en la seguridad de respetar en lo 
sucesivo los buques argentinos en su libre navegación de los 
mares. 

«Las manifestaciones amistosas del gobierno de Y. E. y el 
anhelo de mantener las relaciones cordiales entre ambos países, 
que el gobierno argentino valora en su alto significado, le hacen 
esperar del gobierno de su majestad imperial, la justa solución 
que reclama. Ofrezco a Y. E. las seguridades de mi considera- 
ción más distinguida. — Luis B. Molina. » 

Haga presente la necesidad de una solución inmediata, de- 
morada por razones de ese gobierno y por las tramitaciones in- 
dicadas con el ministro en ésta. Signifique, igualmente, los vi- 
vos deseos del gobierno argentino de alcanzar una solución 
satisfactoria en los términos planteados. Comunique por telé- 
grafo cuando reciba este despacho y avise la fecha en que en- 
tregue la nota. 

PUEYRREDÓN. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 75 

N» 120. 

Berlín, 6 de agosto de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Hoy lunes 6 de agosto, he recibido el telegrama de V. E., 
número 77. Procederé con las instruciones de Y. E. 

Molina. 

No 122. 

Berlín, 8 de agosto de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

* Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama, ayer martes 7 de agosto, a 
las 7 p. m., entregué personalmente la nota fechada el 6 de 
agosto al subsecretario de estado, Bussche. Me ha manifestado 
que se procederá a su examen con espíritu amistoso y con el 
más vivo deseo de llegar a una solución — si es posible — que 
satisfaga las exigencias del gobierno argentino. La contesta- 
ción demorará algunos días, pues Zimmermann se ha retirado 
ya y el nuevo secretario de estado todavía no se ha hecho car- 
go de su puesto. 

Molina. 

N» 126. 

Berlín, 12 de agosto de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 122, hoy domingo 12 de agos- 
to, me entrevisté con el nuevo secretario de estado Kuehlmann, 
que acaba de llegar del gran cuartel general, para donde partió 



76 ANALES DE LA FACULTAD DE DEEECHO 

el mismo día que tomó posesión' de su puesto. Me dijo que se 
ocupa ya del asunto y que dará la contestación tan pronto como 
sea posible. Espera que el gobierno argentino disculpará si ella 
demora todavía algunos días, teniendo en cuenta que boy pro- 
piamente ha entrado en sus funciones. Se manifiesta deseoso 
de llegar a una solución satisfactoria y no dudo que hará cuan- 
to esté de su parte en ese sentido. 

Molina. 

N» 139. 

Berlín, 16 de agosto de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Sigo ocupándome del asunto del vapor Toro con el mayor 
empeño. Después de la conferencia con el secretario de estado, 
a qué se refiere mi cablegrama 126, de agosto 12, he celebrado 
varias conferencias con el subsecretario Bussche. Se contestará 
en estos días, y tengo razones para creer que la respuesta sa- 
tisfará la reclamación en todos sus términos. Vuelvo a expresar 
a Y. E. mi convicción de que el caso no serepitirá y que los bu- 
ques argentinos serán respetados en su libre navegación, a cuyo 
efecto se han tomado hace tiempo las medidas necesarias. 

Molina. 

N«73. 

Buenos Aires, 22 de agosto de 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

Eeitero a V. E. la necesidad de activar solución pendiente, 
que el tiempo transcurrido impone de inmediato. 

PUEYRREDÓN. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 77 

No 135. 

Berlín, 24 de agosto de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 129 se me ha prometido la con- 
testación para mañana sábado, agosto 25, o el domingo a más 

tardar. 

Molina. 

N» 137. 

Berlín, 25 de agosto de 1917. 

Ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia al telegrama de Y. E. número 83, confirmo mi 
despacho telegráfico 135, comunicando habérseme prometido la' 
contestación para hoy sábado 25 de agosto o mañana a más tar- 
dar. He conferenciado nuevamente con el secretario de estado 
Kuehlmann, ayer por la tarde. Me reiteró la promesa, manifes- 
tándome que podía adelantar a Y. E. que la respuesta satisfará 
los deseos del gobierno argentino. 

Molina. 

N» 80. 

Buenos Aires, 17 de agosto de 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

El ministro alemán propuso la siguiente fórmula de decla- 
ración de su gobierno, pero a base del protocolo cuyo texto tam- 
bién transmito. Este último fué absolutamente rechazado por 
el gobierno, como asimismo cualquier declaración o promesa se- 
mejante de nuestra parte. 



78 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Declaración. — El gobierno imperial alemán, no obstante las 
objeciones que puede hacer a los fundamentos de la recla- 
mación del gobierno argentino, en su deseo de mantener las 
buenas relaciones que siempre cultivaron y respondiendo a los 
sentimientos amistosos reiterados por las partes en esta oportu- 
nidad para dar una sanción grande y elevada a la cuestión del 
hundimiento del vapor Toro, resuelve someter su solución a 
los mismos procedimientos observados en el caso del Monte Pro- 
tegido y está dispuesto a abonar al gobierno argentino el monto 
del valor por el hundimiento del buque Toro en lo que exceda 
a la suma asegurada. 

El gobierno imperial reconoce la libertad de los mares a la 
navegación argentina, según las normas del derecho internacio- 
nal, y garantiza una actitud concorde de parte de su marina de 
guerra. 

Protocolo. — El gobierno argentino en vista de los peligros 
existentes para la navegación, procurará que no salgan más bu- 
ques con su bandera para hacer viajes a través délas zonas de 
guerra establecidas por los diferentes beligerantes. El gobierno 
imperial alemán dejará pasar los buques argentinos que se ha- 
llan actualmente en viaje que son... para las zonas de guerra 
establecidas contra sus enemigos actuales, en el viaje de ida y 
vuelta al país. 

PUEYRREDÓN. 

No 81. 

Buenos Aires, 18 de agosto de 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

El ministro alemán desea dada su dificultad para comunicar- 
se, que por intermedio de V. E. se haga conocer a ese gobierno 
los términos de la «declaración» transmitida ayer. 

Queda autorizado V. E. para proceder en esa forma. 

PUEYRREDÓN. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 79 

N» 138. 

Berlín, 26 de agosto de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 137, el secretario de estado me 
ha pedido ruegue a V. E. quiera transmitir lo siguiente al mi- 
nistro de Alemania en la Eepública Argentina. 

« Para el conde Luxburg. Euego dar la forma conveniente a 
este borrador de la nota y hacer la entrega en lugar oportuno. 
El gobierno imperial alemán, animado por el deseo de mantener 
las buenas relaciones que siempre ha cultivado en la República 
Argentina, y respondiendo a los sentimientos amistosos reitera- 
dos por las partes, en esta oportunida^i, después de haber exa- 
minado nuevamente los hechos, ha resuelto indemnizar al go- 
bierno de la República Argentina los daños causados por el 
hundimiento del vapor Toro, y someter la fijación del valor al 
mismo procedimiento observado en el caso del Monte Protegido. 

« El gobierno imperial alemán, manifestando de este modo 
claramente que está dispuesto a dar una solución grande y ele- 
vada a la cuestión del vapor Toro, declara al mismo tiempo que 
la libertad de los mares, también para la navegación argentina, 
es uno de sus objetos principales en esta guerra y que, por con- 
siguiente, a pesar de estar impedido en su libertad de acción 
por las acciones ilegales de sus enemigos, reconoce las normas 
del derecho internacional y se esforzará en cumplirlas. Declara, 
finalmente, que se han dado las órdenes e instrucciones corres- 
pondientes a las fuerzas navales alemanas de acuerdo con estos 
puntos de vista. 

«El gobierno imperial alemán está convencido que después 
de estas declaraciones, y en estas circunstancias, ningún inci- 
dente pertubará más las tradicionales relaciones amistosas entre 
Alemania y la República Argentina. — Kuehlmann. » 



80 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Esta comunicación me lia sido entregada hoy domingo 26 de 
agosto, a las 6 p. m. Debo advertir a Y. E. que se ha telegrafia- 
do a Luxburg, haciéndole saber que la recibirá por intermedio 
de V. E. También se le han transmitido instrucciones comple- 
mentarias, en el sentido de mis telegramas 129yl37,afinde 
que no haya por qué dudar sobre el alcance de la respuesta. La 
actitud del gobierno alemán es decidida y Y. E. puede tener la 
seguridad de que nuestros buques serán respetados. No hay 
restricción alguna — estoy en condiciones de afirmarlo — de 
suerte que la reclamación queda satisfecha en todos sus términos. 

Molina. 

N» 140. 

Berlín, 27 de agosto de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Ayer, 26 de agosto, he transmitido a Y. E. una comunicación 
del secretario de estado Kuelhmann para el ministro de Alema- 
nia en la Eepública Argentina. 

Es la respuesta del gobierno alemán sobre el hundimiento del 
vapor Toro, que dicho representante diplomático debe presen- 
tar a Y. E. 

Molina. 

Legación imperial alemana. 
N» 13. 

Buenos Aires, 28 de agosto de 1917. 

A. 8. E. el ministro de Relaciones exteriores señor doctor Honorio 
Pueyrredón. 

Buenos Aires. 
Señor ministro : 

Por orden de mi gobierno, tengo el honor de comunicar a 
Y. E. lo siguiente : El gobierno imperial, animado del deseo de 



LA CUESTIÓN INTEENACIONAL 81 

mantener las antiguas y cordiales relaciones con la Eepública 
Argentina y de probar, por su parte, con hechos, los sentimien- 
tos amistosos, reiteradamente expresados, ha resuelto, después 
de haber examinado nuevamente la cuestión referente al vapor 
argentino Toro, indemnizar al gobierno de la república los da- 
ños causados por el hundimiento de dicho buque y someter la 
fijación del valor de aquellos al mismo procedimiento que en el 
caso del Monte Protegido. 

El gobierno imperial, al dar de ese modo una prueba evidente 
de que se halla dispuesto a dar a la cuestión del hundimiento 
del vapor Toro una solución grande y elevada, declara al mismo 
tiempo que la libertad de los mares, también para la navegación 
argentina, constituye uno de sus objetos principales en esta 
guerra. Por consiguiente, reconoce gustoso, aunque su libertad 
de acción se halle limitada por los procedimientos ilegales de 
sus enemigos, las normas del derecho internacional y se esfor- 
zará en cumplirlas. Las fuerzas navales imperiales tienen órde- 
nes e instrucciones de acuerdo con estos puntos de vista. 

El gobierno imperial está convencido de que después de las 
declaraciones que anteceden y en estas circunstancias, no se 
producirá incidente alguno que pudiese perturbar las amisto- 
sas y tradicionales relaciones entre Alemania y la Eepública 
Argentina. 

Acepte, señor ministro, las seguridades reiteradas de mi con- 
sideración más distinguida. 

K. LUXBURG. 

Además de los documentos que se publican, la cancillería ar- 
gentina da las siguientes explicaciones sobre algunas inci- 
dencias : 

«Después dei envío al gobierno de Alemania, de la segunda 
nota del argentino, el representante de dicho país trató de bus- 
car una solución al asunto y al efecto celebró varias conferen- 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 6 



82 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

cias con el ministro de Eelaciones exteriores, pero ellas no tu- 
vieron resultado satisfactorio, por cuanto el señor ministro ale- 
mán, si bien estaba dispuesto a dar explicaciones, sostenía que 
para ello era necesaria la existencia del Protocol que figura en 
la documentación precedente, por lo que no se arribó a nada, y 
quedó librada la cuestión al gobierno de Berlín. 

« Dos días después, encontrándose ausente el ministro de Ee- 
laciones exteriores, el señor ministro de Alemania expresó el 
deseo de renovar el cambio de ideas con el señor presidente de 
la república, lo que se hizo por intermedio del director general 
del ministerio, señor Pozuelo, y entonces el señor ministro ale- 
mán llegó a formular la declaración contenida en el telegrama 
número 80, pero manteniendo siempre el propósito del protoco-, 
lo mencionado, el que fué in limine desestimado por el señor 
presidente, como absolutamente incompatible con el concepto 
de la reclamación, que debía solucionarse por el pleno y estricto 
derecho de la soberanía de la nación. 

«Entonces el señor ministro insistió en conversar directamen- 
te con el señor presidente, y en una larga conferencia el citado 
diplomático concluyó retirando totalmente el protocolo que ve- 
nía sosteniendo, y en consecuencia se remitió la documentación 
a Berlín, con la salvedad de que el protocolo había sido recha- 
zado. >> 



Visita de la escuadra de los Estados Unidos 

Presidencia del Senado nacional. 

Buenos Aires, 30 de junio de 1917. 

Excelentísimo señor presidente de la Nación. 

El honorable Senado en sesión secreta de la fecha, ha sancio- 
nado la siguiente manifestación, que tengo el honor de trans- 
cribir : 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 83 

« El Senado de la Nación, después de oir al señor ministro de 
Relaciones exteriores y ante la concordancia entre los propósi- 
tos del Poder ejecutivo y los de este cuerpo de cuidar firme- 
mente de que nuestras relaciones internacionales se desenvuel- 
van dentro de las normas del derecho y de las exigencias del 
honor y de la soberanía, resuelve hacer pública su complacencia 
por este hecho y por el designio manifestado por el Poder eje- 
cutivo de recibir en aguas nacionales a la escuadra norteameri- 
cana en calidad de amiga : en el caso de que ella las visitare ; 
conducta a que la Nación se halla autorizada, no sólo por sus 
propios derechos de soberanía, sino por los principios estable- 
cidos en los últimos congresos y declaraciones internacionales, 
y en tratado con los Estados Unidos, subscripto en San José de 
Flores, el 10 de julio de 1853. 

Dios guarde a V. E. 

Pelagio B. Luna. 
B. Ocampo, 

Secretario. 

Ministerio de Kelaciones exteriores 
y Culto. 

Buenos Aires, 14 de julio de 1917. 

A S. E. el señor embajador de los Estados Unidos de América 
don F. J. Stimson. 

Señor embajador : 

Informado de que el gobierno de los Estados Unidos le sería 
grato aprovechar la oportunidad de la venida de su escuadra al 
Eío de la Plata, para hacer una visita de cortesía a nuestro país, 
tengo verdadero agrado en enviar a V. E. la invitación adjunta. 

Saludo a Y. E. con mi mayor consideración. 

H. PUEYRREDÓN. 



84 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



Ministerio de Relaciones exteriores 
y Culto. 



Buenos Aires, 14 de julio de 1917. 



A 8. E. el señor embajador de los Estados Unidos de América 
don F. J, Stimson. 

Señor embajador : 

Confirmando nuestra conversación del 11 del corriente, e in- 
formado de la venida de la escuadra de los Estados Unidos al 
E.ÍO de la Plata, me complazco en manifestar a V. E. que el go- 
bierno argentino tendrá el mayor agrado en recibir su visita y 
la de los marinos de esa nación amiga. 

Saludo a V. E. con mi consideración más distinguida. 

H. PUEYRREDÓN. 



Expulsión del enviado extraordinario y ministro plenipotenciario 
de Alemania 



TELEGRAMAS DEL CONDE DE LUXBURG 

El 8 de septiembre el departamento de estado de los Estados 
Unidos, publicó la siguiente información oficial : 

Este departamento se ha apoderado de ciertos telegramas del 
conde Luxburg, enviado extraordinario y ministro plenipoten- 
ciario de Alemania ante el gobierno argentino, dirigidos a la 
cancillería de Berlín. Es lamentable tener que declarar que esos 
despachos fueron expedidos desde Buenos Aires por la legación 
de Suecia, como despachos oficiales de esa legación dirigidos al 
ministerio de Relaciones exteriores de Estocolmo. 

He aquí algunas traducciones del texto original en alemán : 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 85 

No 32. 

Mayo 19 de 1917. 

Este gobierno lia libertado ahora los buques alemanes y aus- 
tríacos internados, en los cuales se había mantenido, hasta el 
presente, un servicio de vigilancia, a consecuencia del arreglo 
sobre el caso del Monte Protegido. Se ha operado un gran cam- 
bio en el sentimiento público. El gobierno se limitará, en lo fu- 
turo, a despachar los barcos de bandera argentina hasta Las 
Palmas solamente. 

Me permito indicar que los vaporcitos Oráíi y Guazón, 1/31 
(los números parecen indicar que esos barcos salieron el 31 de 
enero) de 800 toneladas, que navegan actualmente hacia Bur- 
deos con el propósito de cambiar de bandera, sea salvados, si es 
posible, o de lo contrario, que se hundan sin dejar la menor 
huella. 

Nota. — El texto alemán dice : spurlos versenJc (sepultarlos sin 
dejar rastros). 

Otra comunicación del conde Luxburg a su gobierno dice 
así : 

N»59. 

Julio 13 de 1917. 

Me informo, de buena fuente, que el ministro interino de re- 
laciones exteriores, que es un notorio asno y un anglofilo, de- 
claró en una sesión secreta del Senado que el gobierno argentino 
exigiría de Berlín la promesa de no hundir más barcos argenti- 
nos, y que, si no se accede a esa exigencia, se romperán las re- 
laciones. Recomiende una negativa y, si fuera necesario, solici- 
tar la mediación de España. 

Luxburg. 

Otra comunicación dice lo siguiente : 



86 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

No 64. 

Julio 9 de 1917. 

Sin demostrar ninguna tendencia a hacer concesiones, con- 
viene aplazar la respuesta a la nota argentina hasta el recibo 
de ulteriores informes. Es probable un cambio de ministerio. 
En lo que se refiere a los barcos argentinos, recomiendo que se 
les obligue a regresar o que sean hundidos sin dejar huella o 
bien que se les permita el paso. Todas estas embarcaciones son 
muy pequeñas. 

LUXBURG. 

El departamento de estado ha puesto estos despachos en co- 
nocimiento de sus representantes diplomáticos en la Eepública 
Argentina y en Suecia. 

DECLARACIÓN DEL MINISTRO DE SUECIA 

El ministro de Negocios extranjeros de Estocolmo no ha re- 
cibido comunicación alguna concerniente a la transmisión de 
telegramas mencionados en la declaración del secretario de es- 
tado de los Estados Unidos. El ministerio real no puede, por 
consiguiente, tomar posición ñnal ante cuestiones que pudieran 
sobrevenir. Sin embargo, es exacto que al principio de la guerra 
mundial el ministro de negocios extranjeros que a la sazón 
ocupaba el cargo, consideró de su deber permitir que un tele- 
grama alemán concerniente a la población civil a Kiaoutschon, 
fuese retransmitido y que permisos semejantes fueran acorda- 
dos a los representantes de las dos partes beligerantes, sin con- 
siderar el hecho de que Suecia se hubiera encargado de los in- 
tereses de un país en guerra, lo que motivaba, indudablemente, 
un cambio considerable de cartas y telegramas. Por lo que con- 
cierne a los Estados Unidos de América, el ministro de los Es- 
tados Unidos en Estocolmo pidió en varias ocasiones, en el 
curso de este año, que cartas y telegramas fuesen transmitidos. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 87 

sea de... sea de Turquía, lo que le fué acordado. Este pedido fué 
heclio en una época en que Turquía no se encontraba en estado 
de guerra con los Estados Unidos y en que la legación de Sue- 
cia no había sido encargada de salvaguardarlos intereses délos 
Estados Unidos. Estos telegramas fueron expedidos vía Alema- 
nia. El secretario de estado de los Estados Unidos, hizo expre- 
sar por una carta de su ministro en Estocolmo, fechada el 14 de 
abril, su reconocimiento por la cortesía internacional que le ha- 
bía sido demostrada. Ya en el verano de 1915 fué expresado 
por Inglaterra el deseo de que la transmisión de telegramas en- 
tre Alemania y Estados Unidos cesase. Ninguna reclamación 
formal fué hecha, pero el ministro de Negocios extranjeros cre- 
yó oportuno adelantarse al deseo expresado. No obstante, el 
ministro de Negocios extranjeros, que había conferenciado ver- 
balmente con el ministro de Inglaterra, y que estaba al corrien- 
te de la marcha de estas negociaciones, no consideró que hubiera 
impedimento para transmitir telegramas a otros países neutra- 
les, como la Argentina. Por consiguiente, hubo transmisión de 
telegramas a este país a raíz de la comunicación americana. Los 
telegramas de que se trata, estaban escritos en lengua secreta y 
l)or consiguiente indescifrables para la parte transmisora. Nos- 
otros no estamos en condiciones de constatar si esos telegramas 
son del tenor que se les atribuye. La primera medida será, pues, 
la de obtener explicaciones de Alemania. Es indudable que en 
el caso de que se probara que tuvieron lugar dichos abusos, se- 
rán tomadas las medidas necesarias a fin de evitar una repeti- 
ción, y esto independientemente de las gestiones eventuales. 

No se ha hecho gestión alguna, ni por los Estados Unidos, ni por 
Inglaterra, concerniente a la supresión déla transmisión de tele- 
gramas entre Suecia y la Argentina, ni anteriormente ni ahora. 
El asunto sólo ha sido llevado al público por la prensa. Un deseo 
expresado por quien de derecho tiene carácter oficial o semiofi- 
cial para ello, hubiera sido acogido favorablemente sin retardo. 



88 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ENTREGA DE LOS PASAPORTES AL MINISTRO DE ALEMANIA 
Buenos Aires, 12 de septiembre de 1917. 

Habiendo dejado de ser persona grata al gobierno argentino, 
el señor conde Karl de Luxburg, enviado extraordinario y mi- 
nistro plenipotenciario del imperio alemán, 

El Presidente de la nación Argentina decreta : 

Art. 1°. — Entregúese sus pasaportes al señor conde Karl de 
Luxburg, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del 
imperio alemán, quedando así terminada su misión diplomática 
cerca del gobierno argentino. 

Art. 2°. — Comuniqúese a quienes corresponda a los efectos 
consiguientes, publiquese en el Boletín Oficial y dése al Eegis- 
tro nacional. 

lEIGOYEN. 

H. PUEYRREDÓN. 

Ministerio de Relaciones exteriores 
y Culto. 

Buenos Aires, 12 de septiembre de 1917. 

A 8. E. el señor conde Karl von Luxburg, enviado extraordinario 
y ministro plenipotenciario del imperio alemán. 

Señor ministro : 

Tengo el sentimiento de manifestar a V. E. que habiendo de- 
jado de ser persona grata al gobierno argentino, éste ha resuel- 
to entregarle sus pasaportes que le remito con la presente. El 
señor introductor de embajadores tiene instrucciones para faci- 
litar a V. E. su salida inmediata del territorio de la república. 

Dios guarde a V. E. 

H. PUEYRREDÓN. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 89 

Pasaporte 

Por cuanto parte de la República Argentina S. E. el señor 
conde Karl von Luxburg, enviado extraordinario y ministro 
plenipotenciario del imperio alemán, se recomienda a las auto- 
ridades nacionales del tránsito hasta la frontera, le presten los 
auxilios que necesitare o requiriese para salir del país. 

Dado en Buenos Aires a los doce días del mes de septiembre de mil 
novecientos diez y siete. 

Válido liasta la frontera. 

(L. S.) 

H. Pueyrred(3n. 

NOTA AL JEFE DE POLICÍA DE LA CAPITAL 

Ministerio de Relaciones exteriores 
y Culto. 

Buenos Aires, 5 de octubre de 1917. 

Al señor jefe de Policía de la Capital. 

En cumplimiento del decreto de fecha 12 de septiembre úl- 
timo, y no habiéndose embarcado el ex ministro de Alemania, 
señor conde de Luxburg, en el vapor que salió el día de hoy, 
por falta de los salvoconductos necesarios, ni pudiendo impo- 
nérsele su traslación a los países vecinos, por haberlo así solici- 
tado sus gobiernos, se hace necesario fijar el paraje donde ha 
de permanecer, y a ese objeto sírvase TJ. S. proceder a su inme- 
diata traslación a Martín García, a la espera del primer vapor 
que permita su salida definitiva del territorio. 

H. PUEYRREDÓN. 



90 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



DECLARACIÓN DEL HONORABLE SENADO 

El Senado de la nación, intensamente afectado por la conduc- 
ta del ex ministro del imperio de Alemania, conde Luxburg, en 
el asunto de los telegramas transmitidos a la cancillería de Ber- 
lín, por intermedio de la legación de Suecia en esta capital y 
publicados por la secretaría de estado de los Estados Unidos de 
América, por considerarla un atentado contra la moral diplo- 
mática y contra los principios más elementales de humanidad 
que informan nuestras leyes, contra la tradicional política de 
lealtad, honradez y justicia de la Eepública Argentina y contra 
el derecho de libre navegación de los buques de su bandera 
neutral en la presente guerra; en la convicción de que tales pro- 
cedimientos pueden comprometer la inmunidad de su bandera, 
la vida de sus nacionales, la neutralidad de la república y su 
soberanía territorial, al ejercer dentro de su jurisdicción actos 
de espionaje en perjuicio del comercio de la nación y de nacio- 
nes beligerantes amigas de la república; creyendo que la acti- 
tud que adopte su gobierno en esta emergencia debe acentuar 
la no interrumpida amistad fraternal que la ha unido siempre 
a todos los estados de este continente, sobre la base de comu- 
nes ideales democráticos y de justicia internacional; y no obs- 
tante la orden de expulsión del referido ministro del territorio 
de la nación, lo que no basta como satisfacción en vista de la 
gravedad de la falta y agravios inferidos ; el Senado de la Na- 
ción declara : 

Que lo procedente, en las presentes circunstancias es que el 
Poder ejecutivo suspenda sus relaciones diplomáticas con el go- 
bierno del imperio de Alemania. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 91 



DECLARACIÓN DE LA HONORABLE CÁMARA DE DIPUTADOS 

En vista de los antecedentes que ha hecho públicos oficial- 
mente el Poder ejecutivo, con ocasión déla entrega de pasapor- 
tes al ex ministro del imperio germánico, la Cámara de diputa- 
dos declara : 

Que procede de inmediato la suspensión de las relaciones di- 
plomáticas entre el gobierno argentino y el gobierno alemán. 



COMUNICACIÓN AL MINISTRO ARGENTINO EN BERLÍN 

N»98. 

Buenos Aires, 12 de septiembre de 1917. 

Al ministro argentino en Berlín. 

Sírvase V. E. manifestar a ese gobierno lo siguiente : 
El gobierno argentino que ha reconocido y valorado debida- 
mente la forma grande y elevada con que el gobierno alemán 
dio solución en toda la amplitud de sus términos a la reclama- 
ción argentina, tiene el sentimiento de manifestar a Y. E. que 
por los conceptos de los telegramas del señor ministro conde 
Karl von Luxburg, que se han hecho públicos, éste ha dejado 
de ser persona grata y, en consecuencia, se ve en el caso de en- 
tregarle los pasaportes, lo que comunica a Y. E. a los fines que 
corresponde. 

H. PUEYRREDÓN. 



92 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



EXPLICACIONES DEL GOBIERNO DE ALEMANIA 

N» 148. 

Berlín, 15 de septiembre de 1917. 

Señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Con referencia al telegrama de V. E., 98, presenté nota. 

Molina. 

N» 149. 

Berlín, 16 de septiembre de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. ' 

Buenos Aires. 

Con referencia a mi telegrama 148, hoy sábado 15 de sep- 
tiembre, he celebrado una conferencia con el subsecretario de 
estado, señor Bussche. El secretario de estado señor Kuehl- 
mann, se encuentra actualmente en Munich. 

Me manifestó que el gobierno alemán lamenta lo ocurrido y 
desaprueba en absoluto los conceptos de los telegramas atribuí- 
dos al conde Luxburg. 

Cúmpleme participar a V. E. que el departamento de Eelacio- 
nes exteriores pidió ayer a esta legación la transmisión de un 
telegrama, a fin de comunicar a dicho representante diplomáti- 
co, por intermedio de Y. E. que el gobierno alemán había re- 
suelto llamarlo para informar sobre el asunto de los telegramas 
y solicitaba que el gobierno argentino le proporcionara un sal- 
voconducto. 

No he dado curso al pedido, porque había recibido ya el tele- 
grama de V. E., número 98. 

Molina. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 93 



N» 102. 

Buenos Aires, 19 de septiembre de 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

Enterado de su telegrama, y no liabiendo recibido hasta aho- 
ra más comunicación al respecto, debe Y. E. requerir, con apre- 
mio, del secretario de estado, la resolución por nota de ese go- 
bierno a nuestra comunicación 98. Comprenderá Y. E. que las 
explicaciones tienen que ser tan amplias y terminantes que no 
quede duda alguna de que en ningún momento ese gobierno se 
ha complicado con la insólita conducta de su ministro. 

PUEYRREDÓN. 



N» 103. 

Buenos Aires, 21 de septiembre de 1917. 

Ministro argentino en Berlín. 

Reiteróle la urgencia de la solución requerida en mi telegra- 
ma número 102, de la cual depende la actitud que asumirá el 
gobierno. 

PUEYRREDÓN. 



N» 154. 

Berlín, 21 de septiembre de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Transmito a Y. E. con referencia a mi telegrama 149, el se- 
cretario de estado Kuelhmann, que regresó ayer de Munich, me 
ha entregado hoy viernes, 21 de septiembre, a las 7 p. m. la 
contestación que transmito a Y. E. 

«La nota fechada el 21 de septiembre, dice textualmente co- 
mo sigue : 



94 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

« Señor ministro : 

« Al acusar recibo de su nota de fecha 14 del corriente, por la 
cual me ha comunicado que el conde Luxburg ha cesado de ser 
persona grata, tengo el honor de hacerle saber que el gobierno 
imperial lamenta vivamente lo que ha pasado, y desaprueba en 
absoluto las ideas expresadas por el conde Luxburg en los tele- 
gramas publicados por nuestros adversarios, sobre la forma de 
hacer la guerra de cruceros. Estas ideas son puramente perso- 
nales. Ellas no han tenido, ni tendrán, ninguna influencia sobre 
las decisiones y las promesas del gobierno imperial. 

« Sírvase aceptar, señor ministro, la seguridad de mi alta con- 
sideración. — Kuelhmann». 

El secretario de estado estuvo muy expresivo y terminante, 
rechazando en absoluto los conceptos de los telegramas en cues- 
tión. 

Hago saber a V. E., por otra parte, que la prensa alemana, 
unánimemente, ha condenado la actitud de Luxburg. 

Molina. 

No 313. 

La Haya, 23 de septiembre de 1917. 

A S. JE. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires. 

Eetransmito a V. E. el telegrama 156 de Berlín : 
«Con referencia al telegrama de Y. E. 102, recibido hoy sá- 
bado a las 9 a. m., confirmo mi despacho telegráfico 154, expe- 
dido ayer viernes 21 de septiembre, transmitiendo precisamente 
el texto de la nota del gobierno alemán eu respuesta a la comu- 
nicación de V. E., 98. 

« Como V. E. verá, las satisfacciones no pueden ser más am- 
plias'ni más terminantes. En el telegrama a que me refiero tam- 



LA CUESTtóN INTERNACIONAL 95 

bien hago saber a Y. E. que el secretario de estado — quien ha- 
bía regresado la víspera de Munich, para donde había partido 
el día 14 — me entregó personalmente la nota, manifestándose 
muy expresivo y terminante. No hay duda, pues, de que el go- 
bierno imj)erial condena la conducta de Luxburg, cuyas opinio- 
nes — puramente personales — desaprueba en absoluto. Puede 
V. E. tener la seguridad de que el gobierno imperial cumplirá 
fielmente sus promesas. — Molina. » 

CrUESALAGA. 

N» 315. 

La Haya, 23 de septiembre de 1917. 

A S. JE. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Retransmito a V. E. el telegrama 157 de Berlín : 
«Con referencia al telegrama de Y'. E., 103, que acabo de re- 
cibir (7 de la noche), confirmo mis despachos telegráficos 154 y 
156 expedidos ayer viernes 21 de septiembre y hoy 22 de sep- 
tiembre, respectivamente. — Molina. » 

GUESALAGA. 

N» 317. 

La Haya, 25 de septiembre de 1917. 
A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Transmito a Y. E. el telegrama 159 de Berlín : 
«Tengo la satisfacción de comunicar a Y. E. que el gobierno 
imperial ha dado a conocer, por intermedio de la agencia Wolfí", 
vale decir, para que se publique en todas partes, dentro y fuera 
de Alemania, el contenido de la nota-respuesta del secretario 
de estado Kuelhmann sobre el asunto Luxburg, cuyo texto he 
transmitido en mi telegrama 154. En los diarios de hoy lunes 
24 de septiembre aparece el comunicado. — Molina. » 

GUESALAGA. 



96 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

No 318. 

La Haya, 23 de septiembre de 1917. 

A S. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Transmito a V. E. el número 158 de Berlín : 

«Con referencia a mi telegrama 157, hago saber a V. E. que 
no es cierta la noticia esparcida por los enemigos de Alemania 
de que el emperador se ha dirigido a Luxburg aprobando su 
conducta y asignándole otro puesto diplomático. Este gobierno 
la ha desmentido por radiotelegrafía. — Molina. » 

GUESALAGA. 

No 319. » 

La Haya, 30 de septiembre de 1917. 

A 8. E. el señor ministro de Relaciones exteriores. 

Transmito a V. E. el número 159 de Berlín. 

« La declaración hecha el viernes 28 de septiembre en la co- 
misión principal del Eeichstag, por el secretario de estado Kuelh- 
mann, dice así textualmente : 

«Tan pronto como se conocieron, por la publicación del go- 
bierno norteamericano, los telegramas del conde Luxburg, se 
tomaron las medidas necesarias para llamar acá al conde Lux- 
burg: será, pues, tenido aquí por responsable. El departamento 
de relaciones exteriores ha manifestado con franqueza al mi- 
nistro argentino en Alemania que desaprobamos los conceptos 
de los telegramas de nuestro ministro, y que su contenido no 
ha tenido influencia alguna sobre las resoluciones y promesas 
. del gobierno alemán. 

«El subsecretario de estado, Bussche, agrega — en la carta 
que me ha dirigido acompañando el texto de la declaración — 
que todos los señores diputados que hablaron condenaron acer- 
bamente lo que ha hecho Luxburg. — Molina. » 

GUESALAGA. 



LA CUESTIÓN INTERNACIONAL 97 

Después de haber el gobierno entregado sus pasaportes al con- 
de Luxburg, ministro de Alemania, permaneció éste en Buenos 
Aires, por espacio de más de un mes, a espera, según parece, de 
un salvoconducto que le permitiera trasladarse a Europa, sin te- 
mor a ser detenido por los buques aliados. En un momento dado, 
el conde, ignoramos con qué propósito, abandonó la ciudad y fué 
a refugiarse en una lejana estancia de la provincia de Buenos 
Aires, propiedad de subditos alemanes. El gobierno, sin que 
Laya hecho públicos los motivos que lo indujeron a proceder 
de esa manera, determinó detener al ex ministro alemán y un 
comisario de policía se encargó de traerlo nuevamente a la Capi- 
tal, trasladándosele luego a la isla de Martín García, donde se 
encuentra confinado mientras le llega la oportunidad de embar- 
carse (1). 

Con motivo de esta resolución, una persona entabló, en favor 
del ex ministro, el recurso de liabeas corpus ante los tribunales, 
que, por razones técnicas, resolvieron no darle curso (2). Pero al 
presentarse el escrito iniciando los procedimientos, el diario 
La Nación solicitó la opinión del doctor Drago sobre el asunto, 
y éste con fecha 18 de octubre, la formuló de esta manera : 



El recurso 
sonas pri\ 



rso de Jiabeas corpus es sólo procedente en favor de las per- 
ijadas, detenidas por autoridad incompetente, con el objeto 



(1) Véase nota al jefe de Policía de la Capital, página 89. 

(2) La Cíimara Federal do Apelaciones deseclió el recurso, estableciendo que 
a la Sujjrema Corte corresponde conocer originariamente en los asuntos concer- 
nientes a embajadores u otros ministros públicos (art. 100 y 101 de la Const.), 
lo cual de ninguna manera disminuye o modifica las inmunidades que el derecho 
internacional atribuye a los agentes diplomáticos y que ellos no pueden renun- 
ciar. El caso de Corte puede producirse si terceras personas ventilan algún 
asunto que directa o indirectamente concierna o afecte a algún ministro público, 
o si éste, con la expresa autorización de su gobierno, se hiciera demandante o 
aceptara interpelaciones judiciales. En nuestro caso, iniciada la gestión de habeas 
Corpus ante la Corte, aquel tribimal la habría desestimado, irremisiblemente, 
por las razones enunciadas en la opinión del doctor Drago. 

ANAL. FAC. DE DEE. — T. IH (3» SEE.) 7 



98 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

de que ellas sean sometidas al juez que corresponda, si no hay mérito 
para decretar su libertad inmediata. Esto demuestra que tal remedio 
legal no es aplicable a los ministros diplomáticos. Ellos están exentos 
de la jurisdicción civil y criminal del país . donde han sido acredita- 
dos, y no podrían usar de un recurso que, por definición, los coloca- 
ría bajo la autoridad de los tribunales del crimen, en caso de ser des- 
favorablemente resuelto. 

No se han hecho públicas las razones por las cuales el Poder 
ejecutivo ha resuelto confinar al conde Luxburg, ministro de Ale- 
mania, después de expedirle sus pasaportes. Es de suponer que 
hayan mediado motivos muy serios para ello, pero, en todo caso, esa 
grave medida, ciertamente excepcional, ha sido adoptada por el de- 
partamento del gobierno encargado de la política exterior del país, y 
no es admisible que, sometiéndola a juicio, el Poder judicial se inmis- 
cuya, aun indirectamente, en el manejo de las relaciones internacio- 
nales que no le han sido atribuidas y de las cuales no es respon- 
sable. 

En cuanto al conde Luxburg mismo, no es exacto que, por el hecho 
de habérsele entregado sus pasaportes, se haya despojado de su ca- 
rácter público, convirtiéndose en una persona privada, autorizada a 
continuar viviendo en el país, al amparo de sus leyes comunes. Él es 
un agente diplomático de Alemania mientras no abandone nuestro te- 
rritorio, y, en ese concepto, goza de todos los privilegios e inmunida- 
des que el derecho de gentes acuerda a los ministros públicos. Su 
persona es inviolable y no puede ser llevado a juicio ante ningún tri- 
bunal, lo que no quiere decir que si conspira o se hace de otro moda 
peligroso, no se adopten a su respecto las medidas que la seguridad 
pública aconseje, hasta que salga de la república, como conviene que 
suceda, a la mayor brevedad. Podría con toda propiedad acompañár- 
sele hasta la frontera, y aun embarcársele. El gobierno argentino, que 
debe hacerlo respetar dentro de su territorio, no tiene obligación ju- 
rídica ni moral de procurarle salvoconductos ni exenciones en país 
extraño. Una vez llevado a la frontera, se desentendería de él. Spur- 
lo8 versenkt. 



LA ACTUALIDAD DE MAQUIAVELO 



(1) 



En estos tiempos difíciles Maquiavelo es autor predilecto. 
El perspicaz y admirable espíritu florentino brilla a cada ins- 
tante, iluminando el escenario del universo. El Principe ayuda 
a comprender muchas cosas, y sugiere reflexiones tristes sobre 
el revivir de sus viejos conceptos morales, ingratos y angus- 
tiosos. 

El famoso libro fué escrito en el campo 5 entre lecturas del 
Dante y Petrarca, o uno di quei poeti minori como Ovidio. Verá 
sus amores y sus pasiones para recordar las suyas, egodermiun 
pezzo in questo pensiero. Por la noche después de encanallarse 
con el hostalero, el carnicero y otras gentes por el estilo, jugando 
a los dados, a cricca, a trie trae, entre injurias y vociferaciones, 
si eombatte un quattrino, e invocar a San Casiano, se retiraba a 
su escritorio. Ahí pasaba las horas en íntima comunión con los 
antiguos, mi pasco di quel cibo che solo e mió e che io naequi 
per lui. 

Los clásicos le dieron el estilo sobrio, claro, preciso; su genio 
le dio el método. De un punto de vista técnico el Principe es 
una obra maestra. Cada una de sus máximas se sostiene con 
una serie de hechos, hábilmente elegidos, y que se someten al 
control de la psicología, porque « los hombres son siempre idén- 



(1) Marc-Monniek, De Dante a Luther ; Mariani, Besurgimento de Machia- 

vello. 



100 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ticos y tienen las mismas pasiones. Así en igualdad de circuns- 
tancias los mismos hechos sugieren las mismas reglas de con- 
ducta». 

El Principe no intenta justificar sus conclusiones de un punto 
de vista ético. No es un tratado de moral política. Es un libro 
objetivo, imparcial, que describe aquellos medios de triunfar, 
adquirir jirestigio y popularidad. Y demuestra su exactitud 
y eficacia con la experiencia histórica. Así cuando recuerda que 
los romanos no aceptaron ese principio de' savi de' nostri tempi, 
de confiar en la acción del tiempo, sino más bien en su valor y 
prudencia (virtu) porque el tiempo arrastra de todo y puede con- 
ducirnos al bien o al mal ; se refiere a una política seguida por 
siglos, de no eludir los problemas, de abordarlos de inmediato. 

Se ha dicho por sus críticos más benévolos que la moral de 
Maquiavelo fuera la de su época. Y se entendía que estaba ya 
catalogada en el trágico cementerio de la historia. Lo curioso 
es que revive con una fuerza y un brillo inusitados. 

He releído el Principe en estos meses para comprender mejor 
los acontecimientos de esta época de tristezas y angustias, que 
ha disipado tantas queridas ilusiones de- cultura, de inteligen- 
cia, de justicia, de mesura. Y más de una vez, entre las líneas 
elegantes y precisas, veía el alma noble del gran italiano que 
soñaba entonces con esa gran Italia, que concluye de formarse 
por el hierro y el fuego. En nuestra alma argentina viven mu- 
chos elementos muy ricos, tal vez los más apreciables, que vie- 
nen del pensar y del sentir de Italia. Conviene recordarlo de 
cuando en cuando. 

El Príncipe nos da la clave de muchos misterios y es evidente 
que ilustra los hechos contemporáneos, los aclara, colocándolos 
en el cauce ordinario de la historia, que es bien triste. 

Es curioso este revivir de toda la mentalidad del renacimien- 
to que se creía bien muerta en cuanto a la Moral. Porque en las 
otras manifestaciones de la vida las analogías son muy marca- 



LA ACTUALIDAD DE MAQULWELO 101 

das. El mismo amor de la energía, el entusiasmo artístico, la re- 
ligión de la beheza, la ráfaga sensual que arrastrara la sociedad 
del siglo XX. Creíamos que la moral fuera la excepción y que 
el imperativo de Kant para los unos, el misticismo para otros, 
constituían las bases éticas de la vida. Fué un dulce error, un 
sueño de espíritus idealistas, que se desvanece entre el liumo 
de las batallas. 

La ley de Quinton sobre la invariabilidad de la temperatura 
¿ será aplicable a la moral y a la inteligencia? Permanece la 
moral idéntica a sí misma desde las primeras épocas, dichas 
salvajes, no obstante el barniz superficial que la cubre en los 
tiempos de paz y cultural Eemy de Gourmont pensaba que el 
poder intelectual no había variado, y así lo demuestra compa- 
rando el genio de los primeros inventores con el de los modernos. 

A medida que envejece este universo parece más difícil y 
complicado. ^Renunciaremos al propósito de comprenderlo? No, 
la vida perdería su interés. Reflexionemos que el absurdo y la 
incoherencia son también obras de Dios, que forman parte del 
mundo, y que su misión es tan necesaria e imprescindible como 
la de los otros elementos. Esta filosofía ecuánime nos da la san- 
ta conformidad y vuelve la calma al espíritu. 

Transcribo a continuación algunos párrafos que subrayé en 
mis lecturas del Princi^pe. 

Nos formamos una opinión de los gobernantes por la mentalidad de 
los hombres que los frecuentan . 

Hay tres clases de cerebros : uno que entiende por sí, otro discier- 
ne lo que otro entiende, el tercero no entiende ni sé ni altri, el pri- 
mero es excelentísimo, el segundo excelente, el último inútil. 

Un príncipe debe pedir siempre consejos ; debe preguntar mucho y 
escuchar a todos con gran atención; y si observa que alguien vacila 
en decirle la verdad, manifieste su disgusto. 

Los subditos cambian gustosos de gobierno porque creen mejorar. 

Un medio excelente de colonización consiste en despojar a lospue- 



102 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

blos de sus tierras, de sus casas ; substituyendo con los subditos del 
vencedor. 

No debe olvidarse que es necesario ganar las simpatías délos hom- 
bres o destruirlos. La ofensa debe ser tan cruel que imposibilite la 
venganza. 

En los negocios de estado los males previstos se remedian fácilmente, 
pero si se les deja crecer hasta que todos se aperciban, son incurables. 

Quien se adueña de un país y no lo destruye, será destruido. La 
libertad es una palabra de reunión y refugio. 

Sin la ocasión el talento y el coraje son inútiles. 

Nada es más difícil y peligroso que el ensayo de nuevos sistemas de 
gobernar. 

Para llegar al gobierno en las repúblicas no se requiere mayor mé- 
rito o suerte, sino tino (una astusia fortunata) . 

Debe aprenderse a no ser siempre btieno. Las crueldades, bien usa- 
das (se del male é licito diré hene), que se ejecutan de un golpe, sin insis- 
tir, son útiles para los subditos. Un pequeño número de buenos ejem- 
plos evita los desórdenes y crímenes. Al fin, los tumultos trastornaron 
al estado, mientras que los castigos sólo afectan a los particulares. 

Se pregunta si es mejor ser amado que temido. Como es difícil reu- 
nir las dos condiciones, es preferible el miedo al amor. Los hombres 
se inclinan a considerar más a quien se hace temer. 

Un príncipe prudente debe hacerse reputación de bueno, de clemen- 
cia, de piedad, de lealtad, de justicia. Debe tener estas buenas cuali- 
dades y la energía para desplegar las opuestas, cuando sea necesario. 

Un príncipe no debe cumplir, su palabra cuando le trae perjuicio y 
si las circunstancias han cambiado. Es necesario aparentar bien su 
papel (é essere gran simulatore o dissimulatore). 

Sólo debe hablarse de bondad, jiisticia, buena fe y piedad j esta 
última condición es la que más impresiona a los hombres. 

Dejamos al lector el entretenimiento de relacionar esas refle- 
xiones con los hechos y los hombres y los discursos de esta trá- 
gica época, iío se puede negar que el desarrollo de la historia 
da una cierta actualidad al secretario florentino. 

Juan Agustín García. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 

LA DIPLOMACIA EXTORSIVA (1851) 



I. Resultados inmediatos de Caseros para el Brasil. La diplomacia del im- 
perio y la diplomacia de Lamas. La imposición y la complacencia. Vo- 
luntad unilateral y compromiso bilateral. — II. Al otro día del Cerrito. 
La última etapa de la cuestión secular. Su estado en el momento de la 
revolución (1810). La antigua provincia oriental es la provincia Cispla- 
tina. Exigencias del gobierno argentino. Asamblea de la Florida. El pac- 
to de 1828 y la convención de Iberé-Aceguá. Las negociaciones de Ori- 
be. Opinión del ministro Magariños. Síntesis de la cuestión en 1851. — 
III. La solución de la cuestión de limites, base de todos los arreglos. El 
tratado de 1851 y sus cláusulas esenciales. Anulación de los tratados 
anteriores y reconocimiento del uti poasidetis. Límites definitivos del es- 
tado oriental. Navegación del Yaguarón y laguna Merim. Legitimación 
de las posiciones y conquistas del Brasil. Prescindencia de la República 
Argentina. — IV. La alianza temporal se convirtió en alianza perpetua. 
Propósitos del imperio. La intervención armada. La neutralidad. El te- 
soro oriental convertido en tesoro del Brasil. Garantías de la indepen- 
dencia. — V. El tratado de comercio y navegación. Perfecta igualdad 
y reciprocidad, y cláusula de la nación más favorecida. Franquicias 
en la frontera de Río Grande. Navegación de los ríos. Martín Gar- 
cía. — VI. El tratado de socorros pecuniarios ; sus fundamentos. Los 
préstamos; sus condiciones. Intervención administrativa y financiera. 
La conquista por medio de los tratados. — VIL El tratado de extradi- 
ción de esclavos ; sus requisitos. Abdicación de la soberanía Uruguaya. 
Asilo del vandalaje oriental. — VIII. Lamas constituyó el protectorado 
del Brasil sobre el Uruguay. Impresión que los tratados causan en Mon- 



104 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tevideo. Fueron el resultado de la coacción imperial. Repercusión en el 
parlamento brasileño. Inconsistencia del ministro Soarez de Souza. El 
gobierno de la defensa, no hallábase habilitado para aprobar los trata- 
dos. — IX. Los tratados afectaban derechos e intereses argentinos. Si- 
lencio de la confederación. Complacencia de Ui'quiza. La política exte- 
rior, subordinada a la política interior. Influencia imperial. — El mi- 
nistro Lamas, ¿pudo negarse a firmar los tratados de octubre? — Las 
exigencias esenciales del Brasil. Excesos de complacencia en el ministro 
Lamas. La diplomacia extorsiva. El reproche de la historia. 

I. La victoria de Caseros fué para el Brasil el triunfo inme- 
diato de sus añílelos, de la nueva orientación política que la 
convención de 1828 y las violencias de la dictadura le impusie- 
ron en la región del Plata : consolidación de la independencia 
del estado oriental, reconocimiento de la independencia del Pa- 
raguay, apertura de los ríos interiores, conservación de las Mi- 
siones, seguridad de las fronteras. Los hechos mantenidos y 
realizados, satisfacían estos intereses, pero el imperio necesita- 
ba garantirlos por pactos especiales y definitivos, ponerlos bajo 
el candado de los tratados internacionales, el compromiso so- 
lemne y buena fe de las naciones. 

« Los prodigios de habilidad y patriotismo » del ministro La- 
mas, según la frase calorosa de Herrera, fueron superados por 
los prodigios de habilidad y patriotismo de los estadistas del 
imperio. Escucharon las instancias del plenipotenciario de la 
defensa, se penetraron de sus necesidades impostergables, de lo 
que pretendía alcanzar y estaba dispuesto a ceder, y resueltos 
por propias conveniencias a combatir a Eosas, se propusieron 
sacar las mayores ventajas de su concurso. 

En 1825 Eivadavia enviaba al ministro García al Janeiro pa- 
ra hacer la paz « a toda costa ». Veinte años después el presi- 
dente Suárez enviaba al ministro Lamas a la misma corte a 
provocar la guerra a cualquier precio. Los dos momentos fueron 
de necesidad suprema, y en los dos casos tratábase de constituir 
y asegurar la independencia oriental. Ambos plenipotenciarios 



LOS TRATADOS DE LAMAS 105 

excedieron su mandato, porque rebalsaron la complacencia en 
sus gestiones. Les perturbó el clamor de la patria : La paz a to- 
da costa ; la guerra a cualquier precio. 

El emperador exageró el valor de su esfuerzo, porque abusó 
de las ventajas y maltrató la justicia. 

Todos i)rocedían por patriotismo, pero servido por la política 
de habilidad, que siempre engendra el extravío. 

Lamas pensaba que todo debía sacrificarse a la conservación 
de la independencia uruguaya, amenazada por la victoria inmi- 
nente del dictador. No pensaba que la independencia también 
podía perecer jior los fuertes brazos del imperio. Creía que sólo 
él podría salvarla, confiaba en su acción poderosa y el impulso 
de los propios intereses, en la elevación de principios y genero- 
sidad de sus promesas. Dominado por el peligro de Eosas, no 
divisaba el peligro del imperio, y se abandonaba a su influencia 
amable y absorbente. A mayores dificultades que la diplomacia 
brasileña oponía para obrar, mayores facilidades ofrecía la di- 
I)lomacia de la defensa para compensar. No existía ya otra po- 
tencia de quien pudiera esperarse apoyo, y el apoyo extraño juz- 
gábase indispensable para salvar la nacionalidad. 

Lamas consiguió crear extensas y liondas vinculaciones en la 
corte. En el gobierno, en la sociedad, en el periodismo, entre los 
partidos y agrupaciones políticas, en las asociaciones científicas 
y los círculos intelectuales, en el comercio y las finanzas, esti- 
mábase su juicio y su contacto, despertaba sinceras simpatías. 
Mereció hasta la frecuentación y amistad particular del em- 
perador, quien le recibía familiarmente en palacio. Un estado 
de bienestar y satisfacción íntimas, se agregaba al espectáculo 
de un país sudamericano organizado y fuerte, bajo un régimen 
de paz y orden, donde los hombres selectos alternaban en el go- 
bierno por el mecanismo constitucional, sin caudillos locales 
capaces de conmover la nación, y alterar el ejercicio de las ins- 
tituciones permanentes. 



106 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Lamas encontraba en el Brasil una fuerza, un ejemplo y una 
simpatía, y confiaba en su convicción y sentimientos persona- 
les. La diplomacia imperial mezcló en su almirez los propios 
intereses, las necesidades, el estado íntimo del plenipotenciario 
de la defensa, y obtuvo la pasta requerida para afirmar su triun- 
fo en el Eío de la Plata. 

Resuelto al fin a entrar en la coalición, impuso condiciones 
al plenipotenciario de la defensa. Cinco tratados debían ser el 
resultado inmediato del pacto de alianza; límites, alianza ofen- 
siva y defensiva, comercio y navegación, subsidios, extradición 
de delincuentes. Se fundaban en razones de interés recíproco. 
Convenía remover todo motivo de ulterior desinteligencia, y co- 
locar las relaciones de ambos estados, sobre bases claras y defi- 
nitivas, porque sería más difícil fijarlas después de logrado el 
objeto del éonvenio de 29 de mayo (1). Mientras más estrechas 
fueran las vinculaciones con el imperio mayores garantías halla- 
ba Lamas para la integridad uruguaya. Los peligros los descu- 
bría en la Argentina; las seguridades las encontraba en el Bra- 
sil. Conocía íntimamente a sus hombres, los intereses, ideas y 
ambiciones; natural era pensar que ninguna ilusión al respecto 
extraviaría su espíritu, que su juicio y conducta fueran una con- 
clusión de acierto. 

Cuando el general TJrquiza todavía hallábase en campaña, un 
mes después de cruzar el Uruguay, el ministro Lamas, cediendo 
a sugestiones de la política brasileña, a compromisos contraídos, 
« garantidos por la palabra de caballeros y fiados al honor de 
las negociaciones», 'se dirige a la cancillería imperial, expresan- 
do que el primer pensamiento, el primer deseo del gobierno 
oriental, es extender y fortificar los vínculos de alianza con el 
Brasil, removiendo cuanto humanamente fuera posible, para 



(1) Cf. Paulino Soabbz de Soüza, Discurso en la sesión de la Cámara de 
Diputados, de junio 4 de 1852. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 107 

consolidar en el futuro las relaciones de recíproca amistad. «El 
señor Soarez de Souza, decía, ya conoce las bases principales 
de estos ajustes en que conviene el gobierno oriental, y puede 
contar que su ministro en esta corte los firmaría, salvada Mon- 
tevideo, como los firmaría hoy » (1). 

Los ajustes eran los pactos convenidos de 12 de octubre, y la 
condición, salvar a Montevideo. 

El ministro brasileño no retardó la respuesta. El emperador 
designó plenipotenciarios para convenir las bases de los futuros 
tratados, a los consejeros Honorio Hermeto Carneiro Leao y An- 
tonio Paulino Limpo de Abreu, dos espadas del imperio (2). 

Las discusiones no debieron ser laboriosas (3). La diplomacia 
de San Cristóbal, concibe y redacta las condiciones de los pac- 
tos a firmarse. Ko se advierte la intervención del ministro La- 
mas. Parece un testigo autorizante; un simple deudor que paga 
resignado el precio de la alianza al acreedor exigente. Impa- 
ciente por llegar a soluciones integrales, que abarcaran todas 
las relaciones de la vida entre ambos países. Lamas insistió rei- 
teradas veces por abrir las negociaciones y en las negociaciones 
abiertas desapareció el prestigioso diplomático (4). 

Falta su lucha incesante, su empeño ardiente, el empuje y 
resistencia, el pensamiento y fervor de los días angustiosos. No 
disputaba, porque para él no era el Brasil un peligro sino una 
seguridad; porque en la prepotencia y triunfo del imperio, ence- 
rraba el triunfo de la joven república. En su concepto, ceder^ 
era salvar y garantir, porque sin ceder, nada podía salvar. Ee- 



(1) Nota del ministro Lamas al ministro Soarez de Souza, Rio de Janeiro, ju- 
lio 11 de 1850. Cf. Vicente G. Qüesada, La política brasileña-uruguaya. Nue- 
va revista de Buenos Aires, tomo III. 

(2) Cf. Relalorio Paulino, 1852; nota del ministro Lamas, agosto 18 de 1851; 
respuesta del ministro Soarez de Souza, septiembre 3 de 1851. 

(3) Relatorio, obra y lugar citados. 

(4) Cf. Soarez de Souza, discurso citado. 



108 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

salta una voluntad unilateral, y resulta un compromiso bilateral. 

II. Cuatro días después de la caída del Cerrito, apenas lle- 
gada la noticia a la corte, el ministro Lamas firmaba dócilmente 
sus cinco famosos tratados con el imperio, destinados a produ- 
cir hondas y dolorosas perturbaciones en el Eío de la Plata, y 
por decreto oficial a ser quemadas un día en la plaza pública por 
la mano del verdugo. 

Necesitamos resumir las transformaciones que en la última 
etapa sufrió la conocida, complicada y secular cuestión de lími- 
tes, y analizar brevemente las cláusulas salientes de los pactos 
de Lamas, tan trascendentales y controvertidos (1). 

El tratado de San Ildefonso, que según la expresión de su proe- 
mio, « serviría de base y fundamento al definitivo de límites », 
sufrió por los hechos diversas modificaciones sobre el terreno. 

Las animadas controversias de las comisiones demarcadoras 
en 1774, les obligaron a crear un statuquo indefinido e incierto 
en esos territorios, hasta que ambas potencias contratantes pu- 
dieran solucionar el conflicto. Las guerras y trastornos produci- 
dos por la revolución francesa con los monarquías europeas, no 
permitieron considerar la cuestión. Consecuente con su táctica 
política, Portugal empezó lenta y sistemáticamente a borrar las 
líneas del statu quo y avanzar sin contradicción ni protesta du- 
rante cuarenta años hasta orillas del Ibicuy, fundando sucesi- 
vamente, después de la guerra de 1801, los pueblos de Uru- 
guayana, Santa Ana y Alégrete, hasta las proximidades del 
Cuareim. El hecho significaba la posesión efectiva y continua del 
territorio de las antiguas misiones orientales, ocupadas rápida- 
mente por numerosos establecimientos ganaderos, atraídos por 
la calidad de sus campos (2). 



(1) Véase capítulo I. 

(2) Cf. José María Retes, Memoria histórica citada. Véase sobre los derechos 
de ocupación, Conferencia de Berlín, 1885, artículos 34 y 35. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 109 

Al estallar la revolución de Mayo, la antigua provincia orien- 
tal, alcanzaba con sus poblaciones y sus guardias hasta las már- 
genes del Arapey, próximo a cuyo desagüe se fundó la villa de 
Belén, considerándose como el ,término de la jurisdicción en 
el alto Uruguay. La provincia independizada, no podía pre- 
tender territorios del virreinato, ajenos a sus propias fron- 
teras; se emancipaba dentro de su jurisdicción material y 
legal. 

El territorio que se prolongaba al mediodía del Arapey, hasta 
encontrar el Uruguay puitá, límite del tratado de San Ildefonso, 
pertenecía a las misiones orientales. Hallábanse comprendidas 
dentro de la jurisdicción del virreinato del Plata, donde la pro- 
vincia oriental poseía una demarcación distinta, deslindada y 
propia (1). 

La homérica resistencia de Artigas, ocasionó el armisticio de 
1812 con el gobierno de Buenos Aires. Los generales « de am- 
bos ejércitos darían las órdenes necesarias para retirar las tro- 
pas de su mando dentro de los límites de los tratados respecti- 
vos » (art. 3°) (2). 

En virtud de este pacto, el general portugués se retiró a la 
línea del Cuareim y Yaguarón, consolidando así el tranquilo do- 
minio lusitano desde la margen septentrional de estos ríos. ■ 

Cinco años después invadió el ejército de Juan VI con pro- 
pósitos de conquista. Inútiles fueron los heroicos esfuerzos de 
Artigas y su pueblo. El vencedor dominó todo : territorio, go- 
bierno y hombres. Arrancó por la presión al cabildo de Monte- 
video, declaraciones de anexión, y un convenio irrisorio de com- 
pensaciones, que reducía los límites del país a la línea primitiva 



(1) Cf. Andrés Lamas, líemorándum citado. Cf. José Maeía Rktbs, Memo- 
ria citada. Cf. Vicente G. Quesada, obra y lugar citados. 

(2) Cf. armisticio de mayo 26 de 1812. Cf. Bauza, ebra citada, tomo III, ca- 
pítulo I. 



lio ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

del Arapey. Constituían, sin embargo, las fronteras históricas 
de la intendencia oriental (1). 

Más tarde (1821), el conquistador convocó a un congreso na- 
cional, para que él decidiera de sus destinos, bajo la presión del 
ejército dominador. El congreso respondió a su convocatoria ; 
consumó la traición, sancionando la anexión al reino de Portu- 
gal, Brasil y Algarves de la provincia oriental del Uruguay, 
con la denominación de i)rovincia Cisplatina. Determinó las 
fronteras del territorio, y no se detuvo en las orillas del Arapey 
como el cabildo claudicante; avanzó al septentrión y fijó como 
límites las márgenes del Cuareim y Yaguarón, pasando por la 
cuchilla de Santa Ana, y bajando al océano por la costa occiden- 
tal de la laguna Merim, el San Miguel y fuerte de Santa Teresa 
(art. 2") (2). 

Aparece por primera vez el principio del uti possidetis. Disi- 
mula el hecho de fuerza presentado desnudo en la complacencia 
del Cabildo. Portugal nunca poseyó en forma efectiva y perma- 
nente el territorio enmarcado entre el Arapey y el Cuareim. De- 
tuvo la maniobra del congreso cisplatino, en la frontera donde 
poseía por hechos anteriores a la invasión actual. El utiposside- 
ti8 era mejor título que la conquista ; era un hecho que daba de- 
rechos; el otro era un hecho sin derechos, de reacciones fatales 
y rebeldías irreductibles. 

El gobierno argentino protestó y exigió sin resultado la rein- 



(1) Acta del Cabildo de Montevideo de 30 de enero de 1819. Juan Francisco 
Gii'ó y Justiniano Pérez, se prestaron a la farsa de ir personalmente a Río de 
Janeiro en nombre del Cabildo, a interesar la bondad de Juan VI, para que 
permitiera la incorporación de la Banda Oriental al reino de Portugal, Brasil y 
Algarves. 

(2) Sesión del Congreso de julio 31 de 1821. Véase el plano II. Cf. J. M. de 
la Sota, obra citada, número 72. Formaron parte del congreso los señores 
Fructuoso Rivera, José Francisco Giró, Dámaso LarraSaga, Justiniano Pérez, 
Alejandro Chucarro, y otros que después fueron generales, presidentes, minis- 
tros y congresistas de la república. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 111 

corporación de la provincia oriental (1). Triunfantes los treinta 
y tres en su épica campaña (1825), la Asamblea de la Florida, 
declaró « írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siem- 
pre, todos los actos de incorporación y juramento arrancados a 
la provincia oriental por los intrusos poderes de Portugal y 
Brasil ». La nulidad era indiscutible. Los pronunciamientos eran 
arrancados por la violencia de las armas. 

Es oportuno acentuar el hecho, de que la nulidad sólo afecta- 
ba a la provincia Cisplatina, determinada por el acta de anexión. 

Las campañas heroicas de Artigas y Rivera para reconquis- 
tar las antiguas misiones, fueron una protesta armada contra la 
usurpación del imperio, pero no lograron la reivindicación per- 
manente y definitiva, ni que el imperio desistiese siquiera de la 
pretensión de invocar su jurisdicción hasta el Arapey, como 
frontera reconocida del estado Cisplatino y las antiguas misio- 
nes entonces dependientes de Río Grande del Sur. 

Mientras se discutía el tratado de 1828, el general Rivera 
triunfante en su famosa campaña de las misiones, firmó con el 
general Bento Pereyra Pinto el convenio provisional de Yrebé- 
Aceguá. El ejército oriental se situó en la margen izquierda del 
Cuareim, y el ejército brasileño en la margen derecha, las posi- 
ciones del armisticio de Artigas (1812). 

El río que separaba las fuerzas combatientes, se fijó como 
línea divisoria provisional hasta la resolución de los gobiernos 
respectivos (2). Esta línea constituyó el statu quo sobre límites 
de la convención preliminar, que fué respetado hasta la conclu- 
sión del tratado definitivo (1851). 

En 1837 el imperio propuso al presidente Oribe un tratado 
de alianza defensiva y ofensiva para batir al general Rive- 

(1) Véase capítulo I, número 5. 

(2) Cf. convenio entre los generales Rivera y Pereyra Pinto, diciembre 25 de 
1828. Cf. Alberto Palomeqük, La campaña de 1828. 



112 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ra y republicanos de Eío Grande; en el fondo un convenio 
de recíproca persecución política (1). En esta ocasión acordóse 
con el plenipotenciario argentino, que si firmaban el convenio 
proyectado, él limitaría su actitud a protestarlo o aceptarlo ad 
referendum, según consultara los intereses de su país. 

En cuanto a las gestiones sobre límites, el mismo ministro de- 
claró en forma explícita y terminante al enviado oriental, que 
la convención preliminar de 1828, era el línico tratado de los de- 
rechos territoriales de la república uruguaya; el gobierno argen- 
tino no permitiría jamás que llevase sus pretensiones más allá de 
los contornos que ese pacto le señalaba. En ese caso se intenta- 
ría penetrar en la integridad territorial que constituyó el anti- 
guo virreinato del Eío de la Plata, que la confederación había 
de reivindicar tarde o temprano, si no hacía uso del derecho que 
le asistía para exigir del Brasil las debidas compensaciones de 
los territorios usurpados por Portugal en la margen izquierda 
del Uruguay, a pretesto de la guerra de 1801. Ellos formaban 
parte integrante de las tierras encerradas entre los ríos Arapey 
y Cuareim, reputadas como anexos délas misiones orientales, y 
límite el primero del estado Oispl atino, convertido en república 
independiente como antigua provincia oriental. Nunca esta pro- 
vincia durante su independencia del mismo virreinato, poseyó 
ningún territorio más allá déla población de Belén, próxima de 
la confluencia del mismo Arapey (2). 

El gobierno de Montevideo respondió al Brasil : « Para que 
la República Oriental prometa al imperio su amistad, es preciso 
que designe cuál es esa república, cuál es su fuerza, su exten- 
sión, sus dominios territoriales ; esto conviene tanto al imperio 

(1) Las cláusulas propuestas las expone Soarez de Souza, discurso citado. 
Vicente 6. Quesada las reproduce, tomándolas de Perktra Pinto, obra cita- 
da. Nueva revista de Buenos Aires, tomo IIL 

(2) Cf. José María Rkyks, Memoria histórica de los límites de la República 
Oriental del Uruguay, 18. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 113 

como a ella misma. » Para que fuese eficaz la policía política y 
la acción militar contra Eivera y los republicanos de Kío Gran- 
de, se requería del emperador que tolerase que fuerzas orienta- 
les ocuparan la margen meridional del Ibicuy Guazú y Merim. 
Tolerando decía el ministro uruguayo, « y es de su obligación 
declarar, que no por este pedido que hace, ni por la concesión 
que espera, entiende reconocer el dominio del imperio sobre esta 
margen, y si así se expresa, es porque respeta, en cuanto no se 
resuelva definitivamente, las posiciones quede hecho el imperio 
ocupa» (1). 

Siete años después, el ministro Magariños Oerrato acreditado 
ante San Cristóbal, comunicaba a su gobierno, que el imperio 
sostenía los límites declarados por el Cabildo gobernador (1819); 
pretendía en realidad el reconocimiento de la línea de Cuareim 
y Yaguarón, y pensaba el plenipotenciario que esta cesión de 
parte de la Eepública, «no haría más que consolidar lo que es- 
taba perdido por los hechos». Sobre esta base sería fácil obte- 
ner algún recurso para la defensa de Montevido (2). 

Las instrucciones que el gobierno de la defensa entregó al 
ministro Magariños, fueron las mismas que repitió al ministro 
Lamas. 

En síntesis, estos son los antecedentes y la situación de la 
cuestión de límites en 1851, muy conocidos y de ordinario con- 
fusamente expuestos, cuando Lamas firmó el tratado definiti- 
vo. El imperio simulaba avanzar hasta el Arapey, resuelto a 
transigir por el Cuareim; la república sostuvo la línea del tra- 
tado de San Ildefonso o al menos llegar hasta el Ibicuy, pero 
su propio negociador declaró que el territorio comprendido 



(1) Cf. nota del ministro Villademoros ante la corte, Río de Janeiro, septiem- 
bre 9 de 1837. Cf. Relatorio Paulino, 1852. 

(2) El ministro Ernesto Ferreira Franca, ofreció al ministro Magariños una 
indemnización de 1200 contos por los derechos que Montevideo pudiera renun- 
ciar. 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 8 



114 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

entre estas dos líneas, estaba perdido por los hechos ; la confe- 
deración reservó el derecho de reivindicar los territorios que 
se extendían al norte del Arapey, como pertenecientes al anti- 
guo virreinato y no comprendidos en los límites de la conven- 
ción preliminar. 

III. El tratado de 1851, empieza por establecer que la cues- 
tión de límites es de las más graves, de suma importancia para 
los ajustes definitivos ; sería la base para todos los arreglos y 
acuerdos exigidos por las relaciones e intereses comunes. Se 
agrandaban las dificultades y peligros, para agrandar el mérito 
de los resultados adquiridos. 

Se declaraban rotos y de ningún valor, los diversos tratados 
y actos anteriores que pudieran fundar derechos territoriales 
(art. 1°). Importaba invalidar el pacto de San Ildefonso, al cual 
no borró la paz de Badajoz, y suprimir la fuente más seria y ho- 
nesta de los derechos territoriales sostenidos por los gobiernos 
oriental y argentino. 

Eeconocían como principios y bases para regular los límites 
entre los dos países, el uti possidetis ya invocado por el congreso 
cisplatino, engendrado y movido por la violencia armada de un 
ejército conquistador (art. 2°). Todos los pactos y acuerdos, las 
protestas y antecedentes, toda la historia de siglos fué aban- 
donada. Quedaron únicamente puntos de partida nuevos y cla- 
ros, materiales e incontrovertibles; quedaron los hechos actua- 
les y vivientes, y los hechos favorecían al imperio. 

Los límites definitivos fijáronse en esta forma : el océano al 
este; el río de la Plata al sud; el Uruguay al oeste; y por el 
norte el Ouareim hasta la cuchilla de Santa Ana, que divide el 
río de Santa María, el arroyo de Tacuarembó Grande, el Yagua- 
rón, la laguna Merim, el puntal de San Miguel y el Chui hasta 
el océano (art. 2°). Son los mismos límites de la provincia Cis- 
platina, del statii quo de 1812, del statu quo de Irebé-Acegúa, de 
la Eepública de 1828. Son los mismos negociados por el pleni- 



LOS TRATADOS DE LAMAS 115 

potenciario Magariños en 1845, con instrucciones del ministro 
Vázquez y autorización expresa del gobierno de la defensa (1). 
Sobre las fronteras de la antigua provincia oriental, de la juris- 
dicción de 1810 y declaración de 1819, agregó el tratado de La- 
mas el territorio comprendido entre el Arapey y el Cuareim. El 
estado oriental en vez de perder aumentó su territorio a expen- 
sas de los derechos argentinos, que el imperio no pudo preten- 
der ni tampoco invocar el Uruguay (2). 

El gobierno imperial rectificó su primera imposición al Cabil- 
do de Montevideo, y aplicó ahora lealmente el uti possidetis. No 
exigió nada más allá del terreno que poseía; consolidaba su si- 
tuación de hecho, dentro de su principio irreductible, en previ- 
sión de las gestiones argentinas. 

Eesueltos los límites territoriales, correspondía resolver la 
cuestión de las aguas fronterizas. 

En el tratado de comercio y navegación (N° Y), el Brasil sos- 
tuvo la navegación común, como principio prestigioso de dere- 
cho público y exigencia de civilización; se comprometió a sos- 
tenerlo ante los países limítrofes, lo pactó respecto del Uruguay. 
En la laguna Merim y Yaguarón opuso el criterio contrario; 
aplicó también la base del uti possidetis. Ejercía desde mucho 
tiempo el dominio exclusivo de aquellas aguas, por usurpación 
y conquista, y entonces rehusaba la navegación común, soste- 
nida por el mismo con ardor en el Plata y sus afluentes. 

El hecho existente, observó el ministro Lamas, «era desgra- 
ciado para las relaciones e intereses naturales de los dos paí- 



(1) Cf. Instrucciones firmadas por los ministros Santiago Vázquez, Rufino Bau- 
za y Santiago Sayago. 

(2) El área adquirida por el estado oriental, dentro de la jurisdicción del an- 
tiguo virreinato, no fué menor de 2600 millas geográficas cuadradas, en cambio 
de 210 millas que cedió al Brasil para regularizar el ejido de la Villa de Bagó 
y salvar las propiedades en las vertientes de Cuareim, de algunos prestigiosos 
caudillos brasileños. Cf. Andrés Lamas, Memorándum citado. 



116 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ses; una política alta e inteligente, debía, en provecho común, 
no violentar la naturaleza y respetar la comunidad de lo que era 
naturalmente común». 

El ministro Soarez de Souza afirmó entonces que la política 
imperial «no abrigaba la idea antisocial de cerrar aquellas 
aguas al transporte de las riquezas y a la comunicación de los 
pueblos que habitan sus márgenes», e insistió en el monopolio 
del Yaguarón y laguna Merim (1). 

Lamas negó el derecho, pero no pudo desconocer el hecho. 
La navegación quedó «tal como estaba, tal como había existido 
desde que habíamos sido estado independiente.» No innovó 
nada; reconocía simplemente los hechos respetados por todos 
los gobiernos (2). 

El imperio fué aún más exigente. Eesolvió mantener puertos 
propios ; impuso entonces la cesión, en la integridad de la sobe- 
ranía, de media legua de terreno a las márgenes del Oebollatí y 
Tacuary, en el lugar elegido por el comisario imperial, para 
construir «las obras y fortificaciones que juzgase convenien- 
tes» (art. 4"). 

Apretaba demasiado el tornillo de ajuste. Olvidaba que el ex- 



(1) Cf. Federico Nin Reyes, Memoria de relaciones exteriores, página 147. 

(2) Ibídem, página 270. El Brasil concedió la navegación común espontánea- 
mente a la república oriental por el convenio de 1910. 

En 1911, al despedirme en Río de Janeiro de una misión reservada que me 
confió el presidente Sáenz Peña, el barón de Río Branco me entregó el primer 
volumen impreso sobre esta negociación, diciéndome : * He construido ya el 
mapa del Brasil ; ahora me ocupo sólo de consolidar las relaciones fraternales 
con las naciones vecinas. Este libro representa mi primera columna ; espero 
que la segunda será eí A B C. ► 

Cuando la misión de Carlos María Ramiréz al Janeiro (1888), en la primera 
conferencia el barón Cotegipe le dijo al plenipotenciario oriental : < Son inútUes 
sus gestiones. Mientras exista el Brasil ni un bote con bandera uruguaya cir- 
culará en la laguna Merim. » 

El Uruguay ha podido apreciar la diferencia de la diplomacia de la monar- 
quía con la diplomacia de la república. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 117 

ceso engendra la reacción ; que la crueldad del dominio, provo- 
ca la protesta y rebeldía hasta el heroísmo. 

El ministro Lamas reconocía la legitimidad de todas las po- 
siciones y conquistas del Brasil, y renunció en forma absoluta a 
todos los antecedentes contrarios que pudieran discutirlas (1). 
Desde ese momento los intereses territoriales del Uruguay fue- 
ron solidarios de los intereses del imperio, que creaba hábil- 
mente un aliado natural contra el posible reclamante de la si- 
tuación resuelta. 

En los pactos del 51 se prescindió de la Argentina. Si ella 
fué una délas dos partes de la convención preliminar, su pre- 
sencia era lógica y necesaria en la convención definitiva. Poseía 
derechos e intereses a defender, y su imperial aliado aprovechó 
una ventaja ocasional y decisiva. No podía hallarse represen- 
tada en el momento elegido para discutir y firmar los ajustes, y 
por eso el imperio eligió ese momento. La confederación guardó 
silencio cuando se imponía su protesta, apenas constituido el 
gobierno provisional después de Caseros. Sucedió, sin embargo, 
al revés ; prometió y garantizó el cumplimiento de los tratados 
del Uruguay (n" ...). Importaba su actitud renunciar a sus dere- 
chos desconocidos y lesionados (2). 

El Brasil obtuvo la solución que el gabinete y el Consejo de 
Estado, aconsejaron al emperador cinco años antes de Case- 
ros (3). Los partidos y los hombres se sucedieron en el gobierno, 
pero al través de todas las dificultades y comi^licaciones, del 
choque de ambiciones e intereses, de pasiones y rebeldías, los 
propósitos en la política del Plata, se mantuvieron intactos y 
persistentes. 

(1) Cf. Soarez de Souza, discurso citado. 

(2) El general Urquiza y el gobierno de la defensa, tuvieron oportuno cono- 
cimiento de los tratados que negociaba Lamas. Cf. carta de Diógenes J. Ur- 
quiza, Juan Pujol, obra citada, tomo II. 

(3) Cf. Dictamen del Consejo de estado del imperio, mayo de 1847. 



118 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

IV. El tratado de límites era sólo una arista del pentágono. 
La alianza especial y temporaria de 29 de mayo, el imperio la 
convirtió en alianza perpetua, con el fin de sustentar « la inde- 
pendencia de los dos estados contra cualquiera dominación ex- 
tranjera» (art. 1°). 

La Argentina era el único país en posibilidad material de ata- 
car la independencia uruguaya, de manera que la nueva alianza 
se constituía contra la nación que combatió hasta Ituzaingó en 
defensa del estado oriental, que de acuerdo con el Brasil consti- 
tuyó su independencia, que a la cabeza de las armas aliadas de- 
rribó la dictadura del Cerrito, y en esos mismos días marchaba 
a derrocar a Rosas, el enemigo formidable del imperio y de la 
joven república. Mientras combatía de frente por ideales comu- 
nes, sus aliados lo excluían de convenciones premeditadas y 
concluidas a su espalda. 

Ambas partes contratantes, se garantían « recíprocamente la 
integridad de sus respectivos territorios» (art, 4°). 

No podía la Argentina reclamar del Brasil o del Uruguay, de 
los derechos territoriales que pudieran afectarle, sin encontrar 
la resistencia solidaria de los dos vecinos. El imperio arrastraba 
al estado aledaño en la defensa de sus conquistas históricas, 
ajenas al interés oriental, en circunstancias que sostenía dispu- 
tas con todas las naciones limítrofes. 

El emperador cuidaría de la nacionalidad oriental, de «la paz 
interior y de los hábitos constitucionales». Prestaría a ese 
objeto el auxilio de las fuerzas de mar y tierra; por ningún pre- 
texto podría rehusarlo, a requisición del gobierno constitucio- 
nal, en los casos expresamente determinados : cualquier movi- 
miento armado contra las autoridades constituidas, y deposi- 
ción del presidente por medios inconstitucionales (art. 5°, 6" y 7°). 

Sancionaba la intervención armada del imperio en las cues- 
tiones internas del estado oriental, de exclusiva incumbencia 
de su propia soberanía, tumultuosa o pacífica, anárquica uorgá- 



LOS TRATADOS DE LAMAS 119 

nica, pero siempre única, incontaminada, altiva y sagrada, por- 
que era por esencia soberana. El Uruguay tan celoso de su in- 
dependencia, tan heroico en sus luchas por asegurarla, con diez 
años de asedio y martirio por salvarla, firmó su dependen- 
cia del imperio, incompatible con su arrogancia y con su his- 
toria. 

El presidente de la república se comprometía « a tomar me- 
didas eficaces para restablecer y conservar a todos los habitan- 
tes en el pleno goce de las garantías que les conceden los artí- 
culos de la Constitución » enumerados prolijamente (art. 11). 

Implicaba el compromiso el funcionamiento perfecto de las 
instituciones, y como al imperio correspondía el derecho de juz- 
gar la situación, estableció con esta cláusula la doble facultad 
para conceder o rehusar la intervención según el propio criterio. 
El derecho que aparecía completo en el presidente uruguayo, 
resultaba una obligación facultativa en el emperador (1). 

Todos los gastos de transporte, sustento y conservación de 
las fuerzas de mar y tierra ; los sueldos y gratificaciones de 
los soldados y oficiales del ejército y escuadra, fijados discre- 
cionalmente por el imperio hasta que cesara el auxilio prestado, 
correrían por cuenta del gobierno Uruguayo, pagados en el 
tiempo y forma que se impusiera (art. 10). 

A la intervención armada sucedía la obligación de las deudas, 
que son las cadenas de la paz. 

Si durante el tiempo que durase la protección del Brasil (2), 
se levantara alguna rebelión contra el emperador eu sus terri- 
torios limítrofes con el Uruguay, el gobierno de la repiiblica 
prestaría a las autoridades legales toda la protección y auxilios 
que estuvieran a su alcance ; no consentiría ninguna especie de 

(1) Así sucedió más tarde, cuando el presidente Griró requirió la intervención 
del imperio, el 25 de septiembre de 1854. Cf. Oneto Viana, obra citada, II. 

(2) Los artículos 5" y 8o establecían la protección por cuatro años, prorroga- 
bles por otros cuatro. 



120 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

comercio con los rebeldes ; colocaría a los asilados en su terri- 
torio en posición enteramente inofensiva, desarmándolos, con- 
fiscando las armas, los caballos, y cualesquiera otros objetos 
propios para la guerra (art. 13). 

Nada se menciona sobre el pago de los gastos que por estas 
campañas hubiera de soportar el estado oriental. El imperio 
cobra los servicios que presta, pero no abona los servicios igua- 
les que recibe. El tesoro del Uruguay se convierte en tesoro del 
Brasil. En todas las ocasiones éste percibe y nada expone. La 
reciprocidad no se confirma en este caso, y por lo menos queda 
al respecto la discusión abierta. La equidad no equilibra la ba- 
lanza. 

Comprometido el Paraguay a cooperar con el emperador al 
mantenimiento de la independencia oriental (1), e interesando la 
independencia del Paraguay al equilibrio y seguridad de los es- 
tados vecinos, el gobierno uruguayo se obliga a cooperar tam- 
bién por su parte a la conservación y defensa de la Eepública 
del Paraguay (art. 16). 

El Uruguay carecía de fuerzas para sostener la propia inde- 
pendencia, y debía cuidar también de la independencia del país 
vecino. El imperio no buscaba el concurso material, sino la so- 
lidaridad política. 

El Paraguay no es parte en la convención, tampoco La reque- 
rido intervención alguna, y se pacta sobre su independencia, un 
hecho exclusivo de la propia soberanía. 

i¡, Quién juzgará del peligro que le amenace ? 

^ Bastará el juicio de los aliados ? 

Estipulábase una intervención espontánea, un verdadero ata- 
que a la independencia que se pretende guardar. Independiente 
para los demás, dependiente para el imperio. 

Además del Paraguay, las altas partes contratantes invita- 

(1) Cf. Tratado entre el Brasil y el Paraguay de 1850. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 121 

rían a los estados argentinos a formar parte de la alianza, « en 
los términos de la más perfecta igualdad y reciprocidad » (art. 
14 y 15). 

La república Argentina y el Paraguay, quedarían entonces 
en las mismas condiciones del estado oriental. Aparte de di- 
versas cláusulas inaceptables de la nueva alianza, la incorpora- 
ción de la Argentina importaba el repudio del tratado de San 
Ildefonso por ella sostenido, y la aceptación del uti possidetis 
por ella rechazado. Continuaba inspirando los temores y pre- 
caución del Brasil ; la invitación prevista, únicamente envolvía 
el tratado en las sedas de la diplomacia. El propósito real, per- 
seguido siempre con firmeza y eficacia, consistía en debilitar a 
la heredera primogénita del antiguo virreinato, constituir una 
liga incontrastable contra sus posibles asechanzas, pero eso sig- 
nificaba simplemente constituir la influencia, el dominio, la ab- 
sorción del gobierno de San Cristóbal sobre las naciones aliadas, 
la dependencia verdadera para cuidar la independencia aparente. 

Todo esto exigió el imperio, y todo pactó el ministro Lamas. 

V. Los principios generales de derecho público, dominaban 
en el tratado de comercio y navegación, con algunas disposicio- 
nes particulares sugeridas por circunstancias especiales de am- 
bos países. 

Perfecta igualdad y benévola reciprocidad, y la cláusula de 
la nación más favorecida, regían las mutuas relaciones (art. 2°). 

En la frontera de Eío Grande de San Pedro y el estado orien- 
tal, continuaría por diez años « la exención de derechos de con- 
sumo de que actualmente goza la carne salada y demás produc- 
tos del ganado importado » a la provincia de Eío Grande por 
sus fronteras, los cuales se mantendrían equiparados a los de- 
más productos de la misma provincia. En compensación^ la re- 
pública suprimiría totalmente el derecho vigente por exporta- 
ción de ganado en pie a Eío Grande, buyo tráfico se verificaría 
libre de todo gravamen (art. 4°). 



122 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

El imperio daba a su vecina lo que ya existía : la exención de 
impuestos de consumo en Eío Grande. En compensación de man- 
tener esta franquicia por un tiempo determinado, exigió la su- 
presión de los derechos de exportación. El Brasil era el mercado 
consumidor; en el fondo, él pagaba los derechos que constituían 
renta oriental. El Uruguay conservaba una situación de privi- 
legio, porque los mismos productos introducidos de otros países 
por la vía marítima, abonaban 25 por ciento ad valorem, esti- 
mándose entonces en 2000 reís el precio de la carne para el pa- 
go del impuesto. 

La vigencia de esta exención durante diez años, era el bene- 
ficio real y positivo que recibía en compensación el estado orien- 
tal por la supresión de sus derechos efectivos. Sus ganados y 
productos derivados seguirían penetrando al Brasil por la fron- 
tera terrestre de Eío Grande, sin recargos ni trabas, con liber- 
tad y facilidades, como si fueran productos del mismo país. El 
imperio mantenía una omisión existente; en compensación, el 
Uruguay borraba un hecho real. El uno continuaba sin estable- 
cer un impuesto; el otro, dejaba de cobrar un impuesto estable- 
cido. 

Mencionaremos oportunamente las disputas y reclamaciones, 
provocadas por esta forma de compensación al día siguiente de 
convenida. 

En principio acordóse declarar en común la navegación del 
río Uruguay y sus afluentes. Ambas partes contratantes, obli- 
gábanse a invitar a los otros estados ribereños del Plata y sus 
afluentes a celebrar un arreglo semejante, con el fin de hacer li- 
bre la navegación de los ríos Paraná y Paraguay (art. 14, 15 y 16). 

El imperio se colocaba en contradicción con sí mismo. Soste- 
nía aquí la libre navegación de los ríos, y para el Yaguarón y 
laguna ]\[erira que hallábanse en las mismas condiciones impu- 
so el monopolio exclusivo y absorbente (n" III). No se descuida- 
ba la ocasión de aplicar los buenos principios a los intereses, 



LOS TRATADOS DE LAMAS 123 

pero no se perdían los intereses por falta de buenos principios, 
cuando favorecía la ocasión. 

En caso de guerra de una de las dos partes contratantes con 
una tercera potencia, la otra parte que se conservara neutra, no 
permitiría por su territorio el pasaje de las fuerzas beligerantes, 
ni que fueran provistas por el comercio interior de artículos 
de contrabando de guerra (art. 9^). 

El caso, como los demás enumerados en la misma cláusula, 
estaban previstos y resueltos en el derecho de gentes. Se re- 
cuerdan y fijan especialmente en la convención como un aviso 
y prevención expresa respecto de la Eepública Argentina, la 
única potencia que necesitaría pasar por territorio oriental en 
un conflicto armado con el Brasil. El tratado de alianza perjjé- 
tua permitiría interpretaciones que facilitaran el libre paso de 
las tropas imperiales. 

La isla de Martín García fué objeto de una disposición parti- 
cular. Considerada como una posición capaz de embarazar e im- 
pedir la libre navegación de los estados del Plata, ya entre uno 
de éstos o cualquiera otra potencia, convinieron por esta cau- 
sa, en oponerse por todos sus medios a que la soberanía de la 
isla, deje de pertenecer a uno de los dos estados ribereños inte- 
resados en la libre navegación; en solicitar el concurso de los 
demás estados limítrofes, para obtener de quien ejerza la pose- 
sión y soberanía de la isla, que se obligara a no servirse de ella 
para embarazar la libre navegación de los otros ribereños ; a 
consentir en su neutralidad en tiempo de guerra, así como en 
los establecimientos que fueran necesarios para la seguridad 
de la navegación de todos los estados fluviales (art. 18). 

La previsión de la diplomacia cavilosa de San Cristóbal, ata- 
caba los derechos argentinos. En paz o en guerra, la república 
procedería conforme a los principios internacionales reconocidos, 
lo único razonable a pretenderse. Nunca aceptaría restricciones 
al ejercicio pleno de su soberanía, mucho menos cuando en el 



124 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

mismo tratado aparecían dudas de su exclusiva jurisdicción so- 
bre Martín García (1). Sancionada la libertad de los ríos en la 
constitución argentina y en pactos solemnes con las naciones 
extranjeras, los países ribereños del Plata y sus afluentes, nin- 
gún obstáculo podían poner a su tráfico fluvial, cuidado hasta 
por las propias conveniencias. Los buenos principios, los inte- 
reses argentinos fiscales y económicos, las banderas mercantes 
del mundo surcando sin trabas todos los ríos, eran guardianes 
más fuertes y permanentes que las convenciones arrancadas 
por la habilidad diplomática y la fuerza ocasional. 

El Brasil, sin embargo, sirviendo preocupaciones y descon- 
fianzas tradicionales, que mantenían muy celoso el patriotismo 
de sus hombres, pretendía inutilizar las ventajas de la posesión 
de la isla en manos de su aliada la república Argentina, o 
arrancarla de su soberanía, directamente o por intermedio del 
estado oriental, transformado en su resorte. 

Todo esto exigió el imperio, y todo pactó el ministro Lamas. 

VI. Evitar la perpetuación de la guerra civil y renacimiento 
de la anarquía fatal a la república y al imperio, son las razones 
aducidas para fundar el tratado de prestación de socorros pecu- 
niarios al estado oriental y las garantías que deben en cambio 
otorgarse al imperio (2). 

El gobierno brasileño entregaría en calidad de préstamo a la 
república del Uruguay, la cantidad mensual de sesenta mil 
patacones, a contar desde el 1° de noviembre próximo (art. V). 

El emperador suspendería estas prestaciones cuando juz- 
gara conveniente previo aviso de tres meses de anticipación 
(art. 2"). 



(1) ... « para obtener de aquel a quien pertenece o venga a pertenecer la 
posesión y soberanía de la isla mencionada» ... decía el artículo 18 del tra- 
tado. 

(2) En este tratado, a Carneiro Leáo le reemplazó Soarez de Souza por ha- 
ber sido el primero nombrado comisionado imperial en Montevideo. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 125 

El contrato se resolvía por la voluntad de una sola de las 
partes. 

Prestaría, además, por una sola vez, la suma de ciento trein- 
ta mil patacones, para cubrir gastos extraordinarios verificados 
en la campaña contra Eosas (art. 3°). 

La república se reconocía y declaraba también deudora de la 
suma de doscientos ochenta mil setecientos noventa y un pesos 
fuertes y de los intereses correspondientes hasta el V de no- 
viembre provenientes de préstamos que hasta la fecha tenía re- 
cibidos (art. 6°). 

Los documentos de entrega de las prestaciones, servirían de 
título de deuda del gobierno oriental con el Brasil, y devengaría 
el interés del 6 por ciento al año (art. 5°). 

Cualquier empréstito que el gobierno oriental pudiera con- 
traer, sería ante todo aplicado a reembolsar al imperio las su- 
mas recibidas. íío podría el primero alegar compensación, por 
las sumas que estimase que le adeudare el segundo (art. 7° y 8°). 

Se creaba una situación de privilegio absorbente, en menos- 
cabo de los demás acreedores. 

Las prestaciones mensuales se aplicarían exclusivamente a 
gastos futuros de las reparticiones de guerra, exterior, gobierno 
y liquidación de la deuda (art. 9° y 14). 

El rendimiento de aduana que fuese liberado del pago y ga- 
rantía de obligaciones anteriores, se destinaría a pagar al Bra- 
sil los intereses y amortización de las sumas prestadas, no pu- 
diendo esta última ser menor de 5 por ciento al año. El importe 
de los intereses y amortización, serían entregadas mensual o se- 
manalmente al ministro imperial en Montevideo, y los gastos 
de movimiento de fondos para Eío de Janeiro serían de cuenta 
del gobierno oriental. Las sumas por amortización e intereses 
mantendríanse invariables, aumentando la amortización en pro- 
porción a la diminución de intereses (art. 11 y 12). 

En garantía de las obligaciones contraídas con el imperio, la 



126 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

república comprometía e hipotecaba, todas las rentas del esta- 
do, todas las contribuciones directas e indirectas, especialmente 
los derechos de aduana (art. 10). Como si todo esto no fuera bas- 
tante, el Brasil impuso para garantir mejor sus créditos, « y pa- 
ra mejor asegurar, según decía, la reconstrucción de la naciona- 
lidad oriental », condiciones para la liquidación de la deuda 
nacional, operación que se confió a una junta de crédito público, 
compuesta de cinco miembros, de los cuales uno sería indicado 
por el ministro plenipotenciario del Brasil (art. 3 4 y 1 5). 

El prestamista más exigente no hubiera sido más duro que el 
imperio. A la intervención militar y política, añadió la interven- 
ción administrativa y financiera. Todo quedaba absorbido por 
las fauces del gobierno imperial. La duración del préstamo, la 
forma de su inversión, los procedimientos de clasificación y li- 
quidación de la deuda pública, el gravamen sobre todas las ren- 
tas del estado, el derecho de reembolso con todo empréstito o 
recurso extraordinario que se arbitrara, la imposibilidad de bus- 
car créditos en otra fuente fuera del gobierno brasileño por fal- 
ta de rentas con que garantirlos, los altos intereses y amortiza- 
ciones estipuladas, la intromisión y fiscalización permanentes 
en la hacienda de la república, constituían un conjunto de he- 
chos asfixiantes, que convertían a la nación uruguaya en una 
dependencia encadenada del imperio. Asalta siempre el recuer- 
do déla independencia y soberanía nacionales, defendidas antes 
con tanto heroísmo, enajenadas hoy al poderoso aliado, que de 
la alianza hizo una conquista por medio de tratados solemnes. 

Las campañas del pueblo uruguayo, contra las dictaduras del 
Cerrito y de Palermo, fueron también en beneficio inmediato y 
directo del pueblo brasileño; una alianza ofensiva, servicios re- 
cíprocos, anhelos comunes, excusaban el reembolso de auxilios 
para una guerra solidaria, y con mayor razón la cotización de 
altos intereses, como si se tratara de negocios de un prestamis- 
ta de lance. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 127 

La república Oriental vencedora en la alianza, resultó ven- 
cida y tributaria del aliado. Su altivez espartana la doblegó la 
necesidad impostergable y una diplomacia sin contrapeso. 

Todo esto exigió el imperio, y todo pactó el ministro 
Lamas. 

YII. En la extensión de las fronteras de los dos estados y 
facilidad para trasponerlas; en la necesidad de observar re- 
glas especiales para la conservación de las buenas relaciones, 
de conformidad con las instituciones políticas y sociales, fundó 
el imperio el tratado de extradición de criminales, desertores 
y esclavos, que impuso al Uruguay. 

Las cláusulas especiales, resultaron en contradicción con las 
declaraciones de su proemio, con la legislación positiva de la re- 
pública, con los derechos de la humanidad. 

El gobierno oriental reconoce el principio de devolución res- 
pecto a dos esclavos pertenecientes a subditos brasileños, que 
contra la voluntad de sus señores penetraran de cualquier ma- 
nera al territorio republicano (art. 6°). 

Cada estado de la comunidad internacional, tiene interés es- 
pecial e inmediato, en que los malhechores no encuentren un 
asilo definitivo, un abrigo contra la vindicta social. En esto se 
funda el derecho de extradición tan discutido por los publicistas. 

Un esclavo, que escapa a su martirio y busca la libertad en 
el territorio vecino, no comete un crimen, ni siquiera es un con- 
traventor sujeto a penas correccionales en un país de institu- 
ciones libres. Es simplemente un hombre, que reconquista el 
ejercicio de los derechos naturales de todos los hombres. Nun- 
ca puede ser objeto de extradición como delincuente. 

Al día siguiente de Caseros, el gobierno argentino proclama- 
ba la libertad de los escasos esclavos que aun quedaban en el 
país (1). La constitución del Uruguay (art. 31) y la ley de 1844 

(1) Cf. artículo 15 de la Constitución nacional. 



128 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

{art. 6°), los suprimieron en absoluto del estado oriental. Toda 
convención contraria a este mandato positivo, era inaceptable y 
nula. En esta circunstancia de ideas y acción, en esta situación 
legal, en este ambiente emancipador de América, la imposición 
de la diplomacia imperial fué monstruosa como principio, una 
extorsión como compromiso, una invalidez como aplicación, un 
vejamen couio exigencia. 

El procedimiento excepcional para verificar la extradición, 
aparece todavía más odioso e inicuo. Podía reclamar el presi- 
dente de la provincia de Eío Grande, si los esclavos pertenecían 
a subditos brasileños residentes o establecidos en la misma pro- 
vincia; podía reclamar directamente el mismo señor del esclavo 
ante la autoridad competente del lugar, cuando él entrase en 
territorio oriental para capturarlo, o enviase en su seguimiento 
un agente especialmente autorizado. No necesitaba otro instru- 
mento habilitante que el título que según las leyes del Brasil 
acreditara la propiedad del esclavo (art. 6°, inc). 

El derecho de soberanía es inalienable. El gobierno urugua- 
yo al renunciar al deber de examinar la justicia del pedido for- 
mulado, al derecho de concederlo o rehusarlo, abdicaba la so- 
beranía de nación independiente, y olvidaba su posición de tierra 
de libertad heroicamente conquistada. 

En cambio resultó ilusorio para la república el derecho de ex- 
tradición, porque el Brasil exigió con justicia la prueba délos he- 
chos que fundaran el reclamo; que sus leyes justificasen la prisión 
y acusación, como si el crimen estuviera cometido en su propio 
territorio (art. l°,inc. 3"). Todos los delincuentes que salvaban la 
frontera inmediatamente de cometer el delito, quedaban sin per- 
secución y sin castigo por falta de instrumentos probatorios. El 
vandalaje que infestó la campaña después de la guerra grande, 
conservó su asilo tradicional (1). 

(1) Cf. Oneto Viana, obra citada, tomo II. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 129 

Todo esto exigió el imperio, y todo pactó el ministro Lamas. 

YIII. Apenas mencionamos lo suficiente para conservar el 
enlace y continuidad de los acontecimientos, las cláusulas que 
provocan mayores observaciones y censuras, de la serie doloro- 
sa de tratados internacionales, emanación violenta del famoso 
pacto de alianza contra la dictadura. 

Lamas constituyó el protectorado del Brasil, con facultades 
propias y derechos exigibles, sobre la república uruguaya. 

Quizo garantir la independencia y aseguró la dependencia. 
Escapó del dictador y cayó en el emperador. La soberanía 
oriental, política y administrativa, quedó más próxima de la 
provincia Cisplatina subyugada, que de la república arrogante 
nacida al resplandor de Ituzaingo. Lamas x^ensó salvar a su 
país de la anarquía y disputa sensual de los caudillos y lo en- 
tregó a la diplomacia imi)erial, fría y calculadora, obligada ante 
todo a satisfacer los intereses y anhelos del propio patriotismo, 
sin arrancar los jalones fijados por su historia. 

Los tratados fueron un grave error político de las dos partes 
contratantes. Complicaron j)ara el Brasil la política interna y 
externa, despertaron prevenciones y alarmas en los países ale- 
daños ; restablecieron en manos del imperio las intervenciones 
depresivas, abatidas en manos de la dictadura; resolvieron una 
situación legal y germinaron una cuestión moral; levantaron la 
protesta de un pueblo viril y combatiente, y le obligaron a vi- 
vir en acecho de la reparación y la revancha. 

El Uruguay en las complacencias intolerables de la extradi 
ción, atacó principios de civilización y humanidad. Perdió su 
libertad interior y exterior, sancionó la fiscalización permanente 
sobre sus actos, y hecho sobre el pueblo los gastos pecuniarios 
del interventor, que cometía la exageración de cobrar con inte- 
reses los gastos de su dominio. 

El conocimiento del texto de los tratados, produjo en Monte- 
video sorpresa e indignación universales. Todos los partidos y 

ANAL. FAC. DE DEK. — T. III (3» SER.) 9 



130 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

los hombres, gobierno y pueblo, los condenaron con alarma, con 
enojo y con dolor. Recordaban la figura amenazante del barón 
de la Laguna, cruzando los campos uruguayos en corcel de con- 
quista; sentían renacer de las favilas choques y pasiones, des- 
confianzas y rencores ancestrales; divisaban la hoguera indígena 
de la plaza Independencia, y las llamas siniestras de la ciudad 
de Paysandú. La reconquista comenzaba; siguiendo la tradición 
lusitana, el imperio recuperaba por la diplomacia lo que perdía 
en las batallas. 

Nadie se hizo solidario ni defensor de los tratados de Lamas. 
Si alguna voz se alzaba se perdía luego en el abismo o ahogaba 
en la censura. ]!ííunca las acusaciones y sospechas, la diatriba y 
la calumnia fueron más atroces contra un hombre, ni lanzadas 
por hombres de mayor autoridad (1). Lamas jamás se defendió, 
ni retrajo su acción política; probaba, sin duda, el sociego de su 
conciencia, la confianza en su conducta, la entereza moral. La 
mengua o la culpa, huyen o se defienden; nunca pasan silencio- 
sas y altivas delante las garras de la impostura. 

En abril de 1851, previendo la tormenta de granizo. Lamas 
había dicho con toda conciencia : «No firmo, no subscribo nin- 
gún documento diplomático, relativo a la cuestión de límites 
con mi patria, hasta que la plaza de Montevideo, no esté salva- 
da por el esfuerzo de la alianza ; comprometo mi palabra de 
hombre de honor de que así lo haré y de que así lo hará el go- 
bierno de mi país, obtenido el triunfo; entonces me entregaré a la 
impopularidad nacional» (2). 

Los tratados fueron arrancados por el imperio, en una hora 
desesperada, de coacción y de penurias. Tremaban las pulsacio- 
nes del desastre final, siempre el sacrificio pareció poco para 

(1) El doctor Eduardo Acevedo, uno de los hombres más representativos del 
Uruguay, publicó una protesta contra Lamas, donde le bacía objeto de las más- 
espantosas imputaciones. Cf. Antonio Díaz, obra y lugar citado. 

(2) Cf. Citado por Agustín dk Vkdia, Martin García. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 131 

conjurarlo, y la visión de la libertad e independencia, eran bál- 
samo y restaño de las heridas vertedoras. 

Las tropas imperiales ocupaban el territorio oriental; el go- 
bierno contaba con los subsidios de empréstitos prometidos; en 
trámite corría el pacto complementario de noviembre; todos los 
resortes de presión hallábanse bajo la mano del emperador, y 
los consejeros Carneiro Leáo y Limpo de Abren, ofrecían la plu- 
ma empapada al ministro Lamas para firmar las convenciones 
sugeridas. 

No quiso la diplomacia brasileña esperar el gobierno consti- 
tucional que en semanas más debía inaugurarse. Prefirió el go- 
bierno de hecho al gobierno legal; temió al gobierno surgido 
con la independencia, autoridad y prestigios delcomicio, el úni- 
co habilitado como reciente expresión de la voluntad popular, 
para firmar pactos internacionales de tanta trascendencia : afec- 
taban la existencia nacional, en su integridad geográfica, polí- 
tica y económica. 

Los tratados tuvieron una repercusión ingrata en el mismo 
parlamento brasileño. El eminente diputado por Minas-Geraes, 
Souza Franco, acusó con vibrante acento al gabinete de San 
Cristóbal, de haber arrancado por coacción al plenipotenciario 
oriental los pactos firmados y obtenido en la misma forma la ra- 
tificación del gobierno de la defensa. Sostuvo su nulidad, por 
carecer de la sanción legislativa exigida por la constitución uru- 
guaya. 

El ministro Soarez de Souza defendió su obra con calor y ha- 
bilidad, con razones que parecen decisivas, pero que muestran 
su inconsistencia, apenas se raspa el satén de la cubierta. 

Los tratados de 12 de octubre, dijo, fueron realizados por re- 
petidas instancias del plenipotencio oriental, pero no demostró 
que las instancias fueran espontáneas. 

El imperio, añadió, rehusó siempre las negociaciones, porque 
no se pensara que aprovechaba de la situación precaria de la 



132 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

defensa. Eesolvió realizarlas después del pacto de alianza de 29 
de mayo, después de comprometernos a sostener la plaza de 
Montevideo y estipular los auxilios con que debíamos socorrer- 
la. Si pasada esta fecha, el gobierno oriental, en vez de hacer 
aberturas hubiera rehusado de tratar, nuestros compromisos 
escritos no hubieran dejado de mantenerse en su pleno y entero 
vigor (1). 

El ministro no apuntó que el pacto de alianza se limitaba al 
desalojo de Oribe; que hallábase pendiente la campaña contra 
Eosas, el objetivo dominante resuelto por la convención de no- 
viembre; que las tropas imperiales ocupaban el territorio orien- 
tal; que se requerían auxilios de armas y dinero para empren- 
der las nuevas operaciones. El gobierno de la defensa sufríalas 
presiones materiales y morales de terribles circunstancias; sólo 
era razonable que se ocupara ante todo de la propia vida, de 
las gestiones para terminar la guerra, y en este sentido fueron 
considerados y ratificados los tratados de Lamas. 

A la imputación de haber pactado con un gobierno de hecho, 
pretendió el ministro Souza demostrar que no podía tratar con 
otro gobierno. En los últimos años del asedio no existía asam- 
blea legislativa por terminación de su mandato, y no podía 
elegirse otra porque casi la totalidad del territorio estaba domi- 
nado por el enemigo. Salvar a Montevideo era la primera nece- 
sidad y la suprema ley. Cuando sus hombres hallábanse diaria- 
mente expuestos a perder su cabeza, no podían pensar en teorías 
constitucionales. «Nosotros, decía el canciller imperial, recono- 
cimos como legal al gobierno de la plaza. Para que este pudiese 
salvarse necesitaba del socorro externo, y para que hubiese so- 
corro externo era necesario tratar. La ley imperiosa de la nece- 
sidad, legitimaba todos los actos que debieran practicarse para 
la salvación de la República. » Por otra parte, agregaba, según 

(1) Cf. Soarez de Souza, discurso citado. 



LOS TRATADOS DE LAMAS 133 

el derecho de gentes, el estado que pacta con un gobierno con- 
siderado como tal, y como tal obedecido, y como tal colocado 
frente a las potencias extranjeras, pacta bien. ÍJ o podían librar- 
se los tratados a las luchas de los partidos y alas contingencias 
de los comicios (1). 

Las razones son sin duda decisivas para verificar el pacto de 
alianza, pero no justifican la necesidad ni menos la urgencia de 
firmar la colección de tratados, que pocas semanas después po- 
dían realizarse con el gobierno constitucional. 

Los pactos internacionales de carácter permanente, especial- 
mente las convenciones sobre límites, pertenecen por su natu- 
raleza a las decisiones de la alta soberanía nacional. El gobier- 
no de la defensa, expresión exclusiva de la plaza de Montevideo, 
no hallábase habilitado para pactar con carácter permanente en 
nombre de la Nación, sin recibir los poderes del pueblo de la 
Nación, cualquiera que fuese la forma de consultarlo. 

IX. Los tratados contenían cláusulas contrarias a los intere- 
ses argentinos, y afectaban la convención de 1828. No fué co- 
rrecta la conducta del imperio. Imponía al Uruguay sin mira- 
mientos, mientras el tercer aliado se batía en nombre y común 
beneficio de la alianza. Libertada la confederación, reintegrada 
en la plenitud de su soberanía, entre sus primeros actos debió 
hallarse la protesta viva y decidida contra los pactos de Lamas. 
Gruardó silencio, sin embargo, y más tarde, el general Urquiza 
exigió al estado oriental el cumplimiento de sus promesas en 
apoyo del Brasil (2). Los tratados de extorsión imperial, fuente 
de agravios, de dolores y tristezas del Eío de la Plata, fueron 
tolerados por el gobierno argentino, y también fueron expresa- 
mente consentidos. En Sud América la política exterior, siem- 
pre se ha subordinado a la política interior. Los gobernantes y 

(1) Cf. Soarez de Souza, discurso citado. 

(2) Cf. Soarez de Souza, discurso citado. Véase capítulo XIV. 



134 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

los partidos, encendidos por las pasiones, por no transigir en el 
país, han transigido fuera del país, comprometiendo principios, 
olvidando declaraciones, abandonando intereses. 

El imperio, estribando a derecha e izquierda, en Paraguay y 
Uruguay, quedó de director discrecional de esta liga tan efí- 
mera como perturbadora, formada de la impotencia de los chi- 
cos y del exceso del grande. 

El estado oriental para ser próspero, pacífico y orgánico, 
sólo necesitaba no ser víctima de la influencia limítrofe, y pare- 
cía condenado a perpetua intervención extraña. De la interven- 
ción de la dictadura, donde supo resistir, pasó a la intervención 
del imperio donde sólo supo ceder. 

