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Full text of "Bibliografía del General Don José de San Martín y de la emancipación sudamericana"

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QF-C0* 



BOOK 12.SA58S v. 1 c 1 

SALAS f ERRORES Y OMISIONES DE LA 

OBRA BIBLIOGRAFÍA DEL GENERAL 



3 T1S3 GOOSbbO? ñ 



BIBLIOGRAFÍA 



DEL GENERAL 







Y DE LA 

EMANCIPACIÓN SUDAMERICANA 

POR 

CARLOS I. SALAS 

PUBLICADA BAJO LOS AUSPICIOS DE LA HONORABLE COMISIÓN 
DEL CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA 



1778-1910 



TOMO PRIMERO 



BUENOS AIRES 

Chile, 263 y Cangallo, 559 

1910 



BIBLIOGRAFÍA 



GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTÍN 



LA EMANCIPACIÓN SUDAMERICANA 



OBRAS DEL MISMO AUTOR 



PUBLICADAS 

■* 

Apuntes biográficos del Dr. Diego Alcorta. — i folleto, 1889. 

Apuntes biográficos del Dr. Antonio Sáenz. — 1 folleto, 1889. 

Bibliografía del Coronel don Federico de Brandsen. — 1 vo- 
lumen, 1910. — 2. a edición. 

Bibliografía del General don José de San Martín y de la 
Emancipación Sud- Americana. — 4 volúmenes de 500 páginas 
cada uno, 1910. 



LISTA PARA ENTRAR EN PRENSA 

Bibliografía del Dr. Bernardo Monteagudo. 



EN PREPARACIÓN 

Catálogo razonado de la Biblioteca Americana del General 
Bartolomé Mitre. (Sección: Historia. — Geografía. — Viajes 
desde Buenos Aires hasta Caracas). 




GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN 

Cuadro al óleo del pintor peruano José Gil 

(Museo Histórico Nacional) 



Carlos i. Salas 



bibliografía 



DEL 



GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTIN 



Y DE 



LA 



PUBLICADA BAJO LOS AUSPICIOS 

DE LA 

HONORABLE COMISIÓN DEL CENTENARIO 

DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA 

1778-1910 



Tomo Primero 



BUENOS AIRES 

Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco 
Chile, 263 y Cangallo, 559 

1910 



vj¡ 



DERECHOS RESERVADOS 



DEDICADA 



(£i los manes augustos de José de Óan dfl&ríín 

obrigadier General de las arovincias Unidas 

del e/lio de la cílala. 

libertador u Capitán ueneral de Chile. 

generalísimo de las armas del oerú y fundador 

de su independencia. 



Lo 



ADVERTENCIA PRELIMINAR 




omponemos esta obra con crite- 
rio americano, libre de naciona- 
lismos y sin ningún prejuicio, 
sentando para la redacción de 
las notas históricas, que la 
acompañan, las mismas premi- 
sas que establecimos para componer la Biblio- 
grafía del coronel Brandsen: " No adelanta- 
remos ningún dato que no esté plenamente 
justificado en documentos publicados y no dis- 
cutidos ". 

La historia que no va acompañada de la do- 
cumentación respectiva es romance, leyenda ó 
tradición, pero no tiene autoridad alguna por 
muy eminente que sea su autor. 

La majestad de la historia reside en la ver- 
dad y ésta no puede ser establecida sin docu- 
mentar los juicios que se formulen, tanto en 
lo referente á las personas como á los hechos 
acaecidos. 

San Martín y Bolívar constituyen, á nues- 
tro modo de ver, el binomio de los libertadores 



— 10 — 

de la América Meridional, según la frase del 
general Mitre, y la acción del hijo de las selvas 
misioneras, se complementa con la del glorioso 
hijo de Caracas. 

La resultante de sus generosos esfuerzos es 
la emancipación del Continente Americano y 
la creación de nuevas nacionalidades á la vida 
de la libertad. Ni el uno ni el otro necesitan 
que se les adjudiquen ajenos lauros para ser 
inmortales : su obra es tan colosal que marcan- 
do nuevos rumbos en los destinos de la huma- 
nidad, llegan á comprometer la gratitud de su 
posteridad americana. 

El fallo definitivo sobre sus esfuerzos ha 
sido dado, y los monumentos erigidos para con- 
sagrar la memoria de ambos libertadores, en 
las varias naciones que ellos crearon, desde el 
Plata al mar Caribe, son otros tantos jalones 
colocados en el camino de su gloria inmortal. 

A este criterio, que podrá lastimar intere- 
ses pequeños y herir nacionalismos, pero que 
es levantado y altruista, ajustaremos en un 
todo la redacción de las notas. Al enumerar 
las obras que se ocupan de nuestro glorioso 
Capitán, citaremos tanto las de sus apologis- 
tas, como las de sus detractores, sin que en 
ningún caso, lleguemos á omitir la cita de autor 
alguno, cualquiera que sea el juicio que for- 
mule al respecto. 

De esta manera el que en el futuro quiera 
ocuparse en estudiar la vida y hechos del sol- 
dado de los Andes y Libertador de Chile, po- 



- 11 — 

drá elegir entre las obras citadas, las que esti- 
me conveniente, aplicándoles su propio cri- 
terio. 

Ahora bien. ¿Es esta una obra completa y 
perfecta? Somos los primeros en reconocer 
que no. En la parte relativa á las obras escri- 
tas y publicadas en Europa y América hemos 
hecho todos los esfuerzos posibles por agotar 
el tema, pero no podemos afirmar lo mismo en 
cuanto á los artículos publicados en revistas, 
periódicos, diarios, etc., porque siempre puede 
alguna haber escapado á nuestro conocimiento, 
sobre todo en lo referente á estos últimos tiem- 
pos en que se han multiplicado al infinito los 
medios de publicidad. 

De todas maneras, no damos por terminada 
nuestra tarea con la impresión de esta biblio- 
grafía y seguiremos acopiando materiales para 
completarla en suplementos que iremos publi- 
cando á medida que dispongamos del material 
suficiente para componerlos. 

Para componer esta obra hemos revisado las 
bibliotecas: Nacional de Buenos Aires, Biblio- 
teca Rivadavia, Nacional de Montevideo, Bi- 
blioteca de Río de Janeiro y de Santiago de 
Chile; habiendo obtenido datos completos de 
las bibliotecas de Lima, Guayaquil, Quito, Bo- 
gotá y Caracas, por medio de los catálogos pu- 
blicados y de agentes oficiosos con quienes man- 
tenemos activa correspondencia. 

Hemos visitado y revisado igualmente con 
especial empeño la biblioteca que perteneció al 



- 12 — 

ilustre general don Bartolomé Mitre y la del 
igualmente ilustre — erudito historiador — don 
Diego Barros Arana, en Santiago de Chile, 
eminencias para quienes la historia de Améri- 
ca no tenia secretos, y que se han ocupado espe- 
cialmente en relatar la vida y hechos del gene- 
ral José de San Martín. Estas dos bibliotecas 
nos prestaron un valioso concurso para com- 
poner nuestra obra. 

Hemos sido igualmente favorecidos con da- 
tos y referencias por nuestros amigos los escri- 
tores doctor Adolfo P. Carranza, José A. Scot- 
to, José J. Biedma, Juan Carlos Amadeo, José 
A. Pillado, José Marcó del Pont, general José 
I. Garmendia, Alejandro Rosa, Clemente L. 
Fregeiro, el señor Luis Merinos, capitán del 
ejército de Chile, y el doctor Estanislao S. Ze- 
ballos, colocándolos en el orden en que las in- 
formaciones nos fueron suministradas. A todos 
ellos nuestra más profunda gratitud. 

Entre tanto y sin ninguna pretensión, con- 
fiados en la benevolencia de nuestros lectores, 
entregamos á la consideración de propios y 
extraños este trabajo, óbolo modesto con que 
deseamos contribuir á solemnizar las fiestas á 
realizarse en ocasión del glorioso centenario 
de nuestra emancipación. 

El Autor. 

Enero l.° de 1910. 



PLAN DE LA OBRA 



La Bibliografía del general San Martín y 
de la Emancipación Sudamericana está distri- 
buida para su mejor consulta en riguroso orden 
alfabético de autores, siguiendo en un todo el 
método observado por los bibliógrafos alema- 
nes, á los que tomamos por modelo. 

En un principio nos proponíamos incluir en 
esta obra la descripción minuciosa y sistemá- 
tica de cada libro, revista, periódico, diario, 
etcétera, con indicación de nombre de autor, 
año en que fué impreso, lugar de la impresión, 
tamaño, número de páginas, etc., plan que lue- 
go debimos abandonar, teniendo en cuenta, que 
si bien es cierto que todos esos datos, que tenía- 
mos acumulados, eran muy útiles para los 
especialistas en bibliografía y libreros, en cam- 
bio ningún interés revestían para el público 
en general y aumentaban enormemente el vo- 
lumen de la obra. Nos limitamos, pues, en 
cada caso á citar el autor, título de la obra, 
año y lugar de impresión, tamaño, idioma en 
que fué escrita, añadiendo á todo esto, cuando 



14 — 



el caso lo merezca, el juicio que la obra nos 
sugiere, reservándonos el caudal de datos bi- 
bliográficos acumulados para el Catálogo Ra- 
zonado de la Biblioteca del Museo Mitre, obra 
que tenemos empezada y cuya publicación se- 



guirá a esta. 



BOSQUEJO BIOGRÁFICO 

DEL 

GENERAL JOSÉ DE SAN MARTIN 



San Martín había nacido para la guerra, 
con una constitución de fierro, una voluntad 
inflexible y una perseverancia en sus propó- 
sitos que le aseguraban el dominio de sí 
mismo, el de sus inferiores y el de sus 
enemigos. 

Bartolomé Mitre. — Vida de Bel- 
grano, t. II, pág. 283. 

Moins connu en Europe que Bolívar, par- 
ce qu'il rechercha moins que lui les éloges 
de ses contemporains, San Martín est aux 
yeux des Américains son égal comme hom- 
me de guerre, son supérieur comme génie 
politique, et surtout comme citoyen. Dans 
l'histoire de l'independence Américaine, qui 
n'est pas écrite encoré, au moins pour la 
France. il représente le talent d'organisa- 
tion, la droiture des vues, le desintéresse- 
ment, l'intelligence complete des conditions 
sous lesquelles les nouvelles republiques pou- 
vaient et devaient vivre. 

A. Gerard. — Artículo necrológico pu- 
blicado en el "Impareial" de Bou- 
logne-sur-Mer, el día 22 de Agosto 
de 1850. 




a vida pública del General San Mar- 
tín no puede encerrarse en los tér- 
minos reducidos de una biografia. 
Ligada á los grandes acontecimien- 
tos de la independencia, en que los 
pueblos son actores á par de los 
ejércitos y en la cual no ha tomado menos parte la 



— 16 — 

política que la ciencia militar, palpita y se confunde 
con la historia moderna de casi todo el continente 
americano. El teatro de su primera victoria está si- 
tuado á la margen del Paraná y los caballos de sus 
granaderos de San Lorenzo llegaron á saciar su sed 
en los torrentes que forman las nieves del Chimbora- 
zo. Estos dos extremos señalan el espacio que recorrió 
y miden la extensión inmensa de sus conquistas para 
la libertad. Gobernador de Provincias, organizador 
de ejércitos, administrador de escasos caudales en 
proporción á los grandes objetos á que los aplicó 
con economía y con fruto ; encargado de poderes om- 
nímodos que la victoria forzosamente puso en sus 
manos; creador de gobiernos bajo la forma repre- 
sentativa en pueblos envejecidos en hábitos colo- 
niales, tuvo la necesidad y la ocasión de poner en 
ejercicio una gran variedad de talentos, virtudes de 
alto temple, y asumir responsabilidades que sólo la 
historia puede apreciar y juzgar. 

La naturaleza de su misión le colocó en contacto 
con hombres eminentes, constituidos en autoridad, 
influyentes en sus respectivos países ; hombres por 
otra parte cuyos hechos personales les dan cabida 
honrosa en los anales de la independencia y para cuya 
justa apreciación existen aún en lucha las opiniones 
de sus mismos compatriotas. Y sin embargo, el fallo 
definitivo que se pronuncie sobre ellos, será una luz 
que todavía no aparece bien clara, para poder estu- 
diar con toda su integridad al vencedor de Chile, y 
al protector del Perú, que fué como el centro al re- 
dedor del cual se movieron aquellos brillantes sa- 
télites. 



— 17 — 

San Martín, desdeñoso de la popularidad y del 
vano ruido, presenta un ejemplo poco común con el 
silencio que guardó sobre su conducta aún en presen- 
cia de acusaciones serias. César escribió sus comenta- 
rios ; el prisionero de Santa Elena dictó la relación de 
sus campañas; San Martin fué parco al hablar de sus 
proezas aún con personas íntimas, cuando el tiempo 
y su condición de simple particular le autorizaban 
para hacerla sin cargo de parcialidad ó de vana- 
gloria. 

Ha dejado pesar sobre su nombre los resentimien- 
tos de los partidos, las inculpaciones de personajes 
tan notables como Lord Cochrane, sin despegar sus 
labios, á espera tranquila del fallo de la posteridad. 
Esta fría y constante confianza en la justicia de los 
venideros era ya por sí misma una prenda de la 
conciencia que le asistía de la bondad, humana- 
mente posible, de sus actos y de su conducta, porque 
fué siempre síntoma de la inocencia la serenidad con 
que el acusado se presenta delante de sus jueces. El 
sabía' que había de llegar el momento en que los 
archivos del gobierno de Chile, abiertos por otra 
mano que la suya, disiparan los cargos que le lan- 
zaba el valiente almirante de la escuadra del Pa- 
cífico; que su correspondencia íntima y particular 
con O'Higgins inspirada por los sentimientos del 
momento, había de justificar la honra de ambos, la 
amistad constante que se profesaron y conservaron, 
tanto en los días de poder como en los de ostracismo : 
sabía que las huellas que dejaba estampadas eran tan 
hondas y luminosas, que habrían de llamar la aten- 
ción de los que le sucediesen en la vida, dándole la 
convicción que eran las de un gigante. 

T. I -' 



- 18 - 

La fuerza de espíritu debía naturalmente avasallar 
á la larga ingratitud y á la calumnia. No les salió al 
encuentro, las esperó como el bronce de que hoy 
se le labran efigies para que rompiesen contra él sus 
dientes venenosos. 

El Perú, que alguna vez le clavó las espinas de la 
desconfianza, creyéndole capaz de caer en los errores 
de una dictadura, repara* su culpa colocando la ima- 
gen del Libertador en las plazas públicas, inmorta- 
lizado por el metal bajo el cincel del arte. Chile hace 
otro tanto, y al rededor del monumento se presentan 
generosos los parciales de Carrera y los amigos de 
O'Higgins, y se reconocen hermanos ante el héroe de 
su independencia. Buenos Aires, que le miraba con 
indiferencia cuando abandonó para siempre la 
América á principios de 1824, y que no fué digno de 
hospedarle en 1829, le levanta una estatua á su vez 
y se agrupa gozoso en torno de ella para reparar las 
ofensas, que por otra parte no fueron obra del pueblo, 
siempre generoso y justo, sino de las parcialidades 
políticas que oficialmente lo representaban. 

La vida llena de contrastes de este grande hombre 
no puede abrazarse, lo repetimos, en un bosquejo bio- 
gráfico. Sin embargo, vamos, tras muchos escritores, 
á ensayar un trabajo de este género, valiéndonos de 
documentos históricos reunidos y estudiados esme- 
radamente. 

En el pueblo de Yapeyú, capital de la provincia de 
Misiones, nació el día 25 de. Febrero de 1778 el 
personaje á quien está dedicada la presente biogra- 
fía. Hijo de un coronel español que gobernaba mi- 
litarmente los antiguos dominios jesuíticos, fuerou 



— 19 — 

sus pasatiempos de niño alardes de guerra, voces de 
mando y aspiraciones á distinguirse en una carrera 
ilustrada ya por su familia. 

A la edad de seis años comenzó á aprender las 
primeras letras en una escuela de Buenos Aires. A 
los ocho se trasladó á España con toda su familia. 

A pesar de su tierna edad, dejó en América im- 
presiones vivas de sus prematuras cualidades, pues 
uno de sus condiscípulos decía de él : " San Martín 
" estaba destinado á ser un grande hombre ; en la 
" escuela era un niño muy notable ; si hubiera muerto 
" sin alcanzar á ilustrar su nombre, yo me hubiera 
" acordado de él siempre ". 

San Martín tuvo la fortuna de educarse en el 
mejor colegio de la Península, en el de los Nobles 
de Madrid, cuyo plan de estudios abrazaba los co- 
nocimientos generales de las humanidades, filosofía 
é historia, como indispensables para emprender con 
provecho el estudio de las ciencias matemáticas y sus 
aplicaciones en el arte de la guerra, que era el prin- 
cipal objeto de aquel colegio. A la edad de 21 años 
dejó las aulas para pasar á Cádiz, en clase de ayu- 
dante del gobernador de aquella plaza, el general 
don Francisco María Solano, á cuyo lado acabó de 
adquirir el porte y las maneras marciales en armonía 
con su carácter é inclinaciones. Amigo de su jefe 
inmediato, tuvo ocasión de relacionarse con los más 
notables generales españoles de aquella época, y de 
iniciarse en la política de la Europa, estudiándola es- 
pecialmente con relación á los intereses americanos. 

Los acontecimientos de la época y la situación es- 
pecial de la España, fueron propicios al desarrollo 



- 20 - 

intelectual de San Martín, ofreciéndole ocasión de 
tomar parte como pensador y liberal, en las asocia- 
ciones secretas que tenían por objeto modificar las 
propensiones absolutas del monarca y su favorito, 
y como soldado en los hechos de armas que tuvieron 
lugar con motivo de la invasión francesa. 

Encargado el general Solano de formar una divi- 
sión de 6.000 hombres para obrar sobre Portugal, 
repartió sus tareas con su ayudante predilecto, man- 
teniéndole á su servicio inmediato hasta que marchó 
á Cádiz investido con el cargo de Capitán General de 
Andalucía. 

A esta sazón Murat ocupaba á Madrid, y los es- 
pañoles estaban divididos, aunque en proporciones 
muy desiguales en número, en afrancesados y leales. 
Solano seducido por el buen éxito de los primeros 
pasos de la invasión y por la confianza que le dis- 
pensaron sus principales cabezas, se hizo sospechoso 
al pueblo por su conducta delante de la escuadra 
francesa surta en la Bahía de Cádiz. 

Un motín movido y acaudillado por algunos veci- 
nos exaltados estalló contra el Capitán General en la 
tarde del 29 de Mayo, logrando los amotinados sa 
ciar cruelmente sus resentimientos en la persona del 
general afrancesado. 

Cúpole á San Martín hallarse de guardia en el 
palacio de su jefe en este momento crítico. Resuelto 
y sereno, cerró las puertas, las flanqueó con algunas 
piezas de artillería y se dispuso á una defensa formal. 

Pero el pueblo, resuelto también por su parte, tuvo 
á su favor la orden terminante de Solano, de que 
por ningún motivo se le hiciese fuego. No queriendo 



- 21 - 

deber su salvación á las armas, buscó asilo en la casa 
de un amigo, donde le acompañó San Martín con 
mucho peligro de su propia vida. 

De este lugar de refugio fué de donde arran- 
caron á Solano para arrastrarle sin compasión por 
las murallas y plazas públicas. 

El recuerdo de este sangriento suceso, no se 
apartó nunca de su memoria, dice un biógrafo fran- 
cés de vSan Martín. 

El le inspiró ese profundo horror á las asonadas 
populares, que, mezclándose en su pecho al culto 
ardiente de la libertad, llegó á constituir el fondo de 
su carácter político, dictándole sus palabras y de 
terminando sus acciones. Si en el curso de su larga é 
ilustre carrera no cedió un ápice á sus principios ; 
si sabía y decía con más firmeza que nadie, que el 
gobierno de este mundo pertenece á la inteligencia; 
si según él, la libertad no era posible y la dignidad 
humana no podía tener salvaguardia segura, sino a 
condición del mantenimiento inflexible del orden, 
debemos atribuirlo á las vivas impresiones que de- 
jaron en su espíritu esta sublevación de Cádiz y 
los atroces crímenes que la mancharon. Los cora- 
zones firmemente templados, guardan eternamente. 
como el bronce, las impresiones que de una vez reci- 
bieron. 

San Martin, joven y destinado á contribuir bien 
pronto á la libertad de una parte de América, no 
debía sucumbir como su jefe que se hallaba por sus 
años casi al término de la carrera. 

La casa de un amigo y compañero de armas, le 
sirvió de defensa contra las pesquisas de los amoti- 



nados, hasta que logró huir á Sevilla, donde le 
destinaron al ejército del general Castaños. 

La noble guerra de la independencia comenzaba 
para los españoles. El pundonor, el amor patrio, 
todos los sentimientos dignos, que se levantan al re- 
dedor de un gran propósito, se exaltaron natural- 
mente en el americano que llevaba sangre castellana 
en las venas. Si los franceses eran usurpadores en 
España, los españoles habían llegado á serlo también 
en América, y por consiguiente el sentimiento de la 
independencia adquiría en el corazón de San Martín 
una fuerza doble al recuerdo de la esclavitud de su 
patria. 

Pensando en ella, se consagró al cumplimiento de 
sus nuevos deberes. El teatro que se le presentaba 
era el mejor para adquirir conocimiento militar y 
estudiar en grande las operaciones de la guerra. Iba 
á combatir al lado y al frente de valientes, en alianza 
con los batallones británicos, contra los soldados más 
victoriosos y aguerridos del mundo. 

Mas parece resultado de sus deseos de adquirir 
luces y experiencia, que de la casualidad, la circuns- 
tancia de haber pertenecido á diferentes armas du- 
rante su permanencia en la Península. Fué infante 
ligero en el regimiento de Campomayor, como lo ha- 
bía sido también en el de Murcia, comandante de 
caballería en el regimiento Dragones de Numancia. 
Trece meses permaneció, por los años de 1798, á 
bordo de la fragata de la real armada, Dorotea, y en 
ella se halló en un'sangriento encuentro con el navio 
inglés León, el día 15 de Julio de aquel mismo año. 
Tuvo por generales á los mejores de España al co- 



— 23 — 

menzar el siglo. A Castaños, al marqués de Cou- 
pigny, al marqués de la Romana. Se halló en Bailen 
el 19 de Julio de 1808, mereciendo una mención hon- 
rosa en el parte de esta famosa jornada ; en la de Al- 
bufera, el 15 de Mayo de 181 1, alcanzando por su 
notable conducta y el brío de su sable en este día, 
sobre el mismo campo de batalla, el grado de coman- 
dante efectivo. 

Fué, pues, completo y feliz el aprendizaje de San 
Martín. Leales y bravos fueron sus jefes ; noble la 
causa de la lucha; elevado el rango en que prestó 
sus variados servicios. Cuando se decidió á regresar 
á América era un militar aguerrido y lleno de ex- 
periencia. 

Así que llegó á conocimiento de San Martín el 
paso atrevido dado por sus compatriotas en Mayo 
de 18 10, volvió su atención hacia los lugares que 
había abandonado en los tiernos años de su edad y 
siguió con interés y emoción las primeras escenas 
del drama en que deseaba ser actor. Espiando desde 
entonces una oportunidad para desligarse de sus 
compromisos con la España, la halló en el carácter 
caballeroso y en las ideas de su amigo el general 
Sir Carlos Stuart. quien aunque aliado decidido de 
los españoles, simpatizaba con la causa de la eman- 
cipación americana. 

Así que éste se impuso del deseo que tenía San 
Martín de servirla y de dirigirse inmediatamente á 
un puerto de Europa, para pasarse desde él á Buenos 
Aires, dióle varias cartas de recomendación para 
sujetos respetables de Londres, y especialmente para 
el Lord Macduff, que acababa de militar en la 
Península. 



- 24 — 

San Martín llegó á la capital del Reino Unido á 
fines de 1811. El tiempo que residió allí no fué per- 
dido para los intereses de América, pues contra- 
vendo relaciones con varios venezolanos y argen- 
tinos, devotos ardientes de la causa de la emanci- 
pación, estableció con ellos una sociedad secreta 
para servir con todo género de elementos á aquel 
generoso y patriótico objeto. 

Las personas á quienes iba recomendado pusieron 
empeño en facilitarle medios de transporte, hasta 
que logró embarcarse acompañado de don Carlos de 
Aívear y don Matías Zapiola, á bordo de la fragata 
Jorge Canning, en un día de Febrero del año 181 2. 

El 13 de Marzo (l) siguiente llegaban al puerto de 
Buenos Aires estos tres argentinos que debían seña- 
larse muy luego en los campos de la lucha en que se 
hallaba comprometida la patria. El Gobierno de Bue- 
nos Aires encomendó inmediatamente á San Martín 
la creación de un cuerpo de caballería y el 7 de 
Diciembre del mismo año 181 2 le extendía los des- 
pachos de coronel del Regimiento de Granaderos 
á caballo. Esta falange de bravos formada bajo 
la más acertada disciplina, tuvo por destino el pa- 
searse victoriosa por la mitad de América, llevando 
por todas partes la victoria y la honra del nombre 
argentino. 

Pero San Martín, en los primeros tiempos de su 
llegada á la patria, no se contentó con crear soldados. 
El sabía que para que una revolución llegue airosa 
á su término es indispensable asociar las ideas á la 

(i) 9 debe decir. — N. del A. 



— 25 — 

fuerza, y concentrar la dirección de unas y otras en 
pocos hombres de inteligencia superior y de corazón 
bien templado ; pudo equivocarse en los medios ; pero 
su intención fué prudente ó al menos análoga con 
su carácter positivo, anheloso siempre de alcanzar 
los resultados por el camino más corto y seguro. 

San Martín ayudado eficazmente por su compa- 
ñero Alvear, estableció en Buenos Aires la famosa 
logia de '! Lautaro ", sociedad secreta y de miras 
puramente políticas, cuya primera idea se atribuye 
al famoso general caraqueño Miranda, fundador 
de la Gran Reunión Americana, cuyo centro, estable- 
cido en un puerto de la península, derramó, según 
creen algunos, su influencia liberal sobre varios pun- 
tos de América. Lo que hay de cierto es que San 
Martín y sus dos compañeros de navegación fueron 
los fundadores de la masonería política en el Río 
de la Plata, según lo asegura el bien informado his- 
toriador de Belgrano. Según este mismo escritor, la 
s< Logia de Lautaro " influyó en los sacudimientos 
internos, llevó al poder á los hombres elegidos por 
ella, trajo á sus miras á los miembros de los cuer- 
pos deliberantes y llegó á ser reguladora de nues- 
tra política interna á fines del tercer año de la revo- 
lución de Mayo. 

La vida puramente militar de San Martín en 
América se inició en las márgenes del Paraná al 
comenzar ese mismo año 12, sobre cuyos destinos 
políticos había ejercido una influencia tan notable 
como disimulada. 

Los marinos españoles, dueños del puerto de Mon- 
tevideo, afligían á nuestras poblaciones del litoral 



— 26 — 

con ataques inesperados. En el mes ele Octubre de 
1812, una escuadrilla española había saqueado los 
pueblos de San Nicolás y San Pedro. 

Para librar de semejante consternación á los pa- 
cíficos habitantes de la costa, fué enviado al pueblo 
del Rosario de Santa Fe el regimiento de caballería 
al mando de su coronel San Martín. Informado éste 
de que los marinos se preparaban á efectuar un des- 
embarco en un punto más al Norte, denominado San 
Lorenzo, tal vez con la esperanza de posesionarse 
del territorio intermedio de la Capital y las Provin- 
cias, se trasladó allí sin ser sentido de los señores 
del río, y les tendió una red digna de la sagacidad 
y sangre fría del experimentado coronel de grana- 
deros. 

San Lorenzo es un antiguo convento de francis- 
canos situado en la planicie inmediata á las empina- 
das barrancas del Paraná. A espaldas de los maci- 
zos claustros se colocaron, durante la noche, bur- 
lando con la obscuridad y el silencio á 'los es- 
pías del enemigo, los pocos pero denodados Grana- 
deros, con sus briosos caballos de la brida, esperando 
la voz de su jefe. Sobre las bóvedas de la iglesia, 
impaciente por que asomaran las primeras vislumbres 
del día, estaba San Martín informándose con el oído 
y con la vista, de los movimientos del enemigo. 
Eran las cinco de la mañana cuando doscientos cin- 
cuenta infantes desembarcados en el puerto, toma- 
ron la dirección del convento, confiados, contentos, 
marchando á tambor batiente con las banderas des- 
plegadas. Estarían á cien varas de distancia del 
puerto, que ya consideraban en su poder, cuando 



— 27 - 

divididos los jinetes de la patria en dos divisiones 
de á sesenta hombres cada una, cayeron sobre el 
enemigo con una intrepidez irresistible y sable en 
mano, según la expresión del ¡parte oficial. 

Los invasores también se sostuvieron con esfuer- 
zo; pero pronto se vieron obligados á replegarse en 
fuga hacia las barrancas protegidos por los fuegos 
de las embarcaciones de guerra. Cuarenta cadáveres, 
catorce prisioneros, doce heridos, dos cañones, cua- 
renta fusiles y una bandera arrancada con la vida 
al que la custodiaba, fueron los trofeos de la victo- 
ria del 3 de Febrero. La de San Lorenzo está colo- 
cada en nuestro himno nacional entre las de San José 
y Suipacha y por consiguiente una de las primeras en 
nuestros gloriosos anales. La carrera de triunfos de 
que ella es punto de partida, no debía terminar sino 
en las márgenes del Rimac, extendiéndose desde los 
12 grados hasta los 33 de latitud sud en la América 
independiente. 

La nueva victoria de San Lorenzo vino á com- 
pletar en Buenos Aires la confianza y á robustecer 
el espíritu público como una demostración práctica 
de nuestra superioridad material sobre el enemigo. 

El poder de las armas se aunaba á las fuerzas mo- 
rales del país que en ese momento se veían conver- 
ger hacia esta capital, representadas por los miem- 
bros de la Asamblea constituyente, cuya solemne 
apertura acababa de tener lugar en el último día 
del mes de Enero. Este cuerpo, llamado según el 
sentimiento de aquellos días, " á desterrar con la 
" energía de sus resoluciones, hasta la esperanza de 
" los tiranos de triunfar sobre el país ", comenzó 



- 28 — 

con sus notables tareas bajo los auspicios de la vic- 
toria y en medio de una población llena de entusias- 
mo y de confianza en lo venidero. 

Hasta este momento la vida del general San Mar- 
tín se había confundido con la de la generalidad de 
los militares valientes. 

Pero desde la jornada de San Lorenzo comenzó á 
tomar lugar en el catálogo de los hombres, célebres 
del siglo, según la oportuna observación de un es- 
critor extranjero. (l) 

La suerte de las armas fué varia como de costum- 
bre para los ejércitos de la revolución. El desastre 
de Ayouma había puesto una parte de la opinión pú- 
blica en contra del virtuoso general Belgrano que 
mandaba en jefe el ejército del Perú Bajo el peso 
de dos derrotas y una seria enfermedad contraída 
por las fatigas de las campañas penosas, había soli- 
citado del gobierno su relevo, fundándose más en 
razones de conveniencia pública que en su situación 
personal. 

En consecuencia de este paso de Belgrano. el go- 
bierno le comunicó con fecha 18 de Enero de 1814. 
que había nombrado para subrogarle en el mando, 
al coronel de Granaderos á caballo, don José de 
San Martín. 

El 30 de aquel mismo mes, el nuevo general era 
dado á conocer como Jefe del Ejército y al co- 
municar al gobierno este acontecimiento se expreso 
en estos términos: " Me encargo de un ejército que 
" ha apurado sus sacrificios durante el espacio de 

(1) Robertson \V. — N. del A. 



29 

" cuatro años ; que ha perdido su fuerza física y 
" sólo conserva la moral ; de una masa disponible á 
" quien la memoria de sus desgracias irrita y elec- 
" triza y que debe moverse por los estímulos pode- 
" rosos del honor, del ejemplo, de la ambición, y del 

noble interés. Que la bondad de V. E. hacia este 
" ejército desgraciado se haga sentir para levantarlo 
" de su caída ". 

El tenor de estas palabras tanto cuadran en favor 
del ejército, como forman el mejor elogio del gene- 
ral que lo había creado. A pesar de la desmoraliza- 
ción á que le habían conducido sus repetidos desaires 
de fortuna, aun conservaba su valor moral y era ca- 
paz de acciones heroicas sin más estímulos que los 
del honor. Y este testimonio lo daba el mismo suce- 
sor de Belgrano, que tenía la nobleza de decir la ver- 
dad y que confiaba tanto en su mérito que no temía 
ser tildado de envidioso por la sombra del ilustre 
personaje en cuyo lugar se colocaba para obedecer al 
gobierno. 

" Es un espectáculo digno de la atención de la 
" posteridad, dice el historiador de la época de Beí- 
" grano, el momento en que dos hombres emi- 
" nentes se encuentran en la historia á la sombra de 
"una misma bandera; y si ambos llegan á com- 
" prenderse y estimarse, haciéndose superiores á la^ 
" innobles pasiones que les impide hacerse recíproca 
l justicia, entonces la escena es tan interesante como 
" moral. Tal sucedió con San Martín y Belgrano, los 
" dos hombres verdaderamente grandes de la revolu- 
" ción argentina y que merecen el título de fundado- 
" res de la independencia ". Un estudio reflexivo de 



- 30 - 

este encuentro de los dos famosos guerreros, des- 
miente la especie de que existiera entre ellos una 
rivalidad poco noble. Al contrario, apenas se recibió 
San Martín del mando del ejército, interpuso su va- 
limiento, á fin de que la comisión establecida en Bue- 
nos Aires para juzgar á Belgrano por sus contrastes 
de Vilcapugio y Ayouma, dejase á un lado la prose- 
cución del proceso para facilitar así la reorganización 
de las fuerzas desmoralizadas por la derrota. Insis- 
tiendo el gobierno, sin embargo, en llevar adelante 
la averiguación de las causas de los desastres men- 
cionados y habiéndose dispuesto que Belgrano pasase 
á la ciudad de Córdoba, después de entregar el man- 
do del regimiento N.° i, que hasta entonces conser- 
vaba, todavía encontró un amigo y un apoyo en San 
Martín, quien tuvo bastante entereza para negarse á 
cumplir las órdenes recibidas, apoyándose en las si- 
guientes consideraciones : " He creído de mi deber, 
" escribía San Martín al gobierno con fecha 13 de 
" Febrero, imponer á V. E. que de ninguna manera 
" es conveniente la separación del general Belgrano 
" de este ejército. En primer lugar, porque no en- 
" cuentro otro oficial de bastante suficiencia y ac- 
" ti vi dad que le subrogue en el mando de su regi- 
" miento, ni quien me ayude á desempeñar las di- 
" ferentes atenciones que me rodean con el orden 
" que deseo, é instruir á la oficialidad. . . Me hallo 
" en unos países cuyas gentes, costumbres y rela- 
" ciones me son absolutamente desconocidas y cuya 
" topografía ignoro ; y siendo estos conocimientos 
" de absoluta necesidad para hacer la guerra, sólo 
" el general Belgrano puede suplir esta falta, ins- 



- 31 — 

" truyéndome y dándome las noticias necesarias de 
"que carezco (como lo ha hecho hasta aquí)... 
" Su buena opinión entre los principales vecinos 
" emigrados del interior y habitantes del pueblo, es 
" grande: que á pesar de los contrastes sufridos por 
" nuestras armas á sus órdenes lo consideran como 
" útil y necesario en el ejército, porque saben su 
" contracción y empeño, y conocen su talento y su 
" conducta irreprensible . . . En obsequio de la sal- 
£: vación del Estado dígnese V. E. conservar en este 
" ejército al brigadier Belgrano ". 

Bien considerado este documento, se hallará que 
no sólo honra sobremanera á su autor por la gene- 
rosidad y sentimientos de justicia de que da muestra, 
sino porque encierra un sacrificio del amor propio, 
hecho en obsequio de la verdad y de los intereses de 
la patria. 

San Martín no vacila en presentarse despojado de 
un prestigio ante la opinión, que cualquiera otro 
menos honrado, puesto en su caso, habría fingido y 
exagerado, y declara que las simpatías de la gente 
importante del país no llegaban hasta él sino refle- 
jadas por la digna persona del héroe abatido á quien 
con tanta nobleza sostenía, aunque sin fruto. 

San Martín se entregó con empeño á la reorgani- 
zación de las fuerzas que quedaban exclusivamente 
á su mando, y dio al arma de caballería la forma y 
disciplina que con tan buen éxito estaban ya ensa- 
yados en los escuadrones de Granaderos á Caballo. 
Modificó la táctica sacándola de las viejas vías de la 
rutina, y levantó el espíritu marcial de los oficiales, 
dando á la delicadeza en la honra personal el estí- 



- 32 - 

mulo del desafío severamente prohibido hasta en- 
tonces por su antecesor. Para remontar el ejército 
pidió contingentes de reclutas á todas las provincias 
argentinas, especialmente á la de Santiago del Este- 
ro; tundo una Academia Militar, á la que asistía 
personalmente, para instrucción de los jefes y su- 
balternos; y ipor último logró reunir bajo la bandera 
de aquel ejército que encontró reducido á i 800 
hombres, el número de 3.000. 

Convencido de la necesidad de sostener la posición 
de Tucumán, dispuso la construcción de un campo 
atrincherado en sus inmediaciones, no sólo para apo- 
yo y punto de reuniones del ejército en caso de con- 
traste, sino para facilitar su pronta organización, 
dando ocupación á los reclutas, cortando los conatos 
de deserción y adiestrando á la oficialidad en las 
obras de defensa. 

Este campo se hizo célebre en los fastos de las 
hazañas argentinas, bajo el nombre de " Cindadela 
de Tucumán " ; visitando ese sitio un viajero argen- 
tino, sólo halló en él ruinas cubiertas por la maleza, 
soledad y silencio. 

Mientras San Martín moralizaba sus soldados no- 
veles, tomó algunas medidas que no constituían en 
realidad un plan completo de campaña. Era ne- 
cesario hacer frente al enemigo engreído por la 
fortuna de sus armas. Pero habría sido peligroso 
comprometerse contra él. en operaciones serias y 
decisivas. En esta situación contentóse San Martín 
con entregar la defensa de las fronteras de la revo- 
lución á algunos valientes comandantes de milicias, 
entre los cuales se distinguió don Martín Güemes, 



— 33 — 

caudillo de los paisanos de la provincia de Salta, 
para evitar la reunión de las fuerzas al mando de 
los principales jefes españoles. Sobrecogidos éstos 
por las consecuencias que podía tener un movimiento 
aislado en caso de tropezar con fuerzas superiores 
de los insurgentes, dejaron pasar la estación y el 
tiempo más adecuados para adelantar las posiciones 
que habían logrado ocupar. 

San Martín no estaba satisfecho con los elemen- 
tos militares que tenía á su disposición, ni ellos po- 
dían proporcionarle un resultado definitivo á que 
aspiraba. 

El quería dirigir un ejército en el cual reinase la 
unidad y la disciplina estricta á que se oponían en 
el territorio argentino tanto la naturaleza del te- 
rreno como las propensiones de sus moradores. Es- 
taba convencido, por otra parte, que el centro del 
poder español no debía ser atacado por el camino 
largo y peligroso que ofrecía el Alto Perú, sino por 
otro más corto y más inesperado para el enemigo, 
y que la guerra en esta parte de América no tendría 
término sino con la ocupación de Lima. Con su 
permanencia en el Norte, tocando de cerca la inefi- 
cacia de los esfuerzos pasados, y meditando como 
general en jefe el gran problema militar de la re- 
volución, llegó á concebir el plan que constituye su 
mayor gloria. Fué en la ciudad de Tucumán, donde 
tuvo la visión de lo que realizó más tarde. Los Andes 
y el Pacífico, que otro genio menos atrevido que el 
suyo hubieran considerado como barreras insupe- 
rables, fueron considerados por él como auxiliares 
de sus designios. 

t. i. 2 



— 34 — 

Colocado á. la falda de la cordillera, se dijo á 
sí mismo : Crearé un ejército pequeño, pero que se 
mueva como un solo hombre. Los esfuerzos del 
gobierno de Buenos Aires y el patriotismo chileno, 
engrosarán sus filas y le abastecerán de recursos, 
y el día menos pensado, cruzando los desfiladeros, 
caerá como un torrente sobre los enemigos que do- 
minan á Chile. Este país abundante en elementos de 
guerra marítima, por la extensión de sus costas, me 
dará una escuadra bien tripulada, y el virrey del 
Perú nos verá llegar á sus puertas, atacándole por 
tierra y por las aguas del Callao bajo las banderas 
combinadas de Buenos Aires y Chile. 

Este pensamiento que entonces no habría sido 
aceptado sino por muy pocos, quedó secreto en la 
cabeza de quien lo concibió. Pero, desde aquel mo- 
mento, se propuso San Martín realizarlo, empleando 
su paciencia y sagacidad características. Su primer 
paso debía ser su separación del mando del ejército. 
Para llegar á este fin, empezó á quejarse de una en- 
fermedad al pecho, se retiró á un lugar de campo 
y desde allí se trasladó á Córdoba, dejando el ejér- 
cito al cargo del general don Francisco Cruz. El 
director Posadas aceptó la renuncia que San Martín 
le dirigió desde aquella ciudad, y movido por las 
instancias de los amigos de éste en Buenos Aires, 
le nombró gobernador de la provincia de Cuyo, em- 
pleo poco solicitado por lo general, pero ambicionado 
disimuladamente por San Martín, como punto de 
partida para el desenvolvimiento de sus planes. El 
10 de Agosto de 1814 se le confirió á San Martín 
el cargo de gobernador intendente de la provincia 



- 35 - 

de Cuyo, que comprendía entonces los territorios 
de Mendoza, San Juan y San Luis. 

Es fácil comprender el placer con que el nuevo 
intendente de Cuyo se apresuró á establecerse en 
Mendoza, punto casi de tránsito indispensable entre 
la República Argentina y Chile y de donde podía 
informarse diariamente del estado de las cosas que 
tenían lugar del lado opuesto de la cordillera. 

La situación de la revolución de Chile no era en 
manera alguna lisonjera, se hallaba en la víspera de 
grandes desastres; la noticia del de Rancagua que 
entregaba aquel país al poder español, llegó á Men- 
doza el 9 de Octubre y poco después comenzaban 
á descender á la llanura cuyana los jefes derrota- 
dos, los soldados dispersos y las familias compro- 
metidas que buscaban seguridad. San Martín recibió 
á los restos del ejército de Chile y á sus jefes con 
las distinciones que se merecían, y apuró recursos 
para facilitar á las familias emigradas los auxilios 
que exigía su situación. Mil muías y abundantes 
víveres les salieron al encuentro en el descenso de 
las altas cumbres de las montañas. 

Entre los patriotas chilenos y á la cabeza de las 
dos parcialidades que se dividían, estaban dos hom- 
bres importantes y rivales: O'Higgins y Carrera. 
San Martín les conocía por sus antecedentes, pero 
era aquella la primera vez que los trataba. Carrera 
se presentó petulante y descomedido ante el gober- 
nador de Cuyo ; O'Higgins, al contrario, se mani- 
festó en aquella ocasión á propósito tpara mostrar 
el fondo del verdadero patriotismo disciplinado, ca- 
balleroso y desprendido. Carrera era el señor volun- 



— 36 - 

tarioso, formado en la escuela aristocrática de la co- 
lonia. O'Higgins, educado en Inglaterra, trabajado 
en la juventud por la desgracia, era el tipo de la pru- 
dencia y de las virtudes sociales que constituyen el 
verdadero valor del individuo destinado á mandar. 
La simpatía de San Martín no vaciló un momento; 
colocado entre el arrojado y valiente caudillo y el 
hombre de propósitos maduros, acordó desde luego 
su confianza y su amistad al último de los dos 
ilustres chilenos. 

La profunda desavenencia entre ambos jefes com- 
patriotas, el carácter inquieto de Carrera, dieron 
muchos cuidados á San Martín, poniéndole en el 
caso de desenvolver una gran energía y atención de 
espíritu para mantener el brillo de su autoridad y 
hacerse dueño de los elementos que la emigración 
chilena le proporcionaba para realizar su plan pre- 
dilecto. El día 30 de Octubre dio el último golpe 
para sofocar las tentativas anárquicas. Al frente de 
la caballería miliciana apoyada en dos piezas, se 
presentó delante del cuartel de los soldados de Ca- 
rrera, á quien intimó que desde aquel momento los 
emigrados de Chile quedaban bajo la protección 
del Superior Gobierno de las Provincias Unidas, y 
que en el término de diez minutos pusiese sus tropas 
á las órdenes del comandante general de armas, don 
Marcos Balcarce. Desde ese día cesó la turbación 
y alarma que las tropas chilenas habían introducido 
en Mendoza. San Martín remitió á Buenos Aires 
las gentes de Carrera; no queriendo, según sus pro- 
pias palabras, " emplear soldados que sirven mejor 
á su caudillo que á la patria ". 



— 37 - 

San Martín había convertido la antes silenciosa 
ciudad de Mendoza, en un foco de ruido y actividad 
militar. Un ejército improvisado estaba á la espera 
del momento preciso para comenzar la campaña; 
pero convencido su jefe de que ese momento no era 
aun llegado, comunicó al gobierno de Buenos Aires 
la necesidad de resguardar contra los realistas los 
desfiladeros de la cordillera y mantenerse á la de- 
fensiva. 

Consecuente con esta idea previsora, destinó al 
entonces teniente coronel Las Heras á que se estu- 
viese con la división de auxiliares cordobeses en 
Uspallata, dándole instrucciones para que procedie- 
se con acierto en cualquiera eventualidad. 

Asegurado así, contra las consecuencias de un ata- 
que imprevisto, se prqpuso ganar tiempo, distrayen- 
do mañosamente la atención de los principales jefes 
realistas Osorio y Pezuela. San Martín comprendió 
que era preciso desvanecer en el primero el temor 
de ser atacado, porque así se mantendría quieto; é 
inspirar al segundo confianza en los progresos de la 
reacción española en Chile. 

Realizó este pensamiento, presentándose al vence- 
dor de Rancagua con autorización suficiente para 
entrar en negociaciones con él, tendientes á evitar la 
efusión de sangre y restablecer las relaciones de 
comercio entre uno y otro lado de la cordillera, in- 
terrumpidas desde el desastre de los patriotas. Al 
mismo tiempo, para desorientar á Pezuela, hizo lle- 
gar al ejército del Perú por conductos dignos de 
crédito ipara los españoles, el rumor de que la pro- 
vincia de Cuyo, acababa de ser invadida y tomada 



- 38 — 

por las tropas victoriosas de Osorio. Estos ardides 
surtieron efecto : Osorio y el virrey de Lima per- 
manecieron inactivos, esperando de un momento á 
otro la noticia del descalabro de los insurgentes, tan 
maltratados ya por la suerte de las armas. 

Mientras tanto no cesaba San Martín en sus 
aprestos militares. Puso á contribución todos los 
recursos de la provincia de su mando, valiéndose 
de las sutilezas de su ingenio para despertar el pa- 
triotismo de los ciudadanos, quienes acudieron á 
las necesidades del ejército con su dinero, caballe- 
rías y demás productos de aquel territorio feraz y 
agricultor. En sus notas oficiales al gobierno de 
Buenos Aires tuvo buen cuidado de ponderar los 
peligros en que se encontraba, y lo hizo con tanta 
eficacia, que, á pesar de la apurada situación de 
aquel gobierno, consiguió que le remitiesen auxi- 
lios de artillería al mando de buenos oficiales, de 
armamentos y municiones y de soldados excelentes 
de todas armas. 

A pesar de la carga que imponía á la provincia de 
Mendoza la residencia en ella de un ejército nume- 
roso y necesitado, cada día crecía en ella la afección 
á su jefe. Un incidente vino á demostrar esta verdad. 
Para apremiar más al gobierno de Buenos Aires á 
fin de que le prestase mayor cooperación que hasta 
allí, ponderó tanto los peligros á que estaba expuesto 
el territorio de su mando, que llegó á pedir su relevo, 
pues sólo podía hacer frente á aquella situación un 
militar de salud más robusta que la suya. La nota 
llegó á Buenos Aires á la sazón en que el Directorio 
estaba desempeñado por un hombre que tenía celos 






— 39 — 

de los laureles de San Lorenzo, y dispuso que inme- 
diatamente pasase un coronel á Mendoza á tomar 
la dirección de la intendencia. (l) 

Así que se supo en Mendoza semejante nueva, 
se llenaron las calles de protestas escritas, convo- 
cando al pueblo á Cabildo abierto, en el cual se re- 
solvió mantener en su puesto al antiguo gobernador. 

Mientras tanto el recién nombrado por el Direc- 
torio se presentó en Mendoza el 21 de Febrero de 
1815. 

Inmediatamente después de su llegada ofició San 
Martín al Cabildo para que se reconociese á su 
sucesor : pero esta corporación lejos de cumplir con 
los deseos del jefe de sus simpatías, se negó á acep- 
tar al nuevo mandatario y dispuso que se sostu- 
viese á San Martín y se despachase un enviado á 
Buenos Aires para explicar al Directorio las razones 
en que se fundaba la conducta de la Municipalidad 
Mendocina. El gobernador desechado regresó in- 
mediatamente á la capital, sin que su nombramiento 
hubiese servido más que para hacerle blanco de un 
terrible desaire que de lleno iba á herir el amor pro- 
pio del Director. San Martín quedó vengado. 

Este fué uno de los sucesos precursores de la re- 
volución de Abril que obligó al Director Alvear á 
buscar un asilo en la capital del Imperio vecino. 

Este cambio en el personal del gobierno general 
levantó el poder á los amigos del Gobernador de 
Cuyo, cuyos planes favorecieron agitando el envío 
de fuerzas y pertrechos para el ejército que se for- 

(1) Teniente coronel don Gregorio Perdriel. — N. del A. 



— 40 - 

maba al pie de la Cordillera. Un cuerpo de Granade • 
ros á Caballo al mando del teniente coronel Zapiola, 
armamentos y vestuarios, oficiales de artillería al 
frente de varios cañones y obuses con las dotaciones 
correspondientes de soldados y pertrechos, tales fue- 
ron los auxilios importantes con que concurrió Bue- 
nos Aires después de la desaparición de Alvear. 

Mientras los elementos materiales se acumulaban 
y se le daban distribución, San Martín estudiaba 
su próxima campaña, examinando el terreno y tra- 
tando de penetrar en los secretos todos de la si- 
tuación del país en que se proponía operar. En lo 
más riguroso de la estación fría de aquel clima, 
inspeccionó personalmente los desfiladeros de los 
Andes, especie de colosales hendiduras que prestan 
paso á través de las moles. Pero ésta no era la más 
difícil de las indagaciones. La verdadera dificultad 
consistía en la adquisición de noticias sobre la si- 
tuación de Chile, las disposiciones de sus manda- 
tarios y el estado de la opinión. Para salvarla dis- 
currió San Martín un arbitrio ingenioso que no nos 
es dado referir aquí con los pormenores que le dan 
un interés original. Comenzó por hacer circular la 
especie de que los emigrados chilenos eran maltra- 
tados por el gobierno de Mendoza, á punto de que 
les era preferible regresar á su país, y someterse á 
sus dominadores. Las Gacetas realistas de Santiago 
fueron el eco de estas voces : y así que tomó la 
ficción de colores de verdad para las autoridades es- 
pañolas, despachó á algunos oficiales chilenos deci- 
didos por la causa de la independencia, con encargo 
de comunicarle desde su país, las noticias que le eran 



— 41 - 

absolutamente necesarias acerca de lo que allí se 
pensaba respecto á sus operaciones militares. 

Estos falsos arrepentidos prestaron á más el ser- 
vicio no menos importante de avivar las esperanzas 
en la revolución y de confortar los ánimos de los 
patriotas chilenos, abatidos por el yugo de la re- 
conquista. 

San Martín quería guardar con cien llaves el se- 
creto de sus designios; no confiando sólo en su re- 
serva, se propuso extraviar al enemigo en sus juicios. 
Para conseguir su objeto se valió de algunos espa- 
ñoles, acérrimos partidarios de la causa realista, que 
estaban desde el tiempo de Carrera desterrados en 
Cuyo, especialmente de un tal Albo, de quien sacó 
un partido digno de referirse. 

Albo era hombre firme, sin disimulo, conocido por 
su decisión á la causa de su gobierno : por consi- 
guiente, era tenido por los dominadores de Chile 
por el leal de los leales. Una persona de la confianza 
de San Martín estaba encargada de mantener una 
activa correspondencia sobre asuntos insignificantes 
con el porfiado peninsular, obteniendo así una serie 
de papeles á cuyo pie se leía el nombre del respetable 
Albo, con su garabato correspondiente. 

Mientras corría este inocente comercio epistolar, 
San Martín había emprendido otro de diferente na- 
turaleza. 

El corresponsal que el futuro vencedor de Cha- 
cabuco y Maipú había escogido, era nada menos que 
el Presidente Marcó, quien recibía las misivas de 
Mendoza en la creencia de que iban á manos de Albo, 
pues siempre las acompañaba una firma de puño y 



— 42 — 

letra de éste. La supuesta correspondencia que pro- 
porcionaba frecuentes ratos de alegría al Presidente, 
y á sus favoritos inmediatos, contenía un tejido de 
invenciones acerca de lo que se hacía y pensaba en 
Mendoza, que como puede presumirse era todo á la 
inversa de la realidad. Este ardid puso una venda 
sobre los ojos de Marcó, detrás de la cual no podía 
sino ver lo que se le antojaba al intendente de Men- 
doza. 

Así preparaba y maduraba éste sus planes : mien- 
tras allanaba los obstáculos que podemos llamar mo- 
rales, iban creciendo los elementos de fuerza, que 
por entonces se acrecentaron con 600 plazas del 
Regimiento de Negros, al mando del valiente co- 
ronel don Pedro Conde, enviado desde Buenos Aires. 

La derrota de Sipesipe, que llenó de consternación 
á los independientes, fué motivo para que San Mar- 
tin, que no desalentaba con los contrastes, diese 
nuevo impulso á los trabajos. 

Los primeros días del año 181 6, le encontraron 
completamente decidido á emprender su expedición 
á Chile. Trasladando su habitación al campamento 
mismo para dirigir personalmente los ejercicios mi- 
litares y trabajo de los talleres, les infundió mayor 
actividad que la que habían tenido hasta entonces. 
Haciendo de su rancho centro de todas las ope- 
raciones de ensayo, presidía el ejercicio de los in- 
fantes, las evoluciones de la gente de á caballo y 
hasta la construcción de las cartucheras, del cal- 
zado y de los uniformes para la tropa. A fines de 
Febrero, creyó San Martín que ya era conveniente 
comunicar su pensamiento al gobierno de las Pro- 



— 43 — 

vincias Unidas. Con este objeto y con el de solicitar 
mayores recursos, despachó á Buenos Aires un en- 
viado especial, que desempeñó con acierto la co- 
misión que se le había confiado. 

El gobierno general á pesar de hallarse rodeado 
de dificultades, escuchó 1>enévolamente al represen- 
tante del gobernador de Cuyo, y le acordó una 
fuerte suma de dinero para equipo de la expedición 
proyectada. 

Balcarce, que gobernó interinamente el Estado 
poco después, remitió también á Mendoza, con el 
mismo objeto, armamentos, municiones, artillería 
de campaña y muchos otros artículos de guerra. 

San Martín supo entenderse siempre con los hom- 
bres de mérito. El congreso instalado en Tucumán 
el 24 de Marzo de 1816, había nombrado al general 
Pueyrredón. que era uno de sus miembros, Director 
Supremo del Estado. 

Al dirigirse á la capital á tomar su puesto al 
frente de los negocios públicos, debía pasar por Cór- 
doba y allí fué á encontrarle San Martín para incli- 
narle á favor de su gran pensamiento. La entrevista 
entré estos dos personajes, sobre la cual se han pro- 
palado rumores absurdos, fué digna y cordial, y 
tuvo por resultado un perfecto acuerdo de miras. 
Desde el día 15 de Julio en que se verificó la entre- 
vista, San Martín pudo contar con la cooperación 
del nuevo Director, como lo demostraron después 
los hechos. 

Por ejemplo : El gobierno de Buenos Aires, con- 
tribuyó mensualmente con veinte mil pesos fuertes 
para el mantenimiento y equipo del ejército que se 



- 44 - 

creaba en Mendoza, cantidad muy considerable para 
aquel tiempo en que las rentas eran escasas y el 
país se hallaba empobrecido por las guerras. Más 
tarde confirió á San Martín las facultades de Capitán 
General de Provincia con tratamiento de excelen- 
tísimo. 

De regreso á Mendoza, el gobernador de Cuyo 
redobló su actividad y aceleró sus aprestos, comen- 
zando por engrosar las filas de sus soldados con 
los esclavos del vasto distrito de su mando, que 
fueron por su influjo declarados libres. 

Pronto puso al ejército en estado de comenzar 
una campaña que ya no podía envolverse en el mis- 
terio. En la necesidad de preparar el campo para 
las operaciones bien meditadas de antemano, fomen- 
tó sublevaciones patrióticas al otro lado de la cordi- 
llera, que distrajesen la atención de las autoridades 
españolas, al mismo tiempo que por medio de parla- 
mentos con los indios del Sur de Chile persuadió á 
las mismas autoridades á que en caso de invadir to- 
maría una ruta que estaba muy lejos de su verdadera 
intención. 

El campamento de Mendoza tomó la actividad 
que debía tomar en realidad muy pronto al frente 
del enemigo. Desde la primera luz ya estaba San 
Martín en él; un tiro de cañón anunciaba la forma- 
ción de todos los cuerpos, y las maniobras militares 
duraban todo el día prolongándose á veces á la cla- 
ridad de la luna. 

Pero el ejército no podía aventurarse en los des- 
filaderos, sin un reconocimiento formal practicado 
de antemano. San Martín, que ayudado del espíritu 



— 45 — 

de la revolución había sabido convertir en director 
de sus parques á un fraile franciscano (l) , halló un 
hábil ingeniero de campaña entre los jóvenes capi- 
tanes de su artillería. 

Alvarez Condarco fué encargado del reconoci- 
miento facultativo del camino de las cordilleras dis- 
frazado con el carácter de parlamentario portador 
de una nota al presidente de Chile, contraída á noti- 
ciarle la declaración de la independencia argentina 
proclamada por el Congreso de Tucumán. 

Puede calcularse la impresión que causaría en 
Marcó esta embajada, verdadero desafío á su poder 
puesto en ridículo, mucho más cuando forzosamente 
tenía que disimular su enojo, por temor de empeo- 
rar la suerte de sus compatriotas prisioneros en el 
territorio de Cuyo. 

Mientras se practicaba por aquel medio ingenioso 
el reconocimiento del tránsito, dividió San Martín 
el ejército en tres cuerpos principales, de los cuales 
se reservó el mando de la reserva, confiando al ma- 
yor general don Miguel Estanislao Soler la van- 
guardia y el centro al general O'Higgins; Zapiola, 
Cramer, Las Heras, Al varado, Plaza, etc., eran los 
principales entre los valientes jefes que lo acompa- 
ñaban. La infantería montaba al número de tres 
mil hombres, la caballería regular á 600 granade- 
ros, la artillería, compuesta de diez cañones de á 
seis, la servían trescientos hombres. Mil doscientos 
milicianos montados y algunos hombres destinados 
á conducir víveres, forrajes y á despejar el camino. 

(1) Fray Luis Beltrán. — N. del A. 



— 46 — 

aumentaban el número de estas fuerzas hasta com- 
poner un ejército de cinco mil y tantos soldados de 
las tres armas. Los Andes argentinos se levantaban 
delante de esta expedición que llevaba la libertad á 
la falda que mira al Océano Pacífico. Cumbres más 
elevadas que el Chimborazo, nieves perpetuas que 
se mantienen á la altura de cuatro mil metros, mon- 
tañas de granito que se suceden unas ó otras des- 
nudas de vegetación, constituyen la naturaleza de 
esa cordillera en cuyos valles angostos en que ser- 
pentean los torrentes, no encuentra el viajero más 
que peligros. Esos valles, algunos de los cuales se 
prolongan con el nombre de quebradas de un lado 
al otro, facilitaban la comunicación entre nuestra Re- 
pública y la de Chile. El ejército se internó por dos 
de estas quebradas, la de los Patos y la de Uspa- 
Uata, que corren próximamente paralelas entre sí. 
En el término de diez y ocho días y después de ca- 
minar al borde de los abismos más de ochenta le- 
guas, comenzaron aquellos bravos á descender las 
primeras pendientes occidentales, y el 4 de Febrero 
de 1 81 7, reunidas las vanguardias de las dos divi- 
siones invasoras, comenzaron á guerrillear al ene- 
migo. Dos brillantes jóvenes de Buenos Aires, céle- 
bres más tarde en la gran guerra de la independen- 
cia, Necochea y Lavalle, tuvieron la principal parte 
en estos primeros encuentros. Los españoles después 
de varios movimientos en direcciones que demostra- 
ban la sorpresa y el terror que les infundía el denue- 
do de los independientes, concentraron sus fuerzas 
al mando del general Maroto al pie de la " Cuesta 
de Chacabuco " ; allí les fué á buscar San Martín 
el día 12 de Febrero. 



- 47 - 

El ejército se previno desde la noche anterior, 
arrojando sus equipajes y municionándose cada sol- 
dado con setenta cartuchos. A las 2 de la madrugada 
del 12 comenzaron á moverse los patriotas divididos 
en dos cuerpos : el uno á las órdenes de Soler y el 
otro á las de O'Higgins. San Martín los seguía 
de cerca rodeado de su estado mayor, A media legua 
de la cuesta donde se hallaba el enemigo, las divisio- 
nes comenzaron á operar la una á la derecha y la 
otra á la izquierda. 

La acción se trabó poco después, y las cargas á la 
bayoneta dirigidas por el general O'Higgins, el 
empuje de los granaderos mandados por Zapiola 
y el concurso oportuno de Necochea, pusieron en 
completo desorden al enemigo y le obligaron á huir, 
dejando dueño del campo al general San Martín. La 
pérdida del enemigo se computó en 500 hombres 
muertos y 600 prisioneros; poco después de medio- 
día estaban en poder de los vencedores todo el par- 
que de los realistas, sus cañones, el armamento y el 
estandarte del batallón de Chiloé. 

Más tarde, y á consecuencia de esta victoria se 
tomaron seis banderas más, tres de las cuales se 
conservan en la catedral de Buenos Aires. 

El vencedor de Chacabuco quedó inscripto desde 
el memorable 12 de Febrero, en el número de los 
grandes capitanes del mundo. Su paciente habilidad, 
su arrojo calculado con madurez, su admirable tra- 
vesía de las más ásperas y elevadas montañas de la 
tierra, le colocaron naturalmente al lado de Aníbal y 
Bonaparte. 

El pueblo de Buenos Aires recibió la plausible 



- 48 - 

noticia 14 días después. A las tres de la tarde del 
26 de Febrero, el Director, rodeado de un lucido 
cortejo de empleados civiles y militares, tomaba en 
sus manos la bandera rendida en Chacabuco que 
colocada en lo alto de las casas consistoriales, sir- 
vió de trofeo á las banderas nacionales del bata- 
llón de Patricios. 

El pueblo se agolpó á presenciar aquel espec- 
táculo, y sus alegres aclamaciones se mezclaron á 
las salvas de artillería y los repiques de las campanas 
de los templos. Al describir el júbilo que embargaba 
á nuestra población, la prensa de aquellos días ex- 
clamaba con entusiasmo : " Gloria inmortal á cuan- 
" tos han tenido la dicha de merecer el elogio su- 
" blime del regocijo público de sus compatriotas ". 

El gobierno del Directorio manifestó su agrade- 
cimiento al vencedor con varias mercedes, entre las 
cuales son de mencionarse una pensión vitalicia de 
600 pesos, á favor de su hija doña María Mercedes 
Tomasa de San Martín, y el uso, para el general, de 
un escudo con las siguientes inscripciones : La patria 
en Chacabuco al vencedor de los Andes y libertador 
de Chile. 

Las fuerzas derrotadas en Chacabuco no eran las 
únicas de que podía disponer el Presidente de Chile 
para oponer á los vencedores. Habían quedado en 
Santiago diez y seis piezas de artillería de campaña, 
servidas por más de doscientos hombres, y acababan 
de llegar á aquella ciudad los batallones de Chiloé y 
Chillan. Estas fuerzas, unidas á un escuadrón de 
húsares y una fuerte partida de dragones, estaban 
destinadas para concurrir bajo el mando del coronel 



— 49 - 

Barañao, á reforzar el ejército ele Maroto. Marcha- 
ron en efecto, pero tropezaron en el camino con los 
compañeros dispersos que huían de los sables de los 
húsares de Chacabuco. El desaliento comienza á 
cundir; el Presidente indeciso pierde el tiempo en 
discutir con sus jefes medidas militares que que- 
daban en proyecto : la verdad de la situación pe- 
netraba en la capital, á pesar de las ingeniosas me- 
didas tomadas para que la población no se aperci- 
biese del estado en que se encontraban sus opresores. 

Estos, desmoralizados totalmente, tomaron en 
desorden el camino de Valparaíso, dejando á los 
patriotas de Santiago entregados al regocijo y á la 
tarea de organizar un gobierno provisorio y en res- 
tablecer el orden, mientras las fuerzas libertadoras 
se aproximaban. 

El 13, poco después de mediodía, entraron en San- 
tiago algunos cuerpos pertenecientes á la división 
Soler, siendo de los primeros un escuadrón de Gra- 
naderos, á cuyo frente iba el comandante Necochea. 
El entusiasmo del pueblo á la presencia de aquellos 
valientes no puede ponderarse bastante. 

Mientras tanto, el general San Martín quiso evi- 
tar á todo trance las ovaciones de triunfo. Dos horas 
antes de su entrada á la capital, era allí ignorado de 
todos. Muy preocupado todavía con la idea de rea- 
lizar sus vastos planes, miraba en menos esas fú- 
tiles manifestaciones que á nada conducían. En esos 
momentos sólo pensaba en los recursos que debía 
proporcionarle la victoria para llevar adelante la 
grande obra con que estaba empeñado. 

La noticia de estos acontecimientos, corrió, con 

t. 1 i 



-- 50 — 

la rapidez del rayo, por todos los ángulos de Chile,, 
y los pueblos comenzaron á deponer las autoridades 
que emanaban del Presidente en huida. Por la parte 
Sur, Talca y sus inmediaciones caían en poder del 
jefe patriota Freiré, que habiendo salido de Mendo- 
za veinte y tantos dias antes que el ejército expe- 
dicionario, llegaba á aquellos destinos por los te- 
rritorios montuosos de Colchagua, en donde engro- 
saba sus fuerzas con los guerrilleros insurgentes, 
que voluntariamente le salían al encuentro. El co- 
mandante Cabot, que á riñes de Diciembre había 
salido de San Juan y cortado la cordillera por el 
camino de los Patos, ayudaba al restablecimiento de 
las autoridades en la provincia de Coquinbo, y ocu- 
paba la importante ciudad de La Serena, después de 
haber dispersado en un encuentro feliz las fuerzas 
realistas que aun permanecían en el Norte. 

La influencia militar de la España, declinaba como 
por encanto á consecuencia del paso del ejército 
libertador, de las medidas hábilmente tomadas por 
su jefe antes de entrar en campaña y por el mágico 
efecto de la noticia de Chacabuco. 

Para no malograr estas ventajas y llevar adelante 
la misión libertadora asumida por el general vence- 
dor, era de toda necesidad el establecimiento de un 
gobierno que emanara de la voluntad general. Con 
este objeto publicó un bando el general San Martín, 
convocando al vecindario para que eligiese un jefe 
supremo. El voto de la junta fué unánime á favor 
del héroe de Chacabuco, confiándole el gobierno 
del país sin restricción alguna. Pero el general 
San Martín era demasiado patriota y discreto, para 



- 51 — 

aceptar semejante posición en un país que no era 
el de su nacimiento y á los pocos días de una victoria 
con la cual había avasallado las voluntades y el agra- 
decimiento de todos los patriotas chilenos. Dando 
por sin efecto la reunión popular del 15, provocó otra, 
que se compuso de más de doscientos ciudadanos, 
en la cual fué proclamado Director Supremo del 
Estado el brigadier don Bernardo O'Higgins. Este 
nombramiento que no era más que la ratificación 
de un decreto del gobierno argentino expedido antes 
de la jornada de Chacabuco, fué aplaudido por el 
general San Martín, como se hizo saber inmediata- 
mente por medio del santafecino doctor Vera (l) pa- 
triota avecindado en Santiago desde muchos años 
atrás. 

Las primeras medidas del nuevo gobierno tuvie- 
ron por objeto el rescate de los patriotas que ge- 
mían deportados en la isla desierta de Juan Fernán- 
dez, y proveer á la seguridad de los numerosos pri- 
sioneros españoles. El mariscal de campo don Fran- 
cisco Marcó del Pont, era de este número. No ha- 
biendo podido llegar para salvarse á uno de los puer- 
tos de la costa, tuvo la mortificación de presentarse 
ante su vencedor, á quien entregó de una manera 
ridicula su espadín de parada. El general San Mar- 
tín, sin ocultar el desprecio que le inspiraba aquel 
aborrecido mandatario y sin aceptar una manifes- 
tación, que tanto se estima cuando procede de un 
valiente, le dijo con laconismo irónico : " Si he de 

(1) Doctor Bernardo de Vera y Pintado, futuro autor de 
la primera canción nacional de Chile. — N. del A. 



— ó2 — 

poner ese florete donde no pueda ofenderme, en nin- 
guna parte está mejor que en el cinturón de usted." 

La parte de trabajo y de responsabilidad que cupo 
al general San Martín en el nuevo gobierno que aca- 
baba de instalarse, puede medirse por el estado en 
que los españoles habían dejado el país sobre el cual 
pesaban todavía con el influjo y la fuerza. Las arcas 
estaban vacías, los archivos sin documentos ; el orden 
público sin base, y sin ningún género de dirección el 
espíritu revolucionario que se manifestaba por he- 
chos de armas y políticos, independientes de la vo- 
luntad gubernativa. San Martín asumió, por decirlo 
así, la dirección militar de la nueva administración, 
obteniendo en pocos días resultados satisfactorios. 

Mientras el comandante Freiré se oponía á lo 
largo del monte á la reunión de los dispersos que se 
dirigían al Sur y apresaba algunos tejos de oro que 
prestaron oportuno recurso al erario de la patria, 
reuníanse en Santiago los oficiales prisioneros de 
Chacabuco, para ser trasladados desde allí á la pro- 
vincia de Cuyo que estaba bajo el mando del coro- 
nel Toribio Luzuriaga. 

Entre quinientos prisioneros que atravesaron los 
Andes, iba el obispo de Santiago, que se había seña- 
lado por su adhesión al gobierno colonial y por su 
empeño en desacreditar las ideas de libertad é inde- 
pendencia. 

Este acto de energía por parte del Director, estaba 
en perfecto acuerdo con las ideas de San Martín, á 
juzgar por su modo de proceder en el Perú en cir- 
cunstancias idénticas. Allí, viendo que el arzobispo 
de Lima pretendía disfrutar de los respetos debidos 



— 53 - 

á su carácter y de una entera libertad de pensamien- 
to y acción para combatir las miras del gobierno in- 
dependiente, " le levantó en peso para Europa, se- 
" gún sus textuales palabras, para que fuese á echar 
| la bendición á los peninsulares, ipuesto que quería 
" ser pastor de una iglesia americana, sin querer re- 
" conocer la independencia ". 

La empresa de libertar á Chile y al Perú estaba 
en su principio, y era indispensable prepararse para 
realizarla en la vasta escala que había sido concebida 
desde antes del paso de los Andes. San Martín v 
O'Higgins contaban con la decisión de los pueblos 
ansiosos de gobernarse por sí mismos ; pero más con- 
fianza depositaban en la disciplina y en la instruc- 
ción de sus soldados para llegar á aquel grandioso 
resultado. 

Crearon una Academia militar bajo un buen plan 
de estudios y abrieron las puertas de ella á la ju- 
ventud de Chile y de la ¡provincia de Cuyo, que qui- 
siese dedicarse á la carrera de las armas. A la nece- 
sidad de reforzar el ejército vencedor de Chacabuco, 
se unía otra consideración. Compuesto éste en su ma- 
yor parte de jefes argentinos, y debiendo empren- 
derse nuevas campañas en territorio chileno, bajo 
la dirección de las autoridades del país, aconsejaba 
la política y el buen deseo de armonizar los elemen- 
tos que iban á decidir la suerte de una gran porción 
de la América, (pie una nueva organización de aquel 
ejército permitiese la entrada en él á los militares 
que se habían distinguido en la lucha de la indepen- 
dencia chilena. 

La base de lo que llamó San Martín el ejército 



- 54 - 

de Chile, se formó de un batallón de infantería or- 
ganizado en Aconcagua, de un cuerpo de artillería 
formado por el coronel don Joaquín Prieto, una 
compañía de jinetes para el servicio de la capital y 
un regimiento de cazadores á caballo bajo una 
forma de organización parecida á la cVi los famo- 
sos granaderos. Al mismo tiempo el ejército de 
los Andes abría sus filas á los soldados chilenos de- 
cididos por la causa de su país, y el gobierno coro- 
naba estos primeros esfuerzos dando á conocer como 
general en jefe del ejército chileno al coronel mayor 
don José de San Martín. 

Todo esto fué obra de pocos días. 

La situación de las cosas así combinadas había 
traído de nuevo y con mayor viveza que nunca, á la 
cabeza del activo general, el proyecto de la invasión 
del Perú por las aguas del Pacífico, y quiso perso- 
nalmente ponerse de acuerdo con el gobierno argen- 
tino, representado entonces por el general Pueyrre- 
dón, acerca de los auxilios que este podía prestar á 
la expedición, y sobre los medios más eficaces para 
realizar este pensamiento. La intervención del Direc- 
tor era tanto más indispensable, cuanto que la mayor 
parte de las armas que debían abrir esa campaña 
eran argentinas, y grande la influencia que ejercía 
en la política de la revolución el pueblo que tan glo- 
riosamente la había iniciado en Mayo de 1810. Ei 
general San Martín hizo sus adioses al ejército con 
estías palabras : " Vuestro bien y el de la patria, me 
" obligan á separarme de vosotros por muy pocos 
" días ". El 12 de Marzo llegó á la cuesta de Cha- 
cabuco. Esta fecha es señalada con uno de los actos 



- 55 - 

de desprendimiento propios de aquel noble carácter 
argentino. 

El Cabildo de Santiago había puesto á su dispo- 
sición diez mil pesos en onzas de oro, para los gastos 
del viaje, acompañando este obsequio con palabras 
sentidas y sinceras. El general no quiso contestarlas 
sino desde el camino y en el punto indicado, reser- 
vándose hacerlo detenidamente en Mendoza. Apenas 
llegado á esta ciudad cumplió con este deber, y ne- 
gándose á aceptar la dádiva, suplicó al gobierno que 
aplicase la cantidad que tan generosamente se le 
destinaba á la formación de una biblioteca pública 
en Santiago, fundándose en que : " la ilustración y 
" fomento de las letras es la llave maestra que abre 
" las puertas de la abundancia y hace felices á los 
" pueblos ". 

" Yo deseo, añadía, que todos se ilustren en los sa- 
" grados derechos que forman la esencia de los hom- 
"bres libres". 

La antigua residencia del general San Martín, la 
heroica ciudad de Mendoza, á cuyo Cabildo no 
había olvidado en medio de las emociones y fatigas 
de la victoria, dándole parte de ellas con estas pa- 
labras : " Glóriese al admirable Cayo de ser conse- 
" guido el objeto de sus sacrificios ", quiso excederse 
en manifestaciones de entusiasmo así que supo que 
se aproximaba á ella su ilustre huésped, el creador 
del ejército de los Andes. 

Las banderas de los alegres colores patrios fla- 
meaban sobre las habitaciones y coros numerosos de 
niños de ambos sexos regaban las calles con las fra- 
gantes flores de los jardines de aquel país, amigo 



— 56 — 

del cultivo de la tierra. Su residencia en Mendoza 
fué de horas. Su pensamiento estaba fijo en la ca- 
pital de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 
Sin embargo, en ese corto espacio de tiempo tuvo 
ocasión de dar una nueva prueba de su modestia. A 
17 de Marzo estaba datada una comunicación suya 
al director devolviendo á éste, con palabras dignas y 
agradecidas, el despacho de Brigadier de los ejércitos 
de la patria á que se le hacía acreedor por la gloriosa 
restauración de Chile. Este despacho se le devolvió 
á su vez con expresiones que debieron halagar al 
discreto personaje á quien se dirigían. 

El 18 de Abril regresaba el general San Martín 
para Chile, á cuya capital llegaba el día 1 1 de Mayo. 

El corto tiempo que permaneció como de incógnito 
en Buenos Aires le fué bastante para desempeñar 
los arduos objetos de su misión. ¿Cuáles fueron 
ésos? 

La vulgaridad y la malevolencia glosó de diver- 
sas maneras este vuelo del águila que en silencio 
atravesaba la cordillera y las llanuras, dando la es- 
palda al teatro de sus recientes triunfos. 

Pero el tiempo ha desvanecido las sombras para 
dar paso á la luz y los historiadores imparciales se 
han encargado de revelarnos lo que pasó entre el 
vencedor de Chacabuco y el gobierno residente en 
Buenos Aires. 

En los pocos días que residió en esta capital, dice 
uno de ellos, tuvo varias entrevistas con el general 
Pueyrredón, allanó las dificultades que se presenta- 
ban sobre varios puntos del servicio público y arre- 
gló lo necesario para que uno de sus ayudantes, el 



— 57 - 

capitán de ingenieros don José Antonio Alvarez 
Condarco, se embarcara para Inglaterra con el en- 
cargo de comprar buques y contratar oficiales de 
marina por cuenta del gobierno de Chile. San Mar- 
tín hizo todavía más que esto. En virtud de los am- 
plios poderes que le había conferido el gobierno de 
Chile, confió á don Manuel Hermenegildo de Agui- 
rre, el 17 de Abril, el encargo de pasar á los Estados 
Unidos para una comisión semejante á la de Alva- 
rez. Debía hacer construir dos fragatas de guerra 
de 34 cañones, tripuladas con oficiales y marineros 
hasta llegar á Chile, y además otros dos buques de 
18 y 24 cañones. Para esto se le entregó 200.000 
pesos ipor cuenta del gobierno de Chile y el director 
Pueyrredón le dio letras por 500.000 á cuenta del 
tesoro argentino. 

Estas estipulaciones tuvieron lugar en medio del 
más discreto sigilo, como lo requería su naturaleza 
y el carácter reservado del negociador. En Buenos 
Aires nadie las traslujo y ni siquiera rastro de ellas 
quedó en los archivos de los poderes públicos. La 
prensa, sujeta entonces por su calidad oficial á la 
dirección gubernativa, no hizo mención de lo que 
pasó durante la permanencia de San Martín en la 
capital de las Provincias Unidas del Río de la Plata 

Este misterio, á que fué prudente recurrir para 
asegurar mejor los resultados y desorientar á los 
enemigos, todavía poderosos en estas regiones, dio 
margen para que los mal prevenidos contra San 
Martín, y especialmente los parciales de la familia 
Carrera, esparcieran rumores ofensivos á la probi- 
dad y al desinterés del infatigable patriota que na- 



- 58 — 

da ahorraba para llegar al noble objeto á que había 
consagrado su existencia. Pero el general San Mar- 
tín tenía una singular manera de castigar la vulga- 
ridad de sus enemigos : se complacía en verles des- 
cender al fango de las sospechas viles, aunque él 
mismo fuese el blanco de las sospechas momentáneas 
y de los pensamientos bajos. 

Cuéntase que mientras residía en Mendoza dio 
orden á uno de sus empleados receptores de rentas, 
que trajese al fin de la semana cuanta onza de oro 
sellado se hubiese colectado en su oficina. 

El mandato del gobernador se cumplía semanal- 
mente al pie de la letra, no sin escándalo y murmu- 
raciones en voz baja por parte del empleado y sus 
dependientes ; una onza sobre otra de las acumula- 
das llegaron á formar un montón considerable que 
ya no le fué dado ocultar á San Martín; entonces 
llamó al recaudador, le preguntó secamente, si en 
cumplimiento de su deber tenía constancia escrita 
del oro amonedado entregado hasta aquel momento. 
A la contestación afirmativa del buen empleado, alzó 
un ¡paño que cubría las monedas apiladas sobre una 
mesa, y le dijo : " Examine usted y vea si están 
exactas nuestras cuentas ". Lo estaban en realidad: 
ni una moneda había de menos allí, comparada su 
cifra con el total que resultaba de los libros del 
empleado. 

Aquel dinero se aplicó pública é inmediatamente 
á objetos de urgente necesidad que no podían ad- 
quirirse sino al contado. 

Los murmuradores quedaron corridos ante aque- 
lla demostración que encerraba tantas lecciones. 



- 59 - 

La casualidad ofreció á San Martín la ocasión de 
intentar la remoción de un obstáculo más en Buenos 
Aires, que se oponía á las altas miras que le pre- 
ocupaban. 

Los Carrera estaban allí presos por disposición 
del gobierno. Habían llegado á las aguas del Plata 
con elementos navales y un considerable número de 
jefes reclutados en los Estados Unidos, para expe- 
dicionar sobre el Pacífico. La presencia de los Carre- 
ra en las costas de aquel mar en momentos en que la 
fuerza de los acontecimientos y el patriotismo y la 
bravura de O'Higgins y San Martín daba á éstos 
la legítima dirección de la guerra de la independen- 
cia en el territorio chileno, la habría sin duda com- 
prometido, y hubiera sido más probable que las des- 
avenencias civiles, incendiando el país, le imposibi- 
litasen para contraerse exclusivamente para perse- 
guir al enemigo extranjero. El ejército aliado no 
habría podido coronarse con los laureles de Maipú 
y Lima. 

El día 15 de Abril visitó San Martín á don José 
Miguel Carrera, con el objeto de excitar su patrio- 
tismo, disuadirlo sobre sus intenciones de regreso 
á la patria en aquellos momentos, y de proponerle 
una honrosa misión á los Estados Unidos, como 
representante de los gobiernos aliados de Chile y 
Buenos Aires. La entrevista tomó poco á poco, como 
es fácil comprenderlo, un tono vivo, á pesar de los 
esfuerzos de San Martín para mantenerla dentro de 
los términos urbanos y benévolos. Carrera no podía 
comprender cómo era que se confiaba en el buen 
éxito de la independencia sin la cooperación de su 



- 60 - 

persona y el prestigio de su familia, y se avanzó 
á decir que, el empeño en apartarlo de su país, pro- 
venía del temor que le tenían los vencedores de Cha- 
cabuco. " No crea usted, general Carrera, exclamó 
" entonces el argentino, que nosotros temamos á 
" nadie ; por mi parte yo no tengo inconveniente 
" ninguno en que usted y sus hermanos regresen á 
" Chile, porque O'Higgins y yo estamos dispuestos 
" á hacer ahorcar en el término de media hora, á 
" todo aquel que trate de hacer oposición al gobierno 
" y lo ejecutaremos con prontitud y energía, porque 
" no tenemos que consultar la voluntad de nadie." 
A pesar de la viveza de estas expresiones, volvió á 
suplicar á Carrera meditase sobre las proposicio- 
nes con que había comenzado su visita, y se separó 
de él colmándole de demostraciones de aprecio y 
amistad. 

No obstante los felices acontecimientos militares, 
que como consecuencia de la victoria del 12 de Fe- 
brero hemos mencionado poco antes, la presencia 
de un jefe español de conocimiento y arrojo al Sur 
de Chile, hacía necesario nuevos esfuerzos por par- 
te de los soldados patriotas. Don José Ordóñez, in- 
tendente de Concepción, había logrado reunir fuer- 
zas considerables pertenecientes al vencido ejército, 
que reconcentraba hacia Talcahuano. El coronel don 
Juan Gregorio Las Heras recibió la honrosa comi- 
sión de hacer frente al jefe español y desbaratar 
sus planes, teniendo la fortuna de abrir su campaña, 
con la notable victoria de Curapaligüe, en la que 
repelió al enemigo apoderándose de sus cañones, 
tomando inmediatamente después la importante ciu- 



— 61 - 

dad de Concepción. Pero el valiente capitán insur- 
gente no disponía más que de 1.290 hombres de to- 
das armas, mientras que su antagonista, amparado 
por la fuerte posición de Talcahuano, podía hacer una 
defensa sostenida y fructuosa á la larga con mucho 
mayor número de soldados. En vista de esta situa- 
ción resolvió el Director salir en persona á la cam- 
paña, al frente de un pequeño número de ejército, 
dejando por su sustituto en el mando al coronel 
don Hilarión de la Quintana. Pero, por mucha dili- 
gencia que el Director pusiese en su marcha, no 
pudo evitarse que el enemigo, reforzado con todo 
género de auxilios enviados por mar desde el Perú, 
y sabedor de la reunión de O'Higgins con Las He- 
ras, hiciese una nueva y desesperada tentativa de 
ataque. Ordóñez cayó en efecto sobre el vencedor 
de Curapaligüe, y las armas ele la patria recogieron 
nuevos lauros en el Gavilán, causando al enemigo, 
perseguido hasta sus posiciones de Talcahuano, la 
pérdida de más de doscientos hombres, y gran acopio 
de armas y municiones. O'Higgins se incorporó á 
Las Heras en los momentos mismos del triunfo, 
continuando las operaciones del Sur, cuya varia for- 
tuna no nos corresponde relatar. 

Al comenzar esta campaña bajo los auspicios del 
Director, se presentó en Santiago, el 1 1 de Mayo, 
el general San Martín de regreso de su rápido y 
fructuoso viaje á la capital de las Provincias Uni- 
das. Encontró en el mando provisorio del estado 
al coronel Quintana, cuya administración, á pesar de 
los grandes trastornos que la rodeaban, fué guiada 
por las más sanas intenciones, según el testimonio 



— 62 — 

ele los chilenos mismos que han podido estudiar en 
sus pormenores aquella época de labor y de con- 
flictos. 

El general San Martín tuvo gran influencia en 
esa administración, durante la cual ganó mucho la 
policía de seguridad de Santiago, se creó una maes- 
tranza en grande escaía, y se tomaron medidas 
eficaces para asegurar el éxito de la lucha del mo- 
mento y de la más seria que se columbraba en lo 
futuro. 

Bajo la misma influencia se premiaron á los parti- 
darios fieles de la revolución, se devolvieron los bie- 
nes confiscados á los patriotas, y se agració con lotes 
de tierra á los campesinos que se habían distinguido 
como guerrilleros ó como emisarios en los días de la 
expedición al través de los Andes. Los caudales se 
administraron con tan religiosa economía, que bas- 
taban 60.000 pesos mensuales para pagar todas las 
fuerzas existentes en el territorio de Chile, la ma- 
yor parte de ellas en campaña, y con el mismo orden 
y economía se administraban, por personas hábiles 
y próbidas, los almacenes de armas, de* víveres y 
municiones. 

El gobierno Quintana duró hasta el 7 de Sep- 
tiembre, día en que el poder delegado hasta entonces 
en su persona, pasó á manos de tres distinguidos 
ciudadanos. chilenos, interviniendo en esta mutación 
de personal del gobierno el consejo del mismo gene- 
ral San Martín, como medio para acallar alguna? 
murmuraciones que la calidad de deudo suyo y de 
argentino, ocasionaba en el pueblo la permanencia 
de Quintana en un rango tan expectable. No pode- 



- 63 — 

mos leer sin respeto por los tiempos y por los hom- 
bres de la revolución, las siguientes palabras que 
encontramos en un honorable escritor chileno, re- 
firiéndose al proceder de San Martín en esta circuns- 
tancia : " Es una gran fortuna que los prohombres 
" tanto chilenos como argentinos, que dominaban la 
" situación, no hubiesen separado ni un instante cíe 
" su memoria las lecciones del tiempo, y amoldado á 
" ellas su conducta, hubieran pospuesto siempre toda 
" consideración personal ante el interés de conser- 
" var la concordia, requisito que ellas miraban como 
" imprescindible para el triunfo ". 

El general San Martin se empeñó en dar una gran 
solemnidad y trascendencia al recibimiento de los 
nuevos mandatarios, quienes juraron el desempeño 
de sus cargos en presencia de un gran gentío y ante 
todas las corporaciones del estado. 

Aquel hombre superior y discreto quería aprove- 
char aquella oportunidad para alejar de la mente 
del pueblo toda idea desfavorable contra los liberta- 
dores argentinos. El general San Martín declaró de 
la manera más solemne en aquella ocasión expec- 
table, que la única misión del ejército puesto á sus 
órdenes por el gobierno de su patria, era: "Man- 
utener la absoluta independencia de Chile". Decía 
ración que fué confirmada por el diputado de las 
Provincias Unidas allí presentes, expresándose con 
elocuencia y energía contra las especies diseminadas 
en sentido opuesto por los perturbadores de la frater- 
nidad de su gobierno con el de Chile. 

La nueva Junta no podía dudar de la sinceridad de 
estos sentimientos, v la influencia benéfica de San 



- 64 - 

Martín en las milicias y en la política de la nueva 
administración continuó como bajo la de Quintana. 
Gracias á esa influencia acertada é infatigable, al 
hacerse el día 18 de Septiembre, que es el 25 de Mayo 
de los chilenos, los ánimos de éstos se abrían pla- 
centeros á la confianza en la libertad. Ellos veían 
que el ejército destinado á asegurársela para siempre 
constaba de 8.000 hombres briosos y morales; que 
las escuelas dotaban las filas de subalternos ins- 
truidos : que la artillería estaba montada brillante 
y abastecidas las salas de armas con más de 14.000 
fusiles. Contemplaban al mismo tiempo un espec- 
táculo nuevo, la asociación de las fuerzas mora- 
les á la acción militar. El Instituto Nacional, na- 
cido al calor de las ideas de progreso que distin- 
guió á ia revolución de 18 10, y casi muerto á los 
golpes de la restauración española, se organizaba 
y ensanchaba su plan de estudios, en tanto que la 
biblioteca pública, iniciada por San Martín, se fun- 
daba á expensas de su liberalidad. 

El aniversario de la patria tuvo lugar bajo los 
augurios más lisonjeros; y para dar nuevas oca- 
siones á la explosión del regocijo y entusiasmo del 
pueblo, el general San Martín y el diputado de Bue- 
nos Aires, don Tomás Guido, dispusieron dos esplén- 
didos banquetes, en los cuales los brindis patrióticos, 
los himnos nacionales, se armonizaban con el ruido 
de las orquestas, con el brillo de la concurrencia y 
con los colores de las banderas de Buenos Aires y 
Chile, entrelazados bajo doseles tricolores para sig- 
nificar la fraternal alianza y la unidad de acción de 
ambos países. " Nadie en aquellos momentos, — se ha 



- 65 - 

"dicho treinta años después de aquella fiesta — ha- 
" bría recordado los azares que aún necesitaba re- 
" correr la patria de los chilenos para cimentar só- 
" lidamente su independencia ; ó si tal pensamiento 
" llegaba á abrirse paso entre el espíritu apocado. 
" allí estaban presentes para alejar la desconfianza, 
" los triunfadores de Chacabuco ". 

Bien necesitaba el espíritu público levantarse á la 
altura del entusiasmo, porque muy pronto iba á so- 
nar la hora de nuevas pruebas para el patriotismo y 
la constancia de los independientes Al general 
O'Higgins habíale sido adversa la fortuna en el glo- 
rioso desastre de Talcahuano, y un ejército al man- 
do del brigadier don Mariano Osorio, compuesto 
de más de 3.000 hombres, formado en el Perú por el 
virrey Pezuela, avanzaba con intención de recon- 
quistarla. 

El general San Martín estaba perfectamente in- 
formado por sus agentes de Lima de los elementos 
que se componía aquella expedición : no la temía ; 
pero con cordura meditaba los medios de organizar 
la defensa y burlar los nuevos esfuerzos del ene- 
migo. El 18 de Enero de 18 18 anclaban en la bahía 
de Talcahuano los navios que conducían á los sol- 
dados de Osorio. 

Cuando esta noticia llegó á conocimiento de San 
Martín, tino un presentimiento de los nuevos triun- 
fos que le esperaban y no pudo ocultar su alegría : 
sintióse como regenerado, olvidó las incomodidades 
físicas que le aquejaban, y se dio al trabajo con la 
decisión de costumbre. Con su mirada previsora y 
acertada, midió de un golpe la situación, y con el 

t. 1. ó 



— 66 — 

conocimiento que tenía del país y de las proporcio- 
nes del enemigo, trazó inmediatamente un bosquejo 
de plan dé campaña que comunicó á O'Higgins con 
las siguientes expresiones : " La conservación del 
" estado, pende de que no aventuremos acción al- 
" gima cuyo éxito sea dudoso. El proyecto del ene- 
" migo es probablemente interponerse entre nues- 
" tras fuerzas para batirnos en detalle y apoderarse 
" luego de Valparaíso para asegurar su comunica- 
" ción con Lima y el recibo de los auxilios que pueda 
" necesitar. 

" La fuerza que tengo á mis órdenes asciende á 
" más de tres mil seiscientos hombres : unidos somos 
" invencibles, separados débiles. Osorio puede hos- 
" tilizarnos en más de cuatrocientas leguas : es decir, 
" que si cargamos nuestras fuerzas al Sur, ellos pue- 
" den embarcarse y darnos un golpe por el Norte, si 
" atendemos á éste lo darán quizá por el Sur, te- 
" niendo como tienen la superioridad del mar. Por 
" tanto, nuestro plan de campaña debe ser recon- 
" centración de todas nuestras fuerzas para dar el 
" golpe decisivo y terminante. Asegure, pues, con 
l< tiempo V. E. la retirada á este lado del Maule. 
" tomando por defensa este río y cubriendo la par- 
" te más interesante de la Provincia de la Concep- 
" cien con destacamentos, cuya retirada quede expe- 
" dita, sin comprometimiento alguno, al cuartel ge- 
" neral, en caso de ser atacados por fuerzas supe- 
" riores. 

