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Full text of "Apuntes para la iconografía del Libertador"

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of tfoc 

Ontuersttp of Jftortft Carolina 







THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOaETIES 



Folio 
F2235 
.B6726 



UNIVEBSITVOFNC ATCHAPELH'Lt 



10003037973 




a689s" " Apuntes par 

' XI This BOOK may be kept out TWO WEEKS 

ONLY, and is subject to a fine of FIVE 
CENTS a day thereafter. It was taken out on 
the day indicated below: 




«MN19,!003 
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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/apuntesparalaicoOOsnch 



Manuel Segundo Sánchez 



\C 



Apuntes 

para la iconografía 

del Libertador 




earacas 
Litografía del Comercio 

1916 






ITÍanuel Segundo Sanche? 



Apuntes 



para la 



iconografía del LiberfaOor 




Caracas 
Litografía flel Comercio 



/ 







Ante el número, sin cesar creciente, de las efigies que representan 
al Libertador por aspectos que difieren entre sí, de manera esencial, 
aliéntanos el propósito de llamar la atención sobre aquéllas que, en 
nuestro sentir, reproducen con mayor fidelidad los rasgos del Grande 
Hombre. Las líneas que van a leerse traducen nuestras personales im- 
presiones y deben considerarse sólo como una simple aportación al 
conocimiento de la iconografía bolivariana. No aspiramos a decir la úl- 
tima palabra en materia de suyo tan complicada como vasta. Si nues- 
tras apreciaciones no se ajustan a la verdad histórica, único fin que 
perseguimos, será con entusiasmo como acogeremos la rectificación de 
nuestros yerros. 

Cuantos hombres notables trataron de cerca al Libertador, propu- 
siéronse consignar para la posteridad la imagen fisonómica del crea- 
dor de pueblos. Traspasaría los límites de estos Apuntes la copia de 
tantos testimonios de valía, trasmitidos por brillantes y justicieras plu- 
mas. De aquí que nos refiramos solamente a los que siguen. 



APUNTES PARA LA 



Caracteres físicos de Bolívar 

Cara de expresivos ojos que brillan como dos diamantes negros 
bajo una frente ancha que ha oscurecido el sol del ecuador y arrugado 
el pensamiento. — P. D. Martin-Maiilefer (Les flanees de Caracas. — 
París, 1829. — Traducción del doctor S. Key Ayala). 

La cabeza es larga: ancha en la parte superior de una sien a la 
otra, y muy afilada en la parte inferior: la frente es grande, descu- 
bierta, cilindrica y surcada de arrugas muy aparentes cuando la cara 
no es animada, e igualmente en momentos de mal humor y de cólera. 
El pelo es crespo, erizado, bastante abundante y mezclado con canas. 
Sus ojos, que han perdido el brillo de la juventud, han conservado la 
viveza de su genio: ellos son hondos, ni chicos ni grandes: las cejas 
son espesas, separadas, poco arqueadas y están más canosas que el 
pelo de la cabeza. La nariz es proporcionada, aguileña y regularmente 
planteada. Los huesos de los carrillos son agudos, y las mejillas chu- 
padas en la parte inferior: la boca es algo grande y saliente el labio 
inferior: los dientes son blancos y la risa agradable. La barba es algo 
larga y afilada. El color de la cara es tostado, y se oscurece más con 
el mal humor: en dicho estado el semblante es otro: las arrugas de la 
frente y de las sienes, son entonces mucho más aparentes: los ojos se 
achican y se encajonan más; el labio inferior sale considerablemente 
y la boca se pone fea: en fin, se ve una fisonomía toda diferente: una 
cara ceñuda que indica pesadumbres, pensamientos tristes e ideas som- 
brías. Contento, todo esto desaparece, la cara se anima, la cara es ri- 
sueña y el espíritu del Libertador brilla en su fisonomía. S. E. no lleva 
ahora ni bigotes ni patillas. — L. Peni de Lacroix (Diario de Bucara- 
manga. — Manuscrito original existente en el Museo Boliviano. — Año 
de 1828). 

Los ojos de Bolívar son negrísimos, rasgados, llenos de fuego y 
penetración: su nariz aguileña y bien formada, su rostro, un tanto 
largo y surcado por las arrugas que el afán y la ansiedad producen; 
su tez, descolorida. — J. P. Hamilton (Travels through the interior 
Provinces of Columbia. — London, 1 827 ) . 

De rostro pálido, pelo negro con canas, y ojos negros y penetran- 
tes; nariz bien formada; frente alta y ancha, y barba afilada. — Gui- 
llermo Miller (Memorias. — Londres, 1829). 

Sus grandes ojos negros y vivos denunciaban un alma ardorosa; 



ICONOGRAFÍA DEL LIBERTADOR ¡1 

tenía larga la cara, alta la frente, morena la tez, la nariz aquilina y bien 
formada. — A. Le Moyne (Voyages et séjours dans l'Amérique du 
Sud.— París, 1880). 

Sus facciones son regulares y nobles; tiene en su mirar un fuego 
extraordinario. — Lallement (Histoire de la Colombie. — París, 1826). 

Su fisonomía, a un tiempo noble y regular, está animada por el 
fuego de sus miradas, las cuales no fija nunca sobre su interlocutor, 
como queriendo impedir que se lea sobre su expresivo rostro. — Gabriel 
Lafond, de Lurcy (Voyages. — París, 1840). 

Va a hacer medio siglo que vi por última vez a este héroe inmor- 
tal, a este genio extraordinario, y todavía al recordarlo en estos postre- 
ros días de mi existencia, me parece que mi oído escucha su acento y 
que mi alma se baña en los efluvios de su mirada de fuego, altiva y pe- 
netrante. — Francisco Burdett O'Connor (Recuerdos. — Tarija, 1895) . 

Bolívar tenía la frente alta, pero no muy ancha y surcada de arru- 
gas desde temprana edad — indicio de pensador. — Pobladas y bien for- 
madas las cejas. Los ojos negros, vivos y penetrantes. La nariz larga y 
perfecta: tuvo en ella un pequeño lobanillo que le preocupó mucho, 
hasta que desapareció en 1820, dejando una señal casi imperceptible. 
Los pómulos salientes; las mejillas hundidas, desde que le conocí en 
1818. La boca fea y los labios gruesos. La distancia de la nariz a la 
boca era notable. Los dientes blancos, uniformes y bellísimos; cuidá- 
balos con esmero. Las orejas grandes, pero bien puestas. El pelo negro, 
fino y crespo; lo llevaba largo en los años de 1818 a 1821, en que em- 
pezó a encanecer, y desde entonces lo usó corto. Las patillas y bigotes 
rubios; se los afeitó por primera vez en el Potosí en 1825. Su estatura 
era de cinco pies seis pulgadas ingleses. Tenía el pecho angosto; el 
cuerpo delgado, las piernas sobre todo. La piel morena y algo áspera. 
Las manos y los pies pequeños y bien formados, que una mujer habría 
envidiado. Su aspecto, cuando estaba de buen humor, era apacible, 
pero terrible cuando irritado; el cambio era increíble. — Daniel F. 
O'Leary (Memorias; Narración, t. i. — Caracas, 1883) . 

Su aspecto y su actitud eran los de un perfecto militar. De esta- 
tura mediana, muy flaco y de constitución física bastante raquítica; 
el bigote grande y negro, éste, lo mismo que su abundante cabellera, 
comenzaba a encanecer (era en 1824), pero le daban un aspecto mar- 
cial que estaba en manifiesta oposición con su voz débil y con su des- 
medrada figura. La cara decaída, oscura y quemada por el sol, com- 
probaba las fatigas que había pasado; mientras que la frente alta y 
la seriedad de sus modales, inspiraban veneración, e involuntariamente 



6 APUNTES PARA LA 

se veía uno obligado a inclinarse delante de él, aunque no afectaba pre- 
sunción ni despotismo. A mí me produjo la impresión de un grande 
hombre, satisfaciendo en todo sentido la idea que nos habíamos for- 
mado de él, según las descripciones que se nos habían hecho. — C. van 
Dockum (Gamle Minder fra Tjenesteaarene ombord i Franske Skibe 
1823-1829. — Kóbenhavn, 1888. — Traducción del señor Cristian F. 
Witzke). 

Hallábase entonces Bolívar en lo más florido de sus años y en la 
fuerza de la escasa robustez que suele dar la vida ciudadana. Su esta- 
tura, sin ser procerosa, era, no obstante, suficientemente elevada, para 
que no le desdeñase el escultor que quisiera representar a un héroe; 
sus dos principales distintivos consistían en la excesiva movilidad del 
cuerpo y el brillo de sus ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e 
inquietos, con mirar de águila, circunstancia que suplía con ventaja a 
lo que a la estatura faltaba para sobresalir entre sus acompañantes. 
Tenía el pelo negro y algo crespo, los pies y las manos tan pequeños 
como los de una mujer, la voz aguda y penetrante. La tez tostada por el 
sol de los trópicos, conservaba no obstante la limpidez y lustre que no 
habían podido arrebatarle los rigores de la intemperie ni los continuos 
y violentos cambios de latitudes por los cuales había pasado en sus 
marchas. Para los que creen hallar las señales del hombre de armas en 
la robustez atlética, Bolívar hubiera perdido en ser conocido lo que 
hubiera ganado en ser imaginado; pero el artista, con una sola ojeada, 
y cualquier observador que en él se fijase, no podría menos de descu- 
brir en Bolívar los signos externos que caracterizan al hombre tenaz 
en sus propósitos y apto para llevar a cabo empresa que requiera gran 
inteligencia y la mayor constancia de ánimo. A pesar de la agitada vida 
que hasta entonces había llevado, capaz de desmedrar la más robusta 
constitución, se mantenía sano y lleno de vigor; el humor alegre y 
jovial, el carácter apacible en el trato familiar; impetuoso y dominador 
cuando se trataba de acometer empresa de importantes resultados; 
hermanando así lo amable del cortesano con lo fogoso del guerrero. 
Era amigo de bailar, galante y sumamente adicto a las damas y diestro 
en el manejo del caballo: gustábale correr a todo escape por las llanu- 
ras del Apure, persiguiendo a los venados que allí abundan. En el 
campamento mantenía el buen humor con oportunos chistes, pero en 
las marchas se le veía siempre algo inquieto; procuraba distraer su 
impaciencia entonando canciones patrióticas. Amigo del combate, 
acaso los prodigaba demasiado, y mientras duraba, tenía la mayor 
serenidad. Para contener a los derrotados, no escaseaba ni el ejemplo, 



iconografía del libertador / 

ni la voz, ni la espada. — José Antonio Páez (Autobiografía. — Cara- 
cas, 1888). 

