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Full text of "Apendice a el ensayo De unica contribucion;"

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A EL ENSAYO 



DE ÚNICA CONTRIBUCIÓN; 



UFE ESCRIBIÓ 



DON JOSÉ LUYANDO. 



CÁDIZ: IMPRENTA PATRIÓTICA: 1813. 

A cargo de D. B, Verges, 






Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/apendiceelensayoOOIuya 




filando escribí el ensayo de la única contribución, y propu- 
se en él la base de los consumos como la mejor, me contenté con 
distinguir entre las dos ciases de avaros y económicos , el número 
de hombres que gastarían menos de lo que ganasen, satisfacien- 
do casi con la misma definición de las palabras, la objeción que 
los descontentadizos pondrían á la base por mi propuesta , y creí 
que esto, y un sencillo recuerdo de la fuerza con que nos arras- 
tra al gasto la violenta pasión del orgullo, seria bastante para 
calmar á todos , y persuadirles de la gran conveniencia que con- 
seguiriamos con una base, qué ni podía desestimarse por injus- 
ta, ni reconocía otra que por presentar mayor facilidad para el ob- 
jeto , la fuese superior. 

Por esto , y por respeto al mismo publico , toqué tan ligera- 
mente este punto , y no extendí las muchas mas reflexiones , que 
por ser tan claras me parecieron excusadas; pero manifestándome 
la experiencia, que ó sea por el prestigio conque la costumbre 
nos imprime veneración á la autoridad y antigüedad, aun con ab- 
soluto desprecio de la razón, ó sea porque en odio del trabajo no 
queramos pensar ; he visto y conocido ser absolutamente nece- 
sario presentar la cuestión tan desmenuzada , que pueda imprimirse 
en el entendimiento , por medio de los ojos , con la misma faci- 
lidad que se imprime y produce las ideas qualquiera otro obje- 
to aun de los mas materiales : con tai fin he extendido las siguien-* 
tes reflexiones, que, sirviendo de apéndice á la memoria que sobre 
el importante punto de realizar la única contribución he publi- 
cado, presenten esta grandiosa medida, tan útil, y de tan fácil • 
execucion , qual yo la he concebido. 

Todos los ciudadanos deben contribuir con proporción á sus ha- 
beres para el mantenimiento de la monarquía : de este principio 
evidente parten los que soñando en una justicia eminente , dan por 
nulo todo lo que no satisfaga á esta eminente justicia que ellos 
mismos se han forjado, y que es un ente de razón desconocido 
á ellos mismos. 

Entre los efectos de una eminente justicia, y de una justicia 
que esté al alcance de las humanas luces, hay una infinita dife- 
rencia; la primera es privativa de Dios; la segunda es por Dios 
á los hombres concedida: por consiguiente tan temerarios seria- 
mos en pretender una justicia eminente, é infinita, como culpa- 
bles en no aplicar, y hacer el uso debido de la justica finita; 
esto es, de aquella que proporcionada á nuestras cortas luces, por • 
ei Ser supremo nos ha sido dada y concedida 



4 

Si en el juicio de los hombres pudiera presentarse el testimo- 
nio de la propia conciencia, tumo se presenta en el juicio del Señor 
Dios nuestro, claro es que veríamos desvanecida una de las gran- 
des dificultades, que se nos presentan en todos los juicios: pero 
como esto es imposible, solo es posible que en nuestros juicios 
arguyamos por medio de testigos y de indicios, que por mucho 
que convenzan, nunca están exentos déla falibilidad. Así, pues, 
todo eJ conato se ha dirigido siempre á hacer las pruebas lo me- 
nos falibles que se pueda , y evitar en quanto quepa las horribles 
consecuencias que puede producir la falibilidad; siendo este se- 
cundo objeto el primario de la prudencia, de esta virtud cardi- 
nal , tan recomendable como olvidada. 

El objeto de la justicia no es otro que el de dirigir todas nues- 
tras acciones, de modo que cedan en honra de Dios, y en pro- 
vecho de los hombres , y es claro , que para que cedan en pro- 
vecho de los hombres, es preciso que las leyes, que son el ór- 
gano de la justicia, los miren á todos con la mas absoluta igual- 
dad ; por manera que hasta la falibilidad humana es preciso que 
produzca iguales efectos en todos los hombres, si queremos que 
haya justicia. 

Esto sentado, dígasenos: ¿ están igualmente patentes á ios ojos de 
todos los hombres las operaciones y productos de la agricultura^ 
de la industria y del comercio? Seguramente que no. Las ope- 
raciones y productos de la agricultura á todos son patentes ; las 
de la industria ya se ocultan, y las del comercio, aun á los mis- 
mos que lo exercitan , son desconocidas. El labrador sabe al ñu 
del año quanto ha ganado, y su ganancia es igualmente notoria 
á quantos sus tierras han visto; el industrioso sabe al fin del año 
quanto ha ganado; pero su ganancia solo á él le es notoria, pues 
que su industria puede haberla exercitado encerrado dentro de su 
propia casa; y el comerciante ignora al fin del año si ha gana- 
do ó ha perdido ; pues aunque hiciese su balance , mientras que 
tenga especulaciones pendientes , nada puede concluir con total 
•seguridad : y si á el misino le son desconocidas las resultas de su 
giro, mucho mas á los que ignoran hasta qual es el capital con 
que hacen su comercio. 

Luego es evidente que el labrador por no poder ocultar sus ga- 
nancias , las presentará íntegras ; que el industrioso padrá ocultar 
algunas , y que el comerciante podrá responder con verdad que 
las ignora; luego estas clases por la naturaleza de sus mismas pro- 
fesiones reconocen desigualdad en la pública manifestación de sus 
ganancias; luego habiendo desigualdad en esta manifestación, co- 
meteriamos injusticia en adoptarla por base de la única contri- 
bución , y esta injusticia seria tanto mas perjudicial, quanto que 
iodo» lo* perjuicios de la ocultación , ó si se quiere de la falibi- 
lidad, re i ae rían sobre la parte agrieultora, que en caso de haber 



5 
privilegio , debería ser la privilegiada , porque ella es la que , dando 
exercicio á la industria, y pábulo al comercio , á sí misma y á 
todos los demás nos da el alimento necesario para la vida: luego 
los preconiz adores de la justicia eminente es preciso que reconoz- 
can que esta base no es la que ellos deben admitir para fixar la 
quota de la única contribución, porque ella, lejos de acercarlos á 
la justicia , los separa de ella. 

No sucede así con la base del gasto ; pues del mismo modo, 
y con la misma certidumbre ó incertidumbre que se averigua el 
gasto de una familia labradora , se averigua el de una familia 
artesana ó fabricante , y el de la de un mercader ó comercian- 
te : los medios que para esta investigación se adopten , dei mismo 
modo obran en todas tres clases, y en millares de clases en que 
pueda estar dividida la sociedad: los testigos, los indicios, la exac- 
titud, la falibilidad, la ocultación, todo es igual; y es igual, no 
solo en un mismo pueblo, sino en una provincia, y en todas las 
de la monarquía; y esta igualdad, sin la que no puede haber jus- 
ticia , es en la que se funda la justicia de la base que hemos propuesto. 

Pero de este modo se verificará ( podrá decírsenos ) que no pa- 
garán todos con proporción á sus haberes, pues que el que gaste 
menos de lo que gane , pagará menos de lo que con proporción 
á sus haberes debia pagar ; y si esto es así , como indudablemen- 
te lo es , ya está quebrantada la justicia sobre que debe fundarse 
la única contribución. Argumento fuerte seria este si fuese exac- 
to el raciocinio ; pero como está fundado en el mal uso de las 
palabras, que es el que produce el trastorno general de las ideas, 
una vez que fixemos el valor de la palabra tener , habremos fixa*- 
do el valor de tal argumento. 

Lo primero que hemos de tener , como que sin ello no tendre- 
mos nada, es la libertad de trabajar para adquirir , y la libertad 
de hacer lo que queramos del fruto de nuestro trabajo: libertad 
de que ahora estamos privados, y á cuyo logro es que se diri- 
gen todos nuestros conatos , como lo persuade ampliamente la dis- 
cusión en que nos hemos empeñado. Que este sea el verdadero 
valor de la palabra tener , no lo negará hombre alguno ; y si lo 
miramos como el principio elemental de nuestra espontánea, y bien 
ordenada voluntad, todo lo que con este principio se conforme 
será bueno; y malo todo lo que lo contraríe. 