" Haga también V. E. retirar con anticipación de 
" esa provincia cuanto pueda ser útil al adversario. 
'" Vengan á este lado las familias, subsistencia de 



- 67 — 

" tocio género, y caballadas : que hecho esto, es im- 
" posible que ningún cuerpo enemigo subsista en ella 
" sin perecer de necesidad ". 

Al mismo tiempo que de manera tan terminante 
iluminaba San Martín el camino que debía seguir 
en sus operaciones el Director en campaña, sugería 
al Gobierno de Santiago mil providencias para rea- 
lizar sus miras militares. Impartiéronse órdenes á 
los gobernadores de provincia para que remitieran 
á Santiago todas las personas sindicadas como ene- 
migas de la revolución. Se retiraron de Valparaíso 
los caudales públicos y particulares, se concentraron 
en la capital todas las fuerzas que se guarnecían al 
Norte y se. mandó poner sobre las armas á las 
milicias de caballería, alejando del litoral todo cuan- 
to podía ser de auxilio ó valimiento para los inva- 
sores. 

El ejército que se trataba de reconcentrar se com- 
ponía de nueve mil y tantos hombres, de cuya mora- 
lidad y disciplina estaba satisfecho San Martín, á 
pesar de lo exigente que era en estas materias ; resta- 
ba la elección del punto estratégico en que debí-a 
formar el campamento general, para esperar desde 
él los movimientos del enemigo. 

Después de reflexionarlo bien, decidióse por la 
hacienda de las Tablas, situada al Sur de Valparaíso, 
á treinta leguas de buen camino de la caipital ; y desde 
mediados de Diciembre comenzaron á moverse hacia 
aquel punto las fuerzas acantonadas en Santiago, 
marchando á la cabeza de los diferentes cuerpos el 
comandante Alvarado, el teniente coronel don Am- 
brosio Cramer, etc., y el jefe del estado mayor don 



- 68 - 

Hilarión de la Quintana. A retaguardia de las co- 
lumnas caminaban en carros los víveres y forrajes, 
las municiones, el hospital militar; y era aquella la 
primera vez que se presentaba en Chile un ejército 
que llevase entre sus bagajes una imprenta como ele- 
mento militar. 

Cuando toda aquella masa de hombres y de cosas 
se extendió por el risueño camino que media entre 
los suburbios de Santiago y la hacienda de las Ta- 
blas, seguro ya el general San Martín en que había 
apurado las medidas que le aconsejaba su experi- 
mentada previsión, siguió el derrotero de sus valien- 
tes el 21 de Diciembre. Así que llegó al campamento 
confió el mando provisorio del ejército, al virtuoso 
y aguerrido brigadier don Antonio González Bal- 
caree, cuya carrera había comenzado ilustrándose en 
los campos de Suipacha y Cotagaita, en donde la 
revolución de Mayo recogió sus primeros laureles. 
Aquella delegación debía durar el tiempo necesario 
para que San Martín en persona se trasladase á Val- 
paraíso, se informase del estado de aquel importante 
puerto, visitara sus fortificaciones y las pusiese en 
estado de defensa. Estos trabajos eran urgentes, se- 
gún las ideas de aquel general, porque estaba re- 
suelto á moverse hacia el Sur en busca de la incor- 
poración de O'Higgins, tan luego como el principal 
puerto chileno quedase fortificado y en situación de 
resistir á las fuerzas de Osorio. El plan era cono- 
cido ; ignorando la capacidad organizadora de San 
Martín, se imaginaba que llegaba á Chile á sorpren- 
derle desprevenido y que dispersando las fuerzas 
que militaban en el Sur, después de un desembarco 



- 69 - 

en Talcahuano, le sería facilísimo caer sobre la capi- 
tal por Valparaíso y apoderarse de ella. Las opera- 
ciones de O'Higgins, inspiradas por San Martín, tu- 
vieron por objeto burlar estos planes, trazados de 
antemano en el gabinete de Lima, y por lo tanto los 
movimientos del ejército chileno tendían exclusiva- 
mente á efectuar su reunión con el que se organizaba 
en las Tablas. 

Pero las operaciones del enemigo, desorientadas 
va, no eran tan rápidas como para no dar lugar al 
general San Martín á que solemnizase mientras tan- 
to uno de los actos más augustos de la nación que 
ayudaba á fundar. El 12 de Febrero, aniversario de 
Chacabuco, fué el día que el gobierno destinó para 
declarar solemnemente á nombre de los pueblos en 
presencia del Altísimo y hacer saber á la gran con- 
federación del género humano, que el territorio con- 
tinental de Chile y sus islas adyacentes, formaban 
de hecho y por derecho un estado libre, independien- 
te y soberano, y quedaban para siempre separados de 
la monarquía de España. 

El sol de aquel día fué saludado con triples salvas 
de cañones y con los himnos cantados por los alum- 
nos de las escuelas agrupados en torno de la bandera 
patria. 

Estando reunidas en el palacio directorial todas 
las corporaciones y el clero, se presentó en él el 
general San Martín, é incorporándose á aquella con- 
currencia, se dirigieron todos á la plaza principal, 
donde se había levantado un tablado cuyo adorno 
más visible era el retrato del vencedor de Chacabuco 

Allí se leyó el acta de la independencia. Después 



-70- 
que el jefe del ejército pronunció la fórmula del 
juramento, lo tomó al general San Martín como 
á coronel mayor de los ejércitos de Chile y general 
en jefe del ejército unido. Cuando éste puso las 
manos sobre los evangelios, volvióse hacia el pueblo, 
pronunciando un entusiasta ¡Viva la Patria! El pre- 
sidente del Cabildo pasó después de la ceremonia, 
acompañado de una numerosa comitiva á casa del 
general San Martín para felicitarle por el aconteci- 
miento que acababa de tener lugar. El á su turno, 
devolvió las felicitaciones y renovó la protesta de 
consagrarse á la defensa y libertad de Chile, em- 
pleando tan felices palabras que, según los escritores 
de aquellos tiempos, nadie" pudo escucharle sin con- 
moverse y presagiar victorias á la patria. 

El acta de la independencia había sido redactada 
por el argentino Monteagudo, y otro argentino, el 
mismo sacerdote que prestaba los auxilios espiri- 
tuales á los pocos granaderos heridos en San Loren- 
zo, pronunció en la catedral de Santiago una oración 
análoga al nuevo destino que la providencia desti- 
naba desde aquel momento á la viril y joven nación 
chilena. (l) 

El juramento que acababa de pronunciar Chile 
ante Dios era un reto al enemigo que avanzaba sus 
marchas, un acto de voluntad y de esfuerzo que con- 
fortaba los corazones en los altares de la patria y 
levantaba los ánimos á una altura que ya no podía 
descender sino con la muerte 

Alentado con estas consideraciones se despojó 

(i) El canónigo doctor Julián Navarro. — X. del A. 



— 71 — 

San Martín de su traje de parada, apenas terminada 
la fiesta cívica, y tomando los viejos arreos de gra- 
nadero se trasladó al campamento del general O'Hig- 
o-ins, situado en las inmediaciones de Talca. En 
cinco días había atravesado la considerable distan- 
cia que media entre la capital y las aguas del Maule, 
y los dos guerreros se abrazaban y conferencia- 
ban sobre la manera cómo debiera procederse en 
vista de los movimientos probables del ejército in- 
vasor. 

El tiempo urgía, la entrevista fué corta : el día 
24 estaba ya San Martín de regreso para San Fer- 
nando, lugar intermedio entre Santiago y Talca, 
donde debía situarse y permanecer para atender á 
las operaciones de la nueva campaña. El ejército 
de las Tablas púsose inmediatamente, en movimien- 
to hacia este punto, donde llegó el 8 de Marzo, efec- 
tuándose su incorporación con las fuerzas que se 
habían retirado del Sur, á marchas regulares, al 
mando del general O'Higgins. 

Chile contó desde este día con un ejército de 
6.600 soldados de línea, bien equipados, mandados 
por jefes valerosos y acreditados por su pericia. 
Colocados á la cabeza de sus divisiones O'Higgins, 
Balcarce y Brayer, rompió su marcha en la mañana 
del 14, llevando la vanguardia la caballería, bajo 
el mando de este último jefe. El enemigo, como lo 
deseaba el general San Martín, había avanzado al 
Norte del Maule llegando hasta el Lontué, pero así 
que sintió los movimientos de los patriotas se apre- 
suró á repasar este río amparado de la oscuridad 
de la noche. Aquellos lo atravesaron también á la 



luz del día en prosecución del plan concebido por 
el general San Martín. 

Sus intenciones eran decidir la contienda en una 
sola batalla, de cuyo buen éxito no podía dudar, por- 
que sus soldados, sus oficiales y jefes contaban con 
la seguridad de la victoria desde el momento en que 
se encontrasen con el grueso de las fuerzas enemi- 
gas. El paso del Lontué tuvo lugar el 16 y desde 
ese día se puso San Martín á la cabeza de la pri- 
mera división á vanguardia, dejando á O'Higgins 
el mando del resto de las fuerzas, con orden de se- 
guirle inmediatamente hacia el Ouechereguas. El 
enemigo continuó su retirada hacia el Sur en busca 
de la ciudad de Talca, mientras que el ejército chi- 
leno, siguiéndole casi paralelamente, marchaba lleno 
de entusiasmo, espiando el momento de alcanzarle 
antes que se guareciese en las posiciones de aquella 
ciudad, para pulverizarle. El día 19 distaban ambos 
ejércitos entre sí apenas una legua y media, y una 
planicie vasta interpuesta entre las márgenes del 
Lircai v la ciudad mencionada tentaba al general 
San Martín al encuentro decisivo, para cuya reali- 
zación tomó algunas disposiciones de ataque que 
no fueron felices á causa del terreno, que á pesar 
de sus aparentes ventajas contribuyó á burlar el 
arrojo de la caballería de Balcarce. 

Con la última luz de aquel día pudieron los ene- 
migos contemplar la superioridad del ejército inde- 
pendiente y persuadirse de que en la mañana siguien- 
te se verían en la necesidad de aceptar un combate 
desventajoso para ellos. El general Osorio consi- 
derándose perdido y sin retirada posible después de 



— 73 — 

una derrota, declaró á sus jefes que no tenía con- 
fianza sino en el cielo ; pero uno de entre ellos, el 
brigadier Ordóñez, más animoso y arrojado, propu- 
so que se buscase la salvación intentando una salida 
sigilosa y nocturna. Esta opinión triunfó en el con- 
sejo de los jefes españoles y se prepararon á reali- 
zarla esa misma noche. 

A pesar de la confianza en su posición, y del des- 
aliento que se suponía al enemigo, el general San 
Martín trató de precaverse contra una sorpresa, 
dando orden de vigilar los campamentos. No se 
habían ejecutado del todo estas disposiciones cuando 
se sintieron disparos en las avanzadas patriotas, 
causando grande alarma en sus filas. A pesar de 
ella, la intrepidez y sangre fría del general Ordóñez 
vino á estrellarse contra la firme división de O'Hig- 
gins, á quien tampoco le abandonó su serenidad á 
pesar de haber perdido el caballo al golpe de una 
bala del cañón enemigo. Pero si el ímpetu de las 
fuerzas españolas pudo ser contenido por los esfuer- 
zos del valor, no fué posible evitar el desorden y la 
confusión que causaban las muías de carga, los ca- 
ballos que huían espantados en todas direcciones y la 
oscuridad de la noche que no permitía á los jefes 
patriotas ver los puntos á donde se dirigía el ataque, 
ni la posición de él. Cuando los fuegos del enemigo 
cubrieron toda la línea patriota, ésta comenzó á va- 
cilar y á desorganizarse, quedando aun en salvo é 
intactas algunas divisiones del ejército sorprendido. 

Este episodio inesperado, en una campaña que 
comenzaba bajo los mejores augurios, se conoce 
en la historia con el nombre de " Desastre de Can- 



- 74 — 

cha Rayada ", y es al mismo tiempo el preludio de 
una espléndida victoria, que vino pocos días des- 
pués á llenar las miras del general San Martín, 
quien deseaba librar á Chile de sus opresores en el 
espacio de una sola jornada definitiva. 

Con razón se ha dicho, también, que si aquella 
lucha se hubiese empeñado á la claridad del día ó á 
la luz de la luna, el ejército realista hubiese sido 
destrozado en mil pedazos. Y efectivamente, la pri- 
mera división quedó intacta y ella habría podido 
cargar al enemigo, primero por el flanco cuando 
salía de Talca y después por la retaguardia. El 
general San Martín que ocupaba unos cerrillos lla- 
mados de Baeza, habría podido organizar su defen- 
sa y batir de frente al enemigo Pero aquella noche 
fué extremadamente obscura : espesos nubarrones 
toldaban el cielo y ocultaban hasta la luz de las estre- 
llas, impidiendo que el general patriota pudiera dis- 
tinguir lo que ocurría en el campo de batalla. 

El peligro que corrió el general San Martín esa 
noche fué grande. Varios jefes fueron testigos de 
su despecho y de sus imprecaciones en presencia de 
un desastre que no le era dado remediar. Pero re- 
cobrando bien pronto su serenidad habitual, comen- 
zó á tomar disposiciones para salvar al ejército, y 
concentrarle de nuevo en algún punto para reha- 
cerse y vengar la audacia del enemigo á quien favo- 
recía en aquel momento la fortuna. Ordenó la re- 
tirada hacia el Norte. El mayor Borgoño marchó en 
esa dirección con la caballería chilena, municiones y 
forrajes, y el coronel clon Juan Gregorio de Las 
Heras, colocado por sus compañeros al frente de la 






primera división, tomó camino en aquel mismo rum- 
bo, señalándose por el valoj y acierto con que logró 
salvar aquellas columnas. 

San Martín y O'Higgins llegaron juntos en la 
noche del 20 á la villa de San Fernando, en donde 
encontraron á Balcarce, quien les anunció que co- 
menzaban á reunirse allí los dispersos, y que el co- 
ronel Zapiola marchaba hacia Rancagua para im- 
pedir la retirada de los demás. Al día siguiente pa- 
saron ambos jefes una revista á las fuerzas salvas, 
hasta entonces, y el general San Martín pasó al Su- 
premo Director delegado el siguiente parte que es 
poco conocido, y resume en cortas palabras las cir- 
cunstancias de la funesta sorpresa del 19: " Cam- 
I pado el ejército de mi mando, en las inmediaciones 
"de Talca, fué batido entre 9 y 10 de la noche de 
"antes de ayer, por el enemigo que'se hallaba con- 
I centrado en aquella ciudad. Este sufrió una pérdida 
i doble al mío entre muertos y heridos, y el nuestro 
I una dispersión casi general, que me obligó á retirar- 
I me á esta villa, donde me hallo reuniendo mis tro- 
I pas con feliz resultado, pues ya cuento cerca de 
I 4.000 hombres entre Curicó á Pequelén, entre la 
I caballería y los batallones de cazadores de Chile 
"y de los Andes, número 1, número 1 1 y 7, ha 
I liándose también por otra parte el comandante del 
"8 reuniendo su cuerpo; y espero muy luego juntar 
I toda la fuerza y seguir mi retirada hacia Ranca- 
I gua. La premura del tiempo y las atenciones que 
I demanda esta laboriosa y pronta operación, no me 
i permiten dar á V. E. un parte individual de todo lo 
I acaecido ; pero lo haré oportunamente, anunciando 



— 76 - 

" por ahora, que aunque perdimos la artillería de los 
" Andes, conservamos la de Chile ". 

Al anochecer de aquel mismo día 21 llegó el coro- 
nel Las Heras á San Fernando con su virtuosa di- 
visión, en la cual se habían esparcido noticias alar- 
mantes acerca de su general en jefe á quien tenían 
por muerto. Con este motivo se presentó á ella el 
general San Martín pasándola revista, y dio las gra- 
cias á los jefes y oficiales por su loable conducta en 
la retirada, con lo cual se alentó el ánimo en aque- 
llos buenos soldados ; que prorrumpieron en vivas 
entusiastas al escuchar las palabras de su general, á 
quien veían tan brioso y confiado, como en la vís- 
pera de Cancha Rayada v 

Mientras tanto la consternación era grande en la 
capital, á tal punto que los generales O'Higgins y 
San Martín se vieron en la necesidad de trasladarse 
á ella á serenar á sus habitantes con la presencia 
de ambos. Pero la confianza no podía menos que res- 
tablecerse, pues el general San Martín al llegar á 
Santiago tenía el ánimo sereno, libre de todo temor 
y revolvía en su fecunda cabeza mil planes para bo- 
rrar el desastre que acaba de experimentar y ven- 
gar gloriosamente la causa de la independencia de 
Chile, que lo era á la vez de una vasta porción de 
América. 

La población de Santiago, formando grupos de 
gente de toda condición y sexo, rodeó en la plaza 
principal al general en jefe del ejército, montado to- 
davía á caballo, cubierto de polvo y respirando ape- 
nas de cansancio. Entonces, interpretando el deseo 
de aquella inmensa concurrencia, que quería oír 



de la propia boca del hombre de su confianza la pro- 
fecía del porvenir, dirigió al pueblo las siguientes pa- 
labras, que la tradición ha conservado religiosamente 
en prueba de la profunda sensación que produjeron : 
" Chilenos ! una de aquellas casualidades que no e* 
" dado al hombre evitar, hizo sufrir un contraste á 
" nuestro ejército. Era natural que un golpe que ja- 
" más esperabais y la incertidumbre os hiciese vaci- 
" lar, pero ya es tiempo de que volváis sobre vosotros 
" mismos y observéis que el ejército de la patria se 
" sostiene con gloria frente al enemigo ; que vuestros 
" compañeros de armas se reúnen apresuradamente, 
I y que son inagotables los recursos de vuestro pa- 
" triotismo. Al mismo tiempo que los tiranos no han 
" avanzado un punto de sus atrincheramientos, yo 
i dejo en el cuartel general una fuerza de más de 
i cuatro mil hombres, sin contar con las milicias. 
" Me presento á aseguraros del estado ventajoso de 
| vuestra suerte ; y regresando á nuestro cuartel ge- 
" neral en breve, tendré la felicidad de concurrir á 
" dar un día de gloria á la América del Sur ". Puede 
juzgarse la influencia que tendrían estas palabras 
para levantar los espíritus abatidos, por la importan- 
cia que daba el pueblo todo de la capital á la pose- 
sión en su seno del general San Martín. En esa noche 
se despacharon circulares á todos los partidos comu- 
nicándoles aquel fausto acontecimiento y asegurán- 
doles que se hallaba salvo y dispuesto á nuevos 
esfuerzos por la salud de Chile, el vencedor de Cha • 
cabuco. En esa circular se decía : " El general ofrece 
" con su cabeza no dejar ni una de la de los enemi- 
" gos, si los subditos del estado, creen en su palabra. 



— 78 — 

" y si los ciudadanos le ayudan en la esfera de sus 
" alcances ". 

Para prepararse á cumplir con su palabra, reali- 
zada poco después, se trasladó San Martín á dos le- 
guas de Santiago, sobre el llano entonces abierto y 
despoblado de Maipo, cuyo nombre estaba destinado 
á ser inmortal. Allí tomando por base la columna 
tan bizarramente salvada por Las Heras, se formó 
un campo de instrucción para ordenar y disciplinar 
á los soldados dispersos, los cuerpos de granaderos 
y cazadores, y todos los demás elementos destinados 
á esperar al enemigo, cuyas marchas eran observadas 
por las caballerías situadas en Rancagua. El i.° de 
Abril, revistado el ejército por los generales O'Hig- 
gins y San Martín, pudo atestiguarse que constaba 
de cuatro mil hombres bien armados y equipados, y 
completamente restablecidos de la impresión moral 
causada por la ingrata noche de Cancha Rayada, 
sobre la cual habían pasado menos de quince días. 

Así que se tuvo noticia de la proximidad del ene- 
migo, el general San Martín impartió unas instruc- 
ciones notables, dividiendo el ejército en tres cuerpos 
al mando de Las Heras, Alvarado y Quintana y él 
se reservó el mando de la caballería, encomendando 
el de la infantería al brigadier Balcarce. 

El 5 de Abril, los dos ejércitos estaban sobre el 
campo de Maipo. El general San Martín practicó 
en la madrugada un reconocimiento sobre las posi- 
ciones tomadas el día anterior por el enemigo, y 
dijo á los ayudantes que lo acompañaban : " El sol 
" que asoma en la cumbre de los Andes, va á ser 
" testigo del triunfo de nuestras armas. Osorio es 



— 79 - 

" mucho más torpe de lo que yo pensaba ". El ene- 
migo ocupaba el caserío de Espejo, cuyas tapias for- 
maban un callejón de dos cuadras de largo, y unas 
lomas dispuestas en forma triangular, entre las cua- 
les y otras alturas llamadas Cerrillos de Errázuriz 
v Loma Blanca, se interpone un valle llano y estre- 
cho. Poco antes de mediodía el ejército patriótico 
marchaba por su derecha, para enfrentar al enemi- 
go, colocándose sobre el último cordón de los cerri- 
llos indicados; de manera que sólo lo separaba de 
aquél la faja angosta del llano intermedio. Los dos 
ejércitos se contemplaron un momento, como desa- 
fiándose á acometer la atrevida operación de dejar 
las alturas y bajar al campo abierto para tomar la 
iniciativa. En este estado, el general San Martín 
ordenó que las artillerías situadas en sus flancos, 
cañoneasen al enemigo ; pero viendo que éste no daba 
un solo paso á vanguardia, inspirado y audaz, dio 
al ejército la orden de marcha, que se ejecutó inme- 
diatamente, llevando las columnas patriotas el arma 
al brazo, en tanto que la artillería lanzaba sus pro- 
yectiles á las posiciones de los españoles, por sobre 
las cabezas de los valientes que descendían en el 
mejor orden, á pesar del fuego terrible con que les 
quemaban los cañones contrarios. Los escuadrones 
de dragones del enemigo que se atrevieron á descen- 
der, fueron cargados sable en mano por los grana- 
deros á caballo, á las órdenes del coronel Zapiola, y 
puestos en vergonzosa fuga. El jefe de la izquierda 
patriota al frente de sus infanterías, empeñó por su 
parte un encuentro sobre la derecha del enemigo, en 
el cual no fué afortunado, á pesar del denuedo de 



— 80 — 

sus tropas y la serenidad del comandante Martínez, 
á causa de la superioridad numérica de los contra- 
rios. Este momento de la batalla pudo dar esperanza 
de triunfo á los invasores. Pero redoblando el es- 
fuerzo de los independientes en proporción al peli- 
gro, acudieron á la parte que flaqueaba, primera- 
mente el denodado Las Heras, y en seguida clon Hi- 
larión de la Quintana con la división del centro, en 
cumplimiento de las órdenes del general San Mar- 
tín, el cual colocado en el corazón del campo y del 
peligro, seguía con su vista experimentada los inci- 
dentes de aquel terrible combate. Aquellas fuerzas se 
comportaron con tal valor, que obligaron al enemigo 
á abandonar varias de sus posiciones, y á situarse 
desmoralizado á la retaguardia del grueso de su ejér- 
cito. Entonces aprovechándose los patriotas de este 
movimiento favorable á su situación, empeñaron con 
mayor encarnizamiento su ataque contra las fuerzas 
españolas concentradas en poco espacio, ataque que 
se mantuvo valerosamente por una parte y otra, du- 
rante media hora, al cabo de la cual comenzaron á 
retroceder los batallones realistas al empuje de las 
bayonetas de los patriotas. 

En este momento glorioso para la causa de la in- 
dependencia, avanzó el general San Martín acom- 
pañado de una pequeña escolta, y dictó varias medi- 
das para que todo su ejército emprendiera la perse- 
cución de los vencidos; y lleno de la satisfacción 
que experimentaba al ver vengados los desastres re- 
cientes escribió al Director este parte que debió lle- 
nar de entusiasmo y gozo al pueblo de Chile, para 
siempre redimido de sus opresores : " Acabamos de 



— 81 — 

í: ganar completamente la acción, un pequeño resto 
tl huye, nuestra caballería lo persigue hasta concluir 
r con él, la patria es libre. — San Martín " . 

En efecto, la fortuna estaba decidida á favor de 
los independientes, pero aún faltaba sangre que de- 
rramar para completar la victoria. Las casas de Es- 
pejo, de que hemos hecho mención en el bosquejo de 
esta batalla, ofrecieron un recurso último á las fuer- 
zas en retirada, bajo la serena dirección del brigadier 
Ordóñez. Este jefe colocó sus infantes y su artille- 
ría en el fondo del callejón del caserío y sobre las 
alturas inmediatas. La posición era fuerte; pero las 
tropas patriotas encargadas de la persecución, no de- 
bían detenerse ante ningún obstáculo. El comandan- 
te don Isaac Thompson, disponiendo en columna, 
avanzó dejando un lamentable reguero de sangre 
generosa por entre aquellos cercos funestos, mientra^ 
que diez y siete bocas de cañones hacían fuego sobre 
los cuadros enemigos formados á la derecha de la 
hacienda de Espejo. 

Este episodio honroso para el valor americano, y 
de baldón para los que resistían sin esperanza y sin 
gloria, cerró á las seis de la tarde la serie de peri- 
pecias multiplicadas que constituyen la acción de 
las llanuras de Maipo, cuyo resultado fué de más de 
mil muertos por parte del enemigo, y mil trescientos 
prisioneros, entre ellos jefes y oficiales, y la pérdida 
de todo el parque de artillería, armas y vestuarios 
de que abundantemente estaban provistas las fuer- 
zas de Osorio. 

" ¡Gloria al salvador de Chile! " Tales fueron las 
palabras con que saludó el Director O'Higgins al 
t. i 6 



- 82 - 

vencedor sobre el campo de batalla, y la posteridad 
las repite. 

A las diez de la noche de aquel di a memorable, 
entró San Martín á la capital en medio de los en- 
tusiastas vivas del vecindario y del repique general 
de las campanas de todos los templos. La ciudad se 
iluminó, los himnos patrióticos resonaron en todas 
las plazas, mientras que el vencedor recibía en el 
palacio de gobierno las felicitaciones de los vecinos 
más notables. Puede decirse que aquella noche des- 
cansó el general San Martín de las duras fatigas 
de los días anteriores sobre una almohada de lau- 
reles. 

Otras más modestas, pero no teñidas en sangre, 
supo añadir á la gloria de su nombre. Uno de sus 
ayudantes había recibido la comisión especial de 
perseguir á Osorio y capturarle en la desdorosa 
huida que emprendió antes de terminar la batalla. 
El jefe español salvó de aquel peligro, pero no pudo 
salvar sus papeles, que vinieron íntegros á manos 
de San Martín. Este los examinó detenidamente y 
encontró en ellos cartas de personas de Santiago 
en que felicitaban al afortunado en Cancha Rayada, 
bajo la impresión del terror que había inspirado 
aquel desastre en el ánimo de los débiles. " Otro 
" hombre menos sagaz que San Martín, dice un es- 
" critor chileno, y nosotros decimos generoso, habría 
" convertido cada una de esas cartas en una cabeza 
" de proceso contra los ciudadanos que la escribie- 
" ron, y habría llenado las cárceles de patriotas 
" bien intencionados, cuyo único delito era su debi- 
<l lidad de carácter ; pero aquel general se abstuvo 



— 83 — 

I de mostrarlas á nadie ; y ocho días después de la 
I batalla, el domingo 12 de Abril, las quemó se- 
I cretamente en el lugar denominado el Salto, á dos 
I leguas de Santiago, donde había ido aquella vez 
I á pasar un día de campo. " (l) Y tal es la fuerza de 
las acciones morales y de los actos magnánimos, que 
mientras sobre el campo de Maipo no existe monu- 
mento alguno que conmemore la batalla de que fué 
teatro, se levanta como elocuente por su misma mo- 
destia, y en aquel lugar donde ardió en las llamas 
la cartera acusadora de Osorio. La noticia del su- 
ceso memorable del 5 fué llevada á Mendoza en 
menos de tres días por el mayor don Mariano Es- 
calada, hermano político del general San Martín. 
El emisario de la victoria del otro lado de los Andes, 
llegó á aquella ciudad poco después que los herma- 
nos don Juan José y Luis Carrera, detenidos mucho 
tiempo en los calabozos de Mendoza, habían sido 
pasados por las armas, en virtud de sentencia pro- 
nunciada en una causa de conspiración que se les 
siguió según las formas ordinarias. Los afectos á la 
familia de aquellas interesantes víctimas, y los que 
se dejan llevar por las apariencias y probabilidades, 
han querido hacer pesar sobre el nombre del gene- 
ral San Martín, la responsabilidad de una catástrofe 
que sólo fué consecuencia de las pasiones y extra- 
víos de aquellos desventurados hermanos. San Mar- 
tín estaba absuelto de toda inculpación fundada á 
aquel respecto ; y si faltasen documentos para probar 

(1) Su ayudante Juan O'Brien lo ayudó en la operación de 
incinerar los papeles. — N. del A. 



- 84 — 

su ninguna participación en un acto de que sólo 
deben dar cuenta las autoridades que dictaron la 
sentencia definitiva, bastaría la siguiente página, 
que tomamos de un libro notable consagrado á la 
historia de la independencia de Chile, y escrito por 
un hijo de esa república, para descargo de aquel 
general. " El día i.° de Abril, cuando la población 
" de Santiago estaba embargada por el triunfo, 
" la esposa de don Juan José Carrera se presentó 
" al general San Martín á pedirle el perdón de su 
" marido, ó al menos que se le tratase con lenidad 
" en virtud de los servicios que había prestado á su 
" patria. San Martín accedió en el acto, y escribió 
" á O'Higgins la nota siguiente : Excmo. señor. S: 
" los cortos servicios que tengo rendidos á Chile me- 
" recen alguna consideración, los interpongo para su 
" plicar á V. E. se sirva mandar se sobresea en la 
" causa que se sigue á los señores Carrera. Estos 
" sujetos podrán ser tal vez algún día útiles á la 
"patria, y V. E. tendrá la satisfacción de haber 
" empleado su clemencia en beneficio público." Este 
era el lenguaje de aquel á quien pintan algunos co- 
mo enemigo implacable de las víctimas de Mendoza. 
El autor del Ostracismo de Carrera, que se había 
hecho eco de los rumores siniestros que inculpaban 
á San Martín el envío de un emisario para acelerar 
la muerte de los Carrera, se congratula más tarde, I 
en el Ostracismo de O'Higgins, por haber hallado 
documentos que lavan una mancha, que con el re- 
flejo de una afrenta nacional, la tradición desauto- 
rizada hacía pesar sobre dos nombres tan grande? 
como queridos : los nombres de San Martín y 
O'Higgins 



- 85 — 

El general San Martín no quiso descansar un mo- 
mento de sus fatigas ; para el, la victoria del 5 no 
era sino un paso adelante en el derrotero que se 
había trazado de antemano, y cuyo término era el 
Perú, centro de los recursos y del poder de los es- 
pañoles. Mas, para realizar el pensamiento de esa 
cruzada libertadora, era necesario organizar una 
expedición considerable, trasportarla en numerosas 
embarcaciones, y darle por apoyo una marina de 
guerra capaz de secundar las operaciones terrestres 
sobre el vasto litoral peruano. 

Era este vasto plan demasiado arriesgado y gran- 
de para que no tuviera participación en él el gobierno 
de las Provincias Unidas, á cuyos esfuerzos gene- 
rosos se debía la formación del ejército que había 
iniciado la libertad de Chile. A más, entraba en los 
cálculos de San Martín y del gobierno chileno com- 
binar las operaciones de las fuerzas que debían ata- 
car los puntos de la costa del Pacífico, con los movi- 
mientos del ejército argentino que ocupaba las 
provincias del Norte, para conseguir de este modo 
la destrucción de un poder que permanecía tan dueño 
del Imperio de los Incas como antes de 18 10. Tales 
eran los puntos que exigían el acuerdo del gobierno 
argentino y chileno, y de cuyo arreglo se hizo ple- 
nipotenciario oficioso el mismo general. 

El domingo 10 de Mayo de 181 8 la población de 
Buenos Aires no quería dar crédito á la noticia que 
cundía por todas partes, que el vencedor de Maipo 
se hallaba á 22 leguas de la capital ; pues apenas 
hacía quince días que la Gaceta Ministerial había 
dado á luz el parte oficial de la jornada, con carac- 



— 86 — 

teres de tinta celeste como nuestra bandera. Mayor 
fué la sorpresa cuando el general, esquivando las 
demostraciones de gratitud pública, entró en su casa 
á las primeras horas de la mañana del lunes, dando 
de esta manera nuevas pruebas de su modestia. Sin 
embargo, tanto el Congreso reunido entonce^ en 
Buenos Aires, como el Director Pueyrredón, habían 
dictado disposiciones honoríficas á favor del liber- 
tador de Chile, señalando el día 17 para tributarle 
el respeto á que se había hecho acreedor por el 
tamaño de sus servicios. Acompañado del Director, 
fué conducido por entre banderas, soldados de parada 
y arcos de triunfo, hasta la casa del Congreso, donde 
recibió los agradecimientos de este cuerpo por el 
órgano de su Presidente, así como recibía del pueblo 
las aclamaciones y los vivas más entusiastas. 

El general San Martín contribuyó con su presen- 
cia á exaltar las demostraciones de patriotismo con 
que en aquel año se celebró el aniversario del 25 
de Mayo en la capital de las Provincias Unidas. 

El invierno, que interrumpe el tránsito de las cor- 
dilleras, obligó á San Martín á permanecer en su 
simpática Mendoza hasta fines de Octubre, en que 
se presentó en la capital de Chile entrando en ella 
casi sin ser sentido, para evitar el recibimiento es- 
pléndido que le tenía preparado el agradecido vecin- 
dario. El gobierno argentino no había podido facili- 
tar los auxilios, especialmente pecuniarios, que espe- 
raba San Martín para realizar la expedición del Pa- 
cífico y llegaba á Chile con este desconsuelo, miti- 
gado un tanto por los progresos que durante su au- 
sencia había hecho la marina chilena la cual á las 



- 87 - 

órdenes del contraalmirante Blanco, acababa de 
apresar á la fragata española Alaría Isabel, en 
las aguas de Talcahnano, y varios transportes desti- 
nados al Callao. 

El general San Martín, en el largo espacio que 
media entre su viaje á Buenos Aires y su salida para 
el Perú, experimentó muchos disgustos en sus rela- 
ciones con la autoridad argentina, á la que prestaba 
el mayor respeto, y con cuya cooperación no podía 
menos que contar para sus planes militares. El go- 
bierno de las Provincias Unidas, que se veía amena- 
zado por la ruidosa expedición española de 20.000 
hombres al mando de Abisbal y por los disturbios 
interiores, reclamaba la presencia del general San 
Martín en el territorio argentino, en tanto que el 
gobierno de Chile le llamaba con urgencia para que 
se pusiese al frente de la expedición del Perú. Entre 
estas dos fuerzas contrarias, el conflicto del general 
San Martín era terrible. Si se dejaba llevar de la 
primera era probable que la moral de las troipas, 
que él deseaba conservar para los fines generales de 
la causa americana, se comprometiese al contacto 
de los bandos anárquicos y realentase de nuevo la 
esperanza del virrey de Lima de restablecerse de 
los golpes recibidos en la gloriosa campaña de Chile. 

El general San Martín expuso estas consideracio- 
nes al Directorio, y consta que no tomó la determi- 
nación de embarcarse definitivamente para el Perú 
antes de haber recabado del gobierno argentino el 
consentimiento necesario. Las órdenes dadas por 
éste, ipara que el ejército de los Andes repasase las 
cordilleras, en la suposición de que era imposible 



— 88 — 

realizar la proyectada expedición á Lima, fueron 
revocadas asi que el mismo Directorio se persuadió 
de la posibilidad de verificarse á esfuerzos del pa- 
triotismo chileno, y autorizó al mismo tiempo al 
general San Martin para que hiciese pasar al Occi- 
dente de los Andes los escuadrones de cazadores á 
caballo que existían en las provincias de Cuyo. Las 
consideraciones en que se fundan estas resoluciones 
hacen honor al patriotismo de las autoridades que 
residían entonces en Buenos Aires, pues muestran 
un decidido anhelo por llevar adelante la guerra 
contra el enemigo común, dejando al cuidado de la 
política el arreglo de las desavenencias internas, me- 
nos peligrosas sin duda que la existencia de los an- 
tiguos dominadores de América. Las previsiones de 
San Martín se confirmaron muy pronto con las su- 
blevaciones que se sintieron en el ejército del gene- 
ral Belo-rano y en los esfuerzos más brillantes del 
ejército de los Andes, de los cuales pudo salvar dos 
mil hombres el general don Rudesindo Alvarado 
poniéndolos fuera del incendio de la guerra civil 
argentina al otro lado de las cordilleras. Aun en 
aquella aciaga época en que no quedó en pie más 
autoridad regular que el cabildo de Buenos Aires, 
que podía considerarse como encargado del gobier- 
no de un municipio, no pretendió desconocer el ge- 
neral San Martín las obligaciones que tenía para 
con el pueblo argentino, ni su dependencia de él, 
como jefe del ejército de los Andes. Así lo prueba 
la nota que en la víspera de marchar para el Perú 
dirigió á aquella corporación reconociéndola como 
representante del " pueblo heroico, del pueblo vir- 



— 89 — 

" tuoso, el más digno de la gratitud de la historia " ; 
protestándole al mismo tiempo, " que desde el mo- 
"' mentó en que se erigiese la autoridad central de las 
"provincias, estaría el ejército de los Andes subor- 
" di nado á las órdenes superiores, con la más llana y 
" respetuosa obediencia ". 

La marina, que tanto propendió á fundar el poder 
de la España en el nuevo continente, arrojada del 
Río de la Plata desde los primeros años de nuestra 
revolución, asilaba parte de sus gloriosos restos en 
las aguas del Pacífico, en donde, en la extensa costa 
que media entre las provincias meridionales de Chile 
v los castillos del Callao, hallaba fortificaciones po- 
derosas en que estacionarse con seguridad. Cupo al 
pueblo chileno la fortuna de arrojar para siempre 
de aquellas aguas, á esas naves que eran uno de los 
obstáculos para que la obra de la independencia se 
consumara. 

La revolución, inspiradora de tantos pensamientos 
fecundos, reveló á aquella República su destino escri- 
to por la naturaleza con los signos de la geografía. 
Encerrada entre una cadena de montes y las aguas 
de un océano, comprendió que no podía agrandarse 
ni preponderar entre los pueblos que nacían para la 
libertad, sino echando sobre ese mar los pinos de 
los bosques convertidos en embarcaciones que dila- 
taran su comercio más allá de los reducidos límites 
de su territorio abundante en frutos, porque lo es 
en hombres laboriosos. 

Los gobiernos de Chile no perdieron un solo día 
para consumar la realización de aquel pensamiento; 
y así es admirable observar, y es glorioso para el 



- 90 - 

nombre Americano, que la escuadra de a.quel país 
que en 1813 se componía apenas de una fragata y 
un bergantín, que no sirvieron por su mala organi- 
zación sino para comprometer la causa, contaba en 
1820, un navio, el San Martín, cuatro fragatas, una 
corbeta, cuatro bergantines y dos goletas, con un 
total de 324 cañones. 

Esta fuerza naval llena de disciplina y regulari- 
zada en su administración económica y militar, ha- 
bía contribuido al incremento de la marina mercante 
y adquirido gran preponderancia en las aguas del 
Pacífico, sobre las cuales fué siempre favorecida de 
la fortuna. 

Era su almirante uno de los marinos más notables 
de este siglo, el Lord Tomás Cochrane, conde de 
Dundonald, hombre sin par en el arrojo, de talento, 
fértil en recursos, de gran experiencia en lances del 
mar; pero tan pagado de sus opiniones y valer que, 
según el juicio de sus compatriotas, se hizo siempre 
odioso de sus superiores y fué víctima de los efectos 
de su carácter descontentadizo. 

Este hombre esclarecido, que tantos servicios pres- 
tó á la causa de la independencia en América, y de 
la libertad en todo el mundo, no ha contribuido poco 
para agigantar el mérito personal de San Martín, de 
quien se declaró émulo y rival, desde que fué confia- 
do á éste el mando en jefe de la expedición al Perú 
á que también aspiraba. Sería difícil establecer un 
paralelo entre estos dos personajes; pues puede de- 
cirse que la paciente grandeza, que la moderación y 
el acierto del general argentino en todas sus rela- 
ciones con el impetuoso almirante, que despreciaba 



- 91 — 

las combinaciones sabias de la estrategia militar, por 
no confiar más que en la audacia impremeditada de 
los golpes de mano que con tanta frecuencia burla 
la fortuna, triunfaron de éste, y le dejaron des- 
airado ante los ojos imparciales, por más que en 
largas y apasionadas Memorias de su vida haya 
querido deprimir á quien confió su defensa exclu- 
sivamente y ese silencio al fallo de la posteridad. 

Así que el día 6 de Mayo fué nombrado el ge- 
neral San Martín jefe del ejército y de la expedición 
libertadora al Perú, pasó al puerto de Valparaíso á 
emprender los aprestos últimos, y á vencer las dificul- 
tades que el almirante oponía al embarco de las tro- 
pas cuyo número parecía excesivo. 

En la última conferencia que con aquel motivo 
tuvieron aquellos jefes, el general San Martín, con 
demostraciones claras y con su lenguaje preciso y 
militar, le hizo ver que los intereses y las circuns- 
tancias de América exigían que la expedición se 
verificase con el número de fuerzas designadas, y 
que era resolución del pueblo y del gobierno el em- 
prender la marcha de cualquier manera. El almirante 
no pudo menos que convenir en las razones impo- 
nentes del general y la expedición se puso en marcha 

Pero el antiguo jefe del ejército de los Andes no 
abandonó aquellas playas sin volver antes sus ojos 
al país de su nacimiento, que en aquel momento 
estaba envuelto en el caos de una disolución política : 
dirigió palabras de respeto al Cabildo de Buenos 
Aires, en los términos que hemos visto, y sacó de su 
corazón y de su inteligencia consejos encaminados á 
hacer odiosa la división intestina á los habitantes del 



— 92 — 

Río de la Plata : " Yo os hablo con la franqueza de 
" un soldado, decía á sus compatriotas en un ma- 
' nifiesto que lleva la fecha de 22 de Julio de 1820. 
' Si dóciles á la experiencia de diez años de conflictos 
' no dais á vuestros deseos una dirección más pru- 
' dente, temo que cansados de la anarquía suspiréis 
' al fin por la opresión y recibáis el yugo del primer 
' aventurero feliz que se presente, y lejos de fijar 
' vuestro destino, no hará más que prolongar vues- 
' tra incertidumbre ". A continuación de estas pa- 
labras sensatas, cuya lectura tienen hoy la eficacia de 
una profecía, en vista de humillaciones que no pode- 
mos olvidar, el general San Martín hace una expo- 
sición rápida de su carrera desde que regresó á la 
patria, para fundar en ella su defensa " contra la 
" severa actividad de la calumnia de sus enemigos ". 
Por fortuna resulta de ese documento que si 
tenía razón para quejarse de actos de ingratitud, era 
ésta hija y resultado natural del desorden de las 
cosas y de las ideas que en aquella época reinaban, 
puesto que según las mismas expresiones del general, 
" sólo después de haber triunfado la anarquía, había 
" entrado en el cálculo de sus enemigos el calum- 
" niarle sin disfraz ". Pero si los resentimientos de 
que era víctima, no tuviesen esta explicación, él con- 
testaba allí mismo de una manera satisfactoria á los 
cargos que pudieran hacérsele por haberse negado á 
oponer la influencia de su prestigio á la insubordina- 
ción de los pueblos contra el gobierno de la nación. 
" El general San Martín, dice en aquel mismo mani- 
" fiesto, jamás derramará la sangre de sus compa- 
" triotas, y sólo desenvainará la espada contra los 



— 9;) - 

"' enemigos de la independencia de la América del 
" Sud ". 

Dado á reconocer San Martín por jefe de mar 
y tierra, y por consiguiente, por único director de 
las operaciones de la expedición, zarpó ésta del 
puerto de Valparaíso en la tarde del 20 de Agosto 
de 1820. Veinte eran las velas que se daban al vien- 
to, y el general San Martín con su estado mayor 
montaba el navio de su nombre. 

Diez y ocho días después, las tropas de la expe- 
dición, cuyo número total.no pasaba de 4.000 hom- 
bres, tomaron tierra en las cercanías del pueblo de 
Pisco, (l) en donde estableció el cuartel general. 

Pisaba el general San Martín el suelo ansiado del 
Perú. Lima, su punto de miras, no distaba más que se- 
senta leguas del punto en que se encontraba. La liber- 
tad de un millón de almas, diseminadas desde Ataca- 
ma hasta el Amazonas, era la misión del reducido nú- 
mero de valientes que le acompañaban. Mas para 
realizar esta empresa verdaderamente colosal tenía 
que combatir á veinte y tres mil hombres aguerridos, 
que luchaban con la obra envejecida de tres siglos y 
vencer las inclemencias de una naturaleza extre- 
mosa, cuyas montañas frías y ásperas son inhospi- 
talarias, cuyos valles esconden la enfermedad y la 
muerte en la dulzura de sus frutos. 

Aunque San Martín era un soldado colocado al 
frente de un ejército acostumbrado á batallar y ven- 
cer, y en cuyas virtudes confiaba, contaba más que 
con las victorias sangrientas, con el poder moral 

(1) En la Ensenada de Paracas, caleta de Palpa — N. del A. 



— 94 — 

de las miras que le conducían al Perú; y conside- 
raba su expedición corno un gran punto de apoyo 
ofrecido por quienes ya gozaban de la independencia, 
al resto de los americanos que aun gemían bajo el 
régimen colonial y aspiraban á gobernarse por sí 
mismos. Este modo de considerar su misión era ver- 
daderamente argentino, porque las armas que la re- 
volución de Mayo puso en manos de tantos valientes, 
llevaron siempre en sus puntas, no sólo la fuerza 
material, sino también la fuerza de los principios 
y de las ideas sociales, en consonancia con las aspi- 
raciones de los tiempos modernos. Donde nuestros 
ejércitos han puesto el pie, allí han dejado el germen 
fecundo de la libertad, de la independencia y de la 
política generosa. Y efectivamente, cuando San Mar- 
tín se retiró del Perú, la independencia de este país 
estaba consumada y echadas las bases de su régimen 
representativo, fundado en la existencia de un Con- 
greso que representaba á la Nación Peruana, sobe- 
rana é independiente de todo poder extranjero. 

Sin embargo, la acción de las armas era indis- 
pensable, y el general San Martín, antes de moverse 
de Pisco, tomando en cuenta la naturaleza física 
y la disposición moral de los habitantes del Perú, 
trazó su plan de campaña con el acierto que va 
á verse. 

Aquel país, usando las mismas palabras del sabio 
Unanue, " se divide en dos porciones de terreno muy 
desiguales entre sí. El de la costa está cubierto de 
arenales estériles y valles pequeños aunque fecun- 
dos, y el de las sierras de cordilleras elevadísimas y 
de quebradas profundas." El indio de las sierras 



— 95 — 

aferrado todavía á sus costumbres primitivas es ca- 
paz de fuerzas corporales, ágil y amigo de la libertad 
personal, por lo mismo que no la disfruta. La pobla- 
ción de la costa, en la cual se ejerce más directamente 
la influencia de Europa, es inteligente, amiga de las 
novedades, pero un tanto muelle é indolente. 

Sobre esta carta geográfica trazó el general San 
Martín el itinerario de sus soldados. El general Are- 
nales, varón á la antigua, nacido entre montañas (l) 
y de una constancia á toda prueba, es destinado 
al corazón de la sierra con mil hombres de todas 
armas. 

Desde Jauja, situada al oriente y en latitud de 
Lima, privaría á esta ciudad de recursos mientras 
que San Martín, atacando hacia la parte Norte de 
aquella capital con el resto del ejército se pondría 
en comunicación con la expedición á la sierra y pro- 
movería la sublevación de las provincias altas inter- 
medias entre uno 3^ otro general. Estas disposiciones 
tenían por objeto insurreccionar á los habitantes de 
las montañas, con cuya buena disposición se contaba, 
bloquear á Lima por hambre y obligar al virrey 
Pezuela á hacer una capitulación. La entrada del 
ejército libertador en la ciudad de los reyes debía 
ser una consecuencia y el resultado de este plan, 
mediante el favor de la fortuna. 

A la aparición de las fuerzas independientes, acu- 
dieron á recibirlas turbas indígenas, las que forman- 
do como la vanguardia del aguerrido Arenales, con- 
tribuyeron al buen éxito de la empresa confiada á 

(1) En Villa Reynosa, en España. — N. del A. 



— 96 — 

este general, que se cubrió de gloria, batiendo en 
Pasco una fuerza de más de mil hombres, al mando 
del brigadier español O'Reilly. No menos favora- 
bles á los libertadores se presentaron los vecinos 
de la costa; muchos de ellos abandonaban sus fami- 
lias y se dirigían á lea, en donde se comenzaba á 
formar una división de naturales. Mientras tanto, 
el general San Martín, en prosecución de su plan, 
dirigíase al puerto de Huacho, situado un grado 
más al Norte de Lima, haciendo en su travesía una 
importante adquisición con la fragata Esmeralda, 
cuya captura es una de las glorias de la marina 
independiente del Pacífico. 

En las cercanías de las costas del Huacho, se ex- 
tiende hacia el interior el valle de Hliaura, cuyo 
temperamento participa de las ventajas y de los 
inconvenientes de los climas ardientes. Allí estable- 
ció el general San Martín el campamento de su 
ejército, atendiendo á los resultados del movimiento 
de la sierra, obrando con su presencia sobre la opi- 
nión del país y debilitando la fuerza y la disciplina 
de los soldados de Pezuela, más eficazmente que 
con sangrientas batallas. Cada día tenía nuevos mo- 
tivos para persistir en su plan primitivo y para man- 
tener el asedio que debía abrirle las puertas de la 
capital del Perú. 

A la noticia de su arribo á aquellas costas ha- 
bíanse conmovido muchas provincias y partidos, 
declarándose independientes, desde Guamanga hasta 
Guayaquil : batallones enteros, como el de Numan- 
cia, abandonando las banderas reales vinieron á am- 
pararse bajo las del libertador. 



- 97 - 

La permanencia del general San Martín en aquel 
punto del litoral peruano, si no hubiera sido resul- 
tado de sus cálculos, lo habría sido de la necesidad. 
Sus soldados, hijos de regiones templadas sucum- 
bían á las fiebres intermitentes de los valles cálidos, 
y su mismo jefe pierde la salud aúneme mantiene 
sano el espíritu. 

A pesar de esta situación que llegó á ser verda- 
deramente lamentable, la acción de los libertadores 
llegó á hacerse sentir por todas partes, y especial- 
mente en el corazón del poder del virreinato. Mien- 
tras la escuadra bloqueaba el puerto del Callao, el ge- 
neral Arenales emprendía nuevas operaciones en la 
sierra, y San Martín extremaba su vigilancia por 
la parte Norte del litoral, reduciendo de este modo 
á un completo aislamiento la ciudad de Lima, dentro 
de la cual fermentaba ya la independencia tanto 
como se abatía el prestigio de la autoridad de Pe- 
zuela. 

La imprenta del ejército libertador, dirigida por 
escritores de talento singular, derramaba por todas 
partes el convencimiento de la justicia de la causa 
de los pueblos americanos y contribuía á formar el 
espíritu público. Los soldados españoles estaban mo- 
ralmente vencidos. En número de más de ocho mil 
hombres, mandados por jefes como Canterac, La 
Serna, Valdez, etc., no se atrevieron nunca á atacar 
al reducido número de independientes, situados al 
amparo de fortificaciones pasajeras, en aquellos va- 
lles mortíferos. 

Verdad es que éstos se habían mostrado con brío 
y una constancia á toda prueba, en todas las oca- 
siones que se encontraron frente al enemigo. 

t. I. 7 



- 98 - 

La expedición al mando de! coronel Miller con 
destino á Pisco, castigó la altanería del jefe español 
Loriga, tomó á viva fuerza la villa y puerto de 
Arica, y obtuvo dos victorias más en Mirave y en 
Moquehua, antes de regresar á su punto de partida. 

Hasta los episodios de aquella campaña del gene- 
ral San Martín tomaban dimensiones heroicas que 
avasallaban la imaginación de los españoles, porque 
sólo pueden compararse con las acciones de los tiem- 
pos caballerescos. 

En un reconocimiento de vanguardia, por ejem- 
plo, había quedado el capitán Pringles al mando de 
sólo veinte y cinco granaderos á caballo ; tres escua- 
drones españoles le atacan y él toma, batiéndose, 
la retirada sobre las costas del mar en las playas de 
Chancay. Viéndose el valeroso capitán con menos 
de la tercera parte de sus soldados y con sus caba- 
llos rendidos por la sed, el cansancio y la aridez del 
terreno, concibe la idea de arrojarse al mar con todo 
el puñado de sus valientes, y lo ejecuta. Pero, en 
presencia de semejante acto de heroísmo, el jefe 
español ofrece una capitulación, que acepta el capi- 
tán Pringles, pudiendo considerarse victorioso des- 
pués de vencido. 

Si la conducta militar del ejército fué honrosa 
para el valor del ejército siempre acreditado de los 
soldados de la libertad, la sabia política dirigida por 
el general en jefe lograba el mayor de los triunfos 
que pudo alcanzar en el Perú, la causa americana. 
San Martín repitió á las puertas de la capital del 
Perú el ejemplo dado en Buenos Aires por el pue- 
blo en los primeros días de la revolución, cuando 



- 99 - 

derribó al suelo el prestigio de uno de esos ídolos 
que representaban en el nuevo mundo al monarca 
español. 

El virrey Pezuela minado en su poder y acusado 
de impotente para desempeñar las funciones de su 
alto empleo, fué depuesto por sus propios subordi- 
nados el día 29 de Enero de 1821 : (l) acontecimiento 
sin ejemplo en el Perú desde los días de la conquis- 
ta, y que dejaba presagiar que la revolución se acer- 
caba á su triunfo definitivo. 

El general La Serna se sentía tan vencido como 
su antecesor, y pocos meses después de haber asu- 
mido el carácter de virrey, celebró un armisticio con 
el general San Martín, que había tomado tierra 
al efecto en el puerto de Ancón, sirviendo aquella 
suspensión de armas como preliminar de un tratado 
de paz entre los beligerantes. (2) 

El jefe del ejército libertador no quiso presentar- 
se como un obstáculo á que cesase la efusión de 
sangre, pero trató de dar á 1 las bases de la paz un 
carácter generoso y elevado, que sus contrarios eran 
incapaces de comprender. 

Propúsoles que se proclamase, de común acuerdo, 
la independencia del Perú, y que se recabase del 
gobierno de la península el reconocimiento de la 
nación peruana. Los jefes del ejército real no acce- 
dieron á estas proposiciones, y las hostilidades co- 



(1) En el motín de Aznapuquio que dirigió el general Je- 
rónimo Valdés. — N. del A. 

(2) Armisticio de Punchauca, el 23 de Mayo de 1821. — 
N. del A. 



- 100 — 

menzaron de nuevo, con gran ventaja para los in- 
dependientes. 

Después de haber cumplido con su deber como 
hábil político y como hombre de nobles sentimien- 
tos, el general San Martín, libre de toda responsa- 
bilidad con respecto á la sangre que se derramase 
en adelante, se felicitó hasta cierto punto de la te- 
nacidad de sus contrarios. Según se expresaba él 
mismo, dando noticia de estas transacciones, ellas 
eran ventajosas, en su concepto, para la independen- 
cia americana, pues no exigía más que un armisticio 
de diez y seis meses, durante los cuales, la fuerza 
de la opinión consumaría la libertad del Perú. A 
más, el general San Martín contaba con la desmo- 
ralización de sus enemigos y la deserción, y no 
vacilaba, según sus propias palabras, en prolongar 
un poco más de tiempo los males, para gozar des- 
pués tranquilamente hi paz al amparo de la libertad. 

Estas previsiones se realizaron en todas sus partes, 
pues estrechados los realistas por las operaciones 
militares del ejército libertador y privados del apoyo 
de la opinión pública, cada día más inclinada á favor 
de los independientes, se vieron forzados á aban- 
donar la ciudad de Lima, ocupándola inmediatamen- 
te las fuerzas patriotas en los primeros días de Julio. 

Al abandonar los españoles la metrópoli pe- 
ruana, se cebaron en las personas y bienes de los na- 
turales que habían dado pruebas de adhesión hacia 
los libertadores y dejaron tras de sí el silencio y la 
consternación. 

Todo quedaba en ruinas, hasta los templos despo- 
jados de sus principales riquezas. En el espacio que 



— 101 

media entre el puerto del Callao y la ciudad de Lima, 
no se advertía el más leve síntoma de movimiento 
mercantil. La aduana sin efectos en sus capaces al- 
macenes mantenía desde tiempo atrás cerradas sus 
puertas á todo tráfico ; en las calles antes bulliciosas 
de la ciudad de las fiestas y ceremonias cortesanes- 
cas, no se encontraban más que transeúntes entris- 
tecidos por una dominación insoportable, agravada 
con el peso de una soldadesca autorizada para todos 
los excesos. 

Pero semejante situación iba á cambiar como por 
encanto á la influencia de las armas de la patria. 
Lima en poder de los independientes era una con- 
quista para la libertad y un baluarte perdido para 
los dominadores de América, de quienes era el gran 
centro de sus recursos. Aquella ciudad, antes asilo 
del despotismo y de la tiranía española cambiaba 
enteramente su ser y entraba en el espíritu del 
tiempo, desprendiéndose para siempre de la cadena 
que la ligaba á los siglos antiguos, según las concep- 
tuosas palabras de un periodista de aquellos días. Y 
así era la verdad. " La capital ha entrado ya en el 
" número de los pueblos libres de América " decía 
el general San Martín en su proclama á los vecinos 
de Lima. " Yo me complazco en saber que sus habi- 
" tantes gozan de tan señalado beneficio, y haré 
" tantos esfuerzos para promover su felicidad, cuan- 
" tos he practicado para acelerar su independencia ", 
Era también entonces la primera ocasión que escu- 
chaban aquellas poblaciones las palabras del "olvido" 
y "tolerancia", que como eco de los principios de la 
revolución, eran el hálito de la nueva vida que iba 



- 102 — 

cundiendo del Sur hacia el Ecuador desde las llanuras 
argentinas. " Yo estoy resuelto, continuaba el gene- 
" ral, á correr un velo sobre todo lo pasado, y clesen- 
" tenderme de las opiniones políticas que antes de 
" ahora hubiese manifestado cada uno ". 

El Cabildo de Lima condenado desde su creación 
á servir de escolta ceremoniosa en la comitiva de los 
virreyes, comenzó á ejercer más nobles funciones, y 
en nombre del Libertador abrió sus salas capitulares 
á los vecinos respetables para preguntarles "si la opi- 
" nión general se hallaba ó no decidida por la causa 
"de la independencia". Esto tenía lugar el 17 de 
Julio, al día siguiente de la entrada del general San 
Martín en Lima, y el 29 estaba jurada solemnemente 
la independencia del Perú, que se colocaba en el nú- 
mero de los pueblos libres, y permitía decir pocos días 
después lleno de entusiasmo á su Libertador : " La 
" capital del Perú y todos sus departamentos, han 
" proclamado su independencia. Un solo sentimiento 
" anima á todos los que habitan entre la tierra del 
" Euego y la del Salvador : los pueblos que no lo han 
" manifestado, están ya en la víspera de ejecutarlo, 
" y no hay fuerza bastante para impedirlo ". 

Pero era indispensable que la nueva nación se 
manifestase digna de sus destinos, y se pusiese en 
actitud de hacer frente á sus enemigos, todavía en 
armas y numerosos, y de reformar su administración 
económica en armonía con las ideas de gobierno 
proclamadas por las otras secciones libres de Amé- 
rica. Vióse, pues, el general vencedor en la necesidad 
de constituir un gobierno con los elementos de auto- 
ridad suficientes para acometer esta tarea, difícil en 



— 103 — 

el Perú más que en ninguna otra de las colonias 
españolas del Sur, porque era el centro de todos los 
abusos y de todos los horrores que son como la en- 
fermedad moral de todos los pueblos esclavos. El 
general San Martín, se declaró cabeza de ese gobier- 
no con el título de ''Protector de la libertad del 
Perú". Pero como el poder que iba á ejercer en 
medio de tantas dificultades y en una época en que 
era necesario que se mantuviese en una misma mano 
las espadas de la fuerza y de la justicia, le venía de 
la victoria, quiso dictar un Estatuto provisional que 
fuese una verdadera reglamentación constitucional 
de las atribuciones del protectorado. Según ese do- 
cumento, que el general San Martín se ofreció ob- 
servar y cumplir bajo la lealtad de su palabra y la 
buena fe en su juramento, las facultades que iba 
á ejercer emanaban del imperio de la necesidad, de 
la fuerza de la razón y de las exigencias del bien pú- 
blico. El Estatuto creaba un consejo de Estado com- 
puesto de doce individuos, cuyas funciones eran dar 
dictamen al gobierno en los casos de difícil resolu- 
ción, y examinar los planes de reforma concebidos 
por el jefe de la administración ; establecía la com- 
pleta independencia del poder judicial, corno única 
y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo ; 
sancionaba la de imprenta, cuyo uso se reglamentó 
más tarde en un decreto especial ; reconocía el de- 
recho que compete á los que disienten de la creen- 
cia católica. Por último, el general San Martín dio 
una prueba más de sus deseos de acertar en su admi- 
nistración y de hacerla fructuosa para el bien y el 
progreso del Perú, rodeándose de ministros de la 



— 104 — 

capacidad y de la experiencia de los señores Mon- 
teagudo, García del Río y Uñarme ; un argentino, un 
colombiano y un hijo del Perú, que han dejado ilus- 
trados sus nombres por sus trabajos en favor de la 
independencia y de la cultura intelectual de la Amé- 
rica. 

Esta administración cambió en pocos meses las 
formas de todos los establecimientos que constituían 
el antiguo régimen, y dio á las ideas del pueblo que 
nacía á la libertad, once años más tarde que Buenos 
Aires y Chile, la dirección que constituía la honra y 
el progreso de estas dos repúblicas. Contra jóse, antes 
que todo, á levantar la dignidad de los individuos 
hasta allí humillada por los cálculos del poder que 
sólo exigían docilidad y obediencia de los ciudada- 
nos. Para desarraigar los abusos que reinaban á este 
respecto, abolió la pena de azotes para los adultos y 
los niños, el suplicio de la horca, y dignificó á las 
esposas y á las madres, señalándoles premios y hon- 
ras por los actos que recomendasen las virtudes pro- 
pias de su sexo. 

Convencida aquella administración de que la li- 
bertad no progresa ni brilla sino apoyada en las bue- 
nas costumbres, persiguió los vicios hijos de la ocio- 
sidad y de la apatía pasada, especialmente el juego, 
y llevó su atención hasta sobre aquellos detalles más 
minuciosos que contribuyen á la decencia y al decoro 
de las poblaciones civilizadas. La instrucción pública, 
primera necesidad de las sociedades, recibió un gran 
impulso. Permitióse el libre comercio y la introduc- 
ción, sin restricciones, de las obras impresas, y creó 
una sociedad que, bajo el título de Patriótica, era 




■ 


JUAN MABTII I>E PITEYKRKBOM ' 

1 ! 




J 









Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 
(Museo Histórico Nacional) 



- 105 - 

un verdadero instituto científico y literario, con el 
objeto de disentir todas las cuestiones que tienen un 
influjo directo ó indirecto sobre el bien público, en 
materias políticas, económicas ó científicas ; se fundó 
la biblioteca pública, á la cual regaló el general San 
Martín los libros más selectos de la suya particular. 
Nombráronse comisiones de personas idóneas para 
levantar el censo de los Departamentos, planos to- 
pográficos de los mismos, para proponer cuanta me- 
jora creyesen ser practicable en beneficio de la agri- 
cultura, de la industria y de la instrucción pública en 
general. Viéronse entonces, por primera vez en el 
Perú, las instituciones de crédito, y se establecieron 
bancos de descuento y de emisión para acercar el 
capital á las manos de los industriales, y especial- 
mente para fomentar la explotación de los metales 
preciosos, que se hallaba en una lamentable deca- 
dencia; vióse también ayudar con disposiciones libe- 
rales el desarrollo del comercio y de la marina mer- 
cante, reducida á un corto número de embarcaciones, 
insuficientes para promover el cambio de los produc- 
tos entre los puertos mismos del litoral peruano. 

Esta reseña breve de las medidas dictadas por la 
nueva administración, á cuya cabeza estaba el Pro- 
tector, basta para inferir cuál sería su actividad y 
la ilustración de sus miras. Su alcance social fué in- 
menso. Cada decreto llegaba al pueblo precedido de 
considerandos luminosos que ilustraban la necesidad 
y conveniencia de las medidas dictadas : fundándose 
en las más sanas doctrinas, contribuía á crear la es- 
cuela del verdadero gobierno democrático, que no tie- 
ne más fin que la felicidad pública y la mejora moral 
de la sociedad. 



- 106 - 

Por una coincidencia digna de notarse, la admi- 
nistración del Perú, nacida de entre el humo de la 
guerra, marchaba paralela con la que en aquellos 
días rehacía en Buenos Aires todo el orden social 
volcado desde sus cimientos por los trastornos del 
año veinte. No es de extrañar esta armonía de prin- 
cipios : ellos eran frutos de las semillas de Mayo cul- 
tivadas en la mente vasta de San Martín, de Mon- 
teagudo y de Rivadavia, quienes mil veces se habían 
encontrado en el foro de la Plaza de la Victoria en 
los momentos primeros y más solemnes de la lucha 
contra el antiguo régimen. 

La sabiduría de esta política era más poderosa que 
los cañones para vencer á los antiguos opresores del 
Perú, y así lo reconoció este pueblo por conducto de 
su municipalidad, agradeciendo por medio de una de- 
claración pública de fecha 21 de Noviembre, la fi- 
lantropía, el respeto por las personas y las propie- 
dades, las virtudes, en fin, del protector y su ejército 
que habían sabido afianzar los derechos legítimos de' 
los ciudadanos con hechos considerados hasta enton- 
ces como sueños y teorías irrealizables. Esta mani- 
festación espontánea es la mejor gloria de San Mar- 
tín, á quien en esa ocasión parangonaba la misma mu- 
nicipalidad con Jorge Washington. 

En tanto que se mostraba tan acertado como ad- 
ministrador el general San Martín, no lo había sido 
menos como militar desde que ejercía el cargo de 
Protector. 

El enemigo guarecido en las sierras, descendió de 
ellas en número de más de cuatro mil hombres con 
el intento de recobrar la capital, y comenzó con este 



— 107 — 

motivo una nueva campaña, que el mismo San Mar- 
tín llama singular, por cuanto derrotó en ella á sus 
contrarios á fuerza de habilidad y persistencia en un 
solo plan concebido de antemano. Haciendo movi- 
mientos rápidos é inesperados en virtud de los cuales 
se apoderaba siempre de las posiciones más ventajo- 
sas, acosó al enemigo, y le redujo á los extremos del 
hambre, á tal punto, que los que pretendían recu- 
perar á Lima abandonaron escarmentados su intento 
dejando en poder del Protector del Perú los famo- 
sos castillos del Callao guarnecidos por más de ocho- 
cientos cañones de todos calibres. 

Sin embargo, el general San Martín no había po- 
dido coronarse con los laureles de un nuevo Maipo en 
el imperio de los Incas, y el poder armado de la Es- 
paña aún permanecía en pie en aquel territorio. 
Mientras tanto el general Bolívar se presentaba en 
las inmediaciones de aquella escena con un ejército 
vencedor y rodeado de un prestigio de que el mismo 
general San Martín se congratulaba, puesto que ese 
prestigio había sido conquistado en el servicio de 
la gran causa de la América. Incapaz de cálculos 
egoístas y dispuesto siempre á sacrificar los intereses 
personales en aras de la patria, miró en el guerrero 
de Colombia, no á un rival ni á un futuro usurpador 
de su gloria, sino á un aliado, á un nuevo cooperador, 
para completar con mayor acopio de elementos la 
gran obra comenzada el día de su desembarco en las 
costas peruanas. Por otra parte, la comunidad de 
acción entre las armas chileno-argentinas y las co- 
lombianas habían tenido ya un ensayo feliz en las 
faldas del Pichincha, en donde los granaderos de San 



— 108 — 

Lorenzo mostraron una vez más el temple de sus 
sables. 

Considerando bajo este punto al general Bolívar, 
lanzóse San Martín á su encuentro, á fin de estre- 
char en sus brazos al hombre que á par de él había 
escogido la providencia para que compartiesen la 
responsabilidad de hacer estable el destino de Amé- 
rica. La atención de aquellas regiones se concentró 
en el espectáculo que iba á presentar el encuentro de 
aquellos dos hombres extraordinarios que, partiendo 
desde dos extremos del mundo nuevo, el uno desde 
el Plata, el otro desde el Orinoco, se daban cita bajo 
el Ecuador á la sombra de los laureles de la victoria. 

Aquella conferencia que vino á tener lugar en la 
ciudad de Guayaquil, el 25 de Julio de 1822, y que 
duró tres dias, durante los cuales no se separaron un 
momento los dos héroes, fué cordial y amistosa : pero 
lo que pasó en ella ha quedado envuelto en el mis- 
terio hasta ahora. 

La conducta posterior de San Martín ha dado 
lugar á creer que aquellos dos hombres no pudieron 
ponerse de acuerdo, ya por diversidad de miras, ya 
por la desarmonía de carácter; y Que al decirse 
adiós, la frialdad y el desencanto se pusieron por 
medio entre ambos. La historia, cuando pueda ser 
más expedita é imparcial que ahora, desentrañará 
el misterio del seno mismo de los hechos, tomando 
en cuenta la calidad del uno y del otro de los dos 
grandes actores de la conferencia á orillas del Gua- 
yas. Entonces habrá motivo para admirar más toda- 
vía el patriotismo y el desinterés desmedido de San 
Martín, á quien cupo su parte de gloria en las jor- 



- 109 — 

nadas de Junin y Ayacucho, puesto que allí se ad- 
miraron por su valor los soldados y capitanes de 
la severa escuela de Maipo. 

El día 19 de Agosto estuvo de regreso el Pro- 
tector en la ciudad de Lima y reasumió el mando 
supremo, que durante su ausencia había desempe- 
ñado interinamente el marqués de Torre-Tagle; lle- 
no de la idea de asegurar la independencia del Perú, 
destinó fuerzas escogidas á que desalojaran al ene- 
migo de las provincias de Arequipa y del Alto Perú, 
y encomendó al viejo práctico de las asperezas de 
la sierra, al general Arenales, que arrojase de ella 
á los españoles que la ocupaban de nuevo. Pero, 
al proveer con estas medidas á la seguridad del 
Perú, no quiso que su independencia quedara á 
merced del éxito inseguro de las operaciones mili- 
tares, y como si previese otro género de peligros 
para esa misma independencia, no quiso que ella 
tampoco quedase á merced de la virtud personal de 
nadie, sino basada en la virtud del pueblo repre- 
sentado según las formas que constituyen las nacio- 
nalidades independientes. 

San Martín revuelve en su cabeza la idea de au- 
sentarse del Perú, pero no quiere separarse de aque- 
lla escena en que había obrado tan grandes acciones, 
sin dar nuevos ejemplos de patriotismo y de magna- 
nimidad para vencer, á su manera, á la ingratitud 
y á la envidia que fermentaba al calor de su gloria. 

El día 18 de Septiembre decretó desde su palacio 
la reunión de todos los diputados cuyos poderes 
estuviesen expeditos para el 20, y en esta fecha 
el primer cuerpo constituyente declaraba bajo el 



- 110 - 

patrocinio del libertador, que se hallaba solemne- 
mente instalado, que la soberanía residía esencial- 
mente en la nación, y su ejercicio en el congreso que 
legítimamente la representaba. 

En la sesión de apertura presentóse el general 
San Martín ocupando la testera de la sala del con- 
greso, bajo un dosel suntuoso, y así que los repre- 
sentantes ocuparon sus asientos, despojóse el Pro- 
tector del Perú de la banda bicolor que había ce- 
ñido durante un año como insignia de jefe supremo 
del estado, y pronunció la siguiente alocución : " Al 
" deponer esta investidura, no hago sino cumplir 
" con mi deber y con los votos de mi corazón. Si 
" algo tienen que agradecerme los peruanos, es el 
" ejercicio del supremo poder que el imperio de las 
" circunstancias me hizo obtener. Hoy que felizmen- 
" te lo dimito, pido al Ser Supremo el acierto, luces 
" y tino necesario á los representantes del pueblo, 
"para hacer su felicidad. ¡Peruanos! desde este 
" momento queda instalado el congreso soberano, 
" y el pueblo reasume el poder en todas sus partes." 
Tales fueron las palabras con que el general San 
Martín saludó á los representantes de la Nación que 
se levantaba á la faz del mundo por los esfuerzos de 
su genio. 

Y esas palabras eran bien sinceras. Instado por 
el gobierno para que permaneciese en el país al 
frente de las armas con el título de generalísimo, 
dio en términos explícitos las razones que le asis- 
tían para no aceptar ese cargo y persistir en abando- 
nar el Perú después de constituido. " Mi presencia, 
" señor, en el Perú, dijo nuevamente al congreso, 



- 111 — 

" con las relaciones del poder que he dejado y con 
" las de la fuerza, es incompatible con la moral del 
" cuerpo soberano y con mi propia opinión, porque 
" ninguna prescindencia moral de mi parte alejaría 
" los tiros de la maledicencia y de la calumnia." 

Al separarse el general San Martín del seno del 
congreso, dejó sobre la mesa de los secretarios va- 
rios pliegos cerrados : en dos de ellos recomendaba 
y ponía bajo la protección de la patria dos institu- 
ciones creadas por él para favorecer los intereses 
morales del Perú: "La Orden del Sol", que re- 
compensaba los méritos contraídos en servicio de 
la causa de la independencia, y la " Sociedad Lite- 
raria ", encargada de difundir las luces y de recom- 
pensar los talentos aplicados al progreso social. 

En el día que espontáneamente se desprendió del 
palio para depositarlo en manos de la soberanía 
nacional, el general San Martín encontró en su 
alma inspiraciones al nivel de aquel acto sublime. 

Su despedida á los peruanos, que tiene la misma 
fecha de la instalación del congreso, es un documen- 
to memorable, una de aquellas páginas cuya lec- 
tura eleva y enorgullece. " Diez años pasados en 
" medio de la revolución y de la guerra, están re- 
" compensados para mí, decía, con dejar de ser 
" hombre público ", y cifrando su orgullo en haber 
presenciado la declaración de la independencia de 
Chile y del Perú y en poseer el estandarte que 
Pizarro tremoló sobre el imperio esclavizado de los 
Incas, recomendaba á los peruanos que depositasen 
su confianza en la representación nacional, para 
evitar los males de la anarquía. 



- 112 — 

Y, levantándose más alto todavía sobre el pedes- 
tal que se labraba con el desprendimiento de sus 
actos, pronunciaba las siguientes palabras eternamen- 
te memorables : " La presencia de un militar afor- 
" tunado, por más desprendimiento que tenga, es 
" temible para los estados que de nuevo se consti- 
"tuyen; por otra parte estoy cansado de oir decir 
" que quiero hacerme soberano." 

Sus calumniadores quedaron desmentidos con los 
hechos. El supuesto ambicioso, constituida la Nación 
Peruana, abdicó un poder que podía contar con 
las fuerzas de las bayonetas, se asilaba en la vida 
privada, y hasta huía de los lugares en que tanto se 
había ilustrado, para no dar pretexto á los celos 
que se levantan frecuentemente en la democracia 
alrededor de los héroes. 

El general San Martín dejó el suelo del Perú para 
siempre el día 21 de Septiembre, á bordo de la 
fragata Moctezuma, que le condujo á Chile, donde 
no permaneció más que dos meses. Decaído de salud, 
sin más fortuna que ciento y tantas onzas de oro, 
se vio precisado á recibir la hospitalidad de su ami- 
go O'Higgins, cuyo poder tocaba también á su tér- 
mino; perseguido encarnizadamente por el jactan- 
cioso Lord Cochrane, se vio forzado á atravesar 
como un fugitivo aquellas mismas montañas que 
le habían visto al frente de sus legiones nobles, y 
marchar en demanda de la libertad del pueblo chi- 
leno que le recibía ahora con tan ingrata indife- 
rencia. 

Aquella ciudad de Mendoza que el general San 
Martín recordaba con tanto cariño y en la que hu- 



— 113 - 

biera deseado pasar el resto de su vida, feliz y 
alejado de los negocios públicos, se le presentó esta 
vez sombría para su corazón, pues allí fué donde 
recibió la noticia del fallecimiento de su esposa (l) , 
mujer de notable mérito, perteneciente á una distin- 
guida y virtuosa familia de Buenos Aires, que había 
asociado á su suerte, desde los primeros días de su 
regreso de España. De este matrimonio quedábale 
una hija tierna, su único vínculo con la tierra, y 
á cuyo cuidado y educación decidió consagrarse en 
Europa, para hacerla digna heredera de su nombre 
y apoyo dulce de la aislada vejez que le esperaba. 
El general, acelerando el viaje, llegó á Buenos Aires 
el día 4 de Diciembre de 1823. 

A mediados del mismo mes un diario anunciaba 
la presencia entre nosotros del vencedor de San Lo- 
renzo, del Libertador de Chile, del Pacificador del 
Perú, en términos tan lacónicos que el artículo refe- 
rente al huésped glorioso ocupa la mitad del espacio 
del que á continuación se consagra en la misma 
página á lamentar la despedida del Centinela de la 
escena periodística 

Pie aquí las palabras de Argos á que nos referi- 
mos. " Tenemos la satisfacción de anunciar al públi- 
" co, el arribo á esta capital del general don José de 
" San Martín. Sin traicionar á los deberes de pa- 
" triotas no hay quien pueda mostrarse indiferente 
" á la presencia de un héroe que ha coronado á la 
" Nación de tantos triunfos y laureles. Su alma, más 
" grande que la fortuna, echa en olvido su per- 

( 1 ) Doña Remedios Escalada. — N. del A. 
T. I. h 



- 114 - 

" sona para acordarse de la nuestra, y por un cami- 
'' no erizado de peligros, elevó nuestra reputación y 
" gloria nacional, á un grado fuera de los cálculos de 
" la esperanza. 

' No es dudable que nuestros nobles conciudada- 
" nos, le tributen las señales que correspondan al 
" beneficio ". 

Los escasos recursos de fortuna que contaba el 
ex-Protector del Perú, le decidieron á fijarse en Bru- 
selas, país barato y libre, después de haber hecho 
algunos viajes por Escocia é Italia. Allí pasó una 
vida llena de privaciones contando regresar á Amé- 
rica y entregarse al cultivo de la tierra, así que su 
querida hija hubiese terminado su educación. Pa- 
recióle á fines de 1828 que era llegado el momento 
de realizar estos proyectos. La heredera de su nom- 
bre se hallaba ya en estado de dirigir con sencillez y 
cordialidad su modesto y sereno hogar. Grand-Bourg 
era la casa de Cincinato. La hospitalidad que en ella 
dispensaba á sus amigos y compatriotas, era per- 
fumada con las flores de un esmerado jardín y ame- 
nizada, con la franqueza de buen tono, propia del 
soldado que desde su juventud frecuentaba la so- 
ciedad más escogida. 

Su corva espada de combate ; las grandes pistolas 
del arzón de su silla de granadero, su retrato en- 
vuelto en pliegues de la bandera que él ennobleció 
en Chacabuco, y el estandarte de Pizarro, bordado 
por la madre de Carlos V, tales eran los adornos de 
sus habitaciones en el asilo que le prestaba la tierra 
extranjera. Allí vivió hasta 1848, enterrado en la 
grave tristeza de sus recuerdos, como hoy yace in- 
mortal á la sombra de los atributos de su gloria. 



- 115 - 

Antes de que la enfermedad se apoderase del noble 
y robusto anciano, hagamos conocimientos con su 
persona y con su aspecto físico. 

Cuando San Martín estaba en la fuerza de su vi- 
rilidad y de sus años activos, era alto, grueso, bien 
hecho, de formas señaladas, de rostro interesante, 
moreno y ojos negros, rasgados y penetrantes. Era 
su metal de voz gruesa y varonil ; conservó notable 
agilidad hasta en los últimos años. Una persona que 
le visitó en su retiro de Grand-Bourg en 1843, ha 
escrito, que las grandes cejas del general le subían 
al medio de la frente, cada vez que abría sus ojos 
llenos aún del fuego de la juventud y que su son- 
risa simpática dejaba en su boca á descubierto una 
dentadura fuerte aún hasta entonces. 

Pero á principios de 1844 la estatura del prócer 
comenzó á agobiarse, su voz á perder su timbre so- 
noro, su inclinación al retiro y al silencio á crecer, y 
considerando "su salud en mal estado" escribió sus 
últimas voluntades con entrañas de padre y de pa- 
triota, legando su corazón á la ciudad de Buenos 
Aires. Las acreditadas aguas de Enghien no pudie- 
ron restituirle las fuerzas perdidas, ni tampoco los 
baños y los aires tónicos del mar, á cuyas orillas se 
estableció más tarde en la risueña ciudad de Bologna. 
en donde finalmente dio al creador su alma, á las 3 
de la tarde del 17 de Agosto de 1850. 

Su cadáver, rodeado de deudos y amigos, fué 
depositado en la catedral de aquella ciudad, en la 
mañana del día 20. 

Allí descansaron estos preciosos restos hasta que 
fueron trasladados al cementerio del pueblo de Bru- 



- 116 — 

noy en el departamento del Sena y Oise, donde posee 
una propiedad el señor Balearce y ha levantado un 
sepulcro para la esposa de un caballero adornado de 
méritos personales y con su apellido recomendado 
por muchas virtudes. Buenos Aires, objeto de sus 
pensamientos, después de tres administraciones ilus- 
tradas y llenas de patriotismo, había acreditado su 
nombre en todo el mundo, y daba lugar á creer que 
sus instituciones liberales estaban afianzadas para 
siempre bajo la protección del orden. Con las impre- 
siones de estas dulces ilusiones se embarcó en Fal- 
mouth para el Río de la Plata, á cuyo puerto princi- 
pal llegó en Febrero de 1829, en momentos en que los 
valientes de Ituzaingó sostenían una lucha cruel 
contra el paisanaje acaudillado por López y Rosas; 
al saber estas noticias aquel hombre que había dicho 
que nunca se mezclaría en las luchas intestinas de los 
países por cuya independencia había luchado, volvió 
triste la espalda á los lugares en que había buscado 
su último asilo, y desoyendo proposiciones que hubie- 
ran tentado á un militar ambicioso, se resolvió á re- 
gresar al viejo mundo, en donde probablemente le 
esperaban la escasez y los sinsabores del aislamiento. 
Y en verdad que llegó á ser apurada su situación 
allí. Tocaba en París, contaba por único caudal dos 
partidas de á tres mil pesos, provenientes de la venta 
de sus propiedades de Mendoza y de una remesa del 
Perú; su salud estaba comprometida por los efectos 
del cólera y por el reumatismo adquirido por efecto 
ele las intemperies de los campamentos militares. EJ 
ilustre servidor de América, tierra de los metales 
preciosos, no tenía en aquella situación más espe- 



- 117 - 

ranza que la Providencia, y ella vino en su auxilio. 

Mientras él había consagrado su vida al triunfo 
de la causa de América, un compañero suyo de re- 
gimiento, el señor don Alejandro Aguado, se 
encontraba poseedor de una inmensa fortuna, con 
la cual y empleando una exquisita delicadeza, salió 
al encuentro de las necesidades del ilustre camarada, 
á quien tenía la dicha de abrazar después de largos 
años de una separación que ambos creían eterna. 
Aguado conocía la dignidad del carácter de San 
Martín, y le asoció á sus consejos, depositando en él 
la más ilimitada confianza. Oigamos á éste mismo. 
" Hace pocos años, escribía en 1842 á uno de sus an- 
" tiguos colegas en Chile, mi situación fué bastante 
" crítica, y tal, que sólo la generosidad se ha extendi- 
" do hasta después de su muerte, dejándome herede - 
" ro de todas sus joyas y diamantes, cuyo producto 
" me pone á cubierto de la indigencia en el por- 
" venir "'. 

Este amigo generoso era el señor Aguado. Pero 
algo más precioso para éste que sus diamantes confió 
á la honradez y al juicio del compañero que le sobre- 
vivía, pues le dejó la tutela y cúratela de sus hijos 
menores, herederos de una fortuna de príncipes. 

El general San Martín, se estableció definitiva- 
mente en las cercanías de la capital de Francia, 
en una posesión denominada Grand-Bourg. Allí pasó 
el resto de su vida rodeado de sus nietos, cuidado 
por la más respetuosa de las hijas, respetado de 
cuantos le conocían, y visitado y acatado por todos 
los viajeros distinguidos de Sud América, á quienes 
recibía la familia. 



— 118 — 

Esta inhumación fué solemne : la caja mortuo- 
ria durante las ceremonias propias de aquel acto 
estuvo cubierta con el estandarte de Pizarro, que en 
ese mismo día pasó á poder del Representante del 
Perú, de acuerdo con las disposiciones del general 
San Martin. 

Buenos Aires tiene derecho al corazón del gran 
hombre, que le fué legado por él mismo. 

Es una reliquia de gloria, de la cual emanarán las 
virtudes de humanidad, de heroísmo, de amor puro 
á la patria, que deben formar la atmósfera moral 
de un pueblo republicano que aspira á ser grande 
por el ejercicio de la libertad. 

Juan María Gutiérrez. 



" General San Martín, que luchaste por la salvación 
de la patria y el triunfo de la libertad, tú fuiste 
grande en los campos de batalla, y los jóvenes repu- 
blicanos latinos saludan en tí al más ilustre de sus 
Jefes de Guerra, al Gran Libertador que merece ser 
puesto al lado de Hoche y de Washington " . 

Discurso pronunciado por el ge- 
neral Brun, Ministro de la Guerra 
de la República Francesa, al inau- 
gurarse el monumento del general 
don José de San Martin en Bou- 
logne-sur-Mer, el 24 de Octubre de 
1909. 



BIBLIOGRAFÍA 




BEJA Republicana, La". 

Remitido. 

Lima, 1822. — N.° 5. — Sá- 
bado 11 de Enero de 1823. — 
Imprenta del Río. 

Este número de La Abeja contiene ataques contra 
San Martín, á quien se acusa de haberse querido eter- 
nizar en el poder, formulándole además otra serie de 
cargos por el mismo estilo. 

El artículo de redacción de este número está desti- 
nado á levantar los cargos formulados contra San Mar- 
tín por supuestos abusos durante el tiempo que desem- 
peñó el poder supremo del Perú. Este artículo fué 
acusado de orden del gobierno peruano y su autor 
condenado por calumnia. 



" Abeja Republicana, La ". 

Impugnación al articulo inserto contra el 
fundador de la Libertad del Peni y los Jefes 
de su Ejército, en el N° 5 de "La Abeja Re- 



— 122 — 

publicana ". Escrita y dedicada á estos por los 
amigos de la libertad. 

Lima, 1823. — 20 págs., fol. 4. — Imprenta 
de don José Masías. 

" Abeja Republicana, La ". 

Continuación. 

Lima, 1822. — N.° 12. — Jueves 12 de Sep- 
tiembre de 1822. — Imprenta del Río. 

" Abogado Nacional, El ". 

Noticias biográficas. — Brayer, Teniente 
General, Barón, Comandante de la Legión de 
Honor. — Don José de San Martín. 

Buenos Aires. — El Abogado Nacional. — 
1818-1819. — N.° 4. — Imprenta de la Inde- 
pendencia. 

Este diario consta de 11 números. Empezó á publi- 
carse el día 15 de Octubre de 1818 y terminó el día 
r.° de Mayo de 1819. — Redactor: doctor Pedro J. 
Agrelo. 

Tanto los apuntes biográficos de Brayer como los 
que se refieren á San Martín que trae este número 
son incompletos. 

" Abogado Nacional, El ". 

Biografía moderna. Artículo: Brayer, te- 
niente general, barón, comandante de la Le- 
gión de Honor, etc., etc., pág. 55. 



- 123 - 

Biografía moderna americana. Don José de 
San Martín, natural de las Misiones del Para- 
guay, mayor general de los Ejércitos de las 
Provincias Unidas del Río de la Plata, general 
en jefe del Ejército Unido en Chile, etc., etc., 
pág. 6o. 

Buenos Aires, 1818. — N.° 4, Diciembre 24. 

Biografías sintéticas muy incompletas que no revisten 
verdadero interés histórico. 

Aceña, Coronel Ramón. 

Efemérides militares. 

Guatemala, 1900. — 1 vol. 12. , i. a , 358 + 1 
páginas. — Impreso en la Tipografía Nacio- 
nal. 

Este libro interesante es más útil para Centro Amé* 
rica que para el Río de la Plata, pues los datos que 
aporta sobre estas regiones contienen errores de bulto 

"Actualité, L"\ 

Inauguration du monumcnt au general San 
Martín á Bonlogne-snr-Mer. 

París, 1909. — V Actualité, revista ilustra- 
da, Octubre 24. 

Este número trae un retrato de San Martín, vistas 
de la cordillera de los Andes y un plano del paso de 
la misma por el ejército libertador para redimir á 
Chile. 



- 124 - 

Acuerdo extraordinario de Cabildo. 

Buenos Aires, 1812. — 1 pág\, folio. — 24 
de Febrero de 181 2. 

" Agente Comercial del Plata ". Diario Universal. 
Efemérides. — San Lorenzo, Febrero j. 

Buenos Aires, 1852. — Año I. — N.° 196. 
Recova Nueva, N.° 60. 

Este número trae un relato abreviado de la acción 
de San Lorenzo. 

Aguirre, Coronel José María y Espejo Jerónimo. 

Compendio de las Campañas del Ejército de 
los Andes. Publicado por un jefe amante de las 
glorias de su patria. 

Buenos Aires. — Imprenta del Estado. — - 
Calle de la Biblioteca, N.° 89. — 1825. — 1 fo- 
lleto, 20 págs. 4. . 

Este folleto contiene una breve reseña, muy defi- 
ciente por cierto, de las campañas del ejército liber- 
tador. Es uno de los primeros trabajos históricos con 
que se ensayó en público el futuro historiador de la 
Entrevista de Guayaquil y del Paso de los Andes. 
A pesar de esto, este compendio es interesante, si se 
tienen en cuenta los pocos datos que podían reunirse 
acerca de los sucesos en que no habían sido actores Es- 
pejo y Aguirre y las dificultades con que había que 
luchar, una vez compuesta la obra, para imprimirla. 



— J25 - 

Aiguals de Izco, Wenceslao. 

El Panteón Universal. — Diccionario Histó- 
rico de vidas interesantes, aventuras amorosas, 
sucesos trágicos, escenas románticas, Jai: ees jo- 
cosos, progresos científicos y literarios, accio- 
nes heroicas, virtudes populares, crímenes cé- 
lebres y empresas gloriosas de cuantos hom- 
bres y mujeres de todos los países, desde el 
principio del mundo hasta nuestros días, han 
bajado al sepulcro dejando un nombre inmortal. 

Por don Wenceslao Aiguals de Izco, con 
la colaboración de don Basilio S. Castellanos, 
Ventura R. Aguilera, Luis M. Roca, Mariano 
Carreras y González, Francisco Zea y Blas M, 
Araque. 

Madrid, 1853. — Imprenta de Aiguals de 
Izco Hnos. — Calle de Leganitos, N.° 17. — ■ 
Tomo II. 

A Legacy from a Great man with a Biography of 
General José de San Martín. 

London. — A. Griffith V. Baker Street. — 
Portman Square. — 1850. — 1 folleto, 16 pá- 
ginas 8.°. 

Este folleto contiene una interesante aunque abrevia- 
da biografía del general San Martín, escrita á la luz 
de los documentos de la época. 



126 



Albano, Doctor Casimiro. 

Memoria del Excmo. señor don Bernardo 
O'Higgins, Capitán General de la República 
de Chile, Brigadier en la de Buenos Aires, 
Gran Mariscal en la del Perú, Socio Protector 
en la Sociedad de Agricultura. 

Encomendado por la Sociedad de Agricultu- 
ra al socio dignidad chantre de esta Santa Igle- 
sia Metropolitana, doctor don Casimiro Al- 
bano. 

Santiago de Chile, 1844. — x v °l- 4-°> I - a - 

Este trabajo tiene poco mérito histórico. Aparte del 
estilo en que está compuesto, nada ameno que digamos, 
el relato de la vida del general O'Higgins, aparece es- 
crito en una forma que 110 siempre está de acuerdo 
con la verdad histórica. 

Albarracín, Santiago. 

Repatriación de los restos del general San 
Martín. 

Buenos Aires. — La N ación. — Febrero 23. 
Año IX, N.° 2.260. 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Biografía del general San Martín, acompa- 
ñada de una noticia de su estado presente y 
otros documentos importantes, por el doctor 
don Juan B. Alberdi. 



— 127 — 

París, 1844. — 1 folleto 8.°, 62 págs., i. a edi- 
ción. — Imprenta Ducessois. — N.° 55, Quai 
des Augustins. 

Este folleto comprende : 

I. Biografía. El general San Martin, por Ricardo 
Gual y Jaén. — Londres, 1823, etc. 

II. El general San Martin en 1843, por Juan B. 
Alberdi. 

III. Documentos sacados de la obra del capitán La- 
fond de Lürcy. — Vóyágés au Tonr du Monde, etc., 
ya citada. 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Escritos Postumos de Juan B. Alberdi. 

Buenos Aires. — 16 vols. 8.°, 1. a edición. — 
Con retrato del doctor Alberdi en fotograba- 
do. — Imprenta Europea, calle Moreno y De- 
fensa. — 1895-1901. 

Volumen V (1897). — Belgrano y siís historiado- 
res. — Facundo y su biógrafo. 

Capítulo XXVII. — Objeto doméstico de las campa- 
ñas de Belgrano y San Martín. 

