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Full text of "Antología americana : colección de composiciones escogidas"

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AMERICANA 



ANTOLOGÍA 



AMERICANA 



COLECCIÓN* DE COMPOSICIONES ESCOCIDAS 



de los más renombrados 



POETAS AMERICANOS 



ILUSTRACIONES DE N. VÁZQUEZ 




BARCELONA 



MONTANER Y SIMÓN, EDITORES 

CALLE DE ARAGÓN, NUMS. 3°9 Y 3" 
1897 




ES PROPIEDAD DE LOS EDITORES 



n 

4 




** C M 



Consecuentes con nuestro propósito de dar ó las obras que 
forman la Biblioteca Universal la mayor variedad y el mayor 
interés posibles, concebimos hace algún tiempo la idea de dedicar 
algún tomo de la misma á los poetas americanos. 

'La realización del pensamiento ofrecía no pocas dificultades: 
formar siquiera la lista de los nombres de los principales escri- 
tores <¡ue en Hmérica al cultivo de la poesía se dedican^ era por 
si solo empresa no fácil; y una ves reunidos aquellos nombres, 
quedaba la tarea menos llana todavía de encontrar, en el sinnú- 
mero de publicaciones en donde se hallan diseminadas, las mejo- 
res composiciones de cada uno de esos autores. 

u^or otra parte, publicar todo lo' bueno que la poesía ameri- 
cana lia producido en nuestros días, era cosa de todo punto im- 
posible, yaque ello había de exigir un número de volúmenes que 
el carácter y las condiciones de nuestra BibllOteCSL nos impedían 
dedicará tal publicación . imponíase, por consiguiente, un tra- 
bajo de selección entre los muchos materiales allegados, lo cual no 
dejaba de constituir otra dificultad, y no de las más pequeñas. 

'Üodos estos obstáculos no fueron, sin embargo, sino acicate 
á nuestra voluntad, que al fin ha logrado vencerlos, cabiéndonos 
hoy la satisfacción de ofrecer á nuestros suscriptores un libro 
que no dudamos ha de ser completamente del gusto de los que 
desde /tace tanto tiempo nos vienen dispensando su favor. 

¿Mas no es nuestra toda, la gloria: que si nosotros pusimos 
al servicio de la idea concebid" la voluntad y la perseverancia, 
de personajes ilustres, respetados no sólo en ílméi-ica, sino que 
también en Jzuropa, recibimos la ayuda valiosa de una direc- 
ción inteligentísima y de sabios y pertinentes consejos. ¿\o con- 



VI PRÓLOGO 

signamos sus nombres, algunos de los cuales quizás pronuncian 
in mente lodos los que estas lineas leen; pero sóanos permitido en- 
riarles desde estas páginas la expresión de nuestro más pro- 
fundo reconocimiento, porque gracias á ellos nos ha sido dado 
realizar uno de los proyectos que más nos halaga haber llevado 
ó la práctica. 

¿No pretendemos que nuestra AlltolOgÍR cMlBriCRllR sea com- 
pleta: es probable que entre el infinito número de los poetas 
que tienen derecho á figurar en ella algunos hayan sido omiti- 
dos; mas tales omisiones, si existen, atribuyanse no á propósito 
deliberado, sino á la Índole de esta obra, á la que menos que á 
cualquier otra puede exigirse una absoluta perfección. ÍRdemás, 
en la imposibilidad de insertar todas las poesías que merecían 
ser publicadas, hemos tenido que reducir considerablemente el 
número de las mismas, incluyendo en el libro por regla general 
sólo una ó dos de cada autor. 

y^ l presente tomo va ilustrado con retratos de muchos de los 
poetas cuyos nombres en el mismo figuran; nuestro deseo hubie- 
ra sido publicar los de todos, pero no nos ha sido posible, á pe- 
sar de nuestros esfuerzos. 

Jbn cuanto al orden de inserción, nos ha parecido que el más 
lógico y natural era el orden alfabético y á él nos hemos atenido. 

&on la Antología que hoy damos á luz, hemos querido ofre- 
cer un testimonio de afecto á esos ilustrados países de Jímérica 
con los cuales estamos unidos por tantos y tan estrechos lazos, 
y rendir un tributo de justicia y de admiración ó esos poetas 
del ¿Nuevo ¿Mundo que en nuestra hermosa lengua hallan el más 
brillante ropaje para dar forma poética á sus inspire/dos pensa- 
mientos!/ á sus sentimientos más /'//limos, á esos autores hispano- 
americanos que, como ha dicho el ilustre cuanto malogrado escri- 
tor ecuatoriano ñu/in < L Montalvo, son pura los españoles carne de 
su cario 1 y huesos de sus liuesos. 

Los Editores. 




CONTRASTES 



Del carcomido tronco 
brota lozano el pámpano florido: 
flota el astro en los pliegues de la sombra 
y nace á orillas del pantano el lirio. 

Debajo la onda amarga 
yace la perla: al borde del abismo 
tiende la flor sus pétalos de seda 
y vaga en medio del silencio el ritmo. 

Duerme en la nube el rayo 
como el delito en la conciencia; el limpio 
fulgor del sol empaña espesa niebla, 
siempre una sombra eclipsa su áureo brillo. 

Tiene insectos la rosa 
y rasgos de belleza el tosco ídolo: 
flores hay en la tumba, impuro cieno 
en el fondo del lago cristalino. 

Gusanos mil rebullen 
en la dorada poma; junto al risco 
columpiase la rubia espiga; esconde 
en su concha tesoros el marisco. 

Como el beso en los labios 
y la mirada en las pupilas, trinos 
duermen en el boscaje, del que un arpa 
es cada rama y cada eco un ritmo. 

Hay risas que disfrazan 
la convulsión del odio comprimido: 
carcajadas que son una agonía, 
y lágrimas que son un lenitivo, 

y senos de alabastro 
en cuyo fondo se revela el vicio, 
como el monstruo que yace bajo la onda 
ó el áspid en las flores escondido. 



antología americana 



Las aves cuando vuelan 
surcando los espacios infinitos, 
¿quién sabe dónde pararán el vuelo 
y sobre qué árbol construirán su nido? 

¿Quién sabe lo que dice 
de la ola aprisionada el ronco grito, 
lo que brilla en el fleco de la estrella, 
lo que encierra la gota de rocío? 

¿Qué murmuran los ecos 
sobre la copa de enhiestado pino, 
lira de melancólicos arrullos 
que pulsan leves, invisibles silfos? 

¿Qué hay en el matiz vago 
del celaje, cual velo suspendido 
por la mano de un ángel en el cielo? 
¿Qué en la queja, en la nota, en el suspiro? 

¡Esta es la ley del mundo! 
¡Siempre el misterio á la existencia unido! 
¡Este el destino que el Supremo Artífice 
en la conciencia universal ha escrito! 

Vicente Acosta (centroamericano) 

CLAROSCURO 

Hay horas en que siento 
cansancio de la vida, aburrimiento, 
en que en el mar de sombras en que lucho 
me echo á pensar que ya he vivido mucho. 

Y es que llevo un vacío 

en el alma, tan hondo y tan sombrío 
como esta inmensidad de mi deseo 
que me hace suspirar por cuanto veo. 

Y me asombra, me extraña, 

bajo este afán eterno hecho montaña, 
que aún esté en pie luchando con porfía 
sin que haya encanecido todavía. 

Pues para un joven viejo 
que se ve del pasado en el espejo, 
que no ama y de no amar se está muriendo, 
la vida no es la bulla ni el estruendo: 

algo que está en todo 
y ñu está en nada, con el mismo modo 
que, invisible, está el aire por doquiera 
é impalpable la luz, vaga j ligera. 

Xo sé si parto ó llego, 
no sé si en sombras ó si en luz me anego, 
mas siento, de los años á medida, 
que me voy aburriendo de la vida. 
Vicente v 



CECILIO ACOSTA 




MADRIGAL 

Echó de menos la Aurora 
una vez su luz que dora, 
y como día tras día 
pálida siempre salía, 
dando quejas lastimosas, 
lloró perdidas sus rosas, 
y en encontrarlas se aferra 
corriendo cielos y tierra... 
Delia, ya sé que es robado 
el esplendor con que brillas, 
v que la Aurora ha encontrado 
sus rosas en tus mejillas. 

Cecilio Acosta (venezolano) 



LA GOTA DE ROCÍO 



«No hay brillo como el mío 
(dijo ufana la gota de rocío 
al verse aclamar bella 

en medio al campo en que el ornato es ella), 
ni quien cual yo, galana, 
sea orgullo y primor de la mañana. 
En globo pequeñuelo, 
sobre hoja que ya dora 
la prima luz de la rosada aurora, 
soy breve suma del fulgor del cielo 
que, en vastos horizontes, 
se ve en valles lucir, y se ve en montes. 
Y soy también, para mayor decoro 
de mi almo origen y mi cuna de oro, 
delicado vapor que en ondas sube, 
llega tal vez á la flotante nube, 
tal vez instable de la altura baja 
y en el aire suspenso en perla cuaja. 
Bordo á veces las flores 
para de ellas beberme los colores, 
)- en formas mil distintas, 
cada cual de por sí fijable apena 
en el mudar de la movible escena, 
del iris tomo las variadas tintas. 
El aura me regala 

con los aromas que el verjel exhala, 
y, por verme temblar, con ala leve 
jugando me conmueve. 



antología americana 



Yo nazco con el día, 

tengo palacio en la arboleda umbría, 

y en aguas bellas de matiz cambiante, 

ya semejo al cristal, y ya al diamante.» 

Así la gota en su discurso ciego, 

á tiempo que de ráfaga impelida, 

de la hoja desprendida, 

llegó á caer y disiparse luego: 

tal vi una vez en mi jardín acaso; 

y prueba así este caso, 

que el mundano esplendor es de un momento, 

la vida nada, y el orgullo viento. 

Cecilio Acosta (venezolano) 



BUEN MODO DE SUBIR 



En las nubes escondía 
un cerro su alta eminencia: 
sobre él un gran roble había, 
y en lo alto de éste tenía 
la águila su residencia. 

En torno á su majestad 
cada alado cortesano 
posaba con vanidad, 



cuando entre ellos, ¡oh maldad!, 
vieron un día á un gusano. 

«¿Cómo (exclamaron con saña) 
sin alas subió hasta aquí 
tal bicho de forma extraña?» 
Y él respondió: «Yo con maña 
y arrastrándome subí.» 

F. Acuña Figüeroa (uruguayo) 



ANTE UN CADÁVEB 



;V bien! Aquí estás ya..., sobre la plancha 
donde el gran horizonte de la ciencia 
la extensión de sus límites ensancha. 

Aquí donde la rígida experiencia 

viene á dictar las leyes superiores 
a que está sometida la existencia. 

Aquí donde derrama sus fulgores 
istro á cuya luz desaparece 
l.t distinción de esclavos y señores. 

Aquí donde la fábula enmudece 
y la voz de los hechos se levanta 
y la superstición se desvane» i . 

Aquí donde la ciencia se adelan 
a leer la solución i le es< problema 

cuyo -dio enunciado nos espanta: 



MANUEL ACUNA 



ella que tiene la razón por lema, 
y que en tus labios escuchar ansia 
ía augusta voz de la verdad suprema. 

Aquí estás ya... tras de la lucha impía 
en que romper al cabo conseguiste 
la cárcel que al dolor te retenía. 

La luz de tus pupilas ya no existe, 
tu máquina vital descansa inerte 
y a cumplir con su objeto se resiste. 

«¡Miseria y nada más!,» dirán al verte 
los que creen que el imperio de la vida 
acaba donde empieza el de la muerte. 

Y suponiendo tu misión cumplida, 
se acercarán á ti, y en su mirada 

te mandarán la eterna despedida. 

Pero ¡no!.., tu misión no está acabada; 
que ni es la nada el punto en que nacemos, 
ni el punto en que morimos es la nada. 

Círculo es la existencia, y mal hacemos 
cuando, al querer medirla, le asignamos 
la cuna y el sepulcro por extremos. 

La madre es sólo el molde en que tomamos 
nuestra forma, la forma pasajera 
con que la ingrata vida atravesamos. 

Pero ni es esa forma la primera 
que nuestro ser reviste, ni tampoco 
será su última forma cuando muera. 

Tú, sin aliento ya, dentro de poco 
volverás á la tierra y á su seno, 
que es de la vida universal el foco. 

Y allí, á la vida en apariencia ajeno, 
el poder de la lluvia y del verano 
fecundará de gérmenes tu cieno. 

Y al ascender de la raíz al grano, 
irás del vegetal á ser testigo 

en el laboratorio soberano, 

tal vez para volver cambiado en trigo 
al triste hogar donde la triste esposa, 
sin encontrar un pan, sueña contigo. 

En tanto que las grietas de tu fosa 
verán alzarse de su fondo abierto 
la larva convertida en mariposa, 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



que en los ensayos de su vuelo incierto 
irá al lecho infeliz de tus amores 
á llevarle tus ósculos de muerto. 

Y en medio de esos cambios interiores 
tu cráneo, lleno de una nueva vida, 
en vez de pensamientos dará flores, 

en cuyo cáliz brillará escondida 
la lágrima, tal vez, con que tu amada 
acompañó el adiós de tu partida. 

La tumba es el final de la jornada, 
porque en la tumba es donde queda muerta 
la llama en nuestro espíritu encerrada. 

Pero en esa mansión, á cuya puerta 
se extingue nuestro aliento, hay otro aliento 
que de nuevo á la vida nos despierta. 

Allí acaban la fuerza y el talento, 
allí acaban los goces y los males, 
allí acaban la fe y el sentimiento; 

allí acaban los lazos terrenales, 
y mezclados el sabio y el idiota, 
se hunden en la región de los iguales. 

Pero allí, donde el ánimo se agota 
y perece la máquina, allí mismo 
el ser que muere es otro ser que brota. 

El poderoso y fecundante abismo 
del antiguo organismo se apodera, 
y forma y hace de él otro organismo. 



Abandona á la historia justiciera 
un nombre, sin cuidarse, indiferente, 
de que ese nombre se eternice ó muera. 

Él recoge la masa únicamente, 
y cambiando las formas y el objeto, 
se encarga de que viva eternamente. 

La tumba sólo guarda un esqueleto; 
mas la vida en su bóveda mortuoria 
prosigue alimentándose en secreto. 

Que al fin de esta existencia transitoria, 
á la que tanto nuestro afán se adhieri . 

la materia, inmortal como la gloria, 
cambia de formas, pero nunca muere. 

M wri.i A' i \ \ < 




NOCTURNO 

Á ROSARIO 



¡Pues bien! Yo necesito 
decirte que te adoro, 
decirte que te quiero 
con todo el corazón: 
que es mucho lo que sufro, 
que es mucho lo que lloro, 
que ya no puedo tanto, 
y al grito en que te imploro, 
te imploro y te hablo en nombre 
de mi última ilusión. . 

Yo quiero que tú sepas 
que ya hace muchos días 
estoy enfermo y pálido 
de tanto no dormir: 
que ya se han muerto todas 
las esperanzas mías: 
que están mis noches negras, 
tan negras y sombrías, 
que ya no sé ni dónde 
se alzaba el porvenir. 

De noche, cuando pongo 
mis sienes en la almohada 
y hacia otro mundo quiero 
mi espíritu volver, 
camino mucho, mucho, 
y al fin de la jornada 
las formas de mi madre 
se pierden en la nada, 
y tú de nuevo vuelves 
en mi alma á aparecer. 



Comprendo que tus besos 
jamás han de ser míos: 
comprendo que en tus ojos 
no me he de ver jamás: 
y te amo, y en mis locos 
y ardientes desvarios 
bendigo tus desdenes, 
adoro tus desvíos, 
y en vez de amarte menos 
te quiero mucho más. 

A veces pienso en darte 
mi eterna despedida, 
borrarte en mis recuerdos 
y hundirte en mi pasión; 
mas si es en vano todo 
y el alma no te olvida, 
¿qué quieres tú que yo haga, 
pedazo de mi vida, 
qué quieres tú que yo haga 
con este corazón? 

Y luego que ya estaba 
concluido tu santuario, 
tu lámpara encendida, 
tu velo en el altar, 
el sol de la mañana 
detrás del campanario, 
chispeando las antorchas, 
humeando el incensario, 
y abierta allá á lo lejos 
la puerta del hogar... 



14 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



¡Qué hermoso hubiera sido 
vivir bajo aquel techo, 
los dos unidos siempre 
y amándonos los dos, 
tú siempre enamorada, 
yo siempre satisfecho, 
los dos una sola alma, 
los dos un solo pecho, 
y en medio de nosotros 
mi madre como un dios! 

¡Figúrate qué hermosas 
las horas de la vida, 
qué dulce y bello el viaje 
por una tierra así! 
Y yo soñaba en eso, 
mi santa prometida, 
y al delirar en eso 
con la alma estremecida, 
pensaba yo en ser bueno 
por ti, no más por ti. 



¡ bien sabe Dios que ese era 
mi más hermoso sueño, 
mi afán y mi esperanza, 
mi dicha y mi placer; 
bien sabe Dios que en nada 
cifraba yo mi empeño 
sino en amarte mucho 
bajo el hogar risueño 
que me envolvió en sus besos 
cuando me vio nacer! 

Esa era mi esperanza...: 
mas ya que á sus fulgores 
se opone el hondo abismo 
que existe entre los dos, 
¡adiós por la vez última, 
amor de mis amores, 
la luz de mis tinieblas, 
la esencia de mis flores, 
mi lira de poeta, 
mi juventud, adiós! 

Manuel Acuña (mexicano) 



CAMPESTRE 



Á CÉSAR A. LÓEZ 



Me gusta ver los campos y sembrados 
de lozanía y de verdor henchidos; 
contemplar los gañanes desgreñados 
labrar la tierra, de calor rendidos. 

Todos trabajan con ardor creciente: 
mientras uno amontona la gavilla, 
otro en la siembra, bajo un sol ardiente. 
distribuye en el surco la semilla. 

Acá la negra, sudorosa y brusca, 
segando espigas con segura mano; 
allá el rebaño que triscando busca 
suave pendiente que termine al llano. 

Tras el buey de mirada pensativa, 
que el surco ahonda con humilde paso, 
el campesino en su tarea activa 
guía el arado con potente brazo. 

El hosco negro de mirada ardiente, 
en su carro á las eras caminando, 
lina en los haces, indolente, 
pastoriles canciones entonandi ». 



FLORENTINO ALCORTA I 5 



Allá en las trillas el gañán jadeante 

al yeguarizo sin cesar hostiga, 

que galopando con ardor constante 

separa el grano de la rubia espiga. 

Y silbando y seguido de su perro 
el campesino se dirige al prado, 
y á los sones del típico cencerro 
se refunde en los pastos el ganado. 

Allá en las chozas de inclinado techo 
los pompones del humo culebrean, 
)- en la inclinada falda de un repecho 
los pollos en la hierba picotean. 

Ostentando sus plumas y colores, 
tras las gallinas corretea el gallo, 
orgulloso cantor de sus amores, 
engreído sultán de su serrallo... 

El fuerte potro, de impaciencia lleno, 
resopla atado á la segura estaca, 
mientras la moza de abultado seno 
ordeña la ubre de paciente vaca. 

De las espigas en el mar dorado, 
que tiene por confín agrestes lomas, 
levántanse en tropel desordenado 
las tórtolas, gorriones y palomas. 

Allá en las tapias de verdor escuetas, 
con su nudoso ramazón se agarra, 
haciendo estribo en las profundas grieta-, 
alguna verde y trepadora parra. 

En el distante claro de un camino 
los álamos sus ramas balancean; 
los brazos descarnados de un molino 
á los besos del aire voltejean. 

A la verde extensión de los maizales 
los pájaros descienden en bandadas, 
y lanzando chirridos desiguales, 
desgranan la mazorca á picotadas. 

El campo es luz y movimiento y vida: 
y hermanado lo grande con lo abyecto, 
la culebra en el sol está dormida 
y en la copa del árbol el insecto... 

Del verde campo bajo el puro cielo 
todo se agita de revuelto modo: 
el cóndor á la altura tiende el vuelo, 
los cerdos chapotean en el lodo. 

Por todas partes se perciben ruidos: 
silban los vientos y las cañas crujen, 
cantan las aves en sus altos nidos, 
los perros ladran y los toros mujen. 



l6 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Lanza Natura sus cantares broncos; 
por todas partes el rumor se escucha; 
chocan las hachas en los rudos troncos, 
gime el arado con la tierra en lucha. 

Rechina el carro de la carga al peso: 
se oye crujir el verde gramalote 
al roce de la sierpe, y con el beso 
del fecundante sol estalla el brote. 

Como cantan las aves junto al nido, 
todo en el campo á su manera canta, 
y hasta el menudo césped hace ruido 
del herrado corcel bajo la planta. 

La tierra es madre que fecunda y crea; 
en su entraña los gérmenes palpitan; 
el sol la cubre y con su luz caldea 
y los seres orgánicos se agitan. 

La tierra es madre y su caliente seno 
se fecundiza con la diaria siembra, 
y busca el grano de simiente lleno 
como busca, ardoroso, el macho á la hembra... 

Vibro mi canto con acento rudo 
en la campiña de verdor henchida, 
y te saludo, ¡oh campo!, y te saludo, 
porque eres luz y movimiento y vida... 

Florentino Alcorta (peruano) 

SEDÁN 

('.loria y conquista, ¡oh Francia valerosa! 
te arrastran ;ay! a la sangrienta arena 
donde aún vaga la sombra de Turena 
y el Rhin desliza su corriente undosa. 

La nación, hoy potente y orgullosa, 
ayer vencida y humillada en Jena, 
• i los campos de Alsacia y de Lorena 
viene á encontrarte, de venganza ansiosa... 

¡Terrible batallar!.. Tu gloria en vano 
quiere vencer a la fortuna impía... 
Caíste en Sedán..., ¡desfalleció tu mano!.. 

¡Levántate y acabe tu agonía! 
Que si á París, por Jena, fué el prusiano, 

Berlín, por Sedán, irás un día. 

Ramón Aldama i 




LOS NARANJOS 



Perdiéronse las neblinas 
en los picos de la sierra, 
y el sol derrama en la tierra 
su torrente abrasador: 
y se derriten las perlas 
del argentado rocío 
en las adelfas del río 
y en los naranjos en flor. 

Del mamey el duro tronco 
picotea el carpintero, 
y en el frondoso manguero 
canta su amor el iurpial; 
y buscan miel las abejas 
en las pinas olorosas, 
y pueblan las mariposas 
el florido cafetal. 

Deja el baño, amada mía, 
sal de la onda bullidora; 
desde que alumbró la aurora 
jugueteas loca allí. 
¿Acaso el genio que habita 
de ese río en los cristales 
te brinda delicias tales 
que lo prefieres á mí? 

¡Ingrata! ¿Por qué riendo 
te apartas de la ribera? 
Ven pronto, que ya te espera 
palpitando el corazón. 

Antología americana 



¿Xo ves que todo se agita, 
todo despierta y florece? 
¿Xo ves que todo enard 
mi deseo y mi pasión? 

En los verdes tamarindos 
se requiebran las palomas, 
y en el nardo los aromas 
á beber las brisas van. 
¿Tu corazón, por ventura, 
esa sed de amor no siente, 
que así se muestra inclemente 
á mi dulce y tierno afán? 

¡Ah, no! Perdona, bien mío; 
cedes al fin a mi ruego, 
y de la pasión el fuego 
miro en tus ojos lucir. 
Ven, que tu amor, virgen bella, 
néctar es para mi alma; 
sin él. que mi pena calma, 
¿cómo pudiera vivir? 

Ven y estréchame, no apartes 
ya tus brazos de mi cuello, 
no ocultes el rostro bello, 
tímida huyendo de mí. 
Oprímanse nuestros labios 
en un beso eterno, ardiente, 
y transcurran dulcemente 
lentas las horas así. 



antología americana 



En los verdes tamarindos 
enmudecen las palomas; 
en los nardos no hay aromas 
para los ambientes ya. 
Tú languideces; tus ojos 
ha cerrado la fatiga, 
y tu seno, dulce amiga, 
estremeciéndose está. 



En la ribera del río 
todo se agosta y desmaya, 
las adelfas de la playa 
se adormecen de calor. 
Voy el reposo á brindarte 
de trébol en esta alfombra, 
á la perfumada sombra 
de los naranjos en flor. 
Ignacio M. Altamirano (mexicano) 



A. 



De antiguo templo en la desierta nave, 
donde silencio es todo y soledad, 
la paloma un asilo buscar suele 
para vivir en paz. 
Y aquí, en mi corazón callado y triste, 
que el culto de otro amor no turba ya, 
refugio á tu inocencia hallar podrías 
sobre el desierto altar. 
Ni el nombre de los númenes que un día 
efímeros vivieron hallarás; 
eme una sombra siquiera en mis recuerdos 
que te lastime no hay. 
Así, tranquila flor, tú resguardada 
serás del mundo por mi eterno afán; 
yo en cambio aspiraré dichoso y mudo 
tu aroma virginal. 



Ignacio Manuel Altamirano (mexicano) 



TRES ACTOS 



La vida es drama...; empieza 
alzándose el telón de nuestra cuna, 
con llantos, con vagidos y tristeza, 
con gotas de dolor una por una. 

El actor es un niño 
en el gran escenario de la pena: 
el inundo lo recibe con i ai iño... 

■ 3 la entrada en la primera escena!. 
El teatro es de floreSj 
apenas lu( e el sol en lont.man/a, 
\ al trina- resplandor desús fulgon S 
se mira sonreír á 1 n 5a. 



ANSELMO ALFARO T 9 



Mas cuando llega el llanto 
del niño y de la madre adolorida, 
el mundo silba de ambos el quebranto... 
¡Concluye el primer acto de la vida!.. 

Sigue el acto segundo: 
la juventud, apasionada y loca, 
se derrumba al abismo más profundo. 
¡La escena pasa sobre estéril roca!.. 

Amores, decepciones, 
siniestras y terribles carcajadas, 
' ríos de llanto y muertas ilusiones 
corren al fondo en olas encrespadas. 

Duerme el mundo en este acto, 
á los tormentos sordo, indiferente; 
¡el crimen y el dolor, haciendo pacto, 
destrozan sin piedad al inocente'... 

Los ayes de amargura 
y el sollozar del pecho acongojado 
se mezclan á las risas y ventura 
del corazón feliz y enamorado... 

La dicha á la tristeza, 
la gota del placer con el veneno, 
el vicio frente á frente á la pureza, 
todo en la escena se revuelve en cieno. 

En espinas clavados 
quedan de corazón sueltos jirones, 
y en un desierto, tristes y olvidados, 
los seres sin amor, sin ilusiones. 

V queda el alma herida, 
y hastiado el corazón, burlado el duelo, 
y en camino á la dicha prometida, 
cae el telón y se ennegrece el cielo. 

¡Llega el acto tercero!.. 
Toda la escena cúbrese de nieve... 
Busca el hombre al amigo más sincero, 
v no lo ve, por do sus pasos mueve. 

Escúchanse gemidos... 
Los corazones, poco á poco helados, 
van quedando en el suelo entumecidos 
y entre el hielo y la sombra sepultados. 

¡Todo acabó!.. Ni un paso 
vuelve á dar el actor en tanta pena. 
Luce el sol por vez última en ocaso, 
v en la nada concluye aquella escena. 

Aquí el acto termina: 
quedó sobre la escena un gran desierto 
que jamás en la vida se ilumina. 
Y aquí concluye el drama... con un muerte. 

Anselmo Alfaro (mexicano) 



antología americana 



A UNA ESPADA 



Un tiempo, ¡oh insigne espada!, 
en defensa del honor 
y la libertad amada 
te esgrimió el mismo Valor 
con mano jamás domada. 

1 >esde tu primer ensayo 
fuiste por siniestra lumbre 
relámpago que desmayo 
dio á la opuesta muchedumbre, 
y al herir, certero rayo. 

¿Qué doble templado escudo 
ó de malla fina cota 
jamas resistirte pudo, 
sin quedar abierta y rota 
por tu hendiente filo agudo? 

( )ual degüella inermes reses 
de ayuno león la saña, 
como en los ardientes meses 
del segador la guadaña 
corta las espesas mieses; 

regida por mano fuerte, 
asimismo tú veloz 
cuellos segabas, de suerte 
que la misma fatal hoz 
parecías de la Muerte. 



¿Ni esto, espada, ni el ser hija 
de las fraguas de Toledo 
bastaron á que te aflija, 
dando ya pena y no miedo, 
fortuna menos prolija? 

De tu heroico dueño el \m 
te condena á olvido obscuro 
y en ocio torpe y ruin, 
pendiente de servil muro, 
te cubren polvo y orín. 

Y la ingrata incuria deja 
que en tus embotados filos 
y dorado pomo teja 
y extienda Aracne sus hilos: 
mas quien tan poco semeja 

á su padre esclarecido 
y, más que al glorioso Marte, 
sigue á Baco y á Cupido. 
es bien que de sí te aparte 
y te tenga así en olvido: 

y que de verte se ofenda 
quien sólo de fácil juego 
lidia en infame contienda, 
en donde, demente y ci( a . 
pierde la heredada hacienda. 

Clemente Althaus (peruano) 



poesías del inca pachacutec 



( Traducidas del quechua) 



El varón de alma noble y animosa 
se conoce en la indómita paciencia 
que en las adversidades 5 desdichas 
y en los reveses de fortuna muestra. 



II 



Siempre es señal la ¡mpa< ii 

de un ánimo vil \ bajo 

que mal enseñado ha sido 
y peor acostumbrado. 



CLEMENTE ALTHAUS 



III 



Los jueces sin conciencia que escondidos 
las dádivas reciben de las partes, 
pues son ladrones por justicia, sean 
castigados con muerte como tales. 



IV 



La ira, la embriaguez y la locura 
corren parejas; mas las dos primeras 
voluntarias son siempre y pasajeras, 
y la tercera involuntaria y dura. 
Si á todos ves portarse de igual modo, 
merézcante, por causa diferente, 
desprecio el iracundo y el beodo, 
y compasión el infeliz demente. 



El herbolario ó médico que sólo 
de algunas hierbas la virtud alcanza 
)■ saber no procura la de todas, 
ese tal sabe poco ó sabe nada. 
Porfiar conviene hasta saberlas todas, 
como las que aprovechan las que dañan, 
para alcanzar el nombre que pretende 
certera ciencia, nó imperfecta y vana. 

VI 

Digna es de befa y risa la manía 
del que contar procura las estrellas, 
no sabiendo contar en su ignorancia 
los ñudos de sus cuentas. 

VII 

Si al que la hacienda ajena a hurtar se atreve 
justa ley al patíbulo condena, 
con más justicia sentenciarse debe 
á la postrera irreparable pena 
al adúltero vil que roba aleve 
la honra, la fama y la quietud ajena: 
pues si riqueza aquél, éste honra y calma: 
el uno roba al cuerpo, el otro al alma. 

Clemente Althaüs (peruano) 



antología americana 



CELOS 

La adoras, sí; lo leo en tu mirada, 
con tus noches de insomnio lo confiesas, 
y quizás, mientras duerme confiada, 
tú en tus sueños la abrazas y la besas. 

Yo creí que mi amor era en tu pecho 
como tú lo juraste, el soberano, 
reinando solo allí, como en su lecho 
de nácar y coral el Océano. 

Y cuando ya orgullosa me sentía, 
temblando de placer con mi victoria, 
dices que el labio, á tu pesar, mentía, 
pues tengo una rival...: ¡amas la Gloria! 

Me engañan tus halagos mentirosos, 
pues prefieres arder en otra llama, 
y al beso de mis labios ardorosos 
el eco de la trompa de la Fama. 

¿Y s qué es la (¡loria? El bronce modelado, 
el eterno laurel sobre la frente, 
el eco de algún nombre pronunciado 
un minuto por todo un continente; 

hipocresía á veces, siempre orgullo: 
voces que cantan, labios que enamoran, 
aplausos que semejan un arrullo, 
y muchos ojos que de envidia lloran. 

Mas cuando veas que tu triunfo \ i n 
y lo que llamas Gloria es el vacío, 
como nada en el mundo te detiene, 
podrás ya ser eternamente mío. 

Y en el hermoso libro de tu historia, 
por jornal de virtud, pasado un año, 
donde debieras escribir: /a Gloria, 
¡escribirás con sangre: el Desengaño! 

Traerás el corazón adolorido 
y hasta muerto quizás; mas es lo cierto 
que entre vivo y con otra compartido, 
y muerto para mí, lo quiero muerto. 

¡Ama la Gloria, pues! Vé hasta la altura: 
sube, como i 1 cóndor, hasta los ci< 
en lanío que yo apure mi amargura 
1 ite y muñéndome de celos. 
¡Aquí ahajo te espero! Aquí hace frío, 
aquí todo entusiasmo ya ha acabado... 
¡Yo aguardaré para llamarte mío 
[lides desgraciado! 
Mi i iana) 



MERCEDES ÁLVAREZ DE FLÓREZ 



EN LA AGONÍA 

¡Te vas! Quieres dejarme abandonada y sola 
en este árido suelo, sumida en la orfandad... 
; I e vas! Adiós me dice tu acongojado espíritu... 
y lusas á tus ángeles, y siento que en tus venas 
la sangre salta crespa como olas de la mar. 

¡Y bien! ¿Eso juraste cuando al altar marchamos, 
cuando era yo tu ídolo, tu amor, tu religión, 
y cuando destrozaste sobre mi frente pálida 
los blancos azahares de mi virgínea veste, 
sirviéndote de amparo el iris de tu amor? 

;Xo, no! Tú me amas mucho para dejarme sola. 
¡No, no! Yo te amo mucho para dejarte ir. 
Llévame en esc viaje pesado de ultratumba 
ó quédate conmigo... Aún somos harto jóvenes 
para poner, amándonos, á nuestra vida fin. 

¡Estréchame en tus brazos, amado mío! ¡Bésame! 
¡Mis labios nueva vida te volverán y ardor! 
Lucha contra la muerte..., véncela en el combate; 
no me abandones, mi ídolo, que hoy te amo más que nunca.. 
Conmuévante mis lágrimas..., ¡no lances ese adiós! 

¿Acaso escuchas ecos de las celestes músicas? 
¿Pulsar tu lira intentas al frente de Jehovah? 
¿Acaso de emociones celestes estás ávido? 
¡Oh, no! Mustio tu espíritu, ha tiempo que ha olvidado 
las místicas lecciones del labio maternal. 

Aquí hay laureles muchos aún para tus sienes: 
yo con mis propias manos las tengo de adornar. 
Amante de tu gloria, yo quiero que no trunques 
tu espléndida carrera, y de tu vida á lo último 
el genio te dé aureolas haciéndote inmortal. 

¡ Dios mío, mira tu obra! La flor abre sus pétalos: 
el águila ya altiva levanta el vuelo audaz... 
¿Y tú permitir puedes que el cierzo la marchite, 
y que cobarde flecha alcance el nido íntimo 
y rompa las entrañas del águila real? 

¡Dios mío! Tu justicia es grande cual Tú mismo, 
y mi esperanza toda de hoy más cifraré en Ti. 
No arranques de mi cielo este lucero fúlgido 
que no hace falta al tuyo... ¡Escucha, en su delirio 
dice que me ama tanto... que no quiere morir! 

Mercedes Alvarez me Flórez (colombiana) 



24 



antología americana 



MI LOCURA 

CONFIDENCIAS Á UNA ALMA GRANDE 

¿Frente de los malvados en la tierra 
te sorprende mi cólera salvaje? 
Para la paz nací, mas en la guerra 
necesario es también que hienda y taje. 

Porque adoro la luz, odio la sombra; 
porque defiendo el bien, al mal persigo. 
Hasta ese Cristo que tu labio nombra, 
á quien no está con Él dice enemigo. 

No importa que al Quijote en la pelea 
se me compare, al verme furibundo 
invocando a aquella otra Dulcinea 
que se llama Justicia por el mundo. 

¿Cómo tampoco ser indiferente 
á la soberbia impunidad del crimen, 
viendo por cada monstruo omnipotente 
millares de hombres que á sus plantas gimen? 

Pluma no quiero que el cinismo embote, 
arma de lujo que el castigo emplace. 
Quiero vara fortísima que azote, 
hierro al temple mejor, que despedace. 

Fuerza extraña me empuja, y no te espante 
mañana estos anhelos ver cumplidos 
de triunfar, aunque sea agonizante, 
aplastando cabezas de bandidos. 

Rían de mí los que se llaman cuerdos, 
porque tiemblan de erguirse contra un amo 
á cuyos pies engordan como cerdos, 
para morir cual cerdos, sin reclamo. 

Del hombre sin el bárbaro egoísmo, 
que en paz la ruina ve de sus iguales, 
ni marcharan los pueblos al abismo, 
ni obtuvieran poder los criminales. 

Nada espero del cielo en lo remoto 
cuando escucho el clamor del que padi 
Miro á Lucrecia, y mi paciencia agoto: 
pienso en Nerón, y mi iracundia cr< i e. 

;()li Justicia, deidad escarnecida, 
santa hermana del bien, del mal burlada, 
en los resueltos pasos de mi vida 

dame un rayo de luz, dame tu espada! 

Carlos G. Amézaga (panano) 




AMOR TREN 



Este picaro vapor 
impera en reino tan vasto, 
que hasta en el ramo de amor 
ha extendido su furor 
en pro del tiempo... y del gasto. 

- ¿Me quieres? - Correspondido. 

- ¿Y son tus bienes gran cosa? 

- Algo como tú. - Concluido; 
chica, ya soy tu marido. 

- Hombre, pues ya soy tu esposa... 
Y queda ejecutoriada 

la contrata de partida, 
como quien no dice nada, 



para hacer de una tirada 
todo el tirón de la vida. 

Que hoy día no se enamora, 
sino se engancha pareja 
cual veloz locomotora 
que toma un carro á tal hora 
y que... á tal otra lo deja. 

Así no es extraño ver, 
de estos enganches violentos 
en el furioso correr, 
ya de marido ó mujer 
muchos descarrilamientos. 

Carlos G. Amézaga (peruano) 



A UNA HERMOSA 



- Mira; no así tan alta 
lleves esa cabeza, que aunque es linda, 

un adorno le falta 
del que tampoco es justo se prescinda. 

- ¿Le faltará una flor? - Muy poco exalta 
tu hermosura una flor. - ¿Una corona 
de diamantes y perlas? - No; tu cara 

es una muestra rara 
de cuanta joyería se pregona. 

Te falta..., y yo lo siento, 
el femenino adorno que te haría 
invencible de amor en la porfía... 
¡Te falta el pensamiento! 

Carlos G. Amézaga (peruano) 



antología americana 



TODO EN SU LUGAR 

Eres hermosa entre las más hermosas; 
te quiero con ardor exagerado: 
pero..., hija mía, pides ciertas cosas, 
en medio de caricias voluptuosas, 
que me dejan también muy apurado. 

Ante súplicas tales me sublevo 
y, por primera vez, siento fastidio... 
¿Que me case?.. ¡Imposible! ¡Yo no llevo 
mi amor hasta el suicidio! 

Carlos G. Amézaga (peruano) 



ALQUIMIA 



Desde tiempo inmemorial 
busca el hombre con ardor 
la piedra filosofal: 
medio de hacer un metal 
que es el oro corruptor. 

Y aunque la ciencia resista, 
que hay tal piedra yo aseguro 
frente de tanto alquimista, 



rico, dichoso, egoísta 
y ante las lágrimas duro. 

¿Qué importa el ajeno mal? 
Quien bien practica, no medra 
ó malversa su caudal... 
La piedra filosofal 
es el corazón de piedra. 

Carlos G. Amézaga (peruano) 



GRAN TARJA 



Plebe del pensamiento, erguida plebe 
en gracia de la casta ó la fortuna, 
¿dónde está tu labor? Desde la cuna 
tan sólo el hambre ó el placer te mueve. 

La ley del adelanto ¿qué te debe? 
¿Cuál es tu gloria en el poder? Ninguna, 
Despreciando el trabajo, á la Comuna 
pábulo das en su argumento aleve. 

\ esa chusma ignorante, maldecida, 
es superior á ti, porque á su azada 
debes el grano que tu vientre anida... 

I lumbres que nada hacéis ni valéis n. 

sobre el papel manchoso de la vida 

os quisiera horrar de una plumada. 

( ' \im os < '-. Ami nano) 



JUANA ROSA DE AMÉZAGA 27 



AL DESPERTAR 

Dejan las aves el nocturno abrigo 
de las vecinas y coposas frondas, 
y con sus trinos de placer adulan 
a la naciente y sonrosada aurora. 

Engastadas en nítido rocío, 
bellas se ostentan las gentiles rosas, 
v envidiando su aroma delicioso, 
lucen sus galas las cucardas rojas. 

Cerca se escucha el majestuoso ruido 
que hacen del mar las bullidoras olas, 
y al retirarse, cual de blancas perlas, 
con sus espumas las riberas bordan. 

¡Oh! ¡Cuánto goza en este cuadro el alma 
si lo contempla recogida y sola! 
V Dios parece que al oído le habla 
en tan solemne y apacible hora. 

Para la mente que inquietud agita, 
es lo que fresca, deliciosa copa, 
para el enfermo que la fiebre siente, 
en sus entrañas y abrasada boca. 

Mi amante pecho dilatarse siento 
viendo, Señor, de tu poder las obras; 
v al contemplarlas con filial confianza, 
mi humilde labio tu grandeza adora. 

Juana Rosa de Amézaga (peruana) 



ARMONÍAS 

Hay armonía entre las almas puras 
que el bien practican, ignorando el mal, 
v gustan de la vida las dulzuras 
sin mezcla de lo ruin y material. 

Hay armonía entre las artes bellas 
y el humano sensible corazón 
que se retrata y reproduce en ellas 
su rica y elevada inspiración. 

Hay armonía entre el valor heroico 
y la abnegada superior virtud 
que sacrifica con valor estoico 
placeres, ambiciones y quietud. 

Armonizan del rostro la belleza 
y del alma la plácida bondad, 
formando con su gracia y su nobleza 
los lazos de purísima amistad. 



28 antología americana 



Son armoniosos los alegres trinos 
que las aves entonan con placer 
y los bellos celajes purpurinos 
que rodean la aurora al renacer. 

Hay armonía entre la fuerza inmensa 
del insondable, bullicioso mar, 
y la potencia incalculable, intensa 
de la cabeza en su tenaz pensar. 

Hay armonía entre las gayas flores 
de corta vida y delicioso olor 
y los gratos ternísimos amores 
que viven lo que aromas en la flor. 

Armonizan también la noble ciencia 
buscando sin descanso la verdad, 
y la recta, austerísima conciencia 
condenando sin tregua la maldad. 

TüANA ROSA DE AmÉZAGA (peruana ) 



A UNA AMIGA 

QUE ENVIDIA Á LOS POETAS 

¿Sabes la suerte de los que cantan 
goces y penas del corazón? 
Son hortelanos que un huerto plantan, 
do jamás gustan fruto en sazón. 

Son peregrinos que nunca encuentran 
en su camino dicha ni paz, 
y dondequiera que habitan ó entran, 
ven la injusticia de torva faz. 

Viven buscando luz y consuelo, 
viven ansiando grandeza y bien; 
pero sólo hallan en este suelo 
duras espinas para su sien. 

Nadie comprende los sinsabores, 
que para ellos en todo están; 
aunque regando de bellas flores 
siempre un camino de abrojos van. 

No los envidies: tú eres dichosa 
sin esc l rislc, nulo poder 
con que ellos cantan la dicha hermosa 
que nunca llegan á poseer. 

Juana Rosa de Amézai \ ( emana) 



L. ANEIROS PAZOS 



LAS IDEAS 



Surge á veces en el llano 
y en la loma á veces brota 
susurrando mansamente, 
como de una arteria rota, 
cristalino manantial; 
manantial inagotable 
cuya linfa fresca y pura 
se desliza misteriosa 
bajo arcadas de verdura 
como sierpe de cristal. 

1 íanle sombra con sus ramas 
los arbustos de la orilla, 
y despliega ante sus plantas 
la balsámica gramilla 
su magnífico tapiz. 
Ya se vuelca en un ribazo, 
ya se arrastra en una hondura, 
ya parece, desde lejos, 
en la faz de la llanura 
misteriosa cicatriz. 

Pero avanza, siempre avanza, 
deja el llano, cruza el monte, 
y al murmullo de sus pasos 
se va abriendo el horizonte 
como el velo de un altar; 



lo saluda el ave errante 
con dulcísimos gorjeos 
y le cuenta el aura tímida 
sus amantes devaneos 
á la luz crepuscular. 

La onda leve se agiganta, 
su rumor se torna en grito, 
como el pecho que fermenta 
la ansiedad del infinito, 
la inquietud del porvenir; 
y creciendo, y avanzando, 
el raudal se torna en río, 
y va el río tumultuoso, 
impertérrito y sombrío, 
con el mar á combatir. 

¡Así nacen las ideas, 
manantiales de onda pura; 
las ideas que no tienen 
más escudo ni armadura 
que el escudo de su fe! 
Pero avanzan silenciosas, 
se retuercen, forcejean, 
y se allanan las montañas, 
y los páramos chispean 
á los golpes de su pie. 

Olegario V. Andrade (uruguayo) 



RIMA 



Recuerdo de otro tiempo, guardo unas flores 
cuyos restos semejan el alma mía 
y encierran el poema de mis amores. 

¡Rumores que duraron tan sólo un día! 
Si hablar también pudierais, vuestro lenguaje 
¿quién sabe las palabras que me diría? 

Vosotras que perdidas entre el ramaje 
sorprendisteis á solas su pensamiento 
y prisioneras fuisteis de su ropaje, 

y su nevado seno fué vuestro 'asiento, 
decidme: ¿dónde han ido las ilusiones 
que se forjó algún día mi pensamiento? 

Decidme: ¿por qué causa los corazones, 
cuando el amor les falta, mueren de frío, 
sin que puedan llenarlos otras pasiones? 

Mas siento dentro el alma tanto vacío 
que no podréis vosotras, marchitas flores, 
sofocar en mi pecho todo el hastío 
que ha dejado la ausencia de mis amores. 

L. Aneiros Pazos (cubano) 



30 ANTOLOGÍA AMERICANA 



ELLA 

¿Se acerca? Lo sabréis aun sin mirarla; 
porque, conforme á superior decreto, 
la precede la luz, como en la vida 
la pena al llanto, la pasión al beso. 
¿Sus ojos? Ellos son los que despiertan 
la fe en un mundo de venturas lleno. 
¿Se vieron una vez? Pues eso basta: 
ya se ha podido concebir el cielo. 
Ella lo inspira todo. Los arcángeles 
alientan sólo por velar su sueño; 
para sus rizos los claveles brotan; 
para cantarla se ha formado el verso. 
Una tarde rió. Sobre la espuma 
detuvo el sol sus últimos reflejos, 
al mirar que una aurora despertaba 
mientras él, dolorido, iba muriendo. 
Lloró después, y allá en el paraíso 
donde dispuso Dios días eternos 
se obscureció la luz, y desde entonces 
también existen noches en el cielo. 

L. Axeiros Pazos (cubano) 

OLVIDAR Y NO OLVIDAR 

Más valiera olvidar, amigo mío. 
¡Feliz del infeliz, si la memoria 
fuera un cristal que no dejara historia, 
todo desvaneciéndose al pasar! 
Sí, mejor olvidar, porque un recuerde 
semeja siempre una ilusión perdida, 
una estrella brillante obscurecida 
por las sombras del tiempo y del pesar. 

Mas no olvidemos, no: que para el alma 
templada en el dolor, su dolor mismo 
no es de amarguras insondable abismo, 

es de esperan/as refulgente luz. 
N -leudo aquí de nuestra triste vida 
dolor profundo en realidad la esencia, 
no olvidar es tal vez de la existencia 
el don más bello, la divina cruz. 

I [.mira Antommarchi (colombiana) 




VANITAS VANITATUM 

KT 

OMNIA VANITAS 



Busca el egipcio en su constante anhelo 
gloria inmortal: al tiempo desafía 
construyendo pirámides que envía 
de la móvil arena al alto cielo. 

Los restos de sus padres, en su duelo, 
á la sólida fábrica confía, 
y del tiempo á pesar, la momia fría 
por siglos guarda el consagrado suelo. 

Descubre el sabio el esqueleto pálido: 
interroga las raras inscripciones 
y se desvela sobre el resto escuálido 

que ha triunfado de mil generaciones; 
mas ¡ay! murieron raza, historia y nombre: 
sólo quedó la vanidad del hombre. 

II 

¿Quién construyó la inmensa maravilla 
que se esconde en el suelo americano? 
¿Quién de Palenque explicará el arcano 
que nuestra ciencia presuntuosa humilla? 

Tal vez fué de Titanes la semilla, 
de aquella raza cuya dura mano 
construyó el laberinto sobrehumano 
que á pesar del diluvio vive y brilla. 

Pero no queda de esa raza nada: 
de la fábrica enorme cada piedra, 
una vez y otra vez interrogada, 

con su terco silencio nos arredra: 
- ¿Quién os labró? - ¡La vanidad!, responden 
los ecos que en las bóvedas se esconden 



32 ANTOLOGÍA AMERICANA 



III 

¿V cuántas glorias, en su propio aprecio, 
no fundaron los ínclitos mortales 
que aquellos monumentos colosales 
dieron al mundo, del poder por precio? 

¡Y cuan costoso para el pueblo, y recio, 
y cuan fecundo en servidumbre y males 
fué el poder que en tan anchos pedestales 
dejó su fama con orgullo necio! 

El amor de la gloria á la injusticia 
los llevó, y al afán y al movimiento, 
para dejar á su ambición propicia 

fábrica eterna, eterno monumento. 
Mas ¡ay! erraron, porque todo ha muerto, 
menos la vanidad, en el Desierto. 

IV 

¡Infeliz del que busca en la apariencia 
la dicha, y en la efímera alabanza, 
y muda de opinión con la mudanza 
de la versátil, pública conciencia! 

El presente es su sola providencia; 
cede al soplo del viento que le lanza 
al bien sin fe y al mal sin esperanza; 
que en errar con el mundo está su ciencia. 

¡Y feliz el varón independiente 
que, libre de mundana servidumbre, 
aspira entre dolor y pesadumbre 

á la eterna verdad, no á la presente, 
conociendo que el mundo y sus verdades 
son sólo vanidad de vanidades! 

V 

¡Oh! Todo es vanidad: Dios sólo sabe 
glorificar al hombre que ha creado; 
puede del ancho espacio ser borrado 
el orbe, al son de su palabra grave; 

mas cerneráse el Justo, como el ave 
revoloteando sobre el ponto airado, 
por encima del mundo desquiciado, 
en que la misma vanidad no cabe. 

imperios, mundos, creaciones pasan. 

como pasa vibrando por el campo, 
sin dejar huella, el repentino lampo 

de aquellos fuegos que el espacio abrasan: 

mas la virtud no muere ni se oh ida; 
que I >ios le da su eternidad por \ 

Jui.li i Aki; i¿ ( colombiano) 



IUI.IO ARBOLEDA 33 



NUNCA TE HABLÉ 

Nunca te hablé... Si acaso los reflejos 
de tus ojos llegaron desde lejos 
mis fascinados ojos á ofuscar, 
de tu mirada ardiente, aunque tranquila, 
no se atrevió mi tímida pupila 
los quemadores rayos á encontrar. 

Nunca en mi oído resonó tu acento: 
si de tu labio el vivo movimiento 
v tu expresión angélica admiré, 
al contemplar tu gracia y tu belleza, 
oculta entre mis manos mi cabeza, 
tus atractivos mágicos burlé. 

Eres un sueño para mí. A la lumbre 
del teatro, entre densa muchedumbre, 
tus seductoras formas descubrí; 
mas si evité tu acento y tu mirada, 
quedóse en mi alma la impresión grabada 
de la mujer fantástica que vi. 

V desde entonce, aunque de ti me alejo, 
mi memoria de fuego es el espejo 
do tu imagen se viene á reflejar: 
y goza mi rebelde pensamiento 
en darle vida, en inspirarle acento, 
¡ay! y en idolatrarla á mi pesar. 

¡Quizá será mejor! En el misterio 
la mujer, como Dios, tiene su imperio 
v la duda alimenta el corazón... 
No rasgue el velo mi, profana diestra 
que oculta á la mujer y al ángel muestra, 
y me deja en poder de mi ilusión. 

Tiemblo al quererte oir. Deja que tema, 
porque acaso tu acento también quema 
y a consumir mi corazón vendrá: 
mi corazón por el dolor gastado, 
que, á un obscuro rincón ya relegado, 
entre ceniza y lágrimas está. 

Porque, á la luz y á la belleza esquivo, 
yo, como el buho, en los escombros vivo 
de las pasiones que por fin vencí, 
y en mi lóbrego albergue estremecido, 
sólo aspiro á la paz que da el olvido, 
ya que el amor y el mundo huyen de mí. 

V jamás te hablaré. Pero consiente 
que aquí estas líneas deje reverente 
en señal, no de amor, de admiración. 
Antología americana 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Las escribo sin fe, sin esperanza, 
aunque, donde el cariño no se alcanza, 
alcánzase el desprecio ó el perdón. 

Julio Arboleda (colombiano) 

IRA SANTA 

Cuando se elevan ídolos de arcilla 
y se convierte en sombra lo que alumbra, 
y oprime á la verdad lo que deslumhra, 
y cae la virtud que no se humilla: 

cuando á todo se dobla la rodilla, 
y su saliva lanza en la penumbra 
lo que se arrastra á lo que audaz se encumbra, 
lo que se esconde á lo que siempre brilla: 

cuando pérñda mano apaga artera 
lo que la noche á clarear aspira, 
lo que en la frente fulgurar espera: 

cuando al ara de Dios llega la mofa, 
¡que se convierta en látigo la lira 
y se convierta en bofetón la estrofa! 

Ismael Enrique Arciniega (colombiano) 

ÉXTASIS 

Leía y meditaba. Era la hora 
en que el alma en la carne se agiganta. 
El sol caía en la naciente sombra; 
la tarde se apagaba. 
Meditaba, y mi espíritu subía, 
subía como al cielo se alza el águila; 
me asomé al infinito y vi tinieblas, 

y me perdí en la nada. 
Sentí hervidero de astros en la sombra, 
\ pregunté al vacío: «¿Dónde se halla 
esa luz creadora que los mundos 

de entre el i aos levanta?» 
Y subía y subía... Lo impalpable 
á mis ojos abríase sin sallas; 
\ en l.i si tmbra, sondando el infinito, 
mi espíritu dotaba. 
I )c repente la luna alzó su disco, 
brotaron las estrellas á miríadas, 
v l,i i habló con su silencio, 

;\ 1 lios habló á mi alma! 

' i I SRiQi i. Ar< inieüa (colombiano) 



ISMAEL E. ARCINIEGA 35 



¡lejos: 



Ya la noche desciende. El ave busca 
albergue tibio en las enhiestas palmas. 
El día es sombra que la mente ofusca, 
y la noche la aurora de las almas. 

¡Cuan bella, oh noche, estás!.. Desgarra el velo 
que á mis ojos te cubre, ángel proscrito. 
De dos almas la unión festeja el cielo; 
nuestras nupcias celebra el infinito. 

¡Ven á mi lado, ven! La luna asoma 
y nos bendice Dios. Sigue mis huellas: 
las flores todas nos darán su aroma, 
y sus fulgores todas las estrellas. 

Recordar es vivir. ¡Oh pensamiento, 
rompe tus ligaduras, bate el ala! 
Despiértate á la voz del sentimiento; 
sea la escala de Jacob tu escala. 

Recordar es vivir. Como solías 
hablar á mi alma, sin tu amor desierta, 
haz que revivan los pasados días, 
haz que reviva la esperanza muerta. 

¡Solo!.. Lejos de ti... ¡Martirio horrible! 
Hoy, al perder tu amor, todo lo pierdo. 
¡Quién hiciera posible lo imposible 
y quién hiciera eterno mi recuerdo! 

¡Va estás aquí! Mi corazón te siente, 
ya oigo el ruido que forman tus pisadas... 
Parece envuelta tu marmórea frente 
en la luz de las tibias alboradas. 

De la vida en la senda borrascosa 
mi planta siempre seguirá tu huella: 
somos perfumes de una misma rosa, 
somos fulgores de una misma estrella. 

¡No huyas, visión! En tu sonrisa veo 
tu ardiente amor..., la súplica..., el reproche. 
En tus pupilas, que encendió el deseo, 
parpadea la luz..., duerme la noche. 

¡No huyas, visión!, En dulces embelesos, 
unido á ti con invisibles lazos, 
quiero en mi boca el fuego de tus besos 
y en mi pecho el calor de tus abrazos. 

¡Canta! El dolor al corazón avanza 
y quiero oir tus notas virginales, 
tristes como el amor sin esperanza, 
bellas como las noches tropicales. 



antología americana 



¡Canta!.. Tu voz á mis oídos llega 
remedando en cadencia airulladora 
las vibraciones de la lira griega 
y el dulce ritmo de la guzla mora. 

Tú siempre para mí serás consuelo 
y de mi frente apartarás las sombras. 
Haces brotar estrellas en mi cielo 
como de flores mi camino alfombras. 

¡Huíste ya del corazón, mentira! 
De tu paso ante mí no quedan rastros. 
Huyes en tanto que la tarde expira, 
mientras la noche se corona de astros. 

En la selva plegó la flor su broche, 
la luna irradia en la extensión vacía. 
¡Es hora de soñar!.. ¡Cayó la noche, 
aurora de tu alma y de la mía! 

Ismael Enrique Arciniega (colombiano) 



BOHEMIA 



Llegaron mis amigos de colegio 
y absortos vieron mi cadáver frío. 
«¡Pobre!,» exclamaron, y salieron todos: 
ninguno de ellos un adiós me dijo. 

Todos me abandonaron. En silencio 
fui conducido al último recinto; 
ninguno dio un suspiro al que partía, 
ninguno al cementerio fué conmigo. 

Cerró el sepulturero mi sepulcro; 
me quejé, tuve miedo y sentí frío, 
y gritar quise en mi cruel angustia, 
pero en los labios expiró mi grito. 

El aire me faltaba y luché en vano 
por destrozar mi féretro sombrío, 
y en tanto... los gusanos devoraban, 
cual suntuoso festín, mis miembros rígidos. 

«¡Oh, mi amor!, dije al fin, ¿y me abandoi 
Pero al llegar su voz á mis oídos 
sentí latir i I corazón de nuevo, 

y volví al triste mundo de los VIVOS. 

Me alcé y abrí los ojos. ¡Cómo hervían 
las copas de licor sobre los libros! 
El cuarto daba vueltas, y dichosos 
ni \ cantaban mis amigos. 

i I N'RIQl l \l'j INIEG \ i 



ISMAEL E. ARCINIEGA 



SU CORSÉ 

Corrido el cortinaje, 
desde el balcón de enfrente vi su cuarto, 
el nido de la alondra que mi sueño 
arrulla en las mañanas con su canto. 

Jarrones de Sajonia descansaban 
sobre consolas de bruñido mármol; 
y del sol que moría 
los postrimeros rayos 
hacían resaltar en la penumbra 
las doradas molduras de los cuadros, 
las lámparas de bronce, 
los ricos muebles de nogal tallado, 
las cortinas del lecho, y en el muro 
los brillantes espejos venecianos. 

Y en un rojo sillón que parecía 
á su dueña esperar, medio borrado 
por la naciente sombra, 

se veía un corsé de blanco raso. 

Y pensé entonces en las frentes pálidas 
v en los risueños labios, 

en los azules ojos 

y en los cabellos áureos, 

en las cinturas breves 

y en los ebúrneos brazos, 

en el velo flotante de las novias 

y de las niñas en los sueños castos, 

en las vírgenes carnes sonrosadas 

y en los púdicos senos de alabastro. 

«¡Quién fuera su corsé, me dije entonces, 
quién fuera su corsé de blanco raso, 
para saber si late, 
si late aún su corazón ingrato!» 

Ismael Enrique Arciniega (colombiano) 



EN COLONIA 

En la vieja Colonia, en el obscuro 

rincón de una taberna, 
tres estudiantes de Alemania un día 

bebíamos cerveza. 
Cerca el Rhin murmuraba entre la bruma 

evocando leyendas, 
y sobre el muerto campo y en las almas 

flotaba la tristeza. 



ANTOl OGIA AMERICANA 



Hablamos del amor, y Frank, el triste, 

el soñador poeta, 
de versos enfermizos cual las hadas 

de sus vagos poemas: 

«Yo brindo, dijo, por la amada mía, 

la que vive en las nieblas, 
en los viejos castillos y en las sombras 

de las mudas iglesias; 
por mi pálida Musa de ojos eastos 

y rubia cabellera, 
que cuando entro de noche en mi buhardilla 

en la trente me besa.» 

Y Kari, el do las rimas aceradas, 

el de la lira enérgica, 
cantor del Sol. de los a/ules ciclos 

y tic las hondas selvas; 
el poeta del pueblo, el que ha narrado 

sus campestres faenas, 
el de los versos que en las almas vibran 

cual músicas guerreras: 
«Yo brindo, dijo, por la Musa mía, 

la hermosa lorenesa 
de ojos ardientes, de encendidos labios 

y riza cabellera ; 
por la mujer de besos ardorosos 

que espera ya mi vuelta 
en los verdes viñedos donde arrastra 

sus aguas el Mosela, » 
-brinda tü,í me dijeron. Yo callaba 

de codos en la mesa, 
y ocultando una lagrima, alce el vaso 

v dije con voz trémula: 
«Brindo por el amor quenunca acaba,» 

y apure la cci \ 
v entre risas v gritos exclamamos: 

«¡Por la pasión eterna'- 

Y seguimos risueños, charladores 

en nuestra alegre fiesta... 

Y allí mi corazón se me mona, 
se moría de frío y de tris! 

l»\i ve] Enrique Arcinieg k (coi 



rf.fi ;iz 



" 



A UX DESLEAL 

Que halle de rudo pedernal el pecho 
de aquel á quien comunicó sus penas: 
que arrastre la existencia entre cadenas 
y abrojo punzador tenga por lecho: 

que sombra no le preste ningún techo 
al suspender del día las faenas, 
y que yermas, estériles arenas 
ofrezca el mundo á su mortal despecho: 

que nunca los benéficos fulgores 
del sol de la verdad hieran su mente 
y que, sello poniendo á sus dolores, 

abriéndose la tierra de repente, 
trague voraz al que con torpe lengua 
la pura fe de la amistad amengua. 

y.\u\ (peruano) 

DE 'X 

1 ; 10 á hidrópica errante caravana 
seducen en risueña perspectiva 
manantiales bullentes de agua viva 
de ardiente yermo en la extensión lejana: 

y cuando, por saciar la sed insana, 
su afán redobla, el paso lento aviva, 
ve convertirse la onda fugitiva 
en óptica ficción, en sombra vana: 

así, en el yermo de la vida, errante 
va en pos el hombre de un Edén soñado 
que juzga, iluso, en su delirio amante 

de paz, de amor y dicha circundado; 
y al penetrar por sus doradas puertas 
ve su ilusión y su esperanza muertas. 

JUAN AKGDEDAS Prada (peruano) 

(NTEMPLAC1 

El cielo está nublado, sin sol y sin albor 
doliente la mañana, tristísima la luz, 

la brisa gemidora, 

la rosa sin col 
envuelta la natura en pálido capuz. 

Monótono silencio domina por doquiera, 
tan sólo se oye el canto de algún saltapared, 

las gotas de las nubes 

cubriendo la pradera, 
velando silencioso el Popocatepetl. 



4o antología americana 



En lánguida tristura me siento desmayada; 
ignota, cruel angustia me oprime el corazón... 
y allá en el infinito 
el alma enajenada, 
buscando va doliente celeste inspiración. 

Yo sufro solitaria del sino los rigores, 
el ángel de la noche se lleva mi cantar, 
mi ser está doliente, 
marchitas veo mis flores 
y exhalo mi amargura en flébil suspirar. 

Muy lejos ¡ay!, muy lejos de seres á quien amo, 
vagando sin encanto, sin dicha y sin placer, 
en medio de la noche 
frenética les llamo 
)• en medio del insomnio les miro aparecer. 

No hay horas de contento, la mística campana 
tañendo lastimera se escucha sin cesar, 
la patria gemebunda, 
sus hijos sin consuelo, 
el ángel de la muerte en rápido cruzar. 

De sangre mil torrentes, de lágrimas regueros, 
hermanos contra hermanos, ¡Dios santo, compasión!, 
el luto y la tristeza, 
los ayes lastimeros... 
¡Ay, México! Si viene á herirte otra nación, 

no habrá quien nos defienda del déspota enemigo; 
sin hijos, sin valientes tendrás que sucumbir; 
tendrás de tanto ultraje 
que ser débil testigo, 
la frente de crespones debemos de cubrir. 

Aquí entre las montañas cubiertas de verdura 
resuena más profundo el eco del cañón; 
el pobre campesino 
en mísera amargura, 
y todo entristecido por cruel desolación. 

La vega está desierta, desiertos los hogares, 
el son de muerte y guerra nos viene á estremecer; 
loguemos, sí, roguemos 
de Dios en los altares 
por ellos, (¡lie en la lucha habrán de perecer. 

María dei. Refugio Argumedo de Ortiz (mexicana) 



MANUEL NICOLÁS AR IZAGA 



41 



EL DOLOR POR EL GOCE 
(Esta composición tiene de notable que no se usa en ella él VERBO.) 



Para el azul del éter 
el iris de colores, 
para las gayas flores 
pintado colibrí, 
para el bosque los árboles, 
para el campo el rocío, 
las ondas para el río, 
el llanto para mí. 

Para el jardín ameno 
alfombra de esmeralda, 
para el cielo la gualda, 
los peces para el mar, 
para el viento las aves 
de mil pintadas plumas, 
para el terreno espumas 
y para mí el pesar. 

Para el joven ardiente 
lánguidas ilusiones, 
y gratas sensaciones 
al viejo balaclí; 



para ambos juntamente 
la dicha apetecida, 
para todos la vida, 
la muerte para mí. 

Para la fuente rústica 
el poético murmullo, 
la luz para el cocuyo, 
para la abeja miel, 
y para el hombre amado 
con delirio profundo 
todo el placer del mundo, 
y para mí su hiél. 

Para la niña angélica 
encantados jardines, 
guirnalda de jazmines, 
horizontes de amor: 
el cielo para el hombre 
dueño de esa hermosura; 
para ellos la ventura, 
y para mí el dolor. 
Domingo Argumoza (colombiano) 



LA JUSTICIA 

I 

Mirad esa bacante mal vendada 
que, intentando fingir regio decoro, 
dócil discurre en el extenso foro, 
por el cohecho ó el temor guiada. 

En las trémulas manos rota espada, 
como puñal, ostenta con desdoro, 
y una balanza que al pesar del oro 
ó el acero de Breno va inclinada. 

De la conciencia infame traficantes 
la aclaman del derecho vencedora, 
sobornando del vulgo la estulticia... 

Y es ella, la peor de las bacantes, 
la Iniquidad estúpida y traidora, 
quien impune suplanta á la Justicia.. 

II 

Mas de la lid tú no huyes como Astrea, 
Justicia excelsa, numen bendecido, 
de la eternal Esencia descendido, 
con la más noble é ímproba tarea. 



42 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Si de tu rota el Crimen alardea, 
por efímero triunfo envanecido, 
aún tienes templo y culto enaltecido 
do la Virtud su lábaro flamea. 

Cual ésta perseguida, aherrojada 
como la diva Libertad, un día 
que alegra al porvenir con su alborada, 

con ellas alzarás la faz radiante 
sobre el Vicio, el Terror y la Anarquía 
uncidos á tu carro de diamante... 

III 

¡Oh si cantar pudiera tu victoria 
contemplando los pueblos de la tierra, 
del Bien y el Mal concluida ya la guerra, 
á su destino adelantar con gloria!.. 

Desde hoy admiro, en óptica ilusoria, 
cómo el pasado desastroso aterra 
y aun se arranca las páginas que encierra 
de sangre y de baldón la humana Historia. 

¡Que entre el hossana universal, rodeada 
de todas las virtudes cual deidades, 
guías al mundo hasta la ansiada meta; 

y que tornas al fin de las edades, 
del Eterno á la diestra levantada, 
al son de apocalíptica trompeta!.. 

Manuel Nicolás Arízaga (ecuatoriano) 

FOTOGRAFÍA 

Me asomé á los abismos de mi pecho, •» 

y desiertos y lóbregos los vi; 
tanto, niña, que en lágrimas deshecho 
horrorizado de mí mismo huí. 

Luego admiré tu célica hermosura, 
la gracia virginal de tu pudor, 
y de mi pecho en la región obscura 
sentí desconocido resplandor. 

Torné á mirar adentro, y hallé impn 
en el alma tu imagen celestial, 
estrella que ilumina helada huesa, 
flor nacida i n estéril cambronal. 

Ya un altar en mi pecho lias conquistado 
y en él tendrás eterna adoración: 
allí de hinojos vivirá postrado, 
fiel ministro de amor, mi corazón. 

M \m i.i Nico] ! \i ú \GM (ecuatoriano) 




i 



ORGULLO 



¡Y bien! Nada me importa que la Envidia 
me ultraje y muerda con maldad notoria. 
¡Yo no conozco el miedo, y en la lidia 
alcanzaré el laurel de la victoria! 

En vano, henchidos de un orgullo necio, 
quieren poner á mis ideas vallas: 
¡bajo el peso mortal de mi desprecio 
rodarán en el polvo los canallas! 

¡Ah! Yo sabré reirme de las muecas 
de aquellos Zoilos de siniestros rastros, ' 
y fabricar con sus cabezas huecas 
una escala que me alce hasta los astros. 

Yo sabré destacarme, sin reproche, 
entre esa turba audaz del vilipendio, 
cual se destacan en la negra noche 
las fantásticas formas de un incendio. 

Mi ambición es ser grande entre los grandes, 
sin que nadie me humille ni me estorbe, 
y mirar, como el cóndor de los Andes, 
arriba el cielo y á mis pies el orbe. 

Yo quiero que mi orgullo, que hoy se ensancha, 
se traduzca en las notas de mi plectro, 
y que ante el sol de mi razón, sin mancha, 
tiemblen los necios -como ante un espectro. 

Yo quiero avergonzar á esos estultos 
de críticas sin fondo y torpes mofas, 
apagando el rumor de sus insultos 
con el eco triunfal de mis estrofas. 

¡A combatir! No soy un ser exiguo 
y debo entrar en el combate rudo. 
Mi lema es hoy el del guerrero antiguo: 
«Con el escudo ó bien sobre el escudo.» 



44 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Henchido de una fe que no se agota, 
aunque me pierda lucharé sin pausa: 
¡no desprestigia al hombre una derrota 
cuando es apóstol de una buena causa! 

Los críticos que darme á Dios le plugo, 
más que humillarme, aumentan mi decoro... 
«Sólo se arrojan piedras - ha dicho Hugo - 
contra el árbol que carga frutos de oro.» 

¡La oposición me irrita! Aquella gente 
caerá, al fin, bajo mi fe que abrasa: 
cuando se pone diques al torrente, 
el agua lucha, se desborda y pasa. 

¡Lucharé como un dios! Mi frente noble 
nunca se humillará bajo otros brazos; 
yo seré en mis batallas como el roble: 
¡antes que doblegado, hecho pedazos! 

¡Adelante, adelante! Mi destino 
destruir á mis críticos me acuerda: 
cuando se halla una sierpe en el camino, 
se la debe aplastar antes que muerda. 

¡Adelante! No importa que la Envidia 
me ultraje y hiera con maldad notoria, 
¡Yo no conozco el miedo, y en la lidia 
alcanzaré el laurel de la victoria! 

T. Federico Barreto (peruano) 



TRISTEZAS INFANTILES 
(cuadro de género) 



Angelita, lectoras hechiceras, 
es una niña que por nada peca, 
y que aunque cuenta cinco primaveras, 
tiene ya una hija..., digo, una muñeca. 

Una muñeca por demás herniosa, 
por demás dulce, candida y querida; 
una muñeca que habla y que sollo/a 
que dice madre y se hace la dormida. 

Ayer, cansada de jugar ion día, 
entró Angelita en mi aposento estrecho, 
v fingiendo tra> iesa una querella, 
así me habló, juntando »e á un pecho: 

«Oye, amiguito, ¿sabes por qué peno? 
Mi hija Rosa se lia puesto muj enferma, 
)• quisiera que tú, que eres tan bueno, 
vinieras á decirle que se duerma. >• 



J. FEDERICO BARRETO 45 



«A mí, agregó golpeando desolada 
su piececito contra el duro suelo, 
ya no me quiere ni oye la malvada 
por más que lloro, sufro y me desvelo. 

»¿Qué tendrá? ¿Por qué, dime, me provoca 
y hace que llore con angustia y pena? 
¡Ay! Yo no quiero que esté así, tan loca... 
¡Ven á decirle que se vuelva buena!» 

Y con sus manos, blancas como el día, 
de mí tiraba en candido embeleso, 
diciéndome por ver si la seguía: 
«¡Mira, Juan, si no vienes, no te beso!» 

Yo entretanto, mirando su amargura 
y sus penas de madre pequeñita, 
bendecía entre mí tanta ternura 
unida á tanta candidez bendita. 

¡Ah, inocencia, inocencia! ¿Por qué, dime, 
siendo tan bella como lo es tu nombre, 
tan pronto apagas tu esplendor sublime 
sobre la frente pálida del hombre? 

¡Ah, inocencia! Yo un día no lejano 
viví también contigo satisfecho, 
mas vino el tiempo y con furor tirano 
te apartó para siempre de mi pecho. 

Por eso, al ver ahora la ventura 
de este querube que habla y que retoza, 
lloro al pensar que un día la amargura 
quizás empañe su conciencia hermosa. 

¡Oh, Angelita! ¡Oh, mi bien! ¡Oh, hermana mía, 
alma de arcángel que por nada peca! 
¡Quiera Dios que jamás la pena impía 
te haga olvidar tu amor á esa muñeca! 

|. Federico Barreto (peruano ) 




^.6 ANTOLOGÍA AMERICANA 



EL ULTIMO ADIÓS 

En mi locura quise maldecirte, 
me lo perdone Dios, 
en esa negra noche al dirigirte 
mi postrimer adiós; 
pero te vi llorar; tu despedida 
calmó mi corazón, 
y á Dios bendije, porque unió en la vida 
lágrimas y perdón. 

Alfredo Baquerizo (ecuatoriano) 

¡CURIOSA! 

¿Qué miro?, me preguntas. - En mi anhelo 
miro siempre, á merced de mis antojos, 
mucho azul en la bóveda del cielo, 
y mucho azul de cielo en esos ojos. 

¿En qué pienso?, me dices. - Tristemente 
medito á solas, presa de un engaño, 
que aquel azul de los espacios miente, 
y son tus ojos cielo, por mi daño. 

Alfredo Baquerizo (ecuatoriano) 

RIMA 

¡Ah, déjame partir! En su ancho seno 
luchas ofrece el mar: 
me atrae lo insondable, lo infinito 
de aquella inmensidad. 
¡Ah, déjame partir! Allá las olas, 
gimiendo, me dirán 
cuál de los dos abismos es más hondo: 
el corazón ó el mar. 

Alfredo Baquerizo (ecuatoriano) 



EDUARDO DE LA BARRA 47 



LAS DOS GRANDEZAS 
I 

LA RÁBIDA 

A la puerta de un convento 
golpea un pobre mendigo; 
el sol, el hambre y el viento 
lo baten, y pide abrigo. 

Lleva un hijo pequeñuelo, 
pálido y triste el semblante: 
por él pide suplicante 
pan á los hombres y al cielo. 

Ha sonado la campana, 
y un monje, con voz serena: 
- Aquí hay abrigo y hay cena, 
les dice; os iréis mañana. 

- Cena busco y busco abrigo, 
contesta meditabundo: 

¡llevo en mi cabeza un mundo 
y un humilde pan mendigo! 

- ¡Al cielo alzad la oración, 
alzad al cielo los ojos!, 

clamó el monje; y vio de hinojos 
ante la cruz á Colón. 



II 



SAN YUSTE 

Sutiles neblinas las sierras envuelven, 
el viento silbando sacude los pinos, 
de nieve cubiertos están los caminos 
y el lobo á lo lejos se siente aullar. 
Cruzaba un viajero con paso seguro 
la senda sinuosa que lleva al convento, 
y llega y exclama: - ¡Por Dios, que un asiento 
más alto que el mío yo vengo á buscar! 

Abrieron los frailes. - ¿Quién sois?, le preguntan. 

- Un hombre que busca corona de espinas, 
corona de gloria con flores divinas, 

en vez de la suya que mucho pesó. 

- ¿Tuviste los dones que el mundo apetece? 

- Riquezas y gloria mi reino tenía... 
El sol en mis tierras jamás se ponía... 
¡Yo soy Carlos Quinto: mi imperio pasó! 



4S ANTOLOGÍA AMERICANA 



III 



Así, con dolor profundo, 
la misma puerta tocaba 
el que iba en busca de un mundo 
y el que un mundo abandonaba. 

Y en el sagrado recinto, 
libre de humana ambición, 
hubo pan para Colón 
y paz para Carlos Quinto. 

Eduardo de la Barra (chileno) 

LA MUERTE DEL POETA 

Al gran poeta trágico, á Esquilo dijo el águila: 
«Autor de Prometeo, te vengo á desafiar.» 
Y súbito soltando su poderoso vuelo, 
perdióse como flecha por la región del cielo 
y al numen gritó: «¡Ensaya! ¡Ve si más lejos vas!» 

Esquilo acepta el reto, y en la divina cítara 
su canto acompañando, la alada voz soltó: 
hollando de los siglos la férvida corriente, 
de los Titanes fieros y Jove prepotente 
la lucha poderosa magnífico cantó. 

El águila, las alas plegando, cayó rápida 
y en el profundo abismo á sumergirse fué: 
«¡Aquí, si puedes, sigúeme!,» gritóle altiva y fiera, 
\ Esquilo al hondo abismo, de la celeste esfera 
donde los astros ruedan, sumérgese á su ve/. 

Y canta de los cielos el despertar espléndido, 
v canta las tinieblas en lucha con la luz. 
1.1 águila entretanto, con un vigor que espanta, 
llevando una tortuga, de lo hondo se levanta 
con vuelo poderoso por el espacio azul. 

La ponderosa carga sobre el poeta helénico 
desde las altas nubes violenta desprendió. 
¡Murió! ¡Murió venciendo el trágico profundo!.. 
Atenas al asombro preséntalo del mundo, 
v una águila soberbia, la envidia, lo mató. 

Eduardo de i \ l¡ \kk \ 



¡É 




AMOR FILIAL 

Está la niña sentada 
de la madre en las rodillas, 
hermosa como los ángeles, 
tierna cual las sensitivas, 
pura como los reflejos 
del sol en la alta colina, 
graciosa como las ondas 
que lamen la arena limpia. 
Sus blancos brazos, que cubre 
corta manga de batista, 
hoyuelados y redondos, 
de la madre el cuello miman; 
mientras su boca de nácar, 
tan dulce como bonita, 
besa los maternos ojos 
que enamorados la miran. 
Y cuando prenda tan cara 
la madre á besar se inclina, 
ella mueve juguetona 
la redonda cabecita 
y con monadas graciosas, 
besos, palabras, caricias, 
paga de la madre el beso 
y la ternura sencilla. 

; Feliz madre! Siente el alma 
de emociones conmovida: 
¡que aquel amor es su cielo 
y es su aliento aquella niña! 

«¡Carmen, Carmen!, ¿me amas mucho?» 
dice al besar su mejilla; 
y ella dejando escuchar 
de sus labios la armonía 



Antología americana 



5° 



ANTOLOG 1 A A.M E R I C A N A 



vaga, indefinible y tierna 

como el soplo de las brisas 

que juegan entre las flores, 

le contesta complacida: 

«¡Como lo que hay de aquí al cielo 

así te amo, madre mía, 

y á nadie amaré en el mundo 

como á ti que eres mi vida!» 

Con tristeza indefinible 
la madre la oye y suspira, 
recordando que á su madre 
lo mismo contó de niña. 



AMOR JUVENIL 

I )iez y ocho primaveras en su frente 
las gracias del amor han derramado; 
hermosa está como la clara fuente 
que se desliza en el risueño prado. 

Sus ojos son azules como un lago, 
tersa su frente, despejada y pura, 
argentina su voz cual eco vago 
que allá á lo lejos plácido murmura. 

Su boca fresca, nacarada y breve; 
deshecha en oro su gentil cabeza, 
su talle airoso, cimbrador y leve 
como la palma que á elevarse empieza. 

Tal es Carmen, la niña juguetona 
que años atrás, con castos embelesos, 
de amor promesas á su madre abona 
de caricias llenándola y de besos. 

¿Mas hoy? De ella se oculta y á sus solas 
de un ser querido con la imagen sueña, 
como sueñan las rojas amapolas 
y el blanco lirio oculto entre la breña. 

Su corazón palpita estremecido 
por un mundo de ardientes ilusiones; 
inquieto afán, afán desconocido, 
le habla de otnis más dulces emociones. 

Otro mundo adivina, otros ensílenos 
á través del amor que la eonsunie; 
y al embriagarse en sus dorados sueños, 
cual la violeta, oculta su perfume. 

Son las diez de la noche: ;i una ventana 

si- acerca un joven cauteloso y lt \ l : 

la luna gira plácida y galana, 

el viento apenas la hojarasca mueve. 



REFUGIO IlAKKAC.AX DE TOSCANO 5T 

Tibia y embalsamada el aura jui 
con los estambres de la flor dormida, 
v entre sus hojas, que la noche pliega, 
leve suspiro, al alejarse, anida. 

Todo callado esta, todo reposa, 
todo es misterio en torno del amante, 
(liando risueña, enamorada, hermosa, 
Carmen, de dicha, asoma palpitante. 

¿Qué siente Carmen al tender su mano, 
entre las duras y calladas rejas, 
al hombre que la adora y que no en vano 
viene á decirle sus amantes quejas? 

¿Qué pasa en su alma al escuchar sentida 
las promesas de amor que ya le hicieron, 
y que son el aliento de su vida, 
y siempre nuevas á su oído fueron? 

Las jóvenes amantes que como ella 
vagan en esa atmósfera de flores 
en que cada ilusión es una estrella, 
cada promesa un cielo de colores, 

podrán decir lo que la joven siente 
en ese instante de ventura inmensa 
en que arde el cozazón, arde la frente... 
¡y de tanto pensar, nada se piensa! 

Agitada y el seno comprimiendo 
para acallar su palpitar profundo, 
ebria de amor, murmura sonriendo: 
«¡Te amo como jamás se amó en el mundo!» 

Entonces en el alma palpitante 
mira á su madre que la busca y nombra... 
¡Vana ilusión! ¡Ante el amor de amante 
pasa el amor filial como una sombra! 

Refugio Barracan de Toscano (mexicana) 

LA FLOR DE LOS RECUERDOS 

En el jardín desierto de mi mente 
se abrió la flor de los recuerdos míos, 
pálida como el lirio que en los valles 
se mece al beso de otoñales fríos. 

Miróla el corazón y dijo triste: ' 
- Yo en tu perfume encontraré la vida. 
- Y yo en cada una de tus lindas hojas 
una esperanza lloraré perdida. 1 

Esto le dijo el alma; y un suspiro 
se alzó volando á la mansión del cielo, 
en tanto que una lágrima preciosa 
rodó del corazón y cayó al suelo. 

Refugio Barragán de Toscano (mexicana) 



antología americana 



A LOS OUE VEAN MI CADÁVER 



A MI AMIGO DON ANTONIO P. MORALES 



Amigos ó indiferentes 
que mi cadáver miráis 
tendido entre cuatro cirios 
sobre un paño funeral, 

decid: ¿qué siente vuestra alma 
cuando así mirando estáis? 
¿La calma, la indiferencia, 
la lástima, la piedad? 

Mis oídos se han cerrado, 
mis labios mudos están, 
mi cuerpo es trozo de hielo 
pronto á disolverse ya. 

Pero esta mudez tan triste, 
esta rigidez mortal, 
este silencio solemne, 
¡cuántas lecciones os da! 

Ayer viví, cual vosotros, 
fluctuando entre el bien y el mal, 
lleno de mil esperanzas 
que huyeron á no tornar. 

Tuve amigos; pero ¡ay! sólo 
hallé engaño y falsedad; 
tuve placeres que nunca 
pudieron mi alma saciar. 