Ademas entre el tener y gozar hay notable diferencia : tiene 
un mayorazgo el heredero forzoso del tal mayorazgo ; pero no lo 
goza hasta la muerte de su padre : tiene muger todo hombre 
que es casado ; pero en su ausencia no disfruta de su i cuidados, 
atención y cariños: tiene todos los tesoros eme hay dentro de una 
mina el dueño de ella ; pero en valde los tiene mientras que no 
los saca de la mina ; y por este tenor podríamos ir exempliiican- 
¿b indefinida y variadamente la diferencia que hay entre ei tener 



6 

y gozar : péío lo excusamos á beneficio de la brevedad , y porque 
hombre que quiera convencerse de esta verdad , hallará en 
si mismo eíto diferencia, si con un poco de cuidado examina su 
situación: por tanto podemos concluir, que substancialmente no 
se tiene sino aquello que se goza, 

Y si hay tan notable diferencia entre el tener y el gozar, ¿como 
t. que de ordinario se confunden los efectos expresados por estas 
doS palabJras'? ¿Y por que habremos de argüir con ideas confun- 
didas y equivocadas , como si fuesen exactas ? ¿ Será extraño que 
de premisas falsas se deduzcan consecuencias monstruosas? Esto 
es , pues , de todo punto lo que sucede en el particular de que 
tratamos. 

Supuesto , pues , que lo que hay que tener es la libertad de 
trabajar para adquirir , y la libertad de hacer lo efue queramos 
del fruto de nuestro trabajo ; una vez que nos hallamos en el goce 
y posesión de esta libertad ( que en realidad tenenos , porque Dios 
nos la ha dado; pero de que no gozamos, gracias á los Gobiernos 
que lo impiden), ¿quien será el atrevido que quiera quejarse de 
que otro ha sacado mas fruto, ó ha tenido mayor ganancia que 
la que él ha conseguido ? Y aunque lo hubiera y se quejara, 
¿quien justificaría que deberia quitársele al que mas ganó, la can- 
tidad precisa para que, dándosela al que ganó menos, quedasen 
los dos con ganancia igual ? Seguramente que nadie , porque en 
tal caso nos venamos privados de la facultad de disponer de todo 
el fruto de nuestro trabajo , como mejor nos acomodase , con horri- 
ble contradicción de la justicia, que quiere se le conserve á cada 
uno lo que es suyo, como que en este proceder se asegura el 
provecho de todos ; pues que realmente en valde tendremos la li- 
bertad de trabajar , si al mismo tiempo no está asegurada la que 
necesitamos para hacer de nuestras riquezas el uso que queramos. 

¿Y como se verificará el goce de esta libertad , si por estable- 
cerse la contribución sobre la base de las ganancias , se nos obliga 
á desembolsar una parte de aquellas riquezas de que no quere- 
mos gozar ? ¿ En beneficio de que hombres se refunde este mayor 
desembolso ? Sin duda que en el de aquellos que tienen tan poco, 
que solo tienen lo que gozan: ¿ y por que no tienen mas? ¿no es 
en todos igual la libertad que tienen para trabajar? Sí : ¿y por que 
son desiguales los productos del trabajo ? Por que son desiguales 
la aplicación y el ingenio. Luego debiendo sacar mas producto y 
ganancia los aplicados é ingeniosos , ellos se constituyen á desem- 
bolsar mayor cantidad que los perezosos y los rudos: luego la base 
de la ganancia protege la rudeza y ociosidad á costa de la labo- 
riosidad y del ingenio : ¿ y para evitar tan monstruoso resultado, que. 
habremos de hacer? Establecer que todos paguen con respecto á, 
lo que gozan, pues así se consigue: 1.° que habiendo libertad 
para gastar , ó no gastar , todos tengan la eme necesitan para hacer 



7 
de su .ganancia el uso que les acomode : 2. ° que siendo cierto, 
que absolutamente no se tiene , sino lo que se goza , al contribuir 
todos con proporción á lo que gozan real y verdaderamente , pue- 
de decirse , que todos contribuyen con proporción á lo que tienen; 
y 3. ° que no se protege la rudeza y ociosidad. 

Para hacer esto mas perceptible , supongamos á dos hombres , que 
teniendo la misma libertad para trabajar y adquirir , por P ser des- 
iguales en la aplicación y en el ingenio , el uno gana diez , y el 
otro solo gana cinco : supongamos también , que en fuerza de la 
libertad que deben tener para hacer el uso que mas les acomo- 
de de sus ganancias , los dos gastan lo mismo , esto es , los cinco 
que. gana el desaplicado: en este caso, ¿si al aplicado se le obliga 
á pagar con respecto á los diez que ha ganado; no se le obliga á 
pagar duplicada cantidad de la que paga el perezoso ? Sin duda 
que sí; ¿y en que justicia se fundará esta desigualdad? ¿ Noe3 
igual y la misma la libertad que han tenido para trabajar? ¿No 
es igual, y la misma la libertad que ambos tienen para hacer de 
sus riquezas el uso que les acomode ? ¿ No es igual y la misma 
la comodidad y consideraciones que les proporciona á los dos un 
mismo gasto ? ¿ Pues por que ha de pagar el uno duplicada can- 
tidad que el otro i ¿ Que delito ha cometido el que se ve obliga- 
do á pagar mas? ¿Lo será acaso el haber sido mas laborioso? 
¿ No es cierto que la ociosidad es madre de los vicios , y la labo- 
riosidad de las virtudes ? Y si para ganar doble cantidad ha te- 
nido que sufrir doble fatiga , doble vigilia , y doble cansancio , ¿por 
que no ha de ser el aplicado tan dueño del todo de su fatiga, de 
su vigilia, y de su cansancio, como lo es el perezoso de la suya? 
¿Y esta desigualdad ademas de ser injusta, no protege á la des- 
aplicación y rudeza? Sin duda; porque es claro que el hombre 
que quiera sufrir menor desembolso por razón de la contribución, 
no tiene mas arbitrio que el de ganar menos , esto es , de tra- 
bajar menos , aumentando su ociosidad, y acercándose á los vicios. 
Aun en el caso de que por ser iguales la apheacion y el in- 
genio, fuesen iguales los productos del trabajo de los hombres, 
seria la base del gasto mas justa, que la déla ganancia , porque 
produciría mas conveniencia: pues si de tres hombres, que, tra- 
bajando con igual aplicación é ingenio, consiguen igual ganancia, 
suponemos que uno gasta toda su ganancia , otro la mitad , em- 
pleando la otra mitad en comprar tierras , animales , máquinas , ó 
instrumentos para aumentar su trabajo y su riqueza, ó exponién- 
dola al riesgo y contingencias del comercio ; y otro solo la quarta 
parte , consistiendo las tres restantes en dinero para atesorarlo ; ten- 
dremos que el 1 . ° goza de todo lo que tiene ; el 2. ° solo goza 
de la mitad , en la expectativa de poder gozar con el tiempo dos, 
tres , ó cien veces mas que el primero ; y el tercero no goza mas 
que de la quarta parte para nunca gozar de las demás. 



y 



s 

Do estos tres hombres al 1. ° lo llamamos disipador; al 9. ° eco- 
nómico; y al 3.° avaro; la disipación y la avaricia las reconoce- 
mos por vicios, y á la economía por virtnd. Por tanto, y debien- 
do ser el objeto de las leyes proteger las virtudes , y desterrar los 
vicios; al establecer la base de la contribución debemos obrar al 
tenor de este principio ; pero la base de la ganancia es beneficio- 
sa á el disipador, y grabosa á el económico y á el avaro; y la 
dsl gasto es grabosa á el disipador , y beneficiosa á el económico y 
á el avaro; luego con la primera protegemos un vicio á costa de 
la virtud ; y con la segunda protegemos la virtud, atacando uno 
de los dos vicios: y aunque en vez de atacar al otro vicio, lo 
protegemos , este por su naturaleza no necesita mas freno que el 
de la pena que él mismo impone ai que lo practica ; haremos ver 
esto de un modo mas claro con !as reflexiones siguientes. 