Capítulo XXXI. — San Martín y Belgrano. 

Capítulo XXXII. — Por qué San Martín hizo las 
campañas de Chile y Perú. 

Capítulo XXXIII. — San Martín calificado en carta 
de Sarmiento á mí. — Yungay, Julio 19 de 1852. 

Volumen IV (1897). — El Gobierno en Sud Améri- 
ca, según las miras de su revolución fundamental. 

Capítulo I. — La Revolución de Sud América. 



— 128 — 

Capítulo II. — De la forma de Gobierno. 

Capítulo III. — La República. 

Capítulo V. — Opinión de los principales hombres 
de la revolución sobre la monarquía. 

Volumen XVI (1901). — Memorias y Documentos. 

Cartas de Mariano Balcarce á Alberdi, 1846-185 1. 

La personalidad política del doctor Alberdi, escritor 
de talento y que en más de una ocasión prestó servicios 
de importancia al país, es una de las más discutidas 
y sobre la cual la posteridad no ha pronunciado su 
verdadero fallo. 

Que no fué hombre de convicciones arraigadas y 
pertinaces lo prueba su manera irregular de proceder 
el año 1880., durante la revolución. En aquel entonces, 
desempeñando el cargo de diputado al Congreso, acom- 
pañó á la mayoría legislativa que se rehusó á asistir 
á las sesiones del Congreso reunido en Belgrano y 
autorizó con su voto y con su firma el Manifiesto 
que publicaron los diputados, dirigido al pueblo argen- 
tino. Poco después se acercó á los triunfadores y, lo 
que es más, compuso y publicó un libro titulado La 
Nación Argentina consolidada, obra cuyo contenido 
estaba en abierta contradicción con lo que él había 
sostenido en las sesiones del Congreso y con el Ma- 
nifiesto que llevaba su firma al pie. Esta colección 
contiene algunos escritos del doctor Alberdi, dirigidos 
contra sus adversarios, cuyo lenguaje y seriedad de 
contenido no le hacen honor. 

Excusamos citar otros cargos graves que le han sido 
formulados por varios escritores argentinos como Sai- 
miento y Biedma, porque no hemos visto las pruebas, 
aun cuando se asegura que existen y son abrumadoras. 



— 129 - 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

La República Argentina treinta y siete años 
después de su revolución de Mayo. Por un ciu- 
dadano de aquel país. 

Valparaíso, 1847. — 1 folleto 8.°, i. a , 39 pá- 
ginas. — Imprenta del Mercurio, calle de la 
Aduana, N.° 22. 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Escritos Postumos. Belgrano y sus historia- 
dores. San Martín y Belgrano. 

Buenos Aires, 1897. — 1 vol. 8.°, 1. a — Im- 
prenta Alberto Monkes, calle Lima 458. — Pá- 
gina 241. 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Obras completas. Edición dirigida por los 
doctores Manuel Bilbao y Arturo Rey nal 
O'Connor. 

Buenos Aires, 1886-1887. — 8 vols. 4. , i. :l , 
con retrato del doctor Alberdi. — Imprenta, Li- 
tografía v Encuademación de La Tribuna Na- 
cioual, calle Bolívar, N.° 38. 

Volumen I. — Apuntes biográficos del doctor J. B. 
Alberdi, por M. Bilbao y A. Reynal O'Connor. 

Volumen II (1886). — Certamen Patriótico de Ma- 
yo. 18 41 — A Mayo, por Luis L. Domínguez. 

El general San Martin en 184^ 



t. 1 



130 



Alcance al Postillón del Mercurio despachado por 
el editor del mismo. Santiago, 6 de Septiembre de 
1822. 

Santiago. — 1 folleto 4. , 12 págs. — Im- 
prenta Nacional. 

Este folleto es una reimpresión de Lima justificada, 
ya citada, referente á la deposición de Monteagudo. 

Aldao, Carlos y Freyre R. 

Discursos en la inauguración de la estatua 
de San Martín en Santa Fe. 

Santa Fe, 1902. — 1 folleto 8.°, i. a , 16 págs. 

Aldao, Doctor Carlos. 

Discurso pronunciado en la inauguración de 
la estatua del general San Martín en la ciudad 
de Santa Fe el jo de Octubre de 1903. 

Buenos Aires. — 1 folleto 4. , 9 págs. — 
Guinche, Wiebeck y Turtl, calle Bartolomé Mi- 
tre, N.° 576. — 1903. 

En este discurso conceptuoso su autor estudia la 
personalidad americana del general San Martín, tra- 
zando á grandes rasgos su biografía y los servicios 
eminentes que prestara á la causa emancipadora del 
Nuevo Mundo. 

Alien, Joseph. 

Life of the Earle of Dundonald G. C. B. — 



— 131 — 

Rear Admiraí of thc United Kingdon and Ad- 
mira! of the Red. By Joseph Allen. Witli 
illustrations. 

Lonclon. — Routledge, Warne Routledge 
Farringdon Street. — 1861. — 1 vol. 8.°. 

De las numerosas biografías de Lord Cochrane, es- 
critas por autores ingleses, esta es una de las mejo- 
res. La vida del heroico captor de Valdivia y del que 
con audacia desmedida se apoderó de la fragata Es- 
meralda, anclada en el puerto del Callao y defendida 
por 400 cañones de los fuertes de tierra, realizando 
uno de los hechos más gloriosos que registra la his- 
toria naval del mundo, es una de las más difíciles de 
escribir, porque al lado de los hechos heroicos por él 
realizados durante su agitada vida, aparecen las ac- 
ciones pequeñas y mezquinas indignas de un jefe de 
su talla. 

En este hombre extraordinario el heroísmo y la 
avaricia, por un singular contraste, aparecen unidos. 

A pesar de sus defectos la emancipación sudame- 
ricana le debe inmensos servicios, pues jamás olvi- 
darán Chile y Perú que fué este heroico marino 
quien barrió del Pacífico las flotas de Castilla. 

Altamira, Rafael. 

Resumen histórico de la independencia de 
la América Española. 

Buenos Aires, 1910. 1 vol. 1.*, 103 páginas. 
— Menendy y Galli, Editores. Maipú 161. — 
Con retrato de Altamira y dos mapas de las 
posesiones españolas á principios del siglo XIX. 



— 1S2 - 

Este resumen histórico de la emancipación sudame- 
ricana, compuesto en lenguaje galano y ajustado á la 
verdad histórica, comprende tres capítulos: I. — Ante- 
cedentes. — Causas. — Primeros chispazos. II. — El 
año 1810 y III. — El logro de la independencia. 

El señor Altamira procediendo en un todo con im- 
parcialidad de criterio, estudia las causas verdaderas 
que determinaron el movimiento insurreccional, y si 
no lo aplaude, lo encuentra lógico y ajustado á los 
tiempos en que se produjo. 

Aunque breve este estudio, es interesante y tiene 
tanto más valor cuanto que su autor es español y 
habla elogiosamente de los directores del movimiento 
separatista. 

Alvarez de Arenales, General Juan Antonio. 

El general ciudadano Juan Antonio Alvares 
de Arenales. A sus compatriotas de Chile y el 
Perú. 

Santiago de Chile, 1823. — 1 folleto, folio, 
5 págs. — Imprenta Nacional. 

Este manifiesto del austero y valiente general Are- 
nales está destinado á justificar su conducta durante 
el tiempo que estuvo al frente del Ejército Unido en 
el Perú. 

Conocidas en Lima las derrotas de Torata y Moque- 
hua, sufridas por el ejército expedicionario á Puer- 
tos Intermedios, al mando del general Alvarado, Riva 
Agüero y sus secuaces empezaron á minar el ejército 
y la armada, para, con su auxilio, deponer á la Junta 
Gubernativa que había sucedido en el mando á San 



- 133 - 

Martín, cuando éste lo dimitiera, retirándose del Perú ; 
Arenales tuvo conocimiento de aquellos trabajos, y 
aún más, fué invitado á secundarlos. 

El austero soldado de los Andes se indignó al tener 
conocimiento de lo que se tramaba, y no queriendo 
vincular su nombre á nada que fuera desdoroso para 
su reputación renunció al mando del Ejército y, antes 
que. su dimisión le fuera aceptada, se separó de las 
filas, embarcándose para Chile. 

Santa Cruz, que fué toda su vida un hombre sin 
escrúpulos, y que era su segundo, lo reemplazó inme- 
diatamente en el mando dando el golpe de estado que 
trajo como consecuencia la deposición de la Junta y 
su reemplazo por don José de la Riva Agüero. 

Para explicar su conducta durante aquella época 
fué que Arenales publicó este manifiesto. 

Alvarez, Manuel B. 

Testimonio histórico de un actor en el me- 
morable complot de San Luis el 8 de Febrero 
de 1810, por Manuel B. Alvarez. 

Buenos Aires. — Revista Nacional, ya cita- 
da. Año 1888. Volumen V. 

Este artículo se refiere á la sublevación de los pri- 
sioneros españoles en San Luis. 

Alvarez, Doctor Mariano Alejo. 

Discurso sobre la preferencia que deben te- 
ner los americanos en los empleos de América. 



- 134 - 

Prevenido el año de 1S11 por el doctor don Ma- 
riano Alejo Alvares, abogado de la Audiencia 
de Charcas, para su incorporación en el Ilustre 
Colegio de Abogados de Lima. 

Al ir á pronunciarlo no se sabe de orden de 
quién se le impidió por el Decano, y sin oírlo 
se le mandó que se archivase. 

Lima. — i folleto 4. , 26 págs. — 1820. — 
En la oficina de Ruiz á cargo de don Manuel 
Peña. 

Alvarado, General Rudesindo y Espejo, General G. 
Correspondencia inédita. 

Buenos Aires, 1895. — Revista Nacional, ya 
citada. — Volúmenes I, III y IV. 

Esta correspondencia epistolar entre aquellos dos 
guerreros de la independencia americana contiene da- 
tos de suma importancia para las campañas del ejér- 
cito libertador del Perú. 

Alvarado, José Antonio. 

Juicio sobre San Martín. 

Lima, 1878. — La Patria, jueves 28 de Fe- 
brero de 1878. 

Alvarado, General Rudesindo. 

Autobiografía del general Rudesindo Alva- 
rado. Apuntes para el general Jerónimo Es- 
pejo. 



- 135 — 

Buenos Aires, 1894. — Revista Nacional, 
3. a serie. — Volumen I. 

Esta monografía contiene una reseña bastante com- 
pleta é interesante de la vida y campañas á que asistió 
el autor en Chile y Perú, durante la campaña eman- 
cipadora. Los datos que aporta han sido utilizados en 
distintas obras por nuestros historiadores. 



RUDESÍNDO ALVARADO 

El general don Rudesindo Alvarado nació en la 
ciudad de Salta el i.° de Marzo de 1792. Hizo todas 
las campañas de la independencia de Chile, distinguién- 
dose siempre por su carácter franco y bondadoso, así 
como por su valor personal. Acompañó luego al ge- 
neral San Martín en la expedición libertadora del 
Perú. 

El general Alvarado tiene la desgracia de que su 
nombre aparece vinculado á hechos trascendentales 
de la revolución emancipadora sobre los cuales la his- 
toria no ha pronunciado aún su fallo definitivo. 

Estando en Chile fué designado por la Logia Lau- 
taro para custodiar al famoso turbulento guerrillero 
chileno, jefe de los Húsares de la Muerte, coronel 
don Manuel Rodríguez, y éste fué muerto en la que- 
brada de Tiltil en una forma misteriosa. 

El año 1819 se le dio el mando de una División del 
ejército de los Andes, destacada en San Juan, y poco 
después el Batallón i.° de Cazadores, que formaba 
parte de aquella, encabezado por el capitán de los An- 



— 136 - 

des clon Mariano Mendizábal y los tenientes i. os don 
Francisco Corro y don Pablo Morillo, se sublevaba el 
9 de Enero de 1820, perdiéndose así para la causa 
emancipadora un cuerpo brillante y bien organizado. 

Trasladado luego al Perú, después de la renuncia 
del mando que hiciera San Martín, la Junta Guberna- 
tiva nombrada para reemplazarlo, en 1822 le dio el 
mando en jefe del ejército del Snd, que debía expe- 
dicionar á Puertos Intermedios. Desembarcadas en 
Arica las fuerzas de su mando el 3 de Diciembre, se 
estacionó allí durante un mes sin dar muestras de 
actividad y, lo que es peor, dejó que el enemigo, al 
cual debía batir en detall, según las instrucciones que 
recibiera en el momento de embarcarse, reuniera sus 
fuerzas, hasta entonces fraccionadas y separadas una 
división de otra por largas distancias, y quedara así 
en condiciones superiores á las suyas. 

Aquella inacción trajo, como consecuencia, que su 
ejército fuera batido en Torata el 19 de Enero y des- 
trozado por completo en Moquehua el 21 de Enero 
de 1823, salvando apenas 800 hombres de los 3.953 
que sacó del Callao. 

Finalmente, en 1824 fué nombrado Gobernador de 
los Castillos del Callao, y el día 5 de Febrero la guar- 
nición trabajada por el negro cordobés, sargento i.°. 
Dámaso Moyano, del Regimiento Río de la Plata, en 
compañía del sargento Oliva, del mismo cuerpo, se 
sublevaron, redujeron á prisión al gobernador Alva- 
rado y demás jefes de las fuerzas de la guarnición, 
pusieron en libertad al coronel español José M. Casa- 
riego, que se encontraba encerrado en las Casas Matas, 
y lo hicieron reconocer como jefe de los Castillos, 



- 137 - 

izando luego la bandera española en las fortalezas, 
y mandaron un emisario al general Canterac para que 
viniera á hacerse cargo de las fortalezas, enviando 
éste desde Huancayo al general Juan Antonio Monet. 
Alvarado fué luego trasladado á Pisco en calidad 
de prisionero y de allí á Puno, donde permaneció hasta 
que, conocida la capitulación de Ayacucho, el coman- 
dante de la guarnición de aquella localidad, don Fran- 
cisco Anglada, que tenía á su cargo la custodia de los 
prisioneros, se sublevó, reconoció el nuevo estado de 
cosas y proclamó jefe del Departamento de Puno al 
general Alvarado. 

Alvear, General Carlos de. 

Manifiesto. 

Montevideo, 1819. — Imprenta Federal de 
José Miguel Carrera. 

Alvear, Doctor Emilio de. 

Discurso pronunciado á bordo del transporte 
" Villarino " al ser embarcados cu el Havre los 
restos del general don José de San Martín. 

Buenos Aires, 1883. — Nueva Revista de 
Buenos Aires, ya citada. 
Volumen VII. 

Este discurso está reproducido en el San Martin, 
de A. P. Carranza. 



— 138 — 

Alvear, Juan E. de. 

Corona fúnebre dedicada al brigadier gene- 
ral Carlos de Alvear en el día de su centenario. 
4 de Noviembre de 1889. 

Buenos Aires, 1890. — 1 vol. 8.°, 1. a , 355 + 1 
de índice. Con dos retratos de Alvear. — Com- 
pañía Sud-Americana de Billetes de Banco, 
San Martín 258. 

Este libro es una recopilación de todo lo que pu- 
blicaron los diarios de Buenos Aires con motivo del 
centenario del captor de Montevideo y vencedor de 
Ituzaingó. 

Alves Branco Moniz Barreto, Jacinto. 

Historia dos Estados d' América Septentrio- 
nal e Meridional, desde á sita emancipacao até 
ao reconliecimcnto de sua independencia. Obra 
escripia originariamente cm hespanhol: tradu- 
sida por Jacinto Alves Branco Monis Barreto. 
Aumentado com varias notas. 

Río Janeiro, 1838. — 1 vol. 4. , 1. a , 414 págs. 
— Imprenta Nacional. 

Esta obra está compuesta con la traducción al por- 
tugués de la versión castellana de los cuadros histó- 
ricos Atlas histórico del conde de Las Casas, hecha 
por el coronel de ingenieros del ejército español don 
Antonio Arcos y publicada en París el año 1827. 

Al final de la obra el señor Alves Branco le ha 



— 139 - 

agregado un Bosquejo histórico do Brasil de don J. 
A. B. M. B. 

La traducción es buena, siendo de notarse en ella 
el estilo ameno del autor. 

A. M. 

La entrevista de Guayaquil, 26 de Julio de 
1826, San Martín y Bolívar. 

Buenos Aires. — La Nación. — Año XXXVI, 
N.° 11.378. — Julio 26 de 1905. 

Este artículo, si bien completo, no contiene nada 
nuevo sobre la famosa entrevista de Guayaquil, don- 
de según la frase consagrada los dos libertadores se 
vieron y se abrazaron por primera y última vez. 

América en Maipú. 

Oficio del general San Martín, de la misma 
fecha que el anterior, dirigido al Gobierno de 
las Provincias Unidas de Snd America, comu- 
nicándole lo mismo que al de Cliile. 

Oficio de la misma fecha relativo á la bri- 
llante jornada reemplazando con usura el con- 
traste del icj de Marzo en Cancha Rayada. 

Buenos Aires. — 1 pliego apaisado. — Im- 
prenta de los Niños Expósitos. 

" Americano, El ". 

Artículo comunicado. Los servicios presta- 



— 140 — 

dos á ¡a cansa de la emancipación por el gene- 
ral San Martín. 

Lima, Julio 14 de 1821. — Reproducido en 
la Gaceta Ministerial Extraordinaria de Chile, 
N.° 47, 23 de Agosto. 

" Americano, El ". 

Lima. — Periódico del que se publicaron tres 
números. El N.° i.° salió el 10 de Julio. 

" Americano, El ", político. 

Periódico. 

Lima, 1 82 1. — La colección consta de tres 
números publicados del 10 al 14 del mes de 
Julio de 1 82 1. 

" Americano, El ". 

Oficio del Excnio. señor don José de San 
Martín al Excmo. señor Arzobispo de Lima. 

Lima, 1821. — El Americano, N.° 1, Mar- 
tes 10 de Julio. — Imprenta de Río. 

Este oficio contiene una exhortación al Arzobispo de 
Lima pidiéndole que influya en el ánimo de los sacer- 
dotes á fin de que no se opongan á sus propósitos y 
traten de conservar el orden en el pueblo. A bordo 
de la goleta Sacramento en la bahía del Callao. — 
Julio 6 de 1 82 1. 

Contestación del señor Arzobispo el ilustrísimo Bar- 
tolomé de las Heras, manifestándole que muy de acuer- 



- 141 - 

do con sus instancias y dadas las altas condiciones 
morales del general San Martín, pondrá de su parte 
todo su empeño para complacerlo. Lima, Julio 7 de 
1821. — '-Bartolomé, Arzobispo de Lima. 

Entrada de la primera división del ejército libertador 
á la ciudad de Lima. Crónica del acto de la entrada. 

" Americano, El ". 

Proclama del general San Martín á los ha- 
bitantes de los departamentos libres. 

Lima, 1821. — El Americano, N.° 2, 12 de 
Julio. — Imprenta de Río. 

El general Arenales á los habitantes de la Sierra. — 
Proclama. — Jauja, i.° de Julio de 1821. — Juan Anto- 
nio Alvares de Arenales. 

El general San Martín á los habitantes de Lima. — 
Proclama. 

Oficio del E.vcmo. señor don José de San Martín 
al Excmo. ayuntamiento de esta capital, pidiéndoles que 
traten de velar por la conservación del orden público. 
A bordo de la goleta Sacramento en la bahía del 
Callao. — Julio 6 de 1821. — José de San Martín. 

Anuncio de la derrota infligida el 29 del pasado en 
Iscuchaga, á una compañía de las fuerzas del coronel 
Carratalá, quien fugó para Huamanga perseguido por 
Alvarado, y la deserción de las tropas españolas en el 
Callao. 

Heroísmo militar. — Artículo histórico referente á la 
historia de Grecia y á la acción de las Termopilas. 



142 



" Americano, El ", Suplemento al N.° 2. 
Epheta. 

Lima, 182 1. — Hoja suelta, 4. a — Imprenta 
de Río. 

Este número está ocupado por completo por el artí- 
culo cuyo título es sacado de las Vidas paralelas de 
Plutarco, en el que ataca con más necedad que argu- 
mentos dignos de ser tomados en cuenta al marqués 
de Montemira, gobernador delegado de la ciudad de 
Lima, dejado por los realistas, cuando la abandonaron, 
al cual acusa de ser el representante del general San 
Martín. 

A costa del pérfido variando una racioncita. — Ar- 
tículo escrito con virulencia contra los que depusieron 
al virrey Pezuela y contra los que se oponen á que se 
jure la independencia del Perú por no tener facultades 
y que no tienen reparo en cometer todo género de 
excesos como talar los campos, saquear los templos 
y quemar los pueblos invocando la voz regia. 

Americano, Un. 

Historia de la América del Sud desde su des- 
cubrimiento hasta nuestros días. 

Barcelona, 1878. — 1 vol. 4. , i. a , 427 págs. 
— Imprenta de Pedro Casanovas ; Riera Alta, 
N.° 11. — Campaña de San Martín en Chile. 

Obra compuesta de retazos históricos sacados de 
diversos autores y que no tiene valor real alguno. 



— 143 - 

Amigo de la Patria, Un. 

Un amigo de la Patria á los pueblos de Sud 
América. Sobre el fusilamiento del teniente 
coronel don Manuel Rodrigues (chileno) que 
fué quien preparó los resultados felices de 
Chacabuco, por el general San Martín; y las 
instrucciones reservadas del Gobernador de 
Mendoza, don Toribio de Luzuriaga, con res- 
pecto á los reos don José Moldes, don Manuel 
Aniceto Padilla y don José Isasa — fechadas 
en Mendoza (á 6 de Junio de 1817). 

Sin foliatura, ni indicación de imprenta, 3 
páginas en 4. . 

Este folleto es uno de los tantos compuestos y pu- 
blicados en Montevideo por el general José Miguel 
Carrera. 

Amunátegui, Luis y Gregorio V. 

Im Reconquista Española. Tomo II. — La 
Emigración; de la Historia General de la Re- 
pública de Chile desde su independencia hasta 
nuestros días, etc., etc., arreglada por B. Vi- 
cuña Mackenna, ya citada. 

Esta obra fué publicada el año 185 1 en los Anales 
de la Universidad de Santiago de Chile y al revisarla 
para que fuese reproducida en la Historia General de 
la República de Chile desde su independencia hasta 
nuestros días, bajo la dirección de B. Vicuña Mac- 



- 144 - 

kenna, dice su autor : " hemos tenido que hacer una 
" obra completamente nueva, que casi no tiene de 
" común con la que dimos á luz en 1851 en los Anales 
" y por separado, más que el nombre y el asunto ". 

Amunátegui, Miguel Luis. 

La República en América. 

Buenos Aires, 1890. — América Literaria, ya 
citada, 2. a edición. 

Amunátegui, Miguel Luis. 

La Dictadura de O'Higgins. 

Santiago de Chile, 1882. — 1 vol. 4. , 3. a . — 
Adornado con láminas. — Rafael Jover, edi- 
tor; calle del Puente, N.° 17. 

Esta obra tiene verdadera importancia histórica. Es- 
crita en estilo ameno é interesante, estudia la perso- 
nalidad del Director de Chile O'Higgins, al través 
de su gobierno, formulándole cargos graves de los 
cuales su memoria no ha podido ser vindicada. Su 
autor era un escritor de talento á la par que justiciero 
y un amante entusiasta de la historia patria. 

Amunátegui, Miguel Luis. 

El general San Martín, protector de las le- 
tras en Chile. 

Santiago de Chile. — Anales de la Univer- 
sidad. — 1886. — Volumen XXVIII. 



— 145 — 

Amunátegui, Miguel Luis. 

La Dictadura de O'Higgins. Memoria pre- 
sentada á la Universidad de Chile por Miguel 
L. Amunátegui. miembro de la Facultad de 
Filosofía y Humanidades, en la sesión solemne 
que tuvo lugar el n de Diciembre de 1853, 2. a 
edición corregida. 

Santiago de Chile. — Imprenta de Julio Belín 
y Cía., 1854. — 1 vol. 8.°, de 330 págs. 

Este trabajo es un estudio serio y bien meditado, 
sobre un hombre y una época gloriosa, pero difícil 
de escribir por lo cercano de los sucesos narrados. 

A pesar de estos obstáculos que el autor con tino 
exquisito supo evitar, levantó resistencias y fué im- 
pugnado en varios de sus capítulos, con más ó menos 
razón, por quienes se decían lastimados por ella. 
Sin embargo, es un trabajo histórico que ha sobre- 
vivido y sobrevivirá á su distinguido autor. 

Amunátegui, Miguel Luis. 

Compendio de la Historia Política y Ecle- 
siástica de Chile, por Miguel Luis Amunátegui, 

Santiago de Chile, 1857. — 1 vol. 16. , i. a , 
156 págs. — Imprenta Chilena, calle del Peuno 
esq. de la de Huérfanos, N.° 29. 

Esta obra es un excelente libro destinado á servir 
de texto de enseñanza en los colegios de instrucción 
secundaria de Chile. Su autor pertenece á la familia 

T. I. 10 



— 146 — 

Amunátegui, de histórico apellido, en aquel país, cuyos 
miembros Miguel Luis y Gregorio V. han escrito y 
publicado en Chile obras excelentes sobre literatura 
é historia. 

Anadón, Doctor Lorenzo. 

Discurso pronunciado desde los balcones de 
la Legación Argentina en Chile el día 24 de 
Octubre ante la manifestación llevada á cabo 
por el gobierno y el pueblo chileno en homenaje 
á la República Argentina, con motivo de la 
inauguración del monumento á San Martín en 
Boulogne sur-Mer. 

Buenos Aires, 1909. — La Prensa, Octu- 
bre 25. 

Anadón, Doctor Lorenzo. 

Discurso pronunciado en el banquete que 
tuvo lugar el día 5 de Abril de 19 10 con motivo 
de la inauguración del Ferrocarril Trasandino 

Buenos Aires, 1910. — La Prensa, Abril 6. 

Andrews, Captain J. 

Joumey from Buenos Aires, through the 
Provine es of Córdoba, Tucuman and Salta, to 
Potosí, thence by the deserts of Caranja to 
Arica, and subscqucntly, to Santiago de Chile 
and Coquimbo, undertaken on be half of the 
Chilian and Peruvian Mining Association, in 



— 147 — 

fhe years 182.^-1826. By Captain Andrezvs. 

Late Commandcr of H. C. S. Windham. In 
two volumes. 

London, 1827. — John Murray, Albermarle 
Street. — Volumen II, pag. 6 and Chapter IX. 

Este libro del capitán Andrews es una obra de viaje 
amena é instructiva ; tuvo gran boga en su época, 
especialmente en Inglaterra, por los datos descriptivos 
y geográficos que daba de los países recorridos por el 
autor durante su estadía en Sud América. 

Angelis, Pedro de. 

Biografía del general Arenales y juicio sobre 
la memoria histórica de su segunda campaña 
á la Sierra del Perú en 1S21, por Pedro de An- 
gelis. 

Buenos Aires, 1832. — 1 folleto, 17 págs. en 
8.°, i. a — Imprenta de la Independencia. 

Estos apuntes biográficos, debidos á la pluma del 
redactor del Archivo Americano, son bastante intere- 
santes. Es la primera biografía que se publicara sobre 
el glorioso soldado de la Florida. 

El general Arenales es una de las figuras más bi- 
zarras é interesantes de los jefes que acompañaron 
al general San Martín en su expedición al Perú. 

Anónimo. 

Sobre el Centenario de San Martín. 



- 148 - 

Buenos Aires. — i folleto 8.°, 8 págs. 25 de 
Febrero de 1878. — De la Biblioteca Popular 
de Buenos Aires. 

Anónimo. 

Biografía del buen patriota don Bernardo 
de O'Higgins, general chileno. (Biblioteca Se- 
lecta para la juventud). 

París. — 1 vol. 12. °, 3. a edición, 1878. — Li- 
brería Ch. Bouret, Rué Yisconti 23. — Capítulo 
VIII y siguientes, págs. 132. Con retrato de 
O'Higgins. 

Este libro contiene una biografía abreviada, pero bien 
compuesta y escrita en estilo fácil, del director supremo 
de Chile doctor don Bernardo de O'Higgins. 

Anónimo. 

Muerte de San Martín y Necrología. 

París, 1850. — 1 folleto, 4 págs. 

Este folleto contiene la carta del señor Félix Frías 
detallando la muerte del general San Martín. 

Anónimo. 

Inauguración de la estatua del general San 
Martín. 

Santiago de Chile, 1863. — 1 folleto 4. , i. a . 



— 149 — 

Anónimo. 

Texto del contrato celebrado por el Supremo 
Gobierno del Perú, con la casa D rey fus Her- 
manos y Cía. Aclaraciones presentadas por los 
contratistas en 28 de Septiembre, y garantía 
de aumento de 3.000.000 de soles en el produc- 
to de las consignaciones. 

Lima, 1869. — 1 folleto 8.°, 30 págs., por- 
tada incluso. Advertencia al dorso. — Tipo- 
grafía de Aurelio Alfaro, calle de Baquijano, 
Unión 317. 

Este folleto reproduce los dos folletos siguientes : 

I. Breve exposición de los derechos de Juan José 
Sarratea contra el Perú por los gastos hechos en el 
ejército libertador que vino al Perú al mando del 
Excnio. señor general don José de San Martin y el 
apresto de la Caja Militar para dicho ejército. La que 
sirve de explanación de los cuadernos impresos nú- 
meros 1 y 2. Presentado a! Congreso el 1. de Enero 
— Lima. 1828. — 1 folleto, folio, 8 páginas. — Impren- 
ta Republicana de J. Concha. 

II. Extracto de las piezas que obran en el expedien- 
te. — Lima, 1828. — Imprenta Republicana de José 
María Concha. — Folio, 10 páginas. 

Solicitud al Congreso sobre el pago de fondos facili- 
tados á la Expedición Libertadora de San Martin, 
suscrita por Juan José Sarratea. 



150 



Anónimo. 

Cuadro histórico político de la capital de! 
Perú desde el 8 de Septiembre de 1820 en que 
desembarcó en Pisco el ejército libertador Jiasta 
fines de Junio del presente año de 1822. j.° Leí- 
do en la Sociedad Patriótica por un individuo 
de ella. Forsan ct hcec oliin meminisse unabit. 
CEneid, Libr. I. 

Lima, 1822. — Imprenta del Estado. — Hoja 
suelta, 4. . 

Anónimo. 

Memoria interesante para servir á la historia 
de las persecuciones de la Iglesia en América. 
Por un amante de Truxillo y de su Obispo. 

Lima, 1 82 1. — Por don Manuel Peña. — 1 
folleto 4. , 16 págs. 

Anónimo. 

Expresión de gratitud de los españoles de la 
Europa á los españoles de la América (Meri- 
dional) americanos. 

Lima. — 1 folleto 4. , 14 págs. — Reimpre- 
so en la Real Casa de Niños Expósitos. 

Anónimo. 

Foja de servicios del coronel don Jerónimo 
Espejo. Año 187 o. 



— 151 - 



Buenos Aires, 1884. — 1 folleto 4. , 1. a edi- 
ción. — imprenta y Librería de Mayo, Perú 115. 
— 16 págs. 

Anónimo. 

Homenaje á San Martín.- — Velada patrió- 
tica nacional. 30 de Mayo de 1905. 

Buenos Aires, 1905. — 1 folleto 8.°, i. a , con 
un grabado en la carátula representando la 
estatua del general San Martín en Chile. 

Anónimo. 

Campaigns and Cruises in Venezuela and 

New Grenada, and in tlic Pacific Ocean; from 
181/ to 1830, with the narrative of a march 
from thc river Orinoco to San Buenaventura 
on the coast of Chaco; and Sketches of thc 
West Coast of SontJi America from the Gulf 
of California to the A rcíii piélago of Chilóc. 
Also Tales of Venezuela: Ilustrative of revo- 
Intionary men, manners. and iiicidcnts. 

London. — 3 vols. 8.°, 1 . a edition. — Long- 
man and Co. Printed by H. E. Carrington. 
Chronicle Office, Bath. 1831. 

Chapter XXIV. Battlc Ficld of Chacabnco. 

Esta obra importante, publicada sin nombre de 
autor, contiene datos interesantísimos sobre la revo- 
lución emancipadora de la Antigua Colombia. Su 
autor ha formado parte de las tropas libertadoras, 
cuyas campañas describe con rara exactitud. 



— 152 — 

El pasaje de los Andes ecuatoriales por las tropas 
de Bolívar y Santander, al través de las alturas pro- 
digiosas de los Andes, que hasta entonces casi no 
habían sido holladas por planta humana, es una pá- 
gina soberbia que ha sido utilizada primero por Ger- 
vinus, en su Histoire dn XIX Siecle, y luego por el ge- 
neral Alitre, para relatar aquella atrevida acción de 
guerra que fué el punto inicial de la emancipación de 
la Nueva Granada. 

A pesar de las investigaciones practicadas al res- 
pecto no hemos podido dar con el nombre de su autor. 

Anónimo. 

Decretos del Gobierno Provisorio. 
Lima, 1822. — 1 folleto 8.°, 186 págs. 

Anónimo. 

Ensayo sobre la conducta del general Bolí- 
var. Reimpreso de ¡os \ T . 0S 11, i ? y 14 del Duen- 
de de Buenos Aires. Impreso en Santiago de 
Chile en la Imprenta de la Independencia, año 
1826, y reimpreso cu Lima en la Republicana, 
por J. M. Concha. Año 182 j. 

1 folleto 4. , 30 págs. 

Anónimo. 

Suplemento á la Gaceta del Gobierno, N.° 45. 

Lima, 1821. — Imprenta del Estado. — Fo- 
lio. Págs. 177-182. 



153 



Anónimo. 

Exposición que hace la Junta de Observa- 
ción á los habitantes de las Provincias Unidas. 

Buenos Aires, 1816. — 1 folleto, 11 páginas 
de texto y 4 de documentos, folio. 

Anónimo. 

Capítulos de carta escrita á Buenos Aires 
por un Jefe del Ejército Libertador del Perú. 

Referencias sobre las negociaciones de San 
Martín con el Virrey de Lima. Hnanra, Fe- 
brero 3 de 182 1. 

Hoja suelta, 4. — Imprenta de los Niños Ex- 
pósitos. 

Anónimo. 

Noticias interesantes comunicadas por una 
persona respetable de Chile. Santiago, Octu- 
bre 20 de i8iq. 

Hoja suelta, 4. — Buenos Aires. — Impren- 
ta de la Independencia. 

Anónimo. 

Número 4. — Boletín del Ejército Unido 
Libertador del Perú. Noviembre 20 de 1820. 

Hoja suelta, 4. — Imprenta de la Indepen- 
dencia. 



— 154 — 

En este boletín se da cuenta de la revolución de 
Guayaquil llevada á cabo por el teniente coronel Gre- 
gorio Escobedo, de la toma de los cuarteles, deposición 
de las autoridades españolas y establecimiento de un 
gobierno provisional. 

Anuncia también que " La Municipalidad de Gua- 
" yaquil. y su comandante militar, han oficiado á S. E. 
" ofreciéndole todos los recursos de aquella provincia 
" para concluir la grande obra de la emancipación del 
" Perú ; y han remitido á su disposición al gobernador 
" de la plaza el brigadier Vivero, con otros varios ofi- 
" ciales militares y de rentas ". 

Dice que el día 30 de Noviembre fondeó el convoy 
en la bahía de Ancón, desembarcando el 3 1 una fuerza 
á las órdenes del teniente Raulet, para observar el cami- 
no de Chancay á Lima, etc. 

Da noticias de la marcha de la pequeña División Re- 
yes sobre Chancay, así como del encuentro verificado 
en este punto con las fuerzas realistas. 

Anuncia el desembarco en Huacho, de todos los cuer- 
pos del ejército, etc., así como la salida para Guayaquil 
del coronel mayor Luzuriaga y del coronel Guido, en 
la goleta Alcance, el día 14, á cumplimentar á aquel go- 
bierno de parte de San Martín. 

Y termina anunciando algunos movimientos del ejér- 
cito libertador, así como el pase á las filas patriotas de 
dos tenientes del batallón Infante. 

Anónimo. 

Colección de los bandos publicados por el 
Gobierno de Lima Independiente. 



- 155 — 



Lima, 1821. — i folleto 8.°, i. a , 46+ 1 pá- 
ginas. La última es de Observación. — Im- 
prenta del Río. 

Anónimo. 

Colección de los bandos publicados por el 
Gobierno de Lima Independiente. 

Lima, 1 82 1. — 1 folleto 8.°, i. a , 46 págs. — 
Imprenta del Río. — Comprende los expedidos 
desde Julio 6 hasta Agosto 28. 

Anónimo. 

Colección de los reglamentos espedidos por 
el Protector de la libertad del Peni, 

Lima, 1 821. -- 1 folleto 8.°, XXXI págs. — 
Imprenta del Río. 

Anónimo. 

Contestación al articulo remitido á la Abeja 
Republicana, N.° 2. 

Lima, 1822. — 1 folleto 4. , 5 págs. — José 
Sánchez. — Imprenta del Río. 

Anónimo. 

Colección de Leyes y Decretos sancionados 
desde la jura de la independencia, 

Lima. — 2 vols. 8.° — Imprenta del Estado, 
por J. González. 



— 156 — 

Volumen I. Año 1825 ■ — Contiene las disposiciones 
dictadas durante el Gobierno Provisional ; menos la^ 
derogadas por el Congreso Constituyente. 

Volumen II. Año 1826. — Contiene lo dictado por el 
Congreso Constituyente. Trujillo. Imprenta de la Ciu- 
dad, por J. Paredes. 

Anónimo. 

Caricatura en hoja suelta. Con leyendas alu- 
sivas. (Atribuida al general Alvear). 

Buenos Aires, 1825. — Primera Parte de la 
vida del general San Martin. — Imprenta Ha- 
llet, ya citada. 

El doctor Ernesto Ouesada en su Iconografía de San 
Martin, XXIII, pág. 16. la describe minuciosamente. 

Anónimo. 

Viva la Patria. Carta de un inglés respe- 
table residente en Santiago de Chile á otro re- 
sidente en Buenos Aires. Fechada á la 1 del 
día en Santiago, el 13 de Agosto de 1-821. 

En esta carta se anuncia la entrada en Lima 
de las fuerzas patriotas mandadas por San 
Martín. Fué conductor de aquélla don D. F. 
Games. 

Buenos Aires. — Hoja suelta encabezada 
con un grabado representando un pelotón de 
soldados de artillería montada, arrastrando 
una pieza. — Imprenta de la Independencia. 



- 157 — 

Anónimo. 

Vida militar y política del general Baldomc- 
ro Espartero. 

Madrid, 1844. — 3 vols. 4. . Con ilustracio- 
nes. — Primera Imprenta de Operarios del 
mismo arte, Sociedad de, calle del Factor, N.° 9. 

Campañas del Perú. 

Anónimo. 

Viva la Patria. Gaceta Ministerial Ex- 
traordinaria de Chile. Carta confidencial. 

Santiago, 1821. — N.° 36. — Miércoles 7 de 
Febrero. 

Anónimo. 

Viva la Patria. Anuncio de la entrada del 
general San Martin á la capital del Perú. 

Buenos Aires. — Hoja suelta. — Imprenta 
de la Independencia. Con una viñeta de enca- 
bezamiento. 

Anónimo. 

Resumen documentado de la cansa criminal 
seguida y sentenciada en el tribunal de la Co- 
misión Militar de esta capital, contra los reos 
Carlos Robcrt, Juan Lagrcssc, Agustín Dra- 
ga mette, Xarcissc Parcha ppe y Marcos Mcr- 



- 158 — 

cJicr, por el delito de conspiración contra las 
supremas autoridades de las Provincias Uni- 
das y de Chile en Sud América. 

Buenos Aires, 1819. — In 4. . 

Este folleto, raro, contiene un extracto del proceso 
incoado á los actores de aquella conspiración, así como 
una carta comprometedora de doña Javiera Carrera, 
que sirvió de cabeza de proceso. 

Anónimo. 

Recopilación de los decretos expedidos por 
el Excmo. señor Director Supremo de Chile, 
sobre la Institución y Reglamento de la Legión 
de Mérito de Chile, creada el i.° de Junio de 
mil ochocientos diecisiete años, y de lo acor- 
dado en los actos posteriores del Consejo de la 
misma hasta el día de la fecha. 

Santiago de Chile, 1819. — 1 folleto 8.°, 1. a , 
24 págs. — Imprenta del Gobierno. 

Anónimo. 

Reglamento para la Sociedad Patriótica de 
Lima. 

Lima, 1822. — Imprenta del Río. — 1 folle- 
to 8.°, 20 págs. 

Aprobado por el Presidente nato Monteagu- 
do, el 20 de Febrero. Precede el Estatuto erec- 
cional de Enero 10, expedido por San Martín y 
refrendado por Monteagudo. 



15!) 



Anónimo. 

Reglamento provisional que establece la de- 
marcación del territorio que actualmente ocu- 
pa el Ejército Libertador del Perú, y la forma 
de administración que debe regir hasta que se 
constituya una autoridad central por la volun- 
tad de los pueblos libres. — 12 de Febrero de 
1821. — José de San Martín. — Bernardo 
Montcagudo. — Juan García del Río. 

Huaura, 1821. — Hoja suelta. Folio. — Im- 
prenta del Ejército Libertador. 

Anónimo. 

Respuesta á los ingleses. - — Antecedentes so- 
bre la contribución impuesta por el Soberano 
Congreso al comercio de Lima. 

Lima, 1822. — Hoja suelta 4. — Imprenta 
del Rio y Cía. 

Anónimo. 

Reflexiones sobre la instalación del Congre- 
so de Lima. 

Lima, 1821. — Hoja suelta. Folio. — Im- 
prenta del Estado. 

Anónimo. 

Recuerdo de un gran hombre ó sea biogra- 
fía del general San Martín. 



- 160 — 

Londres, 1850. — 1 folleto, 16 págs. — A. 
G. Griffith & Baker Street. Portman, Square. 

Anónimo. 

Primera parte de la vida de San Martín. 

Buenos Aires, 1825. — 1 folleto, 32 págs 4. . 
— Imprenta Hallet. Con una caricatura. 

Este folleto fué atribuido al general Alvear. 

Anónimo. 

Primera parte de la vida del general San 
Martín. Año 1825. 

Santiago de Chile. — Imprenta de Valles, 
por Pérez. — 32 págs. 8.°. 

Es una reimpresión del anterior. 

Anónimo. 

El general don José de San Martín. 

Santiago de Chile. — El Ferrocarril. — Ar- 
tículo editorial. — Marzo de 1878. 

Anónimo. 

Tesoro Argentino. Llave de la historia para 
los niños. 

Buenos Aires, 1879. — : folleto 12. , i. a , 
107 págs. — Imprenta y Librería de Mayo. C. 
Casavalle, editor, Perú 115. 



— 161 - 

Anónimo. 

Al Pueblo Argentino cu el momento de ser 
violada la última voluntad del general San 
Martín. 

Buenos Aires. — Hoja suelta. Sin designa- 
ción de imprenta. 

Esta hoja suelta fué repartida profusamente el día 
28 de Mayo de 1880. Contiene la 4. a cláusula testa- 
mentaria del general San Martín " por la que pro- 
" hibe que se le haga ningún género de funeral y pide 
" que sus restos sean depositados en el cementerio de 
" Buenos Aires ", y aduce el autor anónimo varias con- 
sideraciones sobre la misma. 

Anónimo. 

Introducción á las memorias militares y foja 
de servicios de Domingo F. Sarmiento, gene- 
ral de división de la República Argentina. 

Buenos Aires. — 1 folleto 4. , i. a — Impren- 
ta Europea, Defensa esq. Moreno. — 1884. — 
75 P%s. 

Contiene además : 12 de Febrero de 1817, descripta 
por un teniente de artillería, Febrero 11 de 1841 (El 
Mercurio de Valparaíso, N.° 3.650) y Cuarenta años 
después, artículos con que debutó en Chile como pe- 
riodista el general Sarmiento. 



t. 1 



— 162 — 

Anónimo. 

Almanaque de El Escolar Argentino para el 
año 1893. 

Buenos Aires. — 1 folleto 8.°, i. a , 120 págs. 
Con grabados en madera. Sin pie de imprenta. 

Rasgos de San Martín, por A. P. Carranza. 

Anónimo. 

Compendio de Historia Argentina conforme 
al programa del i. er año preparatorio. 

Buenos Aires. — 1 vol. 4. , i. a — Autogra- 
fiada. Capítulos XXIV y XXVI. 

Anónimo. 

Centenario del general don José Ignacio 
Zenteno, 1786- 1886. Documentos históricos y 
artículos de la prensa publicados en ocasión de 
este centenario. 

Santiago de Chile, 1886. — 1 vol. 4. , i. a , 
140 págs. — Establecimiento Tipográfico de 
La Época, calle del Estrado, N.° 365. 

Anónimo. 

El general Juan Antonio Alvares de Are- 
nales. Con retrato. 

Buenos Aires, 1888. — El Sudamericano. — 
Año I. 

Volumen I. 



- 163 — 

Anónimo. 

" 25 de Mayo, 1810-1905 ". Ilustrado. Nú- 
mero único. 

Buenos Aires, 1905. — 1 folleto 8.°, i. a . Con 
retrato cíe San Martín. — Tipografía Miller. 
Sin pie de imprenta. 

Anónimo. 

Biografía de! general don Manuel Bulnes. 
Presidente de la República de Chile. 

Santiago, 1846. — 1 folleto 8.°, i. a , 84 págs. 
— Imprenta Chilena. — Pag. 9. 

El autor de esta obra es el doctor Juan Bautista 
Alberdi. 

Anónimo. 

Noticias de Lima. Gaceta Ministerial de 
Chile. — Santiago, 29 de Septiembre de 1821. 

Imprenta de la Independencia. Hoja suelta, 
4. . Con el mismo grabado que encabeza la 
anterior. 

Esta hoja contiene : 

Noticias sobre la aproximación de las fuerzas de 
Cantcrac á Lima y su retirada precipitada á la sierra, 
etc. Comunicación del ministro de la guerra Bernardo 
Monteagudo al señor ministro de la guerra de Chile, 
coronel don José Ignacio Zenteno, comunicándole " que 
" el ejército español que evacuó á Lima el 6 de Julio, 



— 164 — 

" después de haber experimentado en su marcha sen- 
" sibles bajas, llegó á la provincia de Jauja y uniendo 
" allí sus fuerzas á la división Canterac se puso en 
" marcha nuevamente sobre Lima, llegando hasta po- 
" nerse en contacto con la plaza del Callao. Que S. E. 
" el Protector del Perú ha tomado las medidas necesa- 
" rías para las operaciones de guerra; que el conside- 
" rabie número de provisiones que necesitan para 
" subsistir, así el ejército como la guarnición del Callao, 
" hará que no puedan permanecer allí muchos días sin 
" verse forzados á vencer la barrera que le opone la 
" superioridad de las fuerzas del ejército libertador. 

" Que las fuerzas de mar bloquean estrechamente 
" la plaza para impedirle todo auxilio ó comunicación 
" exterior, así como los progresos que hace al Sud la 
" división del coronel Miller. Y que el general Laserna 
" permanece en Jauja, observado de cerca por las gue- 
" rrillas patriotas, etc. — Septiembre 12 de 1821. — 
" Bernardo Monteagndo " . 

Extracto de una carta del cuartel general á un ami- 
go de Chile. — En ella le anuncia la aproximación de 
las fuerzas de Canterac á Lima y su contacto con la 
guarnición del Callao, etc. Le cuenta asimismo el es- 
tado de irritación del pueblo limeño contra los espa- 
ñoles y que sólo se calmó con las providencias to- 
rnadas de encerrar parte en el convento de la Merced 
y parte, y éstos los de más cuidado, á bordo de los 
buques nacionales, etc., etc. 

Esta hoja termina con un grabado representando 
un pelotón de soldados de artillería montada que con- 
ducen una pieza. 



165 



Anónimo. 



Paralelo de dos cartas del general San Mar- 
tín, una supuesta y otra verdadera, en vindica- 
ción del señor Riva Agüero. 

Santiago de Chile, 1829. — 1 folleto 4. , 1 .*. 

Anónimo. 

Noticias interesantes. Santiago de Chile, Ju- 
lio 1 y de 182 1. 

Hoja suelta, 4. . Encabezada con el mismo 
grabado que la anterior. Da noticia sobre el 
armisticio celebrado entre el Virrey La Serna 
y el general San Martín. 

Anónimo. 

Noticias de Santiago de Chile recibidas por 
el último correo. — Santiago de Chile, 25 de 
Enero de 182 1. 

Referencias sobre la campaña del Bío-Bío 
y de las correrías marítimas de Lord Cochrane 
frente al Callao. 

Buenos Aires, 1821. — Hoja suelta. — Im- 
prenta del Comercio. 

Anónimo. 

Noticias interesantes de Lima Independiente 
y carta del general San Martín desde aquella 
capital á un confidente suyo, residente en ésta. 
— Lima, Julio 16 de 182 1. 



166 



Buenos Aires, 182 1. — 4 págs. 4. — Impren- 
ta de los Niños Expósitos. 

Anónimo. 

Noticia necrológica del señor don José de 
Riglos y Lasabla. 

Lima, 1839. — 1 folleto 4. , 16 págs., más 
tres de epitafio. — Imprenta Republicana, de 
José María Concha. 

Anónimo. 

Primera parte de la vida del general San 
Martin. 

Buenos Aires. — 1 folleto, 32 págs. 4. — 
Imprenta Hallet. Con un retrato caricaturado 
del general San Martín con leyendas alusivas, 
ejecutado en Londres en la Litografía de G. 
Harris. 

Este folleto ha sido atribuido al general Alvear. 

La caricatura ha sido descripta minuciosamente por 
A. Zinny en su Bibliografía histórica de las Provincias 
Unidas del Río de la Plata, pág. 121, y en la Iconogra- 
fía de San Martín por el doctor Ernesto Quesada, 
XXIII, página 16. 

El doctor Adolfo P. Carranza la reproduce en su 
obra San Martín, pág. 182. Buenos Aires. 1. a Edición. 
1905. 



— 167 — 

Anónimo. 

Documentos relativos á la traslación de los 
restos del general José de San Martín. 

Buenos Aires, 1876-1877. — 1 folleto 8.°. 1. a . 
Anónimo. 

Manifiesto y documentos de las negociacio- 
nes de Puncliauca, entre los diputados de los 
Exentos, señores generales don José de San 
Martín y don José de I^a Serna, á consecuencia 
de la llegada del capitán de fragata don Ma- 
nuel Abren, comisionado pacificador de la Cor- 
te de España. 

Lima Independiente. — 1 cuaderno en 8.°, 
118 págs. 

Anónimo. 

Bosquejo sobre el carácter y conducta de 
don José de la Riva Agüero. 

Lima. — Imprenta administrada por José A. 
López. — 1 folleto 4. , 14 págs. 

Anónimo. 

Estatua del general San Martín. Decreto 
de festejos oficiales. — Julio 11 de 1862. — B. 
Mitre — J. A. Gclly y Obes. 

Santa Fe, 1862. — El Pueblo. Septiembre 18. 



168 — 



Anónimo. 

Recopilación de leyes y decretos sobre la ins- 
titución de la Legión de Mérito de Chile. 

Santiago de Chile, 1819. — 1 folleto 4. — 
Imprenta del Estado. 

Anónimo. 

Manifiesto y documentos de las negociacio- 
nes de Punchanca entre los diputados de los 
Exentos, señores generales don José de San 
Martin y don José de la Sema, á consecuencia 
de la llegada del capitán de fragata don Ma- 
nuel Abren, comisionado pacificador de la Cor- 
te de España. 

Lima Independiente, 1821. — 1 vol. 8.°, 1. a , 
118 págs. — Imprenta del Río. 

Anónimo. 

Manifiesto de las acusaciones contra el vice- 
almirante Lord Cochrane y vindicación de 
éste. 

Lima, 1823. — 1 folleto 8.°. 

Anónimo. 

Manifiesto del gobierno á los pueblos que 
forman el Estado de Chile. 

Consideraciones generales sobre la revolu- 
ción sudamericana. — Santiago, 5 de Mayo de 



— 169 — 

i8i8. — Bernardo de O'Higgins. — Antonio 
José de Irisarri. 

Con dos viñetas, 4 págs. 

Anónimo. 

Manifiesto del gobierno á los pueblos que 
forman el Estado de Chile. 

Consideraciones generales sobre la revolu- 
ción sudamericana. — Santiago, 5 de Mayo de 
18 18. — Bernardo de O'Higgins. — Antonio 
José de Irisarri. 

Santiago, 18 18. — 6 págs., folio. — Impren- 
ta del Gobierno. 

Anónimo. 

Manifiesto de las sesiones tenidas en el pue- 
blo de Mirafiores para las transacciones inten- 
tadas con el general San Martín y documentos 
presentados por parte de los comisionados en 
ellas. Se publicó por orden de este gobierno. 

Lima, 1820. — 1 folleto 4. , i. a , 33 págs. s/n. 
— En la Casa de los Niños Expósitos. 

Anónimo. 

Ilustres Americanas. 

París, 1825. — 1 vol. 12. °, i. a , 220 págs. — 
Imprenta de David, Boulevard Poissonniére, 

N.° 6. 



— 170 — 

Esta obrita interesante contiene una serie de bio- 
grafías de heroínas americanas, especialmente argenti- 
nas, chilenas y peruanas, que prestaron su concurso 
patriótico á los ejércitos libertadores. 

Anson, Uriel Hancok. 

Historia de Chile por Anson Uriel Hancok. 
Traducida del inglés por José Casado. 

Madrid. — i vol. 8.°, i. a edición. — La Es- 
paña Moderna. Biblioteca de Jurisprudencia, 
Filosofía é Historia. — Imprenta de Agustín 
Avrial. San Bernardo, N.° 92. — 446 págs. 

Parte I. El Período Colonial. — Parte II. El Perío- 
do Revolucionario. — Parte III. El Período Consti- 
tuyente. — Parte IV. La Guerra con el Perú y Boli- 
via. — Parte V. Balmaccda y la Guerra Civil del 1891. 
— Parte VI. Chile en el día. 

Parte II. Capítulo I. Sublevación de las Colonias es- 
pañolas. — San Martín y Belgrano. 

Capítulo III. 1814-1817. La lucha por la Indepen- 
dencia. Expedición de San Martín. 

Capítulo IV. La batalla de Maipo- 

Capítulo V. Traslación de la guerra al Perú, Ope- 
raciones navales. 

Capítulo VI. La lucha en el Perú. 

Obra interesante en la que se traza, aunque en forma 
abreviada, la historia de la república de Chile, escrita 
en forma correcta y ajustada á la verdad histórica. 



— 171 — 

Antelo, Nicomedes. 

Centenario de San Martín. Febrero 25 de 
18/8. Discurso pronunciado por don Nicome- 
des Antelo, Director de la Escuela Modelo de 
San Nicolás. 

Buenos Aires, 1878. — Febrero 23. — Hoja 
suelta con el texto encerrado dentro de una 
orla. 

Antuna, Enrique M. 
Moral Cívica. 

Buenos Aires. — 1 vol. 8.°, 1. a , 1904. — A. 
Cabaut, editor. Ilustrada con fotograbados. 
- — El general San Martín. Reseña biográfica. 

Esta obra es interesante y está escrita en estilo 
fácil. Los datos históricos que aporta son exactos. 

Appleton. 

Geografía Superior ilustrada de Appleton. 

New York, 1886. — 1 vol. 4. , 159 págs. — 
D. Appleton y Cía., 1, 3 y 5, Bond Street. 
República Argentina. — Historia. 

Arana, Felipe. 

Nota del Ministro de Relaciones Exteriores 
del Gobierno de Buenos Aires, encargado de 
las que corresponden a la Confederación, al bri- 



-• 172 — 

gadier general don José de San Martín, comu- 
nicándole la aceptación de la renuncia presen- 
tada del cargo de Ministro Plenipotenciario de 
la Confederación Argentina cerca del Gobierno 
del Peni. 

Buenos Aires, 1883. — Bilbao, doctor M. : 
Vindicación y Memorias de don Antonio Re- 
yes. — 1 vol. 8.° i. a , 340 + VI págs. — Félix 
Lajouane, editor, Perú 53. 

Volumen I, (único publicado). Con retra- 
tos y láminas. 

Arana, Felipe. 

Carta al oficial de la Legación Argentina en 
Francia, don Mariano Balcarce. 

Buenos Aires. — Archivo Americano, ya ci- 
tado. II serie, N.° 28. Diciembre 24 de 1851. 

En esta carta, fechada en Buenos Aires el i.° de 
Noviembre de 1850, don Felipe Arana le da el pésa- 
me por el fallecimiento del general San Martín por 
orden de S. E. el señor gobernador Rosas y " pre- 
" viene á Vd. que, tan luego que sea posible, proceda 
" á verificar la traslación de los restos mortales del 
" finado general á esta ciudad, por cuenta del Go- 
" bienio de la Confederación Argentina, para que á 
" la par que reciba de este modo un testimonio elo- 
" cuente del íntimo aprecio que su patriotismo le ha- 
" cían merecedor de su gobierno y de su país, quede 
" también cumplida su última voluntad en ese punto ". 



— 173 — 

Arana, José B. 

" 25 de Mayo de 18 10-1905 ". Álbum pa- 
triótico. 

Buenos Aires, 1905. — Número Único, con 
ilustraciones. — Imprenta y Encuademación 
" Argos ", calle Cuyo 657. 

Aranda, Ricardo. 

Anales parlamentarios del Perú. 

Lima, 1895. — 1 vol. 4. , i. a — Con retrato 
del general San Martín. 

Aráoz de La Madrid, General Gregorio. 

De los males y desgracias de las repúblicas 
del Plata. Documentos curiosos para la his- 
toria. 

Montevideo, 1847. — : folleto 8.°, i. a . 

En esta producción desaliñada del heroico caudillo 
de las campañas del Alto Perú y de la acción del 
Tala, se hacían afirmaciones tan en extremo injuriosas 
y desprovistas de verdad, que aunque su contenido fa- 
vorecía al general de los Andes, en cuanto llegó á sus 
manos se indignó, fulminándolo con el siguiente des- 
mentido, cuyo original existe en el archivo del general 
San Martín : 

" He leido la Exposición titulada, De ¡os males y 
" Desgracias de las repúblicas del Plata, Documentos 



— 174 — 

" curiosos para la historia. Publicados por el general 
" La Madrid en Montevideo. Como argentino, como 
" Americano, y como hombre cuya posición en la 
" Época á q e se refiere dicha Exposición debe tener 
" gran valor. Declaro q e quanto ella contiene es un 
" texido absurdo de infames, y groseras imposturas (l) . 

" París 20 de Febrero de 1847. 

José de San Martín ". 

Aráoz de La Madrid, General Gregorio. 

Memorias del general Gregorio Aráoz de La 
Madrid. 

Buenos Aires, 1895. — 2 vols. 4. , i. a — Con 
ilustraciones. — Imprenta de Guillermo Kraf t, 
Cuyo 1 1 24. 

Las Memorias del general La Madrid son el relato 
franco y sencillo de un soldado bravo y ardoroso que 
consagró gran parte de su vida á las largas luchas 
de la emancipación primero y contra la tiranía de 
Rosas después. — .Sus campañas en el Alto Perú son 
gloriosas. 

La Madrid es un héroe en el cual hay más valor que 
conocimientos militares. Su instrucción era limitada, 
pero en cambio (2) su espada era temible y su acción 

(i) Dada la importancia del documento conservamos la or- 
tografía original. — N. del A. 

(2) De este bravo soldado de las libertades argentinas he- 
mos tenido ocasión de conocer el rancho que habitó en el 
pueblo del Monte (Provincia de Buenos Aires) en sus épo- 



— 175 — 

romancesca. Xada hay más grande en sn vida militar 
que el episodio narrado por el genial Sarmiento en 
su inmortal Facundo, la obra de autor argentino que 
más camino ha recorrido en el orbe. 

" Es el general La Madrid uno de esos tipos natu- 
" rales del suelo argentino. A la edad de 14 años em- 
" pezó á hacer la guerra á los españoles, y los prodi • 
" gios de su valor romancesco pasan los límites de 
" lo posible : se ha hallado en ciento cuarenta encuen- 
" tros, en todos los cuales la espada de La Madrid 
"ha salido mellada y destilando sangre: el humo de 
" la pólvora y los relinchos de los caballos lo enaje- 
" nan materialmente, y con tal que él acuchille todo 
" lo que se le pone por delante, caballeros, cañones. 
" infantes, poco le importa que la batalla se pierda. 
" Decía que es un tipo natural de aquel país, no por 
" esta valentía fabulosa, sino porque es oficial de ca- 
" ballena, y poeta además. Es un Tirteo que anima 
" al soldado con canciones guerreras, el cantor de que 
" hablé en la primera parte ; es el gaucho, civilizado 
" y consagrado á la libertad. Desgraciadamente, no 
" es un general cuadrado como lo pedía Napoleón ; 
" el valor predomina sobre las otras cualidades del 
" general en proporción de ciento á uno. Y sino, ved 
" lo que hace en Tucumán : pudiendo, no reúne fuer- 
" zas suficientes y con un puñado de hombres presenta 
" la batalla, no obstante que lo acompaña el coronel 
" Díaz Vélez, poco menos valiente que él. 



cas de extrema pobreza, donde tuvo instalada una panadería 
para ganarse su sustento diario ; La Nación de Buenos Aires 
del año 1907 publicó un grabado que la representaba tal 
como era antes de demolerla. 



— 176 — 

" Facundo traía doscientos infantes y sus colorados 
" de caballería : La Madrid tiene cincuenta infantes y 
" algunos escuadrones de milicias. Comienza el combate, 
" arrolla la caballería de Facundo, y á Facundo mismo. 
" que no vuelve al campo de batalla sino después de 
" concluido todo. Queda la infantería en columna ce- 
" rrada ; La Madrid manda cargarla, no es obedecido, y 
" la carga él solo. Cierto ; él solo atropella la masa 
" de infantería ; voltéanle el caballo, se endereza, 
" vuelve á cargar ; mata, hiere, acuchilla todo lo que 
" está á su alcance, hasta que caen caballo y caba- 
" llero traspasados de balas y bayonetazos, con lo cual 
" la victoria se decide por la infantería. Todavía en 
" el suelo le hunden en la espalda la bayoneta de un 
" fusil, le disparan el tiro, y bala y bayoneta lo tras- 
" pasan, asándolo además con el fogonazo. Facundo 
" vuelve al fin á recuperar su bandera negra que ha 
" perdido y se encuentra con una batalla ganada, y La 
" Madrid, muerto, bien muerto. Su ropa está ahí ; su 
" espada, su caballo, nada falta, excepto el cadáver. 
" que no puede reconocerse entre los muchos mutila- 
" dos y desnudos que yacen en el campo. El coronel 
" Díaz Vélez, prisionero, dice que su hermano tenía 
" una lanzada en una pierna ; no hay cadáver allí 
" con herida semejante. 

" La Madrid, acribillado de once heridas, se había 
" arrastrado hasta unos matorrales, donde su asís- 
" tente lo encontró delirando con la batalla, y res- 
" pondiendo al ruido de pasos que se acercaban : " ¡ No 
" me rindo ! " — Nunca se había rendido el coronel 
" La Madrid hasta entonces. 

" He ahí la famosa acción del Tala, primer ensayo 



- 177 - 

" de Quiroga fuera de los términos de la Provin- 
cia " <0. 

Aráoz de La Madrid, General Gregorio. 

Observaciones sobre las Memorias del gene- 
ral José María Paz. 

Buenos Aires. — Imprenta de La Revista. 
1855. — 1 vol. 4. , i. a edición. 

Es muy difícil hablar de los hombres y de los he- 
chos acaecidos, cuando son recientes, sin herir sus- 
ceptibilidades y levantar resistencias más ó menos 
justificadas. Todos desean ser héroes y haber reali- 
zado actos ajustados en un todo á las conveniencias 
ó intereses generales. Esto le pasó á Miller, cuando 
publicó sus Memorias, y le pasó á Arenales y al ge- 
neral Paz guando publicaron las suyas. 

Muchos de los jefes que habían servido á sus órde- 
nes se sintieron lastimados por los juicios un tanto 
severos del ilustre vencedor de la Tablada. 

Esto dio lugar á que Lugones, Iriarte y La Madrid, 
publicaran sendos artículos, reunidos después en libros 
ó folletos, destinados todos á rectificar, ya que no á 
desautorizar los juicios emitidos por Paz. 

A este número pertenece el que publicara el valiente 
La Madrid, aunque sin alcanzar los propósitos que 
deseaba obtener. 

El general Paz, será severo en los juicios que emite 
acerca de los hombres que actuaron á su lado, así como 

(1) Sarmiento, D. F. — Facundo ó Civilización y barba- 
rie. — Edición de París, 1874. Cap. VIII, pág. 89. 

T. I. 12 



- 178 - 

de los sucesos ocurridos, pero á nadie se le ocurrirá 
negarle competencia ni autoridad moral para formu- 
larlos, siendo como es una de nuestras primeras figu- 
ras militares. 

El general La Madrid, asevera Paz en sus Memo- 
rias, era un valiente á carta cabal, pero una pobre 
cabeza militar; juicio severo, pero justificado en el 
curso de los sucesos y que ha sido ampliamente ra- 
tificado por todos nuestros historiadores. 

" Araucano, El ". 

Memorias de Lord Cochrane (Naval servi- 
ces in Chile, Perú and Brasil by the Earlc of 
Dundonald). — 2 vol. — London. 

El Araucano, 1860, N.° 2190. 

" Araucano de Chile ". 

Episodios de la vida del general San Martín. 
Un asesinato en Cádiz. 

Araucano de Chile, N.° 1187 y 1188 del mes 
de Enero de 1851. 

Este episodio se refiere á la muerte dada por el 
pueblo de Cádiz al general don Francisco Solano, el 
29 de Mayo de 1808, acusándolo de afrancesado. San 
Martin era edecán del infortunado Solano aquel día 
memorable. 

Araújo, Orestes. 

Diccionario popular de historia de la Repú- 



— 179 — 

Mica Oriental del Uruguay, desde la época del 
descubrimiento de su territorio hasta la de su 
independencia. 

Montevideo. — 3 vols. 4. , 1. a , 1901. — Im- 
prenta Artística de Dornaleche y Reyes, calle 
de 18 de Julio, N.° 77 y 79. — Volumen III. — 
Combate de San Lorenzo. 

Este libro que contiene la historia abreviada de la 
República Oriental del Uruguay, es interesante y en 
extremo útil, salvo el criterio artiguista del autor, que 
en muchos casos desvía sus juicios imparciales, tanto 
en lo que se refiere á las personas como en el relato de 
los hechos acaecidos. 

Araújo, Orestes. 

Diccionario Geográfico del Uruguay. 

Montevideo, 1900. — 1 vol. 4. , i. a , 1006 
páginas. — Imprenta Artística de Dornaleche 
y Reyes, calle de 18 de Julio, N.° 77 y 79. 

Esta obra distribuida con arreglo á un plan cien- 
tífico determinado, está compuesta conforme á los 
últimos adelantos. Su consulta es fácil y el estilo sen- 
cillo usado por su autor la colocan por encima de todas 
las obras similares escritas sobre el mismo tema en la 
República Oriental del Uruguay. 

Su texto contiene á la vez la geografía y la histo- 
ria del territorio oriental ; las numerosas láminas de 
que va acompañada le dan mayor interés y realce 



- 180 - 

Araújo, Orestes. 

Efemérides Uruguayas compiladas y orde- 
nadas por O. Araújo. 

Montevideo, 1894. — 1 vol. 8.°, i. a , 267 pá- 
ginas. — A. Barreiro y Ramos, editor ; calle 
Cámaras esq. 25 de Mayo. 

Esta obrita es muy útil por los datos interesantes 
reunidos por el autor, que de otra manera habría 
que buscarlos en numerosos libros no siempre fáciles 
de conseguir. 

Arce, Doctor Mariano José de. 

Oración pronunciada el día 8 de Octubre en 
celebridad del juramento del Estatuto Provi- 
sorio del Perú por el señor doctor don Mariano 
José de Arce. 

Lima, 1821. — 1 folleto 8.°, 14 págs. Año 
de 1 82 1. — Imprenta de Peña. 

Archivo Americano. 

El Testamento de San Martín. 

Archivo Americano. — 2. a serie, N.° 122. 

Archivo Americano y Espíritu de la Prensa del 
Mundo. 

Cartas de San Martín. 



— 181 — 

Buenos Aires. — Archivo Americano. — 
1843-185 1. — N. os 27 y 32. — Imprenta de la 
Independencia. — In folio, 4. , ,i. a serie. 

Archivo Americano. 

Recuerdos del general José de San Martín, 
ano 1857. Nueva serie, N.° 28. (Doctor B. de 
Irigoyen). 

Buenos Aires, 1843-185 1. — In folio. — Im- 
prenta de la Independencia. La colección cons- 
ta de 2 series: I, 32 números; II, 29 números. 
Empieza el 12 de Junio de 1845 Y termina el 
24 de Diciembre de 185 1. El N.° 29 está in- 
completo porque su redactor don Pedro de An- 
g'elis, amanuense servil del tirano Rosas, cayó 
con éste el día glorioso de Caseros. 

El Archivo Americano era una publicación intere- 
sante que aparecía en español, inglés y francés, conte- 
niendo los documentos oficiales emanados de la dic- 
tadura y estaba destinado á circular en el extranjero. 

Su redactor don Pedro de Angelis, nacido en Ña- 
póles el 29 de Junio de 1784, era un hombre de talento, 
pero de carácter servil ; en Europa había desempe- 
ñado puestos de confianza en casa del rey de Ñapó- 
les quien le confió la educación de sus hijos Luciano 
y Aquiles de Murat. En el Río de la Plata abrazó con 
entusiasmo, á su arribo, el credo unitario, convirtién- 
dose más tarde en el más vulgar detractor de sus 
hombres, que eran las primeras notabilidades del país. 

Después de caído el tirano Rosas, de quien fué con- 



— 182 — 

sejero privado en muchos casos, se puso al habla con 
el Emperador del Brasil, don Pedro II, por intermedio 
del doctor don Andrés Lamas, y le vendió por la suma 
de 13.000 pesos fuertes la valiosa colección de manus- 
critos originales que había logrado reunir para com- 
poner sus obras, muchos de los cuales pertenecían á 
la Biblioteca Pública de Buenos Aires como los de la 
Rebelión de Tupac Amarú, y otros eran de propiedad 
particular, habiéndole sido facilitado el resto por el 
doctor García, canónigo Seguróla, doctor Anchore- 
na, etc. Todos estos documentos existen en la actua- 
lidad en Río Janeiro. 

Don Pedro de Angelis tuvo durante toda su vida 
el sello de su estirpe : fué un escritor cínico, avaro 
y venal, que alquilaba su pluma y su talento al mejor 
postor, sin que le importara para nada la suerte del 
país que lo hospedaba. Sirvió al tirano por temor y 
más que todo por la paga crecida que recibía. Rivada- 
via que fué quien lo trajo á Buenos Aires, por indi- 
cación del literato español don José Joaquín de Mora, 
no escapó á sus calumnias é invectivas. Murió en 
Buenos Aires el día 10 de Febrero de 1859. 

Durante su estadía en Buenos Aires dio á la estam- 
pa las siguientes obras de carácter histórico : 

Noticia biográfica del brigadier Estanislao Lopes. 

Ensayo histórico sobre la vida de Rosas. 

Páginas biográficas del brigadier general Arenales. 

Colección de Obras y Documentos para servir á la 
historia antigua y moderna de las Provincias Unidas 
del Río de la Plata con notas y disertaciones, en 6 
vol. folio. 

Colección de Documentos relativos al Chaco y á la 
Provincia de Tari ja. 



— 183 — 

Explicación de un monetario del Río de la Plata. 

Memoria histórica sobre los derechos de la Repú- 
blica Argentina á la parte austral del continente ame- 
ricano. 

Colección de obras impresas y manuscritas que tra- 
tan principalmente del Río de la Plata. 

Apéndice sobre lenguas americanas. 

Navigation de V Amazone. 

Noticia biográfica de Amadeo Bompland. 

Noticc biographiqíic sur le Tasse. 

Arcos, Santiago. 

La Plata. — Elude Historique, par Santiago 
Arcos. 

París, 1865. — i. ere , 1 volume 4. — Michel 
Levy Fréres. — Libraires-Editeurs. — Rué Vi- 
vidme 2-bis et Boulevard des Italiens, N.° 15 

IV Partie: République Argentino ; Le Pre- 
mier Triunvirat, etc.; l'Expédition au Chili, 
etc. ; l'Expédition au Pcrou. 

Este estudio histórico es interesante por los datos 
que contiene, especialmente en la parte relativa á la 
América antecolombiana. Cieza de León, Garcilaso 
de la Vega y Montesinos, son los autores de cuyas 
obras se valió Arcos para componer la suya. El 
resto de su libro no tiene nada de nuevo digno de ser 
mencionado. 

Ardit, Luis. 

Apuntes de Historia Argentina. 



- 181 — 

Buenos Aires, 1896. — 1 folleto 12. , 1. a — 
Tipografía de los Talleres Sud Americanos, 
Chile, N.° 514. 

Lección IV. 

Arenales, Coronel José. 

Documentos históricos, políticos y militares, 
consiguientes á los sucesos y refutaciones de 
la Revolución y Guerra de la Independencia 
de estos Estados Sudamericanos, de origen 
español: lenta y paulatinamente adquiridos 
desde los primeros años de mi mocedad. 

Buenos Aires. — 1 vol., manuscrito. — ín- 
dice en El Ejército Argentino. — 1883. — 
N. os 2 y 3. — 8 y 15 de Septiembre. 

Este volumen consta de 42 piezas distintas, distri- 
buidas en tres cuerpos numerados, con sus respecti- 
vos catálogos en la primera hoja. Este libro es el ín- 
dice de la colección de papeles y documentos que se 
refieren á la primera época de la Revolución Ameri- 
cana, de los cuales muchos de ellos sirviéronle al co- 
ronel Arenales para escribir la Campaña de la Sierra 
en 1821. 

Hay además la 2. a época: 1826-1852 y la 3. a que 
abarca hasta el año 1863, año en que muere el señor 
coronel Arenales. 

Arenales, José. 

Bosquejo Biográfico del general don Rude- 



— 185 - 

simio Alvar ado por José Arenales, teniente co- 
ronel graduado de artillería. 

Buenos Aires, 1832. — Imprenta de la Ga- 
ceta Mercantil. — i. a , 1 folleto 8.° — Incluido 
en el Apéndice de la Memoria Histórica, ya 
citada. 

Este trabajo histórico del hijo del vencedor de la 
Florida es la. primera biografía que se escribiera 
acerca del general Alvarado. Los datos que trae son 
incompletos, lo que no es de extrañar si se tiene en 
cuenta la época en que fueron escritos y publicados. 

La biografía del general Alvarado no es de las más 
fáciles de escribir, sobre todo si se estudia su actua- 
ción en Chile y el Perú, durante la cual su nombre 
aparece vinculado á hechos cuyo estudio y fallo defi- 
nitivo es muy difícil de pronunciar. 

A pesar de esto, bueno es recordar que el generai 
Alvarado fué un soldado valiente, que prestó servi- 
cios importantes á la causa emancipadora de América. 



CORONEL JOSÉ ILDEFONSO ALVAREZ 
DE ARENALES 

El coronel Arenales, hijo del benemérito general don 
Juan Antonio Alvarez de Arenales, nació en San An- 
tonio de Arque en el Alto Perú, el 5 de Febrero de 
1798. 

Desde su temprana edad fué mandado á Buenos 
Aires, á donde se educó, dedicándose preferentemente 



- 186 - 

al estudio de las matemáticas en las que llegó en breve 
á sobresalir. 

A indicación de su padre se incorporó al ejército 
patriota, con el grado de subteniente de ingenieros, 
en Mayo del año 1817. 

Organizaría la expedición libertadora al Perú, el 
joven Arenales solicitó y obtuvo del- general San 
Martín el correspondiente permiso para incorporarse 
á sus filas, siendo dado de alta en clase de ayudante 
mayor del general en jefe. 

Después de la ocupación de Lima por el ejército 
patriota fué nombrado comandante general de artille- 
ría. Estuvo sirviendo poco tiempo aquel empleo, tras- 
ladándose luego á Buenos Aires y de allí á la ciudad 
de Salta. 

En Noviembre de 1825 fué ascendido á sargento 
mayor ; poco después se incorporaba al Congreso Na- 
cional como diputado por Salta. 

Declarada la guerra al Brasil el gobierno resolvió 
nombrarlo comandante militar de la Ensenada de Ba- 
rragán. 

Allí tuvo ocasión de distinguirse sosteniendo varios 
combates con las naves brasileñas que osaron acercarse 
á las baterías de tierra y demás obras de defensa que 
él construyó. 

El año 1828 fué designado presidente del Departa- 
mento Topográfico, puesto que desempeñó cumplida- 
mente y que encuadraba con los estudios predilectos 
de su juventud. 

Es autor de un Diccionario Geográfico de Chile, 
Perú y Río de la Plata, por el estilo del que publicó 
el coronel ecuatoriano Antonio de Alcedo. 



- 1S7 - 

Construyó y dio á la publicidad un mapa del Alto 
Perú. 

El año 1832 dio á la estampa la Memoria histórica 
sobre las operaciones c incidencias de la división liber- 
tadora á las órdenes del general Juan Antonio Alva- 
res de Arenales en su 2. a - campaña á la Sierra del 
Perú. 

Y en 1833 publicó El Gran Chaco y Río Bermejo 
con 1 mapa, estudio histórico geográfico que le dio 
gran renombre y que aún hoy es consultado con pro- 
vecho por los especialistas. 

Murió en Buenos Aires el día 13 de Julio de 1863. 

Arenales, Coronel José de. 

Memoria histórica sobre las operaciones é 
incidencias de la Expedición Libertadora, á 
las órdenes del general don Juan Antonio Al- 
vares de Arenales, en su segunda campaña á la 
Sierra del Perú en 1821. Por José Arenales. 

Buenos Aires. — Imprenta de la Gaceta 
Mercantil. — 1832. — 1 vol. 4. de 247 págs. 
Con retrato, Carta geográfica y Estado. 

Este trabajo histórico compuesto y publicado por el 
hijo del ilustre compañero de San Martín en el Perú, 
en presencia de los papeles de su padre, contiene el 
relato de la famosa campaña de la Sierra del Perú, 
en la que aquel soldado denodado y austero, con escasa 
fuerza, recorrió centenares de leguas del interior del 
país, favoreciendo levantamientos de los naturales 
contra sus dominadores, derrotó y tomó prisionero 



— 138 — 

en la batalla del Cerro de Pasco al general don Diego 
O'Reilly. En la 2. a campaña á la Sierra hubo de des- 
truir á Carratalá, quien sólo se le escapó debido á la 
inepcia de Gamarra primero y luego al armisticio 
pactado por el general en jefe con el virrey La Serna, 
de Lima, yendo á incorporarse á las fuerzas libertado- 
ras en el Norte del país enemigo, en el campamento 
de Huaura, llevando por trofeos numeroso armamen- 
to y 13 banderas y 5 estandartes españoles, arrancados 
á los enemigos de América (r) . 

La Memoria Histórica, cuando se publicó, levantó 
resistencias y hubo de ser impugnada por el general 
don Tomás Guido, quien le escribió al jefe de la expe- 
dición libertadora del Perú, que residía por entonces 
en Europa, pidiéndole el correspondiente permiso para 
refutar varios pasajes referentes á la 2. a campaña de la 
Sierra y sus alcances, en que el relato de los hechos no 
estaba de acuerdo con la verdad como acontecieron ; pe- 
ro San Martín, que tuvo la paciencia durante toda su 
gloriosa vida de soportar todo cuanto se escribía en 
su contra, tanto en América, como en Europa, con- 
fiado en que el fallo de la posteridad le sería favora- 
ble, dio inmediata contestación á Guido rogándole que 
nada hiciera en ese sentido. 

El mismo autor, el coronel Arenales, le rogó á este 
último que le indicara los pasajes en cuestión para 
modificar su contenido, pero Guido cumplió estricta- 
mente la orden recibida del ilustre fundador de na- 
ciones y guardó silencio. 



(1) Gaceta Ministerial Extraordinaria de Chile, N.° Z2>- — 
Parte de Arenales, Diciembre 7 de 1820. 



— 189 — 

Esta obra se hace cada vez más rara y de deseat 
sería que fuera reimpresa. El plano que la acom- 
paña de la batalla del Cerro (l) ha sido utilizado por 
muchos historiadores nacionales y extranjeros, sin 
indicar su procedencia. 



JUAN ANTONIO ALVAREZ DE ARENALES 

En el pueblo de Villa Reynosa (España) el día 
13 de Junio de 1770 nació este austero soldado de la 
causa emancipadora. Hizo sus primeros estudios en 
Santiago de Galicia, ingresó luego, en clase de cadete 
al ejército, pasando á prestar sus servicios en el 
afamado Regimiento Burgos. Más tarde pidió y obtu- 
vo pase al Fijo de Buenos Aires, ciudad á la que se 
trasladó en seguida y en la que completó sus estu- 
dios predilectos que eran las matemáticas. 

El virrey Arredondo, cuya estima logró captarse, 
lo envió á la provincia de Cochabamba, como juez 
del pequeño pueblo de Arque ; de allí fué trasladado 
á Cinti y más tarde á Yamparáez, siempre ejercitando 
el mismo cargo, el cual desempeñó con rectitud y jus- 
ticia, mereciendo el aplauso del elemento indígena, cu- 
yos intereses defendió en muchos casos contra los 
abusos de los peninsulares. Ya para entonces el virrey 
Meló lo había ascendido á teniente coronel. 

Desempeñando este grado lo encontró la revolu- 
ción de La Paz el 25 de Mayo de 1809. A pesar 

(1) Serró, dice en el original. — N. del A. 



— 190 — 

de su nacionalidad, indignado por la forma abusiva 
como veía que eran tratados los naturales por los 
mandatarios españoles, abrazó con entusiasmo la causa 
emancipadora y la sirvió con lealtad. Los revolucio- 
narios lo designaron Comandante General de Armas, 
cargo que le fué confirmado por la Audiencia, encar- 
gándose además de la organización é instrucción de 
varios cuerpos de milicias, en cuyo desempeño reveló 
condiciones especiales de probidad y competencia. 

Pero aquel estado de cosas no duró mucho tiempo : 
la revolución fué sofocada con lujo de barbarie por 
los ejércitos que mandaban los generales Goyeneche 
y Nieto, de triste recuerdo, especialmente el primero. 
El honrado Arenales fué reducido á prisión, engri- 
llado y mantenido en un calabozo durante seis me^ 
ses en la ciudad de La Paz, siéndole confiscados sus 
bienes. De allí y bajo segura custodia se lo remitió 
al Callao, encerrándole en las famosas Casas- Al atas 
del sombrío Real Felipe, donde estuvo encerrado quin- 
ce meses. Estos sufrimientos retemplaron su espíritu 
y su adhesión á la causa que había abrazado fué cada 
vez mayor. 

El descuido y la venalidad de sus guardianes, á quie- 
nes sobornó con dinero (l) le permitió evadirse, tras- 
ladándose á Chuquisaca, resuelto más que nunca á 
prestar servicios á la causa de la revolución, que era 
ya la de sus hijos. 

Por aquel entonces la causa revolucionaria atrave- 
saba por una crisis espantosa. Sus ejércitos habían 
sido sorprendidos y destruidos en la batalla de Huaqui, 

(i) Carta de M. A. Aguirre en nuestro Archivo. 



- 191 - 

con violación del armisticio solemne pactado con sus 
jefes, por el sanguinario Goyeneche. Arenales no era 
hombre de desmayos ; desde Chuquisaca se trasladó á 
Salta, donde contribuyó eficazmente á que aquélla se 
sublevara contra el dominio realista. El movimien- 
to fué operado en silencio pero con eficacia y el pa- 
triota Arenales fué designado jefe. De allí se trasladó 
á Tucumán y se puso al habla con el general Belgrano, 
quien resolvió en el acto utilizar sus servicios. 

Ya en su nuevo destino asistió á la gloriosa batalla 
de Salta, mereciendo los elogios del general vencedor, 
quien decía que había encontrado en Arenales un ofi- 
cial inteligente y administrador. 

Poco después la heroica Cochabamba se sublevaba 
contra sus opresores y hacía causa común con los 
ejércitos argentinos, proclamando obediencia y aca- 
tamiento á la Junta Revolucionaría de Buenos Aires. 

El general Belgrano resolvió utilizar en debida for- 
ma los conocimientos militares de Arenales, á cuyo 
efecto lo nombró Gobernador Intendente de la pro- 
vincia de Cochabamba, para donde partió en seguida. 

Desde entonces puede decirse que empieza á des- 
collar este hombre que reunía en sí condiciones de 
héroe y talentos de administrador. El ejército del 
Norte había sido vencido en Vilcapugio y luego ani- 
quilado en Ayouma, lo que obligó á los que se salva- 
ron á emprender la retirada hacia Tucumán. 

El gobernador de Cochabamba quedó firme en su 
puesto y luego, rodeado de enemigos por todos lados, 
reunió la pequeña fuerza de que pudo disponer y 
abriéndose paso á filo de espada, á través de aquellos, 
se puso en marcha para Santa Cruz de la Sierra. Su 



- 192 - 

estadía en aquellos parajes anteriormente le había 
facilitado el conocimiento completo del terreno sobre 
el cual operaba. 

Durante aquella marcha tuvo que librar una serie 
de acciones de guerra, en las cuales salió siempre ven- 
cedor. Era perseguido activamente por el coronel 
Blanco al frente de 900 hombres de tropas regulares; 
las fuerzas de que disponía Arenales apenas alcanza- 
ban á 300. A pesar de esto, el día 25 de Mayo de 
1814 le presentó batalla en la Florida. La acción 
fué sangrienta y Arenales, que llevado de su arrojo 
se había adelantado de los suyos, cayó en una embos- 
cada que le prepararon once soldados realistas. Are- 
nales se defendió como un león, dando muerte á tres 
de los más bravos é hiriendo á muchos más, huyendo 
el resto. Pero su triunfo le costó caro, pues durante 
la pelea había recibido catorce heridas de sable, una 
de las cuales le dejó marcas indelebles en el rostro. 

El Gobierno de las Provincias Unidas del Río de 
la Plata, que era desempeñado por el director don 
Gervasio A. de Posadas, premió su heroísmo creando 
por un decreto, que lleva la fecha 9 de Noviembre 
de 1814, un escudo en paño blanco con vivos ce- 
lestes con la inscripción : La Patria á los vencedores 
de ¡a Florida; los oficiales fueron ascendidos en sus 
grados. 

Las acciones de guerra de San Pedro, Postrer Valle, 
Suipacha, Ouillacolo, Vinto, Totora y Santiago de 
Cotagaita lo vieron formar en las filas de la revo- 
lución. 

Más tarde organizó una fuerte división de más de 
mil hombres, perfectamente armada y equipada con 



— 193 — 

armas y pertrechos arrebatados al enemigo, y fué á 
incorporarse á los ejércitos revolucionarios que ope- 
raban en el Alto Perú, hoy Rolivia ; de allí se tras- 
ladó nuevamente á Tucumán, donde prestó importan- 
tes servicios á la causa emancipadora, hasta que el 
añu 1 8 19 fué designado gobernador de Córdoba. 

Este cargo no le satisfizo: Arenales era hombre de 
guerra y sólo se sentía feliz en los combates. Esto 
lo determinó á solicitar del general San Martín, que 
por entonces se encontraba en Chile organizando las 
fuerzas que debían componer el ejército libertador 
del Perú, un puesto en sus filas. 

El general de los Andes aceptó gustoso el pedido, 
yendo el vencedor de la Florida á incorporarse al 
ejército expedicionario, con el cual partió de Valpa- 
raíso el 20 de Agosto de 1820. 

Apenas desembarcado el ejército en la Ensenada 
de Paracas, en la Caleta de Palpa, recibió orden Are- 
nales de empezar á organizar una columna de tropas 
para expedicionar al interior del país y proteger las 
sublevaciones de los naturales contra sus opresores. 

Con ardoroso empeño puso manos á la obra y una 
vez organizadas las fuerzas, fué desprendido del cam- 
pamento al frente de una columna volante con la mi- 
sión anteriormente indicada. Con rapidez asombrosa 
y con gran sorpresa del virrey Pezuela, que no quería 
prestar crédito cuando fué informado que el ejército 
de San Martín se había reembarcado, dirigiéndose 
al Norte á desembarcar en Huaura y que había pre- 
viamente despachado una columna liviana al interior, 
el bravo y austero Arenales se fué apoderando suce- 
sivamente de Tea, Tarma, Huamanga, Jauja. Huan- 

t. 1 13 



— 194 — 

cayo, etc., cuyos habitantes recibían con vivas mues- 
tras de alegría á sus libertadores (l) . 

Cuando Pezuela se dio cuenta del incremento que 
tomaba la revolución á cansa de las correrías de 
Arenales, se propuso destruirlo, y despachó al efecto 
al general irlandés, al servicio de España, don Diego 
O'Reilly, con fuerzas de las tres armas suficientes 
para batirlo, encargando especialmente que se lo tra- 
jeran prisionero. 

El general O'Reilly llevaba las fuerzas siguientes : 

Un batallón de infantería del regimiento de Vito- 
ria, un regimiento de dragones de Carabayllo y lan- 
ceros de Lima, más 200 infantes de la Concordia, todo 
lo cual sumaban mil y tantos hombres. 

La fuerza de Arenales constaba de 700 hombres, 
la mayor parte de los cuales armados con las armas 
quitadas al enemigo. 

La batalla entre ambas fuerzas se trabó en el Cerro 
de Pasco el día 6 de Diciembre de 1820, dejando el 
enemigo en el lugar de la acción 58 muertos, 18 heri- 
dos y 343 prisioneros, inclusive 28 oficiales, 260 fusi- 
les, 2 cañones, pertrechos, banderas, música, equipa- 
jes y todo lo que tenían, sin haber escapado cinco 
hombres reunidos, pues aún el mismo jefe O'Reilly, 
que huyó con tres lanceros, fué tomado prisionero y 
conducido á presencia de Arenales, quien lo trató con 
afabilidad y distinción. Las pérdidas de las fuerzas 
vencedoras fueron insignificantes, apenas alcanzaron 



(1) Gaceta Ministerial Extraordinaria de Chile, N.° 33 
Enero 30 de 1821. — Parte de San Martín al Ministro de 
Guerra y Marina, coronel don José Ignacio Zenteno. 



- 195 - 

á una veintena de hombres entre muertos y heri- 
dos, (l) y la pérdida del teniente de granaderos del 
N.° ii, don Juan Moreno. 

Entre los prisioneros tomados al enemigo aquel día, 
figuraban los tenientes coroneles don Andrés de Santa 
Cruz, comandante del escuadrón de Carabayllo y don 
Manuel Sánchez, comandante de infantería y mayor 
general. 

Entre los jefes que llevaba Arenales iban los co- 
mandantes Santiago Aldunate, chileno, Román De- 
heza (2) y el teniente coronel don Manuel Rojas, ar- 
gentinos. 

El general San Martín en el Boletín del Ejercito 
Libertador, en honor á los vencedores de Pasco, dio 
la siguiente orden del día: "La división libertadora 
de la Sierra ha llenado el voto de los pueblos que la 
esperaban : los peligros y las dificultades han conspi- 
rado contra ella á porfía ; pero no han hecho más que 
exaltar el mérito del que la ha dirigido y la constancia 
de los que han obedecido sus órdenes : para unos y 
otros se grabará una medalla que represente las armas 
del Perú por el anverso, y por el reverso tendrá la 
inscripción : A los vencedores de Pasco. El general y 
los jefes la traerán de oro y los oficiales de plata, pen- 
diente de una cinta blanca y encarnada; y los sar- 
gentos y tropa usarán al costado izquierdo del pecho 
un escudo bordado sobre fondo encarnado con la le- 
yenda : Yo soy de los vencedores de Pasco". 

(i) Gaceta Ministerial Extraordinaria de Chile, N.° 33. 
Enero 30 de 1821. — Parte de Arenales á San Martín. Mine- 
ral de Pasco, Diciembre 7. 

( 2 ) Deza, dice por error en el parte aludido. — N. del A. 



— 196 — 

El general Arenales se incorporaba poco después 
al Ejército Libertador, en su campamento de Huaura, 
en Enero de 1821, llevando por trofeos 13 banderas 
y 5 estandartes, arrancados al enemigo, habiendo te- 
nido para ello que luchar con las asperezas de la sierra, 
con el clima mortífero, con la puna y con los hielos 
del páramo, tanto como con el enemigo. Y todo lo 
vencieron aquel puñado de valientes. 

En Abril del mismo año, San Martín halagado por 
los resultados obtenidos en la campaña realizada por 
Arenales y á pedido de éste, volvió á despacharlo al 
frente de una columna de tropas, á lo que ha dado 
en llamarse segunda campaña de la Sierra. 

Alistadas las tropas expedicionarias, Arenales salió 
nuevamente del campamento de Huaura, dirigiéndose 
á Oyón, a Pasco, á Tarma y finalmente á Jauja. En 
todas estas localidades cuyos habitantes lo conocían 
de su anterior expedición, salían á las afueras de las 
poblaciones y lo recibían en triunfo. En todas ellas 
hizo jurar la independencia del Perú, que acababa 
de ser proclamada en Lima por el general San Martín. 

En esta segunda campaña no fué tan feliz como 
en la primera, pues si bien hostigó activamente á los 
realistas, destrozándolos repetidas veces, no tuvo oca- 
sión de librar ninguna acción decisiva. 

Además su acción contra las fuerzas realistas fué 
paralizada por el armisticio pactado en Lima entre 
el general San Martín y el virrey La Serna. 

Es precisamente á propósito de este armisticio sobre 
lo que discutió con su jefe, el general Arenales, y por 
lo cual le hace cargos en sus Memorias, publicadas 
por su hijo José, y de las que nos ocupamos en otro 
lugar. 