X. El ministro Lamas, ¿ pudo negarse a firmar los tratados de 
octubre, sin comprometer la alianza de mayo? 

¿ El imperio pudo sin la alianza de mayo, asegurar las venta- 
jas de los tratados de octubre? 

La negativa en el primer caso, y la afirmativa en el segundo, 
aparecen comprobadas por los hechos manifiestos. 

El ministro Lamas ha dicho : «Esos tratados eran una nece- 
sidad de existencia para la República; de ellos i)endía el triunfo 
no sólo de su independencia y de su libertad, sino el triunfo de 
la paz, de la civilización, de la humanidad en todo el Eío de la 
Plata. Esos tratados no pueden abstraerse de la época y de los 
fines con que se firmaron» (1). 

Un breve análisis mostrará la verdad relativa del concepto 
del famoso diplomático. 

Montevideo y las libertades del Plata no podían salvarse sin 
la alianza, y entre ellos, la convención de límites, era una exi- 
gencia previa y esencial de la diplomacia extorsiva (2). 

Descubierto el acuerdo del general Urquiza y el gobierno de 

(1) Cf. Andrés Lamas, Memorándum citado. 

(2) Cf. Vicente G. Quesada. obra citada, tomo IIL 



LOS TRATADOS DE LAMAS 135 

la defensa, sentido el peligro inminente de alianza con el Bra- 
sil, hubiera el emperador tratado con Rosas y obtenido las ven- 
tajas que arrancó al ministro Lamas. El dictador ofreció todo 
por intermedio del plenipotenciario inglés : concesiones y ga- 
rantías. El riesgo de una convención entre la dictadura y el im- 
perio, estaba evidente en la psicología de ambos gobiernos, en 
los antecedentes diplomáticos, en los hechos en movimiento, en 
las esperanzas que alimentaban a los hombres de Palermo, en 
la zozobra que sacudía a los hombres de la defensa (1). 

Esa fué la causa de la impaciencia de Herrera (2), de la con- 
ferencia impostergable del Uruguay, de las desconfianzas de 
Urquiza, de la precipitación de la campaña del Cerrito. 

Al Brasil se le ofrecía la revancha del fracaso de 1843 (3), y 
la hubiera cobrado con ahinco. Pero la mediación inglesa era 
un ñscal, y los compromisos contraídos con el Uruguay y Entre 
Ríos fueron un freno. Permaneció leal a sus promesas, y prefirió 
a Lamas, el ministro de las angustias del sitio, aislado e inde- 
fenso, admirador del poder y sensible a las amistades del im- 
perio. 

La libertad de los ríos y la fijación de los límites, eran las dos 
cuestiones fundametales, dominantes, inalienables para el Bra- 
sil. Estaban resueltas en los tratados vigentes, y pudieron con- 
firmarse sin mengua para nadie, con ventaja y honor para todos. 
Los demás tratados serían convenientes, pero no necesarios, y 
menos indispensables en aquel momento. Constituían un error 
manifiesto en sus cláusulas absorbentes y vejatorias ; su rechazo 
no hubiera comprometido la alianza, porque no eran esenciales e 
irreductibles para la política del imperio ; no habría insistido en 

(1) Véase capítulo anterior número V y VIII. 

(2) El ministro Herrera desde Montevideo, dominaba mejor la situación que 
Lamas desde el Janeiro. 

(3) Cuando llosas desaprobó el tratado de alianza ofensiva y defensiva, fir- 
mado por su ministro Guido. Véase capítulo IV. 



136 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ellas, si hubiera encontrado verdadera resistencia, razonada, 
decidida, invulnerable. El ministro Lamas, no advirtió la necesi- 
dad de fiscalizar severamente la claridad del propio criterio, en 
el ambiente grato de la corte y exquisita cortesía de sus hom- 
bres. Creyó, lo declaró y sostuvo durante muchos años, que la 
intervención del Brasil ahogaría la disputa de los caudillos, la 
anarquía renaciente, y garantiría la paz y prosperidad de la 
República. No pensaba que el único imperio de América, siem- 
pre alarmado por sus conmociones internas y las agitaciones 
vecinas, carecía de interés por asegurar la estabilidad y presti- 
gio de las instituciones republicanas. No pensaba, que a pesar 
de los recientes cambios profundos de su historia y modifica- 
ción de sus procedimientos, mantenía los conceptos tradiciona- 
les de su política en la región del Plata; avanzar para absorber, y 
dividir para dominar. 

El imperio abusó de su posición, y exageró el recurso de su 
diplomacia extorsiva. Su intervención política y financiera, ad- 
ministrativa y militar en el Uruguay fué un copioso aflujo de 
conflictos y luchas, de anarquía y sangre. La caída del Cerrito 
le libró de la prepotencia de Eosas, y los ajustes de octubre la 
reemplazaron por la prepotencia del imperio, con intenciones 
disimuladas, declaraciones sonoras de igualdad, de garantías 
de independencia, soberanía y prácticas constitucionales, pre- 
cisamente todo lo que maltrataba librándolo a la voluntad 
del emperador. Sin construir una situación artificial y vio- 
lenta, sin deprimir ni agriar, sin exaltar la susceptibilidad y 
amor propio nacionales, sin provocar la censura y reparación 
de su conducta, el gobierno imperial pudo adquirir sus objetos 
primordiales y asegurar el porvenir de todo temor y descon- 
fianza. Los sucesos posteriores comprobaron el exceso y el error. 
Los resultados inmediatos fueron la condenación del pueblo 
uruguayo, la protesta universal, debates, reclamos, motines, re- 
beliones, caudillos, anarquía y fratricidio. En todo intervino y 



LOS TRATADOS DE LAMAS 137 

en todo estuvo complicada la diplomacia extorsiva del imperio. 
Todo fué malo, porque todo eso fué innecesario. Para juzgar con 
acierto, hay que trasladarse al momento en que se realizaron 
los hechos, como pide Lamas^ y el momento no borra la cen- 
sura. 

El Brasil sin la alianza no logra los excesos secundarios de 
octubre; el Uruguay por rechazarlos no pierde la alianza. 

En los tratados de octubre desaparece el ministro de la nue- 
va Troya. Esa ausencia viva y combatiente de Lamas, fué la 
«impopularidad» de su vida y es el reproche doloroso de la his- 
toria. 

Thiers firmó también por imposición un tratado desgarrador 
para Francia, pero salvó la independencia y alcanzó la justicia 
y reconocimiento de su pueblo. 

Eamón J. Cárcano. 



LUCHA 

CONTRA 

LAS HUELGAS ANÁRaOICAS EN ESTADOS UNIÜOS 

(1885-1903) 

INFORME DEL PLENIPOTENCIARIO ARGENTINO EN WASHINGTON (1) 



A S. E. el señor ministro de Relaciones exteriores, doctor don 
Eduardo Costa. 

Señor ministro : 

He tenido el honor de recibir el telegrama de V. E., fecha 25 
del corriente, cuyo texto dice así : «Envíe leyes penales vigen- 
tes o en proyecto para juzgar anarquistas o dinamiteros, con sus 
antecedentes.». 

Me es agradable satisfacer los deseos de V. E. con los infor- 
mes completos que el estudio de este país me ha permitido reu- 
nir sobre la materia. 



(1) El ministro del Interior doctor Manuel Quintana, a cuya iniciativa se de- 
bió el pedido del ministro de Relaciones exteriores, citado en seguida, mandó 
hacer una impresión limitada de este informe para instrucción de la policía de 
la Capital. Este texto es la reproducción de dicho folleto oficial impreso en los 
talleres policiales en 1896. 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 139 



No hay en los Estados unidos una ley especial sobre anar- 
quistas y dinamiteros. La revolución social que fermenta es con- 
temporánea, y por eso en Europa misma, su cuna, falta una 
legislación detenida, como lo prueba el hecho de las leyes com- 
plementarias de otras anteriores, de que en este momento se 
preocupan los parlamentos de Francia y de Inglaterra, con mo- 
tivo del asesinato del bondadoso y recto presidente Carnot. 

Los Estados Unidos de América, donde la tierra, el capital y 
el brazo combinados, han producido adelantos que asombran, 
no podían sospechar la existencia de un malestar social intenso, 
que originara en su territorio las explosiones anarquistas de 
Europa, frutos, en último análisis de la profunda crisis econó- 
mica universal, y cuyo día supremo puede ser el de una compe- 
tencia misma para la agricultura europea, producida en el ramo 
de los cereales, por la concurrencia enorme y barata del nuevo 
mundo. (Véase el informe de esta legación, sobre la producción 
nacional, etc.) 



II 



El primer movimiento serio de la antigua sociedad europea 
llamada La internacional, base sobre la cual ha evolucionado el 
grupo anárquico de actualidad, tuvo lugar en los Estados Uni- 
dos de América en 1885. Antes, en 1877, había estallado una 
huelga de empleados de ferrocarriles; pero me es difícil discer- 
nir, si este movimiento era fruto del anhelo extraviado de la 
reforma social, que persiguen millones de necesitados, o si era 
una justa exigencia contra la opresión de algunas compañías, 
todas privadas, comprometidas en una lucha de competencia 



140 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

desesperada, de vida o muerte 5 sin embargo, la huelga de 1885 
tuvo caracteres definidos y trágicos, que es necesario recordar, 
para comprender las oportunas consecuencias jurídicas. 

Algunos obreros europeos, alemanes, polacos y húngaros 
principalmente, agitaban la opinión de sus gremios. Habían 
fundado periódicos en los cuales proclamaban, sin rodeos, ni 
reticencias, el combate, el derramamiento de sangre, el empleo 
de la dinamita y de todo linaje de violencias, contra los que re- 
sistieran su furia demoledora, ricos, clase media o autoridad. El 
primer conflicto tuvo lugar en una de las más notables casas de 
maquinaria agrícola, situada en la ciudad de Chicago, la de Mac 
Cormick. La policía acudió y fué rechazada por la fuerza, con 
pérdidas dolorosas, y la fábrica asaltada. La internacional con- 
vocó a sus millares de afiliados a un mitin de indignación 
contra la policía. Ésta, representada por un capitán y varios 
agentes, se presentó en el local del mitin e intimó a la mesa 
que disolviera la reunión, « en el nombre del pueblo del estado 
de Illinois». La contestación fué espantosa. Bombas de dinami- 
ta estallaron bajo los pies de los agentes, y su capitán quedó 
allí muerto, seis subalternos mortalmente heridos y tres heridos 
de menos gravedad. Esto sucedía en la noche del 4 de mayo de 
1885. Ocho miembros del mitin y entre ellos los directores, 
periodistas y oradores más licenciosos, que habían predicado el 
asesinato y el uso de la dinamita, fueron presos y acusados ante 
la justicia local del asesinato cometido en la persona del capi- 
tán de policía Matías J. Degan. Esta acción fué preferida por- 
que el delito mayor cubría el de las heridas graves y leves de 
los demás policianos. El juicio fué solemne y llamó la atención 
de los Estados Unidos de América y del mundo. La sentencia, 
dada en agosto de 1886, condenó a muerte a siete anarquistas 
por homicidas y el octavo a quince años de penitenciaría. La 
sentencia fué inexorablemente cumplida. 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 141 



III 



La sociedad de Chicago consternada x>or la violencia y por el 
uso de la dinamita aplaudió el desenlace. Díjose que los intema- 
cionalistas liabían sido víctimas de los procedimientos inconsti- 
tucionales de la autoridad y de la justicia. Fueron llamados 
«mártires de la libertad de la palabra escrita y hablada». Aña- 
dióse que el derecho de reanión pacífica para discutir intereses 
públicos y de los asociados, había sido violado por la autoridad, 
que disolviera las manifestaciones. Que la libertad de la palabra 
desaparecía con el enjuiciamiento y ejecución de los periodistas 
agitadores. Que el derecho penal mismo era desconocido con la 
ejecución de personas que no habían arrojado las bombas de di- 
namita queínataron al capitán Degan. El jurado y el miembro de 
la Corte de Illinois, que lo presidía, sostuvieron que no eran pa- 
cíficas las reuniones de gentes, entrada la noche, para i)roclamar 
el asesinato y el incendio, como medios legítimos de acción; para 
arrojar bombas de dinamita en las calles y tranvías y para resistir 
a la policía, matando o hiriendo a sus agentes. En cuanto a la 
libertad de la palabra, no consideraban que ella autorizara la 
proclamación franca de la rebelión a toda autoridad, la perse- 
cución de los ricos, y el empleo de las armas, de los explosivos, 
de la violencia, en toda forma posible, y de la muerte misma, 
para llegar a sus fines. Por último aplicaban las tradiciones del 
derecho común de Inglaterra, fundamento substancial de la le- 
gislación de la mayoría de los Estados Unidos de América, que 
mandan castigar a todos los reunidos y concertados para come- 
ter delitos, aun cuando el ejecutor sea uno solo. Ocho años des- 
pués de las trágicas escenas a que me he referido, el espíritu que 
las inspiró ha reaparecido en Chicago y el juez José E. Gary 
de la Corte suprema local que presidió el juicio de los anarquis- 
tas en 1885, ha creído necesario hacer una pública narración y 



142 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

defensa de los procedimientos legales y de las ejecuciones que 
les siguieron. 

Esta exposición, escrita con ánimo valiente y humanitario en 
favor de las clases obreras honestas y pacíficas, ha llamado la 
atención por la energía del concepto jurídico y por la oportuni- 
dad del consejo dirigido a los que sufren y empeoran sus condi- 
ciones sociales, arrastrados a la violencia y al delito. 

Titúlase dicho trabajo : TJie Chicago Anarquista of 1886. The 
crime, the triol and the punishment^ hy the judge who presided at 
the trial. 

Acompaño a V. E. este documento capital, base de toda doc- 
trina legal en los Estados Unidos de América sobre la materia. 
(Anexo A.) 

Llamo la atención de V. E. sobre la discusión filosófica del 
derecho déla sociedad de castigar en tales casos y sobre la ex- 
posición del derecho positivo de los estados y de la nación mis- 
ma para reprimir esa clase de delitos. 

El juez Gary examina el derecho común de Inglaterra, las 
leyes de Illinois, bajo cuya acción se substanció el caso, las le- 
yes de los Estados Unidos de América. La jurisprudencia de 
las cortes y la opinión de los tratadistas norteamericanos; y aun 
agrega que si todo ello no fuera sólido fundamento para la de- 
fensa del juez que presidió en 1886, podría aun añadir que «las 
leyes no son masque el sentido común». 



IV 



Después de este escarmiento memorable considerábase aho- 
gados para siempre los gérmenes de la anarquía; pero ellos han 
reaparecido en los Estados Unidos, no obstante las previsiones 
generales contrarias. 

El extraordinario desenvolvimiento de la industria manufac- 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 143 

turera, coincidiendo con el profundo malestar social de Europa, 
atrajo a este nuevo y rico teatro algunos millares de obreros 
europeos, de imaginación ya exaltada por la miseria y por la 
propaganda de los que promueven y dirigen la anarquía en el 
viejo mundo. Aquellas masas hallaron momentáneo alivio en los 
Estados Unidos de América. La prosperidad de las industrias, 
llamadas a alimentar un país de 65 a 70 millones de habitantes 
con una base de vida notablemente más abundante y conforta- 
ble que las de las masas europeas, parecía asegurada sin temor 
alguno del porvenir. 

Por otra parte, numerosas industrias eran nuevas y no pro- 
ducían todo lo necesario para satisfacer la demanda. Los sala- 
rios eran, por consiguiente altos, y la necesidad de brazos cre- 
cía con la prosperidad del trabajo nacional. 

Esta prosperidad, impulsada por los consumos generosos del 
pueblo y por una copiosa exportación, alcanzó, sin embargo, 
más pronto de lo que se esperaba, el límite crítico. Satisfechas 
la demanda local y extranjera o restringida ésta por el sistema 
proteccionista absoluto y por la rápida y asombrosa decadencia 
de la marina mercante norteamericana, los industriales se ha- 
llaron en presencia de problemas gravísimos y volvieron sus 
ojos al partido republicano, que dirigía el gobierno nacional. 

La civilización de los Estados Unidos de América reposa so- 
bre las iniciativas, enérgicas, y derechos y elementos del indi- 
vidualismo, protegido por una legislación local y nacional que 
desciende hasta la minusiosidad administrativa y política. 

Esta tradición, que hoy constituye un sistema social y políti- 
co, fué, sin embargo, abandonada por los industriales alarma- 
dos, cuando vieron sus depósitos llenos y la demanda limitada 
a una medida dada. Habían corrido con demasiada rapidez en 
la vía del progreso. Era necesario reducir el número de los ope- 
rarios, parar la rotación de la mitad o de las dos terceras partes 
de su maquinaria, sisar los salarios, y conservar inmovilizada 



144 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

una parte de los enormes capitales subscripto en los momentos de 
la partida entusiasta y deslumbradora. En el caso contrario, de- 
biera abrazarse el recurso de los sudamericanos y tal vez, para 
ser justo, de los europeos mismos, esperando la salvación del 
estado y de sus órganos gubernativos. Esta es la nueva tenden- 
cia llamada aquí del paternalismo, en oposición al individualis- 
mo tradicional. 

Acaso el ideal de una política en el orden actual de las cosas 
humanas sea la combinación prudente y razonada, de las fuer- 
zas del individualismo y del estado, porque el mismo progreso 
de los Estados Unidos de América bajo la primera tradición 
mencionada, no está libre de errores fundamentales, cuyas con- 
secuencias preocupan ahora mismo al país, e inspiran una acen- 
tuada reacción en el sentido de la combinación de los dos siste- 
mas. Pero el partido republicano no ocupó esta posición inter- 
media al escuchar el clamor de las industrias que pedían ampa- 
ro y se lanzó a los extremos del paternalismo, sancionando la 
ley de aduana que lleva el nombre de diputado, actual goberna- 
dor de Ohio y candidato para presidente, Mr. William P. Mac- 
kinley. 



El organismo industrial sintió inmediatamente los fenómenos 
que las inflamaciones dolorosas deben a las grandes cataplas- 
mas : alivio de los dolores seguidos de maduración y desgarra- 
miento. La crisis industrial, apenas contenida estalló, en efecto, 
después de un período de tiempo relativamente corto y abiertas 
las bocas del desastre, sobrevino la crisis actual, que los órga- 
nos más autorizados de los poderes públicos declaran sin j)re- 
cedentes, después de la perturbación tremenda de la rebelión 
del sur. 

He visto, en Elgin, ciudad industrial de Illinois, una de las 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 145 

fábricas de relojes más grandes del mundo, con capacidad para 
cinco mil obreros, trabajando con quinientos. Sus innumerables 
máquinas estaban cubiertas de paño; y be visto una fábrica de 
clavos de acero de Ohio, vendiendo a un dollar las cien libras 
de aquéllos, en la desesperación de allegar fondos para conser- 
var por lo menos los jefes de talleres; y tal es la condición ge- 
neral de las industrias en este momento. 

La ley aduanera de Mr. Mackinley desconocía las causas de 
la perturbación económica. Ellas eran como he dicho, para no 
hablar sino de las más generales, dos : exceso de producción y 
reducción en la demanda. Aquella ley estimuló, sin embargo, 
desmesuradamente la producción. El exceso de ella se convirtió 
en plétora. La demanda exterior disminuía al mismo tiempo por- 
que las tarifas cerraban el mercado norteamericano al intercam- 
bio universal y la vida de las clases superiores se hizo notable- 
mente más cara porque necesitaban, no obstante el propio 
progreso industrial, consumir mercaderías europeas pagándolas 
con recargos enormes. 



YI 



En un momento dado aparecieron tres millones de obreros sin 
trabajo. 

Habían sido quintados por los dueños de fábricas y condena- 
dos al hambre. Los salarios de los obreros que debían continuar 
en las fábricas, fueron reducidos empeorando sensiblemente las 
condiciones de su vida. Muchas fábricas sucumbieron. Las quie- 
bras comerciales fluctuaban entre 4000 y 5000 cada mes. Las 
consecuencias de esta situación hubieran sido mucho más gran- 
des, acaso horribles, si una baja persistente de los artículos ali- 
menticios de más de cincuenta por ciento ; no viniera producién- 
dose desde hace algunos años antes, en beneficio de las masas 
pobres. 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SEK.) , 10 



146 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

La exposición universal de Chicago, coincidió con el estallido 
de la crisis. La gran fiesta tomó un carácter vivamente nacio- 
nal, que distrajo todas las clases sociales. El movimiento extra- 
ordinario de los ferrocarriles, la aglomeración sucesiva de mi- 
llones de almas en la gran ciudad, la actividad general que el 
hospedaje y las fiestas multiplicaron en su organismo, no sola- 
mente contuvieron por algún tiempo los efectos de la pertuba- 
ción, sino que atrajeron al teatro de aquellos millares de des- 
amparados, de los que sufrían más y hallaban allí pasajero 
alivio. A la vez que la exposición tocaba a su término, el mal- 
estar se revelaba por síntomas aterradores. Fué el primero el 
asesinato del mayor de Chicago, persona que si bien ha sido 
políticamente discutida, era notable. El criminal, un europeo, 
ha sido sometido a la justicia ordinaria, que sigue su proceso 
con debilidad y lentitud, acaso porque Chicago es un centro 
temible de fermentación social, intimidado por los perturbado- 
res. El segundo síntoma fué el plan, varias veces frustrado, no 
sin lamentables consecuencias, de incendiar los palacios de la 
exposición. Las amenazas de muerte contra el ilustre presidente 
de los Estados Unidos de América, quemado en eficie con su 
secretario de agricultura, varias veces en el oeste, las tentati- 
vas de algunos sospechosos y vagos para encontrarse con el 
primero en la Casa Blanca, las amenazas contra el vicepresi- 
dente Stevenson u otros detalles, revelaban los progresos de la 
fermentación. En todos estos casos la policía detuvo a los cul- 
pables o presuntos delincuentes, y los entregó al curso natural 
de las leyes locales o federales, según los casos. 

Podría decirse que Chicago era el cuartel general de los va- 
gos y de los exaltados, que sin ser vagos, premeditaban un al- 
zamiento general. Había en dicha ciudad, después de la expo- 
sición, millares de brazos desocupados, que se esparcieron en 
el país circunvecino. Los de la mayoría sin profesión industrial 
determinada, entraron como peones de mano en las minas de 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 147 

carbón de piedra; otros, con aptitudes especiales paralas fá- 
bricas, buscaron inúltilmente trabajo en ellas y se marcharon a 
California, donde una exposición universal de invierno, ofrecía 
ventajas momentáneas. Algunos se embarcaron para Europa, y 
millares de gente que no querían trabajar, aun en el caso de que 
el trabajo les fuera ofrecido, quedaron en Chicago, en Cincinnati, 
en San Luis y en otras grandes ciudades, pululando en las ave- 
nidas y en los parques públicos por hogar. En Chicago viven mi- 
llares de ellos en el Lake Park, cuyas plantaciones han desapa- 
recido. El suelo vese a lo vivo por la acción de aquellos acampa- 
dos al aire libre. 



VII 



He preguntado en junio a personas prominentes de Chicago 
y de otras ciudades, por qué admitían tal estado de cosas, y res- 
pondían : que se les toleraba por no provocar un alzamiento de 
todos esperado. El caso se produjo, sin embargo, sin provocación. 
Los elementos desmoralizados o simplemente desesperados que 
se habían incorporado al laboreo de las minas de carbón y cier- 
tas influencias extrañas y poderosas, que mencionaré después, 
incitaron la huelga general de los obreros del ramo, desde el 
Atlántico al Pacífico, y desde el sur al Canadá, con el pretexto 
de la reducción de algunos centavos en sus salarios. Las empre- 
sas mineras, como todas las del país, habían disminuido los sa- 
larios, al estallar la crisis. No es el caso de discutir la justicia 
del procedimiento. Algunas compañías han probado que de no 
seguir esa camino, habrían cerrado sus operaciones. Por otra 
parte, la alimentación obrera era en el momento del conflicto, 
un cincuenta i)or ciento más barata que antes. La harina, por 
ejemplo, valía en 1886, época de prosperidad industrial, pesos 
4,50; y en 1894, pesos 2,25. El azúcar valía 6 Ys centavos en 
1886 y 4 Ya en 1893. La carne un peso antes, y 0,75 en 1893. 



148 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

La escasa reducción de los salarios era un pretexto, pues la 
huelga se produjo en mayo y tomó su peligrosa intensidad en 
junio. Corrió sangre, la propiedad privada fué asaltada en va- 
rios estados, la circulación de los trenes de carbón interrum- 
pida a viva fuerza ; la policía local desobedecida, arrollada con 
o sin sangre, los alguaciles de la justicia federal rechazados y 
colocado el país en verdadero estado de alarma. 



YIII 



Durante la intensidad de esta agitación me encontré casual- 
mente en el centro de ella, viajando con el ministro de agricul- 
tura primeramente y solo después. Pude así, estudiar el caso de 
cerca y hablar con los hombres prominentes que lo combatían : 
el gobernador Mackinley de Ohio y el gobernador Mathews de 
Indiana. Estos estados eran con los de West, Virginia, Illinois, 
los más perjudicados. Hablé también en Indiana con el ex pre- 
sidente Harrison, que vive en Indianápolis y con comerciantes 
eminentes de Chicago, pues la capital de Illinois está a muchas 
millas de distancia, en Springfield, cuna de Lincoln. 

De los informes reunidos en fuentes tan autorizadas dedúcese 
que el movimiento tenía caracteres anarquistas. La dinamita 
era empleada, aunque sin éxito, en descarrrilar trenes y des- 
truir puentes. Los elementos principales y en conjunto, eran 
inmigrantes extranjeros sin oficio. Predominaban los polacos, 
húngaros, alemanes, austríacos, gente del bajo Danubio, y ha- 
bía pocos italianos y norteamericanos naturales. El gobernador 
Mackinley me aseguró, en presencia del general en jefe del cuer- 
po de ejército movilizado; que la mayor parte de los huelguis- 
tas no hablaban inglés, o lo hablaban pésimamente y que eran 
movidos por agentes ocultos. 

La intensidad del movimiento fué tal, que a principios de ju- 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 149 

nio pasado, los ferrocarriles, las fábricas, los hoteles y las fa- 
milias, temían carecer de combustibles. Algunos ferrocarriles 
suprimieron trenes en efecto. Por otra parte, la violencia toma- 
ba cuerpo, y la huelga crecía en número y en audacia. 

Los gobernadores de Illinois, Indiana y Ohio, llamaron a las 
armas las partes de milicia que en cada caso existe con una or- 
ganización más o menos buena, espontáneamente adquirida. 
Más de diez mil hombres se movieron sin demora en los tres es- 
tados, y la huelga intimidada por esta actitud de los goberna- 
dores, pactó un arreglo con los empresarios de minas. Estos 
cedían algo, y los revoltosos volvieron al trabajo, aunque algu- 
nos grupos aislados continuaron resistiendo. Los autores de 
desacato, de violencia y de delitos fueron habidos por las auto- 
ridades locales y sometidos a la justicia ordinaria. 



IX 



El fracaso de esta huelga demostró dos cosas de importancia. 
Desde luego que el elemento perturbador era el bajo fondo de 
la inmigración. Lo que podría llamarse la capa obrera superior 
formaba precisamente los regimientos de guardia nacional que 
la dominaron. Hallábame como he dicho en Chicago, cuando 
llegó un parte telegráfico del gobernador, llamando a las armas 
un regimiento de guardias nacionales, formado casi en su tota- 
lidad por operarios mecánicos. 

La orden fué recibida a prima noche y citado el regimiento 
por medio de velocipedistas, se ponía en marcha al día siguien- 
te a las ocho de la mañana, para tomar el tren con una fuerza 
efectiva de 800 plazas, banda de música, estado mayor y cuerpo 
médico y de enfermeros, con botiquín, ambulancia y camillas. 

Comprendióse, en segundo lugar, que se estimulaba agitacio- 
nes obreras en el organismo social, y que ellas habían intentado 



150 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

producir un alzamiento universal de los operarios de todos los 
ramos, lanzando a los carboneros a la vanguardia y como pre- 
texto ; pero las organizaciones obreras se abstuvieron porque 
no tenían fe en los directores del movimiento. 

Como V. E. advertirá, bastó en este caso para restablecer el 
orden y la confianza pública aplicar con energía las previsiones 
constitucionales y legales de cada Estado. 

Al mismo tiempo que se desarrollaban estos sucesos, causa 
de agravación del mal general, otros elementos obreros más ba- 
jos todavía aparecieron en la escena siguiendo otro plan formi- 
dable y con otra dirección. Aquella huelga era hecha por los 
trabajadores que pedían aumento de salario; el nuevo movi- 
miento era iniciado por los vagos y viciosos, por las fuerzas so- 
ciales flotantes, que dividen su tiempo entre la holgazanería, 
efímeras labores, el hurto y la mendicidad. - 



La original idea de la nueva agitación obrera, pertenecía a 
un honrado vecino de la compañía de Pensilvania, Mr. Coxey, 
propietario de una cabana y chacra de cierta importancia, cuya 
vida y antecedentes de familia lo recomendaban en todo sentido. 

En presencia de la miseria y de la crisis, pensó que podía 
deslumhrar y arrastrar a los millones de obreros que pedían tra- 
bajo y pan. Ideó, en consecuencia, reunirlos en la capital de los 
Estados Unidos el día 1° de mayo, aniversario de los agitadores 
obreros y anarquistas, y marchar al frente de ellos a través de 
la histórica avenida en cuyos extremos se alzan el Capitolio y 
la Casa Blanca, para intimidar a los poderes públicos y arran- 
carles leyes protectoras. 

Coxey lanzó su proclama llamando a llenar las filas de los que 
dominaba el « el ejército de la paz » y se proponía inundar la 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 151 

pequeña ciudad de Washington, con cien mil legionarios. Sus 
proyectos se reducían a emitir 500.000.000 de dólares y a de- 
cretar caminos públicos del Atlántico al Pacífico, para emplear 
en ellos a los millares de obreros de su mando. 

El grito alarmante para las clases sociales, no cayó en el va- 
cío. En todo el país aparecieron «generales de brigada», como 
se llamaban, delegados del general Coxey, que a su vez convo- 
caron a las masas de vagos y menesterosos a formar las divisio- 
nes del gran ejército cuyas banderas decían : Confiamos en Cris- 
to. Estas divisiones debían efectuar su incorporación el 1° de 
mayo, como lie dicho, en el distrito federal de Columbia, para 
entrar en orden de parada a la Capital. El ejército, como un 
nuevo pueblo de Israel, peregrinando por su fe, debía recorrer 
a pie las distancias enormes que lo separaban de su punto de 
reconcentración, partiendo desde California, desde los estados 
lejanos del Oregón y de Washington, del valle del Mississippí 
y de ííueva Inglaterra a través de montañas inclementes, de 
desiertos y de ríos, siempre a la intemperie y bajo la nieve al- 
gunas veces. 

No obstante estas desfavorables condiciones de reclutamiento, 
la prensa se ocupó durante un mes de los ejércitos en marcha, 
exagerando al principio su poder. Las poblaciones del trayecto 
los veían llegar con alarma y corrían a su encuentro a j)roveer- 
los de alimentos y de socorros, porque estos ejércitos vivían del 
público y de sus amigos más favorecidos por la fortuna. Coxey 
mismo gastaba de lo suyo para sostener su división y cuartel 
general. 

Los gobiernos locales a su vez tomaron medidas; Washing- 
ton, la ciudad capital, pasó un mes de alarmas, que llegaron 
hasta alguna legación europea, la cual creía necesaria cierta 
protección. La imaginación creaba el espectáculo de la bella 
capital de los Estados Unidos, saqueada por cien mil vagos o 
sospechosos. La policía juramentó doscientos hombres más para 



152 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

reforzar su escasa hueste de un gendarme para cada ocho man- 
zanas, y su jefe se puso de acuerdo con los jefes de algunas 
compañías de guardia nacional, voluntariamente organizadas, 
que se reunieron para practicar ejercicios públicos; algunos 
maestros de escuelas escondieron los fusiles de los alumnos, 
temerosos de un asalto de coxistas, y la comisión municipal, 
nombrada por el presidente para administrar el distrito federal, 
dio una notable y discutida proclama prohibiendo al ejército 
de la paz, su entrada en Washington. 

La prensa discutía la actitud serena aparentemente confiada 
del Poder ejecutivo nacional. Pidióse aumento de la guarnición 
compuesta apenas de algunas compañías navales, en todo 500 
plazas, aunque en Virginia y a dos leguas había cuatro escua- 
drones de caballería, uno de ellos formado de negros, bajo todo 
concepto temible y disciplinado. 



XI 



Entre tanto, los ejércitos partieron sobre Washington, y la 
prensa anunció abusos, saqueos y violencias, que resultaron in- 
ciertos, en cuanto se referían a la división misma de Coxey. 
Pero sus tenientes eran gente menos escrupulosas y responsa- 
bles. Las divisiones, con los pies desgarrados en las montanas, 
asaltaron trenes de carga y de pasajeros en diferentes estados, 
después de alarmar pueblos a su paso, cometiendo ligeras exac- 
ciones. En otros puntos donde hay canales, se apoderaron de 
las barcas a viva fuerza. Los trenes robados a las compañías co- 
rrían hacia el este, buscando la incorporación del general en 
jefe con velocidades inusitadas y peligrosas. 

Las compañías de ferrocarriles pidieron amparo a las autori- 
dades locales, pero la policía era en todas partes rechazada por 
la fuerza, y los trenes pasaban de unos estados a otros estados. 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 153 

Los gobernadores se declaron impotentes, pues carecían de 
tiempo para llamar la guardia nacional y telegrafiaron al pre- 
sidente, pidiendo la intervención de las tropas federales más 
cercanas. La intervención nacional procedía desde luego, por 
requisición local; pero procedía también por derecho propio, 
porque el comercio interprovincial estaba interrumpido y ame- 
nazado por nuevas violencias. El presidente lanzó sus regi- 
mientos por trenes más rápidos, aunque no sin peligros, a per- 
seguir los fugitivos, que fueron alcanzados, sometidos en todas 
direcciones, y entregados los más culpables a la justicia fe- 
deral. 



XII 



El 1° de mayo, entre tanto, una inmensa muchedumbre salía a 
los alrededores de Washington, para contemplar la llegada del 
primer cuerpo de ejército, mandado personalmente por Coxey. 
El desencanto y la confianza nacieron al mismo tiempo. Aquello 
era una compaíjía de doscientos desgraciados, andrajosos y mal 
alimentados, que más que el miedo, podían mover la piedad de 
los vecinos. Coxey marchó aclamado, hasta el Capitolio. 

Una ley prohibe toda manifestación organizada dentro del 
parque del Capitolio, y para no violarla Coxey hizo marchar su 
compañía por la calle lateral inmediata, haciendo alto frente a 
la del palacio, donde se reúne el Senado. 

Desde allí partió, seguido de sus jefes de Estado mayor, hacia 
el Capitolio, con el designio de arengar al pueblo desde las gra- 
das de aquél. Una masa de veinte mil personas cubría el parque, 
las gradas y azoteas del palacio. Solamente estaba prohibido el 
acceso a dichos sitios en ese día para Coxey y los suyos. Llega- 
do a las gradas, la policía le observó que tenía orden de impedir 
su permanencia allí. Invocó la Constitución y los derechos indi- 
viduales con cultura y moderación, pero fué desoído. Pidió que 



154 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

se le permitiera entrar al Capitolio para presentar al Congreso 
su memoriam en nombre del ejército parado allí cerca; pero no le 
fué permitido. Solicitó entonces conferenciar con una comisión 
de las cámaras y le fué negado. Insistió en entregar su memo- 
riam al agente de policía, para que él lo hiciera llegar al Con- 
greso, y el agente lo aceptó y acompañó a Coxey hasta salvar el 
parque del Capitolio. 

Una masa de pueblo lo vivaba y lo rodeaba, entre tanto; y su 
jefe de Estado mayor un coronel de la guerra de secesión menos 
calmoso y resignado, protestaba resistiéndose a dejar un suelo 
en que veinte mil personas estaban de pie, sin mejor derecho y 
con la misma tranquilidad con que él había entrado. Hubo gri- 
tos ; los policiales repartieron palos, con sus clubs y una fracción 
de pueblo tomó la parte de Coxey. Éste se reunió a su ejército 
que presenciaba quieto la escena^ y siguió a su campamento ; 
mientras su hercúleo jefe de Estado mayor, iba a la cárcel, des- 
pués de luchar a brazo partido con la policía, y de j)roclamar 
que las violaciones de la Constitución de que su jefe y él eran 
víctimas, señalaba el principio de la guerra civil. 



XIII 



Puede juzgarse de la alarma que había en Washington por el 
aparato de fuerza policial desplegado en torno del Capitolio, en 
presencia de doscientos mendigos y por el rigor con que Coxey 
fué puesto fuera de la ley. Anunciábase por entonces la llegada 
de otro cuerpo de ejército; y aunque se sabía que la reunión de 
los cien mil hombres había fracasado, era general la creencia de 
que los nuevos contingentes completarían en Washington diez 
mil personas. 

Queríase, pues, intimidar a los que estaban en camino, con la 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 155 

presión ejercida sobre el jefe supremo, ahogando así el movi- 
miento anarquista. 

En las cámaras del Congreso levantáronse voces de indigna- 
ción, sobre los movimientos de la policía. Pidió algún senador que 
se nombrara una comisión investigadora. La opinión de la mayo- 
ría, era sin embargo, en ambas cámaras, desfavorable a Coxey. 

Un gobernador, el de Colorado, notable por ciertos hechos de 
que hablaré después, pronunció palabras de simpatía a favor del 
ejército de la paz y de su jefe. 

No obstante, la policía de Washington llevaba el caso del des- 
orden antes explicado a la justicia local y ella ordenaba la pri- 
sión de Coxey y confirmaba la ya efectuada de su segundo, acu- 
sados de haber pisado los céspedes (Jceep of tlie grass) del parque 
del Capitolio que millares de curiosos habían hollado a la mis- 
ma hora. 

Criticóse mucho hasta la ironía, el pretexto tomado para di- 
solver a los pacíficos y menesterosos peticionantes, que, sin em- 
bargo, permanecieron fieles a sus jefes y en orden en su campo, 
durante la prisión de éstos. Un senador de cierta nota Allem de 
Nebraska, y un diputado del oeste, comparecieron espontánea- 
mente ante el tribunal e hicieron discursos en favor de los pre- 
sos, de la constitucional idad de su conducta, de la arbitrariedad 
policial, de la supresión de derecho, de reunión pacífica, para un 
grupo de ciudadanos de los Estados Unidos de América, y de la 
rara culpabilidad que les era imputada por haber caminado so- 
bre el césped del parque del Capitolio. 

Los mismos y otros miembros del Congreso hablaron en el 
seno de éste, proyectando medidas para el porvenir. Sus discur- 
sos y la defensa de los presos se perdieron en medio de la inde- 
ferencia, sino de la hostilidad parlamentaria y pública; y el jefe 
supremo y su segundo fueron oídos enjuicio contradictorio, con 
declaración de los testigos que afirmaban el fundamento de la 
querella, que Coxey negaba porque caminó siempre sobre el pa- 



156 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

vimento de los caminos y que presenciaron la resistencia ira- 
cunda del otro. La justicia local lo condenó a veinte dias de 
arresto en la cárcel pública. 

Los demás cuerpos de ejército se disolvieron en su marcha, o 
llegaron diezmados, de suerte que la mayor suma reunida en las 
cercanías de Washington no pasó de diez mil hombres, que en 
este momento imploran la caridad del Congreso por medios pri- 
vados para volver a sus hogares 5 y Coxey proclama su candida- 
tura para diputado nacional. Después de haber fanatizado a 
algunos con su descabellada empresa. Parece que aquella can- 
didatura ha sido el único objeto de tanta alarma y de los serios 
desórdenes causados en el interior por los ejércitos en marcha. 



XIV 



Esta segunda tentativa de alzamiento obrero fracasó, pues, 
por las dificultades de realización del plan en la forma iniciada 
y por el carácter personalísimo que Coxey le imprimiera, alejan- 
do de su lado a los directores de millares de hombres que coin- 
cidían con él en anhelos de mejoras de la clase, pero que disen- 
tían en los medios. Nuevos ejércitos organizados por otros con 
los mismos fines, fracasaron a su vez. La intervención de la jus- 
ticia federal, apoyada por el ejército de línea, que hacía efectivos 
sus autos, en virtud de la interrupción violenta del tráfico inter- 
provincial, fueron los procedimientos seguidos en el interior, 
perfectamente arreglados a las leyes nacionales. En Washington 
se siguió un procedimiento policial y judicial ante los tribunales 
ordinarios ; y aunque la opinión pública creyera que no se ha- 
bían respetado estrictamente la garantías y derechos de Coxey, 
y de su segundo, miró con agrado lo hecho, como indicio de lo 
demás que se haría si el espíritu anárquico tomara proporciones 
alarmantes. 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 157 



XV 



He hablado de la influencia y participación en íos sucesos de 
lo que aquí se llama « el trabajo organizado » o sea de nume- 
rosísimas sociedades de carácter filantrópico y de mutuos soco- 
rros, en cuyas filas militan millones de trabajadores de todos los 
ramos. Algunas de estas sociedades tienen una vida x)ública y 
fines humanitarios ; pero otras mantienen secretos sus procedi- 
mientos y leyes orgánicas y asumen los nombres y las formas 
de la masonería. 

Las masas trabajadoras superiores, si puedo expresarme así, 
los maquinistas de ferrocarriles, los jefes de trenes, los capataces 
de grandes talleres, los operarios especiales que trabajan en sus 
domicilios, por ejemplo, están organizados independientemente, 
para el propio bienestar y el de sus familias. Ellos acatan el 
orden social establecido y son respetuosos de la ley y de sus 
agentes. Cuando sus intereses profesionales requieren la acción 
colectiva, prefieren los recursos razonables y conciliadores para 
armonizar sus intereses con los de sus patrones manteniendo 
así un equilibrio y cierta solidaridad entre el Capital y el Tra- 
bajo recíprocamente benéficos y que impulsa al primero a con- 
cesiones espontáneas o requeridas en favor de los trabajadores. 

Otras organizaciones de elementos menos reposados y arrai- 
gados en la sociedad, llevan nombres que unen lo ridículo a lo 
romántico. Son órdenes de caballería, que se parecen a las anti- 
guas, en que no siempre la justicia, sino la violencia, es el medio 
favorito usado para aclarar su camino. Algunas de ellas tienen 
disciplinados de setecientos a ochocientos mil hombres, y sus 
jefes son por eso verdaderas potencias sociales y políticas, que 
con un telegrama pueden producir pronunciamientos de opinión 
más o menos peligrosos. Los Knights of Labor, o « Caballeros 
del trabajo » es una de ellas, The Bailway Unión, o « Unión de 



158 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

los empleados de ferrocarriles » y The Federation of Labor, son 
otras de cuyos actos me ocuparé luego, pues han tenido una 
parte principal en los desgraciados sucesos, que aun conservan 
en alarma a varios estados del centro y del oeste hasta el Pací- 
fico. 

Estas asociaciones vienen preparando un alzamiento obrero 
y de los trabajadores. He dicho que debieron basarlo en la huel- 
ga de los carboneros ; he dicho también qué circunstancias de- 
tuvieron su acción. 



XVI 



A fines de mayo tuvo lugar al sur de Chicago, un incidente 
de carácter aparentemente domesticado en un principio ; pero 
que como la brasa cerca del combustible, produjo el incendio. 
Los operarios de la fábrica de coches y vagones de ferrocarriles 
de PuUmann (Pullmann Palace Car Co.) se declararon en huelga, 
fundados en la reducción de algunos centavos de sus salarios. 
Habían gestionado un arreglo amistoso con la compañía, pero 
ella rehusó escuchar los reclamos. 

Esta situación se produjo cuando la guardia nacional de tres 
estados, entre ella parte de la de Chicago, movilizada en número 
considerable, para dominar los desórdenes producidos por los 
operarios de las minas de carbón, regresaba después de resta- 
blecer la tranquilidad pública; y cuando los huelguistas nume- 
rosos, pues eran a razón de doscientos mil intimidados en detalle, 
porque estaban esparcidos en todo el país, sin concentración 
posible, hacían arreglos con sus patrones y tornaban al trabajo. 
Habiendo llegado a Chicago a la sazón, como he recordado, me 
dirigí a los abogados de la compañía Pullmann y por ellos fui 
introducido a su directorio, del cual obtuve informaciones de lo 
ocurrido. 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 159 

XYII 

Mucho se ha escrito, y no siempre con exactitud, sobre la 
compañía Pullmann, cuyos talleres sirven de núcleo a la ciudad 
del mismo nombre. Esta compañía dirige a la vez una industria 
y una especulación de tierras, que han dado resultados asom- 
brosos. Mr. Pullmann, ingeniero de Nueva Inglaterra, viajaba 
hace años para Chicago, mortificado por las largas travesías 
nocturnas en tren, y concibió la idea de mejorar la suerte de 
todos los viajeros. De ahí nació su invento de los carros dormi- 
torios, comedores, etc., y su fábrica en el lago Michigan. 

De una tierra baja y mala hizo una hermosa planicie, y edifi- 
có con la fábrica enorme y con las casas para los empleados y 
obreros, una bella ciudad, o simplemente parroquia de Chicago. 

La compañía formada para utilizar el negocio, alquilaba las 
casas a sus empleados y obreros. La ventaja para éstos consiste 
en gozar de mejor y más confortable alojamiento que la genera- 
lidad de los empleados y obreros. La compañía fundó un Banco 
para los ahorros de los empleados y obreros, que en 1894 tenía 
depositados más de 600.000 pesos de este origen. 

Los empleados y obreros tienen cierta intervención en el go- 
bierno del barrio o ciudad, dentro de la gran ciudad de Chica- 
go, con teatros, escuelas, paseos, juegos y demás elementos de 
bienestar. 

XVIII 

Los huelguistas quejábanse de la reducción de los salarios^ 
mientras que los alquileres i^or ellos pagados, eran mantenidos 
en los mismos tipos anteriores. La compañía declaró que la de- 
presión comercial de los Estados Unidos de América había lle- 
gado hasta sus operaciones. 



160 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Que tenía 400 carros dormitorios, etc., parados, en depósito, 
por la diminución del número de viajeros, lo cual imposibilita- 
ba seguir la construcción. 

Que obligada a optar entre la suspensión total de las obras y 
la diminución de los salarios. Labia aceptado el útimo camino 
en beneficio de sus empleados y obreros a fin de conservarlos 
en servicio, esperando que pasaran los malos tiempos. 

Que para darles trabajo asimismo, había tenido que contratar 
obras perdiendo dinero en ellas. . 

Estas razones con trazas de comerciales y humanitarias, no 
parecieron del todo exactas a los huelguistas y desestimándolas 
invitaron a la compañía a someter el caso a arbitros. La compa- 
ñía se negó a ello declarando que no podía subordinar sus inte- 
reses a juicios extraños y que ninguna autoridad o arbitro po- 
dría obligarla a perder dinero. 

Los empleados y obreros de Pullmann invocaron la soli- 
daridad del titulado Trabajo organizado, llamando en su auxi- 
lio a las logias y sociedades que mayor vinculación tenían con 
el servicio de los ferrocarriles. Ellas eran las nombradas ya : 
Knights of Labor, Bailway Union y American Federation of 
Labor. 

El jefe de la Unión de empleados de los ferrocarriles respon- 
dió primero, dirigiendo a varias de las veinte y ocho empresas, 
cuyos trenes llegaron a Chicago, una intimación para que deja- 
ran de arrastrar en ellos los Pullmann de todas clases (dormito- 
rios, comedores, cocinas, buffets, observatorios, escritorios, etc.), 
so pena de que los miembros de la sociedad abandonarían el 
trabajo y paralizarían los trenes, no solamente en aquella ciu- 
dad, sino también en todo el territorio nacional. 

Las empresas contestaron el arrogante mensaje diciendo que 
ellas estaban obligadas por contratos solemnes a llevar en sus 
trenes los carros de la compañía Pullmann, y que si defirieran al 
pedido de abandonarlos, quedarían expuestos a ser citadas ju- 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 161 

dicialmente por dicha compañía, para pagar los daños y perjui- 
cios y cumplir los contratos. 



XIX 



La huelga de sus empleados y operarios estalló entonces y 
los trenes quedaron inmóviles mientras los sublevados eran re- 
emplazados. El supremo Caballero del trabajo, expidió una or- 
den telegráfica a las logias de todo el país, a fin de que sus 
miembros abandonasen sus destinos en los ferrocarriles desig- 
nados, que eran aquellos donde la sociedad tenía mayores fuer- 
zas. La huelga adquirió así grande extensión y a principios de 
julio, dominaba desde los Alleghanys hasta la costa del Pacífico. 

Calculaban sus promotores que la oportunidad sería aceptada 
por la mayor parte, sino por todas las organizaciones obreras 
congéneres, y que tal vez un millón de hombres abandonarían 
el trabajo en toda la unión, arrastrando a los mineros y descon- 
tentos de los otros gremios. 

El directorio de los Knights of Labor, dirigía un manifiesto 
revolucionario anunciando que la paz de la república estaba en 
peligro; el oeste revoltoso tenía la visión clara de un conflicto 
nacional, y cuando las primeras tropas federales entraron a Chi- 
cago, el presunto jefe de aquél, Mr. Debs, puso partes telegrá- 
ficos a sus afiliados exhortándolos a comprar armas y hablaba 
a la prensa en términos provocativos, afirmando que el pri- 
mer herido por los soldados de la Unión, produciría la guerra 
civil. 



XX 



La primera quincena de julio, fué aciaga para Chicago, para 
el valle de Mi.ssissippí y para la costa del Pacífico. En las calles 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3« SER.) 11 



162 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

de Chicago se unieron a los huelguistas los vagos, los mendigos 
y toda la baja ralea de la ciudad ; y de la petición a las compa- 
ñías de ferrocarril contra el uso de los carros Pullmann se pasó 
al incendio, al robo y al desborde de la violencia, contra autori- 
dades e individuos. 

Cuando los maquinistas y empleados permanecían fieles a las 
empresas, eran amenazados de muerte y algunos de ellos, fue- 
ron asaltados y heridos. 

El importante gremio que tiene a su cargo los cambios de 
vías y las agujas de las estaciones, estaba sublevado, y cuando 
llegaban reemplazantes eran desalojados del campo a palos, a 
pedradas y tiros. Si un tren se movía, millares de personas lo 
asaltaban, herían y arrojaban a los empleados, paraban las má- 
quinas y se seguía el descarrilamiento e incendio de los coches. 
En todas direcciones ardían trenes y las estaciones y los edifi- 
cios principales eran amenazados. 

Los mataderos de Chicago, donde los trenes desembarcan 
diariamente 40.000 cabezas de todos los ganados, estaban blo- 
queadas por las turbas, su trabajo parado y sus extensas cons- 
trucciones de'madera sufrían repetidas tentativas de incendio. 

Millares de vagones con ganados fueron detenidos en los ca- 
minos, las reses se extenuaban o sucumbían y la carne comen- 
zaba a faltar y a subir de precio en todos los estados al este de 
Mississippí. La fruta, importada por los puertos del sur, e in- 
ternada en centenares de vagones, se podría en ellos. La circu- 
lación de pasajeros era imposible. Los dueños de los ferrocarri- 
les, de las cargas y de los edificios perjudicados o amenazados, 
los gremios de los mataderos y sus fábricas, el comercio, los 
banqueros, la sociedad toda de Chicago volvían los ojos a las 
autoridades locales, al mayor de la ciudad y al gobernador del 
estado, y solamente percibían la perplejidad inactiva del pri- 
mero y la inacción del segundo. 

El mayor de Chicago, creía acaso necesaria cierta tolerancia 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 163 

para no provocar mayores desgracias, y por sí o por medio de 
agentes, procuraba un avenimiento entre los huelguistas y las 
empresas ; pero esta debilidad sólo sirvió para dejar el campo 
libre al desorden. 

El caso del gobernador es una lección para los pueblos libres 
que descuidaban el ejercicio de sus derechos polítticos. Su elec- 
ción, en efecto, llegó en momentos de cansancio o de distrac- 
ción de los partidos tradicionales; y confiado el uno y el otro en 
su propio éxito electoral. Y eso, sucedió sin embargo. IJn anar- 
quista de origen alemán, fué electo gobernador de Illinois. El 
gobernador que reside en Springfield, seguía los sucesos sin 
moverse y ba dicho después que no tenía noticia de ellos, lo 
cual ha extrañado, porque su estado, estaba en plena guerra civil, 
y la prensa de los Estados Unidos de América llenaba sus pági- 
nas con los detalles. 



XXI 



En circunstancias tan desgraciadas las víctimas acudieron a 
la justicia local pidiendo garantías para su propiedades e inte- 
reses. Los procuradores fiscales de los Estados Unidos de Amé- 
rica ocurrían al mismo tiempo a la justicia federal de Illinois, 
denunciando la interrupción del movimiento de los trenes co- 
rreos. La justicia local y federal expidieron autos protectores; 
pero los alguaciles de ambas jurisdicciones fueron rechazados y 
perseguidos a viva fuerza por los culpables. Al mismo tiempo 
las tropas chocaban con las masas en Indiana y en otros esta- 
dos y la guardia nacional movilizada en California se dispersa- 
ba y hacía causa común con la huelga. 

Ésta proclamó la resistencia a las tropas nacionales y algu- 
nas familias preparaban hospitales de sangre para el caso de la 
lucha armada. La justicia local de Chicago pidió fuerzas para 
mantener sus decisiones y el mayor de la ciudad movilizó, aun- 



164 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

que tarde, algunos regimientos de milicia. La justicia federal 
de Illinois se dirigía al mismo tiempo al Attorney General de 
los Estados Unidos de América, como aquí se llama al ministe- 
rio de Justicia, pidiéndole fuerzas para mantener sus autos. A 
su vez el gobernador de California, avisaba al presidente, la 
desobediencia de las milicias. 



XXII 

La república estaba profundamente conmovida. Hasta ayer 
las rivalidades de intereses y de política sólo tomaban en cuenta 
dos grandes agrupaciones nacionales : el norte y el sur. Una 
tercera y formidable entidad se levantaba entre ellas; el oeste, 
en plena guerra civil. En tales momentos la huelga luchaba por 
conflagrar el este de los Estados Unidos, es decir, de preferen- 
cia los Estados de Nueva York y Pensilvania. En tal caso la 
huelga hubiera asumido un aspecto gravísimo, arrastrado al 
norte y al sur y comprometidos los intereses de toda la nación. 

El carácter religioso y respetuoso de las leyes, que predomi- 
na en los pueblos del este, contuvo el avance de la anarquía, 
que no pudo pasar de Cleveland, en el extremo norte de Ohio, 
y de Pittsburgo, en el extremo oeste de Pensilvania. Los em- 
pleados y operarios de los ferrocarriles del este, invitados a su- 
blevarse, contestaron afirmando su fidelidad a las empresas, al 
servicio público, y a la paz de la nación. 



XXIII 

El presidente de los Estados Unidos, en presencia de los su- 
cesos de Chicago y de la requisición de la intervención nacional 
por las cortes federales para mantener y hacer cumplir sus de- 
cisiones, se manifestó poseído de la solemnidad de las circuns- 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 165 

tandas, y con la rapidez y energía que le son peculiares, declaró 
al Illinois en estado de rebelión, ordenando que varios regimien- 
tos del ejército de los Estados Unidos marcharan sobre Chicago. 

El 9 de julio un segundo decreto proclamaba en igual situa- 
ción a los estados de Dakota del norte. Montana, Idaho, Wash- 
ington, Wyoming, Colorado y California y los territorios de 
Utah y ííueva Méjico, declaraba caminos militares y de correos, 
los ferrocarriles que cruzan dichos estados y territorios, e inti- 
mó a todos los rebeldes la dispersión y retiro pacífico a sus ho- 
gares antes de las 3 de la tarde del día 10 de julio. Las tropas 
federales iban entre tanto en marcha a los lugares oportunos. 

Acompaño a V. E.^ en el anexo B, ambos decretos y los deta- 
lles de los sucesos que los motivaron. Dichos decretos causaron 
profunda sensación en el país, pues era la primera vez que el 
presidente lanzaba documentos tan solemnes, después de la cé- 
lebre proclama de Lincoln de 15 de abril de 1861, convocando 
75.000 hombres para marchar contra el sur. 



XXIV 

El comandante en jefe del ejército, aliviado por la sumisión 
délos indios y aleccionado por los sucesos de Chicago de 1886, 
había retirado la mayor parte de los regimientos de línea de la 
frontera, para acantonarlos estratégicamente en fuertes situa- 
dos a un paso de las ciudades más populosas y agitadas. De 
esta suerte el general Miles, pudo ocupar rápidamente a Chica- 
go y concentrar allí tropas suficientes, que unidas a las mili- 
cias movilizadas, dominaron la situación en poco tiempo, lle- 
vando la prudencia en el uso de las armas, a los últimos extre- 
mos. Las turbas no tenían armas ni organización y aunque aco- 
metían con audacia a las tropas, fueron dominadas con pérdidas 
sensibles por ambas partes. 



166 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



XXV 

En los momentos en que el presidente de los Estados Unidos 
de América realizaba esta obra de previsión política y de hu- 
manidad, los gobernadores de los estados de Colorado y de Illi- 
nois, pretendieron detener su acción, dirigiéndole telegramas 
de protesta por la intervención de las tropas federales en sus 
respectivos estados, sin requisición de las autoridades locales. 

El gobernador de Colorado había llamado la atención de la 
prensa en dos ocasiones anteriores. Cuando se discutía la dero- 
gación de la ley de compra de plata, el gobernador, que estaba 
en favor de la conservación del sistema, hizo saber según ver- 
siones publicadas, que si el rechazo tenía lugar habría llegado 
el momento de montar a caballo para defender los intereses del 
oeste. 

Más tarde su estado fué teatro de una lucha local compara- 
ble a las que por desgracia son frecuentes en nuestras provin- 
cias, cuando una centena de politiqueros de cada lado abren 
hostilidades, y el telégrafo las magnifica, escandalizando al ex- 
tranjero y martirizando a los que vivimos en él, con la noticia 
de una nueva revolución argentina. JSo ha sido j)ublicada la 
contestación del presidente Cleveland a este gobernador. La 
nota telegráfica de su colega de Illinois estaba escrita con ta- 
lento y preparación constitucional, sosteniendo la doctrina de 
la autonomía de los estados y pidiendo el retiro de tropas fede- 
rales del suyo. Ofrecía movilizar la guardia nacional, siempre 
que las autoridades de Chicago, lo informaran de que las cir- 
cunstancias requerían la medida. 

El presidente se negó a discutir la materia limitándose a con- 
testar al gobernador de Illinois, en términos breves y perentorios 
que impresionaron la opinión pública e hicieron comprender a 
los desordenados que debían perder toda esperanza y someterse 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 167 

sin demora. El telegrama del presidente decía : « Persuadido de 
no haber abusado de mi autoridad, ni de mi deber, creo que en 
esta hora de peligros y de desgracias públicas, la discusión debe 
ceder el paso a los esfuerzos rápidos de todas las autoridades 
para restablecer la obediencia a la ley y dar garantías a la vida 
y a la propiedad. » 

XXVI 

Acompaño a Y. E., en el anexo O, la orden general del coman- 
dante en jefe del ejército. Ella termina recordando a las tropas 
que no deben preocuparse de saber cuántos caen muertos o he- 
ridos por su acción, sino de dar golpes tan recios cuanto fuera 
necesario para suprimir rápidamente la resistencia a las leyes y 
a las autoridades ; y les recuerda al final que, dominada la rebe- 
lión, el castigo de los culpables corresponde a las cortes de jus- 
ticia y no a las tropas. 

En efecto, están ya presos y sometidos ala justicia federal de 
los Estados Unidos, en el estado de Illinois, el presidente, el 
vicepresidente, el secretario un director y periodista y un inge- 
niero de la American Raüivay Company. Están presos y someti- 
dos a la justicia local o federal muchos huelguistas sorprendidos 
en la realización de actos criminosos en varios estados. 

Los jefes del movimiento cuya prisión he referido, están acu- 
sados ante un gran jurado federal, presidido por el juez Grosscup, 
de una de las cortes federales del estado de Illinois. 

El gran jurado federal acordó fijar en diez mil pesos oro, la 
fianza para la libertad provisoria de los jefes del movimiento. 
En los primeros momentos fué imposible proveer esa suma; pero 
algunos politiqueros y comerciantes en casas de bebidas, reunie- 
ron los cuarenta mil pesos oro requeridos, y los presos salieron 
en libertad después de un día de permanencia en la cárcel fede- 
ral. Quedaron trece detenidos de menor importancia. 



168 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Al mismo tiempo el gran jurado ordenó que un alguacil federal 
allanara el local de la American Railway Union y confiscara los 
libros de actas, cartas, circulares y telegramas, que serían usa- 
dos como medios de convicción contra los jefes del movimiento. 

Reunido el gran jurado federal, el juez Grosscup hizo una ex- 
posición de derecho de acuerdo con las prácticas forenses, esta- 
bleciendo los caracteres jurídicos del caso. Las acciones deduci- 
das contra los directores presos fueron la de conspiración y la de 
obstrucción del correo. El juez Grosscup ilustró dichas acciones, 
estableciendo los siguientes puntos : 1" los acusados han recurrido 
criminalmente a la fuerza ; 2" su levantamiento contra las autori- 
dades civiles y políticas es una insurrección ; 3° la obstrucción 
del correo es un acto de conspiración contra los Estados Unidos 
de América y aunque el ejecutante sea uno solo de los conspira- 
dores, todos deben ser castigados ; 4° la interrupción del comer- 
cio interprovincial es una conspiración contra los Estados Uni- 
dos de América porque ellos están obligados a garantizar dicho 
comercio y el de los estados con las naciones extranjeras. 

El juez analiza en seguida el carácter jurídico de la conspira- 
ción y los deberes y derechos de los jurados. Ofrezco a V. E. el 
anexo D de esta pieza jurídica, que abre el proceso, cuya subs- 
tanciación durará todavía algunas semanas. 



XXVII 

De la exposición de hechos y procedimientos judiciales que 
precede deducirá V. E. que este país ha sufrido las mismas 
convulsiones anárquicas que la Europa. El asesinato de altos 
funcionarios, el incendio de propiedades, el uso de explosivos, la 
resistencia y la violencia contra la justicia y autoridades locales 
y federales, caracterizan la acción anárquica en los Estados 
Unidos de América. 



HUELGAS ANÁRQUICAS EN ESTADOS UNIDOS 169 

En presencia de ella los poderes políticos, la justicia y la so- 
ciedad se han preguntado si la legislación provincial y federal 
era suficiente para defender los intereses fundamentales, heri- 
dos o amenazados, o si debía promoverse en el Congreso nacio- 
nal, y en las legislaturas de los estados la sanción de leyes pro- 
tectoras, y han llegado sin desidencia ha reconocer la eficacia de 
los recursos legales existentes. 



XXVIII 

He inquirido la opinión del Poder ejecutivo y el ministro de 
Justicia (Attorney General) me autoriza a comunicar a V. E. que 
no se ha iniciado, ni se iniciará una ley especial sobre anarquis- 
tas y dinamiteros, porque todos los actos que ellos puedan eje- 
cutar pueden tambión ser castigados en virtud de leyes locales 
o federales preexistentes. 

Dichas leyes no hacen diferencias entre el asesinato del ma- 
yor de Chicago o de un gendarme, ni entre el uso del puñal o de 
la dinamita, para matar o herir a los individuos. Las circuns- 
tancias morales y materiales de cada caso son apreciadas por los 
jueces y jurados para calificar el ánimo criminal del actor o de 
los actores. 

XXIX 

Algunas discusiones parlamentarias y proyectos presentados 
durante ellas, se refieren al aspecto social de la cuestión. El 
presidente ha dirigido también un mensaje al Congreso promo- 
viendo una ley que someta a arbitraje las diferencia entre obre- 
ros y patrones; pero me abstengo de discutir el punto porque 
no está comprendido en el telegrama de V. E. 

Ha comenzado en este mismo momento la discusión de los 
principios penales que dominan la materia. El debate ha elegido 



170 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

por campo las revistas más autorizadas del país, las cuales ejer- 
cen una influencia trascendental en la opión dirigente de esta 
república. Acompaño a V. E., bajo el anexo E, dos artículos pu- 
blicados en The Forum y cuatro artículos publicados en The 
North American Beview del 1° de agosto, fecha en que cierro 
esta comunicación. 

El pedido telegráfico de V. E. me ha hecho suponer que urgía 
la remisión de los datos, y esta circunstancia me obliga a limitar 
mi exposición y a someterla a V. E. sin la deseada corrección de 
estilo y de copia. 

Deseoso de haber respondido con eficacia al pedido de Y. E., 
sólo me resta renovarle las seguridades de mi más alta conside- 
ración. 

Estanislao S. Zeballos. 

República Argentina. 
Ministerio de Relaciones exteriores. 

Buenos Aires, 14 de septiembre de 1894. 
A S. E. el señor ministro del Interior doctor don Manuel Quintana. 

Señor ministro : 

Tengo el honor de poner en manos de V. E. copia de la importante 
memoria qiie me ha pasado el señor enviado extraordinario y ministro 
plenipotenciario de la república en los Estados Unidos de América, en 
respuesta al telegrama que le fué dirigido a insinuación de V. E. pi- 
diendo el envío de las leyes penales en vigor o en proyecto en aquel 
país, para juzgar a los anarquistas o dinamiteros. 

Permitiéndome llamar la atención de V. E. respecto de tan intere- 
sante documento, así como de los anexos a que el mismo se refiere, 
reitero a V. E. las seguridades de mi consideración más distinguida (1). 

Eduardo Costa. 

(1) Del paradero de los anexos no tengo noticias, j, Están en el ministerio del 
Interior? ¿En la policía? ¿Habrán desaparecido? (E. S. Z.) 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 



I. La revolución unitaria. — II. Lavalle y Rosas. — III. El general Paz. 
— IV. Predominio nacional de Rosas. — V. La dictadura y el federa- 
lismo. — VI. La dictadura y la democracia. — VII. Política exterior 
de Rosas. 

En 1828 nuestro país se hallaba en una situación excepcio- 
nal. Había paz entre las provincias pero no existía sobre ellas 
un poder fuerte y superior; la soberanía nacional no tenía una 
expresión visible. El gobernador de Buenos Aires ejercía la 
representación de las provincias en los negocios extranjeros, 
en los asuntos de guerra y de paz, pero no desempeñaba auto- 
ridad nacional alguna. 

Sin embargo, todas las provincias se consideraban como par- 
te integrante de la nación Argentina por asentimiento unánime 
de los pueblos que las formaban. 

El coronel Borrego, gobernador de la provincia más fuerte, 
jefe en ella del partido autonomista y federal, soldado brillante 
de la guerra de la independencia, se propuso, aprovechando del 
prestigio que le daba su situación, organizar a la república so- 
bre la base de las autonomías provinciales y por medio de 
tratados parciales que condujesen a la reunión de un congreso 
nacional. Había comenzado a realizar su obra. Buenos Aires 
estaba ya ligada por esos tratados a todas las provincias del 



172 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

litoral y a la de Córdoba 5 entre ésta y otras provincias existían 
también tratados de paz y de amistad, que reconocían la auto- 
nomía de cada una de ellas y la existencia nacional. 

El plan de Dorrego era el único realizable en aquellos mo- 
mentos, después de la disolución que se produjo en el país a la 
caída de Rivadavia. Kevelaba en el gobernador de Buenos Ai- 
res un conocimiento completo de la situación, la única orienta- 
ción segura, y la intensidad de su talento político. 

Sin embargo, los más graves acontecimientos iban a cruzarse 
en su camino y a abrir para la república el período luctuoso 
que no se cierra propiamente en nuestra historia, hasta la pre- 
sidencia del general Mitre. 



Acababa de regresar a Buenos Aires la primera división 
del ejército argentino que había triunfado en Ituzaingó. Una 
mañana aparecieron esas tropas en la plaza de la Victoria bajo 
las órdenes del general don Juan Lavalle y proclamaron la 
revolución en nombre de los principios unitarios. Dorrego, sor- 
prendido, abandonó la ciudad y salió a campaña para unirse 
con don Juan Manuel de Eosas, caudillo prestigioso entonces 
del partido federal en todo el sur de la provincia de Buenos 
Aires. Lavalle salió en persecución de Dorrego; le alcanzó en 
Navarro y le derrotó; entonces Dorrego buscó la incorporación 
de dos regimientos que mandaba el coronel Pacheco ; los oficia- 
les de uno de estos cuerpos se sublevaron, depusieron a su jefe, 
prendieron a Dorrego y le entregaron al general Lavalle, que, 
por su orden y apelando al juicio de la historia, mandó fusilar 
al gobernador de Buenos Aires el mismo día, dos horas después 
de haber caído en sus manos. 

Este grave acontecimiento es un hecho culminante de núes- 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 173 

tra historia interna y el punto de partida de la sangrienta lucha 
que mantuvieron desde entonces los partidos unitario y federal. 
Agüero, el ministro de Eivadavia, había dicho que era necesa- 
rio « hacer la unidad a palos » ; Lavalle cumplía el programa 
creyendo, tal vez, que la caída del partido unitario era el resul- 
tado de una falta de energía. Más que « a palos » buscaba reali- 
zar la unidad con el sacrificio injusto de un gobernador legítimo 
que era al mismo tiempo uno de los prestigios más brillantes 
del loaís. 

Las represalias, la guerra cruel, el sacrificio de los vencidos, 
negar cuartel después de la victoria, el fusilamiento sin proce- 
so, todo quedaba justificado, y el partido federal que contaba 
en todas partes con la adhesión del país y que estaba por con- 
siguiente destinado a prevalecer, iba a convertirse en el ejecu- 
tor sanguinario de la venganza. Dorrego habría hecho la orga- 
nización con altura de miras y con generosidad en los procedi- 
mientos; habría consagrado sin sangre ni represalias el triunfo 
del partido federal y la alianza de los gobernadores provincia- 
les; bajo su gobierno habríase llegado a la reunión de un con- 
greso nacional y a la sanción de una constitución federal 
acatada por los pueblos, economizando a la república los ríos 
de sangre que corrieron desde 1828 hasta 1862. 

Un hombre de otras entrañas iba a presentarse como venga- 
dor de Dorrego, a recoger la herencia acrecentada del partido 
federal y a realizar, por fin, la federación « a palos », según el 
dogma de Agüero y la aplicación sangrienta que le dio Lavalle 
en su cuartel de Navarro. 



II 



Cuando el general revolucionario debió retroceder hacia 
Buenos Aires perseguido por las milicias provinciales, pudo 



174 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

apreciarse cuan profundo era el sentimiento federal en las ma- 
sas populares. La noticia del fusilamiento de Borrego produjo 
en la ciudad de Buenos Aires una condenación general y en la 
campaña de la provincia un levantamiento iracundo, un verda- 
dero plebiscito armado, que rodeó por todas partes al ejército 
de Lavalle, que lo dejó como un cuerpo extraño en medio de la 
unanimidad popular de la protesta. Los regimientos de caballe- 
ría que había desprendido a las órdenes del coronel Eauch, 
para contener el levantamiento de los partidos centrales de la 
provincia, fueron hechos pedazos por milicias irregulares, es 
cierto, pero animadas de un espíritu salvaje de rencor y de ven- 
ganza. Lavalle con el resto de sus fuerzas apenas podía mover- 
se en su retirada hacia la ciudad, hostilizado sin cesar por las 
poblaciones enardecidas que encontraba a su paso ; Eosas le 
alcanzó en el puente de Márquez y le derrotó completamente, 
sin que se resolviera el general unitario a entrar en Buenos 
Aires donde la población le esperaba tan iracunda como en las 
campañas que acababa de atravesar. 

Celebróse entonces entre los dos jefes un acuerdo para con- 
vocar al pueblo de la provincia a elecciones generales con el ob- 
jeto de designar el gobernador definitivo. Los comicios tuvieron 
lugar y en la cami)aña fueron favorables a Eosas, pero en la 
ciudad ocurrieron grandes disturbios porque no había autoridad 
capaz de contener el furor de las pasiones populares. Lavalle 
consintió en anular las elecciones y de acuerdo con Eosas re- 
nunció la gobernación que ejercía en virtud de la revolución 
decembrista y puso el mando en manos del general Yiamonte. 

Poco después fué convocada la legislatura legal que había 
caído junto con Dorrego y que resolvió elegir a Eosas goberna- 
dor definitivo de Buenos Aires. 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 175 



III 



En seguida de la revolución de diciembre llegaba también al 
país la segunda división del ejército del Brasil comandada por 
el general Paz. Marchó Paz a unirse con Lavalle y ambos jefes 
acordaron en los «Desmochados» que este último continuaría 
su campaña en Buenos Aires hasta someter a Eosas mientras 
que Paz operaría sobre Córdoba para someter a Bustos. 

He dicho ya cómo llegó Kosas a ser gobernador de Buenos 
Aires ; veamos ahora cuál fué la suerte de Paz. 

Con las tropas de la segunda división del ejército avanzó so- 
bre la ciudad de Córdoba y la ocupó para vencer después a Bus- 
tos en San Eoque y a Quiroga en la Tablada; pero él mismo nos 
ha dicho en sus memorias cuan grande era la hostilidad que le 
mostraban por todas partes las masas populares fanatizadas en 
verdad por el prestigio terrible de Quiroga que era en ese mo- 
mento el caudillo federal más poderoso de las provincias inte- 
riores; y fué, sin duda, para cambiar en algo la debilidad que 
debía introducir en el ánimo de sus tropas el sentimiento hostil 
de los pueblos, que realizó una serie de incursiones en las sie- 
rras del norte antes que Quiroga reorganizase sus fuerzas y le 
presentase batalla otra vez en Oncativo, donde una nueva vic- 
toria aseguró el predominio del general unitario sobre el inte- 
rior de la república. 

En aquel momento la situación del país podía describirse así: 
Buenos Aires gobernada por Rosas que respondía a la tenden- 
cia federal ; Córdoba gobernada por Paz que respondía a la ten- 
dencia unitaria. Dos ligas se constituyeron entonces simultánea- 
mente : la del litoral encabezada por Eosas, la del interior diri- 
gida por Paz. El campo estaba bien marcado y la guerra iba a 
tener lugar entre fuerzas equivalentes. 

Eosas tenía, sin duda, la ventaja de su inmenso prestigio po- 



176 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

pular, fiel verdadero fanatismo que despertaba su personalidad 
en el pueblo de Buenos Aires; Paz tenía, en cambio, sobre Ro- 
sas, la ventaja no menor de sus aptitudes militares que eran 
extraordinarias, comparables acaso en nuestra historia con la 
estrategia de San Martín, pero solamente en el campo de bata- 
lla, pues el general unitario no poseía las dotes políticas, im- 
prescindibles en el comando de los ejércitos, que hicieron reali- 
zables para el gran capitán sus empresas legendarias. 

Paz avanzó con su ejército una vez que se hubo convencido 
de que no le sería posible llegar a un acuerdo con Eosas. 

Las milicias de Santa Fe que eran parte de la liga del litoral 
acechaban al ejército de Paz y un día que éste practicaba per- 
sonalmente el reconocimiento de un bosque fué sorprendido por 
una montonera. Un gaucho audaz le boleó el caballo y le hizo 
prisionero de don Estanislao López, gobernador de Santa Fe. 

El ejército de Paz, perdido el jefe, se replegó poco menos que 
disuelto ; surgieron dificultades inmediatamente entre los mis- 
mos subalternos; y si es verdad que por fin el general La Ma- 
drid logró predominar, es cierto también que no tenía las con- 
diciones sobresalientes del ilustre militar a quien le tocaba 
suceder. 



IV 



El horizonte se había despejado para Rosas ; su predominio 
desde entonces se hace inevitable; es el caudillo federal más 
fuerte del litoral, y el interior habrá de someterse lógicamente 
por necesidad y por adhesión a su fácil prepotencia. 

Quiroga, que había sido derrotado por Paz, recuperó su anti- 
gua importancia, derribó los gobiernos unitarios y organizó en 
su reemplazo gobiernos federales, se hizo de nuevo el caudillo 
del interior mientras López gobernaba en Santa Fe y Rosas ejer- 
cía su poder en Buenos Aires. Nadie puede decir si los aconte- 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 177 

cimientos ulteriores habrían ocasionado la rivalidad y la guerra 
entre los caudillos federales que así dominaban a la Nación. En 
cuanto a mí, creo que el poder de Eosas habría de todas mane- 
ras prevalecido. Los gobiernos de Dorrego y de Eosas habían 
servido para demostrar suficientemente que el dominio de Bue- 
nos Aires era la base indispensable para el triunfo del partido 
federal y demostraron también que con el dominio de Buenos 
Aires el partido federal era incontrarrestable en toda la repú- 
blica. 

Los acontecimientos aseguraron el poder de Eosas. 

Cuando Paz fué hecho prisionero, Estanislao López había 
marchado a Córdoba y conseguido organizar allí un gobierno 
amigo, lo que le atrajo la enemistad de Quiroga, que aspiraba a 
q ue la provincia de Córdoba estuviera comprendida en el círculo 
de su influencia. Quiroga tuvo la idea de organizar un congreso 
nacional; fué a Buenos Aires para proponerlo a Eosas y aunque 
en ese momento gobernaba la provincia don Manuel Vicente 
Maza, Eosas le entregó diversas cartas dirigidas a los goberna- 
dores del interior para inducirles a entenderse con Quiroga so- 
bre sus planes de organización nacional. Al regresar del norte 
para ir a Cuyo, el caudillo federal del interior fué asesinado en 
Barranca Yaco. 

Desde ese momento ejerce el caudillo de Buenos Aires la in- 
fluencia política más absoluta sobre todo el país; la ejerce sin 
contrapeso alguno. López era débil en comparación con él y aca- 
taba la superioridad de su poder ; su naturaleza, además, había 
entrado en una decadencia irremediable y algún tiempo des- 
pués murió dejando sin estorbo alguno dentro de su partido el 
ascendiente del dictador porteño. 



ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 12 



178 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



Bajo au autoridad establecióse, entonces, una confederación 
de hecho, en que cada provincia, regida o no por una constitución, 
se gobernaba con sus propios funcionarios; estaba subordinada 
en las cuestiones internacionales a la dirección del gobernador 
de Buenos Aires; pero en los asuntos interiores, en lo que afec- 
taba exclusivamente sus intereses particulares, procedía con 
entera independencia. 

Es esta la característica de aquel momento histórico en que 
se reprodujo exactamente la situación política que creó el go- 
bierno federal del coronel Dorrego. 

Don Vicente Fidel López ha trazado su síntesis en estas pa- 
labras : 

Hecha la tregua, dice, cada caudillo provincial se quedó con su 
presa o con su herencia; hubo sacudimientos, descomposiciones, pac- 
tos, desgracias y dudas, hasta que se levantó la tiranía ; el monstruo 
que la empuñó redujo toda la república a su obediencia; sometió to- 
das las disidencias; despojó de su personalidad y de su poder a todas 
las provincias ; el país entero quedó decapitado a su nivel, y fué po- 
sible, al fin, que al renacimiento de la libertad se constituyese la re- 
pública sobre su solio natural : la capital de Buenos Aires. 

Si quitamos a este lenguaje la pasión con que muchos escri- 
tores han juzgado aquella época de nuestra historia, queda una 
verdad profunda y es que la situación a que llegó la república 
después de la muerte de Dorrego y de los pronunciamientos 
de Lavalle y de Paz no podía prolongarse mucho; de ahí pasa- 
mos al despotismo y felizmente la evolución fué rápida. De lo 
contrario, es probable que ciertas provincias de la Nación se 
hubieran desprendido de su centro para constituir nuevas so- 
beranías o para incorporarse a otras nacionalidades ya existen- 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 179 

tes. Así ocurrió en seguida de 1820, con las provincias del Alto 
Perú y del Uruguay, porque no llegamos entonces a la misma 
situación inmediatamente después de la anarquía. En este sen- 
tido, la centralización en manos de Eosas de toda la influencia 
del partido federal y su ascendiente sobre los demás caudillos 
que quedaban en las provincias fué un beneficio para la unidad 
nacional, pues evitó que la república pasase de la anarquía ala 
disolución. 

Pero, aparte de eso, ¿qué fué Eosas? ¿Cuál es su significado 
en la evolución de la política argentina? 

Ante todo, Eosas era el caudillo del partido federal porteño, 
y esto le proporcionó el acatamiento inmediato de los gobiernos 
provinciales. 

Buenos Aires, en efecto, había realizado la revolución de 
mayo y dirigido en los primeros tiempos las operaciones de la 
guerra. Los hombres que ejercieron la autoridad desde 1810 
aspiraron a conservar el mismo poder en el país independiente 
y comprendieron que la única manera de lograrlo era la orga- 
nización en esta ciudad de un gobierno general, consolidado 
y fuerte. Su empeño tenaz les atrajo la oposición de las provin- 
cias que pretendían conservar la autonomía de sus gobiernos 
locales y que, si se mostraron más o menos irritadas, según las 
alternativas de la guerra contra España, estallaron al fin vio- 
lentamente, cuando la independencia nacional llegó a ser un 
hecho irrevocable. 

Es por eso que al principio la lucha entre las tendencias 
unitaria y federal se confunde con las rivalidades entre provin- 
cianos y porteños, hasta que se forma en Buenos Aires un par- 
tido que no quería admitir en esa ciudad la residencia de las 
autoridades nacionales, para evitar el ludibrio que hacían recaer 
sobre ellas las guerras continuas entre el gobierno central y las 
provincias. Ese partido que no es al iniciarse sino un partido 
autonomista, fué más tarde el partido federal porteño que pre- 



180 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

sidló Dorrego y que al tomar el gobierno de Buenos Aires ins- 
piró confianza a las provincias. 

Por la misma razón, cuando Eosas surgió después de la tra- 
gedia de Navarro obtuvo igual acatamiento, lo que vino a com- 
probar, por segunda vez, que el triunfo en Buenos Aires de un 
partido que respetase las autonomías provinciales era el único 
recurso para asegurar la paz de la nación. 



VI 



Pero ai el color federal de la dictadura explica su solida- 
ridad con las provincias, ^ cuál fué la razón de su inmenso pres- 
tigio en Buenos Aires f & Cuál fué el secreto de su largo predo- 
minio después de tantos gobiernos efímeros ? 

Desecho la opinión más generalizada de que fuera Eosas el 
representante de la campaña contra la influencia urbana y de 
que al asumir esta representación en Buenos Aires encontrara 
fácilmente la adhesión de todos aquellos que en las provincias 
representaban la misma tendencia, favorable a las campañas 
y opuesta a las ciudades. 

Ha sido propósito uniforme de los escritores unitarios en- 
carnar en la clase ignorante de las provincias el sentimiento 
federal y atribuirlo a las poblaciones rurales para caracteri- 
zarlo como un producto de la barbarie. Pero hay muchas prue- 
bas de que la organización autonómica de las provincias fué 
iniciada y cumplida por los hombres más ilustrados de la época. 
Las actas que consagran nuestra formación federal llevan la 
firma de los apellidos más notables, de los nombres tradicio- 
nales que entonces y después han constituido la clase dirigente 
de las ciudades argentinas. 

En cuanto a Eosas, si venía de la campaña, es indudable que 
su prestigio se extendió a la plebe de la ciudad lo mismo que 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 181 

a la plebe de la campaña ; su poderosa influencia desde el mo- 
mento en que llega a Buenos Aires como vencedor de Lavalle 
y vengador del sacriñcio de Dorrego, deriva, sobre todo, de la 
popularidad que conquista rápidamente en la población urbana 
de Buenos Aires. Más tarde, durante su primer gobierno y du- 
rante los gobiernos de Viamonte y de Maza, se preocupó con 
empeño de consolidar su poder sobre la clase popular. Los mis- 
mos escritores unitarios no han desconocido el entusiasmo, 
y hasta una especie de delirio, que Eosas despertaba en ella; 
su nombre era aclamado con verdadera idolatría en los can- 
dombes y tambos de negros que se habían formado en los su- 
burbios de la ciudad, a la manera de las tribus africanas; y él se 
afanaba por conseguir su adhesión, hasta el punto de que muchas 
veces, a pesar de su rango y del retraimiento en que solía colo- 
car a su persona y a su familia, iban los suyos a participar de 
las danzas y a sentarse, él mismo, en sus ceremonias populares. 

Fué principalmente con esos negros y mulatos, más que con 
la plebe de la campaña, que formó su ejército federal de volun- 
tarios, organizado para asentar su predominio y cumplir los 
propósitos con que llegaba al gobierno. 

Después de la capitulación de Oribe, Sarmiento vio en Mon- 
tevideo, acampadas aún en la base del Cerro, las tropas de 
Rosas, y el ilustre pensador nos ha contado su impresión en 
una de las mejores páginas de la literatura nacional. 

Qué misterios, dice, de la naturaleza humana. Qué terribles leccio- 
nes para los pueblos. He aquí los restos de 10.000 seres humanos que 
han permanecido diez años casi en la brecha combatiendo j cayendo 
uno a uno todos los días. ¿ Por qué causa ? ¿ Sostenidos por qué sen- 
timiento ? 

Los ascensos son un estímulo para mantener la voluntad del mi- 
litar. Aquí no había ascensos. Todos veían los cuerpos sin jefes o sin 
oficiales; por todas partes había claros que llenar y no se llenaban; 
y los mil postergados nunca trataron de sublevarse . 



182 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Estos soldados y oficiales carecieron diez años del abrigo de un te- 
cho y nunca murmuraron. Comieron sólo carne asada en escaso fuego 
y nunca murmuraron. La pasión del amor, tan poderosa e indomable 
en el hombre como en el bruto, pues que ella perpetúa la sociedad, 
estuvo comprimida diez años y nunca murmuraron. La pasión de 
adquirir como la de elevarse no fué satisfecha en soldados ni oficiales 
subalternos por el saqueo, ni entretenida por un salario que llenase 
las más reducidas necesidades, y nunca murmuraron. Las afecciones 
de familia fueron por la ausencia extinguidas, los goces de las ciu- 
dades casi olvidados, todos los instintos humanos atormentados, 
y nunca murmuraron. 

Matar y morir he ahí la única facultad despierta en esta inmensa 
familia de bayonetas y de regimientos, y sus miembros separados por 
causas que ignoraban del hombre que los tenía condenados a este 
oficio mortífero y a esta abnegación sin premio, sin elevación, sin 
término, tenían por él, por Rosas, una afección profunda, una venera- 
ción que disimulaban apenas. 

¿ Qué era Rosas para estos hombres "? O más bien, ¿ qué seres había 
hecho de los que tomó en sus filas hombres y había convertido en 
estatuas, en máquinas pasivas para el sol, la lluvia, las privaciones, 
la intemperie, los estímulos de la carne, el instinto de mejorar, 
de elevarse, de adquirir, y sólo activos para matar y recibir la 
muerte ? 



Así hablaba Sarmiento después de Caseros. 

Y bienj tanto prestigio debe haber tenido nna causa. Por 
alguna razón se había identificado de esa manera Rosas con el 
pueblo. Es que el dictador venía acaudillando a los humildes, 
a la clase desheredada de la ciudad y de las campañas ; era su 
protector y su amigo. Será, por ello, el adversario implacable 
de la oligarquía que desde 1810 se arrebataba entre sus propios 
círculos el ejercicio del gobierno; que había heredado las for- 
mas aristocráticas del poder español, sin otra interrupción que 
la tímida democracia, puramente legislativa de 1813; que tenía 
los nombres brillantes, los prestigios sociales y la propiedad de 
las tierras, pero que no supo hacerse amar de la muchedumbre 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 183 

y que caerá hecha pedazos, al empuje del caudillo federal, aven- 
tada por él a los cuatro vientos. 

En la ciudad, la clase popular era como esclava todavía en 
las casas de familia o habitaba miserablemente en los subur- 
bios. Eosas la dignifica y la levanta dándole lugar en su par- 
tido. En la campaña, el gaucho conquistaba la tierra, pero ésta 
era adquirida del gobierno por los señores de Buenos Aires 
y aquél empujado de nuevo al desierto y al salvaje. Eosas aleja 
al salvaje, da seguridad a la campaña, reprime con energía los 
delitos comunes, y todo servicio señalado, por humilde que sea 
el servidor, lo i^remia su gobierno con tierras y ganados. 

No entonces cuando la lucha ardía, sino más tarde, numero- 
sos escritores de tradición o de preferencias unitarias han reco- 
nocido el apoyo de la tiranía en las masas populares y es dado 
creer que sin la transformación oportuna de la aristocracia na- 
cional, cumplida por ella, el establecimiento de un gobierno uni- 
tario capaz de demorarla sólo habría preparado en el porvenir 
para la república los horrores de una guerra social. 

He señalado los dos caracteres que dieron a la dictadura de 
de Eosas su fuerza y su grandeza; representó el federalismo en 
el orden político y la democracia en el orden social es decir, los 
dos principios fundamentales de la nación Argentina. 

Por eso a su caída el país estaba pronto para la organización 
constitucional; no era necesario entonces inaugurar una políti- 
ca nueva sino aceptar como irrevocables los fundamentos de su 
acción gubernativa ; Urquiza y Mitre no fueron, en esto, innova- 
dores; su obra institucional consistió en legalizar la influencias 
sociales y políticas que Eosas sobrepuso a la confusión de los 
hombres. 



184 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



VII 



Con tanto poder como le dio, desde el primer momento, la 
representación superior de estas ideas arraigadas en el senti- 
miento nacional, no le bastaba al dictador como programa la 
consolidación de un régimen que venía de la naturaleza y de la 
historia, sino que llegó a concebir como una consecuencia del sis- 
tema federal, que el país abarcase de nuevo sus provincias per- 
didas en 1811, 1824 y 1828, es decir, la reconstrucción territo- 
rial del virreinato del Eío de la Plata. 

Al estudiar su acción en los negocios extranjeros, que mane- 
jaba por delegación de todas las provincias, habrá que recono- 
cer el espíritu lógico con que la dictadura aplicaba las tenden- 
cias del partido federal. 

Los unitarios, por la naturaleza misma del gobierno que pre- 
tendían establecer en el país, formaban un partido reconcen- 
trado que aspiraba a constituir en Buenos Aires un poder fuerte 
y central para extender su acción hasta donde fuera posible, 
sometiendo a su autoridad e incorporando a sus ideas liberales 
las otras poblaciones de la república. Por lo mismo que era un 
partido unitario se preocupaba, sobre todo, de su predominio 
en Buenos Aires, mirando el resto del país como fuerzas acce- 
sorias y subalternas cuya incorporación no debería, sin embar- 
go, llegar hasta comprometer su suerte en la capital histórica 
del antiguo virreinato. 

En cambio, el partido federal aspiraba a constituir un go- 
bierno descentralizado, en el que podían caber no sólo aquellos 
que querían el dominio de Buenos Aires, sino también los que 
formaban parte de las otras provincias, de las provincias más 
distantes, de las poblaciones que ocupaban los extremos del 
vasto territorio. 

Sarmiento exponía de igual manera el problema político de 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 185 

la época en los célebres artículos con que atacaba desde la pren- 
sa de Chile, la acción exterior de la tiranía. Para él, la aspira- 
ción de todo gobierno debía ser, en primer término, asegurar su 
prevalencia en Buenos Aires, extendiendo luego su acción basta 
constituir un país pequeño pero bien organizado. 

El dictador no sólo concibió el propósito de reconstruir el vi- 
rreinato con sus límites originarios, sino que dio principio de 
ejecución a su política y marcó en todos los rumbos del hori- 
zonte la extensión de sus aspiraciones. 

Declaró la guerra a Bolivia ; negóse siempre a realizar acto 
alguno que importase admitir la separación del Paraguay ; en- 
vió una misión diplomática a Chile para protestar contra la 
ocupación del estrecho de Magallanes por la fundación de Puer- 
to Bulnes ; conservó en las puertas de Montevideo al ejército 
sitiador que mandaba Oribe, impidiendo que se reorganizase en 
la Banda Oriental una nación independiente; mantuvo una resis- 
tencia temeraria contra las naciones más fuertes de Europa 
para asegurar a nuestros ríos su carácter nacional, porque esa 
era la llave y el fundamento de la unidad política de todas las 
provincias del Eío de la Plata con los límites del antiguo vi- 
rreinato. 

Habría sido realmente una política feliz la que hubiese lo- 
grado reparar, después de veinte años de disolución, los desga- 
rramientos que produjo la anarquía. Habría sido realmente una 
política fecunda, digna de merecer la aprobación testamentaria 
de San Martín, la que hubiese logrado reanudar los vínculos 
rotos y reintegrar a la nación Argentina sus viejos dominios, 
dándole por el norte los límites de la audiencia de Charcas, por 
el oriente el confín del Paraguay y nuestro propio confín con 
las posesiones portuguesas, abarcando en su territorio las dos 
riberas de nuestro gran estuario; conservando, en fin, por el oc- 
cidente la línea de la cordillera de los Andes hasta el cabo de 
Hornos. 



186 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Pero todo eso lo malograron, desgraciadamente, las complica- 
ciones incesantes de la política interior. Los unitarios no deja- 
ron a la dictadura un solo instante de reposo. Derribaron la pre- 
sidencia de Oribe en el Uruguay y sostuvieron a Eivera contra 
Eosas; incitaron al mariscal Santa Cruz aprovechando sus ridi- 
culas ambiciones de predominio continental; lanzaron la revo- 
lución del sur; promovieron el levantamiento de 1840 y la gue- 
rra sanguinaria en que Lavalle cayó vencido y muerto; trajeron 
los bloqueos de las naciones de Europa; estimularon al gobier- 
no y a la sociedad de Chile contra el poder de la tiranía ; y por 
último se ligaron para derribarla al Paraguay y al Brasil en una 
alianza que reconocía definitivamente la soberanía de aquella 
nación. 

¿ Qué fué ? j Fué una obcecación del espíritu de partido, una 
ceguera de las pasiones políticas, o hizo Rosas verdaderamente 
inevitable la conducta de los unitarios por los actos criminales 
de su gobierno? 

Es lo cierto que la contradicción entre el plan de la dictadura 
y las revueltas continuas de los unitarios, explica mejor que la 
índole perversa del tirano sus violencias y sus iras. Ha venido 
al gobierno fanatizado por un destino que él cree providencial; 
por eso reclama las facultades extrordinarias y la suma del po- 
der público; para eso militariza su partido y emplea en el ejér- 
cito todas las rentas de la provincia; y cuando una conflagra- 
ción preparada por sus enemigos surge en la política interior y 
paraliza o compromete el desarrollo de su plan, su ambición se 
irrita, se exalta y lo enloquece. 

La índole perversa de su alma no le habría prestado abnega- 
ción bastante para consagrar al cumplimiento de un propósito 
su naturaleza entera y vivir durante largos años bajo las ame- 
nazas de la conjuración y la revuelta. 

Se descubría en todos sus actos al enviado de la divina ju'o- 
videncia, convencido de su misión profética. El terror era para 



EL TRIUNFO DEL PARTIDO FEDERAL 187 

9 

él un medio de gobierno que debía asegurarle la base de su 
poder en los momentos críticos, pero no tenía la voluptuosidad 
del crimen, puesto que no mataba con su mano, ni oía el quejido 
de las víctimas, ni veía correr la sangre en los patíbulos. Sus 
fines eran esencialmente políticos, dirigidos a cumplir su plan; 
ha renunciado a las sensualidades de la vida, no lo movían la 
codicia ni los goces afeminados del i)oder ni las pasiones comu- 
nes de los hombres. Marchaba obcecado, absorbido por la eje- 
cución de un pensamiento sin comprometer en caso alguno la 
unidad de su acción gubernativa. No tuvo ductilidades ni tran- 
sigencias y más recio que Sylla, cayó sin abdicar. 

Si alguien creyese descubrir en estas últimas palabras la in- 
tención de un panegírico, le recordaré que para orgullo de la 
raza, ese déspota terrible, de mano tan fuerte y de corazón tan 
duro, trágico como un emperador romano, era un hombre na- 
cido en esta tierra, de padres argentinos y formado en la labor 
viril de la pampa. 

Carlos Eodrígttez Larreta. 



LAS bahías históricas 

APLICACIÓN DE ESTE CONCEPTO AL GOLFO DE FONSECA 



El Último número que nos ha llegado, correspondiente al mes 
de julio de este año, de la conocida revista American Journal of 
International Law (1), que se publica en Washington, contiene 
una importante sentencia dictada en el litigio seguido por la re- 
pública del Salvador contra la de Nicaragua, a propósito del tra- 
tado celebrado por este último país con los Estados Unidos, rela- 
tivo al establecimiento de una base naval en el golfo de Fonseca. 

Ese fallo, llamado a tener una gran repercusión, se funda 
principalmente en la teoría de las bahías históricas, que el 
doctor Luis María Drago, como arbitro de la Gran Bretaña y 
los Estados Unidos, formuló por primera vez, fundándola exten- 
samente, al establecer su disidencia respecto de lá cuestión 
quinta, relativa a la jurisdicción de las bahías, en el laudo que 
dirimió la cuestión secular de las pesquerías de Terranova, 
entre las dos grandes naciones nombradas. 

El caso de que ahora se trata reconoce los siguientes antece- 
dentes : 

Los Estados Unidos concertaron, como hemos dicho, con la 
república de Nicaragua, lo que se ha llamado el tratado Bryan- 
Chamorro, por el nombre de sus negociadores. Ese tratado que 
se firmó el 5 de agosto de 1914, además de acordar a los Esta- 

(1) American Journal of International Late. Julio, 1917, páginas 674-730. 



LAS BAHÍAS HISTÓRICAS 189 

dos Unidos ciertos derechos relativos a la construcción de un 
canal interoceánico, cedió a favor de la misma nación y por un 
término de 99 años (renovables por otro plazo de igual duración) 
una parte del golfo de Fonseca, que, como es notorio, pertenece 
en condominio a las tres repúblicas de Nicaragua, Honduras y 
el Salvador, las cuales ejercen, de antiguo, jurisdicción con- 
junta en aquel lugar. 

La república del Salvador consideró afectados sus dereclios 
de soberanía e independencia por la conclusión del tratado en 
cuestión y, en consecuencia, entabló demanda contra Nicaragua 
ante la corte de justicia centroamericana para obtener que 
aquella convención quedara sin efecto. Es sabido que la men- 
cionada corte se constituyó bajo los auspicios de los Estados 
UnidoSj por el tratado de 20 de diciembre de 1907, firmado en 
Washington, entre las cinco repúblicas centroamericanas. Hasta 
ahora el tribunal ha funcionado regularmente, rodeado del ma- 
yor prestigio, por la seriedad e ilustración de sus jueces y el 
valor jurídico de sus sentencias, siempre respetadas. 

El fallo importantísimo que acaba de dictar en el caso que le 
ha sidb llevado por el Salvador ofrece, como se comprende, un 
interés muy grande para nosotros, por ser sus conclusiones apli- 
cables a la jurisdicción del Eío de la Plata y por importar un 
grande honor para uno de nuestros hombres públicos, el doctor 
Drago, en cuyas opiniones se basa principalmente la decisión 
del alto tribunal internacional. 

Dicho fallo que ocupa más de cincuenta páginas nutridas del 
American Journal of International Law llega a las siguientes 
conclusiones : 

Que el tratado Bryan- Chamorro de 5 de agosto de 1914, en 
cuanto establece la concesión de una base naval en el golfo de 
Fonseca constituye una amenaza para la seguridad nacional del 
Salvador y viola sus derechos de copropiedad en dicho golfo. 

Que el gobierno de Nicaragua, adoptando las medidas a que 



190 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

lo autoriza el derecho internacional, está en la obligación de 
restablecer y sostener la situación legal que existió antes del 
tratado Bryan-Cliamorro. 

El capítulo III de la sentencia contiene el considerando que 
transcribimos a continuación y que más particularmente nos in- 
teresa. Dice así : 

Por cuanto : El carácter jurídico del golfo de Fonseca está subor- 
dinado a condiciones de primera importancia diferentes de las que se 
refieren a la mayor o menor extensión de su capacidad y a la ampli- 
tud de su entrada; en ese sentido este tribunal sostiene que pertene- 
ce a la categoría de las bahías históricas y que reúne las características 
del mar cerrado, basando su opinión en lo que respecto de aguas te- 
rritoriales decidió el laudo arbitral de la Corte permanente de La Haya 
de 7 de septiembre de 1910, y en los luminosos comentarios del emi- 
nente jurisconsulto doctor Drago, uno de los jueces en ese arbitraje, 
que fundó una sentencia por separado, citando autoridades respecto 
de este punto. 

El laudo admitió la pretensión británica de que las bahías referi- 
das en el tratado con los Estados Unidos que sirvió de base a la con- 
troversia son « bahías geográficas » sin atender a la anchura de su en- 
trada, y, de acuerdo con el internacionalista citado, «aparecen en 
muchos tratados y la doctrina expresamente las reconoce como tales». 
«El carácter de una bahía, dijo el tribunal arbitral, está sujeto a 
condiciones que conciernen a los intereses del soberano territorial en 
una extensión más íntima e importante que la que tiene conexión con 
la costa abierta. Así condiciones de integridad nacional y territorial, 
de defensa, de comercio e industria, tienen una relación tal con el do- 
minio de las bahías que penetran en la línea de la costa. » El doctor 
Drago comentando el laudo y su disentimiento, dijo : «Relativamente 
a las bahías, se ha propuesto como regla general que la cintura mar- 
ginal de aguas territoriales se adapte a las sinuosidades de la costa, 
de tal suerte que, dada una cintura marginal de tres millas, sólo de- 
ben tenerse por territoriales las bahías cuya entrada no exceda de seis 
millas. Si se hace el trazado gráfico de la zona marginal de costa, 
contorneando la bahía, se ve que en el punto de la embocadura en que 
las dos fajas laterales se encuentran, queda un pequeño triángulo o 
figura en forma de embudo, cuya delimitación sería muy difícil de 



LAS BAHÍAS HISTÓKICAS 191 

hacer en la práctica. Por razones de comodidad y para evitar trans- 
gresiones involuntarias en las aguas de pesquería, muchos tratados 
recientes, particularmente los de la Gran Bretaña, han extendido a 
diez millas la amplitud de la entrada, trazando la línea de exclusión, 
de orilla a orilla. » 

« Pero esto sólo se refiere a las bahías comunes y ordinarias, no a 
las que en nuestra disidencia hemos llamado históricas. Según se ha 
visto, el principio que informa todas las reglas y distancias jurisdic- 
cionales, no es otro que el de la necesidad superior de proteger los 
intereses fiscales, las personas y el territorio de la nación que se atri- 
buye soberanía sobre los mares adyacentes y sobre los golfos, bahías 
y ensenadas que penetran en su línea de costa. » 

« De este punto de vista ocurre desde luego una distinción funda- 
mental. No todas las entradas del mar tienen igual importancia para 
la defensa ni reclaman los mismos cuidados de protección. Las hay 
que están lejanas de los centros de población, en lugares inhabitados 
o poco accesibles, sin pesquerías u otras riquezas explotables, y las 
hay que se internan de tal modo en la entraña misma de una nación, 
que ésta no podría prescindir de su posesión plena, absoluta e indis- 
cutible. Las bahías de Delaware, que sirve de entrada al gran puerto 
de Filadelfia, la de Chesapeake en un distrito populoso de los Esta- 
dos Unidos, la de Concepción en Terranova, desde la cual, por un 
fácil desembarco, sería vulnerable la capital de esa colonia se encuen- 
tran en este caso. » 

El doctor Drago cita las opiniones del canciller Kent, de los se- 
cretarios de estado Pickering, Buchanan y John Davis, y concluye 
diciendo : « Los Estados Unidos parecen haber abandonado esa teoría 
exagerada (refiriéndose a la teoría de los promontorios) ; por lo menos 
en el litigio que nos ocupa se adhirieron a la regla estricta délas seis 
millas de entrada para la generalidad de las bahías. » 

«Pero hicieron, como tenían necesariamente que hacerlo, y con 
gran caudal de autoridades y argumentos, la salvedad de sus bahías 
vitales. Esas bahías de excepción aparecen en muchos tratados, y la 
doctrina las reconoce expresamente. El uso continuado, las necesida- 
des de la propia defensa, la voluntad de la apropiación expresamente 
, manifestada, tienen que pesar en este caso más que en otro alguno, 
para dar todos sus efectos a la prescripción adquisitiva, como fuente 
autorizada de derecho, y para hacer de las bahías históricas una ca- 



192 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tegoría especial y separada, cuya propiedad corresponde a los países 
circundantes que habiendo hecho la afirmación de su soberanía, las 
han poseído e incorporado a su dominio, con la aquiescencia de las 
demás naciones. » 

Después de otras consideraciones concordantes, el Tribunal 
dictó sentencia en el sentido que dejamos expuesto. 

A este respecto es oportuno recordar que en una interesante 
monografía sóbrela cuestión de las pesquerías del Atlántico Nor- 
te publicada en la Bevue genérale de droit International puhlic, de 
París, por M. Jules Basdevant, el eminente profesor de derecho 
internacional de la Universidad de Grenoble, editada después en 
forma de libro (L'affaire des pécheries des cotes septentrionales de 
UAtlantique, París, 1912), decía el autor, después de exponer ex- 
tensamente los fundamentos déla disidencia del doctor Drago : 

Los motivos que da el doctor Drago para su disentimiento cons- 
tituyen una disertación jurídica de todo punto notable (tout áfait 
ronarquable) por el cuidado con que se coloca en el terreno estricta- 
mente positivo, por el empleo del método comparativo para deducir 
el derecho y, en fin, por el uso exclusivo de la concepción positiva 
inglesa para determinar los límites de la soberanía británica. Saliendo 
del dominio estrecho de una cuestión de especie, el señor Drago ha 
encarado el problema de la territorialidad de las bahías 5 su opinión 
presenta así un interés general,: pero simple disentimiento y no sen- 
tencia del tribunal, no tiene sino el valor de una opinión doctrinaria, 
por lo demás muy cuidadosamente sostenida, pero no constituye un 
precedente de jurisprudencia. fOp. cit., pág. 145 y 146.) 

Ese precedente de jurisprudencia, en un caso de tan grande 
importancia como el relativo al golfo de Fonseca, es el que lia 
venido a crear la sentencia de que damos noticia, agregando la 
autoridad de la cosa juzgada al alto interés jurídico que, según 
el profesor de Grenoble, ofrece el laudo de nuestro compatriota. 



DERECHO ROMANO 

(PRIMBRA parte) 

CONFERENCIA INAUCUEAL DEL CURSO DE 1917 



Señores : 

1^0 vamos a estudiar los códigos romanos, como parece in- 
dicarlo el rubro de esta asignatura : tal estudio comprendería 
el examen de una legislación extraña, tarea que no sería posible 
acometer sin el previo y cabal conocimiento de las leyes y del 
régimen político de nuestro propio país. 

Las instituciones y las leyes no pueden ser concebidas in 
ubstracto, aisladas de los lugares y los tiempos en que fueron o 
son manifestaciones palpitantes de sociedades humanas; y pa- 
ra apreciar científicamente un derecho nacional, menester es 
restaurar los elementos políticos y sociales que contribuyeron 
a la formación y desarrollo de los precejítos jurídicos. 

Xo es difícil esa restauración con el auxilio de la historia ; 
pero sí lo es la constitución del criterio científico requerido pa- 
ra el estudio de un derecho organizado, si nuestra propia expe- 
riencia no nos ha instruido acerca de la correlación que existe 
entre los fenómenos sociales del ambiente en que vivimos, y las 
reglas morales y jurídicas a que habitual o forzosamente ajusta- 
mos nuestros actos. 

Hay una tendencia notoria de nuestra juventud estudiosa, en 
€l sentido de forjar las concepciones del mundo social emplean- 

ANAL. FAC. DE DER. — T. IH (3» SER.) 13 



194 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

do los materiales extraídos de la literatura histórica o política, 
sin comprobar o rectificar las inferencias de los textos, median- 
te el caudal de observaciones que nos brinda la experiencia 
continua de la vida. Equivale a aprender la botánica o la ento- 
mología por los libros, sin haber examinado un vegetal ni des- 
articulado un insecto. 

De suerte que si este curso tuviese por exclusivo objeto el 
estudio de los códigos romanos, no sería explicable que prece- 
diera al de nuestros códigos nacionales : para aprovechar los 
conocimientos de una legislación extranjera, y más si es anti- 
gua, es indispensable saber, no solamente el derecho objetivo o 
escrito que nos rige, sino también el derecho subjetivo, consue- 
tudinario o tradicional, que guía nuestra conducta en una forma 
inconsciente y cuyas reglas no están escritas en parte alguna, 
constituyendo modalidades de nuestra naturaleza moral. 

I Cuál es, entonces, el objeto de esta asignatura ? i Qué ma- 
terias de enseñanza puede comprender, si no hemos de estudiar 
los cuerpos jurídicos que contienen las reglas de derecho forma- 
das durante los cinco siglos transcurridos desde la conquista 
romana de la Italia meridional hasta el ocaso del siglo de los 
Antoninos 1.. 

El profesor Sohm ha explicado el estudio previo del Derecho 
romano en las ciencias jurídicas, haciendo observar que « los 
trabajos de una serie de tratadistas y publicistas de primer or- 
den, desde la época de los glosadores hasta nuestros días, no 
han servido únicamente para exponer la materia positiva con- 
tenida en el Derecho romano, sino para desarrollar los conceptos 
jurídicos con cuyo auxilio nos ponemos en condiciones de domi- 
nar no ya solamente el derecho de Eoma sino cualquier otro 

« 

derecho » (1). 



(1) Sohm, Historia e itistituciones del Derecho privado romano, tomo I, pá- 
gina 5. 



DERECHO ROMANO 195 

Suponed que seos iniciara en el estudio de la jurisprudencia, 
con la enseñanza de nuestra legislación nacional : aprenderíais 
los preceptos del código político llamado Constitución, y las 
reglas jurídicas acerca de la familia, la propiedad, los contratos 
y las sucesiones, encerradas en el voluminoso Código civil. 