Si cada uno de los tres hombres sobredichos gana ocho mil reales, 
y la cantidad con que deben contribuir es del 4 p % de su ganan- 
cia; cada uno de ellos pagará 320 reales; pero si hubiesen de pa- 
gar con proporción á su gasto, el 1. ° pagaría 320 reales; el 2. ® 
160; y el 3.° 80: con la base de la ganancia tendría el erario 
960 reales, y con la del gasto 560; pero siendo preciso que la 
cantidad del erario fuese de 960, habría de prefixarse que pa- 
gasen todos tres el 6, 86 p § de su gasto , con lo que el 1. ° pa- 
garía 548, 8 reales; el 2.° 274, 4; y el 3.° 137, 2; y el re- 
sultado seria quedar sobrecargado el que mas gasta en 2 ,86 p % 
de su ganancia; el 2. ° beneficiado en 0, 57 de ella; y el 3. ° en 
2 , 285 de la misma : por consiguiente este recargo seria un freno 
para los gastadores , que los obligaría á gastar menos ; seria un 
alivio para los económicos , que les proporcionaría emplear mayor 
cantidad en tierras, animales, máquinas, instrumentos y circu- 
lación; y protegería en gran manera á el avaro, pues le propor* 
cionaria atesorar mayor cantidad. 

Que sea sumamente útil á el provecho de los hombres poner freno 
á los que gastan con profusión , ó ya que no se les ponga , á lo 
menos que sobre ellos recaiga la parte mas fuerte de la contri- 
bución, es cosa que se evidencia por sí misma; y hasta ahora todos 
los. hombres convienen en que lo mas beneficioso es , que el peso» 
de las contribuciones recaiga con preferencia sobre el luxo , por- 
que así queda aliviada la verdadera necesidad. Este concepto ge- 
neral está fundado ep razones de mucho peso ; pues el luxo , como 
que tiene su raiz en el orgu'.lo, tiene también por primer objeto 
la humillación de los demás. 

Efectivamente un costoso aderezo ó vestido, no alhaga á el que 
se lo pone , sino en quanto lo hace superior á todos los que no 
llevan igual aderezo ó vestido : un magnífico convite , en que mas 
se deslumhra la vista que se regala á el paladar , no se daría , sí 
mas bien que para hacer un obsequio á los convidados no sirviese 



9 
para satisfacer la vanidad del que lo da : un cómodo coche , cont 
que tanto se engrie la poltronería , así como ofrece comodidad al 
que lo usa , así también ocasiona incomodidad y aun riesgo per- 
sonal á todos los que van á pie. El costoso vestido y aderezo no 
pueden conseguirse sino fomentando artes inútiles con perjuicio de 
las necesarias : el derroche y excesivo desperdicio que ocasiona un 
convite , es tan nocivo , quanto se echaria de ver , si por desgra- 
cia se multiplicasen ; pues gastaríamos en un solo día el alimento 
de una semana : y el coche no puede tenerse sino arrancándole 
á la agricultura , industria y comercio los cocheros lacayos , mu- 
las y caballos. Luego si es conveniente moderar el orgullo , pro- 
teger o dar preferencia á las artes necesarias sobre las que no lo 
son , y perseguir la ociosidad , también lo será obrar , aunque de 
un modo indirecto , contra el luxo , esto es , hacerlo mas costoso, 
y por tanto de mas difícil propagación. 

Que sea sumamente útil auxiliar al económico, para que au- 
mentando sus tierras , fábricas , instrumentos y comercio , aumente 
su riqueza , es cosa que no podrá negar ni el mas estúpido ; y 
querer detenerse á probarlo , seria tan impertinente , como querer 
probar que es buena la luz del medio dia. 

Que la protección que se le concede á el avaro repugna tanto, 
como repugna á todo hombre el mismo avaro, no se puede negar; 
y en el mismo acto de escribir esto, confesamos, que si pudié- 
ramos, haríamos de modo, que arrancándoles las riquezas, los ha- 
riamos desaparecer de la sociedad : pero como nunca debemos 
dexarnos llevar del ímpetu de nuestras primeras impresiones f sino 
que dando lugar á que se mitiguen , hemos de buscar en la calma 
de las pasiones y plenitud de la razón lo que mas convenga; 
investigando un poco en el asunto, hallaremos: 1. ° que el nú- 
mero de los avaros es muy pequeño : 2. ° que su pequenez di- ; 
mana de la humillación indecente á que forzosamente ha de su- 
jetarse todo avaro ; y 3.° que no es poca pena la que ofrece 
esta rastrera humillación , y que ella es castigo suficiente para 
contener á los hombres en tan aborrecible pasión. Efectivamente, 
la experiencia nos manifiesta todo esto , y que es bien excusado 
se procure poner freno á una pasión que se halla tan amortiguada 
por la de la soberbia y concupisencia que la son contrarias. 

Aun si adelantamos mas nuestras reflexiones hallaremos, que 
el avaro es mas digno de lastima que de castigo ; pues el que él 
mismo se impone es muy superior á quantos quisieran imponérse- 
le: él no solo se coloca voluntariamente en la ciase mas. pobre é 
ínfima de la sociedad, sino que se hace idólatra de su mismo di- 
nero : sufriendo todas las incomodidades anexas á la pobreza, . 
añade á ellas las que le impone su horrible ídolo. Un subterráneo 
húmedo y mal sano, ó un quarto obscuro y desaliñado, .es el ' 
templo donde tiene su ordinaria mansión , y donde obliga á su ado- 



10 
redor á permanecer la mayor parte del dia : la vigilia, el ayuno, 
el desasosiego, la porquería, la obscuridad, la soledad, el silen- 
cio , la desconfianza absoluta , la reserva mas profunda , la melan- 
colía mas negra son obligaciones que se impone , y que cumple 
con la mas estricta exactitud: olvidado de sus parientes, y se- 
gregado de los hombres , en valde reclamada la benevolencia de 
los unos, y la gratitud de los otros: el desprecio universal le sigue 
por todas partes , y hasta sus propios hijos se alegran con su muer- 
te. Tal es la vida del avaro, y tan horrible el castigo que se da 
á sí mismo : ¿ y aun querríamos añadir mas penas , y mas afliccio- 
nes á un ente tan extraño ? ¿Y quales serian estas ? ¿ Las de arran- 
carle una parte de sus tesoros ? ¿Y esto como se conseguiría ? 
¿Quales medios se emplearían en tan difícil empresa? ¿Lo seria 
acaso el de obligarle por una ley particular á dar determinada 
cantidad ? No ; porque toda ley que no abrace en general á todos 
los hombres es injusta , y la execucion de la que se dexa citada 
produciría los mas monstruosos inconvenientes : ¿ lo seria el de esta- 
blecer la quota de la única contribución sobre la base de las ga- 
nancias ? Tampoco ; porque ¿ quien podría investigarle al avaro sus 
ganancias? ¿Que fuerza física ni moral lo obligaría á la manifes- 
tación de ellas? Y aun quando se consiguiera , ¿ seria convenien- 
te que por ir en contra de un cortísimo número de avaros , obrá- 
semos contra el gran número de económicos, que son los que 
forman la parte fructuosa de la sociedad? Procediendo asi nos ase- 
mejaríamos á aquel, que viendo arder su casa, se alegraba por- 
que fee quemaban las chinches que habia en ella. 

¿Y como podríamos dexar de ir contra la conveniencia general, 
si por establecer la base de las ganancias , favorecíamos al luxo con 
perjuicio de la economía? Con tal base lo mismo pagaría el disi- 
pador que el económico, siempre que sus ganancias fuesen igua- 
les , y el resultado seria , aumentarse la disipación , y disminuirse 
la frugalidad ; y como la disipación es el camino seguro de la pobre- 
za , así como la frugalidad de la riqueza, difícil seria que tan absurda 
base no nos arrastrase insensiblemente á la ruina mas espantosa. 

Con lo dicho queda demostrado hasta la evidencia, que la base 
del gasto es la única justa, porque es la única que ofrece igual- 
dad y conveniencia : y aunque la calidad esencial de la justicia, 
que en ella se reconoce, debia eximirnos de alegar nada masen 
su favor, todavía la apoyaremos con una razón política que no 
es indiferente ; pues fundándose en la fuerza que produce la cos- 
tumbre , ya sabemos quanto la fuerza de la costumbre se opone 
á la fuerza de la razón. 

