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Full text of "... Antología de poetas líricos Castellanos desde la formación del idioma hasta nuestros días"

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ANTOLOGÍA 



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POETAS LÍRICOS CASTELLANOS 



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BIBLIOTECA CLASIÓA 

TOMO CCIX 



ANTOLOGÍA 



DE 



POETAS LÍRICOS CiSTELLlNOS 



(TOMO IX) 

_.oS-p 



ROMANCES VIEJOS . CASTElIálS 

(PRIMAVERA Y FLOR DE ROMANCC$}\ : 

publicada con ona introdaceida y ootat •• ^ 



POR 






D. FEMANDO JOSÉ fOLP T D. CQffiál|-i)mM 

SEGUNDA EDICIÓN CORRF.C.IDA Y ADItí^St^ P«>i» • » - . - - ^ 



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D. MARCELINO MENENDEZJ.T PEtAYO 



l)ff la Reaf Ao.-Kiemia EspañoFat * , * ^ « * 






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Tomo TI. 



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MADRID 

LIBRERÍA DE HERNANDO Y COUrPA^iA 

Calle del Arenal, núm. 11. ' -y 

1899 






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ES PROPIEDAD 



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Imprenta de Humando y CompaSía, calle de Quintana, núm. 33. 



ROMANCES CABALLERESCOS 



J>EL 



CICLO CARLOVTNGK) 



I 



S* - —^.-^.j^.,... .. ,^ ,, 






POETAS LÍRICOS CASTELLANOS 



164, 



ISígaenve Icm romanees que tratan liisto- 
rlas francesas, y este primero es el Ro- 
manee del eonde DI ríos y de las grandes 
ventaras que liubo (1). 



/ 



Estábase el conde Dirlos,— sobrino de don Beltran, 
asentádmela sas tierras,— deleitándose en cazar, 
cuándo ie vinieron cartas— de Carlos el emperante. 
De las cartas placer bubo,— -de las palabras pesar, 
de lo qne las cartas dicen- á él parece muy mal. 
«Rogar vos quiero, pobrino,— el buen francés natnral, 
«lleguéis vuestro^ caballeros, — los que comen vueHtro pan; 
«darles heis (2) doblado sueldo — leí que les soledes dar, 
«dobles armas y caballos, — que bien menester los (3) han : 
«darles heis el campo franco— de todo lo que ganaren; 
«partiros heis á los reinos —del rey moro Al larde. 
«Desafiamiento (4) me ha dado— á mi y á los doce pares : 



(1) Kste epieraf e es tomado de la 
Suva. Todas las cdicionen del Can' 
cionerode RomanceM<v)mwnz>vn coa 
el de «Romance, etc- »— Su la Fio 
ré4a ae dice sietapre: «Conde de 
Irlos.» 

(2» <-Hais.» Canc. de Rom. de 
1560. 



(3) «Lo.» CanC' de Rom- a. a. y 
ed. de 1550. F orexia. 

(4) « 'eseximiento. » Canc. de 
Rom , 8. a y eds de )ft50y lfí54: ea 
la de 1f55 y en la Fioreéta hay 
también «deiia.iamiento». 



1 



m 



8 LÍRICOS CASTELLANOS 






igrande mengaa me seria — que todos hobiesen de andar.'' 
>No yeo caballero en Francia — que mejor pueda enviar, 
«sino á vos, el conde Dirlos, — esforzado en pelear. > 
El conde que esto oyó,— tomó tristeza y pesar, 
no por miedo de los moros — ni miedo^ de pelear, 
mas tiene mujer hermosa, — mocbacha de poca edad. 
Tres años anduvo en armas — para con ella casar, 
y el año no era cumplido,— de ella lo mandan apartar. ^/ 
De que esto él pensaba — tomó de ello gran pesar; 
triste estaba y pensativo«-^no cesa de sospirar : 
despide los falconeros, — los monteros manda pa^ar, 
despide todos aquellos — con quien solia deleitarse; 
no burla con la condesa — como solia burlar; 

Jmas muy triste y pensativo— siempre le veian andar. 
La condesa que esto vido, — llorando empezó de hablar : . 
— ¡Triste estades vos, el conde! — ¡triste, lleno de pesar 
de esta tan triste partida— para mí de tanto malí 
Partir vos queréis, el coade, — á los reinos de Aliarde, 
dejáisme en tierras ajenas — sola y sin quien me acompañe. 
¿Cuantos años, el buen conde, —hacéis cuenta de tardar? 
Yo volverme he á las tierras, — á las tierras de mi padre; 
vestirme he de un paño negro, — ese (1 ) será mi llevar; 
maldiré mi hermosura, — maldiré mi mocedad, 
maldiré aquel triste dia — que con vos quise casar. 
Mas si vos queredes, conde, — yo con vos querría andar : 
mas quiero perder la vida,— que sin vos de ella gozar. — 
El conde desque esto oyera— empezóla de mirar; 
con una voz amorosa — presto tal respuesta hace : 
— ^No lloredos vos, condesa, —de mi partida no hayáis pesar; 
no quedaréis (2) en tierra ajena, — sino en vuestra á vuestro 

[mandar, 
que antes que yo me parta — todo vos lo quiero dar. 
Podéis vender cualquier villa,— y empeñar cualquier ciudad,. 



(1) «Esa.» Canc. de JRom. s. a. y ed. de 1560. 

(2) «Quedáis.» CaiM, de Rom. s. a. y ed. de 1550.— Floresta. 



«•í .K-^ SV.Ty'ií-."»- 



HÓMANGES NOVEHBSCOS T CABALLERESCOS i> 

como principal heredera— que nada vos puedan quitar. /' 
Qae«i2réi8 encomendada— á mi^io don Beltran // 

y ^J^^LP^áS^^^ÍÍ^^'H^Í^^F ¿eJPftris lajjrande : 
. qaedaréÍB encomendada — á Oliveros y á Roldan, 
V^ al emperador, y á los doce— que á una mesa comeo pan; 

porque los reinos son lejos— del rey moro Aliarde; • 

. que son cerca la Gasa Santa— allende del nuestro mar. 

Siete años, la condesa, — todos siete me esperad; 

si álos ocho no viniere, — á los nueve vos casad; 

seréis de veinte y siete años -que es la mejor edad\* 
y' el que con vos casare, señora, — mis tierras torneen ajuar : 
\ gozará de mujer hernosa, — rica y de gran linaje. 

Bien es verdad, la condesa,— que comigo vos querria llevni ; \ 

mas yo voy para batallas,— y no cierto para holgar. 

Caballero que ya en armas— de mujer no debe curar, - 

porque con el bien que os quiero— la honra habria de olví- 

Mas aparejad, condesa, — mandad vos aparejar, [dniv 

iréis comigo á las cortes, — á París esa ciudad. 

Toquen, toquen mis trompetas, — manden luego cabalgar. — r 

Ya se parte el buen conde;— la condesa otro que tal : 

la vuelta van de París— apriesa, no de vagar. 
, Cuando, son á una jomada— de París esa ciudad, 
í el emperador que lo supo— á recebir se lo sale. 

Con él sale Oliveros, — con él sale don Koldan, 

con él Arderin de Ardefia (1),— y Urgel de la fuerza grande; < -et- /^^ 

con él infante Guarínos, — almirante de la mar; 

con él sale el esforzado — Renaldos de Montalvan, 

con él van todos los doce— que á una mesa comen pan, 

sino el infante Gaiferos— y el buen conde don Beltran, 

que salieron tres jornadas —mas que todos adelante. 

No quiso el emperador— que hubiesen de aposentar, 

sino'^n sus reales palacios — posada les mandó dar. 
>j^piezan luego su partida— apriesa y no de vagar; 

dale diez mil caballeros— de Francia mas principales. 



(1) «Dardin Doxáeña..^ Floresta. 



{ 



40 LflfC^S CASTBLLA5Ü» 

y con mncha otra irente— j gran ejército reaL 

El snelfo lea p^ga jnnto— por nete año« y mas. 

Ya, tomadas bnenas armas, ^K*abano6 otro qne tal, 

enderezan sn partida,— empiesah de cabaljmr; 

caando el hnen conde Dirlos — mega macho al emperante 

qne él y todos los doce — se qnisiesen aynntar. 

CnMndo tO'los fnéron jantes —en la ^rran sala real, 

entra el conde y la condesa, — mano por mano se van : 

cnando son en medio de ellos, — el conde empezó de hablar : ^/^ 

— A vos 16 digo, mi lio, -el buen viejo don Beltran, 

y á vos. Infante Gaiferos, — y á mi bnen primo camal, 

y esto delante de todos— lo qniero mucho roesr, 

y al mny alto emperador, — que sepa mi volantad, 

como villas y castillos, — y ciudades y lucrares 

los dejo á la condesa. — que nadie las pueda ¡quitar; . 

mas como principal heredera— en ellss pueda mandar, 

en vender cualquiera villa,— y empeñar cualquier ciudad r 

de aquello que ella hiciere— todos se h<)yan de «gradar. 

81 por tiempo yo no viniere— vosotros la queráis casar- 

el marido que ella tome— mis tierras h»ya en ajuar; 

y á vos la encomiendo, tio, — én lugar de marido y padre;^ 

y á vos, mi primo Gaiferos,— por mí la queráis hnnrar; 

y encomiéndala á Oliveros,- y encomiéndola á Roldan, 

y ení'omléndola á los doce,— y á don Carlos el emperante.-.* 

A tolos les place mucho — de aquello que el conde hace. 

Ya se parte el buen conde — de París esa ciudad : 

la condesa que ir lo vido— jamas lo quiso dejar 

fasta orillas de la mar— do se habia de embarcar. 

Con ella va don Gaiferos,— con ella va don Beltran, 

con ella va el esforzado —Renaldos de Montalvan, 

sin otros muchos caballeros -de Francia mas principales. 

Atan tríate despedida— el uno del otro hacen, 

quf» si el conde iba triste, — la condesa muttho mas. 

Palabras (1) están diciendo— que era dolor de escuchar : 

(1) » Palabras se Canc. de Hom. s. a. y ed. de 1550. — Floresta » 



R0H4NCBS NOVELESCOS r GAR4LLBRBSCUS 



ii 



el conorte que se daban— era cr^ntino llorar. 

Con gran dolor manda el conde— hacer vela y navegar. 

Como hin la íH)ndesa se vido — navejjrando por la mar, 

movido de muy ^ran saña, — movido de jErran pesar, 

diciendo qne por ninenn tiempo -de ella lo harán apartar. 

Sacramento (1^ tiene hecho — pohre nn libro misal 

de jamaa volver en Francia,— ni en ella comer pan, 

ni qne nunca enviará carta,— porque de él no sepan parte. 

Siempre tríate y pensativo,— puesto en pc^n^amiento giande, 

navegando en sns jornadas— por la tempestuosa mar, 

llegado es á los reinos— del rey moro Aliar<le. 

Ese gran_sol;]an de^ P6''^5> —con poderío muy grande 

ya fes estaha asrnardando - á las orillas del mar. 

Guando vino cerca tierra— las naves mandó llegar; 

con nn esfuerzo esforzado— los empieza de esforzar. 

— ¡Oh esforzados cabal lerosl—íoh mi compatia leal, 

acuérdeseos que dejamos —nuestra tierra natural! 

de ellos dejamos mujeres— de ellos hijos, de ellos padres 

solo para ganar honra, — y no para ser cobardes. 

Pues esforzados, caballeros, — esforzad en pelear : 

yo llevaré la delantera, — y no me queráis dejar. — 

La morisma era tanta, — tierra no les fl» jan tomar. 

El conde era esforzado — y dipcreto en pelear, 

manda toda la (2) artillería— en las sus barcas posar. 

Con el ingenio que traía — empiézales de tirar; 

los tiros eran tan fuertes, — que (3) por fuerza hacen lugar. 

Veréis sacar los caballos,— y muy apriesa cabnlgar: 

tan fuerte dan en los moros, — que tierra les hacen dejar. 

En tres afios que el buen conde— entendió en pelear, 

ganados tiene los reinos— del rey moro Aliarde. 

Con todos sus caballeros —parte por iguales partes; 

tan grande parte da al chico,— tauto le da como al grande : 



(1) «Jnramento.» Silva y Fio- 

(2) >La» faltft en el Canc- de 
Rom, s. a. y ed. de 1550. 



(8) Fa'ta en «I Cnnc de Rom 
s. a. y ed. de 1650, y en la Flor, 




12 

•oto él 81 

Armado de 

jtan triste T>imhj 

£1 soídmn le hace tribofio.— j los ic;«s de aUende el 

de Um tnbalTff qat le dábanla todos hada parte. 

A todc» haré Tnainiaiícpta, — t á loa B«joffeB jinar. 

Dinfono sea 003*10 — hombre á Francia eniiar, 

T al que cartas eariase — Inego ie hará inatar. 

Qaince años el conde eatoTO— áempre allende del mar, 

qoe no escnbi*5 á la condesa. —ni á sa tk> don Bettimn, 

ni esrrihió á los doee, — ni menos al emperante. 

Unos creían que era moerto, — otros anegado en mar. 

Las barbas t los cabellos — nanea los qoiso afñtar: 

tiénelos fasta la cinta, — £uta la cinta, v aon mas : 

la cara macho quemada— del mocho sol y del aire, 

•x>n el gesto demudado —maj fiero y espantable. 

Los qaince años cumplidos, — dedseis querían entrar, 

acontóse en su camaleón deseo de holgar. 

Pensando estaba, pensando— la triste Tida qoe hace, 

pensando en aquel tiempo— que solia festejar, 

cuando justas y torneos — por la condesa solia armar. 

Dormióse con pensamiento, — ^y empelara de holgar, 

cuando hace un triste sueño - para él de gran pesar : 

<iue veis estar la condesa— en brazos de un infonte. 

•Salto diera de la cama— con un pensamiento grande, 

gritando con altas voces, — no cesando de hablar : [garl — 

— ¡Toquen, toquen mis trompetas, — mi gente manden He- 

Pensando qoe habia moros — todos llegado (2) se han. 

Desque todos son llegados, — llorando empezó á hablar : 

— jóh esforzados caballeros! — ¡oh mi compaña leal! 



*1) Ente verso falta en la Silva^ • 'tan grande parte da al chieo- 
<:ii el Canc- de Rom. s- a. y eJ- de hasta el que dice 



}!)&), y ettft tomado de las ed. post- i tan tríbte vida hacia». 

del Cano, de Roni.—En la Floresta \ (2) "Llegados* Canc de Rom- 

faltan Ioh versos desde el que dice : s. a. y e<l. de 1550.— F/or. 




ROMANCES ffÓVKLBSGOS Y CABALLERESCOS 43 

yo conozco aquel ejemplo— que diceiif y es (1) verdad, 
qne cualquier (2) hombre nacido— que es de hueso y de car- 
el mayor deseo que tiene (3) — era en sus tierras holgar, [ne,' 
Ya cumplidos son quince aflos, — y en deciseis quiere entrar, 
qud somos en estos reinos— y estamos en soledad. 
Quien dejó (4) mi^jer hermosa — vieja la ha de hallar; 
el que dejó hijos pequeños— hallarlos ha hombres grandes; 
ni el padre conocerá al hijo, — ni el hijo menos al padre. 
Hora es, mis caballeros, — de ir á Francia á holgar, 
pues llevamos harta honra— y dineros mucho mas. 
Lleguen, lleguen luego naves, — mandolas aparejar, 
ordenemos capitanes —para las tierras guardar. — 
Ya todo es aparejado,— ya empiezan á navegar. 
Guando todos son llegados— á las orillas del mar, 
llorando de los sus ojos ~el conde empieza de hablar (5) : 
— lOh esforzados caballerosl — loh mi compaña leal! 
una cosa rogar vos quiero,— no me la queráis negar; 
quien secreto me tuviere— yo le he de galardonar, 
que todos hagáis juramento— sobre un libro misal, 
que en parte ninguna que sea— no me hayáis de nomt>rar, 
porque con el gesto que traigo— -ninguno rae conocerá (6); 
mas viéndome con tanta gente —y un ejército real, 
si vos demandan quién soy— no les digáis la Verdad: 
mas decid qne soy mensajero —que vengo de allende el mar, 
que voy con una embajada— á don Carlos el emperante, 
porque es hecho un mal suyo (7),— y quiero Ver si es ver- 
Con el alegría (8) que llevan— de á Francia se tomar, [dad. — . 



(1) «^Fs gran.»' Canc- de Rom. 
%. «. y ed. de 1650. 

(2) «Todo " Canc. de Rom. s. a. 
y ed de 1650 —Flor. 

(3) ' Tenia- » Cañe, de Rom. s. a. 
y ed. de 1650. 

(4) «Tenia * Canc. de Rom. 8. a. 
y ed. de 1650. 

(5) «Llorando el conde de sus ojos 
les empieza' de hablar." 

Canc. de Rom. s a. y ed. de 1550. 



Í6) < Ningunos me conocerán. - 
Canc. di Rom. s. a. y ed. de 1550 
•Nadie me conocerá.» Flor. 

(7/ «Porque he hecho un mal 
sueño » Flor. 

(8) «Con el alegrir.' Canc- </e 
Rom-t ediciones posteriorei.— ^Kn 
el alegría. Flor. 



•* LUICOS CASTKLLAHOS 

^^oB hacen Bacrameoto-de tenerle poridad. 

Eijibárcan^e muy alegres,- empiezan de nav^rar- 

^1 vít-nio tienen may fn-mo-qne placer es d^mi w 

^llegados Bon en Francia,- en sns tierras naturales." 

Ouaudo el conde ee vio en tierra,~e«„pi.,aa de cu.inar - 

^^ VH la vuelta de la» cortes-de Carlos el emperaute, ' 

^SB va i» vuelta de bus tierras - las que solía mandad 

Y« lít^a^'o que es á ellas,- por ella« empieza de andar 

^iidantio por su camino - una villa fué á hallar; 

llegHiIo «e había c. rea - por con aJ^mio hablar. ' 

AI2Ó los o¡oB eyalto -á la pneru del lugar, 

llurandt» de los sus ojos -comenzara de hablar : 

_|OIi esforzHtIos caballeros, - de mi dolor habed pesar 

amias que mi padre pu«o -mudadas las veo ebtarl 

O et» caiMida la con. lesa,— ó mis tierras van á mal.— 

Allegó-» á latí pueitaa- con gran enojo y pesar, 

y mirando por *-ntre ellas-gentes de armas vido estar. 

Llamando está uno de ellos— mas viejo en antigüedad; 

de la mano él lo toma— y empiézale de hablar : 

—Por Dios te ruego, el portero,— m e v.igas una verdad. 

¿Dtí quién son aqUfllaB(l) tierras?- ¿C¿uiéu las solía m^dar? 

— P.áceme, dijo el portero,- ue decir vys la verda»!; 

ellas eran del conde Dirlo», -señor de aqueste lugar 

agora »ou de Oelmos,— de Oelino» el iniauíe.— 

El conde desque esto oyera— vuelto se le ha la sangre; 

con una voz demudada - otra vez le fué á hablar : 

— Fur Dios te ruego, hermano,— no te quieras enojar, 

que esto que agora me dices— tiempo habrá que te lo pague 

¿Dime si las heiedo Ueliuos, - ó bi la» fué á mercar? 

¿ó si en juego de dados bi las fuera á ganar? 

¿ó si las lema por fuerza- que no las quiere tornar? — 

El portero que esto oyera -prébto le fué á hablar : 

— JSo las heredó, befior,— que no le vienen de linaje, 

que hermanos tiene el conae— aunque se querían mal, 



\ 



(I) «Aquestas.^ Can^. de Rom. s. a. y ed. de 1550.— Fíor. 



ROXANCES NOVELESCOS T CABALLEREA GOS 45 

y sobrino^ tiene juuohos'r^qbe las podrían (l)i heredar, 
ni inéno^ las ha mercado,-— que no l^s basta. á pagar, 
que Irlos es, muy grande: ciudad, — y ha muchas yillas y lu» 

' ■ [gares. 
Cartas hizo oontrahechas^— qae al conde muerto Ip hap, 
por casar con 1& condesa - que era jrica y de linaje; 
y aaneilj^ no casara,'— cierto á su voluntad, 
sino por fuerza, de Oliveros,— y á porfía de Roldan, 
y á ruego, de Cario (8; Magno,-rde Fraqcia rey emperante, 
por casar bien á Ci;linos,^y ppnerle en buen lugar; j < , 
mas el casamiento han hecho <~con una condición, tal, 
qne no allegase á la condesa,— ni á ella haya de, llegar; 
mas por él se desposara — ese paladiu Roldan. 
Ricas h estas -se hicierouT^en Irlos esa ciudad; 
ga.««tos, galas y torneoa-T-nmchos, de lo» doce pares.^- 
El conde de que esto oyera vuelto se le ha la sangre, 
por mu^ho que disimula — no cesa de sospirar, 
diciéndole está : ^HermanOj —no te engjeaiie ccmtar,^. 
¿quién fué en aquellas bodas?— ¿y quién no quiso estar? 
— S* fior, en ellas fué Oliveros— y el emperador y Roldan : 
fué Belardos y Montesinos, —y el gran conde don Grimal- 

.[do (3),. 
y otros muchos caballeros— de aquellos de los doce pares. 
Pesó mucho á Gaiferos,i - pesó mucho á don Beltran» 
más. pesó á don Gal van- y al fuerte Merian. 
Ya que eran dee«posados, > misa les quisieran (4) dar; 
allegó un falconeio — á don Carlos (6; emperante, . 
que venia.de aquellas tierras— de allá de allende (G)el mar, 
dijo, que .el conde era vivo,— ry que traia señal. 



(1) « Podían. » Oaíic. ¡efe Rom. 
a. a. y edi de 1650.— -^/or." 

iflf «v. arlos.» Cano, de Rom. s. a. 
y ed. de 1660. 

(8) .«Grímalde.' Cdric. dé Rbml V " (6) De aWvnde r> ¿^ihá, íí^. 
8. a. y ed. de 1650. «Grímaldos. > 
Flor. 



(i) «Querían.^ Cano, de Rom 
s. a.. y ed. de 1550. Flor. 

(5) . *Carloi» el.» Canc- de Rom- 
s. a. y cd. de 1650. Ftor. 



\ú LÍRICOS CASTELLANOS 

Plugo mucho á la condesa,— pesó mucho al infante, 
porque en las grandes fiestas— hubo grande desbarate (1)^ 
Allá traen grandes pleitos— en las eortes del emperante, 
por lo cual es vuelta Francia— y todos los doce pares. 
Ella dice, que un año de tiempo— pidió antes de desposar, 
por enviar mensajeros —muchos allende la mar; 
si el conde era ya muerto,— el casamiento fuese adelante; 
fii era vivo, bien sabia — que ella no podia casar. 
Por ella responde Gaiferos,- Gaiferos y don Beltran; 
Por CeJinos era Oliveros, — Oliveros y Koldan. 
Creemos que es dada sentencia, — ó se queria ahora dar, 
porque ayer hubimos cartas —de Carlos el emperante, " 
que quitemos a(][uellas armas, — pongamos las naturales, 
y que guardemos' las tierras— por el Conde don Beltran; 
que ninguno de Celinos— en ellas no pueda entrar. — 
El conde desque esto oyera,— movido de gran pesar, 
vuelve riendas al caballo,— en el lugar no quiso entrar; 
mas allá en un verde prado — su gente mandó llegar. 
Con una voz muy humilde— les empieza de hablar : 
— ¡Oh esforzados caballeros! — ¡oh mi compañía leal! . 
el consejo que espidiere— bueno me lo queráis dar. 
¿Si me consejáis que vaya — á las cortes del emperante? 
¿6 que mate á Celinos, — á Celinos el infante? 
¿Volveremos en allende ~ do seguros podemos estar? 
Caballeros que esto oyeron— presto tal respuesta hacen : 
— ¡Calledes^jcondeí-XalledesI—í Conde, no digáis atal! 
No miréis á vuestra gana, — mas mirad á don Beltran, 
y esos buenos caballeros— que tanta honra vos hacen. 
Si vos matáis á Celinos— dirán que fuístes cobarde : 
sino que vais á las cortes— de Carlos el emperante, 
conoceréis quien bien os quiere— y quien vos queria mal. 
Por bueno que es Celinos, — vos sois de tan buen linaje, 
y tenéis dos tantas tierras— y dineros que gastar. 
Nosotros vos prometemos— con sacramento leal, 

<1) f Garandes disparates » F¿or. 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS , 47 

^ue somos diez mil caballeros ^y franceses naturales, 
<ie por vos perder la vida— y cuanto tenemos gastar, 
quitando al emperador, — contra cualquier otro grande. — 
El conde desque esto oyera — respuesta ninguna hace : 
da de espuelas al caballo,— -va por el camino adelante : 
la vuelta va de París — como aquel *que bien la sabe. 
Cuando fué á una jornada—de las cortes del emperante, 
•otra vez llega á los suyos — y les empieza de hablar : 
— ^Esf orzados caballeros,— una cosa os quiero rogar : 
fliempre tomé vuestro consejo, — el mió queráis tomar, 
porque si entro en París — con ejército real 
saldrá por mí el emperador — con todos los principales; 
Si no me conoce de vista, — conocerme ha en el hablar 
y así no sabré de cierto — todo mi bien y mi mal. 
Al que no tiene dineros — yo le daré que gastar : 
ios unos vuelvan á zaga (1),<— los otros pasen adelante, 
ios otros en derredor.— Posad (2) en villas y lugares : 
yo solo con cient caballeros — entraré en la ciudad' 
de noche y escurecido — que nadie de mí sepa parte. 
Vosotros en ocho dias— podréis (3) poco á poco entrar : 
hallaréisme en los palacios— de mi tio don Beltran, 
flparejarvos he posada — y dineros que gastar. — 
Todos fueron muy contentos,— pues al conde así le place. 
JN^oche era escurecida— cerca diez horas ó mas, 
•cuando entró el conde Dirlos— en París esa ciudad. 
Derecho va á los palacios — de su tio don Beltran, 
Á lo cual atravesaban — por medio de la ciudad : 
vido asomar \antas hachas,— gente de armas mucho mas : 
por do él pasar habia, — por allí van á pasar. 



11) «A caza.» Canc- de Jtom- s. 
A, y ed. de 1550. 

(2) «Pasad. » Canc, de Rom . s . a. 
y ed. de 1650.— «Por las villas." 
fids. post. del Canc, de Rom. En la 
Florista este verso y el que le an- 



tecede son enteramente desfigura 
dos, pues dicen: 

«Otros al rededor poseen 

{sic, 1. posen), 
en las villas y lugares. * 
(8) «fodeis.» Gane- de Rom s 
a. y ed. de 1550. Flor. 
Tomo IX t¿ 



4 



48 líricos CASTELLANOS 

El conde de que loe vido— loe suyoe manda apartar; 

desque todoe son pasados — el postrero fué á llamar : 

— Por Dios te ruego, escudero, — me digas una verdad : 

¿quién son esta gente de armas — que agora van por ciudad? — 

El escudero que esto oyera — tal respuesta le fué á dar : 

— Señor, la condesa Dirlos— viene del palacio real, 

sobre un pleito que traia— con Oliveros y Eoldan. 

Los que la llevan en medio— son Reinaldos (1) y don Beltran i 

aquellos que van zagueros, — donde tantas lumbres van, 

son el infante Gaiferos-'y el fuerte Merian. — 

El conde de que esto oyera — de la ciudad él se sale. 

Debajo de lina espesura— para cabe los adarves, 

diciendo está á los suyos : — No es hora de entrar, 

que desque sean apeados — tornarán á cabalgai*. 

Yo quiero entrar en hora— que de mí no sepan parte. — 

AHÍ están razonando — de armas y de hechos grandes 

hasta que era media noche,— los gallos querían cantar. 

Vuelven riendas á los caballos,— y entran en la ciudad. 

La vuelta van de los palacios — del buen conde don Beltran ; 

antes de llegar á ellos — de dos calles y aun mas, 

tantas cadenas hay puestas — que ellos no pueden pasar. 

Lanzas les ponen á los pechos,^no cesando de hablar : 

— ¡Vuelta, vuelta, caballeros, — que por aquí no hay pasajet 

que aquí están los palacios— del buen conde don Beltran^ 

enemigo de Oliveros, — enemigo de Eoldan, 

enemigo de Belardos,— y de Celinos el infante. — ' 

El conde desque esto oyera — presto tal respuesta hace : 

— Ruégote yo, caballero, — que me quieras escuchar : 

anda, ve, y dile luego — á tu señor don Beltran, 

que aquí está un mensajero — que viene de allende el mar : 

cartas traigo del conde Dirlos, — su buen sobrino carnal. — 

El caballero con placer— empieza de aguijar : 

presto las nuevas le daba— al buen conde don Beltran, 



■v 



(1) «Roldao.» Canc. de Rom. s. a. y ed. de 1550.— Claro está que la 
buena lección es la de la Silva y de la Floresta. 



s 



. ROMANCBS IXOVBLBSGOS T CABALLERESCOS \9 

el cual ya se acostaba— en su cámara real. 
Desque tal nueva oyera — tornóse á vestir y calzar : 
caballeros al derredor— trescientos trae por guardarle; 
hachas muchas encendidas— al patin hizo bajar; 
mandó qué al mensajero— solo lo dejen entrar. 
Cuando fué en el patin — con la mucha claridad 
mirándole está, mirando, — viéndole como salvaje. 
Como el que está espantado — á él no se osa llegar : 
bajito el conde le habla— dándole muchas señales. 
Conocióle don Beltran— entonces en el hablar, 
y con los brazos abiertos — corre para le abrazar; 
diciéndole estái: —¡Sobrino! — No cesando de sospirar; 
el conde le está rogando — que nadie de él sepa parte. 
Envían presto á las plazas, — carnecerías otro que tal, 
para mercalles (1) de cena — y mándales aparejar. 
Mandan que á stís caballeros— todos los dejen entrar; 
que les tomen los caballos — y los hagan bien pensar. 
Abren muy grandes estudios, — mándanlos aposentar. 
Allí entra el conde y los suyos, — ninguno otro dejan entrar, 
porque no conozcan el conde— ni de él supiesen parte. 
Veréis todos los del palacio — unos con otros hablar, 
si es este el conde Dirlos,— o quien otro puede estar, 
según el recibimiento — le ha hecho don Beltran. 
/Oídolo ha la condesa -á las voces que dan grandes : 
mand}5 llamar sus doncellas— > y encomienza de hablar : 
— ¿Qué es aquesto, mis doncellas, — no me lo queráis negar, 
que esta noche tanta gente — por el palacio siento andar? 
Decidme, ¿dó es el señor— el mi tio don Beltran? 
¿Si quizá dentro de mis tierras— Koldan ha hecho algún mal? 
Las doncellas que lo oyeran — atal respuesta le hacen : 
— ^Lo que yos sentís, señora,— no son nuevas do pesar, 
es venido un caballero— así propio como salvaje, 
muchos caballeros con él— | gran acatamiento le hacen ! 

> 

(1) «Mercarles.' Canc, de /?om..s. a. y ed. de 1550— Por mercarles 
Flor, '. . 



/ 



20 LÍRICOS CASTELLANOS 

i muy rica cena le guisa— el buen conde don Beltran! 

Unos dicen que es mensajero — que viene de allende el mar; 

otros que es el conde Birlos, — nuestro señor natural. 

Allá se han (1) encerrado, — que nadie no puede entrar; 

según veen el aparejo —creen todos que es verdad. — 

La condesa que esto oyera — de la cama fué á saltar : 

apriesa demanda el vestido, — apriesa demanda el calzar, 

muchas damas y doncellas — y empiezan de aguijar. 

A las puertas de los estudios — grandes golpes manda dar, 

llamando á don Beltran,*^que dentro la mande entrar. 

No quería el conde Dirlos — que la dejasen entrar : 

don Beltran salió á la puerta — no cesando de hablar : 

— ¿Qué es esto, señora prima? —no tengáis priesa tan grande, 

que aún no sé bien las nuevas— que el mensajero me trae, 

porque es dé tierras ajenas— y no e'ntiendo el lenguaje. — 

Mas la condesa por esto — no quiere sino entrar; ' ' 

que mensajero de su marido — ella le quiere honrar. 

De la mano la entraba— ese conde de Beltran : 

de que ella es de dentro— al mensajero empieza á mirar; 

él mirar no la osaba, — y no cesa de sospirar, 

meneando la cabeza — los cabellos ponia á la faz. 

Pesque la condesa oyera — á todos callar y no hablar, 

con una voz muy humilde — empieza de razonar : 

— I Por Dios vos ruego, mi tio, — por Dios vos quiero rogar, 

pues que este mensajero— viene de tan luengas partes, 

que si no terna dineros, — ni tuviere que gastar, 

decid, si algo (2) le falta— no cese de demandar! 

Pagarle hemos su gente,— darle hemos que gastar : 

pues viene por mi señor, — yo no le puedo faltar ^ 

á él y á todos los suyos,— aunque fuesen muchos mas. — 

Estas palabras hablando— no cesaba de llorar. 

Mancilla hubo su marido — con el amor que le tiene grande : 

pensando de consolarla — acordó de la abrazar, 



<l) <-Ha. ' Oanc. de Rom. s. a. y ed. de 1550. 
(2) Nada.' Canc de Rom. s. a. y ed. de 1550. 



AOM ARCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 24 

y con los brazos abiertos — iba para la tomar. 
La condesa espantada— púsose tras don Beltran : 
el conde con grandes sospiros— comenzóle de bablar : 
— ¡No fayades, la condesa, — ni os queráis espantar, 
que yo soy el conde Dirlos— vuestro marido carnal ! 
Estos son aquellos brazos— en que soliades holgar. — 
Con las manos se aparta— los cabellos de la ha^ : 
conociólo la condesa— entonces en el hablar; 
en sus brazos ella se echa— no cesando de llorar. ' 
— ¿Qué es aquesto, mi sefíor?— ¿quién vos hizo ser salvaje? 
¡No es este aquel gesto— que vos teuíades ante! 
Quiten vos aquestas armas, — otras luego os quieran dar; 
traigan de aquellos vestidos — que soliades llevar.— 
Ya les paraban las mesas, — ya les daban á cenar, 
cuando empezó la condesa— á decir y á hablar : 
— ¡Cierto parece, sefíor, — que lo hacemos muy mal, 
que el conde está ya en sus tierras — y en la su heredad, 
que no avisemos aquellos — que su honra quieren mirar! 
H No lo digo aun por Gaiferos, — ni por su hermano Merian, 
sino por el esforzado— Renaldos de Montalvan. 
¡Bien sabedes, señor tio,— cuánto se quiso mostrar, 
siendo siempre con nosotros— contra el paladín Roldan! — 
Llaman luego dos caballeros— de aquesos mas principales, 
el uno envían á Gaiferos, — otro á Renaldos de Montalvan. 
Apriesa viene Gaiferos,— apriesa y no de vagar : 
desque vido la condesa— en brazos de aquel salvaje, 
á ellos él se allega — y empezóles de hablar. 
Desque el conde lo vido,— levantóse á abrazarle; 
desque se han conocido — grande acatamiento se hacen. 
Ya puestas eran las mesas, — ya les daban á cenar : 
la condesa lo servia — y estaba siempre delante, 
cuando llegó don Renaldos— Renaldos de Montalvan, 
y desque el conde lo vido— hubo un placer muy grande. 
Con una voz amorosa— le empezara de hablar : 
— ¡Oh esforzado conde Dirlos,— de vuestra venida me place, 
aunque agora vuestos pleitos— mejor se podrán hbrarl 



^¿ LÍRICOS CASTELLANOS 

Mas si yo fuera creido, — fueran fechos antes de vos llegar; 

ó no me hallárdes vivo,— ó al paladín Roldan. — 

El conde desque esto oyera— grandes mercedes le hace 

diciendo : — Juramento ha hecho—sobre un libro misal 

de jamas se quitar las armas, — ni con la condesa h9lgar, 

hasta que haya complido — toda la su voluntad. — 

El concierto que ellos tienen — por mejor y natural, 

es que en el otro dia,— cuando yante el emperaote, 

vaya el conde á palacio— por la mano le besar. 

Toda la noche pasaron^-descansando, en hablar, 

cuando vino el otro dia,— á la hora del yantar, 

cabalgara el conde Dirlos : — ¡ muy lucidas armas trae! 

y encima un collar de oro —y una ropa rozagante, 

solo con cient caballeros, — que no quiere llevar mas : 

á la parte izquierda Gaiferos, — á la derecha don Beltran; 

viénense á los palacios— de Carlos el emperante. 

Cuantos grandes allí hallan — acatamiento le hacen 

por honra de don Gaiferos, — que era suya la ciudad. 

Cuando son á la gran sala, — hallan allí al emperante 

asentado á la mesa, — que le daban á yantar. ' 

Con él está Oliveros,— con él está don Roldan, 

con él está Valdovinos —y Celinos el infante, 

con él estaban muchos grandes —de Francia la natural. 

Y entrando por la sala— grande reverencia hacen, 

saludan al emperador — los tres juntos á la par. 

Desque don Roldan los vido— presto se fué á levantar : 

apriesa demanda á Celinos — no cesando de hablar : 

— Cabalgad presto, Celinos, — no estéis mas en la ciudad, 

que quiero perder la vida, — si bien miráis las señales, 

si aquel no es el conde Dirlos —que viene como salvaje : 

yo quedaré por vos, primo, — á lo que querrán demandar. — 

Ya cabalgaba Celinos,— y sale de la ciudad : 

con él va gran gente de armas — por haberlo de guardar. 

El conde y don Gaiferos— Héganse al emperante, 

la mano besar le quieren— y él no se la quiere dar; 

mas está muy maravillado, — diciendo : — ¿Quién puede estará 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 24 

El conde que así lo vido —empezóle de hablar : 

— No se maraville vuestra Alteza, — que. no es de maravillar, 

que quien dijo que era muerto, — mentira dijo y no verdad. 

Señor, yo soy el conde Dirlos,— vuestro servidor leal; 

mas los malos caballeros — siempre presumen el mal, — 

Oonocídolo han todos — entonces en el hablar. 

XiCvantóse el emperador — y empezó de abrazarle, 

y mandó salir á todos — y las puertas bien cerrar. 

Solo queda Oliveros— y el paladín Roldan, 

el conde Dirlos y Gaiferos, — y el buen viejo don Beltrán. 

Asentóse el emperador, — y á todos manda posar : 

entonces conjyoz humilde — le empezó de hablar; 

— Esforzado conde Dirlos, — de vuestra venida mé place, 

aunque de vuestro enojo— no es de tener pesar, 

porque no hay cargo ninguno, — ni vergüenza otro que tal, 

que sircasó la condesa— no cierto á su voluntad, 

sino á porfía mia — y á ruego de don Roldan, 

y con tantas condiciones— que seria largo de contar; 

por do siempre ha mostrado —teneros amor muy grande. 

Si ha errado Celinos,-^hizolo con mocedad, 

en escribir que érades muerto — pues que no era verdad; 

mas i>or eso nunca quise— á ella dejar tocar, 

ni menos á los desposorios —á él no dejé eetar; 

mas por él fué presentado — ese paladín Roldan. 

Mas la culpa, conde, es vuestra— y á vos os la debéis dar; 

para ser vos tan discreto,— esforzado y de linaje, 

dejastes mujer hermosa,— moza y de poca edad : 

si de vjsta no la visitastes,— de cartas la debíades visitar. 

Si supiera que á la partida— lie vábades tan gran pesar, 

no os enviara yo, el conde, — que otros pudiera enviar : 

mas por ser buen (1) caballero — solo á vos quise enviar. — 

JEl conde de que esto oyera — «ital respuesta le hace : 

— {Calle, calle vuestra Alteza!— ¡buen señor, no diga tal! 

que no cale quejar de Celinos — por ser de tan poca edad, 

(1) «Ser TOS.» CanC' de Rom. s. a y ed. de 165('. 



24 líricos castellanos 

que con tales caballeros-r-yo no me acostambro (1) honrar; 
mas por él está aquí jOli veros, — y por él está don Roldan, 
que son buenos caballeros — y los tengo yo por tales. 
iC/Onsentir ellos tal carta!— y i consentir tan gran maldad I 
¡ó me tenían en poco, — ó me tienen por cobarde, 
que sabiendo que era vivo— no se lo osarla demandar! 
Por eso suplico á tu (2) Altez^— campo nos (3) quiera otorgar; 
pues por él el pleito toman, — el campo pueden aceptar, 
si quieren uno por uno,— ó los dos juntos á la par; 
no perjudicando á los mios, — aunque baya hartos de linaje, 
que á esto y mucha mas que esto— recaudo bastan á dar. 
Porque conozcan que sin parientes, — amigos no me han de 
tomaré al esfor;sado — Renaldos de Montalvan. — [faltar 

Don Roldan que esto oyera— con gran enojo y pesar, 
no por lo que el conde dijo, — que con razón lo veia estar, 
mas en nombrarle Renaldos, — vuelto se le ha la sangre, 
porque los que mal le (4) quieren, — cuando le quieren hacer 
luego le dan por los ojos— Renaldos de Montalvan. [pesar 
Movido de muy gran saña — luego habló don Roldan : 
— Soy contento, el conde Dirlos, — y tomad este mi guante, 
y agradeced que sois venido— tan presto sin mas tardar, 
que á pesar de quien pesare — yo los hiciera casar, - 
If sacando á don Gaiferos,- sobriop del emperante. 
— Calledes, dijo Gaiferos,— Roldan, no digáis atal; 
por ser soberbio y descortes — mal vos quieren los doce pares^ 
que otros tan buenos como vos — defienden la otra parte, ■ 
que yo faltar no les puedo, — ni dejar pasar lo tal. 
Aunque mi primo es Oelinos, — hijo de hermana de madre, 
bien sabéis que el conde Dirlos— es hijo de hermano de padre,, 
por ser hermano de padre, — no le tengo de faltar, [llevar. — 
ni porque no pase la vuestra, — que á todos ventaja queréis 



//, 



(1) «No me costumbre.' Canc. 
de Rom. s. a. y ed- de 1550. 

(2) «Vuestra. > Canc- de Rom. 
8 a. y ed. de 1550. 



(3) 'Me. Canc. de Rom. s. a. y 
ed. de 1650. Flor. 

(4) «Se.» Canc. de Rom. s. a. y 
ed. de 1550. 




B0MANCE8 ROVELBSGOS T GABALLEaESCOS 25- 

]^ conde Dirlos el guante toma,^y de la sala se sale, 
tras él iba (1) Gaiferos,— y tras él va don Beltran. 
Triste está el emperador, — haciendo llantos muy grandes, 
viendo á Francia revuelta — y á todos los doce pares. 
Desque Renaldos lo supo— hubo de ello placer grande : 
al conde palabras decia, — mostrando tener voluntad : 
— Esforzado conde Dirlos, — de lo que habéis hecho me place». 
y muy mucho más del campo— contra Oliveros y Roldan. 
Una cosa rogar vos quiero,— rUO me la queráis negar; 
pues no es principal Oliveros, — ni menos es don Roldan, 
sin perjudicar vuestra honra—con cualquier podéis pelear : 
tomad vos á Oliveros,— y dejadme á don Roldan. 
— Pláceme, dijo el conde, — ^Renaldos, pues á vos place. — 
Desque supieron las nuevas —los grandes y principales 
que es venido el conde Dirlos, — y que está ya en la ciudad, 
veréis paiientes y amigos— que grandes fiestas le hacen. 
Los que á Roldan mal quieren— al conde Dirlos hacen parte,, 
por lo cual toda la Francia— en armas veréis estar : 
mas si los doce quisieran— bien los podian paciguar; 
mas ninguno por paz se pone,— todos hacen parcialidad, 
sino el arzobispo Turpin, — que es de Francia cardenal, 
/sobrino del emperador, — en esfuerzo principal, 
que solo aquel se ponía — si los podia apaciguar; 
mas ellos escuchar no quieren, — tanto se han mala voluntada 
Veréis ir dueñas y doncellas — á unos y á otros rogar : 
ni por ruegos ni por cosas — no los pueden apaciguar. 

P //Sobre todos mostraba saña— el esforzado Merian, . 

* ' n hermano del conde Dirlos— y hermano de Durandarte, 
aunque por diferencias —no se solían hablar, 
de que sabe lo que ha dicho— en el palacio real, 
que si el conde mas tardara — el casamiento ficiera pasar 
á pesar de todos ellos — y á pesar de don Beltran. 
Por esto cartas envía — con palabras de pesar, 
que aquello que él ha dicho— no lo basta hacer verdad, 

• 

(1) •Guia» Canc. de Rom. s. a. y ed. de 1550.— 'Aguijar. = Flor, 



^6 



LÍRICOS CASTELLANOS 



J 



que aunque el conde no viniera, -^habia quien lo demandar. 
El emperador que lo supo— muy grandes llantos que hace : 
por perdida dan á Francia— y á toda la cristiandad : 
dicen que alaguna de las partes— con moros se irá á juntar. 
Triste iba y pensativo, — no cesando el sospirar; 
mas los buenos consejeros — aprovechan á la necesidad. 
Consejan al emperador — el remedio que ha de tomar, 
que mande tocar las trompetas— y á todos mande juntar, 
y al que luego no viniere — por traidor lo mande dar; 
que le quitará las tierras — y le mandará desterrar; 
mas todos son muy leales, — que todos juntado (1) se han. 
V El emperador en medio de ellos— llorando empezó de hablar ; 
— lEsf orzados caballeros! — iy los mis primos carnales! 
entre vosotros no hay diferencia, — vosotros la queréis buscar : 
todos sois muy esforzados, — todos primos y de linaje, 
ucuérdeseos de morir — y que á Dios hacéis pesar, 
no solo en perder á vosotros,— mas á toda la cristiandad. 
Una cosa rogar os quiero,— ^no vos queráis enojar; 
que sin mi licencia en Francia (2)— campo no se puede dar. 
De tal campo no soy contento,— ni á mí cierto rae place, 
porque yo no veo causa — porque lo haya de dar, 
ni hay vergüenza ninguna (3)— que á nadie (4) se pueda dar, 
ni al conde han enojado — Oliveros ni Roldan, 
ni el conde á ellos menos— porque se hayan de matar, 
•de ayudar á sus amigos — ya usanza es atál. 
Si Oelinos ha errador-con amor y mocedad, 
pues no ha tocado á la condesa,— no ha hecho tanto mal 
que de ello merezca muerte, — ni se la deben de dar. 
Ya sabemos que el conde Dirlos— es esforzado y de linaje, 
y de los grandes señores— que en Francia comen pan, 
que quien á él enojare— él le basta á enojar. 



(1) «Juntos. » Canc. c¿e i¿om. s- a. 
y ed. de 1550. 

(2) «Sin mis leyes de Francia.» 
CanC' de Rom. s. a. y ed. de 1650. 

(3) ''Ni injuria." Vane, de Rom. 



8. a- y ed. de 1550.— 'No hay agra^ 
vio ni injuria.» Flor. 

(4) «Ninguno.» Canc- di Rom. 
s. a. y ed. de 1550. 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 27 

aunque fuese el mejor caballero— que en el mundo se hallase. 

Mas porque sea ^carmiento — á otros hombres de linaje, 

•que ninguno sea osado, — ni pueda hacer lo tal 

si estimare (1) su honra — en esto no osara entrar, 

que mengüemos á Celinos— por villano, y no de linaje; 

<iue en el número de los doce— no se haya de cont'ar, 

ni cuando el conde fuere en cortes— Celinos no haya de (2) 

ni do fuere la condesa— él no pueda habitar. [estar» 

Y esta honraj el conde Dirlos, — para siempre os la darán. — 

Don Roldan desque esto oyera— presto tal respuesta hace : 

— Más quiero perder la vida— que tal haya de pasar. — 

•El conde Dirlos que lo oyera— presto se fué á levantar, 

y con una voz muy alta— empezara de hablar : 

— Pues requiéreos, don Roldan, — por mí y el de Montalvan : 

que de hoy en los tres dias^en campo hayáis dé estar; 

si no, á vos y á Oliveros — daros hemos por cobardes. 

— Pláceme, dijo Roldan,— y aun si queredes antes. — 

Veréis llantos en el palacio, — que al cielo quieren llegar, 

dueSas y grandes señoras — casadas y por casar, 

á pies de maridos é hijos— las veréis arrodillar. 

Gaiferos fué el primero— que ha mancilla de su madre, 

asimesmo don Beltran— de su hermana carnal, 

don Roldan de su esposa— que tan tristes llantos hace. 

Retíranse entonces todos, — para irse aposentar, , 

los valedores hablando — á voz alta y sin parar : 

— Mejor es, buenos caballeros, — vos hayamos apaciguar; 

pues no hay cargo ninguno, — que todo se haya de dejar.— ^ 

Entonces dijo Roldan— que es contento y que le place, 

con aquesta condición,— y esto se quiere aturar : 

porque Celinos es mochacho— de quince años y no mas, 

y no es para las armas,— ni aun para pelear : 

que fasta veinte y cinco años, — y fasta en aquella edad, 

que en el número de los doce — no se haya de contar, 



(1) «Estimara. >» Canc. de Rom. s- a. y ed. de 1550. 
(2/ «Pueda. > Canc- de Rom. s. a. y ed. de 1650. Flor. 



\ 



28 



líricos castellanos 



ni en la mesa redonda— menos pue;da comer pan : 
ni donde fuere el conde y condesa — Celinos no pueda estar z 
desque fuere de veinte años — ó puesto en mejor edad, . 
si estimare su honra — que lo pueda demandar, 
y que entonces por las armas — cada caal defienda su parte^ 
porque no diga Celinos— que era de menor edad.— 
Todos fueron muy contentos, — y á ambas partes les place. 
Entonces el emperador— á todos los hace abrazar, 
todos quedan muy contentos,— todos quedan muy iguales» 
Otro dia el emperador— muy real sala les hace : 
á damas y caballeros — convídalos á yantar. 
El conde se afeita las barbas, — los cabellos otro que tal, 
la condesa en las fiestas — sale muy rica y triunfante. 
Los mestrasalas que servían— de parte del emperante, 
el uno es don íloldan,— y Renaldos de Montalvan, 
por dar mas avinenteza (1)— que hubiesen de hablar. 
Cuando hubieron yantado, — antes de bailar ni danzar, 
se levantó el conde Birlos — delante todos los grandes, 
y al emperador entregó — de las villas y lugares 
las llaves de lo ganado— del rey moro Aliarde; 
por lo cual el emperador — de ello le da muy gran parte, 
y él á sus caballeros — grandeiá mercedes les hace. 
' Los doce tenian en mucho— la gran victoria que trae. 
De ailí quedó con gran honra — y mayor prosperidad. 

Silva, ed, de ijso, t. II, f. 66. — Canc. de Rom. s. a. f. 6. — 
Cafic. de Rom. ed. de 1550, f. 6. — Floresta de varios: 
romances {2). , 



(1) «Aviventeza. CaiiC' de Rom. 
8. a. y ed. de 1550. En la Floresta 
faltan los versos desde el que dice 

Los mestrasalas que servían 

hasta el íiue dice: 

Que hubiesen de hablar. 

(2) £1 asunto de este romance 



tiene afinidad con aquellas leyen- 
das de una peregrinación al Orien- 
te, de las cuales bajo este epígrafe: 
«J)ie Fahrt in den Osten» ha tra- 
tado el erudito profesor D. Guiller- 
mo Müller en su obra intitulada-. 
Nicderaachsische Sagcn und Mar- 
chm (Gotinga, 1855, pág 389 sig.). 



ROMAKGBS NOVELBSCOS T CABALLERESCOS 29 



165. 



EOMANCES SOBRE EL MARQUES DE MANTUA, 
VALDOVINOS Y CARLOTO. 



Romanee del Marqués de Mantua. — I. 

De Mantua salió el marques— Danés Urgel el leal : 
ralla va á buscar la caza— á las orillas del mar. 
Oon él van sus cazadores— con aves para volar; 
con él van los sus monteros— con perros para cazar; 
•con él van sus caballeros— para baberlo de guardar. 
Por la ribera del Pou— la caza buscando van. 
El tiempo era caluroso,— víspera era de Sant Juan. 
Métense en una arboleda — para refresco (1) tomar; 
til derredor de una fuente — á todos mandó asentar. 
Yiaudas aparejadas —traen, procuran yantar. 
Desque hubieron yantado— comenzaron de hablar 
solamente de la caza— cómo se ha de ordenar. 
Al pió estpn de una breña— que junto á la fuente está. 
Oyeron un gran ruido — entre las ramas sonar : 
todos estuvieron quedos— por ver qué cosa será; 
por las mas espesas matas — veen un ciervo asomar; 
<le sed venia fatigado, —al agua se iba á lanzar; 
los monteros á gran priesa — los perros van á soltar : 
«ueltan lebreles, sabuesos — para le haber de tomar. 
El ciervo que los sintió— al monte se vuelve á entrar : 
•caballeros y monteros— comienzan de cabalgar; 
siguiéndole iban el rastro— con gana de le alcanzar : 
cada uno va corriendo — sin uno á otro esperar. 

(1) «"Refrescor.» Canc. de Rom. s. a. y 1550. 



I 1 



o 



30 LÍRICOS CASTELLANOS 

El que traía buen caballo — corría mas por le atajar : 
apártanse nnos de otros— sin al marques aguardar. 
El ciervo era muy lijero, — mucbo se fué adelantar; 
al ladrido de los perros — los mas siguiéndole van. 
El monte era muy espeso, — todos perdidos se han. 
El sol se quería poner, — la noche quería cerrar, 
cuando el buen marques de Mantua— solo se fuera á fallar 
en un bosque tan espeso^-que no podía caminar. 
Andando á un cabo y á otro, — mucho alejado se ha; 
tantas vueltas iba dando — que no sabe donde está. 
La noche era muy escura, — comenzó recio á tronar; 
el cielo estaba nublado, — no cesa de relampaguear. 
El marques que así se vido— su bocina fué á tomar, 
á sus monteros llamando : — tres veces la fué á tocar. 
Los monteros eran lejos, —por demás era el sonar, 
el caballo iba cansado — de por las breñas saltar; 
á cada paso cala, — no se podía menear. 
El marques muy enojado — la rienda le fué á soltar^ 
por do el caballo quería— lo dejaba caminar. 
£1 caballo era de casta, — esfuerzo fuera á tomar. 
Diez millas ha caminado— sin un momento parar; 
no va camino derecho — mas por do podía andar. 
Caminando todavía— un camino va á topar; 
siguiendo por el camino — va á dar en un pinar : 
por él anduvo una pieza — sin poder del se apartar. 
Pensó reposar allí— ó adelante pasar; 
mas por buscar á los suyos — adelante quiere andar. 
Del pinar salió muy presto, — por un valle fuera á entrar, 
cuando oyó dar un gran grito— temeroso y de pesar, 
sin saber que de hombre fuese, — ó qué pudiese estar : 
// solo gran dolor mostraba, — otro no pudo notar, 
de que se turbó el marques, — todo espeluzado se ha, 
mas aunque viejo dé días— empiézase de esforzar. 
Por su camino adelante — empieza de caminar : 
á pié va que no á caballo; — el caballo va á dejar, 
porque estaba muy cansado,— y no podia bien andar; 



// 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 31 

en un prado que alli estaba — alli lo f aera á dejar. ^< ; - ^ ' ^' ' ' 

Cuando llegó á un rio, — en medio de un arenal 

un caballo vido (1) muerto, — comenzóle de mirar. *t' : ^ ' - (^ ^ 't r- > -v 

Armado estaba de guerra— á guisa de pelear; 

los brazos tenia cortados,— las piernas otro que tal; 

un poco mas adelante— una voz sintió hablar : 

— ¡Ob 8anta María Señora, — no me quieras olvidar! 
I A ti encomiendo mi alma, — plégate de la guardar! 
En este trago de^ muerte— esfuerzo me quieras dar; 
pues á los trístes consuelas — quieras á mí consolar, 
y tu muy (2) precioso Hijo— por mí te plega rogar 
qué perdone mis pecados, — mi alma quiera salvar. — 
Guando aquesto oyó el marques — luego se fuera á apartar; 
revolyióse el manto al brazo — la espada fuera á sacar : 
apartado del camino— por el monte fuera á entrar; 

hacia do sintió la voz — empieza de caminar. 
Las ramas iba cortando — para la vuelta acertar; 
á todas partes miraba— por ver qué cosa será; 
el camino por do iba — cubierto de sangie está. 
Vínole grande congoja, — todo se fué á demudar, 
que el espíritu le daba — sobresalto de pesar. 
De donde la voz oyera — muy cerca fuera á llegar : 
al pié de unos altos robles — vido un caballero estar, 
armado de todas armas — sin estoque ni puñal. 
Tendido estaba en el suelo,-- no cesa de se quejar; 
las lástimas que deciic=^al marques hateen llorar : 
por entender lo que dice-^ acordó de se acercar. 
Atento estaba escuchando — sin bullir ni menearse : (3) 
lo que decia el caballero — razón es de lo contar. 

— ¿Dónde estás, señora mia, — que no te pena mi mal? 
Dé mis pequeñas heridas^-compasion solias tomar, 
¡agora de las mortales — no tienes ningún pesarl 



íl) «Caballero.^ Canc- de Rom- s. a. y 1650. 

(2) «Y al tu.» Cañe, de Hom. s. a. y 1650. 

(3) 'NLeneAve.^ Silva. 



;^ LsmcoA 



^i iokjr .Tnie e» ainy aobzado — me aac» iessKciix^ 
^¡j no »b« ie mi mai I —ni ie 311 xn^osQ^ oíonaü: 
^o » pcíií I* JsteaeisL — par^ mi mnene bns«ac: 
PTC» yo la hailé. aeñüra.— a aadi» iefxi caipsr, 
^«nantn maa á ó. mi bieiu— «loe no me j& qnexüB .iar: 
^jgiOB cnando ma» ao po«üace — hiai sesisi tu gran oesar 
eti la f e 'ie tai .\uerer,— «15011 í» vi •iemoBtran 
|rjpi}flA mia 7 amoral — no cores de me esp«mr~ 
^^gta el üa del jnieio — oo no» podamos juntar:^/ 
¿i v^iviendo me qniráte.— al morir Lo has de mostrar 
jio en íisfccw grandes extremoa,— mas por el *!»>« rogar. 
-O*^ im gríBMMiMirMinoBí — jlnfittite .íqh^ iferian: 
pesbecha ea la compañía — ea. qoe aoaamos andarf 
.ya no e^>e!réi»mas devorme-no os cumple mas de bascar, 
Qtje en balde trabajareis— poes no me podréis hallar! 
Oh eafortado don Reoaldoeí — ;Oh baen paladín. Kolt^nf 
!oh valiente don Urgel!— :0h don Ricardo ^ormanteí 
•Oh nuurqaes don Oliverosí — • t;Si Dinandarte^ ^>^Bl 
Oh srchídiiqae don Eatolfoí— -Oh jíran doqae de SgIsbI 
•í>6ode 9oy todos vosotros?— ¿No venís á me avadar? . 
A>h emperador Cario Hagno,— mi buen señor nauíral, 
í íiopíeses tú roí muerte— cómo la barias vengar! 
Annqoe me mató ta hijo— josticia qnerrias ;2' guardar, 
x,ne9 me mató á traición— viniéndole acompañar. 
Y>)i principe don Carloto!— ¿que ha tan desigual 
[e movió sobre tal caso -á quererme asi matar, 
rr/gándome que víniese-contigo por te guardar? ;3) 
'í>h denveotorado yo,— cómo venia sin cuidar 
' tan alto caballero— pudiese hacer tal maldad! 
/vnnando venir á caza-mi muerte vine á caxar, 
No rne pe«a del roorir-pues es cosa natural, 

/I, j;#í mi bien • Suva. 

(2, Qmrifin.^ Canc.de Rom. B.ii. y W^^ 

/;,, A'/.mnlar«. • Cawr. //e /^om. s. a. y 15d0- 



V 



ROMANCES NOVELESCOS V CABALLEBESGOS 33 

limas por morir como muero— sin merecer ningún mal, 
y en tal parte donde nunca — la mi muerte se sabrál 
^Oh alto Dios poderoso,— justiciero y de verdad, 
■sobre mi muerte inocente— justicia quieras mostrar! 
lüe esta ánima pecadora— quieras haber piedad! 
4 Oh triste reina mi madre,— Dios te quiera consolar, 
•que ya es quebrado el espejo — en que te solias mirar! 
Siempre de mí recelaste— recibir algún pesar, 
^agora de aquí adelante— no te cumple recelai! 
En las justas y torneos — consCj o me solias dar, 
^agora triste en la muerte^ aun no me puedes hablar! 
¡Oh noble^ margúesele Mantua^— mi sefíoiiMüjcaxnalL 
¿dónde estáis que no ois — mi doloroso quejar? 
íQue nueva tan dolorosa — vos será de gran pesar, 
cuando de mí no supierdes — ni me pudierdes hallar! 
Hecístesme heredero —por vuestro Estado heredar, 
jmas vos lo habréis de ser mió — aunque sois de mas edad! 
4 Oh mundo desventurado;— nadie debe en ti fiar; 
al que mas subido tienes— nfiayor caida haces dar! — 
Estas palabras diciendo— no cesa de sospirar 
fiospiros muy dolorosos —para el corazón quebrar. 
Turbado estaba el marques, — no pudo mas escuchar : 
-el corazón se le aprieta,— la sangre vuelta se le ha. 
A los pies del caballero— junto se fué á llegar; 
con la voz muy alterada— empezóle de hablar : 
— ¿Qné mal tenéis, caballero?— Querádesmelo contar. 
^Tenéis heridas de muerte, — ó tenéis otro algún mal? 
•Cuando lo oyó el caballero — la cabeza probó alzar : 
pensó que era su escudero,— tal respuesta le fué á dar : 
— ¿Qué dices, amigo mió? — ¿Traes con quien me confesar? 
•Que ya el alma se me sale;— la vida quiero acabar : 
•del cuerpo no tengo pena,— que el alma querría salvar. — 
Luego le entendió el marques — por otro le fuera á topar : \ 
respondióle muy turbado— que apenas pudo hablar : / 
— Yo no soy vuestro criado,— nunca comí vuestro pan, 
■antes soy un caballero — que por aquí acertó á pasar : 
Tomo IX 3 



■■) 



34 LÍRICOS CASTELLANOS 

vuestras voces dolorosas— aquí me han hecho llegar 
á saber qué mal tenéis,— ó de qué es vuestro penar. 
Pues que caballero sois— qnerades vos esfori:ar, 
que para esto es este mundo— para bien y mal pasar. 
Decidme, señor, quién sois— y de qué es vuestro mal, 
que si remediarse puede— yo os prometo de ayudar : 
no dudéis, buen caballero, —de decirme la verdad.— 
Tornara en sí Valdovinos, — respuesta le fuera á dar : 
— Muchas mercedes, sefíor,— por la buena voluntad; 
mi mal es crudo y de muerte, — no se puede remediar, 
jf/ Veinte y dos feridas tengo — que cada una es mortal; 
' el mayor dolor que siento,— es morir en tal lugar, 
do no se sabrá mi muerte— para poderse vengar, 
porque me han muerto á traición— sin merescer ningún mal. 
A lo que habéis preguntado— por mi fe os digo verdad, 
que á mí dicen Valdovinos, - que el Franco solían llamar : 
_ hijo soy del rey de Dacia,— hijo soy suyo carnal, 
uno de los doce pares— que á la mesa comen pan. 
La reina doña Ermeline(l)— es mi madre natural, 
el noble marques de Mantua — era mi tio carnal, 
hermano era de mi padre — sin en nada discrepar; 
/la linda infanta Sevilla— es mi esposa sin dudar : 
hame ferido Carloto— su hijo del emperante, 
porque él requirió de amores — á mi esposa con maldad r 
porque no le dio su amor— él en mí se fué á vengar 
• pensando que por mi muerte— con ell^-habia de casar. 
Hame muerto á traición -viniendo yo á le guardar, 
' porque él me rogó en Paris — ^le viniese acompañar 
; á dar fin á una aventura— en que se quería probar. 
Quien quier que seáis, cabaílero, — la nueva os plega llevar 
de mi desastrada muerte — á Paris, esa ciudad, 
y si hacia Paris no fuerdes -á Mantua la iréis á dar, 
que el trabajo que ende habréis— muy bien vos lo pagarán, 
y si no quisierdes paga— bien se vos agradecerá. — 

(1) "Ermelina ' Silva. 



ROMANCES NOVELESCOS Y GABALLBRBSGOS 



35 



^í 



3. 



A 



( -1 



Cuando aquesto oyó el marques— la habla perdido ha, 
en el suelo dio consigo, —la espada fué arrojar, 
las barbas de la su cara — empezólas de arrancar, 
los sus cabellos muy canos— comiénzalos de mesar. 
A cabo de una gran pieza — en pié se fué á levantar; 
allegóse al caballero —por las armas le quitar. 
DesquQ le quitó el almete —comenzóle de mirar j^ 
«staba bañado en sangre, ^con la color muy mortal; 
estaba desfigurado,— no lo podía figurar, 
ni le podía conoscer — en el gesto ni el hablar; 
dudando estaba dudando —si era mentira ó verdad. 
Con un paño que traia —la cara le fué á limpiar : 
desque la hi^bo limpiado— luego conocido lo ha. 
£n la boca lo besaba— no cesando de llorar, 
las palabras que decia— dolor es de las contar. 

f ~¡0h sobrino Valdo vinos, — mi buen sobrino carnal! 

¿Quién vos trató de tal suerte? — ¿Quién vos trajo á tal lugar? 
¿Quién es el que á vos mató —que á mí vivo fué á dejar? 
;Mas valiera la mi muerte— que la vuestra en tal edad! 
¿No me conocéis, sobrino?— iPor Dios me queráis (1) hablar! 
Yo soy el triste marques —que tio sollados (2) llamar, 
yo soy el marques de Mantua— que debo de reventar 
llorando la vuestra muerte— por con vida no quedar. 
¡Oh desventurado viejo! — ^¿Quién me podrá conortar? 
que pérdida tan crecida— mas dolor es consolar. 

/( Yo la muerte de mis hijos — con vos podria olvidar. 
Agora, mi buen señor (3), — de nuevo habré de llorar. 

1/ A vos tenia por sobrino (4)— para mi estado heredar, 
agora por mi ventura — yo vos habré de enterrar. 
Sobrino, de aquí adelante— yo no quiero vivir mas : 
ven, muerte, cuando quisieres, — no te quieras detardar; ¡ 






i 



(1) «Qoeráisme. > Caac de Rom- 
8. a y 1650. 

(2) «Soléis. » Suca. 



(3) « Agora de aquí adelante . » 

Silva. 
«Agora, mi baen sobrino.» 
Floresta. 

(4) «Hijo.» Floresta» 



36 LÍRICOS CASTELLANOS 

¡mas al qae menos te teme -le huyes por mas penar! 
¿Qaién le llevará las nuevas— amargas de gran pesar 
á la triste madre vuestra?— ¿Quién la podrá consolar? 
Siempre lo oí decir, — agora veo ser (1) verdad, 
que quien larga vida vive— mucho mal ha de pasar : 
por un placer muy pequeño- pesares ha de gustar.— 
De estas palabras y otras— no cesaba de hablar « 

llorando de los sus ojos— sin poderse conortar. 
Esforzóse Valdoviuos— con el angustia mortal; 
desque conoció á su tio— alivio fuera á tomar : 
tomóle entrambas las manos, —muy recio le fué apretar : 
disimulando su pena -comenzó al marques hablar*. 
— No lloredes, sefíor tio, — por Dios no queráis llorar, 
que me dais doblada pena — y al alma hacéis penar; 
Snas lo que vos encomiendo — es por mi queráis rogar, 
y no me desamparéis — en este esquivo lugar; 
fasta que yo haya espirado, — no me querades dejar. 
Encomiéndeos á mi madre, — vos la queráis consolar, 
que bien creo que mi muerte— su vida habrá de acabar; 
encomiéndoos á mi esposa, — por ella queráis mirar; 
el mayor dolor que siento — os no la poder hablar. — 
;^ rt))/" \ Ellos estando en aquesto — su escudero fué á llegar : 
<.' ' .o^n ermitaño traia — que en el bosque fué á liallar, 
O II hombre de muy santa vida— de orden sacerdotal. 
Cuando llegó el ermitaño— el alba quería quebrar. 
Esforzando á Valdovinos— comenzóle amonestar 
que olvidase aqueste mundo —y de Dios se quiera acordar. 
Aparte se fué el marques — por dalles mejor lugar; 
el escudero á otra parte — también se fuera apartar : 
ol marques de quebrantado — gran sueño le fué á tomar. 
Confesóse Valdovinos— á toda su voluntad. 
Estando en su confesión, — ya que quería acabar, 
las angustias de la muerte— comienzan de le aquejar : 
con el dolor que sentía — una gran voz fuera á dar : 

(1) «Que es.» <S¿?ya. 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 37 

llama á su tic el marquee,— comeDzó así de hablar : 

— Adiós, adiós, mi buen tio,— adiós vos queráis quedar, 

que yo me voy de este mundo— para la mi cuenta dar : 

lo que vos ruego y encomiendo— no lo queráis olvidar : 

drtdme vuestra bendición, — la mano para besar. — 

Luego perdiera el sentido, — luego perdiera el hablar, 

los dientes se le cerraron, — los ojos vuelto se le han. « ■;• 

Recordó luego el marques,--á él se fuera á llegar, 

muchas veces lo bendice — no cesando de llorar. 

Absolvióle el ermitaño;— por él comienza á rezar. 

A cabo de peco rato — Valdovinos fué á espirar: 

El marques de verlo así — amortecido se ha, 

consuélalo el ermitaño, — muchos ejemplos le da : 

el marques como discreto— acuerdo fuera á tomar, 

pues remediar no se puede,- á haberse de conortar (1). 

Lo que hacia el escudero— lástima era de mirar; 

rescuñaba la su cara,— sus ropas rasgado ha, 

sus barbas y sus cabellos— por tierra los va á lanzar. 

A cabo de una gran pieza, — que ambos cansados están, 

el marques al ermitaño —comienza de preguntar : [dar : 

— Pídoos por Dios, padre honrado, — respuesta me queráis 

¿dónde estamos, ó en qué reino,— en qué señorío ó lugar? 

¿Cómo se llama esta tierra?— ¿Cuya es, y á qué mandar?— 

El ermitaño responde : — Pláceme de voluntad : 

debéis de saber, señor, — que esta es tierra sin poblar; 

otro tiempo fué poblada,— despoblóse por gran mal, , 

por batallas muy crueles— que hubo en la cristiandad : r 

á esta llaman la Floresta— sin ventura y de pesar, ' '\'^/, 

porque nunca caballero— en ella se acaeció entrar 

que saliese sin gran daño — ó desastre desigual. 

Esta tierra es del marques— de Mantua, la gran ciudad : 

fasta Mantua son cien millas,— sin poblado ni lugar, 

sino sola una ermita— que á seis millas de aquí está, 

donde yo hago mi vida — por del mundo me apartar. 

(1) «Cordura es se conortar.» Floresta. 



38 LÍRICOS GASTF.LLANOS 

El mas cercano poblado— á veinte millas está; 
es una villa cercada— del ducado de Milán. 
Ved lo que queréis, señor, — en que yo os pueda ayudar, 
que por servicio de Dios— lo haré de voluntad, 
y por vuestro acatamiento,— y por hacer caridad. — 
El marques que aquesto oyera — comenzóle de rogar 
que no recibiese pena — de con el cuerpo quedar, 
mientra él y el escudero— el caballo van bascar 
que allí cerca habia dejado- en un prado á descansar. 
Plúgole al ermitaño — allí haberlos de esperar : 
el marques y el escudero — el caballo van buscar : 
' 'por el camino do iban— comenzóle á preguntar; 
— Dígasme, buen escudero,--8Í Dios te quiera guardar, 
! • ¿qué venia tu señor— por esta tierra buscar, 
f .^ ' y por qué causa lo han muerto,— y quién le fuera á matar?- 
i,^ ' Respondió el escudero,— tal respuesta le fué á dar : 
— Por la fe que debo á Dios — yo no lo puedo pensar, 
porque no lo sé, señor;— lo que vi os quiero contar. 
Estando dentro en Paris — en cortes del emperante, 
el príncipe don Carloto- á mi señor envió á llamar. 
Estuvieron en secreto— todo el dia en su hablar; 
cuando la noche cerró— ambos se fueron armar. 
Cabalgaron á caballo, — salieron de la ciudad 
armados de todas armas — á guisa de pelear. 
Yo salí con Valdovinos — y con Carloto un paje : 
(lyer hubo quince dias— salimos de la ciudad. 
Luego cuando aquí llegamos — á este bosque de pesar, 
mi señor y don Carloto- mandaron nos esperar. 
Solos se entraron los dos— por aquel espeso valle; 
el paje estaba cansado,— gran sueño le fué á tomar; 
yo pensando en Valdovinos — no podia reposar. 
Apárteme del camino — en un árbol fui á pujar (1), 
á todas partes miraba— cuando los veria tornar. 
A cabo de un gran rato — caballos oí relinchar, 

« 

(1) «Puyare » Silva Floresta. 



ROMANCES NOVELESCOS Y GABALLBHESGOS 



3í> 



Vi venir tres caballeros,— mi señor no vi tornar. 
Venían bañados en sangre,— luego vi mala ^eñal; 
«I ano era don Carloto, — los dos no pude notar. 
Oon gran miedo que tenia — no les osé preguntar 
dó quedaba Valdovinos,— do le fueran á dejar : 
mas abájeme del árbol,— entré por aquel pinar : 
desque los (1) vi trasponer— yo comencé de buscar 
á mi señor Valdovinos, — mas no lo podía hallar : 
el rastro de los caballos — no dejaba de mirar. 
A la entrada de un llano,— al pasar de un arenal, 
vi huella de otro caballo (2), — la cual me pareció mal; 
tí mucha sangre por tierra,— de que me fui á espantar; 
«n la orilla del rio el caballo fui á hallar, 
rnas adelante no mucho— á Valdovinos vi estar. 
Boca abajo estaba en tierra,— y casi querín» «spirai*, 
todo cubierto de sangre— -que apenas podía hablar. 
Levantáralo de tierra, — comencéle de limpiar; 
por señas me demandó— confesor fuese á buscar. 
Esto es, noble señor, — lo que sé de este gran mal. — 
JEn estas cosas hablando— el caballo van topar, 
cabalgó en él el marques,— y á las ancas fuéle á tomar : 
á do quedó el ermitaño— presto tornado se han. 
Desque hablaron un rato — acuerdo van á tomar 
-que se fuesen á la ermita,— y el cuerpo allá lo llevar. 
Pénenlo encima el caballo, — nadie quiso cabalgar, 
£1 ermitaño los guia, — comienzan de caminar; 
llevan vía de la ermita — apriesa y no de vagar. 
Deque allá hubieron llegado — el cuerpo van desarmar. 
II Quince lanzadas tenía,— cada una era mortal, 
que de la menor de todas— ninguno podría escapar. 
€uando asi lo vio el marques— traspasóse de pesar, 
•á cabo de una gran pieza— un gran suspiro fué á dar. 



/».. 



(1) «Lo.» Canc- de Rom. s. a- y 
1550. Floresta. 

(2) «De tres caballos.» Silva.— 



«De otros caballos.» Canc- de Rom. 
s. a. — "De los caballos.» Floresta. 



i 



40 



líbicos castellams 



'/ 



t* 



Entró dentro en la capilla, — de rodillas se fué á hincar, 

paso la mano en una ara — que estaba sobre el altar, 

en los pies de un crucifijo— jurando, empezó de hablar : 

— Juro por Dios poderoso,— por Santa María su Madre, 

y al santo Sacramento— que aquí suelen celebrar, 

de nunca peinar mis canas — ni las mis barbas cortar (1); 

de no vestir otras ropas, — ni renovar mi calzar; 

de no entrar en poblado, — ni las armas me quitar, 

sino fuere una hora (2) — para mi cuerpo limpiar (3); 

de no comer á manteles, — ni á mesa me asentar, 

fasta matar á Carloto -por justicia ó pelear, 

ó morir en la demanda— manteniendo la verdad ; 

y si justicia me niegan— sobre esta tan gran maldad, 

de con mi Estado y persona— contra Francia guerrear,. 

y manteniendo la guerra— morir ó vencer sin paz (4). 

Y por este juramento — prometo de no enterrar 

el cuerpo de Valdovinos— fasta su muerte vengar. — 

De que aquesto hubo jurado — mostró no sentir pesar; 

rogando está al ermitaño— que le quisiese ayudar 

para llevar aquel cuerpo— al mas cercano lugar. 

El ermitaño piadoso— su bestia le fué á dejar; 

amortajaron el cuerpo,— en ella lo van á posar : 

con las armas de Valdovinos— el marques se fué armar : 

cabalgara en su caballo, — comienza de caminar. 

Camino llevan de la villa— que arriba oistes nombrar. 

Con él iba el ermitaño — por el camino mostrar. 

Antes que á la villa lleguen— una abadía van fallar [está^ 

de la orden de Sant Bernardo (5)— que en una montaña (6) 

á la bajada de un puerto— y á la entrada de un lugar (7). 



(1) «Ni las barbas me cortare >> 
' Ni de mis barbas cortar. » Floresta. 

(2) "Por una hora.» Silva,— "So- 
lo uua hora ' Flomta. 

(8) «Alimpiar.» Oanc de Rom. 
«• a. y 1560. 
(4) 'Sin pare.» Canc- de Rom. 



fi. a. y 1560.— «Vencer, ó en ella 
acabar.» Floresta. 
(6) «Benito.» Florista. 

(6) «Aspereza.» Flortsta. 

(7) «Que cerca de un valle hay.* 
Floresta. 



ROMANCES nOVELESGOS Y CABALLERESCOS 41 

Allá se fué el marques —y allí acordó quedar 

por estar más encubierto, — y el cuerpo en guarda dejar, 

por hacelle (1) un ataúd — y habello de embalsamar, 

Al ermitaño rogaba — dineros quiera tomar; 

desque dineros no quiso— sus ricas (2) joyas le da : 

no quiso ninguna cosa, — su bestia fué á demandar : 

despidióse del marques, — á Dios le fué encomendar. 

Después de ser despedido— para su ermita se va; 

por el camino do vuelve— á muchos topado ha 

que el marqués iban buscando, — llorando por le (3) hallar. 

Muchos por él preguntaban,— las señales ciertas dan, 

por las señas que le dieron— él conocido lo ha, 

á todos les respondía : — Yo vos digo de verdad, 

que un hombi^e de tales señas,— que no sé quién es ni cuál, 

dos dias ha que le acompaño (4) - sin saber adonde va; 

dejólo en un abadía — que dicen de Flores Valle, 

con un caballero muerto— que acaso fuera á fallar : 

6i allá queréis ir, señores,— fallaréislo de verdad (6). 

[Silva de ijso. t. II. f. 122, — Canc. s. a. f. 29. — Canc. /jjo. 
f. 2().~- Floresta de varios rom.) 



166. 

(Del Marques de Mantua, Valdovinos y Carloto. — II.) 

Romance de la embajada que envió Danés 
Urgel (6), marques de üiántua al Empera» 
dor* 

De Mantua salen aprresa — sin tardanza ni vagar 
ese noble conde Dirlos, — visorey de allende el mar, 



(1) «Hacelle.» Floresta. 

(2) «Algunas . » Floresta • 

(3) «Por no lo.» Floresta. 

(4) «Acompañé.» Floresta. 
Í5) «Hálláréisle sin dudar. — 



Todos se van muy alegres, 
para su señor hablar.» 
Floresta- 
(0) En este romance se llama, en 
el texto del Canc. de Rom. s. a. y 



42 



LÍ MICOS CASTELLANOS 



Ix^ 



-con el daqae de Sansón (1) — de Pícardia natoral : 

•camino van de París, — aanqae ninguno lo sabe, 

•que el marqnes Danés Urgero — los envía con mensaje 

á ese alto emperador — qne estaba en París la grande. 

Llegados ¿on á París— sin mncho tiempo tardar : 

<;aballeros son de estima,— de grande estado j linaje, 

de los doce qne á la mesa— :redo|ida comían pan. 

Los grandes que lo supieron— salen por los acompañar 

Desque entraron en París — yanse al palacio real; 

preguntan por el emperador - para habelle de bablar : 

<le8que lo supo don Carlos (2) — luego los mandó entrar; 

desque son delante del —las rodillas van bincar; 

demandáronle las manos,- mas no se las quiso dar; 

mandóles alzar de tierra, — comenzóles preguntar : 

— ¿De dónde venides, duque? — ¿de qué parteó qué lugar? 

^Dónde habéis estado, conde? — ¿venís de allende la mar? — 

Respondieron ambos juntos— presto tal respuesta dan : 

— En Francia^ babemos ^tado,-— eri^lántua, esa_ci^dad, 

•con el marques Danés Urgero —por le haber de acompañar; 

embajada vos traemos,— señor, queraisla escuchar : 

mandad salir todos fuera,— no quede sino Roldan, 

■que después siendo contento,— bien se podrá publicar. — 

Todos se salieron luego— de la cámara real, 

todos cuatro quedan solos, — las puertas mandan cerrar. 

De roc^jllas por el suelo— el conde comenzó á hablar : 

— ¡Oh muy alto emperador, — sacra real majestad! 

tu vasallo soy, señor, - y de Francia natural; 

pues vengo por mensajero — licencia me manda dar 



1550, al marqués constantemente 
ürgeo; en la Silva, ürgero, lo qne 
«8 más conforme á su original f ran- 
-cés Ogier le Danois, mientras que 
las ediciones posteriores del Canc. 
■de rom. y la Floresta han introdu- 
cido la lección vulpar de ürs;el. 

(I) Asi dicen todas las antiguas 
adiciones del Canc. de Rom-, de la 



Süra y de la Floresta; solamente 
la ed. de la Silva de Barcelona de 
1582 tiene una variante notable, 
poniendo: 

con el duque de Soxonia. 
El Sr. Dúrán enmienda con mu- 
cha probabilidad: 

con el duque don Sansón. 
(2) «ron Carioto.» Floresta. 



BOMANGES NOVBLrsroS Y GABALLERBSCOS 



43 



.s ( 



I / 



I /■> 



para decir mi embajada,— si no recibes pesar. — 

Resx>ondió el emperadoi'— sin el semblante mudar : 

— Decid, conde, qué queréis,— no vos queráis recelar (1 ); 

bien sabéis que el mensajero— licencia tiene de hablar : 

al amigo y enemigo —siempre se debe escuchar, 

por amistad al amigo, — y al otro por se avisar. — 

Levantóse luego el conde,— una carta fué á mostrar, 

la cual era de creencia, — dióla en manos de Roldan : 

comenzó de hacer su habla— con discreto razonar : 

— Creyendo hacer mas servicio— á tu sacra majestad, 

acepté, señor, el cargo— de este mensaje explicar, 

porque sin pasión ninguna— la verdad podré contar^ d ' 

según que vengo informado,— sin añadir ni quitar. 

La embajada que yo traigo— es justicia demandar 

del luíante (2) don Carloto, — tu propio hijo camal. 

Dicen que él mató sia culpa (3)— á Valdo vinos el infante, i^ 

, hijo del buen rey de Dacia, — tu vasallo natural; 

^ dicen que le mató con aleve,— con engaño y falsedad, 
rogándole que se fuese — con él á le acompañar. 
Por casarse con su esposa — dicen que le fué á mataj- : 
de este delito se quojan — muchos hombres de linaje, 
que son parientes del muerto, — y se sienten del tal mal (4). 
El B^rques^DanesUrgero -- se muestra mas principal, 
(( por ser tio de Valdovin¿a|— hermano del rej su^padre^ 
Demás de ser su pariente,y tiene muy mayor pesar 
porque lo falló herido, — casi á punto de espirar, 
en un bosque muy esquivo,-\ apartado de lugar. 
El mismo le contó el caso,— á\él se fué encomendar, 
en sus brazos espiró,— razón es no le olvidar : 
y ese maestre de Rodas (5)— Urgiel de la fuerza grande^ 






L -'*f. ii 



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(1) «Pues no os cumple recelare 
Las ed. post- del Canc. de Rom. 

«Decid, conde, á vuestra guisa, 
no habéis de que recelar- » 

Floresta. 

(2) «Príncipe» Floresta» 



í 3) « Á traición . » Flores' a. 

(4) « Y sienten este desmán . » 

Floresta. 

(5) "■ Maestro de todos. » Floresta . 
6sta parece f er serla mejor lección, 
pues no puede haberse nombrado á 



44 



LÍRICOS CASTELLANOS 




I. 