— 197 — 

La expedición regresó á Lima en el mes de Agosto 
del año 1822 poco después, siendo recibida en medio 
de las ovaciones de sus compañeros de armas, que ya 
por entonces eran dueños de la opulenta ciudad de 
los Reyes. 

Poco después San Martín volvió á utilizar sus ser- 
vicios nombrándole Comandante Militar y Prefecto de 
Trujillo, en el Norte del Perú, encargándole al mismo 
tiempo de la organización de dos batallones de infan- 
tería y dos escuadrones de cazadores á caballo, des- 
tinados á servir de base al futuro ejército peruano. 

Cuando el general Sucre, después del desastre de 
Huachi ó Ambato, en que perdió todos sus soldados, 
armamento, etc., y se vio obligado á encerrarse en 
Guayaquil, seriamente amenazado por el virrey de 
Quito, don Melchor Aymerich, se dirigió reiteradas 
veces al general San Martín solicitando auxilios que 
le permitieran salir de la situación angustiosa en que 
se encontraba y que podía hacer fracasar la revolu- 
ción emancipadora por aquel lado. San Martín re- 
solvió auxiliarlo, á cuyo efecto ordenó la organiza- 
ción de las tropas expedicionarias y nombró para el 
mando de las mismas al general Arenales, quien lo 
declinó, fundando su excusación en que se encontra- 
ba postrado en cama, atacado de fiebres palúdicas 
adquiridas durante sus campañas al servicio de la 
causa emancipadora: Santa Cruz fué nombrado para 
reemplazarlo, yendo á incorporarse á las fuerzas co- 
lombianas en Saraguro. 

Con el eficaz auxilio del contingente auxiliar en- 
viado por San Martín, alcanzó Sucre los triunfos de 
Río Bamba y Pichincha, á la que sucedió la ocupa- 



— 198 — 

ción de Quito por capitulación del virrey Aymerich. 
El honrado Sucre así lo reconoció en su nota del 28 
de Febrero de 1822 al Ministro de la Guerra del 
Perú < l >. 

Poco después San Martín, por decisión espontánea 
dimitía el mando supremo y se alejaba definitivamente 
del suelo peruano. 

La Junta Gubernativa que le sucedió en el mando 
encargó á Arenales de la organización del ejército 
nacional y auxiliares argentino y chileno, que de- 
bían expedicionar á Puertos Intermedios. 

El austero Arenales puso manos á la obra, dedi- 
cándose á ella con todo empeño, pero luego se aper- 
cibió de que entre los jefes que mandaban los cuerpos, 
se hacían trabajos de zapa, por dos hombres sin es- 
crúpulos, en los cuales la ambición primaba sobre el 
patriotismo : don José de la Riva Agüero y don Andrés 
de Santa Cruz, que acababa de regresar del Ecuador, 
orlada su frente con los laureles cosechados en Río 
Bamba, Pichincha y toma de Quito, acciones de guerra 
gloriosas á las que había asistido, sirviendo á las órde- 
nes del futuro mariscal de Ayacucho. 

Ambos se proponían utilizar el ejército para deponer 
á la Junta Gubernativa, que dicho sea de paso no go- 
zaba de popularidad. 

En cuanto el honrado Arenales se dio cuenta de lo 
que pasaba hizo dimisión del mando, separándose in- 



(1) Paz Soldán, M. F. — Historia del Peni Independiente. 
— 2. Período, vol. I, pág. 250; y S^las, C. I. — Bibliografía 
del coronel don Federico de Brandscn. — i." Edición, 1909, 
pág. 240. 



— 199 — 

mediatamente de las filas, á fin de evitar que su nom- 
bre apareciera vinculado al acto vergonzozo que se 
preparaba. El mando recayó en Santa Cruz (l) . 

Poco tiempo antes el Congreso peruano quiso pre- 
miar sus servicios acordándole una medalla de oro 
con la siguiente inscripción : El Congreso Constitu- 
tuyente del Perú al mérito distinguido. 

Arenales, inmediatamente que se separó del ejército, 
abandonó el Perú trasladándose á Chile, donde publi- 
có un Manifiesto para justificar su conducta duran- 
te el tiempo que permaneció al frente del ejército 
unido (2) . 

De Chile se trasladó á la provincia de Salta, de la 
que fué nombrado Gobernador el año 1824. 

En ese carácter reunió fuerzas y fué á situarse en 
la frontera cerca de Tupiza, para contribuir á la des- 
trucción de las fuerzas realistas de Olañeta, último 
resto de las fuerzas españolas existente en aquellos 
parajes. Poco tiempo después de la muerte de aquel 
caudillo obstinado, ocurrida en Tumusla luchando con- 
tra Medinaceli, que al anuncio de la victoria de Aya- 
cucho se le había sublevado. Arenales regresó al seno 
de su familia, que residía en Salta. 

Durante su gobierno le cupo la gloria de organizar 
un contingente de 500 hombres con que aquella pro- 
vincia heroica concurrió á la guerra del Brasil. 

Sublevada Tarija contra el gobierno nacional, de- 

(1) Salas, C. I. — Bibliografía de Brandscn. — 1. a Edición, 
1909, pág. 149. 

(2) El general ciudadano Juan Antonio Alvares de Are- 
vales á sus compatriotas de Chile y el Perú.— Santiago, 1823. 
6 pág., folio. Imprenta Nacional. 



- 200 — 

bido á las intrigas y deslealtades bolivianas, de que 
era director don Casimiro Olañeta, Arenales protestó 
contra aquella separación. El general Arenales no 
fué debidamente escucbado por el Ejecutivo Nacional, 
confiando en que la embajada enviada al Libertador 
Bolívar y de la que formaban parte el general Alvear, 
Díaz Vélez y don Domingo de Oro, " conseguirían 
"que aquella provincia nos fuera devuelta, como su- 
" cedió, pero para volvérnosla á arrancar luego por 
" medios no levantados por cierto. 

" El general Arenales era amigo y admirador de 
" nuestro gran estadista don Bernardino Rivadavia, 
" por lo cual y algunos años después de la renuncia 
" de éste de la Presidencia de la República, el 5 de 
"Diciembre de 1831, se trasladó á Bolivia donde se 
" radicó con su familia. Xo quiso mezclarse ni asistir 
" á nuestras contiendas civiles. 

" El general Arenales, ha dicho un subalterno suyo, 
" sin dejar de tener un corazón bondadoso, generoso 
" y noble, tenía el defecto de ser poco cortesano, 
"urbano, amable: era hombre de una pieza: severo, 
"inflexible, rígido como no hemos tenido otro jefe; 
" v para que se forme juicio de su persona, séame per- 
" mitido diseñar algunas de sus costumbres. En la 
"' campaña de la Sierra, no tenía más que un solo or- 
" denanza que cuidaba de su caballo de batalla, su muía 
" de marcha y su equipaje que estaba contenido en 
" dos petacas y nada más. El, por sus manos, ensi- 
" liaba y desensillaba su muía, y no consentía que nin- 
" gún otro se lo hiciera : sabía herrar perf ectamen- 
" te, y por consiguiente, él herraba su caballo y sus 
" muías : en las marchas cargaba un par de alforjas 



- 201 - 

" en su silla, en las que llevaba una servilleta con pan 
" y queso, un cubierto, un jarro de plata, un pedazo 
" de carne cocida ó asada, y un poco de maíz tostado: 
" éste era su alimento favorito. En los descansos que 
" se daba á la columna en las marchas, se apartaba 
" un poco del camino, le quitaba la brida á su muía 
" para que ramonease, bajaba sus alforjas y almor- 
" zaba ó tomaba algo. 

" Tan escrupuloso era en todos sus actos administra- 
" tivos, que fiscalizaba y mezquinaba los intereses pú- 
" blicos más que los suyos propios. 

" Huía de las ovaciones de los pueblos á extremo 
" de manifestar enfado cuando le era imposible im- 
" pedirlas ó rehusarse. Jamás en sus mejores días le 
"envaneció la victoria" (l) . 

El general Mitre lo califica de hombre de virtudes 
espartanas en su Historia de Belgrano; Paz Soldán 
en su Historia del Perú Independiente, dice: " Era ei 
" verdadero tipo de la disciplina y estrictez militar. 
*' para quien la ordenanza era el código más sagrado 
" é inviolable que conocía, y si ella prohibía una cosa 
" ú ordenaba otra, antes daría su vida que quebran- 
" tar su sagrado Decálogo: una seca y terminante 
" contestación de la ordenanza lo manda ; ó la orde- 
" nansa lo prohibe, era todo su argumento á lo que se 
*' dijera en contrario ". 

Este austero patriota, militar rígido y valeroso, el 



u) García, Dr. Servando. — Biografía de .-Irrítales. Dic- 
cionario Biográfico Nacional. — Buenos Aires, 1879, pág. 74. 
El doctor García lo llama José por error, éste era el nombre 
de su hijo. — X. del A. 



— 202 — 

jefe de más talento que acompañó á San Martín al 
Perú y uno de sus mejores leales amigos, terminó su 
gloriosa existencia en el pueblo de Moraya, en Boli- 
via, el 4 de Diciembre del año 183 1. 

La Argentina, el Perú y Bolivia aún no han sal- 
dado las deudas de gloria que tienen contraídas con 
este abnegado soldado de la libertad, mandándole eri- 
gir monumentos que recuerden á las generaciones 
venideras los servicios que Arenales prestara á la 
causa emancipadora. 

" Argentina, La ", 

La inauguración del monumento á San Mar- 
tín en Boulogne-sur-Mer. 

Buenos Aires, 1909. — La Argentina, año X, 
N.° 1.595, Octubre 24. 

" Argentina, La ". 

La inauguración del monumento á San Mar- 
tín en Boulogne-sur-Mer. 

Buenos Aires, 1909. — La Argentina, Oc- 
tubre 24. 

" Argentina, La ". 

Los Granaderos á Caballo cu París. — Vi- 
sita á la tumba de Napoleón I. 

Buenos Aires, 1909. — La Argentina. Oc- 
tubre 29. 



— 203 — 

" Argos, El ". 

Documentos del Protector del Perú, etc. 

Buenos Aires. — El Argos. — 1821-1825. — 
In 4. — Imprenta del Estado. — N. os 19, 28, 
29,39,41,46748. 

Este diario empezó el día 12 de Mayo de 1821 y cesó 
el día 3 de Diciembre de 1825. Redactores : don San- 
tiago Wilde en 1821 ; don Ignacio Xúñez en 1824; 
el Deán Funes en 1823 y la Sociedad Literaria los 
demás años. 

" Argos de Buenos Aires y Avisador Universal, El ". 
Banquete oficial en el 25 de Mayo. 

Buenos Aires, 1824. — N.° 40, Martes i.° de 
Junio. 

" Argos de Buenos Aires y Avisador Universal, El ". 
Manuel Rodríguez. — Drama. 

Buenos Aires, 1824. — N.° 35, Sábado 15 de 
Mayo. — Imprenta de los Niños Expósitos. 

" Argos de Chile, El ". 

Artículo del " Censor de Buenos Aires ". nú- 
mero 161. 

Santiago, 1818. — El Censor de Chile, nú- 
mero 22, Jueves 19 de Noviembre. — Imprenta 
del Gobierno. 



- 204 — 

Este artículo se refiere á las fiestas celebradas en 
Chile con motivo de la colocación de la piedra funda- 
mental del templo á erigirse en conmemoración de 
la batalla de Maipú. 

" Argos de Chile, El ". 

Entrada del general San Martín á Santiago, 
el 2Q de Octubre de 1818. 

Santiago, 1818. — El Argos de Chile, nú- 
mero 21, Jueves 5 de Noviembre. — Imprenta 
del Gobierno. 

Reseña de las fiestas celebradas en Santiago la no- 
che del 29 de Octubre en que hizo su entrada en aque- 
lla ciudad el héroe de Maipú. 

" Argos de Chile, El ". 

Referencias á la batalla de Maipú. 

Santiago, 1818. — El Argos de Chile, nú- 
mero 17, Jueves i.° de Octubre. — Imprenta 
del Gobierno. 

Arnold, Prudencio. 

Páginas históricas de la Historia de la Con- 
federación Argentina por el doctor A. Saldías. 
Reproducción del coronel Prudencio Arnold. 

Rosario, 1894. — 1 vol. 8.°, 1. a — Tipogra- 
fía ítalo-Suiza, calle San Juan, N. os 1039- 1041. 
Pág. 231. 



— 205 — 

El coronel clon Prudencio Arnold fué y continuó 
siendo un adorador ferviente del tirano Rosas, á quien 
le debe la Argentina veinte años de atraso y de opre- 
sión. 

El despojo de los bienes de los unitarios, los fusi- 
lamientos salvajes de prisioneros en San Nicolás, el 
de Camila O'Gorman y del cura Gutiérrez, asi como 
los atropellos brutales llevados á cabo contra ciuda- 
danos extranjeros y que trajeron como consecuencia 
varias veces la intervención armada de Francia é In- 
glaterra, parece que no son elementos de prueba sufi- 
cientes para hacerlo cambiar de criterio á este fervo- 
roso servidor del tirano. 

Arreguine, Víctor. 

Historia del Uruguay. 

Montevideo, 1892. — 1 vol. 8.°, i. a — Im- 
prenta y Litografía de La Razón, calle Cerro, 

N.° 57- 

Arrieta, Domingo. 

Ratos de entretenimiento ó Memorias de un 
soldado, por don Domingo Arrieta, sargento 
mayor. 

Buenos Aires, 1888-1889. — Revista Nacio- 
nal, primera época. — Doctor Adolfo P. Ca- 
rranza, director. 

Volúmenes VIII, IX, X y XI. 

Las Memorias de este autor, no siempre ajustadas 
á la verdad, contienen el relato animado y más que 



- 206 - 

todo informativo de sus campañas en pro de la inde- 
pendencia de la emancipación del Perú. Posterior- 
mente prestó servicios importantes en el ejército re- 
publicano que al mando del general Alvear hizo 
la campaña del Brasil, así como tomó parte activa en 
la lucha contra la tiranía de Rosas en el interior. De 
todas ellas y del relato de las acciones de guerra á 
que asistió, se ocupa detenidamente en estas Memorias. 

El señor Domingo Arrieta, autor de estas Memo- 
rias, nació en Cádiz, y á los trece años fué trasladado 
á Lima, donde residía un hermano de su padre. 

A su llegada á Lima se encontró con que su tío 
había sido desterrado al Alto Perú, confiscándosele sus 
bienes. A los 14 años sentó plaza, alistándose en el 
Regimiento de Granaderos á Caballo de los Andes, 
que mandaba el general don Mariano Xecochea. 

Poco después fué destinado á formar parte del ejér- 
cito que, al mando del general don Rudesindo Alva- 
rado, hizo la campaña de Puertos Intermedios. 

Asistió á la acción de Calama, al mando del general 
Cirilo Correa, y posteriormente se halló en las bata- 
llas de Torata, Moquehua y sitio del Callao. Concurrió 
á la acción de Matará, el 12 de Febrero y á las órdenes 
del general José A. Sucre ; á la de Huanta, el 6 de Fe- 
brero de 1824 á las órdenes del comandante Cuervo, y 
á la famosa batalla de Ayacucho, sepulcro del domi- 
nio español en América, el 9 de Diciembre del mismo 
año. A las órdenes del general Carlos de Alvear, 
hizo la campaña del Brasil ; estuvo en la acción de 
Ombú, el 15 de P'ebrero de 1827; en la batalla de Itu- 
zaingó, 20 de Febrero ; en el combate de Camacuá el 
12 de Abril del mismo año. 



— 207 - 

A las órdenes del general José M. a Paz se encontró 
el 22 de Abril del año 1829, en la Tablada el 22 y 23 
de Junio del mismo año y en Oncativo el 25 de Fe- 
brero de 1830. 

Concurrió á la acción de Fraile Muerto el 6 de Fe- 
brero de 183 1 á las órdenes del coronel don Juan E. 
Pedernera. 

Y finalmente á las órdenes del general don Gre- 
gorio Aráoz de La Madrid asistió á la acción de Tu- 
cumán el 4 de Noviembre de 1831. 

Retiróse luego á Chile, fijando su residencia en Va- 
llenar, donde murió á la avanzada edad de 75 años. 

Arroyo, Guillermo A. 

La batalla de Maipo, por G. Arroyo A. 

Santiago de Chile, 1903. — Boletín Militar. 
Año X. Tomo XI J. N. 08 ni, 112, 113, 114 y 
11=5. Meses de Marzo á Junio. — Talleres de 
la 3. a Sección del E. M. G. 

Este notable trabajo histórico-militar comprende un 
estudio completo de la gloriosa batalla de Maipú, gana- 
da por San Martin al mando del ejército unido argen- 
tino-chileno. 

Su autor empieza por estudiar el teatro de la guerra, 
estudio que divide en tres partes : I. El teatro de la 
guerra, que comprende todo el territorio de la Amé- 
rica Meridional ; II. La base de operaciones que era 
constituida por todo el Sud de Chile; III. El verda- 
dero teatro de las operaciones formado por el resto 
del territorio chileno hacia el Norte. 



- 208 - 

El primer punto está estudiado con maestría y pre- 
cisión, aunque brevemente, dada la índole del trabajo. 
A esto sigue lo que el autor llama Objetivo estraté- 
gico de los realistas; luego sigue la línea de opera- 
ciones, estudio minucioso y lleno á cada paso de acer- 
tadas observaciones á propósito de las líneas á seguir 
por el ejército independiente, pasando luego á ocu- 
parse del Plan de Campaña, en el cual pasa en re- 
vista su distinguido autor todo lo referente al ejér- 
cito realista que mandaba el general don Mariano 
Osorio, empezando por citar las instrucciones que 
éste recibiera del virrey de Lima, Pezuela, de las que 
da un extracto ; á esto sigue el estudio táctico de la 
batalla del lado realista, terminando esta parte de su 
trabajo con un esbozo biográfico del general en jefe 
que los mandaba, sobre el cual emite un juicio acer- 
tadísimo. 

El mismo estudio, siguiendo el mismo plan, com- 
prende la segunda parte de la Batalla de Maipo dei 
señor Arroyo. Empieza por estudiar las operaciones 
por el lado patriota, teatro de operaciones, etc., en- 
trando luego de lleno á ocuparse de la narración téc- 
nica de la batalla de Maipú, á la que divide en dos 
faces: los ataques preliminares y su terminación glo- 
riosa en el caserío de Espejo, detalle en el que elo- 
gia debidamente al bravo Las Heras " el que nunca 
mordió el polvo de la derrota", son sus palabras; 
luego trata de las consecuencias políticas de aquella 
acción de guerra y termina con el estudio de la per- 
sonalidad militar de San Martín que trascribimos, 
con criterio verdaderamente americano y cuyas con- 
clusiones finales compartimos. 



- 209 - 

Así se expresa el erudito autor de esta preciosa 
monografía: 



LA PERSONALIDAD MILITAR DE SAN MARTIN 

El siglo XIX encontró á las colonias españolas de 
la América del Sud divididas en tres grandes virrei- 
natos. 

Al Norte el de Nueva Granada, que tenía también 
bajo su jurisdicción la capitanía general de Venezuela 
y la presidencia de Quito. 

En el Centro, el del Perú, del cual dependía la ca- 
pitanía general del Reino de Chile, virreinato que por 
su importancia y comercio era el más rico, de tal 
modo que en sus recursos y elementos tenía que auxi- 
liar á aquél y al Reino de Chile para los gastos de la 
administración. 

Al Sud, el virreinato del Plata, desprendido del 
Perú, y que comprendía la presidencia de Charcas en 
el Alto Perú y las provincias del Paraguay y del Uru- 
guay, extendiéndose hasta el Desaguadero y Santa 
Cruz de la Sierra. 

No se ignora que la invasión de Napoleón á la 
península ibérica en 1808 conmovió profundamente 
el espíritu americano, y dio la causa ostensible para 
los comienzos de la revolución de la independencia. 

Las operaciones militares que siguieron tomaron 
energías en los virreinatos extremos y en Chile. 

En el Centro, fuera de algunos movimientos en 
el Alto Perú, que se reprimieron con mano de hierro 
en el Cuzco, La Paz y Cochabamba, el resto del te- 

t. 1 11 



— 210 — 

rritorio permanecía, sino afecto á la causa real por 
entero, en un estado de expectación de los sucesos 
que en otras partes tenían lugar. 

Este virreinato, pues, por su situación central estra- 
tégica, y los muchos recursos é influencia natural 
de que disponía y porque aun los patriotas nada po- 
dían emprender, fué, por consiguiente, la base general 
de las operaciones para la guerra general y proveía 
de hombres, dinero, armamentos, . recursos de todo 
género, á los sustentadores de la causa real fuera de 
ese territorio. 

Al concluir el año 14 la revolución americana pare- 
cía ahogada por las armas realistas. 

El virreinato del Norte quedaba reconquistado, y 
Bolívar y demás caudillos de la revolución tenían que 
abandonar el continente. 

En el Sud, Chile había corrido igual suerte y los 
patriotas trasmontaron los Andes huyendo de la saña 
de los vencedores. 

Sólo el virreinato del Plata se sostenía en pie, pero 
penosamente. 

Aunque sus armas habían expulsado á los realistas 
de Montevideo con el concurso de una pequeña es- 
cuadra mandada por Brown, quien probó que no era 
tan difícil batir á los españoles en el mar; en cambio, 
el brigadier Pezuela había infligido al ejército que 
combatía en la frontera Norte las grandes derrotas 
de Vilcapugio y Ayouma, llegando vencedor hasta 
Salta y sus tropas avanzadas hasta Tucumán. 

La caída de Montevideo, hizo que Pezuela se reti- 
rara á Potosí ; pero en Buenos Aires levantaban su 
cabeza las discordias y disensiones intestinas. 



— 211 — 

En estas circunstancias fué nombrado el brigadier 
don José de San Alartín general en jefe del ejército 
del Norte, y en Enero de 1815 llegaba á Tucumán á 
hacerse cargo de un ejército desmoralizado por de- 
rrotas sucesivas. 

Al estudiar el brigadier San Martín su teatro de 
operaciones, vio sin tardanza que era un territorio 
inmenso, con obstáculos y accidentes naturales de todo 
género y variedad ; sus líneas de operaciones se exten- 
dían, pues, considerablemente por cientos de leguas. 

Se le presentaban además, á su frente, alrededor 
de 23.000 soldados mandados por jefes de mérito y 
escalonados en la extensión del virreinato enemigo. 

Así, en el supuesto de que las armas le fueran cons- 
tantemente favorables á medida de su avance, nada 
raro era que sólo consiguiera ir empujando hacia el 
Norte las fuerzas, hasta que llegara, por lo tanto, un 
momento en que su relativamente pequeño ejército, muy 
debilitado en su poder ofensivo por tan largo avance 
y tan distante de su base principal, se encontrara con 
fuerzas considerables concentradas. 

Tales y tantas dificultades, que sólo ofrecían un 
resultado decisivo por demás dudoso, hacían conse- 
cuentemente demasiado poco posible, cuando no irrea- 
lizable, esta empresa. 

Los grandes capitanes, sin embargo, habían tenido 
que ir al corazón del país cuyo poder querían des- 
truir, y esta enseñanza le hizo penetrarse de un modo 
absoluto que tenía que ir hasta allá, puesto que mien- 
tras la base general del poderío español estuviera en 
pie y no se la derribara, la independencia de su patria 
y de toda la América del Sud, sería inestable é in- 
cierta. 



— 212 — 

Aníbal salvó los Pirineos y los Alpes para ir á 
buscar en Italia á los romanos; Escipión, á su vez, 
atravesó el Mediterráneo y fué á batir el poder de 
los cartagineses en su mismo territorio; y así la ex- 
periencia guerrera de todos los tiempos mostraba que 
los generales, verdaderamente tales, siempre habían 
buscado el camino más corto para llegar á su obje- 
tivo final. Al comprender lo irrealizable de la guerra 
en la dirección que se le presentaba, no tardó en darse 
cuenta de que esa no era la vía más corta y conve- 
niente para llegar al centro del poder que era indis- 
pensable derribar. No en vano, por otra parte, había 
pasado largos años en las filas, durante las cuales 
había nutrido su inteligencia de conocimientos técni- 
cos y formádose un firme criterio militar ; en un 
rapto de inspiración su ojo de soldado le dio la noción 
exacta de las cosas, le reveló la visión de que por 
Chile y el Pacífico era la vía más corta y recta para 
llegar al corazón del virreinato, á Lima, su capital. 

Los Andes, aunque muy superiores á los Alpes, po- 
dían, con más ó menos dificultad, salvarse ; y el Pa- 
cífico, como el Mediterráneo al general romano, le 
ofrecía una ruta relativamente fácil hasta dejarlo á 
un paso de Lima. 

La empresa era posible ciertamente ; era también 
audaz y atrevida, y por lo mismo, digna de ser inten- 
tada por un alma resuelta en busca de gloria. 

Desde este instante, ella fué el punto de partida 
para sus trabajos, la órbita en la cual giran sus idea.? 
en todos los momentos y á cuya realización consa- 
gra en absoluto su ser todo entero. 

" No se felicite usted con anticipación de lo que yo 



— 213 — 

" pueda hacer en ésta, escribía desde Tucumán en 1814 
" á un amigo que lo felicitaba por su nombramiento 
" de general en jefe del ejército, no haré nada y nada 
" me gusta aquí. La patria no hará camino por este 
" lado del Norte, que no sea una guerra defensiva y 
"' nada más ; para eso bastan los valientes gauchos de 
" Salta con dos escuadrones de buenos veteranos. Pen- 
" sar otra cosa es empeñarse en echar al pozo de 
" Ayrón hombres y dinero. Ya le he dicho á usted 
" mi secreto. Un ejército pequeño y bien disciplinado 
" en Mendoza para pasar á Chile y acabar allí con los 
" godos, apoyando un gobierno de amigos sólidos, para 
" concluir allí también con la anarquía que reina. 
" Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para to- 
" mar á Lima ; ese es el camino y no éste ; convénzase. 
" hasta que estemos sobre Lima la guerra no acabará ". 

Esta carta, como se ve, contiene íntegramente todo 
el plan general de campaña posible, efectivo y eficaz 
que debía desarrollarse para conseguir la libertad ame- 
ricana: concepción grandiosa que bastaría por sí sola 
para proclamar grande hombre al que la concibiera. 

Pretextando una enfermedad, cierta ó fingida, pidió 
ser relevado del mando del ejército del Norte y se 
hizo nombrar gobernador de la provincia de Cuyo, 
cuya capital, Mendoza, que eligió San Martín, con su 
mirada de águila, no podía ser mejor elegida. 

Educado San Martín desde su niñez en la escuela 
del ejército que ahora iba á combatir, había vivido 
más de veinte años entre los detalles del servicio me- 
cánico llevado en las filas de ese ejército hasta la re- 
dundancia, con un gasto inútil de tiempo y fuerza, 
y bajo el régimen de su Ordenanza Militar, tan sabia 



- 214 — 

en el fondo cuanto minuciosa y tremenda en la apli- 
cación de sus disposiciones, en gran parte anticuadas, 
añejas y hasta absurdas. 

Esos largos y continuados servicios formaron en 
él una naturaleza neta de soldado, y como su inteli- 
gencia, poderosamente equilibrada, se penetró más del 
espíritu que de la letra de aquel conjunto de regla- 
mentos, resultó de ello un militar ordenado, discipli- 
nado y previsor. 

El fondo de la ordenanza se refleja en su carácter, 
austero cual aquélla, que si bien le conquistó la admi- 
ración de los contemporáneos, no lo hizo ser bien 
querido ni granjearse amistades sinceras y abiertas 
sino en reducido número. 

Alejado y poco amigo de los placeres, en cambio 
dado al trabajo y amante de la lectura y del estudio, 
que le daba instrucción y satisfacía las aspiraciones 
su alma ; pobre, puesto que su padre, un capitán 
español, no le dejó bienes de fortuna, viviendo siem- 
pre de su sueldo, pero teniendo por norma no deber 
jamás nada á nadie, al extremo de haberse acostum- 
brado á hacerse todos los pequeños servicios de su 
persona; individualmente caballeroso, pero poco ex- 
pansivo en su trato, sobrio y severo en sus costumbres, 
modesto y sencillo en el vestir, San Martín había 
llegado á conquistarse una brillante hoja de servicios 
en el ejército español y abrirse su carrera militar 
llegando hasta el empleo de coronel (l) . Mas al formar- 
se juicio claro sobre la revolución de América, el niño 
de Yapeyú se acordó de que era americano y al revés 

(i) Teniente coronel debía decir. — N. del A. 



- 215 - 

de muchos otros que siendo también americanos ha- 
bían llegado á ser, como el feroz Goyeneche, instru- 
mentos decididos para ahogar en la sangre de sus con- 
terráneos las aspiraciones de libertad, él, que no tenía 
fortuna ni más porvenir que su carrera, renunció su 
empleo en las armas españolas y se vino á América 
á poner su espada al servicio del suelo que lo vio 
nacer. 

Llegó, pues, á su patria poseyendo una preparación 
é instrucción militar completa y fué ciertamente en 
este sentido superior á todos los caudillos de la inde- 
pendencia. 

A su arribo á Buenos Aires el gobierno le encargó 
la organización de un regimiento de caballería, los 
Granaderos á Caballo ; en este cuerpo se vio por pri- 
mera vez lo que era una organización verdaderamente 
militar, y lo que es más, le inculcó una disciplina ver- 
daderamente tal ; con él obtuvo la primera de sus vic- 
torias, la de San Lorenzo, formando una escuela de 
este cuerpo que dio más tarde más de veinte genera- 
les á la América. 

Una vez en Mendoza, reveló altas dotes de gober- 
nante y superiores todavía como organizador. Su ima- 
ginación fértil en recursos y de poderosa iniciativa, 
supo encontrar elementos para formar un ejército 
perfectamente equipado y disciplinado entre la po- 
breza y con los más estrechos medios. 

Se sabe, que en una época dada, las resoluciones 
geniales no son sino una aplicación de otras que ya 
las han precedido, y que siempre los grandes capita- 
nes han sido tan versados en la historia cuanto co- 
nocedores de los hombres que, conscientemente ó no, 



— 216 — 

han tomado por modelo, llegando á superar ordinaria- 
mente á los que los han inspiradora causa de la evo- 
lución de los tiempos. 

Aníbal pasó los Alpes por la sola resolución de su 
genio, venciendo á la naturaleza únicamente con la 
energía que su alma comunicaba á las tropas. 

Dos mil diez y siete años más tarde, Napoleón Bo- 
naparte, imitando á Aníbal, ejecutó la misma opera- 
ción, mas no ya con la impetuosidad de aquél sino 
con más elementos y una previsión ordenada y me- 
tódica. 

San Martín, en condiciones semejantes á las de 
aquellos, y en otro teatro, debió tener á la vista tales 
ejemplos ; pero también era natural que accionara de 
conformidad con su carácter y el teatro que se le pre- 
sentaba. 

La ejecución del paso de los Andes con su ejército, 
propiamente suyo, es una obra maestra según todos 
los que la han estudiado ; no obstante, nos aventura- 
mos á creer que es superior al modelo que imitó : el 
paso de los Alpes, pigmeos ante los Andes, no podía 
presentar mayores dificultades que las que hubo que 
vencer en presencia de la gigantesca cordillera, una 
de las más altas, fragosas y agrestes del mundo ; hubo 
también un vuelo estratégico de mayores resultados 
porque no encontró los accidentes tácticos que se le 
presentaron á Bonaparte, en razón de que San Martín 
los había eliminado de antemano desde su gabinete de 
trabajo. 

Aun sin tomar en cuenta esta inmortal operación, 
San Martín es sin disputa el estratégico más grande 
de su tiempo, en la América, y acaso hasta hoy no 
tiene rival. 



— 217 — 

Sin embargo, este gran guerrero tan abundante- 
mente dotado de cualidades de inteligencia, talento y 
de carácter, fué, como general, incompleto por decirlo 
así : tuvo más fe en la maniobra que en la acción tácti- 
ca, más confianza en su fuerza intelectual estratégica 
que en la resolución, en la audacia de su corazón 
para buscar las decisiones en el campo de batalla. 

Tal vez su experiencia y conocimiento de lo que 
es la guerra le afirmaron en el concepto de que la 
lucha es siempre incierta por la parte preponderante 
que toma lo imprevisto é inesperado, y esto lo hizo 
temeroso de arriesgar en la batalla todos los grandes 
proyectos que bullían en su mente; de ahí es que de 
las tres grandes funciones de guerra que mandó en 
jefe, sólo ganó una batalla táctica, la de Maipo: 
San Lorenzo había sido una afortunada carga de ca- 
ballería, y Chacabuco, para él, sólo una victoria es- 
tratégica : dio la dirección á sus dos columnas de com- 
bate, y nada más ; la victoria táctica se obtuvo en 
razón de la fuerza de esas direcciones, más que del 
esfuerzo táctico. 

Al contrario de los demás caudillos americanos cuya 
resolución, por lo mismo que no tuvieron más escuela 
ni aprendizaje que la misma guerra de la indepen- 
dencia, los empujaba á la lucha, fuera ó no decisiva, 
San Martín, sistemático, metódico, pensando en las 
probabilidades y previendo las alternativas para ha- 
cerlas tornarse favorables, sólo perseguía el resultado 
estratégico mayor para aprovechar bien las conse- 
cuencias concurrentes á sus fines. 

Este modo de accionar durante la primera jornada 
en la ejecución de su plan general de campaña, le dio 



— 218 — 

buenos resultados en Chile, porque las circunstancias 
le obligaron á combinarlo con la acción táctica, y tuvo 
sus colaboradores que se le consagraron de una ma- 
nera absoluta ; cuando le faltaron éstos, es decir, cuan- 
do quedó entregado á sus propias fuerzas, la sola 
acción estratégica tenía que fracasar, porque esa ac- 
ción, para que sea eficiente, necesita, absoluta y ne- 
cesariamente, de la sanción táctica : esta es la razón, 
principal, á nuestro juicio, que explica su fracaso en 
el Perú. 

Por su falta de confianza en la acción táctica, no 
supo tampoco aprovechar el éxito táctico en toda su 
extensión. 

Después de Chacabuco, mandó á Las Heras en per- 
secución de los derrotados. Las Heras se movió y 
entró en campaña después de una inmovilidad inútil 
en Talca, demora de resultados harto sensibles, sin 
que el general le exigiera terminantemente hacer la 
persecución rápida, de modo de no dar tiempo á que 
el enemigo se rehiciera; esto dio lugar á que los rea- 
listas quedaran con un pie sólidamente sentado en el 
país, tuvieran tiempo para fortificarse en Talcahuano 
y obligaran á un gasto de fuerzas y sacrificios que se 
pudo evitar. 

Lo mismo sucedió después de Maipo. Si él conti- 
núa con el ejército ó si ordena se siga con éste pe- 
gado á los talones de los pocos dispersos que se sal- 
varon del desastre, ciertamente que los realistas son 
destruidos y expulsados totalmente del territorio. 

El no haber dispuesto mejor la persecución, tuvo 
por consecuencia imponer sacrificios tales, á causa de 
la continuación de la guerra por las bandas del Sud, 



— 219 — 

que hicieron fueran dobles para la preparación de la 
campaña de Lima, llegando él mismo á ser injusto, 
porque no se le accedía pronto y en todo lo que ne- 
cesitaba, con el gobierno de O'Higgins, precisamente 
con el hombre que le profesaba la adhesión más sin- 
cera y completa. 

Como táctico no estuvo, pues, á la altura del admi- 
rable y gran estratégico. 

No creemos ofender su memoria si nos permitimos 
expresar, que en aquella rama del arte de la guerra, 
sólo fué un capitán prominente que poseía sólidos co- 
nocimientos y que los aplicó á menudo correcta- 
mente. 

Y al decir que no fué un gran táctico, no es toman- 
do esta frase en el sentido de que descubriera algo 
nuevo ó que innovara en lo ya establecido ó hiciera 
aplicaciones que salieran de lo habitual de la ense- 
ñanza y de ejemplo ; nos referimos á que, como táctico, 
no se manifestó un talento superior, ni se vio que en 
sus acciones de guerra hiciera resaltar su personali- 
dad imprimiendo el sello de su inteligencia. Sus ope 
raciones durante el día 19 de Mayo en Cancha Rayada, 
hemos visto que no fueron convenientes y sí inefica- 
ces y hasta inútiles. Y la sorpresa que recibió en la 
noche y que trajo consigo la dispersión del ejército, 
demuestra lo poco acertado de sus disposiciones. La 
misma batalla de Maipo, modelo, por otra parte, de la 
batalla americana y una de las más hermosas libra- 
das hasta entonces, no lo revela gran táctico. 

Entre las instrucciones que dictó al ejército para 
esa batalla, se ve algo que raya en lo ficticio, y no 
se comprende como pudo llegar á pensar que el fino 



— 220 — 

instinto de las tropas no había de indicarles cuando 
una tropa se retiraba de la lucha obedeciendo á una 
orden superior y cuando esa retirada era impuesta 
y causada por otro motivo. También tomada la batalla 
en su conjunto, si se reflexiona sobre ella, no se le 
descubre un pensamiento dominante en pos del cual 
el general tratara de dirigir, ó encauzar, según su 
voluntad, los acontecimientos de la lucha : lanzó sim- 
plemente la primera línea de combate al fuego, de 
frente, sin orden paralelo, y en el caso extremo, usó 
bien la reserva y nada más ; ninguna fuerza intelectual 
obrando en activa, y si en pasividad, en espera de los 
sucesos. 

Las peripecias de la lucha hacen que en la segunda 
faz parezca cambiar aquel orden de las cosas por el 
oblicuo. 

Las Heras, y Mitre con él, atribuyen á este último 
orden el mérito de la batalla. 

Lo que caracteriza el orden oblicuo desde Epami- 
nondas que lo usó por primera vez hasta Federico II, 
de quien fué el favorito, es, empleando las palabras del 
gran rey : " rehusar un ala al enemigo, y reforzar la 
que debe hacer el ataque " ; por cuyo medio, agrega, 
lleváis todas vuestras fuerzas sobre el ala del adver- 
sario, consiguiendo: i.° hacer frente con un pequeño 
número de tropas á un cuerpo superior ; 2° atacar al 
enemigo por un lado que será decisivo ; 3. que, aun- 
que vuestra ala sea batida, no tendréis más que una 
parte de vuestro ejército destrozado y las otras, toda- 
vía intactas, os servirán para hacer la retirada. 

Y nada de eso hubo en Maipo. 

Aun en el caso de que se quiera ver el orden oblicuo, 



— 221 — 

éste habría llegado, no porque lo intentara ó lo dis- 
pusiera la voluntad del general, sino impuesto sin la 
menor intervención suya, traído por el azar. 

Sin embargo, estas observaciones no tienden á ma- 
nifestar que San Martín no hubiera sido capaz de 
aplicar la gran táctica del mando en jefe en el campo 
de batalla, si el destino le hubiera proporcionado otras 
ocasiones, sino que su genio no era tan fuerte en este 
sentido como lo fué en la estrategia. 

Justo es, en cambio, reconocer que no puede decirse 
lo mismo de su táctica de instrucción doctrinal de las 
unidades ; su alta preparación militar hizo que fuera 
en ese tiempo el mejor instructor de su ejército; él la 
implantó de una manera estable en el argentino, según 
hemos leído, y fué el maestro del chileno, que hasta 
entonces, en realidad, no tenía ni siquiera una organi- 
zación verdaderamente militar y disciplinaria, y fué 
esa instrucción, más ó menos completada con detalles 
para el mejor funcionamiento administrativo, ó de 
orden interno en los cuerpos de tropas, la que tuvimos 
y conservamos hasta 1892. 

A pesar de lo expuesto anteriormente, debe mani- 
festarse sin vacilación que tenía condiciones eminen- 
tes de carácter para el mando en jefe: dio siempre 
muestra de claro discernimiento; resolución para 
obrar; constancia para perseguir sus proyectos; y los 
días antes de Maipo, posesión de sí mismo para apli- 
car su espíritu á la concepción de nuevas combina 
ciones estratégicas; pero es dudoso que poseyera tam- 
bién esa fuerza de voluntad que en la mala fortuna 
nada puede hacer desfallecer ó resentir. 

Cancha Rayada fué una prueba dura. 



— 222 — 

¡ Todos mis amigos me han abandonado ! dijo á 
Guido, el representante del gobierno de Buenos Aires, 
y su amigo confidente, al encontrarse y abrazarlo. 

He ahí un gemido amargo que revela el estado de 
su alma, la conmoción profunda que lo poseía: y 
sin embargo, ese grito era injusto y la acusación no 
era efectiva. Santiago recibió al general con la misma 
fe y la misma energía de siempre, sin desesperar por 
el fracaso. A su llegada encontró los corazones abier- 
tos y la adhesión más completa y sincera. 

" ¡ Chilenos ! proclamó al pueblo al día siguiente 
" de su arribo; una de aquellas casualidades que no le 
" es posible al hombre evitar, hizo sufrir á vuestro 
" ejército un contraste. Era natural que un golpe 
" que jamás esperabais y la incertidumbre os hiciera 
" vacilar ". 

Ahora bien, no fué Cancha Rayada una casualidad 
y al hombre le fué dado evitar el contraste, según 
hemos visto al estudiar esa sorpresa : el golpe y la 
incertidumbre hicieron vacilar, no al pueblo, al que 
se dirigía, sino á él mismo, según la confesión que se 
desprende de su frase de desaliento y queja. 

En lugar de abandonar al general poco afortunado, 
ese pueblo hacía lo contrario y procedía lo mismo 
que Roma, al recibir al cónsul Terencio Varrón, des- 
pués de la derrota de Caimas, donde Aníbal le destrozó 
el mejor ejército romano que se le había confiado; 
de ahí que él mismo dejara escrito : 

" Por un contraste singular en las manifestaciones 
" del espíritu humano y no común en los fastos de 
" la historia, después de la dispersión del ejército 
" que había comprometido tan seriamente la libertad 



— 223 — 

" de Chile, fui recibido en Santiago poco menos que 
" en triunfo ". 

Si San Martín hubiera sufrido tantas derrotas, fra- 
casos y quebrantos como los que experimentó Bolívar 
durante su campaña por la independencia, es de pre- 
guntarse si habría tenido energía y voluntad para 
soportarlas y continuar su empresa ; afortunadamente 
el destino no lo sometió á pruebas repetidas que reve- 
laran el temple de su alma al respecto. 

" Serás lo que debes ser, y si no, no serás nada ", 
dice su sentencia favorita; pensamiento de un profun- 
do fatalismo y altamente desalentador porque mata 
ó puede conducir á ahogar todo entusiasmo, toda 
emulación, toda aspiración á algo grande. Hay que 
señalar, no obstante, que es habitual en los grandes 
capitanes tener estas ideas fatalistas; y no sólo ellos: 
en todos los militares que han afrontado las situa- 
ciones de guerra y sus peligros, existe ese fondo de 
fatalismo, porque la vida, la carrera, la gloria, todo, 
todo, está entregado á merced de ese algo poderoso y 
tremendo que de ordinario se llama destino, pero mejor 
y más cristianamente providencia. 

Al estudiar la personalidad del gran caudillo en 
sus hechos militares, deliberadamente hemos desaten- 
dido y ni querido tomarlo en consideración bajo el 
aspecto de su política, ya juzgado por la historia. 

Como hombre, no podía ser una excepción ; debía 
también tener pasiones, y llevadas hasta lo inconve- 
niente á veces, sobre todo cuando se trataba de un 
obstáculo que creía debía apartar de su camino ; pero 
tuvo á la vez, como todo grande hombre, la cualidad 
de ser un conocedor profundo de los hombres para 



— 224 — 

aprovecharlos hábilmente en la realización de sus pro- 
yectos. Conoció en O'Higgins honradez, firmeza de 
criterio, tino de gobernante, un bravo soldado pero 
pobre capitán, y se lo atrajo, pues comprendió que 
poseía un carácter apto para ser doblegado ante uno 
más superior y ser manejable por el suyo. 

Vio en Mendoza, detrás del mostrador de un humil- 
de despacho, un pobre emigrado chileno y lo toma 
de secretario, elección tan acertada que le valió más 
de una victoria, porque ese fué á poco el mejor mi- 
nistro de la guerra que tuviera Chile, y el organizador 
de la primera escuadra : el general Zenteno. Los tres 
comparten la gloria de esa época, tanto más grande 
cuanto más se aleja; y si después hubiera tenido en 
Lima colaboradores como éstos, no hubiera fraca- 
sado; desgraciadamente para él, el Perú no podía pro- 
porcionarle hombres de ese temple. 

La providencia, dice Bossuet en sus discursos sobre 
la historia, cuando ha resuelto abatir ó levantar los 
imperios, se vale de agentes adecuados para la eje- 
cución de altos designios. Este profundo pensamiento 
del águila de Meaux se le ve cumplir con toda exac- 
titud en esta época. 

Los errores sucesivos de España la habían condu- 
cido á figurar como un estado secundario en Europa; 
mas le quedaba su rico y potente imperio colonial en 
el Nuevo Mundo. Su abatimiento estaba, sin embargo, 
resuelto, y la energía heroica que desplegó para de- 
fenderse del gigante corso, y que fué el principio del 
derrumbamiento del imperio levantado por éste, el 
más grande capitán que han producido los siglos, fué 
por contragolpe un gasto considerable de la fuerza 



-- 22o — 

ofensiva que iba á necesitar para conservar el suyo 
en América : y así como ella fué uno de los agentes 
para hundir el imperio Napoleónico, así también entre 
los caudillos americanos el encargado de darle el más 
demoledor y más pesado golpe para la pérdida del 
imperio colonial, fué San Martín. 

Con fundada razón, pues, todos los que han escrito 
sobre este ilustre capitán ven en él un hombre supe- 
rior que se consagra á cumplir una misión, y de ahí 
es que por cumplirla, no viendo ante sí ni ante otra 
cosa que su cumplimiento, aparta de su lado con vo- 
luntad resuelta, inexorable á veces, á quien se atra- 
viesa ó puede estorbarle en su marcha. 

Igualmente es habitual entre esos escritores poner 
«á San Martín en paralelo con el otro gran caudillo 
del Norte, que la historia conoce con el nombre de 
el Libertador, nombre decretado por la ardiente ima- 
ginación tropical, si bien verdadero. Imitándoles á 
nuestro turno, nos vamos á permitir hacer notar cier- 
tas diferencias en la obra militar de ambos. 

San Martín es superior en instrucción militar prác- 
tica é intelectual al capitán venezolano como organi- 
zador y disciplinario ; así pudo disciplinar y obtener con 
el solo elemento americano con que contribuyó á la li- 
bertad de Sud América, lo que aquél no había conse- 
guido, pues su ejército tuvo que aprender el orden 
y la disciplina militar de los voluntarios ingleses que, 
licenciados por la conclusión de las guerras europeas, 
se vinieron á aventurar sirviendo á sus órdenes. 

Por otra parte, obtuvo su victoria en Maipo por 
el valor y el empuje de sólo soldados americanos, 
mientras que Bolívar ganó la decisiva batalla de Boya- 

T. I. 15 



— 226 — 

cá, gracias al valor frío y disciplinado del regimiento 
inglés de John Farrier (l) que rodilla en tierra, hizo 
frente á todo el ejército realista y dio tiempo para el 
descenso de la demás tropa y emulación para, después 
de organizarse, entrar al fuego con el ímpetu criollo. 

Todavía Bolívar, para librar esa batalla, tuvo un 
ejemplo también en San Martín, para hacer también 
su famoso paso de los Andes en aquel territorio; ver- 
dad es que no procedió bajo el sistema de Napoleón 
V San Martín, sino con la audacia de Aníbal, exi- 
giéndolo todo del esfuerzo pujante, de la resistencia 
humana de sus soldados. 

No tuvo la suerte de dar remate á la libertad ame- 
ricana, pero no la tuvo tampoco de sellarla en la ba- 
talla, su rival, á quien cedió el campo en Guayaquil. 

Ambos habían ganado bien la inmortalidad. 

Estaba predestinado para ello un general de vein- 
tiocho años con la ayuda de las tropas de ambos, 
porque la providencia parece que había dispuesto 
que, de los dos extremos del continente Sur, concu- 
rrieran los hijos de éste, á completar la independencia 
bajo el mando de un joven, que se alzaba á la vez 
como la encarnación de la joven América. 

Sucre, en efecto, al principiar á escribir su nombre 
en la historia no pudo ascender las heladas cumbres 
del Pichincha para dar libertad al Ecuador, sino cuando 
San Martín le hubo enviado desde Lima un refuerzo 
de tropas chilenas y argentinas. 

Fueron jinetes argentinos y chilenos en gran parte 

(i) John O'F 'arriar debe decir, y no en la batalla de Bo- 
yacá, sino en el día glorioso de Carabobo. — N. del A. 



los que al mando de Miller, que debía su carrera mili- 
tar á Chile y San Martín, quienes hicieron frente en 
reducido número á la numerosa caballería realista en 
Junírij hasta que el escuadrón de la Legión Peruana (l) , 
de reserva, como para sellar la independencia de su 
patria, dio la carga de flanco que decidió la victoria. 

Todavía tropas chilenas y argentinas, perdida ya 
su bandera é intercaladas en las colombianas, tomaron 
parte en la última gran batalla que destrozó y rindió 
el último ejército realista de Sud América, con Sucre 
al frente, en las faldas del Cóndor-cunea y que la 
historia conoce con el nombre de Ayacucho. 

Chile debe mucho á San Martín. 

No sólo le dio definitivamente la independencia. 
y organización, instrucción y disciplina al ejército, 
cuyos continuadores somos los que proseguimos en 
las filas ; también extendió la revolución chilena fuera 
del territorio y, juntamente con la argentina, la hizo 
americana, pues por él, O'Higgíns y Zenteno, organi- 
zaron la escuadra que dio á Chile el dominio del 
Pacífico y bajo los pliegues de nuestra bandera, mar- 
chó también el ejército para hacerla tremolar por vez 
primera en el palacio de los virreyes. 

'"' Los hombres juzgan lo presente según sus pasio- 
" nes y la historia según la verdadera justicia ", es- 
cribió San Martín cuando un joven le pidió un re- 
cuerdo suyo para su álbum. Esa verdadera justicia 
que invocó, se la hicieron pronto los tres pueblos que 
deben su independencia á su espada, y ciego será 
quien no vea en él á un hombre prominente y supe- 

(i) Al mando del comandante Suárez, argentino. — N. del A. 



— 228 — 

rior, un gran capitán que sacrificó lo mejor de su 
existencia á la consecución de una obra en bien per- 
petuo de los hermanos, que creían dignos á sus pue- 
blos de mejores destinos. 

Fué una sólida instrucción militar adquirida por sí 
mismo y una poderosa y bien equilibrada inteligen- 
cia, un talento metódico y bien disciplinado, una vida 
austera y sobria, un carácter firme y entero, un alma, 
en fin, forjada en el molde en que se hacen los lla- 
mados á grandes cosas sobre la tierra; llegó á su 
teatro de acción trayendo la mejor y más completa 
preparación militar que era posible obtenerse, cons- 
ciente de sí mismo en el sentido de su fuerza inte- 
lectual, y al tener la visión clara sobre la dirección 
que debía dar á su vida, en pos de un objetivo cuyo 
móvil no podía ser más grandioso, consagró toda la 
energía de su alma, para ocupar el lugar eminente 
á que se creía llamado en el tiempo y el espacio. 

Pudo cometer errores porque la naturaleza humana 
no puede ser perfecta; pero son pequeños lunares 
que no disminuyen ni hacen desmerecer un átomo la 
obra admirable que llevó á cabo, porque en el con- 
junto de esa obra, al mirarla desde la distancia de los 
años, se destacan los perfiles de su personalidad su- 
perior, como se destacan los perfiles de los Andes, 
que holló con su caballo de guerra, al mirarlos desde 
las ondas del Pacífico, que surcó llevando triunfadora 
su bandera de los Andes. 

La obra de San Martín, más que argentina y chi- 
lena, es americana; y más qué americana, es de alta 
grandeza humana, porque la libertad que dio á los 
pueblos mediata ó inmediatamente emancipados por 
él, hace honor á la humanidad ". 



oog 



Ascencio, Doctor Juan. 

Acusación pronunciada ante el Tribunal de 
Jurados de Lima por el doctor don Juan As- 
cencio, contra el alcance del ''Mercurio Pe- 
ruano ", publicado por don Carlos Rodrigues 
y denunciado por el Gran Mariscal del Perú, 
don Bernardo de O'Higgins. 

Lima. — Imprenta de Masías. — I&33- — 
i vol. 4. de 190 págs. 

Durante la residencia de O'Higgins en el Perú, fué 
acusado en el periódico citado de haber ordenado la 
muerte del guerrillero chileno Manuel Rodríguez, por 
su hermano Carlos que residía en Lima; O'Higgins 
acusó el artículo, llevando á su autor ante los jueces. 
El fallo le fué favorable, siendo condenado á prisión 
el señor Rodríguez por falta de pruebas. Posterior- 
mente el historiador Amunátegui, de reconocida ho- 
norabilidad, volvió á formular el cargo y en forma 
tan concreta que difícilmente podrá ser destruido. De 
todo el proceso de Lima está formado este libro, hoy 
bastante raro. 

Aubín, José María. 

Curso de Historia Nacional con arreglo al 
programa de las escuelas comunes. 

Buenos Aires, 1902. — 1 vol. 8.°, 2. a edi- 
ción, 90 págs. Con ilustraciones. — Ángel Es- 
trada y Cía. 



230 



Auge, Claude. 
San Martín. 

París, 1909. — Nouveau Larousse Ilustró. 
Dictionnaire universel encyclopedique publié 
sous la direction de Claude Auge. — 8 vols. 4. , 
2 eme — Librairie Larousse, 17, Rué Montpar- 
nasse. 

Volumen VIL 

La biografía de San Martín que trae esta obra, 
aunque en extremo abreviada, está plagada de errores, 
lo qne no es extraño si se tiene en cuenta que está 
compuesta con notable descuido, en todo lo que se 
refiere á Sud América en general. 

Este diccionario no trae fecha de impresión, para 
su más fácil venta ; la que indicamos es la del pros- 
pecto con que se anunció su venta en París. La obra 
consta de VII volúmenes y un suplemento que forma 
el VIII volumen. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Mariano Moreno y San Martín. Discurso 
con comentarios inéditos. 

Buenos Aires, 1898. — La Biblioteca, revis- 
ta mensual, dirigida por Pablo Groussac. 
Año II, tomo VIL 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Los restos de San Martín. El Presidente de 
la República á sus conciudadanos. 



— 231 — 

Buenos Aires, 1877. — La Tribuna. — Año 
XXIV, N.° 7988. 

Proclama escrita en estilo brillante como todos los 
discursos de este notable literato y hombre público 
argentino. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Sobre el Centenario de San Martin. Apun- 
tes de un diario. 

Buenos Aires. — 1 folleto. — Librería Edi- 
tora de E. N. Viola, calle Moreno 100. — 8.°, 
i. a edición. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

El general don Tomás Guido. Mensaje al 
Honorable Congreso pidiendo el acuerdo para 
conferirle el grado de Coronel Mayor de los 
Ejércitos de la República. 

Buenos Aires. — La Tribuna. — Año XXIV, 
N.° 8030. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Discurso pronunciado por el Presidente de 
la República en la solemne inhumación de los 
restos del Gran Capitán. 

Buenos Aires. — Imprenta El Nacional, ca- 
lle Bolívar, N.° 67.— 1 folleto, 12 págs., 8.°, 1. a . 

Una de las piezas oratorias más notables del doctor 



— 232 — 

Avellaneda, exceptuando el discurso magistral que pro- 
nunciara en el acto del sepelio de los restos del doctor 
Adolfo Alsina, sin rival en su género. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Los restos de San Martín. Proclama del Pre- 
sidente de la República. 

Buenos Aires. 1880. — Imprenta El Nacio- 
nal. — 1 folleto 4. , i. a . 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Pos restos del general San Martin. El Pre- 
sidente de la República á sus conciudadanos 

Buenos Aires. — 1 folleto 4. , i. a , 14 págs. 
Imprenta La Tribuna, calle de la Victoria. 
N -° 37- — Abril 5 de 1877. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

El Presidente de la República á sus conciu- 
dadanos. 

Buenos Aires. — 1 hoja suelta. — Imprenta 
La Nación, San Martín, N.° 208. — Abril 5 
de 1877. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Mensaje del Presidente de la República al 
abrir las sesiones del Congreso Argentino de 
Mayo de 18/8. 



- 233 - 

Buenos Aires, 1878. — 1 vol. 4. , i. a , XV + 
734 págs. — Imprenta de El Nacional, calle 
Bolívar, N. os 65 y 67; en Congreso Nacional, 
Sesiones de la Cámara de Senadores, Diario. — 
Las XV páginas contienen el Mensaje. 

Avendaño, Rómulo. 

Memoria presentada al Jurado de los Cer- 
támenes Históricos de 1868. 

Buenos Aires. — 1 folleto 4. , i.'\ 85 págs. 
Imprenta Buenos Aires, calle Moreno, N.° 73. 
1868. Pág. 68. 

Avila, Manuel. 

A la memoria del generalísimo de las armas 
de la República peruana, señor don José de 
San Martín. Canto. 

Lima. — El Correo. — Noviembre 19 de 
1850. 

Azpurúa, Ramón. 

Biografías de hombres notables de Hispano- 
Amcrica. Coleccionadas por Ramón Azpurúa. 
Obra mandada publicar por el Poder Ejecutivo 
Nacional de los Estados Unidos de Venezuela, 
presidido por el gran demócrata, general Fran- 
cisco L. Alcántara. 

Caracas, 1877. — 4 vols. 8.°, i. a edición. Con 



- 234 - 

retratos del autor. — Imprenta Nacional. — 
Vol. I, págs. 405. 

Esa obra interesante y útilísima para los que se 
ocupan de historia americana, hay que consultarla 
con cautela, pues contiene muchos datos equivocados. 

Así, por ejemplo, á San Martín, lo hace nacer en et 
Uruguay. 

Por lo demás es un trabajo bien compuesto y que 
presta verdaderos servicios á los que se dedican á 
estudiar las personalidades más prominentes de Sud 
América, en sus distintas épocas. 

Su autor es un escritor laborioso que ha compuesto 
solo y en colaboración con otros, obras monumentales 
de verdadera importancia como los Documentos para 
la historia del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia. 
de la que nos ocupamos en otro lugar de esta obra. 




AASCH, Antonio J. 



Elementos de Historia Espa- 
ñola en América y Nacional en 
el Rio de la Plata. 



Imprenta y Librería La Pa- 
tria, calle Cuyo 79. — 1 vol. 16. , i. a , 64 págs. 
Expediciones libertadoras. 

Obrita elemental destinada á la enseñanza de la ju- 
ventud americana. 



Balcarce, Mariano. 

Discurso pronunciado á bordo del transporte 



— 235 — 

"Villarino" en el puerto del Havre, por el Mi- 
nistro argentino en Francia, don Mariano Bal- 
caree, al ser embarcados Jos restos del general 
San Martin. 

Buenos Aires. — Nueva Revista de Buenos 
Aires, ya citada 

Este discurso está reproducido en el San Martín de 
A. P. Carranza, ya citado. 

Balcarce, M., García, Manuel, y Alvear, Emilio. 

Discursos pronunciados en el acto del em- 
barque de los restos del general San Martin al 
transporte " Villarino " en el puerto del Ha- 
vre, el día 21 de Abril de 1880. 

Nueva Revista de Buenos Aires, dirigida 
por V. G. Quesada, ya citada. 
Tomo VII. 

Balcarce, Mariano. 

Solicitud dirigida al Exento, señor Presiden- 
te de la República Peruana por don Mariano 
Balcarce, hijo político de don José de San Mar- 
tín, generalísimo de las armas del Perú y fun- 
dador de su libertad. 

París, 1851. — 23 págs. 8.° — Imprenta de 
A. Blondeau, calle du Petit Carreau 32. — i. a 
edición. 



236 



Balcarce, General Antonio González. 

Contestación de los Jefes del Ejército Unido 
de ios Andes y Chile al manifiesto del ex mayor 
general don Miguel Brayer, sobre su conducta 
en el tiempo que permaneció en Sud America. 

Buenos Aires, 1818. — 1 folleto 8.°, 1. a , 21 
páginas. — Imprenta del Gobierno. 

El general Brayer fué un detractor de San Martín ; 
queriendo vindicar su conducta por su fracaso en el 
plan de asalto á Talcahuano, así como su retirada 
injustificada, en momentos en que se comenzaba la 
batalla de Maipú, con el pretexto especioso de ir á 
tomar baños, lo que motivó que con duras frases el 
general San Martín lo declarara separado del ejército, 
saliendo poco después de Chile y trasladándose á Bue- 
nos Aires y luego á Montevideo, publicó un folleto 
injurioso contra el general de los Andes (l) . San Mar- 
tín le replicó con otro desautorizando sus calumnias (2) 
y los jefes de los Andes, en cuanto tuvieron conoci- 

(1) Brayer, general Miguel. — Manifiesto de la conducta 
del teniente general Brayer durante el tiempo que he estad? 
en la América del Sud. 

Montevideo, 1818. — Imprenta Federal, por Williams P. 
Griswold y John Scharpe. — 1 cuaderno, 16 págs. 8.°. 

(2) San Martín, general jóse be. — Exposición de la con- 
ducta del teniente general Brayer durante el tiempo que ha 
estado en la América del Sud. La publica el general San: 
Martin con su contestación. 

Buenos Aires, 1818, 1 folleto, 8.°, 1. a 24 pág. En la Imprenta 
de la Independencia. 



— 237 — 

miento de la publicación del folleto de Brayer, hicieron 
causa común con su jefe y lo desautorizaron igualmen- 
te por medio de varias publicaciones, una de las cuales 
es la que motiva esta nota. 

Balcarce, Mariano. 

Cartas al doctor Juan B. Alberdi á propósito 
de la Bibliografía del general San Martín, etc., 
que éste publicara en París en 1844. Septiem- 
bre 22 de 1S46. 

Buenos Aires. — Escritos Postumos de Juan 
B. Alberdi, ya citados. — Volumen XVI ( 1901 ). 
Memorias y Documentos. 

I. Carta á Alberdi á propósito del trabajo San Mar- 
tín y Bolívar, presentado por Sarmiento al Instituto 
Histórico de Francia el día de su recepción como 
miembro de aquel cuerpo, etc. — Diciembre 14 de 1847. 

II. Carta á Alberdi anunciándole haber recibido el 
general San Martín comunicación del presidente del 
Perú, mariscal Ramón Castilla, en la que le expresa 
" la satisfacción con que lo verían regresar á América ". 
— 15 de Noviembre de 1848. 

III. Carta á Alberdi á propósito de un anunciado 
viaje del general San Martín á Buenos Aires, en la 
que le dice que no tienen plan fijo y que no lo tendrán 
hasta tanto no lo operen á San Martín de las catara- 
tas, etc. — 1849. 

IV. Carta á Alberdi agradeciendo el pésame de éste 
por la muerte del general San Martín. — Abril 15 de 
1851. 



— 238 — 

V. Carta á Alberdi remitiéndole 14 retratos litogra- 
fiados de San Martín para distribuirlos en Chile. — 15 
de Mayo de 1851. 

Balcarce, Mariano. 

Carta al general Rosas del oficial de la Lega- 
ción Argentina en Francia, don Mariano Bal- 
carce. 

Buenos Aires, 1851. — Archivo Americano, 
va citado. — II serie, N.° 28. 24 Diciembre de 
1851. 

En esta carta, fechada en Tours el 30 de Agosto de 
1850, el señor don Mariano Balcarce comunica al go- 
bierno de Buenos Aires la muerte del general San 
Martín, y como albacea suyo, la disposición testamen- 
taria de que el sable que lo acompañó en las campa- 
ñas de la independencia de América le sea entregado al 
general Rosas. 

Balcarce, Mariano. 

Bolívar y San Martín. 

París, 1883. — Le Voltaire. Carta. 

Esta carta fué dirigida al I ^ol tai re por el señor Bal- 
carce con el objeto de rectificar algunas aseveraciones 
erróneas del señor Torres Caicedo, vertidas en su dis- 
curso en el banquete dado con motivo del centenario 
de Bolívar. El señor Caicedo había aseverado que : 
" San Martín fué un valiente oficial de Bolívar ! " 

El señor Caicedo contestó al señor Balcarce en una 



— 239 — 

carta que publicó Le Siécle. Las dos cartas fueron 
reproducidas en Le Memorial Diplomatique. 

Ballesteros, José de. 

Revista de la Guerra de la Independencia de 
Chile desde 1813 hasta 1826. 

Santiago de Chile, 1851. — 1 vol. 8.°, i. a edi- 
ción. 

Balta, José. Constitutional President of the Repu- 
blic of Perú. 

Decree disposing the inmediate erection of 
a statue in honour and conmemoration of the 
illustrious general don José de San Martín. 

Given at Lima 011 the I2 th day of April 1869. 
Hoja suelta. 

Balta, José. Presidente Constitucional de la Re- 
pública del Perú. 

Decreto mandando erigir un monumento al 
generalísimo de las armas del Perú y fundador 
de su independencia, don José de San Martín, 
con inscripciones que recuerden los grandes 
hechos de la independencia y en muestra de 
gratitud pública, — Lima, Abril 12 de 1869* 
— José Balta, Pedro Gálves. 

Hoja suelta. 



— 240 — 

Bambil, Julio. 
San Lorenzo. 

Buenos Aires, 1907. — Revista Nacional. — 
Volumen XLIII, Entrega V. 

Baralt, Rafael María y Ramón Díaz. 

Resumen de la Historia de Venezuela desde 
el año 1500 hasta 1797 y desde i/P/ hasta 
1830. Con un bosquejo hasta 183/. 

París, 1841. — 3 vols. 8.° — H. Fournier 
y Cía., Rué Saint-Benoit 7. — Con retratos. 
1. a edición. Tomo II. Año 1822. 

Esta obra, bien meditada y de excelente plan, com- 
prende dos partes completamente distintas : I. Historia 
Antigua de Venezuela (1 500-1797), por don Domin- 
go Díaz; II. Historia de Venezuela, 1797-1810 y con- 
tinuada basta 1830, por don Rafael M. Baralt. 

La i. a parte es bastante buena y los datos que su- 
ministra son exactos. Ha sido compuesta en presencia 
de las obras de López Gomara, Herrera y Juan B. Mu- 
ñoz, etc., su estilo es fácil y abarca por completo la 
primera época de la historia de Venezuela. 

La 2. a parte, debida á la pluma del distinguido es- 
critor venezolano Baralt está compuesta tomando co- 
mo base los datos históricos que trae Montenegro 
Colón, en el vol. IV de su geografía (l) . El estilo de 

(1) Montenegro Colón, Feliciano. — Geografía general 
para el uso de la juventud. — Caracas, 1833, 4 vol. 8.°, 1." 



- 241 - 

Baralt es castizo, galano y más animado que el de la 
primera parte. 

Los hechos están bien expuestos y son relatados con 
sinceridad y con verdad. Su obra, más que Resumen, 
bien pudiera ser llamada Historia sintética de la revo- 
lución venezolana. Algunos de sus pasajes han sido 
impugnados por los actores que aún vivían cuando se 
publicó, pero más en cuestiones de detalle que en su 
parte fundamental. El mismo general Páez, el jefe 
de los heroicos ¡laneros, figura en el número de los 
impugnadores ; pero, repetimos, en cuestiones de poca 
importancia y por asuntos á los que no son ajenas 
las pasiones de la época. 

A pesar de todo puede decirse de esta obra que es 
un libro, aunque abreviado, bien compuesto y que abar- 
ca por completo la historia de la tierra del Libertador. 

La 2. a edición impresa en Curacao el año 1887 
difiere de la 1. a en que ha sido dividida en capítulos, 
lo que facilita su consulta, y en el aumento del número 
de retratos; en la 2. a edición figuran los retratos del 
general San Martín y del doctor Réverend, médico 
francés que asistió á Bolívar, acompañándolo hasta 
sus últimos momentos; estos retratos no figuraban en 
la edición de París de 1841. 

La obra de los señores Díaz y R. M. Baralt fué 
saludada con general aplauso cuando apareció y obtu- 
vo un éxito completo, alcanzando un prestigio que 
todavía conserva, á pesar del tiempo transcurrido. 



T.I. 



— 242 — 

RAFAEL MARÍA BARALT 

LITERATO VENEZOLANO 

Nació en Maracaibo en 1810 y murió en Madrid 
el 4 de Enero de 1860. Hijo del coronel don Miguel 
Antonio Baralt, pasó su infancia en Santo Domingo, 
hasta los once años, que regresó á Maracaibo, per- 
maneciendo en él hasta 1826, fecha en que se trasladó 
á Bogotá, en cuya universidad cursó latinidad y filo- 
sofía, hasta terminar el bachillerato. Interrumpió sus 
estudios de derecho para servir á Venezuela, siguiendo 
después en el servicio militar como oficial del estado 
mayor de vanguardia, que á las órdenes del general 
don Santiago Marino, hizo la campaña separatista 
en el occidente de Venezuela y en los valles de Cucuta. 
De vuelta de aquella campaña, publicó sus primeras 
producciones en folleto, y varias composiciones lite- 
rarias, entre ellas, El ídolo (El árbol del buen pastor). 
Fué empleado en el ministerio de la guerra y marina, 
hasta que declarada la revolución contra el gobierno 
llamado de La Reforma (1835), actuó en aquella cam- 
paña de la que regresó con el grado de capitán de 
artillería. Vuelto á la vida tranquila de su secretaría 
en el ministerio, escribió el Resumen de la historia 
antigua y moderna de Venezuela, que publicó en París, 
á donde se trasladó en 1841, regresando á Caracas 
en 1842 y siendo después enviado á Londres en comi- 
sión diplomática, asociado al" doctor Alejo Fortique, 
discutiendo en Inglaterra la escabrosa cuestión de lí- 
mites entre Venezuela y la Guayana Inglesa. En 1843 



- á43 — 

se trasladó á Sevilla para hacer investigaciones de 
documentos relativos á esos límites en el Archivo de 
Indias, permaneciendo en esa ciudad una vez termi- 
nada su misión diplomática, y fijando después su 
residencia en Madrid, donde pasó el resto de su vida 
Fué desde esa época cuando comenzó á brillar su 
nombre, escribiendo sus odas : A Cristóbal Colón, A 
España, A la inspiración, Adiós á la Patria, etc.; fué 
fundador de numerosas publicaciones periódicas y co- 
laboró en otras ; publicó entonces sus más meritorias 
composiciones poéticas, gran número de opúsculos lite- 
rarios y políticos, su Diccionario de galicismos, ó sea 
de las voces, locuciones y frases de la lengua francesa 
que se han introducido en el habla castellana moderna, 
con el juicio crítico de las que deben adoptarse y la 
equivalencia castiza de las que no se hallan en ese caso. 
Esta obra fué presentada con un prólogo de don Juan 
Eugenio Hartzembusch (1855). Publicó también en 
aquella época su Diccionario matriz de la Lengua Cas- 
tellana. Adquirió justa fama por sus producciones, 
de las que algunas fueron premiadas en el Liceo de 
Madrid. Baralt fué inscripto como individuo de nú- 
mero de la Real Academia Española, dejando un 
nombre ilustre en la historia de la literatura y hon- 
rando con su valor á la patria americana en que vio 
la luz ^K 

Baralt, Rafael María y Díaz, Ramón. 

Resumen de la Historia de Venezuela desde 
el año 1500 hasta 1797 y desde 1797 á 1830. 

(1) Diccionario biográfico contemporáneo sudamericano, vo- 
lumen I. 



— 244 — 

Curagao, 1887. — 3 vols. 8.°, 2. a — Ilustra- 
da con 56 retratos. Librería Bitencourt. 

Baraya, José María. 

Biografías Militares ó Historia Militar del 
país en medio siglo. 

Bogotá, 1874. — Imprenta de Gaitán. — 1 
volumen 4. , i. a edición. 

Biografía del coronel Antonio Obando. 

En esta obra interesantísima, con el titulo de Bio- 
grafías Militares, su autor ha escrito la historia de los 
hombres y de los sucesos de la gran Colombia durante 
la epopeya revolucionaria. 

Las biografías están bien compuestas y su autor 
ha debido beber en buenas fuentes porque sus infor- 
maciones son en general exactas. 

Barra, Federico de la. 

Narraciones, 1845, 1846 y 184/. Síntesis. 

Buenos Aires. — 1 vol. 4. , i. a — Con retra- 
to del autor. — Imprenta Jacobo Peuser. — 1897. 

Barra, Eduardo de la. 

El teniente coronel Fray Luis Bcltrán, por 
Eduardo de la Barra. 

Revista Chilena, por Amunátegui y Barros 
Arana, ya citada. — Tomo VII, 1877. 



— 245 — 
LUIS BELTRAN 

TENIENTE CORONEL DEL EJÉRCITO DF. LOS ANDES 

Natural de Mendoza, hijo de don Luis Beltrán de 
Bertrand, francés, establecido desde largo tiempo en 
esa provincia. Nació en 1785. La llegada á esa ciudad 
de un respetable sacerdote, visitador de la orden se- 
ráfica de San Francisco, venido desde Chile, tuvo una 
influencia decisiva en el destino del niño. Prendado 
de su inteligencia y de la vivacidad de su carácter, 
demostró interés en tomar á su cuidado la educación 
de aquél. Con el asentimiento del protegido y el bene- 
plácito de sus padres, lo llevó á Chile, y empezó á 
educarse en un convento de la orden. 

Cursó sus estudios, adelantó y reveló inteligencia ; 
ya sea por la influencia de la sociedad en que vivía, 
la costumbre adquirida en algunos años de residir en 
el convento y la vida común y familiar de sus pací- 
ficos moradores, por éstas ú otras causas, tomó hábi- 
tos y profesó. Pero otras ideas debían dominarle, 
apenas su espíritu ardiente y generoso se sintiera 
iluminado por los resplandores de una nueva época. 
Su conducta en el convento era ejemplar y merecía 
el aprecio y estimación de sus compañeros. Inclinado 
al estudio dedicóse con preferencia á las matemáticas, 
física y química, y muy particularmente á la mecá- 
nica, en que hizo rápidos adelantos. " La revolución 
de la independencia lo encontró en su celda obscuro 
¡y resignado, pero la inteligencia del fraile testaba 
preparada para la libertad ; aquellas ideas conmovieron 



- 246 — 

su corazón y agitaron su inteligencia. La celda fué 
desde entonces estrecha para él : el convento le pareció 
pequeño, sobre todo sentía que podía ser útil á su 
país }r no se resignaba á permanecer pasivo espectador 
de aquel movimiento de regeneración ". Animado de 
estas ideas, prestó sus servicios á la revolución chilena, 
haciendo así útiles y aplicables á la causa americana 
los extensos conocimientos adquiridos en la ingeniería 
mecánica. La reacción española le obligó á emigrar de 
Chile. 

Incorporado al ejército que formaba San Martín, 
á quien fuera recomendado, desempeñaba las fun- 
ciones de capellán de su ejército. Habilitado para 
tareas de otro orden y siendo el único tal vez que 
satisfactoriamente pudiera ejecutarlas por el momento, 
el uniforme del soldado le cuadra bien, y le advierte 
sin duda los rígidos deberes que pesan sobre él. Te- 
niente en 1815 y capitán en el año siguiente, la maes- 
tranza del ejército corría de su cuenta y cargo. En 
estos trabajos llegó á emplear setecientos obreros para 
atender las necesidades del ejército y de sus talle- 
res hasta el calzado salia para la tropa. Con la in- 
fatigable actividad y celo que le caracterizaban, di- 
rigió el transporte de cañones, obuses y demás mate- 
rial de guerra en el difícil y penoso pasaje de la Cor- 
dillera de los Andes. Asistió á la batalla de Chacabuco, 
y fué promovido á capitán efectivo, siendo acreedor 
á la medalla acordada por el Gobierno de las Provin- 
cias Unidas en el decreto de Abril 15 de 181 7. Ha- 
bía sido tan meritoria su conducta desde la formación 
del ejército, que el general San Martín en una comu- 
nicación complementaria del parte detallado de la 



- 247 - 

batalla de Chacabuco, al Director Pueyrredón, hace 
una mención especial de los servicios de Beltrán. En 
la desastrosa sorpresa de Cancha Rayada (Marzo 19 
de 1818) el ejército patriota perdió el parque y la 
mayor parte de la artillería. Pero Beltrán la recons- 
truyó, montó veintidós piezas de cañón é hizo todos 
los preparativos en los breves días que mediaron hasta 
el 5 de Abril, en que se libró la batalla de Maipú. El 
Gobierno de Chile premió su patriótica conducta 
condecorándole con una medalla de plata, y el de 
Buenos Aires con un escudo de honor y declarándole 
" Heroico defensor de la Nación ". Hizo la campaña 
al Perú, y por ello mereció una medalla de oro conce- 
dida por el Protector, recibiendo también el título de 
"Asociado de ¡a Orden del Sol", por la cual era 
acreedor de una pensión de doscientos cincuenta pesos 
anuales. Obtuvo el grado de sargento mayor el año 
XXI, y la efectividad de este empleo en el subsiguiente. 
Conservó la maestranza del Perú hasta el año XXIV, 
y durante cuatro años proveyó de pertrechos y cañones 
á los distintos cuerpos del ejército en operaciones. 
Por tan importantes y no interrumpidos servicios fuá 
ascedido á teniente coronel en 1823. 

A consecuencia de la sublevación del Callao, se re- 
tiró á Trujillo, donde instaló la maestranza. Allí le 
postró la desgracia. 

Desempeñaba sus tareas con infatigable empeño, 
pero un día en que Bolívar visitó el arsenal le recon- 
vino sin razón. Le señaló un término perentorio para 
preparar y alistar una cantidad de armamento, bajo 
pena de fusilamiento. Así era Bolívar, soberbio, fatuo, 
despreciativo. 



— 248 — 

Beltrán cumplió la orden del libertador con exacti- 
tud, excediéndose en su esfuerzo para alcanzar ese 
resultado. 

No obstante, la reprensión de Bolívar fué un ve- 
neno activo para su espíritu altivo y pundonoroso. 

Su juicio se extravió y pensó en el suicidio, salván- 
dole de una tentativa los obreros de la maestranza. 
Acabó por enloquecerse. En un acceso de demencia, 
salió á la calle despavorido, se internó en un bosque. 
y anduvo extraviado. Errante por varios días, una 
piadosa mujer le encontró postrado de fatiga y nece- 
sidad. Lo recogió y consiguió llevarlo á su vivienda, 
no sin calmar las inquietudes del desgraciado Beltrán. 
A favor de cuidados asiduos y de un sueño de cuatro 
días con sus noches interrumpido apenas para tomar 
las substancias preparadas por su bienhechora, consi- 
guió recuperar la razón de un modo inesperado. Inme- 
diatamente después se embarcó en compañía de otros 
oficiales argentinos, en Huancacho, el 18 de Agosto de 
1824 con destino á Buenos Aires. El viaje fué peno- 
sísimo, pues á consecuencia de un furioso temporal 
el barco quedó desmantelado y casi perdido, y por 
instantes parecía sucumbir en medio de la borrasca. 
Tan inminente fué el riesgo de perder la vida, que des- 
embarcados en Valparaíso los pasajeros hicieron una 
demostración pública á la divinidad por su salvación. 
Llegó á esta ciudad el 17 de Junio del año 25. Falleció 
en ella dos años después, pobre y olvidado ; en sus 
últimos momentos le acompañó el general Guido. Fué 
su voluntad postrera que se le amortajara con el hábito 
de San Francisco, porque el sentimiento patriótico 
que le lanzó á la guerra no había destemplado las 



— 249 — 

creencias de sus primeros días. A este personaje le 
ha dedicado algunas páginas el doctor Quesada en la 
Revista de Buenos Aires, y en esa misma publicación 
refiere con detalles la locura de Beltrán relatada por 
el coronel Espejo y describe la travesía de Huanca- 
cho á Valparaíso (l1 . 

Barra, Eduardo de la. 

Vida y obras del doctor R. P. Luis Beltrán. 

Buenos Aires, 1903. — La Prensa, N.° 12.002. 
Julio 9. Con ilustraciones. Reproducido de la 
Revista Chilena, de Barros Arana y Amuná- 
tegui. 

Caras y Caretas, semanario. — Año VIII, 
N. os 370 y 371. Con ilustraciones. 

Barrera Oro, J. 

Cuentos patrióticos y episodios históricos de- 
dicados á los niños y jóvenes argentinos. 

Buenos Aires. — 1 vol. 16. , i. a , 61 págs. — 
Tipo-Litografía La Buenos Aires, Bolívar, 
N.° 260. — 1906. — Pág. 5, La trinchera de 
San Martín. 

Barrett, John. 

Las catedrales del Nuevo Mundo. — Sud 
América. Con ilustraciones. 

(1) Doctor García, Servando. — Diccionario Biográfico 
Nacional. 



— 250 — 

Washington, 1909. — Boletín de la Oficina 
Internacional de las Repúblicas Americanas, 
N.° 9. Volumen 29. Noviembre. — Imprenta 
del Gobierno. 

Este número trae un hermoso fotograbado repre- 
sentando el monumento que guarda las cenizas de San 
Martín, en nuestra Iglesia Catedral, acompañado del 
texto ilustrativo correspondiente. 

Barrett, John. 

El monumento del general San Martín en 
Bonlogne-sur-Mer. Con ilustraciones. 

Washington . — Boletín de la Oficina Inter- 
nacional de las Repúblicas Americanas, No- 
viembre de 1909. — Volumen 29, N.° 5. — Im- 
prenta del Gobierno. 

Artículo conteniendo una reseña completa de las 
fiestas celebradas en Boulogne-sur-Mer con motivo de 
la inauguración del monumento consagrado á perpe- 
tuar la memoria del general San Martín. Los grabados 
de que va acompañado el texto son sacados de L'Illus- 
tration Francaise, de París 

El Boletín de la Oficina Internacional de las Repú- 
blicas Americanas es una revista interesantísima, tanto 
por el texto como por las soberbias ilustraciones que 
lo acompañan. 

Barría, J. M. 

Almanaque del Centenario. 

Buenos Aires, 1910. — 1 vol. 4. , 1. a , con 



— 251 - 

ilustraciones. 289 de texto + 2 páginas de ín- 
dice. — Establecimiento Tipográfico de A. Can- 
tiello, Avenida de Mayo, N.° 682. — Tomo I. 

Biografía de San Martín. — Mes de Febrero. 

Esta obra más que calendario es un libro de efe- 
mérides argentinas. Contiene una serie de biografías, 
más ó menos abreviadas, de los proceres, héroes y 
mártires de la campaña emancipadora de América que 
se inició el año 1810. 

Aunque no original, en absoluto, es una obra bien 
compuesta, en estilo sencillo, y que está destinada á 
prestar servicios de importancia á los que se dedican 
á estudios históricos. El texto está compuesto en la 
mayoría de los casos en un todo ajustado á la verdad 
histórica, si bien su autor, en algunos otros, acepta 
como hechos históricos reales á simples leyendas que 
nada justifican, aunque aparezcan rodeadas del aura 
popular. 

Barros, Coronel Alvaro. 

Fronteras y Territorios Federales de las 
Pampas del Sud. 

Buenos Aires, 1872. — 1 vol. 8.°, i. a — Im- 
prenta y Litografía, Fundición de Tipos á Va- 
por, calle Belgrano 126. 

XII: El coronel Juan A. Alvares de Are- 
nales. 

Barros Arana, Diego. 

Biografía del general don José Manuel Bor- 
eoño. 



252 

Valparaíso, 1858. — Revista del Pacífico. 
Volumen I. — Imprenta y Librería del Mercu- 
rio de Santos Tornero. 

Volumen I. 

Barros Arana, Diego. 

El 19 de Marzo de 18 18. Él desastre de Can- 
cha Rayada. 

Santiago de Chile, 1887. — Libertad Electo- 
ral, N.° 317. 

Barros Arana, Diego. 

El 5 de Abril de 1818. Maipú. 

Santiago de Chile, 1887. — Libertad Electo- 
ral, N.° 331. Abril 4 de 1887. 

Traducción del Capítulo X de la obra de 
Samuel Haigh, Sketches of Buenos Aires 
and Chile, London, 1829, ya citada. 

Barros Arana, Diego. 

El Paso de los Andes. 

Buenos Aires, 1890. — América Literaria. 
ya citada, 2. a edición. 
Pág. 533 y siguientes. 

Barros Arana, Diego. 

La Desobediencia de San Martin. 

Revista Chilena. — 1.° de Diciembre de 1875. 
— Santiago de Chile. 



— 253 — 

Este trabajo histórico se refiere á la negativa del 
glorioso soldado de los Andes á repasar los Andes 
con su ejército para venir á mezclarse á las contiendas 
civiles, que dividían á los hombres dirigentes de las 
Provincias Unidas, haciendo peligrar la cansa de la 
emancipación sudamericana. 

A nuestro juicio, entre muchos otros, en esta nega- 
tiva de San Martín reside su grandeza : Alma heroica, 
templada al fuego sagrado del patriotismo, no quiso 
en ningún momento ensangrentar su espada en sangre 
de hermanos. Su espíritu inmortal era animado de 
ideales más levantados y más nobles : la libertad de 
las naciones de América ! Y á fe que estuvo del lado 
de la razón. La posteridad americana así se lo ha reco- 
nocido al erigirle estatuas consagradas á perpetuar su 
memoria, desde el Plata al Rimac. 

Barros Arana, Diego. 

Historia General de la Independencia de Chi- 
le, por Diego Barros Arana. 

Santiago de Chile. 1857. — 4 vals. 8.", 1. a . 

Volumen I. 1863. — Librería de Pedro Juste y Cía., 
calle de los Huérfanos N.° 20. A. B. C. esq. de la Ban- 
dera. 

Volumen II. 1855. — Imprenta de El Ferrocarril, 
calle de la Moneda, N.° 25. 

Volumen III. 1857. — Imprenta de El Ferrocarril, 
calle de los Teatinos, N.° 34. 

Capítulo III. — Primeros años del general don José 
de San Martín. 



— 254 — 

Capítulo IV. — Primeras noticias que tuvo San Mar- 
tín de ¡a revolución chilena. 

Capítulo VIII. — Origen del Ejército de los Andes. 

Capítulo IX. — Formación del campamento de Men- 
dosa. 

Capítulo X. — Organización del Ejercito de los An- 
des. 

Capítulo XI. — Marcó da á los españoles el mando 
de los cuerpos de su Ejercito. 

Capítulo XII. — Descontento contra el Gobierno de 
Marcó. 

Capítulo XIV. — Salen del campamento las primeras 
partidas del ejército insurgente. 

Capítulo XV. — Ocurrencias de Valparaíso. — Em- 
barque de fugitivos. 

Volumen IV. 1858. — Imprenta de El Ferrocarril, 
etcétera. 

Capítulo I. — Viaje de San Martín á Buenos Aires. 

Capítulo VIL — El general San Martín establece su 
campamento en las Tablas. 

Capítulo IX. — Viaje de San Martín al Sur. 

Capítulo X. — Llega á Santiago la noticia de la de- 
rrota de Cancha Rayada. 

Capítulo XV. — Vuelta del general San Martín á 
Santiago. 

Esta obra del ilustre historiador chileno Barros Ara- 
na es acaso el primer libro en el que en forma metó- 
dica y documentada fueron narradas las campañas 
de la independencia chilena. 

La Historia general de la independencia de Chile, 
en la que campea generalmente un espíritu de justicia 
y equidad, tiene el doble mérito para su distinguido 



- 255 - 

y erudito autor de haber sido escrita en una época en 
que los documentos, que necesitó consultar para com- 
ponerla, estaban dispersos, lo que dificultaba su con- 
sulta. A pesar de esto, Barros Arana, venciendo obs- 
táculos, compuso su obra, en la cual hay capítulos 
notables, sobre todo los que se refieren á la organiza- 
ción del glorioso ejército de los Andes, por San Martín, 
en Mendoza, así como á los sucesos posteriores. 

La marcha de las tropas libertadoras desde aquella 
ciudad al través de la alta cordillera de los Andes 
las penurias sufridas por el ejército, así como las glo- 
riosas acciones de guerra que preceden á Chacabuco, 
todo es narrado con animado colorido y va acompa- 
ñado de los documentos comprobatorios. Aún hoy, des- 
pués que Barros Arana ha escrito y dado á la estampa 
su monumental Historia General de Chile, aquel pri- 
mer ensayo es consultado con provecho. 

Enumerar sus capítulos, es casi tarea innecesaria, 
porque sería enumerar las campañas gloriosas del Ejér- 
cito de los Ancles al mando de San Martín, desde que 
se organiza en Mendoza hasta que este hijo predi- 
lecto de la victoria reconquista á Chile, y ayudado 
eficazmente por el ilustre O'Higgins, forjan de nuevo 
la altiva nación chilena, cuya estrella solitaria, adorno 
de su pabellón, alumbrará eternamente, con su brillo, 
las glorias de ambos guerreros. 



DIEGO BARROS ARANA 

Nació en Santiago el 16 de Agosto de 1830. Fueron 
sus padres don Diego Antonio Barros y doña Martina 



— 256 — 

Arana Andonaegui. Su progenitor, acaudalado capi- 
talista de esa época, lo destinó á la carrera del foro, 
que por entonces ofrecía un lisonjero porvenir. Obtu- 
vo su primera educación en el Instituto Nacional, en 
1843, ai ~ ] ° en c l ue se introducían algunas reformas en 
la enseñanza. Por lo delicado de su constitución física, 
se le separó del colegio en 1849, cuando estudiaba 
leyes. No pudiendo conformarse con su retiro del es- 
tudio jurídico, se dedicó á las investigaciones litera- 
rias é históricas. Desde esa fecha data su consagración 
á esos estudios que lo han hecho al fin del tiempo de 
su labor el más eminente historiador, nacional. Sus 
primeros ensayos fueron simples traducciones del fran- 
cés, muchas de las cuales se publicaron en los folle- 
tines de los diarios. Hacía esos trabajos en unión de 
su hermano José Barros, muerto á la edad de 18 años ; 
cuando su talento empezaba á manifestarse. Estimu- 
lado por don Antonio García Reyes, publicó su primer 
ensayo histórico en 1850, con el nombre de Estudios 
Históricos sobre Vicente Benavídez y las campañas 
del Sur (1818-1821). 

Juan Carlos Gómez, al leer esa producción, que escla- 
recía una de las épocas más obscuras de la revolución, 
dijo, en El Mercurio, que allí se descubría el futuro 
" historiador de Chile ". Un año más tarde con motivo 
del fallecimiento del ilustre general don Ramón Freyre 
(1851), dio á la luz un opúsculo con la biografía de 
ese glorioso militar. 

Poco después se le vio colaborando en la Galería 
Nacional de Chilenos célebres, en 1853 apareció publi- 
cando un periódico literario titulado El Museo y en 
1854 fundaba El Correo del Domingo. Pero su obra 



- 257 - 

más considerable de esa época fué la Historia de la 
Independencia de Chile, que empezó á publicar en 1854 
y concluyó en 1858. Abarca en esa obra el período 
histórico de 1808 á 18 19. En dos épocas diversas se 
han publicado en volumen separado, la primera parte 
(1808 á 1810) en 1863 y la segunda (1811 á 1819) 
en 1866. Elegido miembro de la Facultad de Huma- 
nidades y Filosofía, y después decano, en 1855, ha 
informado, en numerosas ocasiones, sobre los textos 
de enseñanza presentados al Consejo de la Universi- 
dad. Los Anales de la Universidad contienen muchas 
producciones de su pluma. En 1856 presentó á esta 
corporación su memoria histórica sobre Las campa- 
ñas de CJiiloé, estudio completo relativo á las empre- 
sas de guerra que llevó á cabo el Gobierno Nacional. 
para independizar el archipiélago del dominio penin- 
sular. Sintiendo arder en su pecho el fuego del amor 
patrio, ha tomado parte en las lides políticas escri- 
biendo en la prensa diaria. En 1857 colaboró en El 
País y en 1858, en La Actualidad. Obligado á salir del 
país, por su participación en el último diario, se diri- 
gió á la República Argentina. Recorrió la República 
Oriental del Uruguay y el Imperio del Brasil. Su viaje 
fué de estudio y de trabajo. En todos los pueblos que 
visitó, acopió datos y documentos históricos. De Río 
Janeiro se dirigió á Europa : y en Londres, París y 
Madrid, continuó su tarea de investigación literario- 
histórica. En España visitó durante meses enteros- 
la biblioteca y el archivo de Simancas y de Sevilla. 
También consultó los documentos de la Academia de 
Madrid. En esas excursiones descubrió el manuscrito 
del poema inédito de Fernando Alvarez de Toledo, 

t. 1. 17 



— 258 — 

titulado Pitrén indómito, lo hizo copiar y lo mandó 
imprimir á Leipzig. Vio la luz pública en 1860. 

Allí mismo recogió los materiales que le sirvieron 
para dar á luz en Chile su Colección de Historiadores 
Chilenos. De regreso á su patria dio á la publicidad 
en 1864 un volumen con el título Vida y Viajes de 
Fernando de Magallanes. Ya ocupaba, desde 1863, el 
puesto de rector del Instituto Nacional, en cuyo esta- 
blecimiento introdujo reformas de consideración. Su 
labor fué muy fecunda en ese plantel de educación. 
Modificó la enseñanza, cambió los métodos, el plan de 
estudios y suprimió el antiguo sistema de los pro- 
fesores enciclopédicos. Tan trascendental reforma se 
hizo extensiva á todos los colegios del Estado. Si 
cambios de los gobiernos posteriores no hubiesen dete- 
nido la marcha saludable de la enseñanza, ésta hubiera 
llegado á su mayor auge. Para servir á la juventud, 
compuso una serie de obras didácticas, en las que 
manifiesta poseer conocimientos científicos universales. 
Sus textos de educación se designan : Compendio de 
la Historia de America (1875), Geografía física y 
descriptiva (1841), Historia Literaria (1870) y Ma- 
nual de Composición Literaria ( 1871L los que lo colo- 
can á la altura de los primeros maestros americanos 
y preceptistas nacionales. En más grande escala ha 
escrito una Historia de América que sirve de con- 
sulta y guía á los profesores y publicistas 

En 1875 fundó la Revista Chilena, en unión del señor 
Miguel Luis Amunátegui. Publicó en ella nuevos estu- 
dios relativos á la historia colonial. Su labor perio- 
dística ha sido muy considerable. 