Semejante trabajo, que exigiría un mediano esfuerzo|mnemo- 
técnico, no os habría aproximado siquiera a la ciencia del dere- 
cho : cualquier gacetillero huraño con los libros, maneja la Cons- 
titución como un cura su breviario; y conozco procuradores que 
recitan de corrido, títulos enteros de nuestros códigos. 

Vosotros tenéis que aprender, no la Constitución sino el De- 
recho constitucional que os pondrá en posesión de los princi- 
pios que rigen la organización política de las sociedades civi- 
lizadas, y os hará conocer la naturaleza y desarrollo de las 
instituciones fundamentales de los pueblos libres. Debéis llegar 
a conocer, no las reglas escuetas de nuestra codificación civil, 
sino el régimen de la familia, de la propiedad y del comercio 
humano, para formaros el criterio científico que os será indis- 
pensable en el examen y el estudio exegético de los preceptos 
legales. 

Pues bien ; para adquirir lo que Sohm llama conceptos jurídi- 
cos, es necesario conocer el germen, nacimiento y desarrollo de 
las instituciones sociales y políticas lo mismo que de las leyes 
consuetudinarias o escritas por las cuales se rigen las socieda- 
des humanas. 

Tales conocimientos no pueden ser fruto de intuiciones o hi- 
pótesis, hoy desalojadas de las ciencias antropológicas y so- 
ciales, y substituidas por los procedimientos de investigación y 
medios de juicio que preconiza la lógica contemporánea. 

No basta que autores eminentes os demuestren con razones 
filosóficas el fundamento natural de los actuales vínculos de pa- 
rentesco que las legislaciones modernas reconocen dentro del 



196 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

régimen de la familia y del sistema de las sucesiones heredita- 
rias. El verdadero concepto de la consanguinidad como elemen- 
to jurídico, no se destacará con claridad en vuestras mentes, 
sino después de haber estudiado en una sociedad como la ro- 
mana de la antigüedad, la evolución histórica de las cohesiones 
domésticas, desde la agnatio, basada en la potestad patriarcal 
del jefe de familia, hasta la cognatio o parentesco fundado en 
los lazos naturales de la sangre. 

La protección que el derecho moderno dispensa a la propie- 
dad bajo la forma de las acciones reales y posesorias, no puede 
ser comprendida en toda su naturaleza y extensión sin el estu- 
dio de las etapas históricas de la reimndicatio romana, de sus 
formas superiores bajo la ley Aebucia, y de la desmembración 
de los interdictos que amparaban el ejercicio material del do- 
minio. 

A pesar de vuestra corta experiencia, no se os habrá escapa- 
do una de las observaciones de mayor relieve en los cuadros su- 
cesivos del espectáculo de nuestro movimiento económico : el 
papel importante que desempeñan las llamadas « personas jurí- 
dicas », que permiten a las empresas disfrazadas de entidades 
anónimas, desplegar la misma actividad jurídica que los indivi- 
duos emplean en la administración y el aumento de sus patri- 
monios. 

Pues la génesis de tales entidades, y por consiguiente la ra- 
zón de su existencia, la encontraréis, remontando el curso de la 
historia del Derecho romano, en la restauración científica de los 
«municipios» organizados por Roma para la vida autonómica, á 
cuyo fin fueron dotados de una personalidad ficticia que les per- 
mitía ser representados por « curadores », como los locos, los 
ausentes y demás « incapaces de hecho ». 

En el derecho político, terreno predilecto de publicistas más 
filósofos que juristas, habréis de examinar con criterio científi- 
co los diversos sistemas de gobierno, adoptados por las nació- 



DERECHO ROMANO 197 

nes civilizadas para mantener el orden social, base de los dere- 
chos o intereses amparados por cada comunidad para el mejor 
desarrollo de sus actividades económicas, de su fuerza colectiva 
y de su cultura intelectual y moral. 

Para ese estudio, os será sumamente instructivo el conoci- 
miento de la organización política de Eoma, antes de la corrup- 
ción de las costumbres republicanas por la infiltración del ele- 
mento extranjero en la ci vitas o fuente de la ciudadanía. 

Las leyes constitucionales, invención moderna cuyo único 
objeto es trazar límites doctrinarios al poder supremo del jefe 
del estado o de quien ejerce en su nombre las funciones de go- 
bierno, eran innecesarias en Eoma; el populus romanus elegía 
los cónsules depositando en ellos toda su autoridad (imperium) 
sin limitaciones expresas que, como dice el profesor Pacchione, 
son vallas para el magistrado que se inspira en la justicia, y no 
contienen a quien utiliza la magistratura para atrepellar las le- 
yes e imponer su voluntad despótica (1). 

La limitaciones, en resguardo de las libertades o mejor dicho 
derechos individuales, surgían eficaces del mecanismo político 
de la república romana : los cónsules eran dos con idénticos po- 
deres ; pero bastaba el veto (ínter cessio) del uno para dejar sin 
efecto las resoluciones peligrosas del otro, sin contar con que 
el resorte regulador de la « intercesión » también fué acordado 
a los tribunos de la plebe, a ñn de contener las extralimitacio- 
nes de los magistrados supremos puestos de acuerdo para ava- 
sallar los derechos del pueblo romano. 

Además, los cónsules no duraban sino un año en el ejercicio 
del poder supremo ; al final de su cargo debían responder ante 
los jueces de sus abusos contra los ciudadanos; y mientras lo 
desempeñaban podían ser llevados por los tribunos ante los co- 
micios, por traición a los intereses de la república. 

(1) Pacchione, Corso di Dirillo romano, tomo V, página 3. 



198 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Podía ocurrir, empero, que una cod moción interior perturba- 
se el equilibrio jurídico de los derechos particulares, o que un 
peligro exterior amenazara la existencia de la res-publica : en 
estos casos, el populus romanus confiaba en la sabiduría y la 
discreción de un cuerpo político que presidió, basta el imperio, 
los destinos de Eoma. Era el Senado, elegido entre los séniores 
eminentes, por los antiguos reyes, y al que posteriormente in- 
gresaron todos los ciudadanos que habían desempeñado las prin- 
cipales magistraturas. 

El Senado romano cuya auctoriias robustecía ante el pueblo, 
las decisiones que eran sometidas a su consulta, podía hacer re- 
surgir temparalmente el antiguo rex, facultando a los cónsules 
para concentrar en una sola persona el summum imperium has- 
ta la desaparición del peligro común : encarnaba aquel cuerpo 
político, los prestigios de sus miembros, veteranos en el gobier- 
no de la res-publica, por la experiencia adquirida en las magis- 
traturas a que habían ascendido merced al sufragio de los co- 
micios populares. 

Así se explica la importancia del Senado en el juego de las 
instituciones republicanas de Eoma : era el órgano consultivo y 
deliberativo, cuyo parecer (auctoritas) necesitaban los comicios 
para votar la leyes, y los magistrados para adoptar medidas que 
pudieran tener influencia en los destinos de la civitas. Y en 
aquella democracia, la mejor organizada que se conoce en la 
historia, la soberanía de Roma estaba expresada por las siglas 
S. P. Q. El., Senatus populus que romanus : el Senado y el pueblo 
romano... 

Los ejemplos que acabo de enunciaros, bastan para haceros 
comprenderla importancia del estudio con que vais a iniciaros en 
las ciencias jurídicas. 

Podemos, como dice Ferrini, « estudiar un derecho histórico 
y fijar su interpretación definitiva en una época determinada ; 



DERECHO ROMANO 199 

pero en la oportuna aplicación del derecho vigente, debemos re- 
currir al concepto de la « interpretación progresiva», cuyo do- 
cumento más completo es la liistoria del Derecho romano » (1). 

El profesor Girard, a su vez, considera los estudios del De- 
recho romano, « como un instrumento incomparable de educa- 
ción histórica ». « Las leyes, agrega, difieren según los lugares 
y los tiempos; en derecho, como en arte, en literatura, en reli- 
gión, cada nación y cada época presentan caracteres propios; 
pero el nivel jurídico alcanzado por un pueblo en cierto momen- 
to de su existencia, no es un resultado casual, como no lo es su 
nivel religioso, literario y artístico. Es un producto del desarro- 
llo histórico; y a las investigaciones referentes a los elementos 
de ese desarrollo, y a las que nacieron y se transformaron las 
reglas jurídicas, constituyen la parte más delicada y trascen- 
dental de la misión del jurisconsulto » (2). 

A vosotros, familiarizados desde la niñez con palabras sono- 
ras y simpáticas que sin duda habréis considerado como expre- 
siones simbólicas de los derechos individuales, de las insti- 
tuciones más perfectas y de los gobiernos libres, os será 
singularmente provechoso el examen de las transformaciones 
del derecho, y de la vida de las instituciones sociales y políti- 
cas, en el cuerpo de la Roma antigua, reanimado por las cien- 
cias históricas del siglo xix. 

Observaréis la distancia que media entre las concepdones de 
los publicistas de gabinete, y las inferencias que surgen de los 
fenómenos percibidos en el curso de la existencia de una socie- 
dad regularmente organizada ; y llegaréis a formar el « sentido 
práctico » sin el cual no se obtiene el conocimiento cabal del 
Derecho positivo, ni es posible saber interpretarlo ni aplicarlo. 

La Facultad de derecho va encauzando sus estudios hacia 

(1) JFerrini, Pandette, 22. 

(2) Girard, Droit romain, preliminar, 3. 



200 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

fines que concuerden con una de las necesidades perentorias de 
nuestra nacionalidad : la de formar, no sofistas sino juristas en 
los que se asocien los conocimientos científicos con la exacta 
apreciación de los hechos sociales; asociación que contribuirá a 
dotaros de un criterio nutrido y utilizable en el perfecciona- 
miento de las leyes, las instituciones y las costumbres de la 
patria. 

Por otra parte, nada os impedirá que una vez en posesión de 
las reglas y los principios del Derecho privado y público, re- 
curráis a la filosofía y a la literatura para dar a luz ataviadas, 
las teorías jurídicas y las doctrinas políticas que forjéis con los 
elementos recogidos en el curso de vuestras investigaciones. 

Tal ocurrió en Koma, donde a la formación de las reglas es- 
cuetas de los legisladores y de los magistrados siguió la crea- 
ción de la ciencia del derecho por los jurisconsultos con el auxi- 
lio de la filosofía griega y del perfeccionado idioma del Lacio : 
los magistrados, al elaborar la materia prima, sólo tomaron en 
cuenta las necesidades sociales en sus velaciones con los intere- 
ses privados y públicos; los jurisconsultos, operando sobre el 
conjunto de preceptos que la expansión romana había multipli- 
cado, pudieron organizar un Derecho aplicable, no a una comu- 
nidad sino a todos los pueblos vinculados a la civilización de 
Eoma. 

El sabio profesor Ihering ha hecho observar que la legisla- 
ción y la jurisprudencia romanas no comenzaron a ejercer in- 
fluencia en el Derecho moderno sino muchos siglos después de 
haberse derrumbado el imperio de Roma: fué ese renacimiento 
el que, haciendo revivir la ciudad romana, produjo una verda- 
dera revolución en el concepto jurídico de las nuevas socie- 
dades. 

«La importancia del Derecho romano para el mundo ac- 
tual, — dice el citado profesor, — no consiste solamente en ha- 
ber sido la fuente u origen del derecho : ese valor fué pasajero. 



DERECHO ROMANO 201 

Su autoridad reside en la profunda revolución, en la transfor- 
mación completa que lia hecho sufrir a nuestro pensamiento ju- 
rídico, y en haber llegado a ser como el cristianismo, por su 
pureza y universalidad, un elemento de la civilización mo- 
derna » (1 ). 

Como quiera que la enseñanza de la organización política de 
Kioma de la ley Decenviral, de los comicios, del Senado y de las 
magistraturas como órganos productores del Derecho romano, 
estará a cargo del profesor suplente doctor Estrada, iniciaremos 
el estudio de la asignatura con la llamada jurisprudencia, obra 
científica délos jurisconsultos, que precedió a las codificaciones 
imperiales. 

Es uno de los aspectos más interesantes de la evolución jurí- 
dica de Koma, y el que mejor os hará percibir el desarrollo de 
los i)rincipios fundamentales de la ciencia del derecho. 

Además os pondrá inmediatamente en relación con los juris- 
consultos romanos y entre ellos los más eminentes cuyas obras 
hicieron memorable el llamado « Siglo de los Antoninos ». 

En esta excursión histórica cuento con vuestro interés, y la 
atención y el empeño que demostraréis en las investigaciones 
requeridas por la materia, aumentarán la satisfacción que expe- 
rimento al pensar que alguna parte habré tenido en vuestra 
buena suerte si, como lo deseo, llegáis a la cumbre con las apti- 
tudes y los conocimientos que se requieren, para cooperar a la 
grandeza de la república. 

E. J. Weigel Muñoz. 

Abril 19 de 1917. 
(1) R. VON Ihbring, Espíritu del Derecho romano, tomo I, página 1. 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 

LIBRO SEGUNDO, DE LOS CONTRATOS 



Comisionado por la Universidad nacional de Córdoba en 
unión de mis colegas doctores Eufracio S. Loza, Henoch D. 
Aguiar y S. Novillo Corvalán, profesores de Derecho civil en la 
Facultad de derecho y ciencias sociales de la misma, para 
efectuar la compulsa de las ediciones oficiales de nuestro Códi- 
go civil, con los borradores manuscritos del doctor Yélez Sars- 
fleld, custodiados en el archivo de la casa, e informar « sóbrela 
importancia de éstos, su valor como manifestación del pensa- 
miento de su autor y sobre la utilización que de ellos puede ha- 
cer la exégesis jurídica», presenté al rectorado, en abril del 
corriente año, en un libro que consta de 570 páginas, la parte 
del trabajo encomendado, relativa a los contratos, que me co- 
rrespondía realizar por tener a mi cargo la enseñanza de esa 
materia. 

En ese libro se han transcripto en cuadros apropiados al 
lado de cada artículo y de cada nota de la edición oficial del 
código, impresa en Nueva York el año 1870, los artículos y no- 
tas correspondientes de los borradores y del proyecto impreso 
remitido por el Poder ejecutivo de la Nación al Honorable Con- 
greso, relacionando la numeración por títulos de aquella edi- 
ción con la numeración sucesiva de la segunda edición oficial 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 203 

de la imprenta <kLa Pampa» del año 1883, anotándose a la vez 
las correcciones ordenadas ppr las leyes número 527 de 16 de 
agosto de 1872 y número 1196 de 9 de septiembre de 1882. 

Juntamente con el libro de compulsa, presenté un resumen 
del mismo en tres planillas o estados, conteniendo la primera 
las diferencias principales existentes entre los textos de los ar- 
tículos no comprendidos en las leyes de erratas ; la segunda las 
diferencias entre las notas de los artículos y la tercera, algunas 
disposiciones de los borradores pero que en definitiva no fueron 
incorporados por el doctor Vélez Sarsfleld al proyecto de Có- 
digo. 

En mi concepto, este resumen permite apreciar fácilmente la 
importancia del trabajo ordenado por la Universidad, estable- 
ciendo las analogías y las diferencias más salientes entre el 
código y los originales, para inferir de ahí el valor de éstos co- 
mo antecedente de aquél y como fuente, sea de interpretación 
de la ley, sea de ilustración doctrinaria. 

Desde luego, cabe notar que de las «ciento ocho» correccio- 
nes, relativas a los contratos, ordenadas por las leyes de erra- 
tas — que he mencionado — cinco por la ley número 527 y 
ciento tres por la número 1196 — << treinta y siete» carecen de 
razón de ser en presencia de los originales; es decir, no exis- 
ten en los originales «treinta y siete» de los errores que por 
dichas leyes se subsanaron, de modo que estos Son errores de 
la edición de Nueva York y no de la obra del doctor Vélez. 

La crítica jurídica está llamada a reconocerlo, restando la 
tercera parte de las incorrecciones declaradas legalmente, y que 
a primera vista podrían atribuirse a defectos de la obra del co- 
dificador. 

Son éstas, indicadas por el número correspondiente de la 
planilla respectiva de correcciones de la ley número 1196 y por 
el artículo equivalente del código : número 74, artículo 1160 ; 
número 76, artículo 1183 ; número 77, artículo 1187 ; número 



204 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

82, artículo 1239 ; número 86, artículo 1333 ; número 91, artí- 
culo 141 1 ; número 92, artículo 1443 ; número 94, artículo 1445; 
número 97, artículo 1462 ; número 99, artículo 1469 ; número 
100, artículo 1471 ; número 108, artículo 1521; número 111, 
artículo 1547 ; número 116, artículo 1590 ; número 118, artícu- 
lo 1599 ; números 122 y 123, artículo 1686; número 130, artí- 
culo 1806 ; número 132, artículo 1829 ; número 134, artículo 
1831 ; número 138, artículo 1847 ; número 139, artículo 1850 ; 
número 140, artículo 1856 ; número 141, artículo 1863 ; número 
142, artículo 1866 ; número 145, artículo 1902 ; número 147, 
artículo 1919 ; número 149, artículo 1926 ; número 150, artícu- 
lo 1929 ; número 157, artículo 2031 ; número 160, artículo 2077; 
número 163, artículo 2135 ; número 164, artículo 2159 ; núme- 
ro 168, artículo 2165 ; número 169, artículo 2175 ; y las de los 
artículos 1708 y 1261, que trae la ley número 527. 

Las otras « setenta y una » correcciones — « tres » de la ley 
número 527 y « sesenta y ocbo» de la número 1196 — de mera 
construcción gramatical, de evidente lapsus o de rectificación 
para evitar contradicciones, han venido a afirmar el concepto 
fundamental vertido por el codificador, completando la revisión 
que éste no tuvo tiempo de verificar. 

Hon éstas indicadas por el número correspondiente de la pla- 
nilla respectiva de correcciones de la ley número 1196 y por el 
articulo equivalente del código: número 73, artículo 1157 ; nú- 
mero 75, artículo 1176 ; número 78, artículo 1192 ; número 79, 
artículo 1202 ; número 80, artículo 1234 ; número 81, artículo 
1238; número 83, artículo 1243; números 84 y 85, artículo 
1332; número 87, artículo 1346 ; número 88, artículo 1361; 
número 89, artículo 1403 ; número 90, artículo 1405 ; número 
93, artículo 1444 ; número 95, artículo 1455 ; número 96, artí- 
culo 1458; número 98, artículo 1467; número 101, artículo 
1481 ; número 102, artículo 1482 ; número 103, artículo 1483 ; 
número 104, artículo 1485 ; número 105, artículo 1507 ; núme- 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 205 

ro 106, artículo 1513 ; número 107, artículo 1514 ; número 109, 
artículo 1534 ; número 110, artículo 1539 ; números 112 y 113, 
artículo 1548 ; número 114, artículo 1558 ; número 115, artícu- 
lo 1575 ; número 117, artículo 1590 ; número 119, artículo 1601 ; 
número 120, artículo 1644 ; número 121, artículo 1662 ; número 
124, artículo 1755 ; número 125, artículo 1784 ; números 126, 
127 y 128, artículo 1791 ; número 129, artículo 1794 ; número 
131, artículo 1821 5 número 133, artículo 1830 ; números 135, 
136 y 137, artículo 1844 ; números 143 y 144, artículo 1894 ; nú- 
mero 146, artículo 1904 ; número 148, artículo 1926; número 
151, artículo 1929 ; número 152, artículo 1946 ; número 153, 
artículo 1996 ; número 154, artículo 2002 ; número 155, artículo 
2006 ; número 156, artículo 2024; número 158, artículo 2032 
número 159, artículo 2046 ; números 161 y 162, artículo 2094 
número 165, artículo 2163 ; números 166 y 167, artículo 2164 
número 170, artículo 2207 ; número 171, artículo 2297 ; núme 
ro 172, artículo 2304; números 173, 174 y 175, artículo 2310 
y las de los artículos 1890, 1504 y 1559, que trae la ley nú- 
mero 527. 

De estas últimas correcciones, tienen por objeto : 

Salvar «errores evidentes» las de los números: 73, 75, 90, 
101, 103, 119, 120,125, 128, 136, 148, 161, 162, 170 y 175. 

Cambio de « construcción gramatical », las de los números : 
89, 93, 96, 98, 102, 104, 105, 106, 107, 109, 114, 115, 117, 121, 
124, 129, 131, 137, 144, 146, 151, 152, 154, 155, 159, 165,166, 
167, 171, 172, 173 y 174. 

« Ampliación de conceptos », las de los números : 78, 79, 83 
y 135. 

«Aclaración», las de los números : 80, 81, 87, 95, 110, 143, 
156, 158. 

«Modificación», las de los números : 84, 112^ 113, 126, 127, 
133 y 153. 

« Evitar repetición », la del número 85. 



206 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

El estudio oportuno de los originales, por las comisiones re- 
visoras del Honorable Congreso nacional, que sin duda no tu- 
vieron oportunidad de consultarles, las habría orientado hacia 
las fuentes naturales y primeras de interpretación, y habría 
simplificado el trabajo de revisión, haciendo desaparecer por 
virtud de la propia obra revisada incorrecciones que, por insig- 
nificantes que sean, revelan la intromisión de una mano extraña, 
distinta de la que ha tenido a su cargo la dirección y redacción 
de nuestro código monumental. 

Y este hecho, verdaderamente inexplicable, aparece mani- 
fiesto si se compara la edición de Nueva York, no sólo con los 
originales manuscritos del doctor Vélez, sino con el proyecto im- 
preso, que sirvió de base a la sanción del código por el Honora- 
ble Congreso, o con la edición de La Pampa ; notándose des- 
de luego que aquella edición tiene diferencias con éstas, que 
no pueden atribuirse a simples errores de copia o de imprenta, 
sino a modificaciones o rectificaciones deliberadas y de cálculo, 
en manera alguna autorizadas por ley. 

Surge, sin embargo, de estas consideraciones el valor mismo 
de las leyes de erratas o de enmiendas, pues no obstante la fal- 
ta de compulsa del código con los originales, han coincidido las 
comisiones revisoras con el codificador en la corrección de 
treinta y siete errores, no cometidos por éste y por lo tanto evi- 
tados por él en la redacción empleada, pero que un ojo experto 
y laborioso ha sabido descubrir ; fuera de las demás rectifica- 
ciones, tendientes a mantener la claridad de la expresión y la 
uniformidad de la doctrina legal del famoso civilista, que des- 
cubre un laudable propósito y un acertado esfuerzo. 

Por lo demás, la importancia de los originales compulsados 
no es discutible, no sólo como manifestación del desarrollo cro- 
nológico de las ideas del doctor Vélez, hasta su incorporación 
definitiva a las disposiciones del proyecto de código, sino tam- 
bién como antecedente ilustrativo y auténtico de sus preceptos 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 207 

y como fuente segura de nuevas e importantes rectificaciones y 
ampliaciones. 

En efecto, es interesante y útil consultar la voluntad que ha 
presidido la formación de nuestro Código civil, desde los prime- 
ros apuntes de su autor, que descubren el paso inicial, hasta su 
última palabra, contenida en el último borrador ; desde la ano- 
tación sintética, desordenada e informe o meramente enunciati- 
va, y aun decididamente privada o de referencia, como aquellas 
que dicen : « ver la nota tal o el autor cual » sobre una materia 
determinada, o «a estudiar», con esa sencillez y profundidad a 
la vez que llevaban al « viejo Vélez » a extremar la investiga- 
ción en los casos difíciles o dudosos, hasta su pensamiento de- 
purado y muchas veces retractado en absoluto, revelado como 
expresión fidelísima y verdadera del precepto legal, llamado a 
proyectar ; dejándonos ver sus vacilaciones y sus dudas, y a 
la par de la idea rectificada o incipiente, el concepto madurado 
y definitivo. 

Y de esa consulta, de esa nueva revisión de nuestro código^ 
surgen rectificaciones, aclaraciones, ampliaciones, de más opor- 
tunidad y valor que muchas efectuadas por el Honorable Con- 
greso, y que sólo esperan su sanción para ser incorporadas co- 
mo complemento de la obra propia y genuina del legislador. 

De este modo, la planilla adjunta bajo la letra A nos des- 
cubre << cuarenta y cinco » diferencias entre el texto de las dis- 
posiciones originales y del proyecto impreso y el de la edición 
de Nueva York, y de ellas son de « modificación de concepto » 
las relativas a los artículos 1141, 1151, 1154, 1155, 1171, 1274, 
1297, 1330, 1361, inciso 6°, 1539, 1680, 2033, 2144 y 2229 : de 
«ampliación», las de los artículos 1183, 1234, 1258, 1270, 
1294,1345,1347, 1361, inciso 7°, 1915 y 2055; de «aclara- 
ción», las de los artículos 1152, 1153, 1166, 1184, 1226, 1233, 
1266, 1426, 1433, 1471 y 1610, incisos 2° y 3° ; de «rectifica- 
ción de errores », las de los artículos 1180, 1444, 1480, 1842^ 



208 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

2031 y 2161 ; y de « construcción gramatical », las de los artí- 
culos 1144, 1149 y 1401. 

Contiene « modificación de concepto » : 

El artículo 1141 del código, que dice: «Los contratos reales 
para producir sus efectos propios, quedan concluidos desde que 
una de las partes haya hecho a la otra tradición de la cosa so- 
bre que versare el contrato » ; mientras que el primer borrador 
agrega al final : « Antes de la tradición la promesa aceptada de 
entregar o de recibir la cosa sobre que versare el contrato en- 
tra en la clase de los contratos consensúales ». 

El artículo 1151, que dice: «La oferta o propuesta hecha 
verbalmente, no se juzgará aceptada si no lo fuese inmediata- 
mente ; o si hubiere sido hecha por medio de un agente, y este 
volviese sin una aceptación expresa » j mientras que el primer 
borrador agrega al final : « o si fuese por carta y pasase el tiempo 
regular para recibir contestación». 

El artículo 1154, que dice : « La aceptación hace sólo perfec- 
to el contrato desde que ella se hubiese mandado al proponen- 
te » ; mientras que el primer borrador después de la palabra 
« ella » dice : << llega al conocimiento del que ha hecho la ofer- 
ta » ; en vez de « se hubiese mandado al proponente ». 

El artículo 1155, que dice : « El aceptante de la oferta puede 
retractar su aceptación antes que ella haya llegado al conoci- 
miento del proponente. Si la retractare después de haber llega- 
do al conocimiento de la otra parte, debe satisfacer a ésta las 
pérdidas e intereses que la retractación le causare, si el contra- 
to no pudiese cumplirse de otra manera, estando ya aceptada 
la oferta » ; mientras que en el primero y segundo borradores 
falta la frase : « si el contrato no pudiese cumplirse de otra 
manera, estando ya aceptada la oferta». 

El artículo 1171 dice : « La cantidad se reputa determinable 
cuando su determinación se deja al arbitrio de tercero ; pero si 
el tercero no quisiere, no pudiere, o no llegare a determinarla, 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 209 

el juez podrá hacerlo por sí, o por medio de peritos si fuese ne- 
cesario a fin de que se cumpla la convención». El primero y 
segundo borradores, después de la palabra «determinarla», 
dicen : « el contrato quedará sin efecto » en vez de «el juez po- 
drá, etc.». 

El artículo 1274 dice : « Las donaciones remuneratorias he- 
chas a uno de los cónyuges, o a ambos por servicios que no da- 
ban acción contra el que las hace, no corresponden al haber so- 
cial, pero las que se hicieren por servicios que hubiesen dado 
acción contra el donante, corresponden a la sociedad, salvo que 
dichos servicios se hubieran prestado antes de la sociedad con- 
yugal, pues en tal caso la donación remuneratoria no corres- 
ponde a la sociedad, sino al cónyuge que prestó el servicio ». 
El primero y segundo borradores después de las palabras « co- 
rresponden a la sociedad» agregan: «hasta la concurrencia 
de lo que hubiera habido acción a pedir por ellos », y continúa 
igual : « salvo que dichos servicios, etc. ». 

El artículo 1297 dice: «Eepútase simulado y fraudulento 
cualquier arrendamiento que hubiese hecho el marido después 
de la demanda puesta por la mujer sobre la separación de bie- 
nes, si no fuese con consentimiento de ella, o con autorización 
judicial. Repútase también simulado y fraudulento todo recibo 
anticipado de rentas o alquileres ». El primer borrador después 
de la palabra « bienes » agrega : « si fuese por más del térmi- 
no de un año». 

El artículo 1330 dice : « La nulidad de la venta de cosa ajena 
queda cubierta por la ratificación que de ella hiciere el propie- 
tario. Queda también cubierta, cuando el vendedor ulterior- 
mente hubiese venido a ser sucesor universal o singular del 
propietario de la cosa vendida». El primer borrador, después 
de las palabras « cosa ajena », dice : « no se cubre », en vez de 
« queda cubierta ». 

El artículo 1361, inciso 6°, dice: «Es prohibida la compra, 

ANAL. FAC. DE DEE. — T. III (3» SER.) 14 



210 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

aunque sea en remate público, por sí o por interpuesta perso- 
na : ... 6" A los jueces, abogados, fiscales, defensores de menores, 
procuradores, escribanos y tasadores, de los bienes que estu- 
viesen en litigio ante el juzgado ó tribunal ante el cual ejercie- 
sen o hubiesen ejercido su respectivo ministerio. En el primer 
borrador aparecen testadas las palabras : « a los jueces, aboga- 
dos, procuradores y escribanos en cuyo pleito hubiesen inter- 
venido». 

El artículo 1539 dice : « Sólo es a cargo del locador pagar las 
mejoras y gastos hechos por el locatario : ... inciso 2°. Si lo auto- 
rizó para hacerlas y después de hechas se obligó a pagarlas. » 
El segundo borrador, inciso 2", empieza así : « Si no lo autorizó 
para hacerlas si después de hechas se obligó a pagarlas », en 
vez de : « Si lo autorizó para hacerlas y después de hechas se 
obligó a pagarlas. » Y en el tercer borrador la partícula « no » 
en la frase « si no lo autorizó » se encuentra testada. 

El artículo 1680 dice : « El nombre de una sociedad que tiene 
sus relaciones en lugares fuera del territorio de la república, 
puede ser continuado por las personas que han sucesido en esos 
negocios y por sus herederos, con el conocimiento de las perso- 
nas, si viven, cuyos nombres eran usados. » El primero y segun- 
do borradores después de la palabra « herederos » dicen : « con 
el consentimiento» en vez de «con el conocimiento». 

El artículo 2033 dice : « Si el fiador hiciese el pago sin 
consentimiento del deudor y éste ignorándolo pagase la deuda^ 
el fiador en tal caso no tiene acción contra el deudor ; pero le 
queda a salvo el recurso contra el acreedor. 

« Si el fiador paga sin dar conocimiento al deudor, éste podrá 
hacer valer contra él todas las excepciones que hubiera podido 
oponer al acreedor». El primero y segundo borradores despué» 
de la palabra « pago », dicen : « sin conocimiento », en vez de : 
«sin el consentimiento». 

El artículo 2144 dice : « La indemnización se hará por el va- 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 211 

lor que los bienes tuvieron en el tiempo de la evicción. Si hu- 
biere créditos, el valor nominal de ellos en la participación será 
el objeto de la indemnización. Pero la responsabilidad por los cré- 
ditos tendrá sólo lugar cuando el deudor fuese insolvente al 
tiempo de la división. » El primero y segundo borradores empie- 
zan : « La indemnización se liará por el valor que los bienes 
tuvieron en la partición y no por « el valor que tengan al 
tiempo de la evicción » ; en vez de « La indemnización se hará 
por el valor que los bienes tuvieron en el tiempo de la evic- 
ción. » 

Y el artículo 2229 dice : « El depósito hecho en las posadas 
se verificará por la introducción en ellas de los efectos de los 
viajeros, aunque expresamente no se haya entregado al posade- 
ro o sus dependientes, y aunque ellos tengan las llaves de las 
piezas donde se hallen los efectos. » El primer borrador después 
de la palabra « viajeros » agrega : « y pueda probarse por testi- 
gos cualquiera que fuese su importancia ». 

Contiene « ampliación de concepto » : 

El artículo 1183 que dice : « Cuando la forma instrumental 
fuere exclusivamente decretada en una determinada especie de 
instrumento, el contrato no valdrá si se hiciese en otra forma». 
El primero y segundo borradores después de la palabra «decreta- 
da » dicen : « o » una determinada especie de instrumento ; en 
vez de : « en una determinada especie de instrumento ». 

El artículo 1234 dice : « Estas donaciones subsistirán aún en 
el caso que el donante sobreviva al donatario, si éste dejare hi- 
jos legítimos. Pero si no quedaren hijos legítimos del matrimo- 
nio o de otro matrimonio precedente, el donante podrá revocar- 
las. Si no las revocase en vida, o por su testamento, la donación 
pasará a los herederos del donatario. » El primer borrador, des- 
pués de la palabra « dejare », dice : « descendientes », en vez de 
«hijos». 

El artículo 1258 dice : « Habiendo concurso contra el mari- 



212 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

do, O disuelto el matrimonio, habiendo concurso contra la socie- 
dad conyugal, corresponden a la mujer, por acción de dominio, 
los bienes raíces o muebles que existan de los que introdujo al 
matrimonio, o que adquirió después i)or título propio, o por 
cambio, o por compra hecha con dinero suyo. Le corresponden 
también como propietaria de las inscripciones de la deuda na- 
cional o provincial, y los dineros puestos en los depósitos pú- 
blicos a nombre de ella. » El primer borrador empieza : « Di- 
suelto el matrimonio o habiendo concurso contra el marido o 
contra la sociedad conyugal » ; en vez de : « Habiendo concurso 
contra el marido o disuelto el matrimonio, habiendo concurso 
contra la sociedad conyugal. » 

El artículo 1270 dice : « Ni el derecho de usufructo, que se 
consolida con la propiedad durante el matrimonio, ni los intere- 
ses devengados por uno de los cónyuges, antes del matrimonio 
y pagados después. » El primer borrador, después de la pala- 
bra « matrimonio », agrega : « ni lo que se paga a cualquiera de 
los cónyuges por créditos constituidos antes del matrimonio». 
El artículo 1294 dice : « El derecho para pedir la separación 
de los bienes sólo compete a la mujer, cuando la mala adminis- 
tración del marido le traiga peligro de perder sus bienes pro- 
pios, o cuando hubiese hecho concurso de acreedores». El pri- 
mer borrador después de la palabra « mujer » dice : « en los ca- 
sos siguientes : 1° peligro de insolvencia o mala administración 
del marido que le traiga peligro de perder sus bienes propios 
por concurso hecho al marido por sus acreedores » ; en vez de ; 
« cuando la mala administración del marido le traiga peligro de 
perder sus bienes propios o cuando hubiese hecho concurso de 
acreedores ». 

El artículo 1345 dice : « Si la venta del inmueble se ha hecho 
con indicación de la superficie que contiene, fijándose el precio 
por la medida, el vendedor debe dar la cantidad indicada. Si 
resultare una superficie mayor, el comprador tiene derecho a 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 213 

tomar el exceso, abonando su valor al precio estipulado. Si re- 
sultare menor, tiene derecho a que se le devuelva la parte pro- 
porcional al precio. En ambos casos, si el exceso o la diferencia 
fuese de un vigésimo del área total designada por el vendedor, 
puede el comprador dejar sin efecto el contrato. » En el prime- 
ro y segundo borradores, después de las palabras : « en ambos 
casos si el exceso » falta la palabra « diferencia». 

El artículo 1347 dice: «En los casos del artículo anterior, 
cuando hay un aumento del precio, el comprador puede elegir la 
disolución del contrato. » En el primero y segundo borrador, 
después de la palabra «aumento», faltan las palabras «o di- 
minución». 

El artículo 1361, inciso 7", dice : « Es prohibida la compra, 
aunque sea en remate público, por sí o por interpuesta perso- 
na : 7° A los ministros de gobierno, de los bienes nacionales 
o de cualquier establecimiento público, o corporación civil o 
religiosa, y a los ministros secretarios de los gobiernos de pro- 
vincia, de los bienes provinciales o municipales, o de la corpo- 
raciones civiles o religiosas de las provincias. » En el primer bo- 
rrador, después de la palabra « religiosa » dice : « o a los gober- 
nadores de provincia y sus respectivos ministros o secretarios 
los bienes designados en el artículo anterior». 

El artículo 1915 dice : « Los valores en dinero que el manda- 
tario tiene en su poder por cuenta del mandante, perecen para 
el mandatario, aunque sea por fuerza mayor ó caso fortuito, 
salvo que estén contenidos en cajas o sacos cerrados sobre los 
cuales recaiga el accidente o la fuerza. » El primero y segundo 
borrador, después de la palabra « cerrados », agrega las pala- 
bras : « y sellados ». 

Y el artículo 2055 dice : « Prohíbese demandar enjuicio deu- 
das de juego, o de apuestas que no provengan de ejercicios de 
fuerza, destreza de armas, corridas y de otros juegos o apuestas 
semejantes, con tal que no haya habido contravención a alguna 



214 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ley O reglamento de policía ». El primer borrador, después de la 
palabra « fuerza » tiene las palabras « destreza, de armas » ; en 
vez de «destreza de armas», suprimida la coma después de la 
palabra «destreza», y el segundo borrador tiene la palabra 
«destreza», en vez de «destreza de armas ». 

Contiene « aclaración de concepto» : 

El artículo 1152 que dice : « Cualquiera modificación que se 
hiciere en la oferta al aceptarla, importará la propuesta de un 
nuevo contrato. » El primero y segundo borradores agregan al 
final : « y no la aceptación de la oferta ». 

El artículo 1153 dice : « Si la oferta hubiese sido alternativa, 
o comprendiendo cosas que puedan separarse, la aceptación de 
una de ellas concluye el contrato. Si las dos cosas no pudiesen 
separarse, la aceptación de sólo una de ellas importará la pro- 
puesta de un nuevo contrato. » El primero y segundo borradores, 
después de las palabras « una de ellas », dicen : « no importará 
concluir el contrato sino una modificación que no será obligato- 
ria al primer proponente sino después de haber este avisado al 
segundo que se conforma con ella » ; en vez de : « importará la 
propuesta de un nuevo contrato ». 

El artículo 1166 dice : « Si el incapaz hubiese procedido con 
dolo para inducir a la otra parte a contratar, ni él, ni sus repre- 
sentantes o sucesores, tendrán derecho para anular el contrato, 
a no ser que el incapaz fuere menor, o el dolo consistiere en la 
ocultación de la incapacidad. » El ijrimer borrador, después de 
las palabras : « a no ser que el incapaz fuere menor », agrega 
«impúber». En el segundo borrador la palabra «impúber», 
que se encuentra en ese pasaje, se halla testada. 

El artículo 1184, inciso 11°, dice : « Deben ser hechos en es 
critura pública, bajo pena de nulidad, con excepción de los que 
fuesen celebrados en subasta pública; 11° Los pagos de obli- 
gaciones consignadas en escritura pública, con excepción de 
lo pagos parciales, de intereses, canon o alquileres. El primer 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 215 

borrador, después de la palabra <' parciales » agrega : « pago de 
intereses». 

El artículo 1226 dice : « La esposa no podrá reservarse ad- 
ministración de sus bienes, sea de los que lleve al matrimonio, 
o sea de los que adquiera después por título propio. Podrá sólo 
reservarse la administración de algún bien raíz, o de los que el 
esposo le donare. » El primer borrador, después de las palabras : 
« bien raíz », dice : « de los que llevare al matrimonio ». 

El artículo 1233 dice : « Si las donaciones que los esposos hi- 
cieren de los bienes que quedaren al fallecimiento de alguno de 
ellos fuesen de bienes determinados, muebles o inmuebles, no 
podrán éstos ser enajenados durante el matrimonio, sino con el 
consentimiento expreso de ambos cónyuges ». El primer borra- 
dor agrega al final : « y queda desde entonces sin efecto la do- 
nación ». 

El artículo 1266 dice : « Los bienes que se adquieren por per- 
muta con otro de alguno de los cónyuges, o el inmueble que se 
compre con dinero de alguno de ellos, y los aumentos materia- 
les que acrecen a cualquier especie de uno de los cónyuges, for- 
mando un mismo cuerpo con ella por aluvión, edificación, plan- 
tación, u otra cualquier causa, pertenecen al cónyuge permu- 
tante, o de quien era el dinero, o a quien correspondía la especie 
principal. » El primer borrador, después de las palabras : « de 
alguno de ellos», agrega : « con el fin de adquirirlo para aquel 
de quien es el dinero, expresándose así en la correspondiente es- 
critura » . 

El artículo 1426 dice : « El comprador puede rehusar el pago 
del precio, si el vendedor no le entregase exactamente lo que 
expresa el contrato. Puede también rehusar el pago del precio, 
si el vendedor quisiese entregar la cosa vendida sin sus depen- 
dencias o accesorios, o cosas de especie o calidad diversa de la 
del contrato ; o si quisiese entregar la cantidad de cosas vendi- 
das por partes y no por junto como se hubiese contratado. » El 



216 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

segundo borrador, después de la palabra «accesorios», agrega: 
« o si quisiera entregarle menor cantidad en número, peso y me- 
dida o si la cantidad de las cosas vendidas fuese de especie o 
calidad » ; y siguen ambos : « diversa de la del contrato ». 

El artículo 1433 dice : « El comprador no puede negarse a 
pagar el precio del inmueble comprado por aparecer hipoteca- 
do, siempre que la hipoteca pueda ser redimida inmediatamente 
por el vendedor. » En el primer borrador, falta la palabra << in- 
mediatamente » después de «redimida». 

El artículo 1471 dice : « Los acreedores del cedente pueden, 
hasta la notificación del traspaso del crédito, hacer embargar el 
crédito cedido ; pero una notificación, o aceptación después del 
embargo, importa oposición al que ha pedido el embargo. » El 
primero y segundo borradores, después de las palabras : « al 
que ha pedido el embargo » agregan : « y da al cesionario el de- 
recho de concurrir con ellos al concurso a sueldo o por libra». 

El artículo 1610, incisos 2° y 3°, dice : « Si la locación no 
fuese a término fijo, el locador no podrá demandar al locatario 
por la restitución de la cosa arrendada, sino después de los pla- 
zos siguientes » : ... Inciso 2° : « Si fuese casa o predio, después 
de cuarenta días contados del mismo modo » ; ... inciso 3° « Si 
fuese un predio rústico, o un establecimiento comercial o indus- 
trial, después de tres meses contados del mismo modo ». El se- 
gundo borrador, después de las palabras : « casa o predio » 
agrega la palabra « urbano » en el inciso 2". En el tercer borra- 
dor, esa palabra « urbano » se encuentra testada, en el mismo 
pasaje. 

« Rectifican errores » : 

El artículo 1189, que dice : « Si en el instrumento pííblico se 
hubiese estipulado una cláusula penal, o el contrato fuese hecho 
dándose arras, la indemnización de las pérdidas e intereses con- 
sistirá en el pago de la pena, y en el segundo en la pérdida de 
la señal, o su restitución con otro tanto. » El primer borrador. 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 217 

después de la palabra « instrumento », dice : « particular », en 
vez de « público ». 

El artículo 1444 dice : « Todo objeto incorporal, todo derecho 
y toda acción sobre una cosa que se encuentra en el comercio, 
pueden ser cedidos a menos que la causa no sea contraria a al- 
guna prohibición expresa o implícita de la ley, o al título mis- 
mo del crédito. » El primero y segundo borradores, después de 
las palabras « a menos que la » dicen : « cesión » ; en vez de 
«causa». 

El artículo 1480 dice: «Si el cedente fuese de mala fe, sa- 
biendo que la deuda era incobrable, será responsable de todos 
los perjuicios que hubiese causado el cesionario. » El primero y 
segundo borradores, después de la palabra «causado», dicen: 
« el cesionario » ; en vez de « al cesionario ». 

El artículo 1842 dice : « La reversión condicional no puede 
ser estipulada sino en provecho solo del donante. Si se hubiese 
estipulado copulativamente en provecho del donante y sus he- 
rederos, o de un tercero, la cláusula será reputada no escrita 
respecto a estos últimos». El primero, segundo y tercer bo- 
rradores, después de las palabras « La reversión » dicen : « con- 
vencional » ; en vez de « condicional ». 

El artículo 2031 dice : « Si el fiador pagó antes del venci- 
miento de la deuda, sólo podrá cobrarla después del vencimiento 
de la obligación del deudor. » El primero y segundo borradores, 
después de las palabras « después del » dicen : « vencimiento » ; 
en vez de « reconocimento ». 

El artículo 2161 dice : « Si los derechos hereditarios fueren 
litigiosos o estuvieren cedidos como dudosos, el cedente no res- 
ponde por la evicción. » El primero y segundo borradores, des- 
pués de la palabra « fueren » dicen : « litigiosos » ; en vez de 
«legítimos». 

Finalmente, contienen diferencias de « construcción grama- 
tical » : 



218 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

El artículo 1114 que dice: «El consentimiento debe manifes - 
tarse por ofertas o propuestas de una de las partes, y aceptarse 
por la otra. » El primer borrador empieza así : « Para que haya 
contrato es indispensable el consentimiento de las partes. » El 
debe manifestarse por ofertas, etc., igual al texto legal. 

El artículo 1149 dice ; « La oferta quedará sin efecto alguno 
si una de las partes falleciere, o perdiere su capacidad para 
contratar : el proponente antes de haber sabido la aceptación, 
y la otra, antes de haber aceptado. » El primero y segundo bo- 
rradores, después de las palabras : «la otra», agregan «aparte». 

Y el artículo 1401 dice : « El vendedor debe hacer saber al 
comprador quién sea el megor comprador y qué mayores venta- 
jas le ofrece. Si el comprador propusiese iguales ventajas, ten- 
drá derecho de preferencia ; si no, podrá el vendedor disponer 
de la cosa a favor del nuevo comprador. » El segundo y tercer 
borradores y el proyecto impreso dicen : « mejores » ; en vez de 
«mayores», refiriéndose a las ventajas que ofrezca el mejor 
comprador. 

La planilla adjunta bajo la letra B señala « ciento setenta » 
diferencias entre las notas de los artículos de los manuscritos y 
del proyecto impreso con la edición de Nueva York. 

Dichas diferencias provienen de dos causas : o bien la diver- 
sidad de citas de autores o de antecedentes legales, o bien el 
aumento de las mismas ; en el primer caso habría que averiguar 
cuál es la cita o el antecedente auténtico, y en el segundo cuál 
la oportunidad y valor de una cita enunciada en los origina- 
les y suprimida en la edición oficial. 

Tomando al acaso algunas de ellas, puede apreciarse a sim- 
ple vista su importancia. 

El primer borrador, refiriéndose al inciso 1° del artículo 2" de 
la compraventa en la edición de Nueva York, que es el 1324 
de la edición de La Pampa, cita a « Goyena sobre el artículo 
1378 » del Código civil español, y efectivamente este artículo 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 219 

habla de la venta forzosa por causa de utilidad pública, que es 
materia de aquellos artículos. 

El mismo borrador, refiriéndose al inciso 3° de los menciona- 
dos artículos 2° y 1324, cita a « Freitas sobre el artículo 1972» 
del proyecto de Código civil para el Brasil, y este artículo casi 
textualmente contiene la disposición de aquéllos, relativa a la 
venta forzosa de la cosa indivisible que pertenece a varios. 

El segundo y tercer borradores, sobre el artículo 67 de la edi- 
ción de Nueva York, que es el 1388 del código, citan a « Aubry 
y Eau, § 357, nota 1^», que trata de la retroventa, cuyo con- 
ceptoaquéllos determinan. 

El primer borrador, sobre el artículo 1418, cita a « Goyena, 
artículo 1389 » ; tratando ambos del derecho del vendedor de 
no entregar la cosa vendida, si el comprador no ha pagado el 
precio. 

El primer borrador, sobre el artículo 1449, cita la « nota 13 » 
del parágrafo 359 de Aubry y Kan, citado por el mismo artí- 
culo, y dicha nota se refiere especialmente a las pensiones mili- 
tares o civiles y a las reformas de las mismas, de que trata 
aquel artículo. 

El mismo borrador, sobre el artículo 1466, cita « el parágrafo 
359 bis de Aubry y Eau », que trata especialmente del efecto 
de la notificación de la cesión, hecha en diversas horas, aunque 
difiere en ciertos casos del concepto legal establecido en aquel 
artículo. 

El mismo borrador, sobre el artículo 1513, cita a «Freitas, 
artículo 2296 », que trata, como aquel artículo, de la prohibi- 
ción de ser arrendatarios. 

El primer borrador, sobre el artículo 1521, cita a «Aubry y 
Eau, parágrafo 366, número 2° », que trata, como dicho artícu- 
lo, de las obligaciones del locador por razón de la destrucción o 
deterioro de la cosa locada. 

Y en los artículos indicados del código se han omitido las ci- 



220 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tas transcriptas, que evidentemente dicen relación con la mate- 
ria de los mismos y constituyen las fuentes que los han inspi- 
rado. 

En cambio, el artículo 1523 cita « la letra C », número 3, del 
parágrafo 366 de Aubry y Eau, sobre la facultad del locador 
para cambiar la forma de la cosa arrendada. El primer borrador 
cita « la letra b » del mismo número y parágrafo, que es efecti- 
vamente en donde se trata del asunto ; no existiendo, por lo de- 
más, en dicho parágrafo el párrafo C «mayúscula », que mencio- 
na la nota del código. 

El artículo 15 de «la sociedad» en la edición de Nueva 
York cita « el parágrafo 31 de Aubry y Eau, sobre las formas 
del contrato ». El primer borrador cita « el parágrafo 378 », que 
trata de este asunto ; mientras aquel parágrafo trata del objeto 
del pago en las obligaciones en general, y el artículo 1662 déla 
edición de La Pampa contiene la corrección del caso, citan- 
do el parágrafo 378 ; no obstante no estar autorizada por las 
leyes de erratas. 

El artículo 77 de <:<las donaciones» en la edición de Nueva 
York cita el artículo 955 del código francés, sobre contra quié- 
nes puede ser intentada la demanda por revocación de la dona- 
ción. El primer borrador cita « el artículo 957 » de dicho códi- 
go, que trata de este asunto, mientras el artículo 955 trata de 
la revocación de las donacionas por causa de ingratitud. Y el 
artículo 1865 de la edición de La Pampa contiene la correc- 
ción, citando el artículo 957 del código francés ; sin estar auto- 
rizada por las leyes de erratas. 

El artículo 65 de « la fianza » en la edición de Nueva York, 
como el artículo correspondiente 2050 de la edición de La 
Pampa, que tratan de la liberación del fiador, cuando el acree- 
dor acepta en pago de la deuda otra cosa que la que le era de- 
bida, citan el artículo 2030 del código francés, que acuerda al 
fiador el recurso de repetición contra cada uno de los deudores 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 221 

solidarios por el total de lo que ha pagado. Y el primero y se- 
gundo borradores sobre aquellos artículos citan « el artículo 
2038 del código francés », que es el que trata del asunto de los 
mismos. 

El artículo 12 de «la renta vitalicia» en la edición de Kueva 
York, sobre la adquisición de la venta según el número de días 
que ha vivido la persona en cabeza de quien ha sido constitui- 
da, cita « el artículo 1984 del código francés » que trata de la 
formación del mandato. Y el segundo borrador, sobre aquel ar- 
tículo, cita « el articulo 1980 » de ese código, que trata del pri- 
mer asunto. Y el artículo 2081 de la edición de La Pampa 
rectifica la cita con la del artículo 1980 del código francés, sin 
que exista dicha corrección en las leyes de erratas. 

Y el artículo 17 de la edición de Nueva York en « la gestión 
de negocios », sobre los efectos de la ratificación del dueño del 
negocio, cita « el parágrafo 641 de Aubry y Kau», que trata de 
la herencia vacante. El primer borrador sobre ese artículo cita 
« el parágrafo 441 » de dicho autor, que es sobre la gestión de 
negocios. Y el artículo 2304 de la edición de La Pampa rec- 
tifica la cita con el parágrafo 441 ; sin que exista dicha correc- 
ción en las leyes de erratas. 

En todos estos casos las citas de los originales son las autén- 
ticas y las de la edición de Nueva York están manifiestamente 
erradas. Y en varios de ellos, como lo hago notar, se confirma 
el aserto de que hay en nuestro código alteraciones hechas por 
mano extraña sin autorización legal y que no constituyen meros 
errores de imprenta. 

Finalmente, la planilla adjunta bajo la letra C contiene algu- 
nas disposiciones, que aparecen en los originales, pero que no 
han sido incorporadas al código en definitiva. 

De ellas, las más interesantes son : 

El artículo 16 del segundo borrador, correspondiente al artí- 
culo 1232 del código, que dice : « El esposo puede dar a la es- 



222 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

posa cuanto quisiere salvo el derecho de sus acreedores consti- 
tuido en el capitulo 2°, titulo 1 " de la sección 2' de este libro y 
lo dispuesto en el artículo 15 de este capítulo.» 

El artículo 12 del primer borrador, relacionado con los artí- 
culos 1259 y 1296 del código, que dice: «El marido puede du- 
rante el matrimonio constituir hipotecas expresas en sus bienes 
o en los inmuebles de la sociedad por los dineros o bienes de la 
mujer de que él o la sociedad hubiese usado. » 

Y el artículo 14 del primer borrador, relacionado con los ar- 
tículos 1346 y 1347 del código, que establece : « Cuando la 
venta de un inmueble se hubiese hecho por un precio sin refe- 
rencia a medida, no hay lugar al aumento o diminución del 
precio, aunque se encuentre que es de menor o mayor área, si 
ésta hubiese designado los linderos». 

Con estos ligeros apuntes, doy por terminado el presente 
trabajo, cuya falta de originalidad está compensada con ex- 
ceso por el interés que ofrece en sí misma la compulsa de los 
manuscritos del doctor Yélez, que sirvieron de base a su gran 
obra. 

La Universidad de Córdoba, que ha guardado con amor y con 
respeto los manuscritos de esa obra, y de ese hombre, cuyos ta- 
lentos constituyen el legítimo orgullo de la nación, que ha uti- 
lizado los servicios del estadista y del jurisconsulto, ha hecho 
bien al emprender su estudio, y procederá con señalado acierto 
al difundir su conocimiento y ponderar las enseñanzas que con- 
tienen. 

La obra del doctor Vélez supera en realidad los favorables 
conceptos que ha merecido su código modelo, y proporciona 
elementos bastantes para provocar por sí sola la revisión y me- 
joramiento del mismo. 

Y el día en que la comisión especial encargada del estudio de 
los originales de dicho código haya completado su trabajo de 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 223 

compulsa y pronunciado su juicio de conjunto, habrá abierto 
a la vez ancho campo de estudio para fijar con nuevas bases el 
espíritu y alcance de muchas disposiciones cuyo origen y con- 
cordancia no pueden descubrirse con los antecedentes conoci- 
dos. 



LETRA A 

PLANILLA DE DIFERENCIAS ENTRE EL TEXTO DE LOS MANUS- 
CRITOS, EL PROYECTO IMPRESO, Y LA EDICIÓN DE NUEVA 
YORK, SEGUNDO LIBKO, DE LOS CONTRATOS. 

De los contratos en general 

artículos (1) 
La Pampa Nueva York 

1141 5 El primer borrador agrega al final : « Antes de 

la tradición la promesa aceptada de entregar o 
de recibir la cosa sobre que versare el contra- 
to entra en la clase de los contratos consen- 
súales. » 

1144 8 El primer borrador empieza: «Para que haya 

contrato es indispensable el consentimiento de 
las partes. » Ul debe manifestarse, etc. 

1149 13 El primero y segundo borradores después de : la 
otra, agrega : parte. 

1151 15 El primer borrador agrega al final : «o si fuese 

por cartas y pasase el tiempo regular para reci- 
bir contestación». 

1152 16 El primer borrador agrega al final : « y no la 

aceptación de la oferta». 

(1) La numeración de los artículos en la edición de La Pampa es sucesiva. 



224 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



La Pampa Nueva York 

1153 17 El primer y segundo borrador después de una de 

ellas, dice : « no importará concluir el contrato 
' sino una modificación que no será obligatoria al 

primer proponente sino después de haber éste 
avisado al segundo que se conforma con ella », 
en vez de : importará la propuesta de un nuevo 
contrato. 

1154 18 El primer borrador después de ella, dice : * llega 

al conocimiento del que ha hecho la oferta », en 
vez de : se hubiese mandado al proponente. 

1155 19 En el primero y segundo borradores falta : si el 

contrato no pudiese cumplirse de otra manera, 
estand,o ya aceptada la oferta. 

1166 30 El primer borrador después de a no ser que el in- 
capaz fuese menor, agrega : « impúber». En el 
segundo borrador, la palabra impúber se en- 
cuentra testada. 

1171 35 El primero y segundo borradores después de <íe- 
terminarla, dice : « el contrato quedará sin efec- 
to », en vez de : el juez podrá hacerlo por sí o 
por medio de peritos si fuese necesario a fin de 
que se cumpla la convención. En el segundo bo- 
rrador después de determinarla, dice, entre 
líneas : « el juez, etc. ». 

1183 47 El primero y segundo borrador después de decre- 

tada, dice : « o », en vez de : para. 

1184 48 El primer borrador después de ^amaZe«, agrega: 

Inc. lio Inc. lio ^<^jgagO». 

1189 53 El primer borrador después de instrumento, dice : 
«particular », en vez de : público. 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 225 

Sociedad conyugal 

Artículos 
La Pampa Nueva York 

1226 10 El primer borrador después de Men raíz, dice : 
« de los que llevare al matrimonio ». 

1233 17 El primer borrador agrega al final : <' y queda des- 

de entonces sin efecto la donación». 

1234 18 El primer borrador después de dejare^ dice : « des- 

cendientes », en vez de : hijos. 

1258 42 El primer borrador empieza : « Disuelto el matri- 
monio o habiendo concurso contra el marido o 
contra la sociedad conyugal»^ etc., en vez de : 
Habiendo concurso contra el marido, o disuelto 
el matrimonio, habiendo concurso contra la so- 
ciedad conyugal, etc. 

1266 50 El primer borrador, después de alguno de ellos, 
agrega : « con el fin de adquirirlo para aquel de 
quien es el dinero, expresándose asi en la corres- 
pondiente escritura». 

1270 54 El primer borrador después de maíWmoMÍo^ agre- 
ga : « ni lo que se paga a cualquiera de los cón- 
yuges por créditos constituidos antes del matri- 
monio » ni los intereses, etc. 

1274 58 El primero y segundo borradores después de co- 
rresponden a la sociedad, agrega : « hasta la 
concurrencia de lo que hubiera habido acción a 
pedir por ellos, salvo », etc. 

1294 78 El primer borrador después de mujer, dice : « en 
los casos siguientes : 1° peligro de insolvencia o 
mala administración del marido que le traiga 
peligro de perder sus bienes propios ; por con- 
curso hecho al marido por sus acreedores », en 
vez de : cuando la mala administración del ma- 

ANAL. FAC. DE DEE. — T. III (3» 8EE.) 15 



226 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Artículos 
La Pampa Nueva York 

rido le traiga peligro de perder sus bienes pro- 
pios, o cuando hubiese hecho concurso de acree- 
dores. 
1297 81 El primer borrador después de bienes, agrega : 
« si fuese por más del término de un año ». 

Compraventa 

1330 8 El primer borrador después de cosa ajena, dice : 

« no se cubre », en vez de : queda cubierta. 

1345 24 En el primero y segundo borradores después de 
Un ambos casos si el exceso, falta : «o la dife- 
rencia ». 

1347 26 En el primero y segundo borradores después de 
aumento, falta : « o diminución ». 

1361 40 En el primer borrador aparece testado : a los 

i°*'- ^° jueces, abogados, procuradores y escribanos en 

cuyo pleito hubiesen intervenido. 

Inc. V En el primer borrador después de religiosa, dice : 

« o a los gobernadores de provincia y sus respec- 
tivos ministros o secretarios los bienes designa- 
dos en el articulo anterior». 

1401 80 El segundo y tercer borrador y el proyecto, des- 
pués de y que, dicen : « mejores >>, en vez de : 
mayores. 

1426 105 El segundo borrador después de accesorios, agre- 
ga : «o si quisiera entregarle menor cantidad en 
número, peso y medida, o si la cantidad de las 
cosas vendidas fuese de especie o calidad » di- 
versa de la del contrato. 

1433 112 En el primer borrador después de redimida, fal- 
ta : «inmediatamente». 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 227 

Artículos Cesión de créditos 

La Pampa Nueva York 

1444 11 El primero y segundo borradores después de a 
menos que la, dice : « cesión », en vez de : 
cansa. 

1471 38 El primero y segundo borradores después de al 
que ha pedido el embargo, agrega : « y da al ce- 
sionario el derecho de concurrir con ellos al con- 
curso a sueldo o por libran. 

1480 47 El primero y segundo borradores después de cau- 
sado, dice : << el », en vez de : al (cesionario). 

Locación 

1 539 47 El segundo borrador empieza : « 8i no lo autorizó 
para hacerlas si después », en vez de : 8i lo auto- 
rizó para hacerlas y después. 
En el tercer borrador, la partícula no se encuen- 
tra testada. 
1610 118 El segundo borrador después de casa o predio, 
Inc. 2» Inc. 2» ^^^^ . ^firbano^. 

Inc. 3° Inc. 3° El segundo borrador después de: 8i fuese, dice : 
« casa, predio o terreno » en vez de : predio 
rústico. 

Sociedad 

1680 33 El primero y segundo borradores después : de 
herederos con el, dice : « consentimiento », en 
vez de : conocimiento. 

Donaciones 
1842 54 El primero, segundo y tercer borradores des- 



228 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Artículos 
La Pampa Nueva York 

pues de La reversión, dice : « convencional » 
en vez de : condicional. 

Mandato 

1915 47 El primero y segundo borradores después de 
« cerradas », agrega : « y sellados ». 

Fianza 

2031 46 El primero y segundo borradores después de : 

después del, dice : « vencimiento », en vez de : 

reconocimiento. 
2033 48 El primero y segundo borradores después de^a- 

go, dice ; « sin conocimiento » en vez de : sin 

el consentimiento. 

Contratos aleatorios 

2055 5 El primer borrador después de fuerza, dice : 

« destreza, de armas », en vez de : destreza de 
armas. 
El segundo borrador dice : « destreza », en vez 
de : destreza de armas. 

Evicción 

2144 56 El primero y segundo borradores empiezan : 
<< La indemnización se hará por el valor que los 
bienes tuvieron en la partición y no por el valor 
que tengan al tiempo de la evicción », en vez 
de : La indemnización se hará por el valor que 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 229 

Artículos 
La Pampa Nueva York 

los bienes tuvieren en el tiempo de la evicción. 
2161 73 El primero y segundo borradores después de 
fueren, dice : « litigiosos », en vez de : legíti- 
mos. 

Depósito 

2229 48 El primer borrador después de viajeros, agrega : 
« y puede probarse por testigos cualquiera que 
fuera su importancia». 



LETRA B 

PLANILLA DE DIFERENCIAS EN LAS NOTAS 

1154 18 El primer borrador cita : « Pothier, De la vente, 
n° 32. » 

1156 20 El primer borrador cita : « Duvergier, De la ven- 
te, t. I, n" 57. » 

1160 24 El primer borrador cita : L. 21, tít. 35, lib. 4°, 

Oód. Romano. » 

1161 25 El primer borrador cita: «L. 11, tít. ll,Part. 5*.» 
1168 32 El primer borrador cita : « Aubry y Rau, § 343. » 
1183 47 El primer borrador cita : « L, 24, tít. 29, lib. 4°, 

Cód. Romano. » 
1193 57 El primer borrador cita : « Goyena, art. 1320. » 
1262 46 El primer borrador cita : « Cód. de Ñapóles, art. 

1395; Holandés, 2008; Proy. de Goyena, 

1313. » 
1267 51 El primer borrador cita : « Cód. de Chile, art. 

1736. » 



230 



ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



Artículos 
LaPampa Nuera York 



1276 60 El primer borrador cita : « Holandés, 197. » 

1277 61 El primer borrador cita : « los códigos citados» 

en el art. 1" (1276). 



1324 


2 

Inc. I" 

[nc. 3» 


1327 


5 


1331 


9 


1336 


15 


1357 


36 


1358 


37 


1375 


54 


1384 


63 


1385 


64 


1387 


66 


1388 


67 


1409 


88 


1411 


90 


1414 


93 



Compraventa 

El primer borrador cita : « Goyena, 1378. » 
El primer borrador cita : « Freitas, 1972. » 
El segundo borrador cita : « Troplong, Vente. » 
El primer borrador cita : « en contra : Aubry y 

Kau, pág. 248, nota». 
El primer borrador cita : « Goyena, 1375. » 
El primer borrador cita : « Aubry y Eau, pág. 

240. » 
El primer borrador cita : « Goyena, 1380 ; L. 55, 

de Toro. » 
El segundo y tercer borradores citan : « L. 38, 

tít. 5°, Part. 5^ » 
El segundo borrador cita : « Cód. Francés, 1675 

y 1673. » 
El segundo borrador cita : «Napolitano, 1090. » 
El segundo borrador cita : « Holandés, 1566 y 

Luisiana, 2560. » 
El segundo borrador cita : « Troplong, t. II, n° 

70; Aubry y Eau, § 357, nota 1*. » 
El segundo borrador cita : « Merlin, Bép. ver. 

Accés. » 
El segundo borrador cita : « L. 15, tít. 10, lib. 3°, 

Fuero Eeal. » 
El segundo borrador cita : « L. 1, tít. 2°, lib. 21, 

Dig. » 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 



231 



Artículos 
La Pampa Nueva York 

1415 94 El segundo borrador cita : « L. 27, tít. 5", Part. 

5"^; L. 46, tít. 28, Part. 3^; Instit., § 41, tít. 1°, 
lib. 2". » 

1416 95 El segundo borrador cita : « Cód. Francés, art. 

1613 ; De Ñapóles, 1459 ; Holandés, 1515. » 
1418 97 El primer borrador cita : « Goyena, 1389. » 
1424 103 El primer y segundo borradores citan : « De 

Ñapóles, 1497. » 

Cesión de créditos 

1449 16 El primer borrador cita: « nota 13 », § citado de 

Aubry y Rau. 
1457 24 El primer borrador cita : « Por nota, la nota 1* 

del § 359 bis de Aubry y Eau. » 
1466 33 El primer borrador cita : « Aubry y Eau, § 359 

bis. » 

De la locación 



1493 



1494 



El primero y segundo borradores citan : « L. 2, 

tít. 17, lib. 3°, Fuero Eeal ; L. 25, tít. 2°, lib. 

19, Big.; Instit., lib. 3°, tít. 25, § 1"; L. 5, 

§ 2°, tít. 5'', lib. 19, Dig. » 
El primer borrador cita también : L. 1, tít. 17, 

lib. 3», Fuero Eeal. 
El primer y segundo borradores citan : « Nos. 

siguientes» al número 2 de Potliier, Loua- 

ge. 
El primer borrador cita : « Merlin, Eép. ver. 

Bail, §§ 6 y 9, n° 1. » 



232 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Artículos 
La Pampa Nueva York 

1499 7 El primer y segundo borradores citan : « L. 31, 

tít. 2", lib. 19, Dig. » 
1506 14 El primer y segundo borradores citan : « L. 2, 

tít. 17, lib. 3°, Fuero Keal. » 

1513 22 El primer borrador cita : « Freitas, art. 2296. » 

1514 21 El primer y segundo borradores citan : « L. 21, 

tít. 8°, Part. 5^; L. 33, tít. 2% lib. 19, Big. » 
El primer borrador dice : «y el ejemplo de Mar- 
cado, pág. 447 ». 

1518 26 El segundo borrador en lugar de la ley del Fuero 
Real, cita : « L. 24, tít. 8°, Part. 5*», citada 
también en el art. 18 del primer borrador que 
corresponde a éste. 

1521 29 El primer borrador cita : « Duvergier, t. I, 523; 
Troplong, t. 2°, n"' 219 y 220; Aubry y Rau, 
§ 366, n" 2 ; Marcadé sobre el art. 1122. » 

1523 31 El primer borrador cita: «Napolitano, 1559, 
y Aubry y Rau, § 366, n° 3, letra b. » 

1525 33 El primer y segundo borradores citan : « L. 4, 
tít. 8°, Part. 5\ » 

1528 36 El primer y segundo borradores citan : « L. 7, 
tít. 8", Part. 5"^. » 

1530 38 El primer borradores cita : << § 41, L. 11, tít. 2% 
lib. 19, Big. » 

1554 62 El segundo borrador cita: «L. 18, tít. 8°, Part. 
5*.» 

1558 66 El segundo borrador, entre líneas de L. 8, dice : 
L. 5, tít. 8°, Part. 5* : y en lugar de L. 9, cita : 
Ley última, tít. 17, lib. 3°, Fuero Real. 

1561 69 El segundo borrador cita : « L. 1 y 6, tít. 17, lib. 
3*», Fuero Real; Oód. Francés, art. 1735. » 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 233 

tfculos 
La Pampa Nueva York 

El tercer borrador cita : « L. 1 y 6, tít. 17, lib. 3°, 
Fuero Eeal. » 
1602 110 El segundo borrador cita : Cód. Francés, art. 

1766.» 
1615 123 El segundo borrador cita : «L. 29, tít. 65, lib. 

4°, Cód. Eomano. » 
1629 137 El primer borrador cita : « Zacliariae, § 710, no- 
ta 3*. » 
El segundo borrador cita : « L. 24, tít. 1°, lib. 
19, Dig. » 
1640 148 El primer borrador cita : <^ L. 31, tít. 3°, lib. 46, 
Dig.; lib. 12, tít. 11, Part. 5^ » 
El segundo borrador cita : « L. 31, tít. 3°, lib. 46, 
Dig.; L. 12, tít. 14, Part. 5.^» 

Sociedad 

1651 4 Elprimerborrador cita:«L. 12, tít. 10,Part.5*.» 

1653 6 y 7 El primer borrador cita : « Troplong, pág. 106; 

1654 Aubry y Eay, § 377, n" 3. » 

1659 12 El primer borrador cita : « Troplong, pág. 129. » 
1662 15 El primer borrador cita : « Aubry y Eau, § 378. » 

1674 27 El primer borrador cita : «Ortolan, pág. 467. » 

El segundo borrador cita : « § 5, L. 2, tít. 2°, lib. 
10, Dig. » 

1675 28 El primer borrador cita : « Sobre cesión^ Yoet, 

lib. 18, tít. 4°, desde el número 10. » 
1677 30 El primer borrador cita : « Napolitano, 1731 ; 
Holandés, 1676; Prusiano, 2006, tít. 27, Part. 
1*; De la Luisiana, 2841, lib. 1°; §§ 13 y 14, 
tít. 1°, lib. 24 y lib. 28, tít. 3", lib. 10, Dig. » 



234 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Artículos 
La Pan^M Nueva York 

1678 31 El primer borrador cita : « New York, § 1340.» 

El segundo borrador cita : « Cód. de New York. 

§ 134. » 

1681 34 El primer borrador cita : « De Luisiana, 2838. » 

1692 45 El primer borrador cita : « L. 1, §§ 13 y 14, tít. 

1% lib. 24, JDig. » 
1766 119 El primer borrador cita : « Troplong, 914. » 

Donaciones 

1800 12 El primero y segundo borrador citan : « L. 35, 
tít. 54, lib. 8°, Cód. Romano. » 

1 807 19 El primer borrador cita : « L. 3, tít. 4°, Part. 5*. » 

1808 20 El primer borrador cita como nota al inc. V : 

« L. 2 y 4, tít. 3% lib. 5°, Vieja Rec. » 

1815 27 El segundo borrador cita : « L. 25, tít. 3% lib. 
32, Dig. » 

1830 42 El primer borrador cita : « L. 1 , tít. 8°, Part. 5*; 
L. 1, tít. 39, lib. 3°, Cód. Romano. » 

1832 44 El primer borrador como nota al inciso 1° cita : 
«L. 7, tít. 7°, Part. 6% y 7% tít. 6°, lib. 5", Fuero 
Real. » 

1839 51 El primer borrador cita : « Aubry, pág. 96, no- 
ta 2^ » 

1849 61 El primer borrador cita : «L. 2, tít. 12, lib. 3", 

Fuero Real. » 
El segundo borrador cita : « Cód. Francés, art. 
954 y 956. » 

1850 62 El primer borrador cita : « L. 1, tít. 12, lib, 3", 

Fuero Real. » 
1865 77 El primer borrador cita : « Cód. Francés, art. 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 235 



Artículos 
La Pampa Nueva York 



957; Napolitano, 882; De Luisiana, 1550; L. 
23, Part. 9^, Cód. Romano. » 

Mandato 

1871 3 El primer borrador cita : « L. 1, tít. 1°, lib. 17, 

Dig. y L. 6. » 
1883 15 El primer borrador cita : « Duranton, t. XII, n" 

51.» 
1891 23 El primer borrador cita : « L. 22, § 6, tít. 1", lib. 

17, Dig. » 
1910 42 El primer borrador cita: «Cód. de Chile, art. 

2155. » 
1913 45 El primer borrador cita : « L. 10, § 3, tít. 1°, lib. 

17, Dig. » 
1920 52 El primer borrador cita : « Sardo, 2028. » 

1923 55 El primer borrador cita : « Aubry y Eau, § 413; 

L. 60, § 2, Dig. de Mandat. » 

1924 56 El primer borrador cita : « Cód. Francés, art. 

1994 ; Sardo, 2027 ; L. 8, § 3, Dig. de Mandat; 
L. 28, Dig. de Feo. Gest. » 
1926 58 El primer borrador cita : « en contra L. 1, §§ 11 
16, tít. 3°, lib. 10, Dig. » 

1945 77 El primer borrador cita : « L. 39, § 3, tít. 1", lib. 

11, Dig.; L. 5, tít. 4", lib. 15, Dig.; Sardo, 
2035. » 

1946 78 El primer borrador cita : « Sardo, 2031. » 
1949 81 El primer borrador cita : « Bávaro, art. 6°, cap. 

3°, lib. 4° ; Sardo, 2032 ; L. 27 y 56, § 4, tít. 1°, 
lib. 17, Dig.; L. 1, tít. 35, lib. 4^», Cód. Eoma- 
no. » 



236 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Artículos 
La Pampa Nueva Tork 

1950 82 El primer borrador cita : «L. 18, tít. 39, lib. 2°, 
Cód. Eomano y tít. 35, lib. 4°, id.; Sardo, 
2034. » 

1963 95 El primer borrador cita : « Sardo, 2036; Las le- 
yes del tít. 1°, lib. 17, Big. » 

1966 98 El primer borrador cita : « Instit. § 10, tít. 27 ; 

L. 58, tít. 1", lib. 17, Dig.; Sardo, 2041. » 

1967 99 El primer borrador y el segundo citan : « Holan- 

dés, 1852; Sardo, 2038.» 

1968 100 El primer borrador dice : « Sobre los cuatro últi- 

mos artículos. Troplong, sobre el artículo 2003, 
, Oód. Francés. » 

1969 101 El primer borrador cita : « Sardo, 2043. » 

1970 102 El primer borrador cita : « Sardo, 2037. » 

1971 103 El primer borrador cita : « Sardo, 2039. » 
1978 110 El primer borrador cita : « Sardo, 2040. » 



Fianza 

1986 1 El primer borrador cita : « Instit. § 1, tít. 21, 

lib. 3°. » 
El segundo borrador cita : « Instit. Proem^ tít. 

21, lib. 3°. » 
1988 3 El primer borrador cita : « L. 57, tít. 1°, lib. 46, 

Dig. » 
1995 10 El primer borrador cita : « Freitas, art. 3313. » 
2001 16 El prime? borrador cita : « Goyena, 1742. » 

El segundo borrador cita : « L. 4, tít. 5°, lib. 46, 

Dig. » 
2004 19 El primer borrador cita : « Aubry y Eau, pág. 

432, nota 7*. » 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 237 

tfoulos 

La Pampa Nueva York 

2011 26 El segundo borrador cita : « L. 1 y 2, tít. 12, 

Part. 5*. » 

2012 27 El primer borrador cita : « L. 3, tít. 12, Part. 

5^ » 

2013 28 El primer borrador cita : « L. última, tít. 3°, lib. 

2 ; Cód. Eomano. » 

2025 40 El primer borrador cita : « L. 38, tít. 1", lib. 17, 

Dig. » 

2026 41 El primero y segundo borradores citan : « Ho- 

landés, 1880. » 
2029 44 El primer borrador cita : « L. 12, tít. 12, Part. 

5^ ; L. 6, tít. V, lib. 45, Big. » 
2032 47 El primero y segundo borradores y el proyecto 

citan : « Napolitano, 1902. » 
El primero y segundo borradores citan : « De 

Luisiana, 3023. » 

2041 56 El primero y segundo borradores citan : « Oód. 

de Yaud, art. 1513. » 

2042 57 El primer borrador cita : « Holandés, 1882. » 

El segundo borrador cita : « Holandés, 1872. » 

2043 58 El primer borrador cita : « Zachariae, § 763, no- 

ta 2^ » 
2045 60 El primero y segundo borradores citan: «Tro- 

plong, n° 572. » 
2050 65 El primero y segundo borradores citan : « Cód. 

Francés, art. 2038. » 

Contratos aleatorios 

2055 5 El segundo borrador cita : « L. 12, tít. 33, Nov. 

Eec. ; L. 2 y siguientes, tít. 7°, lib. Vieja Re- 



288 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Artículos 
La Pampa Nueva Yoi:k 

cop. ; Al margen como adicional : « Cód. Fran- 
cés, art. 1960, y Goyena, 1701. » 

Renta vitalicia 

2078 9 El segundo borrador y el proyecto citan : Du- 

rantou, t. XVIII, n"' 144 y siguientes. » 

2081 12 El segundo borrador cita : « Cód. Francés, art. 
1980. » 

Evicción 

2092 4 El primero y segundo borradores citan : « Maynz, 

§ 295. » 
2096 8 El primer borrador cita : « Troplong, n°* 437 y 

siguientes. » 
El primer y segundo borradores citan : « Duran- 

ton, t. XVI, n"' 274 y siguientes. » 
2103 15 El primer borrador cita : «L. 1, tít. 1°, lib. 19, 

Dig. ^> 
2105 17 El primer borrador cita : « Troplong, n° 477 ; 

Aubry y Eau, § citado, nota 46. » 
2107 19 El primer borrador cita : « Troplong, n°' 433 y 

siguientes. » 
2109 21 El primer borrador cita : « Cód. de Chile, art. 

1841; Marcado, sobre el art. 1626; Zacliariae, 

§ 685 y nota 6*; Duvergier, t. I, n*" 344; Du- 

ranton, t. XVI, desde el n*" 275. » 
2119 31 El primer borrador cita : « L. 7, tít. 2°, lib. 21, 

Dig. » 
3123 35 El primer borrador cita : «Napolitano, 1481.» 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 



239 



Artículos 
La Pampa Nueva York 

2138 50 El primer borrador cita : « Pothier, Du Frét, 

n*» 79. » 
2145 57 El primer borrador cita : « Grenier, Bonation, 

n° 97 ; Duranton, t. VIII, n° 525; Toullier, t. 

V, n'' 207. » 

Vicios redhibitorios 

2164 1 El primer borrador cita : « L. 21, Dig. de edil 

edict. » 
2167 4 El primer borrador cita : «Troplong, n° 564.» 

2173 10 El primer borrador cita: « L. 63, tít. 5'',Part. 5^» 

2174 11 El primer borrador cita : « L. 60, tít. 1°, lib. 21, 

Dig. » 

2175 12 El primer borrador cita : «Aubry y Eau, pág. 

276. » 

2176 13 El primer borrador cita : « L. 13, tít. 1°, lib. 18, 

Dig. La ley 64, tít. 5°, Part. 5^, solo da al com- 
prador en el caso del articulo la acción quanti 
minoris. » 

2178 15 El primer borrador cita : «Holandés, 1546.» 

2179 16 El primer borrador cita : « Goyena, art. 1410. » 

El segundo borrador cita : « Duvergier, art. 
414. » 

Depósito 



2193 12 El primer borrador cita : « Cód. Francés, art. 

1925; Holandés, 1738.» 
2197 16 El primer borrador cita : « Eegla 13, tít. 21, 

Part. 7*. » 



240 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Artículos 
La Pampa Nuera Tork 

2210 29 El primer borrador cita: «Cód. Francés, art. 

1636; L. 5, tít. 3°, lib. 16, Dig. » 

2211 30 El primer borrador cita: «L. 6, tít. 3", Part. 

5^ » 

2214 33 El primer borrador cita: «Sardo, 1974; L. 6, 

tít. 3°, Part. 5^; L. 31, tít. 3°, lib. 16, Big.» 

2217 36 El primer borrador cita : « L. 5, tít. 3°, Part. 5% 

y L. 2, §§ 45 y 46, tít. 3°, lib. 16, Dig. » 

El segundo borrador cita : « L. 5, tít. 3**, Part. 

5^; Italiano, 1860. » 
El proyecto cita : « L. 5, tít. 3°, Part. 5^. » 
2224 43 El primer borrador cita : « L. 5, lib. 16, Big. » 

Mutuo 
2251 12 El primer borrador cita : « Goyena, art. 1647. » 

Comodato 

2255 1 El primer borrador cita : « L. 1, tít. 1°, Part. 5*. » 

2259 5 El segundo borrador cita : « Pont, sobre el art. 

1879, n°= 57 y 58. » 

2260 6 El segundo borrador cita : « L. 3, § 6, tít. 6% lib. 

13, Big.» 
2269 15 El primer borrador cita : « L. 32, tít. 3°, lib. 16, 

Big. » 
2281 27 El primer borrador cita : « Napolitano, 1749. » 
2283 29 El primer borrador cita : « L. 7, lib. 9°, Part. 5*. » 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 241 

Gestión de negocios 

Artículos 
La Pampa Nueva York 

2288 1 El primer borrador cita : « L. 5, tít. 1% lib. 45, 

JDig. » 
2291 4 El primer borrador cita : « L. 34, Part. 5*. » 

2293 6 El primer borrador cita : « L. 19, tít. 5°, lib. 3°, 

Dig. » 

2294 7 El primer borrador cita : « L. 6, tít. 5°, lib. 3", 

Dig. » 

2296 9 El primer borrador cita : « L. 26, tít. 12, Part. 

5^; L. 2, tít. 5°, lib. 3% Dig. » 

2299 12 El primer borrador cita : << Zachariae, § 622, no- 
ta 10. » 

2302 15 El primer borrador cita : «L. 6, tít. 5°, lib. 3°, 
Dig. » 

2304 17 El primer borrador cita : « Aubry y Rau, § 441. » 



LETRA O 

PLANILLAS DE DISPOSICIONES NO INCORPORADAS AL CÓDIGO 

Sociedad conyugal 

En el primer borrador, después del artículo correspondiente 
al 1226, sigue : Artículo sin número. Podrá también reservarse 
la administración de algún bien raíz de los que adquiera durante 
el matrimonio por título propio, aunque la reserva no esté esti- 
pulada en el contrato de matrimonio. 

En el segundo borrador como artículo 16, correspondiente al 
1232, siendo el 17 igual al 16 de la edición de Nueva York : El 
esposo puede dar a la esposa cuanto quisiere, salvo el derecho 

ANAL. FAC. DE DEE. — T. III (3» SER.) 16 



242 ANALES DE LA FACULTAD DE DEKECHO 

de sus acreedores constituido en el capítulo 2", título 1° de la 
sección 2* de este libro y lo dispuesto en el artículo 15 de este 
capítulo. 

Primer borrador, artículo sin número : La donación que el es- 
poso hiciere a la esposa, si fuere de bienes inmuebles sólo será 
válida otorgando antes del matrimonio escritura pública de pro- 
piedad que valdrá para la esposa como título de propiedad. Si 
fuese de sumas de dinero entregándoselo o subscribiendo a nom- 
bre de ella un depósito en los bancos públicos o en renta de la 
deuda nacional o provincial. Si fuere de cosa mueble entregán- 
dosela a la esposa. 

El primer borrador, artículo sin número : Las donaciones que 
sólo hayan de cumplirse después de celebrado el matrimonio son 
de ningún valor aun cuando efectivamente se cumplan y se es- 
crituren o se entreguen los bienes a la mujer. 

Primer borrador, artículo 12 : El marido puede durante el 
matrimonio constituir hipotecas expresas en sus bienes, o en los 
inmuebles de la sociedad por los dineros o bienes de la mujer de 
que él o la sociedad hubiese usado. 

Compraventa 

Primer borrador, artículo sin número correspondiente al 1332 : 
No habrá cosa vendida cuando la venta ha sido de cosa futura 
y ésta no llegase a existir a no ser que fuese venta aleatoria o 
cuando la cosa se ha vendido como existente y aun no existía o 
había dejado de existir o cuando fuese i)ropia del comprador. 

N'ota. — Freitas, 2217, venta aleatoria. 

Primer borrador, artículo 14 : Cuando la venta de un inmue- 
ble se hubiese hecho por un precio sin referencia a medida, no 
hay lugar al aumento o diminución del precio aunque se encuen- 
tre que es de menor o mayor área, si ésta hubiese designado lo& 
linderos. 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 243 

Primer borrador, artículo sin número, después del sin número 
correspondiente al 1422 : El comprador en el caso del artículo 
anterior podrá preferir y demandar la resolución del contrato. 

Primer borrador, artículo sin número, después del sin número 
correspondiente al 1431 : Si no estuviese pagado del precio, o 
si la venta se bubiese becho sin plazo, o estando vencido el plazo 
para el pago, o para resolver la venta con indemnización de per- 
juicios o para cobrar el precio de la venta con los intereses y los 
gastos de conservación. 

De la locación 

En el primer borrador aparece la siguiente anotación : El ar- 
tículo 1531 de Goyena, 9; el 1537, 11; el 1539, 12; el 1540, 13. 

Apéndice 

Para facilitar las referencias de las observaciones becbas acer- 
ca de las correcciones de las leyes respectivas, y dada la dificul- 
tad que ofrece el conocerlas, por falta de publicación de la pla- 
nilla en la compilación de leyes y por la escasa publicidad del 
folleto que la contiene, transcríbese a continuación la parte per- 
tinente de aquellas leyes ; estando ya correlacionada en la nota 
precedente la numeración de la edición de Nueva York con la 
de La Pampa. 



PLANILLA DE CORRECCIONES QUE LA LEY NÚMERO 527 DEL 16 
DE AGOSTO DE 1872 MANDA AGREGAR A LA EDICIÓN DE 
NUEVA YORK, SOBRE LOS CONTRATOS : 

Pág. Art. Lín. Dice Léase 

330 — 3 El responde Art. 65. — El res- 

ponde 
373 13 15 destinado destinada 



244 



ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



No Pó,g. Lín. Dice 

385 67 21 destinado 

416 61 30 y 31 permitió 

456 22 22 a los disposiciones 



Léase 

destinada 

prometió 

a las disposiciones 



PLANILLA DE CORRECCIONES HECHA POR LA LEY NÚMERO 1196 
DEL 9 DE SEPTIEMBRE DE 1882 Y QUE CON LA ANTERIOR SE 
ORDENA INCORPORAR A LA NUEVA EDICKJN DEL CÓDIGO POR 
LA MISMA LEY : 



No 


Pág. 


Lín. 


Dice 


73 


301 


13 


título 1°, sección 1° 


74 


302 


9 


estipulares contratos 



75 305 4 no consienta 

76 306 10 decretada para una 

77 307 17 artículo anterior 

78 308 23 a 29 Art. 56. Se juzgará 

que hay imposibili- 
dad de obtener o de 
presentar prueba es- 
crita del contrato, en 
los casos de depósito 
necesario, o cuando 
la obligación hubiese 
sido contraída por in- 
cidentes imprevistos 
en que hubiese sido 
imposible formar por 
escrito. 

Habrá principio de 
prueba por escrito 
cuando se presentare 



Léase 

título 1°, sección 2* 
estipularen concor- 
datos 
consienta 
decretada en una 
artículo 49 anterior. 
Art. 56. Se juzgará 
que hay imposibili- 
dad de obtener o de 
presentar prueba es- 
crita del contrato, en 
los casos de depósito 
necesario, o cuando 
la obligación hubiese 
sido contraída por in- 
cidentes imprevistos 
en que hubiese sido 
imposible formarla 
por escrito. 

Se considerará 
principio de prueba 
por escrito cualquier 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 



245 



Pág. 



algún documento por 
el demandado que ha- 
ga verosímil el hecho 
litigioso. 



79 


311 


5 


80 


321 


28 


81 


322 


18 


82 


322 


21 



83 323 



84 



85 



del precio. 
y este dejare 
fuese disuelto 
di suelto el matrimo- 
nio 
3 y 4 los bienes y derechos 
que llave 

340 14 a 18 En ambos casos el 
vendedor tendrá de- 
recho al precio en pro- 
porción de lo que en- 
tregare, pero si la cosa 
no llegare enteramen- 
te a existir, el contra- 
to no tendrá efecto y 
el vendedor debe res- 
tituir el precio si lo 
hubiese recibido. 

340 19 a 22 Art. 11. La venta 
aleatoria puede ser 
anulada como dolosa 
por la parte perjudi- 
cada, si ella probase 



Léaae 

documento público o 
privado que emane 
del adversario, de su 
causante o de parte 
interesada en el asun- 
to o que tendría inte- 
rés si viviera y que 
haga verosímil el he- 
cho litigioso, 
de la prestación 
si este dejare 
fuese anulado 
anulado el matrimo- 
nio 
los bienes que lleva 

(Suprimido) 



(Suprimido) 



246 



ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



86 
87 



Pág. Lín. Dice 

que la otra parte no 
ignoraba el resultado 
del riesgo a que la co- 
sa estaba sujeta. 

340 24 examinarla 

342 30 ni respecto del com- 
prador 



Léase 



88 345 11 ni comprar 

89 352 12 al pacto de preferen- 

cia 

90 352 24 inferior a la expre- 

sada 

91 353 16 fuese a crédito 

92 359 19 y 20 o los empleados 

93 359 22 y 23 puede ser cedido 

94 359 28 ser cedidos 

95 361 25 títulos al portador 



96 361 33 



97 362 18 



del acto que lo com- 
prueba 
colisión en el cedente 



98 363 19 y 20 independiente 

99 364 4 y 5 presunción o delibe- 

ración 
del que lia pedido 
haber dicutido 
de otra culpa 
a menos que no conste 
que el otro 



100 


364 


15 


101 


365 


25 


102 


365 


30 


103 


366 


2 


104 


367 


5 



determinarla 

ni a su diminución 
respecto del com- 
prador 

y comprar 

al pacto de mejor 
comprador 

inferior a la esperada 

no fuese a crédito 

a los empleados 

pueden ser cedidos 

ser cedidas 

títulos al portador, 
que pueden ser ce- 
didos por 

del título que com- 
prueba el crédito 

colusión con el ce- 
dente 

independientemente 

presunción de libera- 
ción 

al que ha pedido 

haber excutido 

por otra culpa 

a menos que conste 

que este 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 



247 



No 


Pág. 


Lin. 


Dice 


Léase 


105 


374 


9 


pero que su precio 


pero cuyo precio 


106 


375 


17 


sin un consentimiento 


sin el consentimiento 


107 


376 


7 


en entregarla 


en que se entregue 


108 


377 


25 


la indemnización 


la diminución 


109 


380 


29 


u obras análogas 


hacer obras análo- 
gas 


110 


381 


26 a 28 


Si no se obligó a 
pagarlas, ni lo auto- 
rizó para hacerlas, si 
fuesen necesarias o 
útiles, y sin culpa del 
locatario se resolvie- 
se el contrato. 


Si fuesen necesa- 
rias útiles y sin cul- 
pa del locatario se re- 
solviese el contrato, 
aunque no se hubiese 
obligado a pagarlo, ni 
dado autorización pa- 
ra hacerlas. 


111 


383 


9 


hubiese de continuar 


no hubiese de conti- 
nuar 


112 


383 


13 


del artículo 47 


del artículo 47, n°' 1, 
2y3 


113 


383 


6 


número 2 


número 1 


114 


385 


16 y 17 


con que la haya amue- 
blado, guarnecido 
provisto 


con que se halle amue- 
bla da, guarnecida 
provista 


115 


388 


31 


las hizo 


lo hizo 


116 


391 


15 


tiene goce 


goza 


117 


391 


17 y 18 


y el arrendatario 


y el subarrendatario 


118 


392 


14 


al locatario 


al locador 


119 


392 


32 


al subarrendador 


subarrendatario 


120 


401 


23 y 24 


el empresario 


el locatario o dueño 
de la obra 


121 


407 


19 


el del todo 


el de todo 


122 


412 


27 


la renovación 


la remoción 


123 


413 


3 


es responsable para 


es responsable por 



,248 



ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



No 


Pág. 


liín. 


Dice 


Léase 


124 


435 


38 


retirarlos 


retirarlas 


125 


430 


3 


Si fuesen designados 


Si fuesen desiguales 


126 


431 


12 


1° La sesión gra- 
tuita de un crédito 


(Suprimido, va- 
nándose la numera- 
ción del inciso si- 
guiente) 


127 


431 


15 


3° La renuncia de 
una deuda 


(Suijrimido, va- 
nándose la numera- 
ción de los siguientes 
incisos) 


128 


431 


22 


dejar interrumpir 


dejar de interrumpir 


129 


432 


18 y 19 


conjuntamente 


solidariamente 


130 


435 


18 


cuando la hicieren 


cuando se hiciere 


131 


439 


18 


hecha a la otra 


hecha por la otra 


132 


441 


16 


el mandatario 


el donatario 


133 


441 


24 


en la tercera parte 


en la parte que 


134 


442 


1 


por inventario 


por el inventario 


135 


445 


11 y 12 


los hijos del donata- 
rio 


los hijos descendien- 
tes del donata- 
rio 


136 


445 


14 


o la muerte del dona- 
tario 


a la muerte del dona- 
tario 


137 1 


[445 


15 


sino en caso 


ni aun en caso 


138 


446 


1 


hechas por 


hecha por 


139 


446 


17 


la inejecución 


la ejecución 


140 f 448 


9 


y sabía que estaban 


y sabía que no estaban 


141 


449 


27 y 28 


que las gratuitas 


que las gratuitas en 
la parte que aqué- 
llas tengan el ca- 
rácter de éstas 


142 


450 


5 


hechas por el donante 


hechas por el dona- 
tario 



LOS MANUSCRITOS DEL CÓDIGO CIVIL ARGENTINO 



249 



No Pág. Lín. Dice 

143 457 14 por toda persona 

144 457 15 de su fortuna 

145 458 29 como en falta de otro 

146 459 5 de la inejecución 

147 461 10 para tomar dinero 

148 462 9 mandatario 

149 462 12 su mandante 

150 462 25 acreedores a ejercer 

151 462 26 para llenar 

152 465 23 contratado, son con- 

sideradas 

153 474 5 que ella 

154 475 8 no exigió fianzas 

155 476 3 forma verbalmente 

156 479 22 y 23 en el título 12 de esta 

sección 

157 481 13 después del reconoci- 

miento 

158 481 19 y 20 sino lo que le corres- 

pondiese al deudor 
afianzado 



159 484 8 hecho por 

160 490 18 o en de varios 

161 494 14 íío habrá 

162 494 16 pero habrá 

163 503 14 del cual 

164 507 11 y 12 ventas o productos 

165 507 32 es libre 



Léase 

por persona 

de sus bienes 

uno a falta de otro 

por la inejecución 

para dar dinero 

mandante 

el mandante 

acreedores que ejer- 
cieren 

a llenar 

contraída, son consi- 
derados 

que a ella 

no exigió fianza 

forma : verbalmente 

en el título 12, sec- 
ción 1*, parte 1* 
de este libro 

después del venci- 
miento 

sino lo que en su caso 
le correspondiese 
repetir contra ellos 
al deudor afian- 
zado 

hecha por 

o en la de varios 

Habrá 

pero no habrá 

de la cual 

rentas o productos 

queda exonerado 



250 



ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



No 


Pág. 


Lín. 


Dice 


Léase 


166 


508 


4y5 


oneroso existente 


oneroso, existentes 


167 


508 


6 


disminuye 


disminuyen 


168 


508 


10 


no comprende 


no comprenden 


169 


510 


8 


cualquiera de ellas 


la otra 


170 


517 


22 


que causare el depo- 
sitario 


que causare el depo- 
sitante 


171 


537 


1 


incapaz aun 


aunque sea incapaz 


172 


538 


20 


y se somete 


y le somete 


173 


539 


19 


por título oneroso 


a título oneroso 


174 


539 


21 


por título gratuito 


a título gratuito 


175 


539 


22 


demandarlos el que 
los tiene 


demandarlos del que 
los tiene 



B. Otero Capdevila. 



CARTAS CONFIDENCIALES DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 

(1866-1872) 



INTRODUCCIÓN 

Los que suelen lamentar nuestra escasa documentación pri- 
vada, tan necesaria para el íntimo conocimiento de nuestros 
grandes hombres, encontrarán en estas cartas, que en su con- 
junto forman un hermoso epistolario, la evolución de las ideas 
que animaron a Sarmiento. 

La imiDortancia de lo escrito, de los hombres y de los hechos 
que enuncian, y el interés que fluye de esas páginas, que colo- 
rean y acentúan la personalidad de Sarmiento ; inquieta, com- 
bativa y tenaz, en la variedad de sus iniciativas, ya sea como 
maestro, escritor, periodista o presidente — me animaron a pu- 
blicarlas. 

Las viejas cartas que hablan de los que fueron, siempre inte- 
resan. Y si llevan la firma de Sarmiento, y se notan en ellas es- 
tados de ánimo sugerentes, para la explicación de algunos he- 
chos de la historia de su época, tan fecunda en hombres como 
en ideas, queda justificada su publicación. 

Todas ellas están dirigidas a don Manuel R. García, enton- 
ces ministro argentino en los Estados Unidos. La especialísima 
situación del diplomático, lo mantenía alejado de la política y 



252 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO * 

de los hombres de su país, permitiendo a Sarmiento franquear- 
se con peculiar sinceridad. El amigo correspondió a esa amistad 
con colaboraciones y juicios imparciales, dignos de la mejor 
atención ; que fueron facilitados con la modestia que caracteri- 
zaba al doctor García. 

Las cartas comienzan en 1866 y terminan en 1872, compren- 
den la principal época de la vida de Sarmiento, y nos ofrecen 
un valioso material para el conocimiento íntimo de su pensar, 
en su forma más personal. 

Mitre y Sarmiento son las dos grandes figuras que presiden 
el desenvolvimiento de toda una época ; y no debe extrañarnos, 
si algunas veces las cartas se enconan contra el gran tribuno, 
lío olvidemos que Sarmiento, por su genialidad tan grande co- 
mo vehemente, no se avenía a concebir limitaciones en el ejer- 
cicio del poder; sintiendo los obstáculos aparentes que le opo- 
nía Mitre al combatir las ideas del gobierno, cuando no llenaban 
sus justas ambiciones de patriota. He ahí la razón de la animo- 
sidad; honrosa para ambos. Esto no es óbice para que al final 
del epistolario se note el acercamiento de estas dos grandes per- 
sonalidades, compañeras en el sentir, y en la finalidad de sus 
vidas : la prosperidad del país con el progreso de sus institu- 
ciones. 

Hemos agregado algunos borradores del archivo del doctor 
García, por creerlos de interés; y en lo referente a su interven- 
ción en el código civil, un trabajo documentado sobre las alte- 
raciones al texto, por su íntima conexión con los documentos 
que se publican. 

M. E. García-Mansilla. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 253 

Nueva York, enero 16 de 1866 (1). 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Con más prisa que la que usted me anun- 
cia haber puesto en ojear la vida de Lincoln y antes que el año 
nuevo se envejezca para deseárselo cumplido, contesto la suya 
que recibí con gusto ayer. Mientras la España acordaba por 
allá mostrarse cuerda en América, los chilenos le rendían la Co- 
vadonga. ¡ Pareja se moría de puro guapo ! ¿ Querrá tratar la 
la España ahora y el honor castellano ? ¡ Pobre España ! 

He gustado mucho de leer sus observaciones, a propósito de 
nuestra federación, y las causas que la produjeron. Estamos de 
acuerdo en el punto final, a saber desarrollemos y regularice- 
mos lo que la historia nos ha impuesto fatalmente, la federa- 
ción. El estado social de la España ha podido imprimir cierto 
carácter a sus habitantes, y éstos transmitirlos a sus descen- 
dientes en las colonias, otras con causas favorecieron la des- 
composición política y era una de ellas la desagregación de la 
sociedad obrada por la estancia y las distancias enormes de los 
centros poblados de tan vasto territorio. No hay gobierno posi- 
ble, sobre lo ingobernable. Es una rueda que se agita en el aire. 
Las ideas liberales francesas de resistencia al poder ^ y la imita- 



(1) La redacción y ortografía de los documentos que se publican, ha sido es- 
cruiiulosamente respetada, tíinto en las cartas do Sarmiento, como en las de 
Vélez Sarsfield y M. R. García. 

Sarmiento fué decidido campeón de la reforma ortográfica (obras, tomo XLVI, 
pág. 202 ; tomo II, pág. 407, y tomo XXVIII, pág. 310) y tuvo de su parte en 
esta campaña a la Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile, don- 
de actuaba don Andrés Bello (véase pág. 300, Guía del buen decir de J. B. 
Selva). 

Con el objeto de facilitar la lectura se han cambiado las i de los originales 
por y ; respetándose en absoluto el resto de la redacción y ortografía. 



254 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ción de sus convenciones hizo el resto. Sería materia que no 
soporta una carta entrar en detalles, pues me prometo hacerlo 
luego en un libro. Los saavedristas quisieron esto o aquello, los 
unitarios más tarde constituyeron en el papel la república. En 
uno y otro caso el éxito fué el mismo, disolver la sociedad. Es 
que ambos obraban llevados por un sentimiento del orden más 
bien que por el conocimiento de los hechos que debían ponerse 
en orden. Un ejemplo. El Paraguay se separó, proclamándose 
federal. Pero recuerde usted que el Cabildo de la Asunción 
nunca hasta entonces había estado sometido al Cabildo de Bue- 
nos Aires, que no dejó después de la revolución de ejercer po- 
der. Ahí había pues dos revoluciones, una contra España y otra 
de unos cabildos que querían imponer a otros sus decisiones. La 
Junta gubernativa convoca a cosa como diputados de las pro- 
vincias. Eeunidos éstos pretenden formar parte de la junta. 
Nada más lógico, nada más ruinoso. El mal estaba en que nues- 
tros revolucionarios no se las habían visto más gordas, en ma- 
teria de gobierno. Habían hecho un directorio, y no les venía la 
idea de hacerse Congreso, y crear con su aquiescencia una au- 
toridad ejecutiva cualquiera ; se les enredó la madeja. Al Con- 
greso de 1818 asisten dos diputados de la Banda Oriental. El 
Congreso los rechaza porque son de Artigas; y la Banda Orien- 
tal se hace independiente. Suma tuti, el partido que componían 
los hombres ilustrados, franceses de educación, no tenían ideas 
de gobierno, porque seguían malos modelos y no supo gobernar 
ni fundar nada. 

La federación ha salido del gaucho, del rancho, del aisla- 
miento de la provincia, de la barbarie; pero tenía una base po- 
derosa y duradera, el pueblo, no porque quisiese esta forma de 
gobierno, sino porque no se interesaba en ninguna. Un caudillo 
voila toiit. Cada provincia del interior se reconcentró en sí mis- 
ma, y al fin se fueron creando relaciones por la guerra, por las 
alianzas de los caudillos, por tratados, etc., por Eosas, en fin, 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 255 

que reincorporó la nación ; por nosotros que tuvimos el sentido 
práctico de aceptar el hecho de la federación, y como buenos 
abogados y tinterillos dádole formas regulares. Que serie de he- 
chos tan claros y eslabonados. Las ideas absurdas de los patrio- 
tas sobre gobierno trajeron el año 20 que es la desaparición de 
toda autoridad, por la depravación de ideas del pueblo. En 1821 
hasta el 25, Buenos Aires da formas regulares al gobierno, con 
legislatura, ministros, presupuestos, etc. Ouán desordenado es 
el arbitrario de las provincias todas, todas organizan el gobier- 
no según aquel plan. En seguida quiere Eivadavia hacer 
una constitución unitaria, con provincias, con legislaturas y 
gobernadores colectivos ? La República Argentina es uno de 
aquellos enfermos robustos, de cuya salvación nos asombramos, 
cuando nos cuentan las barbaridades que curanderos y médicos 
hicieron con él. Uno puede sanar de la enfermedad natural ; pe- 
ro salvar del arsénico que le ha estado dando el médico es un 
poco más difícil. 

Hemos llegado al fin a la federación, g, Somos capaces de ser 
federales ? Antes de responderle, le haré una pregunta que le 
dejará parado. ¿, Es que nosotros somos algo í Pero gauchos mez- 
cla de indio y de español barbarizado como lo son los cuatro 
quintos de la población; provincias sembradas aquí y allí al 
acaso, ignorantes, no son cosa constituíble. Entonces el despo- 
tismo, el gobierno fuerte ! Si ensayólo, como Rosas, dándole de 
barato la suma del poder público, como se le dan nueve tantos 
en diez a un chambón, y póngale un partido culto aliado, gene- 
rales déla independecia, y alo lejos, o en Montevideo una pren- 
sa, un mosquito, un Sarmiento por ejemplo que le esté cantan- 
do al oído, en todos los tonos, diez años, tirano, salvaje e 
ignorante, etc., etc. ^ Sabe lo que vamos a constituir y merece 
el trabajo de hacerlo ! ¿ Un vasto y rico pedazo de la tierra, 
con ríos como el Plata, con llanuras como la Pampa, con monta- 
ñas como los Andes ? & Sabe lo que es la federación ? La única 



256 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

forma humana de gobierno, el remedio a los defectos de la re- 
pública romana, el resultado final de la lucha en que la Ingla- 
terra aseguró las libertades que traía en germen la edad media, 
perdieron los hugonotes en Francia y los comuneros en España, 
y no supieron recuperar los revolucionarios del 89 que volvie- 
ron a perder la batalla por su propia culpa. Nosotros hemos lle- 
gado a la meta, y por lo que a mí respecta, yo trataré de que los 
unitarios no nos vuelvan a hacer tomar el mar, después que ya 
estamos en el puerto, i Larguemos el ancla, por el contrario ? 
¿ Es que hay una república unitaria ? ^ Dónde la ha visto usted! 
fe En Francia ? Dos veces se ha desmoronado el edificio sin base. 
Tendría usted para hallarle modelo que remontar hasta Yene- 
cia que era la continuación de Roma; pero los napoleones le sal- 
drán al atajo, y le dirán es imperio Eoma, y no patriciado. Persi- 
guen una quimera. El gobierno es un hecho histórico. Nadie ha 
inventado gobiernos sino Sieyés y Robespierre. Los Estados 
Unidos son un largo hecho histórico que principia en Guiller- 
mo el conquistador; pero una vez que este hecho toma sus for- 
mas definitivas, es como la locomotiva del vapor, que todas las 
naciones tienen que adoptarla en sus últimos perfeccionamien- 
tos porque esa es su forma experimentada, eficaz y segura. 

Aun no me ha llegado un libro que he pedido de Quinet, en 
que parece que los franceses empiezan a caer del burro como de- 
cimos, y reconocer sus errores pasados, en cuanto a convención, 
Junta de salud pública, destrucción del poder y prerrogativa 
real, y todo ese cúmulo de errores que de la anarquía los ha lle- 
vado derecho al despotismo, creyendo de la mejor buena fe que 
estaban dando libertad al mundo. Pondréle un caso. Recuerda 
usted la famosa frase de Sieyés. ¿ Qué es el pueblo ? (tercer es- 
tado). Nada, j Qué debe ser ? Todo. La frase era feliz. No tenía 
más inconveniente sino que ella guillotinaba a la nobleza y al 
clero, desde el día que se lanzó a correr aquella horrible pala- 
bra. Y Sieyés era un pobre clérigo, sin antecedentes. 4 No es- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 257 

tan todavía los franceses gritando contra los federalistas giron- 
dinos ? ¡ Pues ahí es nada ! Si los federalistas triunfan entonces, 
salvan la Francia, dándole al pueblo, en cada parte del territo- 
rio fuerza de resistencia y base de libertad ; en lugar de recon- 
centrar en París toda fuerza sin contrapeso, para que el primer 
pasante le apreté el pescuezo a París, y adiós libertad. A la In- 
glaterra y al mundo la salvaron los castillos de los nobles, des- 
de donde puede hacerse resistencia al arbitrario de uno. Los 
lores eran mil cabezas de familias libres; y bastan mil hombres 
que puedan mantenerse libres, para someter a los déspotas. Di- 
solviendo y rescatando las antiguas provincias, la Eevolución 
francesa, destruyó toda base posible de un gobierno moderado, 
por el pueblo. Hasta nosotros nos hemos salvado por el mismo 
expediente. Cuando Eosas se alzó con el poder, una liga de San 
Juan, Córdoba y San Luis se propuso resistir y fué aplastada. 
Siguióle la liga del norte La Eioja, Tucumán, Salta y Catamarca, 
que sucumbió, Corrientes salió a la parada. Tuvímonos fuertes 
en Montevideo diez años. Arrebatámosle a Urquiza; eliminamos 
a éste : resistimos en Buenos Aires, y acabamos por organizar 
el gobierno. 

Si me dejo ir, le escribo en lugar de carta el libro más des- 
ordenado, más confuso y más absurdo. Espere a que lo haga 
con reposo. A veces creo que he encontrado una verdad nueva; 
y tiemblo de que me haga pedazos la crítica savante. Pero me 
tranquiliza mi propia obscuridad, y la idea de que escribo sólo 
para mi país, no para proponerle cambios, reformas, revolucio- 
nes, en virtud de tal teoría sino simplemente para revelarle lo 
que ignoraba M. de Pour9egnac y es que sin saberlo ha he- 
cho prosa y excelente prosa en darse, sin quererlo, la constitu- 
ción final, para fundar el gobierno en sus bases naturales y con 
los contrapesos que se han descubierto también por casualidad, 
cual es el sistema federal, que permite a una nación extender- 
se sobre un gran territorio, sin necesidad de dar al gobierno 

ANAL. FAC. DE DBR. — T. III (3» SER.) 17 



258 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tendones de acero para mover tan poderosa máquina aquí, tan 
descuadernada armazón en nuestro país. Si lograra mostrarles 
a nuestros federales del día anterior y del siguiente que esa 
constitución que creen hija de vicisitudes singulares y anorma- 
les es el trabajo regular y metódico de una sociedad abandonada 
a sí misma, y que siguiendo desenvolvimientos lógicos, natu- 
rales y necesarios llega en medio siglo, a lo que los norteame- 
ricanos llegaron en siete, ¿ no habría hecho una buena obra ? 