Hace muchos años que gemimos haxo el peso de unas contri- 
buciones, que no tienen mas origen que el de la insaciable usura de 
ios judíos. Establecidas en un principio para satisfacer los capi- 
tales desembolsados por los viles prestamistas, ellas por la natu- 



11 

raleza de su recaudación ofrecieron un manantial fecundo de pro \ 
yectós tan útiles á los recaudadores , como ruinosos á la monar- 
quía. Olvidados los Gobiernos de que el erario no es mas que una • 
parte de la riqueza nacional; fácilmente se dexaron alucinar por 
los que les presentaron medios de aumentar este: tales medios, 
aunque por el pronto aumentaron el erario, á los pocos años, men- 
guando la riqueza nacional, menguaron también la del erario ; y . 
aunque ya entonces con pleno conocimiento, debieron abjurar de 
tan ruinoso sistema, hallándose en posesión de disponer arbitra- 
mente del erario , porque un velo misterioso ocultaba al pueblo 
los caudales que en él se introducían , no quisieron despojarse 
de una regalía , sin la que les pareció poco halagüeño el mando. 
Tales fueron ó debieron ser las causas que introduxeron y per- 
petuaron en España y en casi todas las naciones las rentas in- 
directas; y la época dilatada de tres siglos, resistiendo á estos mé- 
todos de la venerable corteza de la antigüedad , y haciéndolos gra- 
ves por la costumbre, los ha colocado en la clase de inviolables. 

Esta inveterada costumbre de pagar con respecto á lo que se 
gasta , y no á lo que se gana , le da á la base del gasto una 
fuerza, que, unida á la esencial de la justicia, la hacen irre- 
sistible ; y no es poca dicha la de hallarnos con esta ventaja para 
establecer la única contribución sobre una base tan beneficiosa, que 
es el único moderador de la total destrucción de la riqueza pu- 
blica , á que conspiran según el actual sistema , los métodos mons- 
truosos de recaudación. Efectivamente, á excepción de la alcabala, 
todas las demás gabelas , impuestos ó derechos grabitan sobre el 
consumo ; por manera que el dexar de consumir es un arbitrio 
para eximirse de tan duras exacciones. Para lo que no lo habia 
es , para libertarse de los grillos y cadenas que los malditos mé- 
todos de recaudar ponen á todos ; por lo que ha sido consecuen- 
cia forzosa que se haya disminuido el trabajo, y con él la ri- 
queza nacional. 

Aun ofrece otra ventaja mas la base del gasto ; y es la de pro- 
porcionar que se fixe una quota progresiva que aumente el des- 
embolso proporcionadamente , mientras mayor es el gasto. En este 
proceder no puede decirse que hay injusticia, y debe probarse 
que hay notoria conveniencia. 

No puede decirse que hay injusticia , porque siendo todos due- 
ños de gastar mas ó menos , también lo son de pagar menos ó 
mas; por lo que , y siendo para todos igual la ley, y teniendo por 
objeto la conveniencia publica, lejos de ser injusta la quota pro- 
gresiva, resulta que será muy justa. Q,ue en la quota progresiba 
hay conveniencia, queda demostrado con lo mismo que diximos 
para probar que la habia en fixar la base sobre el gasto, y no 
sobre las ganancias , pues de hecho damos mayor protección á la 
economía y frugalidad , á costa del luxo y disipación. 



12 

Dt Timos que la base del gasto proporciona la ventaja de fixar 
una quota progresiva, y con sobrada razón; porque la de la ga- 
naneia,por las dificultades que ofrece en la execucion, imposibili- 
ta absolutamente esta medida. Efectivamente , si los ayuntamientos 
de los pueblos han de ser según lo previene la Constitución , los 
reguladores de las ganancias, ¿como podrán saber qual es la total 
de cada individuo? Cada individuo puede tener tierras , fáblicas, 
.comercio , ó exereitar su industria en el pueblo de su domicilio; 
€n cuyo caso el ayuntamiento podrá valorarle su ganancia, y alzarle 
su quota respectiva ; pero si el individuo tiene tierras , fábricas ó 
comercio en distintos pueblos y en distintas provincias ; si exerci- 
ta al cabo del año su industria personal en varias partes ; si tiene 
capitales puestos á censo ó á rédito , bien sea en distintos pueblos 
de la monarquía , ó en pueblos extrangeros ; ¿ quales operaciones 
habrán de hacerse para fixar con la certidumbre y notoriedad 
que se necesita ia ganancia total de este individuo, á fin de fixarle 
su quota? Este inconveniente, que es de la mayor consecuencia, 
no ie hay en la base del gasto ; pues el gasto de una familia se 
verifica en el pueblo de su domicilio , y es notorio y patente á 
su ayuntamiento; siendo en este caso bien indiferente, que las ri- 
quezas con que subviene á este gasto , provengan de esta ó de aque- 
lla propiedad , industria ó comercio. Y no se crea que esta obser- 
vación es arbitraria y puramente producida por el deseo que te- 
nemos de salir airosos con nuestro proyecto ; pues el informe de 
la Comisión de la Junta Provincial de Cataluña, que anda impreso, 
empeñada en verificar y dar cumplimiento á el decreto ele las Cor- 
tes generales y extraordinarias en que se establece la contribución 
extraordinaria de guerra , habla de estas y otras dificultades , na- 
cidas todas de la base de la ganancia, y las presenta tan insupe- 
rables, que al fin halla ser imposible se exija la contribución según 
la quota progresiva, y lo mas que puede verificarse , y esto de 
un modo muy imperfecto é injusto , es según una quota propor- 
cional. Este hecho, que debe mirarse como de experiencia , sirve 
de apoyo á quanto decimos , y nos pone en el caso de asegurar 
.sin nota de temeridad, "que la única contribución es inasequible 
mientras que no se fixe sobre la base del gasto ; y que si hasta 
ahora no se ha conseguido su establecimiento, es porque con ab- 
soluto desprecio de la razón , ha querido fixarse sobre la base de 
las ganancias , ó sobre la de los capitales." 

Pero no se crea , que porque hay conveniencia en la quota pro- 
gresiva , la habrá aun quando esta sea indefinida : para que la haya 
es precise que la referida quota tenga un término , pasado el qual 
ja seria perjudicial , porque atacaría á la riqueza , destruyendo 
el estímulo al trabajo. No es seguramente muy fácil fixar este 
término con la rigorosa exactitud que seria de desear , demostran- 
do matemáticamente esta exactitud; pero ni hace al caso tal e^ác- 



13 

titud , siempre que en lo que menos exactamente se determine, 
haya beneficio ; ni puede pretenderse en el comenzar de un es- 
tablecimiento aquella perfección que ha de ser obra de la expe- 
riencia. 

Asi , pues , el principio que nos conduxo para fixar la quota 
que proponemos, no fué otro que el de haber hallado que aun 
la clase opulenta que habrá de pagar el 15 p § , tiene un bene- 
ficio efectivo con respecto á lo que según el actual sistema con- 
tribuye ; y siempre que le resulte , aun á el mas grabado , ven- 
taja con el nuevo método , ya no cabe que se queje de él , ni 
que pueda argüir con el mayor beneficio que se le concede á las 
clases inferiores , y especialmente á la jornalera y verdaderamente 
menesterosa, pues esta, según diximos en la Memoria, podria 
quejarse con igual sinrazón, de tener menos haber y comodida- 
des que la opulenta. 

Que aun la familia opulenta obtendrá beneficio pagando el 
15 p % de su gasto, está completamente demostrado en la dicha 
Memoria; y fácil es, que el que la haya leido ó quiera leerla 
se satisfaga , de que si se la recargase con el 2 \ mas p § , esto es, 
se la obligase á pagar el 17 f , ya no tendria beneficio, sino al 
contrario un gravamen, que aunque no es de gran consecuencia, 
seria él bastante para que alzando el grito se opusiese á la única 
contribución, y le sucediese á esta lo que le ha sucedido á la 
extraordinaria de guerra. Luego si el beneficio es el que ha de 
fixar el término de la quota progresiva, no hay duda en que el 
máximo de ella debe ser el 15_p © . Para fixar el mínimo, no ha 
debido hacerse otra cosa que investigar qual cantidad de. contri- 
bución habia de repartirse á la clase menesterosa ; y como esta se 
halló ser de 75 millones de reales en la península, se vio que 
por ser esta cantidad el 2 p © del gasto que á dicha clase se le 
: supone, el mismo 2 p% debia ser el mínimo de la quota pro- 
gresiva. 

