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Full text of "Apuntes de historia política y de los tratados(1490 á 1815): Arreglo al programa para los ..."

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APUNTES 



DE 



HISTORIA POLÍTICA 

Y 

OE LOS TRATADOS 

(1490 i 181S) 



IK>H 



P, SOLER Y GUARDIOLA 

^eCRE:TARIÜ ÜK EMBAJADA 




MADRID 
Libraría dk Victoriano Suarísz 

*t8« r^rociaclos. 48. 
IBOÓ 



APUNTES 



¡TORIA política Y DE LOS TRATADOS 

(1490-1819) 



yALDBMOEO.— Utap. y encaad«rn&ciáii de la Oaardia Ciril. 



PUNTES 

DE 

lA POLÍTICA 

)S TRATADOS 
(U90 i UIS) 

RAUA PARA I.OS BXÁHBNEB DE IKftRIM 
tAS DIPLOMÁTICA V CONSDLAm, 

;r y gu ardióla 

BTARIO DK KUBAJADA 



MADRID 

OK ViOTORIANO SlTARRZ. 

Pr«clatlo«. 4S. 



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Vega de Armijo 






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tuinuo (jot M de aietutuí Mbudaí) puede M' 

wót wmo pauta pota el ettuMo De mu cu« 

pMa«auMk eu UM (MUutoA «duu «lue M m 



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it uu uotfCMM que coutieue. 



í. — Sus RELACIONES CON I.&. 
ilHBRA. EN INTERNA. T EXTRR- 



coa aoQ imporlaoles por el 
ro verídico de los acoatecii 
13 tiempos, y lo son mucho 
>rgánica, á las iQStitucioneii 
la razón de la importancia 
acepto obtendremos esami- 

de su enunciado. 

ea «la narracióa de los he- 
ladosnj pero no siendo com- 

examinar la Historia como 
de conocimiento (Filosofía, 
i), y en tal sentido podemos 
irracióQ verídica y sistemá- 
rayés de los tiempos, para 
idcs para el porvenir de la 
;uos decían que la Historit. 
vOa memoria}; magitíra vita. 



Huniia wlttslacis (1), conceptos que aos ÍDdican, 
r[ue la Historia es, bíqo la utilidad que presta y 
persigue. 

Todo esto nos prueba que los fineS' de esa cien( 
hechos, y éstos serán distintos según la rama que i 
ma se estudie. 

Por esto se divide la Historia en Universal y i 
según trate de todo el género humano ó de un sol 
antigua, moderna d conlempvráTtea, según estudie 1< 
anteriores á la caída del Imperio romano, las nac 
después se han formado ó la época presente. Hay 
Hiüoria sagrada, eclesiáítica, politica, literaria, artii 
tifica, etc., ¿ las que dan nombre loa diferentes a« 
son objeto de su relato, y por último, existen las i 
genealogiaa, memorias, crónicas y anales, cuyos nom! 
can su extensión y contenido. 

Tratamos aquí de la Historia política, que sol 
desde el momento en que los hombres se reunieron 
dades civiles y en Estados. Pero para dar la deñnic 
ta rama de la ciencia histórica hemos de conocer t: 
del adjetivo qne le acompasa. 

La palabra Politica se deriva de la vos griega 
significa ciudad ó Estado, y es el arte de gobernar y 
y reglamentos para mantener la tranquilidad y 
públicas y conservar el orden y buenas costumbres 
cuanto se refiere á la oi^auización de las naciones, 
ye la política una ciencia que se manifiesta positiva 



[í) Cicerón. 



-» — 

los diferentes Estados y varia en los dialintoB tiempos; así, 
por ejemplo, qo se pueden confundir nunca las instituciones 
de la Edad Uedia con las de la época moderna, ni las de Gre- 
cia con las de Roma, ni las de Francia con las de BspaSa. 

Del estudio de estos dos conceptos se deduce que la Hiato- 
ría política es «la narración verídica y sistemática de las 
distintas formas de organización é instituciones por que los 
diversos Astados han pasado en el transcurso de los tiem- 
ó sea la narración de la vida de los Estados, como tales 
ios. 

La Historia política no es m¿s que una rama de la 
ersal, 7, por tanto, las relaciones que entre una y otra 
en, son claras y evidentes. La segunda relata los Lechos 
rtantes ocurridos en la vida de los pueblos en todos los 
íes y tiempos, valiéndose para ello de las ciencias que 
a carácter espetial pueden auxiliarla, como son la Geo- 
I, la Diplomática, la Cronología, la Numismática, etcé- 
Pues bien, la Historia política, valiéndose de esas mis- 
;iencias, estudia tan solo los licchos que por su impor- 
ahan motivado un cambio, una alteración cualquiera 
vida orgánica de los Estados, es decir, examina la orga- 
ión de los poderes públicos en los distintos tiempos, re- 
os hechos de mi carácter eminentemente político, todo 
al es también asunto de la Historia universal; asi, pues, 
!8 la primera y más esencial fuente de la Historia polí- 
y laa relaciones entre una y otra son como de la parte 
io. ' 

Importa dividir la Historia que aquí estudiamos en ín- 
y extema, por existir en cada Estado dos órdenes de 



— 10 - 
rior^ ó d« organ 
ivada, institucio 
d^ las relacione 
eblos. SoD, en a 
tos de que se oci 
ae separar y dist 
diversos inomei 
n, aus leyes, ina 
; la historia politi 
1 las diversas reí 
i Estados con oti 

ittíernacimtídes . ~ 
naturaleza socia 
i y prosperidad 
i8ta necesidad s 
i de cultura. Bl 
;ue une á los pu« 
icionalcs, queco 
n gobierno de m 
itnal, el estado 
mían en la anti) 
de la civilizaci( 
ba hecho desap 
y las erróneas te 
diversas etapas • 
stituídalanaciói 
la tendencia de 
s unos con los o 



portaacia tieaea eo el cuadro 
del mundo civilizado, y todos ellos estudian los medios más 
\ eficaces y prácticos pata que aquella armonía y relación sean 
esda vez máa estrechas, y para que los choques y conflictos 
que puedan surgir entre diversas naciones sean resueltos sin 
tioMilidad ni lucha. 

La diplomacia es la encargada de mantener y Tomentar 
fsaa relaciones, velando al propio tiempo por el cumplímien- 
terecho internacional, cuyos principios, hien por ser 
almente reconocidos, bien por estar pactado su cum- 
ito, regulan la marcha de los pueMos en la sociedad 
al y dan la norma á que debe ajustar su conducta ca- 
ón en sus relaciones con las demás, y en los díferen- 
13 que puedan ocurrir en la vida internacional. 



la que pueden consultarse para el estudio de este capi- 
Dresoh, Hiiloria ¡feneral política. — César Cantil, Historia 
di, tomo I, Discurso sobre la historia. — Calvo, Le droil 
HoTUil, Berlín, 1887.— Weber,iíi> íoíre UMvñrtMt .—Ym- 
Sánchez, Cargo coinjilelo de Historia Univeraal, Barce- 
ÍÍ6. ' 



Quién sea la persona ó personas capace 
para contratar con las demás, á la Constitc 
corresponde decirlo. En España, la petBona 
dad para celebrar tratados con las otras pol 
con arreglo al régimen constitucional vigei 
rresponde, según el párrafo S^** del art. S4 di 
dirigir las relaciones diplomáticas y comer 
más naciones. Necesita, sin embargo, esti 
una ley especial para enajenar ó incorpon 
ratificar loa tratados de alianza ofensiva, lo 
mercio, los que estipulen dar subsidios á al| 
tranjera y lodos aquellos que puedan obligai 
á los españoles (art. SS de la Constitución 
bien el mismo arliculo del Código constitiic! 
gún caso los artículos secretos de un trat 
gar los públicos. 

En Italia, la Constitución prescribe que 
supremo del Estado, celebre tratados de pai 
cío y otros, dando de ello cuenta ú las Cám 
tadoB que impongan alguna carga á la H: 
variación de territorio, sólo tendrán cffclo 
obtenido el asentimiento de las Cámaras (a 
to italiano de 4 de Marzo de 1848). 

En Bélgica, segi'm el art. G8 de su Con 
celebra los Tratados de paz, alianza y come 
que el interés y la seguridad del Estado 1 
conocimiento de ello á las Cámaras. Los trat 
qu« puedan gravar al Estado ó ligar indi< 
belgas, no tendrán efecto alguno sino despi 



— is- 
la. No podrí Tflrificarie nliigúii c 
>rio Bino en virtud de una lej. 
icesa coofiece facultad al Preside 
igociar j ratificar loe tratados; ] 
¡TÚ deñnitivo basta haber sido ai 
icional. 

dos, el FresideDte de la Bepúb 
previa aprobación del Senado, 
la Constitución, el Emperador e 
del Imperio, loa tratados con las 
si se reflereu á asuntos comerci 
in del país, ea necesario, para lu < 
del ConaejQ Federal j la aprobaí 
ilidez. 

lamente baya de negociar, conT< 
cesíta los plenos poderes ó plcui 
abre del cual va á tratar. En £s[ 
de por el Rey, y va refrendada 
si éste ca el negociador plenipoi 

0, la plenipotencia la autoriza 
¡ el de Gracia y Justicia. 

la tratado en la forma y con los 
davía una condición para que ti 
ier causa pudiera convenir á alg 
utos variar algún extremo 6 corr 
que por error de los Plenipoten 

1, y en previsión de esto se ba p 
iteruacional que los tratados no 
lientras no estén raiificadot. La r 



-16- 
' el Soberano, ó 
liado. 
ratado, generak 

de ser ratiflcac 
1 oo se hace has 
pja de ser válidí 

se ratifica, aun 
ese que hay un 
lacerlo asi (1). 
¡lija plazo para 
IOS Gobiernos, p 
e equivale á la 
icia del rcquisit 

finna un tratad 

ido el tiatado que se firma por un Estado. 
Presidente ó Consejo que nu tenga, coa 



dos celebrados por EapaELa con otras pQten- 
m el término convenido, recordamos entre 

el da comercio con Dinamarca firmado el 6 
872; ei convenio eoníular con Alemania da 
; lü9 convenios con Italia y Sajonia para 1» 
iiechoros firmados en 3 de Junio de 1868 y 3 
spectivamente; el celebrado con Francia en 

determinando medidos de vigiKincia y d* 
vicio internacioqal de caminos de hierro; el 
í de 23 de Julio de 18C3; el tratado de reeo- 
amistad con Guatemala de 29 de Mayo de 
D con Turquía de 13 de Marzo de 1862 y por 
e comercio con Marruecos de 20 de ÍToviem- 
lebió ratificar en el plazo de 50 días y no m 
Lbrit de 18G2. 



megio & iss leyes ae su país, la capacidad suScienM? Desde 
Isego entendemos que sei^á nulo semejante tratado, lo mismo 
qne ea Derecho eivil es duIo el contrato hecho por personaa 
que DO reunea la capacidad neceuria coa arreglo á las le- 
jes. Y aun on el caso de que una nacióa hubiese celebrado 
UD Iratado con persona que, en representación de otra po- 
lencia, no tuviese la capacidad suficiente para elto, y por 
Is invalidez del tratado fuese gravemente perjudicada en su» 
ÍQlcreses, consideramos que debe declararse nulo. Be aquí la 
oecegidad de que los Gobiernos conozcan las CoDHtitucioufs 
de los otros Estados, porque en ellas se consigna ordioaria- 
meote quiénes son las personas capaces para hacer los tra- 
tados. • 

Coiuenlimienlú Je las parUi amtraianleg es otro de los re- 
quisitos nocegarioa para la validez del tratado , puesto ijue 
»ÍD consentimiento no puede haut,r concierlo de voluolades, 
ifiie es CQ lo que estriba el tratado. £1 consentimiento ha de 
«r claro, deliberado j liBre; por lo tanto, el error, la vio- 
lencia y el dolo ó engaño por el que uno de los contratantes 
induce al otro a celebrar el tratado, son defectos qoe vician 
el consentimiento y afectan á la validez del mismo. 

Ha de tener también el tratado, cauta^ razón ó título lici- 
lo. no solo en el sentido de que sea factible la obligación que 
se intenta contraer, sino también en el de que no ha de ser 
contraria á loa principios de la moral y del derecho. No se 
erea, por esto, que un tratado es nulo por no estar en armo- 
nía con las leyes de uno'de los países contratantes; semejan- 
te tratado seria perfeotunente válido, y el Estado cuyas le- 
yes habían sido lesionadas por él, sólo podría exigir la res- 



ponsabilidad correspondiente á U persona qui 
letrado; por lo tanto, tal hecho se convertiríi 
tipn de derecho público interior. Distinto a 
<>1 tratado celsbrado por nna Potencia con oti 
oposición con uno anteriormente establecido c 
distinto. Opinan algunos autores que entoncei 
timarocnte celebrada es nulo: nosotros entei 
tratado es válido, si bien su ejecución, en cuf 
otro anterior, es moralmente imposible, y, e 
presume mala fé por parte del Estado que co 
res, y por to tanto, está obligado á indemniz 
con quien celebró el segundo tratado. 

Finalmente, en cuanto á las formalidades i 
ra la celebración de los tratados, como son: ( 
potencias, forma y lengua en que deben ir r«( 
ters, etc., son cosas que en nada ataKen al 
dependen del oso establecido en cada Cancill 

De los tratados, lo mismo que de los contn 
ticulares, nacen derechos y obligaciones para 
tratantes; derechos para exigir el cumplimien 
pulaciones convenidas, y para obligar á las pi 
iías á respetar el tratado y á no impedir á loa ( 
cumplimiento; obligaciones, las que se baya 
el mismo tratado. 

Asi, pues, los tratados deben respetarse y 
letra sin ^adir ni quitar nada; '•s principio 
derecho que lo pactado debe cumplirse, y & i 
uu Estado no fuese ñel á sos promesas, perder: 
en la sociedad de las naciones. 



— 19 — 
ktadoB pueden revocarse por conitú 
ntratantea, cuando por haber variac 
agt. imposible su ejecución. 
! tratados. — Muchas divisiones bae< 
de los tratados los antores de Derecho internacional, tan 
!n lo qne se refiere á su contenido, como en lo tocante i. > 
Virma. Algunos publicistas dividen los tratados, según 
aaturaleza de la obligación, en iguales 6 desiguales, princ 
pales ó accesorios y condicionales ó no condicionales. Otr 
lo8 dividen, según la duración de los mismos, enpermane 
tes Ó perpetuos y transitorios (I).- 

Fíore no considera bien Tundadaen derecho esta divitió: 
porque entiende que una obligación convencional no puei 
considerarse inmutable. ASade que todos los tratados s< 
iiiniutables en el sentido de que «cuaado una obligación ji 
rídica 68 perfecta, la relación que de ella se deriva no pod 
variarse por el consentimiento de una sola de las partes obl 
ciadas. Por consiguiente, cuando en lu ejecución de un tn 
tado la parte obligada hubiese dado lo que debía, no ha; m 
que pedir* (i). 

Se handividido, asimismo, los tratados en reales j pera 
nales (3), y también en nominados é innominados, según 
ten ó no iodicados coq una denominación especial en el S 
recho internacional. 

Heffler, dejando aparte los de paz. divide los tratados ii 



1p Wheaton, Derecho tnUraacíonal, parto 3.", capitulo; 

2i Fiore, J^ereeho inlemacional, lib. v, aec. ii, cap. j. 
iS) Martene, Preeii da droit de gtM, lib. ii, cap. ii. 



— '¿ü — 
Eón (kl objeto, e 
lama consLitutivt 
in derecho reat si 
L cualquiera' d« d 
lar i os para las re 
I y de sus Gobie 

liabido tratadista 
rnacionales en p 
lau sobre treguas 

echos, privilegio 
responden álOB : 
el territorio de 
mes relativas á 
ico, derechos de 
>alabra, cuantas 
s pueblos con I ral 
mo buenas ó tei 
decen todas á un 
omprendersc los' 
comercio, de qu 

td. — Obedecen i 
le bau concertado 

cho internacional 
ación de Tratado», 



21 - 
]i;araniiit <ici mantcntrniento de sus buenas relaciones. Por 
esto, 'el pacto amistoso ha sWo siempre ciúusula de rúbrica 
en los tratados de paz, y muy geoeral en todos los demá*. 
Los tratados de amistad tienen ho; una signiñcación muy 
a de la que tenían en los tiempos antiguos. Antes, es- 
e de convenios sigaificaha que las partea contrataotes 
gabín á sostener en sus relaciones los principios gcne> 
el derecho de gentes. En nuestros liempos se denomi- 
II los que tieneu por objeto el reconocimiento de aN 
levo lit;]Iú adquirida por un Estado (i). 
UmIos de aíiansii.— Tienen los Estados derecho ¡1 cons- 
E, mediante un tratado, en sociedad para proseguir un 
aún, que es lo que en el terreno internacional se 11a- 
Caio líe alianza, debiendo regirse por las reglusgeue- 
es decir, que si el objeto de la alianza es licito en si 
y no lesiona el derecho internacional, licita será Is 
lión y pacto. Podrá, por tanto, celebrarse válidamente 
iado de alianza entre varias naciones para reprimir la 
le negros donde todavía se ejerza, ó para aunar sus 
. ron objeto de rechazar un ataque injusto (alianza 
va), ó para hacer que se reconozcan y rcspeteu ciertos 
os legítimos (alianza ofensiva), como seria también li- 
iarse para hacer respetar las reglas de la neutralidad 
>rincipÍos de derecho internacional generalmente re- 
íos, ó para iiersegiiir, en flu, el anarquismo, que ame- 
ctualmenle causar graves danos á todas las Naciones. 
Uados de paz. — Son éstos la estipulación formal con 

Gftlvo, Derecho iulemaeiona!. 



— 2-2 — 
¡u, de un mo¿o legal, á 
es pacificas entre losqw 
,e paz es el único medü 

pues ni la oesacióa dt 
isecuencia de uu armis 
I de los Estados belige 

aufioiente para termint 

<co la sumisiÓD de un beligerante á otro, 

ierra civil. 

is condiciones para la validez de los trala- 

on escasas diferencias, laa generales, y po- 

' Que la facultad de estipular un tratado de 

í aquellos que, según la Constitución,, son 

concertar loa demás tratados cod naciones 

el caso de que en la misma Constitución 
cosa. -Á." Guando en la Constitución falte 
ía, se presume competente para estipular el 
e hecho ejerza el poder soberano y tenga la 
1 Estado. 3." Debe considerarse en posesión 
iprema á la persona que ejerza dicho poder 
ento expreso ó tácito del pueblo. A.° Cuan> 
;a expresamente lo contrario, se presume 

facultad para hacer el tratado de paz, la 
a establecer las condiciones, 
os efectos del tratado de paz, es obligatorio 
ipuló, y deberá ejecutarse lealmcote en to- 
ircuDstaucias. No puede negarse á los con- 
iho de someter las condiciones de la pax á 
ina conferencia. Además, el tratado de paz 



! la guerra, poDÍeodo fin á las hostili- 
B loa actos ilegítimos de aquélla. 
0. — Tienen por objeto los tratados de 
relaciones entre ciudadanos 7 eitran- 
rupo de los ^ue Heffter llama tratados 

que regulan las "relaciones de comer- 
itratantes, tendiendo í alentar la pro- 
I cambios, orillando cualquier obsta- 

las primeras materias indispensables 
istria. 

;neral consignar en los tratados de co- 
ue regulan el establecimiento de con - 
aerciales en las naciones contratan tes. 
ipulaciones para caso de guerra, tanto 
, como de los subditos de una nación 



I serlo también de nave- 
se consignan en ellos 'los acuerdos re- 
ón de la nacionalidad del pabellón y 
la y salida de los buques de los países 
lortoB de los mismos, administración 
otdad, etc., etc. 

rio que debe seguirse al concertar un 
1 punto difícil de resolver como tantos 
presentan en verdadera lucha las es- 
libre cambio y el proteccionismo pre- 
lestaa resolver los conflictos económi- 
oiones se disputan una y otra escuela 
ireses comerciales. Sea de ello lo que 



qui«ra. deben los tretadoa de que nos ocupamos procurar la 
igualdad en el ejercicio del comercio, navegación é industria 
con loB nacionales del país con quien se contrata, ó por lo 
menos obtener las mismas veatajas, en la realizacitin de es- 
tos fíres, que la nación más faverecida por aquella con quien 
se negocia. Esto es lo que se llama «cláusula de nación mis 
favorecida». — Estando, como lo está, casi siempre limitada 
la libertad de importación por tarifas anexas al tratado, cla- 
ro es que debe aspirarse á obtener las mayores ventajas para 
la importación de nuestros productos, procurando que los 
derechos cOn que los grave la nación con quien se negocia 
sean lo más bajos posible. Obtener estos y otros beneñcioa, 
y más aun obtenerlos con ventaja sobre otras Potencias, «^^ 
el bello ideal al negociar un tratado de comercio pero en la 
práctica se ven diariamente las dificultades que ofrece la rea- 
lización de esta empresa: pues teniendo que atender á tanta» 
y tan diversas clases de intereses cada vez que se concierta 
un tratado, es imposible obtener para todos iguales benefi- 
cios, y por tanto, siempre hay una rama del comercio, de ia 
industria ó de la producción que se considera perjudicada y 
que protesta del concierto, si no protestan todas ante la pru- 
dencia é imparcialidad. 

Todo lo expuesto hace comprender la gran importancia 
que hoy día tienen los tratados de comercio. En la época pre- ' 
senté los intereses económicos de las naciones fijan la aten- 
ción de sus Gobiernos con preferencia á los demás: el desa- 
rrollo de la industria en colosales proporciones, el de la pro- 
ducción y del comercio, adquiridos todos merced al influjo 
é« los adelantos y d« las Exposiciones, y al estímulo de la 



ichaa cautas, .que sería prolijo euu- 
los los pueblos aquellos intereses á 
lede afirmarse que son de los prt- 
isecuencia de esto es que los trata- 
tto de preferente stenciÓD en tcdos 
1 unidos á los de otra índole, como 
ad: en el siglo actual, vista su im- 
conciertan separados de todo otro 

lo el Tratado ó acuerdo se celebra 
premo de la Iglesia 7 el représen- 
la concordato y tiene por objeto r^ 
listen entre ambaa potestades con 
i respectÍTOB poderes. 
), por la naturaleza especial de la 
ran de lleno en la esfera del dere- 
lin embargo el Papa, como Jefe de 
atólica, celebrar convenios con los 
libre ejercicio de sus funciones y 
uternacional cuando aquéllos no 

datos no se encuentra hasta el si- 
'oder dé los Pontífices 7 debílita- 
larcas á la Iglesia ocurrieron con- 
itoridades, haciéndose necesarios 
erlas; transigir en cuanto á lo pa- 
recas y fijar bases para el porre- 
ie la importancia de estos Conve- 
lempos en que la política de loa 



Beyes se sobrepaso á la de los Papas y apareció la Idea de los 
Estados soberanos coa igual dereobo en Europa, sin que lax 
rela^iODCB de unos con otros dependiesen de la voluntad del 
Jere de la Iglesia; en ana palabra, después de la Reforma del 
siglo iTi, de la que nos ocuparemos en el" capitulo iv es cuan- 
-do tienen mis importancia los Concordatos. 

No pueden aplicarse á estos, los mismos principios y re- 
glas que á los Tratados internacionalea, pues, por su natura- 
leía, los Concordatos están subordinados al derecho público 
interior de cada país y su duracióu, existencia, etc. depen- 
den de la Constitución de cada Estado^ hasta el punto de que 
«1 adío cambio de Soberanía en una Nación basta para que 
no sean obligatorios los celebrados anteriormente. 

Conocido el objeto de los Concordatos, se comprende que 
por regla general no se celebran más que entre la Santa Sede 
y las Naciones católitas á menos que el bien espiritual ó sal- 
Tación de los pueblos aconseje otra cosa como sucedió con el 
Concordato celebrado por el Papa Pío IX con el Gobierno de 
Rusia (1). 

Loa principales Concordatos celebrados con EspaSa son: 
1." la llamada Concordia de FachmeU celebrada en 1640 con 
*1 Rey Felipe IV para el arreglo del personal de la Nuncia- 
tura, determinando sus facultades y derechos; 2." el de 1737 
-entre Clemente XII y Felipe V relativo á los beneficios ecle- 
siásticos; 3.* el de 1753, entre Renedicto XIV y Fernando VI 
por el que se concedió i los Reyes de EspaBa el derecho de 

<1) Tarquini, Intl. Jut.eedt»,pub. lib. I, cap. i, apéodioa. 
— O^mez Salazar, InaL de Dertc\o Canánieo. lib. i, tit, ii, capi- 
tnlo XII. 



— 5i7 — 

los oliiBpBdog y anobispadoai 4." el 
e Pío IX y la Reiaii Isabel 11 por el 
sposicioDCs relativas á la instnicciÓD 
io del Ministerio eclesiástico y á la 
tas de bienes eclesiásticos, y S.", el 
?ío IX y el fiobierno Español para la 
bienes (i). 

, evitación de Cúncordaton F.npaHolet. 



Mvo, Le droit interualional. — Fiore, 
[ico. — MMUna, Precttám droit de ge m. 
i/§ de douanet et tur lu Irattétde com- 
tho iaternacioJta', f.\Tt. iii. — Watel, 
aMarella, Hittoria de loi tratado». — 
ñonal público de Europa, — Gómez Sa- 
recko Canánieo. 



Cahácter de lah relaciones interkacionalbe i 
gObdad, — Modificaciones <jue sufren á consei 
Criitianisho. — Influencia en sli.as de labC 



1. Lerendo las páginas de la historia antígu 
el carácter político de los pueblos era el aislamii 
no tenían aquéllos más afectos que su patria y, po 
relaciones eran escasas por temor á que el citranj 
arrebatarles su territorio ó quitarles su libertad, 
el saqueo y el derecho de vida y muerte sobre el 
consideraban como aclos lícitos, naciendo tan en 
del desconocí miento de los principios que dan 
igual á todos los hombres. Cada pueblo se creía 
los demás, y de aquí las luchas conlíauas qu 
' unos con otros Los tratados dejaban de cumplirse 
convenía, y si se consideraban inviolables los El 
era más por un sentimiento religioso que por 
derecbu. 

El Oriente teocrático no reconocía más princ 
que su religión, fundándolo y confundiéndolo t< 
dogmas y culto. Los mocarcus, revestidos de un < 



represe uta otes de Dios, impul- 
nicnto. En Israel, vemos que 
puée los Profetas, predicaban á 

lados de los demás hombres. 
is relaciones con los otros pue- 

gnerra; semejaote ejemplo de 
!)hina, y lamliién. aunque no 

no sólo de la falla de recono - 
en todos los hombres, sino dp 
cía creerse á cada pueblo supc- 
i enconlranios confirmada esja 
enirlos brahamanes al mundo, 
puesto, y, por tanto, coüsidc- 
castns, y más aún los eitraji- 
¡xjiiesu Emperador es hijo del 
pcriores á los otros pueblos; y 
ado la igualdad de castas, no 
eer la de todos les hombres. En 
9, se consignan las siguientes 
ido que le colocará sobre todas 
ue te cnsalsarú ; glorificará, y 

hostilidad V de lucha vemoü 
persas, partos y caldeos, y se- 
mblen los griegos para con los 
n bárbarat y consideraban des- 

. exjpuesto, que no ezistieroK 






í 



principios de derecho iaternacional reconocidos en los pue- 
Mos de la anligifedad; pero no por esto se dehe negar que hu- 
biese cierta claBe de relaciones entre ellos, y hasta algunas 
prácticas 7 costumbres respetadas en sus tratos, obedeciendo 
unas y otras, no á la comunidad jurídica, ni al reconoci- 
miento ahsoluto de un derecho, sino á las creencias religio- 
sas en nnos pueblos, á su espíritu comercial en otros, á sus 
ideales de conquista en algunos, y emanadas mis tarde de las 
prescripciones del Derecho romano. 

El pueblo hebreo es el primero que, inspirado en sus prin- 
cipios religiosos, nos presenta algunas disposiciones 7 prác- 
ticas de caridad y justicia para con el eitranjero. David y 
Salomón mantuvieron frecuentes relaciones con los re7es de 
Tiro, Egipto 7 otros, 7 en tiempo de aquellos monarcas 
aumentaron en gran manera las relaciones comerciales de 
Israel. De esta índole fueron las que principalmente sostuvo 
Bai/iUmia con los demás países, efecto del espíritu mercantil 
é industrial de sus habitantes. 

También los indioi estuvieroo en contacto con los demás 
pueblos de la antigüedad y mantuvieron con ellos tratados 
de comercio 7 amistad, encontrándose en la India consig- 
nados ciertos principios humanitarios para con el extranje- 
ro. La le7 dé Hanú prohibe usar armas envenenadas; matar 
al enemigo que se rinde, duerme ó está gravemente herido; 
dañar los árboles frutales, las casas y los. campos cultivados, 
y también molestar á los subditos pacíficos del enemigo, 7 en 
especial á los agricultores. 

En cuanto á los egipcios, sus relacLonts internacionales 
fueron principalmente las que nacen de la guerra. Conae- 



— SI — 
cuentemente celebraron tratados de paz, siendo el mis codo- 
cido, y uno de loa documentos diplomáticas más antiguos, 
«1 que puso fin á la guerra entre Ramaea II (Sesostris) y loa 
keUs, en cuyo tratado se estipuló, no sólo la pai perpetua en- 
tre los contratantes, sino también una aliania contra los ene- 
migos comunes. En él se aseguraba la libertad del comercio- 
y de la industria de las dos nacioups, y contenta acuerdos re- 
lativos á la extradición de criminales y á la emigración. 
Mantuvieron también los Faraones algunas relaciones comer- 
ciales con los otros pueblos, y principalmente en lo relativo 
a la trata de esclavos. Por eso se ven en Egipto, aunque obe- 
deciendo á otras causas y principios que hoy día, los prime— 
ros vestigios de la extraterritorialidad de Occidente. En- 
}fenkratiB, los griegos gozaban de unaautonomía casi com- 
pleta; tenían sus magistrados, podían ejercer libremente su- 
culto, y constituían un pequeño Estado dentro del Egipto, nr 
más ni menos que las concesiones europeas existentes boy dib 
en China y Japón. 

Los fenicios y los cartagineses^ pueblos eminentemente co— 
mt-rciales, hicieron de la fuerza su derecho en las relaciones 
internacionales. Los primeros, nos dice la Historia que fue- 
ron grandes navegantes, y que impulsados por su genio mer- 
i'antíl hicieron atrcTÍdas expediciones marítimas y se engran- 
decieron notablemente, fundando colonias, y extendléndoae- 
por todas partes. También se tiene noticia de que los fenicios 
concertaron tratados con los principes asiáticos y jefeS de las 
íbus árabes, citándose como más conocido el celebrado ]<or 
rám, r«y de Tiro (1001-967 a. de J. C), con d reySalo- 
ón, para afirmar las relaciones con el 0/ir^ nombre que da 



iblos oriei 
ia, 7 tam 

e que por 
)B uu Irati 
. casas á 
s n.erc«ií< 
eliglón, 1< 
■.aí&s, alm 
ilezas á le 
. parages c 
Fué fácil 8 

i&, ai DO i 
ciertos pr 
une ote de 
aismo, laí 
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luB de su 
98 entre s 
1 sometiac 
>hibia dej 
combatee 
1 se refugii 
itar los ji 



I celebr&dc 
M da dorec 
medft aTT] 



33 — 
«n los sacrificios, aun durante la guerra; asimismo se sabe 
que los difereotes pueblos de Grecia celebraron tratados entre 
sí, como el de 1496 (a. de J. C), para el estableeimieoto 
del CoDsejo de los Anñctioaes, y el de 422, aates de la Era 
Cristiana, entre Atenas y Lacedemouia. 

Pero estas reglas, dictadas por el interés común y conve- 
•nidas en los tratados, no tenían aplicación para el extranjero 
ó bárbaro, cuyo territorio devastaban en la guerra, mutilaban 
los cadáveres y se entregaban á toda esp(<cie de actos de pilla- 
je y saqueo. Una cosa semejante ocurría con Iom embajadores: 
Temístoctes fué respetado en Esparta; pero los enviados de 
Darío á Atenas, con ocasión de la primera guerra médica, 
fueron asesinados. 

RomaTUK. — No se separó Boma en sus primeros tiempos 
de las doctrinas é ideas de los demás pueblos de la antigüe- 
dad, y, lo mismo que éstos, negó á los eitraitjeros todo dere- 
cho. El peregriniis no podia invocarla protección de la ley 
romana ni el amparo de los magistrados, sin babérsele con- 
cedido por medio de un tratado. El estado de guerra era su- 
l'uesto á priori con todo extranjero como relación interna- 
cional, y la paz no era resultado sino de un pacto convenido. 
Como consecuencia y no reconociéndose derecho alguno al 
cxlrai^jero, el vencedor podia disponer en absoluto del v<-n- 
cido y de todo lo suyo; las personas quedaban reducidas á 
la esclavitud cuando se les respetaba la vida, y sus bienes 
pasaban al dominio público. Obsérvase, sin embargo, que en 
primeras victorias concedieron los romanos el derecho de 

Jadanfa á los vencidos, pero no por principio mor.il. si do 

tfue necesitaban conquistar ciudadanos y por el espíritu 



mcnlo, y cuyas actas se guurdabao en el templo de Júpiter 
Cnpitoliüo. Explícase que los romanos apelasen ¿una saacióa 
religiosa para garantir las relaciones Jurídicas con los demás 
pueblos, por la carenciade un derecho común reconocido que 
las hiciese efectivas, y por esto mismo se necesitaba para la 
declaración de guerra el dictamen de los feciaies de que ésta 
fra santa, ju.Uam piumqae bellum. 

ContÍQuanda su cúlculo y hábil política, sigue Roma 
otorgando favores á los pueblos que se someten ñ su domi- 
nio, yia extensión que por sus conquistas adquien^ la repú- 
blica 7 las relaciones jurídicas que naturalmente se estable- 
cen de los ciudadanos con los extranjeros, y de éstos entra 
M, dan origen ú la institución del Prm'or peitgrinus, en- 
srgado de atender las reclamaciones de los segundos. 

De esta manera aparece el jus t/ejUium, que no debe con- 
jndirse con el derecho internacional de hoy día, pues son 
6 Índole y naturaleza diversa. En Roma do era aquel un de- - 
echo positivo, sino simplemente una parte del civil aplíca- 
le á los que no eran ciudadanos- romanos; determinaba la 
onducta que debía seguir Roma con respecto á las demás 
laciones en caso de guerra, pero no se entendía por esto que 
os otros pueblos estuviesen obligados á observarlo. El jut 
mfíunt no aigniflcaba un principio aplicable á las relacio- 
les internacionales, tanto más, cuanto que la civilización de 
iqnel tiempo no permitía establecerlo, ni aun comprenderlo. 
li los romanos practicaron ciertas reglas que después han 
a de derecho internacional , fué porque obedecían á sus 
ras. particulares, á sus espeeiaies intereses, y quizá por- 
e se las dictaba el sentimiento instintivo de la justicia» 



e los t: 

.mento 
. aflnn 
dad ui 
ares de 
o eatii 
cías é 
cer. fli 
si géni 
o de i| 

Gicen! 
det lio 

iwra ( 

inflae 
tíguos, 
ipinbi 
ího, ti 
lalquic 

re neja 

¡tciÓD 1 
ncnte 
al. Na 
»a ¿ to 
omoat 



« una creencia que muere (pagu- 
stiaaígmo), eaperamlo ea la duda 
üia. 

aado la igualdad del género hu- 
ios los pueblos, echando por tie- 
enseñando la existencia de un 
1 podor político de las funoionea 
ña, una moral elara y Bublime, 
itr de una manera trasceadeotal 
en las relaciones ínter nacionales, 3 cambiar aquel estado de 
lacha permanente, aquel estado de guerra supuesto á priori 
de que antes hemos hablado, en comunidad de derecho en- 
tre todos los pueblos. 

Pero tan sanos principios y tan santas doctrinas, llega- 
das en momentos de depravación, de supersticiones, de faus- 
ay de molicie, no es extraño que enconlrasea enemigos 
rtecoQciiiablee en los intereses bastardos de los hombres, y 
le aquí las persecuciones que en sus comienzos sufre el cris- 
ianismo. Primero Nerón, por satisfacer á «a pueblo; des- 
més DominíoiaDO y Trajano; más tarde Adriano y Marco 
Lurelio. excitado este último por ios tilósofos; y, finalmen- 
e, Septinaio Severo, Decio y Valeriano, persiguieron á los 
ristianos, á quienes aquellos Emperadores consideraban co- 
no unos nectarios de sociedades secretas peligrosas para la. 
lanquilidad pública. 
A pesar de esta persecución, que duró más do tres siglos, 
'ristianismo se extiende y generaliza en proporción que 
e persigue. Así se llega al reinado de Constantino, quiea 
pues dfl todos los trastornos ponqué había pasado el Impe- 



i hárliar 
a politii 
por cátc 
no, á di 
:p¡os de] 
u tiemí 
dieron, i 
¡ana. cu 
modera' 
le ge ate 
í leyes i 
1 legisla 
ción de 
rte á los 
aún oríg 
liolencÍ! 
lomhres 



las de h 
Jlvieseo 
medio pi 

superit 
imperio 
riamenN 
tiva en 1 
Qte muc 




II nlro de las naciones europpas; predicaban la paz, interve- 
uian como meiliadorea en las desavenencias de las naciones, 

r resolvían como arbitros las cuestiones que se somelisn & sn 
fallo. 7 procuraban que la guerra Tuese menos desastrosa y 
cruel, probibieudu las armas demasiado mortíferas, como 
' los sagitarios y bnlistariox. No reconocía la Iglesia el derecho 
^0 <le conquista, sino por coaversióo ú la fé de los conquistados. 
"^ como nos lo muestra más tarde la bula de Alejandro VI resol- 
'^^viendo la cuestión entre España y Portugal acerca de los 1«- 
^'rritorios descubiertos en el Nuevo Mundo por Cristóbal Colón. 

■ a 3. Constituyendo la cristiandad un gran imperio, á cuya 
i g<.-abexa figura el Papa como jefe de la misma, y habiendo te- 
^^ nido tan decisiva iallueucia en aquellos siglos, como hemos 
P^L apuntado, achacan algunos historiadores y tratadistas de De- 

^recho internacional á errores del Pontificado, la intoleran- 
• cía, ta persecución y el deber cristiano de reprimir la here- 

Íjia y extirpar el error, y sostienen, además, que la teoría del 
Imperio cristiano estaba disconforme en cierto modo con la 
I— * idea internacional, puesto que al exigir la sumisión de las 
t ' naciones cristianas al Papa y al Emperador, se desconocía 
f • la base fundamental de la plena igualdad é independencia 
K «de las naciones. 

H^ Sigue su obra el Pontiticado, y cuando en el siglo xm el 
^H iilaiiú^mo, procedente de España y Siria, amenaza invadir 
^H la Europa, levantan los Papas el espíritu y la fé en los pria- 
^F cipes cristianos, y de todas parles de Occidente acuden sol- 
^^ idos á formar las Cruzadas contra los mahometanos, res- 

■ jndiendo asi á la bula de Alejandro III, exhortándoles á la 
I tierra santa. 



í he rcE 
vos de 1 
tantea a 
le de la 
redicaoi 
ersas ge; 
de rende 
' de la o; 
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.— Caítn 
Madrid 

, Idea» «I 
erfíirf.— O 
, HUtoii 
:nt.—G. : 
Derecho ■■ 
Ilitlorio 



Reforha. — Apamción de la diplomacia,. — Pai dk 
"Westfalia. — Del equilibrio político. 



I. La autoridad del Pontificado, y coa ella el ideal de un 
Imperio teocrático bajo la Bupremacia del Papa y del Empe- 
rador, de todo lo cual hemos hablado al exponer la historia 
de las relaciones internacionales hasta esta época, deeapa- 
reció por el influjo de una multitud de concausas que traje- 
ron nuevas ideas á la vida de los pueblos, dando distinto 
rumbo á la política que hasta entonces habían seguido. 

Lajavención de l^pdlvora en el siglo xiti, la de la im- 
prento en 14S0, la aplicación de la brújula á la navegación 
después, y, por último, el descubrimiento de un nuevo 
mondo por Cristóbal Colón, son hechos que no podían me- 
nos de tener una trascendental importancia en la marcha de 
los pueblos. £1 descubrimiento de Colón trajo consigo que 
■e extendiese por mar el comercio, 7 que, alcanzando una 
iportancia desconocida hasta entonces, cambiase de rumbo 
ircando, no 7a solo el Mediterráneo, sino la inmensidad del 
:éano. La vida intelectual de los pueblos cambia radical- 



- 42 — 
a imprenta^ y 
rolucidn en el 
lércitos. ¿Se p 
n la vida de 1 

podía dejar ¿ 
las relacioDes 
tu de protesta 
e ya informa] 

airado y más 
ente iba hacii 
n el poder ten 
ion de las eos 
i ático de la c< 
oina, que hnti 
iemicristiana, 
ron al rerormí 
rg en 1517, qi 
tida de la gtt 

ios, aparece ei 
ino dice César 
io y de protei 
I una refonna 
-á ocultar esa < 
itas. Italia píi 
encía, como ai 
lia de su cat 
>, en los gabi 
os de los poet 



ÍS — 

1 en el pudcr espiritual, que, 
res, pierdo la coDÍlatiza <le las 
comenzaroQ á levantarse con* 
enérgicas protestas; la política 
la do aquGlloH: las costumlires 
e llegó á traspasar las puertas 
urameole religiosas, dieron por 
resultado la Rerorma del siglo xvi, sirviéndole de poderoso 
auxiliar los descubrimientos antes citados. 

Aparte de Lutero, se destacan ea el cuadro di- la Reforma 
cuatro flgaras principales; Carlos V, su graa adversario; 
Francisco I i quien sus rivalidades con el Emperador hicie- 
ron contribuir, sin quererlo, tal vez, á que la nueva doctrina 
cobrase desde un principio vigor y fuerza; Enrique VIH que, 
después do baberla impugnado, la adoptó, movido de su so- 
berbia 7 de sus vicios, y León X, de quien, acaso pudiera 
«lecirse que si hubiese tenido tanta virtud y austeridad para 
defender la Iglesia.de Jesucristo como aRcióu demostró á las 
letras, á las artes y á los refinamientos del lujo, ya que no 
impedir la rebelión protestante, habría quitado á su iniciador 
uno de sus principales prelestos, esto es, las diaipaciones de 
Roma, 

La cftusa mediata de esta Reforma fué la rivalidad entre 
(lomioicos y agustinos, que disputaban sobre el valor y apli- 
cación de las indulgencias y modo de predicarlas. Aparece 
Uutin Lutero, religioso de la Orden Agustina, encargado de 
stener la polémica con los dominicos, quien, llevado de su 
piritu de critica y de censura para con Italia y el Vatica- 
0, 7 sin dotes de reformador, se lanza con sus errores á una 



revolucida. Predica li 
id& cUsc de gentes, pr 
glesia, al clero la facu 
el ayuno y de las absti 
y de la obediencia á 1 
nta el proUslantismo; 
Papa y el emperador C; 
propósito de_ mantenei 
esta alianza los proles 
fenderse del emperadoi 
Alemania á las que hi 
az de Augsbui^o, por 
la libertad de su cult( 
imara Imperial, y la ce 
idquiridoB durante la ( 
la se extendió principa; 
idinavia y América, y 
¡ste. capitulo, hizo dcea 
supremacía del Papa ; 
;iosa es uno de los ac 
ara la historia de las n 

aparece la idea de lo 
en Europa, y la de qu 
ación á nación no dej 

Iglesia, sino del don 
llar, es decir, el derecl 

lencia de loa principio! 
directamente la Refori 



acida en Italia y coutinuada 
nbiéa del aumento de comu- 
vemos aparecer la diplomacia 
las relaciones de Gobierno & 
scasa estabilidad, paes las na- 
9 regularÍKarlas; pero después 
mtir la necesidad de crear Oo- 
<r primera vez las combinací^ 
causas, unidas al espíritu de 
empresa, que, erecto de los nueyos descubrimientos, se desa- 
rrolló ea aquella época, fueron el origen de las misiones di- 
plomáticas, y de qae se reconociese poco después ei derecbo 
de Legación ó de Embajada. 

Parece ser, según Hefrter, que los Pupas babian ya envia- 
do á los principes francos comisionados permanentes, cono- 
cidos con el nombre de apocrisarii ó responsables; pero las 
misiones diplomáticas, tal como boy las entendemos, no apa- 
recen hasta la pan de'Weatfalia. 

En la Edad Uedia, Italia fué la escuela de la diplomacia, 
y siguiendo las teorías de Hachiavelo, se convirtió en un arte 
informado de bipocrosia, sutileza y espionaje, del que nos dan 
baena prueba los famosos gabinetes negros. 

Italia fué la primera que se ocupó en legislar uceroa^e 
las inmunidades de los ministros, y la primera que enseñó y 
practicó et arte de negociar; Produjo grandes genios de la di- 
plomacia, y estando por aquélla época escasa de ejércitos, 
no veremos en el capítulo siguiente, buscó suplir éstos con 
habilidad de sua negociadores. 
Tuvo después por objeto la diploma'^ia, la vigilancia re- 



is 7 de la política seguida por Ri- 
Hasarioo; política de emaiicipaciÓD 
lo. 

itralia se reconoció la iodependeu- 
1, Holanda y los Griaones, ae arre- 
e las nacioncB europeas, y coDlir- 
Dieta de Augsburgo en cuanto á la 
Imperio, con igualdad de derechos. 
, haciendo, además, extensivo este 
Por último, se acordó también en 
u de los bienes eclesiásticas con oli- 
jeto de indemnizar á los príncipes, y se constituyó el Impe- 
rio, dando por resultado regularizar mejor la Confederación 
germánica y precisar más sus derechos. 

Este tratado fué el término de las calamitosas guerras que 
dorante tantos años habían fijado la atención de los monar- 
cas europeos, consumido gran parte de sus tesoros, y dado 
lugar á que el odio, que la envidia habia engendrado contra 
Espifa, siguiese desmoronando su poderosii monarquía, 
siempre rodeada de implacables enemigos más ó menos de- 
clarados. 

4. Veamos ahora las consecuencias de la paz de West- 
Kklía. Rota la unidad política con la declaración de indepen- 
dencia de las provincias unidas de los Países Rajos y de los- 
Cantones Suizos; reconocidas la religión católica y las con- 
fesiones luterana y calvinista; proclamada la libertad de cul- 
i y también la independencia y propia autonomía de los 
<tadoa, terminaban las luchas religiosas; pero se echaban 
a bases para las que más tarde habían de sostener los pue- 



- 49 — 
Potencias ae las ve intcrvi-aír contra el poder colosal de Es- 
paña, cuando ésta amenaza ahsorverlo todo bajo su domina- 
ción. Kota la pai por Luís XIV, encioadense nuevas guerras 
en Europa para dar motivo á nuevas inlervinciones. — En- 
tendemos que todas ellas, aparte de la mayor ó menor Juati- 
flcación que pudiesen tener, por loa hechos, no estaban con- 
formes con el principio reconocido de auíonomia. Al derecho 
internacional toca decir si es ó uo justa la intervención. 

Pero, aparte de esto, el equilibrio no consiguió su propó- 
sito; era éste mantener la paz, y la pai fué alterada bien 
pronto, precisamente por mantener aquel equilibrio. Las. 
guerras de los siglos xvii y xviii, originadas por la neceudad 
de disminuir la preponderancia de udo ú otro pueblo son 
prueba del resaltado que produjo la teoría de la balanza po- 
lítica. Todo lo que podía turbarla daba pretexto á Ínter- 
Tenciones, guerras y alianzas, y el más fuerte fué siempre el 
que decidió cómo debía entenderse el equilibrio- Primero 
babía suscitado Austria la desconfianza de las naciones; des- 
pués, y bajo el reinado de Luis XIV, Francia dio motivo con 
ugrandecimientoá guerras sangrientas; luego ofreció nue- 
[trelPTto la sucesión A la corona de España al morir Car- 
II (1) y, fiDalmente, los repartos de la Polonia en 1777 y 
3, las inlervencionea de Prusia en Holanda por aquella 
ca y la de la triple alianza (lufclaterra, Prusia y Holanda) 
Bélgica, en 1790, dieron muestra de los resultados que 
dojo el querer mantener el equilibrio de las fuerzas, 
a teoría de este equilibrio se aplicó también á la riqueza 



m 



HacanUy, Tm guerra de twetaióa en tiempo de Felipe V. '^.•'jy 

m 



IOS DB lTA.UA, EN BL SI- 

¡TENSIONES DE España r 
TALiA. --LucnAs HE Fer- 
ni V Luis XII BK Fran- 

I.K r.UVNAl.A. 



üiuiitu fie la i^ivilizacióu 
exn lie Eurojia. y era el 
o las li'lrit». ([ue, iirote- 
ii'xu. scilil'üii^líaii |i<>r los 
itr i|iic Tuese Italia euvi- 
a umhici'ia dp poderosos 

criin las IVpjn'iIiIkas il- 
c Ñapóles, el itucacli) de 
II qui- hubiese oLr»i, si 
derados, que conviene 
uoDciaque ejereiiTun en 

la fíeneral de Eiirupa, y 
de l'arma. Lapolttícaea 
año; pulilica iiiaqulavé' 
la (fiie \ii hemos l<>iiidi> 



mee 



lom 
andi 
to d 
idaij 
Uarl 



[>Qti: 



lia. Ocupaba la silla aiioslólica 
;ado la posteridad con caei tan 
1 haciendo la parle de aua con- 
nsiderarse como representante 
corruptora del gobierno de la 
a. 

Milán aparece gobernado por 
: lie su sobrino Juan Galeazo, 
poles. Ludovico tenia la ambi- 
i Milane^ado y esperaba couse- 
neroso de que los astados veci- 
es y Florencia, tratasen de 
icas ideas del joven Carlos VIII 
Bundo, excitándole á que prin- 
las pretensiones de la casa de 
mo base para la conquista de 

de muy escasa instrucción y 
) y pretencioso, vio un camino 
nadas conquistas, y no titubeó 
mentó de las pretensiones por 
r el reino de Ñapóles; pero en- 
36 vril en guerra con Inglate- 
ido consagrar todí. ^ sus fuerzas 
ledío de hacer la paz con aque- 
aco-Condado y el Artois, que 
or, y de 620.000 escudos de oro 
ra. dando también á Fernando 
:ellón. ¡Corel tratado de Barce- 
lara i|uc no lo estorbase en su 



rmpreáu coQlra loü luruon; cun 
lii rracaaez di; su inteligencia, q 
<|iiiitiér¡ca Pinprcsa V.i ri-»li(lá< 

E£])a7ía Ho poilia ailmilir \ü> 
lin> Nájiolsa, [ior pBrlfini'CLT flsti 
goii, y ser además Teinlo de la I( 
tra icieiáD y era iioderosa por 
ileacuhrimiento del Nufvo Muní 
to di-M)iicn goliierno di- los Ri'3 
de Cfirlos VIH, sp ofreció ;í Fe 
di- mantener viclorioso un ILal 
haJiia luehndo rontra el islami 
liempo los reinos de Ñapóles y E 

Eu 14H3 comenzó Carlos de 
4'x|ii?diciüu ¡\ llalla, qui; intcnti 
piro :iQtes de ponerse en marct 
iiiiii uotiricación de ¡íus planes, 
prender la guerra contra los luí 
reino de Xápoles. en ciiyaü em| 
de Itarcelona, cspiTaba que le n 
los y dinero y que le abriese lí 

Las respuestas á esta notilí 
vioiiea que por el mismo tienii' 
dro VI, para convencerle de la 
;í Alfonso de Ñapóles, se defei 
francesa, en lo cual le prestan 
la |M>se8ión de bus lerritorios, ; 
que también sifruió con Austri 



Mii/iu, para formar la Liyn Santa, ciiondo yrv Carlos VIl[ ha- 
bía entrado en Ñapóles, cooritituycD una página brillanlisiinii 
de la diplomacia española ^n aquella época. 

Don Alonso de Silva, Embajador de Fernando el Católico 
en la Corte de Francia, encargado de contestar ¿ la notilics- 
oióu y petición de auxilios hecha por Carlos VIII, supo res- 
Itonder con habilidad y energía al monarca fraocés, demos- 
Irando la injusticia de intentar la conquistA de Ñápales y el 
lieivcho que para defender al monarca napolitano teniaen todo 
casi> su s<>ñor, quien por otra parte, se sometería desde luego 
■A un fallo arbitral sobre este punto, sin que estuviese obli- 
gado á nada por el tratado de Barcelona; pues precisamenti- 
el ri'ino de Ñapóles, por ser feudo de la Iglesia, oslaba exce|i- 
luado de laa disposiciones de aquel convenio. 

Muerto Fernando I de Ñapóles, habíale sucedido en el 
trono sn hijo Alfonso II, odiado como su padre por el pueblo. 
Pusiéronse de su parte en contra del francés Alejandro V[. .i 
instancias del Rey de España, y la República de Florencia; 
Ludovico Sforza se declaró á favor de Carlos VIH, y Venecia 
adoptó una actitud indecisa en espera de los acontccimieD- 
to!<, por si de ellos podía sacar algún fruto. Este era el estado 
Ap cosas cuando Francia empezó su rápida campaña por Ita- 
lia (Agosto de 1494.) Pero ¿qiic extraño es que en poco 
tiempo llegase Carlos hasta Roma? Francia contaha no solo 
con UQ ejército numeroso, sino hien organizado, excelente 
artillería, la mejor de Europa en aquella época, mientra^ 
<; los Estados italianos halnan olvidado, con la falta di- 
has, el arte de la guerra para dedicarse á las de la paz. Y 
;odo esto facilitaba la empresa de Garlos VIII, otras razo> 



al¡za< 
1 el 
lyorj 
de ): 
evan 
timo 
Igun; 
ilo á 



le DI 
D. A 

Lesist 



■or III 
iGal 



empl 
ebrer 



-Bi- 
ll, Duque de Calabria, en quien 
padre Alfonso, al Ter inevitable 
la territorio. 

había esperado hasta ol último 
t todos los medios imaginables 
con Carlos VIH; pero en vista de 
isesiÓQ del trono de Ñapóles, ha- 
wrador, furmó la Liga Sania con 
itepública de Venecia, acreditán- 
3S embajadores Juan Deza, Ita- 
ración á Ludovico el Moro, que 
o hasta eotonces la empresa de 
Garcilaso de la Vega, en Roma, 

VI formase parle de la ííyoj i 
por aquel Pontífice con Carlos, y 
icidicndo á Venecia á ponerse de 

) firmado en 149j, formando la 
«ion de los dominios y derechos 
tipalmente de la Santa Sede; que 
una las Tuerzas que tenia prepa- 
cr en el trono de Ñapóles á su 
iuarenla galeras venecianas ata- 
fraiicescs en las costas napolita- 
les arrojaría de Asti, y cerraría 
Qpedir la entrada de nuevos re- 
emperador Maximiliano y el Rey 
is fronteras francesas. 
: ante esta alianza, y después de 



inteatar sin rcsullado atra«^rtie ¡ti I 
^r'guir qup Luis el de Milán se sepj 
n Francia, dejando en Ñapóles h 
mando del virrey Cuque de Montpe 
tuvo la luclin con los aliado». El 
Córdoba mandaba las tropas españc 
cílíanas, marchando de acuerda ur 
nes militares. 

La acción de ésta» fué dirigida 
laliria. y <'n los primeros encuenl 
fonquistando algunas ciudades; pe 
una derrota las armas siciliano-es] 
de Fernando, que no quiso seguir 1 
pí<áD. Vuelve Fnrnando á Sicilia, ; 
poles, donde los napolitanos degoU 
ceses que iban ;i impedir el desemb 
le recibieron con aclamaciones de j 
ba. acreditando su pericia militar, 
ciudades de la Calabria (liHfi) y de; 
los franceses c italianos a ngcr i nos. 
das de nufvo las tropas de Gonzalo d 
de Ñapóles, sitiaron en Alella al Di 
ejército, viéndose éste obligado á ci 
estas conquistas y nuevas glorias de i 
laliria, y con haber recobradoeste ca 
ra el Papa, puede decirse que termir 
y españoles en aquella parte de Ital 
año muere el joven monarca Ferna 
dolc. por aclamación del pueblo, > 



iñu lialiiaii ttiiiido alfíunof eu- 
>n las oíipañolaM, al mando és- 
ordÓKC una tregua, basu de \¡i 
■s Católicos y Luis XII. Du- 

Cárlos VIII en el trono d'> 
iiirridaen 1198. 
La paz í^e ajustó al íia por '■! 

confederación y alianza, en- 
de Castilla y ;Vragón, de una 
ancia, de otra, ñrmado en el 
erca de Mareous3Ís (I), el ii de 
s monarcas francés y español 
is territorios contra cualquier 

hecha del Papa, y estípula- 
clarase guerra al de los roma- 
gal ó Navarra, ó al Arcliidu- 
yudar á éstos, pero scilamenlc 

i habían sido las pretensiones 
algunos Estados italianos, nn 
su sucesor Luis XII, de quien 
oviles aun más bastardos para 
ipoles. Nada se había pactado 
indo el Católico rn el Tratado 
hubo de ser causa de nuevas 



rancia, departamento de Seín 



— m — 

A^lguiios pincipeR de Italia, que odiaban á Ludovico Sfor- 
za, y deseubau su ruina, alentaron á Luis XII para que em- 
prendiese la campaña de Milán. Por otra parte, el Pontífi- 
ce Alejandro, deseando satisfacer su amor propio y llevado 
di'l resenlimienlo que con D. Fadrique tenia, por no haber 
querido éste dar su hija en matrimonio al cardenal César 
Itorgia (1), quien, renuncinndu á la Iglesia, pensaba poresle 
medio llegar á ser Iley de Mpole«, incitaba también al mo- 
n:irca francés para que se apoderase de ese reino. Siáealas 
causas se uoe que Luis Xll solicitaba por entonces de la 
Santa Sede el divorcio con su esposa Juana, y las promesas 
que hacia al Papa de dar á su hijo César una princesa en 
matrimonio, se comprende que fácilmente se entendiesen uno 
y otro; y no lardó el francés en emprender, á imitación de 
Carlos VIH, una nueva expedición por Italia con el propósilo 
de coaquistar el Milanesado y Ñapóles. 

No tenia Ludovico el Moro un solo principe italiano de 
su parle, y basta su mismo pueblo le aborrecia; no había de 
SCI-, por tanto, empresa difícil para Luis XII la conquista de 
Milán, y así sucedió que en poco tiempo se hizo dueño de esto 
reino y entró en la capital, siendo recibido con agrado por el 
pueblo. Ludovico huyó á Alemania, recorriendo después la 
Suiza para rcciutar soldados y marchar sobre los franceses, 
quienes, entre tanto, cometían en Italia do pocos desmanes, 
irritando á l«s principes y á la nobleza, que volvieron otra 
vez sus ojos i Ludovico. ¡Triste situación la de aquellas Es- 



ll) Eate t'ardenal era hijo del Papa Alejandro VI. 



, otra mano sin saber que domi- 
ijera ó la de sus príncipes! 
[>r los franceses y hecho prisio- 
•n la^ cárceles de Loches, 
ntecimientos la actitud de Fer- 

9 había dicho ea el Tratado de 
6S, y por tacto, tenía el español 
pedir la conquista de aquel reino 
había tenido en líentpo de Car- 
mciado sus derechos que, como 
>nso V. tenia ¿ aquel trono, no 
)n por un monarca de FraDciu. 
5l rey Fernamlo, como execlente 

convenía enlahlnr nueva lucha 
)rfcisameDte en ocasión en que 
, apoyado por la mayor parte de 

10 ahora los mismos recursos de 
1 Carlos Vin. Todo fué inútil; 
án, se disponía á marchar sobre 
I tomar Fernando? Su habilidad 
sta y no en las armas una aolu- 
ido al Rey de Francia el re^iarto 
ironas española y francesa, pro- 
tar Luis XII, confederándose con 

Como quiera qiie por entonces 
mado en su auxilio á los turcos 
lión francesa, valiéronse de este 
para despojar del trono á D. Fa- 
0, el tratado de repartición del 



lo r 
con 
truzz 

i Um 



tzonii 
Bido 
dP! F 

hos ii 



. los españoles hubieran sMo derro- 
el rey D. Fernando, ^ll^;oó con el 
olycióa política más vi-iilujos». 
¡)rodujo entre Francia v EspaSa la 
liabía querido evitarse, es cuestión 
i prever. En suma, el reparto Tué un 
idrique; pero estaba Juslilicado por 
dlico, por la fuerza de las circuns- 
; la época >' por la provocación qui- 
trándose de Niipoles y amenaKBiuto 
la r.uroua df Bsp.iña. 



ktjiftute, Hia'oriade i.'í/jaií'í.— Zurita, 
-C.Ciintü,/fi»í»»rí«í/nít'er«ií,lib.XiV. 
ijjoít.— De la Vigne, HUtoire'dt Chnr- 
■ia de lo» Reye* Cu ítaícM.— Filón, /íi"«- 
.Yr/.—J.Dnmont, Corp. v.üvered di- 
u, Amaterdam, 1T2T, t. iii,part. ii. — 
dii de Trillado», 1. 1. 



ÜSPARa con motivo de la DIVISIÓN' 

— Tratados de Lyon y Blois. 



litiilo anterior de qué maaera se 
ada, el reparto del Reino de Ná- 
lico y el Rey de Francia. LuisXII. 
lar las. coQBecuencius de aquél en 
marcas. En cumplimiento de lo 
n acciÜD sus respectivos ejércitos 

do Ñapóles, quien en esta oca- 
rdoba lus mayores pruebas de ca- 

Capitán recibido de D. Fadrique 
ervicios que le prestó en las an- 
iceses, y al verse ahora obligado 
pojarle de sus Estados, le devol- 
s le había coDcedido; pero el Bey 

generosidad y nobleza poco co- 
que DO sólo no revocaba lashoa- 
lino que tas acrecentaría si pú- 
nela se fueron entregando las di- 



án Ñapóles, y su monaroa 'ic^ retiró á 
XII le itió el ducado de Adjou 7 sus 

ido de Granada, se tialna omitido resol- 
intes punios referente» al reparto, y sp 
efícienciaB relativas á los limites que, 

1 pacto, habían da ser germen de dis- 
atantes. Las tres provincias, el Princi- 

la Baailicata, no habían sido adjudica- 
zimo de los contratantes, y Luis XII se 
larlas para si. al propio tiempo que sus 

los limites 7 ocupaban territorios per- 
, dando motivo de esta mauera á que 
esen las hostiliilades entre franceses y 
italiano. Seguía al mando de nuestras 
tados el Gran Capitán Gonzalo de Cdr- 
lúmero ni por su equipo y armamento 
o en condiciones de hacer Trente, con 
to, al francés, que era muy superior en 
rontar en sus lilas muchos soldados ita- 
íonzalo de Córdoba la situación en que 
) su plan desde entonces se redujo á ga- 

llegasen recursos y nuevas fuerzas de 
iferencias con los principales caudillos 
tuvo con desafioa parciales de los solda- 
mpo, hasta que el Duque de Nemours, 
és, decidió tomar la plaza de Canosa y 
Resistió con bcroismo en la primera Fe- 
oporfínquecapilularyentregarla(ií>02). 



eses hacíala seguuda, en cuyoa campos 
lo de Córdoba con escaramuzas 7 corre- 
>ara que Uegagen los refuerzos esperados; 
1 T.epia, y la siluncióu era cada vez más 
ndiendo el desaliento entre los soldados 
lico, sin que losesfuerzosy serenidad de 
atante para levantar los ánimos. Hasta 
guíente consiguió Gonzalo mantener ex- 
! en los dos ejércitos; pero comenzado ya 
diendo el de Nemours las tretas del Ca- 
á los mismos muros de la plaza de Bar- 
lia á sus defcnson's. No respondió Gon- 
lodo se retiraban los franceses á ocupar 
)ne3, loa ataró, lanzando sobre la rcta- 
lerzas de caballería con que contaba, y 
cqueña escaramuza ;i la \ez que las Iro- 
icaban los flancos del enemigo, dio por 
: completamente, olitcniondo la victoria 
I prisioneros. Al propio tiempo, laciudml 
itregaba á lofi españoles, y la escuadra de 
» derrotaba á la francesa en Otranto, Lle- 
tcrzos que se esperaban, y alentados los 
riunrus, y provistos ya de equipos y mu- 
1 sobre la plaza de Ruto, que fué heróiea- 
r el comandante francés Seigneiir de La 
. al fin ante el formidable empuje de la»^ 
aumentadas éstas con 2.000 soldadas ale- 
lí Gran Capílún la marcbü al encuentro 
dolo en las iumediarioncs de Cerignola, 



io tomar buenas poaícione.s y pr»- 
tucba, haciendo ur parapeto de 
i, que contribuyó no poco á la 

ftancesas eran casi igualea; Ua 

a expectativa, mientras los Cran- 

r la batalla aquella tarde, (20 d« 

i muy avanzaila, ó sí esperarían 

la opinión contraria del general. 

'ron los caudillos Franceses ata- 

'anzñ Nemours con la cahallen'a, 

apelo, donde perdió I'i vida, eon 

imeroBas bajas jiroilujo el tal ar- 

1 defendió á loa españoles, quie- 

ión que se produjo en luü tilas 

Traucesas, Trnuquearon la linc^, y ilieron el aloque deci- 

:)ivo, que hizo poner en precipitada fiiíra á los soldailos de 

Luis Xlí, quedando la victoria por Uunzalo de. Córdoba. 

i. Tratados ele Li/on. — Mientras los an;eriores sucesos 

■icnrrían en Italia, no menos importantes ueouteeiiuicntos, 

aunque de otro'gí-níiro, tenían lugar en España y Francia, 

ialluyendo DOtablemcnle eu el curso de las negociariones 

pendientes entre uno y otro monarca. Había entrado en la 

Tamilia real española, por matrimoDio con la princcoa doíía 

Jnana, bija de los reyes Católicos, un principe de la Cosu 

de Austria, el archiduque hijo del emperador, conocido er. 

i.-;|ra historia por Felipe el Hermoso, quien siendo iriuy 

Dante de la Francia, amigo y adicto de Luís Xll, quiso po- 

er término á las disidencias entre anib:.B nacioucs. fir- 



aar aqi 
indo e 
iiientrt 

acusa 
>ozalo 
:an la 

ú Frai 
lie csle 
;ter lij 
i. Uuo 
los esl 
;i;ióneÉ 
.1 Luis 
itrihuc 
ü pria 
irnanil 

iban ; 
imbiéii 

nlenes 
>; órdei 



ia fraii 
exprés 
menta 



Dqne bo los hubiere teaido, su 
correcto. 

ido entre Felipe el Hermmo y 
natrimonio del joven Carlos de 
on la princesa Claudia, hija del 
reino de Ñapóles, y mientras lle- 
>nserTarlan: el monarca Tronces, 
aquel Estado, y el archiduque 
rey Fernando de Aragón, como 
letidos esposos. Todas las plazas 
ina.ú otra parte debían restituir- 
respecto á la provincia de la Ga- 
arte que los franceses poseían si; 
Ldo lie) rey Luis, y la española 
ipe á nombre de don Fernaado- 
lerignols, continuáronlos Iriun- 
',u Calabria fué derrotado el fa- 
ibigny; las ciudades de Canosa, 
aron en rendirse; y por líltimo, 
Ñapóles, en cuya ciudad entró 
nhonoresreales.(l6mayo 1503). 
Lichas que había producido aquel 
de Ñapóles, manzana de la dia- 
na, oi cesaron aquí las contí- 
ido origen los ai»etectdos Estado^í 
pequeños y dóbiles, eran, desde 
por parte de las monarquías po- 
aaos no hubiesen vivido en ri- 
uerdo entre los soberauos v sus 



— 70 — 
O, la necesidi 
es hubiera, qi 
bieraii compí 
ircCj y se hubi 
ss y trastoruo 
prÍDcipio el ;< 

dances del 
nio firmado c 

más aún, al 
liecho y maDÍ 
obrado coDtre 
i nueva lucha 
10 el fin do la 
,eblo francés 
I Gonzalo do 
dir sus arma! 
itra vez ocasii 
nfos. 

Totado en Cei 
kndes reruerzc 

Tremouille, 
1 cediéndole ei 
molas, muy i 
n el primer i 
rzos de Espai 
in el enemigí 
pitan y toma 
i Bocaseca, á 
élebre batallt 



— 71 — 

ando QDevameDte d« gloria á Gou- 
ropas españolas, y tenninaado cou 
e plaza de Gaeta (30 de Diciembre; 
Itíó á Ñapóles el Oran Capitáo á re- 
ooger los lauros tan liiea ganados, no sólo por su valor per- 
Mtaal, sino por au prestigio y pericia en el arte de la guerra, 
y tambiéa por sus dotes de experto político y hábil diplomá- 
tico. 

Al tiempo que eu Italia obtenían nuestras armas estos 
trÍDufos, en España rechazaban los dos cuerpos de ejército 
rraucés que por el valle del Ruucal y por el Rosellón, había 
enviado Luis XU para lavar la ofensa que, según decía, se 
hixo á Francia no cumpliendo las estipulaciones acordadas 
i^oQ Felipe eí Hermoso- 

Fácil es comprender el efecto que en aquella nación pro- 
dujo la noticia de tanto desastre y la situación en que se veiu 
Luiti con sus ejérciloü desorganizados, gastadas cuantiosas 
cuntas, perdida su participación al reino de Ñapóles, amena- 
zado el mismo Milán, y todo esto sin una sola vLcloria que 
poder relatar en prestigio de su ejército, cuyos soldados su- 
frieron toda la ira de 8u monarca, no dejándoles volver á 
Francia, y viéndose indefensos y atropellados por los Italia- 
oo!j, que encontraban buena ocasión de vengarlos desmanes 
que con ellos habían cometido en sus invasiones. 

Comprendiendo bien las circunstancias Luís XH, en- 
tabló de nuevo negociaciones con el rey español, ajustándose 
al fin el tratado de Lyón entre ambos monarcas, firmado 
en li de Febrero de 1ÍS04, y ratificado por Fernando el Ca- 
tólico en Santa Haría de la Mejorada, á 31 de Marzo del mis- 



ilrc í 

Náp' 

y e 

do di 
■ella 
srej 
deN 
idie 
pi>d 



iclan 

eiian 



espo 
mole 
adoi 
ibreí 
lada 
arag 
Max 
ia p 



auto, muy buen aspecto loíi 
a reÍDft Isabel. El rey do 
arecia prepararse para ioten- 
,ia; los Estados españolea en 
smadoR con Gonzalo de Cór- 
o á los ojos de Fernando por 
intraer. Por otra parte, dia- 
iña con las disposiciones del 
trábansft partidarios del ar- 
rada la incapacidad de dona 
circunstancias á crear una 
o que, comprendiéndolo asi, 
bnscó, recurriendo una vez más A su habilidosa política, un 
medio de asegurar el poder que legítimamente poseía y .que 
ea aquellos momentos aparecía amenazado. 

La solución fué el IraíaJo de Blois con Luis XIl, á quirn 
descartaba asi de la alianza con Felipe el Hermoso, atrayén- 
doselo á su partido y encontrando en él un poderoso auxíltnr 
para hacer frente á los enemigos de su causa. 

El monje Fr. Juan de Enguera Tué el embajador secn-to 
de Fernando para hacer á Luis XlI las proposiciones venta- 
josas para este monarca, que se consignaron en el Irataiio 
firmado en Bloh el 12 de Octubre de 1505^ y cuyas disposi- 
ciones principales fueron las siguientes: Se concertaba el 
matrimonio entre don Fernando el Católico y la sobrina de 
T.iiis XI!, Germana de Foix; el monarca francés daba en dotp 
su sobrina la parte que le correspondía del reino de Nápo- 
9, coa arreglo at tratado de repartición, juntamente con el 
ÍDO de Jerus&lén. á condición de que, si moría sin tener 



OCASIÓN I 
S ENTRE ESPAÍÍA V PuRTUtiAL.' 



la historia del descubrimiento 
también íbs viajes de Cmtóbal 
gamos aquí á examinar uiio y 
istudiarse on las diferentes obras, 
las, que sobre este interesante y 
publicado. 

oioffdiclio la importancia nao el 
tuvo para España en sus relacío- 
>lo para nuestra patria, sino pa- 
r tanto, que lijemos ahora nues- 
laB cuestiones del programa, es 
pt^a 7 de Portugal por aquella 
«s que por entonces se siguieron 
motivo del descubrimiento de 

Kpuesto en los capítulos anterio- 
[ gobierno de los reyes Católicoa 



— Te- 
sta de Granada, primero y con las gloriosas 
talia después. Interior y ex te nórmente mama 
na época de progreso y adelanto en nuestra 
, no soló al talento y grandeza de, miras Ac 
reas, sino también ú la solicitud y preferente 
ledicaron á la orgauización y prosperidad del 
do las distintas ramas del saber humano, y 
a habilidad política coa que supieron dirigir 
exteriores. 

r instrucción de la reina Isabel y el excepcio- 
Fernando, inspiraron las sabias leyes que se | 
({uella época sobre todos los ramos de ta ad- 
y encaminaron todos sus actos al desarrollo \ 
y de las letras, adoptando el nuevo invenlo 
y estimulando el trabajo y el estudio. Hicie- 
;formas y adelantos en el arle militar, y le- 
teto grande á la Santa Sede, supieron con ex- 
aantener la conveniente divisii^D entre las 
siástica y civil. Fué, en suma, el de los reyes 
einado de progreso y civilización en EspaÜa. 
!sto los celos y envidia de los demás Estados 
I es, pues, de extrañar que los proyectos quR 
s se consideraron como locuras ó ilusiones, 
la y protección en la Corte de Castilla, 
en el trono Isabel la Católica á su hermano 
monarca portugués Alfonso V, que había ce- 
cales con su sobrina la princesa Juana, lir 
lamo los derechos de ésta, como heredera de 
á aquella corona; pero proclamada ya en 



J 



í 



Á 



_ 77 — 

Ste reino al de Aragón, por el ma- 
1 con Fernando V, eslatió la guerra 
, en la que salieron vencedoras las 
jiie puso término el Iralado do 1479 
lunció los derechos de doña Ju^na 

il Colón, antes de venir á España, 
o por aifuella época de la iiLÍulica y 
ztfTCias marítimas. Conlintiamen- 
portugueses, como lo prueban lus 
re ellos y los espaaolcs se suscita- 
dlo á la posi-sióu >- comercio de lii 
lañarlas, cuestiones i|ue TueroQ re- 
iiel tralado de n7!t, cu el cual se 
de tralicar \ descubrir en la costa 
edaria cxclusivamenic reservado á 
kics en camliiü renunciarían todas 
Canarias en favor de la corona de 

in los adelantos de Torlugal, donde 
io á la navegación, y la protectora 
i á tos marinos en aijuel reino. >'o 
le consiilerast; como el más á pro- 
itado su proyecto de buscar un ca- 
Indias. Pero recliazada su idea en 
Énóva, vino á España, donde hubu 
da por parte de los reyes Isabel y 
on su protección la gigantesca em- 



-79 — 

onceB Ib silla pontificia, accmliii 
los monarcas espuñoles y publicó 
93, por la que len coofirmalia cu 
ses por ellos descubierlos, ñ que 
!□ el Océano Ucciiiental con tan 
ionales como los que antes sehu- 
] de Portugal. 

'echada en et sif^uiente día (4 ilf 
iÓD los derechos de la Corona de 
icrtas, y declaró que i^n su calidait 
de Soberano Pontífice «concedía al rey Fernando y á la reina 
nlsabel y ú sus surpsores en los tronos de Castilla y Aragón, 
■todas las tierras descnbiertas ó que se descubriesen al Occi- 
ndente de una linea que trazó en la carta geográfica del polo 
*árlico al antartico, á cien leguas al Oeste de las Azores y de 
■Cabo Verden (1) que no era ni más ni menos que la linrii 
magné tira observada por Colón, que decía que, al pasarbí, 
la aguja dirigida al Nordeste se inclinaba hacia el Noroeste. 
La misma Bula otorgaba á los reyes de Espaüa el dominio 
lie dícbot territorios, á no ser que hubiesen sido ocupados 
por otro principe cristiano antes del día de Navidad del año 
1492. Hacia reserva también de las conquistas hechas ya por 
loe portugueses ó por otros soberanos de Europa. 

Por ultimo, á fines del mismo aSo 1493 el Papa confirmó 
por una tercera Bula las disposiciones de las dos anteriores, 

(t) Omnt» iimulai el Urra* firmas, inventa» tt inveniendat, 
iectut et dtteyendas, vcrsiiioceidentemtt meridiem, fabricando 
conslitiieiido imam liiieam d Pilo árctico, acUicet septentrione, 
t potum antarelieiiiit, svilicet merídiem. 



Motivos de rivalidad enids Carlos Vy FranciscoJI. — Pri- 
mera GUERBA. — Tratado de Madrid db 152!í.^Incumpu- 

MIENTO DEL MlSlfO POR PARTE DE FRANCISCO I. — NUEVA LU- 
CHA. — Tratado de Caubray. 



1. Al morir Felipe el Hermoso, poco tiempo | después de 
ocupar el trono castellano (IS06-t907), vuelve á subir á él 
como regente Fernando el Católico, conquistando y uniendo 
entonces la corona de Navarra á las de Castilla y Aragón. De- 
jó Fernando por heredero á su nieto Carlos, hijo de doüa Juana 
y de Felipe, y dio comienzo la dominación austríaca en E&- 
pa3a con este monarca, soberano de tantos Estados. Lleg<i & 
soSar aquella monarquía universal & que nos hemos referido, 
al tratar del equilibrio político, que hizo temblar todos los 
pueblos de Europa, y cuyo poderío en aquellos momentos de 
metamorfosis 7 de convulsión política, en que se iniciaba un 
cambio que babía de producir el tránsito de la Edad Media á 
'a Moderna en la historia, marcaba por sí solo una época con 
.ístinto colorido, con fase diferente de las anteriores. A los 
lempos gueiteroB de la Edad Antigua hablan sucedido los 
icl dominio de la Iglesia, que en este reinado babia de cam- 



— 84 - 
b1 absolutigino de los e 
Lbertades acluales. Este es el pan 
historia, serie de mutaciones debí 
DS inventos, á las circunstancias 
, 7 á otras muchas causas que en 
is, pero que producen siempre un e 
:antesca personalidad política de I 
de la no menos grande, bajo los di 
ítico, de Carlos I en Esp^a 7 ^ 
ría, después de haber influido pod 
aado en Europa, siguió inspiran 
)Iítica de Felipe 11, desde su aps 
aña había llegado bajo los reyeí 
la grandeza; porque completada la 
conquista de Granada, 7 la incorf 
nchados los limites de la patria ci 
ilizados en el Nuevo Mundo, asee 
onde las armas y la diplomacia e 
jr tres veces los ejércitos del re7 1 
orona de Ñapóles á la de Castilla, 
atos hechos, los más salientes del 
lieos, llevaban á España ú su a; 
en Italia dejaban el germen de 
Francisco I. 

diosa herencia que el primero reci 
ico al venir al trono de España, (1 
ios más tarde con el Imperio alem 
paterno Maximiliano. Era, por 
astilla, Aragón 7 Valencia, del co 



-einos de Navarra, Ñapóles, Sict- 
nériea y parte de Arrlca; del Im^- 
riantia, de la Carniola, del Tirol, 
idemás heredó de su abuela Ha" 
te de los Países Bajos y del Frao- 
i era dueño Carlos de los más 
adeza de sus Estados iionia ea pe- 

iximiUaao, y siendo electivo el 
como candidato al trono, ategan- 
difunto HaximiltaDO. Presentóse 
corona Francisco I, con peores 
isiasmo, y valiéndose de todos 
nspíracióD. También hizo Enri- 
ito de tomar parte on la contien- 
^)nto de que no tendría éxito su 
iodo parcial en la lucha. De esta 
1 entre Carlos V y Francisco I, 
a apagarla el tratado de Noym, 
lol6, por el que se concertaba el 
', España con una hija del rey de 
ad, y que falleció al poco tiempo 

{uel los Cantones suizos, y Vene- 
?apa, comprendiendo el peligro 
36 tanto á uno como á otro pre- 
se eligiese uno de los principes 
hicieron los electores en la Dieta 
de Junio de 1319, nombrando al 



S^onia. Renunció eete el nombramiento, indi 
lae, en su coocepto, era Carlos el llamado i o 
por ser Príncipe del Imperio por bus Estados ti 
.a Dieta, siguiendo la IndicaciÓD del duque de 
^lamó emperador á aquel el 28 del mismo mes ; 
I tanto en España, donde y& no había sido re 
m mucho agrado para ocupar el trono de Fer 
co, se levaotaban nuevas protestas contra é 
lUrado al cardenal Cianeros la conñanza q 
i dispensó, y también porque su carácter y edui 
'a no se avenían bien con el de los españoles, 
otección que dispensaba á los flamencos, de qi 
leado, y & quien di<i los principales cargos < 
perjuicio de la noldesa española, y el servicio 
; pidió á las Cortes, que contra la costumbre i 
ia, para gastos de viaje á Alemania á tomar po 
o trono, contribuyeron á aumentar el descoE 
roDse las provincias contra él y contra los Pn 
e habían votado el crédito; aparecen laa comí 
Padilla al frente, buscan en^doSa Juana la L 
á los disturbios interiores; pero de esta Pri 
en Tordesillas, nada se podía esperar. Los coi 
ron á gobernar el revuelto país durante la au 
9, basta que ocurre ta división entre ellos y < 
\ de¡;la8 Comunidades. Asuntos son estos, lo i 
iermanías contra la nobleza de Valencia, mu 
s, pero que por referirse i. la historia partici 
no vamos á tratar aquí, limitándonos á dar i 
incipales asuntos exteriores. 




V 



i 



i 



— 87 — 



Ya hemos dicho que la primera causa de rivalidad eutre 
' Garlos Y de Alemania y Francisco I de Francia, foé el haber 

; sido este desairado en sus protensiones del trono del Impe- 

rio. Aumentábase esta rivalidad al ver el monarca francés el 
inmenso poderío de Espima» siempre victima de los celos y 
envidia de los demás pueblos, y al ver también que, como 
duque de Milán, estaba sometido á Garlos, á quien reclamaba 
el reino de Ñapóles, fundado én que con arreglo á las dispo- 
siciones de la Santa Sede, no podía este reino unirse á la 
misma corona que el de Navarra, ni tampoco á la del Impe- 
rio. Garlos se había aliado con Enrique YtlI de Inglaterra, 
aumentando asi sus fuerzas para caso de lucha en perjuicio 
del francés. £1 rey de España, joven, guerrero y ambicioso, 
de una política fría é inexorable, era incapaz de ser domi- 
. nado por nadie, y venía, si no'á eclipsar, por lo menos á 
obscurecer la figura de Francisco L Asi lo comprendía este, y 
no es de extrañar que su amor propio sufriese, y la rivalidad 
entre ambos se acentuase hasta encontrar un pretexto para 
una lucha en que el monarca francés desahogase sus pasio- 
nes. Fué este el no pagarse á su pariente el rey destronado 
de Navarra, Enrique de Albret, la indemnización prometida, 
y las pretensiones de Francisco al reino de Ñapóles. 

2. Acude Francisco I á León X, en petición de Ñapóles, 
apoyado en las convenciones pontificias, que impedían que 
este reino estuviese unido al Imperio; no atendió el Papa su 
reclamación, y antes bien, aliado con el rey de España, em~ 
. pieza la primer^ lucha entre Garlos y Francisco. Invade éste 
á Navarra y. se apodera de Pamplona. Inmediatamente la re- 
cobran los españoles (1521), al propio tiempo que los Estados 



_A..rí_ 






italianoB que no querían á Carlos, eotre otras razones por eer 
oriundo de una nación hereje, dueño de otra que les hacia la 
competencia comercial, y monarca, en fln, de aquel Nucto 
Mundo que les quitaba el dominio de los mares, se levantan 
en favor de Francisco I, encendiéndose asi U guerra en Ita- 
lia, y por último vemos asimismo avanzar los ejércitos fran- 
ceses por los Países Bajos y apoderarse de Fuenterrabía por 
los Pirineos. 

De todas estas luchas fueron loa más importantes las que 
tuvieron lugar en Italia, teatro una vez más de la guerra en- 
tre españoles y franceses. Intentaba Francisco I hacerse due- 
ño del Hilanesado. £1 partido patriótico, representado por 
Jerónimo Horone, consiguió insurreccionar á los italianos 
contra los franceses, viéndose precisados éstos á evacuar aquel 
ducado y la Lombardía después de ser derrotados en Bicocca. 

Falleció por aquella ópoca el papa León X, sucediéndole 
en el trono pontificio Adriano VI, quien formó la llamada 
l^a de Soma con Carlos V, Enrique VIII de Inglaterra, el 
archiduque Fernando de Austria, y los Estados de Florencia, 
Siena, Genova y Luca contra los franceses. Asi empezó In 
epopeya de sangre que tantas veces regó los campos italianos; 
levantóse contra unos y otros el grito de los patriotas, débil 
para que se oyese en el fragor de aquellas terribles batallas, 
de las que fué epilogo en esta primera guerra la memorable 
de Pavía (1525), en la cual se confirmó la ineptitud de los ge- 
nerales franceses, demostrada durante la guerra, especial- 
mente de Bonnivet y de eu mismo monarca, que confiaba el 
éxito á los estberzos de la caballería solamente. 