Amé la gloria, y acaso 
vi relumbrar su fanal: 
piro al acercarme, sólo 
hallé densa obscuridad. 

1 )oquiera espantoso tedio, 
proyectos sin acabar, 
aspiración incesante 
;i un vago y confuso ideal. 

¡Oh ( Insto! Tu imagen santa, 
es toda luz y verdad, 
brilla en el revuelto mundo 
cual sol en el temporal. 

¡Feliz de mí! Tras las penas 
en ella vi la verdad, 



en ella busqué mi apoyo, 
en ella alivio y solaz. 

Esa es la filosofía 
solemne, eterna, veraz, 
ante la cual no hay sistemas 
ni elocuencia mundanal. 

Que dicen más eme cien libros 
este crespón funeral, 
este féretro, estos cirios 
que se oyen chisporrotear. 

Confusos y pensativos, 
¿en dónde estoy, preguntáis? 
Misterio obscuro, insondable. 
¡Ya estoy en la eternidad! 

Mas la Cruz fué mi esperanza; 
la Cruz no engaña jamas: 
la Cruz fué mi único apoyo 
y ese apoyo es inmortal. 

Con ella sobre mis labios 
lanzó mi alma el postrer ¡ay!, 
y se exhaló cual esencia 
de las flores de un rosal. 

Estoy nadando en otéanos 
de luz, de dicha y verdad: 
estoy - pasado el destierro - 
en la patria celestial. 

Amigos ó indiferentes 
que mi cadáver miráis, 
yo no os pido me llevéis 
de mi fosa hasta el umbral. 

De virtud que nunca Une 
no os pido elogio falaz, 
ni que cerquéis de laureles 
mi recinto sepulcral. 

;l >oblad la frente! En el drama 
de la existencia pensad, 
y alzad humilde plegaria 
al I >ios que ha juzgado ya, 

Joaquín Boj da (colombiano) 



\ 1CEX1K BECERRA 



LA ZORRA Y EL BUSTO 



Según cuenta don Félix 
María Samaniego, 
y La Fontaine lo mismo, 
después de Esopo y Fedro, 
«dijo la Zorra al Busto, 

después de olerlo: 
- Tu cabeza es hermosa : 
pero sin seso.» 

Mas yo he sabido después 
que, por permisión de Dios, 
arrugando el entrecejo 
el buen Busto contestó: 
«Cierto es que no tengo seso, 
mas sirvo de adorno, y soy 
de todos los transeúntes 
la constante admiración. 
A nadie hice mal ninguno, 
y aunque sin talento estoy, 
el arte rival me hizo 
de natura en perfección. 



Pero á ti, animal perverso, 
¿de qué te sirve el honor 
de estar provisto de sesos, 
si te falta discreción? 
No sabes más que hacer daño, 
bicho cobarde y traidor, 
y tu puntiagudo hocico 
se ceba en la destrucción 
de animales mócente-. 
con sensualidad atroz. 
A mí nadie me desprecia. 
nadie me guarda rencor, 
y honrado en mi pedestal 
do el arte me puso estoy, 
mientras que á ti te persiguen 
todos cual á vil ladrón.» 

¡Cuántos raposos astutos 
en el mundo he visto yo, 
que creen reírse del busto 
y merecen el sermón! 

Daniel Barros Grez (ch 



ADIÓS! 



¿Te acuerdas, amiga mía, 
de aquella fotografía 
eme el artista no fijó 
y que luego, al otro día, 
la luz temprana borró? 

Así el corazón humano 
como ese papel liviano 
afectos suele grabar, 
y cual nubes de verano 
luego los ve disipar. 

;Todo pasa! ;Todo muere! 
I )el hosanna al miserere 
llega el alma sin sentir. 



y aquello que más se quiere, 
más pronto se ve morir. 

Efímeras son las flores, 
emblema de los amores, 
imagen de la amistad... 
¡No brillan, no, dos albores 
sobre una felicidad! 

Mas de aquella ley tirana 
sustraigámonos los dos; 
y esta amistad que me ufana 
no se eclipse ante el mañana, 
no sucumba ante el adiós. 

Vicente Becerra (colombiano ) 



54 antología americana 



EL SONETO 

Dante le dio de su estro peregrino 
la elevación pindárica y severa; 
Petrarca, de los pájaros el trino, 
los rumores del aura en primavera. 

Tasso infundióle su ideal divino, 
la épica nota de su trompa fiera; 
y Olmedo, con su apostrofe al Destino 
le hizo cruzar la constelada esfera. 

Urna fué en la que Foseólo vertía 
llanto del corazón despedazado, 
al ver que Italia en opresión gemía. 

Y fué también la cumbre de granito 
donde, del rayo vengador armado, 
Alfieri alzó de libertad el grito. 

T. Benavides v Valdivia (peruano) 



LOS BESOS 

¿Qué es un beso?, preguntas. Un brillante 
de puras aguas y de mil facetas, 
si lo incrusta en el labio de sus hijos 
la madre siempre buena. 
Ya es un rojo rubí, ya una esmeralda, 
ya cerúleo zafir, ya blanca perla, 
si lo imprime en los labios del amante 
la hermosa con quien sueña. 
Ópalo de bellísimos colores, 
suave reflejo y clara transparencia, 
si lo engarza en los labios del esposo 
su amada compañera. 
Mas si es beso comprado en una orgía, 
choque de bocas de lujuria llenas, 
es piedra falsa, sin valor alguno... 

¡y más fango que piedra! 

WASHINGTON I'. BERMÚDEZ (lint 

l.ns TREINTA DINEROS 

Sí, por tilinta dineros, que Ú la i 
le arrojaron los jueces con desprecio, 
vendió una noche el miserable _h 
al sublime Maestro. 



MANUEL DLAXCO CUART1N 



Hoy seres viles, á la luz del día, 
titulándose apóstoles del pueblo, 
venden su pluma y su conciencia venden... 
quizá por mucho menos. 
El cobarde judío, avergonzado 
de su traición y arrepentido luego, 
por propia mano se infligió el castigo 
de su crimen horrendo. 
Y los venales escritores nunca 
sienten rubor al recibir el precio 
de sus aplausos: las monedas toman, 
impúdicos, riendo. 
Protervo fuiste al negociar la sangre 
del venerando Mártir galileo: 
esos que venden su conciencia y pluma 
son, Judas, más protervos. 
Mas probidad y más honor tuviste, 
vil Iscariote, en tan remotos tiempos 
que honor y probidad en los actuales 
tienen los fariseos. 
Tú después de la infamia te colgaste: 
los otros cuelgan una cruz al pecho 
y se deleitan al sonoro ruido 

de los treinta dineros. 

Washington 1'. Uermúdez (uruguayo) 

LA LEV V EL DERECHO 

«Hija soy vuestra, y sin embargo el mundo 
alega no es igual nuestro destino; 
que vuestro origen es santo y divino, 
y el mío á veces lodazal inmundo.» 

Así hablara la Ley: mas con profundo 
dolor responde el padre peregrino: 
«Eso que dice no es un desatino 
y en esto el razonar no es infecundo. 

Es cierto que del cielo he descendido, 
que soy de la A'erdad el hijo augusto 
v á la vida nacido sin misterio; 

mas un día ligúeme inadvertido 
con la justicia humana por mi gusto, 
y el fruto fuiste tú del gatuperio. » 

Manuel Blanco Cuartín (chileno) 



56 



antología americana 



TU TRENZA DE ORO 



Ni del sol de primavera 
los matutinos reflejos, 
ni el rayo que se burila 
en el azul firmamento, 
ni la luna sobre el lago, 
ni de la tarde el lucero, 
ni las espigas del trigo 
que alegre acaricia el viento, 
tienen ni pueden siquiera 
copiar en tintas de fuego 
la luz de la trenza de oro 
de tus hermosos cabellos. 
Porque fueras soberana, 
te colocaron los cielos 
sobre el blanco de tus sienes 
la corona de tu pelo, 



y de ella pendiente baja 
por tu alabastrino cuello 
y al resbalar por tu espalda 
besa orgullosa tu cuerpo. 
Dichosa tu trenza de oro 
que puede darte de besos, 
que por componer su lazo 
la tocan tus blancos dedos, 
que a todas partes te sigue, 
que conoce tus secretos, 
que oye tus dulces suspiros 
y puede velar tus sueños: 
que casi siempre que duerme.-,, 
duerme ella sobre tu pecho. 
¡Dichosa la trenza de oro 
de tus hermosos cabellos! 
Juan Leopoldo Bolaños (mexicano) 



REALIDAD 

No hay fértil prado que de trecho en trecho 
no esconda del zarzal la espina aguda, 

ni hay venturoso pecho 
que no torture alguna vez la duda. 

No hay cúspide vecina al sol radioso 
que no envuelva la sombra algún momento, 

ni anhelo generoso 
que no hiera, glacial, el desaliento. 

Siempre hay una pasión que nos anima 
y un imposible que su afán refrena; 

no hay hombre que no gima, 
ni pueblo que no arrastre su cadena. 

i l'eban Borrero Echeverría (cubano) 

ULTIMA RIMA 



Vii he sonado en mis lúgubres noches, 
en mis noches tristes de penas \ lágrimas, 
ron un beso de amor imposible, 
sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias. 

No no quiero el deleite que enerva, 
el deleite jadeante que abrasa, 

i ausan hastío infinito 
los labios sensuales que besan \ manchan. 



ERXEsTO G. EOZA 



57 



;Oh mi amado, mi amado imposible, 
mi novio soñado de dulce mirada!, 
cuando tú con tus labios me beses, 
bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias. 

Dame el beso soñado en mis noches, 
en mis noches tristes de penas y lágrimas, 
que me deje una estrella en los labios 
y un tenue perfume de nardo en el alma. 

Juana Borren ■ 

LAS HIJAS DEL RAX 

Envueltas entre espumas diamantinas 
que salpican sus cuerpos sonrosados 
por los rayos del sol iluminados, 
surgen del mar en grupos las ondinas. 

Cubriendo sus espaldas peregrinas 
descienden los cabellos destrenzados, 
y al rumor de las olas van mezclados 
los ecos de sus risas argentinas. 

Así viven contentas y dichosas 
entre el cielo y el mar, regocijadas, 
ignorando tal vez que son hermosas 

y que las olas, entre sí rivales, 
se entrechocan, de espuma coronadas, 
por estrechar sus formas virginales. 

Juana Burrero (cubana) 



VIBRACIONES DEL ALMA 
I 

Tú eres la diosa que soñé en mi infancia, 
la musa de mis lúgubres gemidos, 
flor celeste que arrobas mis sentidos 
vertiendo tu purísima fragancia. 

;Ah, mujer! Tú esclavizas mi arrogancia 
con tus fúlgidos ojos adormidos, 
mi corazón te rinde sus latidos 
y mi pecho te ofrenda su constancia. 

Xo desoigas la voz de mi ternura: 
ya mitiga ;por Dios! tu indiferencia: 
¡déjame que contemple tu hermosura! 

Yo voy en pos de tus divinos rastros: 
que en la noche fatal de mi existencia 
son tus pupilas esplendentes astros. 



5^ ANTOLOGÍA AMERICANA 



II 



Tu voz es una rítmica cascada 
de ignotas y vibrantes melodías, 
un idilio de amor con que extasías 
al alma que te escucha enamorada. 

En tu voz hay rumores de alborada, 
preludios de soñadas armonías, 
explosiones de notas en que envías 
promesas de pasión inmaculada. 

Temblando te escuché... Mi mente inquieta 
me transportó á fantásticas regiones, 
forjadas en mis sueños de poeta; 

y un ángel contemplé que recogía 
de tu voz las sublimes vibraciones, 
y en un himno, al Creador las ofrecía. 

III 

El rudo temporal mi frente azota, 
el rayo de la muerte centellea, 
¡en mi cerebro agítase la idea 
como tiembla en su nido la gaviota! 

Llevo en el pecho la broncínea cota 
y mi empuje viril jamás flaquea; 
pero caigo rendido en la pelea: 
¡ya he vertido mi sangre gota á gota! 

La muerte me aniquila con su hielo, 
la vida me abandona... y mi alma pura 
¡nar quiere de lo ignoto el velo; 

mientras que tú, dormida criatura, 
no alcanzarás á descifrar mi anhelo, 
; nunca comprenderás mi desventura! 

Ernesto i;. Boza (peruano) 



m 

■'%3 -, Ji 




RICARDO J. BUSTAMANTE 59 



CANTARES 

En todas partes te encuentro 
y en todas partes te miro; 
tú no estás en todas partes, 
pero te llevo conmigo. 

Las campanas de tu barrio 
doblando } están por un muerto; 
tienen razón, ya no existo 
porque no vivo en tu pecho. 

Mi pecho es un cementerio, 
mi corazón es un nicho. 
Si tú te mueres, ingrato, 
ya sabes cuál es tu sitio. 

Adriana Bu en día (peruana) 



ET LUX .ETERNA LUCEBIT 

«¡Cuan bella es la mansión que nos ha dado 

el Dios Omnipotente! 
Contemplo el bosque, la sonora fuente, 
esa laguna azul, florido el prado, 
y de la brisa escucho y de las aves 
el susurro y los trinos tan suaves 

que en plácido concierto 
dan encanto mayor á nuestro huerto.» 
Tal decía de Adán la compañera 

mirando el Paraíso 
en aquel primer día, cuando quiso 
Dios brindarnos ventura verdadera. 
Mas de ese día los instantes bellos 
corrieron á su fin, y los destellos 

del globo refulgente 
extinguiéronse al cabo en occidente. 

La noche envuelve con su manto el mundo: 

Eva y Adán en tanto, 
sobrecogidos de indecible espanto, 
dudan que torne el luminar fecundo 
á cruzar por el éter; - y que puebla 
su edén tan bello la eternal tiniebla, 

piensan con pena amarga 
hasta que el sueño su ansiedad embarga. 
Mas de aquella pareja el embeleso 

renuévase ferviente 
viendo al sol asomar en el oriente 
tras las primeras lágrimas, y el beso 



6o ANTOLOGÍA AMERICANA 



que el alba con sus púdicos amores 
daba en la tierra á las primeras flores; 

y al ver que discurría 
por los espacios el fanal del día. 

Así, en honda ansiedad, de los mortales 

se abisma el pensamiento 
cuando avistan el negro pavimento 
de la tumba y sus sombras funerales: 
así la antorcha de la fe vacila: 
el alma empero, si dejó intranquila 

su humana pesadumbre, 
va á ver el día de la eterna lumbre. 

Ricardo José Büstamante (boliviano) 



RIMA 

Hambre la madre tenía, 
salió el hijo y robó un pan, 
y la madre sonreía 
al comerlo con afán. 

Breve fué su regocijo; 
que entraba poco después 
en una prisión el hijo, 
y en ella se estuvo un mes. 

Cuando salió del encierro 
á su hogar se encaminó, 
y halló á su paso un entierro, 
pensó en su madre y lloró. 

Cerrada encontró la puerta 
de su solitario hogar. 
- ¿Y su madre? - Era la muerta 
que llevaban á enterrar. 

Bonifacio Byrne (cubano) 

DÉJALOS 

¡Déjalos! Aunque el mundo le señale 
con su dedo inflexible, ten valor; 
que dondequiera que tu pie resbale, 
para apoyarte encontrarás mi amor. 

Yo, que soy tu sostén, seré tu guía..., 
todo lo que tú quieras yo seré, 
porque has desenterrado mi alegría... 

y luis hecho m;is aún... ¡la has puesto en pie! 
1 [asta que no te vi temblé de trio: 

¡no ha)- cosa que más hiele que el pesar! 
Vi '. que estaba tan pálido \ sombrío. 
al verte me sentí resucitar. 



FRANCISCO CONCHA CASTILLO 6l 



Mi vida es otra noche por lo obscura, 
pero te pertenece aun siendo así; 
vale más que mi vida tu hermosura 
y toda entera me la diste á mí. 

¿Qué importa el mundo ni su juicio vano? 
¡Su pequenez no alcanza á nuestro amor! 
La rosa que ha nacido en un pantano, 
aunque el mundo no quiera..., ¡es una flor! 

Bonifacio Byrne (cubano) 



MAXIMILIANO 

Estirpe regia, corazón gigante, 
noble y gentil, gallarda la apostura, 
franco el mirar en que el honor fulgura, 
caballero sin tacha, esposo amante. 

Glorioso y atrevido navegante, 
alma sin miedo y, cual valiente, pura, 
grande en la adversidad trágica y dura, 
y artista y rey y soñador constante. 

De tu destino ante el horrible arcano, 
ante el sepulcro de tu breve gloria, 
pregunto al ver tu destrozado pecho: 

«¿Qué hay más grande que tú, Maximiliano?/) 
Y serena respóndeme la historia: 
La libertad de un pueblo y el derecho. 

Manuel Caballero (mexicano) 



NOTAS DE MI ARPA 

Circuida está de inmarcesible gloria 
la lira de los bardos: 
flota la inspiración sobre sus cuerdas 
como el vapor sobre el dormido lago. 
Si canta al hombre, el hombre la rodea 
de triunfadores lauros, 
y sus notas dulcísimas ahoga 
con el trueno inmortal de los aplausos. 
Ráfaga pasajera de armonía, 
su acorde soberano 
destila embriagadoras ilusiones 
sobre el alma que sueña al escucharlo. 
Del porvenir el eco misterioso 
prolongará sus cantos: 
circuida está de inmarcesible gloria 
la resonante lira de los bardos. 



62 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



No así mi flébil arpa, que en las sombras 
se agita, suspirando 
con tembloroso ritmo, y por los cielos 
sus murmullos extiende solitarios. 

Puras brisas de mar baten sus cuerdas 
con voluptuoso halago: 
la arrulla el bien, y en sus canciones nunca 
bendijo á la virtud en son profano. 
Luz á sus himnos presta esplendorosa 
de Dios el nombre santo, 
y al par con ellos juguetones vuelan 
los radiantes ensueños del pasado. 

La voz de mi arpa como incienso sube 
por el azul espacio. 
¿Qué importa que los hombres la desdeñen? 
Si Dios la escucha, es inmortal mi canto. 

Francisco Concha Castillo (chileno) 





Al ocultarse el sol tras la montaña, 

me dirigí ayer tarde 
al triste sitio donde al fin concluyen 

las locas vanidades. 
Mirando los altísimos cipreses 

y los llorosos sauces, 
y la fosa común, y el mausoleo 

de cincelado jaspe, 
sentí en lo más profundo de mi alma 

dolor inexplicable, 
al ver que hasta en la casa de los muertos 

existen los contrastes. 
Otra cosa observaba al poco rato 

con extrañeza grande: 
muy húmedas estaban unas tumbas, 

otras secas hallábanse. 
«Decidme, pregunté al sepulturero, 

¿cómo puede explicarse 
que mientras unas tumbas están seca-, 

otras húmedas se hallen?» 
V el viejo guardador de los difuntos 

repuso con voz grave: 
«Los que reposan en las tumbas secas, 

señor..., no tienen madre. 

Julio A. Cai.caño (venezolano) 



LAS PALOMAS 

(De 7'. Gaittier) 



Allá abajo en la colina 
que los sepulcros esmaltan, 
su cima, como un penacho, 
bella palmera levanta; 



y en la tarde las palomas, 
desde remota distancia, 
llegan á posar el vuelo 
y á abrigarse entre mis ramas. 



6 4 



antología americana 



.Mas con la aurora una a una 
de su follaje se escapan: 
como un rosario de perlas 
que de pronto se desata, 
por el aire azul se esparcen, 
y se las ve, todas blancas, 
ir a detener el vuelo 
en las techumbres lejanas. 



Mi alma es el árbol sombrío 
adonde en la tarde baja, 
desde lo alto del cielo, 
tropel de visiones candidas; 
mas, volubles como ellas, 
batiendo las leves alas 
huyen en rápido vuelo 
al primer rayo del al ha. 

ArÍstides Cali año (vem 



EL PRIMER EAÑO 



Eva al acaso discurriendo un día 
del encantado Edén por las praderas, 
sin pensarlo sus pasos dirigía 
de un cristalino arroyo á las riberas. 

Contemplando la extraña maravilla, 
alegre llega á la espumosa fuente, 
y admirada detiénese en la orilla 
escuchando el rumor de la corriente. 

Curiosa inclina el cuerpo hacia adelante 
allí donde la onda se dilata, 
y en el líquido espejo en el instante 
su hechicera figura se retrata. 

La bella aparición la mira atenta, 
y al verla sonreír también sonríe, 
y acércase también, si ella lo intenta, 
sin que una de otra tema ó desconfíe. 

Sena por seña al punto la devuelve, 
tan pronto se retira como avanza, 
una y mil veces á mirarla vuelve, 
y Eva el misterio a comprender no alcanza. 

De la muda visión un ser se fragua, 
y de entusiasmo en inocente acces< >. 
el labio de coral acerca al agua 
y ambas se dan un amoroso beso. 

Su delirio á abrazarla al fin la lleva; 
mas pagando bien caro el dulce engaño, 
se sumerge en las ondas: ¡así Eva 
se da en el Paraíso el primer baño! 

Josi < viCEDi ' Ri >j vs (colombiaiti ) 



DANIEL CALVO 



LA AMISTAD 

Mirad la estrella que preside al genio 
cuyo nombre va unido á la victoria; 
el astro á cuya luz inmensa gloria 
alcanza Bonaparte á conquistar; 
en el cielo miradle de la Europa 
doquier su luz magnífica vertiendo... 
Llega al cénit, y raudo descendiendo, 
se sepulta en las ondas de la mar. 

El capitán en Austerlitz triunfante, 
en Wagram y en Marengo, Egipto y Jena, 
en el reloj del tiempo oye que suena 
el momento fatal de ^"aterlóo. 
El que soberbio contempló á sus plantas 
las cabezas humildes de los reyes, 
como esclavos sujetos á sus leyes, 
en insondable sima se abismó. 

Buscadle en Santa Elena solitario 
con la memoria cruel de su fortuna 
y meditando al rayo de la luna 
en su acerbo, vivísimo dolor. 
Tocad su frente adusta, denegrida, 
donde un volcán su pensamiento agita. 
Tocad su corazón... ¡Cómo palpita 
con latido violento, destructor! 

¡Tal es la gloria! Espléndido delirio, 
excelsa, grande, luminosa idea; 
brilla, pasa veloz, y se desea 
aborrecer la mágica visión. 
Es un incendio que en la mente deja 
desolación, escombros y ruina; 
una hoguera que abrasa y que calcina 
con su llama implacable el corazón. 

Los que vivís buscando la ventura 
mirad gloria y amor como el engaño 
que la ilusión reviste en nuestro daño 
con mentida apariencia de verdad. 
Sí; sólo la amistad brinda el encanto 
de un bienestar pacífico y tranquilo; 
ella á nuestro abandono grato asilo 
ofrece en su regazo con piedad. 

Venid los que vagáis desconsolados 
por los senderos áridos del mundo, 
los que vivís en el dolor profundo, 
los que visteis perdida la ilusión: 
en el naufragio de la humana dicha, 
faro de salvación es el amigo: 

A.\ rOLOGÍA AMERICANA 



66 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



¿no veis en sus miserias al mendigo 
con el perro aliviar su corazón? 

Habrá una mano cuyo blando influjo 
suavice en vuestro seno la amargura: 
escucharéis acentos de ternura 
que el contento y placer os volverán: 
como un abrigo os servirá su estancia 
contra el pesar que el existir devora, 
cuando sopla con voz aterradora 
del infortunio el rápido huracán. 

Buscad en el espacio de los cielos 
aquella luz que pura centellea, 
grato fulgor que el ánima recrea, 
astro de paz, de dicha, de bondad; 
á su influjo benéfico, sagrado, 
revivirá en vosotros la esperanza: 
entonces, ¡oh mortales!, sin tardanza 
bendecid esa luz...: es la amistad. 

Daniel Calvo (boliviano) 



A UNA HERMOSA 

1 )e la vida á la plácida mañana 
abrióse un día tu existir hermoso: 
así abre la gentil rosa temprana 
su cáliz oloroso. 
La belleza variada que fulgura 
en las nubes, los astros y las flores 
deshizo un rayo de su lumbre pura 
para darte primores. 
La nube en el verano abrillantada 
por el ardor del sol que la liquida 
derramó su blancura nacarada 
en tu frente bruñida. 
En tus ojos la estrella de la tarde 
serena claridad dejó apacible: 
\ en tus pupilas, cuando miras, arde 
su luz indefinible. 
Claveles que la brisa deshojara 
de la fuente en las fértiles orillas 
formaron el carmín con que bañara 
,1 cielo tus mejillas. 
Mas dicen que en el mundo á la belleza 
con encqno persiguen las desgracias, 
que llorando la mujer empieza 
á descubrir sus gracias; 



JUAN" VICENTE C AMACHO 



6 7 



que el soplo del orgullo envenenado 
enciende en su interior candente pira 
en cuyo fuego, sin piedad quemado, 
su corazón expira. 
Xo quiera Dios que así de tu hermosura ■> 
el brillo se marchite en el tormento; 
aleje el cielo de tu vida pura 
el huracán violento. 
Para eso la humildad sea tu norte, 
profundo amor á la virtud tu guía, 
y antes que el mundo tu pureza corte, 
deja la tierra impía. 

Belisario Calle (peruano) 



A TI 



A Juana la granadina, 
que era moza muy ladina, 
dijo el sultán su señor: 
«Yo diera, preciosa flor, 
mi corona por Medina, 
y Medina por tu amor.» 

Yo no tengo, vida mía, 
coronas de argentería 
con diamante y con rubí; 
pero si yo las tuviera, 
todas las coronas diera 
únicamente por ti. 

Si de tierra poderosa 
una nación valerosa 
me llamara emperador, 
fueras tú, divina flor, 
en mis jardines la rosa, 
la emperatriz de mi amor. 

Si fuera el ave canora 
que te despierta á la aurora 
con dulce trino de amor, 
cantara al pie de tu reja 
mi amante sentida queja 
con la voz del ruiseñor. 

Si fuera manso arroyuelo 
que refleja el puro cielo 
en su nítido cristal, 
murmurara dulcemente 
al copiar en la corriente 
esa boca angelical. 



Si fuera flor hechicera 
que engalana la pradera 
con brillante rosicler, 
me prendería en tu seno, 
de amor y de encanto lleno, 
expirando de placer. 

Si fuese abeja perdida 
que en pos de esencia escogida 
circula de flor en flor, 
ante esas pupilas bellas 
todos los perfumes de ellas 
te ofreciera por tu amor. 

Si en el éter placentero 
fuera radiante lucero, 
luminaria de dolor, 
te diera en la noche obscura 
luz melancólica y pura 
que fuera luz de mi amor. 

Si fuera gran caballero 
y llevase del guerrero 
una espada con honor, 
mi espada desnudaría 
por tu sonrisa, alma mía, 
por tu sonrisa de amor. 

Si te tomara en mis brazos, 
yo te diera mil abrazos 
como á los niños se dan, 
y te besara en la frente 
con aquel beso inocente 
que expresa el paterno afán. 
Juan Vicente Camacho (venezolano) 



68 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



LA CITA 

Era de noche. Cándidas, flotantes, 
las nubes discurrían por los cielos, 
salpicadas de estrellas, como velos 
bordados de topacios y diamantes. 

Los rayos de la luna, fulgurantes, 
plateaban las lagunas y arroyuelos 
que entre pliegues de verdes terciopelos 
movían sus caudales murmurantes. 

Crucé el jardín con paso cauteloso 
hollando margaritas, que un quejido 
exhalaban, heridas en su tallo. 

Distinguí su vestido vagaroso, 
me acerqué, me abrazó, lanzó un gemido... 
porque al besarla yo... la pisé un callo. 

Estanislao del Campo (argentino) 

MI ORACIÓN Á TODAS HORAS 



Señor mío Jesucristo, 
Dios y hombre verdadero, 
á quien, aunque nunca he visto, 
con fe profunda venero: 

heme postrado de hinojos 
ante tu altar esplendente, 
alzando á Ti de mis ojos 
la mirada reverente; 

humilde el sucio besando, 
dándome golpes de pecho, 
con cilicios macerando 
mis piernas de trecho en trecho; 

cubierto de cardenales 
de la/; ancha y purpurina, 
que me sacan los ramales 
de esta dura disciplina; 

con el rostro macilento 
por causa de ayuno tanto, 
y entrecortado el acento 
por el más amargo llanto: 



suplicándote, Señor, 
por la sangre que vertiste 
para ser el Redentor 
del mundo que redimiste; 

y rogándote, Señor, 
en fervorosa oración, 
que siendo mi Criador 
impidas mi destrucción. 

Y pues misericordioso 
infinitamente eres, 
líbrame, Jesús piadoso, 
del álbum de las mujeres. 

Kl álbum, Señor, es peste 
que no habrá quien la sofoque 
si desde el reino celeste 
no nos mandas a san Roque. 

Líbrame, Señor, ya que 
la fuente de todo bien, 
del álbum de las mujeres 
por siempre jamás, amén. 
Es'i wim \" del Campo (argentino) 



FIDEL CANO 



69 



SONETO 



Soñé anoche, mi bien, que estaba cojo, 
que andaba con bastón y con muleta, 
que era un manco con dejos de poeta, 
y á más de pobre me faltaba un ojo; 

que todos me miraban con enojo 
por faltarme una mísera peseta; 
que andaba de alpargata y camiseta 
y que era liberal, si no era rojo. 

Soñé que la amistad era mentira 
y mentira el amor más suspirado; 
que eran roncos los ecos de mi lira; 

pero después de haberme despertado 
te puedo asegurar, graciosa Elvira, 
que la sola verdad fué lo soñado. 

Ricardo Campusano (colo?nbiano) 



CAMINO DEL CIELO 



Cuando era niño dije á mi madre: 
«¿De dónde vengo y adonde voy?» 
Y ella sonriendo: «Del Cielo vienes 
y vas al Cielo,» me respondió. 

Pasaron días, pasaron años... 
Salí sonriendo de aquella edad, 
y de otra vida, llena de flores, 
entre sonrisas pisé el umbral. 

Crucé jardines llenos de aromas 
y vi horizontes llenos de luz; 
soñé con lauros para mi frente, 
y entusiasmado pulsé el laúd. 

Y como estaba mi alma tan pura 
como del soplo de Dios brotó, 
canté, pensando siempre en mi madre: 
«Del Cielo vengo y al Cielo voy.» 

Pasaron días, pasaron años... 
Mis alas de ángel busqué una vez, 
y ni mis alas ni mis ensueños 
ni la pureza de mi alma hallé. 

Los ricos lauros que ambicionaba 
para mi frente, marchitos vi, 



y con las sombras del horizonte 
vi confundido mi porvenir. 

Huyó de mi alma la fe del niño 
y al ver vacío mi corazón: 
«No sé, decía desesperado, 
de dónde vengo ni adunde voy.» 

Pasaron días, pasaron años; 
años sombríos, días sin sol... 
Fui por el mundo sin luz ni guía, 
sin esperanza, sin fe ni amor. 

Una mañana vi azul el Cielo 
y el horizonte lleno de luz, 
y entre las sombras de mi existencia 
apareciste, radiante, tú. 

Me diste calma con tu sonrisa, 
con tu mirada me diste fe, 
dióme pureza tu amor purísimo, 
y lauros quise para tu sien. 

Por eso creo, por eso canto 
y quiero glorias y siento amor; 
por eso digo cuando te veo: 
«Del Cielo vengo y al Cielo voy.» 
Fidel Cano (colombiano) 



yo 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



PRO SENECTUTE 

Tú que emprendiste bajo albor temprano 
la áspera senda con ardiente brío, 
y ora inclinadojy con andar tardío 
rigiendo vas el báculo de anciano: 

torpe el sentido y el cabello cano 
no te acobarden; ni en sepulcro frío 
contemples con doliente desvarío 
de rápido descenso el fin cercano. 

Fúlgida luz la vista te obscurece; 
argentó tu cabeza nieve pura; 
«esas de oir, porque el silencio crece; 

te encorvas, porque vences la fragura; 
anhelas, porque el aire se enrarece: 
llegando vas á coronar la altura. 

Miguel Antonio Caro (colombiano) 




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(Á EMILIA 




LA NACIÓN MAS GRANDE 



SERRANO. BARONESA DE WILSON) 



Presta tus alas, musa de la gloria, 
y tu fuego creador por un instante 
al audaz romancero que hoy pretende 
cantar del mundo á la Nación más grande: 

á la Nación que al realizar prodigios, 
de la Historia los más trascendentales, 
á su imperio quedaste sometida, 
sin que puedas jamás emanciparte: 

á la que, con Pelayo en Covadonga, 
con mil héroes no más venció á los árabes, 
que veinte mil dejaron insepultos 
para pasto de cuervos en el valle: 

á la que ardiendo en ira belicosa, 
por vengar á Pamplona horrendo ultraje, 
se lanzó con sus huestes invencibles 
y humilló á Carlomagno en Roncesvalles: 

á la que siete prolongados siglos 
con la fuerza luchó de los titanes, 
hasta unir sus fragmentos esparcidos 
y hacer rendir al moro sus alfanjes: 

á la que á impulso de mujer heroica 
confió á un monomaniaco su estandarte 
sublimando tres pobres carabelas 
v fué el primero que onduló en los Andes, 

y de los dos océanos fué el primero 
que recorrió los límpidos cristales, 
y el Nuevo Continente saludóle 
con salva colosal de mil volcanes. 



7 2 antología americana 

Mas... deténgase aquí tanto entusiasmo 
por reseñar sus proezas inmortales, 
á Isabel y á Colón justo tributo 
de ardiente amor filial sin rendir antes. 

Santos son del progreso y de la ciencia, 
del Nuevo Mundo Santos tutelares, 
que de la negra noche en que yacía 
llenos de fe volaron á sacarle. 

La gratitud universal debiera 
erigirles suntuosas catedrales 
en lugar de mezquinos monumentos 
y profanar su nombre al darlo á calles. 

Debiera fabricar inmensos templos 
dignos de tan excelsos personajes, 
decorados con todos los primores 
y el esplendor divino de las artes. 

Aunque no en magnitud, así podría 
su inmensa deuda disminuir en parte, 
ya que imitar no quiere á los Faraones, 
ni marmóreas pirámides alzarles. 

Pero siempre tendrán ferviente culto 
al venerarse, más que en los altares, 
en cada corazón americano 
cada uno de los dos, su augusta imagen. 

Y de América siendo los patronos 

que ella invoque en las recias tempestades, 
la firmeza tendrá que ellos tuvieron, 
su confianza y valor incontrastables. 

Y dirá en la portada del gran libro 
que de América guarde los anales: 
«La religión sublime del cariño 

de los hijos que ruegan á sus padres 

os pide que amparéis al Nuevo Mundo, 
pues sois sus protectores naturales, 
¡Santa Isabel primera, Reina heroica! 
¡San Cristóbal Colón, profeta y mártir! 

Siga en tanto la luz de la memoria 
alumbrando la marcha del gigante 
á quien debe aplicarse el Non plus ultra 
que ostenta su moneda en los pilares. 

Esa Nación insigne y valerosa, 
lanzándosi é lo ignoto con sus naves, 
aún penetraba en espantosas grietas 
cual esa á que dio nombre Magallanes. 

Y sus quillas surcaron atrevidas 
del planeta los más remotos mal 

y al dar la vuelta al derredor de! globo, 
de un gran problema apareció triunfante. 



JUAN J. CANAS 73 



Sólo donde la luz no ha penetrado 
y do temen llegar los huracanes 
no ha puesto esa Nación su inmenso sello. 
¿Y otra antes que ella lo pondrá? ¡Quién sabe! 

A ese mundo por ella descubierto, 
que Indias denominaba Occidentales, 
lo cubrió de naciones infinitas 
dándoles vida con su propia sangre. 

Se despobló a sí misma por dotarlas 
de invencibles y férreos capitanes, 
como aquel que incendió sus propios barcos 
tras peligros sin fin para lanzarse. 

Como de éste el altivo compañero 
que, acosado por fuerzas formidables, 
con el salto mayor que ha visto el mundo 
de un sacrificio atroz pudo salvarse. 

Pero es triste que guarden cruel silencio 
los que, aplausos gozando universales, 
desdeñen empuñar la épica trompa 
cual lo hacen Campoamor y Núñez de Arce. 

¡Qué filón de portentos menosprecian, 
repleto de riquísimos metales, 
cuando de esta conquista los guerreros 
para Homero serían envidiables! 

Fueron esos campeones temerarios 
de tan valiosa joya los guardianes 
cuando de ella los pueblos de la tierra 
intentaban con furia apoderarse. 

Y defendía España sus dominios 
cual defiende el avaro sus caudales, 
con la fiera altivez de su derecho 
que á todas luces era indisputable. 

¿Quién le reprocha que en aquellos tiempos 
hiciera de su fuerza tanto alarde, 
si feroces los pueblos se destrozan 
por estéril islote en los actuales? 

Que tiene, dicen, manchas en su historia, 
para algunos tal vez imperdonables, 
sin ver que el sol que alumbra el universo 
jamás lo empequeñecen sus lunares. 

También España es otro sol fecundo, 
que con su luz lanzándola á raudales 
le dio á la tierra nuevos horizontes 
cuya existencia nunca soñó nadie. 

De Europa absortas las demás naciones 
á tanta altura viéndola elevarse, 
determinan seguir de sus navios 
tras la estela espumosa y fulgurante. 



74 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Pero en vez de seguir los derroteros 
que les trazaba España infatigable, 
donde muy bien satisfacer pudieran 
de su ambición y su codicia el hambre, 

se lanzan llenas de rastrera envidia 
y á guisa de asesinos miserables, 
lo que la noble España ha conquistado, 
impotentes, queriendo arrebatarle. 

Luego infestan de América las costas 
filibusteros crueles en falanjes, 
que por fortuna suya merodean 
en inermes y míseros lugares. 

En tanto recibía el Nuevo Mundo 
la melodiosa lengua de Cervantes, 
la religión y leyes de Castilla, 
sus hidalgas costumbres y carácter. 

Y aunque España le dio cuanto tenía 
cual lo hace toda cariñosa madre, 

no siempre los que obraban en su nombre 
á su intención correspondieron leales.. 

Y no obstante cambió la faz del mundo: 
estimuló á los pueblos navegantes, 

y al extender los límites del globo 

les dio á las ciencias prodigioso ensanche. 

Ella es, pues, la Nación benefactora 
y á la que, tributándole homenaje, 
la Humanidad debiera, agradecida, 
de España sólo al nombre arrodillarse. 

JUAN J. Cañas (salvadoreño) 

A UNA ROSA 



Vagando en el prado, un día 

en que multitud de flores 
sus diferentes colores 
ostentaban á porfía, 

una rosa allí encontré, 
cuya belleza y encanto 
cautivó mi atención tanto 
que á contemplarla llegué. 

Me pareció de las ñores 
que perfumaban el prado 
la de olor más delicado 
y de más lindos col' 

Su aroma intenté aspirar, 
y le aspiré d< li< 
y luego quise afano . > 
sus frescas hojas be 



Lleno de loca alegría 
la acerqué á mis labios presto, 
mas un gusano funesto 
en su corola escondía. 

Y cuando encontrar soñé 
en su cáliz ambrosía, 
del insecto (pie tenía 
la ponzoña sólo hallé. 

La apariencia me engañaba. 
¿Quién dijera de esa rosa, 
al mirarla tan preciosa, 
<pie un vil gusano guardaba? 

Así hay mujeres que son 

á la faz del mundo lierm 

y que ocultan, cual las rosas, 
\< neno en el corazón. 

Ji I . !•> CARBO ( :i¡, i 



TOM-: EUSEDIO CARO 



LA DESPEDIDA DE LA PATRIA 
J/v native latid, good night! (Líyron) 



Lejos ¡ay! del sacro techo 
c[iie mecer mi cuna vio, 
yo, infeliz proscrito, arrastro 
mi miseria y mi dolor. 
Reclinado en la alta popa 
del bajel que huye veloz, 
nuestros montes irse miro 
alumbrados por el sol. 
¡Adiós, Patria! Patria mía, 
aún no puedo odiarte, ¡adiós! 

A tu manto, cual un niño, 
me agarraba en mi aflicción; 
mas colérica tu mano 
de mis manos lo arrancó: 
y en tu saña desoyendo 
mi sollozo y mi clamor, 
más allá del mar tu brazo 
de gigante me lanzó. 
¡Adiós, Patria! Patria mía, 
aún no puedo odiarte, ¡adiós! 

De hoy ya más, vagando triste 
por antípoda región, 
con mi llanto al pasajero 
pediré el pan del dolor: 
de una en otra puerta el golpe 



sonará de mi bastón 
¡ay! en balde: ¿en tierra extraña 
quién conocerá mi voz? 
¡Adiós, Patria! Patria mía, 
aún no puedo odiarte, ¡adiós! 

¡Ay! De ti sólo una tumba 
demandaba humilde yo: 
cada tarde la excavaba 
al postrer rayo del sol. 
«¡Ve á pedirla al extranjero!» 
fué tu réplica feroz; 
y llenándola de piedras, 
tu planta la destruyó. 
¡Adiós, Patria! Patria mía, 
aún no puedo odiarte, ¡adiós! 

En un vaso un tierno ramo 
llevo de un naranjo en flor: 
¡el perfume de la Patria 
aún aspiro en su botón! 
Él mi huesa con su sombra 
cubrirá, y entonces yo 
dormiré mi último sueño 
de sus hojas al rumor. 
¡Adiós, Patria! Patria mía, 
aún no puedo odiarte, ¡adiós! 

José Eusebio Caro (colombiano) 



CENIZA Y LLANTO 



I 



En mí, señora, en otro tiempo había 
fuente vivaz de noble poesía: 
era en la edad, edad que huyó ligera, 
en que ama el hombre, y canta, porque espera; 
cuando esa linda fada, la mentira, 
perfuma con sus flores nuestra lira, 
y puebla el alma, ansiosa de sus dones, 
de gloria, amor, poder, con las visiones, 
entonces - hoy no veis más que una ruina 
que á su completa destrucción camina, - 
entonces en mi espíritu fecundo 
hablaba un ángel, se encerraba un mundo; 



7 6 ANTOLOGÍA AMERICANA 



mi helada sangre, que hoy circula apenas, 

corría abrasadora por mis venas; 

mi vida se ensanchaba inmensa, pura; 

ante la blanda luz de la hermosura 

mi ronca voz, de altivo, se amansaba, 

y entre mi pecho el corazón temblaba, 

y en generosos cantos se expandía 

cual trina el ave al asomar el día. 

¡Oh dulce edad! ¡Oh dulce amor primero, 

de un dulce sueño incomprensible agüero! 

Hoy, ya despierto, viejo sin ser cano, 

joven el rostro, el corazón anciano, 

de lo que fui, de mi perdida gloria, 

conservo sólo el eco en mi memoria. 



II 



Y joven sois, y amante sois, señora, 
y hay otro ser que en vos rendido adora, 
que vive en vos, por vos, en cuya mente 
vos habitáis, tiránica y presente. 
Vos sois su lumbre, vos hacéis su día; 
vienen de vos su pena y su alegría. 
Vos sois como su madre; él es un niño 
que vos podéis, con ceño ó con cariño, 
fácil llevar aquí y allí... ¿Se irrita? 
Pasa un instante, y éhse precipita 
de nuevo á vuestros pies, de amor gimiendo 
ó haber bajado en vuestro amor temiendo. 
¡Eso es amor, de amor el fanatismo, 
que lleva al hombre al cielo ó al abismo! 
¡Eso es amor! ¡Y vos amáis! ¡Oh, nunca 
dejéis su vida y vuestra vida trunca, 
ceniza haciendo la divina llama 
que hoy á los dos vivificante inflama! 
Alma del alma, vida de la vida, 
esa la llama es, que dirigida 
á lo bueno, á lo grande y á lo bello, 
del Dios de la virtud es un destello. 

José Eusebio Caro (colombiano) 





EL BUSTO DE XIEV1 



De amor tentado un penitente un d 
con nieve un busto de mujer formaba 
y el cuerpo al busto con furor imitaba 
templando el fuego que en su pecho ardía. 

Cuanto más con el busto el cuerpo unía, 
mas la nieve con fuego se mezclaba, 
y de aquel santo el corazón se helaba 
y el busto de mujer se deshacía. 

En tus luchas, ¡oh amor!, de quien renic 
siempre se unen invierno con estío, 
y si uno ama sin fe, quiere otro cieg 

Así te pasa a ti, corazón mío, 
que uniendo ella su nieve con tu fuc_ . 
por matar el calor mueres de frío. 

Constantino Carrasco 



LAS MUJERES V EL SOL 



Dice a una rubia el bardo enamorado: 
v\Eres hermosa como el sol, bien mío: 
prisionero se encuentra mi albedrío 
en tu cabello fúlgido y dorado. > 

Y a la morena dice: «ídolo amado, 
eres hermosa como el sol de estío: 
en esos ojos de color sombrío 
mi triste corazón esta abrasado.^ 

¿No os han hablado así, niñas herir 
¿Y os parecéis al sol en estas cosas? 
Otro resuelva, que no yo, el problema. 



78 



ANTOLOGÍA americana 



Pero diré, si acaso no importuna, 
que os parecéis en ser, sin duda alguna, 
el centro de atracción de mi sistema. 

Constantino Carrasco (peruano) 



RESPUESTA DE APELES 

Cierto pintor al inmortal Apeles 
una Venus mostró; mas á fe mía 
que en su semblante la beldad no había 
con que la diosa hechiza á los donceles: 

pero ostentaba espléndidos joyeles, 
ceñidor de luciente pedrería, 
y derramadas en redor tenía 
coronas mil de rosas y claveles. 

«¿Qué os parece?, pregunta diligente 
y entusiasta el autor; ¿no es primorosa?» 
Y en respuesta el gran maestro así se explica: 

Parece me, os lo digo francamente, 
que no pudiendo presentarla herniosa , 
os contentáis con presentarla rica. 

Constantino Carrasco ( Peruano) 

AL INCA GARCILASSO 

Aquesta grey del Sol desventurada, 
tan sabia, rica, numerosa y fuerte, 
por tremendos arcanos de la suerte- 
rindió su cuello á la invasora espada: e _ 

pero las glorias de la edad pasada, 
desafiando las iras de la muerte, 
vinieron con su luz á enardecerte 
j te fué nuestra historia revelada. 

Inca ilustre, en tus célebres anales 
sin mezcla alguna la verdad se embebe, 
exenta de censura ó vituperio. 

Conque al mostrar tus ( ', 'mentarlos Reales- 
la fama universal llamarte debe 
Evangelista del Peruano Imperio. 

I lONS"! ANTINO < ' \ki. . iCO ( nano) 



JUI.IAX DEL CASAL 79 



APARIENCIAS 

Oraba, y con devoción, 
ante un Cristo sacrosanto 
un viejo de aspecto santo, 
pero en el fondo un bribón. 
Fijóse en él don Ramón 
que sabía su conciencia 
y dijo á la concurrencia: 
- Ya veréis que el beato al cabo 
le mete al Cristo otro claro 
ó le arranca una potencia. 

Francisco de I'. Carrasquilla (colombiano) 

LA BOMBA DE JABÓN 

Trémula nace, vacilante crece: 
pálidas tintas de amaranto y rosa 
brotando van sobre su faz lumbrosa 
donde por fin el iris resplandece. 

A impulso del aliento que la mece 
de su cuna se arranca ruborosa, 
y entregándose al aura cariñosa, 
ufana vuela, elévase y fenece. 

Tal nace la ilusión: al blando aliento 
de la esperanza, ensánchase y fulgura, 
inundando de luz el pensamiento; 

lánzase al porvenir radiante y pura, 
ufana vuela, elévase un momento, 
y un momento fugaz tan sólo dura. 

Ricardo Carrasquilla (colombiano) 



VIRGEN TRISTE 

Tú sueñas con las flores de otras praderas, 
nacidas bajo cielos desconocidos 
al soplo fecundante de primaveras 
que, avivando las llamas de tus sentidos, 
engendran en tu alma nuevas quimeras. 

Hastiada de los goces que el mundo brinda, 
perenne desencanto tus frases hiela, 
ante ti no hay coraje que no se rinda, 
y siendo aún inocente como Graciela, 
pareces tan nefasta como Florinda. 



8o antología americana 



Nada de la existencia tu ánimo encanta, 
quien te habla de placeres tus nervios crispa 
y terrores secretos en ti levanta, 
como si te acosase tenaz avispa 
ó brotaran serpientes bajo tu planta. 

No hay nadie que contemple tu gracia excelsa 
que eternizar debiera la voz de un bardo, 
sin que sienta en su alma de amor el dardo, 
cual lo sintió Lohengrin delante de Elsa 
y, al mirar á Eloísa, Pedro Abelardo. 

Al roce imperceptible de tus sandalias 
polvo místico dejas en leves huellas, 
y entre las adoradas sola descuellas, 
pues sin tener fragancia, como las dalias, 
tienes más resplandores que las estrellas. 

Viéndote en la baranda de tus balcones, 
de la luna de nácar á los reflejos, 
imitas una de esas castas visiones 
que, teniendo nostalgia de otras regiones, 
ansian de la tierra volar muy lejos. 

Y es que al probar un día del vino amargo 
de la vid de los sueños, tu alma de artista 
huyendo de su siglo materialista 
persigue entre las sombras de hondo letargo 
ideales que surgen ante tu vista. 

¡Ah! Yo siempre te adoro como un hermano, 
no sólo porque todo lo juzgas vano, 
y la expresión celeste de tu belleza, 
sino porque en ti veo ya la tristeza 
de los seres que deben morir temprano. 

Julián del Casal (cubano) 





EXTRAÑO PROBLEMA 



¿Por qué conservo tu recuerdo grato 
tan vivo en mi cerebro, 
si el alma que me alienta ya no es alma, 
según dices sonriendo? 
¿Cómo tu imagen se quedó grabada, 
cual con buril de fuego, 
en mi intranquila y soñadora mente? 
¡Ahj no!, ¡no lo comprendo! 
¿Cómo en nerviosa célula al fin pudo 
fijarse tu recuerdo? 
Si tu recuerdo es sol, ¿cómo engarzado 
quedó en míseros nervios? 
Me confundo, y por más que me lo expliques 
no llegaré á entenderlo... 
¡Corriente cerebral sólo cariño! 

¡Materia el pensamiento! 
;Ah, qué extraño problema! Me parece 
que no he de resolverlo: 
¡renunciar á creer que tengo un alma 
si con otra yo sueño! 
Eso es cambiar el puente que nos une 
al Hacedor Supremo 
por otro que, al unirnos á la bestia, 
nos lleva sólo al cieno. 
¿A qué bajar al lodo? Me repugna 
ese triste descenso; 
la escala del amor es más hermosa... 
¡siempre conduce al cielo! 

Adela Castell (uruguaya) 
Antología americana 



82 ANTOLOGÍA AMERICANA 



RIMAS 

Cuando pulsando las cuerdas 
de mi lira enmohecida, 
que amo yo los ojos verdes 
oigan ustedes que diga, 
no me lo crean; 
pues lo que en ellos amo es la esperanza 
que siempre es bella. 
Cuando en horas melancólicas 
soñando una eterna dicha, 
que amo los ojos azules 
oigan ustedes que diga, 
no me lo crean; 
amo el color azul, el de los cielos 
y la inocencia. 
Cuando en días nebulosos, 
con el alma entristecida, 
que temo á los ojos pardos 
oigan ustedes que diga, 
no me lo crean; 
es porque ellos revelan siempre dudas 
é indiferencia. 
Cuando a veces una lágrima 
viene á nublar mi pupila, 
y que odio los ojos negros 
oigan ustedes que diga, 
no me lo crean, 
pues lo que en ellos odio es la perfidia, 
que siempre es negra. 

Adela Castell (uruguaya) 



LA FELICIDAD 



¡Quién no soñó en sus faví 
¿Queréis saber dónde está? 
En la casita risueña 
oculta en el robledal, 
como entre hojas de esmeralda 
fresco ramo de azahar. 
En su techo creer el mu 
dos tilos sombra la dan, 
y a su pie lento arroyu 
rueda sin reír jamás. 



Canta en la ventana un mirlo, 
duerme un ¡teno en el umbral, 
y cual de copos de nieve 
que n \ uelan sin cesar, 
de nítidas mariposas 
se esmalta el aura tuga/. 
Oculta en esta morada 
ríe la felicidad...; 
pero hay que quedarse fuera: 
si entráis, no la veréis ya. 
Moisés Ni ma Castellanos (argentino) 



AURELIA CASTILLO DE GONZÁLEZ 33 



AL TRABAJO 

Es tuya toda gloria en el humano 
progreso de la especie, y toda vida: 
en la rueda del tiempo sostenida 
la humanidad va siempre de tu mano. 

Tú la alimentas con el rubio grano 
que da la tierra, por tu azada herida, 
y está por ti su desnudez vestida 
con las brillantes hebras del gusano. 

Te debe á ti la humanidad entera 
su pan, su luz, su bien, su amor, su ciencia 
y cuanta dicha disfrutó aquí abajo. 

Por eso, en cada surco ella debiera 
ensalzar su segunda providencia 
á ti gluriticándote, ¡oh trabajo! 

Clodomiro Castilla (boliviano) 



EN EL GOLFO DE MÉXICO 

Dejando á popa luminoso marco 
de los destellos últimos del día, 
sobre el buque arrogante se extendía 
de blancas nubes anchuroso un arco. 

Cual raras veces de fulgores parco 
el occidente, en bóveda sombría, 
amenazando su garganta abría, 
y allá marchaba imperturbable el barco. 

Lanza la nube del potente seno 
lluvia y viento, relámpagos y trueno, 
en alarde de bélicos furores; 

y el. triunfante del bravo torbellino, 
le abandona su crencha de vapores 
y avanza desdeñoso en su camino. 

Aurelia Castillo de González (cubana) 



JUEGO DE PRENDAS 
(En el bautizo de la niña Ada del Monte) 

Jugaban á las prendas en el cielo. 
Ada perdió. Salióle por sentencia 
que fuese de Dios Padre á la presencia 
y le pidiese para el cuerpo y alma, 
los ojos y la boca. 



8 4 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Llegada ante el Eterno, en dulce calma, 
con esa gracia que al amor provoca: 

- ¿Qué me das para el cuerpo?, le pregunta. 

- Que aparezca en la tierra de seguida 
en un hogar donde hallará tu vida 

más gloria que en mi reino. - ¡Gracias, Padre! 

¿Y qué para mis ojos? - Un portento 

en la figura de tu joven madre, 

que hice de inspiración en un momento. 

- ¡Qué bueno! ¿Y para mi alma? - Un paraíso 
cuando tengas tus quince bien contados. 

- No olvides esto, Padre, ni te irrites 

si la sentencia quiso 
que te pidiese mucho. 
¿Qué das para mi boca? - Un cucurucho 
de celestes confites. 



Aurelia Castillo de González (cubana) 



EN MEMORIA DE MIS HIJAS 



Blancas palomas que fueron 
el encanto de su nido, 
apenas alas tuvieron 
y en el éter se perdieron 
como en el viento el sonido. 

Copas llenas de ambrosía 
de purísima fragancia, 
cuyo aroma se extendía 
cual la paz y la alegría 
sobre el seno de la infancia; 



cuyo balsámico aliento 
era efluvio de la aurora, 
y era el manso y leve acento 
que se adormece en el viento 
con ilusión seductora. 

Puras gotas de rocíe 
que en una flor se encontraron, 
flor cuyo cáliz sombrío 
era yo, y el llanto mío 
la fuente en que se formaron. 

M.\.\r el Castillo (peruano) 





(ODA FILOSÓFICA) 



La philosophie a été en f antee 
dans le sang et daiis ¡es ¿armes. 
(Coussin. i 



Congregado el Areópago da el fallo, 
vendido al oro y á falaces ruegos: 
«A Sócrates, filósofo, 
por enemigo de los dioses griegos 
é inducir la juventud de Atenas 
por la torcida ruta, 
le condenan los áticos arcontes 
á beber en castigo la cicuta.» 

Indignado Platón con la sentencia, 
alza la voz, y con la vista ardiente, 
el ceño adusto y pálida la frente, 
apostrofa á los jueces inhumanos 
que, henchidos de codicia, 
transforman en guarida de tiranos 
el templo consagrado á la justicia. 

i al querer confundir con su elocuencia 
aquel antro de seres sin conciencia, 
ordenaron los jueces el silencio, 
y el discípulo amado 
se vio por los arcontes 
á forzoso mutismo condenado. 

;Oh falsarios! ¡Oh ley! La opresa raza 
por pan de la verdad tiene el tormento. 
¡Y siempre la mordaza 
queriendo subyugar al pensamiento! 

Allí, en el templo que preside Themis, 
y por un tribunal que cruel delira 
fingiendo castigar culpable odioso, 
fué hollada la verdad por la mentira, 
como en estadio estrecho y arenoso 
cae vencido el atleta 
que una legión de bárbaros sujeta. 



86 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Triunfó el crimen: en negro calabozo 
(no tanto como el ánima de Anito) 
sepultaron al sabio venerable 
á pagar con la vida su delito. 

Y el heroico recinto de Teseo, 
la ciudad del Acrópolis gigante, 
la que guarda el Pritáneo y el Liceo 
y el pórtico de Júpiter tonante; 
la patria de Temístocles, do el arca 
de los preceptos de Solón se ostenta: 
la que tiene el Olimpo por comarca 
y el monte Himeto por señal sangrienta: 
hoy, transformada en meretriz impura, 
las pupilas llorosas y sombrías, 
manchada del festín la vestidura 
y henchida del licor de las orgías, 
ve conducir tranquila, indiferente, 
á la infame caverna de granito, 
al filósofo augusto, en cuya frente 
fulgura el resplandor de lo Infinito. 

¡Pobre, heroica ciudad! La férrea mano 
del dictador destroza tu diadema; 
servil y degradado el ciudadano, 
villano ostenta como noble lema 
proclamar las bondades 
del que adula sus torpes liviandades. 

¡Tus ínclitos varones 
rodaron, con las guerras, al abismo, 
y los libres y patrios corazones 
comiendo están el pan del ostracismo.' 

¡Ay! ¡Ya tu juventud no corre diestra 
á disputar el premio en la palestra 
del púgil: olvidando el ejercicio, 
loca se arroja en el lagar del vicio! 

¡El templo se atavía 
con los ricos emblemas del tirano, 
y á odiosa oligarquía 
homenaje le rinde el ciudadano! 

! h scansan tus con 
y ebrio el atrida, débil, sin aliento, 
disfruta de la paz en los vergeles, 
pero una paz que mata el pensamiento, 
un., paz que marchita tus laureles. 

I loy, triste, indifei 
en el seno de Venus se reclina 
el pueblo audaz qu< . r potente, 

ra ou Maratón y Salamina; 
olvidado del triunfo de Platea, 
vive sin fe, perdido su denu< do: 



CAYETANO COLL Y TOSTÉ 87 



entregado al poder de vil ralea, 

el cuello dobla de vergüenza y miedo. 

¡Pueblo sin bríos, pueblo envilecido, 

que al persa cede, al macedón se humilla; 

que yace entre cadenas adormido 

y el escudo de Arístides mancilla! 

Mas ¡ay de ti!, te espera horrible suerte: 
¡en el frontón del muro que te encierra 
lucirá el estandarte de la muerte 
al rodar tus alcázares por tierra! 



En tanto, mora el venerable anciano 
en la obscura prisión. La honesta clámide, 
la luenga barba y el decir severo 
revelan la virtud del ciudadano 
y el aliento viril del griego austero. 

¡Sublime corazón! En su lenguaje 
noble, sencillo, sentencioso y libre 
no hay, para sus tiranos, un ultraje. 

¡Rehusa huir! Y al extender la mano 
para tomar la copa de veneno 
(obediente á la voz de su conciencia), 
ante la muerte impávido, sereno, 
tranquilo ante el abismo, 
proclama, audaz, la fe de su creencia 
á la faz del sombrío paganismo. 

¡Virtud, emblema de celestes dones; 
valladar contra el déspota, seguro; 
de puros corazones 
alto y robusto muro, 
do vienen á estrellarse las pasiones! 
Tu espíritu divino 
al ánimo enaltece 
si por contrarios vientos desfallece. 
Y cuando el Ponto ruge, si al embate 
de la brutal batalla 
la tempestad estalla 
y todo en derredor es noche obscura, 
como eléctrico fuego 
en el tope de rota arboladura, 
al náufrago que lucha herido y ciego 
le ilumina tu luz radiante y pura... 

¡Cuan suave se desliza tu corriente, 
oh Iliso, hacia las ondas del Egeo, 
mientras dobla la frente, 
enérgica y valiente, 
un héroe diario de ensalzar Tirteo!.. 



; ANTOLOGÍA AMERICANA 



¡Y tú, divino Sócrates! Legaste 
un crisol de pureza con tu nombre, 
al legar a las masas atenienses 
una moral que regenera al hombre. 

De incógnitas riberas 
escudriña tu mente los arcanos, 
y torna las simientes verdaderas 
del Bien á los helenos, 
como en campos cuajados de centenos 
fructífera semilla 
recoge el campesino con la trilla. 

Apóstol de una idea 
que al ánimo redime, 
tu frente centellea 
y surge la parábola sublime. 

Bajo la gasa transparente y fina 
con que el axioma adornas, los deberes 
severo al pueblo enseña tu doctrina; 
tu frase lo encamina 
al odio de placeres 
que el espíritu enervan con el vicio; 
al cruento sacrificio 
de sufrir impasible los dolores; 
á seguir por la senda verdadera, 
recoja las espinas ó las flores, 
y á sucumbir por la verdad austera. 

Al discípulo amado 
que en pos de ti se mueve, 
nada tu labio á su razón oculta; 
y en la sentencia breve 
aleccionas al Bien la plebe estulta. 

Buscando del saber la rica fuente 
ante la ley y culto soberanos, 
luego vinieron á inclinar la frente 
la pléyade de griegos y romanos. 

Y en mármoles y en bronces esculpida 
doliente guarda Atenas tu memoria; 
del crimen de tu muerte condolida, 
levanta mausoleos á tu gloria; 
mas ¿qué importa la roca ni el papiro? 
¡Tu virtud legendaria 
venciendo la opresión del hado adverso, 

de luz, fulgente luminaria, 
eterna brilla i n todo el universo! 

; En ti la 1 tumanidad -rata venera, 
como aurora que brilla en lontananza, 
de la sania \ irtud fecunda era. 
de Amor y Libertad «luiré esperanza! 



LUIS BENJAMÍN CISNEROS 



s 9 



¡Y yo, del pensamiento amante obrero, 

inclinando la frente ante tu efigie 

y elevando mi espíritu á tu nombre, 

al profeta del Bien en ti venero, 

al mártir de la Idea 

y al precursor del Cristo de Judea! 

Cayetano Coll y Tosté (portorriqueño) 



PASIÓN 



Fundió Dios el firmamento 
azul, en noche tranquila, 
con la luz de astros sin cuento; 
condensólo, y ¡oh portento!, 
hizo tu dulce pupila. 

Cuando en el valse revuelta 
tu falda de aéreo encaje 
pasa ante mí, vaga y suelta, 
se va toda mi alma envuelta 
en las ondas de tu traje. 



Ola de aroma es tu aliento, 
mi altar el sitio que pisas, 
tu rostro mi firmamento, 
mi aurora tu pensamiento, 
y mi iris tus sonrisas. 

Tu voz música es que encanta, 
tu corazón fresco azahar, 
y tu alma es cual hostia santa 
que el sacerdote levanta 
ante el ara del altar. 

Luis Benjamín Cisneros (peruano) 



A LENALAH 



Si alguna vez en el campo 
fuiste, niña encantadora, 
á ver de la azul aurora 
el sereno despertar, 
viendo la tierra inundada 
de luz, de vida, de aromas, 
¿no te sentiste tentada 
de arrodillarte y orar? 

Cuando en lechos de jacintos 
se alza el alba, y las montañas, 
campos, torres y cabanas 
va inundando su esplendor: 
cuando aún brilla solitario 
del crepúsculo el lucero 
y suspira el valle entero 
de paz, de dicha, de amor: 

cuando más azul y puro 
va haciéndose el horizonte, 
y la cúspide del monte 
bañan rayos de zafir: 



cuando á la luz que en el éter 
lentamente se derrama 
se abre al fin un panorama 
que el ojo puede medir: 

cuando las aguas dormidas 
de los lagos se estremecen 
al primer rayo, y parecen 
acariciarlo al pasar: 
cuando en las pintadas flores 
brilla y se mece el rocío, 
y cual ola de colores 
se ven las aves cruzar: 

cuando la mirada absorta 
en derredor se pasea 
y allá el monte, aquí la aldea 
reconociéndose va, 
allí el triste cementerio 
de un blanco cerco rodeado, 
aquí la cuesta, acá el prado, 
la cruz del camino allá: 



9° 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



cuando á la mansa corriente 
de humilde y escaso río 
que cubre un ruinoso puente 
grupos de mujeres van, 
y á la puerta de una choza 
la oración de la mañana 
al niño enseña la anciana 
con tierno, cristiano afán: 

cuando del monte esparcidos 
se ven en la verde falda, 
anfiteatro de esmeralda, 
pintadas reses pacer: 
cuando el pescador del río 
ata al tronco su barquilla 
y en las piedras de la orilla 
va sus redes á tender: 

cuando los rudos pastores 
en sus carros por las calles 
de la aldea y por los valles 
comienzan á atravesar, 



y los niños y mujeres 
van á alzar una plegaria 
en la iglesia solitaria, 
pobre y triste del lugar: 

en esa hora iluminada 
por pálido azul destello, 
¿qué fué lo que de más bello 
halló tu alma virginal? 
¿Cuál fué tu impresión más viva 
en ese cuadro sublime 
de homérica y primitiva 
poesía pastoral? 

¿No saliste nunca, niña, 
al umbral de una cabana? 
¿No subiste á una montaña 
ese cuadro á contemplar? 
¿No sentiste tu alma virgen 
de luz y aroma inundada? 
¿No te sentiste tentada 
de arrodillarte y orar? 

Luis Benjamín Cisneros (feriiauo) 



PASIÓN 



Cuando el ángel de la vida 
te trajo al mundo tan bella, 
pálida, pura, dormida, 
surgió en el cielo una estrella. 

Es vaga, si se te nombra, 
la armonía de la fuente: 



no tiene el cielo una sombra 
tan pura como tu frente. 

¡Oh! Déjame, ángel querido 
(perdona si así te llamo), 
deja decirte al oído: 

¡yo te amo! 

Luis B. Cisneros (peruano) 





LOS MEJORES OJOS 



Ojos azules hay bellos, 
hay ojos pardos que hechizan 
y ojos negros que electrizan 
con sus vividos destellos. 
Pero, fijándose en ellos, 



se encuentra que, en conclusión, 
los mejores ojos son, 
por más que todos se alaben, 
los que expresar mejor saben 
lo que siente el corazón. 

CÉSAR Coxto (colombiano) 



EL ÁRBOL Y SUS RENUEVOS 



Jamás, al verte, carcomido tronco, 
la voz olvido de mi caro padre, 
que triste, en medio de sus tiernos hijos, 
dijo una tarde: 
- ¿Mirasteis, niños, la lozana pompa 
de aquel frondoso y elevado sauce, 
á cuya planta multitud de tiernos 
vastagos nacen? 
Pues bien, muy presto formarán un bosque, 
tupidas ramas desplegando al aire, 
los que ahora brotan en delgado mimbre, 
trémulo y frágil. 
Mas ¡ay! entonces notaréis que el árbol, 
adorno y gala del frondoso valle, 
sus hojas pierde, su cabeza inclina, 
sécase y cae. 
Queridas prendas: los endebles tallos 
que á ser aspiran encumbrados sauces, 
y el viejo tronco que la muerte aguarda, 
son nuestra imagen. 

Luis Cordero (ecuatoriano) 



92 ANTOLOGÍA AMERICANA 



DESPUÉS DE UN BAILE 

Hermosa: soy musulmán, 
y cumpliendo mis deberes 
y obedeciendo al Corán, 
tengo en mi harén de sultán 
mil setecientas mujeres. 

¡Todas guapas! ¡Cómo no! 
Esas busca el hombre justo... 
Salomón lo aconsejó... 
y yo, señorita, yo 
soy un hombre de buen gusto. 

Cristiana: ya soy cristiano 
y emprendo el camino a Roma... 
(Perdóneme el Santo Anciano.) 
Dadme á besar vuestra mano 
y reniego de Mahoma. 

Teobaldo Elías Corpancho (peruano) 

ÍNTIMO 

Arcángel de mi hogar, alma piadosa 
para el amor y la virtud nacida: 
bajo tus alas trémulas mi vida 
auroras tiene de zafir y rosa. 

Pero lejos de ti, noche espantosa 
solo ve mi mirada entristecida, 
sin blanca luna que á evocar convida 
las dulces horas de la edad dichosa. 

¿Y tú me olvidarás? ¿No habrá un acento 
siempre en tu corazón que á mí responda 
en efluvios de casto sentimiento? 

No es anhelo de loco desvarío; 
mas si en tu pecho la pasión no es honda, 
¡hazla que sufra como yo, 1 )ios mío! 

Teojbaldo Elías Corpancho (peruano) 



VICENTE COROXAHO 



EL CÓNDOR 



En la empinada roca 
que los valles domina 
y con su frente hasta las nubes toca, 
he allí el águila andina, 
el soberbio cóndor, rey del espacio, 
pisar con altivez la excelsa cumbre, 
medir la inmensidad, bañarse en lumbre 
del etéreo palacio. 
Alza el desnudo cuello 
y cresta y corvo pico luce ufano, 
y con ojos de vivido destello 
penetra la extensión, el bosque, el llano. 
Bate las alas de potencia suma, 
arrójase á escalar el firmamento, 
devora espacio y á través del viento 
lleva rizada la morena pluma. 
Atrás deja la nube 

donde el rayo se forja y brama el trueno, 
y en ondulante giro sube y sube 
á las regiones del azul sereno. 
Ni el aire enrarecido, ni la llama 
del astro abrasador - candente hoguera 
que los mundos inflama, - 
parar pueden un punto su carrera. 
Nada ataja este ardor, esta osadía: 
inmensidad y luz busca en su anhelo, 
y luz é inmensidad le brinda el cielo 
y hacia el cráter del sol el rumbo guía. 
Allá se cierne en estupenda altura, 
por los desiertos del espacio avanza, 
y un leve punto en la extensión figura 
que humano ser á distinguir no alcanza: 
no más pronto del mar por lontananza 
alígero bajel corta la espuma 
y se disipa entre lejana bruma. 
Va el fuego aspira de la ardiente zona 
y su ambición la intrepidez corona: 
ve de cerca los vivos resplandores 
con que se ciñe el luminar del día, 
y debajo los mares luchadores, 
y por doquiera la región vacía. 
En esta soledad goza su pecho, 
rey de los seres que el espacio encierra, 
todo el azul para volar estrecho, 



94 ANTOLOGÍA AMERICANA 



el sol delante y á sus pies la tierra. 
Tal se encumbra el ingenio peregrino 
y á la gloria inmortal se abre camino. 

Vicente Coronado (venezolano ) 



MADRIGAL 

¡Deja tus hurtos, niña peligrosa! 
¡Teme que al cielo tu impiedad enoje! 

¿Será bien que despoje 

tu mejilla á la rosa, 

tu frente á la azucena, 

y, sin rubor ni pena, 
tus ojos á la estrella más hermosa? 

Tal vez el cielo, justo en sus enojos, 
de ti se vengue y cambie en un momento 

despojos por despojos, 

tus dos lucientes ojos 
fijando en el azul del firmamento. 

¡Teme, teme!.. Mas no, yo soy quien temo 

tus redes, tus rigores. 
Roba las gracias, roba los amores, 
hurta el secreto del placer supremo; 

mas por piedad te pido, 
y en rescate te ofrezco blancas flores: 
mi pobre corazón deja en olvido. 

Fermín Coro (venezolano) 



UN MENDIGO 
(imitación) 



A la puerta cerrada de un magnate 
un pordiosero se paró ana vez, 
y con acento suplicante dijo: 
«¡Denme agua, por piedad, muero de sed!» 

A cada instante, el pobre', más sediento, 
más fuertes golpes á la puerta dio, 
agotando, al llamar, todos los tonos: 
el coraje, la súplica, el dolor. 

El eco de su voz vibraba apenas 
cuando al fin le trajeron de beber... 
¡Vano trabajo! ; El infeliz mendigo 

: en realidad muerto de .sed! 



MANUEL JOSÉ CORTÉS 95 



Hace ya mucho tiempo..., ni sé cuándo..., 
á la puerta de tu alma llamé yo, 
y con acento de mendigo dije: 
«¡Ámame, por piedad!.. ¡Muero de amor!;) 

Es hermana tal vez de aquella puerta 
la puerta de tu alma dura y cruel: 
bien sabe Dios que en vano todos, todos 
los tonos de la súplica agoté. 

Hoy he visto en tus ojos una lágrima: 
¿ahora quieres apagar mi sed? 
Guarda tu amor para otro pordiosero. 
Mi alma es un cadáver..., ya lo ves. 

Dolores Correa Zapata (mexicana ) 

VIERNES SANTO 



Del sol el rayo opaco y moribundo 
en el gótico templo á expirar va, 
con él una plegaria eleva el mundo 
al trono de Jehová. 
El sonido del órgano retumba, 
triste como lamento funeral, 
lúgubre como el eco de la tumba 
en el día final. 
Del profeta la voz, austera y grave, 
la soledad lamenta de Sión, 
y afecto melancólico y suave 
penetra el corazón. 
Con trémulo fulgor el blanco cirio 
alumbra el ara santa en el altar; 
de la pasión de Cristo y su martirio 
escúchase el cantar. 
Se renueva del Gólgota la escena, 
el suplicio sangriento de la cruz, 
negro recuerdo de la amarga pena 
que padeció Jesús. 
Vedle clavado en oprobioso leño 
apurando la copa del dolor; 
ved de irritada plebe el torvo ceño, 
escuchad su clamor. 



II 



Ciñen sus brazos hoy la tierra entera: 
es la augusta señal de redención; 
es para las naciones la bandera 
de civilización. 



96 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Tú á los hombres, Jesús, has predicado 
la moral, el derecho, la igualdad: 
con tu sangre purísima has sellado 
la santa Libertad. 
¡Libertad! Los tiranos te han servido, 
como á Jesús, el cáliz de la hiél; 
á tu divino rostro han escupido 
como al Dios de Israel. 
Te dan, como á Jesús, muerte afrentosa 
los verdugos, amada Libertad; 
pero, como Él, revives en la losa, 
llena de majestad. 
De subido valor eres la prenda 
que Dios de su bondad al hombre dio; 
hízote de su vida Dios ofrenda: 
por que vivas, murió. 

Mantel José Cortés (boliviano) 

Á UN TACAÑO 

Yo conozco un avaro tan canalla 
que el aire escatimara muy contento; 
no piensa por guardar su pensamiento, 
ó por guardar su voz, si piensa, calla. 

Contra la ciencia misma de Dios falla, 
y en los astros del rico firmamento 
y en las olas del mar que impele el viento 
ostentación y lujo inútil halla. 

El menguado que todo lo cercena 
y pasa días tristes, infelices, 
sufriendo los tormentos del infierno, 

¿cómo á ser mutiladas no condena 
sus narices que son, más que narices, 
deforme yuca ó retorcido cuerno? 

AIaxuel José Cortés (boliviano) 

EL JUSTO 

Al borde del abismo el roble erguido 
del huracán resiste ;il recio embate, 
y su lozana COpa no se aliad' 
ni aun al golpe del rayo que la ha herido. 

Así la condición que le Ha cabido 
sufre el justo en su vida de combate: 

exento ¡le temor su pecho late, 

y el dolor no le arranca ni un gemido. 



MARÍA NATIVIDAD CORTES 



97 



El odio inmerecido no le espanta; 
de sus contrarios el ultraje olvida; 
el rencor en su pecho nunca impera. 

Del deber acatando la ley santa, 
ve imperturbable el drama de la vida 
y el desenlace en otra vida espera. 

Manuel José Cortés (boliviano) 



A LA POETISA CIEGA 

Privó á tus ojos de la lumbre hermosa 
del luminar del día, airado, el cielo: 
de noche larga, triste y tenebrosa 
extendióse en tu vida denso velo. 

Pero dentro de ti, claro, sereno, 
el sol del genio brilla refulgente: 
su luz alumbra, de portentos lleno, 
un nuevo mundo que creó tu mente. 

Marchitas á esa luz vemos las flores 
que tu vida adornaron algún día: 
á esa luz contemplamos tus dolores, 
tu pena solitaria y tu agonía. 

¡Ah!, no lamentes, no, tu dura suerte: 
Homero en lobreguez vivió sumido 
y en negra obscuridad hirió la muerte 
al vate que el Edén lloró perdido. 

Manuel José Cortés (boliviano) 

A UNA XIX A 

Xiña pura y celestial, 
ángel de dicha y amores, 
el perfume de las flores 
es tu aliento virginal. 

A'irgen del cielo caída, 
cisne de nevada pluma, 
Venus formada en la espuma 
y por las ondas mecida: 

deja que ciña á tu sien 
una corona de rosas 
frescas, puras, olorosas, 
cual las rosas del Edén: 

que quiero ver tu hermosura 
y tus gracias infantiles, 
y tus diáfanos perfiles, 
y tu célica dulzura, 
An tolog í a am erica na 



98 antología americana 



y en la pudorosa frente, 
como el límpido cristal, 
reflejarse transparente 
tu pureza virginal. 

María Natividad Cortés (peruana) 

ESPERANZA 

Si perdí el entusiasmo por la vida 
en mi triste alborada, 
y el mundo, en vez de matizadas flores 

sólo espinas me guarda, 
aún diviso, muy cerca de mi tumba, 

vestido de esmeraldas, 
un ángel cariñoso que me dice: 

- Mujer, soy la Esperanza. 

María Natividad Cortés (peruana) 

REMEMBER 



Había en su dulce semblante aquello 
que vive poco, que ya se va: 
ojos azules que reflejaban 
lo misterioso, la inmensidad. 

En sus mejillas el terciopelo 
de los geranios al despuntar, 
labios de grana que le envidiaban 
las amapolas del florestal... 

La estoy mirando: su esbelto talle 
como la garza que va á volar, 
sus manecitas sobre su pecho 
que suspiraba por lo inmortal. 

Y aquellos labios que me decían: 
«¿Por qué te alejas, por qué te vas?» 
Y aquellos ojos que me miraban 
del alma al fondo y aun más allá... 

Hoy esos labios se han marchitado, 
hoy esos ojos sin vida están... 

;.\\ ! ESOS seres todo carino 

¿por qué se mueren, por qué si van? 

Francisco (i. Cosmes (mexicano) 




MADRID 



( Versión libre de Alfredo de Musset) 



Madrid, princesa de las Españas, 
en tus floridas verdes campañas 
que el sol, que mata sus resplandores, 
envuelve en leves nácares tules, 
brillan radiantes y encantadores 
ojos muy negros y ojos azules. 

Ciudad hermosa de las verbenas, 
de los romances de amantes penas, 
de las tapadas, los galanteos, 
¡cuántos pies blancos como jazmines 
huellan las flores de tus jardines, 
alzan el polvo de tus paseos! 

Ven en la plaza tus picadores 
mil rebocillos provocadores, 
mil blancas manos que palmotean 
cuando tus toros, embravecidos, 
la arena escarban, el lomo arquean, 
braman, embisten y huyen heridos. 

Ven los luceros en tus callejas 
furtivas sombras junto á las rejas, 
ven embozados tus caballeros, 
ven que de prisa y enamoradas 
la obscura calle cruzan tapadas 
damas que llevan sus escuderos. 

Madrid, asilo de la ventura, 
Madrid, emporio de la hermosura, 
calado alcázar que maravillas 
con tus palacios y tus jardines, 
las blancas blondas de las mantillas 
y el negro raso de los chapines: 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



todas tus rubias y tus morenas, 
las que caminan de gracia llenas, 
cimbrando el talle, la cara ufana, 
juntas no valen lo que un cabello 
de aquellas crenchas que sobre el cuello 
deja caídas mi sevillana. 

Es una blanca, rubia española, 
joven y viuda, que vive sola 
- calle escondida, vetusta casa, 
portón ferrado, dueña que cela. - 
Si el rey la ha visto y amor le abrasa, 
no fíe en el oro de su escarcela. 

Llame y... aguarde, si así lo quiere; 
llame cien veces, y desespere: 
á todas horas silencio grave, 
calle desierta, puerta cerrada; 
pero si llego, mi enamorada 
quita el cerrojo, tuerce la llave; 

porque me arrulla cuando me besa, 
porque es la blanca rubia princesa 
que ha coronado mi fantasía, 
ágil, flexible, siempre nerviosa, 
demonio y ángel, avispa y rosa, 
donaire y fuego de Andalucía. 

Cae en mis brazos y se estremece, 
beso sus ojos y desfallece; 
con soplo ardiente su pecho late, 
rompe violenta los dulces lazos, 
y en las delicias de tal combate 
huye y se escapa de entre mis brazos. 

¿Qué me hizo dueño de su hermosura? 
¿Qué me ha valido tanta ventura? 
Mi árabe y negra cabalgadura, 
su casco de oro, su estampa real..., 
mis alabanzas para Sevilla..., 
mis cumplimientos á su mantilla, 
y aquella dulce miel con vainilla 
de aquella tarde de Carnaval. 

Agustín 1-'. Cuenca (mexicano) 

A CH... 

Para tu frente candida y serena 
lirios busqué por La pradera hermosa, 

y en el valle la flor de la verbena 
y la encendida y perfumada rosa; 
i >L i en i. i pradera y en el valle 
de hierba venenosa hallé una «alie. 



ALFREDO CHAVERO 



Amante, en los arbustos de las lomas 
y en abetos y fresnos colosales 
quise hallar para ti blancas palomas, 
colibrís, ruiseñores y zorzales; 
y en los frondosos árboles erguidos 
hallé las aves muertas en sus nidos. 

Y entonces, en arroyos y cascadas 
y en las arenas de la mar bravia, 
al reflejo del sol tornasoladas, 
perlas y conchas encontrar quería; 
y del mar y el arroyo en lo profundo 
vi al través de sus linfas lodo inmundo... 

Soñé con mil riquezas, y un tesoro 
quise brindarte en mi delirio aciago: 
busqué esmeraldas y topacios y oro, 
y de mis sueños me engolfé en el lago: 
y náufrago, expirante, sin abrigo, 
recordé al despertar que era mendigo. 

Entonces, soñador, en mi camino 
coronas de laurel quise ofrecerte, 
y atrevido luché con el destino; 
y el destino vencióme..., era más fuerte: 
y lloro desde entonces en la vida 
mi lira rota y mi ilusión perdida. 

Y muriendo de pena y amargura, 
arrastro una existencia de dolores, 
sin poder ofrecerte, en mi ternura, 
ni oro, ni perlas, ni coral y flores, 
ni aves, coronas de laurel, placeres... 
¡Soy más pobre que Job!.. ¿Así me quieres? 

Agustín F. Cuenca (mexicano) 



A ALARCON 



Perdona, ilustre poeta, 
si turbo con mis cantares 
la paz que de tus pesares 
hallaste en la tumba quieta. 

Tan desgraciado en la muerte 
como lo fuiste en la vida, 
¿por qué tu nombre se olvida?, 
¿por qué no muda tu suerte? 

Si fortima en tu humildad 
con un soplo te ayudara, 
¿quién más que tú se elevara 
grande en la posteridad? 



Pero todos se ocuparon 
de otros hombres y otra gloria: 
sólo queda de tu historia 
lo mucho que te burlaron. 

A Corneille diste modelos 
y al gran Moliere enseñaste, 
¡y tu fama no miraste 
levantada hasta los cielos! 

En tu vida, ¿cuándo afán 
inspirabas ni deseo, 
si eres triste, pobre y feo 
y de mal talle, don Juan? 



antología americana 



Que ni amistad ni respeto 
te tuvieron, claro está; 
y recordarlo será 
justo, cuando no discreto. 

En donde esperaste hermanos, 
sarcasmo sólo encontrabas, 
y tal vez allí extrañabas 
tus palmeros mexicanos. 

Acaso cuando anhelante 
buscabas lejos del suelo 
un nombre, un amor, un cielo, 
te heló la mofa punzante. 