De autor cuyo nombre ignoramos, son los siguientes párrafos 
de "El retrato físico de Bolívar", inserto en las páginas 485-7 del 
tomo xiv de los Documentos compilados por el coronel José Félix 
Blanco y don Ramón Azpurúa: 

"Era Bolívar hombre de talla poco menos que mediana, pero no 
exenta de gallardía en sus mocedades; delgado y sin musculación vigo- 
rosa; de temperamento esencialmente nervioso y bastante bilioso; in- 
quieto en todos sus movimientos, indicativos de un carácter sobrado 
impresionable, impaciente e imperioso. En su juventud había sido muy 
blanco (aquel blanco mate del venezolano de raza pura española) ; 
pero al cabo le había quedado la tez bastante morena, quemada por el 
sol y las intemperies de quince años de campañas y viajes; y tenía 
el andar más bien rápido que mesurado, pero con frecuencia cruzaba 
los brazos y tomaba actitudes esculturales, sobre todo en los momentos 
solemnes. 

"Tenía la cabeza de regular volumen, pero admirablemente con- 
formada, deprimida en las sienes, prominente en las partes anterior y 
superior, y más abultada aún en la posterior. El desarrollo de la frente 
era enorme, pues ella sola comprendía bastante más de un tercio del 
rostro, cuyo óvalo era largo, anguloso, agudo en la barba y de pómulos 
pronunciados. Casi siempre estuvo el Libertador totalmente afeitado, 
fuese por sistema, o por no tener barba graciosa ni abundante. Tenía 
los cabellos crespos y los llevaba siempre divididos entre una mecha 
enroscada sobre la parte superior de la frente, y guedejas sobre las sie- 
nes, peinadas hacia adelante. 

"Algunos escritores han dicho que Bolívar tenía la nariz agui- 
leña, seguramente por no dar a este adjetivo su acepción verdadera, 
que es la de lo corvo como el pico del águila. Lejos de esto, el Liberta- 
dor tenía el perfil enteramente vascongado y griego, principalmente 
por el corte del rostro, la pequenez de la boca, la amplitud de la frente 
y la rectitud de la nariz, muy finamente delineada. Al propio tiempo 
que tenía la frente muy levantada en la región de los órganos de la 
imaginación, era prominente en las cejas, bien arqueadas y extensas, 
donde se ponían de manifiesto los signos de la perspicacia y de la pron- 
titud y grandeza de percepción. Como tenía profundas las cuencas de 
los ojos, éstos, que eran negros, grandes y muy vivos, brillaban con un 
fulgor eléctrico, concentrando su fuego cual si sus miradas surgiesen 
de profundos focos". 



APUNTES PARA LA 



Las pinturas más fieles 

Prescindiendo de los retratos de apoteosis, de los de mera fanta- 
sía, de las innumerables y caprichosas creaciones, de las idealizaciones 
y composiciones realizadas por pintores y escultores que no conocieron 
personalmente a Bolívar, nos ocuparemos de preferencia en aquéllos 
para cuya ejecución sirvió el héroe de modelo. De éstos, sea que consi- 
deremos los simples bocetos, las miniaturas o los cuadros al óleo, todos 
reproducen, con mayor o menor exactitud, algunos de los rasgos sa- 
lientes de su rostro y contribuyen a fijar el tipo que personifica, en 
nuestra imaginación, la egregia figura del Padre de la Patria. 

Basándonos en la descripción física de Bolívar, hecha por sus 
coetáneos, tres retratos suyos dan principalmente, en nuestro concepto, 
precisa idea de su faz. Por cierto que ellos corresponden a la juventud, 
la edad viril y la vejez. Son esos retratos: el de Londres, 1810 (lámi- 
na 1), a los veintisiete años, de autor desconocido; el de Lima, 1825 
(lám. 2), cuando frisaba con los cuarenta y dos años, por el peruano 
Gil; y el de Cartagena, 1830 (lám. 3), hecho por el italiano Antonio 
Meucci, contados días antes de la muerte del mártir de San Pedro Ale- 
jandrino. 

Tal elección de nuestra parte no indica en modo alguno que ne- 
guemos el mérito de otros cuadros originales que contribuyen al estu- 
dio de la esjematología del más grande de los americanos; pero, son 
aquéllos los documentos fundamentales que poseemos al presente y a 
través de los cuales es fácil observar la natural transformación que 
imprimió el tiempo en su rostro y el prematuro envejecimiento con que 
abrumaron a Bolívar sus dilatadas y ciclópeas empresas. Con todo, 
para darnos cuenta cabal del fenómeno anotado y poder apreciar en su 
justo valor los retratos que encomiamos como los más exactos, es in- 
dispensable tener a la vista los propios originales o copias fieles, y no 
las reproducciones en las que el grabador, con la mira de corregir de- 
fectos o de mejorar la obra del artista, no hizo sino adulterarla de modo 
lastimoso. Esto, justamente, aconteció con las litografías de los retra- 
tos preconizados por nosotros. 

Por otra parte, obsérvese que ellos copian el rostro anguloso de 
Bolívar; su frente espaciosa y noble; sus ojos dominadores; su nariz 
de lincamientos clásicos; su boca un tanto fea; la barba prolongada; 
perfecta la cabeza. Esas pinturas, que consideramos fundamentales 



iconografía del libertador !> 

para el conocimiento de la fisonomía bolivariana tuvieron, además, la 
aprobación del propio modelo, desde luego que el Libertador obsequió 
con ellas a sus más allegados deudos, quienes conserváronlas para tras- 
mitirlas a la posteridad como documentos de indiscutible valor his- 
tórico. 

Vamos a exponer cuanto acerca de esos retratos podemos decir. 






10 APUNTES PARA LA 



El Bolívar de Londres, 1810 

La Suprema Junta que se constituyó en Caracas, a raíz de los 
acontecimientos políticos del 19 de abril de 1810, envió a Londres, en 
misión diplomática, al coronel don Simón Bolívar y al comisario orde- 
nador don Luis López Méndez, y en calidad de secretario, a don An- 
drés Bello, comisario de guerra honorario y oficial de la Secretaría de 
Estado. Bolívar permaneció en la metrópoli británica desde julio hasta 
setiembre del expresado año. Data de entonces el retrato en que nos 
ocupamos. Era la obra original una miniatura sobre marfil, de gran 
mérito, la cual, andando el tiempo, llegó a ser propiedad de don Fer- 
nando S. Bolívar, sobrino del Libertador. En uno de sus viajes por 
Europa, don Fernando se desprendió de la joya, ofreciéndosela a un 
caballero extranjero, entusiasta admirador de las glorias de su ilustre 
deudo. Por dicha, la miniatura habíala fotografiado en París la 
casa A. Liebert, Photographie Américaine, Rué St. Lazare, 81. Una 
de estas reproducciones, conservada religiosamente por la familia 
Silva Bolívar, se encuentra en poder de nuestro amigo el doctor Vi- 
cente Lecuna ; y es ella la que le sirvió para popularizar la efigie de Bo- 
lívar en plena juventud. La mejor copia de la fotografía de París, es 
un grabado hecho en los Estados Unidos, con que Lecuna aquilató la 
plaquette editada a comienzos de este año con el título de SIMÓN BO- 
LIVAR\Un pensamiento\sobre el Congreso de Panamá.\Obsequio de 
Vicente Lecuna a los Delegados al Segundo\Congreso Científico Pan- 
americano. ¡Washington, D.C.\1916. 

La figura del Libertador que ilustra la excelente obrita The Hist- 
ory of Simón Bolívar, Liberator of South America, publicada anóni- 
mamente en Londres, 1876, es una composición inspirada en la minia- 
tura de Londres; pero, de poco parecido y en traje militar. Tal ilustra- 
ción nos hace suponer que deben de existir en Inglaterra copias del 
retrato de 1810 que nos son desconocidas. Otra, que interpreta capri- 
chosamente la miniatura original y cuya procedencia tampoco hemos 
podido averiguar, la trae el doctor González Guiñan interpolada entre 
las páginas 18 y 19 del tomo i de su Historia Contemporánea de Vene- 
zuela. Mejores imágenes son las publicadas en esta ciudad por El 
Tiempo, en sus ediciones números 3.129 y 3.130, correspondientes 
al 5 de julio de 1 9 1 0, y por El Nuevo Diario, número 1 .0 1 5, del 28 de 
octubre de 1915. 



ICONOGRAFÍA DE]. LIBERTADOR 1 1 

Sin parar mientes en el magnífico rostro de Bolívar que reproduce 
la miniatura de Londres, se la ha considerado por algunos como no 
tomada del natural, merced a la casaca diplomática con que se nos 
presenta y a la condecoración que ostenta en el pecho. Ciertamente, 
el "joven embajador" no fué recibido de manera oficial por el Gabinete 
de Saint-James; pero, las audiencias privadas y deferentes concedidas 
por el Foreign Office, a cuyo frente se hallaba Lord Wellesley ¿no 
serán bastantes a justificar el uso que, indudablemente, hizo Bolívar 
de aquel uniforme, en virtud de su mismo cometido? Menos fácil de 
explicar es el asunto de la condecoración. En nuestro sentir, no repre- 
senta el grabado ninguna medalla ni la insignia de ninguna orden; 
parece ser más bien una simple distinción. Mas, sea de ello lo que fuere, 
nada de eso resta a este documento gráfico de primer orden, su in- 
mensa importancia histórica. 

Jules Mancini, en su brillante obra Bolívar et i ' émancipation des 
colonies espagnoles, editada en París el año de 1912, exhumó otro 
retrato de Bolívar (lám. 4), también de 1810, ignorado hasta enton- 
ces. Trátase de un cuadro al óleo ejecutado en Londres por Ch. Gilí, 
discípulo del famoso Raynolds y artista en boga para aquellos tiempos. 
La pintura, adquirida por Mancini, y ahora en poder de su señora 
viuda, se encuentra en el libro bellamente reproducida por heliogra- 
bado. 

Comparando los retratos de Londres, de 1810, hemos de admirar 
en el de Gilí, a pesar de ser de los de menor exactitud, el pincel de 
un gran pintor. En cambio, el otro evoca en nuestra imaginación y 
traduce a nuestra mirada, la vera efigies de Simón Bolívar, coronel 
y diplomático. 

Con el retrato de Gilí ilustra el general José D. Monsalve su obra 
El ideal político del Libertador Simón Bolívar, que acaba de editarse 
en Bogotá y la cual fué laureada por la Academia de Historia Nacio- 
nal de Colombia. 