K- 



que es primo del marques, — tio también del infante : 
y ese duque de Baviera— don Naimó el singular (1), 
abuelo de Valdoyinos, — padre carnal de su madre (2) : 
y ese rey de Sansueña,— tu vasallo natural, 
froadre de la infanta Sevilla — que cristiana fué á tornar 
'por amor de Valdovinos— para con él se casar; 
y otros muchos caballeros —también se van á quejar, 
los unos por parentesco, — los otros por amistad; 
^ sobre todos esa reina— doña Ermeline (3), su madre. / 

Tus naturales y extraños — también te envían á suplicar v 
que si tu hijo los mata - ¿quién los ha de defensar? 
Si no mantienes justicia— dejarán su natural, 
y se partirán de Francia — á otros reinos á morar. 
El caso es abominable, — y terrible de contar; 
si tal cosa es, señor,— bien lo debes castigar. 
Acuérdate de Trajano— en la justicia guardar, 
que no dejó sin castigo — su único hijo carnal; 
aunque perdonó la parte, — él no quiso perdonar. 
Si niegas, señor, justicia, — mucho te podrán culpar, 
que tal caso como este— no es para dejar pasar. 
¡Mira bien, señor, en ello! — Respuesta nos mandan dar. — 
Turbóse el emperador, — que apenas pudo hablar : 
la mano tenia en la barba, — muy pensativo ademas. 
A cabo de una gran pieza — tal respuesta le fué á dar : 
— jSi lo que habéis dicho, conde,— se puede hacer verdad, 
mas quisiera que mi hijo — fuera el muerto sin dudarl 
El morir es una cosa— que á todos es natural, 
la memoria queda viva— del que muere sin fealdad; 
del que vive deshonrado— se debe tener pesar, 
porque así viviendo muere— olvidado de bondad. 
Decilde, conde, al marques— y á cuantos con él están; 



Urgelí maestre de Rodas, hasta pa- 
sado el aflo de 1310. (Véase la nota 
de Clemencín al Don Quijote, to- 
mo V, pág. S90. 



(1) «Con Reyner el singular.» 
Floresta. 

(2) «Padre.» Floresta. 

(3) « Erm elina • » Silva . — «Erme- 
Han. » Floresta. 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 45 

que el pesar que de esto tengo— no lo puedo demostrar : 

mas yo daré tal ejemplo — en esta muerte vengar, 

que la pena del delito — sobrepuje á la maldad, 

porque todos escarmienten — cuantos lo oyeren nombrar. 

Vengan pedir su justicia— que yo la haré guardar 

como es costu¿ibre de Francia— usada de antigua edad (1); 

si buena verdad trajeren— en mi corte se verá; 

do mi persona estuviere — la justicia será igual, 

así al pobre como al rico,— así al chico como al grande, 

y también al extranjero, — como al propio natural. 

Mas quiero dejar memoria— de grande riguridad, 

que dejajr sin dar castigo, -al que comete maldad, 

aunque sea mi propio hijo — que me tenia de heredar, — 

Cuando esto oyó el conde (2)— las manos le fué á besar; . 

alabando su respuesta, — el duque comenzó hablar : 

— Siempre, señor, confiamos— de tu ínclita bondad 

que por mantener justicia — tal respuesta habías de dar; 

mas porque el caso requiere— en sí mesmo gravedad, 

y por ser cosa de hijo — tú no lo debes juzgar, 

el marques Danés ürgero— te envía á suplicar, 

que porque él tiene jurado— de en poblado nunca entrar 

fasta que alcance derecho— de Carloto el infante, 

y él mismo tiene de ser— el que lo ha de acusar, 

que no quieras ser presente — para haber de sentenciar; 

mas que nombres caballeros— que puedan determinar, 

según costumbre de Francia,— entre hombres de linaje, 

y que los que señalarJes — para este caso mirar, 

sean caballeros de estado— de tu consejo imperial, 

y que hagan juramento— de administrarla verdad, 

y tu majestad provea— de señalar un lugar 

en el campo, sin poblado, — á do se haya de juzgar 

para oir ambas las partes — fasta ejecución final : 

y porque el marques trae gentes — para se haber de guardar 

(U «Antigüedade.» Suca. Fio- \ (2) «El conde Irlos.' í^íor-sJa. 
recto. 



.1 
4 



46 ' LiaiCOS GASTBLL Altos 

de qnien algo le qaisiere — y le hubiere de enojar, 
y sus parientes y amigos —vienen por le acompañar, 
y entre ellos viene Benaldos,— el señor de Mental van, 
el cual está puesto en bandos— con tu sobrino Bcddui; 
porque no sabe el marques— si recibirás pesar, 
no quiere venir con gentes— an saber tu voluntad, 
/f piiea viene á pedir jnftf.ipift-.y nn para gnerrear : 

que tú, señor, le asegures — y á cuantos con él vemán, 
mientra que el pleito durare — seguro les mandes dar 
para venida y estada,— y después para tornar, 
no porque él tema á ninguno,— ni haya de quién se recelar; 
mas por cumplir lo que debe — á tu sacra majestad. 
De esta manera, señor, — el vendrá sin detardar, 
que ya es partido de Mantua, —no cesa de caminar. 
Don Renaldos le aposenta— sin hacer daño ni mal, 
en tierras de señoríos —todos recaudo le dan, 
pagando de sus dineros— lo acostumbrado pagar. 
Para pasar por tus tierras — licencia les manda (1) dar, 
y todos los bastimentos— que hubieren necesidad : 
pagando lo que valiere— no se les debe negar.— 
Al emperador le plugo,— todo lo fué así otorgar : 
—El marques venga seguro — y cuantos con él vernán (2), 
Venga siquiera de guerra, —ó como le placerá (3), 
yo lo tomo so mi amparo,— so mi corona real. 
Porque mas seguro venga— este mi anillo tomad; 
todo lo que os prometo— siempre fallaréis verdad; 
la licencia que pedís —soy contento de vos dar; 
ordenaldo á vuestra guisa,— que así lo quiero firmar. — 
Sacó un anillo de oro— con el sello imperial; 
. el duque le tomó luego, — las manos le fué á besar. 
. Del emperador se despiden, -á sus posadas se van. 
Don Holdan quedó enojado, — mas no lo quiso mostrar. 
Luego se supo en la corte— todo lo que fué á pasar, 



(1) «Mandes.^ F¿or6aía. | (3) «Parecerá.» F2orf«ííU 

^) «Están. ■» Florcita n 




BOMAlfCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 47 

la embajada que traían,— lo que venían á demandar. 

Macho pesó á don Oarloto,— quiérelo disimular; ; /.tí ^'í / -^^ ' ' '^ *' 

fuese al emperador— á haberse de desculpar; 
f/ mas nunca lo quiso oír— sino en (1) consejo real. 

La audiencia que le dio — fué mandarlo aprisionar 

fasta ser determinada— por su corte la verdad. 

Desque preso y á recado — en guarda lo fuera dar 

á don Arnaldos de Belanda (2), — que Ayuelos suelen llamar,. 

gran condestable de Francia, —y en cortes gran senescal. 

Mucho pesaba á los grandes — que le tenían amistad, 

sobre todos le pesaba — á ese paladín Koldan. 

Todos buscaban maneras - para le haber de soltar, 
y mas nunca el emperador — á nadie quiso escuchar : 

cuanto mas por él le ruegan, — tanto mas lo hace guardar^ 

Cada día entra en consejo, — las leyes hacia mirar, 3/ ....''.' 

quien tal crimen cometía— qué pelia le "hablan de dar. ' 

Estando en esto las cosas — el marques fuera á llegar 

á tres millas de París -á vista de la ciudad : 

no quiso pasar adelante, — mandó asentar su real. 

Aposentóle Renaldos — ribera de un río caudal, 

do mejor le pareció— y más seguro lugar; 

él se pasó adelante— una milla ó poco mas. 

Armaron luego su tienda,— su bandera mandó alzar : 

la gente de la ciudad— todos iban á mirar 

el gran campo del marques,— su concierto singular, 

la diversidad de gentes, -la orden que el marqués trae (3). 

(1) «Sin su.'> Silva- 

(2) «Renaldos de Belanda.» Todas las ed- del Canc de Rom. La en- 
mienda de la Silva que hemos acogido en el texto, prueba el conocimiento- 
más exacto de su editor de la tradición original francesa: distingue siem- 
pre muy bien entre Arnaldos de Belanda y Renaldos de Montalban. La 
Floresta, al contrario, lleva éstos y otros nombres propios aun más desfi- 
gurados; asi dice en este lugar- 

A don ReynaMos de Gulanda 
que Afiuelos suelen llamar. 

(3) «Y el orden que en todos hay. Floresta. 



48 LfRICOS CASTELLANOS 

Muchos señores y grandes — al marques iban hablar 

por probar atgun concierto— y saber su voluntad. 

El estábase en su tienda, ~ en aquel estado grande, 

armado de todas armas,— y descubierta la faz, 

el ataúd allí delante — por mas dolor demostrar, 

la madre de Valdovi tos- y su esposa allí á la par 

de aquella forma y manera — que arriba oistes nombrar. 

Los que venian á la tienda — para el marques visitar, 

desque le veian armado— y de aquella forma estar, 

habian del compasión, — llegaban por le hablar. 

Recibíalos muy bien, — cabe él los hacía sentar; 

el caso como pasara— á todos iba á contar. 

Cuando algo le rogaban — mostraba mucho pesar; 

rogaba con cortesía— le quisiesen perdonar 

por no poder complacerlos— como era su voluntad, 

porque él se había quitado —sobre esto la libertad. 

El juramento que hizo— á todos hacia mostrar, 

porque no tuviesen causa — sobre ello le importunar. 

Los grandes que allí venian — no le querían fatigar, 

ni querían sobre tal caso— su dolor le renovar. 

Volvíanse para París — pensativos ademas, 

diciendo tener razón — el marques de se vengar 

de un tan grave delito,— y hacello bien castigar. 

•Cuando el emperador supo -que el marques fuera á llegar, 

mandó llamar al consejo — en su palacio iaiperial. 

Mandó cuando fueron juntos— los embajadores llamar : 

la embajada que trajeron— torna sey á recontar. 

Levantóse el conde Dirlos — come^óla dn explicar : 

<le8que la hubo acabado— tornóse luego asentar. 

Todos se maravillaban— de oir tan gran maldad; 

por amor del emperador— todos recebian pesar, 

mirábanse unos á otros,- á todos parecía mal. 

Antes que hablase ninguno— el emperador fué hablar : 

— Lo que aqui pide el marques — por primero y principal, 

«8 que yo nombre jueces — para esto determinar : 

por ser caso de Carloto— presente no quiero estar; 



ROMANCES NOVEI4ESGOS Y CABALLERESCOS ' 49 

para mejor señalarlos •y todo mi poder dar, 
que administren la justicia — en su conciencia y verdad. — 
A todos está mirando— y empiézales de hablar : 
y — Los jueces que yo nombro— para justicia guardar, 
-el uno es Dardin Dardefía— que el Delfín suelen llamar» 
de tres estados de Francia,— el primero en consejar: 
«1 otro el conde de Flándes, — don Alberto el singular, 
«no de los tres estados, — y primero en el mandar; 
otro el duque de Borgoña, — primero estado en juzgar, 
riguroso y justiciero, — en mis reinos principal : 
•el otro el duque don Carlos, — mi sargento general : 
otro el duque de Borbon, — mi cuñado don Grimalte (1) : 
el otro efconde de Foy (2), — y el buen viejo don Beltran : 
otro sea don Reyner — llamado duque de Aste, 
y el conde don Galalon — de Alemana principal : ' 

otro el duque de Vibiano — de Agramonte natural, 
asistente de mi corte— para los pleitos juzgar : 
otro el duque de Saboya, — que venturas fué á buscar, 
y en las mas partes del mundo— trances ha visto pasar (3) 
otro el duque de Ferrara, — esa nombrada ciudad, 
don Arnao el gran Bastardo,— así se hace intitular : 
otro sea don Guarinos, — almirante de la mar, 
-de todas notas y armadas— sobre todos general. 
Y nombro por presidente— para en mi lugar estar 
don Amaldos de Belanda, — de Francia gran condestable. 
Para ello le doy mi cetro, — poder soluto en mandar. 
Todos estos juntos puedan — absolver y sentenciar 
osto que pide el marques —como se debe juzgar, 
si por prueba de testigos— ó trance de pelear. 
Yo les doy mi comisión— con poder y facultad, 
<iue la sentencia que dieren— la puedan ejecutar, 
43egun costumbre de Francia, — por su propia autoridad. 



(1) «(írimaldos.» Floresta. 

(2) «Fox.» Silva. «Foix.» Flo- 
resta. 

Tomo IX 



(3) «Franceses vido pasar.» Fio* 
resia. 



/ 



^^ Líricos castsllaxos 

dando la pena y castigo— á quien la hubieren de dar, 

así por vía de justicia,-- como por en campo entrar, 

al cual puedan ser presentes,— y en mi nombre asegurar 

al marques Danés Urgero— y á cuantos con él están, 

mas que á mi persona propia— nadie le pueda demandar (1).— 

Así como aquí lo dijo - á todos lo va á mandar, 

80 pena de ser traidor— quien lo osare quebrantar. 

(Silva deisso, t. IL f. 136.-G1//C. de Rom, s. a. f. 42. 
Canc. de Rom. 1550. f. ^3.— Floresta de varios rom :) 



^ 



167. 

(Del marques de Mantua, Valdovinos y Oarloto.— IIT.) 

Sentencia dada á don Carloéo (2). 

En el nombre de Jesús— que todo el mundo ha formado, 
y de la Virgen su Madre,— que de nifío lo (3) ha criado : 
nosotros Dardin Dardefia (4),— Delfín en Francia llamado; 
don Alberto y don Reyner,— de tres estados nombrado : 
el conde de Flándes viejo,— consejero delegado, 
con el duque de Borgofía,— el primero en el juzgado, 
con el buen duque don Carlos,— el regente, el sargentador 
con el duque de Borbon — don Grimalte (6), fiel cufiado 
del muy alto emperador, — con su hermana casado; 



(1) ' Nadie le puede enojar.»' Floresta. 

(2) En pliegOH sueltos (p- e. Burgos, 1562 y 1563), se dice en la portada 
de este romance: «Y otro ahora de nuevo añadido, que es de la sentencia 
que dieron á Oarloto. Hecha por Jeronymo Temiño de Calatayad.» Por de 
contado, Jer. Temiño es, cuando más, autor ó reformador de esta nueva 
añadidura. 

(3) "Lo» falta en las ed. del Canc. de Rom. s. a. y 1550- 

(4) Con este verso el romance viene mencionado en la Tabla de la Silva^ 

(5) 'Arnaldo. Floresta. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS Ht 

el buen viejo don Beltran — con el conde de Foyxano (1), 

y el conde don Galalon, — con el daque de Vibiano; 

con el duque de Saboya, — que venturas ha busca do; 

con el duque de Ferrara — don Narvandel bastardado (2) ; 

el almirante Guarinos — en las mares estimado, 

don Amaldos (S) de Belanda,— condestable diputado 

en el lugar y mandar — del sumo emperador Cario : 

todos juntos en consejo— y acuerdo deliberado, 

vista la requisición— que el buen marques nos ha dado; 

vista también la demanda— que él mesmo ha procesado; 

vistas todas las respuestas — que don Carloto (4] ha enviado, 

el proceso por entero— con gran fe examinado, 

lo que venia de justicia — y de derecho mirado, 

ni al uno por el otro — el derecho no quitado; 

teniendo á Dios en la piensa— y en los ojos presentado : 

visto que claro paresce— por lo que es alegado, 

que según la ley divina— quien mata ha de ser matado, 

con cuchillo ó sin cuchillo — á tal acto ejercitado; 

y visto que traicion—don Carloto ha intentado 

en matar á Valdovinos — en un bosque despoblado, 

según que claro se muestra — por la confesión que ha dado 

don Carloto á la demanda — que el marques ha presentado; 

visto que punto por punto — el delito ha confesado 

porja pena del jbormento, — aunque lo habia negado; '',^ 

y visto que nada obsta— que él se haya sojuzgado 

á la real audiencia, — pues que le han perdonado (5) : 

lo que viene de justicia, — nada otro no mirado, 

por esta nuestra sentencia, — cada cual bien informado 



(1) «Foxano. /S¿?m- Y el conde Foix esforzado. Flor. 

(2) Con Amaut, el «ran Bastardo » Flor. — J)on Arnao, el gran Has- 
tardo.» Las ed. post. del Canc. de Rom. 

(3). «Renaldoe-* Todas las ed. del Canc. de Rom.—*Y)on Amaldo <le 
Berlanda.» Floresta. 

(4) «Carlee.^ Silva. 

(5) «Qae él se haya juzgado I pues no le han perdonado. 
¿ la audiencia real, ' Floresta. 






52 LÍRICOS CASTELLANOS 

del hecho de la verdad, — según que se ha confesado, 
condenamos á Carloto : — ^primero, á ser arrastrado 
por el campo y por la arena — por un rocín mal domado : 
después de lo cual queremos— que sea descabezado 
en un alto cadahalso,— do pueda ser bien mirado 
de fuera de la ciudad — por donde será llevado; 
después de lo cual cumplido,— y aquesto ser acabado^ 
le corten los pies y manos, — porque quede mas pagado, 
V* ^- ^ . ; , después de lo cual mandamos —que sea descuartizado : 
lo cual cumplido, queremos— sea un edificio obrado 
de piedra muy bien labrada — y de canto bien picado, 
que sea en lo venidero- memoria de lo pasado 
del caso de Valdovinos — y de cómo fué vengado. — 
Don Carloto temeroso, — aunque era muy esforzado, 
t remecióse cuando oyó — lo que se ha publicado. 
Esforzóse cuanto pudo,— una pluma ha demandado; 
díéronle tintavy papel,— una carta ha ordenado; 
con un paje que allí estaba — á don Roldan la ha enviado. 
Nadie sabe lo que envía,— para vello se ha apartado 
don Eoldan, leyó la carta (1), — todo se ha alterado : 
él de cierto bien quisiera — dar remedio en lo rogado. 
Doloroso y pensativo — un poco tiempo ha pensado, 
duda si debe (2) hacer— lo que le fué suplicado, 
ó si deba dar desvío — á lo que le es recitado. 
Hallóse puesto en gran duda, — en gran estrecho y cuidado; 
ol amor dice que haga,— el temor teme el mandado 
de ese sumo emperador— que al marques ha segurado • 
mas al fin quieie la sangre— perder por la sangre 'estado. 
Delibera hacer respuesta,— que no esté temorizado, 
que con parientes y amigos— él saldrá al campo armado 
con deseo de perder— la vida, o ser remediado. 
Sin que gran rato pasase — fué don Carloto informado 
de lo que ordena Roldan, — de que fué algo gozado. 



\ 



(1) «A escribirla se ha apartado- | (2) ^Vodrá..» Floresta. 
Don Roldan leyó el papel. >- Flor. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLEBBSCOS 53 

Quiérelo disimular; — mas no pudo ser celado, 
allégase el condestable, — y el papel le ha tomado : 
leido que faé el papel, — por Paris se ha divulgado 
^ que don Roldan hace^ente— y_quejeiército^ha juntado. 
El emperador lo sabe,~al marques ha avisado, 
manda poner á Carloto— á percebido recaudo. 
Pregonan por la ciudad — que nadie sea (^sado, 

^o pena de perder la vida, — de otro dia ir armado. 
A Roldan envió á decir— que solo no sea osado 
de mas estar en Paris— fasta un año pasado, 
so pena de ser traidor — ^y por traidor publicado. 
El marques que sintió el caBO-*-á Reinaldos ha enviado 
que otro dia en amaneciendo^ sea sin falta llegado 
á las puertas de Paris - con tres mil hombres de estado; 
de á caballo lleve mil, — y que no sea mudado 
fasta tanto que Carloto— en medio sea (1) tomado, 
7 puesto en el cadahalso — do ha de ser sentenciado, 
y que cualquiera que venga — defienda lo encomendado. 
Otro dia de mañana— todo asi fué acabado. 
Ya sacaban á Carloto — con hierros muy bien herrado, 
los pregoneros delante — su gran maldad publicando. 
Quando fueron á la puerta— don Renaldos lo ha tomado, 

V én medio de toda su gente— lo ha bien aposentado. 
Cuando son en el lugar — do ha de ser sentenciado, 
delante toda Paris— fué todo ejecutado, ^ v 

según que por la sentencia— fué proveído y mandado. ^ 
Así murió (2) don Carloto, — quedando alevosado, 
y Valdovinos viviendo, — aunque murió, muy honrado. 

[Silva de ijjo. t. II. fol. 147. — Canc. s. a. fol. 51. — 
Canc. ijjo. fol. $2,— Floresta de varios rom. {3). 



(1) «Será» Ca?ic. (fe i2o»i., IS.*)©. 

(2) «Muerto.» ^üva. 

(3) Claro está que en estos romances de ürgero el danés y de Valdovi- 
nos se han confundido las tradiciones francesas, conservadas todavía en 
cantares de gesta, de Ogier de Danemarche, qtrie» vengó I& muerte de su 
hijo natural Baudouinet, matado de golpes de tablero por el infante don 



3^ LÍRICOS CASTELLANOS 

168. 
(Valdovinos. — IV.) 

Romanee que dicen: Muña Vero. 

— Ñaño Vero, Ñoño Vero, — baen caballero probado, 
hinqoedes la lanza en tierra — y arrendedes el caballo; 
preguntaros he por nnevas— de Valdovinos el franco. 
— Aquesas nuevas, señora, — yo vos las diré de grado. 
Esta noche á media noche — entramos en cabalgada, 
y los muchos á los pocos— lleváronnos de arrancada : 
herieron á Baldovinos — de nna mala lanzada; 
la lanza tenia dentro (1), — de fuera le tiembla el asta (2) : 
ó (3) esta noche morirá,— ó de buena madrugada. 
// Si te pluguiese, §ebilla¿ — fueses tú mi enamorada (4). — 
— Ñuño Vero, Ñuño Vero, — mal caballero probado, 
yo te pregunto por nuevas, — tú respóndesme al contrario, 

Oarloto, y de Baudoain, hermano de Roldan y amante de Sebilla (Sebile). 
esposa de Gaiteclin (Widakind), rey de los saxones, coya muerte, en ba> 
talla contra los últimos, se pinta, como el Sr. Darán ha mio' bien obser- 
vado, en todo jgnal á la de Koldán, su hermano, en Roncesvalles (véan&e 
La Chevalerie Ogier de Danemarche, por Raimbert de París. París, 1842. 
y La chanson des Saxons, por Jean Bodel- París, 1839). 

Existe sobre el mismo asunto una xácara portugesa, inserta en el lió- 
mancíiro del Sr. Almeida-Glarrett (temo III, págs- 196 y siguientes), la 
cual es, sin duda, una imitación vulgar y posterior á los romances caste- 
llanoH, en forma más dramática. 

(1) El hierro tiene en el cuerpo» Silva. Éste, y el verso que le sigue, 
ocurren también en el romance de Tristán que dice: ' Herido está don 
Tristán. > 

(2) Entre éste y el verso que le sigue intercala la ed. de 1550 del Canc. 
de Rom. los dos siguientes: 

«:Su tio el emperador 
á penitencia le daba. - 

(3) O " falta en la Silva. 

(4) Después de este verso, añade la ed. de 1550 del Ca/ic. de Rom. los 

düs siguientes: 

< Adamédesme, mi señora, 

que en ello no perderéis nada. • 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 5íi 

<l\ie aquesta noche pasada — conmigo durmiera el franco : 
^1 me diera una sortija, — y yo le di un pendón labrado. 

{Canc. de Rom, s. a. f. i86. — Canc. de Rom. /sjo. f. 196. 
Silva de 1550, t. I. foi. log (i). 



169. 

( Yaldovinos. — V.) 

Romanee de Valdo vinos. 

Tan claro liace la luna (2) — como el sol á mediodia, 
<;uando sale Valdo vinos— -de los cafios de Sevilla. S <-•, ^'y - ó y 
Por encuentro se la hubo— una morica garrida, 
•y siete años la tuviera — Valdovinos por amiga. 
Cumpliéndose sus (3) siete años— Valdovinos quq sospira : 
— ¿Sospirastes, Valdovinos, — amigo que yo (4) mas queria? 
•ó vos habéis miedo á moros,— ó adamados otra amiga. 
— Que no tengo miedo á moros, — ni menos tengo otra amiga, 
-que vos mora, y yo cristiano — hacemos la mala vida, 
y cómo la carne en viernes — que mi ley lo defendía. 
— Por tus amores (5), Valdovinos, — yo me tornaré cristia- 
si quisieres (7) por mujer, — si no, sea por amiga. — na (6), 

{Canc. de Rom., s, a. fol. 194.) 

Núm. 1— Glosa de los romances qae dicen: «Cata a Francia Montesinos - y 
la de «Sospirastes, Valdovinos» Y ciertas «coplas hechas por Juan del 
Bnzina. s. 1. n. a. (PL s. del siglo xvi.) 

JNúm. 2.— Ídem: otra ed., en el Rom- gen- del Sr. Duran. ' 

(1) La variación del asonante y la conservación de los nombres propios 

•de la tradición primitiva (Baudouin y Sebile), asi como su imitación en 

trovas más modernas (véase el romance entre los caballerescos sueltos que 

dice: «naballero de lejas tierras»}} son indicios de la grande antigüedad 

'^le este romance. 

(2) «Tan clara hacia la luna.» Pl. s. núms. 1 y 2. 

(3) «Los.» Pl. s. n.° l.-'Cumpliendo los.» Pl. s. n.o 2. 

(4) «Á quien.» Pl. s. n.*» 2. 

(5) «Por tu amor, mi.» Pl. s. n.° 2. 

(6) «Cristiana me tomaría » Pl. s. n.° 2 (si no es enmienda del Sr. Du- 
vkvi ?). 

(7) «Si me quiere.3.» Pl. s. n.° 2. 



96 líricos castellanos 

170. 

(Valdovinos. — VI.) 

nomance de Taldovinos. 

Atan alta va la luna — como el sol á mediodía, 
cuando el buen conde alemán — ya (1) con la reina dormia. 
No lo sabe hombre nascido— de cuantos en la corte había,, 
sino era la infanta, — aquesa infanta su hija. 
Su madre le hablaba, — de esta manera decía : 
— Cuanto viéredes tü, infanta, — cuanto vierdes, encobrildo; 
daros ha el conde alemán — un manto de oro fino. 
— ¡Mal fuego queme, madre, — el manto de oro fino, 
cuando en vida de mi padre — tuviese padrastro vivo! — 
De allí se fuera llorando ; —el rey su padre la ha visto. 
— ¿Por qué* lloráis, la infanta?— deci ¿quién llorar os hizo? 
— Yo me estaba aquí comiendo, — comiendo sopas en vino; 
entró el conde alemán, — échemelas por el vestido. 
— Calléis, mi hija, calléis; — no toméis de eso pesar, 
que el conde es niño y mochacho, — hazerlo ia por burlar. 
— iMal fuego quemase, padre,— -tal reír y tal burlar! 
Cuando me tomó en sus brazos —conmigo quiso holgar. 
— Si él os tomó en sus brazos — y con vos quiso holgar, 
en antes que el sol salga— yo lo mandaré matar. 

. {Canc. de Rom., IJJO- í^ol. 205) (a). 

(1) El texto del Canc. de jRowi,.eds. de 1550 y posteriores, lleva; «y 

con» etc.; claro está que esto, no teniendo sentido, es yerro de imprenta» 

Que se ha de leer <ya», viene comprobado por la versión portuguesa que 

empieza así: 

Ja lá vem o sol na serra, 
ja lá vem o claro día, 
e inda o conde d'AIlemanha 
com a rainha dormía. 

(2) De este romance hay una versión portuguesa muy linda y muy po- 
pular, publicada por el Sr. Almeída-Garret en su Romanceiro, tomo lU 
pág. 78, con el título de «O conde d'AllemaQlia»(AlIamanhaó Aramenha). 
Esta versión tiene además una especie de epilogo entre la madre y la hija 
sobre el suplicio del conde alemán, acusándose reciprocamente de haberla 
causado. 



bomamges novelescos y caballerescos 5T 



171. 



ROMANCES DE GAIFEROá 






/ ^ 



^B<Mi Romanees de Gatferos, en l€»s cuales se- 
cón ttone como mataron á don Galvan*— I. 

t 

Estábase la condesa— en su estrado asentada, ^L v ¿f - ^ j r/*^^ 

'tisericas de oro en mano : — sn hijo afeitando estaba, f ¿ f ( 

IPalabras le está diciendo, — palabras de gran pesar; 

las palabras eran tales— que al niño hacen llorar. ^^_ o. ^-'j cí. " l ( 

— Dios te dé barbas en rostro,— y te haga ban*agan (1); 

déte Dios ventura en armas, — co mo a l palad ín Roldan, ^ 

porque vengases, mi hijo,— la muerte de vuestro padre : 

matáronlo á traición — por casar con vuestra madre. 

Ricas bodas me hicieron— en las cuales Dios no ha parte; 

ricos paños me cortaron, — la reina no los ha tales. — 

Maguera pequeño el niño— bien entendido lo ha. 

Allí respondió Gaiferos, — bien oiréis lo que dirá : 

— Así ruego á Dios del cielo— y á Santa María su Madre. — 

Oídolo habia el conde — en los palacios do está : 

— iCalles, calles, la condesa,— boca mala sin verdad! 

que yo no matara el conde, — ni lo hiciera matar; 

mas tus palabras, condesa, — el niño las pagará. — 

Mandó llamar escuderos,— criados son de su padre, 

para que lleven al niño, — que lo lleven á matar. 

La muerte que él les dijera — mancilla es de la escuchar : 

— Córtenle el pié del estribo, — la mano del gavilán, 






(1) Dios te deie crecer, hijo, 
y llegar á barrasan, 
Dios te de barbas en rostro 



y en el cuerpo fuerza grande.» 
Pliego suelto. 



á 



// 



58 LÍRICOS CASTELLANOS 

«áquenle ambos los ojos — por más seguro andar; 

y el dedo, y el corazón — traédmelo por sefíal. — 

Ya lo llevan á Gaiferos, — ya lo llevan á matar; 

hablaban los escuderos — con mancilla que del han : 

— ¡Oh válasme Dios del cielo— y Santa María su Madre! 

si este niño matamos— ¿qué galardón nos darán? 

Ellos en aquesto estando, — no sabiendo qué harán, 

vieron venir una perrita — de la condesa su madre. 

Allí habló el uno de ellos, — bien oiréis lo que dirá : 

— Macemos esta perrita— por nuestra seguridad, 

saquémosle el corazón — y llevémoslo á Galvan, 

<;ortémosle el dedo al chico — por llevar mejor señal. — 

Ya tomaban á Gaiferos, — para el dedo le cortar : 

— Venid acá vos, Gaiferos, — y querednos escuchar; 

vos ios de aquesta tierra— y en ella no parezcáis mas. — 

Ya le daban entre señas— el camino que hará : 

— Irvos heis de tierra en tierra— á do vuestro tio está. — 

Gaiferos desconsolado — por ese mundo se va : 

los escuderos se volvieron— para do estaba Galvan . 

Danle el dedo, y el corazón— y dicen que muerto lo han. 

La condesa que esto oyera — empezara gritos dar : 

lloraba de los sus ojos — que quería reventar. 

Dejemos á la condesa, — que muy grande llanto hace, . 

y digamos de Gaiferos — del camino por do va, 

que de dia ni de noche— no hace sino caminar, 

fasta que llegó á la tierra— adonde su tio está. 

Dícele de esta manera, — y empezóle de hablar : 

— Manténgaos Dios, el mi tia. — Mi sobrino, bien vengáis. 

¿Qué buena venida es esta? — vos me la queráis contar. 

— La venida que yo vengo — triste es y con pesar, 

que Galvan con grande enojo— mandado me habia matar : 

mas lo que vos ruego, mi tio, — y lo que vos vengo á rogar, 

vamos á vengar la muerte — de vuestro hermano, mi padre : 

matáronlo á traición — por casar con la mi madre. 

— Sosegaos, el mi sobrino, — vos queráis asosegar, 

que la muerte de mi hermano — bien la iremos á vengar. — 



k. 



ROlfANGBS KOVELESGOS Y CABALLERESCOS 59 

Y ellos así estuvieron — dos años y aun mas, 
fasta que dijo Gaiferos— y empezara de hablar. 

(Canc. de Rom. s. a. fol. 103. — Canc. de Rom. 1550. 
fol. 103). 

Siguense dos romances de don Gaiferos en que se contiene 
cómo mataron á don.Galvan. Pliego suelto s. a. ni 1. 
(del siglo xvi), en el Rom. gen. del señor Dturan. 



172. 

(Gaiferos.— II.) 

Siíg^nese el segando Romance. 

— Vamonos, dijo, mi tio,— á París esa ciudad 
en figura de romeros, — no nos conozca Galvan, 
que si Galvan nos conoce — mandar nos hia matar. 
Encima ropas de seda— vistamos las de sayal, 
llevemos nuestras espadas— por mas seguros andar; 
llevemos sendos bordones — por la gente asegurar. — 
Ya se parten los romeros, — ya*se parten, ya se van, 
-de noche por los caminos,— de dia por los jarales. >- 

Andando por sus jornadas— á París llegado han; 
las puertas hallan cerradas, — no hallan por donde entrar. 
8iete vueltas la rodean — por ver si podrán entrar, 
y al cabo de las ocho — un postigo van hallar. 
Ellos que se vieron dentro — empiezan á demandar : 
no preguntan por mesón,— ni menos por hospital, 
preguntan por los palacios — donde la condesa está, 
á las puertas del palacio— allí van á demandar. 
Vieron estar la condesa, — y empezaron de hablar : 
— Dios te salve, la condesa. — Los romeros, bien vengáis. 
— Mandedes nos dar limosna — por honor de caridad. 
—Con Dios vades, los romeros,— que no os puedo nada dar, 
que el conde me había mandado — á romeros no albergar. 



60 



LÍRICOS CASTELLANOS 



— Dadnos limosna, señora, — que el conde no lo sabrá; 

asi la den á Gaiíeros — en la tierra donde está. — 

Así como oyó Gaiferos— comenzó de sospirar : 

mandábales dar del vino, — mandábales dar del pan. 

Ellos en aquesto estando ~el conde llegado ha : 

— ¿Qué es aquesto, la condesa? — aquesto ¿qué puede estar? 

¿No os tenia yo mandado — á romeros no albergar? — 

Y alzara la su mano (1), — puñada le fuera á dar, 

que sus dientes menudicos — en tierra los fuera á echar. 

Allí hablaran los romeros, — y empiezan (2) de hablar : 

— ¡Por hacer bien la condesa — cierto no merece mal! 

— ¡Calledes vos, los romeros, — no hayades vuestra parte! 

Alzó Gaiferos su espada, — un golpe le fué á dar 

que la cabeza de sus hombros— en tierra la fuera á echar : 

allí habló la condesa — llorando con gran pesar : 

—¿Quién érades, los romeros, — que al conde fuistes matar? — 

A)lí respondió el romero, — tal respuesta le fué á dar : 

— Yo soy Gaiferos, señora, — vuestro hijo natural. 

— Aquesto no puede ser, — ni era cosa de verdad, 

que el dedo, y el corazón — yo lo tengo por señal. 

— El corazón que vos tenéis— en persona no fué á estar, 

el dedo bien es aqueste, — que en esta mano me falta (3). — 

La condesa que esto oyera — empezóle de abrazar : 

la tristeza que tenia— en placer se fué á tomar. 

{Canc. de Rom. s. a. fol. 105. — Canc. de Rom, 1550. 
fol. 105. — £1 pliego suelto citado al romance anterior 
en el Rom. gen. del señor Duran.) 



(1) «Dijo y alzara 8u mano.» 

Pliego suelto. 

(2) «Y empezáronle.» Pl. s. 



(3) «Aquí lo veréis faltar.' PL s- 
(si no es enmienda de Duran ?}. 



■% 



ROMANCES nOVBLBSGOS T CáBALLBRES€OS 



61 



173. 



(Gaiferos.—III.) 

üomanee de don Gaiferos que trata de oómi» 
saeó á su esposa que estaba en tierra de 
moros- 
Asentado está Gaiferos— en el palacio real; 
asentado al tablero —para las tablas jugar. ' 
Los dados ti«ne en la mano,— que los quiere arrojar, 
cuando entró por la sala— don Garlos el emperante. 
Desque así jugar lo vído — empezóle de mirar; 
habiéndole está hablando— palabras de gran pesar : 
— Si así fuésedes, Gtiiferos, — para las armas tomar, 
como sois para los dados, — y para las tablas jugar, 
vuestra esposa tienen moros, — iríadesla á buscar : 
pésame á mí por ello — por que es mi hija carnal. 
De muchos fué demandada, — y á nadie quiso tomar : 
pues con vos casó por amores, — amores la hayan de sacar; 
si con otro fuera casada— no estuviera en catividad.— 
Gaiferos desque esto vido, — movido de gran pesar 
levantóse del tablero — no queriendo mas jugar, 
y tomáralo en las manos — para haberlo de arrojar, 
si no por él (1) que con él juega, — que era hombre de linaje : 
jugaba con él Guarinos - almirante de la mar. 
Voces da por el palacio,— que al cielo quieren llegar; 
preguntando va, preguntando— por su tío don Roldan. 
Halláralo en el patin, — que quería cabalgar : 
i/'con él era (2) Oliveros — y Durandarte el galán, 

con él muchos caballeros— de aquellos de los doce pares (3) : 



(1) «Sino por qoie©.» Silva; Cod. 
¿ú Sr. Dnráu; Floresta. 

(2) «Ihs^.» Silva. 



(3) «Con él muchos de los doce 
que á una mesa comen pan. » 
Fl<yr. 



— Por PKJgjnog ra egc^ md áx — per Dici? tos ^sxio ragsr, 
T^zessims arsjH t cmboDo— tos ne 
K^TSit mi tío el escpersBte — taa sal 
•lyñeoáa •i;iie ssj paim jafgo ? — r at> porm lis 
Bysn lo «ábcis tos» bü tiac — bien sábci» tos la T«rdbd, 
'^rjit poes boH^oé á mi esfMflB — cvifw no me defeca dsr C?;. 
Tres afks andaré tñle — por los moDtes v k» raUes 
^lomiendo la carne cruda» — bebícEido la n>ja saziSFe.. 
traTsido k» pies deacalxos» — las añas <K?cmBdo sai^reu 
N;:nca to haSaria pode— en coaiilo pode 
9é qce está en Sansoeña»— en S 
qoe esloT sm cabalkv— an armas oCio qoe tal, 
«^Tse las tiene Montesinos»— qoe es ido á festejar 
ajli á loe reÍDOS de Hongria — ^para t«xiieos 
p:2es sin armas j caballo — mal la podre to 
por esto res roefso^ tío, — las mestras me quera» dar. — 
T*cn Roldan de qne esto op> — tal respaesta le ía<^ á dar : 
— Calledefi, sobrino Gaiferoe^ — no qaerades baldar tal: 
siete años ha qoe roestn esposa— ella está en captiridai; 
siempre os he visto armas — j caballo otro qoe tal, 
¿gora qoe no las t«i^s — la qoereis ir á bascar. 
^aiTamento tengo hecho — aUá en Sant Joan de Lctran 
Á ninguno prestar mis armas, — no me las hagan cobardes : 
:íá caballo está bien Texado,— mal vezo no le qaieran dar ^4^ — 
' Taiíeros qoe esto ovó— la espada faé á sacan 
oo ana toz mar sañosa^^mpezara de hablar : 
— :Bien parece, don Roldan, — qae siempre me qaesistes mal! 
^i otro me lo dijera— mostrárale si sor cobarde: 
rr.A-g calen á mi ha injaríado — no lo vais por mi á rengan 
s: vos tio no me faésedes — con vos qaerría pelear. — 

fl Ia. Ca.ií de R^Mi- s a- y '.mlpA no me ps^Jec dar » 

:r^,—U CW. del Sr . Dann. Fhr. 

% Ifi'it que vyy para poco- -1) Xo lo Querrá mal rezar. 

floredcL. O:^ de Ihirán —Mal no le qnie- 

•Sí Bo las i^T-r á rüi «pesa ran rezar. /7*.>r.j:a. 



^ 



/ 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLSaSSCOS 63 

Los grandes que allí se hallan — entre los dos puesto se han; 

hablado le ha don Koldan, — empezóle de hablar : 

— ¡Bien parece, don Gaiferos,— que sois de muy poca edad! 

Bien oistes un ejemplo, — que conocéis ser verdad, 

qué aquel que bien os quiere— aquel vos quiere castigar. 

Si fuérades mal caballero — no vos dijera esto tal; 

mas porque sé que sois bueno — por esto vos quise castigar (1)^ 

que mis armas y caballo— á vos no se han de negar, 

y si queréis compañía'—yo vos quiero acompañar. 

— Mercedes, dijo Gaiferos, — de la buena voluntad; 

solo me quiero ir, solo, — para haberla de sacar : 

nunca me dirá ninguno— que me vido ser cobarde. — 

Luego mandó don Roldan — sus armas aparejar; 

él encubierta el caballo— por mejor lo encubertar; 

él mesmo le pone las armas — y le ayudaba á armar (2). 

Luego cabalgó (3) Gaiferos— con enojo y con pesar. 

Pésale á don Roldan, — también á los doce pares, 

y mas al emperador— desque solo le vido andar; 

y desque ya se salia— del gran palacio real, 

con una voz amorosa— llamáralo don Roldan : 

— Esperad un poco, sobrino; — pues solo queréis andar, 

dejédesme vuestra espada,— la mía queráis tomar, 

y aunque vengan dos mil moros— nunca les volváis la haz r 

al caballo dalde rienda— y haga á su volmitad,» 

que si él vee la suya— bien vos sabrá ayudar, 

y si vee demasía— de ella vos sabrá sacar. — 

Yá le daba su espada, — y toma la de don Roldan; 

da de espuelas al caballo, — sálese de la ciudad. 

Don Beltran que ir lo vido— empezóle de hablar : 

— Tomad acá, hijo Gaiferos,— pues que me tenéis por padre,, 

tan solamente vos vea— la condesa vuestra madre, 

tomará con vos consuelo,— que tan tristes llantos hace. 



(1) «Asi hablar.' Cod. de Darán. 

(2) 'Y le ayuda á cabalgar. > Silva^ Flor. 
('1) 'Cabalga.' Sitva. 



64 



líricos castellanos 



-dar vos hia caballeros — los que hayáis necesidad. 
— Gonsolalda vos, mi tio, — vos la queráis consolar, 
acuérdese que me perdió — chiquito y de poca edad; 
haga cuenta que de entonces— no me ha visto jamas,' 
-que ya sabéis que en los doce— corren malas voluntades, [de, 
no dirán, que vuelvo por ruego, — mas que vuelvo por cobar- 
que yo no volveré en Francia — sin Melisenda (1) tornar. — 
Don Beltran desque lo oyera — tan enojado hablar, 
vuelve riendas al caballo— y entróse en la ciudad. 
Kraiferos en (2) tierra de moros — empieza de caminar; 
jornada de quince dias — en ocho la fué á andar. 
Por las sierras de Sansueña — Gaiferos mal airado va; 
las voces que iba dando,— al cielo quieren llegar. 
(f Maldiciendo iba el vino, — maldiciendo iba el pan, 
el pan que comian los moros,— mas no de la cristiandad : • 
maldiciendo iba la dueña— que tan solo un hijo pare; 
si enemigos se lo matan — no tiene quien lo vengar : 
maldiciendo iba al caballero — que cabalgaba sin paje; 
si se le cae el (3) espuela — no tiene quien se la calce : 
maldiciendo iba el árbol — que solo en el campo nasce, 
que todas las aves del mundo — en él van á quebrantar, 
que de rama ni de hoja— al triste no dejan gozar. 
Dando estas voces y otras — á Sansueña fué á llegar. 
Viernes era en aquel dia,— los moros hacen solenidad .(4) : 
el rey Almanzor va á la mezquita (6)— para la zalá rezar, 
con todos sus caballeros— cuantos él pudo llevar. 
Cuando allegó Gaiferos — á Sansueña, esa ciudad, 




(1) «Melisenda» dicen siempre 
la Silva y la Floreaia^ y esta lec- 
<nÓQ, por ser más conforme á la 
original francesa (Belissent), es de 
preferir á Melisendra, como la dan 
todas las ed. del Canc. de Rom. y 
los editores de las colecciones mo- 
dernas. 

(2) «Á.» Silva. Floresta. 



(3) «La » Silva. Flor. Cotí, del 
Sr. Duran. 

(4) «Los moros su fiesta hacen.» 
Cod. de Duran.— «Gran fiesta los 
moros hacen.» Flor. 

(5) «El rey iba á la mezquita.» 
Cod. de Duran. Las eds. posta, del 
Canc. de Rom. 

«Almanzor á la mezquita 
va pai"a hacer lázala.» FUjx» 



BOMANOES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 65 

miraba si Teria . alguno— á qaien pudiese (1) demandar : 
vido. un cativo cristiano — que andaba por los adarbes; 
•desque lo vido Gaiferos — empezóle de hlablar : 
— Dios te salve, el cristiano,— y te torne en libertad, 
nuevas que pedirte quiero — no me las quieras negar. 
Tú que andas con los moros,— ¿si les oiste hablar 
«i hay aquí alguna cristiana,— que sea de alto linaje? — 
£1 cativo que lo oyei a— empezara de llorar : [r«r! 

— ¡Tantos tengo de mis duelos, — que de otros non puedo cu- 
aque todo el dia los caballos— del rey me hacen pensar (2), 
y de noche en honda sima — me hacen aprisionar. 
Bien só que hay muchas cativas— cristianas de gran linaje, 
especialmente una — que es de Francia natural : 
•el rey Almanzor la trata — como á su hija carnal : 
«é que muchos reyes moros — con ella quieren casar : 
por eso id vos, caballero, — por esa calle adelante, 
verlas heis á las ventanas — del gran palacio real. 
Derecho se va á la plaza (3), — á la plaza la más grande. 
Allí estaban los palacios — donde el rey solía estar : 
alzó los ojos en alto — por los palacios mirar, 
YÍdo estar á Melisenda— en una ventana grande 
•con otras damas cristianas,— que estaban en captividad. 
Melisenda que lo vido — empezara de llorar, 
oo por que lo conociese— en el jesto ni en el traje (4), 
mas en verlo con armas blancas — recordóse de los doce pa- 
it recordóse de los palacios — del emperador su padre, [res, 
de justas, galas, torneos, — que por ella solian armar. 
Oon una voz triste, llorosa — le empezara de llamar : 

(1) «Poder.» Cod. de Duran. Las I vio gallarda á Melisenda 



•ed. post. del Canc- de Rom- y la 
Floresta. 

(2) «Peinar.» Floresta. 

(3) «l>erecho se va Gaiferos 
do los palacios están. 
Desque estuvo cerca de ellos 
•comenzólas de. mirar, 



en una ventana estar, 
con otras damas cristianas, etc. 
Floresta. ., 
(4) «En el jesto, ni en el hablar: 
ma^ en verle con armas blancas 
■en los doce fué á pensar. » 

Floresta. • ^ 



Tomo IX 5 



I 



66 uticos CÁSTBLLAHOS 

—Por Dios 08 ruego, caballero,— á mi vos qacrais llagar (1); 
8i sois cristiano ó moro — no me lo queráis n^ar (2), 
daryofl he unas encomiendas, — bien pagadas vos sefán r 
caballero^ si á Francia ides^por Gaiferos preguntad (9\, 
decilde que la su esposa— se le envía á encomendar, 
que ya me parece tiempo — que la debia sacar. 
Si no me deja por miedo— de con los moros pelear, 
debe tener otros amores, — de mi no lo dejan recordar t 
¡los ausentes por los presentes — ^lijeros son de olvidar! 
Aun le diréis, caballero, — por darle mayor sefíal, 
que sus justas y torneos — bien las supimos acá; 
y si estas encomiendas — no recibe con solas, 
darlas heis á Oliveros,— darlas heis á don Koldan, 
darlas heis á mi señor— el emperador mi padre : 
diréis como esto en Sansuefia,— en Sansuefia esa dudad; 
que 6i presto no me sacan — ^mora me quieren tomar : 
casarme han con el rey moro— que está allende la mar : 
de siete reyes de morcis— reina me hacen coronar; 
según los reyes que me traen (4) — mora me harán tomar; 
mas amores de Galleros — no los puedo yo olvidar. — 
Gaiíeros que esto oyera — tal respuesta le fué á dar : 
—No lloréis vos, mi señora,— no queráis así Uorar, 
porque esas encomiendas — vos mesma las pódela dar, 
que á mí allá dentro en Francia— Gaiferoe me «uelen nom* 
Yo soy el infante Gaiferos— sefior de París la grande, [brar» 
• ^rimo hermano de Oliveros» — sobrino de don Roldan, 
amores de Melisenda — son los que acá me traen. — 
Melisenda que esto vido — eonosciólo en el hablar, 
tiróse de la ventana, — la escalera fué á tomar, 

Q) • QaenÚMs á mi llegar. > Cod. (^ballero, si á Francia id68, 

de Duran.— «A mi no os qaerais por mi sefior preguntad, 

negar.' FlortMÍa. (4) «Bej'es me acuiun.» üod. d» 

<2) «Deddme ahora la Terdad.' liarán.— «Según lo6 megoe me ha- 

^ cen. Floitsta- 
Véase la nota del romance 
diee: 



Kdiee: 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 67 

salióse para la plaza— donde lo vido estar. 

Gaiíeros que venir la vido (1) — presto la fué á tomar; 

abrázala con sas brazos — para haberla de besar. 

Allí estaba un perro moro — para los cristianos (2) guardar; 

las voces daba tan altas — que al cielo querían llegar. 

Al gran alando del moro — la ciudad mandan cerrar : 

siete veces la rodea Gaiíeros, — no halla por donde andar (3). 

Presto sale el rey Almanzor— de la mezquita y el rezar (4) : 

veréis tocar las trompetas— apriesa y no de vagar, 

vev^s armar caballeros —y en caballos cabalgar : 

tantoa se arman de los moros — que gran cosa es de mirar, 

Melisenda qué lo vido — en una priesa tan grande 

con una yq9 delicada — le empezara de hablar : * 

— Esforzado don Gaiferos, — no querades desmayar, 

que los buenos <^balleros — son para necesidad : 

¡si de esta escapaiis, Gaiferos, — harto teméis que contar! 

] Ya quisiese Dios del cielo --y Santa María su Madre 

fuese tal vuestro caballo — como el de don Roldan! 

Muchas veces le oí decir— en palacio del emperante, 

que si se hallaba cercado — de moros en algún lugar (5), 

al caballo aprieta la cincha,— y aflojábale el petral; 

hincábale las espuelas— sin ninguna piedad: 

el caballo es esforzado,— de otra parte va á saltar. — 

Gaiferos de que esto oyó — presto se fuera á apear; 

al caballo aprieta la cincha, — y aflójale el petral; 

sin poner pié en el estribo — encima fué á cabalgar, 

y Melisenda á las ancas, — que presto las fué tomar. 

El cuerpo le da por la cintura — por que le pueda abrazar, 



(1) «Cuando la vido.» Cod. de 
Duran.— «y QaiferoB que la vido.» 
Flornta» 

(2) «Lm cristianas. » Floresta, 

(3) «Siete Teces la rodean, 
no bailan por do esci^iiar.» 

Cod. de Duran. 
« Siete veces la rodean , 



no hallando por donde andar. » 
Flonsta, 

(4) «Mezquita rezar.» Cod. de 
Duran.— «Mezquita á rezar.» Las 
ei. post. del Canc. de Rom, 

«Mezquita no está.» Floresta' 

(5) «Que mil veces de entre mo- 
ros—lo sacó sin peligrar.» Floresta, 



68 LÍRICOS GASTFXLANOS 

al caballo hinca las espuelas — sin ningana piedad. 
Corriendo venían los moros — apriesa y no de vagar; 
las grandes voces qae daban— al caballo hacen saltar. 
Cuando fueron cerca los moros — la rienda le fué á largar : 
el caballo era lijero, — púsolo de la otra parte. 
El rey Almanzor que esto vido — mandó abrir la ciudad; 
siete batallas de moios — todos de zaga le van. 
Volviéndose iba Gaiferos, — mirando á todas partes (1); 
desque vido que los moros— le empezaban de cercar, 
volvióse á Melisenda, — empezóle de hablar : 
— No os enojéis vos, mi señora,— fuerza vos será apear, 
y en esta grande espesura — podéis, señora, aguardar, 
que los moro» son tan cerca, — de fuerza nos han de alcanzar, 
vos, señora, no traéis armas — para haber de pelear; 
yo, pues que las traigo buenas, — quiérolas ejercitar. — 
Apeóse Melisenda — no cesando de rezar, 
las rodillas puso en tierra, — las manos fué á levantar, 
los ojos puestos al cielo —no cesando de rezar : 
sin que Gaiferos volviese— el caballo fué á aguijar. 
Cuando huia de los moros — parece que no puede andar, 
y cuando iba hacia ellos — iba con furor tan' grande, 
que del rigor que llevaba — la tierra hacia temblar. 
Donde vido la morisma — entre ellos fuera á entrar : 
si bien pelea Gaiferos, — el caballo mucho mas. 
Tantos mata de los moros — que no hay cuento ni par; 
de la sangre que de ellos salia— el campo cubierto se ha (2). 
El rey Almanzor que esto vido — empezara de hablar : 
— ¡Oh válasme tú, Alá! — ¿esto qué podía estar? 
¡que tal fuerza de caballero— en pocos se puede hallar! 
// Debe ser el encantado (3)— ese paladín Roldan, 
ó si es (4) el esforzado — Renaldos de Montalvan, 



^ 



(1) «No cesaba de mirar.» Coíí. 
de Duran y las ed. post. del Canc. 
de jRoj».— «Por ver qué cosa será.^ 
Floresta. 

(2) «Está.» Silva. 



(3) «Este debe ser encantado-* 
Canc. de Rom- s. a. y 1550. 

(4) «Este debe ser.» Canc» di 
Rom. 8. a. y 1660.—«O debe ser.» 
Cod. de Duran. 



ROMANCES ROVBLBSGOS Y G4BALLBRESG0S 



69 



ó es Urgel (1) de la Marcha — esforzado singular (2); 
no hay ninguno de los doce— que bastase hacer tal. — 
Gaiferos que esto oyó— tal respuesta le fué á dar : 
— Calles, calles, el rey moro, — calles, y no digas tal, 

-muchos otros hay en Francia, — que tanto como estos valen; 

I yo no soy ninguno de ellos, — mas yo me quiero nombrar : 
*4 yo soy el infante Gaiferos,— señor de París la grande, 

Iprimo hermano de Oliveros, — sobrino de don Roldan. — 
£1 rey Almanzor que lo oyera — con tal esfuerzo hablar, 
con los mas moros que pudo — se entrara en la ciudad. 
Solo quedaba Gaiferos, — no halló con quien pelear; 
volvió riendas al caballo — para Melisenda buscar : 
Melisenda desque lo vido — á recebirselo sale : 
vídole las armas blancas,— tintas en color de sangre. 
Con una voz triste y llorosa — le empezó de preguntar : 
— Por Dios os ruego, Gaiferos, — por Dios vos quiero rogar, 
si traéis alguna herida — queráismela vos mostrar; 
que los moros eran tantos— quizá vos han hecho mal. 
Con las mangas de mi camisa — vos las quiero yo apretar, 
con la toca que es mas grande (3)— yo os las entiendo sanar. 
— Galledes, dijo Gaiferos, — infanta, no digades tal, 
por mas que fueran los moros— no me podían hacer mal, 

( que estas armas y caballo— son de mi tío don Koldan; 

I caballero que las trae — no podia peligrar. 
Cabalgad presto, señora, — que no es tiempo de aquí estar; 
antes que los moros tornen— los puertos hemos de pasar. — 
Ya cabalga Melisenda— en un caballo alazán; 
razonando van de amores, — de amores, que no de al; 
ni de los moros han miedo — ni de ellos nada se dan : 
con el placer de afnbos juntos — no cesan de caminar, 
de noche por los caminos, — de dia por los jarales, 



(1) « Este es Ogel. » Canc. de 
Rom. 8. a- y 1560. 

(2) < £1 esforzado singular. » Can- 
cionero de Rom. s. a. y 1550.— "Es- 
forzado y singular. » Cod. de Darán • 



«Esforzado en pelear.» Floresta. 

(3) «Y con la mi rica toca.» Cod. 
de Duran — «Con la toca que es ma- 
yor.» Floresta- 



70 



líbicos GASTBLLAnOS 



comiendo de las yerbas verdes -y agua si pueden hallar, 
hasta que entraron en Francia— y en tierra de cristiandad : 
si hastf^ allí alegres 'fueron, — mucho mas de allí adelante. 
A la entrada de un monte, — y á la salida de un valle, 
caballero de armas blancas— de lejos vieron asomar : 
Gaiferos desque lo vido— la sangre vuelto se le ha, 
diciendo á su señora : — lEsto es mas de recelar, 
que aquel caballero que asoma— gran esíuersso es el que trae! 
Si era cristiano ó moro, — forzado me será pelear (1) : 
apeaos vos, mi señora,— y venidme á la par. — 
De la mano la traia — no cesando de llorar, 
y desque se vieron juntos— comiénzanse aparejar (2), 
las lanzas y los escudos — en son de bien pelear. 
Los caballos ya de cerca— comienzan de relinchar, 
conoció su caballo Gaiferos — ^y empezara de hablar : 
—Perded cuidado, señora, — y tomad á cabalgar, 
que el caballo que allí viene— mió es en la verdad; 
yo le di mucha cebada — y mas le entiendo de dar; 
las armas según que veo — mías son otro que tal, 
y aquel es Montesinos — que me viene á buscar, 
que cuando yo me partí— no estaba en la ciudad. — 
Plugo mucho á Melisenda— aquello si (3) fuese verdad. 
Ya que se van acercando — cuasi juntos á la par, 
con voz alta y crecida — empiézanse de interrogar, 
^^onóscense, los dos primos — entonces en el hablar; 
apeáronse á gran priesa, — muy grandes fiestas se hacen : 
desque hubieron hablado— tomaron á cabalgar : 
razonando van de amores, — de otro no quieren hablar. 
Andando por sus jornadas — á tierra de cristiandad, 
cuantos caballeros hallan— todos los van* acompañar, 



(1) «Que sea cristiano ó moro, 
fuerza será pelear- 

Cod. de Duránt. 

(2) 'Lléganse los caballeros, 
comienzan aparejar » 

Ood. de Duran. 



« Desque el uno es cerca al otro 
comiénzanse á aparejar. » 

Floret^oL» 

(8) «Que aquello." Cod. del>u- 
rán y Floresta. 



-¡m- 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 74 

y dueñas á Melisenda,— doncellas otro que tal. 
Al cabo de pocos dias— á París van á llegar: 
á siete leguas de la ciudad (1)— el emperador á recebirlos sa- 
cón él sale Oliveros, — con él sale don Roldan, [le (2); 
con él el infante Guarinos, — almirante cíe la mar, 
con él sale don Bel mudez — y el buen viejo don Beltran, 
con él muchos de los. doce— que á su mesa comen pan, 
y con él iba doña Alda,— la esposica de Roldan; 
con él iba Juliana (8],~la hija del rey Julián; 
dueñas, damas y doncellas— las mas altas de linaje. 
Kl emperador abraza su hija— iip Qesandó de llorarj 
palabras que le decia — dolor eran de escuchar. // 
Los doce á don Gaiferos— -gran acatamiento le hacen, 
tiénenlo por esforzado — mucho mas de allí adelante, 
pues que sacó 4 su esposa— de muy gran catividad t 
las fiestas que le hacian— no tienen cuento ni par. 

(Silva de iJSo. t. II. f. x^o.—Canc. (U Ront. s. a.J. 55. — 
Canc. de Rom, rsjo. f. 55. — Códice del siglo xvi en él 
Romancero general át\ señor Duran. — Floresta de va- 
rios rom. (4). 



174. 

(Gaiferos.— IV.) 

Romaiiee de don Oaiferos. 

Media noche era por filo, —los gallos querían cantar, 
cuando el infante Gaiferos — salió de captividad; 

(1) <De París.* iSfiím. 

(2) «El emperador les sale.» Cod. de Duran y las ed- post- del Canc. de 
/¿OÍ».— «El emperador que lo supo— á recibir se los sale. ' Floresta. 

(3) «Julianesa.» Co({. de Duran y Floresta. 

(4) En el Homanceiro del Sr. Almeida-Garret (tomo 11, págs. 250 y sí- 
.guientes), hay un romance portugués de «Dom Gaiferos , el cual es más 
•corto y aun más popular que q1 castellano, pero es muy posterior á éU faN 
tando ya en el portugués algunos de los más bellos rasgos. 



72 líbicos castellanos 

muerto deja al carcelero — y á cuantos con él están : 

vase por una calle ayuso— como hombre mundanal, 

hablando en algarabía — como aquel que bien la sabe. 

Ibase para la puerta, — la puerta de la ciudad; 

halla las puertas cerradas, — no halla por do botar. 

Desque se vido perdido — empezara de llamar : 

— ¡Ábrasme la puerta, el moro, — si Alá te guarde de maU 

Mensajero soy del rey, —cartas llevo de mensaje. — 

Allí hablara el moro, — bien oiréis lo que dirá : 

— Si eres mensajero, amigo, — y cartas llevas de mensaje> 

esperases tú al dia. — y con los otros saldrás. — 

Desque esto oyera Gaiferos — bien oiréis lo que dirá : 

— ¡Ábrasme la puerta, el moro, — sí Alá te guarde de malt 

Darte he tres pesantes de oro, — que aqui no traia mas. — 

Oido lo habia una morica— que en altas tonyes está, 

dícele de esta manera, — empezóle de hablar : 

— Toijia los pesantes, moro,— que menester te serán, 

la mujer tienes moza, — hijos chicos de criar. — 

Desque esto oyó el moro— recio se fué á levantar, 

las puertas que están cerradas — abriólas de par en par. 

Acordósele á Gaiferos — de una espada que trae, 

la cabeza de los hombros— derribado se la ha. 

Muerto cae el morico, — en el suelo muerto cae. 

Desque esto vio la morica— empieza de gritos dar, 

ella los daba tan grandes— que al cielo quieren llegar : 

— jAbrasmonte, Abrásmonte, — el señor de este lugar! — 

Cuando acuerdan por Gaiferos, — ya estaba en la cristiandad. 

(Romance de don Roldan y de la traycion de Galalún, 
Con el romance de Gay/eros.—PWego suelto d«r siglo 

XYI.) 




ROMANCES NOVELESCOS t CABALLERESCOS 



7a 



175. 



ROMANCES DE MONTESINOS . 

Aquí eomiensEan dos romanees del eonde 
Crrlinaltos 7 su hijo Montesinos (!)•— I. 

Muchas veces oí decir— y á los antigaos contar, 
<]ue ninguno por riqueza — no se debe de ensalzar, 
ni por pobreza que tenga— se debe menospreciar. 
Miren bien, tomando ejemplo (2), — do buenos suelen mirar, 
cómo el conde, á quien (8) Grimaltos— en (4) Francia suelen 

[llamar, 
llegó en las cortes (5) del rey— pequeño y de poca edad. 
Fué luego paje del rey — del mas secreto lugar; 
porque él era muy discreto (6),— y de él se podía fiar : 
y después de algunos tiempos,— cuando más entró en edad, 
le mandó ser camarero — y secretario real : 
y después le dio un condado, — por mayor honra le dar (7); 
y por darle mayor honra— y estado en Francia sin par 
lo hizo gobernador, — que el reino pueda mandar^ 
Por su virtud y nobleza, — y grande esfuerzo sin par 
le quiso tomar por hijo, — y con su hija le casar. 
Celebráronse las fiestas — con placer y sin pesar. 
Ya después de algunos dias — de sus honras y holgar, 
el rey le mandó al conde (8)— que le (9) fuese á gobernar 
y poner cobro en las tierras— que le fuera á encomendar. 



(1) Pliego suelto. La Silva y la 
Floresta dicen solamente: «Roman- 
ce de OrímaltoB». 

(2) «Mirad bien, tomad ejem- 
plo.» Silva. 

(8) «Que el conde don.»-^t/i;a y 
Flor. 
(4) ^Qjx'^Tk'* Silva y Flor. 



(6) «Que llegó en cortes» Silva 
y Flor. 

(6) "Secreto.» Silva. 

(7) «El que ya oistes nombrar.* 
Silva. 

(8> •Unen conde. ^ Silva- 
(9) •Se.-> Silva y Flor. 



74 LC RICOS CASTELLANOS 

Pláceme, dijera el conde, — pues no se puede excusar. — 

Ya se ordena la partida, — y el rey manda svparejar 

sus caballeros y damas— para haber (1) de acompañar. 

Ya se partía el buen conde— con la condesa á la par, 

y caballetes y damas— que no le quieren (2) dejar. 

Por la gran virtud del conde— no se pueden apartar : 

de París hasta León— le fueron acompañar. 

Vuólvense para París— después de placer tomar ; 

las nuevas que dan al rey — es descanso de escuchar, 

de cómo rige á León— y le tiene á su mandar, 

y el estado de su Alteza— cómo lo hacia acatar. 

De tales nuevas el rey — ^gran placer fuera (3) á tomar, 

No prosigo mas del rey,— sino que lo dejo estar. • 

Tornemos á don Grimaltos — cómo empieza á gobernar, 

bien querido de los grandes,— sin la justicia negar, 

trata á todos de tal suerte,— que á ninguno da pesar. 

Cinco años él (4) estuvo— sin al buen rey ir (6) á hablar, 

ni del conde á él ir (6) quejas, — ni de sentencia apelar; 

mas fortuna que es mudable, — y no puede sosegar, 

quiso serle tan contraria— por su estado le quitar. 

Fué el caso que don (7) Tomill as — quiso en traición tocar : 

revolvióle con el rey — por mas le escandalizar, 

diciéndole que su yerno — se le quiere rebelar, 

y que en villas y ciudades— sus armas hace pintar, 

y por señor absoluto— él se mandia intitular, 

y en las villas y lugares — guarnición quiere dejar. 

Cuando el rey aquesto oyera — tuvo de ello (8) gran pesar, 

pensando en las mercedes (9)— que al conde le fuera á dar({Oj. 

¡Solo por buenos servicios— le pusiera en tal lugar, 

y después por galardón- tal traición le ordenar! 

lÉi ha determinado — de hacerle justiciar. 

(1) "BÁberle-» Silvay Fl(yi*. i (6) «Ir al rey.» 6»t/fa. 

(2) <'Los querían.» Suva, i (7) «Fué que el falso de.» Silva. 



(3) 'Mucho placer fué.» Silva. 
{ 4) ' Cuatro ó cinco años. » Silva . 
(5) «Sin ir al rey.» Silva. 



(8) «De ello tuvo.» Silva. 

(9) «En los beneficios.» Silva' 
(10) «Dio sin pesar. • «St/va. 






HMJ^VPMi 



IIOMANGES NOVELESCOS Y GABALLEBESGOS 



75 



Dejemos lo de la corte,— y al conde quiero tornar^ 
que estando con la condesa — ana noche á bel folgar, 
adurmióse el buen conde, — recordara con pesar; 
las, palabras que decía — son de dolor y pesar : 
-r¿Qué te hice, vU (1) fortuna? — ¿Por qué te quieres mudar 
y quitarme de mi silla, — en que el rey me fué á sentar? 
¡Por falsedad de traidores — causarme tanto de mal! (2). 
Que seguñ yo creo y pienso — no lo puede otro causar. — 
A las voces que da el conde — su mujer fué á despertar (3); 
recordó muy espantada — de verle asi hablar, 
y hacer lo que no solía,— y de condición mudar. [sai? 

— ¿Qué habéis, mi señor el conde? — ¿En qué podéis vos pen- 
— rNo pienso en otro (4), señora, — sino en cosa de pesar, 
// porque un triste y mal sueño (5) - alterado (6) me hace estar. 
Aunque en sueños (7) no fiemos, — no sé á qué parte lo echar, 
que parecía muy cierto — que vi una águila volar, 
siete halcones tras ella — mal aquejándola van, 
y ella por guardarse de ellos — retrújose á mí ciudad; 
encima de una alta torre — allí se fuera á asentar; 
por el pico echaba fuego, — por las alas alquitrán; 
el fuego que de ella sale— la ciudad hace quemar; 
á mi quemaba las barbas, — ^y á vos quemaba (8) el bríal. 
Cierto tal sueño como este — no puede ser sino mal! 
Esta es la causa, condesa,— que me sentiste (9) quejar, [mal, 
t— Bien lo merecéis, buen conde,— si de ello os viene algún 
que bien ha los (10) cinco años,— que en corte no os ven estar ^ 
y sabéis vos bien, el conde,— quién allí (11) os quiere mal, 
que es el traidor de Tomíllas (12)— que no suele reposar : 



/ 



(1) «Yo.» Silva. 

Cd «Tanto pQsar» .s^rVz/A. 
(3) «La condesa hace despertar . 
Silva. 
(€ «Nada.» Siha. 

(5) «Sino triste soñé un sueño. 
Silva. 

(6) «Que alterado.» Silva, 



(7) «Kn ellos.» .S/Vz Vi. 

(8) «Y á vos, señora.» Silva. 

(9) «De que me sentía. » Silva. 

(10) «Cerca» Silva. 

(11) "Que allí hay quien.» 5/7zrt. 

(12) '=Y el traidor de don Tomi 
lias.» Siha. 



. 76 LÍRICOS CASTELLANOS 

yo no ló tengo á mucho — que ordene (1) alguna maldad. 

Mas, señor, si me creéis, — mañana antes de yantar 

mandad hacer im pregón— por toda esa ciudad, 

que vengan los caballeros — que están á vuestro mai^dar» 

y por todas vuesftas tierrais— también los mandéis llamar, 

que para cierta jornada (2)— todos se hayan de juntar.-^ 

Desque todos estén juntos — decirles heis la verdad, y 

que quedéis ir á París — para con el rey hablar, 

y que se aperciban todos — para en tal caso os honrar. 

Según de ellos sois querido, — creo no os podrán faltar : 

iros heis con todos ellos— á París, esa ciudad, 

besaréis la mano al rey — como la soléis besar, 

y entonces sabréis, señor (3),— lo que él os quiere mandar; 

que si enojo de vos tiene — luego os lo demostrará (4), 

y viendo'vuestra venida — bien se le podrá quitar. 

— Pláceme, dijo, señora,— vuestro consejo tomar. — 

Pártese el conde Grimaltos— á Paris, esa ciudad, 

con todos sus caballeros —y otros que él pudo juntar. 

Desque fué cerca Paris — bien quince millas ó mas, 

mandó parar á su gente, — sus tiendas mandó armar, 

hizo aposentar los suyos - cada cual en su lugar. 

Luego' el rey de él hubo cartas,— respuesta no quiso dar. 

Cuando el conde aquesto vido— en Paris se fué á entrar; 

fuérase para el palacio— donde el rey solia estar; 

saludó á todos los grandes, — la mano al rey fué á besar (6) 

el rey de muy enojado — nunca se la quiso dar, 

antes mas le amenazaba — por su muy sobrado osar, 

que habiendo hecho tal traición — en P'aris osase entrar; 

jurando que por su vida— se debia maravillar 

cómo, visto lo presente, — no lo hacia degollar; 

y si no hubiera mirado— su hija no deshonrar, 



*:.-■ - 



(1) «Os urda.» Silva, 

(2) «Por una jomada cierta.» 
Silva y Flor. 



(3) « Señor, entonces veréis . » 

Silva. 

(4) «Lo ha de moMirar.» Silva. 
(6) «Tomar.» Silva, 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS • 77 

que antes que e^dia pasara — lo hiciera justiciar : 

mas por dar á él castigo, — y á otros escarmentar 

le mandó salir del reino— y que en él no pueda estar. 

Plazo le dan de tres días — para el reino vaciar (1) 

y el destierro es de esta suerte : — que gente no ha de llevar, 

caballeros, ni criados —no le hayan de acompañar, 

ni lleve caballo ó muía —en que pueda cabalgar : 

moneda de plata y oro — deje, y aun la de metal. 

Cuando el conde esto oyera— j ved cuál podia estar! (2) 

Con voz alta y rigurosa, — cercado de gran pesar, 

como hombre desesperado —tal respuesta le fué á dar : 

— Por desterrarme tu Alteza— consiento en mi desterrar; 

mas quien de mí tal h^ dicho (3), — miente y no dice verdad, 

que nunca hice traición, — ni pe usé en maldad usar; 

mas si Dios me da la vida — yo haré ver la verdad. — 

Ya se sale de palacio— con doloroso pesar; 

/iuése á casa de Oliveros, — y allí halló á don Eoldan. 
Contábales las palabras— que con el rey fué á pasar; 
despidiéndose está de ellos,— pues les dijo la verdad, 
jurando que nunca en Francia — lo verían asomar, 

• si no fuese castigado— quien tal cosa fué á ordenar. 
Ya se despedía de ellos; — por Paris comienza á andar 
despidiéndose de todos — con quien solia conversar : 
despidióse de Valdovinos— y del romano Fincan, 
y del gastón (4) Angeleros, — y del viejo don Beltran, 
y del duque don Estolfo, — de Malgesí otro que tal, 
y de aquel solo invencible — Reinaldos de Montalvan. 
Ya se despide de todos — para su viaje tomar. 
La condesa fué avisada,— no tardó en Paris entrar : 
derecha fué para el rey, — sin con el conde hablar, 
diciendo que de su Alteza — se quería maravillar, 
cómo al buen conde Grimaltos —lo quisiese asi tratar; 



(1) •Pai'a del reino botar.» Silva. ' (3; «Mal te dijo.» Silva. 
GO «iVed que tal podia quedar!' (4) «Yde Graston.» S/Zz/rt. 

Silva, I 



78 



LÍRICOS CASTELLANOS 



que sns obras nunca han sido— de tan mal g&lardonar, 
y qoe gnpBti^ágaAK iBnii- g oA en ello mande mirar, 
y si el conde no es culpado — qxte al traádor haga pagar 
lo que el conde merecía — si aquello fuese verdad^ 
y asi será castigado— quien lo tal fué á ordenar (1). 
Cuando el rey aquesto oyera (2)— luego la mandó callar, 
'diciendo que si mas habla (3) — como á él la ha de tratar, 
y que le es muy excusado— por él conde le rogar, 
pues quien por traidores ruega — traidor se pueda llamar. 
La condesa que esto oyera (4), — llorando con gran pesar, 
descendióse del palacio— para al conde ir á buscar. 
Viéndose ya con el conde (5) — se llegó á lo (6) abrazar; 
i o que el uno y otro dicen — lástima era de escuchar : 
—¿Este es el descanso, conde,— que me habiades de dar? 
¡No pensé que mis placeres — tan poco hablan de durarl 
Mas en ver que sin razón— por placer nos dan pesar, 
(|uiero que cuando vais, conde,— cuenta de ello sepáis dar. 
Yo os demando una merced, — no me la queráis negar, 
porque cuando nos casamos — hartas (7) me habiades de dar» 
Yo nunca las he habido, — aun las tengo de cobrar, 
ahora es tiempo, buen conde, — de haberlas de demandar. 
— Excusado es, la condesa, — eso. ahora demandar, 
porque jamas tuve cosa — fuera de (8) vuestro mandar, 
que cuanto vos demandéis — por (9) mi fe de lo otorgar, [var» 
— Es, señor, que donde fuéredes — con vos me hayáis de lle- 
— Por la fe que yo os he dado— no se os puede (10) negar; 
mas de las penas que siento — esta es la mas principal, 
porque perderme yo solo— este perder es (11) ganar. 



(1) «Quien tal quiere ordenar.» 
Silva, 

(2) Después de este verso se ha- 
llan en la Silva los dos siguientes; 

Con enojo y con pesar, 
con gran saña muy airado. 

(3) «Y si masen ello le habla.' 
Silva. 

(4) «Viera» Silva. 



(5) * Viendo asiir al conde. » 

Silva, 

(tí) 'Llegado le ha.» Silva. 

(7) <^£íXT2íA.'> Silva y Floresta, 

(8) «Ño fuese á.» Silva. 

(9) *Doy._» Silva. 

(10) «No lo vos puedo.» Silva, 

(11) «AL perder llamo.» Silva 
Floresta, 



ROMANCES NOVELESCOS r CABALLERESCOS 



7í) 



^ 



y en perderos vos, sefiora,— es perder sin mas cobrar; 
mas pues asi lo queréis,— no queramos dilatar. 
¡Mucho me pesa, condesa, — porque no podáis andar, 
que siendo niña y preñada— podríades peügrarl 
Mas pues fortuna lo quiere (1)— recibidlo sin pesar, 
que los corazones fuertes — se muestran en tal lugar. — 
Témanse mano por mano, — sálense de la ciudad; 
con ellos sale Oliveros» — y ese paladin Roldan, 
también el Dardin Dardefía,— y ese romano Fincan, 
y ese gastón Angeleros,— y el fuerte Meridan (2) : 
con ellotf va,don Reinaldos,— y Valdo vinos el^al 
y ese duque don Estolfo,— y Malgesi otro que tal (8); 
las dueñas y las (4) doncellas— también con ellos se van .- 
cinco millas de Paris —los hubieron de dejar. 
£1 conde y condesa solos — tristes se habían de quedar : 
cuando partirse tenian->no se podían hablar. 
Llora el conde y la condesa, — sin nadie les consolar, 
porque no hay grande ni chico— que estuviese sin llorar. 
¡Pues las damas y doncellas, — que allí hubieron de llegar, 
hacen llantos tan extraños,— que no los oso contar, 
porque mientras pienso en ellos — nunca me puedo ale- 

[grar! 

Mas el conde y la condesa — vanse sin nada hablar : 
los otros caen en tierra— con la sobra del pesar : 
otros crecen mas sus lloros — ^viendo cuan tristes se van. 
Dejo de los caballeros— que á Paris quieren tornar; 
vuelvo al conde y la condesa, — que van con gran soledad 
por los yermos y asperezas— do gente no suele andar. 
Llegado el tercero dia, — en un áspero boscaje 
la condesa de cansada — triste no podía andar. 
Rasgáronse sus servillas, — no tiene ya que calzar : 



(1) «Foriana o» oonyída. » Silva. 
^ «Mérian.» Silva. 
(^ Después de este verso pone 
la Siha los dos siguientes: 



Cien caballeros de salva 
los salen acompañar. 
(4) «Damas, dueñas y.» AVz/rt. 



89 LÍRICOS CASTELLANOS 

de la aspereza del monte (1)— los pies no podía alzar (2); 

do quiera que el pié ponía — bien quedaba la señal. 

Cuando el conde aquesto vído, — queriéndola consolar, 

con gesto muy amoroso— la comenzó de hablar : 

—No desmayedes, condesa, —mi bien, queráis (8) esforzar, 

que aquí está una fresca fuente— do el agua muy fría está (4) 

reposaremos, condesa, — y podremos refrescar. — 

La condesa que esto oyera — algo el paso fué á alargar, 

y en llegando á la fuente — las rodillas fué á hincar. 

Dio gracias á Dios del cielo, — que la trujo en tal lugar, 

diciendo ; —¡Buen agua es esta— para quien tuviese pan! — 

Estando en estas razones — el parto le fué á tomar, 

y allí pariera un hijo, — que es lástima de mirar 

la pobreza en que se hallan — sin poderse (5) remediar. 

El conde cuando vio el hijo— comenzóse de esforzar; 

con el sayo qaie traia — al niño fué á cobijar; 

también se quitó la capa— por á la madre abrigar (6); 

la condesa tomó el niño — para darle de mamar. 

El conde estaba pensando — qué remedio le buscar, 

que pan ni vino no tienen, — ni cosa con que pasar. 

La condesa con el parto— no se puede levantar; 

tomóla el conde en los brazos — sin ella el niño dejar, 

súbelos á una alta sierra — para mas lejos mirar. 

En unas breñas muy hondas— grande humo vio estar (7), 

tomó su niujer y hijo,— para allá les fué á llevar. 

Entrando en la espesura — luego al encuentro le sale 

un virtuoso ermitaño— de reverencia muy grande; 

el ermitaño que los vido —comenzóles de hablar ; 

— ¡Oh válgame Dios del cielo! —¿Quién aquí os fué á aportar? 

Porque en tierra tan extraña — gente no suele habitar, 

sino yo que por penitencia — hago vida en este valle. — 



(1) 'Camino.'» Silva, 
(2J «^Van los pies corriendo san- 
gre." Silva. 



(5) «No se paede.» Silva, 

(6) ("Por cobijar á su madre. » 

Silva. 



(3) «Bien os queráis." Silva. \ (7) «Vi Jo que gran humo sale.' 

(4) <> Agua fresca sale. ' .S"/Vz'íí. I Silva,' 



BaMANCES NOVELESCOS r GABILLBRBSGOS 



9t 



V^£]J^^de le respondió—con angustia y con pesar : 
— Por Dios te ruego, ermitaño, — que uses de caridad, 
que después habremos tiempo— de cómo vengo, á contar : 
mas para esta triste dueña — dame que le pueda dar, 
que tres días con sus noches — ha ique no ha comido pan, 
que allá en esa fuente fría— el parto le fué á tomar. — 
El ermitaño que esto oyera, — movido de gran piedad, 
llevóles para la ermita— do él solia habitar. 
Dióles del pan que tenia, — y agua, que vino no hay : — 
recobró algo la condesa — de su flaqueza muy grande. 
Allí le rogó el conde — quiera el niño bautizar (1). 
— Pláceme, dijo, de grado; — ¿mas cómo le llamarán? 
— Gomo quisiéredes, Padre,— el nombre le podréis dar. ^.íl^sí 
— Pues nació en ásperos montes — Montesinos le, dirán (2). — .^^y ^. 
Pasando y vioiendo dias, — todos vida santa hacen; 
bien pasaron quince años, — que el conde de allí no parte (3). 
Mucho trabajó el buen conde— 'Cn haberle de enseñar (4) 
Á SU hijo Montesinos (5)— todo el arte militar, 
la vida -de caballero — cómo la habia de usar, 

liíómo ha de jugar (6) las armas, —y qué honra ha de ganar, 
jcómo. venará el enojo (7) — que al padre fueron á dar. 
Muéstrale en leer y escribir— lo que le puede enseñar, 
muéstrale jugar á tablas,— y cebar un gavilán. 
A veinte y cuatro de^ junio, — ^dia (8) era de San Juan, 
padre y hijo paseando — de la ermita se van (9); 
encima de una alta sierra— se suben á razonar. 



r- 



\.. 



(1) «Allí le suplicó el conde 
qj)e huviese de bautizar 
al triste nifio nacido 

con trlt)ülación tan grande» 

Silva. 

(2) «Le llamad.» Silva, 

(8) En la Silva se hallan después 
de este: verso los dos siguientes : 
«Do se crió Montesinos, 
el su hijo natural.» 
(4) «Mostrar.» Silva. 

Tomo IX 



(5) Éste, y el verso que le sigue, 
faltan en la Silva, 

(6) «Y en exercitar.»- Silva. 

(7) En veí de éste y del verso 
que le sigue lleva la Silva los si- 
guientes: 

«Él mira bien el consejo 
que le daba el conde su padre.* 

(8) «Mañana.» ¿V/crt. 

(9) «Se salen.» ¿V/í'rt. 



(i 



82 Límeos CASTELLANOS 

Cuando el conde alto se vido— vido á París la ciudad. 
Tomó al hijo por la mano,— comenzóle de hablar, 
con lágrimas y sollozos — no deja de suspirar. 

{Aguí comienzan dos rom. del conde Grimalios y su hi/^ 
Montesinos (vale decir este romance, y el que le sigue). 
Pliego suelto del siglo xvi, en el Rom. gen, del señor 
Duran — Silva de var. rom. ed. de Barcelona, 1582. — 
Floresta de var, rom. ed. de Madrid, 1674 (i). 



(f 




176. 

(Montesinos. — II.) 

Romanee de Hffontesinos (2), 

— rCata Francia, Montesinos,— cata París la ciudad, 
cata las aguas de Duero, — do van á dar en la mar; 
cata palacios del rey, — cata los de don Beltran, 
y aquella qué ves mas alta— y que está en mejor lugat 
es la casa de> Tomillas, — mi enemigo mortal. 
Por su lengua difamada — me mandó el rey desterrar, 
^JV ! y he pasado á causa de esto — mjicha sed, calor y hambre^ 
trayendo los pies descalzos,— las uñas corriendo sangre. 
A la triste madre tuya — por testigo puedo dar, 

, que te parió en una fuente — sin tener en que te echar. 