Y de Tirso la inclemencia 
te mostró que puede hacer 
La prudencia en la mujer 
un teólogo sin prudencia. 

Si á Lope risa causaste, 
pobre vate corcovado, 
si quedaste apesarado 
y por el pesar callaste, 

bien pudiste contestar, 
que hablar mal, por Dios, no toca 
á aquel que puso en su boca 
El premio del bien hablar. 

Tus obras otros también 
acogieron con desprecios; 
mas paguen, pues fueron necios, 
El desdén con el desdén. 

¿Qué justicia se ha inventado 
en ti mundo, que consiente 
castigarte duramente 
sólo por ser jorobado? 

¿No miraron un momento 
cu tu frente, como estrella, 



la viva luz que destella 
en su esplendor el talento? 

¿De tus jorobas no vieron 
salir, como perla pura 
de su concha, la hermosura 
del ingenio que zahirieron? 

¿Para deslumhrar al mundo 
no les dijo tu fiereza: 
no necesito belleza, 
en mi alma mi gloria fundo? 

A la caterva envidiosa 
con grandeza contestaste, 
y sus injurias pagaste 
con La verdad sospechosa. 

Los cielos fueron testigos 
que, cuando te murmuraban, 
tus labios le recitaban 
tu pieza Ganar amigos. 

Volviste el bien por el mal, 
y por curar su malicia 
inventaste la delicia 
de la comedia moral. 

Mas con tu ejemplo aprendimos, 
y nos enseñó tu duelo, 
que sólo nos cubre el cielo 
de la patria en que nacimos. 

Grande fuiste en la poesía, 
pero más grande en el alma. 
¡Ay! Ese recuerdo calma 
el llanto á la patria mía. 

Ella tiene un corazón 
que vive de amor y gloria, 
y ella ha grabado en su historia 
«A don Juan Ruiz de Alarcón.» 

Alfredo Chavero (mexicano) 









LA EPOPEYA DEL MAR 



Y habló el Mar: - ¡Yo le vi! La cruda guerra 
de las desgracias aumentó su anhelo... 

Si un mundo descubrió sobre la tierra, 
ha descubierto un astro bajo el cielo- 
Colón era el bohemio de la nave, 
el que anidaba un mundo entre la frente, 
el que se confundía con la ave, 
y volaba'y volaba al occidente... 

Cuando el pobre bohemio se sentaba 
á la orilla del golfo en que vivía, 
siempre con mis rumores le llamaba, 
siempre con mis vaivenes le atraía... 

Y él supo comprenderme. Yo ignorado 
vivía como un monstruo entre lo obscuro; 
y él supo sepultarse en mi pasado, 

y él supo adelantarse á mi futuro... 

Pidió una nave. Altivos soñadores 
perdiéronse con él entre las brumas, 
v antes que el Nuevo Mundo con sus flores, 
yo su senda alfombré con mis espumas. 

La linterna de Diógenes temblaba 
en la mano del pálido errabundo: 
¡entre la obscura inmensidad buscaba, 
en lugar de un solo hombre, todo un mundo!.. 

Y Colón esperó. ¿Quién no soporta 
todo por ver lo que jamás se ha visto?.. 
¡Y al tercer día, ante la plebe absorta, 
supo resucitar como otro Cristo!.. 

Marcando suave y temblorosa línea, 
surgió la tierra en la celeste sala... 
¡Yibre, vibre la música apolínea, 
y zumbe y zumbe con rumores de ala!.. 



io4 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Lleno de admiración ruda y extraña, 
quísele dar al genovés un premio; 
y conmovido, me arranqué una entraña 
y la arrojé á las plantas del bohemio. 

Bruscos corceles que rompéis las trancas, 
fantasías sin fin, mentes altivas: 
¡para vosotros mis espumas blancas, 
para vosotros mis entrañas vivas!.. 

José Santos Chocano (peruano) 



PROFESIÓN DE FE 



Es el poeta altanero 
quien debe romper el yugo: 
siempre al cantar Víctor Hugo 
tembló Napoleón tercero... 
Tirteo, vate y guerrero, 
si en la canción se levanta, 
en la lid crece y espanta; 
y ante el que le ve y escucha 
es un poeta que lucha 
y es un guerrero que canta... 

Tal vez si entre mi palabra 
palpita un mundo en embrión... 
¿Acaso sabe el botón 
lo que valdrá cuando se abra? 
El canto perfora, y labra, 
y resplandece en la frente... 
¿Quién sabe lo que latente 
una sola frase encierra? 
La sola palabra /Tierra! 
equivale á un continente... 

Tal vez mi destino extraño 
deje que, en brutal empeño, 
lado á lado con el sueño 
se acurruque el desengaño. 
¡Qué importa sufrir el daño 
si viene la gloria en pos! 
Cual dice en la Biblia un Dios, 
más vale, como consuelo, 
mirar con un ojo el cielo 
y no el infierno con dos. 

El dolor, cuanto más ñero, 
más fuerza da al que traspasa: 
es necesaria la brasa 
para templar el acero- 



Tiene el triunfo verdadero 
en el dolor su sostén... 
De las sombras nace el bien 
y del dolor brota luz: 
más vale Cristo en la cruz 
que entrando en Jerusalén... 

Por ley de inercia, la Historia 
siempre brinda al redentor 
tras el ideal el dolor 
y tras el dolor la gloria... 
Cae el diamante en la escoria, 
mas no pierde su chispeo... 
Siempre el poeta es un reo, 
y siempre halla en su arrebato 
tras la paloma de Erato 
el buitre de Prometeo. 

El que á lo alto vuele ciego 
sentirá fiebre iracunda: 
el crisol no se fecunda 
sino al impulso del fuego. 
Yo que á combatir me entrego 
busco gloria en el fragor: 
que en las bregas del dolor 
todo es limpio y fulgurante, 
¡y vale más que un diamante 
una gota de sudor!.. 

Dios se duerme, el vulgo grita, 
v ( 'risto sube ;i La cruz... 
Y de este mundo sin luz 
sobre la historia maldita 
hay una súplica escrita 
al lado de cada ofensa... 
El espíritu que piensa 

se llena de horror profundo; 



JOSÉ SANTOS CHOCAXO 



¡y hasta el sol al ver el mundo 
se enrojece de vergüenza!.. 

Sólo llevo pocos años, 
llevo pocas puñaladas; 
mas cual flores marchitadas 
caerán todos mis engaños... 



En espejismos extraños 
veré las empíreas salas, 
y el recuerdo de mis galas 
brotará potente y grave: 
¡yo moriré como el ave, 
siempre batiendo las alas!.. 
José Santos Chocano (peruano) 



OTOS AZULES 



Si el espacio se encuentra obscuro y frío 
del alto azul tras el ficticio velo, 
tú que en los ojos tienes todo un cielo 
tienes tras de los ojos el vacío... 

Tras el velo celeste, ¡oh amor mío!, 
existe un Dios para el cristiano celo; 
y los astros, sin fin, tienden el vuelo 
donde el reino de Dios niega el impío... 

Pero tú siempre con imbécil calma, 
yerta al amor y yerta á los enojos, 
inmóvil, muestras la aridez de tu alma; 

y así detrás de tus pupilas bellas, 
y así detrás de tus azules ojos 
hay un cielo sin Dios y sin estrellas. 

José Santos Chocano (peruano) 



RUBIA 



Robó el oro su lustre á tu cabello 
y á tu boca el coral su sangre pura; 
ostenta el mármol como tú su albura 
y el cisne arquea como tú su cuello. 

En tu sonrisa se estremece el sello 
de un beso del amor á la hermosura, 
y en tu mirada trémula fulgura 
la lucha de una sombra y un destello... 

Lohengrin te ha soñado como un rubio 
querub, envuelto entre flotantes tules, 
sobre su cisne blanco, en el Danubio; 

y ha visto que halagando sus antojos, 
no son tus ojos como el cielo azules, 
sino el cielo es azul como tus ojos. 

Tose Santos Chocano (peruano) 



io 6 antología americana 



Cesó la lucha, la patria es libre. 
Sobre estos campos, de horror cubiertos, 
que el son guerrero ya nunca vibre 
llamando vivos, dejando muertos. 
El himno augusto que ora se escucha 
celebra á un pueblo que se levanta. 
La patria es libre, cesó la lucha: 
¡poeta, canta! 

Ya los hogares abren sus puertas 
y las doncellas temblando aguardan 
que hasta á sus almas, también abiertas, 
lleguen los novios que tanto tardan. 
Sus lauros frescos por azahares 
cambian los héroes con mano inquieta... 
Abren sus puertas ya los hogares: 
¡ama, poeta! 

Su faz radiante la dicha asoma, 
los sueños vierten su polen de oro, 
y la miseria, que abate y doma, 
huye ocultando rabioso lloro. 
El alma virgen del bravo infante 
busca lo noble, lo vil desdeña... 
La dicha alegra su faz radiante: 
¡poeta, sueña! 

Con paso artero la infamia viene 
y la rodean cuantos la miran. 
¡Qué solapada sonrisa tiene! 
¡Cómo la acogen, cómo la admiran! 
Por su lenguaje tan lisonjero 
oid qué aplauso tan vivo estalla. 
La infamia viene con paso artero... 
¡poeta, calla! 

BALBINO DÁVALOS {mexicano) 








A GOYA 



Poderoso visionario, 
raro ingenio temerario, 
por ti enciendo mi incensario. 

Por ti cuya gran paleta, 
caprichosa, brusca, inquieta, 
debe amar todo poeta; 

por tus lóbregas visiones, 
tus blancas irradiaciones, 
tus negros y bermellones; 

por tus colores dantescos, 
por tus majos pintorescos 
y las glorias de tus frescos. 

Porque entra en tu gran tesoro 
el diestro que mata al toro, 
la niña de rizos de oro, 

y con el bravo torero, 
el infante, el caballero, 
la mantilla y el pandero. 

Tu loca mano dibuja 
la silueta de la bruja 
que en la sombra se arrebuja, 

y aprende un abracadabra 
del diablo patas de cabra 
que hace una mueca macabra. 

Musa soberbia y confusa, 
ángel, espectro, medusa, 
tal aparece tu musa. 



Tu pincel asombra, hechiza; 
ya en sus claros electriza, 
ya en sus sombras sinfoniza; 

con las manólas amables, 
los reyes, los miserables, 
ó los Cristos lamentables. 

En tu claroscuro brilla 
la luz muerta y amarilla 
de la horrenda pesadilla, 

ó hace encender tu pincel 
los rojos labios de miel 
ó la sangre del clavel. 

Tienen ojos asesinos 
en sus semblantes divinos 
tus ángeles femeninos. 

Tu caprichosa alegría 
mezclaba la luz del día 
con la noche obscura y fría. 

Así es de ver y admirar 
tu misteriosa y sin par 
pintura crepuscular, 

de lo que da testimonio: 
por tus frescos, San Antonio; 
por tus brujas, el demonio. 

Rubén Darío (centroamericano) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Tenía una cifra 
tu blanco pañuelo, 
roja cifra de un nombre que no era 
el tuyo, mi dueño. 
La fina batista 
crujía en tus dedos: 



«¡Qué bien luce en la albura la sangre!,» 

te dije riendo. 

Te pusiste pálida, 

me tuviste miedo... 
¿Qué miraste? ¿Conoces acaso 

la risa de Ótelo? 

Rubén Darío (centroamericano) 



RIMA 



En el libro lujoso se advierten 

las rimas triunfales; 
bizantinos mosaicos, pulidos 

y raros esmaltes; 
fino estuche de artísticas joyas, 

ideas brillantes; 
los vocablos unidos á modo 

de ricos collares; 
las ideas formando en el ritmo 



sus bellos engarces; 
y los versos como hilos de oro 
do irisadas tiemblan 
perlas orientales. 
¡Y mirad! En las mil filigranas 
hallaréis alfileres punzantes, 
y en la pedrería 
trémulas facetas 
de color de sangre. 

Rubén Darío (centroamericano) 



¡ADIÓS! ¡ADIÓS! 



Allá en la playa quedó la niña. 
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vapor! 
El marinero canta entre dientes. 
Se hunde en el agua trémulo el sol. 
¡Adiós!, ¡adiós! 

Sola, llorando sobre las olas 
mira que vuela la embarcación; 
aún me hace señas con el pañuelo 



desde la piedra donde quedó. 

¡Adiós!, ¡adiós! 
Vistió de negro la niña hermosa... 
¡Las despedidas tan tristes son! 
Llevaba suelta la cabellera 
y en las pupilas llanto y amor. 

¡Adiós!, ¡adiós! 

RUBÉN DARÍO (centroamericano) 



A UNA AMIGA 



No de recuerdo ingrato 

lleves la huella, 
maga de lindos ojos, mil vei es bella; 

lleva de mis moni. 

el rico ambiente, 
lleva el áureo reflejo del sol de Oliente. 



ABEL DE LA E. DELGADO ] 09 



Lleva el perfume blando 

de la reseda 
que amorosa regálate el aura leda; 

llévate las coronas 

que, con cariño, 
engalanan ufanas tu sien de armiño. 

No haya sobre tu frente 

nube sombría 
cuando á buscarte venga la luz del día, 

y en las plácidas olas 

de la esperanza 
halle siempre tu nave paz y bonanza. 

Waldina Dávila de Ponce (colombiana) 



TU Y YO 

Blanca paloma que te engalanas 
con el brillante sol del Perú, 
fuente de perlas americanas, 
flor de las flores las más lozanas, 

eso eres tú. 
Tórtola errante del Amazonas 
que prisionera de amor cayó, 
gota del llanto que me ocasionas, 
árbol caído que tú abandonas, 

eso soy yo. 
Yo infiero agravios, tú haces favores; 
yo soy la tierra, y el cielo tú; 
yo broto espinas, tú brindas flores; 
tú eres el ángel de mis amores, 

yo un ataúd. 

Abel de la E. Delgado (peruano) 



;ES imposible: 



Podrás hacer que de la estéril roca 
brote, inmensa, una fuente de salud; 
que solitaria y sin perfume nazca 
en el desierto la violeta azul; 
que el sol se apague y- que en el hondo abismo 
hayan auroras de brillante luz: 
todo eso, mucho más y cuanto sueñes 
podrías hacer tú. 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Pero que yo no sienta que me abraso 
en el ardiente fuego del volcán 
que ha encendido en mi pecho de tus ojos 
azules la mirada angelical; 
que yo deje de amarte y que no venga 
tu favor, de rodillas, á implorar, 
arcángel de mi vida, alma de mi alma, 
¡eso sí no podrás! 

Abel de la E. Delgado (peruano) 



LA VOZ DEL AMOR 

IMITACIÓN 



Si alguna vez en la noche 
entre el viento que se aleja 
escuchaste alguna queja 
lanzada por el dolor, 

ten presente, niña hermosa, 
si es que ya lo has olvidado, 
que fué el ¡ay! de un desgraciado 
que está muriendo de amor. 

Si al vagar tus ojos bellos 
en soledad silenciosa, 
una sombra misteriosa 
te causó espanto y pavor, 

acuérdate, amada mía, 
que fué esa sombra que viste 
la mustia imagen de un triste 
que está muriendo de amor. 



Si turbó tu dulce sueño 
algún cruel presentimiento, 
si anubló tu pensamiento 
melancólico temor, 

recuerda, niña hechicera, 
al que sólo en ti pensando 
está triste, agonizando, 
agonizando de amor. 

Y si tienes todavía 
en tu pecho empedernido 
un generoso latido 
que responda á su clamor, 

no desoigas la plegaria 
• del que por ti está sufriendo; 
advierte ¡ay! que está muriendo, 
que está muriendo de amor. 

Jorge Delgadillo (boliviano) 



JESÚS 



El viejo paganismo dirigía 
mirada ansiosa al porvenir distante 
cuando Jesús, aurora fulgurante, 
en la noche del mundo amanecía. 

Amalia el infortunio. Se nutría 
\ de verdad con fe gigante, 

y por los montes de Judea errante, 

nueva Luz en las almas encendía. 

I [umilla al poderoso, al altanero, 

siembra la caridad en su camino, 
abre su corazón al pordiosero 



LEOPOLDO DÍAZ 



la víctima expiatoria del destino, 
y más grande que Sócrates severo, 
expira bendiciendo á su asesino! 

Leopoldo Díaz (argentino) 

REMEMBER 

Pon, cuando muera, sobre mi féretro 
aquel ramito de flores pálidas, 
de albos jazmines y de miosótides 
que hallé ¿recuerdas? en tu ventana. 

Rayo de luna sobre las flores, 
blanco nenúfar sobre las aguas, 
¿por qué me envuelves en tu caricia 
y con tu aroma por qué me embriagas? 

Tu imagen cruza por mis ensueños 
cual esas nubes de ópalo y grana 
que por la fúlgida región del cielo 
como los cisnes volando pasan. 

En la penumbra de los salones 
te vi ¿recuerdas? como las hadas, 
toda de blanco como los lirios, 
como los lirios de la montaña. 

¿Quién, al mirarte, no fué tu esclavo? 
Tu voz es trémula como las arpas, 
tu paso es rítmico, paso de diosa 
que á son de lira mueve la planta. 

Tu cabellera tiene reflejos 
de sol poniente, fulgor de llamas; 
es el cabello de las princesas, 
de las sibilas y de las magas. 

Y son tus ojos, ojos de náyade, 
ojos que besan con la mirada... 
¡Ay del que miran, ay del que besan 
tus ojos verdes como esmeraldas! 

¡Oh, quién me diera ser tu poeta, 
ser tu poeta de rimas áureas, 
y por la noche tañer la guzla 
en los jardines de Scheherezada! 

¡Oh, quién me diera besar tus ojos, 
tus ojos verdes, tu frente candida, 
tu cabecita llena de sueños, 
llena de sueños y de nostalgias! 

Pon, cuando muera, sobre mi féretro 
aquel ramito de flores pálidas, 
de altos jazmines y de miosótides 
que hallé ¿recuerdas? en tu ventana. 

Leopoldo Díaz (argentino ) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



NYDIA 

Cubierta con su túnica de lino, 
soñadora gentil, enamorada, 
resplandece en su faz algo divino, 
y, la noche en sus ojos, el camino 
sigue como una reina destronada. 

Agitaban de paso sus cabellos 
las brisas rumorosas de los mares, 
y la tarde, al partir, dejaba en ellos, 
matizando de bronce sus destellos, 
ígneos lampos de luz crepusculares. 

Si el sol de Grecia iluminó su cuna, 
abrióse su cariño al sol de Italia, 
y á su pasión el sufrimiento aduna... 
Por eso brilla con fulgor de luna 
aquel pálido lirio de Tesalia. 

Traidora flecha el corazón le hiere; 
ama á Glauco en silencio y por él llora; 
amor gigante que en la sombra muere 
le dice al corazón que nada espere, 
y sus secretas lágrimas devora. 

Ya no esplende la obscura cabellera 
en rizos sobre el mármol de su espalda, 
ni entona su canción, ni en primavera 
las rosas cortará de la pradera 
para tejer á Glauco su guirnalda. 

No irá, como antes, al morir el día, 
dulces querellas entregando al viento 
su lánguida amorosa fantasía, 
que al ronco oleaje de la mar bravia 
puede sólo confiar su pensamiento... 

Y allá va con su túnica de lino, 
su cabeza de diosa reclinada 
sobre el mórbido cuello alabastrino, 
la noche en sus pupilas, el camino 
siguiendo como reina destronada... 

Leopoldo Díaz (argentino) 




¡No intentes convencerme de torpeza 
con los delirios de tu mente loca! 
¡Mi razón es al par luz y firmeza, 
firmeza y luz como el cristal de roca! 

Semejante al nocturno peregrino, 
mi esperanza inmortal no mira el suelo: 
no viendo más que sombra en el camino, 
sólo contempla el esplendor del cielo. 

¡Vanas son las imágenes que entraña 
tu espíritu infantil, santuario obscuro I 
¡Tu numen, como el oro en la montaña, 
es virginal, y por lo mismo, impuro! 

A través de este vórtice que crispa, 
y ávido de brillar, vuelo ó me arrastro, 
oruga enamorada de una chispa, 
ó águila seducida por un astro. 

Inútil es que con tenaz murmullo 
exageres el lance en que me enredo: 
yo soy altivo, y el que alienta orgullo 
lleva un broquel impenetrable al miedo. 

Fiado en el instinto que me empuja, 
desprecio los peligros que señalas. 
«El ave canta aunque la rama cruja: 
¡como que sabe lo que son sus alas!» 

Erguido bajo el golpe en la porfía, 
me siento superior á la victoria. 
Tengo fe en mí: la adversidad podría 
quitarme el triunfo, pero no la gloria. 



Antología americana 



TI4 antología americana 



Deja que me persigan los abyectos. 
¡Quiero atraer la envidia, aunque me abrume! 
¡La flor en que se posan los insectos 
es rica de matiz y de perfume! 

El mal es el teatro en cuyo foro 
la virtud, esa trágica, descuella; 
es la sibila de palabra de oro; 
la sombra que hace resaltar la estrella. 

¡Alumbrar es arder! - Estro encendido 
será el fuego voraz que me consuma. 
¡La perla brota del molusco herido 
y Venus nace de la amarga espuma! 

Los claros timbres de que estoy ufano 
han de salir de la calumnia ilesos. 
Hay plumajes que cruzan el pantano 
y no se manchan... ¡Mi plumaje es de esos! 

¡Fuerza es que sufra mi pasión! - La palma 
crece en la orilla que el olaje azota. 
El mérito es el náufrago del alma: 
vivo, se hunde; pero muerto, flota. 

¡Depon el ceño y que tu voz me arrulle! 
¡Consuela el corazón del que te ama! 
¡Dios dijo el agua del torrente: bulle; 
y al lirio de la margen: embalsama! 

¡Confórmate, mujer! - Hemos venido 
á este valle de lágrimas que abate, 
tú, como la paloma, para el nido, 
y yo, como el león, para el combate. 

Salvador Díaz Mirón (mexicano) 

EL GENIO Y EL DOLOR 

Bajó proscrito del Edén el Genio; 
se puso á contemplar 
la senda peligrosa de la vida 
con pánico y alan: 
y entre sollozos el Dolor le dijo: 
«\ !onrhigo marcharás. •■ 
I >escogió el < tenio las brillantes alas. 
y suspirando, al par 
que medía el 1 >olor con tristes ojos 

la muda inmensidad, 
miró el azul, resplandeció y repuso: 
«Ven, yo te haré inmortal.» 

[ldefonso Díaz mi l vstillo (colombiano) 



SALVADOR DÍAZ MIRÓN U c 



EL PRIMER DIAMANTE 
(Del francés, de M. 1 

Cuando Eva, la madre de toda 

la humana progenie, 
vio á su hijo, su Abel preterido, 
cerca de ella, sangriento, ya inerte: 
de congojas sin límites presa, 

al cielo se vuelve, 
y movido á piedad, en sus ojos 
abre el cielo del llanto la fuente. 

Xo corrieron en vano esas lágrima.-... 

Fundidas en breve, 
de sus aguas preciosas Dios hizo 
el diamante, luz vivida siempre. 
De la madre natura otra piedra 

romperlo no puede: 
el diamante, la piedra más firme, 
á sí mismo se labra su suerte. 

Ildefonso Díaz del Castillo (colombiano) 



¿QUÉ ES POESÍA? 1 

;La poesía! - Pugna sagrada: 
radioso arcángel de ardiente espada : 
tres heroísmos en conjunción: 
el heroísmo del pensamiento, 
el heroísmo del sentimiento 
y el heroísmo de la expresión. 

Flor que en la cumbre brilla y perfuma; 
copo de nieve; gasa de espuma: 
zarza encendida do el cielo está: 
nube de oro, vistosa y rauda: 
fugaz cometa de inmensa cauda; 
onda de gloria que viene v va. 
Nébula vaga de que gotea, 
como una perla de luz, la idea: 
espiga herida por la segur: 
brasa de incienso; vapor de plata: 
fulgor de aurora que se dilata 
de Oriente á Ocaso, de Norte á Sur. 

Verdad, ternura, virtud, belleza, 
sueño, entusiasmo, placer, tristeza, 
lengua de fuego, vivaz crisol; 



n6 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



abismo de éter que el genio salva; 
alondra humilde que canta al alba; 
águila altiva que vuela al sol. 
" Humo que brota de la montaña; 
nostalgia obscura; pasión extraña: 
sed insaciable; tedio inmortal; 
anhelo eterno é indefinible; 
ansia infinita de lo imposible; 
amor sublime de lo ideal. 



Salvador Díaz Mirón (mexicano) 



LO ETERNO 

Cosas sin alma que os mostráis á ella 
y la servís en muchedumbre tanta, 
temblad; la móvil hora no adelanta 
sin imprimiros destructora huella. 

De la materia, resistente y bella, 
tomad lo que más dura y más encanta: 
si sois piedra, sed mármol; si sois planta, 
sed laurel; si sois llama, sed estrella. 

.Mas no esperéis la eternidad: el lodo 
se disuelve en la onda que lo crea. 
Dios y la Idea, con diverso modo, 

pueden sólo flotar en la marea 
del objeto del ser: Dios sobre todo, 
y sobre todo lo demás la Idea. 

Salvador Díaz Mirón (mexicano) 







fTl 





DESDE LA CUMBRE 



Estoy en pie en la cumbre: absorta queda, 
fija en el precipicio, la mirada... 
¡Qué años negros contiene esta jornada 
más allá de los treinta de Espronceda! 

Cuando este día ante la noche ceda, 
¿quién disipa las sombras de la nada? 
;La fe quizás, que anuncia otra alborada, 
como el pájaro oculto en la arboleda! 

.Mas ¿quién baja sin miedo al hondo arcano? 
¿Quién no teme el abismo, en la caída, 
buscando al sol tras de la noche bruna?.. 

¡Ah, si posible fuera al ser humano 
volver desde la cumbre de la vida 
á morir niño en su primera cuna! 



II 



¡Si hubiera sido así! ¡Cuan bello fuera 
volver al seno de la madre amada! 
¡El véspero fundirse en la alborada, 
la alborada en el sol, su luz primera! 

Tornar el tiempo en su veloz carrera, 
tornar la vida donde fué empezada, 
y al Paraíso, en que se halló creada, 
retroceder la humanidad entera. 

Del Edén al Nirvana misterioso, 
donde las leyes del silencio rigen 
llegar con el primero el postrer día... 

y caer lo absoluto en el reposo, 
Eva en Adán, Adán en su almo origen, 
Dios en su propia eternidad sombría... 



Il8 ANTOLOGÍA AMERICANA 



III 



Estoy en pie en la cumbre: atrás, el llano; 
debajo, la honda vertical pendiente; 
arriba está la bóveda esplendente 
donde se interna el ideal humano. 

Firme la planta, gélida %i mano, 
hay que bajar por la áspera vertiente, 
al suelo vuelta la humillada frente 
y puesto en Dios el corazón cristiano. 

Cuando el cuerpo en la tierra se derrumba, 
sube el alma en la atmósfera serena... 
Puede venir la muerte no temida. 

Yo sé que está la fe tras de la tumba, 
y en plena luz, tras de la sombra plena, 
la eterna fuente de la eterna vida. 

JOSÉ DE DIEGO (portorriqueña) 



AL BELLO SEXO 

Es la mujer un celestial destello 
que el soplo del Criador envió á la tierra, 
y en su estructura angelical encierra 
cuanto hay de encantador, sensible y bello. 

De la Discordia el orgulloso cuello 
humíllase á su voz, calla la Guerra; 
y hasta el conquistador que al mundo aterra 
se ve cautivo en femenil cabello. 

Si es tal la fuerza, el poderío tanto 
que en los seres ejerce tal criatura, 
¿por qué ese sexo de inefable encanto 

sufre del hombre la opresión más dura? 
Porque es de la mujer la gloria bella 
poner los grillos y arrastrarlos ella. 

M a.n u ei. DlÉGU EZ (ce/itroamericano ) 



LUIS L. DOMÍNGUEZ 119 



AMOR... PROPIO 

Nadie se da en amores por vencido; 
es decir, no hay un ser tan desdichado 
que una vez se declare derrotado 
en las lides traidoras de Cupido. 

Es el hombre, de suyo, presumido, 
y es de sí mismo muy enamorado, 
para ser tan sincero, tan honrado, 
que pregone las luchas que ha perdido. 

Yo que sé que en amor (por la experiencia 
de cuando yo luché, que ya no lucho), 
más que amor, amor propio se evidencia, 

cotejo lo que sé con lo que escucho, 
surge la duda, y saco en consecuencia 
que en achaques de amor... se miente mucho. 

F. Díez Gaviño (cubano) 

EXCELSIOR 

(Del poeta Longfelloiv ) 
ASPIRACIÓN AL INFINITO 

Las sombras de la noche iban cayendo 
cuando un joven gallardo iba subiendo 
por un paso difícil la montaña; 
en sus manos flameaba una bandera 
en la que había esta leyenda extraña: 
¡Excélsior! 

Bajo su frente pálida, sus ojos 
como una espada al sol resplandecían, 
y esos ojos parece que decían, 
cual voz que sale de una trompa de oro 
ó como el eco de celeste coro: 
¡Excélsior! 

Miró al pasar los vividos reflejos 
del encendido hogar de la familia 
agrupada y contenta, y á lo lejos 
la altísima nevada cordillera; 
pero avanzó, clamando en voz entera: 
¡Excélsior! 

«No te aventures, que el peligro es grande, 
el anciano le dice con ternura; 
ruge la tempestad allá en la altura 
y no hallarás el vado del torrente.» 



ANTOLOGÍA AMERIC \XA 



Él responde con voz firme, estridente: 

¡Excélsior! 
«Aguarda, ven, le dice la doncella: 
descansa tu cabeza aquí en mi seno, 
que pronto el cielo quedará sereno.» 
Una lágrima él siente en su pupila, 
mas otra vez exclama y no vacila: 

¡Excélsior! 
«Cuidado con las ramas de los pinos 
que caen sobre la senda de la cuesta: 
la nevada ha borrado los caminos:» 
tal fué el último adiós de los pastores. 
Una voz desde lo alto les contesta: 

¡Excélsior! 
Del monte San Bernardo en el convento, 
al asomar la luz del nuevo día, 
las preces se mezclaban con el viento, 
v en la región del águila y las nubes 
una voz por los aires repetía: 

¡Excélsior! 
Los perros de la ermita, entre la nieve 
que la cima cubrió de la montaña, 
descubren un viajero sepultado 
en cuya mano, que la muerte ha helado, 
aún se mantiene la leyenda extraña: 

¡Excélsior! 
A la luz matinal, pálido, yerto, 
sin vida, pero bello, allí yacía; 
mas no todo con él había muerto, 
pues del cielo sereno una armonía 
oyóse descender, que así decía: 

¡Excélsior! 

Luis L. Domínguez (argentino) 

A TI 

Cuentan marinos exploradores 
que hay latitudes en donde el sol 
brilla el espacio de una alborada 
y luego oculta su resplandor. 

Noche profunda cubre de sombras 
las soledades del ancho mar, 
y ni una estrella marca al viajero 
los horizontes por donde va. 

Así en mi pech< i des pierta el día 
á tus miradas de dulce amor, 
pero son breves li is respland* »res 

M que iluminas mi corazón; 



PEDRO ELERA 

porque, al dejarte, terrible noche, 
noche más triste que la polar, 
mi pecho enluta con los recuerdos 
que entenebrecen mi soledad. 

Alejandro P. Echeverría (colombiano) 

RECETA 

En los labios un puro de la Habana, 
legítima extracción de Vuelta abajo; 
el sombrero caído a la derecha; 
en el ojal de la levita un ramo; 

chaleco de color, con figurines; 
pantalón con dibujo á grandes cuadros; 
un guante en la siniestra, bien ceñido, 
y un bastón prisionero en la otra mano; 

saber decir bou jour y hablar de Francia, 
venga el asunto ó no viniere al caso; 
tratar sobre política europea 
y decir que Bismarck es un cosaco; 

forjar lances de amor, aun cuando en ellos 
la honra de la mujer quede en pedazos, 
é inventar algún duelo á cuchilladas 
en el cual fué vencido el adversario: v 

eso tan sólo ha menester quien busca 
á corto precio engañador aplauso, 
que en este mundo, de contrastes lleno, 
es infinito el número de sandios. 

A; ejandro P. Echeverría (colombiano) 

SECRETOS DE FAMILIA 

¡Ay, Inés! Cuando vibran dulcemente 
las notas de tu célica expresión, 
mil sublimes ideas por mi mente 
pasan á iluminar mi alma vehemente 
con destellos de santa inspiración. 

Si yo fuera un querub esplendoroso 
del altísimo coro del Señor, 
á los trinos de un cántico armonioso 
en mis alas te alzara presuroso 
de Dios al trono en mágico sopor. 

Quisiera convertirme en los fulgores 
que esparce de la aurora el manantial, 
penetrar por tus ojos seductores, 
y mezclarme en los puros resplandores 
del sol de tu mirada espiritual. 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Quisiera ser aroma aprisionado 
en el límpido cáliz de una ñor, 
verme á tu tierno pecho transportado, 
y salir en tu aliento perfumado 
dejando en tu alma el germen del amor. 

Quisiera ser el aire que respira 
extasiado tu amante corazón, 
y en su seno observar cuando se inspira 
el esplendor risueño con que mira 
el hermoso ideal de una ilusión. 

Yo quisiera, mi bien, de tu alma pura 
ser el móvil que anima su candor, 
y en el divino altar de su ventura 
ofrecerle un tesoro de ternura 
circundado de eterno resplandor. 

Yo quisiera alumbrar tu pensamiento 
con la luz de la fe de mi amistad, 
para que así la voz del sentimiento 
nos diga al corazón con dulce acento: 
somos, bien mío, un ángel de bondad. 

Yo á su imperio ¡ay, Inés! sujetaría, 
si fuera de los orbes el Señor, 
del espacio infinito la armonía, 
el dominio del sol, la luz del día 
y el rayo de la muerte destructor. 

Mas ¿qué puede ofrecer un peregrino 
en el ara de un ángel celestial? 
Flores silvestres, sin olor, que el sino 
hace brotar en su áspero camino 
cual vil maleza en cálido arenal. 

Pedro Elera (peruano) 



RIMA 



Allá en el fondo de la tumba fría, 
del cadáver los átomos inertes 
se transforman, se buscan y palpitan 
en las auroras de un eterno Génesis. 
Y aquí, en mi pecho, un corazón vacila 
y el hielo horrible del sepulcro tiene... 
Allá se siente palpitar la vida 

y aquí se siente palpitar la muerte. 

Emilio Antonio Escobar (colombiano) 



SANTIAGO ESCUTI ORREGO 1 23 



RIMA 

Yo he contemplado las obscuras simas 
de la profunda eternidad terrible, 
y escuché en el silencio de su noche 
un eco vago, moribundo, triste... 
Y habló á mi corazón voz misteriosa: 
«¿Sabes qué turba esa quietud sublime? 
Son lágrimas que ruedan al abismo 

por todo lo imposible.» 

Emilio Antonio Escobar (colombiano) 

RIMA 

Cuando pienso en los seres que no existen 
y llenan con su luz el mundo entero, 
y en los que viven sin fijar con nada 
la atención superior del universo, 
entonces, asistiendo á la apoteosis 
del alma eterna sobre el frágil cuerpo: 
- ¡Qué de muertos, exclamo, que están vivos! 
¡Qué de vivos, Dios mío, que están muertos! 

Santiago Escuti Orrego (chileno) 



DUELO 

Tan solo y sin rumbo fijo 
me hallo desde que me faltas, 
que voy sin saber adonde, 
como una estúpida máquina. 
¡Dichosa tú que tendiste, 
con la muerte, á Dios las alas! 
¡Triste de mí que aún peleo 
de la vida la batalla! 
Tú has ganado y yo he perdido, 
rota nuestra unión humana: 
¡tú, feliz alma sin cuerpo!, 
¡yo, pobre cuerpo sin alma! 

Santiago Escuti Orrego (chileno) 



T24 ANTOLOGÍA AMERICANA 



ADIÓS 

Partir..., decirse adiós... y en un abrazo 
los suspiros, las lágrimas mezclar; 
del corazón el cariñoso lazo 
con nuestras propias manos desatar; 

dejar atrás ardientes simpatías, 
dulcísimas memorias de placer, 
recuerdos de pasadas alegrías 
que no sabemos ¡ay! si han de volver; 

con los ojos de lágrimas henchidos 
estrecharse en silencio una vez..., dos, 
y darse, entre sollozos comprimidos, 
el tristísimo abrazo de un adiós: 

es arrancarse el corazón del pecho 
antes que estalle á fuerza de sufrir, 
es entregarlo en lágrimas deshecho 
y lágrimas en cambio recibir. 

ÁRSENIO ESGUERRA (boliviano) 

ANÁRQUICA 

Comenzaba á surgir en el oriente 
el sol en su carrera majestuosa, 
en tanto que un mendigo, acurrucado, 
imploraba doliente una limosna... 

Inclinada la frente, silencioso, 
en el oro pensaba y en las glorias 
y sentía rugir dentro del pecho 
el odio por los hombres y las cosas. 

Pensaba en su ideal, en sus ensueños, 
en la Anarquía triste y haraposa; 
soñaba con los labios de una herida 
destilando caliente sangre roja... 

Pensaba en el desprecio que tenían 
por el hombre que pide una limosna, 
ignorando que el I tambre es soberano 
y que rige la ley de nuestras cosas... 

Y todos junto á él, indiferentes, 
esquivaban su mano temblón ¡ 

y todos con miradas de de | 
contemplaban al hijo de las sombras. 

Y al par que la Anarquía a su cerebro 
volvía como negra marip 

cayó sobro la palma de su mano 
un gran rayo de sol como limosna. 

' >i i w io Espinoz \ (peruano) 



OCTAVIO ESPINOZA 



EN EL CIRCO 

Yo lucharé en el circo en que el romano 
conquistaba con palmas los amores: 
yo lucharé con todos mis dolores 
y ganaré laureles con mi mano... 

De pie, sobre la arena, sobrehumano, 
altivo retaré á los luchadores, 
y si les venzo al fin, iré entre flores 
á exigirte tu amor que es un tirano. 

Y si caigo, al caer, mi postrer grito 
será para llamarte tierno ó rudo 
y no para llamar al infinito... 

¡Y cuando vengan por mis restos de hombre, 
tu nombre se verá sobre mi escudo 
y mi sangre también sobre tu nombre! 

Octavio Espinoza ( 

BELLEZA CAUTIVA 

Con altivez de reina tu hermosura 
enseñas voluptuosa y arrogante; 
ignorada Beatriz, tal vez un Dante- 
te canta su pasión y su ternura... 

Praxiteles soñó con tu figura; 
Rafael te buscaba delirante, 
y Alfredo de Musset era tu amante, 
porque eres poesía y escultura... 

Cuando veas al fin lo que ambición., 
tu alma - la libertad abrirse paso, - 
te alzarás como olímpica amazona : 

y Judith de los ojos, sublevada, 
á tu Holofernes matarás acaso 
al golpe vengador de tu mirada... 

Octavio Espixoza f 



I 26 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



EL CANTO DEL AGARENO 



Es la rosa fiel imagen 
de esa bella á quien adoro, 
de esa ingrata por quien lloro, 
por quien lloro sin cesar; 
que natura en sus encantos 
y en su candida pureza 
ha querido su belleza, 
su belleza prodigar. 

Son sus ojos las espinas 
que mi pecho traspasaron, 
que en mi daño se gozaron, 
se gozaron sin piedad. 
Es más grato el puro aliento 
de su boca primorosa, 
que el perfume de la rosa, 
de la rosa de Bagdad. 

Si de aquélla los estambres 
dan del oro los destellos, 
de Guiñara los cabellos, 
los cabellos de oro son. 
Con sus labios y mejillas, 
que el carmín más puro baña, 
¡cuánto ornara mi montaña, 
mi montaña de Sión! 



Más ufana con sus gracias, 
sus encantos sólo precia, 
y mi ardiente fe desprecia 
y desprecia mi dolor. 

Y para ella nada valen 
mis suspiros y mis celos, 
mis angustias, mis desvelos, 
mis desvelos y mi amor. 

Mas ¡ay de ella en ese día 
en que, sola ya conmigo, 
busque en vano un buen amigo, 
y un amigo no hallará! 
Si recuerda sus desdenes 
y mi amor y mi ternura, 
sin^emedio su locura, 
su locura llorará. - 

Tal el mísero agareno 
de su bella se quejaba; 
mas la ingrata á quien amaba 
siempre ingrata se mostró. 

Y llorando el pobre moro 
sin consuelo ni esperanza, 
dejó al tiempo su venganza, 
vino el tiempo y le vengó. 

Silveria Espinosa de Rendón (colombiana) 



MEDALLÓN 



Bajo el rico dosel de tu cal «ello, 
tu semblante moreno y sonrosado 
es suave crepúsculo bañado 
por el pálido nácar de un destello. 

Hermanas lo apacible con lo bello 
y ostentas la dulzura y el agrado 
con que tiende, al sentirse acariciado, 
el cervatillo tímido su cuello. 

Sangre de rosa por abril nacida 
en tus mejillas difundir parece 
una savia magnífica de > id.:, 

bajo cuya virtud germinadora 
tu alma <\<- \ irgen a la par 11' 

1 un botón de pétalos de aui 

Ji 10 A. Fació (i entroamen 



TRINIDAD FERNANDEZ 1 27 



DENTRO Y FUERA 

Esa mujer que veis engalanada 
de ricas perlas y flotantes tules 
que realzan su cutis nacarada 
y ojos de cielo... porque son azules; 

esa mujer en cuya faz fulgura 
de angélico candor el dulce lampo, 
que en las regiones de ideal ventura 
da al pensamiento del poeta campo; 

esa mujer que en el solaz sonríe 
y se entrega al solaz, fácil y leda; 
que en las lisonjas del amor se engríe 
de cien galanes en compacta rueda; 

esa mujer que diera Miguel Ángel 
de acabada belleza en testimonio, 
tiene en su rostro el antifaz de un ángel 
y detrás de él... ¡el alma de un demonio! 

Heraclio Fajardo (uruguayo) 



AYES QUE ESPANTAN 

Mirándome al espejo esta mañana 
de súbito terror me estremecí. 
¡Ay! ¿Quién al verse la primera cana 
no se estremece así? 
Una lágrima ardiente de mis ojos 
por mi faz cadavérica rodó. 
¿Quién al ver de su rostro los despojos 
así no padeció? 
Ocultando mi faz entre ambas manos 
á lo más hondo de mi ser miré, 
y sepulto cadáver entre arcanos 
mi corazón hallé. 
Al grito inmenso que exhalé espantado 
volar un ¡ay! desgarrador sentí... 
¡Mi hermosa juventud había expirado! 
¿Quién de esos ayes no se espanta, di? 

Trinidad Fernández (peruano) 



128 ANTOLOGÍA AMERICANA 



A UNA ROSA 

«¡Vedla allí!.. ¡Yedla allí, pura y lozana, 
y respirad su esencia embriagadora! 
¡Miradla, del verjel reina y señora, 
meciéndose en su tallo cuan ufana! 

Abre su casto broche á la mañana, 
tibio el rayo de sol sus hojas dora... 
¿A quién esa belleza no enamora? 
¡Oh rosa, de las flores soberana!» 

Así un corto de vista repetía, 
teniendo más de ciego que de vate, 
hasta que uno, que al paso le seguía, 

admirado de tanto disparate, 
le dijo destruyendo su alegría: 
«¿Pero, hombre, no ve usted que es un tomate?» 

Trinidad Fernández (peruano) 



DESCUBRIMIENTO 

(Imitación de A/cardo Aleardi) 

Sentado de un estanque á las orillas, 
de una araña vi ayer las maravillas, 
contemplándola urdir en unas rosas 
sus intrincantes redes insidiosas. 
Cuando á tu corazón hoy me estrechabas 
y, sonriendo, amor me protestabas, 
entre tus labios de coral veía 
que dos redes también el dolo urdía. 
En una gota ayer de ese profundo 
túrbido estanque, manantial fecundo, 
do del sol á las ráfagas candentes 
se animan tantos y diversos entes. 
vi mil insectos caprichosos v ágiles 
retozar y morir, leves y frágiles. 
Hoy, al decirte adiós, súbita perla, 
derramaste una lágrima, y al verla 
miré en su fondo un hato de alim, 
de figuras rarísimas y extrañas; 
y, ;I >ios me I" perdone!, esos \ n i 
me pareí ieron, ¿sabes qué?.. ¡Serpien 

Trinidad Fern Indi | 



DIEGO FERNANDEZ ESPIRO 1 29 



CRISTO 

Su vida fué un relámpago. Su historia, 
grabada en el martirio de su suerte, 
se derramó en la sangre de su muerte 
para llenar el mundo de su gloria. 

A través de los siglos su memoria 
guía a la humanidad, que osada y fuerte 
lucha como Él, que triunfador inerte 
sobre la cruz clavaba la victoria. 

Apóstol de la fe noble y severo, 
más grande en su inmortal filosofía 
que Sócrates famoso y justiciero, 

la libertad su genio iluminaba 
cuando al hombre del hombre redimía 
y la augusta verdad le revelaba. 

Diego Fernández Espiro (argentino) 



SUICIDA 



¿Fatalidad?.. Vencido en la pelea, 
fuera en el mundo su derrota gloria, 
y su heroica caída una victoria 
de su amarga y anónima odisea. 

De aquel noble soldado de la idea, 
que con sus triunfos ilustró su historia, 
apenas si conserva la memoria 
un cadáver que flota en la marea. 

Sintió las alas y ensayó su vuelo; 
estaba su alma de grandeza ungida; 
le abrió el amor esplendoroso el cielo; 

y audaz, altivo, luchador y fuerte... 
¡halló, al salir del sueño de la vida, 
la realidad del sueño de la muerte! 

Diego Fernández Espiro (argentino) 



RESURGAM 

No estoy vencido. Mi orgullosa frente 
levanto de la vida en el combate 
y altivo espero el enemigo embate, 
como el peñón la furia del torrente. 
Antología americana 



130 ANTOLOGÍA AMERICANA 



M espíritu genial temor no siente, 
el golpe de la suerte no me abate. 
Mi corazón en la esperanza late 
de luchar y vencer mientras aliente. 

El espacio es del águila altanera 
que, con las alas azotando el viento, 
navega audaz en la azulada esfera. 

También yo, cual el águila arrogante, 
triunfador me alzaré - tengo su aliento, - 
y á través de las tumbas, ¡adelante! 

Diego Fernández Espiro (argentino) 



A UNAS VIOLETAS 

Dulces violetas del color del cielo, 
que cultiva la mano delicada 
de aquella por- quien lloro, 
más desdeñosa cuanto más la adoro: 
si, por ventura, unidas tiernamente 
ceñís de Laura la serena frente, 
decidla mis dolores 
y aplacaréis, ¡oh flores!, 
de mi cruel amada los enojos, 
pues ella debe amaros cuando os dieron 
su alma el perfume y el color sus ojos. 

Enrique Fernandez Granados (mexicano) 






EL ENTIERRO DEL MARINO 



Ya los prístinos destellos 
de la sonrosada aurora 
vagamente aparecían, 
y las moribundas sombras 
en vertiginoso vuelo 
se alejaban presurosas 
al triste ocaso, sumido 
entre el abismo y las ondas, 
cuando á lo lejos, muy lejos, 
allá en los lindes que borda 
esa línea centelleante 
que mar y cielo eslabona, 
vióse adelantar ligera, 
como una blanca gaviota, 
una solitaria nave 
que, al viento dando sus lonas, 
marcha con rumbo al Oriente 
al arrullo de las olas, 
dejando á su paso un surco 
de nácares y de aljófar. 
En ella nada sonríe; 
desde la popa á la prora 
algo cunde que amedrenta, 
algo que al dolor provoca, 
y tiene, como la noche, 
como la noche medrosa, 
fantasmas que el pecho abaten, 
llenándolo de congojas. 
Del mar las combas volutas 
se levantan espumosas, 
algunas aves marinas 
en los mástiles se posan, 



y mientras las jarcias crujen, 
cuanto más el viento sopla, 
la nave sigue avanzando 
cada vez más silenciosa. 

Nada en torno al horizonte 
tiene una plácida nota, 
todo es rumor de oleaje, 
todo misterio y zozobra, 
y entre el espacio infinito 
y el piélago, que rebosa 
de pujanza, ni un acento 
de sentida barcarola. 

Sólo en la extensa cubierta, 
que á veces bañan las olas, 
se distingue sobre el puente 
de la levantada popa 
al timonel que, ocupado 
en dar al barco derrota, 
sobre la rueda que gira 
tiene la mano callosa, 
mientras con ojos avaros 
la aguja oscilante explora. 

A poco, el amplio horizonte 
su inmenso cóncavo entolda, 
el abismo se agiganta, 
rugen las bramantes ondas, 
y en el fondo de la nave, 
más que nunca silenciosa, 
se ve el cuerpo de un marino 
sobre cuya faz mortuoria 
su pálida luz derrama, 
indecisa y misteriosa, 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



una lámpara colgante 
que al vaivén del barco, rota, 
se lanza de un lado al otro, 
se aquieta después, recobra 
luego la oscilante marcha 
que con más frecuencia toma, 
y al tenor del movimiento, 
que se acelera ó se acorta, 
la cara del muerto alumbra, 
ó en tinieblas lo abandona. 

Ya agotadas de la noche 
las interminables horas, 
nunca más tristes y largas 
que cuando son dolorosas, 
los soñolientos marinos 
llenan la mísera alcoba, 
y á la voz del que comanda 
la gente que al muerto entorna, 
del camarote lo sacan, 
en burdo lienzo lo arrollan, 
y entre cuatro lo conducen 
hasta el castillo de proa. 

Ya tendido sobre el puente 
y cerca la gente toda, 
unos portando cordaje, 
otros fúnebres antorchas, 
un grueso bloque de hierro 



al tosco fardo aprisionan, 
y en tanto sigue la nave 
cada vez más silenciosa. 

Terminada la tarea 
que más quehacer proporciona, 
al muerto sobre una tabla 
entre varios lo colocan; 
la levantan luego en alto, 
la ponen sobre la borda, 
y después de un padrenuestro 
que, más que rezan, sollozan, 
al primer tumbo del barco 
y á la voz de «¡al agua!,;; pronta 
la tabla hacia el mar se inclina, 
el cuerpo rompe las ondas, 
y descendiendo hasta el fondo 
en marcha vertiginosa, 
bajo el cristal de las aguas 
encuentra líquida fosa. 

Ya el sol con rayos de oro 
el espacio tornasola; 
para devorar su presa, 
el mar sus ímpetus doma, 
y el buque sigue avanzando, 
como una blanca gaviota, 
que en busca va de su nido 
hacia las playas remotas. 
Gabriel Ferrer Hernández (portorriqueño ) 



EL GRILLETE 



Era la tarde nebulosa y fría: 
las sombras invadiendo el horizonte, 
más que negros celajes, simulaban 
inmensos y fatídicos crespones. 

La lluvia que cerniéndose caía, 
besando el césped con su blando choque, 
irisaba la luz, que allá á lo lejos 
luchaba con las tintas de la noche. 

Adormecido el viento en su caverna, 
en el seno tallada de ancha mole, 
ni sus alas agita en el espacio, 
lli en el ramaje del frondoso bosque. 

Sólo el vaivén de las sonan 
del mar i er< ano en derredor se oye, 
cuando [( vantan mi flexible lomo 
y espumosas avanzan y se rompen. 



GARRIEL FERRER HERNÁNDEZ 



Después silencio, soledad, tristeza, 
que está no lejos el lugar en donde 
se extinguen los pesares de la vida 
v la ambición y orgullo de los hombres. 

Allí, cercada por un alto muro 
que la hiedra voraz verdea y corroe, 
se alza imponente una ciudad sombría 
que los sauces arrullan día y noche, 

dando sombra á la tierra y á las tumbas, 
al espacio sus fúnebres canciones, 
y albergue á los reptiles que, cansados 
de su incesante merodear, veloces 

ganan el tronco del enhiesto sauce, 
en sus ramas se posan sin temores, 
y columpiados por la blanda brisa, 
duermen hasta que el sol de nuevo asome. 

Allí, junto á la cripta que engalanan 
mármol de Paros y pulidos bronces, 
entre cardos y musgos se levantan 
las cruces de madera de los pobres. 

En él tienen el mismo húmedo lecho 
el rey altivo, el enclaustrado monge, 
el parricida vil, la cortesana, 
el mendigo infeliz, el viejo, el joven; 

y todos en la fosa confundidos, 
sin sentir ni alegrías ni dolores, 
bajo el imperio del voraz gusano, 
verán rendirse siglos y naciones. 

Era la tarde nebulosa y fría: 
las sombras invadiendo el horizonte, 
más que negros celajes, simulaban 
inmensos y fatídicos crespones. 

En esos melancólicos instantes 
que siempre tiene el sol cuando se pone, 
penetré en el recinto de las cruces, 
vi allá en su fondo detenerse un hombre, 

cejijunto, de mano encallecida, 
de andar pausado, de mirada innoble, 
y con las ropas por doquier manchadas 
de podredumbre, de caliza y ocre. 

Ya sobre el sitio que buscando iba, 
tomó del suelo un azadón, irguióse, 
y levantando con vigor en alto 
del instrumento el acerado corte, 

comenzó á descargar sobre la tierra, 
con gran esfuerzo, repetidos golpes, 
sacando á cada empuje de su brazo, 
con la greda, á la par huesos deformes. 



134 ANTOLOGÍA AMERICANA 



A veces tras un cráneo horrible y seco 
saltaba una costilla, al rudo choque; 
después, una andrajosa vestidura; 
después, cabellos en total desorden, 

sin que la mano del sepulturero, 
ni el corazón de tan siniestro hombre, 
temblasen de pavor ante aquel cuadro 
conjunto de miserias y de horrores. 

Ya en el fondo del hoyo, con la pala 
recogía los últimos terrones 
el miserable, cuando el instrumento, 
chocando con un cuerpo duro, inmóvil, 

un sonido produjo algo metálico, 
un retintín como el sonar de un bronce 
que entre la arcilla se enclavado hubiera, 
y en ella preso, recibiese un golpe. 

A tan extraño y misterioso ruido 
la pala respondió con fuerza doble; 
la lucha entre el obstáculo y la mano 
con más fiereza se sostuvo entonces, 

hasta que al fin, cediendo lo enclavado, 
sujeto, al parecer, con recios goznes, 
rodando por el fondo de la fosa, 
á la aterrada vista presentóse. 

Era un grillete que con saña horrible 
puesto por la justicia de los hombres 
á un ser desventurado, como sierpe 
de instintos sanguinarios y feroces 

siempre apretando el descarnado hueso, 
hasta la misma fosa acompañóle, 
sin recordar que donde el hombre acaba 
sólo Dios premia ó su castigo impone. 

Ya la luna, cual ojo de un gigante, 
parpadeando ganaba el horizonte; 
el eco, como el ¡ay! de un moribundo, 
repetía el tañido de los bronces, 

y la noche tranquila, silenciosa, 
abriendo al fin su misterioso broche, 
lanzaba á los espacios sus penumbras 
pobladas de fantásticas visiones. 

Gabriel Ferrer Hernández (portorriqueño) 




RASGOS DE BUEN HUMOR 



¿Y qué, será posible que nosotros 
tanto amemos la gloria y sus fulgores, 
la ciencia y sus placeres, 
que olvidemos por eso los amores, 
y más que los amores, las mujeres? 

¿Seremos tan ridículos y necios 
que, por no darle celos á la ciencia, 
no hablemos de los ojos de Dolores, 
de la dulce sonrisa de Clemencia, 
y de aquella que, tierna y seductora, 
aún no hace un cuarto de hora todavía, 
con su boca de aurora: 
«No te vayas tan pronto,» nos decía? 

¿Seremos tan ingratos y tan crueles, 
y tan duros y esquivos con las bellas, 
que no alcemos la copa 
brindando á la salud de todas ellas? 
Yo, á lo menos por mí, protesto y juro 
que si al irme trepando en la escalera 
que á la gloria encamina, 
la gloria me dijera: 
«Sube, que aquí te espera 
lo que tanto te halaga y te fascina;» 
y á la vez una chica me gritara: 
«Baje usted, que lo aguardo aquí en la esquina;» 
lo juro, lo protesto y lo repito, 
si sucediera semejante historia, 
á riesgo de pasar por un bendito, 
primero iba á la esquina que á la gloria. 



x 36 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Porque será muy tonto 
cambiar una corona por un beso; 
mas como yo de sabio no presumo, 
me atengo á lo que soy, de carne y hueso, 
y prefiero los besos y no el humo, 
que al fin, al fin, la gloria no es más que eso. 

Manuel M. Flores (mexicano) 



ADIÓS 

Adiós para siempre, mitad de mi vida, 
una alma tan sólo teníamos los dos; 
mas hoy es preciso que esta alma divida 
la amarga palabra del último adiós. 

¿Por qué nos separan? ¿No saben acaso 
que pasa la vida cual pasa la flor? 
Cruzamos el mundo como aves de paso... 
Mañana la tumba, ¿por qué hoy el dolor? 

¿La dicha secreta de dos que se adoran 
enoja á los cielos y es fuerza sufrir? 
¿Tan sólo son gratas las almas que lloran 
al torvo destino?.. ¿La ley es morir? 

¿Quién es el destino?.. Te arroja á mis brazos, 
en mi alma te imprime, te infunde en mi ser, 
y bárbaro luego, me arranca á pedazos 
el alma y la vida contigo... ¿Por qué? 

Adiós..., es preciso. No llores... y parte. 
La dicha de vernos nos quitan no más; 
pero un solo instante dejar de adorarte, 
hacer que te olvide, ¿lo pueden?.. ¡Jamás! 

Con lazos eternos nos hemos unido; 
en vano el destino nos hiere á los dos... 
¡Las almas que se aman no tienen olvido, 
no tienen ausencia, no tienen adiós! 

Manuel M. Flores (mexicano) 



DESDÉN Y PAZ 

I >RIENTAL 

Os miro, tempestades de la vida, 
con un desdén profundo. 

Vosotras m< veréis, a \ uestro paso, 
inmóvil como el muro. 

Ilturbiaréis lo claro de mi día, 

porque él está ya turbio. 



ANTONIO FLORES JIJÓN 



137 



No os fuera dable evaporar mis sueños, 
pues no acaricio hoy uno. 
Descenderán mugiendo los torrentes 
por sobre fango impuro; 
los rayos dejarán á la avecilla 
exánime en el musgo... 
¡Que tronche el huracán la encina añosa! 
¡Que se conmueva el mundo! 
En tal desolación, los corazones 
se cubrirán de luto... 
¡Menos el mío!.. Lo veréis en tanto 
inmóvil como el muro 
y, cercado de sombras y borrascas, 
sereno como el buho. 
Os miro con desdén..., os desafío, 
tempestades del mundo; 
porque en mi corazón la paz impera... 
¡la paz de los sepulcros! 

Manuel de Jesús Flórez (colombiano ) 



APARIENCIAS ENGAÑOSAS 



Una abeja, codiciosa 
de hurtar su miel á las flores, 
el labio picó á Dolores, 
creyendo que era una rosa. 

A'oló al panal en seguida 
á elaborar blanda cera, 
y al punto la Parca fiera 
cortó el hilo de su vida. 



De la abeja el triste fin 
no te debe sorprender, 
que es peligroso beber, 
en vez de néctar, carmín. 

Y aunque sean tu embeleso 
labios frescos y encarnados, 
mira antes si están pintados 
para darles ó no un beso. 
Francisco Flores Chinarro (peruano) 



SI FUERA... 



(Imitación del portugués) 



Si fuera la brisa, tu sien ceñiría 
de ricos aromas y suaves olores; 
si fuera la abeja que liba las flores, 
llevara á tus labios su esencia, alma mía. 

Si fuera la alondra que anuncia á las bellas 
el alba hechicera y el grato verano, 
cantara á tus rejas con trino galano 
mis crueles afanes, mis tristes querellas. 



138 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Si fuera la diosa de la alma poesía, 
con tiernas endechas y dulces canciones 
tu sueño arrullara, del arpa á los sones, 
en blando concento y eterna armonía. 

Rindiera á tus plantas, postrado en el suelo, 
si fuera monarca, mi cetro y corona; 
si fuera lucero, mi fúlgida zona 
de blancas estrellas, mi luz y mi cielo. 

Dejando el dominio del aire, bajara 
si fuera la nube que cruza el espacio, 
y en carro de plata, zafiro y topacio 
triunfante al empíreo, veloz, te tomara. 

Si fuera la tierra, te diera mi oro; 
mis perlas más finas, si fuera los mares; 
si Venus, de Pafo los sacros altares; 
mi canto postrero, si el cisne canoro. 

Mas ¡ay!, no soy cisne, ni estrella esplendente, 
ni abeja, ni nubes, ni mares, ni brisa: 
no soy sino un triste que, altivo, con risa 
las cuitas encubro del pecho doliente. 

Que á solas, hermosa, padezco y suspiro 
y arrastro en el mundo pesada cadena; 
y á fin que se ignore mi hondísima pena, 
ahogo mis quejas, y callo... y expiro... 

Antonio Flores Jijón (ecuatoriano ) 





LA NUBE Y EL ÁTOMO 



Dorada nube se elevaba al cielo 
rauda, imponente, altiva; 
el vapor de los mares, el rocío 
de las flores, su esencia componían. 

Al rozar en su rápida carrera, 

tras el verde follaje, 

de los montes las cimas elevadas, 

tropezó con un átomo en el aire. 

Viole rodando tan incierto y solo, 
le vio tan desvalido, 
que, en su denso vapor, cuna flotante 
dióle para arrancarlo del vacío... 

Subieron nube y átomo impulsados 
por la brisa ligera, 
y sobre ondas de nácar, zafir y oro 
contemplaron las brumas de la tierra. 

Duró un instante el seductor ensueño 
de enlace tan sublime: 
¡la nube de oro, el átomo de barro!.. 
Prolongar más su unión ¡era imposible! 

Del confín elevado, hacia su centro 
volvió el átomo impuro, 
y su velo rasgó la densa nube 
llorando cual se llora sobre el mundo. 

Y comprendió, al mirarse abandonada 
y burlada en su anhelo, 
que ni la nube que en el éter flota 
puede elevar lo que nació pequeño... 

Carolina Freiré de Jaimes (peruana) 



14° ANTOLOGÍA AMERICANA 



CALATEA 

De mármol era, y al contacto ardiente 
de una alma enamorada 
sintió de pronto bullidora sangre 
y el fuego apasionado en sus entrañas. 

Palpitó otra alma entre la forma esquiva, 
y la marmórea estatua 
bajó del pedestal, iluminando 
un caos con la luz de su mirada. 

Brotó el ensueño en sus radiantes ojos, 
y un canto de esperanza 
al escuchar arrullador y tierno 
el eco que decía: ¡Siente y ama! 

El mármol se animó, brotó la vida 
del arte, de la nada... 
El soplo del amor venció lo inerte, 
la pasión inmortal movió la estatua. 

Pudo más Pigmaleón y no amó tanto, 
no amó cual ella amaba... 
¡Ay! ¡Es más fácil dar al mármol vida 
que animar ciertas almas! 

Carolina Freiré de Jaimks (peruana) 



EN LA MUERTE DE UNA NIÑA 

Flor apenas entreabierta 
á las auras de la vida; 
gota de agua desprendida 
de una nube de arrebol; 
virgen de púdica risa, 
de encantadora mirada, 
nivea rosa deshojada 
al primer rayo del sol. 

Eras tan dulce y tan bella 
que, al mirarte, el mismo cielo 
no halló digno de este suelo 
tan angélico primor; 

y la gota de agua pura 

volvió a la nube dorada, 
y la flor embalsamada 

'i l,i patria del amor. 

Carolina Freiré de Jaimes (peruana) 



CAROLINA FREIRÉ DE JAIMES 



141 



LA VEJEZ 



Cuando la vejez ingrata 
arranca nuestros cabellos, 
ó va colocando en ellos 
débiles hilos de plata: 

cuando la vista perdida 
vaga en vano por doquiera 
buscando la primavera 
venturosa de la vida: 

cuando el hombre, en fin, su incierto 
rumbo sigue, y triste ve 
que tiene bajo su pie 
un hondo sepulcro abierto: 

hay un instante, hija mía, 
en que se pierde la calma 
y brota dentro del alma 
la negra melancolía. 

II 

¿Has visto en la tarde hermosa, 
si el sol se va ya ocultando, 
como la sombra luchando 
está con la luz dudosa, 

y al moribundo destello 
del astro que desparece 
el mundo entero parece 
más bello, mucho más bello? 

Pues así el hombre distingue 
su sol, su luz, su esperanza, 
entre una muerte que avanza 
y una vida que se extingue. 

III 

Si algún anciano doliente 
cruza por tu lado un día 



y descubres, hija mía, 
las arrugas de su frente 

nunca con frases livianas 
muevas el labio indiscreto; 
nunca faltes al respeto 
que se merecen sus canas. 

Crepúsculo de la vida 
es la candida niñez; 
crepúsculo la vejez 
que va á la existencia unida. 

Obedeciendo al destino 
que en empujarle se empeña, 
cada anciano nos enseña 
nuestro inseguro camino. 

Camino que sólo Dios 
nos traza, pues ignoramos 
si de esos viejos marchamos 
al par, delante ó en pos. 

IV 

La mundanal arrogancia 
fácilmente se derrumba, 
y de la cuna á la tumba 
es muy breve la distancia. 

El viejo tiene su pie 
junto á esa tumba sombría; 
préstale amparo, hija mía, 
mira cuan débil se ve. 



Y 



Si hoy con intento siniestro 
apoyo al viejo negamos, 
cuando en su edad nos veamos 
¿quién será báculo nuestro? 
\rolixa Freiré de Jaimes (peruana) 



142 ANTOLOGÍA AMERICANA 



FE 



¿Dónde está la verdad, la ciencia dónde 
sus rayos luminosos centellea? 
¿Dónde la luz está, dónde la idea, 
la ansiada realidad, decidme, adonde? 

¿Por qué entre nubes la verdad se esconde? 
¿Dónde está del saber la sacra tea? 
¡Oh mísero mortal, doquier que sea, 
calma mi duda y á mi voz responde! 

Di, flaqueza mortal, ¿cuál es tu ciencia? 
¿Dónde la luz está que te ilumina? 
¿Es tu orgullo no más y tu demencia 

la mentida ilusión que te fascina? 
¡Oye el grito fatal de la conciencia 
y en él escucha la verdad divina! 

Armando de La Fuente (peruano) 

SONETO 

Despierta alegre la gentil aurora 
de su lecho de flores, oro y grana, 
precursora veloz de la mañana 
que al orbe tardo fúlgida enamora. 

Rayos el sol en los espacios dora 
y vida y juventud su frente mana: 
avanza el día y el ocaso gana, 
y de tristeza el universo llora. 

Así en el alba de la humana vida 
virgen sonríe al alma la inocencia, 
canta el amor sus bellas ilusiones. 

Mas la vejez á descansar convida, 
y enferma y carcomida la existencia, 
en el sepulcro apaga sus pasiones. 

Néstor ('.alindo (boliviano) 

OLORIA 

Alta, muy alta te contemplo y sigo, 
aunque grite la humana muchedumbre 
que me mire pasar: ¡Eres mendigo! 

Escabrosa es la senda de tu cumbre. 

Mas ¿qué me importa s¡ á la cima llego 
y me arropas con clámides <lc lumbre? 

¿Sorda estarás a mi constante ru 
cuando v< s en mi espíritu de llamas 
derramarse relámpagos 'le fu 



JULIO N. GALOFRE ' 1 4; 



¿Por qué sobre la tierra te derramas 
y como el sol que en el cénit fulgura 
todo lo creado con tu luz inflamas? 

¡Oh!, déjame pensar en mi amargura 
que, combatiendo con la suerte ingrata, 
me conquiste tu amor y tu hermosura. 

Mi tormentosa vida es catarata 
que al llegar hasta el fondo del abismo 
al cielo sube con fulgor de plata... 

¡Oh!, déjame tomar en mi idealismo, 
ya que viajo en la arena del desierto, 
que es verdad este mágico espejismo: 

que al llegar á la orilla del gran puerto 
donde todo se borra y se consume 
en la noche insondable del desierto; 

cuando la vida con su cruz me abrume 
y todo al peso del dolor sucumba, 
¡oh!, ¡déjame pensar que tu perfume 
vivirá como un sol sobre mi tumba!.. 



Julio N. Galofre {colombiano) 



CREPUSCULARES 

I 

La noche del desierto no me cansa: 
oigo, flotando en alas de una nube, 
una voz que me grita: «¡Avanza!, ¡avanza!» 
y una ambición que dice: «¡Sube!, ¡sube!» 



II 



En cuestión de cariño 
sabe la hermosa Marta 
que vale más un elocuente guiño 
que la muda elocuencia de una carta. 

III 

No te sean extraños 
de la vida los muchos desengaños: 
que, en tratando de amores, 
sabe más una niña de quince años 
que la ciencia falaz de mil doctores. 



144 ANTOLOGÍA AMERICANA 



IV 

Un día, con ahinco soberano, 
á una doncella sorprendió su tía 
mirando tras la clara celosía 
y oprimiéndose el seno con la mano. 
La niña ¿qué veía? 
¡Pues nada!, que un gusano 
á un gusano más chico se comía. 



V 



Bajan los buzos á buscar la perla 
escondida en los bosques de corales, 
y baja el hombre á los abismos negros 
en busca de las luces del diamante. 
¡Mas no te han visto á ti! Si ellos miraran 
tu aire gentil y tu esplendor de arcángel, 
ninguno fuera á escudriñar la sombra, 
ninguno fuera á escudriñar los mares. 



VI 

Ella va por el mundo sonriente, 
y el vulgo malicioso 
se la pasa mirándole la frente 
á su querido esposo. 

VII 

Vive, mi bien, en la creencia hermosa 
de que irás á los cielos cuando mueras; 

yo pretendo otra cosa. 
y es que se alcen los huesos de mi fosa 
á ser flores de tibias primaveras. 

VIII 

Al irme á confesar un pobre cura 
me amenazó con el suplicio eterno... 

¡No sabe que yo llevo, en mi amargura. 

dentn i del corazón todo un Lnfi< rno! 



ABELARDO GAMARRA 



!45 



IX 



Xo quiero, mientras te ame, tener oro, 
pues tengo la conciencia 
que podría, á pesar de que te adoro, 
comprarte por dinero la inocencia. 



X 



Xo mendigo un aplauso 
y desprecio las críticas mordaces: 
¡he escuchado, por hambre, tanto elogio! 
¡he oído tantas críticas por hambre! 

XI 



Aunque en la noche del pesar vegeto, 
mis ambiciones el turbión no troncha: 
;vive y crece mi amor en el secreto 
como vive la perla entre su concha! 

XII 

¿Me ultrajas? Te perdono la insolencia. ■ 
Sé que es en oro, encantadora esclava, 
donde tu orgullo su desprecio funda. 
¡Ay! Del mísero mundo en la eminencia, 
yo soy la aristocracia que no acaba, 
tú eres la aristocracia moribunda. 

Julio N. Galofre (colombiano) 



MISTERIO 



Que la distancia separa 
me dijo un sabio una vez: 
y como lo dijo un sabio, 
no tuve más que creer; 
mas hoy recibo esta carta 
que me ha puesto de revés: 
«Tu corazón, Abelardo, 
que me quiere bien lo sé, 
pero lo que tú no sabes 

Antología americana 



voy á dártelo á saber: 

y es que, mientras más se aleja 

del mío, no sé por qué, 

mientras ha}- mayor distancia, 

me siento más cerca de él. ■• 

De donde yo he deducido 

que, entre el sabio y mi mu 

el sabio no sabe nada 

y que ella sabe más que él. 

Abelardo Gamarra (/ 

10 



146 antología americana 



ARITMÉTICA 



Blas Virú gana un sueldo en una tienda 

y nada más, 
y algunos compadecen la desgracia 

del pobre Blas. 
Pero es lo cierto que en su casa existe 

tal fausto y tren, 
que alguien mira su hogar como un remedo 

del rico Edén. 
- ¿Cómo resolverá tan gran problema?, 

dijo Simón; 
y un chico que le oía contestóle: 

- Por sustracción. 



II 



Otro hay, don Juan, casado y aún mis p >bre 
que Blas Virú, 
y su esposa, que es linda, gasta guantes, 

perlas y tul. 
Visita su morada un caballero 

que es un Rotschild, 
y recibe caricias de él y de ella, 

y es muy feliz. 
Y al preguntar Simón al picaruelo 
de la otra vez: 
c Oué operación practica Juan?, le dijo: 
- Regla de tres. 

José Ignacio Gamio i -uano) 



DOS PRODIGIOS 

Inmóviles se ponen líente ;i frente 

del cóncavo cristal, 
v el fotógrafo espera unes instantes 

\ al fin dice: - ¡Ya está! 
r ;< lomo queda la imagen en el vidrio? 

¿Explicas, mi bien, tú 
<le Daguerre el fenómeno sublime? 

¡Prodigio de la luz! 



JOSÉ IGNACIO GAMIO 147 



Tus ojos se adurmieron en los míos 
en hora celestial, 
y del fondo del alma se alzó un eco 

que díjome: - ¡Ya está! 
¿Cómo quedó tu imagen dibujada 

aquí, en mi corazón, 
para que yo la adore eternamente? 
¡Prodigio del amor! 

José Ignacio Gamio (peruano) 



ASTRONOMÍA 

Los sabios ven el limpio firmamento 
y no pueden pasar nunca de allí, 
que es pobre de los hombres el invento, 
y siempre será así. 
Yo á través de tus ojos, vida mía, 
desde que es una el alma de los dos, 
penetro al mismo cielo en mi osadía 
y miro á Dios. 

José Ignacio Gamio (peruano) 



YERDAD DESNUDA 

Luisa tiene de un ángel la mirada, 
de un querubín sublime la sonrisa, 
su voz es la de un ave enamorada, 
y en su frente serena retratada 
va su alma angelical. ¡Qué linda es Luisa! 

Es tan sencilla y más que una paloma, 
amante, afable, tierna y candorosa: 
es..., pero no, Pascual, basta de broma: 
tu amada es la manzana de Sodoma, 
podre por dentro, por afuera hermosa. 

José Ignacio Gamio (peruano) 



REDUCCIÓN 



Un marido á su mujer 
decía sin cumplimientos: 
- ¿Sabes tú los sacramentos? 
¿Cuántos son? ¡Yamos á ver! 



- Siete. - ¡Bah!, repuso el tuno: 
sólo son seis, Emerencia: 
Matrimonio y Penitencia, 
¡ay de mí!, no hacen más que uno. 
Tose Ignacio Gamio (peruano) 



148 antología americana 



VOLVERE MAÑANA 
I 

- ¡Adiós!, ¡adiós! Lucero de mis noches, 
dijo un soldado al pie de una ventana, 
¡me voy!.. Pero no llores, alma mía, 
que volveré mañana. 
Ya se asoma la estrella de la aurora, 
ya se divisa en el oriente el alba, 
y en mi cuartel tambores y cornetas 
están tocando diana. 

II 

Horas después, cuando la negra noche 
cubrió de luto el campo de batalla, 
á la luz del vivac, pálida y triste, 
un joven expiraba. 
Alguna cosa de ella el centinela, 
al mirarlo morir, dijo en voz baja...; 
alzó luego el fusil, bajó los ojos 
y se enjugó dos lágrimas. 

III 

Hoy cuentan por doquier gentes medro>a-s 
que, cuando asoma en el oriente el alba 
y en el cuartel tambores y cornetas 
están tocando diana..., 
se ve vagar la misteriosa sombra 
que se detiene al pie de una ventana 
y murmura: - No llores, alma mía, 
que volveré mañana. 

Josk María Garavito A. (boliviano) 




Quisiera ser la gota de rocío 
que llora el alba ausente de la noche, 
para posarme con amor, bien mío, 
de la flor de tus labios en el broche. 

Quisiera ser luciente mariposa, 
alada flor de tu jardín ameno, 
en torno tuyo revolar ansiosa 
y quemarme en las llamas de tu seno. 

Quisiera ser la hierba aljofarada 
que el soplo blando de la brisa mueve, 
sentirme por tus pasos agitada, 
besar tu planta de apretada nieve. 

Quisiera ser el lienzo perfumado, 
confidente de cuitas y de enojos, 
para enjugar el llanto enamorado 
que empaña la pureza de tus ojos. 

Quisiera ser la cruz siempre pendiente 
sobre tu ebúrneo seno palpitante, 
para sentir lo que tu pecho siente 
y contar sus latidos anhelante. 

Ser quisiera abanico de diamante 
donde sepultes los matices rojos 
que tiñen el marfil de tu semblante 
cuando el amor asoma por tus ojos. 

Quisiera ser el ángel de la noche 
que trae blando, arrobador beleño, 
por descender de mi estrellado coche 
para guardar, mi bien, tu dulce sueño. 

R. J- GALVARRO (boliviano) 



i5° 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



A LIA 

Cuando las penas nublaban 
tu existencia, siempre hermosa, 
por tus mejillas rodaban 
lágrimas que titilaban 
cual rocío en fresca rosa. 

Cuando el ángel del placer 
te cobijó con sus alas 
y huyó de ti el padecer, 
virgen de célicas galas, 
tus sonrisas llegué á ver; 

y decirlo no podría, 
en medio á mi pasión loca, 
si mayor encanto había 
en las perlas de tu boca 
ó en las de tus ojos, Lía. 

R. J. Galvarro {boliviano) 



UN PERDÓN DE CABALLERO 



En esc del coloniaje 
tiempo señorial y altivo, 
de espíritu vengativo 
y azul )' negro linaje, 

pobre mujer, que casada 
era con un carretero, 
colérica á un caballero 
le dio viril bofetada. 

Callo la causa que, aparte 
de que no me inspira horror, 
en las cuestiones de honor 
la mujer es juez y parte. 

Sintióse de tal injuria 
por el baldón devorar 
el noble, )■ ya iba á saltar 
sobre ella cual una furia; 

mas pronto el bárbaro fuego 
de mi furor aplacando, 



)• la ira disimulando 
con aparente sosiego: 

- Mi linaje, dijo, debe 
consecuente proceder, 
que, al fin, es una mujer 
honrada, aunque de la plebe. 

Lijó tras tal reflexión 
en ella graves los ojos, 
y díjola sin enojos: 
- Mujer, perdono tu arción; 

tu arrepentimiento quiero 
más que tu duro castigo 
por tu osadía conmigo, 
que te amo y soy caballero. 

Por serlo, bueno y cristiano, 
ni tu insolencia te enrostro, 
pues lias buscado en mi rostro 
nobleza para tu mano. 

Manuel Adoi fo < ^arc! \ (p 



MARTIN GARCÍA MEROU 



EL GRAN LIBRO 

Para elevar á Dios el pensamiento 
y admirar su poder en los espacios, 
no es necesario un mar siempre violento, 
ni un sol que vierta lumbre de topacios. 

Basta un valle alejado de rumores 
al que se llegue por oculta vía, 
que embalsame el ambiente con sus flores 
v que temple el ardor del mediodía. 

Basta fijar la vista en el lucero 
pálido y triste que en las noches arde, 
y escuchar el quejido lastimero 
del ave errante al expirar la tarde. 

Basta el rocío que en las hojas brilla 
y que el rayo de sol pronto evapora; 
basta del río en la desierta orilla 
mirar el sauce que se inclina y llora. 

Basta la sombra con la luz mezclada, 
basta el insecto que en el aire zumba, 
basta la flor que nace abandonada 
y se marchita al borde de una tumba. 

Basta la hierba en el verjel nacida, 
basta un arroyo que fecunde el suelo. 
una espiga de trigo bendecida, 
un pedazo de selva, otro de cielo. 

La Natura es el libro en que se admira 
la grandeza de Dios, do se halla escrito 
ese poema que al mortal inspira 
el himno arrobador al infinito. 

Su página más íntima y obscura 
un rayo celestial de Dios refleja... 
Todo en el mundo tiene su hermosura, 
menos aquel que de su amor se aleja. 

Así, el manto flotante de los cielos 
que Dios tendiera con su excelsa mano, 
se refleja, sin límites ni velos, 
en una sota como en un océano. 



Martín García Mérou (argentino) 



!5 2 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



A SOLAS 



¿Por qué el dolor nos oprime 
y la duda nos espanta? 
¿Por qué, cuando el ave canta, 
la fuente solloza y gime? 

¿Quién dio al viento sus rumores 
en la tormenta ó la calma, 
y puso la fe en el alma 
como el perfume en las flores? 

¡Oh Dios! Mi pecho se expande 
cuando se abisma en tu seno, 



concibiéndote más bueno 
al concebirte más grande. 

Te ve doquiera. Te siente 
con entusiasmo profundo 
en el astro moribundo 
como en la estrella naciente. 

De la cuna al ataúd 
pide, al cruzar la existencia, 
como un báculo la ciencia, 
como un fanal la virtud. 

Martín García Mérou (argentino) 



EL LEÓN 



Estaba mudo y bravio 
en la jaula aprisionado, 
como evocando el pasado 
de su destino sombrío. 

¡Ay! El monarca del monte 
inclinaba la cabeza, 
lleno de rabia y tristeza, 
al mirar el horizonte. 

Dominando sus pasiones, 
cautivo de extraña zona, 
era aquel rey sin corona 
juguete de los histriones. 



La turba se reunía 
con temores comprimidos, 
y al escuchar sus rugidos 
con horror se estremecía. 

¡Ay si su frente altanera 
de la abyección se levanta! 
¡Ay si sus hierros quebranta 
la melancólica fiera! 

¡Ay si le llega el murmullo 
de su solitario asilo! 
¡Dejad al león tranquilo!.. 
; Mujer, no hieras mi orgullo! 
Martín García Mérou (argentino) 



¡EVOHEL 



¡Evohé!.. Vamos, amantes, 
á los llanos 
donde, ávidos y jadeantes, 
corren desnudas bacantes 

uiendo á los silvanos... 
El sátiro nos espera 
en la sombra... 
Brilla un sol de primavera 
sobre la fresca pradera... 
\\ amos á la verde alfombra!.. 
¡Evohé!.. Despierta, hermosa, 
la mañana: 
U cáliz la rosa. 



y en el baño, pudorosa, 
Acteón sorprende á 1 liana- 
Sobre el cristal de la fuente 
la arboleda 
fleja mansamente... 
Pasa una sombra sonriente: 
¡la blanca sombra de I .edaL 
Todo rebosa armonía, 
luz y encanto: 
todo inspira la ale-ría, 
y el ave en la selva umbría 
eleva al cielo su canti >... 

Martín García M¿rou (argentina) 




A FABIO 



Yo vi del polvo levantarse audaces 
á dominar y perecer tiranos; 
atrepellarse efímeras las leyes, 
y llamarse virtudes los delitos. 



Huye lejos de aquí, virtuoso Fabio, 
huye si quieres preservar del vicio 
tu juventud florida, que los años 
presto te robarán. Mira doquiera 
cómo levanta la manchada frente, 
llena de oprobio y de arrogancia, el crimen; 
cómo se arrastra la ambición astuta 
en fango inmundo, y de repente sube 
cual fétido vapor que infesta el cielo. 
Allá se esconde prostituta infame 
bajo adornos marciales, y su mano 
tímida empuña el relumbrante acero 
jamás enrojecido en las batallas. 
Impresos lleva en su amarillo rostro 
los asquerosos surcos, las señales 
que un lecho torpe atesoró. Ninguno 
de cuantos vicios inventara el hombre 
en largos siglos de maldad ignora: 
traición, perjurio, latrocinio, estafa, 
libertinaje impúdico, furores 
de bárbara opresión... Su vida impura 
encerrada en artículos se encuentra 
en el severo código que inspira 
saludable terror á los perversos. 
Y éste de corrupción conjunto horrible, 
monstruo que hasta el patíbulo infamara, 
éste triunfa, domina, tiraniza 



154 ANTOLOGÍA AMERICANA 



¡y respira tranquilo! Al pueblo imbécil 

con fementido labio artero invoca 

y le ultraja feroz, y el pueblo sufre, 

llora abatido y resignado calla. 

¡Oh vergüenza! ¡Oh baldón! Proscrita en tanl 

la probidad se oculta, perseguida 

por el delito atroz de su inocencia; 

sin cesar acosada, expuesta siempre 

en inseguro asilo, á la perfidia 

del delator vendido que la acecha... 

Así tu patria está. No tardes, huye. 