Y aunque tal haya sido el proceder que hemos seguido en esta 
parte , y aunque el beneficio universal que á todos los contribu- 
yentes les alcanzará con este método , nos asegure de haber pro- 
puesto una cosa buena ; todavía debemos repetir que estamos in- 
timamente persuadidos de que la quota progresiva que presenta- 
mos, sufrirá justamente modificaciones y rectificaciones, que ha- 
rán cada vez m?¿s exacta y practicable la única contribución : pero 
.también lo estamos, deque ni unas ni otras podrán verse, sino 
quando la experiencia las muestre ; esto es , estarán escondidas 
á los ojos de los hombres mas perspicaces todo el tiempo que tarde 
en ponerse en práctica la única contribución. 

Que la única contribución proporciona la verdadera libertad, 
está ampliamente demostrado en la Memoria que presentamos al 
público ', y que la libertad es el alma de la nación , y el mas ¿ó- 



14 

lulo cimiento de su poder y de su riqueza, es cosa que nadie se 
atreve á negar : por lo que los antagonistas' se han reducido á ed- 
torbar su establecimiento, haciendo creer que la base de los gas- 
tos es injusta , y la recaudación impracticable ; y aunque ambas 
aserciones son puramente arbitrarias , esto es , para fundarlas no 
se presenten razones; esto no obstante, hemos procurado hacer 
ver é ¡i este apéiubee, que la base del gasto es la única justa , porque 
es la única que á todos los mira con la mas absoluta igualdad ; y 
porque es la única capaz de producir á todos efectiva conveniencia: 
por lo que solo nos resta presentar medios de hacerla practicable, 
desmenuzando las operaciones de un modo tal , que los ayuntamien- 
tos al aplicarlos y producir el movimiento general de la máquina 
de la contribución de toda la monarquía, obren tan simplemente 
como ún muchacho, que, dando vueltas á la cigüeña de un or- 
ganillo , toca las sonatas mas concertadas sin saber música. 

Basta haber leido una sola vez nuestro código constitucional 
para persuadirse de la necesidad absoluta que hay de que en los 
ayuntamientos de los pueblos se lleven unos registros en que de 
un modo fehaciente consten las circustancias que para ser espa- 
ñol pide el articulo 5. ° , las que para ser ciudadano prefixan 
ios artículos 18, 19, 20, 91 "y 22; para hacer efectiva la priva- 
ción ele la ciudadanía con arreglo al artículo 24 ; ó para suspen- 
derla, según lo especifica el articulo -25; para que solo puedan 
gozar de los derechos de español y ciudadano los que realmen- 
te lo sean , y para exigirles el cumplimiento de sus obligaciones 
principales, prescritas en los artículos 8.° y 9,° 

Estos registros no son , ni pueden ser otra cosa qué unos libros 
de matrícula, en que anualmente conste, familia por familia, todas 
las que se hallan avecindadas en el pueblo, y los nombres, edades, 
profesiones, empleos ó destinos de todos los individuos de cada 
una, tanto amos como sirvientes. 

Son muchos los pueblos en que ya hay estos registros ó matrícu- 
culas , que se han levantado para objetos y fines de policía ; pero 
de hoy mas debe haberlos en todos, como datos precisos para que 
sea fructuosa y exactamente cumplida la Constitución de la mo- 
narquía. 

Esto sentado , y supuesto que no habrá español alguno que pueda 
dudar de la necesidad de tales registros ; en ellos décimos que sé 
hallará todo quanto importa saber para establecer la única con- 
tribución con la mayor sencillez y facilidad, sin ocasionar vexá- 
men , ni aun la menor molestia á ninguno de los individuos que 
componen la nación. Este aserto quedará probado con solo exten- 
der el método que podrá adoptarse para llevar al cabo la empresa 
de la única contribución, que parece á algunos tan ardua , como 
insuperable. Dividiremos, pues, las operaciones que demanda el es- 
tablecimiento del método que vamos i proponer en dos partes: 



15 

Primera, para clasificarlas familias: Segunda, para valuar los gastos 
de cada familia. ; 

Parte primera en que se especifican las reglas que Kan de 
observarse en la clasificación de las familias. 

En el ensayó de única contribución que publicamos, estableci- 
mos una quota progresiva de 2, 5, 10 y \5p% del gasto dé las 
famihas : por consiguiente, las familias de la monarquía estarán 
divididas en quatro clases , esto es, qualquiera familia quesea, 
habrá de pertenecer á una de estas quatro clases ; á la primera 
si gasta 1 mas de 60000 reales; & la segunda si gasta desde 10000 
hasta 60000; á la tercera si gasta desde 4000 hasta 10000 : y á 
la quarta si gasta menos de 4000. Esta expresión, quizá por ser 
tan sencilla , ha parecido á algunos muy expuesta á equivocacio- 
nes y arbitrariedades; por lo que desvaneceremos tales temores 
presentando otra que equivalga á ella , y produzca los mismos 
resultados* 

? Sean, pues, incluidos en la quarta clase , que hade pagar el 
% p ■§ las familias verdaderamente pobres , esto es, las de los jor* 
naleros y oficiales de labranza, fábricas, artes y oficios ; pero era 
el supuesto deque no tengan criado ni criada alguna, pues si 
lo tuviesen ya pertenecerán á otra clase, como se dirá. 

Sean incluidos en la tercera clase, que ha de pagar el 5 p § , las 
familias de los que tengan alguna propiedad, así como las de los 
maestros de fábricas >, artes y oficios, que no tengan ni criado ni 
.eriaday y también todas las que solo tengan una criada. 

-Sean incluidas en la segunda clase, que ha de pagar el I0p§, 
las' familias dé los que tengan un criado ; ó un criado y una criada; 
ó dos criadas ; ó un criado y dos criadas; ó tres criadas. 

Sean incluidas en la primera clase, que ha de pagar el 15jȤ, 
las familias que tengan dos criados , ó qualquier número de criadas 
y criados que exceda del prefixado para las clases inferiores. 

Sea esta toda la regla que haya para clasificar las familias; de- 
biendo únicamente hacerse para su mejor inteligencia las adver- 
tencias siguientes: 

-'■ Primera. Serán considerados criados y criadas todos los que, 
alimentados y asalariados, se empleen en el servicio doméstico, 
■'como son los mayordomos, ayudas de cámara, cocineros, galopi- 
nes y" mozos de cocina , reposteros y sus ayudantes , despenseros, 
barrenderos , mozos de compra , porteros , pages, volantes , laca- 
yos , cocheros , mozos de caballeriza, palafreneros , picadores ; igual- 
mente que las damas de honor, doncellas de labor , costureras , la- 
vanderas , planchadoras, mozas de retrete, cocineras y niñeras. 

Pero no se considerarán como tales criados los sacerdotes ú otras 
pfeTéo]&a6 ; decentes, que en clase dé capellanes ó de ayos, haya 



16* 

en las casas , y tengan asiento en las mesas de los Señores ; aéí 
como tampoco los administradores , contadores , tesoreros y secre- 
tarios ; los tenedores de libros , y otros dependientes de comercio; 
Siempre que todos los referidos coman á la mesa con sus prin- 
cipales , ó tengan casa abierta : tampoco deben incluirse en la clase 
de criados á aquellos que tienen los labradores propietarios , no 
para su servicio doméstico , sino para la labor de los campos; los 
que se emplean del mismo modo en las fábricas y máquinas; lo» 
aprendices de artes y oficios, siempre que no vivan con sus maes- 
tros ; los mozos de tabernas , tiendas u otro qualquiera puesto; 
los de arrieros , carromateros y trajinantes ; en fin , todos aque- 
llos que estén destinados para producir ganancia, y no comodi- 
dad, ó luxo. 