12 APUNTES PARA LA 



El Bolívar de Lima, 1825 



El segundo de nuestra selección, cuanto a exactitud, es el retrato 
hecho en Lima por el peruano Gil, cuando culminaba la carrera polí- 
tica del Libertador. Más de una copia sacó el artista de su obra. En 
carta de Bolívar para su hermana doña María Antonia, residente en 
Caracas, y fechada en la capital del Perú el 10 de agosto de 1825 
(O'Leary. Memorias; t. XXX, pág. 261), le anuncia el envío de este 
retrato con don Antonio Leocadio Guzmán; y, aprovechando el viaje 
a Europa del general Miller, remite a Londres a sir Robert Wilson, 
padre del edecán Belford Hinton Wilson, otro ejemplar del mismo 
lienzo (Ob. citada; t. id., pp. 145-6). 

En la suntuosa galería de retratos de proceres de la Independen- 
cia americana, que se halla en el Salón Elíptico de nuestro Palacio 
Federal, ocupa puesto de honor el de Bolívar, de tamaño natural y al 
óleo, firmado por Gil, que perteneció a la referida hermana. 

Como obra de arte, la pintura de Gil deja mucho que desear; pero 
por lo que respecta a la fidelidad con que reprodujo al egregio modelo, 
el propio Libertador dejó consignado el testimonio de su aprobación 
en la siguiente frase de su citada correspondencia, enviada desde la 
ciudad de Potosí al general Wilson: "me tomo la libertad de dirigir a 
usted un retrato mío, hecho en Lima con la más grande exactitud y 
semejanza". 

"El retrato de V. E. está en casa. Es el palladium de mi hogar", 
contesta sir Robert a Bolívar (Ob. citada; t. XII, pág. 149) ; y para 
honrar más, si cabe, el valioso presente, lo hace reproducir a todo lujo. 
Este conocido grabado trae en la parte inferior las indicaciones si- 
guientes : Printed by En Lima Por Gil. — Engravecí by C. Turner 
Mezzotinto Engraver in Ordinary to His Majesty. — London Publish- 
ed May 1 1827 by Mr. Turner, 50 Warren Street Fitzroy Square. 

Como grabado en cobre, este mezzotinto (maniere noire de los 
franceses) es digno del más cumplido elogio. Desgraciadamente, Tur- 
ner quiso embellecer la tosca, pero fiel obra de Gil, con lo cual sólo 
consiguió alterar, no sin grave daño, los principales rasgos del original. 

El grabado de Londres (lám. 5) y no el lienzo de Gil, se ha re- 
producido innumerables veces, bien íntegramente o ya la parte que 
corresponde al busto, y ha dado margen a diversas interpretaciones. 
Fué aquél el elegido por Ducoudray Holstein (edición inglesa de 



iconografía del libertador 13 

1830), Miller (ediciones de 1829 y 1910), Larrazábal, González Gui- 
ñan, Pinzón Uzcátegui y muchos otros, para ilustrar sus obras histó- 
ricas. Lo hemos visto copiado en folletos, revistas, diarios, catálogos 
de librería, prospectos editoriales, marcas de fábrica, anuncios y en 
sellos de correo venezolanos de la emisión de 1914. Nuestras estampi- 
llas actuales, emisión de 1915, son una feliz reproducción, no del 
mezzotinto de 1827, sino del lienzo de 1825. 

Poseemos una preciosa miniatura sobre marfil firmada por 
Ugalde (lám. 6) e inspirada en el retrato de Gil, con la que se ilustra- 
ron la Bibliografía Venezolanista, el tomo Apéndice de las Memorias 
del general O'Leary y el número de gala de Panorama", de Maracaibo, 
correspondiente al I" de enero de este año. Poseemos asimismo un 
correcto boceto del pintor venezolano Cirilo Almeida Crespo, basado 
en la misma miniatura, el cual sirvió no há mucho al doctor José 
Manuel Goenaga, Ministro de Colombia ante la Santa Sede, para exor- 
nar la segunda edición, hecha en Roma, de La entrevista de Guaya- 
quil. Inspirándose también en la producción de Gil, pintó nuestro inol- 
vidable artista Antonio Herrera Toro un excelente retrato del Li- 
bertador que se encuentra en uno de los salones del Ministerio de 
Hacienda (lám. 7). De Paco Bocea hay un busto modelado conforme 
a la misma obra. 



• o-o-o 



14 APUNTES PARA LA 



El Bolívar de Cartagena, 1830 

El tercero de nuestros retratos favoritos es el de Meucci, último 
del ilustre enfermo. 

"A Meuci — dice el señor Alberto Urdaneta en su Esjematología 
o ensayo iconográfico de Bolívar, publicado en Papel Periódico Ilus- 
trado, de Bogotá, números 46 a 48, año II, 24 de julio de 1883 — debe- 
mos un perfil de Bolívar, que si carece de la idealización artística que 
supieron darle David, Roulin y Tenerani, es, sin embargo, un retrato 
que manifiesta más los caracteres del tipo que representa, adolorido 
por los desengaños, enfermo de cuerpo y palpitante el espíritu al re- 
cuerdo de sus gloriosos hechos y al fuego de sus eximias virtudes". 

Antonio Meucci encontrábase en Cartagena en 1830. En julio 
de aquel año y cinco meses antes de la muerte del Libertador, tuvo 
ocasión de fijar su efigie. Meucci, como el neogranadino Espinosa, re- 
produjo su obra bajo diversas formas: no hemos tenido la suerte de 
poder examinar ninguno de sus originales. Los retratos 3 y 8 son co- 
pias tomadas: la primera, de una antigua litografía, que perteneció al 
general Diego Ibarra y es hoy del señor Feliciano Palacios, deudos 
ambos del Libertador; y la segunda, del número 3 de la Revista Ilus- 
trada, de Bogotá, correspondiente al 4 de agosto de 1898, que la acom- 
paña con este suelto: 

"El retrato del Libertador Bolívar con que hoy engalanamos estas 
columnas fué descubierto por nuestro distinguido amigo el señor don 
Juan B. Pérez i Soto en la ciudad de Cartagena. Según él nos infor- 
ma, esta pintura fué ejecutada por un pintor cuyo nombre no recuerda, 
pocos días antes de la muerte de Bolívar en San Pedro Alejandrino. 
Adolece de defectos de dibujo ; en cambio, el artista penetró muy hondo 
en el alma del modelo, a juzgar por el aire profundamente sugestivo 
que supo imprimir a su obra". 

El retrato de la Revista ¡lustrada, un tanto variado, se reprodujo 
en Caracas en El Constitucional número 2.394, del 28 de octubre de 
1908, y en El Cojo Ilustrado número 469, correspondiente al 1° de 
julio de 1911. 

El único ejemplar de la litografía del retrato de Meucci que ha 
llegado hasta nosotros, es el que reproducimos, perteneciente al señor 
Palacios. Muy sensible es que por haber sido recortado, al colocarlo 
en el medallón que lo contiene, hayan desaparecido las indicaciones 



iconografía del libertador 15 

que pudieran esclarecer donde se imprimió la litografía. Con un ca- 
rácter de letra, que parece ser del general Luis Perú de Lacroix, el 
célebre autor del Diario de Bucaramanga, conserva el medallón en su 
interior y en un círculo de papel blanco, el siguiente letrero: Simón 
Bolívar — Libertador de Colombia en Julio de 1830. 

El doctor Arcos, pseudónimo del tradicionista colombiano doctor 
Camilo S. Delgado, en el tomo m de la obra Historias, Leyendas y 
Tradiciones de Cartagena, al describir las honras fúnebres que en esta 
ciudad se tributaron al Libertador el 17 de enero de 1831, dice que en 
el centro del catafalco erigido en la Catedral "se colocó el retrato de 
Bolívar pintado por el artista italiano señor Antonio Mancini (sic)". 
Las diligencias que practicamos a fin de obtener una fotografía de ese 
lienzo de Meucci, han sido frustráneas. 

En nuestra colección de retratos de Bolívar tenemos una antigua 
miniatura que atribuimos al pincel de Meucci; pero como no está fir- 
mada ni poseemos documento alguno que así lo compruebe, nos abste- 
nemos de reproducirla como tal. 



16 APUNTES PARA LA 



El retrato de Espinosa 

Sin duda, después de los anteriormente señalados, el mejor re- 
trato de Bolívar, a pesar de que su fidelidad dista de la que aquéllos 
poseen, es el de Espinosa, tomado del natural en Bogotá, en momentos 
en que preocupaciones sin cuento entenebrecían aquel grande espíritu. 
Las penalidades inherentes a su máxima empresa, las vicisitudes de 
tan tremendos días, las enormes responsabilidades del futuro, han 
arruinado su salud: en cortos años, ha envejecido por lustros. Todo 
ello se refleja en ese cuadro: la actitud misma del Libertador denota el 
más hondo abatimiento. 

Cuéntase que don José María Espinosa, santafereño que nació 
en 1796 y murió en 1883, militar y pintor, autor de una interesante 
obra autobiográfica, publicada en 1876 con el título de Memorias de 
un abanderado, pues lo había sido del general Nariño, cuando retra- 
taba al Libertador en el Palacio de Bogotá, "éste no podía estarse 
quieto, e impaciente preguntó al artista, al cabo de un cuarto de hora : 

" — ¿Ya está el retrato? 

" — No, señor, apenas comienzo. 

" — Pues procure usted concluir pronto. 

" — Esto no se puede hacer en un día. 

"Al fin, cansado Bolívar de estar en quietud forzada, se levantó 
y acercándose a la mesa del retratista, examinó el retrato y dijo: 

" — Vaya! Ese no soy yo! Es el retrato de don Pablo Crespo, 
aquel viejo de Honda, tan feo; y se retiró. 

"El coronel Santana que estaba presente, se acercó a Espinosa y 
le dijo al oído: 

" — No haga usted caso; está muy bueno. Son extravagancias del 
Libertador". 

No debió de ser tan imperfecta la obra de Espinosa, como pre- 
tendía don Simón, cuando el general Tomás Cipriano de Mosquera 
proponía, algunos años después, que, por su exactitud, se llamase ese 
retrato "el Bolívar de Espinosa". Y don Antonio Leocadio Guzmán, 
quien, como Mosquera, conoció y trató al Libertador, hubo de expresar 
la impresión que le produjo, en 1863, el lienzo del artista, en los si- 
guientes párrafos (Blanco y Azpurúa. Documentos; t. XIII, pág. 64) : 

"Saben nuestros lectores cuan desgraciado fué el Libertador en 
esto de obtener un retrato con verdadera semejanza a él. La electrici- 



iconografía del libertador 17 

dad de sus impresiones, cierto galvanismo de su mirada, una inquietud 
invencible, cierta voluntariedad de gesto, de actitud y movimientos, 
todo gentil y caballero, pero de incesante movilidad, hacían imposible 
sorprender dos veces una misma actitud y una misma expresión. Innu- 
merables artistas, americanos y europeos, encontraron un escollo, y 
hasta su desesperación, en la invencible dificultad de fijar aquella 
imagen. 