; Yo triste quité mi sayo — para haber de cobijarte; 
ella me dijo llorando — por te ver tan maLpasar : 
— Tomes este niño, conde,— y lléveslo á cristianar; 
llamédesle Montesinos,— Montesinos le llamad. — 
Montesinos que Lo oyera— los ojos volvió á su padre; 

(1) No habiendo estado á naestro alcance el pliego suelto arriba citado*, 
de qué se ha aprovechado el Sr. Dunln al publicar este romance en sn Ro- 
mancer o general, hemos juzgado lo mejor el copiar literalmente su texto» 
anotando todavía las variantes de la Silva y las más importantes de la 
Floresta. 

(2) Canc, de Rom, s. a. y 1550. 



ROMANCES NOVELESCOS T GáBALLBRBSCOS 



83 



las rodillas por el suelo — empezóle de rogar 

le quisiese dar licencia, — que en Paris quiere pasar, 

y tomar sueldo del rey — si se lo quisiere dar, 

por vengarse de Tomillas,— su enemigo mortal; 

que si sueldo del rey toma — todo se puede vengar. 

Ya que despedirse quieren — á su padre fué á rogar 

que á la triste de su madre^él la quiera consolar, 

y de su parte le diga— que á Tomillas va buscar (1). 

— Pláceme, dijera el conde, — hijo, por te contentar. — 

Ya se parte Montesinos— para en Paris entrar, 

y en entrando por las puerías — luego quiso preguntar 

(1) Con este verso acaba el romance en todas las ed. del Canc, de Rom.\ 
lo que sigue se lia tomado de la Silva de varios romances, ed. de Barcelo- 
na de 15^ donde también la parte qae antecede es tan diferente del tex- 
to del Canc, de RotH,^ qne la ponemos aqni entera; el texto de la Floresta 
de varios romances está en un todo conforme con el de la Silva^ teniendo 
tan sólo algunas ligeras variaciones ó enmiendas más bien posterior- 
mente hechas con arreglo á los preceptos de la poesía artística. 



— <^ata Francia, Montesinos, 
y París es^ ciudad, 
cata palacios del £ey 
tu abudo natural, 
cata casa de Tomillas 
mi enenugo mortal; 
Pf»* su inicua y mala lengua 
me mandaron desterrar, 
do he pasado á causa de esto 
mucha sed, calor y hambre, 
aguas, nieves y ventiscos 
por estos ásperos valles, 
'y la triste madre tuya 
p(Br testigo puedo -dar, 
que te parió en una fuente 
siix tener cosa en que echarte: 
yo triste quité mi sayo 
pora haber de cobijarte. 
Otras mil angustias tristes 
que yo no querría contar; 
y el traidor de don Tomillas 
todo esto quiso ordenar; 
mas 81 Dios me da la vida 



yo lo entiendo de vengar.— " 
Montesinos qne esto oyera 
los ojos volvió á 8u padre, 
las rodillas puso en tierra 
por la mano le besar, 
pidió le diese licencia 
que á Paris quiere llegar: 
porque él ha oído decir 
que sueldo acostumbran dar 
á los buenos caballeros 
qu* lo quisieren tomar: 
—por eso, Eeñor, vos ruego, 
de ello no toméis pesar, 
(lue si sueldo del rey tomo 
todo se podrá vengar.— 
Viendo el conde su deseo, 
la bendición le fué á dar. 
Partiéndose Montesinos 
volvió á rosar á su padre, 
que haya por encomendada 
á la condesa su madre, 
y de su parte le diga, 
que á Tomillas va á buscar. 



84 LÍBICOS CASTELLANOS 

por los palacios del rey— que se los quieran mostrar. 
Los que se lo oían decir ~dél se empiezan á burlar; 
viéndolo tan mal vestido — piensan que es looo^ ó truhán; 
en fin, muéstranle el palacio, — por ver que quiere buscar : 
sube alto en el palacio,— entró en la sala real, 
halló que comia el rey,— don Tomillas ¿ la par. 
Mucha gente está en la sala, — por él no quieren mirar. 
Desque hubieron ya comido — al ajedrez van á jugar 
solos el rey y Tomillas — sin nadie á ellos hablar, 
si no fuera Montesinos — que llegó á los mirar; 
¿'mas el ^Iso de Tomillas, — eñ quien nunca hubo verdad, 
'jugara una treta falsa, — donde no pudo callar 
el noble de Montesinos,— y publica su maldad. 
Don Tomillas que esto oyera, — con muy gran riguridad 
levantara la su mano, — un bofetón le fué á dar. 
Montesinos con el brazo— el golpe le fué á tomar, 
y echó mano al tablero, — y á don Tomillas fué á dar 
un tal golpe en la cabeza, — que le hubo de matar. 
Murió el perverso dañado, — sin valerle su maldad. 
Alborótánse los grandes —cuantos en la sala están :,_ 
prendieron á Montesinos — y queríanlo matar, 
sino que el rey mandó á todos— que no le hiciesen mal, 
porque él queria saber— quien le dio tan gran osar; 
que ño Sin algún misterio— él no osara tal pensaj*. 
Cuando el rey le interrogara— él dijera la verdad. 
— Sepa tu real Alteza — soy tu nieto natural; 
hijo soy dé vuestra hija, — la que hicisteis desterrar 
con el conde don Grimaltos, — vuesfro servidor leal, 
y por falsa invención — le quisiste maltratar : 
mas agora vuestra Alteza— de ello se puede informar; 
que el falso de don Tomillas — sepan si dijo verdad, 
y si pena yo merezco, — buen rey, mandádmela dar, 
y también si no la tengo^-que me mandásedes soltar, 
y al buen conde y la condesa — los mandéis ir á buscar, 
y les tot-'neis á sus tierras— como solia gobernar. — 
Cuando el rey aquesto oyera— n© qu^so n^as escuchar. 



.> 



/ 



BOMANCBS NOVELESCOS T CABALLERESCOS 85 

Aanque v^eia ser él su nieto— quiso saber la verdad : 
supo que don Tomillas— ordenó aquella maldad, 
porque tuyo envidia — viéndole en prosperidad. 
Cuando el rey la verdad supo— al conde hizo ir á buscar : 
gente de á pié y de á caballo — iban para le acompañar, 
y damas por la condesa - como solia llevar. 
Llegado junto á Paris— dentro no quieren entrar, 
porque cuando del salieron — los dos' fueron á jurar 
que las puertas de Paris — nunca las vieran pasar. 
Cuando el rey aquello supo — luego mandó derribar 
un pedazo de la cerca — por do pudiesen pasar 
sin quebrar el juramento-— que ellos fueron á jurar : 
lleváronlos al palacio— con mucha solemnidad, 
hácenlos muy ricas fiestas— cuantos en la corte están. 
Caballeros, dueñas, damas— los vienen á visitar, 
y el rey delante dé todos— por mayor honra les dar, 
les dijo que había sabido — como era todo maldad, 
lo que dijo don Tomillas — cuando lo hizo desterrar : 
y x>orque sea mas creido— allí les tornó á añrmar 
todo lo que antes tenian, — ^y el gobierno general, 
y que después de sus dias — el reino haya de heredar 
el noble de Montesinos, — y así lo mandó firmar. 

{Canc. de Rom. s. a. f. ig^.—Cauc. de Rom. ijjo.f, 205. 
Silva de var. rom. ed. de Barcelona del año de 1582. 



177. 

(Montesincs. — III.) 

Étomaiice: el cual cuenta el desafío que 
liizo Montesinos á Oliveros en las salas 
lie París : hecho por Juan del Campo* 

£n las salas de Paris,— en un palacio sagrado 
ado está el emperador — con los paree razonando, 



i 



S6 LÍRICOS CASTELLAKOa 

acabando de comer,--un rumor se ha levantado. 
Oliveros y Montesinos— mal se quieren en celado. 
Oliveros fué el primero— que se habia desmesurado : 
— Dicho os he, Montesinos, — dias ha que os he rogado, 
que de amores de Aliarda — no tuviésedes cuidado, 
que no sois para servilla, — ni para ser su criado; 
si no fuese por el emperador — yo os habría castigado. — 
Montesinos que esto 03fera, — la color se le ha mudado, 
así le tiemblan las carnes— como á hombre sentenciado; 
echó mano á la su espada, — su neo manto abajado, 
tiró un golpe á Oliveros;— mas no le habia acertado. 
Oliveros no tenia armas, — dos saltos atrás ha dado. 
Metióse la gente en medio;— otra cosa no ha pasado. 
Ellos en aquesto estando— don Roldan habia llegado, 
á grandes voces diciendo ; — ¡Viva, viva el emperador, y el 

[que vive á su m«idado! 
— iVival dijo Montesinos, — mas no de ser ultrajado; 
que si de esto no me vengo, — no entraré mas en poblado, 
ni comeré pan á mesa,— ni oiré misa en sagrado, 
,ni me vestiré loriga, — ni cabalgaré en caballo, 
ipi me llamarán en Francia — hijo del conde Grímaldo. 
Abájase del escala— con pasión muy lastimado, 
fuérase al mesón de Burgo — ado estaba aposentado, 
armóse de una loriga— y de un ames tranzado, 
echóse un escudo al cuello : — de todas armas armado, 
sin poner pié en el estribo, — en el caballo habia saltado. 
Sale por la puerta afuera — muy honesto y mesurado, 
por las calles que habia gente— íbase muy sosegado, 
por do via que no estaba — va corriendo como un gamo. 
En saliendo de París — topara con don Reinaldo (1), 
primo suyo carnal,— en amor mas que hermano. . ' 
— ¿Adonde vais, Montesinos, — adó vais tan bien armado? 
O vais con mensaje á moros, — ó venís desafiado. 

()) El texto lleva por equivocación «Roldan», mientras la asonaiioia y 
«1 sentido piden «Reinaldo '. 



BOMANGES NOVBLBSqOS T CABALLERESCOS 87 

<— No voy á nada de aqaeso, — ni de ello tengo cuidado; 
mas Oliveros en palacio— de palabras me ha ultrajado, 
respondiérale yo á ellas; —mas no quedé bien pagado. 
Por Dios os ruego, mi primo,— que vais á desafiarlo, 

que le digáis de mi parte— que le espero en él campo^- 

en el campo de san Dionis, — bien armado y á caballo. 
— ^Pláceme, dijo Reinaldo,— pláceme de muy buen grado, 
. decírselo he de boca,— aunque esté muy ocupado, 
sino quisiere uno por uno — seremos dos por cuatro, 
«unque viniese con ellos — don Roldan el encantado. — 
Ellos en aquesto estando— Oliveros que ha llegado 
con la sobrevista verde.— ¡Oh .cuan bien parece armado! 

# 

El gesto trae descubierto, — blanco es y colorado, 

á grandes voces diciendo : — Tiraos afuera, Reinaldo, 

lo que ha dicho Montesinos — presto le costará caro. 

— Pláoeme, le dijo él,— pláceme de muy buen grado. — 

Volvió riendas al caballo,— en París se habia lanzado. 

Mejor fuera para ellos— no habellos él dejado. 

Pocas palabras se dicen, — metido se han en un prado. 

Apartóse el uno del otro— cuanto un tiro de dardo. 

De los muy recios encuentros — á tierra se han derrocado. 

Herido fué Montesinos— en el su izquierdo lado; 

asi quedara Oliveros— por medio de su costado, 

que el hierro de Montesinos— en el cuerpo le ha quedado. 

Levántanse ambos en pié,— las espadas han sacado; 

«ntre los dos caballeros— cruel batalla se ha trabado. 

Ellos en aquesto estando— Baldovinos que ha llegado 

con sus perras de trailla— y su halcón en la mano. 

Rogado les ha por la paz; — del nada no se han curado. 

Batió piernas al caballo, — y él así los ha dejado. 

Euése al emperador— muy triste, desconsolado. • 

' — ¿Qué hacéis aquí, señor, — con tan pequeño cuidado? 

Qae boy pierdes dos caballeros,— los mejores de tu estado, 

€11 el GMlipo de san Dionis, — cada uno mal llagado. 

SI prepto no socorréis — el campo será acabado. — 

Bou Carlos cuando lo oyera — temblaba como azogado, 



1 



88 LÍRICOS CASTELLANOS 

cabalgó en nn palafrén — por no esperar á caballo. 
Con él iba en compañía— lese conde don Grimaldo, 
con él iban caballeros, — todos eran hijos- dalgo. 
En llegando á san Dionisio— véenlos estar en lo llano; 
cada cual caído en tierra, — que no bullen pié ni mano. 
Cuando así los vido el conde, — de su boca habia hablado r 
— ¡Qué tal estáis, mi hijo, — el mi hijo mucho amado, 
por las tierras do yo voy — por vos fuera muy honrado! 
Si habéis herida de muerte — de vuestra alma habed cuidado» 
Aunque vos muráis, mi hijo,— de mí no seréis llorado, 
que ni morís por mesones, — ni por tableros jugando; 
morís como caballero — en el campo peleando. 
—Que no moriré, señor, — de lo que estoy agora llagado; 
mas socorred á Oliveros, — ved si está peor tratado. 
— Con él está acá, mi hijo,— el emperador don Carlos; 
mucho estaba mal herido,— vos no estáis muy bien librado. — 
Alli llegó el emperador, — su rostro todo mojado 
/de lágrimas de sus ojos— que por ellos ha llorado. 
— Si sois vivo, Montesinos, —yo quedaré consolado. — 
— Cuál me hallardes, señor,— estoy á vuestro mandado. — 
Con igual honra en París — ambos los han lanzado; 
con la vida de los dos — el pueblo se ha holgado. 
Mucho mas se holgó el conde, — y asi hiciera Reinaldo, 
que del bien de Montesinos— él estaba muy pagado. 

(Sigttese un romance : el cual cuenta el desafio que hiao^ 
Montesinos á Oliveros en las salas de Parts, etc. Plie- 
go suelto del siglo xvi.) 



B0HANCB8 NOVBtESCOS T CABALLBBK8G08 89 

177 a, 

(Montesinos. — IV,) 
(Al mismo asunto.) 

■tomanee de nn desafio que se hizo en Pa- 
rís de dos caballeros principales de la ta» // 
bla redonda, los cuales son Montesinos' 
y Oliveros. Fué el desafío por amores de 
ana dama llamada Aliarda. 

En las salas de París, — en el palacio sagrado 
donde está el emperador— con su imperial estado, 
también estaban los doce—que á una mesa se han juntado, 
obispos y arzobispos ~y un patriarca honrado. 
Después que hubieron comido — y las mesas se han alzado, 
ya se levanta la gente, — todos iban paseando 
por una sala muy grande, — unos con otros hablando. 
Unos hablan de batallas, — los que las han acostumbrado; 
otros hablan de amores, — los que son enamorados. 
Montesinos y Oliveros— mal se quieren en celado; 
con palabras injuriosas— Oliveros ha hablado. 
Las palabras fueron tales, — que de esta suerte ha empezado : 
— Montesinos, Montesinos, — ¿cuánto ha que os he rogado 
que de amores de Aliarda — no tuviésedes cuidado, 
que no sois para servirla,— ni para ser su criado? 
¡Si no, por el emperador,— yo os hubiera castigado! — 
Montesinos que esto oyera— túvose por injuriado; 
la respuesta que le dio — fué como de hombre esforzado. 
— ¡Buen caballero Oliveros, — mucho estoy maravillado, 
siendo hombre de buen linaje— siempre entre buenos criado, 
que vos á mi deshonrar— bien debia ser excusado; 
que si tuviera yo (1) espada— como vos tenéis al lado, 

(1) «Yo tuviera.» Silva. Floresta 



90 LÍRICOS CASTELLANOS 

tas palabras que dijistes — bien las hnbiérades pagado! — 
Oliveros que esto oyera — en la espada puso mano : 
fuese para31onte8inos — como hombre muy airado. 
Montesinos no tiene armas, — descendióse del palacio. 
Los ojos puestos en el cielo— juramento iba echando (1) . 
jde nunca vestir loriga, — ni cabalgar en caballo, 
I ni comer pan á manteles, — ni nunca entrar en poblado 

J y de no rapar sus barbas^ — ni de oir misa en sagrado, 
mi llamarse Montesinos— hijo del conde Grimaltos, 
[hasta que vengue la mengua — que Oliveros le ha dado. 
En llegando á su posada — fué muy prestamente armado : 
pone el yelmo en su cabeza,^ — vístese un arnés tranzado; 
mandó sacar una lanza — que él tenia en apartado : 
que la lanza era muy fuerte,— y el hierro bien acerado. 
Ya es armado Montesinos, — ya cabalga en su caballo ; 

ias cartas que tiene escritas —á un paje las habia dado, 

que las lleve á Oliveros— y se las diese en su mano, 

y le diga que le aguarda — Montesinos en el campo, ^ 

armado de todas armas— y el caballo encubertado. 

Ya se parte el mensajero— con las cartas que le ha dado; 

en casa del emperador — á Oliveros ha hallado, 

con muy grande reverencia — el paje lo ha llamado. 

Oliveros es discreto,— y hombre muy bien criado, 

apartóse con el paje— en un lugar apartado : 

preguntó lo que quería,— ó quién le habia enviado. 

Elpaje cuando esto oyó— las cartas le hubo mostrado, 

Oliveros que las vido — dijo que él daría recaudo. 

Ya se parte el pajecico, — ya se sale del palacio. 

El plazo que Montesinos — á Oliveros hubo dado, 

cuatro horas le da de tiempo — que le aguardaría en el campo, 

y si al plazo no viniese — por traidor seria llamado. 

El acudió de tal suerte, — que seis horas hablan pasado. . 

Tanto aguar Jó Montesinos, — que ya estaba enojado. 

Mientra que en el campo andaba — á Oliveros esperando, 

(1) «Juramentos.» Sí/va. 



BOMANGBS NOVELESCOS T GABALLKBB8C0S 94 

vio allí un caballero^ qae Uamaban don BeinaMoB, [mano. 
qae de linaje era sa primo, — y en el voluntad más que her- 
Las palabras que le dijo, — de esta manera ha hablado : 
— M(»itesinos, )Contesinos, — ¿qué facéis, mi primo hermano, 
que Befcwi del modo os v'éo — vos estáis mal enojado? 
Alguno os dei^afió — y vos lo estáis esperando, 
porque no siento otra cosa — por qué estuviésedes armado (1). 
Montesinos que esto oyera— tal respuesta le hubo dado : 
— La causa que ansí me halláis — vos la contaré de grado : " 
on presente hoy me trujeron,— y en él vino este caballo; 
mas vos sabéis mi costumbre, — que si caballo me han dado, 
el primer dia que á mí viene — ha de ser muy biea' probado : 
yo por ver qué tal es este — he subido en él armado. — 
Don Reinaldos que esto oyera — esta respuesta le ha dado : 
— Montesinos, Montesinos, — vuestro hablar es excusado; 
vos á mí no me neguéis — por qué estáis desafiado. — 
Montesinos que esto vido— que lo sabia don Reinaldos, 
luego sin mas dilación — ^la verdad hubo contado. 
— Vos sabéis^ mi señor primo,— que hoy dentro en el palacio 
(fjoj vuestro primo_Oliyerofi[— andábamos paseando ; 
de unas razones en otras — él me ha mal injuriado, 
diciendo que de Alíarda — yo no tuviese cuidado, 
que no era para servirla — ni para ser su criado; 
que si mirado no hubiese — al gran emperador Carlos, 
por el enojo que le hice — ya me hubiera castigado. 
Yo le dije que hablaba— mal, y muy desmesurado, 
y él echó mano á la espada — y embrazóse de su manto. 
Yo hallándome sin armas — descendime del palacio; 
íuíme para mi posada— muy triste y muy enojado; 
ármeme con estas armas — que vos me halláis armado; 
cartas envié á Oliveros — que le aguardaba en el campo : 
cuatro horas le di dé tiempo— que le estaría esperando, 
y si en estas no viniese — por traidor seria llamado. 

(1) «Para que asi estéis armado» -F/í'^.— «Pues os detuviese aquí arma 
do.» Las eds. poits. del Canc, de Rom, 



A ■ 



92 LÍRICOS CASTELLANOS 

Desque pasan las (1) cuatro horas, — otras dos habían pasa- 
Don Beinaldos que esto oyó — esta respuesta le ha dado: [dó. 
— Si queréis vos, Montesinos,— yo iré presto á llamarlo, 
si no quiere oírlo de lengua,— decírselo he por las manos; 
y si él no quiere venir,- para vos y mí, sean cuatro.— 
Ellos estando en aquesto— Oliveros ha llegado, 
no como hombre de pelea, — sino como enamorado. [do. 

Él viene muy gentil hombre, — mas también muy bien arma- 
En llegando á Montesinos— de esta suerte le hubo hablado : 
—Montesinos, Montesinos, — ¿qué es esto, traidor malvado? 
que la fe que tú me diste—ihásmela muy mal guardadol 
dijiste que estarías solo, — y hallóte. acompañado. — 
Montesinos que esto oyó— tal respuesta le hubo dado: 
— Oliveros, Oliveros, — de esto no estéis enojado, 
que si compañía tengo— cierto vos lo habéis causado, 
que si viniérades á tiempo — del plazo que os hube dado» 
la compañía que tengo— no la hubiérades hallfido, 
que por causa de desdicha— él me halló aquí armado; 
él me preguntó qué habla, — yo bien me hube excusado; 
mas por importunación— sabed que yo le he contado 
lo que está entre vos y mí, — y lo que yo hube pasado : 
mas yo os haré juramento — donde vos queráis tomallo, 
que por esta compañía— no seréis perjudicado, 
sino que él se irá á París- quedando nos en el campo. 
— Pláceme, dijo Oliveros,- de eso que habéis hablado.-^ 
Reinaldos se entró en París— y ellos quedan en el campo. 



Ibanse de par en par,— y juntos lado con lado, 
hasta llegar á la huerta— donde el campo se habla dado. 
Después que dentro se vieron — Montesinos ha hablado :' 
— Agora es tiempo. Oliveros,— que se vea el mas esforzado. — 
Vanse el uno para el otro,— recios encuentros se han dado, 
los golpes han sido tales— que entrambos se han derribado : 
media hora y mas estuvieron — que ninguno ha hablado. 
Ya después que esto pasó— el uno se ha levantado (2); 

(1) 'TAssidas son. > floresta. (2) «MonteBinos levantado. -- /Vd^r-w/». 



BOMANCBS NOVELESCOS T G4BALLBBESC0S 93 

f aése para OliveroS) — de esta suerte le ha hablado : 
-*-Baen caballero, no estéis — por tan poco desmayado, 
echemos mano á las hachas,— pues las lanzas se han quebra- 
Oliveros que esto oyera — muy presto fué levantado : [do. — 
danse tan terribles golpes— que presto se han desarmado; 
las piezas de los ameses — veréis rodar por el campo. 
Oliveros que esto vido— de esta suerte le ha hablado : 
— ^Echá mano por la espada— pues que ya estáis desarmado — 
Montesinos que esto oyera -r-presto la espada ha sacado : 
fíérense de toles golpes— que se. han mal aparejado. 
Ellos estando en aquesto — un cazador ha llegado; 
quísose poner entre ellos, — hanle mal amenazado, 
que si entre ellos se pone —que él será muy mal tratado. I 
El cazador que esto oyera— medio muerto y espantado 
fie partió para Paris, — grandes voces iba dando : 
— ¿Qué es de ti, el emperador, — que hoy pierdes todo tu Es- 
¡Hoy entre los doce pares — veo gran ruido armado, [tado? 
y el imperio de Paris — todo escandalizado! — 
Oyólo el emperador, — donde estaba en el palacio : 
mandó luego que le llamen— al que tal iba hablando. 
Ya es llegado el cazador— do está el emperador Carlos. 
Las palabras que le dice— con temor demasiado (1) : 
—Señor, sepa vuestra Alteza — que hoy andando cazando 
en la huerta de Sant Dionis, — dentro en ella yo he hallado 
á Montesinos y á Oliveros — que se hablan desafiado : 
la sangre que de ellos corria — ^tefíla las yerbas del campo, 
que si ellos ya no son muertos, — estarán muy mal tratados. — 
Él emperador que esto oyera— muy presto hubo cabalgado 
con todos los caballeros— los que allí hubo hallado. 
De Oliveros iba un primo, — y también iba un su hermano, 
y el padre de Montesinos,— ese conde don Grimaltos. 
Caadla uno tiene parientes, — iban escandalizados. 
£1 emperador, que esto vido, — pregonar luego ha mandado : 
que de manos ni de lengua— ninguno sea osado 

T • • ' ■ 

I 

f 

. (1) «Con gran temor las ha hablado. > Floresta. 



9t 



LÍRICOS CASTELLANOS 



de decir descortesía, — ni quistion hayan bascado (1), 

y quien quistion revolviese — fuese luego degollado. 

Por miedo de aquel pregón — todo hombre va limitado. 

En allegando á la huerta— el emperador hubo entrado. 

Por eil rastro de la sangre^— los caballeros han hallado, 

el uno caido á una parte, — otro caido á otro lado. 

Llamó (2) á sus caballeros —loa que le han acompañado : 

cuando la gente los vio — veréis hacer ún gran llanto : 

unos dicen : lAy mi primo! — otros dicen: ;Ay mi hermano! — 

El conde Grimaltós dice : — lAy mi hijo mal logradol — 

Cuando el emperador vido— su pueblo escandalizado, 

mandó traer unas .andas— en que hubiesen llevado 

aquellos dos caballeros— que se habían maltratado, 

que los lleven á P^ris — dentro del real palacio : . * 

doctores y bachilleres (3) — que viniesen á curarlos. 

Fué la voluntad divina — que á poco tiempo pasado 

les hallan gran mejoría,— que se han mucho remediado. 

Ya sanos los caballeros, — y^Diosque (4) les ha ayudado, 

mandóles el emperador, — que amigos hayan quedado. 

Cásanlos con sendas damas — las mas lindas del palacio, 

y púsoles grandes penas — que ninguno sea osado 

de hablar con Aliarda,— ni de ser su enamorado (6), 

y quien esto quebrantase — de la vida sea privado. 

Así quedaron amigos — y el imperio «asosegado. 

Luego Aliarda casó— con un caballero honrado; - 

quedaron todos contentos— y el romance fué acabado (6). 

(Canc, ¿le Rom. s. a. f. 65, — Canc. de Rom. Jjjo. f. 65. — 
St¿va de J550. t. II. f. 162. — Floresta de var. rom, (7), 



(1) 
resta, 

(2) 
(3) 
(4) 
(5) 



«Ni hacer desaguisado.» Fio- 

"Llama » Silva. 
«Cirujanos.» Floresta. 
«Porque Dios.» Floresta. 
«En público, ni encelado.» 



Floresta, 



(6) «Es acabado.» Silva,'-*Qoik 
mucha paz en su estado.» Fiar. 

(7) Claro e;^tá que este romance 
es ya una reformación algo más ar^ 
tística del anterior, del que repite 
versos y trozos enteros, dándole, 
empero, una catástrofe mucho más 
prosaica y á modo de las comedias, 



ROMANCES KOVELBSCOS T CáBALLEBESCOS 95 

178. 

(Montesinos.— V.) 

Romanee de Oalomar y del emperador Car- 
los I que trata de cómo libró M rey Ja Car 
su padre y á sns reinos del emperador i y 
de cómo se tornó cristiana y casó con Mon- 
tesinos* 

Ya 86 sale Quiomar — de los baños de bafíar 
colorada como la rosa,-— su rostro como cristal. 
Cien damas saleü con ella — que á su servicio están, 
eran todas fíjas-dalgo, — muy f ermosas en verdad, 
ricamente ataviadas— que era gloria de mirar. 
Preguntando va Guiomat — por el rey Jafar su padre; 
Respondiera un caballero— que le estaba delante ; 
y — Retraído está, señora, — en su palacio real, 
de dentro de siete puertas — allá se fuera á encerrar, 
y mandó á los porteros, — que á nadie dejen entrar 
sino á sus caballeros, ~ los del consejo real; 
llorando está de sus ojos— que es dolor de lo mirar, 
mesábase los cabellos, — sus barbas otro que tal. 
Lá causa del lloro tan grande — yo no la sabré contar; 
mas sé que le han venido cartas — de Carlos el imperante,. 
lo que contienen aquellas — yo no lo sabré contar. — 
Galonear que esto oyera — corriendo va á mas andar, 
que ni atiende á sus damas, — ni á nadie quiso esperar; 
antes se fué al palacio— donde estaba el rey su padre. 
No hay portero que la detenga — ni la osase hablar. 
Allegaira á la K^n sala— donde su padre está, 
vio á sus caballeros -que le estaban delante, 
puestos en tan gran silencio— que á nadie oyó hablar, 
y aUí yido estar al rey— en la su silla real, 
su mano tenia en el rostro— con un pensamiento grande. 



96 UUGOS CASrCLLáXOS 

Allegóse Goiouutf , — j hamillósele delante, 
tomándolo por U mano-^por habérgeU de besar. 
£1 rey Jafar qae la Tíera— la foé Inego á leranuu-, 
y besándola en el rostro —no podo estar de lloran 
fizoíe dar nna silla,— v cabo él se foé á sentar. 
.Uli labio Goiomar — y empezara de hablar : 
— Por Dios Yos megOy el rey,— me digades la Yerdad, 
¿qné es la cansa del enojo? — ¿qnién vos ha hecho peau? 
y acordaos qne laa mnjeres— son para bien y para maL — 
Respondiérale el rey — con gran tristeza y pesar : 
— Sabréis, fija Gniomar. — la cansa de nnestro mal : 
qae ha dos horas ó poco menos — cartas me fnéron llegar, 
las cuales enTló don Garlos,— capitán de la cristiandad, 
en qae me envía las treguas,— y me tomara las paces, 
y me suelta los tributos,— que ya no los quiere mas; 
mas demándame mis reinos — que se los haya de dejar : 
y si no Ip hago, hija, — los meterá á hnego y sangre. 
^Treinta días me dio de plazo,— que mas no me quiso dar, 
y la peor señal que veo, — y que á mi da mayor pesar, 
es ver que en riberas de Ebro — tiene asentado sn real: 
y si hago resistencia — serme hia mayor mal; 
aunque sesenta mil combatientes— bien los puedo yo allegar 
<ie Aragón y de Castilla,— y Valencia esa ciudad; 
mas ¿qué aprovecha?, mi hija, — que será doblar mis males, 
que tiene otros tantos, — y con ellos los doce pares, 
y si más gente quisiere, — á toda la cristiandad. 
'Y de todo aquesto, fija, — á vos toca el mayor mal, 
que de mí ya no me pesa, — que soy viejo y de gran edad; 
mas recibo de vos pena— que sois niña y de poca edad : 
porque agora venia el tiempo — que habíades de reinar. 
¿Quién gobernará mis reinos,- mis villas y mis ciudades? 
¿Quién manterná mis caballeros, — los de mi corte real? 
¿Y vos, y yo, la mi fija, — dónde iremos á parar? — 
Ouiomar era discreta — si en el mundo habla su par, 
y cuanto le dijo el rey —lo fué muy bien á escuchar, 
respondióle con gran tiento— y empezara de hablar: 




BOMAHrCBS <^NOV]fLBSC0S T CABALLERESCOS 97 

-r^No desmayes, el buen rey,-^no quieras tomar pesar^ . 
que si Alá me da la yida -yo lo entiendo remediar, 
€i vos, rey, me dais licencia— que haga á mi voluntad, 
y que lo que yo hiciere— por hecho lo hayáis de dar. — 
El rey Jafar que esto oyera — ^tal respuesta le fué á dar : 
— Por Dios vos ruego, mi fija,— vos me lo queráis contar, 
de qné suerte lo haredes,^-^ cómo pensáis remediar. - 
Ouiomar.como obediente— le diera respuesta tal : 
— Que de grado 16 diría— por servir su Majestad, 
v/^cordáos, jey, de Celinos— que tovistes eñ catividad, 
que siete años ó mas - estuvo sin libertad, 
. y sin decUlo á vuestra Alteza— licencia le fuera á dar, 
que se tomase en Francia,— á su tierra natural : 
pues estando él en el campo -^en algo me ha de ayudar, 
y cuando él no me ayudase,-^otro mayor pienso fallar; 
que allí: será Montesinos, — ese esclarecido infante, 
que mucho tiempo me ha servido — en vuestra corte real, 
por mí ha hecho: torneos,-.-por mí en campo fué á entrar; 
y también sé que don Carlos,— aquel alto emperante, 
nadie le pidió. merced — que él no. se la otorgase. 
Y por esto 08 ruego, padre,— rlicencia me queráis dar, 
que delante del yo vaya— para merced le demandar : 
que él es tan magnífico hombre— que no me la negará.r^ 
El rey Jafar que esto oyera— iuego se fuera á turbar, 
maldiciendo la fortuna —empezara^ de llorar, . 
diciendo estas palabras -con dolor y sospirar : 
— ¡Oh desventurado rey— que en el mundo no hay su parí 
40h mí.hija Guiomar, — espejo de mi mirari 
¡Qh descanso de mi vida, --reposo de mi pesar! 
¿Quién vos dará tal licencia,— quién vos la osará? dar? 
¿Quién vos asegura, fija, — á vos en la cristiandad, 
que no os sea hecha deshonra, -^ó vos hayan dé avergonzar?- 
Ouiomar que aquesto oyera— tal respuesta le fué á dar :. 
— Yo suplico á vuestra Alteza— qne no quiera tal hablar, . 
que nupca en campo ninguno —se usó tal platicar : 
que á nadie que fuese de grado— se ie oviese de hacer nifil ; 
Tomo IX 7 



98 LÍRICOS CASTELLANOS 

cuanto mas do está el gran Gárlos—y aquellos doce sin par; 
asi que por ese cabo— bien os podréis segurar. — 

Y envía por las trompetas— cuantas en la tierra están, 
manda hacer un pregón — por su r^no general : 

que cualquier dama hermosa — se haya de aparejar, 

y otro dia de mañana — sea al palacio reaL 

Viendo el rey que mas no pudo^-el pregón mandara das, ; ' 

que obedezcan á Guiomar, — que hagan á su voluntad. 

Viérades la barabúnda — que habia en la ciudad, 

de atavíos de las damas — cuál saldría mas galana. 

Pues decir de Guiomar — seria largo de contar, 

que toda la noche en peso — jamas se quiso acostar; 

mas puesta en invenciones— y en vestidos se ensayur, ■ * ^ 

Y no era venido el dia— cuando ella en punto está; 
mandó abrir las sus salas — y su palacio real', v : 
Viérades entrar las damas— que es placer de lo mirar,' 
cada una de su atavío— quién mas linda puede andar. 

Y cuando estuvieron j untas ^en su palacio real, 
fablárales Guiomar— á todas en general : 

— Bien sabéis, hermanas mías,— nuestra gran neseskUd, r: 

y sabéis todas las cosas— que ha escrito el emperantej 

y para remediar tal daño — es de gran necesidad, 

que vais todas conmigo— á la su tienda real 

á suplicar á su Alteza, — merced nos quiera otorgar, 

que nos delibre las tierras, — y que nos tome la paz. — 

Las damas que esto oyeron— he dieron respuesta tal : 

que eran todas muy contentas — por servir su Majestad! -:- 

levantóse en pié Guiomar, — agradecióles su voluntad, 

y escogió cien damas de ellas — que mas le fueron agradar, ; 

aunque no fuesen ñjas- dalgo, — ni de muy alto linaje, 

y las que no eran tan vestidas^ de sus ropas les hacia dar; 

mandó traer cabalgaduras - para ellas cabalgar, 

ricamente guarnecidas — que era cosa de mirar; 

(;on ellas cien caballeros — por mas honestas andar. 

Mandó allegar las trompetas — y atabales otro que tal, 

hizo venir los instrumentos — que se pudieron hallar. 



ROMANGBS NOVELESCOS T CABALLERESCOS 99 

Desque todo fué á punto — mandó á todos cabalgar. 

« 

Viórades cabalgar damas, — caballeros otro que tal; 
ver cuál iba Gníomar — nadie lo sabría contar : 
encima de una hacanea blanca — que en Francia no la habia 
un brial vestido blanco— de chapado sjngular, [tal, 

mongil de blanco brocado, —enforrado en blanco cendal, 
bordado de pedrería — que no se puede apreciar, 4 
una cadena á su cuello —que valia una ciudad, 
cabellos de su cabeza — sueltos los quiere llevar, 
que parecen oro fino — en medio de un cristal, 
una guirlanda en su cabeza, — que su padre le fué á dar, 
de muy rica pedrería— que en el mundo no hay su par. 
Ya se parte Guiomár, — ya empieza de caminar, 
con ella sale el rey Jafar — fasta la puerta de la ciudad. 
Desque fueron á la puerta — Guiomar le fué á hablar, 
tomándolo de las manos — que se las quiere besar, 
rogándolo mucho de grado — no recibiese pesar. 
El rey Jafar que la oyera — no pudo estar de llorar, 
diciéndole : — Fija mia, — no me queráis olvidar, 
cuando seréis entre cristianos,— de mí os queráis acordar; 
mirad como quedo solo— con una angustia mortal. — 
Dándole sü bendición —licencia le fuera á dar. 
Ya se parte Guiomar —para do está el emperante. 
/fíiesta era de mediodía, — tiempo de calor muy grande, 
''cuando el emperador Carlos— se levanta de yantar, 
y con él todos los doce— que á su mesa comen pan; 
cada uno se va á su tienda— á dormir y á folgar : 
cuando llegó Guiomar — al real del emperante. 
Desque fué cerca las tiendas — las trompetas mandó llamar, 
que desparasen todos juntos— cuaiítos instrumentos hay. 
Ya desparan las trompetas, — atabales otro que tal, 
hadan tan grande estruendo — que la tierra hacen temblar. 
Yiérades loa frai^c^ses — voces que empiezan á dar, 
diddiido : — I Al arma, al arma, — todo hombre á cabalgar! 
- que este era el rey Jafar, — ó alguna traición grande, — 
Mas puesto llega la guarda — que tenia el emperante. 



400 LÍRICOS CASTELLANOS 

y vieron ser Guiomar, — qne venia tan triunfante. 

Presto se toman las guardas— por la gente asegurar, . 

y dieron presto las nuevas — á Carlos el emperante : 

cómo era Guiomar — que venia le hablar, 

y le demanda licencia—si la dejaría entrar. 

El emperador muy contento — de grado se la fué á dar. 

Ya entraba Guiomar — por medio de aquel real. 

Treinta pasos de la tienda — donde estaba el emperante 

descabalgó Guiomar, — sus damas mandó apear 

por hacer acatamiento— á la corona real; 

pasó por medio la guarda— que tenia el emperante, 

que eran mas de dos mil hombres— los que le suelen ^ar- 

Y cuando llegó á la puerta— de aquella tienda real, [dar. 

viera estar á don Carlos, — aquel alto emperante, 

conociójo Guiomar — según del tenia señal : 

ccn aquellas barbas blancas —que tenia por la su faz, 

que jamas pelo en su xida — de la barba fuera á cortar. 

Guiomar como discreta — ante él se fué á arrodillar, . 

tomándolo por las manos — por habérselas de besar. 

El emperador que la mira — le fué tanto á contentar, 

que la tomó por los brazos. — y la hizo levantar, 

besándola en el carrillo, — las manos no le quiso dar, 

antes la tomó del brazo, — y en la tienda la hizo entrar, 

hízole dar una silla, — cabo él la mandó asentar, 

f ablandóle muchas palabras -que era placer de escuchar, 

dícele que le pesaba, — por ser de tan gran edad, 

para ser su caballero,— y de ella se enamorar. 

Hablando de estos placeres - en que los dos están, 

viérades los caballeros — atavíos ensayar, 

cuál irla mas polido, — cuAl iria mas galán, 

y el que mas presto se viste— se va á la tienda real ' 

á ver la gran fermosura,— por ver aquella beldad 

de Guiomar la linda — que en lindeza no hay su par. ' 

Allí vino Oliveros,— allí vino don Boldan, 

y vienen los doce pares— de Francia la natural. 

A todos hace dar sillas — aquella real Majestad. 



ROMAKGBS NOVELESCOS T CABALLERESCOS 101 

Ellos en aquesto estando — vieron por la puerta entrar 

ese Jnfante Montesinos, — s obrin o del emperante, 

con una ropa de brocado— que al suelo quiere llegar, 

una cadena á su cuello — que mil marcos de oro vale. 

Guiomar desque lo viera— al emperador fué suplicar, 

le quisiese dar licencia— -para habelle de hablar. 

El emperador de buen invado — luego se la fuera á dar. 

Salió á la puerta de la tienda, — y fútraselo á abrazar. 

Montesinos que la viera-r- cuasi se fuera á turbar, 

la color toda mudada,— le empezara de hablar : 

— Bien sea venida vuestra Alteza,— bueno sea vuestro lle- 

Y tomábale las manos — que se las quería besar; [gar. — 

mas Guiomar no quiso, — nunca se las quiso dar. 

Montesinos de turbado— no se le fué á acordar, 

que babia andado diez pasos— sin la cabeza se cobijar. 

Guiomar que lo viera — el bonete le hizo tornar. 

El emperador que los viera— luego los hace sentar, 

desque todos fueron posados — empezaron de hablar 

de aquella gran fermosura, — que Dios había querido dar 

á la infanta Guiomar — y á las damas que con ella van. 

Allí fabló el emperador — á todos en general : 

— Yo tal fermosura de dama — nunca vi en la cristiandad; 

mas por ser ella tan hermosa — una merced le quiero dar : 

que yo he dado treinta dias — á su padre el rey Jafar 

demandándole las tierras, — y tornándole la paz, 

por amor de Guiomar — le quiero dar mucho mas, 

yo le doy mas caatro meses, — y estos le quiero dar. — 

Guiomar que esto oyera — en pió se fué á levantar, 

las rodillas por el suelo— le comenzó de hablar, 

haciéndole muchas gracias —de la merced que le fué á dar : 

—Mas suplico á vuestra Alteza, — no se quiera enojar, 

de recebir una merce$l — la cual yo le quiero dar ; 

que tome todos los reinos— que hoy son del rey mi padre, 

y esta sin hacer guerra, — sino de muy buena voluntad.— - 

El emperador que esto oyera— fuérase á maravillar, 

diciendo estas palabras — con un placer atan grande : 



1.02 LÍBICOS CASTELLANOS 

que jamas fallara á nadie — que le llevase ventaja 
de hacer siempre mercedes, — y dar de contino á grandes, 
sino era Guíomar— que con él se quiso igualar; 
mas que él no consiente, — ni lo quería otorgar, 
/yque antes le torna las tierras, — ^y le vólvia las paces, 
V y le suelta los tributos, — que no los quería mas, 
y le hacia seguro — de nunca lo enojar : 
— Mas yo vos pido una gracia,— nunca me la queráis negar,, 
que sé tornase cristiana, — y con Montesinos casar. — 
Guiomar que esto oyera — mucho se fuera á turbal*, 
estuvo pensando un rato — sin respuesta le tornar; 
mas Dios todopoderoso — en su corazón fué á entrar, 
y dijo, que le placia — de cristiana se ^tornar, 
por hacer servicióla su>Alteza,— 'con Montesindfc casat : 
— y esto muy secretamente— que no lo sepa mi padre, 
pues que era ya tan viejo— y puesto en la postrera edad; 
que desque será muerto — yo lo haré publicar. — 
Mandó venir un arzobispo — y un perlado cardenal,, 
que la hiciesen cristiana, — ^y la quieran desposar. 
Esto hecho entre ellos— licencia fué á demandar 
á aquel gran emperador, — que luego se la fué á dar. 
Y así se fué Guiomar— con muy gran solemnidad. 
Gran fiesta le hizo su padre — cuando la vido tornar. 

(Romance de Guiomar y del emperador Carlos, etc. Plie- 
go suelto del siglo xvi.) 



179. 

(Montesinos. — VI.) 

Romance de Rosafiorlda. 

En Castilla está un castillo,— que se llama Kocafrida; 
al castillo llaman Boca, — y á la fon te llaman Frida. 
El pié tenia de oro,— y almenas de plata fina; 



ROMANCES irOVBLESGOa T GAB4LLBRESG08 403 

«ntre almena y almena — está una piedia zafira; 

tanto relumbra de noche — como el sol á mediodía. 

Dentro estaba una doncella— que llaman Bosañorida : 

siete condes la demandan,*^ tres duques de Lombardia; 

á todos les desdeñaba, —tanta es su lozanía. 

Enamorójse de Montesinos— de oídas, que no de vista. 

Una noche estando asi, — gritos da Rosaflorida : 

oyérala un caraarero,^que en su cámara dormía. 

¿Qué es aquesto, mi señora? — ¿qué es esto, Rosaflorida? 

<5 tenedes mal de amores,— ó estáis loca sandia. 

— Ni yo tengo mal de amores,— ni estoy loca sandia, 

mas Uevásesme estas cartas — á Francia la bien guarnida; 

diéseslas á Montesinos,— la cosa que yo mas quería; 

dile que me venga á ver — ^para la Pascua Florida; 

darle he yo este mi cuerpo,— el mas lindo que hay en Casti- 

«i no es él de mi hermana,— que de fuego sea ardida; [lia, 

y si de mi mas quisiere — yo mucho mas le daría : 

darle he siete castillos — los mejores que hay en Castilla. 

(Canc. de Rom, s. a. f. 190. — Canc. de Rom. /jjo. f. 201.) 



104 Líbicos GASTBLt ANOS 

180. 

t 

ROMANCES DE DUBANDARTE. 



Romance de Darandarte.— I. 

Durandarte, Durandarte, — buen caballero probado» 
yo te ruego que hablemos— en aquel tiempo pasado, 
y dime si se te acuerda— cuando fuiste enamorado, 
cuando en galas é invenciones-^publicabas tu cuidado, 
cuando venciste á los moros — en campo por mi aplazado t 
agora, desconocido, — di, ¿por qué me has olvidado? 
— Palabras son lisonjeras, — señora, de vuestro grado, 
que si yo mudanza hicer— vos lo habéis todo causado, 
pues amastes á Gaiferos, — cuando yo fui desterrado; 
que si amor queréis comigo^-tenéislo muy mal pensado; 
que por no sufrir ultraje— moriré desesperado. — 

CCnnc. de Consiantina, f. 63. — Canc. general de ijii. 
f. 137. — Canc. de Rom. s. a. f. 237. — Canc. de Rom, 
1550. f. 251. — Silva de sso. 1. 1, f. 161.) 



181. 

(Durandarte.-^II.) 

Romance de Olí Oelerma* 

lOh Belerma! oh Belermal — por mi mal fuiste engendrada^ 
que siete años te serví — sin de ti alcanzar nada; 
sgora que me querías— muero yo en esta batalla. 
No me pesa de mi muerte — aunque temprano me llama; 
mas pésame que de verte — y de servirte dejaba. ♦ 
'¡Oh mi primo Montesinos! —lo que agora yo os rogaba. 



ROMANGRS ROVBLESCOS T CABALLERESCOS 105 

que cuando yo fuere muerta— y mi ánima arrancada, 

vos llevéis mi corazón- adonde Belerma estaba, 

y servilda de mi parte,— como de vos yo esperaba, 

y traelde á la memoria— dos veces cada semana; 

y diréisle que se acuerde — cuan cara que' me costaba; 

y dalde todas mis tierras — las que yo señoreaba; 

pues que yo á ella pierdo,-— todo el bien con ella vaya. 

{Montesinos, Montesinos! — ¡mal me aqueja esta lanzada! 

el brazo traigo cansado,— y la mano del espada : 

traigo grandes las heridas, — mucha sangre derramada, 

los extremos tengo f rios, — y el corazón rae desmaya, 

los ojos que nos Vieron ir — nunca nos verán en Francia. - 

Abracéisme, Montesinos, — que ya se me sale el alma. 

De mis ojos ya no veo,— la lengua tengo turbada; 

yo vos doy todos mis cargos,'^en vos yo los traspasaba. 

— El Señor en quien creéis— él oiga vuestra palabra (1).— 

Muerto yace Durandarte— al pié de una alta montaña, 

llorábalo Montesinos,— que á su muerte se hallara : 

quitándole está el almete, — desciñéndole el espada; 

hácele la sepultura— con una pequeña daga; 

sacábale el corazón, — como él se lo jurara, 

para llevar á Belerma, — como él se lo mandara. 

Las palabras que le dice— de allá le salen del alma : 

— iOh mi primo Durandarte! — iprimo mió de mi alma! 

¡espada nunca vencida! — lesfuerzo do (2) esfuerzo estaba! 

¡quien á vos mató, mi primo, — no sé. por qué me dejara! 

(Canc. de Rom. s. a. f. 254. — Canc. de Rom, ijjo, f. 269.) 

(1) Con este verso acaba el romance en el Canc. de Rom. s. a. 

(2) «De.» Cawc del550. 



406 LÍRICOS CASTELLANOS 



182. 



Romanee de Dnrandarto*—!!!. 

Muerto yace Dnrandarte — debajo (1) de una verde haya» 
con él está Montesinos— que en la muerte se hallara (2) : 
la fuesa le está hapiendo (3) — con una pequeña daga (4). 
Desenlázale el arnés (5),— el pecho le desarmaba; 
por el costado siniestro — el corazón le sacaba, 
volviéndolo (6) en un cendal, — de mirarlo no cesaba. 
Con palabras dolorosas— la vista solemnizaba : 
— [Corazón del mas valiente, — que en Francia cenia espada, 
ahora seréis llevado— adonde Belerma estaba! 
Para dar clara señal (7)— de la verdadera llaga 
será hecho el sacrífício — que ella tanto deseaba 
del amador mas leal,— á la mas cruel y brava. 
Use clemencia en la muerte, — pues en vida os la robaba (8). 
¡Si vuestra muerte' le duele,^-dichosa será la paga* 
á quien está aguardando (9) — el contento de su dama, 
que hasta ver la licencia — el cuerpo muerto acompaña! 
Allegando Montesinos (10)— adonde Belerma estaba, 
le dice (11) con el semblante —que el dolor le convidaba : . 
— Si lia potencia de amor (12)— te ha rendido en su batalla» 



(1) <A1 pié» Timoneda, Rosa de 
amores. 

(2) «Que en la &u muerte se ha- 
lla» Tim. 

(3) «Haciéndole está la fuesa.» 
Tim. 

(4) «Con la punta de su daga » 
Tim. 

(5) * El ames le está quitando. » 
Tim. 

((>) «Envolvióle.» Tim. 

(7) ílste, y los cinco versos que 



le siguen, faltan en el texto de Ti- 
moneda. 

(8) «Vida la negaba.» Tim. 

(9) También éste y loa tres ver- 
sos que le siguen faltan en el texto 
de Timoneda. 

(10) «Llegó en esto Montesinos.» 
Tim. 

(11) «Díjole.» Tim. 

(12) Este verso y el que le sigue 

faltan en el texto de Timoneda. 

t 




BOMÁNCBS NO y BLASCOS t GABALLERBSCOS 



407 



muéstralo ea saber qne es muerto (1)— el que más que á si te 

[amaba. 
Belerma cooi estas nuevas (2) — no menos que muerta estaba; 
mas después que ya tomó, — entre si se razonaba : 
— ¡Mi buen sefior Dur andarte, — Dios perdone la tu alma, 
que según queda la mía,— presto te tendrá compafial (3). 

(Aquí comienzan dos rom. con su» glosas. El primero de 
Dtirandarte, etc. Pliego suelto del siglo xvi. — Timone- 
da» Rosa de amores (4). ^ 



(1) «Sepas, señora* que es mner- 
to.> Tim. 

(S!) «Cata aquí su corazón 
que ante ti se present-aba.— 
Belerma con estas nuevas 
estas palabras hablaba : 
~iBIi bnen sefior Durandarte, 
Dios perdone la tn alma!» 

Timoneda. 

(8) Los dos últimos versos faltan 
•en el texto de Timoneda- 

(4) Bn la Floresta de var. rom. 
hay la versión siguiente (que es la 
Tulgar) de una parte de este, ro- 
«umee: 

Muerto yace Durandarte 
debajo una verde haya : 
con él está Montesinos, 
" que en la sú muerte se halla. 
Haciéndole est& la fosa 
con una pequefia daga: 
quitándole está el almete, 
deacifiéndole la espada; 
por el costado siniestro 
el conuón le sacara» 
Asi hablara con él 
como cuando vivo estaba : 



—¡Corazón del más valiente 
que en Francia cenia espada 
ahora seréis llevado ' 

adonde Belerma estaba!— 
Envolvióle en un cendal, 
y consigo lo llevaba. ,^ 

Entierra primero al primo; I 
con gran llanto lamentaba 
la su tan temprana muerte 
y su suerte desdichada. 
Toma á subir en la yegua. 
8U cara en agua baftada; 
pénese luego el almpte 
y muy recio le enlazaba. 
No quiere ser conocido 
hasta hacer su embajada, 
y presentarle á Belerma, 
según que se le encargara, 
el sangriento corazón 
que á Durandarte sacara- 
Camina triste y penoso, 
ninguna cosa le agrada; 
por do quiere andar la yegua 
por allí deja que vaya; 
hasta que entró por París 
no sabe en qué parte estaba- 
Derecho va á los palacios 
adonde Belerma estaba. 




..\ f^ '(S' ' 






108 LÍBICOS CASTBLLAHOS 



183. 



ROMANCES DÉLA BATALLA DE RONCES VALLES 



■omance qve dice: Domliígo era de 

Ramios.— I. 

Domingo era de Ramos,-— la Pasión quieren decir, 
cuando moros y cristianos — todos entran en la lid. 
Ya desmayan los franceses, — ya comienzan de huir. 
;0h cuan bien los esforzaba — ese Roldan paladin! 
---¡Vuelta, vuelta, los franceses, — con corazón, á la lid! 
¡mas vale morir por buenos, — que deshonrados vivir! — 
Ya volvían los franceses— con corazón á la lid; 
á los encuentros primeros — mataron sesenta mlL 
^/Tor las Bicerras de Altamira — huyendo va^reyMarsin, 
caballero en una cebra, — no por mengua de rocín. 
I^a sangre que del corria-^las yerbas hace teñir; 
las voces que iba dando-^al cielo quieren subir. 
— ¡Reniego de tí, Mahoma,— y de cuanto hice en tí! 
} Tícete cuerpo de plata, — pies y manos de un marfil; 
hícete casa de Meca— donde adorasen en tí, 
y por mas te honrar, Mahoma, — cabeza de oro te fiz. 
Sesenta mil caballeros— á tí te los ofrecí; 
mi mujer la reina mora — te ofreció treinta mil. 

' (Canc, de Rom. s. a. f. 229. — Canc. de Rom. tsjo, f. 244») 



ROMAHCBS NOVELESCOS T CiBALLERESCOS 409 

184. 

(La batalla de Bonoesvalles. — II.) 

Romanee de doña Alda* 

En Paris está doña Alda — la esposa de don Roldan, 
trescientas damas con ella— para la acompañar : 
todas visten un vestido, — todas cs^lzan un calzar, 
todas comen á una mesa, — todas comian de un pan, 
sino era doña Alda, — que era la mayoral. 
Las ciento hilaban oro, — las ciento tejen cendal, 
las ciento tañen instrumentos - para doña Alda holgar* 
Al son de los instrumentos — doña Alda adormido se ha : 
ensoñado habia un sueño, — un sueño de gran pesar. 
Recordó despavorida — y con un pavor muy grande, 
los gritos daba tan grandes,— que se oian en la ciudad. 
Allí hablaron sus doncellas,— bien oiréis lo que dirán : 
— ¿Qué es aquesto, mi señora? — ¿quién es el que os hizo mal? 
y^ün sueño soñé, doncellas, — que me ha dado gran pesar; 
que me veía en un monte— en un desierto lugar : 
de so los montes muy altos— un azor vide volar, 
tras del viene una aguililla— que lo ahinca muy mal. 
El azor con grande cuitar— metióse so mi brial; 
el aguililla con grande ira — de allí lo iba á sacar; 
con las uñas lo despluma,— con el pico lo deshace.— 
Allí habló su camarera,— bien oiréis lo que dirá : 
— Aquese sueño, señora, — bien os lo entiendo soltar : 
el azores vuestro esposo, — que viene de alien la mar; . 
el águila sedes vos, — con la cual ha de casar, 
•y'aquel monte es la iglesia — donde os han de velar. 
' — Si así es, mi camarera,-r-bien te lo entiendo pagar. — 
Otro.dia de mañana— cartas de fuera le traen; 
tintas venian de dentro,— de fuera escritas con sangre, 
que su Roldan era muerto — en la caza de lioncesvalles. 

(Canc. de Rom. ijjo. f. 102.) 






i\0 LÍBICOS CASTELLANOS 

185. 
(La batalla de Bonoesvalles.'-IIL) 

Romance que dleens Por la matanza va 

el viejo. 

Por la miitanza va el viejo (1), — por la matanza adelante; 
los lyrazos lleva cansados—de los muertos rodear : 
vido á todos los franceses— y no vido á don Beltran. 
Siete veces echan suertes — quién le volverá á buscar; 
echan las tres con malicia,— las cuatro con gran maldad : 
todas siete le cupieron— al buen viejo de su padre (2). 
Vuelve riendas al caballo, — y él se lo vuelve á buscar, 
de noche por el camino, — de dia por el jaral. 
En (3) la entrada de un prado,— saliendo de un arenal, 
vido estar en esto un moro— que Vflaba en un (4) adarve : 
hablóle en algarabía,— como aquel que bien la sabe [ó) : 
— Caballero de armas blancas, — ¿si lo viste acá pasar? 
si le tienes preso, moro, — á oro te le pesarán, 
y si tú le tienes muerto — desmeló para enterrar, 
porque el cuerpo sin el alma — muy pocos dineros vale (6). 
— Ese caballero, amigo,— díme tú, ¿qué señas ha? 
— Armas blancas son las suyas,— y el caballo es alazán, 
y en el carrillo derecho — él tenia una señal, 
que siendo niño pequeño— se la hizo un gavilán. 
— Ese caballero, amigo, — muerto está en aquel pradal; 



(1) Que por este verso empezó el 
romance primitivo» conñrma el 
otro, «contrahaciéndolo», que dice: 

'Por la dolencia va el viejo». 

(2) «Á su buen padre camal.» 
Floresta. 

(3) «A.» Silva. 

(4) «El» Silva. 



(5) En la Silva van intercalados 
después de este verso lo^ dos aSi» 
guien tes: 

«— Dígasme tú, el morico» 
lo que quiero preguntar.» 

(6) « Muy poco debe costar. » Fío- 
resta' 



ROMáNGES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 



411 



dentro del (1) agua los pies, — y el cuerpo en un ar^iftl : 
siete lanzadas tenia,— pásanle de parte á parte (2). 

{Canc, de Rom, s, a. f. i88.— ¿//Era de ijjo. t. I. f. 112, 
Floresta de var. rom.) 




185 a. 

(La batalla de Boncesvalles. — lY.) 



(Al mismo asnnto.) 

£n los campos de Alventosa — mataron á don Beltrau, 
nanea lo echaron menos — hasta los puertos pasar. 
Siete veces echan suertes — quién lo volverá á buscar; 
todas siete le cu pieron — al buen viejo de su padre; ^ 
las tres fueron por malicia, — y las cuatro con maldad. 
Vuelve riendaé al caballo, — y vuélveselo á buscar 
de^oche por el camino, — de dia por el jaral. 
Por la matanza va el viejo, — por la matanza adelante; 
los brazos lleva cansados — de los muertos rodear : 
no hallaba al que busca, — ni menos la su señal; 
vido todos los franceses — y no vido á don Beltran. 
^Maldiciendo iba el vino (3), — maldiciendo iba el pan, 
el que comian los moros, — que no el de la cristiandad : 
maldiciendo iba el árbol —que solo en el campo nasce, 
que todas las aves del cielo— allí se vienen á asentar, 
que de rama ni de hoja— no la dejaban gozar : 
maldiciendo iba el caballero, — que cabalgaba sin paje; 
si 86 le cae la lanza — no tiene quien se la alce, 
y si se le cae la espuela— no tiene quien se la calce : 
maldiciendo iba la mujer— que tan solo un hijo pare; 
si enemigos se lo matan — no tiene quien lo vengar. 



(1) , «Dentro en el.» Silva. Fio- 
rala* 
(2) «OadaunaeramortaL» Fio- 



(3) Desde aquí hasta «No tiene 
quien lo vengar», es un trozo copia- 
do del que dice: «Asentado está 
Gaiferos». 



112 



UAICOS CASTBLLAIIOS 



A la entrada de un puerto, — saliendo de on arenal, 

vido en esto estar nn moro— qoe velaba en nn adarve : 

hablóle en algarabía, — como aqnel que bien la sabe : 

— Por Dios te raego, el moro, — me digas nna verdad : 

caballero de armas blancas — si lo viste acá pasar, 

y si tú lo tienes preso, — á oro te lo pesarán, 

y si tú lo tienes muerto— desmeló para enterrar, 

poes que el cuerpo sin el alma— solo un dinero no vale. 

>r£se caballero, amigo,— dime tú qué sefias trae. 

— Blancas armas son las suyas, — y el caballo es alazán,' 

y en <^1 carrillo derecho— él tenia una.señal, 

que siendo nifio pequeño— se la hizo un gavilán. 

— Este caballero, amigo, — muerto está en aquel pradal; 

las piernas tiene en el agua, — y el cueip'o en el arenal : 

siete lanzadas tenia — desde el hombro al carcañal, 

y otras tantas su caballo — desde la cincha al pretal. 

No le des culpa al caballo,— que no se la puedes dar; 

que siete veces lo sacó — sin herida y sin señal, 

y otras tantas lo volvió — con gana de pelear. 

(Canc. de Rom. ijjo, f. 198 (i). 



(U De este romance hay también una versión portagnesa, que con él 
titulo de "l^om Beltráo», ha pablicadó el Sr. Almeida-Garrett ea su Ro- 
manceiro (tomo II, pág. 234). Notable es la conclosiónde esta^ versión, 
(lesdc la respuesta del moro : 



—Esse cavalleiro» amigo, 
morto está n'esse pragal, 
com as pemas dentro d'agua, 
o corpo no areal 
Sette f eridas no peito 
IX qual &erá mais mortal: 
I)or urna Ihe entra o sol. 
por outra Ihe entra o luar, 
pela mais pequeña d'ellas 
uní gavillo a voar. 
— Nilo tomo culpa a meu filKo, 
iieni aos moiros de o mattar; 
tórnoV culjuí ao seu cavallo 
<\q o uuo saber retirj^r,— 



Milagre! quem tal diría,, 
quem tal pederá contar! 
.0 cavallo meiomorto 
alli se pds a fallar: 
— Nst) me tornes cssa culpof 
que m'a nao podes tomar : . . 
tres vezes o retirei, 
tres vezes para o salvar: 
tres me déu de espora é redea 
co'a sanha do pelejar. 
Tres vezes me apertpn ciUi^i 
me alargou o peitoral... ,-. 
á terceira fui a térra 
d'esta ferida mortal. 



ROXiNGES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 4^ 

186. 

(Ljb batalla de Boncesvalles.— V.) 

^^^ «nance del conde Ouarlnos Almirante de 
^^ mars trata cómo lo catimarón los moros. 

_^^ '^ala la vistes, franceses, — la caza de Roncesvalles! 
^xi Carlos perdió la honra,— murieron los doce pares, 

^^^t;\varon á Guarinos -almirante de las mares : 
^^ siete reyes de njoros —fueron en su cativar. 
*^te veces echan suertes — cuál de ellos lo ha de llevar; 

/r^^v3as siete le cupieron— á Marlotes el infante, 
^ás lo preciara Marlotes — que Arabia con su ciudad, 
^ícele de esta manera, — y empezóle de hablar : 
"^^Por Alá te mego, Guarino8,^moro te quieras tornar; 
"^ie lo6 bienes de este mundo — yo te quiero dar asaz. 
Las do8 hijas que yo tengo— ambas te las quiero dar, 
la una para el vestir, — para vestir y calzar, 
la otra para tu mujer, — tu mujer la natural. 
Darte he en arras y dote— Arabia con su ciudad; 
«i mas quisieses, Guarinos, — mucho mas te quiero dar. — 
Allí hablara Guarinos, —bien oiréis lo que dirá : 
—¡No lo mande Dios del cielo— ni Santa María bu Madre, 
que deje la fe de Cristo —por la de Mahoma tomar, 
que esposica tengo en Francia, — con ella entiendo casar! — 
Marlotes con gran enojo —en cárceles lo manda echar 
«on esposas á las manos— porque pierda el pelear; 
el agua fasta la cinta — porque pierda el cabalgar; 
siete quintales de fierro — desde el hombro al calcañar. 
£n tres tiestas que hay en el año— le mandaba justiciar; 
U una Pascua de Mayo,— la otra por Navidad, 
la otra Pascua de Flores,— esa fiesta general. 
Yaiíae días, yieaen días,- venido era el de Sant Juan, 
dosde cristianos y moros — hacen gran solemnidad. 

Tomo IX 8 



4H LÍRICOS CASTELLANOS 

Los cristianos echan juncia, — y los moros arrayan; 
los judíos echan eneas— por la fiesta más honrar. 
Marlotes con alegría— un tablado mandó armar, 
ni mas chico ni mas grande,— que al cielo quiere llegar» 
Los moros con alegría— empiézanle de tirar : 
tira el uno, tira el otro, — no llegan á la mitad. 
Marlotes con enconía — un plegon mandara dar, 
que los chicos no mamasen, — ni los grandes coman pan^ 
fasta que aquel tablado— en tierra haya de estar. 
Oyó el estruendo Guarinos— en las cárceles do está : 
— jOh válasme Dios del cielo— y Santa María su Madrel 
ó casan hija de rey,— ó la quieren desposar, 
ó era venido el dia— que me suelen justiciar. — 
Oídolo ha el carcelero — que cerca se fué á hallar : 
— No casan hija de rey,— ni la quieren desposar, 
ni es venida la Pascua — que te suelen azotar; 
mas era venido un dia, — el cual llaman de Sant Juan, 
cuando los que están contentos— con placer comen su pan. 
Marlotes de gran placer — un tablado mandó armar; 
el altura que tenia — al cielo quiere allegar. 
Hanle tirado los moros, — no le pueden derribar; 
Marlotes de enojado— un plegon mandara dar, 
.que ninguno no comiese— fasta habello de derribar. — 
Allí respondió Guatinos, — bien oiréis qué fué á hablar : 
— Si vos me dais mi caballo, — en que solia cabalgar, 
y me diésedes mis armas, — las que yo solia armar, 
y me diésedes mi lanza,— la que solia llevar, 
aquellos tablados altos — yo los entiendo derribar, 
y si no los derribase— que me mandasen matar. — 
El carcelero que esto oyera— comenzóle de hablar ; . 
— ¡Siete años habia, siete,— :que estás en este lugar, 
que no siento hombre del mundo— que un año pudiese esti 
y aun dices que tienes f uerza- para el tablado derribar! 
Mas espera tú, Guarinos,— que yo lo iré á contar 
á Marlotes el infante — por ver lo que me dirá. — 
Ya se parte el carcelero, — ya se parte, ya se va; 



■'j 



ROMANGEi KOVBLBSGOS T G4BALLBRESG0S H5 

^Bomo faé cerca del tablado — á Marlotes fué á hablar : 

Unas nuevas vos traía — queraismelas escuchar : 

^eabé qae aquel prisionero — aquesto dicho me ha : 

^ae si le diesen su caballo, — el que solía cabalgar, 

ZJ le diesen las sus armas, — que él se solía armar, 

•^ue aquestos tablados altos— él los entiende derribar. -r- • 

3iarlote8 de que esto oyera— de allí lo mandó sacar; 

3>or mirar si en caballo— él podría cabalgar, 

onandó buscan su caballo, — y mandáraselo dar, 

<(iii^ siete años son pasados— que andaba llevando cal. 

^^wwfepy^^ de sus armas,— que bien mohosas están. 

JiarlolM^ciesque lo vido— con reír y con burlar 

4íce que ^fj^9k al tablado— y lo quiera derribar. 

Guarinos co&g^nde furia— un encuentro le fué á dar, 

que mas de la mUíAd del -en el suelo íué á echar. 

Los moros de que «ito vieron— todos le quieren matar; 

Guarinos como esfonado — comenzó de pelear * 

con los moros, que eran tantos, — que el sol querían quitar. 

Peleara de tal suerte — que él se hubo de soltar, 

y se fuera á. su tierra — á Francia la natural : 

grandes honras le hicieron— cuando le vieron llegar. 

• (Canc. de Rom. s. a. f. roo.— Canc. de Rom. JJSO- f- 99 ) 






187. 
ROMANCES DE REINALDOS 



Romanee de don Roldan de cómo el empe- 
rador Carlos lo desterró de Francia, por- 
i|ae volvía por la lionra de su primo don 
Reinaldos.— I. 

Dia era de Sant Jorge,— dia de gran festividad; 
aquel dia por mas honor— los doce se van á armar 



416 LÍRICOS CASTELLANOS 

para ir con el emperador— y haberle de acompañar. 

Todos vinieron de grado— con un placer singular, 

sino el bueno de Reinaldos, — que se estaba en Montalvan^ 

y no se halló al presente— en la tal festividad. 

Allí todos los caballeros— por traidor le van reptar. 

vEsto causó Galalon, — porque le quería mal; 
revolvióle con el emperador,— con los doce otro que tal. 
Mucho le pesó á Roldan— de vello así maltratar, 
fuese para el emperador — de priesa y no de vagar, 
habló con voz enojada, — al emperador fué á hablar : 
/y —¡Mucho me pesa, señor, - de ello ten:?o gran pesar, 
que á Reinaldos en ausencia — tan mal le quieran tratar; 
y si tal cosa pasase— la vida rae ha de costarl — 
El emperador con gran enojo— que habia de lo escuchar, 

/alzó la mano con saña, — un bofetón le fuera dar, 
porque otra vez no fuese osado — al emperador asi hablar. 
Mucho se enojó de aquesto— el bueno de don Roldan; 
allí hizo juramento— encima de un altar, 
en los dias que viviese — en Francia jamas entrar, 

, hasta que de todos los doce— él se hubiese de vengar. 
Ya se parte don Roldan,— ya se parte, ya se va 
solo con un pajecico — que le solia acompañar. 
A sus jornadas contadas— á España fuera llegar. 
Andando por sus camipos — á su ventura buscar, 
encontró un moro valiente,— cerca estaba de la mar. 
Guarda era de una puente— que á nadie deja pasar, 
sino por fuerza ó por grado— con él había de pelear, 
porque su señor el rey— así se lo fuera á mandar : 
que hombre que viniese armado— no lo dejase pasar : 
ó que dejase las armas, — ó en el reino no habia de entrar. 
I>on Roldan con gran enojo — que habia de lo escuchar, 
hablóle muy mesurado, — tal respuesta le fué á dar : 
— Que antes las defenderla— que no habellas de dejar, 
porque nadie fuese osado— de las armas le quitar, 
que no le ^costase la vida— al menos, menos costar. — 
Allí le hablara el moro— bien oiréis lo que dirá : 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS \il 

— Pues así qnereis (1), caballero, — luego se haya de librar, 
que 6 vos las (2) cíejaréis,— -ó yo quedaré con mal.— 
Luego abajaron las lanzas, — fuéronse ambos á encontrar. 
A los primeros encuentros— las lanzas quebrado han : 
echan mano á las espadas— de priesa y no de vagar : 
¡tan fuertes golpes se daban — que era cosa de rairar! 
Alzó el moro su espada, — á don Roldan fué acertar 
encima de la cabeza, — que lo hizo arodillar : 
den Roldan que aquesto vido—tal golpe le fuera á dar, 
que de la grande herida— luego fué á desmayar. 
— Di, moro, ¿qué has sentido?— ^¿ Ya no curas de hablar? 
— He sentido un airecito (3) —que por medio me fué á pasar. 
Don Roldan le dijo luego, — bien oiréis lo que dirá : 
— Que maldito fuese el hombre — que no sentía su mal. 
Cálzate ya esa espuela — que se te quiere quitar. — 
Abajóse á mirar la espuela— no se pudo levantar: 
murió luego prestamente— sin mas un punto pasar. 
Quitóle luego las armas— el bueno de don Roldan, 
también le quitó los vestidos, — los suyos le fué á dejar (4), 
un sayo deiu^atro cuartos — con que solia caminar, 
^TcotTuSsu pajecico — á Francia lo fué enviar. 
Armado y con sus vestidos— parecía á don Roldan : 
díjole que lo llevase— adonde doña Alda está, 
y dijese que era su esposo, — que le hiciese enterrar. 
Desque ei paje fué llegado — á Paris esa ciudad, 
mostráraseio á doña Alda— con gran angustia y pesar. 
Desque vido el cuerpo muerto — pensó que era don Roldan; 
los llantos que ella hacia— dolor era de mirar. 
Por él lloraban los doce,— el emperador otro que tal, 
llórale toda la corte,— el común en general. 
Arzobispos y perlados,— cuantos en la corte están, 



íl) «Queráis.» Canc de Rom. | (3) ' A ceríto» Canc rfc J?om. s. 

s a. y 1550. a. y J55Ü. 

2) «La.» Canc. de Rom. s a. I (4) «Dar." SiUa. 

y 1550. I 



I4S LIAICOS CASTILLADOS 

con macho pesar y tristeza — lo llevaron á enterrar. 

Don Roldan mny bien armado — con las armas que fué á to- 

f aérase para las tiendas — do el rey m<MY> saele estar, [mar. 

Era el rey moro mancebo — ganoso de pelear -. 

de los doce pares de Francia — él se qaería rengar. 

Recibióle con macha honra — allí amor le fné á mostrar, 

pensando que era el moro valiente— qae los reinos solía goar- 

Díjole cómo en la puente — habia muerto á don Roldan, [dar. 

£1 rey laego en aquel día— á Francia lo fué á enviar :* 

dióle luego mucha gente, — hízole su capitán 

para ir á buscar los doce — y con ellos pelear. 

Ya se parte don Roldan— á París á la cercar : 

los moros que van con él — pensaban en su pensar 

que era el moro valiente— que los reinos solia guardar. 

Envían luego mensajeros— á Paris, esa ciudad, 

ya después de allegados,— asentado su real, 

que presto y sin dilación — se le diese la ciudad, 

ó los doce salgan luego —si por armas se ha de librar. 

Respondió el emperador,— bien oiréis lo que dirá: 

—Que le placía '^1) de buen grado —de los doce allá enviar.— 

Para un día señalado— concertaron el pelear : 

aquel día salieron los doce — al campo para lidiar. 

Jx)8 caballos llevan holgados, — no se hartan de relinchar; 

con una furía muy grande -en los moros se van lanzar. 

llácese una batalla — muy cruel en la verdad; 

roas los moros eran muchos— todos los fueron captiyar, 

y también á Galalon,— así mesme otro que taL 

iGran deshonra es de los doce— en dejarse así tomar! 

Visto lo ha el emperador — desde £u palacio real, 

mandó llamar sus caballeros — para su consejo tomar. 

— Ya sabéis que don Reinaldos— es buen vasallo reaL/ 

y es uno de los doce, — de los buenos el principal; 

HÍenipre miró por mi honra,— por mi corona imperial; 

fnies loH doce le han reptado, — yo le quiero perdonar. — 

íly Pl.'ice. .S¿Vl(7. 



ROITANGES NOVELESCOS r CABALLERESCOS M9 

Todos holgaron muy mucho— de lo que el emperador fué á 

[fablar. 
Envían luego á don Reinaldos —á do estaba Montalvan, 
-que viniese luego á París — para con el moro pelear, 

'porque era cosa que cumplía — á su alta Majestad, - 
y también porque en Francia — no le hay mas singular. 
Ya se parte don Reinaldos— donde los moros están : 
con aquel moro valiente,— con él iba á pelear. 
Oonsigo lleva á doña Alda — la esposica de Roldan; 
mas bien sabia don Reinaldos — bien sabía la verdad, 
que aquel inoro valiente— era su primo don Roldan, 

^^que un tío que tenia — le dijera la verdad; 
que por arte de nigromancía— él lo fuera á hallar, 
que don Roldan era vivo, — y como estaba en el real, 
el cuerpo que á París trajeron - era un moro que fué á matar: 
y aadando por sus jomadas— al campo fueron á llegar, 
armóse luego don Reinaldos — para con el moro pelear : 
á los primeros encuentros— los primos conocido se han. 
Conociéronse entrambos — en el aire del pelear : 
cuando iban á encontrarse,— las lanzas desviado han; 
dejado han caer las armas, — al suelo las fueron á echar; 
vanse con mucho amor— el uno al otro abrazar; 
allí habieron gran placer,— olvidado han el pesar. 
Mandó llamar á los moros — á todos hizo juntar 
para dalles la razón — de lo que quería hablar : 
— Vosotros tenéis á los doce,— yo los fuera á captivar; 
yo no siento ninguno — ^con quien haya de pelear, 
si no con este hombre solo,— pues vergüenza me será. — 
Don Roldan y don Reinaldos — comienzan á pelear; 
tantos matan de los moros, — ¡maravilla es de mirarl 
Después de muertos los moros, — y de todos los matar, 
filé Roldan á su esposica — con ella placer tomar. 
Guando lo vido doña Alda,— de placer quería llorar, 
las alegrías que hacen— no se podrían contar. 
Vanse luego á París- al emperador consolar; 
cuando el emperador supo— que venia don Roldan, 



420 LIIICOS CASTKLLAXbS 

con toda la caballería— salió faera de la cindad. * [gar {Vf 
— ¡Bien Tengáis vos, mi sobrino, — ;baeno sea vuestro lle- 
grán placer tengo de veros — vivo y sano en verdadl — 
Grandes fiestas se hacian — qoe no se pneden contar : 
allí iban todos los doce - qne á }a mesa comen pan : 
todos habieron placer— de la venida de don Roldan. 

{Canc. de Rom. s. a. f. 73. — Canc, de Rem. ijjo. f. 77. 
Silva d€ 1550, t. II. rol. 177 ;a;. 



188. 

(Reinaldos. — II.) 

Romaiier de don Reinaldes dr Montrnl^an» 

Estábase don Reinaldos — en París, esa ciudad, 
/ con su primo Malgesí —que bien sabe adevinar. 
Estábale preguntando, —él le quería demandar : 
— Primo mió, primo mío, — primo mío natural, 
mucho os ruego de mi parte— me lo queráis otorgar, 
pues que de nigromancía — es vuestro saber y alcanzar, 
que me digáis una cosa— que vos quiero demandar* • 
la mas linda mujer del mundo— ¿adonde la podría hallar? 
— Pláceme, dijo, mi primo, — pláceme de voluntad. — 
1/ Luego mandó á un espirito (3) — que le dijese la verdad, 

i\) 'liuena sea vuestra llegada» Siha. 

(2) Al mismo asunto se halla en las ediciones posteriores de la Silta y 
en la Floresta otro romance que dice : «En Financia Ja noblecida». Este ro- 
mance no es más que una imitación del nuestro, hecha con un. tasto más 
de cuidado y artificio, y probablemente ya por un poeta artístioo, 6 que 
aspiraba á serlo, el cual se ha permitido interpolaciones, pura hacer 
¡ilarde de su conocimiento de los poemas épicos italianos- Asi ha añadido 
una larsa introducción y de diferente asonancia (hasta el verso que dice: 
"Kuarda era de una puente , con el asonante en a o), al paso que ha cppia- 
do trozos enteros de nuestro romance. 
(3) "KspiritU' *Ví7ra. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 424 

86 la trajese delante— presto sin mas detardar. 
£1, como era apremiado, — hizo luego su mandar, 
que el rey moro Aliirde -tenia una hija de poca edad, 
que en el mando no habia otra— que fuese con ella igual. 
Tiene su reino muy lejos, — tiénelo allende la mar, 
en tierras muy apartadas -que no eran para conquistar. 
Reinaldos desque esto supo — no quiso mas aguardar; 
pidió licencia al emperador,— él se la fué luego á dar : 
no se la diera de grado,— mas contra su voluntad, 
que se queria ir á los reinos,— que estaban allende el míir, 
del rey moro Aliarde, — para con su hija hablar. 
Despidióse del emperador,— de los doce otro que tal. 
Ya se parte don Keinaldos, — ya se parte, ya se va, 
i base para los reinos— que están allende la mar } 
con él iba an pajecico —que lo solia acompañar. 
Andando i>or sus jornadas— al reino fué á llegar; 
f uérase para la villa— do el rey moro suele estar : 
hallólo en sus palacios — que se queria armar, 
porque así lo acostumbraba — por mas se asegurar, 
y luego que hubo llegado— el rey le fué saludar : 
— ¿De dónde es vuestra venida? — ¿O cómo os soledes nom - 
— Señor, soy un caballero, — de Francia es mi natural: [brar? 
desterróme el emperador;— de Francia no puedo entrar; 
por eso vengo á servir — á tu Alteza real. 
— Pues que venís muy cansado— de tan largo caminar, 
reposad en mi palacio,— que podréis (1) bien descansar. — 
Dou Reinaldos pidió un laúd, — que lo sabia bien tocar, 
ya comienza de tañer, — muy dulcemente á cantar, 
que todo (2) hombre que lo oía— parecía celestial. 
Bien' lo ola la infanta, — y holgaba de lo escuchar. 
Desque lo vio tan gracioso— de gracias muy singular, 
el amor que nunca cesa— en ella fué aj>08entar. 
Tales fueron sus amores — que no Ioh podia encelar: 



(1) «Podéis.* Silva. 

(2i) «Á todo. ' Las eds. posts. del Canc. de Rom. 



422 LÍRICOS CASTELLANOS 

amores de don Reinaldos — no la dejan reposar. 

También se enamoró él de ella, — jtanta era su beldad! 

£nviólo á llamar la infanta— que viniese á le hablar; 

may cortés y mesurado — las manos le fué á besar; 

la infanta era discreta — y no ge las quiso dar; 

mas antes bus corazones— eran de una conformidad/ 

que de verse el uno al otro— luego se fueron á desmayar : 

desmayaron los corazones, —no desmayó la voluntad. 

Después que fueron recordados ~ comenzaron de llorar, 

el un>:> y el otro deciati — palabras de grande amar. 

— Por tus amores, señora,— vine de allende la mar; 

por venir á vos servir— dejara mi natural. 

He dejado yo mis tierras, — al emperador quise dejar, 

he dejado machos. amigos, — que me solian honrar, 

he dejado á los doce, que de ellos era principal.— 

Allí habló la infanta— bien oiréis lo que dirá ; 

— Si por mí os desterrastes, — y quesistes acá llegar, 

tened confianza en mí— que lo entiendo bien pagar : 

por eso, amigo mió, — comenzáos de alegrar; 

mucho os ruego que esta noche— que no querades faltar, 

que vengáis solo en mi cámara — adonde yo suelo estar, 

porque allí solos entrambos— placer nos podamos dar. 

— I Nunca quiera Dios, señora,— ni la santa Trinidad, 

que yo tocase en la honra— á la corona real, 

pues me tiene vuestro padre— por caballero leall — 

Respondióle la infanta— enojada de le escuchar: 

— ¿Lo que habéis de rogar á mí— os tengo ya á vos (1) de ro 

^o vos juro por mi ley, — por la ley de Mahomad, [gar? 

que si no hacéis lo que digo— que luego os mande matar. — 

Don Reinaldos con esfuerzo— tal respuesta le fué á dar: 

— Que le costase la vida, — que mas no podia aventurar, 

y que sin falta vernia— por hacer su voluntad. — 

Aquella noche siguiente— gran placer se fueron dar; 

otro dia de mañana — á su posada se va. 

(1) "A VOS' falta en la Silva.. 



ROMAUGBS ROVELBSGOS Y GABALLBRBSGOS 



423 



No pasaron machos días, — pocolÉ f aéron á pasar, 
/que el traidor de Galalon, —aquel traidor desleal, 
envió cartas á Aliarde, — cartas para le avisar ¡jU^^^ ' / 
que en su corte tenia — á don Reinaldos (1) de Montalvan, 
que á otra cosa no habia ido— sino á le deshonrar: 
qae guardase bien su hija, — no se la quisiese fiar, 
que no fué por otra cosa — sino por amores tomar. 
£1 rey que vido las cartas — los suyos mandó llamar, 
para que tomen á Reinaldos — y lo hayan de aprisionar. 
Tomólo gran gente de armas— por mas seguro le tomar; 
echanle en una prisión— de muy grande escnridad. 
Aconsejóse con los suyos,— tomó consejo real, 
qué debian hacer al triste, --ó qué castigo le pueden (2) dar. 
Hallaron por sus derechos,— por la razón natural, 
pues habia sido traidor — á la corona real, 
que evfí digno de la muerte — y se la hubiesen de dar. 
Todos firman la sentencia, — el rey la fué á firmar : 
la sentencia ya era dada— para habello de degollar. 
Allí estaba un pajecico— que la infanta fué á criar, 
va corriendo á la infanta— de priesa y no de vagar. 
Sola estaba la infanta,— á nadie quería escuchar; 
entra el paje por la puerta, — comiénzale de hablar : 
— Por amor de vos, señora, — hoy se hace gran crueldad, 
que aquel caballero extraño— por vos le quieren degollar. — 
De lo que dijo el pajecico —ella tuvo gran pesar: 
vase por el palacio— donde el rey solia estar: 
tal entraba jpor la puerta— que á todos quería matar. 
— ¿Qué es aquesto, señor padre? — aquesto ¿qué puede estar? 
¿Sin saber cierto las cosas, — al cabo las queréis llevar (3)? 
La sentencia que habéis dado — vos la queráis (4) revocar, 
qne si don Reinaldos muere — á mí prímero habéis de matar. 
No sabiendo la verdad — no me queráis disfamar. 