La verdad es que no obstante mi suficiencia, cada vez estoy 
seguro de que no soy capaz de obra tan grande. Me falta ins- 
trucción y método. En cambio le anunciaré que tengo impresas 
244 páginas de un buen libro sobre educación popular. Si los 
franceses no fueran los más crueles enemigos de la democracia, 
en ese libro encontrarían remedio al incurable mal de la Fran- 
cia, la ignorancia y destitución del pueblo; incurable, porque el 
médico, cree que el enfermo está sano. & Qué libertad sin escue- 
las ? Ni hoy, ni en un siglo la tendrán. ¡ El gobierno no quiere 
educar al pueblo ! Aquí nunca se ha ocupado el gobierno de 
eso, son los vecinos, los ciudadanos, con su plata, su trabajo, y 
su consagración personal, que mantienen y difunden la educa- 
ción. Massachusets se impone tres millones de pesos anuales, 
por un millón de habitantes, para las escuelas. ¡ El Estado con- 
tribuye con 4000 pesos ! Rédito de un cierto capital, usted lee- 
rá mi libro, por amor mío, y no por el asunto, porque usted es 
un aristócrata francés. Muéstreselo a M. Laboulaye que acaso 
lea algunas páginas, buscando recuerdos de su patria ideal. En- 
tre tanto quedo de usted, a nombre de la biblioteca de San Juan, 
su agradecido amigo. 

D. F. Sarmiento. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 259 

Nueva York, diciembre 12 de 1866. 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : lia tenido usted la fineza de hacérseme 
presente en la liora más pesada de mi vida, y se lo agradezco 
en el alma. Era mi único hijo y puede concederse a esta circuns- 
tancia la predilección exagerada del padre; pero era además una 
naturaleza privilegiada y lo que es más, un ensayo feliz de edu- 
cación, y el maestro sufre como el padre, con el pesar de que 
su obra se haya destruido antes de ser plenamente apreciada. 

El pueblo en Buenos Aires ha tenido la intuición de lo que 
perdía, y debilita con sus manifestaciones esta bella expresión 
del poeta inglés que leo para efusión a mi pena. 

Thy leaf has perised in the green 
And, tchilewe icreath boneath the un 
The world lohich credit ivhat is done 
Is cold to all fhat might have been. 

Leía estos días en un periódico aquí una carta de M. La- 
boulaye en que parece mostrarse complacido de ver reproduci- 
das en Buenos Aires sus obras. Dígale que su traductor ha 
muerto interpretándolas en su espíritu y objeto. ¡Pobrecito! 
El candido heroísmo del patriota, le hizo grata la muerte, re- 
sistiéndose a que lo sacasen del campo. En fin, cómo ha de ser! 

Présteme el servicio de encaminar la adjunta, en que encargo 
a Cúneo, que supongo en Florencia, un pequeño túmulo, para 
dedicar a su memoria. 

Mil recuerdos a mis amigos, allí, y a su familia. 

Quedo su afectísimo amigo. 

Z>. F. Sarmiento. 



260 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Legación Argentina 
en los Estados Unidos. 

Nueva York, abril ... de 1867. 
Señor don Manuel Garda. 

Mi estimado amigo : su cartita última me repetía los rumores 
de la prensa de Buenos Aires sobre mi regreso y probables con- 
secuencias, dándole ésto ocasión de felicitarme y compadecerme 
a la vez. 

No fuera para menos si el hecho fuese real. Con motivo de la 
muerte de mi hijo y algunos actos dudosos en que creí leer des- 
contento o desestimación de mi conducta pedí un congé, para ir 
a Buenos Aires que me fué concedido ; i)ero luego sobrevínola 
revuelta del interior, y lejos de pensar en volver, traté de bus- 
carme patria y medios y objeto para la vida. Ambas Américas, 
que le envío, tienen ese origen. Su carta, pues, ponía el dedo 
en todos los jmntos sensibles y de ello le hablaré largamente. 

Mucho importaría para nuestro país que el público tuviese 
las ideas con que usted me favorece, creyendo que he debido 
estudiar de cerca el juego de las instituciones republicanas y 
llevar al gobierno de nuestro país el fruto de tan fructuosa ex- 
periencia. Las sociedades no se gobiernan sino por influencias 
morales, tales como Pitt, Washington, Peel, Eoussel, etc., los 
napoleones con la fuerza por pedestal han cuidado siempre de 
revestirse de prestigios morales. Un Napoleón imbécil es un 
contrasentido ; y si no pueden como Alejandro proclamarse hi- 
jos de Júpiter, Amnon, o de Venus como César, se llaman hijos 
del Destino. 

Nuestra república embrionaria necesitaría más que otra al- 
guna de estas fuerzas para salir del caos. Mucha pretensión de 
mi parte sería admitir que puede caberme la suerte o la desgra- 
cia de representar esa necesaria inafluencia moral, constitucio- 
nal, legal, revolucionaria ; pero he hecho por lo menos grandes 
sacrificios para no deshabilitarme del todo. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 261 

Me separé de Urquiza al día siguiente de la victoria por esta 
causa. Por la misma vino usted solo a los Estados Unidos. Aca- 
so por la misma estoy aquí ahora. Por ella principalmente dejé 
de ser popular o no quiero serlo entre los hombres de mi partido. 
Usted quizá ignora el disentimiento que ocurrió siendo gober- 
nador de provincia con el gobierno nacional sobre estado de si- 
tio. Le mando un ejemplar de un curioso rapprochement que he 
hecho de las doctrinas sostenidas entonces por ambos, ahora 
que dos provincias han sido destruidas por los mismos a quie- 
nes yo contuve y escarmenté entonces y alentaron a nuevas 
tentativas las laxas doctrinas y conducta de mis oponentes. 

Aquellos principios que me guiaron en todos ios actos de mi 
vida, los encontré aquí confirmados en la práctica del gobierno 
de los Estados Unidos y en el asentimiento de los doctos. El mo- 
vimiento de opinión que usted observa en la prensa argentina 
en mi favor parece indicar que empiezan a hacer justicia a la 
sinceridad del propósito y a la utilidad y solidez de la doctrina. 
Sentiría, sin embargo, que me forzasen (nada hay que lo haga 
creer) a tomar parte en la política militante actual. Fin de pe- 
ríodo gubernativo sería envuelto en las dificultades inevitables 
y descrédito de una administración que concluye, acaso sin ha- 
ber dado tiempo a la opinión de formarse, en favor de un nuevo 
orden de cosas. 

Esto es lo prospectivo como dícese por acá. Vamos a lo real, 
Ambas Américas. Su lectura le dará mucho placer, estoy seguro^ 
y acaso pena al contemplar la magnitud de la obra y la peque- 
nez del instrumento. Lanzar la América entera en esta vía, val- 
dría como éxito, más que ser presidente de una fracción. Lo he 
emprendido, sin embargo, Dios sólo sabe lo que es dado alcan- 
zar, cuando se trata de empujar al bien a su pobre huma- 
nidad. 

Las palabras de M. Laboulaye, nuestro amigo, que me trans- 
mite, vienen en momento oportuno. Lea la sección Gorrespon- 



262 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

denota, donde he consignado otras. Lea sobre todo la petición a 
la legislatura de Massachusets en que Sumner, Buttle y Bank 
los jefes del partido radical; Hill, Emerson, Wasliburn los pió- 
neers de la educación reproducen conceptos de usted y de La- 
bonlaye para apoyar en ellos la solicitud. He escrito a M. Mann 
que envíe a M. Laboulaye la biografía completa y las obras de 
Mann, a fin de que conozca más a fondo que lo que he podido 
suministrarle en la esquisse, la vida de este gran reformador. 
Tocábale a un hombre como Laboulaye el honor y la tarea de 
proclamarlo bienhechor de la humanidad desde lo alto de la tri- 
buna de la Universidad de Francia. 

Cuide usted de manera lo que a este respecto diga o escriba, 
que tendrá un lagar preferente en Ambas Américas, pues el 
nombre de M. Laboulaye, como él mismo lo reconocía en una car- 
ta que escribía a una señorita norteamericana, tiene en la Amé- 
rica del Sur una grande influencia. No es difícil que Basnord, 
Hill, Gould, Washburn, Otis Haven, presidentes de varias uni- 
versidades aquí o profesores eminentes, me ayuden en la obra 
de Ambas Américas con sus nombres y escritos, ya que desde 
ahora cuento con sus simpatías. Si a éstos pudiera agregar el 
de Laboulaye, el pleito estaría medio ganado, ante la opinión 
de nuestros países sensibles siempre, a los prestigios de la cien- 
cia bien intencionada. 

Tengo la más profunda fe en la aptitud de nuestros pueblos 
para seguir el camino que tales influencias le señalan; usted re- 
cuerda el cumplido éxito de mis esfuerzos en Buenos Aires 
l)ara difundir la educación. Las dificultades estuvieron siempre 
departe de los hombres educados (mal!); el pueblo siempre 
pronto. Hoy está toda la campaña sembrada de magníficos edi- 
ficios de escuelas que la culta Francia le envidiaría, como me lo 
decía el geólogo Bravard, al ver la Modelo, pues él había cons- 
truido muchísimas como ingeniero. Todo aquello es obra de hu- 
milde juez de paz. Vea la sección Movimiento de escuelas en 



CAKTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 263 

Ambas Américas. ¿El de Buenos Aires es único en la del Sur? 
¿De dónde viene este repentino resurgimentof Del libro Las es- 
cuelas hase de la prosperidad, etc., repartido a seiscientos ejem- 
plares. Al día siguiente de acabarlo de leer, todas las municipa- 
lidades se pusieron a construir edificios y dotar escuelas. En la 
colonia Suiza (Baradero) sobre 500 habitantes laabía 116 niños 
en la escuela, es decir, la mayor proporción que ban alcanzado 
los Estados Unidos. ¿Por qué desesperar? 

La dificultad sólo está en bacer leer Ambas Américas, a los 
que dirijan la política y creen saber algo. 

La frase de Laboulaye, si pudiera ir a los Estados Unidos 
sería, créamelo, para ir a la escuela, sólo él puede pronunciarla 
como lo habría hecho uno de los antiguos sabios de la Grecia. 

Le encargo buscarme subscriptores entre los argentinos y chi- 
lenos. Todo trigo es limosna. Tan impopular es en América, el 
remedio, que dudo que en 15 repúblicas y 20 millones de hom- 
bres encuentre base para pagar la imprenta. 

Desea usted saber cómo va la política aquí. Sería un precioso 
trabajo exponerla. La lucha entre el presidente y el congreso 
terminó en la sesión del XXXIX. El congreso XIL, ha querido 
en vano realentarla. El presidente ha triunfado moralmente, 
como Pringles en Chancay. ¡ Honor a los vencidos ! El congreso 
ha llevado a término la revolución, llenando el espíritu y objeto 
de la constitución, contra la letra y lo dispositivo de la consti- 
tución. Eecuerda usted las palabras de la Declaración de la in- 
dependencia, que los hombres han nacido iguales. La esclavi- 
tud subsistía sin embargo. Destruida ésta por la guerra, el pre- 
sidente terminada de hecho, declaró el sur en la situación nor- 
mal que la constitución reconocía: pero el sur, como los Es- 
tuardos y Carlos X, sostenía la jurisprudencia antigua, no obs- 
tante la reforma de la constitución hecha por la guerra. El con- 
greso al fin desconoció ese estado normal y puso a los estados 
del sur, en la situación que los dejó la rendición de Lee. El po- 



264 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

der militar fué el encargado de hacer la policía de la reconstruc- 
ción; y como sucede siempre, cuando el poder muestra que es 
poder, el espíritu de contradicción se da por advertido. El sur 
ha entrado de buena gana a reconstruirse, según la nueva si- 
tuación de los negros. Las tentativas de impeachment han fra- 
casado ante la imposibilidad de cohonestarlo, con un pretexto 
razonable. Cada vez que se ha levantado el velo a los actos ad- 
ministrativos de Johnson, aun en las leyes que vetó con tanto 
unconcern, han encontrado que todo estaba all right. 

Las consecuencias de la guerra han traído profundas modifica- 
ciones en la constitución, o quizá profundas modificaciones en la 
opinión trajeron la guerra con sus consecuencias. Los americanos 
pertenecen a la escuela inglesa que sostiene que la libertad es 
un hecho, mantenido o conquistado. Cuando se quiere saber 
cuál es el significado de una disposición constitucional, apelan 
a sus registros; y si no dan luz a los de Inglaterra, y por ahí 
ha de hallarse un estatuto de Enrique III o una decisión de 
una corte que fijó el caso. Los franceses y tras de ellos nosotros 
seguimos la contraria. La libertad es un derecho humano, y to- 
das sus revoluciones han abatido a los napoleones que son la 
negación de la teoría y del hecho. A esta cuestión aludía, cuan- 
do decía a usted en una carta que vacilaba en tocarla; en mi 
proemio a la constitución argentina, por medio de las desdeño- 
sas zumbas de los escritores franceses, a quienes no reconozco 
autoridad en materias políticas, porque no han jiroducido el he- 
cho de que se consideran autores. Guizot, Thiers, Girardin, Pe- 
ledan, etc., me hacen el efecto de aquellos tahúres que tienen 
un secreto para ganar al juego, y no tienen nunca un cobre en 
el bolsillo. Yo he estudiado contradictoriamente esta cuestión ; 
con la ventaja inmensa de no ser ni inglés, ni francés, ni ameri- 
cano, sino simplemente bípedo pensante y sin plumas ; pero de 
estas razones... « como las vierte un pobre ». Casi un año me 
costó que el tuerto Buloy quisiese leer el Facundo. Doblemos, 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 265 

pues, la hoja. Bien, pues. Sea el progreso natural de la razón 
pública u otra causa, los norteamericanos se encuentran sin sa- 
ber cómo, que lian dejado de ser ingleses, y son bípedos radi- 
cales ; y empiezan a aplicar la lógica a la política y hacer efec- 
tivos los principios o lo que la conciencia pública cree tales. La 
autocracia hereditaria, inspirada del rey fué principio humano, 
de que quedan remedos Luises^ Napoleones, por ejemplo. El re- 
sultado práctico aquí ha sido que el congreso tiende a conver- 
tirse en Convención nacional. Los estados han dejado de ser po- 
der; senado y cámara se han confabulado en lugar de contraba- 
lancear la opinión, contra el ejecutivo cuyas funciones van 
absorbiendo. Creen que es contra Johnson ; el hecho es que está 
desquiciada la antigua máquina. Puede probarse que el aire 
contiene gases inútiles para la respiración ; pero Humphry Davi 
y la Convención nacional de Francia probaron que puede uno 
morirse de felicidad, aspirando oxígeno puro. Por una dura 
prueba van a pasar los Estados Unidos y con ellos la historia y 
la practica de las instituciones libres. ¿Qué saldrá? 

En Méjico las cosas van de prisa. Los liberales se han fusila- 
do a las barbas del cuerpo diplomático protestante, seis brigadie- 
res prisioneros de guerra, represalia del derecho de Maximiliano 
de que no protestaron y que dejaron cumplir un año, no obstan- 
te que la causal del decreto irá a continuo siendo una impru- 
dente mentira haber emigrado Juárez. La represalia, usted lo 
sabe, es de derecho de gentes. El congreso aquí se manifestó 
dolorosamente conocedor de esta situación, que olvidan cuando 
les llega su hora, los que tan descaradamente dictan decretos 
de muerte en nombre de la fuerza. La política Bismarck tiene su 
origen en quien hace tantos años proclamó el cañón la grande 
razón humana. Creo que fué M. Romien, la era de los Césares! 
Si Maximiliano fué fusilado, probará esto mejor la teoría de Ro- 
mien; pues todos los Césares, excepto cuatro o cinco, murieron 
fusilados por la espalda. 



266 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Ya ve con cuanto gusto le escribo, quedando su afectísimo 
amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Nueva York, mayo 14 de 1867. 
Señor don Manuel García. 

Le envío Ambas Américas, Educación, Libros y escuelas ; pero 
antes de entrar en detalles, le avisaré, por si gano una Lora con 
la noticia, que el 1" de abril fueron derrotados los revoluciona- 
rios del interior. Como conozco las localidades, y el estado de 
las cosas, creo firmemente que todo está concluido. La Eioja 
ocupada por los del norte. Esta revuelta fué la obra de Eawson, 
inocente, maliciosa. No hay acción mala en sus resultados que 
no acuse malicia en sus orígenes. Pero vamos a mis carneros. 
Que dirán mis bordados concolegas de un ministro plenipoten- 
ciario que pone su nombre al frente de un periódico. 

Dirán lo que le plazca. Dirán que como aquel molinero, mal 
digo, el que llevaba su trigo al molino, y deseaba ser rey para 
comprar un caballo a cuyo lomo llevar un saco, yo he estado es- 
perando ser ministro, para escribir un periódico más vasto. 

Pero así concibo yo mis funciones, y alguna vez lo expliqué 
en mis escritos. Qué son los Estados Unidos, una escuela ! Voila 
tout. Llevo, pues, a la América del sur, lo que este país tiene y a 
ella le falta. Sistemas de organizar la república, tomando no 
como en Francia el rábano por las hoja^, sino por las raíz, la es- 
cuela. Si logro mi objeto, si sólo avanzo un tanto en este juego 
de ajedrez, en que estoy emi)euado veinte años, ¿no habré dado 
auna vida tan trabajada, tan frustrada en otros respectos, un tin 
útil y honorable H He aquí un blanco definido. Lo demás vendrá, 
si viniere, por añadidura, como enseñaba nuestro buen amigo 
Jesús. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 267 

Ahora. Necesito cooperación. Desde luego subscriba usted. 
Quiero irlo educando ; y baga que otros de mis amigos subscri- 
ban. Así contaré con algunos allí. 

Dudo mucho que pueda costearla en América, donde los doc- 
tores gobiernan y saben lo que Gutiérrez en materia de biblio- 
tecas. 

Si se sostiene un año, si me leen los bárbaros, esto es los que go- 
biernan, habremos j)uesto una pica. 

Con mucho secreto le diré que dentro de unos días tendrá el 
gusto de darle un abrazo su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



New- York, agosto 9 de 1867. 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Me tiene usted al fin en mon gite, después 
de diez cortísimos días de vapor desde Liverpool, contento de 
estarme quieto, pues me persigue como una visión el recuerdo de 
aquellos treinta días de correr, de mirar, de comer, de gozar de 
prisa y de paso. Agregúele uno de Londres en que me lo vi todo, 
Parlamento, Palacio de cristal and wadt not. Gozo, pues, de no 
gozar dejándome estar dos días quieto, mientras me contestan 
cartas de aviso de haber llegado y recibo la correspondencia del 
Pacífico y Buenos Aires. 

La que he encontrado aquí me repite con detalles y personas 
que dan al relato la forma de hechos, aquello que allá sabíamos. 
Sería, pues, una corriente de opinión que inclina, como el céfiro 
de la Pampa las yerbas en un sentido e inclina las copas de las 
majestuosas encinas (lea duraznos o paraísos). 

Me dicen que Tejedor seguía la impulsión dada. Muchas adhe- 
siones más me anuncian. ^ Madurará esta fruta ? 



268 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

¿ Cómo está nuestra Hmiga ? Eecuérdola con gusto, y le deseo 
felicidad. 

Aquí no hay más novedad que el singular caso de negarse el 
ministro... 



Boston, octubre 20 de 1867. 
Señor don Manuel Oarcía. 

Mi estimado amigo : Eecibí ayer su estimada del 2 al mismo 
tiempo que una de Vélez en que se hablaba de usted comme quoi 
yo habría dicho a no sé quién que no lo conocía a usted ; y usted 
había quedado muy intrigado de tan extraño acontecimiento. 

No era para menos. Imagínese que el primer zonzo, y sea esto 
dicho sin referirme a nadie, me sale aquí en Nueva York, en me- 
dio de mis preocupaciones del momento, escuelas, política, qué 
sé yo, con García... García, pues, ^ que no se acuerda ?... No, no 
lo conozco. 

Es que aquí hay un García, cónsul de Montevideo, que no han 
querido reconocer por mala fama, y yo no quería acordarme ni 
conocer al García que en ese momento tenía yo en la punta de 
la memoria. Recuerdo el incidente, y le juro que no la persona 
que de ello me hablaba. Así me suceden muchas cosas. Tengo 
un amigo soidisant, en Buenos Aires, con quien mantengo una 
broma sobre su saber y de Vélez en agricultura. Le escribo co- 
sas serias, mezcladas con otras de burla. Un día muestra una 
carta mía en que hablaba muy seriamente de Gutiérrez y Eaw- 
son y no sé qué cosas pasajeras o críticas de otros. Esto era 
para trabajos electorales o no. El efecto fué dañino. Pero todo 
eso no importa. Dicen que a Vélez le llamo momia. Juro que ha 
de ser cierto. En la Cámara le he llamado el viejo Vélez. Pero, 
% concibe usted que yo haya podido dar a esta palabra un sentido 
ofensivo ? usted me ha oído en París, usted ha presenciado mis 
esfuerzos para que Laboulaye le hiciera la justicia que allá le 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 269 

niegan y le hago yo, más que nadie. El viejo ha sentido esta ca- 
lificación, porque se cuidaba de torcerla y usted sabe que basta 
para ello torcer la boca para pronunciarlas. Así, pues, aparezco 
amigo falso. 

¡ Qué hombres y qué pueblos ! como decía Paz. 

Sigo el movimiento europeo, y lo que de educación en la gran 
nación me dice, lo tengo publicado en los Anales de 1860. Aquí 
se agitan profundamente los partidos. El radical pierde terreno, 
a fuerza de tirar la cuerda. La situación pide un desenlace. 
Méjico empieza a tener razón ¡ Qué ato de picaros ! 

Las noticias de nuestros país son de cubrirse la cara. El caso 
producido por la impunidad, decretada, proclamada como polí- 
tica. El jefe de la revolución de Córdoba, es aquel mismo sar- 
gento Luengo que abrió las puertas al Chacho, que tomaron en 
La Eioja, llevaron con toda pompa a Buenos Aires, y el gobierno 
le dio algún dinerillo para que remediase sus necesidades. Aquí 
sentenciaron a quince años de presidio estos días a un testigo 
falso por perjurio. 

Creo que si yo hubiese de ser sombrero, le habrán cortado 
antes la cabeza a la Kepública. Sin eso, ya va siendo tal el des- 
quicio, que no habrá quien la acepte, como sucede en Mendoza 
y San Juan donde nadie quiere ser gobernador ni a palos. Yo 
publico el segundo número de Ambas Américas y he venido a 
ésta, a corregir la traducción del Civilización y barbarie^ que se 
publicará en diciembre. Está buena. 

Es vergonzosa cosa, llegar a la última página y renglón para 
acordarse de su excelente amiga y mia a quien ofrecerá mis res- 
petos. 

Quedo su afectísimo. 

¡Sarmiento. 



270 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Nueva York, noviembre 6 de 1867. 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : El señor Bussmaj^er, dador de ésta, es 
un joven alemán de largos años residente en América y que 
desea estar en contacto con nuestros compatriotas allá en París, 
debiendo regresar a Buenos Aires. Se lo recomiendo a su amis- 
tad y benevolencia. 

Ayer tuvieron lugar las elecciones aquí y en oclio estados 
más, dando fuertes mayorías a los demócratas, lo que importa 
un check al Congreso en sus ultra propósitos. Massachusets, la 
cindadela de los ultra summer y otros, ha perdido 40.000 votos 
republicanos. No será, pues, acusado el presidente, y la recons- 
trucción del sur se rehará^ no entregando a los negros el país. 
Yo estoy contentísimo, porque usted sabe soy ejecutivista, y 
tiemblo porque en el estado tan perturbado del mundo, la repú- 
blica, como gobierno eficaz y capaz de asegurar el orden, vaya 
a fallar. 

He quedado asombrado ayer al ver las elecciones en que 
lucharon a muerte dos partidos. Ni el lugar donde estaban los 
polis podía descubrirse, tan silencioso, tan ordenado era el acto. 
Nadie a la puerta, ni en la vecindad, sino es el policeman con 
su garrote. ¡ Qué ejemplo para Buenos Aires ! Pasé antes una 
nota oficial describiendo este acto; i)ero los ministros, como 
todas mis notas, la archivaron a fin de que continúen las prác- 
ticas republicanas de los ladrillazos. 

Elizalde me escribió después de haber dejado el ministerio, 
muy amigo y muy contento. Su candidatura pasó, y se levanta, 
me escriben, la de Alsina joven, muy apoyada por el vicepresi- 
dente. Esta es uno de esos engoúments porque pasa la opinión 
de Buenos Aires, i Se acuerda usted de la popularidad de Obli- 
gado, hoy olvidado? Si algo le escriben, comuníquemelo. Me 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 271 

gusta y divierte estarle sintiendo el pulso a aquel enfermo de 
ligereza de impresiones, siempre arrepintiéndose de sus pasados 
errores, siempre cometiéndolos del mismo género, Moreno, Saa- 
vedra, Eivadavia, Paz, San Martín. Se pueden contar nuestros 
hombres públicos por la suerte que les cupo : los demagogos por 
los honores que recibieron. Se está imprimiendo en el segundo 
número de Ambas Américas, mi última campaña; en inglés^ Ci- 
vilización y barbarie, con una biografía mía. 

Le incluyo una cartita para Augusto Belín Júnior. Acerqúese 
a los Belín y pregúnteles por qué no contestan mis repetidas 
cartas, y al menos no fuerzan al chico a contestarme o escri- 
birme. 

Con mil recuerdos a su señora, quedo su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Nueva York, abril 10 de 1868. 
Señor don Manuel García, 

Mi estimado amigo : Eecibo su carta última en que me favo- 
rece con reclamar una mía. Me reconozco culpable de negligen- 
cia; pero no es sólo con usted. Dos vapores he dejado pasar sin 
escribir a la República Argentina. Tan activo en el servicio de 
las ideas, o los intereses de otros, cuando están los míos enjue- 
go, no siento venirme esos impulsos a que he obedecido siempre. 
Calumnias he dejado correr contra mí, porque sentía repugnan- 
cia en decir la palabra que había de disiparlas como el humo. 
Luego hay un sentimiento moral que se mezcla en mi acción 
política; y cuando lo veo flaquear u obscurecido, yo mismo me 
desmoralizo. 

Mucho he gozado con la manifestación de la opinión en Bue- 
nos Aires, y a lo que sé en todas las provincias donde hay algo 
que opinión parezca. Y, sin embargo, creo que triunfarán sobre 



272 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ella las combinaciones de lo que allí llaman política. Los traba- 
jos de Elizalde tenían éxito aglomerando en tomo suyo todo lo 
que no es opinión, y puede llamarse intereses personales. Del 
escándalo de Santa Fe ha salido una transacción. 

Me escriben de Lima que en San Juan había tenido lugar una 
revolución (resulta falso), que ya La Nación anunciaba. Si tal 
sucede, el gobierno que había dejado desenvolverse la anarquía, 
se continuará por la anarquía misma. ¡ Qué gobierno saldrá de 
ahí ! Habrá usted visto mi nombramiento de ministro, i Entien- 
de usted una palabra ? Mitre me escribe explicándome los moti- 
vos, y me ha dejado más a obscuras. Había escrito su carta tes- 
tamento. \ Hubiera sido mejor que no testara ! Hería a todos, y 
llamando a Elizalde al gobierno, y a mí para después que esté 
electo el nuevo presidente, expuestos a que tomen testamento, 
y nombramiento por supercherías, deshonrosas e innecesarias. 
Mis amigos de allá, que no creen todo, han vituperado que se 

acordasen de mí tan a destiempo, y tan sin objeto ni j^retexto. 

« 

He renunciado tal honor, y forzado por un sentimiento de decoro 
insinuado, que no acepto el vituperio de la carta testamento, al 
menos para aceptar un ministerio al servicio de quien lo expresó 
con tah poco miramiento. 

Usted estará más adelantado en noticias cuando ésta le lle- 
gue. Tengo cartas de los principales actores en el drama de las 
elecciones; y ninguna de ellas trae ilusiones ni seguridades en 
cuanto a los resultados. No las tengo yo de ningún género, y 
espero con ecuanimidad lo que venga. La situación de nuestro 
país es desconsoladora. No me falta, como no le flaquea a usted, 
el ánimo de contemplarla; pero se necesitaba alguno que la 
comprenda en toda su gravedad, para hacerla frente. El triunfo 
de Elizalde, no por él, sino por los elementos que lo constitu- 
yen, es la continuación de lo mismo, sin esperanza de mejor, con 
temores de retroceso. No contando con Buenos Aires, no sé 
cómo se propone vivir, si no es que en el fondo de esta confian- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 273 

za, haya la idea posible en Mitre de ser él el sustentáculo. 

Comprenderá usted que a la víspera del desenlace me sienta 
embarazado para tener ni ideas siquiera. Esto me hace remiso 
en escribir a mis amigos, i Qué puedo decirles ? Sucede lo mis- 
mo con lo que aquí pasa. Será depuesto Johnson. He asistido 
al juicio de Wa^shington, para tener los medios de juzgar. Acaso 
por el telégrafo sabrá usted el resultado antes (|« llegarle ésta. 
El espectáculo es solemne por su simplicidad. La barra la com- 
ponen cuatro quintas partes de señoras. El curso del juicio es 
el mismo del que llevaría cualquiera otro común ante los tribu- 
nales, frío, monótono, sin manifestaciones de pasión, aunque la 
haya en el fondo. De día en día la pasión desaparece, y a juzgar 
por las exterioridades, el senado se desapasiona. Cuando se pro- 
pone una mjvLBticiü, flagrante, hay 26, 30 y aun 40 votos, de 50, 
en favor de la defensa. Cuando puede escogerse entre dos pro- 
posiciones, el partido republicano, 40 votos, se muestra por lo 
menos favorable al acusado. Cuando se trata de un tecnicismo 
legal, ocho abogados republicanos votan en favor de la defensa, 
que no necesita sino siete votos republicanos para obtener abso- 
lución. 

La impresión general hasta hoy es que lo condenarán por 
necesidades de partido, pues que la acusación ha debilitado las 
razones legales. La defensa principia mañana, y se espera de 
€lla, no sólo justificación, sino que acuse a sus acusadores, de 
un plan conspiracy de deponer al presidente anterior a los moti- 
vos alegados hoy. El terreno está cubierto de rastros, que han 
ido dejando en esta mala vida. 

Depuesto, absuelto, la tranquilidad no se alterará. Espanta 
ver este espíritu de orden. La lucha de los partidos sigue la 
misma. Los demócratas ganan terreno en el oeste y Filadelfia; 
los republicanos se confirman en el norte; los negros dominan 
en el sur, sin que la reconstrucción gane moralmente terreno. 
Todos sienten que no pasa de la superficie. El presidente manda 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SBB.) 18 



274 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

SUS vetos al Congreso, y la prensa no es ni más virulenta ni me- 
nos persistente en el ataque o la defensa. Si el Congreso triun- 
fa, como se cree, habrán cambios en el gobierno; pero la resis- 
tencia ganará terreno, sin resolver nada, ni aun con asegurarse 
el partido republicano la presidencia desde ahora por el impeach- 
ment y después por el sufragio de los negros. 

Lo único que hay claro es que el sistema de gobierno se trans- 
forma, y que la constitución ha dejado de producir sus efectos. 
¿Cómo juzgar del resultado final? se necesitan cuatro años para 
ver el comienzo del fin. Es preciso tener presente que los dos 
partidos son igualmente fuertes, pues en las elecciones se ve 
que el uno o el otro triunfa i)or débiles mayorías. Créese que 
los republicanos se lanzan a la revolución, precisamente, para 
introducir medio millón de votos negros, e inclinar así la balanza 
hasta el suelo. Los generales están casi todos con el partido 
dominante en el Congreso, que ha anulado al ejecutivo, y para- 
lizado recientemente al Poder judicial. 

El mes actual verá el fin de este largo debate; pero no en 
este año veremos a qué resultados positivos conduce. 

Leo aquí lo que en Francia piensan de estas cosas. Todo me- 
nos lo que sucede. No comprenden que se concille tanta exaspe- 
ración con la tranquilidad de los debates judiciales, crisis tan 
decisiva con una tranquilidad que parece la de un lago. 

He querido darle una idea de ésto, de aquéllo, y mostrarle mi 
impotencia, quedando así justificado mi pasado silencio. 

Quedo su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



of the Argentine Repuhlic. Esa historia, después del libro que 
actualmente estoy escribiendo, acabará por ganar la batalla en 
que vengo empeñado hace treinta años, para educar a los des- 
cendientes de españoles, guaraníes y africanos, tres grados de 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 275 

barbarie nativa más o menos pronunciada. Seguimos peleando 
y matando paraguayos. Tiene usted mucha razón en hallar que 
no puede encuadernarse nuestra república, por ser unas pági- 
nas grandes y otras de formato en dozavo. Costarános doce mi- 
llones la guerra, y quedará sin solución el problema, como la 
nuestra en 1853, en 55, en 60 y en 61; pues si Córdova no se 
subleva, y yo no empujo el ejército hasta San Juan, hubiéramos 
tenido otro Acuerdo de San Nicolás. 

¿ Qué dice usted de la cuestión española en Chile ? La Amé- 
rica acabará por despertar. Aquí tenemos a Méjico. La guerra 
continúa. Juárez avanza, las legiones romanas retroceden. Los 
Estados Unidos aplauden, instigan, urgen. El gobierno ha nom- 
brado al general Logan, un enragé ministro jilenipotenciario 
cerca del presidente Juárez. ^Méjico será la Beresinadel sobri- 
no I ¡ Cuánto va a costar al orgullo del que de su raza ha que- 
rido, a falta de mejor título, hacer el intérprete del destino ! 
¡ Retirarse, abandonar la presa, darse por vencido por los meji- 
canos ! ¡Qué rechifla, qué triunfo para Favre, para los liberales! 

Conoció usted un joven Mayer, hermano del que mataron en 
Mendoza, y del que mataron en La Eioja. Vino a aquí, escribió 
sobre armar a los negros como en la República Argentina. Dié- 
ronle un cuerpo de negros, se distinguió en una batalla y hace 
días les golpeó la boca a los franceses desde la costa de Fijas; 
lo insultaron los diarios de Matamoros, le llamaron sudameri- 
cano, aventurero, renegado, y los mejicanos lo han hecho gene- 
ral, de capitán que era en 1861 en la República Argentina. 
Nombrado mayor por Paunero, no quiso Mitre confirmar el gra- 
do. Se enojó y se vino a los Estados Unidos, donde fué luego 
coronel, y a Méjico, donde es general. Puede mandarle dar parte. 

¿Le ha hablado Balcarce de una Biblioteca pública que 
fomentó en San Juan ? Mándele su obra encuadernada y con su 
dedicación ; si andan por ahí algunos otros libracos, añádalos 
con la misma recomendación. Todo trigo es limosna. 



í 



276 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Aquí me voy abriendo paso, poco a poco, en la opinión y 
espero con confianza que seré tenido en algo, así que haya 
logrado manifestarme un poco. Juzgo por felices anteceden- 
tes ya. 

¿ Por qué no me manda su fotografía y la de los suyos ? 

Su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



Nueva York, junio 30 de 1868. 
Señor don Manuel García. 

Mi querido amigo : Un señor Escardo, muy mi amigo de Lima, 
escribe a mi secretario, diciéndole una vez, he recibido de Eli- 
zalde cuatro cartas, diciéndome que tiene segura su candidatura, 
único asunto de su correspondencia conmigo. Otra le escri- 
be últimamente, con este solo asunto : « la candidatura es se- 
gura». 

Imitando su ejemplo, me muevo también yo a escribirle para 
decirle, que nada sé de positivo, que esperan unos la mayoría 
si Jujuy está conmigo, o en el Congreso, si éste ha de decidir la 
cuestión. Tan feo aspecto presentan aquellas cosas, que poco me 
mueven a desear mi triunfo. Ni aun la posibilidad de poner or- 
den en aquel caos veo, en perspectiva. 

Me dispongo sin embargo a volver dentro de veinte días, y 
llegaré después que todo esté pasado y arreglado. Mi asiento de 
senador me quedará en todo caso. 

Vengo del oe.ste, adonde volví por decir adiós a mis amigos. 
Quería despedirme de la cascada y recorrer el Hudson y aque- 
llos encantados parajes, antes de volver a la vida ruda y penosa 
que me aguarda. Al pasar por Ann Arbor, fui invitado a asistir 
a lo que llaman el coimnencement, y honrado con el grado de 
doctor en leyes por los regentes de la Universidad de Michigan, 
hoy la más célebre de los Estados Unidos. Igual honor ha tri- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 277 

butado a Longfellow la de Cambridge. Las razones dadas eran 
mis servicios a la educación del pueblo. Convendrá usted en que 
debo estar muy satisfecho con tal manifestación, por ser mues- 
tra de que en algo se tiene mis esfuerzos constantes. Este título 
valdrá para los que en él cifran toda importancia y para mis 
amigos, la confirmación del buen concepto en que sin eso me 
tienen. Se lo comunico a usted como a uno de estos últimos. 

El 4 de julio se reúne la convención democrática, aquí, y pro- 
mete ser la más grande e influyente que baya babido jamás. 
Difícil prever quién sea el candidato electo ; entre Chave, Pand- 
leton, y Hanckol ; pero el movimiento democrático es poderosí- 
simo, y muchos creen que se sobrepondrá el partido, no obstan- 
te el prestigio de Grant, que cuan grande es no resiste al aná- 
lisis; pues en efecto, no ha mostrado hasta aquí cualidad nin- 
guna notable. Johnson tuvo ocasión de poner un veto más. Hoy 
hubo fiesta de alemanes, la procesión más vistosa. Sociedades 
de tiradores de Europa y América. ¡ Cómo se vive aquí ! Y yo 
me vuelvo gustoso a nuestro infierno. 

Suyo afectísimo. 

_D. F. Sarmiento. 



Nueva York, julio 17 de 1868. 

Mi estimado amigo : Desde Chile, Eío Janeiro y París me es- 
criben con el desencanto de usted acerca de elecciones, como si 
algo se desprendiera de aquella atmósfera recalentada, a guisa 
de catinga de negro cuando se agita. Escribí le a su señora, dán- 
dome por esperanzado, pues echándola ella de inspirada no ha- 
bía de incurrir en la poca galantería de hallarle razón, o mos- 
trarse incrédula. 

Mis cartas íntimas de fin de mayo, me hablan por la primera 
vez de Buenos Aires, con absoluta certidumbre y el pandaro es 
de la misma opinión por la primera vez. 



278 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

La entrada en escena de TJrquiza a última hora, si bien deja 
a Elizalde chasqueado, rompe en dos la oposición, y mi lista 
queda firme, salvo limaduras y recortes. Usted sabrá allá lo que 
yo voy ignorando, pues parto el 23. Kesolvílo cuando dudaba, 
prometiéndome, servir de freno desde el senado al tren, por si 
quería descarrilarse. 

Lo que pasa por allá es simple y significativo. Cada cual que 
se sintió con medios y en posición de manipular una elección 
puso mano a la obra, con confianza en su maña y diligencia. 
Hace dos años, que M Nacional recibió propuesta de vender la 
redacción para las elecciones. Con éste y La Tribuna, y con el 
Club Libertad y los peones de ferrocarril se daría fácilmente un 
presidente a la Eepública como se había dado gobernador a Bue- 
nos Aires. Elizalde anduvo más avisado, proponiendo una com- 
pañía a medias a Taboada, cada uno poniendo sus influencias ofi- 
ciales. ^Por qué Urquiza no había de tentar el juego, desde que le 
le entregaban a Santa Fe y contaba con Salta? Alsina y Urquiza, 
Alsina y Sarmiento todo es excelente con tal que sea. La más tris- 
te de estas combinaciones o complot era el de Elizalde, pues traía 
por base la fuerza quichua como apoyo necesario del partido libe- 
ral. Si salvamos de estos manejos habremos andado un poco. Si 
voy al gobierno en representación de la opinión sin tutores, ni 
amaños, yo romperé las maquinillas, y pondré a quichuas y gua- 
raníes en su puesto. No me molesta la revelación de Urquiza 
sobre Alsina. Queda con ella donde debió de estar desde el 
principio. Será presidente del senado, para tocar la campanilla ; 
pues en cuanto a vice, pienso convidarlo dos veces a comer, 
para que vea un estómago y salud que hace del vice la precau- 
ción imítil. Muy tranquilo estoy pues por ese lado. 

Espero, pues, el fallo de la votación, y escriba al honorable 
senador. 

I>. F. Sarmiento. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 279 

Buenos Aires, octubre 28 de 1868. 

Señor don Manuel B. Garda. 

Mi estimado amigo : Le escribo presidente, saludándolo mi- 
nistro plenipotenciario a los Estados Unidos, según lo deseaba. 
A muchos no agradaba, careciendo usted de méritos electora- 
les. Como ésta es una deuda que debe pagarse, cuento con que 
en los Estados Unidos me prestará grandes servicios. Eepresen- 
tar la Eepública en el momento más favorable; propicia la opi- 
nión sobre la guerra del Paraguay, y mucho más sobre el nuevo 
presidente, Mr. Seward ha dado órdenes aquí a sus gentes de 
serme favorable a fin de que se muestre la simpatía del pueblo 
norteamericano por Mr. Sarmiento. Mr. Worthington the mi- 
nister vino conmigo y tengo motivos de creer que me estima 
con afección personal. 

Haga estudios sobre lo que crea útil para nuestro país : man- 
de papeles de gobierno, para el congreso, los ministerios, etc., 
y gaste en ello poquísima plata. Los talentos de su señora de- 
ben servirle mucho en Washington donde deberá establecerse. 
Vea a Mrs. Mann y pléyade. 

Le recomiendo a su secretario don Bartolomé Mitre. Es un 
joven de quien se ijuede sacar partido si logra usted establecer 
cierta autoridad en su ánimo. No sé que le quede otra carrera 
que la diplomática, porque aquí aun subleva resistencias; pero 
necesita que se familiarice con las cuestiones de derecho de 
gentes que aun no ha prestado atención. Lo demás se lo iré di- 
ciendo según se ofrezca. Los oficiales que llegan del ejército del 
Paraguay tienen la convicción íntima de que la guerra concluye 
pronto. 

Mi elevación al poder ha sido saludada por los ex ministros 
con una virulencia de que no los creía capaces. Acaso su órgano 



280 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

excede al programa. Hay hasta folletos y pasquines. El público 
bien, las provincias mejor. Los hombres de peso, de plata, de 
ciencia, satisfechos. El gobierno de la provincia de Buenos Ai- 
res amurallado contra toda tentativa de los que quisieran reac- 
cionar. Ministerio generalmente aceptado, Gorostiaga y Vélez 
las dos piezas de resistencia cada uno de ellos ha dado chispas, 
así que tocaron con la materia. Una falsificación de millones en 
ciertos bonos descubierta y contenida ; la guerra civil de Co- 
rrientes terminada con una palabra. Entre tanto Urquiza a mis 
órdenes, los indios invadiendo toda la Eepública, y la confianza 
y esperanzas del público inmensas. Usted verá mis discursos. 
Si miento lo hago, como don de familia con la naturalidad y 
sencillez de la verdad. 

Cuestión : ^ Cuáles son los sellos usados en los Estados Uni- 
dos para papel sellado? ¿Cómo se usan? ¿A qué casos y papeles 
se aplican como contribución — muestras de todos — vea a un 
fabricante de papel Bank Note Company, que contrató el papel 
de Buenos Aires y pida los precios. 

Estoy aseando y limpiando las oficinas. La basura humana es 
inmensa y no cabe en los carros de policía. 

Pienso escribirle a Laboulaye dándole las gracias por su opor- 
tuno artículo. Eso/a¿¿ du bien. 

De los Estados Unidos necesitaría las tarifas de aduana o el 
sistema adoptado para el avalúo. Un papel en varias lenguas 
que se hace firmar a los pasajeros al llegar declarando, no traer 
en su equipaje objetos que pagan derechos. Lo encuentra en las 
aduanas. 

Un estracto de los impuestos para comparar con los nuestros, 
en mercaderías extranjeras y otros — a fin de preparar la opi- 
nión para mayores, en caso de necesitarlos para hacer frente a 
la deuda. 

Eecibí su última carta felicitándome por la presidencia. Como 
ya estoy en el potro y es molesto para quien lo cabalga, maldi- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 281 

ta la gracia que la cosa me hace. La prensa extranjera se ha le- 
vantado contra los pasquines de la Nación y sus discípulos. La 
pacificación de Corrientes responde a esto y más. Nuevos frau- 
des en la administración mostrarán cuando descubiertos cuánto 
pierde la clientela despedida por la elección de hombres hon- 
rados. 

Mientras escribo a Mrs. Mann y otros amigos recomendándo- 
lo, quedo su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, diciembre 12 de 1868. 

Señor don Manuel R. Garda. 

Mi estimado amigo : Supóngolo en los Estados Unidos, reci- 
bido y en desempeño de sus funciones diplomáticas. Su señora, 
es de suponer también honrando con su talento y gracia la le- 
gación argentina. 

El ministro de Instrucción pública le habrá escrito ya reco- 
mendándole buscar un profesor para visitar y reformar nuestros 
colegios. He aquí un Mr. Alien que Mrs. Mann conoce, y que 
quedó hablado para algo de este género. Diríjase a ella para 
que lo ponga en contacto, y lo contrate según lo que el ministro 
le proponga. Después y en defecto de éste puede hacer las mis- 
mas proposiciones al profesor James P.Wickersham superinten- 
dente de escuelas de Pensil vania, a quien tengo hechos ofreci- 
mientos; y en todo caso entiéndase con Mr. Henry Bafnard, 
que puede suministrarle datos. A este doctor Bafnard le re- 
cordará que tiene que darme una edición de los informes del 
departamento que preside, de lo que lo pondrán al corriente mis 
cartas al senador Sumner, publicadas por Mrs. Mann. Cuando 
Grant sea presidente espero que Sumner tenga ascendiente, y 
es un amigo mío, que no dejará de sernos útil o simpático. 



282 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Aquí me he encontrado con una fuerte oposición de parte de 
Elizalde, Costa, Gutiérrez, y algunos creen que de Mitre. Es del 
carácter de la de Calvo y ofrecen ir hasta las armas. 

Mi gobierno tiene el apoyo, más bien el asentimiento del pú- 
blico, que encuentra moralidad, imparcialidad, y deseo de acer- 
tar. En finanzas andamos bien y crédito cada día mayor. El año 
es asombroso de productos. El trigo abundante y excelente, y 
tan gordo el ganado, que este año hay ya 80.000 pipas de grasa 
de cordero en lugar de 35.000 que hubo el año pasado. La de 
vaca principiará a extraerse en el año entrante y será tres veces 
mayor que nunca. Así, pues, habrá unos dos o tres millones de 
renta más. 

Espero que usted me escriba luego dándome informes sobre 
la situación de las cosas allá y de la nuestra, es decir, de nues- 
tro crédito como país y como administración. 

Hasta entonces quedo su afectísimo amigo. 

-D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, enero 12 de 1869. 
Señor don Manuel B. García. 

Mi estimado amigo : Supóngolo en los Estados Unidos ; pero 
en todo caso ésta es dirigida allá, que por su asunto sólo en los 
Estados Unidos tendrá objeto. 

Hemos terminado la guerra del Paraguay, con gloria, de que 
nuestros soldados han participado ampliamente; pues a ellos 
cupo la de tomar a la bayoneta el campo atrincherado de López. 
Pero nonos basta triunfaren el campo de batalla, cosa que pue- 
den lograr las peores causas. Necesitamos triunfar moralinente 
en Europa y Estados Unidos y esa batalla habrá de darla nues- 
tro cuerpo diplomático. López, usted sabe, contaba con las sira- 



CARTAS DE SARMIEÍJTO A M. R. GARCÍA 283 

patías de ambas Américas y el pueblo paraguayo con las del 
mundo. Ahora necesitamos perseguir esas simpatías, y para ello 
nos sobran los documentos auténticos, encontrados en el arclii- 
vo y correspondencia de López, las declaraciones de sus jefes 
prisioneros, las de los poquísimos argentinos que han escapado, 
los lieclios en fin que están a la vista de todos. 

Ponga fe en los documentos que transcriben los diarios aquí 
como encontrados en el cuartel general de López. Son auténti- 
cos. Mando levantar una sumaria información a los prisioneros, 
y luego quedarán probados judicialmente estos hechos. 

Que de medio millón de habitantes que tenía el Paraguay no 
quedan cien mil. 

Que han perecido en la guerra 150.000 hombres, hasta la edad 
de diez años que tenían los últimos reclutas hechos y muertos 
en los últimos combates. 

Que de 300 prisioneros argentinos no quedan siete, fusilados 
o muertos de hambre. Que ha fusilado López a la mayor parte 
de las gentes acomodadas para confiscarles sus bienes. 

A los comerciantes extranjeros y argentinos, bolivianos, apo- 
derándose de sus efectos y bienes. Dos de sus ministros, entre 
ellos Bergés que estuvo en los Estados Unidos. Dos de sus ge- 
nerales. 

Uno de sus hermanos Benigno, por envidia y odio. 

Las mujeres de los jefes que no pudo haber a las manos. 

La madre y la mujer del coronel Martínez, que capituló des- 
pués de Humaitá. 

El obispo y dos clérigos. 

Millares que no tienen nombre, sino en el decreto en media 
cuartilla de papel en que está contenido el proceso, la orden de 
ejecución y el cumplido. 

Mientras tanto Mac Mahon presentó sus credenciales, se dio 
por satisfecho a media palabra, presenció desde el campo de 
López el combate del 21, se hizo cargo de los hijos de López, 



284 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

para llevarlos a una aldea del interior que López designa como 
su futura capital porque a ella ha estado dirigiendo los horri- 
bles arreos de mujeres que verá en sus decretos para conducir 
900 con 30 hombres bien armados, y dedicarlas a sembrar po- 
rotos para que vivan !!! Últimamente para completar la obra, 
Madame Lynch nombra a Mac Mahon albacea del testamento 
en que la deja heredera López de sus bienes, que son todo lo 
que sus ojos han visto en el Paraguay ; y ya se imagina usted 
las complicaciones que pueden surgir si los Estados Unidos en- 
tran a gestionar por los bienes del horrible tirano, con la mora- 
lidad de Washburn, Webt y Bliss que vendían a López y a los 
Estados Unidos. 

Mac Mahon es el único representante de una nación civiliza- 
da que se halle en el Paraguay ; y es de temer que sus infor- 
mes, participen de los sentimientos que él quiera abrigar en 
esta coyuntura. Es preciso por tanto que usted esté a la mira, 
o al menos trate de corregir la opinión de los hombres que go- 
biernan. Ya me imagino cuan apurado ha de encontrarse para 
explicar la sumisión, la abnegación, el fanatismo del paraguayo 
para defender a aquel monstruo. Yo mismo no he podido con- 
vencer a nadie de la existencia de hechos que chocan a la razón 
cristiana europea. En los papeles y procedimientos de López, 
se encuentran sin embargo algunas luces. Desde 1866 por cada 
desertor se administran 25 palos a los dos soldados que en la 
formación estaban a sus costados, 40 al cabo, 50 al sargento, y 
el oficial preso a disposición de López. Si han habido 2000 de- 
sertores en tres anos de guerra, se han azotado a diez mil ino- 
centes de aquel delito tan individual. De ahí la vigilancia, y 
espionaje recíproco. El otro secreto era la responsabilidad déla 
mujer, la madre, las hermanas. El hecho de abandonarlas a la 
brutalidad del soldado era más común que lo que la decencia 
permite. En fin todos los horrores de los tiempos más bárbaros, 
han sido reproducidos por este famoso conquistador que se ha- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 285 

bía prepuesto poner en Montevideo y Buenos Aires las águilas 
imperiales pues que imperio nada menos era, según lo declaran 
sus generales lo que intentaban fundar, con el auxilio al prin- 
cipio de los Estados Unidos. 

Guárdese ésta para sí ; y mientras puedo mandarle documen- 
tos o pruebas más auténticas quedo su afectísimo amigo. 

B. F. Sarmiento, 



Buenos Aires, enero 14 de 1869. 
Señor don Manuel B. García. 

Le escribo ésta, por si aun alcanzo a remitirla a Montevideo 
a fin de comunicarle ocurrencias posteriores a las que dije en 
mi última. 

Ayer estuvo a verme el ministro norteamericano, que a título 
de amistad contraída a bordo, me visita con frecuencia. Mien- 
tras estuve enfermo pasó el almirante Davies que deseaba que 
el gobierno fuese a visitar su buque. Volverá de Río Janeiro 
en dos semanas y entonces tendrá lugar la visita. 

El ministro de Eelaciones exteriores le había mostrado va- 
rios de los horribles documentos de las matanzas de López y es- 
pantádolo. Me dijo que ninguna nación civilizada le daría asilo. 
Esta es la opinión del ministro francés también. Comunicóme 
que habían escrito a Mac Mahon que se viniese y que creía que 
lo haría. Que los Estados Unidos reconocerían un nuevo go- 
bierno paraguayo que fuese simpático a los aliados. Observóle 
que tenía motivos de creer que López pensaba crear un gobier- 
no en la supuesta capital que había decretado al otro lado de 
las cordilleras ; y que el gobierno argentino no aceptaría jamás 
tal gobierno 5 y que como Mac Mahon estaba acreditado cerca 
de López podría esto traer comi)licaciones desagradables. Insi- 



286 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

nuóme la posibilidad de que la escuadra americana fuese refor- 
zada en el Eío de la Plata, para proveer a las futuras eventua- 
lidades ; pero que la política americana sería siempre favorable 
a los estados de Eío de la Plata. Contéstele que para nosotros 
no nos inspiraba temor alguno, puesto que ninguna pretensión 
abrigábamos : que nuestro único interés es abrir la navegación 
de los ríos, y hacer entrar la emigración hasta el Paraguay pa- 
ra restablecer la industria y mezclar la raza guaraní, incapaz de 
resistir a sus tiranos ; que nuestra política con el Brasil sería 
siempre leal y francaj pero sin consentirle ninguna absorción 
de territorio, ni menos una política dominante en el Eío de la 
Plata. Que en este sentido la escuadra norteamericana podría 
ser nuestra escuadra. Nada más necesario para nuestra política, 
que tiene que sostener la dignidad de tres repúblicas, sin recur- 
sos ni población suficiente para tener a raya las pretensiones de 
un poderoso imperio, con la manía tradicional de extender su 
territorio. Pero de ahí a ser subordinados a las exorbitancias 
y aun excentricidades de los agentes americanos hay dife- 
rencia. 

Su afectísimo. 

Sarmiento. 



Buenos Aires, febrero 12 de 1869. 

Señor don Manuel B. García. 

Mi estimado amigo : Impaciente estoy por saber si está reci- 
bido ministro en los Estados unidos. 

Nuestra situación interna ha mejorado. Várela desapareció a 
la sola presencia de un piquete de tropa que mandé á Salta con 
un jefe. 

La guerra del Paraguay ha asumido una posición sui generis 
como todos los hechos que se relacionan con aquel bárbaro go- 



CARTAS DE SARMIENTO A M, R. GARCÍA 287 

bierno. El ejército brasilero o su jefe, descuidó perseguir al 
enemigo después de la victoria al parecer tan concluyente. Ló- 
pez después de haber fusilado amigos, parientes y extranjeros 
de todas naciones, arreó las familias, de la Asunción y vecinda- 
des, y sacando de Cerro León dos o tres mil heridos de los hos- 
pitales se internó en la sierra, donde permanece. 

Lo más notable de este asunto es que Mac Mahon lo ha se- 
guido en su derrota, y reside a su lado, único agente de nacio- 
nes extranjeras, aunque no haya un solo norteamericano en el 
Paraguay. La legación americana aquí pretende no tener cono- 
cimiento ninguno de su paradero en dos meses, y ha solicitado 
y obtenido de nuestro ejército un parlamentario y escolta para 
hacerle llevar correspondencias y saber si está en libertad de 
obrar. Hecho tan fuera de los usos comunes nos tiene en gran- 
de perplejidad, pues ignoramos si obra por razón propia o ins- 
trucciones de su gobierno, 

j Cuál sería el propósito de mantenerse al lado del horrible 
tirano ? 

El gobierno del Brasil ha acreditado ante los otros aliados a 
Paranhos, su ministro de estado, para impulsarnos a activar las 
operaciones de la guerra, y propender a establecer un gobierno, 
con quien ajustar los pactos a que se refiere el tratado de alian- 
za para su confirmación por parte del Paraguay. Nosotros pro- 
poníamos la creación de un gobierno provisorio^ en virtud de ser 
un hecho notorio que en la Asunción no hay familias paragua- 
yas, sino son los oficiales y jefes paraguayos en el ejército y los 
prisioneros de guerra no pudiendo por tanto formar con estos 
elementos gobierno que obligue al Paraguay y satisfaga a la 
conciencia pública. Nosotros usando del derecho de la guerra, 
mientras ella continúa, y para propender a reconquistar las fa- 
milias y aumentar la materia paraguaya que debe servir de ba- 
se a la formación de un gobierno. 

Es posible que López nombre en su aldea capital improvisa- 



288 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

da un nuevo gobierno, y que Mac Mahon lo reconozca, contra el 
que nombrarán los paraguayos que se ven libres de su tiranía. 
El gobierno de Juárez reconoció a todos los ministros que ha- 
bían reconocido a Maximiliano, y los Estados Unidos fueron los 
primeros en acreditar ministros cerca del nuevo gobierno. Son- 
dee usted el terreno sobre este punto delicado, y deje traslucir 
la posibilidad de que Mac Mabon sino reconoce el nuevo go- 
bierno no sea reconocido por éste, a causa de ser curador y al- 
bacea de los hijos de López. Como el pretexto y el motivo del 
odio a la alianza viene de sus prevenciones contra el Brasil ha- 
ga usted comprender que los intereses argentinos una vez lle- 
nados y concluidos los objetos de la alianza no son los del Bra- 
sil, y que por el contrario entonces necesitaríamos del apoyo o al 
menos de las simpatías republicanas de los Estados Unidos, 
para poner coto si necesario fuere a los avances del Brasil; pero 
que este apoyo lo necesitamos, franco, sincero, leal y no en nom- 
bre y en faA^or del bandido López, lo que nos pondría en hosti- 
lidad con los que aun pretendiesen salvar a este único obstácu- 
lo a la pacificación de estos países. 

Proponemos un gobierno provisorio, que ejerza la autoridad 
civil y reorganice la sociedad destruida, establezca policía, juz- 
gados, aduanas, etc., hasta que ocupada por mayor extensión de 
país, vencido acaso por López, pueda constituirse lin gobierno 
con quien tratar. Nuestro sistema se apoya en la práctica en 
estos casos, la de los Estados Unidos en el sur, la nuestra cuan- 
do entramos en Buenos Aires en 1852, etc. El representante del 
Brasil oponía la de los aliados en 1814, para hacer cumplir los 
tratados de la alianza. A esto se replicó que la Francia estaba 
ahí, en París, en todas partes, muda, si se quiere, pero presen- 
te; mientras que nosotros teníamos un pedazo de tierra sin un 
hombre ni una familia. Que además con los aliados venía el rey ; 
y el rey según el derecho divino o dinástico que después otorgó 
una carta a la Francia, era la Francia misma para dar validez a 



CAETAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 289 

las estipulaciones. Después de un debate de seis horas no pudi- 
mos arribar a nada, quedando por tanto sin resolverse la cues- 
tión de establecer o no gobierno provisorio ni definitivo. Yo no 
quiero cargar con la responsabilidad de acto como dar por cons- 
tituido un gobierno con sólo los pocos elementos que tenemos 
en nuestro poder. 

Ahora es de suma importancia saber cuál es la política de 
los Estados Unidos a este respecto ¿, Mac Mahon obra según 
instrucciones ? i Cómo presenta él los hechos ? ¿ Cómo nos pinta 
ante su gobierno ? Sus ministros aquí afectan una hostilidad de 
principios contra el imperio ; cuyo engrandecimiento estorbaran; 
pero tras esta hipótesis no hay violencia, ni descomedimiento 
(en que no son parcos) que no quieran hacer pasar. ISTecesitamos 
ponernos a cubierto contra esta influencia personal de ministros, 
sabiendo cual es la del gobierno. Añada usted que estos purita- 
nos contra imperios, si Mac Mahon está voluntariamente al lado 
de López, no se arredrarían ante un gobierno republicano en el 
nombre, de por vida, que mata a todos los prisioneros, arrastra 
como rebaños las poblaciones, hace perecer a todos los varones 
después de haber fusilado a cuanto hombre notable le servía. 
Todo esto y más no obsta a que su ministro viva a su lado, en 
su campamento, le cuide sus hijos, y sea acaso el obstáculo 
para que terminemos la guerra bien. 

Infórmeme a la brevedad y con la extensión posible sobre 
todos estos puntos, mientras se van desenvolviendo los sucesos 
y avanzamos las operaciones de la guerra que nos pondrá por lo 
menos en la posesión material del país. Su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



Después de escrito lo que precede he recibido avisos de algu- 
na importancia, tales como el rumor que se corre de que los hi- 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 19 



290 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

jos de López están a bordo de un buque norteamericano. Puede 
esto ser anticipado; pero lo que parece fuera de duda es que el 
espíritu de las legaciones americanas es favorable a López, a 
quien prestarán toda clase de protección lícita o ilícita, abusan- 
do los agentes del nombre y poder de los Estados Unidos. 
Washburn está ya interesado en contra de López ; y como uno 
de sus hermanos tendrá a lo que dicen, influencia en la política 
del general Grant, no sería desacertado conocer cuáles son sus 
simpatías, y tratar de excitarlas en nuestro favor. Tenga a Mrs. 
Mann al corriente de lo que convenga hacerle conocer por la in- 
fluencia que ella tiene sobre algunas publicaciones. Mi temor es 
que Mac Mahon trajo ciertas instrucciones a efecto de anterio- 
res vistas dadas por Washburn, y que puede explotarlas ahora, 
que las circunstancias han cambiado, en favor de López, me- 
diante poderosas seducciones que aquel desesperado puede po- 
ner en ejercicio. 

No sé si puedo mandarle por este vapor escasos fondos para 
que publique los documentos que muestran la tiranía de López; 
pero en todo caso lo autorizo para gastar lo indispensable si el 
caso llega. 

Hay una Miss Gorman que quiere venir al Eío de la Plata 
maestra. Si quiere que le paguen pasaje hasta quinientos pesos, 
y puede usted darlos prevéngalo a Mrs. Mann, a quien no es- 
cribo sobre esto, dejando a usted el encargo de hacer lo que sea 
posible. 

Mitre puede ayudarle mucho en la prensa, y lo mismo Davi- 
son, para excitar la reacción contra el malvado. No le he conta- 
do a usted una tentativa, o más bien una celada que quisieron 
tenderme los agentes americanos para romper la alianza, decla- 
rando en nombre de la República Argentina sólo que estaban 
removidos los obstáculos al libre paso de Mac Mahon. Contesté 
que los aliados habíamos removido dichos obstáculos, y costó 
mucho trabajo contener los furores que despertó este acto, y 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 291 

que expresaba una nota que no me mandaron al fin. El objeto 
era insultar a la escuadra brasilera, pasando sin pedirle venia; 
y salvar según creían los respetos a mi gobierno, que decían te- 
nían instrucciones de guardar en todo caso. 

Quedo esperando sus cartas y detalles de lo que por allá 
ocurre. Su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, mayo 8 de 1869. 

Excelentísimo señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : El dador de ésta, don Eamón Eoa, es un 
conocido de su secretario, y un amigo mío que me acompañó 
con el ánimo de fundar una librería. Hecho esto, los esfuerzos 
que la isla de Cuba hace por libertarse, han excitado el patrio- 
tismo y héchole posponer toda otra consideración. 

Vuelve, pues, a Nueva York, y se lo recomiendo como una 
persona simpática que puede darle detalles curiosos sobre lo 
que por aquí pasa. 

Deseando que usted goce de tranquilidad y salud con su 
señora y familia, tengo el gusto de subscribirme. 

Su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Eoa lleva un cordón y un Chlamyphorus para el reverendo Era- 
tus Otis Haven, presidente de la Universidad de Michigan. 
Como el último es un objeto precioso, mandólo con cuidado, 
escríbale una carta, y pida recibo. 

Vale. 



292 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Buenos Aires, octubre 12 de 1869. 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Le escribo a usted en medio de una gran 
tempestad, que acaso causa grandes estragos en el río. Son las 
12 de la noche del 11. Mañana sabremos algo. Si ocurriesen 
desgracias, ellas serán una oportuna ilustración de la miseria 
de nuestras cosas. 

Hoy se abandonó en el Senado todo pensamiento de construir 
un puerto en Buenos Aires, por la formidable resistencia susci- 
tada contra el contrato Madero, a fin de hacer capital político 
contra el gobierno. Oontaréle algunos detalles. Hace seis o más 
años que Madero propone un cierto proyecto de canalización, 
dársenas y almacenes por valor de seis millones, en cambio de 
ventajas pecuniarias obtenidas por impuestos en la descar- 
ga, etc. 

Los primeros ingenieros de Inglaterra vinieron a trazar los 
planos. El comodoro Davies los aprobó magníficamente. El go- 
bierno celebró el contrato y la Cámara de diputados (un porteño 
miembro informante) lo aprobó casi por unanimidad. Castro, 
gobernador, que tenía un antiguo proyecto de muelle, pretendió 
derecho provincial a ejecutarlo. Mitre halló en esto terreno para 
oposición. El debate fué luminoso con los autores americanos, 
y nada quedó por responder. Castro se presentó como empresa- 
rio, como gobernador y legislatura. Mitre se lanzó en la decla- 
mación; pero furiosa, demagoga, revolucionaria. Ültimamente, 
hace tres días, volvió a la carga y abandonando el terreno del 
derecho, a designio por haberlo así manifestado, principió un 
discurso insultando a Vélez. La sesión se levantó sin réplica, y 
hoy desistiendo Madero de la empresa, concluyó el asunto sin 
debate. No tendremos puerto, voilh tout. 

lío quiero entrar en detalles. Jamás estuvo el país más dis- 



CARTAS DE SARMIEMTO A M. K. GARCÍA 293 

puesto a la paz y a todos los trabajos titiles; jamás hubo mayor 
empeño en llevarlo por los cabellos a la anarquía. Mitre y el 
redactor de La Nación bastan para conseguirlo, auxiliados por 
esta ciudad inerme, gobernada por quien quiere y como quiera, 
según resulta de elecciones que lo más decente que tienen es 
que nadie concurre a ellas, ni para cohonestar la abyección ge- 
neral. Hace un año que no se pueden nombrar tres diputados, 
porque no quiere nadie elegirlos. Y mientras tanto, Castro o 
Mitre con tal base ponen a raya al Congreso, y hacen dudar de 
que haya una nación ni hoy ni en adelante. No le muestre esto 
a su secretario, que me deja traslucir en sus cartas que com- 
prende demasiado la verdad. Asómbrese si le dicen o escriben 
que su pobre padre se ha presentado tres veces ebrio en el Se- 
nado, siendo ésta la mayor disculpa de su conducta. Esperemos 
a otro año, y veremos desenvolverse los gérmenes echados. 

La campaña del Congreso ha concluido de la manera más sin- 
gular. Todos, todos los proyectos del gobierno, excepto el puer- 
to, han pasado a ser leyes : el presupuesto sin modificaciones, y 
se cierra dejándonos firmes más que nunca, y en todas las cues- 
tiones establecido que todos y cada uno de los ministros, sin 
excluir a Gainza, son más instruidos que los que pretendieron 
hacerles la oposición. Teniendo ésta que invocar principios, 
prácticas leyes, ha tenido al fin que abandonar el terreno, ape- 
lando al porteñismo, a los desmanes de la barra, a la declama- 
ción y ala injuria. El efecto moral debía ser inmenso; pero aquí 
fallan las reglas. Los gobernadores eligen; y Castro elegirá a 
quien le dé la gana. De las provincias creemos estar seguros de 
que vendrán diputados adictos, pero esto no responderá a nin- 
gún fin práctico, pues con un Congreso que principió hostil, y 
ha concluido sin plan ni espíritu, hemos triunfado en todas las 
cuestiones, y no hemos asegurado alejar las dificultades creadas 
por el regalado gusto de hacer daño. L'enfant terrible ! he aquí 
el secreto. 



294 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Debe escribirle el ministro de Instrucción pública sobre la 
Exposición, y espero que usted le ayude en todo lo que le en- 
carga. Todavía en esto sentimos contrariedades. A un inglés le 
ocurrió intentar una Exposición en Buenos Aires por subscrip- 
ción, para hacerse dar los medios de ir a Europa. L'enfant terri- 
ble halló excelente la broma para contrariar el inocente propó- 
sito de la de Córdoba; y aunque es hasta hoy una broma lo de 
la subscripción y lo demás le siguen como todo lo que tenga 
visos de hacer daño. Prevéngole esto para que ponga usted en 
ejercicio sus medios de íijar las ideas sobre el local de la Expo- 
sición, que es Córdoba, animando a los expositores y desempe- 
ñando la comisión que le encarga el ministro sobre el edificio de 
madera, con las modificaciones que la conveniencia práctica le 
aconsejan. 

Entre los proyectos presentados al Senado fuélo a última 
hora el de subir el sueldo de los secretarios de legación a 300 
pesos, y el de oficiales a 200 pesos. Creo que los suyos queda- 
rán contentos, aunque no lo quede usted por su parte de no 
tocar por ahora la delicada cuestión de aumento para más altas 
categorías. 

También pasó el observatorio astronómico, por honor del país, 
no obstante muy acentuadas resistencias. Le escribo a Mrs. 
Maun para comunicárselo a Gould a fin de que se ponga en mo- 
vimiento. 

Las maestras que vinieron tienen ya colocación, y espero que 
ya estará eii camino la Gorman, a quien mandaré a San Juan, 
con buena renta; pues me he hecho dotar de amplios medios. 
Oreo que haremos algo en este terreno. 

El censo se levantó con grande éxito en todas las provincias; 
y aquí con algunas dificultades causadas por un malhadado sor- 
teo de guardia nacional. Sabremos, pues, luego cuántos bípedos 
somos, y el estado intelectual podremos inferirlo de los datos 
que se recojan. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 295 

La guerra del Paraguay continúa con todos sus gastos, aun- 
que esté reducida a perseguir a López en los bosques más allá 
de San Javier, adonde sigue de derrota en derrota con mil o 
dos mil animales que le obedecen y mueren de miedo. ¡ Qué 
horribles cosas son estas de América ! El conde d'Eu no quiere, 
acaso por ser general de un grande ejército, disminuir las fuer- 
zas, de manera que sostenemos uno de 37.000 hombres para 
perseguir los dos mil o tres mil. El resultado es que se suspen- 
den las operaciones, porque los víveres y forrajes no pueden 
bastar a tan enormes masas ni llegar rápidamente a tan grandes 
distancias. 

Las lanas han mejorado un poquito, y esperan algunos que la 
legislación proteccionista se cambie en los Estados Unidos para 
darles el valor que no tienen en España. Usted sabrá lo que 
haya a este respecto. 

Con mejores propósitos de avanzar en este camino, en que 
tantos tábanos y mosquitos lo hacen desagradable, tengo el 
gusto de subscribirme su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, septiembre 7 de 1869. 

Excelentísimo señor ministro don Manuel García. 

Mi estimado amigo : En mala hora le encargué a un doctor 
comprarme bancos de escuelas, para que me saliese con posi- 
ciones e interrogatorios, si supiera lo que en ello se contiene, si 
hubiera leído Mis escuelas siquiera, sabría lo que no debe igno- 
rar y es que hay fábricas de bancas y bancos, y sus tamaños 
son reglados por el número de bancas según la escuela. 

Hace dos años esas mismas bancas para San Juan, fueron 



296 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

encargadas a Davison y por otra duda semejante volvieron en 
consulta. 

Vaya, pues, a la fábrica designada en las escuelas de los Es- 
tados Unidos, O 14 Bond St., New- York, J. W. Scherrmerhorn 
y C*, y compre : 

Combined desk and seitees. 

100 n° 19 for two intermedíate. 

50 n° 16 for Grammar scbool. 

29 n" 54 stagg patent desk. 

Relojes de escuela, pizarras, etc. Luego pregunte de una com- 
posición negra para bacer pizarra en la pared y mande igual- 
mente para cien yardas de largo. 

Espero que la Gorman se baya venido, aunque no llegó en el 
paquete de julio en que la anunciaba Mrs. Mann. 

Lo mejor que baria sería encargar a algún conocedor que 
baga la compra, según le parezca mejor, teniendo presente que 
las bancas son para una escuela superior que admite quinien- 
tos niños. 

Creo tener en poder de Davison a más del dinero que se man- 
dó para esto, otras sumas y la que deberá entregarle Appleton, 
de los cajones asegurados de Las Escuelas y que naufragaron. 
Indico esto para que ni la Gorman ni nada se detenga por fal- 
tar fondos. Luego se librarán otros. 

Otro encargo, y ese muy grato para usted, como amigo de Yé- 
lez y abogado, le baré pronto. 

Está para sancionarse el Código civil y quiero imprimirlo 
form and sheeplaw, como los libros de leyes de por allá. Hace 
exactamente un libro de 1100 páginas, como el de Cushing 
sobre las legislaturas. Mándeme cuatro o seis de éste. 

Es preciso ver a los Appleton, pero como son muy tiranos, 
vea también a Hougbton, River side Mass., que ba impreso muy 
bien español. La corrección ha de ser fácil, como que es reim- 
presión, y está bien corregido el original. Tratará por dos mil 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 297 

ejemplares estereotipados; quedando a mis órdenes el estereo- 
tipo. Puede ser que mande otros libros a imprimir. - 

Ya habrá usted visto las discusiones del Congreso, y la for- 
midable oposición. Pues bien : liemos hecho las cosas como que- 
ríamos, aun en los casos en que podría decirse que no todo 
estaba en las formas. Ha sancionado el Congreso cuanta ley le 
hemos propuesto; y el presupuesto de catorce millones pasó en 
la Cámara sin enmienda en veinticuatro horas ! Ate usted cabos 
y compadezca a estos pobres pueblos. Le mando ejemplares de 
mi veto a la necia ley de intervenciones, que ha puesto silencio 
a la grita, dejando a Quintana manso como una oveja; y aun- 
que persistiera la tropa de necios que lo siguen, la opinión está 
formada, y no hay que hablar de ello. Los furibundos del Sena- 
do, Oroño, Aráoz, Zavalía, a quienes asusa Mitre, se han que- 
dado con mil proyectos de censura, y Mitre ha votado ya en 
contra del Senado él solo una vez, y otra con tres más. 

Le mandaré también la carta a Taboada. Ésta fué una cole- 
gialada que ha traído por resultado meterlos en un zapato y 
hacerlos disculpar su petulancia. Aquí dejó a todos en una 
situación singular. Nadie se atrevía a negar ni la justicia de 
esta ejecución, ni la verdad de los cargos; pero todos temían 
por las consecuencias. Tengo por fortuna al norte, que los vigi- 
le, y ya se guardarán de provocarme. 

No es de ahí donde vendrá algo. Aquí en Buenos Aires puedo 
encontrar dificultades. Es gobernador Emilio Castro, y pretende 
ser poder concurrente con el ejecutivo nacional ; y para estable- 
cer su doctrina ha mandado a la campaña listas para diputados 
al Congreso, de Gutiérrez y García (de La Nación), Elizalde, 
Costa, etc., todos mis detractores y enemigos. Se trata de hacer 
un magnífico puerto, y la legislatura de Buenos Aires se opone 
ofreciéndose ella de empresario. Mitre apoyará todas estas com- 
padradas. 

En fin, el Congreso acabará este mes de fastidiar; y habré 



298 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

terminado el más vasto plan de mejoras que se haya empren- 
dido hasta ahora. La verdad es que he establecido la autoridad 
del gobierno, que se creía iba a vivir por merced y gracia de 
cada tonto. Hay rentas y un crédito que asombra. El tesoro es 
caja de ahorros. Las provincias contentas y algunas entusiastas. 

El año entrante tendrá sus luchas y dificultades. El ejército 
se retirará del Paraguay y ya tengo los millones de fuertes para 
pagar lo atrasado. 

Creo que la renovación del Congreso traerá una mayoría defi- 
nida, en cuanto a oponerse a una oposición cínica e interesada 
como la de hoy, que está moral y científicamente vencida; por- 
que ese ha sido el resultado de las disensiones : mostrarles que 
no sabían nada. 

Ya sabrá usted mucho de la conducta de Mac Mahon. Mr. 
JRirk se ha visto forzado a levantar un sumario de las declara- 
ciones dadas por prisioneros ingleses, ingenieros y hombres 
todos capaces de juzgar. El menor cargo que por ellas resulta 
contra él es que él indujo a López después de la Angostura, a 
fortificarse y resistir; que ha vivido comiendo en la mesa de 
López, sin tener en Pirebebuy otra relación que la de Lynch, ni 
ver otra cosa que lo que en la intimidad de López y con sus ojos 
podía ver. 

La guerra está concluida, aunque aquel bruto tiene aún 20 
piezas de artillería y 2000 perros, que habrán de morir bajo las 
patas de nuestros caballos. Ni a compasión mueve aquel pueblo 
rebaño de lobos. Sólo que la mayor parte son niños de diez a 
doce años armados de lanza a su talla, para formar línea. ¿ Se 
imagina los horrores de estos combates, en que soldados brasi- 
leros y argentinos, en el calor de la refriega, caen sobre estas 
filas de chicuelos? 

Hecho que carece de ejemplo. Habrá hoy un hombre adulto 
vivo por cien mujeres. ¡Y qué mujeres! En fin saldremos de eso. 
Y aprés... f 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 299 

Me reía leyendo su carta de tres vapores hace, en que encon- 
trando el original de mi nota sobre pacificación del Río de la 
Plata, me pregunta ¿ si aun como presidente pienso como pen- 
saba el ministro plenipotenciario? ¡Usted comprende que tengo 
miedo a la policía les mouchards como le bon Dieu de Béranger! 
Paranhos le decía a Pérez que veía las afinidades de estos pue- 
blos, y que si no fuera brasilero buscaría o dejaría hallar medios 
de unión. Lo más gracioso es que me han substraído aquí el 
escrito, sin duda como un cargo que me guardan, o una revela- 
ción para perderme, ¡ qué tontos ! Espero, pues, que el tiempo y 
los sucesos hablen. 

Siempre creo que el Río de la Plata y nuestra raza piden 
unión; ¡ pero estos de enfrente deben tanto y aquellos ríos arri- 
ba tienen tanta sífilis ! Usted puede ir explorando el terreno o 
preparándolo, porque con los Estados Unidos hemos de conte- 
ner al imperio en sus avances. Hay partidos en el Brasil, el 
liberal, que creen en la libertad Argentina, la aman y la acatan. 
Nuestra posición se hace espectable y nuestro crédito aumenta. 

¿ Se fijó en el artículo del Spectator f A mí me hizo una pro- 
funda impresión, precisamente porque el autor comprendía mi 
situación y había calado mi espíritu, restableciendo el texto 
verdadero, jior las indicaciones, y llenando los vacíos que deja- 
ban las reticencias. 

Kos llegan hoy, 11 de septiembre, buenas noticias de Europa. 
Las lanas a mejor precio; nuestros fondos subiendo y mucho 
movimiento y especulación sobre ellos ; las acciones del Central 
a 18 por 20; y las del Sur a 22 por 20 libras la acción. ííos han 
mandado carne preparada. La apariencia es como muerta ayer; 
pero tiene un gustillo y sabor desagradable. El inventor está 
seguro del éxito. De Montevideo han partido para Europa cien 
toneladas de carne por otro sistema, lo que muestra que esta- 
mos en vísperas de dar con el busilis. En cambio, ya se echó al 
agua en Inglaterra el primer vapor de 1500 toneladas construí- 



300 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

do para transportar ganado en pie, y vendrá luego. Llegará y 
¡ oh vergüenza ! no encontrará ganado en estado de transporte, 
porque es arisco, flaco y pobre de carne; sus gauchos paisanos, 
no son sanjuaninos donde están actualmente engordando cien 
mil cabezas (bueyes) que van a Chile. 

Si esta compañía medra subdividiré la tierra. 

Hoy les ha dado Vélez una tunda en el Senado sobre el puer- 
to, y la oposición de Emilio Castro. Mitre no ha vuelto ha desple- 
gar los labios después de la de San Juan. Todo el mundo y él 
más que nadie siente que su posición es miserable, teniendo que 
hablar en cuestiones de derecho en que nada entiende y habér- 
selas con Vélez sobre dominio eminente, Ulpiano y la Corte su- 
prema de los Estados Unidos. Aun en discursitos de cementerio 
con motivo de la muerte de Ahina, todos sienten que vale menos 
que él mismo. 

Ahora sobre otras cosas. Mrs. Mann me escribe que hay seis 
maestras que quieren venir. Hoy se dio el decreto y se mandó 
negociar una letra de dos mil fuertes para mandarle a Davison 
para que, con el visto bueno de usted y la orden de Mrs. Mann, 
reciba cada una 300 pesos para su pasaje, fuera de su sueldo, 
de lo que hablo a ella. Si dos maestros se presentaren en las 
mismas condiciones, hágalos entrar también, pues no todas las 
seis estarán prontas. Supongo que la Gorman estará ya en 
camino. 

Creo poder organizar la provincia de San Juan, en materia 
de educación, como un condado de Massachusets. Hay mucho 
andado ya; y sólo me faltan maestros buenos. Súplame, pues, 
cualquiera falta de dinero, si no tengo bastante con lo mandado, 
y el que creo tener en casa de Davison. 

El Observatorio pasó en la Cámara, y espero que en el Sena- 
do y podrá venir Gould. Si le habla uno de la Habana a este 
respecto, dígale que ya tenía este compromiso de antemano. El 
código aun no ha sido sancionado; y en el próximo correo espero 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 301 

poder mandárselo, con instrucciones más detalladas. Concluyo 
por ahora ésta, esperando poder mañana añadir algo nuevo si 
me ocurre. Escríbame siempre. Lo necesito. 
Quedo su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, noviembre 12 de 1869. 

Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Veo por sus cartas que se ocupa usted 
con interés de nuestras pellejerías aquí, reuniendo datos, infor- 
mes y prácticas que nos sirvan de guía. 

La cuestión de San Juan se formuló teóricamente en el pro- 
yecto de intervención que también caracteriza usted : cabar el 
pozo mientras arde la casa. Este proyecto fué suscitado por la 
triple vanidad de Quintana. Quería brillar y mostrar como los 
ministros en el Senado habían triunfado porque él no estaba 
allí. Como no conoce las instituciones americanas ni ninguno 
de sus maestros favorecía sus planes, aseguró que nuestra Cons- 
titución era suiza de origen, y los dejó parados. Puse veto y 
quedó aplazada esta majadería que tiene el apoyo sin embargo 
de todos los que siguen las huellas en que va lanzándose Cas- 
telar. 

Fuimos vencidos en el puerto, de que Mitre se hizo un pedes- 
tal para su ambición. Batido en todas las cuestiones, por su 
falta de instrucción, proclamó las viejas animosidades provin- 
ciales, insultó a Vélez, y retrajo a Madero de llevar adelante 
obra imposible desde que traía ai>arejados pleitos y conflictos, 
de que el capital huye. Pasado el calor del debate. Castro me 
hizo ver para que nos entendiéramos amigablemente. Su pensa- 
miento era encargar a nuevos ingenieros que hagan estudios. 



302 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Díjele que necesitaba declaración solemne para que constase 
que todo trabajo que se emprendiera era nacional; y con poca 
gana convino en que el gobierno nacional diese un decreto man- 
dando hacer los nuevos estudios. Creía que yo le iba a confiar 
a él esta diligencia, cuando supo que encargaba yo a M. Lesseps, 
el del istmo de Suez, designarme los ingenieros prácticos en 
remover arenas y gobernar por los cuernos mares, no que ríos 
tranquilos. Hade saber usted que desde 1846 conservo relacio- 
nes con M. Lesseps y que en París me visitó y mostró sus tra- 
bajos. Encargo, pues, a Balcarce entenderse con él a este respecto 
y cuento con revestirme de la autoridad de tan gran nombre 
para poner a la orden del día la cuestión puerto el venidero 
año. 

Usted puede ayudarme poderosamente, con algunos trabajos, 
y lo autorizo a gastar algunos reales en obtener un dictamen, 
de persona competente sobre la autoridad exclusiva del Congre- 
so para ejecutar esta clase de obras. Es inútil darle a usted de- 
talles e instrucciones, usted sabrá mejor ponerse la cuestión, 
con todos sus antecedentes históricos y constitucionales. 

Importa este trabajo inmensamente. Ya es bandera de elec- 
ciones el puerto y los límites — a saber Buenos Aires no admite 
que el Congreso haga puerto, no fije otros límites que los que se 
imputa a sí mismo. Como en lo último cada provincia obrará lo 
mismo, resulta que no habrá generación de estados o provincias, 
quedando en las catorce actuales comprendida siempre la Repú- 
blica. Es un gusto como cualquiera otro; pero lo del puerto pasa 
de gusto ; y entra en los dominios de confederación. Vea, pues, si 
nos puede mandar un panfleto impreso (traducirlo). Le enco- 
miendo la impresión del código de Vélez en otra carta. Hay un 
punto delicadísimo que no pude tocar en ella ; y que al hacerlo 
aquí, lo dejo todo al buen juicio de usted. El reproche que con 
más generalidad se hace a la magna obra de nuestro amigo pro- 
viene de faltas de idioma y de estilo, lío creo que él sea fuerte 



CAETAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 303 

en cuestiones gramaticales, aunque ha contestado a mi parecer 
victoriosamente a algunos cargos. Yo le insinué con la timidez 
natural, que podría permitir al corrector de x)ruebas allá reco- 
mendando a Mantilla para eso, que extendiese su expurgación 
hasta el empleo de proposiciones más propias, en caso de estar 
mal usada alguna y él consintió, o asintió, sin una declaración 
positiva. 

Me ocurre la idea de que Mantilla o Bachiller declaren posi- 
tivamente incorrecta una frase, impropia una instrucción — an- 
ticastellana, etc. Qué conflicto para usted y para mí. ¿ Podría 
retocarse con la mayor parsimonia cuanto bastara a quitar lo 
absolutamente chocante I Podría usted con el conocimiento que 
tiene del sentido, autorizar modificaciones de fraseología que 
estuviere seguro en nada lo alteraban"? Como ha de estereoti- 
parse el libro todo esto ha de tenerse en cuenta, no habiendo 
tiempo de consultar previamente. Acaso el estereotipo permita 
introducir en una segunda edición las correcciones indispensa- 
bles que el profesional saber de un hablista recomendase desde 
allá, bajo la autoridad de usted. 

Como Mantilla le ha de decir de suyo no más lo que le cho- 
que, espero que usted consulte su propio juicio del deber, de la 
gloria duradera de un amigo, y de su respeto por sus suscepti- 
bilidades que no creo grandes en materia de lengua sino de 
ciencia. 

La obrita de Cosson requiere menos miramientos. 

Quedo su afectísimo. 

Sarmiento. 

Buenos Aires, agosto 11 de 1869. 
Señor don Manuel Garda. 

Mi estimado amigo : Le escribo bajo las impresiones desagra- 
dables de una situación enojosa por lo tirante, no obstante lo 



304 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ficticio O lo perverso de los móviles. No le hablaré de nada, pues, 
sino de política. Ya usted conoce la cuestión San Juan y el bri- 
llante debate que la terminó. 

Mais chassez le naturel, il reviendra au galop : la teoría fran- 
cesa contra el Poder ejecutivo. Los lenguaraces déla Cámara se 
habían quedado sin mojar y pidieron un beneficio. Quintana 
presentó un proyecto de ley, atando las manos al Poder ejecuti- 
vo en el artículo 6° sobre intervenciones, que verá en los dia- 
rios y le recomiendo. El ejecutivo presentó con un mensaje la 
ley de 1795, que dispone lo necesario para el caso. Esto ha sido 
el momento (le prueba. ¡Qué discursos se han pronunciado en 
la Cámara! Soy el tirano más espantoso que después de Eosas, 
quiere apoderarse del poder arbitrario. Ellos proponen una ley 
especial, para cada caso de intervención, esto es el arbitrario 
erigido en ley; y yo la copia de la ley de 1795 dictada por los 
autores de la Constitución y que no ha sido alterado en 65 años. 
¡Yo soy el arbitrario! Y esto es aplaudido por una inmensa ba- 
rra. Mitre derrotado, humillado en el Senado, Orouo, aquel san- 
tafecino intervenido y depuesto, Alsina, Quintana, la mayoría 
de la Cámara hacen opinión; y ya que habíamos logrado en el 
Senado introducir el orden en la barra, un poco como en los Es- 
tados Unidos, en la Cámara la desata el mismo presidente para 
hacerse aplaudir hasta intimidar a los que quieren oponerse a 
sus declamaciones. 

Me tiene, pues, en graves dificultades, y temo que Mitre, 
Adolfo Alsina se unan con Quintana como lo están con Oroño 
y los Taboadas para producir trastornos. ¡Pobres pueblos! 

Y sin embargo el país quiere estar en paz; pero es impotente 
para resistir por sí a las maquinaciones de los que gobiernan. 
IJrquiza está tranquilo y me sostiene; y esto me daña. Tengo 
la frontera asegurada y a Rivas en Salta y a Arredondo en San 
Luis, con excelentes fuerzas. El ejército del Paraguay al man- 
do de don Emilio rae pertenece, i Me pertenecerá siempre ? Pero 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 305 

Buenos Aires es un mito, no existe, en política. Los ciudadanos 
no votan, aterrados por la violencia, desalentados por el fraude, 
o el juez de paz. Este año se eligió legislatura y gobierno por 
500 votos en Buenos Aires y 1500 en Chivilcoy. Nadie se alar- 
ma y todos están tranquilos, que gobierne quien quiera. Es pue- 
blo extranjero. 

El espíritu público es, pues, la anarquía : el de los gobiernos 
es la confederación, de soberanos caudillos u otra cosa. 

Puse en voga las doctrinas norteamericanas; Story, Pomeroy, 
etc. ; pero como ellas me daban la razón, entonces no son bue- 
nas y estoy vendiendo la Eepública a los Estados Unidos. Vuel- 
ve todo el embrollo. 

Si no alcanzo a enviarle el proyecto de Quintana que se dis- 
cute contra la ley de 1795 que yo propongo en su lugar, tómelo 
de los diarios que le van, y hágalo traducir al inglés, y como es 
€orto publicarlo en los diarios. Un gran servicio haría usted a 
estos países, y a mis propósitos, si obtuviese de personas como 
Pomeroy, Curtís u otros y de los diarios una crítica razonada 
de los absurdos y de los peligros que encierra el arbitrario de 
la ley especial para cada caso, y de la responsabilidad impues- 
ta al Ejecutivo cuando obra en receso sin ley general ni es- 
pecial! 

Es preciso que no nos abandonen los amigos de las institu- 
eiones federales. ¡ Viera usted cómo se venden aquí libros nor- 
teamericanos sobre constituciones y leyes! 

Los ambiciosos como Mitre han logrado ya un triunfo en con- 
tinuar la eterna broma de esta política de libertad y tiranía, los 
libres con los Taboadas y los tiranos, yo restableciendo legisla- 
turas depuestas. 

Mientras tanto el país está tranquilo, la guerra al terminarse 
si hemos de creer a los generales que cuentan con ello. ¿, Qué 
sucederá trayendo el ejército? ¿Podremos desbandarlo sin peli- 
gro ? Tengo al general Arredondo al sur de Córdoba con buenas 

ANAL. FAC. DE DER. — T. Ilt (3» SEE.) 20 



306 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

fuerzas, y a Rivas en Tucumán con los tres pueblos liberales 
del norte que han triunfado en las elecciones. En Córdoba esta- 
mos seguros; quedando solos los Taboadas enemigos. Mitre está 
de acuerdo con ellos y parece que conspiran a merced de las 
agitaciones ficticias de la barra y de los oradores de las pompo- 
sas declamaciones. 

Yo sigo mi obra; y creo dejar este año telégrafos, censo, ex- 
posición, Código civil, ferrocarril a Córdoba a lo largo del Uru- 
guay ya contratado, y veinte cosas más. 

El año ha sido fecundo y aun las discusiones de la Cámara 
con altura. El efecto del debate de la cuestión San Juan fué in- 
menso ; y hasta ahora está repercutiendo en las provincias. 

Las rentas de julio en solo la aduana de Buenos ^^ires han 
pasado un millón de fuertes; y el crédito es inmenso aquí y 
fuera. Trabajo por sostenerlo y él nos dará los medios de atra- 
vesar la situación que es en efecto difícil. Las lanas nos matan 
y habrá crisis. He mandado hacer un informe sobre minas que 
está impreso y le mandaré ejemplares. Ha sido muy bien reci- 
bido y en Londres lo será mucho más. Acaso logre desenvolver 
esta industria en el interior. 

A Mrs. Mann pídale que obtenga Eeports, opiniones de sus 
amigos sobre la ley propuesta y nos los mande manuscritos para, 
hacerlos publicar aquí; pues espero que sea detenida en el Se- 
nado o la detendré este año por el veto. 

En fin, concluyo por ahora anunciándole que hemos tomado 
a Valenzuela y que todo marcha bien por ese lado. 

Mil recuerdos a su señora y Mitre y demás amigos de su ser- 
vidumbre, su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 307 



Buenos Aires, noviembre 13 de 1869. 

Señor don Manuel B. García. 

Mi estimado amigo : Sus dos cartas anteriores me muestran 
cuánto le preocupan las agitaciones de galvanismo que se in- 
tenta crear aquí. Iba usted por la cuestión intervenciones que 
fué apartada con un veto. Habrále llegado la del puerto que tu- 
vimos que abandonar por evitar colisiones con los que hallan 
en tales medios, camino para sus personas. Las dificultades de 
nuestro país vienen de causas anteriores, de influencias extra- 
ñas en la manera de entender las cosas ; pero se prolongan por 
la dificultad de introducir nuevas doctrinas para corregir los 
errores de la opinión. Cuando nos desviamos registrando deci- 
siones de la Corte suprema, etc., se nos presenta Castro, lo más 
flamante de las viejas ideas de por aquí, a dos cuadras de la 
plaza, nada más allá. Y ya puede usted imaginarse si habrán 
argumentos. 

El vapor le entregará a usted el Código civil, impreso para 
que lo haga reimprimir allí. Éste es un trabajo de amor que le 
encomiendo como ministro y abogado, y como amigo del doctor 
Vélez; todo para mayor gloria del autor, del país y del go- 
bierno. 

Mi plan es el siguiente : 

Edición en ScJieeplaw y formato, papel y tipo del que se usa 
en los libros de materia legal. He calculado el volumen en tipo 
y formato, que vendrá a ser igual a la obra de Coushing, sobre 
las asambleas legislativas. Creo, pues, que esa obra debe ser- 
vir de base para el contrato en papel, formato y tipo. 

Sirviéndose de persona versada en materia de imprenta, pue- 
de, deducidos los espacios blancos que en el original sobreabun- 
dan, calcularse el precio. 



308 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Debe estereotiparse, aunque este trabajo hará subir el precio 
de la primera edición que se bará de dos mil ejemplares, a fin 
de que no salga muy cara. El título debe ser Código civil de la 
República Argentina. 

Como es obra larga y de cierta responsabilidad la corrección, 
conviene que nombre desde ahora un corrector pagado, para 
cuyo trabajo le recomiendo a un señor Mantilla, muy conocido 
de Mitre, o si no estuviere, a un señor don Antonio Bachiller 
Morales, emigrado de Cuba y muy competente. 

Es preciso adoptar un sistema de puntuación, acentuación 
y ortografía. Busque que sea lo más liberal admisible, pues 
todos esos habaneros son ultraespañolitas y académicos. Nos 
interesaría para el efecto moral, que la edición estuviese 
aquí antes de la clausura del próximo congreso, sin pagar 
por eso. 

Appleton es el indicado para la impresión; pero como tiene 
fama de carero, puede usted también proponerlo a Houghton y 
compañía, de Eiver side S. Mass., que ha impreso bien en es- 
pañol, obras de Mantilla, a i-n de obtener el mejor precio con 
buena ejecución. 

Desde que usted celebre el contrato puede librar las sumas 
que deban pagarse. Dejo a usted en aptitud de mejorar o modi- 
ficar las condiciones establecidas en vista de razones poderosas 
que usted pudiera tener en vista; una de ellas el que los gastos 
no sean excesivos. 

No sé si en previsión de futuras enmiendas convendría mena- 
ger espacios en blanco al fin de los capítulos. 

Acaso le vaya un ejemplar del primer tomo de la obra de lite- 
ratura de Cosson, para ser impreso y estereotipado. Si va, 
hágalo imprimir a mil ejemplares, o dos, según mejor con- 
venga, quedando a disposición los estereotipos para futuras 
ediciones. 

Creo que con lo que dejo dicho y con lo que el doctor Vélez 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 309 

le haya hablado, se encontrará usted en aptitud de obrar en este 
encargo, que le vuelvo a recomendar. 

Tengo con este motivo el gusto de subscribirme. 

Su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Nueva York, noviembre 28 de 1869. 

Señor don Manuel Garda. 

Mi estimado amigo: Había recibido su preciosa traducción de 
Laboulaye sin carta, y me preparaba para escribirle, inquirien- 
do la causa de este al parecer estudiado silencio. Pero llegó la 
misiva y tuve mucho gusto de verlo en ella, amigo y correligio- 
nario, en vistas sobre el mundo político que nos toca examinar. 

Eecién obtengo ejemplares de la vida de Lincoln que le en- 
vío con uno que presentará a mi nombre al simpático Laboulaye, 
a quien no le perdono haberme robado el asunto de París en 
América que yo debí llamar el Visconsin; y ahora con sus be- 
llísimas lecciones sobre la Constitución de Estados Unidos me 
trunca, pospone y obscurece mi intentada historia de las cons- 
tituciones argentinas. Me vengaré tratándole como enemigo y 
entrando a saco en sus dominios, ya que ha hecho de la Eepú- 
blica Argentina su escuela puesto que Domingo Sarmiento tra- 
dujo su Farís en América y el doctor García sus lecciones de 
historia. 

¿, No es un digno espectáculo esta alianza del pensamiento 
más elevado de la Francia con el de nuestros compatriotas; y 
llena de promesas al ver al ministro plenipotenciario argentino 
en Estados Unidos, al secretario de legación en Francia, a los 
ministros que prestamos al Paraguay, Calvo, Arcos, todos tra- 
bajando por atesorar materiales para la mejora y progreso de 



310 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

las ideas, y suministrándolas mejores en el exterior con respec- 
to a nuestro país ? 

Estoy imprimiendo un informe sobre educación que mandaré 
al gobierno; tengo no sé qué otro libróte escrito, y me preparo 
para escribir la historia de nuestra constitución, que acaso lle- 
gue a tener algún interés, por cuanto mostrará, cómo obede- 
ciendo a leyes naturales del cuerpo político, hemos llegado 
adonde por otras causas llegaron los Estados Unidos. No le 
ha llamado a usted la atención aquella pertinacia invencible 
de nuestro pueblo a constituirse federales, no sabiendo bien 
lo que querían, pero queriendo esa vaga intuición hasta impo- 
ner su voluntad a los prohombres, desde San Martín a Eivada- 
via ? Ya verá usted desenvolverse este drama, si acierto a se- 
guirlo en todas sus evoluciones. 

^ Tiene usted una colección de tratados argentinos del tiempo 
de Eosasl.. Mándemela, que necesito consultar esa y no otra. 

Volviendo a la de Lincoln he procurado hacerla de utilidad 
práctica para nuestro país, yaque las doctrinas que él sostuvo 
en ciertas atribuciones del poder en tiempos de conmoción 
vienen en apoyo de las que yo sostuve en diversas ocasiones. 
Estudio este país, con la atención del creyente. La república 
triunfa de todas las obtemperancias que los hechos existentes 
o la sorpresa imponen a la historia (hablo debidamente). ¡ Qué 
espectáculo tan consolador ! Somos treinta millones de hombres 
todos educados, poseyendo tierra para medio millón más : cru- 
zada ya por todos los ferrocarriles e hilos telegráficos necesa- 
rios a su desenvolvimiento. Sus entrañas contienen carbón, oro, 
hierro, para dominar la tierra. Da frente al oriente antiguo por 
el Pacífico ; al occidente por el Atlántico, echada así entre los 
dos mundos pasados. Dobla su población cada veinte años, y da 
hospitalidad a la exuberancia de población que de todas partes 
atrae. Con estos elementos, la herencia de libertades conquista- 
das por la Inglaterra y la ciencia humana reducida a máquina y 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 311 

elementos de acción, la república es una solución final al drama 
de la edad media que aun se reproduce por ella a intervalos, 
como arde la llama que va a extinguirse. 

El anacronismo de Méjico parece acercarse a su fin. Este go- 
bierno ha nombrado ministro plenipotenciario cerca del presi- 
dente Juárez al general Logan, que en discursos públicos no 
halla en el diccionario palabras bastante enérgicas para anate- 
matizar el imperio. Todos comprenden aquí lo que este paso 
significa y no disimula el gobierno una declaración de que no 
será reconocida la conquista, disimulada tan mal bajo transpa- 
rentes pretextos. Se parecerán algunos grandes personajes his- 
tóricos en nombre y grandeza, en esto también de perturbar el 
mundo con sus vastas concepciones para no producir sino pe- 
queneces miserables al fin de cuenta. La imperialización de Mé- 
jico, vendrá a ser históricamente una trastada de cadete? á^os 
rancheros mejicanos estarán destinados a romper el ensalmo de 
las glorias de la Francia, esa iniquidad y perversión con que se 
extravía a un pueblo, empeñado en probar que es el más valien- 
te grupo humano, cuando los demás pueblos esperaban que les 
mostrase lo que a nadie daña y estuvieran dispuestos a conce- 
derle, que debiera ser y no lo es el más civilizado del mundo? 

Con todas nuestras inferioridades, yo estoy por la idea de 
aquel que prefería la luna creciente por símbolo, a la luna llena. 
La Francia fué la luna llena ya; y si las ideas que Laboulaye 
trata de inculcar no predominan un día, habremos de esperar 
luna nueva en el horizonte. 

Me he dejado ir por el gusto de hablar con usted. Tengamos 
fe en nuestros destinos. La América del Sur viene en pos, y 
acaso la guerra del Paraguay sea un movimiento espontáneo 
para terminar la evolución. ¿íío habrá dotado Dios al despotis- 
mo para hacerlo que se mate a sí mismo, como dicen del escor- 
pión, de ese instinto agresivo que lo hace encontrar en la Bere- 
sina el freno que rompió en las Tullerías? Impotente el Para- 



312 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

guay para sacudir el yugo, al reyezuelo se le antoja hacer 
también su expedición de Méjico, para conservar el equilibrio. 
¡Qué lecciones! 

Yo sigo con mis escuelas. ¡Cómo me gozo con ello! ¡Cuánto 
espero ! Todo el secreto está ahí. Por ignorarlo la Francia se ha 
perdido tres veces, y sin cambiar sus ideas a este respecto no 
se salvará nunca. Vuelvo, pues, a mis carneros. 

Con mil recuerdos para su señora de quien he oído hablar 
aquí con mucho cariño tengo el gusto de subscribirme. 

Su afectísimo amigo, 

Z>. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, diciembre 30 de 1869. 

Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : A la vista de calles de gallardetes, con 
la ciudad empavezada y llena de arco triunfales le doy el happes 
new year, que proclamo de feliz augurio en la proclama adjunta, 
para leerse a la llegada de la guardia nacional que se retira vic- 
toriosa del Paraguay, quedando 2000 hombres del ejército de 
línea para registrar los materiales y dar caza al López de Mac 
Mahon. Está i)ues concluida la guerra, y esta gran parada, 
triunfo, ovación en Buenos Aires tiene por objeto jeter la pou- 
dre aux yeux de los detractores. ¿ Cómo acabar de otro modo con 
un idiota borracho y feroz que tiene aun 2000 víctimas, que in- 
molar, antes que lleguen a su persona ? 

Si los temores que usted abriga de complicaciones con el Bra- 
sil se realizacen, ya con este acto hemos salvado el bulto, y 
puéstouos en a^ititud de obrar independientemente. Costó que 
me pusiese serio con el Brasil para hacerle consentir que reti- 
rásemos tropas, cuyo excesivo número en campaña, cuando el 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 313 

enemigo no tenía sino reducido número, ha hecho prolongar la 
guerra, por falta de víveres y forrajes. Que concluya, pues, aho- 
ra como quiera el negocio; y con tal que no venga Mac Mahon 
no tenemos que temer. 

Me gusta la manera de discutir del Harper. Sarmiento lo dijo! 
Aquí soy tratado mejor. Un Casares, un Lorea que se llaman 
Municipalidad me negaron el salón para revistar las tropas. 

Las elecciones van bien en las provincias. Aquí se dice que 
las ganará Mitre que se agita, y nadie se agita en contra, sien- 
do cosa indiferente para todos las cosas nacionales, y para el 
gamin de Buenos Aires es de regla estar contra la autoridad y 
la policía; pero como todos juntos aun con un Congreso hostil 
no valen cosa, seguiré gobernando con más o menos éxito, y en 
eso, se pasarán los seis aíios. He asegurado la frontera de ma- 
nera que el ganado al corte de 60 ha subido a 90 y los novillos 
a 350 en tropas. Tenemos propuestas para el ferrocarril al Eío 
Cuarto, de Inglaterra, y está contratado el del Uruguay y en estu- 
dio el de Tucumán que será en breve. Cuento dejar mil millas 
más de ferrocarril y dos de telégrafos. En La Rioja están apren- 
diendo a leer 2000 niños, por 50 el año pasado. Lea la procla- 
ma; y si es usted poeta, créala a pie juntillas. 

Del Código me gustan los precios. ísTo son caros, y en Europa 
no nos darían mucho más barato ; pero por ahora contentémonos 
con lo hecho. 

íío le contaré pobrezas y miserias de aquí. Mitre entra en 
compañía con Gutiérrez para escribir La Nación. El uno decen- 
temente, y el otro se desatará los calzones a su lado. Mitre 
promete no oler ni taparse las narices. 

lío creo que disminuyan como temíamos las ventas de este 
año; pero el otro subirán de uno a dos millones; y como no ten- 
dremos guerra nos hallaremos desahogados. El crédito en Euro- 
pa firme: y el de mi gobierno en todas partes, aquí mismo, cosa 
rara, sostenido. Los que aun j)erseveran en creerme loco, dicen, 



314 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

sin embargo que el gobierno es intachable aunque ellos lo ha- 
rían mejor se entiende. Cuestiones habrá un millón y el movi- 
miento impreso a la opinión por Mitre, Castro, Taboada es state 
right puro; y como aquí vamos á rebours del mundo, puede ser 
que mis mulos enderecen para atrás. 

La transformación de la tierra de ganado, en tierra de labor 
viene haciéndose en Santa Fe de un modo prodigioso. Iré luego 
a visitar las colonias y me prometo impulsarlas. Me llegan las 
noticias del brillo de las receijciones de madame la ambassatrice 
argentina, y como conozco todo el personal de las legaciones y 
el papel que sin las dotes de sociedad tan espléndidas, hacía la 
señora de Astaburuaga me gozo en creerla la estrella de la di- 
plomacia. 

Nada más oportuno que su conferencia en Washington con el 
general Grant. ¡ Con decir que le hizo hablar ! 

Llega aviso de estar el ejército en el Eosario y llegar a las 11 

de la mañana. Soy, pues, todo fiestas y órdenes. 

Su afectísimo. 

I). F. Sarmiento. 



Buenos Aires, febrero 15 de 1870. 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : He recibido con mucho gusto su carta 
del 18 de diciembre en que tanto se queja de los numerosos en- 
cargos que lo abruman. ^ Y si no hubieran encargos que haría 
la embajada ? 

Hace muchos años que pretendía yo que no teniendo influen- 
cia afuera, nuestras misiones diplomáticas debían suprimirse o 
hacerse oficinas de trabajo, para la transmisión de cuanto ele- 
mento pueda sernos necesario importar. Está usted, pues, en el 
buen terreno, cuando está acomodando cajones e inspeccionan- 
do bancos de escuelas. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 315 

Siento mucho que se nos eche a perder Davison, que era tan 
bueno. Alguna indicación suya muy fugaz que sólo se explica 
por la carta de usted me muestra que él se apercibe que usted 
está descontento con el país, o los hombres que lo rodean. 

I Por qué no distribuye usted sus tareas entre los secretarios 
y attachés f Uno atiende a esto, otro a aquello. 

Luego habrá recibido el código y mil pesos pedidos. En cuan- 
to a correcciones, si usted no cree seguro hacer las pequeñísi- 
mas que le indicaba déjelo como está. Sobre esto no puede haber 
discusión. Todo lo demás se ha allanado en la medida que es 
posible y sin excedernos de nuestros medios. A Gould le van 
400 francos, a Davison y usted la orden de prescindir de fletes, 
a usted la de tener paciencia. 