"Pues bien: a los treinta y tantos años ha venido a existir un ver- 
dadero retrato del Libertador, al óleo, de tamaño natural. Es obra de 
un bogotano, el señor José María Espinosa. Fué hecho el boceto en las 
vísperas del 25 de setiembre, y quizá a eso se deba que pudiera el 
artista dar con una actitud y una expresión que producen completa 
semejanza con el original. 

"No es el Bolívar galante que lucía su gentileza, y ligerísima y 
simpática figura en los salones de París o de Roma, jurando a sus 
solas crear naciones, y separar un mundo de otro mundo: ni es Bolí- 
var el fiero, impetuoso, el rayo de los combates, el sol de la gloria de 
la época de la guerra a muerte: ni es el Bolívar que instala Congresos 
constituyentes de los pueblos americanos, político profundo, de mirada 
trascendental y penetrante, que con aire de legítima autoridad, conna- 
tural con su talento, excitaba inagotable admiración: ni aquel ángel 
tutelar de un mundo, que al galope de su caballo de batalla entraba en 
nuestras ciudades vitoreando al pueblo soberano, destrozando cadenas 
y cubierto de laureles : ni es el Bolívar de los infortunios, en las épocas 
tremendas, con la perspicacia en la frente, y el heroísmo en la mirada. 
Tampoco es el que recorría sus filas vencedoras, alegres y entusiastas, 
aunque diezmadas, en los campos victoriosos de Boyacá, Carabobo, 
Bombona, Jurón y mil más que le vieron arrancar a la fortuna victorias 
inmortales, y a cuyo derredor resonaban los estruendosos vivas y milla- 
res de bendiciones de tantos y tantos pueblos redimidos. Menos toda- 
vía es el Bolívar del festín, alegre, risueño, simpático, y abundantí- 
simo, de la mesa y del sarao. 

"Pero sí es el Bolívar del año 28: en las vísperas del 25 de se- 
tiembre: viéndole venir sobre sí; la mirada fija, la frente meditabunda, 
el gesto desengañado, triste y desdeñoso: es el Bolívar en el martirio. 

"Pero es él: él mismo; y queremos que todo el mundo lo sepa, y 
que lo conserve la tradición, y que ella y la historia lo digan a la pos- 
teridad. 

"A los treinta y tantos años hemos vuelto a verle; ese retrato es 
cuanto pudiera quedarnos de la imagen de Bolívar". 

3 



18 APUNTES PARA LA 

El abanderado de Nariño rectifica en los siguientes párrafos la 
anécdota referida, a la vez que relata las circunstancias que mediaron 
en la ejecución de su obra: 

"Faltaba ya muy poco para la conspiración del 25 de setiembre 
de 1828, cuando fué a casa mi tío José I. París y me dijo: "El Liber- 
tador te manda llamar para que vayas a retratarlo". En el momento 
preparé un marfil y nos fuimos a Palacio. Después de presentado a 
Bolívar, que me hizo un cariñoso recibimiento, se colocó al frente de 
mí, con los brazos cruzados: apenas empezaba yo el diseño cuando me 
dijo: ¿Ya está? Le contesté que faltaba mucho: entonces estiró los 
brazos, diciéndome: "puede usted venir cuantas veces quiera, a las 
once, antes que se reúna el Consejo". Al día siguiente volví, y estando 
trabajando ya, y Bolívar al frente; se oyó un ruido en el patio: era el 
coronel Croston a caballo. Bolívar se levantó con viveza, se asomó al 
balcón y dijo : "¿ Conque está usted de desafío, ah ?" El coronel le con- 
testó: "Por respeto a las leyes no he matado a ese cartagenero!" Bo- 
lívar le repuso: "Por respeto a la pistola". Cerró las vidrieras y se 
volvió a su puesto. A la tercera sesión, sufrí el disgusto de una equivo- 
cación. Estábamos en silencio y me sorprendió diciéndome: "¿En 
dónde está usted?" "En ninguna parte, señor, no tengo destino". 
"No", dijo él, "en qué facción de la cara?" "En los ojos", le contesté. 
(Ya yo había pensado que me iba a dar una buena colocación) . A otro 
rato me preguntó si quería ir a Italia a ver las obras de los grandes 
artistas: le manifesté que sí, y entonces me dijo: "Se irá usted con el 
señor Cual; el Gobierno le costeará el viaje y todo lo necesario; con 
que usted reciba algunas lecciones de uno de los pintores más afama- 
dos, tiene para venir a poner su escuela". Le di las gracias, agregando 
que prepararía mi viaje. En ocho días que estuve yendo, no pude apro- 
vechar sino como cuatro horas, porque cuando no estaba inquieto, se 
quedaba pensativo, con los ojos fijos en el suelo y la cabeza inclinada: 
así era que tenía que suspender el trabajo. Un día se estaba paseando 
por la sala con el coronel Wilson ; el coronel Sanrana estaba leyendo un 
periódico en inglés; se acercó Bolívar a mi mesa, vio el retrato y dijo: 
"Sanrana, sabe usted a quién se parece? a aquel viejo Olaya, de La 
Mesa". Santana fué a ver y al descuido me dijo en voz baja: "No le 
haga caso que va muy bien, está idéntico". Con esto volví a recobrar 
el entusiasmo. Habiendo concluido el retrato en casa, dejé una copia 
para mí, y llevé el original a Palacio al tiempo que entraban algunos 
miembros del Consejo, como don Joaquín Mosquera, los señores Res- 
trepo y Castillo Rada, los cuales elogiaron mucho el retrato; Bolívar 



iconografía del libertador 19 

dijo que estaba muy parecido, y yo tuve el honor de presentarle mi 
obra a S. E. como un pequeño testimonio de gratitud. 

"El proyecto de mi viaje a Italia iba ya muy adelante; ya me 
soñaba yo en Roma, lleno de admiración y entusiasmo, viendo y estu- 
diando los prodigios del arte; pero sucedió la conspiración contra la 
vida del Libertador y se acabó todo. 

"Por la copia del retrato de Bolívar, que conservo en mi poder, 
hice después muchos otros para extranjeros y paisanos: el último fué 
al óleo, de cuerpo entero y tamaño natural. 

"El general Mosquera recomendó este retrato al Congreso para 
que le pusiera en el presupuesto de gastos en mil pesos, para las Cáma- 
ras Legislativas: pero después les pregunté a unos Representantes en 
cuánto lo habían puesto y me contestaron : "'No se puso porque es muy 
caro, cuando más vale un retrato son cien pesos" ; entonces les dije que 
eso sería el de un representante, pero el del Libertador! .... 

"Inmediatamente el señor R. Márquez, Ministro Plenipotenciario 
de Venezuela, me dio por él seiscientos pesos de ley, y yo quedé muy 
agradecido". 

Aprovechando el boceto original de 1828, Espinosa, durante su 
larga existencia, compuso varios cuadros y algunas miniaturas, va- 
liéndose del carbón, del lápiz o del pincel. Una de las últimas, hecha 
en vida de Bolívar, fué remitida por éste, desde Colombia, a su so- 
brina política doña Rosa Toro y Toro, esposa de Anacleto Clemente 
Bolívar. Rectificaba el oferente con ese envío, su desfavorable opi- 
nión acerca de la obra de Espinosa, emitida en presencia de su secre- 
tario, el coronel Santana. La dedicatoria, escrita de puño y letra del 
Libertador, estuvo pegada a la parte posterior del marco primitivo que 
encerraba la miniatura; desgraciadamente desapareció al ponerle uno 
nuevo. 

Este importantísimo documento, uno de los pocos retratos origi- 
nales del Libertador, de que puede enorgullecerse Caracas, es hoy 
propiedad de la honorable dama doña Trinidad Blanco Toro, viuda 
del insigne escritor venezolano don Eduardo Blanco y sobrina de la 
señora Toro de Clemente, de quien lo heredó. La pintura comprende 
sólo el busto. El Libertador adoptó una de sus posiciones habituales: 
los brazos cruzados sobre el pecho. La casaca militar que viste es azul 
con peto rojo (lám. 9) . 

Uno de los retratos de Bolívar, de cuerpo entero, del pintor bogo- 
tano, se popularizó por virtud de una reproducción biográfica hecha 



20 APUNTES PARA LA 

en París. Este excelente grabado (lám. 10) tiene las siguientes indica- 
ciones: Espinosa Pinx. Léveiüé. lith. Imp. Lemercier, París. Al pecho 
luce el medallón de Washington. La litografía de Léveillé, con ser 
muy buena, no da idea exacta del original. ¿Qué decir de las pésimas 
litografías y oleografías calcadas después sobre ella? 

Un magnífico grabado en acero, inspirado en el retrato de Espi- 
nosa y ejecutado por la American Bank Note Company, de Nueva 
York, ilustra la obra Cuentos de mi abuela, publicada por Simón Ca- 
macho en 1883. El expresado establecimiento ofrendó el dibujo en 
estos términos: "Al Libertador Simón Bolívar en su centenario, la 
Compañía de Billetes de Banco de Nueva York. — 1883" (lám. 11). 
La mencionada Compañía fabricó billetes para el Banco de Venezuela 
y las estampillas de instrucción (timbres fiscales) de 1903 con el 
mismo retrato. Algunos títulos de nuestra Deuda Nacional copian 
idéntica imagen; también el mapa de Correos y Telégrafos, publicado 
según Resolución del Ministerio de Fomento, fechada el 13 de julio 
de 1909; los sellos de correo de cincuenta céntimos y los de un bolívar, 
de la emisión de 1910, y los de veinte bolívares de los de instrucción, 
correspondientes al referido año. Figura en avisos de manufacturas 
extranjeras, en almanaques y en diversas publicaciones; y última- 
mente, en un plato metálico ofrecido en su propaganda por la fábrica 
de cigarrillos La Independencia de esta capital. 



iconografía del libertador 21 

Otros retratos existentes en Caracas 

Además de los mencionados, Caracas cuenta con los siguientes 
retratos originales del Libertador: 

El que pertenece al general Alejandro Ybarra, hecho en esta ciu- 
dad, según tradición de familia, en 1821, después de Carabobo, por 
un pintor norteamericano de apellido Eneagle, y por encargo del señor 
Juan Alderson, grande amigo de Bolívar. Las fotografías tomadas de 
este lienzo no dan clara idea de él, motivo por el que no lo reprodu- 
cimos. 