Muere Adriano VI, y la sucede en el trono pontificio Cíe- 



'amilia de los Hédicis, de cuyas es- 
1 mucho los italianos. Invaden los 
ianesado, y otra ves son arrojados d? 
is, ingleses y flamencos penetraban 
33 puntos. Todos rueron rechasados 
n esta ocasión mis afortunado que 
ente (1524) recobran los españolea 
1 de Hilan, por tercera yez, con los 
nceses. Inútiles eran los loables y 
mente "VH para restablecer la pas y 
randecimiento del joYen emperador 
BD, y amenazaba el equilibrio euro- 
itre anos y otros, basta caer prisio- 
I. Tan grandioso triunfo no enva- 
pospuso á las conveniencias de la 
dctoria; su situación era critica, por 
grande el triunfo; se había resuelto 
,na cuestión de amor propio, que de 
ncer en ella, absorvia todo el poder 
ctorioso en Pavía es cuando se des- 
1 figura de este monarca, en el cua- 
enorgullecerse de su situación; pero 
prander las conveniencias de la tem- 
os. Impuso, es verdad, coadiciones 
BU rescate, yaún le trató con desaire 
Madrid; pero cosas son éstas muy 
lucha había sido por odio y rivall- 
Jué tenía, pues, de extraño que el 
gún fruto de su victoria y demos- 



,— 90 — 
r así su superioridad sabré el veocido? Hay que tener en 
ínta las condiciones de la época y la política de los tiem- 
} para juzgar ciertos hechos históricos y no caer en el error 
calificar como malos actos qne, mediante aquella obser- 
:¡ÓD, no tienen nada de censurables. Pero además de esto, 
conducta de Carlos coa Francisco no fué iucorrecta, sino 
¡nta y generosa. Al entrar éste prisionero en España^ fué 
^sajado y atendido en todas partes, y cuando enfermó en 
casa de los Lujaoes, la visita de Carlos no pudo ser más 
sallerosa, y las rogativas, 'procesiones y señaladas mues- 
.s de interés que en aquella ocasión dio España por su pri- 
>nero, dos prueban la nunca desmentida generosidad y 
bleza de nuestra patria. 

3. Las negociaciones para una concordia de pai y rescate 
1 monarca francés, las siguieron principalmente la regen- 
de Francia, madre de Francisco I^ y la hermana de éste, la 
incesa Margarita, que había venido, á España con ocasión 
la grave enfermedad del prisionero. El punto importante 
aquéllas era la restitución del ducado de Boi^oña, que 
ríos exigía, y la renuoicia por parte de Francisco de los de- 
:hos á los Estados de Nápolea, Hilan, Genova |y Países Ba- 
I. Becurricron los franceses á no pocos ardides para conse- 
ir el rescate de Francisco I, sin que tuviese que pasar por 
adiciones tan desventajosas, y llegó éste á dar un golpe de 
bilidad política coa et mismo objeto, cual era la abdíca- 
ia del trono en favor del Delfín, conjlo que desconcertaba 
plan de Carlos V. Pero esto hubiera alargado su cautive- 
), la regente estaba cansada de llevar el peso del Gobierno, 
el mismo rey de España, temeroso de que se complicase 




T-PTTP "^ 



. — 91 - 

esta sitaación, se apresuró á ajustar la concordia de Madrid^ 
que se 'firmó el 4 de Enero de 152IS. Consta el tratado de 4S 
capítulos, y fué firmado y jurado por el Emperador y por 
el rey de Francia. Sus principales cláusulas son las si- 
guientes: 

Se convenía una paz, amistad, inteligencia y fraterni- 
¡ dad entre Garlos I y Francisco I, aliándose y confederándose 
I contra los enemigos de ambos para la conservación de sus 
I reinos y Estados, olvidándose las guerras, discusiones y dis- 
I cordiaa ocurridas entre los dos países (articulo I).— Se csta- 

Íblecía el libre tráfico y comercio, tanto por tierra como por 
mar y aguas dulces, de los subditos de una y otra nación, sin 
que pudiese ponérseles obstáculo alguno, y tan solo exigirles 
el pago de los antiguos peajes y derecbos en la misma forma 
que se pagaban antes de la guerra (artículo II). — El rey de 
Francia se obliga á devolver al Emperador Garlos Y, en el 
término de siete semanas, el ducado de Borgoña, el condado 
de Charoláis, los señoríos de Noyers y Ghastelcbinon y el 
vizcondadQ de Auxonne y Reffort de Saint Laurent, depen- 
dientes del Franco-Condado de Borgoiía, que quedarían en 
plena y perpetua propiedad del Emperador, sus hijos y suce- 
sores (artículo III). — Se acordó la libertad de Francisco I, 
que el 10 de Marzo entraría en Francia por la parte de Fuen- 
terrabia, á cambio de los rehenes que, en garantía del cum- 
plimiento del articulo Itl, exigía España, y eran los dos hi- 
I ios mayores de Francisco, el Delfín y el duque de Orleans, ó 
I i Delfín y doce señores franceses, cuyos nombres se desig- 

laban en el tratado, á elección de la regente; y que aun cum- 
»lido el convenio, vendría en lugar de dichos rehenes á Espa- 



• r 




— 92 — 

na el duque de Angulema, hijo tercero del rey, como prenda 
de amistad de los dos soberanos (artículo V). — Y de no 
cumplirse las estipulaciones del artículo III en el término 
convenido, volvería Francisco I prisionero á España (ar- 
tículo VI). — Este monarca renunciaba perpetuamente todo 
derecho ó pretensión á los reinos, Estados, territorios, países 
y señoríos del Emperador, y cedía á éste todos los títulos de 
propiedad, cesión ó investidura que tuviese, tanto del reinó 
de Ñapóles como do los ducados de Milán, de Genova^ de Ar- 
tois y de Hainaut, y asimismo las ciudades de Arras, Tour- 
nay y Tournesis, los lugares de Montaigne y Saint Armand 
y otros (VII, VIH y IX). — Casamiento del rey Francisco con 
dona Leonor, hermana de Carlos, y viuda del rey de Portu- 
gal, la cual sería llevada á Francia cuando se diese libertad 
á los rehenes; y casamiento del Delfín con la hija del rey de 
Portugal, cuando tuviese la edad. — El rey Francisco, se obli- 
gaba á'procurar que Enrique de Albret renunciase para siem- 
pre al titulo de rey de Navarra y á todos los derechos que 
pretendiera tener á aquel reino, resignándolos perpetuamen- 
te en el Emperador, que lo poseía, y en los reyes de Castilla,, 
sus sucesores. — Obligábase, también, á costear, siempre que 
el Emperador quisiese pasar á Italia, doce galeras, cuatro 
naos y cuatro galeones, y á dar al tiempo de la entrega de 
los rehenes lá paga de seis mil infantes en Italia, quinientas 
lanzas y alguna artillería; á satisfacer al rey de Inglaterra 
los 133.305 escudos anuales, que el Emperador le debía, á 
contar desde Junio de 1522; á restituir al duque de Borbón 
todos sus Estados, con las rentas y bienes muebles, señoríos, 
preeminencias y derechos que tenía antes de salir de Fran- 



ncipe de Oraagn y devolverle au 
ite á madama Margarita y al Mar- 
que poseían antes de la guerra, 
e común acuerdo, suplicarían al 
icilio general para tratar del bien 
impresa contra turcos y herejes, y 
general por tres aSos. — Que en Ue- 
'rancia, ratificaría los capítulos de 
la concordia. — Que si cualquiera de estos capítulos no fuese 
guardado, el rey daba su fe y palabra de volver á la prisión, 
4. La segunda lucba entre Carlos V y Francisco I, fué 
motivada por el incumplimiento por parte de éste del trata- 
do de Madrid. Había Carlos V venido á la mejor amistad con 
et rey de Francia en loa últimos días que éste estuvoen cau- 
liverio; convenidas las condiciones de la paz, el monarca es- 
pañol consideraba á Francisco I, uo ya como á prisionero 
sino como á huésped regio creyendo tratar con tan perfecto 
caballero como lo era él mismo. Si alguna vez hablaron de 
la concordia pactada, fué para asegurar y jurar el rival de 
Carlos Y qne la cumpliría en todas sus partes, y que si no. 
se le tuviese por bellaco y vil. Pero tan pronlo como se vio 
Francisco fuera de España, y á pesar de hal>er dejado en 
rehenes á sus dos hijos, olvidó, no ya lo firmado, sino tam- 
bién sus palabras, y no luvo repugnancia en dejar de cumplir 
uno y otras. Fundábase el rey de Francia, para no ejecutar 
las rláueulas convenidas, en que había sido obligado á firmar 
uel convenio por la violencia, sin que hubiese, por su 
rte, la libertad y deliberación necesaria en semejantes ca- 
B. Así lo hizo constar antes de autorizar el tratado, en un 



— 94 — 
ORta secreta que extendió en su prisión delante de algunos 
noliles franceses, creyendo poder de este modo eludir en jus- 
ticia el cumplimiento de lo que se pactase. Su primer aclo 
'fué formar la Liga sania ó clementina con el Papa Clemen- 
te Vtl-, los venecianos y el duque de Milán, para arrojar de 
Italia-á los imperales. La guerra estalló de nuevo, y el hecho 
mus importante de ella fu6 el horrible asalto y saqueo de 
Roma, por las tropas imperiales del condestable de Borbón, 
ó, por decir más verdad, por las tropas mandadas por Jorge 
Frundsberg, que sin recursos y hambrientos de venganea por 
las calamidades sufridas, atacaron la Ciudad Santa con ver- 
dadero encarnizamiento, entregándose á tales actos de pilla- 
je y vandalismo, que no los registra semejantes la historia 
en todas sus p¿f;inas. Con su vida pagó Borbón el crimen co- 
metido contra el Papa. No fué el saqueo de Boma parl« de la 
lucha y rivalidad .entre Carlos V y Francisco I, sino una 
convulsión de los ejércitos que, oprimidos desde largo tiempo 
por las ambiciones de sus príncipes, instrumento de las en- 
vidias de sus amos y cansados de sangrientas contiendas, 
desmoralizados y destruidos, se rebelaban en la agonía contra 
todo Jo que les rodeaba. Las tropas imperiales y españolas 
eran laa ejecutoras de aijucl drama en que la primera victima 
era el Papa. La Santa Sede había pasado por una época de 
desgracia al ocupar su- trono loa Borgias, y el odio se levan- 
taba instintivamente contra el proceder de aquellos Papas, 
pagando Tdemente VII las culpas de sus antepasados. Al mo- 
rir el condestable de Borbón toma el mando de las tropas el , 
Príncipe de Orange, que hace bien pronto prisionero al Papa 
y continúa la devastación de Roma. 



■« . > 



] 

y 

— 95 ^— i 



Fórmase entre Francisco I y Enrique VIH de Inglaterra, 
y después con Venecia y Florencia, \?fLiga de Amiens (18 de 
Agosto de 1527), con el objeto de libertar al Pontífice y á los 
dos hijos del primero que, en rehenes, tenía Garlos Y en vir- 
tud del tratado de Madrid; pero llevando, además, sus par- 
ticulares miras cada uno. 

No sujpo aprovecharse el rey de F^rancia del simpático pa- 
pel que podía haber representado en esta ocasión como liber- 
tador del Pontífice, y se limitó á enviar á Italia al frente de 
las tropas aliadas, al general Lautrec, quien se apoderó de 
Genova y Pavía; pero no llegó á tiempo de libertar al Papa, 
pues ya éste se había -fugado de su prisión. Marcha el ejér- 
cito francés sobre Ñapóles, delante de cuyas murallas su- 
fre durante algún tiempo los horrores del hambre y de 
la peste, y es, por fin, derrotado y destruido por las tro- 
pas imperiales, al propio tiempo que otro ejército francés 
quedaba también vencido en Milán por el español Antonio 
de Leiva. 

Mientras estos sucesos se desarrollaban en el suelo de Ita- 
lia, tantas veces teatro de sangrientas luchas entre ejércitos 
extranjeros, y otras tantas víctima de los atropellos de éstos, 
no dejaban de seguirse negociaciones en España, Francia é 
Inglaterra, para llegar á una paz verdadera entre los dos ri- 
vales. Embajadores de estas dos potencias vinieron á la corte 
de Madrid á conseguir el rescate de los hijos de Francis- 
co I. Carlos Y pidió á cambio dos millones de escudos de oro 
r la restitución de las plazas últimamente conquistadas en 
[talla. No aceptó el francés la proposición, y con tal mo- 
tivo se cruzaron entre ambos monarcas notas ásperas. He- 



"■" "j:^*.* 



— 96 - 

gando hasta enviarse carteles de desafío, que eludió Fran- 
cisco. 

En cuanto á la Santa Sede, Garlos V, que siempre repro- 
bó los atropellos de Roma, comprendió que no bastaban los 
manifiestos y disculpas que en este sentido había dado, sino 
que necesitaba justificarse ante la cristiandad, y asi lo hizo, 
reconciliándose con el Papa y poniéndose de su parte para 
combatir las ideas luteranas, que por entonces tomaban cuer- 
po y amenazaban seriamente á Europa de los conflictos que 
no tardaron en ocurrir. Firmó con Clemente YII el Tratado 
de Barcelona contra los reformistas, por el cual Garlos se in- 
vestía del reino Me Ñapóles, y en cambio haría devolver al 
dominio pontificio las ciudades de que se habían apoderado 
los venecianos y el duque de Ferrara, y restauraría en Flo- 
rencia á la familia de los Médicis. 

Visto que los rivales Garlos de España y Francisco I de 
Francia no llegaban á un acuerdo, y que la negociación que 
con este propósito siguieron tuvo un efecto contraproducen- 
te, y atendiendo al general deseo de que terminasen las lu- 
chas entre ambos monarcas, Margarita de Austria, tía de Gar^ 
Ibs, y Luisa de Saboya, madre de Francisco, ejercieron la 
diplomacia con delicada habilidad, y llegaron á concertar 
en 5 de Agosto de 1529 la paz tan deseada por todos» y que 
se conoce con el nombre de Paz de Cambray ó de las Damas^ 
en la que, teniendo por base la concordia de Madrid, se esti- 
puló: que el rey de Francia pagaría al emperador de Ale- 
mania dos millones de escudos de oro, por el rescate de sus 
hijos; que entregaría lo que poseía en el Milanesado; que ce- 
dería sus derechos á Flandes y el Artois, y renunciaría sus 



-97 — 

iva 7 demás ciudades de Italia. 
i obligado á DO reelam&r por en- 
go&a, con reserva de hacer Yaler 



faeote, Hittoria de Empalia. Parte 
ífartin, Jlitíoire de Franee, Faris, 
^raneoia I et de Charlea V, Parla, 
iígne da Charle» Quíttt, — Champo- 
lo* Frttucoú I, París, lSá7 ¡citada 
V cloitter Ufe of the En^tror Char- 
toria dtl Emperador Cartai V, Übro 
<el di'^matique. 



[ELACIONES SNTHE FraSCI». yEsi-aSa AL ABDI- 
CARLOS I. — Política interhacional de Feh- 
ldo de Gatea ti Caubeesis. 



) de Madrid y la paz de Cambray no coosi- 
érmino á la rivalidad entre Carlos V y Fran- 
luctias que ésta originaba. A la memorable 
I, y á los desastres del saqueo de Roma, si- 
-aciada invasión de nuestros tercios en Fro- 
irdeo de Niza por una escuadra franco-turca. 
>ri30les ganada por los franceses, bechos los 
s de nuevas guerras entre Francia y Espalia, 
e ISil á lb44, á las que puso término el 
e Crespy, por el que Francisco renunció una 
ichos que pretendía tener á los reinos da N¿- 
jf al patronato de Flandes, Artois y otros Es- 
ido Carlos V por su parte la Borgoña. 
después, en 1517, muere Francisco I sace- 
rono de Francia su bíjo Enrique II, que, fiel 
su padre, puso todas su miras en desmem-. 
le Carlos V. 



b 



Agitábase por aquel tiempo t¡a Europa un hecho de 
trasceodeucia política y social como la Rerorma, que, 
piendo la unidad religiosa y siendo nuevo obstáculo p 
de Europa, hacía trlanfar el principio de la libertad de 
ciencia (1). Los reinados de Carlos V y Felipe U, en Ea 
de Francisco I y Enrique II, en Francia, y de Bnriqui 
y Eduardo VI, en Inglaterra, se desarrollan ante loshecl 
aquella tr&sform ación. Las figura» de estos monarcas dc 
den menos dc representaren ella un papel importanti 
ya defendiendo los intereses católicos, ya los protestanl 
los primeros fué Garlos V; dc los segundos, acaso por ai 
ntsmo, Enrique II de Francia, que se puso de parto 
protestantes. En las Dietas de Itatlsbona y de Spira (i 
Í9i4), se bahía Tisto obligado el monarca español á 
ciertas concesiones á los partidarios de las nuevas doc 
que aumentaron su audacia y su espirita propagandista 
el punto de obligar al Papa Paulo III á expedir la Bulf 
vocando el Concilio de Trento. 

Las luchas entre Francia y España se sucedían con c 
to color y con pretexto diferente: ayer el reparto de un 
el mejor derecho á un territorio, ó el incumplimento 
tratado, eran el motivo aparente de la guerra; ahora lo 
Beforma, de la que Enrique 11 hizo instrumento polítici 
tra EspaSa, representante siempre del partido católica 
la causa verdadera de la lucha fué la tradicional rivalic 
Francisco I y Carlos V, que siguió durante el reinado ( 

)s, y á lo que todo lo sacrificaron sin tener lástima i 

rcitos ni de sus pueblos. 
) Véase cap. iv. 



— ICXl — 

protestar Enrique II de la validez y legitimí- 
lio de Trento, se alia con el duque Mauricio 
itra el Emperador, é invade la Lorena, apode- 
<ul, Metz y Verdún, lo cual irritó á Carlos V, 
i, que reunió todo au ejército con intento de 
rdido; pero la fortuna ya no sonreía á Carlos 

tiempos, y la gloria de Pavía do se repitió es- 
ue, por el contrario, los ejércitos imperiales, 
icr sitiado á Hetz durante tres meses, viéronse 
loa desastrosa retirada, que fué causa de que 
acerrase en los Países Bajos, contrariado con 
iscalabros, que antes nunca había sufrido; per- 
iones de realizar sus proyectos; viendo propa- 
Imperio las doctrinas protestantes, que tanto 
ido; odiando, en fin, cada vez más á los fran- 
entado su abatimiento moral y su pesadum- 
adecimientos físicos desque era víctima batía 
rdó, sin embargo, en emprender nueva lucha 
■ntra Enrique 11, ea venganza del descalabro 
a consiguió en ella algunos triunfos, que pue- 
lecirse fueron los úllimos destellos de su glo- 
)mo lo fué el de su genio político el nalrimo- 
io Felipe con la reina María de Inglaterra, 
ceses é imperiales de tantas guerras y deaaa- 
a en Camhray una tregua de cinco aSos, que 

en 1S5G. 

ado de cosas fué cuando Carlos V abdicó ea su 
I Estados de Flandes y Bravante, y á los pocos 
Enero de lüSS) la corona do Espuía y sus ex- 



tensos dominios, despojándose así de toda su grandeva y po- 
derío para retirarse al moDasterio de Yuste. M contraer ma- 
trimonio Felipe, le había ya cedido el reino de Nápotps y el 
ducado do Hilan. La corona de Alemania la cedió asimismo 
i su hermano don Femando. 

Las relaciones que EspaSa mantenía, por tanto, con 
Francia ¿ la abdicación de Carlos V, seguían siendo las mis- 
mas que habían sido durante todo su reinado; igual tirantez, 
el mismo estado de rivalidad engendrado por el poderío de 
Garlos y aumentado por la actitud de Enrique II y el Papa 
Paulo IV, quien, si desde un principio se mostró contrario 
al monarca esp^ol por no haber sido su candidato eu el 
Consistorio que lo eligió, al conocer los acuerdos de la Dieta 
de Augsburgo encontró buen pretexto para romper abierta- 
mente con Carlos V y con su hermano Fernando I de Ale- 
mania, sin que bastase & evitarlo la templanza del monje de 
Vaste y de su hijo Felipe II. 

2. Nació y se educó Felipe II en los momentos de la ar- 
diente lucha de ideas traídas por la Reforma, yenseñado por 
la habilidad y talento político de su padre, en el arte de go- 
bernar, venía al trono de España á representar un papel im- 
porfantísimo, no, solo en la historia particular de nuestro 
reino, sino en la de toda Europa. 

Fué Felipe II la representación del partido católico en la 
Serorma, y en esas mismas ideas hubo forzosamente de ins- 
nirarae toda su política. Su carácter rígido y severo portem- 
eramento, ha hecho que injustamente se le califique por al- 
UDOS historiadores de cruel y sanguinario, olvidando el 
«piritu de la ppoca, las ideas de entonces y el calor del siglo 



— 102 — 
1 en que vivió y reinó Felipe I[. Cont 
, revueltas las oplDÍODes, era aquel un i: 
rimenes y de grandes virtudes, en que n 

exageradas en uno ú otro sentido. No p 
or tanto, que Felipe II siga la corriente 
:Íerto sentido del espíritu de la época, : 
1 sus ideas; pero ni esto obscurece su 
te, DÍ empequeSece su figura en el cui 
I de su tiempo, 
io de su celo religioso, hizo del Tribuna 

un arma para perseguir la herejía y la 
la propagaba. Por esto mismo era decidí 
ala romana y de nus doctrinas; pero inti 
a los Papas y con el clero. Hemos visto 
ica para el Pontiácado, ea qae los excesoí 
sus sucesores mancbaron sin escrúpulo 
a, y quizás Felipe II fujé severo basta el 
^ comprender las desdichas que esto huí 
Btigio que esos reinados habían traído á 
ibían sido, en &n, una de las causas 0C4 
la. 

litica en el interior obedeció al mismt 
3ces á ser tan duro en bus fallos, que poi 
iíicado de cruel; pero, entiéndase biea, 
o de nuestros tiempos, porque conforme 
ia calificarse, á lo más. de severo. Mona 
le admirable sagacidad, estudioso y reflc 
a merece Felipe II las apasionadas ceui 
rigido. Sí se le compara con otros moi 



103"- 

e Inglaterra, qu« pospuso su dig- 
nidad, su religión y su trono á una pasión amorosa, y que 
llevó al cadalso á Ana Bolena, á Catalina Howard, & la Cúd- 
desa de Salisbury, al cardenal Fischer 7 S Tomás Moro; si se 
le compara con Haría é Isabel de Inglaterra, ó con Francis- 
co I, ó Enrique UI de Francia, ó con Catalina de Hédicis, 
veremos que, aun cuando en la vida de Felipe II haya nioti- 
To de censura, aun cuando á veces parezca cruel y sanguina- 
rio, su conducta obedecíd á principios grandes y nobles, ja- 
más á bastardas pasiones 6 vicios, como los demás monarcas 
de sa tiempo. 

Su historia noa prueba, además, qne no llevó su rigor al 
extremo de posponer las conveniencias é intereses de la poli- 
tica. La que siguió con los ingleses, al contraer matrimonio 
con la reina Haría, confirman nuestro aserto. Habíase mos- 
trado esta princesa cruel y violenta con los protestantes de 
su reino, y Felipe II supo, con exquisita habilidad, captarse 
la simpatías de los ingleses al ir á aquel país, templando el 
rigor de la reina, haciendo cambiar á ésta de sistema é in- 
teresándose en bvor de la princesa Isabel, cuya causa era 
simpática en todo el reino. De esta manera consiguió Felipe 
disipar en Inglaterra la prevención que contra él había. 

Hemos indicado el rompimiento entre el Papa Paulo IV y 
el emperador Carlos V en los últimos aSos de este monarca, 
y el apoyo que Francia prestó á aquel Pontífice con el inten- 
to de arrancar de la corona de España el reino de Ñapóles. 
Aai, pues, al heredar Felipe II los extensos dominios de su 
padre, heredaba también sus guerras y enemistades. Aliados 
el Papa y el monarca francés, emprendieron sus ejércitos, al 



— 104 — 
ique de Guisa, las operaciones mílitareB eocaini- 
aquista de Nápolee, haciéndoles frente el duque 
Q desde los primeros momentos consiguió ven- 
i enemigos, no apoyados por ninguno de los de- 
italianos, que de este modo contribuyeron i su 

Ea Felipe II la lucha con el heredero de Francis- 
lus ejércitos el monarca español á los Países 

ayudado por doce mil ingleses, y al mando 
de Filiberto de Saboya, puso sitio á la plaza 
Quintín, fronteriza de Francia y los Países Ba- 
m este sitio la memorable batalla del 27 de Agos- 
1 la que salieron completamente derrotados los 
;ue llenó de consternación á los habitantes de 
nieron ver invadida la capital por las tropas es- 
ués de esta derrota, y ¿ fin de defender su reino, 
e n al duque de Guisa, con todo el ejército que 
i, quedándose asi abandonado el Pontífice Pau- 
le A.lba, y viéndose obligado á pedir á Felipe 

estipuló en Cavé, por el duque y el cardenal 
ptiembre de 1SS7. 

á Francia el de Guisa, se apodera de Calais, 
iseian los ingleses; dirige luego ans fuerzas á 
vengar la derrota de San Quintín; pone sitio á 
liooville en el Luxemburgo, y se apodera des- 
erque (1SS8), descalabros que no pudieron me- 
lionar á Felipe ll y á su padre, quien no por 
) en el monasterio de Yuste, dejaba de tomar 
iva en el reino de su hijo. Reunid Felipe nue- 



indo al capitáD llamenco conde de 
ia de San Quintín la de Gravetínes 
ide Tueron de nuevo derrotados los 
I á las hostilidades, empezando las 

nbrais. — Fueron plenipote ociarlos 
uque de Alba, el principe de Oran- 
ly Gómez de Silva y el presidente 
Bruselas; y por parte de Francia, 
mariscal de Saint André, el Obis- 
io de Estado Auberpine, y el con- 
igl aterra también estuvo represe n- 
encias se celebraron en Gercamps; 
le María de Inglaterra, esposa de 
ó completamente el aspecto de las 
> el Congreso á Cateau Cambresis. 
ispaSol tuvo por mira desde aquel 
1, sucesora en el trono de Inglate- 
; idénticos Unes perseguía el fran- 
oueva reina, protegiendo decidl- 
es, obligó á Felipe á cambiar de 

I debatidos en las conrerencias, fué 
de la plaza de Calais, recobrada, 
1 fraaceaes, en las últimas luchas, 
Iones sobre éste y otros extremos, 
I 3 de Abril de 1BS9, siendo sus 
liguientes: Perpetua amistad entre 
rancia, sus sucesores y subditos; 



DCTCio entre ambos reinos.— Confirmacióa de 
ratados y confederaciones en cuanto fuesen 
n ol presente. — Compromiso recíproco de de- 
1 Iglesia -romana y la jurisdicción del Concilio 
I rey deEspuíadevolveríalaB ciudadeede San 
y Chatelet, y el de Francia restituiría Thion- 
urg y otras plazas que habían pertenecido al 
estado que se hallasen, y sacando cada uno su 
lin y BU territorio se re incorporarían al aati- 

del rey de Espfúla, y se devolvería al mismo 
Charoláis. Que lo que uno y otro poseían en 

de Montferrato, ae devolvería al duque de 
;a á los genoveses. ; VaVenza de Hilan al rey 
! Felipe H casaría con la princesa Isabel, hija 

de Francia, no obstante haberse tratado el 
: esta princesa con el príncipe Carlos, hijo de 
duque de Saboya tomaría por esposa á Mar- 
a del rey Enrique; que el rrancÉs volvería al 

lo que le había ocupado en su país, á excep- 
as ciudades que se designaron, hasta que se 
las difereDcias. Que la misma paz con todos 
lerviria para el Delfín de Francia y para el 

1 de España. Que en ella serían comprendidos 
los monarcas contratantes, y el Príncipe de 
>mplctamente repuesto en su Principado (1). 
a debatida posesión de la plaza de Calais, se 
ntinuaria en poder de Francia durante ocho 

de Tratados, U ii. — Seeaeil de Traite» de paix 
jterdan, 1700, t. i. 



eria devuelta á logl. 
> Francia 500.000 c< 
los ingleses i la ocu 

De esta manera terminaron laa guerras de rivalidad 
tre EspaSa y Francia, que, durante tantos años, atrajero: 
atención de toda Europa y destruyeron tantos ejércitos. 
condicioneB no fueron mu; ventajosas para Francia, y aE 
comprendid ei pueblo, quo caliñcó á su monarca Enriqu 
de débil por haber firmado cláusulas tan vergonzosas ] 



Obras de consulta: Lafnente, Hüíoria de Etpaña, p 
tercera, lib. i y li — Cabrera, Historia de Felipe II, lib. i 
IV. WatBoa, The hittoryofthe Kiuff Philipp II, Londres, 1 
— Macaulftj, Ettudio» hittórioas. — Dumont, Colección de 1 



GUERUAB RELIGIOSAS BN FeANCIA. EN EL SIGLO XVI, — ApOTO 
l-BESTADO POR FSLIPE II Á LOS CA.T<ÍLICOS. — PRETENSIONES 
DE ESTE MONA.RCA. RESPECTO AL TROIfO DE FRAHCIA. — TRA- 
TADO DB VERVINS. 



i. Venimos apuatando en los capilulos precedentes el 
movimieDto religioso producido por la Reforma, y para se- 
guir el orden del programa, debemos ocupamos ahora de los 
especiales efectos de aquella revolución ea Francia. 

Ya hemos visto que loa generales fueron dividir el mun- 
do en dos campos, y desvanecer de este modo la idea do la 
monarquía unÍTersal; asi, pues, este mismo efecto produjo 
en Francia, durando las guerras religioBas desde priocipios 
del siglo XVI hasta la mitad del xvii, y siendo aceptada la 
Reforma en aquel reino, no como principio ni por convicción, 
sino como iustrumento político. 

La Reforma estallii en los momentos en que Francia y Es- 
ptóa estaban en lucha por la rivalidad de Carlos V y Fran- 
cisco I, y de ella se valieron losmagnales franceses parahacer 
una tentativa contra el trono y reconquistar su poder perdi- 
do. Francisco I tuvo un momento de duda entre las antiguas 
y las nuevas ideas; pero se decidió por perseguir á los calvi- 
nistas, en particular desde que éstos mostraron sus sentimien- 



moa dicho en el caí 

arlos V, se alió co 

rancisco II, su mad 

I ganar la influenci: 

le Guisa tenían en e 

üiia agraciado con 

ntro éstos 7 los Borl 

¿mboise (li)60), ca 

m la que, reunidos 1 

el uombre de hugo 

i Trancesa contra loí 

libe al trono su her 

inúa regentando el i 

lecho, su madre Cat 

eligiÓD, apoya indial 

[lin sus conveniencii 

momento y para mantenar así el equilibrio entre unos 7 1 

Pero, á pesar de sus esfuerios, Ik luclia estalló entre ci 

eos y hugOTMes, 7 entonces fué cuando se mostró más toli 

te COD loa segundos, y cuando se did en Francia el pi 

edicto (17 de Enero de ÍS62) ea favor de los protestantes 

el que se les concedía la facultad de ejercer su culto, pero 

de las ciudades. El príncipe de Gondé sigue á la cabe 

éstos, mientras el duque de Vendóme, í Qn de conquií 

Felipe II de Esp^a para que le favoreciese en sus prete 

nes al trono de Navarra, se hace catóUco, y se pone al f 

de BUS partidarios en Francia. 

El ejercicio del culto protestante en Vassy dio lugar 
primeras refriegas entre hugonotes y católicos, 7 fué la 



— lio — 
/ pa que enceDdió la espantosa guerra civil con el carácter de 
religiosa, que se desarrolla en los años sucesivos; guerra sin 
compasión y sin cuartel, en la que nada se respetó 7 en la 
que mutuamente se degollaron católicos 7 protestantes, víc- 
timas de su fuDatismo. Los htigonotes recibían refuersos de 
Alemania y de Inglaterra; ; los católicos, de EspaHa, Suiza, 
y también de Alemania. El Parlamento de París lanzaba de- 
cretos contra los protestantes; pero éstos se habían hecho 
fuertes, y amenazaban invadirlo todo. Ponen sitio á Ruán, 
y muere en él el duque de Vendóme; se apodera el de Guisa 
de la plaza, y mientras tanto, el duque de Montpensier, coa 
tropas españolas y gasconas, deñende á París del asalto de 
los protestantes. £n Dreuz se encontraron ñ^nte á Trente los 
dos ejércitos y se dio una importante batalla, en que Tueroo 
derrotados los hugonotes, hechos prisioneros el condestable 
Montmorency, del bando católico, y el principe de Conde, 
del protestante, y pereció el mariscal Saint André, pertene- 
ciente al primero. Después de esta batalla pusieron sitio i 
Orleans los católicos, con objeto de rescatar al condestable 
preso en aquella plaza; pero con tan mala fortuna, que el 
duque de Guisa fué asesinado. Tratóse de poner fia á la lu- 
cha después de lodos estos acontecimientos, y con tal pro- 
pósito dio Catalina de Médicis el e<Uclo de Amfxdse (Marzo de 
lb63), tolerando el culto protestante en las aldeas y en los 
castillos de los nobles; con lo cual todos quedaron descon- 
tentos; los hugonotes porque les parecía poco lo que se les 
concedía, y los católicos porque entendían que era mucha la 
tolerancia tenida con aquéllos. 
2. Al exponer la política de Felipe 11 hemos dicho la 



aid 

1S6 
ciw 



Dtre uno y otro partido qo sirvió más que 
odio y la saHa de todos. Despides del Con- 
Catalina se poae de parte de los cttólicos, 
sitian áJaris, haciendo horrible matanEa 
pero siendo, al fin, derrotados. Conviene 
ite la ferocidad de los calvinistas en esta 
ar los hechos ocurridos cinco ^os después 
la noche del 24 de Agosto de 1572. La nue- 
aó en Lonjumeau no pudo evitar tampoco 
jesen con más ira las persecuciones entre 
UgiosoB. Los hugonotes, dirigidos siempre 
gny, se hacen fuertes en la Hochela, sin 
de asesinar á cuantos católicos se pusiesen 
indo de este modo en Francia una angus- 
üe dio lugar entonces á las horribles esce- 

> de que tantas veces ha sido teatro aquella 
aecesario, por lo tanto, uD escarmiento, ya 
s ni las paces lograban calmar la lucha, y 
eldad de loa protestantes. 

¡meditado por Catalina de Médicis, fuese d 
•\ Congreso de Bayona, de que hemos dado 
mto espectáculo de la famosa noche de San 
.Imenle impuesto y traído por las circuns- 

> del terrible antagonismo entre católicos y 
Dsecuencia natural, en ün, de tanta lucha 
crimen cometido en Franoía desde qua las 
ino, salidas de Ginebra, se difundieron por 
francés. Al sonar la campana empesó aque- 

la matanza, no sólo de hugonotes por cató- 



[u«lloB. Página sangrienta: 
que debe coudenarse y ser 
ir qne si la persecación fué 
liantes, antes habían sido 
con igual encono y saña. , 
tanzas que los CBlvlnistas 
&, y los atropellos del Pria- 
y seis mil alemanes por 
onde, para ir i socorrer á 
. El traductor de Macaulay 
}ac Bartolomé no fué sino 
Uiguelada, ocurrida cinco 
años antes (1). 

En 1S73, loa calvinistas, que hasta entonces habían cons- 
lituido un partido civil en Francia, quieren ya, confederados 
en Nimes, formar por sí solos un Estado aparte. Había muer- 
to Carlos IX y ocupaba el trono su hermano el duque de A.n- 
jou con el nombre de Enrique III, cuya desastrosa política é 
inconcebible ineptitud para el gobierno habían de complicar 
más la aparada situación de Francia. Tenían 4 su lado los 
calvinistas í los llamados poUíicot ó deíconíeniot. que no eran 
ni católicos ni prote&tuntes; titulábanse sectarios intermedios 
entre una y otra doctrina, pero en realidad no fueron más 
i|ue unos escéptlcos. Después de algunas luchas, se hicieron 
nuevas cesiones por Enrique Itl á los hugonotes, que descon- 
tentaron á tos católicos y dieron motivo á la formación de la 



llj Yékte Uacanlaj: Im guerra de tueetiá» en Henvpo de Fe- 
lipe V, tradQcoi6ii de Juderías Bender, apéndices A. y B. 



— Hi- 
él (¿jeto de usa defensa común, proteger la 
y la integridad del país, amenazadas, poner 
ichaa ciTÍles, y tolerar, en fln, á loa reforma* 
i fueron los autores de esta Liga, creada cod- 
, pero eo la apariencia con- los fines dichos, 
vez más la guerra civil en Francia, entre los 
!l monarca al frenle de los realistaa, el de Na- 
;a de los hugonotes, y el de Guisa á la de la Li- 
carácter religioso que las anteriores, tenía por 
rra satisfacer ambiciones políticas; el duque 
la un medio, como sucesor legitimo deCarlo- 
ir al trono de Francia, yá lomismo aspiraba, 
lílulos, Enrique de Navarra, hijo de Juana 

ilÓTi fué cuando Felipe H intervino, aún más 
a ahora lo había hecho, en los asuntos de 
íse, en primer lugar, decidido protector de la 
sentaba en la lucha los intereses católicos, y 
rique in, prestó su apoyo al de Guisa desde 
amentos. Muerto el duque de Alcn^ón, hernia- 
III y presunto heredero de la corona de Fran- 
ado Felipe II un convenio cotí el duque de 
i acordaron: que el cardenal de Borbón, hijo 
le de Vendóme, sucedería en el trono ¿ Enri- 
BSO de que este muriese sin hijos, con exclu- 
[ncipe hereje, ó fautor de herejía; que se res- 
endria en el reiuo la religión católica romana, 
I adsoluta del ejercicio de cualquier otra, y 
iipe H se obligaba á proteger al cardenal de 



formaban la Liga Sania, 
ecal í devolver al monai^ 
labian quitado los henjes. 
les de los Países Bi^oa. 

miras del dn Guiso. PcDe- 
% de las barricadas ( 12 de 
gia en Chartres, hace ase- 
siguidQle muere también 
rando que Enrique de Ná- 
date principe erad jefe del 
¡ler le hemos visto tomar 
|uea; había, por tanto, di- 
por parte de los católicos 

y consecuentemente por 
uerra; Enrique IV sitio á 
pitül durante mucho tiem- 
que Felipe II envió ü Alu- 
de Flnndcs á libertarla. 
ey de España en los asua- 
ctor del catolicismo, sino 
ando su política ú excluir 
»sito trabajabacn Francia, 
indo á sus Embajadores en 
es como severas para que 
levo monarca francés, pues 
dada la debilidad de aquel 
iciaciones que seguía coa 
y propicio á ccmplacer en 
vo agriáronse algún tanto 



— 116 — 
las relaciones entré España 7 Roma. Huerto Sixto V (1S90), 
BUS sQcesoroB Urbano Vtl y Gregorio XIV se muestran m¿a 
afectos á Felipe. 

Este monarca pretendía que el trono de Francia fuese ocu- 
pado por alguna persona de su familia. Las instrucciones que 
dio al embajador en París, con feclia 8 de Octubre de IttdO, 
exponen de manera bien clara su proyecto, y en ellas se ve 
el sistema de política empleado con este fia (1). Al morir Ea- 
rique 111 se extinguía la linea de Valois en Francia, y muer- 
to al poco tiempo el cardenal de Borhón, el trono tenia di- 
versos pretendientes; en primer término, Enrique, principe 
de Bearoe, que fué el que lo ocupó con el titulo de Enri- 
que IV, y era el legitimo descendiente, una vez extinguida la 
familia de Valois; además se presentaban con derecho, masó 
menos legitimo. Carlos de Lorena, que pretendía el trono 
para su hijo el Marqués de Ponts, como hijo de Claudia, her- 
mana del monarca difunto; Carlos, duque de Hayenne.ile la 
casa de Lorena, llamada después de Guisa; Carlos, hijo del 
duque de Guisa, asesinado; Carlos, cardenal de Vendóme, so- 
brino del cardenal de Borbón, el elegido por la Liga¡ Carlos 
Manuel, duque de Saboya. como descendiente de la jtrincesa 
Margarita, hermana de. Enrique lll, y por último, Feli- 
pe II, para su hija Isabel, como sobrina también de Enri- 
que III, por parle de su madre Isabel de Valois, con cuya 
pretensión violaba la ley sálica, vigente en Francia. 

La política de Felipe II se encaminó en esta ocasióo á 



(1) VéM6 Lafiwnte, Part. 3.'. lib. ij, cap. ! 



— 117 — 
procurar la excluaión de los diferenles candidatos é 
franceía, y maj especialmente de Enrique IV, por 
temible, y por su cridad de hugonaUj para conseg 
titulo de reina á favor de su hija Isabel, y aprove' 
anarquía que había «n Francia, obligar á todos áqi 
sitasen. Pero, á pesar de sñí trabajos, y de los esfue 
bilidad de sus embajadores en París, don Bernardin 
dozB, don Juan B. Tassis, el duque de Feria y doi 
Ibarra, que defendieron con calor su causa en las f 
j en los Esttkdos generales, el partido de Felipe U 
diendo de día en día, al paso que ganaba el de Euriq 
agitacidn y la lucha continuaban en Francia, pe 
entonces más política que militar; los preteudieut< 
ron reducidos á tres: Enrique IV, el duque de Maye 
Upe II. El primero abjura el calTÍnismo en la ] 
Saiot'Denis, el 25 de Julio de 1992, con lo cual d 
el único obstáculo que babia para que ocupase el 
entra en París el 22 de Marzo de 1594, después de st 
mado rey por el Parlamento. 

Dedúcese de todo esto que no era Enrique lY ui 
ca como su predecesor, sino por el contrarío, emim 
te político, guerrero y de condiciones muy superioi 
á las del desgraciado Enrique III, sino ¿ las de < 
monarcas sucesores de Francisco I. 

Uniéronse Felipe II y el duque de Mayenne, y 
de 1596 se declaró la guerra entre España y Francia 
rácter puramente político, puesto que ya, ni por pM 
día tomarse ta cuestión religiosa como causa de « 
ves que Enrique IV había dejado de ser hugonote pai 



— 118 — 

se católico, y el Papa Clemente VIlI le había absuelto y re- 
conocido como rey de Francia. 

Durante toda la guerra, los triunfos y las derrotas fueron 
iguales para franceses y españoles. Después de los primeros 
hechos de armas, el duque de Mayenne se separa de Felipe 
II y hace las paces con Enrique IV, quien, aliado con Ho- 
landa é Inglaterra, continúa la lucha contra España, siendo 
el hecho más importante de ella la toma de Amiens, por el 
coronel español Hernán Tello Portocarrero (Marzo de 1597), 
recobrada en el mismo aíio por el mariscal Byran. 

4. A parte de la necesidad que los dos países sentían de 
llegar á la paz después de tantos trastornos y largas guerras, 
había motivos particulares para que los dos monarcas la de- 
seasen. Enrique IV, hombre de gran talento y de especiales 
dotes para el gobierno, tuvo desde el primer momento una 
política organizadora, de la que Francia estaba tan necesi- 
tada después de cuarenta anos de luchas y desórdenes. Fue- 
ron tlBimbién sus miras abatir el creciente poderío de la casa 
de Austria, y empleó, en fin, toda su habilidad en captarse 
las simpatías de todos en el interior y en el exterior del rei- 
no. Por su parte, Felipe II, agobiado por los infinitos emprésti*- 
tos que se vio en la necesidad de hacer para atender á los 
asuntos de Flandes, socorrer á la Liga Santa, y por último su- 
fragar los gastos de la guerra, deseaba también el término de 
ésta, que se consiguió por mediación del Papa Clemente VIII. 

Reuniéronse los plenipotenciarios Belliévre y Silleri, de 
Enrique IV, y Richardot, Tassis y Verriere, de Felipe II, en 
Vervins, y vencidas algunas dificultades, firmóse la paz en- 
tre Francia y España, el 2 de Mayo de 1598. 



RbLÁCI«NI8 BimtS EsPA.Sa i iNSLATUtAA DESDE LOS ReTBS 

Católicob HA.aTJk Felipe II. — ^Rompimiento entre la^s dos 

H&CtOHBS BH TIEMPO DE lUBSL DE iMaULTEARA. — ThATADO 
DB LOHDHXS CELEBRADO POK FeUPB IU. 



1- AlguDoa historiadores extraiigeroa han snpaesto qtio 
Esp^a DO mantuvo relaciones diplomiticas con las domas 
naciones de EiíTopa hasta los Beyes Católicos; error en que 
incnrr* también el inglés Frescott, en su historia de ese rei- 
nado. Y aunque es verdad que la nación espaüiola no aparece 
verdaderamente unida 7 formada hasta la época de aquellos 
monarcas, sus diversos reinos estuvieron en relación con los 
demás de Europa, como lo prueba Lafuente con innumerables 
citas, 7 dice, con respecto & Inglaterra, que en el siglo xnt, 
Alfonso III de Aragón mantuvo reiaciones diplomáticas con 
Francia, Boma, Inglaterra y otros Estados; Enrique II de 
Trastamara también las tuvo á consecuencia del auxilio que 
prestó al monarca francés en guerra con Inglaterra, 7 de la 
derrota que sufrieron las naves inglesas por las espuSolas; 
recuerda además las confederaciones de Juan II, «o el siglo xv, 
con el soberano inglés; 7 asimismo se pueden citarlas negó- 



1 Duque de Laneut 

o, la regalarídad y 
7 quit&8 por esto 8i 
uivHv Hu» uv ^..«^.v. VH ou». uB ivB ^.d^ea CatólícoB. En ti 
po de estos nionarcas ae estrecharon más, por efecto del i 
vo y acertado criterio que siguieron Fernando é Isabel en 
cuestiones internacionales. Emplearon estos soberanos 
política de atracción con Inglaterra, á ñn de marchar uni 
ambas naciones contra Francia. En los capítulos ti y tu 
moB dicho que la bal)ilidad de Fernando el Católico le h: 
encontrar medios para llegar fácilmente á conseguir aua [ 
pósitos, y en sus relaciones con los ingleses se yalid de 
mismo tacto, consiguiendo el matrimoaío de su bija la in 
la dolía Catalina con Arturo, Príncipe de Gales, primogéi 
del rey de Inglaterra, Enrique VII (IS de Agosto de 1497), 
Biendo que sostener, para consegnirlo, una lucha diploma 
ea coa los consejeros de este monarca, y hacer frente á 
manejos del francés, que por toda clase de medios trataba 
impedirlo. 

Felipe el Hermoso mantuvo también relaciones am¡8l< 
eon Enrique Vil, como lo prueba el recibimiento que I 
este soberano á aquel príncipe y á su esposa dofia Juana, cu 
do arribaron á VTeymonth en au yiaje de Ftandes á Espa 
para tomar posesión del reino, y los mismos tratados qui 
firmaron en Londres en aquella ocasión, siendo uno de e] 
d« comercio entre Inglaterra y Flandes; así mismo se con< 
taron enloncea los matrimonios del monarca inglés coi 



— 122 — 
rita, hermana de Felipe, y el del príncipe Car- 
3 7 de do3& Juana ¡a Loca, con la hija de Enri- 
inen otro especial carácter las relaciones entre 
igleses en la época de Felipe el Hermoso, cosa 
:tra£ar, si recordamos gue este monarca reinó 
mpo, y que no se distinguió ni como político 
lante, 
il Católico, 00 su segunda regencia, y ya 

aSos de su vida, ñrmó con su yerno Enri- 
labía contraído matrimonio con la princesa Ca- 
e Arturo, un tratado de pai y estrecha amis- 
- relaciones entre España é Inglaterra, durante 
ide afirmarse, en consecuencia, que fueron pa- 
osas. 
srácter tuvieron en }os primeros años del reí- 

V. Con motivo de la rivalidad entre este mo- 
isco I, siguió Carlos con los demás soberanos 
il política de atracción que había seguido 'su 
¡¡pálmente con Enrique VIH. Francisco I ha- 
a amistad del cardenal inglés 'Wolsey, el per- 
luyente de la corte de Londres, y ante el temor 
ite medio llegase el francés á una inteligen- 
irique, se apresuró Carlos de España á ir á le- 
erse en pocos días al monarca y dsu ministro, 
e devolvió la visita en Graveliaes, donde es- 
lianza contra Francisco I. Asi continuaron las 
■e Espafia é Inglaterra, hasta que después dal 
a, y hecho prísíonero el Papa Clemente Vil, En- 
icpera de Carlos V para uairse con el rey de 



e quíea solicitaba el divorcio 
aliña, hija de los Reyes Cató- 
coa la íofluencis de la Reforma 
los pueblos, siendo Inglaterra 
aquella revoluciÓQ de ideas, é 
esa alteracióa en las relaciones 
ue VIII, llevado de su pasión 
costa el divorcio con Catalina, 
fice, se separa de la Iglesia Ca- 
lo período de este monarca en 
ores y á sus vicios. Repudiada 
ones con España no podían ser 
. No se llegó á un rompimiento; 
itrácter amistoso y estrecho, ni 
abia habido entre los dos países 
lado de Enrique VIII. Se hace 
ién & su pueblo, y crea la Igle- 
risdieción pontificia en Ingla- 

padre Enrique Vlll en el tro- 
propagticiÓD de la Reforma en 
« separa más del monarca cs- 
ibién de Enrique VIII, habida 
a de Aragón, sucede á su her- 
tablece la religión católica en 
hemos expuesto la política in- 



— 124 — 
de Felipe II, hemos visto bu matrimonio con la 
, las continuas persecuclODes de ésta contra los 
, 7 el espíritu templado que por política aiguiñ 
os ingleses refonnadOE. 81 además tenemos pre- 
I estuvo lejos de ceñir Felipe II la corona de In- 
nprenderemos que es aquel el momento de más 
sa nación y Gsp^a. Tenía por entonces nuestra 
ascendiente en Europa, por su superioridad eo 
política y de la guerra, y por su poder terrestre 
Hacaulay, en sus Euudios Hütórieotf dice que la 
i loB diplomáticos espaSoles de aquel tiempo era 
oda Europa, y a&ade que los ingleses los mira- 
or, calificándolos de una especie de demonios te- 
daSinos, y al propio tiempo sagaces y astutos 

turaron mucho tiempo aquellas relaciones, por- 
Felipe de Inglaterra, y muerta la reina Haría, 
ao su hennana Isabel, cuyas ideas protestantes 
segunda vez la caída del «atolicísmo en la Oran 
1 reconocimiento de la Iglesia anglicana según 
calvinistas. '' 

este momento cambia completamente el carácter 
.ones entre España é Inglaterra; se puede decir 
1 es la representación genuina de un partido, de 
De se divide el mundo; España ripresenta el ca- 
iglaterra laBeforma. El antagonismo se muestra, 
itre las dos naciones, entre sus soberanos y en- 
itos. Felipe II protege i los catóiicoa y persigue 
artes; Isabel apoya á los reformados en su país 



LtóliCOS 
los llOB 

rbfa la 
ibos re: 
9ras dee 
íugleseí 
irtido n 
gl aterra 
de Felii 
ta, fuer 
>8 hábil 
pañoles 
le las se 
nsiguie: 
.To una 
irsarioa 
pitar í 
;ta una 
>teccióa 
y Portu 
manili 
ñrmar 

eocoaa 
térra; el 
■ dejó ei 
ao acepl 
Felipe ! 
uerra c 



1 



nza de tantos agraviOB y atropellos como 
:onietÍda (1). 

por ello Felipe, sino que por el contrario 
ención á formar una mimeroaa y bien orgar 
]ue recibió el nombre <le tá invencible, com- 
treiata bageles grandes y otros menores de 
:onñó ei mando de esta flota al ilustre ma- 
eBazan, marqués de Santa Cruz, cuyamuer- 
lentos antes de emprender la marcha contri- 
la desgraciada suerte que tuvieron nuestras 
as de Inglaterra. 

irticular de nuestra patria explica con todos 
descalabro que, bien fuese por superioridad 
lesa, bien por la fuerza de los elementos, ó 
ue no llegasen á tiempo los ejércitos del du- 
ra hacer combinado el ataque según se lia- 
Espuía, es lo cierto que nuestra armada su- 
t de las pocas derrotas que en el trascurso 
istoria se relatan (22 jiilio á 7' agosto ISSS). 
momento oportuno de emprender esta gue- 
OB puntos que discuten los historiadores, 
ra aquella una ocasión en que insurreccio- 



)t)servar que á parte de sas persea aciones y 
3 católicos, Isabel de Inglaterra fué para su 
e reina. Dispensó gran protfccii^n & laa artes, 
mercio, A la marina y á la colonización. Si & 
i de inteligencia, no hubiese reunido las debi- 
j que tnve, Isabel seria con más justicia, dig- 
ón que todavía hoy le tribotanlos ingleses. 



UDa embajada presidida por don Juan de Tassis, 
llamediana, ; lo mismo hicieroD los arobiduques 
contribuyendo este acto á acrecentar los Tíncu- 
Ettia ; buenas disposiciones de Jacobo I respecto 
anifestfi el monarca inglés á los embajadores 8U8 
snoTsr y estrechar la antigua alianza y amistad 
is reinos, y en su vista envió Felipe til al poco 
i representantes, duque de Frias, conde de Yilla- 
on Alejandro de Rábida, que unidos á los de los 

de Flandes fueron solemnemente recibidos cu 
20 de agosto de 1603. Dieron principio las con- 
bre las bases de las capitulaciones, encaminadas 
; los plenipotenciarios espüioles á privar á los 
los Países Bajos del auxilio de Inglaterra, mien- 
ta nación procuraba obtener, á cambio de tal 
'entajas importantes para su comercio, iniciando 
ta internacional que había de seguir en adelante. 

agosto de 1604 quedó concluido el iTolado de paz 
iiendo Jurado y firmado en aquella capital al día 

e 34 artículos y de ellos, los ocbo primeros res- 
pensamiento político de EapaSa, y determinan 
nes hechas por Inglaterra á nuestro país. El no- 
las reglas á que deberá ajustarse el comercio en- 
is contratantes. Loa siguientes basta el IS.** coo- 
:oncesiones que EspaSa hace á Inglaterra, y en 
B se establecen disposiciones de carácter general, 
rt. 1." se restablece, buena, sincera, perpetua é 
pan y conrederaoión entre los dos monarcas y los 



leros 7 suceaoroa. — El »rt. i." dUpo- 
resasque Behayanhocho por España é 
14 de abril de 1603.— Por el art. &.** m 
I y loa Estados de Flandes á rCDan- 
v... « «»(. «.«^4,» ^uu pudiera tener una contra otra; y.por 
tanto renunciaba Inglaterra á la alianza hecha con loa rebel- 
des de loa Paiaea fiajos. — Por el 6.° se prohibía la piratería j 
se revocaban las dispoaicionea y cartas dadas para ello. —En 
el 7." y 8." se convenía que el rey de Inglaterra conaervara 
las plazas que le habían entregado loa rebeldes de los Países 
BfyoB, y que no daría á estos ni ayuda ni socorro y los exci- 
taría ¿ entrar en acuerdo con aus principes. — En loa arlicu- 
loa 9 y aiguientes se establecía el libre comercio entre los 
subditos de uno y otro soberano, y entrada y salida libre de 
los navios en los puertos de los tres Estados; que los ingle- 
ses no traerían á España mercancías de las Indias; y que las 
de Inglaterra podrían traerse sin pagar el treinta por ciento 
que estaba establecido. Y para tener seguridad de que las 
mercancías que trajeran los ingleses á España eran de Ingla- 
térra, se exigía que vinieran autorizadas con el sello de la 
villa de donde procedían, garantía semejante á lo que eu loa 
tratados actuales se conoce con el nombre de certificados de 
origen. — Se establecía además que los ingleses no sacarían 
mercancías de Esp^a para llevarlas á las Indias. — Por el ar- 
ticulo 18 y en concordancia con el S." y 8.°, se prohibía que 
Inglaterra suministrase á los rebeldes laa materias que cona- 
ituyen el contrabando de guerra, comprendiendo como ta- 
sa, la pólvora, balas, cuitmea y máquinas de guerra, y tam- 
tién loa víveres, el dinero y el salitre. En el art. 3t ee hacfa 



"^ 



— 180- 



nnft coDC«si<Iii de verdadera imporlancia es aquel tiempo por 
parte de EspaoB, que era la de que Iob súbditOB de Inglaterra 
no seriaii molestados en España por cosas de conciencia y 
religión, mientras no dieran escándalo. — Y por último en el 
2S se disponía que en el casa de que se declarase la guerra 
entre cualquiera de las partes, se daría el término de seis me- 
ses á los subditos de cada país para que pudieran retirarse con 
lodos los bienes que poseyesen. 

Presenta este tratado, como ha podido observarse, un as- 
pecto distinto de loa anteriores. Ya no se limita á la cesión 
de un territorio ni á sentar las condiciones de una paz, sino 
que regula las relaciones sucesivas de los países contratan- 
tes, y en él se reHeja bien claramenleel caráclerdecada una 
de las dos naciones. España pone todo su cuidado en los in- 
tereses políticos sin preocuparse de loa lucrativos. loglaterra 
por el contrario, menos generosa ó más interesada, procura 
obtener toda clase de concesiones para su comercio y faci- 
lidades p&ra dar salida á sus producios. 



Obras de consulta: Prescott, Hiatoña de lo» Reyes Cató- 
lieo*. — Herbort, Hittoria de Enrique viii, — Lingatd, Historia 
de Inglaterra. — Caate, id. id. — Burnet, Hittoria de la reforma 
de la Igleña angiioaita. — C. Dodd, Historia eolesiástioa de Itigla- 
l«ri-a (íeídel5ÜO(il068.— Gilbet Stewart, Hiit. of Scolland.- 
llacaulay, Estudios histdrieos. — Bytner Feder, ColeccitSn de Ir.- 
tado* de pat. — Dnmont, Corpa imivertel diploTnatiqut. 



lo que era más temible todavía, por los Beüores feudales, y 
□o t«DÍeiido un poder superior y tutelar que las amparase, 
los gremios comerciales é industriales sintieroo la aecesidad 
de protegerse á sf mismos, buscando en la asociación aque- 
lla autoridad y fuerza de que carecían. 

El aspecto político de Alemania al fin de la dinastía de 
Hohenstauffen que ocupó el trono imperial desde 113S i 
12S4, es de completa anarquía; sus monarcas, con una sin- 
gular tendencia á unirse con la noblesa para abogar las as- 
piraciones del pueblo á la libertad, abdican de sus funciones 
de jueces supremos; el clero quiere gobernar los pueblos; los 
señores feudales aprovechan las desaTenencias del sacerdo- 
cio para declararse independientes, y estos poderes unidos 
amenazan absorberlo todo y arruinar coa impuestos á aquel 
pueblo que siendo esclavo en el campo pretende llamarse li- 
bre en la ciudad. Esla anarquía, que hizo vacilar las bases 
del Imperio, aseguró por el contrarío, las libertades munici- 
pales. Se vid entonces á los simples magistrados de las co- 
munidades dictar disposiciones soberanas, armar á los ciu- 
dadanos, construir fortalezas, levantar subsidios, y en ña, 
dar decretos y hacerlos cumplir. Si en aquellos momentos 
las ciudades hubiesen permanecido aisladas, hubieran sido 
inevitablemente víctimas de la venganza de los príncipes. 
£1 espíritu de asociación las salvó. Las grandes comunida- 
des italianas les habían dado el ejemplo con ol triunfo de la 
liga lombarda en defensa de las libertades de los pueblos 
confederados, y de ella tomaron las ciudades del Norte s4 
bias experienolas, comprendiendo la necesidad de asentar t 
asociación sobre sólidas bases quo la sostuvieron basta qu 



— 133 — 

el cambio político operado por la constitacióa del Imperio 
germánico la hicieron innecesaria, al paso que la liga italia- 
na, efecto de sn débil unión, duró solamente nueve aSos. — 
Tal es, en breves palabras, el origen del hansa germánica, 

£1 carácter de la asociación ^hanseáUca hace comprender 
que su objeto era: proteger á los asociados contra toda opre- 
sión; mantener la paz pública; garantir la seguridad de las 
^ias terrestres, fluviales y marítimas; moralizar el comercio 
por medio de una sabia legislación y extenderlo hasta los 
pontos más lejanos, negociando, para este fin, tratados con 
los principes extranjeros; amparar con su protección á los 
asociados en todos los países; 'resolver los conflictos de los 
asociados entre sí, y de los asociados con los extranjeros, y 
ejercer, en suma, todas las funciones de un verdadero 
gobierno. 

Para llegar á estos fines, el kansa no escatimó medio al- 
gano y tuvo que hacer grandes sacrificios y que vencer no 
pocos obstáculos. Tenía por objeto principal el monopolio del 
comercio, y en consecuencia fueron sus enemigas las nacio- 
nes marítimas, viéndose obligada á crear flotas y ejércitos 
para hacerlas frente. En el interior tuvo que luchar con la 
nobleza alemana, envidiosa del poderío que alcanzaba la liga. 
Pero á todo venció y á todo se sobrepuso con su admirable 
organización y gobierno; consiguió de las potencias extran- 
jeras ciertas franquicias que le permitieron ejercer el comer- 
cio con las mayores facilidades y ventajas posibles en aque- 

época, y pudo asi tener agencias comerciales é industriales 

le Nantes hasta Novogorod (Rusia) y depósitos de mer- 

eías en diferentes puertos. 






'^ 



ConfederaciÓD ofensiva y defensiva, política j comercial, 
uo solo fué ventajosa para sus propios interesea sino que fo- 
mentó notablemente el comercio y contribuya en gran ma- 
nara i aumentar las relaciones de los pueblos y al progreso 
de la civilizaciún en general. 

Es indudable que los primeros miembros de la liga han- 
seática fueron las ciudades del Báltico con Lubeck ala cabe- 
za á las que fueron agregándose sucesivamente otras mucbaa 
que contribuyeron al desarrollo y grandeza de la liga y á las 
innumerables victorias que tuvo el hansa principalmente en 
sus guerras con el rey de Dinamarca, "Waldemar III (1361 A 
1370), en cuya época su dominación se extendía desde la ri- 
vera derecha del Mease y de las islas de la Zelandia, hasta 
Reval en Sthonia. Desde entonces empieza el apogeo de la 
asociación que en el siglo xv alcanza todo su desarrollo, do- 
mina los mares, se presenta poderosa y rica, dueña exclusiva 
del comercio del Norte, y llega á tomar rango entre las gran- 
des Potencias. Establece factorías en todas las costas y pene - 
tra en el interior de las naciones. En cualquier parte donde 
ae halla no reconoce ni más leyes que las suyas ni otros tri- 
bunales que los propios. Obtiene el derecho de comerciar sin 
impuestos y de mantener un ejército para la ejecución de bus 
decretos, y consigne, en fin, privilegios que jamás tuvo aso- 
ciación alguna de su clase y demuestran el grado de poder 
que alcanió la liga hanseática. 

2. Explicado el orígenyobjelo de esta asociación, debemos 
observar abora, para comprender la razón de los privilegii 
otorgados por Felipe III, que muchas de las ciudades hansec 
Ocas pertenecían á los Países Bajos, y eran vecinas de aque 



— 135 — 
tvadafl en tiempo de Felipe II, vi - 
;uerca con Espafia de la que han- 
lulo siguiente. Era pues de temer 
fua apoyasen 6 prestasen auxilio í 
e UI debió comprenderlo así é hito 
iones á qae nos referimos, inspirin- 
politica de atracción qae al hacer el 
Dglaterra. del que hemos dado caen- 
r. 

ya se les habían otorgado algunos 
f con el propósito de que se hicieran 
jagón TÍDO ¿ la corle de EspaBa una 
s hanieátieas. Felipe III oyó las pre- 
lendo el ña político que se proponía, 
mbre de 1607 los prÍTÍlegíos otorga- 
propio tiempo hiso eiteasiTOS á Ca»- 
tntes: 

ue comerciasen en EspaSa pudieran 
e con sus mercancías en los puertos 

ondría guardia en sus buques, y que 
ian fuese i au costa, 
lar sus géneros por tiempo de un aSo 
Ble tiempo se les obligase á pagar la 



a del tanto por ciento que bs ha pagado 
L el establecimiento del naero sistema 
r ó precio de todas las cosas muebles. 
I. Mandiaibal suprimió esta impuesto 



— 136 — 

Que cuando quisieran pagar los derechos, se les despa*- 
chasc antes que á todos. 

Se declaraban libres del pago de derechos ciertos artícu- 
los como el oro, la plata, el trigo, las maderas para la ocas- 
trucción de buques, mosquetes, arcabuces, barras de hierro 
y plomo y todas las sustancias para la fabricación de dichaa 
mercancías. 

Que sólo se pagase el ocho por ciento de alcabala y el cin- 
co por ciento de almojarifazgo (1). 

Que cuando las mercancías se tasasen altas, pudieran los 
hansedlicos dejarlas en la aduana por esta tasación, entre- 
gándoseles el sobrante de los derechos. 

Que no se pudiese poner precio á sus mercancías. 

Que pudieran poner corredores para sus tratos. 

Que una vez pagadas las alcabalas^ pudiesen llevar sus 
mercancías por todo el reino, sin obligarles á otro pago de 
derechos. 

Que ni aun en las causas de contrabando se pudiese pro- 
ceder á la visita de las casas de los hansedlicos, sin la asis- 
tencia ó permiso del juez conservador. 

Que pudieran extraer la moneda de oro ó plata que hu- 
biesen adquirido á cambio de sus productos, pero no el que 



en 1843, pero después volvió & crearse, hasta que fué definitiva- 
mente suprimido por la ]ey de presupuestos de 1845. — ^Véaso 
Alcubilla, Diccionario de la Administración espacióla, 

(1) El almojarifazgo era en un principio el derecho que co- 
braban los moros en los puertos de Andalucía. Después de 1& 
conquista de Sevilla, el rey San Fernando conservó este im- 
puesto con el mismo nombre, siendo suprimido por los arance- 
les de 1788.— Véase Alcubilla. 



— 13! — 
roa conceptos. — Obedecía esta disposicida 
snómicos de aquella época 7 á la erróoea 
ir el oro como coostllutivo de la riquexa, 
labiado en el Cap. IV al tratar del eqaili- 

embargados los buques ni demás propie- 
Uicos. 

embargo de buques fuese iiecesarlOi Be 

gastos. 

mstruir una casa-lonjade contratación en 

« muy importantes les concedió también 
el de tener cÓnaulea en las ciudades que 
ario, y especialmente en Sevilla, -que te- 
ezclusiva del comereio con las Indias, y 
uez especial que resolTiese las cuesliones 
n nuestro territorio. 

kra la ejecución de estos príTílegios se fir 
lores de las ciudades hanseátieas y Feti- 
abre do ItO?, consignándose en él, además 
Dtajas políticas que España perseguía al 
siones, y á las que antes nos hemos ro- 

ablecía en el tratado, que los hanseilicot 
x:io con España en naves pertenecientes á 
evadas, y que no se importarían mercan- 
paña y viceversa. Se eximia del pago del 
r 100 establecido por Real cédula de 1603. 
ue salieran para el Océano ó vinieran de 



n 



— 138 — 

de este mar, pero do al tráñoo por el Hedíterrá- 
D de saber ai las mercancíaB que llegaban proce- 
idades del Adrua, exentas del impuesio, se exigía 
en el sello de la villa y una declaración que no 
sa que los actuales cerlificados de origen, condición 
ra bemos visto impuso también Felipe á los ingle- 
atado de Londres. Por último, se consignó asimis- 
B autoridades espaSolas podrían prender á los ho- 

celandeses que Tuesen sorprendidos en las naves 
teáíicoi; disposición contraria á los principios de 
iternaciooal de nuestra época, pero que constituía 
i ventajas políticas que se propuso obtcuer Feli- 
acer las concesiones enumeradas, 
na, el tratado otorgando los privilegios, era para 

garantía de que las ciudades de la liga hantédiiea 
ian ni auxiliarían en ninguna forma á los rebel- 

Países Bajos. Obtener esta garantía y aislar i loa 
I fué la política que inspiró á Felipe III para con- 
venttgas comerciales de que nos hemos ocupado. 



DE 00:<8nLTA.— Btanqni; Hi$Mre de la Hatue.—Bo- 
TamesE. Thorotd Bogen, 1 vol. — S. Sutoria», Geioh. 
\t, Bundu und Handdt, tom. Tiii.— Hagemejer, De 
teálico. — Mallet, Hitlúria dt la liga haweáliea. — Al* 
tloria de tat relaeione» comereialeí y diplomdtioat de 
Bajo* eon el tMríe de Europa. — Scherer, Sutoria del 
'. toda» la» naewnM.— Biqaalme, Elemento* de derecho 
trnaeional. 



;oN LOS Países Bajos al estallar vá. 
HTA A Sos- — Estado dk Aleuania sh la 

tlOpOS DB la aUBRRA. — CoNOHBSO DB 

TADOS DB HtTNSTER T Tratado de Os- 



IV hemos apuntado los motivos de la 
reinía años y sus consecuencias para las 
ales. No hemos de insistir acerca de 
iro si debemos ocuparnos, siquiera bre- 
n de EspaSa y de Alemania en aquellos 
los tratados que coa las bases acorda- 
'Westfalia, se concertaron para poner 

paBa, venia sosteniendo sangrientas 
' con los Paiscs Bajos desde el reinado 
lonarCB, ÍDspirado en la intolerancia 
: lucha entablada entre la Iglesia y la 
E^landes severos edictos contra los he- 
er en aquellas provincias españolas una 
amos condiciones que en Espaoa; cosa* 



— 140 — 

qae, unidas al descontento de la nobleza flamenca,, algunos 
de cuyos representantes aspiraban á la regencia del Estado 
encomendada por Felipe á su hermana la princesa Margarita» 
y á las maquinaciones de los Estados enemigos de España» 
que, como Inglaterra, contribuían á soliviantar aquellas pro- 
vincias, hicieron estallar la revolución contra nuestro reino. 
De aquí nace la guerra con Flandes, que no había de termi- 
nar sino ochenta anos más tarde por la paz de Westfalia. 

Continuó la lucha bajo el reinado de Felipe III y en 1609 
comenzó la Iregtia de los doce años. Tuvo entonces principio 
en Alemania la Guerra de los treinta añoSt y Felipe III, siguien'- 
do el criterio de sus antecesores, que siempre tomaron una 
parte activa en las cuestiones políticas y religiosas del Im- 
perio, entra en esta nueva lucha en favor del catolicismo» 
poniéndose al lado del emperador Fernando II. 

Sigue Felipe lY igual política; expira en su reinado la 
tregua de los doce años con Flandes, y se enciende de nuevo 
la guerra con estas provincias. Al mismo tiempo Richelieu» 
el irreconciliable enemigo de la casa de Austria, forma una 
liga entre Francia, Saboya y Yenecia, bajo el pretexto de 
obligar á España á devolver á los Grisones la Yaltelina, y se 
pone también de parte de las Provincias Unidas de Holanda 
contra Felipe IV. 

2. En Alemania, al abdiear Garlos Y el trono imperial 
(capítulo XL 1.) subió á él su hermano Fernando I que en el 
poco tiempo que ciñó la corona tuvo por política apaciguar 
las discordias religiosas ocasionadas por la Reforma y se mos- 
tró siempre partidario del catolicismo. A su muerte (1564) le 
sucedió su hijo Maximiliano II quien, menos católico que su 




— 141 — 

padre, toleró el proteetantismo en el Imperio, y evitó la gue- 
rra siempre y por todos los medios que pudo, siguiendo en 
general una politiea templada y pacífica. En su tiempo for- 
maron los protestantes la untan evangélica j á la que opusie- 
ron los católicos otra liga más fuerte y poderosa. [Le sucede 
(1576) Rodolfo II, indolcLte para el gobierno, más pacifico 
que Tirtuoso y que no supo evitar los grandes conflictos y 
desastres que tanto en el orden político como en el religioso 
ocurrieron durante su reinado. Dedicado á los estudios de la 
astronomía y de la química no se ocupó nunca con gran aten- 
ción de los asuntos de Estado, y su apatía y falta de dotes 
para llevar la corona de un Imperio que en aquellos momen- 
to^ era el centro á donde convergían todos los asuntos de 
Europa» contribuyó á que fuese preparándose la lucba que 
había de estallar en el reinado siguiente. En vista de su ne- 
gligencia, la nobleza austríaca intentó quitarle el poder y 
hasta su hermano Matías le arrebató el reino de Huogría, el 
archiducado de Austria y la Moravia, y hubiera concluido 
por apoderarse también de la corona imperial si no hubiese 
sido llamado á ceSirla por muerte de Rodolfo (1612). 

Subió Matías al trono de Alemania, y su desacertada po- 
lítica en los asuntos religiosos aumentó el desorden en que 
habían caido los negocios del Imperio. Las cuestiones entre 
aquella unión evangélica creada en tiempo de Maximiliano II y 
la católica se agravaron. Los protestantes sublevaron á Rohe- 
mia, que despojada de sus antiguos derechos temía la pérdi- 
da de sus religión por haber prohibido el Emperador edificar 
iglesias en aquel reino, y derribados los templos de Praga 
estalló la guerra que había de durar treinta años y cuyas 



— 142 - 

causas, aparte de las ahora dichas, hemos indicado ea el 
capitulo IV. 

3. Cuatro períodos tuvo la guerra que son otros tantos 
cuadros de luchas religiosas de los principes reformistas de 
Alemania contra el Emperador y los católicos, y concluyeron 
por asegurar á los reformados la libertad de su culto. 

El periodo pcdalino, empieza al morir Matías y sucedería 
Fernando It, nieto del primero de este nombre (1619), prín- 
cipe valeroso y enérgico que se preparó desde el primer mo- 
mento á hacer frente á las difíciles circunstanciasen que su- 
bió al trono. Bohemia fué la primera que se sublevó contra 
el nuevo monarca, proclamando rey al elector palatino, Fe- 
derico y, quien tomó el mando de los protestantes contra el 
Emperador y los católicos. El príncipe Gabor do Transilva- 
nia, fanático calvinista, se alió con Federico y llegó á atacar 
la fortaleza en que estaba Fernando II. La corona de este 
monarca peligró en aquellos momentos, y seguramente la 
hubiera perdido sin la actividad y energía que desplegó, y 
sin el auxilio que le prestaron el Papa Paulo V, la corte de 
Madrid y el duque Maximiliano de Baviera. Este, el marqués 
de Spínola, español, y el general bávaro Tilly derrotaron á 
los ejércitos de Gabor y de Federico, quien se refugió en Di- 
namarca, siendo adjudicados sus estados al duque de Bavie- 
ra. Auxiliaron al Emperador en esta primera lucha el Papa, 
España, Baviera y los electores de Maguncia, Tréveris y Co- 
lonia, y al elector Federico, Inglaterra, Holanda y los pro- 
testantes del Imperio. 

Después de la victoria, Fernando abolló las carian de ma- 
jestad, restableció el culto católico en Bohemia, y obrando 



— 143 — 
uo por oelo religioso, prohibió la profesión 
IU8 Estados, 7 expulsó de ellos á todos los 
seo al catolicismo. 

(s principia en 162B. El re; de Dinamarca, 
1 á aa cargo la defensa de los protestantes 
necia y con el rey de Inglaterra, pero sin 
ra sus armas que la que habían tenido las 
:ido en Lutter por los imperiales vio avan- 
hasta las costas del Báltico, obligándole á 
[.ubeck con la promesa de do volver ¿ mci- 
tos de AlemaDia (1629). El Emperador dio 
s electores católicos el etücto de restUución 
testantes tuvieron que devolver los bienes 
e se habían apoderado desde la paz de iSSS. 
principalmente intervinieron en la guerra 
leron Tilly y 'Waldsteín. 
9 sueco, en el que, la guerra fué originada 
i Francia y priucipalmente á Bichelieu des- 
fos y engrandecimiento de la casa de Aus- 
oncea el trono de Suecia, Gustavo Adolfo, 
on Alemania por el desprecio con que le 

querer recibir á sus embajadores en Lu- 
icir fácilmente por el cardenal Bichelieu, 
mentó suyo contra el Emperador y los ca- 
se por un tratado el astuto político francés 

1 en la guerra. Confiado en esta promesa 
o la campaña, favorable en un principio á 
e derrotaron í los generales Tilly y "Walds- 
B grandes dotes y conocimientos milita- 



pero muerto 6 asesinado este moaarca en la 
1 (6. de noviembre de 1632), c&mbid la auer- 
la católicos, y concluyó este periodo de la 
trota de loa protestantes en Nordlingen (ft de 
34). 

I cuando Francia descubrió completamente 
ainada á desmembrar el poderío de Austria. 
<do francés interrioiendo directamente Ri- 
¡rra, no por partido religioso, sino con aquel 
astrando á toda Europa á que tomase parte 
ido siempre por el mismo propósito. Esp&üa 
merra de los ireinla años desde el primer mo- 

hemos Tiato. Representó con Alemania el 
y siguió así la política internacional de Car* 

Felipe III, Ahora se presentaba en la con- 
smo carácter y con objeto además de dcfen- 
sdaba en loa Países Bajos, amenaxado por 

de la guerra es el fin de la lucha, mecclán- 
ro los intereses políticos, las ambieionea y 
jiosoB. En Alemania había muerto Fernan- 
. el trono Fernando III; en España reinaba 
Francia Luis XIII, inspirado por Richelieu, 
1 su política, de los graves sucesos de aquel 
Dieron en la miseria á los diferentes Estados 
ña no se libró del desastre; en guerra con 
o que luchar con tan poderoso enemigo eo- 
guerra también con Flandes con cuyas pro- 
Lpirado la Irtgua de ios doce años, y toman- 



— 146 — 
Ub contieiiflas de Alemania seguía igual 
Í8 nacioueB, complicándoBe adn mu su 
iblevacioaes de Portugal 7 GataluBa debí- 
iones de Richelieu. 
ornos viao á pouer término el ctmgreto 

ea 1618, cuyos resultados y consecuen- 

1 internacional hemos expuesto ya en el 
[ociaciones de la paz fueron muy la^as, 
:ad de asignar limites á tos territorios y 
ados; efecto también de la desconfianza 
porque se trataba, en fin, de desenredar 
le Intereses opuestos. 

no había Intervenido directamente en la 
añi», estaba llamada á hacerlo en la ce- 

¿ por lo menos á acelerarla. Asi lo en- 
, y aunque sus relaciones con Francia no 
ires, desde que esta nación, sin atender 
cioaes y miras políticas, había tomado á 
3 de los protestantes, procuró el Papa 
ición de un congreso que resolviese los 
es de las naciones en aquella lucha. Pero 
la li los Príncipes protestantes y eatos no 

ningún punto con los católicos y menos 
a de la Santa Sede en estos asuntos. De 

dificultades 7 largos preliminares de la 
le se encontraron, no solo en cuestiones 
is'de interés, sino hasta en el sitio y épo- 
n de congregar los representantes de las 
la reunión del congreso en Bolonia por 
10 



— 146 — 
s pie ñipóte a ci ario e á esta ciudad ni Sne- 
18 de Diciembre de 1641 se firmó ud tra- 
Hamburgo acwdando qoe el Congreso s« 
idades de Wcslfalia. Reunicronse al f)n 
tck los enviados del Emperador, de los 
y los de Suecia; y en Munster, represen- 
Emperador, los de España, Francia y 
razón de que no se reuniesen todos en un 
1 evitar que se suscitaran ouestiones de 
las naciones, España envió como eroha- 
lon Diego de Saavedra Fajardo que estu- 
pues al cande de Peñaranda, Fr. José de 
Bmn consejero de Flandes. Cataluña en- 
«presentante á don Francisco Fontanella, 
neia de Barrelona.— El Papa envió á Fá- 
al duque de Longueville y á los condes 
:he, el Emperadora los condes de Traut- 
laa y á Isaac Tolmar, y en suma se puede 
naciones de Europa estuvieron represen- 
} grandes grupos; 1." La casa de Austria 
española y alemana y sus aliados, entre 
I Baviera y de Lorena; 2." Francia con 
en protestantes del Imperio; y 3." las na- 
sr tenido una participación directa en la 
embargo, intereses en el congreso, como 
las ciudades hanseáticasj los electores de 
rgo y algunos principes de Italia. 
98 convenios que se acordaron en el Con- 
in Mnnster entre Espuia y las Provincias 



;ros intereses en 
itpe Fruncía y el 1 
or y Suecia el seg 
1648. 

cuerdos de esloa c 
ones interesadas e 
Congreso y i los diferentes partidos religiosos. 

Francia. — El Emperador y el Imperio cedieron al reí 
Francia todos sus derechos sobre las ciudades y obispado 
Metz, Toul y Verdun y sus dependencias. El derecho de 
tropolitano, perteneciente al arzobispado de Tréreris, le 
conservado en toda su extensión. (Tratado de Muuster e 
Francia y el Imperio, arl, 70). 

£1 Emperador cedió á Francia la ciudad de Brissac y 
dependencias, la A.lta y Baja Alsacia, el Zunttgau y la ] 
fectura de las diez ciudades imperiales, eí<tipulándose 
estos países serían iucorporados para siempre al reine 
Francia, con la obligación de mantener eu ellos la relif 
católica en el mismo estado en que se hallaba bajo el da 
nío de la casa de Austria. El Emperador, el Imperio ; 
archiduque Fernando Carlos exoneraron á todos los súbd 
d« estas provincias cedidas del juramento de lidelidad; d 
gando todos y cada uno de los decretos, constítucione 
leyes, que prohibían la enagenación de los derechos y 
nes del Imperio. (T. de M. arl. 73 y siguientes). 

Parece estribo que despuca de estos acuerdos se estíp 
se en el art. 88 del mismo tratado; que todos los Estados 
Jenes, ciudades y nobles de Alsacia que dependian inme 
támente del Imperio, conservarían su caróeter propio, ; 



rey'de Francia sólo tendría el deretlio de protecu 
vertenecía á la casa de Austria. Se puso ei^ta cláusí 
Qalmar los temores de la Alsacia qne quedaba desn» 
. del Imperio, pero era nula desde el raomenlo que i 
emperador declararon que no se entendía por ella 
do el derecho de supremo dominio concedido áFranci 

Se acordó también que se arrasasen las fortificaci 
Uenreld, del Tuerte de Rhluau, de Saverne, del cas 
Hobeoberg y de Neuburgo, sobre el Ilhin, sin que se 
poner guarnictóii en DÍDguna de estas plazas. Saver 
daba obligada á observar una exacta Dcutralidad, de, 
paso libre ú las tropas de Francia (T. de M. art. 81 : 
el rey de Francia pondría guarnición en Philipps! 
se le daría pvso libre para enviar allí sus tropas y m 
ues, pero sin pretender más que el derecho de protec< 
bre dicha plaza, pues su propiedad, jurisdicción, emi 
tos, frutos, etc., pertenecerían siempre al obispo y ca 
Spira (T. de M. art. 76 y 77). 

£1 Emperador y el Imperio cedían á Francia todoi 
rechos de soberanía y demás que tenían á pudiesen t 
bre el Pigoerol (T. de M. art. 72). 

Suecia. — El Emperadory el Imperio cedieron á la 
como feudos perpetuos é inmediatos del Imperio, tod 
meránia citerior con la isla de Rugen y en la Poi 
uilerior las ciudades de Slettín, Garls, Dam, Golnau ; 
de Wollin con la soberanía sobre el Oder y sobre el 1 
mar llamado de FrischaíT (Tratado de Osnal^ríick, s 
Así mismo obtuvo Sueeia la ciudad y puerío de Wisi 
bailtos de Poel, Na'weuclostery'WÍlshusen,el arzobis 



e Ctiam y el &llo Falatinado seclai 
euDidoB á su dominio. (T. de H-, ar- 
T. de O-, art. 4).— En compeasaciói 
r, cedida á Suecia, el elector de Bran- 
res, tendrían como feudos inmediato! 
ipado de Magde burgo 7 loa obispadoi 
[albersladt (T. de O. art. 11). 
^Oj Brunswici y Hesse. — Para compen 
i Wismar que se cedía á la Suecia » 
ecklcuburgo como feudos iumediatoi 
erin y de Ratzcburgo, con privílegii 
uonicatoa como también lasoncomien 
au que erau de la Orden de Malta (Tra 

ick adquiría el derecho de sucesión al 
lieos en el obispado de Osnabrüok po: 
utorías de Magdeburgo, Bremen, Hal 
. Asi mismo se le daba el protectorad' 
[onasterio de Groningue (T. de 0. ai 

assel obtenía la abadía de Hirschfelí 
ocias y seiscientos mil escudos. 
Francia quedaba obligada á pagar e¡ 
tres millones de libras á Fernando Car 
ispruck, después que España hubies 
:o para la enagenación de la Alsacia 
ididas por e] tratado de Munster (Tra 

>ipiar este capítulo bemos expuesto 1 



— 161 — 

llegar al Cmigreso de Weüfaiia, 
iutereses od cuanto á Holanda 
atado de importancia 7 trasceoí 
en ¿1 la libertad é indepeodoD 

renunciando Felipe IV bus dei 
lunciaba también el rey de £gi 
.ener á la ciudad de Grave, al j 
ias (que la casa de Orange pose'yt 
y que los Estados Generales ce< 
íes de 1611); y asimismo renunc 

sobre las ciudades y señoríos di 
ipinburgo, en cuyo goce codIíe 
y BUS herederos (artículos i9 y S< 
de España y de las Provincias 1 
tees de sucederse unos á otros (ai 
rdó que los cootratantee quedar 

plazas, factorías etc., etc., que ( 
itales y Occidentales, gozando 1 
gios que hasta entonces tenían 
« libre para entrambas naciones 
e las Indias (artículos S." y 6.°) 
tas. — Las convenciones de Passa 
firmadas por el artículo Ü." del T 
lose extensivas sus concesione: 
nía que las ciudades de Augsl 
1 y Kavensburgo continuarían 
iquelenianeldía 1." de Enero de 
Irados y oficios públicos serían 
: católicos y protestantes, y si el, 



ro de empleos fu^se impar, una y otra religión tendrf 
ternativamente un magistrado más. En cuanto á los 
únicoB alternarían en ellos unos y otros. Teniendo la i 
de \ugaburgo un Consejo secreto compuesto de siete se 
res de los cuales dos tenían el titulo de presidente y ci 
de consejeros, se dispuso que los catdlicoa podrían tenei 
pre un presidente y tres consejeros de su religión; i 
abusasen de la pluralidad de votos, los protestantes p( 
esUblecer la alternativa (T. de O. art. 5). 

A. los habitantes de Oppenheim, que profesasen la • 
sión Angsburgo, se les volvería á poner en posesión < 
templos, y en el mismo estado en que se hallaban od 
Todos los confesionistas gozarían del libre ejercicio de 
ligión. (T. de M. art. 27). 