Hablemos de cosa que será más amena para usted. Vuelvo 
apenas de mi prometida visita a las colonias. Mi viaje ha sido 
un triunfo permanente a través de ciudades y campañas entre 
nacionales y extranjeros. Creo que lo que les complacía era 
ver por primera vez, no obstante Derqui, Urquiza y Mitre un 
verdadero presidente, el presidente de todos. La cosa era nueva 
y sorprendente. En Buenos Aires no quiere acabar de creerlo 
todavía, debido a que aquí soy muy conocido. Las colonias en 
definitiva son veinte o más puntos por donde la agricultura em- 
pieza a apartar el ganado y labrar la Pampa, y lo hacen con tal 
éxito y rapidez que temo que en diez años no haya en Santa Fe 
donde poder pialar un ternero a gusto. Es majestuoso y bello el 
movimiento. « Aquí, señor, decía el mayor de Esperanza, aquí 
todos somos ricos ! y de diez y ocho colonias, todas podrían res- 
Xwnderle lo mismo. » 

Hay esperanzas, pues. ííuestro crédito en Europa tan exage- 
rado nos permite realizar cuanto es necesario a la prosperidad 
pública y preparar elementos para más colosales desarrollos. La 
emigración toma estas proporciones, y desde Inglaterra la ten- 
dremos muy luego de farmers por las tierras del central ; por 



316 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ensayos parciales que con éxito hacen ingleses, por sociedades 
que se organizaron en Inglaterra bajo la impulsión que ya esta- 
mos dado. 

Nos proponen capital para un Banco Nacional; y ya Vélez 
mandó las bases. Tengo, pues, la tela de que se hace la gloria, 
tierra, emigrantes, crédito y plata al contado. Nada queda por 
regenerarse sino es la pasada administración que sigue sus pro- 
pósitos, aunque modificadas sus esperanzas, en presencia de la 
seguridad de la marcha de la situación, y de la universal apro- 
bación pública se ha moderado La Nación, y Mitre feliz en to- 
dos sus medios de acción ha perdido por lo menos la esperanza 
de hacerme fracasar, aunque no dude de heredarme. Le he de 
dejar república tan próspera que será un majadero si por lome- 
nos no sigue la huella que dejaré trazada. 

I Quién ha hablado de traer a Carranza ? Yo no he dicho una 
palabra. Aproveche a Mitre. Él me dice que usted no lo ocupa 
como él esperaba, y que un sentimiento de timidez lo retrae a 
él de hacerse intrusivo. Como la posición de este joven es tan 
anómala, es preciso hacer de tutor. Mande usted, pues, y haga 
que sea útil el sueldo que la nación paga. A él le escribo en el 
mismo sentido. 

El ministro Rirk fué uno de nuestros compañeros de viaje; 
y aunque todos los ministros europeos rivalizaron en galante- 
ría y benévola apreciación de cuanto presenciaban en manifes- 
taciones, y elementos de riqueza, Eirk atrajo la atención por la 
sincera cordialidad con que simpatizaba con cuanto nos es fa- 
vorable. En el Fraile Muerto hoy Bellville, se encontró con un 
pueblo inglés, y les dirigió la palabra en términos que dejaron 
a todos cautivados. 

Me gusta muchísimo que, según el parecer de Sumne, mada- 
me García y yo seamos los dos argentinos decididamente civili- 
zados. Dele a ella el parabién, asegurándole que yo me lo sos- 
pechaba también de tiempo atrás. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 317 

Miss Gorman estuvo tres o cuatro días en casa de Vélez, donde 
usted sabe hacen plantas, conservatorios, estatuas, bibliotecas, 
etc. ün día les dijo a las niñas : « Ustedes son lo mismo que las 
señoras de los Estados », lo que importaba la sorpresa de en- 
contrarles tales excepciones. Esa es South- America, y ya verá 
si es gigantesca nuestra obra de hacernos admitir en términos 
iguales siquiera con los pueblos civilizados. En un discurso en 
las colonias, echándoles en cara a los italianos que no manda- 
ban sus hijos a la escuela, dije; no nos traigan los vicios de su 
país, he estado en Italia : de 22 millones de habitantes 18 no 
saben leer. El maestro se atufó, porque en los aires que se dan 
aquí, le sabía mal que les levante la camisita y muestre la rea- 
lidad. Woothington viendo el carnaval, el Club del Progreso, 
quinientas damas el egan tes, decía, esto no se conoce en los Esta- 
dos Unidos, tanta distinción, tanta elegancia; y todos los demás 
repetían a porfía lo mismo. Consuélese, pues, de no ser contado 
entre los hombres eminentemente civilizados. Déjeme y ayúde- 
me a trabajar la opinión de los Estados Unidos. La Europa la 
seguirá. Seremos reputados civilizados, mediante ciertos bancos 
caros, ciertos libros impresos. En Francia eso lo hace el carpin- 
tero o el impresor sin alcance ni rebertissement. i Cuánto costa- 
ría traducir e imprimir a Coushing ? 

Se acaba de publicar un manual de despacho de la aduana en 
Kueva York. Libro tan notorio ha de hallarlo dondequiera. 
Encargúeselo a Mitre y mándemelo por el correo. Si creyese 
convenir compre más. ]S"o se asuste por el pago de 40 pesos por 
correo del Código. Era necesario asegurarse el envío. Mando 
otro. Y si se pierde una página veré de ponerle una suma para 
gastos allí. & Quiere mandar a Francia una banca norteamerica- 
na de modelo y preguntar a cómo harían el cien y el millar ? He 
de pedir 20.000 un día. Otro tanto diría de maestros a Prusia ; 
pues sólo eii Prusia y Estados Unidos existe esta droga. Lo de- 
más son falsificaciones. 



318 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



Bueiios Aires, marzo 17 de 1870. 
Señor don Manuel Qarcia. 

Mi estimado amigo : Los recientes sucesos del Paraguay po- 
nen término definitivo a la guerra mal que le pese a Mac Ma- 
hon. Como verá, lia sido tomada la Lynch e hijos. 

Quedamos arreglarnos con el Brasil para poner término a la 
alianza 5 y en el modo y forma no estamos de acuerdo con el se- 
ñor Paranhos. Quisiera un tratado preliminar de paz y otros 
formulismos que sientan mal en presencia del exangüe país a 
quienes se refiere. Un ministro saldrá luego para el Paraguay. 
No queda un solo hombre en armas. 

Ahora a los libros. Vanle veinte mil fuertes para los objetos 
que le designa Avellaneda : Código, Cosson, Gould, etc. No 
creyó Gorostiaga aceptable lo del Banco porque le harían pagar 
caro aquí la comisión. 

No se presione por no estar a las instrucciones dadas en glo- 
bo. Si Mantilla puede ahorrarse, ahórrelo. Temo los errores ti- 
pográficos de que usted no ha de poder garantirse. Corregir 
pruebas es más profesional de lo que parece. En la publicación 
de Cosson, el interés era tener el estereotipo, para ediciones ba- 
ratas; pero si ha preferido el otro modo no hay que decir. 

Las maestras no han llegado, y la fiebre amarilla está en Eío 
de Janeiro, de lo que las libra venir en buque de vela. Aquí han 
habido ayer dos casos a bordo de los vapores. 

La tranquilidad es perfecta y creo que la buena opinión del 
gobierno universal. No sé si hablé antes a usted de mi viaje a 
las provincias del litoral y colonias, acompañado del cuerpo di- 
plomático. Las ovaciones no expresaban bastante todo lo que 
de significado político tenían. Aquí se ha sentido de rechazo, 
dando moderación hasta a La Nación. 

No sé si tengo tiempo de escribir a Davison y Mrs. Mann; 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 319 

por falta de tiempo y asunto. En el correo venidero tendré de 

qué hablarles. 

Mil recuerdos a su señora, cuya conducta apruebo. Me gusta 

que dédaigne decir en los diarios, y sobre todo por los mulatos 

esos de López. 

Su afectísimo amigo, 

D. F. Sarmiento. 

Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Triste alcance el que bago a mi carta 
anterior. Urquiza ha sido asesinado en su casa de San José, por 
una partida de blancos del Uruguay a fin de envolvernos en la 
guerra civil que ellos han provocado en su país y que el gene- 
ral, en cumplimiento de órdenes estorbaba; pues de Entre Eíos 
salían los grupos. Este acontecimiento viene a introducir la 
perturbación que espero sea momentánea. 

En veinticuatro horas y en vapores despaché mil hombres 
de las tres armas al teatro de los sucesos. Tengo medios pode- 
rosos de acción y cuento con que este accidente pasará. ¡ Cosa 
extraña! Hasta hoy 16, no tengo noticia oficial délo ocurrido, 
no obstante haberse nombrado gobierno provisorio. Como la re- 
volución era blanca puede ser que haya el propósito de llevarla 
a cabo. El ejército está allá, y tiene órdenes de estorbarlo. Haré 
todo lo posible por salvar el honor nacional y la paz también. 

Su afectísimo. 

Sarmiento. 



Buenos Aires, abril 12 de 1870. 
Señor don Manuel García. 

Le escribo mi estimado amigo para contestar su última en 
que tantas noticias buenas y malas me da. Lo de Mitre ya me 



320 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

lo temía ; y sin la suya, habiendo librado mil pesos sobre el go- 
bierno sin autorización le había escrito con severidad. El día 
que llegó la noticia de la muerte de López hice salir el 6° con 
la música y orden de felicitar al general Mitre. Esto motivó 
una visita de su parte, y como terreno neutral hablamos de Bar- 
tolo quejándose él también de su despilfarro. Díjele lo que le ha- 
bía escrito. Várela recién llegó anteayer del Paraguay y aun 
no hemos hablado del nauseabundo negocio ; y aunque me duele 
veo que es inevitable mandarle su cese. Si por Carranza pudie- 
ra inducírsele a renunciar e irse al Perú, sería excelente ; pues 
que aquí tiene peor fama y ni su padre puede rescatarla. Se- 
ría odiosa su presencia. El mes venidero, pues, proveeré. La 
guerra está terminada. Diferimos con el Brasil en puntos de 
forma, en cuanto a darla oficialmente por concluida. Nosotros 
queremos retirar nuestras fuerzas, y dejar a los supervivientes 
que constituyan gobierno para hacer los tratados de que habla 
el de alianza. Los puntos que este tratado debiera abrazar son : 
reconocer el Paraguay los límites que le dan en él los aliados, 
reconocer la deuda de los costos de la guerra y la libre navega- 
ción de los ríos. El Brasil o Paranhos quiere que tratemos ésto 
con el gobierno provisorio, o si no lo reconocemos hábil, haga- 
mos un tratado preliminar de paz, en que reconozca aquellas 
condiciones, para ser ratificadas por el congreso o poder que se 
elija por el pueblo paraguayo. Nosotros nos negamos a tratar 
con el provisorio por creerlo incapaz (sin facultad para obligar 
al Paraguay). Renunciamos a exigirle reconozca la deuda, por 
ser tan enorme con la del Brasil que queda para siempre ma- 
niatado. 

La navegación queda expedita ; pues han sido horriblemente 
escarmentados para obstruirla. El Brasil parece no perdonará 
la deuda; pero se muestra dispuesto a ceder algo de territorio, 
a trueque que nosotros cedamos del Chaco. Aquí está la intriga. 
El Brasil en el tratado de alianza se dio a su arbitrio límites 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 321 

que nunca había pretendido. Cediendo, pues, territorio, cede lo 
que era del Paraguay. Nosotros nos dimos los límites de anti- 
guo reconocidos, que el Paraguay no disputó y sólo los López 
invadieron en el Chaco y Corrientes, haciendo una punta del 
río Paraguay y del Paraná. La guerra nos puso en posesión de 
nuestro propio territorio en Corrientes y Chaco y lo conserva- 
mos. Paranhos pretende que nos empeñamos en tratar porque 
« el tigre ya agarró su presa » frase iracunda del debate. Si la 
guerra es un tigre, la guerra nos dio lo nuestro y nada más. 

Hemos pasado un contraprotocolo reducido a las siguientes 
cláusulas. Los aliados y el gobierno provisorio dan por termi- 
nada la guerra. El provisorio ratifica las declaraciones que hizo 
de reconocer los puntos establecidos por la alianza. 

Se obliga a convocar al pueblo para nombrar el gobierno de- 
finitivo con quien tratar. Los aliados retiraron sus tropas. Fí- 
janse cuatro meses para nombrar gobierno, etc. 

El emperador me hace decir por Paunero que él no disputa 
el derecho que tenemos al Chaco; pero que será muy alarmante 
que dejemos tropas en frente de la Asunción. Le hemos contes- 
tado que no tenemos en todo el Paraguay 900 hombres (es la 
verdad) y que no dejaremos allí más que lo indispensable para 
la seguridad de la población. Por sugestión de Vélez se le aña- 
dió, menos que la fuerza que pueda contener un buque de gue- 
rra brasilero. 

Ellos tienen Matogrosso y por tanto derecho de mantener tro- 
pas. Tienen buques de guerra en frente de la Asunción y nadie 
puede disputarles el derecho de llevar fuerzas : y se pretenden 
alarmados por un piquete de nuestros soldados. Él reconoce hoy 
como siempre los ríos Paraguay y Paraná como límites de de- 
recho y naturales del Paraguay trae a niás de la justicia y nues- 
tra ocupación i)or precio de tanta sangre y tesoros, hacer de 
ambos ríos vías públicas y no propiedad de un común ribereño, 
con lo que se logra que la navegación sea libre a todas las ban- 

ANAL. FAC. DE DKR. — T. III (3» SER.) 21 



322 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

deras, según las leyes argentinas, pues nuestras leyes rigen so- 
bre una de las riberas. No puedo anticipar nada sobre el fin de 
la negociación, ni las intrigas que se moverán para propiciarse 
la opinión de los paraguayos, con el sebo de recuperar territo- 
rio en el Chaco. Ya reclamaron de nuestra ocupación, como si 
lo guerra hubiese sido para divertirse en matar yParanhos me- 
tió un poco la mano. 

De lo demás de su carta poco queda que necesite contesta- 
ción. Corrija o no el texto del código según su juicio. Yo suelo 
dar estas órdenes militares. Haga tal cosa bajo su responsabili- 
dad. Siento decirle que erró de medio a medio en no estereoti- 
par el Cosson. ¿Para qué imprimirlo si no era para asegurar el 
estereotipo! Pero no se aflija. Otra vez se hará. Deseo ver uno 
y otro libro. Ya se libraron 30.000 duros para eso y mucho más. 

Habrá visto lo de la comisión de emigración en Inglaterra. 
Yo lo he echado a la broma, mejor que enojarme. ¡Peor es me- 
neallo! Nos vemos apurados de dinero para los gastos extraordi- 
narios, que son millones. Las rentas suben. El crédito usted lo 
conoce. En ñn, tenemos que salir a la raya a tira y tira. Sé que 
que M* es la señora de Washington. La felicito! Eso nos pone 
en predicamento. Llegaron las maestras. Estoy contento. Ex- 
presiones a mis amigos y usted disponga del suyo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, agosto 16 de 1870. 

Excelentísimo señor ministro don Manuel García. 

De aquí le escribiré amigo en presencia de la guerra de Euro- 
pa que compromete el éxito de nuestro empréstito de treinta mi- 
llones y la de Jordán que se prolonga por la inercia de nuestros. 



CARTAS.de sarmiento a M. R. garcía 323 

generales ya removidos, amenazando convertirse en una de sal- 
vajes unitarios o en la segregación de Entre Ríos favorecida por 
los blancos que esperan no sin probabilidad triunfar en Monte- 
video. 

Estoy, pues, disgustadísimo: en medio de la confianza públi- 
ca, con el congreso simpático, las opiniones desorientadas, la 
exposición preparándose espléndidamente y Gould en vísperas 
de llegar. Creo haber llegado al apogeo de mi gobierno, acaso de 
mi reputación personal; pero esta guerra de gauchos, autono- 
mía y federales rojos es una plataforma de maderos amarrados 
con tientos; y en lo más bonito y patético del drama, un tiento 
afloja, y patatuz... se llevó la trampa, drama y dramaturgos. 
Afortunadamente el mundo tiene otros disparates de que ocu- 
parse allende el Rin, y no habrá ni silvos para nosotros. 

La historia se reduce a ésto. Asesinado IJrquiza hice pasar 
rápidamente fuerzas a Entre Eíos, que no se movieron de un 
lugar. Mandé otro ejército al Paraná que dio una batalla incom- 
pleta. Persiguieron a Jordán que les hurtó la vuelta y tomó to- 
dos los pueblos desguarnecidos. Mis generales compraban ca- 
ballos según la constitución. Jordán reunió todos los de Entre 
Ríos sin ceremonia y hemos quedado a pie, con dos brillantes 
ejércitos separados, pues los generales no cuidaban de reunirlos 
cuando pudieron. Jordán marcha sobre la ciudad del Paraná 
fortalecida, y donde está un poderoso ejército, con pocos caba- 
llos. Lo demás lo sabrá usted por el vapor siguiente. 

Ha venido a mezclarse con tantos motivos de desagrado uno 
que le toca a usted por su familia. L. Mansilla había trabajado 
en las elecciones, lo hice coronel y lo mandé a Río IV. Su con- 
ducta era excelente en unos respectos, mala en otros, y así iban 
las cosas, cuando una acusación de delito sin nombrar delin- 
cuente dio lugar a levantar sumario, siendo presidente Alsina. 
Nadie tuvo intención hostil. Vuelta la información al ministro 
decreta al fiscal. El fiscal dice hay lugar a proceso; proceso sin 



324 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ferit. Pero Mansilla dirige de buenas a primeras una carta al 
ministro poniéndolo de oro y azul. Lo más singular es que la 
inserta en el proceso. Mi i^apel en todo esto es negativo; y sólo 
intervengo para mostrar su sinrazón a Mansilla y procurarle 
ocasión de apartar el golpe que le vendrá si no dejo bien puesta 
la ajada autoridad del ministro. Todo en vano, insiste en que se 
le sentencie, cosa que yo quería evitar; y el día llega... y queda 
destituido por salvar la dignidad del gobierno. Yo soy el pato 
de la boda; atribuye a personalidades mis motivos; yo que no 
había tenido arte ni parte, y veo que sigue en la prensa un sis- 
tema de oposición encubierta. Tengo, pues, que resignarme. 

Con la llegada de Gould, en estos días tendré ocasión de ha- 
blar de los Estados Unidos y de usted. 

Témese aquí que nuestras lanas bajen en Europa con la gue- 
rra, lo que no estorbará que hagamos doce millones de renta en 
la sola aduana de Buenos Aires. Las provincias se mantienen 
quietas y la verdad es que a nadie le ocurre que la tranquilidad 
sea perturbada con la guerra de Entre Eíos. 

Está en el congreso la solicitud muy justa de usted por au- 
mento de sueldo: y creo que será despachada favorablemente. 

Renuncia Várela del ministerio por hallarse muy enfermo, e 
irse a Europa a curarse. ¡ Qué hubiera dado por tenerlo a usted 
a mano! y meterlo ahí para salir de apuros. Habrá visto en los 
diarios las renuncias, incluso la mía. Todo obra de los niños de 
la prensa que se divierten en inventar hipótesis a su paladar. 
Vamos cayendo en enfance de puro decrépitos. ¡ Oh España ! 

Con la esperanza de mejores momentos para escribirle me 
subscribo de usted afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 325 

Buenos Aires, octubre 13 de 1870. 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Ha llegado la mala de los Estados Uni- 
dos y no he tenido carta de usted, justa retribución a mi silen- 
cio prolongado. ¿ Qué puede escribir un presidente dishearte- 
ned, que ve fracasar toda su obra ante un gaucho que asesina a 
otro para substituirlo como caudillo, y con seis generales ; el 
ejército entero del Paraguay no puede conseguir ni siquiera una 
miserable batalla, y cuanto menos concluir con la rebelión ? 

Mientras tanto las rentas no bastan para tantos gastos; y 
cuando había cesado el más alto crédito en Eiiropa, el maldito 
emperador de los franceses hace su calaverada y nos cierra las 
puiertas a los millones que de todas partes nos ofrecían. Así, 
pues, todo mi trabajo queda esterilizado, y puedo quedar como 
un Eivadavia, bueno para recordarlo treinta años después de 
un cataclismo. Las provincias han resistido enérgicamente a las 
tentativas de perturbación; pero si la guerra o los armamentos 
sin resultado continúan, el hilo se cortará por lo más delgado, 
la hacienda, y el diablo dará al traste con todo. 

Imagínese con esto si he debido tener ganas de tomar la plu- 
ma para escribir miserias y desencantos. 

Toda oposición sistemada ha cesado en el Congreso; pero no 
sucede así en la prensa, que es la expresión no de círculos sino 
de propietarios políticos. Mitre, La Nación; Oroño, La Bepú- 
Mica; Quintana, El Nacional (comprado). Cada uno para sí, y 
todos contra el gobierno. 

Usted sabe cuál es la tradición francesa : guerra al poder; el 
poder es el ejecutivo, llámese Luis XVI, Cavaignac o Sarmien- 
to. Me temo un contraste como el de Luis Felipe, una avería 
como la de los banquetes, hecha sin mala intención por todos 
los partidos. 



326 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

¿ Qué dice usted de la guerra europea ? Aquí se vive en las 
imprentas esperando boletines de noticias. El público es franco 
por la república. ¡ Cuántas decepciones nos aguardan ! Si triunfa 
allá, creo que Héctor Várela será el eco aquí de la nueva repú- 
blica. Yo he ido a los Estados unidos a aprender tiranía; y la 
verdad es que hubiera querido hacer tomar por tipo aquella 
pacífica y fuerte república, en lugar de las agitaciones tumul- 
tuosas de la francesa, capaz sin duda de actos desesperados de 
heroísmo, pero impotente para mantener un gobierno que la dé 
seguridad y duración. Mientras tanto, vea después de Sadowa 
loque queda en limpio. Las naciones protestantes, Estados Uni- 
dos, Inglaterra, Alemania, fuertes, constituidas y victoriosas; 
las católicas, Francia, Italia, España, nosotros ! en medio de 
convulsiones seculares sin atinar a darnos un día de reposo. La 
despótica Prusia ha educado a sus vasallos ; la liberal Francia 
está a merced del plebiscito de la voluntad de los bárbaros ! 

La infalibilidad del papa y la ocupación de Roma. Sobreco- 
gido me tiene la contemplación de los formidables problemas 
que van a resolverse ante los muros de París sitiado ; y a veces 
creo que lo que ahí ocurre no es más que el enderezamiento del 
entuerto histórico hecho por Carlos V, estorbando con sus vic- 
torias que toda la Iglesia entrase en el camino que le trazaba 
la reforma. Las batallas actuales, Sadowa, Sedán, París, serán 
para terminar la obra comenzada y detenida entonces. En ocho 
días más sabremos los últimos sucesos. 

Aquí veo otra cosa que lo que el público ve; y me alarma la 
situación actual. La guerra de Entre Eíos no llama la atención 
de nadie, todos se ocupan de la de Europa; lo que me muestra 
la falta de nacionalidad. Creo no equivocarme al decirle que 
nunca tuvo la república gobierno más popular en el sentido de 
ser reputado bueno por todos los partidos y para todas las pro- 
vincias. Nunca creo que con mejores ejércitos, con menos parti- 
dos violentos y descontentos hubo gobierno más débil. Mi im- 



CARTAS DE SARiMIENTO A M. R. GARCÍA 327 

presión es que si Jordán triunfara por uno de esos absurdos de 
la guerra, vendría a las puertas de Buenos Aires, sin que nadie 
se quisiese oponer, no por serle adictos, acaso por desprecio, 
sino porque este es el espíritu dominante. A las elecciones no 
concurren en la ciudad seiscientas personas, no a la elección de 
diputados sólo, sino de gobernador, de convencionales, de mu- 
nicipales. Diríase que durante seis años no han habido seiscien- 
tos ciudadanos, inclusos sirvientes y peones. Somos extranje- 
ros, los extranjeros dominan por la masa, por la fortuna y dan 
el tono a la sociedad. No ser patriota, no ser ciudadano, vivir, 
gozar, he aquí el bello ideal adonde vamos, sería excelente si 
no hubiera un abismo por delante. 

Mitre ha llegado y no me ha visto. Lo tendrá usted luego en 
escena. 

Quedo su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, noviembre 19 de 1870. 

Señor don Manuel B. Garda. 

Mi estimado amigo : Estamos esperando la anunciada llegada 
del código, de cuya buena impresión han sido precursor los Tro- 
zos selectos. Démele las gracias al joven Carranza por el libro 
encuadernado que me manda, y por el trabajo que se ha tomado. 

No sé si dije a usted o lo ha adivinado el motivo que me hizo 
interesarme en la publicación de este libro. Es un salvavida del 
naufragio de muchos libros; y un engaste para mucho que me- 
rece ser preservado. El público actual no conoce ya mis escri- 
tos; y sólo viendo reunidos algunos fragmentos de estilo míos, 
siento que por ellos puedo creer que estaría bien en la sociedad 
de los que han escrito con éxito. 

Poco tengo que comunicarle de este su país. Hay seca obsti- 



328 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

nada : las lanas en cosecha no tienen valor; y demandan gastos. 
Con la seca no hay gorduras que reemplacen la falta de deman- 
da. Los artículos de París suben; el comercio languidece con la 
guerra europea; y la de Entre Ríos se hace crónica y cancerosa. 
¿ Qué decirle ? Hay dos ejércitos en campaña, con dos i)lazas 
fortificadas. Ayer han debido batir a Jordán, que buscó a Gelly, 
y éste se mantuvo en posiciones de antemano escogidas. Es de- 
cir, eludió el combate. Eivas viene atrás y hoy han debido reu- 
nirse ambos ejércitos y el enemigo escabullídose por tercera o 
cuarta vez. Caballos, es toda la cuestión. Somos bárbaros y la 
barbarie nos vence. No las tengo todas conmigo de que esta 
guerra no dé al traste con todos nuestros progresos superficia- 
les. Kadie quiere descender al fondo de esta nave que amenaza 
hundir tierra mejor repartida, y educación para todos. Al ver 
el movimiento inglés sobre educación, me viene al espíritu que 
somos el pueblo más viejo y más carcomido que exista. La opi- 
nión, la prensa, se ocupan de ensanchar la brecha y demoler 
inocentemente toda barrera para un desquicio general que toca 
a las bases mismas déla sociedad antigua; mientras que la nue- 
va, la extranjera, viene acumulándose en rededor, sin organiza- 
ción, sin apego, sin patria, que no pide ni le dan. Yo miro este 
movimiento casi sin pena porque es fatal, y también porque de 
nuestra propia nulidad saldrá algo más adecuado a la nueva 
situación que están creando tantos intereses nuevos. 

Córdoba se siente nacer a la vida. Puentes de hierro, ferro- 
carriles, telégrafos, observatorio, exposición con todos sus pri- 
mores, jardines ingleses, profesores alemanes científicos; edifi- 
cios nuevos por doquiera, todo casi a un tiempo ; y sin embargo 
la masa de la población de la ciudad y campaña es pobre, pobrí- 
sima, ignorante; el pueblo va con el pie en el suelo, y gracias si 
no hay manifestaciones torpes de fanatismo. ¿ Cómo hacer mo- 
verse en proporción a los medios y en la esfera que trazan aque- 
llas mejoras e innovaciones ? 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 329 

Supóngolo a usted interesadísimo en la lucha europea. Era 
usted antea simpático a los esfuerzos franceses por mayor liber- 
tad y en contra del imperio; y probablemente espera, como tan- 
tos pueblos, un esfuerzo supremo del patriotismo francés para 
reivindicar el territorio por lo menos. ¿Qué resultaría del triunfo 
alemán para el progreso humano ? Cuestión es ésta que a mí me 
preocupa. Hace muchos años que dejé de ser sÍDipático a las 
ideas francesas. Deseando ardientemente la libertad los que de 
ella hablan en Francia han hecho siempre como si se propusie- 
ran acabar con lo que aun les quedaba, y me temo que vuelvan 
a perturbar el mundo con sus ensayos prácticos y apasionados. 
Siento que no pueda yo escribir sobre estas materias, por lo 
extrañas que son a nuestro país y auditorio. Creo estar well por- 
tea sobre ellas. El gobierno de las sociedades humanas, me digo, 
es un mecanismo, y es perverso, por inocente que sea su cons- 
trucción, si no puede preservarse a sí mismo. Los francos repu- 
blicanos nunca acertaron a crear ese mecanismo, que debían 
defender, conservar por el gobierno de la libertad. No lo mejora- 
rán en adelante porque no han dejado en sus hechos históricos 
base alguna en que fundarlo. La república mal construida trae 
el imperio; el imperio trae la derrota. 

Ahora veamos la Prusia. Su mecanismo de gobierno está 
montado en acero; absorbe, asimila, disciplina y educa. La repú- 
blica francesa produce los efectos contrarios. La Prusia militar 
es hoy Alemania; la Alemania está al frente de las ciencias his- 
tóricas; y el pueblo alemán educado es el que más realiza el 
programa de una democracia. ¿ Cómo es que los Estados Unidos 
y la Alemania, más Nueva Inglaterra y Prusia, se tocan a este 
respecto ? ¿ Aprenderán a leer los demócratas franceses ? ¡ Lo 
dudo! 

A su señora mis más cordiales gracias por el billetito en que 
con tanta complacencia me transmite las palabras del general 
Grant, que tanto me favorecen. Es tan personal el cumplido 



330 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

que no he podido escribirle separadamente, por no ser don yo 

ni cantar como el cuervo. 

Su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, enero 14 de 1871. 

Señor don Manuel R. García, ministro plenipotenciario. 

Mi estimado amigo : Le escribo a usted por llenar un vacío 
que no diré mis ocupaciones sino mis preocupaciones de ánimo 
dejan a cada correo. 

La brutal guerra de Entre Ríos no me deja un momento tran- 
quilo. Nuestros ejércitos han triunfado siempre, sin terminar la 
guerra, i Quiere usted la explicación de este fenómeno % Caba- 
llos. Desde el principio, Jordán, como es la costumbre y la 
necesidad del país, arrió con los caballos de todo el mundo, 
mientras aquí nuestros generales se obstinaban en comprarlos. 
El error principió con la guerra, dejándole así al gaucho su ele- 
mento. Ahora para remediarlo necesitamos comprar a peso de 
oro caballos afuera y estamos paralizados mientras se reúnen. 
Nuestras fuerzas ocupan la ciudad del Paraná y todo el litoral 
hasta Gualeguay. El movimiento Jordán es el del caudillo con 
degüello, y cuereo de vacas. Ha creído resucitar las luchas de 
salvajes unitarios, y este anacronismo nos costará cuatro o seis 
millones de pesos. 

La tentativa hecha de sublevar a Santa Fe fracasó, mostrán- 
dose el pueblo gaucho decidido a sostener las autoridades nacio- 
nales. Este sentimiento domina profundamente en las provincias 
que han permanecido tranquilas, y nada menos desean que albo- 
rotar. Ha intentado hacer lo mismo con Corrientes y hasta hoy 
creemos que sin éxito. Nos preparamos a entrar en campaña en 
ocho días y dar un fuerte golpe. JHe consumido generales que 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 331 

no se han mostrado a la altura o más bien a la bajeza de esta 
guerra de disparadas y correrías. Ahora está al mando del ejér- 
cito Arredondo, que ha hecho con éxito la guerra de montonera. 

La prensa de Buenos Aires es toda hostil al gobierno, sim- 
plemente porque detrás de cada diario está un empresario polí- 
tico, Mitre, Quintana, Castro, Oroño, todos hostiles entre sí 
pero de acuerdo en incomodar al gobierno. Hacemos pocos pro- 
gresos sobre el antiguo programa de república demagógica y 
anárquica, en frente de los instintos populares que tiran al des- 
potismo del gaucho feliz en las correrías a caballo. 

Aproveche la primera ocasión de dar al presidente Grant mis 
gracias por los buenos consejos que me enviaba por conducto 
de nuestra excelente Eduarda, a propósito de los ataques de la 
prensa. Sigo el consejo, como dicen del avestruz que sepulta la 
cabeza en la arena, cuando perseguido, para que no lo vean. 

Grande alarma y vocinglería han causado aquí las correccio- 
nes del código, dando pretexto a Mitre y otros de desfogarse 
contra el gobierno, el ministro, etc. Se ha nombrado una comi- 
sión de cotejo y ésta ya asegura que, conservado el sentido sin 
alteración, la redacción ha ganado en corrección. Veles está con- 
tentó, pero otros no lo están por él, y parece que se preparan 
para incomodarlo en la Cámara. De todos modos un código que 
ha de sobrevivir a la época presente, que ha de ser leído fuera 
del país, que tiene que sostener la comparación con el del ha- 
blista Bello, de Chile, merece todo cuidado al imprimirlo y qui- 
tar los pretextos a la crítica. Si, pues, las correcciones satisfa- 
cen esas exigencias que yo llamaría de decoro, y en nada alte- 
i'an la ley, han debido hacerse, y me complazco en ello. 

Todos los trabajos emprendidos para mejorar la vialidad 
del país o extender la educación, continúan, aunque la guerra 
nos distrae enormemente. La hacienda sufre y como usted pue- 
de imaginarse, en país donde se autoriza al poder ejecutivo a 
gastar y no se le da dinero, vivimos de expedientes. 



332 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Las lanas han tomado algún valor, y la seca es espantosa. La 
exposición marcha con éxito; y la de máquinas fué espléndida. 
¿, Cómo estarán los ánimos para entonces Margo ? ¿ Tendrá el 
presidente que ir escoltado por un ejército ? 

Nada le digo de la Francia. El desastre es demasiado grande 
para que lo reparen actos de heroísmo. Aquí todos los diarios 
son afrancesados. El mensaje del presidente Grant al Congreso 
sobre sus relaciones con la Inglaterra, ha llamado la atención 
como una amenaza. Lo que descuella en la perturbación gene- 
ral es la majestad de la república exenta de conflictos, desarro- 
llando su poder y mostrando la solidez de sus instituciones. 

La guerra de Jordán me ha traído dudas sobre la estabilidad 
de las nuestras. El bárbaro de las campañas siempre. Cada año 
un Chacho, un Várela, un Jordán, con este o el otro pretexto, 
siempre el mismo. Admírese. Buenos Aires se reedifica y ex- 
tiende como Chicago. Los tranvías llegan a San José de Flores, 
y tienen toda la ciudad en movimiento. 

Mil recuerdos a Eduarda, y a Carranza y amigos. Quedo todo 
suyo afectísimo. 

JD. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, mayo 31 de 1871. 

Excelentísimo señor ministro don Manuel García. 

Mi estimado amigo : No he recibido carta suya por este va- 
por, y esto me estimula a escribirle a fin de que no se crea olvi- 
dado, o intencionalmente négligé. La guerra del Entre Ríos me 
dejó una impresión de desaliento que rae hizo desconfiar de 
todo. Era yo un experimentador que había anunciado con gran 
pompa hacer marchar un buque por un nuevo mecanismo ; y 
antes del ensayo encontrado que el tal mecanismo era una ilu- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 333 

sión. No que me sorprendiese que hubiera guerra en el país de 
la guerra, sino que por motivo tan innoble, con medios tan gran- 
des como los que el gobierno nacional poseía, se encendiese 
guerra que en un año no se pueda terminar. ísTo hubieron bata- 
llas hasta noviembre, que fué una sorpresa, no obstante tres 
ejércitos y seis generales. De la guerra sólo quedan seis millo- 
nes menos. Verdad es que el orden y la libertad del Entre Eíos 
los darán en aumento de prosperidad y renta. 

A esta altura iban las cosas cuando estalló la fiebre amarilla, 
la más mortífera que se conoce en los anales de las epidemias. 
Estábamos, pues, minados, envenenados por las emanaciones del 
Riachuelo — de los comunes — de la infiltración de las aguas 
corrientes sin desagües dos años, renovando y fermentando los 
antiguos depósitos desde la fundación de Buenos Aires. 

Esta epidemia ha traído otras en los ánimos. La política mez- 
clada con la caridad, a punto de no hacerse una receta o dar un 
socorro sin mandar una andanada al presidente o al gobernador 
o a alguien, porque los candidatos políticos, los diarios y los 
politicians son los que promueven todo. Hemos salido al fin de 
la plaga y de la comisión popular. 

Tenemos ahora el empréstito de Londres para emprender tra- 
bajos públicos. Dios sabe qué nuevas dificultades se presentarán. 

El Código será según se cree materia de ataques furibundos 
de parte del general Mitre y de Quintana. Una comisión exami- 
nadora declara que nada hay que cambie el sentido de ninguna 
frase. Pero el ataque no es contra usted sino contra mí, contra 
Vélez... Lo apoyarán todos los que no leen el Código, porque 
no pueden leerlo, pero que pueden apasionarse por puntos y 
comas creyendo que eso entienden o pueden entender. No se 
preocupe usted, pues, de eso, que en manera ninguna afectará su 
buen nombre, porque no es a las comisiones, sino a la facultad 
de corregir lo que no se había de antemano examinado. Usted 
sabe que el Código de Chile fué redactado por don Andrés Be- 



334 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

lio, uno de los primeros hablistas y con qué desprecio se miran 
fuera de nuestro país las negligencias de lenguas a que nos 
hemos habituado nosotros. La corrección final de un libro de 
leyes es asunto que no interesa a la legislación, en cuanto los 
códigos son examinados vervatum por los legisladores, sancio- 
nando el conjunto, y el pensamiento del autor. Por la gloria de 
la Eepública, por la más fácil aceptación de las otras, por ho- 
nor a la lengua, debe, pues, depurarse un libro de todo defectillo 
de detalle. Desaprobarán el acto sin desaprobar, porque no pue- 
den la bondad y la utilidad de la revisión. Ko sé qué harán en 
seguida. El libro existe irreprochable en cuanto a edición. ¿Se 
mandará hacer una edición incorrecta? ¡Sería el colmo del ri- 
dículo ! 

Felicito a usted y a su señora por el yanqui con que nos ha 
favorecido. Nada puedo decirle de futuras misiones. Tampoco 
dan las presentes que el país y los que gobiernan se confirman 
en su inutilidad, estando aquí representados todos los gobier- 
nos con la misma inutilidad, pero dejando la esperanza de que 
seamos atendidos cuando algo reclamamos, cosa que no siempre 
sucede en los países donde tenemos ministros, ojalá, pues, que 
puedan conservarse algunas de las actuales embajadas. Hubie- 
ra querido nombrarlo miembro de la Corte suprema aquí, con 
sueldo vitalicio, poco trabajo, mucho honor y quietud de áni- 
mo, seguro de hacer en ello gran bien al país, y conservar las 
invitaciones federales, cuyo espíritu nos traería de allí. No lo he 
hecho por temor de contrariarlo en sus propósitos de educación, 
etc. Se lo comunico para cuando haya una vacante que puede 
ocurrir, pues más tarde o más temprano se han de suspender 
legaciones, y pudiera ser que no pueda yo salvar la suya. 

Apenas he tenido tiempo de ver las noticias europeas, sólo 
veo que los parisienses resisten y escandalizan al mundo con lo 
insólito de su doctrina. Es fortuna que hayan dado en este ex- 
ceso, porque aquí habrían sin eso tenido repercusión. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 335 

Esperando que se disipen los últimos restos de la epidemia y 

délas penas y sufrimientos que trae consigo, tengo el gusto de 

subscribirme. 

Su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Bueuos Aires, julio 12 de 1871. 

Excelentísimo señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : ¡ Cuánta duda le habrá traído mi silen- 
cio ! La verdad es que siento invencible repugnancia al escribir 
sobre asuntos en que mi espíritu sufre, con sólo refrescarlos. 
A la guerra del Entre Ríos siguió la fiebre ; a la fiebre, los Ta- 
beadas. Todo mostrando que estamos sobre un terreno mal pre- 
i)arado para el mantenimiento de la paz; pues sería mucho 
aspirar a ver realizadas las esperanzas que hemos hecho con- 
cebir. 

La del Entre Ríos nos cuesta seis millones, agregados a las 
goteras de la del Paraguay. Esto sería nada, pues la mejor ad- 
ministración y progreso de aquella provincia dará en renta ma- 
yor rédito; pero a más de quedar expuesta a nuevas tentativas 
de revuelta ha mostrado el hecho sólo de tan larga resistencia, 
que no hay mucho que contar con paz interior. ^Y qué hacer 
y cómo hacer ferrocarriles en medio de estas alarmas conti- 
nuas? 

En cuanto a la fiebre sepa usted que nadie se preocupa ya de 
ella. Se ha renovado la sala, la municipalidad; sin que haya in- 
terés representado que a la higiene se refiera. 380 votos en toda 
la ciudad dieron una lista a Quintana que la Legislatura recha- 
zó por ser de Mitre la mayoría. Vuelta a repetir las elecciones^ 
triunfó la lista de los clérigos encabezados por Eduardo Carran- 
za, para oponerse en la convención a la separación de la iglesia 



336 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

y del estado. No crea que es broma. Ya van dos elecciones que 
gana Carranza con fines religiosos o clericales; y digo a usted 
que es esto lo más real, pues siquiera la preocupación católica 
obra en los electores. Lo demás es farsa; pues Buenos Aires 
permanece tranquilo espectador de las luchas de las ambi- 
ciones. 

Se está reformando la Constitución de Buenos Aires, y el pú- 
blico se disputa la entrada a oir al doctor Vicente López, a Mi- 
tre, Rawson, Varelita, etc., etc., hacer asalto de erudición e 
invención, en materia constitucional. Vamos por las regiones 
aéreas. El aura popular sonríe a López, que deja atrás a los 
otros en dotes oratorias y audacia para iniciar reformas. Propo- 
ne, por ejemplo, los ministros parlamentarios^ es decir, los minis- 
tros como en Inglaterra salidos e impuestos al Ejecutivo del 
seno de la Cámara. Yo soy el único expectador de esta descom- 
posición, que pierde la esperanza. El espectáculo de la Francia 
me ha causado una terrible impresión; por lo que ha dejado 
desnudo y en esqueleto el cuerpo social. Si la Francia no apren- 
de nada casi en un siglo de errores, concluyendo por parodias del 
imperio militar y fanatismo republicano, qué podremos esperar 
nosotros que tenemos además la barbarie indígena y el desierto 
para disolver todo gobierno, y hacer imposible toda organiza- 
ción. Esperar del tiempo era antes una esperanza; pero hoy pue- 
de decirse que el tiempo da poco. La monarquía en Europa se 
consolidará, y el sistema prusiano monárquico, educado, disci- 
plinado, sin teorías, pero fuerte por la organización férrea, ten- 
derá a hacer prosélitos, pues el éxito fulminante es una de las 
piedras de toque de los sistemas políticos. La Inglaterra sólo 
exterior en los mares tiene pocas ocasiones de poner a prueba 
sus instituciones. Son los Estados Unidos los que representa- 
rían el lado opuesto, la república con gobierno electivo, imper- 
sonal, discutiente y amovible. 

La educación más general, regular y profunda en Prusia. El 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 337 

ejército más fuerte en Prusia. Ko sé cómo anda la industria. La 
de Prusia se dice que ha hecho progresos inmensos. Aquí nada 
se agita. Lo de los Taboadas es lo siguiente. Habían delegado 
el gobierno en uno que quiso tomar a lo serio la cosa. Se han 
disgustado y puéstose en pugna la verdad con la apariencia. 
Depusieron al substituto, nombrando a otro. La Legislatura ca- 
marilla, hizo el embeleco. Voilá tout. 

Con mil recuerdos a su señora, tengo el gusto de suscribirme 
su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, septiembre de 1871. 
Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : No sé desde cuando no le escribo. La se- 
rie de perturbaciones porque en el mal espíritu que anima a sus 
proceres, es una verdadera perturbación — me han quitado el 
hábito de mantener correspondencia regular, y Mrs. Mann em- 
pieza a notarlo, y ser menos cumplida conmigo. 

Muchas cosas merecen unas cuantas palabras de explanación. 
Por ejemplo, el Código, su impresión, trabajo admirable de per- 
fección y paciencia. Nadie le halla defecto, ni desaprueba que 
se haya mejorado; pero el haberlo hecho da a Quintana, Oroño 
y otros ocasión de ajar al doctor Vélez, y son capaces de estu- 
diar gramática el uno, leyes el otro para conseguir su intento. 
Se nombró una comisión para que examinase las correcciones y 
ésta ha hecho un folleto, en que entran quinientas comas puestas 
o quitadas; pero declarando que en el fondo no hay nada cam- 
biado y que el trabajo mejora y completa el Código. 

La exposición de Córdoba se hará en un mes más. Creen unos 
que con brillo, pienso yo que fríamente como pastel recalentado. 
Es el emblema de mi gobierno, el progreso detenido esterilizado 

ANAL. FAC. DE DKR. — T. lU (3» SEB.) 22 



338 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

por las condiciones normales del país. í, Creerá usted que al- 
guien se ocupa de la fiebre o de la higiene? Cosa olvidada ya. 

Créese que la pacificación del Entre Eíos es completa. Está en 
los ánimos; y la sancionan la demanda de los productos de 
aquella provincia, y la necesidad de reparar los estragos de la 
guerra. 

Aquí el Congreso se ocupa de dotar al país con una capital 
en Villa María. Es la obra de la imaginación de Eawson, y pa- 
sará por tan fuertes mayorías que el veto será inútil. La otra 
cuestión capital es un banco bajo la inspiración de Oroño. El 
Senado desechó las indicaciones del doctor Vélez, hallándolas 
tímidas, atrasadas. Esto habremos de vetar, porque pasa de 
castaño. 

El estado del país no es desconsolador. Los precios subidos 
de todos los productos del país en Europa vienen a reparar los 
pasados quebrantos y dar buen humor a las gentes. 

Se proveyó como habrá usted visto en Gorostiagael... 

En el gobierno tengo dificultades que nacen de la importan- 
cia de los ministros, que no siempre opinan del mismo modo, ni 
se tienen simpatías todos. Vélez se muestra cansado, no del tra- 
bajo, sino de soportar las groserías habituales de la prensa, o 
del público. El poco miramiento que se ha tenido en el Senado 
con sus ideas sobre Banco, que él exponía aun a pesar del go- 
bierno le ha hecho bastante impresión. Olvido decirle que estoy 
escribiendo desde la cama, a donde me ha dejado un pie estro- 
peado. No sé qué decirle sobre embajadas de que me habló usted 
antes. En el Congreso hay la mira de suprimir varias, de mane- 
ra que habrá poco en que escoger. 

Me agradan el rumbo que las cosas toman en Francia. Hacía 
años que estaba divorciado con los republicanos franceses, cuyas 
teorías vinieron a parar en la Comunas. El mal ha dado su fruto. 
Aquelque chose malheur estbon. La república práctica, sin la 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 339 

pretensión de organizar el mando ni dominarlo puede ser el co- 
mienzo de un mundo nuevo en Europa. La influencia moral de 
los Estados Unidos se hará sentir cada día más y es de esperar 
que la Inglaterra especialmente también se alcance. 

No jiuede usted imaginar todo lo que en el malestar de estos 
países es pura importación francesa. Hace años uno me echaba 
en cara, como escritor que era amigo del poder, esto es del Poder 
ejecutivo, del gobierno, de la autoridad. Ningún hombre que 
se respeta será, pues, amigo del gobierno, de la administración. 
Un diario se perdería si dijese o dejase traslucir que era amigo 
y sostenedor del gobierno. Esto va hasta las relaciones particu- 
lares personales : va hasta el lenguaje del Congreso, y como esto 
se introdujo ahora veinte o treinta años es de temer que todo 
cambie en Francia a este respecto y tarde diez años en cambiarse 
el mal espíritu dominante. 

Si algún buen libro se publica por allá no descuide mandar- 
me. Aquí estamos a obscuras de lo que en el mundo de las ideas 
pasa. 

Démele muchos recuerdos a nuestra amiga Eduarda y mil 
felicitaciones por haber añadido un yanqtii a sus anteriores fran- 
ceses y argentinos. 

Deseándole prosperidad me subscribo su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, septiembre 29 de 1871. 

Señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Le escribo la víspera de terminarse las 
sesiones ordinarias del Congreso y comenzar las extraordina- 
rias en que habrán de hacer algo. El Congreso es hoy un niño 



340 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

grande, que está dispuesto a armar camorra con todo el mundo, 
y sobretodo con el ejecutivo que es el poder, el tirano, como era 
en tiempo de Luis XVI. 

Como la France vivimos de parodias, y a veces sangrientas, 
aunque felizmente nada haya de este género por ahora. 

Ayer tuve el honor de vetar la capital de Villa María que 
será como Betti que nació en David Oooperfleld, la reina de las 
capitales futuras. No pudiendo ponerse de acuerdo cordobeses 
y santafecinos sobre quien se escamotearía el gobierno, Eawson 
les propuso partir la diferencia, y creo que a cordel midieron y 
cayó en Villa María que no es villa en el Ferrocarril de Rosario 
a Córdoba. El veto produjo el efecto como la luz cuando se fra- 
gua algo en lo obscuro. No sé que haya ni una respetable mi- 
noría que lo sostenga. 

. El Congreso de hoy tiene el mismo espíritu que el que acom- 
pañó a Johnson. No es que sean enemigos, sino que son adver- 
sarios del Ejecutivo como sus abuelos, y que compuesto por ma- 
yorías bien intencionadas, se dejan impresionar por los demago- 
gos que, como Mitre y otros, creen Ip más glorioso y democrático 
y republicano crearle dificultades al gobierno. El presupuesto 
ya muy rebajado por nosotros ha sido mutilado en la Cámara ; 
y la legación de París suprimida, creo que porque ya la Francia 
no está de moda. No se ha dicho nada de la de usted. 

Ha sido nombrado oficial mayor del ministerio del Interior el 
joven Carranza que está a su lado, en virtud de permiso de 
venir que tenía pedido. Este empleo sólo tiene 200 pesos, lo que 
le prevengo por lo que pueda interesarle. 

Por aquí todo está tranquilo ; y aun se cree que sólidamente 
establecida la paz en Entre Ríos. El 9 saldré para Córdoba a 
abrir la exposición. Creo que no estarán muy expresivos los 
cordobeses, porque parece estaban seguros de que les llevaría 
una capital con una fuente de plata de donde se derramarían 
millones. Cosa parecida era lo que hacían brillar en perspectiva 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 341 

a los ojos de los ilusos en el proyecto original ; de hacer surgir 
de un pantano, una ciudad floreciente en la Pampa. 

Como lo verá usted por la prensa, y por fortuna no lo verá 
en los debates del Congreso hasta dentro de dos años que se 
publicarán la opinión va cayendo en enfance. Hales entrado el 
furor constitucional, la rabia de la democracia como lo entiende 
la oligarquía más pura que se conoce a la raza blanca española 
en la América del Sur ; sin los ]^oor whites del sur. Pido leyes 
para reclutar el ejército, y me lo niegan a fuer de constitucio- 
nalistas, porque la Constitución no prescribe que se defiendan 
las fronteras. Nunca el charlatanismo argentino tuvo más elo- 
cuentes órganos, lío quiero maldecir, y que digan que compon- 
go versos de picado. 

Con mil recuerdos a su familia, tengo el gusto de subscribir- 
me su afectísimo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, diciembre 15 de 1871. 

Excelentísimo señor don Manuel B. García. 

Mi estimado amigo : Aprovecho estos días de calma para an- 
ticiparle mis felicitaciones de año nuevo, que le deseo prós- 
pero. 

El 71 ha sido cruel en verdad para todo el mundo no esca- 
pando los Estados Unidos de pagarle su tributo en el desastre 
de Chicago que ha tenido la buena fortuna de interesar a toda 
la tierra; pues hasta aquí se han reunido subscripciones que en 
número de ocho, o diez mil pesos fuertes llevará este mismo va- 
por. Yo era el más vivamente interesado en aquella ciudad 
donde había pasado los días más agrables de los Estados Uni- 
dos, hecho una especie de huésped público de la ciudad, y ro- 



342 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

deado de amigos y amigas que querían hacerme agradable la 
vida. 

Le acompaño una carta para los señores Appleton, con una 
letra sobre Londres, respondiendo con eso al fuerte empeño de 
usted de que les atendiese sus negocios. Creo y puede usted re- 
posar sobre ello, que terminarán a satisfacción de dichos seño- 
res, no habiendo tropiezo ninguno según el señor Mackern a 
quienes ellos han comisionado. Este asunto, promovido por mí 
por interés público, me ha traído muchos desagrados, y me lle- 
va algunos centenares de pesos ; como debía suceder. 

Veo con placer que con el triunfo del partido republicano, 
continuará cuatro años más el presidente Grant, lo que hará 16 
años de política racional en cuanto a aplicar la constitución de 
manera que no sea un dogal para la nación misma. Usted sabe 
que aquí somos franceses a este repecto, y el grito es que pe- 
rezcan las colonias antes que un principio. Verdad es que el 
principio es una invención propia, contra el testimonio de la 
conciencia, de la historia, o de la práctica diaria. 

Hemos tenido nuestro pequeño Chicago, en la ruina de Oran 
por un temblor que lo arrasó. 

El año ha sido próspero, los cueros, lanas, cebos, a precios 
exhorbitantes, y constante la demanda. La fiebre ha dejado 
sus rastros que afectan sin embargo el comercio. Se ha prohibi- 
do a los saladeros del Eiachuelo funcionar, y algunos millones 
se pierden por no tener donde beneficiar. El Entre Eíos des- 
pués de la guerra ha medrado mucho por tener saladeros y 
puertos. San Nicolás prospera por la misma causa, y el Eosario 
gana terreno, por las mismas causas. 

Un millón de fanegas de trigo están casi aseguradas de per- 
derse, aunque el precio bajará en proporción de tan gruesa cifra. 
Cuente usted por allá que el año pasado cosechó uno y otro 
ciento veinte. Este año habrá mucho más. 

No hemos recuperado sin embargo los tres millones de renta 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 343 

no cobrados a causa de la paralización causada por la fiebre. 
E ste entrante año debo suponer que andaremos felices. 

Antes de ahora le lie hablado de la exposición asunto anti- 
cuado aquí donde papamos moscas. Los resultados han sido im- 
completos en cuanto a atraer hacia el interior estas gentes de 
la costa. Al contrario todos los que no quisieron ir, con los dia- 
ristas a la cabeza, iniciaron una propaganda de descrédito no 
contra la exposición que no podían atacar sino contra Córdoba, 
y los cordobeses, y los frailes y el fanatismo. 

El censo de los Estados Unidos acusa la presencia en los es- 
tados nuevos de doscientos, trescientos mil hijos de la nueva 
Inglaterra, Nueva York o Pensilvania. Aquí el censo revela 
que nadie va de las costas al interior y que al contrario vienen 
40.000 a poblar la costa. En lo demás el éxito ha sido inmejo- 
rable. 

No sé si le he dicho a usted antes que estoy enfermo, amena- 
zado de perder ambos oídos, pues ya uno es un mero simulacro. 
Estoy en cura por lo presente, con poquísima esperanza de re- 
cuperar el oído. Puede usted imaginarse lo que sufro. 

Hágame la gracia de poner en el correo la adjunta también 
para el profesor Wickersham. 

De Francia tengo los mismos temores que usted y por las 
mismas causas. 

Con mil recuerdos a su señora, tengo el gusto de subscribirme 

su afectísimo. 

D. F. Sarmiento. 



Buenos Aires, febrero 16 de 1872. 

Excelentísimo señor don Manuel García. 

Mi estimado amigo : Como no sabemos qué hará el joven Ca- 
rranza con el nombramiento que le fué, nada podrán contestar 



344 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

a usted sobre el largo congé que pide. Debo decirle que la idea 
no es popular, y que no poco esfuerzo nos costó el pasado año 
contrarrestar el espíritu de retranchement y el intento de supri- 
mir legaciones. En todo caso su presencia de usted va a ser ne- 
cesaria en los Estados Unidos para contrarrestar las malas in- 
fluencias que habrán de ponerse en juego, a fin de engañar la 
opinión. 

Tenemos en campaña otra vez la tradicional política brasile- 
ra, que terminará por tragarse el Paraguay, y por poco que se 
la deje obrar, pasando al Chaco tendremos en pocos años al Bra- 
sil limítrofe de Santa Fe y Salta. 

La calaverada francesa nos ha traído esto. El imperio como 
institución, ocupaba en América una posición moral desfa- 
vorable, que sólo sostenía las virtudes e inteligencia del empe- 
rador. Pero los acontecimientos últimos en Europa, el triunfo de 
la fuerza, del imperio, y esté justificado, la Alsacia y la Lore- 
na, y los gastos de guerra como castigo, vinieron a dar al trata- 
do de alianza, que establecía de antemano las mismas condicio- 
nes una interpretación rigurosa, que nosotros no queríamos 
aceptar por respeto a los principios republicanos, y a la desgra- 
cia horrible de aquel pobre pueblo. 

Le daré a usted en resumen el espíritu sino la letra de las 
discusiones habidas con Paranhos, las cuales dejaban estableci- 
da una política benevolente (palabra que Tejedor hizo adop- 
tar expresamente). Eesistíamos a cobrar los gastos de guerra 
tan destructora y que valían más que todo el Paraguay. En es- 
te punto se mostraban inflexibles los negociadores brasileros, 
con lo que el Paraguay queda para siemi^re tributario del Bra- 
sil, y por tanto de nosotros, si como será necesario no podemos 
excusarnos de cobrar, para ser al menos parte en la tran- 
sacción. 

Sobre territorios, aunque el tratado marca los límites, y ha- 
bía dado razón para conservarlos sosteníamos que debía irse al 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 345 

Paraguay sobre derechos que pudiese alegar, a no ser que se 
diese a las exigencias del tratado de alianza el valor de un tra- 
tado celebrado con el Paraguay, como no queríamos (por deco- 
ro) que dichos tratados se celebrasen con el mismo gobierno 
provisorio que nosotros creábamos. 

El gobierno electo se formó y principiaron las intrigas de 
partidos paraguayos compuestos, como debe usted suponerlo de 
algunos centenares de hombres que le quedan al país entre los 
cuales descuellan como más hábiles los que sirvieron a López, 
es decir el gobierno. 

En cuanto al Brasil, mientras estos asuntos políticos tenían 
lugar mandaba a Paranhos el jefe del partido conservador, el 
primer ministro, a residir en la Asunción seis meses durante la 
fiebre amarilla. Por otro lado desde la terminación de la guerra 
han dejado cuatro mil hombres, y un grueso parque, mientras 
nosotros conservamos doscientos, por pura forma. Ocupaban los 
brasileros y conservan Humaitá y el Cerrito, que es una isla o 
promontorio que avanza del lado del Chaco ; y a pretesto o con 
motivo de pastorear caballos lo que ahora se llama Villa Occi- 
dental en el Chaco reputado argentino ; pero nunca paraguayo, 
Xiues es Bolivia quien pretendería tener derechos. 

Paranhos regresó a Eío, y en su lugar vino el barón de Cote- 
gipe, ministro de Hacienda, nombrando nosotros al doctor 
Quintana para representar a la república. Un señor Rodríguez, 
de Montevideo representaba al Uruguay, que tenía en la guerra 
200 hombres. 

Cada vez que pasa Paranhos o Cotegipe toma en (ancas de) 
su buque de guerra al representante o ministro que algunas ve- 
ces aloja en su legación brasilera. No es una imi)utación que 
hago a nadie; pero imagínese el estado de penuria e indigencia 
a que cada individuo quedó reducido en el Paraguay, y podrá 
usted ser indulgente con las larguezas imperiales si las hubiera. 

El hecho es que Quintana se encontró en mala atmósfera, y 



346 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

que cada proposición hostil, y aun en violación del tratado sale 
del representante del Uruguay en la alianza o del ministro pa- 
raguayo. 

Si se propone tratar separadamente, es el ministro oriental 
quien lo propone y acepta el brasilero. Si se propone una ga- 
rantía especial de la independencia paraguaya por el Brasil, 
éste se niega rotundamente a las solicitudes del Paraguay; 
pero al fin cede, dominado por las razones de aquél. 

Han tratado pues — que podrá por cinco años conservar en 
el Paraguay las tropas que juzgue necesarias para conservar el 
orden — dejando a arreglos especiales como lian de mantener- 
se, y garantiendo el Brasil la independencia por cinco años con- 
tra tout venant. Permíteles ahora fortificar a Humaitá, porque 
ellos los brasileros la guarnecen (de hecho). Se ha formado allí 
una colonia brasilera de soldados que se casan o los casan con 
paraguayas. El Paraguay reconoce la deuda de los gastos de 
guerra, que se fijarán dentro de dos años !!! 

Tal es la sitación que ha creado el tratado Cotegipe, que nos 
llevaría a la guerra inevitablemente, o a dejar el Paraguay pro- 
vincia brasilera, a la que se agregará por los mismos medios 
más tarde la Banda Oriental, y no tardaría en seguirles Corrien- 
tes y Entre Eíos. 

El general Mitre se hallaba en Río Janeiro cuando empeza- 
ron a traslucirse estos cambios de política, y el tratado que se- 
paradamente hacía Cotegipe. 

Paranhos, los otros ministros, los jefes de la oposición misma 
todos concurrían en un solo pensamiento, a saber que no había 
podido celebrarse un tratado por separado. Paranhos decía que 
le habían dado instrucciones latas para un caso extremo; pero 
que éste no había llegado, que todos persistían en la idea de 
conservar la idea y sus estipulaciones, y que se prometían que 
Mitre influiría a su llegada para que cesase todo mal espíritu, 
etc., etc. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 347 

El general Mitre dirigió una carta al barón de Cotegipe ex- 
presándole estos sentimientos de su gobierno, dándonos copia 
de ella. Al leerla el ministro Tejedor pudo decir al ministro 
brasilero aquí residente que no sabía quien mentía, pero que las 
aserciones y los hechos estaban en flagrante contradicción. 

Últimamente hemos tenido copia de los tratados de que ex- 
tracto lo que llevo dicho, y entre mandar una legación a Río 
Janeiro, o Paraguay y dirigir una nota nos hemos quedado por 
este último expediente expresando nuestra sorpresa de la vio- 
lación del tratado de alianza, etc. 

Mitre cree que si llega a tiempo tal nota hará que no se 
apruebe el tratado; pero teme, creyendo a Paranhos de buena 
fe, que sea vencido por Cotegipe que es segundo jefe del parti- 
do conservador. En tal caso se apresurarán a ratificar los trata- 
dos, antes que vuelva el emperador (abril), a quien suponen 
amigo sincero de la alianza. 

Estando, pues, a las resultas de tan contingentes influencias 
Mitre cree que los arsenales de Río estaban en actividad, no 
bastando a explicarla la amenaza de cuestiones con la Rusia. 

El Brasil tiene, usted sabe, política de expansión, diplomacia 
y hábito de abrir los codos, x)ara hacerse ancho lugar. Kosotros 
no la hemos tenido nunca; y en estas cuestiones con el Brasil 
somos sorprendidos, porque nadie quiere persuadirse que esta- 
mos rodeados de dificultades a que se presta un territorio va- 
cío, extenso, mal regado, y un imperio a las puertas con diez 
millones de habitantes con libertos disponibles y una prosperi- 
dad inmensa y creciente. En el vapor subsiguiente le mandarán 
a usted los documentos para que esté bien informado. La con- 
ducta prescindente de los Estados Unidos en Cuba, Europa y 
Canadá ha dado en Río la certeza de que no serán molestados 
en el Paraguay ; y creo que en pocos años más seremos imperio, 
o tan menguada república que no valga la pena de reivindicar el 
nombre. Buenos Aires está entregado al mercantilismo que le 



348 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

imprime el extranjero, que ya es más rico y numeroso que el 
nacional y las provincias apenas pueden luchar con su pobreza 
y su ignorancia. 

Muy interesantes son los datos que suministra en sus cartas 
y en sus notas, y lo serán más en adelante que nos proponemos 
darlas a luz sin nombre de autor, a fin de que no le imponga 
esto demasiada reserva. 

Con mil recuerdos a su apreciable señora y familia, tengo el 
gusto de subscribirme de usted afectísimo amigo. 

J). F. Sarmiento. 



Buenos Aires, julio de 1872. 
Señor don Manuel E. García. 

Mi estimado amigo : El regreso de Carranza me proporciona 
ocasión de pedir al general Mitre, hoy ministro en Eío Janeiro, 
le instruya del espíritu y estado de las negociaciones en las 
cuestiones pendientes con el Brasil. Usted podrá guiarse con lo 
que él le transmita, en cuanto se crea necesario interesar a los 
Estados Unidos en nuestro favor. La aparente calma de la 
prensa brasilera, que se ha comunicado a la nuestra, deja pre- 
sagiar que no saldremos de las vías diplomáticas. Las notas de 
Tejedor han sido, como habrá usted visto, ahogadas bajo un 
diluvio de palabras. 

Aquí marchan las cosas tant bien que mal. La expedición a los 
indios no ha tenido éxito cumplido. 

De ferrocarriles nos abruman los proyectos bajo garantía del 
7 por ciento. Pueden valuarse en seis millones de pesos los que 
nos harían reconocer; y lo peor es que el Congreso en materia 
de acordar pensiones, conceder garantías y bajar los impuestos, 
no se para. Hoy vuelve la cuestión Capital que tiene como siem- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 349 

pre mayoría entre los diputados, aunque no se ocupe el pueblo 
ni la prensa de ello. Me temo que reúnan los dos tercios para 
hacer inútil el veto. La idea se lia hecho tradicional y gana 
terreno como remedio para la pobreza del interior y las convoi- 
Uses del Rosario. Buenos Aires así, Buenos Aires asá, como 
diríamos Santiago de Chile, Londres, París, etc. 

Tengo que contestar a su señora dos palabras bien medidas 
sobre las cosas de Mansilla, que no tienen fácil arreglo, no por- 
que en sí no lo haya, sino porque sus nuevos actos quitan hasta 
la ocasión de ser indulgente, si no se quiere pasar plaza de inti- 
midado. 

Euego a usted me compre y envíe los libros nuevos que apa- 
rezcan y juzgue usted hayan de interesarme. Sobre cuestiones 
religiosas, paleontológicas, prehistóricas, etc. 

Habrá leído el artículo de commande de la revista de Amhos 
mundos sobre el libro de Calvo. Que talento para no nombrar el 
libro. El artículo es a pretexto del libro, de que sólo recuerda 
al fin las negociaciones americanas por cobros indebidos, la 
guerra de Méjico y la estéril doctrina de Monroe. 

íí^uestra situación interior es buena, salvo amenazas de López 
Jordán, invasiones de indios y trabajos (dicen) del Brasil en 
nuestras fronteras del este. 

Después de retirado Yélez del gobierno, ha dejado de ser ob- 
jeto de ataques virulentos. Sacúdense La Tribuna y La Prensa 
que van a los tribunales a verificar los ataques que los redacto- 
res de la última dirigen a M. Várela a pretexto del empréstito, 
en realidad por celos de mabier; y yo creo que por algo que no 
es la bondad nativa que inspira tan desmesurados ataques. Nues- 
tra prensa es a disgrace ! 

La política puede decirse que no existe. Hay en la Cámara 
una mayoría que sería omnipotente si tuviera cohesión ; pero es 
manejable porque se desmorona al quererlo tocar; y porque cede 
ante las maniobras parlamentarias de una débilísima minoría. 



350 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

que componen los amigos de Mitre, dotados del don de la pala- 
bra. Es curioso ver a la mayoría abrir los brazos en cruz para 
entrar por la boca de Ocantos, cuando éste u otro saltimbanqui 
les ofrece tragárselos enteritos. 

Se están haciendo, pues, las cosas por sí mismas, bajo el im- 
pulso impreso a las ideas, y acaso por exageración de ese mismo 
movimiento, que de brisa saludable puede convertirse en hura- 
cán destructor. 

Con mil recuerdos a los amigos y antiguos colegas de emba- 
jada (tengo aquí de paso a Asambucha), quedo de usted afectí- 
simo amigo. 

D. F. Sarmiento. 



ALGUNOS BORRADORES DEL DOCTOR GARCÍA 

La superintendencia del gobierno nacional sobre los caminos de fierro 
y los telégrafos. — Estudio de legislación constitucional comparada 

Todo aquello que se refiera a las vías férreas y a los telégra- 
fos es de interés social universal, desde el momento que las 
obras de este género afectan las relaciones individuales, como 
las interprovinciales e internacionales, la industria, el comer- 
cio, la población, el orden, la mejor administración, la defensa 
del territorio, la comunicación de los pueblos y de los indivi- 
duos. Intereses materiales, intelectuales, morales y políticos se 
hallan ligados a esas líneas metálicas, sobre las cuales rueda a 
impulso del vapor la locomotora que simboliza el progreso. So- 
bre esas paralelas, se levantan otras destinadas a transmitir la 
palabra en olas de fuego, acercando los hemisferios y cambiando 
la geografía de ambos mundos a despecho del tiempo y del es- 
pacio. 

Considerados estos dos instrumentos de comunicación bajo el 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 351 

punto de vista constitucional, se nos presenta desde luego su 
enlace con atribuciones peculiares a la soberanía encargada de 
facilitar y proteger el comercio mutuo entre los estados, su segu- 
ridad, y las comunicaciones postales o telegráficas, las relacio- 
nes internacionales. 

Creemos, pues, que los lectores de esta revista no mirarán 
como inútil el examen que vamos a hacer de la jurisprudencia 
de los Estados Unidos comparada con la Argentina relativa- 
mente al tema que nos proponemos dilucidar. 

Siguiendo el ejemplo déla Inglaterra, los Estados de la Unión 
han considerado las empresas de caminos de fierro y los telé- 
grafos como empresas privadas libradas a la iniciativa y a la 
industria particular. Inglaterra, sin embargo, ha alterado recien- 
temente su legislación en materia de telégrafos, y el Congreso 
de Estados Unidos se ocupa de ello en estos momentos. 

Considerados los caminos de fierro como simples campañas 
de comercio, organizados con o sin el apoyo oficial, obran con 
entera libertad sin superintendencia de los gobiernos. Durante 
muchos años no se ha hecho sentir en nuestro país la necesidad 
de una superintendencia, consultándose tan sólo en empresas 
de este género, las ventajas del tráfico, los intereses econó- 
micos. 

El tiempo, sin embargo, y una experiencia muy costosa, han 
venido demostrando los inconvenientes de esa abstención legis- 
lativa. El resultado ha sido la formación de monopolios gigan- 
tescos que han creado oligarquías tiránicas que servilizan a su 
capricho y avidez el comercio y los transportes, que disponen 
de millares de votos, que corrompen las legislaturas y los tribu- 
nales. & Qué no pueden esos magnates señores de capitales casi 
iguales a toda la deuda de la Unión y cuyo dominio territorial 
sería capaz de comprender muchos imperios ? Justamente alar- 
mados de este poder nuevo y formidable, algunos de los estados 
de la Unión se consagran a contener ese torrente amenazador. 



352 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

La reciente Constitución revisada del estado de Illinois, ha 
abierto la marcha en esta reunión salvádonos, incorporando en 
su texto prescripciones que importa hacer conocer. 

El artículo referente a compañías anónimas encierra impor- 
tantes disposiciones. Ninguno de éstos será objeto de leyes espe- 
ciales. En todas las elecciones de directores o administradores 
de dichas compañías, cada accionista tendrá derecho de voto 
por sí, o procurador por el número de acciones que le pertenez- 
can, por tantas personas como directores o administradores 
hayan de elegirse, o bien podrá acumular sus acciones y dar al 
candidato tantos votos como sea el número de directores multi- 
plicado por el de sus acciones, o bien distribuirlos bajo el mis- 
mo principio entre tantos candidatos como le pareciere. ÍTo 
podrán ser elegidos de otra manera los directores o administra- 
dores. 

Actualmente la mayoría del stocTc, fondo, capital, elige los 
directores. Esta superintendencia se obtiene, procurando por 
compra o de otra manera, la representación de una parte de los 
accionistas. 

En el manejo de los caminos de fierro, la camarilla que ejerce 
la superintendencia de su camino rara vez posee la cuarta parte 
del capital (stock) ; pero se amaña para representar por procu- 
ración suficientes acciones a fin de tener mayoría y elegir un 
directorio de su gusto. En el directorio nadie representa la mi- 
noría que puede poseer la mitad del capital, y así la camarilla 
se apodera de la situación. Por la adopción de la disposición 
constitucional anterior, la minoría puede siempre concentrar 
sus votos y elegir tantos directores cuanta sea la proporción de 
las acciones que le confiere derechos de voto. Así, pues, si una 
compañía con un capital de 1.300.000 pesos, elige un directorio 
de trece directores, la minoría suponiendo que posea un valor 
de 100.000 en el capital, puede elegir seis de los trece directo- 
res. Si la minoría sólo cuenta con 100.000 pesos podrá elegir un 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 353 

director que mire por sus intereses en la administración de la 
compañía. El egoísmo, la rapacidad, y la malversación de las 
corporaciones, como igualmente el secreto, la intriga y la corrup- 
ción en los actos de sus empleados, tienen de esta manera una 
cortapisa. Todos los accionistas se liallan en aptitud de ser 
representados por directores de su propia elección, asegurando 
así en todo tiempo un pleno conocimiento de los actos del direc- 
torio y de la inversión de los fondos. 

La Constitución de Illinois dispone, además, que la mayoría 
de los directores de las empresas de caminos de fierro ya esta- 
blecidas, o que en adelante se establezcan según las leyes del 
estado, será compuesta de ciudadanos y residentes del estado. 

Los caminos de fierro construidos o por construir en el esta- 
do, son declarados caminos públicos, siendo libres para todos 
en cuanto al transporte para sus personas y propiedades, según 
las reglamentaciones legales. La Asamblea general dictará, de 
tiempo en tiempo, leyes que fijen el máximun razonable de tari- 
fas en el estado. 

Ninguna compañía lanzará a la circulación ningún bono, o 
stock, salvo por dinero, trabajo, o propiedad recibida de pre- 
sente y aplicada a los objetos para los cuales se formó la em- 
presa; y todos los otros dividendos del capital, como todo 
aumento ficticio del mismo, o deuda de la corporación, se consi- 
derarán no avenidos. No se aumentará el capital de ninguna 
compañía bajo pretexto alguno, salvo dando sesenta días de 
aviso público en los términos que determinará la ley. 

Habiéndose nombrado recientemente en Illinois una comi- 
sión legislativa para estudiar la materia, ésta se ha expedido. 
El informe, cuyo extracto únicamente tenemos a la vista, expone 
que, durante los años de 1867 a 70, los fletes de los trenes entre 
Nueva York y Chicago fluctuaban entre 5 y 3 pesos por tone- 
lada. Los entre San Luis y Nueva York, entre 7 y 46 pesos por 
igual peso. En 1869, el camino de fierro del Erie transportó 

ANAL. FAC. DE DEH. — T. III (3» SER.) 23 



354 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

mercancías a 2 pesos por tonelada, subiendo luego el flete a 37. 
Estos datos demuestran los abusos que antes de ahora anuncia- 
mos como consecuencia del monopolio apoyado por la ausencia 
de intervención legislativa. La comisión citada termina su infor- 
me recomendando la superintendencia de todos los caminos de 
fierro por el gobierno nacional. 

Dos comisiones nombradas por el Poder legislativo de Mas- 
sachusets, se ocupan de tiempo atrás en estudiar esta intere- 
sante materia, sobre la cual se siente un vacío deplorable en las 
leyes americanas. 

El actual orden de cosas afecta la base misma de su progreso, 
y procede sin duda de no haberse creído conveniente mirar por 
los intereses colectivos, librándolos a espectadores ávidos y au- 
daces, en vez de confiarlos a agentes honrados y desinteresados, 
capaces de proteger al público esclavizado hoy al monopolio. 
Treinta años de abusos han convertido las empresas más impor- 
tantes de caminos de fierro en una especulación indigna. La 
línea del Erie es un escándalo, la Central de Nueva York un 
fraude, la Central de Pensil vania una dinastía política. 

El problema económico consiste en « reducir el precio de las 
cosas en el mercado consumidor, al nivel más aproximado del 
precio del mercado productor». 

Otros abusos han surgido de la falta de reglamentación de 
los caminos de fierro en los Estados Unidos. Durante la guerra 
civil,^algunos estados establecieron impuestos sobre los pasaje- 
ros y las mercaderías que transitaban por su territorio de paso 
para otros estados. El presidente llamó sobre este abuso la aten- 
ción del Congreso, diciendo : « Es urgente para la conservación 
de la Unión que no se pongan trabas al comercio. Ningún estado 
puede justificar la imposición de contribuciones sobre mercade- 
rías|y pasajeros que transiten de estado a estado. La situación 
de algunos de éstos es tal, que a serles permitido sacar partida 
de la misma con objetos fiscales, el comercio interior sería recar- 



CAETAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 355 

gado cuando no prohibido por ellos. Es preferible que mientras 
el. país es nuevo y la tendencia a monopolios todavía débil, usar 
de las atribuciones del Congreso para prevenir todo impedi- 
mento egoísta contra la libre circulación de mercaderías y de 
pasajeros. Si nos detenemos a observar la grande extensión 
que abraza nuestro país, convendremos en que cada obstáculo 
opuesto ala libre circulación del comercio interprovincial, debe 
ser cuidadosamente prohibido, dictando el Congreso las leyes 
que constitucionalmente pueda según sus atribuciones. » 

Ahora bien : ¿ cuáles son las leyes que el Congreso de Esta- 
dos Unidos puede dictar en uso de sus atribuciones con relación 
a la materia ? Pomeroy se expresa en los términos siguientes : 
« I, Podrá el Congreso, en uso de sus facultades para reglamen- 
tar el comercio entre los estados, establecer, construir, o auto- 
rizar la construcción de puentes, caminos, canales o caminos de 
fierro ? En primer lugar, debe tener presente que si el comercio 
que debe ser afectado o regularizado por el puente, camino de 
fierro, u otro medio de tránsito, estuviese encerrado en los lími- 
tes de un estado, el Congreso carece de jurisdicción sobre la 
materia, siendo plena la competencia del estado. Pero si se tra- 
tase del comercio extranjero, o del interprovincial, pienso que 
la legislatura nacional sería competente... La legislatura nacio- 
nal ha ejercitado una parte muy limitada de sus atribuciones 
reglamentarias del comercio entre lOs diferentes estados. Es 
muy posible que la vasta y creciente importancia de la comuni- 
cación y el tráfico, y los malos resultados de una legislación 
parcial y acaso antagónica, convenzan al pueblo de las ventajas 
y aun de la necesidad de reglas tan uniformes como las que 
gobiernan al comercio externo. Cuando llegue ese momento se 
verá que el Congreso, aplicando los principios y doctrinas cita- 
dos (caso Gilman, Philadelfia), tiene amplios poderes para el 
objeto. » (Pomeroy Constitucional law, pág. 246, 9, 382.) 

Se ha preguntado si la extensión de los caminos de fierro se- 



356 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ría favorable a la acción del poder o a los principios de la li- 
bertad. 

Los caminos de fierro constituyen un instrumento imi)ortante 
del gobierno, y éste no debe ni puede abandonarse a la acción 
del interés privado ni al antagonismo de las localidades. Faci- 
litando al gobierno federal un medio de vigilar a sus agentes, 
de conocer los deseos y las dolencias del pueblo, de observar 
con mejores datos la corriente de la opinión pública ; si al mis- 
mo tiempo se da a la libertad un medio de fiscalizar y de apre- 
ciar con exactitud las intenciones y los actos del poder, parece 
que el antagonismo arriesgará menos en manifestarse y que la 
reconciliación será más fácil. Los caminos de fierro ofrecen pre- 
cisamente este medio ; ellos establecen entre los gobernantes y 
los gobernados relaciones más frecuentes, relaciones llamadas 
a calmar a un mismo tiempo las desconfianzas instintivas del 
poder y los arrebatos de una libertad excesiva. Los caminos de 
fierro políticamente considerados, representan un vínculo y no 
una arma, sirven a la vez a la autoridad y a la libertad, contri- 
buyen a la buena administración del país y a la armonía gene- 
ral. No menos fecunda es la influencia en las relaciones inter- 
nacionales. 

De todo lo expuesto se deduce la conveniencia y necesidad 
de una legislación general y uniforme sobre estos instrumentos 
de progreso y de prosperidad ligados a tan variados intereses 
sociales e individuales. Esa ley, como se ha visto, no existe en 
la Unión americana, y si alguna duda puede caber respecto a la 
competencia del Congreso para dictarla, no creemos suceda así 
en la República Argentina. En efecto, nuestra constitución, 
confiere al Congreso atribuciones amplias en materia de legis- 
lación. En Estados Unidos es atribución exclusiva de los esta- 
dos, proteger dentro de los límites respectivos las propiedades 
y las personas; reglamentar los contratos, el uso y la adquisi- 
ción y la transmisión de los bienes, las materias de derecho pri- 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 357 

vado, el establecimiento de caminos y puentes (salvo en las ma- 
terias postales militares y de comercio entre los Estados) ; pro- 
veer por la educación y demás instituciones filantrópicas, con- 
servar el orden y la policía, castigar y prevenir los delitos, im- 
poner contribuciones para objetos de interés local. Estas mate- 
rias abrazan la extensión más amplia de la jurisprudencia. Com- 
paremos este orden legal constitucional con el argentino. La 
Constitución de la república dispone : que corresponde al Con- 
greso dictar los códigos civil, comercial, penal y de minería, 
atribución que no es posible olvidar al discutir la materia de 
compañías de caminos de fierro, comprendidas en el derecho co- 
mercial y relacionadas con el penal. Este artículo, pues, y la 
facultad de reglamentar el comercio, sus postas, la defensa y 
seguridad, el comercio recíproco, son los que servirán de base 
a la solución de las dudas que se presenten respecto a las atri- 
buciones constitucionales del Congreso, sobre caminos de fierro. 

Nuestra organización política es centralista en materia de 
derecho privado ; la anglo-americana, por el contrario, sólo con- 
fiere atribuciones determinadas al Congreso, difiriéndose de esta 
divergencia capital, que los ejemplos qne se buscaron en la ju- 
risprudencia constitucional de los Estados Unidos sobre el tema 
del presente artículo, no jjueden servir por completo de guía 
para la resolución de la materia. A nuestro modo de ver, la so- 
beranía de las provincias ejercitará su acción en todo aquello 
que afecte su competencia en las vías férreas, sobre los derechos 
que la constitución federal universal según la letra y espíritu 
de la ley suprema. 

La materia es nueva, importante y complicada. 



358 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Señor don Domingo F. Sarmiento. 

Buenos Aires. 

Estimado amigo : La cuestión constitucional sobre cuya so- 
lución desea usted tener un dictamen de persona competente 
lia sido estudiada por mí y sometida al dictamen del distinguido 
abogado Caleblurliing, el cual lia juzgado mi trabajo en los tér- 
minos que usted ve por la adjunta carta que en copia certificada 
le envío. 

Con motivo de un proyecto destinado a formar un puerto se- 
guro en la rada de Buenos Aires se desea saber hasta dónde se 
extienden por la Constitución argentina las atribuciones del 
Congreso sobre obras de este género. En otros términos, « si el 
legislativo nacional posee poderes exclusivos para ordenar esta 
clase de obras ». 

Aunque la Constitución argentina separándose de su modelo 
(la de E. Unidos), ha conferido al gobierno nacional ciertas atri- 
buciones más amplias o explícitas que las que aquel pone, como 
por ejemplo, respecto a codificación y establecimiento de un 
banco nacional: ha copiado en esta parte el código político de 
la Unión. Esta circunstancia facilita el estudio de la jurispru- 
dencia constitucional para la solución de las dudas que surjan 
sobre los poderes del Congreso. 

El inciso 16° del artículo 64, capítulo IV, y el 28° del mismo 
artículo y capítulo son los textos de la materia. Es atribución 
del Congreso argentino, « proveer lo conducente a la prosperi- 
dad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias... 
promoviendo la construcción de ferrocarriles y canales navega- 
bles »... (art. 64, inciso 16°). El inciso 28° autoriza a « hacer todas 
las leyes y reglamentos que sean convenientes para poner en 
ejercicio los poderes antecedentes, y todos los otros concedi- 
dos por la presente Constitución al gobierno de la Confede- 
ración ». 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 359 

La Constitución de Estados Unidos tratando de la misma 
materia dice : 

« El Congreso podrá imponer y secundar contribuciones, de- 
rechos, impuestos y sisas para pagar las deudas y proveer a la 
defensa común y al bienestar general de los Estados Unidos.» 
(Sec. VIII.) «Podrá establecer postas y caminos postales, 7 ídem, 
y el 18 podrá dictar todas las leyes necesarias y convenientes 
para llevar a ejecución los antecedentes, poderes o atribuciones 
u otros conferidos por la Constitución al gobierno de Estados 
Unidos. » 

Conviene traer a la vista para plantear las premisas que nos 
conducirán a resolver la duda, el inciso 27° del capítulo IV de 
la sección VIII de la norteamericana. 

Según el primero, es atribución del Congreso ejercitar una 
legislación exclusiva en todo el territorio de la capital de la 
Confederación, y sobre los demás lugares adquiridos por com- 
pra o cesión en cualquiera de las provincias para establecer for- 
talezas, arsenales, almacenes u otros establecimientos de utili- 
dad nacional. 

Consideramos este artículo de una importancia decisiva en 
la cuestión que nos ocupa. Tanto el legislador argentino, como 
el norteamericano, han adoptado voces muy significativas para 
distinguir la extensión de los poderes del Congreso tratándose 
de obras de utilidad y necesidad pública cuando éstas han de 
erigirse en un territorio federal, o en una provincia. Si nos pre- 
guntamos por qué en el primer caso usa el legislador de las ex- 
presiones « legislación exclusiva » mientras en los incisos del 
artículo 64, se limita nuestro texto a decir que el Congreso ^ro- 
veerá lo conducente para... promoverá la construcción de... etc., 
mientras el texto norteamericano se concreta a declarar al Con- 
greso la atribución de votar fondos para la defensa y bienestar 
de la nación; erigir fortalezas, etc., tendremos ya una base se- 
gura para descubrir el espíritu de la ley. 



360 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

La circunstiincia de no ser Buenos Aires un territorio fede- 
ralizado, sino capital provisoria sin jurisdicción sobre el mismo 
municipio, es a nuestra manera de ver un antecedente impor- 
tantísimo para negar la atribución exclusiva del Congreso res- 
pecto a ejecutar la obra del puerto, atribución que la Constitu- 
ción argentina, lo mismo que la Constitución de Estados Unidos, 
sólo confieren al Congreso sobre territorio federal. Si de la in- 
terpretación literal pasamos a la jurisprudencia, la americana 
nos contestará diciendo que la extensión de las atribuciones 
del Congreso sobre esta materia, ha dado lugar a largos y em- 
peñados debates. Jefferson en 1806, Madison en 1816, Monroe 
en 1822, negaron al Congreso las facultades que invocaba, lle- 
gando algunos de sus presidentes hasta declarar que el poder 
no existía legalmentey que para ejercerlo era menester una en- 
mienda constitucional. Opinión exagerada y como tal sospecho- 
sa. El Congreso invocaba la atribución de decretar; construir y 
mejorar los caminos postales y militares, con el asentimiento in- 
dispensable de los estados que debieran atravesar esos caminos, o 
los éanales que fuere menester abrir para promover el comercio in- 
terior y el transporte seguro y económico de las provisiones milita- 
res en tiempo de guerra, pero « dejando en todos estos casos el 
derecho jurisdiccional sobre el suelo a los estados respecti- 
vos » (II). 

Con el asentimiento del presidente Monroe, el Congreso ex- 
pidió una ley en 1824, ordenando se practicasen los estu- 
dios, planos y presupuestos necesarios para abrir los caminos y 
canales que el presidente considerase de importancia material 
ya fuere bajo del punto de vista comercial, ya del militar, o bien 
que fueran necesarios para el transporte de las muías, votándose 
al efecto las sumas necesarias. Adams, en 1825, se manifestó 
inclinado a reconocer sobre este punto las atribuciones del Con- 
greso, pero en 1836 Jackson vetó una ley del Congreso el cual 
votó entonces una suma para un camino en Kentucky, y la ley 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 361 

no tuvo mayoría eu la Cámara de diputados. Eecomendamos 
el estudio de este antecedente histórico, en el cual Jackson se 
preocupaba de que los fondos votados tuvieran mas bien el ca- 
rácter de mejorar locales que de obras de, interés general. La 
opinión del célebre juez Marsliall merece recordarse aquí. « La 
acción del gobierno general (dice el gran juez) debe aplicarse a 
todos los objetos que eternamente convinieran a la nación, o 
aquellos de carácter interno que afectan a los estados en gene- 
ral, pero no a los que son peculiares a un estado determinado, 
que no afectan a otros, y con los cuales no hay para qué mez- 
clarse para ejercitar ninguno de los poderes generales del go- 
bierno». (10 Whest. 446.) Y en efecto, el inciso 27°, del capí- 
tulo IV, confiere al Congreso la atribución exclusiva de legislar 
sobre estos lugares además de la Capital cuando sus lugares hu- 
bieren sido adquiridos por compra o cesión de las provincias, cir- 
cunstancia que tampoco existe en el caso de que Buenos Aires 
no ha vendido ni cedido el lugar que deberá ocupar el proyec- 
tado puerto. 

Cuando el Congreso de Estados Unidos sostenía el veto del 
presidente Monroe su derecho a promover mejoras internas en 
1822, se limitaba a invocar la atribución de decretar, construir 
y mejorar los caminos postales y militares, y ésto con el asenti- 
miento indispensable de los estados que debían atravesar los ca- 
minos o canales que se formasen para facilitar el comercio inte- 
rior, consultar el transporte seguro y económico de las muías y 
pertrechos militares. 

En todos estos casos la jurisdicción délos estados en los cua- 
les se practicasen esas obras sobre el suelo provincial, debía ser 
respetada. 

Tal es la doctrina norteamericana, y debe ser también la ar- 
gentina; desde que el gobierno norteamericano no tiene derecho 
exclusivo de uso sino sobre territorio nacional (inc. 4°, art. 64, 
cap. IV). 



362 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

La provincia de Buenos Aires no se niega ni puede negarse 
a la obra del puerto que consulta una necesidad de primer or- 
den para el comercio, que es de una importancia excepcional 
atendida la configuración geográfica de la república y los inte- 
reses creados desde tantos años en esa localidad. Si las condi- 
ciones de la concesión hecha a cierto empresario han motivado 
sólo su oposición, nada obsta a que el gobierno nacional ordene 
nuevos estudios previos, vote fondos y aun ejecute la obra u 
otorgue a un constructor su ejecución, valuando los derechos 
jurisdiccionales de la provincia de Buenos Aires. La cuestión 
de quién ha de hacer la obra es secundaria desde que no con- 
siste en los derechos provinciales y los grandes intereses gene- 
rales del país. 

Oscawana Lake, agosto 17 de 1872. 

excelentísimo señor don Domingo F. Sarmiento. 

Estimado amigo : Dentro de pocos días tendremos en Nueva 
York el vapor de Río, cuyo arribo a Santo Tomás conocemos por 
telegrama del 15. De Europa viene otro hoy, que supongo me- 
nos fresco — y que anuncia que se dudaba del buen éxito de la 
misión Mitre : que continuaban los preparativos bélicos, etc. El 
20 sabré en qué quedamos — y terminaré esta carta. 

El adjunto telegrama que se ha hecho esperar por hallarse 
ausente de Washington el ministro de la marina, me fué enviado 
por el secretario de Estado inmediatamente que lo recibió. Verá 
usted por él, que mis temores eran fundados respecto a que no 
tienen como cedernos buques que valgan la pena de venderse a 
los amigos. Los brasileros tratan de proveerse de ametralladoras 
por acá — según me lo han asegurado negociantes de armas; 
procuran (aunque sin suceso) enrolar marineros para su escua- 
dra ofreciéndoles sueldos muy atrayentes. Espero que nosotros 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 363 

no nos dormiremos y no nos dejaremos ganar de mano — si lle- 
gamos a romper las hostilidades. Los periódicos de Washington 
anunciaron hace cosa de veinte días haberse nombrado un mi- 
nistro para la Eepública Argentina. No creo fundada la noticia 
que no ha confirmado ningún periódico de cuantos he leído. El 
señor Fish, a quien pregunté qué había sobre esto no me con- 
testó, limitándose a transmitir el telegrama del ministro de la 
marina y a explicar su retardo. 

Las elecciones presidenciales tienen preocupados los ánimos 
oficiales y no hay que extrañar retardos y omisiones. Espero se 
haya vuelto a escribir al doctor Perkins a Eío y a Steuens sobre 
nuestro pleito en el Brasil. 

Murió Juárez, y Lerdo que le sucede pro tempore, acaba de 
dar un decreto amplio de amnistía, que comprende sin duda a 
Mayer. 

El editor de un periódico educacionista de Filadelfla me es- 
cribió que tenía orden de usted para enviarme una subscripción 
anual de su periódico. He dado orden para abonar la subscrip- 
ción y así que lleguen los números los enviaré con otros libros 
a Buenos Aires. 

He publicado algo en Boston y Nueva York sobre la cuestión 
consabida. No he querido apresurar nada hasta ver en qué que- 
damos. La buena Mrs. Mann y sus hijos han tomado un vivísi- 
mo interés por nuestra cuestión. Por medio del famoso coman- 
dante Kirhland, Mac Mahon me ha hecho pedir los datos para 
escribir un artículo, supongo que en el Harpers WecMey. Yo no 
he querido dárselos directamente, pero se los proporcionaré, si 
es conveniente, sin que sepa que los recibe por mi mano. Vere- 
mos qué nos trae el vapor. Los artículos del Wüon Daily adver- 
tiser y Tribuna, y el relativo a Educación los hice publicar, unos 
valiéndome de Mrs. Mann, otros pagándolos como el de la Tri- 
buna de Nueva York, pues el Herald no quiso aceptarlo. 

Si fuere necesario publicaré otros en Filadelfia, donde me 



364 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

es fácil hacerlo en diarios importantes como The Press y otros. 

La cuestión presidencial va tomando un carácter muy beli- 
coso, y es dificilísimo prever quién obtendrá mayoría. A Grant, 
se le han separado Sumner, Shartz y Banks, pero tiene venta- 
jas muy grandess sobre su rival — Gruley — proteccionista en- 
ragé, mal entrazado, y para mí un grande hipócrita con más 
ambición que vergüenza y que afecta una sencillez que no tiene. 
Sus partidarios se prometen que moralizará la administración y 
pondrá en su quicio las instituciones federativas pacificando al 
sur, acabando con el nepotismo, y qué sé yo cuánto milagro más. 
Yo creo que ciertos males dependen más en su cura de los go- 
bernados que de los gobiernos, sobre todo en pueblos que como 
éste se gobiernan por sí. 

La guerra y sus efectos han producido resultados funestos 
para las instituciones y para la moralidad pública y privada. 
La prepotencia despótica de las grandes empresas como las de 
caminos de hierro, la deficiencia legislativa y las tendencias 
centralistas del Congreso, estas y otras causas necesitan remo- 
verse; para esto, basta que el pueblo lo quiera, lo exija y lo rea- 
lice. Yo tengo una fe completa en la soberanía de la opinión 
pública en este país, y espero ver muy pronto una reacción sa- 
ludable tal cual la piden los patriotas honrados de todos los 
partidos. Grant ha cometido grandes errores, pero ha realizado 
muchas cosas excelentes; en sus errores, "yo culpo másalos 
consejeros que a él, cuyo defecto principal es carecer de capa- 
cidad y de educación política. Tiene buen sentido práctico, es 
patriota, y creo que a ser reelegido, su segunda administración 
realizaría más que la de Gruley. 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 365 

Londres, mayo de 1883. 
Señor don Domingo F. Sarmiento. 

Apreciado compatriota : Si no he contestado a usted agrade- 
ciéndole el ejemplar de su libro sobre las razas, ha sido porque 
deseaba comunicarle las impresiones que recibía con su deteni- 
da lectura. Leído el libro me encuentro con esta dificultad, ¿por 
dónde empiezo y adonde acabo? Su libro es como ciertos puer- 
tos que encierran centenares de puertos, o como los canales in- 
terminables de nuestras islas del Paraná. Abraza usted tantí- 
sima persiDCctiva, que desafío al más intrépido las analice por 
completo. 

Concretándome pues a algunas, le diré que me parece exactí- 
simo cuanto usted dice apreciando las causas de nuestra pasada 
anarquía y consiguiente popularidad de ciertos personajes, ex- 
presión de su estado social dispuesto por los colonizadores para 
una cristalización perdurable de ignorancia, de idolatría, y de 
estagnación moral y material. Un puñado de hombres de inteli- 
gencia e instrucción, adquirida más que en los libros, en el es- 
tudio y observación sagaz de los hombres (el mejor libro para el 
estadista, y el menos estudiado), abrió a la América nuevos sen- 
deros, rompiendo las ligaduras que la traían atada al cadáver 
de la Metrópoli. 

Para esa revolución, contaran aquellos con la nobleza de su 
causa, que con los medios de arraigar sólidamente la regenera- 
ción liberal. Las masas bárbaras atraídas por individualidades 
de su especie, es decir, por encomenderos políticos, exploradores 
de pueblos, como aquellos no fueron de indios, preponderaron 
desde Méjico hasta el Plata, retardando los monstruos llama- 
dos Francia, Artigas, Eamírez, e tutti quanti. Hace usted un 
servicio a la historia poniendo en el pilori a personajes a quie- 
nes un fanatismo patriótico levanta estatuas que no pueden sos- 
tenerse sin pedestales de sangre y de lodo. 



366 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Mientras no estemos educados y tengamos la instrucción ge- 
neral y adecuada a cada grupo social no hemos de ser libres. 
Mientras impere el culto del odio, no hemos de formar patria. 
Mientras no concurran todas las fuerzas sociales al manteni- 
miento de la paz, a la facilidad de las comunicaciones, al au- 
mento de la población y cruza y perfección de nuestras razas, 
no hemos de realizar el desiderátum del patriotismo bien enten- 
dido que sólo dura apoyándose sobre sólidas bases morales. 

Y recalco sobre este punto dominado por el más profundo 
convencimiento de que no son posibles buenos gobiernos ni 
pueblos libres, con elementos sociales corrompidos y con prác- 
ticas corruptoras. Mire usted al resto de nuestra América, dí- 
game si Washington podría gobernar con los medios y los ins- 
trumentos de los Puriola, los Ventanilla o los mandones que por 
tantos años han imperado en el Paraguay, Bolivia. Fortes crea- 
tur Fortes et bonis. 

De usted afectísimo amigo. 

M. B. G. 



Nueva York, setiembre 18 de 1878. 

Excelentísimo señor general don Bartolomé Mitre, enviado extra- 
ordinario y ministro plenipotenciario. 

Kío Janeiro. 

Estimado general y amigo : A pesar de que no perdoné dili- 
gencia por excitar el celo de este gobierno en favor de nuestra 
causa en la;s cuestiones con el Brasil, me decidí a escribir nue- 
vamente al secretario de Estado suplicándole me dijese si po- 
dría enviar instrucciones a la legación de Estados Unidos en esa 
corte a fin de que ayudase a usted en sus esfuerzos por alcan- 
zar un arreglo mutuamente honorable. La copia de la contesta- 
ción que acabo de recibir demostrará a usted el interés que este 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 367 

gobierno toma por la conservación de la paz y mantenimiento 
de nuestros derechos. Carranza me comunicó el recado de usted 
y me es satisfactorio decirle que si no se ha conseguido más en 
el sentido que usted desea no procede esto ni por indiferencia de 
este gobierno ni de inacción de mi parte. Dos ministros fueron 
propuestos a petición mía para la República Argentina, y de és- 
tos, el uno no fué aprobado por el Congreso, y parece que el otro 
ha declinado su manifestación. Supongo que nuestro gobier- 
no habrá instruido a usted de todos los pasos que he dado por 
obtener el apoyo moral de los Estados Unidos obteniendo todo 
género de promesas muy lisonjeras. La fiebre de la elecciones 
presidenciales trae aquí de tal manera aburridos a los políticos 
que no es de extrañar hayan andado menos activos de lo que 
yo me prometía de las promesas y seguridades que de palabra y 
por escrito se me han dado y sobre las cuales escribo minucio- 
samente al gobierno. 

No parecerá extraño tampoco no se provea al punto de mi- 
nistro de Estados Unidos la República, si se atiende que el nom- 
bramiento que ahora se hiciere sería sólo hasta diciembre 
(durante el receso del Congreso) condición a que pocos se allana- 
rían hallándonos tan lejos y dudosa la reelección del general 
Grant. 

Envío a usted algunos papeles y periódicos que no sabré has- 
ta octubre si usted los recibió. Estimaré mucho a usted, envíe 
los periódicos que contienen artículos míos (La América ilus- 
trada y el Mundo nuevo) a nuestro amigo el doctor don Juan 
María Gutiérrez para que los reproduzca en la revista si los 
considera de interés histórico-económico. 

Varios se reproducen en Colombia con alguna aceptación, lo 
que me lisonjea mucho, pues los recomienda Ancizar el literato 
granadino que usted debe conocer. 

Si, como no sería milagro, no hubiera usted recibido los pe- 
riódicos, le enviaré a Gutiérrez otros ejemplares para la revista. 



368 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Espero para cerrar ésta, tener el gusto de recibir comunica- 
ción de usted por el vapor del 20 y saber qué rumbo tomó su 
importante negociación. 



Querido doctor : 

Buenos Aires lia elegido sus convencionales como de costum- 
bre. Por abdicación. 

Figura en primera línea el grave letrado A., hombre cortado 
a estilo de oidor, formalista, sutil, desgraciado en cuanto le toca 
de cerca hasta en la elección de sus amigos, piraraidalmente 
vano, egotista, aristotélico, desconfiado y apegado a la vieja 
escuela de la política tortuosa, de la sinuosa estratégica. Super- 
lativamente chico en sus sentimientos, en sus medios y en sus 
propósitos. El yo ha absorbido toda la vitalidad de su cerebro. 
Su único rival en esta calidad prominente de su cráneo, es don 
Domingo. 

Don Domingo es sin disputa el más entendido en materia de 
constituciones. Francote y burdo como un castellano viejo, sin 
crianza ni formas, áspero como un abrojo, sabrá hacerse notar 
por la originalidad y también por la profundidad de sus apre- 
ciaciones. Dará que reir, pero algo de serio deja siempre en su 
palabra. Es lo mejor entre los escogidos. 

En tercer plano aparece un hombrecito inquieto, delgado, 
flexible, gaseoso, astuto y locuaz. Ágil de lengua y metro de 
pies, acomodaticio y vivo como una ardilla con puntos de ato- 
londrado, y con la facilidad i)orteria. A pesar de ser pasado se 
hace oir y no conoce la táctica legislativa de su petit monde 
¿qué será en corral ajeno? De todos modos será lo que le con- 
venga. 

Le sigue el peregrino, el bardo de las imágenes sin fondo, el 
pintor de abanico, el cantor diplomático, que ni habría cantado 
como Homero en una asamblea de griegos (como decía alguien 



CARTAS DE SARMIENTO A M. R. GARCÍA 369 

de Chateaubriand) ni deliberará jamás como ííéstor. Hombre 
arco iris, dotado de ampulosa verbosidad, escuchador eterno de 
sus períodos rimados, de ilustración de folletín, de petulancia 
supina, descocado y entrometido. Magnífico actor de dramas 
sentimentales. Miedoso y cauto, amador y busmeador de misio- 
nes extranjeras, declamará y se hará aplaudir, pero pasará, vi- 
virá como un cohete volador. 

En el segundo plano del cuadro don Emilio el aspirante a go- 
bierno. Hombre duro y redondo, patriota de oficio y elegante 
por hábito. Sabe más que todos, porque él sabe estar callado y 
votar cuando le manden. 

En el fondo aparece el joven gato montes, doctor Adolfo, el 
calavera de mal tono, el bravo de las asambleas, el comandante 
de Cepeda, sin Dios ni ley, con todos los defectos de Alcibiades, 
sin ninguna de sus calidades. Sólo sabe rabiar, y sin embargo 
no hará rabiar a nadie. Es el representante de la nueva genera- 
ción, el Carlos Gómez de la juventud militante. Dará trabajo 
por desvergonzado y díscolo y no hará más. 



ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 24 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 

INTERVENCIÓN DE VÉLEZ Y SARMIENTO 



La compulsa de los manuscritos del Código civil efectuada por 
la Universidad de Córdoba, y el informe elevado por el miembro 
informante doctor Benjamín Otero Capdevila (1), han puesto de 
manifiesto las alteraciones de forma como de texto existentes 
entre los manuscritos y las ediciones posteriores del código. 

Con la documentación privada del archivo del doctor Manuel 
Eafael García, demostraremos satisfactoriamente el origen y 
causa de las mutaciones, por haber sido encomendada a su 
competencia, la reimpresión del Código civil en Nueva York, y 
la importancia de ellas. 

El doctor Otero Capdevila expresa que el informe contiene, 
en un tomo de 570 páginas, la transcripción fiel del texto y no- 
tas, de la primera edición oficial del Código civil hecha en Nueva 
York el año 1870, sobre Los contratos del segundo libro; y la 
compulsa « literal » de ella, con los borradores manuscritos del 
doctor Vélez Sarsfield (custodiados en el archivo de la Univer- 
sidad de Córdoba); y el proyecto impreso remitido por el 
Poder ejecutivo déla Nación al honorable Congreso; relacio- 

(1) V^ase el presente tomo, página 202. 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 371 

nando la numeración por títulos de esa edición con la numera- 
ción sucesiva de la segunda edición oficial, de la imprenta La 
Pampa del año 1883; habiendo anotado las correcciones orde- 
nadas por las leyes número 527 (16 de agosto de 1872) y núme- 
ro"1196 (9 de septiembre de 1882). Adjunta como resumen del 
trabajo de compulsa tres planillas; la primera, de las diferencias 
principales existentes entre los textos de los artículos, no com- 
prendidos entre los « lotes » de erratas; la segunda, de las dife- 
rencias entre las notas de los artículos; y la tercera, de las dis- 
posiciones proyectadas en los borradores, que no fueron incor- 
poradas por el autor del código. 

La comisión formada por los cuatro profesores de derecho ci- 
vil tenía por misión : « proceder al examen de los manuscritos, 
a su cotejo entre sí, y con las ediciones oficiales del código, e 
informar por escrito sobre la importancia de ellos, su valor como 
manifestación del pensamiento de su autor, y sobre la utiliza- 
ción que de ellos puede hacer la exégesis jurídica » . 

El trabajo de paciente laboriosidad tuvo por base « un cote- 
jo amplio, minucioso y completo de los manuscritos » (que son 
tres en la materia de los contratos) y del proyecto impreso con 
la edición de Nueva York. 

El doctor Otero Capdevila en la parte que publica, manifiesta 
haberse visto precisado a «prescindir de las diferencias ortográ- 
ficas, de los signos de puntuación; como lo efectuó desde foja 85 
del libro de compulsa en atención a la circunstancia de que no 
existe en los manuscritos una puntuación estudiada y regular», 
de modo que toda comparación era imposible ; y agrega que los 
trabajos han confirmado la oportunidad y razón del método em- 
pleado, descubriéndose la existencia de 7nutaciones, adiciones 
y supresiones que interesa precisar para ponderar su impor- 
tancia. 

Estas diferencias que el miembro informante ha creído des- 
cubrir ; pertenecen a la edición de Nueva York, y al proyecto 



372 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

impreso por el Poder ejecutivo para ser presentado al honora- 
ble Congreso. 

La amistad que unía al doctor García con el autor del código, 
nos permite demostrar el origen y causa de las modificaciones en 
la reimpresión de Nueva York; y respecto a las que se refieren al 
proyecto impreso, nos parece muy difícil poder precisar con exac- 
titud, hasta qué punto se puede descartar la acción de Vélez en 
dichas modificaciones; que quizás, se deben a su misma mano; 
más aun, si queda probado, que el doctor García reprodujo los 
errores del proyecto impreso, de acuerdo con el doctor Vélez 
y Sarmiento; vale decir, que el autor del código sanciona de 
hecho las diferencias existentes entre los manuscritos y el pro- 
yecto impreso. Por otra parte, el doctor Vélez revisó e inspec- 
cionó la impresión del proyecto ; y a pesar de que, algunos de los 
que han tratado el punto (1) opinan que « no puede tenerse en 
cuenta la revisión de un autor no perito en correcciones », se 
puede afirmar que el doctor Vélez tuvo, al proyecto, en gran 
estima ; y si bien es cierto, que al elevarlo al honorable Congre- 
so pidió en nota la inclusión de un artículo que había omitido 
para certificar que no había podido salvar algunos errores (nota 
de 17 de septiembre de 1869), no por eso dejaba de enviar el doc- 
tor García algunas cartas, que son la mejor garantía, de que el 
proyecto impreso, era considerado por el doctor Vélez, como su- 
perior, o al menos como finalidad, a los muchos manuscritos que 
su obra había necesitado. Entre las interesantes cartas, la si- 
guiente es una prueba del aserto : 



(1) A. Martínez Paz, El doctor Vélez Sarsfield y el Código civil argentino, 
página 155. 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 373 

« Buenos Aires, octubre 11 de 1865. 
« 8eñor don Manuel B. García. 

Mi estimado amigo : He recibido y agradezco su carta de fe- 
cha 23 de Agosto. Aunque yo era inculpable en la aparente 
omisión de contestar varias cartas de V., tenía V. razón p* no 
escribirme. Necesito contarle todo el cuento p^ q® Y. me discul- 
pe. Como casi no tengo comunicaciones p* fuera de Buenos Ai- 
res, nunca tenía estampillas, y cuando se me ofrecía escribir a 
Y., a Ascasubi o a Montevideo, le daba al sirviente las cartas p* 
q® las fuese a franquear al correo y el mulato se tomaba la plata 
y tiraría las cartas. Supe esto por un negocio urgente a Monte- 
video, adonde no llegaban mis cartas, y por una de Y. en que 
nada me decía de un encargo que le había hecho de las obras 
de Mercado. Pero al fin ya no se repetirá. 

« Me parece muy bien el trabajo que Y. ha hecho sobre el Có- 
digo de comercio. Llegará tiempo en que se pueda publicar y 
que haya subscripción suficiente. » 

Y con fecha agosto 16 de 1866 «Mi estimado amigo : He re- 
cibido su carta de 16 de enero sin el número de la revista de 
que Y. me habla. Le agradezco muchísimo la atención que ha 
prestado a mi trabajo sobre el Código civil. Los jurisconsultos 
de Francia no lo han de mirar bien por mi absoluta prescinden- 
cia del código de Napoleón, y mucho más si ven el segundo li- 
bro, que va a comenzar a publicarse, donde me ha sido indis- 
pensable hacer algunas críticas graves a esa obra de sus grandes 
hombres, mi nota al gobierno le dirá lo que sigue, que es un 
tratado completo de las obligaciones. Después seguirán los con- 
tratos, y habrá acabado todo lo relativo a los derechos persona- 
les. Yo cuidaré de mandarle lo primero que se publique. 