(1) «Á Reinaldos. ■> Silva. 

(2) «Puedan.» iSiírrt. 

(3) «Llegar. » Canc. de Rom s . a . 
y 1500. 



(4) Queréis. Canc- di Roni' 
8. a y 1550. 



4:2 i> líbicos CáSTBLLANOS 

Las cartas de Galalon,— que él vos fué á enviar, 

son por volveros con él, -^ para hacelle matar, 

por envidia quedól tiene (1), — porque en vuestra corte está (2), 

que en París ni en toda Francia— nadie se le puede igualar. 

Por eso os ruego, señor, — la vida le queráis dar. 

— Pláceme, dijera el'réy,~pláceme de voluntad; 

mas con nna condición :— que en mis reinos no ha de estar^ — 

Allí luego la infanta— las manos le fué á besar: 

mándanle qtiitar los grillos— y de la prisión sacar, 

y entonces el buen rey— le mandara desterrar. 

Ya se parte de la corte — con dolor y gran pesar 

por dejar á su señora, — con ella no poder quedar. 

Maldecía su ventura, — no cesaba de llorar; 

á sus jornadas contadas— en Francia fué á llegar: 

y vase luego derecho — á la villa de Montalvan. ^ 

£1 rey quedaba pensoso,- á su íiija quería casar, 

mas no sabia con quién — á su honra la pudiese dar. 

Envió cartas por todo el mundo,— todo el mundo en general, 

que quien quisiere heredar su reino, —y con su hija casar, 

que dentro de treinta dias— viniese á su corte real 

para hacer un torneo— para mas honra ganar, 

y el que mejor lo hiciese — con la infanta haya de casar. 

Don Reinaldos cuando lo supo— mucho se fué á alegrar, 

porque si él allá iba— el campo entiende de ganar. 

Luego pidió su caballo, — las armas otro que tal, 

mucho rogó á su primo, — á su primo don Roldan, 

•* que se quisiese ir con él— por mayor honra llevar. 
Ya se parte don Reinaldos;— con él iba don Roldan, 
á sus jornadas cantadas— al reino de moros llegado han. 

K^abido lo ha Galalon — que á tierra de moros van, 
luego envió un mensajero— para al rey moro avisar, 
que su criado don Reinaldos, -py su primo don Roldan 
eran idos á su reino — para ha\)ello de matar. 

• 1) Tiene del. - Canxx. de Rom. ! Rom. s. a- y 1650- -< Por querer con 
s a- y 1550. vos estar. > Laseds. posts. del Ccfnc. 

(2) Quiere estar . ■> Canc de da Rom. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS ^%b 

Guando el rey supo tal Dueva — de ello se f aé á maravillar -. 

envió á hombres de armas— que los fuesen á buscar. 

AHÍ habló' un caballero,— bien oiréis lo que dirá: 

— ¡Vergüenza es de tanta gente— á dos solos ir á buscar! 

Dédesme licencia á mí— que yo solo me quiero andar. — 

El rey dijo que (1) le placia — de muy buena voluntad. 

Ya se parte aquel moro, — ya se va á los buscar; 

vase para una posada — adonde él solia posar : 

en entrando por la puerta — con ellos fu'^ra á encontrar : 

conoció á don Reinaldos — que con él solia holgar. 

— Pésame mucho de vosotros, — en mí tengo gran pesar, 

que el rey sabe que estáis aquí— haos mandado matar: 

ruego vos mucho, señores,— que me digáis la verdad, 

porque el rey tenia cartas— que Galalon le fué á enviar 

avisándole de cierto— que le queríades matar. — 

Respondiera don Reinaldos: — ¡Nunca Dios quiera tal! 

El rey no es mi enemigo, — ni yo lo quería mal; 

mas hemos venido al campo —que el rey mandó (2) pregonar. 

Mucho se holgó el moro - de tal razón (3) escuchar, 

que viniesen en hora buena — para al campo á pelear. 

Otro dia de mañana— comiénzase de aparejar, 

y sálense luego al campo— donde hablan de tornear. 

Mataron tantos de moros— que no hay cuento ni par. 

Bien vmsL la infanta — á Reinaldos y á Roldan (4): 

lloraba de los sus ojos — que no les podía ayudar. 

Envióles un pajecico, — que fuesen á le hablar, 

que se lleguen al castillo — por ver si les podría hablar. 

Ellos rompiendo entre la gente — al castillo llegado han : 

la infanta cuando Iíhh vi do —de allí se dejó colgar : 

tomándola don Reinaldos — en su caballo la fué á tomar. 

Mataron tantos de moros— que no tienen cuento ni par; 



(1) *í)ijo el r^y.^ Silva. | (3) «De tales razones» Canc. rfe 

(2) «Kandara.» Canc- cíe 72o7n. : /2owi. s. a. y 1550. 



s. a- y 1S60- 



(4) «Don Roldan. »Ca»ic.cí;/íí'/n-. 
s. a y 1550. 






l:i\» LlftlCW CASTELLANOS 

po: uiacaocji :ii«>f«i» >{ i^ •iBt£!eNii~co se la pndienHi quitar (1 ): 
A au«^ .K>ruAd»ft cottG»Jfts^-^ Paz» foéroii llegar. 
iCi inny<f<íAf ciH»A^i0 «ipo — A recebírseloe sale,- 

V o:i e¿ »Al^a IvM i(xv var'Qi»— j 3o«b la eorta reaL 

V 'u^jitji A. . ^:i:t ««.vrsTfe j.'tiL — JLa:*:?ri !o eran luiKko amk^ 

-i-*, -i -V-t. . , ■". 'j. — ,'z».- dt Üpm. ijjo. T. 71.— 



^ •. ^ • 




R*ii^i*s.— 11:. 

liuiiiiaure 4r laa prltiton y destlerv» ém úmwk 
Mv'luttliitMi y 4r géiM estai 
% lUM la iirr Klaoiperad^r de Xi 

\:i v^ue eeii:tl'A don Reinaldos — f::ertenieii:r spñsioiíado, 
(\^,ník hnberl*^ Je sacar — á luego ser ahorca-io. 
i>i>i\|uc el ^raii eui^'eraior — ansí lo ha>>ia maniaio. 
V V ! .* lu U» I ;ej:o iou Rold a n — d e tod an arrn as arma Jo. 
iii v-í luor'-o Uria-i j:— sa p'^Klerov* caballo, 
» l;i Uu'iie Purlicda^a— líjuy hí«'ii cííñida á sa lado. 
1.1 LiM.'ii iviiio una cntfjin, <>1 ítvrU: f;Hcudo embrazado, 
\i-nluU» do fuertes armíiH -y ó.\ r.t,ti i^HaH encantado. 
I'm lii visera del y<;liiio Uu-.y/f v'?niíi lanzando; 
icUMiiblando va la lanza romo nn junco muy delgado. 



( II Por luas moru^'iu': vif.i< ron i'ur iiiíís moros Qac 

lio se la paeden <iiiit:ti- no se la pudieron quitar.' 

I.1ÍS cd. post. del Canc. dt /(mu. , ,<¿lca, ed. de 1582. 

.'J) Ku la Silva, ed. do \t)H¿, y cu la FloreMta hay otro romance al mis- 

lili) iiMuiito, que dice: - Cuando a'incl claro lucero , pero ya contrahecho de 

Mte iMjf un poeta artístico, corno mc e(;)ja de ver i)or el mismo título qae 

^UÉfÉtÜpik ou un pliego suelto del híkIo xvi, donde dice: (Romance) hecho por 

^^^^^^■ídUI hombre- Agora de nuevo muy l'uera del propósito de loflOtriM» 



ROMANCES NOVELESCOS T GABALLBBBSGOS 427 

y á toda la hueste jaata — ñeramente amenazando: 

— iNadie toque en don Benaldos — si quiere ser bien librado! 

¡quien otra cosa hiciere ~éi será tan bien pagado, 

que todo el resto del mundo— no le escape de su manó, 

sin quedar hecho pedazos,— ó muy bien eeearmentaáol 

Serenos estaban todos — hasta ver en qué h» parado; 

nadie no se removía— contra tan buen abogado. 

Allí el fuerte don Roldan -^junto á Carlos se ha llegado 

diciendo de esta manera, — de encima de su caballo ; 

— No es cosa de emperador— lo que tienes ordenado; 

el caballera que se viene — de su voluntad y ^ado; 

¿cómo es esto, señor,— que ansí ha de ser tratado? 

Endemas la ñor del mundo, — como claro está probado, 

^^iendo de tu propia sangre, — tan cercano emparentado, 
manso como un corderico— ante tí se ha presentado, 
sabiendo tu Majestad, — que nadie hubiera bastado, 
ni el mundo todo junto— á prendello ni á matalio, 
y mas agora, señor,— que estaba tan prosperado, 
pudiera correr tus tierras — y mas conquistar tu Estado, 
como otras veces solia — tenerte en Paris cercado, 
y tú ni nadie por ti — le osaba salir al campo. / 

¿Quieres tú quitar la vida— á quien á ti te la ha dado? ▼ 
No una vez sino ciento— de peligros te ha sacado, 
poniéndose á la muerte — por acrecentar tu Estado. 
¿Y este pago le tenias,— di, señor, aparejado? 
i Si á todos pagas así, — tú serás harto aíamado! 
¡De excelente pagador — rica fama habrás ganado! — 
Bespondió el emperador — como mal aconsejado: 

^— iOh cómo hablas, sobrino,— con rostro tan enojado! 
¿no sabéis que este traidor— muchas veces ha robado? 
por caminos y carreras— las gentes ha despojado, 
y muchos piden' justicia— de los que él ha salteado, 
y si agora lo soltamos,— volverá á lo regostado. — 

Alli dijo don Roldan: Eso tú lo has causado; 

diérasle tú en que viviera— de cuanto te ha acrescentado, 
¿Y por qué razón, señor,- jamas te has acordado? 



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II . <in li|t:i.ii III liiilmiMir IrV'iltitflcIo 

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ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 429 

que lo mas que él tenia— haberlo á moros ganado? 

Debriate ya bastar — que á perder lo has echado 

destruyéndote una villa —sola, que Dios le habia dado. . 

Si la cabeza do slale— todo aqueste en que has andado 

ella fuese ya cortada - quedarla sosegado 

todo el tu gran imperio— que no te cantase gallo. — 

Respondió el emperador — algún tanto ya amansado : 

^Oh mi querido sobrino, — no te tomes tan airado, 

ni pase mas adelante — lo que llevas comenzado! 

Hágase como quisieres — y sea luego soltado; J 

mas con esta condición:— que lo doy por destechado 

con gran pleitomenage, — que ante mí haya jurado, 

■que solo y sin compañía— á Jernsalem, descalzo 

en hábito de romero — sea luego encaminado, 

y que mas aquí no pare— del tercero dia pasado, 

y jamas no torne en Francia — sin mi licencia y mandado; 

y que su mujer é hijos — acá se hayan quedado, 

y sus hermanos también,— todos á muy buen recaudo, 

porque si él algo hiciere — en ellos seré yo vengado. — 

tiO cual así se cumplió,— según de suso contado, 

que luego al. tercero dia — Reinaldos se ha aparejado 

de esclavina y de bordón, — y una maleta á su lado, 

para echar las limosnas — que por Dios le hubiesen dado. 

Vistió una gruesa camisa, — coqao penitente armado, 

llorando de los sus ojos— con Corazón traspasado. 

Despidiéndose á la corte— de cuantos le han amado, 

y á todos los doce pares — mucho les ha encomendado 

la su mujer é hijitos— que por ellos hayan mirado, 

y también por sus hermanos— que en prisión les ha dejado, 

diciendo que por ventura— jamas seria tornado; 

mas quizá en algún tiempo — les seriip bien pagado 

á todos los que miraren — por las prendas que ha dejado. 

Sus lágrimas eran tantas — que á todos han convidado 

á quebraír sus corazones —de le ver tan lastimado. 

Y^ te va el nuevo romero— del todo desconsolado: 

de toda la cristiandad— iba ya desamparado, 

Tomo IX 9 



430 líbicos castellanos 

aunqae él por machas veces — la habia bien abríggáOy. 
defendiéndola de moros --con corazón esforzado. 
Capitán de los cristianos —por el mondo era llamado;, 
tal f aerza contra paganos — por jamas se ha hallado. 
Mas al cabo de tres dias— ^ne ansí desnado y descalzo 
caminaba con paciencia — con so bordón en la mano, 
y con espesos gemidos ~y sospiros qae iba dando, 
don Koldan foé en pos de él — en sa lijero caballo, 
y alcanzólo á ana montaña — saliendo x>or an atajOv 
Oesqae lo vldo Renaldos — á mal lo habo tornado^ 
mas el leal don Roldan— otro llevaba pensado, 
paes le dijo Inego ansí— al momento y en llegando: 
— ¡Oh flor de caballería! — ¿dónde vas tan desmayado? 
¿qaé es de tas caballerías? — ¿dónde las has ya dejado? 
¿qné es de las tas fuertes armas? — ¿qué es de tn faerte caba- 
Ves aqai ta buena espada, — cata aquí do te la traigo; [lio? 
toma, toma, señor primo, — que yo haré ser alzado 
el destierro, qae te fué — tana tuerto sentenciado; 
y no me tengan por Roldan— si no fuere ansí acabado, 
que yo sacaré del mundo— á quien quisiere estorballo, 
porque tan buen caballero— no sea en Francia faltado : 
que mas vales iú que todos - cuantos allá han qaedado. — 
Mas por mas que le rogó —nada le fué otorgado, 
ni jamas volvió con él — á lo que la era rogado, 
por no dejar su camino— á cumplir lo que ha jurado; 
que entre buenos caballeros,^asi es acostumbrado, 
de perder antes la vida — que no hacer quebrantado 
el homenaje que hacen — donde les es demandado. 
Mas tomó su rica espada — que Roldan le habia llevado-^ 
para la llevar secreta— debajo su pobre hato, 
por si algo le viniere —que tenga de que echar mano; 
y ansí se despiden los dos— harto gimiendo y llorando, 
que peor les fué el partir,-- que no morir peleando. 
Mas aquel noble guerrero — mucho se va encomendando * 
al muy alto Jesucristo,— por el cual él fué guiado 
X á las tierras del gran Can,— do fué muy maravillado 



ROMANCES IS'OVELBSCOS Y CABALLERESCOS l^f 

por tan ialto caballero— cómo ante él era llegado 

tan descalzo y tan desnudo, — tan hambriento y fatigado. 

Mas como quiera que fuesen — en el tiempo ya pasado 

ambos hermanos en armas, — gran fiesta le ha ordenado, 

y después que le coútó— todo su hecho pasado, 

eí gran Can le respondió: — lOh mi buen señor y hermano! 

pídeme lo que. quisieres — para volver contra Cario. 

Ves aquí do tengo junto — nuestro ^ran poder pagano, 

que no hay cosa que no hagan— por mi servicio y mandado: 

irán conmigo y contigo— á hacerte bien vengado, 

y según, señor, tú eres — en armas tan estimado, 

con este tan gran poder — que de acá hayas llevado, 

muy de presto podrás ser — en cristianos qoronado, 

á pesar de quien pesare — sin poder ser estorbado, 

que mas pertenece á ti — que no aquel falso de Carlos, 

pues tan mal ha conoscldo — cuanto le has administrado. 

— No lo mande Dios del cielo, — le responde don Kenaldos, 

que yo quiebre el homenaje, — que en Francia hube jurado, 

que yo ni otro por mí — no vuelva contra cristianos. — 

Vista ya su voluntad — el gran Can, fué acordado 

por complacer á Renaldos — y subirlo en alto estado, 

que seria bueno ir — con treinta mil de caballo 

sobre aquél emperador — de Trapisonda nombrado, 

que muy mucho mal hacia— á todos sus comarcanos, 

usurpándoles las tierras-^ppr fuerza, que no de grado. 

Renaldos que tal oyó— presto fué aparejado, 

no de esclavina y bordón, — ni menos maleta al lado, 

mas de buen caballo y armas,— en lo que era acostumbrado. 

Tomando los treinta mil— tales mañas se ha dado, 

como aquel que en ellas era— maestro bien afamado. 

Halló al emperador — que tenia puesto campo 

sobre una gran ciudad, — cient mil y mas de caballos: 

pegó con ellos de noche— al mejor sueño tomando: 

recordólos de tal suerte — que pocos han escapado; 

porque el triste campo estaba — durmiendo, tan descuidado, 

que cuando el alba rompió— los mas se han abajado 



43^ 



líbicos castcllaxos 



con sa sefior al infierno,— qae los estaba esperando, 
salvo aqaellos qae se dieron — á merced de don Benaldos, 
por do laego presto fué — emperador coronado, 
sojuzgando muchos reyes — y señores de alto grado, 
de lo cual luego escribió — á su enemigo Garlo-Magno. 
Con riquisimos presentes —mensajes le ha despachado 
pidiéndole de merced, — que allá le haya enviado 
alguna gente cristiana, — que no hay mas de un cristiano, 
que es el mesmo don Renaldos, — el valiente y esforzado, 
y noble en toda virtud, — hermoso y muy agraciado. 
Mas tal odio le tenia— el ya dicho Carlo-Magno, 
que en lugar de socorrer— á la hora ha pregonado 
que no vaya nadie allá, — so pena de su mandado, 
ni tampoco le enviasen — la mujer, hijos y hermanos. 
Mas Roma y Costantinopla — le enviaron tal recaudo, 
que sin ir nadie de Francia — cristianos le han sobrado. 



(Canc. de Rom. s. a. f. 115. — Catic. de Rom. ijjo. f. 1x4.) 



190. 



ROMANCES DEL CONDE CLAROS. 



Romance del conde 



.-L 



Media cíoche era por filo, — los galios querian cantar, 
conde Claros con amores — no podia reposar : 
dando (1) muy grandes sospiros— que el amor le hacia dar, 
por (2) amor de Claraniña— no le deja (3) sosegar. 



(1) Tirando." Las cd. posts. del 
CanC' de liom- 
(2j «Poniue ' Las ed. posts. del 



Canc de 72o»i.— «Que amores.» Flo- 
resta» 
(3) 'Dejan.» Floresta. 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 



433 



Cuando vino la mañana —que qaeria alborear, 

salto diera de la cama — qne parece an gavilán. 

Voces da por el palacio, — y empezara de llamar: 

— Levanta (1), mi camarero, — dame (2) vestir y calzar. — 

Presto estaba el camarero— para habérselo de dar : 

diérale calzas de grana, —borcegnís de cordobán; 

diérale jubón de seda— aforrado en zarzahán (3); 

diérale un manto rico —que no se puede apreciar; 

trescientas piedras preciosas-^-al derredor del collar; 

tráele un rico caballo— que en la corte no hay su par, 

que la silla con el freno - bien valia una ciudad, 

con trescientos cascabeles — al rededor del petral; 

los ciento eran de oro, — y los ciento de metal, 

y los ciento son de plata — por los sones concordar; 

y vase para el palacio— para el palacio real. 

A la injfanta Giaranifía — allí la fuera hallar, 

trescientas damas con ella — que la van acompañar. 

Tan linda va Giaranifía,— que á todos hace penar. 

Conde Claros que la vido —luego va descabalgar; 

las rodillas por el suelo— le comenzó de hablar : 

— Mantenga Dios á tu Alteza. — Conde Claros, bien vengáis.— 

Las palabras que prosigue— eran para enamorar : 

— Conde Claros, conde Claros,— el señor de Montalvan, 

¡cómo habéis hermoso cuerpo — para con moros lidiar! — 

Respondiera el conde Claros, — tal respuesta le fué á dar : 

— Mi cuerpo (4) tengo, señora, — para con damas holgar : 

si yo os tuviese esta noche, —señora á mi mandar, 

•otro dia en la mañana (6)— con cient moros pelear (G), 

si á todos no los venciefee— que me mandase (7) matar. 



(1) «Levantaos.» Las ed. posts. 
del Canc de Rom. Floresta- 

(2) «Dadme.» Las ed. post. del 
Cañe, de Rom. Floresta. 

(3) «Qorgoran.» Floretta. 

(4) «Mejor lo.» Las ed. post. del 
CanC' de Rom. 



(5) « Querría la otra mañana >> 
Las ed. post- del Canc. de Rom. — 
«Y otro día de mañana.» Floresta. 

(6) ¿Diría peleare»? 

(7) «Mandasen.» Las ed. post. 
del Canc. de J?om.— «Mandásedes- 
me. > Floresta. 



434 



líricos castellanos 



— Calledes, conde^ cailedes, — y no os queráis alabar : 

el que quiere servir damas-* así lo suele hablar, 

y al entrar en las batallas — bien se saben excusar. 

— Si no lo creéis, señora, — por las obras se verá : 

siete años son pasados — que os empecé de amar, 

que de noche yo no duermo,— -ni de dia puedo holgar. 

—Siempre os preciastes, conde, — de las damas os burlar; 

mas déjame ir á los baños, — á los baños á bañar; 

cuando yo sea bañada— estoy á vuestro mandar.— 

Kespondiérale el buen conde, — tal respuesta le fué á dar : 

-^Bien sabedes vos, señora, — que soy cazador real; 

caza que tengo en la mano — nunca la puedo dejar.— 

Tomárala por la mano, — para un vergel se van; 

á la sombra de un acipres (1), — debajo de un rosal, * 

de la cintura arriba (2)— tan dulces besos se dan, 

de la cintura abajo — como hombre y mujer se han (3).. 

Mas la fortuna adversa —que á placeres da pesar (4), 

por ahí pasó un cazador, —que no debia de (6) pasar, 

detras de una podenca (6), — que rabia debia matar. 

Vido estar al conde Claros— con la infanta á bel (7) holgar.. 

El conde cuando 1q vido— empezóle de llamar : 

— Ven acá tú, el cazador, — así Dios te guarde de mal : 

de todo lo que has visto— tú nos tengas poridad. 

Darte he yo mil marcos de oro, — y si más quisieres, más; 

casarte he con una doncella —que era mi prima carnal; 

darte he en arras y en dote — la villa de Montalvan : 



(1 ) « Ciprés, » Silva. — « Limón • » 
Floresta. 

(2) 'Con grande contentamien- 
to» FlOT' 

(3) «Muy dulces besos se dan 
con el amor que se tienen, 
que era cosa de admirar.» 

Floresta. 

(4) «Mas la fortuna que es ad- 
versa— que á placeres ó á pesar- 
Canc. de Rom. s. a. y 1550. 



« Mas fortuna que es adversa 
á placeres, y á pesar. » 

Las ed. post. del Cano. 
«Mas fortuna que es adversa 
que á placeres da pesar.» Flor. 

(5) «Debiera.» Silva. 

(6) «Kn busca de una podenca.» 
Silva.— ^ h'n busca va de un azor. • 
Flm-. 

(7) «Á lindo» Las ed- poste, del 
Canc. - <A m^.» Floresta. 



BOMANCBS NOVELESCOS T CABALLEBESGOS 



435 



•de otra parte la infanta ^macho mas te pnede dar (1) — 
£1 cazador sin ventara — no les quiso escuchar : 
vase pot los palacios —ado (2) el buen rey está.^ — 
— Manténgate Dios, el rey, —y á tu corona real : 
una nueva yo te traigo — dolorosa y de pesar, 
que no os cumple (3) traer corona— ni en caballo cabalgar. 
La corona de la cabeza — bien la podéis vos (4) quitar, 
m tal deshonra como esta— la hubieseis de comportar; 
que' he hallado la infanta — con Claros de Montálvan, 
besándola y abrazando —en vuestro huerto real : 
■de la cintura abajo — como hombre y mujer se han (5)— 
£1 rey con muy grande enojo — al cazador mandó matar, 
porque habia sido osado — de tales nuevas llevar (6). 
Mandó llamar sus alguaciles — apriesa, no de vagar, [pañar, 
mandó armar quinientos hombres— que le hayan (7) deacom- 
para que prendan al conde — y le hayan de tomar (8) 
y mandó cerrar las puertas, — las puertas de la ciudad. 
A las puertas del palacio— allá le fueron á hallar, 
preso llevan al buen conde— con mucha seguridad (9), 
unos grillos á los pies, — que bien pesan un quintal; 
las esposas á las manos,— que era dolor de mirar; 
una cadena á su cuello, — que de hierro era el collar. 
Oabálganle en una muía — por mas deshonra le dar; 
metiéronle en una torre — de muy gran escuridad: 
las llaves de la prisión — el rey las quiso llevar, 
porque sin licencia suya— nadie le pueda hablar. 
Por él rogaban los grandes — cuantos en la corte están, 
por él rogaba Oliveros, — por él rogaba Roldan, ^^ 



(1) «De otra parte deVinfanta 
maeho mas te puedo dar.» 

iJanc. de Rom. s. a. y 1550. 

(2) «Adonde. » Silva, Flor y las 
«d. post. del Canc- 

^(3) «No te cumple." Las ed. pos- 
4«eiiore3 del Oanc 
(4) «Bien te la puedes.» Las ed. 



post del Ca/ic— Bien os la po- 
déis.» Flor. 

(5) «De lo cual dolor yo tuve 
y no quisiera ver tal. » t'lor. 

(6) «Le dar.» Silva. 

(7) «Los.» >S¿¿i;a.— «Les.» Flor 

(8) «Ó Je hayan de matar. » Flor. 

(9) riguridad. » Flor. 



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ROMANCES NOTBLBSCOS T GABALLBRBSGOS 137 

qne los yerros por amores—dij^nos son de perdonar. 
Por vos he rogado al rey,— nunca me quiso escuchar, 
antes ha dado sentencia — qne os hayan de degollar. 
/'Yo vos lo dije^ sobrino, —que vos dejásedes de amar, 
que el que las mujeres ama— atal galardón le dan, 
que haya de morir por ellas — y en las cárceles penar. — 
^Respondiera el buen conde — con esfuerzo singular : 
— Calledes por Dios, mitio, — no me queráis enojar; 
quien no ama las mujeres — ^^no se puede hombre llamar; 
mas la vida que yo tengo— por ellas quiero gastar. — 
Respondió el pajecico, — tal respuesta le fué á dar : 
— Conde, bienaventurado— siempre os deben de llamar, 

ral y en el de Romances, y en el primero ha servido de tema i una glosa 
de Franci&co de León.— Daremos aquella versión en la nota al fin de nues- 
tro texto, no habiendo tenido por bien de sustituirla á la nuestra, porque 
en aquella versión dice el arzobispo, que el rey no le quiso escuchar: 

«que la sentencia era dada,— no se podia revocar; 

lo que no va en todo conforme con la narración que antecede en nuestro 
texto— Empero, hemos purificado éste, suprimiendo, como interpolación 
manifiesta, la glosa en dos décimas intercalada entre el verso que dice^ 
«dignos son de perdonar» y el de «por vos he rogado al rey», aunque la lle- 
van yá las ediciones más antiguas de la Silva' y del Canc. de Jíoni.— Se 
echa de ver por aquellas versiones diferentes é interpolaciones, que este 
pasaje había servido ya muy temprano de tema favorito á los glosadores, 
y que las dos versiones conocidas, puriscadas de las interpolaciones mani- 
fiestas, tienen todavía apariencia de refundiciones y amplificaciones, en 
oposición con la sencillez de lo restante.— Queda, pues, libre el campo á la 
conjetura, yséanos licito, sacando de las dos versiones antiguas los versos 
que tenemos por genuinos, aventurar un texto un tanto más aproximado 
<al primitivo qite diría así: 



—Pésame de vos, el conde, 
cuanto me puede pesar, 
que los yerros por amores 
dignos son de perdonar. 
Supliqué por vos al rey, 
nunca me quiso escuchar, 
antes ha dado sentencia 
que os hayan de degollar. 
Más os valiera, sobrino. 



de las damas no curar, 
que firmeza de mujeres 
no puede mucho durar. 
—Calledes, por Dios, mi tio, 
no me queráis enojar, 
que tales palabras, tio, 
no las puedo comportar; 
quiero más morir por ellas 
que vivir sin las mirar — 



138 



líricos castellanos 



porque muerte tan honrada — por vos había de pasar; 

mas envidia he de vos, conde (1}, — que mancilla ni pesar : 

mas querría ser vos, conde, — que el rey que os manda matar, 

porque muerte tan honrada — por mi hubiese de pasar. 

Llaman (2) yerro la fortuna— quien no la sabe gozar ^ 

la priesa del cadahalso — vos, conde, la'debeis dar; 

«¿ no es dada la sentencia— v(^ la debéis de firmar, — 

El conde que esto oyera— tal respuesta le fué ¿, dar : 

— Por Dios te ruego, el paje,— ^en amóí de caridad, 

que vayas á la princesa— de mi parte á le rogar, 

que suplico á su Alteza— que el}a me salga á mirar, 

que en la hora de mi muerte — yo la pueda contemplar, 

que si mis ojos la veen — mi alma no penará (3), — 

Ya se parte el pajecico, — ya se parte, ya se va, 

llorando de los sus ojos — que quería reventar. 

Topara con la princesa, -r-bien oiréis lo que dirá : 

— Agora es tiempo, señora,— que hayáis de remediar, 

que á vuestro querido el conde —lo lley^ á degollar. — 

La infanta que esto oyera — en tierra muerta se cae (4); 

damas, dueñas y doncellas— no la pueden retornar (6), 

hasta que llegó su aya— la que la fué á criar. 

— ¿Qué es aquesto, la infanta?— aquesto, ¿qué puede estar? 

— ¡Ay triste de mí, mezquina,— que no sé qué puede estar! 

íque sí al conde me matan — yo me habré desesperarl (6) 



(1) También desde este verso 
iiafita el de «vos la debéis de fir- 
mar», debía ser un tema favorito 
de los trovadores; así hay en el 
CanC' gm- y en el de Bom. un ro- 
mance contrahecho por Lope de So- 
sa, con villancico, que Soria ha 
glosado; y también en este pasaje 
se deja sentir en nuestro texto ya 
la mano artística, pues tiene su 
puntita de afectado. Serían ya in- 
terpolados los versos que hemos im- 
l)reso en letra curdiva.— De haber 
contrahecho Lope de Sosa un trozo 



de nuestro romance, se puede con« 
cluir que éste ya á mediados del si- 
glo XV, cuando aquel trovador vi- 
vió, corría en mano de todos. (Véa- 
se Clemencín, notas al Quijote tto- 
moV, pág. 391). 

(2) «Llama.» -F/or«í¿a. 

(3) «Mi alma no ha de penar.» 
Las ed. posts. del CanC' da Rom. 

(4) «Fuéádar.» jPíoív 
(6) «Recordar» <S¿¿ra. 

(t>) «Yo habré desesperar » Las 
ed. post. del Canc. —«Yo me iré á 
desesperar.» Flor- 



BOM ARCES IVOVELBSQOS Y GABALLBRKSG08 4 ¿9 

— Saliésedee vos, mi hija,— saliésedas á lo quitar (1).— 
Ya se parte la infanta,— ya se parte, ya se va : 
fuese para el mercado-^* donde lo han de sacar. 
Yido estar el cadahalso— en que lo han de degollar, 
damas, dueñas y doncellas —que lo salen á mirar. 
Yió venir la gente de armas— que lo traen á matar, 
los pregoneros delante— por su yerro publicar. 
Con el poder de la gente— ella no podia pasar. 
— Apartad vos, gente de armas, — todos me h|iced lugar, 
isi nol ... ¡por vida del rey, — á todos mande matar!— 
La gente que la conoce — luego le hace lugar, 
hasta que llegó el conde — y le empezara de hablar : 
— Esforzá, esforzá, el buen conde, — y no queráis desmayar, 
que aunque yo pierda la vida, — la vuestra se ha de salvar. — 
El aguacil (2) que esto oyera — comenzó de. caminar; 
vase para los palacios- adonde el buen rey está. 
— Cabalgue lá vuestra Alteza,— apriesa, no de vagar, 
que salida es la infanta — para el conde nos quitar. 
Los unos manda que maten, — y los otros enforcar : 
«i vuestra (3) Alteza no socorre, — yo no puedo remediar. — 
El buen rey de que esto oyera— comenzó de caminar, 
y fuese para el mercado — ado el conde fué á hallar. 
— ¿Qué es esto, la infanta? — aquesto, ¿qué puede estar? 
¿La sentencia que yo he dado — vos la queréis revocar? 
Yo juro por mi corona, — por mi corona real, 
que si heredero tuviese— que me hubiese de henídar, 
que á vos y al conde Claros— vivos vos baria quemar. 
— Que vos me matéis, mi padre, — muy bien me podéis matar, 
mas suplico á vuestra Alteza, — que se quiera él acordar 
de los servicios pasados — de Reinaldos de Montalvan, 
que murió en las batallas, —por tu corona ensalzar : 
>/por los servicios del padre— al hijo debes galardonar; 



(1) «.Saliésedeslo quitar.» Ca«c. 
de Rom. s. a. y 1550.— «Saliésedes- 
lo á quitar » Silva y las ed. posts 
del Canc. Flor- 



(2) «El alcalde.» Fíor. 

(3) <Si tu.» >St/í;a. 



Uv> LÍBICOS CÁSnLLÁlfOS 

poi utulqu^^rer d«^ traidores — tos no le debéis matar, 
4U0 üu muerte st^rá causa — que me hayáis «le disfamar. 
\1:ls «upJÍLv X vuestra Alteza --«^ae se quiera ^^CKisejar, 
jjuo I08 itivea oou íunjr — no deben de sentenciar, 
L>i>i-i]uc ul coa Je es ie linaje— del reino mas principal, 
i»ini]íui ^'l tím de los doce— que á íu mesa eonaen pan. 
Suh :;:ii;gs.>4 \ parieiiLes — tudos Ce querrían maL 
io\.'l\i i it! -liaii íuerra,— :as reinos se penierán. — 
l-.i Iku'lí \c\ ,:i.ie esto overa — «comenzara & demandar : 

\.\'iic*ou' Jis \»ido. los mios. — que me íuerais consejar. — 
í .V -;o -^hIos >e a-jan¿iT':c — s«jr sn ce ese f o Lomar. 
\A . <^í\>c[o que le i:*íron, — -^le le haj» ie perdonar 
•.'. ,.;iii;ii- :i:.\les v -.re-zas. — t T}«:r la rrlacesa afamar. 
i-'.iv'o. Líitiüiii -L p*;r":'-n. — «t!. bner: rej rxe :i armar: 
i . 1 1 i i ■ >:<.': i '.e a:-:." 3«? j arr, r. — ce nse^o le :-.:í r-^n dar. ' 

i'iK-N \:i '.u:-ii::a :z^rA ül '.osle, — ^rz eL hava de casar. 
\ :; vloáivrra:: a: \ -«rr- -.onie. — va lo n:d:i-iaa desferrar : 
.!c'>v:i^.;!-:a .í^ -i:: a :rj,:i[2í, -el arzobispo a desposar. 
\A ioM!A-/< .:e las ::^r.09, — así los hibo de jriütar 1'. 
l » cu .'j js y pfr'-ar^ra —^n placer h:ib:eror: de temar ^2). 

'T .",.- ¿¿ / ;/i!. j-, ^. :' £1 — .".j-i.\ jV A.»ji». .'_~.~ti. f. 82.— 
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.1' .'iirar. -S'-'a 

riaocres 5* ?ián ie tcrr-.'*r . Las el r-rsts- .íel Ci.'te-— -Ba pWcer 
\.iii u u»rn»r. - Flor- 

,3,1 Sii:uen en las fz-Wrifjx.'A T'Osteriores del Ojí í. -tV /í.-x. y en fai F7o- 
/vrfftt vlos dccima.- ¿';'js¿in'io ctra vez el JííIo^^í cnire el jur-ol-ispo (*Su tío 
.il ooiule .' y el oond*: Reíi-u'j-.tá y dn en :a ;ar.»el. Lutr¿o viene en el 
TidM*. d. R'n,\. la otra ^fiTÚ'iTi «^jae hemos mencicua.loal mismo puaíe de 
iMiestro texto desde el verso^ice dice: Pésame de vos. el ooude- y ane 
uiiotamos a>iai- 

0¿ro romance del conde Claros. 

Pésame de vos, el conde dignos sop de perdonar. 

;ne asi os quieren matar, Supliqué por vos al rey, 

nme el yerro que heciates que Oa mandase delibrar. 

fné mucho de culpar: mas el rey con gran enojo 

loi yerros por amores no me «luisiera escuchan 




R0M4NGB3 NOVELESCOS T G4BALLERBSG0S 

191. 



441 



(Conde Claros. — II,) 

A caza va el emperador— á Sant Joan de Montiña; 
con él iba el conde Claros— por le tener compañía. 
Ck>ntándole iba, contando— el gran menester qne tenia. 
— No me lo digáis, el conde, — hasta después á la venida. ^ 
— Mis armas tengo empeñadas— por mil marcos de oro y mas, 
otros tantos debo en Francia — sobre mi baena verdad. 
— Llámenme mi camarero— de mi cámara real; 
dad mil marcos de oro al conde— para sos armas quitar; 
dad mil marcos de oro al conde— para mantener verdad; . 
dalde otros tantos al conde — para vestir y calzar; - 
dalde otros tantos al conde — para las tablas jugar; 
dalde otros tantos al conde — para torneos armar; 
dalde otros tantos al conde— para con damas folgar. 
— Muchas mercedes, señor, — por esto y por mucho mas. i. 

A la infanta Claraniña — vos por mujer me la dad. A *^ ^t^^"-^ *■ 
— íarde acordastes, el conde, — <iue mandada la tengo ya. fl. i< m.v^-M 
—-Vos me la daréis, señor, — acabo que no queráis, 



Que la sentencia era dada 
no se pedia ''' revocar, 
pues dormistes con la infanta 
habiéndola de guardar. 
Mas os valiera, sobrino, 
de*las damas no curar, 
qne quien más hace por ellas 
tal espera de alcanzar, 
que de muerto ó de perdido 
ninguno puede escapar; 



(*) "Podría.» Canc. de Cunstaníina. 



que ñrmeza de mujeres 
no puede mucho durar. 
- Que tales palabras, tio. 
no las puedo comportar, 
quiero más morir por ellas 
que vivir *'* sin las mirar. 

fCanc de Constantina, f. 56. — 
Canc. gen., ed, de 1511, f. 
131. — Canc. de Rom. s. a. f. 
00. — Canc. de Rom, 1550, 
f. 90.) 



('*) uMorir.» Canc. de Wfm. s. a. y ISSO, 



Hay, 'en fín, también una versión portuguesa muy popular de este ro- 
mance del conde Claros, la cual llev^a inserta con el titulo de «Claralinda« 
el Sr. Almeida- Garre tt en su Romanceiro^ tomo II, pVg- 213. 



I . : 



iiaicVS OASTELLAXO* 



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laóraBe á Ioh pA;a/..0'<— 'i*: Cárl:s el er.:rrfrAr.:e. 

«B, íi*?rV/f, frjí!f'':<: Íes. — .ueraií!ii:c'..is otorgar, 
mi iMífíora la ififanta — vos me la dejáis confesar. — 
Uevaban al frajl'í— á la infanta confesar. 






í -uno 



•Üno- ' ^''ifir. 'k l/í.7í. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 143^ 

En lugar de confesarla (1) — de amores le fué á hablar. 

- — Tate, tate, dijo, fraile,— que á mí no llegarás, 

que nunca llegó á mí hombfe— que fuese vivo en carne, 

sino solo aquel don 01aros,-»don Claros de Montalvan, 

que por mis grandes pecados — por él me quieren quemar. 

Jío doy nada por mi muerte — pues que es cosa natural, 

mas pésame de la criatura— porque es hijo de buen padre. — 

Ya se iba el confesor— al emperador hablar : 

— Mercedes, señor, mercedes, — queráismelas otorgar, 

que mi señora la infanta — sin ningún pecado está. — 

— lAyl, habló el caballero— que con ella quería casar, 

— Mentides, fraile, mentides, — que no decis la verdad. — 

Desafíanse los dos,^al campo van á lidiar; 

al apretar de las cinchas — conociólo el emperante : 

dijo que el es don Claros,— don Claros de Montalvan. 

Mató el fraile al caballero,— la infanta librado ha, 

•en ancas de su caballo— consigo la fué á llevar. 

(Canc. de Rom. jjjo. f. 293.) (2). / ! ' 

192. 

(Conde Claros.— III.) 

■tomanoe de don Claros de IHoiitalbaii, el 
cual trata de las difereneias que hubo eon 
el emperador por los amores de la prin- 
cesa su Hija. 

A misa va el emperador— á san Juan de la Montiña, 
con él iba el conde Claros — por le tener compañía; 
contándole iba contando— el menester que tenia, 
dícele de esta manera,— de esta manera decía : 

(1) «El cuando se vio con ella.» Las ed. poste. (\»\ Canc- di Rom. 

(2) Véase la versión portuguesa, is/^s modemj» ¡ir^ la castellana, pero 
no menos popular, en el Romanceirq d^l Sr. Almeida-Garret, tomo 11, pá- 
gina 192: «Dom Claros d'Alem-Mar». 









444 LÍRICOS CA8TELLAK0S 

— Distesme, el emperador, — el castillo de Montalban, 

distesmelo por mi bien, —yo tómelo por mi mal: 

los moros me lo han cercado — la mañana de San Joan, 

tiénenlo tan bien cercado— que no lo basto á descercar. 

Por mi gran desaventura— y por mi gran necesidad 

mis armas tengo empeñadas — por mil doblas de oro y mas, . 

otras tantas debo en Francia— sobre mi buena verdad; 

mis caballeros, el rey, —no hó con que los gobernar, 

y una hermana que tengo, — no hé con que la casar : 

que en todos mis palacios — no entiendo que hay un pan; 

8i yo me lo como, el rey, — ¿los míos qué comerán? 

Si vuestra Alteza no soQorre,— yo me iré moro á tomar : 

que mas quiero perder la vida — que yo tal vida pasar. — 

Respondió el emperador — movido de piedad : 

— No desmayéis, el buen conde, — no querades desmayar, 
que para esto son los hombres— para pasar bien y mal; ' 

^ . . mas Dios os lo perdone, condp, — que antes delDierais hablar. 
Mandó llamar á su tesorero,— su tesorero real, 
dicele de esta manera,:— empezóle de mandar : 

— Da mil doblas de oro al conde— para su verdad guardar, 
y darle has otras mil —para sus armas quitar, 

— dale también otras mil— para con damas holgar. — 

A Oliveros y Montesinos— mandara luego llamar, 

y también al esforzado —ese paladín Roldan, 

y á ürgel de las Marchas,— y al f uerte Merian, 

y que tomasen la gente,— y fuesen lue^o á Montalban. 

Desque esto oyera el conde —tal respuesta la fué á dar : 

— Muchas gracias, el buen rey, — por la buena voluntad, 

que yo tengo tantos tesoros — que puedo bien emprestar; 

mas una merced os pido, — esta no me habéis de negar, 

que me caséis con la infanta - vuestra hija natural. — 

Respondiera el buen rey, — tal respuesta le fué á dar : 

— Ya no es tiempo, el conde Claros, — de aqueso vos hablf 

que la tengo prometida — al honrado don Beltran, 

y por esto, el buen conde, — á vos no la puedo dar : 

que vos sois niño y mochacho — para tal mujer tomar. 



ROMÁ?VGES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 445 

— Yo' os beso las manos, rey,— pues me queréis deshonrar. — 

Y f aérase para su casa — para haber de reposar. 

Ya se retrae el buen conde— la siesta por descansar, 
porque la noche pasada — no la pudo reposar 
por amores de la infanta — se señora natural. 
Congojas le congojaban,— sospiros no dan lugar, 
viéndose en tal agonía — comenzara de hablar : 
— ¡Oh maldito seas, Cupido!— jy Venus otro que tal! 
porque así me habéis metido — en este fuego^infernaJÍL^'*^^*^*^*^ 
que de noche votid duermo,— ni de día puedo holgar, '^***^* ^^' // 
que si la causa tal no fuese — me iria á desesperar; 
•^xnas en ser quien es la causa— es dicha poder penar, 
si de ello ha de ser servida — ella, pues no tiene par; 
que, aunque mil veces muriese, — es nada por alcanzar 
de conocer ser querido -por obras ó por pensar : 
porque solo su favor — es mas que se puede dar. — 
Dio voces al camarero — que se quiere levantar. 
Vístese un jubón chapado— que no se puede estimar, 
y de oro de martillo (1)— un mote bien de notar 
en su brazo, que decia : — «¡Gran dolor es desear!» 
y anas calzas bigarradas— de perlas ricas sin par 
con un mote, que decía : — «No tiene nombre mi mal.» 

Y unos zapatos franceses — de un cfarmesí singular, . 
con unas llamas de fuego, — relumbran como un cristal, 
el mote que tiene escripto- «s este que oiréis nombrar : 
«Aunque de contino arden — no se acaban de quemar.» 

Y una ropa rozagante,— sobre ella un rico collar, 
el mote de ella decia :— «Ks un dolor desigual.» 

Y una gorra^n la cabeza— que no se puede estimar, 
con tres letras coronada, — y el mote muy singular : 
«¡Es tan alto mi deseo— que no hay mas que desearl») 

(1) Este verso, omitido en nuestro texto, lo hemos tomado de la versión 
de este romance, hecha por Antonio Pansac, (lae dice: 

«Durmiendo está el conde Claroi». 

(Véase el Rom- gen. del Sr. Duran. Tomo 1, pág. 222). ' 

Tomo IX. 10 



H6 LÍRICOS CASTELLANOS 

Cabalgó en una hacanea^^-la cual hizo ataviar 

de una guarnicióp muy rica, — y las riendas, y el petrat 

lleno de unas campanillas— que de oro era el metal, 

y unas lágrimas sembradas, — y el mote no de olvidar : 

«Sin doleros vos, señora,— no se pueden acabar.» 

Con doce mozos de espuelas — para le acompañar, 

vestidos de la librea— de aquella dama sin par : 

los jubones del morado,— sayos de desesperar, 

todas las mangas derechas —les hizo el conde bordar 

de unas matas de ruda, — que querían ya granar, 

el mote de ellas décia : — c¡Mas amargo es esperar! > 

Envía delante un paje — por su Alteza avisar, 

que el conde la quiere ver— por las manos le besar. 

Antes que el paje tornase —el conde fuera á llegar; 

los porteros que lo veen— las puertas abierto le han. 

La princesa estaba sola, — retraiáa por rezar, 

entrara el conde con ella, — y empiézale de contar 

lo que el rey le habia dicho — sin un punto le faltar: 

— Por eso 03 cumple ir conmigo— al castillo de Montalbanr 

que quiero ir á vuestro padre— á todo se lo contar. 

Irnos hemos en mis tierras,— poneros hé en libertad : 

alh podréis, señora, parir, — allí podréis, señora, criar; 

que sabe que vuesU'o padre— á don Beltran os quiere dar. — 

Mandó armar trescientos hombres— que la hubiesen de llevar >' 

mandó poner en armas su tierra,— ^si quieren nada demandar. 

V'ase á tablar con el rey,— y apartólo en puridad, 

dícele de esta manera,— y empezóle de hablar : 

— Ya sabedes, el buen rey, — lo que os fuera á rogar, 

que me diésedes la infanta- por mi mujer natural. 

Decis que yo soy raochacho —para tal mujer tomar : 

ahora sabed de cierto,— y en esto no liay que dubdar, 

que si yo la quiero mucho, —ella á mí mucho mas; 

y aun de mí está preñada— que en el mes quería entrar. — 

Estas palabras diciendo— á huir empezó andar. 

El rey á muy grandes voces — mandábalo ir á tomar. 

Ya es saUdo del palacio — en un caballo alazán, 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS H7 

por las calles de París— lleva muy grande aguijar. 
Caballeros que lo veen, — sálenlo á acompañar : 
con él iba Oliveros,— con él iba don Roldan. 
Desque son por el camino— empiézanlo á interrogar : 
— ¿Para dónde vais, buen conde? — digádesnos la verdad, 
que ya sabéis que de nosotros— no vos debéis de guardar. — 
Allí les habló el buen conde — lo que el rey fuera á hablar, 
y como envió la infanta— á tierras de Montalbaut 
Don Roldan que lo oyera— empezóle á maravillar : 
cómo habia sido osado— de tal empresa tomar. 
El consejo que le dieron, — y que le fueron á dar : 
que se fuese en sus tierras, — y se pusiese en libertad, 
/y que ellos tornarían— al buen rey á le rogar 
'' 03 la. diese por mujer,— pues que allá así le place. 
Ya se torna Oliveros, — ya se torna don Roldan; 
á las puertas de Paris — gran gente vieron estar, 
dícenles de esta manera, — y empiézanles á demandar : 
— Esforzados cáballeros,''-¿qué tierras vais conquistar? — 
Allí habló el mayor de ellos —que se dice don Beltran : 
— Vamos á prender al conde— don Claros de Montalban, 
que el rey tiene jurado — de hacerlo degollar. — 
Respondiera Oliveros, y ese paladín Roldan : \ 

— £sperá un poco, sefior, — esforzado don Beltran, 
irla por mi caballo,— mis armas me iria armar, 
y yo me iria con vos — para haberos de ayudar : 
prenderemos al conde Claros, — y á la infanta otro que tal, 
haréis degollar al conde, —y con la infanta vos casarán, 
pues que os la ha prometido, — y que no os la ha de quitar. — 
Y despidiéronse del — apriesa y no de vagar. 
To4o esto hacían ellos — por hacerlos esperar, 
y que el conde hubiese tiempo— de á sus tierras llegar. 
Ibanse á rienda suelta — donde al rey han de hallar : 
dícenle de esta manera, — comiénzanle de hablar : 
— De vuestro enojo nos pesa — cuanto nos puede pesar; 
venimos á daros consejo— si lo quisiéredes tomar : * 
que casedes á la infanta— con don Claros de Montalban. — 



H8 LÍRICOS CASTELLANOS 

El rey, pues que mas no pudo,— fuéraselo á otorgar. 
Enviaban por la infanta, — y por el conde otra que tal : 
ricas bodas le hicieran— en Paris esa ciudad. 

(Aquí se contienen quatro rom. viejos. Y efste primero 
es de don Claros de Montalvan. etc. Pliego suelto 
del siglo XVI (i). 

(1) Existe, como queda dicho, también en un pliego suelto una versión 
de esté romance, trobada, sei^iin el ejemplal: de que se ha aprovechado el 
Sr. Duran (I. c), por Antonio Pansac, y según el ejemplar del British Mu- 
seum, fecha por Juan de Burgos (s. 1. n. a): esta versión, aunque diferen- 
te en el principio y fin de nuestro texto, contiene todavía trozos enteros de 
él— El autor de este romance contrahecho es en verdad, como dice el se- 
ñor Duran, «sólo refundidor de otro más antiguo», vale decir del nuestro. 



KOMA^tCE!» .NOVKLESCOS Y CA BALLHKRSCOS H9 



193. 



ROMANCES DE CALAÍNOS 



Romanee del moro Calaínos de eómo 
quería de amores á la Infanta Subilla» y 
ella le demandó en arras tres eabezas de 
los doce pares de Franela.— I. 



Ya cabalga Calaínos— á la sombra de una oliva, 
el pié tiene en el estribo, — cabalga de gallardía. 
Mirando estaba á Sansueña, — al arrabal (1) con la villa, 
por ver si veria algún moro — á quien preguntar podría. 
Por los palacios venia—la linda infanta Sevilla (2); 
vido estar un moro viejo— que á ella guardar solía. 
Calaínos que lo vido— llegado allá se había; 
las palabras que le dijo — con amor y cortesía : 
— Por Alá (3) te ruego, moro,— así te alargue la vida, 
que me muestres los p'alacios— donde mi vida vivia (4), 
de quien triste soy cautivo,— y por quien pena tenia, 
que cierto por sus amores — creo yo perder la vida; 
mas si por ella la pierdo — no se llamará perdida, 
que quien muere por tal dama — desque muerto tiene vida (6). 
]VIa8.porqueme entiendas, moro, — por quien preguntado habia, 
63 la mas hermosa dama— de toda la Morería, 
sepas que á ella la llaman— la grande (6) infanta Sevilla. — 
Las razones que pasaban — Sevilla bien las oía : 
púsose á una ventana, — hermosa á maravilla, 



(1) «Su gran torre » Floresta. 

(2) "O quien preguntar podría 
donde estaban los palacios 

á do Sevilla vivia. - Floréala. 
(3; «Por Dios. • F/orcs¿a. 



(4) J)o está la infanta Sevilla. 

Floresta. 

(5) ' Buena fortuna le guía. • 

Floresta. 
6) '•Linda- Floresta. 



450 LÍRICOS CASTELLANOS 

con muy ricos atavíos,— los mejores que tenia. 

Ella era tan hermosa, — otra su par no. la había (1). 

Calaínos que la vído— de edta suerte le decía : 

— Cartas te traigo, señora, — de un señor á quien servia : 

creo que es el rey tu padre— porque Almanzor se decía: 

descende de la ventana— sabrás la mensajería (2). — 

Sevilla cuando lo oyera — presto de allí descendía : 

apeóse Calaínos, — gran reverencia le hacia. 

La dama cuando esto vido— tal pregunta le hacia : 

—¿Quién sois vos el caballero, — que mi padre acá os envía? 

— Calaínos soy, señora, — Calaínos el de Arabía, 

señor de los Montes Claros.— De Constantina la llana, 

y de las tierras del Turco — yo gran tributo llevaba, 

y el Preste Juan de las Indias — siempre parias rae enviaba, 

y el Soldán de Babilonia— á mi mandar siempre estaba ; 

reyes y principes moros— siempre señor me llamaban, 

sino es el rey vuestro padre, — que yo á su mandado estaba, 

no porque le he menester (3), — mas por nuevas que me daban 

que tenia una hija— á quien Sevilla llamaban, 

que era mas linda mujer — que cuantas moras se hallan (4), 

Por vos le serví cinco (6) años — sin sueldo (6) ni sin soldada; 

él á mí no me la dio, — ni yo se la demandaba. 

Por tus amores, Sevilla, — pasó yo la mar salada, 

porque he de perder la vida — ó has de ser mi enamorada. — 

Cuando Sevilla esto oyera — esta respuesta le daba : 

— Calaínos, Calaínos, — de aqueso yo no sé nada (7), 

que siete amas me criaron, — seis moras y una cristiana. • 

Las moras me daban leche,— la otra me aconsejaba; 



(1) «Era mujer muy hermosa, 
y acabada eu demasía." 

Floresia. 

(2) «^Si bajáis de la ventana 
sabréi.ü la mensajería." 

Floresta. 



(4) < Y que era la más hermosa 
de cuantas moras se hallan.» 

Flor, 
(.^) -Siete.» Flor. 
(6) " Interés.» /Yor. 
(7; ' I^e eso yo no soy vezada.» 



(3) o Ño porque yo se lo debo. » Flor. 

Flor. I 



ROMA^VGES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 



451 



«Qgnii qae mis aconsejaba— bien mostraba ser cristiana. 

Diórame muy buen con8ejo,-^y á raí bien se me acordaba (1) 

que jamás yo prometiese (2)— de nadie ser enamorada, 

hasta que primero hubiese — algún buen dote ó arras (3). — 

Oalainos que esto oyera— esta respuesta le daba : 

— Bien podéis pedir, señora, — que no se os negará nada : 

si queréis castillos fuertes,— ciudades en tierra llana, 

ó si queréis plata ú org— ó moneda amonedada. — 

Y Sevilla, aquestos dones, — como no los estimaba, 

respondióle : — Si queria (4)— tenella por namorada, 

<iue vaya dentro á Paris, — que en medio dé Francia estaba (6), 

y le traiga tres cabezas — cuales ella demandaba, 

y que si aquesto hiciese— seria su enamorada. — 

Calaínos cuando oyó — lo que ella le demandaba 

respondióle muy alegre, — aunque (6) ól se maravillaba 

dejar villas y castillos — y los dones que le daba 

por pedirle tres cabezas — que no le costarán nada : 

dijo que las señalase,— ó diga cómo se llaman (7). 

liUego la infanta Sevilla — se las empezó á nombrar : 

la una es de Oliveros,— la otra de don Roldan, 

la otra del esforzado— Reinaldos de Montalvan. 

Ya señalados los hombres (8) — á (9) quien habia de buscar^ 

despídese Calaínos— con muy cortes hablar: 

— Déme la mano tu Alteza*, — que se la quiero besar, 

y la fe y prometimiento — de comigo te casar, 

<;aando traiga las cabezas— que quesiste demandar. 

— Pláceme, dijo, de grado — y de buena voluntad. — 



(1) «Esta me dio un consejo 
de que bien me acordaba." 

Flor. 

<2) «Permitiese > Floresta. 
<3) « Del algún dote ó arra. « 

Floresta 

(4) 'Sevilla oyendo estos dones 
todos &e los desechaba. 



sino que si él quería.» 

Floresta. 

(5) ' Que era ciudad en la Fran- 
cia.- Flor. 

(6) «Que él.» Floresta. 

• 7) "O cómo se llamarán.» Flo- 
resta. 
(S> «Nombres.» Floresta. 
(9) 'Y Á' Floresta. 



' ... 5í tr-sii: -£s 3i:i:iT* — -1 ti «»t Lobiercm c* dtr 
^ w ¿1 ;i=.; 3¿ * .cr; 1 — ii: ■?* ztziieBfSL cmvü 

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Ya Ski VJLT^: Ca :l ''Itf. — fT. «■ TilTIi-.. vi Sfe TL ' 

''■- ,iu:".;_c í^ Ciui:-:* — x jI* -r¿zi :•**** l"i»CiJ 4 : 
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■.;.v.", it :. e. V:!tr.- i. 1 vr.ifyjL — 7 rl "irer. viejo don Be!tzán» 

> e>^ o as:;*-'', y v".i-:ái r — .'»:r. el rr-zLfiEC- Tma! í7 : 
:;;.v.V:íi: : s% Vi..':: . — .5.— v Vrrel e- fiaerza? sin j'AT,S.,f 
\ :,s: '.". ": u .: : V .4 O .:,%? . r. . > — il t : ri. ríe ¿r l£ mar. 

': . «^ ;v : -;- r á .? .* ; ^ v. : . -: í '..,>?-- r üi: -rara ti e 2i abl ar : 

Vs. .-.. ■•::.'. V < :á . *. • Tjcs. — ::.:e :í.f:er- a cabalgar {9". — 
. V > t s : .s V. .'. ,' ; > .- ,: , ". . í r. ;. , — y : t r: r. 7.r: :u ero pasar; 
,■■,/,. \;-. ,-; ..-^ -.v.-r >. :. — ;rr>:rrar.Ie .it- llamar, - 

> \;i ...:; es ..;c.<.-.: ?. ■.• ::^■'-^'.c ti eai¥»err.-ior está, 

•- ; cii.iwA.i.^r -*.-r .,' ^ 1.:; — írv.r-ery.e a preg ilutar: ^trar? 

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Flontiti. 

> I'f *:t fuerza grande- « Flo- 
tí' a. 

v^'uf '.A?.* n en la ciudad. • 
Fl€ft9ta, 



RO.HCAXCBS NOVELESCOS T CABALLBftESGOS 453 

¡Grande osadía tuviste— de hasta París llegari — 

El moro cnando esto oyó —tal respuesta le fué á dar : '*-*—'=' 

— Vo á buscar al emperante (1)— de Francia la natural, 

que le traigo una embajada— de un moro principa!, 

á quien sirvo de trompeta, — y tengo por capitán. — 

El emperador que esto oyó — luego lo fué á demandar 

que dijese qué quería,— por qué á él iba á bascar (2); 

que él es el emperador Carlos (3)— de Francia la natural. 

El moro cuando lo supo— empezóle de hablar : 

— Señor, sepa tu Alteza (4)— y tu corona (5) imperial, 

que ese moro Calaínos, — señor, me ha enviado acá, 

desafiando á tu Alteza — y á todos los doce pares (6), ** : 

que salgan lanza por lanza — para con él pelear. 
Señor, veis allí su seña, — donde los ha (7) de aguanlar; 
perdóneme vuestra Alteza, — que respuesta le vo á dar. — 
Cuando fué partido el moro— el emperador fué á hablar : 
— jCuando yo era mancebo, — que armas solia llevar, 
nunca moro fué osado— de en toda Francia asomar; 
mas agora que soy viejo— á París los veo llegar! 
No es mengua dé mí solo— pues no puedo pelear, 
mas es mengua de Oliveros, — y asimesmo de Roldan; 
mengua de todos los doce, — y de cuantos aquí están. 
Por Dios á Roldan me llamen — porque se vaya á pelear (8) 
con el moro de la enguardia (9) — y lo haga de allí quitar : 
que lo traiga muerto ó preso, — porque se haya de acordar 
de cómo viene á Paris — para me desafiar. — 
Don Roldan cuando esto oyera- empiézale de hablar : 
— Excusado es, señor,— de enviarme á pelear. 



(1) * Busco al emperador.» F¿o- I (.^) « Cetro. Floresta, 
resta- ! (6) «Y á cuantos contigo están * 



(2j •Qué era lo que quería 
que a^i lo iba á buscar. * 
Floresta. 



Flor. 

(7) " Donde tiene. - Floresta. 

(8) *Que lo quiero enriar.» 7^/í)- 



(3) «Yo soy el emperador. Fio- | resta. 

réstete ! (9) «A aquel moro de la guardia.^ 

(4) «Tu Majestad sepa. » Z'Vorcsííi. i Flor. 




r -r.v--í :«? ~í--3 : iVjt: .'?í*r«j— jl ^iIís ro.ieis enviar, 

.--■í j .!«.:> *?c: íii::*» ,lir:ií— ":^r: s* saSen alabar, 

. -^ i'iUf-VJie w::^»^: ic* »:. nrffvi?— xmo lo* esperará (1), 

v'c:i=..w SCLL eii L< i'JiraC.A— t-.:-.,>5 :c>ci:ir atrás. — 

r>o,>* 1>^# ix-^ .-í: Ar,^::— s. 2:? íC ^iínjr deedaJ, 

A, ciJiL I*a:-í- \ Al.:-,*v".=>,'t^— 7*a ^Í ísrtíno muy ^riUide (2); 

— >í jv:h.> e*:c:. i-iTTiY..:*!'.— i- í->5^ í*ír.jr don Rol Jan, 
^v.t" i -jíer^ .:■?.# :,v:,*í 1,*«^ I.v-í i — v,>s c:ie las habíades de 
íi ::.' tu-,'::* les ^r: :..•— vv:t ^,*í sir fjien á matar, 'honrar : 
1-.. rr-ie e-^rx? íx'un* .v.^ i v^- ulzjr-uo v-xieis nombrar, 
.*-.:e 1,^ -i-^ ''-^.v .le xvik— v..^ 1? í*írjt ::a>?r verdad. — 

VilA.^vi-aos* ;.;o e<4;.> v..*.o :A:r:V>- sí íae a levantar, 
el rxrer^-.cr e:::r\* e.Ic;*— v?r el er.,>;? v^aiíJir. 
v_:«s er. *.;--<;,'> ífs:.í.ii,:,\— ViMovisois :,ie a llamar 
á ;.¿ ::;,"*¿:# «;-e :r:i.A.— ivr :jl< .*.r:t:-í:? í::e á enviar. 
*'_-.!; V ■? r.1 :or .;o es: -^ v -. .1 > — e : ' i .^ e ' v^ Lo .!e rv>¿rar 
.-■j^;i le -;i;:e<e :::♦ i*-.<,vr, — ; .:e r,: í.:ís*ía >elear, 
^. - Uí: el :v.:r-.^- ^rv. esíor^a.io.— Vv.v:ri.úe maltratar, 
• ;-^ A.::i '.:-» .>::i'.ii,'» :-ja.:?..s — Lt t.ieri;\ oc* po».lria faltar, 

V . . -n : :o -.- 5! .*. .e > : i - ■ o :: a ;• .v. as, — v ^^ jt ,: ,> a p í lear 5;. — 
V.-.. I. .:::.? '.:o os:.^ o/," — eL'.;v?j.^s.í a desviar 

•i . . ir i: ". : ."• - ^ : ■ • v ^ r A L" r — 1 : . í :: .' : A le taese i dar, 

V jií s. e. ~: S-' ..i .Il-.'S;" — -V-io o i. se 1a v;'aerla tomar. 
4;--i- -I--- e. r -•-: V o r A .1 : ■: v . .i o - .;u e u í lo w^o 11:; exciiáar, 
..jLAH-i: llí-.:.! :•>:*. s-:s .iriiv-is-Cv iiies:u.^ le ayulo á armar: 
,il/,i: li'jen...-. ; ie i.:-.- se ,v:i el iiui-o a pelear. 

Y-i írr par.e V^: ......w.s, ->;; se t a;-:e. ya se va, 

V ■, e-? -.-ri- «-' i* "*• ;:'-'Ar.:.n — .:.' v. :i.a:'.;js esta. 

I>;--; :«J.r-.2 ^i.:1a-- j' .- i -j.-.í :uv.-r:os;^reoieílo8doce.» 

■j 1.- .:.:j.: :::L."i;al -i :" S-ji .liesiro el moro en ar- 

;■•..{ ri. v. -.í.— : .-y vír^Á? a pelear.' Slo- 

', . ;r* - 1 1- r . - -V. :..'•■" - ..■ ?; .• . 



/ 



ROMANCES NOVELESCOS Y GABáLLERgSGOS 



IS5 



IOS que lo vido — empezóle así de hablar : 
1 vengáis el francesico (l),~r-de Fraoüla la natural, 
veis vivir (2) comigo — por paje 00 quiero llevar (3); 
3S be á mis tierras — do placer podáis tomar. — 
trinos que esto oyera — tal respuesta le fué á dar : 
linos, Calaínos, — no debíades asi de hablar, • 
itea que de aquí me vaya— yo os lo tengo de mostrar 
|aí moriréis primero— que por paje me tomar {4).t— 
o el moro aquesto oyera — ampezó así de hablar: 
late, el francesico, — á París, esa ciudad, 
esa porfía tienes —caro te habrá de costar, 
3 quien entra en mis manos (5) —nunca puede bien li- 
to el mancebo esto oyera — tornóle á porfiar [brar. — 
í aparejase presto — que con él se ha de matar, 
lo el moro vio al mancebo — de tal suerte porfiar, 
: — Vente, cristiano,— presto para me encontrar, 
ntes que de aquí te vayas — conocerás la verdad, 
3 fuera muy mejor— comigo no pelear. — 
; el uno para el otro,— tan recio que es de espantar (G). 
primeros encuentros — el mancebo en tierra está, 
tro cuando esto vido (7)— luego se fué apear : 
m alfanje muy rico— para habelle de matar; 
ntes que le hiriese — le empezó de preguntar 
ó cómo se llamaba, — y si es de los doce pares, 
.ncebo estando en esto— luego dijo la verdad, 
: llaman Valdovinqs,— sobrinq^do^don_RoldaEu / 
io el moro tal oyó— empezóle de hablar: 
ser de tan pocos días, — y de esfuerzo singular (8) 
quiero dar la vida, — y no te quiero matar; 



El caballero.» Floresta. 
Venir.» Floresta. 
"Tomar.» Floresta. 
«Vengo á matarme contigo, 
10 para contiso estar. 

Floresta . 



(5) «^Hombre que á .mis manos 
viene.* Flor- 
(6j «Con un 4nimo sin par.» 

Floresta. 
(7) ^ El moro muy diligente.» 

Floresta» 
(8/ «Principal. ' /'7ü?'e«ía. 



45() Líbicos castellanos 

mas quiérete llevar preso —porque te venga á buscar 

tu buen pariente Oliveros, — y ese tu tío don Roldan, 

y ese otro muy esforzado — Reinaldos de Montalvan, 

que por esos tres lia sido — mi venida á pelear. — 

Don Roldan allá do estaba— no hace sino sospirar, 

viendo que el moro ha vencido— á Valdovinos el infante. 

Sin mas hablar con ninguno— don Roldan luego se parte (1) 

ibase para la guardia — para aquel moro matar (2). 

El moro cuando lo vido— empezóle á preguntar 

quién es ó cómo se llama,— ó si era de los doce pares. " 

Don Roldan cuando esto oyó— respondiérale muy mal : 

— Esa razón, perro moro, — tú no me la has de tomar (3), 

por que á ose á quien tú tienes (4) — yo te lo haré soltar: 

presto aparéjate, moro, — y empieza de pelear. — 

Vanse el uno ]>ara el otro — con un esfuerzo muy grande (5): 

danse tan recios encuentros— que el moro caido ha; 

Roldan que al moro vio en tierra — luego se fué apear : 

— Dime tú, traidor de moro (6), — no me lo quieras negar (7): 

¿cómo tú fuiste (8) osado— de en toda Francia parar, 

ni al buen viejo emperador, — ni á los doce desafiar? (9) 

¿Cuál diablo te engañó- cerca de Paris llegar? — 

El moro cuando esto oyera — tal respuesta le fué á dar : 

— Tengo una cativa mora, — mujer de muy gran linaje (10}: 

requeríla yo de amores. — y ella me fué á demandar 

que le diese tres cabezas— de Paris, esa ciudad; 

que si estas yo le llevo— comigo habia de casar; 

la una es de Oliveros, — la otra de don Roldan, 

< 1) < J^on Roldan se fué á armar. * i (6) • Cuitado moro. • Floresta. 

Flor. I {7} Tú me lo quieras contar. 

(2j Por del moro se vengar- Flor. 

Floresta. (8) Q u ién te h izo tan . » Floróla.. 

(3) • Tú no lo has de preííuntar.» i (9; 'Y desafiar los doce, 
Flor. y aquí poner tu seftal?' 

Í4) • Y ese ú quien tienes preso ' Floresta. 

Flor. (10) *De linaje principal.» Fíor. 

(5) «Con ánimo íjeneral.^ Flo- 
re» a* 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 457 

la otra del feaforzado— Reinaldos de Montalvan.— 

Don Roldan cuando esto oyera— así le empezó de hablar : 

— ¡Majer que tal te pedia— cierto te quería mal, 

porque esas no son cabezas— que tú las puedes cortar ! 

mas porque á ti sea castigo, — y otro se haya de guardar 

de desafiar á los doce, — ni venirlos á buscar,— 

«chó mano ^. un estoque (1)— para el moro matar (2).- 

La cabeza de los hombros — luego se la fué á cortar : 

llevóla al emperador — y fuósela á presentar. 

Los doce cuando esto vieron — toman placer singular (3) 

en ver así (4) muerto al moro, — y por tai mengua le dar (5). 

También trajo ^ Valdovinos— que él mismo lo fué á soltar. 

Así murió Calaínos — en Francia la natural, 

por manos del esforzado— el buen paladín Roldan. 

{Cauc. de JRoni. s. a. f. 92. — Canc. de Rom. IJSO. f. 91. — 
Floresta de varios rom.) 



* 



194. 

(Calaínos (6).— II.j 

Romance de losi dooe pares de Frauda. 

En misa está el emperador — allá en san Juan de Letran, 
con él está Báldovinos, — y Urgel (7) de la fuerza grande, 
y con él Dardin Dardeña (8), — y don Carlos de Montalban, 
con él está Oliveros, — con él estaba Roldan, 
con él infante Gaiferos — salido de captiyidad, 



(6) Aunque en este romance el 
moro es llamado « Bramante * ó 
«Bravante», no cabe duda que se 
retiere al mismo asunto que el an- 
terior. 

(7) 'Oger. Pl. s. n.'>2. 

(8) 'Con él Endordín Dordefta.* 
Pl. s.n.''2. 



(1) 


«Á la su espada. ' Floréala. 


(2) 


«Degollar.* Floresta. 


(3) 


«IjOS doce de muy alegres 




todos le van á abrazar. > 




. Floresta. 


. (4) 


«Había. > Floresta. 


(5) 


«Cosa de maravillar. • Fio 


reata. 


• 



45S 



líbicos castellanos 



'i 



con él estaban los doce— que á su mesa comen pan; 
la misa dice on arzobispo, — respóndele nn cardenal. 
La misa es coas! acabada, ^qoe la paz querían dar : 
por las engoardas '1) de Francia— vieron moros asomar. 
Subióse (2) el emperador — en altas torres á mirar, 

V vi Jo nn moro esforzado— bien cerca de la ciudad : 
el moro en a n pendón— traia una rica señal 
broslada de ñcas lunas — vueltas en color de sangre 
(moro que tal seña trae — gana trae (3) de pelear). 
Envió cuatro moros suyos— á don Carlos el emperante 
mandándole desafíos — á él y á los doce pares : 

que salgan lanza por lanza— para con él se matar (4}. 

Allí habló el emperador— una razón singular: 

— Llamédcsme á mi sobrino— el esforzado don Roldan, 

aquel moro de la guardia— de allí me lo haga apartar, 

y que arrastre su pendón— por el suelo y su señal, 

por que moro no se alabe— que en Francia osase entrar. — 

Bien lo oyera don Roldan— que cerca se fuera á hallar, 

la respuesta que le dio— era para lastimar : 

— No me place, el emperador, — ni es de mi voluntad; 

no porque tenga temor — ni vergüenza en pelear; 

mas caballeros conozco— que hacéis servir y honrar, 

y les dais el mesmo sueldo — que dais á mí don Roldan, 

V cuando son entre damas — sábense bien alabar; 

mas si vergüenza tuviesen — á vos no cumpliera hablar. — 

Allí habló Baldovinos, — niño de poca edad, 

mozo era de quince años, —en diez y seis quiere entrar : 

— Dadme licencia, emperador, — si no, yo me la iré á tomar. 

Aquel moro de la guardia — de allí lo haré apartar (5), 

yo le traeré aquí preso .♦>}— y le podréis hacer matar; 

pues mi tío don Roldan — á todos quiso deshonrar, 

uo deshonró á mí solo, — mas á cuantos aquí están : 



^ 



(1) Enguardias Pl. s- 2 
i¿ SuWdo se ha- Pl. s- 2. 
(:5. Tiene. Pl. s 2. 



•4) Con él se ha de matar.» FI. 



S.2. 



{5) ■ Quitar. - Pl. s. 2. 
.t); -Presto.' Pl. 3. 2. 



ROMA^CBS NOVELESCOS T GÍBALLBR88G0S 459 

^ue si mi tic no faera—respuesta le íaera á dar. 
— Calledes vos, el mi hijOj-r-sangre mía natural, 
i^ue aquel moro que allí viene — esforzado 1» veis (1) estar^ 
y vos sois niño y mochacho—para las armas tomar. — 
"Va se parte Baldovinos, — ya se parte para armar, 
Eirmóse de todas armas — las que solía llevar : 
Liacha de cuarenta y cinco, — y el peso de su pesar, 
^ fuese por BU camino— donde el moro ha de hallar. 
iDesqae fué cerca del moro— empezóle de hablar : 
— ¡Oh moró tan esforzado 1 — yo te quiero ahora rogar, 
■que quites tú el pendón, — que quites aquella señal, 
ei no lo haces de grado (2). — por fuerza te lo haré quitar. 
— ¡Bien vengas, el cristianillo (3), r-el cristianillo (3), bien 
Oierto de tales como vos — para pajes querria tomar; [vengáis r 
si queréis vivir conmigo ~á Turquía os he de enviar. 
— Calla, moro esforzado, — no quieras tú tal hablar; [dar. — 
mas echa mano á la lanza— que esta es la que os ha de ayu- 
Echaron mano á las lanzas,— comezáronse á encontrar. 
Mientras las lanzas duraron — á Baldovinos bien le va; 
mas ya quebradas las lanzas— de hachas fueron á (4) jugar : 
dado le ha el moro un golpe— que en el suelo le fué á echar» 
Allí descabalgó el moro— por la cabeza le cortar; 
desque le vido sin barbas— no le quiso degollar; 
diciendo iba, diciendo : — Barbas ando yo á buscar. — 
Mas atóle pies y manos, —manos y pies le fué á atar. 
Allí habló Baldovinos— palabras de lastimar : 
f — ;0h moro tan esforzado!— yo te quiero ahora rogar, 
que me acortes la vida,— no me la quieras alargar; 
que mas vale morir con honra— que con vergüenza quedar. — 
Bien se lo vio don Roldan— allá en san Juan de Letran, 
lágrimas de los sus ojos — corrían por la su faz. 
Presto se hizo dar sus armas, — y luego se hizo armar, 



(1) 'LoTeo'Pl. B. 2. 
O * Si no lo quieres hacer. » 
Pl.i.1 



(3) «El cristiano.» Pl. s. 2. 

(4) tuvieron de.- Pl. s. 2^ 




(lilt LÍR1C0:J CASTBLLJLNOS 

iiiiiioatf i\*^ toiUa armas, — las piernas no pude armar, 
iHiu iihu mano lleva la silla,— y con la olra el petral; 
\\\\\ \\Mi \1 ion I es lleva el freno — por mas presto despachar, 
\ Inodi^ a riouJa suelta— donde el moro ha de hallar., 

.vV\ Uaen nu^ro esforziuiol — yo te quiero ahora rogar, 
^» u» me K-uei^-ie"* ta veasura, — la mia te quiero contar. 
l\AvVm;\ si j> el m>>rv>«— pláceme de voluntad. 
. \ o >o> e- luxo B.aaiaaie (1 .—que así me hacen llamar, 
.U"^ >.e:o joxeíii ie morocí— yo era el capitán. 
L*o:»í;o u.'.a ».i iSiiauA captiva— que es de Francia nataral, 
^ A.v\^ cii.iu.-.'iAvlo vle eiia — que de amores quiero finar; 
•... . \ovV5* ".A '.le rcvi-ietido — ciue conmigo quiera (2) casar; 
■.'v'L i.:í¿u.ui lü-ou de t»staá — no me lo quiso otorgar, 
x.iu»' ^o;í ;i.iU vVíiJicion— que en arras le hubiese de dar: 

;,' : ,-^.*M^ ues .,ibc/.as — de Francia la natural, 
. . ..i,^ .lo vSi\ei\>íi,— la Olra de don Roldan, 
A .»,.^ ae '. '.>;ei o de la* Maivhas,— esforzado singular : 
X . .'.; s'ciiiw lio* oA De/. da —mora se ha de tornar. 

V \..exA'*, u;o;o e*iof¿ado,— y no queráis mas hablar, [tar. 

• • A.x s .• ■ V*. A ae esas - que la vuestra (4) no haya de cos- 

\ .^ xx» s'AO.. '.ero de eiioá, — quiero con vos (5} mi lanza 

[probar. — 
. '..»-» laií.Aii,— de hachas van á jugir (6); 
i ^ '. -o .1. luoro —que en el suelo fuera á dar (7). 

«. . . •:.•.■,'•. ei >uelo — Roldan empezó de hablar : 

. M : ■ .'- . : :.i ij¡— torna presto á cabalgar, 

i : ; \; -v' -..'.A \\:á, - por eso no te he de matar (8), 
. , , . i r i -i \ .\ .< . : ji o:eji -tantas te he yo de esperar; 



, I . I ;• o mr • r¡ s - Je hachas ovieron de jusar» 

•. II OÍ .1. ri > u pi. 8.2. 

( >::.«1 ri s 'J (7) Que en el suelo le fué á de- 

■ I. Tin.» l'i. s. -J rribar.-Pl. s. 2. 

.; I';ii t.i i'l s. J. vS. No pienses que por 

'*'. I'icliiiroii mano a I.-t.-^ l.-in/.is. derribarte una vez. 

':«iifii(-ri/'iii:i<- á <>ii<-niitrar, i>or eso te haya de matar.» 

thtjt yu <i'J«:I)mI.'is las lanzas -Pl- S. 2> 



BOM Auges novelescos r gaballbbbsgos 461 

<|ae yo soy aqael Roldan — al qae qaerias la cabeza cortar. — 

Oaando aqaesto ¡1) oyera el moro— no quiso mas pelear; 

mas diósele á merced, — á merced se le faé á dar. 

— Paes desátame á Baldovinos— apriesa y no de vagar, 

y hágasme jaramento (2), — ^juramento me quieras prestar : 

•en las tierras do te halles — nunca te hayas de alabar (3), 

qae á ninguno de los doce — tú lo hubieses de atar. 

— Pláceme, dijo el moro, — pláceme de voluntad; 

mas con una condición— que os quiero demandar: 

qae cuando seamos en Roma — delante del emperante. 

que ninguno de los doce— no me haya de (4) maltratar. 

— Pláceme, dijo Roldan, — pláceme de voluntad; 

mas los doce son corteses, — no te han de (5) enojar, 

que si á ti hacen deshonra (6) — á mí tocará el pesar. — 

Todos tres fueron á Roma —donde estaba el emperante, 

y llegado don Roldan— comenzó así de hablar : 

— I Oh señor emperador ! —yo os quiero ahora rogar, 

que este moro que aquí viene — le hagáis servir y honrar, 

y le deis el mesmo sueldo — que dais á mí don RolJan (7). — 

Allí estuvo machos días — á su placer y holgar. 

Lleváronlo en Turquía, — pusiéronlo en libertad. 

Honráronlo todos los moros— desque lo vieron llegar, 

grandes fiestas le hicieron — con mucha solemnidad. 

i) Romance nuevatnente trabado de los doze Pares de Francia, etc. 
i) Sigúese un romane»: el qtial ciietita el desafio que hizo S^IouUsi- 
nos á Oliveros, etc. Pliegos sueltos del siglo xvi. 



<1) "Desque esto.» Pl. s. 2. 
U) *Á merced se le faé á dar , 

y Roldan desque lo oyera 

que comienza á desmayar, 

de esta manera le dice 

y le empezó de hablar: 

—Suelta, moro, á Baldovinos, 

-comiénzalo á desatar, 

(ya lo desataba el moro 

apriesa y no de vagar) 

y hazme laego jaramento.» 

Pl. s. 2. 
Tomo IX. 11 



(3) «Note quieras alabar. >* Pl. 
s. 2. 

(4) «No me quieran.» Pl. s. 2. 
(6) «No te quieran.» Pl. s. 2. 

(6) «Mas si alguno te tnojase 
mal contado le será, 
y si á ti hacen deshonra » 

Pl. 8. 2. 

(7) «Que á mí me soléis dar- » 

Pl. s. 2. 



4 02 



LÍRICOS CASTELLANOS 



195 



Romance del palmero (1). 

De Mérida sale el palmero, — de Mórlda, esa ciudad : 
los pies llevaba descalzos, — las uñas corriendo sangre. . 
Una esclavina trae rota, — que no valía (2) un real, 
y debajo traia (3) otra,— -¡bien valia (4) una ciudad! 
que ni rey ni emperador — no alcanzaba (6) otra tal. ^ 
Camino lleva derecho (6)— de Paris, esa ciudad; 
ni pregunta por mesón— ni menos por hospital : 
pregunta por los palacios — del rey Carlos do está (7). 
ün portero está á la puerta,— empezóle (8) de hablar: 
— Dijésesme tú, el portero, —el rey Carlos ¿dónde está?^^ 
El portero que lo vido, — mucho (9) maravillado se ha, 
*cómo un romero tan pobre— por el rey va á preguntar. 
— Digádesmelo, señor, — de eso no tengáis pesar. 
— "Én misa estaba, palmero (10), — allá en San Juan de Letran,. 
que dice misa un arzobispo, — y la oficia (11) un cardenaL— • 
El palmero que lo oyera — íbase (12) para Sant Juan : 
en entrando por la puerta — bien veréis (13) lo que hará. 
Humillóse (14) á Dios del cielo— y á Santa María su Madre, 
humillóse (15) al ai'zobispo,— hnn^Uóse (16) al cardenal 



(1) «Romance de Mérida sale el 
palmero.» CanC' de Rom- s. a- y 
1550. 

(2) «Vale.» Silva. Floresta. 

(3) «Trae.» Silva- Floresta^ 

(4) «Que valia.» Silva.— 'Qxxe 
bien vale. » Floresta. 

(5) « Alcanzaban. » Silva. Fio 
resta ' 

(6) « £1 camino que llevaba. » 
Silva. 

(7) «Donde están.» Silva. Fio 
resta» 



(8) « Comenzóle. » Silva. Flo: 
r¿9tcí. 
9 » «Macho» falta en la Sifva. 

(10) «El palmero.» Silva. Flo- 
resta . - 

(11) «Y predica.» Fíor«íía. 

(12) «Fuérase.» Silva. 

(13) «Oiréis.» Sil la. Floresta. 

(14) «Humillóme.» Silva. 
(15; «Humillóme.» íSftíiw. 
(16) «Humillóme.» Silva. 