La nobleza Ubre y dependiente inmediatamente del 
rio, gozaría en sus feudos inmediatos de todos los dei 
concernientes á la religión, concedidos á los príntsipes 
tores y estados del cuerpo Germánico. (T. de O. art. 5. 
Los condes, barones, nobles, ciudades, monasterio: 
eomiendas y comunidades que eran subditos de algún < 
inmediato eclesiástico ó secular, católico ó protestante 
drian el libre ejercicio de la religión que profesaban ei 
mero de enero de 1624. Los que tenían culto diferente ( 
su soberano y que en aquella fecha no gozaban del eje 
público, tendrían la libertad del ejercicio del culto ei 
casas y también la de asistir á los oficios públicos que 
lebraaen en los lugares vecinos. Gozarían además de 
los privilegios civiles tsoncedidos á los de la religión d 
nante. 



--^ 



- 16i — 



- pes de la confesión de Augsburgo (T. de O. art. 6.** párra- 
fo 9.") 

8e eetablecíft que tanto en las asambleas ordinarias como 
en las dietas generales seria igual el número de diputados 
de ambas religiones. (T. de O art. S." parraf. 18). 

El tribunal de la cámara imperial se compondría de un 
juez católico, cuatro presidentes, dos de cada religión; vein- 
tiseis asesores católicos y veinticuatro protestantes. Los jue- 
ces del consejs áulico serían en número igual de las dos re- 
ligiones. En caso de empate en una sentencia se remitiría el 
asunto á la dieta general del Imperio. (T. de O. art. S." pá- 
rrafo HO). 

Por último, los derecboa que se daban i los católicos ; á 
loa de la confesión de Augsburgo fueron también concedidos 
á loa reformados. A excepción de estas tres religiones no se 
admitía ni toleraba otra alguna en el Imperio. (T. de O. artl 
culo 7.°) 

Consliludtfn del Imperio germánico. — La constitución del 
imperio germánico fué definitivamente fijada por el congreso 
de 'Westfalia 7 por los decretos de la Dieta de Ratísbona de 
1662. — EL Imperio estaba compuesto de trescientos cincuea- 
ti( y cinco estados soberanos, feudales unos y eclesiásticos y 
municipales otros, diferentes entre si por su extensión, por 
su importancia y por su religión. Los seculares eran ciento 
cincuenta, gobernados por electores, duques, condes, etc.; los 
eclesiásticos ciento veintitrés, gobernados por electores, ar- 
zobispos, obispos, abades, grandes maeRtros de las órdenes 
de caballería etc., etc., nombrados á perpetuidad. Y por últi- 
mo, las ciudades imperiales eran sesenta y dos con gobierno 



¡de decir que la corona imperial vino á bcr 

ial pertenecía á la cámars imperial y al 
1 primera se compuso de cuatro presid^nles 
res. 

nto ea el tratado de HuDSter (arl. fí4) como 
k se consignó que lOB electores, principes 
erio tendrían el derecho de voto en todas 
. Sin ellos no se podrían hacer nuevas Ic- 
r ó mudar tas antiguas. Su consentimiento 
esario para declarar la guerra, hacer la paz, 

establecer impuestos, etc. etc. — A las ciu- 
I concedía voto decisivo en las dictas parti- 
os, 7 gozarían de todos sus antiguas dcre- 
;s, príncipes, etc., podían hacer alianzas 
extranjeros, con tal que no Tuesen contra 

Imperio, ni contra las cláusulas de los tra- 

i disposiciones consignadas en las diferen- 
mgreso, se vé que no solo se puso término 
erra de los treinta años, y á todas las que 
ligiosas habían agitado á Europa durante 
I que se resolvieron los intrincados proble- 
lientes en el continente europeo, y se cans- 
germánico sobre base de una confederación 
losicianes que acabamos de consignar, 
isa las grandes potencias llevaban sus di- 
ticos. Los embajadores del Emperador tii- 
estruir la unidn de Francia, Suecia y loa 



■^"1 



QLA.TERR& Y FRANCIA DESPUÉS 
— ExAhEN 1)E las IIIFEBBKTES 

,os Pirineos de 1659, — Su is- 
la Nación española. 



ipítulo anterior que el Congre- 
go á la lucha eotre EspsSa y 
eto los arduos problemas que 
cho mencidD, entre otros, del 
de 16S9 como eomplemenUrio 
y Osnabrück. Debemos ahora 
iBa y Francia en los aüos que 
D (1648) hasta la paz de los Pi- 
in de cate pacto, su importan- 
To para las dos Naciones cod- 

do una activa parte en la ;»«- 
e tenía que sostener otras de 
iDcia en CataluSa y Portugal. 
las continuas luchas políticas 
f habían venido Bucftdiéndosn 



I 

1 



■-^^ 



lamadade la Fronde (1). No es pues de 
i aprovechiodose de las luchas iDternas 
tomar revancha de aquella actitud j po- 
Bichelieu y Uazarino tan contraria & 
f que solo tuvo por mira desmembrar el 
de Austria y abatir la supremacía pon- 

Sspiüa las condiciones de paz propuestas 
aó la guerra entre las dos potencias, y la 
sus ministros siguieron desde entonces 
:a con la nación vecina. Fomentaron las 
le, apoyaron á uno de loa dos partidos y 
ion á recuperar las ciudades perdidas en 
taluña, Portugal é Italia. 
Leopoldo tuvo eo un principio el mando 
lias en los Países Bigos apoderándose de' 
Yprés (1649) y obteDÍendo tan buenos 
vista los dos partidos de París compren- 
de suspender sus luchas para atender il 

9. 

lies de Francia vizconde de Turenne y 

no pueden dejar de ser nombrados, por 

nto que bagamos de los sucesos de aque- 

grandes ñguraa en la milicia Trancesa 

>Te se distinguió en Francia al partido coñ- 
ac le llamó de la /'roniíedebidoánna afor- 
de Bachaumond en el Farlamunto oompa- 
•B de aqael partido con loe muchachos que 
'arla refilan continuas pedreas con hondas. 



— 161 — 

como Bichelieu y Hazarino en la política y Colbert en la ad- 
miDÍstración. Las victoriaB de Fribur^ (1644) y de Nord- 
Ungen (Í64S) 7 la batalla de Sommershausen que contribuyó 
en grau modo á la' paz de 'Westfalia habían acreditado ya á 
Tureone y las mismas de Friburgo y Nordlingen, con más 
las de Boeroy y de Lens al príncipe de Conde. 

El primero se puso al lado de los espaSoles en los co- 
micDEOS de la guerra, después de la paz de Vestralia y diri- 
gió con el archiduque Leopoldo las operaciones tuilitares en 
Flandes contra Francia, y el príncipe de Conde también pa- 
só á nuestro ejército cuando el puebla de París cansado de 
las luchas de la Fronde Uajoó al rey á la capital y se puso 
término á la guerra civil (16S3). 

Supo Felipe IV atraerle y ganarse la simpatía del prin- 
cipe de Coadé nombrándole generalísimo de los ejércitos y 
dándole los mismos honores que al archiduque Leopoldo 
;;obernador de los Países Bajos. — El vizconde de Turenne 
volvió bien pronto al ejército francés, pero Conde se mantuvo 
al servicio del rey de España apoderándose con el archiduque 
dp las plazas de Gravelines, Dunkerque, Mouzón y Boeroy. 

Decliifado por entonces mayor de edad el rey do Francia, 

neudió en persona á lomar parte en la guerra de los Países 

Bajos. Las desavenencias entre los generales que mandaban 

las tropas españolas ea Flandes fué la causa principal de las 

derrotas que sufrimos en 1G5S. Los ^nceses al mando de 

Turenne se apoderaron de la plaza de Quesnoy siendo inúti- 

s los esfuerzos de Conde para recobrarla; perdimos también 

.3 ciudades de Chatelet, Landrecy y Saint Guilain, si bien 

>n honrosas capitulaciones. A consecuencia de estos desas~ 



liduque Leopoldo dimitió el cargo de gobernador 
ts Bajos, y Tué reemplazado por dos Juan de Aus- 
atural de Felipe lY (1656), que continuó la guerra 
erales, principe de Conde 7 m¿rqu>>3 de Caraceua. 

nuestro fortuna en la batalla dada & orillas del 
la que fueroa derrotados los franceses, muerto uno 
cipales generales, el mariscal la Fert¿ y obtuvic - 
mplela victoria las tropas españolas. 
tciÓB entre EspaSa 7 Francia vino á complicarse 
ntecimientos que por entonces ocurrieron en In- 
1 revolución promovida en aquel país, <iue llevó 
k su monarca Carlos } cambió complclsmeote la 

de la Grao Bretafia. Aparece Cromwell, autor de 
in que clamaba contra la tiran ía de los monarcas, 
1 jefes fueron tan tiranos como los reyes. Oliverio 
no llegó ni por su ilustración ni por sus méri- 

su liberalidad á la altura que alcanzó en Ingla- 

por su habilidosa política y por su osadía. Supo 
^osidad y exaltado temperamento atraerse á su 
sa no difícil cuando un pueblo está descontento 
rno. Procuró el bien y la prosperidad de Inglate- 
jrecer la industria y el comercio, y fraternizando 
captóse pronto las simpatías de sus conciudada^ 
10 por esto trigo Cromwell principios mas nobles 
idea al mundo político de su iiiglo. Inspirado en 

ambiciosas miras que loa demás estadistas de en- 
politica es la vulgar y corriente de aquella épo- 
propósito y sin más interés que el engrandecí - 
su patria y de su persona. 



Eidores espaüoles se negaron desde ud 
las dos primeras condiciones, por impll- 
eu cuestiones particulares de EspaBa y 
leró entonces conveniente para Inglale- 
lueatro país; su política egoísta y ambi- 
ir aliados en otras Daciones y no en la 
tor tas continuas guerras que venía sos- 
xtendja sus miras á las colonias de que 
' si se aliaba con la madre patria perdía 
quistarlas. 

principales razones que impidieron la 
«rra y España. Hubo además incidentes 
sesinato del embajador inglés en Madrid 
ario decidido de Cronawell, y la disputa 
s entre los cocheros de los embajadores 
por cuestiones de etiqueta, en la que los 

pusieron de parte de los segundos, que 
mes entre España c Inglaterra y que i 
importancia, precipitaron el rompimicu- 
oues. 

re España é Inglaterra Tracal, no suce- 
. de Cromwell y Francia. El 23 de Marzo 

de. Brienne y de Lionne en nombre de 
>kart embajador de Inglaterra filmaron 
entre las dos potencias, por el que acer- 
ías de Gravelines, Mardyclt y Dunkerque, 
n caso de que fuesen tomadas, la prime- 
i y las otras dos para Inglaterra. 
)r i la celebración de esta aliaoia se ha- 



I « 



nuestras coIodíos,' se apoderó de Jamaica é iuUntó hacerse 
dncDO de Méjico, cosa que liuhiera realizado si las tropas es- 
pañolas Qo acaden á tiempo á su derensa. 

En Cataluña, la guerra entre españoles y franceses se hi- 
zo con poco calor al principio, debido á tener concentrada 
toda su atcncidn ambos gobiernos á la lucha en los Países 
Bajos, y porque el Principado que en un momento de cegue- 
dad había recurrido á Francia para librarse de la autoridad 
castellana, comprendió bien pronto su desacierto, pues había 
pasado á ser víctima de la tiranía francesa, y esperaba la 
primera ocasión que se presentase para volver á ponerse ba- 
jo el cetro de la monarquía espaSola. Tan buena disposición 
de los catalanes decidió á Felipe tV y á don Luis de Haro á 
hacer un esfuerzo en Calaluua y enviaron un nuevo ejército 
de doce mil hombres al mando del marqués de Mortara quien 
rescató la plaza de Tortosa (16S0) y puso sitio á Barcelona, 
defendida por los generales franceses la Motbe y Uargarit 
que se rindió después de quince meses de resistencia. Con- 
tinuó la campaña con pérdidas de una y otra parte hasta 
Í658, siendo en general ventajosa para nuestras armas. 

No era la misma nuestra suerte en Portugal que desde 
ir>49 caminaba ¿su independencia- El conde de Haro man- 
daba las tropas españolas en aquella campaña que terminó 
coa la derrota de nuestro ejército en Elvas (enero 16^9), y 
por la parte de Galicia, con la conquista de las plazas de 
Mourao y Salvatierra por el general español marqués de 
Viana. 

Así las cosas en Flandes, Cataluña y Portugal, volvieron 
á ttmpezar las negociaciones de paz entre España y Francia 



viei 

Laii 



ilio, 
ado 

lesc 



mtt 

ntoi 

la: 

pe 

Hanarino & negociar el casamíe 

una hija de la duquesa de Sabe 

para dar mas visos de verdad : 

narca á L70U donde se eacoati 

la estratagema del astuto cardei 

ánimo del rey de Espaüa y de 1 

cés la mano de la infanta Tere 



lientos y obligó ü la corte espaSola á en- 
Pimental á Lyou para negociar el matri- 
V con la hija de Felipe IV. Acompañó el 
iSa al rey de Francia i París donde cele- 
rencias con Mazarino y con el antiguo em- 
a Uadrid señor de Lionne, en las que se 
reliminares de la paz, acordando que una 
capítulos por una y otra parle se firmaría 
ra de ambos reinos. 

a reunión de plenipolenciarios la isla de 
Bidasoa, en la raya de los dos reinos y i 
i de trun, k ella concurrieron los represen- 
don Luis de Haro y don Antonio Pimen- 
paSamiento de grandes de España, caballe- 
uardias de á pié y de á caballo, y loa de 
al Mazarino, el duque de Crequi, los ma- 
y, de Cherembaut y de la Meylleraie, el 
uvré, el marqués de Lionne, ministro de 
lonajeB. 

ts que se celebraron fueron veinticuairo, y 
t 28 de Agosto de t65t», terminando el 17 
mismo año. Las cláusulas relativas al 
y al matrimonio de Luis XIV fueron las 
yores dificultades entre los negociadores, 
in en que fuese enviado á Madrid el du- 
L pedir solemnemente al rey don Felipe la 
para el monarca francés; y en cuanto al 
i nada se decidió hasta la décimatercia 
eptiembre) en que se acordó reponerlo 



''■'■'^ 



— 170 — 
I que a« encontraba; y se abstendrían de llevar á los 
e estaban en guerra eon el rey de España, mercan - 
lentes de sus Estados que pudiesen servir contra él 
in mercancías de contrabando. Solo las armas ofeo- 
énsivas, las municioDes de guerra, los caballos y 

y los demás aprovisionamientos útiles para la 
consideraban como contrabando, pero no los co- 
Los barcos franceses que entrasen en algún puerto 
presentarían sus pasaportes en los que debía espe- 

carga, procedencia y destino, pudiendo ezigirse- 
entación aun en las mismas radas si hubiese sos- 
ue llevaban contrabando á los enemigos del rey de 
1 alta mar los navios de este rey no se acercarían 
eses más que á tiro de cañón y podrían enviar sus 

dos ó tres hombres a los que serian presentados 
rtes, y si se encontrasen mercancías de contraban- 
lonfíscadas, pero no el barco y las mercancías li- 
nercancf as de los franceses serían confiscadas cuan* 
antrasen en un barco de los enemigos del rey 
lero las mercancías de los enemigos en los barcos 
serian libres á menos que fuesen de contraban'lo; 
es procederían de igual manera con los españoles 
is mencionados. Los efectos cogidos durante la gae- 
litos de uno y otro reino serían devueltos á sus 
)s; se perdonaban las deudas que no hubiesen sido 
otras procedentes de decretos de confiscación; y en 
mpimiento los subditos de ambos reinos tenían seis 
i retirarse y llevar sus efectos. Podían tener en el 
ro sus abogados y procuradores; los dos reyes po- 



:"^wíH 



que el Principado quedaría paca EspaSa y se 
mplio perdón y amnistía á todos Iob catalanes 

tomado parte por Francia en la guerra. En 
jgal rebelde á Esp^a y auxiliado por Francia, 
ue esta nación después de interesarse mucho por 
guesa y dispuesta á hacer toda clase de conce- 
ña incluso ta renuncia de algunas ventajas á 

9 esta consintiese en la emancipaciiin de Porlu- 
ido accedido el rey Católico il nada sobre este 
a;aba Francia h enviar un embajador a Lisboa 
>1 término de tres meses arreglara las cosas á 
;1 rey de España y si esto no se conseguía, el 
1, separado de la alianza con Portugal, se com- 
su palabra á no prestar auxilios de ninguna 
tugue se s. 

!s relativas al ditque de Lorena^ al principe de 
uques de Sahoya y ^«iJi/ena.— Respecto á los Es- 
ero se proyectó en la isla de los Faisanes que 
'^az y el condado de Clermont serian incorpo- 
ia, la cual quedaba autorizada para abrir un 
r por los territorios del duque, por el que po- 
iremente sus ejércitos. Lorena protestó cnérgi- 
a estas proposiciones y consiguió más adelante 
lazarino, la devolución de sus Estados. 
al principe de Conde, los especiales servicios 

10 prestó á España y su constante fidelidad á 
obligaban al gobierno de Felipe IV á tomarse 

1 mayor interés en las negociaciones. Ya be- 
las cláusulas relativas á este príncipe fueron 



y prometieuda no volver á recibir pensioues ni beneficios que 
le obligasea á {lepc^de^de otra persona distinta del rey de 
Francia. Que entregaría á este las plazas de Rocroj, Gbatelet 
7 Limohamp. Que medíante todo esto, el rey le concedería su 
perdón, le permitiría volver á Francia y á la Corte, y le repon- 
dría en todos sus bienes, honores, privilegios etc. Que á cam 
bio de que el rey de EspaSa entregase al duque do Neuboui^ 
la ciudadela de JuUiers y al rey de Francia la de Avesnea que 
tenia intención de dar al príncipe de Conde, S. H. daria á 
este el Gobierno de BorgoÜa y de Bresse comprendido el país 
de Bugey, Valrowiey y Gex; y al duque de Engbien (hijo del 
príncipe de Coiuté) el cargo de jefe superior de la casa real de 
Francia- S. M. expediría cartas patentes de abolición de todo 
lo que el príncipe, sus parientes, servidores, amigos y adic- 
tos habían hecho contra el servicio del rey. Que entraría en 
posesión de todas sus tierras y dominios incluso Clermont, 
Stenay y Dun. En lugar del dominio de Albret, que era del 
príncipe antes de su salida de Francia, y del cual había dis- 
puesto el rey. Be le dio el dominio de Bourbonnais. Todos 
los edictos y disposiciones incluso el decreto del Parlamenta 
de Paria de 27 Marzo ÍCS4, dictados contra loa que habían 
seguido al principe de Conde quedaban anulados y sin nin- 
gún valor, excepto paro loa cargos y gobiernos. 

En cuanta & los duques de Saboya y Hódend, aliados que 
habían sido del rey de Francia en la guerra con Italia, fueron 
repuestos en todos sus Estados, bienes, derechos y privilegios, 
y por consiguiente se devolvieron por parto de España al- 
gunas plazas y territorios que habían ocupado nuestros ejérci- 
tos, como Tercelli y sus dependencias y el lugar de Cencío en 



Controlo de malrimonio entre Lv.ii. XIV y María Teresa de 
Austria. — Hemos dicho antes que el matrimoDÍo entre ol re; 
de Francia 7 la hija de Felipe IV, fné acordado en París por 
don Antonio Pimentel, cuando llegó á aquella capital acom- 
pañando á Luis XIV desde Lyon, pero el contrato no se fir- 
mó hasta el mismo dia que el tratado de los Pirineos y tam- 
bién GQ la isla de los Faisanes. En él se convino que el rey 
de España daría en dote á la infanta Maria Teresa su hija, y 
pagaría en París al rey crístianísimo, quinientos rail escudos 
de oro; á saber: una teroerj parte al celebrarse el matrimonio, 
olra un año después, y la última tercera parte seis meses más 
tarde: Que para la segundad de la doto y su restilación en 
caso de disolverse el matrimonio, el rey do Francia daría to- 
das las garantías necesarias; Que mediante el pago de estos 
quinientos mil escudos eu los plazos marcados, la inranta se 
daría por satisfecha 7 no podría pedir otra cosa á los suceso- 
res del rey y de la reina de España; que renunciaría antes de 
casarse 7 confirmaría su renuncia juntamente con el re7 
cristianísimo después de celebrado el matrimonio. Se insertó 
también en este contrato la exclusión de la infanta y de sus 
hijos habidos con el rey de Francia i, la sucesión de ningún 
estado del rey de EspaSa, ya fuese por devolución A por cual- 
quier otro titulo, y todas las demás cláusulas conteni- 
das.en el contrato de matrimonio entre Luis Xltt 7 Ana de 
Austria. 

3. Este fué g1 famoso tratado de paz de los Pirineos, que 
si bien puso término por el momentoá la sangrienta 7 larga 
lucha entre España 7 Francia, fué origen de nnevas guerras, 
o inüuyd directa 7 notablemente en el porvenir de la naGíóii 



1 



, hecho en el tratado de Fe- 
¡cas y se reyoca el priacipia 
le los neutrales no podían 
íFra, proclarnáadose ea su 
Ea mercancia, es decir, que 
ibre; y viceversa, nave ene- 
dose como punto de vista la 

de la mercancía, principio 
> y que representa un pro- 
nacional. Lo propio pode- 
e los buques mercantes, que 

Tratado, se concede no sólo 
1 en alta mar; pero limítan- 
os paaaporleR y ateniéndose 
r practicar registro personal 

laspor España en los articu- 
, pudiendo decirse que fae- 
3 de Francia, cesiones tanto 



XV 



España y Portugal después del tratado de los Pirineos. — 
Incumplimiento por parte de Francia de este pacto en 
LO relativo al reino lusitano. — Auxilios prestados por 
Francia é Inglaterra á Portugal. — Tratado de Lisboa 
de i6f)8 reconociendo la independencia de Portugal. 

1. Al exponer el tratado de los Pirineos hemos visto que 
España, á costa de algunos sacrificios, consiguió que Fran- 
cia se comprometiese á no prestar auxilio de ningún género 
á Portugal en su rebelión contra España, (i ) Después de pac- 

(1 ) El articulo 60 del tratado relativo & este punto dice asi: 
<yAunque S. M. cristianísima nunca ha querido obligarse, no 
joobstanto las vivas instancias que repetidas veces se le han 
«hecho, acompañadas también do ofertas muy considerables, á 
no poder hacer la paz sin la inclusión del reino de Portuf^al, 
f por cnanto ha previsto y temido, que una obligación como esta 
«podría ser un obstáculo invencible para la conclusión de la pa^í, 
»y por consiguiente reducir á los dos reyes & la necesidad de 
«perpetuar la guerra; no obstante su dicha Majestad cristianísi- 
»ma, deseando extremamente ver gozar al reino de Portugal de 
»la misma quietud que adquirirán tantos otros estados cristia- 
»nos por el presente tratado, ha propuesto para este fin muchos 
«partidos y medios, que juzga poder ser de la satisfacción 
bdeS. M. católica; entre los cual es también, no obstante (como se 
«ha dicho arriba), que S. M. no tiene ningún empeño en este ne- 
vgocio, ha llegado al extremo de querer privarse del principal 
«fruto de la felicidad que han tenido sus armas en el curso de 
«upa larga guerra, ofreciendo además délas plazas que restitu- 
«ye por el presente tratado á S. M, católica, entregarle también 



— 181 — 
tarse semejante cláusula, termiDada ya la guerra en Cataluña 
y firmada la paz coq Francia, la situación de España era más 
halagüeña y parecía cosa indudable la sumisión de Portugal 
en un plazo breve. Desgraciadamente no Tué así, y ta unión 
creada en tiempo de Felipe 11, aspiración constante de nues- 
tra política exterior, se rompió para siempre, proclamándose 
la independencia del vecino reino. 

Decimos que la política española aspiraba á la waión do 

■todas las demás conquistas generalmente, (jue han hecho eus 
•armas en esta guerra y restablecer enteramente al señor prin- 
icipe de Conde, con tal y con la condición de que ae dejen loa 
«negocios del reino de Portugal en el estado enque^ehalUn al 
■presente: lo que no habiendo querido aceptar 8, M. católica, 
iha ofrecido solamente qne en consideración é. los poderosos oñ- 
■cioa de dicho señor rey criatianisinio, consentirá en volver 4 
■poner las coaaa en dicho reino de Portugal en el mismo estado 
■en qne estaban antes de la novedad que sucedió en ol mes do 
■Diciembre del año de 161U, perdonando y dando una abolición 

■ general de todo lo pasado, y concediendo el restablecimiento 

■ en todos los bienes, honoresy dignidades de todos aquellos, híq 
■distinción de persona ú personas, que volviendo á la obedien- 
■cia de S. M. católica, se pongan en estado de gozar del efecto 
•de la presente paz; finalmente, en contemplación á la paz y 
• viata la al>solnta necesidad en que se ha hallado S. M. cristia- 
■nisima de perpetuar la guerra por el rompimiento del presente 
•tratado, que ha reconocido ser inevitable, en casoque quisiera 
•persistir más tiempo, para obtener en este negocio de S. M. ca- 
ttólica otras condiciones que laa que ha ofrecido segúu se ha 
■dicho arriba, y debiendo y queriendo sn dicha Majestad cris 
otianlsima preferir (como es jnata), la quietud general déla cria- 
■tiandad al interés particular del reino de Portugal, en ventaja 
■y favor del cual no ha omitido nada de lo qne podía depender 
■de S. M. y estaba en su poder, haata hacer ofertaa tan grande» 
■como las que se han dicho arriba; finalmente se ha convenido 



las coronas de Castilla y Portugal, por que ya ea tiempo de j 
los reyes Católicos so tiabía intentado la fusión de los dos 
reinos siguiendo la misma política de enlaces que había pro- 
ducido la unión de Castilla y Aragón. 

La infanta dona Isabel, hija de aquellos monarcas, contra- 
jo matrimonio primero con don Juan de Portugal y después 
con don Manuel el Aforíanado, teniendo de este segundo en- 
lace un hijo, el infante don Miguel, en el que habían de unir- 
se las dos coronas, y como sucesor de ambas fué jurado, pero 
«u prematura muerte y también la de su madre, impidió que 
se consumase la unión. 



>v asentado entre los dos eeñores reyes, qne se concederán & en 

■ Majestad orlatianiaima tres meses de término, contados desde 

■ ol día del cambio de las ratiñcaciones del presente tratado, du- 

• raute los cuales pueda enviar al dicho reino de Portogal algún 

• ministro para procurar que aediapODgan allí laa cosas de modo 
■<iue se ajuste yrednzca este nogociode talnianera,queS.M. ca- 
itólica quede plenamente satisfecho: después de cumplido* 
líos cuales tres meses, si los cuidados y oficios de su dicba Ma- 
•jestad no hubioreu podido producir el efecto que se áspera, su 
•dicha Majestad no se mezclari m^ en este negocio; y prome- 

• ír. se obliga y empeña ¡obre su honor y en fe y palabra de rey, 
apiir tí y »u» íueegoreg, á no dar á dicho reino de Portugal en ct,- 
tiiiún, ni á ningana penona, ni persona» de él tn particular , de 

• nt^uier dignidad, estado, calidad 6 condición que aean, al pre- 

■ <e»íe, ni en lo futuro, niagün socorro nt asiattncia publica, ni se- 
i -reta ni directa ni indireotamenle, de hombres, armas, municio- 
tiies, víveres, bajeles ó dinero con ningún pretexto, ni cualquiera 

■ 'fra cosa que sea ó pueda ser, por tierra ni por mar, »i de algu- 
» la otra manera; como tampoco permitir que se hagan levasen 
»^ingú» paraje de sus reines y estado», nt conceder elpasopor 
n::llo» d ningunas de la* que puidan venir de otros estadios ea to- 
buorro de dicho reino de Porlugaln, 



Al fallecimiento sia descendencia del monarca don Sebas- 
tián, ocupó el trono portugués por muy breve tiempo (1578-80) 
su tío el Cardenal don Enrique, 7 ante la perspectiva de la 
próxima vacante de la Corona, se presentaron varios preten- 
dieotes, á saber: Felipe II rey de España, Emanuel Filiberto 
<lo Saboya, el prior de Groato, Ranucio Farnesio y lu duque- 
sa de Braganza. descendientes todos del rey don Manuel, 
triunfando por completo Felipe II que ejercitaba su derecho 
como hijo do U infanta portuguesa doña Isabel, hija de don 
Manuel eí Afortunado^ y por tanto hermana de don Juan III. 
Las gestiones del Embajador de Felipe II en Lisboa, don Cris- 
tóbal de Hora, y las victorias alcanzadas por el duque de Alba 
sobre las armas de los demás pretendientes, decidieron la 
causa en favor del monarca español, realizándose la unión 
de España y Portugal á la muerte de don Enrique (1380). 

Así permanecieron las dos coronas durante los reinados 
de Felipe ti y Felipe III, hasta que en tiempo de Felipe IT 
(IGiO) se subleva la nobleza portuguesa, proclama la inde- 
peodencia de ese reino y sienta en el trono al duque de Bra- 
ganza con el nombre de Juan IV. En el cap. anterior hemos 
hecbo meación da la guerra sostenida por España para so- 
meter el reino lusitano, pero no es de extrañar que la lucha 
fuese débil, si recordamos que en aquel calamitoso período 
teníamos que atender á la terrible guerra con Francia, á la 
sublevación de Cataluña, á nuestros amenazados territorios 
de los Países Bajos y á las Colonias, en fin, que en el nuevo 
mando despertaban la codicia de Cromwell y los ingleses. 

' Una vez firmada la paz de los Pirineos y ocupado el solio 
portugués por un infante débil, desarreglado y licencioso como 



regeocia dé su madre doña Luisa de 
hemos dicho al principio, que seria 
lometer á Portugal; la misma regente 
lijo, y el gobierno por la indepeaden- 
unto que hay noticia de que al saber 
an sido excluidos del tratado de 16S9, 
1 arreglo por el que se comprometían 
•¡ escudos anuales en recoaocimien- 
rey de Portugal se quedase solamente 
:arbe y las colonias del Brasil, cedien- 
las. Pero confiado el gobierno deFe- 
ul de nuestras armas sobre las portu- 
:n el leal cumplimiento por parte de 
■ en los Pirineos, rechazó aquellas 
so á continuar la lucha. 
1 reino de Portugal habría vuelto á 
! hubiera sometido á Felipe IV, si 
lo el art. GO del tratado de los Piri- 
lubiese prestado auxilios á loa poriu-' 
monarca francé», lendii^ndo siempre 
la casa do Austria, buscaba toda oca- 
iito territorial ó de fuerzas de Espa- 
i las circunstancias para evitar la 
I l(is compromisos contraídos con 
e 1659. — El Embajador portugués en 
dio áLuisXlYoo nombre de su reino 
a guerra contra España, siendo inú- 
xtas de los diplomáticos españoles en 
reclamationes que hicieron por in- 



tratado de tos Pi 
y envió á Fortugí 
más iluatrea generales, ol mariscal Sehomberg 
oficiales de los más distinguidos de su ejército 
los de artillería, cuatrocientos soldados Tetereí 
casos recursos pecuniarios. No contento el moi 
con violar así el tratado, y con objeto deracilit 
todos los medioa para que consiguiese su indep 
pleó su política en atraer á Inglaterra para que 
te fin. Ya no estaba la Gran Bretaña bajo aquel g 
hlicano creado por Cromwell de que hemos hecl 
el capitulo anterior, sino que muerto éste se r 
tiierno de loa Stuardos y Tué proclamado rey 
Carlos II (1660) hijo del que murió en el cadali 
la revolucLÓD. Este joven monarca había estad 
república refugiado en Francia, donde Luis XI'V 
pensión de seis mil libras, quedando así obliga 
modo Carlos II al monarca francés, quien supo 
de esta circunstancia para desarrollar sus plai 
Portugal contra España. 

Proyectó Li>i8 XIV el matrimonio del rey i 
Carlos II con la infanta dona Catalina, hermai 
Portugal Alfonso VI, enlace que naturalmente hi 
las dos naciones y asegurar la independencia d 
La corte portuguesa aceptó desde luego esta id 
como dote de la infanta 1^00.000 libras esterlina 
des de Tánger y de Bombay y conceder á Inglai 
comercio con Portugal y sus colonias. El Emba 
gues en Londres don Francisco de Uelo hizo es! 



¿ G&rloB II, al propio tiempo que el representante de EspaSa 
Vatterille, trataba en la corte inglesa de destruir semejante 
enlace tan perjudicial á nuestros intereses, proponiendo en 
«ambio al rey de la Gran Bretaña su matrimonio con una de 
las princesas de Parma a con la hija del rey de Dinamarca, 
ó con la del elector de Sajonia ó con la del príncipe de Oran- 
ge. corriendo de cuenta de Felipe IV la dote de la que eli- 
giese. Pero Garlos II, que veía ventajas más positivas para 
llenar sos arcas y para el comercio inglés en la de la infan- 
ta portuguesa, no titubeó en aceptar, con la aprobación de 
sus Cámaras, un matrimonio tan impolítico como perjudicial 
para España. No debe extrañar esta conducta y miras inte- 
resadas del monarca de Inglaterra, si se tiene en cuenta que 
para satisfacerlas llegó poco tiempo después á vender al rey 
de Francia la plaza de Dunkerque y el fuerte de Mardick en 
400.000 libras esterlinas. — Efectuado el enlace, entregó Por- 
tugal la plaza de Tánger que no tardaron en abandonar los 
ingleses, y la ciudad de Bombay origen del poderío de la 
Gran Bretaña en la India. 

3. Alentáronse los portugueses con esta unióu, y se dispu- 
sieron á continuar la guerra en favor de su independencia. 
Inglaterra les prestó muy poderosos auxilios autorizándoles 
para reclutar en aquel país diez mil infantes y dos mil qui- 
nientos caballos, y para fletar una armada auxiliar inglesa, 
con la sola condición de no poder emplear nunca bombres 
ni naves contra la Gran Bretaña. 

España por su parte, reunió sus ejércitos al mando de 
don Juan de Austria y empezó la lucha que en un principio 
no dejó de ser favorable á nuestras armas; 



— 167 — 

trora (8 Junio, 1663) y otros desastres, ] 

¡ion de los generales don Juan de A.ua 

. Bncomendose el mando de nuestrts 

e Caracena, quien ¿ pesar de sus bu< 

char directamente sobre Lisboa, do t 

sus predecesores y sufrió las últimas 

ira (Junio, 166S). Todos estos deaastreí 

in absoluto al desacierto de los gener 

mal estado de ijuestro ejército, sioo 

gran parte al inoportuno eoTío de tropas que la corte 

lladrid tiizo i A.lémaiiia para defender al Emperador d( 

amenazas de los turcos, y sobre todo á los poderosos ai 

lios y decidido apoyo que Francia é Inglaterra prestan 

Portugal. 

Uurló por aquella época Felipe IV (17 de Septiembí 
1ii6S) y le sucedió en el trono eu hijo Carlos II bajo la 
gencia de su madre doña Mariana de Austria. Continuo: 
guerra, pero reducida á correrías y pequeüoB eneuen 
entre unas y otras tropas, sin que España pudiese apr< 
cbar el desconcierto y disensiones que había por entonce 
Portugal, á causa de la conducta é ineptitud para el gobi< 
de Alfonso VI. 

Francia no solo seguía apoyando á los portugueses : 
que, para que no se desanimasen en su guerra con Esp 
les prometió por medio de un tratado de alianza, cua 
auxilios pudiesen necesita^, y por otra parte nos amena: 
con llevar á cabo grandes conquistas en los territorios 
aún nos pertenecían en los Países Bajos. De aquí el ial 
de Luis XIV en que continuase la guerra entro Espa: 



— 188 — 
Portugal para que dislraidas eo ella nueslras fuerzas, pudie- 
se realizar mejor eu empresa en-Flaades, 

Inglaterra no tenia el interés que Francia en que la 
guerra conünuaae, y por tanto su política se limitaba á ges- 
tionar en la corte de Madrid, por medio de au embajador 
conde de Sandwich para que el gobierno espaSol reeonocieae 
lá independencia del reino lusilano. 

En este estado de cosas y casi perdida la esperanza de 
someter á Portugal, elevó el gobierno ú consulta de los Con- 
sejos Supremos sí ac debía 6 no continuar la guerra, contes- 
tando los de Castilla, Aragón é Italia afirmativamente y sólo 
el de Indias opinó que debía hacerse la paz reconociendo la 
independencia de Portugal. 

Decidióse España ú seguir este último dictamen en vista 
de la invasión francesa en Flandes, y á fin de poder atender 
mejor á la guerra que con Francia había de sostener por el 
incumplimiento del tratado de los Pirineos. 

4. Asi pues, y por mediación de Carlos II, rey de la Gran 
Bretaña, España reconoció la independencia de Portugal y 
se firmó el tratado de paz entre las dos naciones en el con- 
vento de San Eloy en Lisboa e/ 13 de febrero de 1668, siendo 
plenipotenciarios por parte de Espaiía don Gaspar de Haro, 
marqués del Carpió y conde-duque de Olivares, y por la de 
Portugal, el duque de Cadaval, los marqueses de Niza, de 
l}obea y de Marialva, el conde de Miranda y don Pedro de 
Vieyra y Silva. 

Consta el tratado de 13 artículos, en los cuales se dispone: 
una paz perpetua, buena, firme é inviolable que había de 
comenzar el día de la publicación del tratado; restitución al 



e durante la f 

i>ortugal las qi 

cepción de la 

paña (art. 2."; 

D comonicar, 

) j ejercer el 

lar, cDBcediéiK 

subditos de la 

1667 y por el t 

i reapectivaiQ' 

navegables c 

lie cualesquiera piratas ú otros enemigos 

apresar y castigar con rigor, dando qompl 

mercio (art. 7); todas las privacioaes d( 

posiciones heclias en odio de la guerra, s< 

y como no sucedidas, debiéndose restituir 

estuvieren en el lisco ú las personas i 

pondiesen (art, 8); la corona de Tortugal 

ijue reciproca é iuseparablemeolo tenia i 

rra, podría entrar en cualquier liga ó lig 

Tensiva que las dichas coronas de tug 

hicieren entre si, juntamente con eualesq 

suyos (art. 10). 

Obras de consulta.— Lafnente, HUt, 
Part. 111, lib. IV, cap. xvu.— Laclede, H 
tugal. — Lingardj Hüt. de Inglitl erra, tota, v 
HUtoire ffénércde des traites de J'aix. — L 
^ÍK.— Paaarello, Jlelhm Lnñtanim.- 
trea.ies. tom. ii. 



ANCIA Á ALGUNOS ESTADOS DB ESPAÍÍA Kíl 
A LA MUERTE DE FELIPE IV. — TRATADO 

QnsBRAOB Francia coH Holanda BN 1871. 

DEL CONGREaO DE NlUEGA. TRATADOS 



lo XIV hemos indicailo qun el tratado de 
directameote las cláusulas relativas al 
! XIV coa la ioranta de Espaiía María 
ifluir muy poderosamente eo el porvenir 
erque fueron el origen de la guerra de 
í de Carlos II. Pero antes de esle impor- 
to tuvo ya conseeueocias para España el 



amenté siguió la política de sus anteee- 
s intereses de la casa de Anstria, sino 
ivisar Solo contra lodos, é inspirado «n^el 
smo escribía de que; engrandeixrx es la 
ble ocupación de un soberano, busoá pre- 
tmprender nuevas guerras y aumentar el 
L consecuencia de estas ideas, dedicó toda 
zar mejor de lo qup estaban sus ejércitos 
o á la marina. 



— 191 — 

s de WAStfitUs y de los Pirineos, taa 
i e«mo perjudiciales para Austria 7 
amos causado tan irreparables per- 
juicios con el apoyo que prestó á Portugal en la guerra por 
SD independencia, no parecía fácil que el monarca francés 
eocoatrase pretexto para turbar la paz de Europa. Sin em- 
bargo, todavía había dos naciones que causaban recelos á 
Luis XIT y á las que buscó nueva polémica para abatir y 
desmembrar en provecho propio. España y Holanda fueron 
estas potencias, sin que la justicia que les amparaba fuese 
bastante para librarlas de la ambición y celos de Francia. 

En el tratado de los Pirineos (I) la infanta Haría Teresa 
de España tiabia renunciado juntamentp con su esposo <■) rey 
Cristianísimo ala sucesión de todo Estado del n-y católico y de 
ellos quedó excluida. K la muerte de Felipe IV le pareció á 
Luis XIV ocasión favorable de realizar su» propósitos contra 
España, y reclamó el derecho de María Teresa de suceder á su 
padre en varios Estados, (Brabante, Flandes y el Franco- 
Condado), alegando que la renuncia hecha en el tratado de 
los Pirineos era nula por no habérsele pagado la dote conve- 
nida. Cuestiones eran estas enteramente distintas, y sihieu 
el rey de Francia tenía derecho á reclamar el pago de la do- 
te, no podía por ningún concepto pedir la sucesión á Estados 
de España, porque expresamente había renunciado á ellos y 
porque las leyes fundamentales de nuestra patria establecían 
la indivisibilidad de la monarquía. 

En otra razón más débil si cabe que la anterior, quiso 



Véase cap. XIV. 



— 192 — 
apoyar Luíb XIV su injusta pretecsión. Había en algunos 
, costumbre de que cuando un viudo <5 
undaB nupcias, la propiedad de todos los 
in au poder pertenecientes á su cónyuge 
Delta á loa hijos del primer matrimonio 
liso Luis XIV extender esta costumbre, 
le derecho privado, á un caso de derecho 
que nacido Carlos II del segundo matri- 

y Haría Teresa del primero, debían pasar 
incesa el Brabante, Malines, Amberes, el 
lamur, el Llmburgo, Hainaut, elArtois, 
mburgo, el Franco-Condado y una parte 
ud del/us tlevoluiionis, que de ninguna 
arse á la sucesión á la corona- 
Tensa que los jurisconsultos españoles, 
nos del Manzano y Francisco de Andrea 
1 de España en esta cuestión, no fué bas- 
;y de Francia desistiese de su temeraria 

invadió los territorios de Flandes en oca- 
i tenía distraídas sus Tuerzas en la gue- 
(1) y contribuyó de este raodo á que el 
se viese en la precisión de reconocer la 

vecino reino por el tratado de Lisboa 

esta paz, ya se había ai>oderado el Tran- 
i.Charleroy, Bergues, Fumes, Courtray, 
f, Alost, LLlle y otras sin que su Gobcr- 



drigo pudiese evitar la íq 

y sus rápidas conquistas 
te á las demás potencias eu 
que veían como peligroso el excesivo engrandecimie 
Luis XIV. Inglaterra, gobernada por Carlos II, pre 
como todas las naciones eu aquel tiempo, adquirir el 
poderlo \ evitar et de las demás, asi pues, los progrt 
Francia en esla campaña despertaron los celos y envi 
los ingleses. Holanda, constituida en república desde ' 
tado de Muoster y centro de grandes empresas merca 
no veía con mucbo agrado ni como muy seguro para su 
pendencia la proximidad de lo^ franceses, 7 por ello 
más interesada eu que España conservase los Países 
para que le sirviesen de barrera entre ella y Francia, 
último el emperador Leopoldo de Austria, quepresuir 
gar á ser el sucesor de la corona de España si su rey Ca 
moría sin deeccndcucia, estaba tcmbién interesado en 
las conquistas de Luis XIV que amenazaban desmumb 
territorios espaSoles. 

Esta era la situación de los princi)iales Estados de I 
en aquellos momentos, y ú pesar de ser el Imperio la 
cia más interesada en mantener la integridad de E 
Luis XIV desplegó tal babilidad ñn esta ocasión, qu 
olvidar al emperador Leopoldo los antecedentes liist 
'os lazos de familia y hasta la comunidad de interés 
España y le indujo á entrar en negociaciones para rep 
la herencia del monarca español si eate llegaba á morir 
^e3ión, y á separarse asi de toda alianza en favorde Caí 
13 



— 194 — 
I negociaciODes entre Luis XIV y el emperador Leo- 
siguieron en el mayor secreto y dieron por resal- 
tratado que se firmó en Viéna en enero de 1668 por 
mbos monarcas se repartían los dominios de España. 
al nadie tuvo conocimiento. 

¡ambio de esta actitud del Imperio, otras naciones 
glalerra, Suecia y Holanda, temerosas de que el en- 
, miento de Francia viniese á lurbar el equilibrio po- 
! confederaron en favor de España (28 febrero 1668), 
.0 esta alianza un nuevo rumbo que babía de seguir 
nte la política internaeíoDal. Huala entonces las ideas 
is habían sido el Iqko de unión de unas iiai-ioncs con 
a base de sus alian¡tus ó i-\ motivo de sus luchas y 
ismoB, mientras que ahora, víamos que precisamente 
ís que habían estado siempre cu contra nuestra por 
religiosos, vienen i ponerse ¡i nuestro lado y a de- 
ueslroa intereses, ante el atropello de Luis XIV. 
1 alianza de Inglaterra, Suecia y Holanda en 1608, dio 
Itado que Luis XIV se detuviese en au vertiginosa 
le conquistas y rellexiouase acerca de las consecuen- 
podía acarrearle el ponerse enfrente de aquellas na- 
Notificáronle éstas su actitud en la cuestión peu- 
)or medio de sus embajadores en París y le invitaron 
la paz con España. Accedió Luis y Drmó con Infíla- 
lolanda una alianza en San Germán el lü de Abril de 
'a llegar á la paK con Kspana, p'ro exigió Luis con- 
que nuestro Gobierno no podía admitir por ser lo 
[ue antes pidió al pretender derechos de sucesión en 
de su esposa María Teresa. Pedia ahora el rey de 



— 195 -- 
ie, i'ii recomp«Dsa de los dcri'cl 
i|uÍüta(IaB lí otras equivalentes 
so, que se le cediera el Franco 
la república holandesa á medií 
la corte de Madrid para que aceptara una de las dos pr 
ciones. Rechazadas estas por Esp^a, continuó la gue 
las tropas francesas al mando del príncipe de Conde 91 
itpraroü del Franco-Condado. Seguíanse al mismo tiem; 
X'-ic i aciones secretas en París para la paz, ; por otra pi 
reunían en Aix-la-Chapello Ins plenipotCDciarios de 1: 
potencias aliadas con los de España, Francia y otras 1 
nes para el mismo objeto. F,l marques de Caslel-Rodr 
quiso dirigir personalmi-nle estas negociaciones y com 
al barón de Bergeik, quien con instrucciouesdc nopoi 
paros para llegar á la paz, pues los sucesos ocurridos j 
caban la necesidad y conveniencia decelehr.irla, con vil 
e| embajador francés Colbert tas bases de la misma, quu < 
por resultado el iralado de Aquisgran que se firmó e 
majo de 16118 en el cual después de prometer ambas | 
cias buena, flrroe y duradera paz, se consignaba que F 
devolvería á Espafia el Fraiico-Coudado y conserva 
pleno dominio Cbarleroy, Bincb, A.th, Do'iai, Comí 
Tournay, Oudcnarde, Lille, Armenlieres, Courtray, Ber 
Furnes (artículos 3, 4 y 8). 

a. Era de temerque Luis XIV de la misma manera q 
bia faltado á otros pactos anteriores como el de los Pir 
dejase de cumplir el de Aquisgran, y la paz en él p 
lida fuese de nuevo turbada para ¡satisfacer sus ambi 
y su espíritu de conquista.| Asi sucedió desgraeiadaí 



ta ocasión á ] 

Esta repúbli 
Tormar la trip 
: los interese 
>mpeíÍo la te 
labía salido F 
II moDarca 1 

la causa de 
achó de iogr 
los holaude! 
Qa diplomátic 
les la paz d 
Dorativas en ] 

Sol. En todo 
r una guerra 

sus dominio 
juc su enapref 
la actitud de 
que en su cu€ 
ra empleó at 
ripie aUama 
pósito envió 
[I que aban(l( 
■a de esperar 
io llamado i 
lierno de la G 
I cesa rio, y t 
i competencia 
igual un envi 



■08 pmliajadorcs, iiiie no (ar<]aron t 
!íc tanibiéo de la aliaaz^. Respecto 
lecir i[ue desde loa Iratados de Oli^ 
O (1) que pusieron lio i la guer 
lenilida en t61)i> había adquirídi 
prestigio y autoridad y no tenia gran interés en martí 
alianza contra Francia, cuya amistad le era muy úti 
otra parte, dada su enemistad con Alemania y después 
berse apoderado de los territorios que en Polonia yDiu 
ca más le convenían, no veía ventaja ninguna en me; 
en las cuestiones de Francia con el resto de Europa, p 
vas razones se separó de la liga con Inglaterra y Holai 
Llegó por último Lu¡^i XIV ;i proponer á Gspañn ( 
prestase ayuda d los -Lolandescs, proposiciones que 
desde lu^go desechadas. Holanda nos pedía auxilio ] 
bien á Austria para hacer frente al francés, y el go 
español inspirado en la nobleza que siempre ha | 
nuestros actos, no titubeó en ofrecer su concurso á Ho 
teniendo presente la actitud que mantuvo esta repulí! 
la cuestión anterior. Asi lo manifestó nuestro eml 
extraordinario en Francia, don Manuel Francisco di 
quien en 1671 hizo declaración solemne en París de q 
paña estaría al lado de Holanda en el caso de que Frai 
declarase la guerra. Uienlras Francia empleaba su dif 
cia en alejar á las potencias europeas de la Holanda, los 
máticos españoles no permanecían inactivos, sino que 
contrario, dacían gestiones por toda Europa procurand 

<ll VéaM Bernard, HUloire dea Iraiíí» de pai-c, tom. i 



— 198 — 
imÁs naciones contra Francia. El 
I negociaciones del embajador espa- 
jto ú ayuJar á los holandeses y con 
iliirieran algunos príncipes y sobp- 
ña envió un cucípo de doce mil honi- 
ey gobernador de los Paises Bajos. 
mancipación de España por el tra- 
ía engrandecido considerablemente 
is luanufacluras, & las qiiedió nota- 

con la compañía que fundó, de las 
ase de sus riquezas; está compañía 

el monopolio del comercio rivali- 
y desde Batavia que fué el centro de 
idió al Malabar á Ceilún y á China, 
I Japón, de donde excluyó por com- 

que desde principios del siglo XVI 
[uel Imperio. 

rico estaba et comercio de Holanda, 
u política. Desdfc el tratado de Muns- 
) su independencia, las siete Pro- 
n tan gobierno federativo cuyos di- 
Haya y en esta ciudad se resolvían 
or esta razón y por ser mayor qui- 
lia, que teníanlas importancia hasta 
der y su Gran Pensionario (1) lleyu- 
tistados de la Unión. 



ir magistrado vitalicio (del poder eje- 
to y ta escuadra y gobernaba ¿ la pro- 



' ' * *w™ 



— 199 — 
y l>ajo el gobierao del Gran PénsioDario 
illattu Holanda cuando ocurrió la iuvasióu 
ir los franceses. La escuadra holandesa, al 
mirante Buyter estaba ilorecieote, pero en 
cambio los ejércitos de tierra se hallaban descuidados y las 
plazas en mal estado de defensa, facilitando esto uo poco la . 
i'mpresa de Luis XIV. 

Et 7 de abril de lii7i, publicó el monarca francés un 
manifiesto declarando la guerra á Holanda por los insultos 
i|uc decia le habían hecho los holandeses. Ya sabemos que 
esto no era más que un pretexto que para satisfacer sus am- 
biciones encontraba Luis KlV, y también para desahogar su 
odio contra la Holanda, odio que avivaron sus ministros 
CoIberE y Louvois haciéndole creer que en Holaoda se escri- 
tiian folletos contra él cuando realmente los autores de ellos 
eran franceses, y en la misma Francia se escribían. Carlos II 
de Inglaterra, atraído por el monarca francés, publicó tam- 
bién uo manifiesto de guerra contra Holanda, pretextando 
que esta nación había insultado ú uno de sus barcos. 

Los holandeses hicieron entonces con el rey de España 
y el elector de Brandeburgo un tratado de mutua defensa, 
I>eru no por esto dejaba de ser muy critica la situación de 
aquella pequeña república amenazada por las dos más pode- 
rosas naciones de Europa. Luis XIV al frente de un nume- 
roso ejército invadió la Holanda, dirigiendo en persona y 
con los generales Turenne y Luiemburgo las operaciones mi- 



viacia. El Gran Peitñoaario eatabci ensargado de loa sellos y de 
los archivos, presidia la asamblea y dirigí» las raUoiojiea ex- 
teriores. 



i 



'¿W — 
ente de las provincias de Over, 

llegó casi ú las puertas de Am»- 
r sostuvo con gloría en log mares 
ió las flotas inglesa 7 francesa, 
la por tierra no podía ser más 
lecte los holandeses á su Statu- 
sa de aquellos males, y despuéi* 

sustituirle al joven priucip 
íó pruebas de valor y de apt 
loen tan difíciles circunstaiK 
existir sin la enérgica defi 
1 rompiendo los dic[ues é ic 
ias obtenidas por Ruyter y 
europeas que impidieron á 1 
ito de destruir aquel lloreci' 

lias de Europa al ver la rápidí 
XIV, temieron, como habían 
aSos antes los Estados españ 
engrandecimiento dcFrancit 
El Emperador por su parte, 
I, su antigua enemiga, adquii 
y se dispuso á formar una al 
sto de iC73, entre Holanda 
rena y España, para la def 
Q de guerra á Francia, resul 
L general en Europa semejí 
ipos suscitaron las cueslioneí 
ihora claramente la posiciói 



elector ile Colonia, por lo 
Ero 1674), coutribuyó ú q 
praucia continuase la gu 
;ue oficialmente se la hu 
Líltimo, estando reunidos 

Bunión de este Congreso, 
3, don Pedro de Tovar, n 
anl« Dcgociacióo para qui 

y se uniera como antea 
tiabilidad como fortuna d 
indo por resultado la ccle...„ 

de febrero de IfiTi entre Inglaterra y los Ea- 

por el que Carlos ti de la Gran Bretaña se se- 
ia y se unía á Holanda, y en el cual se esti- 
rmaria un tratado de comercio recíproco y 

las Indias Orientales (1); que los subditos 
aban en Surinain serían puestos en libertad 
que los Estallos Generales pagarían á Ingla- 
s mil escudos, y reconocerían el derecho de sa- 
Q de la Gran Bretaña, arriando loa buques 
andera siempre que encontrasen en alta mar 

con pabellón real. 

e esta negociaciones encontróse Francia sola 

demás naciones de Europa. La suerte no le 



•'obrero de 1676 ae firmó en Loudres el tratado 
liaa Orientales de Inglaterra y Holanda, para el 
ferenciaa que en varias ooasionea babian nido 
entre Inglaterra y los Estados úeneralea. 



os (lela luchr 
eu breve tiempo se hizo dueña del Franco -Condado, ; 

ci'lebre batalla de Sénef (11 agosto 16<l}el ])rÍDCipe i] 
lU', que maudabalos ejércitos rrauceses, supo sostener li 
contra el de Orange <¡ue estaba al Trentü de los aliados, 
ambos generales grandes muestras de su genio y peric 
litar. Durante los años 1074, 75. 78 y 77 continuó la < 
ña (i) con igual suerte, pero aislada Fraocia de las 
luiciones tuvo que someterse al voto de la mayoría qi 
poaía la paz, y también porque forzosamente tcDía qi 
líe necesidad de descanso quien durante tantos años 
sosteniendo una formidable lucba con todos los ejérc 
Europa. 

Por la mediación de Inglaterra se acordó la retii: 
Nimega de tos plenipotenciarios de cada nación para i 
zar las negociaciones de paz, (diciembre IfiTo), pero 
ili' este acuerdo continuó la guerra como hemos dtcl 
raote los años sucesivos, no dando principiólas coofc 
basta 1670. La lejitítud con que se reunió el Congrei 
cuestiones de precedencia y etiqueta que en un pr 
6c suscitaron, dieron lugar, mientras se resolvían, 
Luis XIV continuase sus conquistas. 

Empieza, por tanto, la lucha diplomática antes 
concluya la de las armas, y las potencias de Europa 
itliora toda su atención en aquel congreso que había 
solver laá cuestiones pendientes, y en el que habían 



(1» Brnsen de la Uartiniere, Hiil. de la vida ;/ dd reí 
^-ut« X/K.— Basa age; Hist. delat Provincia» Unida», t. 



y la diplomada cod el i 

los ejércitos habiao Inchaao desae el uoii- 
a. Luis XIV había hecho grandes couquis- 
9c había aumentado considerablemente y 

amenazar como coloso formidable, al resto 
misma manera que España, hajo el reinadi) 
a hecho temblar al resto de las naciones del 
ue en las armas había salido victorioso i?l 

había que poner coto á sus conquistas y 
;ión por medio de la diplomacia. A Carlos TT 
ilariado por Luis" XIV, le 'hemos visto Taci- 
uno y otro partido, ya apoyando á Holan- 
ilianzas con Francia á cambio de las peri- 
ación le daba. En eala actitud mal definida, 
marca inglés, hasta que en 1677 cambió do 
r contraído matrimonio el príncipe holaii- 
Orange conla princesa María de Inglaterra, 
York, acordándose entonces las condiciones 
otra nación, condiciones que fueron pro- 
V por el lord Duras. Rechazadas por Fran- 
nes, se Armó en el Haya la alianza entre 
da y España para restablecer la paz gene- 

1 Luis XIV empleó en las negociónos fué la 
a empleado Francia y España con el Con- 
1, es decir, tratar separadamente con los 
. y procurar dividirlos, para de esta suerir, 
avenido con algunos, ir al Congreso con nía- 
des de éxito. Con respecto á España, esta 



r al t 
raDci 
1 paz 
sta pi 

iS COI 
ÚDgl] 

iciari 

LuU 

.□da, 

lias, firmó con ellos el 10 de : 

uuo de paz y otro de comercio, 

uipoteociaríoa de las ilemás d 

ellus cláusulas particulares en 

fué ésta que se siguió con todi 

lauda, pudiéndose caliñcir de 

para cod aosotros, después di' 

pañaen su favor yde nuestros ti 

quio la alianza coutra Francia 

correcto el proceder de Holauda 

ción tuvieron que seguir los di 

couseguir que loa demás ratillc 

Los plenipotenciarios de Di 

ileliurgo 7 del obispo de Munst 

en el Congreso y el mismo rey 

'"edio de BU embajador Mr. Hy< 

el francés no evacuaba las p 

cedidas en el convenio, las p 

ición del tratado de Nímcga 



— 206 — 
ta decidida actitud de las nacioDes mo^ 
s holaudeses á gestionar cerca de 1on I 
liü XIV reauDciase algunas de las condií 
lieron firmándose la paz entre España y 
iembre de 1678, siendo plenipotenciarios 
don Pablo Spinola Doria, el Marqués de I 
n.B. Chrislin; por Francia, el mariscal 
lués de Croissi y el conde de Avaux; y pt 
;arácterde intermediarios, Bcverningk ; 
irador Leopoldo no pedía nada en el C 
armas no habían tenido ningún feliz sü< 
l& eti estado de continuar la guerra, pues 
n el mayor desorden, por lodo lo cual se 
rancia y el Emperador el Ü de Febrero de 
lio ií Succia, después de separarse de la 
Inglaterra y gigíeiido la antigua enem 

del norte, invadió los del Elector de 
[i aliado con Dinamarca, los duques di 
)bispo de Munater hizo frente i, los siiei 
todos tos Estados que esta nación poseía 
sta situación se reuniócl Congreso de N 
y de Suecia pidió su reposisión en los 
an sido cedidos por el tratado de 'Westfa 
\io el Emperador fundado en los decret 
tlisbona contra el rey de Suecia. Por f 
presentó una proposición que el Empe 
o á aceptar, cuya primera cláusula era 1 
y de Suecia y del duque de Holstein-t 

algunas negociaciones, y teniendo poi 



— au7 — 

Brmó la paz entre el 
rero de 1679. 
'aucia, el Imperio y S 
le hacerla también co 
aaciones ; de dóodr 
a entre Suecia y fíol 
' amistad y alianza a 
r de Sajonia de 15 de 

rea. su rey Grialiáii V 
Estados Generales c 
Elector de Brandebí 
'ez era aliada de Luis 
-a con este monarca 
unos triunfos. Diñan 
¡mía aliados, habían 
ierra á Suecia. cierU 
bian cometido los su 
on Francia, y Luis X 
reposición del rey d 
^ian apoderado aqué 
ir la paz con semcjant< 
impedir que sus alia 
Y protestó diferentes i 
1 Generales, el rey d 
'csivamente sin habe 
cuando vio que tos du 
iter y el mismo Elcc 
paz, y en consecuenc! 






QCiaySuecia, bc decidía también á aceptarla. 
se celebraron las conferenciaB entre los plenipo- 
tuecos y 'linamarqueses con intervención del 
Feuquieres, embajador de Francia; pero antes de 
arminaseu, el señor de Mejereron, representante 
ca en Francia, conoluyó la paz en Fontainebleau 
de Pompo ne, que lo era de Luis XIV, lirmán- 
ido el 2 de septiembre de 1679, conviniendo des- 
n V de Dinamarca y Carlos XI deSuecia, á fin de 
to tratado, en que nf firmase otro, como asi se hizo 
el 26 de septiembre del mismo ario, 
de exponer cob mayor claridad las disposiciones 
n tos tratados que se ürmaron en Nimcga, seguíre- 
10 sistema empleado al dar cuenta de los acuerdos 
o de Weítralia. 

y España. — Se confirmaron los tratados de Aquis- 
>s Pirineos. Francia conservaba el Franco-Con- 
eodo BesanQon. España cedió á Francia las ciu* 
ma de Valcnciennes, Boucbaín, Cambruy. Ayre, 
Ypréa, Vcr-wicli, 'Warneton, Poperinghe, Bailleul, 
ay y Maubeuge; Francia cedid Atb á España, 
los territorios de Meuin y Conde, que eran de su 
el rey de España prometió obligar al obispo y 
'ieja & ceder Dinant á los franceses, y si su nego- 
«nia el Éxito deseado se comprometió á ceder á 
irlemont (1). Francia cedía á la corona de España 



BÍÓn de Dinant no tuvo efecto y Luía XIV entró e. 
i^harlamont. 



udenarde y Courtray {!). Las eulu- 
7 OríeDtal de la ciudad de Nieuport, 
loH Be declararon no pertenecientes 
I, y en adelante serían inseparables 
ancia devolvía también al de Espa- 
go, el paÍB d'Outremeuse, Gante, el 
aia de VereB, Leuze y St. Guilain; 
(Tratado de Nimega entre Francia 
ibre de lft78). •■ 

ú tratado de Munster; el Emperador 
id de Friburgo con laa aldeas de 
chzart! la ciudad de Nancy quedó 
da, eBtipulándose que se abrirían 
í Saint Dizier, Alsacia, al Franco- 
es pertenecerían al rey de Francia. 
e esta Dación poseyera en toda so- 
itazgo de Longwy y en cambio ce- 
la ciudad de Toul con su territorio, 
transfirió al Emperador todos los 
el tratado de Hunster sobre Pbi- 
hnega entre Francia y el Emperador 

■ a 

olanáa. — El rey de Francia y los 
a de prometerse paz y amistad recf- 
bienes confiscados con motivo de 
s á sus primitivos propietarios ó á 

Ñdo cedidas á Franola por el tr&ta- 



— 210 — 
ino y otros retendrian las plazas que 
guerra, tanto en Europa como fuera de 
a ciudad de MaeBtrícht, los condados áe 
nont de Aiilhem y Rolducd'Outremeiise 
Bédemption , Bañes de Saint Serváis y 
ias, que el re; de Francia dc-volveríi; á 
i; la religión católica se restableció en 
. capitulación de esta plaza, y conforme 
tados la tomaron en 1632; que los pri- 
os en libertad sin pago alguno en con- 
[ue los Estados Generales se mantendrían 
d, sin podtT ayudar á los enemigos de 
los, y que garantizarían á Luis SIV el 
urte de España de las obligaciones que 
e en el Tratado que firmasen ambas, es- 
lativo á la neutralidad. Por último, el 
té repuesto en el marquesado de Berg- 
los derechos de que gozaba antes de la 
az de Nimega entre Francia y Holanda 
.78). 

parado se fijaron las disposiciones rela- 
!>range. prometiendo el rey de Francia 
¡sión de su Principado y de las tie- 
an en Francia, en el Franco-Condado, 
tudes y demás países dependientes de 
smos derechos y en el mismo estado en 
tes de ser desposeído. 
o entre Francia y los Estados Generales, 
10 de aiiosl» de 1678. — En él se estipuló: 



111 — 

f de los Estados Gt 
iad de comercio y 
árOQSe las dísposlci 
'ormalidades requei 
cartas de represalias, á la prohibición de arresta 
cutares por deudas del Estado, á la libertad ge 
mercio en Europa, á la igualdad de impuestos ai 
ditos de los dos Estados, i los armadores de un< 
Estados que condujesen sus presas á los puerto 
la exención recíproca del derecho de ai^tenia, á 1 
tranco de toda clase de mercancías, excepto la 
bando; á los pasaportes que estaban obligados i 
los capitanes de los bunues de guerra, y oirás tí 
vas al contrabando. — Se convino además, que a 
tantes podrían construir ó llctar barcos y compr 
aes de guerra en los Eslados uno de otro: y s> 
otras cláuKulas relativas al castigo de los pirata» 
Suecia. — La paz entre esta nación y el Impe 
hase el tratado de OsnabrSck de 1648, eslipulái 
Emperador interpondría su mediación para pr( 
entre Suecia de und parte, y el rey de Diuomari 
de Brandeburgo, los duques de Brunswick, y i 
Hunaler de otru; que los privilegios y el comerc 
ta)ilecidos como antes de la guerra; y ñnalmen 
los soberanos y repúblicas garantisarían el trat 
de Nim. de 6 de febrero de 1679 entre el En: 
.«y de Suecia). — Con las Provincias Unidas co 
ina amnistía de todo lo pasado; renovación de 
de Í6i0, 161d, lASfí y 1667 excepto en lo refereí 



— 212 — 
ia que dobían ajustarse al tratado especial de 
lo el mismo dia; el rey de Suecia promelió á 
lerales satisfacerlos daüos causados i lossúb- 
1 su reino, y por último en artículos especia- 
Dfl la roiütua restitución de barcos y mer- 
j justo valor con el interés correspondiente, 
una y otra parte se habían hecho direrentes 
(Tratado de Nimega de 12 de octubre de 167!» 
lolanda). 

ymercio entre Suecia y los Estados Generales t/e 
. — La base de este tratado fué la completa li- 
'Cio eu los estados de Europa de ambos con- 
lanto no estaba limitada por artículos del 
ierouen él: que eu caso de ruptura, los súli- 
paises tendrían el plazo de nueve meses para 
i bienes; que no se podría procesar á los súb- 
otro Estado por deudas de su Soberano; que 
;ada país gozarían en el otro de los mismos 
los naturales; que se abolirían en las cinda- 
costa del mar Báltico los impuestos estu- 
6Ü6 sobre los barcos holandeses; que los súli- 
10 de los dos países gozarían en el otro de los 
edidos á los de la nacidn más querida, (clúu- 
ms favorecida); que si algún sdbdito de las 
las muriese en Suecia sin dejar herederos ó 
itamentarios, el magistrado & quien corres- 
i hacer el inventario de sus erectos, los pon- 
guro y notificará el fallecimiento al juez de 
del difunto, á fin de que advierta á los he- 



! — 

recoger la liere 
diTunto ae huí 
los derechos d 
cederían en ni 
aB disposición* 
uecia en laa Fi 
líganos articul 
contrabando, á la persecnción de piratas y al e: 
de coDsuladoa. 

Dinamarca. — Este reino 7 el de Suecia ce 
tratados de Boskild, de Copenhague y Westft 
nienin que el re; de Dinamarca, restituiría at 
dos los territorios cedidos á esta coronn por o 
dos ó que le pertenecían antes de los mismos, 1 
la isla de Rugen y las ciudades suecas; que 
parte restituiría á Dinamarca las plazas que h 
do en los estados de este rey; que los comisa 
otro reinó se reunirían para arreglar las difere 
les á propósito de los privilegios de los suecos 
en el estrecho del Belt, de manera que los sue 
rían dichos privilegios; el conde de Alhfclgrs 
de Dinamarca, sería repuesto en su condado d 
y se restablecía el comercio entre los dos Estado 
Fantainebleau entre Francia y Dinamarca de 
bre de 1679 y de Lunden entre Suecia y Dini 
del mismo mes y año). 

Electorado de Brandeburgo. — Se confirmaron 
de Munster y Osnabrílck; el Elector de Brandi 
vería al rey de Suecia todo lo que sus armas hu 



que poseía de 
le Westfalia, i 
: la parte de al 
e Gülnau.quei 
le le d^aba ei 
;ia le pagase ( 
1 peage de Co 
rior que antes 
i53. (Tratado d 

de una parte 
e junio de 1671 
ertom.— Ferní 
lespuós de Muí 
tra Francia y I 
1 7 á cumplir 
os loB priacip< 
lega de 5 de fe 

su yez el Obis 
1 predecesor b 
lerdeo 7 en los 
)r el tratado d 
ía cien mil es( 

gastos de foi 
ía. (Tratados 
ler y entre eat( 

el Congreso de Nimega que vino 
iderable aumento de territorio y 
1 de una nueva guerra que ba- 



-215 — 

ipaSa y el Imperio fueron la 
i la paz, perdiendo import 
itra nación sin garantías, tía 
lo qne le quedaba en loa I 
;laterra. Holanda á pesar d 
Iciosas miras de Luis XtV, 
. gastos de la guerra; 7 Qnal 
a al apogeo de su grandez 
ales y su poderío causaron t 
lus enemigos, que comensal 
iendo decirse que desde ese 
su autoridad en Europa. 
38to en el presente capítulo 
déla paz de Vestfalia, fué 
10, encaminada ya á la adq 
por unos Estados, ya al m 
uropeo por otros. La politii 
nión de los demás Estados c 
rancia, teniendo así una ii 
del equilibrio, y haciendo f\ 
B organizado por Ricbelieu 
ide la casa de Austria, se rol 
irmándoSB las ligas de que h 



ifaeute. Hitt, gral, de Etpa 
Ceiisaier. Eiit, gral. de lae Provinoia* ümda4.—CéM.T C 



PnOOHKSOS DBL DERECHO iNTERNACIOtrU. 

Cámabas DE Red.iión. — Tregua db F 
AuasBURGo. — Coalición boropea hecí 
Orakgrcontra Francia EN 1689. — Paz 



1. Los BuceBos relatados en el capfti 
que estuvo Europa deBde 1600 á 1700 aj 
rras de prepouderáucia, motivadaB por li 
ría de disminair el poderío excesivo di 
ameiiaíaba turbar aquel equilibrio poli 
"WeBlfalia como solución de los coofllctos 
que las aliauEas, pactos y treguas que c< 
oieroD 7 deshicieron, evitasen las largas 
que ocasionó el mantenimiento del equil 
dicho en el capitulo IV, se inventó este 
fin á las coDtieiidas europeas 7 fué causs 
les que con él se habían querido evitar. 
Las guerras de Luis XIV con España 
da después 7 por fin con toda Europa, 7 
dos de paz que en este largo período de 1 
celebraron, no trajeron ningún principi 
internacional, ninguna solución al probl 
•ino la esseSanza de que al huir del ci 



— 218 — 
i con la teología, se había incurrido en 
tenimiento del equilibrio era, como de 
la garantía de la tranquilidad de Ear< 
BucesoB expuestos y los que hemos de 
ración patente de la ineficacia del sistc 
la fuerza, mientras no se dictasen regí: 
lo freno á la ambiciosa política de los n 
ervación del sistema, 
rores progresos hizo en otro sentido el 
il durante este mismo período. Los difi 
él se registran contienen disposicione 
ciÓQ de bienes, honores y dignidades, q 
ato era posÍl)le, el respeto á la propíeda 
k también la costumbre de que al decía 
Icaba un decreto mandando sacar los fa 
si Estado enemigo, seSalándose un pen 
ue quedaba inmune la propiedad y pe 
lÜDgenciaa de la guerra. Estas y otra 
IB al comercio de los neutrales, como 1 
ratado de las Pirineos, prueban el prof 
icional, el aumento de relaciones ent 
B y consecuentemente el adelanto del i 

iha. esta digresión para demostrar la 
esos que constituyen la historia politic 
s venimos ocupando, continuaremos e 
1, fijándonos en las consecuencias de Is 
)B efectos de la política de Luis XlVen 
La ftase de cBte monarca ael Eiíado scy 



— 31 

baolntial 
in moDBi 
iLeroo y 
ra, al coi 
icer los e 
el quereí 
ÍDlerior 
le su aoi 
igreso ili 
aocias o 
I de aqu< 
más real i 
lestras p 
•□tar pai 
r á loa o 
letído la 
esCrupuli 
i semeja I 
leclarar 
ada, hall 
ministro 
planea, 
le Nimef 
¡on. Metí 
e de Can 
los trata 
. como lo 
interprc 
;a hechai 



— 220 — 
sentido de que todos los s 
Í3 XIV, que tuviesen derec 
:, se enteudieBen cedidos ei 
uiera que ese derecho feud 
rritorios muy extensos, qu 
os, aunque algunos de el 
ceptuados de la cesión en 
ue inventó Luia XIV para i 
'lo decir cuan justa fué la 
nuevo atropello del moa; 
XlV, creyéndose ser el úi 
kdos que había Ürmado co 
e para éstas que tenían igui 
quella ínlerpretaclón; y p< 
%aras de reunían habían dad 
era de todo punto ínadmtsil 
idos á Francia aquellos te 
Dte consignados en los tn 
tución política tanto de los 
distinguía muy bien entre 
unos territorios con otros 
L cnal dependían de una ú otra sonera- 
liente infundadas las pretensiones del 
insiderar como inseparables unos terri- 
lerecho feudal. 

Luis XIV ó mejor dicho eu ministro 
!n le sugirió aquellas ideas para conti- 
íento, creó un principio nuevo en de- 
lo admitir que un territorio que ^sbía 



1 que pensaron volver : 
csmanes. Suocia y Hol 
681 para combatir á L 
idor y también Gspnñ: 
u represcntanU' en e,] 
•ÁA había reclamado á 
; de laa Cámaras de reu 
oat en la Flandes oriei 
1 primero, pero se neg( 
notivo, el rey de Fran 
ira acometer los dom' 
de no observarse la p: 
de Alost, bombardear 
•tray y Dixmude. Toda 
de atropello el acto com 
lecidió á defender al>i« 
T fin el Emperador y 
que la toma de Luxem 
Duy peligrosa para st 
a la entrada en los Paii 
incia é hicieron que 1 
inte años propuso Lu 
ate monarca el Luxem 
a las plazas de Coiirtra 
le 20 do agosto del aii< 
Bouvines, Chimay y 1 
le firmó en fíattsbona el 
;stOB acontecimientos y 
ÜV. las potencias de E 



lias que pudiesen sobrevenir, 
de temer que Francia medita) 
iberaoia de los demás Bstadoa, 
para encender la guerra, ó hi 
para aumentar su poderío. La d 
m acertado tino en esta ocasidí 
;máB naciones para llegar á un 
n el fln de poner límites «1 podi 
Bn la corte de Roma agitábae 
B de la iglesia galicana; 7 la de 
[ue gozaban Ipa embajadores frn 
stionesque facilitahan la mísiói 
1 de inclinar el áoimo del Papa 
la liga contra Francia. £1 Emt 
ro Ronquillo desplegaba tambié 
'parar á Jacobo II, que había s 
s, de la amistad que tenía con 
I los rapresentantes de EspaSa e 
DD con igual actividad, dando 
a llamada liga de Aitgsburgo de t 
la había intentado antes el Príi 
a alianza entre el Imperio, Sa 
taviera y del Franco-Condado 3 
íéndose después los Príncipes y 
t Westerwald, el duque de Holsl 
,tino; y tuvo por objeto mantem 
Tocurar el cumplimiento de los 
ega y tregua de Ratisbona. 
iipede Orauge para no entrar en 



protegía, pues se prep 
iner gran trasccnden 
es de las poteacias. 
de Inglaterra Jacoli 
Guillermo de Oraoj 
de sus vasallos por 
imo y la relipón cate 
le prestó Luia XIV ai 
I alcanzó nunca las 
imientos protestantes 
el Parlamento. El P 
eligencias coa buen i 
otestantes de aquel ri 
ivocó una convcnciói: 
es le proclamó roy d< 
María, j determinó e 

raaBretañauD perfodi 
civiles, políticas y i 
una época en la que 
el esterior, en la que 
en laque reunió á E 

1688 no produjo soloi 
Wbite-Hall para colt 
le fué también un grs 
eral de Europa. Deai 
ocupó el trono inglés 
■ella Holanda débil y 



neo 
tal 



todi 
radl 



ubi 
de I 



I Europa ent 
a contra Ffe 
loen Víena< 
atados Generi 
V el único i 

Be unió á Ef 
ámarat de n 
■A, los princ 
oda, se reuD 
a Luía XIV, 
Luge ahora G 
'4ga de Auy^ 
08 de Fraaci 
□aoión de la 
res para de 
lamente con 

y no admití 
diese entera 
Carlos II de 
B esfuerzos i 
08 en posesió 
mis que pa 
1 en procurar 
erio á JoBé , 
, la atacariai 

los ejércitos 
t del elector) 
odiando y d( 



ecia 



icia: 
Esp; 
o. F 
le ce 
lia, 



re d 
í él 



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leva 
Ub] 

lies 
peaí 
•'no 



lio 
liSIl 



284 — 
ncueoU tai 
se establecí 
□ Sello de I 
iglaterra bet 
ÍDistro medi 
V cedió al d 
idos bajo el 
de ser den 
i DO restablt 
.1 duque de 
[na de cuatr 
1 forme al tr 
dores de Sal 
los de loa re 
ma ni Vieni 
iatros de Fr 
Itir que los 
s valles de L 
permitir el 
rao del Pif 

tado entre ! 
áa dispo9Íci< 
Estados pr 
mcesa de la 
ie«ado de Be 
ae. — Al pro] 
B comercio e 
exentos en ] 



cuei 
teni 



taiit 
3 n 
aal 



arte 

Peí 
pudl 
. Es] 
hecl 
[alk( 
tildo 
i po< 
énel 

Loa 
c tat 
ia;p 
Impí 
n va 
es al 

tdOB 

lu ni 
en e 

yd( 

Car 
lane 

sin 
a d( 
n d< 
a de 
iho E 
[ireoí 

' español y muy princi- 
Qdia la angustiosa sitúa- 



lurops en aquellos 
i política con el d< 
rque, moviendo los 
liéndose no poco di 
□i á sus Consejos 1 
í cuestión de tan m 
!S al trono de Es 

lOmbre de su nieto 
de Carlos II.— En < 
al morir Carlos sii 

ermana María Ter( 
jo, que renunciaba > 
, que era el candidí 
echa por María Tei 
de los Pirineos á k 

las Cortes de Casti 
e discusión j de gu 

cuestión volvía á e 

opoldo de Alemania 
) de Carlos I de Ef 
■ra linea de la dins 
la segunda de la < 
r como candidato i 
quien cedían su de 
ar la reunión de lai 
isma persona. 
de Baviera, como e 



sua mejores dipla 
U9 esfuerzos y el £ 
de Neubourg, lien 
delEinperador;yl 
ia loB derechos di 
. Huerta esta prii 
i consorte no tenc 
;andidalura del I 
que luchar era el i 
da. dispuesto á des 
,dre. El hábil emli 
ían enfrente aden 
nático francés ma 
y de singulares d 
a el desempeño i 
cerca de la Corle 
sposa, daba la pre 
i en la Corte y en 
es, que por este p 
icieron antipático 
airaste que el Emf 
¡ue al principio fu 
ió en captarse con 
los que tenían av 
■ios de Leopoldo y 
de la Casa de Fra 
la Corte de Madrid, 
tendiente se ugital 
arca,el marqués de 



— 244 — 
ara garantirse la 
r aiianza formad 
r'rancia, se hab 
[a 8in desee ndeo' 
'a poner al Emp< 
lerencia (1); pero 
lo del monarca 
cha con Francii 
liemos visto que 
se hiciese alusi< 

ni se hablase de 
y hasta facilitó '. 
I todos, preveía 1< 
le entonces su p' 
— Guillermo de 
Jiia satisfecho si 

Bretaña, no nec 
1 como lo habie 
DÍorme con su n 
1 sucesión á Esp 
10 no pasase ni i 
vo engrandecim 
jolinhízoinsin! 
or en París condi 
resolver el asm 
ticos franceses, < 
irg&dos de Luis 



lea un tratad 
ló por las tr 
:on el pretexi 
que nioguDí 
tenciaa iateresadas en la hereucia ae eagrandeci< 
do con la Bucesión de Eap«5a (arts. u ; ni). 

En este tratado ae estipuló dividir los domia 
Tía y repartirlos en la siguiente forma: Al Delfín 
por si, sus herederos y sucesores, se le adjudici 
propiedad, plena posesión y como campensacióu 
tensionca á la sucesión de EspaSa, los reinos < 
Sicilia, las plazas dependientes de la monarquit 
situadas en la costa de Toscana 6 Islas adyaceat 
dtdas bajo los nombres de San Sterano, Porto-G 
tello, Talemon, Porto-Longone y Piombino, d 
manera que los españoles las poseían, ta ciudac 
aado de Final, y la provincia de Guipúzcoa part 
las ciudades de Fuenterrabia, San Sebastián y 
Pasages, renunciando todos sus demás derechos 
oes á la corona de BspaSa y il los otros reinos, 
dos, países y plazas que de ella dependían (art. 
roña de España y los demás reinos, islas, estad 
plazas que de ella dependían, se asignaban al príi 
génito del Elector de Baviera como parte y com[ 
todas SD3 pretensiones sobre la dicha sucesión d( 
aunciando al tiempo de la muerte de S. H. católi 
lerechoa y pretensiones sobre la porción asignai 
y sobre la que se asignaba al archiduque Carlos I 
perador (art. V). A este príncipe se le adjudicabí 



pensación de 
,. VI). Esla [ 
T y al Electc 
s Generales, 

laviera negasi 
>bligaban á 
alvo sus dereí 
iculos secret 
lárlos II sin 
traba en pos 
aba por el pi 
iirador de sa 
principe eleci 
. A- electoral 
ra aceptó def 
;qó porque 
ao se había i 
el tratado. E 
lotencias ext 
is de España, 
Wesen aire vi 
endeo los au 
aterra y Holi 
[isunto era ct 
no bay prir 

lu «Historia < 
ay en 'La ga< 
esta opiuión 

10 Felipe V, 



fllQO 

(rto ui: 

v>uu9 U-: r^oyuím j au luuuaii;», fUeS au 

una cuestiÓD europea, la más importan 
naciones todaa estaban en el deber do 
España y el fallo de su monarca, únicc 
verla. No lo disculpa tampoco la ambi< 
se puede alegar como pretexto, en fin, 
equilibrio j la paz de Europa, pues pa 
potencias la diplomacia y la política, s 
rrir á semejante atropello, que si inji 
momentos para España, ha quedado c 
Diosa mancha en la liistoria de los 
aquel pacto. 

A.parte<de la indignación que prodi 
cia del reparto, era el interés de Espe 
bración de sus dominios, y coa la espf 
resultado y protestar del escaadaloso i 
ya, se determinó Carlos 11 i hacer testi 
rigir á Guillermo de Inglaterra una eu' 
en forma de memoria por su embajado: 
de Canales, y otra á los Estados Gene 
bien por su representante don Fraocis 

Aprovechó Oropesa las buenas dit 
favor de au candidato el principe báva 



vieron raión no solo para querer privar 
deaciaa lejanaB, sino basta para coaqu 
peninsala y poner bajo la dominación 
mismos españolea. 