¿Qué esperas? ¿Quieres de tu vida infausta 

la suerte mejorar con tu paciencia? 

Te engañas, infeliz. A la fortuna 

la áspera senda del honor no guía. 

Quien á las altas cumbres la audaz planta 

mueve, y subir procura, no consigue 

sino elevarse á la región del rayo; 

mas si los Andes deja, prefiriendo 

valles ardientes de fecundo suelo, 

se ofrecen luego á su encantada vista 

flores y frutos en frondosas selvas: 

así el hombre que intrépido se avanza 

de ¡a virtud á la fragosa altura 

camina á la desgracia; mientras goza, 

en el campo feraz de la ignominia, 

de iniquidad el premio el delincuente. 

Mira en torno de ti, y aprende cauto, 

si á la opulencia aspiras, el serreta 

que conduce al pode/. Miente, calumnia, 

oprime, roba, profanando siempre 

de Patria y Libertad el nombre vano: 

bajeza indigna, adulación traidora, 

previsor disimulo, alevosía 

y sórdido interés, por lev suprema, 

presto te elevarán; y tu infortunio 

sombra será como el terror de un sueño. 

¿No ves á Espino, el cínico, que entona 

el hossanna triunfal para el que vence, 

y cuando pasa al Gólgota lo insulta 

gritos Lanzando de exterminio y muerte? 

l'ues sirena mi vida se desliza 

de revuelta en revuelta, como corre 

el rugiente Sangay en el declivio 

entre ceniza y di gai radas penas, 

infectas fuentes «le insalubres aguasj 

y Corredor y Viperino y tantos 

cobardes y rebeldes que a tumultos 

y no á combates sus galones <K lien. 



GABRIEL GARCÍA MORENO 155 



y el renegado y falso Turpio Vi lio 
que en todos los partidos sienta plaza, 
y de todos, vendiéndose, deserta, 
del polvo se encumbraron impelidos 
al raudo soplo de inmortal infamia. 
En esta tierra maldecida, en esta 
negra mansión de la perfidia, ¿sirven 
para algo la lealtad, la valentía, 
la constante honradez, los nobles hechos 
del que á la gloria inmola su existencia? 
De vil ingratitud la hiél amarga, 
de la envidia el veneno, y muchas veces 
fatídico puñal..., tal es el premio 
que el Ecuador á la virtud presenta. 
Malvado ó infeliz, no hay medio. Escoge, 
decide pronto y antes que te oprima 
como dogal de muerte la desgracia... 
Mas no, desprecia impávido, animoso, 
los cálculos del miedo: á la cuchilla 
inclina la cerviz y no á la afrenta; 
y aunque furiosa la borrasca brame 
y ronco el trueno sobre ti retumbe, 
inmóvil tente, que al cadalso impío 
arrastrarte podrán, no envilecerte. 
Conozco, sí, la suerte que me aguarda: 
présago triste el pecho me lo anuncia 
en sangrientas imágenes que en torno 
siento girar en agitado ensueñe 
Conozco, sí, mi porvenir y cuantas 
duras espinas herirán mi frente: 
y el cáliz del dolor hasta agotarle 
al labio llevaré sin abatirme: 
plomo alevoso romperá silbando 
mi corazón tal vez; mas si mi Patria 
respira libre de opresión, entona s 
descansaré feliz en el sepulcro. 

Gabriel García Moreno (eme 










c 



156 ANTOLOGÍA AMERICANA 



AL AMOR 

Pura gota de rocío, de los cielos desprendida 
sobre el alma que la absorbe cual las hojas del azahar, 
blanca estrella que iluminas las tinieblas de la vida 
como el faro que entre sombras se refleja sobre el mar; 

amor, tierno sentimiento que en el fondo de nuestra alma 
hallas plácido un asilo donde oculto florecer, 
como el ave que inocente sólo anhela dulce calma 
y en el fondo de los bosques va su nido á entretejer. 

¿Vives sólo en nuestros pechos como chispa arrebatada 
de ese fuego inextinguible, de los mundos creador? 
¿Brillas sólo en la pupila de la virgen adorada? 
¿Sólo impregnas los suspiros del amante soñador? 

¡No! Doquiera vives grande, luminoso, omnipotente; 
como el sol, doquiera esparces tu divina claridad: 
tú desciendes en los rayos de la estrella refulgente, 
tú fecundas con tu aliento la sublime inmensidad. 

Océano que en sus ondas sin cesar electrizadas 
baña cielos, baña mundos de magnífico esplendor, 
y que arrastra en sus corrientes, temblorosas y agitadas, 
los efluvios de las almas, los perfumes de la flor. 

Tú eres vida, tú eres centro de los seres y los mundos: 
tú murmuras en los vientos, en las olas de la mar: 
brotan flores en los prados con tus hálitos fecundos, 
en los cielos brotan astros de tus alas al soplar; 

tú palpitas misterioso de la tierra en las entrañas, 
tú respiras en el cráter del volcán aterrador, 
tú das formas á los valles, tú levantas las montañas, 
[ue reflejan en su frente de los cielos el fulgor. 

Tú dormir haces al lago que retrata en sus cristales 
la ancha esfera que tú tiiies de arrebol y de zafir; 
til gemir haces las olas, que entre suaves arenales 
cuestan rumorosas en sus lechos al morir. 

Tú las águilas levantas, de la cumbre majestuosa, 
a los senos de las nubes encendidas por el sol; 
en los aires tú diriges á la vaga mariposa 
• ¡ue volando entre perfumes busca el cali : «l- la flor. 

Tú eres vida, tú eres alma <le los seres y los mundos, 
tú murmuras en bis vientos y en las olas de la mar, 
brotan flores en los prado, con tus hálitos fecundos, 
en los cielos brotan astros de tus alas al soplar. 

!' va o Garriga ( hileiio) 




EL ESPEJO 



En ese espejo que veis 
se contempla mi adorada: 
se refleja su sonrisa, 
se refleja su faz pálida, 
y su talle más gentil 
que la palmera elevada. 
Y cuando ostenta su rostro 
ornado de rosas blancas, 
que en el renegrido bucle 
fuertemente se destacan, 
parece que aquel espejo 
no luce su luna clara... 
Parece aquel un espejo 
que por la envidia se empaña... 

Baldomero García Sagastuno (a: 



entino) 



PARA TI 



Las aguas del mar son verdes, 
verdes como la esperanza, 
y el mar se traga las naves, 
y siguen verdes sus aguas. 

De tus ojos el abismo 
es tumba de muchas almas..., 
y también tus ojos tienen 
el color de la esperanza. 

Alberto Ghilardo (argentino) 



158 ANTOLOGÍA americana 



¡FELICES! 

Felices, sí, vosotros, los imbéciles, 
los que en nada pensáis, ni sentís nada, 
huecos de corazón y de cerebro, 
espíritus sin luz, almas sin alma. 

Felices, sí; felices los que sólo 
alimentáis famélicos la panza, 
y flotáis en los mares de la vida 
como flota lo fofo sobre el agua. 

¡Quién pudiera matar el pensamiento, 
aniquilar el corazón y el alma, 
y vivir en las sombras sumergido 
sin conciencia, sin luz, sin sol, sin ansias! 

Alberto Ghi lardo (argentino) 

A WASHINGTON 

No en lo pasado á tu virtud modelo, 
ni copia al porvenir dará la historia, 
ni otra igual en grandeza á tu memoria 
difundirán los siglos en su vuelo. 

Miró la Europa ensangrentar su suelo 
al genio de la guerra y la victoria..., 
pero le cupo á América la gloria 
de que al genio del bien le diera el cielo. 

Que audaz conquistador goce en su ciencia 
mientras al mundo en páramo convierte, 
y se envanezca cuando á siervos mande. 

Mas los pueblos sabrán en su conciencia 
que el que los rige libres sólo es fuerte, 
que el que los hace grandes sólo es grande. 

Gertrudis Gómez de Avellaneda (cubana) 

EL PEREGRINO APASIONADO 
( Traducción de Shakespeare) 

¡Quítame todo, ingrata, fementida! 
La fe jurada por tus labios rojos, 
tus rancias, la luz de aquellos ojos 

que envidiara la aurora humedecida, 
nada me deje tu rigor tirano 

de cuanto ayer me diste en tus excesos. 
¡Devuélveme no más mis dulces lusos 
con que sellé un amor sellado en vano! 

I \i ; ( Ion 01 ano) 



JOAQUÍN V. GONZÁLEZ 



!59 



SIN MIEDO 



¿Te asusta mi existencia, 
el mar en que navego, 
la tempestad continua 
que asalta mi bajel, 
y por mi vida elevas 
desconsolado ruego, 
perdida la esperanza 
de que me salve en él? 

No temas, tierna amiga: 
dentro del pecho siento 
el corazón más fuerte, 
mas alto que ese mar; 
aunque la barca es frágil, 
la vela ciño al viento, 
y en el timón batido 
firme la mano va. 



Si el huracán arrecia 
y aligerar el leño 
me es fuerza á cada instante 
para poder bogar, 
iré arrojando al piélago 
ya una ambición, ya un sueño, 
una afección querida, 
una esperanza más. 

Y he de llegar al puerto, 
he de pisar la orilla, 
al templo de la patria 
he de llevar honor. 
¿Qué importa que en la playa 
deje la rota quilla, 
si pongo en sus altares 
la vela y el timón? 

Juan Carlos Gómez (uruguayo) 



RIMA 



El águila remóntase al espacio, 
el cóndor en las nubes tiene el nido, 
y en las altas regiones de la idea 
agítase el espíritu. 

La nube sigue al viento en el espacio, 
la luz sigue las hondas del abismo, 
y siguiendo la estela de tus alas 

va en pos de ti mi espíritu. 

Como se alumbran entre sí los soles 
convirtiendo en hoguera el infinito; 
cual cóndores andinos en las cumbres 
se guían por las rutas del vacío, 
por los cielos de luz del pensamiento 
se guiarán tu espíritu y mi espíritu. 

Joaquín Y. González (argentino) 



1 6o ANTOLOGÍA AMERICANA 



A PASTEUR 
I 

Fué ruda tu batalla, fué gigante; 
pero tu alma fué audaz, fué ciclópea. 
Te empujaron en triunfo hacia adelante 
los grandes huracanes de la idea. 

En vano la fatídica ignorancia 
despertó de su estúpido marasmo, 
y esgrimió con insólita arrogancia 
la burla imbécil y el brutal sarcasmo. 

No pudo con sus golpes derribarte; 
en cambio tú la derribaste entonces. 
Era la fe tu escudo y tu baluarte: 
tú tenías el temple de los bronces. 

Tu victoria titánica de sabio, 
á fuerza de ser grande, fué quimérica; 
escucharon el verbo de tu labio 
muda la Europa, atónita la América. 



II 



Tú cruzaste el magnífico proscenio 
del formidable siglo diez y nueve, 
vibrando los relámpagos del genio 
que en gigantescas órbitas se mueve. 

Con fe que abisma, con valor que pasma, 
seguiste al Cosmos en su vasta elipsis: 
ibas en pos del colosal fantasma 
de una nueva y grandiosa apocalipsis. 

Oíste palpitar la vida informe 
en otro centro múltiple y diverso, 
como una obscura nebulosa enorme, 
allá en la inmensidad de otro universo. 

Tenías la pujanza legendaria 
de las soberbias águilas inquietas, 
tenías la visión crepuscularia 
de la pupila audaz de los profetas. 

Tu palabra lumínica y sonora 
dilató por los ámbitos su imperio; 
\ estalló como un trueno y una aurora 
sobre la vasta noche del misterio. 

I telante de tu espíritu profundo 

se alzó del hondo arcano el Microcosmos, 
i onio un inundo del fondo do otro mundo, 
como un COSmOS del fondo de Otro cosmos. 



PEDRO A. GONZÁLEZ ]6l 



III 



De nación en nación, de labio en labio, 
en una tempestad de aplausos grandes, 
trajo la fama tu blasón de sabio 
del raudo Sena á los inmensos Andes. 

Pero trajo también de coro en coro, 
en el soberbio poderoso trueno 
de su clarín titánico y sonoro, 
como un emblema, tu blasón de bueno. 

El anciano y el niño ante tu paso 
demandaron con fe siempre creciente, 
doblando la rodilla, alzando el brazo, 
la bendición de Dios sobre tu frente. 

Fuiste genio y apóstol. Fué tu norma 
disputar palmo á palmo el hombre enfermo 
á la tétrica muerte que transforma 
la tierra en tumba y el hogar en yermo. 

Cruzaste bajo el sol que brilla en calma, 
como un nuevo Mesías, el abismo, 
en profundo monólogo con tu alma, 
en diálogo sublime con Dios mismo. 

No hay grandeza mayor que la que encierra 
la misión que da paz, que da consuelo: 
enjugar una lágrima en la tierra 
es mostrar una aurora allá en el cielo. 

Cesó ya tu misión fecunda y noble. 
Te disparó la muerte su guadaña. 
Caíste ya. Caíste como el roble 
que al rodar bambolea la montaña. 

Cesó ya tu misión fecunda y bella. 
Volaste lejos de la vil escoria. 
Volaste á constelar como una estrella 
el inmenso horizonte de la Historia. 

¡Salve á ti, que alumbraste el gran proscenio 
del siglo diez y nueve en cada rastro! 
¡Salve á ti, que aquí abajo fuiste un genio! 
¡Salve á ti, que allá arriba eres un astro! 

Tú serás inmortal mientras que ruja 
y encienda los crepúsculos profundos 
el viento apocalíptico que empuja 
sobre sus vastas órbitas los mundos. 

Pedro A. González (chileno) 



A.V1 OLOGÍA AMERICANA 



1 62 ANTOLOGÍA AMERICANA 



¡YO!. 



¡Soy revolucionario! ¡Me complace 
el ruido atronador de la pelea, 
y que al vil enemigo se rechace 
desde la barricada de la idea! 

¡Todo debe avanzar! ¡En este exceso 
de grandeza del siglo diez y nueve, 
la máquina gigante del Progreso 
canta el Excélsior, si los brazos mueve! 

El águila caudal á ras del suelo 
no muestra nunca sus brillantes galas... 
¡En pos de luz al remontarse al cielo, 
le quema el sol las plumas de las alas! 

¡Quede al menguado de ánimo mezquino 
la caída sin lucha y sin grandeza! 
¡Yo sé que hay en mi ser algo divino 
y erguida llevo siempre la cabeza! 

¿Que me insultan las turbas? ¡Las desprecio! 
¿Que me ataca el pigmeo? ¡Le perdono! 
¡Nunca podrá ascender el triste necio 
de la Virtud y de la Gloria al trono! 

¡Dadme que pueda manejar mi pluma 
de la vida social en el combate, 
y veré altivo reventar la espuma 
del mar que ruge y á mis pies se abate! 

¡No iodos somos de la misma estoja! , 
dije una vez con ánimo sereno, 
y sé muy bien que al estallar mi estrofa 
hay quien se oculta, de vergüenza lleno. 

¡Vengan á mí los viles adversarios 
y hallarán un aliento de gigai 
¡Y m herirme pretenden temerarios, 
seré para ellos J uvenal y Dante! 

¡Quede ;il menguado de ánimo mezquino 

la caída sin lucha y sin -rain le/a! 
; Y<> ^é que hay en mi ser algo dh ino 
lida llevo siempre la cabeza! 

Nicoi & 



NICOLÁS AUGUSTO GONZÁLEZ 



l6 3 



EL CORAZÓN 



Casi te puedo jurar, 
queridísimo Zenón, 
que no tengo el corazón 
colocado en su lugar. 
Escucha la explicación. 

Una muchacha indiscreta 
tal herida le infirió, 
que el pobre se me murió, 
sin que ninguna receta 
pudiera aplicarle yo. 

Como era muy natural 
y el muerto apesta, Zenón, 
hubo el tremendo final: 
lleváronle al panteón 
dentro de un burdo costal. 

Pobre de solemnidad 
era el pedazo de atún, 
por lo cual ¡la caridad 



de la noble humanidad 
lo echó á la fosa común! 

Y hoy que un nicho le comprara, 
oye bien, caro Zenón, 
en el revuelto montón 
fuera raro que encontrara 
ese pobre corazón. 

Convertido en polvo allí 
por toda una eternidad, 
quiere la fatalidad 
que no lo hallen ¡ay de mí! 
ni el Amor ni la Amistad. 

Si tú por el panteón 
pasas, con pena secreta, 
reza una triste oración 
por el muerto corazón 
del desgraciado poeta. 

Nicolás Augusto González (ecuatoriano) 



EL LUXAR 



Ni el candor de tu rostro, que revela 
que tu sensible corazón dormita, 
ni tu mórbido seno que palpita, 
ni tu inocente gracia que consuela; 

ni tus brillantes ojos de gacela, 
ni tu boca de grana, urna bendita 
donde un beso parece que se agita 
cual mariposa que volar anhela, 

inspiran más al alma enamorada, 
por tus encantos celestiales loca 
y á tu yugo hace tiempo encadenada, 



que ese lunar que á adoración provoca..., 
¡pequeña, fugitiva pincelada 
que el Amor quiso dar junto á tu boca! 

Nicolás Augusto González (ecuatoriano) 



!Ó4 ANTOLOGÍA AMERICANA 



FRANQUEZA 

- ¡Oh!, ¿qué te dice el corazón, soldado, 
al ver el estandarte enarbolado, 

gloria del regimiento, 

batiendo contra el asta desplegado? 

- Pues si queréis que os diga, mi sargento, 
la verdad pura y llana, 

cuando veo flotar aquella lana, 

me dice el corazón: ¡hace buen viento! 

Nicolás Augusto González (ecuatoriano) 



MADRIGAL 

En alas de la brisa mensajera 
un beso te mandé: ¿lo recibiste? 
Expresión del amor de un pecho triste 
¿á tu boca llegó, niña hechicera? 
¡Ay, pobre beso mío! 
Ave fugaz, purísima, anhelante, 
quizá perdióse errante 
entre las ondas de huracán bravio. 
Pero si á ti llegó, si dulcemente 
tocó tu blanca frente, 
no lo recibas, niña, con agravios: 
¡deja que mire, en su infinito anhelo, 
la claridad del cielo 
desde el caliente nido de tus labios! 

Nicolás Augusto González (ecuatoriano) 



DOS BESOS 

Besad á una mujer: en ese beso 
daréis el alma de entusiasmo Lo< a, 
en tanto que ella, con mentido exceso, 
sólo presta al placer la impura boca. 

Pi ro sentid de vuestra madre pura 
el santo beso del amor en calma, 
v en cambio, acaso, de una frente impura, 
, Ha, al besaros, os dará su alma. 

Nicoi ro González (ecuatoriano) 



JOAQUÍN GONZÁLEZ CAMARGO 1 65 



VIAJE DE LA LUZ 

Empieza el sueño á acariciar mis sienes: 
vapor de adormideras en mi estancia; 
los informes recuerdos en la sombra 
cruzan como fantasmas. 
Por la angosta rendija de la puerta 
rayo furtivo de la luna avanza; 
ilumina los átomos del aire; 

se detiene en mis armas. 
Se cerraron mis ojos, y la mente, 
entre los sueños, á lo ignoto se alza; 
meciéndose en los rayos de la luna, 
da formas á la nada. 

Y ve surgir las ondulantes costas, 
las eminencias de celeste Atlántida, 
donde viven los genios y se anida 

del porvenir el águila. 
Allá rima la luz y el canto alumbra, 
aire de eternidad alienta el alma, 
y los poetas del futuro templan 
las cristalinas arpas. 
Auroras boreales de los siglos 
allá se encuentran, recogida el ala; 
como una antelia vese el pensamiento 
que gigantesco se alza. 
Allá los Prometeos sin cadenas 
y de Jacob la luminosa escala, 
allá la fruta del Edén perdida, 

la que el saber entraña. 

Y el libro apocalíptico, sin sellos, 
suelta á la luz sus misteriosas páginas, 
y el Tabor del espíritu su cima 

de entre la niebla saca. 

Y allí el Horeb de donde brota puro 
el casto amor que con lo eterno acaba; 
allá está el ideal, allá boguemos: 

dad impulso á la barca. 
Despertéme azorado... ¿Y ese mundo? 
¿Para volar á él en dónde hay alas? 
Interrogué á las sombras del pasado 
y las sombras callaban. 
Pero el rayo de luna ya subía 
del viejo estante á las polvosas tablas, 
y lamiendo los lomos de los libros, 
en sus títulos de oro se miraba. 

Joaquín González Cvmargo (rolo;. 



t 66 ANTOLOGÍA AMERICANA 



A ELLA 



Tuyo es el blondo, undívago cabello, 
tuya la frente de marfil nevado, 
tuyo el andar modesto y recatado, 
la mórbida mejilla y rostro bello. 

Tuyos los ojos que el vivaz destello 
vencen del sol en el cénit colgado, 
tuya la boca de coral preciado, 
el talle grácil y el venusto cuello. 

Tuyo el aliento de jazmín y acacia, 
el gracioso decir, la risa honesta, 
la gallardía y la inefable gracia. 

Mía es la angustia, míos los dolores, 
mío el gemir en soledad funesta 
y sufrir tus desdenes y rigores. 

Manuel González Prada (peruano) 



AL AMOR 



Si eres, Amor, un bien del alto cielo, 
¿por qué las dudas, el gemido, el llanto, 
la desconfianza, el torcedor quebranto, 
las turbias noches de febril desvelo? 

Si eres un mal en el mezquino suelo, 
¿por qué las risas, el arrobo santo, 
las lioras de placer, el dulce canto, 
las visiones de paz y de consuelo? 

Si .tus nieve, ¿por qué tus vivas llama..? 
Si eres llama, c i>or qué tu hielo inerte 
Si .res sombra, ¿por qué la luz derramas? 

¿Por qué la sombra, si eres luz querida? 

Si eres vida, ¿por qué me das la muerte? 
Si eres muerte, ¿por qué me das la vida? 

Mam \.\. González Prada (panano) 



FRANCISCO GONZÁLEZ FERNANDEZ 



167 



A LA NATURALEZA 

Siempre adoré tu próvida grandeza, 
tu gala, tu primor y bizarría; 
fuiste siempre mi hechizo y mi alegría, 
rozagante, feraz Naturaleza. 

Luces sin mancha en juvenil belleza, 
que no conoces senectud impía: 
eternas son tu pompa y lozanía, 
eternos tu donaire y gentileza. 

Pasan veloces sin cesar los años, 
pasan los siglos; tú insensible yaces 
del tiempo rudo á los feroces daños. 

Ni sepulcro tendrás, ni cuna vistes: 
fénix divino, sin morir renaces; 
madre piadosa, sin nacer existes. 

Manuel González Prada (peruano) 



FILOSOFÍA 



(De Sckelley) 



La fuente se une al arroyo, 
el arroyo se une al mar, 
y las brisas y las auras 
unidas vienen y van. 
Si por ley del Universo 
no hay un ser en soledad; 
si todo se une con algo, 
¿por qué unida á mí no estás? 



Los montes besan al cielo, 
besos las olas se dan, 
la flor desdeña las flores 
que no besan á su igual; 
rayos de sol y de luna 
besan la tierra y el mar: 
y ¿qué vale tanto beso 
si no me besas jamás? 

Manuel González Prada (peruano) 



TU Y YO 



La mariposa que juguetea 
en los rosales, el limpio azul 
donde la luna la faz asoma: 
eso eres tú. 
La noche obscura que no iluminan 
ni las estrellas con su fulgor, 
la alondra sola que triste canta: 
eso soy yo. 



I 68 ANTOLOGÍA AMERICANA 



La aurora bella que su luz pura 
graciosa tiende en el ancho tul, 
la ave que entona dulces cantares: 
eso eres tú. 
El infelice que ya no tiene 
dentro del alma ni una flor, 
y el mundo mira cual cementerio: 
eso soy yo. 
La virgen pura que los amores 
de dicha inundan su juventud 
y el mundo mira cual paraíso: 
esa eres tú. 
El caminante que pierde el rumbo 
y cruza sendas que dan horror, 
sintiendo abrojos por todas partes: 
ese soy yo. 
La casta rosa que abre el capullo 
cuando del alba surge la luz, 
y manda al cielo su grata esencia: 
esa eres tú. 
El arroyuelo que no murmura 
porque la nieve lo congeló, 
y está su margen sin tulipanes: 
ese soy yo. 
Canción preciosa que se acompaña 
del sentimiento con el laúd 
y al alma deja dulce recuerdo: 
eso eres tú. 
Ruinas en donde se escucha sólo 
de ave nocturna triste clamor 
entre el silencio de noche obscura: 
eso soy yo. 
Blanda caricia de la esperanza 
cuando aparece de juventud 
la primavera con sus encantos: 
eso eres tú. 
¿Por qué la suerte tan ancho abismo 
entre nosotros injusta abrió? 
¡Jamás espero llamarte mía: 
¡los polos, niña, somos tú y yo! 

Francisco González Fernández (mexi 



VICENTE GREZ 



169 



EL TRABAJO 



La aurora de la vida 
empieza para el arte, 
la unión le hará potente 
del mundo en la extensión; 
sin el trabajo, hermanos, 
que tanta luz reparte, 
no habría á la familia 
la santa protección. 

Agítase el martillo 
que es cetro prepotente, 
con ése va la idea 
que encarna la virtud; 
obreros, al trabajo, 
vuestro taller es templo 
do la honradez se anida 
en plácida quietud. 



Obreros, al trabajo 
con fe y perseverancia; 
volved á vuestras casas 
cubiertos de sudor. 
¿Qué importa la fatiga 
si el alma está contenta, 
si el pan es amasado 
con verdadero amor? 

¡Obreros, al trabajo! 
¿Qué importa la fatiga, 
si vuestros hijos duermen 
al ruido del taller? 
No desmayéis, hermanos, 
que la labor obliga. 
¡Obreros, al trabajo! 
/ Ya empieza á amanecer! 

Eduardo G. Gordón (uruguayo) 



PRODIGIOS DE LA FE 



Millares de templos cuajados de agujas, 
cual obra de viejas y mágicas brujas; 
altares bruñidos de mármoles y oro, 
que guardan divino y eterno tesoro; 
sublimes plegarias subiendo á los cielos, 
grandiosas ideas, afanes, desvelos; 
pinturas y estatuas do el arte relumbra, 
poemas sublimes, hoguera que alumbra, 
gloriosos martirios, heroicas victorias 
que han dado á los pueblos laureles y glorias; 
los mundos uhidos por mágico lazo; 
las aguas unidas en íntimo abrazo; 
los astros medidos, los mares domados; 
los rayos bajando del cielo apagados; 
los reyes caídos, los pueblos de pie...: 
todo esto en el mundo lo ha hecho la fe. 



Vicente Grez (chúeiioj 



170 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



CALUMNIADA 

Tienes la morbidez de la azucena 
deshojada en el vaso de la orgía, 
y en tu faz se difunde la serena 
elación del espíritu que pena 
y á nadie sus tormentos le confía. 

Padeces en silencio cual las flores 
que exhalan ante el ábrego perfumes, 
y teniendo en el alma resplandores, 
tú, la víctima inerme, no presumes 
cómo en tu mal se gozan tus censores. 

Te hieren á mansalva porque brillas, 
matan tu corazón porque has amado, 
y los que ayer miraste de rodillas 
hoy pretenden hallar en tus mejillas 
el rubor y las sombras del pecado. 

Sola te ves ante el dolor; artero 
te insulta el vulgo, y si tu labio clama, 
no acude á tu presencia el caballero 
que, en épocas gloriosas, por su dama 
asía el puño al toledano acero. 

Para vencer te basta la hermosura 
y el fulgor ideal de tu tristeza; 
si eres diosa, no importa que la obscura 
muchedumbre te insulte... Tu pureza 
no ha de perder por ello la blancura. 

Maximiliano Grillo (colombiano) 



MÁS ALLÁ 



("orre el río, corre el río 
y lento ó rápido va; 
y por el bosque sombrío 
y por la verde pradera 
va diciendo en SU carrera: 
Más allá. 

('.¡mina el hombre, camina, 
y triste (i alegn va ; 
\ con ilusión divina 



ó penoso devaneo 
va diciendo su deseo: 

- Más allá. 
Mas al tin descansa el río 

que á perderse en el mar va: 
el hombre, no: que al vacío 
de la tumba descendiendo, 
prosigue el alma diciendo: 

- Más allá. 
Heraclio Martín de la Guardia (s 



¥2® 

- ■'•: 




En esas pobres flores que te envío 
verás del corazón los sentimientos; 
abatida por tristes sufrimientos, 
nunca de tu recuerdo hay un vacío. 

Sabrás que encierra amor el pecho mío, 
que son tuyos no más mis pensamientos 
y, á pesar de mis bárbaros tormentos, 
siempre eres dueño tú de mi albedrío. 

Así como las flores ya marchitas 
aún guardan en su cáliz el perfume, 
así también en medio de mis cuitas 

no se apaga el amor que me consume. 
;Ay!, en mis horas de dolor precitas 
nada miro en redor que no me abrume. 



Dolores Guerrero (mexicana) 



EX TU DÍA 



Hoy al lucir de tu natal el día, 
del templo entre la sombra solitaria 
y al pie de los altares de María, 
alcé por tu ventura una plegaria. 

¿Qué le pedí? No sé. Triste, sin calma, 
tanto quise pedirle para un hombre, 
que, tímida y llorando, sólo el alma 
pudo decirle con pasión... tu nombre. 

Dolores Guerrero (mexicana) 



172 ANTOLOGÍA AMERICANA 



MÁNDAME TU RETRATO 
I 

Bien pronto, ¡oh Lusi!, la distancia impía 
y mi terrible suerte en sus antojos 
la luz me robe de tus dulces ojos 
donde la vida y el amor bebía. 

Mi planta vacilante, ya sin guía, 
desgarrada, cruzando irá entre abrojos. 
¿Quién más consolará ya mis enojos? 
¿Quién calmará mi bárbara agonía? 

¡Oh dulce bien, á quien adora el alma 
y á quien más adoré por más ingrato! 
Tú que alcanzaste de mi amor la palma, 

pues me priva la ausencia de tu trato, 
en pago ¡ay Dios! de mi perdida calma 
dale á una triste loca tu retrato. 

A TU RETRATO 

II 



Aquí, por siempre aquí, sobre mi seno 
para burlar á mi funesta estrella, 
¡oh imagen dulce, dolorosa y bella, 
que de suspiros y de besos lleno! 

Acompaña mi cuerpo hasta el terreno 
donde marque mi pie su última huella... 
Do recline mi sien, duerme con ella, 
¡oh corazón, de tu penar ya ajeno! 

Imagen de mi bien, hasta el retiro 
donde me arrastre mi funesta suerte, 
llorando te veré cual hoy le miro; 

y cuando Urge la anhelada muerte, 
á él enviaré mi postrimer suspiro, 
v aun ;í ti te veré... si puedo verte. 

Dolorj Guerrero 1 



CARLOS GUIDO Y SPANO J 73 



A MI HIJA 

Tengo en el valle de la vida un lirio: 
mi dulce hija. Placidez, candor, 
luz en la noche acerba del martirio, 
perla del mar en que se hundió mi amor. 

Su nombre es armonía. Todo en ella 
gentileza, ternura, suavidad: 
destello azul de mi eclipsada estrella 
que reflejó otro mundo y otra edad. 

Color de bronce antiguo es su cabello; 
de las espigas en sazón, la tez; 
el talle de Polimnia, erguido el cuello, 
dátil nuevo de Smirna en su esbeltez. 

Su labio carmesí destila el zumo 
de la fresca granada, y es su andar 
gracioso y ligero como el humo 
de los perfumes suaves del altar. 

Dicen sus grandes ojos inocencia; 
su frente, inspiración; y es tanto así 
que de ella emana la divina esencia 
del estro bullidor surgente en mí. 

Dina y Raquel Uamáranla su hermana; 
la clara fuente, ninfa; el campo, flor: 
yo, de mi huerto la primer manzana, 
de mi selva salvaje el ruiseñor. 

Parece que su mente siempre al cielo 
levanta, y se arrobase en contemplar 
las azuladas cumbres del Carmelo 
ó la profunda inmensidad del mar. 

A su lado el espíritu se eleva 
y se aspira el olor de la virtud; 
mi vida en ondas mansas se renueva 
remontando á la noble juventud. 

Si envuelta entre sus velos la contemplo, 
me aparecen las vírgenes de Sión 
cruzando con sus lámparas el templo, 
palpitante en los labios la oración. 

Y cuando fina á recibirme avanza, 
la imagino en su tierna languidez 
el ángel soñador de la esperanza 
que me sonrió en la tierra alguna vez. 

De sus caricias el tesoro es mío; 
ella mi lira de marfil templó, 
y con rosas fragantes del estío 
mis nevados cabellos cironó. 



174 ANTOLOGÍA AMERICANA 



¡Si la viese hoy la madre! ¡Quién podría 
su júbilo, su gloria traducir! 
¡Oh mi muerta adorada!.. ¡Oh mi Sofía!.. 
¿Por qué tan sola te dejé partir?.. 

La que mimara infante, es virgen pura 
coronada de mirto y azahar. 
Mirra escogida, incienso de la altura, 
en mi zozobra oriente y luminar... 

Busqué la playa y encontré el desierto, 
las arenas quemáronme los pies: 
marcho al azar de mi destino incierto, 
sin hoy y sin mañana y sin después. 

Ven, hija, ven, que el templo está derruido; 
sus columnas tumbara el vendabal. 
Salva el fuego sagrado allí encendido 
por un amor que se sintió inmortal. 

Arca viva, tus rumbos en la sombra, 
custodio de tu dicha, seguiré. 
La campiña á tu paso es verde alfombra, 
contigo en claras linfas beberé. 

El tronco aislado te dará su arrimo, 
aún hay murmullos en la agreste vid. 
Yo el pámpano incoloro, tú el racimo. 
¡Aves del cielo, céfiros, venid! 

El hálito vital de tu alborada 
refresque puro, halagador mi sien. 
Tú empiezas, yo termino la jornada: 
¡Dios te conduzca al suspirado edén! 

Carlos Guido y Spano (argentino) 



OGAÑO ET ANTAÑO 

(en tiempo de la tiranía de rosas) 



Las cosas de ogaño me causan grant pena; 
por ende en la fabla y en trova de Mena 
mi pénnola quiere sus cuitas decir. 
Vocablo vetusto, guisado, sabrido, 
con nuestras usanzas es bien avenido 
ansí que tres picos con luengo espadín. 

Garridos et apuestos coidanse donzeles 
de agora, gayados de mil oropeles 
de bajo quilate, menguado valer. 
Et solo cu las farsas de ( larnestolendas 
las nuestras casacas asa/ reverendas, 
gregüesco i I Coleta se Mielen meter. 



JUAN MARÍA GUTIÉRREZ 1 75 



El seso fuscado les ha las novelas 
que allegan de estranjis esas cara velas 
que otro si la villa truecan en Babel. 
Germano apellidan á todo extranjero, 
nin paran las mientes si es noble ó pechero, 
que en siendo de allende se pagan de él. 

Ansí de las Galias et de Ingalaterra 
los fijos osados nos facen la guerra, 
non ya con mosquetes, con arma peor. 
En libros polidos de gaya semblanza, 
con frasis polida que cualquier alcanza, 
sus artes asconden con grande primor. 
Enantes folgaban garzones crecidos 
volando cometas, et ogaño engreidos 
cobdician ser sabios como homes de pro. 
Enantes oraban la su letanía 
et non se curaban de filosofía, 
ca non eso atañe que al preste de Dios. 

¡Por ende en usanzas qué grant trocamiento! 
El mundo avecina del su finamiento, 
la villa semeja mansión de Luzbel. 
Si en las sus fachadas se paran las mientes, 
guarnidas veránse de enseñas pendientes 
con luengo letrero labrado á pincel. 

De Francia los sastres et las confituras, 
atristan y apenan las gentes maduras 
que los sus doblones saben recatar. 
Sorber chocolate se tiene á grand mengua, 
aplacen las viandas que escuecen la lengua, 
¡malditos brebajes que son rejalgar! 

El muro almenado et rejios torreones 
derriban sin tino, é enalzan pendones 
de azur et de blanco do meten al sol. 
Muy grand malquerencia tienen á los reyes, 
sabidos se tienen en facer las leyes. 
¡Grand desapostura et grand sinrazón! 

Con fuertes galeras et peón et caballo, 
al Cid de grand cuenta entienden domallo, 
que judga en la villa de allende la mar. 
Que diz que es torcido el su mandamiento, 
que á los sus vasallos lleva á perdimiento, 
por ende le quieren ferir é matar. 

Et non es ansina, que á tal rico-home 
juntar el ditado de bueno á su nome 
por las sus pramáticas merece endemás. 
A todo el que fabla le mete en picota, 
et pone mordaza, et empotra et azota, 
ansi que facían los reyes atrás. 



I -jd ANTOLOGÍA AMERICANA 

Don Cristo le meta por buen derecero 
et ponga en sus mientes acuerdo certero 
et allegue su armada á nos redimir. - 
Placiente al miralla seranos su enseña, 
ca entonce la vida será falagüeña, 
et el siglo de antaño tornará á lucir. 

Juan María Gutiérrez (argén/ i no) 



LÁGRIMA 

Ángel de mi terrestre paraíso, 
estrella de mi noche funeraria, 
arrullo de mi sueño desolado, 
música de las selvas de mi patria, 

tórtola triste 

como una lágrima, 

sombra de mi reposo, 
¿adonde va tu alma sin mi alma? 

Vibración de mi espíritu, armonioso 
impulso de mi carne fatigada, 
atmósfera celeste de mi vida, 
rumbo de mi existencia solitaria, 

mitad errante 

de mi esperanza, 

ya no te ven mis ojos. 
¡Allí quedó tu alma sin mi alma! 

Patria de mis risueñas ilusiones 
pupila de mis ojos arrancada, 
caricias de mi madre enternecida 
descanso ¡ay! de la feroz batalla, 

templo caído 

de mi plegaria, 

en la tierra, en el cielo, 
¿adonde irá tu alma sin mi alma? 

Muda como los cráneos de la fosa; 
sola como el desierto de la pampa, 
mustia como los sauces del sepulcro, 
triste como la última mirada, 

como un sollo/o, 

i i uno una lágrima, 
¿así quedó tu alma sin la mía? 
¡Así quedó mi alma sin tu alma! 

Ricardo Gi hérrez (argentino) 







A DOS AMIGOS 

EL DÍA DE SU MATRIMONIO 

Sobre vuestras cabezas inclinadas 
va á descender la bendición de Dios. 
El va á santificar lo que en dos almas, 
unidas ya, santificó el amor. 

¡Eterna bendición que liga en ambos 
el bien, el mal, la dicha y el dolor! 
¡Lazo puro de amor, dos veces santo, 
que forma el corazón y aprueba Dios! 

¡Unión que en las borrascas de la vida 
forma ese punto que se llama hogar, 
separado del mundo!.. ¡Y si es que hay dicha, 
la dicha sólo en ese puerto está! 

Nido formado en las desnudas ramas 
de un árbol que sacude el huracán, 
que protegen y cubren, enlazadas, 
las alas de dos aves... ¡el hogar! 

Ese tibio rincón que abandonamos 
desde niños, en busca de otro sol, 
y adonde vuelve el corazón ingrato 
que heló la sociedad... ¡y halla calor! 

¡Isla flotante en medio de los mares, 
que no alcanzan las olas á mojar: 
tabernáculo santo, en donde arde 
la sola luz que la ventura da! 

Eternamente la mujer perfuma 
con su incansable amor aquel edén. 
¡Es tan grande el tesoro de ternura 
que encierra el corazón de la mujer!.. 

Quiera Dios concederos cuanta dicha 
es posible en la tierra disfrutar: 
varia es la suerte, desigual la vida: 
¡sólo el amor compensaciones da! 



Antología americana 



i 7 8 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Si la desgracia vuestras almas hiere, 
no blasfeméis por eso del Señor: 
que todo pasa, pero vive siempre, 
y nos espera en su justicia Dios. 

Gregorio Gutiérrez González (colombiano ) 



A. 



Yo era niño, tú niña; nos veíamos, 
tú ruborosa y vergonzoso yo; 
que amábamos entonces no sabíamos, 
pero inocentes, tímidos, decíamos: 
«¡Amémonos los dos!» 
Jóvenes ambos, con amor profundo 
siempre amarnos juraste y juré yo: 
«Si es nuestro amor, dijimos, sin segundo, 
¿qué nos importa lo que diga el mundo 
amándonos los dos?» 
«Nos amamos,» decimos todavía, 
tú sin rubor y sin vergüenza yo: 
mas huye nuestro amor la luz del día. 
Digamos la verdad, amiga mía: 
no amamos ya los dos. 

Gregorio Gutiérrez González (colombiano ) 



LA PARÁSITA 



Trepa, parásita, trepa 
al viejo tronco del roble, 
sobre la copa dorada 
serás reina de los bosques; 
y cuando el verde ramaje 
destrocen los aquilones, 
alégrale con tus hojas 
y adórnale con tus flores. 

De la sangre de tus venas 
vivirás, flor de los montes, 
3' si del sol á los rayos, 
como muertas ilusiones. 



las hojas una por una 
vuelan ya secas, entonces 
alégrale con tus hojas 
y adórnale con tus flores. 

Desprecia en las altas ramas 
la codicia de los hombres; 
y si el montañés le rinde 
del hacha á los rudos golpes, 
envueh e el desnudo tronco 
caído, no le abandones, 
y alégrale con tus hojas 
v adórnale con tus flores. 
Francisco a. Gutiérrez (boliviano) 



JOSÉ ROSENDO GUTIÉRREZ 179 



LA TUMBA Y LA ROSA 

A la Rosa galana 

dijo la Tumba un día: 
«¿Qué haces tú con las lágrimas que cría 
en tu seno de virgen la mañana?» 

Con voz que era un cantiga armoniosa, 
y agitando su pétalo entreabierto, 

le replicó la Rosa: 

- c I>ó va ti despojo yerto 
que en tu abismo recibes siempre abierto? 

Oye, oh Tumba, yo hago 

de este fresco rocío 
miel y perfumes en el seno mío, 
con que á las auras sus caricias pago. •• 
Y la Tumba exclamó: «Flor generosa, 

yo soy almo consuelo; 
yo hago del cuerpo que cayó en la fosa 
el ángel puro, habitador del Cielo.» 

Jacinto Gutiérrez Coll (venezolano) 



LOS CRUCIFICADOS 
(Uannée terrible ) 

El fuego fatuo que alimenta el odio 
es para la insensata muchedumbre 
su astro polar, su guía fiel, la lumbre 
que ilumina la senda de verdad. 
La mentira, gusano vil, se arrastra 
en la huella de todo ser gigante: 
y la diadema de una sien brillante 
es de espinas que punzan sin piedad. 

Para la sed de un Dios la hiél se guarda; 
son manto de los astros densas nieblas; 
dondequiera que hay luz, es que hay tinieblas, 
¡espantoso equilibrio!, y si no, oid: 
Mercader de mujeres Fidias era. 
Legó á su vicio Sócrates su nombre. 
Horacio hizo que á Vesta se le asombre... 
Jugaba con las cabras... - Proseguid. - 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Catón echó un esclavo á la lamprea. 
Miguel Ángel, servil, siendo romano 
la espalda doblará, al tender la mano, 
debajo de la férula papal. 
Del Dante, vagabundo, en la mirada 
se ve brillar la sórdida codicia. 
Moliere enseña á su hija vil malicia... 
¿Voltaire? Avaro. ¿Diderot? Venal. 

Un ebrio es San-Martín... ¿Bolívar? Sátiro... 
¡Ah! Ante tu tribunal, género humano, 
todo genio demanda gracia en vano: 
nadie escapa al castigo aterrador. 
De la calumnia en el suplicio infame 
no hay quien salve de ser crucificado; 
hoy ó mañana, como en el pasado, 
se es inmortal á costa del honor. 

De la gloria el sendero hace pedazos: 
el genio es monstruo, la naturaleza 
el corazón, tritura la cabeza, 
se subleva contra él; nunca hacen paz. 
Hasta que suba al Gólgota sangriento 
donde es preciso que un estigma afrente 
al que de aureola circundó su frente..., 
¡tiene éste á Zoilo, aquél tiene á Caifas! 

José Rosendo Gutiérrez (boliviano) 






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LA NOCHE 



(fragmento) 



La noche no desciende de los cielos, 
es marea profunda y tenebrosa 
que sube de los astros: mirad cómo 
adueñase primero del abismo 
y se retuerce en sus verdosas aguas. 
Sube, en seguida, á los rientes valles, 
y cuando ya domina la planicie, 
el sol, convulso, brilla todavía 
en la torre del alto campanario 
y en la copa del cedro, en la alquería 
y en la cresta del monte solitario. 

Es náufraga la luz: terrible y lenta 
surge la sombra: amedrentada sube 
la triste claridad á los tejados, 
al árbol, á los picos elevados, 
á la montaña enhiesta y á la nube. 
Y cuando, al fin, airosa la tiniebla 
la arroja de sus límites postreros, 
en pedazos, la luz el cielo puebla 
de soles, de planetas y luceros. 

Y con ella se van la paz amiga, 
la dulce confianza, el noble brío 
de quien, alegre, con vigor trabaja; 
y para consolarnos, mudo y frío, 
con sus alas de bronce el sueño baja. 
Entonces todo tímido se oculta: 
en el establo los pesados bueyes, 
en el aprisco el balador ganado, 
en la cuna pequeña la inocencia, 
en su tranquilo hogar el hombre honrado, 
y el recuerdo impasible en la conciencia. 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Mil temores informes y confusos 
del hombre y de los brutos se apoderan; 
en la orilla del nido, vigilante, 
el ave guarda el sueño de su cría 
y esconde la cabeza bajo el ala; 
el noble perro con mirada grave 
interroga la sombra y ver procura; 
los caballos, piafando, se encabritan 
y con pavor ó sobresalto evitan 
los altos montes y la selva obscura. 

Si en la extensa llanada le sorprende 
con su cortejo fúnebre la noche, 
el potro joven á su hermano busca 
y en su lomo descansa la cabeza. 
Todo tiende á juntarse en esta hora, 
todo en la vasta soledad se hermana, 
hasta que, alegre, la triunfal diana 
en el áureo clarín toca la Aurora. 

Manuel Gutiérrez Nájera {mexicano') 



EN UN CROMO 

Niña de la blanca enagua, 
que miras correr el agua 
y deshojas una flor, 
más rápido que esas ondas, 
niña de las trenzas blondas, 
pasa cantando el amor. 

Ya me dirás, si eres franca, 
niña de la enagua blanca, 
que la dicha es el amor; 
mas yo haré que te convenzas, 
niña de las rubias trenzas, 
de que olvidar es mejor. 

Manuel Gutiérrez Nájera (m ricaito) 



JOSÉ MARÍA DE HEREDIA 183 



EN UNA TEMPESTAD 



Huracán, huracán, venir te siento 
y en tu soplo abrasado 
respiro entusiasmado 
del señor de los aires el aliento. 

En las alas del viento suspendido 
vedle rodar por el espacio inmenso, 
silencioso, tremendo, irresistible, 
en su curso veloz. La tierra en calma 
siniestra, misteriosa, 
contempla con pavor su faz horrible. 
¿Al toro no miráis? El suelo escarban 
de insoportable ardor sus pies heridos; 
la frente poderosa levantando 
y en la hinchada nariz fuego aspirando, 
llama la tempestad con sus bramidos. 

¡Qué nubes! ¡Qué furor! El sol temblando 
vela en triste vapor su faz gloriosa, 
y su disco nublado sólo vierte 
luz fúnebre y sombría 
que no es noche ni día... 
¡Pavoroso color, velo de muerte! 
Los pajarillos tiemblan y se esconden 
al acercarse el huracán bramando, 
y en los lejanos montes retumbando 
le oyen los bosques, y á su voz responden. 

Llega ya..., ¿no le veis cuál desenvuelve 
su manto aterrador y majestuoso?.. 
¡Gigante de los aires, te saludo!.. 
En fiera confusión el viento agita 
las orlas de su parda vestidura... 
¡Ved!.. En el horizonte 
los brazos rapidísimos enarca, 
y con ellos abarca 
cuanto acertó á mirar de monte á monte. 

¡Obscuridad universal!.. Su soplo 
levanta en torbellinos 
el polvo de los campos agitado... 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



En las nubes retumba despeñado 
el carro del Señor, y de sus ruedas 
brota el rayo veloz, se precipita, 
hiere y aterra al suelo, 
y su lívida luz inunda al cielo. 

¡Qué rumor! ¿Es la lluvia?.. Desatada 
cae á torrentes, obscurece al mundo, 
y todo es confusión, horror profundo. 
Cielo, nubes, colinas, caro bosque, 
¿dó estáis?.. Os busco en vano; 
desparecisteis... La tormenta umbría 
en los aires revuelve un océano 
que todo lo sepulta... 
Al fin, mundo fatal, nos separamos: 
el huracán y yo solos estamos. 

¡Sublime tempestad! ¡Cómo en tu sen >, 
de tu solemne inspiración henchido, 
al mundo vil y miserable olvido 
y alzo la frente, de delicia lleno! 
¿Dó está el alma cobarde 
que teme tu rugir?.. Yo en ti me elevo 
al trono' del Señor: oigo en las nubes 
el eco de su voz: siento á la tierra 
escucharle y temblar. Ferviente lloro 
desciende por mis pálidas mejillas, 
y su alta majestad trémulo adoro. 

[OSÉ M. a DE HEREDIA (cubano) 



MEMORIAL 
(a maría) 

De negros rizos es tu corona, 
el cetro llevas en la mirada; 
de ser tu esclavo ¿quién no blasona, 
niña mimada? 
Cuantos te escuchan, cuantos te miran, 
sienten al punto de amor las penas, 
y al son ingrato tristes suspiran 
de sus cadenas. 
Pues aunque saben que eres tirana, 
que te divierten sus aflicciones, 
todos te ofrecen, nina sultana, 
sus corazones. 



JULIO f 



S. HERNÁNDEZ 185 



De tus pupilas á los destellos 
no hay cortesano que se resista, 
y ni conspiran, ni se halla entre ellos 
un nihilista. 
Yo no me explico cómo esos entes 
al fin no estallan de justo encono, 
y antes tan fieles, tan obedientes, 
cercan tu trono. 
Si ál más humilde soldado ultraja 
su jefe, al punto su honor despierta, 
y exasperado, pide su baja 
ó se deserta. 
Mas tus reclutas, aunque abusando 
tú los desdeñas, tú los humillas, 
manicruzados y gimoteando 
caen de rodillas. 
¡Y á sus clamores te haces la sorda! 
¡Miren qué gracia de señorita! 
¡Todos se chupan, y sólo engorda 
la tiranita! 
De hoy para siempre pongo remedio 
á tanto abuso y á tanta ofensa; 
y no te rías, pues tengo un medio: 
claro, ¡la prensa! 
Mañana y tarde, todos los males 
que al mundo causan las tiranillas, 
diré en famosas editoriales 
y en gacetillas. 
Que eres más mala que la viruela, 
que hasta á los santos robas la calma, 
y que no tienes donde te duela, 
¡ni tienes alma! 
Si la censura mi plan malogra, 
hasta irritarme de la laringe 
saldré gritando que eres una ogra, 
que eres la Esfinge. 
Y que inhumana, digna de oprobio, 
á la epidemia darás asilo; 
que eres bacteria, que eres microbio, 
que eres bacilo. 
¡Mira qué lance más grave y serio 
si me dedico yo á ese trabajo! 
¡En pocos días todo tu imperio 
se viene abajo! 
Mas si pretendes, y con talento, 
eternamente reinar de fado, 
libre de azares, haz al momento 
conmigo un pacto. 



1 86 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Seré columna de tus antojos; 
puedes, impune, doblar tu yugo; 
á tu primera guiñada de ojos, 
seré... ¡verdugo! 
A los que chillen desesperados 
poner mordaza yo te prometo, 
ó al punto todos son desterrados 
por un decreto. 
Habrá en tu reino paz y armonía, 
más que en severo claustro teatino, 
y al que se mueva, ipor vida mía!, 
¡lo guillotino! 
Verás la recta justicia humana 
que en tus estados sabio administro, 
si hacerme quieres, linda tirana, 
¡prime?- Ministro! 

Julio S. Hernández (peruano) 



DIOS 

En el arrullo de la dulce madre, 
tesoro de piedad y abnegación, 
estrella matutina de la vida, 
allí está Dios. 
Sobre los labios de la casta esposa 
que nos inunda de celeste amor, 
manantial de consuelo y sacrificio, 
allí está Dios. 
En la pupila límpida del niño, 
reflejo de su puro corazón, 
iris de paz, destello de esperanza, 
allí está Dios. 
1 )ios está en todas partes. Infinito, 
fecunda su poder, su creación: 
omnipotente voluntad eterna, 
¡ I >ios es amor' 

Julio S. Hernández (peruano) 



DOMINGO RAMÓN HERNÁNDEZ 187 



EPÍSTOLA 

¿Quejas me das, inolvidable amigo, 
por mi glacial, indiferente modo, 
siendo, como eres, de mi mal testigo? 

Quiero escribirte y responderte á todo; 
pero antes deja que mi lengua impura 
bendiga al Dios que me formó del lodo: 

que aun en la noche tenebrosa, obscura, 
de nuestras ciegas vanidades, veo 
lo que debe mirar la criatura - 

falso todo, hasta el mundo del deseo: - 
por eso nunca en la terrena gloria, 
ni aun en mis sueños de poeta creo. 

Me dices que es muy dulce la memoria 
de los famosos genios que brillaron, 
lauros ciñendo que ensalzó la Historia. 

Mas contempla también cómo pasaron, 
contémplalo y verás que sólo fueron 
seres que ajenjo sin cesar probaron. 

¿Qué les vale la gloria si sufrieron? 
¿Pueden ver su apoteosis triunfadora 
desde el triste sepulcro en que se hundieron? 

¿De qué sirve al cantor trova sonora, 
si ha de ser siempre, por su voz sentida, 
lúgubre cisne que cantando llora? 

¿Si nunca su esperanza ve cumplida, 
si lleva henchido el corazón de duelo 
hasta el postrer instante de la vida? 
;Ah!, los abrojos del ingrato suelo 
sólo recoge el genio en su amargura, 
hallando por corona su desvelo, 

ya copie el manto de la noche obscura 
bordado de luceros brilladores, 
ya pinte la virtud, ya la hermosura, 

ya el prado lleno de vistosas flores, 
ya imite el ruido de la mansa fuente, 
ya el canto de los dulces ruiseñores. 

Y si esto alcanza de la edad presente, 
fúlgida edad de luces coronada, 
¿qué ha de esperar de la futura gente? 
Lo que de la presente en la pasada: 
¡acaso un monumento que se eleva 
sobre el cimiento de la obscura nada! 

Dulce cantor, el que en la frente lleva 
foco de inmensa luz, genio infinito, 
amarga copa de veneno prueba. 



1 88 ANTOLOGÍA AMERICANA 



En el mundo el talento es un delito, 
y vale más ser huésped de la tumba 
que entre los hombres parecer proscrito. 

Y ¿así pretendes que á tu fe sucumba 
mi fe que se alza en el sendero triste 
donde la voz de la verdad retumba? 

¡Ah! ¡Tú has creído que ilusión existe 
aquí en mi pobre corazón cansado, 
que apenas sus latidos ya resiste! 

Lágrimas vierto por mi error pasado, 
pues también, como tú, miré á lo lejos 
limpio horizonte de cristal dorado. 

Allí la gloria contemplé en bosquejos, 
y eran varios y ricos sus colores, 
como del sol los fúlgidos reflejos. 

Quise verla otra vez, y hallé vapores: 
que era sólo ficción de mi sentido 
en la mágica edad de los amores... 

Presumo que no halago así tu oído; 
pero ¿qué quieres?, la verdad no es grata, 
pues viene á ella el desengaño unido; 

y del mortal en la existencia ingrata, 
que lauros mira entre ilusiones de oro, 
la verdad hiela, el desengaño mata; 

pero no á mí, que por mayor tesoro 
la excelsa, la inmortal filosofía 
ha largo tiempo en mi retiro adoro. 

Aún más sobre este punto te diría, 
mas pasemos al otro, en que te juro 
que brilla sin rival tu fantasía. 

Y aquí, mi dulce amigo, te aseguro 
que contrariar tu falso pensamiento 
es, á más de sensible, amargo y duro. 

Mas si lo que me dices sólo es cuento, 
aunque vestido de color de rosa, 
fuera aceptarlo temerario intento. 

Afirmas que en mi patria portentosa 
ya levanta el progreso la cabeza 
de laureles ceñida, luminosa. 

Aquí mi mente á comprender empieza 
que has deja. i i la tierra por la luna, 
y el alma se me oprime de tristeza. 

De progreso no hay ráfaga ninguna, 
y no esperes, ¡oh bardo', que nos brinde 
con tan rico presente la fortuna, 

Al confesarlo, el corazón se rinde 
al peso del dolor, piro no importa: 
nunca mi voz de la verdad prescinde. 



DOMINGO RAMÓN HERNÁNDEZ 



La historia, bardo, de mi patria es corta: 
en ella intacto el patriotismo brilla, 
mas hoy contemple tu mirada absorta 

el sello de esa historia sin mancilla: 
civil discordia con furor sangriento, 
única ley... la bárbara cuchilla. 

Y en tal desolación, en tal tormento, 
¿pueden las artes ostentar sus galas?, 
¿puede su vuelo alzar el pensamiento? 

Al silbo horrendo de encendidas bala-, 
en los horrores de espantosa ruina, 
¿cuándo el progreso desplegó sus alas^ 

Ángel de paz, su claridad divina 
derrama sobre pueblos y ciudades 
que el rayo de la guerra no calcina. 

Y en las continuas, recias tempestades 
que agitan nuestra infausta Venezuela, 
¿derramará sus regias claridades?.. 

El tiempo, vigilante centinela 
del pasado, el presente y el futuro, 
que cuanto existe y existió revela: 

el tiempo, el tiempo con su acento duro 
á nuestros nietos les dirá que hicimos 
por la ambición su porvenir obscuro; 

les dirá que entre sangre nos hundimos, 
que, para colmo de vergüenza y duelo, 
patria y honor y libertad perdimos... 

Y ¿aún pretendes hallar en este suelo 
émulos mil de Rioja y de Cervantes 

al sacro Olimpo remontando el vuelo? 

Y ¿aún las glorias divisas, deslumbrantes, 
raudas exhalaciones pasajeras 

que brillan y se borran inconstantes? 

Si esto, poeta, en tu ilusión esperas, 
presta oído al laúd que me acompaña, 
y olvidando del mundo las quimeras, 
pon tu esperanza en Dios, que nunca engaña. 

Domingo Ramón Hernández (venezolano) 



EL RAYO Y LA PLANTA 



Al rayo dijo la planta: 

- ¿Quién me hiere y me quebranta? 
¿Quién deslustra mi verdor? 

- El mismo que te levanta, 
respóndele el rayo tronando en redor. 



19° ANTOLOGÍA AMERICANA 



- Me dio vida el sol que ostenta 
en el iris su arrebol. 
- Es que no tienes en cuenta 
que quien rige la tormenta 
purpura en el iris y brilla en el sol. 

Domingo Ramón Hernández (venezolano) 



EL ESPANTAJO Y LOS PÁJAROS 



Con trapos y un sombrero 
de antigua data, en un varal colgados, 
tenía un jardinero 
sus frutos á los pájaros vedados; 
y aun dicen que muchachos animosos 
del espantajo huían temerosos. 

Gusto era oir al lejos 
los pájaros cambiando pareceres, 
gritar en sus consejos, 
cual si fueran congresos de mujeres. 

- ¡Es un fraile!, decían. - ¡No, un aldeano! 

- ¡Es mujer! - ¡Es gigante! - ¡Es un enano! 

El viento sopló un día 
tan recio, que los trapos y el sombrero 
adonde Dios sabría 
fueron á dar: el palo quedó, empero, 
en pie, bien que en su especie ya patente, 
con gran sorpresa de la alada gente. 

- Ya me lo presumía, 
exclamó, asaz pendate, abriendo el pico, 
quien más miedo tenía, 
que era un pequeño y hablador perico; 
cual la suelen echar de perspicaces 
muchos que son tan topos como audaces. 

La turba ya se lanza, 
sin estorbo ni miedo, ;i la arboleda, 
que ya su confianza 

nada hay en el jardín que turbar pueda, 
y aunque el palo está ahí, ya es impotente: 
llegó á valer, porque vistió de gente. 



LUCÍA G. HERRERA 191 



- ¿Y negaréis, decía 
un gallo que en la arena picoteaba, 
y negaréis un día, 
tras lo que aquí os pasaba, 
que el hábito hace al monje? Ved primero 
cuánto hacen á un varal ropa y sombrero. 

En todas partes, Fabio, 
se encuentra un monigote que os asusta 
echándola de sabio, 

de hombre probo, tal vez, con cara adusta: 
desnudad del ropaje al espantajo 
y reíos de ver lo que hay debajo. 

Pedro José Hernández (venezolano ) 



LA ROSA Y EL CIPRÉS 

1 )ijo un ciprés á una rosa: 
- Si del jardín eres diosa, 
si el pensil tu imperio es, 
¿por qué vives, flor hermosa, 
de ese túmulo á los pies? 

- Vivo aquí porque encerrada 
bajo esta losa olvidada 
yace una virgen querida 
á quien adoré en la vida 
y de quien fui siempre amada. 

Así, su cáliz moviendo, 
contestó la grata flor; 
y el ciprés calló, diciendo: 
-¡Feliz quien deja, muriendo, 
tan puro y constante amor! 

Domingo Ramón Hernández (venezolano) 



PARODIA DE BECQUER 

Yolverá'la radiante primavera 
con sus flores los campos á esmaltar; 
toda la creación de su letargo 
feliz despertará. 
Volverá la amorosa tortolilla 
á sus tiernos hijuelos á arrullar: 
los seres que la tierra abandonaron, 
¡esos... no volverán! 



192 



antología americana 



Volverá el sol con sus dorados rayos 
de la noche las sombras á ahuyentar; 
el canoro jilguero en la enramada 
su canto entonará. 
Pero la edad de la inocencia pura 
que alejándose poco á poco va; 
la niñez con sus risas y sus goces, 
¡esa... no volverá! 

Lucía G. Herrera (me* 

LA INOCENCIA 

No es la hermosura, no es la edad florida 

llamada juventud, 
no es el bello atractivo del talento 
lo que conmueve: es otra gran virtud. 
¡Es la inocencia! Aroma el más preciado 

de encanto seductor: 
que sólo encuentra albergue, dulce y blando, 

en la más pura flor. 
Mas cual onda que besa la ribera 
del imponente y majestuoso mar, 
y acaso en palpitante movimiento 

se estrella y muere al par; 
así encuentra en el mundo la inocencia 
un escollo también do fenecer: 

ella es el sacerdote 

y víctima á la vez. 

Delfina María Hidalgo (chilena) 



tr^n 7 ^ 








CLARO DE LUNA 

Argéntea la pálida diosa 
el azul, y sus lánguidos rayos 
ancha franja perlina dibujan 
en la linfa durmiente del lago. 

Sobre el terso cristal, que se rompe 
ondulante y sonoro á su paso, 
se desliza errabunda la barca 
donde van dos amantes bogando. 

Una regia pareja de cisnes, 
con los gráciles cuellos curvados, 
por la orilla del agua navega, 
esponjando sus plumas de raso. 

Y del fondo verdoso que forman 
limoneros en flor y naranjos, 
con capelo de nieblas emerge 
la casita de techo rosado. 

En las frondas del bosque florido 
ritma el viento nocturno su canto, 
y cual genios aéreos voltean 
las falenas en torno á los ramos. 



La pareja de cisnes se junta, 
entrecruza sus cuellos nevados, 
y en sedosas caricias se mezcla 
como un grupo de vivo alabastro. 



Antología americana 



i94 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



De la barca, que flota tranquila, 
surgen tiernos suspiros ahogados, 
balbuceos de cálidas frases 
y estallidos vibrantes de labios... 

Entretanto la pálida diosa 
argéntea el azul, y sus rayos 
ancha franja perlina dibujan 
en la linfa durmiente del lago. 

Darío Herrera (colombiano ) 

EL SOL Y LA LUNA 



Niña que miras al cielo, 
dime: ¿tú sabes por qué 
se ve el sol todos los días 
en Oriente aparecer, 
sin que haya faltado nunca, 
sin discrepar una vez, 
mientras que la veleidosa 



luna, que miraste ayer, 
hoy se oculta á tus miradas 
y volverá el otro mes, 
siempre desigual cambiando 
de hora, sitio y faz también? 
Niña, porque el sol es hombre, 
porque la luna es mujer. 
Vicente Holguín (coloml 



ESTANCIAS 



Este es el muro, y en la ventana 
que tiene un marco de enredadera 
dejé mis versos una mañana, 
una mañana de primavera. 

Dejé mis versos en que decía, 
con frase ingenua, cuitas de amores; 
dejé mis versos que al otro día 
su blanca mano pagó con flores. 

Este es el huerto, y en la arboleda, 
en aquel sitio de aquel sendero, 
ella me dijo con voz muy queda: 
«Tú no comprendes lo que te quiero.» 

[unto á las tapias de aquel molino, 
bajo las sombras de aquellas vides, 
cuando el carruaje tomó el camino, 
gritó llorando: «¡Que no me olvides!» 

Todo es lo mismo: ventana y hiedra, 
sitios umbrosos, fresco emparrado, 
gala de un muro de tosca piedra; 
y aunque es 1" mismo, todo ha cambiado. 

No hay en la casa seres queridos; 
entre las ramas hay otras flores, 
hay nuevas hojas y nuevos nidos, 
v en nuestras almas nuevos amores. 

I T.W IISCO A. DE I' ' ' I 



FRANCISCO A. DE ICAZA 1 95 



LA LEYENDA DEL BESO 

Ven: la callada noche se aproxima, 
el rojo sol no incendia la Alpujarra, 
ya palpita la estrella vespertina, 
al alero volvió la golondrina 
y canta en el barranco la cigarra. 

Ya duerme el viento en la arboleda obscura, 
pabellón de los plácidos senderos, 
y entre la rama de gigante altura, 
las frases que te dice mi ternura 
las trinan en sus nidos los jilgueros. 

Ven, y sigamos el sendero agreste 
que aún guarda unidas nuestras propias huellas, 
que ha besado las orlas de tu veste. 
¡Es templo del amor! Con luz celeste 
lo iluminan temblando las estrellas. 

No tardes, del encanto que te asombra 
es hora ya: la trémula enramada 
con voz de orgullo sin cesar te nombra. 
Y es que hay almas ocultas en la sombra 
que esperan impacientes tu llegada. 

Entremos al Alcázar; frente al muro, 
que en guirnalda muslímica leyenda 
pronuncia las palabras del conjuro: 
«Te quiero con el alma, te lo juro 
y te doy este beso como prenda.» 

A tu voz, de pasión estremecidos, 
para entregarse á la morisca zambra 
surgirán los espíritus dormidos, 
como duermen las aves en sus nidos 
entre los arabescos de la Alhambra. 

Ese alegre murmullo que se acerca 
detrás de los floridos arrayanes, 
del limpio estanque perfumada cerca, 
es que agitan las ondas de la alberca 
de Zoraya y de Fátima los manes. 

Sacuden al surgir las crenchas blondas, 
áureos velos de espaldas de alabastro, 
y del estanque en las revueltas ondas, 
espejo de los cielos y las frondas, 
es flor de luz entre el ramaje el astro. 

Franxisco A. de [caza (mexicano) 



196 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



CANTARES 



Al verte por vez primera 
casi cegaron mis ojos, 
y tuve no sé qué antojos 
de pasar mi vida entera 
adorándote de hinojos. 

¿Sabes tú lo que es amor, 
ese afán de mil anhelos? 
Un loco, nada hablador, 
lo llamaba con fervor 
«¡la nostalgia de los cielos!» 

Cuando me quedo dormido, 
despierto sobresaltado; 
y es que tal vez he soñado 
que nunca mortal has sido: 
¡que eres ángel y has volado! 



¡Qué risas de manso viento! 
¡Qué canciones de las aves! 
¡Turba tú mi pensamiento 
con aquel sublime acento 
con que hablar tú sola sabes! 

Cuentan que antes de formar 
Dios tus ojos, no te asombres, 
dudaba ya de encontrar 
el sistema de matar 
con miradas á los hombres. 

¡Por fin llegó á comprender 
tu secreto mi razón! 
Ni eres ángel, ni visión: 
¡tú eres sólo una ilusión 
con vestido de mujer! 

Juan Illingwortii (ecuatoriano) 



HERO Y LEANDRO 



¡Tinieblas, tempestad y mar bravia! 
¿Cruzar el Helesponto? ¡Qué locura! 
Mas ¿7 ama con íntima ternura, 
¡y ella, quizá, sin verlo, moriría! 

Ved: es Leandro, de Hero idolatría, 
que á nado á Sestos arribar procura. 
¿Y el noto y la borrasca? ¡Dan pavura! 
Mas ¡gloria á tanto amor y bizarría! 

¡Gloria, gloria al amor! ¡Sabed que cuando 
Hero en la playa á su adorado, inerte, 
viera al amanecer..., sin voz, temblando, 

de pie y erguida ante su horrenda suerte s 
con celos y furor la mar mirando, 
en ansia de vivir se dio la muerte. 

[uan Illingworth (ecuatoriano) 







LA TUMBA DEL SOLDADO 



El vencedor ejército la cumbre 

salvó de la montaña 
y en el ya solitario campamento, 
que de lívida luz la tarde baña, 

del negro terranova, 
compañero jovial del regimiento, 

resuenan los aullidos 
por los ecos del valle repetidos. 

Llora sobre la tumba del soldado, 
y bajo aquella cruz de tosco leño, 
lame el césped aún ensangrentado 
y aguarda el fin de tan profundo sueño. 
Meses después, los buitres de la sierra 

rondaban todavía 
el valle, campo de batalla un día. 
Las cruces de la tumba ya por tierra... 

Ni un recuerdo, ni un nombre... 
¡Oh!, no: sobre la tumba del soldado, 

del negro terranova 

cesaron los aullidos, 
mas del noble animal allí han quedado 
los huesos sobre el césped esparcidos. 

■ Jorge Isaacs (colombiano) 



LA TIERRA MADRE 



Envejecido en el dolor, ya quiero 
dormir en tu regazo, vega umbría, 
do el Cali en sus murmullos repetía 
cantos de mi niñez y amor primero. 



I 98 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Sobre la verde falda del otero, 
de naranjos cercad la tumba mía, 
do arrullos se oigan al morir el día 
y trisque y zumbe el colibrí pampero. 

No pongáis los emblemas de la muerte 
de mi vida futura en los umbrales. 
Ni polvo fué, ni en polvo se convierte 

la esencia de los seres inmortales... 
Ascender es amar, odio es caída, 
y orbes sin fin la escala de la vida. 

JORGElSAACS (colombiano ) 



A MI PATRIA 



Dos leones del desierto en las arenas, 
de poderosos celos impelidos, 
luchan lanzando de dolor bramidos 
y roja espuma de sus fauces llenas. 

Al estrecharse, erizan las melenas, 
y tras nubes de polvo confundidos, 
vellones dejan al rodar caídos, 
tintos en sangre de sus rojas venas. 

La noche allí los cubrirá lidiando... 
Rugen aún... Cadáveres la aurora 
sólo hallará sobre la pampa fría. 

1 )elirante, sin fruto batallando, 
el pueblo dividido se devora: 
¡y son leones tus bandos, patria mía! 

JORGE I- \ VCS (co 



¡DESCANSA, GUERRERO! 

( Traducción de Dymón) 

Viene desde los campos de batalla, 

y alumbra su camino la tormenta; 
pide un rincón en la pajiza choza, 
busca el calor de la chispeante hoguera. 



JORGE ISAACS r 99 

Desencajado y lívido el semblante, 
suelta sobre los hombros la melena, 
no es ya ese busto el que cubrió de besos 
en el terrible ¡adiós! su madre tierna. 

Alumbran por instantes sus miradas 
bajo las sombras de las anchas cejas, 
cual fulgor de relámpago lejano 
cruza en la noche enmarañada selva. 

Se ha dormido por fin. ¡Duerme, guerrero! 
Mira en tu sueño la nativa aldea, 
aspira los perfumes de sus bosques, 
oye las flautas de sus lindas fiestas. 

Es la suya esa voz..., es que te nombra; 
fiel á sus votos, tu regreso espera: 
tus labios tocan sus amantes labios, 
roza la tuya su mejilla fresca... 

¡No despiertes, guerrero, no despiertes! 
¡Despertar es horrible!.. ¡Sueña, sueña! 
Ese es el sueño de la dicha, y siempre 
tumbas ó ingratitud hay tras la ausencia. 

Jorge Isaacs (colombiano) 



ELLA DUERME 

«No duermas, suplicante me decía; 
escúchame, despierta,» 
cuando haciendo cojín de su regazo, 
soñándome besarla, me dormía. 

Más tarde... ¡horror!, en convulsivo abrazo 
la oprimí al corazón... rígida y yerta. 
En vano la besé..., ¡no sonreía! 
En vano la llamaba..., ¡no me oía! 
La llamo en su sepulcro..., ¡y no despierta! 

Jorge Isaacs (colombiano ) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



AMOR 

Niña, el amor es la tranquila fuente 
de líquidos cristales que retrata 
el azul de tus ojos, la escarlata 
de tus labios y nieve de tu frente. 

Ese límpido espejo transparente 
miente la calma y la frescura grata: 
el caudal en su fondo se desata 
con la prisa y la rabia del torrente. 

Desde la margen goza, y de la orilla 
no apartes tu batel, porque se enturbia 
el cristal al romperse con la quilla; 

porque entonces tu imagen pinta turbia, 
y en ese mar infiel en donde bogas 
te contemplas, te bañas y te ahogas. 

Hermógenes Irisarri (chileno) 



DIOS 



La esplendorosa luz de la mañana 
iluminó la cumbre de la sierra, 
y á su tibio contacto estremecidos, 
despertaron los valles, las florestas, 
el mar sobre su lecho de corales, 
sobre las flores del pensil las nieblas. 
Hubo placer y movimiento y vida, 
besos, rumores, música y esencias, 
y en el himno triunfal que alborozada 
exhaló la gentil Naturaleza, 
Dios fué la nota que vibró en los aires 
y en el alma creyente del poeta. 



II 



Llegó la tarde: el sol dobló su brillo 
al tocar de la noche las fronteras; 
la flor de nuevo embalsamó el ambiente; 
el ave alzó su cantiga postrera; 
y temblaron las ondas en los maivs, 
y gimieron las brisas en las selvas. 



ADOLFO LAMARQUE 



Hubo cantos, tristeza, desaliento, 
perfumes y sollozos, dulces quejas; 
y en aquel desconcierto de armonías, 
Dios... moduló la lira del poeta, 
Dios... dijeron los ecos silenciosos, 
y Dios... clamó la creación entera. 



III 



Llegó la noche: contemplé su frente 
coronada de vividas estrellas 
"- encendidos hachones de diamantes 
que á los pies del Eterno reverberan: - 
adurmióse la inquieta golondrina, 
se aletargó la candida azucena, 
rodó sin ruido el arroyuelo manso..., 
acalló sus rumores la arboleda..., 
y el silencio, cerniéndose en los valles, 
las colinas, los montes, las florestas: 
«¡Es Dios..., el Señor Dios!, clamaba á gritos, 
¡el que en ios orbes y en el ciclo impera! 

Manuel de Jesús (culombiano ) 



A ELLA 

Cuando la luz se aleja del expirante día, 
no llega repentina la densa obscuridad: 
crepúsculo se llama la amiga misteriosa 
del luto que se acerca y el astro que se va. 

Cuando los fríos cesan del riguroso invierno, 
no nos envuelve ardiente la túnica estival; 
la primavera entreabre su búcaro de flores 
al hielo que nos deja y al fuego que vendrá. 

Cuando las altas olas del piélago agitado 
arroja hasta las peñas el recio vendaval, 
la arena de la playa parece que eslabona 
lo duro de la roca, lo blando de la mar. 

Doquiera que dirijas, hermosa, tu mirada, 
de bruscas transiciones el cuadro no verás; 
así, nunca se chocan el día con la noche, 
el frío con el fuego, las peñas con el mar. 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Si alguna vez, mi vida, te cansas de quererme 
y en ese horrible día te voy á acariciar, 
¡no me huyas y desdeñes!.. ¡Que la mortal herida 
no vaya á abrir, salvaje, de golpe tu puñal! 

Yo regaré tu huella de lágrimas y flores; 
te ofreceré la palma de mi pasión tenaz; 
y si un instante me oyes, has de escuchar palabras 
á cuyos tiernos ecos tu amor despertará... 



Así podré á lo menos de la extinguida llama 
con el fulgor postrero mi ruta iluminar: 
el adorado beso de tus perjuros labios 
separará suave mi dicha de mi afán. 

Y aunque á la cima llegue más bella de la tierra, 
de tu recuerdo el fuego mi sien abrasará, 
y cuando yerto caiga, sobre mi losa fría 
una invisible mano tu nombre ha de grabar. 

Adolfo Lamarqué (argentino) 



PLOMO-BALA Y PLOMO-TIPO 



El propio mineral les dio su esencia; 
y según la turquesa en que es fundida, 
sombra de muerte esparce, ó luz de vida 
sobre el veloz correr de la existencia. 

Ora, emisario fiero de la muerte, 
por el terror al débil avasalla, 
y con silbante voz en la batalla 
el derecho proclama del más fuerte. 

Y al fin, cuando aprisiona la victoria 
en favor de la fuerza que sustenta, 
deja por huella en pos mancha sangrienta, 
cadáveres y llanto por memoria. 

Que iracundos, hermanos contra hermanos, 
sin temer el baldón del fratricida, 
con ella se arrebatan honra y vida 
por reemplazar tiranos v^n tiranos. 



JOSÉ DE LAPIERRE 203 



Ora al humano verbo formas presta, 
de la razón esparce la luz pura, 
y cual brillante faro que fulgura, 
la senda del deber grandiosa muestra. 

Mensajero de paz y de enseñanza, 
doquier conduce el fruto de la ciencia; 
encama la verdad en la conciencia 
y al corazón inspira la esperanza. 

Llevando sobre el ala el pensamiento, 
cruza en rápido vuelo las esferas; 
se allanan á su paso las fronteras 
al poderoso impulso de su aliento; 

y universal fraternidad proclama, 
justicia y libertad, y paz y gloria; 
y alumbrará radiante su victoria 
el sol de caridad que al orbe inflama. 

Así la brutal fuerza y el sublime 
poder de la razón y de la idea; 
una destruye en vano; el otro crea: 
ella esclaviza, mientras él redime. 

Diego Lugo Ramírez (colombiano) 



A UNA NIÑA 



Pedirme versos para ti, María, 
que eres tierno botón de blanca rosa, 
es pedir que le cante á la poesía 
el que sólo es un hijo de la prosa. 
Más valiera escuchar la melodía 
que brota de tus labios, cadenciosa, 
cuando cediendo al maternal deseo 
charlas cual los turpiales en gorjeo. 

Capullo de una flor cuya belleza 
en sus nacientes galas se adivina; 
ángel que apenas á vivir empieza 
é ignora lo que su hado le destina, 
temo que cuando ya Naturaleza 
te convierta en mujer, mujer divina, 
te provoquen á risa estos renglones, 
los únicos que en tu álbum son borrones. 



204 antología americana 



Mas si luego meditas un momento, 
si tornas hacia el campo del pasado 
y detienes allí tu pensamiento, 
bien puede que como algo que has soñado 
recuerdes que mil veces con tu aliento 
el rostro me dejabas perfumado, 
porque tus labios de granada, rojos, 
besaban mis mejillas y mis ojos. 

Y quizá esta memoria de la infancia 
al llegar á tu mente, así confusa 

por efecto del tiempo y la distancia, 
te precise á buscar alguna excusa 
que encubra mi poética ignorancia, 
que salve las inepcias de mi musa, 
y te deje mirar como un reflejo, 
en estos versos, el amor de un viejo. 

Y si después de leer mi pobre canto 
preguntas por su autor, enternecida, 

y te dicen que allá en el campo santo 
descansa para siempre de la vida, 
no dudo que una lágrima sentida, 
una gota piadosa de tu llanto, 
humedezca estos míseros renglones 
los únicos que en tu álbum son borrones. 

José de Lapierre (ecuatoriano) 




I.AUKINDO LAPUENTE 



LA SIERPE Y EL CÓNDOR 



En la cumbre del Andes gigantesco 

fundó su trono hermoso, 

un cóndor majestuoso. 

Con semblante burlesco 

una traidora le miraba, 
y mientras él absorto contemplaba 
el desierto, la luz y el horizonte, 

ella oculta de un monte 

en la enramada umbría, 

imaginaba inquieta 

con ansiedad impía, 
cómo clavar al cóndor la saeta. 

II 

A fuerza de arrastrarse 
la astuta sierpe, consiguió elevarse 

á la regia morada 
del cóndor, que en las nubes se cernía; 

y al crimen preparada, 
y lanzando silbidos de alegría, 

esperaba el momento 

en que el rey del viento 

se entregara al reposo, 
para clavarle el dardo venenoso 

y al que encumbró la suerte 
darle traidora, inevitable muerte. 

III 

Pero el ave gigante, 
con su mirada altiva y penetrante, 

columbró desde el cielo 
al reptil que serpeaba por el suelo; 

y rauda descendiendo 
como flecha sobre él, le asió violenta, 

y los aires hendiendo 

de justicia sedienta, 

se remontó á la altura 
y le lanzó sobre la roca dura. 
Era el cóndor, el genio prepotente; 

la envidia, la serpiente. 

Laurixdo LAPUENTE (uruguayo) 



20Ó 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



QUISIERA 
(imitación) 



("uando una lágrima pura 
vacila en tus ojos negros 
como gota de rocío 
sobre la flor del almendro, 
por secarla en tu pupila 
con el calor de mis besos 
y en un suspiro elevarla 
aún más allá de los cielos, 

quisiera, niña, 

ser al momento 

céfiro errante, 

nube de fuego. 
Cuando tus párpados cierra 
tímido el ángel del sueño 
y al contacto de sus alas 
caes desmayada en tu lecho, 
por encontrarme á tu lado 
en ese instante supremo 
velando mientras que duermes 
y adivinando tus sueños, 
quisiera, niña, 

ser desde luego 

tu ángel de guarda, 

tu humilde siervo. 



Cuando el aire matutino 
mece tus blondos cabellos 
y te corona la aurora 
con sus diáfanos reflejos, 
por estrecharte en mis brazos, 
sentir tu pecho en mi pecho, 
tu alma ligar con la mía 
y unir tu aliento á mi aliento, 
quisiera, niña, 

ser luz del cielo 

ser todo aroma, 

vapor ligero, 
)' embelesado llevarte, 
como al átomo los vientos, 
hasta el alcázar ignoto 
de los brillantes luceros, 
y allí morirme contigo; 
pero morirme sintiendo 
sobre mi frente tus manos 
sobre mis labios tus besos. 

Esto es, mi vida, 

lo que deseo, 

esto es tan sólo 

lo que yo quiero. 

Francisi/o Y. Laka (mexicano ) 



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EL PADRE NUESTRO 

CUADRO NOCTURNO 

Escenario: una alcoba entre albas nubes 
de transparente gasa y lazos rosas, 
aguardando á sus dueños, tres querubes, 
tres diminutas camas primorosas. 

Actores: una madre, dos chiquillas 
que no suman entre ambas nueve años, 
de ojos negros y mórbidas mejillas, 
cabellos ondulantes y castaños; 

un chiquitín que goza sueño blando, 
al seno de la madre suspendido, 
é invisibles, cuatro ángeles velando 
por la dicha inefable de ese nido. 

Las dos niñas se han puesto de rodillas, 
y alzando hacia la joven sus miradas, 
unen con santa unción sus manecillas 
y recitan las preces consagradas. 

- Padre nuestro comienza en tono grave 
la religiosa dama, y las pequeñas 

- Padre nuestro repiten con voz suave 
y - mamá, mire al niño que hace señas 

y se ríe - interrumpe la chiquita. 

— ¡Silencio! Ahora rezad: tú, Luisa empieza: 
Padre nuestro... 

- Mamá, lo sé sólita: 
Padre nuestro que estás... Julia no reza. 
-Vamos, ¿no seguiréis? Que estás... 