En la Revista de Santiago, en El Snd América, la 



- 259 — 

Revista del Pacífico y La Lectura, colaboró con muy 
curiosos trabajos históricos. Empero, su obra monu- 
mental, la que ha coronado su labor, é inmortalizado 
su nombre, es la Historia General de Chile, que está 
publicando desde 1884. Lleva a la fecha, dados á la 
luz, siete volúmenes que encierran la historia de este 
pais desde su descubrimiento. Esta obra constará de 
XVI volúmenes y será el monumento literario nacio- 
nal. Es autor también de una Biografía de Miguel 
Luis Ainunátcgui, Las riquezas de los antiguos Jesuí- 
tas en Chile y una Historia Moderna y Contemporánea. 
En diversos períodos legislativos ha sido diputado al 
Congreso; tomó parte muy activa en la campaña presi- 
dencial de 1886, en la tribuna y en la prensa sostuvo 
la candidatura del señor José Francisco Vergara. Con- 
tribuyó á la fundación de La Libertad Electoral y es 
uno de sus más ilustres colaboradores. Su gloria de 
escritor didáctico y de historiador, hará vivir su nom- 
bre y su memoria en los siglos. Barros Arana abriga 
el laudable propósito de legar á la Biblioteca Nacio- 
nal el rico y valioso archivo que posee de documen- 
tos inéditos sobre la historia americana, como tam- 
bién sus libros que son numerosos. Se cree que la 
biblioteca del señor Barros Arana es la más valiosa 
del país. Tan generoso como patriótico proceder será 
un título más, fuera de los muchos que tiene adqui • 
ridos por sus obras y por su ingenio, para que Chile 
lo cuente como á uno de sus hijos más ilustres. Al 
finalizar la guerra entre Chile y el Perú y Bolivia escri- 
bió por encargo del Presidente de la República, señor 
Aníbal Pinto, la Historia de la Guerra del Pacífico, en 
dos preciosos volúmenes. Dicha obra ha sido juzgada 



- 260 - 

por la más imparcial y exacta que se ha publicado 
sobre ese drama que conmovió á la América. Largos 
años hace que desempeña en el Instituto Nacional la 
cátedra de historia literaria. Tiene el honor de ser 
miembro del Instituto Histórico del Brasil y ha sido 
propuesto por la Academia Chilena como miembro 
corresponsal de la Real Academia Española (l \ 

Barros Arana, Diego. 

Historia General de Chile. 

Santiago de Chile, 1884-1898. — 16 vols. 4. , 
1. a — Con planos, mapas y retratos. — Rafael 
Jover, editor. 

Esta obra monumental no necesita comentarios: 
hace honor á Chile, cuna del ilustre escritor que la com- 
puso, y á la América entera que la admira. 

Don Diego Barros Arana pertenece á la aristocra- 
cia del talento chileno, si se nos permite la frase. 

Barros Arana, Diego. 

Biografía del general don Ramón Freiré, por 
Diego Barros Arana. 

Santiago de Chile, 1852. — 1 folleto 4. , i. a . 
Chacabuco. 

Barros Arana, Diego. 

El general Freiré, por D. Barros Arana. 

(1) Figueroa, Pedro P. — Diccionario biográfico general 
de Chile. 



— 261 — 

Santiago de Chile, 1851. — 1 vol. 12. , de 
124 págs. 

Barros Arana, Diego, y Amunátegui, M. Luis. 

"Revista Chilena". Publicada bajo la di- 
rección de Miguel Luis Amunátegui y Diego 
Barros Arana. 

Santiago. — Jacinto Núñez, editor. — Im- 
prenta de la República. — 16 vols. 4. . 

Volumen III. 1875. — Recuerdos históricos. — Un 
general polaco al servicio de Chile, por Diego Barros 
Arana. 

Tomo III. 1875. — La desobediencia de San Martín. 
por Diego Barros Arana. 

Tomo IV. 1876. — El Centenario de O'Hiygins, por 
Diego Barros Arana. 

Barros Arana, Diego. 

Compendio de Historia de America, por Die- 
go Barros Arana. 

Santiago de Chile, 1865. — 2 vols. 8.°, 1. a edi- 
ción. — Volumen I, Parte i. a : América Indíge- 
na. — Parte 2. a : Descubrimiento y Conquista. — 
Volumen II, Parte 3. a : La Colonia. — Parte 4. a : 
La Revolución. — Imprenta El Ferrocarril, ca- 
lle de la Bandera, N.° 39. 

Volumen II. — Revolución de las Provincias Ar- 
gentinas. 

Capítulo VIII. — San Lorenzo. — El Ejercito de los 
Andes. 



- 262 — 

Capítulo X. — La Independencia de Chile. — El ge- 
neral San Martín. — Organización del Ejército de los 
Andes, etc. 

Capítulo XIII. — San Martín en el Perú. — Revolu- 
ción de este país. 

Barros Arana, Diego. 

Compendio de Historia de América, por Die- 
go Barros Arana. 
Un volumen 4. , i. a . 

Santiago de Chile. — Imprenta El Ferroca- 
rril. — Capítulos República Argentina, Chile y 
Peni. 

Barros Arana, Diego. 

Compendio elemental de Historia Ameri- 
cana. 

Buenos Aires, 1897. — 2 vols. 8.°, 2. a edi- 
ción. — Imprenta de M. Biedma, calle Bel- 
grano 133-139. — Librería Jacobsen. 

Hay otra edición posterior de la Casa Cabaut, de 
Buenos Aires, en 1 vol. 8.°, 557 páginas. Año 1907. 

Barros Pazos, José. 

Biografía del señor general Juan de Dios 
Rivera. 

Revista de Buenos Aires. — Tomo II, año 
1863. 



263 



Bartel, Paúl. 

Les jetes en l'honneur dn general de San 
Martín. 

Paris, 1909. — Le Matin, 24 Octobre. 

Breve reseña de las fiestas realizadas. 

Basavilbaso, Doctor Carlos. 

Marcngo y Cliacabneo. Estudio compara- 
tivo. 

Buenos Aires, 18S6. — La Patria, Febrero 
12 y 13. 

El autor de este trabajo es un hombre de indiscu- 
tible talento y ha trazado su estudio con dominio abso- 
luto del tema. 

Marcngo y Chacabuco, sin ser un estudio de largo 
aliento, está bien tratado y es un trabajo de mérito 
que resiste á la crítica. 

Es de sentir que sea poco conocido, habiendo cesado 
de aparecer el diario que lo publicó en folletín. 

Bases de la Constitución Política del Perú. 

Lima, 1822. — 1 vol., folio, 8 + 2 págs. 

Firman : Javier de Luna Pizarro, Hipólito Unánue, 
José de Olmedo, Manuel Pérez de Tudela, Justo Fi- 
8fuerola. — Xoviembre 2 de 1822. 



264 



Bauer, Hermán. 

La Trinchera de San Martín. Cuentos in- 
fantiles. — l. er concurso. 

Buenos Aires. — Imprenta La Sin Bombo, 
de Juan Canter. 

Este librito pertenece á una colección con que el 
señor Canter se propuso vulgarizar entre los niños 
el amor al estudio de la historia patria. 

Bauza, Francisco. 

Historia de la Dominación Española en el 
Uruguay. 

Montevideo, 1880-1882. — 3 vols. 4. , i. a — 
Casa Marella Hnos., calle Buenos Aires 148. 
Volumen III. 

El autor de esta obra, arrebatado prematuramente 
á su patria y á las letras americanas, era un erudito. 
La introducción de esta obra sobre los escritores que 
se han ocupado de historia americana es tan hermosa 
que casi podríamos afirmar que vale tanto como la 
obra misma. 

El señor Bauza se ocupa de San Martín al relatar 
el combate de San Lorenzo, que tuvo lugar el 3 de 
Febrero de 181 3, en las costas del río Paraná y en las 
proximidades del histórico convento del mismo nom- 
bre, entre las fuerzas realistas salidas de Montevideo 
al mando de Zabala y los famosos Granaderos á Ca- 
ballo que mandaba San Martín. 



— 265 - 

Bauza, Francisco. 

Historia de la Dominación Española en el 
Uruguay. 

Montevideo, 1895- 1897. — 3 vols. 4. , 2. a edi- 
ción. — A. Barreiro Ramos, editor. Librería 
Nacional. — Imprenta Artística de Dornale- 
che y Reyes, calle 18 de Julio, N. os JJ y 79. 

Tomo III, Libro IV. 

Esta segunda edición es más completa que la pri- 
mara y va acompañada de planos, mapas y retratos (l) . 

Baxter, Silvester. 

La Argentina. El país á vuelo ale pájaro. 
Un poco de historia. 

( 1 ) Entre los retratos que figuran en esta obra va un 
pretendido retrato de don Bruno de Zabala, fundador de 
Montevideo, inventado en Buenos Aires por el pintor Con- 
traed y adquirido por don Andrés Lamas como auténtico. 
Su autor lo pintó teniendo por delante un retrato de Luis 
XIV y un grabado con los retratos de D'Artagnan, Athos, 
Portos y Aramis, de la conocida obra Los Tres Mosquete- 
ros de Dumas. El retrato fué publicado en varias obras 
uruguayas y ha sido consagrado por el público como la ver- 
dadera efigie del fundador de Montevideo. 

No será extraño que en breve aparezcan los retratos 
auténticos de don Juan de Garay y del Virrey Vértiz, de la 
misma procedencia y debidos al mismo pincel, sacado el 
primero del retrato de un vasco llamado Bernardo Arrieta, 
á quien conocimos y que desempeñaba las funciones de peón 
de aduana (1877) y el del Virrey Vértiz del conocido re- 
trato del Virrey del Pino, existente en la actualidad en el 
Museo Nacional. — N. del A. 



- 266 - 

Buenos Aires, 1907. — La Nación, Abril 22. 
Traducido de The Outlovk Review, de New 
York. 

El señor Baxter visitó la Argentina y al describir 
nuestro país y enumerar sus progresos se ocupa de 
nuestro pasado consagrando algunas páginas á nuestra 
historia ; en ellas hace referencias de San Martín. 

Belgrano, General Manuel. 

Nota felicitando al general José de San Mar- 
tín por la victoria de Maipo. 

Santiago de Chile, 1868. — Historia Gene- 
ral de la República de Chile, desde su indepen- 
dencia hasta nuestros días, ya citada. Arregla- 
da por B. V. Mackenna. 

Pág. 170. — Notas. - — Volumen III. 

Bello, Andrés, y García del Río, Juan. 

El Repertorio Americano, por Andrés Bello 
y Juan García del Río. 

Londres, 1826-1827. — 4 vols. 8.°. Con lá- 
minas y retratos. En la librería de Bossan- 
ge, Barthés y Lawell, 14 Great Marlborough 
Street. — Imprenta de G. Schulzf. 13 Paland 
Street. 

Tomos I-IV. — Fastos Americanos, por Juan Gar- 
cía del Río. 

El señor García del Río desempeñó un Ministerio 
en el Gobierno de San Martín en el Perú y fué su 
primer biógrafo. 



- 267 - 

Bello, Andrés. 

Obras completas de don Andrés Bello. Edi- 
ción hecha bajo la dirección del Consejo de Ins- 
trucción Pública en cumplimiento de la ley de 
5 de Septiembre de 1872. 

Santiago de Chile. — XV vols. 4. , 1. a edi- 
ción. — 1 881 -1 893. — Imprenta Cervantes, ca- 
lle Bandera J^. 

Volumen VIII. — Opúsculos Literarios y Críticos. — 
III. 1885. El Aniversario de la batalla de Chacabiico. 

Volumen III. — Poesías. 

Fragmentos de un poema titulado América. — 5*7- 
va á la Agricultura. — Al 18 de Septiembre. 

Belloc, M. 

Historia Americana desde los tiempos más 
remotos hasta nuestros días. Traducida por 
Juan Cortajar. 

Barcelona, 1844. — 2 v °l s - 8.°, 1. a . Con 31 
láminas grabadas sobre acero y dos mapas de 
América, Meridional y Septentrional. — Im- 
prenta de A. Brnsi, calle de la Libretería, N.° 2. 

Esta obra, aunque su autor no bebió en fuentes ori- 
ginales para componerla, y si utilizó las obras simi- 
lares publicadas con anterioridad á 1840, es por mu- 
chos conceptos recomendable. Su autor narra los 
hechos con criterio imparcial y está en general bien 
informado ; cuando algún error comete, no lo inventa, 
lo ha leído en alguna parte. 



- 268 — 

La reseña histórica relativa á las Provincias Unidas 
del Río de la Plata está sacada de la obra de Arsene 
Isabelle, Voyage de Buenos Ayres á Porto Alegre y 
de los apuntes históricos con que hace preceder Balbi, 
en su Curso de Geografía Universal, la descripción 
geográfica de cada nación. 

El bosquejo histórico que trae relativo á la campa- 
ña emancipadora, en los capítulos pertinentes, de las 
Provincias Unidas, Chile y Perú, aunque breves son 
exactos y contiene una información somera sobre el 
Paso de los Andes, Chacahuco, Cancha Rayada, Maipú, 
Expedición libertadora del Perú, Ocupación de Lima, 
etcétera, escrito con imparcialidad. 

Donde se notan infinidad de errores es en los nom- 
bres propios, de lugar, de acciones de guerra, de per- 
sonas. Así, por ejemplo, escribe: Aconcagua, Maulo, 
Coquencs, Concha-Rayada, por Aconcagua, Maule, 
Cauquenes, Cancha Rayada, etc. ; Huaco por Huacho, 
Macocho por Mapocho, Hitna Capac por Huaynacapac, 
Quintaneüa por Ouintanilla, Bahía de Barrangón por 
Ensenada de Barragán, Puranco por Durazno, Sobra- 
monta por Sobremonte, Puyrcdón por Pueyrredón, 
Beresford por Berresford, al ocuparse de la Argentina. 
Chile y Perú. 

Lo mismo sucede con las láminas, en una de las cua- 
les que lleva por título : " Trajes de los gauchos en 
las pampas ", vol. II, pág. 185, aparecen representados 
nuestros centauros por tipos de aspecto bíblico, cu- 
biertas sus cabezas con gorros de Kalmucos ó Cosa- 
cos ! y sentados al rededor de un fogón donde se ha 
querido representar un asador con un trozo de carne, 
puesta al fuego, pero que en la lámina tiene todo el 
aspecto de un peine de gruesos y ralos dientes ! 



- 269 - 

Estas interesantes láminas son dibujadas por De- 
mórame y grabadas por Thierry ! 

Nuestros amigos de nltracordillera no son mejor 
representados por estos hábiles artistas: en la lámina 
que acompaña á la página 25 se ve un grupo de chile- 
nos; uno especialmente viste un traje adorable: calzón 
corto, en forma de campana, ruana á la usanza colom- 
biana, en la cabeza trenza de alarmantes proporciones 
y sombrero en forma de parasol, de los que usan los 
hijos del Celeste Imperio! — Una chilena que está re- 
presentada de pie calza sandalias romanas ! 

Bello, Juan. 

Biografía del general Bernardo de O'Hig- 
gins, por Juan Bello. 

Santiago de Chile. — Galería Xaeional de 
Celebridades CJi ¡lenas, por Desmadryl, Irisa- 
rri, Amunátegui, etc., ya citada. 

Beltrán de Villar, Daniel. 

El parte de la batalla de Chaeabneo, por Da- 
niel Beltrán de Hilar. 

Buenos Aires. — El Censor, N.° 8$. 



Beltrán, Doctor Juan G. 

Compendio de Historia Argentina, por Juan 
G. Beltrán. 

Buenos Aires, 1903. — 1 vol. 12. , i. a — Án- 
gel Estrada y Cía., editores, calle Bolívar 466. 



270 



Beltrán, Doctor Ramón A. 

Discurso del doctor Ramón A. Beltrán en 
representación del Colegio Nacional de Co- 
rrientes, en el acto de la inauguración del mo- 
numento erigido en Yapeyú á la memoria del 
general don José de San Martin. 

Buenos Aires. — Yapeyú. Antecedentes, etc., 
por J. C. S., ya citado. 

Benavente, D. J. 

Biografía del general don José Miguel Ca- 
rrera. 

Santiago de Chile, 1857. — Narciso Desma- 
dryl: Galería de Celebridades Chilenas. — 2 
volúmenes, folio. Volumen I. 

Benavente, D. J. 

Biografía del general José Miguel Carrera. 

Santiago de Chile, 1858. — Galería de Ce- 
lebridades Chilenas. Colección de N. Desma- 
dryl. 

Esta monografía histórica es una relación de la 
vida y hechos del general José Miguel Carrera, es- 
crita en términos encomiásticos. 

Benedetti, Carlos. 

Historia de Colombia. 



- 271 - 

Lima, 1887. — 1 vol. 8.°, 2. a — Imprenta deJ 
Universo, calle de la Vera Cruz, N.° 71. 

Capítulos IV y V: San Martín cu el Perú. 

Este escritor colombiano, que residió largos años en 
Lima, escribió esta obra con espíritu ecuánime. Sus 
afirmaciones, sino en absoluto exactas, en cuanto se 
refieren á San Martín, son en general justicieras. 

Los pocos medios de comunicación existentes entre 
las diversas secciones de América lian hecho hasta el 
presente que los hijos de las mismas nos miremos con 
recelo sin justa causa. El escaso comercio intelectual 
desarrollado ha venido á contribuir á este resultado; 
felizmente á medida que el tiempo avanza, se acortan 
las distancias y las naciones que nacieron juntas á la 
vida de la libertad empiezan á ponerse en contacto, y 
llegará un momento que se confundirán en un fraternal 
abrazo, como ya en época lejana confundieron su 
sangre y sus glorias los gauchos argentinos y los huasos 
chilenos, con los ¡laneros venezolanos en Río Bamba, 
Pichincha, Junín y Ayacucho. 

Biblioteca de la " Voz de Chile ". 

Corona triunfal á San Martín. Discursos y 
Poesías. Con una fotografía de la estatua. 

Santiago, 1863. — Imprenta de la Vos de 
Chile. — 1 folleto 8,°, i. a edición, 66 págs. 

Este folleto contiene : 

5 de Abril, por Manuel Recabarren. 

Discurso prounciado por el señor Ministro del Inte- 



— 272 — 

rior y Relaciones Exteriores don Manuel A. Tocor- 
nal. 

Discurso pronunciado por el señor Inspector General 
del Ejército, general de división don Juan Gregorio 
Las Heras. 

Discurso del señor Lastarria á nombre y por comi- 
sión de la Sociedad de la Unión Americana de San- 
tiago. 

Juan N. Espejo. — A nombre de la Sociedad de 
la Unión Americana. 

Guillermo Matta. — A nombre de la Unión Ame- 
ricana. 

Guillermo Matta. — A San Martín. Canto. (De- 
dicado al benemérito general don Juan Gregorio de 
Las Heras. Presidente de la Sociedad de la Unión Ame- 
ricana ) . 

Luís R. Velazco. — En la inauguración de la esta- 
tua de San Martín. — Poesía. 

Eduardo de la Barra. — A San Martín. — Poesía. 

Eusebio Lillo. — Himno á San Martín. Puesto en 
música por don José Zapiola y cantado en el instante 
de inaugurar la estatua. 

Enrique del Solar. — A O'Higgins y San Martín. 
— Poesía. 

H. de Irisarri. — A San Martín. — Poesía. 

Adolfo Valderrama. — A San Martín. — Poesía. 

D. Arteaga Alemparte. — A San Martín. — Poe- 
sía. 

" Biblioteca Columbiana, La ". 

Lima, T821. — Imprenta de don Manuel del 
Río. — 182 págs., en 12. . 



- 273 - 
Biblioteca del " Comercio del Plata ". 

Guerra del Perú ó Colección de documentos 
acerca de la guerra y demás sucesos allí ocu- 
rridos especialmente desde 1820 inclusive en 
adelante. 

Montevideo, 1849. — l vol. 4. , 1. a edición. 
— Imprenta del Comercio del Plata. Zavala, 
N.° 39- — 3/6 P%s. 

Manifiesto del Virrey don Joaquín de la Pe- 
ínela. 

Este Manifiesto fué publicado en folleto, ya citado, 
en Madrid el año 1821 por la imprenta de Leonardo 
Núñez de Vargas y en el tomo II, pág. 226, de la obra 
del conde de Torata, Madrid, 1895, imprenta de la 
viuda de Minuesa de los Ríos : acompañado de la 
Refutación que hace el Mariscal de Campo don Jeró- 
nimo Valdes del Manifiesto que el teniente general 
don Joaquín de la Pesuela imprimió en 1821, á su 
regreso del Perú. 

La Biblioteca del Comercio del Plata consta de 10 
volúmenes. 4/'. Montevideo. 

Los volúmenes I-V fueron publicados por el doctor 
don Florencio Várela. Años 1845-1848. — Los volú- 
menes VI-X por el doctor don Valentín Alsina y el 
doctor don Vicente Fidel López. 

Biedma, José Juan. 

El Ciego de Maipú, por José Juan Biedma. 
5 de Abril de 18 18. 

T. I. 18 



- 274 — 

Buenos Aires, 1895. — 1 folleto 8.° ; 1. a , 23 
páginas. — Imprenta de A. M. Biedma, Ber- 
mejo 353. 

Biedma, José Juan. 
Suáres y Olavarría. 

Buenos Aires, 1909. — 1 vol. 4. , i. a , 173 
páginas. — Cabaut Hnos., editores. — Con re- 
trato de Suárez y Olavarría. 

Este trabajo histórico fué publicado por su autor 
eu El Musco Histórico, vo!. I — 1893, revista que diri- 
gía el doctor Adolfo P. Carranza. 

Biedma, José Juan. 

Rudesindo Alvarado, General. 

Buenos Aires, 1897. — Diccionario Biográ- 
fico Argentino, por José Juan Biedma y José 
Antonio Pillado. — Tomo I, 4. — Imprenta de 
Martín Biedma é hijo, Bolívar 535. Con ilus- 
traciones. 

Tomo I, Letra A. 

Acompañan á la biografía de Alvarado su retrato, 
su firma, los planos de las batallas de Torata y Mo- 
quehua y un grabarlo representando el mausoleo eri- 
gido en Salta á la memoria del general Alvarado. 

Aguirre, Manuel Hermenegildo. — Biografía. 

Aguirre, José María, coronel. — Biografía acompa- 
ñada de retrato. 

Aldao, José Félix. — Brigadier General y Goberna- 



— 275 — 

dor de la provincia de Mendoza. Esta biografía va 
acompañada de la rúbrica y del retrato del fraile Aldao. 

Aldao, Francisco, coronel. 

Aldao. José Francisco, coronel. 

De este Diccionario Biográfico, la obra más com- 
pleta y más lujosamente editada entre las de su género 
en la América del Sud, no se publicaron más que 16 en- 
tregas. 

Lo publicado llega hasta Alvarez, 256 páginas en 
todo. 

Biedma, José Juan. 

P ringles. Boceto biográfico, por José Juan 
Biedma. 

Buenos Aires, 1894. — 1 folleto 8.°, i. a , 172 
páginas. — Imprenta de El Pueblo. 

La biografía de Pringles por José Juan Biedma se 
ha publicado en : 

I. El Museo Histórico, publicado bajo la dirección 
de Adolfo P. Carranza, ya citado, año 1894. Volu- 
men III. — Con retrato de Pringles al bromuro. — 1893. 

IT. Pringles. Boceto-Biográfico, por J. J. Biedma. 
Buenos Aires. 1 folleto, 8.°. 1. a , 172 páginas. Imprenta 
de El Pueblo. — 1894. 

ITT. Pringles. Boceto-Biográfico, etc. — Buenos Aires. 
1 folleto. 8.°, 2. a . Imprenta de Alberto M. Biedma, 
calle Bermejo N.° 353. — 1895. 

IV. Apoteosis de Pringles. 1795-1895, por Juan W. 
Gez. — Vol. I (único publicado). Páginas 9-122. Con 
retrato de Pringles en cromolitografía. — - 1896. 



- 276 — 

Biedma, José Juan. 

Pringlcs. Boceto biográfico, por J. J. Biedma. 

Buenos Aires, 1895. — 1 vol. 8.° — Impren- 
ta de A. M. Biedma, calle Bermejo 353. 

Biedma, José Juan. 

El coronel Lorenzo Lngoncs, 1796. 10 de 
Agosto de 1896, por José Juan Biedma. Pu- 
blicación oficial. 

Buenos Aires. — 1 folleto 4. , 1. a edición, 73 
páginas. Con retrato en cromo del coronel Lu- 
gones. — Imprenta de don Guillermo Kraft, 
Cuyo, N.° 1 1 24. — 1896. 

Biedma, José Juan. 

El coronel Lorenzo Lugones, IJQÓ. 10 de 
Agosto de 1896, por José Juan Biedma. Pu- 
blicación oficial, autorizada por el gobierno de 
la provincia de Santiago del Estero. 

Buenos Aires. — 1 vol. 4.", LXXXIII págs 
— Imprenta, Litografía y Encuademación de 
Guillermo Kraft. — 1896. — Con retrato en 
cromo de Lugones y numerosas láminas. Obra 
seguida de Los Recuerdos Históricos sobre las 
campañas del Ejército Auxiliar del Perú en la 
guerra de la independencia, por el Coronel Lo- 
renzo Lugones, 113 págs. y de una Noticia 
sobre las láminas que contiene la obra, por José 
Antonio Pillado, 25 págs. 



277 



Biedma, José Juan. 

¿Por qué nos odia Chile. ? Un poco de bis- 
torio.. 

Buenos Aires, 1898. — 1 folleto 12. , i. a , 14 
páginas. 

Biedma, José Juan. 

¡Gato por liebre! A propósito de un libro 
histórico. 

Buenos Aires, 1888. — 1 vol. 12. , 1. a , 46 pá- 
ginas. — Imprenta de M. Biedma. Bolívar 535. 

El libro á que se refiere el autor de este folleto, 
señor Biedma, son los Episodios Nacionales del enton- 
ces teniente i.° don Juan M. Espora, publicado por 
la casa editora de don Eélix Lajouane, con un Pró- 
logo de don José Tomás Guido. 

Biedma, José Juan. 
Pringles. Biografía. 

Buenos Aires, 1893. — El Museo Histórico, 
ya citado. Año III. Con retrato. 

Biedma, José Juan. 

Olavarría. Esbozo biográfico. 

Buenos Aires, 1893. — El Museo Histórico. 
Revista va citada 



— 278 - 

Año IT, pág. 171 y siguientes. Con retrato 
de Olavarría. 

Biedma, José Juan. 

Una lección de San Martín. 

Buenos Aires, 1901. — Revista Nacional. 
Volumen XXXII. 

Bilbao, Doctor Manuel. 

Vindicación y memorias de don Antonio Re- 
yes. Arregladas y redactadas por Manuel Bil- 
bao. 

Buenos Aires. — 1 vol. 8.°, 1. a edición. - 
Imprenta de El Porvenir, calle Defensa, núme- 
ro 139. — Adornada con retratos y láminas. 
1883. — Tomo I. Único publicado. 

Apéndice N.° 3 : Comunicaciones de San 
Martin. 

Bilbao, Manuel. 

Historia de Rosas, desde 1810 á 1832. 

Buenos Aires. — 1 vol. 4. , i. a — Imprenta 
Buenos Aires, calle Moreno, frente á la casa 
de gobierno. — 1868. 

Bosquejo histórico desde 18 10 hasta 1820. 

Bilbao, Doctor Manuel. 

Historia de Rosas desde 18 10 hasta 1832. 



- 279 — 

Buenos Aires, 1868. — 1 vol. 4. , 1. a , 379 
páginas. — Imprenta Buenos Aires, calle Mo- 
reno, frente á la casa de gobierno. — Tomo I. 
Único publicado. 

Bilbao, Doctor Manuel. 

Revoluciones Sudamericanas. 

Buenos Aires, 1875. — La Libertad, diario 
de la tarde, N.° 426. Abril 25 de 1875. — Im- 
prenta Americana, San Martin 174. 

Las causas de la renuncia de Monteagudo. 

Bilbao, Doctor Manuel. 

San Martín y Riradavia. 

La Libertad, Mayo 20 de 1880. — Buenos 
Aires. 

No creemos en la eficacia ele los paralelos histó- 
ricos, aun cuando ellos se refieran á hijos de una 
misma nación. En este caso, y á pesar de estar abonado 
por la firma de un escritor de mérito, nada se adelanta 
del punto de vista histórico con su publicación. Hay 
por otra parte, tanta desemejanza entre los dos per- 
sonajes que se mencionan, que por muy buenos que 
sean los deseos del autor, este trabajo no reviste im- 
portancia alguna. 

Los paralelos de Plutarco son admirados aún en 
nuestra época, porque se refieren á edades lejanas y 
á hombres que han vivido y han actuado en otros 
pueblos y en condiciones muy distintas á las actuales. 



— 280 — 
Bilbao, Doctor Miguel. 

Memorias de Lord Cochrane. Conde de 
Dundonald, Gran Cruz de ¡a Orden del Baño, 
de la Imperial Brasileña del Crucero y de la 
Real de San Salvador de Grecia. Almirante de 
la Escuadra Rusa. Contraalmirante de la Gran 
Bretaña, etc., etc. 

París, 1863. — Librería Garnier Hnos., calle 
des Saints Peres, Ñ.° 6. — 1 vol. 12. , i. a . 

Esta edición española fué hecha bajo la di- 
rección de Miguel Bilbao. 

El doctor Bilbao publicó esta obra, como dice en el 
Prefacio, animado del doble propósito de borrar la 
mala impresión producida en el público por la apari- 
ción en portugués de las Memorias del ilustre y avaro 
Lord Cochrane y rendir debido homenaje á su me- 
moria. 

El autor es un admirador ferviente del heroico almi- 
rante, llevándolo su admiración basta el error de no 
tener palabra alguna de crítica, en las notas que acom- 
pañan la obra, para condenar los numerosos actos irre- 
gulares cometidos por aquel hombre extraordinario 
cuya vida está llena de gloria y de debilidades impo- 
sibles de disculpar. 

Bilbao, Doctor Miguel. 

Historia política del Perú (Compendio). 
Lima, 1856. — 1 vol. 12. , 219 págs. 
Obra juvenil y sin duda alguna no la mejor que 
compusiera este autor. 



281 



Blanchard Chessi, Enrique. 

La Invasión por los Andes, ayer, hoy y ma- 
ñana. 

Santiago de Chile, 1898. — imprenta Moder- 
na, calle Moneda 2015. 

Blanchard-Chessi, Enrique. 

La batalla de Chacabuco. 

Santiago de Chile, 1906. — Zig-Zag, revista 
ilustrada, 1 1 de Febrero. 

Este artículo histórico comprende un relato com- 
pleto de la batalla de Chacabuco que inició el co- 
mienzo de la independencia de Chile del dominio 
ibérico. Aunque abreviado abarca el tema por com- 
pleto, en un todo de acuerdo con la verdad histórica, 
y está escrito en un estilo ameno é interesante. Ya 
acompañado de dos retratos del general San Martín 
y de dos viñetas representando el Paso de los Andes 
y Chacabuco. 

Blanchard Chessi, Enrique. 

Los partes oficiales de la batalla de Maipú. 

Buenos Aires, 1907. — Revista Nacional — 
Volumen XLIV, entrega VI. 

Blanco, Eduardo. 

Venezuela heroica. — Cuadros históricos. — 



— 232 — 

La victoria. — San Mateo. — Sitio de Valen- 
cia. — Maturín. — La invasión de ¡os seiscien- 
tos. - — La casa fuerte. — San Félix. — Mata- 
siete. — Las Queseras. — Boy acá. — Cara- 
bobo. 

Caracas, 1883. — I v °l- 8.°, 3. a edición, co- 
rregida y aumentada. XXII de introducción 
+ 600 págs. de texto. — Imprenta Bolívar. 

Blanco Encalada, Almirante Manuel. 

Detall de la toma de la fragata " María Isa- 
bel " por el comandante de la escuadra de Chile. 
Parte del jefe Manuel Blanco Encalada. — 
Puerto de la isla Santa María, 5 de Noviem- 
bre de 181S. 

Buenos xAires, 1818. — Hoja suelta, folio. 
Reimpreso en la Imprenta de la Independencia. 

A propósito de la toma de la fragata María Isabel, 
dice el general Mitre: "El 21 de Mayo — antes de 
cumplirse un mes de la batalla de Maipú — una ex- 
pedición española de once transportes — dos de ellos 
armados en guerra — y convoyados por la fragata 
María Isabel, de 50 cañones, zarpaba del puerto de 
Cádiz con destino al Pacifico, conduciendo dos bata- 
llones del regimiento Cantabria con 1.600 hombres, 
un regimiento de caballería de 300 plazas y 180 ar- 
tilleros y zapadores ; en todo 2.080 hombres y un 
cargamento de 8.000 fusiles. Mandaba la expedición 
marítima el capitán Dionisio Capaz, y la tropa el 
teniente coronel Fausto del Hayo. Su primer contra- 



— 283 — 

tiempo fué tener que dejar uno de los transportes en 
Tenerife, por su mal estado, y repartir la gente en 
los demás buques. Al salir de las Canarias el convoy 
se fraccionó á los 5 grados de latitud Norte, á causa 
de los vientos. Para mayor desgracia suya, el 25 de 
Julio llegó á Buenos Aires, con 56 días de navegación, 
el bergantín inglés Lady Waren, conductor de avisos 
oportunos de los agentes secretos del gobierno argen- 
tino en Cádiz, cuyo capitán dio noticias de haber de- 
jado la expedición en los 21 días el 25 de Junio á los 
dos grados de latitud Norte, comprobando su informe 
con la exhibición de su diario de viaje. 

En consecuencia, el gobierno argentino dispuso la 
salida de los bergantines Lucy y el Intrépido, armados 
con diez y ocho cañones cada uno en el puerto de 
Buenos Aires, el primero con bandera chilena y el 
segundo con la argentina, con órdenes ambos de co- 
rrer las costas del Sud, doblar el cabo de Hornos é 
incorporarse á la escuadra chilena. Simultáneamente 
se previno al general San Martín por la vía terrestre 
que " invitase al gobierno de Chile á echar á la mar 
toda su escuadra, á hn de salir al encuentro de la 
expedición " ( n . 

Un mes después (el 26 de Agosto de 1818) arri- 
baba al puerto de la Ensenada de Barragán una fra- 
gata con 180 hombres de tropa y 500 fusiles. Era la 
Trinidad, uno de los transportes de la expedición es- 
pañola. Habíase separado del convoy á los cinco grados 



(1) Docs. del Archivo general, cit. en la Historia de Bel- 
grano, 4. a edición, t. III, pág. 367, M. S. S. — Véase Torrente, 
T. H., pág. 435 y siguientes. 



— 284 - 

Norte, y á esta altura se sublevó la tropa que con- 
ducía, encabezada por dos sargentos y un cabo, que 
desde Cádiz venían complotados al efecto. A pesar de 
la resistencia que hicieron los oficiales apoyados por 
una parte de la tripulación y tropa, que amenazaron 
dar fuego á la santabárbara, los sublevados se hicie- 
ron dueños del buque, fusilaron á los oficiales y dieron 
orden de poner la proa hacia Buenos Aires. Por este 
medio el gobierno argentino tuvo conocimiento del 
plan de señales y punto de reunión del convoy, que 
se apresuró á trasmitir á Chile. 

La expedición española estaba perdida, y para esta- 
blecer definitivamente el predominio de la marina in- 
dependiente en el Pacífico, llegaba al mismo tiempo 
á Buenos Aires la fragata Horacio de 36 cañones, 
comprada en los Estados Unidos por Aguirre en cum- 
plimiento de su comisión, debiendo seguirla en breve 
otra de igual porte de nombre Curado (l) . 

El 19 de Octubre á las nueve de la mañana zar- 
paban del puerto de Valparaíso : El navio San Martín, 
con 60 cañones, capitán Wilkinson, en el cual el vice- 
almirante había enarbolado su insignia ; la fragata 
Lautaro, con 46 cañones, capitán Wooster ; corbeta 



(1) Estos detalles, desconocidos antes que los publicásemos 
en nuestra Historia de Belgrano, son tomados de los docu- 
mentos reservados allí citados, que se comprueban con la co- 
rrespondencia de Pueyrredón con San Martín (Archivo San 
Martín, vol. XL), con la de O'Higgins con el mismo (Ar- 
chivo ídem, vol. XLI), y otras figuran en extracto en el volu- 
men II del cit. archivo, M. S. S. originales. — Véase Com- 
probaciones históricas, por Bmé. Mitre, parte 2. a , pág. 304 
y siguientes. 



- 285 - 

Chacabuco. con 20 cañones, capitán Díaz; bergantín 
Araucano, con 16 cañones, teniente Morris. La escua- 
dra chilena así organizada contaba 142 cañones y es- 
taba tripulada por 1.100 hombres, chilenos en gran 
parte, y el resto marineros extranjeros reclntados en 
Valparaíso. Los oficiales eran en su casi totalidad, 
ingleses ó norteamericanos. Un viento fresco Sud- 
oeste henchía sus velas, y del castillo de la ciudad y 
de la población agrupada en la playa contestaba sus 
saludos con sus cañones y sus aclamaciones. El di- 
rector O'Higgins, que se había trasladado á Valpa- 
raíso para activar la salida de la expedición, tomaba 
en aquel momento el camino de Santiago, y al subir 
las montañas que dominan la ciudad y distinguir á 
la distancia los cuatro buques con bandera chilena 
que se hacían á la mar. exclamó : "Cuatro buques dieron 
" á España el continente americano , esos cuatro bu- 
" ques se lo quitarán ". Al perder de vista la tierra. 
Blanco Encalada abrió el pliego reservado de instruc- 
ciones que se le había entregado, y encontró que se le 
prevenía ir á estacionarse á la isla de Mocha, por donde 
necesariamente había de pasar el convoy español se- 
gún las noticias trasmitidas desde Buenos Aires. La 
escuadra tomó rumbo al Sud. Los marinos chilenos que 
casi en su totalidad pisaban por primera vez las tablas 
de un buque, se adiestraron durante su travesía en las 
maniobras y el ejercicio del cañón. Miller, que formaba 
parte de la expedición, dice de ellos: "Los soldados 
" de marina y los marineros cholos descubrieron las 
" cualidades que constituyen un buen soldado ó mari- 
" ñero, pues eran subordinados, y pronto probaron que 
" eran valientes. Manifestaban deseos que se les ins- 



- 286 - 

" truyese y aprendían con prontitud. Sólo faltaba que 
" sus oficiales cumpliesen bien con sus deberes, para 
*' ser capaces de todo ". Un viento recio que sopló por 
el espacio de dos días separó á la Chacabuco. El 26 
de Octubre descubrióse á la isla de Santa María, 
señalada como uno de los puntos de reunión del con- 
voy. Desde allí fué despachado el Araucano para re- 
conocer la bahía de Talcahuano, que demora unos 62 
kilómetros al Norte. 

La escuadra navegaba con bandera española. Un 
bote de la costa engañado por esta circunstancia, diri- 
gióse á ella y puso en manos del almirante las ins- 
trucciones que el jefe del convoy dejara allí para los 
transportes que se fueran reuniendo. Por este con- 
ducto se confirmaron las noticias que se tenían por 
un buque ballenero. La María Isabel había tocado en 
la isla, cinco días antes, acompañada de los trans- 
portes Atocha, San Fernando, Especulación y Escor- 
pión y seguido inmediatamente para Talcahuano. El 
resto del convoy quedó rezagado al doblar el cabo 
de Hornos, con sus tripulaciones enfermas y faltas de 
provisiones. Blanco Encalada decidióse á ir en busca 
de la María Isabel, contando tener suficiente tiempo 
para apoderarse en seguida del resto del convoy. En 
consecuencia enderezó la proa á Talcahuano, diciendo : 
" Es necesario que la marina chilena señale con glo- 
" ria la época de su nacimiento '". El 27 por la noche 
llegó á la boca del puerto con el San Martin y la 
Lautaro y allí se supo que sólo la María Isabel se 
hallaba dentro de la bahía. Los otros transportes 
habían seguido al Callao, después de desembarcar unos 
800 hombres. El 28 por la mañana sopló una fresca 



— 287 — 

brisa del Norte, y los dos buques patriotas pene- 
traron á la gran bahía, una de las más espaciosas 
del litoral de Chile. Con más de once kilómetros en 
su mayor extensión y ocho kilómetros de ancho, en- 
cierra dentro de su perímetro cuatro puertos y tres 
caletas. Uno de los puertos, como en otro capítulo se 
indica, responde á lo que propiamente se llama Tal- 
cahuano, situado sobre la península que cierra por la 
parte del Sud la bahía. 

La isla Quinquina, alta y boscosa, de cinco y me- 
dio kilómetros de largo y medio de ancho, cierra la 
entrada dejando á derecha é izquierda de sus extremi- 
dades dos bocas practicables para penetrar á su interior. 
La entrada del Norte mide cinco kilómetros y se deno- 
mina la Boca Grande : la llamada Boca Chica, al 
Sud, mide dos kilómetros. Al doblar la punta Sud 
de la Quinquina los independientes pudieron ver en el 
puerto á la fragata española anclada, bajo la pro- 
tección de las baterías de tierra guarnecidas por una 
fuerza respetable. La María Isabel, inmediatamente 
de divisar los dos buques patriotas, afianzó su bandera 
con un cañonazo sin bala, como pidiendo la suya á los 
chilenos. El San Martín contestó con otro cañonazo sin 
bala al izar su bandera inglesa, y siguió navegando con 
el propósito de abordarla. Reunidos los dos buques, 
dirigiéronse sobre la María Isabel y á tiro de fusil 
izaron la bandera chilena, cuya ascensión saludaron 
con entusiasmo los tripulantes. La fragata española 
que había permanecido por algún tiempo indecisa, bien 
que apercibida al combate, disparó un cañonazo de 
bala que fué inmediatamente seguido por una andana- 
da de todo el costado de babor. El San Martín contes- 



— 288 — 

tó el fuego con todos sus cañones de estribor y echó el 
ancla á tiro de pistola del enemigo. La fragata espa- 
ñola, desesperando desde ese momento del éxito de! 
combate, picó sus amarras y fué á encallar en tierra. 
Una parte de la tripulación se salvó en las embarca- 
ciones menores y el resto permaneció haciendo fuego 
desde el alcázar de popa para impedir el abordaje. Los 
buques independientes concentraron sobre ella todos 
sus fuegos de artillería, contrarrestando á la vez á 
las baterías de tierra, hasta obligarla á arriar su ban- 
dera. Pocos momentos después era abordada por dos 
lanchas tripuladas con 50 marineros al mando de los 
tenientes Guillermo Santiago Compton y Nataniel Be- 
lez, tomando 70 prisioneros del regimiento Cantabria 
con cinco oficiales, que no tuvieron tiempo de echarse 
al agua como lo hicieron los otros. 

Las tropas realistas parapetadas por las tapias de 
la población de Talcahuano, continuaban hostilizando 
á la fragata capturada. Para desalojarlas y asegurar 
su presa, el almirante dispuso el desembarco de dos 
compañías de soldados de marina con el objeto de 
interceptar los refuerzos que de Concepción podían 
venir á la península. El coronel Sánchez, reforzado 
con las tropas que acababan de desembarcar, avanzó 
á la cabeza de 1.600 hombres, obligando á la infantería 
patriota á reembarcarse con algunas pérdidas. Todos 
volvieron á ocupar las posiciones que precedieron al 
combate. Pero fueron vanos los esfuerzos que se hi- 
cieron para poner á flete á la María Isabel. El viento 
y la marea favorables para la entrada, eran desfavo- 
rables para la operación. Prosiguiéronse, empero, los 
trabajos bajo la protección del San Martín y la Lautaro. 



— 289 - 

sufriendo siempre el fuego de las fuerzas que guar- 
necían la costa. Llegó la noche sin que por una ni 
otra parte hubiera podido adelantarse nada. El com- 
bate cesó por el momento, sobreviniendo una copiosa 
lluvia ; pero independientes y realistas empezaron á 
tomar nuevas disposiciones para continuarlo al día 
siguiente. 

Los realistas tenían en Talcahuano, además del cas- 
tillo de San Agustín que defendía la entrada, cuatro 
piezas de artillería traídas de Concepción. Con ellas 
establecieron dos baterías de costa cruzando sus fue- 
gos al frente de la fragata encallada, á medio tiro de 
fusil. El vicealmirante Blanco Encalada por su parte, 
echó un anclote por la popa de la Lautaro y lo fijó 
en tierra, colocándose en actitud de apagar los fuegos 
del castillo y de las baterías improvisadas. 

Durante toda la noche continuóse en el empeño de 
poner á flote la fragata, permaneciendo todos sobre 
las armas. Amaneció el día 29 : independientes y realis- 
tas ocupaban sus respectivos puestos apercibidos al 
combate. Rompióse el fuego por una y otra parte, 
casi á tiro de pistola ; muy luego reconoció el almirante 
chileno la superioridad de su artillería, y renovó el 
ataque con más vigor, consiguiendo apagar los fuegos 
de algunas baterías de tierra. En lo más recio del 
fuego levantóse una brisa del Sud, que barrió repen- 
tinamente las nubes de humo que oscurecían la bahía. 
El viento de la fortuna que había henchido las velas 
chilenas favoreciendo su entrada, sopló en sentido con- 
trario favoreciendo su salida. 

Eran las once de la mañana, y el éxito del combate, 
que dependía de un casco inerte, permanecía aún 

T. I 19 



- 290 - 

indeciso; por algún tiempo cteyóse que sería indispen- 
sable abandonar la presa, incendiándola. La brisa del 
Sud que continuaba soplando, fué transformándose 
poco á poco en fresca ventolina. 

Apercibido de ello Wilkinson, mandó soltar las ar- 
mas de combate. Toda la tripulación, como movida 
por un resorte, acudió al timón, trepó á las vergas, 
cazó las velas, se asió al cabrestante y concentrando 
todos los esfuerzos sobre un calabrote que á preven- 
ción se había colocado á popa de la fragata, ésta se 
puso gallardamente á flote y tomó arrancada. La ope- 
ración se hizo con tal rapidez que los realistas sor- 
prendidos no acertaron ya á continuar el combate. 
Mientras tanto, los marinos chilenos celebraron su 
triunfo con un entusiasta ¡Viva la patria! que los ma- 
rinos ingleses acompañaban con estruendosos ¡ Hurras ! 
La escuadra chilena celebró su primer triunfo con una 
salva de 21 cañonazos, y abandonó la bahía de Tal- 
cahuano reforzada con una fragata más, que en honor 
del que la había fundado prediciéndole la victoria, tomó 
el nombre de O'Higgins. 

Los cuatro buques de la escuadra chilena reuniéronse 
en la isla de Santa María, donde se incorporaron á 
ellos el bergantín argentino Intrépido (conocido 
también con el nombre de Maipú), comandante Tomás 
Caster (l) , y el Galvarino, capitán Martín Jorge Guise 

(i) A solicitud del gobierno de Chile la marinería argen- 
tina de el Intrépido ó Maipú pasó á tripular la fragata María 
Isabel, de acuerdo con San Martín, nombrándose á Caster 
comandante de la fragata chilena Lautaro, según consta de 
oficio de Guido, de 19 de Noviembre de 1818. El gobierno 
argentino aprobó la medida con fecha 12 de Enero de 1819, 



- 291 - 

y Juan Spry, experimentados marinos de la escuadra 
británica. La escuadra constaba á la razón de nueve 
buques de fuerza, incluso la María Isabel, con 234 
cañones. 

Sucesivamente fueron cayendo en poder de los in- 
dependientes los demás transportes en número de cinco, 
tomando á su bordo como 700 prisioneros. Así terminó 
esta expedición en la que España agotó sus últimas 
fuerzas para reconquistar sus colonias insurrecciona- 
das, y que por mucho tiempo tuvo en alarma á toda la 
América del Sud. De los once transportes, uno quedó 
abandonado en Canarias, según se dijo antes; otro se 
entregó en Buenos Aires, cinco fueron apresados, in- 
cluso la fragata que los convoyaba, y los cuatro res- 
tantes escaparon con 800 hombres, habiendo sucumbido 
durante la travesía como una cuarta parte de la tri- 
pulación, devorada por el escorbuto (,) . Fué un golpe 



pero previno á Guido: "Siendo muy propio y de no menos 
" interés la gloria y honor de estas provincias, que en la es- 
" cuadra chilena haya siquiera un buque que participe de sus 
" triunfos, en la alta empresa á que está destinada, empeñe 
" todo su celo á efecto de que el Intrépido logre el objeto 
"que se propone". ( Docs. del Arch. general. M. S. S., ori- 
ginales). Antes de la llegada del Intrépido, el gobierno ar- 
gentino había remitido á Chile como auxilio de guerra : 2 
morteros, 3 obuses y 4 cañones con sus correspondientes do- 
taciones. M. S. (Arch. San Martín, vol. XXVII). 

(1) Los transportes entregados ó apresados, fueron la Tri- 
nidad, en Buenos Aires, y la Dolores, la Magdalena, la He- 
lena, la Jerezana y la Carlota en la Isla Santa Maria, á más 
de la María Isabel, en Lalcahuaho. Los transportes que se 
salvaron, fueron el Atocha, el Escorpión, el San Fernando y 
la Especulación. 



- 292 — 

de muerte para la metrópoli. Desde ese día las naves 
españolas perdieron para siempre el dominio del Pa- 
cífico, y el camino de la expedición al Perú, calculado 
cuatro años antes por San Martín, quedó franqueado 
por la marina chilena cuya influencia en los destinos 
de la revolución americana había adivinado el genio 
observador y paciente del grande hombre de guerra. 
A los 38 días de haber zarpado de Valparaíso las 
cuatro naves que iban á conquistar el Pacífico, trece 
velas republicanas formaban en línea bajo los fuegos 
del castillo que las saludaba en medio de las aclama- 
ciones del pueblo que tributaba al vicealmirante Blanco 
Encalada y á sus compañeros las ovaciones del triun- 
fador. El gobierno, en premio de esta gloriosa campaña 
naval, decretó un parche de honor color verde mar, 
con un tridente en el centro orlado de palma y laurel, 
y en su contorno esta leyenda : Su primer ensayo dio 
Á Chile el dominio del Pacífico (i) ". 

(1) Para confeccionar esta página histórica hemos tenido 
á la vista los partes oficiales del vicealmirante Blanco Enca- 
lada, publicados en la Gaceta de Chile, y los informes ver- 
bales que me comunicó personalmente él mismo en Valpa- 
raíso, en 1849. La correspondencia oficial y confidencial de 
San Martín y de Guido con el gobierno argentino sobre el 
particular, que original existe en el Archivo Gral. y en el 
Archivo San Martín, vol. LXIII, M. S. S. Como obras de 
referencia, hemos tenido presente : las Memorias de Miller, 
que formó parte de la expedición ; la Memoria sobre la pri- 
mera escuadra chilena, por García Reyes ; los nuevos datos 
que agrega Barros Arana en su Historia de la Independencia, 
y la Crónica de la marina militar de la República de Chile, 
por Sayago. — (Mitre, General B. — Historia de San Martín 
y de la Emancipación Sudamericana. — Tomo II. Cap. XX, 
pág. 301, 2. a edición, 1890). 



293 



LUIS COIG SURSOA 



De la orden de San Hermenegildo, llegó al Callao 
el i.° de Octubre de 1817, mandando la fragata Es- 
meralda, de 38 cañones, que salió de Cádiz el 6 de 
Mayo; á las 6 fragatas transportes que trajeron de 
España, con escala en Arica, el primer batallón de 
Burgos de 21 de línea, con su coronel don José María 
Bezer ; un escuadrón de lanceros del rey, y una com- 
pañía de artillería volante. 

Los transportes fueron : La Primorosa Mariana, La 
Castilla, Comercio, San Juan Bautista, San Fernando, 
y La Nueva Reina de los Andes. La Esmeralda es- 
coltó á fines de ese año la expedición que fué á Chile 
bajo las órdenes del brigadier don Mariano Osorio, y 
después de la derrota que sufrió ésta en Maipo, hallán- 
dose cruzando delante de Valparaíso, fué sorprendida 
el 27 de Abril de 1818 por la fragata chilena Lautaro, 
de 52 cañones y 318 hombres de tripulación. Después 
de algunos cañonazos dio un abordaje el mismo capitán 
O'Brien que la mandaba y, por consecuencia de la 
refriega, quedó dueño de la cubierta y tremolando 
en ella el pabellón chileno. Se habían refugiado los 
españoles en el entrepuente considerándose vencidos 
cuando una violenta marejada separó en esos mo- 
mentos á la Lautaro. Como este incidente diese bríos 
á la marinería y tropa del Esmeralda subieron á ba- 
tirse nuevamente, matando á O'Brien y á muchos otros. 
y recuperando su posesión. 

La Lautaro volvió á Valparaíso y la Esmeralda á 



- 294 — 

Talcahuano. Era aquella una fragata alterosa, de las 
del tráfico de la India denominada Wyndhaiiin, la 
que acababa de comprar y armar el gobierno de Chile, 
y cuando salió á dar su golpe de mano se conservó 
con la bandera inglesa hasta que se puso al costado del 
buque español. A bordo de éste se creyó que fuese 
la de guerra británica Amphion, que á la sazón se 
hallaba en Valparaíso, mandada por el comodoro Bow- 
les; y es tanto más extraño no la conociesen, debiendo 
haber gran diferencia de una á otra, cuando que varios 
escritores dicen que ya otras veces se había comunicado 
con la Esmeralda, con motivo de ocurrencias del blo- 
queo. Acompañaba á esta fragata el bergantín Pezuela, 
de 1 8 cañones, el cual al principiar el combate se 
alejó, dirigiéndose á Talcahuano. 

El capitán de fragata don Luis Coig fué ascendido 
á capitán de navio por el virrey Pezuela en una pro- 
moción que hizo á fines de Diciembre de 1819. Un 
año después bloqueaba el Callao la escuadra de Chile 
mandada por Lord Cochrane. 

La Esmeralda ocupaba lugar en el fondeadero, lo 
mismo que otros buques de guerra de menor porte, y 
24 lanchas cañoneras ; la línea la cubría una cadena 
y la protegían los fuegos de las fortalezas Real Fe- 
lipe, San Miguel y San Rafael, y las baterías del 
Arsenal y de San Joaquín. 

A las 11 de la noche del día 5 de Noviembre de 1820, 
Lord Cochrane, con 240 hombres voluntarios y bien 
armados, á las órdenes de los capitanes de navio 
Grosre y Guise y en ligeras embarcaciones menores, se 
aproximó al fondeadero cubriéndose cuanto fué posi- 
ble con las fragatas de guerra Maccdonia, norteame- 
ricana, é Hiperyon, inglesa. 



- 295 - 

Luego sorprendió Cochrane una lancha, allanó 
el obstáculo de la cadena, y dio de improviso sobre la 
Esmeralda abordándola él por un costado y Guise 
por otro. El choque fué terrible durante 15 minutos; 
muchos los muertos y los heridos y la tripulación 
española vencida, quedando 173 hombres prisioneros. 
Cochrane recibió una herida en un muslo. La fra- 
gata, rotos los cables de sus anclas por Guise, se 
hizo á la vela y salió del puerto con dos cañoneras 
también apresadas, á pesar del vivo fuego de la arti- 
llería de tierra. Tenía á su bordo provisiones para 
tres meses y repuestos para dos años. Cuidó Cochrane 
de poner en el tope de la Esmeralda el mismo nú- 
mero de faroles que la Hiperyon y la Macedonia á 
fin de que desde las baterías del Callao no se hiciese 
distinción entre aquella y éstas. Los faroles eran una 
señal convenida, para que, en caso de combate, no 
recibiesen daños las fragatas neutrales. 

El comandante Coig quedó herido en las piernas 
de un astillazo causado en la cubierta por un tiro de 
cañón salido de una lancha ó de los castillos. Esta 
circunstancia le valió que se le mandase á tierra con 
todos los demás heridos, habiendo el virrey Pezuela 
aceptado el cange de prisioneros propuesto por el al- 
mirante Cochrane. 

Al siguiente día de este clásico hecho, que dejó 
espantados á los españoles, ocurrió un caso cuya in- 
dignidad fué remarcable, y sin duda efecto de despecho. 
Al atracar al muelle un bote de la fragata Macedonia, 
fué recibido á balazos, y murieron un oficial y varios 
marineros que en ella venían. Era admitida en el 
Callao la idea de que los norteamericanos habían 
sido cómplices en el suceso de la Esmeralda. 



- 296 - 

Don Luis Coig, luego que se restableció de sus 
padecimientos, marchó para España, donde falleció 
de brigadier en 1840 (l) . 

Blanco White, José. 

Variedades ó Mensajero de Londres. 

Londres. — Periódico trimestral por el Re- 
verendo Joseph Blanco White. Lo publica R. 
Ackermann, 101 Strand. — Tomo I, N.° V. 
Octubre i.°, 1824. 

Juicio critico de la obra: Extraéis froin a 
Journal written on the coast of Chili, Perú 
and México , in the years 1820, 182 1, 1822, 
by Captain Basil Hall, Roy al Navy, Author 
of a Voy age to Loo Choo, for Blanco White 
— Impreso por Carlos Wood, Poppin's-Court- 
Fleet Street. 

Blanco, General José Félix, y Azpurúa, Ramón. 

Documentos para la Historia de la vida pú- 
blica del Libertador de Colombia, Perú y B Oli- 
via. Publicados por disposición del general 
Guzmán Blanco, ilustre americano, regenera- 
dor y Presidente de los Estados Unidos de 
Venezuela en 1875. Puestos en orden crono- 
lógico y con adiciones y notas que lo ilustran, 
por el general José Félix Blanco. 



(1) Mendiburu, Manuel de. — Diccionario Histórico Bio- 
gráfico del Perú. 



- 297 — 

Caracas. — 14 vols., 4. mayor. — Con re- 
tratos. i. a edición. 1875-1877. — Imprenta de 
La Opinión Nacional, de Fausto Teodoro de 
Aldrey. Plaza Bolívar. 

Esta colección constituye, por decirlo así, un monu- 
mento escrito, consagrado á la memoria del Libertador 
Bolívar. 

Ha sido compuesta tomando como base la que con 
el título de Documentos importantes relativos á la 
vida pública del Libertador de Colombia y Perú, Simón 
Bolívar, hasta su muerte, publicaron en Caracas los 
señores Yáñez, Guzmán y Mendoza, por la imprenta 
de Damirón y Dupouy, calle de la Fraternidad N.° 21, 
en 23 volúmenes en 8.°, el año 1840 y hoy agotada y 
de imposible adquisición. 

Aun cuando en la obra hay muchas frondosidades 
que convendría recortar, no por eso deja de ser nota 
ble el trabajo de compilación realizado. 

Bland, Judge. 

The Present state of Chili froni the report 
laid be f ore Congress by Judge Bland. The 
Commisioncr sent to that country by the Go- 
vernment of the United States in 1818. 

London, 1820. — 1 vol. 4. , i. a , 83 págs. — 
Printed for J. M. Richardson, 23 Cornhill, 
Opposite the Royal Exchange. 

Este informe fué escrito por uno de los comisio- 
nados que el Gobierno Norteamericano envió al Río 



— 298 — 

de la Plata, en la fragata Congreso, á estudiar el esta- 
do de la causa revolucionarla en estos países. 

El doctor Bland después de llenar su cometido en 
Montevideo y Buenos Aires, se dirigió á Chile por 
tierra atravesando la cordillera, yendo á visitar á San- 
tiago y á Valparaíso, embarcándose de regreso á su país 
en este puerto, en la fragata América. 

Su informe es imparcial y sirvió para que el presi- 
dente de la Unión, James Monroe, ilustrara su juicio 
é informara al Congreso Americano acerca del estado 
de la revolución en el Río de la Plata. 

El informe de los comisionados norteamericanos fué 
favorable á los revolucionarios. 

Boero, Jorge A. 

Geografía de América. 

Buenos Aires, 1905. — 1 vol. 8.°, 2. a , 221 pá- 
ginas. — A. Estrada y Cía., editores, Bolívar 
466. Con mapas coloreados. 

El autor se ocupa de San Martín en las citas his 
tóricas que acompañan á esta obra. 

" Boletín Oficial ". 

Informaciones relativas á la Junta de Gua- 
yaquil. 

Guayaquil, 182 1. — 1 folleto 4. , i. a , 4 págs. 
— Imprenta de Guayaquil, Lunes 30 de Julio 
de 182 1. 



299 



" Boletín Oficial ". 

Noticias de Guayaquil. Proclama de la Jun- 
ta, 22 de Julio de 182 1. — Olmedo, Ximena, 
Roca. — Francisco Marcos, secretario. 

Guayaquil, 1821. — Boletín Oficial. — Im- 
prenta de Guayaquil. — Hoja suelta, 4. . 

Este boletín se refiere á la sublevación del Estado 
de Guayaquil al anuncio del desembarco del ejército 
libertador mandado por San Martín en las costas del 
Perú, y la instalación de la Junta de Gobierno inde- 
pendiente, la que por intermedio de su presidente Ol- 
medo abrió, apenas constituida, comunicaciones con 
el futuro Protector del Perú y le manifestó su adhe- 
sión á la cansa emancipadora. 

" Boletín Oficial ". 

Nombramiento de representantes del Poder 
Ejecutivo en la inauguración del monumento 
á San Martín en Yapeyú. 

Buenos Aires, 1899. — Boletín Oficial. De- 
creto expedido el día 4 de Octubre. 

Por este decreto que lleva la firma de Roca y del 
Ministro de Guerra general Luis María Campos, se 
nombra al general de brigada don José Ignacio Gar- 
mendia y á los coroneles don Ernesto Rodríguez y 
don Rómulo Páez para que en representación del Eje- 
cutivo asistan á la ceremonia. 



- 300 — 
Boletín del Ejército Libertador del Perú. 

Excelentísimo señor gobernador y capitán 
general de la provincia de Buenos Aires, anun- 
ciando que en una carta de Mendosa dirigida 
al diputado de ella para el Congreso se ratifica 
la toma de Lima y le incluyen copia del oficio 
del Excmo. señor capitán general del ejército 
libertador del Peni, don José de San Martín, 
al Excmo. señor director de la República de 
Chile, etc. — Francisco de Bedoya. — Doctor 
Francisco Ignacio Bustos, secretario. 

Córdoba, Septiembre 15 de 1821. 

El oficio dice así : 

" Excmo. señor. — El 10 del presente tomó posesión 
el ejército de mi mando de esta capital, etc., y detalla 
luego las demostraciones de júbilo llevadas á cabo 
por los habitantes de Lima, por el hecho realizado. Aña- 
de luego la persecución del enemigo en fuga por la 
caballería patriota y termina anunciando que los cas- 
tillos del Callao han quedado guarnecidos como con 
unos ochocientos hombres, y que éstos se hallan estre- 
chamente sitiados, por mar y por tierra, por las fuerzas 
patriotas, lo que hace esperar para dentro de breves 
días su rendición. Fechado : Cuartel General en Lima, 
Julio 19 de 1821. — José de San Martín". 

Buenos Aires. — Lio ja suelta. — Imprenta de la In- 
dependencia. 

Este boletín está encabezado con un grabado repre- 



— 301 — 

sentando un soldado de caballería montado, en actitud 
de tocar el clarín, y otro grabado, en su parte media, 
representando un pelotón de soldados de artillería á 
caballo, arrastrando una pieza de artillería. 

Boletín del Ejército Libertador del Perú. 

Gaceta Extraordinaria de Chile, miércoles 4 
de Julio de 1821. 

Anuncia la derrota del general Ricafort y 
el armisticio celebrado por el señor general 
San Martín con el Virrey de Lima á solicitud 
de éste por 20 días, con el objeto de acordar 
ciertos tratados propuestos. Firmado: Luis de 
la Cruz. — Valparaíso, Julio 2 de 1821. — Se- 
ñor Ministro de Estado, doctor don Joaquín 
de Echeverría. 

Armisticio celebrado entre los diputados de 
los Excnws. señores don José de Lascrna y 
don José de San Martín. — Gaceta Extraordi- 
naria del Gobierno de Lima, del jueves 24 de 
Mayo de 1821. — Artículo de oficio. Y sigue 
el texto de los artículos estipulados en aquél. — 
Punchauca, á las 5 de la tarde del 23 de Mayo 
de 1821. — Manuel de Llano, José María Gal- 
dcano, Manuel Abren, Tomás Guido, Juan Gar- 
cía del Río, José Ignacio de la Rosa, Francisco 
Moar, Fernando Lopes Aldana, secretarios. — 
José de la Sema, Toribio Acebal. — Cuartel 
General de Ancón. — José de San Martín. 

Imprenta de la Independencia. Hoja suelta. 



- 802 — 

Este boletín está encabezado con el mismo grabado 
que el anterior. 

Boletín del Ejército Libertador del Perú. 

Este verdadero periódico revolucionario destinado 
á dar cuenta de las operaciones diarias de las tropas 
libertadoras y á despertar el entusiasmo de los habi- 
tantes de los pueblos de la costa peruana, se publicaba 
por la imprenta volante del ejército, siendo su redac- 
tor y su componedor el doctor Bernardo Monteagudo. 
Su formato era en 4. mayor. El N.° 1 apareció el 5 
de Octubre de 1820 y el N.° 14 el 20 de Junio de 1821. 

El doctor Paz Soldán sufre un error cuando afirma 
en el catálogo final de su Historia del Perú indepen- 
diente que sólo aparecieron 7 números : la colección 
existente en la biblioteca que perteneció al general 
Mitre contiene 14 números impresos en: 

N.° 1 fechado en Pisco, el 5 de Octubre de 1820; 
N.° 2 fechado en Pisco, el 22 de Octubre de 1820; 
N.° 3 fechado á bordo en la bahía de Ancón, el 6 
de Noviembre de 1820; N.° 4 en Supe, el 20 de No- 
viembre de 1820; N.° 5 en Supe, el 2 de Diciembre de 
1820; N.° 6 en Huaura, el 8 de Diciembre; N.° 7 en 
Huaura, el 14 de Diciembre ; N.° 8 en Retes, el 4 de 
Enero de 1821 ; N.° 9 en Huaura, el 24 de Enero; 
N.° 10 en Huaura, el 24 de Febrero; N.° 11 en Huau- 
ra, el 19 de Marzo; N.° 12 en Huaura, el 5 de Abril; 
N.° 13 en Barranca, el 25 de Mayo y el N.° 14 en 
Barranca, el 20 de Junio de 1821. 

Esta importante publicación va á ser reimpresa de 
orden del Director del Museo Mitre, así como los 
periódicos que redactó el doctor Monteagudo El Mártir 



— 303 — 

ó Libre, El Censor de la Revolución y El Pacificador 
del Perú, publicación que reemplazó al Boletín del 
Ejército Libertador. Todos serán reimpresos en edi- 
ción facsimilar. 



Bolívar, General don Simón. 

Carta al Excnw. señor general San Martín. 

Caracas, 1887. — Memorias de O'Leary. — 
Vol. XXIX. — Ya citadas. Pág. 210. 

Esta carta está fechada en Guayaquil, y lleva fecha 
Julio 25 de 1821. 

Dice así su texto: 

" Es con suma satisfacción, dignísimo amigo y señor, 
" que doy á usted por la primera vez el título que 
" mucho tiempo ha mi corazón le ha consagrado. 
" Amigo le llamo á usted y este nombre será solo el 
" que debe quedarnos por la vida, porque la amistad 
" es el único vínculo que corresponde á hermanos de 
" armas, de empresa y de opinión : así, yo me doy la 
" enhorabuena porque usted me ha honrado con la 
" expresión de su afecto. 

" Tan sensible me será que usted no venga á esta 
" ciudad, como si fuéramos vencidos en muchas bata- 
" lias ; pero no, usted no dejará burlada la ansia que 
" tengo de estrechar en el suelo de Colombia al primer 
"amigo de mi corazón y de mi patria. ¿Cómo e^ 
" posible que usted venga de tan lejos para dejarnos 
" sin la posesión positiva en Guayaquil, del hombre 
" singular que todos desean conocer, y si es posible 
" tratar? 



- 304 - 

" No es posible, respetable amigo ; yo espero á usted 
" y también iré á encontrarle donde quiera que usted 
" tenga la bondad de esperarme ; pero sin desistir de 
" que usted nos honre en esta ciudad. Pocas horas, 
" como usted dice, son bastantes para tratar entre mili- 
" tares ; pero no serán bastantes esas mismas horas para 
" satisfacer la pasión de la amistad, que va á empezar 
" á disfrutar de la dicha de conocer al objeto caro 
" que se amaba sólo por la opinión, sólo por la fama. 

" Reitero á usted mis sentimientos más francos con 
" que soy de usted su más afectuoso apasionado ser- 
" vidor y amigo. — Bolívar''. 



SIMÓN BOLÍVAR 

PROCER DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA Y MILITAR VENEZOLANO 

Nació en Caracas el 24 de Junio de 1783 y dejó de 
existir en San Mateo, (l) territorio de Nueva Granada, 
el 17 de Diciembre de 1830. Fueron sus padres, don 
Juan Vicente Bolívar y Ponce y doña Concepción Pa- 
lacios y Sojo, de acaudaladas y distinguidas familias 
españolas ambas. Muy joven aún, consigue que sus 
padres lo envíen á la metrópoli con objeto de perfec- 
cionar su educación. Viaja anteriormente por Méjico 
y Cuba y llega á París (2) en la época en que Napo- 
león Bonaparte se hacía coronar, presenciando en su 

(1) San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, debe decir. 

— N. DEL A. 

(2) Acompañado de su maestro y mentor, don Simón Ro- 
dríguez Carreño. 



— DOó — 

calidad de viajero esta regia ceremonia. Su mente 
juvenil concibe entonces la idea emancipadora que lue- 
go realiza. 

Llega á España, perfecciona su educación, y contrae 
matrimonio con la sobrina del marqués del Toro. 

Torna á su patria, olvidando momentáneamente la 
idea que concibió en París, se dedica á la perfectibi- 
lidad de sus estudios y á acrecentar la opulencia de 
su fortuna. Nómbrasele capitán de milicias en cuyo 
puesto adquirió las primeras teorías de la guerra. La 
inesperada cuanto temprana muerte de su esposa le 
deja entregado al mayor desconsuelo y resuelve volver 
á F.uropa para aliviar en parte su dolor. Llega al 
viejo mundo donde observa los grandes movimientos 
que allí se desarrollan bajo la dominación del coloso 
francés, y su idea, más arraigada aún, despierta en su 
mente volviendo á su patria para ponerla en práctica. 
Encontrábase en la capital de su provincia natal pre- 
parando su proyecto, cuando llegó don Vicente Am- 
paran, nombrado capitán general de Venezuela por la 
Junta Central de la península, el que, faltando á sus 
compromisos, pretende hacer que se reconozca al her- 
mano de Bonaparte como rey de España y de las 
Indias. Bolívar lo sabe y hallando el pretexto que per- 
seguía, denuncia á sus compatriotas la actitud que Am- 
paran pensaba seguir. Perora en los clubs y en las pla- 
zas y en seguida cunde la noticia ; se lanza una enérgica 
protesta, el pueblo se arma y el 19 de Abril se produce 
la revolución que da en tierra con el poder del flamante 
capitán general de Venezuela. 

Establécese en Caracas la junta suprema que premió 
á Bolívar con el título de coronel. Comisiónalo ante 

T. J. L'O 



— 306 — 

el gobierno británico de quien consigue la declaración 
de no inmiscuirse en los asuntos internos de la Amé- 
rica latina, mientras ésta no se adhiera á la causa de 
Francia. Vuelve á su patria acompañado del generai 
Miranda, á quien presenta como " el primer ciuda- 
dano americano " y la junta declara á éste generalí- 
simo de los patriotas. En 1811, (Marzo á Julio) se 
lanza aquella memorable acta en que, protestando y 
retando al poder peninsular, se declara Venezuela 
independiente de España. La idea de Bolívar se hizo 
carne, pero ¡ á costa de cuántos sacrificios ! Desde ese 
momento no descansa: afronta, con su genio colosal, 
con sus recursos propios, con su actividad indomable, 
todas las situaciones que se le presentan ; se prepara 
á la lucha, y desde entonces comienza aquella cadena 
de hechos que influyen poderosamente en la indepen- 
dencia de todo el continente sudamericano. Se lanza 
á la batalla, y vence á los realistas ; pero un cataclis- 
mo enorme amedrenta á los patriotas : el terremoto 
del 26 de Marzo de 1812, época en que lo vemos go- 
bernador de Puerto Cabello. El 30 de Julio de ese año 
se le subleva una parte de las tropas que tiene á sus 
órdenes, inducidas por el traidor Vinoni (l) ; Bolívar las 
combate con las que aún le son fieles, pero cede ante 
el número y se repliega á Guayra, de ahí á Caracas, 
donde el generalísimo Miranda se ve obligado á capi- 
tular, entregado por el mismo Bolívar á los realistas. 
Tan grande sacrificio le vale que lo dejen libre. Sale 
de Venezuela, con objeto de buscar elementos para 

(1) Tomado prisionero más tarde en Boyacá y mandado 
fusilar en el acto por Bolívar. — N. del A. 



— 307 — 

redimir á su patria y se dirige á Nueva Granada ; que 
se encuentra también conflagrada por la revolución. 
Se pone al servicio del gobierno patriota de Cartagena 
y toma por asalto el 23 de Diciembre del año 12 la 
plaza y fuerte de Tenerife, defendido por una guar- 
nición realista. 

En 1813 (2 de Enero) vuelve á batirlos en Chiri- 
guanes, tomándoles la artillería y cuatro embarcaciones 
de guerra. El congreso de Nueva Granada le da ma- 
yores refuerzos y Bolívar sorprende, el 15 de Febrero, 
al coronel Correa y se apodera de Ocaña. El coronel 
Correa se repliega con fuerzas considerables en San 
j uan de Cúcuta ; pero Bolívar, sin detenerse, va tras 
el : cruza el río Magdalena, quita á los realistas la 
ciudad de Mompox y derrota por completo al coronel 
Correa, tomándole un considerable número de prisio- 
neros, armas y municiones, el 28 del mismo. Acción 
tan heroica es recompensada por el gobierno neogra- 
nadino declarándole ciudadano de sus estados y bri- 
gadier de sus ejércitos. Bolívar consigue entonces mu- 
ñirse de elementos para volver á su patria y el 15 de 
Mayo sale de San Cristóbal con 500 granadinos, con 
los que va á apoderarse de Mérida y de Trujillo, donde 
los realistas contaban con más de 6.000 soldados y 
elementos para armar otros tantos. El 30 de Mayo 
llega á Mérida, el pueblo lo aclama y el realista Co- 
rrea, que se había refugiado allí, huye ante las biza- 
rras tropas de Bolívar. En Junio 14 penetra en Tru- 
jillo y da su célebre proclama, en represalia de la que 
dio el general realista Tizcar el 3 de Mayo, por la 
que se haría una guerra sin cuartel. Bolívar decía en 
ella : " Españoles y Canarios ! contad con la muerte, 



— '¿OS — 

" aún siendo indiferentes, si no obráis activamente 
"en favor de la independencia de América! Ameri- 
" canos ! contad con la vida, aún siendo culpables ! ". 
Pasa después á Barinas, donde se hallaba aquel gene- 
ral, que huye en precipitada fuga dejando en poder 
de Bolívar 13 piezas de artillería y un gran parque 
de artículos de guerra. Reforzado considerablemente 
con un buen número de patriotas y elementos supe- 
riores, en tanto que el coronel Rivas (José F.) ba- 
talla con éxito glorioso en las provincias orientales, 
Bolívar se aparece con marchas rápidas y atrevidas por 
el occidente; sorprende al coronel Izquierdo en Tagua- 
nes, cerca de San Carlos, lo ataca, se produce un com- 
bate sangriento en el que Izquierdo cae herido mor- 
talmente y Bolívar toma prisionera la columna con 
armas y bagajes. Al recibir este golpe, el general en 
jefe del ejército realista (Monteverde) huye á ocul- 
tarse, con las fuerzas que le quedan, á Puerto Cabello, 
dejando expedito el paso, para que el ínclito vencedor 
llegue sin obstáculos á Caracas, donde penetra al 
frente de sus tropas, después de un año de rudos 
combates, aclamado por el pueblo frenéticamente, en 
un carro triunfante arrastrado por doce doncellas. En 
1 81 3 todo Venezuela, con excepción de Puerto Ca- 
bello, respondía ya á su independencia : pero Bolívar 
no descansó. Apenas deja transcurrir unos días, y el 
26 de Agosto ataca aquella plaza atrincherada, donde 
se oculta el sanguinario Monteverde. El combate es 
reñido y sangriento. Bolívar se apodera de los subur- 
bios : pero por falta de artillería de grueso calibre, 
no puede rendir el fuerte principal. El 17 de Sep- 
tiembre levanta el cerco y se dirige á Valencia. Mon- 



- 309 — 

teverde que ha recibido auxilios, y cree que Bolívar 
huye ante la impotencia ele poderlo vencer, deja sus 
líneas fortificadas y marcha contra él. Bolívar retro- 
cede antes de llegar á Valencia, le presenta batalla 
en Barbulas y lo derrota, muriendo en esta acción el 
bravo coronel granadino Atanasio Girardot. Al tenerse 
conocimiento de esta gloriosa jornada, el congreso de 
Caracas le- confiere el título de Libertador, padre de ¡a 
patria, terror del despotismo. El general Bolívar crea 
entonces la orden de Libertadores, condecoración con 
que premia á los guerreros que han venido acompa- 
ñándolo. Xo había de serle siempre la fortuna propi- 
cia. El 10 de Noviembre ataca á una fuerza española 
al mando del brigadier Cebados en Barquisimeto y 
consigue ponerla en fuga ; pero el bravo brigadier 
reúne la caballería dispersa y vuelve con ímpetu irre- 
sistible al combate, derrotando á las fuerzas de Bolívar 
y causándole pérdidas numerosas. Bolívar se recon- 
centra con sus hombres en el cerro de Yigirima y el 
comandante Salomón, de las fuerzas de Puerto Ca- 
bello, lo ataca ; pero Bolívar, deseando el desquite, va 
á él, lo repele, lo vence y lo hace replegar á aquel 
punto, después de sufrir grandes pérdidas. 

Cebados, que había logrado reunirse con Yáñez, sor- 
prende la vanguardia de Bolívar y la extermina lan- 
ceándola, pero Bolívar corre, aunque tarde, al campo 
de batalla, sin mirar la inferioridad numérica del ejér- 
cito que le sigue, avanza sobre las fuerzas realistas. 
las vence por completo, les toma trescientos prisio- 
neros, diez piezas de artillería, mil fusiles, gran can- 
tidad de municiones y dinero, cuatro banderas, que- 
dando sobre el campo de batalla más de mil muertos 



— 310 — 

realistas. En 1814 (Febrero 8) Bolívar toma repre- 
salias tremendas, mandando fusilar sin excepción al- 
guna á ochocientos sesenta y seis españoles y canarios 
que se encontraban presos en la Guayra, dando el 14 
un manifiesto á las naciones extranjeras en el que 
explica los motivos que tenía para proceder tan san- 
guinariamente. El 28 tiene lugar la batalla de San 
Mateo en que Bolívar, con dos mil hombres y después 
de diez horas de combate, vence al general Boves 
que se hallaba al frente de siete mil soldados. El 17 
de Mayo vence al general Cajigal en Carabobo, to- 
mándole toda la artillería, el parque, y gran cantidad 
de prisioneros ; pero á su vez es derrotado por el ge- 
neral Boves en La Puerta, donde el ejército libertador 
perdió más de mil hombres, siendo pasados por las 
armas todos los heridos y prisioneros que cayeron en 
poder de los realistas. 

Bolívar, cuyo ejército había sido destruido, se diri- 
ge á Barcelona, una de las ciudades de Venezuela, de 
donde tiene que salir perseguido. En Agosto de ese 
año, después de haberse reunido con las fuerzas dis- 
persadas y con las del coronel Bermúdez, se retira a-, 
oriente de Venezuela, pero el general realista Morales 
lo persigue y lo obliga á pelear en Aragua, donde de 
nuevo le fué adversa la suerte y donde se efectuó una 
matanza de todos los prisioneros que cayeron en poder 
de los realistas y que se calcula en cerca de dos mil. 

Derrotado en Aragua, llega de nuevo á Barcelona, 
donde es despojado de los recursos que llevaba por 
Bianchi, Rivas y Piar ; pero Bianchi arrepentido sin 
duda de su felonía, lo salva, conduciéndole en su buque 
Arrogante á Cartagena. En 1815 Bolívar es nueva- 



— 311 - 

mente vencido en la ciudad de Mompox, la que tiene 
que abandonar, dejando en poder de los realistas un 
gran parque. Emigra luego á Jamaica ; en momentos 
de aprontarse con una nueva expedición tratan de 
asesinarlo, lo que no acontece gracias á que el asesino 
se equivoca y mata al emigrado Félix Amestoy que 
dormía en la hamaca de Bolívar en ausencia de éste. 
En 1816 Bolívar lleva á su patria la tercera expedi- 
ción libertadora y el día 3 de Mayo aparece en ella 
con el título de Jefe Supremo y Capitán General de 
Nueva Granada, siendo puesta á precio su cabeza 
( diez mil pesos) por el general realista Salvador Moxo. 
El 14 de Julio del mismo año se encuentra Bolívar 
con su antiguo vencedor, el general Morales, al pie 
de la cuesta de Aguáceles, el que le presenta combate, 
y Bolívar, poseído de un desaliento incomprensible 
en un hombre que tanto había lidiado y de que tan 
grandes esfuerzos y recursos había dado muestras, 
es nuevamente vencido y huye del campo de batalla 
á refugiarse en la isla Bonaire. Repuesto de ese mal 
momento, no piensa sino en volver á abrir campaña 
contra los realistas- Vuelve á ella, desembarca en 
Guiria y los patriotas lo reciben tratándolo de cobarde 
y de traidor. Bolívar se ausenta de nuevo deplorando 
tanta ingratitud ; pero llega á la isla Margarita, bus- 
cando siempre recursos para salvar á su patria, y en 
28 de Diciembre de 1816 es llamado por el general 
Arismedi y la mayor parte de los jefes que lo apos- 
trofaran en Guiria, para ponerlo al frente del ejército. 
Bolívar vuelve á campaña, y el 10 de Enero de 1817 
es nuevamente vencido por el coronel don Francisco Gi- 
ménez, quien le toma todos los pertrechos de guerra. 



— 312 — 

Xo se intimida por este nuevo contraste : logra reunir 
nueva gente y nuevos recursos, y pone asedio al 
fuerte de Angostura que, después de un largo tiempo, 
evacúa el general don Miguel de la Torre, mejorando 
con este triunfo le causa de la independencia. Vence 
después en Calabozo al general Morillo, que escapa 
á uñas de un buen caballo ; pero que se repone y 
esperándolo en la memorable planicie de la Puerta, 
donde ya fuera vencido Bolivar, le presenta batalla. 
Esta se realiza, sangrienta, porfiada ; pero al fin, ven- 
cen las tropas realistas, quedando heridos el mismo 
Morillo y los jefes patriotas Urdaneta, Torres y Val- 
dez, no habiendo más heridos. En esta batalla, 16 
de Marzo de i8r8, Bolivar pierde sus papeles. En 
Abril del mismo año, logra reunir un nuevo ejército 
en los llanos de Calabozo. El realista Renovales in- 
tenta asesinarlo ; pero frustra su intento errando la 
descarga que hacen sus soldados. Aprovechando la 
sorpresa que tal hecho infunde en el ejército de Bo- 
lívar, el coronel Rafael López, al frente de cinco es- 
cuadrones, carga sobre él y lo destroza, teniendo que 
huir el mismo Bolivar disfrazado de soldado, mar- 
chando con los restos de su gente hasta Angostura, 
donde se presenta y se prepara á nuevas operaciones. 
El 22 de Octubre convoca un Congreso de los pueblos 
independientes de Venezuela, con objeto de robustecer 
la revolución americana, y el 20 de Noviembre lanza 
su histórico manifiesto por el que ratifica los princi- 
pios proclamados el 5 de Julio de 181 1. Crea la re- 
pública de Colombia ; es investido con el título de pre- 
sidente y general en jefe del ejército, que ensancha 
sus facultades políticas y militares ; forma un nuevo 



- 313 — 

ejército poderoso ; atraviesa la cordillera de los Andes ; 
llega al pueblo de Socha ; ataca y vence en Gomeza y 
en ios pantanos de Vargas, al general realista Barreiro ; 
se apodera de la plaza de Tunja, haciendo prisionera 
á toda la guarnición que la defendía; vuelve á batir al 
general Barreiro, que se rinde con toda su tropa en 
Boyacá, y entra triunfante en Santa Fe de Bogotá, 
que abandona precipitadamente el virrey Sámano con 
toda su gente. En 1820 (26 de Noviembre) firma un 
tratado con el general Alorillo, después del armisticio 
del 3, por el que condenan ambos la guerra de represa- 
lias y se entrevistan cordialmente en el pueblo de 
Trujillo. En 1821 declara roto el armisticio, y ven- 
ce por segunda vez en Carabobo al general Miguel de 
la Torre. El 29 de Junio, después de esa batalla, 
entra triunfante en la capital de Venezuela. En 
1822 (7 de Abril) tiene lugar la batalla de Bom- 
bona, al frente del ejército colombiano, y después 
de doce horas de combate el ejército realista se de- 
clara en derrota, quedando el campo cubierto de 
cadáveres por ambas partes, y el general Bolívar entra 
victorioso en la ciudad de Pasco (Ecuador). Desde 
esa fecha (Abril de 1822) empiezan á confundirse las 
glorias del héroe venezolano con las huestes del ge- 
neral San Martín. Siendo éste protector del Perú, envía 
fuerzas al valiente Sucre, que se hallaba en posición 
difícil. Las fuerzas enviadas por San Martín prestan 
eminentes servicios, y el general Bolívar, reconocién- 
dolo así, dirige una nota de gratitud al protector del 
Perú (17 de Junio). El 26 de Julio de ese año tiene 
lugar la primera entrevista entre San Martín y Bo- 
lívar en Guayaquil (Ecuador). ¿Qué trataron? Por 



— 314 - 

más de medio siglo ha permanecido en el más recón- 
dito misterio: Bolívar se negaba á llevar su ejército 
al Perú para concluir la guerra con los españoles, 
mientras San Martín estuviera allí, y San Martín 
comprendiéndolo se retiró del Perú para no ser obs- 
táculo á la pronta independencia de la América latina. 
San Martín se retira y Bolívar va al Perú, donde el 
Congreso le confiere la más alta autoridad de la Re- 
pública, bajo la denominación de Libertador ( 10 de 
Enero de 1823). El año 1824 el mismo Congreso abolió 
la constitución de 1823, destituyó al presidente Torre 
Tagle é invistió á Bolívar con la suprema dictadura. 
Hace con los ejércitos colombiano, argentino y peruano 
todas las campañas, y el 6 de Agosto vence en Junín 
al general Canterac, discerniendo los honores del triun- 
fo á los Húsares de Junín, mandados por el coronel 
argentino don Isidoro Suárez. En Diciembre 9 tiene 
lugar la batalla de Ayacucho. Sucre es el héroe de esta 
jornada que concluye con la dominación española en 
América; pero Sucre cede los honores del triunfo á los 
consejos de Bolívar. Este recorre el Perú, y las señoras 
de Cuzco le ofrecen una guirnalda de oro matizado de 
perlas finas y brillantes ; pero, Bolívar, al recibirla, la 
entrega inmediatamente á Sucre diciendo : " El es el 
" vencedor en Ayacucho y el verdadero libertador de 
" esta República ; para él todos los honores ". Pasa una 
circular á los gobiernos americanos invitándolos á for- 
mar un Congreso en Panamá. Se le nombra presidente 
vitalicio y se le da el nombre de Bolivia al Alto 
Perú. Marcha á Colombia, á donde se le llama con ur- 
gencia, y allí sabe, en 1827, que no correspondiendo á 
las esperanzas en él fundadas, ha sido destituido y 



— 315 — 

reemplazado por el general Santa Cruz. Funda en 
Colombia la dictadura en 1828 y recibe del Congreso 
facultades omnímodas, pero todos los partidos van 
contra él ; se trama una conspiración para asesinarlo : 
Bolívar llega á saberlo y se salva. Renuncia al mando 
y el nuevo presidente le decreta una pensión vitalicia, 
declarándolo " el mejor ciudadano de Colombia ". A 
los 47 años y seis meses de edad muere Bolívar, 
dejando á la posteridad el asombro de sus extraor- 
dinarios hechos (l) . 

A fuer de impaciales, y como más adelante relata- 
remos el pasaje de los Ancles llevado á cabo por el 
general San Martín, salvando la agreste y elevada cor- 
dillera de los Andes, para ir á libertar á Chile, que 
tan elogiosamente juzgado ha sido por los escritores 
argentinos y extranjeros, reproducimos aquí el juicio 
que el pasaje de los Andes llevado á cabo por Bolívar, 
le merece al ilustre general Mitre y que corre publi- 
cado en su monumental Historia de San Martín, volu- 
men III, 2. a edición., pág. 513 y siguientes. Dice así 
el general Mitre : 



PASAJE DE LOS ANDES ECUATORIALES 

'* Los destinos de la América iban á cambiar en el 
Norte, al atravesar Bolívar los Andes ecuatoriales, 
como cuando San Martín atravesó en el Sud los 
Andes meridionales. Las dos masas batalladoras y 
redentoras de las colonias hispanoamericanas se 

(1) Diccionario Biográfico contemporáneo Sudamericano. 



— 316 — 

' acercaban, y los dos grandes libertadores del Sud y 
' del Norte del continente iban á operar en conjun- 
' ción. 

" La inundación de los llanos, que facilitaba la eje- 
' cución del plan de Bolívar, para invadir la Nueva 
' Granada, por cuanto detenía á Morillo en sus acan- 
' tonamientos, dificultaba su marcha para reunirse con 
' Santander en Casanave. Tenía que atravesar una 
' extensión cubierta casi totalmente de agua, vadear 
' siete caudalosos ríos á nado conduciendo su mate- 
' nal de guerra, y le quedaba aún la mayor dificultad 
' á vencer, que era el paso de la cordillera nevada en 
' pleno invierno. 

" Todo fué superado con constancia sufriendo las 
' más grandes penalidades. El Libertador se reunió 
' con Santander al pie de los Ancles en las nacientes 
'del río Casanave que derrama en el Metu (n de 
'Junio de 1819). Llevaba cuatro batallones de infan- 
tería: Rifles, Bravos de Páez, Barcelona y Albión. 
' este último compuesto totalmente de ingleses. La 
' caballería componíase de dos escuadrones de lance- 
' ros y uno de carabineros de los altos llanos de Ca- 
' racas, con un regimiento nombrado Guías del Apure. 
' en que figuraban los contingentes británicos de esa 
' arma. El total del ejército expedicionario ascendía 
' á 2.500 hombres regularmente armados, pero casi 
' desnudos. Santander tomó la vanguardia con la di- 
' visión de Casanave y penetró en los desfiladeros de 
' la montaña por el camino de Morcóte, con dirección 
' al páramo de Pisba, que conduce al centro de la 
' provincia de Tunja al occidente de los Andes (25 de 
' Junio). Este punto se hallaba defendido por un ejér- 



- 317 — 

" cito de 2.000 infantes y 400 jinetes al mando del co- 
" ronel José María Barreiro, con sus avanzadas sobre 
" la cordillera. En Bogotá se hallaba una reserva res- 
" petable, que aunque debilitada por la marcha del 
" batallón Numancia en 1818 en auxilio del Perú ame- 
" nazado por San Martín después de la batalla de 
" Maipú, contaba todavía con más de mil veteranos, 
" además de las tropas que guarnecían Cartagena y el 
"' valle de Cauca, sin contar el ejército realista que 
" ocupaba Quito. 

" Bolívar, á pesar de su inferioridad numérica, con- 
" fiaba en el efecto que produciría la sorpresa y en el 
" apoyo que esperaba encontrar en el país que iba á 
" conquistar. 

" Al trasladarse el ejército invasor al llano de la 
" montaña, el paisaje cambiaba. Los nevados picos de 
" la cadena oriental de los Andes, se divisaban á la 
" distancia. Al inmenso y tranquilo lago sin horizon- 
" tes de la planicie, se sucedían las grandes masas de 
" agua que descendían bramando de las alturas. Los 
" caminos eran precipicios. Una selva tropical de árbo- 
" les gigantescos, que retiene las nubes en sus cimas 
" y del que desprende una lluvia incesante, sombrea 
" los estrechos desfiladeros. A las cuatro jornadas 
" todos los caballos se habían inutilizado. Un escua- 
" drón de llaneros desertó en masa al verse á pie ; los 
" torrentes eran atravesados por estrechos y vacilantes 
" puentes formados con troncos de árboles, ó por rae- 
" dio de las aéreas taravitas : cuando daban vado, eran 
*' tan impetuosos que la infantería tenia que formarse 
" en dos filas, abrazados los hombres del cuello, para 
" vencer el ímpetu de la corriente, que arrastraba para 
" siempre al que perdía el equilibrio. 



— 318 — 

" Bolívar pasaba y repasaba con frecuencia á caballo 
'* estos torrentes, transportando á la grupa de una orilla 
" á otra á los enfermos, á los más débiles ó á las rau- 
" jeres que acompañaban á sus soldados. Este era 
" relativamente el jardín selvático de la montaña en 
" que la temperatura húmeda v caliente hace sopor- 
" table el tránsito con el auxilio de la leña. A medida 
" que se asciende, el aspecto varía y las condiciones 
" de la vida se alteran. 