Ireiao, después de consultar ¿juñs- 
mejor derecho de loa pretendientes, 
í esper&r, desagradable efecto este 
del Emperador y de Luis XIV. B1 
i Madrid protestó con tanta altives 
]ucjas produjeron un efecto contra- 
7 aumentaron el desagrado con que 
marqués de Harcourt, más hábil y 
liplomáticos. Be limitti i. elevar una 
que fué debidamente contestada; 
ostión con el testamento hecho por 
as potencias europeas y los partido» 
satisrecbos de haber evitado una 
rgo tiempo la paz de Europa, cuan- 
sperado vino á complicar y dificul- 
Fué éste él fallecimiento del pre- 
la de España, principe de Bayiera, 
e 1699, á la temprana edad de seift 



uceao nacieron de nuevo las difl- 
'acilitó la realización de los planes 
ador, que se encontraron frente á 
Estados de la corona de Espaüa. La 
mo lo había sido antes, no sólo 
I de intriga en la corte de Madrid, 
il conde de Frigiliana y don Ma- 
1 el partido austríaco, al paso que 
cardenal Portocarrero, Arlas anti- 
. el corregidor de Madrid don Pedro 



la que el Emperador dea 
uque José, ley de los ron 

la monarquía de España, 
máa al Imperio ni á los 

casa de Austria, ni tampoco a la ae 

a tratado de repartición, tan afrentoso y 
t é ignominioso para sus autores, como 
ero. La indignación que produjo al rey, 
ación entera, no pudo menos de manl- 
B extranjeras; la protesta que España 
) fué en términos tan enérgicos que dio 
uto de relaciones entre Madrid y Lon- 
jue salir el embajador español, marqués 
lose por nuestra parte los pasaportes al 
en Uadrid, sir Stanbope. 
Tiena al marqués de VilUrs para obli- 
aceptar el tratado de reparlición, pero 
ó contra aquel pacto, como quien pre- 
i la herencia de España sin desmembra- 
segundo tratado lo mismo que hemos 
ada lo justificaba, ni el mantenimienlo 
lO venía aplicándose más que por polili- 
antido Jurídico; ni el de la tranquilidad 
cláusulas no fueron parte para evitar los 
lian, antes al contrario fueron la princi- 
xa de sucesión. Aun admitiendo como 
ención, sino verdadera ingerencia, no 



e novn 

liento 
conoc: 
! re acia 



iezcan 
Itimo B 
Duarem 



lialiieni 
puso en 



i en qttf 
.arlii Tí 

dePra 

loy se y 
ce sor í 



lapart» 
altos di 



>ar& F 
jou, D ei eagranaocimieaio ae sus E^siaaos. A fi 
cual de los dos partidos debía tomar y d fin di 
actitud á loB ojoa de Europa después de habei 

•tura), jr se le dé luego, 7 sin la menordilación. I 
•Keino, precediendo el jarainentoqnü debe hacer, ( 
■Leyes, Fueros y coatambrea de dichos mts Keini 
•Y porque es mi intenciúa y conviene asi 11 la pait 
*d&d y de la Europa toda, y á la tranqnilidad dei 
>noa que ae mantenga siempre desunida esta Mo 
vCorona de Francia; declaro consigaiéntemente 
■que en caso de morir dicho duque do Anjou, ó ei 
«dar la Corona de Francia, y preferir el goce de < 
•Monarquía, pase dicha sucesión al duque de Ber 
»no, hijo tercero del dicho Delfín, en la miania foi 
»de que muera también el dicho duqne de Berry 
•á suceder también en la Corona de Francia, lian 
tque, hijo segundo del Emperador mi Mo, exclnyei 
ima razón, é inconvenientes, contraria ú, la sal 
omis vasallos, al hijo primogénito del dicho Emp 
*y viniendo á faltar dicho Archiduque, en tal < 
(llamo é, dicha sucesión al duque de Saboya y s 
■tal modo, ea mi voluntad que se ejecute por todc 
(Como ee lo mando, y conviene á. su misma salud. 
*niitan la menor desmembración , y menoscabo de 
■fundada con tanta gloria por mis progenitores. 1 
■vivamente que se conserve la paz y unión qneta 
lia criatiandad entre el Emperador mi tío, y el Rey 
«les pido, y exorto, qm estrechando dicha unión 
•del matrimonio del duque de Anjou con la Arclii< 
«por este medio la Europa el sosiego qne necesita 
■14.— T en el caso de faltar yo sin sucesión, ha 
idicho duque de Anjou en todos mia Reinoa y Se 
•pertenecientes k la Corona de Castilla, como lo 



— 2B« — 
ya, una vez recibida la noticia oQcial 
Carlos n, la copia del teslamenlo y las 
e GobierDO de España le dirigió suplí- 
il nuevo soberano, reunió un consejo 
I, como padre del duque de A.njou, el 

que tengo deatro y fuera de España, se- 
ktoá la Corona de Castilla, León, Toledo, 
'anada , Córdoba , M úroia , Jaén , Algar- 
ítar, Isla de C&naría, Indias, lelas y tierra 
3, de el del Norte y del Sar, de las Fili- 
«quiera Islas, y tiei-ras deacubiertasy que 
[Ui adelante, y todo lo demás en cualquier 
(üorona de Castilla; y por lo que toca á la 
einos y Estados de Aragón, Valencia, Cft- 
lia, Mallorca, Menorca, Cerdefia, y todos 
Lerechoa, como quiera que sean, pertene- 
ieal de él; y asi mismo en mi estado de 
irabante, Limburgo, Lnxembnrgo, Ouel- 
18 los demás Provincias, Estados, Domí- 
me pertenezcan, y puedan pertenecer en 
Bcbos y demAs acciones que por la sucesión 
icaido; y quiero que luego qne Dios me lie- 
dicho duque de Aojou se llame y sea Rey, 
rk de todos ellos, no obstante cualesquiera 
e se hayan hecho en contrarío, por carecer 
indamentos;y mando AlosPrelados, Oran- 
sea, CondesyBicos Hombres, y &los Frio- 
Aloayddsdelets casas Fuertes, y Llanas, y 
lantadosy Merinos y á todos los Concejos y 
Alguaciles, Regidores, Oficiales y Hom- 
1 las Ciudades, Yillas y Lagares y Tierras 
orlos, y ¿ todos toa Vii-reyes y Gobernado- 
aydes. Capitanes, Gaardas de las Fronte- 
ande el mar, y & otros cualesquiera Minis- 
ales así de la 0-ober nación de laPaz, como 



residente del Consejo de Hacie 

extraDJeros marqués de Torcy 

Canciller Pontchartrain. Decidió el consejo que debía ai 

tarse el testamento y Luis XIV eoTií un menaige á Ma 

con la reptiesta á la Junta aceptando el trono de España ; 



*de loa Ejércitos de la Ouerra en tierra y en mar, asi en t 
■nucatiott Reinos, y Estados de la Corona de Aragón, *Caa 
■y Navarra, Ñapóles y Sicilia, Estado de Mil&n, Paises Bt 
py en otra coalqnier parte á Noa perteneciente, y á todo 
DOtros nuestros Vasallos, SiVbditos natarales, de caalquiera 
ilidad, y preeminencia que sean, donde quiera qne habitara 
Bse bailaren, por la fidelidad, lealtad, sujeción, y vasaltage 
■me deben, y son obligado-i, como á au Bey y Señor nati 
■en virtud del juramento de fidelidad y bomeaage que mi 
tcieron, y debieron hacer, que cuando pluguiere í Dios lie 
ame de esta presente vida, los que se hallaren presentes, li 
•qne á su noticia viniere, conforme 4 lo qne las leyes de i 
•dichos rais Reinos, Estados y Señoríos, en tal caso dispone 
•en este mi Testamento esta establecido, hagan, tengan y : 
•ban al dicho duqae Anjou (en caso de fallar ya sin ancesiói 
ígitimaj por su Roy, y Señor natural propietario de los di 
amis Reynos, Estados, y Señoríos, en la forma que va disput 
•alcen Pendones por él, haciéndolos actos, y solemnidades, 
•en tal caso se suelen y acostumbran hacer, según el estilo, 
•y costumbre de cada Beyno y Provincia, presten, exhi 
■hagan prestar, y exhibir, toda la fidelidad, lealtad, y obed 
■cia, que co.ao aúbditos, y vasallos, soa obligados á su Re 
vSeñor natural, etc. etc.i 

Nombró Carlos II una iTunta compuesta de la Reina, el 
Bidente ó Gobernador del Consejo de Castilla, el Vice-Canc 
ó Presidente del do Aragón, el Arzobispo de Toled;, el Inq 
dorOeneral, un Grande de España y un Consejero de Est 
para el Gobierno del Reino desde sn muerte basta la llegad 
sa sucesor (cláusula 15;. Los que componían dicha Junta i 
también nombrados Tutores para el caso de que el sucesor f 
17 



ciones á Francia en este sentid 
ptó 7 las negociacioneB se dieroc 
cia (1). 

promesas de paz de Luis XIV, y las disculpas que ha- 
o á Europa por medio de su ministro en el Baya conde 
rd, no fueron bástanle para tranquilizar á las po- 
temerosas de que el monarca francés tuviese elpensa- 
de unir Portugal á España, las Provincias Unidas de 
la ¿ los Países Bajos, de restablecer en el trono de In- 
i á los Stuardos y finalmente de colocar en una mis- 
eza las coronas de España y Francia. Luis XIV en vez 
ir esta sospeclia, envió ú Felipe de Anjou IüS rarlas pa- 
le diciembre de 1700, reservando á este principe sus 
js á la corona de Francia (2) y sin temer el enojo de 
andeses se hizo conceder por los Consejos de Españala 
d de adoptar en los Países Bajos las medidas que le 
iese, y en su consecuencia las tropas francesas entra- 
aquellos Estados el 6 de febrero de 1701 y obligaron á 
andeses á evacuar todas las plazas de ellos en que te • 
jarnición en virtud de pactos celebrados con Carlos II, 
imo, la actitud de Luis XIV en la causa de los Stuar- 
lidió ¿ Inglaterra á ponerse del lado de los enemigos 
icia y España. Muerto el destronado Jacobo II en Saint 
,n, Luis reconoció á su hijo Jacobo III, el Caballero de 

3arden, Hiet. genérale det Irailé» de jjaij;,— Mémoires de 
I, t. III, p. a). 

Dumont, Corpí dipl, t, viii, part. ii.— Lamberty. Mé- 
— Cantillo, Tratado» de pat y de comercio, Madrid 184S, 



— 364- 

e común acuerd. ^ ^.. , 

sfacción para el Emperador en virtud de 
monarquía de £apaña j una entera segu- 
1 Bretaña 7 los Estados Generales, 
tómente, las Tuerzas de lastres potencias reu- 
os Palees Bajos españoles, el ducado de Hi- 
i dos Sicilias 7 los puertos de Ttscaiia (1). 
los paises 7 plazas qac los ingleses y ho- 
en la América española, serian para ellos, 
rían la paz con Francia sino de común 
a haber asegurado la satisfacción del £m- 
idad de los holandeses, y á condición de 
España 7 Francia no pudiesen reunirse 
1 persona. 

hacían estas alianzas, el emperador pro- 
la á los Estados del Imperio germánico 7 
[uia que reinaba en la Dieta cousiguió qua 
i^nconia, Suabia, Austria 7 los dos del 
in ejército de cuarenta 7 cuatro mil tres- 
' se uniesen á la gran alianza el 22 de 
is Electores de Tréveris 7 de Westralia se 
a á ella en ma7o del mismo tüío, pero no 
ilonia, que como sabemos estaban secre- 
>s intereses de Francia. 

Oarden, — por esta condición es presada en 
agieses y loa holandesea no ae obligaron k 

caw de Anstrii toda la monarquía de Es- 
la qne todayia estaban disptteatoa i recono- 



silla ene 
irincesa ' 

jelión de Ñapóles. Peleo en Luzzara y 
)tó ai ejército austríaco á orillas <lel 
)2) y después de alguDos otros triunfos 
mde el estado de cosas hacían oecesa- 
el mes de julio del mismo año arribó i 
i escuadra anglo-liolaudesa de ciacuen' 
7 14.000 hombres, de que era genera 
Ormond y almirantes el ioglés sir Jor 
les AllemoDd. El peligro de que la pía 
e los enemigos fué ínmineDle. dado g 
iban nuestras guarniciones de AndalU' 
actitud decidida y serena de la jótci 
a integridad de España, hizo salir de s« 
i de Felipe V y al pueblo lodo y cvit( 
mportanle puerto, limitándoxc los coali- 
lertes de Sania Catalina y Matagorda ; 
de Rota y Puerto de Santa María. Poi 
I una pérdida de consideración en la; 
istente en una flota que procedente át 
1 y plata se fué ú refugiar en aquel puer. 
;raso que por defectos de nuestra admi- 
iesembarco de aquellos tesoros, á qu( 
nglo-holandesa al mando del duque de 
«ce navios- pereciendo en este desastre 
nceses y 800 ingleses y holandeses, 
derables riquezas que Tenían en nue», 



Liibre 1703) y se apoderó de Lan- 
•s imperiales en esta campaba laf 

ornaron eo julio del mismo aSí 
ó libre la navegación del Pó, El 
el ejército del de Saboya que es- 
por loa aliadas, y se apoderó dt 
iscal Trancñs Tessé se amparó d( 
. á excepción de Montmelián. 
esle estado de la campaña fut 
s en quien su padre el emperadoi 
rey de los romanos, habían cedí' 
i^spaHa, se dirigióá nuestro rein< 
¡ndió la guerra dentro de la pe- 
dra inglesa le condujo á Lísboí 
ibió como soberano de EspaSa } 
ríos III. El almirante de Castillt 
.rtidarios de la causa de Austrii 
le había refugiado en Lisboa desdt 
^ Al llegar el archiduque Cario: 
I á prestarle juramento y pintó al 
España exagerando los tonos j 
ranza de una rápida y fácil con- 
té en nuestra patria se hacf 
tlipe se ponía á la cabeza delejé 
I auxilio de su nieto doce ir. 



— 272 — 
. que en aquei momenio se naiiaoB 
cida. Su gobernador doa Diego de 
trentes veces á Madrid auxilios para 
f expuesto la necesidad de artillar 
iiza, pero todo fué inútil, pues sus 
esatendidas en la creencia de que 
go por aquella parte. Así pues, cuan- 
Gihraltar, esta plaza contaba con una 
isuficieote para defeudcrla del mas 
argo délo cual resistió doedias, pero 
ar y cayó fácilmente en poder de los 
le 1704, sin que deban justamente 
'ictoria, pues no puede haberla don- 
uiera gente bastante para resistir el 
ta toma de Gibrallar una gloria de 
; un afortunado golpe de maoOj por 
!Íeron dueños de la llave del Medi- 
jue después hicieron las escuadras 
fueron suñcieutes para arrancar del 

lirante Rook frente á Málaga sobre 
agosto), vino á aumentar entre los 
general, exagerándola el partido de 
los triunfos de Marlborouch cele- 
r, haciéndose de este modo cuestión 
etaña las victorias de sus generales 
s. 

B ocurrían en España, el duque de 
e los mariscales franceses Villeroi v 



_ 273 — 
de BoufQers se mantenían & la defensiva en Flandesi trasl 
el teatro de la guerra al Danubio y sostuvo una accidn (i 
lio 1704) con las tropas bávaras mandadas por el cond< 
Arco cerca de DoDa-werth, acción muy brillante para é 
y en la que los aliados perdieron S.OOO hombres. Desj 
de este hecho, los franceses y el elector de Baviera, se t 
Dieron en Augsburgo y et principe Eugenio se unid á Ui 
borough dándose el 13 de agosto la batalla de H(echsti 
una de las mas memorables de esta guerra, ganada por 
imperiales que se hicieron dueSos de Baviera y librare 
Alemania de tos fraaceses. Las consecuencias más desasí 
aas de esta batalla fueron para el Elector que se vio o 
gado á salir de su país y í entregar el gobierno á su esi 
Teresa hija del rey de Polonia, quien ñrmó con el Bmpera 
uua capitulación el 7 de noviembre de 1704 por la cua 
obligó á entregar & éste todas las fortalezas, & lícenciai 
ejército y á devolver todo lo que el Elector había tomad< 
el Tyrol, quedando solo á favor de Teresa el bailiage de 1 
nich. — La Baviera fué repartida mas tarde (1706) entr 
Elector Palatino, el Emperador José, el principe de Lamb 
el obispo de Augsburgo y otros señores del Imperio, adjc 
candóse en noviembre de 1705 á Harlborough el sefiori( 
Mindelbeim, entrando así este general á formar parte del 
legio de principes. 

Campañas de 170a y 1706. ^Los hechos más importai 
de estas campañas se desarrollaron en la costa oriental de 
>ana. Et Gobierno inglés envió una expedición al mand< 
"arlos Mordaunt, conde de Peterborough una de las ñgi 
las grandes de su siglo, por su instrucción, por su valor 



— 274 

ícondi 
Lisboa 
Aichi 
í el p 

íióii á 

de Fe 

osin 

ín, ei 
ndedo: 
idt opi 
\.9i se 
lunqu 
d lmp4 
nencf 
i y va 
uich, í 
i algui 
tdt mi 
na ina 
ira lot 
irrago 
ghbat 
la pía 
icia (I 

leclan 



España. Motivos tenia la corle de Madri 
ante este estado de cosas y Felipe V decidi,( 
Da á sofocar la rebelióo de tres reinos tan i. 
dominios como CataluSa, Valencia 7 Araj 
los fnnceaes el plan de ataque, para marcl 
táneamente sobre Barcelona ambos ejérciti 
mar la escuadra francesa al mando del 
Llegaron unos y otros á poner sitio & la p1 
á bombardear las fortiflcac iones de Monj 
pero la llegada de una flota anglo-holand 
á la del conde de Tolosa hizo retirar & éi 
' á los sitiadores. Felipe V, en Iviata de li 
<I'ie recibió entonces de la campaña por la 
y de la no mejor situación en que se en< 
hiña, levantó el sitio de Barcelona 7 se ret 
dan, Ferpiñan, Tolosa, Pau y Pamplona, 
el 6 de Junio de 1706. 

No era menor entre tanto la fortuna 
Portugal. Su ejército mandado por el mar 
7 por el general inglés milord Galloiva^ 
rado de Alcántara (14 &bril 1706) y hacia 
cal de Berwick que dirigía los ejércitos 
aliados sitiaron y rindieron á Ciudad-Bod: 
7 marchando sobre Madrid obligaron al 1 
corte á Burgos el 20 de Junio, entrando 
Madrid prestó obediencia ¿ Carlos, pues a: 
gado Felipe al salir, con el propósito de e 
desgracias, pero antes que llegara el archí< 
na, donde se hallaba, hul>o un movimien 



icipe Eue 

í último ( 

Hontme 

paña de 1 

ale ¡nato < 

de abril, pero una vez que aquel general se marchó lí 

Paises Bajos, cambió la fortuna para las armas francesas 

imperiales, al mando del príncipe Eugenio, invadiera 

Plansonte 7 atacaron al ejército francés delante de Ti 

donde se dio la famosa batalla de este nombre, el 7 de 

tíembre, en la que fueron derrotados el duque de Orlea 

el mariscal Harsiu, que tenían el mando de las tropa 

Luis XIV. Las consecuencias de esta derrota fueron la p« 

da del Hilauesado, el Piamonte, Módena, Mantua y Náp< 

El duque de Saboya volvió i entrar en posesión de sus E 

dos, 7 los franceses firmaron una capüuiación en Milán 

de marzo de 1707, por la que entregaron á los imperiale: 

das las plazas que les quedaban en Lombardia, median 

libre paso para sus tropas, con lo cual Francia podía 

plear sos fuerzas en Alemania 7 en los Países Bajos. 

Gd 1705 falleció el emperador de Alemania LeopoL 
sucediéndolc su primogénito José I rey de Hungría y di 
romanos. 

La campaña de 1707 fné en Esp^a más favorable i '. 
pe V que lo habían sido las anteriores. Después que Ma 
volvió á sú poder,' el Archiduque que estaba en Tnlenc 
retiró á Barcelona, dejando el gobierno de aquel rein 
conde de Corzana, y el mando del ejército á lea genei 
lord Galloway y marqués de las Minas, quienes recibí 



I, y ejercía actos de se 
tlado que celebró coa 
iendo muchos privile 
igándose por un artie 
[upaSia de ingleses y 
ís sometidas á U dom 
las vastas y ricas pr 
:. debían proveer á E¡ 
as necesarios para son 
I paz universal á sus 
la. so hubiese establecí 
era pasado bien pronti 

mpaña de 1707 no ofr 
de Tolón por el duqi 
lo que el duque de Be 
ito. La toma de Nápol 
a esta campaSa, Tué, i 
:La de la derrota de 
icidn de Milán de 13 dt 
—En España las tro[ 
iad de Atcoy que riui 
•1 duque de Orleans si 
y Djnia y Alicante f 
ífeld á quien el de Orí 
trzoa. 

del írji/^t, to3i. II.—] 



antos desastres y de la angustiosa situacióu 
atrayesaba, agotados sus tesoros y aua muDi- 
tento el pueblo, comprendió Luis XIV la ne- 
)zar negociacioaes de paz, y de acuerdo con 
s enviaron embajadores para tratar con loa di- 
stados generales, quienes exigieron como base 
lesión de IJspaSa y de las Indias. De esta 
•on en 1709 las negociaciones de la paz, que 
>s ahora á examinar por ser asunto del capi- 

1709. — Los hechos más importantes de la 
a derrota que sufrieron los alemanes en Ru- 
de agosto por las tropas francesas mandadas 
Bourg; el ejército de los aliados en los Paiscs 
s apoderarse de Tournay el 1." de septiembre, 
s, en cuyas cercanías se dio la famosa batalla 
L 11 del mismo mes, en la que el ejército 
o de Villars fué derrotado por Marlborough 
i Eugenio, costando mucho trabajo y muchas 
os el alcanzar esta victoria. 
> es digno de mención en esta campaña mas 
canzado en Badajoz el 7 de mayo por el gene- 
españolas, marqués de Bay, sobro Galloway 

inglesas. 

L710. — Fué en España más animada que la 
idos obtuvieron dos victorias sobre las tro- 
la primera en Almenara el 27 de Julio y la 

Zaragoza el 20 de agosto. Por segunda vez 
aar Felipe la Capital de la monarquía y re- 



Uadolid, entrando en 
imbre) quien ae apode: 
gon; pero bien pronto 
¡ró todii lo perdido y ] 
completamente en Ibe 
. dadas el 9 y 10 de 
incipalmente al genet 
ue decidieron en partí 
icía diez anos por Eí 
acias de Europa, 
otados en Brihuega y 
triaco Starhemberg, si 
ués á CataluTía, pers< 
laza de Gerona fué toi 
[>a¡llea, el 2b de enere 
i hecho de armas ¿ fai 
deración que Cardoni 
estado las cosas, ocur 
dre de Felipe V, (4 < 
to del Emperador de . 
las trascendencia que 
aamiento de su herma 
sucederle en el trono 
' situación de las cuee 
I Archiduque, aconsej: 
> recibiendo ya socon 
intlnuar la guerra en 
la y emprendió el viaj 
el 27 de septiembre d 



los preludios de paz iaicíados ant 
;uerpo y se vio íDmcdiato el fin > 
ja y que tantos caudales y sang 
b de los sucesos dichos, contribuye 
lo á que Fraucia había llegado, ] 
is de la guerra, sino también \i 
es como la carestía y miseria q 
10, unido á las enfermedades q 
! llenaron de pánico ¿ los francest 
buyo muy poderosamente á la te 
ual fué el cambio operado en la p 
ando la reina Ana los odios ¿ Fra: 
! Guillermo 11, despidió & los wA 
loryi, pensó en disolver la grar 
lS XIV y comenzó negociaciones, p 
I públicas, con la corte de Fram 
ue nos ocuparemos en el capítu 

uncia y Austria, el temor de las d 
corona de España pasase integrt 
08 naciones y se turbase elequilib 
t la cuestión de sucesión y la guei 
iento el más grande de su época y 
para nuestro reino. El sistema <! 
dido y peor aplicado por las pote 
desmembrar la monarquía españo 
,03 dominios de EspE^a en los Faíi 
e esta manera desaparecían los ol 
a unión de la corona de Cario* I 



Obbas db consulta.— Beland o. HUt. ei 
■ ínonte, Hitl. gral. de Eípaña^— John Ling 
fflaterra. — William Coze. Etpaña bajo el i 
Barban.— JjOtí Mahon. Historia de la guern, 
ña. Londres 1832.— Lord Mauanlay. Tm gt 
tiempo de Felipe V, — Anquetil. Motifs de» gt 
paix de la Frattee, pendanl let regué» de f-oi 
T^ui» ATT (1648 6. 1783).— G. F. de Martonf 
Berlín 18Ü1.— Mignet, Xeijooialioa» retatíve 
pagne tou» Imuís XrV, —Annalea polili<jaei 
Fierre. — Memoria» del Marqué» de San Fel\ 
mon. — Id. de Torcy. — Id. de Lamberlij. — Id. 
ton. Hittoire dn droit dt»gen».—GaLh/0, Le i 
Fl.iBaan. Higfoire génfrale el rai»onnée de la 
— Ki>ch et Sohosll. Hittoire dea iraité» de j 
loire genérale de» iraiti» de paij-, — General 
declaraltont of toar, iitaitifetlo» and olher p 
1648-1731) London 1710 -1732. -Cantillo. 6'« 
M. A.Logrelle, La diplomade fratt^xisc eíla- 
París 1892. 



is potencias de Eu 
siquiera fuese por su propio interés en acabar tan cala 
como desenfrenada guerra, hubieron los mis pruden 
aprovechar toda ocasión oportuna para sustituir la tu 
las armas con la diplomática. 

£a 170S después de la batalla de HcechBtffidttandest 
para loa francescB, Luis XIV envió á Holanda á su Encí 
de Negocios cerca del elector de Baviera, Mr. de Rouil 
el encargo de entablar una negociación con el gran pen 
rio Heinsius, pero las gestiones y tentativas de aquel 
málico para concertar un tratado con Holanda y separar 
potencia de la^rarufe alianza fueron infructuosas, fracs 
por tanto en este primer intento la política de Luis 3 
dividir á los aliados y tratar con cada uno separadaí 
política que ya le hemos visto ejercitar con éxito ei 
momentos. 

b). — Entabláronse en 1706 nuevas negociaciones desp 
Iff batalla de Ramillies. Luis XIV ; Felipe V enviare 
Haya al conde de Bergheick gobernador de los Países 
quien celebró algunas conferencias con Van-der-Dusseí 
alonarlo de la ciudad de Tergow y delegado de los Estad 
nerales para esta negociación á la que fué admitido en 
to Ur. de Rouillé. Como por esta época la suerte de las 
era para Felipe T favorable en Italia y desfavoraMe en 
ña, pues debemos recordar que en 1706 las tropas del j 
duque entraron en Madrid y el rey tuvo que trasladar la 
¿ Burgos, creyó conveniente Luis XIV, para facilitar la 
1 7 resolverla en armonía con los resultados de Ii 

, proponer como propuso en la conferencia, la cesi 



«ujuaxujvKci i»ae jnayo de 1709, y en ella el representant 
(le Francia cousíQtió en reconocer como re; de EspaSa, Ami 
rica, Milán y los Faífes Bajos al Archiduque Garlos. Los he 
lamieses procedían en esta ^negociación como vencedores, 
cuanto más obtenían de Luis XIV mayores concesiones pre 
tendían, causando esta actitud y la del monarca francés gra 
disguato á Felipe V, quien por el emt)ajador de su abuelo e 
Madrid Mr. Amelo!, conocía la marcha de las negociaciones 
las disposiciones de Luis XIV, al que escribió una enérgic 
carta en la que, calificaba de quiméricas é insolentes las pri 
posiciones de loa ingleses y holandeses, y hacía comprende 
á su abuelo su dosacierto al escucharlas. 

Enterados el duque de Marlborougb yel principe Eugeni 
de estas negociaciones, emplearon todos sus esTuerios pai 
romperlas, declarando que no entrarían en ellas tnientn 
Felipe no renunciase en absoluto á todos los dominios de 1 
corona de EspaSa. 

d). — Envió entonces Luis XIV á el Haya (mayo de 170! 
á su ministro de Estado Ur. de Torcy para que continuaí 
la ncgoeiacióu sobre la base de las cesiones primerameni 
propuestas por los holandeses, á costa de los dominios de a 
Dieto; pero, como ya hemos dicho, loí representantes de 1( 
aliados aumentaban sus exigencias á medida que Luis XI 
les hacia concesiones, y en consecuencia, la misión del di 
plomático Torcy hubo también de fracasar ante la imposibi 
lidad de contentar á los aliados. El Emperador pedía 1 
levolución de la monarquía española á la casa de Austrii 
Marlborougb la cesión de Terranova y el principe Eugeni 
la do Alsacia y Strasburgo. Todos veían llegar el moment 
19 



13 comercial eB p 

llegado á conaei 
¡n el Nuevo Huí 
que Ñipóles, Sic 
isen para Felipe 
)8 ofreció ailemj 
ana; y porñndei 

á ofrecer a) Are 
nbechadeNápol 
lesquequisleBen 
iz á toda costa po 
irabacQ sacrí&ca 
iones últimamei 
'a los limites de 
>ara Felipe Bino 

negociación tai 
á la Corte de Ma 
itoaces planes é 

á Felipe en el 
ibil princesa de 
wL en la Corte. 
su actitud en la 
tme propósito di 
la gota de sangn 
8u decisión, rom 
ice» [autheatiquet 



los preliminares convenidos e 
■aran au disgusto, pues no que 
ue las proposiciones de 1701 
mba^o aplacarlos, ajustando 
171 1 un tratado, por el cual 
¿an & obligar á Francia á fli 
Mz, á contribuir á poner ést 
a tratados convenidos con el '. 

vó en secreto, pero no la de F 
ronto como de ella tuvieron i 
i frustrarla. El principe Eug 
Ekr con Marlborougb el medi 
lofi ton/s y decidir á Inglatei 
;1 general inglés ya no encc 
aclamaciones de que había 
10 que por el contrario, acusad 
que tenía para pagar las tropai 
de todos sus cargos, j en i 
y los del principo fracasaro 
paz siguieron su curso. El n 
>or so parte, tan luego como 1 
liio preparativos para continu 
medios estaban á su alcance 

jnos y otros, porque las cdrtc 
rasuraron í comunicar á las d( 



segúo el testamento d* Felipe V 
aatisfaccitia á todos los aliadoa d 
y una indemni^acidn por las p« 
de la guerra. 

Pnptjsidonet de Portugal: ap( 
alones de Austria relativas á la ; 
de España; pedia la reserva para 
bí:m sido prometidas en 1703; y 
cia renunciase á las tierras deCi 
de las Amazonas. 

Proposicione» del rty de Pruaia 
reconocido como re; de Prusia 
soberano de Neufcbátel y de Vale 
posesión del principado de Orangí 
pedia la cesión de una parte del 
uia, en fía, que se concediesen á 
lajas comerciales que á los ingles 
especiales para los franceses nati 
en compenaacióu de las preteosi 
Eápaíía, pedía se le cediese la cii 
Erckelen. 

Proposiciones de los Estados i 
Paises Bajos españoles para enl 
pronto como conviniesen con éi 
Provincias le servirían de barrer 
c ion de las plazas que poseía F 
conviniendo con el Emperador q 
Iludiese cederse nunca á la coron 
príncipe de esta casa. Pedían adf 



— 306 — 
iiODes para los franei 
uciÓQ de loa bienes de 
laición de quien tuvie 
ño, de las fortilicacioi 
tuque Je Sahoya: que si 

de España inmediat) 
1 restitución de cuaati 
I los fuertes de Exilies 
firnifición de las cesic 

do 1705 por el Eniperi 
ighlerra. Esta nación s 
ia, presentó tainbien su 
ale acuerdo y propuso; 
1 á la corona de laGra 

por el Parlamento en 
a de HaiiDovcr; que i 
ntc inglés y no le preí 

uu tratado de comerci 
1 de las fortalezas de I 
rancia á Inglaterra d 
i, Port-Royal y la ba 
te que Luis XIV reco 
Lsa de HauDover.— El 
o era ni siquiera nonti 

cioues de los aliados a 
oues y que cada poten 
sihle en la nogociació; 
laterra y en las de los 



EspaSa, una y oItob 
nl«ndiaoque era pe- 
spaña al Emperador 
qae llegase ol easo 
lie que FttUpe V, siendo rey de BspaSa, fuese llamada á ocu- 
par el trono de Francia. 

Este segundo temor se aumentaba cod las desgracias que 
, ocurrían por entonces en la familia real francesa, pues 
muerto el Deldn y el duque de Bretaña, no quedaba más que 
el infante don Luis cuyo estado enfermizo hacía temer que 
llegase el caao de corresponder la sucesión de Luis XIV i Fc- 
li|)e de Anjou. 

4. Preveia esto Inglaterra y desde entonces su política en 
la negociación qnc secretamente seguía con Francia, fuéls de 
exigir como condición preliminar ta formal renuncia de Fe- 
lipe V al trono francís. ylacosióndc sus derechos á su her- 
mano el duque do Berry, sin esperar para optar entre las dos 
coronas, á que llegase el caso de ser llamado á cüíir la de 
Francia. Las negociaciones sohre este punto se seguían por 
los ministros de Estado de amhos países, Saint-John de In- 
glaterra, y el marqués do Torcy de Francia. Este contestó ¿ 
la petición del primero que la renuucia que se exigía era 
contraria á las leyes fundamentales del reino y que por 
tonto nunca sería Tálida. Inglaterra contestó que enten- 
día que un principe podía desprenderse de sus derechos 
por una cesión voluntaria y que aquel á favor del cual fuese 
hecha Eemejante renuncia, podía ser mantenido en su derecho 
con justicia por las potencias que hubiesen salido garantes de 
dicha cesión. A.ñadió Inglaterra á la petición de la renuDci& 



ron 
rlnt 
ledi 
i te 



tn I 
reU 
utdt 
pan 
leii 



la I 
it~A 



— 3ia 

Felipe V ei 
pasase á la 
nperto de C 
cias se reac 
ido al baen 
i ma;»r pat 
iterra y cor 
8 franceses i 
no ]<odla es 
D toncos. Se 
^au8a y se i 
ntinnar él t 
jue iba i eu 
desfavorab' 
abién la siti 
Mrtante, esl 
por él se a] 
acuación de 
3ad do I tal 

1 en efecto i 
or de los de 
las potencU 
podido sost 
ks naciones 
es si el Em 
;tadoB de ai 
ler de delen 
sncia, el 14 



— 313 — 
íraiado Je evacuación de Caíaiuña y neutralidad á 
su virtud las tropas imperialeg galieron inme 
EBpaña, pero los catalanes se resistieroa ¿ somei 
hasta que Tueron redacidoB por la ruena. 7 el 
wiek ae apoderó de Barcelona (t." agosto 1713) 
Aparte de la disideacia con el Imperio, conti 
le la negociaciiiD con las demás potencias por ; 
eia 7 de Esp^a, siendo 7B admitidos los plenip 
esta nación, desde el momento en que Felipe T 
derechos al trono de Francia 7 fué reconocido 
oo católico. 

Del congreso de Utrecht resultaron una ser: 

(1) Las diapoaic iones principales de este trata 
si guien t«i; 

1." Que las tropas alemanas 7 de los aliado 
principado de Gatalufla 7 de las islas de Halle 
para que esto se hiciese lo ni4s pronto y fácilmen 
brfa una completa cesación de hostilidades en 
mencionados. 

2.' Qne la corte dol arcMdnqne Cirios, qae ( 
eidiendo en Barcelona, seria traeladaáa lo antes | 

3.° Qne esta corte asi como las tropas, pasarla 
ik Italia con toda clase de sefturidades, dándoles 
ta inglesa. 

i." Qne hasta que se firmase la paz general 
misticio 7 completo cese de hostilidades por mar 
en Italia como en las islas del Mediterráneo, Esfc 
de Sab07a 7 provincias de Francia lindantes con 
este principe. 

5.* Inglaterra salla garante del enmplimienl 

6.* El emperador no conservarla en Italia 
hombres mientras durase el armisticio. (Oarden, 
té*, tom. it.) 



tanto políticos como comert 
ción á Europa y trajeron tai 
clio internacional. 

En cuanto á España, ai 
perder el alto puesto que o( 
de la guerra do sucesión í c 
gran parte á la negociaciÓD 
au espíritu de contentar ¿ 1: 
sacrificac loa Estados do su 
que tantos tesoros habían 
tanta sangre 8(^ bahía vertid 
da, Prusia y Austria; en Ita 
dp Milán y el puerto de To8< 
isla de Sicilia para dársela i 
de rey. y por fin en nuesti 
peñoD de Gibraltar para no 

Estos fueron los tristes 
años y de un Congreso al q 
Soles, cuando ya estaban i 
y nada podían hacer, ni nai: 



Oseas qe consulta.— Li 



Felipe V do los Países Bajos eapa 
Bavíera y que este á a» vei los ce 

les eD favor do la casa de Austria; que el elector conserra»» 
los ducados de Nnmur, Luxemhurgo y Charleroy hasta que le 
ruescn restituidos sus Estadas; que el rey crlslianiaimo cede- 
ría Meuin, Tournay. Fumes y otras ciudades que le señnla- 
h.nn; que los Estadoá Generales restituinau al francés Lille y 
otras platas de ijue se haría mérito; que en los Países Bajos 
ealóliCoa se mantendrían los mismos usos y costumbres quo 
antes, iglesias, comunidades, trihunales y todo lo pertene- 
ciente al ejercicio do su religión, etc., etc. 

Tratado entre Franña y Snlioya. — (Utrecht 1 1 de Abril de 
17t3). En él se estipuló: la restilución al duque Víctor Ama- 
deo de Saboya de todos sus estados de Sahoya y Niza sin re- 
serva alguna; cesión por parle del rey cristianísimo de lodo 
lo que está do las vertientes de los Alpes ú la parte del Pia- 
monte, y del duque al rey de Francia, del valle de Barcelo> 
neta, de modo que la mayor altura de los Alpes sirviera en 
adelante de división entre Francia y Saboyu; cesión del rei- 
no de Sicilia por parte de] rey de EspoBa al duque de Sabo- 
ya; sucesión de la casa de Sahoya á la corona de EspaSa en 
los términos de la renuncia del rey calólico; ratificación del 
tratado de 1703 con el Emperador, y de los de Múnster, Piri- 
neos, Nimega y Byswick en lo concerniente al duque. 

i. Tratado de paz entre España y la Gran Bretaña^ firma~ 
do en Utrecht el 13 de Julio de 1713. — Antes de la celebración 
del presenta tratado se había lirmado otro en Madrid el Í7 de 
Marso de 1713 por el marqués de Bedmar como plenipoten- 
ciario de Espaüa y por lord Lexington embajador de Ingta- 



\ 



ólic 

ata< 

idad 

xde tiíbraltar juntamente con su puei 

aque le pertenecen Pero [ 

xabusOB y fraudes en la inlroducción ( 
xre el re; católico y supone que asi a 
vdicbs propiedad se ceda á la Gran I 
>alguua territorial y sin comunicacit 
upáis circunveciuo por parte de tierri 
ación por mar con la costa de Españi 
»y segura ea todos tiempos, y de aqu 
«soldados de la guarnición de Gibr 
«aquella ciudad se vean reducidos á ( 
lee ha acordado que en estos casos se 
»ro de contado en tierra de España t 
rsión y demás cosas necesarias para 
«presidio, de los vecinos y de las na^ 
>Pero ai se aprehendieren algunas mi 
>por Gibraltar ya para permuta de 
•fin, se adjudicarán al fisco y serán 
líos culpados. Y 8. M. británica á in 
toonsiente y conviene en que do se ] 



nes que habían ínter 

a Inglaterra, con Sab( 

uelta la grande aUan 

iperio, alma de la lig: 

trra de aucesióc. El E 

ns pretensioneB, decii 

os hechos hasta o n ton 

para llegar á un ar 

s. EapgBa por su pai 

r, no hahía llegado toi 

jenerales ni con Porl 

,ban el Congreso encaí 

nado á resolver las diferencias que qnedaban entre la Ci 

de Borbon y los elementos de la grande alianza. Carlos 

defendía su propia causa hasta el úllimo momento, y cua 

do ya DO ie quedase un soldado, trataría con Francia y flrii 

rfa coa ella una paz particular, pero nunca asentiría á la £ 

neral, porque esto hubiera sido reconocer la legitimidad 

Felipe Y. Este era el criterio del Emperador y á 61 ajusta 

8u conducta, continuando la guerra en junio de 17t3. La t 

perioridad de las tropas francesas castigó bien pronto su 

meridad y después de ser derrotados diferentes veces 1 

ejércitos imperiales y de apoderarse el mariscal francés ^ 

liara de las plazas de Landau y Fribargo, se avino el Emp 

rador ú entrar én tratos de paz con Francia. 

El principe Eugenio como plenipotenciario de Carlos ' 
y el mariscal Villars en nombre de Luis XIT, se reunieri 
en el castillo de Rastadt (26 de noviembre de 1713) ysigui 
ron coa gran secreto una aegociacidn que no fné ni larga ni c 



enciaa y el fuerte de Kehl sedevolviiiDal Em- 
de Francia se comprometía á destruirlas Tor- 
as islas del Khin cerca de Straaburgo; la na- 
B rio se declaraba libre para los subditos de 
; el rey de Francia baria evacuar los castillos 
ur i>ii(;uu j ue nomburgo; los clectofes de Tremería y Palatino, 
el Gran maestre de la Ordeo Teutónica, el obispo de Worms, 
el de Spira y las casas de 'Wurtemberg y de Badon seríaa res- 
tablecidas en todo lo que se les había quitado contra lo dis- 
puesto ea la paz de Byswick; Luis XIV reconocía la dignidad 
«lectoral de la casa de Hacnover; la ciudad de Landdu coa 
sus dependencias era cedida á Francia; los electores de Co- 
lonia y de Baviera fueron restablecidos en sus Estados, rango, 
prerrogativas y dignidades; el rey cristianísimo no se opon- 
dría á cualquier cambio de territorios que la casa de Daviera 
considerase conveniente para sus intereses; el rey de Francia 
consentía que el Emperador tomase posesión de los Países 
Bajos españoles excepto de la barrera que había de convenir- 
se con los Estadas Uenerales y la parte del alto Güeldres ce- 
dida al rey de Prusia; se confirmaba la cesión hecha al Em- 
perador por los tratados de Utrecht de la parle de los Países 
Bajos franceses; y por último, Francia prometía dejar al Em- 
perador en posesión tranquila de todos los Estados y plaiatf 
que ocnpaba en Italia, tales como el reino de Ñapóles, el du - 
cado de Hilan, la isla de Cerdeña y los puertos de Toscana; 
y á su vez el Emperador se obligaba á observar exactamente 
el tratado de neutralidad de Utrecht de 14 de Marzo de 1713. 
Ofrece este tratado la particularidad de que no se men- 
ciona en él para nada la monarquía española, omisión que ex- 



raotizase la ceaiÓQ de Sicilia al duque de Sahoya, á lo i 
los holandeses se oponían por no enemistarse cod el £m 
rador que quería se le concediesen íntegros los dominios 
España en Italia. Inglaterra desistió pronto de su preti 
8i<in y el 26 de junio de 1714 se firmó la paz entre Españ 
Holanda. 
8. Tratado de paz «tUre España y Holanda. — (Utrecht 



Ikbi 



ernos para evitar el uontrabando de tabaco, 
ofrece la particularidad para la historia de la 
diplomacia de ser el primero en que el rey de España, des- 
pués de la indepeudeocia de Portugal, concedió á eate reiao 
el allemal en los tratados, (i) 

10. Con la exposición del tratado entre España y Portu- 
gal terminamos la larga serie de los celebrados en Utrecht. 
cuyas disposiciones revelan la importancia que tuvo eate 
Congreso en las relaciones de los Estados europeos, á los 
<l%it dio una nueva organización política, base y origen déla 
((ue tienen en la actualidad. Estableció grandes cambios como 
la separación de Bélgica, el Hilanesado y Ñapóles de la coro- 
na de España para dotar con ellos á la casa de Austria, y la 
rormación de nuevos reinos como Prusia y Sicilia, que se le- 
vantaron sobre las ruinas del gran imperio de Carlos V; y al 
sancionar en fin, la legitimidad de la revolución inglesa de 
Hi68, al reconocer la dinastía de Hannover en Inglaterra y 
al establecer la separación perpetua de las coronas de España 
y Francia en una misma persona, dictó nuevas reglas para 
el derecho público europeo, é hizo una aplicación [iráctica 
del sistema del equilibrio, tendiendo á un reparto igual de 
fuerzas materiales y morales de los Estados. 

El poderío de Francia que estuvo vacilante un momento 
durante la guerra, renace en Utrecht. no perdiendo nada 

(1< Kl alteTnat es la coatumbre dequa el ejemplar del trata 
do que perteseoo ¿ cada plenipotenciario se redacte nombrando 
en primer lagar á su pais, y firmando diclio ejemplar en et sitio- 
de preferencia. (Véase Caatro y Casateiz, Guia del díplomiítieo 
etpañol tom. ii.l 

22 



IB EsPAÍTa. ESTAUU DB LAS PRINCIPA- 
opa despuk3 del tbatado de ütrecht. 
minsteu entre Inglaterra y el Im - 
4ZA DE Francia, Inglaterra y Holan- 
1717. — Cuádruple alianza db Fran- 

LANDA Y el IuPERIO I>E 2 DE AGOSTO 
lUIBNTE DE ESTAS POTENCIAS CON Es- 

Pelipe V á la cuadujplb alianza. — 

UENTEMENTE CELEBRÓ EsPAÑAEN 1721. 



liento de lacattRile BorbÓD al trono de 
jsiÓD de los tratados de Ulrecht, no 
política peculiar y propia como la ha- 
)minación de la casa de Austria, Y no 
porque la corona de Carlos II no e»~ 
sienes de Felipe V hasta la paz de 
ntr á Eapaüa este monarca carecía de 
1 para el gobierno de una nación dís- 
I 7 otras circunstancias hicieron que 
''olipe V se inspirasen, en los primeros 
los consejos de su abuelo Luis XIV y 
rimera esposa Uaría Luisa de SaboysT 
la veces por la habilísima princesa de 



— 8-10 
No se puede negar <¡ 
unstancias en que yj 
nazado por casi tod( 
entrar desorganizad 
igaa la misma Cama: 
relaciones exterioreí 
er nue^oen el arte 
ra de sucesión con ui 
nir y que el mismo ', 
da cuestión. Diferes 
ejércitos, tomó acti 
' la corona que le lej 
la, y gastó sus tesoro 
anteoer en sus sien( 
Felipe V en losprii 
afirmarse que sin su 
ion , el trono de Fe 
r de la casa de Aust 
tule anterior hemo 
icediese, cuando en 
juis XIV se mostró i 
3to al arctiiduquc Ca 
vo sus derechos y la 
i su abuelo, sacaroi 
de concesiones que 
la negociación. La ] 
sencilla, mantenerE 
porque tampoco poi 
lirada su corona, ni 



— 341 — 
Dclo el resto de su política en el exterior. En 
r, el beeho más importante fué el cambio que 
irdon de sucesión al trono, por la pragmá- 
tica de 10 de mayo de 1713, que eximía á las hembras, aun- 
que estuviesen en grado más próximo, cu tanto que hubiese 
varones descendientes del rey don Felipe ea línea recta ó 
transversal, y no llamaba á aquellas á ocupar el trono sino 
en el caso de extinguirse totalmente la descendencia mascu- 
lina en ambas lineas. 

Dos grandes figuras acompañan á Felipe T en esta prime- 
ra época de su reinado, personajes que por sus dotes de inte- 
ligencia y especiales condiciones, inlluyeron notablemente en 
el monarca. La primera, la joven reina María Luisa de Sabo- 
ya á quien hemos visto en las difíciles circunstancias en que 
vino á la Corte de España, quedarse al frente del gobierno, 
demostrar un decidido amor á nuestra patria, defender cou 
verdadero heroísmo la integridad del territorio español ame- 
nazado en Cádiz por una escuadra anglo-tiotandesa, y seguir 
luego, hasta ol fin de su vida, los reveses y horrores de la 
guerra. Resignada ea las contrariedades, satisfecha con los 
triunfos de España y dispuesta siempre ú sacrificarse por ella 
y por su esposo, aparece la virtuosa reina como le figura más 
interesante de nuestra historia después de Isabel la Católica. 
La princesa de los Ursinos representa un papel no menos 
importante en los primeros años del reinado de Felipe V. 
Nacida en Francia y viuda del príncipe Talleyrand y de 
Flabto Orsini, duque de Bracciano, fué nombrada camare- 
ra de la reina María Luisa por Luis XIV, quien creyó tener 
de este modo un instrumento de sus manejos en la Cótte de 



la priacesa tuvi 
¡par á España de 
siguió muy de a< 
lú suíDJIueuciae 
eá la posición qi 
i se formaroc coi 

sagaz político d 
y tan extraordÍD 
so á ser la Tavoi 
)rita al estilo de 
de Luis XIV. ai 
.u talento y su in 

fué sia embarg 
tos de su época. 
que Felipe V se 
j por su segunda 
le Felipe de Anjc 
ieladelaCórte fi 
'.a con las debili 
ricliosde susmai 

1 mal ejemplo qi 
és mautenerse ei 
limas esposas y d 
primero, y Alhei 
isen ser en desdi 

ición directa de '. 
1 políllca no ofre 

lar. Hemos visto 



— 343 — 
sus intereses y portaatoú ta política de Luis X.rv 
a la de Felipe V en aquellos momentos. To- 
¡uerdos de aquel Cougreso l)aio las inspiracio- 
:ia, no se encuentra en los tratados que en él se 
na manirestación de la política exterior de Fc- 

conocerla hemos de acndir á la segunda época 
no, en que asegurado en el trono de España y 

XIV, sus actos y sus empresas obedecieron ya 
lcs y tendencias propias, en cuauto pueden serlo 
)narca de aquellos tiempos que siempre estaba 
personajes y ministros más ó meaos leales é in- 

os que ocurrieron en Europa después de la paz 
• le Utrecb, tenían Torzosamente que producir un cambio lan 
importante que con razón dividen los bistoriadores en dos 
épocas el reinado de Felipe V. La desaparición en el esce- 
nario lie la política europea de personajes como ta reina Ana 
de Inglaterra fallecida en 20 de julio de 1714, la de España 
Maria Luisa de Saboya que murió «1 14 de febrero del mismo 
año, y Luis XIV de Francia fallecido el 1." do eepliembre de 
I71U, eran hecbos que cada udo por sí solo tenía suma im- 
portancia por las consecuencias que trajo consigo. La muer- 
te de la reina Ana fué causa de la elevación al trono inglés 
(le Jorge I de la casa de Hannover y de un cambio radical de 
política en la Gran Bretaña, señalado por la vuelta al poder 
del partido de los whigs. El fallecimiento de la reina de Es- 
puna luYO por consecuencia el casamiento de Felipe V con 
Isabel de Farnesio bija del difunto duque de Parma, la 
brusca caída de la princesa de los Ursinos del elevado puesto 



—^344 — 
a corte de Madrid y la prii 
imbre de muy claro ingCDií 
de cualidadea para los mac 
1 fallecimiento de Luis XI 
«Qo fraocés de su biznieb 
-goita, con el nombre de Li 
;encia del duque de Orleans 
utela que Francia había ej( 
ida de Felipe V. 
onecer la importancia de ta 
os tenían roñosamente que 
i naciones mas directameut 
repercutió en toda Europs 
íQtos y la marcha de las re' 
paz de ütrecht, España hat 
eu su trono, pero hemos de 
uto el ejemplo de los deni 
jció i Felipe V como legitii 
paz, quedando en consecuei 
T el Imperio con igual cara 
ttido desde la muerte de Ca: 
o, pero Carlos Vi tenia loa i 
tes contra Felipe y uo se co 
os á la monarquía española 
complicó con la muerte de 
rcer el papel de mediador. 
Felipe y DO estaba muy co 
in Utrecht y con tas injust' 
, en el que los actos de Espi 



- SIS — 
bien forzados por Luis £IT, pues quisas 
mestra conducta en él, si Felipe hubiese te- 
tad de acción que debió tener al negociarse 
tto, sea por razón de las circanstancias, es 
Jtrecht DO hubo mas que desgracias para el 
territorio espülol, y nuestro monarca una 
a Europa la Taz de las cusas con laa desgra- 
las tres casas reales de EapaSa, Francia y 
i^ambiiS de política 6 por mejor decir apare- 
la encaminada & corregir las injusti«ias 
istra patria, á recuperar los territorios per- 
' el terreno para reivindicar sus derechos al 

Q España de dos pcrsonages tan importan- 
tes como Isabel de Farnesio y el abate Alberoni, trajeron 
como consecuencia, importantes modificaciones en el inte- 
rior. La nueva reina, altiv», intrigante y ambiciosa en poli- 
tica, unida al abate, astuto y hábil diplomático, arrojaron de 
la cámara de Felipe V todos aquellos persooages que mas 
habían intluido en bu ánimo durante los trece primeros años 
de su reinado ; le encauzaron en una nueva política encami- 
nada á satisfacer las ambiciones personales de ellos mismos; 
la reina á obtener un patrimonio para sus hijos en los duca- 
dos de Parma y Toscana; el abate á conseguir el capelo carde- 
nalicio, y los dos á dirigir y gobernar el reino en el interior 
y en el exterior. La reina supo apoderarse pronto del corazón 
del monarca y alcanzó la misma ó mayor inlluencia que su 
predecesora en el tálamo, pero con distintos fines y con con- 
trarios resultados para España, pues María Luisa de Saboya 



- S47 — 

ióu eolre la Grttn Bretaiía y lo» 
iramente estas dos polcDCias reno- 
i tratado que firmaron en W»!sl- 
1716, en el cual establecieron qae 
iciooes contratantes fuere atacada 
1 ({ue fuese, ic atendrían ú lo con- 
istiniusteren 1678, y que se eoteu- 
ris DO solamente cuando uno de 
los aliados fuese atacado ú mano armada, sino cuando algu- 
na nación vecina hiciese preparativos de guerra contra uno 
liedlos ó le amenazase. — Comprendió Alberoni la imporlün- 
<:ia de estas dos potencias marítimas en las cuestiones inter- 
uaciouales ; la conveniencia de mantenerse en buenas rela- 
ciones con ellas para llevar adelante los planes de Felipe V. 
Por otra parte, no satisfechos los ingleses del tratado de pa/ 
y comercio estipulado con España en Utreclit y convinién- 
doles obligar ¿ esta nación con un nuevo pacto que envol- 
viese el reconocimiento de su rey Jorge I. para evitar así 
que protegiesen los intereses del caballero de San Jorge, 
hijo de Jacobo 11, brindaron é interesaron á Alberoni para 
que se firmase entre EspaSa y la Gran Bretaña un nue- 
vo tratado de comercio que con el nombre de eiplanatorio 
del ajustado en Utrecht so concluyó en Madrid el H de di- 
ciembre de 171-') (O; y en cuanto á los Estadoa Generales les 
hizo también el gobierno de Felipe V concesiones importantes 



(!,' Elste tratado fué excesivanienta ventajoso par» Inglate- 
rra, pues si bien en la primera cláuanla se obligaba á loa ingle- 
es á pagar en los puertos espailoles los derechos do entrad^i y 
talida como en tiempos de Carlos II, por la tercera ae lea i>er- 



o ; prodigó toda oíase de s 

ri<l, barón de Biperdá. 

ir, aparte de no haber renunciado sus dent- 

Espana, empleaba su política en evitar ijue 
Parma y Toscana pudiesen llegar algún dia á 
or la reina de España 6 por bus hijos. Gon 
'ocuró aunque sia éxito, que el príncipe An- 
contrajese matrimonio. Ob-o asunto de capi- 
ocupaba la atención de Carlos VI, que era los 
irquia, cuyas armas, habían avanzado hasta 
azaban el Imperio. Temía el Emperador que 
rcilos de Italia para atacar á los turcos, los 
derasen de los Estados perdidos por el trata- 
no se alrevió tampoco á dar socorros á los ve- 
as no iirmasen una liga coa el Imperio para 
idos de Italia. Acudió al Papa para que con 
z llamase á las potencias cristianas para al;t- 

y asi lo hizo el Sanio Padre. Alberoni, que 
QOB dicho, aspiraba al capelo cardenalicio, 
irse con la corte de Roma y se apresuró á 
a enviase una Ilota á defender la isla de Cor- 
s turcos. Las naves espaSolas consiguieron 
antar el sitio á las del Sultán y el Papa que- 
idoá Alberoni (171C). 

il regente duque de Orleans, conocedor de lot^ 
pe V y de Alberoni con respecto d la coronn 

s sal, libre de todo pago en 1» islit de Fortn- 
tugas de la que sacaban iV> navios calcados 



— 34a — 
prendió la necesidad de liuscar una alianza 
I marillmas, para estar preparado conlra los 
planes que se fraguabao en Madrid. £1 abate Dubois, uno de 
los personajes más significados en Francia ea aquella ¿poca 
por sus condiciones y por su cinismo é hipocresía, fuéel en- 
cargado de seguir en Londres una negociación con el gene- 
ral inglés y confidente de Jorge 1, WiUiam Stanhope, Está re- 
conocido por todos los historiadores que el abale Dubois, en 
medio lie sus censurables condiciones, tenia singulares dotes 
como diplomático, y sus negociaciones, argumentos, sagaci- 
dad y facilidad de palabra en las discusiones le elevaron y 
dieron el titulo de habilísimo político. 

Al propio tiempo, el duque de Ürleans encargó al Emba- 
jador de Francia en el Haya, marqués de Chüleauueur de la 
misión de disipar las prevenciones que desde largo tiempo 
liemos visto tenia Holanda para con Francia. Las instruccio- 
DGS que recibió el diplomático francés de su goliif roo, estaban 
encaminadas á proponer á los Estados Generales un tratadi» 
de neutralidad de los Países Bajos que, como sabemos, eran la 
harrera entre Francia y Holanda y se miralian siempre con 
recelo por parte de esta nación. Los Eslados Generales no se 
- decidieron, sin embargo, á aceptar la proposición del duque 
de.Orleana, bieu porque obedeciesen á inspiraciones de In- 
glaterra que entendía que aquella neutralidad corlaría la co- 
municación más fácil y cómoda para la uuón de las tropas 
inglesas con las del Imperio en caso de continuar la gue- 
rra, ó bien porque los mismos Estfldos Generales lemiesea des- 
agradar al Emperador, tomando acuerdos relativos á ud país 
de que' éste era dueño. 



— 360 — 
i por entonces st 
iaa Jorge, hizo s< 
intinuase protegí 
ir está sospecha i 
M, d'Iberville, e; 
i maotuYO con e 
ird Stanhopc, y 
[uella corle, ma 
manirestó que su 
Orlcans, mientr 
ñas y disturbio 
ir ser los whiffs 
por los lort/s, no ; 
1 los Eslados GcD 
|ue esta nación 
loa tratados de t 
negociación con 
nplcó el regente 
mder á los Estad 
iteresadosenla ci 
ensionario Hcíds 
eans. marqués d 
aliaDza. ordenó 
. Duiwenwordei 
ille, á fin de obl 
es para la alianzi 
se ofrecieron á < 
positivos que loa 
tanto, las prot« 



lacia á Inglaterra ; H< 

10 que por el contrar 

los EsUdoB Generales 

se apresuró á firmar 

tter de ZS de mayo de 

Estados se adhiriera] 

era puramente defeni 

liantes un socorro re( 

mencióii de los trata 

r á los Estados Gene 

' admitir á ninguna ol 

<.&uv>a i:u ciia, aiuu uc vuiuuu <>i.uerdo. — Bflndaron, en 

á los Estados á adherirse al tratado, pero los holandés 

incrosos de que esta liga llamada defensiva llegase & c< 

tirse en ofensivo, y sospechando que el Emperpdor i 

un día obligarles por ella á sostener la guerra en los 

Bajos, eludieron el entrar ea la alianza. Al pro'pio 

Inglaterra presentaha al regente de Francia un proyi 

anión entre estas dos naciones y Holanda, proyecto qu 

por base la condición de que Francia no sólo debía oh 

¿ no prestar apoyo alguno al caballero de San Jorge, si 

se comprometiese á hacerle salir inmediatamente de 

non, donde residía. 

El duque de Orleans comprendió que con semejant 
yeeto trataba el rey de Inglaterra de eludir laspropoai 
que anteriormente le hizo Francia, teniendo por base 
rantia de la paz de Utrectat. Supo que Jorge I pensaba 
á Holanda acompañado de su primer ministro lord Sta 
7 determinó enviar á su encuentro secretamente al 



nsts el tratado, se renovaban las dlapo- 
trecht y sobre todo las referentes á las 
Qglaterra; y se conTenía: que e^ caso 
Gran Bretaüa se auiiliaríaD con un ao- 
y S.OOO caballos; los Estados Genera- ^ 
Qtribuir más que con la mitad (articn- 
rancia se obligaba á hacer salir del 
á residir al lado de allá de los A.lpe8 
caballero de San Jorge, y á no pres- 
na clase (art. 2). Los contratantes se 
a uno á denegar asilo á los subditos 
sido declarados rebeldes ( art. 3). El 
ia ejecutar lo convenido respecto á la 
no omitir nada de lo que la Gran Br&- 
para la destruccidn del puerto (art. 4). 
Westminster entre Inglaterra y Aus- 
>le alianza, que acabamos do exponer, 
desagradaroná Felipe VyáAlb«roni, poique venían á destruir 
todos BUS planes relativos al trono de Francia, y su proyecto 
de recuperar los posesiones de Italia, para lo cual había con- 
tado con el apoyo de Inglaterra. Disimuló, sin embargo, el 
ministro español su disgusto, y tan hábil y astutamente pro- 
cedió en esta ocasión suspendiendo el tratado- de coiaercio 
celebrado últimamente con Inglaterra, que neutralizó los 
efectos del que esta nación babia firmado con el Emperador. 
Por otra parte, no desistió de sus proyectos, sino que al con- 
trario, desplegó toda su actividad y reuniendo toda clase de 
recursos hizo armamentos, equipó escuadras y asombró á 
toda Europa con tales medidas, sin que nadie supiese el fin 



donde ibaa em 
rÍDCÍpio que íríi 

L los venecianoB sériameDte amenazadof 
ieles, óá reBcntar los EetadOB de Italia 
aula del Emperador, pero ui á üho DÍ á 
as tropas y naves españolae que perma- 
indo la orden de Alberoni, cuyos proyec- 
femerosas las polenclas de que intentase 
:oDtrael Emperador, Francia, Inglaterra 

á Felipe V su mediaciiio para un arre- 
bre la base de la reversión de los duca- 
ma á los hijos déla reina Isabel, pero su 
ido, pues ni el rey ni Alberoni se mos- 
ceptarlo. 

¡es, que el embajador de Espaíía en Boma 
imbrado Inquisidor General en el reino, 
K> por Milán por los guardias del Empe- 

Viena los papeles que se le ocuparon, 
D Gobierno tomó como un ultraje y con- 
cidlese á dirigir sus armas contra Ita- 
nbai^o, se oponía á la guerra en aquel 
isí lo maniTestaba y hacia creer al Papa 
preparados irían á socorrer á los vene- 
ranza concedió el Sauto Padre el capelo 
va las diferencias entre España y Boma 
)nTcnción (junio de 1717), en la que se 
ías de la corana de España. 
qí obtuvo la púrpura de Canlenal, des- 
lividad en los armamentos y preparati- 



— 3fi5 — 
DTocurando con hábil política ; bu 
r las SMpechaa de las potencias, pnnoi 
1 y Francia, biio salir de Barcelona 
ganisada escuadra al mando del mar 
1.000 hombres, mandados por el mar 
ibarcaron en Cerdeña el 22 de agos 
toda la isla en poco tiempo, dirigiéa 
ia. — Recelosas las potencias de esta 
andes armamentos que Alberoni si 
I, propusieron Francia é Inglaterra 6 
' con el Emperador que consistía con 
;er los derechos ile la reina á los duc 
., consinLiendo EspaBa en cambio la a 
o. Rechazó la corle de Madrid esta pi 
ró dispuesta á entrar en arreglos poi 
cer la paz de Utrecht no se había cui 
reniente equilibrio y mientras al Ei 
ira tanto i)oder y no se le impos'd>il 
idad de Italia, España no entraría ei 
entonces Francia de lograr por otro ( 
Btiese de sus empresas, cual fué el de 
il propio tiempo fomentar el partid 
nuestra patria para derribar á Albe 
iupo oponer al juego del regente de i 
tiábil, excitando contra él las sos'pf 
Üola y loü celo» del embajador inglés. 
]ue sus gestionen tampoco daban resul 
a ocupación de Cerdcña era una vtolt 
3 Italia, equipó una formidable eseo 



rrépani, Catana, He- 
nquistada la Sicilia 
il almirante Bing se 
ala en aguas de Sira* 

id y emprendedoras 



- !P7 - 
roní, disculpable todo si se tienea en 
é ÍDJusticias cometidos en Utrecht 
8in embargo acuerdos de estos trata- 
a del equilibrio conveoido en aqufcl 
ancia. el Imperio y cuantas potencias 
directamente en la paz de Utrecbt, 
ndirerentes al ver empeiar de nue- 
s iba ¿ tener el mismo alcance que la 
de aucesión. Bl diplomático francés abate Dubois y el ingl6s 
lord Stanhope, reunidos en Londres, redactaron u(i proyecto 
de tratado que debían aceptar como término de sus disen- 
siones el rey de Espafia. el Emperador y el duque de Sabo- 
ya; y para Helarlo á cabo concluyeron aquellas dos potencias 
una convención que se ñrmóen París el 18 de Julio de i718. 
— Aceptó el Emperador las condiciones propuestas en el pro- 
yecto de tratado, pero ni EspaSa ni Saboya consintieron en 
él y ante esta negativa Inglaterra, Francia y el Imperio, Tor- 
maroa la cuádruple alianza, llamada así porque A ella se 
adhirió Holanda poco tiempo después. 

El tratado do la cttádruple aUanza se firmó en Londres 
el -2 de Agosto de 1718 y tenía por objeto obligar al rey de 
Esptila y al duque de Saboya á aceptar las condiciones de 
paz propuestas por Inglaterra y Francia, que eran las si- 
guientes: 

Cou respecto á España: 1.* que el rey Felipe V restituye- 
se al Emperador la isla de Ccrdeña; 2.* que [el Emperador 
aceptase lo estipulado en Utrecht en cuanto al derecho 
y orden de sucesión á los reinos de Francia y de Es- 
paüa y renunciase toda clase de derechos y pretensiones i 



713; ; 4." que asi mismo S. M. imperial 
bo del rey de Sicilia 7 de su casa para 
leDte á la coroaade España y de las In- 
ey Felipe V y de su posteridad, del modo 
lo por las renuncias del rey católico, del 
;1 duque de Orleans y por loa tratados de 
ando que uingua príncipe de la casa de 
le en la corona de España, pudiese jamás 
tiempo estados ó dominios en el conti- 
ue en tal caso dichos estados pasasen i 
ale» de esta casa. 

condiciones para España y Saboya con 
. se insertó en el tratado de la citadntple 
llar entre esta última poteocia y las otras 
laterra, Francia y los Estados Generales) 
mahan los tratados de Utrecht, de Badén 
oü coDtralantes se obligaban á defender 
ados y subditos; á garantir y defender el 
al reino de Francia, según estaba esta- 
dos de Utrecht, y el de la sucesión altro- 
ia, según fué regulado potjas leyes de este 
por último, las cuatro potencias cootra- 
Easo de ataque por otro soberano, los sub- 
1 y eran los mismos convenidos por la Iri- 
rtículo separado, se fijó el término de tres 
^a y Saboya aceptasen Jas coadiciones 
las admitían, las nacionea contratantes 
para obligarles, y no depondrían las ar- 
mperador estuviese en posesión de Sicilia. 



á 1 

Iqi 



— 3GX ~ 
I de Italia, de haber desou 
e le habían hecho y de h 
pretendiente al trono de '. 
De alguna macera había de explicar Jorge I el atr 
metido eo Italia con las Da-res espaSoIas, y de algu 
tambiéii había de tratar de Justificar su coaducta 
«■1 apoyo que prestaba á las exigencias del Emperai 
En este estado, puso en juego Alberoni todos lo 
qae su fecunda imaginación pudo sugerirle para 
partido de España á las naciones que no había 
ninguno en la cuestión planteada. Envió emlsari 
cía, cuyo monarca Carlos XII tenia resentimiento 
glalerra, para que hiciese la paz con Rusia, que 
iguales circunstancias, y ambas nacionca atacasen 
zas de la cuádruple alianza. Tan buen resultado ( 
manejos, que estas dos potencias convinieron en ap 
armada que unida á la de Espuía, llevarla i Escocia 
mero de tropas; para distraer' las fuersas imperla 
ría en Alemania el czar Pedro I con ciento cincí 
hombres, y por último, combinados estos ejército 
papujóles, pasarían á Francia con objeto de d( 
duque de Orleans y dar la regencia á persona que 
la corona en las sienes de Luis XV. De esta man 
cardenal Alberoni el primero que pensti en hacer : 
en las cuestiones europeas al colosal imperio de H 
hasta entonces no había tomado parte en ellas. 

La muerte de Carlos XII de Snecia vino i echar 
los proyectos de Alberoni, pues esta nación do m¡ 
el propósito de su monarca contra Inglaterra, y Ru 



— 3ü3 — 
Sa» Jorge, y masdada por do.» Baltasar do Guevara, con el 
propósito de hacer ua desembarco en Escocia, pero uoa bo- 
rrasca que se levantó cd el Cabo Finisterre y duró diez dia.i 
deshizo casi toda la flota española, llegando tan solo una 
pcqueBa parte i su destino. 

Los franceses empezaron la campaña en abril de 1719, 
pagando el Bidasoa y apoderándose del castillo de BehOYia, 
de CastellfoUit, del fuerte de Santa Isabel y del puerto de Pa- 
sajes, y marchando después sobro la plaza de Fuenterrabia. 
Estos desastres obligaron á Felipe V á salir á campaña en 
persona, publicando antes una dectaracióc en la que, des- 
pués de protestar de su entrañable afecto al rey de Francia, 
Luis XV, decía que su objeto era solo librar aquel reino de 
la opresión en que le tenia el regente, y manifestaba la es- 
peranza de que se le unirian las tropas fraDceaas, A. este do- 
cumento contestó el duque de Orleans con otro, en el que 
d«cia que do iba á bacer la guerra al rey de España, sino á 
libertar esta nación del yugo de un ministro citranjero. 

Trató Felipe de acudir en socorro de Fuenlerrabia, pero 
cuando llegó ya había caido la plaza en poder del mariscal 
de Berwick, que mandaba las tropas frauceBaB(18 junio). 
Cayó también en poder de éstos la ciudad de San Sebastián, 
y por la parte de CataluEa se apoderaron de Urgel y pusie- 
ron sitio al puerto de Rosas, poro una furiosa tempestad des- 
truyó tas naves que habían de servir para aquel sitio. 

Los ingleses nos atacaron por Galicia apoderándose de la 
ciudad y ciudadela di: Vigo (octubre 1719) y después de sa- 
quear los lugares abiertos se volvieron ¿ embarcar. 

En Sicilia, después de los sucesos antes mencionados, 



ron la 
> 1719) 
Ideag 
nrtame 
portan 
nder á 
que Ii 
neis di 
«neias 
{ueM 
^ual Bfl 
sea par 
lejaba I 
y Tose 
propio 
Upe V 
ultad 1 
ilejatt 
e halKi 

.ycoj 

inJuBtt 
orpars 
ibicion 
a poatr 

I el exterior supo elevarla á un grado 
a tenido desde Felipe II. Si sus pia- 
sen llevado adelante sin la serie de 
an á EspaTia, quiíás con las rui- 



naa del Imperio de Carlos I hubiera el cardenal levantado 
otro tan poderoso como el de entonces. 

Felipe V ante la imposición de las demás naciones arro- 
jó de España á Alheroni, pero no se mostró dispuesto á 
firmar la paz hasta que se le diese la CerdcEa, le fuesen res- 
tituidas Gibraltar y Menorca, y la cesión de Sicilia al Em- 
perador se hiciese con el derecho de revereión á España 
eomo la tenia el duque de Saboya. Propósito muy laudable 
fué el de Felipe V de recuperar las plazas de Gibraltar y 
Menorca, sobre lo cual había ya tratado diferentes veces con 
loa ingleses, pero sin mejor resultado que el que tuvo en 
esta ocasión, pues las potencias aliadas no aceptaron las 
condiciones propuestas. El 4 de enero de 172Ú los Estados 
Generales notlRcaroa á España el plazo de tres meses con- 
venido para que accediese á la paz y el id del mismo mes 
dio Felipe su accesión al tratado de la cuádruple alianza por 
un documento solemne en el que decía que sacrificaba á la 
paz de Europa sns propios intereses y la po:!esión y derechos 
que cedía en ella. El marqués de Beretll Landi, embajador 
de Felipe V en Holanda firmó la adhesión de España á la 
alianza en el Haya el 17 de Febrero de lliO, y en su con- 
secuencia quedaron aceptadas por nuestra patria laS condi- 
ciones de paz con el Imperip que antes hemos expuesto. (1) 

El rey de España en cumplimienlo de lo convenido 
mandó que sus tropas evacuaran las conquistas hechas en 
Italia, y el 20 de junio firmó la renuncia á Ms provincias 
desmembradas de los dominios españoles, si bieu reserván- 



(1) Véase p&g. 357 y siguientes. 



I 



— 367 — 
,eord¿ reaoír en Cambray (arts. 1 y 2); co 
ab««rvaci¿ii de dichos tratados y del que 
se estipulase en Uambray para el arreglo de las'direrenciss 
que quedaban entro el Emperador y el rey de EspaSa hablan 
de ser el principal objeto de la alianza (art. 3); los dos mo- 
aarcas contratantes se prometían un socorro de 10.000 io- 
fantea y S.OOO ginetes (art- 1); se aseguraba una protección 
especial al duque de Parma (art. S); y se concedía el trato de 
Dación más favorecida & los franceses que comerciasen en 
Esp^a (art. 6). 

i." Tratado parlicuiar de paz y amistad entre ■ España ii 
Inglaterra de 13 de Junio de 1721. — Consta de seis artículos 
en los que se confirmaban los antiguos tratados, principal- 
mente los que se referían a) comercio y á la trata de negros; 
sefStipolaba la recíproca restitución de los bienes de los 
respectivos subditos, embargados por los dos gobiernos; y por 
último, la Gran Bretüia prometía devolver á Felipe V los 
barcos dfi la flota española tomados en la batalla naval de 
ti de agosto de 1718. 

El mismo día que se firmó este tratado entre España i In- 
glaterra, se Srmó además entre ambas naciones un acuerdo de 
especial interés para España, por referirse á Gibraltar. En él sit 
convino que el anterior tratado no tendría valor sino en tanlo 
que el rey de Inglaterra escribiese una carta á Felipe V 
obligándose á proponer al parlamento la restitución de Gi- 
braltar. La pérdida de esta importante plaza y la de Me- 
norca en 1704 confirmada por el tratado de Utrecht había he- 
rido el orgullo de España y era en extremo dolorosa para su 
monarca, quien por tanto aprovechaba toda ocasión para tra- 



Gib 
, am 
tUat 
veras conaicioaes ae paz, 8id reBolve 
mucho mODos el CoDgreso de Utrecht 
discordia desde 1700, ó sean las disíd 
Carlos VI, que aun habiau de ser causi 
nes j congresos. 



Obras ds oossulta: Oarden, Hit 
de paix tota. iii. — Dados, Memoire* «ui 
et de Louit Xr.— WiUiam Coxe: Etpañ 
cata dt Barbón. — Lafueiit6, Hinloria dt 
torta Ciiñl part. iv. — Saa Felipe, M 
de Mberoni. — Botta Ttloria <í* Italia. — ' 
la HitloHa de Inglalerra por Jolin Ling 
■en, HittoTta de AZ«nia»ta>— BnsseU, E 
te» of EuTope from tkepeace of Utrecht, ■ 
loria de la regencia y de la minoría i 
Hittoria de lai reuoítwtonu potitioa* y 
en el ñglo Xl^//.— Sclioell y Kock, C<Ae 
tillo, Colección de traladot. 



uela de 
Nuestro 
perador 
OHe este 
; firma - 

Espt^a 
aflStión, 
mpaSía 
edad el 
I Indias 
.iaposi- 
mariti- 
antidoB 
rera. A 
1 re tra- 
pe ntido 
traemi- 
e Espa- 
aaqufr- 

feudos 
k y aiu 
I Papa, 
glesia. 



376 — 

urrida ea nuestro reina 
V, de todos sus Bstados ; 
Fernanda (10 enero 17! 
terior no nos compete t 
bien rué aceptada la a 
I Lui8 I el 9 de febrero, 
i EspaSa con sus anti 
San Ilderonso quo eligí 
que se ocupó el joven 
ducados de Parma, Pl 
r de su hermano el in 
atívas al mismo, si bíe. 
ula de que eutendia las 
i expedido por el Empe 
'ruple alianza* (18 febr 
)a aegociación coatinu 
las diferencias entre I 
ensiones de cada una di 
Pretendía nuestra nac 
ir se abstuviese de usar 
[ue reuuDciase el de Gi 
■egase el tesoro y papel 
úselos; que se determin; 
a las plazas de Toscana 
la sucesión eventual de 
ese al examen y decia 
'arma; que nombrase c 
1 ducado de Parma y c' 
restituyesen los estadoi 



urBO 
eDC 
Lida 
iba 
qa< 

á los sueesoB qae nublaron la 
EspaBa y Francia, contribuj 
que ái6 por rcBultado la estreí 
Felipe V y Carlos VI. Con esti 
política nuestro reino, separan 
rompimiento con Francia, al [ 
de lazos al Imperio; pero no er 
fué tan solo accidental y quizái 
cia, con quien no tardó en finu 
cbo, tan intimo y tan amíetos 
zas que acal>aba de celebrar ce 



ObBAS DB OOMSntTA.- 



US RBLACIDEtl 
IL BBBTO OB 
SUECIA. — Gl 
POR El, TRA1 

dbBdsu en 



inuar el esl 
eridi Duales 
que DOS pr 
108 examioa: 
rte, especial) 
sión y Gspec 
te papel en e 

aaoió grande 
qne U formt 
letidoB al pri 
9 7 dinaatÍBB 
«r ambicioc 
fin su inde] 
! los mongc 
Bacudió f\ 



á la OOBt: 
>a bi«D t 
ow y el n 
térra Edi 
rtad de ci 
k la Gran 

la qoe el 
miso par! 
tros impt 
>Ído desa 
ardaron ( 
i, á los qi 

otorgó i( 

m una se 
tuvo que 
)ais desgi 
íes de su 
a & taatOE 
anofr(l«J 
todavía e 

desórde 
aso que 

unos 7 
r elevada 
III, quiei 
wt. (1617) 
Polonia < 
e este reii 



— 3W — 
[II (1617), de la que aal«B hamoa h«olio m 
>r Alejo I tomó & la Sueoia, U Ingña, la I. 
.a(16S4), continuBodo la goem «otre aa 
a la paa de Kardiaen Eatooia (1A61), po 
evolvió á Suecia las plaxaa que «un le qu< 
<QÍa. 

:Iempo Boatuvo Rusia formidablea gaeriaa 
Turquía. Cod la primera terminó la luchi 
: de Andrusso-w cerca de Smoleasko, por la < 
aimiro de Poloaia oedió al Czar Alejo las i 
igorod-SeveTski, TcherDigaff, Kiev y tod< 
país de los cobscob mas allá de Borislenes. La guerra 
los turcos fué mas importante; en 1674 se preaentaroa e 
«D las riberas del Dniéper, pen» Rusia consiguió Ten< 
loa y firmó con ellos la tregua de Bakhtohe-Serai, (16 
Aliado el Czar Pedro I con Polonia por el tratado de Mos> 
de 1686 confirmatorio del de Ándrusaov, atacan ambaa 
lenoiaa simultanéame ate á los turcos, en guerra por < 
parte con el Emperador Leopoldo y con los veneoianos. ] 
pues de diez u!os de lucba es definitivamente derroi 
Turquía por las tropas del Emperador y entra en negocia 
nes con sus enemigos, dando estas por resultado, primero 
tregua de dos a3os con el Czar, que se ñrmó en Carloülts, 
ta que Rusia adquirió el territorio de Azof (1698), y del] 
la paz de Constaatinopla entre Rusia y Turquía firmadi 
1700 por la que el armisticio de Carlowitz se eonvlrtl 
tregua por 30 aSos; la ciudad y territorio de Aiof fui 
cedidos definitlvameote á Ru^ y los acuerdos de la tn 
de 1681 lueroD confirmados y renovados en cuanto i 



uedaron bajo 1 
! por Suecia, '. 
D teniéndose la 
unitiva de Ctms\ 
a la que se coi 
f ae acordó; q' 
.ntíaopla; el 1 
>teDcias! y qu 
ugarea bíd pa 
anteoer en Po 
luchas tea f ai 
enemistad de 
cínos los dos i 
eron pacíñcaa 
1 las pasiones 
I país el poco 
as proveclio de 
1 y estudioso q 
las guerras pa 
eblo. Carlos 1 
r vehemente, a 
osadía con cad 
Qo cuando su 
célente marin 
I pensar como 
lOco ocasiones 
ida como hora 
icias le hielen 
blan de ser la 



[ trono de PoIoq 
; p«ro declarada d 
ooa, se unieroD és 
er á ningún rey di 
Heblo. Carlos XII 
en Polonia pasó e 
ióa de los rusos, 
ntinameote cambi 
al sur de Polonia, 
lasque fueron dei 
laia que liasta enl 
vitas, encontraron 
iiacerse indepeudií 
te monarca, diri 
{¿rcitos, los oosaoi 
1 Kan de Crimea, 
a mandado se uni 
(1709) sin conocí 
mentoa que teniai 
O.OOO hombrea. G 
a carrera de teme 
importaute de sti 
su exagerada pas 
sensatez. Nueve i 
awa, otros mucho 
h herido. 

juencia de este im] 
la superioridad 
o Carlos XII la i 



rquii 
lueol 
uflba 
aedir 



idUn 
720, 



peral 

erimi 
aetil 



leo I 
ade ¡ 
anió] 
•m 
lehí 



luBcióa de Suecia y la necesi 

E con aua enemigos, sometiénd 

antes que nuevas desgracias 

enlajóse el arreglo. Inspirados 

liaclón de Francia celebraron 

Qo el 21) de noviembre de 1719 

el rey de Inglaterra, como elector de Hannover, cedie 

aquellos á este los ducados de Bremen y Verden, y en 1 

Febrero de 1720 una alianza con el mismo para detener 

progresos del Czar en el Báltico, por la que Inglaterra 

comprometía á enviar una escuadra para socorrer á los g 

coa en aquel mar. El rey' de Prusia hizo también la paz 

Suecia en Stockholmo el mismo dia que se firmó la alia 

con Inglaterra, comprometiéndose aquel principe á no dai 

corro alguna á los rusos ni á sus aliados duranteel resto d 

guerra y cediéndole Suecia, Slettin, el distrito situado enti 

Oder y el Péeue, y otras ciudades como Dam y Golnau 

sus dependencias. 

Dinamarca, en vista de estos acuerdos y temerosa de ; 
der todaí sus conquistas si se retrasaba en ürmar la paz 
Saecia, se apresuró á (gustarla por los tratados de Stockho! 
y Frederiksborg, firmados en S de Junio y 30 de Julio de 1' 
pero no en tan buenas condiciones como esperaba, pues t 
que restituir la parte de la Pomeranla que ocupaba, &\ 
sund, la isla de Rugeit y las ciudades de Marstrand y ^ 
mar, al paso que la Suecia renunciaba á la exención 
peage en el Sand y en ambos Belt, se comprometía á 
garaeíBCientosmil rixdales y ofrecía que la mitad del Síes 
tertenaceria en adelante á Dinamarca. 



3n«cÍB conviiio 6t 
BhoBlUidadoB(17! 
n quedaba sol ame 

rcitos eran ma^ superiores á los de osU, 7 
sa qne había de socorrer á los suecos no ins- 
lores 8 Pedro I, se decidÍ4Í este monarca á e*- 
la mediación de Francia, firmando coa Soe- 
• JVt/stad en la Finlandia el 30 de Agosto 

ra terminó la guerra entre las potencias del 
iCusia la babia emprendido pora Gonqaittar 
láltíeo, y por la pas adquirió no eóIo lo que 
ias provincias en aquel mar. Snecia perdió 
había adquirido desde el tratado de Vesth- 
on estas pérdidas laa que le quitaron la re- 
ñeron caer del elevado puesto que ocupaba 
naciones, bu gobierno, su política y su ad> 
ament", In llevaron al ruinoso estado eu - 

paí de yystad reguló las relaciones entre 
y sus principales disposiciones Tueron: que 
os naciones contratantes haría en lo tucr- 
ma contraria á los artículos de esta pax (ar- 
eciacederiaá Rusia las conquistas tteebas, por 
.ivonía, la Estonia, la lugermania, una parte 
istrito dol Feudo de Wihorg.las islas de Oe- 
y en general todas las islas que ha; dtsde 
rlandia, situadas en las costas de LifMtia 
Tiania, v á la parte oriental de Hei«l, la» 



lo, term 
Bdomini' 
ia de esi 

granpo 
ado en 1 
ate come 
ítorio 7 i 
Üzacíón 
¡Judicán 
mdey d 
ftde ento 
ipeui po 
e la Rui 
)B. Rom] 
lo de la 

reaplan 
an\ del 
I emprea 
laitió ] 
lu come 

á su pui 

En el ii 
)Bto de < 
érente B 
enea ruE 

ciendaí 
8, reforn 
cͿD eo 
itaba ui 



E ViEHA DE 17S&.- 
H. — CONGBEgO DE £ 

BR patío de famili 
í 1733.— Tratado I 
spaSa y la Gran B 
DE Enero de 1739 



poníamos la eetraol 
hieo fiapBDa con It 
significaba un alej 
más que aocideot 
ropa é inspiraba 3i 
izón tenían estas ] 
ntre dos naciones 
o, por su enemista 
itagouiamo fué el i 
; ; razón tenían pi 
loticias que se pn 
Contribuyó no poe 
la indiscreción de 
e elevado por Fel 
aoa, no tuvo ya U 
go, y olvidando e 



— 40T — 
[>or esto mejoraM 

ipe V de separar 
ndolo 7 deseoso 
teocUi tomó las 
ama con la cortí 
a, envió ouiuito c 
luntando un ején 
■esoWió á acorné 
tar, üado en qu 
£1 conde de las 1 
i á U corte, fué 
efe, de emprendí 

de 1727, comei 
febrero, se' abrió 
ca y mejor fortuc 
bajo el caoón de 
liraate Hopsón, 
sitio. Quejábanse 
las Torres, en pr 
lidades de éxito 
legó á concebir c 
idn, — Sabido es, 

1 importante plaj 
njusUoias comet 
le la de 170S oí q 
) ae realizaba, be 
larcha general de 
grandes agrnpaoi 



ría 
le 1 
it^i 
ríai 
lide 
a. 

BCC 

inci 



e SI 
lae: 



— 41 
Ghapelle, aobre las prosas he 
parte (1). 