- Que estás 
Pn ¡os Cielos. 

- Los Cié Vos... 

- ¡Claro, ea! 
— ¿En los Ciclos, mamita? - ¿Allí no más? 






20 S ANTOLOGÍA americana 



Papá me ha dicho que, aunque no le vea, 
él se halla en todas partes... 

- ¡Pizpireta! 
Vais á empezar de nuevo, por castigo. 

- Mi papá me ha ofrecido una peseta... 

- Y á mí también... 

- si de corrida digo 
los Mandamientos y la Salve entera. 

- ¡Pero tú no lo sabes y yo sí! 

- ¿Que no lo sé? Verás. Los Manda... 

- Espera... 

- ¿Vais á reñir? 

- Si Julia... 

- ¿Yo, qué? Di: 

- Basta, que ya me enojo. ¡Quietecitas! 
¿De ver al niño no tenéis vergüenza, 

más formal que vosotras? 

- Las man i tas 
mamá las ha enredado aquí en mi trenza 

y sabe tirar duro... ¡Ay, señorito, 
suelte!.. 

- No grites, que ya arruga el ceño. 

- ¿Mas por fin, no rezamos un poquito? 

- Muy poquito, que estoy muerta de sueño. 

- Volved á arrodillaros. Ya está: ahora, 
tornad hacia esa imagen vuestros ojos 

y á la Virgen pedid, Reina y Señora, 
con el alma también puesta de hinojos. 

Que de talento en vez, belleza y oro, 
os dé de un alma justa la templanza, 
de cristianas virtudes el tesoro, 
Santa Fe, ardiente Amor, viva Esperanza; 

humildad, mansedumbre y obediencia 
á todos los preceptos celestiales; 
pues los bienes mayores serán males 
si tenéis una mancha en la conciencia. 

Pedidle que conserve sin mancilla... 
Mas ¿qué veo, dormís?.. 

Sí; ya reposa 
en graciosa actitud, sobre una silla, 
de Julia la cabeza primorosa; 

mientras que de su madre en el regazo 
mezcla con los rosados piececillos 
del gordiflón bebé - doblando un brazo, 
y sobre él acostada - los anillos 

de su cabello, la hechicera Luisa... 
vaga aún por los labios sonrosados 
de entrambas ninas plácida sonrisa... 
Venid, venid, pintores inspirados, 



I. ASTENIA LARRIVA DE LLONA 



209 



venid, grandes poetas y escultores; 
de esos niños la angélica figura, 
de los maternos ojos los fulgores, 
copie el mármol, el verso ó la pintura. 

Lastenia Larriva de Llora (peruana) 
EL PRIMER DIENTE CARIADO 

1 A MENTACIONES DE UNA DAMA 



¿Qué es esto? ¡Un diente cariado! 
¿Y es cierto? ¡Sí! ¡Bien visible 
está allí, negro y horrible, 
el hueco desvergonzado! 

¡Un diente! ¡Jesús me asista! 
¡Oh perspectiva horrorosa! 
Ya estoy temblando y nerviosa 
de pensar en el dentista. 

¡Oh derrumbamiento indino! 
Ya esto es principio del fin 
de este armatoste ruin 
que encierra un algo divino. 

Que no hay hermosura igual 
á femenil hermosura 
que ostente una dentadura 
sana, perlina y cabal. 

Así no temo las canas, 
ni la caída del pelo, 
ni me producen desvelo 
feas arrugas tempranas. 

Ni tampoco frunzo el ceño 
si me muestra espejo fiel 
convertido en un tonel 
el que fué talle cenceño. 

Que si, tras uno, otro día 
trae desperfectos aciagos, 
tengo para esos estragos 
bastante filosofía: 

pero al cabo soy mujer; 
y al imaginar escueta 
mi boca, angustia secreta 
invade todo mi ser. 

¿Calva? Ya lo dije, es nada; 
¿Canosa? Menos me apura...: 
¡mas me dará calentura 
si me dicen desdentada! 

¡Vacío el cofre precioso 
de perlas y de corales, 

Antología americana 



que en versos cantó, inmortales, 
más de un vate melodioso! 

Y la risa de otros días, 
esa risa seductora, 
será horrible mueca ahora 
con despobladas encías... 

¡Qué inexorable, qué dura 
es tu ley, naturaleza, 
que al fin de toda belleza 
haces la caricatura!.. 

¡Un diente! ¡Vamos!, si fuera 
una muela, en vez de un diente. 
de este funesto accidente 
en verdad no me doliera; 

por un diente, sin ser loca, 
yo, con inmensa alegría, 
todas las muelas daría 
que se encuentran en mi boca: 

que en perpetua obscuridad 
las muelas por siempre viven, 
mientras los dientes se exhiben 
que es una calamidad. 

¡Oh disyuntiva cruel 
la que tengo frente á frente! 
Ó me hago calzar el diente, 
ó me quedaré sin él. 

Cuanto pudiera escoger, 
es de mi rostro en desdoro. 
¿Qué hago? ¿Me lo incrusto de oro, 
ó me lo dejo extraer? 

¿Qué elijo?, ¿el gatillo horrendo, 
ó las cuñas espantosas? 
Que son peores las dos cosas, 
mis nervios me están diciendo. 

¿Y he de tener que ocupar 
aquel sillón giratorio 
que ideas del purgatorio 
me sugiere á mi pesar? 

14 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Sillón que juzgo, en verdad, 
ser aquel sillón patíbulo, 
que halla el reo en el vestíbulo 
de la obscura eternidad... 

Con un hábil cirujano 
extraer un diente es juego; 
¡zis, zas!, un tirón, y luego... 
luego el diente está en la mano. 

Pero aquel ¡zis zas!, señores, 
significa un dolor tal, 
que no le encuentro rival 
entre todos los dolores. 

¡Y luego, yo me horrorizo! 
Será la única manera 
de cubrir esa tronera 
el ponérmelo postizo. 

Pues sin él no me acomodo; 
aunque no falte una amiga 
que al saludarme me diga: 
estás mejor de este modo. 

Y por sandez ó falacia 
su boca la mía sella; 
y prosigue: Estás muy bella. 
¡Te hace ese hueco una gracia!.. 

¡No, no!, abrenuncio del hueco, 
aunque muy mucho me siente, 
y tampoco quiero diente 
extraño, ni otro embeleco. 



¡Apreste, doctor, apreste, 
caucho, cuña y algodón, 
que á otra dura operación 
fuerza será que me preste! 

Sienta e rin espeluznante 
de la infernal maquinita, 
aunque los nervios me excita 
sólo el tenerla delante; 

venga, venga el vil metal, 
por mí siempre despreciado, 
y en mis dientes incrustado 
sirva de alivio á mi mal. 

Y yo, que nunca guardé 
una partícula de oro, 
dentro del diente un tesoro 
en adelante tendré; 

mas temo que, al verlo un día, 
diga un mal intencionado: 
En el bolsillo guardado 
mejor ese oro estaría. 

Mis penas, con ser tan largas, 
aún no concluyen, lector. 
La siguiente es la peor..., 
ó una de las más amargas: 

Que es fuerza, para encubrir 
de hoy más mi desdicha fiera, 
ría de especial manera, 
ó que no vuelva á reir. 

Lastenia Larriva de Llona (peruana) 



A ESPAÑA 



EN LA MUERTE DEL REY DON ALFONSO XI! 



¡Madre de gloriosísimos anales, 
también mi parte en tu dolor reclamo, 
y, junto con tus lágrimas, derramo, 
mis lágrimas amargas á raudales! 

Fué mi patria, en los tiempos coloniale 
de tu gran tronco predilecto ramo; 
y allá en su suelo, que venero y amo, 
palacios erigiste y catedrales. 

Lo están diciendo esas recientes ruina - 
que hoy riegan mis hermanos con su lloro: 
si de sus ricas fabulosas minas 

ella te dio en un tiempo plata y oro, 
( '¡rmias le diste y Artes peregrinas, 
y de la Cruz el celestial tesoro. 

Lastenia Larriva de Llona (peruana) 




LAS LÁGRIMAS 



Lo que las lágrimas son 
me preguntas á porfía, 
imán de mi corazón: 
voy á decirte, alma mía, 
lo que las lágrimas son. 

¿No has visto vagar la aurora, 
mensajera de alegría, 
risueña y encantadora? 
¡No hay cosa, paloma mía, 
como el rayar de la aurora! 

Ella regala á las flores, 
del rocío entre las perlas, 
frescura, vida y colores, 
¡y qué ansiosas, por beberías, 
su cáliz abren las flores! 

¿Y has visto caer la tarde 
cuando ya el sol de los soles 
tras los montes débil arde? 
Coronada de arreboles, 
¡cuan triste cae la tarde! 

Y así como en la mañana, 
cuando la tarde declina, 
toda flor absorbe ufana 
lluvia tenue y argentina 
así como en la mañana. 

Que las flores, en la aurora 
y en la tarde, sacan brío 



de esa lluvia bienhechora 
que el hombre llama rocío 
de la tarde ó de la aurora. 

Flor es nuestro corazón: 
para no rodar marchita 
de rocío necesita, 
y éste las lágrimas son. 

Para seguir con vigor 
lágrimas ha de beber, 
ya en la aurora del placer, 
ya en la tarde del dolor. 

De contento ú opresión, 
las lágrimas, dueño mío, 
¡son las gotas del rocío 
de que vive el corazón! 

Nunca, nunca llorar teman 
esos ojos que me inflaman: 
¡cierto estaré de que me aman 
si en sus lágrimas se queman! 

Llora, que el llanto atesora 
consuelo, paz y ternura: 
¿Y habrá mejor hermosura 
que la hermosura que llora? 

¡Ay de los que, en su aflicción, 
al fin sin lágrimas quedan! 
¡Cuando lágrimas no ruedan... 
ya está muerto el corazón! 
Germán Leguía y Martínez (peruano) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



TU AMOR Y EL MIÓ 



Dicen que si un corazón 
ciego por otro delira, 
gime lleno de aflicción 
y tristemente suspira 
suspiros del corazón. 

Soñé que fuese tu amor 
mi manantial de delicias; 
pero encuentro en mi dolor 
que hace frías tus caricias 
la frialdad de tu amor. 

¡No hallo, no, fuego en tus ojos 
ni delirio en tus abrazos, 
ni sed en tus labios rojos! 
¡Tú no tiemblas en mis brazos, 
ni á ti te queman mis ojos! 

¿Será que tu corazón 
no experimenta á mi lado 
las ansias de la pasión? 
¿Será que tienes gastado 
el fuego del corazón? 



No sólo amor, es locura 
lo que hallar quisiera en ti; 
ardiente, ciega ternura, 
esto que encuentras en mí, 
que, más que amor, es locura. 

Amor sin grandes placeres, 
amor sin grandes dolores, 
ese amor que tú prefieres 
¡no tiene espinas, ni flores, 
ni dolores, ni placeres! 

Yo quiero un amor eterno, 
no una pasión transitoria; 
quiero un dolor del infierno 
ó una dicha de la gloria: 
placer ó dolor eterno. 

Ni con mis besos te inflamas, 
ni con mis ansias te hieres: 
¡Nunca me ames, si así me amas' 
¡Odiame, si así me quieres! 
¡Nieve no, yo busco llamas! 
Germán Leguía y Martínez (peruano) 



MI SOL 

Al descender sobre la mar tranquila, 
que del cielo á los límites se encumbra, 
media esfera dejando en la penumbra 
como inmenso topacio el sol rutila. 

Miróle audaz, y mi atención vacila 
y un infierno de rayos me deslumhra; 
cierro los ojos, y aún tenaz relumbra, 
como un ojo de fuego, en mi pupila. 

Miro, así, tu hermosura tentadora. 
que, mi vista al herir, relampaguea 
y me ofusca y me ciega... Luego en calma 



los ojos al cenar, deslumbradora 
todavía tu imagen centellea, 
como espléndido sol, aquí, en el alma. 

Germán Leguía y Martínez (peruano) 



GERMÁN LEGU1A Y MARTÍNEZ 21 3 



A JORGE ISAACS 

Leyendo, por cuarta vez, su novela María 
I 

¿Fué ficción ó es verdad?.. Si tu María, 
casto ideal de dolor y de ternura, 
del amor resignado y sin ventura, 
fué un sueño que forjó tu fantasía: 

¿en qué fuente de ignota poesía 
sorprendiste aquel dejo de amargura 
que, filtrando con íntima dulzura, 
embebe el corazón de honda agonía? 

Ficción ó realidad, ¡qué alta es tu gloria! 
Tú solo aquel idilio has entonado, 
reclamo cruel, desgarrador gemido... 

Sueño tuyo ó recuerdo de tu historia, 
¿quién no habrá de llorar lo que has llorado? 
¿Quién dejó de sentir como has sentido?.. 

II 

Una tras otra al devorar las hojas 
sencillas é inspiradas del poema, 
enferma el alma de nostalgia extrema 
tu excelsa pluma que con llanto mojas. 

No del realismo con las tintas rojas 
la vista nubla y las entrañas quema; 
hiérenos, sí, con la inquietud suprema 
de inefables, ternísimas congojas. 

Doliente noche en derredor desciende 
al volver de sus páginas: herida, 
desgarra la ilusión su veste blanca; 

Y la Razón su helada lumbre extiende 
sobre el yerto esqueleto de la Vida, 

que un alarido al corazón arranca... 

III 

Parte y vuela Efraín: su Amor le espera 
de la pasión con la ideal sonrisa, 
viendo hundirse á lo lejos, indecisa, 
la rósea luz de la ilusión postrera. 

Y el Amado apresura su carrera, 
y el patrio polvo emocionado pisa, 
y de sus padres la heredad divisa 

y el huerto amigo y la feraz ladera... 



2 14 antología americana 



Y llega... ¡horror!.. En asquerosa huesa 
frígida está la purpurina boca 
que él oprimir con toda su alma quiere... 

Vuela así el hombre, de sus ansias presa, 
y el bien apenas, suspirando, toca, 
cuando ese bien... entre sus manos muere... 

Germán Leguía y Martínez (peruano) 



RISA Y LLANTO 



Entre el bullicio del inquieto mundo 
y en medio á la algazara del festín, 
cuando gozan frenéticos los hombres 
olvidando el ayer y el porvenir, 
mientras nuestra alma desgarrada llora 
al peso enorme de un dolor sin fin..., 
en tu presencia, ¡oh sociedad, qué amargo 

es tener que reir! 
En la callada, en la tranquila noche, 
amiga de la triste soledad, 
entre fantasmas que el espacio pueblan, 
bajo un cielo sombrío y funeral; 
cuando suenan mil ayes y gemidos, 
cuando duerme la loca sociedad, 
cuando la mente á lo infinito sube 
ó piensa en los dolores que vendrán..., 
solos, entonces, con nosotros mismos, 

¡qué dulce que es llorar! 

Germán Leguía y Martínez (peruano) 



DESENCANTO 

Toda ilusión el corazón embriaga 
mientras su dulce realidad nos niega: 
es realidad después, y ya no halaga: 
el deseo es una ola: se despliega, 
resbala, se hincha, se abalanza, llega 
reventando en espumas... y se apaga. 

Germán Leguía y Martínez (peruano)' 



JOAQUÍN LEMOINE 



215 



LUZ DE AMOR 



¡Qué ciego es el mundo, madre! 
¡Qué ciegos los hombres son! 
¡Piensan, madre, eme no existe 
más luz que la luz del sol! 
Cuando cruzo los paseos, 
cuando por las calles voy, 
y oigo decir á mi lado 

- ¡pobre ciega!, - digo yo: 

- ¡pobres ciegos, que no ven 
más luz que la luz del sol! - 
Ellos ven lo que no veo; 

yo veo lo que ellos no: 

ven la guerra, mas no pueden 

ver la paz del corazón. 

Ven el lujo, y de riquezas, 

dementes, corren en pos. 

Ellos abriendo los ojos 

sólo ven el exterior 

de la vida en que se agitan, 

ciegos de torpe ambición. 

Pero yo, sin ojos, veo 

la pureza del amor, 

fuente rica de virtudes 

y lazo estrecho de unión; 



resorte de la existencia, 

del entendimiento sol, 

luz en noche de amargura, 

ley de civilización. 

Ellos ven la superficie 

del mundo, su fondo no. 

¿Qué me importa que los hombres 

tengan los ojos de alcón, 

si están ciegos, madre mía, 

mucho más ciegos que yo? 

Que busquen mentida gloria 

de la lucha en el horror; 

que persigan la riqueza 

con funesta obcecación; 

que á trueque del oro arranquen 

á la inocencia el pudor; 

que gocen con la injusticia 

y escarnezcan la razón; 

siempre que á mi lado pasen 

exclamaré con dolor: 

¡Qué ciego es el mundo, madre! 

¡Qué ciegos los hombres son! 

¡Piensan, madre, que no existe 

más luz que la luz del sol! 

José Román Leal (cubano) 



¡POBRE MUDO! 



Conservo como un tesoro, 
cual á mi amigo mejor, 
á un pobre mudo que adoro, 
que goza cuando no lloro, 
que sufre con mi dolor. 

Es mi eterno compañero, 
y la vida de mi ser; 
presiente lo que yo quiero, 
y en sentir es ti primero 
mis penas ó mi placer. 

Al ver que lo ha condenado 
la suerte á silencio eterno, 
como una tumba callado 
llora y sufre resignado 
de su existencia el infierno. 

Estuvo enfermo. Está inerte. 
¿Volverá á su lozanía? 
Tal vez permita la suerte 



que su silencio de muerte 
se trueque en dulce armonía. 

Santuario del sentimiento 
que en la vida me agitara, 
alma de mi pensamiento, 
si yo muriera, al momento 
aún á la tumba bajara. 

Calla cual reloj dormido 
que en su muda oscilación 
siempre marcar ha podido 
el momento asaz querido 
ó la hora de la aflicción. 

¡Pobre mudo! Si es discreta 
su silenciosa pasión, 
¡no siempre será secreta! 
¡Que es la pasión de un poeta, 
y el mudo... mi corazón! 

Joaquín Lemoine (boliviano) 



2l6 ANTOLOGÍA AMERICANA 



EL POETA Y EL VULGO 



Al altanero y encumbrado pino 
díjole un día la rastrera grama: 

- ¿Por qué tan orgulloso alzas tu rama 
cuando no alfombras como yo el camin ? 

Y él respondió: - Yo doy al peregrino 
sombra, cuando su luz el sol derrama, 
y cobijo las flores cuando brama 
el ronco y desatado torbellino. 

Así el vulgo al poeta gritó un día: 

- Por qué miráis indiferente al suelo? 

¿Qué hacéis? ¿Quién sois? - Y el bardo respondía: 

- Soy más que tú, porque tal vez recelo 
que solo de mi canto á la armonía 
comprendes que hay un Dios y que hay un cielo. 

Eusebio Lillo (chileno) 



FRAGMENTO 

Al lado del dolor que cruza el suelo 
la mano del Señor puso el consuelo; 
para la tosca tierra brotan flores, 

la vida tiene amores, 

y la noche sombría 
eternos y brillantes resplandores. 

El caluroso día 
nace de la gentil y fresca aurora, 
y el mas herido corazón alcanza 
un rayo de benéfica esperanza. 

La humanidad, señora, 
tiene también sus serafines bellos, 

y vos sois uno de ellos. 
Tuvisteis la hermosura por herencia 
para halagar la mísera existencia, 
y como un ángel que bajó del rielo 
vuestra grata misión es de consuelo. 

Eusebio i. i i lo (chileno) 



ENRIQUE LÓPEZ ALBÜJAR 21 7 



Á JUANA DE ARCO 



No siempre fué el valor ceñudo y fiero 
ni el esfuerzo viril quien dio la gloria: 
la virtud, arrancando la victoria, 
es Judith en la tienda del guerrero. 

Cuando falta la fe, sobra el acero: 
la pujanza es fugaz y transitoria, 
y es Sansón, dando vueltas á la noria, 
menos que Juana de Arco en el madero. 

El valor con la fe se fortalece, 
se acrisola, se eleva y se depura, 
y el más viejo ideal rejuvenece; 

no es la masa que hiende y que depura, 
es la espada de luz que prevalece 
y es Cristo en el Tabor de la amargura. 



II 



Mística y entusiasta luchadora, 
nada tu ardiente inspiración quebranta; 
y siempre fuiste igual; guerrera ó santa, 
víctima del revés ó triunfadora. 

Hoy ya no eres la obscura soñadora, 
porque lo que unge el tiempo se agiganta; 
que hay condición humilde que levanta, 
como hay grandeza humana que desdora. 

Y tu gloria creció, porque tu nombre, 
símbolo de virtud y de grandeza, 
logró la fe ligar al heroísmo; 

pero no pudo soportarla el hombre 
y te arrojó, inspirado en la vileza, 
para que en cruz te abriera el fanatismo. 

Enrique López Albújar (peruano) 



2l8 ANTOLOGÍA AMERICANA 



LUCHEMOS 

Maldita la firmeza de tu orgullo 
que me ataja y á la lucha me provoca; 
¡Busco en ti la ternura del arrullo 
y sólo hallo lo abrupto de la roca! 

Pues bien: entraré en lucha, 
no en la lucha fugaz y plañidera 
del poeta de ayer, que mueve á risa, 
sino en la del simoun con la palmera, 
la de las fuertes alas con la brisa. 

Tal vez de una sonora carcajada 
oiga más tarde trepidar el ruido, 
tal vez hayas creído 
que tras mi tez bronceada 
y la mirada fría de mis ojos 
no se oculta lo firme del acero 
ni la brillante luz de la centella. 
¡Cuántas veces la nube vela al rayo 
y arrebujada duerme alguna estrella! 

¡No comprendes el daño que me has hecho! 
¡Cuando más hambre tengo de estrecharte 
y recostar mis sienes en tu pecho 
me obligas á dejarte! 
Pero yo he de luchar y abrirme paso, 
porque quiero sentir, en mi embeleso, 
una prisión de carne á cada abrazo, 
un chasquido de lava á cada beso. 

Enrique López Albújar (peruano) 







A DANTE 



"Aí 



...Nessum maggior dolore, 
che ricordarsi del tempo felice 
nella miseria... 
«La Divina Comedia,)) Infierno, c. Y. 

¡Te engañaste, oh siniestro Gibelino! 
No es el mayor dolor de los dolores 
en vano recordar tiempos mejores, 
desde el fondo del mísero destino. 

Como un sereno rayo vespertino 
penetra de ese abismo en los horrores, 
endulza de esa hiél los amargores 
un dejo eterno de placer divino... 

¡Otro mal hay mayor entre los males, 
que mata al alma en hórrida agonía, 
cual hidra de mil dientes infernales! 

¡Ay! Despreciar como á reptil inmundo 
lo que amamos con larga idolatría, 
lo que adoramos con amor profundo. 

NUMA POMPILIO LLONA (ecuatoriano ) 



EL AMOR 



Del universal dualismo, 
del cósmico antagonismo, 
es amor cumplido emblema; 
porque el amor, en sí mismo, 
es el supremo egoísmo 
en la abnegación suprema. 

NüMA POMPILIO LLONA (ecuatoriano) 



antología americana 



A UNOS CABELLOS RUBIOS 

No con ígneos diamantes de Golconda, 
rubí sangriento ó vivida esmeralda, 
ni aun de risueñas flores con guirnalda, 
tu cabellera sin rival se esconda; 

deja que bañe su corriente blonda 
garganta y hombros y marmórea espalda, 
y de tu veste candida la falda 
en torno envuelva deslumbrante su onda: 

Rubia es y fragante su madeja 
como la miel que de olorosas flores 
labró en la Hibla susurrante abeja: 

y en sus sedosos rizos voladores 
la luz, cual lluvia de oro, se refleja 
con repentinos lampos y esplendores... 

Numa Pompilio Llona (ecuatoriano) 



A UNOS CABELLOS NEGROS 

La Noche, Diosa de beldad sombría, 
suelta al éter la túnica ligera, 
cruzaba huyendo por la vasta esfera 
ante la aurora del eterno día; 

el sol, que enamorado le seguía, 
ceñirla no pudiendo en su carrera, 
en su obscura, flotante cabellera 
sus luminosos besos imprimía; 

rastro de luz que vivida fulgura 
quedó impreso en sus nítidos cabellos, 
que, en parte, ha dado el cielo á tu hermosura... 

¡Por eso miro, palpitante, en ellos, 
cual vía láctea en la tiniebla obscura, 
mezcla de sombra y lúcidos destellos! 

Numa Pompilio Llona (ecuatoriano) 



VALENTÍN MAGALLANES 



A DIOS 

Señor, en el murmullo lejano de los mares 
oí de tus palabras la augusta majestad, 
oílas susurrando del monte en los pinares 
y en la de los desiertos callada soledad. 

Tu voz cruza en las brisas y en el perfume leve 
que brota a los columpios de la silvestre flor; 
tu sombra entre las aguas magnífica se mueve, 
tu sombra, que es tan sólo la inmensidad, Señor. 

Tú diste á la esperanza las formas de una fada: 
purísima inocencia le diste á la niñez; 
si diste sed al hombre, le diste la cascada; 
si hambre, en cada espiga la aprisionada mies. 

Y el niño y el anciano te llaman en su cuita, 
y acaso en los delirios el reprobo también; 
te llaman los lamentos de la viudez proscrita, 
y el trovador que llora: «Jehová, te dice, ven.» 

Tu nombre en el espacio lo escriben los cometas 
con cifras misteriosas que el hombre no leyó, 
porque jamás supieron ni sabios ni poetas 
el inmortal arcano que en ellos se encerró. 

Abigaíl Lozano (venezolano) 



DESENGAÑOS 

(castellano antiguo) 

¡Oh mi plácida folganza, 
do tu semblante se esconde, 

mal mi grado! 
¿Qué se fizo mi esperanza? 
¿Dónde la encontrar? ¿En dónde? 

¡Desdichado! 
De esas mis horas floridas, 
tan dulcemente probadas, 

ya non tengo 
sino memorias perdidas, 
que son en muchas vegadas 

dolor luengo. 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



De esos mis dulces amores 
que en mi fortuna mezquina 

vi del todo, 
sólo he negros temores 
que me persiguen aína 

de otro modo. 
Hube ambición de riqueza 
et hube ambición de gloria 

et de saber, 
ca es grant mal la pobreza 
et non tiene nin memoria, 

nin poder. 
Ambicioné et fui damnado, 
quise glorias, non las hube 

ca fuyeron; 
et de guisa siempre al lado 
mis memorias como nube 

se perdieron. 
¡Oh! Non pude ser guarido 
de que me fuese fortuna 

enojosa; 
et maguer non lo he querido, 
la vida es grant importuna 

et trabajosa. 
Et por ende yo deseo 
que venga pronto la muerte 

et me acabe, 
ca males sólo poseo... 
otrosí que la mi suerte 

non me sabe. 
Que non vale al desdichado 
á quien fuyó la esperanza 

la su vida; 
et non vale al desperado 
ca perdió toda bonanza 

inflingida. 
Ansí yo te quiero, muerte, 
maguer vengas con dolores, 

que bien vienes, 
que non tener una suerte 
con desengaños traidores 

et perennes. 

Valentín Magallanes (chileno) 



JOSÉ TORIRIO MANSILLA 223 



A UNA BEATA 

Postrada ante tu Dios y el mío ruegas, 
al parecer, con fervoroso celo; 
el pecho te golpeas, y hasta el suelo 
de besos cubres y con llanto riegas. 

Mas no á tu casa de la iglesia llegas 
cuando, dejando el manto y aun el velo 
de santidad con que imploraste al cielo, 
á mil maldades sin temor te entregas. 

Ya rabiosa regañas, ya castigas 
con furia y sin motivo á tus criadas; 
y aunque postrada de rodillas digas 

que han de ser tus virtudes ensalzadas, 
y del mundo te quejes y maldigas, 
todo es mentira y farsa refinadas. 

José Manuel Maldonado (peruano) 



DUDA 

¿Dónde acaba la vida?.. ¿Do la muerte? 1 
¿Al morir viaja el hombre peregrino 
y mejorando en ser, en forma y suerte, 
de astro en astro prosigue su camino? 
¿O sin romper el misterioso lazo 
que encadena á la tierra el alma humana, 
renace de la tumba en el regazo, 
ayer flor, ave hoy, mujer mañana? 

Alejandro Magariños Cervantes (uruguayo) 



LA PIEDRA FILOSOFAL 

Cierto iluso alquimista en su demencia 
buscando el transformar toscos metales 
en fino oro, perdió con sus caudales 
tiempo y salud, quedando en la indigencia. 

Hallóse casualmente en la presencia 
de otro, como él, afecto á pruebas tales, 
mas que airoso mostraba en sus modales 
holgura, robustez y complacencia. 



224 ANTOLOGÍA AMERICANA 



¿Cómo es esto?, le dijo. ¿Has encontrado 
la llave del secreto? - Ciertamente. 

- ¿Me la podrás confiar? - Por de contado. 

- ¿Y qué es aquello en fin? Di prontamente. 

- No es más, repuso el otro por lo bajo, 
que la honradez basada en el trabajo. 

José Toribio Mansilla (peruano) 



LA GLORIA 

¡Oh, la gloria!, ¡la gloria! ¡Gran problema 
que el hombre nunca descifrar podría! 
De una ramera vil la nombradla 
gloria da, como diera un buen sistema. 

Gloria es buscar á la honradez emblema 
con la torpe y falaz hipocresía: 
gloria es lucir las galas que algún día 
se arrebató del pueblo á la diadema. 

La gloria verdadera no la encuentro: 
se me escapa, resbala, y de repente 
de un abismo tal vez me hallo en el centro. 

La gloria suena en mi afligida mente; 
mas si glorias queréis darme completas, 
menos gloria, Señor, y... más pesetas. 

José Toribio Mansilla (peruano) 




flft 




ANÍBAL 



En medio de la orgiástica desidia 
en que Roma se hartó de servidumbre, 
resuenan de los Alpes en la cumbre 
relinchos de corceles de Numidia. 

A la ciudad, del universo envidia, 
la espanta de vencer la incertidumbre: 
¡un astro no hay que en la desgracia alumbre 
y le falta vigor para la lidia! 
Y banquetes y circo y gladiadores 
maldice al fin, hastiada, la Bacante, 
al escuchar de Cannas los horrores. 

Xo la perdona el invasor triunfante: 
á que apure la hez de los dolores, 
Aníbal va hacia Roma en su elefante. 



^< 



REMEMBRANZAS 



Recordemos las trovas y armonías 
que arrullaron la infancia, 
el cuento de la abeja y de los silfos, 
los amores del fauno y de la dríada, 
las caricias del céfiro que besa 
la copa de las palmas, 
los ígneos arreboles de la tarde, 
ti vuelo de las garzas, 
el aroma que exhalan los heléchos, 
el rumor apacible de las cañas, 
frescos olores que la tierra brota 
de rocío empapada. 
¿Te acuerdas de las horas de alegría, 
de locos sueños y de locas ansias, 
que en las silentes márgenes del río 
como las limpias ondas se rodaban? 
¿Te acuerdas? La vida era un idilio 

Antología americana 



de las nubiles almas, 
que retozan inquietas 
cual mariposas blancas 
en derredor del cáliz que se abre 
al ósculo de luz de la alborada. 
Los bosques, las palmeras y los nidos 
donde el pichón ensaya 
el ritmo de las músicas que duermen 
en la implume garganta; 
las yemas de las flores que se esponjan 
á las lluvias de abril en las montañas; 
la alfombra de esmeralda de los valles 
que el tomillo embalsama; 
la casta poesía de los cielos; 
el frescor de la tierra americana 
á nuestras almas vírgenes abrían 
el horizonte azul de la esperanza. 
Samuel Darío Maldonado (vemzolan ) 



22 6 ANTOLOGÍA AMERICANA 



EL DOLOR 



Solitario, cual suele, y cabizbajo, 
del ancho mar en la desierta orilla, 
se ocupaba el Dolor con gran trabajo 
una figura en modelar de arcilla. 

Llega Jove y pregúntale: «¿Qué es esto?» 
«Un muñeco de barro,» le replica: 
«Pon, Padre, tu poder de manifiesto 
y tu aliento vital le comunica.» 

«Viva,» Júpiter dice; «mas repara 
que, como mío, es fuerza me lo lleve.» 
«Imposible, señor, que abandonara,» 
grita el Dolor, «al que su ser me debe.» 

Jove empero contesta: «Yo los rijo 
y soy de todos los vivientes amo.» 
La Tierra entonces presentóse y dijo: 
«De mi seno salió, yo lo reclamo.» 

En tan grave conflicto resolvieron 
á Saturno apelar, para que falle; 
el cual, cuando sus quejas le expusieron, 
á cada uno ordénale que calle. 

Y decide imparcial de esta manera: 
«Tú, Jove, que la vida le infundiste, 
recibirás su alma, cuando muera, 
desprendida del barro que la viste; 

»tú, Tierra, le darás en tu regazo 
donde, inerte, descanse la materia: 
y tú, I >olor, con apretado lazo 
sujeto le tendrás á la miseria: 

» reflejarán sus ojos tu mirada, 
con tu suspiro se ahogará su aliento, 
y á tu suerte la suya irá ligada 
de su vida hasta el último momento.» 

Venancio ('.. Manrique (colombiano) 



JOSÉ MÁRMOL 



227 



MERCEDES 



Era una tarde de mayo: 
impregnándose de olores 
vagaba sobre las flores 
del sol el último rayo. 

De aves el dulce concierto 
en la atmósfera vibraba, 
y la brisa murmuraba 
en los árboles del huerto. 

En el huerto de las Hadas 
que los ángeles plantaron, 
donde nunca penetraron 
de los hombres las miradas; 

bajo bóveda de rosas 
donde hay luz de luna llena, 
están en plática amena 
tres Hadas, rubias y hermosas. 

De algo muy tierno se expresan; 
pues á intervalos suspiran, 
y sonríen y se miran, 
y se abrazan y se besan. 

Ya por fin de acuerdo están, 
cosa rara entre mujeres, 
y risueños los tres seres 
se despiden y se van. 

¡Dulces siervas del capricho, 
niñas de ojos seductores: 
oíd con sus pormenores 
lo que las Hadas han dicho! 



«La niña rubia ó morena 
que nazca de aquí á mañana, 
tendrá mejillas de grana 
bajo una frente serena. 

Será una rosa en botón 
su boca, de corte bello; 
tendrá su largo cabello 
suavísima ondulación. 

Sus ojos, negros ó claros, 
vestirán dulce fulgor, 
y siempre hablarán de amor 
aquellos dos ojos raros. 

Su voz tendrá el murmurio 
de los arroyos del valle; 
será flexible su talle 
como los juncos del río. 

Tendrá majestad y calma 
su lindo rostro modelo 
y, para ganar el cielo, 
un Paraíso en el alma. 

Tanto mezquino favor 
de nuestras manos reciba, 
y para que siempre viva, 
que tenga su trovador.» 

Como adivinan ustedes, 
nació la feliz doncella; 
como las Hadas fué bella 
y la llamaron... Mercedes. 

VÍCTOR ('.. Mantilla (peruano) 



INCERTIDUMBRE 



Cuando se ha rasgado el velo 
que las pasiones encierra, 
■ ¡amor!» se escucha en la tierra 
y en el aire y en el cielo. 

Y entonces la ingenuidad 
tic quien la vida ha empezado 
hace dudar si ha escuchado 
la mentira ó la verdad. 



Así hasta mi triste espíritu 
llega una voz deliciosa, 
como el rocío á la rosa 
dándole vida y frescor. 

Y dudo si es de veneno 
la copa que se me ofrece, 
ó si en ella resplandece 
la pureza del amor. 

José Mármol r argentino) 



2 2S ANTOLOGÍA AMERICANA 



LA EXISTENCIA DE DIOS 

¡El Universo es Dios! - dice el impío 
que otro tiempo dijera- ¡Dios no existe! - 
de humana corrupción gemido triste, 
de la frágil razón hondo extravío. 

La luz, la tierra, el sol, el monte, el río, 
el prado que de flores se reviste, 
el aire, el ancho mar, tú los hiciste, 
¡oh Señor!, con tu inmenso poderío. 

Pero toda esta gran naturaleza 
á sí misma se ignora, y al potente 
Autor de sus arcanos y belleza. 

Sólo al hombre, ser libre, inteligente, 
Dios reveló su nombre y su grandeza... 
¡Y el necio huye de Dios, ciego y demente! 

Mercedes Marín del Solar (chilena) 



LA SOMBRA 



Al despuntar el sol de la mañana 
se proyecta la sombra del viajero, 
precediendo su paso en el sendero, 
embellecido por la luz temprana. 

Cuando llega á la cumbre soberana 
desde donde ilumina al orbe entero, 
con profundo cansancio el pasajero 
ve desaparecer la sombra vana. 

Y al descender el sol hacia el ocaso, 
mirar su misma sombra ya no puede 
sin volver hacia atrás. Tal es la historia 

de nuestra vida. El alma emprende el paso: 
la esperanza, su sombra, la precede; 
y al fin sólo la mira la memoria. 

[osé Arnaldo Márquez (peruano) 



JOSÉ ARNALDO MÁRQUEZ 229 



OPINIÓN SOBRE LA POESÍA 

Hay una faz del manantial de vida 
que allá en el cielo misteriosa mana, 
y en mil variadas formas esparcida 
anima el campo de la vida humana. 
Siempre algún noble sentimiento anida, 
siempre alguna belleza la engalana: 
como un raudal azul y -transparente 
suele de espuma coronar su frente. 

Mas esta seductora vestidura 
tanto más la embellece y la completa, 
cuanto menos disfraza su hermosura: 
pide un velo su faz, no una careta. 
La poesía es la centella pura 
que revela el artista ó el poeta; 
pero que más á nuestros ojos brilla 
al través de la forma más sencilla. 

La más pura y hermosa poesía 
¿no es el amor? Interpretad su idioma. 
Su más divino acento y armonía 
del labio mudo y del suspiro toma. 
La mirada de ardiente simpatía, 
la lágrima que al párpado se asoma, 
¿no dicen más que los más dulces nombres 
del idioma parlero de los hombres? 

Ved cuan breve y sencilla es la elocuencia 
de aquella acción que la piedad inspira, 
y alarga á la orfandad y á la indigencia 
la mano en que la dádiva se mira. 
¿Creéis acaso que podrán la ciencia, 
ni del poeta la inspirada lira, 
forma tan bella imaginar un día 
para adornar tan noble poesía? 

;Ah, no! La forma al sentimiento apaga 
si no es un velo transparente y leve, 
como ese tul que delicado vaga 
y de la luna en derredor se mueve. 
En vano el canto del poeta halaga 
si el corazón y el alma no conmueve: 
si convirtiendo en un telón el velo 
oculta el astro en la mitad del cielo. 

José Arnald© Márquez (peruano) 



antología americana 



CARTA AMOROSA 

DE UN GUARDIA MARINA 



.V bordo y en la bahía 
del Callao, á dos del mes 
de abril de sesenta y tres. 
A Estela. - 

- Sirena mía: 

La barca de mi existencia 
boga en el mar de la vida 
por la saña combatida 
de tu cruel indiferencia. 

Tú, que trocaste la calma 
de mi pecho en pasión loca, 
muestras corazón de roca 
á los anhelos de mi alma. 

Tú, que el ascenso en amor 
me tenías prometido 
cuando contemplaste herido 
mi costado de estribor, 

¿por qué súbita mudanza, 
que me asesina, aparentas? 
¿Es posible que no sientas 
que naufrague mi esperanza? 

¡Ay! Dime (porque sucumbo 
en esta borrasca interna) 
si la voluntad paterna 
te obliga á variar de rumbo. 

¿Son tus deseos esclavos 
de los suyos, alma mía? 
Por saberlo paso el día 
y la noche atando cabos. 

Si yo tu mano divina 
pido á papá en matrimonio, 
me la niega ese demonio 
que aborrece á la marina. 

Y no es posible que afronte 
escollo tan peligroso, 
si tu labio generoso 
no despeja mi horizonte. 

Concédeme la promesa 
de amarme, y de tu verdugo 
conspiraré contra el yugo 
hasta hacerte buena pr< 



Verás á mi amor salvaje, 
como mi dicha no cuadre 
al tiburón de tu padre, 
capturarlo al abordaje. 

Cualquier malestar entabla 
cuando tu papá se aleje 
de casa, y sola te deje 
para ponernos al habla. 

Que yo, con escala en mano, 
permaneceré de ronda 
desde que la luz se esconda 
hasta que salga el tirano. 

Estar lista á todo evento 
te aconseja mi ternura 
antes de tomar altura 
con tu feliz cargamento. 

Pues sufrir cualquier desastre, 
ya que á mi pasión no hay dique, 
ó echarme la vida á pique 
prefiero, á volverme en lastre. 

Y yo, Estela, te respondo 
que he de gobernar experto 
del matrimonio hacia el puerto 
y que allí daremos fondo. 

No faltarán provisiones, 
pues aunque mi renta es poi a, 
como la suerte es tan loGa, 
pronto tendré dos galones. 

¡Santa Bárbara! ¿Y si ai 
los planes que mi amor fragua 
tu desdén los echa al agua 
y en mis intentos fraraso? 

Si es tan fatal tu respuesta, ^ 
lleno el corazón de rabia, 
con la cuerda de la gavia 
ahorcarme, nada me cuesta. 

Que á tal fin he de llegar 
la pasión lo determina 
de tu fie! guardia marina 
Pedro Maña de La-Mar. . 

I NRIQi i MÁRQUKZ ( peruano) 



LUIS ENRIQUE MÁRQUEZ 



PARA UN ÁLBUM 

No tengo miedo de un expediente 
porque lo copio perfectamente, 
y es muy posible que me conforme 
con que me pidan un largo informe 
sobre algún buque que carga guano, 
pues de tal paso saliera ufano; 
ó si una nota quiere el Prefecto, 
será mi estilo limpio y correcto. 
Mas si una joven de lindos ojos, 
boca pequeña con labios rojos, 
un talle esbelto, chica cintura, 
y con una alma de criatura, 
dice graciosa: - Luis, yo querría 
que me escribieras en poesía, - 
yo que me muero por ser amable 
juzgo mi suerte muy envidiable, 
y tan contento como unas pascuas, 
aunque el antojo me pone en ascuas, 
á mi escritorio me voy volando 
hermosos versos imaginando. 
Allí encerrado mañana y tarde 
laten mis sienes, y en mi frente arde 
celeste fuego de inspiración. 
Pero ¡Dios mío!, ¡qué decepción! 
Un disparate tras otro suelto, 
y anda mi espíritu tan revuelto, 
según lo ha puesto la muy ladina, 

como el archivo de mi oficina. 

Desesperado me echara al fuego; 

pero á la vida le tengo apego, 

y es una cosa que me contrista 

el morirme antes de la revista. 

Mas, como ese ángel tiene talento, 

no ha de darme otro fatal tormento 

mostrando enojo por mi torpeza. 

Sé que es amiga de la franqueza 

y á confesarle me he decidido 

que mis desvelos en vano han sido, 

pues la esperanza de complacerla 

mi suerte quiso desvanecerla; 

y la suplico que me dispense 

no ser poeta, sino amanuense. 

Luis Enrique Márquez (panano) 



232 ANTOLOGÍA AMERICANA 



AL TRABAJO 

El genio del artista no humilla ni rebaja 
al artesano humilde ni al pobre labrador; 
el trabajar es honra, y el pueblo que trabaja 
es el que á Dios tributa su adoración mejor. 

Si el pan del usurero con lágrimas se amasa 
que vierte la indigencia secando el corazón, 
el pan de los obreros, el pan de vuestra casa 
es siempre más sabroso, que es pan de bendición. 

Manuela Antonia Márquez (peruana) 



RESPUESTA 

Á UN SONETO CONTRA LA MUJER 

Si Dios puso en tus manos una lira, 
¿por qué, cual otros, en sublime canto 
no ensalzas la virtud y el dulce encanto 
con que el amor al corazón inspira? 

¿Insensible tu musa no suspira 
al contemplar sumida en triste llanto 
á nuestra amada patria, y su quebranto 
en nobles versos á calmar no aspira? 

¡Ah!, ¡tu mente extraviada no comprende 
la misión generosa del poeta 
y á la mujer en su delirio ofende! 

Mas, aunque herida con mortal saeta, 
á tornarte la injuria no desciende: 
que sabe perdonar quien se respeta. 

Manuela Antonia Márquez (peruana) 




JOSÉ MANUEL MARROQU1N 



ESTUDIOS SOBRE LA HISTORIA ROMANA 
CAPÍTULO PRIMERO 



Si mario. - Situación y primeros progresos de Roma después de su fundación. -Notable vicio en 
su organización social. - El pueblo es convocado. - Arenga de Rómulo. - Plan que se propone 
el pueblo. - Aprestos para la ejecución de los proyectos del monarca. - Nueva asamblea del 
pueblo. 



Dos ó tres años hacía 
que estaba fundada Roma, 
y en la naciente ciudad 
iba todo viento en popa. 
Ya había alcalde ordinario, 
que lo era Torcuato Cotta; 
el ayuntamiento estaba 
establecido, y á la obra 
de la escuela y el cabildo 
le faltaba poca cosa. 

Sólo una cosa faltaba 
en la ciudad, una sola, 
cosa por la que á los hombres 
se les hace agua la boca, 
si falta, y que apenas llegan 
á conseguirla, les sobra. 
Quiero decir que no había 
mujeres; y si la Historia 
dicho tan inverosímil 
no abonara como abona, 
yo temiera se tomase 
lo que estoy diciendo á broma. 
No tenían los romanos 
quien les guisara la olla, 
quien un botón les pegara, 
quien manejara la escoba, 
quien les hiciera un pocilio 
de chocolate; la ropa 
estaba siempre los sábados 
sin almidonarse y rota. 
Tenían criados varones, 
canalla puerca y ladrona, 
y respondona y soberbia, 
que pierde el tiempo, que roba, 
que se huye y le deja á uno 
solo á la mejor de copas. 



Hasta se cuenta que Rómulo 
tuvo una vez, entre otras, 
que hacer él mismo su cama 
y que cepillar sus botas. 

Era el estado de célibe 
estado normal en Roma: 
cuando para declarar 
es llamada una persona, 
se le pregunta su estado, 
si la acción pasa en Colombia; 
pero en Roma esta pregunta 
era una pregunta ociosa. 

Estaba todo en tal punto, 
cuando Rómulo convoca 
una tarde á los romanos 
y les habla en esta forma: 
«¡Quintes, esto no es vida! 
¿Tal situación quién soporta? 
Hacernos á bello sexo 
es preciso á toda costa. 
Yo les pensaba mandar 
decir á las Amazonas 
que de nuestras dos naciones 
hiciésemos una sola, 
con lo que acaso pudiéramos 
remediarnos unos y otras; 
pero luego he discurrido 
que era una cosa muy tonta 
llenarnos de marimachos, 
gente murciélago, y frondia: 
y á fuerza de cavilar, 
he inventado una tramoya 
que ha de darnos mucha fama 
en las edades remotas. 
Mas, como exige reserva, 
no os la diré por ahora. 



234 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Hoy os bastará saber 
que lo que á vosotros toca 
es disponer unas fiestas 
de tanto aparato y pompa, 
que se hable de ellas un año 
diez leguas á la redonda.» 

Oyendo esta perorata 
todo el pueblo se alborota, 
y á hacer sus preparativos 
no hay nadie que no se ponga. 
El cabildo parroquial 
las sumas precisas vota; 
el área de la gran plaza 
se remata en catorce onzas; 
se comienza á hacer tablados 
y toldos, que es una gloria; 
los bisbises se previenen, 
se aprestan las cachimonas; 
no queda cebón en pie, 
ni viva marrana gorda; 
pónense á la obra los sastres, 
los zapateros las botas; 
Brandy por mares se vende, 



por Orinocos la aloja, 
el anisado por Niágaras 
y el vino por Amazonas; 
mas los que venden todo esto, 
al pedir echan por copas. 

Para comenzar las fiestas 
se han señalado las notas 
de Julio, y para ese día 
(notable luego en la Historia) 
se convida á los sabinos, 
para que, con sus esposas, 
sus hijas y sus hermanas, 
sus sobrinas y sus novias, 
y sus nueras y sus suegras, 
y con todas, todas, todas 
las mujeres de Sabinia, 
vengan á fiestas á Roma. 
Cuando la época fijada 
va hallándose ya muy próxima, 
á convocar para un méeting 
el viejo Rómulo torna, 
á fin de que los romanos 
del oculto plan se impongan. 



CAPÍTULO II 

Sumario. -Afluencia de extranjeros á la ciudad. - Pintura de ellos. - La población se agita. - Es- 
pectáculos públicos. -Desacuerdo en que se hallan algunos historiadores. - Crisis. — Combate 
dentro de la ciudad. — Sus resultados. 



Dóciles los sabinos al convite 
que para fiestas les hiciera Rómulo, 
ya en grandes caravanas, ya en pequeñas, 
á Roma van llegando poco á poco. 
En yeguas aguilillas valonadas, 
con rico jaquimón, cuyos adornos 
en la frente del bruto hacen una equis, 
como se usaban en el año de ocho, 
en un sillón de plata guarnecido, 
todo forrado en terciopelo rojo, 
con su galón de cuatro dedos de ancho 
remamado espaldar y guardapolvo: 
con su sombrero alón de barboquejo 
y pañolón plegado sobre el rostro, 
hacen su entrada, orondas, las abuelas, 
con aire sosegado y majestuoso. 
De corpino ajustado, de velillo, 
y arrastrando los luengos faldistorios, 



JOSÉ MANUEL MARR0QU1N 235 



vienen las niñas, y al entrar se llevan, 

de los romanos que las ven, los ojos. 

En caballos herrados, bailarines, 

con manilas de seda entran los mozos, 

y hacen saltar el caño á los caballos, 

y enarcar el pescuezo y dar corcovos. 

En muías y con jáquimas tejidas 

de prolija labor, sin tapaojos, 

con zamarros de tigre y retranca ancha, 

vienen los viejos á pasito corto. 

Pellón de cuatro borlas trae alguno, 

ruanas con fluecos y paraguas otros; 

y el pañuelo que cubre las narices 

(embrión de la bufanda) casi todos. 

Gran movimiento la ciudad anima; 

sabinos y sabinas vense á rodo; 

y las postreras prevenciones se hacen 

con grande diligencia y alboroto. 

La gente moza fragua bailecitos; 

en la plaza y las calles ponen bolos; 

mientras, para ir aprovechando el tiempo, 

los jugadores juegan que es un gozo. 

Conforme á lo prescrito en el programa 

que publicaron con chinesco y bombo 

por toda la ciudad, se da principio 

la noche de la víspera al holgorio. 

Con candiles de sebo y trementina 

ilumínanse plaza y Capitolio, 

y hay vaca loca, y hay maroma y fuegos, 

patriótica canción y cuatro globos. 

Estuvieron las fiestas al principio 

tan buenas como estar entre nosotros 

suelen en los periódicos descritas, 

cuando describen fiestas los periódicos. 

Hubo fuentes de chicha en los encierros, 

y muchas colaciones y bizcochos 

hechos por reposteros italianos, 

que son los reposteros más famosos. 

La tropa hizo despejo por las tardes, 

v se corrieron los mejores toros: 

de éstos algunos eran jarameños, 

conejerunos y fútenos otros. 

Para el último día, que era el cuarto, 

ó el quinto cuando más, según Suetonio; 

mas que, según afirman Tito Livio 

y Yeleyo Patérculo, era el nono, 

se previno un encierro de disfraces, 

con el que el buen humor llegó á su colmo 

y en que tales figuras se iban viendo 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



que á los sabinos los dejaban bobos. 

Vestidos iban dos de inglesas viejas, 

de papalina la una, otra de moño; 

otro representaba un congresista 

y llevaba una máscara de loro. 

De general moderno colombiano 

se quiso disfrazar Aulo Sempronio, 

y á fin de ser por tal reconocido, 

lo que hizo fué vestirse como todos. 

Cierto pepito se vistió de gente, 

y no hubo en el concurso un solo prójimo 

que, mirándole bien, podido hubiera 

quién era sospechar, ni por asomo. 

Un hombre rico se vistió de rico: 

no se le pudo conocer tampoco; 

ni á un mozalbete elegantón y pobre 

que se vistió de manta del Socorro. 

En suma, hubo de todo en el encierro: 

españoles antiguos, druidas, moros, 

indios jauleros, viejos jorobados, 

y calentanos con carate y coto. 

¡Extraña variedad! Sólo una cosa 

era en todos igual, común á todos: 

cada uno se mostraba persuadido 

de que el concurso le miraba á él sólo. 

Los sabinos estaban boquiabiertos 

mirando los encierros, cuando al coso 

metieron un novillo colorado, 

cansado de correr y hacer destrozos. 

En ese punto, al dar con la corneta 

el toque de: «que saquen otro toro,» 

los disfrazados las barreras salvan 

é invaden los tablados y los toldos. 

De aquella evolución, los convidados, 

que debían de ser algo bolonios, 

aún aguardaban, carcajada en ristre, 

un desenlace de los más graciosos, 

cuando oyen con terror que los romanos 

les dicen, ya sin máscara y en tono 

de aquí nadie nos tose: «Caballeros, 

las sabinas se quedan con nosotros.» 

Ninguna pluma humana pintar puede 

cuál fué de los sabinos el asombro 

al contemplar aquella tropelía, 

ni cuál la confusión, cuál el trastorno. 

Mas pasa el estupor, y de los pechos 

de pronto se apodera el ciego enojo; 

los sabinos defienden sus mujeres 

y se arma un zipizape del demonio. 



MIGUEL JERÓNIMO MARTÍNEZ 



Lucharon, pero en vano. Entre arreboles 

de ópalo y nácar y topacio y oro, 

el esplendente sol su disco hundía 

en los abismos del lejano Ponto, 

y á esa hora, de Sabinia en el camino, 

ver hubiera podido algún curioso, 

á la luz del crepúsculo indecisa, 

los sabinos pasar unos tras otros, 

sus bestias arreando, que llevaban 

sillones y galápagos tan sólo, 

y haciendo los estribos y los frenos, 

al trotar de las bestias, rumor sordo. 

Si pareció pesada á las sabinas 

las chanza de las fiestas y del robo, 

ó antes bien divertida y de buen gusto, 

no he podido indagar. Que poco á poco 

el tiempo volador las consolase 

me parece seguro: ello es notorio 

que de una suerte ó de otra, con su suerte 

al fin se conformaron. Testimonio 

dan de su descendencia las historias, 

y viven en Colombia entre nosotros 

Bassani y Menegusi, que se precian 

de hallar su origen en tan noble tronco. 

José Manuel Marroquín (colombiano ) 



JESÚS CRUCIFICADO 

(Á EOS >ACERDOTE>) 

Era bello y gentil como, entreabierto, 
el blanco lirio de fragante aroma, 
y manso como tímida paloma 
que gime solitaria en el desierto. 

Ahora, de sangre y de sudor cubierto 
cual vil esclavo de la altiva Roma, 
sobre las rocas de ese monte asoma, 
de amor rendido y por nosotros muerto. 

Venid, ungidos: férvidos los pechos 
y humilde el corazón, subid al punto 
á la sangrienta cumbre del Calvario, 

y contemplad, en lágrimas deshechos, 
el divino ejemplar cuyo trasunto 
deben ser los ministros del Santuario. 

Miguel Jerónimo Martínez (mexicano) 



2 3 8 



antología americana 



IMPUNIDAD 

En materia de amor nadie es culpable 
si peca por pasión y no por vicio. 

¿Quién hará responsable, 
de los males que causa, al precipicio? 

Daniel Martínez Vijil (uruguayo) 



PSICOLOGÍA comparada 

Con afanes prolijos 
una perra criaba á sus seis hijos; 
y una mujer, á la que nada excusa, 
arrojaba los suyos á la Inclusa. 

Duda que al hombre aterra... 
¿Cuál de las dos es, en verdad, más perra? 

Daniel Martínez Vijil (uruguayo) 





No extrañes, dulce amis;a, la tristeza ^5s^V;í] 
que en mis ojos se extiende como un velo &W < f W^Xt^^uñt 1 - 
y hace doblar mi juvenil cabeza. 



Mi corazón cansado lleva el duelo 
de muchas ilusiones, agostadas 
en él cual plantas en estéril suelo. 

; Y qué hermosas las vi cuando, en bandadas 
volando en torno de mi frente pura, 
eran luz de mis noches encantadas! 

Eternas las creía en mi locura, 
porque ignoraba entonces que en el mundo 
sólo el dolor eternamente dura. 

También, cuando me huyeron, y el fecundo 
resplandor de sus alas se extinguía, 
sentíme hundido en un pesar profundo. 

Algunas veces ¡ay! me parecía 
que al alejarse, ingratas, de mi lado, 
llevaban toda la existencia mía. 



, " - ' 



Otras, el rostro en lágrimas bañado, 
ansiaba detener las breves horas 
ó con ellas hundirme en el pasado. 

¡Era inútil!.. Ya nunca, seductoras, 
volverán á engañar mi pensamiento 
con sus dulces promesas tentadoras. 



240 * ANTOLOGÍA AMERICANA 



Un amargo y profundo desaliento, 
en vez de mis antiguas ambiciones, 
como el soldado en la derrota, siento. 

No busco ya las hondas sensaciones 
ni el aplauso del triunfo, ni en mi vida 
caben tampoco nuevas decepciones. 

La gloria, que mi mente enardecida 
persiguió tanto tiempo, no ha tenido 
ningún laurel para mi sien herida. 

Sé que en la eterna noche del olvido 
se extinguirá mi nombre, como leve 
rayo de luz en la extensión perdido. 

Lo sé, y sin quejas lentamente bebe 
mi labio el cáliz de un dolor que, acaso, 
nunca agotarse en este mundo debe. 

Triste se hundió mi sol en el ocaso, 
é indiferente á todo, mi camino 
siguiendo voy con vacilante paso. 

Que ni una mano generosa vino 
á prestarme su ayuda, y cada día 
es más obscuro mi fatal destino. 

¡Si al menos, victorioso, todavía, 
como un rayo de luz, llegar pudiera 
un destello de amor al alma mía! 

¡Si, como el árbol mustio en primavera, 
otra vez por mi cuerpo fatigado 
robusta savia circular sintiera! 

Quizás entonces... Pero nunca el hado 
propicio ya se mostrará á mi vida, 
ni con sus sueños volverá el pasado. 

Y siempre solo marcharé, vencida 
y rota el alma, en su profundo seno 
llevando oculta mi incurable herida. 

Por eso, de mis versos, el veneno 
de un frío excepticismo se derrama 
como de un vaso hasta los bordes lleno; 

por eso inclino, como endeble rama, 
bajo el dolor mi juvenil cabeza, 
y cuando todo resucita y ama 
más honda se hace mi inmortal tristeza. 

Domingo i>. Martinto (argentina) 



ROMÁN MAYORGA RIYAS 24 1 



COMO EL MAR 

Para aquellos que llevan en el alma 
el dulce albor de la primera edad, 
tiene la vida inmensos horizontes 
como los tiene el mar. 
Para aquellos que amándose concretan 
sus ambiciones en amarse más, 
tiene la vida hospitalarios puertos 
como los tiene el mar. 
Para aquellos que buscan el combate 
y en pos del triunfo y del esfuerzo van, 
tiene la vida turbulentas olas 

como las tiene el mar. 
Para aquellos que náufragos no esperan 
ni del amor ni de la gloria ya, 
tiene la vida silenciosas playas 
como las tiene el mar. 

Domingo D. Martinto (argentino) 



LIEDEREX 

Padrecito me llama, y á f e mía, 

tiene mucha razón. 
No lo soy de su cuerpo ciertamente, 

del alma sí lo soy. 
Era mármol purísimo: en mi mano 

el mármol se animó 
y, nueva Galatea, vive y siente... 
Yo he sido de esa estatua el Pigmalión. 

Ventura Mavorga (cubano) 



EL Y ELLA 

«Calla - le dijo, y en sus labios puso 
la suave yema de sus dedos rojos; - 
sin que lo digas tú, lo he comprendido 
en la expresión de tus amantes ojos.» 

Ella, de pronto, retiró la mano, 
como asustada de su amante exceso 
y llena de vergüenza, pues el joven 
la dio en sus dedos encendido beso. 

Antología americana 16 



242 ANTOLOGÍA AMERICANA 



El, á su vez, quedóse como absorto, 
y ella, entretanto, le esquivó los ojos, 
y ruborosa y tímida mordíase 
con secreto placer los dedos rojos. 

Román Mayorga Rivas (cenlrozmerica.no) 



¡ODÍAME! 

Busqué en tu acento la adorada frase 
que al grito de mi amor correspondiera; 
busqué en tus labios la sonrisa pura, 
de ardorosa pasión sagrado emblema. 
He querido sondear en tus pupilas 
algo que calme mi ansiedad inmensa; 
he querido leer en tu semblante 
lo que la llama del amor revela; 
y en tus labios, tu acento y tu semblante, 
y en el fulgor de tus pupilas bellas 
sólo encontró mi corazón de fuego, 
en cambio de su amor, indiferencia... 

Ya que sabes que te amo, tu odio pido, 
si no me das tu amor; que me aborrezcas: 
quien es odiado una esperanza guarda, 
¡y yo quiero tener una siquiera!.. 

J. M. Mayorga Rivas (centroamericano) 



PENTELICA 

En el fino cristal de Bohemia 

sonríe el champagne, 
y quien lleva á los labios la copa 

de fino cristal, 
donde hierve y retoza la espuma 

del rico champagne, 
es hidalgo de nueva prosapia, 

que viste de frac 
y mantiene una hermosa gardenia 

prendida al ojal. 
Del color de la sangre del tigre 

que lleva un puñal 
enterrado en el tórax, y lucha, 

ya pronto á expirar, 
por sacarse del pecho la hoja 

del largo puñal, 



ANDRÉS A. MATA 243 



de ese bruno color es el vino 

que bebe en su hogar 
el obrero jadeante, en vasija 

de tosco metal. 
Cuando sean iguales las copas 

y un vino no más 
el que beban el hombre de blusa 

y el hombre de frac, 
cuando sean iguales las copas 

y un vino no más, 
¡ah!, ¡qué triunfo será para el mundo 

poderse embriagar 
con el nuevo licor que resulte 

del bruno mezclado 

con rubio cliampagne! 

Andrés A. Ma; \ (venezolano) 



EPITALÁMICA 

Al brillo del alba que el cielo decora, 
el mirlo y la rosa se hablaron de amor: 
cargado de esencias soplaba el ambiente, 

brotaba la fuente 

con dulce rumor, 
y ya á los reflejos del sol del poniente 
un nido formaban el ave y la flor. 

Formado está el nido con mirtos y nard* >s, 
con hojas y plumas de vario color. 
¡Que nunca lo hieran el rayo violento, 

ni el buitre sangriento, 

ni el plomo traidor; 
y mientras el mirlo levante su acento, 
despida la rosa su prístino olor! 

Andrés A. Mata (venezolano) 



FRAGMENTOS 



Cuando, minadas por la duda impía. 
abandonan su celda obscura y fría 
en busca de un asilo las creencias, 
como su mal contagia cuanto alcanza, 
nadie á ofrecerles protección avanza 
y dejan de reinar en las conciencias. 



244 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



¿Dónde está Dios? En su existencia creo. 
Pero la duda, como no le veo, 
ultraja mi razón con sus reproches. 
¡Oh gangrenadas meretrices mías!, 
¡haced que vuelvan mis alegres días!, 
¡haced que tornen mis felices noches! 

II 

Hay vértigo de gloria en el que sube 
y hay vértigo de muerte en el que baja. 
¡Subir ó descender! Menos ser nube, 
que nunca al éter infinito sube 
y nunca al fondo del abismo baja. 

Andrés A. Mata (venezolano) 



PENTELICA 

Discipline sus huestes la perfidia; 
azote con satánica insolencia: 
no le teme al disparo de la insidia, 
ni al acero cortante de la envidia 
quien tiene por escudo la conciencia. 

¿Que la calumnia su veneno activa 
y nos acecha en el combate recio? 
Mientras el malo sin castigo viva, 
se le arroja á la cara la saliva, 
la saliva infamante del desprecio. 

Cumple, poeta, tu misión. Avante, 
aunque se muestre el porvenir incierto. 
Nunca llega á Fezán el caminante 
sin que hayan injuriado su semblante 
las cálidas arenas del desierto. 

Que los escombros del pasado queden 
revueltos en el fondo del abismo, 
y en ese abismo amenazante rueden 
esos sucios cadáveres que hieden 
■ á vergüenza y traición y despotismo. 

Hay que abatir á aquel que de su altura 
quiere ver de rodillas al de abajo. 
La riqueza usurpada no perdura, 
y el obrero es un dios: se transfigura 
en el 'labor radiante del trabajo. 

El camino es de luto y ovaciones; 
el i amino es de abrojos y laureles; 
despertad y luchad, generaciones 

que afemináis el alma en los salones 

5 destruís la sangre en los burdeles. 



MARIANO MELGAR 



: 45 



La vida es lucha secular. La gloria 
se alcanza entre el fragor de la pelea; 
si dudas, gladiador, de la victoria, 
no aguardes compasión, y tu memoria 
para siempre jamás maldita sea. 

Andrés A. .Mata (venezolano) 



LAS TRES ÉPOCAS 



I 



Cuando yo me enlazaba 
con la adorada mía, 
era del sol un rayo que abrasaba 
el amor que á mi novia le tenía. 



II 



Hoy, mirando la cuna 
de nuestra hermosa niña, 
es nuestro amor un rayo de la luna 
alumbrando una flor de la campiña. 

III 

Con mi cabeza cana 
y ( ontemplando á aquéllas, 
mi doble amor parecerá mañana 
la hermosa claridad de las estrellas. 



Diego M \sías y Calle (peruano) 



LA MUJER 



Xo nació la mujer para querida 
por esquiva, por falsa, por mudable; 
y porque es b-lla, débil, miserable, 
no nació para ser aborrecida. 

No nació para verse sometida 
porque tiene carácter indomable: 
y- pues prudencia en ella nunca es dable, 
no nació para ser obedecida. 



246 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Porque es flaca no puede ser soltera; 
porque es infiel no puede ser casada; 
por mudable no es fácil que bien quiera. 

Si no es, pues, para amar ó ser amada, 
sola ó casada, subdita ó primera, 
la mujer ha nacido para nada. 

Mariano Melgar (peruano) 



A... 



Por más que cause á tu modestia enojos, 
te diré que un astrónomo porfía 
que no es el sol el que ilumina el día, 
sino la luz del cielo de tus ojos. 

Gervasio Méndez (argentino) 



A... 



Si es verdad lo que un sabio me decía, 
hablando ayer de la celeste esfera, 
que del ardiente beso de dos astros 
nacieron una noche las estrellas; 
tú, que eres la esencia del perfume, 
de la luz, del candor y la modestia, 
¿por qué no suponer que hayas nacido 
de algún beso del sol á una violeta? 

Gervasio Méndez (argentino) 




i 




Me diste un ramo de flores 
en prenda de tus amores 
y en símbolo de tu fe; 
mas ya en mis versos disuelto 
su perfume á tu alma ha vuelto, 
y en su esencia mi alma fué. 



INCIENSO 

El llanto en la mujer es el incienso 
que quema á su hermosura: 
cuando sopla el dolor es humo denso, 
cuando sopla el amor es nube pura. 

POEMA 

El amor, alma mía, es un poema 
ya triste, ya sombrío, ya travieso, 
distinto en formas, pero igual en tema, 
y es la estrofa más linda el primer beso. 

PURIFICACIÓN 



Las lluvias purifican la frente de los cielos: 
zafiro es el espacio, su bóveda un cristal; 
)• el Andes sin las nubes invade el horizonte 
como el sagrado muro de un templo colosal. 

El llanto purifica la frente del que sufre; 
su rostro es una estrella y es su alma una oración, 
y en ella, como el himno de una alma religiosa, 
se eleva hasta los cielos el libre corazón. 

Guillermo Matta (chileno) 



248 ANTOLOGÍA AMERICANA 



¡SOLOS!.. 



Nadie nos oye; el viento que suspira, 
durmiendo entre el ramaje, está callado. 
¿No ves reir al cielo que nos mira 
de nuestra dulce dicha enamorado? 

¡Qué bien estás así! Con embeleso 
cuéntame tus querellas, tus agravios; 
que, para consolarte, tengo un beso 
impaciente temblando entre mis labios. 

Tu ausencia ha sido para mí un calvario. 
¡Ay! ¿Quieres conocer cuánto he sufrido? 
Pues bien, mira: mi pecho es un osario 
que las víctimas guarda de tu olvido. 

¿Y he podido vivir un solo instante 
tan lejos de tu cielo? ¡Oh, ángel mío, 
sin el calor de tu mirada amante 
en mitad de la vida tuve frío! 

Mas ¿por qué, triste, inclinas la cabeza? 
¿Por qué tan rojo á tu mejilla asoma 
el vivido carmín de la cereza? 
Dime, dime tus penas, mi paloma. 

Quiero en mi corazón, gota por gota, 
filtrar toda la hiél de tus enojos: 
¿qué me importa llevar el alma rota 
si he de ahorrar una lágrima á tus ojos? 

Nadie nos ve. La luna se ha escondido 
envidiando tu cutis nacarado, 
y sólo el corazón siente el gemido 
que exhalan nuestras dichas del pasado. 

¿Callas?... Nada me importa que tus labios 
no me cuenten tus íntimos dolores, 
cuando leo tus candidos agravios 
con el puro cristal de mis amores. 

Nada importa que ocultes, mi querida, 
tus infantiles penas, tus querellas: 
para hablarme de ti, que eres mi vida, 
aprendieron tu idioma las estrellas... 



EPIFANIO MEJ1A 



249 



¿Por qué lloras? - De amor en el exceso 
vamos en busca de triunfales palmas; 
juntemos nuestros labios en un beso 
que sea el desposorio de dos almas. 

Si no llegamos á alcanzar la dicha 
que busca el corazón en su delirio, 
¿qué nos importa, dime, la desdicha 
si con amor es dulce hasta el martirio?... 



Alejandro B. Méndez (peruano) 



EL CANTO DEL ANTIOQUEXO 



Nací sobre una montaña: 
mi dulce madre me cuenta 
que el sol alumbró mi cuna 
sobre una pelada sierra. 
Nací libre como el viento 
de las selvas antioqueñas, 
como el cóndor de los Andes 
que de monte en monte vuela. 
Pichón de águila que nace 
en el pico de una peña, 
siempre le gustan las cumbres 
donde los vientos refrescan. 

Amo el sol porque anda libre 
sobre la azulada esfera, 
al huracán porque silba 
con libertad en las selvas. 
El hacha que mis mayores 
me dejaron por herencia, 
la quiero porque á sus golpes 
libres acentos resuenan. 
Forjen déspotas, tiranos, 
largas y duras cadenas 
para el esclavo que humilde 
sus pies, de rodillas, besa. 
Yo, que nací altivo y libre 
sobre una sierra antioqueña, 
llevo el hierro entre las manos 
porque en el cuello me pesa... 

Cuando desciendo hasta el valle 
y oigo tocar la corneta, 
subo á las altas montañas 
á dar el grito de ¡alerta! 
- ¡Muchachos!, les digo á todos 
los vecinos de la selva: 



da corneta está sonando! 

¡Tiranos hay en la tierra! - 

Mis compañeros alegres 

el hacha en el monte dejan 

para empuñar en sus manos 

la lanza que al sol platea. 

Con el morral á la espalda 

cruzamos llanos y cuestas, 

y atravesamos montañas, 

y anchos ríos y altas sierras; 

y cuando al fin divisamos 

allá en la llanura extensa 

las toldas del enemigo 

que entre humo y gente blanquean, 

volamos como huracanes 

regados sobre la tierra, 

y ¡ay del que espere el empuje 

de nuestras lanzas resueltas! 

Perdonamos al rendido, 
porque también hay nobleza 
en los bravos corazones 
que nutren las viejas selvas. 

Cuando volvemos triunfantes, 
las niñas de las aldeas 
tiran coronas de flores 
á nuestras frentes serenas. 

A la luz de alegre tarde, 
pálida, bronceada y fresca, 
de la montaña en la cima 
nuestras cabanas blanquean. 
Bajamos cantando al valle 
porque el corazón se alegra, 
porque siempre arranca un grito 
la vista de nuestra tierra. 



25° 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Es la oración: las campanas 
con golpe pausado suenan: 
con el morral á la espalda 
vamos subiendo la cuesta. 
Las brisas de las colinas 
bajan cargadas de esencias; 
la luna brilla redonda 
y el camino amarillea. 
Ladran alegres los perros 
detrás de las arboledas: 
el corazón, oprimido 
de gozo, palpita y tiembla... 



Caminamos..., caminamos..., 
y blanquean... y blanquean..., 
y se abren con ruido 
de las cabanas las puertas. 
Lágrimas, gritos, suspiros, 
besos y sonrisas tiernas, 
entre apretados abrazos 
y entre emociones revientan. 
¡Oh libertad, que perfumas 
las montañas de mi tierra, 
deja que aspiren mis hijos 
tus olorosas esencias! 

Epifanio Mejía (colombiano ) 



¡OH CORAZÓN!... 



¡Oh corazón! ¿Qué vales ni qué puedes 
de este vivir en el artero abismo, 
si presa tú de las mundanas redes 
eres siervo y señor á un tiempo mismo? 

¿Quién á tu ley su vanidad no humilla? 
¿A quién, si ruegas, tu humildad no mueve? 
¿Eres luz y verdad? ¿Eres arcilla? 
¿Guardas lo eterno, ó lo mudable y breve? 

¿Qué vínculo, qué lazo hay en tu esencia 
entre el yo pensador y el sentimiento? 
¿Al pensamiento guardas obediencia, 
ó dominas audaz al pensamiento? 

¿Por qué formas de amor volcán hirviente 
si tu latir á otro latir responde? 
¿Dónde guardas del odio la serpiente, 
la torpe envidia y la ambición en dónde? 

Yo no lo sé; mas la virtud y el vicio 
juntos te inspiran por extraño modo: 
si abnegado, capaz del sacrificio; 
reprobo y criminal, capaz de todo. 



Invisible poder tu curso enfrena; 
múltiple forma á tu capricho muda ;: 
tétrico en Ilámlet, triste en Magdalena, 
sublime en Jesucristo, real en Judas. 



LAURA .MÉNDEZ DE CUENCA 251 



Amas al mundo y sueñas con el cielo, 
tremenda lucha en que tu ser exhalas; 
así el ave nacida para el vuelo 
calienta el nido en que plegó las alas. 

Ruedas á veces á la cripta muda, 
de beatífica fe sublime ejemplo, 
y otras, roído por sangrienta duda, 
mártir expiras al umbral del templo. 

Ya eres ternura y místico idealismo, 
ya deleite sensual de amante pena; 
ora fe y religión, ora ateísmo, 
dogma que salva y duda que condena. 

Penumbra ó claridad, verdad ó mito, 
vives, palpitas, gozas y padeces: 
por el amor confiesas lo infinito, 
y aceptas el infierno si aborreces. 

¡Qué batallar con la pasión á solas! 
¡Qué fiera lid á solas con la idea! 
¡Qué dejar en el ara en que te inmolas 
carne que abrasa y sangre que caldea! 

¡Qué vida tan inquieta la del mundo! 
¡Qué promesa tan dulce la del cielo! 
La Muerte... ¡qué misterio tan profundo! 
La Nada... ¡qué terrible desconsuelo! 

Cese ya, corazón, tu lucha fiera 
y que la luz al pensamiento acuda. 
Si eres fango no más, ¿por qué se espera? 
Si eres obra de Dios, ¿por qué se duda?.. 

¡Misterio nada más!.. ¿Y quién osado 
pretende conocerte?.. ¡Pobre loco! 
Vives, para ser barro, demasiado, 
y para ser verdad, vives muy poco. 

Laura Mkxdez de Cuexca (mexicana) 



MESALIXA 

Tus ojos vuelve á los pasados días, 
oh mujer, y repasa en la memoria 
el tropel de culpadas alegrías 
que componen el libro de tu historia. 



¡52 ANTOLOGÍA AMERICANA 



No intentes disculparte: si amargura 
en vasos de oro tu destino escancia, 
¿quién, si no tú, rasgó la vestidura 
para acortar al vicio la distancia? 

Ni casto amor, ni endechas cariñosas 
han de encauzar de tu pasión la fuente; 
fuera parar con pétalos de rosas 
el caudal impetuoso del torrente. 

Caíste: de tus sueños virginales 
ya ni gráciles ráfagas esplenden; 
y brillan de tus ojos los cristales 
con llamas rojas que la sangre encienden. 

Tú provocas, tú incitas: imprudente 
das al amante, en cita romancesca, 
no de Julieta el ósculo inocente, 
sino el sensual é impuro de Francesca. 

A la fuga de un huésped trashumante, 
tu seno maternal horror te inspira, 
y aprietas á su curva vergonzante 
el áureo cinturón de la hetaira. 

Tú, con despejo criminal que aterra, 
apartas tu regazo al pequeñuelo: 
¡pobres hijos que arrojas en la tierra 
á la dudosa protección del cielo! 

Roto el lazo social, el deber roto, 
flotas por cima del desprecio humano, 
arrogante y altiva como el loto 
que emerge de los limos el pantano. 

¿Y hablas de redimirte? ¡Qué ironía! 
Tiene surcos tu faz, y tienes canas; 
Magdalena era hermosa todavía 
cuando huyó de las lides cortesanas. 

Para aguardar la muerte tu deshecho, 

abre sus fauces y .su vientre ensancha; 
vendrá primero el numerado lecho, 
después la disección sobre la plancha. 



Laura Méndez de Cuenca (mexicana) 



RAIAKI. MARÍA DE MENDIVE 



MAGDALENA 

Pálida como pálida azucena, 
la blonda cabellera destrenzada, 
de hinojos ante Cristo, atribulada, 

llorando está sus culpas Magdalena. 

Tiembla, suspira, punzadora pena 
se refleja en su lánguida mirada, 
besa los pies del Salvador cuitada 
y los unge con nardo y con verbena. 

«Padre, Padre, la impura penitente 
espera tu perdón en su quebranto; 
toque tu diestra mi lasciva frente,» 

clama la pecadora con espanto. 
Y alzándola Jesús, dijo clemente: 
«Te perdono, mujer, ¡amaste tanto!..» 

Lacra Méndez de Cuenca (mexicana) 



SONETO 



Es, á veces, amor profunda hoguera, 
á veces hielo deslumbrante y frío, 
á veces nube de ardoroso estío, 
á veces flor de hermosa primavera. 

Es de esperanza fuente placentera, 
es de la duda piélago sombrío 
donde van á morir, cual manso río 
al mar, los sueños de la edad primera. 

Todo lo cubre su esplendente velo, 
todo lo enciende y de pasión lo inflama, 
y al mismo infierno lo convierte en cielo. 

Pero el divino encanto de su llama 
no quiere Dios que sirva de consuelo 
ni á viejo verde, ni á provecta dama. 

Rafael María de Mendive (cubano) 



254 antología americana 



LA PENSATIVA 

¿Qué piensas, melancólica hermosura, 
cuando fijas absorta tu mirada 
en esa margarita deshojada, 
imagen de un amor que fué locura? 

¿Qué piensas cuando besas con ternura 
sus hojas, y febril y apasionada, 
encierras en su cáliz, congelada, 
de tu vida la lágrima más pura? 

¿Qué esperas? ¿Pero á qué te lo demando, 
si tu frente se dobla pensativa 
al peso de recuerdos opresores? 

¿Si encadenada estás, si estás llorando, 
y en brazos del dolor te ves cautiva, 
sin porvenir, sin patria y sin amores? 

Rafael María de Mendive (cubano) 



ROSAS Y PERLAS 

Las que el duro jergón de la pobreza 
cambian en blando lecho, y la tristeza 

en plácida alegría, 
alcanzarán del cielo, por piadosas, 
el don de hollar, en la sagrada vía, 
de Jericó las inmortales rosas. 

Los que recogen el acerbo llanto 
de un alma triste en su mortal quebranto, 

recogerán las perlas 
con que Dios en el mundo galardona 
á los buenos que saben merecerlas, 
y han de ceñir de luz una corona. 

Rafael María de Mendive (cubano) 



JUAN LEÓN MERA 255 



EL CUERVO Y LA ZORRA 



A un cuervo hediondo y necio 
que el cadáver de un burro se engullía, 
trató la zorra con burlón desprecio; 
mas el cuervo después subióse un día 
á una alta parra de racimos llena. 
Llega la zorra, pero ve con pena 
que no puede alcanzar al dulce fruto; 
entonces fué que el animal astuto 
al despreciado cuervo así decía: 
«¡Oh pájaro el más bello y el más noble, 
con justicia elevado á esas alturas! 
Échame de las uvas ya maduras, 
y en pago Apolo su favor te doble.» 
¿La misma zorra al cuervo vil dijo esto? 
¡Cuanto vale ocupar un alto puesto! 

I tan León Mera (ecuatoriano) 



INDIANA 



índica bella, Cori adorada, 
el astro sumo tu tez morena 
te dio, y la luna la luz serena 
de tu mirar. 

Tiñó tu trenza noche atezada, 
pintó tus labios la rósea aurora, 
te dio su talle la cimbradora 
palma real. 

Las tiernas aves de la montaña 
te han enseñado gratos cantares, 
gracias te han dado los tutelares 
genios del bien. 

Miel en tu lengua la dulce caña 
vertió, y la brisa, que entre las flores 
vuela, á tu aliento dio los olores 
de algún clavel. 



256 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Pero ¡ay! los Andes, cuando naciste, 
alma de crudo hielo te han dado, 
y de sus rocas ¡ay! han formado 
tu corazón: 



pues no te inflamas al ver al triste 
yupanqui en llanto por ti deshecho, 
ni su gemido hiere tu pecho 
que nunca amó. 

Juan León Mera (ecuatoriano) 



CONTRASTE 



No tiene el Amazonas en sus orillas 
rosa como la rosa de tus mejillas, 
ni en sus laderas tienen nuestras montañas 
roca como la roca de tus entrañas. 

Juan León Mera (ecuatoriano) 



LAS GOTAS DE AGUA 



(De Apeles Mes tres) 



La primera gota de agua 
que cayó sobre la roca, 
se deslizó y fué á perderse 
silenciosa. 
Siguiendo el mismo camino 
cayó la segunda gota, 
y se perdió la segunda 
como la otra. 

Y vino otra y otra..., y lentas..., 
tejieron siglos las horas, 

y las gotas resbalaban 
en la roca. 

Y otra más y otra..., incesantes 
y temerarias las gotas 



ya abren surco, ya su paso 
marcar osan. 
El surco es ya una caverna 
que la ardua roca devora; 
pronto habrá desparecido 
tal vez toda. 
¿Cuál ha sido la más fuerte 
y potente de las gotas, 
la que á la nada redujo 
la ardua roca? 
No ha sido, no, la primera, 
ni la segunda, ni la otra, 
ni ésta, ni aquélla... ¡Ninguna! 
¡ Fueron todas! 
José Trajano Mera (ecuatoriano) 



JOSÉ TRAJANO MERA 257 



SONETO 

Por hacerte dichosa me desvelo; 
que no se truequen en angustia impía 
de tu pecho la paz y la alegría, 
tales mis votos son, tal es mi anhelo. 

Por ti, mi único amor y mi consuelo, 
sacrificara la existencia mía; 
si pudiera, la noche en claro día 
por ti cambiara, y este mundo en cielo... 

La corona nupcial, en premio, aspiro 
que me dejes poner sobre tus sienes: 
dame el ansiado sí... ¡Por él deliro! 

Sabes que cifro en él todos mis bienes... - 
Así le dije yo, dando un suspiro, 
y ella me contestó: - ¿Qué renta tienes? 

José Trajaxo Mera (ecuatoriano) 



INTIMA 

Muchos doctores sentenciosos, graves 

y sabios á cual más, 
citando convencidos en su apoyo 

á Charcot y Hanemán, 
me auscultaban una á una las entrañas, 

y luego... á recetar. 
- No troquéis los autores - á decirles 

atrevíame ya. - 
Si consultáis á Heine ó á Petrarca, 

la enfermedad, dirán, 
del corazón se cura con un beso; 

con morfina, jamás. 