" Inmensas rocas caóticas superpuestas y monto- 
" nes de nieve, forman el límite monótono del desierto 
" escenario : las nubes que coronan las selvas de la 
" falda, vense á los pies en las profundidades de los 
" abismos : un viento glacial y silencioso cargado de 
"agujas heladas, sopla en esta región; no se oye más 
" ruido que el de los torrentes lejanos y el grito del 
" cóndor ; la vegetación desaparece, y sólo crecen allí 
" los liqúenes, y una planta, que por su tronco con hojas 
" velludas á manera de gasa fúnebre y coronada de 
" flores amarillentas, ha sido comparada á una antor- 
" cha sepulcral (l) ; para hacer más lúgubre el camino. 
" todo su trayecto estaba señalado por cruces de los 
" viajeros muertos á lo largo del Este del páramo. 



(i) Es la Espeletia frailexon Bogotensiun, de Humboldt 
y Bompland. Sinopsis plantarum Equinotialum. Vol. II, pá- 
gina 504. — Caldas : Cuadro físico de las regiones equi- 
nocciales. 

Esta planta singular tiene una hermana en las elevadas 
montañas del Asia Central, que ha sido bautizada por el 
naturalista ruso Tchaieff con el poético nombre de Alba 
nivea Stclla altitudinc, blanca nivea estrella de las alturas, 
que crece á 4.000 metros sobre el nivel del mar y en regiones 



— 319 — 

" Al entrar el ejército expedicionario en la región 
glacial del páramo, los víveres se habían agotado ; el 
ganado en pie. único recurso con que contaban, no pu- 
do resistir á las fatigas. Al tocar la cumbre, se encon- 
traba el desfiladero de Paya, que bien defendido, po- 
día detener la marcha de un ejército, con un solo ba- 
tallón. Estaba defendido por un destacamento de 300 
hombres, que la vanguardia de Santander desalojó 
fácilmente. El ejército empezaba á murmurar. Bolí- 
var, para dominar moralmente este desaliento, con- 
vocó una junta de jefes, y después de manifestarles 
los obstáculos mayores que aún quedaban por vencer, 
les consultó sobre si debían ó no perseverar en la em- 
presa. Todos fueron de opinión en seguir adelante. 
Esto infundió nuevo aliento á las tropas. 

" Al trasmontar la gran cordillera, más de cien hom- 
bres habían muerto de frío, cincuenta de ellos in- 
gleses. Ninguna cabalgadura había podido resistir 
á las fatigas. Fué necesario abandonar las armas de 
repuesto y parte de las que los soldados llevaban en 
las manos. Al descender las pendientes occidentales 
de la cordillera, el ejército de Bolívar era un esque- 
leto (l >. 

tan yermas, que el hombre difícilmente llega á hollar con su 
pres-Micia. Es una planta perenne, cuyas flores son completas, 
es decir, poseen los cuatro verticilos florales, todos ellos de 
una blancura inmaculada. Su nombre es un justo homenaje 
rendido á su belleza. — N. del A. 

(1) La relación que los historiadores colombianos hacen 
del paso de los Andes ecuatoriales por Bolívar, apenas da 
idea de las dificultades vencidas ni de H naturaleza del 
terreno. Gervinus, en su Histoirc du XIX sicclc, utilizando las 
relaciones de los oficiales ingleses que asistieron á esa cam- 



— 320 — 

" En tan deplorable estado, ocupó el ameno valle de 
Sogamoso, en el corazón de la provincia de Tunja (6 
de julio de 1819). Desde este punto, el Libertador 
envió auxilios á los cuerpos retrasados, reunió ca- 
ballos, desprendió partidas al interior, se puso en co- 
municación con algunas guerrillas que existían en el 
país. 

" El enemigo sorprendido, que ignoraba el número 
de invasores, se mantuvo á la defensiva en fuertes 
posiciones. Reconcentrado el ejército independiente, 
después de algunos reconocimientos recíprocos y com- 
bates de vanguardia, Bolívar, por una hábil marcha 
de flanco, tomó la retaguardia del enemigo ocupando 
un país abundante en recursos, remontó sus fuer- 
zas. Con poca diferencia, los movimientos estratégi- 
cos de San Martín al pasar los Andes meridionales, 
se repetían. Barreiro abandonó las posiciones que ha- 
bía ocupado por el frente, y se atrincheró en un 
punto llamado Los Molinos de Bonza, cubriendo el 
camino de la capital de Bogotá, amenazado ; Bolívar 
ocupó á su frente una posición inexpugnable. Ambos 
ejércitos permanecieron así á la defensiva, obser- 
vándose. 

" Era urgente para los invasores tomar la ofensiva 
' antes que la fuerte guarnición de Bogotá con que 



paña, hace una brillante descripción, llena de animación y 
colorido. En nuestra relación nos hemos guiado por los datos 
históricos que suministran Restrepo y Baralt y Díaz, teniendo 
presente el Cap. X de Campaigns and criases in Venezuela 
and Nezv Granada, cuyo autor habla como testigo, y del cual 
Gervinus ha tomado las más bellas pinceladas para formar su 
cuadro. 




A~ 



^„ 




— 321 — 

' contaba el virrey Sámano, se pudiese unir con la 
' división de Barreiro, y que Morillo acudiese en auxi- 
' lio del pais invadido. Bolívar, por una nueva y atre- 
' vida marcha de flanco, atravesó el río Sogamoso, se 
' puso sobre su retaguardia buscando una batalla, y obli- 
¿ gó á los realistas á abandonar sus atrincheramientos y 
' á situarse en el " Pantano de Vargas ". La acción que 
se empeñó fué reñida, aunque indecisa (25 de Julio). 
Al principio, llevaron la ventaja los españoles, que 
tomaron la iniciativa, pero restablecido el combate, 
Bolívar se replegó á la posición que antes ocupara, 
imponiendo con su actitud al enemigo. En seguida, 
hizo un movimiento general, trasladándose á la mar 
gen derecha del Sogamoso, y amagando un ataque 
obligó á Barreiro á replegarse, á fin de cubrir el ca- 
mino de Tunja y Socorro, que parecía ser el objetivo 
(3 de Agosto). Para hacer creer al enemigo que vol- 
vía á su antigua posición, ejecutó una ostensible 
marcha retrógrada á la luz del día ; pero en la noche 
efectuó una contramarcha, y ocupó la ciudad de 
Tunja, donde se apoderó de 600 fusiles y de los de- 
pósitos de guerra, sorprendiendo á su débil guarni- 
ción (5 de Agosto). De este modo quedó interpuesto 
entre el ejército realista en campaña y Bogotá, cor- 
tando las dos fuerzas que defendían el valle del Alto 
Magdalena. Barreiro, comprendiendo la importancia 
de este movimiento, se apresuró á restablecer sus 
comunicaciones perdidas, y se puso resueltamente 
en marcha hacia Bogotá ; ya era tarde. No tenía sino 
dos caminos precisos que seguir, que el ejército repu- 
blicano dominaba desde las alturas de Tunja. Bo- 
lívar, observando que tomaba el más directo que 

t. 1. 21 



— 322 — 

" conducía á Bogotá, pequeño río que corre hacia el 
" oriente, ocupó sobre su margen derecha el puente por 
" donde necesariamente tenía que atravesarlo el ene- 
"migo" (I " 2 >. 

Bolívar, General don Simón. 
Al general San Martín. 

Caracas, 1887. — Memorias de O'Lcary. — 
Vol. XXIX, ya citadas. 

Fechada en Trujillo á 23 de Agosto.de 1821, esta 
carta dice así : 

" Exorno. Señor : 

" Mi primer pensamiento en, el campo de Carabobo, 
" cuando vi á mi patria libre, fué V. E., el Perú y su 
" ejército libertador. Al contemplar que ya ningún 
" obstáculo se oponía á que yo volase á extender mis 
" brazos al Libertador de la América del Sud, el gozo 
" colmó mis sentimientos. V. E. debe creerme, después 
" de el bien de Colombia, nada me ocupa tanto como 
" el éxito en las armas de V. E. tan digna de llevar sus 
" estandartes gloriosos, donde quiera que haya esclavos 
'"' que se abriguen á su sombra. 

" Quiera el cielo que los servicios del ejército Colom- 

(1) Para inteligencia de los movimientos de esta campaña, 
véase: i.° Codazzi, en Atlas físico y político de la República 
de Venezuela, el Mapa de Venezuela y Nueva Granada. 2° 
Carta orográfica del Estado de Boyacá, por Manuel Ponce de 
León, ingeniero, y Manuel Paz, 1864. 

(2) Mitre, B. — Historia de San Martín y de la emanci- 
pación Sudamericana, 2. a edición, cap. XLIII, pág. 513. 
Vol. III. 



- 323 - 

" biano no sean necesarios á los pueblos del Perú ! Pero 
" él marcha penetrado con la confianza de que unidos 
" con San Martín, todos los tiranos de la América no 
" se atreverán ni aún á mirarlo. 

" Suplico a V. E. se digne recoger con indulgencia 
" los testimonios sinceros de mi admiración, que mi 
" primer edecán, el coronel Ibarra, tendrá la honra de 
" tributar á A'. E. El será, además, el órgano de las 
" comunicaciones interesantes á la libertad del Nuevo 
" Mundo. 

" Acepte V. E. el homenaje de la consideración y 
" respeto con que tengo el honor de ser de V. E. su 
"más atento obediente servidor. — Bolívar". 

Bolívar, General don Simón. 

Carta á don Fernando Peñalver, á propósito 
de San Martín. 

Caracas, 1887. — Memorias de O'Leary. — 
Vol. XXIX, ya citadas. 

En esta carta, fechada en Cuenca el 26 de Sep- 
tiembre de 1822, que dada su importancia trascribimos, 
el Libertador confía á su amigo Peñalver la impresión 
que le hiciera San Martín cuando lo conoció en Gua- 
yaquil. 

El Libertador se expresa así : 

" Mi querido Peñalver: 

" Hace mucho tiempo que no recibo cartas de usted 
" y como no sé de su salud, le pregunto por ella, y por 
" la situación que ha tomado, ó va á tomar. 



— 324 — 

" También me alegraría mucho saber ele usted, cuál 
" es el estado moral y político del pueblo y Gobierno 
" de Venezuela. Cuando pregunto esto, más deseo sa- 
" ber lo triste que lo brillante; porque para lo brillante 
" no faltan plumas. La libertad del Sud nos ha dado 
" cuatro hermosas provincias ; la de Quito, que es gran- 
" de, bella y poblada : y Guayaquil, que es incomparable 
" y preferible á todas, aunque menos poblada : en lo su- 
" cesivo dará un millón de pesos anuales. Todo el país 
" es abundante de víveres ; muy patriota y muy colom- 
" biano. Los valles de Quito son muy pintorescos, pero 
" están amenazados de horribles volcanes ; y yo auguro 
" que este país será inundado de fuego, y no le en- 
" cuentro otro defecto. 

" Yo pienso que el Sud será nuestra reserva en todos 
"los casos de apuro: así estoy procurando hacerle 
" todo el bien imaginable, de modo que cada provincia 
"' en particular ha recibido beneficios señalados. 

" En fin, mi amigo, me he propuesto mejorar, cuanto 
" esté en lo posible, un país que tiene vecinos seduc- 
" tores y rivales, con el objeto que nuestra buena con- 
" ducta sea toda su defensa. 

" El general San Martín vino á verme á Guayaquil, 
" y me pareció lo mismo que ha parecido á los que más 
" favorablemente juzgan de él, como Francisco Rivas, 
" Juancho Castillo y otros. Yo he mandado dos mil 
"quinientos hombres de Colombia al Perú, y han lie - 
" gado y deben haber entrado en campaña. No siendo 
" adivino, no sé cuál será el resultado de esta lucha, 
" porque las fuerzas son relativamente iguales. Pienso 
" quedarme en el Sud hasta la decisión de la suerte del 
" Perú, porque en caso fatal, tenemos que hacer esfuer- 



— 325 - 

zos inauditos para terminar la guerra por esta parte. 

" Chile ha instalado ya su Congreso ; Lima habrá 
hecho lo mismo ; los gobiernos de estos dos estados 
son realistas, y los pueblos republicanos, así es que 
hay una lucha cruel, y quién sabe si justa por parte 
de los jefes. Iturbide ya sabe usted que se hizo em- 
perador por la gracia de Pío, primer sargento ; sin 
duda será muy buen emperador. 'Su imperio será 
muy grande y muy dichoso, porque sus derechos son 
legítimos, según Voltaire. por aquello que dice : El 
primero que fué rey, fué un soldado feliz, aludiendo 
sin duda al buen Nemrod. 

" Mucho temo que las cuatro planchas cubiertas de 
carmesí, que llaman trono, cuesten más sangre que. 
lágrimas y den más inquietudes que reposo. Están 
creyendo algunos que es muy fácil ponerse una co- 
rona y que todos lo adoren ; y yo creo que el tiempo 
de las monarquías fué, y que hasta que la corrupción 
de los hombres no llegue á ahogar el amor á la li- 
bertad, los tronos no volverán á ser de moda en la 
opinión. Usted me dirá que toda la tierra tiene tro- 
nos y altares ; pero yo responderé que estos monumen- 
tos antiguos están todos minados con la pólvora mo- 
derna y que las mechas encendidas las tienen los fu- 
riosos que poco caso hacen de los estragos. 

" Amigo Peñalver, escríbame usted mucho y créame 
" su mejor amigo. — Bolívar". 

Bolívar, General don Simón. 

Carta confidencial al gran mariscal del Perú, 
don José de la Mar, á propósito de la impresión 



- 326 - 

que recibiera cuando conoció al Libertador del 
Sud, en Guayaquil. 

Caracas, 1887. — Memorias de O'Leary. — 
Vol. XXIX. 

En esta carta, fechada en Lo ja el día 14 de Octubre 
de 1822, Bolívar se expresa en los siguientes términos 
acerca del Protector del Perú : 

"Estimado amigo: 

" Es infinita la satisfacción que he tenido al saber 
" que está usted á la cabeza del Poder Ejecutivo del 
" Perú. La pérdida que se ha hecho del general San 
" Martín, no puede ser reparada sino por usted y el 
" general Alvarado. Crea usted, que el gozo que me 
" ha dado el acierto del Congreso ha sido mitigado 
" por la súbita separación del Protector. Los hombres 
" públicos valen tanto cuanto es la opinión que se tiene 
" de ellos. 

" El general San Martín era respetado del ejército. 
" acostumbrado ya á obedecerle ; el pueblo del Perú 
" le veía como á su Libertador : él, por otra parte. 
" había sido afortunado, y usted sabe que las ilusiones 
" que presta la fortuna, valen á veces más que el 
" mérito. En fin, mi amigo, el Perú ha perdido un 
" buen capitán y un bienhechor. Pero el Perú debe con- 
solarse con -la idea de que el Congreso es dirigido 
" por la sabiduría, cuando ha dado tanto acierto á sus 
" direcciones que han recaído en dos hombres grandes. 

" Yo estoy encantado, mi querido general, en saber 
" que usted es el jefe de la administración. El general 
" Castillo ha debido dar á usted de mi parte, una 
" prueba irrevocable de estos sentimientos. Yo previ 



— 327 — 

' que usted había de reemplazar al Protector, desde que 
' tuve la fortuna de conocer á éste en Guayaquil : me 
' parecía muy distante de querer continuar en el mari- 
' do ; y así, juzgué que la buena suerte llevaba á usted 
' al Perú á sucederle. 

" Tuve presente que los votos del Congreso podrían 
' dividirse entre el general Alvarado y usted. Sin em- 
' bargo, no dejaba de pensar que el general Alvarado 
' estaba llamado con urgencia á dirigir las operaciones 
' militares, siendo compañero de armas de todos los 
' jefes y oficiales de ese ejército aliado, además de 
' otras muchas cualidades que son comunes á usted 
' y que necesita todo hombre que dirige un Estado en 
' medio de las convulsiones de la revolución y de la 
' guerra. 

" Reciba usted, mi amigo, mis cordiales felicitacio- 
' nes. Puede usted contar con todo lo que depende de 
' mí para alcanzar el término de su carrera, con dicha 
" y gloria. En esta parte yo me felicito también, mas 
' no puedo dejar de tener cerca á mi corazón todas 
' las angustias que usted va á devorar, teniendo que 
' arrostrar el embarazo de las pasiones ajenas y el 
' cúmulo de obstáculos que la revolución, en su mar- 
' cha, multiplica como se van esperando. No obstante 
todas esas consideraciones melancólicas, usted no debe 
' desmayar encontrándose afortunadamente en la si- 
' tuación que se requiere para alcanzar á llenar una 
' carrera gloriosa : usted es veterano viejo en el mun- 
' do, su cabeza está adornada de laureles y de ideas 
'liberales, justas y exactas; usted no está combatido 
' por sentimientos interesados ; ningún partido exte- 
' rior le acosa, ningún empeño personal excitará sus 



- 328 - 

" aspiraciones, usted no teme á la muerte, y usted ama 
" la libertad ; pocos merecieron tal elogio. 

" Mucho siento tener que indicar á usted, de paso, 
" que las imprentas de Lima no me tratan tan bien 
" como la decencia parecía exigir (I} . 

" Quiero suponer que mi conducta ó la del Gobier- 
" no sea viciosa ; no basta, sin embargo, esta causa 
" para empeñarse Naciones amigas en increparse unas 
"" á otras sus defectos. Colombia ha podido manifestar 
" desaprobación á algunas operaciones de los Gobier- 
" nos Americanos; y Colombia se ha abstenido de la 
" murmuración, influyendo, así, para impedir el uso 
" de un arma que no es dado á todos manejar con 
" acierto y justicia. Yo espero, mi amigo, que usted 
" impedirá este abuso que se está haciendo contra mí, 
" para no verme obligado á mandar órdenes al general 
" Castillo, que me serán desagradables, pues no es de 
" razón que la moderación de Colombia se retribuya 
" con ultrajes. 

" Tampoco es del caso hablar á usted ahora de otros 
" negocios ; pero usted me permitirá que le indique 
*' que deseo infinito que el Congreso autorice al Poder 
" Ejecutivo para que termine el negocio de Límites 
"de Colombia; ahora que somos amigos de corazón, 
" es bueno señalar nuestras jurisdicciones, á fin de im- 
" pedir un abuso, una mala inteligencia, ó una guerra 
" quizás en el futuro. Lsted hará un gran bien al 
" Perú, y á Colombia se le da una base de amistad. 

" Acepte usted los sentimientos de consideración con 
" que soy de usted atento servidor. — Bolívar ". 

(i) Los periódicos rivagüerinos. — N. di:l A. 



— 329 - 

Bolívar, General Simón. 

Viva la Patria. Gaceta Ministerial Extraor- 
dinaria de Chile. 

República Colombiana. Simón Bolívar, Li- 
bertador y Presidente de Colombia, etc., etc. 
Al Excmo. señor Director Supremo de la Re- 
pública de Chile. 

Santiago de Chile, domingo 4 de Febrero de 
1821. — Imprenta del Comercio. 

Bollo, Santiago. 

Manual de Historia de la República Orien- 
tal del Uruguay, por Santiago Bollo. 

Montevideo, 1897. — 1 vol., 4. mayor, i. a 
edición. Con retratos, planos y mapas. 

Imprenta El Siglo Ilustrado, de Tnrenne, 
Yarzi y Ca., Uruguay 324. — A. Barreiro y 
Ramos, editor. Calle Cámaras esq. 25 de Mayo. 
1. a y 2. a Partes. 

11. a Parte. — Guerra de la Independencia. 
Capitulo IV. — El Combate de San Lorenzo. 

Boonen Rivera, General J. 

Estudio comparativo sobre el paso de los Al- 
pes y el de los Andes, por J. Boonen Rivera. 

Buenos Aires, 1910. — La Argentina, Ene- 
ro 5. t 

Artículo traducido del Fígaro de París y pu- 



- 330 — 

blicado en La Prensa de Buenos Aires, el 19 
de Diciembre de este año. 

Este estudio fué publicado eu francés por su autor, 
con motivo de la inauguración en Boulogne-sur-Mer 
de la estatua del general San Martín. 

El general Boonen Rivera describe así la formación 
del glorioso ejército de los Andes, libertador de Chile. 

" Cuando en el mes de Agosto de 1814 San Martín 
" tomó el gobierno de Cuyo, que comprendía las actúa - 
" les provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, la 
" España, libre de la invasión francesa, podía consa- 
" grar todos sus medios á combatir la rebelión de sus 
" colonias ; Chile caía en poder de los realistas ; la re- 
" volución de Bolivia estaba sofocada y la República 
" Argentina, fatigada por numerosas y estériles cam- 
" pañas, veía agotarse sus modestos recursos y no lo- 
" graba crear otros nuevos. 

" San Martín había solicitado el gobierno de Cuyo 
" para poner en ejecución un plan que maduraba desdo 
" hacía tiempo. Convencido de que la fuerza de la do- 
" minación española se hallaba en el Perú, quería avan- 
" zar hasta Lima para abatirla y obtener la libertad de 
" los nuevos estados. Al mismo tiempo creía que la 
" línea de operaciones para llegar hasta allá no era la 
" adoptada por Belgrano y Pueyrredón, — desde Salta. 
" á través de las altas mesetas que forman el territorio 
" de Bolivia — sino la del mar, saliendo de las costas 
" chilenas para llegar á Lima, sin luchar con los nume- 
" rosos obstáculos naturales que habían desmoralizado 
" á los patriotas en las numerosas campañas anteriores 
" y acarreado grandes desastres. 



— 331 - 

" San Martín escribía el 23 de Abril de 1816 á uno 
" de sus amigos : " Nuestra patria no hará su camino 
" por la ruta del Norte, si no es para una guerra pura • 
" mente defensiva. Le he dicho ya á usted mi secreto : 
" un pequeño ejército, sólido y bien organizado en 
" Mendoza, para dirigirse á Chile y acabar ahí con los 
" españoles : establecer en Chile un gobierno amigo y 
" después unir nuestras fuerzas para dirigirnos por 
" mar á tornar Lima y terminar la guerra. 

" Los 958 soldados que San Martín encontró en la 
" provincia de Cuyo, le sirvieron de base para la crea- 
" ción del ejército de los Andes. Después de tres años 
" de incesante trabajo, este ejército llegó á tener 3.987 
" oficiales y soldados, gracias á la incorporación de 
" refugiados chilenos, voluntarios y esclavos libertos de 
" las provincias de Cuyo y Buenos Aires. La moviliza- 
" ción de las milicias regionales suministró los servicios 
" auxiliares para el tren de bagajes. 

" Para darse cuenta del inaudito esfuerzo que esta 
" organización había exigido á San Martín, es menester 
" recordar que Mendoza, cuya población llegaba en- 
" tonces á unos diez mil habitantes, está situada á más 
" de 1000 kilómetros de Buenos Aires, de donde era 
" preciso sacar los recursos para vestir, armar y equipar 
" á los soldados. 

" El ejército de los Andes tenía un batallón de arti- 
" Hería, cuatro de infantería y un regimiento de caba- 
" Hería ; el armamento de la artillería se componía de 
" 10 piezas de combate de 6 libras, 2 morteros de 6 pul- 
" gadas y 9 piezas de montaña de 4 libras. Para el ser- 
" vicio del ejército se disponía de 9.000 caballos y 
" muías. 



- 332 - 

" Los españoles tenían en Chile 5.000 hombres de tro- 
' pas, bien armados, avezados á las fatigas por las lar- 
' gas marchas de las campañas de 18 12-14. Las altas 
' clases sociales chilenas hacían cansa común con los 
' realistas y sólo el pueblo, cuyo espíritu de indepen 
' dencia era mantenido por algunos patriotas, esperaba 
' la llegada de San Martín y veía en él al libertador. 

" El macizo de los Andes separaba á los adversarios 
' y oponía un obstáculo casi insuperable á los proyectos 
' de ofensiva de ambos partidos. "La idea de las mon- 
' tañas que debemos franquear para realizar nuestros 
' proyectos, me impide dormir ", exclamaba San Mar» 
' tín en una carta á Pueyrredón. 

" Napoleón, hablando de las fronteras de los estados, 
' ha dicho : " De todos los obstáculos que se oponen á 
' la marcha de un ejército, los más difíciles de fran- 
' quear son los desiertos ; vienen en seguida las altas 
' montañas y sólo en tercer lugar figuran los grandes 
' ríos ". 

" La sección de los Andes que separa á Mendoza, 
' base de la concentración de San Martín, de Santiago, 
' la capital de Chile, objetivo de sus operaciones, es una 
' de las cadenas más altas del mundo, y un desierto de 
' cerca de 200 kilómetros de ancho se extiende á 2.000 
' metros de altura media entre las vertientes del Pací- 
' fico y del Atlántico, que es preciso pasar franqueando 
' la cumbre á cerca de 4.000 metros de altura. En estas 
' regiones desoladas por el enrarecimiento del aire. 
' las fuerzas del hombre se abaten y el valor lo aban- 
' dona. 

" San Martín había escogido sabiamente á Mendoza 
" para efectuar la concentración de sus fuerzas, tanto 



— 333 — 

" por ser la distancia más corta á su objetivo, como para 
" cubrir á la República Argentina de los proyectos ofen- 
" sivos que los españoles hacían en Chile y cuya prepa- 
" ración le había sido indicada por los patriotas ch¡- 
" leños. 

" De Mendoza partían los dos caminos más frecuen - 
" tados entre las vertientes del Atlántico y las del Pací- 
" fico. 

" Estos caminos tenían un desarrollo de cerca de 525 
" kilómetros entre Mendoza y Putaendo y 310 kilóme- 
" tros entre Mendoza y Santa Rosa de los Andes, 
" centros chilenos de la hoya del Aconcagua, primer ob- 
" jetivo que era preciso alcanzar para dirigirse en se- 
" guida sobre Santiago. 

" El 18 de Enero de 1817 San Martín comienza sus 
" operaciones. Divide su ejército en dos columnas, toma 
" con la más importante el camino de Valle Hermoso á 
" Putaendo y confía la otra á su segundo, el general 
" Las Heras, que sigue el camino de Santa Rosa y que 
" está encargado de despejar la salida de los desfiladeros 
" á la columna principal. 

" Las instrucciones de San Martín son un modelo. 
" Todo está previsto, el largo de las etapas, la relación 
" que debe guardar la marcha de las dos columnas para 
" asegurar el éxito de la operación, los senderos por los 
" cuales se le deben enviar noticias, la manera de asegu- 
" rar la conservación del material y la salud de los hom 
" bres en la región desierta que hay que atravesar. Todo 
" deja ver que había estudiado largamente los obstácu- 
" los que debía vencer para llegar en buenas condicio- 
" nes al valle del Aconcagua y sorprender á los españo- 
" les antes de que pudiesen concentrar sus fuerzas. 



- 334 - 

" En las instrucciones para el transporte del niate- 
" rial de artillería, hay detalles que absolutamente re- 
" cuerdan las órdenes de Napoleón para hacer pasar 
" su artillería bajo el fuego del fuerte de Bard, y que 
" San Martín obtuvo, sin duda, de los oficiales de la 
" Grande Armée, á quienes había conocido durante 
" su servicio en las filas españolas, en la guerra de la 
" península. 

" El 8 de Febrero, habiendo el ejército de los An- 
" des franqueado felizmente la cordillera, hizo la con- 
" centración en San Felipe y se dispuso á marchar 
" sobre Santiago. El 12 obtuvo la espléndida victoria 
" de Chacabuco, que le abrió las puertas de la capital 
" de Chile, primer objetivo de sus operaciones ". 

Boonen Rivera, General J. 

El paso de los Alpes y el de los Andes. Na- 
poleón y San Martín. 1800-1817. 

Buenos Aires, 1909. — La Prensa, Diciem- 
bre 19. 

El señor J. Boonen Rivera es autor de un Ensaye 
sobre la Geografía Militar de Chile, obra muy reco- 
mendable por su distribución y por los datos intere- 
santes que contiene. En la actualidad desempeña el 
cargo de general de división del Ejército Chileno. 

Boonen Rivera, General J. 
Ensayo sobre la Geografía Militar de Chile. 
Santiago de Chile, 1897. — 2 vols. 4.°, i. a . 



- 33ñ - 

— Imprenta Cervantes. Bandera, número J$. 
Campaña de i8i/. 

Boqui, José. 

El ciudadano José Boqui. — Exposición. 

Lima, 1823. — 1 folleto 4. , 4 págs. — Im- 
prenta del Río. Mayo 10 de 181 7. 

El señor José Boqui fué uno de los agentes secretos 
más eficaces que tuvo San Martín en el Perú, cuando 
preparaba en Chile el ejército para invadir el país de?. 
los Incas. 

Este agente, con una audacia desmedida, que hace 
honor á su memoria, conseguía y trasmitía continua- 
mente las informaciones más minuciosas que aquél 
pudiera necesitar para la campaña que pensaba llevar 
á cabo. 

La Exposición del ciudadano José Boqui está desti- 
nada á reclamar del gobierno peruano que le reconoz- 
can sus servicios y que se le ajusten sus haberes. 

Bores, Silvano. 

Discurso pronunciado en ¡a Cámara de Di- 
putados de la Nación con motivo del proyecto 
presentado por el doctor Zcballos mandando 
erigir un monumento al ejército de los Andes, 
en la ciudad de Mendoza. 

Buenos Aires, 1889. — Diario de Sesiones 
de la Cámara de Diputados. Año 1888. Volu- 
men I. Sesión del 4 de Julio. — Imprenta de 
Sud América, calle Bolívar, N.° 164. 



336 



Borgoño, José Manuel. 

Defensa del coronel don Agustín Gamarra, 
presentada al Consejo de Oficiales Generales 
en 22 de Mayo de 1822, por el H. S. coronel 
comandante general de artillería, don José Ma- 
nuel Bor gofio, su defensor. 

Lima. — Impreso en la Casa de Expósitos. 
— Año 1822. — 1 folleto 4. , 15 págs. 

Bosch, Ernesto. 

Monumento á San Martín en Francia. — Re- 
cuerdos gratos de Boulogne. — Despedida á 
los militares argentinos. 

Buenos Aires, 19 10. — La N ación, Abril 2. 

Nota del ministro argentino en París al ministro 
de relaciones exteriores, dándole cuenta de la orden del 
día expedida por el ministro de la guerra de la Re- 
pública Francesa á las tropas de la guarnición de Bou- 
logne- sur-Mer, en extremo elogiosa para las tropas 
argentinas de mar y tierra que asistieron á la inau- 
guración del monumento al general San Martín, en 
aquella localidad. 

Bossi, Capitán Bartolomé. 

Viaje pintoresco por los ríos Paraná, Para- 
guay, San Lorenzo, Cuyabá y el Avino tribu- 
tario del Grande Amazonas, con la descripción 
de la provincia de Matto Grosso. 



- 337 — 

París, 1863. — 1 vol. 4. , 1. a , 154 págs. Con 
retratos, ilustraciones y un mapa. — Librería 
Parisiense, Dupray de la Machérie, 14, Rite 
d'Enghien. 

El Convento de San Lorenzo. La acción del 
mismo nombre. Recuerdos históricos. 

Bouillet, M. N. 

Dictionnairc Universel d'Histoirc ct de Gco- 
graphie, etc., etc., par M. N. Bouillet. 

Nouvelle Edition. — París, 1857. — 1 vol. 
in fol. Suplément, 1840- 1856. 

Bourdon, Georges. 

Les jetes de Boulogne-snr-Mer. — France ct 
Amérique. — Le nwnnmcnt de José de San 
Martín. 

Paris, 1909. — Le Figaro, 55. a année, 3.° se- 
rie, N.° 298, Lundi, 25 Octobre. 

El artículo del señor Bourdon, corresponsal especial 
enviado por Le Figaro á las fiestas celebradas en Bou- 
logne-sur-Mer, con motivo de la inauguración del mo- 
numento al general San Martín, es una brillante reseña 
histórica de la vida y hazañas del héroe americano cá 
la par que una crónica completa y animada de las fiestas 
celebradas en su honor, en ocasión de la erección clel 
monumento con que la gratitud argentina consagra 
á perpetuidad la memoria inmortal del vencedor de 
Chacabuco y Maipú y redentor de Chile. 

t- 1 



— 338 - 

El señor Bourdon, después de ocuparse de los Gra- 
naderos á caballo, argentinos, que enviados especial- 
mente de Buenos Aires, para que rindieran honores al 
monumento del glorioso fundador del cuerpo á que 
pertenecen y herederos de sus glorias, dice : 

" Ce shako, ees tuniques bienes a boutons d'or, ees 
" baudriers blancs, nous les avons vu dans les dessins 
" de Raffet, nous les avons touchés au musée de l'Ar- 
" mee. N'est pas un escadron de la grande armée, re- 
" venue des profondeurs de l'histoire, afin d'apporter, 
" aux fils du héros qui a parcouru la moitié du nou- 
" veau monde pour trancher tous les liens de servitude, 
" le salut de ceux qui ont porté á travers l'ancien monde 
" l'image de la liberté ? 

" lis sont les grenadiers de José de San Martin, les 
" continnateurs des héros qu'il forma, les soldats ac- 
" tuels de ce régiment de quinze cents hommes qu'il 
" mit deux ans a creer et á aguerrir, et qui, de 1814 
" á 1826, ayant livré cent combats, traversé quatre mille 
" lieues de territoire, donné dix-neuf généraux a cause 
" de la liberté, semé de héros les routes de la victoire, 
" deposa les armes quand son ceuvre fut achevée. 

" Sur quinze cents combattants, cent vingt-six seule- 
" ment survivaient. Mais ils avaient mis au monde trois 
" républiques. C'est pour honorer le magnanime héros 
" qui accomplit cette ceuvre prodigieuse que Boulogne 
" est en féte ". 

A esta breve reseña histórica de los hechos más im- 
portantes de la vida del general San Martín, sigue la 
reseña de la inauguración del monumento, el banquete, 
los discursos, etc. 

El señor Bourdon es un escritor distinguido cuyos 
escritos se caracterizan por un estilo vigoroso y ameno. 



- 339 - 

Bourdon, Georges. 

Francia y América. Las fiestas de Boulogne. 
Lo que se piensa de la Argentina. 

Buenos Aires, 1909. — La Nación, 21 de No- 
viembre. 

Esta reseña de las fiestas realizadas en Boulogne- 
sur-Mer fueron trasmitidas telegráficamente á Le Fí- 
garo de Paris, por el enviado especial encargado de in- 
formarlo de las ceremonias realizadas con motivo de la 
inauguración del monumento del general San Martín, 
en aquella localidad. La Nación, en vista de su impor- 
tancia, la hizo traducir y la entregó á la publicidad. 

Brackenridge, M. 

Voyage to South America, pcrformed by 
order of the American Government, iu the 
years 1817 and 1818, in the frigate Congress. 
By Al. Brackenridge, esq. Secretary to the 
mission; in tzvo voluntes. Baltimore, 18 ig. 

Esta obra fué escrita por los delegados enviados por 
el Gobierno Norte Americano al Río de la Plata para 
estudiar in situ los hombres y la verdadera marcha de 
los acontecimientos revolucionarios. 

" Deseoso el presidente de los Estados Unidos de 
estar al tanto de los trabajos llevados á cabo por los 
hijos del Río de la Plata, nombró una comisión com- 
puesta del honorable ciudadano doctor César Augusto 



— 340 - 

Rodney, hijo del coronel don Tomás Rodney, uno de 
los valientes militares que, arrostrando todos los peli- 
gros, se puso al frente de los primeros ejércitos que 
aparecieron en América para conquistar su independen- 
cia ; su tío fué César Rodney, uno de los que sellaron 
con su nombre ese documento que honra tanto á su país 
y desde cuya fecha data la libertad de América. Llegado 
apenas á la edad de 22 años, que es un año después de 
los que las leyes inglesas y americanas exigen para en- 
trar en la mayoridad, fué llamado á desempeñar el car- 
go de representante en el cuerpo legislativo de su Esta- 
do. Desde entonces dio á conocer las virtudes que debían 
distinguirle como hombre público. 

" Sus virtudes morales no pudieron menos que hacer- 
le merecedor del aprecio de todos sus conciudadanos: 
en consecuencia fué llamado á la representación nacio- 
nal, en cuyo puesto acreditó el amor á su patria, de que 
estaba animado. Colocado en este importante cargo en 
circunstancias en que el vértigo de las pasiones apenas 
daba lugar á la razón, en que los partidos ocupaban el 
puesto que correspondía á los intereses de su patria, se 
convenció de que el deber sagrado de un representante 
era representar á su pueblo ilustrándolo. Se mostró, 
pues, con un carácter lleno de moderación, sin preten- 
sión al brillo, sin adherirse á partido alguno, y huyendo 
siempre de todo lo personal y de toda idea que perte- 
neciese á una fracción : siguió tan sólo la senda que con- 
ducía al bien general. 

" Usando entonces del espíritu de conciliación con que 
le había adornado la naturaleza, y aprovechándose de 
las ideas y del celo de unos y otros, supo obtener siem- 
pre un resultado útil á los intereses del país ; llegando á 



— 341 - 

ser de ese modo, el magistrado natural de su patria. 
Tal conducta le hizo acreedor á las consideraciones de 
su gobierno, quien lo llamó á servir en el gabinete, 
donde desempeñó el importante cargo de fiscal del 
Estado. En ese destino manifestó sus profundos co- 
nocimientos, y ejerciendo la justicia hizo lucir el ca- 
rácter de humanidad que le distinguía en todas sus 
acciones. 

" Desempeñó este cargo por espacio de cuatro años, y 
conociendo que no podía seguir prestando á su país 
todo el servicio que deseaba, hizo de él espontánea re- 
nuncia, volviendo otra vez á la representación nacional, 
á esperar una oportunidad que le hiciese distinguir por 
el amor á su especie. 

" Notó que las circunstancias en que se hallaba la 
causa en las Provincias Unidas de Sud América no 
podían ser miradas con indiferencia por un gobierno 
cuyos principios se identificaban con los que las habían 
puesto en tan glorioso empeño. Pero para proceder al 
reconocimiento de su independencia con la circuns 
pección que correspondía y que demandaban los intere- 
ses propios del país, era necesario tomar un conoci- 
miento práctico del estado en que se hallaban esas pro- 
vincias. 

" A este efecto se nombró una comisión compuesta 
del distinguido ciudadano que nos ocupa, Jaime Granan 
del Departamento de Estado, Teodoro Bland, uno de 
los jueces de Baltimore, y PI. M. Rrackenrigde en ca- 
lidad de secretario. Llegaron á Norfolk (Virginia) el 
28 de de Noviembre de 18 17. Se embarcaron en la 
fragata Congreso, al mando del comodoro Sinclair, el 
3 de Diciembre, la cual se hizo al mar e! día 14. Esta 



— 342 — 

llegó á Río Janeiro el 27 de Enero de 1818 (l) , de 
donde salió el 9 de Febrero, llegando á Montevideo el 
20 á las 10 de la noche. Allí los comisionados se vieron 
con don José Miguel Carrera, á quien ya conocían 
algunos de ellos y con quien dieron un paseo á caballo, 
por invitación de aquél. Salieron de allí el 26 y llegaron 
el 28 de Febrero á Buenos Aires. El secretario Bracken- 
rigde visitó por primera vez al ministro Tagle el 2 de 
Marzo, anunciando la de la comisión para el día 4, en 
que fué recibida por el Director Supremo Pueyrredón, 
presentada por el doctor Tagle, con asistencia de los 
generales y jefes militares de la nación. 

" Los ciudadanos de todas clases manifestaron á los 
comisionados las pruebas de afecto más inequívocas. 

" Ellos traían por objeto obtener noticia exacta de 
todo negocio en que hubieran podido interesarse los 
Estados Unidos, hacer formar una idea justa de los sen- 
timientos de su nación y las amigables disposiciones de 
aquel gobierno respecto de las dos partes contendientes, 
España con esas provincias, y asegurar el respeto con- 
veniente á su comercio y de todo puerto y teda ban- 
dera, 

" Después de haber llenado su cometido y como á los 
dos meses de residencia en Buenos Aires, donde reco- 
gieron oficial y extraoficialmente todos los datos que 
consideraron de interés, se marcharon á fines de Abril 
con dirección á Montevideo. De allí pasaron el 29 á 



(1) Hallábase á la sazón de agente de este gobierno en aque- 
lla corte el doctor don Manuel José García, con quien los co- 
misionados tomaron relación, y obtuvieron algunos cono- 
cimientos sobre el estado de este país. 



— 343 — 

Maldonado, de donde partieron el 4 de Mayo de re- 
greso á los Estados Unidos, llegando á Hampton 
Road el 24 de Junio de 18 18. 

" Los señores Rodney y Graham presentaron cada 
uno su informe respectivo el 5 de Noviembre de 18 18, 
los que fueron incluidos por el Presidente de los Esta- 
dos Unidos en su mensaje al Congreso el 17. Sin em- 
bargo, el gobierno norteamericano había tenido ya co- 
nocimiento del estado de este país, como un año antes 
que los comisionados enviados al efecto, pero con la 
diferencia de haber sido éstos expresamente nombrados 
de oficio y portadores de documentos autoritativos que 
el Americano anónimo, del que más adelante se habla- 
rá, no había podido presentar, por carecer de aquel 
requisito. 

Mr. Bland, que había ido por tierra de Buenos Aires 
á Chile, llegó más tarde á Filadelfia en la America. 
procedente de Valparaíso, habiendo llegado, pues, á 
buen tiempo para preparar la memoria que fué presen- 
tada al Congreso (l) . 

" Esos informes fueron incluidos en el Mensaje del 
Presidente de los Estados Unidos, al principiar la se- 
sión del XV Congreso, el 17 del citado mes y año, y so- 
metido á la cámara constituida en comisión. El título 
que lleva el libro es : Mcssagc from the President of the 
United States at the coinnicncenient of the second 
session of the fifteentli Congress, Novembcr 77, 18 18, 
Read, and conimittcd to the conimitted of the whole 
Hohsc, on the statc of Union. Washington, printed by 
E. de Krafft, 1818. 

(t) Véase El Sol de Chile de 5 ele Febrero de t8iq. 



— 344 - 

Su contenido es: el mensaje referido y los docu- 
mentos á que en él se hace referencia, á saber, la nota 
de remisión del señor Rodney, y su informe con un 
Apéndice, conteniendo las piezas siguientes : Bosquejo 
de Funes ; el manifiesto del Congreso General Consti- 
tuyente de las Provincias Unidas del Rio de la Plata 
á las naciones ; declaración de la independencia de 
Chile ; traducción de varios documentos dados por el 
gobierno de Buenos Aires ; correspondencia entre Alva- 
rez y los agentes de Artigas ; carta de éste á Pueyrre- 
dón ; correspondencia con el general portugués ; arre- 
glos de los ingleses con Artigas ; código sobre presas ; 
informe de Teodorino Bland, sobre Sud América y otro 
sobre Chile; un estado general del año 1817; un cuadro 
estadístico del antiguo virreinato de Buenos Aires ; 
carta del ministro Adams al señor Poinsett, pidiéndole 
á nombre del Presidente de íos Estados Unidos presen- 
te un informe sobre los negocios de la América del Sud, 
para lo cual lo considera en aptitud de poderlo hacer, á 
causa de su larga residencia en estos países ; contes- 
tación de éste y su informe solicitado, que Poinsett 
presentó, hasta Diciembre de 1816. 

" Los referidos informes fueron publicados en la 
mayor parte de los diarios de los Estados Unidos ; pero 
tanto éstos cómo los que fueron impresos por orden 
del Congreso, contenían muchos errores en la ortografía 
de los nombres y omisiones é inexactitudes, hasta el 
punto de haber algunos pasajes casi ininteligibles. 
Esta circunstancia movió á otros á hacer una nueva 
edición en 1819, corregida de algunos errores, de que 
también se hizo una impresión en Londres en el mismo 
año. 



— 345 - 

" Antes que el gobierno de los Estados Unidos en- 
viara aquella comisión á la América del Sud, un hu- 
milde ciudadano de esa República, había ya visitado 
estos países, escrito bajo el anónimo é impreso á su 
costa, en un folleto de 52 páginas en 4. , la Carta que 
se halla en el apéndice de la obra de Brackenridge (l) , 
cuyo verdadero título es : South América. A Letter on 
the present statc of tliat county, to James Monroe, 
Prcsident of the United States. By and American. — 
Washington.- — Printed and published at the office 
of the National Register. 'Octubre 15 de 181?. 

" A esta carta sigue un posteript (de 2 págs.) que es 
un extracto del Mensajero semanal de Bell (Bell's 
Weekly Messenger) , publicado cuando la carta estaba 
ya en prensa, y que el autor prohija por coincidir com- 
pletamente con sus ideas, agregándolo á ella para dar 
más peso. 

" El lector comprenderá fácilmente el objeto que nos 
proponemos, de entrar en los breves detalles del itine- 
rario de los comisionados americanos, y aún nos per- 
mitimos llamar la atención sobre ellos, para que no se 
extravíe la verdad histórica sobre el motivo real que 
pudo haber traído esa misión á estos países. Mucho 
más, si se tiene en cuenta el rumor difundido á la lle- 



(1) La Abeja Argentina, en pág. 375, tomo i.°, registm lo 
siguiente : " Una persona corrompida que por desgracia vino 
" anexa á la comisión en calidad de secretario, Bracken- 
" rigde, se tomó la libertad de formar un largo romance en 
" dos tomos, no para el gobierno, que no le pedía sus infor- 
" mes, sino para el público ignorante ; y en esta publicación 
"miserable, con el privilegio de viajero á este otro lado de la 
"línea, vació cuanta especie le sugirió un partido astuto". 



— 346 — 

gada de otras comisiones de varios puntos del globo, 
con objeto ignorado. Quizá el resultado de la misión 
angloamericana, conocido inmediatamente en Ingla- 
terra por la extensa publicidad dada á los documentos 
de estas provincias en la prensa de aquellos países, 
habrá hecho renunciar al envío die las comisiones 
anunciadas. 

" Agregúese á esta circunstancia otro hecho no me- 
nos atendible para esos gobiernos que tenían la vista fija 
en estos países, y cuya tranquilidad y prosperidad les in- 
teresaba, por el inmenso bien que de ello provenía á la 
propagación de su comercio. Ya la Inglaterra había 
tentado otros medios en años anteriores con el mismo 
objeto, aunque sin fruto, auxiliando al partido revo- 
lucionario en la América española, y costeando expe- 
diciones, como la de Miranda á Venezuela, en 1806, y 
la de Whitelocke á Buenos Aires, en 1807. P° r °t ra P ar_ 
te, Inglaterra no ignoraba el estado de estos países : an- 
tes de la misión norteamericana, ya tenía conocimientos 
de él ; y la prueba de ello es una publicación hecha en 
Londres, en 181 7, conteniendo los hechos principales 
que han tenido lugar durante la guerra de la indepen- 
dencia, hasta la batalla de Chacabuco. El título del 
libro que nos referimos es así : Outline of thc Revolu- 
tion in Spanish America; or an Account of the origin, 
progress, and actual statc of the zvar carried on bet- 
ween Spain and Spanish America, contaimng thc 
principal facts zvhich havc marked thc Strugle. By a 
South American. — hondón- — Printed for Longman, 
Hurst, Rees, Orme, and Brozvn. Paternoster-Row. — 
1817 (Printed by a Straham, Printcrs-Strcct, London), 
(362 páginas, 4. ). 



— 347 - 

" El autor de este libro se limita á la simple rela- 
ción de los hechos presenciados por él, en su ma- 
yor parte, y á los que le fueron referidos por personas 
de crédito y bien informadas, y todo su contenido está 
fundado en documentos oficiales ó auténticos. Ha con- 
sultado, además, los periódicos publicados en todas las 
partes de América ; los boletines militares, La Historia 
de la Revolución de Méjico, por el doctor don Ser- 
vando Teresa Mier y Noriega, bajo el pseudónimo 
de José Guerra; el Exposé tq the Prince Regent of 
England, por Mr. W. Walton, los artículos insertos 
en El Español, por don José B. Blanco (White) 
y la obra Des colonies et de l'Amérique, por Mr. de 
Pradt. 

" Las observaciones filosóficas que el señor Rodney 
deducía en su informe, de ciertas tendencias y predis- 
posiciones que había notado en los habitantes de este 
país por asegurar su libertad, fueron las que produje- 
ron la consideración de los Estados Unidos, prepa- 
rando el acto de justicia que hizo, reconociendo la in- 
dependencia de las Provincias Unidas. 

■" Este ilustrado ciudadano, pues, empleó todos los 
esfuerzos que estaban en su capacidad para que este 
acto se realizase cuanto antes ; y á pesar del mal esta- 
do de su físico, y arrostrando los peligros del mar, se 
prestó gustoso á volverlo á repasar, para satisfacer de 
ese modo sus sentimientos y ser el primero que rindiese 
un homenaje tal á la soberanía de este país. 

" La segunda vez que arribó á estas playas, (l) inves- 
tí) El 23 de Mayo de 1824 Rodney fué obsequiado con 
un banquete oficial de 510 cubiertos, según una curiosa re- 
lación del mismo que corre 



- 348 - 

ticlo con el carácter público de ministro plenipoten- 
ciario, volvió á acreditar sus sentimientos por el bien 
de la humanidad y la distinción con que miraba este 
suelo. La última vez que habló en público no fué sino 
para elogiar al país, para demostrar cuanto le amaba, 
hasta el grado de desear el contarse entre el número 
de los ciudadanos argentinos. El señor Rodney, se ha- 
llaba ocupado de esos sentimientos cuando la muerte 
lo hizo desaparecer de entre los que le amaron por sus 
virtudes, por sus consejos y por sus luces. 

" El señor Rodney falleció en Buenos Aires, á las 6 
de la mañana del día 10 de Junio de 1824, á las once y 
media del día 12 ; el cadáver fué conducido al cemente- 
rio protestante (l) , precedido de un batallón de infan- 
tería con cuatro piezas volantes, en cuyo acto la For 
taleza hizo una salva nacional ordenada por el Gobier- 
no. Cerraba el acompañamiento una escolta de húsares. 
En la plaza del Retiro, dos cuadras antes del cemente- 
rio, situado al lado de la iglesia del Socorro, la comi- 
tiva que iba en coche bajó y se incorporó á la que mar- 
chaba á pie, y al entrar el cuerpo en el cementerio hubo 
una segunda salva, hasta el momento en que el cadáver 
fué puesto en la huesa destinada. 

" El señor don Bernardino Rivadavia, acompañado 
de Mr. Forbes, cónsul de los Estados Unidos, se colo- 
có al borde del sepulcro, y en presencia de una reunión 
de las más respetables y numerosas que hasta entonces 
había conocido el país, pronunció un discurso lleno 
de sentimiento y elocuencia, concluyendo con las nota- 
bles palabras siguientes : 

(1) Rodney pertenecía al rito presbiteriano. 



— 349 — 

" ¡ Alma ilustre de Augusto César Rodney! Volved 
" al sepulcro de vuestro Creador con la elevación y 
" confianza á que os da derecho el haber sido exac- 
" tamente su imagen acá en la tierra, y no separéis 
" vuestra vista compasiva de este país que tanto se 
" honra en conservar vuestros restos. Sí, nosotros los 
" conservaremos como el más precioso tesoro que pudo 
" recibir este suelo ". 

" Luego, tomando con la mano una porción de tierra, 
dijo: 

" Y tú, tierra que vas á tener la gloria de cubrir estos 
" venerados restos, recibe también el honor de unirte 
" con la semilla más fecunda de las virtudes, y haz que 
" se produzcan iguales héroes que inmortalicen el 
" nombre americano " (l) . 

" El mismo día del fallecimiento del señor Rodney, 
el Gobierno Argentino decretó la erección de un mo- 
numento sepulcral costeado por el Estado, como memo- 
ria de gratitud " (2) . 

Este libro trae á su final, el Bosquejo de la revolu- 
ción argentina, continuado hasta la batalla de Maipo 
por el Deán Funes y escrito á petición del señor Rod- 
ney, que permaneció inédito durante mucho tiempo, 
hasta que traducido del inglés y anotado fué publicado 
por el señor Zinny, ampliado hasta el fusilamiento de 
Borrego. 



<"i) Véase la Gaceta Mercantil del 12 y el Argos del 16 de 
Junio de 1824. 

(2) Zinny. Antonio. — Efemeridografia Argirometropo- 
litana. Pág. 450. 



— 350 - 

Brandsen, Coronel Federico de. (Un Republicano). 

Sobre las revoluciones del Perú. 

Santa (Perú), 1824, — Hoja suelta, folio, 
1. a — Mayo 15 de 1824. — (Un Republicano). 

Este escrito de Brandsen, redactado en forma de 
proclama está destinado á deplorar la partida del gene- 
ral San Martin del suelo peruano, á narrar la anarquía 
que se desarrolla después de su retiro de la tierra de 
los Incas y á refutar el manifiesto lanzado desde el 
Callao por el Marqués de Torre Tagle, cuando olvi- 
dando el juramento prestado á la República del Perú, 
su patria, huye de Lima y va á entregarse prisionero 
al general realista Monet, gobernador de los Castillos 
de aquella histórica fortaleza, entregándole toda su 
correspondencia con el Libertador Bolívar, traicionan- 
do así á su patria y á la causa de la emancipación de 
la América entera. 

El original de este curioso documento histórico exis- 
te en el Archivo de Brandsen. 

Entre otros párrafos contiene los siguientes : 

" Un hombre de un genio extraordinario vino desde 
" las márgenes del Plata á romper las cadenas de los 
" peruanos y á restablecer la libertad en el imperio 
" de los magnánimos Incas. 

" Valiente, generoso, liberal, hábil y confiado como 
" esos hijos del sol, conquistó rápidamente con el amor 
" y por la fuerza de las armas, las más hermosas pro- 
" vincias de aquella vasta monarquía ; la fortuna sonreía 
" á sus deseos ; algunos pasos más, y el Perú regene- 



— 351 - 

rado vería levantarse orgulloso el Sol de los Incas 
sobre la tumba de sus tiranos. 

" En medio de su gloria, la negra envidia lanzó 
contra aquel grande hombre su infernal veneno, la 
perfidia armó sus puñales, la ingratitud con el cora- 
zón de bronce turbó el alma del héroe. Más sensible 
que ambicioso, abandona llorando, la empezada obra, 
depone el Supremo Poder y huye de una tierra que 
no merecía poseerlo. 

" Su retiro fué la señal del desenfreno de todas las 
pasiones ; la ignorancia, la cobardía, la presunción y 
los errores, los excesos y los crímenes, que éstos 
suelen engendrar, asaltan y minan á porfía el mal 
seguro edificio de la naciente libertad " (l) . 



Brandsen, Federico. (Un Republicano). 

Sobre las revoluciones del Perú. 

Santa (Perú). — Hoja suelta, 4. , i. a . — 
Santa, Mayo 15 de 1824. — Reproducida en 
Escritos del coronel don Federico Brandsen, 
recopilados por Federico Santa Coloma Brand- 
sen. Buenos Aires, 1909. 

Brandsen, Federico. 

Más documentos históricos, por Federico 
Brandsen. 

(1) Brandsen, F. — Sobre las revoluciones del Perú. — 
Santa, Mayo 15 de 1824. — Firma Un republicano. 

Santa Coloma Brandsen, F. — Escritos del coronel don 
Federico de Brandsen. — Buenos Aires, 1910. 



- 352 - 

Buenos Aires. — La Tribuna. — Año XXV, 
N.° 8.260. 

El autor de este artículo histórico era hijo del coronel 
Brandsen, muerto en Ituzaingó. 

Brandsen, Federico. 

Apelación á la Nación Peruana, escrita en 
uno de los calabozos del Palacio Dictatorial, 
en Lima, en el mes de Febrero de 1S25, por 
Federico Brandsen, ex general de brigada, co- 
mandante general de la caballería y jefe de la 
vanguardia de las tropas del Perú, y publicada 
en Santiago en el mes de Mayo de 1825. 

Santiago de Chile. — 1 folleto 4. , 6 páginas 
preliminares y 60 de texto. — Imprenta Na- 
cional. 

Brandsen, Federico. 

Contestación á la carta del señor Tcrán de 
González, titulada: Refutación del Papel pu- 
blicado en Chile con el título de " Apelación 
á la Nación Peruana " , escrito por don Fede- 
rico Brandsen. — Agosto, 1825. 

Santiago de Chile, 1825. — 1 folleto 4. , 28 
páginas. — Imprenta Nacional. 

Brandsen, Federico. 

Observaciones á un Opúsculo del ayudante 
general don Andrés García Camba sobre la 
revolución del Perú. 



— 35o - 

Santiago de Chile. 1824. — i folleto 8." — 
Imprenta Nacional. 

Brandsen, Federico. 

Contestación á la carta del señor Terán de 
González, titulada: Refutación del Papel pu- 
blicado en Chile con el título de " Apelación á 
la Nación Peruana " , escrito por don Federico 
Brandsen. 

Santiago de Chile, 1825. — 1 folleto 8.", 2H 
páginas. — Imprenta Nacional. 

Este opúsculo fué escrito por Brandsen con el ob- 
jeto expreso de levantar los cargos graves é injuriosos 
que aquél le formulaba en la obra citada. 

Con criterio sereno y en forma correcta, que forma 
contraste con los términos virulentos empleados por 
aquél, analiza las acusaciones una á una y las refuta, 
destruyéndolas, á la luz de los numerosos documentos 
que publica, acompañando su Contestación- 

Pero hay algo más : el señor Terán de González ha- 
bía acusado en este folleto á Brandsen, con el propó- 
sito de enemistarlo con sus antiguos compañeros de 
armas, de haber afirmado que el general San Martin 
no había nacido sino para mandar un regimiento de 
caballería. 

Brandsen rechaza la especie vertida, en estos tér- 
minos: 

"Aquel que venció la Naturaleza y los Españoles 
" en Chacabuco ; aquel que, de un desastre impensado, 
"supo sacar un nuevo inmortal triunfo en Maypú ; 
" aquel que con 4.000 bravos invadió el Imperio de 

T. I 2Í¡ 



- 354 - 

" los Incas y, á pesar de innumerables huestes, á pesar 
" de un clima destructor, entró victorioso en la Capi- 
" tal del Perú, la defendió contra los esfuerzos y la 
" desesperación del ejército Español, y vio abatirse, á 
" su presencia, las puertas del Real Felipe ; aquel que, 
" abrazando en su vasto genio la América toda, al 
" tiempo que meditaba una expedición al Sud, tendia 
" al Norte la mano al general Bolívar y le abría ei 
" camino de Quito ; el general San Martín no haber 
" nacido sino para mandar un regimiento de caballe- 
" ría ! 

" Sólo á Terán podía ocurr írsele semejante asevera- 
" ción calumniosa ". 

Brayer, General Miguel. 

Respuesta del teniente general Brayer al ge- 
neral San Martín. 

Montevideo, 1819. — 1 folleto 8.°, 1. a , 17 pá- 
ginas. — Imprenta Federal, por William P, 
Griswold y John Sharpe. 

El general Brayer, á causa de su desobediencia de 
Maipo, se creó una situación difícil en Chile, donde era 
mirado con desprecio por los hijos de aquella altiva 
nación, y por los jefes del ejército de los Andes, que no 
veían en él sino á un vulgar aventurero ; esto lo hizo 
trasladarse á la Argentina, donde no fué mejor acogido. 

Entonces resolvió irse al Uruguay, dirigiéndose á 
Montevideo, donde se raOicó. Allí se reunió con los 
Carrera, Alvear, Herrera, Vázquez y demás compa- 



— 355 — 

ñeros, enemigos todos declarados de Pueyrredón y 
San Martín. 

Fué entonces cuando publicó sus folletos. 

La Imprenta Federal de Griswold y Sharpe, que m> 
tenía de tal sino el nombre, pues pertenecía á José 
Miguel Carrera, caudillo sin escrúpulos, en quien pri- 
maba más la ambición que el patriotismo, era dónde 
imprimían el 1 Jaron, y multitud de folletos que iremos 
enumerando en el curso de esta obra, destinados todos 
á fomentar la anarquía entre las Provincias Unidas 
del Río de la Plata. 

Brayer, General Miguel. 

Manifiesto de la conduela del teniente ge- 
nera! Miguel Brayer, en el tiempo que ha per- 
manecido en Sud América. 

Montevideo, 1818. — Imprenta Federal, por 
Williams Griswold y John Sharpe. — 1 cuader- 
no de 16 páginas 4.". 

Brayer, General Miguel. 

Respuesta del general Brayer al general San 

Martín. 

Montevideo, 1819. - — 1 folleto 8.", 1.", 17 
páginas. — Imprenta Federal, por William P. 
Griswold y John Sharpe. 

En ambos folletos el teniente general Brayer recurre 
á la calumnia y al insulto para disculpar el fracaso de 
su plan de asalto á la plaza de Talcahuano y más tarde 



— 356 - 

su retirada del Ejército Unido con el pretexto de tomar 
baños, en los instantes precisos en que se iniciaba la 
batalla de Maipú, lo que dio motivo á que San Martin 
lo separara de las filas por indigno de pertenecer al 
ejército patriota que empezaba á moverse para jugar 
los destinos de Chile. Brayer no niega los cargos que 
se le formularon por San Martín y demás jefes del 
Ejército Unido: cree levantarlos difamando á sus ad- 
versarios. 

' : Brazil and River Píate Mail, The ". 

General José de San Martín.- — Recollections 
of an Oetogenarian. 

Buenos Aires, December 7 de 1878. 

Este artículo histórico se refiere á la obra que pu- 
blicara en Boston el viajero Henry Hill, quien había 
viajado por nuestro continente durante las largas lu- 
chas de la emancipación y había tratado de cerca á 
los principales jefes de los ejércitos patriotas, como 
San Martín, O'Higgins, Blanco Encalada, etc. 

Breve descripción de la República de Chile. 

Escrita según datos oficiales, con un mapa 
y 44 grabados. 

Leipzig, 1903. — 1 vol. 8.°, i. a , 114 págs. — 
Imprenta de F. A. Brockhaus. 

Este libro es una obra bien escrita y compuesta, des- 
tinada á hacer propaganda en Europa á favor de la 
república chilena. 



- 857 — 

Contiene una excelente recopilación histórico-geo- 
gráfico-económica de cuanto puede interesar conocer 
de aquel país al extranjero. 

Es una de las obras mejor compuestas y distribui- 
das entre las guías similares. Ya acompañada de inte- 
resantes grabados. 

Se ocupa de San Martín, en términos elogiosos, en la 
reseña histórica de la independencia de Chile. 

British Packet. 

Correspondence between general San Martín 
and '/enera! Rosas. Naples, 1 1"' January 1845 
and La Encarnación á Palermo. May 20, 184.6. 

Buenos Aires, 1846. — N.° 1.033. — Satur- 
day, June 6 th . 

British Packet. 

Lettcr of general San Martín at Mr. D. G. 
F. Dickson. Xa pies, 28 th Deeember. 

Rueños Aires, t8_|6. — X." 1.032. — Satur- 
day, May 30* 

El general San Martín, desde Ñapóles, adonde resi- 
día accidentalmente, dirigió esta carta al señor Dickson 
haciendo apreciaciones y emitiendo juicios con criterio 
americano, sin ensalzar ni prodigar elogios á deter- 
minadas personas como algunos han pretendido hacer 
creer. 

San Martín no tuvo otro ideal durante su vida que 
la independencia absoluta del Continente Americano 
y su futuro desarrollo y bienestar. 



— 358 — 

En ningún caso desenvainó su sable para derramar 
sangre americana. 

Brossard, Alfred de. 

Considérations historiques et politiques sur 
les Ré publiques de la Plata dans leurs rapports 
avec la F ranee et l'Angleterre, par M. Alfred 
de Brossard. Anclen attaché a la mission 
extraordinaire de France dans la Plata en 184/. 

París, 1850. — 1 vol. 8.°, i. ére . — Librairie 
de Guillavtmin et Cíe. — Rué Richelieu 14. 
Chapitré II : Guerrc de l'Indépendancc. 

Bulnes, Gonzalo. 

Historia de San Martín, por B. Mitre. Juicio 
crítico. 

Buenos Aires, T889. — El Sudamericano. — 
Año II. 

El señor Gonzalo Ruines se distingue como histo- 
riador, en la altivez y sinceridad de los juicios que 
emite. Investigador minucioso de los hechos históricos 
que describe en sus obras, no empieza la composición 
de éstos sin tener todos los elementos de juicio nece- 
sarios para el trabajo que se propone llevar á cabo. Es- 
to hace que sus libros tengan doble mérito : el contenido 
que siempre es de buena ley y las citas que lo ilustran, 
que facilitan la tarea al investigador. 

Rl señor Ruines se ocupa en estos momentos en 



— 359 - 

dar los últimos loques á su obra La guerra de Chile 
con el Perú y B alivia. 1870-188 ¡. (l) 

Bulnes, Gonzalo. 

Historia de la Campaña del Perú en 1838. 

Santiago de Chite, 1878. — 1 vol. 4. , r. a , 
444 págs. — Imprenta de Los Tiempos, Chiri- 
moyo, N.° 13. Con tres planos. 

Camorra, Campaña de .¡renales. 

Bulnes, Gonzalo. 

Las últimas campañas de la independencia 
del Perú. 

Santiago de Chile, 1897. — T v °l- 4-°> T - a < 
701 págs. — Imprenta Barcelona, calle de la 
Moneda entre Estado y San Antonio. — Con 
retratos, mapas y planos de batallas. 

Esta obra, escrita con criterio imparcial, es acaso el 
estudio más detallado y minucioso que se ba escrito 
por autor americano sobre las campañas de la eman- 
cipación del Perú, sin excluir á Paz Soldán, con quien 
difiere en su modo de apreciar los hechos acaecidos, 
porque libre de nacionalismos ó de intereses de partido, 
rinde la debida justicia al Libertador Bolívar. 

Los capítulos en que trata de la campaña del Des- 
aguadero, así como el que titula Las grandes traicio- 
nes, están trazados con mano maestra. 

(i) Carta al autor. — Santiago, Octubre 14 de 1909. 



— 360 - 

Es, después de Paz Soldán, á quien aventaja en la 
documentación en muchos casos, el historiador que 
más ha penetrado en la historia del Perú de aquella 
época. 

Bulnes, Gonzalo. 

Historia de la Expedición Libertadora al 
Perú, 18 17- 1822. Introducción. 

Buenos Aires. — Revista Nacional, ya cita- 
da. — Volumen IV. Año 1887. 

Bulnes, Gonzalo. 

Historia de la Expedición Libertadora ai 
Perú, por Gonzalo Bulnes. 

Santiago de Chile, 1887. — Rafael Jover, 
editor. — Imprenta Cervantes, calle de la Ban- 
dera, N.° 13. — 1. a edición, 2 vols. 8.° — Con 
retratos de San Martín, O'Higgins, Cochrane. 

El coronel de artillería del ejército español, don Fer- 
nando Val diez, hijo de don Jerónimo Valdez, en sus 
Memorias del Conde de Toñita, publica un extenso y 
bien meditado estudio de esta obra. El criterio realista 
con que aprecia los acontecimientos, lo hace más de 
una vez no ser verídico, pero en general es justiciero. 

El tomo III de aquella obra, está casi por completo 
ocupado por las Consideraciones sobre la Historia de 
la Expedición Libertadora del Perú, de don Gonzalo 
Bulnes. 

Hace justicieros elogios del distinguido escritor chi- 
leno v su obra. 



361 



Bunge, Carlos O. 
Nuestra Patria. 

Buenos Aires, 1910. — 1 vol. 4. , i. a , 471 pá- 
ginas. — Ángel Estrada y Cía., editores, Bo- 
lívar 466. Con ilustraciones. 

L a Parte: Época de la independencia. 

Esta obra es un trabajo bien compuesto, bien dis- 
tribuido y escrito, en la parte que le corresponde al 
autor, en estilo correcto y ameno. 

Empieza por una recopilación de las leyendas de 
América primitiva, á la que siguen otros capítulos des- 
tinados á bosquejar la cultura indígena, el pueblo es- 
pañol, el descubrimiento, la conquista, las leyendas 
coloniales, la época colonial, la época de la indepen- 
dencia, y con la época de la organización nacional pone 
término á la primera parte de la obra, trascribiendo 
para componerla los trozos adecuados más salientes, 
tanto en prosa como en verso, de nuestros escritores 
más eminentes. 

El resto de la obra, que consta de cinco partes, no 
es menos interesante y novedoso, constituyendo el con- 
junto un libro que se lee con verdadero interés. Con- 
tiene algunos errores de detalle que el autor debe 
salvar en una futura edición; por ejemplo: hace apa- 
recer al Arcediano Barco de Centenera, " confeccio- 
nando una especie de crónica, rimada, que calificó de 
" poema histórico ", titulándolo también : La Argentina 
ó La Conquista del Río de la Plata " , con posterioridad 
al año 1612, en que el cronista Ruiz Díaz de Guzmán 
escribiera su historia rimada titulada La Argentina ó 



— H&2 - 

sea Del Descubrimiento, Población y Conquista del 
Río de la Plata. 

Hay en esta afirmación un error evidente, pues la 
primera edición de la obra del Arcediano don Martín 
del Barco de Centenera, fué impresa en Lisboa, en la 
imprenta de don Juan Crasbeek, en i volumen, in 
folio, de 230 páginas, con el título de Argentina y 
Conquista del Río de la Plata, con otros acaecimientos 
de los Reynos del Perú, Tucumán y estado del Brasil. 
Poema en octavas, dividido en XXVIII cantos. 

Por lo demás, la obra del señor Bunge, la mejor 
entre las similares, está destinada á prestar verda- 
deros servicios á la juventud estudiosa. 

Burdbrige, Atilio. 

Discurso pronunciado ante Ja estatua de San 
Martín, en representación de los estudiantes de 
los Colegios Nacionales de la Capital, el día de 
la manifestación llevada á cabo cu homenaje al 
Ministro de Francia. 

Buenos Aires, 1909. — La Prensa, Octu- 
bre 25. 

Bustamante, P. 

Peregrina. Novela. 

Buenos Aires, 1905. — 1 vol. 8.°, i. a , 263 
páginas. — Imprenta y Litografía de J. Peu- 
ser, San Martín esq. Cangallo. 

Esta obra es la autobiografía de un hombre que ha 
debido sufrir mucho. Más que una novela es el relato 



— 363 - 

animado y doloroso de un ser á quien la vida costó 
muy cara. 

Se ocupa al final de la misma de San Martín, con 
motivo de los medios puestos en práctica por el general 
de los Andes para arbitrar medios para organizar el 
ejército libertador de Chile. 

Butterworth, Hezekiah. 

South America. A popular illustrated His- 
tory of thc South American Republics, Cuba 
and Panamá, by Hezekiah Butterzvorth. 

New York, 1904. — 1 vol. 8.°, i. a — Doti- 
bleday and Company. 

Chapter XII, page 131. — The battle of Mai- 
po. The Meeting of thc Two Libcrators. Abne- 
garían and moral heroism of San Martin. 

Butrón, Pedro. 

La Retirada de Lambrama. Página heroica. 

Buenos Aires, T906. — 1 vol. 8.°, i. a , 135 pá- 
ginas. Con un mapa. — Imprenta Tragan!, 
Belgrano, N.° 472. 

La retirada de Lambrama, como la denomina el 
autor, ó del Apurimac, como la llama el coronel don 
Manuel A. López, en sus Campañas del Perú, es una 
narración compendiada, pero interesante, escrita en 
estilo galano, y salpicada de anécdotas de la marcha 
estratégica realizada por Sucre, desde aquella histórica 
aldea, hasta la pampa de Ayacucho. 



— 364 — 

El relato comienza con la descripción de la acción 
de Junín. La narración de la derrota infligida al 
orgulloso Canterac, en las proximidades del Chinchay- 
cocha es animada é interesante. Su autor no es justi- 
ciero al omitir la famosa carga del comandante argen- 
tino don M. I. Suárez, que fué, como todo el mundo 
sabe, quien atrajo la victoria á las filas independientes 
en la acción de Junín. 

La retirada apresurada de Canterac, después de la 
misma, está descrita con vivos colores. El autor critica 
á éste por aquella huida sin precedentes, realizada 
por quien había menospreciado al Libertador, asegu- 
rando que en capacidad militar valía menos que San 
Martín. 

A esto siguen las biografías extractadas, sacadas 
del Diccionario del general Mcndiburn, de los gene- 
rales españoles Canterac, de la Serna y del heroico 
Valdez, pasando luego á ocuparse del general Sucre, 
cuya actuación gloriosa describe. 

Narra en seguida en forma interesante y amena to- 
das las incidencias ocurridas en el ejército patriota en 
aquellos momentos, que son, por decirlo así, los prelu- 
dios del drama sangriento desarrollado después en 
Ayacucho. La sorpresa de Corpahuayco está narrada 
en forma interesante. 

Finalmente entra á ocuparse de Ayacucho. batalla 
á la que consagra la mayor parte de su trabajo históri- 
co. La descripción que trae de la misma es animada, 
aunque no original, pues se guía para ello de las Me- 
morias del edecán del general Sucre, coronel López, 
cuya veracidad deja en muchos casos bastante que 
desear. 



365 - 

La retirada de Lambrama está acompañada de notas 
y de un plano de las marchas seguidas por el ejército 
patriota desde las proximidades del caudaloso Apuri- 
mac hasta Ayacucho, arreglado de acuerdo con el 
croquis original del general Sucre, de las cartas 
militares del general Miller y del doctor M. F. Paz 
Soldán. 

B. V. 

Comentarios patrióticos, por B. V. — Noti- 
cias interesantes del Perú. — Gaceta Extraor- 
dinaria de Chile, de 7 de Septiembre de 1820. 

Buenos Aires, 1820. — Hoja suelta, 4. — 
Imprenta de los Niños Expósitos. 




Mayo 7. 



ABALLERO, Claudio. 

Recuerdos del tiempo viejo, 
iS 16-18 if. Entrevista con el 
doctor José Antonio Estrella, 
del ejército de los Andes, y don 
Tomás José Días. — Mendosa, 



I^a Nación. — Buenos Aires. Año XIV, 
N. os 3.807 y 3.808, 13 y 15 de Mayo de 1883. 

Este artículo histórico fué escrito en forma de co- 
rrespondencia por el notable periodista argentino Bar- 
tolomé Mitre y Vedia, hijo del general del mismo nom- 
bre, y que se ocultaba bajo el seudónimo de Claudio 
Caballero. 



— ¿JtiG — 

Motivos que no tienen atingencia con esta obra lo 
llevaron á Mendoza, en una época en la que muchos 
de los que habían conocido á San Martín en aquella 
ciudad mientras organizaba el ejército de los Andes, 
vivían, entre otros el doctor Estrella, que había desem- 
peñado el cargo de cirujano de las tropas libertadoras, 
y el señor don Tomás José Díaz, vecinos de aquella 
ciudad y en la cual residían. 

El señor Mitre los entrevistó y en una serie de co- 
rrespondencias que publicó La Nación, de Buenos 
Aires, refirió cuanto aquellos ancianos le comunicaron 
de nuestro glorioso pasado. 

El relato es interesantísimo y contiene la historia 
toda de los esfuerzos realizados por San Martín para 
organizar las tropas que debían redimir á Chile. El 
patriotismo y denuedo de los dignos hijos de la inmor- 
tal Mendoza resalta al través de aquella interesante a 
la par que conmovedora narración. 

Posteriormente estos Recuerdos del tiempo viejo 
han sido reunidos y, acompañados de otros artículos 
del mismo autor, publicados en un volumen por la Bi- 
blioteca de la Nación, con el título de Páginas serias 
y humorísticas de Claudio Caballero. 

Cabildo de Lima. 

Acta del Cabildo de Lima manifestando al 
Excmo. señor General en Jefe del Ejercito Li- 
bertador del Perú, don José de San Martín, 
" que todos los señores concurrentes por sí, y 
satisfechos de la opinión de los habitantes de 
Ja capital, dijeron: que la voluntad está deci- 



- 367 — 

dida por la independencia del Perú de la do- 
minación española y de cualquiera otra extran- 
jera, etc. ". 

Ayuntamiento de Lima, 15 de Julio de 1821. 
— El conde de San Isidro, Bartolomé, Arzo- 
bispo de Lima. Siguen 300 firmas. 

Buenos Aires. — 4 págs. — Imprenta de la 
Independencia. 

Cabral, José Victorino. 

Tributo de veneración al gran capitán don 
José de San Martín. 

Montevideo, 1880. — 1 folleto 8.°, i. a , 26 pá- 
ginas. — Imprenta Liberal, calle Buenos Aires, 
N.° 148. 

Este artículo escrito en forma laudatoria para San 
Martín tiene poca importancia histórica. 

Cabral, José Victorino. 

Estudios sobre la Historia del general San 
Martín, por el general Mitre. 

Montevideo, 1889. — 1 folleto 8.°, i." — Im- 
prenta La Época, Cerrito N. * 5 309-311. 

Este folleto, hoy raro, contiene un juicio meditado 
y sereno de la obra monumental del general Mitre : á 
pesar de su corta extensión abarca por completo la 
obra, á la que estudia en todas sus faces. El estilo en 
que está escrito es fácil y sus juicios son acertados. 



368 



Cabral, José Victorino. 

Histórico. Lina Moiitahán ó el terremoto 
que destruyó el Callao y la ciudad de Lima en 
1746, con una reseña sobre el descubrimiento 
del Perú, á que se agrega algunas reminiscen- 
cias históricas acerca de su independencia. 

Buenos Aires., 1880. — 1 vol. 4.", 1. a — Con 
ilustraciones. — Imprenta del Porvenir, De- 
fensa 139. 

Capítulos VII y VIII. Reminiscencias de la 
Guerra de la Independencia 

Esta obra tiene por base, según nuestras informa- 
ciones, una relación bistórica sobre el terremoto que 
destruyó el Callao, que existía depositada en sobre 
lacrado y sellado en la escribanía del señor Cabral. 

Como narración es interesante y está compuesta en 
estilo sencillo y ameno. 

Cabral, Lauro. 

Discurso pronunciado por el encargado de 
negocios de la República Argentina en el Perú 
don Lauro Cabral. 

Lima, 1890. — Hoja suelta, 4.", sin pie de 
imprenta. — Lima, Julio 28 de 1890. 

Discurso encomiástico para la memoria del fundador 
de la independencia del Perú general don José de San 
Martín. 



- 369 - 

Cabral, Luis D. 

Anales de la Marina de Guerra de la Repú- 
blica Argentina. 

Buenos Aires, 1904. — 1 vol. 8.°, i. a , tomo i.°. 
— Imprenta de Juan A. Alsina, Méjico 1422. 
Capítulo IX. 

El autor de esta obra interesante es un estudioso, 
que se propone llenar un vacío existente entre nosotros : 
la falta de una Historia de la Marina de guerra Argen- 
tina. Estos Anales, de los que no se ha publicado sino 
el Tomo I, vienen á llenar ese vacío. 

La obra del señor Cabral es útilísima : cada barco es 
estudiado, en su tradición, cuando la tiene, en su 
estructura y al través de los servicios que ha prestado 
al país. De desear sería que continuara su obra hasta 
dejarla terminada, pues sus Anales de la Marina de 
Guerra de la Argentina serían al mismo tiempo la his- 
toria gloriosa de nuestras campañas navales en las que 
tantos lauros obtuvieron Buchardo, Espora, Rosales y, 
más que todos, nuestro viejo almirante Brown, el que 
barrió las enemigas flotas españolas y brasileras del Río 
de la Plata. 

Caldcleugh, Alexander. 

Travels in South America diiring the ycars 
1819-1820-1821. Containing an acconnt of the 
present state of Buenos Aires, Brasil and Chile. 
In two vol ¡unes. — London. — John Albermarle 
Street. — MDCCCXXV. — With maps and 
P l ates. 

T. I. 24 



— 370 - 

Durante la campaña emancipadora, atraídos por los 
relatos que en Europa se hacían de la misma, muchos 
europeos distinguidos visitaron la América Meridional 
y escribieron luego libros interesantes en los que des- 
criben sus viajes é impresiones recogidas en los países 
recorridos. A este número pertenecen Head, Haigh, 
Miers, Temple, Proctor, Hall, Hill, Coffin, Cochrane, 
Wilson, Robertson, Andrewss, Hacket, Smidtmeyer, 
Robinson, Chesterton, Brown C, Hall B., Hamilton, 
Sutchiffe, Parish, Hippisley, Ducoudray-Holstein, 
Rafter Mary Graham y el mismo Caldcleugh, para no 
referirnos sino á los ingleses, cuyas obras son hoy 
buscadas con verdadero interés por los americanistas. 

A la mayor parte de estos viajeros atraía el relato de 
las batallas libradas por los revolucionarios y el deseo 
de conocer los países que luchaban por independizarse 
del dominio ibérico. América los atraía y á ella se di- 
rigían en busca de impresiones novedosas. 

Terminada la lucha, en la cual muchos tomaron par- 
ticipación activa, algunos se radicaron en los países que 
recorrieron y formaron familia, pero la mayoría re- 
gresó á Europa y casi ninguno dejó de escribir sus 
impresiones. Á esto se debe las numerosas obras pu- 
blicadas en aquellas épocas sobre nuestros países/ que 
eran poco menos que desconocidos en el continente 
europeo 



(i) 



(i) I. — Head F. B. — Rongh notes takcn during sonie rapid 
journey's across the Pampas and among the Andes. — Lon- 
don. — 1826. — 1 vol., 8.°. 

II. — -Haigh, S. — Sketches of Buenos Aires, Chile and 
Perú. — London. — 1829. — 1 vol. 8.°. 

III. — Hall, B. — Extraéis from a Journal writen on the 



— 371 — 

La obra de Caldcleugh es en extremo interesante, 
tanto por el texto cuanto por las láminas iluminadas 
que la acompañan. 

Las descripciones que hace de los lugares y de las 
costumbres y usos del Brasil, Buenos Aires y Chile son 
interesantes en extremo. 

Calderón, Coronel don Francisco. 

Manifiesto que hace el coronel don Francisco 
Calderón y Vocales de la Comisión Militar al 

coast of Chili, Perú and México in the years 1820-1822. — 
London. — 1824. — 2 vol., 8.°. 

IV. — Hill, H. — Rccollections of an Octogenarian. — Bos- 
ton. — 1884. — 1 vol., 8.°. 

V. — Hamilton, J. P. — Travels in Colombia. — London. — 
1825. — 2 vol., 8.°. 

VI. — Miers John. — Travels in Chili and La Plata. — 
London. — 1826. — 2 vol., 8.°. 

VIL — Smidtmeyer, P. — Travels in to Chile, over the An- 
des in the years 1820 and 1821, &. — London. — 1824. 

VIII. — Proctor, R. — Narrative of a journey across the 
cordillcre of the Andes. — London. — 1823. — 1 vol., 4. . 

IX. — Coffin, J. F. — Journal of residence in Chili, &. — 
Boston. — 1823. — 1 vol., 8.°, 1. a . 

X. — Temple, E. — Travels in Buenos Aires, Córdoba and 
Potosí, &. — London. — 1830. — 2 vol., 4. . 

XI. — ■ Cochrane, Ch. — Journal of a residence and travels 
in Colombia. — London. — 1825. — 2 vol., 4° 

XII. — -Brown, C. — Narrative of the expedition to South 
America. — London. — 1819. — 1 vol., 8.°. 

XIII. — Wilson, B. H. — Travels in Colombia in 1825. — 
London. — 1826. — 2 vol., 8.°. 

XIV. — Hackett, J- ■— Narrative of the expedition wich 
sailed from England in 1817, &. — London. — 1818. — 1 vo- 
lumen, 8.°. 



372 



público de la conducta que observó en la causa 
seguida á los jefes y oficiales del batallón N.° i 
de Chile en su sentencia. — Santiago de Chile, 
25 Septiembre de 18 17. — Francisco Calderón, 
presidente. — Juan Manuel Cavott, Mariano 



XV. — Robinson. — Journal of an expedition 1840 miles up 
the Orinoco. — London. — 1822. — 1 vol., 8.°. 

XVI. — Chesterton. — A narrative proceedings in Vene- 
suela in South America in the years 1819-1820. — Lond'on 1 . • — 
1820. — 1 vol., 8.°. 

XVII. — Sutcliffe. — "Sixteen years in Chile and Peni" by 
the Governor of Juan Fernández. — London. — 1 vol., 4. . 

XVIII. — Parish W. and Robertson John. — Leiters on 
Paraguay. — London. — 1839. — 3 vol., 8.°. 

XIX. — Hippisley, G. — A narrative of the expedition to 
the rivers Orinoco an Apure in South America. — London. — 

1819. — 1 vol., 8.°. 

XX. — Ducoudray-Holstein. — Memoirs of Bolívar. — Bos- 
ton. — 1829. — 2 vol., 8.°. 

XXI. — Rafter, C. — Memoirs of Gregor Mac-Grcgor. — 
London. — 1820. — 1 vol., 8.°. 

XXIL — Graham^, M. — Journal of a residence in Chili 
during the years 1822. — London. — 1824. — 1 vol., 4. . 

XXIII. — Andrews, J. — Journey from Buenos Aires through 
the province of Córdoba, Tucumán and Salta to Potosí, &. — 
London. — 1827. — 2 vol., 8.°. 

XXV. — Brackemridge, M. — Voyage to South America. 

— Baltimore. — 1819. — 2 vol., 4. . 

XXVI. — Flinter. — History of the Revolution of Caracas. 

— London. — 1819. — 1 vol., 8.°. 

XXVII. — Davie, J. C. — Letters from Paraguay, &. — Lon- 
don. — 1805. — 1 vol., 8.°. 

XXIX. — 'Hall, F. — And appcal to the British nation on the 
character and conduct of general D'Evereux. — Dnblin. — 

1820. — 1 folleto. 



- 373 — 

Larrazábal, Mariano Nccochca, Ambrosio Cra- 
uicr, José Bernardo Cáceres, Manuel Blanco 
Encalada. 

Santiago, 1817. — 3 págs. — Imprenta del 
Estado. 

XXX. — Davis, R. — Letters from Buenos Aires and Chile. 
— London. — 1819. — 1 vol., 8.°. 

XXXI. — ■ Hawkshaw, John. — Reuiinisccnces of South 
America from two and half year's residence in Venezuela. — 
London. — 1838. — 1 vol., 8.°. 

XXXII. — Brand, R. N. — Journal of a J'oyage to Perú a 
passage across the Cordillera of the Andes in the Windcr 
of 1827, &. — London. — 1828. — 1 vol., 8. u , 1. a . 

XXXIII. — Wallace, G. — The Esmeralda. An Atlantic 
Souvenir. — Philadelphia. — 1829. — 1 folleto. 

XXXIV. — Macdonald, John. — Narrativc of a voyage to 
Patagonia and Tierra del Fuego, through the straits of Ma- 
gellan. &, in 1827. — London.- — 1833. — 1 vol., 12°. 

XXXV. — Stevenson, W. — Histórica! and descriptive, nar- 
rative of tivcnty year's residence in South America. 1804-1824. 
London. — 1825. — 3 vol., 8.°. 

XXXVI. — *. — Campaigns and cntises in Venezuela and 
New Grenada and the Pacific Oceam from 1S27. — London. — 
1830. — 3 vol., 8.°. 

XXXVII. — *. — Rccollectious of a service o three years 
during the war of extermination in the Republics of Venezuela 
and Colombia. — London. — 1828. — 2 vol., 4. . 

XXXVIII. — ■*. — Letters written from Colombia during a 
journey from Caracas to Bogotá and thence to Santa Marta 
in 1823. — London. — 1824. — 1 vol., 8.°. 

XXXIX. — *. — Narrative of the Expcdition to, and the 
Storming of Buenos Aires, 1807. — London. — 1808. — 1 vol., 8.". 

Y muchas otras más que no citamos, aun cuando las tene- 
mos á mano en nuestra biblioteca porque se refieren á épocas 
posteriores y no encuadran con esta obra. 



— 374 — 

Calongé y Pérez, Ignacio. 

El Pabellón Español ó Diccionario Histórico 
descriptivo de las batallas, sitios y acciones más 
notables que han dado ó á que han asistido las 
armas españolas, desde el tiempo de los carta- 
gineses hasta nuestros días, asi en la península 
como en las diferentes naciones con que la Es- 
paña ha tenido guerra. 

Madrid, 1855. — 3 V °1 S; 4-°> I - a — Imprenta 
de don Alejandro Gómez Fuentenebro, Cole- 
giata, N.° 6. 

Verbas. — C. M. y S. 

Más que Diccionario es ésta una obra de efemérides, 
en que están narradas, por lo general con exactitud é 
imparcialidad de criterio, todas las acciones de guerra 
á que asistieron los tercios castellanos en el orbe. 

Es un libro interesante y útil para los que se ocupan 
de investigaciones de carácter histórico. 

Calvo, Max. 

El estandarte de San Martín. C lientos in- 
fantiles. i. er concurso. 

Buenos Aires. — Imprenta La Sin Bombo, 
de Juan Canter. 

Calvo, Carlos. 

Anales históricos de la revolución de la Amé- 
rica Latina. Acompañados de los documentos 



— 375 — 

en su apoyo, desde el año 1808 hasta el reco- 
nocimiento de la independencia de ese extenso 
continente, por Carlos Calvo. 

París. — Librerías de A. Durand, Rué des 
Gres, N.° 7; Garnier Hnos., Rué des Saints 
Peres, N.° 6; Hachette y Cía., Boulevard Saint 
Germain, N.° 77. 

Besanzón. — Imprenta de J. Jacquin. — 5 vo- 
lúmenes 4. , 1. a edición. — 1864- 1867. 

El doctor Carlos Calvo era un profundo conocedor 
del Derecho Internacional, que en más de una ocasión 
vio solicitada su opinión por los gobiernos de Francia 
é Inglaterra á propósito de asuntos que tenían atin- 
gencia con su especialidad. 

Desde largos años atrás residía en París, y poco antes 
de su muerte fué designado por el Gobierno de la Re- 
pública Francesa para una comisión análoga, que hubo 
de declinar por el mal estado de su salud. 

Era una autoridad en la materia. 

Entre las muchas obras que escribió figuran Los 
.¡nales históricos de Ja Revolución de la América la- 
tina, que constituyen, por decirlo así, la historia com- 
pendiada de la emancipación sudamericana. 

Los documentos con que abona sus afirmaciones le 
hacen más interesante y le dan la autoridad indispensa- 
ble á esta clase de trabajos. Además, si se tienen en 
cuenta las dificultades que habrá tenido que vencer 
para componerla, dado lo difícil que era obtener los 
documentos necesarios, ya que no existían reunidos en 
ningún libro, en la época en que escribió el suyo, se 
podrá apreciar el verdadero mérito de su obra, en la 



— 376 — 

cual campea, sea dicho de paso, un estilo sencillo y 
ameno, siendo sus narraciones sintéticas, pero ani- 
madas. 

La Colección de Tratadvs de la América Latina, que 
publicó en París eu n volúmenes, forman hoy el com- 
plemento de los Anales históricos. 

Camacho, Simón. 

Recuerdos de Santa Marta, 1842. Con vistas, 
retratos y detalle del embarque de los restos del 
general Bolívar. 

Caracas, 1844. — I folleto 4. , con seis plan- 
chas. 

Este folleto contiene el detalle completo de las ce- 
remonias realizadas, discursos, etc., en Santa Marta, 
bajo la dirección del gobernador de aquel departamento 
general don Joaquín Posada Gutiérrez, con motivo de 
la exhumación y entrega á la Comisión Venezolana 
de los restos del Libertador Bolívar, fallecido en la 
quinta de San Pedro Alejandrino, de don Joaquín de 
Mier, el 17 de Diciembre de 1830, y depositados mego 
en la Catedral de Santa Marta. 

Campe, E. J. 

Historia del Descubrimiento y Conquista de 
la América. Escrita eu alemán, por Enrique J. 
Campe y traducida al español por Francisco 
Fernández V illalville , con una introducción his- 
tórica que comprende una reseña del estado po- 
lítico y la división geográfica actual de los Es- 
tados de América. 



— 377 - 

Barcelona, 1845. — Establecimiento Tipográ- 
fico de P. Mellado, calle del Sordo, N.° n. — 
1 vol. 4. , 1. a . 

Campos, Juan N. 

Discurso en representación del Centro Ar- 
tístico Nacional, pronunciado frente á la esta- 
tua de San Martín el día de la manifestación 
llevada á cabo en homenaje al Ministro de 
Francia. 

Buenos Aires, 1909. — La Prensa, Octu- 
bre 25. 

Camus, Maximino. 

El general José Matías Zapiola, por Maxi- 
mino Camus. Con retrato. 

El Sud Americano, ya citado. Tomo I, año I. 

Camus, Maximino. 

Zapiola en el apogeo de su gloria. 

Buenos Aires, 1901. — 1 vol. 4. , i. a edición. 
Con ilustraciones. — Imprenta Salesiana, de la 
Escuela de Artes y Oficios de Almagro. 

Esta monografía histórica contiene una biografía 
abreviada de aquel heroico soldado de la emancipación. 

Su autor traza en ella á grandes rasgos los episodios 
más salientes de la vida de Zapiola durante sus campa- 
ñas en Chile, narrándolos en un estilo sencillo y ele- 
gante. 



— 378 — 

Cañé, Doctor Miguel. 

En viaje, 1 881-1882. 

París, 1884. — 1 vol. 8 o , 1. a — Garnier Fré- 
res, Rué des Saints Peres, N.° 6. 
Capítulo XVII. 

En este precioso libro de viajes del autor en Vene- 
zuela y Colombia, se ocupa incidentalmente de San 
Martín al recordar los hechos principales de la epo- 
peya emancipadora sudamericana. 

Cañé, Doctor Miguel. 
Sarmiento en París. 

Buenos Aires, 1896. — La Biblioteca, revis- 
ta mensual, dirigida por Pablo Groussac. — 
Félix Lajouane, editor. — Perú 85. — 8 vols. 4. . 

Año I, vol. II. 

El doctor Miguel Cañé era un escritor galano do 
verdadero talento. Fué en su época uno de los más altos 
exponentes de la intelectualidad argentina. 

Además de las obras que citamos en ésta, publicó 
las siguientes : 

Ensayos, 1878. 1 vol. 

Juvenilia, Recuerdos de colegio, 1884. 1 vol. 

Charlas literarias. 1 vol. 

Prosa ligera. 1 vol. 

Enrique IV. 1 vol. (traducción del inglés). 

Juvenilia es un poema juvenil, que ha merecido el 



- 379 - 

elogio de propios y extraños. Se han hecho de ella tres 
ediciones: la primera en Viena y las otras dos en Bue- 
nos Aires. 