Entre tanto, hablan ocut 
importaiicia para Eepaña que 
Fué el primero el fallecimientc 
ocurrido el 2i de junio de 172' 
lá Grun Dretaüa de su hijo Jor^ 
tica de su padre. El segundo h 
Felipe V con Francia, á la qu( 
un Ducvo iofanle de España, c 
criLió á su tío nuestro monarc, 
Felipe recitiió con especial agr 
quedar hecha la reconciliaciói 
4. Eu virtud del artículo 8. 
hemos dicho que se acordó li 
Aix-la-Chapolle para resolví 
pero por diversas consideracio 
viese lugar eu Soissons, donde 
14 de ju'uío de 1728, con asistí 
de España, duque de Bournon 
de Marcenado y don Joaquín di 
conde de SiuEeodorff, el barón 
■Windiichgioctz; de Francia el 
qucs de Fcnelon, el conde de I 
Jaunelle; de la Gran Bretaña, 
U. Pointz; de loa Estados Ge 
Goslínga y M. Hurregronje. E 



(L) Véate Cantillo CoUc. de 



— 411 — 
marca, Palouis, £ 
;or Palatino y la c 
UadúB de Vieaa ] 
ales dilicultades < 
soaoa, Parma yi 
de OsUjnJe, tira d 
[^oagreso, pero d 
laUguas.c.iiestio; 

rio estaba encami 
intizasenei cumF 
vaciando el ord 
legurarla á bu hi; 

procuraba, aui 

1 de Ostende, y i 
principe espaSo 

r ataba de eludir 
Parma, Plasencia 
reso cou distiuti 
de lag:laterra la 
,1 Gobierno de eat 
que su B factorías 
cto á Austria los 
acontradosenia; 
ianos que había 
ahora de las tr( 
intia de la sucesii 
ía al congreso q 
10 pretendía Ausl 



para resolver todas las ci 
ivrgaciÓD de los ioglnei 
.segurar al iafaate don ^ 
Toacana, Parma 7 Pía» 
lee de guarnición eo la 
, Parma y Plasaocia, á 
, no se meiclaBen cd nai 
, y de que serían retirac 
;arlos se bailase en pos 
1» y 11); las potencia 
i sucesión (art. 12); los 
. Unidas, serian iovitadi 

líltima cláusula, se con 
s, y éstos dieron suacce 
iembre del mismo año, 
eron los aliados de pn 
en lo relativo á la supj 
de Osteude ea las India 
laxidad que presenta el 
endo intervenido en él 
ña é Inglaterra, guard; 
estitución de Oibraltar, 
incipal de lus difereoci: 
lia perdido la esperaszi 
ir entretanto la comuni 
idó levantar las fortifico 
ides privilegios á los vi 
^ciras, todo lo cual dio 



— 417 — 
ierra, acudió en virtud del I 
aa i ias potencias aliadas para que le ayudase 
pero Francia no se mostró dispuesta á cumpt 
Inglaterra conocedora del disgusto que con esi 
entre las cortes de Madrid y Versalles, 7 do 
ponerse en contra de España porque no se perj 
mercio al que Felipe V había concedido imp( 
legios, tomó la iniciativa en Víeoa y entabl 
diplomiitica paraqueel Emperador aceptase 1 
sos de Sevilla y asegurase la sucesión eventu 
don Carlos en los ducados. El resultado de esti 
spgulda por Mr. Bobinsón, primer secretario é 
iuglesa en París, enviado á Viena con et preti 
plazar interinamente al embajador, conde de 
la celebración de nn tratado de alianza entre 
ia Gran BrctaSa y loa Estados Generales, que 
di' marzo de 1731 y es conocido con el nom 
tratada de Viena^ por el cual el Emperador 
guarnición esp^tñola entrase en las fortalesaB d 
ilon Carlos fuese detl altivamente Soberano en i 
dos; el rey británico y loa Estados Generales i 
dieron su garantía á la pragmdíka sanción de 1 
do á las hembras para suceder en los dommi< 
dp la casa de Austria; y se despojó á los Países B 
de la facultad de comerciar en las Indias Orie 
tiendo solamente que la compañía de Ostende en 
los buques á ellas. A estos acuerdos se adhi 
JD nuevo tratado que se firmó en Viena el 22 d 
^or el duque de Liria, Mr. Robinaón y los repi 



— 434- 
de Lorena se le aseguraba 
a; el mfante don Cirios n 
le Ñapóles y Sicilia; al En 
adoB de MiláD y Mantua, á 
y Plasencia con la oblijac 
a la desmembración de Cas 
a de que Liorna quedase 
V salía garante de la pragm 
a á defeuder el ordun de 
por ultimo, ae dejaban al i 
i\ Teaino y los feudos de laf 

IB. 

profundo pesar é indignac 
esio á dar su accesión á es 
a obligarla á hacer el ma 
e la cesión de los ducados; 
ron otra vez á la domioaci 
la y Plasencia, que con tan 
I Carlos, y qne como todos 
;Loe á los españoles que i 
ogia de costumbres y de i( 
¡raba el duro gobierno do 1 
ite modo el tercer tratado dt 
la guerra de 1733, apagadi 
Volvió la Lorena é. poder < 
1 dos Sicilias 6 la familia 
ipaSolas evacuaron Parma, 
ombardíá; y habiendo fal 
«n Julio de 1737. Franoísc 




Haría Teresa, hija primogénita del Emperador, ei 
wsiÓQ de aquel ducado. 

8. Dcnpues de estos hechos 7 antei de eotrar < 
dio de la guerra de tuceiión de Aiaíria, qdo de 1 
eimientos más imporlantcs del siglo XVIU, e 
4)emos la atención eo las diferencias que por es 
■uBcitaroa entre España y la Gran BretaSa mot 
las ambiciones mercantiles de los aegociantes íq| 
glaterra aprovechándose de su situación en la pas 
asegura á sus subditos inmensas ventajas comerc 
América española. No se oonleutaron con estas 
ionamerubles beneficios de aquel tratado que pan 
de negro» hicieron con Espsiüa en 26 de Marzo de ; 
loa aumeDtaroa con un excesivo contrabando Un 
para ellos como perjudicial para losinleresea d 
Quiso Felipe T poner coto en distintas ocasión* 
desmanes y coa oste ñn publicó severas órdenes 
.pero todas fueron eludidas por los ingleses en co 
coa los empleados espaüoles; so envíarun barcos gm 
eoa encarga de visitar los navios y apresar toda 
de contrabando, ejecutándose con tanto rigor esta 
en 1718 dio lugar con otros motivas de política, í 1 
miento entre España é Inglaterra al que puso I 
tratado de 1721 (2). Kenacen las disputas en 17: 
violencias ejercidas ya por los armadores inglev 
los goarda-costas españoles, hasta que por el artíci 



(1) Cap. XX. 2.— b). 
(3) Cap. XXI. 477. 



¡á 1 

u» BU xiftuii cuu uu «jerciHi e»pauoi-napuii[&ao al i 
Hontemar. A los tratados de España coa Baviera 3 
se adhirieron Francia, el rey de Prusia 7 los electo 
tino y de Colonia, fonnando todos la atianza Ui 
Nimphemboarg por ser este el pueblo en qne se habii 
el coDTenio entre España y Baviera y proyectando 1 
to de loa estados anstriacos entre los aliados. 

Inglaterra era la única potencia que quedaba 
Austria por el tratado que ürmó con la reina Mar 
el 24 de junio de 1741, pero bien pronto Jorge 
amenajEodo por los franceses el electorado de Hann 
le pertenecía, se apresuró á prometer á Luis XV qu 
ueceria neutral, y á ello se obligó por el tratado 1 
octubre de 1741. 

2. El rey de Frusia, al invadir la Silesia, dio pi 
la guerra de este nombre. Xtespués de apoderarse d 
el 9 de marzo de 1741 y derrotar á los austríacos ea 
Ha de Molwitz (20 de abril), puso sitio á la plaza 
que se rindió et 4 de mayo, y el 10 de agosto ocupó 
ciudad que se hat)ía convenido fuese neutral, pen 
de que I09 magistrados austríacos inleotaron unirla 
tados de Haría Teresa, Federico II se apoderó de e 
diatameote. 

Por otra parte el elector de Baviera al frente de 
citos unidos á los franceses, se amparó del Austrit 
(septiembre de 1741) y dirigiéndose después a Bohi 



— 434 — 
sus tropas á un ejército sajón de 20 
dueño de Praga (26 de noviembre) j I 
Bohemia. Obligada con estoa-4effSstre 
Teresa, se refugió en Hungría, donde 
pueblo pídi/'.ndole protección para el 
ba de dar á luz. La interesante y herí 
reina, su situacióii por demás angustí 
cante, no podían menos de imprestot 
7 honrado, despertando en él el nob 
para sus reyes y de entusiasmo por 
Levantóse un numeroso ejército, cuyo 
resa á Garlos de Lorena, hermano de 
de Toscana, quien no sólo desalojó la 
sas del Austria Superior, sino que in 
ditarlos del mismo elector de Baviera 
13 de febrero de 1742. 

Los cspaiíoles, como ya hemos di< 
paSa en Italia en octubre do 1741, y 
ducado de Milán, cuyo movimiento )i 
ña los proyectos de la corte de Madrl 
roses en Lombardía, por cuya causa 
Nimphembourg y abrazó ta causa de 
tado que firmaron en Turiu el 1." de 
nipotenciario de ésta, conde de Schu 
Cerdeña, conde de Osmea, por el que 
var á Haría Teresa el Milanesado y á 
españoles en él. 

Loj ejércitos húngaros, después d 
sobre los b&vajro- franceses^ do llegí 



— 496 

El elector de Sajoaía accedió i 
que se firmó, y Jorge II de Inglal 
y la de los Kstadoa GeoeraleB, si 
ftUanza de WeBlminsler de 29 de 

Descartados asi estos poderost 
resa alendar mejor á la lucha coi 
por un lado, y contra los espano 
Hallábanse los primeros en poses 
ciudad acudió Carlos de Lorena, 
ciemhre 1742) y obligó á las 
evacuar la Bohemia. En 1743 los 
ños do loa estados hereditarios df 
que tuvo que refugiarse en Fran 
conocido con el nombre de pr 
gleses y holandeses al mando líe 
«n la batalla de Dettingen (Magu 
mo año, teniendo que retirars< 
Luis IV. 

No tuyo mejor fortuna el ejéri 
perdió el auxilio de las tropas na 
do don Garlos rey de Ñapóles, por 
obligado á declararse neutral en 
lantarOQ los espaSoles en el reste 
año siguiente no hubo más hech 
sangrienta batalla de Campo-San 
tanto el general español don Juai 
Traun ae atribuyeron la victoria, 
se supiese quien fué el derrotado 

4. En esta situación loa ej6r< 



;ria 
que 
es I 



lací 
du 



er t 



el I 



de 



tse firmó por el embajado 
florido y el secretario de 
Eq el preámbulo de t 
Njeslades católica y crist 
»de su iaterés y convení» 
Mtratado de unión y aliar 
ala sangre, asegure el esj 
■•(después de un madure 
«que bao subsistido eoln 
icia) todo lo que coucie 
•fensa; al cual tratado st 
HQOTiembrcde 1733, firm 
Esta amplia declara 
pensamientos de las dos 
expresan cual era la aspi 
en aquellos momentos. N 
para tomar parte en la gi 
. petidor de Haría Teresa, ( 
dos de Parma, Flasencia 
7 Francia ¿ su vez se alie 
duque de Sabaya, la dev< 
había cedido por el trata 
pularon los articulos 6 j 
se dispuso; que S. U. cal 
el estado de Milán al iufa 
posoBión de dicho estad 
de Farma y Plasencia, d 
España, la que durante s 
monio de sus antepasadc 



íZa. se obligab: 
i ésta había c 
.ratado de Utr 
sy deFenealr 
f 9.° Be reñere 
, de la recupeí 
larnos eo su 
taraba que bal 
, Inglaterra el 
iriyilegio, que 
iber demostnu 
;ue se ejecutas 
artículos, se o 
-la guerra con 
eguir sus ñne 
de contribuir 
or pro el amad ( 
de Georgia as 
struído en ter 
3 ó plazas per 
que o capare I 
ncia, se oblig 
ipaña, para qi 
ente á los duc 
pretendía do 
itir los reinos 
e Esp^a don 



itos acuen 
10 nía sega 
no de A.U1 
e á ser el i 
d y Versa 
rque la bo 
de loa dei 
a paz de í 
estra polit 
D lo posib 
ido privad 
los enemi 
lo su alia: 
a monarqi: 

BU polítii 

OS. Despui 
ra en Viei 
lia rey de 
gmdiica sa 
i cstípulai 
ueesióa a] 
iiabia repr< 
, intervini 
I España 
17U y á It 
£1 rey de 
de Viena 
lo al propi 
raba aniqi 



liar la corona imperial que qu 
Bposo Francisco de Lorena gi 
nó romper sus anteriores coi 
z ea lucha contra la reina de 
lianzas de Worms y de Tieaa 
o, coa el Emperador, el rey d< 
se-Cassel y el Elector PalatiU' 
( firmada el 22 de mayo de 11 
iíbXV el 6dejuaioyeii laqu 
e la constitución germánica; 
ese á Carlos VII como Emperai 
ndole ademáa sus estados de B 
E prestarían mutua garantía pe 
posesiones. 

I á examinarotros paolos y ali 
e celebraron en el mismo ano 
sumarisima del resultado de 
mpezaron sus operaciones en 1 
) y se apoderaron de las plaza 
irte de Knoque; y después de 
donar la Alsacia entraron en 
viembre. Los imperiales so h 
allanando el paso con la tomi 
1 rey de Prusia llevó sus arma 
'aga (16 septiembre), pero am 
ito austríaco se retiró á Silesi 

y don Carlos de las dos Sicilia 
neutral, temeroso de que loa 



— 442 
Maris Teresa invadieseii sus esta 
dad, y uniendo aus tropas á las 
piííadeRoma. Los dos ejército! 
rano en las cercanías de Velletr 
sangrientas que decisivas, basta 
)a esperanza de conquistar Nápo 

El ejército del infante don Fe 
tativas para entrar en la Lombaí 
laáó á principios de 1744 á la ] 
tropas francesas y protegido por 
cesa, pasó el Var y después de c 
ccdid á Francia dejando guarne^ 
zas y la de Villafranca. En el i 
Carlos y Felipe hicieron una nu 
entrar en el Pianionte. Se apodei 
del fuerte Demont, derrotaron al 
na del Olmo (30 de septiembre 
pero la falta de víveres y otras ( 
á levantarlo y suspender las opeí 

De esta manera concluyó la i 
Qo fueron muy afortunadas las i 
consecuencia al comenzar el añ( 
eu oposición á la unión de Fraucl 
de la Gran Bret^a, y los Estado: 
Unidas. Esta cuádruple alianza \ 
enero y por ella se obligaron 
miitua garantía de sus estados f 
pas y subsidios pecuniarios con 
uno de ellos. 



i 

V.'.'. 



— na- 
jes de &rmar3e esta aliaasa, terminó i 
Carlos Vlt, elector de Batiera, (20 
a retirado á Francfort, aucediéodole en '. 
liroiliano José que, iDclinado á la casa 
ó á reconciliarse con María Teresa por 
iissen de 12 de abril de 174!> en el que: 
Haría Teresa, reconoció al difunto Caí 
á su viuda como emperatriz, rcstituyei 
laximiliano José bus estados hereditai 
ni indemnizaciÓQ alguna; el elector, 
á todas las preteusiones que la casa 
ler á los esLados del Imperio; dio su gar 
sanción y prometió concurrir con su sui 
Dperial de Francisco de Lorena, esposo 
por tanto, elegido Emperador este prín 
i! ejército austríaco el mismo año de 17 
república de Genova indignada contra ] 
L Carlos Manuel, rey de Cerdeüa, pon 
. segundo el marquesado de Final, en < 
laba la república con legítimo derecho 
o á Carlos YI, declaró la guerra á Cerd 
lañóles y franceses por el (rolado de Ari 
< de 174S entre España, Francia, Ñipóle 
nova, pacto de unión y suLáidios en o 
de Vorma, en el que se convino un ce 

^ , __pa5a, y se determinai-on los subsidios 

que cada uno de los contratantes había de contribuir. 

El objetivo de Austria desde la cuádruple alianza de 'V 
sovia era el de reconquistar la Silesia, y á este ñn se unió 



por 



el rey de P0I0DÍ& elector de Saj' 
Teresa, reina de Austria Hungri 

'ederico II rey de Prusia y Avguik 
a: que el primero devolvería ftlsej 
[ue lehabfatomadoduTanlelagw 
idos de SajODia y la ciudad de L 
rantia de su soberaDO, un millo 
Qtríbucioaes (art. 3.°); la reioa At 
or José 1 renunciaba por si y sus 
chos que la pragmática sanción i 
i países cedidas al rey de Prusia 
2 (art. 6); el elector de Sajouia c 
e de Fürslenberg sobre el Oder 
iante compeosacióo que ae detei 
ite, la religión protestante habí 
lados de las dos partes coDtratai 
de Westfalia, sin que se pudiesf 
ovación (art. K). 

de Prusia con Marta Teresa de . 
iciaba de nuevo á la Silesia y al 
bia cedido por el tratado de Bre 
isi mismo al rey de Prusia la bar 
'ante, que había sido coaüscada 
reconoció la legitimidad de la e 
SCO de Lorena esposo de Haría T 

inaron las guerras de Silesia, un: 
.tes de la lucha general entablad 



;)a con motivo de la suc( 
ncia de la pragmáliea ca 
ó deñnitivamente á Fr 
lemos mencionado y vin 
al que habia de firman 
parnos en el capitulo ai 



tBASDBCOHSULTA. — C. Gl 

IV. — Wheaton, HUtotre 
o, GmcH. dea PreiuéÍ»eheT 
1. — Campbell, federicoel 
loell, Httioire abrégie dt 
an, ¡ligtoire genérale de* 
ie i Talado». 



, SUCESIÓN DE Austria.: 

DO DE ALIANZA DE ISA] 

SRBSA DE Austria, cont 
Campas* dk 1747.— Ci 
ídan) celebrado en 1' 
lidoi en éi. b). Traíade 
I-e de 1718.— CoESTiiÍK 
lestrazgo de la insign: 
&DOS DB Madrid de 17: 



ade, d(^ que hemos dad 
erjof, si biea terminó 
^dcrico de Prusia con 
Austria, DO poso ño d 
Disolvió los problemí 
teados en Europa con ocasióu de la misma. 

Hemos visto que Uaria Teresa había conseguido 
Dieta de Francfort eligiese Emperador á su esposo Fi 
de Lorena con el nombre de Francisco I, y hemos vii 
bien que como tal soberano fué reconoeido por Fed 
Prusia en el tratado de Dresde; pero loe demás enen 
María Teresa, lejos de reconocer la elección, sigui 
cnmpaiía empezada en 1740 contra la casa de Austria 
Los franceses obtuvieron grandes triunfos en lO! 



— 448 
a de Fontenoy (1 
gp'an parte de los 
ituye por si sola 
8 de los francesc 
wol, francés, na] 
tnldo en ol tratt 
), tomaron las ci 
avia eo el misin< 
lasignano al rey i 
bte, ae apoderan 
;tubre, y de Astí 
ifante don Felipt 

■es obligaron al r 
e paz que le liiz< 
firmaron en Tui 
s artículos prelin 
i Gerdeña todo el 
y en la derecha b 
fo, é incluyendo 
e del Uantuano 
uedar para el in: 
íantua, con la e 
,rian el lote del d 
ses una parte toi 
ncille, el marque 



— 449 — 

Estos preliminares fueron Temitídos á Is 
para bu aprobacíÓD, pero Felipe V cuya 
priDcipio de la guerra estaba encaminada ú 
los ducados de Farma, Plasencia y Tosca 
todo el Milanesado para dárselo al infante < 
de aceptar los acuerdos de Turin, protestó 
que los esfuerzos de Luis XV hiciesen vari 
Gabinete de Madrid. De estas dilaciones se : 
peratríz-reí na María Teresa, por que desembí 
tado de Dresde, de su principal enemigo Fe 
pudo enviar á Italia un ejército de 30.000 bo 
co tiempo adquirió tal superioridad liobre le 
rey de CerdcBa se apresuró á desentendersi 
nares de Turín firmados con Francia y coul 
ría Teresa. 

Austríacos y sardos so aprovecharon di 
para expulsar sucesivamente á franceses y < 
parte de sus conquistas hechas en Italia el a 
do digna de mención en esta campaSa la bi 
cía, que no obstante los esfue rzos de las ti 
señaladamente de la guardia valona, fué ga 
triacoB (IC de junio 1746). 

Ocurrió poco tiempo después de este dei 
miento del rey Felipe V de España (9 de ji 
un cambio importante en nuestra política i 
nímiento al trono de Fernando Vt. Este m< 
diñado á Francia que su padre y sin sóli 
uniesen á ninguna potencia, mantuvo una 
dad en .tojlaq las cuestiones internaclonaU 



uid una pol 
mto de los 

^aa ideas, la 
ir las tropa 
'ranee Bes di 
los austriai 
18 por el trs 
e para lucb 
1 defenderse 
de Botta, g 
buso de. las 
¡ampaña de 
itado se dei 
z-reina Ileí 
potencias 
realizaba i 
i fijemos nu 
ra, el gabin 
ecba liga ci 
igarla asi á 
i de Francii 
star los esfu 
los á aquel I 
icbeff, adqu 
de San Pete: 
dianza defi 
rovrna de B 
inlian sus i 



B guerra(art. 2."), á excep- 
;aer contra Persia y de las 
üapaña (art. 3."); cada parte 
tos cuerpos auxiliares que 
10 en que ella misma fuese 
. ñrnaar paz ui tregua sin 
de Polonia y el de la Gran 
[e Brunswick-Luneburgo, 
i este tratado (art. lo); el 
2S ^os (art, 17). — Aoom- 
rliculos secretos y separa- 
dla las intenciones de los 
«inade Hungría y de llo- 
re) igiosamente el tratado 
rey de Prusia eludiese esta 
1, ú Busia ó á Polonia, los 
esia y el rondado de Glata 
■enovadas en el tratado por 

irdeSajOoia, no accedió á 
que pudo hacerlo sin peli- 
atea declararon la guerra 
por su parte, tampoco sa 
i octubre de 1780, es decir 
pelle. 

plicó con la deolaractón de 
jto hizo Luis XV á loe Gs- 
rencias que en 17ífi se ha*- 
olver las cuestiones entre 



lio» Estadf 
El ejército 
lesa, apode 

Hulst y Axel, cu^as plazas Be hallabas casi 
'OS progresos del ejército ffaDcés Uenaroa de 
a Zelanda, declaróse todo el país en iusurrcc- 
;obierno republicano y proclamó á Guillermo 
uder heríditario, capitán general y almirante 
in embargo, el ejército francés Intentó poner 
:lil; pero no habiendo podido llcYar & cabo su 
iresencia del ejército aliado mandado por el 
lerland, se indemnizaron tomando por asalto 
i importante plaza de Berg-op-Zoom. 
t insolencia de los austríacos y el abuso con 
wa se condujo en Genova, Labia producido 
m entre sus ciudadanos el 'ti de diciembre 
.eral austríaco conde de Schulembourg quiso 
fuella república en 17-17 para vengar la iiísu- 
anterior, pero las corles de Madrid y Versa- 
ido que seria vergonzoso abandonar á su an- 
iviaron en su socorro un ejército hispauo- 
isiguió hacer retirar al enemigo en al mes de 

¡elebraron entre las potencias interesadas en 
tendientes en Europa tres tratados que de1>e- 
antesde proceder al examen del Congreso y 
Chnpelle que habla de poner tio á la guerra 
Austria. 
98 el tratado de alianza defensiva firmado en 



I 



— 15S — 
SUKkholmo eí 29 de mayo de 1747 enlt-e Pnuii 
cual estas dos polencias se garantían rectpro 
tados 7 se prometían mutua asistencia en 
fijando el niimero de (ropas con que habii 
El término de la alianza era por diez aSos. 
El segundo fué el tratado de subsidios de 
la Gran Bretaña y fíusia de - de junio de 
la emperatriz Isabel Petrowua se obligó i 
durante el aSo 1747 un ejército de treinta m 
fronteras de Livouia y cincuenta galeras 
la Gran Bretaiía á su vez, se comprometía á 
üiima de cien mil libras esterlinas; con las r 
nes ae obligaba Ruaia á mantener iguales fu 
Por último, i'l 2ii de Enero de eate año 
convertción en el Haya entre la emperatriz retí 
reyes de la (irán Bretaña y de Cerdeña y los i 
por la que ai'OrdarOD poner en pié de guer 
Bajos un ejército de 192.000 hombres (art. 1 
reina, María Tercaa, se obligaba ademús á 
60.000 hombres y el rey de Cerdeña 30.000 
rra enviaría 30 barcoa de guerra y el rey de 
leras (art. il); la Gran Itretaña había de pag 
triz-reina un subsidio de cuatrocientas mil 
y al rey de Cerdeña otro de trescientas mi 
este monarca asumiría el mando de todo el i 
{artículo IS). 

4. La intervención de Busia en las cue 
en virtud de estos tratados y del celebrado e 
go i-ntre Isabel Petrowna y María Teresa, eo 



_ 456 — 
potencias cuyos intereses y pretensioi 
Francia entre taalo, victoriosa por tierra 
«1 sitio de Haestriciit (13 de abril), plaza 
rar:te para los franceses como la llave de 
a). En este estado las cosaa, Francia, 
lados Generales, tomaron el partido de act 
te de las demás naciones, unos artieulos i 
bian de ser sometidos á la aprobaciiin de 
,v se firmaron el 30 de abril. ' 

Por dichos artículos se renovaban y ( 
tftdos de WestMia, de Breda de 1667, d 
coronas de España é Inglaterra de li 
Kyswick, de Utrechl, de Badea de 1713 
afianza tU 1718 (art. 1.°}; se prometía la 
de todas las conquistas hechas durante 1 
se estipulaba que las fortificaciones de S 
te del mar habían de ser destruidas (art. 
El articulo 4.". referente á España, d 
ncados de Parma, Guastala y Flasenc 
• infante don Felipe para que le sirvan 
■con el derecho de reversión á los actu 
nrey de las des Sicilias pasase á ocupar 
»si don Felipe muriese sin sucesión.» 

Ai convenir este artículo, no tuviero: 
ñipóte nciar ios de Aquisgran que en los 
especialmente en el de Viona de 1738, i 
rey de Ñapóles para designar el hijo que ] 
dicho trono. Así es, que el infante don C 
el artículo en cuestión, y rehusó accede 



e Módena y á '. 
i antiguos festat 
erdeña conserv 

y 10 eran taml: 
Francia y los I 
buenos oficioB 
ra ciertas canlii 

de América. 

1 concediendo el 
quinto del tral 
1 al trono de la 
)■ 

or Francisco I 
cias (art. 14). 

de hostilidade! 

tener lugar ei 

B Silesia y el ci 
Pruaia (art. 20) 
en el art. 13 li 
nterponer sus ! 
al se dccidiesi 
al maestrazgo i 
ote desde el ad 
España, y que, 
suscitado difei 



reBadi 
1, 1b8 



Uese ] 
wWo- 



krt. 4. 
laslot 
senE 
^ranc 
jpiaj 
sPaii 
leñal 
iva lo 
toqui 
irto d 
uUla 
rmonj 
'ieiia< 
tanto 
e dic 
oa Ff 



— 459 — 
eyeseu como hasta entonces los habíau teDido auü 
08. — La emperatriz Uaria Teresa consintió en esta va- 

y en su consecuencia se estalileció el derecho de re- 
ilel ducado de Parma á l'avor de dicha soberana en 
<s: primero, en defecto de descendientes varones de 
ipe: y segundo, si don Felipe ó uno.de sus descen- 
fuese llamado á ocupar t-.l trono de España ó el de las 
lias. El rey de Ccrdeña uo aceptó la modificación he- 
tendiendo que el art. 7." del tratado deünitivo debía 
se en la misma forma que el cuarto de los prelimina- 

difidencia dio motivo á que cuando el infante don 
ino á ocupar el trono de España en 1739, el monarca 
iña reclamase la parle del Placentinoque había obte- 
r el tratado de Worms, dando lugar con sus preten- 

la convención de Pans de 10 de Junio de 1763 en- 
ña y Francia, por la que Carlos Manuel de üerdeña 
ó en limitar su derecho de reversión del Placeatino 
s casos siguientes: — primero, si la línea masculina de 
ipe llegaba á extinguirse; y segundo, si este principe 
isceudientes fuesen llamados á ceñir alguna de las 
mas de su familia- 

iendo el examen de las disposiciones del tratado deh- 
liremos: que las cesiones y restituciones de que ho- 
llado en los artículos anteriores habían de hacerse en 
code seis semanas á eiLcepción de las relativas á le- 
I en América (art. 8.°); la Gran Bretaña restituiría & 

la isla real llamada Cabo Bretón (art. 9."); el rey de 

quedaba en posesión de todo lo que antigua y rao- 
joie gozaba, y en particular de la adquisición que 



de 
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(2). 

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«ilí: 
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tes á la dignidad de aml 
que 96 sepa, de este asui 
tualmente ambas cortes 
Toisones (t). 
6. La ejecución delt 

(1) Acerca da la hintty 
del Toisón de Oro, coaaú 
etpaBol, por Caatro y Ca» 
te obra encontrará el lect 
tr»r eatoa apunte*. 



— 466 — 
OS á Inglaterra y que habían dado margen álos abu- 
atrabando ejercido por los ingleses. Esta petición fué 
ego negada por Fernando VI y sus ministros, 
tícnlo 16 del tratado de Aquisgran perjudicaba en 
ñera nuestros intereses al conceder otra vez á In- 
el miento de negro», y comprendiéndolo asi el go- 
spaiíol aceptó tas proposicioact que el embajador 
r. K»ene le presentó para el arreglo de esta cuestión, 
tilose al ño satisracCoriamente pjra Espaüa por el 
: Madñdde ¡i de octuhre de t7üO. en el que luglalerru 

su derecho á B>guir disfrutando por cuatro aRos el 

negros y el naoio de permiso, y Eípaíía en cambio se 
entregar á la Gran Brettma cien mil libras esterlinas 
emnlzaciÓD de los perjuicios que lal renuncia le pu- 
.sionar. Se concedió tambiéu á Ins ingleses eu e^le 

el trato de nación más favorecida y el privilegio ile 

de la isla de FortuJos. 

tratado convenida á consecuencia del dr Aquiagran 
lede considerarse como continuación de él. fué el de 
ierensiva cutre España, Austria y Cerdeíia, que tuvo 
tos; primeio, evitar un rompimiento hostil entre las 
I Madrid y Viena con motivo de las disensiones de 
ipes italianos; y segundo, separar más á las de Ea- 
'rancia. 

raía:¿), llamado de Ilaiia, se ñrmó en Araojucz por los 
tantcs de lus potencias dichas, el 14 de junio de 1752 
c garantían EspaBa y Austria reciprocamente, todas 
ñones cuafurme á la paz de Ais-1»-Cbapelle; el gran 
•. Toscana salía garante ile los estados de los reyes do 



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MINSTKR ENTüB Imbl&TERRA Y PrUSIA.— Til 
ALIANZA DE U.VUÍA T&RESA DE AUSTRIA, DB ISABE 

NA DG Rusia y del rey de Francia contra Pru 
V I7a7. — Guerra de los aiETE aSos.— Tercer 
Milia entre España y Francia. — Ijuehrade Espj 

RLATERRA. — Pv/. HE PhhSIA CON RUSIA Y SuEC 

— Congreso de Uudertsburgo. — Paz entre Pri 
TRIA y enthe Prüsia y Sajonia. — Tratado de p 
bnthb España. Francia y la Gran BrevatÍa. 



I. L:l paz de .Lquisgrau no consiguió deatruii 
lies do discordia existentes entre las naciones de 
asegurar la tranquilidad en el contiuente y <; 
Ouedaron en aijuel Congreso ruestiones por arrej 
tas que dirimir y lo que era peor, odios y enera 
aplacar. SI en los iutereses de nuestra patria e 
veremos que el tratado de Aix-la-Chapelle dejd 
i-'leitamentG definidos los derechos de nuestros 
los ducados de Parma y Plascncia, que la cuestic 
Irjzgo de la Orden del Toisón de Oro quedó sli 
que.las diferencias con Inglaterra por el comerc 
rica se habían adormecido, pero no resuelto. 



— 4(>9 — 



;i1 



» 



que era desde que la Gran Brelaña reconoció y salió garante ^ 

de la pragmática sanción, pero la reina de Hungría ofendida 
del tono que esta potencia usaba con ella y por otras' varias 
causas, se negó á acceder á la petición de auxilios que le hizo 
Jorge II. 

Un cambio político de gran importancia tuvo lugar por % 

entonces en Europa, que fué la amistad y alianza entre Fran* 
cia y Austria, después de tres siglos de lucha y antagonismo. 
En diferentes capítulos de estos Apuntes hemos tenido oca- 
sión de decir que la política francesa tuvo siempre por mira 
abatir el poderío de la casa de Austria. Francisco I, Enri- 
que VIH, Luis XIV y todos los monarcas más importante» 
de Francia habían perseguido aquel fío, emprendiendo para 
realizarlo, continuas guerras que casi siempre resultaron 
ventajosas para las naciones inferiores. ¿Cuál fué la causa de 
que cesase esa rivalidad y lucha entre las dos grandes poten- 
cias y se convirtiese en estrecha amistad y alianza? La apa- 
rición de una tercera en el continente europeo que se presen- 
taba tan poderosa y amenazadora como las más importante» 
de entonces. El joven reino do Prusia engrandecido durante 
el gobierno de Federico II, vino á ser uno de los Estados 
más iuñuyentes de Europa, elevándose á tal grado de gloria 
y prosperidad que no podía menos de inquietar á las demá» 
naciones. 

Para abatir y contrarrestar la inflnencia y poderío que 
tau rápidamente adquiría este nuevo Estado, olvidaron Aus- 
tria y Francia su antigua enemistad. Prusia había ofendido 
el orgullo de María Teresa, venciéndola y obligándola á ce- 
derle parte de sus dominios; y Prusia molestaba la vanidad 



— 470 — 
de Francia coa ^u acrece ntamicnlo. El odio coatí 
unía por tanto á las dos aaciones, y,lo que l¡ 
lucha constante no habían conseguido, lo log 
sentimiento comiin de venganza 7 de envidia. 

2. Inglaterra, al ver que Austria le negaba 1 
pedidos, cambió de política 7 se dirigió ni re; d 
niendo el electorado de Hanuover bajo la protei 
monarca por el tratado de Westminsler de Ifí 1 
17S6, en el cual las dos partes contratantes se 
mutua posesión de Hannover y Silesia, v uniai 
para mantener la Iranquilídad en Alemania, op 
concierto á la entrada de tropas extranjeras en ei 
Ofrece la particularidad este tratado, de rcs( 
las discusiones internacionales mas inleresanlef 
ca, que se había suscitado entre las partes 
á propósito de la libre navegación de los neu 
rico II de Prusia, se había obligado por los p¡ 
Breslau y por el tratado de Berlín de 1742 á sati 
tidad de un millón setecientos mil escudos hipo 
las rentas de los territorios de Silesia en favor 
,\ de Holanda (1). El almirantazgo inglés, confi 
derable numero de barcos que navegaban unos 
prusiano, y otros con cargamento pcrlenecien 
prusianos y con pabellón neutral, consideráni 
como contrabando de guerra. Acudieron los 
Federico y éste reclamó á Inglaterra una indem 
ellos, pero el gobierno inglés rechazó la petició 

rl) Cap. xxvpig, 435. 



— 471 — 
ti> prusiaDO. Federico nombró CDtonces (17S1) usa comisión 
¡lara que estudiado ItLsreclamaciooes á fin de compensará 
los perjudicados, ai erar procedente, con el dinero de las ren- 
tas de Silesia, cuyo pago á los ingleses retuvo con este objeto. 
La comisiÓQ dictó sentencia trausfirleudo á los reclamantes 
prusianos, la hipoteca io^esa sobre las reatas silesíanas 
fomo iademcización por el secuestro de bus propiedades, 
fundada en que Inglaterra no tenía derecho para secuestrar 
los barcos prusianos ni otros aeutrales con el pretexto de 
que BU cargameato pertenecía á los enemigos do la Gran Bre- 
taña, 7 CD que los tratados entre esta potencia y las neutra- 
les habían exceptuado del secuestro la propiedad enemiga 
calcada en barcos de estas últimas, y que por tanto los tri- 
bunaloE del almirantazgo inglés, habían procedido contra el 
derecho de gentes. — El rey do Prusía comunicó al gobierno 
británico su determinación de retener, en concepto de repre- 
salias por la injusticia cometida con sus subditos, la deuda 
hipotecada sobre las rentas de Silesia, hasta que Inglaterra 
concediese una indemnización equitativa á loa reclamantes 
prusianos. 

De esta manera se entabló una discusión entre los gabi- 
netes de Londres y Berlín que por los raEonami;ntos, alega- 
ciones y principios jurídicos invocados por una y otra parte, 
es del mayor interés para el derecho internacional (i). — £1 
tratado de 'Wcslminster de que nos estamos ocupando, vino á 
poner fin á la misma, declarando que el rey de Prusia debía 
levanta? el secuestro hecho sobre la deuda silosiaua y pagar 



(1; Véase Wheaton, HúioiredMprogriidadroit detgeiu, 1865. 



— 472 — 
de lOB intereí 
el gobierno 
s esterlinas p 
rno prusÍEDO 

i. 

en que se ñn 
.ustria y Fra 
li aquellas do: 
s solas eo Eur 
le Versalles, 
laeslra de la 
ledad francés 
'atados fué la 
6 en el qne si 
lilidad piíblii 

y la Gran B 
directa ni im 
is j observari 
< que pudiese 
icias; y el rej 
Países Bajos 

ado de alianza 
VersalUi el m 
la paz de "Wi 
:eió una gara: 
s en Europa i 
!s en caso de i 
idad con la m 



- 478 — 
«1 oaso de la guerra ya empezada entre FraocLa y la Graa 
Bretaña. — Esta alianza ac estrechó auo más por cIdco artícu- 
los secretos que la acompaBabao. 

Creía Federico de Prusia contar para hacer frente li sus 
«ncmigos con el auxilio de Rusia por ser esta potencia alia- 
da de Inglaterra, pero había tenido el mal acierto de ofen- 
der con sus epigramas y sátiras á la emperatriz Isabel, y eata 
soberana en ves de seguir unida á la Gran Bretaña y ponerse 
de parte de Federico, se adhirió á los tratados de Versalles 
<te i." de Hayo de Í7S6 por una acta Armada en Petersbur- 
gu el 31 de diciembre del mismo año, y además celebró 
otro tratado con la corte de Vtena el 32 de enero de 17ü7, 
que Q8 completamente desconocido, pero cuya existencia se 
' sabe por aparecer citado en la convención de San Fetersbur- 
go do 21 de marzo de 1760. 

Finalmente, Suecia, el elector de Sajonia y la Confedera- 
ción germánica se pusieran también de parte de Austria y 
Francia; loa Estados Generales de Holanda negaron á Ingla- 
terra los subsidios que esta les pidió en virtud del tratado de 
1716 y se mantuvieron en una perfecta neutralidad. 

1. Formada así una de las más formidables ligas que re-. 
gistra Us páginas de la historia, dio principio la guerra de 
/oí n'etí añoi mantenida por Francia, Austria, Rusia, Sajonia, 
Suecia y la Confederación germánica contra Prusia y la Gran 
Bretaña. 

Antes de la declaración de guerra, el 18 de abril de iTá6, 
la escuadra francesa al mando del marqués de La Galisson- 
niére y llevando á bordo al mariscal Richellcu con SÜ.OOO 
hoiobres se apoderó de la isla de Menorca, de Pucrto-Mabou 



— 474 — 
ian Felipe, al mismo tie 
portantes plazas en el Ci 
^0 hizo Inglaterra la dei 
a á l'& que esta nacidn < 
1 9 de junio, 
)mo los franceses se ap 
ítc de Versalles á inlent 
le 7a había pretendido 
nseguirlo el gabierao d 
ilagoB á los monarcas di 
la corte de Viena les pn 
Ion Felipe en el trono 
iió mucho á la reina vi 
ic Fernanda VI, no cau 
ara de Portugal qne no 1 
laña; propusiéronles des 
.za de McLorca, reciente 
cios para recuperar Gil 
o á pesar de ser todavi 
5 la anterior, Fernando 
itica de neutralidad y 
izado la primera (1736). 
jmo tiempo ocurrían en 
>s corsarios ingleses coa 
desagrado de la corto de Madrid. Temer<>sa 
lie estos sucesos 7 los ofrecimientos de Fran- 
¡linar á España á bu lado, se apresuró el mi- 
enviar instrucciones al embajador inglés en 
le para que ofreciese á Fernando VI la resli- 



.- 475 — 

tucióa de Gibraltar y la evacuación de^loü establecimientos 
ingleses en el golfo de Méjico, con tal de que España se unie- 
ra á Inglaterra contra Francia y la ayudara á la recupera- 
eiÓQ de Menorca, pero la proposición del embajador inglés 
uo tavo mejor acogida en España que las de los france- 
ses (1757). 

Hecha esta digresión para conocer la actitud de nuestra 
patria en estos momentos, volvamos al examen de la guerra 
de los Míe años, de cuyos hechos de armas hacemos un breví- 
simo resumen para llegar al estudio de los tratados á que dio 
origen esta nueva contienda europea. 

El 29 de Agosto de 1756 el rey de Prusia invadió el elec- 
torado de Sajonia por Pretsch, Torgau y Dresde, apoderando* 
se en los archivos de esta ciudad de los despachos originales 
que probaban que las cortes de Viena, Dresde y Petcrsburgo 
habían concertado el proyecto de repartirse el reino de Prusia, 
y publicó estos documentos para justiñcar su conducta. — El 
elector dé Sajonia rey de Polonia hizo frente á las armas de 
Federico II y el 1.® de octubre se libró la batalla de Lowo- 
sitz» pueblo del distrito de Leutmeritz, siendo derrotados los 
sajones que se vieron obligados á capitular el 17 del mismo 
mes, cobrando Federico 17.000 prisioneros. Después de esta 
derrota Augusto III, se retiró á Polonia y el rey de Prusia 
quedó dueño de toda la Sajonia. 

Empleó entonces su actividad Federico II en estrechar su 
alianza con Inglaterra y firmó coa esta potencia el 11 de 
enero do 1757 uu tratado en oposición á la alianza de Yer- 
aallos de 1756, por el cual después de renovarlos pactos exis- 
tentes entre las cortes de Berlín y Londres, aumentaban el 



in que dehian 

el ejército franc 
los ducados de 
i estados p rusia I 
[eró del laadgn 
Hasteabeck al 
laaover. El mai 
e Brunswick 7 
se retiró á Bren 
iÓD por parte de 
eroQ al monarc 
Dtre ellos y el 1 

ú Éste á la iaa 
ejércitos, primE 
de Septiembre d 
ue se codvíqo < 
Cumberland se 

general se ret 
lá del Elba; ce 
; el duque de Bi 
icupado ea el elt 
en. En Bremer\ 
aes una segundi 
émiinos mas fai 

[ue tenían lugai 
entre los genen 
usíb puesto ya 



— 477 — 
Bohemia por la Sujonia, hacia Trente á las tropas austríacas 
mandadas por Carlos de Lorena, atacándolas el 6 de mayo de 
1TS7 en Praga donde se dio la celebre batalla de este nombre 
en la que los auslríacos perdieron 24.000 hombres y 18.000 
los prusianos quedando á favor de estos la Yiotoria. — A este 
triunfo unió Federico II el de Rosbach el ^ de noviembre y 
el de Leutbea el S de diciembre, derrotando en ambos á los 
austríacos, con escaMÍsimas perdidas por su parle. 

Los laureles recogido» por Federico II en estas campanas 
si^ trocaron en desdichas en 17^9. Las poblaciones de su reino 
so hallabanaaiquiladasysus enemigoseslrechahait y aumen- 
taban cada vez más su Alianza con Duevoíi pactos. La bata- 
lla de KunnersdorlT cerca de Francfort (12 de afiosto). ganada 
por loa rusos y los austríacos, puso en peligro )a vida y la 
corona de Federico, y la de Uaxen {±1 noviembre) en la que 
también fueron derrotados los prusianos, son los dos hechos 
de armas mas importantes de la campaña de 1739 como lo es 
de la de 1760 la batalla de Torgan (3 de noviembre) en la que 
rehechos los ejércitos del rey de Prusia consiguieron la vic- 
toria sobre las tropas imperiales y austríacas. 

En este último año de 1760 la alianza entre Austria y Bu- 
siude 171IÍ fue renovada por dos tratados que firmaron en San 
Pctersburgo los plenipotenciarios de una y otra parte el 21 de 
marzo. Por el primero de ellos convinieron los contratantes 
en invilar á la accesióa del mi^mo al rey y á U república de 
Polonia, al emperador de loa romanos y al rey de Francia, 
u lugar del rey de Inglaterra que era á quien se dirigía esta 
ivitacidn en la alianza de ITIC— £1 segundo tratado esla- 
1 en absoluto convenido contra el rey de I'rusia ú quien se 



— '478 — . 
y de perturbador i 
npaiía mantima eo 
te la faz de las cosa¡ 
stro Pítt, arbitro del 
rra peodiectc como 

las boatilidadcs no 

escuadras de la Gn 
I de sus posesiones e 
Jalahar, como Pond 
■anceses el Tucrle de 
F todos sus ealableí 
■ los esclavos eran i 
lea, el Cabo Bretón, 
la Granada, San Vi 
bicuá poder de los i 

equipaba, era capí 
ita manera treinta y 
;atas. Pensó en invaí 
en la Bretaña, en I 
, pero los primeros I 
os en la costa de La, 

lemos visto, por I 
a é Inglaterra, siguieron sigilosamente 
í dos naciones sus intrigas para lograr- 
proyectos, ni aparentemente sus emba- 
¡onaban ni pedían nada,perouna yotra 
mira de loa acontecimientos en naes- 
:har cualquier cambio político á oca- 



¡r» 



— 479 — 

9ión oportuna que faToreciese sus planes. No tardó en llegar 
¿ esta. • 

b. El 10 de agosto de 1759 falleció el rey don Fernan- 
do VI dejando por heredero de la monarquía de España i. su 
hermano don Carlos rey de las dos Sicilias que ocupó el tro- 
no ton el nombre de Garlos til. 

Al ceñir este monarca la corona, cesó en España la poli- 
tica de neutralidad seguida por Fernando VI, mostrándose el 
nuevo soberano decididamente inclinado á Francia y con- 
trario á Inglaterra con quien tenia particulares resentimien- 
tos por la conducta exigente que esta nación observó con «^l 
durante la guerra de sucesión de Austria (i). Tan luego como 
murió Fernando, el embajador francés marqués de O^sun, 
presentó á Carlos III un proyecto de alianza, pero el rey no 
se atrevió entonces á tomar resolución alguna, por más 
afecto é interés que profesase á Francia, pues su esposa dona 
Amalia de Sajonia inclinada á Inglaterra, se encargó de neu- 
tralizar los esfuerzos de la corte de Ycrsalles, con sanos con- 
sejos á su esposo, beneñciosos para España. 

Muerta la reina (27 de septiembre de 1760) é inquieto 
Garlos III por los progresos de Inglaterra, cuyas armas, si 
abatidas en Europa, iban ocupando una á una como hemos 
\i3to, las posesiones francesas en el continenter americano, 
temió que destruido el equilibrio de estas dos potencias en el 
Nuevo Mundo quedasen expuestos los dominios ultramarinos 
de España á la ambición británica. Añadíase á este temor el 
desagrado que en Madrid producia el ejercicio continuo d»'l 



(1> Cap XXV. 



■abando por loi 
ilecimiento de t 
turas y Laprohi 
i los guipuzcoa 
ancos de Terrai 
i & estos hechoi 
miatro Pitt reci) 
breu, que, por 
idiactÓD de Esp 
rpreadenlc 'lue 
elaciones con I 
>cía tantos aüot 
e esta manera, 
•tire España y 
o de 1761, siend 
[I en Parfs, mai 
anees, duque d 
iza dividiéndola 
lebía considera! 
i de las ramas 
as 7 aplicable s 
ir ahora sus an 
proyecto lleg< 

62; y conociendo, eu Un, que el entrar en discusiones 
reíales sería un embarazo para las políticas, qu^ eran 
rerdaderamente urgentes, se descartaron formando el 
T proyecto, que fué el núcleo de la oonTencíón de 2 d 

de 1768. 

1 proyecto del primer tratado fué remitido á Uadrid ei 



— 481 — 

mayo de 1761 y se firmó el Ib de agosto, después de ligera dis- 
cusión sobre el casus fcederis, porque la cortede Versalles que- 
ría que Espaiía se obligase á tomar parte en todas las guerras 
que aquella bübiese de sostener, á lo que el gabinete de Madrid 
replicó que estando Francia mezclada en casi todas las cues- 
tiones europeas, España se vería con frecuencia envuelta en 
guerras que ningún interés le reportarían, mientras que por su 
parte no se daría quizás el caso de llamar una sola vez las armas 
francesas en apoyo de derechos ó pretensiones continentales. 

El preámbulo del pacto de familia indica que el df)jeto de 
esta alianza eru: «hacer permanentes é indisolubles, tanto 
»para Sus Majestades cuanto para sus descendientes y suce- 
«sores, aquellas mutuas obligaciones 'que traen consigo na- 
wturalmente el parentesco y la amistad». Pero aparte de esta 
unión perpetua entre las dos ramas de la'casa de Borbón, el 
pacto tenía otro objeto que si no aparecía en la letra del tra- 
tado, estaba en la mente de los contratantes, cual era el de 
oponerse á la preponderancia de Inglaterra. 

En los 28 artículos de que consta se disponía: 

(Jue la alianza entre las dos coronas había de ser tan es- 
trecha, que los enemigos de una habían de ser considerados 
como enemigos de la otra (art. 1.^). 

Qae se garantirían mutuamente la posesión de todos sus 
estados, cuando por primera vez, después de este pacto, se 
hallasen una y otra potencia en plena paz con las -demás (ar- 
tículo 2.^. — Este artículo, que era una rectificación al pro- 
yecto presentado por el gabinetede Versalles, aminoró en par- 
te, el compromiso de España que Francia había querido ge- 
neralizar más. 

31 






- 483 - 

gozarían de la misma libertad, ventajas y privilegios para el 
ejercicio del comejrcio que los naturales; y por el 25 se esta- 
blecía que las naciones á quienes España y Francia conce- 
diesen en lo sucesivo ó hubiesen concedido por convenios 
anteriores el trato de nación más favorecida, no podrían dis- 
frutar de los beneficios de este pacto, que habían de ser exclu- 
sivamente para los contratantes y para el reino de las Dos Si- 
cilias. 

Por último, merece también especial mención el artículo 
27 de este IrcUado por resolverse en él á favor de España la 
cuestión relativa á la precedencia y categoría diplomática 
entre las dos potencias. Francia había disputado siempre á 
nuestro reino el primer puesto en lasreunionesdiplomáticas, 
dando motivo á enojosas discusiones, de algunas de las cua- 
les hemos hecho mención al hablar de la época de Felipe lY; 
y el artículo 27 del pacto de familia resolvió la cuestión en 
los siguientes términos: «SS. MM. católica y cristianísima 
>han convenido en cortar toda ocasión de desagrado ó des- 
;» contento entre las dos cortes, fijando por regla invariable á 
»su8 ministros, revestidos de igual carácter en las cortes ex- 
«tranjeras que en las de familia, como son al presente las de 
»Nápolcs y Parma, preceda siempre en cualquier acto, función 
»ó ceremonia el ministro del monarca cabeza de la familia, 
))cuya precedencia se considerará cq^io una consecuencia de 
»la ventaja del nacimiento; yque en todas las demás cortes, el 
Tvministro, sea de España, sea de Francia que hubiese llegado 
«último, ó cuya residencia fuese más reciente, ceda al minis- 
»tro de la otra corona y de igual carácter que hubiese llega- 
ndo primero ó cuya residencia fuese más antigua.» — De esta 



ó decidida á 
icia entre es 
eaolvió áfavc 
lió entonces ¡ 
r l8 rama m; 
■rogativa hab: 
na que ocupí 

BorbÓD. 
n secuencias 
irimer lugar 
t re los gahiiii 
limieoto eotí 
reino Jorge 1 
cido en Í7C0 
lesde el mor 
(la entre Cari 
•aña, pero si 
no estando ( 

gobierno. H 
ie aumentar 
y les hici 
na declaracil 
á la que Caí 
¡n la que eij: 
ue se declaia 
8 reinos, esta 
conducentes 
le guerra, se 
tlianza oferm 




'^.^-. 7 



-^ 485 — 

España y Francia conlra la Gran Bretaña de k de febrero de 
1762, por la que España se obligaba á hacer la guerra á In- 
glaterra, y Francia á entregarnos la isla de Menorca. 

Abandonó de este modo nuestro reino, por no ser ya 
oportuua, dada la actitud de Inglatera, la política de neutra- 
lidad seguida por Fernando VI y se unió de nuevo á Francia 
conforme aconsejaban las circunstancias. Ahora bien; ¿res- 
pondió el pacto de familia á las esperanzas que en él funda- 
ron los gabinetes de Madrid y Versalles? Por lo que á España 
toca, es verdad que las consecuencias fueron desgraciadas, 
pues no sólo tuvo que sostener la guerra con Inglaterra, 
sino, que también se vio en la necesidad de hacer frente á 
Portugal, cuyo reino á pesar de la invitación que le hicie- 
ron los gobiernos español y francés pata que se pusiese de su 
lado, siguió unido á la Gran Bretaña, á quien debía su inde- 
pendencia; pero todas estas contrariedades y aun los desca- 
labros que tuvimos que lamentar en la guerra, no son parte 
bastante para censurar tan agriamente como lo hacen algu- 
nos escritores, el pacto de familia. Dispuesta como estaba Es - 
paña á no tolerar por más tiempo los agravios de Inglaterra' 
y á poner remedio al mal que nos amenazaba en América 
por la ambición de esa potencia, era más político que el go- 
bierno español se aliase con una, nación como Francia antes 
de emprender la guerra, que no lanzarse por sí sola contra 
los ingleses. 

La suerte de las armas, en efecto, no nos fué favorable y 
en esto se fundan principalmente los historiadores para cen- 
surar el pacto. — La flota inglesa, repartida por todos los ma- 
res donde teníamos colonias, emprendió una campaña con- 



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^ 487 -~ 

«ampaua cuyo hecho más importante 'fué el sitio y toma de 
la ciudad de Schweidnitz en Silesia por los prusianos el 9 
<le octubre de 1762 cogiendo nueve mil austríacos prisione- 
ros. — En Sajouia la suerte fué también favorable á las armas 
de Federico II derrotando á los austríacos en la batalla de 
Freyberg el 29 de octubre del mismo ano. 

8. Mientras estos sucesos tenían lugar, se habían hecho ya 
diferentes tentativas de negociación para llegar ¿ la paz. En 
1760 se proyectó primero un congreso en Breda por la media- 
ción de España, y después otro en Nancy. En 1761, Francia 
y sus aliados enviaron á las cortes de Londres y Berlín una 
declaración proponiendo se celebrase un congreso en Augs- 
burgo para la paz general. Ninguno llegó á reunirse, y Fran- 
cia en atención á que su guerra con Inglaterra por cuestio- 
nes de límites en sus posesiones de América no tenía nada 
de común con las demás potencias de Europa, entabló unas 
negociaciones de paz particulares con la corte- de Londres, 
previo el asentimiento de sus aliados, que dieron por resulta- 
do los preliminares de ForUainebleau de 3 de noviembre de 1762» 
entre España, Francia, Inglaterra y Portugal. 

María Teresa de Austria, que tenazmente se había opuesto 
á toda negociación mientras tuvo á los rusos por aliados, al 
ver los desastres que sus tropas sufrieron en las batallas de 
Schweidnitz y de Freyberg, s^ resignó á proponer una paz 
que reclamaban los intereses de su país y los de las demás 
naciones- que habían intervenido en la lucha. Los príncipes 
del Imperio, que habían sufrido todos los horrores de esta 
larga guerra, sentían más que ninguna otra potencia la ne- 
cesidad de la paz y fueron los primeros en proponerla á Fe- 



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— des- 
que pusieron fin á la guerra de los siete años y á la suscitada 

m 

entre España y Francia contra Inglaterra y Portugal por cues- 
tión de los territorios en Aoiiérica. Examinaremos por sepa- 
rado las principales disposiciones de cada uno de estos tres 
pactos. 

9. Tratado de paz de Hvbertshurgo firmado el i^ de febrero 
de 1763 entre la emperatriz reina de Austria y el rey de Prusia. 
— Por él renunció María Teresa todas sus pretensiones á los 
Estados y países del rey de Prusia, y especialmente á los que 
le habían sido cedidos por los tratados de Breslau y de Ber- 
lín (art. 3); la emperatriz-reina cedió á Federico II la ciudad 
y condado de Glatz y )as fortalezas de Wésel y de Gueldres, 
y ambas partes contratantes se obligaron á retirar sus tropas 
de los estados que no fuesen de su dominio (art. 5). Los ha- 
bitantes del condado de Glatz podían emigrar libremente en 
el espacio de dos anos (art. 10). Se renovaron los tratados de 
Breslau y de Berlin de 1742 y'de Dresde de i74S (art. 12). La 
religión católica sería mantenida en Silesia en la forma con- 
venida por los tratados de Breslau y de Berlín, salvo los de- 
rechos del soberano y la libertad de la religión protestante 
(art. 14). Finalmente, la emperatriz -reina y el rey de Prusia 
se garantían mutuamente sus estados (art. 16). — ^Por dos ar- 
tículos secretos que forman parte de este tratado, el rey de 
Prusia prometió dar su voto para el Imperio al archiduque 
José, hijo de María Teresa, y apoyar el enlace de otro délos 
archiduques con la heredera del duque de Módena. 

Tratado de paz de Huhertshurgo firmado el 15 rfe Febrero de 
1763 entre el rey de Prusia y el de Polonia, elector de Sajonia. 
— Convinieron por él los contratantes en no reclamarse el 






-- 491 — 

^*ra <ie /o; 5^/tf am>s una de las primeras jerarquías en Eu- 
ropa. 

¿Guales habían de ser las consecuencias de estos engran- 
decimientos? ¿A. dónde habían de llegar las pretensiones de 
estas potencias? Su ambición y poderío arrebatando la su- 
premacía á estados 4nás débiles como Polonia, condujeron á 
esas nacionesi á cometer uno de los mayores atropellos que 
registra la historia política del siglo xviii cual fué el reparto 
de este reino, asunto de que nos ocuparemos en capítulo 
aparte. 

10. Tratado de finitivo de paz entre los reyes de España y 
Francia de una parle y el de la Gran Bretaña de otra, firmado 
-en Parts el 10 ufe febrero de 1763, en cuya fecha accedió al 
mismo S. M. fidelísima. 

Los plenipotenciarios para la conclusión de este tratado 
fueron; por España el marqués de Grimaldi, embajador en 
París, por Francia Mr.de Ghoiseul, duque de Praslin, minis- 
tro de Estado; por la Gran Bretaña el duque de Bedford, y 
por el rey de Portugal, don Martín de Mello y Castro. 

Consta el tratado de 27 artículos, en los cuales se estipuló 
lo siguiente: Se renoyaban todos los tratados hechos entre 
las partes contratantes antes de la guerra (art. 2). 

Francia renunciaba á favor de la gran Bretaña todas sus 
pretensiones á la Acadia ó Nueva Escocia y le cedía el Cana- 
dá con todas sus dependencias, la isla del Cabo Bretón, las 
demás islas y costas del golfo y río de San Lorenzo, las islas 
de la Granada y los Granadinos, la ribera del Senegal con los 
fuertes y factorías de San Luis, de Podor y de Galam. En las 
Indias Orientales Francia cedía igualmente á Inglaterra Nat- 



TiipanooUi perten 
iba á no mantene 
I de San Felipe erai 
1 por último Franc 
js al «leclorado de 
E de Brunswick y 

4. 9, 10, 11. 12 y 
iglaterra por bu p 
nica, la Guadalup 
le Gorea, y en las 1 
[ue los franceses po 
leí, Orisa, Malabar; 
i libertad de la pea 
tstas de Tcrranova 
IB islas de San Ped 
!ra, para que sirvle 
(arla- li, 6, 8, 10 y 
a cuanto á las islas 
iente forma: San "V 
3 para la gran Brct 
rt. 9). 

i cuestión de lími 
úa se resolvió fijai 
iones una linea tir 
cimiento hasta el i 
irada en medio de 
¡hartrain hasta el n 
Inglaterra todo el ' 
de la ciudad de Ni 



t • • ,- . 



I - 



— 493 — 

franceses. Se acordó que la navegación del Misisipi sepia 
igualmente libre para los subditos de ambas naciones en toda 
su anchura y extensión (art. 7). La cesión de la Nueva Or- 
ieans y de la Luisiana á España había sido objeto de una 
convención secreta entre los gabinetes de Madrid y Versalles 
de la que noá ocupai'emos en párrafo aparte al fínal del pre- 
sente capítulo. 

Las principales disposiciones del tratado de París relativas 
á España, fuero a las siguientes: 

El artículo 16 dispuso que las cuestiones de presas he- 
chas por la Gran Bretaña á los españoles se someterían á la 
decisión del almirantazgo inglés. Esta solución vino á va- 
riar el principio establecido hasta (entonces en los demás tra- 
tados, de que esta clase de cuestiones habían de ser resueltas 
por un tribunal compuesto de comisarios nombrados por 
una y otra parte, y domostró la política abáorvente de In- 
glaterra en las cuestiones marítimas y comerciales. 

La Gran Bretaña se obligó á demoler las fortificaciones 
hechas en la bahía de Honduras y otros lugares del territorio 
español en aquella parte del mundo, y á restituir á España 
el territorio conquistado en la isla de Cuba con la plaza de 
la Habana (arts. 17 y 19). 

España renunció al derecho de pesca en la isla de Terra- 
uova y cedió á Inglaterra la Florida, el fuerte de San Agus- 
tín y la bahía de Pensacola (arts. 18 y 20). 

Por el art. 21 se estableció que los españoles y franceses 
evacuarían todos los países del rey de Portugal en Europa, 
y en cuanto á las colonias portuguesas, quedarían en el mis- 
mo pié que estaban antes de la guerra. — Implicaba esta cláu- 






— 495 -. 

ApufUes (i) Cada tierra que después se descubrió dio motivo á 
una nueva discusión entre los dos gobiernos por creer uno y 
otro que estaba comprendida en la zona de su pertenencia, y 
se explica esta diferencia de criterio si se tiene en cuenta que 
la línea señalada como límite de las posesiones de España y 
Portugal en América por las Bulas y por el tratado de Torde- 
sillas era una línea imaginaria que no determinó claramente 
las propiedades de una y otra nación. Resultó por tanto que 
el descubrimienlo de la isla de las Molucas en tiempo de 
Carlos V y el de las Filipinas en el de Felipe II dieron mar- 
gen á serias desavenencias con los portugueses. 

Unidas las coronas de España y Portugal en 1580 (2) se 
confundieron los derechos de los dos reinos y no volvió á 
haber motivo de cuestión hasta 1668 en que declarado inde- 
pendiente Portugal por el tratado de Lisboa, comenzaron de 
nuevo las disputas por las posesiones sitas en América, sien- 
do la más importante la que se suscitó con motivo de la fun- 
dación de la colonia del Sacramento por el gobernador por- 
tugués de Rio Janeiro don Manuel Lobo en 1680. Encla- 
vada esta colonia en la costa y á la orilla septentrional del 
Río de la Plata, España la reputó como suya porque se halla- 
ba en territorio de su pertenencia y porque además no le 
convenía tener en su vecindad un establecimiento extranje* 
ro que política y comercial mente podía ser muy perjudicial 
para el resto de sus posesiones en aquella parte del mundo. 
Defendieron sus derechos los españoles y se apoderaron de 
dicha colonia el 8 de agosto del mismo año de su fundación» 

(1) Véase pág. 75 y sigta. 

(2) Véase cap. xv. pág. 188. 



tratado df. 7 dp mayo 
leses aunque ríd prejí 
que había de ser resuel 
al efecto. Estudió ésta 
virtud de las Bulas de 
lias tcaieudo á la vis 
rritorios, pero no hube 

la cuestión quedó peu< 
CD 1701 los derechos q 
imento á cambio de la 
'e sucesión^ pero declar 
rdel archiduque Carlos 
íoles se apoderaron nu 
)s 6." y 7." del tratadí 
Portugal, la primera ve 

Sacramento, pero con 
dría ofrecer dentro de 
ilorial á cambio de el|. 
ra el rey de España (2). 
;nte y siguió en poses! 
e enero de IToO el min 
I José Carvajal negoció 
18 portugueses para arr 
ion de limitas en Ami 

trftbajoB posteriores de 
«rtas geogiáticas m^ 
de Saeramtnto corresp< 



— 4»7 — 

la delimitación ideal y arbitraria establecida por lacf BaXaa 
pontificias y por el tratado de Tordesillas, para reemplaxaria 
por otra real y efectiva, y se adjudicaba á EspaSa la colo- 
nia del Sacramento en cambio del Ibicui en el Paraguay que 
quedaba para Portugal; pero ni los portugueses se mostraron 
dispuestos á ceder la primera, ni los Jesuítas españoles del 
Paraguay consintieron la cesión del segundo. El tratado del 
Pardo de 1761 anuló en todas sus partes el de 1750; en la 
guerra de 1762 los españoles ocupan por tercera yes la colo- 
nia del Sacramento y por tercera vez yuelve ¿ ser cedida 
á los portugueses, como acabamos de ver, por el tratado de 
París de 1763. 

No quedó con esto terminada tan enojosa cuestión, pues 
en 1766, el ministro portugués, marqués de Pombal, organizó 
una expedición que saliendo de Rio Grande se apoderó de los 
fuertes españoles de Santa Tecla, Santa Teresa y Montevideo» 
dando lugar á un rompimiento de hostilidades y á una nue- 
va lucha entre España y Portugal á la que puso fin el tratado 
de limites en la América meridional ajustado entre las dos coro^ 
nos y firmado en San Ildefonso el i»^ de octubre de illl. Por él 
cedió Portugal á España la colonia del Sacramento y con ella 
la navegación del rio de la Plata, del Paraguay y Paraná; 
para el arreglo de límites entre el Brasil y el Paraguay cedió 
España una parte del territorio en la Laguna Grande y Mai- 
rin que antes había ^reclamado; y para la designación de los 
que se habían de fijar entre el Brasil y el Perú, cedió también 
España una vasta porción de territorio al sudeste del Perú, 
que formaba la mayor parte del país de las Amazonas; devol- 
vió también la isla de Santa Catalina ocupada en la última 



gnem, 7 Portugal nnunci 
á Ut iBlas FilipinaB por la 1 
de Alejandro Vi. 

De esta manera termioai 
Portugal por los limites de 
dnraote tres siglos hablan 1 
chas entre loa dos reinos. 

Cutítkmet retalivat dial 
El segundo punto que noE 
Parü, es la cesUn de la Lni 
Franela á Espida y las raioi 
realiiar este acto. Al firmar 
btea» el 3 de noviembre de i 
el artfoulo 19 ceder i la Coi 
cano de la Florida 7 el que 
Misslssipft.como lo hiio por 
PaHí^ según hemos tenido 1 
estos territorios era para Es) 
puesto que dueSa Inglaterra 
posible estorbarla el comeré 
Esptula. Francia qiie era la 
adelante las negociaciones 
portancia de semejante cesl 
para que la hloieae 7 no hab 
la tennioaoión de la paz 001 
nuestro reino la oesidn de ( 
como compensaeión de la Fli 
pf.— El embajador de Garlo 
Buldi eaieeieodo de Instmc 



— 499 — 

este asunto aceptó bajo condición y stU> $pe rati la donación 
del rey de Francia. 

Hízose esta por un cu:io preliminar que se firmó en Fontai^ 
nebleau el 3 de noviembre de 1762, en el cual se decia que: «Su 
uMajestad cristianísima, verdaderamente sensible á los sa- 
«crificios que el rey católico se sirvió hacer generosamente» 
npara concurrir con dicha Majestad cristianísima al restable- 
ncimiento de la paz, deseó darle con este motivo una prueba 
»del vivo ikiterés que toma en su satisfacción^ y ventajas de 
•su corona. — A cuyo efecto el rey cristianísimo ha autpri- 
»zado al duque de Ghoiseul su ministro, y entregado en la 
•forma más auténtica al marqués de Grimaldi, embajador 
«extraordinario del rey católico, un instrumento por el cual 

4 

»Su Majestad cristianísima cede en plena propiedad pura y 
•simplemente y sin excepción alguna á Su Majestad católica 
•y á su^ sucesores perpetuamente todo el país conocido con 
•el nombre de la LtUsiana^ como también la Nueva Orleans y 
•la isla en que se halla situada esta ciudad. — Pero como el 
•marqués de Grimaldi carece de noticias bastante positivas 
•acerca de las intenciones de S. M. católica, ha creido no de- 
•ber aceptar dicba cesión sino condiclonalmente y sub spe 
wrali hasta recibir órdenes del rey su amo; las cuales, si como 
•espera^ fuesen conformes á los deseos de S. M. cristianísi- 
»ma, serán inmediatamente seguidas del acta formal y au- 
•téntica de la cesión de que se trata.» 

£1 rey de España aceptó estas cesiones el mismo día que 
ratificó las preliminares de Fontainebleau y en su conse- 
cuencia Luis XV las renovó y confirmó por acta firmada él 
22 de noviembre en Yersalles, pero hasta el ano de 1764 no 



Breve exposición de los repartimientos de Polonia verifi- 
cados EN t772, 1793 Y 1794. — Crítica db estos h 



1. El engrandecimiento de Pruaia y de Rusia, la impor- 
tancia política de Austria y la ambiciónde estas tres poten- 
cias, iadicábamos en el capitulo XXVH que habían de llevar- 
las á cometer los atropellos más odiosos que registra la 
historia del siglo zviii y soa los repartos que del reino de Po- 
lonia hicieron aquellas naciones en 1772, 1793 j 179S. 

Hasta el engrandecí miento de Rusia y Pruaia había sido 
Polonia el estado más poderoso del Norte de Europa. En el 
capitulo XXIII hemos visto el importante p^pel que repre- 
sentó en las cuestiones de Suecia con el imperio ruso y la 
parte activa que tomó en todas las guerras del Norte, pero de- 
fectos radicales de su coDStitucióu nacional, su intolerancia 
ciega en materia de religión y los disturbios internos que 
consecuentemente se producían, debilitaron su poder, Tueron 
causa de que perdiese su supremacía en el norte de Europa, 
y facilitaron en fin á las naciones vecinas la comisión del 
crimen político de su reparto. Ya hubo en Polonia quien pre- 
dije el destino de este reino: Juan Casimiro, último monar- 
ca de la casa de Wasa dijo en 1661 á la Dieta que «Polonia 



— 603 — 

Segismundo III, sólo se refirió á los que no reconocían la 
autoridad del Papa. Diferentes- leyes se dieron contra los di- 
bidentes tanto para limitar §us derechos políticos, como para 
prohibirles el ejercicio de su culto, produciendo esta intole- 
rancia religiosa graves conflictos á los que trataron de po- 
ner fin las potencias extranjeras. La invasión de Garlos XII 
4e Suecia en 1701 para implantar el protestantismo en Po- 
lonia, los decretos de la Dieta de 1717 mandando destruirlas 
Iglesias protestantes y prohibiendo este culto en el reino y 
los de 1733 excluyendo á los disidentes de todos los cargos y 
dignidades que tenían jurisdicción, aumentaron las luchas 
«n el país. Sigue el desgraciado período en que muerto Au-. 
gusto It, se disputan el trono de Polonia Estanislao Leczins- 
ki apoyado por Garlos XII de Suecia y Augusto III elector 
<Le Sajonia por el czar Pedro de Rusia, suscitándose la gue- 
rra que hemos mencionado en el capítulo XXIY (i) hasta que 
«n 1734 es reconocido Augusto III como soberano, renuncia 
Estanislao Leczinski sus pretensiones al trono de Polonia 
y se garantiza la constitución polaca y la elección libre de 
los reyes (2). 

Durante el reinado de Augusto III se olvidan por un mo^^ 
mentó las pasadas disensiones y disturbios, trata el nuevo 
monarca de organizar el país y guiado por un espíritu refor- 
mador mantuvo la paz, siquiera fuese breve tiempo, y quiso 
cambiar la constitución para remediar los males ante- 
riores. De aquí nacieron dos poderosos partidos; uno que 



(1) Véase pág. 419. 
<2) F&g. 423. 



I limitar 
ramienloB 
ido reforn 
[ue deBeat 
eión tal v 
se decían 
lajes más i 
lobrino Ee 
atalina de 
, para ocu] 
tiróse Aug 
erregno pi 
resurároni 
Abolle TOi 
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licieroD d( 
B de la COI 
arse cuatr 
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I muy bre 
que estab 

este estad 
iátowskí ( 
r la voluD 
le el prin 
!Í4ÍB do la 
ólicos, y 1 
ir aún mái 



— Sue- 
los asuntos de Poloaia, les prestó su apoyo é biso que su em- 
bajador, priocipe Repnia presentase á la Dieta polaca uua 
nota el 11 de septiembre de 1761 pidiendo se otorgase á los 
disidenles el Ubre ejercicio de su religión y la facultad de 
desemp^ar cargos oficiales lo mismo que los católicos. La 
Dieta, lejos de atender la petición de Rusia, confirmó en 
176S las constituciones y decretos contra los áiádentei. 

Federico II de Prusia, que no contaba por entonces con 
el apoyo de ninguna otra potencia para hacer frente á au irre- 
conciliable enemiga la casa de Austria, vino á coadyuvar los 
planes de Rusia proponiéndole una alianza que había de ser 
provechosa al mismo tiempo para sus intereses. En conse- 
cuencia se firmó una convención secreta entre Prusia y Rwia 
«^ 23 de Abril de 1767 por la que Federico ti se obligó & man- 
tener las medidas que Catalina II lomase en favor de la con- 
federación que los difidentes habían formado contra la Dieta. 
En ella se estipuló tambifin, que la emperatriz enviaría un 
cuerpo de ejército á Polonia para sostener el partido de los 
disidenles y qua para evitar las sospechas de la corte de Vlena, 
el rey de Prusia se limitaría á apoyar la acción de los rusos 
por declaraciones enérgicas y bastantes para intimidar á 
los católicos; que si Austria enviase tropas á Polonia para 
atacar á los rusos, Federico II se declararía abiertamente 
contra los austríacos y los atacaría en sus estados; y por úl- 
timo que en consideración á que Prusia sostendría esta gue- 
rra únicamente por el interés de Rusia, la emperatriz le 
aoziliaria con un cuerpo de ejército y le daría una indemni- 
zación después de la conclusión de la paz. 

En virtud de estas estipulaciones, las tropas rusas ocupa- 



— 606 — 
ron' la Foloaia y loa disidenlet form 
confederaciones de Thoru y Slutk, á 
loa católicos ó deKonlenlos. El rey de I 
estado de cosas convocó una Dieta ext 
niú en Varsovia el S de octubre de 17 
comisión para que con el embajador 
arreglase los asuntos relativos á los dit 
trabajos propuso esta comisión que g 
de amistad entre Polonia y Kusia al 
pflñar dos actas separadas, fijándose 
los derechos de \oi diñcktües, y en la 
denales ó constitutivas de Polouia. 

Aprobada eata proposición se ñrmí 
íad de Varsovia entre Rusia y Paloma j 
el 24 de febrero de 1768, por cuyos pai 
libertad de conciencia de los disident 
titución del Uberum velo. — De este m 
la anarquía en Polonia bajo la prote< 
dada por la política egoísta de Prusia. 

Era justo y natural que el espíritu 
velase contra el ascendiente que ad 
más ann contra los actos de sobera: 
Rusia en Polonia. Francia vino en 
defender su libertad. Los católicos 
villa de Bar, en Podolia, formaron uní 
20 de 1768 para mantener sus derechc 
aiguieroD otras en la Grande, en la Peí 
huania con el propósito de anular las 
nar á Estanislao que tan débil se bal 



— 607 — 
l&B exigencias de loa ditidettíes y la impÓBieión do Huaia- 
Alarmado el monarca del peligro que le ameBazaba, reunió 
su consejo que delermiaó pedir auxilio ¿ U emperatriz Gata- 
lina. Desde este momento se consideraron rotas las hostilida- 
des entre los dindenles con el rey apoyados por Rusia de una 
parte, y de otra los católicos apoyados por Francia que les 
enviaba un subsidio de 72.000 francos mensuales. Dada la 
dosorgaDÍEacldn de los confederados, la indisciplina de las 
tropas y el estado general de anarquía en Polonia, no es sor- 
prendente que ios rusos obtuviesen la victoria desde los pri- 
meros momentos, y cometiesen toda clase de atropellos en el 
país. Reunió Estanislao un nuevo Consejo que censuró «1 
acuerdo del anterior de haber acudido é Rusia para que les 
prestase su auxilio y pidió á Catalina 11 retirase sus tropas y 
pKgase á Polonia una indemnización por las horribles de- 
vastaciones qne había sufrido, lo cual motivó el rompimien- 
to con Rusia, quedando por tanto solos el rey y los ditidenies. 

En aumento la anarquía, asolado el país, depuesto del 
trono Estanislao por los confederados, sin Gobierno y sin au- 
toridad, Polonia ofi«cia en 1770 el cuadro mas lamentable 
de ruina y do desorden, al que daban tonos mas tristes toda- 
vía, el hambre y la peste que agobiaban al país. Las poten- 
cias Tecinas eonsideraron que era aquel buen momento para 
hacerla su presa y satisfacer sus ambiciosas miras de engran- 
decimiento en los devastados territorios polacos. 

Austria dirigía sus miradas tanto á Turquía queenvuelta 
en una guerra con Rusia desde 1768 parecía dispuesta ¿com- 
prar los socorros de los austríacos por una parte de la Vala- 
quia, como i Polonia que arruinada por los disturbios y 



Dbl 
slq 



renunciaría todas aus demás preteneiones á fin de que no se 
llevase & cabo el reparto; pero los rusos contestaron que se 
perdería el equilibrio, que las demás potencias querrían tam- 
bien tener su parte y que era preferible, en fin, entenderse 
por medio de negociaciones que no el tener que recurrir ¿las 
. armas. El temor de una nueva guerra yencici los escrúpulos 
de María Teresa y el acuerdo entre las tres naciones para re- 
partirse Polonia fué ya un hecho. 

Rusia y Prusia veoiau sin embargo negociando por sepa- 
rado las condiciones del reparto y el 17 de febrero de 1772 
firmaron la convención de San Pelersburgo, ea la que determi- 
narou tos limites de las adquisiciones que una y otra potencia 
debían hacer; convinieroa en invitar ¿ la emperslríz-reina 
Haría Teresa á uairse á ellas para que particípase del repar- 
to; se garantían sus adquisiciones, y prometían proceder de 
acuerdo con la Dieta de Varsovia para obtener el consentí- 
mieoto de la república de Polonia en todas estas cesiones. Fe- 
derico II prometió además enviar 20.000 hombres ú ese país 
fiara unirse á los rusos en el caso de que 1.a guerra se hiciese 
general y declararse abiertamente contra Austria si aquel so- 
corro no fuese suflcieolo. Convinieron también los contratan- 
tes en que los subsidios prusiauos cesarían tan luego como 
-las tropas auxiliares del rey de Prusia se uniesen al ejército 
ruso, y que podría retirar dichas tropas auxiliares ai fuese 
atacado por los austríacos en sus propios estados, en cuyo caso 
Rusia prometía enviarle 6.000 hombres de infantería y 4.000 
cosacos y duplicar este ejército tan luego como las circuns- 
tancias se lo permitiesen. Por último, se obligaba Rusia á 
mantener 50. ROO hombres en Polonia á fin de poder asistir al 



ifK. 



«í? 



— 611 - 
kpropiab* la parte de la Livonia poloceaa 7 t« de loi palatl- 
nadoB de Polotk j de Vltepak en la parle Este del Dwina, de 
•uerte que eete río venía A ser el limite n&taral entre los doi 
Estados. Adquiría por tanto Rusia noa extensión de enatro 
mil quinientas cincuenta y siete millas geográficas, eoo ud 
millón ocbocientaB mil almas. —Austria se apropió tas trece 
ciudades del condado de Zips, hipotecadas en otro tiempo por 
el rey de Hungría Segismundo, 7 la antigua BuslaRoja euya 
superficie era de mil trescientas sesenta millas geográficas y 
tres millones trescientos mil habitantes, formándose con las 
primeras los reinos de Galitzia y de Lodímiria. — Por último 
A Prusis se le adjudicó la parte llamada Prusia polonesa á 
excepción de las ciudades de Dantzíg y de Thorn, y la Gran 
Polonia hasta el río Netze, cuyos territorios si bien eran más 
pequeSoB que los adjudicados á Rusia y Austria tenían sin 
embargo gran importancia para Prusia porque redondeaban 
sus Estados y le proporcionaban una eomunicación entn 
las provincias prusianas y el Brandeburgo. 

Se comprende la indignación de los polacos al ver des- 
membrado BU territorio no solo por potencias enemigas como 
Rusia y Prusia, sino por la misma Austria á quien le habían 
unido hasta entonces estrechos lasos de amistad y por la que 
había hecho grandes Bacríficios salvándola de la invasión de 
los Turcos. 

Las tres potencias contratantes se apresuraron á tomar 
posesión de los territorios polacos y á publicar cada una un 
manifiesto exponiendo sus pretendidos derechos y tratando 
de Justificar el acto de violencia que acababan de cometer. 
La Dieta de Varsovia protestó de lemejaate atropello y citó 



recU- 

1 tn- 

md»- 
(ante 
ivocó 
ésU 
KO le 
rito- 
ción 
rej; 



o y 

tres 



— 513 — 

nombrada por el Senado y por la Orden equestre recibió el en* 
cargo de la asamblea de transigir con los representantes 
de las tres potencias, barón Stackelberg de Busia» barón de 
Hewiecki de Aostria y M. de Benoit de Prusia y fírmó con 
ellos los tres tratados de Varsovia de iS de septiembre de 1773- 
entre Polonia y cada una de las tres naciones, por los cuales 
el reparto hecho por estas en 1772 fué confirmado, y la cons- 
titución existente, causa de tantos males, fué garantida sin 
que pudiese ser alterada sino con el acuerdo de los expolia- 
dores, que encontraron así un pretexto para intervenir per- 
petuamente en los asuntos interiores dé Polonia. Estos trata- 
dos fueron seguidos de unas actas separadas que se firmaron 
en 15 de Marzo de 1775 y aseguraron más á los rusos su 
dominación sobre los polacos. 

De esta manera quedó consumado el primer reparto de 
Polonia sin que ni Francia niila Gran Bretaña, que parecían 
ser las potencias más interesadas en el sostenimiento de esa 
república, hiciesen nada para salvarla. La corte de Londres 
que empleaba entonces su política en destruir la alianza en- 
tre Rusia y Prusia, se contentó por interés de su comercio 
en gestionar cerca de Catalina 11 para que esta soberana no 
permitiese que Dantzig y Thorn pasasen á poder de los pru- 
sianos. Francia, bien fuese por apatía de Luis XV que entre- 
gado única y exclusivamente á sus goces se ocupaba poco de 
la política interior y exterior, y de sus ministros que como 
el conde de Aiguillon le aconsejaban un papel pasivo en es- 
ta cuestión; ó bien fuese porque ignoró el reparto de Po- 
lonia hasta que ya estuvo consumado, es lo cierto que 

nada hizo para evitarlo. — Garlos III de España fué el único 

83 



moDarce de Europa que se mostró decidid» á soateDer á Polo- 
nia, pero aislado y distante como estaba, nada pudo hacer y 
tuvo que contentarse con censurar tac duramente como se 
merecía la comisión de aquel crimen político por tres nacio- 
nes poderosas. cLa ambición y la usurpación, — dijo Car- 
»loB 111 — no me sorprende por parte del rey de Pnisia y de 
ola emperatriz Catalina, pero no esperaba tanta falsedad y 
RperñdÍB por parle de la emperatriz- reina.» — Finalmente, el 
historiador inglés Wiiliam Coxe prueba claramente la acti- 
tud de Espafia ante aquel suceso, al decir que asi otras po- 
Rtencias hubieran tenido los miemos sentimientos, habría 
•ciertamente Espaiía abrazado la causa de los polacos; pero 
»en una ocasión tan solemne, vio que los planes de Francia 
•estaban cubiertos con la misma oscuridad que cubría los 

■■proyectos que ella meditaba * (1) 

2. Después del tratado de Varsovia de 1768 y sobre todo 
desde 177S, Catalina II trató á Polonia, no como á república 
iudependiente sino como á provincia do su Imperio. El 
embajador ruso en Varsovia, órgano de la voluntad absoluta 
de su soberana, dictaba la ley al rey, al consejo permanente 
y á la Dieta. La nobleza polaca deseaba s^car á su país de 
semejante estado de decadencia y de ruina, y la nueva 
guerra que estalló entre Rusia y Turquía en 1787 ofreció 
ocasión favorable á Polonia para sacudir el yugo que desde 
hacía tiempo soportaba de mal grado. 

De otra parte, el fallecimiento de Federico 11 de Prusia 



) Wiiliam Goxe, E«paña bajo el reinado de loi llorbont 

I.» VI. 



T í- 



••*] 



— 515 — 

(1786) produjo un cambio importante en la política de este 
reino. Su sucesor Federico Guillermo II rompió las relacio- 
nes íntimas con Rusia é inspirado por los consejos de su mi** 
nistro Hertzberg, lejos de continuar el desmembramiento de 
Polonia, quiso más bien que la triple alianza de Inglaterra, 
Prusia y Holanda sirviese para sacar á los polacos de la de- 
pendencia de Rusia, y siguiendo esta política ofreció á la re« 
pública su alianza con la. garantía de la integridad del resto 
de su territorio. La emperatriz Catalina acusó al nuevo mo- 
narca prusiano de pretender la posesión de Dantzig y de 
Thorn, y ofreció á su vez su alianza íntima á Polonia. 

La Dieta polaca entretanto se había reunido el 6 de octu- 
bre de 1788, y formado una confederación con objeto, segÚQ 
acta que se firmó el mismo día, de organizar el ejército, me- 
jorar la hacienda y mantener la independencia de la repú- 
blica y la integridad de su territorio. En la sesión del día 20 
de octubre, el partido patriota presentó á la Dieta un decreto 
por el cual el ejército se elevaba al número de 100.000 hom- 
bres y su dirección se encomendaba á una comisión militar 
nuevamente creada. Este decreto era una violación de la 
constitución de i77S garantida por Rusia, Austria y Prusia, 
en uno de cuyos artículos se prohibía aumentar el ejército 
de Polonia, fijado en 30.000 hombres. En consecuencia el 
representante de la emperatriz Catalina, conde Stackelberg 
declaró el t) de noviembre que su soberana consideraría esta 
violación como una infracción de los tratados subsistentes 
entre los dos gobiernos. La Dieta protestó el 17 de noviembre 
contra las pretensiones de Rusia, y el 19 el ministro de Pru- 
sia M. de Buchholz presentó una nota en nombre de su mo- 



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tiles avadaría i la república según el tenor del artículo ' 
de este tratado (art. 6-°). 