Segunda. Pero las fondas, posadas y cafees, han de mirarse 
como qualquiera otra casa particular , y por el numero de criados 
serán clasificadas; pues aunque sus dueños buscan ganancia con 
tales establecimientos, los que en ellos hallan comodidad, regalo 
y luxo, deben pagarlo como los demás ciudadados ; y el medio 
mas efectivo de que se verifique este pago, es el de cobrarlo á 
los dueños, pues que ellos alzando un poco el precio, lo cobra- 
rán á los transeúntes. _ . , ¡ , 

Tercera. Las casas de misericordia no deben pagar (cosa al- 
guna ; pero los directores y demás dependientes , aunque^ vivan 
dentro de ellas , serán clasificados como las demás familias para 
el paoo de su quota respectiva. 

Quarta. Los colegios , seminarios y otras casas de estudios y 
educación , y los conventos de religiosos y religiosas mendican- 
tes , serán clasificados entre las familias de la quarta clase ; y los 
conventos de religiosos y religiosas que posean bienes , serán cla- 
sificados entre las familias de la segunda clase. 

Parte segunda , en que se especifican las reglas que han 
de observarse para avaluar el gasto de las familias 

En el mes de la cosecha , que es por lo general en el que está. 
mas baxo el precio de los comestibles , se hará por el ayunta- 
miento de cada pueblo, de un modo solemne y publico, para 
que á todos sea notorio la operación de fixar el canon regulador del 
gasto de las familias , declarando qual es el precio medio que 
en dicho mes han tenido los artículos siguientes : — 24 onzas de 
pan común, ó de aquella vianda equivalente que forma la parte 
principal del alimento, —r- 6 onzas de menestra. — £ quartillo -de- 
vino, ó el equivalente déla bebida fermentada que se use. — 3 onzas 
de aceyte, ó el equivalente de que se use en el condimento. — 
Y | libra de carbón; todas las medidas han de ser de la mayor 
¿e Castilla, - 



.; Sumado, el .valor de estos artículos, en la suma §e tendrá el 
canon regulador, el qual multiplicado por 365, en el producto se 
tendrá el gasto anuo de un individuo de la quarta clase de familias. 
El mismo gasto de un individuo de la quarta clase de familias, 
será el gasto de un individuo de la clase tercera de familias , en 
que no haya criado ni criada ; y para valuar el gasto de un in- 
dividuo de las familias que tengan criados y criadas, sea regí* 
general la siguiente : El duplo del número de los criados y criadas, 
mas un quinto, multiplicado por el gasto de un individuo de la 
.quarta clase , será el gasto, de un individuo de la respectiva familia» 
Una vez determinado el gasto de un individuo de cada fami- 
lia; se deducirá el gasto total de la misma familia, multiplican» 
do el gasto respectivo de im individuo, por el número total de 
individuos de que se componga la familia, sin distinción de amo» 
y criados, é incluyendo en este numero á quantos sean comen- 
sales de la misma familia, aunque sean de los incluidos en la 
excepción de la advertencia primera , y hasta á los niños de pecho- 
Ademas del referido gasto , se regulará otro por el número de mu- 
las y caballos que haya en las familias , destinados á silla , ó á el 
tiro de carruages de recreo y comodidad. Para regular este gasto- 
se fixará por el ayuntamiento de cada pueblo , al mismo tiempo 
que el canon regulador, y con las mismas formalidades, el valor 
de un celemín de cebada, y media arroba de paja; y la suma* 
multiplicada por 365, dará el gasto de la manutención de una 
bestia mayor. 

>' Pero quando una familia tenga dos ó mas muías ó caballos des» 
tinados á su comodidad y luxo , se valuará el gasto por la siguiente 
regla general. Se multiplicará el numero de las bestias por sí misr* 
uno , y el producto se multiplicará por el gasto deducido de una 
bestia, siendo este segundo producto el que expresará el gasto 
de la familia en este ramo. 

Claro es que solo deben incluirse en esta regulación las muía* 1 
y caballos destinados á producir comodidad y luxo ; pues puede 
haber familias pudientes de labradores , que no teniendo mas que 
tres muías destinadas para el tiro de su coche , tengan en la mis- 
ma caballeriza diez ó doce mas destinadas á las labores del campo: 
tampoco debe regularse gasto alguno por las bestias destinadas á 
el tiro de coches de camino , calesas , carromatos , ó para carga 
y conducción de efectos , como son las de los arrieros y traginan- 
tes ; ni las de silla, destinadas también á los caminos, y en 
esta parte ha de obrarse del mismo modo ya explicado para los 
criados, esto es, que se incluirá en el gasto de las familias el 
que , según la regla explicada , se deduzca causan aquellas bestias 
que están destinadas para producir luxo y comodidad; pero no 
el de las que sirven para producir ganancia. 

Una vez obtenido por las reglas dichas el gasto que en cada 
riño de los dos ramos dichos se considere á cada familia ¿ se su- 

3 



18 
marán ambos gastos , y se deducirá de la cantidad que resulte en 
la suma, el 2, 5, 10 ó 15 /> § según la clase á que corresponda 
la familia , y esta será la cantidad que por única contribución 
han de cobrar los ayuntamientos de los cabezas de familia , para 
introducirla en las tesorerías de las provincias, formando el todo 
de ellas la gruesa ó suma del erario.. 

A las reglas dadas deben acompañar las dos advertencias si- 



guientes : 



Primera. El gasto de fondas, posadas y cafees se ha de re- 
gular por el número de criados y criadas como el de qualquiera 
familia ; pero no se incluirán en el número total de los que com- 
pongan la familia , á los hospedados que pueden caber en el aloja- 
miento de las primeras. 

Segunda. Que el gasto de los colegios, seminarios y otras casas 
de estudios y educación , y el de los conventos de religiosos y 
religiosas mendicantes, se obtendrá multiplicando el gasto de un 
individuo de la quarta clase por el número total de individuos que 
haya en dichas casas ó conventos : y el de los conventos de reíi^ 
giosos y religiosas que posean bienes, se obtendrá multiplicando 
el gasto de un individuo de la familia que tenga tres sirvientes,, 
por el número total de individuos que haya en dichos conventos. 

Para la mas clara inteligencia de lo que hemos dicho , resol- 
veremos algunos exemplos , tomando por canon regulador el que 
hubiera resultado en la península el año de 1799. 

Según el censo de la riqueza que en dicho año se formó , valia 
la fanega de grano cereal, según el precio medio de sus diver- 

mrs. 
sas provincias, 36 § reales, y las 24 onzas de pan común.... 30, 0. 

La fanega de menestra 51 reales, y las 6 onzas 7, 5. 

La arroba de vino 9 reales , y el \ quartillo 4, 8. 

La arroba de aceyte 41 reales, y las 3 onzas 10, 4. 

La arroba de carbón 3 reales^ y la § libra ..,,.».... 2, 0. 

Suma, que es canon regulador...... 54, 7. 

Los 54, 7 maravedises, multiplicados por 385, dan 19.965 , 5 ma- 
ravedises , que hacen 587 , 2 reales ; y este seria el gasto anuo de 
un individuo de la quarta clase de familias , cuyo 2 p § es de 
11,74 reales. 

Los mismos 587, 2 reales serian el gasto anuo de un individuo 
de la tercera clase de familias que no tuviesen criada ni criado? 
cuyo 5 p § es de 29,36 reales. 

Para regular el gasto de un individuo de las familias que tengan 
una criada, se dirá: el duplo de 1 es 2; y 2 mas f multiplicado por 
587, 2, da 1.291, 84 reales, que es el gasto de un individuo de las fa- 
milias que tienen una criada: cuyo 5p § es de 64,59 reales. 

Los mismos 1.291,84 reales serán el gasto de un individuo de las 
familias v¿zz tengan un criado >, cuyo 10 jp-| es de 129, 18 reales, 



Para regular el gasto de un individuo de ia familia que tenga 
dos criadas, diremos: el duplo de 2 es 4; y 4 mas -f- multipli- 
cado por 587 , 2, da 2.466 , 24 , que es el gasto de un individuo de las 
familias que tengan dos criadas: cuyo 10 p% es de 246,62 reales; 

Los mismos 2.466, 24 reales serán el gasto de un individuo de 
las familias que tengan dos criados; cuyo 15 p § es de 369,93 reales,, 

Para regular el gasto por razón de las muías y caballos , ave- 
riguaremos primero el gasto que ocasionarla la manutención de 
una bestia mayor. 