Cañé, Doctor Miguel. 

Visita de Sarmiento al general San Martín. 

Buenos Aires, 1903. — Prosa ligera. — 1 
volumen 8.°, 1. a , 264 págs. — A. Moen, editor, 
calle Florida, N.° 322. 

Este artículo del doctor Gané, en el que trataba de 
un modo irrespetuoso la memoria de San Martín, le 
fué refutado en una carta redactada en términos me- 
surados, pero severos, por el antiguo periodista argen- 
tino y entonces diputado á la Legislatura de Buenos 
Aires, don Francisco Uzal. La carta se publicó en el 
diario La Mañana de La Plata, y el autor dio contesto 
inmediato confesando su error, prometiendo modificar 
lo escrito en una segunda edición. El doctor Cañé y 
el señor LTzal habían sido compañeros de redacción 
en el antiguo diario bonaerense El Nacional. 

Cánepa, Carlos. 

La Historia Argentina explicada en 95 lec- 
ciones, desde el descubrimiento de América 
hasta nuestros días. 

Buenos Aires, 1904. — 1 vol. 12 o , 3. a . Ador- 
nada con grabados y retratos de los prohom- 
bres argentinos. — Cabaut Hnos., editores, Al- 
sina, N.° 500. 



380 



Canterac, General José de, y Valdez, General Jeró- 
nimo. 

Comunicaciones de los jefes del ejército de 
Lima al Virrey Pezuela, y contestación de éste 
cuando lo depusieron del mando. 

Buenos Aires, 1821. — 1 folleto, folio, 4 pá- 
ginas. — Imprenta de los Niños Expósitos. 

Esta comunicación, á más de las firmas de Canterac 
y Valdez, lleva las de el Marqués de Valle Umbroso, 
Fulgencio de Toro, Agustín Itormin, Ignacio Landá- 
zuri, José Ramón Rodil, José García Sócoli, Ramón 
Bedoya, Valentín Ferraz, Andrés García Camba, Fran- 
cisco Ortiz, Antonio Seoane, Ramón García Lemoine, 
Mateo Ramírez, Antonio Tur, Pedro Martín, Fran- 
cisco Narváez y Manuel Bayona, siéndole entregada 
al Virrey por Seoane y García Camba, á nombre de 
los jefes reunidos en Aznapuquio. 

Cantilo, Gabriel. 
El sable de San Martin. 

Buenos Aires, 1897. — Revista de Buenos 
Aires, año 3. , N.° 100. 

Página 1. Con ilustraciones. 

Capaz, Dionisio. 

Manifestación de las sesiones tenidas en el 
pueblo de Miraflores para las transacciones in- 
tentadas con el general San Martin. — Lima, 



— 3S1 — 

p de Octubre de 1820. — El conde del Villar de 
Fuente, Dionisio Capaz, Hipólito Unánue. 

Documentos A 7 . ó. Págs. 601-608. 

" Suspendidas las conferencias, escribió Capaz una 
" manifestación desvergonzada é impolítica con los más 
" irritantes insultos, y sin someterla al criterio y apro- 
" bación del moderado Conde del Villar de Fuente y 
" del discreto secretario Unánue, apareció impresa en 
" la Gaceta Oficial, acompañando su nombre con el de 
" ambas personas respetables. Unánue dijo al público 
" que su firma babía sido puesta en la imprenta sin su 
" consentimiento; y que ese papel encerraba ideas que 
" no le pertenecían, y expresándose sobre esto de un 
" modo muy enérgico. La contestación que Capaz dio 
" á luz, si bien dejó en pie la justa queja de Unánue, 
" descubrió que cosa igual se había hecho en la oficina 
" de la Gaceta con la firma del Conde del Villar. 

" Por último, después de fastidiosos detalles, indicó 
" Capaz, entre sus excusas, que el editor Larriva había 
" hecho estampar ambas firmas sin que él lo ordenara : 
" el doctor Larriva, que guardó silencio, tal vez sería 
" en realidad el culpable " (l) . 

Cappa, Ricardo, de la Compañía de Jesús. 

Historia compendiada del Perú con algunas 
apreciaciones sobre los viajes de Colón y sus 
hechos. 



(1) M. de Mendiburu. — Diccionario Histórico, citado. Bio- 
grafía de! Virrey Pezuela. Pág. 316. Vol. VI. 



— 382 — 

Lima, 1886. — i vol. 8.°, i. a , 218 págs. — 
Carlos Prince, impresor y librero, editor; calle 
de la Vera Cruz, Ñ.° 71. 

Esta obra, en la cual se hacían por su autor apre- 
ciaciones injuriosas é inexactas acerca de la actuación 
de varios hombres de estado y militares que figuraron 
en primera fila durante la guerra de la independencia, 
motivó una réplica del conocido escritor Ricardo Pal- 
ma, que trajo como consecuencia inmediata la expulsión 
del país del padre jesuíta Cappa y de la compañía á 
que pertenecía. 

El trabajo de Palma se titula: Replica á ún Com- 
pendio de Historia del Perú. Lima. 1 folleto, 4. . 26 
páginas. 

Caraffa, Pedro I. 

Francisco Narciso Laprida. 

Buenos Aires, 1899. — Revista Nacional, ya 
citada 

Volumen XXVIIL 

Caraffa, Pedro I. 

El general Pedro Molina. Breves noticias 
acerca de su vida pública. 

Buenos Aires. — Revista Nacional. 
Volumen XXXII. 

Caraffa, Pedro I. 

Licenciado doctor José Ignacio de la Rosa. 






— 383 — 

Buenos Aires, 1901. — Revista Nacional. 
Volumen XXXI. 

Caraffa, Pedro I. 

Los hombres de Cuyo. El general don To- 
ribio de Luzuriaga. Con retrato. 

Buenos Aires, 1903. — Revista Nacional. 
Volumen XXXIII, 1902; Volumen XXXV. 

Los apuntes biográficos del general Luzuriaga son 
en extremo interesantes; puede decirse que es la pri- 
mera biografía que entre nosotros se publicó acerca de 
aquel benemérito soldado. 

Esta biografía tiene tanto mayor interés cuanto que 
sus descendientes no conservan papeles y el señor 
Caraffa ha tenido que reunir sus datos recogiéndolos 
de los diarios de la época. 

Caraffa, Pedro I. 

Don Francisco Narciso Laprida, 1786-1829. 
Apuntes biográficos. 

Buenos Aires, 1904. — La Nación. — Año 
XXXV, N.° 11.080, 25 Septiembre. 

Caraffa, Pedro I. 

Hombres notables de Cuyo. 

La Plata, 1908. — 1 vol. 8.°, i. a , 250 págs. 
Con retratos. — Talleres Seré, Larrañaga y 
Cía. — Buenos Aires; Rivadavia 1126. 



- 384 — 

Biografía de Liimiriaga. 

El autor de esta obra es un modesto y laborioso em- 
pleado del Museo Histórico Nacional de Buenos Aires 
que se ha consagrado por completo á estudiar los ar- 
chivos de la provincia de Cuyo, tan abundantes en do- 
cumentos como poco conocidos y utilizados. 

Hombres notables de Cuyo, es una interesante co- 
lección de biografías de hombres de verdadera noto- 
riedad y que prestaron servicios eminentes á la causa 
emancipadora y algunos, como del Carril, á la de la 
organización nacional, en épocas posteriores. 

La composición de sus biografías se hacía cada vez 
más difícil, dado el número de documentos que hay 
que consultar para escribirlas y la ignorancia acerca 
del sitio donde se encuentran : el señor Caraf fa ha 
abordado de lleno la tarea y la aparición de la primera 
serie de Hombres notables de Cuyo, obrita escrita 
con criterio sereno y con verdad, nos dice que su autor 
empieza á ver realizados sus propósitos con éxito com- 
pleto. 

La primera serie publicada comprende las biografías 
del doctor José Ignacio de la Rosa, don Tomás Godoy 
Cruz, general don Toribio de Luzuriaga, don Francisco 
Narciso Laprida, Fray Justo de Santa María de Oro, 
general don José Bruno Morón, doctor don Salvador 
María del Carril, doctor don Juan Agustín Maza, ge- 
neral don Manuel Corvalán, coronel don Vicente Du- 
puy y general don Pedro Molina. 

La segunda serie completará los Hombres notables 
de Cuyo, con lo cual su autor habrá prestado un ver- 
dadero servicio á los que se dedican á estudiar nuestra 
historia. 



- 385 — 

" Caras y Caretas ". 

Inauguración de la estatua del general San 
Martín en Santa Fe. 

Buenos Aires, 1902. — Caras y Caretas, se- 
manario ilustrado. 
Año V, N.° 214. 

Este artículo abreviado contiene una interesante re- 
seña de las fiestas celebradas. 

" Caras y Caretas ". 

San Martín. Con ilustraciones. 

Buenos Aires, 1905. — Caras y Caretas, se- 
manario. 

Año VIII, N.° 347, Mayo 27. 

" Caras y Caretas ". 

San Martín. Artículo de la redacción. 

Buenos Aires. — Caras y Caretas. — Año II, 
N.° 34, 25 de Mayo de 1899. 

Con retrato de San Martín y tres fotograbados más. 
representando : 

I. Ruinas de la casa donde nació Sun Martín 
(Yapeyú). 

II. El histórico pino de San Lorenzo. 

III. Monumento á San Martín en Yapeyú (Mi- 
siones). 

t. 1. 25 



— 386 — 

Carlsen, Capitán Baldomero. 

Datos sobre la vida del coronel Pringles por 
el general Rudesindo Alvarado. Carta al doc- 
tor A. J. Carranza. — Jujuy, Noviembre p de 
1869. 

Buenos Aires. — Apoteosis de Pringles, por 
J. B. Gez, ya citada. 

Carlyle, Thomas. 

Critica! and MisccUancoiis Essays. Collected 
and rcpublished by Thomas Carlyle. 

Boston. — IV Yolumes 8.° — Published by 
Brown and Tag'gar. — 25 and 29 Cornhill. — 
MDCCCLX. 

Este autor, aunque incidentalmente, se ocupa de San 
Martín, O'Higgins, etc., al tratar de la insurrección de 
las colonias españolas de Sud América. 

Carlyle, Tomás. 

El doctor Francia. Traducido del inglés por 
Luis M. Drago. 

Buenos Aires, 1843. — l folleto 4. , páginas 
11-18, sin indicación de imprenta. 

La versión al castellano del trabajo histórico de 
Carlyle es tan buena como el original. 



387 



Caronti, Luis C. 

Táctica aplicada. Teoría del desfiladero, su 
aprovechamiento. 

Buenos Aires, 1906. — 1 vol. 8.°, 1. a edición. 
— Imprenta de M. Biedma, Bolívar 535. 

C. — Guerras Argentinas. El Paso de los 
Andes. Batalla de Chacabuco. 

En esta obra de técnica militar, su distinguido autor 
se ocupa de San Martín, al tratar de los pasos de mon- 
taña, rindiéndole debida justicia. 

Su libro es una obra interesante que ha sido debida- 
mente utilizada para la instrucción de los guardias na- 
cionales de la capital y provincias. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

18/2. Recuerdos de la República Argentina, 
Solivia, Chile, Perú y República Oriental, por 
Adolfo P. Carranza. 

Buenos Aires, 1875. — l folleto 4. , i. a , 58 
páginas. — Imprenta Nueve de Julio, Florida 

2 93- 

V Parte: República de Chile, La tumba de 

los héroes. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Biografía del general Manuel de Escalada. 

Buenos Aires, 1885. — 1 folleto 8.°, i. a , 47 
páginas. — Imprenta Le Courricr de la Plata, 
calle Bolívar, N.° 76. 



— 388 — 

Este estudio biográfico comprende, en forma abrevia- 
da y amena, los rasgos más salientes de aquel esclare- 
cido campeón de la libertad americana, siguiéndolo 
desde su cuna hasta su muerte. 

Es una biografía interesante y novedosa. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El coronel Bogado. Con retrato. 

Buenos Aires, 1885. — 1 folleto 8.°, 1. a edi- 
ción. — Imprenta de Le Courrier de la Plata, 
calle Piedad 148-154. 43 págs. 

Este trabajo histórico está publicado en La 
Revista Nacional, 1890. Volumen XII. 

El coronel Bogado, nacido en el Paraguay, sentó pla- 
za en calidad de voluntario en el Regimiento de Gra- 
naderos á Caballo, poco después de su glorioso estreno 
en la acción de San Eorenzo el 3 de Febrero de 181 3 
en las costas del Paraná ; hizo todas las campañas de 
Chile, Perú y Ecuador y regresó á Buenos Aires, des- 
pués de Ayacucho, cuando ya no quedaban enemigos 
de América que combatir. 

Salió de Buenos Aires, como soldado raso del Regi- 
miento Granaderos á Caballo, y regresó á la misma 
ciudad en el mes de Abril del año 1826, ostentando 
sobre sus hombros las presillas de teniente coronel. 

Volvió acompañado de 120 soldados salidos al ini- 
ciarse la campaña continental por San Martín y que 
regresaban después de 13 años de rudo batallar, de 
los cuales sólo siete eran de los que partieron del 
cuartel del Retiro con su heroico organizador : el resto 
rindió su vida en las luchas homéricas por las liber- 



- 389 - 

tades de América desde el Plata al Guayas ; Bogado 
venía entre ellos. 

Las armas por ellos depositadas en el histórico 
cuartel de la Plaza del Retiro fueron colocadas en 
una caja de cedro, sobre la cual de orden superior 
se colocó una placa de bronce con la inscripción si- 
guiente: Armas de los libertadores de Chile, Perú y 
Colombia. 

El gobierno dispuso que aquella caja fuera conser- 
vada para que las generaciones futuras pudieran con- 
templarla. Aquella idea laudable no pudo realizarse; 
nuestras discordias civiles lo impidieron! 

El valiente granadero paraguayo José Félix Bogado 
falleció muchos años después desempeñando el cargo 
de comandante militar de San Nicolás de los Arroyos. 
Sus restos han desaparecido. Sólo queda su recuerdo 
inmortal ! 

El erudito historiógrafo doctor don Ángel Justiniano 
Carranza, en su obra Campañas Navales de la Repú- 
blica Argentina, le dedica algunos renglones, bosque- 
jando su vida y sus servicios. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Revista Nacional. — Historia, Literatura, 
Jurisprudencia. 

Buenos Aires, 1886. — Yols. I y XIII.— Im- 
prenta Europea, Moreno 51. 

Esta interesante publicación, que recién hace poco 
ha dejado de aparecer, era una revista en la cual se 
publicaron estudios importantes sobre historia argén- 



— 390 — 

tina y americana, colaborando en ella los principales 
escritores del país y de la América en general. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Carta de San Martín al general Ramón Cas- 
tilla. — ii de Septiembre de 1848. 

Revista Nacional. — Historia Americana, 
Lieratura, Jurisprudencia. 

Director: doctor Adolfo P. Carranza. 

Buenos Aires, 1886. — Imprenta Europea, 
calle Moreno, N.° 51. 
Volumen I. 

Esta carta conjuntamente con otras de San Martín 
y Castilla, fueron publicadas en La Revista Peruana, 
tomo II, pág. 40 á 49. La Revista Nacional tuvo por 
redactores: Años 1886-1891 : Doctor Adolfo P. Ca- 
rranza. — Años 1892-1893: Doctor Carlos Vega Bel- 
grano. — Años 1894-1897: Señores Alejandro Rosa. 
José A. Pillado y José Juan Biedma. — Año 1897 : 
Rodolfo W. Carranza. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El general Ángel Pacheco. 

Buenos Aires. — Revista Nacional, ya cita- 
da. Año II, tomo IV. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El coronel Manuel Rojas, por Adolfo P. Ca- 
rranza. 



— 391 — 

Buenos Aires. — Revista Nacional, ya cita 
da. Año 1888. Volumen Y. 

Este artículo histórico contiene en forma abre- 
viada los rasgos más salientes de la vida de aquel cam- 
peón esforzado de las libertades de América. 

El doctor Juan María Gutiérrez ha escrito de este 
procer una interesante biografía. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El secreto de San Martín, por Adolfo P. 
Carranza. 

Buenos Aires, 1890. — Revista Nacional, ya 
citada. Volumen XII. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Servicios del general Jerónimo Espejo. Cani- 
pañas y acciones en que se halló. 

Buenos Aires, 1889. — Revista Nacional, ya 
citada. Tomo VIII. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Nuestros autógrafos. San Martín y Bolívar. 

Buenos Aires, 1889. — Revista Nacional, ya 
citada. Tomo IX. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Centenario de Alvcar. Carta de Alvear al 
general Guido sobre la muerte de San Martín 



r 

- 392 — 

Buenos Aires, 1889. — Revista Nacional. 
Tomo IX. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El coronel José Félix Bogado, por Adolfo P. 
Carranza. 

Buenos Aires. — Revista Xaciona!. Año 
1890. Volumen XII. Con retrato. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

S'an Martín y Pueyrredón. Sus relaciones en 
Europa. 

Buenos Aires, 1891. — Revista Nacional. 
Volumen XIII. 

Este relato histórico es interesante y novedoso, pues 
en forma ajustada en un todo á la verdad, nos cuenta 
su autor el estado de las relaciones entre el Director 
de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y el 
general San Martín, organizador del ejército de los 
Andes y Libertador de Chile. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El coronel Manuel Olazábal. Sus servicios 
militares. 

Buenos Aires, 1891. — Revista Nacional. 
Volumen XIV. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El Museo Histórico. Publicación trimestral 



— 393 — 

v descriptiva bajo la dirección de Adolfo P. 
Carranca. 

Buenos Aires. 1892-1898. — 3 vols. 4. , i. a 
y 1 entrega del 4. volumen, con ilustraciones. — 
Imprenta de Guillermo Kraft, Cuyo 11 24. 

El Musco Histórico empezó á publicarse el año 1892 
y dejó de aparecer el año 1898 con la entrega I del 
volumen IV. 

Aparecía por el establecimiento de impresiones de 
don Guillermo Kraft, Cuyo, N.° 1124. 

Colaboraron en ella nuestros principales hombres 
de letras y ha sido una de las publicaciones más lujo- 
samente editadas que hayan aparecido en Sud Amé- 
rica. 

Su desaparición fué una verdadera pérdida para la 
historia nacional. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín. Rasgos biográficos. 

Buenos Aires, 1892. — El Museo Histórico, 
revista, ya citada. Volumen I, con retrato de 
San Martín. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

La estatua de San Martín. 

Buenos Aires, 1893. — El Museo Histórico. 
Año III. 



— 394 — 
Carranza, Doctor Adolfo P. 

Resumen de Historia Argentina. Parte I: 
Período Colonial; Parte II: Período de la In- 
dependencia. 

Buenos Aires. — 2 vols. 12. , i. a , de yi y 79 
páginas respectivamente. — Jorge A. Kern, 
editor. — Librería y Papelería San Jorge, San- 
ta Fe 2292. 

Tomo I : San Martín en Cuyo. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Leyendas nacionales: El bastón de San Mar- 
tín. 

Buenos Aires, 1894. — 1 vol. 12. , i. a — I val- 
di y Checchi, editores. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Hojas históricas. Anécdotas. Narraciones 
patrióticas y relatos de las campanas de los 
Andes y del Perú. 

Buenos Aires, 1894. — 1 folleto 12. °, 3. a — 
Ilustrado con 21 retratos de los hombres cé- 
lebres de la independencia. — Pedro Igón Hnos., 
editores. — Librería del Colegio, Alsina 500. 

Este folleto está formado por una colección de anéc- 
dotas y narraciones patrióticas arrancadas á las páginas 
de nuestra historia, escritas en forma amena y nove- 
dosa por su autor y acompañadas de numerosas ilustra- 
ciones, lo que la hace en extremo interesante. 



395 - 



Carranza, Doctor Adolfo P. 



Resumen de Historia Argentina, arreglada 
al programa del primer año del Colegio Nacio- 
nal. — Parte I: Período Colonial; Parte II: 
Periodo de la Independencia. 

Buenos Aires, 1894. — 2 vols. 12. °, i. a — 
Librería San Jorge, de A. Kern, editor ; calle 
Santa Fe, N.° 2292. 

Texto de enseñanza de la historia patria para la ju- 
ventud argentina. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Archivo general de la República Argentina. 
Publicación dirigida por A. P. Carranza. Pe- 
ríodo de la independencia. 

Buenos Aires, 1894- 1898. — 14 vols. 8.°, i. a 
— Litografía, Imprenta y Encuademación de 
G. Kraft, Cuyo 1124. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Razón del nombre de las Plazas, Parques y 
Calles de la Ciudad de Buenos Aires. Nomen- 
clatura completa con arreglo á las ordenanzas 
vigentes. 

Buenos Aires, 1895. — 1 folleto 16. , i. a — 
Imprenta Guillermo Kraft, Cuyo 1124. 

Estudio histórico útilísimo de los nombres de la< 
calles de nuestra metrópoli. 



- 396 - 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

1795 — 28 Junio — iSqj. — Centenario del 
guerrero de la Independencia coronel Pedro 
Ramos. 

Buenos Aires, 1895. — 1 folleto 8.°, 1. a — 
Imprenta de Alberto Biedma, calle Bermejo, 
N-° 353- — Con ilustraciones. 

Este folleto contiene una interesante biografía de 
este guerrero de la independencia americana. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Falucho. Inauguración de su estatua. 

Buenos Aires, 1897. — El Museo Histórico. 
Tomo IV. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El sable del general San Martín. Su entrega 
al Museo Nacional. 

Buenos Aires, 1898. — El Museo Histórico, 
ya citado. Tomo IV. Con grabados. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El sable del general San Martin. Antece- 
dentes y documentos. Con un cromo y graba- 
dos representando el sable y las medallas con- 
memorativas del acto. 



— 397 — 

Buenos Aires. — El Musco Histórico, ya ci- 
tado. Tomo IV. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Falucho. La inauguración de su estatua, el 
9 de Mayo de 1897. Cotí un grabado represen- 
tando el monumento. 

Buenos Aires. — El Musco Histórico, ya ci- 
tado. Tomo IV. 

Falucho fué reproducido en el diario Tribuna del 
8 de Mayo de 1897. 

De este negro heroico se han ocupado especialmente 
el general Mitre en su monumental Historia de San 
Martín y de la emancipación sudamericana y el poeta 
Rafael Obligado. 

Falucho, como le llamaban en el batallón Río de la 
Plata, ó Antonio Ruiz, según nombre de pila, murió 
fusilado inicuamente por los sargentos Oliva y Mo- 
yano, autores de la sublevación del Callao en la noche 
del 4 de Febrero de 1824. 

Fué fusilado porque no quiso rendir honores al 
pendón de Castilla contra el cual había combatido 
siempre. 

Murió gritando ¡Viva Buenos Aires! 

La gratitud nacional le ha destinado para perpe- 
tuar su memoria un monumento en bronce, en la 
plaza que lleva el nombre del general de los Andes y 
no lejos de su estatua. 

Falucho, orgullo de su raza, está representado de pie 
en la actitud en que lo ha inmortalizado el historiador 
de San Martín. 



- 398 - 

El inspirado poeta Obligado contribuyó á inmortali- 
zar su nombre con la composición poética titulada 
Falucho, que publicó con motivo de la inauguración 
de su monumento. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Homenajes patrióticos. Discursos. 

Buenos Aires, 1900. — 1 vol. 12. , i. a , 89 
páginas. Editado por La Revista Nacional, 
Bolívar 264. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Patricias Argentinas. 

Buenos Aires. — 1 vol. 16. , i. a . Con retra- 
tos. — Imprenta y Librería de Monquaut y Váz- 
quez Millán, calle San Martín, N.° 102. 

Esta obrita interesante está destinada por su autor á 
hacernos conocer los rasgos más salientes de las patri- 
cias argentinas que contribuyeron con su óbolo á la 
campaña emancipadora. 

Es un libro importante, y lo único que hay reunido 
sobre el particular. 

En Chile el señor Grez ha publicado una obra similar 
sobre las patricias chilenas, titulada; Las mujeres de la 
independencia, pero sin retratos. En otro lugar de 
esta obra citamos otro libro de autor anónimo, publi- 
cado en París en 1825, que contiene un estudio nove- 
doso é interesante acerca de la acción de la mujer ame- 
ricana en general, durante la revolución de la indepen- 
dencia. Su título es : Ilustres Americanas. 



- 399 - 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Homenajes patrióticos. Discursos. 

Buenos Aires, 1903. — 1 folleto 16. , i. a , 131 
páginas. Con ilustraciones. — Imprenta Gun- 
che, Wiebeck y Turtl, calle B. Mitre, N.° 576. 

Este folleto contiene los discursos que el autor 
pronunciara en distintas ocasiones con motivo de inau- 
guraciones de estatuas, aniversarios, etc. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martin. Homenaje al Libertador. 

Buenos Aires, 1905. — Imprenta de M. Rosas, 
calle Moreno y Defensa. — 1 vol. 4. mayor, i. a 
edición. Con profusión de grabados. 

Esta obra constituye, por decirlo así, el monu- 
mento iconográfico más completo que pudiera consa- 
grarse á rendir homenaje á la memoria del vencedor 
de Chacabnco y Maipú. 

Con una paciencia digna de ser tenida en cuenta por 
los amantes de las glorias nacionales, el doctor Ca- 
rranza ha logrado reunir en las páginas de su obra 
las joyas iconográficas más preciosas que tienen atin- 
gencia con la memoria de nuestro glorioso capitán. 

De desear sería que en la segunda edición que pre- 
para hiciera iluminar las láminas, sobre todo las que 
representan banderas, uniformes, etc. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín. Sit correspondencia, 1823-1849. 



- 400 — 

Buenos Aires, 1906. — 1 vol. 8.°, 1. a , 173 
páginas. — imprenta de M. A. Rosas, More- 
no 423. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín. Su correspondencia, 1883-1850, 
con retrato de San Martín, tipo Castán. 

Madrid, 1910. — 1 vol. 8.°, 2. a , 336 págs. — 
Imprenta de Bailly-Bailliére é hijos, Cava Alta 

N.° 5. 

Este libro, mucho más completo que la primera edi- 
ción, comprende la correspondencia del general San 
Martín desde su glorioso ostracismo. 

Entre las cartas interesantes que contiene merece 
citarse la que desde Bruselas, dirigió San Martín al 
general Guillermo Miller, y que arroja alguna luz 
sobre la conferencia de Guayaquil. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Memorias. — Autobiografías. Con introduc- 
ción del doctor Adolfo P. Carranza. 

Buenos Aires, 1910. — 2 vols. 8.°, 1. a , 265 
■f.i y 262 + 1 págs., con retratos. — Imprenta 
de M. A. Rosas, Moreno 423. 

Esta obra contiene : 

Yol. I. — Reseña histórica de los sucesos de Mayo, 
por don Tomás Guido; Memoria autógrafa de don 
Cometió Saavedra; Autobiografía del general Manuel 
Bel grano; Memorias del general don Martín Rodri- 
gues y Memorias de don Gervasio Antonio Posadas. 



- 401 — 

Yol. II. — / "ida v Memorias del doctor Mariano 
Moreno y Autobiografía del doctor don Pedro José 
Agrclo. 

La enumeración de los trabajos contenidos en esta 
obra excusan comentarios. Es un nuevo é interesante 
contingente aportado por el doctor Carranza á las letras 
argentinas. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

% Monumcnto á San Martín en Lima. Carta 
al ministro peruano E. de Tésanos Pintos. 

Buenos Aires, 1908. — Revista Nacional. — 
Año XXIII, Volumen I. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Ilustración Histórica Argentina. 

Buenos Aires, 1908. — Revista mensual, 4. . 
Con ilustraciones. En curso ele publicación. 

Esta importante revista, que ha venido á reempla- 
zar á El Museo Histórico, es una de las publicaciones 
más lujosas que haya salido de prensas argentinas y 
que hacen honor al país. Ya ha aparecido un volumen 
en el cual van contenidos retratos policromos de nues- 
tros principales proceres, vistas, mapas, planos de ba- 
tallas, medallas, facsímiles de documentos, etc. 

Su tiraje va siempre en aumento y no está lejano 
el día en que venga á ser la revista favorita de nues- 
tro público. 

T I. ¿6 



402 



Carranza, Doctor Adolfo P. 

Apuntes biográficos sobre la vida militar y 
política del general Martín Rodrigues, guerre- 
ro de la independencia americana. Con una 
reseña sobre la repatriación de sus restos. 

Buenos Aires, 1909. — 1 vol. 8.°, 1. a , 143 
páginas. — Imprenta de Weiss y Preusche, Pa- 
tricios 243. Con ilustraciones. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Campañas marítimas durante la guerra de la 
independencia. 

Buenos Aires, 1864. — La Revista de Bue- 
nos Aires. Año II, N.° 16. 

Reproducida en La Revista Nacional, de Ca- 
rranza, etc., ya citada. 

Esta obra interesante y de verdadera utilidad para 
los que se ocupan de investigar nuestro pasado, aun no 
ha sido publicada completa: empezó á aparecer en 
la antigua Revista de Buenos Aires y desaparecida 
aquella, continuó su publicación en La Revista Nacio- 
nal, que ha dejado de publicarse hace pocos meses. 

De desear sería que el hijo del autor, don Rodolfo 
W. Carranza, que es un amante de nuestras glorias y 
un escritor distinguido, terminara su publicación, pres- 
tando así un verdadero servicio á la historia nacional. 

El doctor Carranza publicó entre otros trabajos de 
carácter histórico los siguientes : 



- 403 - 

Camparías navales de la República Argentina. 1810- 
1842. 

El almirante inglés Eduardo Vernon en las aguas 
de Nuera Granada. 1739-1741. 

El jefe de escuadra don Jacinto de Romarate en el 
Rio de la Plata. 18 11- 18 14. 

La Lámina de Oruro y la Guirnalda de Potosi, de- 
positadas en la Sala de la extinguida Audiencia de 
Buenos Aires. Con dos láminas. 

Proemio, A T otas y Anexos á la Descripción Histó- 
rica de la Antigua Provincia del Paraguay de don 
Mariano Molas. 

Misión extraordinaria del señor Quevedo á Méjico. 
Con retrato. 

La acción de Perdricl y su escudo de honor. 

El suplicio de la Pola. 

El Abrazo de Yatasto. San Martín y Belgrano en 
1814. 

La bandera de los Andes. — Aclaraciones históricas. 

La Revista de Rancagua en 1820. 

La representación al trono de Carlos III, por el 
indio Catarí, gobernador de Mocita. 

El general Belgrano en la independencia argentina. 
(Artículos de crítica histórica sobre la obra del ge- 
neral Mitre). 

En el centenario del almirante Guillermo Brotvn. 

Introducción á los escritos Políticos y Literarios 
del doctor Andrés Lamas. 

El juramento de los 55 orientales. 

Sinopsis de la obra histórica del general Espejo 
"La entrevista de Guayaquil". 

La batalla de Maipo y las cenizas del general San 
Martín. 



- 404 — 

Biografía del general don Rudesiudo Alvar ado. 

Biografía del general don Juan Felipe ¡barra. 

Biografía del coronel don Federico de Brandsen. 

La conspiración de 1839. Con varios retratos. 

El doctor Carlos Tejedor. 

El general Lavallc ante la justicia postuma. Con 
retratos y vistas. (3 ediciones). 

Don Bernardino Rivadavia y el asesinato de Badián 
en 1834. 

Biografía del coronel don Juan Pascual Pringles. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Biografía del coronel don Federico Brand- 
sen. 

Buenos Aires. — La Revista de Buenos Ai- 
res, ya citada. Volúmenes VI, VIII, XI y XII. 

La biografía del coronel Brandsen, publicada por el 
doctor Carranza, es de lo más completo que como estu- 
dio histórico ha aparecido entre nosotros acerca de 
aquél. Lo publicado no alcanza más que hasta el mes 
de Mayo de 1819, época en que Brandsen repasa los 
Andes, marcha á Mendoza y luego á la Punta de San 
Juan en la división á las órdenes del general Alva- 
rado. 

Su autor tuvo á su disposición el archivo del coronel 
Brandsen, así como gran cantidad de documentos re- 
lacionados con el mismo que le fueron facilitados por 
los descendientes de aquél. 

En su interesante relato trascribe parte de los Dia- 
rios militares del coronel Brandsen. 



- 405 - 

C, A. J. y P., M. A. 

Rudesindo Alvar ado y Juan, Martín de Puey- 
rredón. 

Buenos Aires, 1869. — Galería Biográfica 
Argentina. Ilustrada con retratos litografia- 
dos, por Cristian Júnior. — 1 vol. 4. , i. a — 
Imprenta y Librería de Mayo, de Carlos Ca- 
savalle, Perú y Potosí. 

Esta galería biográfica es la primer entrega de una 
obra que sus autores, los señores doctor Ángel Justi- 
niano Carranza y señor Mariano A. Pelliza, se pro- 
ponían llevar á cabo y en la cual en la forma empezada 
irían publicando las biografías de nuestros proceres. 
Desgraciadamente, por motivos que no conocemos, la 
obra no se llevó á cabo, siendo esta primer entrega la 
única publicada. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Verificaciones históricas. La legítima ban- 
dera de los Andes. 

Buenos Aires. — La Nación. — Año IX. 
N.° 2.259. 

La gloriosa enseña del Ejército de los Andes se con- 
serva cuidadosamente en la ciudad de Mendoza. 

Cuando se inauguró la estatua de San Martín, en la 
ciudad de Santa Fe, fué traída hasta esa ciudad, sien- 
do recibida en triunfo y expuesta al público, volviendo 
luego á ser conducida á Mendoza, una vez que termi- 
naron los festejos. 



- 406 - 

De aquella enseña inmortal conducida tantas veces 
á la victoria por el ejército de los Andes, al mando de 
San Martin, se ha ocupado varias veces el doctor 
Carranza en sus trabajos históricos. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Verificaciones históricas. Todavía ¡a ban- 
dera de los Andes. 

Buenos Aires. — La Nación. — Año IX, 

N.° 2.257. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Verificaciones históricas. La bandera de los 
Andes. 

Buenos Aires. — La N ación. — Año IX, 
N.° 2.256. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

El abrazo de Yatasto. San Martín y Bcl- 
grano, 18 14. 

Buenos Aires, 1878. — Hoja suelta. Sin pie 
de imprenta. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

La batalla de Maipú y las cenizas del gene- 
ral San Martín. 

Buenos Aires, 1880. — Hoja suelta. Sin pie 
de imprenta. 



- 407 - 

Es un artículo histórico compuesto en forma de pro- 
clama dirigida á sus compatriotas, interesándolos por 
la recepción de los restos del hijo de Yapeyú. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

El abrazo de Yatasto. Boceto histórico de 
Augusto Baücrini. 

Buenos Aires, 1880. — La Nación, Junio 12. 

Este artículo histórico del doctor Carranza está des- 
tinado á historiar el motivo elegido por el malogrado 
pintor argentino don Augusto Ballerini para su her- 
moso lienzo " El abrazo de Yatasto ", en que aparecen 
las figuras de San Martín y de Belgrano evocadas de 
mano maestra por el inspirado pincel de aquel artista. 

Como todos los estudios históricos del doctor Ca- 
ranza este artículo es en extremo interesante. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 
La Poesía de la Revolución. 

Buenos Aires. — 1 vol. 4. mayor. — Im- 
prenta Europea, de M. A. Rosas, calle More- 
no 423. 

Este libro destinado á reemplazar La Lira Argentina, 
del doctor Ramón Díaz, y que no llegó á ponerse en cir- 
culación porque quedó inconcluso á la muerte del autor, 
es un álbum notable que contiene colocadas en orden 
cronológico todas las composiciones patrióticas publi- 
cadas en diarios, revistas, periódicos, hojas sueltas, etc. 
durante la época revolucionaria, constituyendo lo que 



— 408 - 

bien pudiera llamarse la Corona poética de la emanci- 
pación americana. 

Con una paciencia digna del más alto encomio, ras- 
treando por todas partes, el doctor Carranza llega en 
este libro casi á agotar el tema. 

Desgraciadamente, esta obra que debió abarcar desde 
el año X al XXV quedó inconclusa, y lo compilado é 
impreso no llega sino hasta el año 1822. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

La bandera de los Andes. Verificaciones his- 
tóricas, por Ángel Justiniano Carranza. 

Buenos Aires, 1889. — Revista Nacional, ya 
citada. Volumen VIII. 

Carranza Mármol, Doctor Ángel G. 

Historia de San Martín, por el general Bar- 
tolomé Mitre. Juicio crítico. 

Buenos Aires, 1889. — El Sudamericano. — 
Año II. 

Este interesante trabajo histórico sobre la obra 
monumental que escribió el general Mitre acerca de 
San Martín es un estudio crítico que le fué agrade- 
cido en términos elogiosos por aquél. 

Carranza, Rodolfo W. 

El monumento de San Martín en Yapeyú. 
Con retratos y láminas. 



— 409 - 

Buenos Aires, 1899. — Revista Nacional. — 
Volumen XXVIII. 

Este trabajo histórico contiene una descripción com- 
pleta del monumento inaugurado en Yapeyú el 12 de 
Octubre de 1898, para conmemorar la memoria del 
héroe de los Andes en el lugar de su. nacimiento. Va 
acompañado de retratos y láminas. 

Carranza, Rodolfo W. 

Álbum militar de Chile, por Pedro Pablo Fi- 
gueroa. 

Buenos Aires, 1899. — Revista Nacional, ya 
citada. Volumen XXVIII. Juicio crítico. 

Carrasco, Eudoro, y Carrasco, Gabriel. 

Anales de la ciudad de Santa Fe. Con datos 
generales sobre la Historia Argentina, 1527- 
1865, por Eudoro Carrasco y Gabriel Carrasco. 
Con retratos, planos y mapas. 

Buenos Aires, 1897. — 1 vol. 4. — Impren- 
ta y Encuademación de Jacobo Peuser, San 
Martín y Cangallo. 

Obra útilísima por la documentación que aporta. 

Carrasco, Doctor Gabriel. 

Cosas de Carrasco. Recuerdos, cuentos, im 
presiones. 

Buenos Aires, 1893. — 1 vol. 8.°, 1. a edición. 



— 410 — 

— Imprenta y Encuademación de Jacobo Peu- 
ser, Cangallo y San Martín. 

Glorias Nacionales del Ejército Argentino. 

Carrasco, Doctor Gabriel. 

El Himno Nacional Argentino. Estudio his- 
tórico y literario. Escrito para los alumnos de 
las escuelas de la República Argentina. 

Buenos Aires. — i folleto 8.°, 126 págs., 1. a 
edición. — Imprenta y Litografía de Jacobo 
Peuser, calle San Martín esq. Cangallo. 

Estrofa: San José, San Lorenzo, Suipacha, 
etcétera. 

Este estudio histórico crítico del Himno Nacional, 
es uno de los mejores de este autor. 

El análisis de nuestra canción nacional, que consti- 
tuye, por decirlo así, el canto de un pueblo, ó la fórmu- 
la de una raza, que surge á la vida de la libertad, está 
trazado de mano maestra en el libro del doctor Ca- 
rrasco. 

Carrasco, Doctor Gabriel. 

El Paso de los Andes. 

Buenos Aires, 1881. — Del Atlántico al Pa- 
cifico y Un Argentino en Europa. Cartas de 
Viaje. — 1 vol. 4. , 2. a , 511 págs. — Jacobo 
Peuser, editor; San Martín 150. 

Capítulos VI y IX : En la Cumbre de los An- 
des. 



- 411 - 

Este libro está formado por una serie de cartas, 
reunidas posteriormente en forma de libro por su 
autor, en la que están descritas las impresiones que re- 
cibe en cada uno de los lugares que visita. 

Su autor, fallecido poco ha, era un escritor de una 
labor incansable. Sus obras forman legión, sino todas 
por la bondad, cuando menos por la cantidad. 

A pesar de esto, el doctor Carrasco era un escritor 
bien inspirado y de criterio ecuánime. 

Carrera, General José Miguel. 

Diario Ai Hitar del general José Miguel Ca- 
rrera. 

Santiago de Chile, 1900. — 1 vol. 4. , i. n . 

Este volumen forma el i.° de la Colección de histo- 
riadores y de documentos relativos á la independencia 
de Chile. 

De las correrías llevadas á cabo en la Argentina 
por el autor de este diario nos ocupamos en otro lugar 
de esta obra. 

No creemos en el genio militar ni en el acendrado 
patriotismo de Carrera, en quien no vemos, de acuerdo 
con Amunátegui. sino á un caudillo en el cual prima 
sobre su amor patrio la ambición desenfrenada de man- 
do que fué la característica de toda su agitada vida. 

Carrera parecía, á nuestro entender, profesar las má- 
ximas de los héroes de Homero, que dicen : Los pue- 
blos sólo son felices cuando nosotros los gobernamos! 

Carrera, General José Miguel. 

Prospecto de "El Hurón". "El Hurón". 



- 412 - 

5 números, 4°. Montevideo, 1818. Reimpre- 
sión. 

Santiago de Chile, 1901. — Colección de his- 
toriadores y de documentos relativos á la in- 
dependencia de Chile, etc. Volumen VI. 

Carrera, General José Miguel. 

Un aviso á los pueblos de Chile. Carta de 
Carrera á sus corresponsales en Chile. Segun- 
da carta. 

Santiago de Chile, 1901. — Colección de do- 
cumentos referentes á la independencia de Chi- 
le, etc., ya citada. Volumen VI. 

Carrera, General José Miguel. 

El Hurón. 

De este periódico sólo aparecieron tres números y el 
Prospecto ya indicado, en el que atacaba con virulencia 
á Pueyrredón, San Martin y O'Higgins. 

Este periódico era destinado por su autor á fomen- 
tar la anarquía entre los habitantes de las Provincias 
Unidas del Río de la Plata. 

El erudito bibliógrafo Zinny lanza en una de sus 
obras la sospecha fundada que á la impresión de este 
periódico no eran ajenas las sumas que enviaba desde 
Lima el Virrey Pezuela. No hemos podido compro- 
barla. 

Carrera, General José Miguel. 

Cartas 1." y 2. a . 



- 413 - 

Montevideo. — Imprenta Federal, etc., etc. 

En todos los escritos de Carrera el tema no varía : 
atacar á Pueyrredón y á San Martín, porque no le 
permiten ir á convulsionar á Chile, encendiendo la 
guerra civil y sembrar la anarquía en el ánimo de los 
habitantes de las Provincias Unidas. Comentar una de 
sus producciones que publicó en Montevideo, es co- 
mentarlas á todas : el mismo odio las inspira y el mis- 
mo espíritu ambicioso las dicta. El general Carrera 
durante toda su vida sólo supo ser fiel á su ambición ! 

Carrera, General José Miguel. 

Diálogo interesante y curioso. 1. a y 2. a Parte. 
Montevideo. — Imprenta Federal, etc., etc. 

Carrera, General José Miguel. 

Nuevos descubrimientos ó máquinas secretas 
del actual Gobierno de Buenos Aires. 

Montevideo. — Imprenta Federal, etc., etc. 

Carrera, General José Miguel. 

El Amigo de los Pueblos, donde se relata el 
asesinato de don Manuel Rodrigues y los pro- 
yectados contra don José Moldes y Padilla, 

Montevideo. — Imprenta Federal, etc., etc. 

Carrera, General José Miguel. 

^ Relación del asesinato hecho en el chileno 
Conde. 



- 414 — 

Montevideo. — Imprenta Federal, etc., etc. 

" Esta imprenta era de propiedad del general Carre- 
ra, funcionaba en su casa y le servía para imprimir sus 
panfletos contra San Martín y el gobierno de Buenos 
Aires. Lo ayudaban en sus tareas Diego Benavente, 
Nicolás Herrera, Zufriategui, el general Alvear y don 
Pedro Nolasco Vidal. El título de Imprenta Federal 
de William P. Griswold y John Sharpe era sólo un 
nombre bombástico " (l) . 

Carrera, General José Miguel. 

Manifiesto, proclama y aviso de don José 
Miguel Carrera. 

Montevideo. — Imprenta Federal de William 
P. Griswold y John Sharpe. 

Carrera, General José Miguel. 

Prospecto y N. 08 i, 2 y 3 del periódico " El 
Hurón ". 

Montevideo. — Imprenta Federal, etc., etc. 

A lo impreso contra el general San Martín por la 
Imprenta Federal de Montevideo, deben agregarse : 
El Tizón Republicano. 
Manifiesto de don Mariano Vigil. 
A estos panfletos pueden agregarse : 
Manifiesto de Padilla. 

(1) Vicuña Mackenna B. — Ostracismo de los Carrera. — 
3." edición, pág. 292. 



- 415 - 

Impresos en Chile. 

La correspondencia tomada á San Martin en su equi- 
paje, en la sorpresa de Cancha-Rayada. 

Correspondencia amorosa de San Martín, tomada en 
el mismo equipaje. — Abeja Limeña. 

Conducta de San Martín en Lima. Manifiesto del 
Lord Cochrane. 

Detalle sobre el proyecto de coronarse en Lima que 
tenía San Martín, comprobado por sus cartas á Mon- 
teagudo, y de éste á él, cuyas cartas originales se acom- 
pañan. 

Impresos en Lima el año 1823. 

En Colombia: 1 820-1 821. 

La relación hecha por el Libertador Simón Bolívar 
al Congreso, del estado en que encontrara al Perú por\ 
la mala conducta de San Martín (l) 

Carrey, Emile. 

Le Perón. Tabican dcscriptif, Jiistorique et 
analytique des ctres et des choses de ce pays. 

Versailles. — Imprimerie Cerf et fils, 59 Rué 
du Plessis. 

París. — Garnier Fréres, Rué des Saints Pe- 
res, N.° 6. — i. é,e , volumen 8.° — 1875. — Cha- 
pitre X. 

El señor Carrey es uno de los tantos europeos que 
visitaron el Perú y que luego á su regreso á Europa se 
ocuparon de describir el país recorrido. 

(1) A. Zinny. — Bibliografía histórica ya citada. — 1." edi- 
ción. — Buenos Aires. — Pág. 122. 



— 416 — 

Sus informaciones, en general, son exactas y bien 
inspiradas. Se ocupa de San Martin al relatar las cam- 
pañas de la independencia. 

Carrillo, Doctor Joaquín. 

Jujuy. Apuntes de su historia civil. 

Buenos Aires, 1877. — Imprenta El Mercu- 
rio, calle Potosí, N. os 270-274. — i. a edición, 
1 vol. 4. . g 

El autor de esta obra es un magistrado serio y estu- 
dioso, condiciones que se trasparentan en su bien medi- 
tada Historia Civil de Jujuy, verdadero nombre que le 
cuadra á la obra, y no apuntes como modestamente la 
denomina su autor. 

Este trabajo del doctor Carrillo abarca por completo 
los anales históricos de aquella lejana provincia argen- 
tina, donde se desarrollaron tantos y tan importantes 
sucesos durante los albores de nuestra emancipación. 

El general Belgrano tuvo gloriosa actuación en Ju- 
juy, luchando contra Tristán y los jefes más afamados 
que habían luchado y vencido á las huestes napoleó- 
nicas en la Península. 

De todas estas campañas, en forma sencilla y nove- 
dosa, debidamente documentada, se ocupa el autor en 
su excelente Historia Civil de Jujuy. 

Casariego, Marcelino. 

Discurso ante la estatua de San Martín, en 
nombre del Centro Patriótico Estudiantil, el 
día del homenaje llevado á cabo en honor del 
Ministro de Francia. 



- 417 - 

Buenos Aires, 1909. — La Prensa, Octu- 
bre 25. 

Casemayor, Félix Fausto. 

Trozos selectos por Félix F. Casemayor, or- 
denados y anotados con arreglo al programa 
oficial para las clases de francés de la Univer- 
sidad de Buenos Aires. 

Buenos Aires, 1878. — 1 vol. 8.°, i. a edición, 
312 págs. — C. Casavalle, editor. — Imprenta 
de Mayo, Potosí, N.° 180. 

San Martín y Bolívar, por el doctor Juan 
María Gutiérrez. 

Castellanos de Losada, B. S. 

Notas á la descripción é Historia del Para- 
guay y del Río de la Plata, por don Félix de 
Asara. 

Asunción, 1896. — 2 vols. 12. , 2. a — Volu- 
men II. — Perú. 

El señor Castellanos asegura tener en su poder las 
Memorias manuscritas del ex sargento i.° del Regi- 
miento Río de la Plata y Brigadier del ejército español 
don Dámaso Moyano, mulato, autor de la sublevación 
y entrega de los castillos del Callao á los españoles. 
Aunque promete publicarlas " para aclaración de la 
historia ", no tenemos conocimiento de que hayan sido 
impresas. 



t. 1. 



LL8 



Castellanos, Joaquín. 

El fallo de la posteridad, por Joaquín Caste- 
llanos. 

Buenos Aires. — Revista Nacional, ya cita- 
da. — Volumen I. 

Castilla Portugal, M. 

Viajes por América. Obra ilustrada con 375 
grabados. — La República Argentina. Su his- 
toria, geografía, industria y costumbres. 

Barcelona, 1897. — 1 vol. 8.°, 1. a — Libre- 
ría de Antonio J. Bastinos, editor ; calle Pelayo 
52 y Consejo de Ciento 306. — Imprenta de 
Jaime Jepus, Notariado 9. 

Independencia de la República Argentina. 

Castilla, Mariscal Ramón. Presidente del Perú. 

Decreto disponiendo que en el centro de la 
plaza 7 de Septiembre se erija una columna de 
20 pies de altura sobre la cual se colocará la 
estatua del general San Martín. — Lima, 7 de 
Septiembre de 18 jo. — El decreto está firma- 
do: Ramón Castilla y Pedro Cisneros. Encár- 
gase al Ministro de Estado en el departamento 
de Guerra y Marina de dar cumplimiento al 
mismo. 

Lima. — El Peruano, N.° 38, tomo XXIV. 
9 de Noviembre de 1850. 



— 419 — 

Este decreto está reproducido en la pág. 120 de la 
Vida del general don Juan O'Brien, ya citada, por 
Pedro Pablo Figueroa. — i. a edición, 1904. 

Castro López, M. 

La madre de San Martín en Orense. 

Buenos Aires, 1907. — Caras y Caretas, 
N.° 451, año X, 25 de Mayo. 

Castro, General Cipriano. Presidente de Venezuela. 

Decreto ordenando se coloque el retrato del 
general José de San Martín en el Salón del 
Capitolio. — Caracas, Mayo 24 de 1900. 

Caracas. — Diario Oficial, 25 de Mayo de 
1900. 

Prudencio Plaza. — La Sarmiento alrede- 
dor del inundo. — Enero 12, 1899; Septiembre 
30, 1900. 

Buenos Aires, 1901. — Imprenta La Na- 
ción. — 1 vol. 8.°, 1 . a edición. Ilustrada. 

Con motivo del arribo al puerto de la Guayra de la 
fragata-escuela Sarmiento, de nuestra armada, y de la 
visita que nuestros marinos hicieron á la ciudad de 
Caracas, atención que fué retribuida por Castro, quien 
se trasladó al puerto indicado y visitó á su vez nuestra 
nave. A su regreso á palacio lanzó un decreto dispo- 
niendo que el retrato de nuestro glorioso capitán fuera 
á ocupar un sitio de preferencia en los Salones del Ca- 
pitolio, distinción honrosa que le fué debidamente agrá- 



— 420 — 

decida por nuestros marinos, organizando una brillante 
fiesta á bordo, á la que concurrieron todo cuanto de más 
distinguido tiene la ciudad de Caracas, capital de Ve- 
nezuela y cuna de su augusto Libertador Simón Bolí- 
var, cuyos despojos mortales duermen en ella el sueño 
de la inmortalidad y de la gloria blandamente arrulla- 
dos por las ondas del Mar Caribe y custodiados por el 
cariño y el respeto de todos los hijos de aquel pueblo 
heroico. 

Castro, Enrique María. 

Bolívar y San Martín. Análisis crítico-his- 
tórico de la carta del señor Pedro S. Lamas, 
argentino, al iustre americano Gnsmán Blanco. 

Caracas, 1885. — 1 folleto 16. , i. a . 

Esta carta tiene relación con otras tantas publicadas 
en Europa y América con motivo de la publicación de 
la novela Stlzña. 

Nada hay más peligroso para un escritor que el na- 
cionalismo: eso le acorta el vuelo y le limita los hori- 
zontes en los espacios que tiene que recorrer con su 
imaginación. 

La emancipación no es una planta exótica, ni única, 
muy al contrario ; es, como decía nuestro profesor de 
historia americana el inolvidable José Manuel Estrada, 
planta indígena, cultivada en nuestros corazones y al 
calor de nuestros propios afectos. Tampoco es la obra 
exclusiva de un hombre, por grande que sea. La lucha 
emancipadora se inicia por dos puntos extremos de la 
América meridional : Buenos Aires v Caracas, focos 



— 421 — 

luminosos que irradian sus destellos hacia el Ecuador 
de nuestro Continente. La misma dirección y el mismo 
camino siguen los ejércitos libertadores, conducidos á 
la victoria ; en el Sud por San Martín, y en el Norte por 
Bolívar. La resultante de sus campañas, de sus penu- 
rias y de sus glorias es la independencia de América. 
Es decir, su acción se complementa desde que un mismo 
ideal y un mismo sentimiento los inspira; son, pues» 
amigos y no rivales, y como tal deben ser estudiados y 
glorificados, dejando de lado estrechas miras y viejas 
preocupaciones. La gloria no se mide por varas. Es 
este el criterio invariable con que sin mortificaciones 
ni prejuicios, que hieran mis sentimientos ó amengüen 
á la Argentina, mi patria, que compongo esta obra y 
que en este caso tiene aplicación recordar, puesto que 
en la carta del señor Castro y en la del señor Lamas 
que la motivó, se trata de una disputa chica sobre 
hechos grandes, que constituyen la gloria de los dos 
dos Libertadores, cuya obra colosal es hoy del patri- 
monio de la humanidad. 

Cavero y Salazar, Doctor José. 

Discurso del Ministro Extraordinario del 
Perú, doctor don José Cavero y Salazar, ante 
el Gobierno de Chile. 

Lima, 1822. — Gaceta del Gobierno, N.° 13. 
Tomo III, Miércoles 7 de Agosto. — Imprenta 
del Estado. 

Este discurso conceptuoso del Ministro del Perú 
contiene párrafos elogiosos para San Martín, O'Higgins 



— 422 — 

y el gobierno chileno, bosquejando de paso todo el 
camino andado por los ejércitos patriotas al través del 
continente americano. 

Ceballos, Pedro Fermín. 

Resumen de la Historia del Ecuador desde 
su origen hasta 184 5. 

Lima, 1870-1873. — Imprenta del Estado, 
calle de la Rifa, N.° 58. — 1. a edición, 6 volú- 
menes 8.°. 

Tomo IV, Capítulo I. 

El Resumen de la Historia del Ecuador, del señor 
Ceballos, escritor castizo y galano, es uno de los traba- 
jos de más aliento que se han llevado á cabo sobre la 
historia del Ecuador. Se sirvió para componerla de las 
obras de Niza, Cieza de León, Montesinos y de la His- 
toria del Reino de Quito del Padre Velazco ; para pre- 
parar la historia moderna del Ecuador, Restrepo y Ba- 
ralt y Díaz le han prestado buen contingente. 

El señor Ceballos es un escritor metódico y ordena- 
do en su galana cuanto concisa narración. El relato de 
los sucesos acaecidos es hecho con exactitud y verdad. 

En la parte que corresponde á la historia antigua del 
país de los Quitus su obra sólo es sobrepasada como 
erudición y mayor caudal de conocimientos por la mo- 
numental Historia del Ecuador del sabio presbítero 
Federico Gonzalo Suárez, sacerdote estudioso que ha 
consagrado largos años de su vida en recorrer el Perú, 
Bolivia, Chile y la Argentina á fin de reunir datos y 
conocer los lugares que describe en su obra. 



— 423 — 

El estudio de la raza peruana, en sus dos ramas 
quichua y aimará, es notable, y supera en mucho al que 
trae Ceballos en su libro. 

A pesar de esto el Resumen de la historia del Ecua- 
dor es una obra bien meditada y que revela los vastos 
conocimientos que en la materia poseía el autor. 

Se ocupa incidentalmente de San Martín al relatar 
las campañas del Sud, que tuvieron su lógico final con 
la rendición de Aymerich, en Quito, después de las 
gloriosas acciones de guerra de Río Bamba y Pichin- 
cha, en las cuales le cupo desempeñar importante rol 
á las tropas auxiliares argentino-peruanas, que al man- 
do del coronel Santa Cruz enviara desde Piura, al ge- 
neral Sucre, el protector San Martín. 

" Censor, El ". 

Banquete dado á San Martín en los salones 
del consulado el 6 de Abril de 181J, festejando 
la victoria de Chacabuco, presidido por Puey- 
rredón. 

Buenos Aires, 1817. — El Censor, Abril 9. 
Crónica detallada de la fiesta. 

" Censor, El ". 

Contestación del general Soler á la carta in- 
serta en el N.° 83 del " Censor ". 

Buenos Aires, 1817. — 4 págs., 4. , r. a — 
Firma: Miguel Estanislao Soler. 

| Censor Argentino, El ". 
Replica al señor jefe de los Andes. 



— 424 — 

Buenos Aires, 1834. — El Censor Argenti- 
no, diario de la mañana, N.° 50, Julio 26. — 
Imprenta del Censor Argentino, Temple 108. 

" Censor Argentino, El ". 

Ré plica del señor ¡efe de los Andes. 

Buenos Aires, 1817. — Junio 27 de 1834, 
N.;° 51. — Imprenta del Censor Argentino, 
Temple 108. 

" Censor Argentino, El ". 

Contrarréplica del jefe de los Andes. 

Buenos Aires, 1834. — Julio i.°, N.° 54. — 
Imprenta del Censor Argentino, Temple 108. 

" Censor Argentino, El ". 

El acta de Rancagua. Oficio del gobierno de 
Chile confiriendo el mando de general en jefe 
del Ejército Libertador del Perú, al brigadier 
general don José de San Martín, ó de Mayo 
de 1820. — O'Higgins, José I. Zenteno. — Ofi- 
cio de la junta de gobierno de Lima al general 
San Martín, obsequiándole el Estandarte de 
jPizarro. — Abril 3 de 1822. — Felipe Antonio 
Alvarado. — Oficio del Congreso del Perú al 
general San Martín. Septiembre 20 de 1822. — 
Javier Luna Pizarro, presidente. — José Sán- 
chez Carrión y Francisco Javier Mariátcgui, 
diputados secretarios. 



— 425 - 

Buenos Aires, 1834. — N.° 60, Julio 8. — 
Imprenta del Censor Argentino, Temple 108. 

" Censor de la Revolución, El ". 

¿Habrá ó no habrá expedición al Perú? 
Ejército Expedicionario. Cuadro político de la 
Revolución, A 7 . 1 á 7. 

Santiago de Chile, 1820. — Imprenta del Go- 
bierno. 

La colección de este periódico, cuyo principal redac- 
tor fué el doctor Bernardo Monteagudo, consta de un 
prospecto y 7 números. El N.° 1 apareció el día 20 de 
Abril y los siguientes cada 10 días. Su formato era en 
4. y estaba formado por 6 y 8 páginas. Aparecía por 
la Imprenta del Gobierno. El último número apareció 
el 10 de Julio de 1820 y consta de 8 páginas. 

Al final del mismo y en gruesos caracteres anuncia 
la partida del Estado mayor general del ejército expe- 
dicionario para embarcarse en el Puerto de Valparaíso 
con destino al Perú, cuya partida fija para el día 26. El 
doctor Monteagudo salió con aquella expedición. 

Centenario del natalicio del general San Martín, El. 

Además de los diarios y periódicos que enumeramos 
en esta obra, se ocuparon de las fiestas celebradas en 
la Argentina, publicando crónicas más ó menos exten- 
sas, durante el mes de Febrero de 1878, las siguientes 
publicaciones : 

La Prensa, La Tribuna, El Nacional, La República, 
The Standard, Le Courricr de la Plata, L'Operario 
Italiano, La Patria Argentina, El Correo Español, La 



— 426 — 

Pampa, El Porteño, El Comercio del Plata, La Ame- 
rica del Sud, El Mosquito, Deutsche La Plata Zcitung, 
Buenos Aires Herald, La Nación. 

El Oeste, de Mercedes; El Eco del Azul; El Pro- 
greso, San Nicolás ; El Oasis, de San Luis ; La Voz 
de Cuyo, San Juan; La Unión, San Juan; La Verdad, 
Corrientes; El Argentino, Paraná; La Patria, Victo- 
ria ; El Telégrafo, Gualeguaychú ; El Noticiero, de 
Gualeguaychú ; La Capital, del Rosario ; El Indepen- 
diente, Rosario; El Santafecino, Santa Fe; El Libre 
Pensador, Buenos Aires ; El Interior, Córdoba. 

Centenario del general San Martín. 

Discursos. 

Buenos Aires, 1878. — Imprenta y Librería 
de Mayo. — 1 folleto 8.°, i. a . 

Centenario del general don José de San Martín. 

Programa General de las fiestas que tendrán 
lugar en Buenos Aires en los días 23, 24 y 25 
de Febrero, en celebración del primer centena- 
rio del nacimiento del general don José de San 
Martin. 

Buenos Aires, 1878. — Una hoja suelta, 4." 
mayor. 

" Centinela, El ". 

Periódico. Buenos Aires, 1822-1823. 
Buenos Aires. — In 4. — Imprenta de los 
Niños Expósitos. 3 tomos. 



- 427 - 

Tomo I y Tomo II. 

Los redactores de El Centinela fueron los señores 
doctor Florencio Várela, Juan Cruz Várela y el señor 
Ignacio Núñez en el año 1823. 

La colección consta de 72 números formando 3 to- 
mos con sus índices respectivos. 

El N.° 1 apareció el i.° de Julio de 1822 y dejó de 
aparecer con el N.° y 2, que lleva la fecha 7 de Diciem- 
bre de 1823. — A. Zinny. — Efemeridografía, etc., ya 
citada, pág. 44. 

Cervera, Doctor Manuel M. 

Historia de la Ciudad y Provincia de Santa 
Fe, 1573-1853. 

Santa Fe, 1908. — 2 vols. 4. °, i. a . Con re- 
tratos. — Librería, Imprenta y Encuadema- 
ción La Unión, de Ramón Ibáñez. 

Volumen II, Capítulo XII: San Lorenzo. 

Acompañada de una abundante documentación, esta 
obra es de lo más completo que se ha escrito hasta el 
presente sobre la ciudad y provincia de Santa Fe. 

Su autor, que demuestra una erudición á toda prue- 
ba, ha realizado un hermoso trabajo componiendo este 
libro, tanto por el caudal de conocimientos que aporta, 
como por la reunión de documentos, muchos inéditos, 
que la acompañan. 

El señor Cervera se ocupa de San Martín á propósito 
del combate de San Lorenzo. 

César Cantú. 

Historia de los Cien años, 1750-1850. Tradii- 



- 428 — 

cido de la 2. a edición italiana al español, por 
Salvador Costanzó. 

Madrid, 1852. — 1 vol. 4. — Imprenta de 
M. F. de P. Melado, calle Santa Teresa, N.° 8, 
Con retrato. 

César Cantú, al componer esta obra, complementaria 
de su Historia Universal, ha sido poco curioso en la 
investigación llevada á cabo con respecto al general San 
Martín y á los servicios eminentes que prestara á la in- 
dependencia del mundo americano. 

La biografía que traza del héroe es asaz mediocre. 

Cirio, Emilio N. 

Referencias históricas acerca de la persona- 
lidad del general don Juan Gregorio Las He- 
ras. 

Buenos Aires. — 1 folleto 8.°, i. a , 14 págs. 
— Imprenta H. Rolleri, Tacuarí 125. 

Este trabajo histórico contiene un extracto de la con- 
ferencia patriótica que diera en la parroquia de San 
Carlos con motivo de la repatriación de los restos del 
héroe de Cancha Rayada. 

Cisneros, Benjamín Luis. 

Biografía del general San Martín. Prece- 
dida de una introducción de José Casimiro 
Ulloa, 

Lima, 1860-1863. — Revista de Lima. — 7 
volúmenes 4. . Publicación quincenal. 



— 429 — 

Volumen I, año 1860. — Imprenta de A. 
Alfaro. 

Esta biografía de San Martín es de lo más completo 
que se ha publicado en su género en el Perú. 

Abarca por completo la vida del héroe, narrada en 
estilo ameno é interesante. Los datos que aporta son 
en general exactos, lo que demuestra que su autor re- 
cogió de buenas fuentes sus informaciones. 

Cisneros, Benjamín Luis. 

Americanos ilustres. Biografía del general 
San Martín, precedida de una introducción, por 
don José C. Ulloa. De la Revista de Lima de 
los años 1859- 1860. 

Lima, 1878. — La Patria, de Lima, Marzo 

L3> 14 y 15. 

Cibils, José. 

Apoteosis de San Martín, por José Cibils. 

Buenos Aires. — Revista Nacional. — x\ño 
1900, volumen XXIX. 

"Clamor, El". 

El Clamor de la verdad al Excmo. señor don 
José de San Martin. 

Lima, 1821. — Hoja suelta. Folio. 
Club Argentino. 

Invitación de la Comisión de Repatriación 



— 430 — 

de los restos del general San Martín para asis- 
tir á la solemne procesión para acompañar las 
cenizas del ilustre guerrero argentino el 28 de 
Mayo de 1880. — Firman: José Victoriano Ca- 
bra!, presidente. — Enrique Romero, secretario. 

Buenos Aires, 1880. — Esquela. 8.°. 
Cochrane, Lord. 

A los dignos é independientes habitantes de 
Guayaquil. Proclama de Lord Cochrane. 

Buenos Aires, 1821. — Hoja suelta, 4. — 
Imprenta de Guayaquil. — Martes 27 de No- 
viembre. 

Cochrane, Lord. 

Contestación de Lord Cochrane á los car- 
gos que le hizo el general San Martín. Inclu- 
yéndose una proclama de aquél y una carta de 
éste, cuyos documentos no se ha querido des- 
membrar de este manifiesto, según se halla el 
original que tenemos á la vista. 

Impreso en Lima. — Reimpreso en Buenos 
Aires en la Imprenta de Hallet. — 1824. — 1 
folleto 8.°, 50 págs. 

Cochrane, Lord, Vicealmirante de Chile. 

Decreto estableciendo el bloqueo del Callao 
y de todos los puertos, bahías y radas, así como 
la linea de la costa desde el puerto de Guaya- 
quil hasta At acama en el Perú. 



- 431 — 

Hoja suelta 4. — Imprenta de la Indepen- 
dencia. 

E>ta hoja está encabezada con la leyenda: 

" Escuadra Bloqueadora ", en letras góticas y nueve 
grabados ; el superior representa el sol esplendente y los 
ocho restantes los buques siguientes: Gálvarino, Arau- 
cano, O'Higgins (alm.), La Isabel, Lautaro, Pucyrre- 
dón, Maipú, San Martin y Chacabuco, según reza el 
nombre que tiene impreso cada uno al pie. 

Al final dice: " Dado á bordo de la O'Higgins, que 
lleva la bandera de el comandante en jefe, en la bahía 
de el Callao á i.° de Marzo de 1819. — Cochran. — Es 
copia: Antonio Alvares de Jontc, secretario". 

Debajo de las firmas hay un escudo argentino. 

Coffin, John Francis. 

Journal of residence in Chile by a Young 
American detained in tliat eountry during 
revolutionary scenes of 1817-181Q. 

Boston, 1823. — 1 vol. 8.°, i. a — Wells and 
Lilly. Court Street. 

Esta obrita interesante ha sido traducida al castella- 
no y hecha imprimir por el distinguido bibliógrafo é 
historiador chileno don José Toribio Medina, el año 
1898. 

Contiene detalles interesantes sobre Chacabuco, Mai- 
pú, etc., recogidos durante una estadía de dos años en 
Chile en 1817-1819 por su autor. 



— 432 — 

Coffín, John Francis. 

Diario de un joven norteamericano detenido 
en Chile durante el período revolucionario de 
1817-181C). escrito en inglés, por Juan Fran- 
cisco Coffín. Traducido al español, por José 
Toribio Medina. 

Santiago de Chile, 1898. — 1 vol. 8.°, 1. a — 
Imprenta Elzeviriana. — 240 págs. 

José de San Martín. — Maipú. — Cancha 
Rayada. 

Colección de Leyes y Decretos sancionados desde la 
Jura de la Independencia. 

Decretos del gobierno provisorio. 

Lima, 1825. — 2 vols. 16. , de 186 y 284 pá- 
ginas. 

Colección de Noticias documentadas por diversos pa- 
peles públicos que dan una idea del actual estado 
político de Europa y América y de la influencia 
que resulta de los sucesos en favor de la libertad 
americana. 

Artículo de Mr. Pradt. 

Santiago de Chile, 1821. — Colección de No- 
ticias, etc. — Periódico, 8.°, 8 págs. — N.° 1. 
Martes 1 1 de Septiemhre. — Imprenta de Valles 
y Vilugrón. Por Molinare. 

Se refiere en términos generales á la emancipación 
de Sud América. 



- 433 - 

Colección de Noticias documentadas por diversos pa- 
peles públicos que dan una idea del actual estado 
político de Europa y América y de la influencia 
que resulta de los sucesos en favor de la libertad 
americana. 

Decreto de San Martin disponiendo la liber- 
tad de vientres. — ■ Lima, 12 de Agosto de 182 1, 

Santiago de Chile, 182 1. — Colección de No- 
ticias, etc. — N.° 5. Viernes 5 de Octubre. 

Colección de Noticias documentadas, etc., etc. 

Nota del general Antonio Sucre, del Orden 
de los Libertadores de Venezuela, General de 
Brigada, Comandante General de la División 
del Snd en el Departamento de Quito, etc., etc. 

Santiago de Chile, 1821. — Colección de No- 
ticias, etc. — N.° 7. Viernes 19 de Octubre. 

Esta comunicación está destinada al general San 
Martín, fechada en el cuartel general de Guayaquil, 
á 20 de Julio de 1821. 

En ella le anuncia la ocupación de la capital de 
Caracas, el día 14 de Mayo, por la división del oriente 
de Venezuela, á las órdenes del general Bermúdez, y 
algunas otras noticias de guerra. 

Contiene además : 

Decreto del Protector del Perú suprimiendo el odio- 
so impuesto de los tributos con que se espoliaba ó los 
indios del Perú ... El artículo 4." de este decreto es- 
tablece que en lo sucesivo quedan suprimidos los nom- 

T. I. 28 



— 434 — 

bres de indios ó naturales con que se designaba á los 
aborígenes del país, debiendo en adelante ser llamados 
Peruanos, como ciudadanos que son de aquel país. — 
Lima, Agosto 27 de 1821. — José de San Martín. — 
Juan García del Río. 

Colección de Noticias documentadas, etc., etc. 

Decreto del Protector de la libertad del Perú. 

Santiago de Chile, 1821. — N.° 8. Viernes 
26 de Octubre. 

En este decreto del Protector se establece por su 
artículo primero que el Estado del Perú reconoce como 
deuda nacional los atrasos del ejército y escuadra li- 
bertadora y la forma de pago. 

En otros artículos siguientes establece los premios 
á que son acreedores los soldados y marinos del ejér- 
cito y de la escuadra; los que, si son oficiales, gozarán 
de una medalla de oro, y de plata si son soldados, con 
esta inscripción : Yo fui del ejército libertador; y si 
perteneciera á la escuadra : Yo fui de la escuadra li- 
bertadora. 

El artículo 6.°, establece las pensiones de que go- 
zarán todos los individuos comprendidos en el artículo 
anterior. 

El artículo 7. dispone que el batallón Numancia 
y los oficiales y tropas prisioneros de Casas-Matas, 
queden comprendidos en estas gracias. 

Los artículos 8, 9, 10, 11 y 12 finales establecen 
la forma de reclamos y la manera de verificarse los 
pagos. — Lima, 15 de Agosto de 1821. — San Martín, 
— Bernardo de Montcagudo. 



— 435 — 

Colección de Noticias documentadas, etc., etc. 

Santiago de Chile, 1821. — Colección de No- 
ticias, etc. — N.° 9. Viernes 2 de Noviembre. — 
Imprenta de Valles y Vilugrón. Por Molinare. 

Este número está encabezado con la siguiente cuar- 
teta: 

Ya tu gloria ¡ oh San Martín ! 
llegó al colmo ; y te previene, 
que el evitar te conviene 
toda acción de incierto fin. 

Contiene además : 

Aspecto de la revolución. — En este artículo se hace 
referencia á las acciones de Chacabuco y Maipú. 

Colección de Noticias documentadas, etc., etc. 

. I no de América, el 21 del siglo 18. 

Santiago de Chile, 1821. — Colección de No- 
ticias, etc. — Viernes 9 de Noviembre. — Impren- 
ta de Valles y Vilugrón. Por Molinare. 

Artículo encomiástico para San Martín, O'Higgins, 
Pueyrredón, etc., por los servicios que prestarán á la 
causa emancipadora de América. 

La colección de este periódico consta de 1 1 números : 
el número 1 apareció el martes 11 de Septiembre de 
1 82 1 y el número 11 apareció el viernes 4 de Enero 
de 1822. 

Briseño sólo cita 10 números. 



- 436 - 

Colegio Militar de la Nación. 

Batallas, combates y episodios militares de 
la Historia Argentina. Lecturas selectas para 
uso del Colegio Militar. Curso de i8g8. 

Buenos Aires, 1898. — 1 vol. 8.°, i". a , 215 
páginas. 

Chacabuco, Famosa retirada de Las Hcras, 
Maipú. 

Este libro está compuesto con trozos sacados de las 
obras de Mitre, López, Sarmiento, Paz, etc. 

Colombo Leoni, Eduardo. 

Nociones de Historia Nacional. 

Buenos Aires, 1903. — 1 vol. 8.°, 1. a , 94 + 2 
páginas. — Ángel Estrada y Cía., editores, Bo- 
lívar 466. 

Campaña de San Martín. 

Obrita elemental destinada á la enseñanza primaria 
de la juventud argentina. 

Colombo, Ezio. 

El Héroe de los Andes. Páginas de la inde- 
pendencia americana. 

Buenos Aires, 1903. — 1 vol. 12. , i. a . — 
Con una alegoría en la carátula y un retrato 
de San Martín. Maucci Hnos., Cuyo 1070. 



— 437 - 

Este libro contiene la vida compendiada del general 
San Martín, sacada de la monumental historia del hé- 
roe, del general Mitre. 

Es una obrita bien compuesta y muy interesante. 
Ya acompañada del retrato de San Martín. 

" Comercio, El ". 

Paralelo cutre San Martín y Bolívar. 
Lima, 1859. — El Comercio, diario, 16 de 
Diciembre. 

" Comercio, El ". 

A la memoria del gran mariscal don Ma- 
riano Nccoclica. Canto por José Amoldo Már- 
quez. 2j de Abril de 1849. — Folletín. La 
muerte de Nccochea. Canto por Huma P. Lio- 
na. 2 de Mayo de 1849. 

El general Necochca (Memoria necrológi- 
ca). — M. R. (Manuel Ros). Gran mariscal 
Necochea. Unos ■vencedores en Jiinín y Aya- 
cucho. 

Lima, 1849. — & Comercio. Año XI, nú- 
mero 2.950, Miércoles 2 de Mayo. Este núme- 
ro apareció con sus columnas enlutadas en ho- 
menaje al g-lorioso extinto. 

Esta necrología se publicó en folleto : 

En Lima. 1849. Memoria Necrológica del general 
don Mariano Necochea, 1 folleto, 4. , 24 páginas, con 
retrato. Imprenta El Comercio. 

En Mendoza. 1849. Corona fúnebre del general don 



— 438 — 

Mariano Nccochca. Imprenta Van-Sice, i folleto, 4. , 
30 páginas 

En Buenos Aires. 1889. 1 folleto, 4. , 42 páginas. 
El general Mariano Necochea. Imprenta J. Peuser, 
San Martín 150. 

En Necochea (P. ele Buenos Aires). El general Ma- 
riano Nccochca. 1895. 1 folleto, 4. , 24 páginas. Im- 
prenta de El Pueblo. Edición arreglada por Adolfo 
P. Carkanza. 

" Comercio, El ". 

Testamento del general San Martín, 
Valparaíso, 1850. — El Comercio, N.° 38. 
calle de la Aduana. 

" Comercio de Concordia, El ". 

Los restos del héroe de los Andes. 
Concordia. — El Comercio de Concordia. — 
Año IV, N.° 954, Mayo 22 de 1906. 

" Comercio del Plata, El ". 

Bosquejo biográfico del general San Martín. 

Buenos Aires, 1863. — El Comercio del Pla- 
ta, Julio. 

" Comercio de Lima, El ". 

San Martín y Bolívar. Paralelo. 
Lima, 1859. — El Comercio, 16 de Diciem- 
bre. 



439 



" Comercio de Lima, El ". 

Simón Bolívar, jefe supremo de la República 
de Venezuela, etc., efe. A los habitantes del Río 
de la Plata. Proclama. 

Lima, 31 de Octubre de 1864. 

Comisión Central. 

Plano que designa la colocación que tomarán 
cu el acto de desembarcar del " Villarino " , an- 
clado en la rada, los restos ilustres del general 
San Martín, los botes que los conduzcan, los de 
las comisiones respectivas, los de ¡as estaciones 
navales extranjeras, los de la Escuadra Nacio- 
nal y Mercante. 

Buenos Aires, 1880. — Hoja, folio. — Pren- 
sa Autográfiea del Colegio Militar. 

Comisión Central de Repatriación de los restos del 
brigadier general don José de San Martín. 

Al pueblo. 

Buenos Aires, 1880. — Proclama al pueblo 
de Buenos Aires. — Hoja suelta. — Mayo 19. 

En esta proclama la Comisión Central invita al 
pueblo de Buenos Aires á adherirse á tributar el 
debido homenaje á los restos gloriosos del capitán 
de los Ancles. 



440 



Comisión del Centenario. 

Orden de formación de la gran procesión 
cívica del centenario. Plano. 

Buenos Aires, 1878. — Hoja suelta, folio. 

Comisión del Centenario. 

Programa general de las fiestas que tendrán 
lugar en Buenos Aires en los días 23, 24 y 25 
de Febrero en celebración del primer centena- 
rio del nacimiento del general don José de San 
Martin. (Con un escudo nacional). 

Buenos Aires, 1878. — 1 hoja, folio. Sin pie 
de imprenta. 

Comisión Popular. 

General Eavallc. Documentos relativos á la 
traslación de los restos del expresado general. 

Buenos Aires, 1862. — Imprenta El Comer- 
cio del Plata.-— 1 vol. 8.°, i. a . 

El autor de este libro anónimo es el general don 
Bartolomé Mitre. 

Comisión de Repatriación. 

Recepción de los restos del brigadier general 
don José de San Martín. — 28 de Mayo de 
1880. — Programa oficial. 

Buenos Aires, 1880. — 1 hoja suelta. — Im- 
prenta Ea Nación, San Martín 208. 







•o w 



3 Q 



441 



C, J. E. 

El día de la Patria, por J. E. C. 

Buenos Aires. — El Im parcial ( suplemen- 
to). Año I, N.° 5, tomo I. Director José E. 
Compiani. Editor-propietario, Indalecio Cua- 
drado; calle Vieytes, N.° 1365. 

Este suplemento trae un retrato de San Martín, tipo 
Gastan, bastante malo. 

Concha Subercasseaux, Carlos. 

Discurso ante la tumba de San Martin, en el 
acto de hacer entrega de la corona de bronce 
por la Comisión Militar, á nombre del ejército 
de Chile. 

Buenos Aires, 190 }. — La X ación — Año 
XXXIV. N.° 10.608. ' 

Este conceptuoso discurso fué pronunciado por su 
distinguido autor ante numerosa concurrencia de pú- 
blico distinguido en la catedral de Buenos Aires, ante 
la tumba del Libertador de Chile, durante el acto de 
la entrega de la corona de bronce por la Comisión Mi- 
litar de Chile. Fué reproducido por todos los diarios 
de Buenos Aires. 

Conde de Clonard. 

Historia orgánica de las armas españolas de 
infantería y caballería. 



— 442 — 

Madrid, 1851. — XVI vols., en 4. mayor. 
Con grabados intercalados en el texto y lámi- 
nas iluminadas, tiradas aparte. — Imprenta de 
D. B. González, calle de la Madera, N.° 8 — 
Volumen V, Capitulo VII ; Volumen VII, Ca- 
pítulo XX y Volumen X. 

Esta obra es digna de ser tenida en cuenta y de ser 
consultada con provecho, no tanto por el texto, que, 
especialmente en la parte que se refiere á las campañas 
de la emancipación americana, contiene ciertos errores 
fundamentales, debido al partidismo estrecho de los 
autores que consultó para componerla, cuanto por los 
gráficos que trae relativos á armas, trajes, banderas, 
etc., del ejército español, desde la época romana. 

La narración de la primera campaña carlista del año 
1835, en que actúan casi todos los generales rendidos 
en Ayacucho, y que fracasan en presencia de las há- 
biles combinaciones militares del heroico general car- 
lista Zumalacárregui, orgullo de su raza, es interesante 
y amena. 

La obra del señor Conde de Clonard es muy indispen- 
sable en la biblioteca del que quiera ocuparse de estu- 
diar las campañas de los tercios castellanos, asi como 
de la historia, desde su origen, de las armas españolas 
de infantería y caballería. 

Conde de San Donas, Coronel Juan de Berindoaga. 

Ensayo sobre la necesidad de mantener el 
orden público, para terminar la guerra y per- 
petuar Ja paz. Pronunciado en la Sociedad Pa- 



- 443 — 

t viatica de Lima. Por el miembro de ella, de la 
Universidad de San Marcos y del ilustre Cole- 
gio de Abogados: barón de Urpín, señor de 
San Donas y de la Vcrdaya, asociado de la 
Orden del Sol, oficial mayor del Ministerio de 
Estado y Relaciones Exteriores, secretario in- 
terino del Consejo de Estado y gran maestro de 
ceremonias de la Corte del Perú. 

Lima, 1822. — 2. , 1 folleto 8.°, 1. a , 16 págs. 
— Imprenta del Estado. 

El autor de este folleto, desempeñando el Ministerio 
de Guerra, en el gobierno del marqués de Torre Tagle, 
traicionó á su patria pasándose á los realistas en com- 
pañía de aquél, presentándose al general Monet, en el 
Callao. 

Ya en las postrimerías del asedio y después de la 
muerte de Torre Tagle, logró escaparse de la plaza y al 
ir á refugiarse á una nave extranjera surta en el puerto 
del Callao, fué sorprendido y aprisionado por una des- 
cubierta patriota. 

Conducido á Lima, el Libertador ordenó que se le 
formara un consejo de guerra, ante el cual le ordenó 
comparecer. Berindoaga bizo su defensa, en la cual 
pretendió sincerarse de los cargos terribles que pesaban 
sobre su persona. 

El consejo la tomó en cuenta y después de una deli- 
beración breve lo condenó á ser pasado por las armas. 

Como se trataba de un bombre que babía desempe- 
ñado cargos de la más alta importancia y pertenecía á 
la mejor sociedad limeña, por su nombre y por su 
título de Castilla, se pusieron en juego todo género de 



- 444 — 

influencias para salvarlo. Todo aquello fué tarea inútil, 
pues el Libertador se mantuvo inflexible, puso el cúm- 
plase á la sentencia y Berindoaga fué ejecutado. 

Bolívar quiso una vez por todas castigar en la per- 
sona del conde de San Donas las repetidas traiciones 
de que había sido víctima el Perú de parte de sus hom- 
bres más espectables y que lo habían colocado al borde 
de su ruina. 

Conferencia literaria, 25 de Mayo de 1877. 

Suplemento al N.° 8.031 de " La Tribuna ". 
Buenos Aires, 1877. — La Tribuna. — Año 
XXIV. 

Este suplemento contiene : 

I. Maipo. Canto lírico, por Martín Coronado. 

II. La espada y la idea, por Juan M. a Gutiérrez. 

III. San Martín, por Gervasio Méndez. — Poesía. 

IV. La abdicación de San Martín, por B. Mitre. 

V. América. Canto lírico, por Estanislao del 
Campo. 

VI. Lavallc y San Martín, por Félix Frías. 

VIL El nido de Cóndores, por Olegario V. An- 
drade. 

VIII. América. Canto, por Juan Cruz Várela. 

IX. La índole de la Revolución y de la sociabilidad 
argentina, por Estanislao S. Zeballos. 

X. Palabras inaugurales de la conferencia, por José 
Manuel Estrada. 

Estos dos últimos trabajos no están publicados en 
el suplemento indicado ; los citamos para completar to- 
dos los números de la Conferencia 



— 445 - 

El general Nicolás Vega, acompañado de los de igual 
graduación militar Guido y Frías, presentó al público la 
gloriosa enseña de los Andes, acompañando el acto 
con breves y elocuentes palabras. 

El señor José Manuel Estrada, por ausencia del doc- 
tor Manuel Quintana, abrió el acto. 

Congreso del Perú. 

Nombramiento de Generalísimo acordado al 
general San Martín por el Congreso del Perú 
y nota de su admisión. 

Buenos Aires. — Hoja suelta, 8.°, edición de 
60.000 ejemplares. Obsequio de la redacción 
de La Pampa al pueblo de Buenos Aires. Re- 
cuerdo del centenario. — Papel amarillo. 

Congreso Nacional Argentino. 

Diario de Sesiones de la Cámara de Sena- 
dores. — Monumento al ejército de los Andes. 

Buenos Aires, 1888. — Diario de Sesiones de 
la Cámara de Senadores. — 1 vol. 4. , i. a , 1.132 
páginas. Año 1888. — Compañía Sud-Ameri- 
cana de Billetes de Banco, San Martin, N.° 258. 

Sesión del 5 de Julio, pág. 146. 

Consejo Nacional de Educación. 

La jura de la bandera, 9 de Julio de ioog. 

Buenos Aires, 1909. — 1 folleto 4. , i. a , 74 
páginas. Con grabados intercalados. — Esta- 



— 446 — 

blecimiento Tipográfico El Comercio, Moreno 
1969-1971. 

Este folleto está formado por los discursos pronun- 
ciados por los doctores Martiniano Leguizamón, Luro, 
Montes de Oca, Cantilo, etc., el día 9 de Julio de 1909 
en que, según lo dispuesto por el Presidente del Consejo 
Nacional, doctor José María Ramos Mejía, todos los 
niños de las escuelas de la capital deben concurrir á 
determinados parajes, indicados de antemano por la 
Superioridad, á jurar la bandera, fiesta interesante y 
patriótica á la que concurren anualmente cerca de cien 
mil niños. 

El folleto reproduce además el magistral discurso del 
general don Domingo Faustino Sarmiento, la pieza 
oratoria más inspirada y elocuente pronunciada entre 
nosotros al respecto. También reproduce el discurso 
del doctor Roldan. 

Contestación de los jefes del ejército de los Andes 
al manifiesto del ex mayor general don Miguel 
Brayer. 

Santiago de Chile, 181 8. — 1 folleto 4. , 21 
páginas. 

Contestación de los jefes del Ejército Unido de los 
Andes y Chile al manifiesto del ex mayor general 
don Miguel Brayer, sobre su conducta en el tiem- 
po que permaneció en Sud América. 

Santiago de Chile. — 1 folleto 8.°, 21 págs. 
— Imprenta del Gobierno. 



-- 447 — 

Correspondencia importante del Excmo. señor ge- 
neral don José de San Martín y del Supremo Go- 
bierno de Chile. 

Hoja suelta 4." — Imprenta de los Niños Ex- 
pósitos. 

Esta hoja suelta contiene: 

I. Al Excmo. Cabildo, Justicia y Regimiento de ¡a 
Ciudad de Buenos Aires. Oficio del general José de San 
Martín, fechado en Valparaíso á 19 de Agosto de 1820 
comunicando la salida de la expedición libertadora del 
Perú. 

II. Al Excmo. Cabildo de Buenos Aires. Oficio de 
don Bernardo de O'Higgins, fechado en Valparaíso á 
20 de Agosto de 1820, comunicando la partida de la 
Expedición libertadora del Perú. 

III. Al Excmo. Cabildo de Buenos Aires. Oficio del 
señor Joaquín de Echeverría dando la enhorabuena 
por la gloriosa victoria de San Nicolás sobre el ejército 
anarquista, á nombre del Supremo Poder Ejecutivo de 
Chile, fechado en Santiago de Chile á 23 de Agosto de 
1820. 

Continúa la correspondencia entre los Excmos. se- 
ñores don José de San Martín y don Joaquín de la 
Pezuela. Reimpresión. 

Buenos Aires, 1820. — 6 págs. — Imprenta 
de la Independencia. 



448 



Corbalán, Manuel. 

Documentos sobre la ejecución de don Juan 
José y Luis Carrera. 

Buenos Aires, 1818. — 1 folleto 4. , 1. a edi- 
ción, 78 págs. 

Este folleto contiene un manifiesto que hace el gober- 
nador intendente de Cuyo, don Toribio de Luzuriaga, 
sobre dicha ejecución, incluyendo el dictamen de la 
comisión compuesta de los señores doctor don Bernar- 
do de Monteagudo, don Miguel José Galigniana y don 
Juan de la Cruz Vargas (l) . La defensa de dichos Ca- 
rrera fué hecha por el doctor don Manuel Vázquez de 
Novoa, nombrado por ellos mismos, y la actuación 
fiscal por el teniente coronel (después general y ede- 
cán del gobernador Rosas) don Manuel Corbalán (j) . 

Córdoba y Urrutia, José María de. 

Las Tres Épocas del Perú ó Compendio de 
su Historia, por José María de Córdoba y 
Urrutia, contador de segunda clase del Tribu- 
nal Mayor de Cuentas de la República Pe- 
ruana, 1844. 

Lima. — 1 folleto 4. , de 204 págs. más 20 
de documentos. — Imprenta del autor. 

(1) El señor Amunátegui en su obra: La dictadura de 
O'Higgins, dice que el señor Vázquez de Novoa se excusó 
de firmar el informe. 

(2) A. Zinny. — Bibliografía histórica, ya citada. — Pág. 216. 



- 449 - 

Esta obra, hoy rara, contiene una historia abreviada 
del Perú, durante el período revolucionario. 

El relato de la batalla de Ayacucho es novedoso y va 
acompañado de un plano de la misma, de curiosa 
factura. 

Córdoba y Urrutia, José María de. 

Ojeada de los servicios prestados á la Na- 
ción por José María Córdoba y Urrutia. 

Lima, 1849. — l folleto 4. , i. a , 18 págs. — 
Imprenta Nacional. 

Coroleu é Inglada, José, y Aranda, Manuel, 

América. Historia de su colonización, do- 
minación é independencia. 

Barcelona, 1895. — 4 v °l s - 4-°> I - a edición. 
Con ilustraciones. — Montaner y Simón, calle 
de Aragón, N. os 309 v 311. 

Volumen III, Capítulos XXXIV y XXXVI. 

Volumen IV, Capitulo XLVI. 

Compuesta en presencia de la mayor parte de las 
historias especiales de cada uno de los estados en que 
está dividido el continente americano é ilustrada con 
numerosas láminas y grabados intercalados en el texto, 
es esta obra un buen libro de historia de América, es- 
crito en forma amena y generalmente con buenas in- 
formaciones. La parte que se refiere á Chile está to- 
mada de Barros Arana. 

La muerte del señor Coroleu hizo que no pudiera 

T. I 29 



— 450 — 

terminarla, tarea que llevó á cabo el señor Manuel 
A randa. La primera parte es mejor que la segunda. 

Corona, G. B. 

Compendio della Storia Argentina dalla sco- 
perta del Rio della Plata al 31 Dicembre 1880. 
Scritto da G. B. Corona, per uso delle scuole 
italiane di Buenos Aires. 

Roma. — 1 vol. i. a , 8.°, 109 pag. — Stabili- 
mento Tipográfico Italiano, diretto da L. Pe- 
relli, MDCCCLXXXI. 

Capítulo XIV: San Lorenzo. 

Capítulo XXV: CamPagna del Chili. — 1817- 
1818. 

Obrita elemental destinada á la enseñanza de la his- 
toria argentina, en las escuelas italianas de la capital. 

Corona del Centenario. 

Colección de poesías y discursos en la con- 
ferencia literaria celebrada el 25 de Febrero de 
1878, centenario del ilustre general don José de 
San Martín. 

Concepción del Uruguay, 1878. — Imprenta 
Esperanza. — 1 folleto 8.°, i. a , 67 págs. 

Este folleto contiene : 

El Héroe de la raza. — (Ideas versificadas, que pue- 
den servir para un poema sobre San Martín ) , por 
Francisco F. Fernández. 

Batalla de Chacabuco. — Disertación histórica por 
José María Cordero (hijo). 



- 451 — 

Reflexiones sobre ¡a revolución americana, por Juan 
A. Martínez. 

El Mártir de San Lorenzo. — Poesía de Victoriano 
E. Montes. 

San Martín. — Soneto, por Francisco Ferreira. 

Un genio americano, por Benigno T. Martínez. 

Canto del Centenario, por M. Fernández y Espiro. 

Discurso de clausura, pronunciado por el doctor don 
Esteban María Moreno. 

San Martín y la revolución humanitaria, por Alejo 
Peyret. 

Coronado, Martín. 

Literatura americana. Trozos escogidos en 
prosa y verso, originales de autores nacidos 
en la América Latina. Episodios históricos, re- 
tratos, cuadros de la naturaleza, tipos y cos- 
tumbres, crítica literaria, geografía, historia 
natural, etc. 

Buenos Aires, 1904. — 1 vol. 8.°, 2. a , 516 pá- 
ginas. — Ángel Estrada y Cía., editores, Bo- 
lívar 466. 

Obra excelente destinada á servir de texto en los 
establecimientos de instrucción secundaria. Su autor es 
un distinguido poeta y literato argentino que ha cantado 
en inspirados versos las glorias de San Martín. 

Corrales, Manuel Ezequiel. 

Homenaje de Colombia á Simón Bolívar en 
su primer centenario. 



— 452 — 

Bogotá, 1883. — i vol. 4. mayor. — Im- 
prenta de Medardo Rivas. 