Dos hipótesis se nos ocurren para explicar el origen de esta pin- 
tura: o ella está tomada del natural, y en este caso tendríamos que fijar 
su ejecución para 1817 ó 1818, probablemente en Angostura, dado 
que parece ser semejante al retrato que poseía Walton y que dio vida a 
las litografías hechas en Londres y París en 1819; o es el lienzo re- 
producción al óleo de una de éstas, y entonces bien puede ser de 1821, 
pintado en esta capital o en cualquier otro lugar. Debe tenerse presente 
que el acaudalado Alderson se encontraba en Angostura cuando lle- 
garon los primeros ejemplares de las litografías; y es probable que 
valiéndose de una de ellas, encargara a Eneagle el cuadro que se con- 
serva en el hogar del general Ybarra. En conclusión : o el retrato de 
Alderson es contemporáneo del de Walton o la reproducción del de 
éste fué la que Eneagle tuvo a la vista para su obra. 

La personalidad de Alderson es sumamente interesante. Acerca 
de su vida noble y pintoresca puede orientarse el lector hojeando las 
páginas que, sobre Bello Monte, escribió el eximio don Aristides Rojas. 

El ejecutado en Quito (lám. 12) por el distinguido artista ecuato- 
riano Antonio Salas y que parece ser de 1829, se encuentra en el Mu- 
seo Boliviano. En El Universal, número 1.369, de 31 de marzo de 
1913, se publicó la historia de este retrato que trajo a Venezuela el 
doctor Alberto Smith. 

En el mismo Museo se hallan dos cuadros al óleo de idéntica fac- 
tura (lám. 13), que parecen provenir del pincel de Meucci, artista ita- 
liano, en cuya obra nos ocupamos anteriormente. De los tres retratos 
de Bolívar con que el doctor González Guiñan ilustró su Historia Con- 
temporánea de Venezuela, éste es uno de ellos. El original perteneció 
al general Juan Vicente Gómez por donación del autor de dicha obra. 
Luego el general Gómez lo ofrendó a aquel templo de nuestras glorias. 

Y una antigua pintura al óleo, muy semejante a los cuadros de 
Gil, pero que sólo nos presenta de medio cuerpo al Libertador, es 
propiedad del doctor Jesús Antonio Páez. 



22 - APUNTES PARA LA 



Tres retratos desconocidos 

Fanny Dervieu du Villars, tan distinguida por su belleza, su exal- 
tada fantasía, el brillo del linaje y su exquisita aristocracia personal, 
y cuya notoriedad llegó a culminar a causa de sus amores con el ame- 
ricano portentoso; Fanny, la leal amiga, para quien en su culto nada 
significaron ni el tiempo ni la distancia, alude a un retrato del hombre 
que llenó su vida, imagen, quizás, del Bolívar de 1805, época en que 
los ímpetus de su juventud desbordante no reconocían freno. Es esta 
la alusión de la célebre francesa: 

"Pero, lo que más le sorprenderá a U., mi querido primo, será 
saber que el 20 de abril de 1820, el que con más vivo interés me inte- 
rrogó acerca del carácter de U., de su talento y de su nacimiento fué el 
Rey Luis XVIII, quien me concedió una audiencia solicitada por mí, con 
el objeto de desvanecer cargos hechos a mi hijo, a quien su Coronel, 
el Marqués de Rochedragon había amenazado con expulsión del Re- 
gimiento, porque una carta amistosa y llena de entusiasmo que dirigía 
a U., había sido interceptada. El Rey, lleno de bondad y con su genio 
solícito me dijo que me tranquilizara; me pidió el retrato de U., que 
entregué al señor Duque de Chartres, su primer gentil-hombre, y lo 
tuvieron en el Palacio de las Tullerías durante ocho días. Le citaré a U. 
las palabras del Rey: "Señora, yo no viviré para ver cumplirse en su 
totalidad el bello destino de vuestro primo; pero si no lo asesinan, po- 
dréis algún día hacerle un gran servicio y hacérselo también a los 
franceses, cooperando a la reunión de los intereses de ambos mundos. 
Adiós, señora, no os inquietéis por la suerte de vuestro hijo". 

Subyugada la imaginación mujeril por el deslumbrante prestigio 
de aquel perfecto gran señor, de todas partes llegaban hasta él los 
testimonios del influjo que ejerció siempre en el alma de las hermosas. 
La entusiástica misiva que insertamos de seguida, fechada en Exeter 
el 23 de junio de 1828, nos habla de otro retrato que tiene el mérito 
de ser obra de una dama inglesa, cuyo espíritu era de una superior 
cultura. 

"Miss Jane Porter tiene el honor de manifestar su profundo res- 
peto al General Bolívar, después de haber tenido el gusto de saber, por 
intermedio de su querido hermano Sir Robert Ker Porter, que los 
humildes esfuerzos hechos por ella para retratar al verdadero perso- 
naje heroico, han merecido la aprobación de V. E., que no sólo ha sido 



iconografía del libertador '23 

elevado por la Providencia a ser el Libertador de medio mundo, sino 
que hasta ahora ha demostrado que su misión tiende a más altos fines, 
a los del patriota, que al mismo tiempo que da la libertad política 
a su patria, dice a sus hijos que si no añaden la virtud a la libertad, 
por medio de leyes justas y de una educación sólida, seguirán siendo 
esclavos, esclavos de sus vicios, y por tanto, esclavos de cualquier 
hombre o de cualquiera cosa que tenga el poder de halagarlos! Sólo la 
virtud es independiente. 

"Tal es el principio que los hombres buenos de Inglaterra ven en 
la marcha libertadora del General Bolívar. "Su espada ha sido", 
en verdad, "la del Señor de Gedeón", y sobre ella han de caer las ben- 
diciones del Altísimo; ya desenvainada por la Justicia en la Misericor- 
dia ; ya envainada por la Misericordia en la Justicia ; porque su espíritu 
es su guía. 

"Con esta fe, una hija de Inglaterra, se atreve a presentar al Ge- 
neral Bolívar, como la más alta prueba de su reverencia, el Santo Libro, 
sagrado para toda la humanidad, que su patria ha publicado en la 
lengua de él, así como en la de ella; y en el cual están reunidas las 
perfecciones de toda virtud, de todo heroísmo, de todo patriotismo, 
completando la roca en que el Todopoderoso asienta una nación y al 
que la rige. 

"Que aquélla siga siendo la piedra fundamental y el monumento 
eterno de la Libertad conferida por Simón Bolívar!" 

La autora de esas elevadas expresiones era hermana de Sir Ro- 
bert Ker Porter, el primer Cónsul británico acreditado por 1825 en la 
ciudad de Caracas y el puerto de La Guaira. Este distinguido funcio- 
nario, admirador de Bolívar, permaneció entre nosotros muchos años. 
En 1837, como Encargado de Negocios de S. M. B. en Venezuela, 
presentó al general Páez la espada de honor que le había destinado el 
rey Guillermo IV. Antes de venir al país, había publicado la relación de 
sus viajes por Persia, Babilonia y otras regiones del lejano Oriente. 
Murió en la capital de Rusia. 

J. W. Brown, comandante de la fragata inglesa de guerra Tañar, 
quien trató en 1825 al Jefe del Ejército Libertador de Colombia y el 
Perú, al despedirse de él, en carta fechada el 5 de agosto de aquel año, 
desde su buque anclado en la bahía de Chorrillos, dejó constancia de 
la existencia de otro retrato, cuya aparición contribuiría en mucho al 
esclarecimiento del punto de que se trata. El culto marino se mani- 
fiesta así : 



24 APUNTES PARA LA 

"Siento extraordinariamente no tener la honra y el placer de des- 
pedirme personalmente de U., antes de mi partida para Inglaterra, 
para expresarle cuan satisfecho estoy por la alta muestra de distinción 
con que U. me ha honrado, obsequiándome con el inimitable retrato 
suyo". 



iconografía del libertador 25 



El perfil de Roulin 

De los retratos tomados directamente que no conocemos sino por 
reproducciones, debemos citar en primer término el perfil llamado de 
Roulin (lám. 14) y el cual ha sido juzgado por el señor Urdaneta 
en los términos siguientes, que copiamos de su Esjematología men- 
cionada. 

"El mejor original de los perfiles de Bolívar. En una cuartilla de 
papel de 0,'"20 por 0,'"14 de papel florete español, está trazado con 
purísimos rasgos de la más fina delicadeza, de la más severa regulari- 
dad y de la entonación más concienzuda; cuatro líneas, podemos decir, 
hechas probablemente en diez minutos, que acentúan, sin embargo, 
los rasgos del Gran Bolívar en el crepúsculo de su vida, y que manifies- 
tan las notables dotes artísticas de parte del autor del dibujo. 

"Notabilísimo es este dibujo, y hallamos como única tacha, si 
estuviéramos obligados a hallarle alguna, el excesivo tamaño de la 
oreja. Lo repetimos, el perfil de Roullin es el original que mejor ha 
servido a todos los perfiles del Libertador 

"Fué el perfil de Roullin el documento que más importante servi- 
cio prestó al escultor (a Tenerani) para producir su bella estatua (la 
que donó al Congreso de la Nueva Granada, en 1846, el notable filán- 
tropo señor D. José Ignacio París). Los ligeros trazos del lápiz sobre 
el papel se conservan aún con frescura, y se halla escrito al pié, de 
puño y letra del artista, la siguiente inscripción: General Bolívar des- 
siné d'aprés nature a Bogotá 15 février 1828". 

De la pieza 4.570, tomo XIV, de la colección Blanco-Azpurúa, 
lomamos el siguiente párrafo : 

"Pero el más fiel retrato físico de Bolívar, Libertador de Colom- 
bia, Perú y Bolivia, es el que hizo por los fines del año de 1827, tomado 
del natural, en el Palacio de Gobierno de Bogotá, el doctor Roullin, 
médico y naturalista francés, compañero, en las regiones colombianas, 
del ilustre Boussingault; retrato que ha servido de modelo a Tenerani 
y a otros afamados escultores para bustos y estatuas, principalmente 
las que hay en Bogotá, Lima, Ciudad Bolívar y Caracas, y en el Pan- 
teón Nacional venezolano". 