374 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

« Esa obra tiene más trabajo que el que demostraba : las 24 
hs. del día las consagro al estudio y redacción de las leyes, ya 
queme he metido en una obra superior a lo que yo podía hacer. 

« No pienso, pues, en política. Estoy en mi quinta y no sé 
aun lo que dicen los diarios... Soy, como siempre, su mejor 
amigo. — Dalmacio Vélez Sarsjield. » 

El interés por la difusión del proyecto y la buena amistad 
se manifiestan y se confirman con la siguiente fecha 3 de fe- 
brero de 1868 : 



« Señor Dr. Manuel E. García. 

« Estimado amigo : Le escribo en esta ocasión para darle un 
petardo, que le ruego que lo acepte, por ser un cuerpo literario 
donde yo me eduqué. 

<< La Universidad de Córdoba me ha mandado algunos fondos, 
encargándome le haga comprar en Europa los autores o los tra- 
tados de jurisprudencia que yo elija, para ir completando su bi- 
blioteca. 

« Yo he formado la lista, que le incluyo, de los autores que 
conozco y que tengo. Le pido, pues, me haga el favor de com- 
prarlos examinando ediciones, en media pasta o... » Continúala 
carta pidiendo las mejores condiciones pecuniarias para la com- 
pra, y agrega : 

* Hágame, pues, este servicio, que yo no he podido negarme 
a una exigencia de la Universidad de Córdoba, y no tenía en 
Francia otra persona capaz de desempeñar el encargo que 
usted. 

« Ya han pasado los tres meses, tiempo en que usted me dijo 
que yo recibiría un trabajo histórico de usted con alguna ame- 
naza indirecta de atacar mis juicios sobre nuestros héroes. 

« Avíseme si ha recibido el tercer volumen de mi proyecto de 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 375 

Código civil. He esperado en vano el juicio que usted me anun- 
ció que daría sobre mi obra el Sr. Laboulaye... Disponga lo que 
guste de su más afecto amigo. — Dalmacio Vélez Sarsfield. » 



Y con fecha abril 25 de 1868 : « No sé si Vd. ha recibido la 
3* sec. del libro 2° de mi proyecto de Código q® publiqué el año 
pasado. Haora se está imprimiendo el libro 3° que comprende 
los dros reales, dominio, hipotecas, servidumbres. V. dígame los 
ejemplares q® deba remitirle. De mi trabajo nadie se acuerda 
en este mundo por q® todo es política y reboP". Una pala- 
bra del Sr. Laboulaye podría solo llamar la aten" de los abo- 
gados. » 

La superioridad de los manuscritos, sobre el proyecto impre- 
so, es pues, una cuestión puramente sugestiva; máxime, si se 
considera la enorme dificultad, con que debe tropezar la comi- 
sión investigadora, en presencia de los números manuscritos, 
algunas veces distintos entre sí (1), y la divergencia de criterio 
que se nota entre uno y otro. & A cuál de los textos deberá darse 
la preferencia ? « Como el doctor Yélez corregía constantemen- 
te su obra, es de creer que la copia remitida al Congreso fuera 
con todas las correcciones que le dictaban sus meditaciones fina- 
les; que fuera en una jDalabra el texto definitivo » (2). 

Sin desconocer la importancia de los manuscritos, cabe pensar 
que su único interés reside en que se puede notar en ellos la evo- 
lución de las ideas del autor. En cuanto a las variantes, se debe 
tener presente, que los manuscritos se hallan escritos en hojas 
sueltas, a veces de distinto tamaño, o en pequeños cuadernos, y 
que sus distintas redacciones han ido sufriendo una serie de co- 
rrecciones, que el autor consignaba entre líneas; corrigiendo 



(1) Doctor Martínez Paz, obra citada, página 146. 

(2) Doctor Martínez Paz, obra citada, página 146. 



376 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

con bandas de papel pegadas al margen. De un borrador se pa- 
saba a otro no siempre con la letra de Vélez; hasta llegar a su- 
mar siete borradores en el cuarto libro (1), y tres en el que pu- 
blica el doctor Otero Capdevila. Indudablemente que la publi- 
cación de las divergencias entre el texto y las impresiones son 
en extremo útil, pero de ahí llegar a una afirmación categóri- 
ca de que Vélez no vio esas divergencias en lo que se refiere al 
proyecto impreso, es bastante aventurado. 

Dice el miembro informante : « El estudio oportuno de los 
originales, por las comisiones revisoras del honorable Congreso 
nacional, que sin duda no tuvieron oportunidad de consultarles, 
las habría orientado hacia las fuentes naturales y primera de 
interpretación, y habría simplificado el trabajo de revisión, ha- 
ciendo desaparecer por virtud de la propia obra revisada in- 
correcciones que, por insignificantes que sean, revelan la intromi- 
sión de una mano extraña, distinta de la que ha tenido a su cargo 
la dirección y redacción de nuestro código monumental, 

« Y este hecho, verdaderamente inexplicable, aparece mani- 
fiesto si se compara la edición de Nueva York, no sólo con los 
originales manuscritos del doctor Vélez, sino con el proyecto 
impreso que sirvió de base a la sanción del código por el hono- 
rable Congreso, o con la edición de La Pampa ; notándose desde 
luego que aquella edición tiene diferencias con éstas, que no pueden 
atribuirse a simples errores de copia o de imprenta, sino a modifi- 
caciones o rectificaciones deliberadas y de cálculo, en manera algu- 
na autorizadas por la ley. » 

La ley de 25 de septiembre de 1869 autorizó al Poder ejecu- 
tivo para la reimpresión del código. Encargada a Nueva York, 
fué efectuado el delicado trabajo por el doctor García, ministro 
argentino en los Estados Unidos, que introdujo moilificaciones, 



(1) Doctor Martínez Paz, obra citada, página 144. 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 377 

que más tarde quisieron tomarse como una alteración indebida 
y puramente espontánea por su parte. Las razones terminantes 
bajo las cuales había obrado, fueron entonces publicadas ante 
las justas exigencias de la opinión pública, que creía ver una 
extralimitación legal en lo que sólo era esmero y celo en favor 
del crédito del autor del código; en efecto, la vieja amistad 
de Vélez ha dejado un interesante epistolario que nos permite 
aseverar que la reimpresión de líueva York fué efectuada con 
toda la atención que puede despertar la obra de un íntimo 
amigo. 

El ministro García había recibido el encargo de modificar el 
texto del código, de todo aquello que a su juicio fueran olvidos 
del autor, que principalmente en la traducción de las fuentes y 
en la redacción personal fué sumamente descuidado. 

La edición de Nueva York llegó al país en diciembre de 1870, 
y las modificaciones introducidas por el doctor García hicie- 
ron necesaria una revisión para declararla edición oficial. Es 
decir, ratificar en forma legal lo efectuado con la autorización 
y aprobación del Poder ejecutivo; como lo hizo la Cámara de 
senadores en su sesión de 26 de septiembre de 1871, siendo 
declarada oficial la edición de Nueva York por ley de 16 de 
agosto de 1872, luego de analizada y elevada la planilla de 
correcciones presentada por los doctores Plaza y Prado, como 
fe de erratas de la edición norteamericana (1). 

IJn borrador del archivo del doctor García, nos permite agre- 
gar que las modificaciones eran autorizadas no sólo por el pre- 
sidente Sarmiento, sino por el mismo autor del código, doctor 
Vélez Sarsfield. 

Dice el doctor García : « Cuando llegó a mi noticia que en la 
prensa de Buenos Aires se denunciaba como un acto de infiden- 



(1) Véase Qüesada, Las reformas al Código civil argentino, página 20; Mar- 
tínez Paz, obra citada, página 152. 



378 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

cia del gobierno las alteraciones hechas en el texto del Código 
civil, cuya reimpresión me fué encomendada, me sorprendió el 
silencio y la manera como se respondía a esa justa exigencia. 
Siendo a mi vez llegada la ocasión de explicar lealmente lo ocu- 
rrido, ya que no se había aceptado la idea que sugerí al señor 
presidente de declarar que yo estaba autorizado para pulir la 
redacción, respetando el fondo de cada uno de los artículos de 
la ley examinada por el honorable Congreso. 

« Desgraciadamente, no se ha creído conveniente obrar así, 
habiéndose aglomerado dificultades y reservas tan dolorosas 
como inútiles para todos los interesados en la reimpresión del 
código. Si yo no tuve autorización oficial para corregir el texto, 
no fué por no haberlo pedido, si he alterado el texto en la forma 
y en algunas citas, no por eso asumo la responsabilidad de haber 
obrado sin autorización privada del mismo autor del código, 
como consta por carta del doctor Dalmacio Vélez Sarsfield. Esto 
me indujo a manifestarlo en el oficio que con la fecha remito al 
ministerio de Instrucción pública. 

« Si no basta esta explicación, adelantaré otras después, que 
se me autorice a dar a luz las correspondencias privadas, a cuya 
virtud he obrado : !*• seguro de que se pediría la ratificación del 
Congreso; 2° atendido a que no habiendo tiempo para consultar 
dudas y debiendo enviarse en un plazo determinado el código 
impreso, consideraba que me bastaba la autorización privada 
de las personas que me encomendaron el trabajo de revisión e 
impresión. 

« Sin esas autorizaciones no habría empleado esta legación el 
esmero prestado por más de un año en una comisión, en la cual 
sólo buscaba el crédito del autor del código y el mejor desempeño 
de un cometido, sin aspiración siquiera a que se le reconociera 
su celoso y desinteresado desempeño. Muchas divergencias halla- 
ría la comisión revisora entre el texto de Buenos Aires y el de los 
Estados Unidos, pero es menester tomar en cuenta lo siguiente : 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 379 

« 1° Que la edición de Buenos Aires estaba plagada de erro- 
res tipográficos; 

« 2" Que las correcciones eran incompletas; 

* 3° Que fué menester unificar la tipografía y el sistema gra- 
matical en todo el texto para mayor claridad y método. 

« No rehuye esta legación su responsabilidad, pero tampoco 
la acepta exclusivamente y habría preferido sacrificarse a la 
consecuencia que impone la amistad si no hubiera creído con- 
veniente dar a luz las correspondencias privadas, única prueba 
practicable posible en el caso, por otra parte. » 

La correspondencia aludida permaneció inédita y su publici- 
dad — que se hace ahora — dará clara explicación a los móvi- 
les que animaban al amigo del doctor Vélez al introducir las 
modificaciones. 

Con fecha septiembre 7 de 1869, Sarmiento escribía al doc- 
tor García una larga como interesante carta, y al referirse al 
tema abordado decía : « Otro encargo, y ese muy de su agrado 
de usted como amigo de Vélez y abogado, le haré pronto. Está 
para sancionarse el Código civil y quiero imprimirlo, /orm and 
sJieeplaw, como los libros de leyes de por allá. Hace exactamente 
un libro de 1100 páginas, como el de Cushing sobre las legisla- 
turas. Mándenos cuatro o seis de éste. 

« Es preciso ver a los Appleton, pero como son muy tiranos, 
vea también a Hougton, Eiver side Mass., que han impreso muy 
bien español. 

« La corrección ha de ser fácil, como que es reimpresión, y 
está bien corregido el original. Tratará por dos mil ejemplares 
estereotipados; quedando a mis órdenes el estereotipo. Puede 
ser que mande otros libros a imprimir. » 

Otra de noviembre 12 de 1869 dice : « Le encomiendo la im- 
presión del código de Yélez en otra carta. Hay un punto deli- 
cadísimo que no pude tocar en ella, y que al hacerlo aquí lo 
dejo todo al buen juicio de usted. El reproche que con más 



380 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

generalidad se hace a la magna obra de nuestro amigo proviene 
de faltas de idioma y de estilo. No creo que él sea fuerte en cues- 
tiones gramaticales, aunque ha contestado a mi parecer victorio- 
samente a algunos cargos. Yo le insinué con la timidez natural, 
que podría permitir al corrector de pruebas allá, recomendán- 
dole a Mantilla para eso, que extendiese su expurgación hasta 
el empleo de preposiciones más propias, en caso de estar mal usa- 
da alguna, y él consintió o asintió sin una declaración positiva. 

«Me ocurre la idea de que Mantilla o Bachiller declaren posi- 
tivamente incorrecta una frase, impropia una construcción, anti- 
castellana, etc. 

« ¡ Qué conflicto para usted y para mí ! Podría retocarse con 
la mayor parsimonia cuanto bastare a quitar lo absolutamente 
chocante. Podría usted, con el conocimiento que tiene del sen- 
tido, autorizar modiñcaciones de fraseología que estuviese 
seguro en nada lo alteraban. Como ha de estereotiparse el libro 
todo esto ha de tenerse en cuenta, no habiendo tiempo de con- 
sultar previamente. Acaso el estereotipo permita introducir en 
una segunda edición las correcciones « indispensables », que el 
profesional saber de un hablista recomendase desde allá, bajo 
la autoridad de usted. 

«Gomo Mantilla le ha de decir de suyo no más lo que le 
«choque», espero que usted consulte su propio juicio del deber, 
de la gloria duradera de un amigo, y de su respeto por sus sus- 
ceptibilidades que no creo grandes en materia de lengua sino 
de ciencia. 

« Quedo su afectísimo. — Sarmiento. » 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 381 



«Noviembre 13 de 1869. 

« Excelentísimo señor Manuel B. García. 

«Mi estimado amigo: Sus dos cartas posteriores me mues- 
tran cuánto le preocupan las agitaciones de galvanismo que se 
intenta crear aquí. Iba usted por la cuestión intervenciones, que 
fué apartada con un veto. Habrále llegado la del puerto que 
tuvimos que abandonar por evitar colisiones con los que hallan 
en tales medios camino para sus personas. 

« Las dificultades de nuestro país vienen de causas anterio- 
res, de influencias extraíías en la manera de entender las cosas, 
pero se prolongan j)or la dificultad de introducir nuevas doctri- 
nas para corregir los errores de la opinión. 

<< Cuando nos desvivimos registrando decisiones de la Corte 
suprema, etc., se nos presenta por delante Castro, lo más fla- 
mante de las viejas ideas de aquí, a dos cuadras de la plaza, 
nada más allá. Y ya puede imaginarse si habrán argumentos. 

« El vapor le entregará a usted el Código civil impreso, para 
que lo haga reimprimir allá. Este es un trabajo de amor que le 
recomiendo, como ministro, como abogado y como amigo del 
doctor Vélez. Todo para mayor gloria del autor, del país y del 
gobierno. 

« Mi plan es el siguiente : edición sheeplaiv y formato, papel 
y tipo de los que se usa en los libros de materia legal. He cal- 
culado el volumen en tipo y formato que vendrá a ser igual a la 
obra de Cushing sobre las asambleas legislativas. Creo, pues, 
que esa obra debe servir de base para el contrato, en papel, for- 
mato y tipo. 

« Sirviéndose de persona versada en materia de imprenta. 



/ 



382 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

pnede, deducidos los espacios blancos que en el original sobre- 
abundan, calcularse el precio. 

« Debe estereotiparse, aunque este trabajo baga subir el pre- 
cio de la primera edición, que se hará de dos mil ejemplares, a 
fin de que no salga muy cara. El título debe ser : Código civil de 
la República Argentina. 

« Como es obra larga y de cierta responsabilidad la correc- 
ción, conviene que nombre desde ahora un corrector pagado, 
para cuyo trabajo recomiendo a un señor Mantilla, muy cono- 
cido de Mitre, o si no estuviere, a un señor don Antonio Bachi- 
ller Morales, emigrado de Cuba y muy competente. 

« Es preciso adoptar un sistema de puntuación, acentuación 
y ortografía. Busque que sea lo más liberal admisible, pues 
todos esos habaneros son ultra españolistas y académicos. 

« Nos interesaría, para el efecto moral, que la edición estuviese 
aquí antes de la clausura del próximo Congreso, sin pagar más, 
se entiende. Appleton es el indicado para la impresión, pero co- 
mo tiene fama de carero, puede usted proponerlo a Houghton 
y compañía, de Eiver side Mass., que ha impreso bien español 
obras de Mantilla, a fin de obtener el mejor precio con buena 
ejecución. 

« Desde que usted celebre el contrato puede librar las sumas 
que deben pagarse. Dejo a usted en aptitud de mejorar o modi- 
ficar las condiciones establecidas, en vista de razones poderosas 
que usted pudiera tener, una de ellas el que los gastos no sean 
excesivos. 

« No sé si en previsión de futuras enmiendas convendría mé- 
nager « espacios en blanco » al fin de los capítulos. 

« Creo que con lo dicho y con lo que el doctor Vélez le haya 
hablado, será bastante para que usted obre a medida de nues- 
tros deseos. 

«Quedo su afectísimo. 

« 2). F. Sarmiento. » 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 383 

En marzo 17 de 1870, a objeciones formuladas por el doctor 
García, le contesta : « No se presione por no estar a las instruc- 
ciones dadas en globo. Si Mantilla puede «ahorrarse», ahórrelo. 
Temo los errores tipográficos de que usted no ha de poder garan- 
tirse. Corregir pruebas es más profesional de lo que parece. » 

En fecha abril 12 de 1870, ante los escrúpulos del doctor Gar- 
cía de tocar el texto del código, contesta Sarmiento en forma 
terminante : « ... De lo demás de su carta poco queda que me- 
rezca contestación. Corrija o no el código según su juicio. Yo 
suelo dar órdenes militares. Haga tal cosa bajo su responsabi- 
lidad... » Como se puede ver, la orden no necesita comentarios. 

Llegada la reimpresión a Buenos Aires, Sarmiento acusa 
recibo con fecha enero 14 de 1871, agregando : 

« ... Grande alarma y vocinglería han causado aquí las correc- 
ciones del código, dando motivo a Mitre y otros, de desfogarse 
contra el gobierno, el ministro, etc.; se ha nombrado una comi- 
sión de cotejo y ésta ya asegura que, conservado el sentido sin 
alteración, la redacción ha ganado en corrección. Vélez está con- 
tento, pero otros no lo están por él, y parece que se preparan 
para incomodarlo en la Cámara. 

« De todos modos, un código que ha de sobrevivir a la época 
presente, que ha de ser leído fuera del país, que tiene que sos- 
tener la comparación con el del hablista Bello de Chile, merece 
todo cuidado al imprimirlo y quitar pretextos a la crítica. 

« Sí, pues, las correcciones satisfacen esas exigencias, que yo 
llamaría de decoro, y en nada alteran la ley, han debido hacerse 
y me complazco en ello... » 

En otra del 31 de mayo de 1871 puntualiza en hermosas fra- 
ses el concepto que le merecen los ataques al código reimpreso, 
y dice : 

« El código será, según se cree, materia de ataques furibun- 
dos de parte del general Mitre y de Quintana. 

« Una comisión examinadora declara que nada hay que cam- 



384 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

bie el sentido de ninguna frase. Pero el ataque no es contra 
usted, sino contra mí, contra Vélez... 

« Lo apoyarán todos los que no leen el código, porque no pue- 
den leerlo, pero que pueden apasionarse por puntos y comas, 
creyendo que eso entienden o pueden entender. No se preocupe 
usted, pues, de eso, que en manera alguna afectará su buen 
nombre, porque no es a las correcciones, sino a la facultad de 
corregir, lo que no se había de antemano examinado. 

« Usted sabe que el código de Chile fué redactado por don 
Andrés Bello, uno de los primeros hablistas, y con qué despre- 
cio se miran fuera de nuestro país las negligencias de lenguaje, 
de que nos hemos habituado nosotros. La corrección final de un 
libro de leyes es asunto que no interesa a la legislación, en 
cuanto los códigos no son examinados vervatum por los legisla- 
dores, sancionando el conjunto y el pensamiento del autor. Por 
la gloria de la república, por la más fácil aceptación de las otras, 
por honor de la lengua, debe, pues, depurarse un libro de defec- 
tos de detalle. 

« Desaprobarán el acto, sin desaprobar, porque no pueden ne- 
gar la bondad y la utilidad de la revisión. No sé qué harán en se- 
guida. El libro existe irreprochable en cuanto a edición, j. Se man- 
dará hacer una edición incorrecta ? ¡ Sería el colmo del ridículo ! » 

Con fecha 15 de septiembre de 1871 agrega: 

« Muchas cosas merecen unas cuantas palabras de explana- 
ción : el código, su impresión. Trabajo admirable de perfección 
y líaciencia. Nadie le halla defecto, ni desaprueba que se haya 
mejorado; pero el haberlo hecho da, a Quintana, Oroño y otros, 
ocasión de ajar al doctor Vélez, y son capaces de estudiar gra- 
mática el uno, leyes el otro para conseguir su intento. Se nom- 
bró una comisión para que examinase las correcciones, y ésta 
ha hecho un folleto, en que entran «quinientas» comas puestas 
o quitadas; pero declarando que en el fondo no hay nada cam- 
biado y que el trabajo mejora y completa el código. 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 385 

«... Vélez se muestra cansado, no del trabajo, sino de sopor- 
tar las groserías habituales de la prensa o del público. El poco 
miramiento que se ha tenido en el Senado con él le ha hecho 
bastante impresión. » 

Analizando las cartas, queda plenamente probada la inter- 
vención de Vélez en las modificaciones de la primera edición 
oficial. Así, en la carta de Sarmiento de 14 de enero de 1871, se 
lee : <' Vélez está contento » ; y en la de Vélez de fecha 8 de no- 
viembre de 1869, el anuncio de una próxima, hablándole larga- 
mente sobre la edición del código que se leva a encomendar. 
Ko es posible alegar que las modificaciones no fueran conocidas 
por el doctor Vélez, y ya sea obra del doctor García, o copia de 
las introducidas en el proyecto impreso, eran perfectamente 
conocidas por el autor del código y con su consentimiento in- 
cluidas en la edición de Nueva York. 

El referido informe agrega que treinta y siete de los errores 
que subsanarán las leyes de erratas, son errores de la edición 
de Nueva York y no de la obra de Vélez; y que no deben atri- 
buirse a defectos de la obra del codificador. Sería más lógico 
suponer que el doctor Vélez sanciona dichas modificaciones, 
como nuevas correcciones a sus manuscritos, desde que como 
autor pudo en cualquier momento impedir se sancionaran. Lue- 
go la mano extraña e intromisa sin autorización legal no existe 
en lo referente al proyecto impreso y a la edición de Nueva York. 

Respecto a las demás modificaciones que de acuerdo con el 
doctor Vélez y autorizadas por Sarmiento, introdujo el doctor 
García, es muy honroso para su actuación consignar los térmi- 
nos del doctor Otero Capdevila. « Por lo demás las otras di- 
ferencias o alteraciones de menor cuantía no pueden alarmar 
mayormente, tanto por la poca importancia como por la oportu- 
nidad misma de su rectificación ; y si el señor doctor García no 
ha estado autorizado previamente por la ley para verificar las 
correcciones que ha hecho — en Informa del texto y en algunas 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 25 



386 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

citas como él dice — su intervención está a mi juicio plenamente 
justificada por la autorización contenida en las cartas que pu- 
blica el señor García Mansilla (1) y ha sido aprobada por el ho- 
norable Congreso al declararse oficial la edición de Nueva York 
que contenía dichas correcciones. 

« No es posible desconocer la competencia de un hombre que 
recibía tan honroso encargo, ni puede ponerse en duda la efica- 
cia de la intervención de quien sacrificaba su tiempo y ponía a 
prueba su desinterés y su celo, por el crédito del amigo y por 
el honor que al país reportaría la obra. » 

Dice el doctor Otero Capdevila : « Por otra parte, y esto 
se enuncia en mi exposición anterior, aunque no he creído ne- 
cesario demostrarlo en detalle, existen mutaciones o diferencias 
entre la edición de Nueva York y la edición de La Pampa que, 
como sabemos, está destinada a corregir aquélla, de acuerdo a 
la ley 1882 » y agrega que : « Más aun, en los textos de los ar- 
tículos de la edición de La Pampa, puede constatarse la exis- 
tencia de mutaciones no autorizadas. 

« Así, en la Cesión de créditos, el artículo 47 de la edición 
de Nueva York, hablando de la responsabilidad del cedente de 
mala fe se refiere « a los perjuicios que hubiere causado el ce- 
sionario » ; en vez de al cesionario » como dice el artículo 1480 
de la edición de La Pampa ». 

El artículo 54 de La reversión de las donaciones en la edición 
de Nueva York, habla de la reversión convencional ; en vez la 
reversión condicional, como dice el artículo 1842 de la edición 
de La Pampa». 

El artículo 46, edición Nueva York, sobre IjOS efectos de la 
fianza entre el deudor y el fiador dice : « Si el fiador pagó an- 
tes del vencimiento de la deuda, sólo podrá cobrarla después 
del reconocimiento de la obligación del deudor»; en vez de 

(1) Código civil y sh reimpresión en Nueva York. La Nación, 7 de junio de 1917. 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 387 

« después del vencimiento de la obligación del deudor » como 
dice el artículo 2031 de la edición de La Pampa». 

« Y el artículo 48 del mismo capítulo en la primera edición 
dice : « Si el fiador hiciese el pago sin conocimiento del deu- 
dor, etc. » en vez de « sin consentimiento del deudor» como dice 
el artículo 2033 de la segunda edición de La Pampa. 

« En todos estos casos los originales del doctor Vélez están 
de acuerdo con la edición de La Pampa; luego, sosteniendo 
como sostengo la superioridad de dichos originales, como más 
conformes con el sentido natural y jurídico de las disposiciones 
respectivas, sobre la edición de Kueva York, podría desde luego 
establecerse la bondad de las correcciones hechas en la edición 
de La Pampa ; sin embargo, como no se trata de apreciar el va- 
lor jurídico de las correcciones, sino su razón de ser, su autori- 
zación legal, debemos concluir que ellas han sido indebidamente 
verificadas por no estar autorizadas legalmente. » 

Aplicando las palabras de Sarmiento, de su carta de enero 
14 de 1871, se puede decir con él : « Si, pues, las correcciones 
satisfacen esas exigencias, que yo llamaría de decoro, y en nada 
alteran la ley, han debido hacerse y me complazco en ello... » 
¿Alteran la ley las correcciones de las edición de La Pampa f 
No, desde que están de acuerdo con los manuscritos y más con- 
formes con el sentido natural y jurídico, como lo manifiesta el 
doctor Otero Capdevila ; luego resalta la bondad de las correc- 
ciones hechas, sobre cualquier otra consideración. 

En cuanto a los errores de la edición de Nueva York dice el 
miembro informante : 

« Sobre este particular no es posible admitir discusión, bas- 
tando comparar los textos originales con los de las leyes de co- 
rrección para cerciorarse que son idénticos, y la simple lectura 
de los artículos de la edición de Nueva York para descubrir los 
errores, declarados tales y rectificados por dichas leyes. » 
Y tomando alguno de los treinta y siete errores más importan- 



888 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tes, no contenidos en los manuscritos, señala que en el artículo 
29, capítulo VI, De la sociedad, edición de Nueva York, dice : 
« contra el socio que lo permitió » en vez de « contra el socio 
que \o prometió». Artículo 24, capítulo III, de Los contratos en 
general, dice : « si no estipularon contratos con sus acreedores » ; 
en vez de « estipularen concordatos con sus acreedores ». Ar- 
tículo 29, título IV^, de la Cesión de créditos, dice : «de parte 
del deudor una coKsidw » en vez de «wxídi colusión». Artículo 36 
del mismo título dice : « toda presunción o deliberación », en vez 
de « toda presunción de liberación ». Artículo 29, capitulo IV, de 
La locación, dice « el locatario pedir indemnización », en vez de 
«diminución del precio». En estos errores importantes se basa 
el doctor Otero Capdevila para aseverar la intromisión de una 
mano extraña, distinta de la que ha tenido a su cargo la dirección 
y redacción del código. 

Agregando en párrafo próximo « haberse limitado a emitir 
una apreciación, una sospecha, espontáneamente sugerida por 
el hecho comprobado ». 

Refiriéndose a las notas del articulado dice en su informe : 
« En todos los casos las citas de los originales son las auténti- 
cas, y las de la edición de Nueva York, están manifiestamente 
erradas. Y en varias de ellas, como lo hago notar, se confirma 
el aserto de que hay en nuestro código alteraciones hechas por 
mano extraña sin autorización legal y que no constituyen me- 
ros errores de imprenta». Descontando el interés e importan- 
cia que pueden contener las notas, cabe observar que la edición 
oficial no debía contenerlas, como lo solicitó en su informe el 
doctor Veloz (1); son meras indicaciones con que el autor quiso 
ilustrar su obra (2). Debe considerarse además, que en muchos 



(1) Informe del doctor Vélez al ministro de Justicia e Instrucción pública, 
junio 31 de 1865, reproducido en el primer libro del proyecto impreso, página 11. 

(2) Quesada, folleto citado : Assrr, El Código civil de la Bepúbliea Argentina. 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 389 

casos, pueden impedir la libre interpretación de la ley; y si se 
observa que las notas del código fueron tomadas de diversos 
autores, estando más de una vez, en perfecta contradicción con 
el texto, carecen de toda importancia. Porque es cosa sabida 
que es la ley, y no las notas, la que recibió sanción. Sin justifi- 
car con ésto ningún error, se puede agregar, que el doctor Vé- 
lez no redactó sus notas, limitándose a traducirlas (1). 

En resumen, el examen de los manuscritos y su cotejo entre sí, 
y Uls ediciones oficiales en la parte publicada, ha puesto de ma- 
nifiesto « errores » en su mayor parte rectificados por la edición 
La Pampa. « La crítica está llamada a reconocerlo, restando la 
tercera parte de las incorrecciones declaradas y que a primera 
vista podrían atribuirse a la obra del codificador » (2). 

Pero si se consideran los elementos componentes del Código 
civil, pueden ser clasificados en externos e internos; entendien- 
do por externos, los didácticos formulistas ; y por internos los 
doctrinales normativos. Ahora bien, clasificando en esta forma 
los errores que la compulsa ha demostrado, no cabe la menor 
duda, ocuparán el lugar externo, formando los errores extrín- 
secos. En cuanto a los errores doctrinales normativos de la parte 
publicada, permanecen incólumes en los manuscritos del código. 
La compulsa no ha traído nuevos elementos que pudieran sub- 
sanar los ya conocidos y observados en el libro de las obliga- 
ciones. 

Así se observa la falta de una parte que contenga los distin- 
tos derechos (personas, cosas y hechos) e instituciones (3) de 
carácter común. 

La colocación de la obligación es defectuosa, porque debería 

(1) Juan Agustín García, Curso sobre Alberdi. 1915. 

(2) Informe del doctor Otero Capdevila. 

(3) A. Cacici, Metodología de las obligaciones. Apuntes al doctor Colmo. Ee- 
vista del Centro de estudiantes de derecho, número 49, página 683. 



390 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

hallarse antes que los derechos reales, puesto que, en las obli- 
gaciones de dar se sui^one una noción de ellos. Y esto se precisa 
al analizar el artículo 577. 

El autor del código ha confundido la noción de la obligación 
(a pesar de Savigny y Freitas) al incluir en un mismo libro, las 
obligaciones en general, los hechos y los actos jurídicos, que 
producen la adquisición, modificación, transferencia o extinción 
de derechos y obligaciones y las obligaciones nacidas de con- 
tratos. El libro I y II establecen un paralelismo equivocado, sin 
caracterizar a ninguno de ellos. 

Y en cuanto a las obligaciones en particular, las deficiencias 
que presenta la materia en el código son : falta de voluntad uni- 
lateral como fuente de obligación; el contrato de edición; el con- 
contrato de empresa en general; el contrato de trabajo; los con- 
tratos abstractos; la transmisión de deudas, sólo existe la cesión 
de créditos; los contratos colectivos ; el contrato de adhesión, j 
una legislación sobre contratos por terceros. 

Respecto a las instituciones mal ordenadas, la evicción y los 
vicios redhibitorios, se encuentran entre los contratos; la pres- 
cripción figura al final del código, en un lugar que no le corres- 
ponde; la prenda y el anticresis, aparecen como derechos reales, 
siendo contratos comunes. Se encuentran mal ordenados; el con- 
trato de cesión de créditos; la representación contractual ; la con- 
dición y el plazo, que son modalidades de actos jurídicos, y no 
obligaciones, y tantos otros errores intrínsecos, que la revisión 
de los manuscritos no ha podido levantar. 

« Hasta ahora no se había hecho sino arrojar flores a la obra 
de nuestro codificador, que sin duda es buena. Mas lo dismi- 
nuto y la ceguera de tales pareceres llevaban en sí los gérme- 
nes de la esterilidad. No ver defectos aunque los haya puede 
ser bueno en más de un supuesto ; pero nunca cuando se trate 
de reglas de conducta, y menos si está en juicio la conducta 
colectiva. Y al revés, al señalar omisiones o errores por par- 



LAS ALTERACIONES AL TEXTO DEL CÓDIGO CIVIL 391 

ti pri8 O por sistema, es igualmente un mal ; por lo que no es 
verdad desde luego; por lo que por sí sugestiona toda crítica 
en seguida, y por lo que pueda dar margen a la eclosión de cri- 
terios reformistas que en asuntos legales no son siempre los 
mejores, por último». Estas palabras de un distinguido cate- 
drático (1) encierran el juicio imparcial déla crítica jurídica, 
serena y alta, que si bien reconoce el genio del autor, no habla 
de gran código. 

Terminando : Queda probada la intervención directa de Vé- 
lez y Sarmiento en las alteraciones al texto del Código, y la 
importancia que se debe dar a las adiciones^ mutaciones y supre- 
siones puestas de manifiesto ; llegándose a la conclusión de que 
ellas no alteran el concepto fundamental, jurídico, del Código 
civil. 

Manuel E. García-Mansilla. 

Julio de 1917. 



(1) A. Colmo, Los códigos y los principios jurídicos. Hevisla del Centro eshi- 
diantes de derecho, número, 46, página 20. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 



(THE NEGOTIABLE INSTRUMENTS LAW) 



El estudio de la legislación comercial adquiere mayor impor- 
tancia a medida que se hace notar la necesidad de las reformas 
requeridas por el aumento y la complejidad de las relaciones de 
derecho nacidas, como es natural, del creciente intercambio. 

La reforma, si se lleva a cabo, debe de consultar, como mode- 
los a las últimas y mejores sanciones legislativas adoptadas en 
países cuya organización institucional tenga mayor semejanza 
con el nuestro. 

Estas consideraciones nos han determinado a traducir la ley 
sobre papeles de comercio adoptada por numerosos estados de 
la Unión americana. 

Como es sabido, la constitución americana, de un federalismo 
más perfecto que la nuestra, ha dejado a los estados la facultad 
de legislar sobre materia civil, comercial, etc. 

Los inconvenientes del sistema han determinado un movi- 
miento en favor de la unificación legislativa, y la ley, cuya tra- 
ducción hemos hecho, tiene de interesante que constituye el 
primer paso dado en tal sentido, habiéndola adoptado, con in- 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 393 

significantes modificaciones de detalle, numerosos estados de la 
Unión. 

En la conferencia anual de los comisionados para la unifica- 
ción de las leyes de los estados, que tuvo lugar en Detroit en 
1895, se adoptó la resolución de requerir del Comité de derecho 
comercial que mandara proyectar una ley referente a papeles de 
'comercio basada en el English Bills of Exchange Act y en las 
mejores fuentes de información que pudiese consultar. El asunto 
fué sometido a una subcomisión formada por el juez Lyman D. 
Brewster, de Connecticut; Henry C. Willcox, de Xew York y 
Frank Bergen, de New Jersey, quienes encargaron a Mr. John 
J. Crawford, miembro del foro de New York muy conocido por 
su competencia en la materia, que formulase el proyecto de ley. 

En Inglaterra en 1878 el juez Chalmers publicó un digesto de 
leyes sobre letras de cambio; en cuya preparación tuvo presente 
todos los casos de jurisprudencia inglesa (unos dos mil quinien- 
tos) a partir de 1603. Cuando no encontró más precedentes en 
dicha jurisprudencia, recurrió a las decisiones de los tribunales 
americanos y a los usos de los banqueros y comerciantes. 

Dos años después de la publicación del Digesto, el Instituto 
de banqueros y la Asociación de cámaras de comercio le encar- 
garon que formulara un proyecto de ley sobre la materia. Así lo 
hizo, siendo su propósito, según lo manifiesta, « reproducir, tan 
exactamente como fuese posible, la ley actual fuese ella buena 
o mala en sus efectos ». El proyecto fué presentado al parlamen- 
to en 1881 y después de algunas modificaciones propuestas por 
una comisión especial de la Cámara de los comunes formada por 
comerciantes, banqueros y abogados y otra comisión, también 
especial, presidida por lord Bramwell, esta última de la Cámara 
de los lores, fué sancionada, sin oposición, por ambas ramas del 
parlamento. Es digno de mención el hecho de que las modifica- 
ciones al proyecto sólo se adoptaron cuando había unanimidad 
en favor de las mismas entre los miembros de las comisiones. 



394 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

En realidad puede decirse que el proyecto del juez Chalmers 
es lo que constituye la ley inglesa, porque en su mayor parte 
éste fué adoptado palabra por palabra, con excepción de pocas 
modificaciones que se adoptaron para solucionar decisiones con- 
tradictorias en la jurisprudencia o para corregir algunos errores 
reconocidos como tales en la ley vigente. El propósito de la 
English Bills of Exchange Act fué codificar las disposiciones' 
existentes sobre la materia, con las menores alteraciones posi- 
bles. Esta ley está en vigencia desde hace más de veinte años 
en la Gran Bretaña, ha sido adoptada por todas sus colonias y 
sus resultados han llegado más allá de lo que se esperaba. 

Pero la ley inglesa había seguido el sistema de los códigos 
del continente, esto es, tratar primero lo relativo a las letras de 
cambio y después fijar sus mismas reglas, en cuanto fuesen apli- 
cables, a los demás papeles de comercio, agregando disposicio- 
nes especiales para las peculiaridades de esta última clase de 
documentos. 

Considerando que tal sistema no se avenía muy bien con las 
prácticas americanas, — por cuanto el uso de las letras de cam- 
bio es proporcionalmente menor en América que en Europa, — 
Mr. Crawford adoptó un sistema propio consistente en agrupar 
las disposiciones aplicables a toda clase de documentos negocia- 
bles y luego establecer en artículos separados las reglas espe- 
ciales relativas a sus diferentes clases. 

El proyecto de Mr. Crawford que contenía, además, citas de 
decisiones de los tribunales, de opiniones de autores y de leyes 
de varios estados, fué sometido a la referida subcomisión. Se 
imprimió (con ligeras correcciones hechas por la subcomisión), 
con las notas de su autor y con la ley inglesa, para que pudiera 
comparársele, enviándose ejemplares a cada miembro de la con- 
ferencia, a abogados eminentes, profesores de derecho y a varios 
jueces y abogados ingleses, solicitándoles que hicieran su crítica 
y aconsejaran las modificaciones que estimasen convenientes. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 395 

Sometido a la conferencia de Saratoga, en 1896, fué discutido, 
sección por sección, por veintisiete comisionados, — que repre- 
sentaban a catorce estados — y se le hicieron algunas reformas 
« la mayor parte de las cuales, dice Mr. Crawford, importaban 
cambios tales a la ley existente que yo no me había atrevido a 
proyectarlos ». 

El proyecto así corregido fué aceptado x>or la conferencia y 
sometido a las legislaturas de los estados, recomendando su 
adopción, y en efecto fué adoptado por numerosos estados, se- 
gún lo hemos dicho. 

La contribución más importante que se tuvo para el estudio 
del asunto fué la controversia Ames-Brevrster. 

En la Harvard Laic Review, el profesor James Barr Ames, de- 
cano de la Facultad de derecho de Harvard, catedrático de letras 
de cambio y papeles de comercio, y autor del libro más importan- 
te sobre la jurisprudencia déla misma, publicó un artículo criti- 
cando veintitrés secciones de la nueva ley, manifestando que a 
pesar de sus muchos méritos, era sensible que hubiese sido adop- 
tada por quince estados y que su sanción, por otros estados no 
debería realizarse sin un considerable número de reformas. 

La crítica del profesor Ames fué controvertida por el juez 
Lyman D. Brewster, presidente de la conferencia nacional para 
la unificación de las leyes de los estados y miembro de la subco- 
misión que proyectó la ley. La discusión consiste en dos artículos 
que se publicaron en la Harvard Latv Revietp por el profesor 
Ames y otros dos por el juez Brewster. 

En un folleto publicado por la Harvard Law Beview PublisMng 
Association, que contiene el texto de la ley, junto con los referidos 
artículos, se ha agregado una nota complementaria del profesor 
Ames, criticando dos secciones adicionales de la ley, una réplica 
del juez Brewster y una carta con comentarios sobre algunos 
puntos de la discusión por Mr. Arthur Cohén, Q. O., miembro de 
la comisión que proyectó la ley inglesa, quien había sido reco- 



396 ANALES DE LA FACULTAD DE.DERECHO 

mendado por el juez Chalmers como una de las tres mejores auto- 
ridades de Inglaterra sobre la materia de papeles de comercio. 

El conocimiento de estos antecedentes es el mejor elemento 
de interpretación de la ley; pero la excesiva extensión que ad- 
quiere la discusión nos ha impedido aun el presentar un resumen 
de la misma. 

No es posible juzgar la ley, si no se tiene presente que se 
trata de una tentativa de codificación. El objeto de la comisión 
no fué reformar la legislación sobre papeles de comercio. Fué dar 
mejor forma y más precis¡a a la legislación existente. Natural- 
mente que era menester decidirse de vez en cuando por determi- 
nada solución en materias sobre las cuales existían diferentes 
opiniones. Con frecuencia una sección cambia las disposiciones 
de la ley existente en algunos estados que se habían desviado 
de la corriente de uniformidad. A veces, aunque pocas, cuando 
había unanimidad, se establecieron principios nuevos. El prin- 
cipal y casi único propósito de los redactores de la Negotiable 
Instruments Law, fué reproducir lo más exactamente posible, lo 
que se consideraba ley, por el consenso común. 

Los comentadores de la ley aconsejan que al interpretar algu- 
nas de sus disposiciones no se dé al lenguaje empleado un sen- 
tido demasiado literal, pero sí un sentido legal razonable, deri- 
vado en cierto modo del conocimiento de los casos que sirvieron 
de antecedentes para su sanción. 

El criterio con que, a este respecto, fué redactada la ley, está 
expresado por el juez Brewster : << Se ha tenido cuidado de con- 
servar en lo posible, las palabras que ya han sido interpretadas 
por los t^ribunales y que se ha reconocido que forman parte de 
la terminología en los usos del comercio. » 

Jaime F. de Nevares. 

Profesor titular de Derecho procesal. 

G. W. Thomas, B. a. (Oxford). 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 397 



TITULO I 
PAPELES DE COMERCIO EN GENERAL 

ARTÍCULO I 
FORMA E INTERPRETACIÓN 

Sección l'^. — Un documento para ser negociable debe llenar los 
siguientes requisitos : 

1" Debe ser hecho por escrito y firmado por quien lo emite o libra- 
dor (1) ; 

2° Debe contener una promesa u orden incondicional de pagar una 
suma cierta en dinero ,: 

3° Debe ser pagadero a la presentación o a un término futuro fijo 
o determinable : 

4° Debe ser pagadero a la orden o al portador ; y 

5° Cuando el documento es girado a cargo de una persona, ésta 
debe ser nombrada o determinada de otro modo con precisión razo- 
nable. 

Sec. 2^. — La suma es cierta, en concepto de esta ley, aunque sea 
pagadera : 

1° Con interés ; o 

2° En cuotas determinadas : o 

3° En cuotas determinadas, estableciéndose, que por falta de pago 
de una cuota o de los intereses, podrá reclamarse la totalidad ; o 

4° A un cambio determinado o al cambio corriente ; o 

5° Con gastos de cobro o de procuración (2), en caso de que el pago 
no se efectué al vencimiento. 



(1) La ley usa los^términos maker o drawer, reservando el primero para los 
que libran documentos que no son letras de cambio y el último para éstas. Nos- 
otros, para conservar la diferencia, usaremos distintos términos, reservando el de 
librador, exclusivamente para las letras de cambio. 

(2) Se debe entender que los gastos de procuración podrán cobrarse aunque 
no se baya iniciado acción judicial, tal es el concepto de los términos attorney'sfee. 



398 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Sec. 3*. — Una simple orden o promesa de pagar es incondicional, 
en concepto de esta ley, aunque contenga : 

1° Indicación de determinados fondos con los cuales deba de reem- 
bolsarse o de una cuenta determinada a la cual será debitada ; o 

2° Determinación del negocio que ha dado origen al documento. 

Pero una orden o promesa de pago con fondos determinados no es 
incondicional. 

Sec. 4*. — Un documento es pagadero a plazo futuro determinable, 
en el concepto de esta ley, cuando se expresa que es pagadero : 

1° A plazo fijo después de su fecha o presentación ; o 

2° En o antes de una fecha fija o determinable, especificada en el 
documento; o 

3° Al suceder un acontecimiento determinado, que necesariamente 
ocurrirá, aun cuando el tiempo en que haya de ocurrir sea incierto o 
a un plazo determinado, después de tal acontecimiento. 

Un documento pagadero si sucede un acontecimiento, que puede o 
no ocurrir, no es negociable, aun cuando el hecho suceda. 

Sec. 5*. — Un documento que contenga una orden o promesa de 
realizar cualquier acto, además del pago de una suma de dinero, no es 
negociable. Pero el carácter de negociable de un documento no se 
afecta porque en él : 

1° Se autorice la venta de las garantías afectadas al mismo en caso 
de que no se pague al vencimiento ; 

2° Se autorice a someterlo a la jurisdicción de los tribunales en caso 
de no ser pagado a su vencimiento (1) j 

S° Se renuncie a los beneficios de cualquier ley que acuerde venteas 
o protección al obligado ; 

4° Se acuerde al tenedor elección para exigir que en lugar del pago 
en dinero, se haga otra cosa. 

Pero ninguna de las disposiciones de esta sección, podrá dar validez 
a cualquier estipulación de otro modo ilegal. 

Sec. 6^. — Ni la validez ni el carácter negociable de un documento 
se afecta : 

1° Por no tener fecha ; o 



(1) La disposición se refiere, más especialmente, a ima autorización para rea- 
lizar un acto denominado eonfeasion of judgement que consiste en una sumisión 
voluntaria a la jurisdicción de los tribunales acordando el deudor su consentí' 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 399 

2° Por no especiflcaí- el valor recibido o el hecho de haberse recibi- 
do : o 

3° Por no especificar el lugar donde ha sido girado o donde debe 
pagarse; o 

4° Por llevar sellos ; o 

5° Por designar la clase de moneda corriente en la cual debe de ser 
pagado. 

Pero nada de lo establecido en esta sección podrá alterar o anular 
ninguna disposición que i-equiera que en ciertos casos se establezca en 
el documento la causa del mismo. 

Sec. 7*. — Un documento es pagadero a su presentación : 

1° Cuando se expresa que es pagadero a la vista o presentación; 

2° Cuando no se expresa el tiempo en el que debe de hacerse el 
pago. 

Cuando un documento es emitido, aceptado o endosado después de 
la fecha de su vencimiento se considera pagadero a la vista con res- 
pecto al librador, endosante o aceptante. 

Sec. 8*^. — El documento es un documento pagadero a la orden cuan- 
do es emitido a la orden de una persona determinada o a tal persona 
y a su orden. Puede ser emitido (girado) pagadero a la orden de : 

1° Un beneficiario que no es emisor, librador o girado ; o 

2° El librador o emisor: o 

3° El girado ; o 

4° Dos o más beneficiarios conjuntamente; o 

5° Uno o algunos de los varios beneficiarios ; o 

6" De quien desempeñe un cargo en determinada época. 

Cuando el documento es pagadero a la orden el beneficiario debe 
de ser nombrado o de otro modo indicado con razonable certeza. 

Sec. 9*. — El documento es pagadero al portador : 

1° Cuando se expresa así en el mismo : o 

2" Cuando es pagadero a persona determinada en el mismo o porta- 
dor; o 

3" Cuando es pagadero a la orden de una persona imaginaria o in- 
existente, y ese hecho es conocido por la persona que lo ha emi- 
tido; 



miento a aquello que no se hubiese podido obtener sino por medio de un juicio 
u otros procedimientos formales. 



400 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

4° Cuando resulta manifiestamente que no se debe de pagar a una 
persona (1) ; 

5° Cuando el ünico o el último endoso es un endoso en blanco. 

Sec. 10. — No es necesario que el documento esté redactado en el 
lenguaje de esta ley, pero cualquier término es bastante cuando indica 
claramente la intención de conformarse a los requisitos establecidos 
en ella. 

Sec. 11. — Cuando el documento o su aceptación o endoso está 
fechado, tal fecha se considera prima facie que es la verdadera de la 
emisión, libramiento, aceptación o endoso, según el caso. 

Sec. 12. — El documento no se invalida por el solo hecho de haber 
sido antidatado o postdatado, siempre que no fuese con propósitos 
ilegales o fraudulentos. 

La persona a quien se entrega el documento así fechado adquiere 
los derechos correspondientes desde la fecha de la entrega. 

Sec. 13. — Cuando en un documento se expresa que es pagadero 
a un plazo determinado después de su fecha y no la tiene, o cuando 
la aceptación de un documento pagadero a un plazo determinado a 
partir de su vista o presentación no contiene la fecha en que ésta se 
ha realizado, cxialquier tenedor puede ponerle la verdadera fecha de 
su emisión o aceptación y será pagadero de acuerdo con ella. La inser- 
ción de una fecha que no es la verdadera no anula el documento en 
manos de un tenedor subsiguiente que lo ha adquirido legítimamente ; 
pero con respecto a él, la fecha así insertada se considera que es la 
verdadera. 

Sec. 14. — Cuando el documento carece de algún requisito mate- 
rial (2) el tenedor está facultado prima facie para completarlo llenando 
los claros. Cuando se ha hecho entrega de un documento firmado en 
blanco con el propósito de que sea convertido en un documento nego- 
ciable, se considera prima facie que se ha autorizado para llenarlo con 
cualquier cantidad. Sin embargo, para que tal documento, una vez 
llenado, pueda obligar a cualquiera de las personas que participen en 
él antes de haberlo completado, es menester que lo sea de acuerdo 
estrictamente con la autorización conferida y dentro de un plazo razo- 
nable. Pero si tal documento, después de llenado, es negociado a un 

(1) Se trata de lo que eu el comercio se denomina cheques de o^ja. 

(2) La ley no se refiere a requisito esencial. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 401 

tenedor que lo adquiere legítimamente, es válido y tendrá completa 
eficacia a su favor, j él jiodrá hacerlo valer como si se hubiese llenado 
de acuerdo con la autorización conferida y dentro de un plazo razo- 
nable. 

Sec. 15. — Si un documento incompleto, que no ha sido entrega- 
do, se llena y negocia sin autorización, no será un contrato válido en 
manos de cualquier tenedor contra ninguna persona, cuya firma haya 
sido puesta en él antes de la entrega. 

Sec. 16. — Todo contrato sobre documentos negociables no queda 
terminado y es revocable hasta la entrega del documento con el pro- 
pósito de darle efecto. 

Entre las partes que directamente lo han celebrado y respecto a las 
partes mediatas, otras que el tenedor que lo ha adquirido legítima- 
mente, la entrega, para tener efecto, debe ser hecha por o bajo la 
autoridad de quieu emana, del aceptante o endosante, según el caso ; 
y en tal caso se puede demostrar que la entrega ha sido condicional o 
sólo con un propósito especial y no con el propósito de transferir la 
propiedad del documento, Pero cuando el documento se encuentra en 
manos de un tenedor que lo ha adquirido legítimamente, se presume 
<ie un modo concluyente, que la entrega por todas las partes que le 
han precedido es válida y las obliga hacia él. Cuando el documento 
no se encuentra ya en poder de una persona cuya firma aparece en el 
mismo, se presume que se ha transmitido válida e intencionalmente 
mientras no se pruebe lo contrario. 

Sec. 17. — Cuando los términos empleados en el documento son 
ambiguos o se ha incurrido en omisiones, deben aplicarse las siguien- 
tes reglas de interpretación : 

1^ Cuando la suma a pagarse está expresada en palabras y en gua- 
rismos y hay discrepancia, la suma expresada en palabras será la 
suma a pagarse ; pero si las palabras son ambiguas o dudosas, puede 
referirse a los guarismos para fijar el monto; 

2^ Cuando el documento establece que lleva intereses, sin especificar 
la fecha desde la cual corren, dichos intereses corren desde la fecha del 
mismo y si no tiene fecha correrán desde su emisión o libramiento ; 

3* Cuando el documento no tenga fecha, se considerará fechado en 
el día de su emisión o libramiento ; 

4^ Cuando haya contradicción entre los términos escritos y los im- 
presos del documento, prevalecerán los términos escritos; 

ANAL. FAC. DE DER. — T. lU (3» SEE.) 26 



402 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

5* Cuando el documento sea tan ambiguo que haya duda con res- 
pecto a su carácter, si es pagaré o letra, el tenedor podrá elegir la 
manera de considerarlo ; 

6^ Cuando se ha puesto una firma en el documento de tal manera 
que no pueda determinarse en qué carácter, la persona que ha firma- 
do, ha entendido firmar, se le considerará como endosante ; 

7^ Cuando un documento que contenga las palabras « prometo pa- 
gar » es firmado por dos o más personas, se les considerará obligadas 
conjunta e individualmente. 

Sec. 18. — Nadie puede ser obligado por un documento en el cual 
no aparezca su firma, excepto en los casos establecidos expresamente 
en esta ley. Pero si alguien ha firmado bajo un nombre comercial (1) 
o que haya adoptado, quedará obligado como si hubiese firmado con 
su propio nombre. 

Sec. 19. — La firma puede ser puesta por un agente debidamen- 
te autorizado. No es necesaria ninguna forma especial para dar tal 
autorización; la cual puede ser demostrada como en los demás ca- 
sos en que es requerida la demostración de haberse autorizado a un 
agente. 

Sec. 20. — Cuando el documento contiene o una persona le ha 
agregado a su firma palabras que indican que ha firmado por un prin- 
cipal, o en el carácter de representante, no se le puede obligar perso- 
nalmente, si fué debidamente autorizado ; pero la simple agregación 
de palabras que la designen como i'epresentante, o que la exhiban 
como ejerciendo una representación, sin designar a su pr¡ncij)al, no 
la eximen de su responsabilidad personal. 

Sec. 21. — Una firma « por poder » produce el efecto de hacer 
saber que el agente tiene sólo facultades limitadas para firmar, y el 
principal sólo está obligado en el caso en que el representante haya 
obrado en los límites de sus atribuciones. 

Sec. 22. — El endoso o la cesión de un documento por una corpo- 
ración o por un menor transmite la propiedad del mismo, aun cuando 
por falta de capacidad la corporación o el menor no pueden ser obli- 
gados. 

Sec. 23. — Cuando se ha falsificado una firma o se la ha puesto sin 



(1) En Estados Unidos e Inglaterra es permitido el uso de nombres supuesto* 
en el comercio. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 403 

autorización de la persona que se pretende ha firmado, tal firma carece 
totalmente de valor y no puede adquirirse en virtud de ella el derecho 
de retener el documento ni de dar finiquito por él ni de obligar al 
pago, a ninguno de los firmantes, a menos que aquel a quien se pre- 
tenda obligar esté inhabilitado para invocar la falsedad o falta de 
autoridad. 



ARTÍCULO II 

CAUSA (1) 

Sec. 24. — Se considera prima facie que todo documento negocia- 
ble ha sido emitido por valor recibido ; y que toda persona cuya firma 
aparece en él la ha puesto en igual concepto. 

Sec. 25. — Por valor recibido se entiende cualquier causa que pue- 
da dar origen a una obligación. Una deuda anterior o preexistente 
constituye valor recibido ; y se considera tal sea que el documento 
deba de pagarse a la presentación o a plazo. 

Sec. 26. — Cuando en cualquiera de las operaciones de que ha sido 
objeto el documento se ha dado por valor recibido, el tenedor es con- 
siderado como tenedor por valor recibido, con respecto a todos sus 
antecesores, aun cuando alguna de las transmisiones no se hubiese 
hecho en tal concepto. 

Sec. 27. — Cuando el tenedor tiene algún derecho sobre el docu- 
mento, que tenga su origen en un contrato o en otra obligación que 
por implicancia legal tenga el mismo efecto, se le considera tenedor 
por valor recibido hasta la concurrencia de ese derecho. 

Sec. 28. — La falta de causa o desaparición de la misma puede 
oponerse contra cualquier persona que no sea el tenedor legítimo ; y 
la falta parcial de causa puede oponerse pro tanto, sea ella cierta y 
líquida o indeterminada. 

Sec. 29. — Presta nombre (2) es aquel que firma un documento 
como girante, librador, aceptante o endosante, sin recibir valor y con 
el propósito de prestar su nombre a otra persona. Tal persona queda 

(1) La palabra inglesa consideration, usada en este artículo equivale a causa. 

(2) Esta calificaciones la equivalente a accommodaiionparty naadaipor la, ley. 



404 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

obligada hacia el tenedor por valor recibido, aun cuando dicho tene- 
dor, al tiempo de recibir el documento, supiese que era sólo un presta 
nombre. 

ARTÍCULO III 

NEGOCIACIÓN 

Sec. 30. — Un documento es negociado cuando es transferido de una 
persona a otra, de tal manera que ésta se constituya en tenedor del mis- 
mo. Si es pagadero al portador se negocia por la entrega ; si es pagadero 
a la orden so negocia por el endoso del tenedor seguido de la entrega. 

Sec. 31. — El endoso debe ser escrito en el mismo documento o en 
un papel unido al mismo. La firma del endosante, sin ninguna pala- 
bra adicional, es un endoso suficiente. 

Sec. 32. — El endoso debe ser por todo el documento. Un endoso 
que tiene por objeto transferir al endosatario sólo una parte de la 
sama a pagarse, o que tiene por objeto transferir el documento a dos 
o más endosatarios, separadamente, no constituye negociación del 
documento. Pero cuando el documento ha sido pagado en parte, puede 
ser endosado por el resto. 

Sec. 33. — Un endoso puede ser hecho especialmente o en blanco; 
y también puede hacerse de un modo restringido, calificado o condi- 
cional. 

Sec. 34. — Un endoso especial es el que determina la persona a 
quien o a cuya orden es pagadero el documento; y para la subsi- 
guiente negociación del documento es necesario el endoso de tal endo- 
satario. Un eijdoso en blanco es el que no determina la persona del 
endosatario, y un documento así endosado es pagadero al portador y 
puede negociarse por la entrega. 

Sec. 35. — El tenedor puede convertir un endoso en blanco en un 
endoso especial, escribiendo sobre la firma de quien endosó en blanco 
cualquier estipulación relacionada con el carácter del endoso. 

Sec. 36. — Un endoso es restrictivo, cuando : 

1° Prohibe la ulterior negociación del documento ; o 

2° Constituye al endosatario en representante del endosante; o 

B" Inviste al endosatario con el carácter de fideicomisario (1) de 

(1) El texto dice : * in trust for or to the use of some othtr person ». 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 405 

cualquier otra persona. Pero la simple ausencia de palabras que im- 
pliquen poder para negociar no da al endoso el carácter de restrictivo. 

Sec. 37. — Un endoso restrictivo confiere al endosatario el derecho : 

I* De recibir el pago del documento j 

2° De accionar como pudiera hacerlo el endosante ; 

3° De transferir sus derechos como tal endosatario, cuando la for- 
ma del endoso así lo autorice. 

Pero todos los endosatarios subsiguientes adquieren sólo el carác- 
ter del primer endosatario que recibió el documento en virtud de un 
endoso restrictivo. 

Sec. 38. — Un endoso calificado constituye al endosante en un 
simple cedente del título al documento. Puede ser hecho agregando a 
la firma del endosante las palabras « sin recurso », o cualesquiera pa- 
labras con semejante significado. Tal endoso no perjudica la negocia- 
bilidad del documento. 

Sec. 39. — Cuando un endoso es condicional, la parte requerida 
para el pago del documento puede prescindir de la condición y hacer 
el pago al endosatario o a su cesionario, sea que la condición se haya 
cumplido o no. Pero cualquier persona a la cual se le ha negociado 
un documento así endosado tendrá dicho documento, o la suma reci- 
bida por razón del mismo, sujeta a los derechos de quien lo haya 
endosado condicionalmente. 

Sec. 40. — Cuando un dociimento, pagadero al portador, es endo- 
sado especialmente, puede, no obstante, ser en lo sucesivo negociado 
por la entrega ; pero la persona que lo ha endosado especialmente 
queda obligada como endosante sólo para con los tenedores que de- 
muestren que han recibido el documento en virtud de dicho endoso. 

Sec. 41. — Cuando un documento es pagadero a la orden de dos o 
más beneficiarios o endosatarios que no son socios, todos deben endo- 
sarlo, a menos que el que lo endose esté autorizado por los demás 
para hacerlo. 

Sec. 42. — Cuando un documento es librado o endosado a una per- 
sona como « cajero >> u otro empleado de un banco o corporación, se 
considera prima faeie pagadero al banco o a la corporación a la cual 
pertenece tal empleado, y puede ser negociado con el endoso del 
banco o corporación, o con el endoso del empleado. 

Sec. 43. — Cuando el nombre del beneficiario o del endosatario 
está indicado erróneamente o de un modo incompleto, éstos pueden 



406 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

endosar el documento en la forma en que han sido designados, agre- 
gando, si lo creen necesario, su verdadera firma. 

Sec. 44. — Cuando cualquier persona se encuentra en la obligación 
de endosar en virtud de una i'epresentación legal, puede endosar en 
tales términos que excluyan su responsabilidad personal. 

Sec. 45. — Con excepción del caso en que un endoso tiene fecha 
posterior al vencimiento del documento, toda negociación se consi- 
dera ^ríma /aeie efectuada antes de dicho vencimiento. 

Sec. 46. — Con excepción del caso en que resulta lo contrario, todo 
endoso se presume, ^ríma /«cíe, hecho en el lugar en que el docu- 
mento ha sido fechado. 

Sec. 47. — Un documento negociable en su origen continúa siendo 
negociable hasta que haya sido endosado restrictivamente o chance- 
lado por pago o de otra manera. 

Sec. 48. — El tenedor puede en cualquier tiempo tachar cualquier 
endoso que no le sea necesario para hacerlo valer. El endosante cuyo 
endoso es tachado, y todos los endosantes subsiguientes a aquél, que- 
dan por ello relevados de toda obligación en razón del documento. 

Sec. 49. — Cuando el tenedor de un documento pagadero a su orden 
lo transfiere, por valor recibido, sin endosarlo, tal transferencia inviste 
a aquel en cuyo favor se ha hecho con los mismos derechos que tenía 
quien la hizo, y adquiere, además, el derecho de requerir el endoso 
del que transfirió el documento. Pero con el propósito de determinar 
si aquel a quien se ha hecho la transferencia es un tenedor legítimo, 
la negociación se considera hecha al tiempo de efectuarse el endoso. 

Sec. 50. — Cuando un documento es negociado con alguno de los 
anteriores obligados; éste puede, de acuerdo con las disposiciones de 
esta ley, reemitirlo y volverlo a negociar. Pero no está, autorizado a 
requerir el pago a aquellos intermediarios en el documento hacia 
quienes estaba obligado personalmente. 



ARTICULO IV 

DERECHOS DBL TENEDOR 

Sec. 51. — El tenedor de un documento negociable puede accionar 
en justicia en su propio nombre; y el pago hecho a él debidamente 
pone fin al documento. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 407 

Sec. 52. — Un tenedor legítimo es aquel que posee el documento 
en virtud de las siguientes condiciones : 

1* Que el documento esté completo y aparentemente bien hecho ; 

2* Que haya llegado a ser tenedor antes de su vencimiento, y que 
no haya tenido noticia de que no se ha hecho honor al mismo, si así 
ha ocurrido : 

3^ Que lo haya obtenido de buena fe y por valor recibido ; 

4* Que al tiempo en que le haya sido transferido no haya tenido 
noticia de la existencia de alguna causa que pudiese invalidar el do- 
cumento o que afecte los derechos de la persona que lo negocia. 

Sec. 53. — Cuando un documento pagadero a la vista es negociado 
en un tiempo mayor que el razonable después de su emisión, el tene- 
dor no es considerado un tenedor legítimo. 

Sec. 54. — Cuando llegue a conocimiento del cesionario la existen- 
cia de alguna causa que pueda invalidar el documento o afectar los 
derechos de la persona que lo haya negociado, antes de haber pagado 
la totalidad de la suma convenida, será considerado tenedor legítimo 
sólo por la suma ya pagada. 

Sec. 55. — El título de una persona que negocia un documento se 
considera defectuoso, en el sentido de esta ley, cuando ha obtenido el 
documento o cualquier firma del mismo por fraude, violencia, fuerza 
o temor, u otros medios ilícitos, o por causas ilegales, o cuando la 
negociación se ha hecho de mala fe, o por circunstancias que consti- 
tuyan fraude. 

Sec. 56. — Se considera que la persona a quien se ha negociado un 
documento ha tenido noticia de su invalidez o de la falta de título del 
que se lo transmite, sólo cuando ha tenido efectivo conocimiento de 
esa invalidez o falta de título, o de actos tales que esa adquisición 
pueda ser considerada de mala fe. 

Sec. 57. — Un tenedor legítimo tiene el documento libre de todo 
defecto con respecto al título de sus antecesores, y también a cubierto 
de defensas de que puedan hacer uso aquellos entre sí, y puede obli- 
gar a efectuar el pago del documento por su totalidad a cualquiera de 
los que sean responsables por razón del mismo. 

Sec. 58. — En poder de un tenedor que no sea el legítimo, un do- 
cumento negociable está sujeto a las mismas defensas que se podrían 
oponer como sino fuese negociable. Pero un tenedor que no ha tenido 
participación en ningún fraude o acto ilegal que pueda afectar al docu- 



408 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

inento y cuyo título deriva de otro tenedor legítimo, tiene todos los 
derechos de éste con relación a los antecesores del mismo. 

Sec. 59. — Todo tenedor es considerado, prima/aoie^ como tenedor 
legítimo; pero cuando se demuestra que el título de cualquier persona 
que ha negociado el documento era defectuoso, corresponde al tenedor 
probar que él o su causante han adquirido el título como tenedor legí- 
timo. Pero la última de las reglas mencionadas no se aplica en favor 
de quien se ha obligado por el documento antes de la adquisición del 
título defectuoso. 



ARTICULO V 

OBLIGACIONES DE LAS PARTES (1) 

Seo. 60. — El que emite un documento negociable se obliga a pa- 
garlo de acuerdo con su tenor, y admite la existencia de un beneficia- 
rio actualmente en condiciones de endosarlo. 

Sec. 61. — El librador de un documento admite la existencia de un 
beneficiario actualmente en condiciones de endosarlo ; y garante que 
será aceptado, o pagado, o una y otra cosa, de acuerdo con su tenor, 
a su debida presentación y que si no se hace honor al mismo, y se rea- 
lizan todos los actos necesarios para constatar este hecho, pagará su 
importe al tenedor, o a cualquier endosante subsiguiente que pueda 
haber sido compelido a pagarlo. Pero el librador puede insertar en el 
documento una estipulación expresa negando o limitando su propia 
responsabilidad hacia el tenedor. 

Sec. 62. — El aceptante, por el hecho de aceptar el documento, se 
obliga a pagarlo de acuerdo con el tenor de su aceptación ; y admite : 

1° La existencia del librador, la autenticidad de su firma, su capa- 
cidad y su derecho a librar el documento ; y 

2° La existencia de un beneficiario actualmente en condiciones de 
endosarlo. 

Sec. 63. — La persona que pone su firma en un documento de otro 
modo que como emisor, librador o aceptante, es considerada como 



(1) Partes llamamos a quienes la ley denomina parties o sea quienes figuran 
en un documento en cualquier calidad. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 409 

endosante, a menos que indique claramente por jjalabras apropiadas 
su intención de obligarse en otro concepto. 

Sec. 64. — Cuando una persona, que no sea parte por otro concepto 
en un documento, pone en él su firma en blanco antes de la entrega, 
queda obligada como endosante, de acuerdo con las reglas siguientes : 

1^ Si el documento es pagadero a la orden de una tercera persona, 
queda obligado hacia ésta y hacia las partes subsiguientes ; 

2^ Si el documento es pagadero a la orden de quien lo ha emitido 
o librado, o al portador, queda obligado hacia todas las partes subsi- 
guientes al que lo ha emitido o librado ; 

3^ Si ha firmado un documento de favor, queda obligado hacia todas 
las partes subsiguientes a aquel en cuyo beneficio firmó. 

Sec. 65. — Toda persona que negocia un documento, por la entrega 
o por un endoso calificado, garante : 

1° Que el documento es auténtico y que es lo que pretende ser, bajo 
todos sus aspectos ; 

2° Que tiene título legítimo a él ; 

3° Que todos los antecesores en el mismo han tenido capacidad para 
contratar ; 

4° Que no tiene conocimiento de ningún hecho que pueda afectaT 
su validez o que pueda invalidarlo totalmente. 

Pero cuando la negociación se ha hecho sólo por la entrega, la 
garantía no se extiende a favor de ningún otro tenedor que no sea el 
inmediato a quien se transfiere. 

La tercera regla contenida en esta sección no se aplica a las perso- 
nas que negocian títulos públicos o emitidos por corporaciones, que 
no sean letras o pagarés. 

Sec. 66. — Todo el que se limita a endosar simplemente, garante 
a los subsiguientes tenedores legítimos : 

1° Lo mismo que se ha dicho en los incisos 1°, 2" y 3° de la sección 
que antecede; y 

2° Que el documento es, al tiempo de su endoso, válido y que está 
subsistente. 

Y, además, se obliga a que a su debida presentación, será aceptado 
o pagado, o una y otra cosa, de acuerdo con su tenor y que si no se 
hace honor al mismo y se verifican todos los actos necesarios para 
constatar este hecho, pagará su importe al tenedor, o a cualquier 
endosante subsiguiente que pueda haber sido compelido a pagarlo. 



410 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Sec. 67. — Cuando alguien pone su endoso en un documento nego- 
ciable por la entrega, incurre en todas las responsabilidades de un 
endosante. 

Sec. 68. — Respecto uno de otro, los endosantes están obligados, 
prima facie, en el orden eu que han endosado; pero se admite prueba 
para demostrar que entre ellos se ha convenido otra cosa. Los benefi- 
ciarios o endosatarios colectivos que endosen se considera que han 
endosado colectiva e individualmente. 

Sec. 69. — Cuando un corredor u otro agente negocia un docu- 
mento sin endoso, incurre en todas las obligaciones establecidas en 
la sección 65 de esta ley, a menos que revele el nombre de su princi- 
l)al, y el hecho de que ha obradQ sólo como agente. 



ARTICULO VI 

PRESENTACIÓN PARA EL PAGO 

Sec. 70. — No es necesaria la presentación del documento para 
obligar al pago a la persona responsable en primer término, pero 
cuando según el contenido del mismo debe de pagarse en un lugar 
detei*minado y el obligado puede y quiere pagarlo allí a su venci- 
miento, tal actitud equivale a una oferta de pago. Salvo disposición 
en contrario, la presentación es necesaria para obligar al librador y 
endosante. 

Sec. 71, — Cuando el documento no es pagadero a la vista, es ne- 
cesaria su presentación el día de su vencimiento. Cuando es pagadero 
a la vista, debe de presentársele denti-o de un plazo razonable des- 
pués de su emisión, excepto cuando se trata de una letra de cambio, 
en cuyo caso será suficiente que la presentación se haga dentro de un 
plazo razonable después de la última negociación. 

Sec. 72. — La presentación para el pago para ser eficaz debe de 
hacerse : 

1° Por el tenedor, o por alguna persona autorizada a recibir el pago 
en su nombre ; 

2° En horas razonables, en día hábil ; 

3** En lugar apropiado, como se establece más adelanta ; 

4° A la persona obligada en primer término, y si ésta está ausente 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 411 

O no se la puede conseguir, a cualquier persona que se encuentre en 
el lugar en que se hace la presentación. 

Sec. 73. — La presentación para el pago se hace en lugar apro- 
piado : 

1° Cuando el lugar se especifica en el documento y allí se hace la 
presentación ; 

2° Cuando el lugar no se especifica, pero el domicilio de la persona 
que debe pagar está indicado en el documento y allí se hace la pre- 
sentación : 

3° Cuando el lugar ni el domicilio se especifican y la presentación 
se hace en el lugar habitual de los negocios o en la residencia de la 
persona que debe pagar ; 

4° En cualquier otro caso, si se presenta a la persona que debe ha- 
cer el pago en cualquier parte en que se la pueda encontrar o si se 
presenta en el último lugar conocido donde tuvo sus negocios o resi- 
dencia. 

Sec. 74. — El documento debe mostrarse a la persona a quien se 
requiere el pago, y debe de entregársele a quien lo haya pagado. 

Sec. 75. — Cuando el documento es pagadero en un banco, debe de 
presentarse en horas hábiles de banco, a menos que quien deba hacer 
el pago no tenga fondos bastantes allí en todo ese día, en cuyo caso 
puede hacer la presentación a cualquier hora antes de que el banco 
esté cerrado. 

Sec. 76. — Cuando la persona obligada en primer término ha falle- 
cido y no se especifica lugar del pago, la presentación debe de hacerse 
a su representante personal, si lo tiene y si después de razonables 
diligencias puede encontrársele. 

Sec. 77. — Cuando las personas obligadas en primer término lo son 
como socios, y no se especifica lugar del pago, la presentación puede 
hacerse a cualquiera de ellos aun cuando se haya disuelto la sociedad. 

Sec. 78. — Cuando son varios los obligados en primer término, y 
no son socios entre sí, y no se especifica lugar para el pago, la pre- 
sentación debe de hacerse a todos. 

Sec. 79. — No se requiere la presentación para el pago para obligar 
al librador cuando éste no tiene derecho a esperar o exigir el pago del 
girado o aceptante. 

Sec. 80. — No se requiere la presentación para el pago para obligar 
a un endosante cuando el documento ha sido creado o aceptado como 



412 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

de favor Lacia aquél y no tiene motivo para suponer que el documento 
será pagado a su presentación. 

Sec. 81. — La demora en la presentación es excusable cuando tal 
demora ha sido producida por fuerza mayor y no es imputable a culpa 
o negligencia del tenedor. Cuando la causa de la demora cesa, la pre- 
sentación debe de hacerse con diligencia razonable. 

Sec. 82. — La presentación para el pago queda dispensada : 

1° Cuando después de razonable diligencia la presentación requerida 
por esta ley no puede hacerse ; 

2° Cuando el girado es una persona imaginaria ; 

3° Por renuncia a la presentación, expresa o implícita, 

Sec. 83. — No se hace honor al documento por falta de pago cuando : 

!*• El documento es debidamente presentado para el pago y se rehusa 
o no puede obtenerse dicho pago ; 

2° La presentación está dispensada y el documento ha vencido y no 
es pagado. 

Sec. 84. — Cuaudo no se hace honor al documento por falta de pa- 
go, el tenedor adquiere el derecho inmediato para recurrir contra 
todos los obligados, en segundo término, conforme a lo dispuesto en 
esta ley. 

Sec. 85. — Todo documento negociable es pagadero en la fecha fija- 
da en el mismo, sin término de gracia. Cuando el día del vencimiento 
es domingo o feriado el documento es pagadero el día hábil inmediato 
siguiente. Los documentos pagaderos en día sábado deben de presen- 
tarse para el pago el día hábil inmediato siguiente, excepto los docu- 
mentos pagaderos a la vista, que pueden, a opción del tenedor, ser 
presentados antes del mediodía del sábado cuaudo éste no es feriado. 

Sec. 86. — El término para el pago de los documentos pagaderos a 
un plazo fijo, a partir de su fecha, o de su vista, o después de ocurri- 
do un acontecimiento determinado, se cuenta excluyendo el día desde 
el cual empezará a correr dicho término e incluyendo el día del pago. 

Sec. 87. — Cuando el documento es pagadero en un banco, tal de- 
terminación equivale a una orden dada al banco de pagarlo por cuenta 
del obligado. 

Sec. 88. — El pago se considera debidamente hecho cuando es he- 
cho de buena fe, al vencimiento o después, al tenedor del documento, 
sin haber tenido notificación de que el título de éste era deficiente. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 413 

ARTÍCULO VII 

NOTIFICACIÓN DE LA FALTA DE ACEPTACIÓN O PAGO (1) 

Sec. 89. — Salvo disposición contraria, cuando no se hace honor a 
un documento negociable por falta de aceptación o pago, debe notifi- 
carse al librador y a cada endosante, y cualquiera de éstos a quien no 
se haga tal notificación queda desobligado. 

Sec. 90. — La notificación puede darse por o en nombre del tenedor, 
o por o en nombre de cualquier interesado en el documento que podría 
ser obligado a pagarlo al tenedor, y que al tomarlo a su cargo tendría 
el derecho de su reembolso por la persona a quien se haya dado la 
noticia. 

Sec. 91. — La notificación de que el documento no ha sido honrado 
puede darse por un agente ya sea en su propio nombre o en nombre 
de cualquier persona habilitada para dar la misma, siendo aquella su 
principal o no. 

Sec. 92. — Cuando se hace la notificación por o en nombre del tene- 
dor, produce efecto en beneficio de todos los tenedores subsiguientes 
y de todos los antecesores que tengan derecho a recurrir contra la 
persona a quien se le hace. 

Sec. 93. — Cuando se hace la notificación por o en nombre de una 
persona habilitada para hacerla, produce efecto en beneficio del tene- 
dor y de todas las partes subsiguientes a aquella a quien se le hace. 

Sec. 94. — Cuando no ha sido honrado un documento que se en- 
cuentra en poder de un agente, éste puede hacer notificar ya sea per- 
sonalmente a los obligados, o bien a su principal. Si hace notificar a 
su principal, debe de hacerlo dentro del mismo plazo como si fuera el 
mismo el tenedor, y el principal, al recibir dicha notificación tiene 
igual plazo para hacerla como si el agente hubiese sido un tenedor 
independiente. 

Sec. 95. — Una notificación por escrito no debe necesariamente ser 
firmada, y una notificación dada por escrito de un modo insuficiente 
puede ser complementada y validada por comunicación verbal. La 

(1) JVotice of dishonor. 



414 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

descripción errónea del documento no invalida la notificación a menos 
que la persona a quien se le ha dado baya sido inducida en error. 

Sec. 96. — La notificación puede ser escrita o meramente verbal y 
puede darse en cualesquier términos que sean bastantes para identifi- 
car el documento e indicar que no ha sido honrado por falta de acep- 
tación o de pago. Puede en todo caso hacerse personalmente o por 
medio del correo. 

Sec. 97. — La notificación de que el documento no ha sido honrado 
puede hacerse al mismo obligado o a su agente autorizado al efecto. 

Sec. 98. — Cuando ha fallecido cualquiera de los obligados y su fa- 
llecimiento es conocido por aquel que hace la notificación, debe de 
hacerse ésta a su representante personal, si lo tiene, y si después de 
una razonable diligencia puede encontrársele. Si no hay representante 
personal, la notificación puede enviarse a la última residencia o lugar 
de negocios del fallecido. 

Sec. 99. — Cuando son socios aquellos a quienes debe de hacerse la 
notificación, hecha ésta a cualquiera de ellos surte efecto como si se 
hubiese hecho a la sociedad, aun cuando ésta se haya disuelto. 

Sec. 100. — La notificación a los obligados conjuntamente que no 
son socios debe de hacerse a cada uno de ellos, a menos que uno esté 
autorizado a recibirla por los otros. 

Sec. 101. — Cuando uno de los obligados ha sido declarado en quie- 
bra o ha caído en insolvencia o ha hecho cesión de bienes a favor de 
sus acreedores,, la notificación puede hacérsele a él o al síndico o al 
representante de los acreedores. 

Sec. 102. — La notificación puede hacerse en seguida que el docu- 
mento no haya sido honrado ; y, a menos que sea excusable la demora, 
conforme a las disposiciones de esta ley, debe de hacerse en los plazos 
fijados en la misma. 

Sec. 103. — Cuando la persona que debe hacer la notificación y la 
que debe de recibirla residan en el mismo lugar, se hará en los plazos 
siguientes : 

1" Si se hace en el lugar de los negocios de quien debe de recibir la 
notificación, deberá de hacerse a más tardar en las horas hábiles del 
día siguiente al del vencimiento j 

2° Si se hace en el lugar de su residencia, deberá de hacerse a más 
tardar al día siguiente del vencimiento antes de la hora habitual con- 
sagrada al descanso ; 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 415 

3° Si se hace por correo, debe de entregarse en la oficina respectiva 
para que llegue al interesado en las horas a que habitaalmente llega 
al día siguiente la correspondencia. 

Sec. 104. — Cuando la persona que debe de hacer la notificación y 
la que debe de recibirla residan en distintos lugares, se hará en los 
plazos siguientes : 

1° Si se envía por correo debe de depositarse en la oficina respecti- 
va a tiempo para que salga al día siguiente de aquel en que debió ser 
honrado el documento, y si no hay correo a horas convenientes de ese 
día, por el próximo ; 

2° Si se hace de otro modo que por correo, deberá de hacerse dentro 
del término en que la notificación se hubiese podido recibir normal- 
mente por correo, si se hubiera depositado en la oficina respectiva en 
los plazos indicados en el inciso anterior. 

Sec. 105. — Cuando la notificación ha sido debidamente dirigida y 
depositada en el correo, se considera que el remitente la ha hecho de- 
bidamente, a pesar de que ocurra cualquier entorpecimiento en la 
comunicación. 

Sec. 106. — Se considera que la notificación se ha depositado en el 
correo, cuando se ha depositado en cualquier oficina o buzón depen- 
diente de la oficina central del departamento. 

Sec. 107. — Cuando uno de los obligados recibe noticia de que no 
se ha hecho houor al documento, tiene para comunicarla a los antece- 
sores, el mismo plazo acordado al tenedor. 

Sec. 108. — Cuando uno de los obligados ha agregado una dirección 
a su firma, la notificación debe de enviarse a dicha dirección j pero sino 
se ha puesto ninguna, la notificación debe de enviarse : 

1° A la oficina de correo más próxima a su residencia o a aquella en 
que habitualmente recibe su correspondencia; 

2° Si vive en un lugar y tiene sus negocios en otro, a cualquiera de 
ellos ; 

3" Si reside accidentalmente en otro lugar, que no sea su domicilio, 
puede enviársele a aquél. 

Pero cuando aquel a quien debe de hacerse recibe la notificación en 
el plazo establecido en esta ley, ella será considerada suficiente, aun- 
que no se haya hecho con los requisitos determinados en esta sección. 

Sec. 109. — La notificación de que un documento no ha sido hon- 
rado, puede ser renunciada, sea antes de que haya sido obligatorio el 



416 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

hacerla o después de haberse omitido aquella, y la renuncia puede ser 
expresa o implícita. 

Sec. 110. — Cuando la renuncia consta en el mismo documento, 
tiene efecto con relación a todos los que son pai-te en el mismo ; pero 
cuando se ha escrito sobre la firma de un endosante, tiene efecto sólo 
con relación a éste. 

Sec. 111. — La renuncia al protesto, sea en el caso de una letrado 
cambio del exterior o de otro documento negociable, se considei-a que 
es no sólo del protesto formal, sino también de la presentación y noti- 
ficación de que no han sido honrados. 

Sec. 112. — Cuando después de haberse practicado diligencias ra- 
zonables la notificación no ha podido ser hecha o no ha llegado a quien 
debía de hacerse, queda dispensada la obligación de hacerla. 

Sec. 113. — La demora en la notificación es excusable cuando tal 
demora ha sido producida por fuerza mayor y no es imputable a culpa 
o negligencia del tenedor. Cuando la causa de la demora cesa, la noti- 
ficación debe de hacerse con diligencia razonable. 

Sec. 114. — No es necesaria la notificación al librador en los casos 
siguientes : 

1° Cuando el librador y el girado es la misma persona; 

2° Cuando el girado es una persona imaginaria o una persona que 
no tiene capacidad para contratar ; 

3° Cuando el librador es la persona a quien el documento es presen- 
tado para el pago ; 

4° Cuando el librador no tiene derecho a esperar o exigir del girado 
o aceptante el pago del documento : 

5° Cuando el librador ha dado orden de que no se pague el docu- 
mento. 

Sec. 115. — No es necesaria la notificación al endosante en los ca- 
sos siguientes : 

1° Cuando el girado es un persona imaginaria o una persona que no 
tiene capacidad para contratar, y el endosante tenía conocimiento del 
hecho al tiempo de endosarlo ; 

2° Cuando el endosante es la persona a quien el documento es pre- 
sentado para el pago ; 

3° Cuando el documento fué hecho o aceptado por complacencia a 
su favor. 

Sec. 116. — Cuando se ha notificado debidamente la falta de acep- 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 417 

tación, no es necesario notificar después la falta de pago, a menos que 
en ese intervalo de tiempo el documento haya sido aceptado. 

Sec. 117. — La omisión de la notificación de la falta de aceptación, 
no perjudica los derechos del tenedor legítimo posterior a esa omi- 
sión. 

Sec. 118. — Cuando un documento negociable no ha sido aceptado 
o pagado puede ser protestado por falta de aceptación o de pago, se- 
gún el caso ; pero el protesto no es obligatorio salvo cuando se trate 
de letras de cambio del exterior. 



AKTICULO VIII 

EXTINCIÓN DE LOS PAPELES DE COMERCIO 

Sec, 119. — Las obligaciones emergentes de los papeles de comer- 
cio se extinguen : 

1° Por el pago hecho por o en nombre del deudor principal ; 

2° Por el pago hecho por el obligado en cuyo favor fué creado o 
aceptado un documento de complacencia ; 

3° Por la cancelación intencional hecha por el tenedor ; 

4° Por cualquier otro acto que extinguiría obligaciones emergentes 
de un simple contrato de pagar sumas de dinero ; 

5° Cuando el deudor principal llega a ser tenedor por derecho pro- 
pio del documento a su vencimiento o después. 

Sec. 120. — Los que no son deudores principales quedan desobli- 
gados : 

1° Por cualquier acto que extinga el documento ; 

2° Por la cancelación intencional de su firma por el tenedor j 

3° Por haber sido desobligado uno de los antecesores ; 

4° Por la oferta de pago hecha válidamente por uno de los antece- 
sores ; 

5° Por la remisión hecha al deudor principal, a menos que se hayan 
reservado expresamente los derechos del tenedor contra la persona 
obligada en segundo término ; 

6° Por cualquier convenio que obligue al tenedor a prorrogar el 
plazo para el pago o a posponer su derecho a hacer efectivo el cobro, 
-a menos que sea hecho con el consentimiento del obligado en segundo 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 27 



418 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

término, o que el derecho de recurrir contra tal obligado se haya re- 
servado expresamente. 

Sec. 121. — El documento no queda extinguido cuando es pagado 
por un obligado en segundo término ; quien así lo paga adquiere sus 
anteriores derechos con relación a sus antecesores, y puede cancelar 
su propio endoso y los subsiguientes, y negociar de mievo el docu- 
mento, excepto : 

1° Cuando es pagadero a la orden de un tercero, y ha sido pagado 
por el librador : 

2° Cuando ha sido creado o aceptado por complacencia, y ha sido 
pagado por aquel en cuyo favor se creó o aceptó. 

Sec. 122. — El tenedor puede renunciar expresamente a los derechos 
que tenga contra cualquiera de los obligados antes, después, o al tiem- 
po de su vencimiento. Una renuncia absoluta e incondicional de sus 
derechos contra el deudor principal, hecha al tiempo del vencimiento 
o después, extingue el documento. Pero una renuncia no afecta los 
derechos del tenedor legítimo a menos que le haya sido notificada. La 
renuncia debe de hacerse por escrito, a menos que se haga por la sim- 
ple entrega del documento al obligado en primer término. 

Sec. 123. — Una cancelación hecha sin intención, o por error, o sin 
autorización del tenedor, no produce efecto ; pero cuando un docu- 
mento o cualquiera de las firmas puestas en él, aparecen cancelados, 
corresponde la prueba a quien alega que la cancelación ha sido hecha 
sin intención, o por error o sin autorización. 

Sec. 124. — Cuando un documento ha sido materialmente alterado 
sin el consentimiento de todos los obligados, es nulo, excepto con 
respecto a quien haya hecho, autorizado o consentido la alteración y 
los endosantes subsiguientes. 

Pero cuando un documento ha sido materialmente alterado y se en- 
cuentra en poder de un tenedor legítimo, que no ha contribuido a esa 
alteración, puede exigir el pago de acuerdo con su tenor original. 

Sec. 125. — Se considera alteración material aquella que cambie : 

1° La fecha } 

2° La suma a pagar, sea por capital o intereses ; 

3° El tiempo o lugar del pago ; 

4° El número de las partes o las relaciones de las partes entre sí ; 

5° La especie o tipo de moneda en que debe de hacerse el pago ; o 

Que establezcan lugar del pago cuando éste no se haya especifica- 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 419 

do ; o cualquiera otra modificación o adición que altere el documento en 
cualquiera de sus efectos. 



TÍTULO II 

LETRAS DE CAMBIO 
ARTÍCULO I 

FORMA E INTERPRETACIÓN 

Sec. 126. — Una letra de cambio es una orden incondicional dada 
por escrito por una persona a otra, firmada por quien la da, encar- 
gando a la persona a quien es dirigida, que pague a la presentación o 
en una fecha dada o determinable, una suma cierta en dinero a la 
orden o al portador. 

Sec. 127. — Una letra, por sí misma, no produce el efecto de trans- 
ferir los fondos que obran en poder del girado, y éste no tiene obliga- 
ción alguna hasta tanto la haya aceptado. 

Sec. 128. — Una letra puede ser dirigida contra dos o más girados 
colectivamente, sean ellos socios o no ; pero no contra dos o más gira- 
dos alternativa o sucesivamente. 

Sec. 129. — Se considera una letra interna cuando es girada y pa- 
gadera dentro del estado o así resulta de su contexto. Las demás son 
letras externas. A menos que lo contrario surja del contexto de la letra, 
el tenedor puede considerarla como una letra interna. 

Sec. 130. — Cuando en una letra el librador y el girado son la mis- 
ma persona, o cuando el girado es una persona imaginaria, o una per- 
sona que no tiene capacidad para contratar, el tenedor puede conside- 
rarla, sea como letra de cambio o como pagaré. 

Sec. 131. — El librador y todo endosante de una letra puede inser- 
tar en ella el nombre de la persona a quien el tenedor puede recurrir 
en caso necesario, esto es, en caso de que no sea aceptada o de que no 
sea pagada (1). El tenedor puede recurrir a esta persona o no, como 
lo juzgue conveniente. 

(1) Esta persona se denomina referee. 



420 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



^ ARTICULO II 

ACEPTACIÓN 

Sec. 132. — La aceptación de una letra es la conformidad del gira- 
do con la orden del librador. La aceptación debe darse por escrito y 
debe ser firmada por el girado. No debe expresar que el girado cum- 
plirá su promesa por otros medios que el pago en dinero. 

Sec. 133. — El tenedor de una letra que la presenta para su acep- 
tación, puede requerir que ésta se haga constar en la misma letra y si 
tal requerimiento es rehusado, puede obrar como si no hubiese sido' 
aceptada. 

Sec. 134. — Cuando la acejjtación se hace en un documento sepa- 
rado, no obliga al aceptante sino con relación a la persona a quien esa 
aceptación le ha sido exhibida y que ha recibido la letra en cambio de 
valores, teniendo en cuenta esa aceptación. 

Sec. 135. — Una promesa incondicional, hecha por escrito, antes 
de que la letra haya sido girada, de aceptarla, se considera como una 
aceptación efectiv^a, en favor de todo aquel que ha recibido la letra en 
cambio de valores, teniendo en cuenta esa promesa. 

Sec. 136. — El girado tiene veinticuatro horas, después de la pre- 
sentación, para decidirse a aceptar o no la letra ; pero la aceptación, 
en el caso de hacerse, se considera hecha el día de la pi'esentación. 

Sec. 137. — Cuando el girado a quien se entrega una letra para su 
aceptación la destruye, o rehusa, dentro de las veinticuatro horas si- 
guientes a esa entrega o dentro de cualquier otro plazo que le haya 
acordado el tenedor, a devolver a éste la letra, aceptada o no, se con- 
siderará que la ha aceptado. 

Sec. 138. — Una letra puede aceptarse antes de haber sido firmada 
por el librador, o cuando esté de otro modo incompleta, o cuando ha 
vencido o después de no haber sido honrada por fiílta de aceptación o 
de pago. Pero cuando una letra pagadera a días vista no es aceptada 
y el girado la acepta después de haberse rehusado a hacerlo, el tene- 
dor, en ausencia de todo otro convenio, tiene derecho a considerar 
que la letra ha sido aceptada a su primera presentación. 

Sec. 139. — Una aceptación es general o calificada. Una aceptación 
general importa asentimiento incondicional a la orden del librador. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 421 

Una aceptación calificada en términos expresos varía el efecto de la 
letra. 

Sec. 140. — Una aceptación de pagar en un lugar determinado, es 
una aceptación general, a menos que se exprese en la misma que el 
pago se hará sólo allí y no en ningún otro lugar. 

Sec. 141. — Una aceptación es calificada, cuando es: 

1° Condicional, es decir, cuando hace depender el pago por el acep- 
tante del CTimpliraiento de una condición en ella establecida : 

2° Parcial, es decir, cuando se hace para pagar sólo una parte del 
monto de la letra : 

3° Local, es decir, cuando se hace para pagar sólo en un lugar de- 
terminado ; 

4° Calificada en lo que respecta al tiempo ; 

5° La aceptación de uno o más de los girados ; pero no de todos. 

Sec. 142. — El tenedor puede rehusar una aceptación calificada, y 
si no obtiene una aceptación general, puede obrar como si la letra no 
hubiese sido aceptada. Cuando se consiente en una aceptación califi- 
cada, el librador y los endosantes quedan desobligados, a menos que, 
expresa o implícitamente, hayan autorizado al tenedor a consentir una 
aceptación calificada, o posteriormente ellos la consientan. Cuando el 
librador o el endosante reciben noticia de una aceptación calificada, 
deben dentro de un plazo razonable, expresar al tenedor su discon- 
formidad, o de lo contrario se les considerará como que han consen- 
tido en ella. 

ARTÍCULO III 

PRESENTACIÓN PARA LA ACEPTACIÓN 

Sec. 143. — La presentación para la aceptación debe hacerse : 

1° Cuando la letra es pagadera a días vista, o, en cualquier otro 
caso, cuando la presentación para la aceptación es necesaria para de- 
terminar el plazo del vencimiento; o 

2° Cuando se expresa en la letra que debe de ser presentada para 
su aceptación ; o 

3° Cuando se expresa en la letra que es pagadera en cualquier otro 
lugar que no sea la lesidencia o el lugar de los negocios del gi- 
rado. 



422 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

En ningún otro caso es necesaria la presentación para la aceptación, 
para hacer obligatorio el pago de la letra. 

Sec. 144. — Excepto disposición contraria, el tenedor de una letra 
que debe de presentarla para su aceptación, de acuerdo con lo esta- 
blecido en la sección anterior, debe de presentarla con ese objeto o 
negociarla dentro de un plazo razonable. Si así no lo hace, el libra- 
dor y los endosantes quedan desobligados. 

Sec. 145. — La presentación para la aceptación debe de hacerse por 
o en nombre del tenedor en horas razonables, en día de trabajo y an- 
tes del vencimiento de la letra, al girado o a alguna persona autori- 
zada a aceptar o a rehusar la aceptación en su nombre; y : 

1° Cuando la letra es dirigida a dos o más girados que no son so- 
cios, la presentación debe hacerse a todos, a menos que uno de ellos 
tenga autorización para aceptar o rehusar la aceptación por todos, en 
cuyo caso la presentación puede hacerse sólo a éste; 

2° Cuando el girado ha fallecido, la presentación puede hacerse a 
su representante personal ; 

3° Cuando el girado ha sido declarado en quiebra o ha caído en in- 
solvencia o ha hecho cesión de bienes a favor de sus acreedores, la 
presentación puede hacerse a él, al síndico o al representante de los 
acreedores. 

Sec. 146. — Una letra puede presentarse para su aceptación cual- 
quier día de los establecidos en las secciones 72 y 85 de esta ley, 
como días hábiles para la presentación para el pago de los documen- 
tos negociables. Cuando el sábado no sea día feriado la presentación 
para la aceptación puede hacerse antes del mediodía. 

Sec. 147. — Cuando el tenedor de una letra pagadera en cualquier 
otro lugar que no sea el de los negocios o el de residencia del girado, 
no tenga tiempo, obrando con diligencia razonable, de presentarla 
para su aceptación, antes de hacerlo para el pago, en el día de su 
vencimiento, la demora producida en la presentación para el pago 
por haber tenido que presentarla previamente para la aceptación es 
excusable y no extingue las obligaciones de los libradores y endo- 
santes. 

Sec. 148. — La presentación para la aceptación es innecesaria y la 
letra puede considerai'se como no aceptada, en cualquiera de los casos 
siguientes : 

1° Cuando el girado ha fallecido o ha fugado o es una persona imagi- 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 423 

nariao que no tiene capacidad para contratar sobre letras de cambio ; 

2" Cuando después de realizar diligencias razonables la presenta- 
ción no ha podido hacerse; 

3° Cuando, aunque la presentación se haya hecho irregularmente, 
la aceptación haya sido rehusada por otros motivos. 

Sec. 149. — Una letra se considera no aceptada : 

1° Cuando debidamente presentada para su aceptación se rehusa 
ésta o no puede obtenerse conforme a las prescripciones de esta ley ; 

2° Cuando la presentación para la aceptación es excusable y la le- 
tra no es aceptada. 

Sec. 150. — Cuando la letra es debidamente presentada para su 
aceptación y no es aceptada dentro del plazo prescripto, la persona 
que la presenta debe de considerarla como no aceptada o de lo con- 
trario perderá su derecho contra el librador y endosantes. 

Sec. 151. — Cuando, después de llenadas las formalidades requeri- 
das, una letra no ha sido aceptada, nace inmediatamente en favor del 
tenedor un derecho para recurrir contra los libradores y endosantes, 
siendo innecesaria la presentación para el pago. 



ARTICULO IV 

PROTESTO 

Sec. 152. — Cuando una letra, que por su apariencia sea externa, 
no haya sido aceptada, debe ser protestada debidamente por falta de 
aceptación y, cuando habiendo sido aceptada, no es pagada, debe de 
ser protestada debidamente por falta de pago. Sino es protestada, el 
librador y endosantes quedan desobligados. Cuando una letra por su 
apariencia no es externa, el protesto es innecesario. 

Sec. 153. — El protesto debe de hacerse constar en la letra, o debe 
de copiarse ésta en el acta de protesto la que deberá de ser firmada y 
sellada por el escribano que la haga y debe de especificar : 

1° El tiempo y lugar de la presentación: 

2° El hecho de haberse presentado y en qué forma ; 

3° La causa o razón del protesto; 

4° El requerimiento hecho y la repuesta dada o el hecho de que el 
girado o aceptante no han podido ser encontrados. 



424 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Sec. 154. — El protesto puede hacerse por : 

1° Un escribano público ; o 

2° Por cualquier persona caracterizada residente en el lugar, y en 
presencia de dos o más testigos fidedignos. 

Sec. 155. — Cuando una letra es protestada, tal pi*o testo debe de 
hacerse el día en que no haya sido aceptada o pagada, a menos que, 
de acuerdo con lo dispuesto en esta ley, la demora sea excusable. 
Cuando una letra ha sido debidamente llevada para el protesto éste 
puede considerarse hecho en la fecha de ese acto. 

Sec. 156. —, Una letra debe de ser protestada en el lugar en que ha 
sido presentada para su aceptación o pago, salvo que cuando no ha 
sido aceptada una letra pagadera en el lugar de los negocios, o en la 
residencia, de una persona que no sea el girado, ésta debe de ser pro- 
testada por falta de pago en el lugar en que es pagadera, y no es ne- 
cesario requerimiento ni presentación para el pago al girado. 

Sec. 157. — Una letra que ha sido protestada por falta de acepta- 
ción puede ser protestada después por falta de pago. 

Sec. 158. — Cuando el aceptante ha sido declarado en quiebra o ha 
caído en insolvencia, o ha hecho cesión de bienes a sus acreedores, 
antes del vencimiento de la letra, el tenedor puede hacerla protestar, 
para su mayor seguridad contra el girante y los endosantes. 

Sec. 159. — Queda dispensado el protesto de una letra en circuns- 
tancias iguales a las que excusarían la notificación de que no ha sido 
aceptada o pagada. Es excusable la demora en el protesto ciiando ha 
sido causada por fuerza mayor y no es imputable a culpa o negli- 
gencia del tenedor. Desapareciendo el impedimiento, la letra debe de 
ser protestada ejerciendo diligencia razonable. 

Sec. 160. — Cuando una letra se ha perdido o destruido, o es ile- 
galmente retenida al tenedor legítimo, el protesto puede hacerse en 
una copia de la misma o en una escritura en la que se harán constar 
esos detalles. 

ARTÍCULO V 

ACEPTACIÓN POR HONOR 

Sec. 161. — Cuando una letra de cambio ha sido protestada por 
falta de aceptación, o para mayor seguridad, antes de su vencimien- 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 425 

to, cualquier persona que no esté ja obligada por la misma puede 
intervenir, con el consentimiento del tenedor y aceptar la letra, supra 
protesto, por honor de cualquier obligado, o por honor de la persona 
por cuya cuenta se ha girado la letra. La aceptación por honor puede 
hacerse sólo con respecto a una parte del monto de la letra ; y cuando 
ya se ha realizado una aceptación por honor de uno de los obligados, 
puede hacerse una segunda aceptación por una persona distinta, en 
favor de otro. 

Sec. 162. — Una aceptación por honor supra protesto debe de ser 
hecha por escrito, haciéndose constar que es aceptación por honor, y 
será firmada por el aceptante. 

Sec. 163. — Cuando es una aceptación por honor no se hace cons- 
tar expresamente en favor de quien se ha hecho, se considera hecha 
en favor del librador. 

Sec. 164. — El aceptante por honor queda obligado hacia el tene- 
dor y a todos los que son parte en la letra, posteriores a aquel en 
cuyo favor se hizo la aceptación. 

Sec. 165. — El aceptante por honor, contrae la obligación de pa- 
gar la letra a su debida presentación, de acuerdo con los términos de 
su aceptación, siempre que no haya sido pagada por el girado y con 
tal que haya sido debidamente presentada para el pago y protestada 
por falta de pago y que se le haya notificado esta circunstancia. 

Sec. 166. — Cuando una letra pagadera a días vista es aceptada por 
honor, su vencimiento se cuenta desde que se ha hecho constar la no 
aceptación y no desde la fecha de la aceptación por honor. 

Sec. 167. —Cuando una letra ha sido aceptada ^or honor supra 
protesto o contiene referencia a otra persona en caso necesario, debe 
de protestarse por falta de pago antes de ser presentada para el pago 
al aceptante por honor o a la persona referida en caso necesa- 
rio (1). 

Sec. 168. — La presentación para el pago al aceptante por honor 
debe de hacerse en la forma siguiente : 

1" Si debe presentarse en el lugar en que se hizo el protesto por 
falta de pago, debe de presentarse, a más tardar, al día siguiente de 
su vencimiento; 

2° Si debe de presentarse en otro lugar que aquel en que se ha he- 

(1) Es el referee antes Hiencionado eu la sección 131. 



426 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

cho el protesto, entonces deberá remitirse dentro del plazo especifica- 
do en la sección 104. 

Sec. 169. — Las disposiciones de la sección 81 son aplicables cuan- 
do se produce demora en la presentación al aceptante por honor o a 
la persona referida en caso necesario (1). 

Sec. 170. — Cuando la letra no es pagada por el aceptante por ho- 
nor, debe de ser protestada contra él por falta de pago. 



ARTÍCULO VI 

PAGO POR HONOR 

Sec. 171. — Cuando una letra ha sido protestada por falta de pago, 
cualquier persona puede intervenir y pagar supra protesto por honor 
de cualquiera de los obligados o por honor de la persona por cuenta 
de quien fué girada. 

Sec. 172. — El pago por honor supra protesto, para ser considerado 
tal y no como mero pago voluntario, debe de hacerse constar por acto 
notarial que piiede agregarse al protesto o formar parte de él. 

Sec. 173. — El acto notarial debe de fundarse en la declaración 
hecha por el que paga por honor o por su agente pava este efecto, de 
que su intención es pagar la letra por honor y debe de expresar por 
honor de quien se hace el pago. 

Sec. 174. — Cuando dos o más personas ofrecen pagar una letra 
por honor de distintos obligados, se dará preferencia al pago que haya 
de desobligar al mayor número. 

Sec. 175. — Cuando una letra ha sido pagada por honor, todas las 
partes subsiguientes a aquella en cuyo honor se hizo el pago quedan 
desobligadas, pero el que paga por honor queda subrogado y sucede 
en los derechos y obligaciones al tenedor con respecto a aquel por 
cuyo honor hizo el pago y a todos los obligados hacia éste. 

Sec. 176. — Cuando el tenedor de una letra rehusa recibir el pago 
sxipra protesto, pierde su derecho a recurrir contra cualquiera que 
hubiese quedado desobligado por ese pago. 



(1) Es el referee antes mencionado en la sección 131. 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 427 

Sec. 177. — El que paga por honor, pagando al tenedor el monto 
de la letra y los gastos de protesto, está autorizado a exigir la letra y 
la constancia del protesto. 



ARTICULO VII 

LETRAS EIí VARIOS EJEMPLARES 
(Bills in a set) 

Sec. 178. — Cuando se ha girado una letra en varios ejemplares, 
numerándose cada uno y refiriéndose a los demás, la totalidad de 
aquéllos constituye una sola letra. 

Sec. 179. — Cuando dos o más ejemplares son negociados a dife- 
rentes tenedores legítimos, el tenedor que primero adquiere el carác- 
ter de tal será considerado el verdadero tenedor de la letra. Pero lo 
dispuesto en esta sección no afecta los derechos de la persona que 
acepte o pague legítimamente el ejemplar que primero le haya sido 
presentado. 

Sec. 180. — Cuando el tenedor de una letra emitida en varios ejem- 
plares, endosa dos a más de éstos a varias personas, queda obligado 
por cada uno de ellos, y todo endosante subsiguiente queda obligado 
por el ejemplar que haya endosado, como si fuese una letra separada. 

Sec. 181. — La aceptación puede ser puesta en cualquier ejemplar, 
pero no debe de serlo en más de uno. Si el girado acepta más de un 
ejemplar y éstos son negociados a diferentes tenedores legítimos, 
queda obligado por cada uno de ellos, como si fuese una letra sepa- 
rada. 

Sec. 182. — Cuando el aceptante de una letra girada en varios 
ejemplares la paga sin exigir que se le entregue el ejemplar que con- 
tiene su aceptación, y dicho ejemplar se encuentra al vencimiento de 
la letra en poder de un tenedor legítimo, el aceptante queda obligado 
hacia éste. 

Sec. 183. — Excepto disposición contraria, cuando por pago o de 
otro modo se extinguen las obligaciones emergentes de cualquier 
ejemplar de una letra, queda extinguida la totalidad de la que ha 
sido girada en varios ejemplares. 



428 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

TÍTULO III 
PAGARÉS Y CHEQUES 

ARTÍCULO I 

Sec. 184. — Un pagaré negociable, en el concepto de esta ley, es 
una promesa incondicional, escrita, hecha por una persona a otra, fir- 
mada por quien la hace obligándose a pagar a su presentación, o a un 
plazo futuro fijo o determinable, una suma cierta en dinero a la orden 
o al portador. Cuando el documento es girado a la orden de quien se 
obliga, no es completo hasta que no haya sido endosado por éste. 

Sec. 185. — Un cheque es una letra de cambio girada contra un 
banco, pagadera a la presentación. Excepto disposición contraria, lo 
dispuesto en esta ley con respecto a las letras de cambio pagaderas a 
la vista, es aplicable a los cheques. 

Sec. 186. — Los cheques deben de presentarse para el cobro den- 
tro de un plazo razonable después de su emisión o de lo contrario el 
librador quedará exento de responsabilidad hasta la concurrencia de 
la suma perdida por causa de la demora. 

Sec. 187. — Cuando un cheque es autenticado por el banco contra 
el cual ha sido girado, la autenticación equivale a una aceptación. 

Sec. 188. — Cuando el tenedor de un cheque lo hace aceptar o au- 
tenticar, el librador y todos los endosantes quedan desobligados. 

Sec. 189. — Un cheque, por sí mismo, no obra como transferencia 
de los fondos al crédito del librador con el banco, y el banco no queda 
obligado hacia el tenedor, a menos que lo acepte o lo autentique. 



TITULO IV 

DISPOSICIONES GENERALES 
ARTÍCULO I 

Sec. 190. — Esta ley será conocida por el nombre de The Negotia- 
hle Instruments Law (ley sobre papeles de comercio) . 



LEY AMERICANA SOBRE PAPELES DE COMERCIO 429 

Sec. 191. — En esta ley, a menos que del contexto se desprenda lo 
contrario, aceptación significa aceptación completada por la entrega o 
notificación. 

Acción comprende también reconvención y compensación. 

Banco comprende cualquier persona o asociación de personas ocu- 
padas en negocios de banco, sean reconocidas (incorporatedj o no. 

Portador significa la persona que está en posesión de la letra o pa- 
garé que es pagadero al portador. 