José Trajaxo .Mera (ecuatoriano) 



DOS AMORES 

Iba á partir: llorosas á mi lado 

á dos mujeres vi, 
a las cuales mi amor hube entregado 

con loco frenesí. 
Al darles el adiós triste y postrero, 

la una á gritos lloró 
y á gritos dijo: - ¡Moriré primero: 

Antología americana 17 



2<8 



antología americana 



pero olvidarte, no! 
La otra no dijo nada; pero el llanto 

vi en sus ojos brillar: 
lloró, mas en silencio su quebranto 

queriéndome ocultar. 

Se pasaron dos años: cuando al centro 

de mi hogar regresé, 
una sola mujer salió á mi encuentro 

de las dos que dejé. 
Por la otra al preguntar que lloró á mares 

y tanto amor juró, 
supe que pronto, un joven, de azahares 

su frente coronó... 

¿Sabéis quién á mi encuentro placentera 

salió cuando volví? 
La que nada me dijo en la postrera 

vez que me despedí; 
la que, por evitar que yo llorara, 

su llanto me ocultó, 
y, sin que amor eterno me jurara, 

de mí no se olvidó; 
la que aún me ama con amor profundo 

difícil de igualar. 
Mi madre fué... ¡La madre! ¡En este mundo 

sólo ella sabe amar! 

[osé Trajaxo Mera* (ecuatoriano) 




JOSÉ MILLA 



• 7 59 



DESEOS CUMPLIDOS 



¡Qué extraña es tu condición, 
desdichada raza humana! 
Cuando de una ansia tirana 
te estimula el aguijón, 
á medio mundo alborotas, 
vas á regiones ignotas 
en pos de bienes fingidos, 
y luego, mísera, sientes 
los graves inconvenientes 
de los deseos cumplidos. 

Sin tener hambre canina, 
comió Adán manzana ó pera, 
que no sé á punto cuál era 
la preciada golosina. 
A causa de aquel pecado, 
vivió errante y desterrado 
de su bello edén querido, 
y del bien y el mal la ciencia 
nos legó, por consecuencia 
de aquel deseo cumplido. 

Semelé, mal inspirada, 
pide á Júpiter, su amante, 
que se le ponga delante, 
del rayo la diestra armada. 
Atiende el dios á aquel ruego, 
y de un vivísimo fuego 
preséntase revestido: 
se abrasa el palacio y arde; 
Semelé llora, aunque tarde, 
su mal deseo cumplido. 

Enamorado David 
de la mujer de un soldado, 
lo envió, con pliego cerrado, 
á que muriera en la lid. 
Atrajo males sin tasa 



sobre su persona y ca^a, 
y deploró arrepentido 
con acentos inmortales 
los resultados fatales 
de aquel deseo cumplido. 

Quiso el filósofo Plinio, 
con infatigable afán, 
ver la erupción de un volcán, 
y allí encontró su exterminio. 
Yo sostengo, sin agravio 
de tan respetable sabio, 
que más le habría valido 
estarse quieto en el mar, 
que no tener que llorar 
aquel deseo cumplido. 

Enamoróse un pastor 
de una princesa de Grecia, 
y ella, ó disoluta ó necia, 
siguió al lindo seductor. 
Hubo una guerra tremenda, 
y en la empeñada contienda, 
eme asombro del mundo ha sido, 
pereció el mozo imprudente, 
llorando seguramente 
aquel deseo cumplido. 

Rodrigo, monarca godo, 
se apasionó de Florinda, 
que era una chica muy linda, 
y de obtenerla halló modo. 
Su padre, lleno de saña, 
vengó á costa de la España 
el ultraje recibido. 
Origen de mal tamaño 
y de tan funesto daño 
fué aquel deseo cumplido. 



2ÓO 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Perú ¿por qué en las historias 
de las remotas edades 
hemos de buscar verdades 
trasegando vejestorias? 
Si tales anomalías 
ocurren todos los días, 
pienso, lectores queridos, 
que veamos en lo presente 
el mal, de bulto, patente, 
de los deseos cumplidos. 

El mancebito don Diego 
toca su cara lustrosa 
y daría... cualquier cosa 
por tener patillas luego. 
Merced á algún buen aceite, 
habrá día en que se afeite, 
y maldecirá aburrido 
al barbero y las navajas, 
pulsando las desventajas 
de aquel deseo cumplido. 

Se afana Juan, hombre pobre, 
por ser hombre de caudal, 
y al fin reúne un capital 
en oro, en plata y en cobre. 
Muy tarde ve el majadero 
que es un tirano el dinero; 
está triste, ha enflaquecido, 
vive en continuo cuidado; 
he ahí el fatal resultado 
de aquel deseo cumplido. 

Se desvive el matrimonio 
de don Cosme y doña Andrea 
por un chiquillo que sea 
de su vigor testimonio. 
Plegó al fin, cesó la pena, 
y otro y otro...., una docena 
calienta ya el dulce nido 
de insolentes y traviesos: 
los resultados son esos 
de aquel deseo cumplido. 



Intrigó su vida entera 
por ser ministro don Pablo; 
y al fin, por querer del diablo, 
llegó á atrapar la cartera. 
Ocupa el sillón y lidia 
con la injusticia y la envidia; 
no descansa, hasta dormido 
los pretendientes lo asaltan, 
consecuencias que no faltan 
de aquel deseo cumplido. 

Vive Amira sosegada 
sin cortejo ó chichisbeo; 
pero la punza el deseo 
de ser señora casada. 
Se inclina al fin bajo el yugo: 
halla un bárbaro verdugo 
en lugar de un buen marido; 
y casi se vuelve loca 
cuando el resultado toca 
de aquel deseo cumplido. 

Quiso Andrés ser escritor, 
tanto en verso como en prosa, 
y al fin hizo alguna cosa 
que debiera darle honor. 
Pero diez escritorzuelos, 
llenos de rabia y de celos, 
chillaron á grito herido 
y lo llamaron plagiario: 
legítimo corolario 
de aquel deseo cumplido. 

Si lo anima la esperanza, 
el hombre goza y delira; 
mas ve que todo es mentira 
cuando lo que anhela alcanza. 
Vivamos en ese sueño, 
teniendo por solo empeño 
no empeñarnos, y advertidos 
que nuestros deseos sean, 
que nunca jamás se vean 
nuestros deseos cumplidos. 

José Milla (centroamericano} 




■ 



LO QUE ES AMOR 

Hija mía, el amor es un espejo 
do la coqueta busca su reflejo, 

llena de vanidad. 
Más tarde al corazón da grata calma 
é inoculando la virtud en su alma, 

la empapa en castidad. 
También es un abismo en que la mano 
un borde de que asirse busca en vano 

y resbalan los pies, 
como el incauto niño que inocente 
se contempla y se baña en una fuente, 

y se ahoga después. 



j jrs ^-^C 



Bartolomé Mitre (argentino) 



LA ESPERANZA 



El prado está sin flores, 
sin ramas el olivo, 
el cielo sin celajes ni colores, 
y el viento sin olores 
vaga por la pradera fugitivo. 

Sólo una flor graciosa 
sobre el ligero tallo, 
al soplo de la brisa cariñosa, 
se columpia dichosa 
con dulce languidez y con desmayo. 



¿Por qué esa flor resiste 
del sol el rayo ardiente? 
¿Cómo no viene suspirando triste? 
¿Cómo esa flor existe 
en tanta soledad indiferente? 

Del bien en el camino 
no teme la mudanza, 
ni el hórrido calor ni el torbellino; 
vivir, siempre vivir es su destino. 
¿La quieres conocer? Es la esperanza. 

JOSÉ MONROY (mexicano) 



!Ó2 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



LA CONCIENCIA 

(Á TIRTEO) 

Luz que vive en la mente, misteriosa; 
voz que, al hablarnos, de pavor nos llena; 
juez que, siempre implacable, nos condena: 
sombra que por doquiera nos acosa; 

frío puñal que el corazón destroza 
y cuya aguda punta lo envenena; 
insomnio matador, dura cadena; 
océano de agua amarga, tempestuosa; 

tormento siempre cruel y siempre eterno, 
agonía que roe la existencia, 
ojo de Dios que mira hasta lo interno: 

todo eso, amigo mío, es la conciencia... 
¡Infeliz del que lleva en sí ese infierno 
y vive sin amor y sin creencia! 

Modesto Molina (peruano) 



TUMBA IGNORADA 



Me dices que está mi frente 
pálida por el dolor, 
y que mi rostro revela 
la pena que siento yo. 
Dices que tengo una herida 
mortal en mi corazón, ' 
y que esa mortal herida 
me matará de dolor. 
Si has sentido la desgracia; 
si has sentido la aflicción; 
si alguna bella esperanza 
te ha dado el postrer adiós; 
si ha caído deshojada 
de tu existencia la flor; 
si has recibido del mundo 
espantosa decepción; 
si la amargura te ha dado 



á probar su agrio licor, 
sabrás por qué está mi frente 
pálida por el dolor 
y por qué dice mi rostro 
la pena que siento yo. 
Déjame así. La tristeza 
me brinda solaz, amor, 
la alegría me anonada 
y me causa honda aflicción. 
En ésta contemplo al mundo 
y en aquélla encuentro á Dios, 
en ésta hay vanos placeres 
y en aquélla hay oración. 
¿Sabes por qué está mi frenti 
pálida por el dolor? 
Porque hay una tumba fría 
guardada en mi corazón. 

Modesto Molina (peruano) 



AMBROSIO MONTT 



263 



sDÓNDE irá? 



Vuela, negra peregrina, 
vuela al sur la golondrina: 

¿dónde irá? 
Mas vendrá la primavera 
y á su cálida ribera 
la viajera volverá. 

Y esa linda flor que, triste, 
destrozar anoche viste, 

¿dónde irá? 
Mas al ramo, mustio ahora, 
con las rosas de la aurora 
nueva rosa volverá. 



Sin corona, triste y laso, 
se hunde el sol en el ocaso: 

¿dónde irá? 
Mas mañana, sonriente, 
como mago rey de Oriente, 
rutilante volverá. 

Y el suspiro, alado, intenso, 
de tu alma puro incienso, 

¿dónde irá? 
Santo lirio allí florece: 
si su olor se desvanece, 
nunca, ¡oh niña!, volverá. 

Ricardo del Monte (cubano) 



SITUACIÓN XO ENVIDIABLE 

Es triste mirar roto el pudibundo 
sueño que al alma le prestaba encanto; 
ver una madre que, anegada en llanto, 
besa el labio del hijo moribundo: 

sentir del corazón en lo profundo 
de nuestra fe extinguirse el faro santo; 
dudar de Dios y su piedad, en tanto 
que por doquiera se obscurece el mundo. 

Es muy triste morir apaleado; 
tener el corazón de hierro ó cobre; 
ser manco, tuerto, tonto ó jorobado; 

no hallar mujer, aunque el amor nos sobre; 
pero estar es más triste enamorado, 
rico en proyectos, y en dineros pobre. 

Ambrosio Montt (chileno) 



IMPOTENCIA HUMANA 



Cual águila enjaulada que aletea, 
ansiosa de sondar el firmamento, 
cuando rodar las nubes hace el viento 
y el rayo por las cimas culebrea, 



264 ANTOLOGÍA AMERICANA 



en mi cráneo se agita gigantea 
la águila del humano pensamiento; 
quiero sondar la inmensidad que siento 
palpitar en natura y en la idea. 

Forma sublime tempestad la ciencia, 
de la mente del genio el rayo brota 
que alumbra, pero quema la conciencia. 

Mas ¡ay!, ¿quién llega hasta la altura ignota? 
La cárcel al romper, nuestra existencia 
rueda al abismo de lo eterno rota. 

Ambrosio Montt (chil 



ORACIÓN MATINAL 

Cuando en oriente la apacible aurora 
destrenza su radiante cabellera, 
y el vuelo tiende á la azulada esfera 
el ave humilde que en las selvas mora, 

¡cómo, Dios mío, el corazón te adora, 
y lleno de bondad, de fe sincera, 
tu nombre bendiciendo por doquiera, 
se torna alegre, si angustiado llora! 

De hinojos, á los pies de tus altares, 
yo le pido á mi padre San Antonio 
te ruegue buena suerte me depares, 

que aunque vaya en mi senda algún demonio 
sembrando desengaños y pesares, 
me libres, por piedad, del matrimonio. 

Ambrosio Montt (chileno) 




^M(¿ tí}J%mgz 




A MILTON 



La envidia con hipócritas acentos 
te lanza, furibunda, su anatema, 
diciendo que decoras tu poema 
con pomposos, hurtados elementos. 

¡Tú plagiario! ¿Y tus épicos portentos? 
¡Tú que ciñes del genio la diadema! 
¡Tú!.. Perdona á ese ateo que blasfema, 
padre inmortal de egregios monumentos. 

Ya tu implacable crítico nefario, 
Eróstrato del mundo literario, 
cubierto de baldón yace en la historia: 

pues más demente que el demente griego, 
él no pudo incendiar, ¡oh bardo ciego!, 
el granítico templo de tu gloria. 

Victoriano E. Montes (argentino) 



FLORES Y PERLAS 



Perlas valiosas y no cantares 
para ti, niña, quiso mi anhelo; 
y al ir buscando por mis hogares 

tan ricas galas, 
un ángel rubio bajó del cielo 
trayendo perlas bajo sus alas. 

«Joyas que ansias vas á tenerlas, » 
me dijo el ángel, y dióme en breve 
una corona de blancas perlas 



envuelta en tules, 
bellos azahares y copas de Hebe 
que ató con cintas blancas y azules. 

El ángel luego batió sus alas 
y huyó entre sombras crepusculares: 
y hoy al brindarte mis ricas galas 

vas á cogerlas, 
y hallas guirnaldas de albos azahares 
y no corona de blancas perlas. 
Renato Morales (peruano) 



2 66 ANTOLOGÍA AMERICANA 



EL FESTÍN 

Bate el buitre voraz de corvo pico 
el soberbio abanico 
de sus alas negruzcas; 
tiende el cuello, dilata su pupila, 
que es ascua que titila, 
y baja á impulso de sus ansias bruscas. 

Atento mira la sabrosa presa, 
y grita y se embelesa 
y hunde sus garras en el cuerpo inerte 
de la oveja caída, 
que desplomó, sin vida, 
el sordo tajo de alevosa muerte. 

Y un buitre y dos y diez y veinte y ciento 
acuden al festín en el momento, 
hambrientos y glotones; 
rompen las carnes y, al rasgar las venas 
cristalinas y llenas, 
salta la roja sangre á borbotones. 

¡Qué salvaje festín! En un segundo 
bien pueden devorarse todo un mundo: 
dejan el esqueleto destrozado, 
y levantando el vuelo 
para perderse en el azul del cielo, 
ostentan su plumaje ensangrentado. 

Sixto Morales (perttam ) 



A ELENA 

No permitas que se enferme 
tu corazón. Vive alerta. 
¡Te llaman! No abras la puerta, 
ni dejes tu dulce abrigo. 
1 inerme, duerme; 
pero soñando conmigo. 

Sixto Morai es (peruano) 



MÁXIMO MORANTE 267 



FILOSOFÍA 

¡Queremos ascender! La carcajada 
da un apostrofe cruel al desconsuelo, 
la pupila chispea, y la mirada 
rasga el éter azul y escruta el cielo. 

¡El descenso es fatal! De ruina en ruina 
va el hombre taciturno y sin apoyo: 
busca ansioso una rosa, halla una espina: 
tiene hidrópica sed, no encuentra arroyo. 

¡La vida es un contraste! Risa y llanto, 
amarga realidad y dudar lento; 
después de una ilusión, un desencanto; 
y después de un deleite, un sufrimiento. 

Empujemos la barca voladora 
para burlar la tempestad airada; 
que la muerte, esa trágica traidora, 
nos conduce al gran todo de la nada. 

Sixto Morales (peruano) 



CONTRASTES 



Cuando era pobre y toda mi fortuna 
era rayos de luna, 
demandaba su amor hecho un bolonio. 
- Que te ame es muy difícil, me decía: 

pues sólo poesía 
llevarás como dote al matrimonio. 



II 



Y hoy que soy rico y tengo más millones 
que antes tuve ilusiones, 
y la ofrezco diamantes en vez de odas, 
al implorar de nuevo su ternura, 
me dice que es locura 
el llevar sólo prosa á nuestras bodas. 

Máximo Morante (peruano) 



!ÓS ANTOLOGÍA AMERICANA 



LA CIEGA 



¡Todo es noche, noche obscura! 
Ya no veo la hermosura 
de la luna refulgente; 
del astro resplandeciente 
tan sólo siento el calor. 
No hay nube que el cielo dora, 
ya no hay alba, no hay aurora 
de blanco y rojo color. 

Ya no es bello el firmamento, 
ya no tienen lucimiento 
las estrellas en el cielo: 
todo cubre negro velo, 
ni el día tiene esplendor. 
No hay matices, no hay colores, 
ya no hay plantas, ya no hay flores, 
ni el campo tiene verdor. 

Ya no gozo la belleza 
que ofrece naturaleza, 
lo que al mundo adorna y viste; 
todo es noche, noche triste 
de confusión y pavor. 
Doquier miro, doquier piso 
nada encuentro, y no diviso 
más que lobreguez y horror. 

En mitad de su carrera, 
cuando más luciente era, 
de mi vida el astro hermoso 
en eclipse tenebroso 
por siempre se obscureció. 
De mi juventud lozana 
la primavera temprana 
en invierno se trocó. 

Mil placeres halagüeños, 
bellos días y risueños 
el porvenir me pintaba, 
y todo me lo mostraba 



RODERTO DE NARVAEZ 



269 



por un prisma encantador. 
Las ilusiones volaron, 
y en mi alma sólo quedaron 
la amargura y el dolor. 

Cual cautivo desgraciado 
que se mira condenado 
en su juventud florida 
á pasar toda la vida 
en una horrenda prisión, 
tal me veo, tal mi suerte... 
Sólo espero que la muerte 
de mí tenga compasión. 

Agostada mi esperanza 
ya ningún remedio alcanza, 
ni una sombra de delicia 
á mi existencia acaricia: 
mis goces son el sufrir. 
Y en medio de esta desdicha 
aspiro sólo á una dicha... 
y es la dicha de morir. 



María Josefa Mujía (boliviana) 



¡HUYAMOS! 



¡Alma, de duda y desengaños llena! 
¡Helado corazón, que en la sombría 
noche de la fatal melancolía 
sacudes, sollozando, tu cadena! 

Deja este suelo ingrato, á que es ajena, 
flor de nuestro pensil, la poesía, 
y el mundo trueca y su algazara impía 
del campo amigo por la paz serena. 

¡Huyamos! Un rincón, no importa dónde...; 
soledad y silencio, un claro cielo, 
una choza que entre árboles se esconde, 

y la canción del ave, que su vuelo 
para en el techo y desde allí responde 
al reclamo de amor... ¡es cuanto anhelo! 

Roberto de Narváez (colombiano) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



EX MI ALCOBA 



Enlazó á mi garganta 
sus olorosos brazos en que corre 

la voluptuosa arteria 
modulando sus rítmicos acor . 

fijó luego en mis ojos 
su mirada de suaves resplandores. 

Hazme unos versos - dijo - 
que me recuerden mis pasados goces. 

He sido muy dichosa 
cuando oía las plácidas canciones 

con que tú celebrabas 
mi juventud y mi belleza enton< 

Ya no tu dócil lira 
.ida alfombra con risueñas flores, 
ni tus versos me arrullan 
con inefables y divinas voces. 

Mis noches son muy tristes: 
¡si tú vieras qué tristes son mis noches 

porque á mis inquietudes 
tu apasionada estrofa no responde! 

Modula el verso amante 
bañado en luz, el verso que amontone 

un nimbo y otro nimbo 
sobre mi sien velada de crespón 

Pues qué. ¿no soy tu musa, 
la que inspira tu canto, la que pone 

el ritmo y la cadencia, 
el matiz v el color en tus canción - 



V oprimiendo mi cuello 
con sus redondos brazos tentado: 

me dio un beso en la frente 
v pobló mi cerebro de canci< 

j 




\\ l ES l 'l.l VALS 



Jirón de cielo Ó mar dos infinitos. 

La saya azul que en tu escarpín se acota 
esfuma entre sus pliegues los contornos 
de la doble columna en que te apoyas; 

roja como la flor del amaranto, 
la cinta que tus crenchas aprisiona 

finge un halo de fuego 

en torno á un haz de rayos de la auior.i. 
las suaves líneas de tu torso cubre 

blanca almilla gaseosa, 

á la que, por la espalda, inunda en oro 

tu destrenzada cabellera blonda; 

hasta ascender ;í ti, tónica a-uda, 
cada mujer de este concurso es nota 
con que el capricho del a/ar escribe 

una escala cromática de hermosas: 

escueta de oropeles 

y de atavíos sobria, 

Incite en el pedestal de tus encantos, 
con tus gracias por Únicas fiadoras, 
luirás en derredor, como < |uei iendo 
ti Hileslar un saludo á la VÍCtOl 13 : 
Verde esplendor se escapa de tus ojos, 

\ | todos te proclaman \ enced< >ra! 



i oía a i i i \< 



El \als \ mi emoción a un tiempo \ ibran: 
luces 5 i ii míos poi el aire < tndean, 
< olores j fragancias se confunden, 
ai pegios \ fulgores se entremezclan. 
I lay boda; del pincel v del pentagrama, 
i la\ besos: los del tinte j la < adencia. 
( rentil cuino i n sola, 
i orno i n sola bella, 



antología americana 



al leve impulso que mi mano imprime 

sobre tu esbelto talle de Minerva, 

giras por el amplísimo rectángulo, 

y en pos de ti, la envidia que despiertas. 

Yo, como el ave herida 

en la natal floresta, 

giro también... en busca 

de mi nido de sueños de poeta: 

voltaica sacudida 

precipita la sangre en mis arterias; 

chocan en mi cerebro, 

rotas en mil pedazos, las ideas; 

Eros quiere encarnar en mi palabra, 

y, torpe, el labio á balbucir se niega; 

rendido, hipnotizado 

bajo la sugestión de tu presencia, 

voy dando como autómata 

la circular acompasada vuelta; 

y cuando la brillante catarata 

de melodías cesa, 

busco un sitial en que la calma logres; 

quedas en él como en tu solio, ¡oh reina! 

Y al fin, resucitando de aquel vértigo, 

me acuerdo de que estoy sobre la tierra... 

MI INVERNÁCULO 

Yo sé que en torno á mí nieva y escarcha; 
yo sé que el bóreas ronco 
cuaja el cristal de hielo en mis alféizares; 
desde estas salas oigo 
la gota que á compás en mi techumbre 
cayendo está con su caer monótono; 
hay en la acera gélidos carámbanos; 
hay frío..., mucho frío... en el arroyo; 
pero no llega acá: no lo consiente 
esta fiebre, este foco 
que se nutre de sangre de mis músculos, 
que en mis venas agota el néctar rojo, 
que atiranta mis nervios y que es arbitro 
de mis sentidos todos. 
No lo quiere esta llama que ilumina 
el ara oculta en que por ti me inmolo: 
no lo permites tú, mi casta Venus, 
¡mies que para mis campos ambiciono! 
Tú, de quien traigo á mi escondida cámara 

■ ilor de agosto 
que por mi ser difunden 
las verdes llamaradas de tus ojo-. 

\OSÍ A. NEGRÓN San.ukjo (portorriqueño) 



IGNACIO NOBOA 



2 73 



FE 

La arrogante impiedad nos asegura 
que declinar del sol la luz se siente, 
que se enfría la tierra lentamente 
y la estrella de Venus no fulgura. 

Que chocando otros globos en la altura, 
convertida en escombros de repente, 
perecerá la tierra y de su gente 
ni una memoria quedará segura. 

Xo me arredran, ¡oh Dios!, esos clamores 
que, para herir la santa fe, á porfía 
lanzan sin vacilar tus detractores; 

pues aunque el mundo pereciera un día, 
de pie sobre las ruinas, sin temores, 
confiado en ti, Señor, te esperaría. 

Ignacio Xoboa (peruano) 



A LA MUERTE 



¡Es preciso morir! Desesperado 
así lo siento por la vez primera, 
desde que el hado con su mano austera 
las fuentes de la vida me ha cegado. 

A solo vegetar soy condenado 
sin gozar de esperanza placentera; 
huyó el amor con la amistad sincera 
y á mis pies sólo abismos han quedado. 

Ven de una vez, consoladora muerte; 
ven, ábreme las puertas eternales 
donde no impera la implacable suerte. 

Ven, llévame del cielo á los umbrales 
y, desdeñando mi despojo inerte, 
prepara á mi alma gozos inmortales. 

Ignacio Noboa (peruano) 
Antología americana iS 



274 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



POR UN BESO 



Dios exclamó de improviso, 
viendo á Adán cual noche negra: 

- ¿Por qué te muestras remiso? 
¿No es tuyo ese paraíso 

que el sol refulgente alegra? - 

Adán, que escucha el acento 
de Dios, que en torno circula 
del callado firmamento, 
quiere hablar, y el sentimiento 
sólo un suspiro modula. 

- ¡Tu corazón ardoroso 
quizás en vano se exalta!.. 

- Señor, á este edén hermoso, 
prorrumpe Adán, tembloroso, 
no sé..., no sé qué le falta. 

- Tu noble y audaz anhelo 
casi á delirar te lleva; 

mas yo te daré consuelo - 
dice Dios... y, como un cielo, 
brilla entre jazmines Eva. 

Poseído de locura, 
mira el hombre á la mujer; 
y ante tan rara hermosura, 
toda su esbelta figura 
se estremece de placer. 

- Anhelo dichas mayores. 

- ¿Por qué en pedirme vacilas? 

- Quiero luz y resplandores. - 

Y Eva, radiante de amores, 
abre sus dulces pupilas. 

- Quiero una esencia preciosa, 
nacida de una quimera. - 

Y Eva, cual la luz hermosa, 
ron labios de fr< .-sea rosa 
sonríe por vez primera. 

Aún más mi espíritu ansia, 
clama Adán, que se atolondra; 
quien > ámbar, luz y armonía. - 



Y Eva, en quien Dios se extasía, 
da curso á su voz de alondra. 

Puesto aquél fuera de tino, 
cual revuelto torbellino, 
sonríe, llora y exclama: 

- Quiero un no sé qué divino 
que apague esta intensa llama. - 

Eva, sin mostrar agravios, 
cierra con dulce embeleso 
sus negros ojos arabios; 
y abriendo sus rojos labios 
brinda al hombre el primer beso. 

Adán, al contacto breve 
de tan hechicera boca, 
no respira ni se mueve, 
y aun á imaginar se atreve 
que es ilusión cuanto toca. 

A T uelto en sí del vivo pasmo, 
quiere volar de Eva en pos; 
mas Dios calma su entusiasmo, 
diciendo: - ¡Rudo sarcasmo! 
¡La mujer antes que Dios!.. - 

Adán, á quien nada arredra: 

- Quiero, murmura, Señor, 
como la amorosa hiedra 
que vive asida á la piedra, 
vivir asido al amor. 

¡Blasfemo! - el Hacedor grita; 
quiere Adán retroceder; 
mas Eva, con faz marchita, 
lejos de él se precipita, 

y huye Adán tras la mujer. 

Pónese el oden en guerra; 
v el hombre, con loco exceso, 
trueca, en la escarpada sierra, 
todo el placer de la tierra 
por el deleite de un beso. 

Ernesto Noboa (peruano ) 



RAFAEL OBLIGADO 275 



A UNA NIÑA 

¿Versos? ¡Y tienes diez y seis años! 
Mira, los versos mejores son 
no tener penas ni desengaños, 
vivir esclava de una ilusión. 

Cantos alados, rimas inquietas 
desde tu seno vienen á mí: 
más que en la lira de los poetas 
hay armonías dentro de ti. 

Deja que vuele tu fantasía, 
pon en sus alas todo tu ser, 
que allí se encuentra la poesía 
donde va el alma de una mujer. 

Nunca las bellas formas ligeras 
que los poetas hacen vivir 
vierten la lumbre de esas quimeras 
que hay en el fondo del porvenir. 

Duérmete y sueña. Mientras reposas 
verás cuál vuelan en derredor, 
como un enjambre de mariposas, 
tus ilusiones de flor en flor. 

Hay en la vida sólo una hora 
de inexplicable santa embriaguez, 
y es cuando el alma, como una aurora, 
rompe las sombras de la niñez. 

Se aclaran, brillan los horizontes, 
sienten las selvas vaga inquietud, 
florece el día sobre los montes, 
ama y palpita la juventud. 

¡Santos delirios! De esos engaños 
huye vencida la inspiración: 
cuando se tienen tan pocos años, 
no hay mejor lira eme el corazón. 

Rafael Obligado (argentino) 

SEMEJANZAS 

Brisa que en medio de la selva canta, 
apacible rumor del oleaje, 
es el susurro de su blanco traje 
al deslizarse su ligera planta. 

Luz de la estrella que, al caer la tarde, 
de moribunda palidez se viste, 
es el reflejo cariñoso y triste 
que en los cristales de sus ojos arde. 



276 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Luna del seno de la mar naciente 
que va escalando en silencioso vuelo 
y con tranquila majestad el cielo, 
es el relieve de su tersa frente. 

Plácido arrullo, que ocultar no sabe 
de la paloma la ignorada pena 
y en el silencio de los bosques suena, 
es la armonía de su voz suave. 

Cielo sin nubes que á la tierra envía 
la luz y el fuego de su sol fecundo, 
cielo sin nubes de un azul profundo, 
es el cariño de la amada mía. 

Rafael Obligado (argentino) 



HOJAS 



¿Ves aquel sauce, bien mío, 
que en doliente languidez 
se inclina al cauce sombrío, 
enamorado tal vez 
de las espumas del río? 

¿Oyes el roce constante 
de su ramaje sediento, 
y aquel suspiro incesante 
que de su copa oscilante 
arranca tímido el viento? 

Mañana, cuando sus rojas 
auroras pierda el estío, 
lo verás, húmedo y frío, 



ir arrojando sus hojas 
sobre la espuma del río. 

Y que ella, en rizos livianos 
llevando la hoja caída, 
la selva cruza y los llanos, 
para dejarla sin vida 
en los recodos lejanos. 

¡Ah! ¡Cuan ingrata serías, 
y cuan hondo mi dolor, 
si estas hojas, que son mías, 
abandonara, ya frías 
como la espuma, tu amor! 

Rafael Obligado (argentino) 



I'KNSAMIENTO 



A bañarse en la gota de rocío 
que halló en las flores vacilante cuna, 
on las noches de estío 
desciende un rayo de la blanca luna. 
Así en las horas de ventura y calina 
y dulce desvarío 

hay en mi alma una gota de tu alma 
donde se baña el pensamiento mío. 

Rafaei Obligado (argentino) 




AURORAS 



La aurora sonrosada 

en el oriente 
asoma entre celajes 

su rubia frente, 

y á su mirada 
sonríen mis ensueños 

por tu llegada. 

Y desgarra la aurora 
el tul rosado 

con que se oculta al día 

enamorado, 

y á sus fulgores 
brilla en mi alma la estrella 

de tus amores. 
De esos amores santos 

con que Dios quiso 
abrir á mi existencia 

un paraíso 

en el que espero 
que nazcas, de mi dicha 

fruto primero. 

Y á la vez que aquel astro 
de la mañana 

penetra con sus rayos 

por la ventana, 

con tierno llanto 
me anuncias tu venida, 

mi luz, mi encanto. 
¡Salud, ángel querido, 

merced del cielo, 
ventura y esperanza, 

bien y consuelo! 



Con alegría p^ 

aun las aves te cantan ' /^~ 

cantando al día. 
¡Cómo tener quisiera 

sus armonías 
para por vez primera 

darte los días 

como á la estrella 
que nace en mi existencia 

más pura y bella! 
Pero hay una palabra 

dulce y sencilla, 
que vale más que el canto 

de la avecilla; 

sólo ella encierra 
toda la poesía 

de cielo y tierra. 
Esa sublime frase 

es: ¡hija /nía.' 
Con ella te saludo 

con alegría, 

como á la aurora 
saluda en este instante 

la ave canora. 
¡Salud, botón de rosa, 

pimpollo amado! 
Tú eres de dicha el fruto 

tan esperado, 

hija querida, 
pedazo de dos almas..., 

¡toda mi vida! 
Josk Vicente Ochoa (boliviano) 



278 antología americana 



SUEÑOS 

Hay en mi patria, tórtola mía, 
tras esos montes que ves allí, 
un valle fértil donde á porfía 
crecen la adelfa y el alhelí. 

Nada más rico que un arroyuelo, 
joya preciosa de aquel edén; 
si quieres dichas en este suelo, 
bate las alas, tórtola, y ven. 

Allí calandrias y ruiseñores 
dulces canciones te ofrecerán, 
y tus hermanas - que son las flores - 
tus negras trenzas adornarán. 

Ven cariñosa, tórtola mía, 
ven á ese prado que yo encontré, 
donde hay amores y poesía, 
donde no muere nunca la fe. 

Todo es hermoso, todo es risueño 
en la mañana, mi querubín; 
y por la noche será tu sueño, 
sueño de rosas y de jazmín. 

En aquel valle, sin más sonido 
que el que natura le ofrece á Dios, 
yo, tortolilla, formar mi nido 
quiero tan sólo para los dos. 

Cuando en las tardes del verde mayo, 
y cobijados por el bambú, 
bañes el alma con algún rayo 
de esa mirada que tienes tú; 

no te sorprendas, ángel querido, 
si ves del rostro la vaguedad; 
acaso temas esté dormido 
y me despierte la realidad. 

Porque á tu vida la vida mía, 
estrella pura, ligó el Señor 
con ese lazo de simpatía 
¡ay! que se llama primer amor. 

Ven, pues, al valle sin más sonido 
que el que natura le ofrece á I )ios, 
do yo he formado feliz un nido, 
mi tortolilla, para los dos. 

En tus sonrisas inspiraciones 
tú, cariñosa, me 1 »fr< ceras, 
y al eco Manilo de mis canciones 
sobre mi seno reposarás. 



JOSÉ JOAQUÍN ORTIZ 279 



Mi labio, entonces, ¡cuan dulcemente 
sobre tu labio yo posaré, 
y en aquel beso de amor ardiente 
el alma entera te dejaré! 

Ven, tortolilla, vente conmigo, 
que es aquel valle para los dos 
un paraíso sin más testigo 
que árboles, fuentes, flores y... ¡Dios! 

Juan Isidro Ortea (dominicano) 



COLON Y BOLÍVAR 

Cuando Colón, desde la frágil quilla 
de su roto bajel, vio de repente, 
con la primera luz del sol naciente, 
aparecer la americana orilla; 

y el canto oyó de innúmera avecilla, 
y oyó el rumor de la lejana fuente, 
y la tierra besando reverente, 
dobló al gran Dios humilde la rodilla; 

y cuando así los años de tristeza, 
los de larga orfandad y de aflicciones 
premiaba Dios con sin igual largueza; 

cuando daba otro mundo á las naciones, 
¿pudo pensar jamás que en pobre huesa 
dormiría entre férreos eslabones? 

Y cuando como el águila, señora 
de la libre región del firmamento, 
rasgando audaz el tormentoso viento 
llega al alto peñón en donde mora, 

Bolívar á la cumbre aterradora 
del Chimborazo-rey subió contento, 
de noble palma y de laurel sangriento 
coronada la frente pensadora; 

y vio del Orinoco al Apurima, 
del uno al otro mar la ancha bandera 
de santa libertad flotar encima, 

¿pudo pensar jamás en la palmera 
que había de dar sombra en otro clima 
á su tumba, del mar en la ribera? 

José Joaquín Ortiz (colombiano ) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



PAOLO Y FRANCESCA 

Paolo, llevando á su inmortal amante, 
de Dios llegó delante, 
que por su negro crimen le condena 
á padecer la pena 
de que nos habla en su poema el Dante. 

Y cuando él sabe su castigo eterno, 
dice con voz satánica y vehemente: 
- ¡Qué me importan las penas del infierno 
si allí puedo besarla eternamente! 

Manuel J. Othón (mexicano) 



EL CANTO DE LA TÓRTOLA 

Yo cruzo peregrina la selva hospitalaria, 
buscando en su recinto las huellas de mi amor: 
mi canto es el remedo de fúnebre plegaria... 
Soy arpa de la noche que vibra de dolor. 

Mi pluma, que carece de primorosas galas, 
revelación patente de mi destino es: 
es pardo el cuello mío, y obscuras son mis alas 
lo mismo que las hojas marchitas del ciprés. 

En un ciprés marchito de la montaña verde 
suspenso está mi nido, mansión de dulce paz, 
y en su regazo estrecho mi cantiga se pierde, 
como mi angustia acerba, como mi bien fugaz. 

Fugaz, lejos, muy lejos huyó mi bien perdido, 
mis gratas ilusiones huyeron de él en pos, 
rodearon mi existencia las sombras del olvido, 
tomaron mis arrullos el aire de un adiós. 

Yo soy un haz de plumas henchida de retama, 
mi vida es un misterio, un símbolo mi ser, 
yo soy una avecilla que tórtola .se llama..., 
amar es mi martirio, mi sino es padei er. 

Por eso al ver las aves, al despuntar el alba, 
del seno de los bosques salir di- dos < n do-,, 
mi soledad i onteinplo, y al escuchar su salva, 
mientras que cantan ellas, murmuro triste ¡adiós! 

Mam ia PADILLA 1 > wii.a (portoi 



MANUEL PADILLA DÁVILA 



EL RUISEÑOR 



Yo soy el ruiseñor, el pajarillo 
que, despreciando el haya y la palmera, 
fabrica entre las ramas del tintillo 
dulce lecho á su amante compañera. 

Yo soy el ruiseñor, arpa del día, 
que sueña de la noche hasta en la bruma: 
la música á mi voz dio su armonía 
y su sombra el crepúsculo á mi pluma. 

Yo soy el ruiseñor, y luto y gala 
por la pluma y la voz al par indico: 
soy de duelo abanico si abro el ala, 
soy bandolín de amores si abro el pico. 

Los que escuchan mis trinos seductores 
no advierten si, de júbilo ó congojas, 
celebro el nacimiento de las flores 
ó lloro la caída de las hojas. 

Que, símbolo mi voz de melodía, 
al brotar de mi seno puede tanto, 
que ya exprese el dolor, ya la alegría, 
nadie logra entender si lloro ó canto. 

Yo soy el ruiseñor, yo soy el ave 
cuya lengua parlera y argentina 
del mirlo remedar el canto sabe 
y la voz de la errante golondrina. 

Cuando anuncio las albas matinales 
se alegran á mi voz hasta los riscos, 
y abandonan sus lechos los zagales 
y dejan los rebaños sus apriscos. 

Y al ver el sol en la mitad del cielo 
busco la sombra que el follaje presta, 
y en cualquier rama descansando el vuelo, 
yo mismo arrullo mi tranquila siesta. 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Y cuando el sol en el ocaso arde 
y está el oriente ya descolorido, 
rompo á cantar el himno de la tarde 
y torno en busca de mi caro nido. 

Así paso la vida hora por hora, 
en libertad, feliz, cantando á una 
amenas alboradas á la aurora 
y plácidos nocturnos á la luna. 

Yo soy el ruiseñor, y mientras tanto 
que en libertad, feliz, las alas vibre, 
en el espacio vibrará mi canto 
del mismo modo que mis alas, libre. 

Manuel Padilla Dávila (portorriqueño) 



ORIENTAL 



Y dijo un día el fabuloso Oriente: 

- Yo tengo aromas que mi Arabia da, 
y le forman las hadas de sus risas 
cuando al Edén descienden en solaz. 

Tengo diamantes cual la luz sin tacha; 
los guarda cuidadoso mi Ceilán, 
y nacen de la lágrima amorosa 
de las hurís que en mi paraíso están. 

Tengo perlas en nácar escondidas; 
se forman de las gotas de cristal 
que vierten mis mañanas, y recogen 
mis ninfas en su seno virginal. 

Tengo también entre mi mar extenso, 
vestido de carmín, rico coral; 
sangre pura que suele á mis sirenas 
la punta de las rocas arrancar. - 

Y yo le respondí: Del Libio de ella 
el ámbar prueba que sonriendo da; 

y dime ¿cuál aroma de tu Arabia 
no quisieras por él luego cambiar? 

Mira la luz que vierte '1'' mis ojos 
y que el dulce pudor \ iene á velar: 
y dime si ves Luz en los diamantes 
con que se enorgullece tu ( !eilán. 



ERNESTO O. PALACIO 283 



Mira la pura lágrima que envía 
de su pecho la angélica piedad; 
y dime lo que valen esas perlas 
que se cambian con vidas en tu mar. 

Ve en su linda mejilla los colores 
con que suele á la rosa embelesar, 
y quiebra entre tus rocas los corales 
que pálidos y pobres ya verás. 

¿Para dar á tus joyas más valía 
maravillas me vienes á contar? 
Para hacer que te admires de mi joya, 
¡ahí la tienes en toda su verdad!.. 

De tus hadas la vara misteriosa, 
sus dorados palacios de marfil, 
la beldad que escondida en mirra y flores 
amorosas ofrecen tus hurís, 

tus sirenas de cantos melodiosos 
con diademas de perlas y rubí, 
y tus ninfas que arrastra en carros de oro 
sobre mares azules el delfín, 

¡oh!, que vengan con todos sus encantos 
á contemplarla en su beldad gentil; 
y perderás, Oriente fabuloso, 
las ilusiones que adorar te vi! 

M. Pacheco y Obes (uruguayo) 



ACUARELA 

(En el río Magdalena ) 

Las turbias ondas corren con murmurar sombrío, 
en las riberas crecen las palmas de la tagua; 
la brisa roba aromas al mango y á la jagua 
y sube azul, en copos, el humo del bohío. 

Esfúmase á lo lejos un pobre caserío 
que se retrata apenas en el cristal del agua, 
y el boga rema y canta, feliz en la piragua 
que suave se desliza sobre el revuelto río. 

Bajo las hojas verdes se duermen las orugas, 
á sus retiros huyen caimanes y tortugas 
y buscan los lagartos abrigo entre la zarza. 

El sol se hunde á lo lejos... El agua ya no brilla 
y allá sobre las ceibas de la distante orilla 
sus niveas alas pliega la silenciosa garza. 

Ernesto O. Palacio (colombiano} 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



DOS BESOS 



Cinco años solamente Inés contaba 
y, jugando una vez en mis rodillas, 
la besé cual se besa á las chiquillas, 
sin notar que su hermano nos miraba. 

Roja se puso de vergüenza ella 
al ver que se burlaba el rapazuelo, 
y su boca limpió con un pañuelo, 
borrar pensando la inocente huella. 

Cuando hube terminado la visita 
y del salón pasaba los umbrales, 
noté que del rubor con las señales 
me miraba al soslayo la chiquita. 



II 



Y pasaron diez años. Una tarde, 
al declinar el sol al occidente, 
yo le pintaba mi pasión ardiente 
con el recato del amor cobarde. 

- Te amo - me dijo, de ternura llena, 
y yo, de mi ilusión en el exceso, 
robé, al descuido, de su boca un beso 
más dulce que la miel de una colmena. 

Ella bajó los ojos al momento 
y su morena tez tiñó de rosa, 
diciéndome, entre amante y vergonzosa: 
- No me beses así. ¡Qué atrevimiento! 

Dice mi madre, en sus consejos sabios, 
que hay malicia en los besos encerrada. - 
Y miróme al soslayo muy turbada, 
pero... el pañuelo no llevó á los labios. 

Leónidas Pallares y Arteta (ecuatoriano) 




Si yo del aura sollozadora 
fingir pudiera las dulces quejas, 
cuando en la tarde, cuando en la aurora 
besa lasciva y aduladora 
el jazminero que da á tus rejas, 
yo te hablara al oído 
cosas tan bellas, 
que tu alma se embriagara 
pensando en ellas; 
cosas escritas 
por magos misteriosos 
y morabitas. 
De allá del Oriente garridas leyendas 
de presas sultanas en redes de flores, 
que lloran desdenes en noches horrendas 
y al son de la guzla deliran de amores; 
de estancias ocultas, por silfos bordadas 
de nítidas perlas, de rojos rubíes, 
do bajan aéreas en nubes doradas, 
brindando placeres, ardientes huríes; 
y allá en la siesta, con voz sonora, 
yo te contara lindas consejas, 
si de la brisa sollozadora 
fingir pudiera las dulces quejas, 
cuando en la tarde, cuando en la aurora 
besa lasciva y aduladora 
el jazminero que da á tus rejas. 



En una tarde limpia y serena, 
¡siempre me acuerdo!, de mayo hermosa, 
de la nostalgia la amarga pena 
llevó indecisa mi planta ociosa 
por las orillas del Magdalena. 



286 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Un viejo me seguía 

con paso leve, 
de cabellera blanca 

como la nieve; 

su frente mustia 
revelaba latidos 

de inmensa angustia. 

- ¿Quién eres?, me dijo. Tu afán infinito 
¿qué busca vagando por estos lugares' 

- Yo soy un poeta, yo soy un proscrito 
que cuento novelas llorando pesares. 

- Pues mira, en la choza que tienes delante, 
aquella á quien cubre gentil sicómoro, 

allí vivió Mila, la niña inconstante, 
la niña inconstante de trenzas de oro. 

Era una noche... No cuento ahora 
de aquel anciano memorias viejas, 
porque del aura sollozadora 
fingir no puedo las dulces quejas, 
cuando en la tarde, cuando en la aurora 
besa lasciva y aduladora 
el jazminero que da á tus rejas. 



En una gruta que el Guaire baña 
con sus corrientes limpias y suaves, 
me enseñó un indio la lengua extraña 
que hablan las brisas, que hablan las aves, 
que hablan las flores de la montaña. 
Yo sé de las estrellas 
mil liviandades, 
sus amores ocultos, 
sus falsedades; 
sé las secretas 
y licenciosas citas 

de esas coquetas. 
Yo entiendo las notas del manso arroyuelo 
que rueda entre juncos gimiendo congojas; 
yo sé lo que sueñan las aves del cielo, 

é lo que dicen temblando las hojas; 
yo sé la tristeza que á un lirio importuna 
si el lirio se rinde de- amor al halago; 
yo sé lo que dicen los rayos de luna 
jugando en las aguas dormidas de un lago. 
Y te contara lo que atesora 

el mundo ignoto de las abejas, 
si yo del ama sollo/adora 
fingir pudiera las dulces quejas 



JOSÉ JOAQUÍN PALMA 



287 



cuando en la tarde, cuando en la aurora 

besa lasciva y aduladora 

el jazminero que da a tus rejas. 

Tú tienes mucho de la mañana, 
púrpura y nieve tu rostro enseña, 
y a más ostentas, gallarda, ufana, 
la donosura de la limeña, 
la gentileza de la cubana. 

Por un sí de tus labios 
tan hechiceros 
astillaran sus lanzas 
cien caballeros, 
y un rey de Oriente 
su corona pusiera 
sobre tu frente. 
Un éter tejido de rayos de estrellas 
tus formas envuelve, tu seno perfuma; 
te dan los alisios sus músicas bellas, 
te prestan las hadas su manto de espuma; 
es, niña, tu boca de perlas y mieles, 
cerrada á esos besos que dejan agravios; 
yo sé los que lidian apuestos donceles 
por esa sonrisa que juega en tus labios. 
Yo te cantara con voz sonora 
la fe que siembras, la luz que dejas, 
si yo del aura sollozadora 
fingir pudiera las dulces quejas 
cuando en la tarde, cuando en la aurora 
besa lasciva y aduladora 
el jazminero que da á tus rejas. 

José Joaquín Palma (cubano) 



LO DE CADA DÍA 



En este confín del mundo 
en que sólo hay discordancia, 
y es constancia la inconstancia 
y estéril es lo fecundo; 
en este caos profundo 
en que los hombres están, 
en este confuso afán 
de traiciones, sólo un grito 
se halla en todo pecho escrito: 
¡es la voz que pide pan! 



Pan pide el genio fecundo, 
que delicado eslabón 
es de la piedra razón, 
dando luz á todo el mundo; 
quizá á su saber profundo, 
que es de la verdad imán, 
le falta aquel talismán 
que da forma al pensamiento; 
quizá le falte el sustento 
¡ay! de un pedazo de pan. 



288 



antología americana 



Pan pide el artista honrado 
que trabaja con tesón, 
pan demanda en triste son 
el mendigo desgraciado; 
pan el niño abandonado; 
pan, con lúgubre ademán, 
la anciana... Confusos van, 
cual en triste procesión, 
todos, sin una excepción, 
anhelando siempre... ¡pan! 

Sin él... la vida se acaba, 
sin él... el genio no existe, 
sin él... la gloria es muy triste, 
sin él... lo más llano es traba, 
sin él... la mente es esclava, 



sin él... lo dice el refrán..., 
sin él... obscura es la luz: 
¡ah, qué pesada es la cruz 
de la vida sin el pan! 

Si queréis que el mundo sea, 
si queréis que genio exista, 
si ansiáis recrear la vista 
en el campo de la idea, 
mi alma se lisonjea 
de que todos calmarán 
del hombre el cruento afán, 
tengo en ello ardiente fe. 
¡Bendito siempre el que dé 
al pobre un poco de pan! 

[osé Toaquín Palma {cubano) 



A UN ARROYO 



¿Veis ese arroyuelo blando 
que va la hierba lamiendo, 
cómo se acerca sonriendo, 
cómo se aleja llorando? 

Es una blanca madeja 
que con sus hebras encanta; 
cuando se aproxima canta, 
y llora cuando se aleja. 

Cinta de cristal sonora 
que en aljófar se deslíe, 
como un alma alegre ríe, 
como un alma triste llora. 

La forma en su murmurio 
copos de blancas espumas 
rizados como las plumas 
de los ánades del río. 

Ya temblando se alboroza 
si el aura sus linfas mece, 
ó bien corriendo parece 
que se queja ó que solloza. 

Y cuando viene á besar 
las flores con su corriente, 



se llega tan mansamente 
que no se siente llegar. 

Entre sus espumas frías 
y mis yertas ilusiones 
hay vagas palpitaciones 
de secretas simpatías. 

Él baja del soto umbrío 
solo, humilde, sin estruendo, 
y va corriendo, corriendo 
hasta perderse en el río. 

Su existencia viene á ser 
una existencia latente, 
que corre tan mansamente 
que no se siente correr. 

Y yo con paso ligero 
busco el lugar del olvido, 
trovador desconocido, 
ignorado caballero. 

Vengo á su orilla á sentir 
la fe muerta, el bien pasado. 
y á vivir tan ignorado 
que no me sienta vivir. 

[OSÉ JOAQUÍN Taima (cubano) 




LA CONCIENCIA 

(De Víctor Hugo) 

Airada tempestad se desataba 
cuando, de toscas pieles revestido, 
Caín con su familia caminaba 
huyendo á la justicia de Jehovah. 
La noche iba á caer. Lenta la marcha 
al pie de una montaña detuvieron, 
y á aquel hombre fatídico dijeron 
sus tristes hijos: - Descansemos ya. 

Duermen todos, excepto el fratricida, 
que, alzando sus miradas hacia el monte, 
vid en el fondo del fúnebre horizonte 

un ojo fijo en él. 
Se estremeció Caín, y despertando 
á su familia del dormir reacio, 
cual siniestros fantasmas del espacio, 
retornaron á huir: ¡suerte cruel! 

Corrieron treinta noches y sus días, 
y pálido, callado, sin reposo, 
sin mirar hacia atrás, y pavoroso, 
tierra de Assur pisó. 
- Reposemos aquí... Dénos asilo 
esta región espléndida del suelo. - 
Y, al sentarse, la frente elevó al cielo, 
y allí el ojo encontró. 

Entonces á Jabel, padre de aquellos 
que en el desierto habitan: - Haz, le dijo, 
que se arme aquí una tienda. - Y el buen hijo 
armó tienda común. 
Antología americana 



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290 antología americana 



- ¿Todavía lo veis? - preguntó Tsila, 
la niña de la blonda cabellera, 

la de faz como el alba placentera, 
y Caín respondió: - Lo veo aún. 

Jubal entonces dijo: - Una barrera 
de bronce construiré: tras de su muro, 
padre, estarás de la visión seguro; 

ten confianza en mí. — 
Una muralla se elevó altanera, 

y el ojo estaba allí. 

Tubalcaín á fabricar se puso 
una ciudad, jigante de la tierra; 
y, en tanto, sus hermanos daban guerra 
á la tribu de Seth y á la de Enós. 
Poblando de tinieblas la campiña 
la sombra de las torres se extendía, 
y en la puerta grabó su altanería: 

— Prohibo entrar á Dios. - 

Un castillo de piedra, cuyo muro 
á la altitud de una montaña asciende, 
de la ciudad en medio se desprende, 

y allí Caín entró. 
Tsila llega hasta él y, palpitante, 

- Padre, le dice, ¿aún no ha desparecido? 
Y el anciano, aterrado y conmovido, 

la responde: - ¡No!, ¡no! 

De hoy más quiero habitar bajo la tierra, 
como en su tumba el muerto. —Y presurosa 
su familia cabóle una ancha fosa, 

y á ella descendió al fin. 
Mas debajo esa bóveda sombría, 
debajo de esa tumba inhabitable, 
el ojo estaba fiero, inexorable, 

y miraba á Caín. 

Ricardo Palma (peruano) 



A UN TRAIDOR 

¡Atrás, oh miserable, 
á tu propia conciencia despreciable! 
De la virtud tu aliento empaña el brillo. 
Mal con máscara hipócrita te escudas, 
pues sentimos sonar en tu bolsillo 
las monedas de Juilas. 

Rli \i;i'o Pai ma (peruano) 



RICARDO PALMA 29 1 



TODO SE OLVIDA 

Fuera infierno del alma la memoria, 
como lo es para el crimen la conciencia, 
si el buen Dios no la hiciera transitoria 
prestándola mezquina consistencia. 

- Eternamente guardaré tu historia. 

- Siempre estarás presente en mi existencia. 
¡Mentira vil! Al fin de la partida 

todo, todo se olvida. 

Cuanto soñar tu fantasía hoy puede 
después por sueños trocarás mejores; 
á una ilusión otra ilusión sucede, 
y también se renuevan los dolores. 
Sin que el recuerdo en lontananza quede, 
dan la muerte á un amor otros amores. 
¡Triste verdad, mi bien! ¡Ay!, en la vida 
todo, todo se olvida. 

Ricardo Palma (peruano) 



PROFECÍA 



La popularidad es cual veleta 
alzada en la eminencia. ¡Torpe y necio 
el que en ella confía! Hoy entre vítores 
la turba acoge al vencedor excelso, 
himnos le entonan los poetas, flores 
alfombran su camino, y arcos regios, 
y festines después, y serenatas, 
y luminarias y árboles de fuego. 
¡Oh, César! No te engrías. Ten presente 
que es muy voltario el popular afecto, 
que así Jerusalén recibió al Cristo 
y cruáfige, en breve, gritó el pueblo. 
Si hoy la veleta brisas de cariño 
la mueven, ¡ay! mañana vientos recios, 
huracán de odios derribarla pueden. 
En la ley de la Historia toma acuerdo, 
y no olvides que al día de los triunfos 
sigue el día sin sol del vencimiento. 

Ricardo Palma (pentano) 



!Q2 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



EN LA ULTIMA PAGINA DEL QUIJOTE 



Hoy, como ayer, en la tierra 
¿qué vemos? Solemnes zotes 
que, echándola de Quijotes, 
viven con el juicio en guerra. 
Es ello verdad que aterra; 
pero, en el social fermento, 
¿qué es el hombre, ese portento 
que á los demás avasalla? 
Un loco siempre en batalla 
con los molinos de viento. 

¿Qué es su ciencia? Negaciones. 
¿Y sus hazañas? Locuras. 
Ciego que camina á obscuras, 
juguete de sus pasiones. 
Acariciando ilusiones 
no sabe lo que desea, 
y en la revuelta pelea 
de angustias y de esperanzas, 
va siempre rompiendo lanzas 
en pro de una Dulcinea. 



El doctrinario ambicioso 
que va quimeras sembrando 
corre, en sus sueños de mando, 
tras la dama del Toboso. 
¡Gloria! Miraje engañoso. 
¡Fortuna! Mar sin bonanza. 
Tras una ú otra se lanza 
que, al cabo, en la tierra impía 
cada loco ha su manía, 
como dijo Sancho Panza. 

Mientras más, señor Miguel, 
corren del hombre los años, 
trayéndole desengaños 
amargos como la hiél; 
mientras más el oropel 
de la vida le fascina, 
vuestra pluma peregrina 
más le llama á la razón, 
y aunque es perdido el sermón, 
¿quién no aplaude la doctrina? 

Ricardo Palma f/i 



LA POESÍA 



- ¿Es arte del demonio ó brujería 
esto de escribir versos? (le decía, 

no sé si á Calderón ó Garcilaso, 
un mozo más sin jugo que el bagazo.) 
Enséñeme, maestro, á hacer siquiera 
una oda chapucera. 

- Es preciso no estar en sus cabales 
para que un hombre aspire á ser poeta; 
pero, en fin, es sencilla la receta. 
Forme usted líneas de medidas iguales, 
y luego en fila las coloca juntas 
poniendo consonantes en las puntas. 

¿Y en el medio? - ¿En el medio? ¡Es< Uto! 

I Iav que poner talento. 

Ríe vano Palm \ < ; 



FELIPE PARDO V ALIAGA 293 



ROMPIMIENTO 

Te vi, te amé: tu imagen peregrina 

en mi alma se grabó. 
Me hiciste comprender que me querías, 

y aún más te quise yo. 
Y cuando, loco, con tu amor formaba 

halagüeña ilusión, 
me diste con la puerta en las narices... 

Pues ¡hija!, se acabó. 
Toma tu rizo, mándame mis cartas, 

y busca la ocasión 
en que pueda tus besos devolverte, 

que no los quiero yo. 

Clemente Palma (peruano) 



A UN ADULADOR DE UN PODEROSO 



¡Conque de Jetiskán construyes aras 
á las virtudes, rebosando en gozo! 
¡Conque pueblos fundó, y hasta es buen mozo, 
puesto que al sol brillante lo comparas! 

Permita Dios, porque te cuesten caras 
las frases que te arranca el alborozo, 
que te veje y humille sin embozo 
tu Jetiskán, el de las prendas raras. 

Que no tengas más sol que te caliente, 
ni otro hogar que los pueblos que ha fundado: 
que su yugo te agobie eternamente; 

y que si abrazas á tu objeto amado, 
la Filis bella en cuyo amor te escaldas 
se te convierta en Jetiskán con faldas. 

Felipe Pardo y Aliaga (peruano) 



294 



antología americana 



A ROSA 



Bendígate el cielo, Rosa; 
bendiga Dios de ese talle 
la oscilación majestuosa 
con que, andando por la losa, 
obstruyes toda la calle. 

En romántica canción 
quién te dirá - ¡ángel de luz! - 
y te traerá á colación * 
herética maldición, 
una tumba y una cruz. 

Yo no, chica; pues confieso 
(aunque inocentada tal 
pueda costarme un proceso) 
que nunca, con buen suceso, 
he sido sentimental. 

Yo no te diré iracundo, 
con rostro grave y mohíno: 
- Me aqueja pesar profundo; 
conozco que es mi destino 
padecer en este mundo. - 

Ni te diré: - Si no escucha 
tu corazón mi suspiro, 
por término de la lucha, 
ó me planto la capucha 
ó me descerrajo un tiro. - 



No, Rosa, no. Mis pasiones 
he aprendido á reprimir; 
entraremos en razones; 
yo comenzaré á exigir, 
tú dirás síes ó nones. 

Que si bien me despepito 
por ti, no me lo reproches: 
(cada cual sigue su rito) 
yo conservo el apetito 
y duermo todas las noches. 

Ancho es el mundo: no temas, 
si calabazas me dieres, 
que te fulmine anatemas, 
ni maldiga las mujeres, 
ni me entretenga en pamemas. 

No me oirás reconvención 
sobre la atroz estocada 
que me parta el corazón: 
yo tocaré retirada 
en completa formación. 

No me exponga á un quid pro quo 
sonrisa, dengues ó seña; 
lo que solicito yo 
es redondo un sí ó un ni>, 
como Cristo nos enseña. 
Josk Pardo y Aliaga (peruano) 



LUZ DEL ALMA 



( uando miro en la noche las estrellas 
lentas cruzar en el azul vacío, 
y universos de luz contemplo en ellas, 
en ti creo, Dios mío. 
("uando miro en el campo la avecilla 
que corre a] nido en revolar ligero, 
llevando á sus hijuelos la semilla, 
en ti, Dios mío, espero. 
Y cuando vierte pálidos fulgores 
rayo de luz en el hogar sombrío, 
se abre mi corazón como las flores 
y en ti, mi Dios, confío. 

Francisco ('•. Pardo (venezolano) 




LA BELLEZA DE TUS OJOS 



De la beldad los ojos refulgentes 
son su hechizo mejor y el que más dura. 
¡Sólo la muerte apaga la luz pura 
de esas perennes lámparas ardientes 
del templo celestial de la hermosura! 

Cuando el seno y el talle y el cabello, 
los labios y los dientes y la tez, 
las lindas manos y el gracioso cuello 
se resientan unánimes del sello 
que imprimen el dolor ó la vejez; 

cuando llegue la edad de los enojos, 
cuando rastro ninguno se distinga 
de tu belleza de hoy hecha despojos, 
sólo un encanto habrá que no se extinga..., 
¡sólo con vida quedarán tus ojos! 

Sobreviviendo victoriosos ellos 
á cuanto con el tiempo se amortigua, 
derramarán entonces sus destellos 
como entre ruinas dos luceros bellos, 
como un fanal en una estancia antigua. 

De males por venir no te amedrentes, 
los años que aún te faltan no los cuentes; 
pues cuando todo se hunda en sus abismos, 
espirituales siempre y refulgentes, 
siempre tus ojos han de ser los mismos. 

Pedro Paz Soldán (peruano) 



296 ANTOLOGÍA AMERICANA 



HISTORIA DE UN BESO 

Ansié besar sus ojos ó su boca, 
la punta de sus dedos ó su trenza, 
y siempre, lo confieso con vergüenza, 
la hallé más inflexible que una roca. 

No por esto mi espíritu se apoca; 
pero á ceder mi pretensión comienza, 
y pues no hay argumento que la venza, 
pedí lo que, por bajo, el suelo toca. 

Movióla acaso mi actitud de hinojos, 
y al fin, de una princesa con la calma, 
su mano de cristal dio á mis antojos. 

Yo la volví por la sensible palma, 
y como por la boca ó por los ojos, 
creí beber todo un raudal de su alma. 



Pedro Paz Soldán (peruano) 



HISTORIA DE OTRO BESO 

(EPISODIOS DE LA SOLTERÍA) 

Era un beso que andaba peregrino, 
y muerto de una hurí por los pedazos, 
la seguía á pesar de sus rechazos, 
buscando de sus formas el camino. 

Pidió posada al seno alabastrino, 
al rostro, al cuello y los redondos brazos, 
¡y no la halló ni en los distantes lazos, 
ni en los adornos de su busto fino! 

Negáronle hasta el ínfimo hospedaje 
que pidió, de un mendigo con la instancia, 
siquiera en las orillas de su traje. 

Y, al fin, cual picaflor, á la distancia 
libaba en sus ardientes embelesos 
la dulce flor de unos soñados besos. 



i'i dro Paz Soi dan (pe 



JOSÉ PEÓN Y CONTRERAS 2t)~ 



UN ARROYO 



Cuando Eva derramó su primer lágrima 
nací en el Paraíso terrenal, 
y desde entonces mi corriente rápida 
el orbe cruza, emponzoñada ya. 

Flores y palmas y frondosos árboles 
ostentan á mi paso su esplendor, 
y van los desgraciados á mis márgenes 
á buscar un consuelo en su aflicción. 

Al verme lloran y su llanto férvido 
gota á gota acrecienta mi raudal; 
y al eco de mi arrullo melancólico 
alivio encuentran, venturanza y paz. 

Venid los grandes y llegad los débiles, 
los que nada esperáis del porvenir, 
los que del mundo los desiertos áridos 
cruzáis con vuestra carga sin reir. 

Viajero triste de semblante pálido, 
que miras con horror la humanidad, 
ven á mirarla en mis espejos... Mírala: 
llorando como tú también está. 

Doblad la frente, que en mis aguas límpidas 
viene el dolor sus perlas á verter; 
¡cálmese en ella vuestra sed hidrópica, 
buscad en los dolores el placer! 

Unas tras otras las mis ondas fúlgidas 
proseguirán su curso sin cesar, 
¡ay!, sin cesar, de mi existencia lánguida 
será el fin la insondable eternidad. 

Es el pecho del hombre mi vorágine; 
es mi sol la virtud, mi sombra el bien, 
mi lecho es la esperanza; venid, míseros, 
mi corriente es de lágrimas, ¡bebed! 

José Peón y Contreras (mexicano) 



!9 s 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



MONOSTROFE 

En un pliegue de un valle, entrelazadas, 
al sol que aparecía, 
vi una vez unas flores delicadas 
que el céfiro bullía. 
Eran pocas y bellas. En sus hojas, 
azules y odorantes, 
titilaban mil perlas, mil diamantes... 
Pensé al instante en ti, y vi en tu pecho 
un ramillete de esas flores hecho. 
Mas, cuando fui á cogerlas, 
sólo hallé las espinas erizadas 
de tu desdén... Sus perlas 
no eran las blancas gotas de la aurora, 
sino mis propias lágrimas, señora. 

P'elipe Pérez (colombiano) 



EL MENDIGO 



Un infeliz pordiosero, 
sobre un puente reclinado, 
dormitaba fatigado 
de tanto pedir y andar. 
Un joven que iba de prisa 
tropezó con el anciano, 
y le arrancó de la mano 
su garrote y su morral. 

Volvió la vista, y como era 
un infeliz sin fortuna, 
no tuvo pena ninguna 
del daño que le causó. 
- ¡Anda!, le dijo el anciano, 
que si llegas á mis años, 
otro te hará iguales daños 
y no tendrá compasión. 



Se acaba la primavera..., 
pasa el calor del estío... 
y llega el invierno frío 
á quitarnos el vigor... 
Se hielan las amistades..., 
se deshace la riqueza... 
y el que pasa nos tropieza 
y no nos pide perdón. - 

A la voz del viejo, el joven 
volvióse, y dijo apenado: 

- Dispensad, he tropezado 
porque al pasar no os miré. 

- A tu edad nada se mira, 
joven, porque nada importa: 
¡cuando la vista se acorta 

es que se comienza á \ 

Felipe J. Pérez ( ■ 



LÁZARO MARÍA PÉREZ 299 



LA LIMOSNA 



Oye, hija mía: cuando el pobre toca 
de puerta en puerta mendigando un pan, 
nos lo pide por Dios, y el Dios que invoca 
es el mismo que á todos pan nos da. 

El Padre universal tiene un consuelo 
para todo dolor: y cada bien 
con que socorre al pobre, sube al cielo 
y en densa nube tórnase al caer. 

Por eso es su caudal inagotable; 
por eso cada bien abate un mal; 
por eso encuentra pan el miserable, 
por eso el desvalido encuentra hogar. 

También la caridad en su eficacia 
da una limosna y la reciben dos: 
el que la pide, un pan que su hambre sacia; 
el que la da, la bendición de Dios. 

Y el aturdido mundo no percibe 
quién en esa limosna gana más, 
si el mendigo infeliz que la recibe 
ó la mano piadosa que la da. 

Pero en este dilema no hay razones: 
calcular es lo mismo que sentir: 
si das pan y recibes bendiciones, 
¿la dádiva mejor no es para ti? 

San Juan de Dios, que avaro perseguía, 
para ofrecerle pan, á la orfandad, 
al ponerlo en su mano le decía: 
«¡Gracias por la limosna que me das!» 

No olvides, hija mía, la enseñanza 
que encierra el don munífico de Dios: 
si de fe se alimenta tu esperanza, 
busca en la caridad tu galardón. 

Lázaro María 1'krez (colombiano) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



DESPUÉS DE LA LLUVIA 



¡Cuántas gotas de rocío 
temblando sobre las hojas! 
■Cuántas florecillas rojas 
en los márgenes del río! 

¡Cuánta violeta mecida 
por la brisa pasajera! 
¡Cuánta avecilla ligera 
por la campiña florida! 

¡Cuánta verdura en el monte! 
Todo más puro se siente: 
más perfumado el ambiente, 
más azul el horizonte, 

más blancas las azucenas 
al verde tallo prendidas, 
las corrientes más crecidas, 
más brillantes las arenas, 

más templados los ardores 
de los calurosos meses, 
más amarillas las mieses, 
más olorosas las flores. 



Ya luce, en la extensa falda 
donde el sol su rayo oculta, 
el rubí que se sepulta 
entre la rica esmeralda. 

Ya retozan sin congojas, 
libres de las toscas rejas, 
en el prado las ovejas 
junto á las lozanas hojas: 

y rueda el hinchado río, 
como serpiente de plata, 
entre flores de escarlata 
y lágrimas de rocío. 

Ya se mira en lontananza 
entreabrir la blanca puerta 
la aurora que se despierta 
en un cielo de bonanza; 

y como es todo armonía 
en esta mañana hermosa, 
me parece más dichosa 
hasta la existencia mía. 
Tulia Pérez Montes de Oca (mexicana) 



MAGDALENA 



UMBRA 



¡Vedla! ¡Cuan bella es!.. En rizos de ébano 
suelta al aire la hermosa cabellera, 
prendida apenas de olorosas flores... 
Llena de majestad la frente nítida 
donde el sol de una hermosa primavera 
derrama sus clarísimos fulgores. 

El seno palpitante, el labio púrpura, 
urna de grana que formó el deseo, 
cuna de voluptuosas ilusiones; 
nieve y rosa la tez; los ojos límpidos 
astro do juega el resplandor febeo 
incendiando de amor los corazones... 



JOSÉ A. PÉREZ BONALDE 



¡Vedla lanzada en medio del estrépito 
de los festines, maga tentadora, 
celos causando á las demás mujeres!.. 
Es ella, sí, la cortesana espléndida, 
Magdalena, la hermosa pecadora, 
la reina del amor y los placeres. 

Llevada en alas de la alegre música, ' 
la luz, las flores, las lascivas danzas 
y el ruido de las fiestas mundanales, 
corre veloz tras una dicha efímera, 
dando en cambio las dulces esperanzas 
y la fe de sus años virginales. 

¡A edla, gentil como palmera índica, 
en medio de sus mil adoradores, 
en la áurea red de sus encantos presos! 
Del uno atiende á la pasión frenética, 
al otro brinda halagos seductores 
al dulce ruido de amorosos besos... 

¡Todo es luz á su paso!.. ¡Es rayo fúlgido 
que despide brillantes claridades 
abrasando en deseos la cabeza!.. 
¡Su Dios es el amor; su tabernáculo, 
el goce de las locas liviandades; 
la ofrenda de su culto, la belleza!.. 

Cesó el festín... Las vibradoras cítaras 
recogen sus dulcísimos acordes, 
tornando todo á la quietud serena; 
y como al soplo de una vida cálida 
pliega la flor sus delicados bordes, 
se duerme, fatigada, Magdalena. 

Duerme indolente, sin pensar que hay lágrimas 
y penas en el mundo, y amargura. 
Olvidada de Dios y sus deberes..., 
duerme, sí... ¿Qué le importa el mundo mísero 
si ella bebe á raudales la dulzura 
en la copa de miel de los placeres?.. 

PENUMBRA 

Los días han pasado... ¡Miradla qué abatida! 
La frente de la diosa, ayer no más erguida, 
parece que hoy la oprime la mano del dolor... 
Sus lágrimas revelan del alma la tristeza, 
las rosas y los nardos que ornaban su cabeza 
reposan á sus plantas sin brillo y sin olor. 

¿Qué tiene, por qué sufre la bella pecadora? 
¿Qué recias tempestades anublan hoy la aurora 
que ayer no más lanzaba fulgente claridad?.. 



3°2 ANTOLOGÍA AMERICANA 



¿Por qué, por qué ahora, llenos de lágrimas y rojos, 
relámpagos no tienen aquellos negros ojos 
donde otra vez perdiera la luz su libertad? 

Ha visto, oído un hombre de dulce continente, 
hermoso como el ángel, en cuya limpia frente 
la lumbre de lo eterno reverberar se ve...; 
Profeta -de las glorias espléndidas del cielo, 
tesoro de promesas, de amor y de consuelo, 
amparo de los tristes, apoyo de la fe. 

Su voz ha conmovido las fibras de su alma, 
su verbo ha desquiciado su impía, alegre calma, 
su luz en rayos de oro bajó á su corazón; 
las sombras de su vida, por fin, ha sondeado, 
y triste, arrepentida, sus culpas ha llorado, 
pensando en la promesa divina del perdón. 

Ha visto en sus recuerdos los días de inocencia, 
los tímidos amores, la candida existencia, 
la paz de su primera, sencilla juventud... 
¡Ay! ¿Cómo recobrarla?.. De súbito se lanza, 
movida de una idea...: aún brilla una esperanza 
que puede devolverle del alma la quietud. 

Es él, aquel Profeta de paz y de ventura, 
quien puede redimirla, y á verlo se apresura, 
confiada en sus promesas de gracia celestial... 
Que apenas su palabra de luz hirió su oído, 
su torpe amor mundano por Él fué convertido 
en puro amor sin mancha, seráfico, inmortal... 

Y al Justo se aproxima, y el pueblo que lo adora: 

- Apártate, le grita, aparta, pecadora, 

que manchas con tu aliento su manto protector. - 
Mas nada la detiene, que es hondo su quebranto 
y aún más sus esperanzas, y baña con su llanto 
y cubre con sus besos los pies del Redentor. 

Jesús al ver que humilde la triste se prosterna, 
radiante de clemencia, con una voz tan tierna 
como de humano labio jamás se oyó brotar: 

- Levántate, le dice, tus súplicas escucho; 
mujer, yo te perdono porque has amado mucho: 
ve en paz, ¡oh Magdalena!, no vuelvas á pecar. - 



LUX 

Alta la frente, la mirada límpida, 
bañado el rostro de celeste calma. 

tranquilo el corazón, 
pura levanta al trono del Altísimo 
en las serenas alas de su alma 

su férvida oración. 



JOSÉ A. PÉREZ BONALDE 3er 



No la turbéis en su ardorosa súplica...; 
ya no es la misma impura cortesana 

que el mundo despreció; 
su culpa la ha borrado con sus lágrimas; 
la condenó la intolerancia humana..., 

Jesús la redimió. 
Era una estrella de fulgores vividos 
cuya lumbre empañó de nube obscura 

el funeral capuz; 
pero un rayo de sol brilla de súbito, 
y el velo hiriendo de la sombra impura, 

le devolvió la luz. 
¡Oh! No afrentéis á la mujer que, mísera, 
cayó del torpe mundo en la asechanza; 

no la deis con el pie; 
dadle más bien la mano, abridle anchísimas 
las puertas del honor y la esperanza, 

y será lo que fué. 
Que no sabéis si la infeliz fué víctima 
del engaño cruel ó la vileza 

que la sumió en su afán: 
ó si del hombre á la presión tiránica, 
á trueque dio su virginal pureza 

de un pedazo de pan. 
No habéis bajado al fondo de su espíritu; 
no sabéis, triste y desolada, cuánto 

lloró antes de pecar; 
y al fin vencida por el mundo pérfido, 
cayó sin un sustento en su quebranto, 

cansada de luchar. 
¡Ah! No la maldigáis, que es flor balsámica 
á quien el rayo abrasador enerva 

y empaña su matiz; 
mas pueden revivir sus blandos pétalos 
al beso del rocío, que aún conserva 

la savia en la raiz. 
¡Dejadla amar, que es el amor espléndido 
sol que las almas ateridas llena 

de luz y de calor! 
Recordad de la Biblia la alta página, 
¡recordad que á la pobre Magdalena 

la redimió el amor! 

José A. Pérez Bonalde (venezol no) 



304 ANTOLOGÍA AMERICANA 



LA TEMPESTAD 

Sobre el empíreo nítido y sereno 
sienta Jehovah sus tiendas: la sagrada 
turba de los espíritus alada 
le cerca, y tiembla del abismo el seno. 

Las tinieblas condensa: el orbe, lleno 
de terror, ve la llama desatada, 
y á la voz del Eterno dilatada 
ruge la tempestad y estalla el trueno. 

El sonido retumba con espanto, 
los montes arden, túrbanse los ríos, 
muge el mar oprimido de quebranto. 

Entonces levanté los ojos míos 
al cielo, y dije con temblor y llanto: 
¿cómo te desconocen los impíos? 

José Joaquín Pesado (mexicano) 



ISAW THEE WEEP 

(Imitación de Byron) 

Te vi llorar; y tus preciosas lágrimas 
rodaron á mis labios, dueño mío, 
cual ruedan de la tímida violeta 
las gotas de rocío. 
Te vi reir; y tu mirada hermosa 
al brillante zafiro causó enojos; 
pues es más apacible, puro y bello 
el brillo de tus ojos. 
Como el sol en el cielo tempestuoso 
tiñe las negras nubes de colores, 
así cambia tu risa en un instante 
en goces mis dolores. 
Por esto río cuando alegre ríes, 
y también lloro cuando triste lloras: 
no amargues más, te ruego, amada mía, 
de mi vida las horas. 

I- \i;ki I'i - VDi i i 



JUAN DE DIOS PEZA 



EX MI BARRIO 



Sobre la rota ventana antigua 
con tosco alféizar, con puerta exigua, 
que hacia la obscura calleja da, 
pasmando al vulgo como estantigua, 
tallada en piedra, la santa está. 

Borró la lluvia los mil colores 
que hubo en su manto y en su dosel, 
y recordando tiempos mejores 
guarda amarillas y secas flores 
de las verbenas del tiempo aquel. 

El polvo cubre sus aureolas, 
las telarañas visten su faz, 
nadie á sus plantas riega amapolas, 
y ve la santa las calles solas, 
la casa triste, la gente en paz. 

Por muchos años allí prendido, 
único adorno del tosco altar, 
flota un guiñapo descolorido, 
piadosa ofrenda que no ha caído 
de las desgracias al hondo mar. 

A arrebatarlo nadie se atreve; 
símbolo antiguo de gran piedad, 
mira del tiempo la marcha breve 
y cuando el aire lo empuja y mueve 
dice á los años: pasad, pasad. 



¡Pobre guiñapo que el aire enreda! 
¡Qué amarga y muda lección me da! 
La vida pasa y el mundo rueda, 
y siempre hay algo que se nos queda 
de tanto y tanto que se nos va. 



Tras esa Virgen de obscura piedra 
que á nadie inspira santo fervor, 
todo el pasado surge y me arredra; 
escombros míos, yo soy la hiedra, 
nidos desiertos, yo fui el amor. 
Antología americana 



306 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Altas paredes despostilladas 
cuyos sillares sin musgo vi, 
¡cuántas memorias tenéis guardadas! 
Niveas cortinas, jaulas doradas, 
tiestos azules..., ¡no estáis aquí! 

En mi azarosa vida revuelta 
fui de esta casa dueño y señor: 
¿dó está la ninfa de crencha suelta, 
de grandes ojos, blanca y esbelta, 
que fué mi encanto, mi fe, mi amor? 

¡Oh mundo ingrato! ¡Cuántos reveses 
en ti he sufrido! La tempestad 
todos mis campos dejó sin mieses... 
La niña duerme bajo cipreses, 
su sueño arrulla la eternidad. 

¡Todo ha pasado! ¡Todo ha caído! 
Sólo en mi pecho queda la fe, 
como el guiñapo descolorido 
que á la escultura flota prendido... 
¡Todo se ha muerto! ¡Todo se fué! 

Pero qué amarga, profunda huella, 
llevo en mi pecho... ¡Cuan triste estoy! 
La fe radiante como una estrella, 
la casa alegre, la niña bella, 
el perro amigo... ¿dónde están hoy? 

¡Oh calle sola! ¡Vetusta casa! 
¡Angostas puertas de aquel balcón! 
Si todo muere, si todo pasa, 
¿por qué esta fiebre que el pecho abrasa 
no ha consumido mi corazón? 

Ya no hay macetas llenas de flores 
que convirtieran en un pensil 
azotehuelas y corredores... 
Ya no se escuchan frases de amores, 
ni hay golondrinas del mes de abril. 

frente á la casa, la cruz cristiana 
del mismo templo donde rezó, 
las mismas misas de la mañana, 
la misma torre con la campana 
que entre mis brazos la despertó. 



GONZALO PICÓN FEBRES 3O7 



Vetusta casa, mansión desierta, 
mírame solo volviendo á ti... 
Arrodillado beso tu puerta 
creyendo, loco, que aquella muerta 
adentro espera pensando en mí. 

Juan de Dios Peza (mexicano) 



MARIPOSAS 

(Imitación de Gutiérrez Nájera) 

Allá van, allá van las festivas, 
las que ríen en fúlgida ronda 
sobre el cáliz azul de los lirios, 
sobre el blanco matiz de las rosas. 

Allá van, allá van las festivas, 
las que surcan el aire y se posan 
en las niveas campánulas frescas, 
en el borde sutil de las hojas. 

Son joyeles de oro y rubíes, 
son bandadas de piedras preciosas, 
son destellos vivaces que ondulan 
al sonoro reir de las frondas. 

En un pétalo frágil dormitan, 
y al surgir en Oriente la aurora 
se levantan las niñas inquietas 
como un haz pintoresco de notas. 

Saltan unas cual rosas de nieve, 
como besos de lumbre las otras, 
como rimas espléndidas muchas, 
y cual vivos relámpagos todas. 

En fantástico enjambre llamean, 
respirando exquisitos aromas, 
esas lindas viajeras del aire 
que se llaman, ¡oh luz!, mariposas. 

Y un momento no más se columpian 
y en los tiernos capullos retozan, 
y en polvillo de oro se truecan 
de improviso las vírgenes locas. 



308 antología americana 



Así pasan, ¡Dios mío!, las blancas 
ilusiones que el alma se forja, 
y el placer, y el deleite, y la dicha 
y la lumbre fugaz de la gloria. 

Allá van, allá van las risueñas, 
allá van en fantástica ronda 
las que brillan tan sólo un instante, 
las que viven tan sólo una aurora. 

¡Oh inefables visiones de un día, 
oh esperanzas que el viento deshoja, 
oh quimeras ardientes del alma, 
mariposas de luz sois vosotras! 

Gonzalo Picón Febres (venezolano) 



¡REVOLUCIÓN! 

Frente al déspota audaz que pisotea 
la sacra ley con bárbaro cinismo, 
repercutir se escucha á un tiempo mismo 
el trueno del cañón y el de la idea. 

Ya comienza el fragor de la pelea 
en bosque, llano, cúspide y abismo; 
ya la negra mansión del despotismo 
cruje, vacila, estalla y se cuartea. 

Tras la diana triunfal, regia y sonora, 
la muchedumbre aplaude alborozada, 
pero la patria escarnecida llora. 

Y es con razón que gime avergonzada, 
porque en la lucha cruel y asoladora 
no ha triunfado la ley, sino la espada. 

Gonzalo Picón Febres (venezolano) 







PICHARDO 



3°9 



A SU MAJESTAD JOSEFINA HERRERA 



(en su proclamación de reina de la ' i 



Señora: Por la más bella, 
por la rosa, por la estrella, 
vuelvo á mis mejores días; 
tú sola (después de aquella) 
hacerme cantar podrías. 

Tú sola, fulguración 
del cielo, mágico hechizo, 
seductora perfección 
que el Supremo Escultor hizo 
en arranque de pasión. 

Tomó grana, azul y oro 
esmaltados de destellos, 
y con matices tan bellos 
hizo tu boca, un tesoro, 
tus ojos y tus cabellos. 

Y luego de terminar 
lo que no se ha vuelto á ver, 
dijo tu boca: - ¡á encantar 1 , 
tus ojos: - ¡á estremecer!, 
tus cabellos: - ¡á enredar! 

De todo el tiempo que fué 
yo la historia repasé 
desde China hasta el Perú, 
y en ningún sitio encontré 
reina alguna como tú. 

Ninguna de tus hermanas, 
las princesas y sultanas, 
reunió tus gracias divinas: 
ni famosas circasianas, 
ni célebres granadinas, 

ni las hadas del Mogol, 
ni las ninfas del Tirol, 
ni las magas de Stambul..., 
nadie en cuanto baña el sol 
bajo la techumbre azul. 

¿Qué extraño que á tu hermosura 
nadie pudiera vencerla, 
si forjada tu escultura 
ha sido con mezcla pura 
de oro y rosa, lirio y perla? 