Siguieron á este convenio loá trabajos de la Dieta pe 
formar unanueva coustitución polaca, pero no sepudolleg 
& un acuerdo por la serie de dificultades y de intereses opuf 
toB que el estado anárquico del país había creado. La pai 
sana de este, estaba convencida de que no cesarían los disti 
bios y desavenencias, mientras no se renunciase al derecho 
elegir reyes y se estableciese la sucesión hereditaria; pí 
este proyecto tenia una oposición grande porque contraria 
las miras ambiciosas de muchas familias de la nobleza y pi 
que no se amoldaba bien con los intereses de las naciones v 
ciñas. Sin embargo, la mayoría de la Dieta convencida de 
necesidad de hacer este sacrificio para la salud de la patr 
se dirigió al rey halagando su vanidad con la idea de u 
revolución que Europa entera ^abia de admirar. 

En efecto, el 3 de mayo de 1791 Estanislao Poniatowí 
acompasado de los nobles que habían concertado la revol 
ción, se presentó en la sala de la Dieta y proclamó una nue 
constitución por la que el trono de Polonia sh declaraba he 
ditario en la casa electoral de Sajonía y se abolía el liben 
veto; disposiciones que á pesar de la oposición de algunos nu 
cíos vendidosáRusiaóque veían en ellas la pérdida de la 
berlad, fueroa adoptadas y juradas por la Dieta. La nue 
constitución fué muy bien recibida por Federico Guillermo 
de Prusia. 

El partido de los magnates polacos, enemigo de estas i 
formas, formó con el amparo de la emperatriz Catalina If, 
confederación de TargomcetX 14 de mayo de 1792 paraop 



I IV «n 



rrc" 



— 619 — 

espíritu revolucionarlo y para mantener en orden el reino, 
debían tranquilizar por completo al rey de Prusia de los te- 
mores que manifestaba^ y que esperaba de su justicia que re- 
vocaría las órdenes anunciadas. No bastó esta respuesta para 
hacer desistir á Federico Guillermo de sus propósitos y el 24 
de enero las tropas prusianas ocuparon la mayor parte de la 
Oran Polonia y la ciudad de Thorn. 

Muchas conjeturas se han hecho acerca de los motivos 
que pudo tener Federico Guillermo para cambiar así de siste- 
ma y convertirse en uno de los enemigos de la revolución 
polaca después de haberla aprobado al principio. Casi todos 
los historiadores han atribuido este cambio á los temores que 
á este monarca inspiraron los principios democráticos france- 
ses de aquella época. En efecto, los autores de la revolución 
fueron acusados de haber mantenido continuas relaciones cDn 
aquella secta antisocial francesa que después de destruir el 
trono de los Borbones, quiso conmover toda la Europa. Seme- 
jantes lazos inspiraron sospechas al rey de Prusia que el 24 de 
febrero publicó un manifiesto en el que decía que habiéndose 
convertido la villa de Dantzig en el centro de la secta jaco- 
bista, se veía en el caso de hacer entrar sus tropas en ella. 

A consecuencia de estos hechos y de la política seguida 
por Rusia y Prusia, se efectuó el segundo reparto de Polonia 
en 1793. El 23 de marzo Federico Guillermo II publicó un 
decreto anunciando que, de acuerdo con la emperatriz de 
Rusia y con el consentimiento del emperador de Austria, ha- 
bía reconocido que la seguridad de la monarquía prusiana 
exigía se redujese el territorio de Polonia á límites más en 
armonía con sus fuerzas interiores y con su estado, que le fa- 



á ningúa cambio que en el gobierao polaco coasidera 
coDvenieate hacer el rey y la república (art. S); y asegun 
pleno y libre ejercicio de bu religión á loa católicos romo 
que pasaban bajo su dominación (art. 8). 

Por et segundo, Prusia adquirió: las ciudades d« Daní 
y de Thorn, y casi toda la parte de la Gran Polonia ocup 
por BUS armas, que antes hemos descrito y comprendía i 
extensión de 1.061 millas geográficas, y una población 
más de tres millones quinientas mil almas (art. 2). Las 
más estipulaciones de este pacto eran iguales á las del c( 
brado con Rusia. 

Además de estos tratados hizo Polonia una alianza < 
Rusia el 16 de octubre de 1793, por la cual la Dieta de aq 
lia república renunció completamente su independencii 
quedó una vez más sometida á Rusia. Encubrióse esta 
misión en el tratad^, con el nombre de unión indisc 
ble y de alianza defensiva (art. 1."). Se estipulaba adei 
en él, que la emperatriz de Rusia y sus herederos t 
drian cierta intervención en la política interior de Poloi 
y en su consecuencia se reservaba el derecho de hacer enl 
sus tropas en el territorio polaco siempre que lo considei 
necesario (arts. 6 y 7). Es decir, que Polonia después de : 
frir una segunda desmembración, á la que había acced 
obligada por la fuerza y confiada en que asi se desligaría 
predominio de la Emperatriz Catalina 11, tuvo sin emba 
que entregarse ante la imposición de los rusos y perder i 
vez más su independencia. 

Austria no tomó parte en este segundo reparto. 
3. Por el art. lü de la alianza con Rusia, esta polen 



- 528 — 

ueamente estalló la sublevación en Wilna y Grodno, hadán- 
dose general la venganza contra los rusos. £1 rey Estanislao 
fué respetaúo, pero el gobierno de la república se confío á 
un Consejo Nacional. 

Ante esta insurrección, Rusia, Prusia y Austria enviaron 
<ie concierto sus tropas sobre Polonia; los polacos fueron 
vencidos y el mismo Kosciuszko, hecho prisionero exclamó: 
finis Pohnice. Y efectivamente fué asi, pues rápidamente se 
apoderaron de este reino los confederados y convinieron en 
repartirse lo que quedaba de la desgraciada Polonia. 

Las razones que alegaron Austria y Rusia para cometer 
esto último atropello con la república polaca, están consig- 
nadas en las declaraciones contenidas en la convención de 
San Peíersburgo de 3 de enero de 1795 y dicen asi: «Convenci- 
>dos por la experiencia del pasado, de la incapacidad abso- 
nluta de la república de Polonia para gobernarse por sí sola 
»y vivir pacificamente bajo sus leyes, manteniéndose inde- 
ypendiente, han reconocido ser de necesidad indispensable 
»el proceder á un reparto total de esta república entre las tres 
» potencias vecinas». 

£n su consecuencia se hicieron tres lotes, uno para cada 
una de las tres naciones, asignándose: A Rusia los ducados 
de Gurlandia y de Semigalia, Wilna, Volnia y otros territo- 
rios que componían 2.030 millas geográficas; á Austria la 
Cracovia y varios palatinados que formaron la Galitzia occi - 
dental, que comprendía 834 millas cuadradas; y á Prusia, 
una parte de la Moscovia con la ciudad de Varsovia, otra 
parte del palatinado de Cracovia y otros territorios, forman- 
do un total de 997 millas. 



fué obligado á abdicar la corona (2S de noviembre de 1799 
; la Emperatriz de Rusia le aseguró uoa pensión du 200.01] 
ducados, de la que disfrutó basta su muerte (1798). 

4. Así concluyó Polonia, vinit^ndo á cumplirse lo que a 
rey Juan Casimiro había previsto ua siglo antes. Con i 
tercer reparto de su territorio desapareció aquel reino di 
mapa político de Europa, eipoliacíóa inicua no solaroeni 
por ser contraria á la justicia y á los principios de derech 
ioternacional reconocidos hasta entonces, sino también poi 
que violaia el sistema del equilibrio político y eslahlecía u 
precedente Tunesto para lo Tuturü. 

Eé aquí lo que dice Gentz, al hacer la critica del atrope 
Lio cometido por Austria, Frusia y Rusia: 

■ El reparto de Polonia fué, para los intereses de Europí 
mas funesto que otros atropellos cometidos en aquel liemp( 
por haberse llevado á cabo cu un pais al que siempre había 
protegido todas las naciones. Hasta entonces se había visi 
formarse ligas para oponerse al poderío y ambición de u 
opresor común, pero ahora el muudo vio con asombro, qi 
semejantes ligas podían también formarse para realizE 
actos de expoliación que hasta entonces se habían conde 
nado. El efecto que produjo el reparto fué mas doLorc 
so todavía porque sus autores invocaban sin cesar, los prii 
cipios del sistema del equilibrio y sin embargo hirieron i 

espíritu y la existencia de este sistema Mientras el rt 

parto de Polonia fué de este modo la causa de todos los di 
sórdenes que ocurrieron entonces en Europa, se nota pe 
primera vez, un espíritu de indiferencia en laa naciones pai 
mantener ol bienestar de los pueblos. Bl silencio de Franci 




-*3-' » -~ — 7— t-jr^— i—'-r^Mn 



XXIX 



Il^DEPBNDEl^CIA DE UiS GOLONlAS INGLESAS DE LA AmÉRICA DEL 

NORTE EN 1776. — Constitución política de este nuevo Es- 
tado. — Actitud de Inglaterra y Francia ante este acon- 
tecimiento. — Tratado entre Francia y los Estados Uni- 
dos DB 1778. — Actitud é intereses de España. — Guerra 
DE EsPAÍ^A Y Francia contra Inglaterra. — Declaracio- 
nes de Catalina II de Rusia acerca de la guerra maríti- 
ma DE 1780. — Tratados de París y Versalles de 1783. 



1. Apuntados los principales hechos politico-internacio- 
nales de Europa ocurridos hasta fines del siglo xviii, mo- 
mento es ya de que dediquemos algunas páginas á los suce- 
sos que tuvieron lugar por esta época en los territorios 
ultramarinos, donde había de aparecer un nuevo Estado tan 
l^oderoso y fuerte como los más importantes del continente 
europeo. 

Por las cesiones que Francia y España hicieron á la Gran 
Breti^a en el tratado de París de 1763 (1) esta nación fué 
dueSa de un inmenso imperio colonial en la América del 
Norte que se extendía desde la bahía de Hudson hasta el golfo 
de México y desde el Atlántico hasta el Mississipí, cuyos orí- 



(1) Cap, XXVII, pág. 491. 



V» y 



— 629 - 

bo II <xuiso dar fuerza á la autoridad y someter las colbnias 
á su gobierno faltó poco para que estallase una rebelión en 
América, que conjuró la venida al trono inglés de Guillermo 
de Orange y las concesiones comerciales que hizo. — Finalmen- 
te el error adoptado como principio económico desde el si- 
glo xTii, de imponer restricciones á la importación y expor- 
tación de mercancías en las colonias en buques extranjeros 
debía contribuir en gran modo á la pérdida de sus territorios 
en el continente de América. 

Hemos visto en el capítulo anterior dé qué manera ase- 
guró Inglaterra por la guerra de los siete anos su predominio 
en Europa y lo adquirió en América. Quiso entonces, y éste 
fué el error de los ingleses, tratar á los pueblos americanos 
con la misma arrogancia que trataba á los gobiernos euro- 
peos y de aquí nacieron las causas económicas de la inde* 
pendencia de las mencionadas colonias. Inglaterra había 
contraído enormes deudas con motivo de la última guerra y 
para solventarlas recurrió el Ministerio Grenville á los im- 
puestos en los estados Norte-Americanos, primero sobre los 
objetos que aquellos no importasen directamente de la metró- 
poli, como telas, té y muselinas de la India; y después en 
1765 estableciendo el impuesto del timbre ó papel sellado 
que provocó complicaciones más graves todavía. 

Negáronse los americanos á pagar un impuesto que ellos 
no habían votado y que por tanto era contrario á la Magna 
Charla y á la Constitución inglesa que proclamaba como 
principio el de que nadie debía pagar contribuciones que ca- 
reciesen de aquel requisito. Pitt y la oposición combatieron 

en el parlamento de Londres el impuesto del timbre conque se 

84 



colonias y 
íerao, perc 

tuTÍerOQ 
. la madre 
'8 y maDufi 

comercial 
n puesto so 
) publicó 
bao de dei 
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d de hacer 

posibles p 
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y á establ' 
itica. 

1 parí ame II 
papel, las 
lonias, da 

americaai 
intra la mi 
yÓ del pod 
rth, quien 
los, dando 
IOS el del t 

supremac 
librarlas i 
que pudie 

penúanec 



— 531 — 

uos, pero en esa fecha, habiendo concedido el parlamento in- 
glés á la compañía de Indias el privilegio de importación de 
té en América, tres barcos de ésta llegaron á Boston carga- 
dos de dicho producto. Sorprendió á los habitantes esta me- 
dida y en la noche del 21 de diciembre arrojaron al mar el 
^cargamento de los barcos. Creyóse entonces el parlamento 
inglés en el deber de adoptar medidas enérgicas contra los 
americanos, y tres leyes relativas á las colonias fueron apro- 
badas en 1774; la primera declaró cerrado el puerto de Bos- 
ton, la segunda suprimió el gobierno democrático de Massa- 
chussetts y lo sustituyó por un gobierno monárquico y la 
tercera, autorizó á los gobernadores de las colonias para en- 
viar á Inglaterra á los americanos acusados de rebelión á ñc 
de que fuesen juzgados por el tribunal de la corle. 

Para cumplimentas' todos estos acuerdos el gobierno bri- 
tánico envió á los Estados Unidos al general Gage al frente 
de un cuerpo de ejército, pero los americanos lejos de aco- 
bardarse reunieron en Filadelfía uo congreso general com- 
puesto de representantes de todas las provincias (b diciembre 
1774), que declaró injustos, opresivos é inconstitucionales 
los actos del parlamento inglés y resolvió rechazar la fuerza 
con la fuerza y presentar una instancia al rey y una petición 
á la cámara de los comunes. Publicó además este congreso 
una declaración de derechos en la que se decía que el parlamen- 
to inglés no podía hacer leyes para ellos porque nadie los re- 
presentaba en su seno; que no debían ser juzgados sino por 
sus pares y vecinos; y que tenían derecho á reunirse para 
discutir sobre sus intereses y dirigir peticiones al rey. 

Pitt y Wilkes desde la oposición, proveyendo los males 



de ocurrir siguí 
I del gabinete de í 

I declarados, habla uua ui>iuiuu uioo i«>u^i»w> fu.. 
facultad del parlamento inglés dé legiular para 
«rio, pero añadiendo que se bailaba limitada por 
ite excepción de carecer de autoridad para hacer " 
á las cargas del Estado las colonias que do se ha- 
esentadas en él. Nortb defendía las medidas del 
las reforzaba con dos leyes en febrero de 177S, 
iose el comercio de las cuatro provincias de Nue- 
ra, excluyéudolas de la peBca en el banco de Te- 
nviando considerables refuerzos de tropas y bar- 
ral Gage para someter á los americanos. 
)e entonces por segunda vez el congreso en Fila- 
ireció la figura de Jorge "Washington, rico propie - 
rginia, que ya en las luchas con los franceses en 
labia ganado reputación de oficial experto de las 
nericanas y de hombre sensato y prudente. Fué 
general, y sin ganar ninguna de las grandes 
uc din lugar la revolución de los anglo-america- 
Lirigir aquellas masas populares, faltas en su ma- 
e instrucción militar, logrando crear un gobierno 
mantuvo au independencia, 
ñeras hostilidades entre ingleses y americanos tu- 
ir el 19 de abril de 177S, en cuya fecha un desta- 
glég que el general Gage envió á Concordia, dis- 
uerpo de milicia, pero bien pronto se rehicieron 
,nos, y rechacaron á los ingleses hasta los alre- 
BostOD, . 



Encargado 'WashÍDgton de la direccióo del ejército y 
Hancock déla presidencia del Congreso americano, se \ 
c6 una declaración el 6 de julio de ITTü en la que se ex 
ta necesidad de tomar las armas. Washington bloqueó i 
too alrededor de cuya ciudad se dieron distintas batalla 
éxito vario. El 17 de julio el general americano Putnai 
rrotó en Buuker's-Hill, cerca de CharlestowD á los iti| 
rechazándolos por dos veces y causándoles infinidad del 

El Canadá era el punto estratégico de las tropea de li 
trópoll 7 allí acudieron también los cuerpos de ejército 
rícauos al mando de Montgomméry y de Árnold, quien 
apoderaron de Montreal y pusieron sitio á Québec, c 
murió Montgomméry sin conseguir tomar la ciudad. 

El gabinete Británico, en vista de los progresos de 
volución americana, quiso pooer terminó de una vez i 
estado do cosas y para ello no encontró mejor acuerd 
celebrar tres tratados de subsidios uno con el duqt 
Brunswick el 9 de enero de 1776. otro con el princl] 
Hesse-Cassel el IS del mismo mes y el tercero con et < 
de Hanau el S de febrero de igual año, por los cuales 
príncipes del Imperio se obligaban á prestar determii 
tropas al rey Jorge Ilt para hacer Trente a los americano 

Esta medida puso el colmo al surrimiento de estos, 
no bien supieron que iban á ser empleadas tropas m 
uariaa para someterlos, resolvieron romper todo lazc 
la madre patria y declarse independientes. Volvió á reu 
el Congreso y el 4 de julio proclamó la independencia d 
Estados Unidos de América. El preámbulo de esta dec 
ción estaba concebido en los términos siguientes: 



ir toLalmeDle disuella; y que como Eatadoa libres 
iieiiles, tienen derecho de hacer la pas y la gue- 
er alianzas, establecer relaciones de comercio y 
lo perteneciente ü Estados independientes. En 
9ta declaracitÍD confiamos firmemente en la Divi- 
^ncia, comprometemos mutuamente nuestro bo- 
ros bienes y nuestras vidas». 
1 en nuestro propósito el comentar de ningún 
urrección de los americanos contra la metrópoli 
el ocuparnos de las causas que pudieron ocasio- 
' de pretexto á este levantamicnlo, tan desacorda- 
rorecido por Francia y España, y que termina con 
lencia definitiva del país. Pero si fué motivado 
era defectuosa como administró y gobernó Ingla- 



— 536 — 
térra su colonia, bien puede afirmarse que la leoeidn ac 
perdida, pues luego reformó y modiiicó su sistema coló 
de tal suerte que do es licito esperar más rebelioneB ni ) 
rras contra la madre patria en ninguna de ellas por mot 
análogos, como que á poco de la separación de la Amé 
del Norle, y estando Pitt empeñado en la guerra napa 
nica, otorgó al Canadá la mayor parte de las libertades 
glesas. 

Lo que sí apuntaremos, siquiera sea de pasada, es 
los aristócratas franceses que Tueron aventureros á pelea 
América en odio á la Gran Bretaña, volvieron á su pi 
contagiados de las ideas republicanas, y que luego contr 
yeron en ella al triunfo de la revolución, secundando la 
iniciada por los filósofos, los economistas, los masones ; 
iluminados, de una manera eficacísima; y que la sober 
del pueblo, enunciada en tos libros y proclamada co 
guerra americana, fué sancionada por los monarcas que 
conocieron aquella república, llevados de su mala volu 
á los ingleses. 

España no fué por cierto en aquellas circunstancias 
zaga de Francia eu cuanto á favorecer la insurrección a 
ricaua, porque así Aranda, como Grimaldi, como Floi 
blanca, primero encubiertamente y á las claras después, 
xiliaron á los rebeldes. 

No diremos por esto que faltaron razones sobradas 
querer aprovechar la ocasión del aparente desquite que . 
Francia como á España, les brindaba la insurrección aa 
cana, y que no creyesen deber dejarla pasar sin desagra 
se de las infinitas ofensas recibidas de Inglaterra por n 



— 69 
I ai haremoB constar q 
□ieutrae aquélla prej 
t de levantar la masa i 
acó nscient«m ente á e: 
imperio colonial bah 
contra ella hasta no d 

declaración del Congr 
10 en las proYincias. T 
nérgicos para la defeo 
el 4 de octubre de 177 
Estados siguientes: '. 
lodo-Island; Coanecti 

aDÍa, Delaware, Haryland, Virginia, las dos Caro- 
Georgia, tomando esta confederación el nombre de 
tidos de la América septentrional. 
da así la Unión, cada Estado conservó su coostitu- 
cular y su admlniatración propia, pero se reservó 
10 la facultad de dirigir los asuntos polítieoa y las 
diplomáticas, declarar la guerra y hacer la paz, 
moneda, los pesos y medidas y los correos, rosol- 
erencias entre los Estados de la Unión, fijar los im- 
acer los empréstitos necesarios y organizar el ejér- 
larina. 

■\ momento en que se declararon independientes 
a Unidos, su reconciliación con la Gran Bretaña se 
vez mas dificil, pues aunque siguió la campaüa y 
anos sufrieron al principio continuadas derrotas y 
8 llegaron á hacerse dueños de las provincias de 



— ,^ — . %j[r',' s— - • r *• ^ " »- r •* 






— 537 — ' 

Ne\v-York, Rhode-Island y New -Jersey, Jorge Washington 
consiguió pronto levantar el ánimo de los americanos y alr 
canzó nuevas victorias sobre los ingleses á los que rechazó 
hasta Brunswick (1777). 

3. No hemos de detenernos á examinar los pormenores de 
estas camp?5as, cuyo resultado fué la consolidación de la 
independencia americana. ¿Cuál era entre tanto la actitud 
de Inglaterra? Los elocuentes y razonados discursos de Pitt 
en el parlamento, haciendo ver lo imposible que ya era so^ 
meter á los anglo-americanos, censurando el que se hubie- 
sen enviado soldados mercenarios para lucharen los Estado»' 
Unidos y pidiendo en fin, que el gobierno procurase obtener 
la paz á cualquier precio, no fueron escuchados á tiem-. 
po y cuando lord North propuso la reconciliación á los 
anaericanos ya estaban estos encariñados con la idea de su in- 
dependencia. Jorge Washington fué nombrado dictador, y 
uno de sus primaros actos de soberanía fué enviar agentea 
diplomáticos á Europa, especialmente á Francia con cuyo 
auxilio contaban hacía tiempo los sublevados. Silas Deane 
primero y después el famoso Franklin, principal agente de la 
revolución y célebre por sus descubrimientos físicos fueron 
los encargados de negociar la alianza con Francia. ¿En qué 
estado encontraron á Europa? ¿Cuál era la actitud de Francia 
en aquellos momentos? Fácil es comprender que después de 
la guerra sostenida con Inglaterra, después del humillante 
tratado de París en que se mostró el predominio de los ingle- 
ses, toda ocasión de abatir y humillar al tiránico vencedor 
inglés había de ser acogida con entusiasmo en Europa y en 
particular por los franceses. 



.'i 
1 



Francia recibió ] 
liasmo á los enviadi 
largo á la espectatii 
limo Luis' XVI y la 
-iodo traoscurrldo d 
concluir el capitulo 
nal estado y no coa 
uaericaoos. No obí 

Saratoga (10 de oclubre de 1777), el gabinete francés se deci* 
lió í aceptar la alianza que Fraoklin le proponía con los Ea- < 
Lados Unidos, y en 1778 Francia reconoció formalmeate U 
independencia de las colonias anglo -americanas é hizo cob 
illas un Iratado de amistad y comercio. 

i. Este convenio fuéfírmado en París el 6 de febrero 4c 
1718 por loa ptenipoleaciarios norte -americanos Benjamio 
Fraoklin, Sílas Deane y Arturo Lee y por el francés U. Gé- 
rard, secretario del Consejo de Estado. En él ee regulaban 
las relaciones entre los subditos de ambos pueblos, ; se con- 
cedían mutuamente el trato de nación más favorecida. Otra 
iisposíción importante era la de establecer el principio de 
]ue la mercancía sigue al pabellón, es decir que todo lo qu 
los subditos respectivos hubiesen cargado en ud barco ene- 
migo seria considerado como perteneciente á tal enemigo, 
Fuesen ó no mercancías probibidas; y que el pabellón de 
cualquiera de las dos potencias protegería las mercancias 
enemigas no prohibidas. En el tratado se especificaban los 
objetos que debían considerarse como contrabando de guer ■ 
En previsión de que la Gran Bretaña mirase este tratft' > 
como un rompiuHento de la paz que desde 1763 existía et i 



— 539 — 

Francia, esta nación concluyó el mismo dia 6 de febrero 
otro de alianza eyentual y defensiva con los Estados Unidos» 
por el cual los contratantes convenían en unir sus fuerzas- 
-contra el enemigo, si Inglaterra declaraba la guerra á Fran^ 
cia, y hacer causa común mientras esta durase (art. 1.^). 

El art. 2.® decía que el objeto esencial de la alianza, era el 
mantenimiento de la libertad, de la soberanía y de la inde- 
pendencia absoluta é ilimitada de los Estados-Unidos. 

El art. 5.^ comprendía en la alianza á los países de la 
América septentrional que se encontraban todavía bajo la do- 
minación inglesa, pero que los Estados-Unidos habían hecho 
•entrar en su confederación. En su consecuencia, Francia re- 
nunció por el art. 6.^, la. posesión de las islas Bermudas y la 
de cualquier purte del continente de la América septentrio- 
nal que estuviese ó hubiese estado recientemente en poder 
de la Gran Bretaña. 

Se exceptuaban de esta renuncia las islas del golfo de 
México. 

Ambas partes contratantes se comprometían á no firmar 
paz ni tregua con la Gran Bretaña, sino de acuerdo la una 
con la otra, y á no deponer las armas hasta que la indepen- 
dencia de los Estados*Unidos no fuese asegurada expresa ó 
tácitamente por los tratados que pusiesen fin á la guerra. 

Aparte de esta alianza, Francia adelantó á los Estados- 
Unidos dieciocho millones en dinero, reembolsables después 
de la paz y sin interés, y garanti/ó un empréstito contratado 
por ellos en Holanda. 

Al reconocer la monarquía francesa la independencia de 
los Estados-Unidos, reconoció implícitamente el derecho á la 



I CODim OÍ iJUUBC ii9{;iiiuiu j uunu cu au prupia 
uela de deaiocracia, de la que fueron sds prime- 
»s el marqués de Lafayelte, el Vixcoade de No 
onde de Seguer, dando el primer paao en el ca- 
evolución que se preparaba, 
ete de Versalles notificó el 13 de marzo de 1778 
IB los tratados que acababa de celebrar con lo» 
dos, aSadiendo que deseosa Francia de conti- 
enas relaciones con el gobierno británico, es- 
este no turbaría las de comercio que iban á 
ntre franceses y americanos. A. semejante notl- 
beria prorundamente el orgullo inglés, contestó 
orno ya esperaba Franela, retirando bq emba- 
ris lord Stormont y rompiendo tas boBtilidodes 

n. 

era entre tanto la actitud de España? Supuestos, 
que al otro lado de los marCB tenia el gobierno 
loaíase á los ministros de Garlos ITI proceder 
da circunspección ; pero el caso se presentaba 
Dtador, debido d las diñcultades con que lacba- 
, para ejercitar venganzas y reivindicaciones, 7 
onde de Floridablanca que la ocasión no podía 
'a recobrar de los ingleses las plazas de Gibraltar 
1 y laazarlos del seno mejicano, de la bahía de 
le la costa de Campeche, En cata lucha con bus 
eses pasó algún tiempo la corte de Madrid, resls- 
conocer la independencia de los Estados-Unidoi 
i vivas gestiones que para que lo hiciese practi- 
mo Trances, y acudiendo al propio tiempo con 



•*^^ — ar"^'.^ — í 'T- — r-i-.^ .- .-, ^ 



— 641 - 

aabsidios clandestinos á las necesidades de los insurgen- 
tes, sin advertir que si eran de temer para las colonias «es- 
pañolas los efectos de la emancipación de la América del 
Norte, no debían fomentarse los medios eficaces á verla lo- 
grada. 

Declarada la guerra entre Francia y la Gran Bretaña 
<1778), el gabinete de París reclatnó de España los auxilios 
estipulados en el pacto de familia de 1761, pero el gobierno 
de Garlos III se negó á prestarlos fundado en que no estaba 
obligada á tomar parte en una lucha motivada por tratados 
hechos siu su anuencia. Nuestro embaj.ador en París, conde 
de Aranda, hombre impetuoso y vehemente, opinaba que se 
debía hacer la guerra á los ingleses y en este sentido escribía 
á la corte de Madrid; pero el conde de Floridablanca y demás 
consejeros de Garlos III, preferían la paz por las razones an- 
tes dichas y á más, porque temían que unidos á Francia en 
lacha contra Inglaterra, no habíamos de sacar ningún prove- 
cho de la contienda. En esta situación determinó el gobieruo 
español ofrecerse como mediador para la pacificación de los 
Estados-Unidos, dando asi prueba de su imparcialidad en la 
cuestión y esperando de este modo conseguir amistosamente 
la restitución de Gibraltar y Menorca. España no pensaba 
por tanto en recurrir á las armas sino en último extremo, 
por lo cual no hubo ni política tortuosa como supone Galvo, 
ni mucho menos procedimiento insidioso y mala fé por par* 
te de Floridablanca como equivocadamente afirma el histo- 
riador inglés William Goxe, lo que hubo fué únicamente un 
error político del gobieruo de Garlos III al ponerse al lado 
de Francia y de los Estados Unidos, después de apurar toda 



K 



medios para conseguir la aTenencia entre eslas poten- 
, Gran BretaSa. 

inde de AlmodÓTAT fué cuvíado á Londres (17 de 
1779) para proponer al gat)inete británico la media- 
España, que Francia estaba dispuesta á aceptar. Pero 
:a quería entenderse sola con sus colonias sin Ínter- 
extraña, y pedia que Francia retirara su apoyo álos 
aericanos, al paso que el gabinete de Luis XVI pre- 
ñe Inglaterra reconociese la independencia de las 
. — Para conciliar tan encontradas pretenaioocs, hizo 
'no de España toda clase de esruerzos y preaentdal 
iroyectos consecutivos de paciflcaci<in: í." una tregua 
¡cinco años entre Inglaterra y sus colonias, durante 
se habían de arreglar las cuestiones pendientes; 
tregua cou Francia, comprendiendo en ella á las co* 
iglesas, y 3." una tregua indefinida con laa colonias 
ia, á condición de reunir un Congreso en Madrid, 
to de represenUntes de las tres partes, y además uno 
ía. loglaterra vio eu estos proyectos la idea de bacer- 
ocer como independientes de hecho, i los Estados 
biasta tanto que se celebrasen los arreglos, y se neg¿ 
ríos, y España, en vista de que sus asidnos trabajos 
ntes esruerzos eo favor de la paK no daban resultado, 
partido de ponerse al lado de Francia y de loa Esta- 
los americanos. Este fué el error político del conde 
da y de Floridablanca, pues debieron pensar que 
prestado á las colonias inglesas conlra su metrdpo ' 
rvir de pretexto algún día á las nuestras para lansa - 
asurrección y proclamar su independencia. 



— 648 — 
6. ÁQtes de que la Gran Bret^a contestase á I. 
clones prejeotadas por España como mediadora y ¡i 
la negativa, nuestra nación hizo grandes preparat 
tares y celebró con Francia ua tratado de alianza 
defensíTa contra Inglaterra, que se firmó en Arai: 
de abril de 1779, por el conde de Floridabtanca i 
de Carlos til y por el de Montmorin en el de LuU 
dicho tratado se obligaba España á declarar la gu 
glaterra, de acuerdo con Francia, si no contestabi 
satisfactorio ú las proposiciones de avenencia que 3< 
hecho. Por tanto, una vez rechazadas éstas, aba 
segunda vez Carlos III la política do neutralidad s 
3u hermano Fernando Vt para continuar la de 
monarcas de la casa de Borbón, encaminada á re 
territorios perdidos en Utrecht, lanzándose para i 
guerra contra Inglaterra, cuyos alcances y rcsull 
podían prever. 

El 16 de Junio de 1779 hizo Carlos III la decl 
guerra á los ingleses, empezando la campaña con 
plan de operaciones convenido por las cortes di 
Versalles. — La flota española, compuesta detrcinl 
navios de línea y otras tantas fragatas al mando d 
de Córdoba, se unió á la francesa compuesta dcig 
zas mandadas por el conde de Orrilliers, y en el m 
to ae presentaron ambas delante de Plymoutb. L 
inglesa era muy inferior á las combinadas, pero su 
Hardy evitó el encuentro y acción con éstas, tan 
te que Córdova y Orvillíers tuvieron que retira 
amenazados por los temporales de aquellas costas 



— 544 - 
da la tripulaciÓQ por Uh eurermedi 

Siguiendo el gabinete do Madrii 
Gibraltar, dispuso el bloqueo de es 
pero á pesar de uu combate naval ( 
aguas, tan heroico como caballeroE 
les, pues saWaroo dos barcos ingle 
que (enero de 1780), los resi^ltadoi 
porque socorridos los de la plaza 
ae malogré una vez más la leDlatív^ un ii:<,u[>ipii>i uiuio»»- 

Para tomar revancha de los desastres sufridos, dispu 
' Floridablaucft que la flota mandada por don Luís de Córd< 
ba saliese al encuentro de una expedición inglesa que nftvi 
gaba por el Océano con rumbo á América. £1 8 de agosto i 
1780 la escuadra española di<t caza á la brilánica en la alluí 
de las Azores, apresando cerca de cincuenta embarcacione 

Mientras estos sucesos ocurrían en Europa, en Améric 
el gobernador de la Luisiana desalojó á los ingleses de todc 
los fuertes que habían levantado sobre el Hississipí; ocup 
las plazas de Mobile y Panzacola y completó la sumi^óD de 
la Florida occidental; mientras aue el ffobernador de Yucatán 



— 545 - 
nación prestaba á los sublevados de América 7 el estar en 
tratos los holandeses para celebrar un tratado de comercio 
oon los Estados-Unidos. Sin embaído, los ingleses se apode- 
raron de las islas de San Eustaquio, Saba 7 San Martín, per- 
teneeieutes á Holanda, siendo rescatada la primera poeo 
tiempo después. Merece especial mención el combate naval 
que con osasióu de esta guerra tuvo lugar el S de agosto de 
1781, entre las escuadras inglesa 7 bol andesa, en el mar Bál- 
tico á la altura de Dóggersbaok, combate espantoso en que 
la lucha fué casi de cuerpo á cuerpo, y en que unos y otros s£ 
separaron con pérdidas iguales, apropiándose ambos la vic- 
toria. 

El IS de Fetirero de 1782 una escuadra hispa no-francesa 
reconquistó la plaza de Menorca, obteniendo un triunfo so- 
bre las tropas inglesas y viéndose el gobernador de la plaza, 
general Murray, obligado á capitular, volviendo asf á poder 
de España toda la isla. Este triunfo animó al gobierno de 
Garlos 111 á hacer un nuevo intento para recuperar Gibral- 
tar, siendo esta una de las ocasiones en que más se discurrió 
é inventó para conseguir el. rescate de la plaza. Entonces fué 
cuando se empleó el sistema de tas famosas balerías fUHatUes, 
invento del ingeniero francés d'Arzón (septiembre de 1782); 
pero á pesar de todo, los resultados no fueron mejores que en 
los intentos de otras veces, y la plaza de Gibraltar continuó 
en poder de los ingleses. 

Para terminar el relato de los principales hechos de ar- 
mas de estas campañas, debemos señalar el célebre triunfo de 
Washington sobre el inglés GornvalUs en York-Town (oc- 
tubre de 1781). En él hizo prisioneros al mismo general in- 



-.,T. 



— 647 — 

para sostener ol derecho de qae se respetase su pabellón, que 
es lo que se llamó neutralidad armada^ 

,E1 principio reconocido entonces en casi iodos los trata- 
dos internacionales de que «el pabellón cubre la mercaucíai, 
y en su consecuencia, que los bienes ó mercancías de enemi- 
gos embarcadas en buques de pabellón neutral están libres 
de la confiscación, no había sido jamás observado por las in- 
gleses. Esta conducta de Inglaterra, que ocasionaba grandes 
perjuicios á las demás naciones y le daba una ventaja muy 
importante en la guerra, movió al gobierno de Garlos III, 
antes de empezar su campana contra los ingleses, á dictar 
una nueva ordenanza de corso en 1.^ de julio de 1779 en 
laque se dispuso: que las embarcaciones con bandera neu- 
tral ó amiga que condujesen efectos de enemigos, se deten- 
drían y conducirían á nuestros puertos, para usar con ellas 
y su carga de la misma ley que usasen los ingleses con 
las que Hevasen efectos pertenecientes á españoles ó sus 
aliados. De esta manera trató España de detener la conducta 
inglesa contra el pabellón neutral, ó por lo menos de resar- 
cirse, con los apresamientos que hiciésemos de mercancías 
inglesas, de las pérdidas que nos ocasionaba dicha con- 
ducta. 

Esto dio motivo á freauentes quejas contra España, por 
parte de todas las potencias neutrales de Europa, á las que 
Floridablanca contestó muy oportunamente, diciendo que 
cuando los ingleses respetasen las mercancías españolas bajo 
pabellón neutral, entonces respetaría España ese mismo pabe- 
llón, aunque condujese mercancías inglesas; pero que tole- 
rando como toleraban las naciones neutrales las confíscacio- 



itonces Rusia al frente de laapot«aciaa neutrales 
tspetar los verdaderos principios de neutralidad, 
así buena ocasión para adquirir nuevos titjilo)' 
QstUuirse en legisladora marítima de Europa y 
comercio pacifica de los neutrales una seguridad 
i habían gozado, cosas todas que halagaban el 
biciÓD de la emperalríz Catalina II. Siguió esti 
Carlos II! de España, uua negociación eacami- 
los fines, negociación que dio por resultado el 
ropuaiese la formación de un código marítimo. 
marcasen las reglas ¿ que debían sujetarse Us 
i el buen ejercicio del comercio durante la gue- 
iprender Floridablanca á los rusos las muchas 
[ue se presentarían para adoptar semejante códi- 
iniencia de persuadir á las potencias marítimas 
B que defendiesen su pabellón contra los belige- 
lisieaen ofenderlo, estableciendo nglas para ello 
los tratados. 

i Floridablanca fué bien recibida por el minis- 
a embargo, Catalina II no se mostró dispuesta á 
■áctica basta que dos incidentes vinieron á deci- 
primero la detención por una escuadra inglesa 
iTCOS holandeses que conducían efectos é inte- 
' el otro, la oposición de la escuadra española 6 
imbarcaciones rusas por el estrecho de Gibrá 
las demás naciones no hiciesen respetar á 1( 
indera neutral. 



— 54^ - 

Entonces fué cuando Catalina II de Rusia publicó su De- 
claradón de neutralidad armada (26 de febrero de 1780) en la 
cual se establecía: 

1.* Que los buques neutrales podrían navegar libremente 
por las costas de las naciones que estuviesen en guerra, y 
arribar sin obstáculos á sus puertos. 

2.** Que podrían transportar toda clase de artículos, tanto 
de las potencias neutrales como de las beligerantes, sin más 
excepción que el contrabando de guerra. 

3.® Que en cuanto á la especificación de lo que se enten- 
día por contrabando de guerra, se atenía á lo dicho en los 
artículos 10 y 11 del tratado de comercio entre Rusia y la 
Gran Bretaña; y 

4.^ Que ne entendería bloqueado un puerto cuando por la 
situación de los barcos que lo atacasen, fuese peligroso entrar 
en él. 

España fué la primera nación que se adhirió á las Decla- 
raciones de Catalina de Rusia, y á esta adhesión siguieron la 
de Francia, Dinamarca, Suecia, Holanda, Ñapóles, Portugal, 
los Estados-Unidos, la del rey de Prusia y la del emperador 
José de Austria, formándose por este acuerdo de las potencias 
en guardar la misma actitud durante la guerra pendiente, el 
famoso pacto llamado Neutralidad armada. 

Inglaterra contestó á la declaración de Rusia, que Su Ma- 
jestad británica había procedido siempre con arreglo á los 
principios de derecho de gentes y á los tratados, y que estan- 
do unida á S. M. la emperatriz de Rusia por sólidos lazos de 
amistad y de interés, había dado, desde el principio de esta 
guerra, las órdenes más terminantes con respecto al pabellón 



— 550 — 
lie sus subditos, con 
)romisos contraidos < 
rometia Inglaterra n 
neutral, interpretando éste á su manera, | 
. las dei 
•íralidtti 
.a que > 
térra s 
Erarías 
los nei 
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)aleB je: 

■ara res 
a ya ei 
orar el 
I rítanle 



!■•' **■ 



- 551 — 1 



particular con Holanda, pero los Estados Generales declara- 
ron que estando la república comprometida á proceder de 
acuerdo con Francia, no podía admitir proposiciones para . 
ñrmar una paz separada. Tampoco quiso el congreso de Fila- 
delfía entrar en negociaciones, y de este modo se vio Ingla- 
terra obligada á conceder la independencia á los Estados 
Unidos por una resolución del 24 de septiembre de 1782. 

Empezóse, por tanto, la negociación en París sobre la 
base de la independencia americana, principal motivo de la 
guerra, siendo plenipotenciarios de las potencias interesadas 
los siguientes: de España, el conde de Aranda, de Francia el 
de Yergennes, del Emperador el conde de Merci- Argén teau, 
de Rusia el principe Bariatinski' y el conde de Markoff. 
Inglaterra nombró á Mr. Fitz-Herbert y el d^que de Man- 
chester para la negociación con Francia y EspaSa, á M. Hay- 
lers para tratar con los holandeses y á M. Oswald para nego- 
ciar con los diputados del congreso de los Estados-Unidos, 
que eran Adams, Franklin, Jay y Lawrens. Por último, los 
delegados de los Estados Generales^ eran Lestevenon, Berken- 
rodé y Brantzen. 

Reconocida por Inglaterra la independencia de los Esta- 
dos-Unidos, la negociación no ofreció dificultades y el 30 de 
noviembre dé 1782 los respectivos plenipotenciarios firma- 
ron los preliminares de la paz con la cláusula de que no 
serian válidos ni se convertirían en tratado definitivo hasta 
que se conviniese el arreglo entre Francia y la Gran Bre- 
taña. 

Las negociaciones entre España é Inglaterra presentaron 
más dificult ades, y merecen que dediquemos algunas líneas ár 






aen. Se puede afii 

habían ya mediado tratos para la paz eotre los gabi- 
e Madrid y Londres, como lo prueba una comuDíca- 
l comodoro Jobnatone comandante de la estación na- 
lesa en Lisboa, de octubre de 1779, indicando que 
rth no tendría incoñTenieate en hacer el sacrificio de 
derse de Gibraltar á trueque de restablecer la amia- 
España. Tomó en consideración Floridablanca pro- 
1 tan halagüeña é hizo saber al gabinete de Londres, 
imaban á España iguales deseos y que estaba dispues- 
nitir su proposición aun á costa de alguna compeoss- 
r Gibraltar. Pero los ingleses no pensaban en devol- 
i plaza y no llevaban otro propósito al hacer aquel 
ientoqueeldc crear recelos y desconlianzas entre Es- 
Francia con el fin de separarlas. Pidió Inglaterra eu 
B 1780, como compensación de Gibraltar, que se le ce- 
Isla de Puerto Rico, la fortaleza de Omoa y su terri- 
a puerto y una extensión de terreno suficiente para 
una fortaleza en la bahía de Oran, que España com- 
)r su valor real toda la artillería y pertrechos que 
en Gibraltar y que pagase una suma-de dos millones 
s esterlinas como compensación de los gastos de Tor- 
n que se babian'becho. Todo esto nos prueba la alta 
en que el gobierno inglés tenia aquella plaza, y lo 
e pretendía hacerse valer su devolución, por cuya 
por la actitud del gobierno francés cu esta ocasión, 
eroBO de perder la alianza con España se apresuró á 
i Floridablanca la más eficaz cooperación para la re- 
ta de Gibraltar, ae rompieron las negociaciones en- 



IW«" 



— 563 — 

tre los gabinetes de Madrid y Londres y continuó la guerra 
entre ambas potencias. 

Entonces fué cuando España recobró Menorca y cuando 
Gibraltar estuvo ¿ punto de volver á nuestro poder empleán- 
dose el sistema de las célebres baterías flotantes. El gobierno 
español, á pesar de lo infructuoso de esta tentativa, y aun- 
que convencido dé que no lograría rescatar aquella plaza, 
continuó sosteniendo su sitio, más como cálculo político 
para sacar mejores ventajas de la paz que se estaba negocian- 
do, que como empresa militar. 

Muchos fueron los proyectos y contraproyectos que se 
cruzaron en París entre el conde de Aranda y el plenipoten- 
ciario inglés, siendo siempre el punto discutido la devolu- 
ción de Gibraltar. Francia, entre tanto, había convenido ya 
las bases de su arreglo con Inglaterra, sin hacer causa común 
con el conde de Aranda, quien viéndose solo, y después de 
apurar toda clase de recursos en la negociación para recupe- 
rar la plaza en cuestión, aceptó los preliminares de paz con 
Inglaterra, por los cuales quedaban para España, Menorca y 
las dos Floridas, y para la Gran Bretaña las islas de Pro- 
videncia y de Bahama. No se hacia mención alguna de Gi- 
braltar, que por tanto quedaba para la Gran Bretaña. 

No podían ser muy del agrado de la corte de Madrid se- 
mejantes preliminares, pero el conde de Floridablanca se vio 
en la necesidad de aprobarlos, y se firmaron en Yersalles el 
20 de enero de 1783. 

El mismo día se cpncluyeron los preliminares entre 
Francia é Inglaterra. 

La negociación con Holanda ofreció también algunas di- 



-* — f-'*'.' -,-. 



— 656 — 

tículo 1.^). — Se marcaban los límites entre los Estados-Uni- 
dos y las posesiones que le quedaban á Inglaterra en Amé- 
rica (art. 2.®). — Se concedía a los americanos el derecho de 
pescaren los bancos de Terranova, en el golfo de San Loren- 
zo y demás sitios donde hasta entonces habían pescado los 
habitantes de ambos países (art. 3.^). — Se aseguraba á los 
acreedores d& una y otra parte el pago de sus créditos adqui- 
ridos con ocasión de la guerra (art. 4.°). — El Congreso ameri- 
cano recomendaría á los diferentes Estados de la Unión la 
restitución de las propiedades confiscadas á los subditos bri- 
tánicos y otros, que no hubiesen hecho armas contra los Es- 
tados-Unidos (art. 5.®).-^— Se disponía que en lo sucesivo no 
se harían confiscaciones contra los que hubiesen tomado par- 
te en la guerra (art. 6.^). — Se decretaba la cesación de hos- 
tilidades, la devolución de prisioneros, la evacuación de 
plazas y la restitución de archivos y papeles (art. 7.°). — La 
navegación del Mississipi quedaba abierta para las dos nacio- 
nes (art. 8.®). — Y por último todas las plazas tomadas por 
una y otra parte antes de que llegase este tratado á los Esta- 
dos Unidos, serían restituidas (art. 9.^). 

Se ve por tanto, que las condiciones de la paz entre la 
Gran Bretaña y los Estados-Unidos fueron en extremo venta- 
josas para estos, pues á más de conseguir que se reconociese 
su independencia y quedaran en posesión de inmensos y fér- 
tiles territorios, les aseguró una rama de comercio tan lucra- 
tiva como la pesca del bacalao. — No habiéndose llevado á 
cabo la restitución de que habla el art. 5.^, porque dada la 
constitución de los Estados-Unidos el Congreso no podía 
obligarse más que á recomendar á cada Estado la devolución 



— 656 

de las propiedades conHscadas, la Gran Bretaaa concedió 

tierras en la Nueva Escocia á los perjudicados qae escogie- 
ron esta colonia por asilo, y una indemniíación pecuniaria i 

los que prefirieron fijar su residencia en Inglaterra. 
2." Tratado de paz erUre Inglaterra y Francia firmado en 

Varsailes el S de septiembre de 1783^ por los plenipotenciarios 
Conde de Mancbesler en nombre de la primera, y conde de 
Vergcnnes por la spgiinda, — Se renovaba la paz y so decre- 
taba la cesación de todas las bostilidades y una amnistía ge- 
neral (art. 1.°). — Se renovaban asimismo todos los tratados ce- 
lebrados desde la paz de Westralia hasta la de París de 1763 
(art. 2."), — La isla de Terranova y suá adyacentes quedaban 
para Inglaterra á excepción de las de San Pedro y Uiquelóo 
que eran cedidas i Francia (art. 4.°) — Francia renunció el 
derecho de pesca que tenía por el art. 13 del tratado de 
Utrecht en la costa oriental de Terranova, desde el cabo Bnc- 
navista hasta el de San Juan, adquiriendo en cambio el de 
pcBcar desde este i'iUimo punto dando la vuelta por el Norte 
y costeando la parte occidental de Terranova hasta el sitio 
llamado Cabo Hayé. La pesca en el golfo de San Lorenzo se 
atendría á lo establecido en el tratado de París (arts. 5 y ">)- 
— Francia recuperó las islas de Santa Lucía, Tabago y Gorea, 
adquirió la rivera del Senegal con los fuertes de San Luis. 
Podor, Galám, Arguín y Porlendick y obtuvo los estableci- 
mientos que tenia antes de la guerra en la costa de Orixa y 
en Bengala. Pondichéry fué igualmente devuelta á Francia 
con Karikal y los dos distritos de Velantour y de Babour 
Mahé en la costa de Malabar y la factoría de Surate queda 
ron también en favor de los franceses (arts. 7, 9, 13', 14 ; 



IS). — Inglaterra recuperó las islas de Granada 7 las Gr 
dinas, San Vicente, Santo Domingo, San Cristóbal, Ne 
Montserrat y quedó en posesión del fuerte de Santiago 7 
rivera de Gambia en África (arts. 8 7 10). — Se convino 1 
nombraiíiieDto de comisarios por una y otra parte para 
pular un arreglo comercial entre las doa naciones sob 
base de la reciprocidad (art. 18). — Los artículos 19 1 
establecían la mutua restitución de las conquistas qu 
eran objeto de especial mención en el presente tratado- 
artículos 24 al 28 regulaban la visita de barcos y conñscí 
de mercancías de contrabando en tiempo de guerra. — £1 ai 
ofrece la particularidad de establecer el principio do q 
pabelttfnno cubre iamercattcia. — Los demás artículos del t 
do contenían disposiciones relativas alas presas, que m 
uen importancia, por DO establecer niugdn principio i< 
para el derecho internacional. Finalmente tas reatricci 
relativas á las fortificaciones del puerto de Dunkerkc co 
nadas en los tratados anteriores quedaron anuladas p 
presente. 

3." Tratado definitivo de paz entre España e ¡nglat 
firmado en Yersalles eld de septiembre de 1783 por loa pleí 
tenciarios conde de Aranda do la primera y Duque de ¡ 
cbester de la segunda.— En el presente tratado despu 
convenir en el restablecimiento de la paz, la cesación d€ 
tilidades y la renovación de loa tratados celebrados enti 
paña y la Gran BreíaSa desde los de WestTalia basta 1 
de Paris de 1763 se disponía conforme á los prelimii 
de 20 do enero, que: la isla de Menorca 7 las dos Fio 
quedasen para Bspfúüa (arte. 4." y Sí.'O y las islas de P 



dencia y de Bahama para Inglaterra (art. 7.°). — Se concedió 
li los ingleacB permiso para cortar el palo de tinte ó do Cam- 
peche en los distritos sitos entre los ríos de Baliz ó Beliu y 
de río Hondo; y se acordó por último que las conquistas be- 
ciías por una y otra parte no comprendidas en el preaenle 
tratado, se restituirían sin dificultad y sin compensación. 

A pesar de que en este convenio no se coaeiguic^ por par- 
te de España la recuperación de Gibraltar tantas veces icteo- 
[ada por medio de las armas y por la diplomacia, no puede 
menos de reconocerse que es uno de los más ventajosos para 
nuestra patria después de los celebrados en WestfaliSi pues 
por-«l adquirimos de nuevo el dominio de tan importantes 
territorios como la isla de Menorca y las dos Floridas, sio 
liacer por nuestra parte concesión alguna de verdadera im- 
portancia. 

4," Tratado de paz entre la Gran Bretaña y los Estados Ge- 
nerales de Holanda firmado en París el 20 de mayo de 1784. — 
No fué el presente convenio mis que la reproducción de los 
preliminares convenidos entre las dos potencias en 2 de sep- 
tiembre de 1783 de que antes hemos dado cuenta. A.1 conver- 
tirse estos en definitivos por el tratado que ahora examina- 
mos, se mantuvo lo convenido ri^specto al saludo que debían 
rendir los barcos 'holandeses ¿ los británicos; y se disps- 
so la cesión de Négapatnam á Inglaterra y la restitución a 
Holanda de Trinquemale y otras ciudades, fuertes y esta- 
blecimientos holandeses de que los ingleses se hablan apodo- 
rado durante la guerra. Y por último los Estados Generala 
concedieron á la Gran Bretai^a la libre navegación en los ma 
res de la India, disposición la más importante de este tratad 



— 659' — 

y que como sabemos había producido n^ayores dificultades en 
la negociación. 

Los tratados que acabamos de examinar pusieron fín á la 
guerra empezada en 1776 por la que la Gran Bretaña perdió 
la soberanía sobre una gran parte de su9 colonias do la Amé- 
rica septentrional, pero conviene observar que esta pérdida 
tuvo una importancia más bien política que material, pues- 
to que la única ventaja que la metrópoli obtenía de ellas era 
los beneficios que los negociantes ingleses sacaban del mono- 
polio del comercio con los americanos. Reconocida la inde- 
pendencia de estos, Inglaterra perdió de derecho este mono- 
polio, pero en verdad su comercio con los Estados -Unidos se 
extendió cada vez más, después de la paz de Yersalles. 

Francia ganó en territorios, obtuvo la revocación de una 
cláusula que había figurado en todos los tratados anteriores 
que le prohibía fortificar Dunkerque y restableció en fin su 
consideración política en Europa, que había estado amena- 
zada durante algún tiempo. 



Obras db consulta. — David Ramsay, The history of ame^ 
rican revdutton, Londres 1791. — Pred Gentz, Die (fraprung íind 
die Grundsatze dtr Amertoanischen revclution, 1800. — Soulés, 
Histoire dea trouhles de V Amérique anglaise. — J. A. Spencer, 
Historia de loa Eatadoa^Unidoa; continuada por Horacio Qree- 
ley.— M. Gnizot, Waahington; Fundación de la república de loa 
Eatadoa-Unidoa de América, — Lafaente, Hiatoria de Eapaña, 
Parte tercera, lib. VIII, caps, xiii, xiv y xv.— Flore, Derecho 
tnícrnac/onoZ.— Wheaton, Hiatoire dea progréa du droit dea gena, 
-^Calvo, Derecho interiiacionaL — Martens, Recueil dea traites, 
— Coleccionea de tratadoa citadaa. 



I PALES CAUSAS UB 

ITUD DE LAS POTENCIAS DE EOflOPA AUTB ESTB ACONTEa- 

HTO. — ¿LIANZA DE AUSTRLA Y PrUSIA CONTRA FBANCIA. 

'olítica j)B la Convención. — Alianzas db EspaS'a eos 
laterha t pobtugal contra francia celebradas bk 
3. — Guerra de Francia con las potencias aliadas.— 
ltados de paz con prusta t con holanda. tratado 

PAZ DB BaSILEA de 179Ü ENTRE EsPASa Y FRANCIA. , 



La independeocia de loa Estados-Unidos de América, 
76, los repartos de Polonia de 1772, 1793 y 1795, y U 
tción francesa de 1789, sod los sucesos con que tenni- 
Biglo zvui. teniendo todos una importancia grande, no 
n la historia política, sino en el derecho de gentes, por 
iTedades que en sus principios produjeron. 
:aminados en los capítulos XXVlII y XXIX los repsr- 
1 reino de Polonia y la emancipación de las colonias 
as de la América del Norte, corresponde que estu- ^ 
3 ahora las consecuencias de la revolución francesa enS 
[aciones internacionales de los Estados europeos. - 

monarquía francesa, electiva y limitada en un princ 
r el elemento democrático, se hizo hereditaria en tier 
L feudalismo y comenzó á luchar con )a aristocrac 



■'■ i" 



— 561 — 

hasta reducirla, echando entonces los cimientos de su poder 
Absoluto. Bien que antes fuese arbitrario que no despótico el 
poder de los reyes de Francia, pues desde Luis XtV hasta la 
revolución pudieron más que hicieron; con todo y asi, como 
«el Gran Rey gastó les resortes de la monarquía absoluta por 
la excesiva tensión en que los tuvo durante largos años y la 
Regencia fué corruptora y el periodo de Luis XV corrompi- 
do, y flojo y débil el de Luis XVI, no hubo menester de gran 
«sfuerzo el impulsó revolucionario para derribarlo, cuando 
<^aiisados los franceses de sufrirlo y aguijoneados por los 
enciclopedistas se propusieron acabar con él. 

A las anteriores causas de la revolución hay que añadir 
el estado exhausto del tesoro, el crecimiento de la deuda ua- 
€iunal, las nuevas'ídeas de libertad política y civil, mezcla- 
das con máximas antireligiosas y antisociales, teorías co- 
rruptoras y grandes verdades filosóficas, doctrinas sanas y 
principios inmorales, y en suma un conjunto de opuestas 
ideas que en revuelta confusión se esparcían por el pueblo, 
animándole á perseguir utopias que no era fácil alcanzase. 

Al apuntar en resumen las causas principales que contri- 
buyeron á producir la revolución france9a, bien será añadir 
•como una de ellas, el levantamiento de los americanos del 
Norte contra su metrópoli, la parte activa que Francia tomó 
en favor de sus propósitos de emancipación, el reconoci- 
miento de su independencia, y el influjo que naturalmente 
debían ejercer en la sociedad francesa, cuando se restituyesen 
al seno de sus familias los jóvenes aristócratas que combatie- 
ron al lado de Washington con Ira la monarquía por la repú* 

iklica y por la insurrección conira el principio de autoridail. 

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. el nieto de 
an prineipe 
lea como lu 
J8 y cuando 
izar ya que 
leí malestar 
I clases de la 
7 prudente 
n& bajo esa 
tdero estado 
le su reinado 
Lcias, y todo 

arca el pue- 
ma virtudes 
torpezas de 




solamenle Ior Estados G«Dcrales, ó sea los represe a tan tes i 
lodo el país reunidos, tenían poder para autorizarlos, y pi 
uiéndose frente al rey y frente al gobierno, declaró que t 
dos loB edictos y órdenes de prisión dictadas por los sob 
ranos desde hacía un siglo, eran ex t rali mitac iones de 
autoridad. Ademfts de la convocación de los Estados Genei 
les, pidió la inamovilidad de los jueces y el reconocí mi en 
y declaración de los derechos del pueblo. 

Luis XVI cedió, y los Estados Generales, que desde 16 
no se habían convocado, se reunieron en Veraalles el 1." 
mayo de 1789, siendo saludados con verdadero cntusiasi 
por todo el pueblo. En esta Asamblea, los representantes de 
clase media no sólo igualaban en número ¿ la arislocrac 
sino que aventajaban á sus rivales por su capacidad y ene 
gia. Ante la manifestación de la nobleza y el clero de no qi 
rer compartir las cargas púbUeis y aun de negarse á ton 
asiento al lado de los comunes, los diputados del lerccr esta 
sfl separaron de ellos, constilujéndoseen Asamblea nación^ 

Quería Luis XVi dominar el movimiento, y persuai 
do deque la mejor manera de conseguirlo era entrar reaui 
lamente cu el camino de las concesiones, otorgó tantas, q 
su muchedumbre las hizo de poco precio, y por tal mo( 
exigiendo la Asamblea y cediendo el monarca, se verif 
aquella singular transferencia de poderes, de atribucionei 
de autoridad que redujo á éste al ejercicio aparente de 
realeza dentro de su palacio é invistió á aquélla con las : 
cultades más discrecionales que pudo tener eu ningún tien: 
de la historia el absolutismo y la arbitrariedad de los maj 
res tiranos. 



— 564 — 
Más como Qo entra en el cuadro de i 
ni somerameote los hechos de la revohioióo, sÍdo en tanto 
cuanto puedan relacionarse do una manera más ó menos di- 
recta con 3u objeto, vamos ahora ú ocuparnos de la actitud 
que adoptaron respecto de la Francia revolucioitaria las po- 
tencias extranjeras, y de las negociaciones que durante aquel 
período biibo de seguir su gobierno con las demás naciones. 
2. Las agitaciones y los desórdenes do que era teatro el 
paÍB, las debilidades del soberano \ las energías y los atrrvi- 
mientos de la Asamiilea y >li'l pueblo, el desiju leí amiento 
que se advertía en todos los ramos de la administración pú* 
blica, el malestar geneml. In incertidumbrc ó la falta de es- 
peranza, fueron estímulo' eñcaz que bi20 abandonar el suelo 
francés á mucha parte de las clases acumodudas y á unu 
multitud inuumerable de aristócratas. ¡Que más, m hasta el 
mismo rey con su familia estuvo á puiilo de trasponer la 
frontera fugitivo, buscando asilo en -I extranjero para evitar 



tuba más desembarazada para obrar de ucmirdo y en i: 
dií otras potencias cofllra la revolucióu. y para auiil 
Gustavo de Suecia que aosialm mandar una ezpedicióa 
Ira Francia. 

Si en Austria fijamos la atención, veremos que las d 
sicioneí relativas al clero dictadas por la Asamblea con 
iftnte, hollaban los derechos seculares y cclesiásiicos de 
vhos principes de! Imperio que Tueron privados de loi 
tenían sobre sus dominios situados en Alsacia y estaba 
rantídos por los tratados. 

Estos principes acudieron ul Emperador y José II pi 
ro, y Leopoldo II que subió al trono en 1790 después, 1 
ron la reclnmación correspondiente á Luis XVI y á la / 
bUa sin obtener resultado alguno positivo. Estas ra 
unidas á los trabajos de los emigrados decidieron al Im 
á concertarse con el rey de Prusia para proceder e 
Francia. 

A hspaña afectaba más de cerca todavía la cue 
francesa uo sólo por la proximidad del territorio, sino 
hién por los l¡izus dn familia que uni.in al monarca es| 
con Luis XVt. Interesándose desde los primeros niomi 
por la suerte de este soberano, el rey Curios IV dirigió 
de julio de 1791 á la Asamblea nacional una nota, en que 
pues de exhortar á los franceses á que considerasen la 1 
de la familia real como un efecto de la necesidad de po 
í cDbierto de los insultos populares que ni la Asamblea 
municipalidad tenían fuerza para reprimir, y despui 
ponderar el interés que ú favor de aquel oprimido moc 
cumplía tomar al rey católico como á su más inmediat< 



r— wi 



.- 667 — 

tos. por los que sé comprometieron á tomar las medidas más 
eñcaces para el maotenimiento de los tratados existentes con 
Francia y para la conservación de la monarquía en este reino. 
Sea ó no cierta la existencia de estos artículos, no se conoce 
más que el ir alado preliminar de Viena entre ÁtéSlria y Prusia 
de 25 de julio de 1791 y la alianza definitiva entre las mismas 
Tiociones firmada en Berlín el 7 de febrero de 1792, ec cuyos 
pactos acordaron, que concertarían las medidas que convi- 
niese tomar respecto á Francia, y se prometieron auxilios 
y asistencia para el caso en que la tranquilidad interior de 
sus Estados fuese amenazada. 

La aceptación de la nueva constitución por Luis XVI 
hizo concebir por un momento la esperanza de que el rey 
recobraría su libertad y su soberanía y la revolución fran- 
cesa podría darse por terminada, pero bien pronto se desva-' 
necio aquella creencia, al ver que el partido republicano iba 
tomando cuerpo, que el rey continuaba siendo juguete de las 
turbas y que la Asamblea dictaba decretos contra los prínci- 
pes franceses emigrados y pedía explicaciones á las poten- 
cias extranjeras que concertaban alianzas y tomaban medidas 
en previsión de los acontecimientos* Largas fueron las ne- 
gociaciones que se siguieron entre Francia y el Imperio con 
este motivo. Muerto Leopoldo 11 (1.^ de marzo de 1792), su 
sucesor Francisco II siguió la misma política con respecto á 
Francia y declaró á esta nación, en nota de 18 de marzo, que 
Austria no renunciaría sus alianzas con las demás potencias 
mientras existiesen los motivos que hablan dado lugar á 
«Has. Al propio tiempo ratificó la que su padre había hecho 
con Prusia y preparó sus ejércitos para la guerra. 



/♦*ffi 






M 



-I 



giroDdiDOB en 8u mayor parte, elegidos por todos los cii 
danos mayores de edad, sin distinción de clases, que vi 
seo de sus propios productos. Esta Asamblea, única e 
mundo por bu poder singular y por susdelitos, ya do fué 1 
preaentaGiÓQdeltercere)to(ÍE),sínolarepreseDtacióa de a 
Lias mucbedumbres que desde los comienzos de la revolu 
recorría las calles de París clamando contra toda autorid 
cometiendo toda clase de crímenes. En esa Asamblea to 
ban asiento Pétion que fué nombrada su presidenle, ü 
representante de las clases más bajas, sediento de sang 
eco ñel do los rugidos de la plebe, el abate Gregoire que 
maba & la historia de los reyes marlirotogio de tas nacU 
los demagogos Robespierre y Danton agitadores todos 
representaban las pasiones y la envidia contra la aristo 
cia y el poder real. 

¿Cnál.habia de ser la política de la Convención? /,Qué 
terio podía dominar en semejante Asamblea, constituida 
tales elementos? Su primer acto fué proclamar la repúbl 
una é indiviaible y anunciar una nueva era (21 de sepLl 
bre). Todos los ciudadanos fueron declarados electores y 
gibles para todos los empleos y funciones, se comenz 
obra de un nuevo código constitucional, y finalmente 
barra de la Convención fué llevado Luis XVI y por ella 
condenado á muerte, espiando por su falta de energía ; 
inteligencia para gobernar, una serie de culpas de los n 
anteriores. 

Si la política de la Cmvencidn en el interior fué de cri 
nes, de devastación y de terror, su criterio con respecto i 
otras naciones lo muestran los decretos que expidió el 1' 



1¡> de aicien 
oB los gobie 
f auxilios ú 

lertad, yofreció su apoyo 6 los rebeldes contra li 
gilíma. Decretó; que en los países que fuesen ocd- 

Iropaa de la república francesa, los generales abo* 
puestos existentes, la nobleza y todos los privile- 
oclamarlala soberanía del pueblo y la sopresióa 
idades existentes. De este modo quería la Con- 
Dcesa contagiar á las demás naciones la lepra 
no ae había desarroUndo y con aquellos decretos 
fundir su ponzo&osa baba. Estas eran su política 
con respecto al exterior. 

labian sido entre tanto los resultados de la cam- 
idida por Austria y Prusia unidas á los emigra- 
Francia y cual la actitud de España ante tan 
onlecimientos? — Rusia y Gerdeñase habían uni- 

ición austríaco-prusiana, pero Francia opuso d 
res cuerpos de ejército mandados por los maris- 
pibeau y Luckner y por los generales Lafayetl^ 

resistieron y aun batieron diferentes yeces á los 
JesalentadoB éstos y acosados por el hambre y 
dades, se retiraron al tiempo que los austríacos 
,dos en Jemappes por el general francés Dumou- 
de armas que tuvo por consecuencia la conquisbi 
El resultado de esta campaSa, contrarío á los alr"- 
itribuírse en gran parte ¿ las ilusiones que ést 
echo al empezarla. Creían que por la toarqn 

en Francia, esta nación estaría desprovista i 



— 671 — 



'"<í 



recursos y do tendría las fuerzas necesarias para oponer una 
resistencia vigorosa á los ejércitos organizados. No calcula- 
ron los recursos que el papel moneda había de dar á los fran- 
ceses, ni se fijaron en que la guardia nacional creada por La- 
fayette había de dar un contingente de cuatro millones de 
soldados animados por el atractivo de la novedad y por el 
entusiasmo por la libertad; olvidaron que Francia tenía la 
mejor artillería de Europa; é ignoraban que del número de 
oficiales iustrufllos y ambiciosos de gloria que quedaban en 
el país, habían de sobresalir tan eminentes genios militares 
como Hoche, Menou, Kléber, Macdonald, Moreau, Moncey, 
Bruñe y otros muchos. 

5. La actitud de España con respecto á Francia seguía 
siendo tan contraria á la revolución como lo había sido des- 
de el primer momento. Después de la nota dirigida por Fio- 
ridablanca á la Asamblea nacional para justificar la huida 
de Luis XYI, le dirigió otras más enérgicas y amenazadoras 
por haber obligado al monarca á aceptar la coustitución, pi- 
diendo que la real familia fuese trasladada á algún pueblo 
de la frontera ó á algún punto neutral y diciendo, en fin, 
que la guerra contra Francia, entregada como se hallaba 
esta nación á la anarquía, no era menos conforme al derecho 
de gentes, que la que se hacía contra piratas, malhechores 
y rebeldes que usurpan la autoridad y se apoderan de la pro- 
piedad de los particulares y de poderes que son legítimos en 
toda suerte de gobiernos. 

Esta actitud amenazadora y hostil con respecto á los 
franceses, se templó al ser reemplazado Floridablanca en el 
gobierno de Garlos IV por el conde de Aranda (-28 de febre- 









LT9i), más coDocedor de Francia y man amigo de l» 1 
iberales que su antecesor, y de cuya política y pru- '■ 

esperaban todos una boIucí<Id á las graves cuestiones 
ntes entre arabas naciones. Su política estuvo, tu 

encaminada á suavizar aspereías entro el gobierno 
1 y la Asamblea francesa, procurando no agriar á esta, 
in separarse de la actitud tomada ante la revolu- 
-La misma política de neutralidad siguió don Uanuel 
. duque de Alcudia, pero empleando t^a clase de me- 
iciflcos en la t'onvencián para salvar á Luis XVI cuan- 
■iá amenazada la seguridad personal de este moDar» 
1 familia. 

I Buci;so8 de agosto y septiembre de 1792 en París, v 
:imo la ejecución de Luis XVl (21 de enero de 1793),. 
iroo el espíritu de protesta y de indignacióa de todií 
1 contra Francia. Inglaterra fué entonces la primera 
ó la voz de alarma y convocó á una cruzada general 
la república. Au^^tria, Prusia y Cerdeos estaban desde 
lempo en guerra con los franceBcs. España se había 
lido neutral hasta eutouces, pero desde este momento 
gnación de Carlos !V, de bu gobierno y de todo el 
español fué tan grande, que la guerra con Francia se 
TÓ innevitable. 

de 1790 era objeto de discusión la conveniencia de sc- 
! de Ib aliania con Francia, creada por el pacto defa- 
r unirse á Inglaterra. Mientras la revolución franoesr 
tuvo en ciertos límites. España se mostró opuesta] 
menaEodora. pero ni rompió los pactos existentes con 
. Dación ni se alió con ninguna Otra CQ contra suya. 



V _ 67b — 

Arregladas en 1790 laa últimas diferencias que babiaa exii 
do eotre la Gran Bretaña 7 el gabioete eapaiíol por cucstioi 
territoriales en la isla de Sao Lorenzo de Nootka. sita ea 
cxsla N- O- do México, el gobierno ingles inlentó difereo 
veces coDceruir una alianza ron España, y con este fin 
ministro en Madrid Fitz-Berberl presentó varios provee 
que fueron recibidos coa frialdad, hasta <iue los progresos 
lu revolución francesa alarmaron á España tanlo ó más q 
á las otras naciones. Inglaterra aprovechó la indlgnací 
que había en la corte de Madrid contra lus rcvoluciohari 
para renovar á Godo; las propaHiciouc» de alianzu. 
23 de enero de ITUÜ, Hr. Jacksuu, cuibsjudur inglés en E 
paña, dirigió una nota al gobierno insistiendo en la p 
puesta hecha antcriormculc de unir las urnins de los < 
Estados cojitra Fninciu, üon Munucl Uodoj' coutcsló en m 
del siguiente dÍH 24, accptuudo lu invitación y proponit 
do á BU vez, que el giihiuete de St. Jumes formase un pl 
de operaciones militares, teniendo en eueuta que Espt 
necesitaba tropas .luxilíares para defender su extensa fra 
tera. En igual aentido se escribió al embajadur en Lóndi 
marqués del Campo, encargándole que procurase conseg 
del gobierno británico el envío de uu ejércilo auxiliar i 
gtés á la Península. Este hábil diplomático, que couocia P' 
fectamenle á los ingleses y había penetrado en esta ocasi 
sos intenciones, avisó oportunamente á Godo;, advirtiénd 
que Inglaterra no trataba de baccr ahora una alianza tirm 
sincors, sino simplemente de comprometer á España en i 
guerra con Francia, para que ésla tuviese un enemigo m 
cHace tiempo, — decía el marqués del Campo ea despacho 



To de 17i 
leque de 
ancia; p< 

de ver que sus csruerzos por ud lado y los 
ometidoB en París por otro, han causado li 
'e España y Francia, sin haber ellos hecb 
contraido empeños para lo sucesivo». 
I estas negoc i aciones teaian lugar, laCooveí 
plantado á los propóttitos de ambas cortes, d 
erra el 1." de Tebrcro á la Gran BrelaBa yá B 
e marzo á España. Precipit adámenle llegó ei 
id el antiguo ministro británico lord St. E 
lerberl, trayendo ud proyecto de alianza proi 
.3 presentes circunstancias; el gobierno de 
cptó con ligeras variaciones y el '2S de ma; 
ló en Aranjuez el convenio provisional de aU 
tre S. M. católica y el rey de la Gran Brelañ 

sucesos ocurridos en la repitblica francesa. 
Bte tratado de 8 artículos, on los cuales se c( 
I dos soberanos eroploarían todos loa medios que 
>n su poder para restablecer la tranquilidad pú- 
1 sostener sus intereses comunes (art. l.°); que 
9 reyes habían hallado justos motivos de celos é 
ara la seguridad de sus respectivos Estados, y para 
ción del sistema general de Europa en las medl- 
labian adoptado en Francia, convenían en esta- 
oncierto íntimo sobre los medios de oponer ui 
cíente ú aquellas miras tan perjudiciales de agp 
:andecimiento; y habirndoles declarado Franc 



úe- 



I -f — i 



— 576 - 



. J^a.' •-•«•» 



una guerra agresiya é injusta, ambas partes se obligaban á 
liacer causa común en esta guerra y concertarían los socorros 
que habían de darse la una á la otra (art. 2.^).-^Gonvenian 
también Sus Majestades católica 7 británica en que sus es- 

m 

cuadras y buques de guerra diesen convoy indistintamente 
á las embarcaciones mercantes de sus naciones en la forma 
establecida para las de la suya propia; y en que tanto los bu- 
ques de guerra como los mercantes» fuesen admitidos y jirote- 
gidos en los puertos respectivos, facilitándoseles los socorros 
que necesitasen, á los precios corrientes (art. 3.^); ambas 
partes se o])ligaban á cerrar sus puertos á los navios fran- 
ceses, á no permitir que de ellos se sacasen para Francia 
municiones de guerra ni de boca, y á reunir todos sus esfuer- 
zos para impedir que las potencias neutrales^ diesen protec- 
ción alguna al comercio francés (art. 4.® y 5.®). Y por últi- 
mo, se comprometían á no dejar las armas sino de común 
acuerdo, hasta que obtuviesen la restitución de todos los Es- 
tados, territorios, ciudades ó plazas de que se hubiese apo- 
derado el enemigo durante la guerra (art. 6.^). 

Al mismo tiempo que se fírmaba el anterior tratado, el 
representante de Portugal en Madrid don Diego de Noronha» 
pidió oficialmente á Godoy que se le comunicase el estado de 
la negociación de alianasa entre España é Inglaterra, porque 
su corte se hallaba resuelta á entrar en iguales compromisos. 
£1 ministro de Garlos lY de acuerdo con St. Helens, le envió 
una copia del convenio el día antes de haberse firmado. Tras- 
mitido á Lisboa, recibió órdenes el señor Noronha para con- 
certar- una alianza entre España y Portv^ai que se firmó el ilS 
de julio de 1793 y es exactamente igual á la convenida con 






.Vil 









;latcrrs, por cuya razón no reproducimos sus cláusalu. 
>. De esta manera se formó 'la caalicí¿n de casi todas las 
«Dciaa de Europa contra Francia, unidas unas á otras por 
[k:8erle de pactos ó alianzas que do detallamos por estar ba- 
les todos eu el mismoespiritu y poli tica contraria á loapro- 
aoíi y crímenes de la revolución trancesa (1). Francia re- 
i Europa y ésta respondió al reto. Cincuenta 7 seis mil 
isianos, veinticuatro mil austríacos 7 vetoticinco mil sa- 
«B y b¿varos amenazaban el Cbín desde Maguncia á Co- 
nfia; sesenta mil austríacos y diez mil prusianos se preci* 
aban contra los cuarteles franceses del Hosa; cuarenta mil 
Rieses, hannoverianos y holandeses ocupaban la Holaoda; 
lor dltimo tres cuerpos de ejército espaZoles amenazaban 
'rancia por los Pirineos. Rusia y la mayor parte de los 
Adoa italianos se adhirieron también ala conflagración 
itra los franceses. 



1j a parte de Ua alianzas jiienoionadaa, l&s principalas que 
itra Francia celebró Inglaterra en 1T93 fueron laa sigurentae: 
.' Los artículos de I»ndrea de 4 de marzo con Hannover.- 
1." Kl tratado de alianza de Londres de 26 do marco con 

'.** El tratado de snbsi'lioa de Caasel de U) de abril con al 

□torado de Heaae. 

<." £1 tratado de Londres de 26 de abril conCerdeña. 

1." £1 de Nfcpolea de 12 de jnlio con las Dos Sicilia». 

1." El de Maguncia de 14 de julio con Prneia. 

'.'* El de Londres de 90 de agosto con el Emperador. 

1." El de Carlarahe de 21 de septiembre con Badén. 

1." El de I<óndrea de 26 de eaptiembre con Portugal. 

0." £1 de Langencandel de 5 de octnbre con el landgraví 

Heeaa - Dar matadt . 



— 677 — 

A pesar de tan rormidable liga contra Fraaoia, los ejéroit 
de los aliados no consiguieron Diogún favorable resultad 
por las ratones que antes hemos dicho, por la dasaTonono 
que siempre hubo entre los generales que los mandaba 
por la falta de un plan general de operaciones, y por que : 
los gobiernos ni los soldados estaban animados por ningil 
entusiasmo. Unos á otros se miraban con recelo y cada cu 
trabajaba en favor de sus propios planes é intereses. 

No es pues sorprendente, por estas razones, que las trop: 
de la república francesa quedasen vencedoras casi en tod: 
partes. 

No correspondo á Duestro trabajo hacer el estudio'dc li 

campa&as de la época de la revolución, pero seHalaremos 1< 

más importantes hechos de armas en cuanto á nuestra pt 

. tria se refiere, para comprender mejor las razones del tratat 

de paz que se celebró en 179¡í entre Espaüia y Francia. 

Los generales don Ventura Caro, el principe de Gaste 
franco y don Antonio Ricardos, mandaban los ejércitos e 
paBoles que se organizaron pafa hacer frente á las trop 
fraacesas, distioguiéndose desde los primeros momentos 
general Ricardos, que god poco más de tres mil hombres i) 
vadió el Rosellóu y se apoderó de gran número de ciudad 
. y pueblos á pesar de la superioridad de las fuerzas enemig 
(1793). El 22 de septiembre se libró la importante batalla 
Truillas en la que los franceses lucharon como desesperad 
bajo la dirección del insigne general Dagobert, pero fuer 
al fln derrotados, acreditando nuevamente en esta batalla 
pericia militar Ricardos y su valor los soldados español< 
Siguieron á esta acción otras muy importantos cuyo result 

87 



— 678 
>iitÍDuó sLecdo favorable & nuestras tropas, que se ^m- 
'OQ de placas tan importantes como San Telmo, Port- 
res, Puig del Oriol y Collioure, con cuyos hechos termi- 
campaña de 1793. 

a este año, las ciudades de Tolón, Uarsella 7 Lyon se 
íü sublevado contra la tiranía de la ConvenciÓQ aacio- 
Los marselleaes fueron sometidos muy pronto, pero To- 
bríó sus puertas á tos aliados antes que caer ea manoí 
B jacobinos y proclamó á Luis XVII como soberano. Li 
idra inglesa, al mando del almirante Hood, las flotas es- 
las de Lángara y de Gravina. algunas fuerzas enviadas 
licardos y otras napolitanas y sardas, acudieron á la de- 
de Tolón. Pero las tropas republicanas, lejos de Bteno- 
je y á pesar de que tenían que atender no sóLo á la lu- 
n el Norte con los aliados, á la sangrienta guerra de U , 
ée y á la no menos Importante con Esp^a. envió sobre 
1 nnmerosas fuerzas al mando dfl general Dugommier 
ecobrd aquella importante plaza (1). Los aliados, no pu- 
lo resistir el empuje de las tropas republicanas, volaron 
lertes y embarcaron sus soldados con veinte mil habi- 
s de Tolón, que temerosos de la venganza del gobierno 
és se acogieron al pabellón extranjero, 
lusan verdadero asombro los esfuerzos de la Convención 
uellos momentos en que á pesar del desorden y de la 
:ión anormal de Francia, presentó en campaña un millón 
mbres á la vez. derrotó á los ingleses en Hondtscboote. 



En este becbo de armas se distinguió ya el joi 
;illeria Napoleón Bonaparte. 



— 579 — 
vBDció en Wattigoiea á los alemaaes, arrojó á los austriaei 
7 prusianos de las líneas de Wissemburgo, lanzó ¿ los pi 
monteses más allá de los Alpes, destruyó dos veces á los vei 
deanos y sitió y tomó á (.yon y Tolón, borroriíaodo al muí 
do con sus terribles decretos de exterminio. 

Después de la campaña de 1793, Inglaterra, España y Hi 
landa eran las únicas potencias que conservaban elentusia 
mo para continuar ta guerra contra Francia. El ministro ii 
glés Pitt que era el enemigo mas tenaz de la revolucic 
francesa, fué el que decidió á las demás naciones, menos 
Suecia y Dinamarca, á continuar la guerra. 

España, á pesar de la oposición enérgica del conde i 
Aranda á que se continuase la guerra, determinó abrir 
campaña de 1794. Muertos los generales Ricardos y conde i 
O'Iteilly fué nombrado general en jefe para dirigir las op 
THCiones militares contra Francia el conde de la Unión, quii 
emprendió la campaña con méno^ de sesenta mil hombre 
la mayor parte recien reclutados, y teoieodo que hacer fre 
le á un nutrido y vigoroso ejército mandado por Dugommit 

Reanudada la guerra con semejantes condiciones, no 
extraño que la campaña de 1794 fuese para España tan de 
graciada como afortunada había sido la del año anterit 
Principió el conde de la Unión por ser derrotado en la bat 
lia de Ceret (30 abril) y por perder todas tas conquistas h 
chas en 1793 en la parte de allá de los Pirineos, si bien a 
gunas plazas fueron defendidas con heroísmo por auesti 
soldados. En una de las acciones que entonces se librare 
murieron el general fransés Dugommier y el jefe de las u 
pas españolas duque de la Unión, que fué reemplazado en 



^.. 



mando por el marqués de Ua Amarillas. — La desgraciada 
«ntrega de la plaza de Figueraa á loa fraoceses, y la perdí- 
da de Fuenterrabfa, Fasagea y San Sebaetiáo, fueron loi 
ptiDcipalea descalabros que surrió entonces España. Apo- 
deriroDse dcapuéa los republicanoa, de Tolosa de Guipúxeoa, 
é iotentaroD tomar á Pamplona, pero Tueron derroladoa en 
los ataques del 16 3 17 de octubre, terminando la campaña 
de 1704 con este triunfo de las armas españolas sobre las 
trao cesas. 

Si desgraciada (ué para España la guerra en dicho año, 
no lo fué ménoa para las potencias aliadas del Norte, pues to- 
das ellas tuvieron que lamentar imporLantcs descalabros que 
fueron otros tantos triunfos para las armas francesas. Kstás 
Be apoderaron de Yprés (17 de junio), ganaron á loa auslria- ~ 
eos la célebre batalla de Fleurus (2l> de junio) por lo que Bél- 
gica pasó á poder de Francia, reconquislaroD Lándrecy (17 de 
julio) y se apoderaron de Conde, Valenciennea j Quesao;- 
Unicamente Inglaterra fué la que consiguió imporlanlca 
triunfos sobre los franceses durante este año, apoderándose 
de la isla de Córcega (21 de mayo), y derrotando á la escua- 
dra de la república en el combate naval deOuessant el l.'de 
Junio. Por último, en América ae hicieron dueños los ingle- 
ses de la isla de la Martinica, y de la' Guadalupe y godcIo- 
yeron la conquista de Santo Domingo. 

7. Tantos triunfos por parte de Francia, decidieron al rey 
de Pruaia que había aido el primero en declarar la guem, 
á wr igualmente el primero en proponer la pai, que tambié 
deseaban Austria y los prtnclpea alemanes. 