No es, en nuestro concepto, el perfil de Roulin el mejor retrato de 
Bolívar; pero, sin duda, es el documento en que se ha inspirado mayor 
i 



26 APUNTES PARA LA 

número de artistas para sus célebres creaciones, así David d'Angers, 
Tenerani, nuestro Carmelo Fernández, Tadolini y muchos otros. La 
copia que reproducimos tiene el siguiente origen: en junio de 1880, el 
señor Alberto Urdaneta, autor de la Iconografía antes citada, en viaje 
para Europa, conoció a bordo del vapor francés Saint Germain al 
doctor Lucio Pulido, a quien regaló un admirable calco obtenido por 
él mismo, del croquis original de Roulin. Es de ese calco, superior a 
todos los publicados, la reproducción que ilustra nuestro trabajo. 
Puede verse el dibujo de Urdaneta en un volumen contentivo de la 
brillante hoja de servicios del general José Ignacio Pulido, libro do- 
nado al Museo Boliviano por los descendientes de aquel procer de la 
guerra magna. 

Entre otras publicaciones, engalanaron sus páginas con el boceto 
de Roulin, Papel Periódico Ilustrado, de Bogotá, número l u , del 6 de 
agosto de 1881, y El Cojo Ilustrado, de Caracas, número 405, corres- 
pondiente al 1° de noviembre de 1908. 

Se debe al doctor Zea la presencia en América del doctor Roulin, 
médico francés y excelente dibujante, quien en la capital de la Gran 
Colombia se ocupó en la enseñanza de la fisiología y anatomía com- 
parada, prestando, además, en el Museo Nacional servicios importan- 
tes en otros ramos científicos. 



ICONOGRAFÍA del LIBERTADOIS 27 



La litografía de Casar de Molina 

Son curiosos los siguientes datos que arrojan luz sobre un retrato 
litográfico hecho en Bogotá en 1823 y del cual deben de conservarse 
algunos ejemplares en Colombia. Salta a la vista la importancia de 
este documento que no conocemos. 

"En la litografía de Bogotá se ha tirado el retrato de U. de cuerpo 
entero en actitud de convidar á los colombianos á libertar á su Patria: 
me parece regular y para el correo próximo enviaré á Castillo á Gua- 
yaquil algunos retratos para que se los dirija a U." 

"Los retratos adjuntos son hechos á mi presencia en el estableci- 
miento litográfico de Bogotá el día 17 de setiembre de 1823". 

"Se ha tratado de sacar un buen retrato del Libertador en actitud 
que denote sus esfuerzos por la libertad del Nuevo Mundo". 

(Carta de Santander para Bolívar, fechada en Bogotá el 6 de 
noviembre de 1823. O'Leary. Memorias, t. III, pág. 126). 

"Le lleva Ortega unos retratos tirados en la litografía. Es obra 
original del litógrafo Carlos Casar de Molina". 

(Carta del mismo para el mismo, de 16 de diciembre de 1823. 
Obra cit. t. id., pág. 134). 

Casar de Molina, español, fué contratado en Londres por el doc- 
tor Zea para regentar en el Museo Nacional de Bogotá, inaugurado el 
4 de julio de 1824, la sala de dibujo y litografía, arte, este último, 
nuevo en Colombia para esa época. 



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28 (PUNTES PARA LA 



El grabado de Bate 

El número de retratos del Libertador, reproducidos por medio de 
la litografía, es enorme. Muchos de ellos recuerdan algunos de los tipos 
descritos. La enumeración de tantos dibujos, fotograbados y oleogra- 
fías, no cabe en el reducido espacio de que disponemos. Lo mismo 
hemos de decir de las estampas sin semejanza, entre las cuales se cuen- 
tan varias muy raras o curiosas, sobre todo, las de origen teutónico. 
Otras litografías, como El triunfo de Colombia, La entrevista de Gua- 
yaquil, La inmortalidad prometida a Bolívar, el Washington del Sur, 
Triomphe de Bolívar y otras ilustraciones de relatos históricos y nove- 
lescos que se relacionan con el Héroe, son composiciones de mera fan- 
tasía. Un grupo, menos copioso, contiene ejemplares de los que, tanto 
por su importancia para la historia como por su mérito, es del caso 
dejar constancia. 

De derecho corresponde el primer puesto en esa agrupación a la 
hermosa litografía que reproduce la lámina 15 y cuyo origen explican 
las siguientes indicaciones que trae al pié: Engraved by M. N. Bate 
from an original Drawing late in possession of W" u Walton Esq' — 
London Published Feb" 1. 1819 by Mes" Colnaghi & Co. Cocksmer 
Street. 

De lo copiado se infiere que Walton poseía un retrato original 
anterior a 1819 y del cual es una reproducción el grabado de Bate. 
¿ Qué suerte ha cabido a esa pintura ? ¿ Alcanzaremos la dicha de llegar 
a conocerla? De pasada diremos que Walton, autor de An exposé on 
the Dissentions of Spanish America, editado en Londres en 1814, era 
partidario de la independencia de las colonias españolas y amigo ín- 
timo de López Méndez, cuya secretaría privada desempeñó. Probable- 
mente Walton tuvo oportunidad de conocer al Libertador en Inglaterra. 

En La Opinión Nacional, de Caracas, número 2.849, del 1 1 de 
noviembre de 1878, se reprodujo, tomándola del número 116 de El 
Relator, de Bogotá, una extensa carta íntima del doctor Zea para el 
Libertador, fechada en Angostura el 24 de setiembre de 1819, la cual 
contiene el párrafo que va a leerse: "Con Urdaneta remitiré a U. su 
retrato grabado en París, mucho más parecido y de más fino buril que 
el que Walton hizo grabar en Londres, y cuyo gasto cobra sin haber 
mandado siquiera un ejemplar. El tamaño del de París parece el mismo 
que el de Londres. De éste sólo han venido aquí 3 ejemplares, que me 



iconografía del libertador 29 

regaló Mr. Maller, y de los cuales di uno al Congreso, otro remití a U. 
y el otro lo regalé. Del de París no ha venido más ejemplar que el que 
le remitiré. Los de Londres se venden en Trinidad a 12 pesos, y acaso 
será alguna partida que vendría destinada para nuestros amigos, por- 
que hay ejemplos de cosas semejantes". 

Conocemos también la litografía de París, a que alude el doctor 
Zea, la que no nos parece superior a la de Londres. Aquélla fué gra- 
bada por A. Lecler, 1819, en la Lith. de G. Engelmann y se vendía 
chez Daulne, Boulevard St. Denis, según noticias que exhibe el ejem- 
plar que tenemos a la vista. 

Poco o mucho, el grabado de Bate debe reflejar la imagen de Bo- 
lívar, tanto porque reproduce una pintura original como por haber sido 
escogido por persona tan calificada como el doctor Francisco Antonio 
Zea, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la Gran 
Colombia, para ilustrar el tomo i de la obra en dos volúmenes que, con 
el título de Colombia: being a geographical, statistical, agricultural, 
commercial, and political account of that Country, publicó en Lon- 
dres en 1822. Blanco White también ilustró su Noticia biográfica de 
don Simón Bolívar, inserta en el número í" de Variedades o Mensajero 
de Londres, del 1" de enero de 1823, con la litografía de Bate, y asi- 
mismo fué aprovechada por el traductor francés de la obra Campaigns 
and Cruises in Venezuela and New Gienada, editada en París en 1837. 

Tal fué la efigie del Libertador que se popularizó en Europa y 
sobre todo en Inglaterra durante el primer tercio del siglo XIX. Ultima- 
mente hemos vuelto a verla en Simón Bolívar "El Libertador" , por F. 
Loraine Petre, Londres, 1910; en el número del 12 de marzo del 
mismo año de The Illustrated London Neivs, y en Bolívar, pintado por 
sí mismo, por R. Blanco-Fombona; París (1913). En Venezuela, 
entre las reproducciones de los últimos años, debemos mencionar la 
de la citada Historia del doctor González Guiñan y la del número 476 
de El Cojo Ilustrado de fecha 1 5 de octubre de 1 9 1 1 . 



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30 APUNTES PARA LA 



El medallón de David d'Angers 

Pedro Luis David (1788-1856), célebre escultor francés, nom- 
brado generalmente David d'Angers, por haber nacido en esta ciudad, 
y cuya labor comprende unas sesenta estatuas, ciento cincuenta bus- 
tos, setenta relieves y más de quinientas medallas, esculpió en París, 
en 1832, el conocido medallón de Bolívar (lám. 16) que lleva el nom- 
bre del autor. Sirvióle de modelo el perfil de Roulin y en su obra "supo 
conservar los finos rasgos del Libertador, dándole, si es posible, más 
enérgica expresión en la fisonomía". 

"La casa Tibault, de París, al decir de don Alberto Urdaneta, 
conserva las matrices de las obras legadas al arte por David d'Angers, 
y por medio de la galvanoplastia las reproduce fielmente". 

Son incontables las reproducciones del medallón con las cuales se 
han ilustrado obras, folletos, revistas, fascículos y publicaciones dia- 
rias. Compuesto a semejanza de aquél es el dibujo (lám. 17) firmado 
por Follet que ilustra La Victoria de Junín por Olmedo, editada en 
París el año de'1883 como ofrenda de la Municipalidad de Guayaquil 
en el centenario del natalicio de Bolívar. 

"Los medallones de David fueron reproducidos por un procedi- 
miento especial del inventor Collas, que les hace aparecer sobre el 
papel con un efecto de relieve digno del buril del más notable grabador 
en acero. El medallón de Bolívar es uno de los más vigorosos de la 
colección". 



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iconografía del libertador 31 



El perfil de Carmelo Fernández 

Fué Fernández uno de los fundadores de la enseñanza pictórica 
en Venezuela. Sobrino carnal del general Páez, éste le envió a perfec- 
cionar sus estudios en la ciudad de Nueva York, de donde regresó a 
Colombia en 1827. En dos ocasiones visitó luego a Europa. Colaboró 
asiduamente con Codazzi en el trazado de las cartas geográficas de su 
Atlas y especialmente en el del gran mapa de nuestra nación. Ilustró 
con retratos de los proceres de la independencia el Resumen de la His- 
toria de Venezuela, por Rafael María Baralt y Ramón Díaz, publicado 
en París en 1841. Formó parte de la expedición que fué a Santa Marta 
en 1842 en solicitud de los restos del Libertador, lo que le permitió le- 
vantar el plano, pintar la quinta de San Pedro Alejandrino y hacer los 
croquis que acompañan al opúsculo de Simón Camacho, intitulado Re- 
cuerdos de Santa Marta, 1842 (Caracas, 1844) . Nos dejó en El Pro- 
motor y en otras obras, bellas muestras de su dibujo. Entre sus discípu- 
los cuéntase Martín Tovar y Tovar. Murió en esta ciudad, después de 
una existencia dilatada. 