ROIÍANGB^ NOVELESCOS T GABAJLLERESGOS 



463 



porque decía la misa — no porque merecía mas (1): 
humillóse (2) al emperador— y á su corona real, 
humillóse (3) á los doce — que á una mesa comen pan. 
No se humilla (4) á Oliveros, — ni menos á don Roldan, 

/porque un sobrino que tienen— en poder de moros está, 
y pudiéndolo hacer — no le van á rescatar. 
Desque aquesto vio Oliveros, — desque aquesto vio Roldan, 
sacan ambos las espadas (5) — para el palmero se van. 
El palmero con su bordón— su cuerpo va á mamparar (6), 
" Allí hablara el buen rey (7)— bien oiréis lo que dirá : 
— Tate, tate, Oliveros,— tate, tate, don Roldan, 
ó este palmero es locb,c-ó viene de sangre real. — 
Tomárale por la mano,— y empiézale de hablar : , 
— Dígasme tú, él palmero, — no me niegues la verdad, 
¿en qué año y en qué mes —pasaste aguas de la mar? 
— En el mes de mayo, señor, — yo las fuera (8) á pasar. 
Porque yo me estaba un dia— á orillas de la mar 
en el huerto de mi padre— por haberme de holgar : 
captiváronme los moros, — pasáronme allende el mar, 
á la infanta de Sansuefia — me fueron á presentar (9); 
la infanta desque me vido — de mí se fué á enamorar. 
La vida que yo tenia, — rey, quiero vos la contar. 
En la su mesa comia. — y en su cama me iba á echar. — 
Allí hablara el buen rey, — bien oiréis lo que dirá : 
— Tal captividad como esa —quien quiera la tomará. 



(1) « Sacrificio celestial. » Flo- 
resta. 

(2) «Humillóme » Silva. 

(3) «Humillóme.» Silva. 

(4) ' «No me humillo.» Silva. 

(5) «Cuando esta razón oyeron 
Oliveros y Roldan, 

las espadi^ arrancadas. » 

Silva. 

«Como aquesto oyó 
y el buen paladín Roldan, 



sacan ambos las espadas. » 
Floresta. 

(6) «Muy bien se fué á def ensar. » 
Silva. 

«Con su bordón el palmero 
su cuerpo fuera á guardar.» 

Flor. 

(7) «Habló el emperador.» Flo- 
resta. 

Í8) *«Las fuera yo.» Silva, Fio* 
resta. 

9) «Empresentar.» Silva, 



464 



LÍBICOS CASTELLANOS 



Dígasme tú, el palmericO/(l), — ¿si la iría yo á ganar? 

— No vades allá, el buen rey, — buen rey, no vades allá, 

porque Mérida es muy fuerte, — bien se vos defenderá. 

Trescientos castillos tiene, — que es cosa de los mirar, 

que el menor de todos ellos — bien se os defenderá. — 

Allí hablara Oliveros, —allí habló don Roldan : 

— ^Miente, señor, el palmero, — miente y no dice verdad (2), 

que en Mérida no hay cien castillos, — ni noventa á mi pensar, 

y estos que Mérida tiene— no tiene (3) quien los defensar, 

que ni tenian (4) señor,— ni monos quien los guardar. — 

Desque aquesto oyó (5) el palmero —movido con gran pesar» 

alzó su mano derecha, — dio un bofetón á Roldan (6), 

Allí hablara el rey — con furia y con gran pesar (7) : 

— Tomalde, la mi justicia,— y Uevédeslo (8) ahorcar. — 

Tomádolo ha la justicia (9) — para habello de justiciar; 

y aun allá al pié de la horca— el palmero fuera hablar : 

-^¡Oh mal hubieses, rey Carlos! — Dios te quiera hacer mal, 

que en un hijo solo que tienes — tú le mandas ahorcar. — 

Oídolo habia la reina— que se le paró á mirar : 

— Dejédeslo, la justicia, — no le queráis hacer mal, 

que si él era mi hijo— encubrir no se podrá, 

que un lado ha de tener— un extremado lunar. — • 

Ya le llevan á la reina, — ya se lo van á llevar : 



(1) «Palmero.» Silva- Floresta. 

(2) «Que non dice la verdad.» 

Silva. 

«Porque no dice verdad.» 
Floresta. 

(3) «Hay » Silva. Floresta. 

(4) «No tenia.» ^¿'¿vct.—» Que ni 
ellos tienen.» Floresta. 

(6) «Vio» Silva.— *EX palmero 
que esto oyó.» Floresta. 

(6) «Por herir á don Roldan.» 

Florasta. 

(7) "Allí habló el buen rey 
con ira y con pesar.» Silva. 

«Allí hablara el buen rey, 



bien oiréis lo que dirá.» 

Floresta. 

(8) «Y llévamelo. » Silva. — «Y 
llevadlo á.» Florasta. 

(9) « Cuando fué al pie de la 

[horca 
el palmero fué hablar: 
—¡Mal hobieses, el rey Caribe!» 

Silva. 

«Ya lo toma laiosticia, 
ya lo van ajusticiar, 
allá al pie de la horca 
el palmero f aé á hablar : 
— Oh mal hubieses, rey Ciurlo j' » 

Floresta. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 465 

desnúdanle una esclavina — que no valia un real; 
ya le desnudaban otra (1)— que valia una ciudad : 
halládole han al infante, — halládole han la señal. ' 

Alegrías se hicieron— no hay quien las pueda contar (2). 

(Canc. de Rom. s. a. f. 172. — Canc. de Rom. ISJO. f. 179, — 
Silva de ijjo. t. II. fol. 201. — Floresta de varios rom.) 



» 196. 

(Del conde Almerique de Karbona. — L) 

Del Soldán de Babilonia, — de ese os quiero decir, 
que le dé Dios mala vida—y á la postre peor fin. 
Armó naves y galeras, — pasan de sesenta mil, 
para ir á combatir— á Narbona la gentil. 
Allá van á echar áncoras, — allá al puerto de Sant Gil, 
ca ti vado han al conde, — al conde Benal menique (3). 
Descióndenlo de una torre,— cabálganlo en un rocín, 
la cola le dan por riendas — por mas deshonrado ir. 
Cient azotes dan al conde — y otros tantos al rocin; 
al rocin porque anduviese, — y al conde por lo rendir. 
La condesa desque lo supo —sáleselo á recibir : 
— Pésame de vos, señor — conde, de veros así, 




O) «Ya le desnudan la oti^Hncva. 

(2) «No tienen cuento ni pa^B^¿ore«¿a. 

^3) SiC' Háfie de entender bajo este nombre desfigurado, por haberse ya 
ofuscado la tradición original de los poemas provenzales, el harto conocí- 
do héroe de algunos de ellos, «£n Aimeric, conde de Narbona >, y se trata 
en este romance del cerco de la ciudad de Narbona, la cual defendía su 
mujer la condesa.— En el romance que dice: 

«Durmiendo está el rey Almanzor^» 

eiÁe conde se halla nombrado también «Almenique». 

Empero hasta la asonancia ha conservado en algún modo el nombre ori- 
ginal, pues se tiene que decir «Almeniqu'».— Véase Fau riel, JSTMíoire de la 
poésit proveníales tomo II, págá. 409-411. 



4 66 LÍRICOS CASTELLANOS 

daré yo por vos, el conde,— las doblas sesenta mil, 

y si no bastaren, conde,— á Narbona la gentil. 

Si esto no bastare, el conde, — á tres hijas que yo parí : 

yo las pariera, buen conde, — y vos las hubistes en mí; 

y si no bastare, conde,— señor, védesme aquí á mí. 

— Muchas mercedes, condesa, — por vuestro tan buen decir 

no dedes por mí, señora, — tan solo un maravedí, 

heridas tengo de muerte, — de ellas no puedo guarir : 

adiós, adiós, la condesa, —que ya me mandan ir de aquí. 

— Váyades con Dios, el conde,— y con la gracia de Sant Gil 

Dios os lo eche en suerte — á ese Roldan (1) paladín. 

{Canc. de Rom. de /fj"©, fol. 289.) 



197. 

(Del conde Almerique de Narbona. — TI.) 

Durmiendo está el rey Almanzor — á un sabor atan grande; 
los siete reyes de moros — no lo osaban acordar. 
Recordólo Bobalías, — Bobalías el infante. 
— Si dormides, el mi tio, — si dormides, recordad : 
níandadme dar las escalas— que fueron del rey mi padre, 
y dadme los siete mulos— que las habían de llevar; 
y me deis los siete moros- qu^^ habían de armar, 
que amores de la condesa— yol^Bos puedo olvidar. 
— Malas mafias habéis sobrinü,-^R) las podéis olvidar (2) : 
al mejor sueño que duermo — lue:JfO me vais á (3) recordar. — 
Ya le dan (4j las escalas — que fueron del rey su padre; 
ya le dan los siete mulos,— que las hablan de llevar; 

(1) Esta es la lección auténtica y verdadera de todas las ediciones del 
Qanc. de, Rom-, y no la de «Soldán», que llevan la mayor parta de las co- 
lecciones modernas, desfígurándola en lugar de corregirla. 

(2) «No las puedes ya dejar.» Eds. posts. del Canc. de Rom. 

(3) «Hasde.^/iírf. 

(4) «Daban.» Ihíd. 



ROMANCES NOVELESCOS T GÍDÁLLERESCOS 467 

ya le dan los siete moros— que las habian de armar. 

A paredes de la condesa— allá la^ fueron á echar : 

allá al pié de una torre, — y arriba subido han. 

En brazos del conde Almenique (1) — la condesa van hallar : 

«1 infante la tomó, — y con ella ido se han. 

{Cattc. de Rom. de 1S50. f. 290.) 



t 198. 

Romance de la linda Melisenda (2). 

Todas las gentes dormian— en las que Dios tiene parte, 
mas no duerme Melisenda — la hija del emperante; 
que amores del conde Ayruelo— no la dejan reposar. 
Salto diera de la cama — como la parió su madre, 
vistiérase una alcandora— no hallando su brial; 
vase para los palacios — donde sus damas están; 
dando palmadas en ellas —las empezó de llamar : 
— Si dormís, las mis doncellas, — si dormidos, recordad; 
las que sabedes de amores —consejo me queráis dar; 
las que de amor non sabedes — tengádesme poridad : 
amores del conde Ayruelo— no me dejan reposar. — 
Allí hablara una vieja; — vieja es de antigua edad (3) : 
— ^Agora es tiempo, señora, — de los placeres tomar, 
que^si esperáis á vejez —no vos querrá un rapaz (4). — 

( 1} Véase la nota del romance anterior. 

^2) Que la tradición en que está fundado este romance pertenece al ci- 
<5lo carlovingio, y que todavía tiene rasgos comunes con el cantar de f?esta 
francés de «Amis y Amil^s», va probado en la edición de este último poe- 
ma, po;* C Hofraann (Amis et Amiles und Jourdains de Blavies- Erlan- 
fien, 1852, in8.o, pág. Vi.) 

(8) «Que es vieja de antigüedad» Oloaa nuevamente hecha por Fran- 
cisco de Lora. 

(4) Después de este verso íleva el texto entresacado de la Glosa de 

Lf^ra los cuatro siguientes: 

Esto aprendí siendo n^'ña, I el tiempo que fui criada 

y no lo puedo olvidar, I en caaa de vuestro padre.— 



468 



líricos castellanos 



/t 



Desque esto oyó Melisenda— no quiso mas esperar (1), 

vase á buscar al conde — á los palacios do está. 
Topara con Hernandillo — un alguacil de su padre. 
— ¿Qué es aquesto, Melisenda? — ¿Esto qué podia estar? 
¡O vos tenéis mal de amores,— ó os queréis loca tornar! 
— Que no tengo mal de amores,— ni tengo por quien penar^ 
mas cuando fué (2) pequeña— tuve una enfermedad. 
Prometí tener novenas^— allá en San Juan de Letran : 
las dueñas iban de dia,— doncellas agora van, — 
Desque esto oyera Hernando — puso fin á su hablar; 
Ja infanta mal enojada — queriendo del se vengar : 
— Prestásesme, dijo á (3) Hernando,— prestásesme tu puñal^ 
que miedo me tengo, miedo — de los perros de la calle. — 
Tomó el puñal por la punta, — los cabos le fué á dar: 
diérale tal puñalada — que en el suelo muerto cae. 
Y vase para el (4) palacio— ado el conde Ayruelo está; 
las puertas halló cerradas, — no sabe por do entrar (6) : 
con arte de encantamento — las abrió de par en par. 
Al estruendo el conde Ayruelo — empezara de llamar • 
—Socorred, mis caballeros,— socorred sin mas tardar; 
oreo son mis enemigos, — que me vienen á matar. — 
La Melisenda discreta— le empezara de hablar : 
— No te congojes, señor,— no quieras pavor tomar, 
que yo soy una morica — venida de allende el mar. — 
Desque esto oyera el conde— luego conocido la ha : 
fuese el conde para ella, las manos le fué á tomar, 
y á la sombra de un laurel— de Venus es su jugar. 

(Romance de la linda Melisenda ¿glosado por Francisco de Lora^ 
Pliego .Hueltos. 1. n. a. — Glosa nnevatnente Jucha Por Fran- 
• cisco de Lora Pliego suelto s. 1. n, a.) 



(1) «Escuchar.» Glosa de Lora. 

(2) «Yo era^» Glosa de Lora- 

(3) «Hora Hernando.» Glosa de 
Lora. 



(4) « Ibase para. » Glosa de Lora ■ 

(5) «Pasar.» Glosa de Lora* 



INDICACIOÍí POR NÚMEROS - 

DE LOS BOMANCES OEDENADOS SEGÚN LAS TBES CLASES 
CAEACTERÍSTICAS EN QUE SE HAN INTENTADO 

- ESTABLECES 



►>•<- 



Clase 1.^9 ó romances primitivos ó tradicionales. 

Á ella pertenecen los núms. 2, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 13 a,. 
15, 16, n, 19, 20, 23, 24, 26, 29, 30, 30 a, 80 b, 31, 33, 35, 36, 87, 39. 
40, 41. 42, 43, 45, 47, 4*7 a. 50 a, 51. 52, 54, 55, 5*7, 58. 59, 60, 61. 62. 
64, 69, 69 a. Ih '73, TíSa. '74. Tu, 77, 78, 79, 80. 81, 82, 83, 84, 84 a, 
85, 86, 88, 88 a, 88 b, 89, 91, 95, 96, 96 a, 96 b, 98, 99, 101, 102, ld*7, 
109. 113, 114, 116, in. 118, 119, 120, 121, 122, 123. 124, 129. 130, 
131, 132, 133. 135. 136, 136 a, 137, 138, 139, 140, 141. 142, 143, 144. 
146. 146 a, 147, 150, 151, 153, 154, 157, 158, 159, 161, 168, 169, 170, 
179, 183, 185, 186, 196, 197, 198. 

Clase 2.8', ó romances primitivos 
reftindidos por los eruditos ó poetas artísticos. 

Á ella pertenecen los núms. 1, 3, 3 a, 3 b, 5 a, 14. 18, 21. 22, 27. 
28. 32. 34. 38, 42 a, 44, 46. 47 b. 48. 49. 50, 56, 61 a, 63. 65. 66. 66 a. 
(57, 67 a, 68, 70, 71a. 72. 76. 78 a. 82 a. 85 a, 85 b. 87. 90, 92, 92 a. 
93.. 94. 95a. 97, 100, 101a, 102a, 102b, 103. 104, 105, 106, 107a. 
108. 110, 111. 112, 114 a. 115, 125, 126, 127, 128, 134, 145, 148, 149, 
152, 155, 156, 160, 161 a. 182, 191. 

Clase S.a^, ó romances Juglarescos. 

Á ella pertenecen los núms. 25, 53, 154 a, 162, 163, 164, 165, 
166, 167, 171, 172, 173, 174, 175, 176, n7, 177 a, 178. 180, 181, 184. 
185 a, 187, 188, 189, 190, 192, 193, 194, 195. 



\ 



APENDICBS 



1 LA 



PRIMAVERA Y FLOR DE ROMANCES 



ADVERTENCIA 



Para dar el orden debido á las numerosas adiciones 
que voy á hacer á la Primavera de Wolf, he distribui- 
do los romances en dos clases, incluyendo en la prime- 
ra, que subdivido en dos grupos, los que se derivan de 
la tradición escrita (ya en los libros, ya en el teatro), y 
6n el segundo los que proceden de la tradición oral. Unos 
pocos de los romances incluidos en la primera clase fue- 
ron ya conocidos por Wolf, pero no los admitió en su co- 
lección por razones que no me parecen de gran fuerza, 
puesto que reimprimió otros análogos y todavía menos 
primitivos. Los restantes proceden, casi todos, de la Ter- 
<:era Parte de la Suva de Romances (Zaragoza, 1551), que 
Wolf no llegó á ver, y cuyo único ejemplar conocido fué 
rescatado para España, á peso de oro, en 1888, por el Mar- 
qués de Jerez de los Caballeros, poseedor en Sevilla de 
la más rica y selecta biblioteca de libros de poesía cas- 
tellana que puede imaginarse. Á la generosidad bien co- 
nocida de tan inteligente y apasionado bibliófilo, y á la 
buena amistad con que me honra, debo el que aqui figu- 
ren todos los romances nuevos de dicha Tercera Parte, y 
las variantes de los ya conocidos. Excluyo, por supuesto. 



il^ LÍRICOS GAST£LLáNOS 

los que son meramente eruditos 7 literarios, pero haré de 
ellos mención en la nota biográfica que va al fin de este 
primer apéndice. Los demás romances añadidos proce- 
den de pliegos sueltos, ó de otras fuentes que se especi- 
ficarán en cada uno. En cuanto á su colocación, seguire- 
mos un orden análogo al de la Primavera, 

M. Menéndez y Pela yo. 



APÉNDICE I 

Romances pro9ecientes de manuscritos, 
de pliegos sueltos ó de colecciones antiguas. 



SECCIÓN DE ROMANCES 

RELATIVOS Á LA HISTORIA Y TRADICIONES DE ESPAÑA 



1. 

ROMANCES DEL REY DON RODRIGO. ~ I 
Romaiice del conde don Julián* 

Ya se sale de Toledo — el conde don Julián, 
él y su hija la Cava^mny mal enojados van, 
el conde está muy sañudo— cuanto no puede ser más, 
piensa de vender á España — con falsía y con maldad, 
porque pague todo el reino— lo que el f ey fuera á pecar 
en deshonrar á la Cava — la su hija natural. 
Por hacer mejor su hecho — y su traición ordenar, 
fuérase al rey don Rodrigo,— dice le va á aconsejar, 
las palabras que le dice — son fundadas en gran mal : 
— «Rey Rodrigo, rey Rodrigo, — mi bvien señor natural^ 



476 LÍRICOS CASTELLANOS 

«Ó que estáis muy alcanzado— de moneda y de cabal, 

vos dais muy grande partido, — no lo habéis menester dar, 

á mucha gente de guerra — que en las fronteras están, 

«esenta mil caballeros — todos comen vuestro pan, 

mas de cuatro mil castillos — tenedes que sustentar, 

sin habello menester — ni habello necesidad; 

fii tomas, rey, mi consejo — muchos haberes tendrás, 

tendrás tantos de tesoros— que en el mundo no haya más, 

mandareis á los soldados— que se v^^^an sin tardar 

á sus tierras y lugares— que no les queráis dar mas, 

y también porque las gentes^no se quieran guerrear, 

mandad deshacer las armas — cuantas en el feino hay, 

y qué nadie sea osado— ningunas armas guardar, 

y asi estaréis en sosiego — y así viviréis en paz.> — 

Al rey le paresce bien, — ansi lo f ué á mandar, 

que nadie de allí en un mes — pueda más armas tomar 

so pena que por traidor — le mandarán ahorcar. 

Todos maldicen al rey — y al que el consejo fué á dar, 

porque bien veen que no pueden — sino en gran mal redundar, 

mas como son apremiados — no podían hacer mas, 

todos deshacen las armas, — nadie las osa guardar, 

las espadas hacen sierras —para madera cortar, 

los yelmos y los escudos —hacen rejas para arar, 

de las otras armas hacen— azadas para cavar, 

unas echan en los pozos, — otras lanzan en la mar. 

íQué mal consejo que diste,— oh maldito don Juliánl 

maldito fuera aquel día — en que te fuiste á engendrar, 

mas valiera que en nasciendo— te lanzaran en la mar, 

que no echaras á perder — á toda la cristiandad. 

(Tercera parte de la Silva^ Zaragoza, 1551, fol. 149 vuelto.) 



ROHANCBS HISTÓUCOS 477 

2. 

(Del rey don Bodrigo. — 11.) 

Romance de la destruoolón de España; 

Caán triste queda Castilla --sin ventara desdichada, 
después que el rey don Rodrigo— se perdió en la gran batalla, 
no quedó bandera enhiesta,— la noble gente asolada; 
que el traidor don Julián— con don Opas se acordaba 
•en hacer gran traición — á bandera desplegada, 
muy grandes daños se hacen — cruda cosa es lo que pasa, 
que á cuantos pueden haber— pasan á fílo de espada, 
matan mujeres y niños,— que ninguno les quedaba, 
las sin ventura doncellas — cada cual se las forzaba, 
muchas reniegan la fé, — cualquier mora se tornaba, 
y lo que más se sintió — y que más pena causaba 
era ver cualquier iglesia— de moros vituperada, 
allí ensalzan á Mahoma— y la su secta malvada, 
un martirizar obispos — y otra gente consagrada, 
ver de tanta cristiandad — tanta sangre derramada, 
daban gritos y gemidos — cada cual según estaba. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 151 vuelto.) 

3. 

(Del rey don Bodrigo. — III.) 

Romance de la Cava» 

Gran llanto hace (1) la Cava — con gran dolor y amargura 
desque vio (2) la perdición— y la crueldad tan dura 
y que fué ocasión dello —la su grande hermosura, 

(1) «Hacía». (2) -Vido>. 

Tomo IX. 12 



478 LÍRICOS CASTELLANOS 

á grandes voces decía : — tOh mujer de gran locara, 

nanea hobieras nascido, — ni se viera tu figura 

pues qae tanto mal causaste — y tanta mala ventura. > 

Todos pasan á cuchillo — que no queda criatura, 

hasta á las monjas sagradas —les vino su desventura : 

tú eres perdición de £spaña, — fuego que todo lo apara, 

de tí quedará memoria—para siempre en escriptura, 

unos te llamarán diablo,— otros te llamarán {fdc) diablara, 

otros te llamarán (sic) demonio (1), — otros que eres sa hechnra> 

yo soy (2) mal -aconsejada —y lo hice sin cordura : 

Oh día para mí tan triste — mucho más que noche (3) escora,. 

oh tú gran rey don Bodrigo, — grande fué tu desventara, 

el día que tal heciste (4)— hobo fin tu gran altura, 

asaz pagas con setenai^—ta osadía y travesura, 

mucha ponizofía gustaste — con muy poquita holgura (6). 

(Tercera parte de la Silva, 1551, fol. 152 vuelto. — Las> 
variantes son de un pliego suelto de Praga, Wolf 
Samtnlung, 203.) 



(1) «Diinonio% I (3) Que más que la noche*. 

(2) «Fui-. » (4) 'Hiciste». 

(5) En el Canciontro Musical de loa siglos xv y zvr publicado por don 
Francisoo Asenjo Barbieri (núm. 323), hay doá rersoB de un romance dea- 
conocido del rey D. Rodrigo : 

BómiMuse la sepoltara- porque más penes contigo, 
el mayor y sin ventura ^d'Bspafia rey don Rodrigo* 




BOMANCES HISTÓRICOS 179 



4. 



ROMANCES DEL CONDE DE CASTILLA 
FERNÁN GONZÁLEZ. 

(Del conde Fernán Qonzalez. — I.) 

«Buen conde Hernán González — el rey envía por vos, 

que vades á las sus cortes — que se hacen en León; 

que si vos allá vais, conde,— dar os han buen galardón: 

daros han á Palenzuela — ^y á Falencia la mayor,' 

daros han á Torquemada — la torre de Mormojón, 

os dará las nuevas villas — con ellas á Carrión; 

buen conde, si allá no ides— dar os ían por traidor. > 

— Alli hablara el buen conde— y dixera esta razón : 

«Mensajero eres, amigo,— no mereces culpa, no; 

que yo no he miedo al rey — ni á cuantos con él son : 

villas y castillos tengo— todos á mi mandar son, 

dellos me dexó mi padre — dellos me tenía yo; 

las que me dexó mi padre— poblólas de ricos hombres, 

las que me ganara yo— poblólas de labradores; 

quien no tenía mas de un buey — dábale otro, que eran dos; 

todos los días del mundo — })or mí hacen oración : 

no lo hacen por el rey, — que no lo merece, nó.» 

• * 

(Sitúense dos glosas, la una sobre el romance que dizen 
Bíten conde Fernán Gongalez. . . Y la otra sobre el ro- 
mance de Yo me levantara, madre, mañanica de Sant ■ 
Jvan... Hechas agora nuevamente por Alonso de Alcau- 
N. date. Sin 1. ni a. (hacia 1530). Pliego suelto gótico que^ 

perteneció á Salva, y pertenece ahora á la riquísima bi-' 
blioteca que en Sevilla posee el duque de T'Serclaes) (i). 

<1) Este romance es snstancíalmente el mismo que tiene en la Primar 
vera el número 17i pero se reproduce aquí porque el texto glosado por Al- 
eándote tiene algunas variantes, y es más antiguo que el del Canc. de 
Rom. y el de la Silva de Zaragoza. 



180 LÍBICOS CASTELLANOS 



5. 



(Del cpnde Fernán González. — IÍ.) 

El conde Fernán González— cabe la villa de Lara, 
mientra la gente se junta — sálese á buscar la caza. 
Dentro en los robles del monte — un puerco se levantara, 
tras él arremete el conde — de los suyos se alejaba. 
Como el puerco corre mucho— el conde le va de zaga. 
En la mayor espesura— con una ermita topara : 
cubierta estaba de yedra, — de muy gran tiempo olvidada. 
Por una pequeña puerta — el puerco dentro se entraba. 
No puede el conde seguirlo— que el caballo le estorbaba; 
era tan espeso el monte— que apenas se meneaba. 
Saltando el conde en el suelo — metió la mano en la espada, , 
revolvió su manto al brazo — dentro en la ermita se entraba; 
mas el puerco se acoge— cabe un altar que allí estaba.- 
No quiso el conde ferirlo,— mas de hinoyos se fincaba. 
Estando oración haciendo,— un monje viejo asomaba 
con un rosario en la mano,— y una vestidura blanca; 
la barba tiene crecida, — pelada tiene la calva, 
descalzos lleva los pies, — y arrimado á una cayada. 
Palabras que el conde dice — pena le dan en el alma, 
cBuen conde Fernán González— el rey Almanzor te aguarda. 
Déjate de montear, — vete á darle la batalla 
que será muy bien ferida— mucha sangre derramada: 
ciento trae para uno,— iDios sea, conde, en tu guarda! 
Lo que en ella te viniere — sonará por toda España. 
Sólo te sabré decir — que es mucha tu buena andanza : 
una señal verás, conde, — que te temblará la barba, 
sabe que tus caballeros — desmayarán en mirarla, 
pos veces has de ser preso;— tu mujer llamarse ha Sancha; 
vete^ buen conde, á los tuyos— que por tí lloran en Lartí^ . 
Si bien vinieron tus hechos, — acuérdate desta casa.i > •: 



ROMANCES HISTÓRICOS 48t 

El conde que al monje escucha,— no le responde palabra; 

mas despidiéndose del — á los sayos se tornaba. 

Recíbenlo alegremente; — mótelos en ordenanza. 

Ya llega el rey Almanzor— para darle la batalla. 

El conde cuenta su gente»— -muy poco número halla. 

Poniéndola en un tropel, — á los moros esperaba : 

cuando un caballero suyo — delante todos pasaba, 

arremetiendo el caballo— en ristre pone la lanza; 

corriendo va por el campo; — ambas huestes le miraban : 

la tierra se abrió con él — y dentro de si lo traga; 

luego se tomó á juntar, — como si nada pasara. 

Desque esto el buen conde vido— sus caballeros miraba; 

todos los vio desmayados, — el más fuerte flaco estaba. 

El conde que los vio así,— desta manera les habla: 

«Caballeros castellanos,— ¿cómo el corazón os falta 

por un agüero como este? — Vergüenza es ver que os desmaya;: 

pues la tierra no nos sufre, — ¿quién nos sufrirá en batalla? 

Á. ellos, amigos míos, — ninguno no se qs vaya.:» 

Da de espuelas al caballo;— entre los moros se lanza. 

Tanto hizo Con los suyos,— que vencedores quedaban. 

En el despojo del campo— muchos tesoros hallaban. 

Su parte dio el conde al monje— por que una iglesia hagan : 

la cual se hizo después, — que fue Saút Pedro de Arlanza. 

(Segunda parte de la Silva de Zaragoza, 1550) (i). 

(1) Wolf , en el apéndice á su tratado Uébtr eine Sammluiig spaniacher 
Hütnanzen injliegenden Bláttem. reimprimió este romance, pero le ex- 
cluyó de la Primavera por calificarle de erudito. Por igual regla hubiera, 
debido suprimir los dos que comienzan «Freso está Fernán González», que 
son del mismo tono y estilo, y están sacados igualmente de la prosa de las 
crónicas. Tanto por esta razón, como por contener un motivo épico que no 
se halla tratado en los otros romances genuinameute populares, se pone 
aquí para completar el ciclo de Fernán González. No se halla en el Ro- 
mancero de Duran. 



482 LÍRICOS CASTELLANOS 

6. 

(Del conde Fernán González. — III.) 

Castellanos y leoneses — arman muy grande cuistiones 
sobre el partir de los reinos — y el poner de los mojones. 
El conde Fernán González— con el rey don Sancho Órdo&ez 
trátimse de hi de putas^ — hijos de padres traidoreB. 
•No les pueden poner treguas — caballeros ni señores, 
si no son dos frailecicos — unos muy benditos monjes. 
El uno es primo del rey, — el otro hermano del'conde, 
que se vayan á juntar — al campo de Carrión. 
El uno se va por Burgos— y el otro vá por León. 
Si mucho madrugó el rey — el conde más madrugó; 
á la pasada de un río— los dos aj untados son : 
el rey iba en una muía,— el conde en un buen trotón. 
Sobre el pasar de los vados — muy mal arrevueltos son : 
los del rey que pasarían, — los del buen conde que non. 
El conde con lozanía— su caballo revolvió; 
con el agua y el arena — al rey mal ensalpicó. 
Allí hablara el rey — con semblante denodado : 
«¿Cómo sois tan loco, el conde? — ¿Cómo sois desmesurado? 
Si no fuera por las treguas— de vos me hubiera vengado, 
con vuestra sangre, el conde — hubiera yo vuelto el vado.» 
«Pues para eso (dijo el conde) — mal lo teníades librado. 
Si queréis uno á uno — sino sean cuatro á cuatro; 
y con las armas parejas— salgamos luego al campo. 
Vos traéis muy gruesa muía, — yo muy ligero caballo; 
vos traéis sayo de seda, — yo traigo un arnés tranzado. 
Si vos, rey, tenéis espada, — yo venablo en la mi mano. 
Vos traéis treinta de muía, — yo quinientos de á caballo.» . 
Esto que oyera el rey — á León se hubo tomado; 
mandó luego llamar cortes, — por los grandes ha enviado. 
Todos ellos son venidos,— solo el conde ha faltado (1). 

{Maldiciones de Salaya... con un romance del conde Fer- 
nán González y otro del Cid. Pliego suelto de la Biblio- 
teca de Bülh de Faber. — Gallardo, Ensayo, IV. 315.) 

¿1) Es variante muy abreviada del número 16 de la Primavera. 



ROMANCES HISTÓRICOS 



483 



'7. 



ROMANCES DE LOS INFANTES DE LARA.— I 

I 

Sacóme de la prisión — el rey Almanzor un día, 
convidándome en su mesa (1) — fízome gran cortesía. 
Los manjares adobados — mucho faeron á su guisa (2) 
y después de haber yantado— díjome sobre comida : 
«Sábese, Gonzalo Gustios— que entre tu gente y la mía 
en campos de Arabiana— murió gran cabaHería. 
Hanme traido un presente— enseñártelo quería (3), 
estas son siete cabezas (4) — por ver sí las conocías. > 
Presentólas á mis ojos— descubriendo una cortina, 
conocí mis siete hijos— y el ayo que los regía (6). 
Traspasóme de dolor— pero viendo que tenían (6) 
.de ver mi pecho los moros (7) — me esforzaba y no podía. 
Dióme luego Hbertad— juré á Arlaja en mi partida 
que me vengaría rabiando — ó llorando cegaría (8). 
Lo primero no cumph' — por ser corta la mi dicha; 
medio (9) estoy de llorar ciego —cumplí la palabra mía. 
Non, pues, Rodrigo el traidor — se contenta ni se olvida (10) 
«de darme á manojos penas — faced, mi buen Dios, justicia (11): 



(1) «S^tárame á la mesa.» Ms. 
B. R. 

(2) Falta este verso en el ms. de 
Palacio- 

(3) «ün presente me han traido 
enseñártele quería ■ ^ B . R . 

(4) '«Son estas ocho cabezas- > 

B. R. 
(6) «Y el ayo qne los traía- ^ 

B. R. 
(d) 'T&mian^ dice el ms. deBar- 
edona. Tenían corrigióMilá- £1 ms. 
de Palacio dice: Pero viendo que 
atendía» » 



(7) «Ver mi pecho entre los mo- 
ros.» B. R. 

(8) «De que moriría rabiando 
y de llorar cegaría- « B. R. 

(9) -/ifcdio es corrección indicada 
por Milá. £1 ms- de Barcelona di- 
ce muerto, el de Palacio vueUo. 

(10) «Non por Rodrigo el traidor 
se acabaron mis fatigas- » 

B. R. 

(11) Falta este Terso en el ms. de 
Palacio. 




4 $4 LÍBICOS GASTBLLAÜOS 

que porque mis hijos cneBte— y los plsfis cada día (1) 
8U8 homes'á mis ventanas — las siete piedras me tiran (2). 

(Romancero iaófito de la ^büoleca Prcr ia ci a l y UmTersí- 
tana de Barcdoaa, cSeacnco por MDa en el yakrhtck 
/»r muutisckt HUraiatr, ID, xti3. — Rómanoes manus- 
critos de la Bsblioceca del Real Palacio en Madrid 
(2 — H ~ 4J. apad MenexKiez Pkial (R.) Les In/anies 
áé Látra, 99. Mas adelante indicaremos otras versiones 
de este rcmanoe que se encacntraa en comedias.) 



8. 

(De los Inííuites de Lara. — IL) 

£n un monte jonto á Burgos — á las sombras de una haya 
echado está Rui Velázquez — cansado de andar á caza, 
la verde hiedra (3) por lecho. — y el brazo por almohada, 
y el caballo atado á un roble,— del arzón cuelga el adarga, 
la lanza hincada en tierra, —la mano sobre la espada; 
y entre sí está pensando — de la más cruel hazafía 
que hizo jamás chrístiano— después que España fué España. 
— «Sobrinos, los mis sobrinos — los siete infantes de Lara, 
si me tratárades bien— á mi muger doña Alambra, 
no mnriérades, sobrinos, — en campos de Araviana, 
ni os quitaran las cabezas— al infante ni á Liarda (4), 
y agora un medio morillo— que vuestro hermano se llama 
dice que me ha de matar— y de mi tomar venganza : 
nunca lobo á mi ganado — que mayor daño me haga.» — 

(1) 'Ni porqae mis ñjos cuente— y los plaña cada dia- ' B. B. 
r2) A(iaí añade el ms. de Palacio un verso: 

«Y dando amenazas tantas,— santos, facedme justicia». 

(3) Ahí en el ms. ; pero parece que debe de ser hierba, y no hUdra» 

(4) Asi está eu el ms., pero la lección es evidentemente errada « como 
notó el Rr. Foulché Delbosc. En las palabras alteradas debían de contener- 
se los nombres de los moros Viara y Qalve citados por la Crónica Gene- 
ral, ó del moro Alicante, de quien haV'Ia la Crónica de 1344. Acaso el. tra- 

^^^^¿ictor del romance mezcló ambos textos. Propongo esta restitucidn ooiir 

^r wL 'Ni os (luitaran las cabezas— Alicante ni Viara. 

7 



ROMANCES HISTÓRICOS 485 

Y estando en estas razones— un caballero asomara : 
tocado va á la morisma — aunque es la señal christiana, 
y en medio del pendón trae^^una gran cruz colorada. 
Ruy Velazquez que lo vio— bien pensó que era Mudarra, 
mas desque le conoció— quísole volver la cara. 
Dijo : «Caballero, espera» — dícde : «Espera, aguarda, 
que según las señas traigo— tú eres quien yo buscab^ 
el que mató á traición— los siete infantes d^ Lara.» 
— «Mientes, mientes, vil bastardo, — hijo de una renegada; 
yo no maté á mis sobrinos— nin en ellos non pensi^a, 
nin á unparaiento como tí (1) — non les negaré la cara.» 
Jugando van los caballos, — blandeando van las lanzas; 
vase el uno para el otro — recios encuentros se daban, 
y á los primeros encuentros— rRuy Yelazque en tierra daba. 
Esto que vio Gonzalvillo— del caballo se apeara, 
hincara la lanza en tierra, — la cabeza le quitara, 
y en la punta de su lanza — él la poniera hincada. 
Fuérase para Almudévar— para Almudévar la llana; 
por las calles de Almudévar — á grandes voces llamaba : 
— «Salid, damas é doncellas,— las del linaje de Lara, 
verédes aquí un traidor — en la punta de mi lanza, 
el que mató á traición — los siete infantes de Lara. 

(Poesías de varios autores del siglo xvi, recogidas y copia<- 
das por D. Gregorio Mayans. Ms. autógrafo de 45 ho- 
jas, que perteneció á la Biblioteca Salva — R. Foulché 
Delbosc, Revue Hispanique , 1898, 252 — 54. La copia 
es muy incorrecta : el Sr. Foulché Delbosc hace algunas 
enmiendas que en general acepto, fuera de las tres que 
advertiré en las notas.) 



(1) Creo que puede conservarse la lección del códice, leyendo en una 
sola palabra parsiento, que tiene trazas de ser voz despectiva á estilo de 
harapiento' 



486 LÍRICOS CASTELLANOS 



9. 



(De los infantes de Lara. — III.) 

Anda Córdoba' y su tierra— el pueblo todo alterado, 
no por mal ni por revoelta— sino de regucijado. 
Hacen todos algazara— y se tocan con las manos, 
abrázanse unos á otros— á Mahoma gracias dando, 
y el común y principal — sale con gran grita al campo, 
los menores van á pié — los mayores á caballos, 
los hombres con ricas lanzas — y los niños griteando,- 
á recibir á Alexante — que de Castilla ha tornado, 
con la más brava victoria— que jamás volvió pagano. 
No la guano bueno á bueno — que un traidor se la ha entre- 
y por esta causa el moro— viene muy reguocijado, [guado> 
delante todos los suyos— en un gran caballo bayo, 
enjaezado á la morisca — con un jaez encarnado. 
La marlota traía blanca— y el albornoz colorado, 
el brazo blanco y velloso — hasta el cobdo aremanguado, 
y en él una rica lanza— y en ella un pendón labrado, 
por las manos de una mora — de quien era aficionado. 
Ocho cabezas traía — en el arzón del caballo, 
colgadas de los cabellos — que se vienen desangrando, 
las siete son de mancebos— la otra de un viejo anciano. 
Y en llegando que llegó — á donde se hubo apeado, 
al viejo Gonzalo Bustos— las tristes nuevas le han dado. 
El viejo que aquesto oyera — el corazón le dio un salto, 

I 

no porque sabe lo que es — sino que imagina el caso. 
Mandóle llamar ante él, — las cabezas le ha mostiado; 
dícele con aguonía: — «¿Conoces algún christiano?» 
Míralas por todas partes — y límpialas con un paño, 
y ansí vino á conocer— que eran los que había engendrado. 
«Santo Dios, grande es mi culpa> — decía el viejo cuitado, 



í 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 487 

muy grande pena merezco — pues tanto apretáis ia mano,» 
y diciendo estas razones — un parajismo le ha dado. 

(CanciotuarD «n. ée la Biblioteca Nacional, J. 225, fol. 14 
V. ktn de principios del siglo xvii. — Menéndez Pidal, 
L^n Infantes de JLarOf 114.} 



10. 

t 

(De los Infantes de Lara. — lY.) 

Después que Chionzalo Bustos— del gran llanto ha descan- 
que por sus hijos ha hecho— y por el ayo cuitado, [sado 

triste, ansioso y pensativo —se recostó en un estrado. 
Mira las ocho cabezas— que Almanzor le ha presentado, 
y dice, hablando entre sí, — ya del todo trasportado ; 
«Oh tirano don Rodriguo! — ¿Qué intolerable peccado 
que te hicieron tus sobrinos— que tan mal los has tratado? 
Huélguate, perro alevoso — pues sin razón te has venguado. 
Alaxa, hermana del rei — de quien anda aficionado, 
viendo el triste lamento— se le alleguó por un lado, 
y dice: «Guonzalo mío — Bustos, bien de mi cuidado, 
¿qué e^ del animoso pecho —y aquel esfuerzo sobrado 
con que al mundo resistís — á pesar del duro hado? 
Agora, mi bien, te veo — tan herido y desmayado. > 
Absó los ojos arriba — y á Alaxa ansí ha hablado : 
«Señora de mi contento —razón es que esté penado, 
pues me han muerto siete hijos — y al que los había criado; 
y haberlos muerto sin culpa — es lo que más me ha pesado. 
Mas pues esta adversidad — y el verme yo aprisionado 
fué cansa que os conociese,— dóilo por bien empleado. 

(Ms. J. 225 de la Biblioteca Nacional, foL 12. — Meaéndez 
Viá^X, Los Infantes de Lara, ii6.) 



48B LÍRICOS GASTBLLANOS 



. 11- 



(De los Infantes de Lara. — V.) 

El hijo del castellano — habido en la mora Arlaja, 
sale á conocer sa padre —de Córdoba donde estaba, 

El buen Mudarra. 
Con la mitad de un anillo — que de su madre llevaba, 
porque por él le conozca — el que la otra guardaba, 

A el buen Mudarra. 
La sangre real de Bustos — arde en la mezclada masa, 
que aunque el cuerpo á la morisca — lleva el alma á la crís^ 

[tiana, 

El buen Mudarra. 
Aspira á el paterno origen — del joven la fatal fama, 
cuidosa de su descuido «—que de ser quien es le aparta, 

Á el buen Mudarra. 
Juzga, según su deseo— que el veloz corredor tarda; 
que aunque en Córdoba les ojos — lleva el pensamiento, en 

[Salas, 

El buen Mudarra. 
Pasado el soberbio puente — que el ancho corriente abarca 
la partida sefía mira — y entre sí confuso habla 

El buen Mudarra (1). 

(M. J.'225 de la Biblioteca Nacional, fol. 38 vuelto. — M^- 
néndez Pidal, Los J7if antes de Lara.) 



(1) Ni este romance, ni los dos anteriores (que quizá sean de un mismo 
poeta) pueden calificarse de populares, pero se insertan aquí por comple- 
tar un ciclo épico, siguiendo el ejemplo de Wolf , que admitió loa dos que 
comienzan: 

?,Quién es aquel caballero— que tan gran traición hacía-.* 
'Cansados de pelear— los seis hermanos yacían...» 
á pesar de tener autor conocido, que es el Caballero Cesáreo, amigo de Lo- 
renzo de Sepúlveda (n. 21 y 22j. 



ROMANCES HISTÓRICOS 489 



• 



12. 



Romanee del conde Vélez. 

Alabóse el conde Vélez — en las cortes de León, 
qne no hay dueña ni doncella— qne le negasse su amor, 
sino f aera el de la infanta — qae no se le demandó, 
que si se le demandara— no le dijera de nó. 
Mucho pesó á los hidalgos — cuantos en la corte son, 
mucho más pesó á don Bueso— que adamaba nuevo amor. 
«Una amiga tengo el conde— de quince años que mas non, 
que si me la engañasses—sacasses me el corazón, 
y si no me la engañasses — quedarías por traidor.»— 
Todos ñan á don Bueso — y al conde ninguno non, 
sino fuera un infante — que es hijo de un gran traidor;» 
éste fió al conde Vélez — en los cuentos, que más no. 

^ (Tercera parte de la Silva, fol. 45 vuelto.) 



13. 
' Romance del rey don Alonso (el Sabio). 

El triste rey don Alonso — viviendo á más andar, 
su hijo el rey don Sancho — desheredado lo ha; 
con lágrimas de sus ojos — estas trobas fué á trobar : 
«Santa María sefiorái— no me queráis olvidar, 
caballeros de Castilla— desamparado me han, 
que por miedo de don Sancho — nó me osan ayudar; 
ha hecho darme sentencia, — no seré para reynar, 
véome viejo y cano, — flaco para pelear, 
hafé una galera negra— que denote mi pesar, 
é sin gobierno ninguno — me pornó por la alta mar. 



190 Líaicos gastellahos 

I 

Davegando de contmo - por las venturas buscar, 

que ya asi hiciera otro rey — para haber de gobernar, 

Apolino íaera aqueste— yo fuera otro que tal.> — 

Y acabadas las sus trobas — un criada fué á llamar, 

diérale la sa corona— y que la fuese á empeñar, 

que don Sancho el deseado — ^no le había dejado más, 

y la llevase allende — al rey moro Abenaraf; 

viendo el moro la corona — hubo mucha piadad, 

llamara sus caballeros,— allí les fué á hablar : 

€ Sabed, los mis caballeros — una grande novedad, 

que don Sancho á don Alonso —desposeído lo há, 

envíame su corona, — que le dé con qué pasar, 

¿qué os paresce, los mis moros?— En esto me aconsejad.i 

Allí habló un moro viejo, — viejo y de mucha edad : 

«Á tal hombre como Alonso — bien le debéis de ayudar, 

que muy caro se te vende ^quien se te vá á encomendar.:» 

Él tomó el buen consejo, — mandó al cristiano llamar, 

dióle sesenta mil doblas— sin la corona tomar, 

di jóle: «Dirás Alonso — mucho se quiera esforzar, 

cincuenta mil de caballo — le pasarán ayudar, 

y si estos no son parte — yo enviaré muchos más.» 

(Tercera parte de la Sik*a, fol. 8i vuelto. — Mucho más an- 
tiguo y mejor texto que el de Sepülveda reimpreso en la 
Primavera, n.* 63.) 



por 



,14. 



Romanees del rey don Pedro de CasÉiUa 

llamado el Cruel* 

(I>e la muerte del señor de yixcaya. — L) 

Yo me fui para Vizcaya-*donde estaban los hidalgos, 
que mandado me lo había — don Pedro mi primo hermano, 
►r virtud de aquel derecho— que tenía por ser casado 



ROMANGBS HISTÓRICOS 491 

con doña Lntbel de Lara— señora de lo astariano; 
«1 rey hizo hacer la janta — y él en ella so ha hallado, 
mandara á los vizcainos— que fuese por rey jurado, 
y con este tal concierto — ^yo me partiera á Bilbao, 
y el rey me invió á llamar— que viniese á su palacio, 
yo infante sin ventura —cumplí luego su mandado; 
llegado á la primera puerta — cubierto me ha negro hado, 
entrara yo triste solo, — luego tropezó el caballo; 
cuando entré por la segunda— fallóme sin nadie al lado, 
cuando llegué ante el rey— hallólo muy demudado. 
Dixe : — Dios os guarde, rey, — sespuesta^no Qie ha tomado, 
un buen puñal que tra^a— quitaron me lo burlando, 
y el ballestero Juan Diente — con la su maza le ha dado, 
y el infante á Juan Fernández— se llegó desatinado; 
Juan Fernandez que le vido— sacó su espada y dio un salto : 
— cAllá, allá, dixo, infante,— que allá fallareys recaudo.» 
Allegó Gonzalo Recio— y muy gran golpe le ha dado 
que los sesos del infante— en la cara al rey han dado, 
el rey don Pedro al infante— por las ventanas ha echado, 
diciendo á los vizcaínos : — Ved vuestro señor honrado. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 43 vuelto.) 



14. 
Romances del rey don Pedro*— 11. 

Teniendo el rey don Pedro - su real f ortalescido 
en esa tierra de Nájera — en campo que Azofra es dicho, 
contra el conde don Henrrique — por mal querencia que ha 

[habido 
un dia estando en su tierra— un clérigo allí ha venido, 
dice le quiere hablar — en puridad y escondido. 
£1 rey don Pedro con él — en una pieza se ha metido, 






492 UBIOOS CASmJLLXOS 

el dérigo ocm eBfa»xo —estas pAlabrts le ha dicho : 

< Bey don Pedro, rey don Pedro, — si sapiesses lo que sabido (ate) 

no estarías tan descansado — ni temías de ti olrido. 

Sabe qne por revelación [me) — del señor Santo Domingo 

he sabido qne estás tú—en grandísimo peligro, 

porque ese conde ta hermano — gran traición te ha urdido 

7 si no te vengas del — no puedes escapar vivo, 

porque el mesmo con sus manos — te dará cruel martirio < 

mira bien lo que te digo— y no lo eches en olvido, 

porque assina te vemá — si no haces lo que digo, 

y es que con muy gran prestesa— ordenes sea prendido 

y tenle en tus prisiones — hasta que haga paz contigo : 

mira bien que no le sueltes, — que no hagas con él partido, 

no pares hasta hacer paces— ó habelle destruido; 

mira que te vemá mal — si no haces lo que dicho {inc); 

ten en mucho este consejo,— ten en mucho este aviso, 

que no es menos que librarte— tomarte de muerto vivo,- 

ya vees en el gran peligro— en que tú estabas metido, 

no podías escapar — si no fueses socorrido, 

no desprecies el aviso — que del cielo te ha venido.» 

Don Pedro desque lo oyó— algo se hobo estremecido, 

mas con dissimulación — en muy poco lo ha tenido, 

piensa el clérigo lo dice — por haber algún roido." " 

Despuesqueun rato ha pensado —en lo que el clérigo ha dicho 

llama á sus altos hombres (sic) — los que allí han venido (sic); 

después de todos juntados— estas palabras les dijo : 

«¿Qué os paresce, caballeros, — deste caso acontescido? 

Gran traición me estaba armada, — Dios vivo me ha socorrido; 

oid lo que dice el clérigo, — oiréis un gran peligro, 

mas yo creo ciertamente — que es ello todo fingido ^ 

y que el clérigo lo dice— por armar algún roido;» 

manda luego sin tardar — que cuente lo que ha sabido 

por la revelación (sic) — del señor Santo Domingo. 

Después que lo hubo contado— lo mandó llevar asido, 

pensando mucho en el caso —por burla lo ha tenido; 

mandó que sin dilación— el clérigo sea metido 



ROMANCES HISTÓRICOS 493 

en una grande hoguera — lo ha mandado quemar vivo, 
porque el rey siempre creyó — que todo era fingido. 

(Tercera parte de la Silva, fol, 28 vuelto.) 



^ 15. 

Romanee de la muerte del rey 

don Pedro.— ni. 

Encima del duro suelo— tendido de largo á largo 
muerto yace el rey don Pedro —que le matara su hermano; 
nadie lo osa alzar del suelo, — nadie quiere sepnltallo, 
antes la gente plebeya— querían despedazallo, 
por ser hombre tan cruel — y tan mal complesionado; , 
ninguno llora por él — nadie le haze por el llanto, 
todos lo tienen por bien, — huelgan de velle finado, 
bendicen á don Enrique, —que es el que lo había matado, 
todos decían á una :— <01i buen rey Henrique honrado, 
Dios te dará galardón — por el bien que has causado 
en apartar deste mundo— á un tal cruel tirano. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 79 vuelto.) 



16. 

Romanee del eonde de Ejuna* 

• £1 rey don Juan el segundo —dijo un día andando .á caza 
a\ infante don Fadrique— que conde de Luna se llama, 
que á don García Fernández —le fuesse á ver á la cama; 
no le plugo desto al conde— que él ya se lo sospechabaij . ; 
el conde de Castañeda— á su casa lo llevaba; 

Tomo IX. 13 



49 i LÍRICOS CASTELLANOS 

desque fueron dentro en ella — hiciéronle mala habla : 
«Sed preso, conde de Lnna,— que el rey por mí os lo manda , 
porque os alzáis con Sevilla, — con Sevilla y con Triana, 
y robáis los mercaderes— que por esta tierra pasan, 
y forzáis vos las doncellas, — esas que mas os agradan. > 
— «El rey bien puede prenderme, — mas de mí mal se infor- 

[mara; 
que no he revuelto á Sevilla — ni nunca dueña forzara>; 
mas el rey dende á dos días— Alfonso González manda 
que lo lleven luego á Olmedo— hasta ver que del se haga 
y le pongan en Braezne (síc)— que el castillo así se llama; 
hízolo Alfonso González — como el rey se lo mandara, 
y la hacienda que él tenía — luego se la secrestaban, 
á Ixara y Millarán - el conde lo enagenara; 
esa condesa de Nieva— vino al rey que era su hermana, 
á suplicar perdone al conde [aic] — mas el rey no hizo nada,, 
acabó el conde de Luna— en la prisión donde estaba. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 8o vuelto.) 



17. 



Romance de los Infantes de Aragón. 

Alburquerque, Alburquerque, — bien mereces ser honrado; 
en tí están los tres infantes— hijos del rey don Fernando. 
Destérrelos de mis reinos, — desterrólos por un año; 
Alburquerque era muy fuerte,— con él se me habían alzado. 
¡Oh dop Alvaro de Luna, — cuan mal que me habías budadol 
Dixísteme que Alburquerque— estaba puesto en un llano, 
véole yo cavas hondas— y de torres bien cercado; 
dentro mucha artillería, — gente de pié y de caballo, 
y en aquella torre mocha— tres pendones han alzado, 



^ 



ROMANCES HISTÓBICOS 405 

el uno por don Enrique,— otro por don Juan su hermano, 
el otro era por don Pedro, — infante desheredado. 
Álcese luego el Real — que excusado era tomallo. 

(Barbieri, Cancionero Musical de los siglos xv y xvi (Ma- 
drid, 1890), n." 321, El Cancionero de Palacio Q^túxse. 
de texto al de Barbieri no trae más que los cuatro prime- 
ros versos del romance : los restantes se han tomado de 
otro manuscrito de la Biblioteca Nacional (F — 18). El he- 
cho histórico á que se refiere pertenece al año 1430. 
(Véase la Crónica de D. Juan II.) 



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(1) ,i). Anreíhn^ ?-»rii-%n.i« «Tuernt. üu ei liscui'do iuadémioo de con> 
tflttMión al «le sTi lu^nríin--. .) L-aia 1^73'. ücv^ue e«w roouuuM se escri- 
afk> ld68, al inff^stir' !a ^iperior ntari^u iertx'lia del ilitt«ldÍ4aÍTÍr 
IV, rey de 'imtii^h contando -joa la tniciúu eatérü de aa mal 
onatíano- Pero como no consta iiue eotoacee ¿ueM otreada Bae- 
I n eartueadoR rho^Ia y Jaén, acauo pueda reterine eoii nás pro- 
al memoraMo y fl;Iorioso cerco «lae auueila ciudad aortaro 




ROMANCES HISTÓRICOS 497 

Una marlota vestida — de terriopelo encarnado, 

de alto abajo guarnecida — de espineta y gandujado, 

y el capellar que traía — de damasco bandeado 

con mil piedras cristalinas — por todo el campo sembrado; 

fluecos de oro y plata fina -por guarnición lleva echado, 

dos lagartos de oro fino— con que lo lleva abrochado; 

las asiones son de ante — y el estribo era dorado, 

las espuelas son de plata — y el borceguí deribado 

de cordobán de Turquía — por los cantos argentado, 

las rodillas descubiertas — mostrando ser esforzado; 

la barba lleva cortada,— todo el rostro demudado; 

en su mano gruesa lanza— todo el brazo arremangado; 

ana toca en su cabeza, — todo el cabello encrespado; 

en el adarga traía — un Mahoma figurado 

de bordadura de plata,— los escur os" de morado; 

en sus manos una lun^ — con un sañudo mirado; 

los ojos vueltos al cielo — con semblante apasionado 

y la silla de la yegua— era de fino brocado 

con alcarehofas bordadas— de oro fino martillado. 

Diez moros lleva consigo — por ir á mayor recado, 

naturales de Moclin— moros diestros de á caballo. 

Camino va de Alburquerque-r-ese castillo nombrado, 

en busca de don Kodrigo — de Sotomayor llamado, 

á demandalle la muerte — de Gelin su padre amado 

que lo mató en Antequera — siendo del, desafiado. 

Caminando juntamente -Alburquerque han allegado, 

dó mandó á sus caballeros — de quien iba acompañado, 

que pongan su rica tienda — en un deieytoso prado, 

que junto á la villa estaba — de puertas acompañado, 

do pidió papel y tinta — antes de haberse apeado. 

Lo que Maymón escribía — diré si no estoy olvidado : 

«Don Rodrigo, don Rodrigo— serás por esta avisado, 

que tendrás campo conmigo — que te soy aficionado; 

porque tu gran valentía — y tu cuerpo apersonado 

es notorio por el mundo — y en África eres nombrado; 

mas oltra de todo aquesto — soy á matarte obligado, 



Mto 



<98 LIRICOS CASTELLANOS 

jwipff {(> at.rftyiqtft ¿ mi^tfly— agnal que me hiibo engendrado. 
Vista mi letra, saldrás — apercibido y armado : 
de treinta te doy licencia — que salgas bien rodeado, 
todos con armas debidas — con que cada uno es armado; 
que yo haré conocerte — mi grandeza y alto estado, 
sacándote el corazón— por quedar mejor vengado;..' 
el cual llevaré á Antequera,— como dejo concertado, 
donde mis moros le vean — de quien es bien deseado.» 
La carta dio al mensajero— y del moro se ha apartado 
y en cantidad de una hora — dentro en Alburquerque ha en- 

[trado, 
y á grandes voces el moro— por palacio ha preguntado. 
Don Rodrigo que lo vido— al mensajero ha llamado; 
el moro le dio la carta,— esta respuesta le ha dado : 
«Dile á Maj'^món tu señor- que está mal aconsejado, 
que con sola mi persona — daré fin á su cuidado; 
que para solo once moros—basta un cristiano avisado 
con las armas de la fé— de Cristo crucificado, 
llevando cruz por escudo— con la misma fó abrazado, 
con espada de justicia — en caridad enflamado, 
con lanza de fortaleza — y caballo regalado 
que se llama temperanza; — y el espaldar pavonado 
será el corazón de Cristo— por mí roto y lastimado; 
digo por mi redempción— rompido y ensangrentado; 
y la sagrada María— de quien yo soy abogado 
será la celada fuerte— con que tengo de ir tocado.» 
Con estas armas su gente — en un punto lo han armado 
y con un veloz correr — salió todo encarnizado. 
El moro quando lo vido -de la yegua se ha apeado 
y en lugar de señorío — á don Rodrigo ha abrazado; 
y asi haziendo lo mismo— don Rodrigo se ha apartado. 
El moro sube en la yegua, — don Rodrigo en su caballo; 
el moro llama á Mahoma— en su esfuerzo confiado 
y don Rodrigo en su pecho — á Dios que el mundo ha criado. 
Vanse el uno para el otro, —recios encuentros se han dado : 
el moro con gallardía— su lanza le había arrojado 



ROMANCES HISTÓRICOS 499 

pensando de aqueste encuentro — acabar lo comenzado; 

mas fué vana SPesperanza—y Kodrigo libertado, 

que cayó la lanza en tierra — terciándose en el costado. 

Don Rodrigo es animoso— y en la lanza muy usado, 

que le dio un encuentro al moro— con el cual mal de su grado 

le hizo perder la rienda— en un muslo lastimado. 

Los diez moros que esto vieron — prestamente han cabalgado 

y el alcayde con sus moros —mal herido y afrentado 

por el campo van huyendo— y en un soto se han entrado. 

Don Rodrigo que lo vido— grandes voces les ha dado : 

«Venid, alcaide, por lana — y volv.ereis trasquilado. > 

y ansí se volvió áAlburquerque —con la honra que ha ganado. 

(Pliego suelto de la Biblioteca de Cracovia. Impreso en 
Granada por Hugo de Mena. — Noticia del doctor Eduar- 
do Poreb )wicz, Cracovia, 1891, págs. 29-33.) 



20. 
Romanee de Hernandarlas. 

(Bomance fronterizo. — III.) 

cBuen alcaide de Cañete,— -mal consejo habéis tomado 
en correr á Setenil,— ^ec/io se había voluntario; 
harto hace el caballero — que guarda lo encomendado; 
pensasteis correr seguro— y celada os han armado. 
Hernaridarias Sayavedra, — vuestro padre os ha vengado, 
cá acuerda correr á Ronda— y á los suyos vá hablando 
el mi hijo Hernandarias — muy mala cuenta me ha dado, 
encomendóle á Cañete— él muerto fuera en el campo, 
nunca quiso mi consejo,— siempre fué mozo liviano, 
que por alancear un moro— perdiera cualquier estado, 
siempre esperé su muerte — en veile tan voluntario, 
mas hoy los moros de Ronda — conoscerán quQ le amo> 



2«>0 líbicos castellanos 

A Gonzalo de Agnilar-— en celada le han dexado; 
viniendo á vista de Ronda — los moros' salen al campo, 
Hemandarías dio ana vaelta — con ardid mny concertado 
y Gonzalo d'Agnilár — sale á ellos denodado, 
blandeando la sa lanza — iba dixendo : ^^Santiago 
á ellos, qne no son nada; — hoy venguemos á Femando. >& 
Murió allí Joan Delgadiilo— con hartos bnenos cristianos, 
mas por las pnertas de Konda—los moros iban entrando, 
veinticinco traía presos, — trescientos moros mataron, 
mas el buen viejo Hemandarías — no se tuvo por vengado. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 82 vuelto. Es una variante 
de los números 73 y 714^ de la Primavera.) 

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% 



21. 



níomance de 1a pérdida de Antequera. 

£n Granada está el rey moro,— qne no osa salir della : 
de las torres del Alhambra — mirando estaba la vega, 
miraba los sos morícoe—cómo corrían la tierra; 
el semblante tiene triste, — pensando está en Anteqnera; 
de los sns ojos llorando—estas palabras dijera : 
— «¡Anteqaera, villa mía, — oh qnién nanea te perdiera! 
Ganóte el rey don Femando, — de qnien cobrar no se espera: 
¡Si le plagoiese al bnen rey— hacer conmigo ana traeca, 
qne le diese yo á Granada, — y me volviese Anteqaera* 
No lo hé yo por la villa, — qne Granada mejor era, 
sino por ana morica— qne estaba de dentro della, 
qae en los días de mi vida— yo no vi cosa más bella : 
blanca es y colorada, — hermosa como ana estrella, 
sos cabeUos son más qae oro, — qne el oro dellos naciera^ 
las cejas arcos de amor— de condición placentera, 
j los ojos, dos saetas— qae en mi corazón pnsiera, 



HOHANCES ntsTóaicos 201 

sus manos Deytebo {sic) son — no fué tan graciosa Elena. 
¡Ay, morica, que mi alma — presa tienes en cadenal (1). 

(Timoneda, Bosa de Amores, fol. 63 vuelto. — Wolf, Rosa 
de Romances, pág. 82. — Duran, Romancero General, 
niim. 114.) 



22. 
Romance de la entreg^a de Ronda* 

- (Fragmento.) 

Pascua d'Espiritu Santo,— domingo, primero dia,> 
á las cinco de la tarde — cabalgó como solía 
ese buen rey don Fernando— con su gran' caballería : 
fué á mirar á Honda — cómo sola combatía; 
á poca pieza de rato — un mensajero venía, 
(romo los moros de Ronda— se daban con pleitesía. 
Allí respondió el rey (2) 

(Barbieri, Cancionero Musical de los siglos xw y xvi, nu- 
mere) 331.) 

(1) Aunane Daráa caliñcó eote romance de moritco, dándole además el 
caprichoso título de Boahdil y Vindaraja, no cabe duda que pertenece al 
íiénero de los fronterizos, y que está fundado en el hecho histórico de la 
toma (le Antequera por el infante D. Fernando. Los cinco últimos versos 
Hon artísticos, y malos; pero lo restante del romance parece del buen tiem- 
po. Acaso le refundiría Timoneda, añadiéndole un tan desdichado fínal. 
Kl mismo Timoneda hizo de él una mala imitación que empieza : 

Suspira por Antequera— él rey moro de Granada... 
Wolf le incluyó con el núm. 76 en la Primavera^ aunque lo merecía 
bastante menos que éste. 

(2) Aquí queda interrumpido en el Cancionero de Palacio, que sirvió 
de texto al de Barbierí, este romance> cuya música es de F. de la Torre. 
La rendición de Ronda corresponde al año 1485. En oí mismo Cancionero 
(núm. 332) se halla otro romance relativo al cerco de Setenil en 1484; pero 
tanto por estar incompleto al principio, como por ser extraordinariamente 
prosaico y desmañado, en estilo como de gaceta, no merece figurar aquí. 
Con el núm. 885 hay este principio de otro romance fronterizo, con mú?i 
ca de F. de la Torre : 

Por los campos de los moros 1 »us batallas ordenadas; 

el rey don Femando iba, I ¡oh cuan bien que parecía!... 



202 LÍRICOS GASTELLáNOS 

23. 

Romanoe del cerco de Daza* 

Sobre Baza estaba el rey, — lunes, después de yantar; 
miraba las ricas tiendas ~qu' estaban en su Real; 
miraba las buertas grandes ~y miraba el arrabal, 
miraba el adarve fuerte— que tenía la ciudad; 
miraba las torres espesas— que no las puede contar, 
ün moro tras una almena — comenzóle de fablar : 
— «Vete, el rey don Fernando, — non querrás aquí envernar, 
que los fríos desta tierra— no los podrás comportar; . 
pan tenemos por diez afíos, — mil vacas para salar; 
veinte mil moros bay dentro — ^todos de armas tomar, 
ochocientos de caballo— para el escaramuzar; 
siete caudillos tenemos, — tan buenos como Roldan, 
y juramento tienen fecho— antes morir que se dar» (1). 

(Barbieri, Cancionero Musical de los siglos xv y xvi, nú- 
mero 330.) 

(1) La ciudad de Baza se entregó á los Reyes Católicos en 4 de Diciem- 
bre de 1489. 

En el mismo Canoion.ro de Barbieri (núm. 318) se conserva la primera 
copla de otro romance fronterizo, acompañada de su música ■ 

Caballeros de Alcalá I et fallastes un morillo 

entrastes á facer presa ' entre Estepona y Marbella- 

'Parece estar en muy inmediata relación con el que empieza Caballeros 
de Moclin (núm. 77 de la Primavera)^ porque ambos son del mismo aso- 
nante, y en ambos se trata de los Caballeros de Alcalá-'» (Nota de Bar- 
bieri.) 



ROMANCES UISTÓBICOS 203 



24. 



Romaiice del rer Chico qae perdió 

á Oranada* 

(Romance fronterizo. — IV.) 

El afío de cuatrocientos— que noventa y dos corría 
el rey Chico de Granada — perdió el reino que tenia. 
Salióse de la ciudad — un lunes á. medio dia, 
cercado de caballeros — la flor de la Morería. 
Su madre lleva consigo-— que le tiene compañía. 
Por ese Genil abajo— el rey Chico se salía, 
pasó por medio del agua— lo que hacer no solía, 
los estribos se han mojado —que eran de grande valía. 
Por mostrar mas su dolor— que en el corazón tenía, 
ya que esa áspera Alpujarra— era su jornada y vía, 
desde una cuesta muy alta — Granada se parecía. 
Volvió á mirar á Granada, — desta manera decía: 
«Oh Granada la famosa — mi consuelo y alegría, 
oh mi alto Albayzin — y mi rica Alcaycería, 
oh mi Alhambra y Alijares— y mezquiia de valía, 
mis baños, huertas y ríos — donde holgar me solía; 
¿quién os ha de mí apartado — que jamás yo vos vería? 
Ahora te estoy mirando— desde lejos, ciudad mía; 
mas presto no te veré— pues ya de tí me partía. 
lOh rueda de la fortuna, — loco es quien en tí fía: 
que ayer era rey famoso — y hoy no tengo cosa mía.> 
Siempre el triste corazón— lloraba su cobardía, 
y estas palabras diciendo — de desmayo se caía. 
Iba su madre delante— con otra caballería; 
viendo la gente parada— la reyna se detenía, 
3' la causa preguntaba— porque ella no lo sabía. 
Respondióle un moro viejo— con honesta cortesía: 
<Tu hijo mira á Granada— y la pena le afligía.» 



20i LÍBICOS CASTFXLAXOS 

JlesTrondido había la madre, — desta manera dezia : 
<Eíen es qne como mujer — llore con grande agonía 
el qne como caballero — su estado no defendía.» 

(Pli^o sucho de la Biblioteca Unirersitaria de Cracovia. 
Forma pane de muí coleccióa de 26 piezas del mismo 
genero, salidos todos ellos ce las prensas de Hugo de 
Mena en Granada de 15* ó á 1573. — Noticia sobre estos 
romances (en polaco) por el doctor Eduardo Porebowicz, 
Cracovia, 1S91, pá¿s. 27-29.) 



25, 



Romance de la maerte del príncipe 

de Portugal. 

Ay, ay, ayl qué fuertes penas! 

Ay, ay, ayl qué fuerte mal! 
Hablando estaba la reina— en su palacio real 
con la infanta de Castilla, — princesa de Portugal. 

A y, ay, qué fuertes penas! 

A y, ay, qué fuerte mal! 
Allí vino un caballero — con grandes lloros llorar : 
«Nuevas te traigo, señora,— d olorosas de contar. 

Ay, ay, qué fuertes penas! 

Ay, ay, qué fuerte mal! 
Ay! no son de reino extraño— de aquí son, de Portugal : 
vuestro príncipe, señora,— vuestrt» príncipe real... 

A y, ay, qué fuertes penas! 

Ay, ay, qué fuerte mal! 
Es caido de un caballo— y 1' alma quiere dar; 
si lo queredes ver vivo— non querades detardar. 

-A^y» ^7j Qué fuertes penas! 

-Ay» ^Yi Qué fuerte mal! 
Allí está el rey su padre—que quiere desesperar. 



ROMANCES HISTÓaiGOS 205 

Lloran todas las mujeres— casadas y por casar. 

Ay, ay, qué fuertes penasl 
Ay, ay, qué fuerte mal (1)! 

(Manuscrito francés de ñnes del siglo xv.^ P. por Gastóu 
París, Romanía, n," 3, pág, 373 y siguientes.) 



26. 

Romaiioe del daqae de Oandia. 

Á veinte y siete de julio, — un lunes en fuerte día, 
allá en Roma la sancta— gran llanto se bacía : 
lloran duques, lloran condes,— llora la caballería, 
lloran obispos, arzobispos —con toda la clerecía, 
llora la corte Romana : — todos en común decían : 
«Tres días há con sus noches— que el duque no parecía.» 
Mandó pregonar por Roma, — por toda la clerecía, 
cualquier que al duque fallare — mil ducados le darían 
de buen oro y de buen peso— luego se los pagarían. 
Desque vieron los españoles —qué diligencia ponían, 
búscanlo de casa en casa — al buen duque de Gandía. 
Por ahí viniera un barquero — que viniera rio arriba; 
besó las manos al Sancto Padre— é los pies con grande estima. 
Allí f abló el Sancto Padre : — bien oiréis lo que decía : 
«En hora buena vengas, hombre;— buena sea tu venida. 

(1) En 1491 el infante D. Alfonso, príncipe heredero de Portugal, y yer- 
no de los Beyes Católicos, murió á los diez y seis años de una caída de ca- 
ballo que dio cerca del Castillo de Almeirín. ¿Esta canción, seguramente 
popular, sirvió de base al romance artístico que sobre el mismo asunto 
compuso Fray Ambrosio Montesino, y se halla en su Cancionero Espiri- 
tual; 6 al revés, la composición del poeta culto, que por una feliz inspira- 
ción se había asimilado él tono de los romances heroicos, fué luego adap- 
taási, abreviada y cantada por el pueblo, añadiendo los juglares el estribi- 
llo? Gastón París sostiene la primera de estas opiniones, y Milá y Fonta< 
nals la segunda. 



206 LÍRICOS CASTELLANOS 

Díme ¿traes nuevas del duque— de mi hijo, de Gandía?» 
— «Yo no traigo nueva cierta,— ni de cierto lo sabia; 
mas fui estando esta noche, — señor, por ganar mi vida, 
oí un gran golpe en el río— que todo el río sumía. 
Quizá por el su pecado — será el duque de Gandía. > 
Toman barcos y bateles — cuantos en Roma había. 
Rio arriba, rio abajo— buscan al duque de Gandía. 
Mas aquel mesmo barquero— que las nuevas traído había, 
echó los hierros en el agua, — con el duque topado había. 
Desque le hobieron sacado,— señores, era mancilla : 
tenía siete puñaladas — todas de mala herida; 
degollado por la garganta, — que él tal mal no merecía; 
una gran piedra al pescuezo — todo el cuerpo le sumía; 
un sayo arcarchofado — que un cuento y más valía, - 
un jubón de cetí negro— que se vistió aquel día. 
ün cinto de cadenas de oro— que tres mil ducados valía; 
otros tantos en la bolsa — y dende arriba sería. 
Por enáií'-tiáirad, señores — y ponel^o en mal estima 
que los que al duque mataron - por dineros no lo habían. 
Habíanlo por el malogrado — del buen duque de Gandía. 
Volvamos al Sancto Padre— de las cosas que hacía : 
hincó las rodillas en tierra— á Dios su oración hacía; 
llorando de los sus ojos— de la su boca decía: 
«¿Quién te mató, mi hijo,— y matárteme quería? 
¡Malditos sean de Dios, — también de Sancta María! ^ 
¡Lo que yo maldigo en la tierra — en el cielo se maldecía!:^ 
Allí fabló un arzobispo— que de la traición sabía : 
«No los maldiga tu Sanctidad — ni los quiera maldecir, 
que los que al duque mataron — llevan atan gran pecado, 

bien contado no sería 

Allí fabló el Sancto Padre : — bien oiréis lo que decía : 
ambas rodillas hincó —como antes hecho había : 
«¡Benditos sean de Dios — también de Sancta María 
los que á mi hijo mataron, — perdonólos por mi vida! » 
Mandó traer las cruces, — cuantas en Roma tenía, 
con toda la clerecía— traen al duque de Gandía, 



ROMANCES HISTÓRICOS 207 

llévanlo á Sancta María— del Pópulo que ende había, 

y ahí lo entierran aquel día 

y un rétulo le pusieron — en su sepultura encima : 
«Aquí yace el malogrado— del buen duque de Gandía, 
del cual Dios haya merced — perdonando sus pecados 
y de todos los culpados. Amen. 

(«Comienza un razonamiento por coplas en que se contra- 
hace la Germanía... con otras dos maneras de romance... 
fechas por Rodrigo de Reinosa. ■» Pliego suelto gótico de 
la Biblioteca de Campo- Alange, hoy de la Nacional. 
Gallardo, Ensayo, IV, 1410. — Duran, Romancero, núme- 
ro 1.252, con muchas enmiendas, según su costumbre.) 



27. 



Romance de la dolorosa maerte del daqae 

de Oandia. 

Á veinte y siete de julio,— un lunes en fuerte día 
allá en Roma la sancta — grande llanto se hacía, 
por la muerte del buen duque— que se llama de Gandía : 
lloran duques, lloran condes, — lloraba la clerecía, 
por tres días, con sus noches— que el duque no parecía. 
Mandan pregonar por Roma, — y el pregón así decía : 
que cualquier que al duque hallase — mil ducados llevaría. 
Visto por los españoles - que tal pregón se hacía, 
buscaban de casa en casa — al gran duque de Gandía. 
Al papa vino un barquero — que en Tíber pescar solía, 
las rodillas por el suelo,— de esta suerte proponía : 
«Óigame tu Santidad,— gran señor, si te placía.» 
— «Di, barquero, tu embajada,— que oida te sería. 
¿Traes nuevas por ventura— de ese duque de Gandía?» 
— «Yo no traigo nueva cierta — aunque traerla quería : 
y es que estando aquí esta noche,— casi la una sería, 
vi tres hombres abrazados— que lidiaban á porfía, 
todos tres en una puente — y después vi que caía 






208 LÍRICOS CASTELLANOS 

uno dellos en el agua; — esto es lo que yo sabía.» 
En oir aquesto el papa— muy turbado se sentía : 
mandó juntarlos barqueros — ^y á todos les prometía, 
que á cualquier que lo hallase — grandes dones le daría. 
Toman barcos y bateles— cuantos en el río había, 
rio arriba, rio abajo, — búscale quien más podía. 
Mas aquel mesmo barquero— que la relación hacía, 
echó los garfios en el agua, — con ellos al duque asía. 
Desque lo hubo sacado — muy gran mancilla ponía : 
siete puñaladas tiene, — todas de mortal herida, 
por el cuello degollado, — aunque no lo merecía; 
una piedra á la garganta— con que el cuerpo le sumía, 
un alcarchofado sayo— su lindo cuerpo vestia, 
un jubón de raso negro— que se vistiera aquel día, 
una gran cadena al cuello -que mil ducados valía, 
otros tantos en la bolsa— y otras joyas de valía. 
Entonces de verlo así —toda la gente decía : 
«Aquel que al duque mató — por dineros no lo había, 
sino por el mal logrado— del buen duque de Gandía.» 
Visto por el Padre Santo — á Dios oración hacía : 
« ¡Malditos sean de Dios, — también de Santa María 
los que á mi hijo mataron, — todo mi bien y alegría.» 
Ahí estaba un arzobispo— que de la traición sabía, 
respondiendo al Padre Santo —de esta suerte respondía : 
«No los maldigáis, señor, — que no es cosa que cumplía, 
que los que al duque mataron— ya pasan de Lombardía.» 
Oyendo esto el Padre Santo -á su oración se volvía : 
las rodillas por el suelo —de esta suerte proseguía : 
— «Benditos sean de Dios — también de Santa María 
los que á mi hijo mataron — con tan grande alevosía : 
absuélvolos desde aquí, — pues Dios así lo quería. » 

(Timoneda, Rosa Gentil, fol. 62 vuelto. — Wolf, Rosa de 
Romances, 60, — Duran, Romancero, n.® 1251) (i). 



(1) Es refundición, hecha probablemente por el editor Timoneda, del 
romance anterior. 



ROMANCES BISTÓaCGOS 209 



28. IX 



Romance de I^a Serrana de la Tera* 



Allá en Garganta la Olla,— en la Vera de Plasencia, 
«alteóme una serrana,— blanca, rubia, ojimorena. 
Trae el cabello trenzado — debajo de una montera, 
y porque no la estorbara — muy corta la faldamenta. 
Entre los montes andaba -~de una en otra ribera, 
con una honda en sus manos— y en sus hombros una ñecha. 
Tomárame por la mano — y me llevara á su cueva : 
por el camino que iba — tantas de las cruces viera. 
Atrevíme y preguntóle — qué cruces eran aquellas, 
y me respondió diciendo— que de hombres que muerto hubie- 
Esto me responde y dice — como entre medio risueña: [ra. 
— «Y así haré de tí, cuitado,^— cuando mi voluntad sea.» 
Diófiíe yesca y pedernal — para que lumbre encendiera, 
y mientras que la encendía — aliña una grande cena. 
De perdices y conejos — su pretina saca llena, 
y después de haber cenado— me dice: «Cierra la puerta.» 
Hago como que la cierro, — y la dejé entreabierta : 
desnudóse y desnúdeme— y me hace acostar con ella. 
Cansada de sus deleites— muy bien dormida se queda, 
y en sintiéndola dormida — salgóme la puerta afuera. 
Los zapatos en la mano — llevo porque no me sienta, 
y poco á poco me salgo — y camino á la ligera. 
Mas de una legua había andado* — sin revolver la cabeza, 
y cuando mal me pensé— yo la cabeza volviera. 
- Y en esto la vi venir ^bramando como una fiera, 
saltando de canto en canto, — brincando de peña en peña. 
— «Aguarda (me dice), aguarda, —espera, mancebo, espera, 
me llevarás una carta — escrita para mi tierra. 

Tomo IX. U 



240 



LÍRICOS CASTELLANOS 



Toma, llévala á mi padre, — dirásle que quedo buena.» 
— «Enviadla vos con otro-- ó sed vos la mensajera.» 

[Amenidades, florestas y recreos de la provincia de la 
Vera Alta y Baja en la Extremadura... compuesto- 
Por D. Gabriel Azedo de la Bemteza. Madrid, 1677. — 
Barrantes, Narraciones Extremeñas ^ s. a. 1, 15—18) (i) 

• 

(1) En este romance se fnndan una comedia de Lope de Vega y otra de 
Luis Vélez de Guevara, ambas con el título de La Serrana de la Vera, y la 
que es más extraordinario, un auto sacramental del maestro José de Val 
divielso La Serrana de Plasencia. £n todas estas obras dramáticas se in- 
tercalan versos del romance. Asi Lope : 



«Salteóme la serrana 
junto al pié de la cabana. 
La serrana de la Vera 
ojlgarza, rubia y branca, 
que un robre á brazos arranca, 
tan hermosa como fiera, 
viniendo de Talávera 
ma salteó en la montaña 



junto al pié de la cabana. 
Tendo desapercibido 
me dijo desde un otero : 
«X)ios os guarde, caballero»; 
yo dije : «Bien seáis venida.» 
Luchando á brazo partido 
rendime á su fuerza extraña, 
junto al pié de la cabana.» 



Todavía es más clara la derivación en Luis Vélez, que conserva la for- 
ma de romance: 



«Allá en Gfarganta la Olla 
en la Vera de Plasencia, 
salteóme una serrana, 
blanca, rubia, ojimorena. 
Botin argentado calza, 
media pajiza de seda, 
alta basquina de grana,: 
que descubre media pierna. 
Sobre cuerpos de palmiilla 
suelto airosamente lleva 
un capote de dos faldas 



hecho de la misma mezcla. 
Kl cabello sobre el hombro 
lleva, partido en dos crenchas» 
y una montera redonda, 
de plumas blancas y negras. 
De una pretina dorada 
dorados frascos le cuelgan, 
al lado izquierdo un cuchillo, 
y en el hombro una escopeta. 
Si saltea con las armas, 
también con ojos saltea.. » 



T finalmente, Valdivielso, que trovó á lo divino un asunto tan profano: 

«Allá en Gkirganta-la-Olla, una ballesta en el hombro 

en la Vera de Plasencia, y su espada en la correa, 

salteóme una seiTana, á saltear caminantes 

pelirrubia, ojimorena, se sale por la ladera, 

recogidos los cabellos Quiso Dios y mi ventura 

debajo de una montera* que me encontrase con ella...» 

Azedo trae una variante de poca importancia, y parece que otras m&é 



ROMANCES BISTÓRICOS SIH 

29. 
Romanoe de Morlseote. 

Á las armas, Moriscote — si las has en voluntad : 
los franceses son entrados — los que en romería van; 
entran por Fuenterrabía— salen por San Sebastián... 

(Libro de música para vihuela, intitulado '^Orpheniceí 
Lyra..." compuesto Por Miguel de Fuenllana,., Sevi- 
lla, J564) (i). 



Aqui eomleea an roniaoe con sa gelosa tro- 
bado por el de Morlseote aplicado a otro 
mejor sentidos co an villancico de ^liama 
Dios al pecador» naevaniete compuesto. 

Á las armas, rey del cielo, — pues las has de voluntad, 
los traidores son entrados,^-los que engañaron á Adam, 
entraron por su pecado — y por (la) tu muerte saldrán, 
no se esconden los tiranos— que muy descubiertos van, 
del reino se apoderaron — y en él segaros están, 
las leyes que en él han puesto — son como los que las dan, 
que unos á otros se maten — y ellos les ayudarán, 
que aborrezcan á su rey — y su Dios y capitán, 

degeneradas se conservan todavía en la tradición oral de Extremadura* 
v^ El romance de La Serrana puede considerarse como de transición entre 
los populares y los vulj^ares, y tiene la curiosidad de ser una de las más 
antiguas canciones de bandidos y facinerosos, género que abundó luego 
lastimosamente en la poesía vulgar así de Castilla como de Oatalufia. 

(1) Sólo los primeros versos de este romance» sin duda de asunto histó- 
rico, nos conservó Fuenllana en las notas musicales de su libro- En la im- 
posibilidad de restablecerle hoy, recurrimos á una glosa á lo divino, que 
se encuentra en un pliego suelto de la Biblioteca del duque de TSerclaes 
(Sevilla)) y que deja entrever algo de lo que pudo ser el romance original. 