Yo te busco con empeño 
en mis horas de beleño, 
porque no se te concibe 



más que en éxtasis de sueño 
ó en mundo que no se vive. 

Lo bello en mi alma doliente 
me ilumina y me recrea, 
como cuando centellea 
relámpago que, fulgente, 
la negra comba platea; 

ó como cuando domina 
la noche en valle y colina 
y rompe el denso capuz 
la claridad diamantina 
de algún insecto de luz. 

Coloca como blasones 
propios de tus seducciones, 
en tus cuarteles azules, 
millares de corazones 
muertos en campo de gules. 

Y por corona triunfal 
la que de rosas y palmas 
en tu frente virginal 
dejan sumisas las almas 
que forman tu corte real. 

Tu excelso triunfo pregono 
en regocijados sones, 
}• en el más rendido tono 
mando mi adhesión al treno 
como á las instituciones. 

Emperatriz de la Habana, 
debes encontrarte ufana 
por ser, caso excepcional, 
la primera soberana 
por sufragio universal. 

Si republicano era 
(no estoy cierto que lo fuera), 
sólo hasta hoy lo sería, 
que acato la dinastía 
de Josefina Primera. 

Con mis votos ardentísimos 
por vuestra felicidad, 
y con mi lira contad; 
y beso los remonísimos 
pies de Yuestra Majestad. 

Manuel S. Pichardo (cubano; 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



No adoro la hermosura 
que con serlo se basta, 
porque el tiempo desgasta 
la frágil envoltura. 

Amo la esencia pura 
bajo la forma casta, 
lo que el tiempo no gasta, 
lo que vive y perdura. 



No me arroba tampoco 
gracia que bien no deja, 
y á mi espíritu encanta 

más que la luz, el foco; 
más que la miel, la abeja; 
más que la flor, la planta. 

Manuel S. Pichardo (cubano) 



UNA VERDAD 

Tranquilo el tonto en su moral penumbra 
vive feliz, porque su fe palpita; 
jamás la fiebre de saber le agita, 
ni la falta de luz le apesadumbra. 

El sabio con la gloria se deslurnbra, 
y entre la duda y el dolor medita; 
porque el talento es lámpara maldita 
que los horrores de la vida alumbra. 

La tierra es para el tonto paraíso 
en que viene á medrar gordo y contento; 
y por la tierra el genio va indeciso, 

triste, humillado, pesaroso, hambriento, 
que Dios formó á los tontos, porque quiso 
abatir el orgullo del talento. 



A. Plaza (mexicano} 



AMISTAD 



Amistad..., amistad..., ¡frasismo vano! 
El hombre, por esencia comerciante, 
cuando puede comprar es un gigante, 
cuando quiere vender es vil gusano. 



RAFAEL POMBO 



3" 



Ya que hay en la amistad Mercurio y Jano, 
me vuelvo, como todos, traficante, 
me pongo al mostrador con buen talante, 
y doy la mano al que me da la mano. 

Al que no deja, mi presencia evita; 
al que no quita, mi candor corteja; 
y en mi libro de caja queda escrita 

esta útil y excelente moraleja: 
siempre algo deja lo que nada quita, 
siempre algo quita lo que nada deja. 

A. Plaza (mexicano) 



YO NO SÉ SI TE QUIERO 



Yo no sé si te quiero, 

tú lo sabrás; 
sólo siento que muero 

donde no estás. 
Y un tirano invisible 

dentro de mí 
murmura: es imposible 

vivir sin ti. 

II 

Cuando estoy á tu lado 

ya nada ansio. 
Cuanto Dios ha creado 

pienso que es mío; 
todo, todo lo encuentro 

donde te veo, 
por que tú eres el centro 

de mi deseo. 

III 

Bástame solamente 
ver y palpar 
que lo que tu alma siente 
, yo siento al par. 



Si es así como se ama, 

ó es amistad, 
mi corazón lo llama 

felicidad. 

IV 

Llámame como quieras, 

tesoro mío, 
por nombres y maneras 

yo no porfío. 
Amigo, hermano invoca, 

ó amante fiel: 
cualquier nombre en tu boca 

se vuelve miel. 



Sólo uno nay que mi orgullo 

preferiría; 
ser tuyo, y siendo tuyo 

llamarte mía. 
Que un tirano invisible 

dentro de mí 
murmura: es imposible 

vivir sin ti. 



Rafael I'ombo (colombiano) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



DE LA CARTERA 



Yo quiero que tú quieras 

que yo te quiera 
como querría quererte 

si me quisieras; 

y aunque no quieras, 
te querré porque quiero 

que tú me quieras. 

Si piensas que yo pienso 

que tú me piensas, 
me piensas al pensarlo: 

¡me recompensas! 

Y si bien piensas, 
quien piensa en no pensarme 

sólo en mí piensa. 



Al decir lo que dices 

te contradices, 
porque dices que dices 

lo que no dices; 

y si lo dices, 
desdices lo que has dicho 

con lo que dices. 

En parte de los partes 

que tú repartes, 
vi que partes muy pronto 

para otras partes. 

Yo quedo aparte: 
mas si partes, me partes 

de parte á parte. 

Jorge Pombo (colombiano) 



ESTUDIA 



Es puerta de la luz un libro abierto: 
entra por ella, niño, y de seguro 
que para tí serán en lo futuro 
Dios más visible, su poder más cierto. 

El ignorante vive en un desierto 
donde es el agua poca, el aire impuro: 
un grano le detiene el pie inseguro; 
camina tropezando, vive muerto. 

En ese de tu edad abril florido 
recibe el corazón las impresiones 
como la cera el tóeme de las manos. 

Estudia, y no serás, cuando crecido, 
ni el juguete vulgar de las pasiones 
ni el esclavo infeliz de los tiranos. 



Calixto Pompa (venezolano) 



CALIXTO POMPA 



3 r 3 



TRABAJA 



Joven, trabaja, sin cesar trabaja: 
la frente honrada que en sudor se moja 
jamás ante otra frente se sonroja, 
ni se rinde servil á quien la ultraja. 

Tarde la nieve de los años cuaja 
sobre quien lejos la indolencia arroja; 
su cuerpo al roble, por lo fuerte, enoja: 
su alma orgullosa al lodazal no baja. 

El pan que da el trabajo es más sabroso 
que la escondida miel que con empeño 
liba la abeja en el rosal frondoso. 

Si comes ese pan, serás tu dueño; 
mas si del ocio ruedas al abismo, 
todos serlo podrán, menos tú mismo. 

Calixto Pompa (venezolano) 



DESCANSA 

Ya es blanca tu cabeza, pobre anciano; 
tu cuerpo, cual la espiga al torbellino, 
se dobla y rinde fácil: ya tu mano 
el amigo bordón del peregrino 

maneja sin compás, y el aire sano 
es á tu enfermo corazón mezquino: 
deja la alforja, vé, descansa ufano 
en la sombreada orilla del camino. 

Descansa, sí; mas como el sol se acuesta, 
viajero como tú, sobre el ocaso, 
y al astro que le sigue un rayo presta, 

entreabre con amor tus labios viejos 
y alumbra al joven que te sigue el paso 
con la bendita luz de tus consejos. 

Calixto Pompa (- 



|I4 ANTOLOGÍA AMERICANA 



LOS PEINADOS DE MODA 

Son rosas tus mejillas, Eleonora, 
y tus ojos bellísimos luceros, 
corales son tus labios, mensajeros 
de una alma que virtudes atesora. 

Palma es tu cuerpo, tu mirada aurora, 
y al ver tus pies enanos y ligeros 
en el crujiente raso prisioneros, 
me encanta su belleza y me enamora. 

Siento á la vez por ti, niña hechicera, 
profunda admiración y afecto puro; 
mas cuando advierto el elevado muro 

que forma tu prestada cabellera, 
se entibia mi pasión, pues me figuro 
que toda tu cabeza está por fuera. 

Calixto Pompa (venezolano) 



LA PRIMERA CANA 



La blanca hebra que en tu pelo brilla 
cual si de plata fuera, no te espante, 
que también en su luz clara y sencilla 
tiene á veces lunares el diamante. 

Verme quisiera en ella aprisionado, 
y aunque frágil cadena es un cabello, 
nada hiciera por verme libertado 
por no llorar al acordarme de ello. 

Si como altivo juez me maniataras 
con soga tan pulida y reluciente, 
y luego, por piedad, me libertaras, 
me volvieras á atar por reincidente. 

Porque es dulce, muy dulce ser guardado 
por carcelero tan sensible y bello, 
y verse blandamente aprisionado 
en las delgadas redes de un cabello. 

Calixto Pompa (vi m wlaiio) 



GUILLERMO PRIETO 3 I 5 



CANTARES 



Yo soy quien sin amparo cruzó la vida 
en su nublada aurora, niño doliente, 
con mi alma herida; 
el luto y la miseria sobre la frente, 
y en mi hogar solitario y agonizante 
mi madre amante. 

Yo soy quien, vagabundo, cuentos fingía, 
y los ecos del pueblo que recogía 
torné cantares; 

porque era el pueblo humilde toda mi ciencia, 
y era escudo, en mis luchas con la indigencia, 
de mis pesares. 

La soledad austera y el libre viento 
le dieron á mi pecho robusto aliento, 
fiera' entereza: 

y así tuvo mi lira cantos sentidos, 
en lo íntimo de mi alma sordos gemidos 
de mi pobreza; 

La nube que volaba con alas de oro, 
la tórtola amorosa que se quejaba 
como con lloro; 

el murmullo del aura que remedaba 
las voces expresivas del sentimiento 
copió mi acento. 

Y el bandolín que un barrio locuaz conmueve, 
y el placer tempestuoso con que la plebe 
muestra contento: 

sus bailes, sus cantares y sus amores 
fueron luz y arroyuelos, aves y flores 
de mi talento. 

Cantando, ni yo mismo me sospechaba 
que en mí la patria hermosa con voz nacía, 
que en mí brotaba 

con sus penas, sus glorias y su alegría, 
sus montes y sus lagos, su lindo cielo, 
y su alma que en perfumes se desparcía. 



;l6 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Entonces á la choza del jornalero, 
al campo tumultuoso del guerrillero 
llevé mis sones, 

y no á regias beldades ni peregrinas, 
sino á obreras, modestas y alegres chinas, 
di mis canciones. 

¡Oh patria idolatrada, yo en tus quebrantos 
ensalcé con ternura tus fueros santos, 
sin arredrarme; 

tu tierra era mi carne, tu amor mi vida, 
hiél acerba en tus duelos fué mi bebida 
para embriagarme! 

Yo tuve himnos triunfales para tus muertos, 
mi voz sembró esperanzas en tus desiertos; 
y complaciente, 

á la tropa cansada la consolaba, 
y oyendo mis leyendas se reanimaba, 
riendo valiente. 

Hoy mísero recuerdo de ese pasado 
de luz y de tinieblas, de llanto y gloria, 
soy un despojo, un resto casi borrado 
de la memoria... 

Pero esta pobre lira que está en mis manos 
guarda para mi pueblo sentidos sones; 
y acentos vengadores y maldiciones 
á sus tiranos. 

Guillermo Prieto (mexicano) 



AMOR DE VIEJO 



Como una colcha 
que abriga el cuerpo 
sin fatigarnos 
en el invierno, 
de poco costo, 
de mucho peso, 
de color firme 
para el mal tiempo, 
así es, muchacha, 
ni más ni menos, 
eso que llaman 
nmor de viejo. 



Como una copa 
de Jerez seco 
que se nos brinda 
tras el puchero, 
y entona briosa 
mentes y nervios 
y nos dispone 
grata al contento, 
sin aturdimos 
ni enloquecernos, 
y que mil \ 
ordena un médico 



GUILLERMO PUELMA TUPPER 



3*7 



que siempre busca 
sanos efectos, 
así es, muchacha, 
ni más ni menos, 
eso que llaman 
amor de viejo. 

Como butaca 
de holgado asiento 
en que se tiende 
cómodo el cuerpo, 
y en que mecidos 
con vaivén lento 
nos entregamos 
á dulces sueños, 
medio en letargo, 
medio despiertos, 
viendo á la tierra, 
los cielos viendo 
siempre apacibles, 
siempre contentos, 
así es, muchacha, 
ni más ni menos, 
eso que llaman 
amor de viejo. 

Dicen que gustan 
botines nuevos, 
mas se prefiere 
calzado viejo; 
este fué siempre 



de aquél consuelo; 
son ricos vinos 
los más añejos. 
Hay muchas coplas, 
¿cuántos Horneros? 
Hay mil pinturas 
en grandes lienzos; 
pero el artista 
de genio y estro 
en Rafael busca 
divos modelos... 
El sol es chocho, 
ítem los cielos, 
la verdad tiene 
siglos sin cuento, 
y chitón, boca, 
porque blasfemo... 
Mas tú que tienes 
tan gran talento, 
tan lindos ojos 
y erguido cuerpo, 
oye..., no dudes, 
te canto el credo; 
deja que griten 
cien mil pihuelos... 
Y abre, muchacha, 
tu ardiente pecho 
á eso que llaman 
amor de viejo. 
Guillermo Prieto (mexicano) 



NO MUERE EL HOMBRE 

No muere el hombre al parecer que ha muerto, 
no muere el día en que sus ojos cierra, 
en que lo cubre inanimado, yerto, 
sin sol, sin aire, la callada tierra. 

Muere á pedazos y en diversos años: 
cuando de amor el juvenil tesoro 
se agota en inexpertos desengaños; 
cuando se van las ilusiones de oro. 



Muere al sentir la duda y su veneno, 
al buscar la razón del hondo arcano, 
al borrar las creencias de su seno, 
al ver que todo en la existencia es vano. 



3l3 ANTOLOGÍA AMERICANA 

Muere mil veces en los tristes días 
en que abandona nobles ideales, 
y en que son sus ensueños y alegrías 
orgullos, vanidades y caudales. 

Muere en el alma, por mitad ha muerto 
cuando hombre grave, burlador del niño, 
siente su pecho del amor desierto, 
incapaz ya de virginal cariño. 

Muere en el cuerpo cuando llega al vicio 
y esclavo se doblega á las pasiones, 
cuando niega el pudor y el sacrificio, 
menguado en su palabra y sus acciones. 

Muere, agoniza, cuando el hondo hastío, 
el propio, el invencible descontento, 
de la humana justicia eco sombrío, 
lo arroja á la ebriedad y al aislamiento. 

Muere, sucumbe, cuando infame explota 
con apostura y voz de caballero 
al pariente, al amigo, al compatriota, 
y vende hasta su mano por dinero. 

Muere, es cadáver rígido y helado 
cuando joven nacido en la opulencia, 
halla que vive el padre demasiado, 
que se demora la anhelada herencia. 

Muere, es carroña vil que se agusana 
cuando en lujos, caprichos y placeres 
consume su caudal, la fuerza humana, 
con abyectos amigos y mujeres. 

Muere, es la hueca, innoble calavera 
marcada por la bala del suicida 
cuando muestra la faz torva y severa 
las huellas de la crápula escondida. 

Y muere, es polvo que arrebata el viento 
cuando esculpido en mármoles su nombre 
no despierta en el alma el sentimiento 
de gratitud, que dignifica al hombre. 

Guillermo Puelma Ti pper (, ■'. 




EL DESCUBRIMIENTO 



Del mundo antiguo retembló el cimiento: 
la bárbara irrupción, como un diluvio, 
llegó á Roma con ímpetu violento; 

y allí el germano de cabello rubio 
y azules ojos reposó tranquilo, 
engañando nostalgias del Danubio. 

Entonce el Cristianismo, que un asilo 
tuviera en misteriosa catacumba, 
de la espada imperial huyendo al filo, 

saltó brillante de esa negra tumba: 
la perla surge en los revueltos mares 
cuando furiosa la borrasca zumba. 

Alzáronse los templos á millares 
sobre aquel suelo do el patricio hiciera 
oblación de cristianos á sus lares. 

La buena nueva se extendió doquiera, 
abrió en la humanidad surco profundo, 
y el Árbol de la Cruz, sacra bandera, 
tremoló por los ámbitos del mundo. 



II 



Pero siglos después, su obra concibe 
en el seno de Arabia un gran Profeta, 
que en las palmeras su Corán escribe. 

Y aquella raza vagabunda, inquieta, 
de valor temerario, fatalista, 
brazo de hierro y mente de poeta, 



antología americana 



sus legiones innúmeras alista, 
y clavando los ojos en la altura, 
desenvaina el alfanje de conquista; 

atraviesa la líquida llanura 
que de sus costas los contornos baña, 
y prodigios haciendo de bravura, 

entre arrojo español y árabe hazaña, 
ayudada por pérfidos traidores, 
se enseñorea en lo mejor de España, 

En perfumados cármenes las flores, 
de blancas que eran, las tornaron rojas 
de sangre y de vergüenza los vapores; 

y en la Vega gentil, donde las hojas 
de pomposos laureles verdeaban, 
contemplarse pudieron las panojas 

que cimbradoras palmas ostentaban, 
y su oasis al hijo del desierto 
en el pensil de Europa recordaban. 

Sí; allí la planta del muslime incierto 
tranquila se fijó, y esos confines 
su mano transformólos en un huerto; 

entre bosques de nardos y jazmines, 
y junto á la mezquita do al creyente 
convocaba la voz de los muecines, 

radiante de esplendor, alzó la frente 
encantado verjel para la zambra, 
ese palacio de hadas refulgente, 
ese alcázar de genios, esa Alhambra... 



III 



Pasan años y lustros y centurias. 
Al pueblo aquel que confinado gime 
en las montañas de Aragón y Asturias, 

concede el cielo una mujer sublime, 
que lucha sin cesar frente á Granada 
y, forzando sus muros, la redime. 

En la morisca Alhambra es aclamada 
la Católica reina de Castilla 
libertadora de su patria amada. 

Mientras el sol de la victoria brilla, 
lágrima silenciosa, allá en la Vega, 
de Boabdil humedece la mejilla; 

y el manso I )auro, que esos valles riega, 
puede escuchar el cántico de alguna 
piadosa virgen que por todos ruega; 



AMALIA PUGA 32 I 



y allí donde lució la media luna, 
la Cruz del Redentor se eleva entonce; 
y en el alto alminar pone Fortuna, 
en lugar del muecín, cristiano bronce. 



IV 



Era para Isabel - genio fecundo,* 
santamente ambicioso de victoria, 
predestinado á completar el mundo - 

vencer al musulmán escasa gloria: 
¡necesitaba el hecho que la encumbra 
con visos legendarios en la Historia! 

El hecho aquel cuyo esplendor alumbra 
la noche de los tiempos, cuya flama, 
de fulgor mitológico, deslumhra. 

Aquel hecho que empieza cuando llama 
el Marino á las puertas del convento, 
y termina en el seno de la Fama... 

¡Oh inconcebible instante! ¡Oh gran momento! 
Cual si un mundo de enorme pesadumbre 
de Colón agobiara el pensamiento, 

comprende él que envidiosa muchedumbre 
le insultará con bárbara ironía... 
Mas, al través de todo, ve la cumbre 

adonde Dios al escogido guía: 
al Calvario se llega agonizante, 
pero ¡se resucita al tercer día!.. 

En la Rábida encuentra el Almirante 
lo que juzgó imposible en su abandono: 
y cuando de Isabel se halla delante, 

expone su proyecto en firme tono 
y- Un inundo, exclama, descubrir os juro 
para la fe de Cristo y para el trono. — 

Oye contenta al navegante obscuro, 
y descubriendo el misterioso arcano 
que guarda entre sus pliegues lo futuro, 

cruzar anhela el azulado Océano, 
de hasta entonces indómita fiereza, 
y tiende á aquél su protectora mano. 

La corona que ciñe su cabeza, 
ya transformada en voladoras naves, 
proclamará su nombre y su grandeza... 

¡Carabelas, volad! Cánticos graves 
os entona la mar con sus rumores: 
Dios del Cielo os bendice; aromas suaves 
la Atlántida os reserva entre sus flores... 



Antología americana 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



V 



¡Silencio!.. El verbo á describir no alcanza 
cómo surgió de entre la densa bruma, 
convertida en verdad, esa esperanza. 

No intenten, no, la lira ni la pluma 
el cuadro .bosquejar del continente 
dormido entre sus sábanas de espuma 

y despertado al beso que en la frente 
los labios de dos genios le dejaron, 
cuando bajo la Cruz omnipotente 
Isabel y Colón se coaligaron... 



VI 



Que nos cuenten los sabios mil verdades; 
que hable la Historia lo que quiera un día; 
que nos descubran tristes realidades, 

ha de seguir la humana fantasía 
viendo á Colón entre rosados velos, 
de descubrir un mundo en la porfía; 

y á despecho de envidias y recelos, 
extendida la diestra hacia el espacio, 
fija la vista en los profundos cielos. 

Y siempre de Castilla en el palacio 
ha de mirar, en perfumada zona 
cubierta por celajes de topacio, 

á la augusta Isabel, á la matrona 
vencedora feliz de Abencerrajes, 
quitando de su frente la corona 

y los joyeles de sus regios trajes, 
para adquirir las navecillas de oro 
de ese mágico viaje de los viajes. 

Verá á América dando su tesoro 
de millones de subditos rendidos, 
que el canto del esclavo alien en coro; 

de majestuosos bosques parecidos 
al Líbano inmortal, do las cabanas 
son del amor encantadores nidos; 

de cadenas de vírgenes montanas, 
otorgando al ibero generosas 
la riqueza sin fin de sus entrañas; 

ha de ver producir lirios y rosas 
valles cual Jericó y Alejandría, 
para adornar espadas victoriosas: 



AMALIA PUGA 3 2 3 



y en la nave desierta y solitaria 
del templo de pasada idolatría,, 
surgir para el incienso y la plegaria 
los altares del Hijo de María. 

VII 

¡Oh fama inconmovible como el Ande! 
Mientras haya en el mundo corazones 
que latan por lo noble y por lo grande, 

loor eterno y eternas bendiciones 
alcanzarán la ilustre soberana, 
Colón, Pérez, Marchena y los Pinzones. 

Y si pudo la Reina Castellana 
para su estirpe conquistar un día, 
además de la tierra americana, 

el poder de exclamar con ufanía: 
que el alto luminar del firmamento 
en sus dominios nunca se ponía, 

hoy, de igual modo que en aquel momento, 
á la humana razón su brillo impone 
ese mismo sublime pensamiento: 
¡porque el Sol de la gloria no se pone!.. 

Amalia Puga (peruana) 



¡EL MUNDO! 



Suspendida una lágrima brillante 
de las rubias pestañas de Lucía, 
más que lágrima simple, parecía 
en diadema imperial claro diamante. 

- ¿De algún leve capricho onda sonante 
á la playa esa perla arrojaría?, 

con afectuoso acento le decía, 
entre caricias mil, su tierno amante. 

- ¡Cuan engañado estás!, contestóle ella. 
- Entonce ¿á qué llorar si feliz eres, 

tal vez la más feliz de las mujeres? 

- Es cierto, triste murmuró la bella; 
pero el mundo, al brindarme sus placeres, 
como á suyas, con lágrimas nos sella. 

Amalia Fuga (peruana) 



3 2 4 



antología americana 



EL AMOR 

¿Por qué, Amor, cuando expiro desarmado, 
de mí te burlas? Llévate esa hermosa 
doncella, tan ardiente, tan graciosa, 
que por mi obscuro asilo has asomado. 

En tiempo más feliz yo supe, osado, 
extender mi palabra artificiosa 
como una red, y en ella, temblorosa, 
más de una de tus aves he cazado. 

Hoy de mí mis rivales hacen juego, 
cobardes atacándome en gavilla: 
y libre ya mi presa al aire entrego. 

Al inerme león el asno humilla; 
vuélveme, amor, mi juventud, y luego 
tú mismo á mis rivales acaudilla. 

Ignacio Ramírez (mexicano) 



LA NIÑA HONRADA 



- A esa joven que pasa por la calle 
¿la conocéis? Mirad en su semblan te- 
la plácida expresión de la inocencia, 

la pureza de un ángel. 

- ¿Pero quién es? - Es una santa niña 

que vive trabajando 
llena de amor filial y de contento, 
para llevar á sus ancianos padres, 

con su jornal bendito, 

la dicha y el sustento. 

-Y en su afán sin seguí 
aunque pasa la vida en el trabajo, 

¿nada posee en el mundo? 

- Vos juzgaréis si es poco lo que tiene 

en su existir espléndido: 
andor, su modestia, 
los seres venturosos é quien .una, 
y limpia como el cielo la conciencia. 

Manuel Ramírez < 



TOMÁS RENDÓN 3 2 5 

PLEITO DEL TIGRE CON LA OVEJA 

SIENDO JUEZ EL LOBO 
( Fábula forense) 

Ante un inicuo lobo, 
juez de costumbres viles, 
contra la oveja un día 
formó proceso el sanguinario tigre. 
Pedía en su demanda 
el bribonazo insigne, 
que la paciente oveja 
dos corderillos á sus fauces brinde. 
Fundábase para esto 
en fueros señoriles, 
y en que él doquier pedía 
sustento a bestias de menguada estirpe. 
A petición tan dura 
la oveja, aunque infelice, 
se opuso con razones, 
razones varias y en verdad plausibles. 
La causa en tal estado 
á prueba se recibe, 
mandándose pro forma 
que la acción y excepción se justifiquen. 
Para ello en tropel vienen 
y de testigos sirven 
un zorro, tres panteras, 
un leopardo feroz, dos jabalíes. 
Muy graves todos ellos 
juran por Baco y dicen: 
que el tigre en todo bruto 
su mando ejerce y su poder sublime; 
que por lo mismo tiene 
derecho inamovible 
para exigir pitanza 
de cuantas bestias en su reino viven. 
El perro, que abogaba 
por la ovejuela humilde, 
se exalta, y atronando, 
al actor y testigos contradice; 

y aunque razona en grande 
con lógica invencible, 
ardiente y conmovido, 
el noble Cicerón de los rediles, 



12Ó 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



no obstante, el juez perverso 
del orador se ríe 
y sin pudor alguno 
absurdamente la cuestión decide 
mandando que la oveja 
nutra al hambriento tigre 
y costas también pague 
como adversario de un señor de timbre. 
Confusa con tal fallo, 
la oveja clama y gime, 
y á sus hijos entrega, 
vencida al cabo en la contienda horrible, 
ítem la pobrecilla 
manda que la trasquilen, 
y su lana vendiendo 
pagó las costas del proceso al tigre. 
Sepan ¡os litigantes, 
que a! olmo peras piden 
cuando de inicuos jueces 
contra ¡os grandes protección exigen. 

Tomás Rendón (ecuatoriano) 



A UNA JOVEN 



Vuelvan las antiguas lunas 
que oyeron trovas sentidas, 
de lo profundo salidas 
de algún pecho plañidor: 
que entonces la voz del alma, 
más excelsa por más pura, 
con noble dicha ó tristura 
exhalaba el trovador. 

Si invocáramos membranzas 
donde el Cid como astro brilla, 
doblando la mi rodilla 
yo dijera á tu beldad: 
- Noble dama, ya la noche 
sus hondos misterios deja, 
y viene á oir en tu reja 
canción de amor y lealtad. 

En tu antigua, noble España 
valiera tu donosura 
cien arranques de aventura, 
cien y cien triunfos de honor. 
Y hubiera en los mis cantares 
noble suspiro profundo, 
mágico acento fecundo 
de la verdad y el amor. 



Antes que el brillo del oro 
cegara á nuestros abuelos, 
hubo fúlgidos consuelos 
de amor, esperanza y fe; 
daba á pechos varoniles 
su elevación la belleza: 
la mujer la fortaleza 
de todos los héroes fué. 

Cantó su fe el caballero 
y el trovador sus amores: 
¡de qué fuentes los cantores 
sacaban la inspiración! 
Hoy bebemos nuestras dudas 
con las heces del hastío, 
y el pecho cansado y frío 
da de hielo su canción. 

Cuando eran mujer y gloria 
el más preciado tesoro, 
todo canto era sonoro 
y excelsa toda beldad; 
hoy que el áureo ruido aturde 
y áureo peso al mundo abruma, 
y cantan la Re-la y Suma. 
¡los trovadores callad! 

Mi.,i u RiofrÍO (ecuatoriano) 




EL ESCORIAL 

Resuena en el marmóreo pavimento 
del medroso viajero la pisada, 
y repite la bóveda elevada 
el gemido tristísimo del viento. 

En la Historia se lanza el pensamiento, 
vive la vida de la edad pasada, 
y se agita en el alma conturbada 
supersticioso y vago sentimiento. 

Palpita aquí el recuerdo, que aquí en vano 
contra su propia hiél buscó un abrigo, 
esclavo de sí mismo, un soberano 

que la vida cruzó sin un amigo: 
águila que vivió como un gusano, 
monarca que murió como un mendigo. 

Vicente Riva Palacio (mexicano) 



SUEÑO Y REALIDAD 

Soñé que te miraba, 
y después, que entre nubes te perdía 
y que tu alma conmigo se quedaba 
y que contigo se iba el alma mía. 

Estando ya despierto, 
me dijo mi razón enternecida 

que era mi sueño cierto, 
porque era tu alma el alma de mi vida. 

Vicente Riva Palacio ( 'mexicano) 



328 ANTOLOGÍA AMERICANA 



IDILIO 

Una casita 

sobre una alfombra 
de blancas flores y verde grama, 
donde recuestan su fresca sombra 
los arrayanes y la retama. 

Entre las juncias 

y carrizales 
un arroyito que corre puro, 
acariciando con sus cristales 
la madreselva que escala el muro. 
Blancas ovejas 

sobre las lomas, 
tordos parleros por los sembrados, 
y en dulce arrullo blancas palomas 
en los aleros de los tejados. 
Cabe las puertas 

y en las ventanas, 
de roja hiedra frescas cortinas, 
y por los patios cruzando ufanas 
en raudo vuelo las golondrinas. 
Entre los fresnos 

aves cantando, 
junto al estanque lirios y rosas, 
y por las flores ledas buscando 
el dulce néctar las mariposas. 

Y tú á la sombra 
cerca del río, 

el verde musgo por blando lecho, 
la trova oyendo que el pecho mío 
manda á que more dentro tu pecho. 

Y allí pintando 
mi amor ardiente, 

y contemplando tus bellos ojos, 
húmedos besos sobre mi frente 
pondrán temblando tus labios rojos. 

Vicente Riva Palacio (mexicano) 



DUDA Y FE 

Negro estaba y sombrío el ñrmamento, 

y tú me lo mostrabas. 
Así tengo, dijiste, el pensamiento; - 

v era porque dudabas. 



JOSÉ RIVAS GROOT 329 



De bella tarde en apacible calma 
otra vez me decías: 
- Como ese cielo azul tengo yo el alma; - 
y era porque creías. 
Luz es la fe, mi bien; sombra la duda. 
Con mi amoroso anhelo 
yo le daré, si tu pasión me ayuda, 
luz á tu cielo. 

Vicente Riva Palacio (mexicano) 



NOCHE DE LUNA 

Cuando el destello de esa luz tranquila 
baña las sombras de la noche en calma, 
perdida en los espacios mi pupila, 
hermana de la mía busca otra alma. 

Me remonto soñando á otro hemisferio 
á buscar otros seres que he perdido, 
y yo sé dónde están, y es un misterio 
el lazo que en el mundo nos ha unido. 

¡Qué hermosa estás, oh luna transparente, 
vertiendo con tu luz melancolía! 
Esos rayos que lanzas á mi frente 
hieren con un recuerdo el alma mía. 

No hay más que un solo amor, eterno, santo, 
puro como esa luz, como ese cielo... 
¡Madre! ¡Yo te perdí! Mas te amo tanto, 
que sólo es tu recuerdo mi consuelo. 

Cuando veo esa luna cómo gira 
y su suave fulgor en mí destella, 
yo creo que es mi madre que me mira 
y en éxtasis de amor hablo con ella. 

Luis Rodríguez de Velazco (chileno) 



LO QUE ES UN NIDO 

Buscando aquella tarde algún abrigo 
á la incesante lluvia que caía, 
me refugié bajo el portal amigo 
de una iglesia vacía. 
Cedió crujiendo la pesada puerta; 
pasé el umbral... Temblosos claroscuros 
vagaban por la bóveda desierta, 
por los escuetos muros. 



330 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Las enhiestas ventanas de la altura 
alumbraban con lumbre mortecina 
los retablos de clásica escultura, 
los sitiales de encina. 
Huérfano del calor del incensario, 
como perdido bajo el dombo inmenso, 
se alzaba entre las sombras del santuario 
leve jirón de incienso. 
Ecos de moribundas armonías 
aún vagaban por el viejo coro, 
y vibraban las hondas arquerías 
con mutismo sonoro. 
Contemplé las imágenes sagradas 
envueltas en la sombra de sus mantos, 
y hundiendo en lo invisible las miradas 
como en éxtasis santo. 
Recordé con amor, y al par con miedo, 
de la niñez las pláticas sencillas: 
murmuré una oración quedo, muy quedo, 
y caí de rodillas. 

Y ansié la luz... y me elevé á lo eterno, 
siguiendo de los ángeles los rastros; 

y oí cuál pulsan con preludio tierno 
sus arpas en los astros... 

Y ansiando apocalípticos asombros, 
subí de lo infinito las escalas; 

y asombrado sentí que en mis dos hombros 
se agitaban dos alas. 

Y volé como fuera de mí mismo..., 
y crucé los espacios estelares..., 

y comulgué la luz en el abismo 
de incógnitos altares. 
Llegué al umbral de ignotos firmamentos 
donde, en medio de azules claridades, 
guardaban dos esfinges soñolientos 
las cltrnas verdades. 
Divisé con pavor incubaciones 
de soles en las bóvedas secretas; 
y escuché luminosas vibraciones 
y ritmos de planetas. 

Y volé más, buscando los profundos 
secretos de las simas < readoras; 

y miré larvas de increados mundos, 
y capullos de auroras. 

Y volé más en lo impalpable... -¿Dónde, 
dónde, ¡oh Padre! - exclamé con grito acerbo, 
dónde la esencia de tu amor se esconde? 

¿I >ónde ocultas el Verbol - 



ERMELINDO RIYOLx ' 



Y me fui sumergiendo en el vacío, 
el Verbo de la vida descifrando... 

Me desperté al oir en torno mío 

Rumor trémulo y blando. 
Busqué con la mirada. En un retablo 
que se ocultaba entre rincón desierto, 
vi alzarse la figura de San Pablo 

con un gran libro abierto. 
Me acerqué á descifrar esa sombría 
hoja que el Santo con miradas graves 
contemplaba... La página tenía 

escondidas dos aves. 

Y en el libro de páginas divinas 
escritas por un Dios..., medio escondido, 
con el amor de un par de golondrinas 

vi palpitar un nido. 

José Rivas Groot (colombiano) 

¿QUÉ ES EL DOLOR? 

¿Preguntas qué es dolor? Un viejo amigo 
inspirador de mis profundas quejas, 
que se halla # ausente cuando estás conmigo, 
que está conmigo cuando tú te alejas. 

José Rivas Groot (colombiano) 



TELESCOPIO 

I 

Todo es fuerza y materia: evoluciones 
de la materia á pensamientos llegan; 
todo en el universo es relaciones 
de átomos simples que, al unirse, bregan. 
El sonido y la luz, la piedra, el hombre, 

son formas sucesivas 
de un pensamiento. ¡Quién me diera el nombre 
del que ha pensado tanto en cosas vivas! 

II 

Es el hombre un tejido inextricable 
de luz y de miseria: es chispa y cieno: 
ni ama como se debe al ser amable, 
ni aborrece el error, que es un veneno. 



332 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Creyente es mazorral, supersticioso: 

incrédulo es altivo: 
¡y el Dios que yo concibo es tan hermoso, 
que únicamente Justo lo concibo! 



III 



No sé qué tiene el mundo 
que á veces miro blanco, á veces negro: 
negando, quedo triste, moribundo; 
si admito, será error, pero me alegro. 

¿Es del hombre destino 
vivir en sombras y adorar quimeras, 
gozar en la visión del desatino 
y siempre errar, que quieras que no quieras? 



IV 



Cansado ya de tanta incertidumbre, 
de tanto oir y consultar doctores, 
he venido á pensar que es la costumbre 
atenerse cada uno á sus autores. 

El mundo es un enigma, 
¿y quién negarlo puede? El hombre lleva 
en la frente una marca ó un estigma 
que su origen recuerda, y se lo prueba. 



V 



Si materia es el alma, ¿á qué se apura 
siempre buscando á un Dios que no le importa? 
Si porque á Dios concibe, se figura 
que él es Dios, ¿á dudarlo quién le exhorta? 

Negar, si no se entiende, 
no parece ni noble ni profundo: 
vale más confesar, y eso no ofende, 
que alguien nos ha formado é hizo el mundo. 

Ermeijndo Rivodó (venezolano) 



JOSÉ ROSAS MORENO 



333 



PROFESIÓN DE FE 



La amable carta miré 
que escribió tu mano bella: 
su objeto explicar no sé, 
y mucho me extraña, á fe, 
lo que me dices en ella. 

Niña, en los buenos salones 
la política da sueño; 
y no alcanzo las razones 
por qué tienes tal empeño 
en saber mis opiniones. 

Verde, blanca ó encarnada, 
siempre el alma enamorada 
rinde tributo al amor, 
y no modifica en nada 
al sentimiento el color. 

No importa á tu paz, bien mío, 
saber si en Juárez confío; 
que cariñoso y clemente 
bendice Dios igualmente 
al cristiano y al judío. 

El color no importa cosa: 
rojas te puedo mostrar 
con sucesión venturosa, 
dilatada y numerosa 
como la arena del mar. 

Para decir con delicia 
algún requiebro oportuno, 
para hacer una caricia, 
no es necesario en justicia 
tener partido ninguno. 

Aristócrata ó pechero, 
reformista decidido 
ó agente loco del clero, 
tirio ó troyano, te quiero 
como nadie te ha querido. 

Firme y constante en amar, 
sabré siempre conservar 
el cariño que nos liga, 
y es inútil que te diga 
mi manera de pensar. 

Quiero, empero, complacerte: 
que sieinpre mi anhelo fué 
contenta en todo tenerte. 
Pues lo quieres, voy á hacerte 
una profesión de fe. 



Desde el día en que te vi 
palpitó mi corazón 
y por dueño te elegí: 
ya ves que ha tiempo ejercí 
el derecho de elección. 

Tú eres mi única alegría, 
tú eres mi rey, alma mía, 
mi corazón es tu imperio, 
y amante, y rendido, y serio, 
proclamo la monarquía. 

Con el influjo que tiene, 
protegiendo nuestra unión, 
tú hermana, ¡oh niña', interviene: 
la intervención me conviene, 
acepto la intervención. 

Cierto francés relojero 
se interesa á tu dinero; 
pero he de acabar con él: 
guerra, guerra sin cuartel 
al enemigo extranjero. 

Fiero tu padre y tirano, 
quiere con mala intención 
á otro dar tu linda mano: 
pero yo, buen ciudadano, 
seré de la oposición. 

Por la risa desprendida 
de tus labios de coral, 
por tu amor, prenda querida, 
el alma te doy, la vida: 
ya ves que soy liberal. 

Quiero tu amor para mí 
con amante despotismo, 
que alma y corazón te di, 
y tratándose de ti, 
adoro el absolutismo. 

Cuando dichoso á tu vista 
va haciendo mi amor progresos 
y algún abrazo conquista, 
conquistar quiero mil besos: 
ya ves que soy progresista. 

Y pues ardiente te llamo 
y no me puedes oir; 
puesto que ausente te amo, 
para escribirte reclamo 
la libertad de escribir. 



334 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Busco en tus brazos abrigo 
y en tus ojos ilusión, 
y para unirme contigo 
tierno proclamo y bendigo 
el derecho de reunión. 

Si al fin mi solicitud 
pagas, mi bien, con un sí, 
y me vuelves la quietud, 
tendrás un esclavo en mí: 
proclamo la esclavitud. 

Con un cariño sincero 
que contribuyas espero 
á hacer mis dichas perfectas; 
y advierte, ¡oh Laura!, que quiero 
contribuciones directas. 

Y si en tierna intimidad, 
y á mí en sociedad unida 
me consagras tu amistad, 
yo consagraré mi vida 
al bien de la sociedad. 



Para imprimir en tu frente, 
do miro el amor lucir, 
un beso dulce y ardiente, 
proclamo constantemente 
la libertad de imprimir. 

Yo amo la paz en la tierra, 
y si tu alma, como es justo, 
amor por mi amor encierra, 
firmaré con mucho gusto 
la abolición de la guerra. 

Siempre á mi lado tenerte 
son mis únicos deseos; 
y pues me muero sin verte, 
me pronuncio sin rodeos 
contra la pena de muerte. 

Soy tan franco, dueño mío, 
como tu amor exigió; 
mis opiniones te envío, 
y espero amante y confío 
que pensarás como yo. 

José Rosas Moreno (mex, 



AURAS DE ABRIL 



Batiendo entre flores 
sus trémulas alas, 
preciados aromas 
recogen las auras. 
De abril son aliento 
que el valle embalsama, 
que inspira á las aves, 
que riza las aguas, 
que lleva murmullos, 
que miente esperanzas, 
que llega hasta el monte, 
que torna y que pasa, 
turbando el silencio 
de noche callada. 
Imita el suspiro 
del pecho que ama, 
fingiendo rumores 
agita las ramas, 
dormida entre rosas 
contenta descansa, 



y siente en su lecho 

los besos del alba. 

Y al ver que en sus hojas 

amante resbala 

del fresco rocío 

la perla envidiada, 

sus vuelos despliegan 

celosas las auras, 

y roban del cali/ 

la dulce fragancia. 

Venid, auras leves, 

mi frente abrasada 

anhela la esencia 

que va en vuestras alas. 

Os pide rumores, 

fingidle esperanzas, 

que en cambio os concede 

suspiros el alma. 

1 [ERLIND \ Roí h \ (mexicana) 



JOSÉ MARÍA ROJAS GARRIDO 



335 



ANTE UN RETRAJO 



Tu tez vence á los jazmines 
y á las puras azucenas 
con impecable blancura 
que hace soñar con Silenia. 
Tu frente tiene el encanto 
de las esculturas griegas 
que consagraron á Psiquis 
y á Venus Anadiomena. 
Tus ojos, con ser tan negros, 



brillan más que las estrellas. 
Tu boca es flor que sonríe 
cuando la aurora despierta, 
clavel donde anidan besos 
que, aun dormidos, aletean. 
Es ideal el conjunto 
de tu plácida belleza. 
¡Acaso el alma de un ángel 
tomó tu forma en la tierra! 

Lola Rodríguez de Tió (portorriqueña) 



EN LA CUNA 



¡Vedla! Se está despertando 
y comienza á sonreír... 
¡Ah! ¡Si supiera decir 
con lo que estaba soñando! 

Se despereza y engríe 
envuelta en diáfano encaje, 
como rosado celaje 
de una aurora que sonríe. 



¡Qué bella! ¡Qué deliciosa! 
Su tez blanca y sonrosada 
parece que está formada 
con pétalos de una rosa. 

¡Cómo despierta mi anhelo 
ver la inefable fortuna 
que siente un niño en la cuna 
al acordarse del cielo! 
Lola Rodríguez de Tió (portorriqueña ) 



LA VIDA ES SONETO 



Hizo Lope de Vega un buen soneto 
sin decir nada, de orden de Violante, 
y así es la vida, en el primer cuarteto 
canta la juventud saliendo avante. 

En la edad varonil, el hombre inquieto, 
que lucha en pos del bien, rima incesante 
pensando, iluso, conseguir su objeto, 
y es una octava el porvenir brillante. 

Llega la ancianidad, y el gran sujeto 
de tanta inspiración surge triunfante: 
¡es la muerte que asoma en el terceto! 

Da la vida el reflejo agonizante, 
y el final de la estrofa es un secreto... 
De la cuna al sepulcro es consonante. 

José María Rojas Garrido (colombiano ) 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



EL POEMA DEL NIDO 

Lluvia de perlas, nube de aromas 
visten los campos primaverales, 
rubias espigas las verdes lomas, 
nieblas azules los manantiales. 
La agreste lira de los amores 
vibra en los sauces de la ribera, 
y allá en un toldo nupcial de flores 
cantan su dicha dos ruiseñores 
una mañana de primavera. 

Dióles el campo césped mullido, 
dióles el viento música y galas, 
y ellos cantando forman su nido 
ya con sus besos, ya con sus alas. 
Todo era flores en la pradera, 
todo era nubes de oro en los cielos; 
era una tarde de primavera 
cuando arrullaron, por vez primera, 
los ruiseñores á sus hijuelos. 

JUAN C. Rossel (peruano) 



LUZ DE UN INSTANTE 

Nació en lecho de corales 
con alas de blanco tul, 
ofreciéndole á raudales 
frescas flores los rosales, 
besos las auras del mar azul. 

Cautivos de sus primores, 
en su frente virginal 
desprendieron los amores 
lluvia de besos y flores, 
trémulos rayos de luz boreal. 

Mas ¡ay! vuelan los enojos 
de su cuna en derredor... 
La niña cierra los ojos 
y ante sus fríos despojos 
sollo/a. el aura, duerme la flor. 

Obscureció las estrellas 
melancólico capuz, 
v el ángel de las querellas 
sólo dejó tristes huellas 
que, estremecida, besó la luz. 

1 1- w < '. Rossei < ;-. 



JUAN C. ROSSEL ' 337 



ESPERANZA 



Las nubes son tus galas, 
los perfumados céfiros tu coro, 
y es el rumor de tus flotantes alas 
melodía oriental en arpa de oro. 

Guiando á la fortuna, 
volar te veo con sencillo alarde 
al dulce rayo de la blanca luna 
ó en las rosadas nieblas de la tarde. 

Inmaculada y leve, 
á los reflejos de tu luz hermosa, 
sonríe la onda azul, el cielo llueve 
y se abre el corazón como una rosa. 

Con trémulo latido, 
mientras el alba por oriente asoma, 
al calentar sus huevos en el nido 
suspira por ser madre la paloma. 

Con tu fecunda llama 
echan raíz los tallos tembladores, 
se enternece el león, la virgen ama 
y en los desiertos amanecen flores. 

Eres luz en la aurora, 
nube en la tarde y en la noche estrella; 
el éter impalpable se colora 
con el iris celeste de tu huella. 

Dios te salve, esperanza, 
oasis de la vida, fresco y verde: 
¡feliz quien siempre á conservarte alcanza!, 
¡desgraciado mil veces quien te pierde! 

Juan C. Rossel (ferttano) 



Antología americana 



338 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



RITMOS 



Envuelta en nubes tornasoladas 
llegó la sombra crepuscular; 
hay aleteos en las cañadas, 
y las gaviotas van azoradas 
con rumbo al mar. 

Aquí me ha visto la luz del día 
y de la tarde me ve el crespón, 
y aquí ha de verme la noche fría 
mirando atento la celosía 
de tu balcón. 

Yo quiero ser la sombra de la palma 
sobre las soledades de tu vida, 
y colgar en la noche de tu alma 
de mi pasión la lámpara encendida. 

Es justo que mi amor desgarre y tronce 
la malla sepulcral de tu odio ciego: 
¡rojo pondrá tu corazón de bronce 
mi apasionado corazón de fuego! 



No olvides mi petición 
cuando te digan: - ¡ha muerto! - 
Hazme enterrar en tu huerto, 
debajo de tu balcón. 

De la tumba solitaria 
saldré pronto, reina mía, 
para adornar la crujía 
convertido en pasionaria. 

Yo seré la enredadera 
cuyo susurro te nombra 
y teje velos de sombra 
para que el sol no te hiera. 

Y si entre el verde festón 
recuerdas esta pasión 
gigante que me consume, 
¡cómo, deshecho en perfume, 
temblará mi corazón! 

Carlos Roxló (argentino) 



VANIDAD DE HÉROES MUNDANOS 



¿Qué importa, Lelio, que el natal y oriente, 
la luz primera y la primer aurora 
tuvieses en la reina y la señora 
emperatriz antigua de la gente? 

¿Qué importa que la patria reverente 
que Rómulo engrandece, Curdo honora, 
Catón ilustra y Cicerón decora, 
fuese tu cuna y tu primer ambiente? 

Nada influye la patria en los varones, 
que es error vanamente encarecido: 
romanos fueron Scilas y Escipiones, 

Quincio glorioso y Apio fementido. 
Al hombre lo hacen grande sus acciones, 
no la patria ni el tiempo en que ha nacido. 

Manuel Ji ¡i ■ de Rubalcava ( ■ u 




^ 



LA ÓPERA UNIVERSAL 



Dios dijo á la paloma: - ¡ama y arrulla!, 
al tierno ruiseñor: - ¡canta y gorjea!, 
á la gallina: - ¡pon y cacarea!, 
al gallo: - ¡grita con ruidosa bulla! 

Dijo al gato rapaz: - ¡ronca y maulla!, 
al caballo: - ¡relincha y corcobea!, 
al toro lidiador: - ¡brama y cornea!, 
al furioso mastín: - ¡ladra y aulla! 

Dio al asno, en fin, intercadencias graves 
del hondo bajo y del sutil silbido, 
á cuya voz me crispo y me espeluzno. 

Por eso, entre el concierto de la aves 
y de la tierra en el mundano ruido, 
la nota que más se oye es el rebuzno. 

Carlos Augusto Salaverry (peruano) 



¡RESPONDE! 



Dios dijo al ave de los bosques: - ¡canta!, 
al tierno cáliz de la flor: - ¡perfuma!, 
á la estrella: - ¡las nubes abrillanta!, 
al sol: - ¡irradia en la azulada bruma!, 
al ambiente: - ¡suspira!, al río: - ¡encanta 
con tus bellezas de argentada espuma! 
¿Y á ti, mujer para el amor nacida, 
te dijo acaso Dios: - ama y olvida? 

Carlos Augusto Salaverry (peruano) 



34° 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



UN VALS 



A la noche te asimilas 
vistiendo gasas y tules, 
si amorosas y tranquilas 
vierten su luz tus pupilas 
como diamantes azules. 

Mírame así..., te lo ruego, 
con esos dulces sonrojos, 
que tu mirada es de fuego, 
y hasta el corazón va luego 
la llama azul de tus ojos. 

Jamás vi el alba al nacer 
con las luces de tu aureola, 
ni acerté nunca á leer 
cuanto me dijiste ayer 
en una mirada sola. 

Luego escuchamos, lanzadas 
por diestra mano gentil, 
armoniosas, compasadas 
notas aterciopeladas 
de un teclado de marfil. 

Al punto el aire liviano 
me vio enlazar tu hermosura 
al son de armónico piano, 



tu mano asida á mi mano 
y en mi brazo tu cintura. 

Tocando apenas el suelo 
íbamos en raudo giro 
lanzados al mismo vuelo, 
cual van de la tierra al cielo 
dos almas en un suspiro. 

Yo en mis brazos te sentía 
como un incendio de amor, 
y el piano febril seguía 
el vértigo de armonía 
de un vals arrebatador. 

Y más y más te estrechaba 
mi pasión ardiente y loca; 
el corazón nos ahogaba, 
y yo el aliento aspiraba 
de tu sonrosada boca. 

De pronto el compás sonoro 
fué ya un frenético exceso: 
y los que estaban en coro 
percibieron un - ¡te adoro! - 
y el ruido fugaz de un beso. 

Carlos Augusto Salaverry (peruano) 



JUSTICIA POSTUMA 



Fué Nerón muy gigante y muy pequeño 
visto á la luz de diferentes ojos: 
para el esclavo vil de sus antojos 
fué un semidiós, de la fortuna dueño. 

Mas para el sabio, con adusto ceño, 
que no adoró su liviandad de hinojos, 
fueron sus lauros nada más que abrojos, 
humo su gloria, su renombre un sueño. 

Así del crimen la preclara gloria 
semejase al coloso de los Andes 
que dibuja titánicos diseños, 

panoramas de una óptica ilusoria: 
vistos desde la tierra, ¡son muy grandes! 
vistos desde las nubes, ¡muy pequeños! 

Carlos Augusto Salaverry (peruano) 



AUGUSTO N. SAMPER 34 1 



TEMPESTADES 

No pretendas hallar en mis cantares 
la súplica menguada que se humilla; 
yo me acerco hasta el pie de tus altares 
sin doblar en el polvo la rodilla. 

No busques en mis versos los rumores, 
los rumores del aura que se queja; 
busca en ellos las voces interiores 
de un alma grande que en la lid no ceja. 

No me digas jamás que es imposible 
saciar mis ansias de sublime loco: 
tú no eres alta cumbre inaccesible, 
ni yo abismo sin límites tampoco. 

No temas que el amor de que me ufano 
le rinda al oro adoración ferviente; 
se corrompen las aguas del pantano, 
pero jamás las aguas del torrente. 

Yo miro con desdén la indiferencia 
que opones á mi amor en la porfía;* 
la nieve que se cuaja en la eminencia 
no resiste el calor del mediodía. 

Es preciso luchar con heroísmo 
hasta encontrar la muerte ó la victoria 
y salvar, como César, el abismo 
para subir al cielo de la gloria. 

No te muestres cobarde porque escuches 
rugir la tempestad sobre mi frente; 
para vencer no es fuerza que tú luches, 
sino que luche yo como valiente. 

Yo no busco la calma soñolienta 
de que prados y bosques están llenos; 
yo quiero, como el ave de tormenta, 
vivir entre relámpagos y truenos. 

Nada importa que el vulgo me desprecie, 
ni que me azote con sangrienta mofa; 
que cuanto más la tempestad arrecie, 
tendrá más alta vibración mi estrofa. 

¿Qué le importa el suplicio á Prometeo 
en su prisión enorme de montañas, 
si aviva su rencor el aleteo 
del buitre que le rompe las entrañas? 



34 2 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



No temas, pues, que en medio del combate 
se apodere de mi alma la flaqueza; 
sólo el que lucha y lucha y no se abate 
es capaz de rendir la fortaleza. 

Y déjame seguir. No me intimida 
la perspectiva de un peligro incierto: 
no se llega á la tierra prometida 
sin vencer las fatigas del desierto. 

Augusto N. Samper (colombiano) 



GLORIAS POSTUMAS 



A MIS HIJOS 



No se cuidan de alabanza 
los que duermen en la tumba; 
que allí dulce no retumba 
el eco de la esperanza. 
No responden los finados 
á los himnos prolongados 
de la tormentosa gloria. 
Polvo yerto no despierta 

con la alerta 
humana voz ilusoria. 

Las más gratas melodías, 
la más extendida fama, 
no son el fuego que inflama 
la muerta luz de otros días. 
Voces yo no reverencio: 
la mejor voz, el silencio 
con que eternidad se advierte. 
Sea guerrero ó poeta, 
no se inquieta 
el polvo que yace inerte. 

Cuando yo muera, hijos míos, 
no alabéis, no, mis canciones: 
por alabanza oraciones 
dadme, y ruego y llanto píos. 
Tras el umbral de la vida 
no es la gloria apetecida, 
ni allá su lumbre fulgura; 
que, á la postre, gloria humana, 

niebla vana, 
subir no puede al altura. 



Vale más una plegaria 
que hermosa necrología, 
que no llega, en su armonía, 
á la tumba solitaria. 
Para quién creyendo muere 
mejor es el Miserere, 
triste canto del Profeta. 
Dad, así, largos cantares 

á millares 
al polvo que fué poeta. 

Pobre, no habré mausoleo 
que la vanidad remede: 
humilde mi tumba quede 
como queda mi deseo. 
Labrad sarcófago obscuro 
cabe algún derruido muro; 
ó allá lejos, en la aldea, 
en repuesto cementerio, 

cual misterio, 
mi losa oculta se lea. 

1 )c ciprés sólo y violeta., 
religión, mi tumba viste: 
de ciprés, porque fui triste, ■ 
de viola, si fui poeta. 
Sencilla cruz apartada, 
cual fué mi vida ignorada, 
será mi mejor adorno, 
y fuente que, con ruido, 

cual gemido, 
vaya corriendo en contorno. 

QüIN i ni vno S Inchez f I 



MIGUEL SÁNCHEZ PESQUERA 343 



MELODÍA HEBRAICA 

Pastores que abreváis vuestro ganado 
junto á la fuente de la verde loma, 
decid en qué desierto, en qué collado 
ha posado su vuelo mi paloma. 

Volverá la cercana primavera 
y tú no volverás, sol de mi día. 
Te aguardo del Cedrón en la ribera: 
¡ven, sin temor, levántate, alma mía! 

Porque, sin verte, á mi pesar yo muero, 
porque ya siento sin calor la vida, 
y el arpa del amor, porque te quiero, 
la tengo de los sauces suspendida. 

Aquí te aguardo en tardes y mañanas 
y cuento mi dolor á las estrellas, 
viendo las tiendas de Cedar lejanas 
al blando cabalgar de mis camellas. 

Si yo la esencia de tu ser no aspiro 
junto á las aguas del Jordán risueño, 
no hay olas que suspiren si suspiro, 
ya no hay almas que sueñen cuando sueño. 

Lirios de Edón, y de Gessén palmeras, 
campos de Jericó llenos de rosas, 
viñedos de Engadí, verdes praderas, 
ricas en flor y mieles olorosas. 

Altos cedros que el Líbano levanta, 
palomas que allí vierten su querella, 
suspenden su arrullar cuando ella canta, 
inclinan su dosel si pasa ella; 

porque caminas como hermosa nube, 
y con tu acento el alma me recreas, 
y es más dulce que el arpa del querube 
el canto de las vírgenes hebreas; 

porque á tus ojos, luz de la alborada, 
para mirar tu corazón me asomo, 
y tu boca, cual flor de la granada, 
para mí guarda cipro y cinamomo. 

No soy la pecadora Magdalena 
que vierte el vaso del aceite santo 
á los pies de Jesús; una azucena 
le ofrezco sólo á tu celeste encanto. 



544 antología americana 



Mas si pudiera verte yo á despecho 
del mundo entero, humilde volaría 
hasta tus pies, y el óleo de mi pecho, 
rico vaso de amor, derramaría. 

Como flor agostada del desierto 
mis bellos días pasarán sin verte, 
y como el Hombre Dios allá en el huerto 
triste llevo mi alma hasta la muerte. 

Nadie en el valle por mi mal me nombra; 
mi cielo está cubierto de tinieblas, 
y tú misma tal vez sólo eres sombra 
de aire y de luz, de aromas y de nieblas. 

¡Un beso! No..., que en tus volubles giros 
tus blancas alas empañar pudieras: 
yo besaré en el viento tus suspiros, 
besaré tu recuerdo cuando mueras. 

Si eres una ilusión que se evapora 
y oculta sólo en mis entrañas arde, 
huye con la sonrisa de la aurora, 
vuelve con los suspiros de la tarde. 

Miguel Sánchez Pesquera (venezolano) 



EL SABIO Y LA FLOR 

— ¡Cuan grato debe de ser 
(díjole á un sabio una flor) 
de un día y otro el albor 

en larga existencia ver; 

y, artífice del saber, 

con noble anhelo profundo 

del bien activo y fecundo 

ir los gérmenes sembrando, 

áureas estelas dejando 

en los cármenes del mundo! 

- Aprende, flor bella y pura 
(repuso el sabio al momento), 
que es tanto mayor tormento 
mi vida cuanto más dura; 

)• que al ver que en lid obscura 
con su aciago poderío 
vence al bien el mal impío, 
trocara sin resistencia 
por tu efímera existencia 
la eternidad de mi hastío. 

Manuel a. San Juan ( 



LEONOR SAURY 



345 



POR UNA PERLA 



Por la corriente impelidas 
las claras ondas serenas, 
en su tránsito bañaban 
del Rímac la orilla amena. 

Y desatando entre flores 
sus rizadas cabelleras, 
enamoradas besaban 
las azuladas arenas. 

Con los plácidos arrullos 
de la alegre primavera, 
deslizábanse las ondas 
siempre claras y halagüeñas, 

' hasta que un día funesto, 
día que jamás viniera, 
llegó un amante á la orilla 
buscando alivio á sus penas. 

Y, al contemplar cómo vienen 
y se van las ondas bellas, 
con sus cristales bañando 
la pintoresca ribera, 



vio que un beso sepultaban 
en la virginal arena, 
y que, al punto, lo guardaba 
entre su concha una perla. 

Tanto amor correspondido 
agradóle, y con presteza 
llevó la perla consigo 
antes que la onda volviera. 

Pero la aurora siguiente, 
al brotar su luz primera, 
presenció desde su trono 
una tristísima escena: 

vio que, tornando las olas 
á acariciar á la perla, 
hondo suspiro exhalaron 
al encontrarse sin ella. 

Y es fama que desde entonces 
del Rímac la onda serena 
melancólica solloza 
por la ausencia de una perla. 

Leonor Saury (peruana) 



¿DÓNDE ESTÁ DIOS? 



Pienso que el sol es la pupila ardiente 
del Autor inmortal del Universo, 
que el mar es el espejo en que se mira 
y la luz su purísimo reflejo. 



Dios es la eternidad incomprensible; 
la vida de los seres es su aliento; 
su voluntad la ley, y su palabra, 
de la armonía celestial los ecos. 



Leonor Saury (peruana) 



546 



antología americana 



ATEÍSMO 

En el bosque hay un árbol y en sus ramas 
su nido balancea un ruiseñor, 
y en el fondo del mar hay una roca 
y á su base una perla se adhirió. 
El ruiseñor del nido, cual la perla 
en la cárcel cautiva del peñón, 
bendicen al autor de la natura, 
al sabio, inmenso y adorable Dios. 

Lo mismo hacen los ángeles del cielo, 
las estrellas, la luna, el almo sol, 
la arrogante palmera de los valles 
y del jardín la perfumada ñor; 
la luz, el aire, los humanos seres 
y todo el universo alaba á Dios: 
sólo el ateo no le rinde culto, 
¡porque ese hombre no tiene corazón! 

Leonor Saury (peruana) 



A LOS COBARDES 



Hombre que su inclinación 
recata de una mujer, 
ó no la teme perder 
ó es de poco corazón. 
No hay ninguna que al blasón 
no aspire de ser amada; 
pero, por apasionada 
y ciega que llegue á estar, 
nunca quiere adivinar, 
sino ser adivinada. 

Como en el crisol el oro 
más sus quilates explica, 
la mujer se sacrifica 
en el fuego del decoro. 
Guardar debe tal tesoro 
con cuidados vigilantes; 
pero los hombres amantes, 
aunque hallen un desengaño, 
dicen: - Tal día hará un año, - 
y se quedan... como anfc 



Consigo mismo es tirano 
quien su enfermedad oculta 
y el remedio dificulta 
que pudo dejarlo sano. 
No hay tan hábil, diestra mano 
que libertar pueda vida 
que está á morir decidida 
por más diligencia que haga, 
que sin enseñar la llaga 
nunca se cura la herida. 

Todo lo iguala el amor, 
que es rapaz muy entendido; 
pero castiga un descuido 
con muchísimo rigor. 
Quien padezca su dolor 
en declararlo no tarde; 
liaga de su aliento alarde, 
que, en ocasión oportuna, 
la mujer y la fortuna 
no quieren hombre cobarde. 

M \\i"i i. Segur \ f. 



FRANCISCO SELLEN 



347 



LAS TRES AVES 



Le dije á la paloma: - Parte, amiga, 
vuela al valle, y espléndida y fragante 
tráeme una flor con que su amor consiga. - 

Y dijo la paloma: - Es muy distante. 

Al águila le dije: - Tiende el vuelo; 
tal vez la llama celestial me falta 
para alcanzar su amor: róbala al cielo. - 

Y el águila me dijo: - Está muy alta. 

Dije al buitre: - Mi pecho, en que ella mora, 
rasga fiero: en su amor tan sólo arde: 
si hay algo intacto, déjalo enbuenhora. - 

Y el buitre respondióme: - Ya es muy tarde. 

Francisco Sellen (cubano > 



LO ETERNO 



¡Felicidad! Sol lejano..., 
brilla atrás ó en lontananza: 
si en el joven esperanza, 
recuerdos en el anciano. 

Inmenso globo de viento 
que á un átomo se reduce 
y á veces sólo conduce 
á amargo arrepentimiento. 

II 

;La Gloria! Hermoso palacio 
entre la bruma flotante; 
eco de un nombre; oscilante 
luz perdida en el espacio. 

Frágil árbol carcomido 
que en el sepulcro florece: 
dura un momento, y perece 
en las aguas del olvido. 



III 

¡El Amor! Sol que ilumina 
al corazón y lo abrasa, 
y dondequiera que pasa 
deja una sangrienta ruina. 

Esfinge cuyos abrazos 
son tormentos y delicias, 
y al dolor con sus caricias 
nos ata con fuertes lazos. 

IV 



¡Felicidad! ¡Gloria! ¡Amor! 
Todo es falso y pasajero... 
Tú solo eres verdadero, 
tú solo eterno..., ¡dolor! 

Francisco Sellen (cubano) 



34S ANTOLOGÍA AMERICANA 



Á UNA PARAGUAYA 



Imagen de tu patria desolada, 
ahí vas con paso dolorido, incierto, 
resto de otra mujer, virgen violada, 
noble señora ayer, sierva hoy ajada, 
cargando en vano un corazón que ha muerto. 

Ahí vas llevando en tu mirada escrito 
el poema infernal de los dolores, 
¡guay!, víctima expiativa sin delito, 
ahogando acaso en la garganta el grito 
que podría turbar á tus señores. 

Vana reliquia de la lucha ruda 
salvada á los embates de la suerte, 
huérfana, madre solitaria, viuda, 
bien sé que tu alma permanece muda 
desde que en otro ser te hirió la muerte. 

¿Era el padre?.., ¿era el hijo?.., ¿era el esposo?., 
Curupaytí tal vez le vio asombrado, 
tinto en sangre el acero, valeroso, 
alzando el patrio pabellón radioso 
sobre el campo de muertos alfombrado. 

¡Guay! Y tuque del triunfo en los laureles 
no pudiste soñar que hubiera espinas, 
viste del enemigo los corceles 
sobre el tendal girando de los fieles, 
hechos trizas en Lomas Valentinas. 

¡Fué allí el instante de la lid tremenda! 
¡Fué allí el relampaguear de los cañones! 
¡No hubo cuartel en la feroz contienda! 
¡Cayó..., cayó del Paraguay la tienda, 
y su estandarte se aventó en jirones! 

El ¡ay! del moribundo paraguayo 
del cambá se confunde con el ¡hurra!, 
y el genio de la gloria en su desmayo 
en vano forja un postrimero rayo 
en Cerro-León, Piribebuy y Azcurra. 

¡Guay del pueblo infeliz en la derrota! 
¡( luay del pueblo que á lid retó al Imperio! 
¡Guay la viuda del paria, la hembra ilota! 
¡Guay... que en el llanto que en sus ojos brota 
ha de aplacar su sed, en cautiverio!.. 

¿Era el padre?.., ¿era el hijo?.., ¿era el esposo?. 
Fueron todos tus hijos, desgraciada: 



AGAP1T0 SILVA 349 



fué la madre y la hermana, fué el brioso 
doncel apuesto y el anciano añoso, 
fué tu Jerusalén rota y saqueada. 

Y ahora ahí estás, sobre tu mismo suelo, 
expatriada en la patria, junto al templo 
donde el incienso se levanta al cielo, 
donde se entona el himno del consuelo 
de Aquidabán por el solemne ejemplo. 

Cristiano triunfador, al Dios bendito 
«¡Gloria!» canta entre músicas y flores... 
¡Tú cargas un dolor que nadie ha escrito, 
ahogando acaso en la garganta el grito 
que podría turbar á tus señores!.. 



II 



¡Ah!, marcha silenciosa tu camino, 
arrastra resignada tu cadena: 
para el pesar que tu alma ha recogido 
no hay bálsamo en la tierra. 

¡No hay límite al dolor de tus dolores! 
¡No hay en tu hogar sin lumbre 
sino aliento de muerte, 
silencio y soledad y servidumbre! 

José Sienza Carranza (uruguayo ) 

PARA UN ÁLBUM 

Botón de rosa lleno de vida 
que se abre puro como la luz 
y que á los sueños de amor convida, 
eso eres tú. 
Y sombra triste de un pensamiento, 
nube sin rayos, cielo sin sol, 
nota doliente que lleva el viento, 
eso soy yo. 
Blanca paloma que abre sus alas 
buscando el nido de la virtud, 
llena de encantos, llena de galas, 
eso eres tú. 
Hoja que en alas del torbellino 
va, sin que pueda besarla el sol, 
tras de la nada, que es su destino, 
eso soy yo. 
Mariposilla que en polvo de oro 
dejas, si vuelas, hilos de luz, 
y á quien las flores dicen: «te adoro,» 
eso eres tú. 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Sombra de un sueño desvanecido, 
ola que lleva triste rumor 
y que se apaga como un gemido, 
eso soy yo. 
Gentil gacela que huye ligera 
si oye los ecos del lago azul, 
tibia alborada de primavera, 
eso eres tú. 
Obscura nube que en Occidente 
cubre los tibios rayos del sol 
y que se arrastra triste y doliente, 
eso soy yo. 
Mágica ondina que en los cristales 
del arroyuelo bebe la luz 
de los albores primaverales, 
eso eres tú. 
Bardo que canta tristes historias 
sin un destello de inspiración 
y sólo vive de sus memorias, 
eso soy yo. 
Mujer hermosa que en sus pupilas 
los astros lleva de un cielo azul, 
y á quien arrullan horas tranquilas, 
eso eres tú. 
Y yo soy eco del sentimiento, 
ola que rueda, triste cantor, 
que deja en tu álbum un pensamiento, 
y al ausentarse te dice: ¡adiós!.. 



Agapito Silva (mexicano) 



NOTAS 



Sus penas del mar las olas 
dicen, al besar la playa, 
en un lenguaje sublime 
que llora á la vez y canta. 

Églogas de amor se dicen 
las aves en la enramada 
cuando asoma entre celajes 
la tímida luz del alba. 

Los insectos, en el cáliz 

dr las flores perfumadas, 



se dicen siempre en secreto 
sus amores y sus ansias. 

Los poetas sus amores 
publican al son del arpa 
en un lenguaje divino 
que llora á la vez y canta. 

Y los tristes que llevamos 
mares de hiél en el alma, 
cuando nos piden canciones 
las escribimos con lágrimas. 

Amonio SolÓRZANO (centroame; 



J. A. SOFFIA 351 



LECCIÓN MATERNAL 

En una noche plácida y hermosa 
dije á mi madre, que miraba al cielo: 

- ¿Qué es el amor?.. - De pronto cariñosa 

sonrió..., pero llorosa 
luego á sus ojos acercó el pañuelo... 
Otra ocasión, á orillas del torrente 
que bullicioso y rápido corría, 
niño feliz, le pregunté inocente: 

- Madre, ¿qué es poesía?... 

- ¡Esta!, me dijo, y me besó en la frente... 
Así aprendí y hoy sé por experiencia 

que risa y llanto es el amor sublime, 
y que si hay poesía en la existencia, 

en el alma su esencia 
el beso de una madre es quien la imprime. 

T- A. Soffia (chileno) 



SEMEJANZA 

Cual vista y luz el cocuyo 
lleva en su raro organismo, 
luz y vista, á un tiempo mismo, 
el hombre lleva en el suyo. 

Claridad de doble esencia 
guía su paso en el orbe: 
la que su pupila absorbe 
y la que da su conciencia. 

Si la luz que el ojo baña 
suele engañar á la mente, 
jamás la conciencia miente 
ni á la conciencia se engaña... 

Y si alguna de las dos 
vacila al dar un consejo, 
la conciencia... es el espejo 
del pensamiento de Dios. 

J. A. Soffia (chi/mo) 



3D- 



ANT0L0G1A AMERICANA 



RIQUEZA 

En soberbio palacio el rico mora, 
derrama el oro y pedrerías luce; 
bello cristal las galas reproduce 
de su regia mansión deslumbradora. 

Mas la ambición su espíritu devora, 
cada goce un tormento le produce 
y es tedio su vivir, por más que aguce 
sus lisonjas la turba aduladora. 

¡El bardo es más feliz!.. Sin otra sombra 
que la que brinda el árbol, en el suelo 
nada su mente ni su vista asombra. 

Todo lo tiene: el plácido arroyuelo 
calma su sed, las flores son su alfombra, 
su amigo Dios y su esperanza el cielo. 

J. A. Soffia (chileno) 



FILOSOFÍA 



¿Qué es lo más dulce? - El amar. 
¿Lo más amargo? - El desdén. 
¿Lo más grato? - Hacer el bien. 
¿Lo sublime? - Perdonar. 

í. A. Soffia (chileno) 








EN EL BAILE Y EN EL TEMPLO ~(? v f \ 



!■ 



En alegre festín, de dicha loca, 
anoche te miré: su gala fuiste. 
¡Qué bella y qué gentil resplandeciste! 
Un nido de sonrisas fué tu boca. 

La frente hoy cubres con la negra toca, 
el humilde percal tus formas viste; 
lívido el labio, la mirada triste, 
ya no á los goces del amor provoca. 

¿Por qué te miro así? ¿Por qué hacia el templo. 
que es casa del Señor, hoy te encaminas, 
semejante á figura de retablo? 

En vez de darnos de piedad ejemplo, 
pruebas, niña, que das (no lo imaginas) 
los huesos al Señor, la carne al diablo. 

Francisco Sosa (mexicano) 



TRANSFORMACIONES 

Del seno de la tierra desprendido 
impalpable vapor subió á la nube, 
como en las ondas de los vientos sube 
de los pobres el ruego bendecido. 



Flotó en el éter de esplendor vestido 
semejando las alas de un querube, 
y luego descendió, y entonces hube 
de mirarlo ya en perlas convertido. 

Antología americana 



354 antología americana 



Las perlas en diamantes se trocaron 
cuando en el cáliz de la flor cayeron 
y fúlgida corona le formaron. 

Brilló después el sol; palidecieron 
sus besos al sentir; se evaporaron, 
y á formar otra nube se volvieron. 

Francisco Sosa (mexicano) 



LA COQUETA 



No es mentira, no lo es, que las sirenas 
hechizaban, cantando, al navegante 
que incauto las oía y, delirante, 
de Sirenusa hollaba las arenas. 

Y no es mentira, no, que entre cadenas 
cautivo se encontraba en el instante, 
y en vez de goces y cariño amante 
la muerte hallaba tras agudas penas. 

El que á dudarlo con tesón se atreve 
y piensa de un hechizo estar seguro, 
alcanza el desengaño en tiempo breve. 

Existe la sirena, yo os lo juro, 
y siempre existirá, pues es la aleve 
coqueta del presente y del futuro. 

Francisco Sosa (mexicano) 



LLANTO 

Llanto es la pobre lágrima que sale 
y el centinela del amor vigila: 
si es amarga, la deja que resbale: 
si alegre, la detiene en la pupila. 

Mas nunca el centinela ha comprendido, 
al ver en la mejilla el rastro incierto, 
si en la cuna de un ángel ha nacido 
ó viene desde el nicho de algún muerto. 



ESTHER TAPIA DE CASTELLANOS 355 



El llanto no es dolor, ni es alegría; 
el llanto es la expresión del sentimiento. 
Si calor ó frialdad, ¿quién no diría 
lo que conduce en su turbión el viento? 

Centinela, decid, decidme altivo 
si la callada lágrima que vierto 
se inspira en el recuerdo de algo vivo 
ó viene del recuerdo de algo muerto. 

Joaquín Scárez La Croix (colombiano) 



EL RECLUTA MUERTO 

De hoy más el estridor de la pelea 
no á agitar volverá su rudo pecho ; 
ni del bronce mortífero á despecho, 
el pendón seguirá que al aire ondea. 

No adornará su brazo la presea 
á que el ciego valor le dio derecho; 
ni de campaña en el angosto lecho 
soñará con su amada y con su aldea. 

No á sufrir volverá la tiranía 
del veterano jefe, que á su lado 
víctima fué de la metralla impía: 

de entrambos hoy igual ha sido el hado; 
que de la muerte en la región vacía 
tienen jefe y recluta un mismo grado. 

Rafael Tamavo (colombiano) 

HIMNO DE LA MAÑANA 

Ya tiende la aurora su manto de grana, 
ya cubre el espacio con velo sutil; 
ya muestra apacible su luz la mañana 
tiñendo las nubes con oro y carmín. 

Ya el sol en los cielos descubre su frente, 
ya manda á los campos su ardiente fulgor, 
v seca en las flores la perla luciente, 
que en medio al silencio la noche les dio. 

Levanta el arbusto sus ramas erguido, 
y dora sus hojas el rayo del sol; 
el ave abandona cantando su nido, 
y pueblan los vientos sus cantos de amor. 

Ligera la brisa columpia las flores; 
sus pétalos abre jugando al pasar; 
recoge doquiera suaves olores, 
y en prados y bosques dejándolos va. 



356 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Doquiera los campos respiran frescura, 
las aves y flores respiran placer; 
y al ver entre nubes del sol la hermosura, 
exclaman acordes: —¡oh salve, astro rey! 

El sol extendiendo sus rayos ardientes: 
- ¡que sea bendito, les dice, mi Autor! 
Las flores, plegando sus hojas lucientes, 
repiten en coro: - ¡á Él bendición! 

El ave interrumpe sus cantos de amores, 
y aromas recoge la brisa al pasar 
y á Dios se levanta cargada de olores, 
purísimo incienso que el campo le da. 

Y el césped que humilde se extiende en el suelo, 
el árbol, las flores, las aves y el sol 
levantan unidos sus frentes al cielo, 
y acordes un himno dirigen á Dios. 

Esther Tapia de Castellanos (mexicana) 



LA SORTIIA 



- Dime, maestro joyero: 
¿conoces esta sortija? 

- ¡Si la conozco! Pues ¡vaya!, 
la forjó mi mano misma; 

y sé además en qué dedo 
la joya brillar debía: 
en el dedo de tu hermosa, 
de tu virgen prometida. 

- Hermosa la virgen era 

que fué mi esposa y mi dicha; 



mas por otro ha quebrantado 
la fe que juróme un día. 
No era, no, su lindo dedo 
el lugar de esta sortija, 
y otro sitio más seguro 
le busco á la prenda mía. 
Funde con ella una bala, 
buen joyero, y date prisa: 
yo haré que la guarde siempre 
mi corazón escondida. 

Diego Vicente Teiera (cubano) 



LA OFRENDA 



Amo tal voz cual ninguno 
en la vida amó jamás, 
con sarro fuego celeste; 

no í virgen terrenal. 
Amo ;í una diosa que todo- 
insultan - la Libertad, - 
\ ver sólo en sueños puedo 

cau I de mi .i! 
pero en sueños cada n< 

ntemplo faz ;í faz. 



( uando anoche, en mis jardines, 
mi amor le dijera ya, 
en prenda, para su seno, 
quise allí una flor cortar. 
Plíseme, pues, de rodillas, 

inclinéme al suelo \... ¡aj ', 
surgió el verdugo, de un tajo 
mi cabeza hizo rodar... 
¡\ esa fué la flor que pude 

ofrecer á su beldad.' 

Diego Vicenti \'\ w y.\ ( u 



JOAQUÍN TELLEZ 357 



RATOS PERDIDOS 



EL GENERAL DE ENCRUCIJADA 

Mosquete en mano, el arma preparada, 
la voz aguardentosa, amenazante, 
y oculto en la bufanda su semblante, 
se ostenta el general de encrucijada. 

¡Alto la diligencia! Gente armada 
al viajero infeliz cerca al instante; 
y la plata, y el oro, y el diamante, 
v la vida le arranca despiadada. 

¡Se oye á lo lejos infernal silbido! 
La esposa deshonrada en tierra gime... 
Un título de honor manda al bandido 

el inmoral gobierno y lo redime, 
y el caco al punto compra gran vestido, 
un sorbete y la Táctica... ¡¡¡Sublime!!! 



LA NUEVA INDUSTRIA 

¿Aprender un oficio?.. - ¡Dios me libre! 
¿Cargar un fardo?.. - ¡Si soy noble, fino!.. 
¿Virtudes?.. -¿Yo Catón... ni Censorino?.. 
Antes un rayo en mi cabeza vibre. 

¿Pagador?.. ¿General?.. - Cuando equilibre 
entradas con salidas... el Destino. - 
¿De qué sirve á la patria este pollino 
con semejantes prendas por calibre? 

¡Si no cuenta con ricas heredades!.. 
¡Moro al agua! Será muy desdichado. 
- Don Anselmo, no tenga usted saudades. 

Al contrario, este pillo afortunado,; 
espléndido almacén de nulidades, 
á la cámara entró de diputado. 

LA PARTIDA DOBLE 



De mi maestro digo sin agravio, 
porque es un gran magíster su excelencia 
y le llaman antorcha de la ciencia, 
que la mejor carrera es la del sabio. 



358 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Cuando éste mueve ex-cátedra su labio, 
no raudal, es tesoro de elocuencia 
y replicarle fuera una demencia 
que no curara Dios, querido Fabio. 

¿Defectos en sus obras? ¡Oh! Ningunos. 
¿Recompensa? Las tiene de vosotros 
los que premiáis al genio con ayunos. 

Pero - quede la cosa entre nosotros - 
Pedro acaba la historia de los hunos 
y empieza su mujer... la de los otros. 

Joaquín Tellez (mexicano ) 



EL AMOR Y EL DESENGAÑO 



- ¿Adonde vas, bello niño, 
con tus flechas y tus arcos? 

- Voy hiriendo á los que habitan 
las chozas y los palacios; 

voy halagando á los hombres 
con mil juramentos vanos, 
y á mí me rinden tributo 
en la ciudad y en el campo. 

- Grande, muy grande es tu imperio; 
tú, el de los ojos vendados, 

vas dirigiendo tus flechas 
siempre altivo y temerario. 
Niño de las alas blancas, 
no así dispares tus dardos, 
que muchas víctimas deja 
por dondequiera tu paso. 
Y es triste que como el viento 
lleva la flor en verano, 
arrastres así á los hombres 
y les hagas tus esclavos. 

- Mas ¿qué extraño, si en el mundo 
el hombre inconstante y falso 
nunca guarda allí en el pecho 



cariño por muchos años? 

- Ve que puede maldecirte 

el que tan sólo ha encontrado 
mentidos tus juramentos, 
infiel tú, y aún más, ingrato. 

- Noble es el alma que adora 
y en medio del desencanto 
no me maldice, y espera 

aún rendida de cansancio. 

- ¿Qué haces de tanto suspiro? 
¿Qué de las gotas de llanto? 

- Es el tributo que llevo 
para formar bellos lauros; 
pues convertidos en flores 
suspiros, quejas y llanto, 
adornan esos sepulcros 
en donde gozan descanso 
los que amaron en la vida 
como Eloísa y Abelardo. 

El amor tendió sus alas 
para cruzar los espacios, 
siguiendo pálido y triste 
en pos suya el desengaño. 

GERTR1 DIS rENORIO ZAVALA ( VU» i 



NARCISO TONDREAU 359 



LO QUE VA DE AYER Á HOY 



Tendida estaba en el jardín la estatua, 
sin brazos ni cabeza; 
y por su talle se enredaba en círculos 
un cinturón de hiedra. 

El pedestal poblaban los lagartos, 
los grillos, las abejas; 
y del vetusto mármol las heridas 
de moho estaban llenas. 

¿Y era aquélla la Venus que brotara 
de una mano maestra 
que, al golpe del cincel, dio forma y vida 
á su búhente idea? 

¡Cómo cambia la hoz de las edades 

cuanto á su alcance encuentra! 
¡Ayer la carne palpitando en mármol, 
hoy un montón de piedra! 

Narciso Tondreau (chileno) 



LA COPA DEL POETA 



Vació el poeta en su dorada copa 
miel, blanca leche y néctar; 
deshojó rosas y tiñó de púrpura 
el licor suave que vertiera en ella. 

La copa circuló de mano en mano, 
calmó dolores, penas, 
mojó los labios del anciano estéril, 
mojó los labios de gentil doncella. 

Cuando el suave licor se hubo concluido, 
la recogió el poeta, 
se la llevó á los labios, y en el fondo 
halló de acíbar una gota negra. 

Narciso Tondreau (chileno) 



360 ANTOLOGÍA AMERICANA 



DESEOS 



Si fuera la luna que brilla en el cielo, 
quisiera en tu seno mi luz reflejar; 
tus lindos cabellos soltara á los vientos 
si fuera en las playas la brisa del mar. 