Fernández, que vivió en Colombia varios años, conoció al Liber- 
tador por 1829 ó 1830, época en que el pintor se encontraba de guar- 
nición en Bogotá o agregado al Estado Mayor General en la Sección 
de topografía. Inspirándose en el recuerdo avasallador de aquel rostro 
inolvidable y asesorado con el perfil de Roulin y la obra de David, 
trazó, embelleciéndola, la efigie de Bolívar que, dibujada sobre piedra 
por L. Tavernier y tirada en la litografía de Therry fréres, de París, 
encabeza el tomo I del expresado Resumen (lám. 18) . 

Puede decirse que el Bolívar de Fernández, familiar a la vista del 
universo entero, será el Bolívar glorificado por todo el esplendor de la 
Epopeya. Popularizado por nuestra moneda de oro y plata (lám. 19), 
por las emisiones de nuestros sellos de correo y de instrucción de 1870, 
1879, 1880, 1881, 1887, 1892, 1898 y 1900 y por infinitas reproduc- 
ciones de todo género, damos con él a cada instante de nuestra vida; y 
de tal manera se ha enseñoreado este emblema inmortal de la imagi- 
nación del pueblo, que ella no acepta como legítima otra efigie que no 
esté calcada en el tipo que creó nuestro dibujante. 

— -o-o-o-o — 



32 APUNTES PARA LA 



Otras litografías notables 

Por último, los siguientes dibujos, entre otros muchos, son dignos 
de mención: 

El que copia la lámina 20 es del tipo Meucci y al pié se lee: 
"Unión, Unión, ó la anarquía os devorará" ¡Bolívar al expirar. Sus 
indicaciones litográficas son: Quesnet del. — Lith. de Frey. El ejem- 
plar nuestro perteneció al señor Anacleto Clemente, quien lo encon- 
traba muy parecido al Libertador en sus últimos años. 

El de la lámina 21, firmado C. Charles, ostenta colgado al cuello 
el medallón de Washington, que regaló la familia de éste al Liberta- 
dor, por conducto del general Lafayette. Esta joya se conserva en el 
Museo Boliviano. En la parte inferior de la litografía se encuentran 
estas líneas: Simón Bolívar, ¡Libérateur el ex-President des Répu- 
bliques de Colombie\et de Bolivia.\Mort á San Pedro, prés de S 1 ' 
Marthe, le 17 Décembre 1830, age de 47 ans 3 mois ("). — \(° Le 
19' auné de Vindépen\dance de la Colombie). El ejemplar del pre- 
sente grabado que existe en la Biblioteca Nacional de París, reza al 
pié que es Copia de un retrato original del Libertador, hecho por Pío 
Domínguez, en Bogota\en el año 1828. Efectivamente, en el Museo 
de esa ciudad consérvase, bajo el número 486, la miniatura ejecutada 
por José Pío Domínguez, cuando Bolívar habitaba la quinta Agua- 
nueva. 

Copia la lámina 22 una excelente litografía en colores, retrato del 
tipo Gil, hecha por encargo de una casa de comercio. Está firmada 
Maurin y tirada en la Imp. Lith. Formentin & Cié, á Paris. La leyenda, 
que se encuentra partida por el escudo de Venezuela, reza lo siguiente : 
Simón Bolívar\Libertador de las Repúblicas de Venezuela, Nueva 
Granada, Ecuador y Perú\y Fundador de Bolivia Nació en Cara- 
cas el 25 de Julio de 1783, murió cerca de Sta Marta el 17 Diciembre 
de 1830 y sus restos fueron trasladados a su patria el aniversario de su 
muerte en el año de 1842. Trae también el facsímile de la firma de 
Bolívar y la indicación: Casa de los Señores J. J. Mauri & Ca. — La 
Guaira. 

Hemos visto varias litografías que reproducen diversos tipos de 
los retratos del Libertador, firmadas por el mismo Maurin, desde 1833 
hasta ésa que acabamos de describir, sin duda posterior a 1842; lo 



iconografía del libertador 33 

cual nos ha hecho pensar que ha debido vivir aquí, por los años 
citados, cierto artista de origen francés y de apellido Maurin, que se 
ocupó en copiar, con distintos fines, los retratos del Libertador que 
para entonces existían en Caracas. El de 1833 es también muy bueno. 

De los retratos sin mayor parecimiento, pero de incuestionable 
valor artístico, queremos citar el de la lámina 23. Poseemos una de las 
muchas reproducciones que de él se han hecho, la cual dice: Lith. de 
I. Bredtmann. a Lugano che: J. Vanelli & Comp.Jmprimeurs Li- 
braires. Una de las litografías de este tipo que posee la Biblioteca nom- 
brada, así como también el Museo Boliviano, está firmada: Gilbert f. 
y agrega: Dessiné d'aprés nature á Bogotá par Kepper.Jmprime- 
rie Lithographique de Senef eider á París, chez Chaillou et Petrelle. En 
caracteres diminutos, a la derecha del grabado se ve ¡a cifra 1826. Nc 
tenemos noticia alguna del autor, de cuyo paso por Bogotá abrigamos 
algunas dudas, a pesar de la flamante descripción de la obra de Kepper, 
que se encuentra en las páginas 257 y 258 del volumen Centenario del 
sacrificio de Ricaurte, editado en Bogotá el año de 1914. 

Con este retrato se han ilustrado recientemente las siguientes 
obras : La monarquía en América. Fernando VII y los Nuevos Estados, 
por Carlos A. Villanueva. París (1911) ; Cartas de Bolívar. 1799 c 
1822. Prólogo de José Enrique Rodó y Notas de R. Blanco Fombona. 
París (1913) ; Centenario del sacrificio de Ricaurte 1814-1914. Bo- 
gotá, 1914 ; El ideal político del Libertador Simón Bolívar por José D. 
Monsalve. Bogotá, 1916. 



.'i 1 APUNTES PABA LA 



Las estatuas 



La lámina 24 representa la primera estatua erigida al Libertador. 
Es obra de uno de los más grandes escultores de su época y fué hecha 
a expensas del señor José Ignacio París, quien, cultísimo y acaudalado 
amigo personal de Bolívar, la donó al Congreso de su Patria, la Nueva 
Granada, en 1846. Se yergue en Bogotá. 

Intorno alia statua de Bolívar opera del Professore Pietro Cava- 
lier Tenerani se intitula un primoroso libro publicado en Liorna, 1845, 
y en el que su autor, Filippo Gerardi, hace el elogio de la escultura. 

Son también de Tenerani la estatua del Libertador que se en- 
cuentra en Ciudad Bolívar y el monumento que guarda en el Panteón 
Nacional las cenizas del Padre de la Patria. La lámina 25 reproduce 
tres diferentes posiciones de la efigie de Bolívar pertenecientes al úl- 
timo. Fué el perfil de Roulin el que, principalmente, sirvió al artista 
para sus hermosas creaciones. 

Tenerani nació en 1789 y murió en 1869. Su primera obra, una 
estatua de Siqueo, ejecutada en 1819, se encuentra en el Palacio Len- 
zoni de Florencia. 

Las estatuas ecuestres de Lima y Caracas (lám. 26), obra de 
otro escultor italiano, Adán Tadolini, fueron vaciadas en un solo molde 
y reproducen con mayor semejanza que las de Tenerani, la faz del 
Libertador. 

Muchas otras estatuas se han erigido a Bolívar en las Repúblicas 
que creó. En Guayaquil se halla la de Giovanni Anderlini, de quien es 
también el bajo relieve que antecede a la introducción de estas notas; 
en Cartagena, la de Eloy Palacios. La de Bogotá, obra del escultor 
francés Frémiet, que no conocemos sino por imperfectas reproduccio- 
nes, parece ser una de las mejores. Al presente se estudian los bocetos 
presentados para la estatua ecuestre que ha de levantarse en la Colina 
Bolívar (Bolívar Hill) del Central Park de Nueva York, cedida gentil- 
mente a Venezuela por la Municipalidad de la gran metrópoli ame- 
ricana. 



iconografía i>i-x libertador 35 



Los pintores y escultores venezolanos 

Casi todos los escultores y pintores venezolanos han consagrado 
a Simón Bolívar un óptimo esfuerzo espiritual. Además de Bocea, ya 
nombrado, recordamos entre aquéllos a Rafael de la Cova, Eloy Pala- 
cios y Andrés Pérez Mujica. Contamos con varias estatuas pedestres 
ejecutadas por el primero; del segundo son las ecuestres de Maracaibo 
y Cartagena, un busto, varios bocetos y la medalla conmemorativa que 
se exhibe en la portada de este folleto; y el último esculpió un Bolívar 
moribundo. 

Entre los pintores, además de Carmelo Fernández, Herrera Toro 
y Almeida Crespo, en cuyas obras nos hemos ocupado, Tovar y Tovar, 
Michelena y Tito Salas han inmortalizado sus nombres fijando en lien- 
zos, que son maravillas de arte, la excelsa figura del Libertador. La 
lámina 27 es el panneau central del Tríptico de Salas; la número 28, 
el Bolívar de Michelena; y la 29, La batalla de Junín, por Tovar y 
Tovar. 



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36 APUNTES PARA LA 

Dos pérdidas invalorables 

El general Marión, gobernador del Departamento de Los Cayos, 
cuando zarpó de las costas de Haití la expedición libertadora de 1816, 
publicó en Puerto Príncipe, 1849, un folleto de 46 páginas, contentivo 
de sus recuerdos sobre la Expédition de Bolívar. En los términos que 
transcribimos, se nos revela que existió un retrato, al que asignamos 
la más grande importancia, teniendo en cuenta la época de que pro- 
viene. La narración dice así: 

"La víspera de su salida, a las cuatro de la tarde, pasó Bolívar a 
la morada del general Marión para despedirse de él, le manifestó su 
reconocimiento, no solamente por los servicios que había prestado a la 
expedición, sino aun por todas las bondades que tuvo por él durante su 
residencia en Los Cayos, cuyo recuerdo le sería eterno; que sentía en 
extremo no poder en aquel instante manifestarle su gratitud, sino de 
palabra; pero que, entretanto pudiese realizarlo de otro modo, le supli- 
caba aceptase con cariño fraternal su retrato, que en forma de meda- 
llón le presentaba, como un testimonio de profundo afecto. Prometió 
al general Marión que le escribiría con frecuencia y que le enviaría al- 
gunos hermosos caballos de una raza magnífica, tan luego como se 
hallara en posesión de Angostura en la Guayana. En fin, Bolívar 
se portó en aquellas circunstancias con una cortesía distinguida. El 
general le agradeció infinito sus finas expresiones, como asimismo el 
presente que le hizo de su retrato , asegurándole que lo consideraría 
siempre como una prenda de ilimitado valor, diciéndole a la vez que 
hacía los votos más ardientes por el triunfo de sus armas, a fin de que 
las mayores ventajas fuesen el resultado de la prosperidad e indepen- 
dencia de su patria". 