Según el censo de la riqueza del año de 1799 valia la fanega 
de cebada según el precio medio 24, 69 reales , y el celemin.. 2, 06, 
La arroba de paja 1 real , y la media arroba. 0, 50. 



El gasto, pues, de una bestia seria de 2, 56 

que multiplicado por 365 , produce 934,40 reales por gasto anus> 
de una bestia, del que deduciendo el' tanto j».§ que corresponda 
según la clase de la familia f se tendrá su contribución por este ramo. 

Para regular el gasto de la familia que tenga dos bestias , se 
dirá : 2 multiplicado por 2 , da 4 ; y 4 multiplicado por 934, áQ s 
da 3.737 , 40 reales ; de cuya cantidad se deducirá el tanto p § 
según corresponda á la clase de la familia. 

Para generalizar mas los exemplos , resolveremos los que se ponen 
en el estado siguiente, en que se supone los criados que hay 
en Cada familia , el numero total de personas de que se compone 
la familia, y las bestias que hay en cada una destinadas á objetos 
de comodidad y luxo : y se presenta no solo el gasto de cada far 
milia,, sino su total contribución. 



Criados 












que se 


Total de 


Bestias que 


Gasto total 


Tanto 


Cantidad de 


conside- 


personas 


se suponen 


por ambos 


p% de 


la contribu- 


ran á ca- 


en cada 


destinadas 


ramos de ca- 


su con- 


ción de cada 


da fami- 


familia. 


al luxo y 


de familia. 


tribu- 


familia. 


lia. 




comodidad- 




ción. 










Reales. 






20 


25 


15 


800.376,00 


15 pg 


120.056,40 


15 


20 


10 


448.108,80 


ídem. 


67.216,32 


12 


17 


8 


301.375,68 


ídem. 


45.206,35 


9 


14 


6 


183.256,96 


ídem. 


27.488,54 


6 


11 


4 


93.752,64 


ídem. 


14.062,89 


4 


9 


2 


47.072,96 


ídem. 


7.060,94 


3 


8 





29.125,12 


10/>§ 


2.912,51 


2 


7 





17.263,68 


ídem. 


1.726,37 


1 


6 





7.751,04 


K n O. 
" P O 


0.387,55 





5 





2.936,00 


ídem. 


0.146,80 


1 ° 


5 





2.936,00 


%pl 


0.058,72 



20 
Procedamos ahora á repartir la población que la península con- 
taba el año de 1797 (según el censo), en familias de los diferentes 
gastos que dexamos especificados en el anterior estado • y procu- 
raremos atenernos en lo posible á el mismo repartimiento que 
hicimos en el ensayo , introduciendo únicamente alguna leve va- 
riación , ocasionada por las nuevas expresiones ; bien entendido que 
si hemos sido tan apocados, es con el fin de que nadie 
mirar como exagerados estos cálculos. 





NUMERO DE PER- 


PRODUCTO DE LA 


NUMERO Y GASTO DE LAS 


SONAS QUE COM- 


CONTRIBUCIÓN 


FAMILIAS. 


PONEN. 


DE TODAS. 


- 




Reales. 


20 del l. er gasto. 


500. 


2.401.128. 


60 del 2. ° gasto. 


1.200. 


4.032.979. 


180 del 3. er gasto. 


3.060. 


8.137.143. 


540 del 4. ° gasto. 


7.560. 
1 17.820. 


14.843.811. 


1.620 del 5.° gasto. 


22.781.882. 


4.860 del 6. ° gasto. 


43.740. 


34.316.168. 


24.300 del 7. ° gasto. 


! 194.400. 


70.773.993. 


108.000 del 8» ° gasto. 


756.000. 


186.447.960. 


118.579 del 9.° gasto. 


711.474. 


45.955.291. 


448.485 del 10.° gasto- 


2.242.425. 


65.838.598. 


1.312.609 del mismo gasto. 


| 6.563.045. 


77.076.400. 


«2.020.033 


10.541.224. 


533.605.333. 



! El resultado es, que si el sistema que proponemos hubiera re- 
gido en la península el año de 1797, habría ascendido la única 
contribución á 532.605,333 reales vellón; cantidad casi igual á la que 
¿é deduxo en el ensayo, y que por tanto acredita ser las expre- 
siones substituidas, equivalentes á las que en él presentarnos ¿ aun- 
que sin tanta especificación. 

Creemos que las que en este apéndice establecemos no podrán 
sufrir la nota de dexar abierto el campo á la arbitrariedad de los 
ayuntamientos ; tampoco Ja de ser ominosas , por necesitarse de vi-i 
sitas domiciliarias y reconocimientos , que siempre son rexatorios; 
menos aun la de ser falibles ; pues el número de los criados, el 
total de las per^c-rsó?. q«e componen cada familia , y el de las bestias 
destinadas á comodidad y lux& , es cosa que á nadie puede ocultarse. 
No hay individuo alguno en la monarquía que mire con indiferen- 
cia la n&turakísa , y menos aue la ciudadanía \ y ni una ni otra 



21 
podrá obtener, sino el que la acredite con los documentos res* 
pectivos : estos son el registro de un pueblo , quaiquiera quesea, 
donde se halle avecindado ; y el que por no estar inscripto en aU 
guno de ellos carezca de ambas calidades , debe ser mirado como 
un vago pernicioso á el estado , y sentenciado por tanto á prestarle 
servicio en cíase de soldado, destinándolo á la fuerza militar per- 
manente , de la que deberá estar exento todo el que esté incor- 
porado en la lista déla milicia nacional. 

Tampoco puede decirse que el proyecto es de difícil execucion, 
u operación que demanda mucho tiempo: en la mas populosa 
ciudad puede estar levantada la matrícula en el espacio de un 
mes; y una vez levantada la matrícula, la operación de formar 
la lista alfabética por los apellidos de las familias , poniendo á con- 
tinuación su empleo, ocupación ú oficio, el numero de criados, el 
total de personas de cada familia , y el de las bestias destinadas 
á objetos de comodidad y luxo, es seguramente obra de 15 dias, 
sin que para su logro obste el haber de expresar á continuación^ 
y familia por familia la cantidad de su contribución. 

Ni aun el pequeño inconveniente de la proligidad de las ope- 
raciones de aritmética podrá objetarse ; pues con la mayor faci- 
lidad se formarán unas tablitas numéricas ó prontuarios , median- 
te los quales quede reducida toda la parte de cálculo á la sen- 
cilla suma de dos cantidades que se hallarán en ellos ; y que con 
el mayor gusto formaremos , y hubiéramos formado, é incluido en 
este apéndice si no nos hubiera detenido la justa consideración de 
no aumentar su volumen. 

. Dificultades en la recaudación son las únicas que podrán pro*» 
inoverse y objetarse: diráse, que para que los ayuntamientos pue- 
dan exigir la contribución , será preciso que por medio de la 
Coacción obliguen á cada cabeza de familia á hacer su respectivo 
desembolso ; que en este caso la coacción ó medios de fuerza de 
que se valgan , ocasionarán millares de perjuicios , quebrantamiento 
de ley, y otras nulidades á este tenor; pero á todo se responde 
preguntando: ¿en la actualidad hay coacción y fuerza para obli- 
gar á desembolsar los derechos que se les imponen á los hacen- 
dados , propietarios de fábricas , dueños de salinas , de lanas , co- 
merciantes, mercaderes , y finalmente, á quantos compran y ven- 
den r 1 O la hay , ó no la hay ; si la hay , esa misma empléese en 
la recaudación de la única contribución ; y si no la hay, tampoco 
la habrá por ser excusada : excusada será sin duda , y de ello se 
satisfará el que reflexione, que toda la clase contribuyente podremos 
mirarla, ó como de pobres jornaleros, ó de pudientes , ó de em- 
pleados. Los primeros, aun quando por las actuales circunstan- 
cias de la guerra sea preciso exigir un duplo de la contribución 
que proponemos , habrá de pagar por cada familia de cinco per- 
sonas j 10 reales ai mes; que es una cantidad, quando mas , cor- 