Letra significa letra de cambio, y pagaré significa pagaré negociable. 

Entrega significa transmisión de la tenencia efectiva o por implican- 
cia de una persona a otra. 

Tenedor significa el beneficiario o endosatario de una letra o pagaré 
que está en posesión de él, o el portador. 

Endoso significa el endoso seguido de la entrega. 

Documento significa documento negociable. 

Emisión (issue) significa la primera entrega del documento completo 
en su forma, a quien lo recibe como tenedor. 

Persona comprende a un grupo de personas, sea reconocido (incor- 
poratedj o no. 

Valor significa valor recibido. 

Escrito comprende impreso, y escritura comprende impresión. 

Sec. 192. — La persona obligada en primer término es aquella a 
quien, conforme a los términos del documento, es indispensable reque- 
rirle el pago. Los demás son obligados en segundo término. 

Sec. 193. — Para establecer qué es tiempo rasonahle o tiempo no 
razonable debe de tenerse en cuenta la naturaleza del documento, los 
usos del comercio o de los negocios con respecto a tales documentos, 
y las circunstancias particulares del caso. 

Sec. 194. — Cuando el día o el último día para realizar uno de los 
actos exigidos o permitidos por esta ley, sea domingo o feriado, podrá 
ejecutarse el día hábil inmediato siguiente. 

Sec. 195. — Las disposiciones de esta ley no se aplican a los docu- 
mentos negociables hechos o entregados antes de su sanción. 

Sec. 196. — En cualquier caso no previsto en esta ley, regirán las 
disposiciones de la ley mercantil. 

Sec. 197. — Quedan derogadas las disposiciones marcadas en la 
última columna de las leyes indicadas en el anexo de la presente. 

Sec. 198. — Esta ley tendrá efecto desde... 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 

Y LA JURISPRUDENCIA NACIONAL 



Los constituyentes argentinos creyeron necesario encabezar 
el estatuto fundamental con un MU de derechos, declaraciones y 
garantías. Recogieron al respecto, como en tantas otras cosas, la 
experiencia de los Estados Unidos. En la Unión Americana no 
se sancionó el MU originariamente, lo que provocó la primera 
enmienda a la constitución de Filadelfia. Entre nosotros se sos- 
tuvo su necesidad sin discrepancias, y la práctica constitucional 
lo ha justificado incuestionablemente. El MU nos era más nece- 
sario que a los Estados Unidos. Acabábamos de salir de una 
larga y sangrienta tiranía que no había dejado trazas de las 
libertades reivindicadas en la guerra de la independencia. Era 
necesario construirlo todo. Y el soberano que hacía la ley, de- 
legando sus derechos en el gobierno que creaba, debía procla- 
mar y proclamó que de determinados derechos no hacía delega- 
ción, pues se los reservaba para sí. De ahí las prescripciones 
sobre la libertad, sobre la inviolabilidad de la propiedad, sobre 
la igualdad y sobre seguridad individual. Por iniciativa de Sar- 
miento se incorporó al MU en la reforma del 60, el artículo 33 
que suple toda posible omisión en la enumeración de los dere- 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 431 

chos ciudadanos : « Las declaraciones, derechos y garantías que 
enumera la Constitución, no serán entendidos como negación 
de otros derechos y garantías no enumerados, pero que nacen 
de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobier- 
no. » Sancionó también la convención reformadora, un comple- 
mento a las disposiciones sobre la libertad de imprenta. Esta 
había sido proclamada en el artículo 15, que estableció : « Todos 
los habitantes de la Nación gozan del derecho de publicar sus 
ideas por la prensa sin censura previa. » El artículo 32 sancio- 
nado por la convención a iniciativa de la convención revisora 
de Buenos Aires, completó entonces : « El Congreso federal no 
dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establez- 
can sobre ella la jurisdicción federal. » 

Este artículo 32 ha motivado no pocas polémicas sobre su 
alcance. Aparte de las que provocó su aplicación en los muchos 
casos en que nuestros tribunales debieron interpretarlo, la dis- 
cusión se renueva con frecuencia por publicistas y profesores 
que disienten fundamentalmente sobre su verdadero sentido 
político y jurídico. Y con seguridad que cada vez que se dicta 
un fallo a su respecto, la polémica se suscita de nuevo. Tal ha 
ocurrido con motivo de una sentencia dictada por la Suprema 
Corte de Justicia Nacional en 17 de octubre del año anterior. 
El fallo resuelve, en substancia, que el código penal no rige en 
cuanto a delitos de imprenta cometidos en el territorio de las 
provincias. Véase : un periodista de la provincia de Buenos Ai- 
res fué acusado por calumnias e injurias ante el juez departa- 
mental correspondiente, por el comisionado municipal. Llevada 
la causa en apelación a la cámara tercera de apelaciones de La 
Plata, ésta condenó al acusado a dos años y medio de peniten- 
ciaría y accesorios de ley, fijándose en un año la inhabilitación. 
La sentencia se fundó en los artículos 6°, 85, 177, 179, 180, in- 
ciso 2°, del Código penal, y artículo 21, letras a^ & y ^ de la ley 
4189, reformatoria del mismo código. La parte vencida dedujo 



432 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema corte, y este 
tribunal hizo lugar al mismo declarando que la sentencia viola 
el artículo 32 de la Constitución, que preceptúa : « El Congreso 
federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta 
o establezcan sobre ella la jurisdicción federal», y el 18 de la 
misma Constitución que dice en la parte pertinente : « líingún 
habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo, fun- 
dado en ley anterior al hecho del proceso. » En consecuencia, 
no siendo aplicable en las provincias el Código penal, ni exis- 
tiendo ley provincial que rija el caso, el acusado fué absuelto. 

Publicado el fallo en la Revista argentina de ciencias políti- 
cas, dirigida por el doctor Eivarola, cuyo nombre tiene la sufi- 
ciente notoriedad que excusa el detenerse a señalarla, provocó 
aquél un comentario de su eminente director, encabezado con 
las siguientes palabras : « Por vía de comentario a este fallo de 
la Corte suprema, que viene a trastornar todas las ideas co- 
rrientes y admitidas en la materia, ponemos a continuación la 
opinión expuesta conforme a esas ideas corrientes por el direc- 
tor de esta revista en su Derecho penal argentino. » Sigue a estas 
líneas la indicada reproducción, en la que se sostiene en defini- 
tiva: « La razón de que el Congreso prohiba dictar leyes que 
restrinjan la libertad de imprenta, no debe entenderse en el 
sentido de que quede reservada a las provincias la facultad de 
dictar leyes con tal alcance. Con todo el respeto que profeso al 
autor del Código civil como al más eminente de nuestros juris- 
consultos (el doctor Vélez Sarsfield fué el miembro informante 
de la convención del 60 que introdujo en la Constitución el ar- 
tículo 32), pienso que la pasión política lo hizo decir, al tratar 
esta cuestión en la convención de 1800, cosas sin sentido jurí- 
dico, que no habría i)odido explicar nunca cuando hubiera ha- 
blado con más serenidad. » 

Además de este comentario, el fallo ha provocado también en 
la misma revista un estimable y erudito trabajo del doctor 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 433 

Francisco Dura, en que dice : « La resolución de la Corte tiene 
dos efectos : el uno, inmediato y fugaz, es el de asegurarle la 
impunidad a una persona declarada delincuente en ambos ins- 
tancias por los tribunales de La Plata., El otro efecto, trascen- 
dental y de carácter permanente, consiste en el influjo que la 
doctrina formulada por los magistrados y hecha fundamento de 
su resolución por la Corte, pueda tener sobre las enseñanzas del 
profesorado en las cátedras, sobre la conducta ulterior de los 
tribunales de justicia, de uno a otro confín del territorio argen- 
tino, y, en definitiva, sobre la perversión de las costumbres pú- 
blicas, las cuales gracias a los constantes extravíos de criterio 
de nuestros tribunales de juticia en estas materias, ya van es- 
tando en una condición bien lamentable, » 

Veamos ahora si el espíritu y la letra de la Constitución au- 
torizan estos juicios. Por mi parte, anticipo desde ahora que 
considero claro el sentido de nuestra ley fundamental. El fallo 
de la Suprema corte no hace otra cosa que aplicar su letra y su 
espíritu. Si las autoridades de las provincias a las cuales la 
Constitución ha dado el poder de dictar las leyes represivas de 
los abusos de la libertad de imprenta, como espero demostrarlo, 
no han llenado su función, no puede hacerse recaer la responsa- 
bilidad sobre los tribunales de justicia, que deben fallar « en 
virtud de leyes dictadas antes del hecho de la causa », como lo 
impone el artículo 18 de la Constitución a que antes se ha he- 
cho referencia. La impunidad ante el delito — si el delito exis- 
te — no la da la Suprema corte. La da la carencia de la ley co- 
rrespondiente. 



II 



fe Qué es la libertad de imprenta ? j, Qué sentido tiene esta 
expresión ? La prensa es para la ley una de las formas, la más 
eficaz, de emisión del pensamiento. Le merece el mismo respeto 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SKK.) 28 



434 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

que la libertad de palabra en mítines o reuniones públicas. A 
esta altura de la civilización parece innecesario renovar el enco- 
mio de la misión de la prensa y de su influencia bienhechora en 
las democracias. Sin prensa y sobre todo sin prensa periódica, 
no hay verdadera opinión pública. La acción de las democracias 
para ser coherente, necesita de medios permanentes de comuni- 
cación entre los miembros de las diferentes agrupaciones polí- 
ticas. Ella se logra por la palabra de los oradores en las reunio- 
nes públicas y por la prédica y la propaganda de los periódicos 
y del libro, que no actúan sólo sobre los correligionarios sino 
sobre toda la masa social. Todo ello sin entrar a considerar, por 
ser obvio, lo que significa la acción de la prensa, aunque no per- 
siga ningún propósito de partido, en cuanto a la ilustración 
general. 

Y bien : la libertad de la prensa, como las demás libertades, 
no pueden existir en regímenes de opresión que se basan en pre- 
juicios seculares, como los que inspiraban la política del gobier- 
no de España en sus colonias. Justo es también consignar que 
si los hispano-americanos no gozaban de esa libertad, tampoco 
disfrutaban de ella los peninsulares, que continuaron bajo el mis- 
mo sistema prohibitivo después de sancionada porla fuerza de 
los hechos la independencia de América. No penetró en España 
de inmediato la oleada libertadora de la revolución francesa que 
sancionó en la Declaración de los derechos del hombre : « La libre 
comunicación de los pensamientos y de las opiniones, es uno de 
los derechos más preciosos del hombre ; todo ciudadano puede, 
pues, hablar, escribir, imprimir libremente, salvo responder del 
abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley. » Y 
bueno es recordar en Franciamisma, poco tiempo después (29 
de marzo de 1793), una ley de la convención restringía casi por 
completo la libertad proclamada. Pero la semilla había sido 
echada a los vientos. No dejaría de fructificar. América recogió 
también esa semilla. Los hombres de la revolución argentina 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 435 

tendieron así desde la primera hora a dejar asentada la libertad 
de la prensa, suprimiendo la censura previa que la tenía en rea- 
lidad amordazada. 

La iniciativa correspondió al deán Gre^jorio Funes, quien 
presentó a la Junta de Mayo, de que formaba parte, una lumi- 
nosa exposición, acompañando el proyecto de reglamento que 
faó aprobado el 20 de abril de 1811. En esa exposición o dis- 
curso, como Funes la llamó, se trata la materia con verdadera 
profundidad de criterio. Es curioso lo injusto que ha sido su 
liosterioridad, como lo fueron sus contemporáneos con aquel 
patriota eminente, al que aun no se le reconocen en verdad los 
méritos que lo adornaban y que lo hacen destacarse entre el 
grupo de hombres directivos de su tiempo. Por mi parte, he 
señalado ya en el libro que dediqué al estudio de su vida, sus 
cualidades sobresalientes y la importancia de su obra de escri- 
tor y de hombre de estado. íío es la de menor magnitud la que 
se refiere a la libertad de la prensa. En aquellos días indecisos 
de la iniciación revolucionaria en que parecía que sólo debiera 
solicitar la atención del gobierno la dirección de las acciones 
de guerra, concibió el talentoso deán su proyecto. Al fundarlo, 
dijo : « En un tiempo en que va a celebrarse un congreso nacio- 
nal para que decida sobre los derechos más preciosos del hom- 
bre ¿ no es usurpar sus facultades entrar en esta cuestión ■? » Y 
después de extenderse sobre el punto, agregaba : « Con todo, 
somos de sentir que por lo mismo que va a sellarse el ultimátum 
de la suerte común, debe escucharse la voz pública. » Exalta la 
necesidad de que todos puedan emitir libremente sus opiniones 
para que el pueblo no se engañe sobre la conducta de sus gober- 
nantes y exista el reinado de la libertad. Y luego, después de 
referirse a los excesos en que la prensa i)uede incurrir, dice : 
« Nos engañaríamos enormemente si creyésemos que son más 
de temer los excesos del pueblo con la libertad de la prensa, que 
lo son sin ella los del mismo gobierno. Todo gobierno, sea el que 



436 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

fuese, encierra en sí el principio de su destrucción. Esta es una 
máxima reconocida por todos los políticos. Mientras sean hom- 
bres aquéllos a quienes se conñe la administración de un esta- 
do, las pasiones lian de tener parte en sus consejos. Tanto más 
emprendedoras cuanto más asistidas del poder, será su principal 
destino valerse del que tienen para adquirir el que les falta. Un 
atentado contra los derechos del pueblo sirve para cometer otroj 
y de usurpación en usurpación se viene al fin a jjoseerlo todo, 
lío hay duda que para disfrutar tranquilamente estas usurpa- 
ciones, conviene mucho que no haya libertad de prensa. La 
ignorancia que le es consiguiente, siempre es muy a propósito 
cuando, como un vil rebaño, se quiere gobernar el pueblo a dis- 
creción : cuando se pretende engrosarse con sus trabajos sin que 
su estado cause inquietud y cuando en lugar de desear y mere- 
cer su adhesión no se le pide sino una obediencia ciega a la 
voluntad del último subalterno. Contra el progreso de estos 
males no hay remedio más eficaz que la libertad de la prensa. 
Su principal fruto es ilustrar la opinión pública para que sirva 
de freno a cualquiera que se atreva a substituir su voluntad 
arbitraria a los principios del orden, j, Cómo podrá asomarse el 
despotismo entre unos ciudadanos a quienes la libertad de la 
prensa ha desenvuelto las nociones inmutables de la justicia y 
ha hecho ver que ninguna voluntad humana puede derogarla?» 
A pesar de lo extenso de la transcripción, es aun necesario 
sofocar el deseo de hacer mención de otros párrafos en que trata 
otros aspectos del problema que la cuestión en sí misma plan- 
tea. Baste con lo dicho, empero, para dejar constancia de quién 
es el autor de la libertad de imprenta en el Río de la Plata. 
Debe también consignarse que, aunque la libertad que se declara 
es absoluta en cuanto a escritos políticos, se establece una res- 
tricción en cuanto a los de carácter religioso y se fija la respon- 
sabilidad en que incurren los autores de libelos infamatorios, de 
escritos calumniosos, licenciosos y contrarios a la decencia pú- 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 437 

blica y a las buenas costumbres (art. 4° del reglamento). Natu- 
ralmente, ha sido objeto de críticas la limitación respecto a 
cuestiones religiosas. No debe, empero, olvidarse que la religión 
católica era en aquel tiempo la religión de todos los habitantes 
cultos del territorio, y que todo ataque a ella se consideraba 
como un ataque a la moral social e individual. El espíritu de la 
disposición es, en definitiva, el mismo que ha inspirado a los 
legisladores argentinos, casi un siglo después, la redacción y 
sanción de la ley de defensa social. Lo importante es que la li- 
bertad política quedaba reconocida ampliamente y que las leyes 
posteriores que la han asegurado tienen su origen en la inicia- 
tiva del deán Funes. 

Los gobiernos y congresos que se sucedieron dictaron dife- 
rentes reglamentaciones sobre la prensa. Durante la llamada 
« época de Eivadavia », la prensa se desenfrenó en ataques 
furiosos contra el grande hombre. El insulto procaz, la insinua- 
ción malevolente, el agravio personal, se sucedían. Eivadavia 
sufría estoicamente aquel desborde. Empeñado en una obra 
constructiva, las piedras que recibía no le impedían la tarea. 
Circunstancias que no es del caso estudiar en esta ocasión 
determinaron su caída, que fué la caída del orden institucional. 
La reacción federal se produjo, y entonces los mismos que 
habían usado y abusado de las libertades rivadavianas no osa- 
ron afrontar a su turno las críticas de la prensa, y sancionaron 
la ley de 1828, cuya aplicación es el origen de la supresión de 
toda libertad de prensa, impuesta por el mismo partido federal 
muy luego bajo la dirección inconfundible de Eosas. Para aque- 
lla ley era un delito hasta el hecho de « ridiculizar » a una per 
sona cualquiera, así fuera funcionario público. 

Durante casi veinticinco años la tiranía que abolió toda liber- 
tad, decretó también la prohibición de pensar en voz alta. No 
sólo no era permitido expresarse en forma alguna en contra del 
Ilustre Eestaurador de las leyes y menos publicar en el país 



438 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tales herejías, sino que era también un delito leer periódicos 
hostiles a Eosas, editados en Montevideo o en Chile. 

El pueblo salió al cabo de ese ambiente de oprobio. Apenas 
parece necesario señalar con qué ansia de libertad. Buenos Ai- 
res temió que el libertador fuera un liberticida. Por ello se pro- 
dujo la revolución del 11 de septiembre de 1852, que marca la 
iniciación de su disidencia con la demás provincias, de las que 
se mantiene disgregada hasta después de la batalla de Pavón, 
que consolida la unión argentina. 

Ahora bien : Buenos Aires reclamó durante largos años el 
derecho de examinar la Constitución, a cuya sanción no había 
concurrido. El gobierno del Paraná se negó constantemente a 
entrar en conversaciones de paz sobre esa base, pues la misma 
Constitución establecía que no podría ser reformada sino des- 
pués de transcurridos diez años. Sin embargo, por el pacto de 
10 de noviembre de 1859 se convino en que Buenos Aires reu- 
niría una convención provincial que examinaría la Constitución 
y propondría las reformas a realizar en una convención nacio- 
nal. Así se hizo, y todas las reformas fueron aceptadas. Entre 
ellas, figura como una de las más importantes la que motiva 
este estudio : la del artículo 32, que fué introducido en la Cons- 
titución de 1860, por iniciativa de la mencionada convención 
provincial de Buenos Aires. 

Desde 1852 Buenos Aires se había desenvuelto como estado 
autónomo.*Su8 hombres estaban, pues, imbuidos de un criterio 
netamente federalista. Sus reformas debían tender y tendieron 
a asegurar a las provincias el máximo de facultades, compati- 
ble con el ideal común de la unidad nacional. De ahí que se con- 
siderara conveniente reservar a las provincias el derecho de 
legislar sobre libertad de imprenta, y consecuentemente el de 
penar los abusos cometidos en nombre de esa libertad. El re- 
dactor de la comisión encargada de proyectar las reformas con- 
signó francamente la razón de la modificación que nos ocupa : 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 439 

« Sin hacer de ello un cargo inútil, la comisión debía recordar — 
dice — haberse publicado una carta del presidente de la Confe- 
deración, conminando a un gobernador de provincia porque no 
reprimía el espíritu de crítica de un diario, caracterizando con 
sus verdaderos nombres la resurrección de la cinta colorada ; y 
que si tal acontecía en esta reprobación del diario, de un uso 
que ley ninguna ordena, no estando nadie obligado a hacer aca- 
tar ni respetar lo que no es legal, con cuánta más razón debía 
temerse esta facultad de restringir la j^rensa en materias más 
graves». La comisión fué aun más explícita en el informe que 
presentó a la convención, proponiendo la sanción del artículo 
32 : «La sociedad puede reglamentar y aun reprimir el abuso 
de la libertad (de la palabra escrita o hablada) ; pero esa regla- 
mentación y esa represión son privativas de la sociedad en que 
el abuso se comete, y a la cual puede dañar inmediatamente, ya 
sfea a toda ella en conjunto, ya a los individuos aisladamente.» 
Mas adelante agrega : « Existiendo precedentes (aunque no de 
carácter legal), que hacen presumible una intervención indebida 
del gobierno federal en materia tan privativa de la soberanía 
provincial, es prudente precaverse contra tales probabilidades, 
como lo hicieron los Estados Unidos de Norte América en las 
enmiendas que presentaron al Congreso». Se refiere la comisión 
a la enmienda primera a la constitución americana, en vigor 
desde el 15 de diciembre de 1791, y que dice así : «El Congreso 
no hará leyes respecto al establecimiento de una religión, ni 
prohibiendo el libre ejercicio de ésta, ni restringiendo la liber- 
tad de la palabra o de la prensa; ni el derecho del pueblo para 
reunirse pacíficamente y peticionar al gobierno por reparación 
de agravios. » 

Como se ve, la reforma fué iniciada por lo comisión en virtud 
de los antecedentes expuestos, que son respetables. No se trata 
de una inspiración del doctor Vélez Sarsfield, sino de una idea 
aceptada por todos. Es notorio, por lo demás, que el eminente 



440 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

autor del código, no fué autor de ese informe presentado a la 
convención, y cuya redacción pertenece a la personalidad que 
habría de presidir muy luego los destinos del pueblo argentino, 
por primera vez, en unión y libertad, bajo su mando. El doctor 
Yélez que hizo constar en la sesión del 25 de abril de 1860, que 
él no había propuesto ninguna reforma a la constitución, salvo 
una respecto al poder judicial, dijo como miembro informante 
de la comisión, al tratarse el mencionado artículo 32: «Voy a 
exponer los motivos de esta reforma, ya que no lo hacen los que 
la han propuesto. La reforma importa decir que la imi^renta debe 
estar sujeta a las leyes del pueblo en que se use de ella. Un 
abuso de la libertad de imprenta, nunca puede ser un delito, 
diré así nacional. El Congreso, dando leyes de imprenta, suje- 
taría el juicio a los tribunales federales, sacando el delito de su 
fuero natural. Si en una provincia como Buenos Aires no hu- 
biera leyes de imprenta o los abusos de ella fueran sólo cavSti- 
gados por el juez correccional &por qué daríamos facultad al 
Congreso para restringir la libertad de imprenta, para darle 
otra pena a los delitos de imprenta, o para imponer a los diarios 
restricciones o gravámenes que hiciera dificultosa su existen- 
cia?» Se extiende en análogas consideraciones y termina di- 
ciendo : « Resumiendo, señores, estas diversas ideas, podréis 
echar la vista sobre las sociedades de todo el mundo y no halla- 
réis un pueblo que vaya en progreso y en que estén asegurados 
los derechos de los hombres y restringida al mismo tiempo la 
libertad de imprenta. Ni hallaréis un pueblo que goce de abso- 
luta libertad de imprenta y en el que su riqueza y sus adelanta- 
mientos morales retrograden y en que sus habitantes no se juz- 
guen garantizados en sus derechos individuales. » 

He ahí los antecedentes de la reforma. Su alcance está fijado 
por la convención de Buenos Aires desde que la convención na- 
cional constituyente no discutió las enmiendas y las aceptó en 
su totalidad, a raíz de aquellas patrióticas palabras del conven- 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 441 

cional Victorica, que debieran grabarse en bronce en el histó- 
rico cabildo en Santa Fe. « La integridad de la nación argentina 
no se discute entre argentinos : ¡ se hace!» Todos los escritores 
de derecho constitucional han aceptado entre nosotros como 
verdad indiscutible, que la única fuente de interpretación del 
sentido y alcance de las reformas constitucionales es el pensa- 
miento de los convencionales de Buenos Aires, expresado en 
el Redactor de la comisión examinadora, en el informe de la 
misma, y en el desarrollo de los debates. El doctor Dura en el 
estudio antes referido, anota su disidencia sobre el particular. 
Con razones no exentas de interés sostiene que aquella fuente 
de interpretación es unilateral y debe ser desechada. Empero, 
para probarlo, se aplica a demostrar que las reformas estaban 
inspiradas en prevenciones contra el presidente de la Confede- 
ración y respondían al propósito « de mejor amurallar contra 
aquél una libertad, que cual la de imprenta era considerada in- 
tangible y sagrada». Ello demuestra patentemente que el sentido 
de la reforma reside precisamente en reservar a las provincias 
el derecho de dictar sus leyes en cuanto a la libertad de impren- 
ta y a los abusos y delitos que por medio de ella se cometan. 
No obstante ello, el doctor Dura concluye su estudio con estas 
palabras: «Han sido invocados siempre aquellos textos y jamás 
han sido examinados y discutidos a fondo. Por el contrario, 
ellos han pasado sin digestión alguna mental, enteramente cru- 
dos, desde el Redactor y Diario de sesiones de la convención, a los 
considerandos de los fallos judiciales; convertidos ellos mismos, 
al título (que no tienen) de comentario autorizado del precepto 
constitucional, en una ley más eficaz que la ley misma : pertur- 
bando el criterio de nuestros medios intelectuales en todas las 
épocas, al mismo tiempo que marcaban al foro y precipitaban a 
la jurisprudencia, de caída en caída hasta el descenso final en 
el «nihilismo» declarado por la Corte suprema en el fallo de 17 
de octubre de 1916, que da motivo al presente estudio.» 



442 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Considero estos conceptos fundamentalmente erróneos. Ni la 
jurisprudencia va de caída en caída, ni es exacto que el Poder 
judicial federal no haga honor a la República. Por lo demás, el 
sentido de la ley debe juzgarse siempre por el pensamiento de 
quienes la han hecho. No sería ese el mejor modo de interpre- 
tación en el solo caso de existir una probada disparidad entre 
lo que se quiso hacer decir a la ley, y lo que la ley dice. Y esto 
no ocurre en cuanto al punto en cuestión. Para probarlo, vamos 
a estudiar las disposiciones constitucionales con abstracción de 
aquellos antecedentes. Puede anticiparse que llegaremos a la 
misma conclusión. 

¿Cómo nació la Constitución nacional"? Nació de una conven- 
ción nacional convocada y reunida por voluntad y elección de 
las provincias argentinas. La entidad « gobierno federal » (o 
sea autoridades nacionales), reconoce esta entidad preexistente : 
« provincias argentinas ». Así lo consigna el preámbulo y así se 
deduce de toda la Constitución. En uno de sus artículos, en el 
104, se establecen las consecuencias de este hecho : « Las provin- 
cias conservan todo el poder no delegado por esta Constitución 
al gobierno federal.» Estrada, gran maestro, enseñó a es^te res- 
pecto : «Podemos decir que las provincias invisten todas las fa- 
cultades anexas a la idea de la soberanía social y del gobierno, 
con excepción de las siguientes, que expondré en la forma en que 
Ul Federalista las resume : Primero, aquellas que hayan sido 
expresamente prohibidas a las provincias por la Constitución fe- 
deral; segundo, aquéllas que hayan sido conferidas al gobierno 
federal como exclusivas; aquéllas que conferidas al gobierno 
federal como exclusivas, sean, sin embargo, de tal naturaleza 
que entrañe verdadera repugnancia y contradición su siste- 
mático ejercicio de parte de la nación y de las provincias.» 

Otros escritores cometen, empero, el error de creer que el go- 
bierno nacional es la fuente de todo poder, y que de delegacio- 
nes suyas han surgido los gobiernos de provincia y los de los 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 443 

municipios. Este error fué combatido victoriosamente por un 
hombre eminente, noble alma de patriota y profundo conocedor 
del derecho : por el doctor Tristán Achával Rodríguez. Siendo 
diputado nacional en 1881, se discutió en la cámara deque for- 
maba parte la ley municipal de Buenos Aires. Con tal motivo, 
pronunció un discurso fundamental que debieran conocer todos 
los estudiantes y estudiosos argentinos, pues es un resumen ad- 
mirable de las bases en que reposa nuestra organización políti- 
ca. Aunque entre nosotros se lo ignore, mereció ser leído en la 
academia de derecho de Berlín, como modelo de « Exposición 
parlamentaria de principios». Xadie ha desentraíiado mejor en- 
tre nosotros el carácter de nuestra organización democrática, ni 
expresado con más claridad y acierto el fundamento de las ins- 
tituciones que gobiernan los pueblos libres. Procuraré compen- 
diar en lo posible esa excelente pieza de derecho constitu- 
cional. 

« La falsa filosofía política del mundo antiguo — dijo el doc- 
tor Achával — produjo, como era natural, una noción igualmente 
falsa del gobierno y de las relaciones entre éste y el ciudadano. 
En aquel orden de ideas, el individuo era poco, la sociedad era 
todo. El individuo era solamente el medio, solamente el instru- 
mento de la sociedad que era el fin que absorbía y sacrificaba 
así el individuo a los propósitos y fines sociales. De aquí, como 
consecuencia lógica, el desconocimiento de todo derecho primor- 
dial e inalienable en el individuo, de aquí la muerte de todo ger- 
men de libertad, de aquí, en fin, la esclavitud que fué la base, 
a la vez que la gangrena de aquel orden social. Siendo esto así, 
para buscar el origen del poder será necesario recurrir exclusi- 
vamente a la sociedad, al gobierno mismo. El orden político, 
como una de tantas manifestaciones de la vida social, tenía que 
guardar armonía con estos principios, y así el ciudadano, esto 
es, el individuo, bajo su faz política, no era tampoco más que 
un medio, un instrumento del estado, del gobierno, que como 



444 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

representante de la sociedad era el fin. Si el gobierno era el fin 
de toda vida política, el poder de ligar la voluntad individual, 
el poder de gobernar la soberanía, en fin, debía residir en el go- 
bierno mismo, y como el gobierno era el príncipe, en éste resi- 
día ordinariamente todo poder, toda soberanía. Voluntas principe 
suprema lex est, era la fórmula fundamental de la jurispruden- 
cia romana y de toda constitución política. El príncipe era así, la 
fuente de todo derecho, de toda libertad para el individuo y de 
todo poder de gobernar. Dados estos puntos de vista, la ley, es- 
to es, los actos de la voluntad del gobierno no eran, por cierto, 
el medio de crearlos originariamente. De aquí resultaba como 
un principio que todo lo que no estaba permitido explícita o im- 
plícitamente por la ley, debía entenderse que estaba prohibido 
para el individuo. De aquí resultaba que cada acto de la volun- 
tad del príncipe, esto es, cada ley, era un nuevo derecho, una 
nueva libertad que nacía para el ciudadano, un nuevo rayo de 
luz que se desprendía del astro que concentraba en sí toda la 
soberanía. » 

Establece luego cómo de esta falsa noción resultaba que por 
delegación del príncipe (gobierno de la nación) se creaban las 
provincias, y por nueva delegación, los municipios. Esta teoría, 
que en definitiva se asienta en el derecho divino del príncipe, 
es la que sustentan todos quienes ven en los poderes de provin- 
cia una delegación del gobierno de la Nación. A ella opone el 
doctor Achával la soberanía del pueblo, y como católico since- 
ro que era, no rehuye basarla también en el derecho divino. Di- 
ce así : « Si es verdad que el poder de gobernar, es decir, la so- 
beranía, reside y nace de la misma naturaleza humana; si es 
cierto que la naturaleza humana no es más que un conjunto de 
leyes establecidas por la divinidad misma ; si es verdad que 
desde este punto de vista la soberanía viene de la divinidad, ello 
no obsta para colocar a la soberanía como en su fuente natural 
en el gobierno o en la persona del príncipe. Muy lejos de esto, 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 445 

la teoría del derecho divino debía conducir al espíritu humano 
forzosamente a buscar el asiento de toda soberanía en la misma 
obra de la naturaleza, a buscar la residencia de la soberanía en 
el hombre, verdadero soberano de la tierra. El hombre es el so- 
berano; en él reside la soberanía. De él emana todo poder de 
gobernar, todo derecho, toda libertad. Por el mero hecho de ve- 
nir el hombre a esta existencia, tiene un destino que cumplir. 
La existencia de este destino le impone necesidades que son 
funciones de sus derechos y de su libertad. Una de sus necesi- 
dades, de las más preciosas, es la vida social en todas sus mani- 
festaciones y la sociedad es, por consiguiente, uno de los me- 
dios de cumplir aquel destino. Pero la soberanía requiere 
necesariamente un gobierno, y así, el gobierno de la sociedad 
no es más que un medio de garantizar el cumplimiento de los 
destinos individuales. En esta doctrina, las leyes, esto es, las 
manifestaciones de la voluntad del gobierno, no son ya el medio 
de crear derechos y libertades. Son simplemente el medio de 
reglamentar derechos y libertades preexistentes. Por esta razón 
la constitución escrita de un estado hoy no es sino un conjunto 
de limitaciones a los derechos individuales y un conjunto de 
atribuciones « conferidas » al gobierno. Nada más. » 

Señala luego el doctor Achával el artículo constitucional en 
que este concepto está terminantemente fijado : « Ningún ciu- 
dadano de la nación está obligado a hacer lo que no manda la 
ley, ni privado de lo que ella no prohibe ». Insiste en que sien- 
do una necesidad del hombre la vida de sociedad, tiene aquél 
fatalmente que darse un gobierno. La primera forma de ese go- 
bierno, la familia, es la primera limitación a la soberanía indi- 
vidual. Las agrupaciones de familias constituyen los municipios, 
en los que los miembros que los forman renuncian también una 
parte de su soberanía en beneficio común. De los municipios 
nacen las provincias, y de delegaciones de éstas el gobierno 
central de la nación. De ahí debemos concluir que las provin- 



446 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

cias no han nacido de la nación, sino la nación de las provin- 
cias. Por eso éstas « conservan todo el poder no delegado», co- 
mo el artículo 104 lo establece categóricamente. 

Ahora bien : ¿ las provincias han delegado en la nación el 
derecho de reglamentar la libertad de imprenta y de reprimir 
los delitos que por su intermedio se cometan ? El artículo 32 
contesta por nosotros. Parece, pues, incuestionable que esa fa- 
cultad se la han reservado para sí las provincias. Podemos pres- 
cindir en absoluto, como se ve, de la convención provincial de 
Buenos Aires, para juzgar el alcance de la disposición. Anali- 
zado su fundamento a través de la doctrina de la soberanía del 
pueblo que es la base de nuestra organización democrática, lle- 
gamos a la misma conclusión. 



III 



Para poder apreciar el alcance de la jurisprudencia nacional 
cuyo análisis va más adelante es necesario considerar estas 
cuestiones : |, el delito de prensa existe ? 4 no es acaso un delito 
común ? Y en sentido contrario si se quiere j, es lícito restrin- 
gir en alguna forma la libre emisión del pensamiento ? Sobre 
esta última cuestión no han faltado escritores nacionales y ex- 
tranjeros que se pronuncien negativamente. Buyn y Mili han 
sostenido que la libertad de imprenta es una forma de la liber- 
tad de pensar : aceptar la existencia de delitos de imprenta es 
como juzgar de la bondad de las ideas. Entre nosotros, Agustín 
de Vedia en su obra Constitución argentina, ha dicho después 
de transcribir la opinión de Story y de publicistas que se pro- 
nuncian en sentido contrario : « No hacemos un libro doctrinario 
pero ha de permitírsenos, atenta la especialidad de la materia, 
decir que esos ilustres magistrados y publicistas parten tal vez 
de proposiciones que están por demostrarse. Tal sería, por ejem- 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 447 

pío, la de que es posible reprimir los abusos de la prensa sin 
coartar la libertad de la misma; la de que ella ejerce por sí sola 
una influencia susceptible de degenerar en funestas perturba- 
ciones o la de que puede ser independientemente instrumento 
de hechos criminales. Decimos independientemente porque si 
la prensa cooperase de uno u otro modo a la ejecución de un 
crimen político o de un delito común caería necesariamente en- 
vuelta en el proceso que abriría la justicia. Supongamos, por 
ejemplo, lo imposible : la complicación de la prensa en la ejecu- 
ción de un crimen común como un falsificación, un homicidio, 
un robo. Su intervención o su papel se asemejaría al de un ins- 
trumento cualquiera; sería la pluma para el escrito, el puñal 
para la herida, la llave para la puerta. » Dicho autor mantiene 
sus opiniones en una carta particular dirigida al subscripto con 
motivo de la primera edición del libro de éste, Ul deán Funes en 
la historia argentina. La palabra serena de escritores como 
Blackstone, corroborada por la legislación positiva de todos los 
países parecen no obstante haber puesto fin a la discusión : « La 
libertad de imprenta es en verdad necesaria a la naturaleza de 
todo pueblo libre ; pero sólo consiste en no oponer censura pre- 
via a las publicaciones y no en eximirlas de toda responsabili- 
dad una vez realizadas. Cada hombre libre tiene un innegable 
derecho a exponer ante el público los sentimientos que quiera; 
impedir esto, es destruir la libertad de imprenta, pero si lo que 
publica es perjudicial o ilegal, debe asumirlas consecuencias de 
su propia temeridad. Someter la prensa al poder restrictivo de 
un censor, como se hacía antes, hasta la revolución, es someter 
toda libertad de sentimientos a las preocupaciones de un hom- 
bre y hacer de él el juez arbitrario e infalible de todos los pun- 
tos controvertidos en la ciencia, la religión y el gobierno. Pero 
castigar (como lo hace la ley en el presente) cualquier escrito 
peligroso u ofensivo que una vez publicado sea juzgado en un 
juicio libre e imparcial como de tendencia perniciosa, es nece- 



448 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

8 ario para la conservación de la paz y el orden, del gobierno 
y de la religión : el único sólido fundamento de la libertad civil. 
Así se deja libre la voluntad de los individuos : « el abuso sólo 
de esta libre voluntad, es el objeto de los castigos legales ». Por 
eso llegaba a la conclusión ilevantable de que « castigar la li- 
cencia es mantener en vez de menoscabar, la libertad de la 
prensa», lío hay para qué insistir sobre ello. Ningún país orgá- 
nico ha renunciado a reprimir los abusos de la libertad. No es 
aceptable tampoco que ni un solo principio fundamental se sos- 
tenga en términos absolutos. Ni la i^ropiedad, ni la igualdad, ni 
la seguridad individual, ni la libertad, en fin, pueden quedar a 
merced del abuso que compromete el orden social. La reglamen- 
tación de los derechos es siempre indispensable. Lo contrario es 
la anarquía. 

Pero consideremos el otro aspecto del problema : ¿el delito 
de imprenta es un delito específico'? ¿Se distingue en algo del 
delito común ? Muchos y autorizados escritores han resuelto es- 
tas proposiciones en sentido negativo. Para ellos, la prensa es 
un instrumento del delito y aquél nunca puede calificar a éste. 
El delito no cambia de carácter porque se le ejecute por uno u 
otro medio. Siempre es el mismo delito. El periodista que inju- 
ria o calumnia, ningún derecho tiene a pretender la impunidad 
o la atenuación de la pena por el carácter que inviste « ¿ Qué 
se hace, decía Portalis, cuando se propone una ley especial para 
los delitos de imprenta? Es como si al tratar del homicidio, se 
propusiera una ley para los delitos del sable o de la pistola. 
Está prohibido matar : el instrumento que sirve para cometer 
el delito, no cambia su naturaleza. » Todos los autores que tra- 
tan el punto, usan del mismo argumento. Los ejemplos podrían 
multiplicarse, pero no nos traerían mayor luz. Entre nosotros 
el doctor Bidau en una conferencia leída en el Centro jurídico, 
hace muchos anos, y luego reeditada en folleto, se ha pronun- 
ciado en el mismo sentido. Lo propio, el doctor Eivarola, quien 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 449 

ha escrito en su Derecho penal argentino : « La Constitución 
no habla de delitos de imprenta, como no habla de delitos de 
revólver o delitos de ganzúa. La constitución no habla tampoco 
de abuso de la libertad de imprenta, como no habla de abuso de 
la libertad de comercio o abuso de la libertad de religión. No 
hay ninguna razón para crear respecto de la prensa, una enti- 
dad, el abuso, que no sea a la vez delito o falta, ni de introdu- 
cir en derecho un concepto vago que nadie ha alcanzado a de- 
terminar, una aparente idea general que nadie consigue referir 
seriamente a un hecho particular. » 

En mi opinión, hay error en considerar en general a la prensa 
como instrumento de los delitos de imprenta. Precisamente, 
porque nada tiene de común con el revólver o la ganzúa, es que 
no puede ser llamada ni considerada « instrumento de delito ». 
El que delinque en una carta difamatoria no convierte a la plu- 
ma en un instrumento para delinquir. Tampoco el periodista 
convierte a la composición tipográfica en elemento de delito. La 
carta o el periódico podrán ser el cuerpo del delito, pero no el 
instrumento necesario para cometerlo. Antes he dicho y luego 
habré de desenvolver esta idea, que considero a la libertad y al 
delito de prensa, manifestaciones y consecuencias de la emisión 
del pensamiento : en tal sentido, son equiparables a la libertad 
de palabra, y al delito que por medio de ella puede cometerse 
exclusivamente. ^Se preguntará dónde está el instrumento? ¿Y 
cuál es el instrumento con que se difama, cuál el que sirve para 
producir un levantamiento colectivo de resistencia a las leyes o 
a las autoridades constituidas? Es la palabra; la palabra hablada 
o escrita. Ello no excusa que el delito pueda según su natura- 
leza tener un carácter peculiar. Lo que ha de servir de elemento 
de juicio para caracterizarlo, no es el hecho déla publicidad 
por la prensa, sino lo esencial :, esto es, que no pueda cometerse 
^n otra forma. A este respecto coincido con las opiniones verti- 
das por el doctor Osvaldo Pinero en su extenso y erudito tra- 

ANAL. FAC. DE DEE. — T. III (3» SER.) 29 



450 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

bajo Delitos de imprenta. Dice refiriéndose a juicios contrarios 
como los que antes han quedado consignados : « La primera y 
más grave de las divergencias señaladas, es el haber mirado 
a la prensa como un simple medio de ejecución del delito, cuan- 
do ella, por el papel que desempeiía en la sociedad contemporá- 
nea constituye una verdadera institución social. ¿Cómo equipa- 
rar la prensa al puñal, al veneno o a la ganzúa que son efecti- 
vamente medios para la ejecución de un delito? ¿Desempeñan 
acaso estos últimos, alguna influencia moral o política en el des- 
envolvimiento de una sociedad cualquiera? Desearíamos que 
esas i)ersonas que, con una agudez más especiosa que sólida, han 
comparado a la prensa con los instrumentos comunes del crimen, 
nos explicaran cómo ordenarían ya que así proceden la sociedad 
contemporánea, cómo asegurarían su buena marcha administra- 
tiva, cómo garantizarían el funcionamiento armónico de su sis- 
tema institucional, sin la existencia de una prensa, órgano de 
la opinión pública, que indique las necesidades presentes de los 
gobernados, que denuncie los abusos de los gobernantes y vele 
con su incansable propaganda por la observancia de las leyes y 
de las instituciones. Esos tratadistas, guiados por un criterio 
demasiado jurista no han visto en la prensa, erróneamente, sino 
el instrumento por medio del cual pueden cometerse delitos. » 
¿Ahora, cuáles son los delitos específicos de la prensa? Desde lue- 
go coincido en absoluto con los escritores que sostienen que el 
delito no cambia substancialmente de naturaleza por el medio de 
que se valga su autor para realizarlo. Consecuencia de ello es 
que no considere que tiene el carácter de delito de prensa la di- 
famación que se hace pública en caracteres de imprenta. Para 
caso semejante, la prensa aparece en efecto como un mero ins- 
trumento y no tiene virtualidad para que la difamación deje de 
ser tal. Aun corresponde considerar que su autor ha agravado 
el delito por haber hecho servir a la prensa como medio de cir- 
culación de aquél. Desde que el daño inferido es mayor por de- 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 451 

signio de su autor, es claro que las circunstancias agravan su 
responsabilidad. Esto descartado, veamos ahora si existen deli- 
tos diversos a los de calumnia o injuria y que deben ser consi- 
derados como delitos específicos de imprenta. La apología de 
los crímenes políticos, la incitación al desobedecimiento de la 
ley fundamental y a la comisión de atentados de carácter anar- 
quista, la propaganda de odio y exterminio contra determinadas 
clas«8 sociales, en fin, no son delitos comunes. Son en cierto sen- 
tido, delitos sociales, porque sus autores atentan contra el orden 
social establecido amenazando derrumbar las instituciones fun- 
damentales de la sociedad. Y no se sustente como lo bace al- 
guno de los autores cuyas opiniones quedan citadas, que el de- 
lito sólo está constituido por hechos materiales, carácter que 
no tienen las publicaciones de la prensa. Si el que induce a otro 
a matar, si el que corrompe conciencias, es para todas las legis- 
laciones un delincuente, no lo es menos, no puede dejar de serlo 
para el concepto social, aquél que arma también el brazo de 
los asesinos incitándolos al crimen, mediante una propaganda 
de odio. Es cierto que, como lo dijo Eoger-Collard, « lo que hoy 
es inocente, será mortal mañana ; lo que es inocente en un país 
será funesto en otro; porque el sentido de las palabras resulta 
de la ocasión que las hizo pronunciar, del lugar en que se pro- 
nunciaron, de las personas, del modo, circunstancias y épocas 
en que se escribieron». No es menos cierto que, como lo dijo 
Oarrara, el delito político es tal según las circunstancias de lu- 
gar y de tiempo en que el hecho se realiza y se juzga. Es vul- 
gar repetir que en delitos de esta naturaleza el triunfo de una 
causa política puede traer aparejada no sólo la inculpabilidad 
de los seudodelincuentes sino también la condenación de los 
que en caso contrario habrían sido sus jueces. El pueblo de Pa- 
rís que es colectivamente autor de la revolución del 14 de julio, 
habría sido sacrificado en sus primeras cabezas si el movimien- 
to hubiera fracasado. Venció, y los sacrificados fueron entonces 



462 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

los representantes del régimen caído. Pero la consecuencia a 
sacar de ello y de tantos ejemplos semejantes, no es que deba 
proclamarse que la rebelión, el motín, la azonada, no constituyen 
delitos. De la propia manera, los delitos llamados sociales entre 
los que se clasifican también los delitos de prensa, dejarán de 
ser tales cuando la evolución social que se x)ersiga alcance el 
triunfo. Entre tanto, en nombre de la defensa del orden social 
amenazado por el terrorismo, la dinamita y el puñal, deberá 
considerarse que quienes arrastren a los autores de esos hechos 
a cometerlos, son pasibles de verdadera y real responsabilidad. 
Y la de ellos podrá ser la mayor, la más agravada, pues quienes 
incitan al crimen carecen generalmente de valor i>ara realizarlo 
y entonces impelen a los demás, sienten un odio y ejercitan su 
venganza por medio de terceros; su instinto criminal los lleva 
a envenenar las almas de terceros que aparecerán así como au- 
tores de delitos en cuya comisión muchas veces han sido sólo 
instrumentos de pasiones de otros. El caso del atentado de 
Monges contra la vida del general Eoca, es un ejemplo típico de 
la fuerza de esa prédica de exterminio sobre conciencias débi- 
les o indefensas. La lectura del proceso y los datos que contiene 
sobre la psicología del autor material del atentado, producen 
esta profunda convicción. 

En cuanto a la legislación general sobre la materia, es injusto 
o erróneo afirmar que no considera ella que tales delitos son es- 
peciales y diversos de los delitos comunes. La ley en vigor en 
Italia sobre la materia, es en primer término, el edicto de 26 
de marzo de 1848, y luego deben citarse el decreto de 28 de 
abril de 1859 y las leyes sobre represión del anarquismo de 19 
de julio de 1894. Los delitos de ese carácter cometidos por la 
prensa, son específicamente delitos sociales, y respecto a ellos 
se establece la correspondiente graduación de penas. Se consi- 
dera delito por el artículo 6° la instigación pública a cometer 
cualesquiera de los previstos en la ley. La ley francesa de 1881 y 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 453 

SUS reformas castigan como cómplices « a los que por medio de 
discursos, gritos o amenazas proferidas en lugares o reuniones 
públicas, en impresos vendidos, distribuidos o expuestos al pú- 
blico. Layan provocado a los autores de acciones calificadas 
como delitos a cometerlos, si la provocación ha sido seguida de 
efecto o de una tentativa de cometer tales delitos » (art. 23). 
Constituyen delito las ofensas inferidas por esos medios al pre- 
sidente de la república, la publicación o reproducción de noti- 
cias falsas, y todo aquello que afecte las buenas costumbres 
(art. 26, 27 y 28). Por la ley de 12 de diciembre de 1893 se ba 
ampliado el mismo concepto sobre delitos de imprenta conside- 
rando tales, a la apología de los delitos previstos en el artículo 
435 del Código penal; y la pena se aumenta cuando la provoca- 
ción se dirige a los militares. En Inglaterra la ley de represión 
del anarquismo, la primera en orden cronológico, pues fué dic- 
tada el 10 de abril de 1883, no castiga a los autores de publica- 
ciones con el carácter determinado por las leyes de los jiaíses de 
que antes se ha hecho mención. Pero si bien la jurisprudencia ha 
establecido que toda publicación es libre, también ha estable- 
cido que todo aquél que por medio de la prensa ocasione un 
daño, deberá responder de él criminalmente ante el juradlo. La 
consecuencia es la misma. En Alemania (1884) y en Austria 
(1885), la legislación castiga igualmente la provocación al de- 
lito, lo propio que en Bélgica (ley esta última de 22 de mayo 
de 1886). Lo mismo cabe decir de la ley española de 11 de julio 
de 1894. 

En estos conceptos se inspira la ley argentina de orden social. 
« El que verbalmente, — dice en su artículo 12, — por escrito, 
por impresos o por cualquier otro medio, o por hechos, haga 
públicamente la apología de un hecho, o del autor de un hecho 
que la ley prevé como delito, sufrirá la pena de prisión de uno 
a tres años. » En el artículo 19 se establece: «El que verbal- 
mente, por escrito o por impreso, o por cualquier otro medio. 



454 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

propague los procedimientos para fabricar bombas, máquinas 
infernales u otros procedimientos análogos para causar incen- 
dios u otros estragos, será castigado con la pena de penitencia- 
ría de tres a seis años. » Y el 20 dispone : « El que, por los mis- 
mos medios indicados en el artículo anterior, incite a cometer 
un delito previsto por la ley, será castigado : con prisión de tres 
a seis años si se tratase de delito previsto con la pena de muer- 
te; con prisión de uno a tres años, si se tratase de delito penado 
con presidio ; con arresto de seis meses a un año, si se tratase 
de delito penado con penitenciaría; con arresto de tres a seis 
meses, si se tratase de delito penado con prisión; con multa de 
500 a 1000 pesos o un día de arresto por cada cincuenta pesos 
de multa, si se tratase de un delito penado con arresto. » Por el 
artículo 22 se pena la venta, impresión, circulación, exposición 
en lugares públicos y reparto de los impresos a que se refieren 
los artículos anteriores, con la mitad de la pena que corresponda 
a los autores principales. El artículo siguiente impone el máxi- 
mo de la pena cuando el delito se comete por la prensa diaria. 
Por último, el artículo 26 dispone : « El que, por los procedi- 
mientos indicados en el artículo 19, preconice el desconoci- 
miento de la Constitución nacional, o los que ofendan o insulten 
a la bandera o al escudo de la Nación, será castigado con tres a 
seis años de penitenciaría. » 

Como se ve, todas estas leyes tienden a equiparar el uso inde- 
bido de la libertad de palabra con el abuso de la libertad de la 
prensa. Son delitos absolutamente equivalentes y de la misma 
naturaleza. Pero sería erróneo considerar, como antes se ha 
dicho, que sólo el género de hechos enumerados en nuestra ley 
constituyen delitos de imprenta. Es indiscutible función de la 
prensa ejercitar un activo contralor del desempeño de las fun- 
ciones públicas por parte de los hombres de gobierno y de los 
miembros déla administración. Cuando de ese contralor se pasa 
al ataque procaz al funcionario, se incurre en delito. Y éste no 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 455 

puede considerarse un delito común. « Yo entiendo la libertad 
de la prensa, dice Estrada, llevada en el terreno de la crítica 
pura a los límites más extensos; entiendo que es perfecto dere- 
cho de cada pensador discutir aun las instituciones fundamen- 
tales de una sociedad. Entiendo que estaría en su derecho un 
X^rofesor libre que enseñara, el periodista que discurriera, el 
orador que, dirigiéndose a las multitudes, criticara lo que es 
substancial en el orden de nuestras instituciones : el sistema 
republicano de gobierno. Pero así como creo que ese es un dere- 
cho que la autoridad debe respetar en los individuos, creo que 
desde el momento que el que se dirige al público sale de los 
límites de la crítica y trata de convertir en reglas de acción las 
doctrinas que sugiere, y se propone convencer de vicios los fun- 
damentos délas instituciones, sino incitar a los que le escuchan 
a trastornarlas y desobedecerlas, incurre en un verdadero abuso 
de la libertad y de la palabra escrita. » Del mismo carácter exac- 
tamente es la difamación al funcionario público. Cuando se le 
imputa inconducta en el desempeño de su cargo, cuando se le 
acusa de mala administración, el hecho, si es falso, no tiene nada 
o tiene muy poco de común con la injuria o calumnia que dirige 
un particular a otro. Coincido, en este particular, con la clasifi- 
cación que de los delitos de imprenta propiamente dichos hace 
el gran maestro de derecho constitucional. El hecho de que él 
les llamara « abusos de la libertad de imprenta », deseando ser 
más preciso y calificar la naturaleza de los hechos, ha provo- 
cado algunas perturbaciones de criterio. Cuando Estrada acej)- 
taba esa denominación no entendía quitar a tales hechos el 
carácter de delitos. De ser así no habría entrado a considerar, 
como lo hace de inmediato (Derecho constitucional, t. I, pág. 
269), cuál es la jurisdicción competente para juzgar a los auto- 
res de publicaciones que tuvieran las características apunta- 
das. Aparte de ello, sobre lo que parece ocioso insistir, repito 
con él, que son delitos de imprenta propiamente dichos aquellos 



456 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

que atentan contra el orden político o social contra las perso- 
nas públicas. En cambio, considero con el doctor O. Pinero que 
cuando la publicación es injuriosa o calumniosa y va dirig^ida 
contra un particular, no hay verdadero delito de imprenta. En 
ese caso, ai puede decirse que la prensa ba sido sólo un medio, 
un instrumento si se quiere, que no hace variar la naturaleza 
del delito común. 

Por lo dicho se habrá dejado ver que el delito de prensa pro- 
piamente dicho, — delito social, o delito político indirecto, 
según otra clasificación también aceptable, — es una desvia- 
ción de la libertad de palabra, un abuso (criminal desde que 
atenta al orden social) de esa libertad. Por eso dije que encon- 
traba que la libertad de prensa es afín déla libertad «p'blítica» 
de hacer propaganda de ideas en reuniones públicas. El que 
haciendo mal uso de esa libertad cae dentro de las penas de la 
ley, realiza un hecho de la misma naturaleza que el periodista 
que delinque en las columnas de su diario. En cambio, no tiene 
nada de común con el que provoca un chisme de barrio para 
denigrar a un vecino. Parece innecesario insistir en que no 
puede existir un mismo criterio de represión cuando aparece 
comprometido todo el orden social y cuando sólo se ataca un 
interés particular. En el primer caso debe proceder siempre la 
acción pública; en el segundo, sólo la acción privada. 

No obstante la existencia de nuestra ley de defensa social, 
carecemos hasta ahora de una verdadera ley de imprenta. Esto 
es precisamente lo que deja establecido nuestra jurisprudencia, 
y lo que ha provocado una vez más injustificada alarma. Pues 
el hecho es fácilmente reparable mediante una legislación ade- 
cuada. 

De acuerdo con lo establecido por la Constitución, esa legis- 
lación debe ser dictada por cada una de las provincias, sin per- 
juicio de la facultad del Congreso de hacer lo propio en cuanto 
a la capital federal y territorios nacionales exclusivamente. No 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 457 

debe dejarse de consignar que con frecuencia se niega a las pro- 
vincias la facultad de dictar penas respecto a cualquier género 
de delitos, en razón de que es facultad del Congreso dictar el 
Código penal. A ello oponemos la argumentación que queda 
consignada en parágrafos anteriores (I y II). El texto y el 
espíritu de la Constitución contestan por nosotros. Los artícu- 
los 32 y 104 consignan la efectiva facultad de las provincias. 
Si todos los habitantes tienen el derecho de publicar sus ideas 
por la prensa sin censura previa y si el gobierno federal no 
puede restringir la libertad de imprenta ni establecer jurisdic- 
ción sobre ella, debe estar fuera de duda que la reglamentación 
en todos sus alcances pertenece a las provincias, que conservan 
todo el poder no delegado. Por lo demás, ha quedado demos- 
trado que el delito de prensa es específico. Así lo entendieron 
los constituyentes y así lo ha fijado la legislación de todos los 
países. Pero es claro que no toda acción criminosa que por la 
prensa pueda cometerse, tiene siempre el mismo carácter como 
acaba de consignarse. Si no se precisa previamente qué es delito 
de prensa, puede incurrirse, como se ha incurrido frecuente- 
mente, en errores inevitables. 

Deliberadamente no hemos querido fundar esta argumenta- 
ción en el precedente norteamericano. Podría haberse hecho 
con ventaja, pues, como antes se ha dicho, el artículo 32 tiene su 
antecedente en la enmienda primera a la Constitución de Fi- 
ladelfia. Sin embargo, podría argüirse que no es extraño se haya 
reservado allí a los estados particulares el derecho de legislar 
sobre la prensa, desde que tienen el de dictar sus códigos de 
fondo, y entre ellos el Código penal. El argumento se vuelve en 
contra de quienes lo formulen. Si los estados pueden establecer 
penas para los delitos comunes ¿ por qué se establece que el 
gobierno federal no podrá legislar sobre la prensa y restrin- 
girla ! La respuesta surge de inmediato : porque la legislación 
sobre la prensa es sui generis y así lo entendieron los autores de 



458 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

la enmienda. Y al mismo tiempo de sancionar esa enmienda, se 
implantó la 10*, en que se inspiró nuestro artículo 104. Dice la 
enmienda 10* : « Los poderes no delegados a los Estados Uni- 
dos por la Constitución, ni prohibidos por ésta a los estados, 
están reservados respectivamente a los estados o al pueblo». 
Pero no hay objeto en extenderse en consideraciones al respec- 
to, desde que el análisis directo de nuestra ley fundamental nos 
proporciona la solución única del problema planteado. 



IV 



La Suprema Corte de justicia nacional, en ejercicio de su 
augusta misión, ha consagrado esa solución en su último fallo, 
consecuente con su jurisprudencia anterior. Ésta no es contra- 
dictoria como se ha afirmado erróneamente. Su análisis lo de- 
mostrará. 

La primera vez que aquel tribunal hubo de pronunciarse sobre 
el alcance del artículo 32, fué en el juicio seguido por el procu- 
rador fiscal en lo federal contra don Manuel Argerich, por ata- 
ques dirigidos en un periódico de esta ciudad contra el jefe de 
policía. El juez federal se declaró incompetente « en razón de 
lo dispuesto por el artículo 32, de la exposición de sus autores, 
de la ley nacional penal, de la doctrina de los comentadores 
americanos y de las decisiones de la Corte suprema de los Esta- 
dos Unidos». Llevado el caso en apelación, la Suprema corte 
confirmó la resolución del juez por sus fundamentos (Fallos, t. 
I, pág. 148). El segundo caso, en apariencia contradictorio, es 
el motivado por ataques periodísticos dirigidos por don Benja- 
mín Calvete contra el senador don Martín Pinero. La Suprema 
corte resolvió que es competente para conocer en una cuestión 
de esa naturaleza, por tratarse de un desacato contra un miem- 
bro del Congreso, delito que, como todos los que afectan el 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 459 

orden nacional, están bajo la salvaguardia de la justicia nacio- 
nal (Fallos, t. IV, pág. 343). Tal resolución importaba aplicar 
el artículo 100 de la Constitución que establece : « Corresponde 
a la Suprema corte y a los tribunales inferiores de la Nación el 
conocimiento y decisión de todas las causas que versen sobre 
puntos regidos por la Constitución y por las leyes de la Nación. » 
(Véase art. 60 de la Constitución y leyes 48 y 49.) Esa clase de 
cuestiones no son de competencia de los tribunales de provin- 
cia, pues su conocimiento lia sido delegado a las autoridades 
federales, según lo establecen las disposiciones citadas. La con- 
tradicción, pues, no existe. « Para que haya contradicción, — 
dice Estrada, hablando sobre esta cuestión, — entre dos sen- 
tencias distintas, es menester que recaigan sobre actos jurídi- 
camente iguales. » Basta enunciar los hechos para que se ad- 
vierta la profunda diferencia de carácter legal, de uno y otro 
caso. Dice el fallo : « Considerando : Que atendidos los fines que 
se propone la misma Constitución, disponiendo en su artículo 
60 que los miembros del Congreso no pueden ser acusados, 
interrogados ni molestados, por las opiniones o discursos que 
emitan desempeñando su mandato de legisladores, esta inmu- 
nidad debe interpretarse en el sentido más amplio y absoluto, 
porque si hubiera un medio de violarla impunemente, se em- 
plearía con frecuencia por los que intentasen coartar la libertad 
de los legisladores, dejando burlado su privilegio y frustrada la 
Constitución en una de sus más substanciales disposiciones. » 
Agrega que la inmunidad parlamentaria emerge de la Constitu- 
ción y por lo tanto no se rige sino por ella y las leyes nacionales 
y por ante los tribunales de la Nación. Dice luego : « Aplicando 
esta regla de interpretación al artículo 32, resulta que la abs- 
tención que por él se impone a la jurisdicción federal, está cir- 
cunscripta a aquellas infracciones de las leyes comunes que 
pueden ser castigadas por las leyes de provincia, a quienes 
compete hacer cumplir sus preceptos ; como son : las ofensas a 



160 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

la moral y demás que se cometan abusando del derecho garan- 
tido a la prensa de poder discutir libremente todas las materias 
religiosas, filosóficas y políticas; las injurias y calumnias infe- 
ridas a personas privadas o a empleados cuyas faltas es permi- 
tido denunciar o inculi)ar porque la Constitución no les ha con- 
cedido inmunidad, etc., pero que de ningún modo se extiende a 
aquellos delitos que, aunque cometidos por medio de la prensa, 
son violaciones de la Constitución nacional o atentados contra 
el orden establecido por ella y puestos bajo el amparo de las 
autoridades que ha creado para su defensa. » Con motivo del 
recurso de queja interpuesto luego ante el juez a quo por el de- 
fensor del señor Calvete, la Corte hubo de irantualizar nueva- 
mente las diferencias existentes entre ese fallo y el del caso 
Argerich, de que se ha hecho mención. << Se objeta (por parte 
del defensor) que en el auto del juez de sección de esta provi- 
dencia, confirmado por la Suprema corte en la causa promovida 
al doctor Argericli por injurias al jefe de policía en un escrito 
impreso, se resolvió que los tribunales nacionales son incompe- 
tentes para juzgar de los abusos sobre la libertad de la prensa. 
En aquella causa se trataba de un simple abuso de la libertad 
de la prensa; pues ni el jefe de policía, ni ningún otro empleado 
nacional, excepto los miembros del Congreso, goza la inmuni- 
dad conferida por la Constitución, exclusivamente a éstos. Por 
eso se citaron, en apoyo de esa resolución, las doctrinas expues- 
tas por Story y Kent, de las cuales se deduce que los empleados 
nacionales en general deben acusar a los autores de los libelos 
impresos en que se les ofenda, ante los tribunales locales; y no 
pueden hacerse valer en este caso en que el delito toma un 
carácter especial a juicio de los mismos escritores, pues recono- 
cen como legítima, de acuerdo en esta parte con las decisiones 
de la Suprema corte la jurisdicción que a falta de ley que la 
confiera a los tribunales, ha deducido el Congreso de la necesi- 
dad de hacer su inmunidad efectiva, castigando por sí mismo 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 461 

las injurias que, aun por medio de la prensa, se infieren a sus 
miembros o a toda la corporación por sus actos o resoluciones. » 
En el tomo III, página 377, de los fallos, se registra una nue- 
va resolución de la Suprema corte sobre el particular. Fué dic- 
tada en el juicio seguido i)or el fiscal en lo federal contra Lafo- 
rest, por publicaciones hechas en un periódico contra el gobierno 
de la Nación. El juez federal declaró su incompetencia, fundado 
en las mismas consideraciones del caso Argerich. La corte con- 
firmó la resolución como era lógico. Igualmente en el juicio se- 
guido contra don Baltazar Moreno (Fallos^ t. X, pág. 361) y en 
el promovido contra M Siglo de Mendoza por publicaciones 
contra el juez federal (Fallos, t. XVII, pág. 110). El fallo regis- 
trado en el tomo 85, página 250 se presenta también por algunos 
escritores como contradictorio con el dictado en el caso Calvete. 
En ambos se trata de imputaciones hechas por la prensa contra 
miembros del congreso. Pero en éste el Senado nacional fué 
quien ordenó la acusación en defensa de sus privilegios. En el 
que ahora nos ocupa (dijjutado Gorostiaga contra Aguilera) el 
querellante fué el propio agraviado quien dedujo acción priva- 
da por calumnia e injuria. El acusado fué condenado por este 
último delito, pero en cuanto al desacato, la corte declaró que 
« cuando los miembros del Congreso se convierten en acusado- 
res por alguno délos delitos definidos en el artículo 3° de la ley 
sobre jurisdicción y competencia de los tribunales nacionales, 
se hallan según esta misma ley en cuanto a fuero, en las mis- 
mas condiciones que los ministros del gobierno nacional, jueces 
y demás autoridades nacionales en el ejercicio de sus funcio- 
nes », y les es, por lo tanto, aplicable la jurisprudencia fijada a 
su respecto. En el mismo sentido se pronuncia la corte con 
motivo del juicio por desacato y delito de amenaza contra el 
presidente de la república cometido por medio de la prensa en 
el diario M Debate (t. III, pág. 112) 5 en el de injurias y calum- 
nias contra particulares (t. XXX, pág. 540 ; t. LIV, pág. 108) y 



462 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

en una acusación por injurias y calumnias a un vicecónsul in- 
feridas en el diario La Época (t. C, pág. 337). 

Con motivo de la promulgación de la ley de orden social y de 
la comisión de delitos que caen bajo sus sanciones, la Suprema 
corte ha tenido nueva ocasión de afirmar su jurisprudencia y 
de aclarar todos los puntos que no obstante sus sentencias an- 
teriores volvieron a ser objeto de controversia. En el diario La 
Protesta se hicieron publicaciones de carácter subversivo. Se 
inició el sumario correspondiente, ante la justicia ordinaria. El 
juez de instrucción declaró su incompetencia, fundado en que 
tales « publicaciones incitan al desconocimiento de las leyes y 
autoridades nacionales y se amenaza de muerte en ellas al exce- 
lentísimo señor presidente de la república ». Pasado el sumario 
a conocimiento del ex juez federal doctor H. Kodríguez Larreta, 
éste resolvió declararse también incompetente, fundándose en 
la jurisprudencia nacional, que queda relacionada. La Suprema 
corte confirmó esta resolución mandando volver los autos al 
juez de instrucción para que se pronunciara sobre el fondo del 
sumario. Después de reiterar los fundamentos de sus fallos an- 
teriores, dice en el considerando 5" « que el honorable Con- 
greso, como legislatura local de la Capital, está habilitado sin 
duda para reglamentar la libertad de imprenta y para someter 
sus abusos a la jurisdicción de los tribunales de fuero común 
que existen en ella; de tal suerte que no hay el peligro de im- 
punidad de los excesos que se cometan abusando del derecho 
concedido por el artículo 14 de la Constitución nacional a todos 
los habitantes de la Nación, de publicar sus ideas por la prensa 
sin censura previa». 

Llegamos a través de toda esta jurisprudenoia al último fallo 
de la Suprema corte. En él se afirma la misma doctrina jurídica, 
la misma interpretación de la Constitución nacional, en que se 
inspiraban sus resoluciones anteriores. En ese fallo de 17 de 
octubre de 1916, se sostiene una vez más que el congreso fede- 



LA LIBERTAD DE IMPRENTA 463 

ral no puede dictar leyes de imprenta, sino i)ara la Capital y 
territorios, en su carácter de legislatura local (considerando 15°) 
y que no otro es el alcance del artículo 32 de la Constitución. 
En virtud de ese artículo, « se entendió reservar a las provin- 
cias la represión de los delitos de imprenta, inhibiendo al Con- 
greso de dictar leyes generales sobre la materia, aunque se 
consignaran en los códigos que el Congreso podía dictar ; pues 
como se hizo constar en el n" 6 del redactor, explicando la agre- 
gación de ésa cláusula «si en la primera se añadía que sobre la 
prensa no había de recaer la jurisdicción federal, era porque la 
Constitución argentina encarga al Congreso la codificación de 
las leyes y podía por tanto dictarlas sobre libertad de impren- 
ta» (considerando 13°). 

El derecho de las provincias a dictar leyes de imprenta, sur- 
ge de todo lo expuesto : de la doctrina que informa la Consti- 
tución, de la palabra de sus autores, de la jurisprudencia de la 
Suprema corte que confirma con su alta autoridad la interpre- 
tación recta de la ley fundamental. Entre tanto, las leyes parti- 
culares no se han dictado en muchas provincias, y cada vez 
que surge un nuevo ataque al derecho ajeno en las columnas de 
la prensa, al renovarse el debate, se renuevan también las ex- 
presiones de alarma ante la impunidad en que quedan esos de- 
litos. Tal impunidad, no surge de la constitución ni de la juris- 
prudencia. Surge de la ausencia de una legislación adecuada. 
Acaba de reiterarlo así la más alta autoridad en la materia. 

M. DE Vedia y Mitre. 



INICIACIÓN 



VIDA PUBLICA DE MARIANO MORENO 



Los estudios universitarios de Moreno. — El medio alto-peruano. — La 
Academia Carolina. — La visión de Potosí. — La Mita. — Francisco de 
Paula Sanz. — Una figura apostólica : Victorian de Villava. — Influen- 
cia de Villava en la educación de Moreno. — Pedro Vicente Cañete : tipo 
del americano puesto al servicio de los déspotas. — Un nuevo trabajo 
de Moreno : Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios. — 
Los indios mita y los yanaconas. — El régimen de explotación del indio 
juzgado por Moreno en 1802. — La nueva mita concedida a Luis Orue- 
ta : Una gran controversia entre Villava y Paula Sanz. — El drama 
revolucionario comenzó entre ellos mismos. — Iniciación de la vida pú- 
blica de Mariano Moreno, con su Disertación doctoral. — La causa del 
indio y la Revolución de 1810. 

Conocíamos a Mariano Moreno a través de la Representación 
de los hacendados, del prólogo a la traducción del Contrato social 
y de algunos vibrantes decretos y escritos que espontánea y 
nerviosamente brotaron de su pluma de secretario de la Junta 
gubernativa. 

Exacta parecía la expresión que calificaba de meteoro lumi- 
noso su rápida actuación de un año, comprendida entre los ulti- 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 465 

mos meses del de 1809 y todo el de 1810. Forjamos así un Ma- 
riano Moreno dotado de todas las calidades del talento y del 
carácter, pero las cuales habían despertado en una eclosión 
súbita al día siguiente de la Revolución... 

El tiempo comenzaba ya a desteñir sus atributos y a desva- 
necer en la penumbra sus grandes rasgos : meteoro, al fin, que 
hace luz o hace fuego y desaparece en el infinito. 

La verdad que surge de una nueva documentación, acaso ilu- 
mine con más vigorosos perfiles la figura del ilustre argentino y 
la aliente, con calor de alma, de una concordancia de ideales 
y de móviles durante diez años de su vida intelectual. 

He seguido con emoción los rastros de su pluma en multitud 
de papeles inéditos que guardan nuestros archivos y que a su 
hora fueron llenados por su actividad desbordante, imprimién- 
doles el sello inconfundible de su letra, su pensamiento y su 
dirección (1). 

El primero de los nuevos escritos de Moreno, anterior en 
orden cronológico y de ulterior importancia, que trasunta un 



(1) Estimamos en general que Vida y memorias... de Manuel Moreno (Londres, 
1812) y el prólogo de la Colección de arengas en el foro y escritos... (Londres, 
1836) constituyen una fuente incompleta de información. Aparte los errores y 
vacíos que pueden señalarse es fácil admitir que la acción de Mariano Moreno 
no podía exaltarse en 1812 sin herir intereses o pasiones de sus contemporáneos 
y que en 1836 tampoco podía ser historiada por quien tomaba parte activa en 
la política. El deán Funes decía en 1813, que Vida y m.emorias... « es un ro- 
mance trabajado al gusto de su autor». (Atlántida, t. II, n" 4.) 

Genio combativo por excelencia, la actuación de Mariano Moreno provocó 
grandes enemistades (por ejemplo la de Rivadavia, en oportunidad de produ- 
cirse la revolución del 1° do enero y con motivo de haber sido propuesto para 
el cargo de alférez real por el virrey Liniers, Documentos relativos a los ante- 
cedentes de la Independencia, pág. 259, edic. de la Facultad de filosofía y le- 
tras, y por razones profesionales, en los procesos hechos a Guillermo White, de 
que era procurador Rivadavia y Moreno impugnador. Arcli. gen. de la Nación, 
Criminales, leg. 59, exp. 1135 ; y la de Saavedra, que arrancaba de los sucesos 
del 1" de enero de 1809 y se avivó durante el año 1810, en el seno de la junta). 

Manuel Moreno sin desearlo, por cierto, provocó otras antipatías con aquella «-ons- 
tante mención, muy legítima, por otra parte, de que su familia había « dado a la 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3« SER.) 30 



466 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

puro perfume de juventud y de altivez, es la Disertación jurí- 
dica sobre el servicio personal de los Indios... cuyo original 




cYu-^z.'-'^o^ i^ti^c^ií^&J, e^'^^c^ ^^^ 




pertenece al fondo de manuscritos del Museo histórico (1). 
Mariano Moreno no había cumplido 22 años cuando, en el mes 



patria un hombre ilustre »... (Así, la de Pueyrredrtn, Documentos del archivo de 
Pueyrredón, edic. del Museo Mitre, t. I, pág. 272 y siguientes, a raíz de la dis- 
cusión originada al tratar de erigirse, por el congreso de 1824, un monumento 
a los autores de la revolución, y la de San Martín, Archivo de San Martín, t. X, 
pág. 79, edic. del Museo Mitre, en la correspondencia de San Martín con Manuel 
Moreno, entonces ministro en Ijondres (1834) sobre la versión de que el general 
había emprendido privadamente, un viaje de Francia a España < a tratar de 
monarquías »). 

(1) El escrito me ha sido muy gentilmente facilitado por el director del Museo, 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 467 

de febrero de 1800 (1), llegaba a la ciudad de Cliuquisaca, fa- 
mosa por los prestigios de su Arzobispado, su Audiencia y su 
Universidad. El medio en el que habría de actuar por más de 
cinco anos, en una etapa intensa de su vida, influiría sobre su 
espíritu más fuertemente que todas las obras de la biblioteca 
del canónigo Terrazas. 

Cliuquisaca era una ciudad parasitaria, de empleados, sacer- 
dotes y procuradores, cuya población no excedía de 14.000 habi- 
tantes a fines del siglo xviii. Como Potosí y casi todas las villas 
alto-peruanas y del mediterráneo argentino, había sido fundada 
por los conquistadores que se limitaron a repasar los conocidos 
caminos indígenas, buscando angustiados la geografía de la 



doctor Antonio Dellepiane. Tiene este trabajo 48 páginas, y es de puño y letra 
de Moreno. Su estado de conservación es excelente. 

El ilustrado señor Hurtado Arias nos hizo presente que este escrito se había 
publicado en la Revista de derecho, historia y letras. (Véase t. 38, pág. 377 y 
582, año 1911.) En efecto, el documento no es inédito ; pero aparte de que la pu- 
blicación ha sido hecha sin una sola noticia de las condiciones externas y del 
contenido del manuscrito, se ha alterado totalmente su ortografía original y se 
han deslizado trocatintas como los siguientes: «mitaxios» en lugar de «mita- 
rios» ; «Señor» en lugar de «Sensor», etc., etc. 

(1) En Vida y memorias... dice su hermano Manuel que Mariano nació el 23 
de septiembre de 1778 ; pero en el prólogo de la Colección de arengas en el 
foro y escritos... (pág. xi), afirma que nació el 23 de septiembre de 1777. « El 
joven había acabado sus estudios generales a la edad de 22 años » (y llama la 
atención el jirologui 4a que ha liccho correcciones « a la data que ex])re8a la 
«vida» impresa en Londres») ; «otro año más pasó bajo el techo paternal... » 
(pág. XXVI de la Colección, etc.) y en la página xxviii, agrega que en el mes 
de noviembre de 1799 salió para Chuquisaca. 

Si había nacido en 1777, saliendo para Chuquisaca en 1799, tenía 22 años y 
no 23 como atirma. Moreno ha nacido el 23 de septiembre de 1778, y por lo 
tanto tenía 21 años cuando salió de Buenos Aires con destino a la Universidad 
de Charcas y terminó sus estudios secundarios a los 20 años de edad. Su her- 
mano Manuel, ha inducido. en error ala mayoría de los escritores que han 
afirmado que Moreno nació en 1777 o en 1779. Puede verse la fe de bautismo 
en el libro 2» de bautismos, folio 344 <^e la parro<iuia de San Nicolás. Esta par- 
tida de nacimiento fué publicada en la Ilustración histórica argentina, número 
del lo de diciembre de 1909. 

No tiene importancia destacar la acción de Mariano Moreno en el colegio San 



468 ANALES DK LA FACULTAD DE DERECHO 

leyenda inverosímil, y deteniendo la marcha fantástica de la 
caravana, allí donde un repliegue de los montes, sugería la sos- 
pecha del seno repleto de oro. 

La explotación de los metales preciosos y el desdén por el 
trabajo fecundo de la tierra que prodiga los frutos renovados, 
constituyeron una sociedad típica, o mejor, dos sociedades super- 
puestas : abajo la inmensa legión de los indios, hundidos en las 
cuevas de las minas, y en lo alto, un núcleo directivo de enco- 
menderos y magistrados. Comercial y políticamente, el Alto Pe- 
rú dio la espalda a Buenos Aires; respondía a las órdenes de la 
ciudad de los Reyes, de donde tendíase abiertamente la vía que 
llevaba a Portobello y a España. De Cádiz a Cbuquisaca todas 
las ciudades intermedias, regimentadas por opulentos monopo- 
listas, constituían la suma de los intereses creados : los eslabones 
de la cadena con que se forjó la esclavitud económica del indio. 

Cuando, desde la primera mitad del siglo xviii, el puerto de 
Buenos Aires se abrió al comercio con los buques de registro, 

Carlos — como pretende su biógrafo — ni las disertaciones públicas que hizo 
sobre temas de filosofía y teología. Los maestros más influyentes en esta etapa 
de su educación fueron Mariano Medrano y Cayetano Rodríguez. En el « Libro 
de matrícula en donde se contienen los nombres de los estudiantes que han cur- 
sado las aulas de los reales estudios de esta capital en Buenos Aires desde el 
año de 1773... » (Biblioteca nacional, núm. 21.57) puede verse el resultado de 
los estudios de Moreno, quien figura con clasiñcacióu de « plenamente aproba- 
do » (en teología, por ejemplo, t. I, folio 59) como todos. 

En cambio consideramos de interés consignar las siguientes noticias respecto 
de su infancia y adolescencia. Moreno era profundamente religioso, « un verda- 
dero devoto». Sus padres deseaban que abrazara el sacerdocio. 

Sufrííi con relativa frecuencia de fuertes dolores físicos. Era un reumático ; 
le atacó una crisis en el largo y penoso viaje a Chuquisaca, y al comenzar el uno 
1801 sufrió una recaída y estuvo dos meses tullido en cama. 

Sin duda, la gran influencia del medio alto-peruano y el ambiente intcleLiual 
de la Universidad do Chuquisaca, modificaron el rumbo de su destino, y des- 
pués de recibirse de doctor en teología, se incoriJoró a la Academia Carolina 
para doctorarse en derecho. De un hogar jjobre y con numerosos hermanos, 
este hijo de la naciente democracia habría vegetado en la obscuridad a no 
mediar la protección do algunas personas influyentes y la intervención favo- 
rable de las autoridades que le eximieron del pago de derechos. 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 469 

impetuosas corrientes de libertad atravesaron el interior argen- 
tino; cuando en el año 1776 se fundó el virreinato del Río déla 
Plata, Oharc-aü, Potosí, La Paz, Cochabamba, etc., fueron arran- 
cados de la dominación peruana, y miraron de frente a Buenos 
Aires. La sociedad indígena del Alto Perú había dormido hasta 
entonces un sueño secular y pocos años después de su depen- 
dencia de la jurisdicción de Buenos Aires, comenzó a inquie- 
tarse violentamente. Sin duda, los nuevos tiempos obraron en 
primer término para producir tan singular fenómeno : eran las 
postrimerías agonizantes del régimen colonial. Pero la corriente 
liberal de ideas que había entrado por Buenos Aires, subió hasta 
los confines del virreinato, sembrando en todas partes los gran- 
des núcleos revolucionarios. 

La universidad famosa, que doctoraba en derecho, sabía reu- 
nir en sus aulas o academias hasta 500 estudiantes forasteros, 
venidos de diversas provincias. Y a través de Chuquisaca, como 
de una lente roja, veíase todo el Alto Perú... Veía la juventud 
cuadros de contornos impresionantes : la sublevación de José 
Gabriel Tupac-Amaru y Tomás Catari, difundida rápidamente 
por Puno, Chayanta, Oruro, Cochabamba, y dilatándose a las 
provincias del norte argentino; el espectáculo de todos los supli- 
cios a que fueron sometidos los reos por el visitador Areche, 
juez de la causa, que « viviendo en el siglo xviii pertenecía al 
décimo » (1), según el decir de Funes; la continuación del movi- 
miento, también sofocado en sangre, por Diego Cristóbal Tupac- 
Amaru, y el final de todas estas jornadas, más cruel que el su- 
plicio pagado por sus autores : el mantenimiento del régimen 
anterior de extorsión del indio. 

Moreno llegaba a Chuquisaca en un momento de profundas 
transiciones : hervía, sin embargo, todo el Alto Perú por efecto 



(1) Ensayo de la historia civil de Buenos Aires,' Tucumán y Paraguay, I-II, 
página 264. Buenos Aires, 1856. 



470 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

de las recientes conmociones y se elaboraba ajiresuradamente 
el nuevo carácter nacional que tendría la Eevolución. A dis- 
tancia de veinticinco años apenas, estallaron en el mismo esce- 
nario la revolución de Tupac-Amaru y las rebeliones precurso- 
ras del año 1809, en Cliuquisaca y La Paz. 

Luego de doctorarse en teología, al comenzar el año 1801, 
Moreno se matriculó entre los estudiantes de derecho y fué 
admitido en la Academia Carolina. Era esta institución un 
cuerpo de practicantes de letrados, especie de curso superior 
de la Universidad, de reciente data, pues liabía sido creada en 
1780. Funcionaba bajo la dirección de un ministro de la Eeal 
Audiencia, pero elegía sus autoridades y tenía una biblioteca y 
archivo especiales y local propio. Llamábase « académico » al 
estudiante que cursaba la academia y « alumno » al licenciado 
o doctor egresado, siendo este último un título de honor. De la 
lectura y confrontación de sus reglamentos, que glosan algunos 
autores (1), puede establecerse que el aspirante era admitido en 
su seno previo cumplimiento de algunas formalidades, constan- 
cias de la edad, legitimidad y limpieza de sangre; debía luego 
asistir durante dos años a los cursos que se dictaran, los cuales 
versaban sobre derecho en general y sobre derecho indiano, en- 
señanza esta última que, por la misma fecha, trataba de implan- 
tarse en Buenos Aires en la proyectada fundación de la Univer- 
sidad. El estudio de los códigos nacionales formó una generación 
especialmente ilustrada en el conocimiento de toda la legisla- 
ción y gobierno de España y sus colonias, con nutrida prepara- 
ción para hacer la crítica de ese sistema jurídico y destacar los 
abismos que se abrían entre la letra escrita y la realidad viva. 

El local de la Academia constaba de una antesala, llamada 

(1) V. Abbcia, Historia de Chuquisaca, en el Bolelin de la Sociedad geográ- 
fica de Sucre, tomo VII, página 187; y L018 Paz, La Universidad mayor real 
y pontificia de San Francisco Xavier de la capital de los Charcas, página 236. 
Sucre, 1914. 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MOKENO 471 

« cámara », y de un salón de conferencias. Eran corrientes entre 
practicantes estas alusiones a la antesala : « voy a la cámara », 
« la cámara estuvo muy agitada » (1). 

Con sólidos fundamentos en una documentación del Archivo 
de Indias (2), debe admitirse que, desde mediados del siglo 
XVIII, la influencia de las ideas liberales francesas en el Río de 
la Plata ha sido evidente; los economistas españoles e ingleses 
tuvieron también apasionados estudiosos. En un debate del con- 
sulado de Buenos Aires, Francisco Antonio Escalada invocaba 
la autoridad de Adam Smith en apoyo de sus ideas (3), veinte 
afios después de publicada la primera edición de La riqueza de 
las naciones. Una sugerente noticia confirma la rápida filtración 
de las ideas nuevas. En 1791 el virrey comunicaba a la metró- 
poli, en oficio con carácter de « reservado », que al poco tiempo 
de haber llegado a Buenos Aires el conde de Liniers, hermano 
de Santiago, que se había establecido con franquicias para fun- 
dar una fábrica de pastillas, se puso a « traducir un papel en 
que se refieren los últimos acontecimientos de la Francia... » (4). 
El virrey mandó recogerlo y descubrió, con sorpresa, que copias 
del original se habían difundido por todo el interior. 

Como se ve, los productos de la fábrica del conde de Liniers 
tenían una rara virtud estimulante. 

La cámara de la Academia Carolina se agitaba, pues, con la 
lectura de Filangieri, de Montesquieu, de Rousseau. 



(1) G. Rkné Moreno, Últimos días coloniales. Santiago de Chile, 1896, pá- 
ginas 63 y siguientes. 

(2) Pedro Torres Lanzas, Independencia de Amériea. Catálogo de documen- 
tos conservados en el Archivo general de Indias. Madrid, 1912. 

(3) Museo Mitre, armario B, cajón 27, pieza 1, número de orden 13. 

(4) Archivo general de la Nación. « Oficios al Rey, Consejo y Ministros. 1768- 
1797. » No hacemos sino apuntar el tema relativo a la difusión de las ideas 
liberales en el Plata, que hemos de desarrollar en otra oportunidad, dado que 
es antecedente de gran importancia para explicar la formación de un partido 
liberal pre-revolucionario que inició los trabajos de la emancipación. 



472 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Los académicos debían hacer ("frecuentes disertaciones» (1) 
y los exámenes de egreso eran dos : uno de teórica y otro de 
práctica; «picaban» tres puntos y elegían uno; el examen con- 
sistía en la lectura de media hora de un tema que debía versar 
sobre las instituciones de Justiniano, siendo replicado por dos 
doctores. Aprobado en los exámenes, el aspirante debía practi- 
car durante dos años en el estudio de un abogado ; y previo 
cumplimiento de estos requisitos y aprobación en un nuevo exa- 
men, se obtenía el título de doctor en derecho y alumno de la 
Academia. 

La conocida disertación de Moreno « en exposición de la ley 
14 de Toro », fué sa último examen teórico y debe corresponder 
a fines de 1802. De acuerdo con preceptos tradicionales la « pi- 
cada » consistía en señalar con un puntero a la suerte, en un 
libro, el capítulo o asunto sobre el que versaría la disertación, 
con 24 horas de tiempo para prepararse. El trabajo inédito de 
que me ocuparé versa probablemente sobre el tema elegido por 
su autor. Lleva al final el visto bueno del censor y celador y la 
constancia del secretario de que el discurso fué leído en la Aca- 
demia el 13 de agosto de 1802 (2). 

I, Qué razones inducirían a Moreno a elegir como tema de su 
disertación el servicio personal de los indios? 

Ya se dijo, que a través de Chuquisaca, veíase todo el espec- 
táculo del Alto Perú. Pero Moreno quiso ver con sus propios 



(1) Manuel Moreno, Vida y memorias, página 55. 

(2) Firma, en su carácter de censor, el doctor Michel y figura el visto l^ueno 
de Castro. Como secretario rubrica la constancia el doctor Otero. En 1802 la Aca- 
demia estaba constituida en la siguiente forma (Abecia, ob. cit., pág. 187) : mi- 
nistro director, José Agustín Ussoz y Mozi; presidente, Agustín Esteban Gaz- 
crtn ; censor I", Pío Quevedo ; censor 2o, M. N. Fariñas; celador, Mariano Castro ; 
secretarios, Ureta y José M. Otero; prosecretario, Antonio Sáinz. A excepción 
del nombre del doctor Michel, los de Castro y Otero, que subscriben el escrito de 
Moreno, aparecen entre el personal de la Academia de aquel año. 

Manuel Moreno, que tan severo se muestra al referirse a la organización de 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 473 

ojos, abrir su corazón a la impresión directa de los hechos, y 
visitó a Potosí. Dice su hermano Manuel, que hizo un viaje a la 
ciudad del cerro famoso, antes de venirse a Buenos Aires, en 
1805. Habría ido tal vez, para vigorizar su primera grande 
emoción, pero no abrigo la menor duda de que Moreno salvó 
las leguas que separan Chuquisaca de Potosí, para escribir la 
Disertación sobre los indios en 1802. Moreno conservó « toda 
su vida » (1) la imagen de aquel cuadro dantesco. Vio llegar par- 
tidas de tres o cuatro mil indios, traídos de apartadas regiones, 
« arrancados por la fuerza de sus hogares », y sepultados en la 
caverna del cerro. Vio también que casi cien mil indios eran 
distribuidos por la violencia al servicio de los curatos, de las 
iglesias, de los subdelegados, quienes no podían volver a sus 
tierras, sin haber trabajado la tierra ajena, solamente por « la 
miserable comida » que se les suministraba. Entonces percibió 
en todo su horror la pintura que había hecho un grau magistra- 
do de la época, y que coincidía con la prédica del Mercurio pe- 
ruano, referente a los indios de Tinta que iban a Potosí: los in- 
dios eran sacados « de sus pueblos entre lágrimas desús padres, 
los lamentos de sus amigos, los gemidos de sus futuras esposas 
y la consternación de todo el lugar ; siendo un aparato lúgubre 
el momento de su ausencia en la Mita, acompañan a los mitaios 



la enseñanza en el colegio de San Carlos, tiene palabras de encomio para la 
Academia Carolina. 

En cuanto a su influencia en la evolución liberal de las ideas en el Plata, 
puede estimarse por el siguiente índico : la crecida concurrencia de estudiantes 
argentinos, no ya ijuramente en el siglo xviii sino aun desde el siglo xvii. Así 
lo atestigua la lectura de los cuadros de los doctores en teología, cánones y juris- 
tas egresados déla Universidad de Charcas (Abecia, ob. cit., pág. 187). Mariano 
Moreno aparece en la lista de bachilleres, licenciados y doctores en cánones con 
el número 360 y la fecha de su regreso, lo de diciembre de 1804. El número 
siguiente corresponde a Pedro J. de Agrelo. El nombre de Manuel Moreno lleva 
el número 285 y su graduación es de fecha 8 de agosto de 1808. 

(1) Vida y memorias, página 70. 



474 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

todos los parientes, todos los paisanos y todos los del contomo 
con tantas lágrimas, tantos sollozos y tal dolor, que más pare- 
cen que hacen las exequias de un muerto que la despedida de 
un vivo » (1). 

El cerro majestuoso se agotaba desde fines del siglo xviii : 
dos centurias de torpe explotación habían esterilizado sus en- 
trañas. En consecuencia, estalló el furor insano de la fiebre del 
oro, la embriaguez delirante de la riqueza perdida, que agitó las 
pasiones de mineros y azogueros ; como si un soplo de locura 
los impulsara, diríase que soñaban con arrancar las pepitas de 
blanco metal de las carnes del indio. 

Potosí le reservó a Mariano Moreno estas impresiones y otra 
más profundarla figura de Francisco de Paula Sanz, el protector 
de los mineros, el que afirmaba la irracionalidad del indio y era 
sostén del régimen de la mita, con todos los brutales procedi- 
mientos originarios de los primeros conquistadores de América, 
como si los siglos no hubieran pasado. Había sido superinten- 
dente de la real Hacienda en Buenos Aires, donde su nombre 
se mezclara en la quiebra del administrador de la Aduana, Ji- 
ménez de Mesa (2); suprimido el cargo por conflicto de atribu- 
ciones y de temperamentos con el virrey Loreto, su influencia 

(1) ViCTORiAN DE ViLLAVA, Discurso sohre la Mita de Potosí, en Revista de 
Buenos Aires, tomo XXIV, página 14. 

(2) En Buenos Aires había levantado una gran oposición. Más tarde las 
odiosidades estallaron violentamente con motivo de que Paula Sanz se lanxó a 
criticar con dureza el acto realizado por el pueblo de Buenos Aires, de declarar 
cesante al virrey Sobremonte, en la Junta do gJierra del 10 de febrero de 1807. 
El Cabildo de Buenos Aires, compuesto de españoles (a su frente figuraba Mar- 
tín Alzaga), decía a su apoderado en Madrid a principios de 1808 : « Este Govo'' 
(Paula Sanz) que acaso no tiene peor las Amoricas y cuia conducta se hará, ver 
por una completa sumaria, coligado on sus ideas con el marq» de Sobre Monte, 
por qo este ha sabido sostenerlo en sus tramoyas y delitos contra el erario»... 
Y más adelante, agrega : < Estas son sus acostumbradas intrigas ; con las qua- 
les de acuerdo con aquel Cavdo y gremio de azogueros se han hecho los maio" 
res robos al Erario... » (Doc. referentes a la guerra de la Independencia... edic. 
del Arch. gen. de la Nación, pág. 426.) 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 



475 



en la corte le aseguró en premio el gobierno de la más rica pro- 
vincia del virreinato. Desde entonces Paula Sanz fué para Po- 
tosí un accidente orgánico de su historia política, como el cerro 
es su accidente geográfico y económico inconfundible. 




•t^^ÁxiA/raX!^ 




Sin la presencia de determinados hombres en el curso de los 
sucesos, la historia de un pueblo semejaría un caos, un estallido 
de fuerzas ciegas de la naturaleza. Caracteres extraordinarios 
nacidos para el bien o para el mal, son como lampos de luz, 
puntos de mira, iníddencia de líneas dispersas. 

Tal Paula Sanz. Su imagen fué imboiTable para Moreno. Con 
el tiempo resultaron dos energías que iban a medirse. El primero, 
sentado en el solio de su soberbia, discutía a la Audiencia y al 
virrey e impunemente dejaba caer el látigo para acallar la pro- 
testa del rebaño. El segundo, expectador que dijo su palabra, 
presenció este desborde de instintos y alcanzó a oir una amo- 
rosa voz en defensa del indio... Los años pasaron y el cuadro 
alto-peruano subsistía intacto. Producida la revolución en Bue- 
nos Aires, el primer acto de Paula Sanz fué organizar un ejér- 
cito para resistirse y declarar que Potosí se agregaba al virrei- 
nato del Perú (1). Era otra vez el lampo de luz, el punto de 



(1) Archivo general de la Nación : Archivo de gobierno de Sueños Aires. Ha- 
cienda, 1810. 

Desde su cargo de secretario de la Junta, Moreno procedió con Potosí, con un 
gran conocimiento de los intereses de la localidad. Moreno le escribía a Feli- 
ciano Chiclana (con fecha 15 de noviembre de 1810), y con motivo de pasar este 
último del cargo de gobernador intendente de Salta a Potosí : « Por Dios que 



476 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

mira. El secretario de la Junta orientó hacia él, como una nave, 
la revolución : fué su objetivo. Así debió confiárselo a Castelli, 
cuando fué a cumplir la dura misión contra los revolucionarios 
de Córdoba, porque después de Suipaclia y de la nueva ejecu- 
ción de los jefes reaccionarios, el emisario decía a la Junta gu- 
bernativa, con una satisfacción que fuera criminal si careciera 
de su profundo sentido : « Ayer 15, entre 10 y 11 de la maña- 
na... fueron ejecutados... día en q" el Intenden*^ Dn. Fran''° de 
Paula Sanz ajustaba 22 años de su ingreso a este Gov°°... » (1) 

Ya se dirá en otra oportunidad, la suma de razones que hicie- 
ron forzosa la ejecución del gobernador Concha; pero ya puede 
comenzar a explicarse, por qué la revolución que había estallado 
en Buenos Aires, deponiendo al virrey y sin derramar una gota 
de sangre, levantó en alto la cabeza de Paula Sanz... 

La amorosa voz que en defensa de los indios alcanzó a oir Ma- 
riano Moreno, era la de Victorian de Yillava, vigorosa perso- 



//'t^ 



^yí:. 




/t^J^Á^^- ¿^ 



nalidad cuyo estudio reclama el libro. Fué juez residenciador 
del virrey Loreto, fiscal de la Audiencia de Charcas desde 1790 
hasta 1800, autor del docto Discurso sobre la mita de Potosí (2) 



Potosí quede bien arreglado ; que empiecen los naturales a sentir ventajas del 
nuevo sistema ; que entren a servir los empleos hombres amantes de la libertad 
y enemigos irreconciliables de los tiranos ; que se fomente en todos los pueblos 
el odio de la esclavitud. •« Y en otra posterior, agregaba : •« Potosí es el pueblo 
más delicado del virreinato y es preciso usar en él un tono más duro que el 
que se ha usado en Salta. » (D. Peña, ffist. de las leyes de la nación Argen- 
tina, t. II, pág. 214, nota.) 

(1) Archivo general de la Nación. Archivo del gobierno de Buenos Aires, 
tomo XXXVII, capítulos CXIII a CXV. 1810. 

(2) En la Revista de Buenos Aires, tomo XXIV, páginas 6 y siguientes, se 
publicó este discurso, pero en un importante expediente, del Archivo General 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 477 

en el que habló con más humanidad que el padre Las Casas, 
afirmando el principio de la libertad del indio y del negxo tam- 
bién; precursor de la emancipación de América, porque fué sem- 
brador del liberalismo económico y político en el Río de la 
Plata, y en su trabajo sobre Apuntamientos para la reforma del 
reino (1), propuso los medios para modificar la monarquía es- 
pañola, dar a América una principal participación en el gobier- 
no y reformar el código indiano. « Conozco que infinitos hom- 
bres, — escribió — débiles, preocupados o indolentes me hon- 
rarán con los epítetos de novador, iluso, charhitán u otros peo- 
res, atribuyéndome deseos de fomentar lo mismo que quisiera 
no ver... »; figura apostólica dotada de gran carácter y majes- 
tuosos vuelos en el pensar y decir, proclamó en cien alegatos 
que los mineros y azogueros explotaban al indio, y no lograron 
su silencio el coro de voces que gritaban el dolor de sus intere- 
ses lastimados. Hasta en las vísperas de su muerte, habló sere- 
namente durante diez años y cuando Paula Sauz o su comi)adre 
el teniente asesor Pedro Vicente Cañete, calificaban sus traba- 
jos en la Audiencia « de sedicioso discurso », o cuando decían 
« del engaño y la impostura con que el Sor Fiscal de Charcas 
ha tirado a increpar y denigrar este govierno... » Villava con- 
testaba, mezclando un poco de ironía a su bondad natural : 
« El fiscal en vista de este escrito dice que parece que ha lle- 
gado el caso de que todos tienen derecho de insultarlo... » (2). 



de la Nación, Villava mauiftesta que «no lo reconoce» ... «aunque en la subs- 
tancia contra los abusos de la mita sean parecidos ambos papeles, no lo son 
en el tono ni en mucbas expresiones». Además, en el expediente a que nos 
referimos, aparece la extensa réplica de Paula Sanz, y numerosos documentos 
de valer. 

Rene Moreno, ob. cit., página 53, da muy pocas noticias de esta personalidad. 

(1) Revista argentina, tomo 9, página 432. En 1822 lo había publicado Pedro 
Ignacio de Castro Barros, con notas, y bajo el título de Apuntes i)ara una re- 
forma de España, sin trastorno del gobierno monárquico ni la religión. 

(2) Archivo general de la Nación. Hacienda, legajo 97, Expediente 2527. 



478 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Una de las tantas semillas que Villava arrojó a los vientos, 
fecundó generosamente en el espíritu de Moreno. Me atrevo a 
sospechar que acaso alguna vez el joven estudiante de la uni- 
versidad ha buscado estrechar la mano del gran luchador, que 
en el año 1800, se acogía a la jubilación para cuidar su quebran- 
tado organismo y fallecía en Charcas a fines del año 1802 (1), 
pocos meses después que Moreno leyera en la academia su Di- 
sertación sobre los indios. 

La influencia de Villava en la educación de Moreno fué pro- 
funda. No sólo vieron sus ojos un bello y fuerte ejemplo de al- 
tivez; no sólo su actuación y el conocimiento del medio alto pe- 
ruano, le inspirarían el tema de su trabajo académico. Moreno 
cita en la Disertación por dos veces y con gran estima el nom- 
bre de Villaba que todavía vivía ; Moreno recordó siete años 
después, en un vigoroso párrafo de la Representación de los ha- 
cendados (2) las opiniones de Villava en materia económica y 
relativa a la cantidad de numerario que reclama una sociedad 
para atender sus necesidades ; Moreno, en fin, levantó el nom- 
bre de Villava como una enseña, cuando desde las páginas de 
la Gaceta quiso descubrir las llagas ocultas del régimen caído. 
En el número del 3 de junio de 1810, en efecto, se publicaba un 
informe del teniente letrado de Potosí, Pedro Vicente Cañete, 
dirigido al virrey en el que calificaba a los pueblos de América, 
«sin ilustración, sin disciplina y sin costumbres»; para descu- 
brirlo ante la opinión. Moreno insertaba en el mismo número un 
dictamen del fiscal Villava, quien después de destruir la litera- 



(1) Villava fué jubilado en el año 1800 y falleció en Charcas a fines de 1802. 
Es equivocada la afirmación de Rene Moreno (Revista chilena, t. 8, pág. 490), 
quien refiriéndose a Villava dice que falleció « a fines del siglo pasado como lo 
indica su loza en la capilla de Guadalupe». Hemos visto expedientes firmados 
por Villava, de fecha julio de 1801. 

(2) Documentos referentes a la guerra de la Independencia, etc., citados, 
página 241. 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 479 

tura y suficiencia del asesor se ocupa de su integridad y dice : 
«¿El que hace de Juez y Abogado en la causa del Dr. Mina 
con D. Indalecio González de Socasa, tiene una integridad co- 
nocida! Véase un certificado del Sr. Sierra que dice habérselo 
oído al mismo D. Indalecio. ¿ El que escribe papeles en defensa 
de reos conocidos en su mismo territorio tiene una integridad 
conocida? Véase el escrito hecho a favor de Vélez. ¿El que en 
su propia casa dicta escritos de negociaciones e intereses entre 
un Oficial Real y un comerciante, tiene una integridad conoci- 
da? Véanse los escritos de Casas con el Sr. Aoiz. ¿ El que toma 
pafios limonados a peso, terciopelo a 3, vayeta a 2 rs... de una 
testamentaría, en que está conociendo, tiene una integridad co- 
nocida? Véase su recibo en la testamentaría de Llereña. El 
juez que quita y pone foxas en los autos a título de autoridad, 
tiene una integridad conocida ? Véanse los escritos del escriba- 
no Molina que lo asegura así... En fin ¿ El juez comisionado para 
un asunto interesante, que con toda su familia va a vivir, comer 
y beber, sin que le cueste nada, a una casa ajena y rica, tiene 
una integridad conocida? Véanse las operaciones del Sr. Ca- 
ñete en la visita de La Paz y su morada en casa de Barra... » (1). 



■Pí^^^cr^ 




fe^/^ 




En este medio propicio, Moreno comenzó a conocer los hom- 
bres representativos de la contrarevolnción, y a preparar las ar- 



(1) Eu carta iuterceptada, de Paula Sauz al gobeinador Concha, se alude a 
esta pul>licíU'ióu. Paula Sauz liahía contealado desobedeciéndola la circular eu- 



480 ANALES DK LA FACULTAD DE DERECHO 

mas con las que iba a combatirlos : la espada, que dejaría caer 
a su hora, sin contemplaciones, con todas las pruebas en sus 
manos, de una correspondencia interceptada a tiempo, por vir- 
tud de la cual, la muerte de los reaccionarios era la condición 
primordial de la subsistencia de la libertad naciente; y la plu- 
ma, más penetrante y más eficaz que el acero, para destruir un 
sistema. 

La Disertación jurídica, de Mariano Moreno, se inicia enérgi- 
camente con una protesta en defensa de la libertad del indio. 
« Desde el primer descubrimiento de estas Américas — dice — 
empezó la molicie a perseguir unos hombres que no tuvieron 
otro delito que haber nacido en unas tierras, que la naturaleza 
enriqueció con opulencia... Impelidos por bárbaros exemplos de 



viada a todos los pueblos pidiendo el envío de su diputado y le decía a Con- 
cha : « Yo espero que luego que hayan visto mi contestación al Señor Cisneros, 
me planten do Letra de Molde como lo han hecho con el Señor Cañete, de un 
modo propio de sus viles de pensar, sin desconocer su dictamen, que también 
han hecho imprimir... » (Archivo del gobierno de Buenos Aires, t. XXII, capítulo 
LXXXVIII, parte 3», 1810, en el Arch. gen. de la Nación). 

La figura de Cañete es digna de ser destacada. Representa el tipo del ame- 
ricano que ha puesto todo su talento al servicio de la causa subalterna de los 
déspotas. Nació en la Asunción el año 1754, hijo del sargento mayor de mili- 
cias, regidor perpetuo del Cabildo, don José de Cañete Sánchez de Vera y Ara- 
gón y de doña Juana Catalina Domínguez de Rojas Aranda, ambos descendien- 
tes de los i^rimeros adelantados, conquistadores y gobernadores de aquella pro- 
vincia. Estudió en la Universidad de Santiago de Chile, donde se doctoró en 
derecho, alcanzando a ser profesor. En 1777 vino a Buenos Aires donde fué 
asesor del alcalde ordinario de primer voto Marco José de Riglos y luego del 
virrey don Pedro de Ceballos. En este último cargo y según él mismo afirma 
en su relación de méritos, «en sólo ocho meses dictó ocho mil providencias». 
Después de desempeñar otros empleos (asesor del tribunal eclesiástico, procu- 
rador de los establecimientos de empedrados y obras públicas, etc.), pasó al 
Paraguay en 1781, donde ocupó el cargo de asesor de la gobernación. En la 
Asunción escribió su primer trabajo titulado Synthagana de las Resoluciones 
Práclicas del B^ Patronazgo, que envió al Consejo de Indias, pero según él lo 
informa, la obra se extravió. En marzo de 1785 tomó posesión de la asesoría 
de la Intendencia de Potosí. Mientras gobernaba en Potosí, Juan del Pino, Ca- 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 481 

la antigüedad: ó más bien seducidos por los ciegos impulsos 
de su propria pasión, no dudaron muchos sostener que los indios 
debían según toda justicia vivir sugetos baxo el grave y penoso 
yugo de una legitima esclavitud llegando á tanto el desvario 
que el Obispo del Darien Dn. Fr. Tomás Ortiz en las porfiadas 
y repetidas disputas que. sobre este punto sostubo contra el 
Obispo de Chiapa á presencia del Sor. Emperador Carlos 5° y 
sus Consejos, se atrevió á afirmar que los habitantes de las In- 
dias eran a natura siervos fundado sin duda en una extravagan- 
te doctrina de Aristóteles, que á entenderse baxo el litoral sen- 
tido que presenta, no dá la mejor idea de las decantadas luces 
de su Autor. » 



ñete escribió un proyecto sobre el sistema de un nuevo código de minería, aten- 
to los inconvenientes que debía causar la observancia de la nueva ordenanza 
de minas de Nueva España ; pero las nuevas ordenanzas que se mandaron for- 
mular fueron proyectadas por Pino, si bien Cañete continuó luego este trabajo 
— llegando a componer un cuerpo legislativo dividido en cuatro libros, con 56 
títulos y 1111 ordenanzas, qne el Consejo de Indias, mandó se tuviera presente 
en su oportunidad. En el año 1790, había escrito dos obras más, la Historia de 
gobierno y provincia del Potosí y el Dictamen político sobre los antiguos corregi- 
mientos. Cinco años después escribió un trabajo con este sugerente título : 
Arte de emplear el dinero con ganancia sin usura. Entre los títulos más 
honrosos que ostenta Cañete figura el siguiente, según él lo afirma : « Des- 
pués de la pérfida retención de nro. araavilisimo Soberano en la Francia de 
<londe han dimanado las sublevaciones de las ciudades de La Plata y de la 
Paz 80 ha esmerado tanto su patriotismo y fidelidad contra los malos vasallos 
y algunos ministros mal contentos con su zelo varonil que no ha cesado de 
producir escritos públicos los más enérgicos en defenza de los Soberanos 
dros. del Sr. D. Fernando 7» y de la Patria, no solamente por impulso espon- 
táneo de su lealtad, sino también por consultas que le hiziera desde Bs A» los 
Comandantes principales de aquella Capital; habiéndose adelantado su zelo vi- 
gilante por la quietud gral. del Reyno que en virtud de haber convencido a 
uno de los mas principales Facciosos de la Ciudad de la Paz para redncii'lo a 
la ovedieucia del Rey, igualmente que por que dio al Gral (ioyeneche importan- 
tes avisos políticos para la ocupación de aquella ciudad se rindieron gracias 
muy expresibas por el Cabildo de Buenos Ayres y por los Virreyes D. Santia- 
go Liniers y D. Baltazar Hidalgo de Cisneros... » 

Esta es la brillante foja de servicios que Cañete mandaba a Buenos Aires el 
27 de Mayo de 1810, pidiendo un ascenso, sin que su excesiva malicia, sospe- 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 31 



482 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

E trabajo comprende una parte destinada a estudiar en gene- 
ral la condición del indio en América, y otras para el especial 
estudio de los indios Yanaconas y de los indios Mita. En la pri- 
mera parte explica Moreno el proceso histórico de la esclavitud 
del indio : cómo a las primeras y generosas declaraciones délos 
reyes, en favor de las razas que poblaban a América, siguieron 
las peticiones de los descubridores, alegándose la necesidad de 
dedicar al trabajo los innumerables indios, para el servicio de 
sus casas, beneficio de las minas y guarda de los ganados. 