Si fuera del prado sentido murmullo, 
tu voz inspirada quisiera imitar; 
si fuera alguna ave, preciosa y cantora, 
en tu hombro de nieve me iría á posar. 

Si fuera entre flores la flor más preciada, 
quisiera á tu vista por siempre brillar: 
si fuera una blanca paloma inocente, 
tus dulces caricias quisiera gozar. 

Si fuera una rima de verso pulido, 
por entre tus labios quisiera pasar: 
si fuera una lira de cuerdas doradas, 
quisiera en tus manos sentirme vibrar. 

Mas yo no soy astro, murmullo, ni lira, 
ni rima, ni ave, ni brisa del mar: 
soy hombre que sufro, que siento, que amo, 
que el cielo quisiera poderte brindar. 

José Antonio Torres ( chileno i 



LA MADRE DEL MÁRTIR 



Trémulo el labio, pálida la frente, 
revelando en sus ojos la agonía, 
va de los cerros por la estrecha vía 
la madre de un soldado independiente. 

Y piensa caminando: - Noblemente 
el hijo de mi amor se batiría, 
que el honor de la patria fué su guía, 
y si vive, no huyó, porque es valiente. - 

Le va buscando con anclar incierto 
junto al signo de Iguala que flamea, 
y entre los surcos que el cañón ha abierto, 

y en el lago de sangre que serpea; 
y anda, y busca, y al fin le encuentra muerto, 
y exclama sin llorar: - ¡Bendito sea! 

Pantaleón Tovar (mexicano) 







A COLON 



(En la inauguración de la Cruz á orillas del Culebrinas) (i) " / 



Cuenta la tradición que en estos sitios, 
por la raza aborígena habitados, 
su señorial influjo mantenía, 
por elección de los guerreros taynos (2), 
el célebre Guaibana, aquel cacique 
valiente defensor del suelo patrio, 
de alma de niño y corazón gigante, 
el que brindó su hogar hospitalario 
al esforzado capitán que vino 
á la conquista por el cetro hispano. 

En su conuco señorial vivía 
con amplia libertad dicha gozando, 
como viven los pájaros cantores 
por las umbrosas selvas resguardados. 

El ojo fijo en la región undosa, 
pronto la flecha á disparar el arco, 
buscaba las piraguas del caribe, 
como el curso invariable de los astros 
busca, en la curva azul de lo infinito, 
con voluntad escrutadora el sabio. 

Y vio surgir de la movible anchura, 
donde el neptuno monstruo brama airado, 
la numerosa flota donde ondea 
la cruz bordada en pabellón hispano, 



(1) El río Culebrinas, entre Aguadilla y Aguada (Puerto Rico), fué donde desembarcó Colón 
segundo viaje á América. La Cruz de mármol con que se ha conmemorado este hecho en el 

cuarto centenario del descubrimiento de Puerto Rico es á la que alude esta composición. 

(2) Nobles. 



362 ANTOLOGÍA AMERICANA 



signo del Cristianismo y de las glorias 
de la España inmortal de don Fernando. 

Como visión fantástica que cruza 
por la ardecida frente, y va forjando 
misteriosas penumbras, que agigantan 
el contorno indeciso de lo vago, 
y con nerviosas sacudidas bruscas, 
que impresionan el alma, va extremando 
ese terror que se apellida miedo 
y que no es más que el natural espasmo 
de un cerebro raquítico que finge 
la faz terrible del pavor macabro, 
así fingióse el indio aquella flota 
del nauta genovés que hoy evocamos; 
alas potentes las hinchadas velas 
son, á sus ojos, de gigantes pájaros: 
plaga que arroja á desolar la tierra 
el furor de los Cemis (1) irritados. 

Y huyendo hacia las selvas solitarias, 
donde el virgen boscaje entrelazado 
como salvaje fortaleza agreste 
pudiera defenderles en su espanto, 
observaron llegar á estas orillas 
que fertiliza el Culebrinas manso 
aquellos hombres de ropaje hermoso, 
que de Castilla el pabellón izaron 
enmedio de risueñas alegrías 
y á compás de frenético entusiasmo, 
al tomar posesión de este terruño 
en nombre del monarca soberano, 
que en la España gentil de mis abuelos 
- la más gloriosa de felices años - 
el honor vindicó de ocho centurias 
con la expulsión total del africano. 

¿Y aquel hombre quién es, de faz hermosa, 
tostada por el sol de un cielo diáfano, 
que con valor indómito cruzar 1 
las turbulentas ondas del Atlántico 
para buscar más corto derrotero 
dr ( Iriente por los límites lejanos? 

¿Quién es el navegante que, atrevido, 
di I [éreules las columnas traspasando, 
invade la región desconocida 
donde si» rit:i mi imperio el Océano? 

¡Ese es ( 'olón! Anda/ aventúrelo 

que, al buscar de la ciencia en el arrullo 
la realidad sublime de 1111 d< 

en su cerebro ardiente esclavizado, 



(1) Dioses. 



L, TORRES ABANDERO 3^5 



se lanzó á navegar, buscando el punto 

donde la aurora su esplendor galano 

dilata por extensas lontananzas 

con tintas suaves de color dorado; 

y descubrió la América esplendente 

surgida ante su vista por acaso; 

y á Boríquen, el fértil jardinillo 

en un pliegue escondido, en un remanso 

de la América: el rico pebetero 

que enciende con su lava el Chimborazo. 

¡Gloria á Colón! Las brisas de la tarde 
unen su acento á los melifluos cantos 
del ruiseñor canoro de mi patria 
para ensalzar su nombre tan preclaro. 

¡Gloria á Colón!, repiten á porfía 
miles de corazones boricanos. 
¡Gloria á mi patria! ¡Y gloria para siempre 
á todo el continente americano! 

LUIS A. TORREGROSA (portorriqueño) 



MARIPOSAS 

La estatua que en el mármol cincela el gran artista 

y á Venus representa 

con luz de lo ideal, 
es creación del genio que ufano se conquista 

la gloria, que es la escala 

que eleva á lo inmortal. 
En donde brilla el numen del Arte, que interpreta 

cuanto de bello existe, 

los lienzos del pintor, 
la música y el canto, los versos del poeta, 

son lauros que se alcanzan 

á un beso del amor. 
Yo que jamás, hermosa, podré tallar la piedra 

para formar tu imagen 

á golpes de cincel, 
ni en esta sed de triunfos en que el temor me arredra, 

tampoco dibujarla 

con mágico pincel, 
aspiro, al ver tus sueños de luz y de bonanzas, 

en los que aroma esparces 

cual limonero en flor, 
á que, al cantar mis versos tus dulces esperanzas, 

me eleven á la gloria 

los besos de tu amor. 

L. Torres Abandero (venezolano } 



364 ANTOLOGÍA AMERICANA 



MOLÉCULAS 



Dices que soy de nieve. No te irrite 
ese modo de ser, gentil gacela. 
¿Por qué no eres el fuego que derrite 
en vez de ser el frío que congela? 



II 



Aunque siempre me ocultes tu alegría, 
cuéntame tus pesares cuando llores; 

porque en amor, María, 
acercan más las almas los dolores. 

III 

Josué detuvo el sol: rara fortuna 
que le envidio, aunque Dios me lo reproche. 
¡Si yo pudiera detener la luna 
cuando estoy á tu lado por la noche! 

IV 

Sólo vivo tres horas cada día: 
¡las que estoy á tu lado, vida mía! 

V 

Transcurren los minutos á tu lado 
con rapidez que espanta. 
Lo dicho: está probado 
que el reloj del placer siempre adelanta. 

I CAN 15. UBAGO (cubano) 



AMOROSA 



¿Que si te quiero yo? Querer es poco 
para expresar lo que mi pecho siente: 
si el amor es locura, yo estoy loco 
desde que pienso en ti constantemente. 



LUIS G. URBINA 3O5 

¿Que describa mi amor? Ardua tarea, 
mi bien, para exigírsela á un pigmeo. 
Sólo porque eres tú quien lo desea 
soy capaz de acceder á ese deseo. 

Ama á Dios el creyente de tal modo, 
le adora con tal fe, con tal delirio, 
(jue por su santo amor lo sufre todo, 
el escarnio, la ofensa y el martirio. 

Ama la madre con pasión inmensa 
al débil niño, que llevó en su seno, 
y halla en él, como justa recompensa, 
filial cariño de ternura lleno. 

Aun el ser más abyecto y más vicioso 
ve en la patria otra madre muy querida, 
y al mirarla en peligro, generoso, 
da por ella con júbilo su vida. 

Amor sin interés, noble y profundo, 
es la amistad, nuestro mayor consuelo: 
lo que todos buscamos por el mundo, 
lo que á muy pocos les concede el cielo. 

¿V el amor fraternal? Santo cariño 
que no borran el tiempo y la distancia: 
amor que siente el hombre igual que el niño. 
tan puro en la vejez como en la infancia. 

Creyente, hijo, patriota, amigo, hermano.... 
mezcla en mi corazón estos amores 
con algo más inexplicable, humano, 
y así te quiero yo, flor de las flores. 

Juan B. Ubago (cubano) 



DE PROFUXDIS 

(FRAGMENTO DE UN POEMA) 

Soy un ave caída en los inmundos 
fangos del mal desde las altas frondas; 
llevo en el alma abismos muy profundos 
y tristezas muy hondas. 
He bajado á las simas y mansiones 
obscuras del dolor; desde temprano 
contemplé las horribles convulsiones 
del sufrimiento humano. 



?66 ANTOLOGÍA AMERICANA 



Voy por la senda del pesar eterno 
sin amor, sin apoyo y sin auxilio; 
no tengo, como el Dante, en este infierno 
ni Beatriz, ni lauro, ni Virgilio. 



Mis sueños se espantaron, 
al llegar á los negros precipicios, 
y, cual nocturnos pájaros, los vicios 
en mi pálida frente aletearon. 
Borré del pensamiento la confusa 
idea de bondad que me aturdía, 
y adorné los cabellos de mi musa 

con las flores deshechas 
y empapadas en vino de la orgía. 



¿El culpable soy yo? ¿Será el Acaso?. 
Yo estaba en el dintel del Paraíso; 
amé, creí, lloré, detuve el paso, 
el sol de mi esperanza halló su ocaso 
y la noche se hizo. 



¡Y no estoy solo! Te amo, te deseo, 
melancólica y dulce poesía; 
claridad de mi espíritu, te veo 
y te puedo decir lo que decía 
Julieta, enamorada de Romeo: 
«¡No te vayas, no es tiempo todavía!» 

Luis G. Ukiuxa (mexitcmo) 



JOSÉ M. URRUTIA V GUZMÁN 367 



HISTORIA DE UNA VIOLETA 

Fué en un jardín, á orillas de una fuente, 
que al sepultarse el sol nos conocimos: 
sentados en un banco frente á frente, 
nos miramos los dos y enmudecimos. 

Ella sus ojos me ocultó temblando, 
no sé si de emoción ó de sorpresa, 
y una rosa en sus manos deshojando, 
inclinó sobre el pecho la cabeza. 

Al caer de los pétalos al suelo 
sobre la verde alfombra, vi cruzados 
sus pies de niña, cual entre albo velo, 
por la elegante falda resguardados. 

Todo mostraba en ella la inocencia 
de la primera conmoción sentida 
cuando despierta el alma á la existencia 
en la alegre mañana de la vida. 

Llevó luego las manos á su pecho, 
y al arreglar entre medrosa é inquieta 
de un encaje de armiño el nudo estrecho, 
me descubrió en el fondo una violeta. 

No sé si yo se la pedí anhelante, 
no sé si adivinó mi pensamiento... 
Yo la marchita flor tengo aún delante, 
y todavía su perfume siento. 

Ramón Uriarte (centroamericano ) 



A FABIA 

Ruja el turbión, encréspense las olas, 
agite el aire tempestad bravia, 
manto de nieblas obscurezca el día 
y no cante el marino barcarolas. 

¿Se extinguirán por eso las aureolas 
y la dulce y sonora melodía, 
que la esperanza al corazón envía 
cuando va el alma á meditar á solas? 

¡No han de morir! Al retornar la calma, 
el fulgor de la luz desfalleciente 
vuelve á tomar su mágico embeleso; 

porque la tempestad no hiere el alma 
cuando hay un sol que alumbra nuestra frente 
y una dulce mujer que nos da un beso. 

José María Urrutia v Guzmán (centroamericano) 



3 6S 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



POR INCAUTA! 



Luce una niña inocente 
sus mejillas de arrebol, 
cuando aún su regia frente 
no asoma por el oriente 
entre cortinas el sol. 

Y su mirada intranquila 
parece vagar sin calma, 
reflejando en su pupila 
un fuego que se asimila 

a los ardores del alma. 

Y la gentil criatura 

á la arboleda se asoma, 
sin notar que se murmura 
al mirarla en la espesura 
cual solitaria paloma. 

Ella ha soñado tener 
un ser á quien adorar; 
por eso busca doquier 
aquel misterioso ser 
que no encuentra al despertar. 

Indaga, mira y aun toca 
cuanto tiene en derredor, 
buscando con ansia loca 
la sombra que la provoca 
en sus ensueños de amor. 



Llega, por fin, la inocente 
á la tupida enramada; 
y al penetrar diligente, 
se presenta frente á frente 
aquella sombra soñada. 

Y esa niña incauta y terca, 
que nunca escuchó consejos, 
exclama cuando se acerca: 
«¿Por qué horroriza de cerca 
lo que cautiva de lejos?» 

¡Pobre niña! Soñó acaso 
la felicidad un día: 
creyó encontrarla á su paso, 
y sólo encontró el ocaso 
de su infantil alegría. 

Intimidad y placer 
gozó entre aromas y flores; 
mas de éstas, al parecer, 
ya no tenía al volver 
la mejor de las mejores. 

Por eso en su desvarío 
dice con febril vehemencia: 
«¡Ay cuánto cuesta, Dios míe, 
tomar en el bosque umbrío 
una lección de experiencia!» 
Mariano Nicolás Valcárcel (peni 



ESO ERES 



Nube diáfana y sutil, 
plateada luz del oriente, 
blanca rosa del pensil, 
nieve, nácar y marfil 
es tu frente. 

Manantiales de ternura, 
realidad de mis antojos, 
las puertas de mi ventura, 
dos luceros de hermosura 
son tus ojos. 

Flotantes nubes doradas, 

rayos del sol en el cielo, 

guedejas encadenad 



hechizo de mis miradas 
es tu pelo. 
Purpurinos alhelíes 
que el aura con gusto toca, 
grana, corales, rubíes, 
envidia de las huríes 
es tu boca. 
Alma que todo atesora, 
que cuanto hay Id enci< ra en sí, 
(luc embelesa, que enamora. 
es< i eres, encantadora, 
para mí. 

Mari \no Nicoi Ás Vai cari ei i 



ADOLFO VALDERRAMA 369 



EL CURA DE LA ALDEA 



- Señor cura, postrada me confieso 

con humildad sincera: 
fui joven, fui querida y festejada 
por mi rara belleza... 

- Y eso ¿qué tiene?, contestó el anciano 

al través de la reja. 

- Tiene que veo, replicó la dama, 

blanquear mi cabellera; 

que agostaron los años mi frescura, 
que la vejez se acerca; 
que se escapan, ingratas, de mi rostro 
las rosas y azucenas. 

- Y eso ¿qué tiene?, repitió impaciente 

el cura de la aldea. 

- Que no sé resignarme, señor cura: 

que me faltan las fuerzas; 

que al mirarme al espejo, me entristece 
mi blanca cabellera... 

- Y ¿qué quieres? - Yo busco algún remedio 

que consuele mis penas. 

- ¿Habéis amado? - Mucho, señor cura. 

- ¿Tenéis el alma buena? 
¿La conservasteis pura en las caídas 
de la humana miseria?.. 

- Amé, señor, y en lágrimas bañada, 

gocé dichas supremas, 
y en mi llanto ardoroso halló mi pecho 
fuente de dichas nuevas. 

Amé, y en el amor que aún guarda el alma, 
en su inmortal grandeza, 
sentí del bien el celestial perfume 
empapar mi existencia... 

- Vé en paz, y nada temas, hija mía: 

la vejez nunca llega 

para esas almas; que para ellas se hizo 

la juventud eterna. 

Adolfo Yalderrama (chileno) 
Antología americana 2 + 



37° 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



CONSUELO 



A un ángel un desgraciado 
su triste historia contó, 
y aquel espíritu alado 
tanto al oiría lloró, 
que consoló al desdichado. 

- No me hables más, le decía, 
de tu malhadada suerte. 
Y el infeliz respondía: 
- ¡Ay!, es tal la pena mía 
que habrá de causar mi muerte. 



El ángel se entristeció 
y de pena lloró tanto, 
que cuando el infeliz vio 
tanto dolor, comprendió 
que gran consuelo es el llanto. 

Y el infeliz se decía: 
— Con mala estrella nací; 
mas hoy sentí la alegría: 
no es tanta la pena mía, 
pues hay quien llore por mí. 

Adolfo Valderrama (chileno) 



PENA 



(anacreóntica) 



Si ves por mis mejillas 
correr ardientes lágrimas, 
si ves el desconsuelo 
pintado en mis palabras, 
si en mi laúd sonoro 
ves rota mi esperanza, 
si me ves humillado 
al despertar el alba, 
cruzar por la floresta 
sombría y solitaria 
cual ave que, una herida 
llevando bajo el ala, 
va á buscar un refugio 



en la espesa enramada 
donde morir tranquila 
y ocultar su desgracia; 
no creas que la pena 
que me destroza el alma 
es la sangre que sale 
de heridas mal curadas, 
ni aspiraciones locas, 
ni decepción amarga, 
ni el eterno cansancio 
de las luchas humanas: 
es que estando dormido 
soñé que me olvidabas. 

Adolfo Valderrama (hileno) 



MUERTE DE GESLER 



Sobre un montón de nieve transparente, 
en el arco la diestra reclinada, 
por un disco de fuego coronada 
muestra Guillermo Tell la heroica frente. 

Yace en la playa el déspota insolente, 
con férrea vira al corazón clavada, 
despidiendo al infierno acelerada 
el alma negra en forma de serpiente. 



TEODORO VALENZUELA y] I 



El calor le abandona; sus sangrientos 
miembros lanza la tierra al océano; 
témanle á echar las olas y los vientos: 

no encuentra humanidad el inhumano; 
y hasta los insensibles elementos 
lanzan de sí los restos del tirano. 

Gabriel de la Concepción Valdés (cubano) 



LECHE MATERNAL 

Una madre cruel estrangulaba 
sus hijos al nacer - había matado 
siete, - y el corazón desapiadado 
sus feroces instintos conservaba. 

La maldad espantosa disculpaba 
al pie de un sacerdote horrorizado, 
diciendo que su bárbaro pecado 
con poder infernal la subyugaba. 

Él díjole sagaz: - Lo que habéis hecho 
haced con otro, á condición que antes 
que el golpe matador le deis el pecho. - 

Hízolo así, y al corazón deshecho, 
empapándolo en lágrimas quemantes, 
atrajo su hijo con abrazo estrecho. 

Teodoro Valenzuela (colombiano ) 



JORGE WASHINGTON 

No fué como Alejandro, cuya espada, 
al herir en el mármol de la historia, 
hizo brotar los rayos de la gloria 
en presencia del Asia esclavizada; 

ni Cesar fué que en la ciudad sagrada 
que conserva de Bruto la memoria, 
al carro triunfador de la victoria 
ató la libertad despedazada. 

No fué como Bolívar, el guerrero 
poeta de las lides y el tirano 
de la fortuna que templó su acero. 

Fué el primero, el más grande ciudadano 
en paz y en guerra, como fué el primero 
en el amor del pueblo americano. 

Teodoro Valenzuela (colombiano) 



372 



antología americana 



EL CORAZÓN 



Hundió todo el puñal el insolente 
en el pecho de otro hombre ya rendido, 
y al caer desplomado el agredido, 
- ¡Le ha muerto! - prorrumpió toda la gente. 

Lívido echó á correr el delincuente 
por su remordimiento perseguido, 
y al quererlo aprehender un bien nacido, 
muy pocos aprobaron su expediente. 

- Piedad para el hechor, es desgraciado - 
piensan algunos; otros - ¡á la hoguera 
el asesino vil, el gran malvado! 

La turba una vez mansa, otra vez fiera, 
á la razón advierte sin malicia: 
que el corazón no entiende de justicia. 

Pedro Valera (peruano) 



ADIÓS AL GENERAL PRIM 

Respetando el honor de tu estandarte 
y lo sagrado de la fe ofrecida, 
hoy tu promesa, Prim, dejas cumplida, 
porque tú partes y tu hueste parte. 

Permita Dios, pues que nos hizo amarte, 
que al volver á esta tierra agradecida, 
ya tu espada, cual hoy, no nos impida 
darte el abrazo que anhelamos darte. 

¡Adiós, gran general! Siempre recuerda 
que mientras haya mexicana historia, 
tu nombre es imposible que se pierda. 

Y para orgullo de tu noble gloria, 
vive seguro que de ti se acuerda 
de todo un pueblo la inmortal memoria. 

1 1 IN VALLE (mexicano) 



JOSÉ P. VÁRELA 373 

_ 



¿Por qué alegre te miro sonreír 
cuando deben tus lágrimas correr 
y tu duelo mostrar, pues el deber 
no te obliga placeres á fingir? 

¿Será importuno acaso tu gemir, 
no es el llanto tan propio á la mujer? 
Si el destino te dio que padecer, 
llora, llora, no aprendas á mentir. 

Mas si exenta de goces y de amor, 
para siempre condenante á llorar, 
haces bien en reir, preciosa flor, 

y tú misma tus penas consolar, 
porque reir alegre en el dolor 
es al dolor con risas insultar. 

Manuela J. Várela de Vildoso l peruana) 



ÍNDICE del hombre 

I 

Introducción. - El pabellón dorado 
de un misterioso lecho nupcial. 

¡El porvenir naciendo del pasado! 
¡Qué profundo misterio, humanidad! 

II 

Capítulo primero. - El nacimiento... 
Un gemido, una lágrima, un pañal... 
¡Qué bonito! ¡Qué lindo! Es un portento. 
¡Un indecible abrazo maternal! 

III 

Capítulo segundo. - La inocencia... 
Las risas y el colegio y la lección... 
¿Por qué lloras? ¡Estoy en penitencia! 
¡Seguid, es la cartilla del dolor! 



374 ANTOLOGÍA AMERICANA 



IV 



Capítulo tercero. — Los veinte años... 
¡Alma mía, te quiero más que a Dios!.. 
¡Y la infame me vende! ¡No, me engaño! 
Me duele horriblemente el corazón. 



V 



Y capítulo cuarto. - ¡El egoísmo! 
¡Magnífico! Se aumenta mi caudal... 
¿Un mendigo? Mi casa no es asilo... 
¿Un enfermo? Que aquí no es hospital... 



VI 



] " capítulo último. - La muerte. 
Un momento de llanto funeral... 
Un nombre que se graba en una piedra... 
Unos meses de luto y... ¡nada más! 

José P. Várela (uruguayo) 



PARÁBOLA 

Aún era aquel crepúsculo de los primeros tiempos; 
el mundo despertaba con pasmo juvenil; 
los hombres y los dioses moraban confundidos; 
del mito fecundado la historia iba á surgir. 

Inquieto y errabundo por la anchurosa tierra 
un mago ó un profeta de férvido mirar 
iba, como quien anda tras impalpable sombra, 
siguiendo el rastro extinto de un sol, de un ideal. 

Hablaba con las nubes, hablaba con las olas, 
con todo lo que pasa más lento ó más veloz; 
hablaba con los hombres, océano más móvil 
que el vasto mar que brinda profundo lecho al sol. 

Hallóse en su jornada \m semidiós sombrío: 
-¿Quién cíes? -Soy la I'uerza, que el mundo he de pui 
de monstruos pavorosos que infestan la campiña, 
de crímenes y horrores que infestan la ciudad. 

-¿Qué anhelas? - Que los hombres, no ingratosá mis bienes, 
acaten mis mandatos, soporten miambíción. 
Tú ¿vienes en su nombre?, ¿me ofreces su corona? 
-¡Oh, no es ;í ti!, le dijo el mago, y prosiguió. 



EFRAÍN VÁZQUEZ GUARDA 375 

Halló un anciano en lo alto de inmensurable torre. 

- ¿Quién eres? — Soy la Ciencia, que trazo desde aquí 
á los remotos astros su curso indefectible, 
remuevo lo pasado, descifro el porvenir. 

- ¿Qué quieres? - Que los hombres aclamen mi grandeza, 
y por su bien acepten mi ley, mi voluntad. 

¿No cumplo así una noble misión de beneficios? 

- No basta, le responde el mago, y echó á andar. 

Halló sobre una losa una mujer doliente 
que, al verlo aproximarse, los ojos se enjugó. 

- ¿Quién eres? - No es ilustre mi nombre, le contesta: 
me llamo el* Sacrificio, y á veces el Dolor. 

Yo lavo con mis lágrimas las úlceras del alma, 
yo doy a los que sufren resignación y paz, 
al oprimido infundo aliento en su justicia, 
y anuncio á los esclavos reposo y libertad. 

- ¿Qué intentas? - Que mi sangre se esparza en holocausto, 
y luego un dulce olvido en la eternal mansión. 

¿Por qué me lo preguntas? - ¡Tú salvarás al mundo!, 
le contestó el profeta, y ante ella se postró. 

Enrique José Varona (cubano) 



RIMAS 

I 

Porque, del sueño á impulsos, este mundo 
abandono un instante aquí en mi lecho, 

crees que no es profundo 
ese dolor que llevo yo en mi pecho... 
Es que busco en el sueño algún olvido 

al dolor escondido; 
y en alcanzar me empeño 
la verdad de un refrán de gran provecho: 

«que las penas y el sueño 
no caben juntos en el mismo lecho.» 



II 



El rey Alfonso el Sabio dijo un día 
en un rato de humor: 
«Si Dios tomado hubiera mis consejos, 
este mundo quizás fuera mejor. 



376 antología americana 



Habría comenzado por el hombre, 

rey de la Creación, 
poniendo en armonía su cabeza 
con su enemigo eterno: el corazón.» 



III 



¿Recuerda tu memoria 
aquel pasaje de la antigua historia 
que ha alcanzado el honor de la epopeya: 
«que junto al Capitolio está Tarpeya?» 
Pues me ocurre pensar, amada mía, 
dando tregua un instante á mi alegría, 
que este amor que me juras, desde el solio 
del entusiasmo de tu edad temprana, 
tiene hoy su Capitolio 
y su Tarpeya la tendrá mañana. 

Efraín Vázquez Guarda (chileno) 



LA RESIGNACIÓN 

(imitación) 



- ¿Qué es lo que hacéis en indolente lecho 
con los brazos cruzados é inclinada 

la desnuda cabeza sobre el pecho? 

- ¡Ah! ¡Mi vida en dolor se halla anegada! 

- Pues un doble infortunio más ingrato, 
si no ponéis remedio ya, os espera. 

- Cúmplase de los cielos el mandato, 
que es la resignación mi compañera. 

- La voluntad del cielo justicien) 
pretende que llenéis con heroísmo 
vuestros deberes sólo, V el primero 
consiste en no entregaros á vos mismo. 

¿Qué es lo que al lin, al fin, sucedería 
si todos los que viven desgraciados 
se detuvieran en su triste vía, 
como decís vos mismo, resignados? 



ALEJANDRO VEGA 377 



¡No! La resignación es diferente 
del entorpecimiento y la indolencia; 
ella es la calma en el dolor creciente, 
la sumisión á justa omnipotencia. 

Pero es también, y con mayor vehemencia, 
resolución, que la firmeza eleva, 
de investigar si aquesa omnipotencia 
dará vigor á una esperanza nueva. 

¡Alza la frente, mísero afligido! 
Resignación, en su sublime nombre, 
es el noble valor del elegido, 
la voluntad, que dignifica al hombre. 

Agustín Vedia (w-uguayo) 



LA ESTATUA 

Elisa es una estatua, lector mío; 
¡ah!, pero es una estatua encantadora; 
su mirar indolente, aunque es muy frío, 
llega hasta el alma, vence y enamora. 

Por el amor me ofusco y hasta riño, 
y por una mujer hasta me inmolo, 
y es la pura verdad que desde niño 
fui más enamorado que Paolo. 

Es lo más natural, pues, que de Elisa 
con todo el corazón me enamorara, 
porque ¿á quién no enamora la sonrisa 
de una mujer de mármol de Carrara? 

La amé, no como dicen los cantores 
que ama el céfiro blando á la violeta: 
como soy extremado en los amores, 
la amé como Romeo á su Julieta. 

Paseaba una noche con Elisa 
por un bello jardín de mil colores, 
que esparcía en las alas de la brisa 
el perfumado ambiente de las flores. 

Usando giros de alta poesía 
le dije que de amor estaba ciego; 
pero al notar que nada respondía 
comprendí que la estaba hablando en griego. 



378 ANTOLOGÍA AMERICANA 



— El amor es la luz que alumbra, dije, 
del alma los arcanos más profundos; 
el amor es la causa que dirige 
el inmortal concierto de los mundos. 

Los que en la vida sufren torcedores 
en el amor encuentran un consuelo, 
los que en íntima unión hablan de amores 
dan un paseo alrededor del cielo. 

El placer más intenso y delicioso 
es el beso del alma enamorada, 
porque el beso es un acto tan grandioso 
que lo bendice Dios con su mirada. - 

En fin, lector, de las maneras todas 
la dije que el amor era la vida; 
y al pintarle el encanto de las bodas, 
sospeché que ya estaba conmovida. 

Diciéndola que amor era la esencia 
ó causa de la vida y su concierto, 
dijo: - ¿Por qué, si amor es la existencia, 
yo que á nadie he querido no me he muerto? - 

Desde entonces con gran desembarazo, 
cuando Elisa conmigo se pasea, 
hago cuenta, lector, que voy de brazo 
con la estatua de Venus Citerea. 

Alejandro Vega (colombiano ) 



¡AL FIN! 

Cuando hizo alarde de mostrar impío 
el corazón más vil y más perjuro, 
por no encontrarse con el de ella, el mío 
vagaba en limbo obscuro. 
Olvidando su antiguo desvarío, 
fingió después el corazón más tierno, 
y por hallarse ron el suyo, el mío 
yacía en el infierno. 
Hoy que tiene el espíritu sombrío, 
y enfermo y triste el corazón de hielo, 
por no encontrarse con el de ella, el mío 
ya Iluta por el cielo. 

Samuei \ 11 \ki>k (peruano) 



SAMUEL VELARDE 379 



CASTILLOS EN EL AIRE 

I 

Del mixto de la pólvora, que luego 
cubre el contorno de armazón vistosa, 
herido por un átomo de fuego, 
surge la luz del artificio hermosa. 

Estrellas, ramilletes y guirnaldas 
forma en seguida con gentil donaire; 
y azules, verdes, carmesíes, gualdas, 
resplandecen las ráfagas del aire. 

La luz esplendorosa, de repente, 
languidece amarilla, amortiguada; 
el soplo cruza de glacial ambiente 
y luego... ¡escoria, obscuridad y nada! 



II 



Del barro y el deseo nace el hombre, 
como germina sin querer la palma, 
y al punto surge con precioso nombre 
la mariposa de la luz, el alma. 

En cambiantes reflejos de colores 
á simular con inquietud alcanza 
el suave rosicler de los amores 
y el verde resplandor de la esperanza. 

De pronto rayos macilentos vierte, 
de luchar con las sombras fatigada; 
sus alas bate la piadosa muerte, 
y luego... ¡polvo, obscuridad y nada! 

Samuel Velarde (peruano) 



COMO SUENA 

Era tan linda, tan linda, 
y la quise tanto y tanto, 
que, en sueños, era mi encanto 
besar sus pies y... morir; 
mas ¡ay!, sus labios de guinda 
mintieron de tal manera 
que ya tan sólo quisiera 
no verla más... y vivir. 

Samuel Velarde (peruano) 



3 8o 



antología americana 



DOLORA 



¿Te sientes despedazado 
por amarga decepción? 
¿Las penas te han desgarrado? 
¿Qué importa ser desgraciado? 
Ríe, ríe, corazón. 

¿Reir? Si acaso en la vida 
se ha perdido una ilusión, 
el alma nunca la olvida; 
sangrando está aún la herida; 
llora, llora, corazón. 

¿Y este tormento fatal 
que nos viene á combatir 
es por ventura inmortal? 



El mundo es un carnaval... 
Corazón, vuelve á reir. 

¡Nunca sentir el placer 
y siempre, siempre penar, 
y siempre perdidas ver 
las esperanzas de ayer! 
Corazón, vuelve á llorar. 

¡Reir! ¡Imbécil encanto! 
¡Llorar! ¡Maldito consuelo! 
El mundo es un desencanto 
risa mezclada con llanto, 
infierno junto con cielo. 

Luis R. Vei.azco (chileno) 



LA GOTA DE AGUA 



Unas tras otras, pausadas, 
van las horas de la vida; 
sin apresurarse locas, 
sin detenerse abatidas, 
van siguiendo, cual eternas, 
incansables peregrinas, 
á quienes la voz de «¡marchen!» 
da la Eternidad sombría. 

Tal así, sobre la piedra, 
sobre el llano y la colina 
una gota y otra gota 
cae de lo alto cristalina. 
En la piedra brilla un punto, 
resbala y corre en seguida, 
se detiene, besa alegre 
la menuda hierbecilla, 
y juntándose a las otras 
forma una corriente, y listas 
las miles gotas de a¡ 
vanse como cervatillas 
hasta que al antro de mu< rte 
su 'terna ley las dirija. 

Tal así, como esas lloras, 
horrorosas ó tranquilas, 
unas con otras se juntan 



y van formando los días 
y, como eslabones, una 
cadena, que es una vida: 
hasta que al antro, á que todos 
la muerte nos precipita, 
van las horas, como gotas 
de los cielos desprendidas. 

La gota forma en la piedra 
concavidad, repetida 
una v otra vez, y acaso 
otras vienen en seguida; 
y las horas, que se pasan 
para formar, así unidas, 
ese turbulento río 
que llaman la humana vida, 
forman, á fuerza de tiempo, 
la espantosa y negra sima 
á que todos nos lanzamos 
y que tumba se apellida. 
I aguacero, y sople 
el viento, para que á prisa 
caigan las gotas, y pasen 

las horas de nuestra vida, 

ya turbias ó desgraciadas, 

i Liras o tranquilas. 

I i \ \ i rbkl (colombiana) 



ARTURO VILLALVA 



AVES DEL CIELO 

I 

Ven á la playa, preciosa niña, 
la blanca luna su luz asoma, 
las golondrinas buscan su nido, 
sueñan con flores las mariposas. 
Sobre los mares tengo mi barca, 
sobre los riscos tengo mi choza, 
tiestos con flores en la ventana, 
dulces susurros, mansas gaviotas. 
Soy gondolero, 

vivo en las ondas, 

sobre la espuma, 

sobre las rocas. 



II 



Tardes de rosa, noches de estrellas, 
brisas, celajes, perlas y conchas 
nos brinda dócil la mar y el cielo 
para arrullarnos los dos á solas. 
De las ciudades el clima enerva: 
plomiza, tibia siento su atmósfera, 
como las selvas, las soledades, 
el cielo, el monte, la paz, las olas. 
Soy gondolero, 

vivo en las ondas, 

sobre la espuma, 

sobre las rocas. 

III 

Diez lustros, cuentan historias viejas, 
que allí vivieron en paz dichosa 
la bella niña y el gondolero 
con el deliquio de las palomas. 
Mas ¡ay! un día, por el espacio, 
dicen que vieron volar remotas 
dos avecillas que se alejaban, 
que se perdían entre la gloria, 
dejando el nido 
sobre las ondas, 
sobre la espuma, 
sobre las rocas. 

Arturo Villalva (peruano) 



382 ANTOLOGÍA AMERICANA 



LA HIEDRA Y EL OLMO 



- Únete á mí, le dijo una mañana 
la hiedra al olmo en plática sentida; 
yo cuidaré tu tronco agradecida, 
ya verás que mi savia te engalana. 

El olmo contestó: - La suerte insana, 
ó la dicha del cielo bendecida, 
siempre verá nuestra existencia unida 
como dos lirios en edad temprana. 

Y en efecto, más tarde, cuando fueron 
á cortar ese arbusto enamorado, 
cayó el olmo á la hiedra sujetado, 

y la hiedra y el olmo sucumbieron. 
Los que buscáis de vuestra dicha el colmo 
mirad la hiedra, recordad el olmo. 

Joaquín Villalobos (mexicano) 



SERENATA 
(Sobre un tema de Cáiulo Méndez) 

Al pastor que sus dulces canciones 
esparce á los vientos, 
le habla el eco, furtivo en los Andes, 
y le dice: - Te doy mis acentos. 

A la noche que envuelve entre sombras 
su tímida huella, 
cada hoguera encendida en las cumbres 
le repite: - Yo soy una estrella. 

Al rosal que se mira en el lago 
sobre ondas radiosas, 
el reflejo, flotando intangible, 
le murmura: - Yo tengo tus rosas, 

¡Pero á mí! Todavía más fal 
aún más falsas las frases que imploro, 
como el eco, la hoguera v el lago, 
me dicen: - Te ad< »r< ». 

Rosi ndo \ 11 1 ilobo! (boliviano) 



AUKELIO V1LLAZÁN 383 



VUELTA DEL SOL 

Se irá el invierno y sus heladas tardes; 
con él su sombra y su tristeza irán, 
sus largas noches con su eterna lluvia 

monótona y tenaz; 
del húmedo aire el susurrar constante, 
el crujir de los techos al hinchar, 
del cielo obscuro las cargadas nubes 

que en curso lento van. 

Vendrán los días con su sol radiante 
la bóveda celeste á iluminar, 
y al primer rayo de su luz fulgente 

la alegría vendrá. 
Los secos troncos, fijos cual fantasmas, 
hojas y frutos y verdor tendrán, 
el campo flores, el torrente espumas, 

horizontes el mar. 

Ligeras aves dejarán sus nidos 
sus alas á batir con libertad, 
y en corto vuelo sus pintadas plumas 

así luciendo irán. 
Las tenues brisas brindarán aromas, 
el quieto lago ostentará el cristal, 
é irán á la enramada á buscar sombra 
pájaros á cantar. 

La blanca luna volverá á sus rejas 
y en solitaria noche irá á buscar 
á la que otro verano, aún más hermoso, 

¡ay! fué mi bello ideal; 
mas no hay un cielo en sus azules ojos, 
ni un reflejo de amor en su alma ya: 
sólo un invierno triste nos separa 
de lágrimas, no más. 

Aurelio Yili.azán (peruano) 



384 ANTOLOGÍA AMERICANA 



UNA BUENA 



Cierto es que la mujer gobierna el mundo 
mientras domina al hombre que la adora, 
el que goza en llamarla su señora 
y el que siente por ella amor profundo. 

Pero el tiempo implacable, tremebundo, 
con su acción lenta y siempre destructora, 
el amor mata, la ilusión devora, 
y todo lo convierte en lodo inmundo. 

Y esa que fué señora, la sultana, 
que formaba del hombre el embeleso 
en cuyo amor creyó con fe sencilla, 

se encuentra de la noche á la mañana 
convertida por él en seco hueso, 
y ese fragmento humano es... su costilla. 



Y OTRA MALA 

Llamado el hombre es á gozar del mundo 
y á enaltecer a la mujer que adora; 
de la nada, tal vez, á gran señora 
la torna á ser aquel amor profundo. 

El tiempo se le ofrece tremebundo 
porque ella es dominante y destructora: 
á él lo agobia el trabajo, y lo devora 
verse humillado como el polvo inmundo. 

Ya aquélla no es señora, es la sultana, 
que en abatirlo encuentra mi embeleso 
ha< iendo alarde de su fe sencilla; 

y el pobre, de la noche á la mañana, 
se halla risible y descarnado hueso, 
que así lo ha puesto mi desleal costilla. 

Manuela Vi ll aran de l'¡ w.m i\ (peruano) 



DOMINGO DE VIVERO 385 





LA INGRATITUD 

Una blanca paloma de castilla 
joven, muy joven, vino á mi morada: 
era tan linda, que muy pronto amada 
fué de mi alma la candida avecilla. 

Volar aún no podía; mas sencilla, 
en mi cariño al verse tan mimada, 
se estaba en mi regazo reclinada 
ó en mis palmas picando la semilla. 

De amor la di la explicación primera; 
en las ramas de un mirto la hice nido, 
y fué por ella mi pasión sincera. 

Mas luego que su pluma hubo crecido, 
dejóme en soledad... ¡En cuál esfera 
premio del bien la ingratitud no ha sido! 

Pío José Viqües (centroamericano) 



A EDISON 



Se encarna en ti de tu nativo suelo 
savia potente de fecunda vida: 
de la materia el ánima escondida 
surge al conjuro de tu noble anhelo. 

Franklin ayer, con atrevido vuelo, 
dominando en la bóveda encendida, 
marcó al rayo la senda en su caída: 
¡pudo en la tierra conquistar el cielo! 

Y tú al presente, de tu estirpe gloria, 
perpetúas del verbo la existencia, 
proscribes la mentira de la historia: 

y burlando el capricho de la suerte, 
eternizas el árbol de la ciencia 
al borde del abismo de la muerte. 

Domingo de Vivero (peruano) 
Antología americana 



,36 ANTOLOGÍA AMERICANA 



RETRATO DE MUJER 

A la luz de la tarde, en rica estancia, 
reclinada en diván de grana y oro, 
ostenta con ingénita arrogancia 
de su hermosura espléndida el tesoro. 

Deleitando la atónita mirada, 
forman contraste vigoroso y bello 
de su tez la blancura nacarada 
y el intenso negror de su cabello. 

Sus ojos de belleza deslumbrantes 
tienen, en sus pupilas misteriosas, 
densa sombra y relámpagos brillantes 
como tienen las noches tempestuosas. 

Sonríe dulcemente, y muestra incierta 
con gracia deslumbrante su sonrisa, 
sus labios, roja flor recién abierta, 
sus dientes, nácar que la luz irisa. 

Su helénico perfil, do se revela 
de la verdad suprema el hondo arcano, 
es el sueño que al mármol ó á la tela 
quiere el artista trasladar en vano. 

De su cuerpo de vida exuberante 
el contorno estatuario sé* adivina 
bajo el traje de tul, blanco y flotante, 
como un jirón de matinal neblina. 

Las flores en graciosos ramilletes 
adornan su cabello y su cintura, 
y las piedras en ricos brazaletes 
se enroscan á sus brazos de escultura. 

De sus hermosas manos escapado, 
cetro blando y gentil de la belleza, 
yace sobre SU falda abandonado 
blanco abanico de oriental riqueza. 

Bajo su largo traje se descubre. 

cual leve capa de brillante nieve. 
tras la nítida seda que lo cubre, 
su pie de ninfa, primoroso j breve 

1 »el aura <U' la tarde el soplo escaso 
acaricia sus bucles suavemente, 

y el sol que se \;i hundiendo en el 01 aso 
deja un beso de luz sobre su frente. 

\n.\ ES \ 



JULIO ZALDUMBIDE 3S7 



LA NIÑA 

Cogiendo flores en la campiña, 
más vaporosa que el aura leve, 
aquella dulce, risueña niña 

vio una mañana 
dos nubecitas color de nieve 
que se riñeron color de grana. 

- Quiero ser nube, dijo la niña, 
más vaporosa que el aura leve. - 
Y con las flores de la campiña, 

cintas y galas, 
y con sus velos color de nieve, 
la dulce niña formó sus alas. 

Cuando en los huertos de la campiña 
y al viento leve de la mañana 
la pobre madre buscó á su niña, 

¡ay!.., en su anhelo, 
vio que entre nubes color de grana 
la dulce niña volaba al cielo. 

José Ramón Yepes (v, nezolano) 



A LAS FLORES 



Prole gentil de la rosada Aurora, 
nacida con el don de la belleza; 
gracias con que la gran Naturaleza 
ríe y su augusta majestad decora: 

la luz del sol, que el universo dora, 
no tanto de su fuente en la grandeza, 
cuanto en vosotras, linda se adereza 
y con matiz más gayo se colora. 

En los campos del éter las estrellas 
son flores celestiales, y en el suelo 
vosotras sois estrellas de colores. 

Tan puras sois, en fin, al par que bellas, 
que pienso que del mundo el claro cielo 
no tiene cosa más... que almas y flores. 

julio Zaldumbide (ecuatoriano) 



388 ANTOLOGÍA AMERICANA 



A.. 



¡Ay!, ¡ya te vas y para siempre!.. En humo 
te desvaneces ya, dulce esperanza, 
esperanza falaz de aquel bien sumo, 
de aquel amor exento de mudanza. 

Mas ¡ay!, lo quieres tú, dulce amor mío; 
tú lo quieres..., ¡pues bien!, ya te obedezco: 
muero en las ansias de un dolor impío, 
y ¡adiós, te digo, adiós!... y desfallezco. 

Tú el sueño hermoso de mi vida fuiste; 
tú el solo bien de mi alma enamorada... 
¿Qué haré sin ti, si en este mundo triste, 
en faltándome tú, no encuentro nada?.. 

Adiós, te dejo, y solo me encamino 
hacia el reposo de la tumba fría... 
Todo me roba el bárbaro destino, 
y es ya la muerte la esperanza mía. 

Todo lo pierdo en ti, todo se queda 
contigo, dulce bien que adoré tanto: 
mi esperanza, mi amor, la dicha leda, 
a dicha que esperé con amor santo, 

todo se queda en ti; conmigo nada 
llevo sino el tormento de la vida, 
la pena de la dicha no alcanzada 
y el torcedor de la ilusión perdida... 

De ti me aparto y tú de mí te alejas: 
funesto engaño nos separa acaso; 
pero conmigo va, ya que me dejas, 
el puro amor en que por ti me abraso. 

Cuando haya el tiempo disipado un tanto 
esta que hoy nos ofusca sombra horrenda, 
tal vez diremos: - Nuestro amor fué santo; 
pero ¡ay!, tarde caíste, horrible venda. - 

Y entonce, á tan horrible pensamiento, 
tal vez por tu mejilla y por la mía 
correrá del atroz remordimiento 
l.t solitaria lágrima tardía. 

Julio Zaldi mbide (• uatoriano) 



EDILBERTO ZEGARRA BALLÓN 3S9 



LA MUERTE DE LA BACANTE 

Suelto el cabello que acaricia el viento, 
desnudo el seno y el mirar salvaje, 
vaga, ebria de pasión y de coraje, 
la bacante en las playas de Farento. 

¡Vino y amor!, con delirante acento 
dice, y desgarra su purpúreo traje: 
cae en la arena, y el hirviente oleaje 
sus formas besa en blando movimiento. 

Del deseo en el sueño delicioso, 
piensa abrazar á aquel por quien delira, 
cierra el párpado amor voluptuoso, 

exánime después tierna suspira, 
finge su boca un ósculo fogoso, 
muerde la arena en su estertor... y expira... 

Rafael de Zavas Enríquez (mexi 



SUSPIROS 

Era un ángel radiante de hermosura, 
con indecible amor yo la miré 
tan bella, tan simpática y tan pura, 
que al verla suspiré. 

Deseando encontrarla, cierto día 
que iba á la iglesia, fuíme de ella en pos; 
volvió su vista y, al mirar la mía, 
suspiramos los dos. 

Más tarde, que su célica presencia 
de mi agitada mente se borró, 
encontróme y, al ver mi indiferencia, 
sólo ella suspiró... 

Del pensamiento en los inmensos giros 
muchas cosas no alcanzo á comprender; 
pero el bello lenguaje de suspiros 
¿quién no lo ha de saber? 

Edilberto Zegarra Ballón (peruano) 



39o 



ANTOLOGÍA americana 



EN DÍAS DE ESCLAVITUD 

¡Señor!, ¡Señor! El pájaro perdido 
puede hallar en los bosques el sustento, 
en cualquier árbol fabricar su nido 
y á cualquier hora atravesar el viento. 

Y el hombre, el dueño que á la tierra envías 
armado para entrar en la contienda, 

no sabe al despertar todos los días 
en qué desierto plantará su tienda. 

I )ejas que el blanco cisne en la laguna 
los dulces besos del terral aguarde, 
jugando con el brillo de la luna, 
nadando entre el reflejo de la tarde. 

Y á mí, Señor, á mí no se me alcanza, 
en medio de la mar embravecida, 
jugar con la ilusión y la esperanza 

en esta triste noche de la vida... 

Esparce su perfume la azucena 
sin lastimar su cáliz delicado, 
y si yo llego á descubrir mi pena, 
me queda el corazón despedazado... 

La estrella de mi siglo se ha eclipsado, 
y en medio del dolor y el desconsuelo, 
el lirio de la fe se ha marchitado: 
yo no hay escala que conduzca al cielo. 

Van los pueblos á orar al templo santo 
y llevan una lámpara mezquina, 
y el Cristo allí, sobre la cruz, en tanto, 
abre los brazos y la frente inclina... 

Tengo el alma, ¡Señor!, adolorida 
por unas penas que no tienen nombres; 
y no me culpes, no, porque te pida 
otra patria, otro siglo y otros hombres. 

Que aquella edad con que Miné no asoma, 
con mi país de promisión no acierto, 
mis tiempos son los de la antigua Roma 
y mis hermanos con la Grecia lian muerto. 

Juan Clemente Zenea (cubano) 




LA PALMADA 



Época, no muy añeja; 
hora, la noche mediada; 
lugar, una encrucijada 
que alumbra una candileja. 

¿Sombras?.. Lo circundan todo. 
¿Ecos?.. Silencio sombrío; 
en el aire, mucho frío; 
en la tierra, mucho lodo. 

De arriba, copos de nieve; 
de abajo, helado vapor; 
y apenas tenue fulgor 
de aquel choque irradia leve. 

A lo lejos, sombra densa, 
negruras que atemorizan, 
fantasmas que se deslizan 
y sólo el miedo condensa. 

En lo cerca, languidez 
de luz: si alguna aparece, 
la difunde y desvanece 
insondable lobreguez. 

Allí una casa, un balcón 
que domina la calleja, 
y por debajo una reja 
que guarda rudo aldabón. 

Hay grifos en el alero, 
la boca abierta y con traza 
de ser constante amenaza 
del rondador callejero. 



Aristas de viejo arte 
do la escarcha se amontona 
y en conos se apelotona 
ó en cenefas se reparte. 

Disimulado postigo, 
callado como lo sueña 
el que va tras una dueña 
ó escapa de un enemigo. 

Algún pórtico saliente 
que forma un ángulo entrante: 
un peligro al caminante, 
un abrigo al delincuente. 

Y, por fin, junto á un fanal 
por el tiempo ennegrecido, 
hay un santo guarecido 
por empañado cristal, 

que parece que en tal punto, 
del esquinazo en lo interno, 
está con mutismo eterno 
contemplando aquel conjunto. 

Pasos no pueden sonar, 
pues la nieve los extingue, 
pero un bulto se distingue 
que avanza con largo andar. 

¿Galán? ¿Rondador villano? 
¿Tahúr que incautos husmea? 
¿Feliz que va á Citerea? 
¿Presa de alguacil insano? 



39 2 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



Ni se sabe ni se indaga, 
mas se deja comprender 
que va de alguna mujer, 
enamorado, á la zaga. 

Llega junto al caserón, 
receloso se detiene 
como aquel á quien conviene 
disimular la intención, 

mira en torno, se cerciora 
de que todo va á su intento 
á tiempo que en un convento 
se escucha lenta la hora, 

y entonces, á la fachada 
mirando ya sin rebozo, 
deja caer el embozo 
)' da una fuerte palmada. 

Eco que al aire contunde 
y lo remueve y lo ahonda, 
cabalgador de la onda 
que lo lleva y lo difunde; 

rumor que brota al batir 
manos de rudo chocar, 
tan veloz en el sonar 
como presto en el morir; 

nota súbita y medrosa 
que avisa, llama ó asusta, 
en la soledad augusta 
de la noche silenciosa, 

al escapar de las manos 
para subir por el muro 
buscando asilo seguro 
que la libre de profanos, 

¿quién acierta á comprender 
qué fin aspira á lograr? 
¿A quién osa despertar? 
¿A quién quiere conmover? 

Cruje, se evade, aletea, 
sacude el confín dormido 
como una cinta de ruido 
que palpitante cimbrea; 

se dilata, sube, flota, 
se filtra si halla por dónde, 
en una grieta se esconde 
ó por un hueco se agota, 

y va, por fin, diligente, 
con su lenguaje conciso 
á despertar al remiso 
ó á ealinar al impaciente... 



Alza la vista al balcón 
el misterioso galán, 
movido por el afán 
del que acecha la ocasión. 

Y el balcón mira... sombrío, 
como cuadro sin figura, 
orla indecisa y obscura 
que está envolviendo el vacío. 

Arriba, el arco de piedra, 
sostén de labrado escudo: 
blasón do el tiempo sañudo 
hizo germinar la hiedra. 

Debajo, férrea baranda, 
que fácil curva describe, 
el mirador circunscribe 
y lo decora y lo agranda. 

En el caprichoso enrejo, 
labores donde pudiera 
tejerse una enredadera, 
colgar su nido un vencejo: 

y dentro de aquella arcada 
y aquel barandal labrado, 
hueco de sombras poblado, 
fauce en el muro fraguada, 

sonó un pestillo indiscreto...: 
tal vez no quiso callar, 
que no puede el moho guardar 
en amores un secreto; 

y entonces en el balcón 
apareció una figura 
como mágica escultura 
producto de una ficción. 

Femenil contorno: dama 
que, sin verla, se presiente': 
que acude tímidamente 
adonde el amor la llama. 

Verla el de abajo, trepar 
por la reja con destreza, 
subirla con ligereza 
y en el balcón cabalgar, 

audacia fué realizada 
por «I galán ion tal tino, 
que siguió el mismo camino 
[onde entró la palmada. 

Y tras la atrevida empí 
.sin curioso que escudriñe, 

un brazo amante que cine, 
un labio ardiente que b 



M. ZENO GANDÍA 



393 



breve dintel que se pasa, 
puerta que alguno cerró, 
y todo inmóvil quedó 
en la calle y en la casa. 

Después... soledad, misterio; 
mucha escarcha, mucho frío; 
se restablece sombrío 
de las sombras el imperio. 

Fulgores que languidecen, 
ráfagas de soplo helado, 
rastro en la nieve grabado, 
ecos que se desvanecen... 

Y el escudo señorial 
del balcón quedó en la arcada, 
como careta colgada 
sobre inmundo lodazal. 

Por allí de fácil modo 
subió impaciente el amor; 



por allí bajó el honor 
á revolcarse en el lodo. 

En noches que ya pasaron, 
por allí, donde pudieron, 
¡cuántos amores subieron!, 
¡cuántas deshonras bajaron! 

Que si no puede el azar 
honra y amores reunir, 
si el amor quiere subir, 
tiene el honor que bajar. 

Y así, en la triste calleja, 
hallaron franco portillo: 
para bajar, un pestillo; 
para subir, una reja... 

Mientras, á la casa adjunto, 
del esquinazo en lo interno, 
está el santo sempiterno 
contemplando aquel conjunto... 
M. Zeno Gandía (portorriqueño) 



ESTUDIO DEL NATURAL 



En la corriente de un río 
lancé una guija de oro 
y vi que, al romper las aguas, 
fuese, sin flotar, al fondo. 
Cediendo al capricho, luego 
lancé un pedazo de corcho, 
y al contacto de la linfa 
flotando liviano y tosco, 
le vi á lo lejos perderse 
siguiendo el cauce sinuoso, 
por el ímpetu llevado 
del tibio caudal sonoro. 

En las corrientes del mundo, 
del tiempo al compás isócrono, 
arroja el azar las almas 
que anima viviente soplo. 



Todas desvalidas, caen 
en el ancho cauce anónimo, 
y á veces, por triste sino, 
son, en amargo abandono: 
el sabio, dorada guija: 
el necio, jirón de corcho: 
arrastrado á flote el uno, 
hundido y brillante el otro... 

Pasen las ondas del tiempo, 
cúmplase el humano horóscopo... : 
mas cuando así caen las almas 
y las nivela el oprobio, 
¡ay de la injusta corriente 
y malhaya el mundo estoico, 
en donde el guijo se anega 
y flota seguro el corcho!.. 

M. Zeno Gandía (portorriqueño) 



394 ANTOLOGÍA AMERICANA 



TU Y YO 



Perfume de una flor que, al desprenderse 
ni una hoja de sus pétalos lastima; 
tibio efluvio de luna de verano 
que en el disco plateado se destila; 
calor de una mirada de ternura 
que atraviesa inocente unas pupilas; 
roce de un alma que buscando otra alma 
en sí misma sin ruido se desliza: 
eso es tu aliento 
cuando suspiras. 



II 



Lágrima que, oscilando sobre el alma, 
se evapora al calor del dolor mío; 
rumor de oleaje que, en desierta orilla, 
rueda mugiendo entre escarpados riscos; 
ave que huye, y al volar, llorando, 
quiebra la rama en que dejó á sus hijos: 
nota que, al desprenderse de una cuerda, 
deja al pobre laúd, temblando, herido: 

eso, tan triste, 

son mis suspiros. 

Juan Zorrilla de San Martín (uruguayo) 



¡Y NO SENTÍAS! 



1.1 cielo transparente de tus ojos 
el llanto detenido encapotaba... 
¡Qué hermosas se estremecen las estrella-, 
sobre el cristal de un lago reflejadas! 
Ya no me engañarás, porque yo he visto, 
temblando recatado en tus pestañas, 
el precioso caudal de tu ternura 
condensado, al brotar, en una lágrima. 

Juan Zorrilla de San Martín (urug, 



JUAN" ZORRILLA DE SAN MARTÍN 395 



NOTAS DE UN HIMNO 



Ruidos nocturnos que en el aire nacen, 
que el alma escucha cuando se halla sola; 
hijas de un mundo misterioso y vago 

son estas notas 
ráfagas de suspiros y de ideas, 
de indescifrables risas armoniosas, 
que se oyen, á intervalos, entre llantos, 
como en la lucha el himno de la gloria. 

Quizá es un remedo 

de un mundo mejor; 

do chocan los átomos 
formando un fastástico y dulce rumor. 

Un lampo de otra alma 

que alienta en mi ser; 

quizá es una ráfaga 
del germen de un genio que muere al nacer. 

Yo las sorprendo y al rumor las robo 
tales cual vienen, sin color ni forma; 
yo las comprendo, comprenderlas pueden 
las almas tristes y las almas solas. 
Solo las concebí, solo y sentado 
sobre el sepulcro de mis pobres glorias, 
y al calor de la hoguera en donde ardían, 
dulces recuerdos é ilusiones locas. 

Son notas de un himno 
de íntimo laúd, 
que en sombra de mi alma 
palpita entre espumas de armoniosa luz. 
Son hijas del viento. 
Vientos: ¡allá van!, 
y en sus giros rápidos 
rumorosos átomos corren á buscar. 

Juan Zorrilla de San Martín (uruguayo) 



396 ANTOLOGÍA AMERICANA 



ILUSIÓN 



Esparcido en desorden el cabello, 
sus brazos sobre el lecho descuidados, 
la cabeza inclinada sobre el cuello, 
quieta la faz, los párpados cerrados, 

duerme mi ángel. ¡Ah!, vele así sus ojos 
aunque me roben toda su mirada, 
que si despierta, en súbitos sonrojos 
va á turbarse á mi vista enamorada. 

Y tímido á mi vez, delante de ella 
escondiera celoso tras el velo 
esa su frente que, graciosa y bella, 
es r para mí la bóveda de un cielo. 

Cielo sin sol, sin astros y sin nubes, 
que brilla y se obscurece á mi albedrío, 
y ese cielo sin Dios y sin querubes, 
ese cielo de amor es todo mío. 

Mía es su voz y sólo á mí responde, 
mío el pudor de su mejilla ardiente, 
porque esas rosas, que ante el mundo esconde, 
se encienden sólo si me ve presente. 

Tosí'. MARÍA ZUVIRÍA (argentino) 




índice alfabético de los autores 



CUYAS COMPOSICIONES FIGURAN EN ESTA OBRA 



A COSTA (Vicente). -Contraste- / 

Claroscuro 

Acost a (Cecilio). — Madrigal 9 

La gota de rocío 9 

A t O ña F i g D E i! o a ( Francisco ). - Buen 

modo de subir 10 

Acuña (Manuel). - Ante un cadáver. . . 10 

Nocturno 13 

Alcorta (Florentino). -Campestre. . . 14 

Aldama (Ramón). -Sedán 16 

Alfaro (Anselmo). -Tres actos 1S 

Altamirano (Ignacio II.). - Los naranjos. 17 

A 18 

Alth ais (Clemente). -A una espada. . . 20 

Poesías del inca Pachacutec 20 

Alyarez de Flórez (Mercedes). -Celo.-. 22 

Amézaga (Carlos G.). — Mi locura. ... 24 

Amor tren 25 

A una hermosa 25 

Todo en su lugar 26 

Alquimia 26 

Gran tarja 26 

Amézaga (Juana Posa de). — Al despertar. 27 

Armonías ^7 

A una amiga que envidia álos poetas. . 28 

Andrade (Olegario V.). -Las ideas. . . 29 

Aneiros Pazos (L.).- Rima 29 

Ella 30 

Antommarchi (E.). - Olvidar y no olvidar. 30 

Arboleda (Julio).- Vanitas mnitatum. . 31 

Nunca te hablé 33 

Arcixiega (Ismael Enrique). - Ira santa. 34 

Éxtasis 34 

¡Lejos! 35 

Boüemia 36 

Su corsé 37 

En Colonia 37 

Argledas Prada (Juan). -Aun desleal. 39 

Decepción 39 

Argumedo de Ortiz (María del Refugio). 

-Contemplación 39 

A rol moza (D.). -El dolor por el goce. 41 

Arízaga (Manuel Nicolás). -La justicia. 41 

Fotografía 42 

Baqcerizo (Alfredo). -El último adiós. . 46 

; Curiosa I 46 

Rima 46 

Barra (E. déla). -Las dos grandezas. 47 

La muerte del poeta 48 

Barragán de Toscano (R.).- Amores. . 49 

La flor de los recuerdos 51 

Barreto (J. Federico). -Orgullo. ... 43 

Tristezas infantiles 44 

Barros Grez (D.). -La zorra y el busto. 53 

Becerra (Vicente). -¡Adiós! 53 

Benayides y Valdivia (J.). -El soneto. 54 

Bermúdez (Washington P.). -Los besos. 54 

Los treinta dineros 54 

Blanco Cuartín (Manuel" 1 . -La ley y el 

derecho 55 

Bolañcs (Juan L.). - La trenza de oro. . 56 



Borda (J. J.). - A los que vean mi cadáver. 52 

Burrero Echeverría (E.). - Realidad. 56 
Borrero (Juana). -Ultima rima. . . 

Las hijas del Rau .",7 

Boza (Ernesto G.). - Vibraciones del alma. 57 

Buendía (Adriana). -Cantares 59 

Bustamante Ricardo José). -El lux 

ceternalucebit 

Byrne (Bonifacio). -Rima 

Déjalos 60 

Caballero (Manuel). -Maximiliano. . . 61 

Caicedo Rojas (José). -El primer baño. 64 

Calcaño (Arístides). -Las palomas. . . 63 

Calcaño (Julio A.). -Tumbas húmeda-. 63 

Calvo (Daniel).- La amistad 65 

Calle (Belisario). - A una hermosa . . . 

Camacho (Juan Vicente). - A ti . ... 67 
Campo (Estanislao del). -La cita. . . . 

Mi oración á todas horas 68 

Campusano (Ricardo). -Soneto . ... 69 

Cano (Fidel). -Camino del cielo. . . . 69 

Cañas (Juan J.). - La nación más grande. 71 

Garbo (José Guillermo). -A una rosa . . 74 

Caro (J. E.). - La despedida de la patria. 75 

Ceniza y llanto 75 

Caro (Miguel Antonio). - Pro seneclv.te. . 7' • 

Carrasco (Constantino). -Busto de nieve. 77 

Las mujeres y el sol 77 

Respuesta de Apeles 78 

Al inca Garcilasso 78 

Carrasquilla (F. de P.). -Apariencias. 79 

Carrasquilla (R.). - La bomba de jabón. 79 

Casal (Julián del). -Virgen triste . . . 79 

Castell (Adela). - Extraño problema . . 81 

Rimas 82 

Castellanos (M. N. ). - La felicidad. . 82 

Castilla (Clodomiro). -Al trabajo . . . 33 
Castillo de González (Aurelia). - En el 

golfo de México 83 

Juego de prendas 83 

Castillo (M.). -En memoria de mis hijas. 84 
Cisneros (Luis Benjamín). -Pasión. . . 

A Lenalah ... 

Pasión 

Coll Y Tosté (C). -El mártir de Atenas. 
Concha Castillo (Francisco). -Notas de 

mi arpa 61 

Contó (César). -Los mejores ojos. ... 91 

Cordero (Luis). - El árbol y sus renuevos. 91 

Coro (Fermín). -Madrigal '.'1 

Coronado (Vicente). -El cóndor. . . . 93 

Corpancho (T. E.). -Después de un baile. 92 

Intimo 92 

Correa Zapata (Dolores). - Un mendigo. 94 
Cortés (Manuel José). - Viernes Santo. . 

A un tacaño 96 

El justo 

A la poetisa ciega 93 

Cortés (Maria Natividad). - A una niña. . '.'7 

Esperanza 98 

Cosmes (Francisco G.)- Remember . . . 98 



393 



antología americana 



PAGS. 

Cuenca (Agustín F.). -Madrid 99 

A Ch 100 

Chavero (Alfredo). -A Alarcón . . . . 101 

Chocano (José S.). -La epopeya del mar. 103 

Profesión de fe 104 

Ojos azules 105 

Rubia 105 

Darío (Rubén). -A Goya 107 

*** 108 

Rima 108 

¡Adiós!, ¡adiós! 108 

Dávila (Waldina). — A una amiga. . . 108 

Dávalos (Balbino).-*** . . . . . . 108 

Delgadillo (Jorge). - La voz del amor. . 110 

Delgado (Abel de la E.)- Tú y yo . . . 109 

¡Es imposible! 109 

Díaz del Castillo (Ildefonso). -El genio 

y el dolor 114 

El primer diamante 115 

Díaz (Leopoldo). -Jesús. . . . . . . 110 

Remember 111 

Nydia 112 

Díaz Mirón (Salvador). -Gloria. . . . 113 

¿Qué es poesía'í 115 

Lo eterno 116 

Diego (José de). - Desde la cumbre. . .117 

Diéguez (Manuel). -Al bello sexo . . . 118 

Díez Gaviño (F.).- Amor... propio. . . 119 

Domínguez (Luis L.). - Excelsior. . . . 119 

Echeverría (Alejandro P.). -A ti . . . 120— 

Receta 121 

Elera (Pedro). -Secretos de familia. . . 121 

\i: (Emilio Antonio). -Rima . . . 122 

Rima 123 

Escuti Orrego (Santiago). -Rima . . . 123 

Duelo 123 

Esquerra (Arsenio). - Adiós 124 

Espinosa de RENDÓN(Silveria). -El cauto 

del agareuo 126 

Espinoza (Octavio). -Auárquica. . . . 124 

En el circo 125 

Belleza cautiva 125 

Fació (Justo A.). -Medallón 126 

Fa.iauuo (Heraclio). -Dentro y fuera. . . 127 

Fernandez Espiro (Diego). - Cristo. . . 129 

Suicida 129 

rgam 129 

Fernández Granados (Enrique). - A unas 

violetas 130 

Fernandez (T.).-Ayes que espantan. . 127 

A una rosa 128 

linimiento 128 

Ferrer Bernández (Gabriel). - El entie- 
rro Mil marino 131 

El grillete 132 

Jijón (Antonio). - Si fuera . . . 137 
Plores Chinarro (Francisco). - Aparien- 
cias engañosas "I-'" 

Flores (M, M.).- Rasgos de buen humor. 135 

Adiós ' 136 

FlÓREZ (Manuel de Jesús). -Desdén y paz. 136 

l'¡ i [re (Carolina). - La nube y .el átomo . 139 

Galatea 110 

En la muerte de una niña 1 10 

l/i \ ejez Hl 

Fuente (Armando de la), — Fe 142 

t ¡alindo (Néstor). -Soneto 142 

i; m.oi re (Julio X.;. -Gloria 142 

1 '•' 

Galvari - i:. J. . Anhelos 149 

A Lía 150 

Gahari rio .... 145 



PAGS. 

Gamio (José Ignacio). -Aritmética . . . 14»^ 

Dos prodigios 14b' 

Astronomía 147 

Verdad desnuda 147 

Reducción 147 

C ai: a vito A. (J. M.). -Volveré mañana. . 148 

García Sagastuno (B.). -El espejo. . . L r /7 

García Moreno (Gabriel).- A Faino . . 153 

García (M. A.). - Un perdón de caballero. 150 

García Méboo (Martín). -El gran libro. 151 

A solas 1."'-' 

El león 152 

¡Evohé! 152 

Garriga (Pablo). -Al amor 156 

Ghilardo (Alberto). - Para ti 157 

¡Felices! 158 

GoiCOCHEA (C.).--El peregrino apasionado. 158 
Gómez de Avellaneda (Gertrudis). - A 

Washington 158 

Gómez (Juan Carlos). —Sin miedo. . . . 159 

González Fernández ( F. ). -Tú y yo. . 167 

González Camargo (J.). -Viaje déla luz. 165 

González (Joaquín V.). -Rima .... 159 

González Prada (Manuel). -A ella. . . 166 

Al Amor 166 

A la naturaleza 1 • >7 

Filosofía 167 

González (Nicolás Augusto). -; Yo!... . 162 

El corazón 163 

El lunar 163 

Franqueza Ití4 

Madrigal 104 

Dos besos 164 

González (Pedro A.). -A Pasteur. . . . loO 

Gordón (Eduardo G.). - El trabajo . . . 169 

Grez (Vicente). -Prodigios de la fe. . . 169 

Guillo (Maximiliano). -Calumniada. . . 170 

Guardia (H. Martin de la). - Más allá. 170 

Guerrero (Dolores). -A 171 

En tu día 171 

Mándame tu retrato 172 

A tu retrato 172 

Guido y Spano (Carlos). -A mi hija. . . 173 

Gutiérrez (Francisco A.). -La parásita. 178 
Gutiérrez González (Gregorio). -A dos 

amigos el día de su matrimonio. . . . 177 

A...! 178 

Gutiérrez Coll(J. .-La tumba y la rosa. 179 

Gutiérrez (José R.). -Los crucificados. 17'.' 

Gutiérrez (Juan M.).- Ogaño et antaño. 17 1 
GUTIÉRREZ NÁJERA (Manuel). -La noche. 

En un cromo 182 

Gutiérrez (Ricardo).- Lágrima. . . . 176 

Heredia (J. M. del. -En una tempestad l s :¡ 

II i: i: n anuí I >omin >> R.). - Epístola. l s 7 

El rayo y la planta 189 

La rosa y el ciprés L91 

Hernández (Julio S.).- Memorial . . . 184 

Dios 186 

Hbrn i El espa 

los pájaros 190 

II brr] i 1 1 luna. . . . 193 

Herrera L. < ¡. . Parodia de Bécquer. l'.'l 

Hidalgo i >elfina María). La inocencia. 192 

sol y la luna. . 194 

tncias. . . l'.'l 

La leyenda del beso 

[LLINGWORTB .luán .-I 196 

I [ero s Leandi o 196 

[RI8ARR1 i 1 Amor .... 

[8AAC8 (J ' tumba del Boldado. . 197 

La tierra madre W 



ÍNDICE ALFABÉTICO 





199 



A mi patria 198 

¡Descansa, guerrero! 198 

Ella duerme 199 

Jesús (Manuel de). -Dios 200 

Lajsarqüb (Adolfo). -A ella 201 

Lapikrre (José de). - A una niña. . . . 
Lapuente (L.). —La sierpe y el cóndor. 

LaRA Francisco V.). -Quisiera . . . . 206 
Labbiva de Llona (Lastenia). -El padre 

nuestro 207 

Ei primer diente cariado 209 

A España en la muerte de Alfonso XII. 210 

Leal José Román). - Luz de amor . . . 215 

LbgdÍa Martínez (G.).-Las lágrimas.. 211 

Tu amor y el mió 212 

Mi sol L'12 

A Jorge Isaacs 213 

Bisa y llanto 214 

Desencanto 214 

Lemoine (Joaquín). -¡Pobre mudo!. . . 215 

LiLL'i (Eusebio). -El poeta y el vulgo . . 216 

Fragmento 216 

LÓPEZ Albújar [E.). -A Juana de Arco. 217 

Luchemos 218 

Lozano (Abigaíl). - A Dio ? 221 

Lugo Ramírez (Diego). — Plomo bala y 

plomo tipo 202 

Lloxa (Xuma Pompilio).- A Dante. . . 219 

El amor 219 

A unos cabellos rubios 

A unos cabellos negros 220 

Magallanes (Valentín). -Desengaños. . 221 

MagariÑOS Cervantes (A.). -Duda. . 223 

Maldonado (José Manuel). - A una beata. 223 

Maldoxauo (Samuel Darío). -Aníbal . . 225 

Remembranzas l_'5 

Manrique (Venancio G.). -El dolor. . . 226 

Mansilla (José T.).- La piedra filosofal. 223 

La gloria 224 

Mantilla (Víctor G.).- Mercedes . . . 227 
Marín del Solar (Mercedes. -La exis- 
tencia de Dios 228 

Mármol (José).- Incertidumbre. . . . 227 

Márquez (José Arnaldo). -La sombra. . 22S 

Opinión sobre la poesía 229 

Márquez (Luis Enrique). — Carta amorosa 

de un guardia marina 230 

Para un álbum 231 

Márquez (Manuela A.). -Al trabajo. . 232 
Respuesta á un soneto contra la mujer. 232 
MarroqcÍx (José Manuel). -Estudios so- 
bre la historia romana 23! 

Martínez (M. J.). -Jesús crucificado.. . 
Martínez Vijil (Daniel). - Impunidad. 

Psicología comparada 238 

Martixto (Domingo D.). -Tristeza. . . 239 

Como el mar 241 

Mayorga (Ventura). -Liedereu . . . . 241 

Mayobga Rivas (J. M.). - ¡Odíame!. . . 242 

Mayorga Ritas (Komán). -El y ella . . 241 

Masías y Calle (Diego). - Las tres épocas. 245 

Mata (Andrés A.). -Pentélica 242 

Epitalámica 243 

Fragmentos 243 

Pentélica 244 

Matta (Guillermo). -Química 247 

Incienso 247 

Poema 247 

Purificación 247 

Mejía (Epifanio). -El canto del antio- 

queño 249 

Melgar Mariano^. -La mujer 245 



Méndez (Alejandro B.). -¡Solos! 

Méndez (Gervasio). - A 

A 

Méndez (Laura). -¡Oh corazón! 

Mesalina 

Magdalena 

Mendiye (Rafael Mana de). -Soneto. . 

La pensativa 

- y perlas 

Mera José Trajano). - Las gotas de agua. 

Soneto 

Intima 

Dos amores 

Mera (Juan León . - El cuervo y la zorra. 

Indiana 

Contraste 

Milla (José). -Deseos cumplidos. . . . 
Mitre (Bartolomé). -Lo que es amor. . 
Molina Modesto). -La conciencia . . . 

Tumbaiguorada 

Monruy (José). -La esperanza 

.Monte (Ricardo del). -¿Dónde irá?. . . 
Montes (Victoriano E.).- A Miltou. . . 
Montt (A. ). -Situación no envidiable. . 

Impotencia humana 

Oración matinal 

Morales (Renato). -Flores y perlas. . . 
Morales (Sixto). -El festín." 

A Elena 

Filosofía 

Morante (Máximo). — Contrastes. . . . 
Mujía (María Josefa). — La ciega. . . 
NarvÁEZ (Roberto de). -¡Huyamos!... . 
Sanjurjo ;J. A.). -Perspectivas. 
Xobua (Ernesto). -Por un beso . . . . 
Noboa (Ignacio). - Fe 

A la muerte 

Novelo (José I. ). -En mi alcoba. . . . 
Obligado (Rafael). - A.una niña. . . . 

Semejanzas 

Hojas 

Pensamiento 

Ocboa (José Vicente). - Dos auroras . . 

Ortba (Juan Isidro). —Sueños 

Ortiz José Joaquín). -Colón y Bolívar. . 
Oth<>\ ; Manuel J.). -Paolo y Francesca . 
Pacheco Y Obes (M.). -Oriental. . . . 
Padilla Dáyila (Manuel). -El cauto de 

la tórtola 

El ruiseñor 

Palacio Ernesto O.). -Acuarela. . . . 
Pallares y Arteta (L.). -Dos besos. 
Palma (Clemente). —Rompimiento . . . 
Palma i José Joaquín). -Serenata. . . . 

Lo de cada día 

A un arroyo 

Palma (Ricardo). - La conciencia. . . . 

A un traidor 

Todo se olvida 

Profecía 

En la última página del Quijote. . . 

La poesía 

Pardo (Francisco G.). -Luz del alma . 
Pardo y Aliaga (Felipe). -Aun adulador 

de un poderoso 

Pardo y Aliaga (José). -A Rosa. . . . 
Paz Soldán (P.). -La belleza de tus ojos. 

Historia de un beso 

Historia de otro beso . . . . '. . . 
Peón y Contrbras (José). - Un arroyo. . 

Pérez í Felipe .- Monostrofe 

Pérez (Felipe J.). - El mendigo . . . . 



FAGS. 



248 
246 
246 
250 
251 
253 
253 
254 
254 

257 

-5, 
257 

256 

259 
261 

262 
261 

263 
265 
263 

263 
264 
265 
266 
266 
267 
267 
268 
269 
271 
274 
273 
273 
270 
275 
275 
276 
276 
277 
278 



279 
280 
282 

280 
281 
283 
284 

- 

285 

287 

288 

289 

291 
291 
292 
292 

294 



293 

294 
295 

296 
298 



400 



ANTOLOGÍA AMERICANA 



i'.ú;s. 

PÉREZ (Lázaro María). — La limosna. . . 299 

Pérez Bonalde (José A.). -Magdalena. . 300 
Pérez Montes de Oca (Julia). -Después 

de la lluvia 300 

Pesado (Isabel), -lsawtheeweep. . . . 304 

Pesado (José Joaquín). - La tempestad. . 304 

Peza (Juan de Dios). -En mi barrio. . . 305 

Picón Febres (Gonzalo). - Mariposas . . 307 

¡Revolución! 308 

Pichardo (Manuel S.)-A su majestad 

Josefina Herrera 309 

*** 310 

Plaza (A.). -Una verdad .310 

Amistad 311 

POMBO (Jorge). -De la cartera 312 

Pombo (Rafael). - Yo no sé si te quiero. . 311 

Pompa (Calixto). -Estudia 312 

Trabaja 313 

Descansa 313 

Los peinados de moda 314 

La primera cana 314 

Prieto (Guillermo). - Cantares 315 

Amor de viejo 316 

Puelma TüPPER (Guillermo). - No muere 

el hombre 317 

Püi.A (Amalia). - El descubrimiento. . . 319 

¡El mundo! 323 

Ramírez (Ignacio). - El amor 324 

Ramírez (Manuel). - La niña honrada . . 324 
Rendón (Tomás). -Pleito del tigre con la 

oveja siendo juez el lobo 325 

Riofrío (Miguel). -A una joven. . . . 326 

Riva Palacio (Vicente). - Él Escorial. . 327 

Sueño y realidad 327 

Idilio 32S 

Duda y fe 328 

Rivas Groot (José). -Lo que es un nido. 329 

¿Qué es el dolor.' 331 

Rivodó (Ermelindo). -Telescopio. . . . 331 
Rocha (Herlinda). - Auras de abril. . . 334 
Rodríguez de Tío (Lola). -Ante un re- 
trato 335 

En la cuna 335 

Rodríguez de Velazco (Luis). - Noche de 

luna 329 

Dolora 380 

Rojas Garrido (J. M.).-La vida es soneto. 335 

Rosas Moreno (José). - Profesión de fe. 333 

ROSSEL (Juan C). - El poema del nido. . 336 

Luz de un instante 336 

Esperanza 3:;7 

Roxló( Carlos). -Ritmos 338 

RüBALCAVA (.Manuel Justo de). - Vanidad 

de héroes mundanos 338 

Salaverry (C. A.). -La ópera universal. 339 

¡Responde! 339 

tJn vals, 340 

Justicia postuma 340 

Sampi.i: \". i. - Tempestades . . 311 

Sánchez (Q.). -Glorias postumas. . . 342 
Sánchez Pesquera Miguel). - Melodía 

hebraica 343 

San Juan (Manuel A.).- El sabio y la flor. 34 I 

Sadry í Leonor). - Poruña perla. . . . 345 

; Dónde está Dios? 345 

Ateísmo . . 346 

í Manm i . A i ... 346 

Sellen (Francisco). - Las tres aves . . . 347 

Lo eterno 317 

Sienza Carranza (Jos,'').- a una para 

guaya 348 



págs. 

Silva (Agapito). - Para un álbum. . . . 349 

Soffia (J. A.). -Lección maternal . . . 351 

Semejanza 351 

Riqueza 352 

Filosofía 352 

Solórzano (J. Antonio). - Notas. . . . 350 

Sosa (F.). -En el baile y en el templo . . 353 

Transformaciones 353 

La coqueta 354 

Suárez La Croix (Joaquín). - Llanto . . 355 

Tamayo (Rafael). - El recluta muerto . . 355 
Tapia de Castellanos (Esther). -Himno 

de la mañana 355 

Tejera (Diego Vicente). - La sortija. . . 356 

La ofrenda 356 

Téllez (Joaquín). — Ratos perdidos . . . 357 
Tenorio Zavala (Gertrudis). - El amor y 

el desengaño 358 

Tondreau (N.). - Lo (pie va de ayer á hoy. 359 

La copa del poeta 359 

Torregrosa (Luis A.). - A Colón. . . . 361 

Torres (José Antouio). -Deseos. . . . 360 

Torres Abandero (L.).- Mariposas. . . 363 

Tovar (Pantaleón). - La madre del mártir. 360 

Ubago (Juan B.). -Moléculas 364 

Amorosa 364 

Urbina v Luis G. ). - De profundis. . . . 365 

Uriartk (R.). - Historia de una violeta. . 367 

Urrütia y Guzman (José M.). - A Fabia. 367 

Valcárcel (M. Nicolás). -¡Por incauta! . 368 

Eso eres 368 

Vw.üerrama (A.). - El cura de la aldea . 369 

Consuelo 370 

Pena 370 

Valdés (G. de la C). -Muerte de Gesler. 370 

Valenzuela (T.). - Leche maternal. . 371 

Jorge Washington 371 

Valera (Pedro). - El corazón 372 

Valle (Juan).- Adiós al geneial l'rim. . '■','! 

Várela (José P.). -índice del hombre. . 373 

Várela de Vildoso (Manuela J.). -A... 373 

Varona (Enrique José). — Parábola . . . 374 

Vázquez Guarda (Efraín). -Rimas. . . :¡7"> 

Vedia (Agustín). - La resignación. . . . 376 

Vega (Alejandro). - La estatua .... -177 

Velarde (Samuel). -¡Al fin! 378 

< 'asidlos en el aire : '>7:> 

( ¡orno suena : ¡7'-' 

V'krbel ( Eva). - La gota de agua. . . . 380 

Villalobos J.). — La hiedra y el olmo. 382 

Villalobos (Rosendo). - Serenata . . . 382 

Vjllalva (Arturo). —Aves del cielo. . . 381 

\ ii i. mían ])]■: Plasencia (M). - i 'na buenu. 384 

Y otra mala 

Yillazán (Aurelio). - Vuelta del sol. . 

Pío J La ingratitud ... 

\ i\ bbo (Domingo de). - A Edison. . . 
\ enes I Nieves). tietrato de mujer 
Yki'ks (José Ramón). — La niña ... 

ZALDl mi. iih; (Julio). - A las llore- . . 

A 388 

Zayas Ekríqoez (Rafael de). 

de la bacante 

\ Bai lón i Edilberto). Susp 
/enea i.i.t.i. Bu días de esclavitud. . 890 
Zbno Gandía M.)- La palmada. . . . ' : '-'l 

Estudio del nal ural 

i..\ de San Martín (J.). Tú y yo. 

;Y n ' . 

Sotas de un himno 

/.i viKiA (José María). 



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