Esta proposieida había de ser bien recibida en Frai 



cía, doodo después de tanto tiempo de aDarquía y de li 
percibíanse yn los síntomas de la reaccióa y se sentía 1 
ceaidad del orden. Et partido jacobino había ido perdí 
lerreDO de díaen día, Robespierre, el dietador del rég 
terrorista, había sido decapitado, y ñaalmeute la nacidí 
tera se revelaba ya contra la tiranta de los partidarios 
' Convención. El gobierno se fué modificando y Franc 
mostró dispuesta á aceptar una paz de la qiie estaba tai 
ceaitadacomo ias demás potencias, para descansar y i 
nerse de las convulsiones y quebrantos que había sufrb 
PruBia hemos dicho que fué la primera potencia que 
púsola paz á Francia, y para hacerlo así tenía poderosa 
zones, pues concertadas socretaoieate Austria y Rusia 
llevar á cabo el último reparto de Polonia y caer de: 
sobre el territorio prusiaDo, le iateresaba á cate reino d( 
barazarse de la guerra con los franceses para atender i 
á los asuntos de Polonia y hacer Trente á los manejos d 
rusos y de los austríacos. En su consecuencia, Prusia 
con Francia la paz de Basilea el S de abril de 1795. en 
tratado se convino: que el rey de Prusia se separaría 
alianza coa Au'stria; las potencias contratantes no peri 
rían pasar por su territorio á las tropas enemigas; los cj 
tos franceses continuarían ocupando taparte de tos Es 
prusianos situados á la izquierda del Rhio; y la Repú 
aceptaría los buenos oficios del rey á favor de loi prín 
y Estados del Imperio germánico que deseasen entrar ei 
gociaciones con ella. — El 17 de mayo dtl mismo año a 
rao un segundo tratado entre Francia y Prusia relat¡v< 
neutralidad de la Alemania septentrional. 



'FtK'iacias UaidaH ae vieron también en la necesidad 
r la paz con la República fraocesa. Las tropas de eau 
on y couquistaron la Holanda á principios de 1795. 
ue, los Estados Generales se apresuraron á entablar 
iones con Francia, que dieron por resultado el traía- 
■■ y alianza ajustado en el Uaya el id de mayo de 179;i 
fíepúbtíga francesa y la de las Provincias Unidas de Bo- 
1 el que; la primera recoDoció á la segunda como po- 
bre é independiente, y le garantizó la libertad é in- 
QCiacon la abolicióa del Staluderato. Se acordó una 
Dfeosivu y defensiva entre ambas repúblicas contra 
;ipcs enemigos, sin distinción, hasta elfio de la gne- 
ira siempre contra Inglaterra. La República francesa 
' á las Provincias Unidas su marina, sus arsenales y 
orio Á excepción de la Flandes holandesa, Maestrícht 
o que quedaron pant Francia como indemnización, 
de cien millones de llorínes que le habían de ser 
por Holanda. 

ratados de Prusia coa Francia abriau un camino á 
los del Imperio para terminar la guerra, negociando 
cdiación de aquella potencia, su paz particular con 
ilica; pero este medio era inconstitucional y contra- 
obligaciones que estos Estados tenían como miem- 
la confederación germánica, por lo cual, tan sólo el 
fe de Hease-CaBsel se aprovechó de aquella circuns- 
:on gran sorpresa de loa demás, para negociar la pai 
icia, ñrmaudo el frotado de Batilea de 28 de agosto de 
>s demás príncipes del Imperio permanecieron ñeles 
npromisos, va por adhesión á la causa que defen- 



. »' 



— 583 — 

dian ó ya por temor al resentimiento del Emperador, cuyaa 
tropas ocupaban sus Estados y cuya protección les era nece- 
saria para obtener el día de la paz general, la indemnización 
de danos y pérdidas sufridos durante la guerra. 

8. Esptma no se mostró dispuesta á abandonar la coali- 
ción contra Francia, y el gobierno de Garlos lY quiso seguir 
una tercera campana antes de entrar en negociaciones de 
paz. Asi pues, en los primeros meses de 1795 empezaron de 
nuevo las operaciones militares. En el Pirineo Oriental se 
riñeron muchos combates, en que los españoles y franceses 
recíprocamente perdían y recobraban sus puestos, y en que 
unos y otros demostraron su pericia y valor. La única pér- 
dida que por aquella parte tuvimos entonces, fué la de la 
plaza de Hosas, que despuéa de dos meses de sitio, falta de 
subsistencias y malograda la tentativa hecha por el almiran* 
te Lángara para proveerla, tuvo que rendirse (6 de febrero). 
Por la parte de Guipúzcoa, el enemigo se apoderó de Bilbao 
y de Vitoria y llegó hasta Miranda de Ebro, pero á las pocas 
horas fué arrojado de esta posición por los castellanos, cau- 
sándole buen número de bajas (24 de julio). En este estado 
la campana, se recibió la noticia de haberse firmado la paz 
entre España y Francia. 

El gobierno de Madrid, á cuyo frente continuaba don 
Manuel Godoy, decidió, después do los desastres de 1794 y 
en vista de la actitud de Prusia separándose de la coalición, 
entablar por su parte negociaciones para la reconciliación 
con Francia. Don Domingo Iriarte, ministro de España en 
Varsovia, fué el encargado de seguirlas secretamente con 
Mr. de Barthelemy, ministro de Francia en Suiza, que se 



hallaba en Baailea y había sido el negociador de la pax en- 
íre la República y Pfusia. Las instrucciones que Iriarte reci- 
bió de Madrid, se reducían á autorizarle para ofrecer el 
reconocimieolo del nuevo sistema político de Francia a 
cambio de una paz qne dejase á salvo loa ieree/xa de la sobera- 
nía y los limites de España conforme se halUiban al declarar- 
se laguerra, cláusula que según el sentido en que estaba con- 
cebida, encerraba una reserva de los derechos dinásticos de 
la rama espaSola de Borbdn para el caso en que se reatable* 
ciese el sistema monárquico en Francia. Pedia también el go- 
bierno de Carlos IV que se permitiese venir i. España ¿ los 
dos hijos de Luis XTI, seSalándoles Francia una peosióo 
adecuada á su alta clase. — El 17 de Hayo de 1795 empe- 
zaron las negociacionefr entre Iriarte y Burtbelcmy aiend 
CQ un principio bastante extraordinarias las exigencias d 
Francia, pues no sólo pretendía que se le cediese en Améri' 
la L'uisiana y la parte espióla de Santo Domingo, Bino qui 
también pretendía la cesión de la provincia de GuipÜEOoa 
cuyas principales ciudades habían ocupado las tropas fran- 
cesas. Estaa pretensiones fueron limitándose eo el curso de 
la negociación, hábilmente seguida por nuestro reprssentan- 
te, que dio por resultado el que Francia se contentase con la 
cesión de la parte española de la isla de Santo Domingo, fir- 
mándose el tratado definitivo de pax, de Basilea entre S. M. 
católica y la república francesa el 22 de julio de 1795. 

Consta este tratado de 17 artículos: los tres primeros se 
refieren al restablecimiento de la paz y contienen las medi- 
das convenientes para la cesación de hostilidades. — Los ar- 
tículos 4.°, 5." y 6.° snn relativos á la restitución por parte 






d« Francia i Esptt&a de todas las conquistas hechas en si 
territorio durante la guerra. — En el 7." se acordó el nombra 
miento de una comisión para hac«r un tratado de límite 
entre las dos potencias. — El 9." ea el más importante^ porqui 
contiene la cesión dt> la parte de la isla de Santo Domingo i 
que antes no^ hemos referido, sefialándose el plazo de ui 
ano para que pudiesen trasladarse 7 trasladar sus bienes : 
aa posesiones de S. H. católica, los habitantes de dicho te 
ritorio que por sus intereses ú otros motivos no quisie- 
en continuar en él. — £1 art. iO disponía qne se restituí- 
ían respectivamente ¿ los individuos de las dos nacione! 
s efectos, rentas y bienes que se les hubiesen tomad< 
cwQscado con molívo de ta guerra. — El 11 restablecíi 
as relaciones comerciales entre los dos países en la mismi 
Tonna que estaban anteriormente.— El 12 7 13 eran relativOE 
al cange'de prisioneros. — Por último, en los artículos 15 3 
16, Francia aceptaba la mediación de España para hacer la 
psE con Portugal, Ñapóles, Gerde&a, Parraa y demás estadoe 
de Italia, y en general con todas las potencias beligerantes. 
A este tratado so añadieron tres artículos separados y se- 
cretos por los cuales Francia quedaba autorizada para sacaí 
de EspdSa un importante número de eabesas de ganado lanar 
7 caballar; 7 se obligaba á entregar á nuestro reino la hija 
de Luis XVI, en el caso de no aceptarla el gobierno austría- 
co á quien se le había ofrecido. Finalmente, en el tercer ar- 
ticulo secreto se limitaba la mediación de España en Italia, 
á los Estados Pontificios. 

Después del tratado de paz de Baailea, la política de Car- 
los IV 7 de sus ministros vuelve otra vez i su antiguo cauce. 



esto ea, i la alianza coq Francia y á la separación de Ingla- 
terra, dando por resultado el tratado de San Ildefonso de i^ 
de agoBto de 1796 ertíre España y el Directorio francA^ por 
el cual pactaron una alianza orensiva y defensiva entre las 
dos naciones, j que, aunque análogo a los pactos celebrados 
en tiempos de Felipe V y Garlos III, no era' eiertamenle 
lo mismo. 

La primera consecuencia de esta alianza fué la declara- 
ción de guerra que hizo Carlos IV á Inglaterra en un mani- 
ñesto de fecha 7 de octubre de 1796, en el qae se especifi- 
caban los fuQiíados motivos que EspaSa tenia para proceder 
contra los ingleses, y se euumerahan los muchos agravios 
que éstos habían inferido al pabellón y ¿ los subditos espa- 
Tiolea. 

Los hechos de armas más importantes deesta guerra fue- 
ron: la derrota que nuestra.escuadra sufrió en el Cabo de Sau 
Vicente (14 de febrero de 1797), reparada bien pronto con la 
enérgica defensa que el almirante Hasarredo hizo de la ciu- 
dad de Cádiz bombardeada por la escuadra británica (ju- 
lio de 1797). — En América, los ingleses se apoderaron de 
la importante isla espaSola Trinidad (16 de febrero de 1797) 
y atacaron la de Puerto Rico, pero el valeroso comandante de 
la isla, brigadier don Ramón de Castro les precisó á retirarse. 
Igual suerle sufrió la escuadra inglesa mandada por el almi- 
rante Nelson qae durante el mes de julio pretendió apoderar- 
se lie Santa Cruz de Tenerife. El general español don Antonio 
Gutiérrez acreditóse de valiente primero, defendiendo heroi- 
camente la ciudad, y de generoso después, observando con los 
vencidos un a conducta hospitalaria y caballerosa. 







- 687 — 
mo, la isla de Menorca cayó otra vez en poder de los inglese 
el 10 de noviembre de 1798. 

La aituacióa de nuestra patria se complicó aún más al aü 
siguiente con la declaración de guerra que nos hizo Rusia 
cuyas causas pueden atribuirse á haberse negado Carlos V 
á acceder á las pretensiones de Pablo I de que España se se 
parase de su alianza con Francia ; de que los monarcas oa 
tólicos reconociesen at Czar como Gran Maestre de ta Ordei 
vle San Juan de Jernsalen, á lo que muy razonadamente s 
opuso el rey de España. — Afortunadameate las bosliUdade 
□o llegaron á romperse, efecto de la gran distancia entre un 
y otra nación y á causa también de la distracción de las ar 
mas rusas en Italia, Holanda, Suiza y Alemania. 

No nos detenemos mis en el examen de las campaSas d 
esta época, por no tener especial importancia para nuestr 
trabajo hasta llegar á las negociaciones y tratado de paz qu 
pusieron ñn á las mismas, de lo cual pasamos á ocuparno 
en el capítulo siguiente. 

Obsas dk oohsulta.— Mignet, Hitloirt de la révolulio 
fran^ittt Paria 1886. — Jomini, Gtttrre» de la révohítion.- 
Thiera, HUtoire de la rivolution fran^aite. — ÍÍ. de Maroilla( 
Hittoirt de la gverre entre la f ranee el VJStpagne en 1T9B e( 179j 
— Lscretelle, Hittoire de la Tévolation franíaúe [hasta el 18 
19 de brnmarío del aiio VIIIJ (8 y 9 de noviembre de 1799).- 
Bignon, Hitíoire de Fraitce ideade 1799 hasta la paz de Tileit 
— C. CantA, Hütoria univereal, — Lafnente, Hietoria de EtpaUt 
— Otto vOQ Leixner, Nuetlro Siglo. — Martens, Recueil des trai 
tea, — A. Oebhard. Beaueil des traite» de paix, d'amiiii, <ralliai 
ce, de neutraliti, etc., concluí entre la répuUique frangaite et L 
di/firenteM puiíiance» de l'Europe, depuie 1792 jutqu'a lapai 
genérale (1792-1802).— Garden, HUtoire dti íraiíí».— Cantilli 
Coieoaiótt de tratado*. 



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- 689 — 

Francia fué atender á las guerras exteriores. Napoleón Bona* 
parte que había contribuido eficazmente á rendir á los realis- 
tas en Tolón, y había vencido á los parisienses en la revolu- 
ción del 13 de vendimiarlo (5 de octubre de 1795), fué ahora 
enviado á Italia como General en Jefe para hacer frente á los 
ejércitos austríacos. Encontró á los soldados franceses en las- 
timoso estado; derrotados, hambrientos, sin vestuario y sin 
pagas, empezaba ¿ cundir entre ellos el descontento y el 
desorden. A. pesar de todo, supo Napoleón levantar el ánimo 
de su gente, y consiguió destruir uno tras otro cinco ejérci- 
tos enemigos en Italia, cada uuo de ellos más fuerte y más 
numeroso que el suyo. No nos hemos de detener d relatar las 
victorias que Bonaparte alcanzó en esta campaña, limitándo- 
nos á decir que en brevísimo plazo, con sorprendente rapidez, 
conquistó la mayor parle del suelo italiano, cunvirtiendo en 
repúblicas los territorios que sometía. De este modo formó las 
repúblicas Gispadana y Transpadaua que al poco tiempo reu- 
nió en una sola con el nombre de república Cisalpina^ com- 
puesta de la Lombardia, Módeoa, parte del territorio de Ye- 
necia y de los Estados de la Iglesia. 

Los triunfos de Napoleón obligaron á los principales Es- 
tados de Italia á firmar la paz con Francia, comprometién- 
dose á separarse de la coalición contra esta potencia y ajustan- 
do tratados en general ventajosos para los franceses (i). 

Dispúsose después Bonaparte á atravesar los Alpes y caer 
sobre Viena (1797). Alarmado el Emperador Francisco II, 
llamó á su hermano el archiduque Garlos que al frente del 



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(1) Véanse estos tratados en la Coleoción de Garden tom. v. 






ejército auslriaco en el Bbin, había con 

eses en VÜrttemberg y en la Sel- 
>udieae hacer frente á las tropas 
luque na encontró en Italia mis 
ijércltos vencidos, así es <iue Bo- 
las tropas austríacas y ae acercó 
f). El Emperador se veía solo en 
nado de Prusia, desamparado de 
:laterra, ; amenazado de qne en- 
itos franceses del Rhin y del Sám- 
enlo cuarenta mil hombres, p«n 
ts por tanto extraño que la corte 
;eptar la proposición q_ue le hizo 
e entablar negociaciones de paz, 
a Léoben los preliminares enlre 

0(1). 

convinieron los pleuipotenci&rioa, 
atria renauciú^ jqb derechoe sobre 
inidaa á Francia, ; reconoció por 
i determinaron por las leyea eons- 
celebrarae un Congreso para tratar 
emania, sentando por primera base 
nuaciaba ¿ ana poseeionea da la de- 
lue ee la cediese, en compensaoíón, 
¡anos comprendida entre dicbo rio, 
y también la Dalmacia veneciana 
ididas igaalmeate á Anrtria, des- 
atado definitivo, loa fortatesaa de 
:hiera; 6." la Romanía, Bolonia j 
onizar á la república de Yeneci .; 
¡evo gobierno de la república Ciaa - 
cias qne antes le pertenecían. 



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— 591 — 



A pesar de éstos, la lueha continuó en Italia donde la in- 
surrección de Yenecia contra las innovaciones y contra los 
excesos de las tropas francesas en 1796 y el ataque á éstas de 
los venecianos y tiroleses da acuerdo con los austríacos, en 
los momentos en que Napoleón sé disponía á marchar sobre 
Viena, dieron motivo ó pretexto á éste para ocupar aquél Es- 
tado, é imponerle las condiciones de la paz que se estipuló 
por el trcUcido de Milán de 16 de mayo de 1797, en el que, el 
Consejo veneciano renunció á la aristocracia hereditaria re- 
conociendo la soberanía del pueblo; pidió guarnición fran- 
cesa y dio seis millones de libras tornesas, veinte cuadros y 
quinientos manuscritos. 

Para la celebración del Congreso que en virtud de los 
preliminares de Leoben había de determinar las condiciones 
de la paz defínitiya entre el Directorio francés y el Imperio 
se fijó en un principio la ciudad de Berna, pero las dos po- 
tencias interesadas convinieron en tratar solas para obviar 
entorpecimientos y dilaciones. En consecuencia, ni tuvo lu- 
gar el Congreso, ni á las conferencias que se celebraron en 
Udina asistieron más plenipotenciarios que Bonaparte en re- 
presentación de Francia y el 'marqués de Gallo, los condes 
de Cobeuzl y de Meerveldt y el barón Degelmann en el del 
Imperio. 

El 19 de mayo comenzaron las negociaciones, que al 
principio se siguieron lentamente por ambas partes, pues el 
Emperador, repuesto de su primer aturdimiento y alentado 
por. la sublevación de los tiroleses y venecianos contra los 
franceses, se mostraba pesaroso de los sacrificios que de- 
bía hacer en virtud de los preliminares de Leoben; y por 



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otra parte taoto los representaotes del Imperio enmo Na- 
poleón esperaban un cambio en el Directorio ttancés, ruda- 
mente combatido eu aquellos momentos por los partidos ex- 
tremos. En efecto, el 18 de fniotidor(4 de septiembre de 1797) 
estalló en París la revolución producida por la diviBÍón eo- 
tre los miembros del Directorio, que si por el momeoto di<Í 
1)1 victoria á los republicaoos, preparó sin embargo el terre- 
no para el derrumbamieato de la república. £1 resultado de 
esta revolución para las relaciones exteriores, fué el de apre- 
surar la conclusión de la paz con Austria- El partido de Bo- 
naparte había obtenido el triunfo en París y ésto le aaimó i 
seguir manteniendo sus proposiciones y exigencias con res- 
pecto al Emperador, seguro de que el nuevo Directorio ya do 
tendría como el anterior recelos contra ¿I 7 aprobaría cuao- 
to hiciese. Reanudadas las conferencias en el mes de sep- 
tiembre en Vdina, Napoleón supo imponerse á los plenipo* 
tenciarios austríacos, y el 1." de octubre se estuvo ya en el 
«aso de enviar á París y á Viena para su decisión, ol ultíma- 
twn de las proposicioues relativas á los tres puntos que ha- 
bían sido causa de mayor discusión, á saber: la reunión de 
Mantua i la república Cúaipina; la fijación del Rhin como 
limites de Francia y la aplicación de las leyes francesas á 
los emigrados belgas. 

El Directorio francés, había cambiado de política. Hasta 
el 18 de fructidor había sido partidario de la guerra con las 
potencias extranjeras como medio para anular al partido de 
la oposición, pero así que se apoderó del poder absoluto, opi 
□ó por la paz para consolidar su autoridad, haciendo creer i 
la nación que el partido derribado se oponía é lo que el pue- 



blo deseaba. Pero como de otra parte, do podía permanec 
mucho tiempo sin teoer ocupados á sus ejércitos, procu 
concluir una paz que llevase en sí misma los gérmenes i 
una nueva guerra. £1 Directorio, resolvió en consecuenc 
ot^ecer Venecla al Emperador en lugar de Mantua, olvida: 
do que aquélla hubiera sido más útil que ésta ó la repúbll 
Cisalpina, pues te hubiera proporcionado un puerto de m: 
de que carecía. ' ■ 

TraSado de paz de Campo- Fomwt. — El 27 de diciembr 
Napoleón Bonaparte proclamó la unión de Mantua á la r 
pübiica Cisalpina y prosigiójas negociaciones con los píen 
potenciarlos del Imperio, que dieron por resultado el íraía< 
de paz de Campo~Formio de 26 de vendimiario (iS de Oclub 
de 1797^, tan ventajoso para Francia, que á pesar de haber 
hecho Napoleón contraviniendo en parte, las instrucciom 
del Directorio, su gobierno no «e pudo negar á ratificarle. 

Las principales estipulaciones de este tratado Tueron 1: 
siguientes: que se establecería la pas entre Francia y el In 
perio; que ninguna de las dos potencias daría auxilio 
protección á los que pudiesen perturbarlas ó perjudicarlas (s 
tículo 1.°); los Países Bajos austríacoseran cedidos áFranci 
reconociéndose el Bhin por limite de los doniinios franc 
scs (art. 3); Francia se encargaba del pago de las deudas b 
poivcarias establecidas antes de la guerra sobre los Pala 
Bajos (art. i); el Emperador consentía en que pasasen á pod 
de Francia todas las Islas venecianas de Levante y renunci 
ba todos sus derechos á los países que formaban la repúbU 
CittUpina (arts. S y 7); recibía en cambio Venecia el Friul , 
latría, la Dalmacia y las Bocas del CatUro (art. 6); la rep< 




:a Cisalpina era reconocida por el Imperio como potencia' 
lependiente y se compondría en adelante de la Lombardú 
itriaca, el Bergamasco, el Bressan, el Cremasco, la ciudad 
brtaleza de Mantua, el Mantnano, Peschiera, algunos Esta- 
i venecianos, Módena, Massa, Carrara, y las tres legacío- 
) de Bolonia, Ferrara y Roniagna (art. 8); se concedía á los 
bitantes de los países cedidos un plazo de tres meses para. 
juerian, salir de ellos y vender sus propiedades (art. 9); los 
iculos 10 al 16 eran relativos á las deudas de los paisas 
]uiridos, cedidos ó cambiados, á la navegación de los ríos, 
ID tratado de comercio que había de celebrarse entre las 
) naciones contratantes, y á una amnistía. £1 Emperador 
lia el Brisgau al duque de Uódena á cambio de su Duca- 
(art. 18); y se acordaba por último, la celebración de tin 
ngreso en Rastadt para concluir la paz entre el Imperio 
-mánico y Francia, puesto que Austria solo había tratado 
r sus Estados hereditarios. 

Acompañaban á este tratado unos artículos secretos en 
cuales, de acuerdo con lo convenido en los públicos, se 
ablecia: que el Emperador emplearía sus buenos oficios 
-a que el Imperio germánico cediese á la República Trance- 
una parte de los países situados en la ribera izquierda del 
in comprendidas Maguncia y Juliers; el Emperador por su 
-te cederla el condado de Falkenslein y en compensación 
incia emplearía sns buenos oficios para que aquel adqui- 
ie el arzobispado de Salzburgo y una parte de la Baviers. 
' último, como según la línea trazada por limites franca - 
, Prusia debía recobrar sus pososiones de la ribera izquie - 
del Rhin, 9e dispuso en otro articulo secreto que lo qi e 



— 595 — 
Austria y Francia ae garaatizabaa mutuamente por este tra 
taJo, no había de dar motivo á ninguna nuera ad<iai8ici<)i 
para el rey de Prnsia. 

La cesión de Yenecia y demás territorios á Austria y 1: 
perspectiva que se le ofrecía de ensanchar sus dominios po 
Baviera, objeto constanle de su ambición, al paso que 
Prusia nada se le concedía y basta se la trataba desdeSosa 
mente en el tratado de pai de Gampo-Formio, eran cosas qu 
entrañaban motivos de discordia entre las dos potencias al( 
manas. Si ésta fué la intención de Bonaparte al seguir ts 
política y ajuslar seinejante tratado, hay que reconocer si 
habilidad diplomática, pues la enemistad de Austria y Prn 
sia era de esperar que fuese ventajosa para los franceses 
aprovechándose de las disensiones entre una y otra par 
apoderarse de la ribera izquierda del Hhin y ser en sama lo 
arbitros supremos de la suerte de Alemania. Prusia no coin 
prendió el juego y Federico Guillermo III que sucedió al I 
del mismo nombre en 1797, siguió la misma política d 
unión con Francia que había seguido éste. 

2. Congreso de iíasíracíí.— Ratificada la paz de Campo-Foi 
mió el 26 de octubre, la corte de Viena pidió al Dircciori 
la entrega de la ciudad de Yenecia, pero Francia se negó 
hacerlo mientras Alemania no le diese Maguncia. 

La mutua entrega de estas plazas fué por tanto el prime 
asunto que se trató en Hastadt, antes de la apertura del Con 
greso, entre Napoleón y el conde de Cobenzl, plenipotencia 
rios de Francia y Austria respectivamente. Importábale mu 
cho á la segunda, entrar en posesión de Yenecia y para elli 
quiso obtener á toda costa la ejecución de la paz de Cam^ 



), ñrmándose el 1." de Diciembre de 1797 un con- 
ítar secreto para la evacuacióa de Venecia por Ifts 
iDcesas, y la do los Estados alemanes cedidos i 
por los ejércitos austnacoa, estableciéndose, que si 
de Maguncia ó el Imperio se opusiesen á la entrega 
Bza, la República francesa podría obligarles por la 

amo día que se firmó este convenio, se cangearon 
aciones del tratado de Campo-Fotmio, y Bonaparte 
París quedando en el Congreso como plenipotcu- 
iDceses los dos antiguos convencionales Treilhard 
r d'Arco, y como representantes del Emperador en 
¡alidad de jefe del Imperio y de rey de Hangría los 
eos Hetternich y Gobenzl. Los Estados del Imperio 
también sus respectivos delegados i Rastadt. 
;rtura del Congreso tuvo lugar el 9 de diciembre 
lando principio las conferencias el 16. Resuelta co- 
aba la entrega de Maguncia y Venecia y ocupada 
a por los franceses el 30 de diciembre y la segunda 
striacos en los primeros días del aSo 1798, pasaron 
lotenciarios á ocuparse de los demás asuntos pen- 
¡1 14 de enero Treilhard y Bonnier d'Arco presen- 
proposiciones de Francia pidiendo que ae fijase et 
río Bhin como limite entre los Estados de la repñ- 
>s del Imperio germánico, condición que se había 
I en Gampo-Formio pero que, como sabemos, el 
ir no tenía derecho á resolver sin la aprobación de 
is imperiales. Muy largas fueron las negociaciones 
reglo de esta cuestión, cruzándose infinidad de no- 



— mi — 

tas entre los representantes alemanes y Craaccscs, hasta qi 
al fin filé resuelta en Abril de 1798, consintieotlo los prínc 
pes alemanes en ceder á Francia la orilla izquierda del Rtii 
á cambio de ciertas ventajas personales. 

Continuó reunido el Congreso, pero como en él no se ti 
, rnaron acuerdos definitivos ni se resolvieron más cuestione 
no nos detenemos en el examen de sus conferencias, Umita 
(lonoa á decir que si bien no dio resultados positivos, estahl 
•?ió la norma que algunos años después sirvió para hacer 
paz entre Francia y el Imperio. 

£1 hábil Talleyrand, ministro de Negocios Extranjeros < 
Francia, supodurante este Congreso tener en jaquea losprii 
cipales Estados alemanes y aprovechar el miedo y la envid 
de los pequeños para atizar la desconfianza de todos, iatri 
duciendo así el germen de la disolución en el cuerpo germ 
nieo y en aquella constitución que hasta entonces se h 
bia considerado como el sosten del equilibrio político ent 
las potencias de Europa. 

3. Segunita coalición contra Francia. — Mientras inútllmei 
te se discutía en Ilagtadt, las tropas francesas habían inv! 
dido la orilla derecha del Rhin y cometían otros atropelb 
en Suiza, en los Estados Pontificios y en Ñapóles, al paso qi 
para perjudicar al comercio inglés y amenazar las posesión 
asiáticas de Inglaterra, única potencia que bahía mantenU 
decididamente el desafio con Francia, se enviaba á Napoleí! 
con un ejército á Egipto, donde si bien la escuadra france: 
fué derrotada por el almirante inglés Nelson en la bahía ( 
Aboukir, en tierra firme los ejércitos de Napoleón se hicii 
ron dncñoB de Alejandría, ganaron á Mourad-Bey la batftl 



i 



las Pirámides y sometieron todo el pais, del que pocú 
mpo después habían de ser arrojados por las fuerzas ingle- 
i y turcas. 

Todos estos sucesos dieron motivo á una segunda coaUoM 
utra Francia (1798), formada por Inglaterra, Austria, Bu- 
, Ñapóles y Turquía, para libertar á Italia y 41ci"&'^^i> ^^ 
intluencia siempre crecioute del Directorio. 

Al morir la emperatriz Catalina de Rusia, se disponia 
a naciÓD á enviar contra Francia ua ejército de 60. (MU 
mbres que Inglaterra había tomado á sueldo. Subió >> 
>no Pablo I cuyo carácter y odio al gobierno francés 
á los principios revolucionarlos, hicieron esperar á )oí 
ados que estaría dispuesto ¿ entrar en guerra con Fran- 

y á ratificar y mantener cuantos tratados hubiese fir- 
ido Rusia anteriormente que le obligasen á ello. Pero 
nuevo Emperador declaró que no estaba dispuesto, en los 
nienzos de su reinado, á hacer salir á campaña un ejér- 

de GO.OOO hombres. — Un hecho en apariencia sin im- 
rtancia para Rusia, vino ala embargo, á hacer cambiar de 
litica á Pablo I, que fué la ocupación de la isla de Malta 
r Bonaparte al principiar su expedición á Egipto. GI inte- 

1 y predilección que el Czar tenía por la Orden de San 
an de Jerusalen ó de Malta, i. la que consideraba como 
itén de los tronos y cuya institución quería oponer al 
sbordamiento de los principios jacobistas y antirreligio- 
9 que invadían Europa, le decidió á entrar en una alianza 
ntra Francia que se había atrevido á apoderarse de la c: - 
tal centro de la Orden. 

La ocupación de Egipto por los ñ^anceses, hizo que i 



Sultaa Selim atendieodo las iodicacionea de los embajado 
res de Inglaterra y-Rusia, ae determinase i declarar tambiéi 
la guerra ¿Francia. 

Prusia, á pesar de los esfuerzos del Directorio y de Husi] 
para atraerla, ya á uno, ya á otro partida, aupo mantenersi 
neutral en la nueva lucba. 

La diplomacia espióla desplegó en esta ocasión grai 
actividad, baciendo toda clase de esfuerzva para el man 
tenlmiento de la paz. El embajador de Carlos IV en París 
Azara, previno al Directorio de las consecuencias que po 
diatener la conducta que seguía cou. las demás naciones 
pero á pesar de los datos en que fundaba sus advertencias ; 
DOticiaa, y del buen concepto en que tenia aquel gobierno a 
ministro español, sus observaciones do fueron atendidas. A 
mismo tiempo, los representantes espaüoles, Onfs en San Fe 
tersburgo y Campo Alange en Tiena, trabajaban cerca d 
€stos gabinetes para evitar la guerra. 

Todo fué inútil, pues el Emperador Pablo I de Rusia fir 
mó alianzas con las cortes de Austria, de Inglaterra, de Ná 
poleB y de Turquía contra Francia (1), concertando entr 



(1) El testo y fecha del tratado de alianza entre Bnsi» ; 
Austria no es conocido. Loa demás que se firmaron en 179B f ac 
ron loB eigaientes: 

1." Tratado de alianza de S. Peterabargo entre Bnaia y la 
dos Sioilias de 29 de noviembre. 

2.^ Tratado de alianza de Constant inopia de 23 de dioiambr 
entre Turquía y RaaiK. 

8." Tratado de alianza de S. Peteraburgo de 29 de diciembr 
entre la Oran Brstafla y Bnsia. 



- eoo — 

>triis cosas con el Emperador Francisco, que pondría ¡nme- 
liatamente en marcha para el Danubio ud coDsiderablc 
!j^rcUo ruso. 

De esta manera se vi6 Francia por segunda vez eofreott 
le casi todas las Daciones de Europa- — La campaña dio pris- 
;Ípio bajo buenos auspicios para los aliados, pues sí bien en 
08 primeros momentos los franceses se apoderaron del reino 
le Ñapóles é hicíeroo de él otra dependencia de Francia con 
;1 nombre de repüblica Parthenópea (enero de 1799). no tardó 
a verificarse una de las reacciones realistas más violentas 
[ue registra la historia, alzándose el pueblo contra ta domi- 
lación republicana, y capitaneado por el cardenal Buffo luchó 
ontra las tropas francesas en los Abruzos y con el auxilio 
!e las escuadras inglesa, rusa y portuguesa, libertó á Ñapóles. 
[onde se llevó á cabo una horrible matanza de individuos 
leí partido republicano. 

Tanto en Italia como en Alemania, las armas francesas 
nerón vencidas por las austríacas y por las rusas en los 
•rimeros meses de la campaña. Únicamente en Suiza el ge- 
leral Massena se mantuvo firme á lo largo de la cordillera 
el Albls. 

4. Política del Consulado. — Las derrotas de los- ejércitos 
ranceses unidas á otras causas de política interior produci- 
as por el estado de desorganización y febril movimiento 
ue constantemente se mantenía en Francia desde los pri- 



i." Tratado de alianza de Constan ti nopla de 2 de enero de 
799 entre ^nrqnia y la Oran Bretafla. 

Véanse estos tratados en Qarden, Hietoíre ginéralt det irai- 
k de paix. 



— 601 — . * 

meros momea tos de la revolución, hacían ansiar un genio, 
un hombre superior, capaz de sacar á la nación de la anarquía 
y del laberinto en que se agitaba. Llegó en aquellos momen- 
tos á París Napoleón Bonaparte, que vencedor en Austria, en 
Italia y en Egipto, se presentaba como salvador de su patria, 
£1 18 de brumario se opera un nuevo cambio en el gobierno 
francés y el Directorio cede su puesto al Consulado de Bona- 
parte, Sieyes y Ducos. 

Angustiosa era la situación de Francia en aquellos mo* 
mentes en que se veía abatida por los efectos de una nueva 
convulsión en el interior y destrozados sus ejércitos en el 
exterior. 

Había perdido sus conquistas de Italia, se encontraba en 
guerra con Inglaterra, Austria, Rusia y Turquía, en una si- 
tuación mal 4«fínida con Prusia y amenazada de romperse 
su alianza con España, porque esta nación, cansada de hacer 
sacrificios en favor de Francia y de soportar las exigencias 
del Directorio, parecía dispuesta á cambiar la política de 
unión con los franceses seguida desde la paz de Basilea. 

Sieyes y Bo ñaparte fueron los dos genios que enmenda- 
ron los males de su país y aprovecharon la reacción hacia 
las ideas de orden, para emprender con una nueva política 
sabia y templada la regeneración de Francia. Y sien el in- 
terior hicieron reformas importantes, conio la supresión del 
odioso impuesto progresivo, la abolición de la tiránica ley 
de los rehenes, el arreglo de la hacienda y finalmente promul- 
garon la constitución del süao YIII cuyo organismo era, las 
listas de notabilidades, comunal, departamental y nacional/ 
un Senado conservador, un Consejo de Estado, un tribunado» 




— 602 — 
1 cuerpo legislalivo mudo y ua gran elector, cuyo cargo 

convirtió en el de primer cónsul por dies aSos; en el ei- 
rior propusieron la paz á las naciones aliadas y no acep- 
udola ni Austria ni la Gran Bretaña, el Consulado se 
irestó para la guerra. 

Si Napoleón había demostrado hasta entonces su geoia 
ilitar, enesta ocasión probó sus dotes políticas y diploma- 
bas. Aprovechó ol resentimiento que el emperador Pablo I 
^ Rusia tenía con Austria por las discusiones ocurridas en- 
e sus generales y los austríacos en la última campañs, ; 
apleó para atraerle al partido francés dos medios tan n<¡' 
es 7 generosos que conmovieron los sentimientos cabelle- 
seos del joven monarca. Fué el primero, devolverle máe 
i seis mil prisioneros rusos, sin condición alguna; y el ae- 
indo, hacerle cesión de la isla de Malta bloqueada por los 
iglesee, para que pudiese restablecer la orden religiosa ; 
ilitar de San Juan de Jerusatén por la que siempre había 
ostrado especial predilección. Con medios tan atinados co- 
políticos, supo Bonaparte separar de la liga al czar Pablo I. 
Por política consiguió también Napoleón convertir á la» 
Dtencias neutrales del Norte en enemigas de Ingtatsira, &- 
creciéndole para lograrlo las violencias cometidas en loi 
ares por los ingleses con buques de bandera neutral, so 
retexto del derecho de visita. 

En cuanto á España, Napoleón halagó á la corte de Ua- 
rid con espléndidos regalos i los que nuestros reyes ooms- 
>udierou no menos generosamente, y sabiendo el entraña 
e afecto que la reina María Luisa profesaba á su hermau 

infante de Parma, ofreció dar á éste un torritorip mayf 



del que poseía y el título y prerrogativas de rey. Pedía e 
«amblo Bonaparte á nuestro reino, la retrocesión de la Lu 
siana á Francia, diez navios de guerra aparejados y artill 
dos para ser tripulados por franceses y que EapaSa obliga 
Á Portugal á hacer la paz con la República francesa y á ron 
per con Inglaterra, enviando, sí era menester, un ejercí 
«spañol á aquel reino para forzar á ello á la corle de Lisbo 
De esta negociación fué encargado el embajador francés Be 
. tbier, y recibida con júbilo la proposición por Carlos ] 
y por BU primer ministro Urquijo, se firmaron los artiei 
ios preliminares de San lidefimso entre España y Franc 
de i." de o^vhre de 1800 sin más variacióu á la propues 
por Bonaparte que la de reducir i seis los diez uavios qi 
pedia. 

S. Paz de Limévilie. — ¿Cuál fué entre tauto el resulta* 
de la guerra de Francia con Austria é Inglaterra? La cao 
paña de 1800 constituye una de las páginas más gloriosas i 
la importante historia militar de Napoleóu Bouaparle. I 
nos hemos de detener á examinar aquel asombroso plan • 
■ operaciones que había de proporcionarle la victoria en ti 
das partes, ni hemos de relatar el paso del Rhiu ni las bat 
Has de Engen, de Mceskírch, de Biberach, y de Memminge 
ganadas todas por los franceses al macdo de Horeau que 
hizo dueño de la Baviera, ni el sorprendente paso de los i 
pea por Napoleón. Basta para nuestro objeto decir que 1 
' hechos de armas decisivos de esta campaña fueron la bat 
lia de Morengo que se dio el 14 de junio, perdida primera 
y ganada después por Bonaparte sobre los austríacos mand 
dos por Helas, y la de Hohenlinden (3 de diciembre), gana 



leral Moreau, más memorable aún que la aaterior 
maecuencias militares (1). 

hs de la derrota de Uarcngo, Mélas propuso un ar- 
Bonaparte que accedió á él, y loados generales fir- 
Convención de Alejandría de 16 de junio, después de 
apoleÓQ confió ul maodo del ejército de Italia á 
j marchó á París á esperar la respuesta de la corle 
El Emperador envió ¿ Francia al conde de San Ja- 
a ratificación del armisticio de Alejandría 7 con el 
e proponer al primer códsuI uoa paz en que fuesen 
idas la Gran Bre(a5a y el rey de las dos Sicilias, 
[úbierno francés, do estando dispuesto á entablar 
ones para la paz general, se limitó á ofrecer con- 
ventajosas á Austria para una particular, y pre- 
oude de San Julián un proyecto redactado en ese 
:i 28 de julio de 1800 se firmaron los preliminares 
lor M. de Talleyrand y el plenipotenciario del Em- 
[ue á pesar do ser muy favorables para Austria, la 
Aena no quiso aceptar en atención á los compro- 
tenia con la Gran Bretaña, mientras esta naci6n 00 
mbién en la paz. 

isde la derrota de Holienlinden. se firmaron nue- 
ticios parciales entre los generales del Emperador 
ceses, hasta que por fin el 16 de enero de 1801 se 
a suspensión general de armas en Trevisa, por los 



austríacos sufrieron en eata batalla la pérdida de 
rtoB, 11.000 prisioneros y cien cañones. Los franceses 
0.000 bomibroB tnerji de combate. 



— 606 — 

generales Brane y Bellegarde, en la que ae establecía: una li- 
nea de demarcación entre los dos ejércitos; que las plazas de 
Peschiera y Sermione, los fuertes de Yerona y Legnago y las 
ciudades y fortalezas de Ferrara y Anco na serian entregadas 
á Francia; y que la fortaleza de Mantua seguiría bloqueada 
por los franceses, pero permitiendo enviar víveres para su 
guarnición cada diez días* — Bonaparte se negó á ratificar 
este armisticio mientras no se estableciese en él la entrega de 
Mantua, y asi lo acordaron José Bonaparte y el conde de Go- 
benzel en la primera conferencia que celebraron en Luuévi- 
lle el 26 de enero. 

Al Congreso que en esta ciudad se celebró no se admi- 
tieron más plenipotenciarios que los de Austria y Francia, 
y los principales motivos de discusión fueron los siguien- 
tes: i.^ Francia exigía que el gran duque de Toscana renun- 
ciase sus Estados de Italia y aceptase en cambio una indem- 
nización en Alemania; el Emperador, preveyendo que este 
arreglo encontraría obstáculos por parte de Prusia, no se 
atrevía á hacer esta proposición á su hermano el Gran Duque. 
2.^ La segunda dificultad fué la relativa á la demarcación de 
los Estados de la monarquía austríaca y de la república Gi- 
salpina en Italia, pues por una y otra parte se pretendía la 
posesión de las dos riberas del Adige. 3.^ Bonaparte exigía 
que el Emperador concluyese en Luncville una paz definiti- 
va, no sólo para sus Estados hereditarios, sino en nombre 
de todo el Imi>erio. El Emperador, no estando autorizado por 
la Dieta, se resistía á tomar sobre sí semejante negociación, 
entre otras razones, porque el rey de Prusia tenía intereses 
particulares que tratar con Francia. El plenipotenciario fran- 




— 606 - 
i que se exigía por parte de su gobierno, < 
' qua non, que el Emperador estipulase en nombre 
o, y á este propósito citaba el ejemplo de loa eon- 
ilaatadt y de Badén de 1711 en loa que Carlos TI 
ociado en nombre del Cnerpo germánico. Accedió 
mperador y el 4 de febrero envió al. conde de Co- 
rden en este sentido. 

ionsecueDcia, se firmó ol Iraiado depax de Lunera 
■ia y Francia el 9 de febrero de 1801, coyas princi- 
)Siciones eran las signientes: 
lulo 1." establecía paz, amistad y buena armonía 
icia y el Emperador, contratando éste no solo en 
, sino en el de todo el Cuerpo germánico, y com- 
ióse á hacer que el Imperio ratificase en buena y 
ma el presente tratado. 

ón do las provincias belgas hecha á favor de Fruí' 
articulo 3." de la pas de Campo Formio, era reoo- 
emás se le cedían todas las posesiones austríacas 
t izquierda del Rhin, quedando obligado el Imperio 
lente á indemnizar á los príncipes hereditarios qa« 
poseídos de sus territorios en dicha ribera (artícu- 

:ulo 3." confirmaba el 6.° de la pai de Campo For- 
relatlvo á la cesión de los Estados de la antigua 
le Venecia á Austria, pero señalándose una Tron- 
[> más ventajosa para ésta entre sus posesiones y la 
Cisalpina, que era el curso del rio Adige desde s 
) en el Tyrol hasta su desembocadura en el mar 
culo 4.° era confirmatorio del i% del tratado d 



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— 607 - 



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Campo Formio en lo relativo al daque de Módena, de suerte 
que éste recibía á cambio de su ducado, el Brisgau y lo po- 
seería en las mismas condiciones que había poseído Módena. 

Por el artículo 5.** se establecía que el Gran Duque de Tos- 
cana renunciaría su ducado y la parte de la isla de Elba de- 
pendiente de él, y recibiría en cambio una completa indem- 
nización en Alemania. — Esta cláusula la impuso Bonaparte 
con objeto de poder ceder la Toscana al infante duque de 
Parma y cumplir así la' promesa que hejnos visto había hecho 
á España de aumentar el territorio de aquel príncipe. 

Con arreglo al artículo 8.^ las dos potencias contratantes 
se encargarían respectivamente del pago de las deudas hipote- 
cadas sobre los países que cada una adquiría, pero la Repúbli- 
ea francesa no tomaba á su cargo más que las resultantes de 
empréstitos formalmente consentidos por los Estados de los 
territorios cedidos ó las procedentes de gastos hechos para la 
administración de dichos países. — Mas como no todos estos 
eran territorios pertenecientes á Estados, y por tanto los em- 
préstitos hipotecados sobre ellos no se habían establecido en 
la forma prescrita en este artículo, fueron precisas nuevas 
negociaciones para que Francia se encargase del pago de es- 
tas deudas. 

Se acordó el alzamiento de los embargos hechos con mo- 
tivo de la guerra sobre los bienes de los habitantes y propie- 
tarios de los países cedidos; y las partes contratantes paga- 
rían lo que debiesen á los particulares y establecimientos 
públicos de los mismos. De esta suerte, los accionistas del 
Banco de Yiena que pasaban á ser franceses, continuarían 
disfrutando sus acciones (art. 9). 



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I emperador Fraoi 

tica, cisalpina y liguriana, siéndoles garantida so íd- 
ideocia y la facultad de adoptar la forma.de gobierno que 
eaen (art. 11). 

>r el articulo 12> el Emperador renunció á favor de la re- 
ca Cisalpina todos los derechos y titule» que tenía sobre 
ilses que poseía en Italia antes de la guerra, y que con 
lo al art. 8.° de la paz de Campo Formio habían pasado 
nar parte de dicha república. 

1 el articulo 13, el Emperador, tanto en au nombre como 
del Imperio germánico, conñrmó la adhesión dada por 
tado de Campo Formio á la unión de los fendos imperia- 
la república liguriana y renunció todos los títuloB y 
bos sobre dichos fendos. 

i declaró libre la navegación del Adige (art. 14) 
)s bienes no alienados del archiduque Carlos, de losho* 
}s de la archiduquesa Cristina, del archiduque Fernao- 
le su esposa, situados en los paises cedidos á Francia ü 
república Cisalpina, les serían devueltos con la condl- 
le venderlos en el término de tres aSoa (arU 16). 
ir último, en el articulo 19 se disponía, que el presente 
lo seria ratificado en el plazo de treinta días, y qoe has- 
sange de las ratiñcaciones los ejércitos de las dos po- 
la seguirían ocupando las posiciones en que se hallaban, 
en Alemania como en Italia. En el término de diex días 
és del cange, las tropas francesas evacuarían las pose- 
i hereditarias de la casa de Austria, y en el de veinte 
)1 Imperio germánico. 
T la pax de lAmémile Francia se reoonoiUó con el Em- 



persdor y eoo el Imperio, pero quedó todavía en guerra co 
la Gran Bretaüa, con Portugal, con lasaos Sici lías, con 1 
Puerta y con la rntsma Rusia, puesto que con ella do habi 
firmado aún tratado alguno de pacificacióu. 

Sin embargo, el arreglo entre la República y cada una d 
estas potencias no se hizo esperar. El 28 de marzo de 180 
firmó el tratado de paz de Florencia con las dos Sioilias, e 
8 de octubre del mismo año la paz de^aris con Rusia y el 2 
de eaero de 1802 el tratado con la Puerta Otomana. 

No DOS detenemos en el examen de las negociaciones qu 
precedieron á estos pactos, ni en el de las cláusulas conveni 
das, por no tener importancia para nuestro estudio, y pasa 
moa al de las relaciones de España con Francia é luglaterr 
en aquellos momentos, y al de les negociaciones entre la Re 
pública é Inglaterra,- que habían de dar por resaltado el trata 
do de paz de Amiens. 

6. Tratado de Aranjvex iíel801 entre España y Franda.- 
Por lo que á nuestra patria se refiere, debemos recordar qu 
por los preliminares de San Ildefonso de 1800 se bahía con 
venido con Francia en la cesión de la Luiaiana y del ducad 
de Parma á cambio de un territorio mayor con el titulo d 
rey para csle principe, y que según el art. 5 " del tratado d 
Lunéville, el territorio que le estaba destinado era el gra 
ducado de ToscoDa. 

Algunas dificultades parece que ae suscltaroa para el arr< 
glo definitivo de estas cesiones, encargándose de ventilarlas c 
principe de la Faz y Luciano Bonaparto, embajador de Fran 
cia en Madrid, quienes firmaron el tratado de Aranjvex de 2 
it marzo de 1801^ cuyas disposiciones fueron las siguientes 



r 



- 610 — 

El daqae remante de Pannft renuncia ptxr si 
B perpetuamente el dacado de Parmaoon todas 
ias en favor de la República francesa, y su Ma- 
garantisa esta renuncia. 

El gran ducado de Toscana, renanoiado tam- 
tn duque, y garantida la eesidn de il á favor 
¡a francesa por el emperador de Alemania, se 
it duque de Partna en compensación de los Es- 
por el infante su padre, y en virtadde otro ira- 
nteríormente entre sn Majestad católica, 7 el 
de la república* francesa. 

El principe de Parma pasará á Florencia, en 
tonocido por soberano de todos los dominios 
al Grau ducado, recibiendo en la forma más 
ino de tas autoridades conutituidas en ^1 pais, 
la fortalezas y el juramento de vasall^e que 
lO le es debido. El primer cdnsul concurrirá con 
a pacifica realización de este acto. 

El principe do Parma será leconocido por 
i con todos los,honores debidos á su oalidad; 
nsul lo hará reconocer y tratar como tal rejt 
emás potencias, cuyo convenio debe preceder 
alón. 

La porción de la isla de Elva, perteneciente 
[uedará en poder de la República fnnceaa, y 
ul dará por equivalente al rey de Toaeana el 
no que pertenecía al rey de Ñapóles 
Gomo este tratado tiene su origen del celebrt 
Btad católica con el primer cónsul, en el eua 



J 



— en — 

e€de á la Franeia la posesión de la Laifliana, eonyieBen las 
partes contratantes en llevar á efecto los artículos de aquel 
tratado, y en que mientras se acomodan las diferencias que 
en él se advierten, no destruya éste los derechos respectivos. 

Articulo 7.^ Y como la nueva casa que se establece en la 
Toscana es de la familia de España, estos Estados serán pro» 
piedad de España en todo tiempo; y á ellos irá á reinar un 
infante de la familia, siempre que la sucesión llegue á faltar 
en el rey que ya á ser, ó en sus hijos, si los tuviese; pues sino» 
deben de suceder en estoTEslados los hijos de la casa reinan- 
te en España. 

Articulo 8»^ Su Majestad católica y el primer cónsul, en 
consideración á la renuncia hecha por el duque reinante de 
Parma en favor de su hijo, se entenderán para procurarle 
una indemnización conveniente en posesiones ó en renta. 

Articulo 9.® El presente tratado será ratiñcado y cangea*' 
do. en el; término de tres semanas, pasado el cual quedará 
sin valor alguno. 

En cumplimiento de estos actierdos, el infante duque de 
Parma pasó á tomar posesión de su nuevo reino, al cual se 
denominó reino de Etruria; y el rey de España Garlos IV dio 
el IS de octubre de 1802 una Real cédula expedida en Barce- 
lona para que se entregase á Francia la colonia y provincia 
de la Luisiana. 

7, La guerra marítima do España y Francia contra Ingla-* 
ierra, que dejamos apuntada al finalizar el capitulo anterior, 
había continuado en los años sucesivos y vino á aumentarse 
en i80i con el rompimiento con Portugal como aliado de los 
ingleses. A hacer esta nueva guerra se comprometió Espida por 



Vi 



tratado ñrmado «Q Aranjuez el 29 de eaerode 1801 con Bo- 
tarte. Nuestra nación babia hecbo eu obsequio de Fraocii 
or la unión que con ella teuia, toda clase de gestiones 
istosas para que Portugal se separase de la liga ingle» 
tra los ^Dceses, pero todas babian sido i nfruct liosas, 
ivenidas EspuSa y Francia en obligar por la fuerza á Por- 
al á desistir de su actitud, abrioie una campaña que neee- 
iamente tuvo que ser breve, porque abandonados tos por- 
ueses por Inglaterra, que inventó un fdtil motivo para no 
atarles auxilios do oiaguna clase, no pudieroh hacer freo- 
iurante mucbo tiempo á las ürmas espigólas y francesas. 
Rápidamente tomaron éstas á Oliventa y Jurumeña y Íle- 
on á los Jardines de Yelves y Gampomayor. Otras impor- 
tes plazas ocuparon también los españolee y los cuerpos 
iliares francoses, y ya se disponían á pasar el Tajo cuan* 
fué pedida la paz por Portugal. 

Fácilmente llegaron á una inteligencia los negociadores, 
icipe de la Paz por parte de España y don Luis Pinto de 
sa por la de los portugueses, firmándose el fi.de junio de 
1 el tratado de Baiajoz, por el que; Portugal se obligó á 
rar sus puertos á los navios y al comercio de Inglaterra: 
aña conservaría en calidad de conquista, para unirla per- 
lamente á sus dominios, la plaza de Olivenza con su terri- 
o y pueblos desde el Guadiaua, de suerte que este rio seria 
idelanle el límite de los dos reinos por aquella parte; no 
ermitiriaa depósitos de contrabando á lo largo de las fron- 
is de España; Portugal se obligaba á pagar los gastos he- 
a por sus tropas en nuestra patria durante la guerra de los 
ineos; España devolvería á Portugal las plazas y pueblos 



- 613 — 

ültimamente conquistados, á excepción de Olivensa; y Su Ma- 
jestad católica se obligó á garantir al principe regente la con- 
servación integra de sus Estados y dominios sin la menor 
excepción ni reserva. 

El 11 de junio ratiñcó Carlos IV el presente trat&do, y al 
propio tiempo se hizo otro, también de paz, entre Francia y el 
reino lusitano que fué firmado por el embajador de la Repú- 
blica en Madrid, Luciano Bonaparte. Pero el primer cónsul 
negóse á ratificarlo, porque no se había consignado en él 
indemnización alguna de guerra para Francia, ni la cesión 
de una ó más provincias que pudieran servir de prenda para 
obtener mejores condiciones de paz con la Gran Bretaña. 

£1 desagrado de Napoleón por las cláusulas estipuladas 
en estos tratados y por la ratificación que Garlos IV les había 
dado, fué motivo de agrias discusiones entre la corte de Ma- 
drid y el Consulado, amenazando un rompimiento entre 
los donaciones, hasta que la actitud enérgica del gabinete 
espdSol y las acertadas observaciones de nuestro embajador 
en f^aris. Azara, hicieron comprender al primer cónsul la 
conveniencia de avenirse á la paz con Portugal. 

En su consecuencia, so ajustó ésta por el írcUado de Madrid 
de 29 de septiembre de 1801, firmado por Luciano Bonaparte 
y Cipriano Riveyro Ffeyre. 

8. Por este tiempo firmó también EspaSa la paz con Hu» 
sia, porque si bien no habían llegado á romperse las hostili- 
dades entre las dos naciones, subsistía entre ellas una decía-- 
ración de guerra desde 1799 (1) y convenía á ambos gobiernos 



^ 
I 



(1) Véa96 cap. xxx pag. 587. 



Duer término á esta situación aDÓmala, Muerto el emperador 
ablo I, sa sucesor Altgandro I siguió una política máa tem- 
Lsda y pacifica. Comprendió desde el momento de su elera- 
lón al trono que no había motivo serio de guerra con Espaoi, 
en coníecueneia dió órdenes & su emb^ador en París, conde 
rcadi HaroofT para que negociase la paz ood Asara, y el 4 d« 
ctubn de 1801 ae firmó un tratado restableciendo las buenu 
ilaciones entre EspüSa y Husia, 

9. Paz de Amiens. — No sucedía lo mismo con Inglaterra, 
ayas escuadras babían obtenido importantes triunfos.- La 
[pedición inglesa á Egipto en 1800 conquistó todo aquel 
Bis y lo libró del dominio de los franceses para entregárse- 
> á la Puerta, dando por resultado la paz entre ésta y Fran- 
ia en 1802, que antes hemos mencionado. En el mismo año 
8 1800 los ingleses se apoderaron de }a Isla de Malta (B de 
iptiembre), y finalmente, la campaña marítima de tSOl fué 
imbién favorable á Inglaterra, cuyas escuadras consiguieron 
na victoria en aguas de Algeciras sobre las españolas y fran- 
esas, si bien fué debida en gran parte á la lamentable des- 
racia de que dos barcos españoles se tomasen mutuamente 
or enemigos durante la noche y se destrozasen uno á otro 
istimosamento . 

£1 cambio de política de Rusia desde que subió al troao 
.lejandro I, contribuyó dicazmente á la celebración de U 
ax general. Principió por alzar el embargo puesto á los bu- 
ues ingleses en los puertos rusos, limitó el derecho do visi' 
1 í los buques de guerra, y lo modificD respecto i los mer 
antes con disposiciones equitativas. — Inglaterra por su part 
ooperó también al restablecimiento de la pac. Al ministeric 



— 615 — 
de Pitt había aucedido el de A^dington, más paciRco ; 
piado que el apterior; los ingleses deseaban j pedían 1 
cluaidn de la guerra, y finalmente los intereses come 
y políticos de todas la naciones exigían que se pusie 
mino al estado de lucha y hostilidad mantenido duran 
tos años. 

Con estas dispoeiciones por parte da todos, se com 
que fácilmente llegasen á una inteligeneia el gabii 
Londres y Napoleón Booaparte. Inglaterra manifestó í 
«ia el 21 de mano de 1801 que el rey estaba dispuesti 
trar inmediatamente en negociaoiones pura la paz. £1 
'daño Olio, plenipotenciario francés en la corte brii 
propuso en nombre de B,ti gobierno la conclusión de un 
tício y la apertura de negociacú^ne^ para fijar los ar 
preUminares de la pai. Lord Hawkesbury en represeí 
de Inglaterra, rechaió el primero, pero aceptó las seg 
y en su cousecuencia se firmaron después de alguna 
sión los preUminareí de Londres de i." de oc<u&r« di 
cuyas principales cláusulas fueron las siguientes: que 
térra restituiría & Francia y á sus aliadas Espiuia y B 
todas las conquistas marítimas que había hecho, á ex( 
de la isla española de la Trinidad y las posesiones h< 
sas de Geylan que se reservaba S. M. británica; que 
de Buena Esperanza se abriría al comercio y navegw 
las dos naciones contratantes; que Halla volvería ¿ le 
de San Juan de Jerusaleu, y se pondría bajo la pro 
de una tercera potencia que se designaría en el tratado 
tiro: que el Egipto se restitoiria í la Sublime Puerta; 
lenitorio y posesiones de S. U. fidelísima se mantead 



— f 

integridad; que las tropas francesas evacaariaD el reinode 
polea y el Estado Romano, y las inglesas á Porto Ferraio y 
mis que ocupaban en el Uediterráneo y en el Adriático; 
e se canjearían los prisioneros respectivos; que se ratiflca- 
n los preliminares en el término de quince días, y que ae 
mirfa un Congreso en Amiens con asistencia de l«s pleni- 
[enciarios de las Daciones contratantes y de bus aliadas, 
ra concertar la pat general. 

Tanto en Paria como en Londres fué recibida con júbilo 
jioticla de la pai, y de conformidad con lo convenido en 
I preliminares se apresuraron ambos gobiernos í Dombrar 
I plenipotenciarios para el Congreso de Amiens. La Gran 
¡taña envió ¿ lord Comwallis, y Napoleón Sonaparte á su 
rmano José. 

Ocultaron los contratantes sus negociaciones & EspaBa. 
rque dispuestos á arrancarle uno de sus territorios colonia- 

para resolver las cuestiones que se presentasen, temisn 
B nuestra patria se opusiese con razón á semejante atrope- 
. El hábil y celoso diplomático español Azara no dejd de 
bLucíf el intento por parte de Francia de ceder la isla Tri- 
lad i los ingleses, así es que prevenido el gobierno de Car- 

IV, BU primer impulso fué el de no reconocer los prelimi- 
ree. Azara dirigió á Talleyrand con este motivo notas tan 
irgicas como juBtiflcadas y con igual entereza mantuvo 

el Congreso loa derecbos de Bsp^a. Aunque nuestra 
íión tuvo, por generosidad, que sacrificar en aras de la 
; la isla en cuestión, merece sin embargo especial elogio 
brillante campaña diplomática del caballero Asan en 
liens, poes por su mediación obtuvo EspaSa ventajas que 






— 617 — 1 

compensaban muy bien la pérdida de Trinidad; nos resti- 
tuye Menorca y adquirimos la plaxa de Olivenxa; y se dejó al . 
infante espaSol don Fernando en la posesión de sus Estados 
de Parma durante su Vida, á pesar de lo estipulado el ano an- 
terior en el trcUádo de Aranjuez. Nuestro embajador mereció 
gran consideración y respeto por parte de todos en el Gour 
greSo, ^ su firma ocupó un lugar preferente en los tratados. 
Tratado de paz de Amiens. — Fué firmado el 27 de marzo 
de 1802 entre el rey de España y las repúblicas francesa y 
bátava de una parte y el,rey de la Gran Bretaña y de Irlan- 
da de otra. Hé aquí el extracto de sus disposiciones. 

1.^ Habrá paz y amistad entre el rey de España y sus su- 
cesores, la república francesa y la bátava de una parte, y de 
"otra el rey de Inglaterra y sus sucesores. 

2.^ Se restituirán, sin rescate, los prisioneros mutua- 
mente. 

3.^ S« M. británica restituye al rey de España y república 
francesa y bátava las colonias que en esta guerra hayan ocu- 
pado sus fuerzas, á excepción de la isla de la Trinidad y las 
posesiones holandesas de Geylán. 

4.® S. M. católica cede la isla de la Trinidad en toda pro- 
piedad. 

8.^ La república bátava cede sus posesiones de Geylán en 
toda propiedad. 

6.® £1 cabo de Buena Esperanza queda á la república bá-« 
tava en toda soberanía: los buques de las potencias contra- 
tantos podrán aportar á él sin pagar más derechos que los 
baques holandeses. 

7,^ Los territorios y posesiones de S. M. fidelísima que- 



— 6 
aran oo Bu integridad, biea que eii cuanto i sus fronteiu 
a Europa ee ejecuiar¿ lo estipulado en el tratado de Bad^Joi. 
08 lioiitea eotre las Ouayaaas francesa 7 portuguesa a^ui- 
In el rio Arawari, cuya navegación será comdn á las dos 
aciones. 

8." Los territorios y posesiones de la Puerta Otomana de- 
en quedar eo su integridad como estaban antea. 

9." Queda reconocida la repdblica de las Siete Islas. 

10. Las islas de Malta, Gozzo y Comino serin restituidaa 
la orden de Sun Juan de Jerusaleí), en la que no habrá en 

delaute lengua francesa ni inglesa. Las fueraas británi- 
iB evacuarán la isla y bus dependencias dentro de loa tres 
leses fliguieoles, ó antes si es posible. La EspaSa. Fran- 
ia, Inglaterra, Austria, Prasia y Rusia protegerán la inde-' 
endencia de Multa, Gozío y Comino. Sus puertos estarán 
biertos al comercio todas las naciones, excepto las berbe- 

ÍSCBS. 

11. Los franceses evacuarán el reino de Ñápales y el Es- 
kdo Romano, y los ingleses á Puerto Ferrajo, y los pnertcs 

islas que ocupen en el Mediterráneo y el Adriático. 

12. Las cesiones y restitucioaes se harán en Europa den- 
ro de un mes, en América y AMca dentro de tres y en AsU 
entro de seis. 

13. Las fortiñcaciones se entregarán en el estado que es- 
ü)an al tiempo de firmarse les preliminares. 

14. Los secuestros de los bienes pertenecientes á las res- 
ectivas patencias ó subditos de las potencias contratante . 
s aliarán luego que se firme este tratado. 

IB. Las pesquerías de Terranova, islas adyacentes 7 gol ■ 



— 619 — 

do San Lorenzo, se pondrán en el pié en que estaban antes 
de la guerra. 

16. Los buques y efectos que se hayan tomado pasados 
doce días después del cange de los preliminares en el canal 
de la Mancha y mares del Norte, se restituirán de una y otra 
parte: este término será de un mes en el Mediterráneo y 
Océano hasta las Canarias y el Ecuador, y de cinco en las 
demás partes del mundo. 

17. Los embajadores, ministros y agentes de las poten- 
cias contratantes gozarán de los privilegios que gozaban an- 
tes en dichas potencias. 

18. A la casa de Nassau, que se halla establecida en Ho- 
landa se la procurará alguna compensación. 

19. Este tratado comprende á la Sublime Puerta, aliada 
de S. M. británica. 

20. Se entregarán recíprocamente por las partes contra- 
tantes, siendo requeridas, las personas acusadas de homici- 
dio, faisífícación ó bancarrota fraudulenta, cuando el delito 

esté bien ayeriguado. 

21. Las partes contratantes ofrecen observar de buena fé 
«btos artículos. 

22. El presente tratado se ratiñcará dentro de treinta días 
ó antes si es posible. — Joaé Nicolás de Azara. — José Bona- 
parte. — Schimraelpennick. — Gornwallis. 



Ob£AS ob consulta. — Las indicadas en el capitulo anterior. 



Estado de las rei^ciohbb de Francia con la8 PRiNciPAi.es 

l'OTENCIAB DB8PDÉS DB LA PAZ DB AmIENS. COMVKNIO DB Pa- 

nfs ENTAB EsPaSa Y FRANCIA DB 19 DB OCTUBRE DB 1803. — 

Política internacional del Imperio. — Tercera coAUCtóir 

CONTRA raANCIA. — CONTBKIO DB PaRÍS DB 4 DB BNBBO DB 

180S ENTRE EspaíIa t Napolsón. — CampaSa de Bonapab- 

1 E CONTRA LAS POTBMCIAB COALlOADAg. — Paz DB PrESBUBSO. 

— Coarta coalición contra Francia. — Paz de Tilsit. — 
Sistema continental decretado por Napoleón. — So exa- 
men desde el punto de vikta del derecho de cbntbs. 



1. Las reformas organiEsdonts llevadas á cabo por Napo- 
león Bonaparle eo el interior de la Bepública francesa y lo» 
triunfos que consiguió en el exterior, le elevaron at puesto de 
Cónsul perpetuo (2 de agosto de 1)402), institución nueva por 
su nombre, pero que en el fondo venia ó ser una monarquía 
con formas republicanas. De este modo caminaba Franela 
otra ves á un gobierno autócrata, y eí bien los ¡los compañe- 
ros de Bonaparle, Cambaccres y Lebrun, obtuvieron igual 
promoeión que éste. Napoleón se reservó para si solo, por la 
nueva constitución, el derecho de bacer la guerra j la pac 
nombrar senadores y la prerrogativa de la gracia; eii una 
palabra, todos los derechos de un soberano, lo cual venia 
siendo de hecho desde hacia algunos aSos. 



T*» — .-- - ---^ 



— 621 - 



Vista con agrado por por casi todas las potencias de Euro- 
pa la nueya forma de gobierno francés, por cuanto era nna 
garantía de orden, la mayor parte de ellas se apresuraron á 
felicitar á Napoleón. £1 Santo Padre, que después de haber 
celebrado un concordato con el primer cónsul, le veía resta- 
blecer él culto católico en Francia, no podía menos de tener 
confianza y afecto hacia aquel hombre que se presentaba como 
restaurador del orden y de la religión en la República. Los 
gobiernos de Prusia, Eusia, y hasta los de Austria é Inglate* 
rra, miraban también con agrado el nuevo régimen francés. 

Espsma misma, cuyas relaciones con Fraocia se habían 
entibiado con motivo de las pretensiones de Napoleón á la 
mano de una infanta de nuestro reiíio, supo, procediendo po- 
líticamente, eludir el compromiso enlazando á dicha prince- 
sa con el príncipe de Ñápeles, y cubrió las formas de la amis- 
tad con los franceses. Dos circunstancias vinieron sin 
embargo á enfriar todavía más las amistosas relacioDCS entre 
España y Francia. Fué la primera el fallecimiento del infan* 
te español don Fernando, duque de Parma, con cuyo motivo 
Garlos lY manifestó á Napoleón su deseo de que el ducado 
vacante pasase al rey de Etruria, hijo del difunto. El primer 
ministro francés Mr. de Talleyrand contestó q\\e sólo á cam- 
bio de que España cediese á Francia la colonia de la Florida 
con sn pnerto de Panzacola, consentiría que el ducado de 
Parma pasase al rey de Etruria. Gomo era de esperar* el go- 
bierno de Madrid no accedió á semejante proposicióni y las 
tropas francesas ocuparon el ducado con protesta del embaja* 
dor espimol en París. — El segundo motivo de disgusto entre 
las dos naciones fué por asuntos de comercio. Hacía tiempo 



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reo ceses preMnd 
js maoufacturaB. 
•ntína&mente su 
«clamacionesal j 
e en las aduanas 
presentante de la 
insistió en aqu 
o sólo no accedi< 
ente protección i 
B de 1802 por la 
do género de atg 
: se comprende h 
10 francés, 
laciones amistosi 
■a D tuvieron muc 
: ioglcses del re 
ts clamaban con 
aquel tratado, y 
imiento de Fraoi 
■lesa, dando cabi 
ieulos delosemij 
ra 9o ñaparle á 
BCOD DO menos 
■.a. que desde el p 
y el rompimient 
trra, además, ret 
[Tenida por este i 
n de las eslipul 
rusia, Rusia y E 






— e28 — 

orden de cosas establecido eñ aquella isla. Quema lambiéB 
los ingleses que cesase el ascendiente de Francia y su inge- 
rencia en los asantes de Alemania y de la Helvecia, míen* 
tras qne Napoleón procedía al reyes; arreglaba á sq gusto en 
la primera la secularización de los Estados eclesiásticos con* 
▼enida por la paz de Lunéyille y enviaba un ejército á Suiza 
para subyugarla. 

Todas estas causas nublaban cada vez más el horizonte 
paciñeo entre Francia é Inglaterra, hasta que las ásperas con- 
versaciones tenidas por el primer cónsul con los embajado- 
res ingleses hicieron alejar toda esperanza de buena armo- 
nía entre las dos naciones. Preparóse Napoleón para la nueva 
lucha, y á fin de proporcionarse fondos sin recurrir á em- 
préstitos, ideó vender la Luisiana á los Estados Unidos en 
ochenta millones, cosa que EspaSa no podía ver sin disgusto. 

Rota la paz de Amiens, empezó de nuevo una formidable 
lucha entre Francia é Inglaterra, para atender á la cual con- 
taba Napoleón además del producto de la Luisiana con los 
auxilios de Ñápeles, Holanda y Hannover y con un cuantio- 
so subsidio anual que esperaba le diesen España, Parma, Li- 
guria y la República italiana. Apoyábase el primer cónsul 
para pedir un subsidio á nuestro reino en el tratado de alian* 
za de San Ildefonso do 1796. 
2. Interesábale mucho á Napoleón, por más que algunos 

« 

escritores, como Thiers, digan lo contrario, tener por amiga 
á nuestra nación en el momento en que empezaba su guerra 
ecmtra Inglaterra, ya por las fuerzas que España pudiese pres- 
tarla ó cuando menos, para que no favoreciese á los ingleses 
directa ni indirectamente. Prueba de ese interés son las ges- 






' iiJ 



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W'.7r 



lea de los embajadores 
ler ¿ la corte de Carlos 

consiguiéndolo por el firme propósito de este monarca «d 
atenerse neutral, los trabajos que hicieron después pan 
seguir que EspaSa le diese subsidios en virtud de la alíao- 
le Sao IldefoDBo (1), concediese entera libertad al comer- 
francés 7 pusiese toda clase de trabas al de Inglaterra. 
Los motivos de disgusto que tenía EspaSa contra Francia 
1 bastantes para que el gobierno de Garlos IV quisiese per- 
lecer neutral y más aún al considerar que ningún prove- 

había sacado de las guerras sostenidas anteriormente eo 
ir de Francia. Pero no podía nuestro reino eludir el com- 
niso contraído en el pacto de San Ildefonso si babía de 
¡eder con la lealtad que siempre ba procedido en el cnm- 
aiento de sus tratos internacionales, 
f'irmose por tanto, después de algunas negociaciones en- 
sl principe de la Paz y los embajadores franceses, el oon- 
mire el reg de España y la República franeeta para re- 
r á dinero á subtidio anwil las obligaciones qve había 
raido dicho monarca por el tratado de San Ildefonso de lT9ií. 
Sste codtcdío se firmó en París el 19 de octubre de 1803. 
ir él reconoció Francia la neutralidad de EspaSa, prome- 
do no oponerse á ninguna de las medidas que padLeren 
irse con respecto & las potencias beligerantes, en virtud 
rincipios generales ó de las leyes de neulralidadi Ñapo- 

consintió en que las obligaciones contraidas por Espaüa 
is tratados anteriores celebrados con Francia se cooTir- 

Véase p4g. 686. 



— 625 - 

tiesen en un subsidio pecuniario de seis millones mensuales» 
determinándose en el tratado la forma de pago de dicho sub- 
sidio. — Las pretensiones de Francia respecto al comercio, se 
quedaron reducidas en el tratado á conceder España el trán- 
sito libre de derechos y con la correspondiente fianza, á los 
paños y otros productos de manufacturas francesas que se 
llevasen á Portugal, y en punto á las reclamaciones de Fran- 
cia con respecto á los intereses y derechos de su comercio en 
España, quedó convenido que se haría un convenio especial 
cuyo objeto fuese facilitar y estimular respectivamente el co- 
mercio de las dos naciones en el territorio la una de la otra. 
3. Mientras estas negociaciones se llevaban á cabo, preo- 
cupaban la atención del primer cónsul las conspiraciones 
que el famoso Gadoudal, Pichegrú, los Polignac y otros fra- 
guaban contra su persona y gobierno, para restablecer en el 
trono de Francia á los Borbones. El fusilamiento del prínci- 
pe duque de Eughién, primera víctima de la ira de Napoleón 
contra las conjuraciones, levanta en Europa el espíritu de 
protesta hacia el cesar francés, y éste aprovecha el primer 
momento de consternación para elevarse al último peldaño 
de la escala del poder y hacerse coronar como Emperador por 
la mano del Santo Padre Pío VII (1804). 

¿Concluye aquí el período de la Francia revolucionaria? 
¿Se acaba con el Imperio de Napoleón la égira de luto y de 
sangre comenzada en 1789? Desgraciadamente el nuevo acto 
de Bonaparte no era más que un cambio de decoración en el 
escenario europeo, en el que si bien no habían de reproducirse 
los horribles espectáculos de la revolución, se iban sin em- 
bargo á representar las sangrientas escenas de Ulma, Trafal- 

40 



gar, AuBlerlilz 7 tantas otras que caracterizan el periodo de 
las guerras de ambición sucesor de las lachas revuluei»- 
narias. 

La CouvenciÓD, el terror, el Directorio, el CoDSuladu 7 
por fin el Imperio, representan una serie de cauvulsianei 
que sufre Francia en la fiebre de la ambición, la cual uo tie- 
ne limites desde el momento en que Napoleón se concierte 
en Emperador y pretende además erigirse en dictador de En- 
ropa; y esa y no otra fué la política francesa, ünica queii- 
guió en el exterior el nuevo Soberano. La figura de Bonspírte 
liabia sido hasta eníonces digna de admiración y mereccdon 
lie todo e,logio; se había presentado á los ojos de Europa 
como genio, como héroe, como hombre superior, más so- 
breseliente todavía en aquel cuadro de desorden y de rulo» 
que produjo la revolución; pero traspasó el justo límite i 
donde debia llegar, y cayó en los escesos de la ambición más 
desmedida. Napoleón como general, atravesando los Alpes, 
victorioso en Egipto, vencedor en Italia y organizador eo s 
patria, es una de las figuras más grandes de la historia; peí 
Napoleón Emperador, en el delirio de la más insensata bih 
btción haciendo ir á París al Santo Padre para ungirle. Na 
po león rodeado de una corte de ostentación y de faustu; 
aparato exterior, resultaría una figura más bien teatral qa 
política, si sus ambiciosos proyectos no la hubieran reveslidí 
lie un aspecto fatídico y sanguinario. 

He aquí, lo que dice de Bonaparte como Emperador, un< 
de los historiadores más ilustres y sensatosdela revolución 
« Nacido en la obscuridad, elevado al rango supremo; de ofici 
iáe artillería transformado en jefe de la nación más poder 



- — -*- 



— 627 — 

JS8, se atrevió á concebir la monarquía universal y la realizó 
>por un espacio. Su genio emprendedor y organizador, su po- 

■N 

jderde vida y de voluntad, su amor á la gloria y la inmensa 
«fuerza disponible que la revolución puso en sus manos, hi- 
» cié ron de él el más prodigioso de los caudillos y el más gi- 
ngantesco de los dominadores. Después de haber alcanzado el 
«Imperio por sus victorias, quiso someter á Europa por medio 
»de Francia y á Inglaterra por medio de Europa, dominando á 
«una por su sistema militar y á otra por el bloqueo cóntinen- 
«tal; designio que logró realizar durante algunos anos, pero, 
«al hacer esto faltó á la misión reparadora que se impuso el 
«18 de brumario, porque- al ejercer por su cuenta el poder 
«que recibió, atacando la libertad del puebla. por medio de 
«sus instituciones despóticas, la independencia de los Esta- 
«dos por medio de la guerra, suscitó contra él la opinión uni- 
«versal y los intereses de la humanidad; excitó el odio de 
«todos; la nación se apartó de su lado, y asi, después de 
«haber sido vencedor y victorioso siempre, durante diez anos, 
«y de haber aumentado su poder y ganado un reino en cada 
«batalla, un solo contratiempo bastó para que el mundo en- 
«tero se concitase contra él y para que sucumbiese. 

«A pesar de esto, Napolbón, á través de los desastrosos re- 
«sultados de su sistema, dio al continente impulso prodigio- 
»so, porque sus ejércitos, que lo invadieron todo, llevaron en 
«pos de sí las ideas, las costumbres y los usos más avanzados 
«de Francia. Las sociedades europeas se vieron removidas 
«haáta sus cimientos seculares. Los pueblos se mezclaron por 
«la comunicación frecuente, y se verificó en el orden material 
nde los Estados una transformación tan completa como la que 



Ideas de la hu 
ímpalso dad 
eficaz á per 
implazase á 1; 
Dial con el p 
eón coDtribu; 
, Fué contra- 
Francia; per 
rio respecto c 
r desde entoi 
tiempo que 14 
el reconociro 
stirse y Be hi 
'on España p 
iciÓD y Franc 

iacíoDes reconoció también el nuevo gobierno 
en procediendo con acertada precaución se con- 
sí mismo el titulo y dignidad de Emperador he- 
relación á SU9 Eatados independientes. 
mea protestaron contra el acto de Napoleón, y 
luyéndose en veugadora del asesinato del du- 
,en y de la violación del territorio germánico 
Francia al invadir el Hannover, incitó prime- 
á reclamar contra Bonaparte y después ella por 
i tan enérgicas notas á Talleyrand que dieron 
el rompimiento entre las cortes de París y Pe- 
este modo resultaron unidas por una enemis 

, Hitloire de la Sévolution fraii^itt. 



— 029 — ^ 

tad común, aaoque sin format tratado, Inglaterra y Rusii 

Suecia reclamó también contra el atentado cometido p< 
Napoleón ¿ la ncntralidad del Imperio germánico. El re 
Gustavo AdolTo en calidad de príncipe garante de la consti 
tución del Imperio y del tratado de Westralia, dirigió un 
nota al gobierno francés no menos enérgica que la del Eci 
perador de Busia. terminando 'por &n lo mismo que esta ni 
cíótt, por romper abiertamente con Bonaparte. El 3 de Di 
ciembre de 180i Suecia se alió coa la Gran Bnttaña por 1 
convención de Slockholmo, que Tué la base de la tercera coali 
ción contra Francia, la cual había de tener por principal oí 
jeto arrojar á lofi franceses de Alemania, de Holanda, de Su 
za y de Italia. 

Inglaterra no perdonó medio para formar esta nue\ 
alianza coatra Francia, ante la desmedida ambición de Bí 
ñaparte, .iddingtoa había caído del ministeriu inglés, 
vuelto Pitt al poder, que partidario de la guerra trató é 
atraer & la coalición á cuantas potencias pudo. Veía y le ei 
favorable la actitud de Rusia, se había aliado con Soeci 
7 procuró después obligar á España á declararse conti 
Francia, tomando por base de sus reclamaciones el ausili 
que nuestro reino iba á prestar áNapoleón. En estose fundí 
ha el ministro inglés para dudar de nuestra neutralidad 
pedir al gobierno de Garlos IV un subsidio equivalente pai 
sí, que se suspendiesen los armamentos en España y por fi 
que nuestra nación saliese garante de toda tentativa por pai 
te de Francia contra Portugal. Estas desmedidas exigencia 
7 el haber sido sorprendidas y asaltadas cuatro fragatas es 
pfüüolas que venían de América conduciendo caudales, pa 



iogleses I 

de que ] 
y declara! 
le F rancie 

adft la guerra, cesaba la obUgacióa por parle de 
ir á Bonaparte el subsidio que le había prometido 
que se respetase gu Deutralidad, y se hacía por 
rio regular por ud nuevo pacto las obligaciones 
:dos espauol y francés entre ai. Entendiéronlo 
o, y el 14 de nivoso del año Xllt (4 de &nero de 
ó en Paris por el embajador español don Federico 
>r el ministro de marina francés Hr. Decrés un 
el que se fijaron las fuerzas, especialmente na- 
le cada una de las dos naciones había de contri- 
rra coa Inglaterra, y en cuyo art. 6." se decía lo 
í. M. el Emperador garantiza á S. M. Católica la 
de su territorio de España y la restitución de las 
10 pudiesen serle tomadas en la guerra actual; y 

de las armas, á una con la justicia de la causa 
len las dos altas potencias contratantes, procura 
ie importancia á sus fuerzas de tierra y de mar, 
iperador promete emplear su íoUujo pura que sea 
I S. M. católica la isla de la Trinidad, y también 
is apresados por el enemigo con laa fragatas es-5W 
que so apoderó antes de declarar la guerra». '«^ 
raba de este modo el nuevo Emperador una cs-V|u9 
itra Inglaterra como ya la habían proyectado e >8 
espués de la paz de Campo-Formio y el prime '\*i 
lea de la de LunéviUe. Pero los ingleses no des i[ÍJ 



cuidaban sus gestiones para aumentar la coalición y B 
ofendida y hostil & Francia ideaba ana liga de ittierw 
para pacificar la Europa, en la que se trataba de estal 
' una reorganizaciiiii general y se fijaban los limites, las 
cíones y las coudiciones todas en que había de quedar 
nación y cada Estado. Sometido este proyecto á Pitt, hi 
él tales niodificaciones, que quedó reducido á un forml 
plan de destrucción contra el Imperio francés, y el i 
abril de 1805 se firmó este tratado de amcterla entre Ru 
la Gran Dretaña, con objeto, seguu se decía en el preám 
<de dar i Europa la paz, la independencia y el bieneal 
sque se vé privada por la desmedida ambición del goh 
«francés y por la excesiva inñuencia que pretende 
Ngarsei. 

La política de Napoleón transformando la repúblici 
liana en una monarquía feudataria del Imperio francés 
ñéodose la corona lombarda, despertó los recelos de Au 
que aunque escarmentada y temerosa al principio de una 
va guerra coa Francia, se decidió & entrar en la coalic 
el 9 de agosto accedió al tratado de alianza entre Ingli 
y Bu8¡.. 

Prusia continuó su pi'lítica ambigua y vacilante 
mantuvo neutral, y Wurlemberg, Baviera y Badén se ud 
á Francia. 

Formóse así la nueva aliaaza contra Napoleón con < 
de evacuar el Hannover, el norte de Alemania y toda 1 
lia, conseguir la independencia de Holanda y Suiza, 
constitución del Píamente, la consolidación del reino c 
polea, y por último el es tablee i mié ato eo Europa de t 



arase á todos los 
atra las usurpac 
Lonar su provecí 
Ló principio Ñapo 
cias coaligatlas. 
Trafalgary Aus' 
8 deteDgamos á' 
«g en Ulma, los si 
te de Pruaia, ale¡ 
¡torio pasando pi 

Austria y Rusii 
Qrmó el S'Ae novi 
m con el Eiiipera< 
tonaparte y aigui 
an de campaüía q 
iÓD de Yiena, la 
o-ruBo y por úl 
de diciembre de 
s de este triunfe 
I Jos6 de Austria i 
imbre), al que si 
icia (IS de dici< 
antizaron recípr 

Prosia el electc 
tdid á Baviera el 
rincipado de Ne 

Q el 26 de dicien 
«/fia y ifapoleánj 



— 683 — 

noció la udíóq á Francia del Piamonte» de los ducados de 
Parma y Plasencia y la del Estado de Genova y las innova- 
ciones introducidas en los principados de Lucca y de Piom- 
bino (art.* 2 y 3). El emperador de Alemania cedió á Fran- 
cia los Estados de Yenecia que había adquirido por los 
tratados de Campo-Formio y de Lunéville, para ser agrega- 
dos al nuevo reino de Italia, si bien renovando la condición 
de que se separarían las dos coronas de Italia y Francia, pero 
en términos que cabía diferirlo hasta la muerte de Napoleón 
ó por lo menos hasta la paz general (art.* 4 y 5). Los electo- 
res de Baviera, Wurtemberg y Badén y la república bátava» 
como aliados de Napoleón, eran comprendidos en la paz (ar- 
tículo 6). Austria se obligaba á Reconocer la dignidad real de' 
los electores de Baviera y Wurtemberg y la de gran duque al 
príncipe elector de Badén (art.' 7 y 15). Renunciaba además; 
el Tirol y Vorarlberg á favor de Baviera; el Brisgau á favor 
de Badén, y otros distritos en la Suabia á favor de Wurtem- 
berg (art. 8). Austria recibió en cambio los principados de 
Salzburgo y de Berchtolsgaden que se habían dado al archi- 
duque Fernando en 1803 (art. 10). La dignidad de Gran 
maestre de la Orden Teutónica, con sus derechos, dominios 
y rentas se hacía hereditaria en la persona de un principe de 
la casa de Austria que el emperador de Alemania designaría 
(artículo 12). Los reyes de Baviera y de Wurtemberg queda- 
ban autorizados para unir á sus Estados la ciudad de Augs- 
bnrgo el primero, y el condado de Bondorf el segundo, y 
tanto ellos como el elector de Badcn gozarían en sus antiguos 
dominios y en los que se les cedían por el presente tratado, 
de completa soberanía, en la misma forma que la tenían el 



las priac 

i Bancionar la monarquía de NapoLeóo como 
había BaociODado el Consulado. Desde este 
lición de fionaparte no reconoce límites j 
au plan político encaminado á asegurar su 
I derredor suyo monarquías que lo sostuvie- 
la república Cisalpina en reino de Italia y 
aolnciÓD del Imperio Germánico con la creá- 
is de Hartera y de Wurtemberg, invadió los 
le Ñapóles, y el 30 de marzo de 1806 nombró 
asé Bonaparte, rey do las dos Siciliaa. El 5 
rmó la Holanda en reino y colocó en su tro- 
liermanoa, Luis; bu cuñado Joaquín Hurat re- 
cado de CléTerÍB Berg; y finalmente repartien- 
oas de Italia y de Alemania en calidad de 
cia á sus generales y agentes diplomáUcoa. 
ca internacLonal encaminhda í formar un 
e Occidente, una monarquía universal, como 
ido soSar Carlos V , Felipe II y Luis XIV. 
>nos de los reinos que creó, por individuos de 
lidos todos por la sangre y por la alianza, co- 
precisamente los famosos pactos llamados 
03 Borbones de España y Francia firmaron 
:íor para hacer frente á sus enemigos y robus- 

' su política. Napoleón se declaró mediador es 
Julio de 1806 formó la Confederado» AA«na 



na (1) que le reconoció como protec^rj y coola cual conclu 
de destruir el Imperio Germán ico. 