243 líricos castellanos 

el premio que les ofrecen — que por siempre durarán 
en los eternos tormentos — que nunca se acabarán; 
bravos son los enemigos —y muy poderosos van, 
no hay poder sobre la tierra — que se les pueda igualar. 
Señor, si no nos visitas, — no se puede hombre salvar.- 
Cuando lo oyó el verbo eterno —determina de encarnar 
en el vientre de María -la Virgen pura sin par. 
Nasció en pobre portalejo — por las pompas despreciar, 
pobres paños le han vestido— por mejor disimular, 
en peisebre reclinado,— un asno y un buey á par; 
en señal del gran rescate— quiso en naciendo llorar, 
lo que su corazón dice — bien es de considerar : 
«Treinta y tres años cumplidos— tengo de peregrinar, 
porque la natura humana— se pueda recuperar 
de la gracia y la justicia— que perdió por el manjar; 
para darle nueva vida — la mía tengo de dar, 
las armas son mis arreos,— mi descanso es pelear (1), 
mi cama el duro pesebre, — mi dormir siempre es velar, 
lágrimas es mi beber,— desconsuelo es mi manjar, 
mi aposento es en la cruz —donde tengo de expirar, 
de mis ropas despojado — en suertes las han de echar : 
por amores de mi amada, — esto y más he de pasar.» 



30. 
Romanoe de asunto desoonooldo. 

Triste está la reina, triste, — triste está que no reyendo, 
asentada en su estrado— f rangas de oro está texendo. 
Las manos tiene en la obra — y el corazón comidiendo, 
los pechos Testan con rabia — ansiosamente batiendo. 

(1) Este y los cinco versos siguientes deben cotejarse con el fragmento 
del romance primitivo qne tiene en La Primavera el núm. 125. 



ROMANCES BISTÓBICOS 213 

Lágrimas de los sus ojos— hilo á hilo van corriendo, 
palabras muy lastimeras — por su boca est» diciendo . 

(Barbieri, Cancionero Musical de los siglos xv y xvi, 
nüm. 334. Con música de Contreras) (i). 

(1) Parece frajonento de algún romance histórico. En el mismo Carir 
cionero se halla, bajo el núm. 824, e&te principio de otro romance que pue- 
de aludir á la reina D." Isabel (madre de la Reina Católica), que pasó los 
años de su triste viudez retirada en Arévalo, donde murió en 15 de Agosto 
de 1496 : 

Yo me soy la reina viuda, 1 en placer me tí, ¡cuitada! 

reina que fué de Castilla; | Agora con triste vida. 

No puede aludir á D." Juana la Loca, á qu«en nadie llamaba Jteina 
viuda, puesto que era reina propietaria. 



244 LÍRICOS CASTELLANOS 



ROMANCES 

NOVELESCOS Y CABALLERESCOS SUELTOS 



31. 



Romance de la Reina de las AmasEónas* 

Por los montes de Carasco — que están en el medio día, 
vi asomar ana bandera — de incomparable valía, 
de raso verde y morado-— trenada de argentería, 
con unas franjas de oro — también la cordonería, 
el asta era de marfil -;-á donde puesta venía 
con un mote rodeada — que Jesta suerte decía : 
i( Donde falta la ventara — no aprovecha la valentía » 
Trecientas damas de guarda— esta bandera traía 
con sus flechas y carcaxes — tobadas de gallardía, 
con unas escofias de oro — á guisa de Lombardía, 
las sayas de tela eran— poco más de la rodilla, 
en trecientos unicornios— cabalgando á la su guisa, 
tras estas vienen sus damas— siguiendo aquesta devisa 
de altibajo ataviadas, — ansí como convenía 
encima de dromedarios — con muy grande flechería, 
y en mitad de las mil damas— Pan tasilea venía^ 
reina de las Amazonas, — la cual iba en la conquista 
de los griegos y troyanos, — la cual á Héctor seguía 
con an arco y un escudo, -^más que el sol cuando salía 
y una guirnalda de aljófar — trenzada con pedrería; 
la cual como llegó á Troya, — Troya con mucha alegría, 
á ella y á todas sus damas — con Páris la rescebía, 
la cual hizo tantas cosas— que apenas las contaría 
aquel gran poeta Homero— que desta guerra escrebía. 



\ 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 215 

aunque nada aprovechara— su ardid y valentía, 
pues do la fortuna falta -^el esfuerzo fallescía. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 69 vuelto) (i). 



32. 



üomance qae trata sobre la muerte qae di6 
Pirro» liljo de Aqailes» á la may linda Po- 
lioena. 



«lOh cruel hijo de Aquilesl — Nunca mal te merecí; 
•que si tu padre fué muerto,— ni lo supe ni lo vi; 
no me des así la muerte — ni tomes venganza en mí; 
Kjue el favor de las mujeres— en los hombres yo le vi; 
no fenezcan los mis días - ni se pierdan ahora por tí. 
Baste, baste contentarte — con me ver ya destruir 
y la muerte de mi padre -y su muy triste vivir, 
la muerte de mis hermanos— con Héctor el varonil, 
la amazona que mataste— tan esforzada y viril, 
la ciudad toda abrasada— para mas la consumir. 
Sea contenta tu venganza— con que poco he de vivir, 
pues que por tierras extrañas —por esclava he de servir. 
— «Policena, Policena,— se escusa tu morir : 
pues por tus tristes amores— el mi padre murió aquí, 



(1) Conformándonos con la clasificación de Wolf, ponemos estos cuatro 
aromances entre los novelescos y caballerescos sueltos, aunque por su asun- 
to son mitológicos, si bien la mitología está tratada en ellos de un modo 
omántico. Los tres primeros proceden de la Crónica Troyana. 



246 LÍRICOS CASTELLANOS 



muy bien es qne tú padezcas— lo que él padeció por tí; 
que la muerte se ha de dar— á quién hace á otro morir» (1). 



[Roviance que trata sobre la muerte que dio Pirro, hijo- 
de Aquiles, á la tnuy linda Policeua. Pliego suelto gó- 
tico de la Biblioteca de Campo-Alange, hoy de la Na- 
cional. Hay otra edición, muy posterior, en que el romají* 
ce se dice compuesto por Francisco Sánchez de Gue- 
var, vecino do la zulla de Ocaña. Impreso con licen-^ 
cia en Alcalá de Henares. Año de Í604. — Gallardo^ 
Ensayo, Vi f 471 y 1062.) 



33. 
Romaiice de Pollcena. 

Triste estaba y muy penosa — aquesa reina troyana, 
desque así se vido sola — viuda y desamparada, 
por ver á sus hijos muertos — y su ciudad asolada, 
y la linda Policena — en el templo degollada, 
sobre el sepulcro de Aquiles — por Pirro sacrificada. 
«¿Di, traidor, cómo podistes — en mujer vengar tu saña? 
¿No bastó su hermosura— contra tu cruel espada? 
¿Qu'es de Páris y de Héctor? —¿Qué es de la su enamorada? 
¿Qu'es del hermoso Deifebo— el hijo que más amaba? 
¿Qu'es de mi hijo Troillo— el que consejos me daba?» 

{Glosa de la reina troyana, y un romance de Atnadis^ 
hecho por Alonso de Salaya. Pliego suelto gótico. — Gvl- 
Wsixáo, Ensayo, IV, 318 319.) 

(1) Kste romance va acompañado, en ambos pliegos sueltos, de una glo- 
sa, á estilo trova<loresco, hecha por Villatoro, de quien hay otras poesías, 
análogas. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 217 



34. 



Romaiice de l^eandro y Ero » y cómo murió» 

El cielo estaba nublado,— la Inna su luz perdía, 
los vieutos eran tan recios— que el mar espanto ponía, 
cuando la hermosa Ero — muy penada se sentía; 
aguardando está Leandro — á quien mas que á sí quería, 
asomóse á la ventana— de la torre do vivía. 
Los ojos levanta al cielo— por ver qué tiempo hacía, 
nocturna y muy tenebrosa — la noche le parecía, 
los truenos con sus dislates— mucho miedo le ponían, 
su Gora'zón se desmaya — con el temor que sentía, 
la seña que era la lumbre— l'ay re no la consintía, 
púsola dos ó tres veces, — tantas en tierra caía, 
vienflo tan triste señal — por agurio {sic) la tenía, 
con una voz delicada— desta manera decía : 
«¡Oh diosesl ¿y qué es aquesto?— r¿Por qué robáis mi alegría? 
¡Oh mis hados, y en tal punto— mostráis vuestra tiranía!» 
Con estas lamentaciones — la media noche venía; 
cansada se siente Ero, — mas por eso no dormía, 
con temor está aguardando — hasta que viniesse el día, 
mirando al pié de la torre — por ver si algo vería. 
Un bulto vi do en la arena — pero no lo conocía, 
el corazón se lo dice — mas ella no lo creía, 
mirando de hito en él — muy claro lo conocía : 
conoció que era Leandro — por quien pena padecía; 
el corazón se le aprieta, — el alma se le salía, 
la color del fresco gesto — pura tierra parecía, 
sus manos muy delicadas— de rato en rato torcía, 
con este tormento fuerte— mil veces se amortescía : 
desque ya en sí tornada, — ¡oh qué llanto que hacíal 
Maldice su desventura— y la vida en que vivía; 
hablando está con el cuerpo — como si tuviera vida: 



2IS uncos CASTELLANOS 

«Díme, eoeipo, ¿qué es dei alma — do partiste compañía? 

¿Qoé ea de la fó que me díate?— ¿Cómo dejaste la mía? 

ó nú leal amador,— do la lealtad víTÍa, 

no quiero títít aín tí,^^tie el tíyít muerte Bma^ 

recíbeme allá eontígo, — j anaiiia descansaría. » 

Estas palabras diciendo— de la torre se caía. 

{^acexz parte de la Silcjt, foL 122 Tuelto.) 



35. 

Romanee de Alixandre. 

Morirse qaiere Alixandre— del dolor dei corazón : 
envió por los maestros — cuantos en el mando son. 
Envió por Aristótii,— el ayo que lo crió. 
£1 ayo desque lo supo— cabalgó, y no se tardó: ' 

jomadas de quince días— en cinco las caminó; 
descabalgó de la muía, — cerca del rey se asentó, 
y tomóle por la mano,— luego el pulso le cató. 
— ¿Qué vos parece, maestro,— deste mal que tengo yo? 
— Á mí parece, señor, — ques gran mal de corazón : 
faced vuestro testamento, — poned vuestra alma con Dios(l). 

(Barbierí, Cancionero Musical de los siglos TCfy xvi... nú- 
mero 322.) 



(1) Este romance, que sin duda alguna no está completo, era, ya muy 
popular en 1^2. Cita los dos primeros versos el Maestro Antonio de Ne- 
«rija en su Gramática Castellana (capítulo Vil): 

Morir se quiere Alexandre 1 Envió por siís maestros 

de dolor del corazón. | cuantos en el mundo son. 

«Los que lo cantan, porque hallan corto e escasso aquel último espon* 
-deo, suplen é rehazen lo que falta; por aquella figura que los gramáticos 
"llaman paragoge-- la qual, como diremos en otro lugar, es añadidura de 
«sílaba en fin de la palabra, é por corazón é son dicen corazoneéíone'» 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS SI9 

36. 

Romanee de liandarleo. 

Para ir el rey á caza — de mañana ha madragado, 
entró donde está la reina — sin la haber avisado; 
por holgarse iba con ella — que no iba sobre pensado. 
Hallóla lavando el rostro— que ya se había levantado, 
mirándose está á un espejo— el cabello destranzado. 
El rey con una varilla — por detrás la había picado; 
la reina que lo sintiera — pen^ó que era su querido (sic) . 
«Está quedo, Landarico» — le dijo muy requebrado. 
El buen rey cuando lo oyera— malamente sa há turbado. 
La reina volvió el rostro— la sangre se ha cuajado. 
Salido se ha el rey — que palabra no há labiado, 
á su caza se ha ido — aunque en ál tiene cuidado. 
La reina á Landarico— dijo lo que ha pasado :, 
«Mira lo que hacer conviene — que hoy es nuestro fin llegado.» 
Landarico que esto oyera — mucho se (ha) acuitado. 
« jEn mal punto y en mal hora— mis ojos te han miradol 
¡Nunca yo te conociera — pues tan cara me has costado! 
Que ni á tí hallo remedio — ni para mí le he hallado.» 
Allí hablara lá reina— desque lo vio tan penado : 
«Galla, calla, Landarico— calla, hombre apocado; 
déjame tú hacer á mí— que yo lo habré remediado.» 
Llama á un criado suyo — hombre de muy bajo estado, 
que mate al rey, le dice— en habiéndose apeado, 
que sería á boca de noche — cuando oviese tornado. 
Hácele grandes promesas— y ellos lo han aceptado. 
En volviendo el rey decía — de aquello muy descuidado; 
al punto que se apeaba— de estocadas le han dado. 
«¡Traición!» Dice el buen rey — y luego ha expirado. 
Luego los traidores mesmos — muy grandes voces han dado : 
criados de su sobrino — que habían al rey matado. 



k 



La T'ÁtA 'tÁtfj ?r»a d^tío. — j aiij gran: Ijeio har 
ZT:z^'r'jfi «í «; ecrazóc «Jcctro — «ra cíe* le 



f-í^ «v ir«r«t_Vr.¿- zf-aKzs^tu-^ JÍrtK.rxzj^ fi ^íyrr- 



57. 



£n el tiempo qne me tí— mis alegre j plaeentero 
«rccontré con an palmero - qoe me habló r dijo así: 
'¿Dónde vas el caballero? — ¿Dónde Tas, triste de ti? 
Moerta es ta linda amiga, — moerta es qoe jo la tí; 
Iflif andaa en qne ella iba— de loto las tí enbrir, 
doqaes, condes la lloraban, — ^todos por amor de tí; 
daefias. damas t doncellas— llorando dicen así : 
'/¡Oh triste del caballero— qne tal dama pierde aqni!» 

(Pliego suelto de ¡a Biblioteca de Praga. Apod Wotf, ¿V- 
ter eitu SatKtnlnng ipaniszher rswtaKZCH tm /í£e¿rm- 
íUn BláiUrnt 277.; 



38. 

Romaiice de amor. 

Triste está la gentil dama.— triste está qne no riendo, 
AKentada en un estrado— franjas de oro tejiendo, 
las manos tiene en la obra,— y el corazón comidiendo, 
llorando de los sos ojos, — de la su boca diciendo: 
"¡Ay Xíor vos, niño chiquito — vivo yo triste muriendo, 
í|n(í vas á tierras ajenas — lueñes tierras conociendo! 
!*or tí mis rotas entrañas — del todo se van rompiendo. 
DíoH te dejíi crecer, hijo, — y á su madre t'en comiendo : 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLBaESCOS 221 

que te haga más dichoso — qoe con ventura naciendo; 
que el pecado que otro hizo— tu niñez lo va sintiendo» (1). 

(Pliego suelto de la Biblioteca de Pra^a, donde el romance 
va acompañado de uaa glosa. Wolf, Sammlnng, 273.) 



39. 



Romanee qae hizo inn galán alabando 

á sa amiga. 

De la luna ten^o queja — y del sol mayor pesar; 
siempre lo hubieron por uso —de no dejarme holgar. 
¡Maldita sea la fortuna— que así me quiere tratar! 
Nunca me da bien cumplido —ni menos mal sin afán, 
por una hora de placer— cien mil afíos de pesar. 
Yo me amaba una señora— que en el mundo no hay su par. 
Las facciones que ella tiene — yó vos las quiero contar : 
tal tenía la su cara — como rosa en el rosal, 
las cejas puestas con arco —color de un fino contray, 
los sus ojos tenía garzos — parecen de un gavilán, 
-a nariz añladica — como hecha de metal, 
los labios de la su boca— como un fino coral, 
ios dientes tiene muy blancos,— menudos como la sal, 
parece la su garganta -cuello de garza real, 
los pechos tenía tales —que es maravilla mirar, 
y contemplando su cuerpo — el dia viera asomar. 

(Pliego suelto de la Biblioteca de Praga. Apud Wolf 
Ueber eine Sammlimg spanischer Romanzen in Jlie- 
genden Blattern, 276) (2), 

(1) Tienen los primeros versos de este romance estrecho parentesco 
con otros del núm. 30, que colocamos con algana dada entre los históricos. 

(2) Este rormance pertenece en rigor á la poesía artística, pero contiene 
rasgos populares, por lo cual se le da hospitalidad aquí. 



iil uñíCf» cismxAjiCKS 



40. 



.) 



Airtdo Ta el escudero— de U irm de sn padre; 
lOM píen levaba descalzos, — las nfías corriendo sangre. 
VA caballo líera de diestro— por amor qoe no le canse; 
las armas lieva cubiertas — porque no le relumbrasen; 
la lanza líeva tendida, — como home pavorable; 
el podenco de trailla, — porque caza no levante. 

(Barbíerí, Canciojuro Musical, núm. 325; (i). 



41. 



Romanee nuevamente trobado del Infanie 
Tnrián y de la Infanta Floreta« 

Turbado estaba el infante (2),— el infante Tunan 
en una linda recuesta— que mercaderes le traen 
de la hermosa Floreta, — hija del rey naturaL 
Ya se sale muy de priesa (3) — de su palacio real, 
y vase á pedir licencia — al buen rey, sin dilatar, 
y á la reina Leonela — que era su madre camal; 
ñncó rodillas en tierra— las manos le fué á besar, 



ri) El mismo Barbieri trae con el núm. 326 el principio de otro roman- 
ce, al parecer del mismo género : 

Dormicndo está el caballero i mensajero le despierta 

qui! vino muy (luebrantado; I del sueño muy peaado. 

(2) L'infante. (3) Muy apriesa* 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 



223 



las palabras que les dice — al rey le hacen llorar (1) : 
«Alto rey muy poderoso, — magnífico, singular (2), 
yo suplico á vuestra Alteza — y á la corona real, 
que me deis licencia luego,— y luego sin msa tardar, 
que es mi voluntad ,*sefíor, — de me ir á aventurar» (8). 
El rey que aquesto le oyera (4),— bien oiréis lo que dirá ; 
— «Oalledes vos, el infante, — na quejáis lo tal hablar, 
que sois vos pequeño y nifío (6) — para las armas tomar. » 
El infante respondiera — con gracia muy singular : 
«Si no me la dais el rey, — yo me la iría á tomar (6), 
porque el amor es tan grande— que á mí face penar (7), 
que amores de Fioreta— me quieren á mí matar (8) : 
que de noche yo no duermo, — ni de día puedo estar (9), 
todas horas y momentos— es en ella mi pensar. 
Nuevas me trajeron ciertas (10)— de su fermoso mirar (11), 
de su gracia y atavío, — y (12) su tan lindo hablar. 
Para salvar yo mi vida — me conviene irla á buscar, 
porque si no la fallase (13)— mi vida sería (14) penar.» 
El rey que aquesto le oyera — váselo luego abrazar (16), 
también la reina, su madre, — se lo va (16) luego á besar; 
con lágrimas de sus ojos — le empezaron de hablar : 
«[Vades con Dios, nuestro hijo, — y él vos haya de guiar! (17) 
Vais con nuestra bendición— que os haya de aprovechar. 
Llevad de mis caballeros— que vos (18) hayan de acompañar,- 
llevad con vos (19) al conde Dirlos— que os haya de aconse- 
llevad armas y caballo— para haber de cabalgar.» (20) [jar,' 
Desque esto oyera el infante— las manos le fué á besar. 



(1) 


Al buen rey hacen llorar. 


(11) 


])e su hermosura y beldad 


(2) 


Magnificó y singular. 


(12) 


De. 


(3) 


Ven turar- 


(13) 


Porque si yo no la hallo. 


(4) 


Que aquesto oyera. 


a4) 


Será. 


(6) 


Que aun sois pequeño y niño- 


(15^ 


Á abrazar. 


(6) 


Yo me la quiero tomar- 


(16) 


Se lo fué. 


(7) 


Qué á mí me hace penar. 


a7) 


Y él vos quiera encaminar. 


(8) 


No me dejan reposar. 


(18) 


Os. 


(9) 


Puedo holgar. 


(19) 


Llevareis. 


)0) 


Nueva.s ciertas me trujeron. 


(20) 


Para vuestro cabalgar. 



tu uncos CASTELLAXOS 

Ya «e partía el infante — apriesa 7 no de vagar 

con treinta de sea donceles, — qoe no qoiso mas llevar. 

Handa aparejar sos naos— 7 el aparato real. 

£1 Tiento les hace boeno — ^para haber de navegar. 

Domingo por la mañana —qoe qoerla alborear, 

aportado han á nn pnerto — costa era de la mar, 

reino era de Floreta — la qoe [1} andaban á bascar. 

Presto £e sale el infante, — mn7 alegre 7 sin pesar, 

el on pié tiene en la tierra, — y el otro tiene en la mar; 

mirando estaba nn castillo (2) — qne bien era de mirar, 

era tan fnerte 7 fermoeo—qne en el mando no ha7 sn par. 

Mandara sacar sn arnés, — 7 sns caballeros armar; 

los qnince lleva consigo, — para el castillo se van, 

ándanle al derredor (3}, — no le fallan por donde entrar {4\ 

manda poner una escala (5) — para habello (6) de escalar : 

sabiéodose va por ella (7)— qoe parece an gavilán, 

con él sabe el baen conde— por habello de guardar, 

que era sn ayo y sn tío, — de su sangre natural. 

Descienden por el castillo — muy presto sin retardar, 

íbanse (8) por una huerta,— y por un rico parral, 

por do la infanta Floreta — se salía á deleitar (9}. 

Plugo á Dios y á su ventura — que allí la fuera fallar^ 

ricamente ataviada — que era cosa (10) de mirar, 

muy lindas damas con ella— que la van á acompañar (11), 

•de ricos paños vestidas, — qne se salen á folgar. [dar (13). 

La infanta se apartó (12) dellas,— por la huerta se dio an- 

Con la gran siesta que face— dormido se ha so un rosal. 

£1 infante cuando la vido (14)— á ella se fué acercar (15) 




(1) 


La cual. 


(9) 


Se solía deleitar. 


(2) 


Cnando miraba an castillo. 


(10) 


Que era gloria. 


(8) 


Cercánlo al derredor. 


(11) 


Qae la van acompañar* 


(4) 


Por dó entrar. 


(12) 


Se aparta. 


15) 


Manda poner las escalas. 


(13) 


Que sola se quería andar. 


(6) 


Para haberlo. 


(14) 


£1 infante qae la vido. 


(7) 


Sabiéndose va por ellas. 


(16) 


Á ella llegado se ha. 


<8) 


y vanse. 







ROMANCES NOVBLESGOS T GiBALLERBSGOS 225 

■con alegre corazón,— presto se fuera á turbar (1). 

Mirándola está mirando— que bien era de mirar : 

blanca es como la nieve — y como el claro cristal, 

•colorada como la rosa (2)— y como rosa de rosal (3). 

— «Consejo os pido, mi tío (4)— y vos me lo queráis dar (6)» 

•que tal señora como esta— no es razón de la dejar.» 

El conde que aquesto oyera — le fablara en poridad : 

— «Tomalda luego, el infante (6),— y no os queráis detardar, 

porque si el rey nos sintiese (7)— mandarnos hía matar (8), 

muerte nos dará de traidores (9) — por mas deshonra nos dar: 

todas las gentes del mundo — de nosotros contarán.» 

Tomóla (10) luego en sus (11) brazos,— sin mas nada le fablar, 

con denuedo y corazón, — con esfuerzo singular, 

y vase (12) para el escala (13)— por donde él fuera á entrar, 

y desciende muy de quedo ( 14) —con el buen conde á la par. 

La infanta á la descendida — muy grandes gritos fué ádar: (15) 

«¡Socorre^, mis caballeros, -^-apriesa y no de vagar, 

•que me llevan (16) furtada — para me echar (17) en la mar!» 

El infante que esto oyera, — tal respuesta le fué á dar : 

«Calledes, la mi señora,- no queráis fablar lo tal (18); 

-que la vuestra hermosura — esta causa quiso dar, 

que saUese de mis tierras— para haberos de buscar.» 

Metido la había en la nao —do sus caballeros están. 

Las doncellas de la infanta —por la huerta gritos dan : 

oído las había el rey — en su palacio real : [tar?» 

«¿Qué es aquesto, las doncellas,— aquesto qué podía (19) es- 

«Oiganos, la vuestra Alteza — muy presto sin detardar, 



(1) Luego se fué A turbar. 


(10) 


Tómala luego- 


(2) Como rosa. 


(11) 


En los. 


(3) Suprímese el y, como pide el 


(12) 


íbanse. 


metro. 


(13) 


Para la escala. 


(4). Consejo os demando, tío. 


(14) 


Muy quedito. 


(5) Vos me queráis consejar. 


(15J 


Falta tlmuy. 


(6) Falta e¿. 


(16). 


Que me llevaban. 


(7) No sintiese. 


(17) 


Para echarme. 


(8) Mandarnos ha. 


(18) 


No queráiü ansí hablar. 


<9) ..Con muerte de traidores- 


(19) 


Qué puede. 


Tomo IX. 




Í5 



ft6 



UUC08 CASIWLMJkSQS 



que la infanta raestra hija, —la han llevado por la niar.»> 
ff Armaa, armas, caballeree, — empezáoe laego de armar; 
que me han robado mi fija, — á mi ñja natoraL» 
May presto íneron armadofl^mas de tres mil á la par,, 
vanse presto á la ribera — á la ribera de la mar (i;, 
mirando estaban la fasta —do Floreta podia estar, 
empiezan á tirar tiros, —cosa era de mirar. 
Los marineros del infante — priesa se dan á remar, 
el rey ni sos (2) caballeros — no los pueden alcanzar : 
yaélvense desconsolados,— may tristes y con pesar. 
El rey joro por sn corona — que lo tiene de yengar. 
£1 infante con los sayos, — i>arado han en la mar, 
mandó laego (3) echar las áncoras — no quisiesen navegar» 
para fablar á la infanta (4) — y habella de consolar (5;. 
Todos se (6) iban may alares, — contentos y con sedas, 
sino era la infanta — que desconsolada está. 
Tómala luego en sus (7) brazos — el infante Turián, 
echa sus manos encima, — muy dulces besos se dan (8). 
Metiéndose en ana cámara (9>— adonde él (10) solía estar,, 
el infante con la infanta — cumplido han su voluntad. 
Y desque esto así pasado (II) — empezaran de hablar (12)» 
Desta manera decía— el infante sin tardar : 
'í Cesen ya vuestros sospiros, — y vuestro tanto llorar, 
pues sois mi vida y mi alma (13) — y vos amo sin dudar, 
y (14) Dios tanto bien me fizo —en haberos de hallar. 
Mi gloria (15) y mi corazón, — ^no querades sospirar (16) 
por el buen rey, vuestro padre, —ni menos por su reinar r 
que yo vos temé servida — á tolo vuestro mandar; 



(D 


Del mar. 


i9) 


Metióla en una cámara. 


(2) 


Ni los. 


(10) 


Falta él. 


(8) 


Falta el luego. 


ai) 


Y desque esto oyieron pasado 


(4) 


Por hablar con la infanta. 


(12) 


El infante Turián. 


(5) 


Y haberla de aconsolar. 


as) 


Pues vos sois todo mi bien. 


(6) 


Palta el $e. 


(14) 


Pues. 


(7) 


Bn los. 


(15) 


Mi alma. 


(8)< 


* Falta este verso en Ghkllardo. 


(16) 


No queráis ansí llorar. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 



227 



de todas las mis tierras (1)— vos podréis señorear.» 

La infanta respondiera — con alegre voluntad : 

— «Vuestra soy, señor infante, — y á todo vuestro mandar; 

una merced os suplico— que me queráis otorgar.» 

El infante que esto oyera,— bien oiréis lo que dir á : 

«Mándame (2), señora mía, — pues que estoy á tu mandar» (3). 

«Decidme, señor infante, — que Dios vos quiera guardar, 

si vos sois fijo de rey — ó de infante natural. » 

«Fijo soy del rey Canamór, — á mí llaman Turián (4), 

y la reina Leonela— es mi madre natural.» 

La infanta con gran placer (5)— fuóselo luego á abrazar. 

Otro día de mañana — comienzan de caminar (6), 

el viento les face malo,— y gran tormenta en la mar. 

Allí f abló un marinero — que rabia debiera matar (7) : 

«Esta tormenta, señores, — que veis por la mar andar, 

es á causa de Floreta (8)— y también de Turián (9), 

porque conviene, señof es, — á la infanta matar, 

para salvar nuestra vida — de todos en general (10) : 

que (11) si viva la dejamos— no podremos navegar.» 

Estas palabras decía — á excusas (12) de Turián; 

que si él allí estuviera — luego lo mandara matar. 

Entrado han en consulta— para Floreta matar. 

Apartado había el conde— al infante en poridad, 

con lágrimas de sus ojos— le empezara (13) de hablar : 

«Fijo mío muy amado, — fijo mío Turián, 

á tu querida Floreta — ordenamos de matar 

por esta tormenta fuerte — que veis andar en la mai*, 

que vuestro pecado y suyo (14)— á Dios le hace pesar.» 

El infante que esto oyera — empezó de desmayar (16); 



(1) Y qae todas las mis tierras. 

(2) Mandadme. 

(8) Á vuestro mandaí . 

(4) . Y á mi me llaman Turián. 

(5) Falta el gran. 

(6) Á caminar. 

(7) Debía. 

(8) Es causa dello Floreta. 



(9) Y el infante Turián. 

(10) Y la de todos en general- 

(U) Y. 

(12) Bn ausencia. 

(13) Empezaba. 

(14) Y el suyo. 

(15) Mortecido en tierra cae- 



228 



líbicos castellanos 



mas despaes que en- sí tomó, — bien oiréis io qoejüi^ • 
— «No lo quiera Dios del cielo — que tal haya de pasar, 
que aunque la matéis, el conde, — por eso no ha de cesar; 
antes me matad á mi,— pues lo fui yo á causar.» 
Allí respondiera el conde, — tal respuesta le fué á dar : 
aNingnna excusa (1), el infante — vos viene (2) de aprovechar ; 
que no andamos en vuestra muerte (3), — sino por á vos sal- 
ivar (4), 
que el buen rey, vuestro padre, — me fué en vos encomen- 
que vos allegase ai bien —y vos apartase del mal (6), [dar (f>) : 
procurase por vuestra honra — procurase de vos honrar (7); 
y agora que veo el daño— yo vos entiendo de apartar» (8). 
Estas palabras diciendo— de allí se va Tnrián, 
triste vá sin alegría— muy lloroso con pesar. 
Á decillo va á Floreta — en la cámara do está (9) : 
«Nuevas os traigo, señora, — que no las puedo contar, 
que lastiman mi corazón (10) — y me facen desesperar (11); 
que el conde y mis caballeros— vos ordenan de matar.» 
La infanta que esto oyera— en el suelo muerta está (12); 
mas después que en sí tornó, — bien oiréis lo que dirá : 
— «Bien parece, mi señor,— mi querido Turián, 
que en ser yo de tierra extraña— mi pecado es desigual, 
para haberos de perder — y hacer tormenta en la mar; 
mas yo ruego á Dios del cielo (13)— que me haya de sal- 

[var (14), 
pues me sacaste, el infante (15) —de mi reino natural, 
de mi huerta y mi castillo, — y de mi rico (16) parral.» 



(1) Ninínina cosa. 

(2) Os tiene. 

(3) Que no bascamos vuestra 
muerte. 

(4) Si DO cómo os salvar. 

(5) Á mi vos fué a encomendar. 
(d) Que del mal os desviase 

' y al bien os hiciese allegar. 

(7j Por la tierra y por la mar. 



(8) Yo vos querría librar. 

(9) A la estancia adonde está. 
(lOj Que lastiman la mi alma. 

(11) Y me causan gran pesar. 

(12) Muerta cae. 

(13) Falta el 2/0. 

(14) Que me qaiera salvar. 

(15) Pues me sacastes, infante- 
(16) . Fre.sco. 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 



229 



Con lágrimas de sus ojos — su gesto se fué á turbar, 
que no parece Floreta, — amiga (1) de Turián. 
Con estas palabras tales — al infante face llorar. 
Ellos en aquesto' estando — el conde llegado ha, 
con todos los caballeros —para Floreta tomar; 
entrado han muy apriesa— tomado han á Turián, 
átanle I09 pies y manos— por el miedo que le han. 
El infante que le viera (2), — bien oiréis lo que dij á : 
—«Dejadme, el conde mi tío,— y no me tratéis tan mal (3), 
dejadme fablar (4) agora, — y dejadme consolar (5) : 
que los yerros por amores — dignos son de perdonar (6). 
I Ay, mi señora Floreta, — ay, mandadme perdonarl (7) 
que no vos puedo valer, señora,— no vos puedo remediar; 
y si vos morís agora — quiéraseos (8) acordar 
de aquel que murió en la cruz — por todo el mundo salvar.» 
Estas palabras diciendo— por el suelo se va echar (9), 
llorando de los sus ojos — que quería reventar. 
Desque esto oyera (10) Floreta, — tal respuesta le fué á dar; 
wjOh Turián, mi señor, — no vos querades (11) lastimar, 
que esta muerte está ordenada — que yo había de pasarlo (12) 
Allí hablara el infante — muy presto sin detardar : 
«Pídoos por merced, el conde, — y querádesme escuchar (13), 
que no matéis á la infanta (14) — ni la querades matar (15), 
mas llévenla á aquella roca (16) — que estaba en medio la 

[mar» (17). 
«Pláceme, dijo el buen (18) conde, — pláceme de voluntad.» 



(1) Ser amiga. 


(9) 


Á echar. 


(2) Que esto viera. 


(10) 


Oyó. 


(3) Dexadme, el conde mi tio, 


(11) 


No vos queráis. 


no me queráis maltratar. 


(12) 


Que por mi haya de pasar. 


(4) Dexádmela hablar. 


(13) 


Que me queráis. 


(5) Dexádmela aconsolar. 


(14) 


Falta el á. 


(6) Verso del romance del conde 


(15) 


Ni la querades hacer mal. 


Cidros. 


(16) 


Peña. 


(7) Falta este verso en (xallardo. 


(17) 


Qae e»tá en medio de la mar 


(8) Quiérase vos. 


(18) 


Falta el buten. 



230 LÍRICOS CASTELLANOS 

Ya se parten con Floreta, — ya se parten, ya se van (1); 

(lejanía en aquesta roca (2) — que en medio la mar está. 

De su historia por agora — no se puede más contar; 

quien la quisiera (3) saber, — procure de la buscar : 

que este romance se fizo, — se fizo para cantar (4); 

el cual fué hecho y trobado, — por Femando de Villareal (6). 

(Pliego suelto de la Biblioteca de Praga, Romance nueva- 
tnente trobado del infantt Turián y de ia infamia 
Floreta. Apud Wolf, Sammlung, 251. — Romance Htu- 
valúente imprimido del infante Turián y de la infan^ 
ta Floreta. Apud Gallardo, Ensayo de una BibUoteca 
española de libros raros y curiosos. I, 12x5-1219. Se- 
guimos el texto de Wolf que parece más antiguo t las va- 
riantes son del de Gallardo. 

(1) Fara dejalla en la mar. 

(2) En aquella peña. 
(8) Quisiere- 

(4) No mas de para cantar. 

(5) Este verso en que consta el nombre del juglar que hizo ó remendó 
este romance falta en el pliego suelto que vio Ghillardo, pero está en el de 
Praga. Por esta razón de tener autor conocido (si es autor realmente) le 
omitió Wolf en la Primavera^ aunque la misma regla hubiera podido 
aplicar á jEI conde A IdrcoSt que lleva en varias ediciones el nombre de 
Pedro de Riaño. Por lo demás, es evidente que los largos romances jngta- 
rescos, que abundan tanto en el ciclo carolingio, carecen, conste ó no sn 
autor, del carácter objetivo é impersonal propio de la primitiva poesía 
épica, y son elaboraciones de un versificador más ó menos hábü, que uti- 
liza siempre elementos preexistentes, ó combina fragmentos épicos de di- 
versas canciones. 

El que escribió el romance del infante Turián se inspiró en un libro 
de caballerías en )>rosa (lue lleva por titulo La historia del rty Cañamar 
y del infante Turián »n hijo y de las grandes aeenturas que oviertm... 
Sei'illa, porJacoho Crombergar, alema n^ 152S. á 18 días de Julio. Hay 
otnis edicioncH, todas de Sevilla, 1546, 1560, 1558. 1567, rarísimas todas. 



ROMANCES NOVELESCOS Y CABALLERESCOS 231 



•42. 



Romance nnevamente hedió por Andrés 
Ortlz, en qne se tratan los amores de Plo- 
rlseo y de la reina de Doliemia. 

¡Quién oviese tal ventura — en haberse de casar 
como ovo Floriseo — cuando se fué á desposar, 
que de grande alegría — no podía reposar! 

Y la causa fuera esta : — que se lo envió á llamar 
•esa linda noble reina, — de Bohemia natural. 
Él no era perezoso, — allá la fuera á hablar, 
las rodillas por el suelo — la empezó de interrogar : 
<(¿Qué hacéis vos, mi señora,— flor de toda la beldad, 
que desde el día que os vi — yo no puedo sosegar? 
Socorradme, mi señora,— no perezca deste mal. 
(Y con grande acatamiento— él se la fuera á besar.) 
Perdonadme, mi señora,— pues que sois de tal bondad : 
que los yerros por amores— dinos son de perdonar.» 
Ella con grande mesura,— así le fuera á hablar: 
«Floriseo, Floriseo, — yo estoy presta á tu mandar, 
que el amor que yo te tengo — me hace desesperar; ;* 
dóime del todo por tuya — para contigo casar.» — 
«Beso las manos, señora, — ella me las quiera dar 
por tan grande benificio— que ella me quiso otorgar; 
yo estoy presto para hacerlo,— y por tal me quiero dar.» 

Y con grande alegría — allí se van abrazar: 
Á una cama muy hermosa — allí fueron á holgar, 
y con besos amorosos — empiezan de retozar. 
Allí estuvieron holgando— fasta hora de yantar. 
Oartas les fueron venidas — que era dolor de escuchar, 
y lo que en ellas venía — á ellos parecía mal : 
que ese infante don Etón — con el reino alzado se ha. 
Floriseo con enojo— muchas naves mandó armar, 



; 




232 LÍRICOS GASTELLiNOS 

dándoles muy grande priesa — por liaber de navegar» 

Ya las gentes están juntas— que querían caminar, 

cuando se iba Floriseo— para la reina hablar, 

y con grande sentimiento— della despedido se ha : 

«Abrazádme, mi señora, — vos me queráis abrazar, 

que muy presto seré vuelto; — no vos queráis enojar. )> 

Ella con grande dolor — no le podía hablar : 

«¡Ah, mi señor Floriseo, — amador de la bondad, 

y qué triste es la partida — para mí de gran pesar : 

yo rogaré al rey divino — que os deje de allá tornar!» 

«Y á vos, la mi señora, — también os quiera guardar.»- 

Ya se parte Floriseo, — ya empieza de navegar, 

y andando por sus jomadas— al reino llegado ha. 

En medio año que allí estuvo— el reino ganado ha. 

Ya se parte Floriseo, — ya se parte, ya se va 

á esa ínsula, encantada — se decía, allá se va, 

porque era deleitosa, — allí quiere reposar. 

Andando por sus jornadas— allá fuera aportar, 

y todos los de la isla— á recibírselo van 

con tan grande alegría— que no lo puedo contar. 

Los suyos le hacen ñesta— por haberle de alegrar, 

y muy grandes monterías— en un bosque armado han. 

Desque lo ovieron corrido —riberas de mar se van. 

Allí estando en alegría — en pesar tornado se ha, 

porque á deshora vino — en un barco por la mar; 

lo que en el barco venía — era cosa de mirar : 

que venía entretejido— con ramas verdes de arrayán,. 

y de aquel barco salía — una música de amar. 

El estándolo mirando —del barco vieron saltar 

una doncella hermosa— que cantando iba un cantar : 

las aves que van volando — al suelo hace abajar, 

los peces que están nadando — todos juntos hace estar; 

las naves que van remando — no podían navegar, 

y con este dulce canto — que era gloria de escuchar, 

caballera en un pez — al suelo fuera á saltar, 

fuérase para las tiendas — y empieza así de hablar : 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 233^ 

^¿Quión es aquí Floriseo — que le vengo á buscar 

de parte de mi señora — que del he necesidad?» — 

Floriseo que allí estaba — la empezara de hablar : 

«Yo soy ese, la doncella— que vos andáis á buscar.» 

Ella desque lo vido—empezóle de hablar : 

«Caballero Floriseo,— -pues que sois de tal bondad, 

mi señora á vos me envía— que la queráis mamparar 

de una muy grande injuria— que allá levantado le han; 

porque sabiendo que sois acorro— y de viudas mamparar,, 

á vos me envía, señor,— que le queráis ayudar. 

Yo os llevaré con placer — en aquel barco á descansar, 

porque quien en aquel va— no recibe mal pesar; 

por eso, señor amado, — vamonos allá á holgar.» 

Floriseo desque la oyó— tal respuesta le fué á dar: 

«;Ay, doncella muy amada,— no me queráis vos llevar! 

Porque yo estoy de partida,— no podría allá llegar, 

porque (he) de ir á Constan tinopla — con el emperador hablar 

de un negocio que me dio — que me quiso encargar, 

yo de dalle allí la cuenta — no puedo dello faltar.» 

La doncella que esto vido — muy triste tornado se ha, 

porque él no iba con ella — ni ella le podía llevar; 

mas como era mañosa— tal remedio fué á tomar: 

y era que tocó un laúd — y empezara de cantar. 

La canción que ella decía — era gloria de escuchar: 

á todos los que la oían — adormecido los ha. 

Así hizo á Floriseo — qne en el suelo vido estar; 

desque lo vido dormido — en un barco lanzado le ha, 

y tañendo con su música— á un castillo llegado ha. 

Su señora que lo supo— muy alegre tornado se ha, 

y echándole en una cama — pensando allí de matalle, 

con ungüento que le puso— sin acuerdo lo ha tomado. 

Desque lo vido despierto — del se había enamorado, 

y con grande acatamiento — por amigo lo ha tomado. 

Allí estuvo Floriseo— placentero, muy amado, ^ 

por amor de los hechizos— que le habían encantado. 

Muy gran honra le hacía— la reina lasciva á su amado. 



Ea 131 r'iTig^ msxj b«rzoci>— osa ¿L se azida 

7 eoQ. iDJij i^nmjd^ Terg'.íjec:z&— á I& «lta ¡ú £l& ¡jetado. 

AUí eflCiiTíi»ro<i los dijs — h^sc» qTie ei. 3G¿ ¿aé rzj^kiij. 

Ají rfiséfió UVarjKO — en la mezK>r IncHft eocsuLMicL 

X tomando á. k» criados.— desune hnbseroa ¿espenaniot. 

Uorando de Los sos oíos — por on bosque lo hsn bcacsda. 

Maj petUMfím coa gem:<iús— á la rema se han carasio : 

^Soeraa oa traeoMay sefíora,— de qn» habréis gema qnebran- 

La mina qoe esto ojera, — on salto él coraaóa le ha dado. 3t*> > 

7 eon xDfij grande agonía — ^les había pre^izntadoL 

AHÍ hablara Geaípo. — bien oiréis lo qoe ha hablado: 

't .Sefiora, no os enojéis — qae Roriseo es encantado. 

UewÁnlfj ana doncella, — no sabemos á qué cabo.» 

La reina qoe esto overa — la color se le ha moiado, 

y OCA mnj grandes sospiros — caído había de sa essado. 

"T^Ay de mí triste, cuitada. — qtxe he perdido á mi amado! 

;Oh fortona desdichada, ~ qae may mal me has tratado! 

8in yo te lo merecer —me has qaitado mi descanso.^ 

Hn doncella Píromencia — se la iba á consolar : . 

'ir No vos enojéis, señora, — ni toméis tal pesar, 

qae Floríseo es vivo — no le queráis vos llorar. > 

Y la reina qae esto oyera — algo consolado se ha. 

Y ellas estando en aquesto — nueras llegado les han : 
qae ese duque Perineo — con doce llegado ha 
caballeros esforzados — que la venían á bascar. 

Ijsl reina que esto oyera— á recibírselo va. 

Allí estuvieron los dos — con tristeza y con pesar, 

el uno por su hijo,— y el otro por su amor. 

Un concierto han tomado — que le fuesen á buscar. 

I 'na dueña Perímencia— del nuevas dado les ha: 

que Floriseo está encantado, — que en la menor India está. 

Perineo que esto oyera — muchas gracias dado le ha, 

fKirque ya lleva esperanza — que lo había de hallar. 

Y con este buen concierto — se empiezan de aparejar, 
y se ponea en camino — para haber de irlo á buscar. 

Y tornando á Floriseo — del vos quiero contar, 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 235 

que como estaba encañtado-^no siente donde se está, 

€alyo que tiene su esfuerzo— que no le podía faltar, 

que venció grandes batallas, —que es muy grave de contar . 

Así estuvo muy gozoso— con la reina á voluntad; 

slli hubieron un hijo— que fuera de gran bondad. 

Ellos estando en esto — allí lo vino á buscar 

«se noble de Filoto — qu^ le amaba con verdad. 

Con una voz amorosa — le empezó de pescudar : 

«¿Dónde está, Flor iseo,— que le vengo yo á buscar, 

que me dicen que está aquí — y que aquí suele posar?» — 

Allí habló una doncella, — y empezara de hablar ; 

«Entres tú acá, caballero, — que acá dentro le verás.» 

Piloto, no se guardando— en el castillo entrado ha, 

y entrando que él entró— eii el caballo vuelto se ha, 

y así estuvo en esta pena— hasta Perineo llegar 

que andando por sus jornadas — no cesa de caminar, 

hasta que por su ventura — allí fuera aportar 

á ese puerto de la India, — y al castillo fué á llegar. 

Armado de todas armas — empezara de hablar : 

«¿Qué es de aquese caballero, — que con él me he de matar 

por las grandes sinrazones— que en este reino hecho ha?» 

Un portero que esto oyera — á la reina dicho lo ha. 

La reina desque lo supo— tomó tristeza y pesar, 

lo uno por que (á) Floriseo— tan presto se lo han de llevar, 

lo otro, porque entendía— que no había del gozar; 

y con gran ira crecida — á Floriseo fué á enviar 

para haber de hacer armas — y aquel caballero matar. 

Ya se arma Floriseo— para su padre matar 

■con muy relucientes armas —que era gloria de mirar. 

Las puertas le han abierto — para salir á lidiar. 

Su padre que así le vido— le empezara de mirar, 

los ojos llenos de agua — empezara asi á hablar : 

«Aquel es mi Floriseo — en su cuerpo y menear. 

¡Oh sin ventura de viejo,— cómo tengo gran pesar, 

que tengo delante mi hijo, — y he con él de lidiarl» 

Y tomando una lanza — para habello de encontrar, 



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r ^« ^w; <gc }^»4o ^ S3uamj% — qoe tí j^Oidd de qiKEáK gñtacv 
Vkfrím^ qve «8U> <iT«ni — tal reepoesta ^t fué Á darz 

y ^ d»94e dm^^oe }<> Tid«>— «Eí kr fnesm á balailsr : 
* />ii sm iijj^ srar aaaodo — do me q^Kráá 3x:a2ln±s; 
'jtM; r<# noj <(| rtieirtfr> ps^ire, — |¡»9r tos psüé tnno inaÜs 
fV/rá^eo Bio l<> <^ — ^ni q^yarÍK le escachar 
j/<>r aimor 4|Q« €«tá es^^ntado* — dí sentía bien ni maL 
iMí^inít *9i0^t yi4o *t\ ávqve — por tu preeo dado se ba, 
)r ítífi ftsi^on al eaxtlUo — adonde la reina está. 
Klia con fsnnóí^ aJeinia — á recibírselo ra; 
íp^nd« honra le hacía — á Perineo sin dudar, 
y ááumne^nió á fímmíO — ^por á él máa agradar. 
V «ftuvkffOD miif alegres— de lo qne rieron pasar: 
qti« miran hedió al enano—mona con mar gran corax. 
Allí e«^o vieron viciosos ^qoe era gloria de mirar, 
y con grande acatamiento — della despedido se ha. 
J>a reina recibid pena~i>or velle de sí apartar; 
rriflH con ligrimas secretas— se lo íaera ella (á) abrazar, 
y así se foé Floríseo, — y empieza de caminar. 
A rulando f>or sus jomadlas— á Constantinopla llegado ha. 
Halierido de nn monasterio — nn caballero vía asomar, 
llorando venía, llorando— qne era dolor de mirar. 
Kloríseo qne lo vído—empezóle de hablar: 
'/¿Qué habéis, «1 caballero?— No me lo queráis negar.» 
- «Hefior, es mi dolor tan grande— que no os lo puedo contar: 
(|iH) ese duque de Macedonia— muy mal parado me ha, 
que está puesto aquí en un paso— para habello de guardar, 
por amor de una doncella— de Bohemia natural; 
háse de casar con ella— esta noche sin dudar.» — 
Klorlseo (jue esto oyó— tomó tristeza y pesar, 
y (?on muy grande enojo— con él fuera á pelear, 
v\ vunl por su grande esfuerzo— le venció y quiso matar. 



aOMANGBS NOVELESCOS T GABALLBBBSGOS 2 37 

El emperador con gran fiesta— consigo llevado le ha, 
y muy grandes alegrías— en el palacio hecho se han; 
si muy más las sentía —esa reina con su amar. 
Allí estuvieron un tiempo —por él mas se aconsolar. 

Y después para su reino — muy presto vuelto se han, 
•en el cual estuvieron— con gran gozo y descansar. 
Así acaba este romance^daudo fín á mi hablar. 

Y á vosotros, los lectores,— vos me queráis perdonar (1). 

(Pliego suelto de la Biblioteca de Praga, en Wolf, Sam- 
fnlung, 259-263. — Pliego suelto ác la Biblioteca de Cam- 
po Alange, hoy de la Nacional, en Gallardo, Ensa- 
yo, m, 222-227). — Duran, Rontuncero General, núme- 
ro 257. Este último hizo algunas correcciones atinadas, 
con objeto de regularizar el lenguaje y la versifícación, 
pero aquí prescindimos de ellas, según el sbtema adop- 
tado en nuestra publicación.) 



43. 

Romaiice del infante vengador. 

Helo, helo por do viene — el infante vengador, 
•caballero á la gineta — en caballo corredor; 
fiu manto revuelto al brazo, — demudada la color, 
en la su mano derecha— un venablo cortador, 
el hierro fecho en Vizcaya — y el hasta en Aragón. 
Siete veces fué templado— en la sangre de un dragón, 
otras tantas se ha amolado— porque cortase mejor : 

(1) incluyese aquí este romance juglaresco por las miámas razones que 
el anterior. Su argumento está tomado de un libro de caballerías cuyo tí- 
tulo es Floriaeo que por otro nombre es llamado el Caballero del Desier- 
to, el qual por su gran esfuerzo y mucho saber alcanzó á ser rey de Bohe- 
mia. Compuesto por Fernando Bernal. Valeneioj por Diego Gumid á 10 
de Mayo de 1516- 

Como todos los romances de su clase, el presente contiene machas re- 
miniscencias de lasgenulnas canciones populares. Copia versos del conde 
Claros y del conde Ai'naldos. 



238 líricos castellanos 

con la punta del venablo —sacaría un arador. 

Buscando iba á don Guádios, — á don Guádios el traidor. 

Allá le fuera á hallar— -á pies del emperador, 

con una vara en la mano — que era su alguacil mayor. 

Siete veces lo pensaba — si le tiraría ó nó, 

y muy cerca de las ocho — el venablo le arrojó, 

y por dar á don Guádios— acertó al emperador. 

Pasóle el manto y la camisa,— en la carne no le entró : 

por la gracia de Dios padre — al emperador no mató; 

por un patin ensoUado — palmo y medio le metió : 

cuanto una misa rezada — el venablo retembló (1). 

{Nueve romances. . . compuestos Por Juan de Ribera , y 
con licencia impresos^ año de lóoj. — Gallardo, JSnsa- 
yo, IV, gS.) 



44. 

Romanoe de las señas del esposo, 

«Caballero de lejas tierras — llegaos acá y aeréis: 
hinquédes la lanza en tierra,— vuestro caballo arrendéis : 
preguntaros he por nuevas, — si mi marido conocéis.» — 
— «Vuestro marido, señora, — decid de qué señas es.» — 
— «Mi marido es blanco y mozo, — gentil-hombre y bien cor-^ 
muy gran jugador de tablas — y aun también del ajedrez, [tés^ 
En el pomo de su espada— armas trae de un marqués, 
y un ropón de brocado, — y de carmesí el corves : 
cabo el ñerro de la lanza — trae un pendón portugués, 
que lo ganó á las tablas-r-á un buen conde francés.» 

(1) Es una variante del núm. 150 de la Primavera. El final difiere del 
todo- Parece remendado por alguien que no rocordaba íntegro el romance, 
y le acabó de cualquier modo. La comparación de la misa rezada, que aquí 
es absurda, está tomada del segundo romance de 1). Tristán (146, a), don* 
de es graciosa, aunque irreverente. 



nOMANGES KOVELESGOS T CABALLERESCOS 239^ 

— «Por esas señas, seTiora, — su marido muerto es : 

en Valencia le mataron — en casa de un ginovés; 

sobre el juego de las tablas — lo matara un milanés; 

muchas damas lo lloraban, — caballeros y un marqués. 

Sobre todos lo lloraba — la hija del ginovés : 

todos dicen á una voz — que su enamorada es. 

Si habéis de tomar amores, — por otro á mí no dejéis.» 

— «No me lo mandéis, señor, — feefior, no me lo mandéis; 

que antes que eso hiciese —señor, monja me veréis.» 

— «No os metáis monja, señora, — pues que hacello no podéis;. 

que vuestro marido amado— delante de vos lo tenéis» (1). 

[Nueve romances . .. compuestos Por Juan de Ribera, y 
con Ucencia impresos, año de lóoj. — Gallardo, Ensa- 
yo, l\, 98.99.) 



45. 

. Romance de don Xristán. 

Mal se queja don Tristán, — que la muerte le aquejaba. 
Preguntando por Iséo— de los sus ojos lloraba : 
«¿Qué es de tí, la mi señora? — Mala sea tu tardanza; 
que si mis ojos te viesen, — sanaría esta mi llaga.» 
Él este llanto haciendo, — y la reyna que llegaba : 
«Quien os hirió, mi señor,— herida tenga de rabia.» 
í Hirióme el rey mi tío — de aquesta cruel lanzada, 
hirióme desde una torre— que de cerca no osaba.» 
Juntóse boca con boca — allí se salía el alma. 

(Nueve romances... compuestos Por Juan de Ribera, y 
con licencia impresos, año de lóoj. — Gallardo, Ensa 
yo, IV, 99.) 

(1) Está ya en la Primavera eon el niüm. 15^, pero no habiendo podido 
ver Wolf el pliego suelto de Juan de Ribera donde este romance se contie- 
ne, tuvo que fiarse del Romain.cero de Duran, que enmendó el texto, se- 
gún su costumbre. Aqaí le reproducimos conforme á la copia de Gallar- 
do. Las principales variantes van marcadas con letra bastardilla. 



'"í 



240 LÍRICOS GASTELLAIHOS 



46. 



Romance de Oerineido. 

«Quando vos nascistes, hijo, — triste no dormía yo, 
-quando murió vuestro padre— á mí vos encomendó 
-que mirase por vuestra honra— y os pusiese con señor. 
Pusiera os yo con el rey — no hallando otro mejor. 
Vos, hijo de mal mirado — hecistes la traición, 
que dormistes ccn la infanta — hija de vuestro señor : 
sentenciado estáis á muerte —por ello con gran razón, 
que cualquiera que tal haze — meresce por galardón 
que le corten la cabeza — sin ninguna dilación : 
ya pues lo habéis hecho, amigo, — encomienda os á Dios 
que perdone vuestras culpas — y perdone vuestro error.» — 
— «No hayáis lástima, señora,— no hayáis lástima, nó : 
que en morir por tal infanta— con muy grande gozo vó, 
antes vive que no muere — quien por tal caso murió.» 
La infanta que lo ha sabido — á su padre se volvió, 
lafl rodillas por el suelo — desta suerte le habló : 
«Merced os pido, el rey, — mercedes os pido yo, 
que me dedes por marido — al que matáis por traydor, 
si no queréis que yo muera — antes que el que es mi señor.» 
El rey que aquello oyera — muy bueno le paresció, 
«despósanlos luego á entrambos —con muy gran plazer y ho - 

[ñor. 

(Tercera parte de la Silva, fol. i8 vuelto. "Ea el primero de 
los Romances de hystorias. No lleva titulo en la Silva, 
pero le he pue.-to el de Gerineldo, por su patente analo- 
gia con los romances en que este ñgura como protago- 
nista.) 



ROMANCES NOVELESCOS Y C iBALLERBSGOS 211 

47. 
RomaiiDe de Oaliarda. 

Misa se dize en Roma —en el altar de Santiago, 
por la puerta del Perdón — gran caballería ha entrado, 
entran duques, entran condes, — señores de grande estado; 
«ntraba el conde de Lemos — con un doncel de la mano; 
desque lo vio Gallarda —con los guantes le ha llamado, 
de rodillas por el suelo— presto iba á su mandado. [do?» 
— «¿Qué me queréis, mi señora, — ¿para qué me habéis Uama- 
— «Que me llevases, Florencios,— que me lleves de la mano.» 
— «Pláceme, dixo, señora, — pláceme, dixo, de grado; 
•que en llevaros yo, señora, — yo soy el que en ello gano; 
ternéme por mny dichoso— y por bienaventurado.» 
Andando por el camino — en amores van hablando. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 55 recto. Antecede á los 
otros dos romances de Gallarda, que tienen en la Pri- 
fnavera los niíms. 138 y 139.) 



48. 
Romance de doña Oinebra* 

Cabalga doña Ginebra — y de Córdoba la rica 
•con trecientos caballeros —que van en su compañía; 
el^tiempo hace tempestuoso, — el cielo se escurecía, 
con la niebla que hace escura — á todos perdido había, 
sino fuera á su sobrino —que de riendas la traía; 
como no viera á ninguno, — ^^desta suerte le decía : 
— «Toquedes vos, mi sobrino, — vuestra dorada bocina 
porque lo oyesen los míos— que estaban en la montiña » 
— «De tocalla, mi señora,— de tocar sí tocaría, 
mas el frío hace grande,— las manos se me helarían^ 
Tomo IX. IC 



242 LÍRICOS CASTELLANOS 

y ellos están tan lejos— que nada aprovecharía. 

— «Meteldas vos, mi sobrino,— so faldas de mi camisa,» 

— «Eso tal no har^ señora, — que haría descortesía, 

porque vengo yo muy frío — y á vuestra merced helaría.» 

— «Deso no curéis, señor, — que yo me lo sufriría, 

quien callentar tales manos— cualquier cosa se zufría» (¿su* 

Él desque vio el aparejo — las sus manos le metía, [friría?) 

pellizcárale en el muslo — y ella reido se había : 

Apeáronse en un valle — que allí cerca parescía, 

solos estaban los dos, — no tienen más compañía, 

<:omo veen el aparejo— mucho holgado se habían. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 20 recto.) 



49. 

Romance de la reina de Irlanda. 

Cartas van por todo el mundo— dolorosas de contar, 
por la reina de Irlanda — que la quieren degollar; 
su marido el rey lo manda,— que le fueran á informar 
de una mala sospecha— que le osaran levantar, 
y es que habló con un infante — en sospechoso lugarj 
dos años le dan de plazo, — quién la quiera defensar; 
el uno ya es pasado — y el otro para acabar; 
ruegan por ella los grandes — cuantos en la corte están^ 
y ruegan santas personas, — nada puede aprovechar, 
porque es dada la sentencia, — no se pueJe revocar; 
ya hacen el cadahalso — donde la han de degollar, 
cubierto de paños negros,— que es dolor de lo mirar; 
ya sacan la triste reina— toda llena de pesar, 
y con ella treinta damas— que no cesan de llorar; 
volvióse la triste reina — para las aconsolar : 
«No lloréis hijas, y hermanas, — no queráis tanto llorar, 
<iue la culpa es de dolerse— y el pecado es de llorar. 



ROMANCES NOVELESCOS T CABALLERESCOS 2^3 

No me pesa de mi muerte — como sea natural, 

mas pésame que sin culpa— el rey me manda matar. 

Oh mundo desventurado, — nadie en tí debe fiar, 

que el que más subido tienes— gran caida le haces dar.» 

En decir éstas palabras — toda se fué á desmayar 

porque vio el cadahalso — do habían de degollar; 

las rodillas por el suelo— empezó de gritos dar, 

palabras está diciendo,— que á todos pone pesar: 

«Oh Santa María señora, — no me queráis olvidar, 

en este paso de muerte— esfuerzo me queráis dar, 

y ruega por mis pecados — á tu hijo singular, 

pues que yo muero sin culpa — milagro queráis mostrar.» 

Y diciendo estas palabras — una voz oyó gritar, 

y es de un fraile francisco— que viene sin mas tardar 

diciendo : «No muera, tate, — que la quiero confesar.» 

En oyendo el rey aquesto— á todos manda apartar, 

hizo que se confesase,— absolución le fuera á dar, 

hace como quien se vuelve — á priesa y á mas andar, 

quitóse los sus vestidos,— d'un arnés se fué armar, 

cabalgó en un caballo, — rucio era y no alazán, 

tomó gruesa lanza en mano — para haber de pelear, 

dio de espuelas al caballo, — corriendo sin más parar; 

llegó do estaba la reina — y la fué mucho á esforzar, 

diciéndole que no tema,— que la viene á defensar, 

porque ha oído decir— que aquesto es gran maldad; 

fuese á do estaba el rey,— campo le fué á demandar, 

que saliesen los falsarios — para con él pelear; 

el rey mandó hacer un pregón — para haber de asegurar 

las personas y las vidas, — pues la han de defensar; 

vase el uno contra el otro — para haber de pelear; 

á los primeros encuentros — -.el uno en tierra está 

y el otro le dio á huir, — y á merced le fué á tomar. 

Diólos en poder del rey — que los mande castigar, 

y el rey que aquesto viera— todo espantado se ha, 

diciendo que el caballero — en fuerzas no tiene par. 

Demandóle de merced— se quiera manifestar; 



244 LIRICOS CASTELLANOS 

respondióle el caballero : — cYo compliró vuestro mandar.» 
Y ansí vido el señor rey — ser hombre muy principal 
y que era hombre de salva— y de nación catalán. 

(Tercera parte de la Silva, fol. 120 recto) (i). 

(1) £1 asunto de este romance es muy análogo al de la libertad de la 
emperatriz de Alemania por el conde de Barcelona, núm. 162 de la Pri- 
mavera. 



ROMANCES DEL CICLO GAROLINGIO 2Í-5 

ROMANCES DEL CICLO CAROLINGIO. 



50. 
Romance del rey Marsiii. 

Ya comienzan los franceses— con los moros pelear, 
j los moros eran tantos— no los dexan resollar. 
Allí habló Baldovinos, — bien oiréis lo que dirá : 

— «Ay compadre don Beltran — mal nos va en esta batalla; 
mas de sed que no de hambre— á Dios quiero yo dar el al- 
cansado traigo el caballo — más el brazo del espada; [ma, 

{{ \roguemos á don Roldan -que una vez el cuerno tana, 
Voir lo ha el emperador— qu está en los puertos d' España, 
[íjue más vale su socorro — que toda nuestra sonada > 
Oido lo ha don Roldan— en las batallas do estaba : 

«No me lo rogueis, mis primos— que ya rogado m' estava, 
[mas rogaldo á don Renaldos— que á mí no me lo retraiga, 
ni me lo retraiga en villa — ni me lo retraiga en Francia, 
(ni en cortes del emperador — estando comiendo á la tabla, 
[ue más querría ser muerto— que sufrir tal sobarbada.» 
Oido lo ha don Renaldo — que en las batallas andaba, 
comenzara á decir — estas palabras hablaba : 

— <0h mal oviesen franceses— de Francia la natural, 
que á tan pocos moros como estos— el cuerno mandan tocar, 
que si me toman los corajes»— que me solian tomar, 
por estos y otros tantos — no me daré solo un pan.» 

^Ya le toma,n los corajes — que le solian tomar; 
asi se entra por los moros — como segador por pan, 
asi derriba cabezas — como peras de un peral; 
por Ronces valles arriba — los moros huyendo van; 
allí salió un perro moro — que mala hora lo parió su madre: 

— « Akaria {bíc)^ moros, alearla — si mala rabia vos mate, 
que sois ciento para uno — irles fuyendo delante; 
¡oh mal haya el rey Marsin— que soldada os manda daré; 



246 LÍBICOS CA5TELLÁS0S 

mal b&va la reina mora — que vos la manda pagare; 
mal hayáis Tosotros. moros — que la venís á ganare. > 
De qae esto oyeron los moros— aon ellos Tolrido han, 
V Toeltas Y reTneltas — los franceses íavendo yan : 
/ I Á tan hien se los esf aerza— ese arzobispo Torpin : 
S — «Yaelta, Tuelta, loe franceses— con corazón á la lid; 
Lmaa vale morir con honra — qae con deshonra vivir.» 
Ya volvian los franceses — con corazón á la lid, 
tantos matan de los moros — que no se poede decir; 
por Bonces Valles arriba — ^foyendo va el rey Marsin, 
caballero en una cebra — no por mengoa de rocín; 
la sangre qae del salía — las yerbas hace teñir, 
las voces qae él iba dando — al cielo qaieren sabir : 
— «Reniego de ti, Maboma, — y aan de cnanto hice en ti; 
hicete el caerpo de plata, — pies y manos de marfil, 
y por más te honrar, Mahoma, — la cabeza de oro te hiz; 
sesenta mil caballeros^^frecilos yo á ti, 
mi mnjer Abrayma mora— ofrecióte treinta mil, 
mi hija Mataleona — ofrecióte qnince mil, 
de todos estos, Mahoma — tan solo me veo aqaí, 
y aan mi brazo derecho, — Mahoma, no lo trayo aqaí, 
cortómelo el encantado— ese Roldan paladín, 
qae si encantado no faera — no se me faera él así; 
mas yo me iré para Roma — qae cristiano qaiero morir, 
ese será mi padrino — ese Roldan paladín, 
ese me baptizará, — ese arzobispo Tarpin; 
mas perdóname, Mahoma— qae con caita te lo dixe, 
í|ue ir no quiero á Roma — carar qaiero yo de mi» (1). 

(Aquí comienzan dos maneras de glosas, Y esta prime- 
ra es de las lamentaciones que dicen * Salgan las pa- 
labras mias.* E otra glosa á un villancico que dicen 
V Las tristes Ingrimos miasf : hecho por Pedro de Ti- 
rante. E otras copias que dizen : *Sien las sierras do 
nací.» E otras que dizen: *No me sirváis, \caiallero.* 
E otras de la Madalena. E un romance del rey Mar- 
sin. Pliego suelto gótico de la Biblioteca Nacional.) 

(1) De este importantísiino romance, desconocido hasta hoy« aesui 
creemos, sólo figuraba en las colecciones el fragmento que tiene ea la 
Primavera el núm. 183. 



ROMANCES DEL CICLO GAROLINGIO 247 

51. 
Romanee de Taldovlnos* 

Por los caños de Carmona,— por do va el agua á SeyiUa, 
por ahí iba Yaldovinos— y con él su linda amiga. 
Los pies lleva por el agua — y Ja mano en la loriga, 
con el temor de los moros— no le tuviesen espía, 
j úntanse boca con boca, — nadie no los (?) impedía. 
Valdovinos con angustia— un suspiro dado había : 
— «¿Por qué suspiráis, señor, — corazón y vida mía? 
ó tenéis miedo á los moros— ó en Francia tenéis amiga.» 
— «No tengo miedo á los moros— ni en Francia tengo amiga: 
mas vos, mora, y yo cristiano — hacemos muy mala vida : 
comemos la carne en viernes, — lo que mi ley defendía. 
Siete años había, siete— que yo misa no la oía. 
Si el emperador lo sabe — la vida me costaría . » 
— «Por tus amores, Valdovinos,— cristiana me tornaría.» 
— «Yo, señora, por los vuestros — moro de la morería» (1). 

[Nueve romances.,, compuestos Por Juan de Ribera, y 
con licencia impresos f año de lóoj. — Gallardo, Ensa- 
yo, IV, 98.) 

(1) Es ana variante cari osísima del 169 de la Prirrutvera : 
Tan claro hace la luna— como el sol á mediodía. 

En el texto del Cancionero de Romances seisaido por Wolf y Hof mann, 
no se encaentra rastro del último verso, y acaba el romance con la prome- 
sa Que hace la mora de volverse cristiana. 

Hubo otra versión de esto romance, de la cual qaedan alganos versos 
en el Libro de música de vihuela de mano de Luis Milán (Valencia, 1535) : 



«¿Sospirastes, Valdovinos 
la cosa que más quería? 
Ó tenéis miedo á los moros 
ó en Francia tenéis amiga.» 
—•No tengo miedo á los moros 
ni en Francia tengo amiga, 
mas tú mora y yo cristiano 
hacemos muy mala vida- 



Si te vas conmigo en Francia 

todo nos será alegría, 

haré justas y torneos 

por servirte cada día, 

y serás la flor del mando 

de mejor caballería; 

yo seré tu caballero, 

tú serás mi linda amiga.» 



248 LÍBICOS CASTELLANOS 

52. 

Romances de Dnrandarte* — I. 

Muerto queda Dnrandarte— al pié de una gran montafia (1)» 
un canto por cabecera — debajo una verde haya; 
todas las aves del monte— alrededor le acompañan; 
llorábale Montesinos— que á su muerte se hallara, 
hecha le tiene la fuesa — en una penosa cava; 
quitándole estaba el yelmo,— desciñéndole la espada, 
desarmábale los pechos,— el corazón le sacaba, 
para enviarlo (2) á Belerma— como él se lo rogara, 
y desque le hubo sacado— su rostro al suyo Juntaba, 
tan agrámente llorando — mil veces se desmayaba (3), 
y desque volvió en si — estas palabras hablaba : 
«Durandarte, Dnrandarte, — Dios perdone la tu alma, 
y á mí saque deste mundo— para que contigo vaya.» 

(Tercera parte de la Si/va, fol. 117 vuelto. — Cancionríro- 
d'Evora publié... par Viciar Eugcne Hardung^, Lis- 
boa, 1875, pág. 71.J 



53. 

Romanees de Dnrandarte*— II. 

Muerto queda Durandarte— al pié de una gran montafia 
en sus brazoí^ le tenía— Montesinos que lloraba. 
Con lágrimas de sus ojos— las heridas le bañaba; 
con la daga de su cinta — el corazón le sacaba, 
para llevar á Belerma — como él se lo mandara. 
Con sospiros rompe el cielo, — con sollozos reventaba, 

(1) Una alta montaña- (Cancionero de Évora.) 

(2) Para enviárselo. 

(3) Estos dos versos diñereu enteramente en el manuscrito de Évora: 

Y estando se lo sacando I y después de vuelto en si 

mil veces se desmayaba, ' desta manera le habla. 



nOMANCES DEL CICLO CAROLINGIO 249 

las palabras que decía— á las piedras ablandaba. 

«La muerte que os llevó, primo, — ¿por qué á mí vivo dejara? 

Pues fuimos uno viviendo, — ¿cómo el morir nos aparta? 

¿Oómo pudo el bierro entrar — donde error nunca entrara? 

¿Cómo cuerpo tan leal — el fierro matar le basta? 

Corazón que nunca erró,— ¿cómo con fierro se saca? ' 

Mandástelo vos, mi primo, — que fué la postrera manda, , 

mas yo en pensallo hacer — el corayón me desmaya; 

raas tengo de obedecer— aunque mi esfuerzo no basta.» 

Estas palabras diciendo— el corazón se desmaya. 

Allegara un escudero— que Durandarte criara; ^ ^ V.-^- 

como le vido Montesinos— des ta manera hablara : (^ v 

«Por Dios te ruego, escudero, — por la fe que en tí se guarda, 

con este que te crió— que en mis brazos muerto estaba, 

en la postrimera hora— una manda me mandara, 

tú la ayudes á cumplir, — porque mi esfuerzo no basta. 

De la sangre que he perdido— toda la fuerza me falta. 

Sácale su corazón— y llévale á quien amaba; 

pues tú sabes sus secretos, — de tí solo se fiaba : 

díle que en su testamento — restituir se lo manda, 

pues que siempre fuera suyo — mientras el triste tuvo alma.> 

El escudero llorando — su mandado efectuara. 

Ya desmaya Montesinos— y á Dios quiere dar el alma; 

mas el dolor de su primo — aquel que sus llagas causaba : 

«A Dios, dice el escudero:— di á Belerma que aquí estaba 

Durandarte y Montesinos, — que en servilla no cansaba, 

Durandarte por ser suyo, — yo por saber que la amaba> (1). 

[Nueve romances... compuestos por Juan de Ribera, y 
con licencia impresos, año de lóoj, — Gallardo, Ensa- 
yo, IV, 95.) 

(1) Es una refundición semi- artística del 

Muerto yace Durandarte (núm. 182 de la Primavera), 
Hubo alguna otra versión del mismo tema. 

En un pliego suelto de Arguello se cita, entre otros romances y villan- 
cicos viejos, uno que empezaba : 

Muerto queda Durandarte I tan malas lanzadas tiene 

al pié de aquella montaña, ' que le atraviesan el alma. 



^(f IiaiCUS' GARBLLAfnK 



.»4 



Kl <i'Hiio iíélu.htL nubloso. — el f>ol ecUpBf tenia, 
4ruiiu<io 6l c*OüCÍ« doii B«iárdo8^df la batalla salía, 
tr4»iuta <:a.Uillos d« diestro ^que en ella ganado había, 
4)J quinto <i» «1 íjiíiperador — quf de derecho le Tenía, 
d«; Í4^ <M<j» el Luejor — para m 8^ lo escogía. 
/Kl eujp<4fador uiuy trí«Uí — de euta soerte le decía : 
''JVo<;iLríaua<j0 loi sobrluo — ^ganancia por la perdida, 
m viuUimt i^idovinofe!:— por aquí no parescia, 
wiveldo vo« á bujK^ar — por Ja parte que os cabía.» 
- -«¿<>>uio volveré, «efior, — que hablar no me quería 
por uu tieblí muy preciado— que me dio la infanta SeriDji? 
jy)a» ni Á uii me dio el neblí —á ella le dio una Bortája. 
ÍM propletiad del neblí — es que caza no se le iba^ 
U gracia de La B/>rtija^^M de muy mayor valía, 
4|ii« á ferida que Wcttíie— luego »e restañaría. 
Mas mi lodo esto, mi tío,^qiiiero hacer lo que debía.» 
Ya cabalga don Jielárdos,— á buscar se lo volvía; 
por el crtiniíio qu« ía — vee venir caballería. 
J')n homl)roci de caballeros— todos de espada guarnida, 
viene herido lialdovinos — de una muy mala herida, 
«•ubierlHM vieneu Iiih amias— de la hoja de la oliva, 
ctiM'iiiia de uii piiiV) negro —y una letra genovisca. 
liaMoviiioH con pasi/>ii— de ftcpiesta suerte dezía: 
— « Ap^iulinc, caballeros, - en esto trébol florida, 
daHCMUHMrtVl(>i4 voHofTim -pacerán vuestros rocinos, 
menearme me hiau los vientos— de Francia do fui nasrido. 
¿Mi ao aciirdanl mi imulre — «le un hijo que había parido? 
;rtt se rtcoi'diirA Sevilla -de Ualdovinos su amigo?» 
hUliMido entiiH palrtbnis— «delante so lo ha venido : 
nUaldovinort, l\rtldovinos,— corazón y alma mía. 




ROMANCES DBL CICLO CAROLIITQIO 251 

nunca holgastes conmigo— sino una noche y un día; 
sépalo el emperador, — que de vos quedo yo en cinta.» 

(Tercera parte de la Silva, fol. 21 recto.) 



55. 

Romanee del eonde CIAros. 

—Pésame de vos, el conde — porque vos mandan matar; 
pues el yerro que heoistes — no fué mucho de culpar, 
que los yerros por amores^lignos. son de perdonar. 
Yo rogué por vos al rey —que vos mandase soltar, 
mas el rey con gran enojo — no me lo quiso escuchar : 
díjome que no rogase,— que no se puede escusar; 
la sentencia es ya dada, — no se puede revocar, 
que dormistes con la infanta— que habíades de guardar. 
El cadahalso está hecho— donde os han de degollar*: 
mas os valiera, sobrino, — de las damas no curar; 
que quien mas las damas sirve,— tal merced debe esperar, 
que de muerto ó perdido — ninguno puede escapar. 
— Tales palabras, mi tio, — no las puedo soportar; 
mas quiero morir por ellas— que vevir sin las mirar. 
Quien á mí bien me quisiere, — no cure de me llorar, 
que no muero por traidor — nin por los dados jugar; 
muero yo por mi oefiora, — que no me puede penar, 
pues el yerro que yo fice— no fué mucho de culpar (1). 

(Barbieri, Cancionero Musical de los siglos xv y xvi, núm. 329.) 

(1) Es el más antiguo texto conocido de un fragmento del Comle Clár 
TCS' Fué puesto en música por Juan del Enzina. 



252 líricos castellanos 

56. 
■tomance del ronde Claros. 

Dormiendo está el conde Claros — la siesta por descansar 
porque la noche pasada — no la pado reposar, 
dando vueltas en la cama — del secreto desear, 
sospiros no le dejaban — congoja no le da lugar, 
por amores de la infanta — su señora natural. 
Da voces al camarero— que se quiera levantar : 
vístese un jubón chapado — que no se puede estimar, 
y de oro de martillo — un mote muy de notar 
en el brazo, que decía : — ijGran dolor es desear!» 
Unas calzas bigarradas — con perlas ricas sin par, 
el mote dellas decía:— «No tiene precio mi mal.» 
Unos zapatos franceses — de un carmesí singular, 
con unas letras de oro —relumbran como cristal. 
El mote dellas decía : — «Estas arden sin quemar.» 
Una ropa rozagante,— encima un rico collar, 
con un mote que decía : — c ¡Es mi dolor sin igual! > 
Una gorra en la cabeza— que bien vale una ciudad; 
con tres íes coronadas — dice el mote á mi pensar : 
«¡Es tan alto mi deseo— que no hay mas que desear!» 
Y doce mozos d'espuelas — para le acompañar, 
vestidos de los colores— d'aquella dama real. 
Los jubones de morado, — sayos de desesperar, 
todas las mangas derechas — las hizo el conde broslar 
con unas matas de ruda,— que querían ya granar; 
el mote d'ellas decía: — «¡Mas amarga el esperar!» 
Cabalga en una hacanea — la cual hizo ataviar 
de una guarnición muy rica, — y las riendas, y el petral 
lleno <le unas campanillas— de oro y no de metal, 
y unas lágrimas sembradas— y el mote para notar : 
cSin doleros vos, señora,- nada se puede acabar.» 
Vase para los palacios— donde la infanta está. 



noaiANGES DEL CICLO CáROLirtGIO 253 

La ÍDÍanta estaba sola — en su cámara real, 

deseando ver al conde— para poderle avisar. 

Con un brial de oro tirado, — que no lo podía llevar, 

bordado de claras boyas— y de delfines del mar, 

y un mote de letras de oro — que decía en el brial : 

c Anuncian claras señales — mi gloria poco durar.» 

Un carbunco en la cabeza — de precio sin tener par, 

con un mote que decía : — «¿Qa'es el precio en tal lugar?» 

Y un mote de diamantes — que decía en un collar : 
«Ante vos, piedras preciosas — son arenas de la mar.» 
Llamara el conde á la puerta; — abriérala sin tardar : 
dio consigo de rodillas — por las manos le besar. 
Díjole:— Levantaos, conde, — que n'os las tengo de dar; 
pues amor os dio ventura, — sabedla vos bien gozar. 
Yo he sabido de la reina, — qu'el rey vos manda matar, 
pues to vistes osadía— de amar en tal lugar.— 
Respondió el conde: «Señora,— ¿quién á mi osará llegar, 
siendo yo favorecido — de vuestra alteza real? 

¡Mirad qué desdicha de conde— no tener quien le avisar!. 
Qu'entrara el rey tan á paso — que le pudo saltear. 
Dijo el rey con grande enojo :—« Conde, conde, este lugar 
llámase noli me tangere, — el cual la vida suele costar : 
mas por vuestro atrevimiento — y'os haré tal pena dar 
cual se da á aquellos que ofenden— á nuestra corona real.» 

Y respondió el conde : «Señor, — vine por vos suplicar, 
me diésedes mis condados — que me querían casar. > 
— «Esas excusas, el conde, — no son para os desculpar, 
que si algo tenía vuestro — n'os lo había de tomar.» — 
Volvióse para su hija dijo: «Hija, ¿este pesar 

me teníades guardado— para me desconsolar?» 
Mandara secretamente — al conde en hierros echar. 
Mandó llamar á su consejo — en su cámara real : 
como con rey y con reina — hácenle mal sentenciar : 
dieron poí sentencia al conde— que le hayan de degollar. 
En el patio del palacio — un cadahalso mandó armar, 
todo cubierto de negro — y hachas del mismo metal. 




Xims él ibaa sos Titrt»rv^ — .t^x'.ñ iti -rv'f j ?< 
deUnie ibeiz. lüe r^-ij"»** — 'Ia--í^% t:«:i» i 

porqne lal zi^er:* íccí:, íssa— ccc tjíí «e !ia ie oaaSar. • 
Tras ellú¿ i'ixu: jjks "'-^-■-t — '-.^'-iwirry : ^O^l^szüas. HoaiJL, 
que su moexie es Za Í2M^;p& — ccc ^-3c :i£ b¿aoa <te parar,» 

£n Ile^mudo jlI ^r^^ • » ■*.- — «^-. m-. fj- e¿ ic¿& nj 
Ijls tranDjteus rA&:arÍA« — c^i^ojezxfcriüL ^ »: 
nn triste bou ácmüñic — ii¿ Jk ioÍca 
Lnego Icts rejes de wzLAa — oxLÍ-tiJA^ d¿ pn^oiar : 
fCaballeroe j galiz»**,— i:;e áe aziít ^cereis tnsar, 
de Ijls hijas de !•:« rr-yes — os debéis riLa^bo apartar, 
que la moeru: del t^crifie CJkros — js debe de €scaniieiitar.# 
Afe'i ix&t/Iara el o:>i:dt: : — «Tambkm h^be^ de iMibliear 
qufi lo loQcbo coií ]•> i<pXf — loal se pneile galaidoiiar.> 
Tóixxaxdo los dos veri^^-i^s. — v ücieronlo arrodillar: 
€3011 cocLillo de ciiieza— 1ú fueron á degollar. 
3Iiiiidó el rer muT crcdaicenie — el sa coraxón sacar, 
y entre dos jAaUjs de oro — á i^ infanta empresentar. 
Lí^xiurií eJ paje los plMos— no cesando de llorar : 
VjJíiSiTííé^Ujh in, infanta, — iiízolos descobijar. 
Lífsft'vTje vi 'JO ei corazón— emj»ezc.se de altenir. 
I/ijOie; < Mi c/^razón, — ¿quién os x»udo así parar? 
Hi aapíera vaetlra maerte — triste, yo vos faera ayudar.» 
AJJí víníeía la reina — por podella consolar. 
— ^CtL\l*9'}*sB, hija, calledes, — no querades mas llorar, 
'jue aauque al toen conde perdiste, — mejor os entiendo casar, 
how\jT*i» hay en las mis cortes— que con vos paeden casar.» 
DíyAc : <' Madre y señora,— no me quer&is consolar, 
qu'el marido que tenía— vos lo habéis hecho matar.» 
Tantas daba de las voces, — maravilla es de mirar. 
Trastornósele el sentido— y el corazón de pesar. 
— ¿Qu'es de tí, el mi conde Claros?— ¿Adonde te iré á buscar? 
uó sou de tu8 atavíos?— ¿Qué se hizo tu triunfar? 



ROMANCES DEL Gia^* GAROLINGIO 255 

¿Qué fué de las invencicwies — qué fué del dulce trovar? 

¿Qué fueron de los torneos — y justas que ibas á armar?>> 

Tantas lágrimas vertía,— que hobo de reventar. 

£1 rey 4 los dos amantes— juntos los mandó enterrar 

en ana rica sepultura — y de oro esmaltar, 

con un mote que decía : — <<i Ventura no dio lugar» (1). 