« Esta solicitud — dice Moreno — cuya ilegitimidad era de- 
masiado clara atendida la privilegiada libertad q® se mandaba 
guardar a los Indios, fué tenida por legítima y favorablem^*^ des- 
pachada por D° Christoval Colon, juzgándola inescusable y 
conveniente. » Así comenzaron a repartirse a cada español un 
número indeterminado de indios, para servirlo y cultivar su» 
intereses. « Los penosos trabajos con q® fatigaban a sus enco- 
mendados; las repetidas crueldades con q" los tiranizaban; su 



chara que ya eran inútiles para el uuevo gobieruo, los « importantes aviaos- 
políticos » que había suministrado contra los patriotas. En tan original so- 
licitud, Moreno — que conocía bien al hombre — escribió estas palabras : «No- 
ha lugar». Archivo del gobierno de Buenos Aires, tomo XXIX, capítulo CIII, 
1910, en el Archivo general de la Nación. (Bkné Moreno, ob. cit., páginas 135 y 
siguientes, con todo de dedicarle un capítulo a este personaje, no hace men- 
ción deninguno de los antecedentes relatados.) 

Entre los comandantes a que alude Cañete y que le consultaron sóbrelos su- 
cesos del día puede figurar en primer término Pedro Andrés García. Su hijo 
Manuel José desempeñaba el cargo de subdelegado en Chayanta. (Véase la car- 
ta que publica López (Uisl. de la Rep. Arg., Buenos Aires, 1911, t. II, Apén- 
dice, pág. 506, del Coronel P. A. García a Paula Sauz relatándole los sucesos 
del lo de enero de 1809). 

Cañete, es además autor de un trabajo, al que se refiere el historiador Mitre 
(Historia de Belgrano, t. I, pág. 248, edic. 1887) en el que afirmaba, con serios 
fundamentos y gran visión de los sucesos futuros, que la constitución de la 
Junta de Montevideo en 1808, entrañaba un principio revolucionario de gran 
peligro para América. Se titula así este trabajo : * Carta consultiva, apologética 
de los procedimientos del Virrey don Santiago Liuiers sobre las ocurrencias^ 
de la Junta de gobierno establecida eu Montevideo» (Imp. N. E., 1809.) 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 483 

libertad casi enteram*® olvidada y sus fueros del todo desaten- 
didos », son las palabras que sirven a Moreno para calificar la 
corrupción de la medida. Los reyes, en mérito de estos hechos, 
habían mandado suprimir las encomiendas en 1518 (1); pero la 
coalición general de todos los intereses de los españoles de Amé- 
rica ejercieron tal presión sobre el espíritu délos monarcas, que 
les arrancaron subsiguientes reales cédulas, por las que el régi- 
men de las encomiendas volvía a admitirse, si bien sometidas a 
las siguientes condiciones, que Moreno enuncia cuidadosamen- 
te : « Que los indios no se habían de dar en ellas por esclavos ni 
a título de personal servicio q* todo el lucro q® habían de sacar 
ellos los Encomenderos había de consistir en q^ los Indios repar- 
tidos a cada encomienda pagasen al encomendero aquella tasa 
y moderada cantidad q® por via de tributo pudiesen y debiesen 
pagar al Soberano : quedando al mismo tiempo los encomende- 
ros obligados a cuidar del buen tratamiento de los indios y a 
proporcionarles todos los medios conducentes a su mayor expi- 
ritual instrucción. » 

En la segunda parte de la Disertación, Moreno trata sobre 
los indios yanaconas, y formula el siguiente juicio sobre el go- 
bierno de los corregimientos : « Apenas se formalizó este esta- 



(1) En las * nuevas leyes » u ordenanzas de 1542 y 43 — que Moreno también 
cita — se consignaban terminantes disposiciones : * que de aquí en adelante por 
ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión, ni por 
rescate, ni otra manera, no se pueda hacer esclavo indio alguno», agregándose 
•« que las audiencias, llamadas las partes, sin tela de juicio, sumaria y breve- 
mente, sobre la verdad sabida, les pongan en libertad ». 

Algunos autores han llamado a estas « nuevas leyes *, colección de leyes de 
Indias. Sin asignarles este carácter, trátase de un precedente legal de impor- 
tancia. Las * nuevas leyes » fueron firmadas én Barcelona el 20 de noviembre 
do 1542 y adicionadas en Valladolid en 4 de julio de 1543. Su título es de « Leyes 
y ordenanzas nuevamente hechas por S. M. para la Gobernación de las Indias 
y buen tratamiento y conservación de los Indios». (Colección de documentos para 
la historia de México, t. II, por Joaquín García Icazbalceta, pág. 205 y una noti- 
cia preliminar en página xxxviii. México, 1866.) 

Las « leyes y ordenanzas » produjeron una protesta general en los encomen- 



484 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

blecimiento, las extorsiones por una parte, y por otra las nove- 
dades executadaa en la nueva forma de govierno, motibaron las 
primeras deserciones de muchos Indios, q* dexando sus pueblos 
tenían por menos mal vivir errantes, q* sugetarse a las opresio- 
"iies y servicios de sus Amos, Jueces y Curas. » Los más anti- 
guos yanaconas de Potosí, empadronados, casados y domicilia- 
dos en la villa, y sus descendientes se llamaron criollos; los 
vagos y forasteros sin domicilio, yanaconas de la Corona y los 
que se agregaron a las haciendas de españoles, yanaconas de 
Chacras (1); Moreno destaca acertadamente el carácter econó- 
mico déla institución délos yanaconas, directamente vinculada 
al desarrollo de la agricultura y todo género de plantaciones, y 
nos descubre la condición de verdaderos siervos de la gleba de 
la edad media, del indio yanacón adherido a la tierra como una 
planta, cuando afirma que los encomenderos « los reputaron por 
partes propias de aquellas Haciendas, a que estaban adscrip- 
tos, aumentándose el valor y precio de estas, cuando pasaban a 
algún nuevo poseedor a proporción del número de yanaconas 
que tenían ». Lástima grande que Moreno, para el más completo 
desarrollo de este capítulo, no nos haya dejado los datos sobre 



deros, hasta obtener, primero su suspensión, y luego variantes muy notables. 
Este es el profundo sentido que tiene el pequeño cuerpo de leyes a que aludi- 
mos. Planteó el conflicto entre la teoría jurídica y la realidad de los intereses 
creados : entre las virtuosas intenciones de los monarcas y el espíritu de explo- 
tación que predominaba en las clases dirigentes <le la nueva sociedad. 

(1) Desde el punto de vista fiscal, los indios se clasificaban, de acuerdo con 
el pago de los tributos, en originarios, yanaconas del rey, forasteros y yana- 
conas de particulares. Los primeros estaban reunidos con pueblos subordinados 
al comando de caciques gobernadores, con tierras adjudicadas para sementeras 
y pastos, y pagaban al rey de nueve a once pesos do tributos eu cada año. Los 
yanaconas pagaban siete pesos, porque no disfrutaban de tierras. Los forasteros 
o indios vagos i)agaban la misma suma. Los yanaconas particulares se adjudi- 
caban a pobladores o dueños de estancias en premio de sus servicios y sólo jiaga- 
ban tres pesos al año. Véase sobre este punto el trabajo inédito de Felipe Huedo 
titulado Tributos y Synodos que envió al virrey Ceballos desde Potosí en 1777. 
(Aroli. gen. de la Nación, Gobierno colonial, Potosí, 1772 a 1777.) 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 485 

las reparticiones de indios yanaconas hechas por Irala en el 
Paraguay y las ordenanzas dictadas con este motivo para el 
desarrollo de las plantaciones de caña, algodón y vid, y para 
contener el avance de las incursiones de los portugueses, que 
tomaban posesión de las tierras desiertas pertenecientes a 
España. 

Moreno reconoce los grandes beneficios que hubiera podido 
prestar el indio en la obra de dilatar la colonización; admite 
que en los comienzos de la conquista se autorizase a los magis- 
trados para obligar a los aborígenes al trabajo de las chacras ; 
pero cierra sus oídos a las opiniones favorables a la subsisten- 
cia de la implantación de las encomiendas, como las del licen- 
ciado Matienzo, que cita, y se funda en Solórzano para decir 
que « estas utilidades son ... poco ciertas, teniendo los daños y 
perjuicios q^ las acompañan por superiores y muy notorios » ; y 
exclama resueltamente que «en la actualidad serían dignos de 
los mayores elogios aquellos Magistrados q® emplearan todo su 
poder y zelo en exterminarla. Por q*^ si atendemos a la decan- 
tada libertad de los Indios que tan seriamente encargan nues- 
tras Leyes, si atendemos a los autorizados j)rivilegios que de 
ellos le resultan como miembros de una bien organizada Repú- 
blica, vendremos en conocimiento de la notoria violencia q* se 
les hace precisándolos a ágenos y determinados servicios con 
excluzion de aquellos q" volantariam*® quisiesen elegir ». Y 
reviste a su pensamiento de esta fórmula sentenciosa : « Nada 
debe estar más distante de un buen ciudadano q* la criminal 
holgazanería; pero nada debe estar también más lexos de un 
hombre libre q^ la coacción y fuerza a unos servicios involun- 
tarios y privados. » 

El régimen de la explotación del indio, disfrazado de presun- 
tuosas razones económicas, adoptó caracteres sangrientos con 
el establecimiento de la Mita en Potosí, la más memorable en 
toda América. Creada en el año 1573, subsistió por casi dos 



486 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

siglos y medio, hasta que la Asamblea general constituyente la 
suprimió en el año 1813, sintetizando en dos de sus actos gran 
parte del pensamiento de la Revolución : la declaración de la 
libertad de los negros esclavos que nacieran en el territorio 
argentino y la terminación de la esclavitud del indio mitayo. 

Concurrían a prestar servicios en la Mita de Potosí 139 pue- 
blos de 16 provincias. Cinco años después de establecida ya 
existían 150 cabezas de ingenio (1), sumando el total de la sép- 
tima que tenían asignados, 15.000 indios. 

La contemplación de este sistema arranca a Moreno las me- 
jores páginas de su Disertación. «Apenas empezó este nuevo 
mundo — dice — a tener comunicación con el antiguo quando 
se desplegaron y ensancharon a vistas de unas riquezas que aún 
para la formación de las antiguas fábulas hubieran parecido 
muy excesivas. Entonces fué quando se vio a un solo Cerro (tal 
fué el de Potosí) producir en menos de quarenta y cinco años 
más de doscientos millones; entonces fué quando se vio a una 
sola Provincia, ofrecer a su monarca veinte y un millones de 
oro por la derogación de una sola Ley que no le acomodaba; 
entonces fué, en fin quando se desataron esos Arroyos de Plata 
que corren por todo el Mundo sin menoscabo de las casi inago- 
tables fuentes de donde se derivan. » 

Acentúa a continuación el carácter de « auxilio subsidiario » 
con que fué autorizada la Mita, y detiénese en el estudio de las 
reales cédulas de 1601 y de 1609 (2), en las que se mandaba que 
los indios fueran exonerados del trabajo de las minas, aconse- 

(1) Paula Sanz aseguraba que a fines del siglo xviii el número de cabezas de 
ingenio había disminuido a 80. (Arch. gen. de la Nación, Hacienda, legajo 97, 
expediente 2527.) 

(2) La organización de la Mita de Potosí, fué posteriormente reglamentada 
por ordenanzas de los virreyes del Perú. Puede verse en el Archivo de la 
Nación, Orden de virreyes y Mita de Potosí, que comienza con la « R' cédula 
de 22 de octubre de 1732 mandando no se haga novedad en la continuación de 
las Mitas de Potosí de las Prov»» obligadas que se observen las ordenanzas 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 487 

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Una página vibrante del manuscrito 



488 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

jando ilusoriamente .se proveyeran de negros : los inadaptados 
que se marchitaban al beso de nuestro sol y morían en las som- 
bras de la mina. Permitía, no obstante, la real cédula, que se 
utilizasen los indios que voluntariamente quisieran servir bajo 
los precios y jornales que se contratasen, siempre que el repar- 
timiento se hiciese de aquel asiento o del comarcano, libertán- 
dose a los que se traían de remotas regiones, y fijando, como 
condición substancial, que los indios no volviesen a las minas 
hasta haberles llegado su legítima tanda y que el número de los 
mitaios no debía exceder de la séptima parte de la comunidad 
donde habitasen. 

Todas estas prescripciones fueron osadamente transgredidas : 
los indios eran llevados por la fuerza en cambio de jornales 
irrisorios que se pagaban en alcohol y cacao estimados a pre- 
cios inverosímiles; el repartimiento se continuó haciendo entre 
pueblos cercanos y remotos, atropellándose los hogares de indios 
mansos, que caían disueltos por efecto de estas separaciones; 
se aumentó el número de indios mitayos por cada nación y se 
anticiparon los turnos todas las veces que lo dictaba la rapa- 
cidad. 

Este cuadro está descripto' por Moreno con vivos colores : 
« La misma antigüedad — dice — no pudo menos q" mirar con 
el mayor horror esta clase de trabajo. Plinio y Séneca usan de 
las mayores exageraciones para pintarlos, refiriendo por último 
las innumerables veces q" desmoronándose las Cavernas de los 
cerros son sepulcro al mismo tiempo q" castigo de los q* se halla- 
ban adentro. Plauto los compara a los padecimientos del infier- 
no; y lo que es más la misma sagrada Escritura, quando en los 



del Sor Virrey D° Franc» do Toledo y otros puntos quo toca a el alivio de los 
Indios pago de sus Tazas Jornales.... » y termina con la < Real cédula aprovato- 
ria de la Instrucción metódica s^c actuac" de matrículas formada el año de 
770». Puede consultarse además, el legajo Potosí-Mita, 1757; en el niismo 
Archivo. 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 489 

proverbios quiere exagerar en hipérbole los mayores trabajos, 
los asemeja a los q" padecen, los q® se emplean en buscar y sacar 
los metales... De aquí esq°los Komanos solo destinaban a estos 
servicios hombres perdidos, delinquentes y fascinerosos, q** en 
los tiempos de las mayores persecuciones de la Iglesia se desti- 
naban a ellos los Christianos para q® fuesen victimas de una 
más prolongada muerte... No reinan acaso todos estos males en 
los indios de nuestras Mitas... ? » 

Moreno alcanza a anunciar la mutación del régimen con el cam- 
bio de los tiempos. Los vejámenes a que se sometiera a los indios 
yanaconas, habían determinado anteriormente al virrey Velasco 
a restituirlos a su primitiva libertad; pero la Real audiencia de 
Charcas, representando los intereses de los encomenderos, se 
opuso a la introducción de tales novedades « a título de conve- 
niencia pública », dice Moreno con amargura. La Audiencia ha- 
bía constituido también el inexpugnable broquel para la defensa 
de la Mita. 

Pero desde la creación del virreinato del Río de la Plata, 
y particularmente desde la implantación de la Ordenanza de 
intendentes, una nueva historia se inicia para la Audiencia, sin 
la grandeza fastuosa de sus orígenes, pero por momentos más 
digna y más cuidadosa de los intereses generales. Es también 
la opinión de Moreno. « Si en aquellos tiempos — dice — fué 
de este parecer este superior Tribunal, las circunstancias del 
día me prometen q" abrazando contrario dictamen propenderá 
a arrancar de raíz tan ilegítima servidumbre. » La referencia 
comentaba el pleito, entonces pendiente, entre dueños de ha- 
ciendas e indios yanaconas, sobre la solicitud entablada por 
estos últimos, relativa a recobrar la plenitud de su libertad. La 
afirmación pudo hacerse extensiva para involucrar también la 
actitud que asumiría la Audiencia ante el nuevo e inesperado 
rumbo que tomaban los asuntos de la Mita. 

« La nueva Mita — expone Moreno — concedida a Dn. Luis 



490 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 



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última página del niaiiiieciiti) 




VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 491 

de Orueta Azoguero de Potosí, las dificultades que se encontra- 
ron para verificarla y la oposición q® padeció de algunos Magis- 
trados su plantificación, formaron un excesivo incendio cuyas 
llamas osaron traspasar las sagradas barreras del Santuario » (1). 

La imagen que evocaba resplandores de incendio para expre- 
sar la gravedad del conflicto que se estaba elaborando, tenía un 
valor real y no meramente figurado. 

El episodio que le sirve de núcleo, y que hemos podido recons- 
truir en todas sus partes, representa acaso aquel momento de 
fines del siglo xviii en que los alzamientos de los indígenas se 
despojan de su aspecto bárbaro para revestirse de una fórmula 
política. 

Luis Orueta y Nicolás Ursainqui habían obtenido a su favor 
real cédula para constituir una nueva Mita en Potosí. Victorian 
de Villava, desde su cargo de fiscal, encareció al virrey que 
ordenara su suspensión inmediata, atento los síntomas de con- 
vulsión que se anunciaban. El fiscal de Charcas había conseguido 
que su colega de Buenos Aires, Márquez de la Plata, repitiera 
en esta Audiencia las alarmas y enérgicas palabras producidas 
en sus dictámenes. 

El virrey manda suspender la concesión. Esta gran victoria 



(1) Luis Orueta resultó con el tiempo uu personaje sospeclioso. Con fecha 7 
de noviembre de 1810, la Junta comunica al gobernador intendente de Salta, 
que había dado permiso a Luis Orueta para que regresara a Potosí pero expo- 
niendo « qo si a su llegada a esa Provincia de su mando comprehendiese según 
las circunstancias no ser conveniente la ida de este Individuo a la expresada 
Villa lo detenga en su jurisdicción todo el tiempo qe le parezca conveniente o lo 
haga regresar a esta Capí». (Arch. del gobierno de Buenos Aires, t. 22, cap. 
LXXXVIII, parte 3a, 1910. Arch. gen. déla Nación.) 

Por una comunicación posterior, se manda al gobernador intendente de Salta 
que en seguida que Orueta tocara el territorio de Salta «lo aprehenda y remita 
a disposición del Gov""" Intendente de Cordova pa qo lo dirija a la Rioxa». 
Orueta reclamó del gobierno y pidió ser oído, pero la Junta se limitó a resolver 
que quedara en Córdoba. (Arch. del gobierno de Buenos Aires, t. 26, cap. LXLII 
a LXLVI. 1810. Arch. gen. de la Nación.) 



492 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

moral, consecuencia de la tenaz campaña de Villava, es resis- 
tida disimuladamente por Paula Sanz. El gobernador intenden- 
te de Potosí protesta en ampulosos párrafos, y declama ante el 
virrey, que él no es responsable «de los irreparables daños que 
van a inferirse ni a Dios, ni al rey, ni al Estado, ni a la azogue- 
ría, ni a mis provincianos, pues nada me ha quedado ya que ha- 
cer para convencer la necesidad de la Mita... como lo convenceré 
si vivo o lo convencerán después de mi muerte mis ímprobas ta- 
reas en los machos papeles que quedan firmados, y que espero 
me hagan justicia en la posteridad». Pero agrega que no se de- 
termina aun a cumplir la orden hasta que por segunda vez «esa 
superioridad me mande expresamente que así lo verifique». 

Los escritos de Villava arreciaron entonces, al unísono con 
el crecimiento de las fuerzas amenazantes de los indios, que ya 
tenían en Charcas el magistrado que invocaba las leyes y los 
principios de humanidad en su defensa. Extensos expedientes, 
multiplicados en diversos incidentes, documentan la historia de 
este episodio. Al fin el Virrey reitera la orden y la Mita es di- 
suelta, no sin que antes exclamara Paula Sanz que tendría «la 
satisfacción de acabar de acreditar ante el Soberano, ante los 
tribunales superiores, a V. E. y al Reyno todo, qual es la ciencia 
política de este señor Eiscal, quales sus conocimientos del Eeyno, 
qual su idea del cálculo y en q* clase de sugetos tiene S. M. 
depositada su Real confianza...» La derrota era un desgraciado 
augurio para su destino, y avanzándose a la imputación de los 
tiempos agregaba: «Yo no soy azoguero, ni dueño de ingenios, 
no defiendo asunto alguno particular mío... » (1). Con palabras 
de Villava, le repetiría Moreno años más tarde, que sus manos 
no eran visiblemente las criminales, pero eran las del teniente 
asesor, su compadre Pedro Vicente Cañete... 

(1) Archivo geueral de lu Nucióu, Hacienda, legajo 97, expediente 2527. 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 493 

El drama revolucionario comenzó entre ellos mismos, por la 
América libre contra las Indias oprimidas. Si la revolución liis- 
pano-americana no se hubiera hecho encubiertamente a nombre 
de un rey cautivo desconocido, no entrañaría un contrasen- 








tido haberla realizado invocando sinceramente el nombre de un 
rey, como Carlos III. Tenía su profunda significación el culto 
del monarca o dogma de la majestad real. El rey había subscripto 
en definitiva ese monumento de libertades y garantías que se 
llama la legislación de Indias : él también había concedido los 
reglamentos del comercio libre y las franquicias del comercio 
extranjero. Pero el código indiano había sido groseramente fal- 
seado por la codicia sin ley de colonizadores y gobernantes, y 



494 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

cada libertad comercial otorgada a las colonias era resistida por 
el círculo irreductible de monopolistas. La revolución fué con- 
tra ellos. 

Moreno termina su trabajo refiriéndose a «los desvelos que 
me La costado su formación y el empeño que be puesto para 
instruirme en la materia». «Yo he concluido una disertación — 
continiia — cuyos puntos, si se hubieran de tratar con la debida 
dignidad ocui)arían volúmenes enteros. No ignoro que habrán 
en ella muchos defectos...» 

Este es su juicio, expresado sin jactancia, llanamente. 

De más carácter jurídico que histórico y de más valor políti- 
co que jurídico, la i>úer<ac¿ow doctoral de Mariano Moreno es 
como su profesión de fe. Vibran en estas páginas de adolescen- 
te, las pasiones donñnantes de toda su vida : la justicia y la li- 
bertad... Así iniciaba su vida pública confesando sus ideas libe- 
rales y su amor por los humildes (1). 

(1) Desde el gobierno, Moreno realizó actos que significan la confirmación de 
su respeto por los derecLos del indio y su concepto sobre la igualdad con los 
criollos. En la Gaceta del 14 de junio se publicaba el decreto por virtud del cual 
los oficiales naturales indios, hasta entonces agregados a las castas de pardos y 
morenos, eran e<iuiparado8 a los oficiales españoles. 

La causa del indio es* fundamental en el estudio de la revolución. Sugiere toda 
su importancia el siguiente documento : •« Instrco" que doy a mi sucesor en el 
Gorno de esta Prova de Salta arreglada a las qe he recibido de la Exma. Junta 
Gubernativa y a los conocimos prácticos q^ he adquirido... » original de Chiclaua 
y destinada a su sucesor, en el que se expone : « 15. Aunque el amparo y pro- 
tección de los ludios se halle encargado a los Intend^e» pr repetidas Ornes, y 
Leyes, sin embargo, siendo tan notable la estorcion qe j)adecen estos infelices 
en este Pueblo y siendo uno de los objetos principales qe se propone el nuevo 
6or°o la sostencion y cuidado de estos miserables, se deverá tratar con el ma- 
yor empeño de abolir la costumbre qe hay en estos Paises de qo los indios seau 
reputados como esclavos; y p»" lo tanto se cuidará de poner a los hombres en 
oficio oportunamente y a los mugeres qo se casen y vivan p"" si, sin dependencia 
de otros, p» qe de esta suerte gosen de su plena livertad y puedan ser útiles al 
estado y la Población». (Arch. del gobierno de Buenos Aires, 1810, en el Arch. 
gen. de la Nación.) 

En las « Instrucciones» de fecha 12 de septiembre de 1810, que debía obser- 
var Castelli, se dispone en el artículo 15 que era su obligación mandar emisario» 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 495 

Moreno vivió dos años más en Chuquisaca hasta terminar su 
práctica de abogado en un estudio. En 1805 volvió a la ciudad 
natal este demócrata representativo, que fuera más tarde el de- 
fensor de los intereses del litoral, cuando reclamara del virrey 
la apertura del puerto, y que había sido antes el abogado de la 
causa del interior proclamando los derechos y las libertades del 
indio. 

EiCARDO Levene. 

Julio de 1917. 



a los indios « que les hagan entender que la Expedición marcha en su alivio ». 
(Arch. general de la Bepública Argentina, por A. Carranza, 2a serie, t. II, 
pág. 3.) 

Moreno, en fin, al escribir « Sobre las miras del Congreso que acaba de con- 
vocarse y constitución del Estado >, expuso una serie de objeciones contra 
el código indiano, pero dijo entre las primeras y más vigorosas la siguiente : 
« un espíritu afectado de protección y piedad hacia los indios, explicados por 
reglamentos que solo sirven para descubrir las crueles vexaciones que pade- 
cían, no menos que la hipocrecia e impotencia de los remedios, que han de- 
xado continuar los mismos males a cuya reforma se dirigían : que los indios no 
sean compelidos a servicios personales, que no sean castigados al capricho de 
sus encomenderos, que no sean cargados sobre las espaldas, a este tenor son 
las declaratorias que de cédulas particulares pasaron á Código de leyes porque 
se reunieron en quatro volúmenes, y eh aquí los decantados privilegios de 
los indios... cuyo despojo no pudo ser reparado sino por actos que necesitaron 
vestir los soberanos respetos de la ley, para atacar de palabra la esclavitud que 
dexaban subsistente en la realidad». (Gaceta extraordinaria del 6 de noviembre, 
edición facsimilar de la Junta de historia y numismática.) 



496 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

APÉNDICE 

(DOCUMENTO DEL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL) 



Disertación juridica, sobre el servicio personal de los Indios en general, y 
sobre el particular de Yanaconas, y Mitarios. Que se ha de leer en la Rl. 
Academia de practica de Jurisprudencia de esta Ciudad, por el Académico 
que la suscribe, el dia de Agosto de 1802. (Hay una rúbrica). 

S. M. D. 

Al paso que el nuevo Mundo ha sido p*" por sus riquezas el obgeto 
de la común codicia, han sido sus naturales el blanco de una general 
contradicción. Desde el primer descubrimiento de estas Americas em- 
pezó la malicia á perseguir unos hombres, que no tubieron otro delito, 
que haber nacido en unas Tierras, que la naturaleza enrriquecio con 
opulencia. Quando su policía, y natural cultura eran dignas de la ad- 
miración del Mundo antiguo, no trepidó la maledicencia dudar publi- 
camente en la Capital del Orbe christiano acerca de su racionalidad ; 
y para arruinar un delirio, que parecía no necesitar mas anathemas, 
que los de la humanidad, fué necesario que fulminase sus rasgos el 
Vaticano. 

Si esta calumnia injurio notablemente á los habitantes de estas Pro- 
vincias, no fué menor la herida, q® recivieron con el tenas empeño de 
aquellos, que solicitaron despojarlos de su nativa libei'tad. Impelidos 
por barbaros exemplos de la antigüedad ; ó mas bien seducidos por los 
ciegos impulsos de su propria pasión, no dudaron muchos sostener q'' 
los Indios debian según toda justicia vivir sugetos baxo el grave y 
penoso yugo de una legitima esclavitud, llegando á tanto el desvario, 
que el Obispo del Darien D° Sr. Thomas Ortiz en las porfiadas y re- 
petidas disputas, que sobre este punto sostubo contra el Obispo de 
Cbiapa á presencia del S*' Emperador Carlos 5° y sus Consejos, se 
atrevió á afirmar, que los habitantes de las Indias eran a natura sier- 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 497 

í'o«^ fundado siu duda en una extravagante doctrina de Aristóteles, que 
á entenderse baxo el literal sentido, que presenta, no dala mejor idea 
de las decantadas luces de su Autor. 

Si la Conquista de estos revnos hubiera estado reservada á unos 
Principes menos grsindes, menos piadosos, y menos equitativos que 
los catbolicos Monarcas de las Españas, auxiliada del poder la male- 
dicencia hubiera llevado al colmo todos sus deseos, y con el ultimo 
triunfo de la inocencia hubieran sido victimas de la esclavitud todas 
estas recien conquistadas Naciones; pero el Cielo que habia mirado 
estos Pueblos con una particular predilección les destino para Con- 
quistadores unos Principes, que equivocando las acciones de tales con 
las de un verdadero Padre, mirasen con mas interés la felicidad de 
estos nuevos Vasallos, que el esplendor que con ellos se acrecentaba 
á su Corona. Mas ha de tres siglos que las armas españolas, auxilian- 
do al Evangelio para introducirlo en esta región, la conquistaron. En 
todo este tiempo no han perdido de vista nuestros catholicos Monar- 
cas la situación de los Indios, manifestándose clementísimos Padres 
de ellos. Quantas Leyes no se han publicado para su beneficio? Quan- 
tas providencias para civilizarlos? Que cuidados nos há costado su 
conservación, su aumento, y su felicidad? Que de reglas para bien 
instruirlos? Que de privilegios para favorecerlos? De estos ninguno 
há sido mas interesante á los Indios, ni mas zelosamente, mirado por 
nuestros Principes q® el de la conservación y guarda de su entera na- 
tiva libertad. Casi no se halla en el sabio Código de nuestras Leyes 
expresión alguna tocante á ellos que no demuestre con evidencia, ser 
las intenciones del Monarca, que los ludios no carescan de ningunos 
de aquellos caracteres, propios de una libertad legitima y perfecta. 
No contento el Soberano con declararlos libres no satisfecho con exi- 
mirlos de íiquellos servicios, q^ solo pueden ser efecto de una verda- 
dera esclavitud se extiende á prohibir con el mayor rigor, q" aun vo- 
luntariam*^, puedan los Indios sugetarse á semejantes servicios. 
Parece, q"' ellos son el único obgeto de las atenciones de los Sobera- 
nos, pudiendo sus paternales Providencias causar envidia á los habi- 
tíintes de la antigua España. Sin embargo los efectos no han corres- 
pondido á tan amorosas Providencias. Los Reyes de España nada han 
mirado con mas empeño, que desterrar de los Indios qualquier servi- 
cio capaz de hacerlos titubear acerca de la libertad, con que los han 
enrriquecido, y no obstante esto en tiempos posteriores se han visto 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 32 



498 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

sagetos á algunos servicios, q*' solo pudieron ser propios de unos ver- 
daderos esclavos, practicándose en la actualidad algunos, que en sen- 
tir de muchos Sabios no son compatibles con su privilegiada libertad. 
Materia es esta útil, interesante, y necesaria, por lo tanto para tra- 
tarla en la presente disertación con la posible dignidad, dividiré esta 
en dos partes : en la primera hablaré del servicio personal de los In- 
dios en general : y en la segunda ciñendome á los particulares servi- 
cios qo se practican, demostrare la conformidad, que en ellos se halla 
con las piadosas intensiones de nuestros Monarcas, y con una desapa- 
sionada razou. Si yo no puedo prometerme tratar debidamente una 
materia superior en todo a mis débiles luces, no se me podrá á lo 
menos negar el mérito de cumplir de algún modo con el interés <j® 
uno debe mirar los derechos de aquellos hombres, cuyas regiones 
habita. 



PARTE PRIMERA 

DEL SERVICIO DE LOS INDIOS EN GENERAL 

Nada han mirado nuestros catholicos Monarcas con mayor zelo y 
vigilancia desde el descubrimiento de las Indias, que la conservación 
de sus Naturales en una entera y verdadera libertad. En infinitas Le- 
yes que dictó el amor y escrivio la ternura, demuestra el Soberano, 
que su intención es, q® los Indios sean libres en igual modo a los an- 
tiguos Vasallos de la Corona de Castilla. «Ordenamos y mándanos, 
se dice en la Cédula expedida el año de 1542, que de aqui adelante 
por ninguna causa de guerra ú otra alguna, aunq"^ sea so titulo de Re- 
belión, ni por rescate ni de otra manera alguna se pueda hacer escla- 
vo Indio alguno; y queremos y mandamos que sean tratados como 
Vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son. «El cumpli- 
miento de esta soberana determinación ha executado en todos tiem- 
pos los desvelos de nuestros Principes : todo el titulo 2 del lib. 6. de 
las Recopiladas de estas regiones no tiene otro obgeto, q* mandar con 
el mayor rigor la puntual observancia de esta privilegiada libertad, 
exponiendo los medios mas conducentes á su mayor aumento y es- 
plendor. 

Si estas reales resoluciones conducen, sl qae propter timorem secón- 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 499 

serve á loa Naturales de las Indias en su perfecta libertad, hay tam- 
bién otras, que propter conscientiam obligan á lo mismo. Impelido de 
su piadoso zelo el S""" D° Fr. Juan Garcés del Orden de predicadores, 
y Obispo de Tlaschala dirigió el año de 1536 a la Santidad del S""" 
Paulo tercero una Carta en latin, donde con vivas razones y eficaces 
exemplos procura demostrar el miserable engaño, q*^ padecían mu- 
chos, que en aquel tiempo enseñaban, q** los Indios debian vivir su- 
getos baxo el pesado yugo de una verdadera esclavitud. Bien infor- 
mado el Sumo Pontífice, y convencido de los poderosos fundamentos, 
que presentaba la predha. Carta, expidió un Breve en el año de 1537, 
<'uya execncion cometió al Cardenal Tavera, en q*' en substancia de- 
termina, «que es malicioso y procedido de codicia infernal y diabóli- 
ca el pretexto q" se ha querido tomar, para molestar á los Indios, y 
hacerlos Esclavos, diciendo q" son como Animales Brutos, incapaces 
de reducirse al gremio y fée de la Iglesia catholica; y que por auto- 
ridad Apostólica después de haber sido bien informado, dice y decla- 
ra lo contrario, y manda, qne asi los descubiertos como los que ade- 
lante se descubrieren sean tenidos por verdaderos hombres capaces 
de la fée y Religión christiana, y que por buenos y blandos medios 
sean atrahidos á ella, sin que se les hagan molestias, agravios, ni ve- 
xaciones, ni sean puestos en servidumbre, ni privados del licito uso de 
sus bienes y haciendas, con pena de excomunión latoe sentencioe ipso- 
t'acto incurrenda á los q** lo contrario hicieren, y que la absolución aun 
no se les pueda dar sino en el Articulo de la muerte, y precediendo 
bastante satisfacción. Cuya constitución fué confirmada p''Otro Breve 
del S^"" Clemente Octavo dirigido á las Provincias del Perú. » 

Parecían bastantes estas superiores determinaciones, para q« po- 
niéndose á los Indios en posesión de la libertad que se les concedía no 
viviesen sugetos á otros servicios, que á aquellos que como miembros 
de una bien ordenada República voluntariam*^ quisieran elegir. Por 
que siendo la libertad, como se explica el Filosofo, una facultad 
natural de hacer de si un hombre lo que quisiere sin coartación algu- 
na ; siendo toda violencia ó determinada precisión á un servicio mas 
bien que á otro incompatible con esta natural indiferencia; siendo la 
libertad del vasallo el origen de aquellos fueros que en sentir del gran 
Senechal de Fourcalquier sirven de escudo impenetrable aun a los 
irregulares esfuerzos de la Soberanía, ¿cómo se podria pretender, su- 
getar y violentar á los Indios á determinados servicios, después de 



500 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tan terminantes decisiones con q« nuestros Monarcas afirman, que es 
su intención hacerlos enteram*'= libres y esentos de qualquier servi- 
dumbre? Pues ello es, que asi sucedió, reproduciéndose en estas re- 
giones continuos motibos, que executando el amoroso zelo del Sobe- 
rano, lo hicieron pron-umpir en Providencias, que demuestran con 
evidencia la eficacia, con que siempre há deseado desterrar de estos 
Naturales qualesquier especie de servicios. 

Inmediatam*^^ que se empezaron á poblar las primeras Islas de las 
Indias, alegaron los Españoles descubridores necesitar del trabajo de 
los innumerables Indios, que las habitaban, para el servicio de sus 
Casas, beneficio de las Minas, cría y guarda de los ganados, labor de 
los Campos, y otros diversos Ministerios. Esta solicitud, cuya ilegiti- 
midad era demasiado clara atendida la privilegiada libertad, q« se 
mandaba guardar á los Indios, fué tenida por legitima y favorablem'^" 
despachada porD" Christoval Colon, juzgándola inescusable y conve- 
niente. Empezai-on pues á repartirse á cada Español algunos Indios, 
para q" acudiesen á los expresados servicios; cuyo repartimiento con- 
tinuaron después D" Nicolás Ovando, y otros varios Governadores en 
estas mismas Islas, siguiendo este exemplo D"* Fernando Cortés en la 
nueva España, y D" Fran'"' Montejo en la Provincia de Yucatán. Con- 
quistadas ya las Provincias de Tierra firme de las Indias el Licencia- 
do Christoval Baca de Castro después de la derrota y castigo de Al- 
magro dispuso gratificar á los leales con el repartimiento de Tierras 
é Indios ; pero por no causar descontento entre los que quedasen sin 
premio, entretubo su execucion con arbitrios políticos. 

El Licenciado Pedro de la Gasea el año de 1548 para premiar á los 
mas zelosos y leales en el castigo de Pizarro, verificó con dictamen de 
D" Gerónimo de Loaisa Arzobispo de Lima el repartimiento de 150, 
encomiendas, publicándolo en el Cuzco á 24, de Agosto de 1548. El 
segundo repartimiento lo hizo el año de 1550, para contentar á los 
que quedaron descontentos y quejosos en el primero ; y se publico a 
los 10 dias de su partida á España. 

Los mismos Españoles, á quienes se encomedaron estos reparti- 
mientos, descubrieron bien pronto el fondo de ambición, con q* pro- 
cedieron á su solicitud. Los penosos trabajos con q»* fatigaban á sus 
encomendados ; las repetidas crueldades, con q« los tiranizaban ; su 
libertad casi enteram'^ olvidada, y sus fueros del todo desatendidos 
excitaron el zelo de algunas Personas piadosas, que con doctos escritos 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO ' 501 

hicieron patentes al Monarca todos estos desordenes., Las Providen- 
cias, q« sobre ello tomó el Soberano, son el mas autentico testimonio 
del empeño, con q" siempre há procurado libertar á los Indios de toda 
especie de personal servicio Se despacho inmediatam*" á D" Diego 
Velasquez una Cédula en el año de 1518, y otra á D" Hernán Cortéis 
en el año de 1523, en que se dice «que habiéndose mandado platicar 
sobre ello á los del Consejo, y a Theologos religiosos, y Personas de 
muchas letras y de buena y santa vida, pareció, que nos con buenas 
conciencias (pues Dios nuestro S"'' crio á los Indios libres y no suge- 
tos) no podíamos, mandarlos encomendar, ni hacer repartim^° de ellos 
á los Christianos, y asi mandamos no se hagan, y se quiten los 
echos. » 

El fin del Soberano en esta superior resolución, fue cortar de raíz 
las encomiendas, q" se habian introducido ; sin embargo el interés, 
q" de ellas resultaba á los Encomenderos no era tan despreciable, que 
se resolviesen á recivir con la debida sumisión y silencio aquel supe- 
rior decreto. Se unieron pues, y uniformes con los Governadores cla- 
maron al Soberano, exponiendo varios inconvenientes, q*' se seguirían 
con la practica de su Superior decreto. Movido el Monarca de las ra- 
zones, con q" apoyaron estos informes, ó mas bien no queriendo de- 
xar descontentos ¡i unos hombres, cuya conservación en Indias era 
necesaria para el adelantamiento de estas Provincias, y que no podría 
lograrse, sin usar con ellos de algunas graciosas indulgencias, tomo 
su superior prudencia un arbitrio, que sin desairar enteramente su 
pretensión, conservase á los Indios en los fueros de su privilegiada 
libertad. Se aprobaron pues las Encomiendas; pero baxo las siguien- 
tes condiciones : Que los Indios no se habian de dar en ellas por es- 
clavos ni á titulo de personal servicio : que todo el lucro q° habian de 
sacar de ellos los Encomenderos, había de consistir, en q® los Indios 
repartidos á cada encomienda pagasen al encomendero aquella tasa y 
moderada cantidad q'' por via de tributo pudiesen y debiesen pagar 
al Soberano : quedando al mismo tiempo los encomenderos obligados 
á cuidar del buen tratamiento de los Indios, y á proporcionarles to- 
dos los medios conducentes á su mayor espiritual instrucción. Este 
establecimiento no fué sino un arbitrio, con q° recompensándose el 
mérito de los Españoles se proporcionaron nuevos progresos á los In- 
dios, pero q"^ al mismo tiempo descubre, quan interesados han estado 
siempre nros. Monarcas en libertarlos de todo personal servicio. Con- 



502 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

tiniiam** se han estado reproduciendo nuevas Ordenes, en q® se en- 
carga con el mayor empeño á los Jefes superiores de estas Provincias 
velea con el mayor esmero, para que los Encomenderos no obliguen 
á los Indios á ningunos servicios personales. En la Cédula expedida 
el año de 1549, á la Real Andiencia de G-uatemala se encarga este 
cuidado con el mayor empeño. El año de 1555, se despachó otra Ce- 
dula, en q8 se repite el mismo encargo á la R' Andiencia de México. 
En la instrucción dada al Virrey del Perú D° Luis de Velazco i)rovis- 
to el año de 1595 «se le hace la misma prevención; encargándosele 
la atención, con q" debia mirar esta materia al Licenciado Monzón en 
la visita de la Audiencia del nuevo reyno, que se le encomendó el año 
de 1581. Llega á tanto el esmero, con q® nuestros Monarcas han pro- 
curado desterrar de los Indios estos servicios personales, que por Cé- 
dula expedida al S'"' D° Luis de Velazco Virrey del Perú en 24 de 
Noviembre de 1601 se prohibe expresamente que puedan los Enco- 
menderos cobrar de los Indios con servicios personales el tributo con 
q® deben concuiTir por razón de la encomienda; y habiendo sido con- 
sultado el S*"" Solozzano por la Suprema Cámara para Oidor de la R' 
Audiencia de Lima nada se le encargo con más empeño, según el 
mismo refiere, q'' la puntual observancia de estas superiores resolu- 
ciones. 

No son estos reales decretos los nnicos, q'' eximen á los Indios de 
todo servicio personal; léanse las sabias Leyes de nuestra Recopila- 
ción de Indias ; y en ellas se verá, multiplicarse Leyes de igual natu- 
raleza, al mismo paso q« el abuso multiplicaba arbitrios, de sugetarlos 
á servicios determinados, siendo estas un corajjrobante legitimo del 
empeño, con q" lian velado nuestros Monarcas, para desterrar de los 
Indios todo servicio personal. ¿Los religiosos Ministros de doctrina 
y Alcaldes mayores de Filipinas introduxenm un repartimiento sema- 
nal de Indios, para que les sirvieran sin paga alguna, concurriendoles 
ademas de esto los Pueblos con la pesca, que necesitaban en las vigi- 
lias ? Pues inmendiatam*'' que esto se supo en la Corte, se les prohibió 
aeveram*" por la Ley 41 tit. 12. lib. 6. de las R. de Indias. Los Curas 
del Perú olvidando los exemplos de los primitivos Párrocos, introdu- 
xeron la abominable corruptela, de que se les repartieran Indios para 
todos los servicios domésticos de sus Casas ? Pues apenas lleg(') esto á 
oidos del Soberano, se les prohibió severam*» por la Ley 43 del mismo 
tit. declarando semejante abuso por dañoso y muy perjudicial. Que 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 503 

mas los mismos S. S. Virreyes, Presidentes, Oidores, Contadores de 
cuentas, Inquisidores, Oficiales reales, Governadores, Corregidores, 
Alcaldes mayores, y otros Ministros á quienes á primera vista parecía 
razonable concurrieran los Indios con sus servicios personales están 
enteramente inhibidos por la Ley 42. de este título, para admitir ni 
tolerar semejantes repartimientos. La Ley 1^ del tit. 12. lib. 6. es la 
mas oportuna para la completa inteligencia de esta materia. Su tenor 
es como se sigue : « Habiéndose reconocido quan dañoso y perjudicial 
es á los Indios el repartimiento, que para los servicios personales se 
introdnxo en el descubrimiento de las Indias, y que por haberlo disi- 
mulado algunos Ministros, han sido y son vexados y molestados en 
sus ocupaciones y exercicios, sobre q" por muchas Cédulas, Cartas, y 
Provisiones dadas por los S. S. Reyes nuestros progenitores está Orde- 
nado y mandado todo lo conveniente a su buen tratamiento y conser- 
vación, y que no haya servicios personales, pues estos los consumen 
y acaban, y particularm*'' por la ausencia, q" de sus Casas y haciendas 
hacen, sin quedarles tiempo desocupado, para ser instruidos en nues- 
tra santa feé católica, atender a sus grangerias, sustento, y conserva- 
ción de sus Personas, Mugeres é hijos; y advirtiendo quanto se excedía 
en esto, en perjuicio de su natural libertad, y q'' también importaba 
para su propria conveniencia y aumento, no permitir en ellos la Ocio- 
sidad y dexamiento, á que naturalm'" son inclinados, y q® mediante 
su industria, labor, y grangería debíamos procurar el bien universal 
y particular de aqtiellas Provincias : Ordenamos y mandamos ; que los 
repartimientos como antes se hacían de Indios ó Indias para la labor 
de los Campos, edificios, guarda de ganados, servicio de las Casas, y 
otros qualesquíer cesen ; y por q" la ocupación en estas cosas es ines- 
cusable, y sí faltase quien acudiese á ellas, y se ocupase en tales exer- 
cicios, no se podrían sustentar aquellas Provincias, ni los Indios, que 
han de vivir de su trabajo : Ordenamos, q^ en todas nuestras Indias 
se introduzga, observe, y guarde, q"^ los Indios se lleven, y salgan á 
las Plazas, y lugares públicos acostumbrados para esto, donde con 
mas comodidad suya pudieren ir, sin vexacion ni molestia, mas q® 
obligarlos, á que vayan á trabajar, para q** los Españoles, ó Ministros 
nuestros. Prelados, Religiones, Sacerdotes, Doctrineros, Hospitales, 
ó Indios, y otras qualesquíer Congregaciones, y personas de todos esta- 
dos, y calidades los concierten, y cojan allí por días ó por Semanas, 
y ellos vayan con quien quisieren, y por el tiempo q^ les pareciere sin 



504 ANALES UE LA FACULTAD DE DERECHO 

if nadie los pueda lleva i- ni detener contra su voluntad. » Todo este 
titulo 12 q^ trata del servicio personal, y todo el tit. 1° del mismo 
libro donde se ordena y manda el buen tratamiento de los Indios no 
son sino una colección de amorosos documentos, q" acreditan la ter- 
nura y eficacia con q" nuestros Soberanos han mirado el adelantam'* 
de estos Vasallos ; siendo al mismo tiempo unos antecedentes de donde 
legitiniam*'' se infiere, q® estando los Indios condecorados con la mis- 
ma libertad de los antiguos Vasallos de Castilla, deben gozar de unos 
mismos fueros y privilegios, y q° siendo uno de los principales de 
estos la excempcion de todo servicio personal, y la libre elección de 
aquel, q" fuere de su mayor agrado, debe considerarse á los Indios 
asistidos de esta privilegiada y apetecible inmunidad. De todo lo dho. 
en esta primera parte dedusco el siguiente theorema, 

Utriusq^ AmericcB habitantes sua¡ libertatis ratione, et regalium ordi- 
nationum virtute ad personalia servitia cogí negueunt. 



PARTE SEGUNDA 

DE LOS SERVICIOS DE LOS INDIOS EN PAUTICULAE 

Son las Repúblicas, en sentir del sabio Plutarco, unos cuerpos com- 
puestos de muchos hombres, q^ como respectivos miembros se ayudan 
y sobrellevíin reciprocamente. Jamas podrían estos cuerpos políticos 
llegar á aquel grado de perfección que necesitan para su firme subsis- 
tencia, mientras sus miembros aplicándose á diferentes oficios, minis- 
terios, y ocupaciones, no entiendan los unos en las labores del Campo, 
otros en las negociaciones y mercancías, otros en las artes liberales y 
mecánicas ; destinándose con proporción á su naturaleza y estado los 
unos á los comunes servicios, mientras los otros se emplean en los 
honrrosos pero pesados cargos de la judicatura. «Criar debe el Pue- 
blo con gran femencia, dice la Ley 4. tit. 2°. part. 2*, los frutos de 
la Tierra, labrándola, y enderezándola, para haberlos de ella. E por 
ende todos se deben trabajar, q" la Tierra, onde moran sea bien labra- 
da, ó ninguno con derecho no se puede de esto escusar, ni debe. Ca 
los unos lo han de facer por sus manos, é los otros que non supieren, 
o no les conviene, deben mandar como se faga. » 

Sobre estos generales principios de Política se introduxeron sin 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 505 

(luda en las Indias algunos servicios personales de sus habitantes, que 
aprobaron nuestros Monarcas con arreglo á las necesidades de estas 
Provincias, y circunstancias de aquellos tiempos; y fundados en ellos 
mismos procuran sostener la legitimidad de esta introducción el S"'" 
D" Juan de Matienzo Oidor q" fué de esta R' Audiencia de los Char- 
cas, el P. José de Acosta de la Compañía de Jesús, S"" Miguel de Agia 
Franciscano en los Consejos, q"^ escrivio para el S""" Virrey de Lima 
D" Luis de Velasco, subscriptos y aprobados por casi todos los Doc- 
tores q" en la actualidad se hallaban en aquella Universidad, y ulti- 
mam'e el S""" D" Miguel de Luna y Arellano Oidor de la B} Audiencia 
de Sevilla en su docto tratado dejuris xatione lib. 3. cap. 12. n. ñnal. 
Sin embargo como las vicisitudes de los tiempos y el abuso de los 
hombres hacen variar aquellas circunstancias, qtie dieron mérito a los 
nuevos establecimientos ; y como variadas estas los sistemas mas úti- 
les á la Sociedad se vuelben perjudiciales y nocivos, se me hace for- 
zoso discurrir en particular p'" cada uno de estos personales servicios, 
examinando su Origen, naturaleza, y progresos, exponiendo por ulti- 
mo el concepto que con arreglo á algunos doctos escritos, q" hó tenido 
á la vista, hé podido formar de su actual situación y estado. 



ARTICULO 1« 

DK LOS YANACONAS 

Sabemos por la historia de estos reynos, q° el haberse criado Corre- 
gidores, poniendo uno encada Cabeza de Provincia, no tubo otro Ori- 
gen q^ el justo deseo de reprimir los delitos de los Indios especialm**^ 
de los Caciques no menos q** los abusos de los Encomenderos y exce- 
sos de los Curas doctrineros. Sin embargo apenas se formalizo este 
establecimiento, las extorsiones por una parte, y por otra las noveda- 
des executadas en la nueva forma de govierno motibaron las primeras 
deserciones de muchos Indios, q" desando sus Pueblos tenian por me- 
nos mal vivir errantes, q° sugetarse á las opresiones y sers'icios de sus 
Amos, Jueces, y Curas. El Exmo. S*"" D" Francisco de Toledo consi- 
derando el impedimento, q'= ponia á la predicación del Evangelio la 
distancia de los Pueblos, los mandó unir haciendo uno grande de mu- 
chos pequeños; pero como las diversas Naciones q® congrego para este 
efecto tenian diferentes lenguas y costumbres, en breve tiempo per- 



506 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

dieron la concordia ; y no pudiendo tampoco un Misionero enseñar 
con un idioma á muchos q° le hablaban diferente, después de no sacar 
provecho, se siguieron enemistades y deserciones ; q* acabaron con 
los Pueblos. 

De estos Indios fugitivos y vagos se refugiaron unos en las Hacien- 
das y Chacras de los Españoles, aplicándose á servirlos con la labor 
y cultivo de los Campos : otros se mantubieron vagos andando de un 
Pueblo en otro sin aplicación á ningún destino fixo; y otros se retira- 
ron á las Ciudades principales como Potosi, Tarija, y otras, para vivir 
en sus vicios sin sugecion á doctrina ni Caciques. Los jirimeros son 
los que se llaman Yanaconas de Chacras, los segundos y terceros Ya- 
naconas de la R' Corona. 

Enterado S. M. de estas clases, mando q^ los visitasen, numerasen, 
y empadronasen, señalándoseles la correspondiente tasa de tributo, 
según refiere Escalona; y cumpliendo con esta orden el Exmo. S"'' 
Toledo al tiempo de su visita general los mando empadronar asi en 
Potosi como en otras Partes, tasando el tributo q« debían satisfacer 
unos y otros; y habiendo dado cuenta dho. Exmo. S^"" del cuidado y 
esmero q° en esto habia puesto, se lo agradeció por parte del Sobera- 
no^ ordenándosele lo llevase adelante por un Capitulo de Carta escrita 
el año de 1571. donde se dice : « también referizo, haber en ese reyno 
mas de cinquenta mil Yanaconas capaces de tributar, y que los vais 
haciendo reducir á Pueblos particulares, especialm^ á las Ciudades, y 
q® desde luego contribuyan para la doctrina, y echo esto tratariades 
de los demás; lo qual há parecido bien, y asi lo haréis ». Cuya Orden 
se repitió en iguales términos á los Presidentes de Quito y nueva Ga- 
licia, por medio de las respectivas Cédulas, q« se les dirigieron. 

Fuera de los primeros empadronados continuaron viniendo a Potosi 
otros Indios vagos y forasteros, q® fué preciso ya distinguirlos de aque- 
llos primeros, q« desde entonces acá pasan la reputación de Criollos, 
señalándose á estos las Parroquias de la Villa, y á los vagos la de S° 
Roque con un Cura separado para su doctrina. De forma q^ los mas 
antiguos Yanaconas de Potosi empadronados por el S""" Toledo casados 
y domiciliados en la Villa, y los descendientes de estos se llaman Crio- 
llos; los vagos y forasteros q® no tienen domicilio tienen el nombre de 
Yanaconas de la R' Corona, y aquellos q" se arrimaron á las Hacien- 
das de los Españoles y se matricularon entonces son llamados Yana- 
conas de Chacras ; ellos y sus descendientes con la obligación de pagar 



VIDA PÚBLICA DK MARIANO MORENO 507 

tres pesos y nu real al año por razón de tributo según la retasa del 
Exmo. S*"^ Duque de la Palata, mandada guardar p"" el Exmo. S*"" Con- 
de de la Mondo va. 

Introducidos de este luodo los Yanaconas, aquellos Hacendados, á 
cuyas Chacras vivian adscriptos se esforzaron con el mayor empeño, 
en sostener la legitimidad de esta introducción, reputándolos obliga- 
dos á vivir en las Haciendas, que primero liabian elegido, sin libertad 
ni facultad para poder mudar de habitación. Unos decian, como refiere 
el S""" Solorzano, que huidos aquellos Indios de sus naturales se habian 
aquerenciado de tiempo antiguo en sus Chacras, Haciendas, y Here- 
dades, para servirles en ellas con buenos y honestos partidos, doctri- 
nándolos en la feé, dándoles de vestir y competente salario, y aun á 
veces algunos pedazos de Tierra, q" labrasen por su cuenta para su 
proprio sustento ; y q" teniendo ya esta habitación como por propia 
olvidada la antigua, tenian dro. en ellos, sus Mugeres y sus Hijos, 
para que no se les pudieran quitar sin muy justa causa, pues tratán- 
dose de esto se los habian confirmado como en contradictorio juicio 
por los Magistrados y justicias de las Provincias. 

Otros alegaban, q^ aun los habian recivido para este fin de la mano 
propia de los Grovernadores y Magistrados, que viendo estos Indios 
vagantes y sin tener cierta y fixa habitación ni repartimiento. Caci- 
que ó Curaca q^ los govei'nase, y cobrase de ellos las tasas q'' debiesen 
pagar y servicios públicos áq® debiesen acudir, los habian adjudicado 
para siempre al servicio de sus Chacras baxo las condiciones referi- 
das, en cuya virtud quedaron, ellos y sus descendientes como por ser- 
viciales y adscripticios de sus Casas y posesiones, sin poderse ausen- 
tar de ellas. Por cuyo raotibo se les impuso el nombre de Yanaconas, 
q" en lenguage de estas Provincias significa Indios de servicios, en 
lugar del vocablo, q*' usan en la nueva España, llamándolos Naborios. 

Logró este abuso tal aceptación entre las gentes, q" habiendo el 
Exmo. 8°"" Toledo en la visita de estos reynos entregado estos Indios 
después de su numeración á los hacendados q'' los poseían, los repu- 
taron por partes proprias de aquellas Haciendas, á que estaban ads- 
criptos, aumentándose el valor y precio de estas, quando pasaban á 
algún niievo poseedor a proporción del numero de Yanacones que 
tenian contra una tei'minante Ley de las de Indias. Es cierto, q" no 
faltaron en aquellos tiempos, quienes reprobasen este nuevo genero 
de servidumbre, sin embargo la opinión contraria mereció mas pode- 



008 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

rosos protectores, pues el S*"" D° Juan Ruiz de Bezarano Oidor q° fué 
de esta real Audiencia, escrivio uualaiga alegación, probando la legi- 
timidad, con qo eran permitidos estos Yanaconas. Y el 8°"^ D" Juan de 
Matienzo glosando la Ley 12. tit. 10. lib. 5. de las Itecoj). de Casti- 
lla, donde se dispone, q" no valgan las donaciones q« se hicieren de 
Indios dice : « que no se puede adoptar á los Yanaconas, por q« aunq" 
hay prohibición de q" ningunos Indios sirvan forzados, estos en la 
Provincia de los Charcas por justas causas está introducido y permi- 
tido, q« puedan servir y sirvan en las heredades y Chácaras de los 
Españoles, donde ellos habitan gustosos, y las labran para si y para 
sus dueños, señalándoles competentes salarios y jornales p"" sus tra- 
bajos». 

Sin embargo de todo esto si me es lícito abrir sentencia en esta 
materia soi de parecer q^ esta introducción y costumbre es del todo 
abusiva y perjudicial, destructiva de los autorizados privilegios de 
los Indios, y q*' aunq® por los respectos de los tiempos la han tole- 
rado nuestras, Leyes, sin embargo en la actualidad serían dignas de 
los mayores elogios aquellos Magistrados, q*' emplearan todo su poder 
y zelo en exterminarla. Por q« si atendemos a la decantada libertad 
de los Indios, que tan seriam^ encargan nuestras Leyes, si atendemos 
á los autorizados privilegios, que de ella les resultan como a miem- 
bros de una bien organizada República, vendremos en conocimiento 
de la notoria violencia, q^ se les hace, precisándolos á ágenos y de- 
terminados servicios con exclusión de aqiiellos, q" voluntariam'*^ qui- 
siesen elegir. Nada debe estar más distante de un buen Ciudadano q" 
la criminal holgazanería : pero nada debe estar también mas lexos de 
un hombre libre q" la coacción y fuerza á unos servicios involunta- 
rios y privados. Lo interesante de la cultura de los Campos, y la es- 
casez de operarios, q" habia á los principios de la Conquista autori- 
zaban á los antiguos Magistrados, para q*= obligasen á los Indios á 
dedicarse al trabajo y servicio de las Haciendas y Chaci-as; pero será 
justo y razonable, que queriendo un Indio contraerse, á servir con su 
familia en la Chacra de Pedro, se le forcé, á que el y sus Hijos sirvan 
en la de Juan, sin mas mérito q^ haber servido en esta sus Abuelos 
desde tiempos pasados? 

Yo bien sé, q" los Autores de la contraria opinión abonan este ser- 
vicio, encareciendo las utilidades, q° de el redundan á los misroog 
Indios ; pero estas aun quando ciertas no son bastantes en expresión 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 309 

de una Ley, para autorizar lo que en sí es malo y proliibido, ¿y po- 
drá darse cosa peor que despojar á los Indios del principal privilegio 
de su libertad, precisándolos á la dura condición de no poder salir 
del lugar de su domicilio'? gravamen es este, que aun la bárbara an- 
tigüedad no acostumbraba ponerlo sino á los Esclavos ó Libertos, 
á quienes se habían dexado alimentos para el efecto. Ademas de q" 
estas utilidades las tiene el S'"' Solorzano por poco ciei'tas, teniendo 
los daños y perjuicios q" las acompañan por superiores y muy noto- 
rios, aun sin contar los q^ se ignoran por pasar en Campos y despo- 
blados. Y aun caso que el provecho fuera tan cierto como se pondera, 
dice este mismo Autor, debia quedar en voluntad de los Indios el re- 
nunciarle quando quisiesen, pues nunca se tubo por beneficio el que 
se hace á aquél q" le repugna. 

Es cierto q" la Europa nos subministra exemplos de semejantes ser- 
vicios. Los adscripticios o Colonos de los Romanos en virtud de la 
adjudicación q® por autoriead de la Ley se hacia de ellos á la labor de 
los Campos de algunos particulares se hallaban de tal suerte condi- 
cionados o cohartados á ella, que no se podían ausentar: cometiendo 
quando lo verificaban, un verdadero hurto de sus propias Personas. 
Entre los mismos Romanos habían otros muchos hombres, que depu- 
tados á ciertos servicios no podían separarse después de haber que- 
dado mancipados a ellos. Tales eran los Parabolanos, Metalarios, Cu- 
riales, Cohortales, fabricenses, Murilegulos, y otros muchos de cuyos 
ministerios y obligaciones hay títulos enteros en el volumen. Iguales 
á estos servicios son los de los Mansarios en Milán, los de la Remenza 
en Cataluña, y otros varios q'^ haj»^ en Alemania y en el Palatinado. 
Sin embargo siendo tan diversos los motibos q^ ocasionaron aquellos 
servicios de los q" dieron mérito á los de los Indios, como nota el S""" 
Solorzano, es evidente la gran disparidad q* debe reinar entre ellos, 
máxime después de las repetidas Leyes, en q® se les manda tratar del 
mismo modo q" á los antiguos Vasallos de Castilla. 

Aun mas se evidencia la verdad de mi opinión, si se atienden los 
vexamenes y trabajos, q® han padecido los Indios con esta nueva 
especie de servidumbre : yo no ignoro, q^ los Hacendados ensalzan la 
exactitud, con q" cumplen las Ordenanzas q** a favor suyo han sido 
establecidas, pero el S°^ Solorzano practico inteligente en estas mate- 
rias no duda asegurar, q" son pocas las q" se guardan, y lo cierto es, 
q® los excesos de estos Hacendados dieron mérito, á q« se le dirigiese 



niO ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ujia Cédula al Exmo S""" D" Lnis de Velasco, en «jue seriam** se le en- 
carga, q" acabe de una vez con todos los Yanaconas, restituyéndolos 
a su primitiva libertad; en virtud de esta Soberana resolución dirigió 
S. E. según refiere Escalona, las correspondientes Provisiones á la 
Provincia para su puntual cumplimiento. Pero esta, real Audien- 
cia se opuso á la nueva plantificación, alegando se podrían suscitar 
algunas novedades, y q"^ era conveniente dexar las cosas en su anti- 
guo y primitivo estado ; y así á título de conveniencia publica, q* 
en sentir de este mismo Autor es la q*^ siempre se há conjurado con- 
tra esta Nación, se prosiguió en aquella perjudicial y antiguada tole- 
rancia. 

Si en aquellos tiempos fué de este parecer ést* superior tribunal, las 
circunstancias del día me prometen, q^ abrasando contrario dictamen 
propenderá á arrancar de raiz tan ilegitima servidumbi'e. No hablo 
sin fundamento. Pues en el pleito, q*' actualmente se sigue en esta real 
Sala entre los Dueños de las Haciendas de Siporo con los Indios Ya- 
naconas, q" viven adscriptos á ellas, sobre la solicitud q" estos han 
entablado, de q*' se les liberte enteram^* de aquella pensión, habién- 
dose corrido vista sobre el asunto al Señor Oidor q" hace de Fiscal, 
opino este, se debia acceder á la pretensión de los Indios, poniendo- 
seles en plena y perfecta libertad, parecer, q*^ sin duda tubo por Norte 
el que dio el S*"" D'^ Juan de Solorzano en otra muy semejante ocasión, 
pues asegura de si mismo, q^ habiéndose llevado á la R' Audiencia 
de Lima, (siendo el Oidor en ella) la solicitud de un Encomendero, 
q6 pretendía, se le diesen por proprios, adscripticios, y en Encomien- 
da perpetua unos Indios, q" andaban huidos y vagantes de sus reduc- 
ciones, escondidos en Montes y Quebradas, baxo la obligación, a q® 
se comprometía de buscarlos y reducirlos á su costa; se opuso á la 
citada pretensión por considerarla enteram*® opuesta á la privilegiada 
libertad de los Indios. Sobre los principios expuestos en todo este ar- 
tículo establesco el siguiente Theorema. 

Servitus Indorum, vulgo Tanaconas, licet legUimam habnerit intro- 
ductionem, nihilominus attentis circvnstanciis nunc temporis militaniibiis 
abditione digna videtur. 



VIDA PÚlíLICA DE MARIANO MORENO 511 



ARTICULO 2° 

DK LA MITA 

Qnando Casiodoro excitaba á los hombres en dos de sus elegantes 
Epístolas, á que se contragesen con empeño á la labor y busca de las 
Minas, les demostraba con la mayor energía, q" en el precio de sus 
frutos tendrían seguro el Vino el Trigo y todas las demás produccio- 
nes, con (1^ la Naturaleza concurre á nuestro sustento y recreo. El 
aprecio, q" siempre ha merecido entre los hombres la Mineralogía, lo 
debemos medir por la memoria, q'^ han dexado todos los q° reportaron 
de ella grandes y copiosos tesoros. Creso no ha debido tanto su per- 
manente memoria al esplendor y potencia de su Imperio, quanto á las 
inmensas riquezas, q^ por este camino habia juntado. Cartago no llegó 
á aquel grado de opulencia, q® la distinguió entre las demás Naciones 
de su tiempo, sino con el auxilio de la famosa Mina, en cuyo diario 
trabajo empleaba según Estrabon mas de qiiarenta mil operarios. No 
fué la situación ni civilización de nuestra España, la q® en aquellos 
tiempos la convirtió en el objeto de la envidia de todas las Naciones^ 
sino las muchas Minas, q^ se descubrieron en ella. 

Estas ideas de aprecio, q^ se habia merecido la Mineralogía estaban 
como encogidas y limitadas antes del descubrimiento de las Indias^ 
pero apenas empezó este nuevo Mundo á tener comunicación con el 
antiguo, quando se desplegaron y ensancharon á vista de unas rique- 
zas, que aun para la formación de las antiguas fábulas hubieran pa- 
recido muy excesivas. Entonces fué, quando se vio á un solo Cerro 
(tal fue el de Potosí) producir en menos de quarenta y cinco años mas 
de doscientos millones ; entonces fué, quando se vio á nna sola Pro- 
vincia, ofrecer á su Monarca veinte y un millones de oro por la dero- 
gación de una sola Ley, que no le acomodaba; y entonces fué en fin, 
quando se desataron esos Arroyos de plata, que corren por todo el 
Mundo sin menoscabo de las casi inagotables fuentes de donde se de- 
rivan. Podríase decir sin exageración, q* la Naturaleza habia escon- 
dido por tanto tiempo de la comunicación de las demás gentes á esta 
gran parte de la Tierra, para poder mas á su salvo formar en ella los 
inmensos tesoros, con q'' la há enrriquecido. 

Siendo tanta la riqueza de estos Reynos, y siendo ella en expresión 



512 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

de una Cédula real el nervio principal para la conservación de estas 
Regiones y aun de las de España, no es extraño, q" desde la Conquista 
de estas Tierras se emprediese con tanto empeño la labor y beneficio 
de sus Minas; que nros Reyes hayan estimulado á sus Vasallos, para 
q^ se contraigan á este provechoso y benéfico trabajo ; que en el Rey- 
no Mexicano y Límense se hayan erigido Consulados tan autorizados 
é independientes como los de Comercio, pava velar y propender á la 
conservación y aumento de este ramo ; y por ultimo q« nros. Monar- 
cas entre las varias Mitas, q° establecieron á los principios en la Ley 
19 del título 12, libro 6 de las Recopiladas de Indias mandasen prac- 
ticar la Mita o repartimiento de Indios para la labor de Minas de Oro, 
Plata, Azogue, y Esmeraldas. 

La publica y común utilidad, que pondera la citada Ley en el be- 
neficio de las Minas, y la natural y notoria resistencia de los Indios 
á todo trabajo, de que se quexa la ley 1* del titulo siguiente, precisa- 
ron á nuestros Monarcas, á determinar un servicio, q*" á primera vistíi 
parece enteram*'' repugnante con la privilegiada libertad de los habi- 
tantes de estas Provincias. Jamas una República será bien ordenada, 
mientras sus miembros no hagan comunes todos aquellos trabajos, 
que son necesarios para la conservación y subsistencia del Estado, y 
si ellos se hacen sordos á tan indispensable deber, incumbe á las Su- 
premas potestades, que los goviernan, compelerlos al puntual desem- 
peño de aquella sagrada obligación. Las mismas Providencias, con q"^ 
se comunicó la aprobación de esta nueva Mita, indican claram*" q* 
ella no fué sino un auxilio subsidiario, con q'' se ocurrió á las execu- 
tivas circunstancias, q° urgían por aquel tiempo, y q« cesando estas, 
no debia proseguirse en aquella tolerada introducción. Ademas de 
mandarse expresam*® en la Ley 19. tit. 12. q" cesase toda Mita, desde 
el momento en que con Esclavos ó Naturales Voliintíirios pudiesen 
desempeñarse aquellos servicios, para q" se concedían, se expidieron 
un sin numero de providencias, q" demuestran claram*= esta misma 
verdad. 

En 24 de Noviembre de 1601 el S°' Felipe tercero dirigió de Valla- 
dolid al Exmo S'"' D° Luis de Velasco Virrey del Perú una Ceduhi 
llamadíi comumm'" del servicio personal é inserta en las Ordenanzas 
del Perú á f 203. En ella después de hacerse cargo el Soberano de los 
vexamenes q^ padecían los Indios en los servicios á q® los destinaban 
con contravención de repetidas Cédulas y Leyes de sus ilustres Proge- 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 513 

nitores, no determinándose á arrancar de raiz todos estos servicios, por 
haberse considerado en el Consejo esencialm*^ necesarios para la con- 
servación de las Indias, ordena á lo menos una instrucción cuyos ar- 
tículos, en lo tocante á Mita rae es forzoso referir, como q® descubren 
a fondo la aversión, con q"' han mirado siempre nuestros Legisladores 
supremos esta especie de servicios. 

En el artículo 1° después de ponderar el Soberano quanto depende 
de la felicidad de los Indios, de estas Provincias, y aun de todo su 
reyno de la labor y beneficio de las Minas, expresa con la mayor 
energía el eficaz deseo, q** le asiste, que los Indios sean exonerados de 
tan penoso trabajo, encargando á los Mineros procuren proveerse de 
aquella Cantidad de negros, que necesitaren, alquilando igualm^^ aque- 
llos Indios, que voluntariam'" quisiesen trabajar en los precios y jor- 
nales, á que se concertaren ; y reputándose interesante el beneficio 
del Cerro de Potosí, siendo por otra parte el principal lugar donde 
se practica la Mita de Minería, ordena acerca de el las siguientes dis- 
posiciones. 

Que comisionando el Virrey las Personas de su mayor confianza, 
procediesen auna visita general de dho Cerro, para que aprovechán- 
dose de las listas, que cada Cacique diese relativas á sus parcialida- 
des, y de los demás medios que pareciesen oportunos, se pudiese for- 
mar una exacta y prolixa cuenta del numero de Indios, que se hallase 
en el Cerro, Chacras, y heredades de su contorno. Que resultando de 
la dha visita, haber hasta 15 Indios, q° son los q*^ anualmente han 
acostumbrado repartirse para el Beneficio de aquel Cerro, procurase, 
que los repartimientos se hicieran de aquel asiento y sus Comarcas, 
libertando de esta pensión á los que hablan solido traherse de remo- 
tas Regiones, y q'' en caso de no ser competente el numero de los In- 
dios avecindados cerca del Cerro hiciese venir el Virrey á los de los 
Pueblos comarcanos, pero baxo la precisa inteligencia que estos re- 
partimientos durasen solam*'^ por un año, mientras los Mineros se 
proveían de Esclavos y gente de servicio para el beneficio de las Mi- 
nas, teniéndose al mismo tiempo particular cuidado, en q** los Indios 
que hubiesen cumplido sus Mitas, no volbiesen á la labor de las Mi- 
nas, hasta haberles llegado su legitima tanda, como asi mismo q^ el 
numero de los Mitarios no excedise la séptima parte de la comunidad 
donde habitasen. Que aquellas Personas, que se comisionasen para la 
conducción de los Indios, sean de la mayor confianza, para evitar asi 

ANAL. FAC. DE DER. — T. III (3» SER.) 33 



614 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

los vexamenes y mal tratamiento, que pudieran de otra suerte sufrir 
en el camino. Que en atención al grave trabajo y enfermedades, q" 
ocasionan á los Indios los desagües de las Minas, no se permitan, q® 
los Mineros emprendan con ellos este genero de labor, sino q** procu- 
ren practicarlo con negros ó qualquier otra clase de gente. Que se 
tenga gran cuidado, en q** se paguen á los indios aquellos jornales q'' 
se consideraren correspondientes á su trabajo, teniéndose al mismo 
tiempo la mayor vigilancia, en q'' aquellos que los proveen de basti- 
mentos en las Minas de su labor, no se los vendan en precios, casti- 
gandos severamente á los q^ practicaren lo contrario. Estas son las 
disposiciones, que se encuentran en los artículos 10. 11. 12. 18, 
21. y 23. de la citada Cédula, confirmadas en otra llamada igualm*® 
del servicio personal expedida por el mismo 8°"" D° Felipe 3° en Aran- 
juez á 26 de Mayo de 1609 dirigida al Exmo 8°"^ Marques de Montes- 
claros Virrey de estas Provincias é inserta en las ya citadas Ordenan- 
zas del Perú á f 211. 

Estas sabias disposiciones confirmadas, extendidas, y corroboradas 
por todo el tit. 15. lib. 6. de las R. de Indias son una clara demos- 
tración de la paternal ternura, con que lian mirado á los Indios en 
esta materia nuestros Catholicos Monarcas, que nada han deseado con 
mayor empeño, que desterrar de ellos esta penosa clase de servicios y 
que si la han permitido y aun mandado há sido unicam*^. por hallar- 
se rodeados de aquellas fatales circunstancias, que autorizan á las 
Cabezas de las Repúblicas, para sugetar á sus miembros á determina- 
dos servicios. 

Sin embargo de todo esto la nueva Mita concedida a D° Luis de 
Orueta Azoguero de Potosi, las dificultades, que se encontraron, para 
verificarla y la oposición, q® padeció de algunos Magistrados su plan- 
tificación, formaron un excesivo incendio, cuyas llamas osaron tras- 
pasar las sagradas barreras del Santuario. No es pensamiento mió, 
sino del S""" D° José Marques de la Plata Fiscal de lo Civil de la 
R' Audiencia de Buenos Ayres. Encendidos los ánimos con el fuego 
de la disputa, jamas se ha ventilado con mayor ardor la question de 
la legitimidad de la Mita. El S'"' D" Victorian de Villaba Fiscal q« 
fué de esta R' Audiencia, se esmero en impugnarla en diversas re- 
presentaciones y recursos echos al Soberano á su Ministro de Indias, 
al S°' Virrey de Buenos Ayres, y al Fiscal de aquella Audiencia Pre- 
torial, siguiendo en todos estos los pensamientos, q® habia expuesto 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 515 

en un docto tratado, q^ escrivio sobre la materia, antes de haber em- 
pezado esta reñida discordia. El S°^ D" Vicente Cañete Asesor de la 
Intendencia de Potosi y Oidor honorario de esta W Audiencia se opu- 
so a los papeles del S*"^ Villaba con otros doctos escritos, que conser- 
van con aprecio los Literatos de buen gusto. Parecería desde luego 
una gran osadía, q"^ intente yo decidir una question, q^ há atormen- 
tado unos tan grandes Talentos ; sin embargo no es esta la primera 
vez, que sostienen los Jóvenes en las Escuelas decisiones, q*' no pu- 
dieron acabar los labios mas ilustrados. Asi sin q^ se me imputen vi- 
sos de una criminal arrogancia defiendo el siguiente Teorema. 

Idemjudiciiiin de Mitariis ac de Yanaconis ferendum esse censeo. 

Basta considerar el insufrible é inexplicable trabajo, q® padecen, 
los q" viven sugetos a este penoso servicio, para que qualquier impar- 
cial quede plenam*® convencido de la repugnancia q** en si encierra 
con el dro. de las Gentes de la libertad y aun de la misma naturaleza. 
Omitamos los fanáticos delirios de Georgio Agrícola y otros Autores, 
q® falsam*'' persuadidos de la existencia de algunos Demonios subte- 
rráneos creían q^ estos con espectros procuraban desterrar á los Mine- 
ros, q" sacaban los Metales de aquellas cavernas donde ellos presi- 
dían : lo cierto es que los temples y sitios desabridos y estériles de las 
Minas, sus olores y exalaciones intolerables, el aire pestilente y esca- 
so, la perpetua noche, que las ocupa, y el humo de las Velas, q« sirven, 
para desterrarla, no pueden menos q" ocasionar en nuestra maquina 
tales disposiciones, q® sean principios de penosas y aun mortales en- 
fermedades. 

La misma antigüedad no pudo menos q® mirar con el mayor horror 
esta clase de trabajos. Plinio y Séneca usan de las mayores exagera- 
ciones : para pintarlos, refiriendo por ultimo las innumerables veces 
q^ desmoronándose las Cavernas de los Cerros son sepulcro al mismo 
tiempo q® castigo de los q^ se hallaban adentro. Plauto los compara a 
los padecimientos del Infierno; y lo q^ es mas la misma sagrada Escri- 
tura, quando en los Proverbios qaiere exagerar en hipérbole los ma- 
yores trabajos, los asemeja á los q^ padecen, los q" se emplean en 
buscar y sacar los metales : qucereve sicut pecuniam, et efiodere sicut 
Thesauros. 

De aquí es q« los Romanos solam*« destinaban á estos servicios hom- 
bres perdidos, delinquen tes y facinerosos, q^ en los tiempos de las 
mayores persecuciones de la Iglesia se destinaban á ellos los Christía- 



516 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

nos, para q" fuesen victimas (como podara S° Ambrosio) de una mas 
prolongada muerte; y de aqui es en fin, que la Europa mas ilustrada 
conmutó esta aflictiva pena en la de remar en las Galeras. 

Y no reinan acaso todos estos males en los Indios de nuestras Mi- 
tas? Permitaseme hacer algún honor á la verdad. Se ven continúa- 
me® sacarse violentam'" á estos infelices de sus Hogares y Patrias, para 
venir á ser victimas de una disimulada immolacion. Puestos contras 
las LL. en Temples eriteram*® diversos de aquellos en q"^ han nacido, 
se ven precisados á entrar p"" conductos estrechos y subterráneos car- 
gando sobre sus hombros los alimentos y lierramientas necesarias para 
su labor, á estar enterrados por muchos dias, á sacar después los me- 
tales q'^ han excavado sobre sus mismas Espaldas, con notoria infrac- 
ción de las Leyes, q" prohiben, que aun voluntariam*'' puedan llevar 
cargas sobre sus hombros, padecimientos q** unidos á el mal trato, q^ 
les es consiguiente, ocasionan, q® de las quatro partes de Indios, q* 
salen para la mita, rara vez regresen á sus Patrias las tres enteras. No 
se ocultan á los mismos Indios todas estas pensiones. De aqui es, que 
quando se intimó á los Naturales de Chayanta la nueva Mita de D° 
Luis de Orueta, causó en ellos tales alborotos q" ocasiono justos rece- 
los en este Tribunal, pai-a q* suspendiéndola en tiempo, cortase qual- 
quier fatal alboroto, q" era capaz de haberse originado. Me valdré de 
las expresiones de q" usa este mismo Tribunal en el informe dirigido 
al Exmo. S""^ Virrey de Buenos Ayres sobre la Sumaria formada por 
estos motibos al Cacique de Pocoata D° Victoriano Aira, expresiones 
tomadas del informe q** dirigió á este mismo Tribunal el Subdelegado 
de Chayanta D""^ D" Pedro de Arizmendi . Dice pues asi : « desde q" se 
intimó esta nueva Mita á los Indios, la miraron con horror; y esta 
sobre carga á que no estaban acostumbrados con las pensiones anti- 
guas, q" sufren, son á sus ojos obgetos de la mayor execración, que 
mirados al contraste de la libertad, q^ no gozan, y les está declarada 
por las Leyes, los elevan á frenéticos transportes de melancolía de 
furor y de desespei-acion ». 

Permitaseme ahora hacer sobre este pensam** una sola pregunta á 
los Partidarios déla Mita; y será este penoso servicio compatible con 
la privilegiada libertad, q" se tiene declarada á los Indios ? Será este 
involuntario y penoso trabajo compatible con la declaración, q* tie- 
nen echa nuestras Leyes, de q^ se trate á los Indios del mismo modo, 
q* á los antiguos Vasallos de la Corona de Castilla! 



VIDA PÚBLICA DE MARIANO MORENO 517 

Yo bien sé que el trabajo de las Minas es interesante á la Repúbli- 
ca, y q^ con el se aumentan sus riquezas ; pero también sé, que como 
dice la L. 14. Tit. 5. de la Part. 1^ el mejoro tesoro, que el Rey há, 
é el q** juas tarde se pierde, es el Pueblo, quando bien es guardado 
que, como dice S° Ambrosio citado por Graciano en el Cap. aurum 12. 
qq. 2^ es mejor, conservar la vida de los mortales, q" la de los Meta- 
les : que como Trajano respondió á Plinio el Joven en la Epístola 116. 
del lib. 1° no debe el Principe, querer ni procurar menos el bien de 
los Hombres de qualquier lugar de su imperio, q" el aumento del 
dinero, de que para lo publico necesita ; y q'' como dice Inocencio 8" 
en el cap. 1" de oficio Delegati lib. 6" en esto consiste el oficio y obli- 
gación principal de los q^ goviernan ; y q" mientras aligeran ó desvian 
las cargas graves de los hombros de sus Vasallos, y les quitan las 
ocasiones, q*' les pueden ser de daño, escándalo, ó desconsuelo, enton- 
ces ellos descansan seguros, y se conservan en paz y quietud. 

De todos estos principios dedusco yo un argumento indisoluble á 
mi parecer en la materia. Asi como en nuestras Leyes se halla man- 
dada la Mita para las Minas, se halla igualm*'' determinada para los 
trabajos de las Chacras, Viñas, Olivares, Obrages, Ingenios, Perlas, 
Tambos, Reguas, Carreterías, Casas, Ganados, Bogas, Coca, y Anix : 
la mita de todos estos ramos se halla tan autorizada como las de las 
Minas; Títulos enteros se hallan en nuestras sabias Leyes de Indias, 
en q" se expone abundantem*^ el modo legitimo, con q" se debe prac- 
ticar : y sin embargo vemos, q" todas estas Mitas, donde no se hallan 
expresam*" revocadas por Cédulas posteriores, están totalm*" deroga- 
das por un uso contrario legitiman!*^ introducido ; y solamente los 
Mineros de Potosi se han de mantener tenaces, en querer sostener á 
sangre y fuego una Mita la mas irregular y repugnante á los indispu- 
tables dros. de los Indios ? Ignoran acaso, q" este fué un auxilio sub- 
sidiario, q*^ se les concedió solam*^ mientras se proveían de operarios 
voluntarios para el efecto ? Y q*' han echo en tanto tiempo q'' no lo 
han verificado % Dirán acaso que no bastan las producciones de aquel 
Cerro para los jornales, q® exigen los Indios voluntarios? Y que nece- 
sidad hay de trabajar unas Minas, que no sufragan á los indispensa- 
bles gastos de su beneficio ? Faltan acaso en el reyno Minas pingues 
y poderosas, cuyo producto (si se tomaran los cortes convenientes) 
bastarían, para pagar doblados jornales, y para tener á la moneda en 
mucho mayor exercicio, del q" en el dia practica ? 



518 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

Lo cierto es q" si se han suprimido las Encomiendas, por conside- 
rarse poco conformes á la libertad y privilegio, de los Indios se puede 
esperar lo mismo con el servicio de la Mita ; á lo menos varias veces 
se lia pensado ya en la Corte su supresión ; y aun el S'*'' Solorzano ase- 
gura, haber hallado en el Archivo de la E' Audiencia de Lima algu- 
nas en q^ habia comunicado el Gavinete estos pensam*"'. 

Si no fuera abusar de vra. paciencia, haciéndome cargo de todos 
los argumentos de los Mineros de Potosi', demostraría con la mayor 
evidencia la insubsisteucia de los fundamentos, con q® pretenden sos- 
tenerse en su ilegitima y abusiva Mita ; pero seria ya demasiado mo- 
lesto, y el que desease imponerse mas á fondo en la materia puede 
ocurrir á la vista, q" sobre este punto trabajó el S""" Lagunez Fiscal 
del Consejo, que se halla entre las entomadas, q*' quedaron del S""^ 
Villaba, donde se ven enteram*^ desvanecidos los argumentos de dhos. 
Mineros, y demostrada con la mayor claridad la verdad de mi aserto. 

Yo hé concluido una disertación, cuyos puntos, si se hubieran de 
tratar con la debida dignidad, ocuparían volúmenes enteros. No igno- 
ro, q'' habrán en ella muchos defectos ; pero á pesar de ellos, y de mi 
insuficiencia, los desvelos q^ me ha costado su formación, y el empeño 
q'' hé puesto, para instruirme en la materia, me autorizan en cierto 
modo, p* cerrarla, con aquella llave de Oro, con q'= cerró S" Agustín 
una de sus principales obras, por estas palabras : « Vestrum quisq^ 
hcBc legerit, ubi pariter certus est, pergal mecum; ubi pariter hcesitat, 
qucerat mecum; ubi errorem suum cognovit, accedat acl me ; ubi meum 
revocet me : Qui aiitem dixerit ; hoc non bene dictnm est, quia non intel- 
Ugo; logutionem meam reprehendat, et si ita est,ponat librum ineum, 
ubetiam si hoc uideatur abficiat, et eis potius quos intelligit operam et 
tempus impendat : qui vero heec legens, dixit, intelUgo, quod dictum sit, 
sed non bene dictum est, as serat, si placet, sententiam suam; quod si 
eiim charitate et veritate vecerit mihi q^ cognoscedum faceré curaverit 
huifus laboris fructum uberrimum coopero. — Mariano Moreno. (Hay 
una rúbrica.) 

El Sensor ha releído la Disertación q« antesede, y hase pre senté á 
V. S. el mérito digno de ella, p* su exercisio ; salvo el consepto supe- 
rior de V. S. Plata 1" de Agosto de 802. !>"• Michel. (Hay una rúbrica.) 
V°B"'. Castro. (Hay una rúbrica.) Leyó este Discurso el D"" Moreno en 
la Junta, q^ para este ñn celebró la Academ* Carolina en trece de Ag*" 
de 802. i)" Otero. (Hay un rúbrica.) 



CAUSAS CRIMINALES SOBRE INTENTADA INDEPENDENCIA 

(1805-1809) 



I. El partido liberal revolucionario de fines del siglo xviii. — Consecuen- 
cias americanas de la complicada política seguida en Europa por la me- 
trópoli , — Formación de la conciencia nacional en el Plata. 

II. El propósito de futura independencia del Plata es anterior a las inva- 
siones inglesas. — Documentos sobre esta cuestión (1805). — La pesquisa 
del oidor Bazo y Berry. 

III. Causas criminales de carácter político. — La causa reservada contra 
Rodríguez Peña y Diego Paroissien con motivo de las gestiones para es- 
tablecer en el Río de la Plata el gobierno de la Princesa Carlota. — La 
causa criminal contra Martín Alzaga, Felipe Sentenach, etc., sobre in- 
tentada independencia. — El interés que trasciende de estos expedien- 
tes. — Las declaraciones que sirven de base al proceso de Alzaga. — La 
popularidad del alcalde de primer voto en 1807. — Supuestas palabras 
pronunciadas por Alzaga : « España sabía bien que la América no nece- 
sitaba de ella para nada. » — Conexiones de este proceso con las ges- 
tiones emancipadoras de los ingleses después de la primera invasión. 

IV. Ensayo de emancipación bajo el protectorado de Inglaterra. — Ante- 
cedentes inmediatos de la política inglesa en la América española. — La 
declaración del ñscal Villota sobre este punto. — La entrevista de Alza- 
ga y Rodríguez Peña. — La carta de Berresford a Auchmuty. — La 
personalidad de Guillermo P. White. — La fuga del general Berresford. 

V. Arribo a Río de Janeiro de la casa real portuguesa. — Las gestiones de 
un tratado de comercio entre el Plata y Brasil, iniciadas por el conde de 
Liniers en Río de Janeiro. — La amenaza de una tercera invasión ingles» 



520 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

auspiciada por Portugal. — La misión secreta de Pedro Miguel de 
Anzuategui. — El pliego conminatorio del ministro Souza Coutinho. — 
Antonio López, portador del pliego. — Acuerdos reservados del Cabil- 
do. — El embajador portugués Joaquín Xavier Curado. — Pretensiones 
de segregar la banda oriental. — El espía José Carlos Guezzi. — La 
misión comercial de Lázaro Rivera. — Auto de' Liniers sobre diminu- 
ción de derechos arancelarios en el comercio con el Brasil. — Ruptura 
de relaciones entre Liniers y el Cabildo : «una atroz injuria». — La 
intervención del Almirante Smith para arreglar las desavenencias del 
Virrey con el gobernador de Montevideo. 

VI. La Princesa Carlota denuncia al Virrey el plan revolucionario de su 
coronación, abrazado por los patriotas. — Las instrucciones reservadas 
de Saturnino Rodríguez Peña a Paroissien y la correspondencia con los 
patriotas. — El pensamiento era de emancipación de la patria. — Cau- 
sas de la actitud de Doña Carlota. — El subsidio a favor de Rodríguez 
Peña. — El incidente de la fragata Prueba. — La entrevista del co- 
mandante y la Princesa. — « Cosas de la señora Infanta ». — El 27 de 
diciembre (1808) la Carlota declara que no desea se separe de estos do- 
minios « un solo palmo de terreno ». 

VII. La actuación de Pueyrredón en España, — Sus oficios sediciosos en- 
viados a Buenos Aires y escritos en «audaz y depravado idioma». — 
Su detención. — Reuniones revolucionarias de jefes de tropas — En 
el acuerdo de cabildo del 13 de julio de 1809, se consigna que los pa- 
triotas querían «evadirse de la dominación española y aspirar a la inde- 
pendencia total de estos dominios». — El mando precario del señor Cis- 
neros. — Creación del juzgado de vigilancia. — Estados Unidos y el 
Brasil, eran centros revolucionarios de patriotas. — Río de Janeiro 
nido de amores : la Princesa Carlota y el marqués de Casa Irujo; Ma- 
dame Perichon y Lord Strangford. . . 

VIII. El 7 de mayo de 1810 Cisneros firma la última diligencia de la 
«Causa reservada...» a Rodríguez Peña. — En tanto se terminaba la 
causa criminal a Alzaga y Sentenach se produce la revolución. — Un 
oficio de Mariano Moreno. — La sentencia absolutoria de los reos acu- 
sados del crimen de intentada independencia, fué aplicada por la junta 
revolucionaria... 

IX. Apéndice de documentos inéditos. 



CAUSAS SOBRE INTENTADA INDEPENDENCIA 521 



Intensa es la elaboración de los hechos que se produce en 
nuestra historia en la primera decada del siglo xix. Durante 
esta etapa pónese término al desarrollo de las causas fundamen- 
tales de la Eevolución del Plata y se inicia una precipitada 
serie de tendencias, inorgánicas unas, definidas otras, pero tími- 
das en su impulso inicial, revelando todas el estado de inquietud 
que precedió a la emancipación, como anuncio de que los diques 
estaban a punto de romperse. 

En un medio geográfico y económico de destacada variedad y 
extensión, la sociedad del Plata ha evolucionado con lentitud 
hasta mediados del siglo xviii. Débiles eran las reacciones acu- 
sadas por el inmenso organismo que cubría todo el virreinato y 
cuyas distintas partes se diferenciaban entre sí por virtud de 
los peculiares caracteres de cada región. Nos faltan datos sufi- 
cientes para estimar la medida en que las nuevas ideas liberales 
del siglo penetraron hasta la entraña social, es decir para pre- 
cisar el proceso de asimilación cumplido. 

A partir de la creación del virreinato, comienza la obra de 
organización y unidad políticas y sobre todo económica de la 
sociedad del Plata. Cevallos desempeña en la historia colonial 
la función del virrey «reunidor de intereses comunes». Con 
la apertura oficial del puerto (2 de febrero de 1778), Buenos 
Aires fué desde entonces la cabeza de ese organismo, el cen- 
tro más sensitivo y nervioso, donde comenzó a elaborarse la 
conciencia de los intereses comunes. A fines del siglo xviii 
puede decirse que existía en el virreinato un partido liberal 
por sus doctrinas económicas, constituido indistintamente de 
patriotas y españoles, que libró las primeras batallas en de- 
manda de nuevas y cada vez mayores franquicias comercia- 



522 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

les, y que si no conduce directamente hacia la revolución, sin 
duda alguna, la precedió con su propaganda. Es el primer nú- 
cleo de hombres del Plata con unidad de miras y sostenidos pro- 
pósitos al que corresponde darle la denominación de partido. Fi- 
guraron en su seno hombres representativos por su talento, su 
posición política o su fortuna como Escalada, Marcó del Pont, 
Villava, Izquierdo, Eomero, Fernádez, Castro, Belgrano, Caste- 
Ili, Cervino, Vieytes, Saavedra, Moreno, Azcuénaga, Las Heras 
y muchos más. La lucha entre los que defendían sus propios in- 
tereses — que formaron a la sombra de concesiones y privile- 
gios — y los que abogaban por la implantación de medidas de 
orden general, se entabló en todas partes, en el cabildo, en cabil- 
dos abiertos, en el consulado, en los periódicos después. Siguien- 
do el curso de estos debates y su transcendencia, se observa que 
los nombres de partido español o realista y partido criollo o pa- 
triota no corresponden exactamente a los sucesos de la época y 
no alcanzan a explicar la revolución. Las disidencias comenza- 
ron a plantearse entre los mismos españoles dueños del poder. 
Son testimonios de esta afirmación las disidencias suscitadas 
entre Paula Sanz y Villava en el Alto Perú, que descubrie- 
ron en toda su importancia la influencia de las revoluciones 
indígenas en la revolución rioplatense, y los conflictos plan- 
teados entre el cabildo capitaneado por Martín Alzaga y la 
Audiencia en Buenos Aires que entrañan el comienzo de des- 
composición del régimen administrativo colonial. No pocos 
americanos se quedaron a la zaga de la revolución y otros 
la combatieron. Entre estos últimos puede citarse a un hom- 
bre representativo por su versación y fama : Pedro Vicente 
Cañete. 

Un hecho de singular importancia vino a imprimir grandes 
proyecciones a la acción del partido liberal : la imprevisora 
política que seguía España en las cuestiones de Europa sin aten- 
der a su particular situación de estado colonial dueño de un 



CAUSAS SOBRE INTENTADA INDEPENDENCIA 523 

inmenso imperio. Después de la paz de Utrecli — y en mérito de 
la intervención comercial de Inglaterra que se admitía en Amé- 
rica por ese tratado — España pareció preocuparse de activar 
las relaciones con sus colonias y de legislar para ellas, conforme 
a sus exigencias y necesidades. En varias ocasiones, durante 
ese siglo, la metrópoli se apartó de tal política ; en 1779 se com- 
promete en la guerra de emancipación de las colonias de Amé- 
rica del norte, que tendría para el mundo colonial hispano-ame- 
ricano importantes consecuencias políticas y económicas. El 
conde de Aranda pudo anunciar fácilmente que las colonias se 
perdían para la metrópoli; y propuso para salvar tan inmi- 
nente hecho, una fórmula de conciliación, que si era aceptable 
para España, habría sido de todos modos inútil para América. 
Pero más inmediatas — y acaso precursoras de las consecuen- 
cias políticas — fueron las consecuencias económicas déla guerra 
de 1779, pues los reglamentos de comercio libre del año anterior 
sufrieron un compás de espera y conmovieron la situación finan- 
ciera del Plata. La diferencia a favor de las cajas de Buenos Ai- 
res que en 1777 había alcanzado a 1.247.134 pesos, descendía 
en 1779 — a raíz de la guerra — a 195.450 pesos, volviendo las 
cosas al estado económico y financiero de cuatro años antes de 
fundado el virreinato. Para aliviar esta situación en extremo 
desesperante, fué necesario que se autorizara el comercio bajo 
la bandera portuguesa, y por este procedimiento, ya en 1780 
volvió a ser importante la diferencia entre los cargos y la data 
de las rentas recaudadas. 

La paz con Francia, firmada en Basilea en 1795. y la guerra 
declarada a Inglaterra, inician en la América un período de agi- 
tación social y económica. Interrumpido el comercio con la me- 
trópoli y cesante toda relación comercial con otros estados, 
plantéase una situación financiera insostenible. En 1796 el mo- 
vimiento de exportación había pasado de 5.470.000 pesos; du- 
rante el año 1797 no alcanzaba a 335.000 pesos. Se inicia enton- 



524 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

ees un verdadero movimiento liberal de ideas. Es el Cabildo, en 
primer término, quien expone al virrey la afligente situación y 
encarece una medida de defensa ; es el consulado, en seguida el 
que protesta ante el rey sobre los beneficios de la Eeal cédula 
del comercio neutral; son en fin, los mercaderes y comerciantes, 
los que piden al virrey franquicias comerciales, que no se des- 
prenden del texto de la ley, pero que ya habían sido concedidas 
en ocasión de la guerra de 1779 y las imponían las circunstan- 
cias extraordinarias. 

A la luz de estos antecedentes se explican la acción y empujes 
del partido naciente que proclamaba libertades comerciales y 
comenzó a señalar los errores y vicios del régimen colonial. 
De este modo pudo desarrollar un verdadero programa revolu- 
cionario, en cuanto demostraba con su propaganda de carácter 
combativo, que el porvenir próspero de la colonia se interrum- 
pía toda vez que la metrópoli entraba en líi danza de las cues- 
tiones de Europa. El inmenso imj)erio colonial, abandonado a 
su suerte, debía abastecerse por sí mismo. 

Sin haber podido responder con su auxilio a las insistentes 
peticiones de sus colonias, Esijaña no pudo impedir tampoco 
que Inglaterra la invadiera. De la paz de Basilea a la de Amiens 
(1795-1802), la colonia del Plata se sustentó sola económica- 
mente e hizo el comercio extranjero necesario. En 1806 y 1807, 
sola también debió hacer su defensa contra las invasiones in- 
glesas. Serias dificultades eran éstas, en cuanto ponían a prueba 
la potencialidad de un nuevo estado, que comenzaba a ejercitar- 
se con éxito en el aprendizaje de la libertad. En tan repetidas 
luchas, se forioaría lentamente la conciencia social, la concien- 
cia do todas las fuerzas propias. 



CAUSAS SOBRE INTENTADA INDEPENDENCIA 



525 



II 



El propósito de futura independencia del Plata había comen- 
zado a concretarse algunos años antes de llevarse a cabo las in- 
vasiones inglesas. A la luz de nuevas pruebas documentales 
podemos llegar a esta conclusión, que modifica el concepto ge- 
neralmente admitido y segfm el cual los planes de emancipación 




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surgieron en el Plata, en seguida de producirse las invasiones 
inglesas (1). 

La elaboración de este x)ensamiento de independencia, corres- 
ponde referirlo al intenso período de transformaciones históri- 
cas y económicas que corre entre 1796 y 1802. Con motivo de 
las nuevas disidencias surgidas entre España e Inglaterra aquel 
pensamiento se define a partir de 1804, y coincide con el go- 
bierno de Sobremonte. 

A principios de 1805 (23 de Abril) el virrey Sobremonte se 



(1) Claro es que ostablecemos distingos entre el espíritu general revoluciona- 
rio y los propósitos definidos de emancipación. Aquel espíritu de rebelión apa- 
reció en el Plata y en toda la América española, a la primera generación de los 
nacidos en la tierra. Eran a veces explosiones turbulentas y anárquicas, o bien 



526 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

dirige al oidor Juan Bazo y Berry, con carácter « reservadísi- 
mo » (1), encargándole que indague sobre « la repetición de es- 
pecies y noticias extraordinarias que de poco tiempo a esta par- 
te se han esparcido en el público anunciando trastornos y varia- 
ción en nro Govierno en sumo grado sin que hayan sido bastan- 
tes a desbanecer este concepto las gestiones que he practicado y 
seguridades que he procurado difundir de ser absolutamente in- 
ciertas o inverosimiles, ni el propagar que se ven desmentidas 
por otros Papeles públicos y Gazetas de la Corte... ». 

La pesquisa de Bazo es de gran interés. Poniendo en juego 
procedimientos cautelosos penetró en todos los círculos y cen- 
tros sociales y en su informe de julio de 1805 escribe estas su- 
gerentes palabras : « ¡ pero ha Sor. Exmo qe triste fue siempre 
el resultado de todos ! Yo no concegui mas que descubrir una 
obstinación la mas ciega y motibos para horrorizarme de unas 
maquinac* las mas delinquentes sin poder arribar a el conocim*" 
seguro de sus Authores. No quiero ni parece juzto trasladar a 
el papel, por que son indignas de transmitirse a la posteridad, 
aun en los Docm°' mas reservados : me basta haver instruido de 
ellas verbalm*® a V. Ex* y haver de ablar en este informe p' ne- 
cesidad de un Papel que he logrado recojer... ». 

El papel a que alude es un « Discurso proferido en Cortes p'" 
el Presid*® de la ííacion en 3 de Marzo de 1805 », donde se ex- 
ponen avanzadas ideas revolucionarias y se condena duramente 
la acción de los gobernantes de España que « manejaron todos 
los asuntos como una cosa particular en qe no intervino el Pue- 



conflictos entre autoridades, producidas en el seno de las ciudades. En el texto 
aludimos al pensamiento de un cambio fundamental y general en el gobierno. 
Tampoco consideramos en esta oportunidad la influencia de las revoluciones 
indígenas que hemos reseñado en nuestro trabajo sobre la Iniciación de la 
vida pública de Mariano Moreno. 

(1) « Expodte mui reservado sobre averiguar el origen y authores de ciertas 
voces escandalosas qo se obserban esparcidas. » Criminales, legajo 53, expe- 
diente 1047. Archivo general de la Nación. 



CAUSAS SOBRE INTENTADA INDEPENDENCIA 527 

blo mas q® p* executar orns o contribuc' ». « Se hacían los mas 
poderosos esfuerzos p* apartar del Piiebr las luces q^ podían 
haverle servido para conocer la mala fé con q° se le trataba», 
agrega. 

Este documento se encontró en poder de José Presas y Ma- 
rull, de origen catalán, quien lo había hallado en una mesa en el 
café del Colegio. No habiéndose podido probar su culpabilidad, 
Presas y MaruU, fué puesto en libertad en mayo de 1806 (1). 



III 



Numerosos son los procesos de carácter político iniciados en 
el agitado período que precedió a la Revolución entre los años 
1806 y 1809 (2); pero todos giran alrededor de dos grandes 
causas que fueron procesos criminales de gran resonancia. 

Una es la « Causa reservada seguida contra D° Nicolás Ro- 
dríguez Peña y D° Diego Paroissien con motivo de las gestio- 
nes de D° Saturnino Rodríguez Peña para establecer en el Rio 
de la Plata el gobierno de la Infanta Doña Carlota Joaquina, 
Princesa del Brasil », que iniciara Javier Blío en Montevideo y 
enviada a Buenos Aires para conocimiento y resolución del vi- 



(1) El papel anónimo fué un medio de propaganda muy generalizada. Servía 
admirablemente a los fines de la critica del gobierno y de la difusión de planes 
subversivos. Véase en José Antonio Pillado (Buenos Aires colonial, pág. 199, 
1910) un proceso curioso en la época del virrey Vertiz. 

(2) Pueden mencionarse los siguientes procesos, de algunos de los cuales se 
hará mención detallada en el curso de este trabajo : lo a Guillermo White (Arch. 
gen. de la Nación, Criminales, leg. 56, exp. 1086 ; leg 57, exp. 1100 ; leg. 59, 
exp. 1135) : 2» a Antonio López (causa criminal contra Sentenacb, Alzaga, etc., 
en el Arch. gen. de la Nación) ; 3o a Carlos José Guezzi (Arch. gen. de la 
Nación, Criminales, leg. 59, exp. 1131) ; 4o a J. M. de Pueyrredón (Docu- 
mentos relativos a los antecedentes de la Independencia, edic. de la Fac. de 
filosofía y letras, pág. 176 y Doc. del archivo de Pueyrredón, edic. del Museo 



528 ANALES DE LA FACULTAD DE DERECHO 

rrey en noviembre de 1808 y del que decía en ampuloso párrafo 
el gobernador de la otra banda, que evidenciaba la existencia de 
«un notable plan de desmontar de la corona de Castilla la pie- 
dra preciosa de este ilustre, generoso, fiel e invicto continen- 
te» (1); y la segunda es la causa « Criminal, contra el Teniente 
coronel de Artillería Volante D° Felipe Sentenach, el Capitán 
del mismo cuerpo D° Miguel de Esquiaga y el vecino de esta 
Ciudad D° Martín de Alzaga, acusados de liaber querido poner 
en Independencia del dominio de nuestro Soberano a esta ca- 



Mitre, t. II, pág. 42) ; 5° a Santiago Antonino (Archivo de Gobierno de Buenos 
Aires, en el Arch. gen. de la Nación, t. 42, cap. CXXI a CXXIX) ; 6» al ca- 
pitán del cuerpo de Patricios Antonio José del Texo, por haber conspirado 
contra la vida del virrey y sii jefe Cornelio Saavedra (en el Arch. gen. de 
la Nación), etc. Agregaremos que cualquier pretexto, una denuncia anónima » 
veces, servía de cabeza del proceso. Hechos de esta naturaleza explican el esta- 
do de excitación general. Así, al arribo de la fragata anglo-americana Herald, 
en mayo de 1808, se procedió a su prolija revisión, pues se había denunciado que 
venía fletada «p^ el Gobierno Inglés, que su capitán no venia de los puertos que 
había declarado, que ... el cari)intero había puesto en un paraje oculto ciertos 
papeles...» La averiguación no dio resultado alguno. (Arch. gen. de la Na- 
ción. Gobierno colonial, Revolución 1° de enero de 1809.) 

Para explicar en parte este fenómeno recuérdese que a principios del siglo 
XIX, Buenos Aires tenía una numerosa población de extranjeros. Cisneros ex- 
ponía en agosto de 1809, que eu los cuerpos de tropas, sin contar los franceses, 
había más de 400 extranjeros. (Doc. relativos a los antecedentes de la Indepen- 
dencia cit., pág. 391). 

(1) Documentos del archivo de Belgrano, tomo V, edición del Museo Mitre, en 
cuyo archivo existe el expediente original. Algunas notas de trámite com- 
plementarias del proceso, pueden verse en el Archivo general de la Nación, 
legajo : Gobierno colonial. Eevoluoión del lo de enero de 1809. Además de la 
«causa reservada», publícase en el citado volumen del Museo Mitre, otras pie- 
zas complementarias del proceso, como ser .• « Expediente reservado que contie- 
ne los avisos dados i)or la serenísima señora princesa del Brasil sobre las noti- 
cias que se le dieron de las cartas subversivas secuestradas en la fragata inglesa 
María y providencias dadas a consecuencia», * Expediente sobre el viaje hecho 
a Buenos Aires por el Coronel Florencio Bork como emisario del Almirante Sidney 
Smith», «Otros documentos relativos a la Infanta Carlota». 

Copia de este expediento existe en España, según afirmación de G. Latorrc 
Setien : « Expedientes y noticias sobre la Revolución de Buenos Aires y su in- 
dependencia 123-2-23 (de Indias) y en el Archivo nacional, lego 56, en los exp<- 



CAUSAS SOBRE INTENTADA INDEPENDENCIA 529 

pital » (1) iniciada a poco de producirse la revolución del 1" de 
enero de 1809. 

El grande interés que trasciende de estos expedientes no de- 
riva de los reos sindicados en ellos con todo de tratarse de per- 
sonas de significación. Por encima de estos nombres, al margen 
de los trámites judiciales, de las confesiones de los supuestos 
autores, de los testigos de gran prestigio y de las denuncias 
anónimas, flota el espíritu de aquella hora, aparecen y se esfu- 
man y ocultan las primeras como impalpables tendencias eman- 
cipadoras. De las 2000 fojas que suman estos juicios, no saldrá 
probada en consecuencia ni la virtud ni la culpabilidad de reos 
y cómplices : no se probará nada judicialmente. Pero el historia- 
dor, sin las trabas legales que aprisionan al juez, penetrará en 
todo lo que se consigna en ellos : lo que intentó hacerse en el 
sentido de la emancipación, lo que se dijo en público con pala- 
bras sugerentes, lo que se confió a un intermediario imprudente, 
lo que se pensó y deseó en privado, en fin, todos los datos reve- 
ladores de la vibrante conmoción de ánimo que precedió a la 
erisis histórica de 1810. 

La « causa secreta» a Rodríguez Peña se inicia con dos me- 
ses de anterioridad a la causa pública y criminal a Alzaga y 
Sentenach; pero luego de encontrarse ambas a mediados del mes 
de enero de 1809, y aunque corren en líneas paralelas, se com- 
penetran sin confundirse, se integran recíprocamente