De este modo el Emperador francés, de se a volvió su sisi 
ma europeo, su política de dominacióa que le condenabs 
uaa lucha conlinua y había de concluir por hacerle due 
del continente europeo, ó por arrastrarle á su propia ruic 
S. El creciente poderlo de Napoleón ocasionó la cuai 
coalicitfn contra Francia. Frusia fué esta vez la que dio 
grito de guerra; esta nación que desde la paz de Basileb 
había mantenido neutral anas veces oportuna yotrasinopí 
lunam^te 7 que por efecto de esa misma política indeci 
y oxtraBa se veía abandonada por todas las^dernáa naciom 
levantó su espíritu nacional, al ver que Napoleón formaba 
confederación Shenana sin su conocimiento, que ocupaba 
rritorios prusianos y que parecía en suma haber pronuncia 
la sentencia de muerte de la Pruaia. 

La declaración de guerra que, instigado por bu esposa 
reina Luisa más que por su propia iuiciativa, blzo Federj 
Guillermo III á Francia no fué muy oportuna, después 
haber desperdiciado la ocasión, áiíerentes veces, de lucb 
aliada con Rusia y Austria, mientras que ahora solo po( 
contar con algún auxilio de los rusos. Las consecuenc 
para sus ejércitos fueron tan funestas como era de temer. 

(1) OoDstltuyeron la Confederación Shenanalóa reyes áol 
viera y de Wnrtemberg, Ion electores de Katisbona y de Badi 
el landgrava de Rease Darniatad, el d uque de Cléveris-Eerg, 
principes de la casa de Nassau, de leenburgo-Biratein, de } 
henzollern, de Atemberg. de Satm, de Lichteiiateiu y muol 
otros Estados de Alemania. 



bre de 1806 N. 
;d la batalla d< 
interior había 
o con tantas vi 
lo 7 lanzado e 
más cuanto m 
,cos en Ulma, 
:n Jena y desp 
de la AlemaDÍ 
Das, ambición 
las, matando si 
mlat, de que li 
(rarlo necesita 
nente. Concibi 
ino de Folonit 

todos los dii 
:mbrado su tei 
n con simpatii 
e Napoleón, q 
acionalidad, F 
'enio (22 de oc 
iDcéa, pero Boi 
isen y en Varsc 
rusia y de Po 

batallas de I 
;i4 de junio). 
de Tlí/síí.— Desj 
ue pedían la p 
apoteón que g 



— 637 — 

fué seguida de la entrevista de los dos Emperadores en me« 
dio del Niemen (25 de junio) que dio por resultado la paz de 
TilsU estipulada en los convenios siguientes: 

1.*^ Un tratado de paz entre Francia y i^usia que se fir- 
mó el 7 de julio de 1807 por los plenipotenciarios principe de 
Talleyrand de la primera, y principes Kourakin y Labanoff 
de Rostofski de la segunda. 

2.* Un tratado de paz entre Francia y Prusia que se firmó 
el día 9 del mismo mes y ano que el anterior, por los pleni* 
potenciarlos Talleyrand, feld-mariscal Kalkreuth y conde 
de Goltz. 

3.^ Artículos separados y secretos añadidos á los tratados 
anteriores, y 

4.^ Un tratado secreto de alianza ofensiva y defensiva entre 
Francia y Rusia que fué firmado el mismo día que el de paz. 
Hé aquí las principales estipulaciones de cada uno de 
estos convenios. 

Por el tratado de paz entre Francia y Rusia el Emperador 
Napoleón para garantizar á Alejandro, consentía en restituir 
al rey de Prusia la parte del ducado de Magdeburgo situada á 
la derecha del Elba, las marcas de Priegnitz y ile Brandebur- 
go, el ducado de Fomerania, la alta, baja y nueva Silera con 
el condado de Glatz y otros distritos; en suma, el reino de 
Prusia venia á quedar constituido tal como se bailaba en 
1.^ de enero de 1772 con algunas plazas más (art. 4). — Las 
provincias que en aquel tiempo formaban parte del antiguo 
reino de Polonia y que en diversas ocasiones pasaron á la 
dominación prusiana, debían pasar al rey de Sajonia con el 
titulo de ducado de Varsovia (art. 5) — La ciudad de Dant- 



la Jegn&s de Ierre 
ito bajo la protec 
irt. 6). — Una pai 
Imperio de Rusia 
de Oldenburgo y 
los en la posesióc 
ducados de Oldei 
por guarDicionei 
i paz entre Fram 
)labs la mediació 
:oDcluir una pas i 
irt. Í3).~ElEmp. 
napoleónicos de 
ienana (arta. 14 y 
da el seiíorio de J 
riucípado de Ost- 
y reconoció al pi 
estfalia, reino coi 
' de Prusiaá la i: 
dos por Napoleót 
iran referentes á 1 
, contra la Puerta 
tnerctales entre el 
linos de Nápolcs ; 
e una parte, y el 
¡das en la misma 
' por último el ar 
dos córtei: seria r 
ildad. 



— 639 — 
Por «1 tratado entrt Francia y Prusia, Napoleón reetituia 
PruGia las provincias indicadas en el art. 4 del tratado anl 
, rior (art. 2). — El rey de Prusia reconoció á los de Capoles 
Holanda, la confederación Rhenana y al rey de WcRtralia; 
cedió á los reyes, grandes duques, duques y principes q 
Napoleón designase, los ducados, marquesados, principad 
y condados que poseían anles de la guerra eotre el Rbin 
el Elba (arts. 3 al 7).— Según el art. 8, el reino de '^estbl 
se coiQpoodría de las provincias cedidas i'or el rey de Pnis 
y de otros Estados poseídos por Napoleón. ~-Bl rey de Prua 
renunció á estas posesiones, á las del rey de Sajonia-y á 1 
de la casa de Anhalt sitas á la derecha del Elba (art. 10); c 
dio á SaJoDÍa el circulo de Cotbus en la Baja Lusacia (a 
ticulo 12); renunció á las provincias polacas adquiridas df 
pues de 1." de enero de 1772 excepta el Ermeland y los pa 
ses al occidente de la antigua Prusia, al Este de la Pomer 
nía y de la Nueva Marca, y al Norle del circulo de Cul 
(art. 13); renunció también á la posesión de Dantzig q 
volvía á ser independiente <arta 14 y 19). — Las provinci 
polacas á que renunciaba el rey de Prusia por el art. 13, 1 
poseería el rey de Sajonia con el titulo de ducado de Vara 
via (art. IS). — La ciudad de Dantzig se cerraría al comerc 
inglés durante la guerra marítima sostenida entonelas p 
Francia contra la Gran BretaSa (art. 19). — Por último en 
art. 26 se disponía que hasta el día en que se csngeasen 1 
ratiScaciones del futuro tratado de paz deRuitiva entre Ii 
glaterra 'y Francia, todos los países del dominio del rey 
Prusia, quedarían sin excepción, cerrados á la navegación 
inglés, sin que pudiese salir de los puertos pn 



! 

Que la alianza seria ofeoBlva y defensiva 
entra Inglaterra y Turquía, pero antes se 
>ara atraer á una y á otra á la paz, sirvien- 



— Sal- 
do Rusia como mediadora coa la primera y Francia con 
segunda. Si Inglaterra no aceptaba la mediación ó acepU 
dola DO se avenía ¿ firmar la pas antes de 1.' de noviemb 
reconociendo que «los pabellones de todas las potencias < 
>ben goi«ar de igual 7 perfecta independencU en los man 
y restituyendo las conquistas hechas ¿ Francia y & sus al 
dos desde 1803, Rusia debería notiOcar al gobierno inglés 
el transcurro del mes de noviembre, que el emperador Aleji 
dro haría causa común con Francia. Si en 1." da dícieml 
«1 gabiuete británico no hubiese dado á la notiOcacióu ri 
una respuesta satisfactaria, Francia y Ilusia rrqueririan á 
cortes de Copenhague, Stockholmo y Lisboa para que cen 
sen sus puertos á los iuglcscs y declaraseu la guerra á Ing 
tcrra. Las dos potencias se obligaban' además á insistir cei 
de la corte de Viena para que se asociase á sus principioi 
tomase iguales medidas á fin de asegurar el triunfo. Por t 
timo, se estipulaba que si Inglaterra aceptaba las condic 
nes propuestas por los aliados, le seria restituido el Hann 
ver en compensación de las colonias francesas, holandesa) 
españolas. — Con respecto á Turquía se tomaron acuerd 
muy semejantes. 

19. Después de la paz de Tilsit, quedó establecida la don 
nación francesa en el contiuente. Rusia había sido vencida 
4unque conservaba integro su territorio, al aliarse con N 
poleÓQ renunció á contrabalancear su poder. Prusla bal 
sido reducida á la mitad. Austria se encontraba desálenla 
y contenida por lof^ reinos de llariora y Vurtemberg cread 
por Bonaparle, y Alemania estaba avasallada por la cite 
sión que había alcanzado la confia deración Rhenana y por 
41 



reino de Westfalia. En Holanda y en Italia ni- 
ipee franceseB, y en suma, «desde «1 estrecho de 
asta el Viitula, desde las montañas de Bohemia 
4orIe, desde los Alpes al Adriático, Napoleón do- 
ecta 6 indirectamente, por si mismo ó por prío- 
os por él». 

■a era la única oación que seguía haciendo 
ancia/y á ella dirigió toda su atención Bo- 
I había muerto, pero el gabinete británico Ee- 
mes con el mismo ardor que en vida de aquel 
eepués de haber formado en vano la tercera y 
}aUción contra Fraucia, ro depuso las armas, 
ntrario la guerra seguía siendo á muerte. lu- 
na destruido la marina Tranccsa, y una orden 

británico de 16 de mayo de 1806 declaró bio- 
06 los puertos del nuevo imperio desde Breet 
a, fuese ó no efectivo el Moqueo, produciendo 
I, ya entonces tan discutida, terribles repre- 

i respondió al bloqueo marilimo con el ásiema 
que constituye una de las notas chracteristicas 
tea del Imperio- «Para llegar á una suprema- 
sal — dice Mi gnct,— Napoleón empleó sua armas 
ontinente, y la cesión de todo comercio contra 
Pero al prohibir á los Estados de tierra firme 
nicacióo con la Gran Bretaña, se creó nue- 
;ade8, y á las enemistades que excitaba ,au des 
á los odios de Estado que le originaba su do 
agregó el desenfreno de los iutereses privados 



^"^-^ 5Í^''^''ÍB 



- 643 - 



»y el ifufrimiento comercial ocasionados por el bloqueo (I 
Al apuDtar la política intercicional del Imperiú, hec 
hecbo meocióa del bloqueo cottíinenlal y en los tratados 
¥ilait, dltimamente expuestos bemoB visto diaposioiones 
laoionadas con el mismo (2). Corresponde por tanto que ] 
detengamos á examiaar en qué consistió este sistema y su i 
■portancia en el derecho de gentes. 

Constituyeron el bloqueo conlinerUai el conjunto de me 
das tomadas por Napoleón I para aislar á Inglaterra del c 
liuente y obligarla á pedir la paz. Con este sistema, el E 
perador de Francia, que ya do tenía marina con que ha 
frente á las escuadras inglesas, y cuyo proyectado desernt 
que en la Gran Bretaña se había hecho por tanto impoai} 
se proponía arruinar el comercio .y el poder maritimo de 
glaterra, impidiendo que toda producción del suelo ó d( 
industria de esto país ó de sus colonias se inlrodujese ei 
continente europeo, desde Lisboa á Petersburgo y deade 
diz á Constan ti nopla. 

La primera disposición estableciendo el bloqueo caniin 
tal tué el decreto que expidió Napoleón desde Berliu el 21 
noviembre de 1806 (3), cuyas cláusulas ligeramente cubi 
tas con el carácler de represalias fundadas en la orden 
Consejo británico de 16 de mayo, eran las siguientes: 1."! 
islas Británicas eran declaradas en estado de bloqueo. 

ílj Mignet, Hútoire de la revolutiou francaUe, 

(2) Articulo 26 del tratado de paz entro Francia y Pruaii 
tratad>i de alianza, entre Francia y Rusia. 

(3) Martena, Nouveait recueil, t. i.^^arden, Hittoire 
iraitif rfe pai^, t. X. 



[JuedabK prohibido todo c< 
:on dichas islas. 3." Todo b 
lioDero do guerra en los p 
Toda propiedad ioglesa era 
laba prohibido todo comen 
arados los puertos á todo ba 
Inglaterra. 

Después de semejante decreto era de esperar que la Gran 
Bretaña desplegase con mayor vigor su sistema de bloqueo 
nariíimo, y en efecto, el gabiaete de St. Jamea dictó una or- 
len el 7 de enero de 1807 en la que prohibía todo comercio 
mtre los puertos francés ó los de sus aliados, y que toda 
larco que intentase eludir esta prohibición seria declarado 
luena presa. 

A esta orden respondió Napoleón con otro decreto (t) al 
lue Inglaterra contestó á su vez, con una nueva orden de 
echa 11 de noviembre de 1807 reforzando la de 7 de enero 
leí mismo año. Pero ambas fueron modificadas por otra del 
ÍH de noviembre permitiendo ú los barcos neutrales cargar 
tn los puertos ingleses mercancías inglesas ó géneros de las 
indias orientales, ó meícancias apresadas y llevarlas á los 
tuertos no bloqueados de las Colonias occidcn tales enemigas "^ 
í á la América. Se concedían ademas por esta orden algunas 
itras exportaciones prohibidas en la de 11 de noviembre. 



(1) Decr&to de Yarsovia de 25 de enero de 1807 ratificando 
il de Berlín de 1806 y ordenando la confiscación de todas las 
oercanclaB inglesas ; góneroa oolonialea cogidoa en las oíoda- 
le« hansa&tioas. 



- ti46 — 
pero ui: pennitiao condicional mente y era preciso obt 
una licencia aeíAoc. 

Por úllimo, en oposición á esta orden y para quitar 
esperanza del más pequeño comercio á los oeutrales, ( 
■ Napoleón el decreto de Milán de 17 de diciembre de 1801 
el cual exigía de ellos lo contrario de lo que Inglalerr 
prescribía, de manera que lodo comercio fué abolido. En 
decreto Bc di^poDía; 1.'' Que todo barco que se someta 
dispuesto por el Consejo britilnico será declarado d:mañ 
Hxoíio, considerado como propiedad du Inglaterra, y ei 
concepto declarado buena presa. — i.° Se declaran Moq 
das las Islas británicas tanto por mar como por tierr;i, y 
do barco procedente ó destinado á puertos sometidos i 
ingleses será considerado como buena presa — 3." Estas 
didas continuarán en vigor mientras el gubierno ])rítá 
no vuelva á ajustarse i loa principios de derecho de gei 
11. El sistema eonlinental de Napoleón ha sido juzgad 
úiuy distinta manera por historiadores y tratadistas de i 
cho internacional. Unos lo han considerado como una 
travagante medida de odioso despotismo, conjunto de di 
siciones violentas, por las cuales el emperador fraaeé 
puso en oposición á todos los principios de civilización 
Otros lo han apreciado como una concepción tan giganl 
como fecunda, digna del hombre de quien procedía (2). '. 
re dice que la orden del Consejo brit&nico de 16 de may 

ti] Heeren, Hanelbuch deT GeseMehíe dt$ Europ. Slaa 
-lytlemt, pag. 711.— Mariana, Préti» du droil M» geu» % 326 

(2) Klitber, DerecAo de ^enÍM. ^ 3lU.—Heffter, i)«recA< 
Itrnacional páblicn de Europa. S 152. 



■I 



— 646 — 

1806 y el decreto de Milaii de 17 de diciembre de 1807 son 
una prueba ciara déla confusión que entonces reinaba en 
las guerras marítimas (1). 

Sea de ello lo que quiera, el bloqueo continerUai paralizó 
el comercio y la navegación de los buques de las potencias 
neutrales, dejando de respetar su bandera. Obligó á los pue- 
blos á toda clase de privaciones, á las tierras á prodacir fru- 
tos distintos de los que la naturaleza les concedía, á los re- 
yes á desplegar una fuerza despótica que no todos tenían ni 
todos se inclinaban á usar, y finalmente obligaba á los paí- 
ses que no producían nada y que no poseían mas que puer- 
tos y costas como Suocia, á renunciar al comercio. 

Pero á parte de esto, el sistema continental, fué uua espe- 
cie de aquellos bloqueos llamados de gabinete, puesto que Na- 
poleón carecía de fuerzas navales para bacerlo efectivo y ya 
desde que se publicó la declaración rusa de 26 de febrero de 
1780 (2) cuyo articulo 4.® negaba todo efecto al bloqueo que 
no fuese real y verdadero, se inició la tendencia de no con- 
siderar al primero como eficaz, porque de admitirse como 
válido, se podría destruir en una guerra marítima al contra- 
rio, con solo declarar el bloqueo oficial de todos sus puertos 
y costas: do suerte que esta guerra vendría á ser un objeto 
de especulación en perjuicio de los neutrales, que tendrían 
que acatar operaciones militares imaginarias (3). Y así esta- 

(1) Fiore, Derecho internacional público^ lib. viii. Sec. i. 
Cap. I. § lf)03. 

(2) Véase pébg. 549. 

(8) BiqueLme, Elementos de derecho público internacional^ li- 
bro I. tít. II. sec. 2.* cap. 18. 



r 



— Ü47 — 
b& recoaocido ya, por la adhesión de casi todas Im i 
al acta rusa citada, haala ser solemnemente consagre 
pues este principio, en la declaración hecha por lo 
potenciarios, en el congreso de Parts de 1896; así c< 
las disposiciones de muchos tratados de aquella époc 
teriorcs (1). 



Obras de cohsulta. — Laa indicadas e 
[ores y las citadas en el presente. 



Ilj El art. 9." del tratado de 3U de A.brtl de 1725 e 
paña y Austria prescribía qae solo debía entenderse bl 
nn puerto cuando estuviese cerrado de tal manera q 
pudiese entrar na ¿1 sin exponerse á los tiros de la a 
bloqueadora.— £1 art. 16 del tratado de 1796 entre j&ípa 
Estados lliiidoe declaraba q'iie las mercancías neatrale 
llevarse libremente á los puertos enemigos, ucou tal c 
no estén sitiados, bloqueados ó embestidos realmenten. 
tfcalo 8." de la Convención marítima del Norte de 1 
oíembre de 180U, que constituía la segunda neutralida' 
da, estableció que, ^nn puerto no podía considerarse b\ 
sino cuando la entrada en él t'aese evidentemente pe] 
cansa de las medidas tomadas por uníi de las potencial 
Tantee colocando sus b.ircos próximos á éln.— Hoj 6 
.principio inconcuso de Derecho Internacional, que el 
f ara qne sea reconocido como tal, tione qae ser efeotir 



TASO DE FONTAlTfEBLBAO OB 1807 EHTIIE EsPA^A T FrAN- 

i. — Situación política db España al estallar la gds- 

A DB la IMUBPKNDENCIA. — MlllAS DE NAPOLEÓN CO.^t RES- 
CTO A MUKSTftO RBinO. — SuCESOS DE BaYONA EM 1808. — 
ATADOS QUREN KSA CIUDAD CELBDRARO:< CARLOS IV T FBB- 
KDO VII CON NaPOLF.ÓS. — CuNSTITUCIÓN DB BaTONA. — LB- 

NTAUIENTO DB EsPaSa COXTRA LOá FRAXCBSBS. CONBTI- 

CIÓN DB 1813. 



Vencer á Inglaterra por cuantos medios tuviese á su 
ice, era desde hacia tiempo la política do Napoleós, ; 
ello empleó el sistema conlinental, obligando á la mayor 
de las uaclojiea europeas á cerrar sus puertos á los ¡d- 
B. Entonces fué cuando el Imperio francés llegó al máxi- 
! de su poder. 

ero la Gran Bretaña conservaba todavía un alindo, á 
1, según el plan de Napoleón, era preciso anular ó des- 
, para llevar á cabo con más facilidad sus intentos cod- 
¡uella potencia mariMma. Nos rcferimoB á Portugal, que 
artido en una verdadera colonia ingicsi, no se había 
rido al bloque, y era, en cierto modn, un obstáculo pata 
royectos de Bonaparte. Por ésto hacía ya tiempo que el 
srador francés pensaba en obligar á EspaSa á invadir 



J 



Portugal ea unión de las tropas Trancesas, para exigir de et 
reino que se adhirieao al sistema conlineníaí y declarase 
gnerra á la Gran Bretaña. 

La unión de España con Francia, creada cuando nuest 
reino abandonó la neutralidad y declaró la guerra á Inglab 
rra (L804)(t), había coDlinuado, si bien estuvo amenaza> 
de romperse alguna vez, tanto por las exigencias de Napole< 
cuanto por U política del príncipe do la Paz, que unas vec 
halagaba al Emperador con la esperanza, según sus detract 
res, de que fuese su apoyo para sus medros, y otras Ilegal 
i retarte, como to prueba la proclama del S de octubre de 180 
haciendo ua llamamiento al espíritu uacional contra uu eni 
migo, que no se decía cual era; pero dejando entrever qi 
fuese el dominadorde Europa. 

El triunfo de Napoleón en Jena hizo temer al príncipe ( 
la Paz, el compromiso en que podía ponerle la proclama y i 
apresuró á dar explicaeiooes á Bonaparte acerca del sentid 
de la misma, diciendo que el enemigo á quien se aludía i 
era otro que Inglaterra. El Emperador francés acepta estt 
explicaciones, porque en aquellos momeólos le interesal 
mantener buena armonía con iiuestro reino, tanto paraqi 
se adhiriese al bloqueo como paro que cooperase con las ai 
mas francesas á la invasión de Portugal. Si entonces tenl 
ja Napoleón miras y proyectos sobre España, punto es qu 
¿los historiadores compele dilucidar, no á nosotros que e 
este bosquejo solo exponemos una sucesión de hechos. 
Aprovechó Bonaparte el cambio de política de Carlos IV 

(1) Véase cap. anterior. 



principalmente de su ministro Godo;, para formular á Espa- 
fia nuevas exigencias que no era de esperar le negase en aque- 
llas circuDStaacias, Se adhirió en consecuencia et rey católi- 
co al sistema continental y envió ¿ Napoleón^lS.OOO hombrea 
que, como cuerpo auxiliar para la guerra contra Rusia y Pm- 
sia, le había pedido. Fer» lo que más importaba a) Empera- 
dor francés era obligar á Portugal á separarse de la, aliaoia 
inglesa, á cerrar enteramente sus puertos al comercio britá- 
nico y á expulsar á los ingleses de Lisboa y Oporto, ó de lo 
contrario apoderarse de aquel reíao, para todo lo cual le era 
íDdispeusable el concurso de España. A obtener este pan 
realizar aquella empresa, se encaminaron por tanto, Im ne- 
gociaciones del Imperio francés con la corte de Madrid, pro- 
poniéndose de este modo Napoleón, no solo realizar sus de* 
Biguios acerca de Portugal con relación á Inglaterra sino 
repartir el reino lusitano, dando una parle de él á los reyea 
de Etruria como compensación de los territorios que les ha- 
bía quitado en Italia, y otra al principe de la Paz para que al 
lialagar su ambición, facilitase la realización de sus planes. 

Las relaciones hostiles que entre España c Inglaterra me- 
diaban desde 1804, debieron facilitar también el que nues- 
tra patria se dispusiese ¿ coadyuvar Ips planes de Napoleón. 
Las escuadras de Carlos IV unidas & las de Francia habían 
sufrido la gloriosa derrota de Trafalgar y en 1805, 1806 j 
1807 las armas eapaSolas en las colonias americanas habiaa 
rechazado con no menos gloria los ataques de la flota íd- 
glesa. 

Así pues, no' es de estriar que cuando nuestro embaja 
dor en Parfs don Eugenio Izquierdo fué llamado al palac 



— 661 — 
(le Fonlaipebleau, donde se hallaba Napoleón, concluye! 
coD arreglo á las instruccioDeg de Godoy el tratado de 27 
octubre de 1807 entre España y Francia, cuyas disposición 
fueron las siguientes: ., 

Arlículo 1." La provincia de entre Hifio y Duero con 
«iudad (le Oporto se dará en plena propiedad y soberanía á 
Majestad el rey de Etruria con el titulo de rey do la Lusit 
nia septenlrioDal. 

Articulo 2." La provincia de Alentejo y el reino del 
Algarbes se darán en toda propiedad y soberanía al princ 
pe de la Paz para que lo disfrute con el titulo de principe 
los Algarbes. 

Articulo 3." Las provincias de Beira, Traa-los-Hont 
y Extremadura portuguesa quedarán en depósito hasta 
paz general, para disponer de ellas según las circunsta: 
cias y lo que se convenga entre las dos Altas partes contr 
tantes. 

Articulo 4." El reino de la Lusitauia septentrional se 
poseído por los descendientes do su Majestad el rey de Etr 
ría por juro de beredad y siguiendo las leyes de sucesión < 
gentes en la rarnília reinante de su Majestad el rey 
EspaSa. 

Arlículo 5." Los descendientes del principe de la Paz j 
sccrán el principado de los Algarbes por juro de hered&<1 
siguiendo las leyes de sucesión que están en uso en la fan: 
lia reinante de su Majestad el rey de España. 

Articulo 6.° A falta de descendientes ó herederos legi 
moa del rey de la Lusitania septentrional ó del principe 
los Algarbes, su Majestad el rey de España dará dicho pi 



*^y: 



— 658 — 

«ando sin duda llegar á Madrid como había llegado á Yiena 
7 Berlín. Pero el noble y memorable arranque de dignidad 
y grandeza de nuestro pueblo había de asestar el primer 
golpe á la ambición del insaciable guerrero, demostrarle qae 
no era invencible, y dar á Europa entera un ejemplo de he- 
roico patriotismo que hasta entonces no había dado ningu- 
na otra nación. 

El motín promovido en Aranjuez por los partidarios de 
Fernando produjo la caída de Godoy y la abdicación de Car- 
los IV en su hijo, quien no tardó en convencerse de que Na- 
poleón, su aliado, tenia otros pensamientos muy diversos 
que el de dispensarle su protección. 

La crítica situación del reino, el abandono en que se vio 
Garlos y su espíritu pusilánime y perezoso para el gobierno 
fueron las causas más probables que le movieron á abdicar 
la corona tan pronto como se vio privado de su consejero j 
favorito Godoy (19 de marzo de 1808). El príncipe do Asturias 
fué aclamado con alegría por el pueblo, que confió en el 
joven monarca para librar al país de los males que le ame- 
nazaban por parte de los franceses. 

Las tropas de Napoleón entre tanto habían avanzado por 
España como aliados nuestros, y el 23 de marzo entró Mural 
en Madrid, siendo recibido con muestras de júbilo. Pero á 
Napoleón no podía agradarle que un monarca débil y acha- 
coso fuese reemplazado por otro joven que contaba con el po- 
deroso apoyo de su pueblo. No es, por tanto, extraño que el 
Emperador francés se negase á reconocer un nuevo orde 
de cosas que amenazaba destruir sus planes de usurpaciói 
de la corona de España, fáciles de realizar estando en el tro 



«i 



— cel- 
da respetar pñneipioa j dogmu qae aunea 
como el de U integridad del territorio j « 
de la religión católica oon exclusión de olí 
demos loa tratados que después de cada una 
había celebrado Napoleón con las potencial 
demos las anexiones de territorio á Franc 
ooencia de sus Tictoriaa había hecho, y ri 
los eambios de dinastías y de gobiernos q 
eo los paeblos conqnistadoa, y comparemoi 
ínterreBción en EspaSa. Sn espíritu conqa 
lio, sas valerosoa y nutridos ejércitos, su a: 
minio, todo se estrelló, á pesar de la débil 
monarcas, ante si arranque de dignidad, 
patriotismo del pueblo espaBol. 

5. Examinemos ahora las disposlcioni 
los tratado» de Bayona entre Napoleón y Caí 
do Vil firmados el S y 10 de mayo respectl 
Bd el primero, el rey Garlos IT cedió i 
al trono de EspaSa y de las Indias á Napol 
co, — según se decía, — capaz de restablecer 
diéndose qne dicha cesión sólo^abla de t«: 
condiciones signientes: i.* La integridad 
mantenida; el principe que Napoleón Jui 
car en el trono de EspaSa seria independie 
de EspaSa no sufrirían alteración alguna 
Católica Apostólica Romana sería la dnie 
se toleraría en su terrítorlo religión algí 
mucho menos infiel, segdn el uso establet 
ces(art. i."). — Cualesquiera actos cometida 



esde la revolución 
ngún valor, y sos 
°). — Napoledn bo ol 
,1 rey CarloB, íaa t 
a á los serTÍdorea i 
goiariaD en Franoi 
en EBpa&a (art. 3.°) 

1 rey Carlos una pensión de treinta millones de reales 
B, i la reina una viudedad de dos millones y & los in- 
de España una renta de caatrocJentos mil francos 
i y 6). — Napoleón ofrecía hacer un conveaio con el 
rey de Espafia para asegurar el pago de las rentas.ao- 
i (art. 7). — Cedía al rey Carlos el sitio de Chamt>ord 
das BUS propiedades y dependencias y éste reuua- 
gn cambio á favor del Emperador todos los bienes 
es y particulares, no pertenecienleB á la corona de 
:, de 8u propiedad privada en este reino. Por últi- 
s ínfantCB de España seguirían gozando de las reñ- 
ías encomiendas que tuviesen en el reino (artícu- 
9). 

principales disposiciones del tratado entre Feruan- 
y Napoleón, fueron las siguientes: El primero se 
I i la cesión hecha por el rey Carlos de sus derechos 
o de España á favor de Napoleón (art. 1.').— Este 
ía en Francia á Fernando el título de Alteza real y el 
za serenísima & sus descendientes, con los honores 
rogativas propios de so rango (art. 2). — Napoleón 
Fernando Vil, para sí y sus descendientes los pala- 
)to>, haciendas, etc., de Navarra con cincuenta mil 



¡unió Napoleón nt 
y púa dar un asj 
etida, reunió en 
e notables españc 
3 reunirse reconoi 
lespués proel amai 
■tra historia polf t 
\Uo dt Bayona, pul 
nodo, — dice un n; 
itico, — ila invasi 
régimen constitu 
laciendo pesar la 
[>s, que engendra 
)Q el eatrueudo d 
[ue produce laCo 
itución de 1808, 
;r sido nuDca pli 
la, venia & ser el 
il abaolutiamo y i 

ba aut» la fuerza < 
na representaba h 
como antee hemos 
la familia real bo 
ion por parte de I 
España 6 Indias, i 
»n Bayona el 6 de 
as dotaciones oon 
a familia real de 1 
on tenia también • 

naria de Paredes, 



J 



— 673 — 
El resultado más importante de la reuaiÓQ do Krrurt, 
íaé la eonveneión tecnia entre Francia y fítuia armada por el 
conde RoumaDtsof 7 H. de Champagoy el 12 de octubre de 
1808, que pue<le considerarse como uo apéndice de la paz de 
Tilait. 

En efecto, por este convenio los dos Emperadores ratifica- 
ron lo que hablan convenido en Tilsit, es decir, la división 
del mundo en Oriental y Occidental; Alejandro accedió á la 
ocupación de EspaSa y do Portugal, siempre que por bu par- 
te Napoleón reconociese la unión al Imperio ruso de las pro- 
vincias de Finlandia, la Moldavia y la Valaquia, do las cuales 
queria despojar á Suecia y á Turquía; y se declaró que en el 
caso en que la Puerta Otomana se resistiese á la cesión de las 
dos provincias moldo-valaquias y la guerra volviese ¿encen- 
derse. Napoleón no tomaría parte alguna y se limitaría i 
emplear sus buenos oficios cerca de la Puerta; pero si Austria 
ó cualquier otra potencia hiciese causa común con el Impe- 
rio Otomano en dicha guerra, Francia baria á su ves causa 
común con Busia. Y en el caso de que Austria declarase la 
guerra á Napoleón, el Emperador de Rusia se obligaba á de- 
clararse contra aquella potencia. Por último, los dos Sobe- 
ranos, unidos tanto para la paz como para la guerra, con- 
vinieron en nombrar dos plenipotenciarios para tratar con 
Inglaterra sobre la base del uli possideüs. 

2. El objeto principal del Congreso de Erfurt era por 
tanto dar satisracción i la opinión general respecto i la pax 
marítima. Resolvieron en consecuencia los dos Emperadores 
gestionar de común acuerdo cerca del rey de Inglaterra para 
entablar una negociación. El 12 de octubre Alejandro y Ha- 



— 676 — 

Los motiyos que el emperador de Austria tenia para deci- 
dirse á terminar la lucha con [Francia están cansignados 
en la proclama que dirigió á sus pueblos el 16 de agosto 
de 1809 (1). 

Las conferencias dieron principio en el pueblo de Alten* 
burgo (Hungría), siendo plenipotenciarios el conde de Me- 
tternich por parte de Austria y Mr. de Ghampagny en noni- 



(1; uMÍ9 queridos subditos y mis enemigos mismos, saben 
-nque ni el espirita de conquista ni ninguna pasión me ha lie- 
nyado á tomar las armas. Nuestra conservación y nuestra inde- 
^pendencia, una paz compatible con el honor de la corona, j en 
nía cual mis pueblos pudiesen encontrar la seguridad y la tran- 
nquilidad han sido siempre el objeto único de mis esfuerzos. La 
ifsuerte inconstante de las armas no respondió á mi esperanza; 
nel enemigo entró en el corazón de mis Estados y los hizosafrir 
Titodas las devastaciones que pueden ser consecuencia de una 
ligue rra implacable y de un odio sin limites; pero al mismo 
ntiempo conoció el espíritu público de la nación y la bravura de 
umis ejércitos. Esta experiencia que ha adquirido & costa de au 
Tisangre y mis constantes cuidados para la felicidad de mis Es- 
tftadoe, han traido la aproximación actual para una negociación. 
^Mis plenipotenciarios se han reunido á loa del emperador de 
-nlos franceses. Mi voto es por una paz honrosa, una paz cnyaa 
acondiciones hagan probable su duración. El valor de mis ejér- 
ncitos, su coraje inquebrantable, su patriotismo, su deseo de no 
tidejar las armas hasta obtener una paz honrosa no me hubie- 
uran permitido jam&s acceder k condiciones que amenazarían 
«destruir los fundamentos de la monarquía, y que, después de 
«tantos y nobles sacrificios, después de haber vertido tanta san- 
«gre por la p&tria, nos deshonrarían. El espíritu sublime que 
«anima al ejército, es para mi segura garantía de que si el ene> 
«migo nos desconociese, ooncluiríamoñ por obtener la recom- 
«pensa debida k nuestro valor. n^Dado en Comom el 16 de 
«agosto de 180B.~Firmado «Francisco, n 



— b-í7 — 
bre de Napoleón; Rusianoenviú ru presentante alguno á es- 
tas Begociaciones. 

Antes de la reuniÓD do los ploaipoteaciarios, Francia 
presentó una proposición con las condiciones siguientea; 
1,* Supresión del landwehr (1); 2." Reducción del ejército re- 
gular á la mitad del que eutonccs existia; 3.* La expuliiiÓD 
del servicio de Austria do todos los franceses, tanto de la 
antigua Francia como de los países unidos á ella posterior- 
mente. En cuanto á las demás condiciones, ya se adoptase 
como base el vli possidetis ya se prefiriese el sistema de com- 
pensación, Napoleón procedería con la misma moderación 
que había demostrado en la paz de Presburgo. 

El 17 de agosto dieron principio las conferencias y en las 
primeras sesiones, los plenipotenciarios austríacos conteata- 
ron á las proposiciones preliminares de Francia accediendo 
de conformidad con las dos primeras á reducir el efectivo del 
ejército de Austria; en cuanto á la tercera pidieron que se dis- 
tinga iese' entre loa subditos considerados siempre como fran- 
ceses y los que babian dejado de serlo; y por último con res- 
pecto á la base del utí possidelis, sostenían que no se podían 
considerar como provincias conquistadas las que solo habían 
sido ocupadas militarmente, mientras el primer poseedor no 
hiciese renuncia de ellas en alguna forma. ',Los representantes 
franceses, olvidando las nociones más elementales del Dere- 
cho de gentes, pretendían por el contrario, que la conquista 
es el resultado do la ocupación militar y que no había nece- 



(1) £¡t landwehr es la primera reserva fornudaeQ Atemania 
con nna parte de la población armada. 



sidod alguna do que fui 
plomáticas (1). Después 
«D la que al prÍDcipio i 
le baso igualmente geni 
Di pote ocia ríos de Fraot 
poleÓD pidiendo la ees: 
hasta el íalweg (i) del I 
i Baviera. En las Troot 
bia de ceder la Cariatii 
diodía de una linea qu 
del Save hasta la Bosni; 
cedería algunos distritc 
Consideró Austria q 
4catrucc)óu de la mont 
las. Asi lo hizo éste y di 
á los pleaipotenci arios 
ba 7 les dirigió un uíJii 
y el 14 del mismo mes 



(1) uLa palabra eon^ 
■ debe emplearse sino en 
■tivamente fc manos del 
•un tratado el tltnlo de 
«el abandono formal poi 
*no se realiea, solament 
■de paaeaión no ea mina q 
tsolo la paz dá la aan< 
•anexión violenta. Este 
•el acto internacional q 
•á U guerra*. Calvo. Li 

(3j Talweg, linea mí 



Como en virtud de las cesiones lieci 
quedaba á Austria ningún puerto en el 
reservó & esta potencia el comercio de e} 
tación por Fiume. 

LOB arts. S, 6 y 8 al 13 regulaban las 
de la paz, tales como pagos de deudas hip 
demarcación de fronteras, término de evi 
ees ocupados, libertad do loa prisioneros. 
Napoleón garantizaba á Austria la int 
BUS posesiones (art. 14). 

Por último el emperador de Austria i 
cambios bechos y los que pudiesen sobre' 
Portugal y en Italia y se adhería al sisten 
tra la Gran BretaSa (arts. 15 y 16). 

En los artículos secretos que acompsj 
el emperador de Austria se obligó á redu 
«Jército á ciento cincuenta mil hombres 
aerricio á todos los oficiales y agentes pe 
Francia, en Bélgica, en el Piamonte ó en 
cíanos. 

Por la paz de Viena hizo por tanto Aue 
perder un inmenso territorio, importante 
en si representaba, sino porque al despn 
Yincias que cedió á Napoleón perdía taml 
defensa que ofrece una frontera natural. 

Bata, sin embargo, subsiste todavía en el ] 
con BUB poeesioneB, y fué reconocida como f 
como Instttnto ral Íg¡oao-mÍlitar independie, 
imperiales j reales de 28 de junio de 1640. 



— 681 - 

4. Bospués de la paz de Yiena, la reacción iniciada ante- 
riormente contra el Imperio francés va tomando cuerpo y los 
sucesos de España y la actitud enérgica del Santo Padre dan 
comienzo á un nuevo período señalado por la alianza de las^ 
dinastías, de los pueblos, del sacerdocio y del comercio. La 
actitud de nuestro reino la hemos apuntado en el capitulo 
anterior. El Papa Pío Vil después de ver entrar á los france- 
ses en Roma y de ser despojado de Urbino, Ancona» Macera- 
ta y Camerino, tuvo que sufrir el decreto de Napoleón de 17 
de mayo de 1808 por el cual reunió los Estados de la Igle- 
sia á su Imperio, decreto que fué confirmado el 17 de febrero 
de 1810, con lo que Bonaparte concluyó su obra de derribar el 
trono de San Pedro. Pero si el Papa fué débil para resistir á 
la materialidad de esta usurpación por falta de fuerzas para 
rechazarla, en cambio jamás renunció sus atribuciones y sus 
derechos, antes al contrario, lleno de sentimiento de digni- 
djad é inquebrantable en su deber, protestó contra el sacrile- 
gio cometido y después de expedir la bula quum memoranda 
(10 de junio) por la que Napoleón y todos los autores de las 
violencias ejercidas en Roma y en los Estados de la Iglesia 
desde el 2 de febrero de 1808, eran excomulgados, se encerró 
en su palacio. Pero al poco tiempo, las tropas francesas inva- 
den la residencia del Santo Padre, se apoderan de su persona 
y lo conduccQ prisionero á Savona (5 de julio). 

Napoleón á pesar de su gran dominio, aumentado aho-^ 
ra' con los Estados romanos, preveyó que su trono no es- 
taba seguro mientras no tuviese un sucesor, y para ello y 
para dar un tinte de antigua dinastía á su reinado y bo- 
rrar BU carácter de monarca advenedizo y de origen revo- 



lucioaário, repudió á la empeí 
matrimoDío con la Brebiduquesi 
il." de abril de 1810), colocáados 
oon respecto á esta potencia des 
porque,— como dice Higaet — ^Nap» 
Austria después de la victoria de ' 
sus posesiones después de su mai 
Mi una ni otra cosa hizo Bonapar 
consecuencias. 

5. Mientras estos sucesos ocuri 
7 en España se hacía cada yei con 
los franceses, en el Norte se prep 
-contra el Imperio Napoleónico. R' 
nes hechas & Napoleón en el trata 
hacía ella la dominación francesa 
hién en manos de Bonaparte una 
tendido para si desde el reinado d 
sin sacar provecho alguno de U 
-causas preparó sus ejércitos, reaD 
cíales con la Gran Bretaña y et 2! 
la guerra á Francia. 

Napoleón, qne esperaba la coo] 
Norle de Europa para atacar á Bu 
parativos para una empresa que h 
igutlaa victoriosas. Pero no solo 
que por los tratados de H de febn 
consiguió el auxilio de Frusia y ¡ 



(1) Con Prasia celabrú Napoleói 



Ruiia. por aa parte, aceptó ta alianza quo Suecia le c 
«ia y ambas potencias üniiaTOQ el traíado de San Pelert 
ífo de ^j^^~p áo 18ia (1), y más terde, el 18 y 20 de j 



brero de 1812. El primero de ftliansa defensiva por el que an 
Estados se garantizaban en territorio: el segando fué ana < 
venoiúii aecreta contra Bneia, por la qaef rusia se obligóla 
liar 4 Francia con nn ejército de 24.01)0 hombres: el tercen: 
'Otra convención relativa 6, las medidas que se debían toma 
la guerra contra Inglaterra; y por último el cuarto fué ana 
'Oera convención referente al paso de los tropas francesas 
los EstadoH prnsianoB y abastecimientoe que Ptosiadebia 
^porcionales (Martena, Beeueil tom. XII '. 

Con Austria celebró el Emparador francés el tratado de 1 
marzo de 1912 garantizándose mútnamente sa territorio y 
metiéndose nn auxilio de 80.0ÜÜ hombres en caso de ataque. 
^OB potencias reconooian j garantizaban los principios de \t 
vegación de los neutrales, tales como hablan sido recimot 
y consagrados por el tratado de Utrecht, y el emperador de . 
tria renovaba sn compromiso de adherirse al sistema prohil 
vo oontra Inglaterra. £a loe arttculoe secretos que aconp 
ban k este tratado sb declaró; qae la gaeira de Francia oa 
la Gran Bretaña y oontra la penlnanla española estaban ei 
toadas «iel etuu» ftederi», pero que la que pudiese estal'ar e 
Francia y Rusia se entendería comprendida en él [Martent 
■eueil, tom. zii). 

(1) Este tratado, — dice oon razón, Oarden, — es de gran 
portañola, y pnede ooneídernrse como la base del sistema ac 
del Norte de Europa. Sus principales dispoaicienee fneroi 
signientes: Garantía reciproca de los Estadoe de las dos i 
partes contratantes; ambas convenían en hacer una diveí 
•contra Francia y sus aliados por la parte de Alemania qi 
considerase mas convaniente; 25.000 saecos y otros tantos i 
.se emplearían en este expedición. Como Soeeia no podía oc 
rar á esta diversión mientras tuviese á Noruega por enen 
■el emperador de Bneia se obligaba á reunir este Estado á Sn 



del mismo aüo hizo Alejandro la pas con 1 
mó una alianie con EBpftSa(2). 

A fines de junio, confiado Napoleón en 
en su buena eetrella, había empezado la cb 
sia sin atender los consejos de la sana 
que como siempre, su plan de operacione 
destruir al enemigo por la rapidez de lof 
humillarle eutraudo ea su capital y vencer 
paz provechosa para Francia, le daría en 

Se acordaba tambiéu la ocupación ptéyia d' 
evitando la guerra cOn esta nación y ofreció 
una indemnización conveniente á cambio de 
negaba a ello entonces la harían la guerra 1 
concierto. Por último se convenía en invitar á 
der á la alianza. 

(1) El tratado de paz entre la Gran Bretal 
mado en Oérebro el 18 de julio de 1812 y en 
las relacione I de amistad y de comercio entri 
serian restablecidas sobre la base de nación 
para el caso en qne una tercera potencia hicí 
guna de lae dos partes contratantes, ambas f 
tancia recíproca. — En virtud de este tratado, 
sia fueron abiertos al somercto inglés. 

(2) Esta alianza se firmó en Yeliky-Louki 
1812 por los plenipotenciarios donPruncisco í 
conde de Boumanteof y en ella acordaron an 
detde, sin demora, sobre las estipalaciones de 
cortar todo lo que pudiese tener conexión con 
procos y con la firme intención que tenían de 
vigorosa al emperador de los franceses. íart 
Rusia reconoció por legitimas las Cortes gene 
narias reunidas en Cádiz, asi como también It 
estas habían decretado (art. 3|, Por último i 
relaciones dé comercio entre ambos países (ar 



&vor&blea resultados que le había dado en A.ustria 7 en Pru- 
sia. Para reducir aquel Imperio, iutentó restablecer el aulU 
guo reino de Polonia, como había reducido á Austria, creau- 
do á Baviera, ; á "Vurtemberg, y á Prusia organíiando á 
Sajonia y á Mirestfalia. El restablecimieoto de Polonia iai 
proclamado por la Dieta de Varaovia, pero de una manera 
tan incompleta que no sirvió para los planes de Napoleón. 

Con UD ejército de quinientos mil hombree penetro od 
Buaia y llegó basta Moscou, donde se encontró con un siste- 
ma de defensa por parte de los ruaos que no podía esperar. 
Estos retrocedían ante el empuje de las fuerzas napoleónicas, 
pero al propio tiempo arrasaban sus propias ciudades para 
que el enemigo noencontrase más que ruinas. De este modo 
fueron destruidas Smoleusko, Dorogoboujó, Wiasma, Gjhat, 
Majaisk, la misma Moscou y otras ciudades y pueblos. Napo- 
león sin embargo, habiendo derrotado á los rusos y entra- 
do en su capital, confiaba en obtener una paz ventajasa. En- 
tretuvo hábilmente Alejandro las negociaciones dando así 
lugar á que la estación avanzase y loa franceses se viese n 
sorprendidos por los rigores del invierno. Napoleón quiso 
entonces retroceder en su camino, pero ya era tarde y la 
retirada de Moscou vino & constituir una de las páginas más 
desastrosas de la vida militar de Bonaparte (octubre de 1808). 

El viejo ejército francés y el prestigio de la fortuna de 
Napoleón, se perdieron en los helados territorios de Rusia, 
al tiempo que España se rebelaba también contra sus usur- 
paciones. Hasta el Beresina dirigió el Emperador la retirada 
de sus soldados, pero en este río sufirió tan horrible derrota 
que anida á la desmoraliíación que el frió y el hambre cau- 



ircito. constituyen laB úllb 
) costó la vida & más de mei 
e el Beresina marchó Nap< 
7 desde esta ciudad á Pai 
le Fraucia 7a no era la mlsi 
eneia del Imperio francis i 
. en Rusia, prosígaió en el 
ser la csidá de Napoleón a 
ramiento. En París habían < 
[□bicioso monarca; el clero 
le Bona[>arte había puesto c 
, masa nacioaal, caosads de 
03 y lesoroa, quería, con m 
eros intereses del país, aba 
10. Plto si eu el interior aui 
migos de Napoleón, en el 1 
para que los aliados de Fi 
la fuerza de las circunstai 
voogar tantos quebrantos ; 
:ido y comenzasen ¿ desertar 
ni'te de Berlín fué el primei 
irndose á Rusia é loglateri 
la que do tardó en adherir» 
ner inalado formando esta 
S el de Kaliseh y Bresiau en 
febrero de 1813 por el que 
iinicron on alianza ofensiv 
1 el objeto de recoastitnir li 
egurasen la tranquilidad d< 



de Gothem 
! el pago de i 
como ¿ la Ba 

á Suecia la 
iB á la misnu 
amigos abril 
r el deBcalab 
imer&s Tictt 
fo de 1813, 
I y la lucha 
ó de nuevo á 

íie tan lo la a 
810 se manti 
r el tratado d 
peí de medial 
unas Teces r 
Bta mediacif! 
nisticio de Poi 

el 30 de juD 
;o II flrmó ci 

emperador ( 
leral 6 contii 
1 BU virtud la 
ciudad de Pi 
hasta el 10 d 
1 el iaimo de 
reí de apresu 
ira ta pu, ei 



— 68» — 

desastres que á manera de aviso soMa su ejército tú B»- 
|»ana (i), desatendía estos y difería bajo diversos pretettos el 
eayio de sus plenipotenciarios á Praga, con la intención de 
prolongar mas el armisticio, tener asi tiempo de preparar sus 
ejércitos y volver á ser el vencedor de Europa. ¿Que consi- 
guió Napoleón con esta actitud? Lejos de encontrar hombres 
sumisos á su voluntad y fáciles de convencer, halló en Praga 
diplomáticos como Metternich, el barón de Anstett y Guiller- 
mo de Humboldt que le dirigieron agrias quejas y declararon 
qnc no se diferiría un día mas el plazo del armisticio. Envió 
ontónces Napoleón al congreso á Mr. de Gaulaincourt, pero 
con encargo de suscitar cuestiones de casi imposible solución. 
Estas dificultades llegaron á impedir la constitución del Con- 
greso y apurada la paciencia de los soberanos y de los diplo- 
máticos declaró Metteroich que si para el 10 de agosto á me- 
dia noche no se habían convenido las bases de la paz, el ar- 
misticio sería denunciado, y Austria daría por terminado su 
papel de mediadora, abandonaría á Francia y se uniría á la 
coalición. 

Esperó Bonaparte al último día para enviar al Congreso 
unas proposiciones que los congregados consideraron inad- 
misibles y Austria se vio en el caso de cumplir lo que había 
anunciado. Metternich declaró disuelto el Congreso y procla- 
mó que el emperador Francisco se adhería á la coali- 
ción (12 de agosto). 

Se comprende que al unirse Austria á los confederados. 



(1) Las tropas francesas hablan tenido qne re tirarse á Bur- 
gos; el 21 de junio sufrían el gran desastre de Vitoria, y por fía 
José Bonaparte era arrojado de España. 

44 



t) ifae íué cont- 
lusíria, Busiay 
■tíado de atianxa 
L TÓplíU el 3 de 
del mismo mes 
, (2) pactos que 
( ellos encaml- 

ú. &jar los coa* 
: cada potencia 
¡paró de la eco* 
alianza, siendo 
B 'Weimar y de 

gran duque de 
es y Boberanos 
adose por difc- 



tre 1h Oran Bre- 
iciónda Petera - 



ratAdo da paa de 
iqne de Sajoaia 
de Darmstad* 
de Wnrtemberf 
mee. Loadema 



.le 

rn, 



iju. 
bre 






lo; 



4e saceaióo establecido por las leyes fundamentales de Es- 
IwSa. oomo rey de Espuia y de las Indias. 

Art. 1." S. U. el Emperador y rey reconoce la integridad 
del territorio de EspaSa, tal cual ezlstia antes de la guerra 
actual. 

Art. S." Las provincias y placas actualmente ocupadas 
por las troras francesas, serán entregadas en el estado en que 
se encuentran, á los gobernadores y á las tropas eapuüolas 
gue sean enviadas por el rey. 

Att. e." S. M. el rey Fernando se obliga por su parte á 
raanlener la integridad det territorio de España, islas, platas 
y presidios adyacentes, con especialidad Uahda y Ceata. Se 
obliga también á evacuar las provincias, plasas y territorios 
ocupados por los gobernadores y ejército británico. 

Art. 7." Se hará un oonveoio militar entre un comisio- 
nado francés y otro espaBol para que simultáneamente se 
haga la evacuación de les provincias espaSolas, ú ocupadas 
por los franceses ó por los ingleses. 

Art. S.° 6. H. C. y S. H. el Emperador y rey, se obligan 
recíprocamente á mantener la independencia do sus derechos 
marítimos, tales como bao sido estipulados en el tratado de 
Utrecht, y como las dos naciones los habían mantenido has- 
U el año 1792. 

Art. 9." Todos los españoles adictos al rey José, que le 
han servido en los empleos civiles ó militares y que le han 
seguido, volverán á los honores, derechos y prerrogativas de 
que gozaban: todos los bienes de que hayan sido privados 
les serán restituidos. Los que quieran permanecer fuera de 
España, tendrán un término de dies «ñon para vender sus 



por cuartas partes de tres en tres meses. A la muerte del rey. 
dos millones de francos formarán la viudedad de la reina. 
Todos los espaüoles que estén á su servicio tendrán la liber- 
tad de residir fuera, dol territorio español todo el tiempo 
que SS. HM. lo juzguen conveniente. 

A.rt. 14. Se concluirá un tratado de comercio entre 
amba3 potencias, y basta tanto sus relaciones comercia- 
les quedarán bajó el mismo pié que antes de la guerra 
de 17d2. 

Art. IK. La ratífícaciún de este tratado se verificará en 
París, en el término de un mes, ó antes s) fuere posible. — 
Fecho y firmado en Valencey á li de diciembre de 1813. — 
El duque de San Carlos.— El conde de Lafoiest. 

Este tratado que devolvía á Espima su rey y confirmaba 
su independencia tan gloriosamente alcanzada, ha sido cali- 
' ñcado injustamente de vergonzoso (l). Examinando deteni- 
damente cada articulo del convenio, nada encontramos que 
merezca censura, lejos de ello, sí tenemos en cuenta las diff 
ciles circunstancias en que se bailaba nuestra reino poco 
tiempo antes, si se recuerda que el territorio español había 
sido ocupado casi en su totalidad por las tropas imperiales, 
que la familia real española había sido secuestrada y que 
hasta se nos había impuesto un monarca por el dominador 
de Europa, nopuede menos de reconocerse, juzgando desapa- 
sionadamente las cláusulas convenidas por el duque de San 
Carlos en Valencey, que este tratado al establecer el staíu quo 
attíe bellum, y al devolver á España su independencia y su 

.1) Cantillo. 



tty, no in«t««e ni hist^ea ai Idgican 
l«dáels^kirGantÍUo. 

CuestMn distinta é iodepeadiente 
iMMDÓ ó milo, es la de si Fernando V 
ajastar an convonio internaeioaal bíe 
tilucióo del uio 1812, puee este era u 
l«riof ; y cuestión separada era tambií 
ta-vieroD la Begeacia y las Cortes para 
do; pero aun asi y todo, Fernando sab 
eiD'el acuerdo de aquellas y asi lo mai 
ciarioB de Napoleón. Nada importa q 
hiciese mención algana de la Regeqei 
to que nuestro Bey en las instrucción 
San Garlos caaodo le envió & Gspafia o 
las siguientes: 1." Que en caso de que 
tes fuesen leales al Bey 7 no iuBetes 
niuuo, se les dijese era su real ínteni 
tratado, con tal que lo consintiesen la 
pa3a y las poteacias ligadas contra la 
manera. i.° Que si la Regencia, libra < 
Uficase, podía verificarlo temporalme: 
Inglaterra, resuelto S. M. i declarar 
volvieBc á EspaíEa, nulo 7 de ningiin ' 
por la vWleneia, y 3.*^ Que si en la Be 
dominaba el espíritu jacobino, nada 1 
con insistir en la ratificación, reBervái 
se viese libie, continuar ó do la gueri 
el inteiés ó la buena té de la nación, 
todo esto nada tiene que ver coa las c 



— 697 — 

querrán en nuestra opiaién, todo lo favorables que.po^an 
9%r despaés de los distarbios sufridos, y qoe lejos de molestar. 
nuestra dignidad, haician reconoeer al orgulloso Napoleén la 
indfifiendeneia de nuestro reino, eosa que no había reeonocir 
do aún á ningún otro de los Estados invadidos po'r sus ejérr^ 
ellos. 

Es per tanto sensible que escritores nacionales se dejen 
llevar del apasionamiento político para juzgar los hechcis 
históricos de EspaSa, no sólo con escaso patriotismo, sino 
dando á los hechos interpretación torcida y juzgándolos erró- 
neamente, como sucede en el presente caso. 

Las Cortes y la Regencia, en su criterio de no reconocer 
libre al rey y de no prestarle obediencia hasta que en el se- 
no del Congreso nacional prestase el juramento que se exigía 
en el articulo 173 de la Constitución (i), se negaron á rati- 
ficar el tratado. Napoleón, sin embargo, antes de saber esta 
resolnción del gobierno de Madrid y en vista del estado de 
su reino, de la nueva alianza de las potencias en Ghaumontr 
y necesitando de las tropas que tenía en España, había re- 
suelto dar la libertad á Fernando Vil y también al Pontíñce. 
En su consecuencia, el rey entró en España el 22. de marzo 
de 1814, y pocos días después se dio por terminada la guerra 
con Francia por el convenio de 23 de abril del mismo ano 
éusflendicndo las hostilidades. 

^. ' Los sucesos que entre tanto se desarrollaban en el res-^ 
to de Europa precipitaron la calda de Napoleón Bu ñaparte. 
Defiq[>oés de la batalla de Leipzig, volvió éste á París (9 de no- 



(1) Decretos de 1.^ de enero de 1811 y de 2 de febrero de 1814. 



viembre de 1813) ps 
campaña 7 pedir al 
crínelo de hombres ¡ 
ta entÓDcea obedieot 
dar, se reaistió í COQ 
de la nación. Ésta, 
realista, elevó su vo! 
110, se opuso í la coi 
'blecimieuto de la 111 
suelve la Asamblea ; 

Los aliados estab 
ño. Después do reuii 
fraocés el maQÍflest( 
dolé quo la contiou. 
qne la dcstruccitfa 1 
guna manera la de 1 
Schwartzemberg pas 
davia Napoleón coni 
aliados, después de 
nuevo Congreso de 
Cbfilillón. 

El plenipotencie 
presentó á él muy b 
nes, pero sobre vi ni 
sobre los aliados y < 
vio á mostrarse sobe 
froateras francesas 
fueron tantas sus ex 
greso sin llegar á li 



— 699 - 

Dosde este momento los enemigos de Napoleón procedie- 
ron con más armonía y firmeza, estrecharon sus lazos de 
unión y se prepararon á continuar la guerra con más vigor 
que antes. 

Por el írakuh de ChaumonC que concluyeron el 1.^ de 
marzo de 1814, llevaron á cabo una nueva alianza, la más 
importante de todas las celebradas hasta entonces porque no 
-solamente puso término feliz y rápido á la guerra, sino que 
fijó el estado en que había de quedar Europa después de la 
paz, garantizó el sistema que entonces se estableciese y ten- 
dió en fin á evitar nuevas luchas. 

Esta cuádruple alianza de Ausiria^ Inglaterra^ Prusia y Ru- 
sia, se formó concluyendo cada una de estas potencias un tra- 
tado^ especial con cada una de las otras: estos seis convenios 
son enteramente iguales y fueron firmados por los plenipo- 
tenciarios, príncipe de Metternich en nombre de Austria; lord 
Gastlereagh en el de la Gran Bretaña; el barón Hardenberg 
en el de Prusia, y el conde d.e Ncsselrode en el de Rusia. 

El objeto de la alianza, indicado en el preámbulo, era en 
primer término continuar con todo vigor la guerra contra 
Bonaparte si este rechazase las condiciones de paz propues- 
tas, y mantener después el orden de cosas que se estableciese. 

Los artículos públicos se ocupan de la primera parte de 
«ste objeto, prometiendo cada uno de los aliados teñeron 
campana contra el enemigo común 150.000 hombres y no 
negociar separadamente con éste. Inglaterra daría un subsi- 
dio de cinco millones de libras esterlinas para el servicio de 
1814, que se repartirían por partes iguales entre las otras tres 
potencias. 



— 701 — 

apoyar al sacesor. Así, fué partidario de la reToliición du* 
ránte la Constituyente, del Diñctorio el i8 d€ fructidor, del 
Consulado el 18 de bramarlo, del Imperio en 1804 y so de- 
claró finalmente por la restauración de losBorbonesen 1814. 

Con Talleyrand desertó el Senado de las filas imperiales; 
Napoleón fué destronado, el pueblo y el ejército quedaron 
desligados del juramento de fidelidad que le habían prestado, 
y se nombró un gobierno provisional para regir la nación. 

De esta suerte rodó al suelo el cesar francés desde la cum« 
bre á que se había elevado, siendo los mismos que estimula • 
ron sus ambiciones en otro tiempo, los que ahora le declara- 
ban tirano y detentador de la libertad y del derecho del 
pueblo, y causante de su ruina y de las humillaciones de la 
invasión. 

El 11 de abril renunció Napoleón por sí y por sus suceso^ 
res los tronos de Francia é Italia, trocando el vasto Imperio 
que había poseído, por la pequeña isla do Elba. Las condi-^ 
clones de su renuncia se fijaron en un tratado que firmaron 
el mismo día los plenipotenciarios de Austria, Prusia y Ru* 
sia de una parte y los de Napoleón de otra, por el cual se 
eoncedió á este la isla antes mencionada, como principado 
independiente y una renta de dos millones de francos; á su 
esposa, la emperatriz Maria Luisa, los ducados de Parma, 
Plasencia y Guastala que pasarían después á su hijo y des- 
cendientes, y á sus parientes varias pensiones. 

Arrojado del trono Napoleón, Francia fué devuelta á los 
Borbones representados en la persona de Luis XYIII. El 21 
de abril llegó á la capital el conde de Artois, hermano del 
nuevo monarca y en nombre de éste firmó con los aliados la 



«^ T«5i i ' 



— 7C3 — 

Aberdeen, el vizconde de Cstbeart y lord Stewart; por Pru- 
Bia los barones ile BarSeiiberg y de Humboldt; y por Rusia. 
tereondteffde Razoumoffski y de Nesselrode. 

En el preámbulo de este tratado se expresaba con tanta 
concisión como dignidad, que el objeto del mismo era poner 
fin á las agitaciones de Europa y á los sufrimientos de los 
pueblos por medio de una paz sólida fundada en un justo y 
equitativo reparto de fuerza entre las potencias y que en sus 
cláusulas contuviese le garantía de su estabilidad. 

A parte de las disposiciones relativas al establecimiento 
de la paz, este tratado aseguró á Francia no solo la integri- 
dad de sus limites tales como existían en 1.^ de enero de 1792,. 
sino un aumento de territorio en los departamentos de Jem- 
mapés, Sambre y Mosa, Mosela, Saar y Montblanc. Hacia el 
país de Yaud adquirió también algunos cantones, perdiendo 
en cambio el valle de Dappes. El lalweg del Rhin serviría de 
frontera á Francia, de manera que los cambios que la corrien- 
te del rio sufriese después, no producirían ninguna alteración 
en cuanto á la propiedad de las islas que en él bübiese y 
cuya posesión se arreglaría como en tiempo del tratado de 
liunéville. Los límites de Francia por la parte de los Piri- 
neos quedarían en la forma que existían en 1.^ de enero de 
1792 y se nombraría una comisión mixta, española y france- 
sa para fijar la demarcación definitiva. Por último se asegu- 
raba á Francia el principado de Avinon, el condado Venesino, 
el de Montbéliard y los países intermedios que en otro tiempo 
habían pertenecido á Alemania (ari. 3). — En los artículos 5 
y 6 se proclamaron los siguientes principios: 1.^ la libertad 
de navegación del Rhin; 2.^ que Holanda, bajo la soberanía 



— 704 
-de la CBM de OrsDge recibiría un 
el monarca de este país no podríi 
3." que lo8 Estados de Alemania 
marían una unión federativa; 4.' 
do independiente; S." que la parí 
á Anetria se constituiría en Estad 

Por el artículo 7 se confimiab 
sobre la isla de Malta. 

For el artículo S la Gran Bro' 
colonias j factorías que poseía ei 
cepción de Tabago, Santa Lucia ] 
dependencias, que quedaban pai 
Santo Domingo que había pertem 
habían cedido á Francia por la pe 
Tuelta á España. 

En el articulo 9 el rey de Su& 
pe en favor de Francia. 

La Gran BretaSa concedió á lo 
indio los mismos privilegios de q 
vorecida, con tal de que no hiciei 
tablecim lentos devueltos á Fraoci 
de la soberanía británica eo aqu 
de Francia no tuyicse en ellos tro 

Los artículos 18 al 26 son relí 
por ellos renunciaban los aliados 
nos tuviesen que reclamar de Fra 
á hacer liquidar y pagar las canl 
á particulares. 

Los bienes nacionales adquir 



— 705 -^ 

subditos franceses en los territorios que en adelante se Ha- 
marian departamentos de Bélgica, de la rivera izquierda del 
Bhin y de los Alpes, fuera de los antiguos límites de Francia, 
«ran garantidos á los adquirentes (art. 27). 

El articulo 28 abolía el derecho de atAana, y otros de igual 
naturaleza en los países que los habí an estipulado con Francia . 

Por el artículo 29 el gobierno francés se obligó á restituir 
las obligaciones y otros títulos que hubiesen sido tomados 
en las provincias ocupadas por las armas francesas. 

Por el 30 se acordó que los trabajos públicos hechos en 
las provincias que dejaban de pertenecer á Francia serían pa* 
gados por los nuevos soberanos. 

En el 31 se disponía la mutua entrega de los archivos, 
planos, mapas y documentos de Cvida país á los respectivos 
gobiernos. 

Por último en el artículo 32 se acordó la reunión de un 
Congreso general en Yiena, al que asistirían representantes 
de todas las potencias que habían intervenido en la guerra, 
con el fin de resolver todas las cuestiones pendientes y com- 
pletar de este modo el presente tratado. 

Francia firmó los anteriores acuerdos con cada una de las 
potencias coligadas, añadiéndose en los respectivos tratados 
los siguientes artículos adicionales: 

Articulo adicional del tratado con Austria. — Por él se anula- 
ban los decretos expedidos contra los subditos franceses ó re- 
putados franceses, que estuviesen ó hubiesen estado al servi- 
vicio de las potencias aliadas. 

Articulo^ adicionales al tratado con la Gran Bretaña. — Los 

reyes de Francia é Inglaterra se obligaban á hacer proclamar 

45 



por todas las polenc 
cesaría denlro de c 
niDgiia traficanle di 
sino en Ins colonias 
gobiernos liquidaría 
to de prisioneroB y b 
se, — Acordaban asi i 
hechos desde 1792 a< 
erectos de las partes 
mente Inglaterra y I 
de comercio. 

Articulo adicional 
l>an los tratados heel 
Tilsit el 9 de julio 
1808 y lodos loa con 
Basilea entre Prusia 

Articulo adicional 
ducado de Varsovia 
provisional. 

Por último en va 
prometió reconocer i 
territorios adquirido 
consistente en el E 
dictaron disposición! 
y del Escalda y el g( 
del Banco de Hamb 
i-astigar á los que hu 

El presente trataí 
que las demás poten 



lo firmase como Portugal, Nápolea y otras D&cioneE, coa el 
carácter de accedente, nucBlro gobierno se oegó á eemejante 
pretensión 7 no firmó el tratado hasta el 20 de julio de tS14 
en que to hizo como parte prÍDCÍpal. 

Para terminar el bosquejo de los hechos de Bonaparte y 
con ellos el del período que había pr.'Klucido la revoluclóü, 
solo nos resta añadir que la vuelta de Napoleón de la isla de 
Blba en los comieozos de 1811}, cuando ya estaba reunido el 
Congreso de Vlcna que había de resolver todas las cuestiones 
pendientes, y su efímero reinado de cien diaS; que terminó 
con la horrorosa hecatomtw de Waterloo, pusieron sangriento 
y luctuoso remate ú la vida militar y política del Emperador, 
trocando su primer retiro del Moditerriíneo por el lejano y 
Kolitario peüasco de Sania Elena. 

Pasado que hubo ol último destello de la luminosa carre- 
ra de aquel hombre, verdaderamente predestinado á realizar 
empresas que más parecen del dominio de la fábula que de 
la historia, Luis XVIII, que habia huido de París, volvió á 
la capital de su reino y íirmó con los aliados la s«gunda pax 
el 20 de noviembre de Í8IS, por la que Francia quedó obli- 
gada á pagar á aquellos, setecientos millones de francos por 
indemuización de guerra y á hacer algunas cesioDes territo- 
riales ú Pru^ia. Baviera, Holanda y CerdeSa, á cambio de las 
que se confirmó á Francia la cesión de Aviñón y de Montbé- 
liaid. Las demás cláusulas eran una ratificación de la prime- 
ra paz de París. 

Co|i los anteriores tratados terminó definí ti vamonte la 
convulsión política y social que agitó á Europa desde 1789. 
Las guerras de la revolución, que en bu origen habían reprc- 



MDtado las lucbas de priucjpio 
de eDgraDdecimieDto territorial 
lucha desesperada por la indept 
bíaao destruido el equilibrio de 
deratiTO creado por loa tratadc 
habíase cambiado la organizas 
derribando dinastías 7 tronos ; 
Be babiao violado los pr¡ncipi< 
y en suma, se había operado ur 
ideas, en la política y en el de 
tratados concluidos durante esa 
siones de hostilidades, treguas 
con mis brío la lucha, pues uc 
derarse los tratados de Campo-F 
burgo, de Viena, de Amlens y t 
Los tratados de París de 181 
ras bases para la paz general dt 
largo 7 tempestuoso período, m 
Estado. El Congreso de Viena, 
tos, se encargó de completar la 
necesarias para dar á esta paz 1 
do los principios 7 reglas que 1 
recho internacional moderno. 



Obkas uh consulta 
rioreti. 



ItWl 

ief!7 



1672 
1673 



17 NOT . . 



28Feb.... 
15 Abril.. 

2 Mayo.. 
7 Abril . . 
— Ybjo. . 

SÜ Agosto 

10 Fob.... 

20 EDero.. 
10 Agosto 



Contrato de matri 
XIV y Mari* Te 

Paz de KardÍB en i 
y Saecia 

Faz de Audrnssow 
lonia 

Tratado de VíeDa 
el emperador Le< 
repartiéndose lo: 
paDa 

Tratado de pas de 
España reconooiil 
de Portugal 

Triple aliartsa entr 
cía y Holanda co 

Triple alianza en i 
i rancia, Inglate 
JAndo las bases 
Francia y Españi 

PsB de Aix-la Chi 
ire España y I 

Manifiesto de Lnis 
declarando la gni 

Reunión de plenip 
Ioqíb, para trata 
Francia y las Pr< 
lianza entre Ea[ 
Imperio y el Dnq 
tra Francia 

Tratado de Londreí 

Í' loe Estados Qei 
a Gran Bretaña 
alianza con Fran 

Alianza en el Haya 
landaélnglatetr 
la paz general . . 

Tratados de paz y i 
mega entre Frai 

Oenerales 

Tratado de paz di 
paña y Francia,, 

Tratado de paz de H 
cia y el Imperio . 



6 Feb. . 
29 Marzo' 

29 Judío. 

2 8ep.., 
26 Sep . . 
12 Oot .. 



10 Oct 

28 F«b. . 

3 Uayo. 

15 Agosto 



12 Ua^o . 
20DÍC.... 



— Majo.. 
20 Sep. . . 



Tratado de paz de Ifimaga entre et 

Emperador y el rey deSaeoía. 

Tratado de paz de Ni mega entre Fran- 

oiaT el Obiapo de Mnaster 

Tratado do paz de Nimega entre Sne- 

cia y el Oniapo de Manster , 

Tratado de San Oermftn en el Haya 
ectre Francia y Suecia de nna parte 
yelEleetordeBrandebur^deotra- 
Tratado de paz de Fontuinebleatt en- 
tre Francia y Dtnamaro». 

Tratado de pnz de Lnnden entre Di- 
Tratado de paz de Nimega entre 3a«- 

oia y laa prorineioa uoidaa 

Tratado de comercio de ídem entre 

ídem é Ídem 

Tratado de alianza firmado en el Ha- 
ya entre Soecia y Holanda contra 

Accesión del Emperador & ta anterior 

Acta de accesión del rey de EapaHa h 
la alianza del Haya 

Trerjaa de Ralúbona entre España y 
Francia 

Liga de Augiburgo, entre España, el 
imperio, Suecia, los circuloB de Ba- 
viera y de Franconia, la oaaa de 
Sajonia, los Príncipes y Estados del 
ARo-EhiD y de "Weaterwald, el da- 
qne de Holstein Gottorp y el Elec- 
tor Palatino contra Francia 

Tratado de alianza de Viena entre el 
Emperador y los Eatados Q«oeralea 
contra Francia 

ffran liija de Aaguburgo agrande alian- 
za formada por Gnillermo de Oran- 
ge contra Luis XIV de Francia, , , . 
ratado da paz de Tarin entre Fran- 
cia y Sabaya 

Rención del Congreso de Byswiok. 

Tratado de paa de Ryswick entre 
Francia y España 



»'Ool 
[1 Ool 



¡OEu 



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L8 Jni 
7 Se] 



\vj ■ i\ if^bF^m I 



25 Oot. ... 

27 Dio. . . 

7 Nov..., 
13 Marzo. 

10 Julio. 



- Matzc 

8 Oot... 



les y Portug&l contra Francia y Es- 
paña 

A.iihediúii de Snacia fi la Gran ali 



Traiado do Torin por el cual el Du- 
que de Saboya se adbírió á Id. Oran 



Tratado de comeroio entre la Gran 
Bretaña y Portugal. . . 

Capitulación entre el Elector de Ba 
viera y el emperador Joaé I 

Capitulación de Milán para la eva- 
de Lombariia por loe fran- 



Aiia 



Tratado >iti comercio de Barcelona en- 
tre Inglaterra y el pretendiente & 
la corona de España, Archiduque 
Car loa de Auati-ia 

Conferencias de Alardyck y del Haya 
para la paz entre Francia y España 
de una parte y luí potencias aliadas 
de otra 

Conferencias de Gertroydenberg c 

Preliminares de paz de Londres éol 

Francia y la Gran Bretaña 

ralado de Londres relativo á las 0( 
diciones para la paz general, aj 
tado entre Inglaterra y Francia , 

Tratado de Londres entre Inglaterra 
y Holanda, pira el mantenimiento 
de los pactos convenidos con el Em- 
pjrador en liOl y 1703 

R»nni6n del Congreso de Utrecht, . . 

Tratado de evacuación de Cataluña y 
nentralidad de Italia entre Españi 
y el Imperio 

Tratado entre España y la Qran Bre- 
taña, concediendo & esta el atiento 
de ntgrot en América 

Tratado de paz de Utrecht entre Fran- 
cia é Inglaterra 

Tratado de paz de Utrecht entre Fran- 
ela y Frnsia 



1722 
1724 
1725 



Convención de el Haya entra el £ni-v 
parador, Prancia, Inslatern v loa 
BatadoB Oeneralea, ooucediendo & 
KspañA el plazo de tres meaes para 

acceder á la euadrufile alianta , : 

20 Hoy..., Faz de Stockholmo entre Inglaterra 
y Saeoia 

26 Enero . Aoceaión de Felipe Y í^ la cuádruple 
alianza 

1 Feb.... ¿.lianza entre Sueciaé Inglaterra con- 
tra Rusia 

P«!s dú Stockholmo entre Prnaia 7 
Snecia 

Convenio para nna auapensión de ar- 
mas entre el Emperador y loa lejec 
de España, Francia, Qran Bretaña 
y Gerdeña 

Tratados de paz de Stockholmo y Fre- 
deriksborR, entre Suecia y Dina- 

6 Nov... Paz definitiva de Constantiuopla en- 
tre Kuaia y Torqnia 

27 Marzo.. Alianza defenaiva de Madrid entre 
Españn y Francia 1 

Tratado particular de paz y amistad 

entre Eopaña y la Oran Bretaña. , 
licuerdo entre España é Inglaterra re- 

10 jamo.. lativoi Gibraltar 

Tratado de alianza defenaiva entre 
las coronas de Kapaña, Fraocia y la 

0-ran Bretaña 

30 Agosto Tratado de paz de Nystad entre Eur 

aia y Snecia 

19 Dic... Decreto del Emperador creando la 

Compañía de Odtende 

— , Congreso de Cambray 

22 Noy. .. Instruccionesdadasporel rey Felipe? 
de España al barón de Biperdá para 
negociar la paz con el Emperador , 
30 Abril.. Tratado de paz y amiatad de Viena en- 
tre Felipe Y rey de España ^ Car- 
los YJ emperador de Alemania, ... 
-~ Bennncias del rey de España y del 
emperador de Alemania 



30 Abril. 
1 Hayo. 
S Sep... 



Trai 

Trai 

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5 Marzo. 


Dec 


U Junio. 


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9 Noy... 
21 Nov . . . 


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Acó 


16 Marzo.. 


Seg] 


22 Julio. . 
25 Julio.. 


Adli 
Trn 



14 Janio.. 

30 Sop. . . . 

16 Eoero.. 

1 Mayo.. 

31 Dic..,, 

11 Enero. 
S Sep... 
21 Uarzo 



rr« 7 loa 

Ch&pell« firmado por Fraoeia, la 
Oran Bretaña ^ Holanda, at que 
dieron su accesión Kspafia, Genova 
y Módena el 23 de ocCabre, y Ana 
tria el 23 del mi amo mea 

Tratado entre España y Portugal j'a- 
ra el «ireglo aefinitico de límites 
de las respectivaa poaeaionea en 
América 

Tratado de Madrid entre Eapafla y \a 
Oran Bretaña para la ejecución del 
articulo 16 del tratado de paz de 
Aqnisgran relativo al atiento de nc- 
ffro* 

Tratada de Italia firmado en Aran- 
juez entre £¿pafia, Auatria y Cer- 
deña para asegurar la paz entre las 
ortee de Uadrid y Yíena . , 

Tratado de alianzit entre Inglaterra y 
la emperatriz Isabel Fetrowna de 
Roaia 

Tratado de Westminster entre Ingla- 



Convención de neutralidad firmada «n 
Versalle» entré Francia y Austria. 

Tratado de alianza de Veraallea entre 
Austria y Francia 

Acta de San Peteraburgo por la qnc 
la emperatriz de Rusia se adhirió & 
los tratadosde Veraalles entre Fran- 



y Frnsia contra Austria y Fra 
Convención de Gloster-Ze ven entre 

los ejércitos franceses y prusianos . 
Tratado de alianza entre Anatria y 

Rusia 

Tratado de alianza entr« Autria y 

contra Prosia 477 



47» 



L761 
1762 







león oodi< 






parte los : 


las 


12 Oct. . . 


Con vención 
Fmnci» 3 
de Tilait 

como pan 


:8un 


14 Enero. 


Tratado de 
amistad 1 
la Gran 1 
ma centn 


- 


14 Oct... 


Tratado da 
btUna en' 


m-2 


24Fel... 


Tratados de 
cortando 


- 


14 ÜAtzo 


Alianza ent 
ñaparte . , 




11 H*rio... 


Tratado de 


~ 




so entre 




18 Julio. 


Paz entre I 


— 


2Ü Julio . 


Alianza de 
l«ña y R 


1813 


27y28Fel) 


Tratado de 
Prneia y 
coalición < 


~ 


19 Marzo. 


Convención 
y Hueia r 
Confedera 


" 


3 Mayo. . 


Tratado de 
térra y í 
texla coah 


— 


4 Janio.. 


Armisticio c 

leín y las 


" 


H jliJatio.. 


Tratados de 
entre la i 
Buaia.... 


" 


30 Junio.. 


Convención 
y FrancÍK 
reunión d< 


.- 


— Julio. . 


Reunión del 
la paz gen 


— 


9Sop.... 


Triplr. alian, 
tria, Rusii 



K 



Sa ¿ Ift muerte de CarloB II. — Primer tratado de ] 
partición. — Segando reparto. — Testamento de Ct 
tos II. — Grande alianza contra España y Francia. 
Adhesiones á la miama. — Guerra de sucesión... . 

XIX 
Negociaciones diplomáticas que precedieron al co 
greso de Utrecht: d.) Nyociación Ue Mr. de Romllé 
1705. b) Negociaciones de 1706. c) Conferencia 
Ufardyck en 1709. d) ídem del Haya, e) ídem de G 
iruydenberg en 1710, — Preiiminares de Londres < 
tre Francia é Inglaterra en octubre de 1711.— Co 
greso de Utrecbt: a) Naciones en él representadas. 
Proposiciones de las principales poíencias. — Renuní 
de Felipe V á sus derechos á la carona de Franc 
—Negociaciones en el Congreso. — Tratado de ei 
ouaciónde Cataluña y neutralidad de Italia de 
de marzo de 17 13 

XX 
Tratados de Utrecht. 
Tratados celebrados entre Francia y otras naciones. 
Tratado de paz entre España y la Gran Bretaña: 
Cesión de Gibrallar á Inglaterra. h)ConcesÍón > 
asiento de negros d los ingleses.— Tratado de paz e 
tre EspaSa y Saboya. — Resúmeu de los tratados 
comercio celebrados en Utrecht, — Negociaciones i 
gnidas en Rastadt y en Badén para la paz enl 



^rancia y el Imperio. — Trat 
''rancia y el Emperador. — Neg 
)ara la paz entre Esputa y los 
Tratado entre estas dos nací 
Ssp&Ba y Portugal. — Consecu 
le Ütrecht 

XXI 
Utica de Felipe V do EspaSa.- 
¡ipales potencias de Europa d 
CJtrecht.— Tratado de 'Vestmi: 
f el Imperio. — Triple aUanzi 
Ierra y Holanda de 4 de enero 
ilianza de Francia, Inglaterra 
rio de 2 de agosto de 1718 y g 
istaa potencias con EapaTía. — 
í la Cuádruple alianza. — Trai 
(emente cejebrii EapaSa en 17' 

XXI 

titud de las principales pote 
respecto á España, después de 
— Congreso de Cambray. — Prí 
del Imperio y del rey de Cord 
recta entre EspaSa y el Imp 
ajustado entre Felipe Y de E 
Alemania el 30 de abril de 17S 



coDtrá P 
LunéviU 
paSa y F 
el tratadi 
—Paz de 



etado de 1 
les poten 
venio de 
tuhre de 
— Tercer 
París de 
— Campe 
gadas. — 
Francia.' 
cretado ] 
de visla 



ratado de 
eia.— 5» 
guerra d 
coD respi 
de 1808. 
Carlos l\ 
tucióa d( 
trs loB tti 



ERRATAS Q'JÍ SE HAN ADVERTIDO 



u 


10 


tollo e! pneblo 


todo pueblo 


43 


21 


prot69toj 


pretextos 


- 44 


23 


aubcesivo 




49 




1777 " 


1772 


87 


3 


del trono 


al trono 


89 


19 




absorbía 


lÜO 


28 


Bravante 


Brabante 


156 


18 


tratados Westfalia. 


tratados de Westfalia 


id. 


25 


sobre base 


sobre la. base 


184 


28 


Drotextas 


protestas 

Reinado de Luis XIV 


189 


27 y 28 ílBinadode XIV 


-.211 


10 


aubenia 


. aabana 


224 


21 


esterior 


exterior 


252 


11 


escniaB 




261 


3 


expon tan e amen te 


espontáneamente 


290 


17 


Gauthcr 


Gáutbier 


326 


7 


en este tratado, cnando 


en este tratado. Cuando 


S49 


25 




nDÍ£n 


;-!76 


29 


& lo sucesión 


é. la sucesión 


415 


6 


Porto f errairo 


Porto-Ferrajo 


4B1 


24 


eatinción 


extinción 


437 


20 




corresponder le 


447 


2 


Isabel Potro wn a 


Isabel Petrowni 


479 


2 


en llegar á esta 


en llegar esta 


. 486 




T elevación al trono 


y la elevación al trono 
Mississipi 


! 492 


24y28MÍ3Í9Ípt 


BG2 


21 


Mau rapas 


Manrepas 


618 


IC 


al comercio todas las na 


al comercio de todas las 
naciones 




nota 


Nignet 


Mignet 




11 


halagado 


halagada 


642 


24 


y la cesión 


y la cesación 


^4 


29 


ae bailaba en al apogeo 


se hallaba en el apogeo 



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I^os pedidos de e^^la obra pueden hacerse 
K la librería do Victoriano Suarez, Preciado** 
48, ó á cai=ia del autor, Encarnación 14. 



4