(Romance del conde Claros, nuevameriie trobado Por 
otra manera. Fecho por Antón Pansac, andaluz. 
Pliego suelto de la Biblioteca de Campo-Alange, hoy de 
la Nacional. — Gallardo, Ensayo, III, 1078-1082. — Du- 
ran, Romancero, nüm. 363. Éste último hizo bastante» 
enmiendas, y modernizó el texto, según su costumbre. 
Salva (núm. 85 de su Catálogo) poseyó otra edición más- 
antigua que la que lleva el nombre de Pansac : Roman- 
ce del conde Claros nuevamente trobado por otra tna^ 
nera,/echo por Juan de Burgos.) 



57. 
Romanee de Oayferos, 

Si d' amor pena sentís,— por mesura y por bondat, 
caballero, si á Francia is, — por Gayferos preguntad, 
y decilde que su amiga — se le envia á encomendar. 
Que sus justas y torneos— bien lo supimos acá, 
qu' él salió más gentilbombre— para á las damas loar. 
Decilde por nueva cierta — como me quieren casar; 
maflana hago mis bodas — con uno d' allende el mar (2\ 

(Barbieri, Cancionero Musical de los siglos xv y xvi, núm. 323.)* 

(1) £d romance juglaresco, que quizá excluyó Wolf por tener nombre- 
de autor, puesto que en un pliego suelto se atribuye á Antonio de Pansac 
y en otro á Juan de Burgos, los cuales probablemente serían meros refun- 
dldores. El romance, por otra parte, como casíi todos los de su clase, es uñar 
taracea de otros anteriores, y auii puede considerarse como una refundi- 
ción del 192 de la Primavera^ pero ofrece la importante novedad de intro- 
ducir una catástrofe semejante á las leyendas de Cabestanh y de la dama 
de Fayel. Los últimos Tersos del romance parecen reminiscencia de ud. 
paso muy sabido de laá coplas de Jorje Manrique. 

(2) Es un fragmento, con variantes, de Asentado está Gay^troi. 



^'^^ LIBLCOS CA:»riILi:.A.T04 



R>iivy:s^ DE A.>:.vr> bíblicj 




Iii»«uuire Ttej« fie 

4;.Vy dt? ctit dice <^l baen patín?. — á cmco hijos que tenüir 
¿l\>r i;u*í viví canLo riempo— ;'ie alcanzase aqueste día? 
i^ue viera la oi:i iai aaacju— \:oa ioior del alma mia, 
t>u pvxíer del enem:;^D — -v^e piedad no tenía, 
do matar riebí!? r nitj3.^a —y r'bar enanco podía; 
i'Oiui>elien io á ía.'rld.:iú— i Lji su idoLatria. 
Por SQ mal ae leTxr.Zt't — el ■.":^e ai io carie qnería, 
que por sa Dc.aa.j ai irU'i — í*obre ei ara do jacía.» 




30. 

Otro romanee ^-iejo* de roma el prafetm 
días huy^ por el desierto, por^ae le ^ve- 
ría matar Jezabél. 

Adormido se ha el baen vicio — del cansancio que traía, 
á la sombra de un enebro — que otro árbol no le había, 
rogando á Dios que le mate — y le saque desta vida, 
pues llevó á tantos buenos — que le hacían compañía. 
Él, que estaba ya dormido, — oyó una voz que decía : 
«Levántate y come luego— deste pan que te traía.» 
Apenas hobo comido — que otra vez se aiormescía, 

luego le dispertó -el ángel que era su guía. 

(Va! dex rábano, Silva de Sirenat ) 



ROMA.NG£S DE ÁSUISTO BÍBLICO 257 



57. 



<ltro romance viejo ó historia de Jadlcli, 
eaando siendo viuda degollé á Holofer- 



En la ciudad de Betulia,— Judicli quiso dejar 
el luto que había guardado,— del contino sospirar. 
Vestida muy ricamente, — que era gloria de mirar, 
pártese para la hueste — para á Holofernes hablar : 
«Si te pluguiese, Holofernes— me quisieses escuchar.» 
— «Mas suplicóte, señora— conmigo quieras cenar.» 
Holofernes fué tan ciego, — que se quiso embriagar. 
Grande esfuerzo fué á Judich, — pues le pudo degollar, 
á aquel que puesto tenía— el ejército sin par; 
y fué causa la su muerte— se hobiese de retirar. 

(Valderrábano, Silva de Sirenas.) (i) 

(1) Sólo por estar calificados de viejos en un libro que lo es bastante, 
puesto que data de 1547, se ponen aquí estos tres romances, á pesar de ha- 
ber excluido Wolf de su colección todos los de asunto bíblico. 

Además de los romances viejos que en esta colección van recogidos, y 
de lo3 que han dejado vestigios en las comedias, y de los que persisten to- 
davía, más ó menos degenerados, en la tradición oral, hubo otros muchos, 
de algunos de los cuales quedan rastros en vai'ias partes, y que quizá pa- 
rezcan el día menos pensado. Anotaremos algunas referencias. 

Antonio de Nebrija, en su Ar¿e de Ja lengua Casiéllana (1492, cap. V), 
cita tres versos de un romance de Lanzarote, idénticos por el sentido á 
otros del núm. 147 de la Primavera, pero que corresponden auna varian- 
te distinta, por ser diverso el asonante: «Nuestros mayores (dice Nebrija) 
no eran tan ambiciosos en tassar los consonantes, é harto les parecía que 
bastaba la semejanza de las vocales aunque no se consiguiese la de las 
consonantes. E aesí fazían consonar «santa, morada) alva.» Como en aquel 
romance : 



^Digas tú buen liermitaño 
que hazes la vida santa, 
aquel ciervo del pié blanco 



donde haze su morada? 
—Por aquí pasó esta noclie 
una hora antes del alva. 



En el cap. VIII cita el romance actual, calificándole de antiguo : 



«-Digas tú buen hermitaño 
^ue hazes la santa vida, 



¿aquel ciervo del pié blanco 
dónde hace su manida?» 



Tomo IX. 17 



258 



LÍRICOS CASTELLANOS 



En la famosa obra de Francisco de Salinas {De Música libri septem, 
Salamanca, 1677), he notado los siguientes principios de romances (acom- 
pañados de su notación), y quizá se me hayan pasado algunos : 

Á caballo va Bernardo... (P. 307). 

del pinar de Ávila son (333). 
Yo me iba mi madre 
áVillareale(397). 



En la ciudad de Toledo 
donde los hidalgos son (P. 309). 
¿Dónde son estas serranas? 



Be romances conocidos he encontrado estas menciones : 



Los brazos traigo cansados 
de los muertos rodear (38á) 
Conde Claros con amores 



no podía reposar (346). 
Hetrayda esta la infanta 
bien asi como iiolia (346;. 



Llama antiqíiissimus et simplicissimus al tono de los romances. 

En el Libro de música de vihuela de mano, intitulado El Maestro de 
Luis Milán (Valencia, 1635', hay un fragmento que completa y modifica 
el núm. 125 de la PHmavera : 



Con pavor recordó el moro 
y empezó de gritos dar : 
mis arreos son las armas 
mi descanso es pelear, 



mi cama las duras peñas 
mi dormir siempre velar, 
mis vestidos son pesares 
que no se pueden rasgar. 



En Fuenllana, Libro de música vara vihuela, inlitulado Orphénica 
lyra (Sevilla, 1554) se lee este comienzo de romance, que es variante del 74 
de la Primavera : 



De A ntequera sale el moro , 
de Antequera se salía^ 



cartas llevaba en su mano, 
cartas de mensajería. 



En la colección de pliegos sueltos de la Biblioteca de Praga, que dio á 
conocer Wolf , hay una Ensalada de muchos romances viejos y cantarci- 
líos, entre los cuales figuran los siguientes, no conocidos basta ahora (aun- 
que sí, á veces, otros análogos), debiendo advertirse que no siempre se de- 
signaban los romances por el primer verso, sino también á veces por el 
más conocido : 



En Troya entran los griegos 
tres y tres y cuatro á cuatro. . . 
¿Qué me distes, Moriana? 
¿Qué me dictes en el vino?... 
Cuando el conde don Julián 
pasó de la Berbería... 
.10 me estando en un vergel 
cogiendo rosas y flores.. . 
En Castilla no había rey, 
ni menos gobernador... 
A caza va el rey don Bueso 
: por los montes á cazar- . . 
Por el juego de los dados 
üiempre se revuelve mal. .. 



Moricos de Colomera 
con los moros de Granada... 
Pregonadas son las cortes 
en los reinos comarcanos... 
Alégrate, gran Sevilla 
flor de todas las ciudades- 
La mujer de Amaldos 
cuando en mi^sa entró... 
Ya se sale Melisendra 
de los baños de bañar... 
Dígasme tú, el ruiseñor 
que haces la triste vida.. . 
ÍSn Valencia está el buen Qid 
en esa iglesia mayor... 



APÉNDICE II 

Homances que se han conservado 
por medio del teatro. 



El teatro español, heredero de las tradiciones de nues- 
tra poesía heroica, no sólo les dio nueva forma, sino que 
contribuyó ¿ su conservación y difusión intercalando en 
el diálogo de las comedias largos fragmentos y aun ro- 
mances enteros de origen popular. La mayor parte de estos 
romances son los mismos que se hallan en las colecciones 
impresas, pero ofrecen gran número de variantes que, si 
á veces deben atribuirse al capricho de los poetas que re- 
fundían la antigua materia épica, en otros casos pueden 
proceder de un texto diverso ó de las vacilaciones que 
la tradición oral tiene siempre. En tal concepto creemos 
que seria útil suplemento á nuestros romanceros el que se 
formase entresacando los romances viejos y tradicionales 
que, más ó menos alterados, se encuentran en el texto de 
innumerables dramas nuestros. Las indicaciones que va- 
mos á hacer servirán sólo para mostrar la riqueza de esta 
vena poco atendida hasta ahora por los colectores, pero 
no pretenden de ningún modo agotar la materia, que exi- 
giría un libro especial para su completo desarrollo. 

El primero que hizo resonar en la escena española la 
cadencia siempre grata de los romances viejos fué el 



360 líbicos castella:vos 

sevillano Jaan de la Cueva en sn Comedia de la muerte 
del rey don Sancho y reto de Zamora por don Diego Ordo- 
ñez, representada en 1579. Los versos que toma del ro- 
mance son estos : 

Rey don Sancho, rey don Sancho, — no dirás que no te aviso 
qoe del cerco de Zamora — un traidor había salido. 
Bellido Dolfos se llama — hijo de Dolfos Bellido, 
cuatro traiciones ha hecho — v con esta serán cinco. 

Imitó á Cueva, muy pocos años después, un poeta ano. 
nimo autor de cierta Comedia délos famosos hechos de J/ic- 
darra (1583), de la cual ha publicado amplios extraccos 
el Sr. Menéndez Pidal en su hermoso estadio sobre aque- 
lla leyenda. El ignorado dramaturgo utilizó, seguramen- 
te, para la escena de la muerte de Ruy Velázquez una 
refundición, hoy perdida, del romance A cazar va don Ro- 
drigOf pero el romance está como diluido en la forma dra- 
mática, y apenas puede entresacarse alguno que otro 
verso. 



El gran Lope de Vega, cuyo genio era enteramente 
popular y épico, usó más que ningún otro poeta de este 
ingenioso artificio, especialmente en las innumerables 
crónicas dramáticas que compuso, y en los dramas legen- 
darios y novelescos. 

En la comedia de El rey Bamba conseiwa muchos ras- 
gos y el principio íntegro de un romance semi-eradito 
(tomado del Valerio de las Historias) que se halla en la 
Bosa Gentil de Timoneda (1573). 

En el tiempo de los godos— que no había rey en Castilla, 
cada cual quiere ser rey — aunque le cueste la vida. 




ROMANCES CONSERVADOS POR MEDIO DEL TEATRO 264 

En El Casamiento en la muerte (cuyo héroe es Bernar- 
do del Carpió) hallamos una preciosa variante de los dos 
romances carolingios que en la Primavera llevan los nú- 
meros 185 y 186. Conviene entresacar el texto de Lope : 

Con la grande polvareda — perdimos á don Beltrane; 
siete veces echan suertes — si habrá quien irá á buscalle; 
todas siete le cupieron— al buen viejo de su padre; 
las tr^s le caben por suerte, — las cuatro por maldad grande; 
Mas aunque no le cupieran, — él no podía quedarse. 
«¡Volved á Francia, franceses, — los que habéis la vida infame, 
que yo, por sólo mi hijo — voy á morir ó vengalle.» 
Por la matanza va el viejo, — por la matanza adelante; 
los brazos lleva cansados — de tanto los rodeare; 
vido á todos los franceses— y no vido á don Beltrane; 
vuelve riendas al caballo,— y vuelve solo á buscalle, 
de noche por los caminos, — de día por los jarales; 
y á la entrada de unos prados, — saliendo á unos arenales, 
vido estar un moro perro — que velaba en un adarve; 
habíale en algarabía, — como aquel que bien la sabe : 
«Caballero de armas blancas, — ¿vístele pasar, alarbe? 
Si le tienes preso, moro— á oro es poco pesalle; 
y si tú le tienes muerto, — dámele para enterralle, 
porque el cuerpo sin el alma, — muy pocos dineros vale.» 
— Ese caballero, amigo, — ¿qué señas tiene ó qué talle? 
- «Armas blancas son las suyas, — y el caballo es alazane; 
en el carrillo derecho — tiene juntas dos señales, 
que cuando niño pequeño — se las hizo un gavilane.» 
— «Ese caballero, amigo, — muerto está en aquellos valles, 
dentro del agua los pies, — y el cuerpo en los arenales. 
Siete lanzadas tenía;— pásanle de parte á parte.» 
Apenas le escucha el viejo^-cuando como rayo sale, 
y metiéndose en los moros — quiere morir ó vengalle, 
y murió -al fin peleando — el buen viejo don Beltrane. 



262 LÍRICOS CASTELLANOS 

Entre los elementos poéticos acumulados por Lope en 
este drama, se encuentra (y por cierto con notabilísimas 
variantes, que no sabemos si atribuir á reñmdición del 
dramaturgo ó á que tuviera presente un texto distinto 
de los que hoy conocemos), aquel grandioso romance, no 
popular, ciertamente, ni viejo (aunque á tan buenos jue- 
ces como Gastón París se lo haya parecido), en que Brol- 
dan sucumbe de dolor viendo herido y fugitivo en Ron- 
ces valles á Carlomagno. Pero como esta catástrofe era 
incompatible vcon la muerte de E>oldán á manos de Ber- 
nardo, Lope transpone la situación, y atribuye á Carlo- 
magno lo que el romance dice de Roldan, y la lamenta- 
ción que pone en su boca : 

Por muchas partes herido — sale el viejo Carlomagno, 
huyendo de los de España— que le han desbaratado. 
Al pié estaba de una cruz, — por el suelo arrodillado, 
diciendo palabras tiernas — envueltas en duro llanto. 
«Oh Carlos triste — decía — ¿qué es de tu esfuerzo pasado? 
¿Qué es de tus doce famosos— que dieron al mundo espanto? 
¿Adonde está don Roldan? — ¿Dónde el paladín Reinaldos, 
Danés Ucgel, Brandimarte — Sonsonete, Alfonso insano (?), 
Montesinos, Oliveros — y Durandarte el gallardo, 
el abnirante Guarinos, — Gaiferos y el conde Naymo? 
lAy, don Beltrán valeroso, — viejo noble, honrado y sabio, 
por no tomar tu consejo — en Roncesvalles acabo! 
I Vendido me ha Galalón; — Dios le dé por ello el pagol» 
Diciendo aquestas razones— cayó en tierra desmayado. 



En £Jl conde Fernán González aprovecha ó intercala 
Lope dos romances, uno popular y otro artístico : el que 
comienza Buen conde Fernán González, y el de Juramen- 
to llevan hecho; uno y otro con grandes variantes que no 



ROMANCES CONSERVADOS POR MEDIO DEL TEATRO 263 

t 

corresponden á ninguno de los textos conocidos, y deben 
de ser modificaciones arbitrarias del poeta, aunque no 
todas lo parecen : 

Buen conde Fernán González — el rey envía por vos 
para que vais á las Cortes — que celebran en León, 

De Asturias y de Galicia— desde el Miño hasta Arlanzón, 

y desde el Duero hasta el Tajo,— de Segovia á Badajoz, 

no ha quedado de castillo, — de villa ó ciudad, señor, 

<iue no venga á su mandado — humildemente y vos no. 

Buen conde, si vais á ellas — Jaros han buen galardón, 

daros ha el rey á Paredes — á Dueñas y á Villalón, 

á la Torre, á Palenzuela, — y á Falencia la mayor; 

si no vais, conde, á las Cortes — daros ha el rey por traidor, 

y quedaréis por retado — como los villanos son. 

— Mensajero eres, amigo, — no mereces culpa, no; 

y es justa ley que te valgan — las leyes de embajador. 

El romance primitivo no menciona á Villalón ni á Due- 
ñas, y en cambio habla de Carrión, ,de Torquemada, de 
Tordesillas y Torrelobatón, que faltan en Lope. Por su- 
puesto, el final del romance está refundido conforme á la 
ortodoxia monárquica del siglo xvii : 

Nunca ha sido inobediente — el conde al rey mi señor; 
ni en las guerras le ha faltado — ni en el campo le dejó; 
si ha días como tú dices— que á su mandado no voy, 
es porque no me ha dejado— el cordobés Almanz(»r; 
di que parto á obedecelle, — y que de camino estoy, 
aguardando á que me den — un caballo y un azor. 

El otro romance, que es artístico sin duda, pero bas- 
tante sencillo y no infiel al espíritu de los tiempos heroi- 
cos ni al tono de la canción popular, conserva los mis- 



26 V LÍRICOS CASTELLANOS 

mos méritos en la refundición de Lope, annque su letra 
difiere mucho de la que leemos en el Bomancero General 
de 1604. Sólo hay conformidad en los seis primeros 
versos: 

Juramento llevan hecho— todos juntos á una voz; 
(le no volver á Castilla — sin el conde su señor. 
La su imagen llevar quieren — subida en un carretón, 
dando obediencia á una piedra — para más señal de amor. 
Convocar quieren la gente — y mover á compasión 
los niños entre los pechos, — las hembras en la labor, 
los hidalgos en la plaza,^os monjes en religión, 
los viejos en los gobiernos, — los mozos en su afición, 
en la tienda el oficial,— en el campo el labrador. 



Como este romance no pertenece á los viejos y tradicio- 
nales, omito los reatantes versos, que tendrán en otra 
parte lugar más adecuado. 



En El Bastardo Mudarra «Lope tomó de las Crónicas 
»todos los rasgos poéticos en ellas conservados, al par 
»que la rapidez y fuerza narrativa de la antigua prosa 
»historial; y de los romances adoptó el metro, imitó sik 
acorte y sus giros en muchas escenas, y aun insertó al- 
»gunos íntegros ó copió de otros bastante número de ver- 
»sos» (1). 

Uno de los romances aprovechados por Lope es el de 
Convidárame á comer, que no se conoce en su forma ori- 
ginal y primitiva, sino en refundiciones semi-artisticas 
(que ya hemos dado á conocer) y en dos^ variantes dra- 

O) R. Menéndez Pidal, La Leyenda de los siete infantes de Lara, 129-. 



ROMANCES CONSERVADOS POR MEDIO DEL TEATRO 265 

máticas, ésta de Lope y otra de Hurtado de Velarde, que 
citaremos después. La de Lope dice asi : 

Eu campos de Arabiana — murió gran caballería, 
por traición de Rui Velázquez — y de dofía Alambra envidia. 
Murieron los siete infantes— que era la flor de Castilla, 
sus cabezas lleva el moro— en polvo y sangre teñidas. 
Convidárame á comer — el rey Almanzór un día, 
después que hobimos comido— dióme la sobrecomida, 
conocí los hijos míos— y el ayo que los rexía. 
Dexé con mi tierno llanto — las piedras enternecidas, 
dióme libertad el rey — luego á Castilla me envía, 
mas no me la dio la muerte — pues no me quitó la vida. 
\^ine á Burgos donde estoy— ciego de llorar desdichas, 
pidiendo justicia al cielo, — que en el suelo no hay justicia. 
Cada día que amanece — doña Alambra, mi enemiga, 
hace que mi mal me acuerden— siete piedras que me tira. 

Lo que el texto del romancero manuscrito de Barcelo- 
na (dado á conocer por Milá y Fontanals) y también el 
que siguió Hurtado de Velarde achacan á Ruy Veláz- 
quez, Lo^ lo atribuye á D.a Lambra, y probablemente 
estaría así en la versión del romance que él conoció aca- 
so por tradición oral. 

Contiene además esta comedia restos de una variante 
perdida del célebre romance A cazar va D. Rodrigo : 

En un monte junto á Burgos— al pié de una verde haya¿ 
echado está, Ruy Veláquez — cansado de andar á cazi 



?. 



El título de otra comedia de Lope Las Almenas de Toro^ 
y una de sus más bellas escenas, proceden de un roman- 
ce que en la Primavera tiene el núm. 54, tomado de la 
Bosa Española de Juan de Timoneda. No creo que el tex- 



266 LÍRICOS CASTELLANOS 

to que tuvo á la vista Lope ó que citaba de memoria, fue- 
se el mismo de la Rosa Española, Pocos versos concuer- 
dan, y en los añadidos por nuestro poeta hay algunos 
rasgos que, aun revestidos de afiligranada forma artísti- 
ca, parecen más tradicionales que los del romance. Lope, 
no obstante, era muy capaz de lograr por si mismo tal 
género de bellezas; cuando se inspiraba en la poesía na- 
cional acertaba casi siempre, y á veces logró que lo in- 
ventado por él se incorporase con el fondo de la tradición 
y no disonase de ella. He aquí este nuevo texto del ro- 
mance, tal como puede entresacarse del diálogo de la co* 
media : 

Rby don Sancho. 

Por las almenas de Toro— se pasea una doncella, 
pero dijera mejor — que el mismo sol se pasea.... 

Blanca es y colorada— que es de los amores reina... 

Si es hija de duque ó conde — yo me casaré con ella 
de buena gana, vasallos, — y liaróla en Castilla reina. 
Carroza le haré de plata,— de blanco marfil las ruedas, 
estribos y asientos de oro — y las cubiertas de tela. 
Los caballos que la lleven, — las crines ricas que peinan, 
cubrirán lazos de nácar— y ellos besarán la tierra. 
Haréle el más rico estrado — que moro ó cristiano tenga, 
donde no se echen de ver — con los diamantes las telas. 
Haré que Elvira y urraca — juntas de rodillas vengan 
á Sevilla, y que el cojín — le lleve Alfonso á la iglesia. 
Mas si por dicha, si ya— que esto puede ser que sea, 
es hija de labrador, — tendréla por mi manceba. 
Haré que por celosías — mire las públicas fiestas, 
juegos de cañas y toros, — torneos, justas, libreas. 
Iremos los dos á caza — por los montes y florestas; 



ROMANCES CONSERVADOS POR MEDIO DEL TEATRO 267 

gavilán que lleve en mano,— de oro tendrá Ips pihuelas. 
Si de ella tuviere hijos, — haré que el mayor posea 
como juro de heredad— á Carrión y á Falencia. 
Los demás* no irán quejosos» — que yo casaré las hemhras, 
y haré obispos los varones — de Burgos y Oompostela. 

Cid. 

Dejad, el buen rey don Sancho, — de hablar palabras como 

[esas-; 
que es vuestra hermana, señor, r- la que veis en las almenas... 

Rey don Sancho. 

Pues si ella, Cid, es mi hermana, — ¡mal fuego se encienda 

[en ella! 
;No tenga jamás ventura — pues no la tendrá por fea! 
Case mal, con hombre indigno —cuyo nacimiento venga 
desde el primero villano — que puso arado en la tierra. 
No haya subido á caballo, —calzado bota ni espuela, 
puesto camisa de holanda, — vestido sayo de seda. 
¡Hola, ballesteros, holal — Apercibid las ballestas... 
iTiralde, los mis monteros! 

Cid. 

Todo hidalgo se detenga; 
que al hombre que la tirare, — antes que ponga la cuerda 
le volaré de los hombros, — y de un revés, la cabeza... 

Lope de Vega atestigua que en su tiempo era muy po- 
pular este romance, y que con él se arrullaba á los niños: 

Ya se canta por ahí, 
y hasta en la cama se duerme 
el niño con las canciones 
que se han hecho á las almenas 
de Toro 



26S LÍRICOS CASTELLANOS 

No faltan en esta pieza alusiones á los romances más 
conocidos del cerco de Zamora: 

¿Deben de cantar en vano 
desde el hidalgo al que el trigo 
siembra, aquello de «Rodrigo, 
el soberbio castellano? > 

Pero no se transcribe casi ninguno á la letra, sin duda 
porque ya los había aprovechado Guillen de Castro. Hay 
una sola excepción, y es el relato de la muerte de don 
Sancho, en que se intercalan algunos versos de los más 
populares, precisamente los mismos de que había hecho 
uso Juan de la Cueva: 

|Rey don Sancho, rey don Sancho, 
no digas que no te aviso!... 



En El Sol Parado hay una linda escena fundada en un 
romancillo villanesco, que debió de ser muy popular^ 
pero que no conocemos ya en su primitiva forma, sino á 
través de las glosas á lo divino que de él hicieron varios 
ingenios del siglo xvi, por ejemplo, Juan López de Úbe- 
da en su Cancionero y Vergel de plantas divinas (Alca- 
lá, 1588) : 

Yo me iba, ¡ay. Dios míol 
á Ciudad Reale; 
errara el camino 
en fuerte lugare... 

El mismo Lope le glosó otras dos veces en su auto sa- 
cramental La Venta de la Zarzuela, De estas glosas pro- 
curaré entresacar los versos que parecen primitivos: 



ROMANCES CONSERVADOS POR MEDIO DEL TEATRO 269 

Yo me iba, serrana, — á Villa Reale... 
errara el camino — en fuerte lugare... 
cogióme la noche — y su obscuridad... 
siete dias anduve— que no comí pan... 
No estaba muy lejos— un negro jaral 
donde el sexto dia — hube de pasar... 
donde sale el sol —comencé á mirar... , 
junto á la Zarzuela— y Darazután, 
donde en vez de rosas— tales zarzas hay; 
vi de una cabana — salir humo tal, 
que cegó mis ojos— lay Dios! si verán... 
de ella una serrana— me salió á buscar, 
fingida de rostro, — de alma mucho más... 
«Apeaos, caballero,— vergüenza no hayáis,» 
me dijo engañosa : — «¡qué facilidad!» 



En la comedia genealógica Los Ramírez de Aréllano 
se intercalan hábilmente algunos versos de un romance 
relativo á la catástrofe de Montiel : 

Muerto yace el rey don Pedro — en su sangre revolcado : 
más enemigos que amigos — tienea su cuerpo cercado; 
unos dicen que le entierren— otros que no sea enterrado... 



En El Primer Fajardo pone en acción nuestro poeta la 
partida de ajedrez entre el rey moro y Fajardo, dándola 
mayor realce con hacer que dos músicos canten al mismo 
tiempo los versos del romance, que seguramente todos 
los espectadores acompañarían en coro : 

Jugando estaba el rey moro— en rico ajedrez un día, 
con áquese gran Fajardo, — por amor que le tenía. 
"Fa jardo jugaba á Lorca — y el rey jugaba á Almería; 
que Fajardo, aunque no es rey,— jugaba cuatro ó seis villas... 



270 líricos gastelláxos 

De este modo lo épico ae enlaza con lo dramático, y 
consigne el poeta que la ilusión realista no se destruya, á 
pesar del brusco tránsito del diálogo al canto. No en boca 
de los músicos, sino del rey mismo, están puestos los fa- 
mosos versos : 

Perdiste, amigo Fajardo,— la villa de Lorca es mía... 



La admirable tragicomedia de Peribáñez y el Comenda- 
dor de Ocaña parece estar fundada en algún romance 
popular. Asi lo indican estos versos : 

Canta, Llórente, el cantar 
de la mujer de nuesamo. 

Llobente. 

La mujer de Peribáñez, — hermosa es á maravilla; 
el comendador de Ocafía — de amores la requería... 

«Más quiero yo á Peribáñez— con su capa la pardilla, 
que no á vos, Comendador, — con la vuesa guarnecida.» 

Otra admirable creación dramática de Lope, análoga 
á la anterior; Fuente Ovejuna, nos conserva el principio 
de otro romance : 

Al val de Fuente Ovejuna — la niña en cabellos baja; 
el caballero la sigue — de la cruz de Calatrava. 

Prescindo de Los Comendadores de Córdoba, porque es- 
tán basados, no en un romance propiamente dichoy sino 
en un cantarcillo de versos de cinco silabas, que por lo 
demás es de Índole profundamente popular, y más narra- 
tivo que lírico. Cosa análoga puede decirse de El Caba- 
llero de OlmedOj de El Galán de la Hembrilla y otras mu- 



ROMANCES CONSERVADOS POR MEDCO DBL TEATRO 274 

chas producciones, de las mejores del riquisimo reperto- 
rio de Lope, en que aparecen incorporadas todas las for- 
mas y maneras del lirismo tradicional, juntamente con 
las de la tradición épica, transmitida por los romances y 
las crónicas. 



La comedia El más galán portugués duque de Berganza 
se funda en el romance núm. 107 de la Primavera^ pera 
el texto que Lope presenta está remendado para acomo- 
darle á las profundas alteraciones que él hizo en su fá- 
bula dramática : 



Mediodía era por filo — eclipsado el sol salía, 
cuando el duque de Berganza— con la duquesa reñía; 
comiendo una vez estaba,— cuando arrojando una silla 
el duque se levantó — con la cara denegrida. 
Dejan la mesa los dos, — capa y espada pedía : 
«Traidora me sois, duquesa, — falsa, aleve y fementida.» 
A quien con valor responde — ella que su sangre imita : 
«Yo no soy traidora, duque, — ni en mi linaje lo había...» 
Cuando aquesto oyera el duque — fuego echando por la vista^ 
empuñando la su espada — desenvaina la cuchilla, 
y como si fuera un moro— para la duquesa se iba; 
la duquesa con las manos— parece se defendía... 
y viendo que la mataba— á grandes voces decía : 
— «Valedme, mis escuderos, — los que truje de Castilla.» 
Todos eran portugueses— ninguno el habla entendía; 
no porque no la entendiesen, — sino porque no querían; 
si no fuera un pajezuélo— que llamaban Mendocica, 
que porque á doña Mayor— con mucha lealtad servía, 
de ver el duque con ella — celos el duque tenía; 
pero conmovido el paje — entra con lengua atrevida, 
diciendo, sin tener miedo — ni á su muerte ni á su vida : 
— «Suelta, duque, á la duquesa, — que ella nada te debía. > 



272 ÚRICOS CASTELLANOS 

El daque faé contra el paje, — por los corredores ib a; 
el paje, como es ligero, — por la escalera corría, 
pidiendo justicia al cielo, — pero el duque le seguía. 
Estando en aqueste punto— llegué yo con osadía 
donde la duquesa estaba, — y entre los brazos asida 
la saqué por una puerta — que por el jardin salía, 
y hacia un pedazo de monte— entre unas verdes encinas, 
y á las ancas de un caballo — que volaba y no corría, 
la puse á los pies del rey,— donde le pide justicia. 



En La Envidia de la l^obleza se intercalan trozos may 
alterados de un romance fronterizo, que ya Ginés Pérez 
de Hita calificaba de antiguo (núm. 72 de la Primavera): 

«Redüán, bien se te acuerda — que me diste la palabra 
de darme á Jaén la fuerte— en una noche ganada. 

Reduán, si no lo cumples, — desterrarte lié de Granada, 
quitándote el alcaidía — de las torres de la Alhambra. 
Daré al mayor enemigo— los amores que más amas, 
tus oficios y tus rentas— á criados de mi casa. 

Se alude también al famoso romance Moro alcaide 
(núm. 84 a), y se imitan otros asi fronterizos como mo- 
liscos. Parecidas reminiscencias se observan en otras co- 
medias de asunto histórico granadino; por ejemplo, en 
El Cerco de Santa Fe, fundado principalmente en el ro- 
mance núm. 03, cuyos primeros versos se recuerdan : 

Cercada está Santa Fé— de mucho lienzo encerado, 
y al rededor muchas tiendas — de terciopelo y damasco... 



Pasemos á las comedias del ciclo carolingio. En Zas 
Mocedades de Reinaldos hay un romance que acaso sea 



ROMANCES G0N5EAVAD0S POR MEDIO DEL TEATRO 273 

composición á&l mismo Lope, pero ea el cual pareQen no- 
tarse algunos rasgos tr,adicionales que hacen sospechar 
la existencia de un original perdido, por lo cual nos pa~ 
rece curioso reproducirle, á pesar de s¡u forma artística y 
znodema : 

Labrando estriba Claricia — una sobreveste blanca 
;para Réynaldos, su esposo — que andaba en el monte á caza, 
y como Be la ponia— sobre las doradas armas, 
las batallas que ha vencido — bordaba de sedas varias; 
echó menos á su hijo, — que entretanto que ella labra, 
le devanaba la seda — sobre unas dobladas cartas. . 
Saltos le da el corazón — y sospechas le da el alma. 
Picóla el dedo la aguja,— cubrió de sangre la holanda : 
dióle voces, no responde : — dejó la laboi turbada; 
al salir al corredor— pisó la falda á la saya. 
Cuando entre este mal agüero — oye que tocan al arma : 
«I niño estaba en el muro — Galalón en la campaña, 
For la empresa le conoce— y desta suerte le habla ;, 
— «Mal hubiese el caballero — de la casa de Maganza 
que puso mal con el rey — á quien le honraba su casa : 
Reynaldos de Montalván — venció cuarenta batallas, 
^yudó al conde Godofre — á ganar la casa santa; 
Oalalón cobarde siempre, — cuando Carlos fué á Bretaña, 
ee escondió en una arboleda — en escuchando las cajas. 

Un dia de San Dionis — que á la mesa se sentaban 
de Carlos, su emperador— todos los grandes de Francia, 
•díjóles que el que más moros — hubiese muerto en batalla, 
tomase á su lado silla : — fué Galalón á tomalla. 
Reynaldos le desvió — diciéndole : « ¡Infame, aparta! 
-que Roldan, Dudon y Urgel— pudiendo tomalla, callan, 
tras ellos Reynaldps solo— merece silla tan alta,» 
Replicóle que mentía, — puso la mano en su cara, 
■enoj^óse Carlos de esto,— desterróle de su casa. 
Crecieron los testimonios,— retiróse á la montaña. 

Tomo IX. 18 



274 títICOS CASTELLANOS 

La comedia de El Marqués de Mantua está fondada 
enteramente en los romances, y conserva sns principaleB 
pasajes, pero Lope los moderniza, volviéndolos á escríhír 
en sn estilo, por lo cnal es inútü reprodacirlos aqni, ma- 
cho más siendo tan fácil hacer la comparación de ambos 
textos en el carioso estudio qne acaba de publicar Alber- 
to Lndwjg {Lope de Vegas Dramen aus KaroHn^isdken 
Sagenkreüe, Berlín, 1898). 



Prescindo de otras piezas caballerescas y novelescas 
en qne Lope dramatizó asnntos de los romances, empa- 
pándose en BU esjjíritn, pero sin reproducir sn letra; por 
ejemplo. La Fuerza lastímasa, en qne trató, con más for- 
tana qne otros poetas, el patético asunto de El Qmde 
Álarcos, Pero conviene observar que hasta en piezas ám 
pora invenciÓD, ó que no tienen fondo tradicional, se en- 
cuentran á veces preciosísimas reliquias de cantos popu- 
lares. Hay, por ejemplo, en El Vülano en sú rincón dos 
lindos romances, enlazados por un cantarcillo, qne pare— 
cen primitivos, y que tienen algún parentesco con el dé 
la Infantina. Lope pudo retocarlos algo, pero segurfi- 
mente los dejó intactos en lo substancial : 

A caza va el caballero— por los montes de París» 
la rienda en la mano izquierda — y en la derecha el neblL 
Pensando va en su señora, — que no la ha visto al partir, 
porque como era casada, — estaba su esposo allL 
Ck)mo va pensando en ella,— olvidado se ha de si : 
los perros siguen las sendas ~ entre hayas y peñas mil. 
El caballo va á su gusto, — que no le quiere regir. 
Caando vuelve el caballero— hallóse de un monte al fin; 
volvió la cabeza al valle, — y vio una dama venir, 
en el vestido serrana,— y en el rostro serafín. 



BOMÁNGES CONSERVADOS POQ MEDÍO DEL TEATRO 275 

Por el montecico sola, 
¿Cómo iré? 

lAy Dios! ¿Si me perderé? 

¿Cómo iré, triste, cuitada, 

de aquel ingrato dejada? 

Sola, triste, eDamorada, 
¿Dónde iré? 

lAy DiosI ¿Si me perderé? 
— ¿Dónde vais, serrana bella, — por este verde pinar? 
Si soy hombre y voy perdido— mayor peligro lleváis. 
— Aquí cerca, caballero,— me ha dejado mi galán, 
por ir á matar un oso— que ese valle abajo está* 
— iOh mal haya el caballero — en el monte AUubricán, 
que á solas deja su dama— por matar un animal! 
Si 08 place, sefíora mía, — volved conmigo al lugar, 
y porque llueve, podréis— cubriros con mi gabán.— 
Perdido se han en el monte— con la mucha obscuridad. 
Al pié de una parda peña — el alba aguardando están; 
la ocasión y la ventura— siempre quieren soledad. 



No todos los dramaturgos contemporáneos y díscipalod 
de Lope de Vega le imitaron en cuanto á esta manera de 
aprovechar y transformar los romances. No recuerdo 
ejemplos en Tirso ni en Alarcón, poetas de genio ihás 
dramático que épioo; pero abundan mucho en otros an>- 
teres de menos nombre. Falsamente atribuida á Lope se 
imprimió en 1603 (Lisboa) una Comedia de la libertad de 
Castilla, que por buenas conjetaras pudiera atribuirse á 
Pedro Liñán de Riaza ó al poeta de Guadalajara Harta- 
do de Velarde^ Esta comedia presenta una nueva varian- 
te ó refundición del romance Buen Conde Fernán Gonzá- 
leZj más fiel al original que otra que hemos visto en Lope ; 

Buen conde Fernán González— el rey envía por vos, 
que vayades á las cortes— que se facen en León. 



276 LÍRICOS CASTELLANOS 

Buen conde, si allá no ídes— dárvos hían por traidor, 
y os quitarán vuestras tierras — darlas han á otro señor ; 
buen conde, si allá ides— darvos han buen galardón : 
dar vos han las siete villas— que dentro en Aguilar son, 
darvos han á Torquemada — la Torre de Mar mojón, 
y otras villas y castillos — que los he olvidado yo. 
— Mensajero sois, amigo, — non merecéis culpa, non, 
porque si la mereciérades — bien vos castigara yo. 
Decid de mi boca al rey — que non quiero ir allá non, 
que endose sus aguinaldos— á quien mejor le ayudó, 
á quien le ayudó, vos digo, — mientras yo yacía en prisión, 
á correr las tierras mias— por su grado y mi baldón. 
Villas y castillos tengo, — todos á mi mandar son, 
dellos me déxó mi padre, — dellos me ganara yo; 
los que me dexó mi padre— poblólos de ricos homes 
y los que yo me ganara— poblólos de labradores; 
á quien algo non tenía —mi mano se lo endonó, 
y al que tenía solo un boi — dábale otro, y eran dos; 
cada dia que amanece — por mí facen oración, 
non la facen por el rey — que non la merece, non; 
que si las sus tierras quiere — que le fagan buena pro, 
que me pague las caloñas — del caballo y del azor. 



£n las famosas crónicas dramáticas de Guillen de Cas- 
tro y otros poetas meüores prevaleció el sistema de Lope. 
Notorio es que Las Mocedades del Cid (primera y segunda 
parte) son una continua y hábil dramatización de los ro- 
mances del Campeador, así de los populares como de los 
artísticos. Sólo en la primera parte pasan de veinte los que 
Guillen de Castro fué zurciendo á retazos en la tela -de 
su diálogo. Pero alguna vez también se presentan aislan 
dos, como en estas quejas de Jiména, que corresponden 
al romance En Burgos está el buen rey (30 a de la FHma* 
vera\ derivado de la Crónica Rimada : 



ROMANCES CONSERVADOS POR MEDIO DEL TEATRO 277 

Cada dia que amanece— veo quién mató á mi padre, 
caballero en un caballo,— y en su mano un gavilán. 

Y por hacerme despecho— dispara á mi palomar, 
flechas que á los vientos tira — y en el corazón me dan. 
Mátame mis palomicas — criadas y por criar; 
la sangre que sale dellas — me ha salpicado el brial... 

Rey que no hace justicia— no debria de reynar, 
ni pasear en caballo,— ni con la reina folgar... 

T en la segunda parte el famosísimo que comienza 
Afuera, afuera^ Rodrigo (37 de la Frimavera) : 

Afuera, afuera, Rodrigo,— el soberbio castellano, 
acordársete debiera— de aquel buen tiempo pasado 
que te armaron caballero — en el altar de Santiago; 
mi padre te dio las armas, — mi madre te dio el caballo, 
yo te calcé espuelas de oro— porque fueras más honrado, 
pensando casar contigo : — no lo quisieron mis hados (1); 
casástete con Jimena, — hija del conde Lozano. 
Con ella hubiste dineros, — conmigo fueras honrado. 
Muy bien casaste, Rodrigo— mejor hubieras casado, 
dejaste hija de un rey — por tomar la de un vasallo. 



Idéntico rumbo siguió, en sus piezas históricas, Luis 
Vélez de Guevara, uno de los discípulos de Lope que 
mejor llegaron á asimilarse algunas cualidades del maes- 
tro. Ya hemos hablado de La Serrana de la Vera, No 
citáremos la comedia Si el caballo vos han muertOj porque 
el romance en que está fundada, y que íntegramente se 
transcribe en ella, aunque calificado por Duran de «an- 

(]) Mi pecado dice el romance primitivo. 



278 LÍRICOS CASTELLANOS 

tiguo y popular», fué excluido por Wolf de la Frim%ve' 
ra, y á mi ver con razón, pues su mismo lenguaje con- 
trahecho, que quiere parecer anticuado, y su carácter ge- 
nealógico le traen á época bastante cercana, es decir, á 
los últimos años del siglo XVI. Pero en la más famosa de. 
sus piezas. Reinar después de morir, puso en boca de doña 
Inés de Castro versos tomados ó imitados de uno de los 
romances de doña Isabel de Liar (104 de la PrimavercC): 

Por los campos de Mondego— caballeros veo asomar, 
armada gente les sigue— ¡válgame Dios, qué será! 

Y en la situación más culminante del drama sacó gran 
partido de estos otros, que oye cantar el infante don 
Pedro, y que proceden de un romance novelesco saeltO| 
vivo aún en la memoria de nuestro pueblo : 

¿Dónde vas, el caballero? — ¿dónde vas, triste de tí? 
que la tu querida esposa — muerta es que yo la vi. 
Las señas que ella tenía — yo te las sabré decir : 
su garganta es de alabastro — y su cuello de marfil... 

En Los Hijos de la Barbuda se cantan fragmentos del 
Conde Cidros y de Fonte Frida : 

Conde Claros, con amores— non pudiera reposare, 
apriesa pide el vestido, — apriesa pide el calzare; 
presto está su camarero — para habérselo de daré; 
que quien adama non duerme,— y mas cuando celos haye, 
salto diera de la cama, — que parece un gavilane; 
que es con amores el lecho— mármol duro y lid campale. 
.. • ...••••*.. •...•....•....••.• •..«•••.••.••.•..••.• 
Las calzas se pone el Conde — apriesa y non de vagare; 
que amores de Blanca Niña — llamándole apriesa estañe» 



BOMANCES GOirSEBYADOS POR MEDIO DBL TEATRO 279 

Fonte f rida, f onte f rida, —f ente f ridá con amor, 
dó todas las avecillas— cantan cuando nace el sol. 
Allí canta la calandria, — allí canta el raiseñor, 
allí canta el silguerillo — y el chamariz parlador. , 
Si non faé la tortolilla — que nunca cantara, non, 
nin reposa en rama verde — nin pisa yerba, ni flor. 



Los poetas de la segunda mitad del siglo xvii, de la 
que podemos llamar escuela de Calderón, muy pocas ve- 
ces acuden á los romances antiguos, pero suelen citar y 
glosar los artísticos que estaban más en boga. Así lo hizo 
O&lderón en El Príncipe constante con el romance moris- 
co de Góngora Entre los sueltos cábaUos. 



Estos brevísimos apuntes demuestran, á lo que creo, 
que tanto para completar y acrisolar el texto de nuestros 
romances, como para apreciar su difusión literaria, pue- 
de sacarse algún provecho de nuestras antiguas come- 
días, todavía muy poco estudiaddjs bajo este aspecto. 



% 



APÉNDICE III 



Bibliografía y variantes de los primitivos 

romanceros. 



Damos á continuación el índice bibliográfico de las 
principales ediciones del Cancionero de Bomances y de la 
Silva de varios romances, que son los dos libros en que se 
ha conservado la mayor parte del tesoro de nuestra ge- 
QuinaL poesía nacional. Á excepción del rarísimo Cancio- 
nero de Amberes m año (del cual no sé que existan más 
que tres ejemplares, el de nuestra Biblioteca Nacional, el 
de la del Arsenal en París, y el de la biblioteca ducal de 
Wolfembüttel), y de algún o ero de menor importancia, ha 
llegado á reunir todas estas ediciones el Marqués de Je- 
rez de los Caballeros, en la sin par librería de poetas y 
novelistas españoles que tiene en su casa de Sevilla. 
Debo á mi excelente amigo no sólo la comunicación de 
tan preciosos ejemplares , sino también el delicado ob~ 
sequío de las adjuntas cédulas bibliográficas redactadas 
con todo el primor y atildamiento propios de tan experto 
aficionado. Se notará que varias de estas ediciones fueron 
desconocidas para Duran y para Wolf. Por lo tocante á 
la Tercera Parte de la Silva, cuyo único ejemplar conoci- 
do es el del Marqués, no sólo daremos los primeros ver- 
-fios de cada romance, como ya hizo Volmoller (Spanische 



h. 







A 



282 líricos castellanos 

FundCf Erlangen, 1890), sino que apuntaremos todas las 
variantes de alguna consideración. 

a) Cancionero de | Romances | en que están | recopila- 
dos la mayor par- | te de los romances caste- | llanos que 
fasta ago- | ra sean com- | puesto. (E. del I.) En Enveres. | 
En casa de Martin Nució. 

12.0 276 hojas; 276 foliadas, inclusas las 6 de prelim. y 
una hoja en blanco al fin.— Signs. A-Z, todas de doce hojas. 

Portada.— V.a en blanco. — Prólogo del impresor. — Tabla 
de los Romances. — Texto.— Errata. — Hoja en blanco. 

Contiene 155 romances. 

El prólogo del impresor merece transcribirse: 

«EL IMPRESOR 

»He querido tomar el trabajo de juntar en este caucione- . 
ro todos los romances que an venido á mi noticia : parecien- 
dome que cualquiera persona para su recreación y pasatiem- 
po holgaría de lo tener porqué la diversidad de historias que 
ay en él dichas en metro y con mucha brevedad será á todos 
agradable. 

> Puede ser que falten aquí algunos (aunque muy pocos) 
délos romances viejos; los quales yo no puse, ó porque no 
an venido á mi noticia, ó porque no los halló tan cumplidos 
y perfectos como quisiera, y no niego que en los que aquí 
van impresos avra alguna falta, pero esta se deve imputar á 
los exemplares de adonde los saqué, que estavan muy co- 
rruptos: y á la flaqueza de la memoria de algunos que me los 
dictaron que no se podían acordar dellos perfectamente. Yo 
hize toda diligencia porque u viese las menos faltas que fuesse 
posible y no me ha sido poco trabajo juntarlos y enmendar y 
añadir algunos que estarán imperfectos. También quise que 
tuviesen alguna orden y puse primero los que hablan de las 
cosas de Francia y de los doze pares, después los que cuentan 




BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 283 

historias castellanas y después los de Troya, y últimamente 
los que tratan cosas de amores, pero esto no se pudo hazer 
tanto á punto (por ser la primera vez) que al fin no quedasse 
Alguna mezcla de unos con otros. Querría que todos se con- 
tentassen y llevassen en cuenta mi buena voluntad y deli- 
gencia. El que assi no lo hiziere aya paciencia y perdóneme 
que yo no pude más. > , 

h) Cancionero de | Romances | en que están re- | copila- 
dos la mayor parte de los | Romances Castellanos que | fasta 
agora sean com- | puesto. | % Nuevamente corregido emen- 1 
dado y añadido en muchas partes. (E. del I.) En Envers. | En 
casa de Martin Nució. | M.-D.L. 

12.0 300 hojas foliadas, inclusas las 5 de préls. — Signa- 
turas A-Z, Aa-Bb, todas de doce hojas. — Las letras y-z, son 
góticas. 

Portada. — Vi^elta : (Prólogo de) cEl Impresor»,— Tabla.— - 
Texto. — Escudo igual al de la portada. 

Contiene 184 Romances, según la Tabla. 

Primero, empieza : Estábase el Conde Birlos, 

Ultimo, empieza : Con rabia está el Rey David. 

' c) Cancione- 1| ro de Romances [I en que están recopilados 
la mayor par- || te de los Romances Castella- 1| nos, que hasta 
agoré so || han compuesto. | Nueuamente corregido, emen- 
da- II do, y afiadido en muchas partes. (E. del I.) En Anvers. || 
En casa de Martin Nució, a la enseña de las dos Cigüe- 
ñas. II M. D. LV. 

12.0 300 hojas foliadas, inclusas las 6 de prels.— Signa- 
turas A-Z, Aa-Bb, todas de doce hojas.— Las letras* yz, son 
góticas. 

Portada.— Vuelta : (Prólogo de) cEl Impresor».— Tabla.— 
Texto. — Pág. en blanco. 

Contiene 184 Romances, según la Tabla. 

Primero; empieza : Estábase el Conde Birlos, 

Ultimo; empieza : Con rabia está el Rey Bavid. 



284 líbicos castellanos 

d) Cancionero ' de Romances en ! qne están recopilados 
]fl mayor | parte de los Bomances Ca- \ stellanos, qne hasta 
ago- ' ra se han com- poesta. Nnenamente corregido, emen- 
dado, T añadido en mnchas partes. (E. del L) £n Anvers. [ 
En casa de Philippo Xucio. | M D.LX^III. 

12.'> 300 hojas foliadas, inclusas las 5 de prels. — Signatu- 
ras A-Z, Aa-£by todas de doce hojas. — Las letras y-z, son gó' 

tíCSK. 

Portada. — Vuelta: íPrólogo de) <E1 Impresor». — Tabla. — 
Texto. — Pág. en blanco. 

Contiene 184 romances, según la Tabla. 
Primero, empieza : Estábase el Conde Dirlos. 
Ultimo, empieza : Con rabia está el R&y David (1). 

a) Primera parte de la Silva de varios romances, en qne 
están recopilados la mayor parte de los romances castellanos 
qne hasta agora se han compuesto. Hay algunas catictones y 
gloFias graciosas y sentidas. (Escudo del impresor.) Impreso 
en Zaragoza por Esteban G. de Na jera en este año de 1550. 

1 2.0 let. m. gót. 222 pp. dobles (sin los principios y tabla). 
Kl escudo representa un halcón destruyendo con el pico 
un alacrán, con esta leyenda : Justa ültio. 
Portada en rojo y negro. 
Hoja 2.* 

El impresor. — €He querido tomar el trabajo,..* 
AI fin del libro : 
tAl lector. — Algunos amigos míos, como supieron..,* 

Anónimo, 

b) m Segunda par- | te de la Silua de va- | ríos Román- | 
ees. I •[ Lleua la misma orden que la | Primera. (Escudo del 



(1 ) Hay otras reimpresiones del Cancionero de Romances enteramoite 
idénticas á la de 15f<0 (Amberes, 1554, existente en la Biblioteca Imperial 
do Vicna, sepún Wolf ; Amberes, 1573 y 1576, Lisboa, por Manuel de Lyra, 
1581; IJarcelona, 1587 y 1626, todas en 12.°). 



^ 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 285 

impresor.) ^ Impresa en Qaragoíja por | Steuan. G. de Na- 
gera. | En este año de. | M.D.L. 

12.0 Letra gótica menuda; grabados en mad. 216 hojas : 
Una de portada, 203 foliadas y 12 sin numerar. — Signs. A-S, 
todas de doce hojas. 

Portada con filete. — Vueltat Grab. en madera ; la Santísi- 
ma Trinidad coronando á la Virgen. — Texto. — Tabla. — (Nota 
de) El Impresor. —Pág. en blanco. Primera edición. 

Coútiene 67 composiciones incluidas en la tabla, y 10 
«Chistes:» que no constan en ella. 

Anónimo, 

c) • ^ Següda par- | te de la Silua de va- | rios romances. 
Agora nueua- | mente añadidos al cabo | ciertos chistes nue- 1 
uos. (Escudo del impresor.) Impresso en (^arago^a. | M.D.Lii. 

12.0 Letra gótica menuda; muchas fígs. grabs. en madera, 
y todas las págs. con filetes. 216 hojas : 12 de prels. y cciiii 
(204) Joliadas. — Signs. A A, A-R, todas de 12 hojas. 

Portada con orla.— V.a en blanco. — Tabla.— Cuatro ro- 
mances que no constan en la Tabla.— Texto. — E. del I. — Pá- 
gina en blanco. Segunda, edición. 

Contiene 69 romances y los 4 no incluidos en la Tabla, 
iqqe van en los preliminares. 

Como se ve, hay dos variantes de la segunda parte de 
la Silva. La menos conocida (que es la de 1552) tiene los 
siguientes romances no incluidos en la otra : 

I. — Romanoe del rey Darlo» 

.El poderoso rey Dário — una gran fiesta facia 

donde la principal gente— de todo el reino venia, 

y haciéndose la fiesta— á caso sucedió un dia 

qué en su palacio real— en tanto que el rey dormia 

tres donceles muy preciados— que en su cámara tenia... 

< ) (Es de Alonso de Fuentes. Canto 9.^ de la. i.^ parte.) 



28S LÍRICOS CASTELLANOS 



IL •— Romaiice de Antloclio* 

Fatigado está de amores^Antíocho y maltratado» 
por su hermosa madrastra— está y vive lastimado... 

(Es de Alonso de Fuentes, Canto 6.0 de la 3.^ parte.) 

III. — Romance del rey Adarramen 

de Córdoba* 

En Córdoba está Adurramen — próspero y con ufanía, 
esperando está las parias — que los cristianos le envía... 

(Es el Canto i. o de la 4.* parte de Alonso de Fuentes.) 

IV. — Romance de Sclplón» 

Scipión está en Cartago, — muy gran guerra le hacia... 

(Es el Canto 6.^ de la 2.^ parte de Alonso de Fuentes.) 

d) ir Tercera par- | te de la Silua de va- | ríos Romances \ 
^ Lleua la misma orden que ¡ las otras. (Escudo del impre- 
sor.) % Impressa en (¡Jarago^a por | Steuan G. de Nagera. j 
M.D.L.I. 

12.0 Letra gótica menuda. Graba, en madera. 166 hojas : 
cliiii (154) foliadas y 2 sin numerar. -•Signs» aa-nn, todas de 
doce hojas. 

Portada con orla.— Vuelta : Texto.— Tabla. — Pág. perdida 
en la que va impreso un trozo de romance. 

Contiene 68 romances, según la tabla. 

(Véase más adelante el índice y extracto de este precioso 
libro.) 

e) Silva de | Varios Romances | recopilados, y con dili- 
gencia esco- I gidos los mejores Román- 1 ees de los tres li- 
bros I de la Silua. | Y agora nueuamente añadidos cin- 1 co 



BIBLIOGBAFÍA T VARIANNES DE ROMANCEROS Í87 

Boroáces de la armada de la Liga | y quatro de la sentencia 
de don AI- | baro de Luna, vno del cerco de Mal | ta, otro de 
la mañana de sant Juan, | otro mira Ñero de Tarpeya, | y 
otros muchos. (Emblema del impresor.) Védense en Barcelo- 
na en casa de | Joan Cortey mercader de | libros. Afio, 1578^ 

(Al fln:) Fue impressa la Silua | de Romances en la muy 
in- I signe, y leal ciudad de Bar | celona, en casa de Jay | me 
Sendrat. Año. | 1678. 

12.0 192 hojas foliadas, inclusas las 8 de preliminares.— 
Signs. A-Q, todas de doce hojas. 

Portada. -^V.' en blanco.— Tabla.— Texto.— -Nota ñnal. 

Contiene 54 romances, según la tabla. 

(No citada por Duran.) 

/) Silva de | Varios Ro- 1 manees Recopi- | lados, y coi^ 
diligencia escogidos | los mejores Romaces de j los tres li- 
bros déla I Silua. | Y agora nueuamente añadidos cinco Ro- [ 
manees de la armada déla Liga, y quatro | déla sentécia de 
Don Albaro de Luna, uno | del cerco de Malta, otro déla ma- 
ñana I de sant Juan, otro mira Ñero | de Tarpeya y otros [ 
muchos. (Dos fígs. grab. en madera : Dama y caballero.) Im- 
pressa en Barcelona | en casa de Hubert Gotard. | Año. 1587. 

(Al fin:) Fue impressa la Silua de | Romances enla muy 
insigne, I y leal ciudad de Barcelo- | na, en casa de Hubert [ 
Gotard. Año. | 1687. 

12.^ 174 hojas foliadas, inclusas las 2 de prels. Las 166 y 
167 están duplicadas y por esto dice la últ. 172. | Signs. A-P, 
de doce hojas, menos la P que tiene seis. 

Portada.— Vuelta : Tabla. — Texto.— Nota final. 

Contiene 65 romances según la tabla (1). 

(No citada por Duran ni por Wolf.) 



(1) Á é&ta precedió otra edición de Barcelona «en casa de Jayme Seír- 
ñíki», 1582, que cita Wolf como existente en la Biblioteca Imperial dé 
Viena. 



288 LÍRICOS CASTELLANOS 

g) Silva I de Varios | Romances. | Agora de Nvevo | re- 
copilados, los mejores Romances | de los tres libros de la 
Sylua, y | añadidos los de la Liga, | Y en esta vltima impres- 
sion van aña | didos, el de la muerte del Rey, y el | despedl- 
miento y embarcación déla I Infanta Doña Isabel de la Paz | 
Archiduquessa de | Austria. (Grab. en mad. Un caballero á 
galope espada en mano.) Con Licencia. | Impressa en Barce- 
lona, en la Emprenta |.de Gabriel Graelis, y Giraldo | Dotil, 
AíLo. 1602. I A costa de Geronymo Aleu Librero. 

12.0 168 hojas : 166 foliadas, inclusa la portada, y 2 mas 
sin numerar. — Signs. A O, todas de doce hojas. 

Portada.— Vuelta : Texto.— Tabla. 

Contiene S8 romances, según la Tabla, y dos canciones no 
incluidas en ella (1). 

(No citada por Duran.) 

h) Sylva | de Varios | Romances. | Agora de nneuo reco- 
pilados los me ¡ jores Romáces de los tres libros de la | Sylua, 
y añadidos los de la Liga. | Y en esta vltima impression van 
aña I didos, el de la muerte del Rey D. Feli- | pe 11. y el dea- 
pedimiento y embarcado | de la Infanta Doña Isabel de la 
Paz I Archiduquessa de Austria, y los quatro | de Don Álaa« 
ro de Luna. | Con tres Romances déla enfermedad y | muer- 
te del Rey Don Felipe IIII. (así). (Grab. en mad. Un caballe- 
ro con todas sus armas y una bandera desplegada en la ma- 
no.) Con Licencia. | Impressa en Barcelona, por Lorenzo | 
Déu, y a su costa. Año 1 622. 

12.0 168 hojas : 167 foliadas, inclusa la portada, y ana 
para acabar la Tabla. — Signs. A-0, todas de doce hojas. 

Portada. | Vuelta : Texto. | Tabla. | Pág. en blanco. 

Contiene 72 romances, según la Tabla, y 2 canciones, al 
fin, no incluidas en ella. 

, (No citada por Darán ni por Wolf.) 

(1) Á ésta siguieron otras tres de Bircelona, 1511, por Sebastián OoT' 
jud\]^,/ Tiene añadidos los romances de la muerte del Rey y, el deaembar- 
camiento de la infanta. Doña liabel de la Paz,compu:sto por Juan 
TiarteJ. 



BIBLIOGRAFÍA T YARIAIfTES DB ROMANCEROS 289 

i) Sylva I de Varios | Romances. | Agora de naeao reco- 
pilados, los me- 1 jores Homaces de los tres libros de la | Sylua, 
y añadidos los de la Liga. | Y en esta vltima impression van 
4ifia- I didos, el de la muerte del Rey D. Fell- | pe U. y el des- 
pedimiento y embarca- | cion de la Infanta Doña Isabel de 
ia I Paz, Archiduquessa de Austria, y los | quatro de Don 
Aluara de Luna. Y | tres Romances de la enfermedad | y 
muerte del Rey Don | Felipe III. | (E. de A.) Con Licencia, | 
Impressa en Barcelona, por Pedro | Lacaualleria en la Li- 
brería. I Año 1635. 

12.0 168 hojas : 167 foliadas, inclusa la portada, y una 
para acabar la Tabla.— Signs. A-0, todas de doce hojas. 

Portada.— Vuelta : Texto.— Tabla. — Pág. en blanco. 

Igual contenido que la de Barcelona de 1622. 

(No citada por Duran ni por \yoIf.) 

j) Sylva I de Varios | Romances. | Agora de nueuo reco- 
pilados los me- 1 jores Romances de loa tres libros de la | Sylua, 
y añadidos los de la Liga. | Y en esta vltima impression van 
afiadi- 1 dos, el de la muerte del Rey D. Felipe II. | y el des- 
pedimiento, y embarcación de la | infanta Doña Isabel de la 
Paz Archidu | quesea de Austria, y los quatro de D. Al- | ua- 
ro de Luna. Y tres Romances de | la enfermedad y muerte 
•del Rey | Don Felipe Tercero. (Grab. en madera : un caba- 
llero, á ¿alope, espada en mano.) A costa de la compañía 
deis Llibreters. | Con licencia en Barcelona en casa dé | 
Sebast. y Jayme Matevad. 1636. 

12.0 168 hojas : 167 foliadas, inclusa la de portada, y Una 
para acabar la Tabla. — Sígns. A-0, todas de doce hojas. 

*Portada. — Vuelta : Texto. — Tabla de los Romances. — 
Pág. en blanco. 

Contiene 69 romances, según la Tabla, y dos canciones 
no incluidas en ella. 

'' 1) Sylva I de Varios | Romances. | Agora de nueuo recopi- 
lados los me- 1 jores Romances de los tres libros^ | def 1& Sylna, 
Tomo IX. 19 



290 LÍRICOS CASTELLANOS 

y afiadidos los | de la Liga. | Y en esta vltima impressioii 
Tan afiadí- | dos, el de la muerte del Key D. Felipe U. | y el 
despedimiento y embarcación de la | Infanta Doña Isabel de 
la Paz Archida | quessa de Aostria, y los quatro de D. Al- \ 
naro de Luna. Y tres Romances de la | enfermedad y maer«> 
te del Rey | D. Felipe III. (E. del I.) En Barcelona. | Fn la 
Emprenta administrada por Se- | bastían de Gormellas Mer- 
cader. I Afio 1645. 

12.0 168 hojas : 167 foliadas, inclusa la portada, y una 
para acabar la Tabla. — Signs. A-0, todas de doce hojas. 
Portada. — Vuelta : Texto.— Tabla.— Pág. en blanco. 
Igual contenido que la de Barcelona de 1622 (1). 

m) Sylva de | Varios Ro- | manees. | Agora nuenamete- 
recopila | dos los mejores Romaces de | los tres libros de la 
Sylua, I con ciertas canciones, | y chistes nueuos. (Grab. en 
mad. Un caballero á galope.) Con Licencia. | En Zarago^a^ 
Por Diego | Dormer, año 1668. 

12.0 144 hojas: 2 de prels., 141 foliadas y una para la Ta- 
bla. — Signs. A-M, todas de doce hojas. 

Portada. — Vuelta : Licencia : Zaragoza 29 Marzo 1604. — 
Otra, del D<; Domingo Urban de Iriarte : Huesca 10 Diciem- 
bre 1628. — Licencia (Privilegio) á Garlos de Labayén y á Juaiiv 
de Larumbe : Zaragoza 10 Mayo 1604. — Texto. — Taliia. 

'Contiene 43 romances, según la Tabla, y 7 Canciones y & 
villancicos no incluidos en ella. 

(No citada por Duran ni por Wolf.) 

I 

&yiva I de Varios | Eomances. | Agora de nueuo recopi- 
lados los me-. I jores Romaces de los tres libros de la | Sylaa^ 
y afiadidos los de la Liga. | Y en esta vltima impressión van. 



(1) Wolf menciona, como existente en Yiena, otra de Barcelonai 1654». 
por Antonio La Cavalleria. 



BIBLIOGKAFÍA Y VAUIANTES DE KOMANCBROS 291 

afia- 1 didos, el de la muerte del Rey D. FeJi- | pe 11 y el des- 
pedimiéto, y embarcado | de la Infanta Doña Isabel de la 
Paz, I Archiduqiiesaa de Austria, y los qua- | tro de Don Al- 
uaro de Luna. Y tres | Komances de la enfermedad y muer- 1 
te del Eey D. Felipe UI. (Guerrero á caballo, con unabande 
ra desplegada en la mano, grab. en mad.) En Barcelona: Por 
Joséf Porcada, | delante él Palacio del Bey, 1671. | A costa 
de Joan Payssa, Librero. 

12.0 168 hojas: 167 fols., inclusa la portada, y una sin nu- 
merar. — Sígns. A- O, de doce hojas. 

Portada.— Vuelta : Texto.— Tabla de los Bomauces.— Pá? 
gina en blanco. 
. Contiene lo mismo que la de 1622. 

(No citada por Wolf ni por Duran.) 

n) Silva I de Varios | Romances. | Aora nuevamente re- 
copila- I dos por graves Autores, de | los tres libros de la Sil- 
va, I con ciertas canciones, ¡ y chistes nuevos. (Grab. en ma- 
dera.) Con Licencia. | En Zaragoza, Por los herederos | de 
Pedro Lanaja, Impressores | del Reyno de Aragón, y de la | 
Vniversidad. Año 1673. 

Í2.o 144 hojas : 2 de prels., 141 foliadas y una de Tabla. — 
Signs. A-M, todas de doce hojas. 

Portada. — Vuelta: Licencia: Zaragoza 29 Marzo 1604. — 
Imprímase : Huesca 10 Diciembre 1623. El D"; Domingo Ur- 
ban de Iriarte. — Licencia á Carlos de Labayén y Juan de La- 
rumbe : Zaragoza 10 Mayo 1604.— Texto.— Tabla. 

Contiene 43 romances, según la tabla, y 7 CañCloxlés y 2 
Villancicos no incluidos en ella. 

p) Sylva I de Varios | Romances. | Agora de nueuO reco- 
pilados los me- 1 jores Romáces de los tres libros de la | Syloa, 
y añadidos los de la Liga. | Y en esta vltima impression van 
afia- I didos, el de la muerte del Rey D. Feli- | pe II. y el, 
despedimiétOj y embarcado | de la Infanta Dofía Isabel de 



292 líricos castellanos 

la Paz I Archidaqnessa de Austria, y los qua- | tro de Don 
Aluaro de Luna. Y tres | Komances de la enfermedad y 
muer- | te del Rey D. Felipe in. (Grab. en mad. Un caballe- 
ro con todas sus armas, y una bandera desplegada en la m»> 
no.) En Barcelona : Por Josef Forcada, | delante el Palacio 
del Rey. 1674. | A costa de Joan Payssa Librero. 

12.0 168 hojas : 167 foliadas, inclusa la portada^ y una 
para acabar la Tabla. — Signs. A-0, todas de doce hojas. 

Portada. — Vuelta : Texto.— Tabla.-— Pág. en blanco. 

Igual contenido que la de Barcelona de 1622, y hecha á 
plana y renglón por ella. 

(No citada por Duran ni por Wolf.) 

Silva I de Varios | Romances. | Agora de nueuo recopi- 
lados los me- 1 jores Romaces de los tres libros de la I Sylua, 
y añadidos los de la Liga. | Y en esta vltima impressión van 
aña- 1 didos, el 'de la muerte del Rey D. Feli- 1 pe II y el des- 
pedimieto, y embarcado | de la Infanta Doña Isabel de la 
Paz, I Archiduquessa de Austria, y los qua- | tro de Don Al- 
uaro de Luna. Y tres | Romances de la enfermedad y muer- 1 
te del Rey D. Felipe UI. (Grab. que representa un guerrero 
á caballo con una ban^jlera desplegada en la mano.) £n Bar- 
celona : Por Josef Forcada, | delante de él Palacio del Rey^ 
1676. I A costa de Joá Terre Sáchez, Librero. 

12.0 168 hojas: 167 foliadas, inclusa la portada, y una sin 
numerar. — Signs. A-0, de doce hojas. 

Port.— V.a: Texto.— Tabla.— Pág. en blanco. 
Contiene lo mismo que la de 1622. 

(No citada por Duran ni por Wolf.) 

Sylva I de Varios | Romances. | Agora de nuevo recopi- 
lados los I mejores Romances de los tres | libros de lá Sylva, 
y añadi- | dos los de la Liga. | Y en esta última impresión van 
añadi- I dos el de la muerte del Rey D. Felipe 11 | y el des- 
pedimento, y embarcación de la | Infanta Doña Isabel de la 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 293 

Paz, Ar- I chiduquesa de Austria, y los quatro de | D. Alvaro 
de Luna. Y tres Eoman- 1 ees de la enfermedad, y muert (sic) | 
del Bey D. Felipe III. (Escudo del impresor.) Oon licencia. | 
En Barcelona, por Antonio Laca^ | vallería, en la Librería. 
1684. 

12.0 158 hojas: 167 foliadas, inclusa la portada, y una sin 
numerar. — Signs A- O, de doce hojas. 

Portada. — Vuelta: Texto. — Tabla. — Pág. en blanco. 
Contiene lo mismo que la anterior. 

(No citada por Wolf ni por Duran.) 

1 

• 

q) Sylva | de Varios | Bomances. | Agora de nvevo re- 
ce- I pilados los mejores Bomances de I los tres libros de 
Sylva, y aña- | didos los de la | Liga. | En esta vltima im- 
pression | van añadidos, el de la muerte del | Bey D. Feli- 
pe n. y el despedimiento, y | embarcación de la -Infanta 
Doña Isabel | de la Paz, Archiduquesa de Austria, | y los 
quatro de D. Alvaro de Luna. Y | tres Bomances de la enfer- 
medad, I y muerte del Bey Don | Felipe II. (E. de la 0.a de 
Jesús.) Con Licencia. | En Barcelona, por Josef Casa- | rachs 
delante de la Bectoria | del Pino año 1696. 

12.0 168 hojas : 167 foliadas, inclusa la de portada, y una 
hoja para acalcar la Tabla. — Signs. A-0, todas de doce hojas. 
Portada. — Vuelta : Texto. — Tabla. — ^Pág. en blanco. 
Contiene 70 romances (1). 

Con el mismo titulo de Suva de varios romances existe 
otra colección rarísima, y enteramente diversa, formada 
por Juan de Mendaño. Van á continuación descritas las 
dos ediciones que de ella posee el Marqués de Jerez : 

(1) Wolf cita además las si^ruientes ediciones de la Silva: Zaragoza 
16l7t por Juan de Larumbei con licencia de 1604, 166 hojas y 2 de tabla. 
en 12.*; Huesca, 16:¿3: Jaén, 1636. 



^94 LÍRICOS CASTELLANOS 

Mendaño (Juan de). 

I 
1 

^ Primera parte | de la Sylua de varios Boman | ees, ea 
el qual se contíenen | muchos 7 diuersos Eo | manees de hys- 
to- I rías nueuas. (^) Recopilado por Juan de Men- | dafío 
estudiante natural | de Salamanca. (Grab. en madera.) ,^ Im- 
pressa en Granada en | casa de Hugo de Mena. | Afío de 1688. 

(Al fin): ^ Impresso en Granada en | casa dé Hugo de 
^ena. | Afijo de 1588. 

72 hojas sin foliar. — Signs. A-F, todas de doce hojas. Por- 
tada.— Vuelta; Texto. — Tabla. — Nota final. 

V^ Segunda parte | de la Sylua de varios Koman- | ees, 
en el qual se contienen | muchos y diuersos Ro- | manees de 
hysto- I rías nueuas. (>^) Recopilado por Juan de Men- 1 daño 
estudiante natural | de Salamanca. (Grab. en Mad.) % Iin- 
pressa en Granada en {casa de Hugo de Mena. | Año de 1688. 
(Al fin): % Impresa en Granada en ca* | sa de Hugo de 
Mena, con'li- | cencia, Afio de 1588. 

72 hojas: una de portada, 70 foliadas (con numeración 
equivocadísima) y una de tabla.— Signs. A-F, todas de doce 
hojas. 

Portada. — V.a en blanco. — Texto. — Tabla. — Nota final. 
Las dos partes en un vol. en 12.° 

Bomances de la primera parte: 

De Silicia con poder 

Yo el gran Sultán Sely mo 

A ti Sely mió Sultán 

Guando ya el carro de Febo 

Quejoso esta el rey francés 

En el templo estaba el turco 

Año de mil y quinientos 

Revuelta esta toda Francia. 
Triste estaba el Padre Santo 



• • 



BIBLI06BAFIÁ Y VARIANTES DB ROMANCEROS 295 

A caza sale el gran Turco 

Por las riberas de Crianza 

Bicas bodas, ricas danzas 

Fenecidas ya las bodas 

Llorando está Doña Lambra 

Ruy Velazquez muy contento 

Siete cabezas ios moros 

En un monte junto á Burgos.'. . . . 

, Viniendo el gran capitán 

Cuando la fértil Italia ..... 

Por muchas partes herido 

Mirando está un moro viejo 

Ciego de polvo los ojos. .... 

Citado esta:ba Cipion 

Ñero Emperador de Boma 

Herida estaba Lucrecia 

Siendo Emperador Magencio 

Porsena Bey poderoso 

BomanctB de la segunda parte: 

Sentados á un Ajedrez 

Enojada estaba Roma 

Hipomenes un varón 

En esa ciudad de Roma 

A formar quejas á Roma 

Entran en Troya los Griegos 

Ya son rompidas las treguas 

De Troya sale Anthenor 

En las obsequias de Héctor 

Por la mar navega Eneas 

Siendo Conde de Castilla 

Alterada está Castilla 

Sevilla está en una torre 

Estén atentos los hombres 

Ese Conde don Manuel 



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BIBLIOGRAFÍA T VARIANTES DE ROMANCEROS 297 

Vaelta: Texto. — Tablas de las dos partes.— ^ Adorne- 
Oración. 

Bomances que contiene la primera parte: 

m 

De Sicilia con poder 

Gallardo entra un caballero 

Yo el gran Sultán Celimo. .... 

A ti Gelemo Saltan 

Cuando ya el carro de Febo 

Quejoso está el Rey francés ..... 

£n el templo estaba el turco 

Año de mil y quinientos 

Bevuelta está toda Francia 

Triste estaba el Padre Santo 

A caza sale el Gran Turco 

Por las riberas de Arlanza 

Bicas bodas, ricas danzas 

Fenecidas ya las bodas 

Llorando está Doña Lambra 

Ruy Velazquez muy contento. . . . - 

Siete cabezas los moros 

En un monte junto á Burgos 

Viniendo el Gran Capitán 

Cuando la fértil Italia. .... 

Por mucbas partes herido 

Mirando está un moro yiejo 

Ciego de polvo los ojos ..... 

Citado está Cipion. .... 

Ñero Emperador de Roma ■ ' 

Herida estaba Lucrecia. .... 

Siendo Emperador Magencio . 

Porcena Rey poderoso ' > 

Pendiente del seco gancho 

Sobre unps tajados riscos. .... . 

Enfrénense los deseoa . 



ffi UñíOM CASfnXtXOS 




El kidnm qae ímagñiarae 

IfiinBiiialMmIw rocíiics.. .. 

iSoMOiieei i^ 2a «^icaia parie: 

Sentados al njeárez 

Enojada esíabsL Boma 

Ipomeoea fnm raron 

En esa ciudad de Boma. .... 

A formar qnejaa á Boma 

Entran en Troya los Griegos 

Ya son rompidas las treguas 

Be Troya sale Antenor 

En las obsequias de Héctor 

Por la mar nevega Eneas 

Siendo Conde de Castilla 

Alterada está Castilla 

Sevilla está en ana torre 

Estén atentos los hombres 

Ese Conde don Mannel .... 

En el tiempo de los Godos 

Estando el Bey. D. Femando 

Angustiada está la Beina 

A veinte y siete de Julio 

En el tiempo que reinaba 

Con soberbia y gran orgullo 

Biberas de Duero arriba 

Bey D. Sancho, Bey D. Sancho. . . 

Ya se sale Diego Ordoñez 

Tristes van los Zamoranos 

En Santa Gadea de Burgos 

Ese buen Diego Lainez 

Cabalga Diego Lainez 

Afuera, afuera Bodrigo 

A Concilio dentro en Boma 

Helo, helo por do viene 



BIBLIOGRAFÍA T VARIANTt£S DE ROMANCEROS 299 

Los vientos eran contrarios. .... 

Después qae el Rey D. Rodrigo 

Junto al vado de Genii 



Cumpliendo lo prometido, vamos á describir ahora 
minuciosamente el contenido de la Tercera paiie de la Sil- 
va de Zaragoza, 1550. 

I.— Romanoe del santlsslmo nasolmlento 
de nuestro señor Jesuolirlsto* 

La sacra y divina noche, 
noche mas clara que el dia 
en las cortes de Belén 
sonaba grande armonía : 
toda la tierra floresce 
y el cielo resplandecía, 
las aves cantan canciones, 
con muy nueva melodía, 
las estrellas dizen paz 
y él norte dize alegría 
y cada qual resplandesce 
mas que el sol quando salía; 
todos los cuatro elementos 
festejaban á porfía 
y el que menos se festeja 
dos mil canciones decía... 

(Ni éste ni los demás romances religiosos son de ca- 
rácter popular, y por eso no los hemos incluido en esta 
colección.) 

II. — Romance del epolipse qael sol liizo con- 
tra natura en la muerte de nuestro señor 
Jesu Clirlsto* 

Por lo mas alto del polo 
encumbrado el sol corría 



JMH'TVt 



T^SBr 11 TirnUIQ >'ltflWlli> -""*» 



irur ""RE- zne- iesou 





T<9fi 01 Cumian TwnTtín. 
X<snauem. ier^bado. 

(9HIÍ29. 7 ssrnoii -xinaiías. 
vnm 'va¿7^m anrhiw j infufnff 





Hftlo, hftlo por do Tiene 
eim muestra dfgffímTilKia, 



BIBLIOGRAFÍA T YARIA:«TBS DB BOMARGBllOS 301 

Satanás hecho hermitafío, 
su persona disfrazada, 
de grueso sayal, vestido, 
la camisa le faltaba, 
áspera cinta ceñida... 

(Como se ve, imita el principio de varios i^omances 
viejos.) 

Yi.— Romance de la Resurree^I^n* 



Venid, venid, oh christianos, 
venid todos muy de grado, 
véreys al rey de los reyes 
nuestro Dios resucitado... 



Vil. — ^Romanoe de como Muestro Señor 
aparecM á sus apóstoles» 

Llorando estaba San Pedro 
su pecado sin cesar 
* quando Ohristo nuestro Dios 

se le quiso demostrar 
alegre y resucitado 
para bien lo consolar... 

Vm. — Romance del comendador Avila» 

Durmiendo iba el Señor 
en una nave en la mar, 
sus discípulos con él 
que no le osan recordar... 

(Está ea el Cancioiuro general de Hernando del Cas- 
tillo.) 



302 LI lieos CASTELLAH08 

IX — #tro romance para la üTatlirldadl 
' de üíaestro Señor. 

En el tiempo qne Otaviano 
en el imperio regia 
un edito publicó 
por toda su monarchfa, 
que fuesen escriptos todos 
los vasallos que tenía... 

ROMANCES DE HISTORIAS 

L - Sin titula. 

Quando vos nasclstes, hrjo.... 

• • {Inserto en nuestra colección.) - 

n. — Romance fie l^anzarote* 

Variantes respecto de la lección de la Primavera, número 148. 

Nunca se vio caballero 
de damas tan bien servido, 
como fuera Lanzarote 
.quando de Bretaña vino, 
Donzellas curaban del 
y dueñas de su rocino... 



Y estando al mejor sabor 
que sueño no habían dormido, 
la reyna á Lanzarote 
un pleyto le había movido. 

Si antes fueras venido 



BIBLIOGRAFÍA T VARIA^NES DE ROMANGBBOS 303 

no dixera el orgulloso 

las palabras que hovo dicho^ 

que á pesar de Lanzarote,,, 

Lanzarote que lo oyó 
gran pesar ba recibido, 
armóse de todas armad, 
de la reyna es despedido, - 
vá buscar e) orgulloso, 
bailólo debaxo un pino... 
• 
ni. — Otro romance» 

Cavalga doña Ginebra 
y de Cordoua la rica... 

(Va en nuestra colección.) 

IV.— Romance de don Oeiardos* 

£1 cielo estaua nubloso, 
el sol eclipse tenía... 

(Inserto en nuestra colección.) 

V.— Romance de César. 

Junto á Lérida está César 
que viene con gran poder 
á sojuzgar las Españas, 
que las quiere poseer : 
trae tanta gente de guerra 
como en Eoma pudo baber... 

(Romance erudito.) 

VL— Romance de Sclplón»^ 

África estaba llorosa, 
el pueblo muy alterado 



k 



30Í ' LÍRICOS CASTELLANOS 

por Hanibal sa caudillo 
que dizen que es va finado... 

(Romance erudito.) 

VII. '— Romance sobre el saco de Roma» 

(Variantes que tiene respecto del de Darán, núm. 1.153.) 

Triste estaba el padre santo 
lleno de angustia y pena 
, en Santangel su castillo 
de pechos sobre un almena... 
su cabeza sin tiara... 
viendo la reyna del mundo. • . 
y el pie de la Madalena... 
hallado por Santa Elena.. . 
las hijas en mala estrena;... 
por la culpa del pastor 
el ganado se condena... 
agora España la enfrena, 
agora pagan los triunfos 
de Fenicia y Cartagena, 
agora resucita el Cid 
«n Valencia y en Re quena, 
viendo que los suyos ganan 
gloria tanta y tan amena . 
]0h papa que en los Clementes 
tienes la silla setena... 
tú mismo fuiste el cuchillo 
para te cortar la vena! 
¡Oh fundador de los cielos 
danos paz pues que es tan buena, 
que si fal£a en los christiános 
€91 el gana gente amena 
que crece eñ sustentalla 
como abejas en colmena. 



BIBLIOG^BAPÍA Y VARIANTES DE BOMANGBROS 305 

la justicia es ya perdida, 
yirtad dueriue á la serena, 
quien mas puede come ai otro 
como en la mar la balienal 



Vin. — Romanee de la piesa fie África 
en Derbería en el año 1&&1» 

Nuevas han venido al César 
Carlos rey de España un día 
que un cossario valeroso, 
Dragiit arráez se dezia... 

(Romance prosaico en estilo de gaceta. Está e» 
varias colecciones.) 

IX. — Romance de Oard Pérez. 

Estando sobre Sevilla 
el rey Fernanda tercero, 
esse honrado Garciperez 
iba con un caballero... 

(E^ el nüm. <i35 de Duran.) 

X.— Romance <sin título)* 

Yo me fuy para Vizcaya 
donde estaban los hidalgos... 

(Va en nuestra coleccióa.) 

XL*— Romance del conde Velez* 

Alabo se el conde Velez 
en las cortes de León.. . 

(Inserto en nuestra colección.) 

Tomo IX 20 



30$ LÍBICOS GASTELLAKOS • 

' 3^ TI. — Romance de Ascanlo. 