22 
respondiente á jornal y medio en la provincia mas barata de la 
península; y por tanto no es fácil que tan pequeño desembolso 
halle resistencia ó demora, y si la hallase , bastaría que el ayun- 
tamiento la exija del maestro por cuya cuenta trabaja el oficial 
o jornalero ; que es coacción por cierto bien suave , y con la que 
se evitarán todos los vexámenes que podrian seguirse de una con- 
ducta menos prudente. Los segundos, si como propietarios pagan 
en el actual sistema derechos correspondientes á el todo de los 
productos de su agricultura, industria y comercio; con el que 
proponemos solo pagarán una cantidad proporcionada á el pri- 
vativo gasto de su casa y familia; y por tanto , si para pagar unas 
sumas tan considerables no han opuesto resistencia ; para desem- 
bolsar otras muy módicas con menos razón la pondrán : y si la 
han opuesto, la que ahora pongan será tanto menor , quanto menor 
será el desembolso ; y la coacción que hasta ahora se haya em- 
pleado, disminuirá en la misma razón que habrá disminuido ei 
desembolso. Finalmente, para los terceros, que son los emplea- 
dos públicos, es de todos muy conocido el camino que hay dé 
obligarles á satisfacer sus deudas, pues los descuentos en la teso- 
rería son tan irresistibles como usados. Lo que sí conviene es, que 
mes por mes se cobre la contribución , pues evitando así grandes 
atrasos , se evitará también que aumente la dificultad de cobraF- 
cantidades mas crecidas. 

Mucho nos alegrariamos poder saber las objeciones que cada 
uno halle en nuestro proyecto; pues meditándolas, procuraríamos 
satisfacerlas, ó confesarnos convencidos. Esta conducta es la qué 
conviene observar en un punto el mas importante que puede ofre- 
cerse á la discusión de los hombres en sociedad; porque de él de- 
pende su libertad, su felicidad presente , y hasta su suerte futura : y 
no se crea que hay en esto exageración, pues es de todos sabido 
que los que tienen bienes no roban, y por robar, no matan: que 
los que tienen bienes se casan, y casándose se disminuyen con- 
siderablemente los desórdenes, que, deshonrando á el hombre, vis» 
ten de luto á millares de familias ; y finalmente , que los que tienen 
bienes se abstienen de la embriaguez , que es vicio que se halla 
vinculado en los que no pueden optar al goce de placeres mas 
racionales : una sociedad en la que todos tuviesen asegurada una 
cómoda subsistencia \ y en la que no hubiese mas celibatos que 
los que á ello fuesen impulsados por el deseo de la perfección» 
seria sociedad digna de servir de exemplo y dechado á todas las de- 
mas. El medio mas eficaz de proporcionar á toda nación unas venta- 
jas tan recomendadas por la moral del Evangelio, es el de qui- 
tar quantas trabas se han puesto á el trabajo y honesta industria 
de los hombres. Estas trabas son consiguientes á todo desembolso 
indirecto; y si para los desembolsos indirectos han servido de es- 
pecioso pretexto las necesidades del erario, la única y verdadera 



23 
causa que los ha introducido , es la de la arbitrariedad y despo- 
tismo. Menguada y triste experiencia tenemos de ello los españo- 
les ; los españoles , que por la viveza de nuestro ingenio , y por 
la fertilidad y situación geográfica del suelo que habitamos, debe- 
riamos formar la primera nación de la tierra. 

Oxalá que nos asistiera la elocuencia de un Demóstenes , para 
convencer á nuestros compatriotas de una verdad tan importan- 
te ; aun no seria necesaria tal elocuencia si consiguiéramos fixar 
la atención de todos en un punto, que mas que alguno otro, la 
pide y la merece : pero la mayor desgracia de esta pobre patria 
es la que le ocasionan sus mismos hijos, por tener , unos disipada 
su imaginación en objetos tan frivolos corno pueriles , y otros con- 
denada á perpetuo sueño. En tal alternativa no cabe esperar , sino 
que nuestras voces sean perdidas , qual si se diesen en un desier- 
to. Esto no obstante, estimulados por el mas noble empeño, nos 
atrevemos á pedir la atención para fixar las proposiciones siguientes. 

Primera. <¡ Cabe algún riesgo ; puede originarse el mas minimo 
perjuicio en que se circulen unos interrogatorios al tenor de los 
modelos que se acompañan; el 1. ° para que lo respondan los 
ayuntamientos, y el 2. ° para que ccn presencia de lo que digan los 
ayuntamientos , lo llenen las diputaciones provinciales ? 

Segunda. Una vez averiguado por medio de los interrogatorios 
dichos el gasto actual de todos y de cada uno de los individuos- 
que componen la nación , y que equivale á su riqueza ; ¿ habrá 
dificultad en que la cantidad líquida que ahora se recauda por 
medie de esas rentas , que son el oprobio de la razón , y la causa 
única de nuestra pobreza, sea subrogado con la única contribución? 

Tercera. Una vez que se introduzca en el erario por un me- 
dio noble y justo la misma cantidad que ahora produce ese la- 
berinto de rentas ; las mismas noticias que con el interrogatorio 
se conseguirán , { no serán el dato mas auténtico y exacto para po- 
derle pedir al pueblo toda la restante cantidad que sea necesaria 
para salvar la patria con la mas completa equidad , tanto en su dis- 
tribución , como en su percibo? 

Quarta. ¿ Adoptado el medio mas justo de recaudar el todo del 
erario , no desaparecerá desde luego el motivo que hoy da lugar 
á esos pedidos de raciones, y á esos suministros que por la desigual- 
dad , furor y destemplanza con que se exigen , nos llevan á pasos 
precipitados á la ruina ? 

Quinta, ¿Podrá ser que creamos está establecida nuestra Constitu- 
ción , y consolidada nuestra libertad civil , mientras que no veamos 
á nuestras Cortes en plena posesión de la mas noble é importan- 
te de sus funciones , qual es la de fixar los gastos de la admi- 
nistración pública , establecer anualmente las contribuciones é im- 
puestos , y aprobar su repartimiento entre las provincias ? ¿Y po 
drá nada de esto verificarse mientras que no esté puesta en prác- 
tica la única contribución ? 



24 

Sexta. ¿Cabrá que los dineros necesarios para eí gasto p«- 
Mico puedan quedar á la contingencia de si se recaudarán ó no 
se recaudarán; y en el ultimo caso, á que suspendido el todo del 
servicio público, sobrevenga á la nación el desastre mas espantoso? 
¿Y qual medio de eritar esta contingencia y su desastroso resul- 
tado , sino el de establecer la única contribución ? 

Séptima. ; Habrá Ministro que siempre que vea ser efectiva 
su responsabilidad, se atreba á asegurar, que el estanco dará tanto, 
la alcabala quanto, y la suma de todas esas rentas la cantidad 
precisa y determinada por las Cortes para el gasto público del año? 
¿Y aun q uando hubiese quien se atreviese á tan ciego aserto, seria 
prudente fiar de un ciego la existencia de la nación? 

Padres de la patria que nos representáis en el Congreso nacio- 
nal de las Cortes españolas , fixad un poco vuestra consideración 
eii este punto, y si lo halláis importante, dadle la preferencia que 
se merece. No os arredren absurdas opiniones aunque se digan 
de peritos ; porque es de hombres no sujetar su dictamen sino á 
la revelación divina , y á la voz de la razón , y pues que habéis 
arremetido la tamaña empresa de darnos la libertad; ved aqui la 
libertad; dádnosla, que la pedimos. 

Y vosotros, dignos miembros del Poder executivo , en cuyas lu- 
ces , integridad y patriotismo tan plácida como respetuosamente 
descansamos, dignaos de promover una medida, la única capaz 
de aseguraros los medios que echáis menos para conseguir que 
esta nación ocupe aquel lugar que sabéis debe ocupar entre las 
demás naciones. 



ERRATAS. 



Página. Línea. 

4...... 38... 

6 14... 

6 15... 

7 42... 

11 15... 

12 7... 

I9...... 18... 



Dice. 



Léase. 



padra podrá 

hallamos hallemos 

tenenos..... tenemos 

consistiendo convirtiendo 

resistiendo: revistiendo 

fáblicas fábricas 

ciiidadados. ciudadanos 



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