De la existencia de otro retrato original que, por haber pertene- 
cido a uno de los más fervorosos tenientes de Bolívar, el invariable 
O'Leary, debe de ser un testimonio de verdad a todas luces notorio, 
tenemos conocimiento por la siguiente solicitud de la señora Soublette, 
esposa del general O'Leary, publicada en la sección de Avisos de La 
Bandera Nacional, de esta ciudad, en sus números 16, 17 y 18, corres- 
pondientes a los días 14, 21 y 28 de noviembre de 1837: 

"De la casa de la Sra. Soledad S. de O'Leary se ha desaparecido 
un retrato del Libertador S. Bolívar: se ofrece una gratificación a la 
persona que lo entregue al Sr. Julián Santamaría. El retrato es en mi- 
niatura, a marfil y su vestido es de paisano : más o menos de una tercia 
de grande, y el marco es de una madera que imita el carey". 



iconografía del libertador 37 



Conclusión 



Hemos trazado las consideraciones expuestas en este trabajo, 
después de atento estudio comparativo de algunos retratos originales 
o directos, llamando así a aquéllos que, sin haber sido tomados del na- 
tural, tienen todas las características de la época; después de confron- 
tar centenares de reproducciones, más o menos fieles, e innúmeras 
creaciones, más o menos hijas de la imaginación. Hemos examinado 
la serie iconográfica más completa, que es la del Museo Boliviano; 
hemos estudiado detenidamente la Esjematología de Alberto Urda- 
neta, eminente admirador del Genio; hemos tenido a la vista el Álbum 
formado por nuestro compatriota Carlos A. Villanueva con las foto- 
grafías de los retratos que guarda la Biblioteca Nacional de París; he- 
mos visto los que posee Vicente Lecuna, quien cuenta con ejem- 
plares de primer orden y a cuyo patriotismo debemos la conservación 
y divulgación del retrato de 1810; cuantos lienzos y esculturas decoran 
nuestros edificios públicos; muchos retratos existentes en hogares 
de Caracas; los que ilustran multitud de publicaciones nacionales y 
extranjeras; y, en fin, nuestra propia colección. 

El tiempo, eterno aliado de los hombres que son gloria de la es- 
tirpe humana, y que a la vez inmortaliza la parte de verdad que es 
como el alma de tradiciones y consejas, habrá de aportar nuevos ele- 
mentos a la iconografía bolivariana. Saldrán a relucir documentos que 
parecen perdidos, como el retrato original que fué de Walton; el 
que Bolívar dio al general Marión, Gobernador de Los Cayos; el que 
sirvió al general Santander para la litografía hecha en 1823; el origi- 
nal de Kepper; los de Fanny du Villars, mjss Porter y el capitán 
Brown ; el que perteneció al general O'Leary .... Incontable será, a ese 
respecto, el acopio de las naciones de América, y pudiera ser que el 
documento auténtico que ha de fijar la imagen verdadera y definitiva 
del Héroe, emergiese de los arcones donde se guardan los íntimos re- 
cuerdos. 

Aquella vida altísima, que fué sembrando medio mundo de poe- 
mas heroicos, nimbó siempre adorables cabezas de mujer con la flor 
del más caballeresco madrigal. ¿La efigie fiel del hombre del inmenso 
ensueño y de la inmensa acción, no dormirá incensada por el aroma de 
una historia de amor, en el fondo de un antiguo cofre colonial, entre 
la penumbra evocadora reservada a las reliquias?. . . . 



Láminas 




ÍOLIVRR EN 1810, 
de auior desconocido, 

(Colección Vicente Lecuna) 



Lámina 1 




BOLÍVAR EN 1825, 
del natural por Gil, 

(Palacio Federal de Caracas) 



Lámina 2 




BOLiVñR EM 1830, 
según el retrato de Meucci. 

(Colección Feliciano Palacios) 



Lamina 3 




SOLÍVñR EN 1810, 
del natural por Ch. 5111. 

(Colección )ules Mancin ) 



Lámina 4 




SOLÍVRR EN 1825, 
según el retrato de Gil, 

(Mezzotinto dfi Turner) 



Lámina 5 




BOLlVñR EN 1825, 

miniatura por (Jgalde, 

(Colección M. 5- Sánchez) 



Lámina 6 




BOLÍVMR EN 1825, 
según Gil, por Rntonio Herrera Toro. 

(Ministerio de hacienda) 



Lámina 7 




BOLÍVñR EN 1830, 
del natural, atribuido a Meucci. 

(Colección J. B, Pérez i 5oto) 



Lámina 8 



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BOLÍVAR EN 1828, 
del natural por Espinosa, 

(.Miniatura de doña Trinidad Blanco Toro de Blanco ) 



Lámina 9 




BOLÍVñR EM 1828, 
según el retrato de Espinosa. 

( Grabado de Léveillé) 



Lámina 10 




BOLÍVRR EN 1828, 

según el retrato de Espinosa, 

(Grabado de la Rmerican Bank Mote Company ) 



Lámina 




BOLÍVAR EN) 1829, 
del natural por Antonio Salas, 

(Museo Boliviano de Caracas) 



Lámina 12 




BOLÍVAR EN 1830, 
atribuido a Antonio Meucci, 

(Museo Boliviano de Caracas) 



Lámina 13 







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BOLÍVAR EN) 1828, 

del natural por Roulin, 

( Croquis del Museo Boliviano de Caracas 



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BOLÍVñR, 
según el grabado de Bate. 

( De un retrato original que fué de Wm. Walton) 



Lámina 15 




BOLÍVAR, 
según David d'flngers. 

(Medallón ejecutado en 1332) 



Lámina 16 







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BOLÍVñR, 
según el medallón de David d'flngers. 

( Grabado por Follet ) 



Lámina 17 




BOLÍVAR, 

según Carmelo Fernández. 

(Grabado por Ta\»erníer) 



Lámina 18 




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BOLÍVAR, 
según el retrato de Meucci. 

(Grabado por Quesnet) 



Lámina 20 




BOLIVflR EN 1828, 

del natural por Pío Domínguez. 

(<or.ib.idci por Charles) 



Lámina 21 




BOLÍVMR EN 1825, 
según el retrato de Gil, 

(Litografía en colores, por Maurin) 



Lámina 22 




BOLÍVfiR, 
según el grabado de Kepper. 

(Museo Boliviano de Caracas) 



Lámina 23 




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BOLIVRR, 
según Tenerani. 

(Estatua erigida en Bogotá) 



tómina 24 





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BOLÍVAR, 

Según Tadolini, 

(Plaza Bolívar de Caracas) 
(Fot. Luis F. Toro) 



Lámina 26 




bolívar, 

según Tito Salas. 

(Cuadro central del "Triplico" 



Lámina 27 




BOLÍVAR, 
según Rrturo Michelena, 

(Palacio de Gobierno del Estado Carabobo) 



Lámina 28 




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índice 



Proemio 

Caracteres físicos de Bolívar 

Las pinturas más fieles 

El Bolívar de Londres, 1810 

El Bolívar de Lima, 1825 

El Bolívar de Cartagena, 1830 

El retrato de Espinosa 

Otros retratos existentes en Caracas . . 

Tres retratos desconocidos 

El perfil de Roulln 

La litografía de Casar de Molina 

El grabado de Bate 

El medallón de David d'Angers 

El perfil de Carmelo Fernández 

Otras litografías notables 

Las estatuas 

Los pintores y escultores venezolanos. 

Dos pérdidas invalorables 

Conclusión 



3 

4 
8 
10 
12 
14 
1G 
21 



27 
28 
30 
31 
32 
34 
35 
36 
37 



GRABADOS 

Medallón de Bolívar por Eloy Palacios Cubierta 

Bajo relieve por Anderliní Proemio 

Bolívar en 1810, de autor desconocido Lámina 1 

Bolívar en 1825 por Gil ,, 2 

Bolívar en 1830 por Meucci 3 

Bolívar en 1810 por Ch. Gilí 4 

Bolívar' en 1825: mezzotLnto de Turner .. 5 

Bolívar en 1825: miniatura por Ugalde „ £ 

Bolívar en 1825: por A, Herrera Toro. .. ' 

Bolívar en 1830: atribuido a Meucci >. S 

Bolívar en 1S28 por José María Espinosa ., 9 

Bolívar en 1S2S: grabado de Léveillé ,, 10 

Bolívar en 1828: grabado de la American Bank Note Oompany 11 

Bolívar en 1829 por Antonio Salas .. 12 

Bolívar en 1830: atribuido a Meucci 13 

Bolívar en 1828 por Roulin 14 

Bolívar, según el grabado de Bate .. 15 

Bolívar, según David d'Angers ,. 1G 

Bolívar: grabado de Follet - t. 17 

Bolívar, según Carmelo Fernández • 18 

Bolívar, según la moneda venezolana de oro y plata. , ,, 19 

Bolívar: grabado de Quesnet ,, 20 

Bolívar en 1S28 por José Pío Domínguez. ,, 21 

Bolívar en 1825: litografía de la casa J, J. Mauri. — La Guaira ,, 22 

Bolívar, según el grabado de Kepper 23 

Bolívar, según Teñeran! : estatua de Bogotá 24 

Bolívar, según Tenerani: Panteón Nacional de Caracas ,, 25 

Bolívar, según Tadolini : estatua ecuestre de Caracas 26 

Bolívar: centro del Tríptico de Tito Salas ,, 27 

Bolívar, según Arturo Michelena ,, 28 

Bolívar, según Martín Tovar y Tovar ,, 29 

El paso de los Andes: bajo relieve de S. James Farnham Fin 



EN 

CARACAS, 

POR EL MES DE BOLÍVAR, 

AÑO DE MCMXVI, 
FUERON IMPRESOS ESTOS 

APUNTES 

EN LA LITOGRAFÍA Y TIPOGRAFÍA DEL COMERCIO, 

EMPRESA DEL SEÑOR PIUS SCHLAGETER, 

ASÍ COMO SE HICIERON EN LA MISMA CASA 

LOS GRABADOS QUE LOS ILUSTRAN. 




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