(Yaxianies respecto de la Prinartra, núm. 112.> 

En el tiempo que Mercurio 
en el Oriente reynaba, 
hubo en Venus sa mojer 
nn hijo qae mucho amaba... 
púsole por nombre Ascanio,.^ 
criábanselo las Diosas... 
era tal suparescer 
que á todos embelesaba, 
SQ lindeza y hermosura 
las damas enamoraba... 
íuérase de tierra en tierra 
por ver lo que desseaba, 
y passandb por un valle 
cuando ya el sol d'eclinaba,, 
hallóse en un verde prado 
, de verdura muy lozana, 
donde vido una laguna 
de arrayanes muy cercada, 
acompañada de flores 
que allí la humedad criaba t 
y osada era de una diosa 
que Salmacis se llamaba» 
la qual dalli no salía, 
mas su tiempo allí gastaba^ 
ni iba cou sus compañeras 
las otras diosas á caza, 
ni tomaba el arco corvo 
ni los gqldres ni la aljaba,; . 
ni al sabuesao de trailla, 
ni al suelte ciervo tiraba. 




/ 



BIBLIOGRAFÍA Y VAUIANIB^ DE ROMANCEROS 31)7 

ni era codiciosa dello, 
ni se passaba de nada, 
todo su ejercicio era 
reposar en au morada, 
pej'nar sus lindos cabellos^ 
componer su linda cara, 
y meterse entre las rosas 
y hazer dellas guirnaldas^ 
para poner con sus manos 
en su cabeza dorada. 
Ella ocupada eti aquesto, 
Troco que sobrella daba, 
con su parescer tan bello 
quel sentir enagenaba : 
como Salmacis lo vido, 
luego fué de amor llagada, 
que no pudo resistirle 
ni quiso verse librada 
desseando verle preso 
en el amor que ella estaba, 
ni quiso salir á verlo 
hasta ponerse galana. 
Después de haberse compuesto 
saltó é hízole ésta fabla : 
— Tan gentil eres mancebo 
y tu gentileza es tanta 
que no sé determinarme 
si eres Dios ó cosa humana. 
Si eres Dios eres Cupido 
el que de amores me llaga, 
ó si eres hombre dichoso 
ó lo fué el que te engendrara, 
con todo de tí quería 
alcanzar sólo una gracia, 
y es que me digas verdad, 
si sufres pena por dama. 



a#» 



porqoe sí de amor no sabes 
yo seré ta ensmonicU. 



xm. 



£1 gran fundador de Boma 
qne Bóamlo se decía 
poeo tiempo la gozó 
que Uegó al fin de sa TÍda^ 



) 



XLV. Mj* r^Butnce 4e Im 



Cuando Horacio en Boma entró, 
como el paeblo le se^oia, 
una sa hermana camal 
qne desposada tenía 
con ono de los Tencídos, 
▼io la ropa qne traía... 

(Ei coacinnacsóii del aaceñor.) 

XV.— Moautnee de la rerna Didi* y Elnéms. 



(Son mnehíiriTnat las variantes qae tiene, comparado eon el nú- 
niero 110 de la Primavera, por lo cual hay qae ponerle caai in- 
tegro.) 

Por los bosques de Cartago 
se salen á montería, 
la reyna Dido y Eneas 
con may gran caballería : 
Ana hermana de la reyna 
y Jallo Asean io los guía, * 

á la dehesa de Judo 
donde la caza se cría; 
preguntando iba la Eeina 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTBS DB ROMANGBaOS 309 

al niño qué tal venía, 

8i se le acuerda de Troya... 

su padre toma la maDO, 

desta manera dezia : 

pues mandáis reina y señora 



ya os contó que á Troya vi 
/••• 

la triste reina troyana 

que nadie la socorría, 

los sus hijos todos muertos, 

Priamo no parescía, 

á la triste Poli cena 

muerta cabe sí tenía, 

á Helena que quedó viva.¿. 

Ellos en esto hablando 

un ciervo que parescía, 

metió la mano á la aljaba, 

el golpe le di6 en soslayo, 
el ciervo mucho corría, 
espárcense los montet os, 
sigúele quien más podía, 
Eneas y Elisa Dido 
quedaron sin compañía... 
con sospiros le dezía... 
los tristes campos de Troya.,, 
con Páris Troilo y Ector- 
fuera la mi compañía... 
la reina le dixo entonces: 
Conortáos por cortesía, 
que los muertos sobre tierra 
resuscitar no podían : 
ya es perdida la ciudad, 
llorar, pro no vos ternía... 
Que me escapé de los griegos 



^ en las t::."» r.iar-':« =LorÍ2L 

eft de mí m'iertie ía rrisL 

— Pau?o eíi -i-í ^Ti ai:r»7í.TLÍeiiro, 

U reínát íe r^íiipondía, 

Eaéaa, Téce á ira navéS, 

paea ftí;rr;<=^9 esta p-oríía, 

ia fé oae debo áSLcheo 

yo no la qiebra ataría,^ 

el cíelo se revolTÍa... 

¡rran escnriiad hacía, 

el granizo es mny crecí'ío, 

con srran fnerza descendía, 

los r^lámpa:jof» j trueno» 

grande espanto le» ponía, 

la reina con el temor... 

Eneas bajó tras ella, 

<;/>n »u sa manto la cnbría, 

mirando por todas partes, 

tomándola entre sns brazos 

dentro del i a la metía, 

el aposento es estrecho, 

qne muy justo, los tenía; 

mientras la reina en sí torna 

cuan bien se desenvolvía; 

apártale paños de oro, 

los de lino le encogía, 

cuando ella en sí tornó, 

hallóse d' amor flprida : » 

ya no tiene que le dar 

que él tomado se lo había; 

echó los brazos á Eneas, 

deata Huerto le decía : 

— jOh traidor, cuál has tratado 

la fama y lionra mía; 

ya has heclio tu voluntíid, 



BIBLIOGRAFÍA .Y VARIANTES DE ROMANCEROS 3 lf> 

y olvidarme has otro día ; 
8i tal ha de ser Eneas, 
yo misma ine matítiía! 
Eneas que tal le oyó 
aquesto le respondía : 
No permitan tal los dioses, 
ni 08 venga tal fantesía 
-que antes que yo tal hiziesee 
iiiil muertes recibiría : 
salido 86 han de la cueva 
•con soberana alegrís^ : 
' «i Eneas va glorioso, 
ella mas leda yazía; 
y allí se van mano á mano 
■á buscar su compañía : 
•desque la hubieren hallado 
á Cartago se volvían... 

XVI.— Romanee de Gallarda* 

Missa se dize en Roma 
en el altar de Santiago,... 

(Inserto en nuestra colección.) 

XVII.— Otro romanee de daliarda* 

Gallarda, Galiarda... 

Está en la Primavera, ntím. 138, pero tiene 
aquí estas variantes: 

|0h quien contigo folgase... 
con los cien moros peleasse... 
si de tal me alabo yo! 

XVIII.— Otro romance de Gallarda* 

Esta noche, caballeros, 
dormí con una doncella... 



1 
/ 



342 LÍRICOS CASTELLANOS 

Yariantes : núm, 189 de la Primaveral, 

qne te casasses con ella... 
grande enojo recibiera... 

XIX.— Romance del rey Abarea» 

Por los más espesos montes 
y lugares de Navarra 
éste rey don García Iñignez 
con su ejército pasaba... 

(Romnnce histórico que no está en lá Primave>^ 
ra, por no ser popular, pero si en Duran, nú» 
mero 1.2x2.) 

XX.— Romance de c6nio un li|]o del r<^ doi» 
Sandio acns^ de alevosía á la Reyna aiK 
Aladre. 

Un hijo del rey don Sancho 
qne se llama don García, 
pidió á su madre un caballo 
que el rey en mucho tenía... 

(Romance histórico erudito 1 núm. 1.-217 de- 
Duran.) 

XXI.— Romance del conde /don Pero Telez» 

Alterada está Castilla 
por un caso desastrado, 
que el conde don Pero Velez 
en palacio fué hallado 
con una prima carnal 
del rey Pancho el desseado; 
las calzas á la rodilla, 
y el jubón desabrochado; 
la Infanta estaba en camisa 
echada sobre un estrado» 



bibliografía Y VARIANTES DB ROMANGEBOS 31^ 

casi medio destocada, 
con el rostro desmayado; 
de modo que estaba el rey 
suspenso y muy alterado; 
en fin, por darle castigo 
á muerte le han condenado. • 
Los grandes d-icen que cese 
el juicio, acelerado; 
el caso pide castigo, 
no lo permite el estado, 
porque era el conde en Castilla 
gran señor y emparentado; 
de suerte que por el rey 
fué el juicio conmutado 
de darle perpetua cárcel, 
para lo cual fué llevado 
en el castillo de Urefia, 
adonde fuera entregado 
á Peranzules Osorio, 
merino mayor llamado: 
y con gran solemnidad 
juramento le han tomado 
que no le muestre á persona 
sino al rey y á su mandado; 
no le den cosa ninguna 
donde pueda estar echado, 
y de cuatro en cuatro meseB 
le sea un miembro quitado, 
hasta que con el dolor 
su vivir fuese acabado. 

Este romance se halla también en la "Rosa gentil de Timonedaí fo- 
lio 52 vuelto, de donde le tomó Wolf para su Rosa de EomanceSy, 
excluyéndole luego de la Primavera por no ser popnlar, sino eru- 
dito y harto prosaico. Asi es, en efecto, pero hemos creido opor- 
tuno transcribirle aquí, porque es el único romance de su olas» 
que habla del Conde Vé' ez,' héroe de otro romance popular, 4:Ala- 



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BIBLI06RAFÍA T VARTANTBS DE ROMANCEROS 315 

monarcha de las nascidas, 
que el mismo Dios ha loado, 
estando en su monarchia 
con un rey no prosperado, 
assentaba muy gloriosa 
en un muy glorioso estrado 
lleno de piedras preciosas . 
de ora y plata labrado 
con perlas sobre mai'ñí 
de taracea entallado 
' y sobre cuatro leones 
muy ricamente assentado, 
con un dossel muy precioso 
con tres altos al brocado, 
debaxo de una cortina 
de carmesí alcarchofado, 
sobre dos cojines de oro, 
que acá llamamos tirado, 
con su basquina de tela, 
só un muy rico verdugado 
y un bríal de plata fina, 
todo de aljóiar bordado " 
y con puntas de diamantes 
todo el follaje trenado, 
encima una saboyana 
y un nunca visto tocado, 
< á manera de gitana 
revuelto con su tranzado 
lleno de muchos joyeles 
. . por el contorno rodeado 
con carbuncos y esmeraldas 
y una pluma en el lado 
y un moscador muy precioso 
de un topazión labrado, 
cercada de caballeros, 
todos de mucho primado, 



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BIBLIOGRAFÍA. Y VARIANTES DE ROMANCEROS 317 

XXIX.— Romanee del rey don Pedro* 

Teniendo el rey don Pedro 
su real fortaloBcido... 

(Inserto en nuestra colección.) 

XXX.— Romanee de la muerte dei rey 

don l*edro. 

Encima del duro suelo 
tendido de lar^o á largo... 

(Va en nuestra colección.) 

XXXI.— Romance del eonde de I^nna» 

El rey don Juan el segundo 
dixo un dia andando á caza... 

(En nuestra colección.) 

XXXIL— Romanee del rey don Alonso* 

El triste rey don Alonso 
viniendo á mas andar... 

(En nuestra colección.) 

XXXIII.— Romanee de Remandarlas* 

Buen alcayde de Cañete 
mal consejo aveys tomado... 

(En nuestra colección.) 

XXXIY.— Romanee del rey don Alonso* 

Andades los años treinta 
que reinaba Alfonso el Casto 



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BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 349 

y nunca ha respondido... . 

háceslo como enemigo, 

que dormías con la infanta... 

toma la espada en la mano, 

f uérase para el castillo^ 

las puertas halló cerradas, 

no hallaba como abrillo, 

por una ventana pequefia 

entrado había en el castiUct, 

f uérase para la cama 

donde á Girineldo6 vido, 

él lo qtUsiera matar... 

y entre entramos ha tñetido (sic),., 

la espada había conoscido, 

«Girineldos, Girineldos... 

¿qué será de tí, Girineldos, 

qué serán de tus servicios?» 

ttLo que ha de ser señora, 

que nos casemos yo y tigo.» 

xxxvn.-.sio título. 

Olorosa clavellina, 
nueva flor, rosa temprana, 
jazmines por la mañana, 
cogidos con gran frescura... 

(Son versos aconsonantados, núm. x.884 de 
Duráu.) 

XXXVni.— Sísueso otro romance* 

Bs el de doña Beatriz, nám. 157 do la Prímaveraf con las siguiente» 

variantes: 

Bodas «e hazen en Francia 
allá dentro en París, 
cuan bien que trat la danza 



ZiU L:i:i:r« c^.rreLLLSi'i 



XXXIX— BoflUioee de la |pi 

eü lofc b£¿3E I* C¿n*go,.. 




XL.— BooiaBce del eande Griaimltoc. 

Müciía* vetes 1:: j*í> decir 
V á lc-5 anilla js coniar... 
^u^ e! í^onie iin Grlniilios 
qne en Fran-.-i^ snelrn ¿iAinar, 
que y.frzó ea c.-rtes ürl Key 
j/equeñ o íZ? p.>_a e<iaJ... 
m serreiaríj rral... 
y después 1*? «iió :;n condado. 

Ttv:-. c -f-'-.e en r«irr«l al «le la S£Ípa de 
15:= : * s":?..:: W.-vlf;_por lo cual omito citar 
.«& i::'=rez;:«5 issigniñcaatei qne o&oot.i 

XLL— Otro romance* 

Cala Fianeiii Montesino?, 
y París essa ciaiai... 

■ Tív: -^ TtzT-.-l :ci !■» en U Sr/mt de 1582, y en la 
P*:-¡. ;: f»-.i r.'^-'n. 176. coa leves diferencias 
ca¿: ;>:«á ¿.". :¿raácas.) 



eiBLIOQRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 321 

XLH.— Sin título. 

Es el nám. 179 de la Primavera, Vanantes. 

En Castilla está un castillo, 
al cual dicen Rocha frida, 
al castillo llaman rocha 
y á la fuente llaman frída, 
las almenas tiene de oro, ^ 
paredes de plata fína... 
como el sol desqtie salta,,. 
Allá á la media noche. . . 
Oido lo había Landino, 
£1 ayo que la tenía: 
— ¿Qué habedes la infanta, 
qué habedes, Rosa florida? 
ó tenéis mal de amores 
'ó estáis loca perdida. 
— Que ni tengo mal de amores 
ni estoy loca perdida, 
mas llevédesrae unas cartas... 
Darlas keis á Montesinos, 
•que venga á la Pascua Florida; 
darle he yo mil marcos de oro 
y dos mil de plata fína, 
daréle treinta castillos 
todos riberas de Hungría, 
y si muchos más quisiese, 
muchos más yo le daría; 
darle hía este mi cuerpo 
siete años, á su guisa; 
si otra más linda hallase 
que me dejase escarnida; 
que en todos estos reinos 
no la hav otra más linda. 
Tomo IX. 21 



322 ^ LÍRICOS CASTELLANOS 

sino es una mi hermana 
que de mal fuego sea ardida, 
si ella me lleva en cuerpo 
yo á ella en lozanía:». 
Mal lo usara Montesinos 
para haberme por amiga, 
que á cabo de siete años 
fuera á buscar otra amiga 
y así yo por buen amor 
quedó burlada y prendida. 

XLin. — Romaiice de Galferos* 

Estábase la condesa 
en su estrado asentada... 

(No tiene variantes de consideración respecto 
del niím. 171 de la Primavera.) 

XLI V. — Silgúese el segando Romanee* 



Vamonos, dijo mi tío, 
en París esa ciudad... 



(Id. ÍJ. Es el núm. 172, continuación del an- 
terior.) 



XL V.— Romance de Renaldos de Af ontalbán.. 



Cuando aquel claro lucero 
sus rayos quiere enviar, 
esparcidos por la tierra 
por cada parte y lugar. 



(Completamente artístico:' está en Duran, nú< 
mero 368, tomado de la Floresta de Tortaja- 
da, donde se lee con variantes meramente or- 
togiáñcas.) 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 323 



XLVI.— Romance de Dnrandarte. 



Durandarte, Durandafte, 
buen caballero probado.... 



(No tiene variante alguna y está también en la 
I.* parte de la Silva, de donde pasó á la Pri» 
moverá, núm. i8o.) 



XLVII. — Romance de Dnrandarte. 

Oh Belerma, Belerma, 
por mi mal fuiste engendrada, 
que siete años te s^vi... 
Sin de ti alcanzar nada .. 

Comparado con el núm. 1^1 de la Primavera, ofrece estas variantes: 

Montesinos, Montesinos 
una cosa os demandaba, 
que cuando yo fuese muerto 
y mi ánima arrancada, 
vos llevéis mi corazón 
adonde Belerma estaba, 
y dalde todas mis tierras... 
Que pues yo á ella pierdo, 
todo el bien con ella vaya 
y servilda en mi lugar 
como de vos se esperaba, 
que tenga de mi memoria 
una vez en la semana, 
y decilde que se acuerde 
que tan cara me costaba; 
socorredme, Montesinos, 
que el corazón me desmaya, 
que el brazo traigo cansado 






324 líricos castellanos 

y la mano del espada, 
la vista tengo perdida» 
macha sangre derramada, 
los extremos tengo fríos 
y quítaseme la habla. 
Ojos que me vieron ir 
nunca me verán en Francia, 
pues que quiso la ventura 
que nuestro deudo se parta. 
Abrazadme, Montesinos, 
que á mí sáleseme el alma... 

XLYIII.~Itoinance de lü ontesinos» 

Muerto queda Durandarte 
al pié d' una gran montaña... 1 

(Va en nuestra colección.) 

XLIX.— Romance de lü arquillos» 

Ouán traidor eres, Marquillos, 
cuan traidor de corazón... 

(Texto casi idéntico al de la Rosa de amores, 
de Timoneda, y por tanto, al niim. Z20 de la 
Primavera^ 

L. — Romanee de üffelisenda» 

Todas las gentes dormían 
en los que Dios tiene parte... 

Variantes respecto del núm. 198 de Wolf: 

No duerme la Melisenda... 
Si dof^des, mis doncellas, 
si dormides, recordad... 
Si esperáis á la vejez, 



I 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DB ROMANCEROS 325 

no vos querrá un rapaz, 
que. otro tanto hice yo 
cuando era de vuestra edad 
al tiempo que fui criado 
en casa de vuestro padre.;. 
Iba á buscar al conde 
en los palacios do está... 
Topara con Fernandillo, 
♦ un alguacil de su padre, ' -• 
«¿Qué es aquesto, Melisenda? 
¿Ésto que podría estar? 
El rey piensa que dormís, 
en su cámara real, 
TOS, andáis os por las calles 
á picos pardos buscar.» 
Tomárala por la mano, 
á casa la fué á tornar. 

(Todo lo demás que hay en la Primavera falta 
• * ett la Silva, - • = • ■• 

LI. — Romance de un caballero enamorado* 

8t se está mi corazón 
en una silla asentado... 

• , » . Romance; lírico tía Í|nportaiKÍa excepto estos 
versos : 

< Y si yo muero, señora, 
no me entferren en sagrado; 
háganme la sepultura 
en un verdecicó prado.. » 

LII.— Romance de la reina d'e Irlanda* 

■ /■ 

Cartas van por todo el mundo 
dolorosas de contar... 

(Va en nuestra colección.) 



326 LÍBICOS CASTELLANOS 

Lin. — Bomanee úe I^eandra r Er», 

# 

El cielo estaba ñablado, 
la lona sa luz perdía.^ 

(Va en nuestra colecdóa.) 

LIV.— Romanee liel rey Marsin» 

Domingo era de Ramos, 
la passión quieren dezir, 
cuando moros y cristianos 
todos entran en la lid. 

Es el núm. 183 de la PrítHOTfera. Sólo tíene 
una variante digna de notarse: 

Mi mujer Abrayma mora. 

LV.— Romanee éke D» Roldan» 

En Francia la noblescida 
en esse tiempo pasado... 

(£s el núm. 367 de Duran, con variantes de poca 
monta.) 

LVL — Romanee de Gaiferos* 

Media noche era por filo, 
los gallos quieren cantar... 

£s el núm. 174 de la Primavera, tomado por 
Wolf de un pliefi^o sueko de la Biblioteca de 
Praga. Notaré las variantes de la Silva: 

Los gallos quieren cantan.. . 
Halló las puertas cerradas.., 
Cartas llevas de mensaje... 
Esperases tú á ellalva (mc).«. 
Con los otros salivas.,. 



BIQLI06RAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS .327 

que aquí no trujo más.., 
Vido lo había una mora,,. 
Derribado se la hae,„ 
Muerto cayó el inorico . 



L VII.— Romanee del moro Calarnos* 

Ya cabalga Calaynos 
á la sombra de una QÜva... 

(Es el conocido, con muy leves variantes. El 
texto de la Floresta de varios romances es 
el que más se parece á éste, entre Iqs que se 
tuvieron presentes para la Primavera, nú- 
mero 193.) 

LVnL — Romance del engaño que usó la reina 
Doña Alaría de Aragón: para que el rey 
Don Pedro, su marido, durmiese con ella y 
de lo que sucedió. 

Angustiada está la reina 
y no sin mucha razón, 
porque el noble rey Don Pedro 
su marido y su señor... 

(Es, con variantes, el ntim. 1.924 ^ Duran, lo* 
mado de la La Rosa Gentil, de Timoneda. 
No es viejo.) 

lilX.— Romance de cómo el rey Don Jaime de 
Aragón ganó á lü allorca, con las otras is- 
las circunvecinas» y después á Valencia. 

Ese buen rey d' Aragón 
que Don Jaime se decía, 
como siempre fué esforzado 
y valiente á maravilla, 
noche y día estaba pensando 
en cómo acrecentaría 



\ 



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f^/f J* Cay» íjAMa *ajvíaLd<iv 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 329 

más por fuerza que por grado, 

por lo cual se perdió- España 

por aquel tan gran pecado. 

La malvada de la Cava. 

á su padre lo ba contado, 

Don .Julián que es traidor 

con los moros se ha concertado (sic) 

que destruyesen á España 

por lo haber así injuriado. 

LXI.— Romanoe de la Cava» 

Cartas escribe la Cava, 
la Cava las escribía... 

(£s, con leves variantes, el mismo que hay en 
la Rasa Española, de Timoneda, y por con- 
siguiente, no puede ser obra de ^te, como 
creía Duran, que le poso en su Homancera 
con el núm. 591.) 

LXIL •— Rjomanoe del conde Don Julián* 

Ya se sale de Toledo 
el conde Don Julián... 

(Insertó en nuestra colección.) 

LXni.— Romance de cómo el conde Don Ja» 

llán vendió á España» 

En Cepta está Julián 
en Cepta la bien nombrada, 
para las partes de allende 
quiere enviar embajada... 

Núm. 4 de la Primavera, siguiendo eT texto 
del Cancionero de Romances, con variantes 
de la Rosa Española, de Timoneda, y de un 
pliego suelto del siglo xvi. £1 texto de la Sil- 
va arroja las siguientes variantes nuevas: 



330 LÍBICOS CASTELLANOS 

Y él la carta notaba,... 
después de haMlas escripta.. 
Era para toda España... 

de las tres partes del mundo 
la mejor y más galana,,. 
Con su gente muy lozana 
las señorean los moros... 
£1 triste rey Don Rodrigo 
sale á la campal batalla, 
que vencido han la batalla,... 

(Falta desde «Maldito D. Opas* ha*ta «Oh 

dolor sobremanera*.) 

Y cosa nanea pensada 
que por causa de un traidor 
Kspafia fué subjetada 

al gran poder de Mahoma : 
cosa fué jamás pensada. 

(Final idéntico al del pliego toelto.) 

LXIV.— Bomanoe de la destrarcMn 

de Espaóa» 

Quan triste queda Castilla 
sin ventura, desdichada... < 

(Va en nuestra colección.) 

LXV.— itomanoe de la Cava s 

Gran llanto hace la Cava 
con gran dolor y amargura... 

(En nuestra oolecdón.) 




BIBLIOOBAFtA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 334 

LXVL— Romance del Infante Don Enrique* 

Este Infante Don Enrique 
con el temor que tenia 
á 8U hermano el rey Alfonso, 
pasárase á Berbería... x 

Para complemento de este apéndice bibliográfico, creo 
oportano dar razón de las variantes contenidas en algu- 
nos pliegos sueltos rarísimos que no constan en los ca- 
tálogos de Darán, Salva y Wolf. 

Pliegos sueltos. 

i s 

I. — Romanee de Don ReTnal4os 
de 



Estábase Don Heynaldos... 

Colección del duque de T'Serclaes Tilly (z) 
en Sevilla. 

Variantes tomando por tipo el texto de la Primavera, núm. 188. 

Con su tio Malagiae.., 
tío mío, tío mío 
tío mío natural... 
pláceme, dijo, sobrino... 
lítego sin más detardar... 
que fuese con ella su par 
en tierras apartadas... 
él se \9k fuera luego á dar 
no por fuerza ni por grado... 
que lo sabia hien acompañar... 
soy de Francia natural... 
de el tanto caminar... 

(1) Hermano gemelo del marqués de Jerez, y gemelo también en esta* 
dios y aficiones, poseedor de una jnagnífíca biblioteca de libros de historia 
de Espafia. 



> ^ 





VUt ^t.^i',r, J*- *i*fr t -íü 



I 






BIBLIOGRAFÍA T VARIANTES DE ROMANCEROS 333 

por silos podría hablar... 
rompiendo entre la gente... 
tómala don Reynaldos... 

Tiene al ñn este pliego dos composiciones 
líricas: 



Juan del Enzina despidiendo el amor s 

Anda, vete, burlador... 

llespaesta del amor por los mismos 

consonantes s 

¿Qué dices, buen amador, 
con quién hablas,, dónde estás... 

IL—Eía glosa del roipance que dize i ^Rosa 
fresca, Rosa fresca,; y la glosa de la ^Rey- 
na Troyana,, y la glosa de ^mora moray- 
ma,, y la glosa de ^'la mia gran pena forte„ 
y unas copias á una serrana. 

(Coleoción del duque de T'Serclaes. Variantes de liosa fresca que os 

el niim. 115 de la Primavera.) 

Cuando te tuve en mis brazos... 
no vos puedo yo haber, uó... 
y en lugar de recabar, 
dijárame otra razón... 
Quien vos lo dijo, señora... 
si yo nunca entré en Castilla 
ni aun en tierras de León... 




334 LÍBICOS GASTBLLANOS 

Romance de la Rerna nTrojaiis* 

CNám. 483 de Dnrán.) 

Triste ésta y muy pensosa 
aquesa reyna troyana... 

No llega mis que hasta el verso: 

¿Qaé es de mi hijo Troylo, 
qné es del bien que en mi moraba. - 

£s romance artístico, aunque se encuentra ya 
en el CancioHcro de Romances. En Afora 
Moray nía nüm. 132 deWolf kajrcrtBaoiKvi^ 
riaate. 

(^t<e }¡o soy moro mazóte 

III.— Romance de don Trlsta nnevamente- 
llflosado por Alonso de Salaja el» otras 
obras suyas. 

Ferido está don Tristan... 

b) Romance» 

En mis pasiones pensando 
de mil congojas cercado... 

c) Villancico. 

No quiero sino serviros, 
siempre yo vuestro seré... 

d) Derreniego á una damai 

Son mis penas tan crecidas 
en la mar donde navego... 

e) Coplas en loor de una damar 

Muchos, dama, de loaros 
han tenido atrevimiento... 



.4 



'n 



BIBLIOGRAFÍA T VARIANTES DE ROMANCEROS 335 

f) Juan del Enzina despidiendo el amor» 

Anda vete burlador, 
— no pienses burlarme más... 

(Colección del duque de T'SercIaes.) 

IV.— itomace nue^amete glosado por Pedro 
de Palma natural decijas en el qnal se 
trata la triste y lamentable nne^a q le 
dierii al rey moro passeádo se por Granada 
de como los cliristianos le habían ganado 
Albama t y de todo lo q los moros lilzie- 
ron por cobralla de los dirlstlanos t en lo 
qnal perdieron mncba gente y qdaron ven- 
cidos t y assi se volvieron el rey y los que 
quedaron á Granada; con un romance de 
Juan del Enzlna. 

Passeábase el rey moro 
por la ciudad de Granada. 

Variantes. 

¿Para qué nos quiere rey... 
para que sepáis, mis mpros 
nuestra pérdida de Alhama... 
habló el alatar (sic) de Loja: 
buen rey bien se te empleaba^.. 

Faltan los dos versos: 

y para Alhama cobrar 
menester es grande armada... 
otro es Martín Galindo. 

b) Canción del mismo por despeclio 
contra los infieles s 

Todas setas de Mahoma 
moros y los luteranos... 



\ 



336 LÍRICOS GASTELLAKOS 

c) liamentaolón de amor del mismo entre 

un amador j Maclas s 

Sal ya doloroso canto, 
que razón es que publiques... 

d] Romance de Juan del Enzlnat 

Yo me estaba reposando, 
. ^ dormiendo como solía... 

(Colección del duque de T'Serclaes.) 
V.— Pliego suelto gótico de mi biblioteca. En folio. 

Bomance de don Oayferos que trata de cómo 
sacó á su esposa que estaña en tierra de 
moros* 

(Variantes respecto de la Primavera, núm. 179.) 

Los dados tiene en la mano 
que los qiLeria arrojar... 
si íaw &íew/¿«e«sc8, Gayferos... 
preguntando vá, preguntando 
por m primo don Roldan... 
sabéis que esté sin caballo 
é amias otro que tal... 
pues sin armas é sin caballo... 
por esto vos ruego, tío, 
las vuestras me queráis j)rc8¿ar... 
allá á Sant Juan de Letrán... 
que no me las hagan cobardes... 
mi caballo tengo bien vezado... 
entre los dos puestos se han... 
fahlado le ha Roldan, 



BIBLIOGRAFÍA Y VARlAflTES DE ROMANCEROS x937 

S 

empezado le ha á fablar... 
Bien pareceys, don Gayferos... 
que soys de poca hedad... 
no diasera esto tal... 
y le ayudó para armar... 
de que solo le veen andar... 
de queya el se salía... 
del palacio real... 
le llamara don Koldán... 
esperédes acá sobrino, 
solo queréis vos andar... 
y toma la de don Roldan... 
qus siempre me tovistes por padre... 
tan enojoso hablar... 
en ocho la fuera andar... 
si enemigos ge lo matan... 
que quiere cabalgar sin paje... 
no tiene quien ge la calce... 
viernes era aquel día... 
con todos sus caballeros, 
con todos sus capitanes.., 
en Sansueña essa cibdad .. 
si hay alguna christiana... 
y de noche en honda dnía.,, 
en especialmente una... 
y el rey Almanzor la trata... 
del pala do real ... '* 

derecho se iba á la playa... 
por ver los palacios reales,,, 
darvos he unas encomiendas... 
qv^ no lo dexe por miedo 
con los moros pelear... ' 

ligeros son de perdonar,,. 
mora me quiero tornar... 
no los puedo olvidar.,, 
Gayferos que esto oyó... 
Tomo: IX. 22 



338 LÍRICOS CASTELLANOS 

dexóse de la ventana... 
esforzaos, don Gayferos... 
si desto escapáis, Gayferos, 
harto tenéis de contar... 
ya quisiese Dios del cielo... 
de moros muchas vegadas,., 
al caballo aprieta la rienda 
y afloxóle el petral... 
el caballo esforzado 
saltó de la otra parte,,, 
Gayferos que esto oyó 
presto se/we apear,,, 
Melisenda á las ancas 
presto fué á cabalgar... 
porque le puede bien abrazar... 
cuando fué cerca los moros, 
la rienda le fué á soltar... 
no os enojéis, mi señora... 
podréis, señora, aguardar... 
no cesando de llorar,., 
las rodillas puestas en tierra, 
como la parió s\i madre.,, (!) 
de la sangre que dellos salía 
todo va vuelto en sangre.., 
este debe ser el encantado... 
este debe ser el esforzado 
Reynaldos de Montalbán, 
este es Ogel de las Marchas 
el esforzado singular... 
calles, no digas atal... 
mas yo te me quiero nombrar... 
señor de París essa cibdad.,. 
con esfuerzo assí hablar... 
encerróse en la cibdad... 
Mélisendra que venir lo vido,., 
de que le vido las armas blancas.., 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 339 

empezóle de preguntar... 

por Dios vos ruego, Gayferos... 

con las mangas de mi camisa 

apretar vos he la sangre... 

yo 08 la entiendo de sanar... 

infanta, no digáis atal.,, 

caballero que las trae 

ninguno le puede h^zet mal... 

antes que los moros nos tomen.,, 

de amores que no ew al... 

ni de los moros han miedo 

ni dellos sentía parte.,, 

con el placer de los (¿dos?) juntos, 

el descanso es muy grande... 

fasta entrar por Francia 

en tierra de christiandad... 

Si fasta allí alegres vinieron,,, 

de lexos vieran asomar... 

vuelto se le ha la sangre, 

diciendo á su señora : 

Este es mayor pesar.,. 

y aquel es Montesinos... 

andando por sus jomadas^. , , 

á París van allegar 

tiénenle por esforzado... 

de gran captividad... 

VI. — Pliego suelto gótico de mi biblioteca. 

Romaiice niievameiite lieclio de Callsto y 
IH ellbea que trata de todos sus amores y 
de las desastradas muertes suyas y de la 
muerte de sus criados Slempronlo y Par- 
meno : y de la muerte de aquella desastra- 
da muger Celestina Intercesora en sus 
amores. 

Este romance, que viene á ser un compendio en verso 



I 



340 LÍRICOS CASTELLANOS 

de la Celestina, no pertenece al número de los populares 
y tradicionales, pero es tan viejo y tiene tanta curiosidad 
literaria, que no ha de pesar al lector verle impreso á con- 
tinuación : 

Un caso muy señalado — quiero, señores, contar, 
como se iba Calisto —para la caza cazar, 
en huertas de Melibea — una garza vido estar, 
echado le había el falcón— que la oyiese de tomar, 
el falcón con gran codicia— no se cura de tornar: 
paltó dentro el buen Calisto— para habello de buscar, 
vido estar á Melibea— en medio de un rosal, 
ella está cogiendo rosas — y su donzella arrayan. 
Calisto desque la vido— empezóle de hablar : 
— Gran maravilla es aquesta —que Dios me quiso mostrar. 
— En qué? dijo Melibea,— vos digades la verdad. 
Allí respondió Calisto, — tal respuesta le fué á dar : 
—Hazer en natura humana— tal hermosura v beldad 
y hazer á mí inmérito— que la hobiese de mirar, 
y mi secreto dolor — haber de manifestar, 
en este mundo tal gloria— no la espero yo alcanzar.» 
Respondióle Melibea— prestamente sin tardar : 
— «Por gran gloria tienes esta — que me hobieses de fablar?» 
— «Yo lo tengo así por tanto— que no la puedo estimar;* 
— «Pues yo te lo cumpliría— si quieres perseverar.» 
— «jOh orejas que tal oyen— que tal puedo alcanzar, 
mucho bienaventuradas —se podran ellas llamar.» 
Allí habló Melibea — bien oyreis lo que dirá : 
— «Mas muy malaventuradas— se podrán ellas llamar 
después que hayan oido — lo que les he de fablar : 
Vete delante mis ojos, — no me quieras enojar, 
que ya no basta paciencia — para haberte de escuchar, 
si nó las palabras dichas —yo te las haré pagar. > 
Calisto de que esto oyera — comenzóse de apartar, 
demandando por Sempronio— con dolor ó sospirar, 
las palabras que le dize— eran para lastimar: 



BIBLIOGRlFÍi T VARIANTES DE ROMANCEROS 341 

— «Cierra bien esas ventanas— que la luz no pueda entrar, 

venga la tristeza al triste,— mis llantos, dalde lugar; 

loh 6i viniesse la muerte — por mis males acabar, 

si viniesse Galieno — físico muy singular, 

que supiese dar remedio— á pasión de tal penar!» 

Allí respondió Sempronio:— «¿Este mal qué puede estar? > 

— «Vete de ahí, no me hables— dóxame desesperar, 

si nó antes de mi muerte— la tuya podrás causar, 

dexarte quierp, cuytado — pues solo quieres quedar. » 

Sempronio como discreto— comenzara de pensar: 

«Qué mal pudo ser aqueste —que asi te pudo trocar? 

ó estás endiablado- ó quieres loco tornar : 

si entro á dalle consejo— nunca lo querrá tomar, 

si lo dexo quedar solo -la muerte querrá tomar.» 

Estando todo turbado — Calisto le fué á llamar : 

— «Dame, Sempronio, el laúd, — que quiero un poco sonar.» 

Luego se lo da Sempronio— y allí le fuera hablar: 

— «Destemplado está, señor, — que el son no puede acordar.» 

— «¡Oh triste de mí cuytado — que en el mundo no hay mi 

pues mi sentido y memoria — solos me fueron dexar, [par, 

mas tómalo tú, Sempronio, — y cantasses un cantar 

el mas triste de sonido— que se pudiese hablar» (?). 

Tomó Sempronio el laúd— ^y empezara de cantar: 

— «Mira Ñero de Tarpeya— á Roma la gran cibdad, 

mírala cómo se ardía — sin ninguna piedad, 

él le manda echar el fuego— con su mucha crueldad.» 

Allí respondió Calisto,— y mira qué fué á fablar: 

— «Mayor es el triste fuego— y menor la piedad, 

que me quema mis entrañas — que no me dexa reposar.» 

— «No digas eso, señor,— no quieras desesperar. 

Escucha un poco, Sempronio,— yo te lo quiero contar; 

fuego que cien años dura— mayor se puede llamar, 

que lo que un dia passa— aunque queme una cibdad; 

como de vivo á pintado — como de sombra á real, 

aquesta es la differencia— que entre ese y mí hay, 

porque el fuego del infierno — no puede tanto quemar.» 



% 



342 LÍRICOS CASTELLANOS 

— «Por cierto, dixo Sempronio, — no debías tal hablar, 

que aunque f uesses un moro — no debías creer tal.» 

— «No soy moro ni cristiano — ni tal me quiero llamar, 

mas llámesme Melibeo— que assi me quiero nombrar; 

que yo en Melibea creo—y á ella quiero adorar.» 

Sempronio desque lo oyera— comenzóle de hablar: 

—«Ya conozco tus pasiones— las que te hazen penar : 

pues yo te curaré dellas— y aun te entiendo de sanar. 

— Digas tú, hermano Sempronio — tú me digas la verdad, 

¿cómo has pensado agora— de hazer esta piedad?» 

— «Yo vos lo diré, sefíor, — sed atento en escuchar: 

muchos dias son pasados — que aquí en esta cibdad 

conozco una puta vieja — que en el mundo no hay su par, 

las artes que ella sabe — ¿quién te las podrá contar? 

Hechicera y alcahueta, — muy astuta en su fablar. 

¿Qué te contaría della, — de lo que sabe ordenar, 

hazer y deshazer virgos — en esta nuestra ciudad, 

en las pasiones de amor — sabe mil remedios dar?» 

Caliste desque esto oyera — empezara de^hablar : 

— «Ponga en mis males remedio,— yo la quiero bien pagar 

y veme luego por ella — que la quiero yo hablar, 

y tu trabajo, Sempronio, — mucho bien galardonar.» 

— «Que me plaze, mi señor,— de illa luego á buscar, 

y entre tanto que allá voy — piensa bien qué le has de dar.» 

Ya se partía Sempronio— para habella de buscar. 

En llegando á la su puerta— empezara de llamar; 

Celestina que lo oyera — comenzó de preguntar: 

— «¿Qué buena venida es esta? — Vos queráismela contar.» 

— «Bien sabes, señora madre, — la nuestra grande amistad, 

y tienes bien conoscida— la mi buena voluntad, 

y de cualquiera ganancia — tu parte querríate dar. 

Aquí está mi amo Caliste — que muere sin lo matar, 

de amores de Melibea— loco se quiere tornar, 

de tí y también de mí — tiene gran necesidad : 

pues toma luego tu manto— ven que te envía á llamar.» 

Celestina qije esto oyera— luego se fué á cobijar; 



BIBLIOGRAFÍA T VARIANTES DE ROMANCEROS 343 

[No me digas más, mi fíjo,no me quieras inas fablar, 
yo lo sanaré del cuerpo, — de la bolsa bien sangrar, 
yo le alargaré la cura — porque pueda mas gastar.» 
Estas palabras hablando— á la puerta van llegar. 
Entrando está (sic) Calisto — para con él negociar. 
Oalisto desque la vido — comenzó la de mirar, 
las rodillas por el suelo — fuera tal su razonar: 
— <í¡Oh reverenda persona, — cosa digna de loar, 
ya te habrá dicho Sempronio — la causa d.e mi penar : 
■de amores de Melibea — loco me quiero tornar.» 
Allí fabló Celestina, — tal respuesta le fué á dar : 
— «No te mates, caballero, — ni quieras tomar pesar, 
no pierdas el esperanza — pues yo te he de remediar, 
yo iré presto á Melibea— para tu mal le contar, 
yo le ordiré una tela— la qual yo bien sé tramar : 
por eso mientra que vó — á remedio te buscar, 
desta vieja pecadora— te quisieses acordar, 
que su menester es grande — que no lo podrás pensar.» 
Ya se parte Celestina — de Calisto á mas andar, 
iba Sempronio con ella — para mas la acpmpñar, 
iban los dos razonando— cómo á Calisto pelar. 
Á casa de Celestina— ambos fueron á llegar, 
á tomar sus aparejos— para Melibea engañar : 
el aceyte serpentino — con los que suele tomar 
las madexas del hilado — que es la causa para entrar. 
Vase á casa de Pleberio— con Melibea hablar, 
á la entrada de la puerta — con Lucrecia fué á topar. 
Celestina luego entrando — la comenzó á saludar : 
—«¿Quién te trae acá, mi madre, — y qué andas á buscar?» 
— Amor grande y deseado— y por tu vista mirar, 
vender un poco de hilado — con muy gran necesidad, 
pues mi señora la vieja — creo lo querrá comprar.» 
Allí f ablara Alisa, — bien oiréis lo que dirá : 
— «¿Con quién fablas tú, Lucrecia?,— ¿de qué es tu razonar?» 
— «Con aquella buena vieja — que moró en la vezindad. 
Que tiene la cuchillada, — yo te la quiero mostrar. 




344 LÍBICOS CASTELLANOS 

Va la vieja Celestina — con Alisa á razonar: 

— «Mi venida fué, señora, — por mi hilado (té) mostrar, 

que es el mejor que yo vi — en todo nuestro lugar, 

por mis miserias compJir (?)— tú me lo quieras comprar. > 

Dixo Alisa á Melibea: — «Hija, voy á visitar 

á mi amiga hermana, — tú lo puedes bien comprar, 

trata bien á la vezina — y hazla luego pagar.» 

Celestina queda sola— con Melibea hablar, 

con lisonjas y mentiras — comienza su razonar : 

— «Oh señora ó hija mía — no hay en el mundo tu par, 

nadie con tu hermosura —no se piense de igualar. 

Mi venida á tu posada— yo te la quiero contar, 

si me das licencia agora— sin conmigo te enojar.» 

Respondióle Melibea :— «Si yo te puedo remediar, 

con mucha gana y placer— yo te entiendo escuchar.» 

Celestina muy astuta— comenzóle de hablar : 

— «Un enfermo dexo malo — tú le puedes bien sanar. 

Con una palabra sola— que de ti pueda llevar, 

con la mucha fe que tiene— en tu lindeza sin par.> 

Respondióle Melibea,— bien oiréis lo que dirá : 

— «Habíame mas descubierto — tú lo quieres aclarar, 

de una parte me alteras, — de otra me haces penpr. 

Díme quién es el enfermo— por Dios sin más dilatar. 

— «Bien conoces tú, señora,— en esta nuestra cibdad, 

un gentil hombre de sangre— que Caliste es su nombrar. 

— «No digas mas, buena vieja,— ya entiendo tu hablar, 

ese es un loco aborrido — y tú lo quieres sanar, 

vete delante mis ojos, — no te haga aqui matar.» 

Esto que oyó Celestina — comenzó de se espantar, 

conjura sus valedores— que la vengan ayudar, 

otras he visto mas fuertes— y después las vi amansar: 

con desculpas y halagos — la hizo luego callar. 

Ya consiente los loores,— ya la hace alegre estar, 

luego toma Celestina— á su razón acabar, 

y demándale un cordón — para Caliste sanar, 

las fuerzas de Melibea — todas son á su mandar. 



BIBLIOGRiFÍA T VARIi:(TES DE ROMANCEROS 345 

en los lazos del amor— dentro la fuera á enlazar, 

la sabia de Celestina — así la fuera dexar. 

Con su cordón en la mano— á Calisto fué á buscar 

con alegría muy grande — por las albricias ganar. 

En entrando en su posada— con él se fuera topar : 

— a¿Qué traes, señora mía — para sanar mi gran mal?> 

Ella encarece el trabajo— por hacerse bien pagar: 

— aCómo vuelvo viva y sana — quiéraste maravillar.» 

Calisto estaba penando— hasta vella ya acabar : 

—«Acaba, señora mía, — no quieras más dilatar, 

ó abrevia tu razón, — ó tú me quieras matar.» 

— «No te mataré, señor, — que vida te quiero dar, 

con que puedas muchas veces — de Melibea gozar. 

Mira el cordón que te traygo — por traer la á tu mandar.» 

Calisto desque lo vido — comenzara lo de besar. 

Las palabras que le dize— no hay quien las sepa contar : 

y á la vieja Celestina— ya la comienza abrazar ; 

— «Oh mi madre tan bendita,— ¿con qué te puedo pagar? 

Cuenta me de qué manera — la comenzaste á hablar; 

que me deleito en oyllo— y entiendo de sanar.» 

— «Dixe que mal de quixares — nunca te quiere dexar, 

que ella sabía una oración— para tu mal aplacar.» 

— «jOh maravillosa astucia — oh mujer muy singular, 

vé, Parmeno, trae un sa&tre, — manto y saya le he de dar 

d'aquel contray que tú sabes— que saqué para frisar, 

y entre tanto que se hace, — madre, no te has de enojar, 

vé en buen hora á tu posada, — entiende en mi remediar.» 

Ya se despide la vieja, — Parmeno con ella va, 

desde allí á su posada — no hacen sino hablar, 

prometiéndole Areusa — de traer la á su mandar. 

Estas palabras diciendo — á su casa van llegar, 

con las razones que sabe — á los dos fizo ayuntar. 

Desque los dexa ayuntados,— á su casa vá tornar, 

el cordón de Melibea — comienza de enhechizar 

de tal suerte y tal manera— que luego la fué á trocar 

que de áspera y cruel — blanda la hizo tornar, 



346 LÍBICOS CASTELLANOS 

la yerba de ballestero — ya la prende y vá tomar : 

las palabras que decía — es maldecir su negar. 

— <Ven acá, hija Lucrecia, — la vieja me ve á llamar, 

que de muy terrible fuego — toda me siento quemar.» 

Y vá Lucrecia muy presto — á Celestina buscar, 

ya la trae de la halda — ^por su señora curar : 

— «Oh bien vengas, vieja honrada— Dios te quiera guardar, 

á tus manos soy venida, — tú me has de remediar.» 

—«¿Qué es esto, señora mía? — Yo esto presta á ta mandar.» 

Melibea muy penada — tal respuesta le fue á dar : 

— <Tú sabrás por mi ventura,— según te quiero contar, 

que eii aquella tal moneda — tú me tienes de pagar 

que te di para Calisto, — que ya soy á tu mandar, 

dá forma, señora madre — cómo le pueda hablar.» 

— «Que me place, mi señora,— y luego sin dilatar 

esta noche á media noche — yo te la haré mirar, 

y d'allí daréis concierto — para más poder gozar: 

á Dios te queda, señora, — yo voy á lo concertar.» 

Vase la vieja barbuda — para Calisto buscar, 

allá fué á la Madalena — donde suele en misa estar. 

Desque la vido Calisto — de placer quiere llorar, 

echa le brazos al cuello, — comienza le de rogar 

que dixese su embaxada-r-si vida le quería dar.» 

Allí fablara la vieja— de priesa y no de vagar : 

— «Las albricias, mi señor — tú me las puedes bien dar, 

que Melibea es ya tuya — toda presta á tu mandar, 

esta noche á media noche — tú la podrás bien hablar.» 

Lo que dixera Calisto — ya lo podréis bien pensar : 

— cjOh maravilla tan grande— qué tal cosa he de gozarl 

No puede pasar aquesto,— yo lo debo de soñar. 

Mas el concierto que traes — ya lo querría probar : 

mi paga puede ser poca — para tu obra pagar, 

toma esta chica cadena, — haz tú della á tu mandar. » 

Entre Parmeno y Sempironio — comienzan á murmurar : 

—«Mira, hermano, qué le ha dado : — ¿á nosotros qué ha de 

Ya se parte Celestina — para su casa alegrar, [dar?» 




BIBLIOGRAFÍA T VARIANTES DE ROICANGEROS 347 

vase Calisto á su cama— á dormir y reposar; 
desque fue la media noche — él se fuera levantar, 
hace venir á los mozos — que le oviesen de armar. 
Iba se por su camino— por Melibea hablar, 
en llegando á la su puerta, — comienza luego á escuchar 
si sentiera á su señora— junto á la puerta estar. 
Comienza desta manera — Calisto d© razonar : 

— «¿Es mi señora y mi vida — la que siento pasear?» 
Melibea que esto oyera— quiso se certificar : 

— «¿Cómo es tu nombre, señor? — No ine lo quieras negar, 
¿quién te hizo aquí venir — aquesta puerta mirar?» 

— «La del gran merecimiento, — la que el mundo ha de man- 
ía que no me hallo digno — de podella yo alcanzar; [dar, 
no temas, señora mía-^tu voluntad declarar 
á este cativo tuyo — al que té viene adorar.» 
Ahí fabló Melibea, — bien oiréis lo que dirá : 
— «Yo soy tuya, señor mío,— mucho siento tu penar, 
yo maldigo aquestas puertas— que no nos dexan mirar, 
una hora me es un año— hasta mañana esperar : 
ten paciencia, señor mío— pues está cerca el gozar, 
que mañana aquestas horas — te podrás acá tornar, 
por las paredes del huerto— te podrás, señor, entrar.»' 
Ya se despide Calisto— con dolor y sospirar, 
en llegando á su posada — va se á la cama acostar : 
Parmeno también Sempronio— á la vieja van buscar, 
porque su parte les diese — de la cadena ó collar. 
La vieja que aquesto oyera— tal respuesta les fue á dar: 
— «Mucho esto maravillada — de vosotros tal pensar, 
que lo que yo he trabajado — vosotros queréis gozar, 
quitaos del pensamiento — que nada hayais]de llevar.» 
Los mozos que aquesto oyeron — comienzan de renegar, 
hacen fieros de rufianes — queriendo la mal tratar, 
ponen mano á las espadas, — van se para la matar, 
dan le tantas cuchilladas — que la fueron acabar, 
saltan por una ventana— para se poder salvar, 
si la justicia viniese — para habellos de tomar : 



Z19 UBIOOf CiSTUXASOf 

CCMDO 2a Te&taiui «i aíta— las z^enoLM se ran qoebnr, 
de tuerte que la joetícia — allí ¡c« tico á '''*' 



pocen loe en sendos ascos, —Ueran l^e á degcüar. 
Sosia qoe era en la plaza^uxio lo riio pasar. 




Tiene corriendo á sa caaa — las tristes nneras SeTar, 
topóse con Tiistanico, — comenzó ie de ccmiar : 
— cOh desrentcra tan grande — oh deshonra r gran p ega r, 
cuenta me lo tó. Sosia — r dígasme la verdad.» 
— <A Parmeno j á .Sempronío— los Ueran á degtrflar, 
ramos mov presto á Cacisto— sepa su deshonra j maL> 
ibase para la cama— á Ca:íi:to recordar : 
— 4:So duermas, eefíor, ya tanto, — oye ta desonrra j mal, 
qoe á los tos leales criados — ya les ileran á enterrar.» 
— <0h mis leales sínrientes — tá me lo quieras contar, 
¿á quién mataron tan presto?— ¿Dó hizieron tanto mal? 
Que aquesta noche pasada — comígo fueron á estar.» 
Allí íablara Sosia, — bien oyreis lo que dirá: 
— 4^Á la vieja Celestina — ellos la fueron matar. > 
— «Pues mata me tu á mí — y te entiendo perdonar, 
que más mal hay en su muerte — que tú no puedes pensar.» 
Dice lástimas Calisto — que quiere desesperar : 
tiénese por deshonrado— pues no los puede vengar, 
y también que sus amores — no se podrán acabar, 
ni por mucho mal y daño — él lo entiende de probar, 
el concierto concertado— ordena de lo tomar, 
con las revueltas pasadas — un poco se va á tardar, 
la sefiora que lo espera — empezara de hablar : 
— *Ya se tarda el cal>allero— Lucrecia, ¿qué puede estar? > 
— «Esta tardanza que véosme hace penada estar.» 
Ella en aquesto estando^ Calisto fuera llegar : 
— «Escucha, hermana Lucrecia, — que pasos oigo sonar.» 
Calisto que fué lle>^do — hizo la escala posar, 
entrara dentro del huerto— con Melibea folgar, 
Melibea que lo vido— va se lo luego abrazar, 
y van se mano por mano— para &a placer tomar, 
doncella Melibea — dueña la hizo quedar, 



BIBLIOGRAFÍA T YARIAüH'BS DE ROMANCEROS 349 

holgaron toda la noche —hasta la luz asomar, 
torna se luego Calisto — á su casa'á reposar, 
otra noche y otras muchas — él la fuera á visitar. 
La fortuna que no dexa— el bien mucho reposar, 
causó que estos dos amantes— en mal fuesen acabar. 
Como Calisto una noche— que salía de su holgar 
descendía por el escala — de priesa y no de vagar, 
desvarándole los pies— al suelo fuera parar; 
como la pared es alta — fuera se á despedazar 
la cabeza hecha quartos, — los sesos fueron saltar. 
Á los gritos de los mozos —Melibea oyó su mal, 
hace llantos muy secretos— por su mal no publicar, 
ordenó cómo matar se —por podello acompañar, 
sube á la torre más alta— de la casa á más andar, 
hace á su padre que mire— desde abaxo la escuchar, 
cuenta le todo lo hecho — y lo que entiende obrar. 
Las lástimas que decía— ¿quién que las sepa contar? 
Acabadas de decir— dexa se desesperar, 
da consigo en tierra muerta —por sus males acabar. 
Tales fines da el amor— al que sigue su mandar. 

A este romance sigue un Villancico : 

Amor, quien de tus placeres 
y deleites se enamora, 
á la fin cuytado llora... 

Y un Romince que fizo un. galán alabando á su amiga. 
Ea el mismo que con el núm. 39 hemos puesto en nuestro 
apéndice, siguiendo la leccióu de WoU{Sammlung, 276) 
tomada de un pliego suelto de la biblioteca de Praga; 
pero por tener algunas variantes en este otro pliego np 
utilizado hasta ahora, parece conveniente raproducirle 
aquí : 

De la luna teíigo quexa 
y del sol mayor pesar. 



350 LÍRICOS GASTELLAIfOS 

siempre lo ovíeron por uso 
de no dexarme folgar, 
maldita sea la fortuna 
que asi me fuera á tratar, 
nunca me da bien complido 
ni menos mal sin afán, 
por un hora de plazer 
cien mil años de pesar : 
yo me amaba una señora 
que en el mundo no hay su par, 
las faiciones que ella tiene 
yo vos las quiero contar, 
tal tenía la su cara 
como rosa del rosal, 
las cejas puestas en arco 
color de un fino contray, 
los ojos tenía garzos 
parecen de un gavilán, 
la nariz afíladica 
como hecha de metal, 
los labios de la su boca 
* como un fino coral, 
los diente» tenía blancos 
menudos como la sal, 
parece la su garganta 
cuello de garza real, 
los pechos tenía tales 
que es maravilla mirar, 
y contemplando su cuerpo 
el dia fuera asomar. 

VII. — Espejo de Enamorados (cuatro figuras en madera), 
Guirnalda esmaltada de galanes y eloquétes á' zires de diversos 
autores: en el 'ql se hallarán muchas obras: y romáces: y glosas: 
y caciones: y villancicos : todo muy gracioso y muy apazible. 
Fol. let. gót. 16 hojas sin foliar, á dos columnas. La portada, 



BIBLIOGRAFÍA T VARIANTES DE ROMANCEROS 354 

de letra roja. ('Biblioteca Nacional de Lisboa, tomo de varios, 
reservados, núm. 177.) 

A la vuelta de la portada dice : 

«Aquí comienzan muchas maneras de romances con sus 
glosas y canciones y villancicos y motes y lamentaciones y 
otras obras muy apazibles para mancebos enamorados. Nue- 
vamente recopiladas y corregidas.» 

La descripción bibliográfica detallada de éste cancio- 
nerillo puede verse en las últimas adiciones que puse al 
Ensayo de Gallardo. 

Contiene los siguientes romances : 

1.** ¡Oh cruel hijo de Archiles... 

2.° Bodas se hacen en Francia... 

(Núm. 157 de Wolf). Tiene, además de la va- 
riante del primer verso, estas otras : 

Essa doña Beatriz... 
ó si miráis vos á mí... 
Que no miro yo la danza... 

Sigue una glosa que consta dé nueve grupos 6 estan- 
cias de á dos quintillas de á diez versos, que principian 
asi: 

Quando mas el alegría... 
3.® Olorosa clavellina... 

Sigue otra glosa como la anterior, en 16 quintillas do- 
bles, que principian asi: 

Entrando por una huerta. 
4.° En los días caniculares... 

(Romance trovadoresco con glosa.) 

6.® Mira Ñero de Tarpeya... 

(No tiene variante particular.) 



• 
y 



352 LiaiGOS CASTELLiROS 

6.0 Calosa de Tapia sobre el romanee 

de «Fonte-Frlda.» 

(El texto del romance no ofrece Tañante no- 
table.) 

7.0 Decidme vos pensamiento... 

(Romance troTadoresco.) 

8.0 Bomance de don Joan M annels 

Gritando yá el caballero... 

(Está en el Cancionero general de Castillo.) 

9.0 Romance de Juan de Eieyí^a á la 
moer te de don Jorje Manrique de Eiarat 

A veynte y siete de Marzo... 

(Está en el Cancionero de Castillo.) 

lO.o Otro romance de Soria s 

Triste está el rey Menelao... 

(Está en el Cancionero de Castillo.) 

11. o Glosa de üorla sobre el romance 
«Darandarte, Darandarte.» 

(Texto idéntico al del Cancionero de Castillo.) 

12.0 Romance mudado por Diego 
de Zamora por otro que dlzet «Ya desmayan 
los franceses.» Principia : 

Ya desmayan mis servicios... 

(Está en el Cancionero general.) 




BIBLIOGRAFÍA T VABIANTES DE ROMANCEROS 353 

13.0 Romance de Oarcl Sfancliez 

de Dadajoz s 

Caminando por mis males... 

(Ettá en el Canciotiero general.) 

14.0 Olosa famosísima al romance de 
«Triste estaba el padre Santo.» Principias 

Por la clemencia ninguna... 



En una rarísima edición de la Cuestión de Amor y Gár- 
•cel de Amor (París, en casa de Hemaldo Caldera y de 
Claudio Caldera su hijo, 1548, 12.**), que ha sido recien- 
temente adquirida por el Marqués de Jerez, se hallan al 
fin tres romances viejos, que por ser de edición anterior 
á todas las conocidas, y por ofrecer algunas variantes 
útiles, sobre todo el primero, creo necesario reproducir 
aquí. 

Aqvi co- 1 mientan tres ro- 1 manees nueuamente copues- 
tos, con vn villancico al ca - | bo : como se tor- | no a ganar 
España. 

Vn dia de Santanton, 
esse dia señalado, 
se sallan de sant juan 
quatro cientos hijos dalgo, 
las señas que ellos lleuauan 
es pendón rabo de gallo, 
por capitán se lo llenan 
al obispo don gongalo, 
armado de todas armas 
encima de vn buen cauallo, 
Tomo IX. 2» 



% 



35 ( UBIOOS CASmXASOS 

TTa Be para la gcarda, 

eaee castillo nombrado. 

sale io a recibir 

don roirigo esse hidalgo : 

— por dios os niego el otúspo 

qne no paseeies el vado, 

porqoe lo6 moros son machos 

qne a la gnarJa avian llegado, 

muerto me han tres cauallero» 

de qne mocho me ha pesado, 

el vno era mi primo, 

V el otro era mi hermano, 

y el otro era Tn paje mió 

qne en mi casa se ha criado, 

demos la baelta, señores, 

demos la baelta a enterrallos, 

haremos a dios seroicio 

y honrraremos los christianos. — 

ellos estando en aqaesto 

llegó don diego de haro : 

— adelante caaalleros, 

qoe me lleaan el ganado, 

si de algan nillano fneya 

ya lo ooierades quitado, 

empero alguno esta aquí 

a quien plaze de mi daño. 

no cabe dezir quien es 

que es el del roquete blanco. 

El obispo que lo oyera 

dio de espuelas al cauallo, 

el cauallo era ligero 

y saltado auia vn vallado, 

mas al salir de vna cuesta 

a la assomada de vn llano 

yido mucha adarga blancha^ 

mucho albornoz colorado, 



BIBLIOGRAFÍA Y VARIANTES DE ROMANCEROS 355 

y muchos yerros de langas 
que relucen en el campo, 
metido se auia por ellos 
como león denodado, 
de tres batallas de moros 
las dos ha desbaratado, 
mediante la buena ayuda 
que en los suyos ha hallado, 
aunque algunos dellos mueren 
eterna fama han ganado. 
Todos passan adelante, 
ninguno atrás se ha quedado, 
siguiendo á su capitán 
el couarde es esforgado, 
honrra ganan los christianos, 
los moros pierden el campo, 
diez moros pierden la vida 
por la muerte de vn christiano, 
si alguno dellos escapa 
es por vfía de cauallo, 
por su mucha valentía 
toda la prez ha cobrado; 
assi con esta Vitoria 
como señores del campo 
se bueluen para jaén 
con la honrra (que) han ganado 

Otro romance* 

Calualga diego laynez 
al buen rey besar la mano, 
consigo se los Ueuaua 
los trezientos hijos dalgo, 
entrellos yua rodrigo 
el soberuio castellano. 




t'Arj^j TnoEOX/k •nfluTai-frí, 
X0^jrj^ fr:aú;r»rvf aurr efees. 

Anrfarti<> per »fi '^amf'» 

i» c:» Tf«i«i fXjn. til nrr 
entre cí Ta¿ r^z^jcas. io : 
— ^fú TÍéCA etsre *aKa geziie 
«jpxíea cutió ;lI coc.'ie ityiano, — 
Cocno lo ojera r>iri20 
ea Lí:o I/>s la mírsilo, 
coo alt* T *oi>fmía Tox 
daita i£:an«ni ha LabIa*io : 
— cí ar algtuKr qae lo pfcia 
salga. Iae$?o a demandaUo. — 
todijtf ra<FpOQ4en a ma : 
— d^Jüande lo su p€ca4o. 
todoís se apearon jontoe 
fjAra al rej besar la maoo, 
rodrigo se qaedó solo 
eocima de «a raoallo, 
entonce» hablo sa padre, 
bien oiréis lo qae ha hablado : 
— Apesujff JOB mi hijo, 
tersareis al rey la mano 
porqae es vuestro señor, 
TOS hijo sois su vasallo. — 



BIBLIOGRAFÍA T VARIANTES DE ROMANCERO^ 357 

Desque rodrigo esto oyó 
sintió se mas agramado, 
las palabras que responde 
son de hombre muy enojado : 
— si otro, me lo dixera 
ya me lo ouiera pagado, 
mas por mandar lo vos padre 
yo lo haré de buen grado.— 
ya se apeaua rodrigo 
para al rey besar la mano, 
al hincar de la rodilla 
el estoque se ha arrancado, 
espantóse desto el rey 
y dixo como turbado: 
quita te rodrigo allá, 
quita te me allá diablo, 
que tienes el gesto de hombre 
y hechos de león brauo. 
como rodrigo estp oyó, 
apriessa pide el cauallo, 
con vna boz alterada 
contra el rey assi ha hablado : 
— por besar mano de rey 
no me tengo por honrrado, 
porque la besó mi padre 
me tengo por afrentado.— 
en diziendo estas palabras 
salido se ha del palacio, 
consigo se los tornaua 
los trezientos hijos dalgo, 
si bien vinieron vestidos 
boluieron mejor armados, 
y si vinieron en muías 
todos bueluen en cauallos. 



358 LÍBICOS CASTELLANOS 



.-i 



Romanee de los elneo maraaedls q«e el rey 
don alonso octoao pedia aItMi li^ondalgo» 

£n essa ciadad de burgos 
en cortes se anian jontado 
el rey qoe venció las naoaa 
con todos los hijos dalgo, 
habló con don diego el rey, 
con el se auia consejado, 
qae era señor de bizcaya, 
de todos el mas priaado : 
— aconsejedes me don diego, 
que estoy muy necessitado, 
qae con las guerras que (he) hecho 
gran dinero me ha faltado, 
querria llegar me a cuenca, 
no tengo lo necessario, 
si os pareciesse, don diego, 
por mi f uesse demandado 
que cinco marauedis 
me peche cada hidalgo : — ' 

graue cosa me parece, 
le respondiera el de haro, 
que querades vos señor 
al libre her tributario, 
mas por lo mucho que os quiero 
de mi sereys ayudado, 
porque yo soy principal, 
de mi os será pagado. — 
siendo juntos en las cortes 
el rey se lo auia hablado, 
leu mtado está don diego 
como ya estaua acordado, 
—justo es lo quel rey pide 
por nadie le sea negado. 



ÜÍBLlOGRAFÍá T YARIANTISS DE ROMANCEROS 359 

mis cinco marauedis 

he los aquí de buen grado, — 

don ñuño conde de lara 

mucho mal se auia enojado, 

pospuesto todo temor, 

desta manera ha hablado : 

— aquellos donde venimos 

nunca tal pecho han pagado, 

nos menos lo pagaremos, * 

¿i al rey tal sera dado, 

él que quisiere pagar le 

quede aquí como villano : 

yaya se luego tras mi 

«1 que fuere hijo dalgo.— 

todos se salen tras el, 

-de tres mil tres han quedado, 

en el campo de la glera 

todos allí se han juntado, 

■el pecho quel rey demanda 

•en las langas lo han atado, 

y embian le a dezir 

•quel tributo está llegado, 

qu^ embie sus cogedores 

que luego sera pagado, 

mas que si él va en persona 

no sera del acatado, 

pero que embiasse aquellos 

de quien fue aconsejado. 

quando aquesto oyera el rey 

y que solo se ha quedado, 

boluio se para don diego, 

consejo le ha demandado. 

don diego como sagaz « 

este consejo le ha dado : 

— desterredes me, señor, 

como que yo lo he causado, 



>V> Uñía» CUfTmLLA3fi9 

T itsí *ir/r.Tir^^9 la zra^ia 

í^:Tá rr*i;/ b^<tii r,^*ziz2L-í'j, 

f'Mf: fii'ialgr/í d*í cartilla 

fiO «on para arier rechacio. 

mav al*jírre« f cerón tccio«, 

to<lo se cno apazísruado. 

deftterrarc«n a ion ditgo 

por lo r¿ae no aaia pecado, 

mas dende a pocos días 

a cartilla fne tomado, 

el bien de la libertad 

por ningún precio es comprado. 



ADVERTENCIA FINAL 



No habiendo cabido en este segundo volumen de la 
Primavera los romances procedentes de la tradición oral, 
hemos resuelto formar con ellos un tercer tomo que será 
nuevo y curioso apéndice á la colección de Wolf. Habrá 
además un cuarto tomo en que el Sr. Menéndez y Pelayo 
hará un minucioso estudio critico de los romances caste- 
llanos. Estos dos. volúmenes se publicarán inmediata- 
mente. * 



%. 



HERNANDO Y COMPAÑÍA 



ARENAL, 11, MADRID 



BIBLIOTECA CLÁSICA 

Comprenderá esta Biblioteca las obras completas de los 
autores griegos y latinos, y las más selectas de los clásicos es- 
pañoles, ingleses, alemanes, italianos, franceses y portugue- 
ees. 

Se publica en tomos en 8.0, elegantemente impresos en 
papel satinado, de 400 á 500 páginas. 

Todas las traducciones son directas del idioma en que 
han sido escritas las obras originales, y están hechas por 
personas competentes. 

El precio de cada tomo en rdstica es de tres peBetas en 
toda España, y cuatro pesetas encuadernado en tela, pasta 
ó media pasta. 

Todos los tomos se venden separadamente. 

Las suscripciones se hacen en la Casa de Hebnando y 
Compañía, calle del Arenal, 11, Madrid. 

£1 suscriptor puede adquirir de los tomos publicados ó 
que se publiquen en adelante los que desee, y recibir men- 
sualmente los publicados en el orden que él determine. 



OBRAS PUBLICADAS 



Clá,sioos g^riegos. 

Toooi 

HoMBBO. — Za litada, traducción en verso de Gómez Her- 
mosilla, con notas críticas del mismo y un estudio 
del Sr. Menéndez y Pelayo sobre las traducciones 

de LaIlíada.0,2yS) 3 

— La Odisea, traducción en verso de D. Federico Ba- 
ráibar, catedrático del Instituto de Vitoria.— Xíí 
Batracomiomaquia, traducción en verso de D. Jena- 
ro Alenda. (96 y 96) 2 

Hebodoto. — Los rnieve libros de la Historia, traducción del 

P. Pou, de la Compañía de Jesús. (6 y 7) 2 



. . Tomos 

Plutarco. — Las vidas paralelas, traducción de D. Anto- 
nio Ranz Romanillos. (21, 22, 23, 24 y 28) 6 

Aeistófanes.'— Teatro completo, traducción de D. Federi- 
co Baráibar, precedida de un estudio sobre el teatro 
griego y sus traductores castellanos, por D. Marce- 
lino Menéndez y Pelayo, y seguida de notas críti- 
cas (27, 34 y 42) 8 

Poetas bucólicos griegos.— CTcomío, Bión y Mosco) 
Traducción en verso de D. Ignacio Montes de Oca, 
obispo de Linares (Méjico). La preceden un prólo- 
go del Sr. Menéndez y Pelayo y un estudio crítico 
de D. Miguel Antonio Caro. (29) 1 

PÍNDARO. — Odas, traducción en verso del Sr, Montes de 

Oca, precedida de la Vida de Píndaro. (67) 1 

Esquilo. — Teatro completo, traducido y anotado por don 
Fernando Brieva, catedrático de la üniveraidad de 
Madrid. Precede á la traducción un extenso estu- 
dio crítico del teatro griego. (32) 1 

TüCYDiDES. — Historia de la giL&rra del Peloponeso, traduc- 
ción de Gracián, nuevamente corregida. (120 y 123). 2 

Xenofonte — Las Helénicas ó historia gHega^ continua- 
ción de la Historia de la guerra del Peloponeso de 
Tucydides. Traducción de D. Enrique Soms, cate- 
drático de la Universidad de Madrid. (119) 1 

— La Cyropedia ó Historia de Cyro el Mayor, traduc- 
ción de Gracián, corregida por Flórez Can seco. (48); 1 

— Historia de la entrada de Cyro el Meno7' en Asia y de 
la retirada de los diez mil Griegos que fueron con él, 
traducción de Gracián, corregida por Canseco. (46). 1 

Luciano. — Obras completos, traducción de D. Cristóbal Vi- 
dal, y de D. Federico Baráibar. (66, 128, 132 y 138). 4 

A.'B.KL^TSo,— Expediciones de Alejandro, versión de Barái- 
bar. (68) 1 

Poetas líricos GB.w.QOB.—(Anacreonte, Safo, Tirteo, 8ir 
mónides, Arquüogo, Meleagro, Aristóteles, etc.).. Tra- 
ducción en verso de los Sres. Menéndez y Pelayo, 
Baráibar, Conde, Canga- Arguelles y Castillo y 
Ayensa, con un estudio biográfico y bibliográfico 
de Anacreonte y de sus obras, escrito por Barái- 
• bar. (69). 1 

PoLiBio. — Historia Universal durante la República roma- 
?ia, traducción de D. Ambrosio Rui Bamba. (71, 
72 y 74) 8 



% 



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■ ' 

Platón. — La República, versión de D. José Tomás y Gar- 
cía. (93 y 94) .^. 2 

DiÓGENES Laekciq. — Yidas y opiniones de los filósofos 
más ilustres, traducción de D. José Ortiz y Sanz. 
(97 y 98) 2 

Mo BALISTAS GBiEGOS. — (Mavco Aurelio, TeofrastOy Epic- ^ 
teto, Cebes.) Traducción de Díaz de Miranda, Pedro 
Simón Abril, Luciano Blum y López de Ayala. (117). 1 

JÓSEFO. — Historia de las guerras de los Judíos y de la des- 
trucción del templo y ciudad de Jerusalén, traduc- 
ción de D. Juan Martín Cordero. (146 y 146) 2 

IsócEATES. — Oraciones políticas y forenses y cariaos, tra- 
ducción de D. Antonio Ranz Eomanillos, |3recedida 
de juicios críticos por Dionisio de Halicarnaso y de 
Otfried Müller. (152 y 163) 2 

Clásicos latinos. 

ViBGiLio. — La Eneida, traducción en verso dé D. Miguel 
Antonio Caro. La acompañan dos estudios críticos: 
uno de D. José María Gutiérrez, titulado Virgilio 
en América, y otro del Sr. Menéndez y Pelayo so- 
bre los traductores españoles de la Eneida. (9 y 10). 2 

— Églogas y Geórgicas, traducidas en verso y anota- 
bas por D. Félix García Hidalgo y D. Miguel Anto- 
nio Caro. (20) 1 

Cicerón. — Obras completas, traducción de los Sres. Me- 
néndez y Pelayo, Valbuena, Navarro, Fernández 
Llera, Díaz Tendero y Calvo. (14, 26, 69, 60, 73, 76, 
77, 79, 83, 86, 202, 203, 204, 206, 207 y 210.) 

Se han publicados 16 tomos, que comprenden las 
Obras didácticas, tomos 1.® y 2.®; las filosóficas, 3.°,. 
4.**, 6.° y 6.®; las Cartas familiares, 7.*' y 8.*'; las Cartas 
políticas, 9.° y 10."; los Discursos ú oraciones, 11, 
12, 13, 14, 16 y 16. En breve verá la luz el tomo 
17 y último de los discursos y de las obras comple 
tas del célebre orador latino. 16 

TÁCITO. — Los anales. — Vida de Agrícola y Diálogo de los 
oradores, traducción de D. Carlos Coloma, precedi- 
da de un estudio crítico del Sr. Menéndez y Pe- 
layo. (17 y 18) 2 

— Las Historias y las costumbres de los Germanos, tra- 
ducción de Coloma. (40) 1 



k 



Tomos 

Salustio. — Conjuración de Catüina; Cruerra de Jugurta, 
y Fragmentos de la grande Historia, traducción 
del Infante D. Gabriel y del Sr. Menéndez y Pela-* 
yo. (15) 1 

CÉSAB. — Los Comentarios de la Ghuerra de las Galios y de 
la civil, traducción de D. José Goya y Muniain. 
(44 y 45) ,,. 2 

SüETONio.— Vida de los doce Césares, traducción de D. Nor- 

berto Castilla. (64) 1 

SÉTSEOA.—Epistolas morales, traducción de D. Francisco 

Navarro, canónigo de la catedral de Granada. (66). 1 

— Tratados filosóficos, traducción de Fernández Nava- 
rrete y de Navarro. (67 y 70) 2 

Ovidio. — Las Heroidas, traducción en verso de Diego Me- 

xía. (76) 1 

— Las Metamorfosis, traducción en verso de Pedro 
Sánchez de Viana. (105 y 106) 2 

Floro. — Compendio de las hazañas romanan, traducción de 
D. Eloy Díaz Jiménez, catedrático del Instituto de 
. León. (84) ', 1 

QülNTiLiANO. — Instituciones oratorias, traducción de los 
Padres de las Escuelas Pías, Rodríguez y Sandier. 
(103 y 104) 2 

Quinto Cuecio. — Vida de Alejandro, traducción de don 
Mateo Ibáñez de Segovia, marqués de Corpa. (107 
y 108) 2 

EsTAcio. — La Tebaida, traducción en verso de Juan de 

Arjona. (109 y 110) 2 

LucANO. — La Farsalia, traducción en verso de D. Juan 
de Jáuregui. Acompaña á esta traducción la que 
Jáuregui hizo de la Aminta de Torcuato Tasso, y la 
precede un juicio crítico de Lucano, por D. Emilio 
Castelar. (lis y 114) .' 2 

Tito Li vio. — Décadas de la Historia Romana, traducción 
de D. Francisco Navarro. (111, 112, 115, 116, 118, 
121 y 122) 7 

Tertuliano. — Apología contra los gentiles en defensa de 
los cristianos, traducción de Fray Pedro Mañero, 
obispo que fué de Tarazona. (125) 1 

Historia augusta, continuación de la de Los doce Césa- 
res de Suetonio, traducción de D. Francisco Nava- 
rro. (129, 131 y 134) 3 

Marcial y '£jlt>^o.— Epigramas y fábulas, traducción en 



Tomo» 

verso de,Jáuregui, Argensola, Iriarte (D. Juan), Sa- 
linas, el'P. Morell y D. Víctor Suárez Capalleja. 
(140, 141 y 144). a 

Terencio. -r-íTeaíro completo, traducción de Pedro Simón 
Abril, refundida y anotada por D. Víctor Fernán- 
<dez Llera, catedrático del Instituto^de Murcia. (142). 1 

Apuleyq. — El asno de oro, traducción de Diego López de 

Cortegana, arcediano que fué de Sevilla. (143). ... 1 

Punió el joven. — Panegírico de Trajano y cartas, tra-\ 
ducción de Barreda y de Navarro r - 

CoBNELio Nepote. — Vidas de varones ilustres, traducción í 
de D. Rodrigo de Oviedo. (154 y 165) »....; 

JuvENAL Y PáBSio. — Sátiras, traducidas en verso, las de 
Juvenal por D. Francisco Díaz Garmona, y las de 
Persio por D. José María Vigil, precedidas ambas 
traducciones de sendos estudios críticos y acompa- 
ñadas de numerosas notas. (158) 1 

ÁuLo Gelio. — Las noches áticas, traducción de D. Francis- 
co Navarro. (169 y 170) 2 

San Agustín. — La ciudad de Dios, traducción de don 

José Cayetano Díaz de Bayral. (172, 173, 174 y 175). 4 

AmmiAno Maeceltno. — historia del Imperio romano, tra- 
ducción de D. Norberto Castilla. (193 y 194). . 2 

LucBEcio. — De la naturaleza de las cosas, poema traduci- 
do en verso por D. José Marchena. (200) 1 



Glá,sicos españoles. 

Cervantes. — Novelas ejemplares y viaje del Famoso. 

(4y6) 2 

— D, Quijote de la Mancha, con el comentario de Cle- 
mencín y un estudio preliminar de D. Alberto Lis- 
ta. (180, 181, 182, 183, 184; 185, 186 y 187) 8 

— Teatro completo. (197, 198 y 199T ^ 

Calderón de la Barca. — Teatro selecto^ ordeñado por 

D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Comprende el 
tomo 1.** un estudio crítico del teatro de Calderón, 
escrito por el Sr. Menéndez y Pelayo, y los dramas 
religiosos y filosóficos La vida es sueño. La devoción 
de la cruz. El mágico prodigioso y El Principe cons- 
tante. El 2.® los dramas trágicos El médico de su 
honra, A secreto agravio^ secreta venganza. El alcal- 



de de Zalamea, El mayor monstruo los celos y Amur 
despiiés de la muerte. El 3.** las comedi&s de capa y 
espada Casa con dos puertas mala es de guardar^ 
La dama duende, No hay hurlas con el amor y Ma- 
ñanas de Abril y Mayo. El 4.°, que se titula Obras 
varias, las CQinedias No siempre lo peor es cierto y 
Guárdate del agua mansa; las zarzuelas El laurel de 
Apolo y La púrpura de la rosa, y los autos sacra- 
mentales La cena de Baltasar, La vida es sueño y 
A' Dios por razón de Estado. (36, 37, 38 y 39) 4 

Hurtado de Mendoza. — Obra^ en prosa. Comprende este 
tqmo las tituladas Historia de la gv>erra de Grana- 
da, La vida de Lazarillo de Tormes, Diálogo entre 
Caronte y Famesio, y Carta al capitán Solazar, (41). 1 

QuEVEDO. — Obras satincas y festivas. Contiene este tomo 
las tituladas Historia de la vida del buscón, Los sue- 
ños^ El entremetido^ la dueña y el soplón. La honra 
de todos y la fortuna con seso. Pragmáticas y Aran- 
celes generales. Invectivas contra los necios, Cosas 
que se cuentan de la Corte, Dese?ifados y jugue-' 
tes.(SS) 1 

— Obras políticas, históricas y criticas. Comprenden 
el tomo 1.0 las tituladas Marco Bruto, Carta del 
rey D, Fernando el Católico, Mundo caduco y des- 
varios de la edad, Grandes anales de quince días. 
Lince de Italia ó zahori español y El chitón de las 
tarabillas. El tomo 2.® El Mómulo, Carta al rey 
Luis XIII de Francia, Descífrase el alevoso mani- 
fiesto, etc ; La rebelión de Barcelona, Memorial por 
el patronato de Santiago, Cumito de cuentos, La Cul- 
ta latiniparla, Perinola, Servicios del señor duque 
de Lerma, PanegíHco del rey D, Felipe IV. (176 

y 177) 2 

— Política de Dios y gobierno de Cristo. (189) 1 

Quintana. — Vidas de españoles célebres. Forman esta 

obra las vidas de El Cid, Guzmán el Bueno, Roger 
de Lauria, El príncipe de Viana, El Gran Capitán, 
Vasco Núnez de Balboa y Francisco Pizarro, y los 
apéndices á todas ellas. (12 y 13) 2 

Duque de Ri vas.— .Hísíona de la sublevación de Ñapóles, 

capitaneada por Masaniello. (85) 1 

Alcalá Galiano. — Recuerdos de un anciano. Memorias 
de los sucesos políticos y sociales, hábitos y eos- 



Tomos 

lumbres, durante el primer tercio del siglo actual 
en España. (8) 1 

Manuel de Meló. — Historia de la guerra de Cataluña, y 

los avisos titulados Folitica militar, (66) 1 

Antología de poetas líbicos castellanos, desde la 
formación del idioma hasta nuestros días, ordena- 
da por D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Se han 
publicado nueve tomos con extensos estudios crí- 
ticos del Sr. Menéndez y Pelayo. (136, 149, 160, 
171, 188, 196, 205, 208 y 209) 9 

Cbistóbal OiOJ^d^,— Relaciones de sus viajes de descubri- 
miento del Nuevo Mundo y cartas escritas por él 
mismo. Están coleccionados en este tomo los escri- 
tos de Colón que han llegado á nuestros días. (164). 1 

Clásicos ingleses. 

I^OBD Mac AULA Y. — Estudios literarios j traducción de don 

Mariano Juderías. (11) 1 

— Estudios históricos, traducción del mismo. (16) 1 

— Estudios políticos, traducción del mismo. (19) 1 

— Estudios biográficos, traducción del mismo. (26) ... 1 
— - Estudios críticos, traducción del mismo. (30) 1 

— Estudios de política y litei*atura, traducción del mis- 
mo. (99) 1 

— Vidas de políticos ingleses, traducción del mismo. , 
(82) 1 

— Histoiia de la revolución inglesa, traducción de don 
Mariano Juderías Hender y de D. Daniel López. 
(47, 56^ 63 y 68) 4 

— Historia del reinado de Guille7*mo III, continuación 
de la Historia de la revolución inglesa, traducción 
de D. Daniel López. (87, 88, 89, 90, 91 y 92) 6 

— Discursos parlamentarios, traducción del mismo. 
(78) ^ 1 

Milton. — El paraíso perdido, traducción en verso de don 
Juan Escóiquiz, precedida de un estudio- biográfico 
y crítico de Milton y de su poema. (50 y 61) 2 

Shakespeabe. — Teatro selecto, traducción de D. Guiller- 
mo Macpherson, precedida de un extenso estudio 
biográfico y crítico de Shakespeare y su teatro, es- 
crito por D. Eduardo Benot. Contiene el tomo 1.*^ el 



Taris 

2.° los de Oliverio. Cromwell, Nelson, Guillermo 

Tell y Pedro el Grande. (53 y 64) 2 

BossuET. — Oraciones fúnebres, traducción de D. Francis- 
co Navarro y Calvo. (162) 1 



• 



Gl&sicos portugaeses. 

Camoens. — Los Limadas, traducción en verso de D. Lam- 
berto Gil. (ICO) 1 

— Foesias selectas, traducción en verso del mismo 
(101) I 



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