Esta obra bien pudiera ser denominada Álbum de! 
Centenario del Libertador. Es una recopilación intere- 
sante de todo lo publicado en cada uno de los Estados 
de la República de Colombia con motivo del Centena- 
rio del hijo de Caracas. 

Correa Larguía, Luis. 

El Correo de Buenos Aires. 

Buenos Aires, 1864. — El Correo de Bue- 
nos Aires, revista quincenal. Historia, litera- 
tura, artes, industrias, teatros, modas, varieda- 
des. — 1 vol. 4. — Imprenta de la Sociedad 
Tipográfica Bonaerense, calle Tacuarí, N.° 65. 

N.° 4. — Maipo. Marzo 31 de 1864. 

N. os 5 al 19. Abril 20. Agosto 4. Memorias del ge- 
neral don Hilarión de la Quintana. 

El Coreo de Buenos Aires empezó á aparecer el 15 de 
Febrero de 1864, N.° 1, y dejó de aparecer el 30 de 
Agosto de 1864 con el N.° 22. 

" Correo, El ". 

Lima. — General San Martín. Funerales. 
Cuartetos en el pedestal del mausoleo levanta- 
do en la Catedral para el acto, de don Antonio 
Felipe Zyla, en latín, Insigne Americano. Tra- 
ducción á prosa perifrásica. Detalles de la ce- 
remonia. Al generalísimo San Martín, poesía. 



— 453 - 

M. R. Pahua. — Lima, Noviembre ig de 1850. 
N.° i./pp. 

Lima, 1850. — Impreso por Juan Sánchez 
Silva, en la Imprenta del Correo, calle de Pla- 
teros, N.° 194. 

" Correo de Lima, El ". 

Funerales del general San Martín en Lima. 
Reseña del aeto. 

Lima, 1850. — El Correo de Lima, Noviem- 
bre 19. 

Este artículo está publicado en la Revista Nacional, 
de Rodolfo W. Carranza, IV Época, año 1905, tomo 
XXXIX, entregas I y II. 

" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Nota pasada por el fiscal don Mariano Alva- 
res, de la Alta Cámara de Justicia, al Ministerio 
de Estado, sobre la acusación promovida á " La 
Abeja Republicana", del 10 de Enero de 1823. 

Lima. — Correo Mercantil, Político y Litera- 
rio, 21 de Mayo de 1823. — 3. de la libertad 
del Perú, N.° 19. — Imprenta del Río. 

" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Refutación á las acusaciones de la "Abeja 
Republicana " contra San Martín. 

Lima, Julio 6 de 1822. — Imprenta del Río. 



— 454 — 

" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Alocución de " Implacable " á los habitantes 
del Perú. 

Lima, 1822. — N.° 30, Junio 10. — Impren- 
ta de clon Manuel del Río. 

" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Ensayo histórico, crítico, político sobre la de- 
posición de la primera Junta de Gobierno del 
Perú. — Firma: S. L. 

Lima, 1823. — N.° 14, 26 de Abril. 

" Correo Peruano ". 

28 de Julio, por B. — Oficio del Excmo. se- 
ñor don José de San Martín, Capitán General 
y Jefe del Ejército Libertador del Perú al 
Excmo. Ayuntamiento de esta Capital. Acta 
del Cabildo: San Martín, fundador de la inde- 
pendencia de! Perú y generalísimo de sus ar- 
mas. Con retrato. Tipografía Miller. 

Decreto del Ministerio de Instrucción Públi- 
ca y Beneficencia 'del Perú, ordenando celebrar 
dignamente el 28 de Julio, glorioso aniversario 
de la proclamación de la independencia del 
Perú. Reseña de los festejos: 

Discurso de don Manuel S alazar. Presidente 
del Congreso. 

Discurso del canónigo doctor don José Ma- 



- 455 - 

nucí Pasque!, rector de la Universidad de San 
Marcos. 

Discurso del señor don Manuel Eustoquio 
Ayllón, maestro del Consistorio de San Carlos. 

Discurso del presbítero doctor don Manuel 
Mamerto Villarán, catedrático de filosofía del 
Seminario. Congreso. — El 28 de Julio, por 
don José Miguel Pérez. 

Lima, 1845. — Correo Peruano. Año I, 
N.° 99, 28 de Julio. Con una viñeta. Dos mu- 
jeres llevando la cornucopia de la abundancia á 
los lados y fuera de un círculo, dentro del cual 
aparece el escudo del Perú, ocupan el centro. 
Dos columnas sosteniendo un arco, que lleva 
la leyenda: " El veintiocho de Julio de 1821 se 
juró nuestra independencia. Viva el Perú " ocu- 
pa el resto. 

La página 3. a aparece encabezada por un 
retrato de San Martín. — Tipografía Miller. 
Grabado por C. Estruch. — Imprenta de El 
Correo del Perú. 

" Correo de las Provincias ". 

Contestación del gobierno de Mendoza. 

Buenos Aires. — Correo de las Provincias. 
Año 1 822- 1 823. — Redactor don Fortunato Le- 
moyne. — Imprenta de Alvarez. — In 4. . 

Este diario consta de 17 números. Empezó el 19 de 
Noviembre de 1822 y concluyó el 10 de Abril de 1823. 
Se publicaba quincenalmente. 



— 456 — 

" Correo de las Provincias, El ". 

Parte del general Canterac comunicando la 
fot al destrucción del ejército de Alvar ado. — 
Enero 21 de 1823, á las j p. m., en Moquehua. 

Buenos Aires, 1823. — N.° 17, Abril 10. 
" Correo de París, El ". 

San Martín en el Perú. Inauguración de un 
monumento. El artista Roselló. 

Buenos Aires, 1906. — La Prensa, 23 de 
Enero. — Artículo publicado en Le Courricr de 
Paris. 

" Correo del Sud ". 

Necrología del general San Martín. 

Concepción de Chile, 1850. — El Correo del 
Sud. Año II, N.° 63, Septiembre 7. 

Este artículo necrológico está tomado de Le Journal 
des Débats, del 11 y 12 de Diciembre de 1850. 

Está compuesto basándose en el que publicara en 
Francia el doctor Gerard. 

" Correo de Ultramar, El ". 

Traslación de los restos del general San 
Martín. — Discurso del señor M. R. García, 
ministro plenipotenciario de la República Ar- 
gentina en Inglaterra, y del doctor don Emilio 
de Alvear. 



- 457 - 

París, 1880. — El Correo de Ultramar, Ma- 
yo i.°. — Periódico universal, política, literatu- 
ra, artes, ciencias, industria, comercio, medici- 
na, tribunales, agricultura, teatros, música, mo- 
das parisienses y anuncios. Fundado en 1842. 
Administración general en París, 4, Pasaje 
Saulmier. Año 39. 

Correspondencia entre el anarquista Riva Agüero 
y el general don José de San Martín. 

Trujillo, 1823. — 4 págs., folio. 

Este folleto reproduce la carta de Riva Agüero á San 
Martín, llamándolo de nuevo al Perú para que se ponga 
al frente del ejército y concluya la campaña emancipa- 
dora, que tan bien comenzara, y la segunda en que le 
hace entrever que lo que más le interesa no es la sal- 
vación de su patria sino la conservación del poder. 

También trae la contestación del general San Martin, 
redactada en términos enérgicos, rechazando la insinua- 
ción de ir al Perú á desenvainar su sable para man- 
charlo con sangre americana (l) . 

Correspondencia de los Excmos. señores General en 
Jefe del Ejército Libertador y el Virrey del Perú 

Buenos Aires. — 1 folleto 4. , 15 págs. — 
Imprenta de la Independencia. 

Alcance á la Legación Española. 

(i) Véase al respecto lo que decimos al tratar este puivo 
en nuestra obra Bibliografía del coronel Brandsen. 



— 458 — 

Hoja suelta 4. — Imprenta de la Indepen- 
dencia; fecha en Pisco, Octubre 19 de 1820. 

Anuncia la llegada á Paracas de la Expedición liber- 
tadora el día 7 de Octubre, el desembarco del mayor 
general Las Heras con la i." división del ejército, la 
marcha de la división Arenales, el pase á las fuerzas 
patriotas del batallón Numancia, la derrota de Quim- 
per y las negociaciones de Miraflores. 

Contiene además un oficio de Martín Güemes, fecha- 
do en Salta á 16 de Noviembre de 1820, dirigido al 
subdelegado de Atacama don Román Tejada, comuni- 
cando el desembarco en Pisco de la Expedición liber- 
tadora al mando del general San Martín, con abun- 
dancia de detalles. 

" Corresponsal del Imparcial, El ". 

Carta 2. a . 

Santiago, 1823. — El Corresponsal del Im- 
parcial. — Imprenta Nacional. — Marzo 21. 

Artículo sobre política americana. 

Corretger, Leopoldo. 

La espada de San Martín. 

Buenos Aires. — Canto escolar para 4. gra- 
do. Para piano. — 6 págs., 4. , 1. a edición. — 
J. A. Medina, calle Florida, N.° 248. 

Cortés, José Domingo. 

Galería de hombres célebres de Bolívía. 



- 459 - 

Santiago de Chile, 1869. — 1 vol. 4. , i. a — 
Imprenta de la República, calle de Teatinos, 
N.° 39- 

Biografía de Clemente Dice de Medina, por 
Agustín Aspiazú. 

Biografía del general José Antonio Sucre. 
por Manuel de Ancizar. 

Esta obra, como todas las de este autor, está hecha 
de retazos, tomados al azar. Es, á pesar de ello, la que 
contiene menos errores. 

Cortés, José Domingo. 

San Martín. Libertador de Chile y el Perú. 

París, 1875. — 1 folleto 8.°, i. a , 72 págs. — 
Librería Española de E. Denné-Schmitz, calle 
de Monsigny 15. — Tipografía Lahure, calle de 
Fleurus, N.° 9. 

Este folleto contiene : 

Dedicatoria del Autor á los pueblos chileno y perua- 
no y á la memoria de la señora Mercedes San Martin 
de Balcarce. — J. D. Cortés. — París. 5 de Abril 
de 1876. 

José de San Mariín, por José D. Cortés. 

El general San Martín en Europa. Revelaciones 
íntimas, por B. Vicuña Mackenna. 

A San Martín. — Poesía, por Hermógenes de Iri- 

SARRI. 

Himno á San Martín. — Poesía, por Eusebio Lillo. 
A San Martín. — Poesía, por Guillermo Matta. 



— 460 - 

A San Martín. — Poesía, por Domingo Arteaga 
Alemparte. 

Un viejo soldado de la patria. Al pie de la estatua 
de San Martín. — Poesía, por Luis Rodríguez Ye- 
lazco. 

Como se ve por la enumeración que hacemos de su 
contenido, de esta obra sólo le pertenece al señor Cor- 
tés la dedicatoria ; el resto es sacado de los autores 
que indicamos. 

Cortés, José Domingo. 

Diccionario Biográfico Americano. Este vo- 
lumen contiene los nombres, con los datos bio- 
gráficos y enumeración de las obras de todas 
las personas que se han ilustrado en las letras, 
las armas, las ciencias y las artes en el Conti- 
nente Americano, por José Domingo Cortés. 

París, 1875. — Tipografía Lahure, 9 Rué de 
Fleurus 9. — 1 vol. 4. , i. a . Con retrato de 
don Diego Portales. 

Esta obra del señor Cortés está compuesta con sumo 
descuido y con datos sacados de muchas fuentes y agru- 
pados sin cautela, por lo que hay que consultarla con 
tino. Contiene errores de bulto que la hacen poco uti- 
lizable para los que se dedican á investigaciones his- 
tóricas. 

Cortés, José Domingo. 

Simón Bolívar. — Reseña historie o-bio grá- 
fica. 



— 4G1 — 

Santiago de Chile, 1872. — Imprenta El In- 
dependiente — 1 vol. 8.°, 1. a edición. 

Corvalán Mendilaharzu, Dardo. 

Discurso ante la estatua del Libertador, en 
representación de los estudiantes de los Cole- 
gios Nacionales de la Capital, el día de la ma- 
nifestación llevada á cabo en homenaje al Mi- 
nistro de Francia. 

Buenos Aires, 1909. — La Prensa, 25 de 
Octubre. 

Cosson, Alfredo, y Fregeiro, C. L. 

Curso gradual de geografía astronómica, fí- 
sica, política, descriptiva é histórica, por Al- 
fredo Cosson. Adicionada y corregida por Cle- 
mente L. Fregeiro. 

Buenos Aires, 1902. — 1 vol. 8.°, 14. a edi- 
ción. — Librería Rivadavia, de G. Mendeskv, 
editor, Rivadavia 545. 

República Argentina. — Capítulo LXII : In- 
dependencia, República de Chile y República 
del Perú. 

Obra de texto en los establecimientos de instrucción 
secundaria de Buenos Aires. Su autor, el señor Alfre- 
do Cosson, francés de nacionalidad, fué uno de los hom- 
bres más intelectuales que han venido á la Argentina. 

Desempeñó el rectorado del colegio nacional y murió 
en esta ciudad. Sus restos descansan en el cementerio 



— 462 - 

de la Recoleta, junto á los del inolvidable filósofo Ama- 
deo Jacques, compañero de Julio Simón y uno de los 
hombres más eminentes de Francia en su época, á quien 
el gobierno de Napoleón III arrojó á playas extran- 
jeras. 

Cosson, Alfredo. 

Compendio de geografía general para uso de 
los Colegios Azadónales. 

Buenos Aires, 1876. — 1 vol. 8.°, 2. a — Re- 
pública Argentina. 

Cosson, Alfredo. 

Trozos selectos de literatura y método de 
composición literaria. 

Buenos Aires, 1902. — 2 vols. 8.°, 10. a edi- 
ción, aumentada por el doctor Jacob Larrain. 
— Librería Rivadavia, calle Rivadavia 545. 

Esta obra está compuesta con trozos sacados de las 
obras de los principales historiadores y hombres de le- 
tras de Europa y América. Su autor lo destinaba á la 
enseñanza secundaria de los establecimientos de la ca- 
pital. 

" Courrier de la Plata, Le ". 

Yapeyú. 

Buenos Aires, 1899. — Le Courrier de la 
Plata. Octubre 12. 



— 46o — 

Crichfield, George. 

The Rise and Progress of the South Ame- 
rican Republics. In tzvo volumes. 

London, 1909. — 2 vols. 4. , i. a — Fisher 
Wehwning, London. — Adelphi Terrace, Leip- 
zic. — Inseestrasse io. 

Volumen I, Chapter XIX. — Noted Rcvola- 
tiouary Lcadcrs. — San Martín, Sucre and 
José Antonio Páes. 

Cruchaga Tocornal, Doctor M., Ministro de Chile. 

Discurso en el banquete dado en los salones 
del Jockey Club, en homenaje al Ministro de 
Francia, con motivo de la inauguración del 
monumento al general San Martin en Bou- 
logue sur-Mcr. 

Buenos Aires, 1909. — La Nación, 25 de 
Octubre. 

Ese conceptuoso discurso del distinguido diplomático 
chileno fué reproducido en todos los diarios de Buenos 
Aires y en muchos del interior de la República. Contie- 
ne pasajes inspirados y hermosos, que ponen en evi- 
dencia el talento del autor. 

Cuervo, Rufino. 

Historia de la America del Sud. por Rufino 
Cuervo. 

Barcelona. — 1 vol. 8.°, 1. a . 



— 464 — 

República Argentina. — Independencia. 

Más que una obra inédita este libro es una recopila- 
ción de otras publicadas con anterioridad en Sud Amé- 
rica. A pesar de eso la selección está bien hecha y las 
informaciones suministradas son generalmente ajus- 
tadas á la verdad. 

Cuesta de Chacabuco. 

Oficio del Gobernador Intendente de la Pro- 
vincia de Cuyo al Excmo. señor Director Su- 
premo del Estado. 

Buenos Aires. 1817. — Hoja suelta, folio. — 
Imprenta de los Niños Expósitos. 

El oficio del Intendente de Cuyo don Toribio Luzu- 
riaga al señor Director de las Provincias Unidas, tiene 
por objeto comunicarle la llegada á Mendoza el día 16 
de Febrero de 1817 del capitán de granaderos á caballo 
don Manuel Escalada, conduciendo el parte de la victo- 
ria de Chacabuco. 

Cuestas, Juan L. 

Derrota de San Martín en Cancha Rayada. 
Contada por un veterano de la independencia. 
Año 18 18. — Sublevación de los prisioneros es- 
pañoles en San Luis. 

Montevideo, 1897. — Páginas sueltas, por 
Juan L. Cuestas. — 1 vol. 8.°, i. a . Con re- 
trato del autor. — Imprenta de Dornaleche y 
Reyes, editores, calle 18 de Julio, N. os yy y 79. 



- 46ñ - 

Inspirado en móviles no muy elevados hacia la Ar- 
gentina, sin aportar nada de nuevo, este trabajo histó- 
rico del señor Cuestas es interesante y sus informacio- 
nes son exactas. 

El señor Cuestas desempeñó § la presidencia de la 
República Oriental del Uruguay. 



t. i. 



ÍNDICE 



Pág. 

Advertencia preliminar 9 

Plan de la obra 13 

Bosquejo biográfico del General José de San Martín . . 15 



BIBLIOGRAFÍA 

" Abeja Republicana, La ". 

Remitido 121 

" Abeja Republicana, La ". 

Impugnación al articulo inserto contra el fundador 
de la Libertad del Perú y los jefes de su ejército, 
en el N.° 5 de La Abeja Republicana. Escrita y 
dedicada á éstos por los amigos de la libertad. . . ijj 
" Abeja Republicana, La ". 

Continuación 122 

" Abogado Nacional, El ". 

Noticias biográficas. — Brayer, teniente general, ba- 
rón, comandante de la Legión de Honor. — Don 

José de San Martín 122 

" Abogado Nacional, El ". 

Biografía moderna. — Artículo: Brayer, teniente ge- 
neral, barón, comandante de la Legión de Honor, 

etc., etc 122 

Aceña, Coronel Ramón. 

Efemérides militares 123 



— 468 — 

Pág. 

" Actualité, L' ". 

Inauguration du monument an general San Martín 

á Boulogne-sur-Mer 123 

Acuerdo extraordinario de Cabildo. 

Hoja suelta 124 

" Agente Comercial del Plata ". Diario Universal. 

Efemérides. — San Lorenzo, Febrero 3 124 

Aguirre, Coronel José María y Espejo Jerónimo. 
Compendio de las campañas del ejército de los An- 
des. — Publicado por un jefe amante de las glo- 
rias de su patria 124 

Aiguals de Izco, Wenceslao. 

El Panteón Universal. — Diccionario histórico de vi- 
das interesantes, aventuras amorosas, sucesos trá- 
gicos, escenas románticas, lances jocosos, progre- 
sos científicos y literarios, acciones heroicas, vir- 
tudes populares, crímenes célebres y empresas 
gloriosas de cuantos hombres y mujeres de todos 
los países, desde el principio del mundo hasta 
nuestros días, han bajado al sepulcro dejando un 

nombre inmortal 125 

A Legacy from a Great man with a Biography of 

General José de San Martín 125 

Albano, Doctor Casimiro. 

Memoria del Excmo. señor don Bernardo O'Hig- 
gins, capitán general de la República de Chile, 
brigadier en la de Buenos Aires, gran mariscal 
en la del Perú, socio protector en la Sociedad de 
Agricultura. Encomendado por la Sociedad de 
Agricultura al socio dignidad chantre de esta san- 
ta Iglesia Metropolitana, Dr. D. Casimiro Albano. 126 
Albarracín, Santiago. 

Repatriación de los restos del general San Martín. 126 
Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Biografía del general San Martín, acompañada de 
una noticia de su estado presente y otros docu- 
mentos importantes, por el Dr. D. Juan B. Alberdi. 126 



— 469 — 

Pág. 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Escritos postumos de Juan B. Alberdi 127 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

La República Argentina treinta y siete años des- 
pués de su revolución de Mayo. — Por un ciuda- 
dano de aquel país 129 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Escritos postumos. — Belgrano y sus historiadores. 

— San Martín y Belgrano 129 

Alberdi, Doctor Juan Bautista. 

Obras completas. - — Edición dirigida por los docto- 
res Manuel Bilbao y Arturo Reynal O'Connor.. 129 
Alcance al Postillón del Mercurio despachado por el 
editor del mismo. — Santiago, 6 de Septiembre de 

1822 130 

Aldao, Carlos y Freyre R. 

Discursos en la inauguración de la estatua de San 

Martín, en Santa Fe 130 

Aldao, Doctor Carlos. 

Discurso pronunciado en la inauguración de la es- 
tatua del general San Martín, en la ciudad de San- 
ta Fe, el 30 de Octubre de 1903 130 

Alien, Joseph. 

Life of the Earle of Dundonald G. C. B. Rear Ad- 
mira! of the United Kingdon and Admiral of the 

Red. By Josep Alien. With illustrations 131 

Altamira, Rafael. 

Resumen histórico de la independencia de la Amé- 
rica Española 131 

Alvarez de Arenales, General Juan Antonio. 

El general ciudadano Juan Antonio Alvarez de Are- 
nales. — A sus compatriotas de Chile y el Perú. 132 
Alvarez, Manuel B. 
Testimonio histórico de un actor en el memorable 
complot de San Luis, el 8 de Febrero de 1819, por 
Manuel B. Alvarez 133 



- 470 — 

Pág. 

Alvarez, Doctor Mariano Alejo. 

Discurso sobre la preferencia que deben tener los 
americanos en los empleos de América. — Preve- 
nido el año de 1811, por el doctor don Mariano 
Alejo Alvarez, abogado de la Audiencia de Char- 
cas, para su incorporación en el ilustre Colegio 

de Abogados, de Lima 134 

Alvarado, General Rudesindo y Espejo, General G. 

Correspondencia inédita- 134 

Alvarado, José Antonio. 

Juicio sobre San Martín 134 

Alvarado, General Rudesindo. 
> Autobiografía del general Rudesindo Alvarado. — 

Apuntes para el general Jerónimo Espejo 134 

Alvear, General Carlos de. 

Manifiesto 137 

Alvear, Doctor Emilio de. 

Discurso pronunciado á bordo del transporte V Ma- 
rino, al ser embarcados en el Havre los restos 

del general don José de San Martín 137 

Alvear, Juan E. de. 

Corona fúnebre dedicada al brigadier general Car- 
los de Alvear, en el día de su centenario, 4 de 

Noviembre de 1880 13S 

Alves Branco Moniz Barreto, Jacinto. 

Historia dos Estados d'América Septentrional e 
Meridional, desde á sua emancipagáo até ao re- 
conhecimento de sua independencia. Obra es- 
cripta originariamente em hespanhol, tradusida 
por Jacinto Alves Branco Moniz Barreto. Au- 
mentado con varias notas 138 

A. M. 

La entrevista de Guayaquil. 26 de Julio de 1826. 

San Martín y Bolívar 139 

América en Maipú. 

Oficio del general San Martín, de la mima fecha 
que el anterior, dirigido al Gobierno de las Pro- 



- 471 — 

Pág. 

vincias Unidas de Sud América, comunicándole 
lo mismo que al de Chile. — Oficio de la misma 
fecha relativo á la brillante jornada reemplazando 
con usura el contraste del 19 de Marzo en Can- 
cha Rayada 139 

' Americano, El ". 
Artículo comunicado. Los servicios prestados á la 
causa de la emancipación por el general San 

Martin 139 

" Americano, El ". 

Editorial 140 

" Americano, El ", político. 

Periódico 140 

" Americano, El ". 

Oficio del Excmo. señor don José de San Martín 

al Excmo. señor arzobispo de Lima 140 

" Americano, El ". 

Proclama del general San Martín á los habitantes 

de los departamentos libres 141 

" Americano, El ". Suplemento al N- u 2. 

Epheta 142 

Americano, Un. 

Historia de la América del Sud, desde su descubri- 
miento hasta nuestros días 142 

Amigo de la patria, Un. 

Un amigo de la patria á los pueblos de Sud Amé- 
rica. Sobre el fusilamiento del teniente coronel 
don Manuel Rodríguez (chileno) que fué quien 
preparó los resultados felices de Chacabuco, por 
el general San Martín, y las instrucciones reser- 
vadas del gobernador de Mendoza, don Toribio 
de Luzuriaga, con respecto á los reos don José 
Moldes, don Manuel Aniceto Padilla y don José 
Isasa, fechadas en Mendoza (á 6 de Junio de 

1817) 143 

Amunátegui, Luis y Gregorio V. 

La Reconquista Española. Tomo II. — La Emigra- 
ción; de la Historia General de la República de 



- 472 — 

Pág 

Chile, desde su independencia hasta nuestros 
dias, etc., etc., arreglada por B. Vicuña Macken- 

na, ya citada 143 

Amunátegui, Miguel Luis. 

La República en América 144 

Amunátegui, Miguel Luis. 

La Dictadura de O'Higgins 144 

Amunátegui, Miguel Luis. 

El general San Mar.tín, protector de las letras en 

Chile 144 

Amunátegui, Miguel Luis. 

La Dictadura de O'Higgins. — .Memoria presentada 
á la Universidad de Chile, por Miguel L. Amuná- 
tegui, miembro de la Facultad de Filosofía y Hu- 
manidades, en la sesión solemne que tuvo lugar 
el 11 de Diciembre de 1853. 2 - a edición, corregida. 145 
Amunátegui, Miguel Luis. 

Compendio de la historia política y eclesiástica de 

Chile, por Miguel Luis Amunátegui 145 

Anadón, Doctor Lorenzo. 

Discurso pronunciado desde los balcones de la Le- 
gación Argentina en Chile, el día 24 de Octubre, 
ante la manifestación llevada á cabo por el go- 
bierno y el pueblo chileno en homenaje á la Re- 
pública Argentina, con motivo de la inaugura- 
ción del monumento á San Martín en Boulogne- 

sur-Mer 146 

Anadón, Doctor Lorenzo. 

Discurso pronunciado en el banquete que tuvo lu- 
gar el día 5 de Abril de 1910, con motivo de la 

inauguración del Ferrocarril Trasandino 146 

Andrews, Captain J. 

Journey from Buenos Aires, through the Provinces 
of Córdoba, Tucumán and Salta, to Potosí, thence 
by the deserts of Caranja to Arica, and subse- 
quently, to Santiago de Chile and Coquimbo, un- 
dertaken 011 be half of the Chiban and Peruvian 



- 473 - 

Pág. 

Mining Association, in the years 1825-1826. By 
Captain Andrews. Late Commander of H. C. S. 

Windham. In two volumes 146 

Angelis, Pedro de 

Biografía del general Arenales y juicio sobre la 
memoria histórica de su segunda campaña á la 
Sierra del Perú, en 1821, por Pedro de Angelis. 147 
Anónimo. 

Sobre el centenario de San Martín 147 

Anónimo. 

Biografía del buen patriota don Bernardo de O'Hig- 
gins, general chileno. (Biblioteca selecta para la 

juventud) 148 

Anónimo. 

Muerte de San Martín y Necrología 148 

Anónimo. 

Inauguración de la estatua del general San Martín. 148 
Anónimo. 

Texto del contrato celebrado por el Supremo Go- 
bierno del Perú con la casa Dreyfus Hermanos y 
Cía. Aclaraciones presentadas por los contratistas 
en 28 de Septiembre, y garantía de aumento de 
3.000.000 de soles en el producto de las consig- 
naciones 149 

Anónimo. 

Cuadro histórico político de la capital del Perú desde 
el 8 de Septiembre de 1820, en que desembarcó en 
Pisco el ejército libertador hasta fines de Junio 
del presente año de 1822. — 3. Leído en la Socie- 
dad Patriótica por un individuo de ella. Forsan 
et haec olim meminisse unabit. — (Eneid., lib. I.. 150 
Anónimo. 

Memoria interesante para servir á la historia de las 
persecuciones de la iglesia en América. — Por un 

amante de Truxillo y de stt Obispo 150 

Anónimo. 

Expresión de gratitud de los españoles de la Euro- 



— 474 — 

Pág. 

pa á los españoles de la América (Meridional) 

americanos 150 

Anónimo. 

Foja de servicios del coronel don Jerónimo Espejo, 

año 1870 150 

Anónimo. 

Homenaje á San Martín. — Velada patriótica nacio- 
nal, 30 de Mayo de 1905 151 

Anónimo. 

Campaings and Cruises in Venezuela and New Gre- 
nada, and in the Pacific Ocean; from 1817 to 
1830, with the narrative of a march from the river 
Orinoco to San Buenaventura on the coast of 
Chaco; and Sketches of the West Coast of South 
America from the Gulf of California to the Ar- 
chipiélago of Chiloe. Also Tales of Venezuela: 
Ilustrative of revolutionary men, manners, and 

incidents 151 

Anónimo. 

Decretos del gobierno provisorio 152 

Anónimo. 

Ensayo sobre la conducta del general Bolívar. — 
Reimpreso de los números II, 13 y 14 del Duende, 
de Buenos Aires, impreso en Santiago de Chile, 
en la imprenta de la Independencia, año 1826 y 
reimpreso en Lima, en la Republicana, por J. M. 

Concha, año 1827 15^ 

Anónimo. 

Suplemento á la Gaceta del Gobierno, N.° 45 152 

Anónimo. 

Exposición que hace la Junta de Observación á los 

habitantes de las Provincias Unidas 153 

Anónimo. 

Capítulos de carta escrita á Buenos Aires, por un 
jefe del ejército libertador del Perú. Referencias 
sobre las negociaciones de San Martín con el vi- 
rrey de Lima. — Huaura, Febrero 3 de 1821 153 



- 475 — 

Pág. 

Anónimo. 

Noticias interesantes comunicadas por una persona 
respetable de Chile. — Santiago, Octubre 20 de 

1819 153 

Anónimo. 

Xúmero 4. — Boletín del Ejército Unido Libertador 

del Perú. — Noviembre 20 de 1820 153 

Anónimo. 

Colección de los bandos publicados por el gobierno 

de Lima independiente 154 

Anónimo. 

Colección de los bandos publicados por el gobierno 

de Lima independiente 155 

Anónimo. 

Colección de los reglamentos expedidos por el pro- 
tector de la libertad del Perú 155 

Anónimo. 

Contestación al artículo remitido á la Abeja Repu- 
blicana, N.° 2 155 

Anónimo. 

Colección de leyes y decretos sancionados desde la 

jura de la independencia 155 

Anónimo. 

Caricatura en hoja suelta, con leyendas alusivas. 

(Atribuida al general Alvear ) 156 

Anónimo. 

Viva la patria. — Carta de un inglés respetable resi- 
dente en Santiago de Chile á otro residente en 
Buenos Aires. Fechada á la 1 del día en Santiago, 

el 13 de Agosto de 1821 156 

Anónimo. 

Vida militar y política del general Baldomero Es- 

partero ! 157 

Anónimo. 

Viva la patria. Gaceta Ministerial Extraordinaria de 
Chile. Carta confidencial 157 



- 476 - 

Pág. 

Anónimo. 

Viva la patria. Anuncio de la entrada del general 
San Martín á la capital del Perú 157 

Anónimo. 

Resumen documentado de la causa criminal seguida 
y sentenciada en el tribunal de la comisión militar 
de esta capital, contra los reos Carlos Robert, 
Juan Lagresse, Agustín Dragumette, Narcisse Par- 
chappe y Marcos Mercher, por el delito de cons- 
piración contra las supremas autoridades de las 
Provincias Unidas y de Chile en Sud América.. 157 

Anónimo. 

Recopilación de los decretos expedidos por el Ex- 
celentísimo señor Director Supremo de Chile, 
sobre la institución y reglamento de la Legión de 
Mérito de Chile, creada el i.° de Junio de mil 
ochocientos diecisiete años, y de lo acordado en 
los actos posteriores del Consejo de la misma, 
hasta el día de la fecha 158 

Anónimo. 

Reglamento para la Sociedad Patriótica de Lima. . 158 

Anónimo. 

Reglamento provisional que establece la demarca- 
ción del territorio que actualmente ocupa el ejér- 
cito libertador del Perú, y la forma de adminis- 
tración que debe regir hasta que se constituya 
una autoridad central por la voluntad de los pue- 
blos libres.- — 12 de Febrero de 1824. — José de 
San Martín, Bernardo Monteagudo, Juan García 
del Río 159 

Anónimo. 

Respuesta á los ingleses. — Antecedentes sobre la 
contribución impuesta por el Soberano Congreso 
al comercio de Lima 159 

Anónimo. 

Reflexiones sobre la instalación del Congreso de 
Lima 159 



— 477 — 

Pág. 

Anónimo. 

Recuerdo de un gran hombre ó sea biografía del 

general San Martín 159 

Anónimo. 

Primera parte de la vida de San Martín 160 

Anónimo. 

Primera parte de la vida del general San Martín. 

Año 1825 160 

Anónimo. 

El general don José de San Martín 160 

Anónimo. 

Tesoro Argentino. Llave de la historia para los 

niños 160 

Anónimo. 

Al pueblo argentino en el momento de ser violada 

la última voluntad del general San Martín 161 

Anónimo. 

Introducción á las memorias militares y foja de 
servicios de Domingo F. Sarmiento, general de 

división de la República Argentina 161 

Anónimo. 

Almanaque de El Escolar Argentino para el año 1893. 162 
Anónimo. 

Compendio de Historia Argentina conforme al pro- 
grama del primer año preparatorio 162 

Anónimo. 

Centenario del general don José Ignacio Zenteno, 
1786-1886. Documentos históricos y artículos de la 
prensa publicados en ocasión de este centenario. 162 
Anónimo. 

El general Juan Antonio Alvarez de Arenales. Con 

retrato 162 

Anónimo. 

"25 de Mayo, 1810-1905". Ilustrado. Número único. 163 
Anónimo. 
Biografía del general don Manuel Bulnes, presi- 
dente de la República de Chile 163 



— 478 — 

Pág. 

Anónimo. 

Noticias de Lima. Gaceta Ministerial de Chile. — 

Santiago, 29 de Septiembre de 1821 163 

Anónimo. 

Paralelo de dos cartas del general San Martín, una 
supuesta y otra verdadera, en vindicación del se- 
ñor Riva Agüero 165 

Anónimo. 

Noticias interesantes. — Santiago de Chile, Julio 

17 de 1821 165 

Anónimo. 

Noticias de Santiago de Chile, recibidas por el úl- 
timo correo. — Santiago de Chile, 25 de Enero de 
1821. — -Referencias sobre la campaña del Bío-Bío 
y de las correrías marítimas de Lord Cochrane 

frente al Callao 165 

Anónimo. 

Noticias interesantes de Lima independiente y car- 
ta del 'general San Martín desde aquella capital 
á un confidente suyo, residente en ésta. — Lima, 

Julio 16 de 1821 165 

Anónimo. 

Noticia necrológica del señor don José de Riglos 

y Lasala 166 

Anónimo. 

Primera parte de la vida del general San Martín. . . 166 
Anónimo. 

Documentos relativos á la traslación de los restos 

del general José de San Martín 167 

Anónimo. 

Manifiesto y documentos de las negociaciones de 
Punchauca, entre los diputados de los Excmos. 
señores generales don José de San Martín y don 
José de La Serna, á consecuencia de la llegada 
del capitán de fragata don Manuel Abreu, comi- 
sionado pacificador de la Corte de España 167 



479 



Anónimo. 

Bosquejo sobre el carácter y conducta de don José 

de la Riva Agüero 167 

Anónimo. 

Estatua del general San Martín. — Decreto de fes- 
tejos oficiales. — Julio 11 de 1862. — B. Mitre, J. 

A. Gelly y Obes 167 

Anónimo. 

Recopilación de leyes y decretos sobre la institu- 
ción de la Legión de Mérito de Chile 168 

Anónimo. 

Manifiesto y documentos de las negociaciones de 
Punchauca, entre los diputados de los Excmos- 
señores generales don José de San Martin y don 
José de La Serna, á consecuencia de la llegada 
del capitán de fragata don Manuel Abren, comi- 
sionado pacificador de la Corte de España 168 

Anónimo. 

Manifiesto de las acusaciones contra el vicealmi- 
rante Lord Cochrane y vindicación de éste 168 

Anónimo. 

Manifiesto del gobierno á los pueblos que forman 
el Estado de Chile. — Consideraciones generales 
sobre la revolución sudamericana. — - Santiago, 5 
de Mayo de 1818. — Bernardo de O'Higgins, An- 
tonio José de Irisarri 168 

Anónimo. 

Manifiesto del gobierno á los pueblos que forman 
el Estado de Chile. — Consideraciones generales 
sobre la revolución sudamericana. — Santiago, 5 
de Mayo de 1818. — Bernardo de O'Higgins, An 

tonio José de Irisarri ióo- 

Anónimo. 

Manifiesto de las sesiones tenidas en el pueblo de 
Miraflores para las transacciones intentadas con 
el general San Martín y documentos presentados 
por parte de los comisionados en ellas. — Se pu- 
blicó por orden de este gobierno 160- 



480 



Anónimo. 

Ilustres Americanas 169 

Anson, Uriel Hancok. 

Historia de Chile, por Anson Uriel Hancok. Tradu- 
cida del inglés por José Casado 170 

Antelo, Nicomedes. 

Centenario de San Martín. — Febrero 25 de 1878. — 
Discurso pronunciado por don Nicomedes An- 
telo, director de la Escuela Modelo de San Ni- 
colás 171 

Antuna, Enrique M. 

Moral cívica- 171 

Appleton. 

Geografía Superior ilustrada de Appleton 171 

Arana, Felipe. 

Nota del Ministro de Relaciones Exteriores del 
Gobierno de Buenos Aires, encargado de las que 
corresponden á la Confederación, al brigadier ge- 
neral don José de San Martín, comunicándole la 
aceptación de la renuncia presentada del cargo 
de Ministro Plenipotenciario de la Confederación 

Argentina cerca del Gobierno del Perú 171 

Arana, Felipe. 

Carta al oficial de la Legación Argentina en Fran- 
cia, don Mariano Balcarce 172 

Arana, José B. 

"25 de Mayo de 1810-1905 ". Álbum patriótico.... 173 
Aranda, Ricardo. 

Anales parlamentarios del Perú 173 

Aráoz de La Madrid, General Gregorio. 

De los males y desgracias de las repúblicas del 
Plata. — Documentos curiosos para la historia.. 173 
Aráoz de La Madrid, General Gregorio. 

Memorias del general Gregorio Aráoz de La Ma- 
drid 174 

Aráoz de La Madrid, General Gregorio. 

Observaciones sobre las Memorias del general José 
María Paz 177 



- 481 — 

Pág. 

" Araucano, El ". 

Memorias de Lord Cochrane. (Naval services in 
Chile, Perú and Brazil by the Earle of Dundo- 

nald). — 2 vol. — London 178 

" Araucano de Chile ". 

Episodios de la vida del general San Martín. — Un 

asesinato en Cádiz 178 

Araújo, Orestes. 

Diccionario popular de historia de la República 
Oriental del Uruguay, desde la época del descu- 
brimiento de su territorio, hasta la de su inde- 
pendencia 178 

Araújo, Orestes. 

Diccionario Geográfico del Uruguay 179 

Araújo, Orestes. 

Efemérides uruguayas, compiladas y ordenadas por 

O. Araújo 180 

Arce, Doctor Mariano José de. 

Oración pronunciada el día 8 de Octubre en cele- 
bridad del juramento del Estatuto provisorio del 
Perú, por el señor doctor don Mariano José de 

Arce 180 

Archivo Americano. 

El testamento de San Martín 180 

Archivo Americano y Espíritu de la prensa del Mundo. 

Cartas de San Martín . 180 

Archivo Americano. 

Recuerdos del general José de San Martín, año 
1857. Nueva serie, N.° 28. (Dr. B. de Irigoyen) iSt 
Arcos, Santiago. 

La Plata. — Etude Historique, par Santiago Arcos. 183 
Ardit, Luis. 

Apuntes de Historia Argentina 183 

Arenales, Coronel José. 

Documentos históricos, políticos y militares, con- 
siguientes á los sucesos y refutaciones de la re- 
volución y guerra de la independencia de estos 

'I' i :¡i 



— 482 — 

Pág. 

Estados sudamericanos, de origen español: lenta 
y paulatinamente adquiridos desde los primeros 

años de mi mocedad 184 

Arenales, José. 

Bosquejo biográfico del general don Rudesindo 
Alvarado, por José Arenales, teniente coronel 

graduado de artillería 184 

Arenales, Coronel José de. 

Memoria histórica sobre las operaciones é inciden- 
cias de la expedición libertadora, á las órdenes 
del general don Juan Antonio Alvarez de Are- 
nales, en su segunda campaña á la sierra del 

Perú en 1821. — Por José Arenales 187 

" Argentina, La ". 

La inauguración del monumento á San Martín en 

Boulogne-sur-Mer 202 

" Argentina, La ". 

La inauguración del monumento á San Martín en 

Boulogne-sur-Mer 202 

" Argentina, La ". 

Los granaderos á caballo en París. — Visita á la 

tumba de Napoleón 1 202 

"Argos, El". 

Documentos del protector del Perú, etc 203 

"Argos de Buenos Aires y Avisador Universal, El ". 

Banquete oficial en el 25 de Mayo 203 

"Argos de Buenos Aires y Avisador Universal, El ". 

Manuel Rodríguez. — Drama 203 

" Argos de Chile, El ". 

Artículo del Censor de Buenos Aires, N.° 161 203. 

"Argos de Chile, El". 

Entrada del general San Martín á Santiago, el 29 

de Octubre de 1818. 204 

" Argos de Chile, El ". 

Referencias á la batalla de Maipú 204 

Arnold, Prudencio. 

Páginas históricas de la Historia de la Confedera- 



— 483 - 

Pág. 

ción Argentina, por el doctor A. Saldías. Repro- 
ducción del coronel Prudencio Arnold 204 

Arreguine, Víctor. 

Historia del Uruguay 205 

Arrieta, Domingo. 

Ratos de entretenimiento ó Memorias de un sol- 
dado, por don Domingo Arrieta, sargento mayor- 205 
Arroyo, Guillermo A. 

La batalla de Maipo, por G. Arroyo A 207 

Ascencio, Doctor Juan. 

Acusación pronunciada ante el Tribunal de Jurados 
de Lima por el doctor don Juan Ascencio, contra 
el alcance del Mercurio Peruano, publicado por 
don Carlos Rodríguez y denunciado por el gran 
mariscal del Perú, don Bernardo de OTIiggins. 229 
Aubín, José María. 

Curso de Historia Nacional con arreglo al progra- 
ma de las escuelas comunes 229 

Auge, Claude. 

San Martín 230 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Mariano Moreno y San Martín. Discurso con co- 
mentarios inéditos 230 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Los restos de San Martín. El Presidente de la Re- 
pública á sus conciudadanos 230 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Sobre el centenario de San Martín. Apuntes de un 

diario 231 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

El general don Tomás Guido. Mensaje al Hono- 
rable Congreso pidiendo el acuerdo para confe- 
rirle el grado de coronel mayor de los ejércitos 

de la República 231 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Discurso pronunciado por el Presidente de la Re- 
pública en la solemne inbumación de los restos 
del gran Capitán 231 



- 484 -- 

Fág. 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Los restos de San Martín. Proclama del Presidente 

de la República 232 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Los restos del general San Martín. El Presidente 

de la República á sus conciudadanos 232 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

El Presidente de la República á sus conciudada- 
nos 232 

Avellaneda, Doctor Nicolás. 

Mensaje del Presidente de la República al abrir las 
sesiones del Congreso Argentino de Mayo de 1878 232 
Avendaño, Rómulo. 

Memoria presentada al Jurado de los certámenes 

históricos de 1868 233 

Avila, Manuel. 

A la memoria del generalísimo de las armas de la 
República peruana, señor don José de San Mar- 
tín- Canto 233' 

Azpurúa, Ramón. 

Biografías de hombres notables de Hispano-Amé- 
rica. Coleccionadas por Ramón Azpurúa. Obra 
mandada publicar por el Poder Ejecutivo Nacio- 
nal de los Estados Unidos de Venezuela, presi- 
dido por el gran demócrata, general Francisco 

L. Alcántara 233 

Baasch, Antonio J. 

Elementos de Historia Española en América y Na- 
cional en el Río de la Plata 234 

Balcarce, Mariano. 

Discurso pronunciado á bordo del transporte Villa- 
riño en el puerto del Havre, por el Ministro ar- 
gentino en Francia, don Mariano Balcarce, al ser 
embarcados los restos del general San Martín... 234 
Balcarce, M., García Manuel y Alvear, Emilio. 

Discursos pronunciados en el acto del embarque de 
los restos del general San Martín al transporte 



- 485 — 

Pág. 

Villarino en el puerto del Havre, el día 21 de 

Abril de 1880 235 

Balcarce, Mariano. 

Solicitud dirigida al Excmo. señor Presidente de 
la República peruana por don Mariano Balcarce, 
bijo político de don José de San Martín, genera- 
lísimo de las armas del Perú y fundador de su 

libertad 235 

Balcarce, General Antonio González. 

Contestación de los jefes del Ejército Unido de los 
Andes y Chile al manifiesto del ex mayor general 
don Miguel Brayer, sobre su conducta en el tiem- 
po que permaneció en Sud América 236 

Balcarce, Mariano. 

Cartas al doctor Juan B. Alberdi á propósito de la 
Bibliografía del general San Martín, etc., que 
éste publicara en París en 1844. — Septiembre 22 

de 1846 237 

Balcarce, Mariano. 

Carta al general Rosas del oficial de la Legación 
Argentina en Francia, don Mariano Balcarce... 238 
Balcarce, Mariano. 

Bolívar y San Martín 238 

Ballesteros, José de. 

Revista de la guerra de la independencia de Chile, 

desde 1813 hasta 1826 -. 239 

Balta, José. Constitutional President of the Republic 
of Perú. 

Decree disposing the inmediate erection of a statue 
in honour and conmemoration of the illustrious 

general don José de San Martín 230 

Balta, José. Presidente Constitucional de la República 
del Perú. 

Decreto mandando erigir un monumento al gene- 
ralísimo de las armas del Perú y fundador de su 
independencia, don José de San Martín, con ins- 
cripciones que recuerden los grandes hechos de 



— 4S6 — 

Pág. 

la independencia y en muestra de gratitud pú- 
blica- — Lima, Abril 12 de 1869. — José Balta. 

Pedro Gálvez 239 

Bambil, Julio. 

San Lorenzo 240 

Baralt, Rafael María y Ramón Díaz. 

Resumen de la historia de Venezuela desde el año 
1500 hasta 1797 y desde 1797 hasta 1830. Con un 

bosquejo hasta 1837 240 

Baralt, Rafael María y Díaz, Ramón. 

Resumen de la historia de Venezuela desde el año 

1500 hasta 1797 y desde 1797 á 1830 243 

Baraya, José María. 

Biografías militares ó Historia militar del país en 

medio siglo 244 

Barra, Federico de la. 

Narraciones: 1845, 1846 y 1847. Síntesis 244 

Barra, Eduardo de la. 

El teniente coronel Fray Luis Beltrán, por Eduar- 
do de la Barra 244 

Barra, Eduardo de la. 

Vida y obras del doctor R. P. Luis Beltrán 249 

Barrera Oro, J. 

Cuentos patrióticos y episodios históricos dedica- 
dos á los niños y jóvenes argentinos 249 

Barrett, John. 

Las catedrales del Nuevo Mundo Sud América. 

Con ilustraciones 249 

Barrett, John. 

El monumento del general San Martín en Boulo- 

gne-sur-Mer. Con ilustraciones 250 

Barria, J. M. 

Almanaque del Centenario 250 

Barros, Coronel Alvaro. 

Fronteras y Territorios federales de las Pampas del 
Sud 251 



— 487 - 

Pág. 

Barros Arana, Diego. 

Biografía del general don José Manuel Borgoño. . . 251 
Barros Arana, Diego. 

El 19 de Marzo de 1818. El desastre de Cancha 

Rayada 252 

Barros Arana, Diego. 

El 5 de Abril de 1818. Maipú 252 

Barros Arana, Diego. 

El Paso de los Andes 252 

Barros Arana, Diego. 

La desobediencia de San Martin 252 

Barros Arana, Diego. 

Historia general de la independencia de Chile, por 

Diego Barros Arana 253 

Barros Arana, Diego. 

Historia general de Chile 260 

Barros Arana, Diego. 

Biografía del general don Ramón Freiré, por Diego 

Barros Arana 260 

Barros Arana, Diego. 

El general Freiré, por D. Barros Arana 260 

Barros Arana, Diego, y Amunátegui, M. Luis. 

" Revista Chilena ". Publicada bajo la dirección de 
Miguel Luis Amunátegui y Diego Barros Arana. 261 
Barros Arana, Diego. 

Compendio de Historia de América, por Diego 

Barros Arana 261 

Barros Arana, Diego. 

Compendio de Historia de América, por Diego 

Barros Arana 262 

Barros Arana, Diego. 

Compendio elemental de Historia Americana 262 

Barros Pazos, José. 

Biografía del señor general Juan de Dios Rivera.. 262 
Bartel, Paúl. 

Les fétes en honneur du general de San Martín. . 263 



- 488 — 

Pág. 

Basavilbaso, Doctor Carlos. 

Marengo y Chacabuco. Estudio comparativo 263 

Bases de la constitución política del Perú. 

Proyecto 263 

Bauer, Hermán. 

La trinchera de San Martín. Cuentos infantiles. 

Primer concurso 264 

Bauza, Francisco. 

Historia de la dominación española en el Uruguay. 264 
Bauza, Francisco. 

Historia de la dominación española en el Uruguay. 265 
Baxter, Silvester. 

La Argentina. El país á vuelo de pájaro. Un poco 

de historia 265 

Belgrano, General Manuel. 

Xota felicitando al general José de San Martín por 

la victoria de Maipo 266 

Bello, Andrés, y García del Río, Juan. 

El Repertorio Americano, por Andrés Bello y Juan 

García del Río 266 

Bello, Andrés- 
Obras completas de don Andrés Bello. Edición 
hecha bajo la dirección del Consejo de Instruc- 
ción Pública en cumplimiento de la ley de 5 de 

Septiembre de 1872 267 

Belloc, M. 

Historia americana desde los tiempos más remo- 
tos hasta nuestros días. Traducida por Juan 

Cortajar 267 

Bello, Juan. 

Biografía del general Bernardo de O'Higgins, por 

Juan Bello 269 

Beltrán de Villar, Daniel. 

El parte de !a batalla de Chacabuco, por Daniel 

Beltrán de Villar 269 

Beltrán, Doctor Juan G. 

Compendio de Historia Argentina, por Juan G. 

Beltrán 269 



- 489 - 

Pág. 

Beltrán, Doctor Ramón A. 

Discurso del doctor Ramón A. Beltrán, en repre- 
sentación del Colegio Nacional de Corrientes, en 
el acto de la inauguración del monumento erigido 
en Yapeyú á la memoria del general don José 

de San Martín 270 

Benavente, D. J. 

Biografía del general don José Miguel Carrera. . . 270 
Benavente, D. J. 

Biografía del general don José Miguel Carrera... 270 
Benedetti, Carlos. 

Historia de Colombia- 270 

Biblioteca de la " Voz de Chile ". 

Corona triunfal á San Martín. Discursos y poesías. 

Con una fotografía de la estatua 271 

"Biblioteca Columbiana, La" 272 

Biblioteca del " Comercio del Plata ". 

Guerra del Perú ó Colección de documentos acerca 
de la guerra y demás sucesos allí ocurridos es- 
pecialmente desde 1820 inclusive en adelante.... 2J$ 
Biedma, José Juan. 

El ciego de Maipú, por José Juan Biedma. — 5 de 

Abril de 1818 273 

Biedma, José Juan. 

Suárez y Olavarría 274 

Biedma, José Juan. 

Rudesindo Alvarado. General 274 

Biedma, José Juan. 

Pringles. Boceto biográfico, por José Juan Biedma. 275 
Biedma, José Juan. 

Pringles. Boceto biográfico, por J. J. Biedma 276 

Biedma, José Juan. 

El coronel Lorenzo Lugones. 1796, 10 de Agosto de 
1896. Por José Juan Biedma- Publicación oficial. 276 
Biedma, José Juan. 

El coronel Lorenzo Lugones. 1796, 10 de Agosto de 
1896. Por José Juan Biedma. Publicación oficial, 



— 490 — 

Pág. 

autorizada por el Gobierno de la provincia de 

Santiago del Estero 276 

Biedma, José Juan. 

¿Por qué nos odia Chile? Un poco de historia.... 277 
Biedma, José Juan. 

1 Gato por liebre! A propósito de un libro histórico 277 
Biedma, José Juan. 

Pringles. Biografía 277 

Biedma, José Juan. 

Olavarría. Esbozo biográfico 277 

Biedma, José Juan. 

Una lección de San Martín 278 

Bilbao, Doctor Manuel. 

Vindicación y memorias de don Antonio Reyes. 
Arregladas y redactadas por Manuel Bilbao.... 278 
Bilbao, Manuel. 

Historia de Rosas, desde 1810 á 1832 278 

Bilbao, Doctor Manuel. 

Historia de Rosas, desde 1810 á 1832 278 

Bilbao, Doctor Manuel. 

Revoluciones sudamericanas 279 

Bilbao, Doctor Manuel. 

San Martín y Rivadavia 279 

Bilbao, Doctor Miguel. 

Memorias de Lord Cochrane. Conde de Dundonald. 
Gran cruz de la Orden del Baño, de la Imperial 
Brasileña del Crucero y de la Real de San Sal- 
vador de Grecia. Almirante de la escuadra rusa. 
Contraalmirante de la Gran Bretaña, etc.. etc.... 280 
Bilbao, Doctor Miguel. 

Historia política del Perú. (Compendio) 2S0 

Blanchard Chessi, Enrique. 

La invasión por los Andes; a}*er, hoy y mañana. . . 281 
Blanchard Chessi, Enrique. 

La batalla de Chacabuco 281 

Blanchard Chessi, Enrique. 

Los partes oficiales de la batalla de Maipú 281 



— 491 — 

Pág. 

Blanco, Eduardo. 

Venezuela heroica. — Cuadros históricos. — ■ La vic- 
toria. — San Mateo. — Sitio de Valencia. — Ma- 
turín. — La invasión de los seiscientos. — La casa 
fuerte. — San Félix. — Matasiete. — Lts Queseras. — 

Boyacá. — Carabobo 281 

Blanco Encalada, Almirante Manuel. 

Detall de la toma de la fragata María Isabel por el 
comandante de la escuadra de Chile. — Parte del 
jefe Manuel Blanco Encalada- — Puerto de la isla 

Santa María, 5 de Noviembre de 1S18 282 

Blanco White, José. 

Variedades ó Mensajero de Londres 296 

Blanco, General José Félix, y Azpurúa, Ramón. 
Documentos para la historia de la vida pública del 
libertador de Colombia, Perú y Bolivia. Publica- 
dos por disposición del general Guzmán Blanco, 
ilustre americano, regenerador y presidente de 
los Estados Unidos de Venezuela en 1875. Pues- 
tos en orden cronológico y con ediciones y notas 
que los ilustran, por el general José Félix Blanco. 296 
Bland, Judge. 

The Present state of Chili from the report laid 
before Congress by Judge Bland. The Commi- 
sioner sent to that country b} r the Government 

of the United States in 1818 297 

Boero, Jorge A. 

Geografía de América 298 

" Boletín Oficial ". 

Informaciones relativas á la Junta de Guayaquil... 298 
" Boletín Oficial ". 

Noticias de Guayaquil. Proclama de la Junta, 22 
de Julio de 1821. — Olmedo, Ximena, Roca, Fran- 
cisco Marcos, secretario 299 

" Boletín Oficial ". 

Nombramiento de representantes del Poder Eje- 
cutivo en la inauguración del monumento á San 
Martín en Yapeyú 299 



— 492 — 

Pág. 

Boletín del Ejército Libertador del Perú. 

Excelentísimo señor gobernador y capitán general 
de la provincia de Buenos Aires, anunciando que 
en una carta de Mendoza dirigida al diputado de 
ella para el Congreso, se ratifica la toma de Lima 
y le incluyen copia del oficio del Excmo. señor 
capitán general del ejército libertador del Perú, 
don José de San Martín, al Excmo. señor direc- 
tor de la República de Chile, etc 300 

Boletín del Ejército Libertador del Perú. 

Gaceta Extraordinaria de Chile, miércoles 4 de 

Julio de 1821 301 

Boletín del Ejército Libertador del Perú 302 

Bolívar, General don Simón. 

Carta al Excmo. señor general San Martín 303 

Bolívar, General don Simón. 

Al general San Martín 322 

Bolívar, General don Simón. 

Carta á don Fernando Peñalver, á propósito de 

San Martín 323 

Bolívar, General don Simón. 

Carta confidencial al gran mariscal del Perú, don 
José de la Mar, á propósito de la impresión que 
recibiera cuando conoció al libertador del Sud, 

en Gua}^aquil 325 

Bolívar, General don Simón. 

Viva la patria. Gaceta Ministerial Extraordinaria 
de Chile. — República Colombiana. Simón Bolí- 
var, libertador y presidente de Colombia, etc., etc. 
Al Excmo. señor director supremo de la Repú- 
blica de Chile 329 

Bollo, Santiago. 

Manual de Historia de la República Oriental del 

Uruguay, por Santiago Bollo 329 

Boonen Rivera, General J. 

Estudio comparativo sobre el paso de los Alpes y 
el de los Andes, por J. Boonen Rivera 329 



— 493 - 

Pág. 

Boonen Rivera, General J. 

El paso de los Alpes y el de los Andes. Napoleón 

y San Martín. 1800-1817 334 

Boonen Rivera, General J. 

Ensayo sobre la Geografía Militar de Chile 334 

Boqui, José. 

El ciudadano José Boqui. — Exposición 335 

Bores, Silvano. 

Discurso pronunciado en la Cámara de Diputados 
de la Nación con motivo del proyecto presentado 
por el doctor Zeballos mandando erigir un monu- 
mento al ejército de los Andes en la ciudad de 

Mendoza 335 

Borgoño, José Manuel. 

Defensa del coronel don Agustín Gamarra, presen- 
tada al Consejo de Oficiales Generales en 22 de 
.Mayo de 1S22. por el H. S. coronel comandante 
general de artillería, don José Manuel Borgoño, 

su defensor 336 

Bosch, Ernesto. 

Monumento á San Martín en Francia. — Recuerdos 
gratos de Boulogne. — Despedida á los militares 

argentinos 336 

Bossi, Capitán Bartolomé. 

Viaje pintoresco por los ríos Paraná, Paraguay. 
San Lorenzo, Cuyabá y el Avino tributario del 
Grande Amazonas, con la descripción de la pro- 
vincia de Matto Grosso 336 

Bouillet, M. N. 

Dictionnaire Universel d'Histoire et de Geographie, 

etc., et.. par M. N. Bouillet 337 

Bourdon, Georges. 

Les fétes de Boulogne-sur-Mer. — ■ France et Amé- 
rique. — Le monument de José de San Martín.. 337 
Bourdon, Georges. 

Francia y América. — Las fiestas de Boulogne. — 
Lo que se piensa de la Argentina 338 



494 



Brackenridge, M. 

Voyage to South America, performed by order of 
the American Government, in the years 1817 and 
1818, in the frigate Congress. By M. Brackenridge, 
esq. Secretarj r to the mission; in two volumes. 

Baltimore, 1819 339 

Brandsen, Coronel Federico de. (Un Republicano). 

Sobre las revoluciones del Perú 330 

Brandsen, Federico. (Un Republicano). 

Sobre las revoluciones del Peni 351 

Brandsen, Federico. 

Más documentos históricos, por Federico Brandsen 351 
Brandsen, Federico. 

Apelación á la nación peruana, escrita en uno de 
los calabozos del Palacio Dictatorial, en Lima, 
en el mes de Febrero de 1825, por Federico 
Brandsen, ex general de brigada, comandante 
general de la caballería y jefe de la vanguardia 
de las tropas del Perú, y publicada en Santiago 

en el mes de Mayo de 1825 352 

Brandsen, Federico. 

Contestación á la carta del señor Terán de Gonzá- 
lez, titulada: Refutación del papel publicado en 
Chile con el título de " Apelación á la nación 
peruana", escrito por don Federico Brandsen. — 

Agosto, 1825 352 

Brandsen, Federico. 

Observaciones á un Opúsculo del ayudante gene- 
ral don Andrés García Camba sobre la revolu- 
ción del Perú 352 

Brandsen, Federico. 

Contestación á la carta del señor Terán de Gonzá- 
lez, titulada: Refutación del papel publicado en 
Chile con el título de " Apelación á la nación 
peruana", escrito por don Federico Brandsen... 353 
Brayer, General Miguel. 

Respuesta del teniente general Brayer al general 
San Martín 354 



- 495 - 

Pag. 

Brayer, General Miguel. 

Manifiesto de la conducta del teniente general Mi- 
guel Brayer, en el tiempo que ha permanecido en 

Sud América 355 

Brayer, General Miguel. 

Respuesta del general Brayer al general San Mar- 
tín 355 

" Brazil and River Píate Mail, The ". 

General José de San Martín. — Recollections of 

an Octogenarian 356 

Breve descripción de la República de Chile. 

Escrita según datos oficiales, con un mapa y 44 

grabados 356 

British Packet. 

Correspondence between general San Martín and 
general Rosas. — Xaples, ri th January 1845 and 

Lt Encarnación at Palermo. May 20, 1846 357 

British Packet. 

Letter ot" general San Martín at Mr. D. G. F. Dick- 

son. — Xaples, 28"' December 357 

Brossard, Alfred de. 

Considérations historiques et politiques sur les Ré- 
publiques de la Plata dans leurs rapports avec 
la France et l'Angleterre, par M. Alfred de Bros- 
sard. Ancien attaché á la mission extraordinaire 

de France dans la Plata en 1847 358 

Bulnes, Gonzalo. 

Historia de San Martín, por B. Mitre. Juicio crítico 358 
Bulnes, Gonzalo. 

Historia de la campaña del Perú en 1838 359 

Bulnes, Gonzalo. 

Las últimas campañas de la independencia del Perú 359 
Bulnes, Gonzalo. 

Historia de la expedición libertadora al Perú, 1817- 

1822. Introducción 360 

Bulnes, Gonzalo. 

Flistoria de la expedición libertadora al Perú, por 
Gonzalo Bulnes 360 



- 496 - 

Pág. 

Bunge, Carlos O. 

Nuestra patria 361 

Burdbrige, Atilio. 

Discurso pronunciado ante la estatua de San Mar- 
tín, en representación de los estudiantes de los 
colegios nacionales de la Capital, el día de la ma- 
nifestación llevada á cabo en homenaje al Mi- 
nistro de Francia 362 

Bustamante, P. 

Peregrina. Novela 362 

Butterworth, Hezekiah. 

South America. A popular illustrated History of 
the South American Republics, Cuba and Pana- 
má, by Hezekiah Butterworth 363 

Butrón, Pedro. 

La retirada de Lambrama. Página heroica 363 

B. V. 

Comentarios patrióticos, por B. V. — Noticias in- 
teresantes del Perú. — Gaceta Extraordinaria de 

Chile, de 7 de Septiembre de 1820 365 

Caballero, Claudio. 

Recuerdos del tiempo viejo, 1816-1817. Entrevista 
con el doctor José Antonio Estrella, del ejército 
de los Andes, y don Tomás José Bíaz. — Men- 
doza, Mayo 7 365 

Cabildo de Lima. 

Acta del Cabildo de Lima manifestando al Excmo. 
señor general en jefe del ejército libertador del 
Perú, don José de San Martín, " que todos los 
señores concurrentes por sí, y satisfechos de la 
opinión de los habitantes de la Capital, dijeron: 
que la voluntad está decidida por la independen- 
cia del Perú de la dominación española y de cual- 
quiera otra extranjera, etc." 366 

Cabral, José Victorino. 

Tributo de veneración al gran capitán don José 
de San Martín 367 



- 497 — 

Pág. 

Cabra!, José Victorino. 

Estudios sobre la historia del general San Martín, 

por el general Mitre 367 

Cabral, José Victorino. 

Histórico. Lima Montaban ó el terremoto que des- 
truyó el Callao y la ciudad de Lima en 1746, con 
una reseña sobre el descubrimiento del Perú, á 
que se agregan algunas reminiscencias históricas 
acerca de su independencia 368 

Cabral, Lauro. 

Discurso pronunciado por el encargado de nego- 
cios de la República Argentina en el Perú, don 
Lauro Cabral 368 

Cabral, Luis D. 

Anales de la marina de guerra de la República Ar- 
gentina 369 

Caldcleugh, Alexander. 

Travels in South America during the years 1819- 
1820-1821. Containing an account of the present 
state of Buenos Aires, Brazil and Chile. In two 
volumes. — London. — John Albermale Street. — 
MDCCCXXV. - With riiaps and plates 369 

Calderón, Coronel Francisco. 

Manifiesto que hace el coronel don Francisco Cal- 
derón y vocales de la comisión militar al público 
de la conducta que observó en la causa seguida 
á los jefes y oficiales del batallón N. c 1 de Chile 
en su sentencia. — Santiago de Chile, 25 Septiem- 
bre de 1817. — Francisco Calderón, presidente; 
Juan Manuel Cavott, Mariano Larrazábal, Ma- 
riano Necóchea, Ambrosio Cramer, José Bernar- 
do Cáceres, Manuel Blanco Encalada 372 

Calongé y Pérez, Ignacio. 

El Pabellón Español ó Diccionario Histórico des- 
criptivo de las batallas, sitios y acciones más no- 
tables que han dado ó á que han asistido las ar- 
mas españolas, desde el tiempo de los cartagine- 

T. J. 32 



— 498 — 

Pág. 

ses hasta nuestros días, así en la península como 
en las diferentes naciones con que la España ha 

tenido guerra 374 

Calvo, Max. 

El estandarte de San Martín. Cuentos infantiles. 

Primer concurso 374 

Calvo, Carlos. 

Anales históricos de la revolución de la América 
latina. Acompañados de los documentos en su 
apoyo, desde el año 1808 hasta el reconocimiento 
de la independencia de ese extenso continente, 

por Carlos Calvo 374 

Camacho, Simón. 

Recuerdos de Santa Marta, 1842. Con vistas, retra- 
tos y detalle del embarque de los restos del ge- 
neral Bolívar 376 

Campe, E. J. 

Historia del descubrimiento y conquista de la Amé- 
rica. Escrita en alemán por Enrique J. Campe y 
traducida al español por Francisco Fernández 
Villalville, con una introducción histórica que 
comprende una reseña del estado político y la 
división geográfica actual de los Estados de Amé- 
rica 376 

Campos, Juan N. 

Discurso en representación del Centro Artístico 
Nacional, pronunciado frente á la estatua de San 
Martín el día de la manifestación llevada á cabo 

en homennje al Ministro de Francia 377 

Camus, Maximino. 

El general José Matías Zapiola, por Maximino Ca- 
mus. Con retrato 2>77 

Camus, Maximino. 

Zapiola en el apogeo de su gloria 377 

Cañé, Doctor Miguel. 

En viaje, 1881-1882 378 



— 49Í) — 

JPág. 

Cañé, Doctor Miguel. 

Sarmiento en París 378 

Cañé, Doctor Miguel. 

Visita de Sarmiento al general San Martín 379 

Cánepa, Carlos. 

La historia argentina explicada en 95 lecciones, 
desde el descubrimiento de América hasta nues- 
tros días 379 

Canterac, General José de, y Valdez, General Jerónimo. 

Comunicaciones de los jefes del ejército de Lima 

al virrey Pezuela, y contestación de éste cuando 

lo depusieron del mando 380 

Cantilo, Gabriel. 

El sable de San Martín 380 

Capaz, Dionisio. 

Manifestación de las sesiones tenidas en el pueblo 
de Miraflores para las transacciones intentadas 
con el general San Martín. — Lima, 9 de Octubre 
de 1820. — El conde del Villar de Fuente, Dionisio 

Capaz, Hipólito Unánue 380 

Cappa, Ricardo, de la Compañía de Jesús. 

Historia compendiada del Perú, con algunas apre- 
ciaciones sobre los viajes de Colón y sus hechos 381 
Caraffa, Pedro I. 

Francisco Narciso Laprida 382 

Caraffa, Pedro I. 

El general Pedro Molina. Breves noticias acerca 

de su vida pública 382 

Caraffa, Pedro I. 

Licenciado doctor José Ignacio de la Rosa 382 

Caraffa, Pedro I. 

Los hombres de Cuyo. El general don Toribio de 

Luzuriaga. Con retrato 383 

Caraffa, Pedro I. 

Don Francisco Narciso Laprida. 1786-1829. Apun- 
tes biográficos 383 

% 



- 500 - 

Pág. 

Caraffa, Pedro I. 

Hombres notables de Cuyo 383 

" Caras y Caretas ". 

Inauguración de la estatua del general San Martín 

en Santa Fe 385 

" Caras y Caretas ". 

San Martín. Con ilustraciones 385 

" Caras y Caretas ". 

San Martín. Articulo de la redacción 385 

Carlsen, Capitán Baldomero. 

Datos sobre la vida del coronel Pringles, por el ge- 
neral Rudesindo Alvarado. Carta al doctor A. J. 

Carranza. — Jujuy, Noviembre 9 de 1869 386 

Carlyle, Thomas. 

Critical and Miscellaneous Essays. Collected and 

republished by Thomas Carlyle '. 386 

Carlyle, Tomás. 

El doctor Francia. Traducido del inglés por Luis 

M. Drago 386 

Caronti, Luis C. 

Táctica aplicada. Teoría del desfiladero, su apro- 
vechamiento 387 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

1872. Recuerdos de la República Argentina, Bolivia, 
Chile. Perú y República Oriental, por Adolfo P. 

Carranza 387 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Biografía del general Manuel de Escalada 387 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El coronel Bogado. Con retrato 388 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Revista Nacional. — Historia, Literatura, Jurispru- 
dencia 389' 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Carta de San Martin al general Ramón Castilla. — 
11 de Septiembre de 1848 '. 390 



— 501 - 

Pág. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

• El general Ángel Pacheco 390 

Carranza. Doctor Adolfo P. 

El coronel Manuel Rojas, por Adolfo P. Carranza. 390 
Carranza, Doctor Adolfo P. 

El secreto de San Martin, por Adolfo P. Carranza. 391 
Carranza, Doctor Adolfo P. 

Servicios del general Jerónimo Espejo. Campañas 

y acciones en que se halló 391 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Nuestros autógrafos. San Martin y Bolívar 391 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Centenario de Alvear. Carta de Alvear al general 

Guido sobre la muerte de San Martín 391 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El coronel José Félix Bogado, por Adolfo P. Ca- 
rranza 392 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín y Pueyrredón. Sus relaciones en Eu- 
ropa 392 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El coronel Manuel Olazábal. Sus servicios milita- 
res 392 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El Museo Histórico. Publicación trimestral y des- 
criptiva bajo la dirección de Adolfo P. Carranza. 392 
Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín. Rasgos biográficos 393 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

La estatua de San Martín 393 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Resumen de Historia Argentina. Parte I: Período 
Colonial. Parte II: Período de la Independencia 394 
Carranza, Doctor Adolfo P. 

Leyendas nacionales. El bastón de San Martin.... 394 
Carranza, Doctor Adolfo P. 

Hojas históricas. Anécdotas. Narraciones patrióti- 






— 502 — 

Pág. 

cas y relatos de las campañas de los Andes y del 

Perú 394 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Resumen de historia argentina, arreglada al progra- 
ma del primer año del Colegio Nacional. — Parte 
I: Período colonial. Parte II: Período de la in- 
pendencia • 395 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Archivo general de la República Argentina. Publi- 
cación dirigida por A. P. Carranza. Período de 

la independencia 395 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Razón del nombre de las plazas, parques y calles 
de la ciudad de Buenos Aires. Nomenclatura com- 
pleta con arreglo á las ordenanzas vigentes 395 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

1795-28 de Junio-1895. — Centenario del guerrero de 

la independencia coronel Pedro Ramos 396 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Falucho. Inauguración de su estatua 396 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El sable del general San Martín. Su entrega al Mu- 
seo Nacional 396 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

El sable del general San Martín. Antecedentes y 
documentos. Con un cromo y grabados represen- 
tando el sable y las medallas conmemorativas del 

acto 396 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Falucho. La inauguración de su estatua, el 9 de Mayo 
de 1897. Con un grabado representando el monu- 
mento 397 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Homenajes patrióticos. Discursos 398 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Patricias argentinas 398 



- 503 - 

Pág. 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Homenajes patrióticos. Discursos 399 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín. Homenaje al libertador .". 399 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín. Su correspondencia, 1823-1849 399 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

San Martín. Su correspondencia, 1S33-1850, con re- 
trato de San Martín, tipo Castán 400 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Memorias. — Autobiografías. Con introducción del 

doctor Adolfo P. Carranza 400 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Monumento á San Martín en Lima. Carta al Minis- 
tro peruano E. de Tezanos Pintos.., 401 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Ilustración Histórica Argentina 401 

Carranza, Doctor Adolfo P. 

Apuntes biográficos sobre la vida militar y política 
del general Martín Rodríguez, guerrero de la in- 
dependencia americana. Con una reseña sobre la 

repatriación de sus restos 402 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Campañas marítimas durante la guerra de la inde- 
pendencia 402 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Biografía del coronel don Federico Brandsen 404 

C, A. J. y P., M. A. 

Rudesindo Alvarado y Juan Martín de Pueyrredón 405 
Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Verificaciones históricas. La legítima bandera de 

los Andes 405 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Verificaciones históricas. Todavía la bandera de 

los Andes 406 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Verificaciones históricas. La bandera de los Andes. 406 



— 504 - 

Pág. 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

El abrazo de Yatasto, San Martín y Belgrano, 1814. 406 
Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

La batalla de Maipú y las cenizas del general San 

Martín 406 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

El abrazo de Yatasto. Boceto histórico de Augusto 

Ballerini 407 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

Ea Poesía de la Revolución 407 

Carranza, Doctor Ángel Justiniano. 

La bandera de los Andes. Verificaciones históricas, 

por Ángel Justiniano Carranza 408 

Carranza Mármol, Doctor Ángel G. 

Historia de San Martín, por el general Bartolomé 

Mitre. Juicio crítico 408 

Carranza, Rodolfo W. 

El monumento de San Martín en Yapeyú. Con re- 
tratos y láminas 408 

Carranza, Rodolfo W. 

Álbum militar de Chile, por Pedro Pablo Figueroa 409 
Carrasco, Eudoro, y Carrasco, Gabriel. 

Anales de la ciudad de Santa Fe. Con datos gene- 
rales sobre la Historia Argentina, 1527-1865, por 
Eudoro Carrasco y Gabriel Carrasco. Con retra- 
tos, planos y mapas 409 

Carrasco, Doctor Gabriel. 

Cosas de Carrasco. Recuerdos, cuentos, impresio- 
nes 409 

Carrasco, Doctor Gabriel. 

El Himno Nacional Argentino. Estudio histórico 
y literario. Escrito para los alumnos de las es- 
cuelas de la República Argentina 410 

Carrasco, Doctor Gabriel. 

El paso de los Andes 410 

Carrera, General José Miguel. 

Diario militar del general José Miguel Carrera... 411 



- 505 - 

Pág. 

Carrera, General José Miguel. 

Prospecto de " El Hurón ". " El Hurón *', 3 núme- 
ros, 4. . Montevideo, 1818. Reimpresión 411 

Carrera, General José Miguel. 

Un aviso á los pueblos de Chile. Carta de Carrera 
á sus corresponsales en Chile. Segunda carta... 412 
Carrera, General José Miguel. 

"El Hurón" 412 

Carrera, General José Miguel. 

Cartas i." y 2. a 412 

Carrera, General José Miguel. 

Diálogo interesante y curioso. 1." y 2.' parte 413 

Carrera, General José Miguel. 

Nuevos descubrimientos ó máquinas secretas del 

actual Gobierno de Buenos Aires 414 

Carrera, General José Miguel. 

El Amigo de los Pueblos, donde se relata el ase- 
sinato de don Manuel Rodríguez y los proyecta- 
dos contra don José Moldes y Padilla 413 

Carrera, General José Miguel. 

Relación del asesinato hecho en el chileno Conde. 413 
Carrera, General José Miguel. 

Manifiesto, proclama y aviso de don José Miguel 

Carrera 414 

Carrera, General José Miguel. 

Prospecto y N. ÜS 1, 2 y 3 del periódico 111 Hurón. . . 414 
Carrey, Emile. 

Le Pérou. Tableau descriptif. historique et analy- 

tique des étres et des dioses de ce pays 415 

Carrillo, Doctor Joaquín. 

Jujuy. Apuntes de su historia civil 416 

Casariego, Marcelino. 

Discurso ante la estatua ele San Martín, en nombre 
del Centro Patriótico Estudiantil, el día del ho- 
menaje llevado á cabo en honor del Ministro de 
Francia 416 



— 506 - 

Pág. 

Casemayor, Félix Fausto. 

Trozos selectos por Félix F. Casemayor. ordena- 
dos y anotados con arreglo al programa oficial 
para las clases de francés de la Universidad de 

Buenos Aires 417 

Castellanos de Losada, B. S. 

Xotas á la descripción é Historia del Paraguay y 

del Río de la Plata, por don Félix de Azara 417 

Castellanos, Joaquín. 

El fallo de la posteridad, por Joaquín Castellanos. . 41S 
Castilla, Portugal, M. 

Viajes por América. Obra ilustrada con 375 gra- 
bados. — La República Argentina. Su historia, 

geografía, industria y costumbres 418 

Castilla, Mariscal Ramón. Presidente del Perú. 

Decreto disponiendo que en el centro de la plaza 
7 de Septiembre se erija una columna de 20 pies 
de altura, sobre la cual se colocará la estatua del 
general San Martín. — Lima, 7 de Septiembre de 
1850. — El decreto está firmado: Ramón Castilla 
y Pedro Cisneros. Encárgase al Ministro de Es- 
tado en el departamento de Guerra y Marina de 

dar cumplimiento al mismo 418 

Castro López, M. 

La madre de San Martín en Orense 419 

Castro, General Cipriano. Presidente de Venezuela. 
Decreto ordenando se coloque el retrato del gene- 
ral José de San Martín en el sitio del Capitolio. 

— Caracas. Mayo 24 de 1900 419 

Castro, Enrique María. 

Bolívar y San Martín. Análisis crítico histórico de 
la carta del señor Pedro S. Lamas, argentino, al 

ilustre americano Guzmán Blanco 420 

Cavero y Salazar, Doctor José. 

Discurso del Ministro Extraordinario del Perú, 
doctor don José Cavero y Salazar, ante el Go- 
bierno de Chile 421 



— 507 — 

Pág. 

Ceballos, Pedro Fermín. 

Resumen de la historia del Ecuador desde su ori- 
gen hasta 1845 422 

" Censor, El ". 

Banquete dado á San Martín en los salones del 
consulado el 6 de Abril de 181 7, festejando la 
victoria de Chacabuco, presidido por Pueyrredón 423 
"Censor, El ". 

Contestación del general Soler á la carta inserta 

en el N.° 83 de El Censor 423 

" Censor Argentino, El ". 

Réplica al señor jefe de los Andes 423 

" Censor Argentino, El ". 

Réplica al señor jefe de los Andes 424 

" Censor Argentino, El ". 

Contrarréplica del jefe de los Andes 424 

" Censor Argentino, El ". 

El acta de Rancagua. Oficio del gobierno de Chile, 
confiriendo el mando de general en jefe del ejér- 
cito libertador del Perú, al brigadier general don 
José de San Martín. — 6 de Mayo de 1820. — O'Hig- 
gins, José I. Zenteno. — Oficio de la Junta de Go- 
bierno de Lima al general San Martín, obsequián- 
dole el estandarte de Pizarro. — Abril 3 de 1822. 
— Felipe Antonio Alvarado. — Oficio del Congre- 
so del Perú al general San Martín. — Septiembre 
20 de 1822. — -Javier Luna Pizarro, presidente; 
José Sánchez Carrión y Francisco Javier Mariá- 

tegui, diputados secretarios 42a 

" Censor de la Revolución, El". 

¿Habrá ó no habrá expedición al Perú? Ejército 
expedicionario. Cuadro politico de la revolución. 

N. os 1 á 7 425 

Centenario del natalicio del general San Martín, El. 425 
Centenario del general San Martín. 

Discursos 420 



— 50N — 

Pág. 

Centenario del general don José de San Martín. 
Programa general de las fiestas que tendrán lugar 
en Buenos Aires, en los días 23, 24 y 25 de Fe- 
brero, en celebración del primer centenario del 
nacimiento del general don José de San Martín. 426 
" Centinela, El ". 

Periódico. Buenos Aires, 1822-1823 426 

Cervera, Doctor Manuel M. 

Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, 

I573-I8S3 427 

Cantú, César. 

Historia de los cien años, 1750-1850. Traducida de 
la 2. a edición italiana al español, por Salvador 

Costanzó 427 

Cirio, Emilio N. 

Referencias históricas acerca de la personalidad del 

general don Juan Gregorio Las Fieras 428 

Cisneros, Benjamín Luis. 

Biografía del general San Martín. Precedida de una 

introducción de José Casimiro Ulloa 428 

Cisneros, Benjamín Luis. 
Americanos ilustres. Biografía del general San Mar- 
tín, precedida de una introducción por don José 
C. Ulloa. De la Revista de Lima de los años 1859- 

1860 420 

Cibils, José. 

Apoteosis de San Martín, por José Cibils 429 

" Clamor, El ". 

El clamor de la verdad al Excmo. señor don José 

de San Martín 429 

Club Argentino. 

Invitación de la comisión de repatriación de los res- 
tos del general San Martín, para asistir á la so- 
lemne procesión para acompañar las cenizas del 
ilustre guerrero argentino, 'el 28 de Mayo de 1880. 
— Firman: José Victoriano Cabral, presidente; 
Enrique Romero, secretario 429 



— 509 — 

Pág. 

Cochrane, Lord. 

A los dignos é independientes habitantes de Gua- 
yaquil. Proclama de Lord Cochrane 430 

Cochrane, Lord. 

Contestación de Lord Cochrane á los cargos que 
le hizo el general San Martín. Incluyéndose una 
proclama de aquél y una carta de éste, cuyos do- 
cumentos no se ha querido desmembrar de este 
manifiesto, según se halla el original que tene- 
mos á la vista 430 

Cochrane, Lord, Vicealmirante de Chile. 

Decreto estableciendo el bloqueo del Callao y de 
todos los puertos, bahías y radas, así como la lí-, 
nea de la costa desde el puerto de Guayaquil 

hasta Atacama en el Perú 430 

Coffin, John Francis. 

Journal of residence in Chile by a Young Ameri- 
can detained in that country during revolutio- 

nary scenes of 1817 i8ro 431 

Coffin, John Francis. 

Diario de un joven norteamericano detenido en 
Chile durante el período revolucionario de 1817- 
1819. escrito en inglés, por Juan Francisco Cof- 
fin. Traducido al español por José Toribio Me- 
dina 432 

Colección de leyes y decretos sancionados desde la 
jura de la independencia. 

Decretos del gobierno provisorio 432 

Colección de noticias documentadas por diversos pa- 
peles públicos que dan una idea del actual estado 
político de Europa y América y de la influencia que 
resulta de los sucesos en favor de la libertad ame- 
ricana. 

Artículo de Mr. Pradt 432 

Colección de noticias documentadas por diversos pa- 
peles públicos que dan una idea del actual estado 
político de Europa y América y de la influencia que 



— 510 - 

Pág. 

resulta de los sucesos en favor de la libertad ame- 
ricana. 

Decreto de San Martin disponiendo la libertad 
de vientres. — Lima. i_> de Agosto de 1821.... 433 
Colección de noticias documentadas, etc., etc. 

Xota del general Antonio Sucre, del orden de los 
libertadores de Venezuela, general de brigada, 
comandante general de la división del sud en 

el departamento de Quito, etc., ete 433 

Colección de noticias documentadas, etc., etc. 

Decreto del protector de la libertad del Perú 434 

Colección de noticias documentadas, etc., etc. 

Articulo 435 

Colección de noticias documentadas, etc., etc. 

Año de América, el ji del siglo 18 435 

Colegio Militar de la Nación. 

Batallas, combates y episodios militares de la His- 
toria Argentina. Lecturas selectas para uso del 

Colegio Militar. Curso de 1898 436 

Colombo Leoni, Eduardo. 

Nociones de Historia Nacional 436 

Colombo, Ezio. 

El héroe de los Andes. Páginas de la independen- 
cia americana 436 

" Comercio, El ". 

Paralelo entre San Martín y Bolívar 437 

" Comercio, El ". 

A la memoria del gran mariscal don Mariano Ne- 
cochea. Canto por José Arnaldo Márquez.- — 27 
de Abril de 1849. — Folletín. La muerte de Ne- 
cochea. Canto por Xiuna P. Liona. — 2 de Mayo 
de 1849. — El general Xecochea (Memoria necro- 
lógica). — M. R. (Manuel Ros). Gran mariscal Xe- 
cochea. Unos vencedores en Junín y Ayacucho.. 437 
" Comercio, El ". 

Testamento del general San Martin 438 

" Comercio de Concordia, El ". 

Los restos del héroe de los Andes 438 



511 — 

Pág. 

" Comercio del Plata, El ". 

Bosquejo biográfico del general San Martin 438 

" Comercio de Lima, El ". 

San .Martín y Bolívar. Paralelo 438 

" Comercio de Lima, El ". 

Simón Bolívar, jefe supremo de la República 1 
Venezuela, etc., etc. A los habitantes del Rio de 

la Plata. Proclama 439 

Comisión Central. 

Plano que designa la colocación que tomarán en 
el acto de desembarcar del ¡'Marino, anclado 
en la rada. I - ilustres del general San 

Martin, los botes que los conduzcan, los de 
las comisiones respectivas, los de las estaciones 
navales extranjeras, los de la escuadra nacional 

y mercante 439 

Comisión central de repatriación de los restos del 
brigadier general don José de San Martín. 

Al pueblo 439 

Comisión del Centenario. 

Orden de formación de la gran p 1 cívica 

del centenario. Plano 440 

Comisión del Centenario. 

Programa general de las fiestas que tendrán lugar 
en Buenos Aires en los dias 23, 24 y 25 de Fe- 
brero en celebración del primer centenario del 
nacimiento del general don José de San Martín. 

I Con un escudo nacional ) 440 

Comisión popular. 

General Lavalle. Documentos relativos á la trasla- 
ción de los restos del expresado general 440 

Comisión de repatriación. 

Recepción de los restos del brigadier general don 
José de San Martín. — 28 de Mayo de 1880. — 

Programa oficial 440 

C, J. E. 

El día de la patria, por J. E. C 441 



— 512 — 

Pág. 

Concha Subercasseaux, Carlos. 

Discurso ante la turaba de San Martín, en el acto 
de hacer entrega de la corona de bronce por la 
comisión militar, á nombre del ejército de Chile. 441 
Conde de Clonard. 

Historia orgánica de las armas españolas de infan- 
tería y caballería 441 

Conde de San Donas, Coronel Juan de Berindoaga. 
EnsaA^o sobre la necesidad de mantener el orden 
público, para terminar la guerra y perpetuar la 
paz. Pronunciado en la Sociedad Patriótica de 
Lima. Por el miembro de ella, de la Universidad 
de San Marcos 3- del ilustre Colegio de Abo- 
gados: barón de Urpín, señor de San Donas 3- de 
la Yerda3-a, asociado de la Orden del Sol, oficial 
ma3'or del Ministerio de Estado y Relaciones Ex- 
teriores, secretario interino del Consejo de Es- 
tado 3" gran maestro de ceremonias de la Corte 

del Perú 442 

Conferencia literaria, 25 de Mayo de 1877. 

Suplemento al N.° 8031 de La Tribuna 444 

Congreso del Perú. 

Nombramiento de Generalísimo acordado al gene- 
ral San Martín por el Congreso del Perú 3- nota 

de su admisión 445 

Congreso Nacional Argentino. 

Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores. — 

Monumento al ejército de los Andes 445 

Consejo Nacional de Educación. 

La jura de la bandera. 9 de Julio de 1909 445 

Contestación de los jefes del ejército de los Andes al 

manifiesto del ex mayor general don Miguel Brayer 446 
Contestación de los jefes del ejército unido de los 
Andes y Chile al manifiesto del ex mayor general 
don Miguel Brayer, sobre su conducta en el tiempo 
que permaneció en Sud América 446 



— 513 — 

Pág. 

Correspondencia importante del Excmo. señor gene- 
ral don José de San Martín y del Supremo Gobier- 
no de Chile 447 

Continúa la correspondencia entre los Excmos. seño- 
res don José de San Martín y don Joaquín de la 

Pezuela. Reimpresión 447 

Corbalán, . Manuel. 

Documentos sobre la ejecución de don Juan José 

y Luis Carrera 448 

Córdoba y Urrutia, José María de. 

Las tres épocas del Perú ó Compendio de su histo- 
ria, por José María de Córdoba y Urrutia, con- 
tador de segunda clase del Tribunal Mayor de 

Cuentas de la República Peruana, 1844 448 

Córdoba y Urrutia, .José María de. 

Ojeada de los servicios prestados á la Nación por 

José María Córdoba y Urrutia 449 

Coroleu é Inglada, José, y Aranda, Manuel. 

América. Historia de su colonización, dominación 

é independencia 449 

Corona, G. B. 

Compendio della Storia Argentina dalla scoperta 
del Rio della Plata al 31 Dicembre 1880. Scrito 
da G. B. Corona, per uso delle scuole italiane di 

Buenos Aires 450 

Corona del Centenario. 

Colección de poesías y discursos en la conferencia 
literaria celebrada el 25 de Febrero de 1878, cen- 
tenario del ilustre general don José de San Mar- 
tín 450 

Coronado, Martín. 

Literatura americana. Trozos escogidos en prosa 
y verso, originales de autores nacidos en la Amé- 
rica latina. Episodios históricos, retratos, cua- 
dros de la naturaleza, tipos y costumbres, crítica 
literaria, geografía, historia natural, etc 451 

T. I 33 



— 514 



Corrales, Manuel Ezequiel. 

Homenaje de Colombia á Simón Bolívar en su pri- 
mer centenario 451 

Correa Larguía, Luis. 

El Correo de Buenos Aires. .' 452 

"Correo, El". 

Lima. — General San Martín. Funerales. Cuartetos 
en el pedestal del mausoleo levantado en la Ca- 
tedral para el acto, de don Antonio Felipe Zyla, 
en latín, Insigne americano. Traducción á prosa 
perifrásica. Detalles de la ceremonia. Al genera- 
lísimo San Martín, poesía. M. R. Palma. — Lima, 

Noviembre 19 de 1850. N.° 1799 452 

"Correo de Lima, El". 

Funerales del general San Martín en Lima. Reseña 

del acto 453 

" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Nota pasada por el fiscal don Mariano Alvarez, de 
la Alta Cámara de Justicia, al Ministerio de Es- 
tado, sobre la acusación promovida á La Abeja 

Republicana, del 10 de Enero de 1823 453 

" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Refutación á las acusaciones de La Abeja Repu- 
blicana contra San Martín 453 

" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Alocución de Implacable á los habitantes del Perú. 454 
" Correo Mercantil, Político y Literario ". 

Ensayo histórico, crítico y político sobre la depo- 
sición de la primera Junta de Gobierno del Perú. 

Firma : S. L 454 

" Correo Peruano ". 

28 de Julio, por B. — Oficio del Excmo. señor don 
José de San Martín, capitán general y jefe del 
ejército libertador del Perú al Excmo. Ayunta- 
miento de esta Capital. Acta del Cabildo: San 
Martín, fundador de la independencia del Perú 
y generalísimo de sus armas. Con retrato. Tipo- 



- 515 - 

Pág. 

grafía Miller. — Decreto del Ministerio de Ins- 
trucción Pública y Beneficencia del Perú, orde- 
nando celebrar dignamente el 28 de Julio, glorio- 
so aniversario de la proclamación de la indepen- 
dencia del Perú. Reseña de los festejos: — Dis- 
curso de don Manuel Salazar, presidente del Con- 
greso; discurso del canónigo doctor don José Ma- 
nuel Pasquel, rector de la Universidad de San 
Marcos; discurso del señor don Manuel Eusta- 
quio Aillón, maestro del Consistorio de San Car- 
los; discurso del presbítero doctor don Manuel 
Mamerto Villarán, catedrático de filosofía del 
Seminario. Congreso. — El 28 de Julio, por don 

José Miguel Pérez 454 

" Correo de las Provincias ". 

Contestación del Gobierno de Mendoza 455 

" Correo de las Provincias, E 1". 

Parte del general Canterac comunicando la total 
destrucción del ejército de Alvarado. — Enero 21 

de 1823, á las 3 p. m., en Moquehua 456 

" Correo de París, El ". 

San Martín en el Perú. Inauguración de un mo- 
numento. — El artista Roselló 456 

"Correo del Sud ". 

Necrología del general San Martín 456 

" Correo de Ultramar, El ". 

Traslación de los restos del general San Martín. — 
Discursos del señor M. R. García, Ministro Ple- 
nipotenciario de la República Argentina en In- 
glaterra, y del doctor don Emilio de Alvear 456 

Correspondencia entre el anarquista Riva Agüero y 

el general don José de San Martín 457 

Correspondencia de los Excmos. señores General 
en jefe del ejército libertador y el Virrey del Perú. 457 

" Corresponsal del Imparcial, El " 458 

Corretger, Leopoldo. 
La espada de San Martín 458 



— 516 — 

Pág. 

Cortés, José Domingo. 

Galería de hombres célebres de Bolivia 458 

Cortés, José Domingo. 

San Martín. Libertador de Chile y el Perú 459 

Cortés, José Domingo. 

Diccionario Biográfico Americano. Este volumen 
contiene los nombres, con los datos biográficos 
y enumeración de las obras de todas las personas 
que se han ilustrado en las letras, las armas, las 
ciencias y las artes en el continente americano, 

por José Domingo Cortés 460 

Cortés, José Domingo. 

Simón Bolívar. — Reseña histórico biográfica 460 

Corvalán Mendilaharzu, Dardo. 

Discurso ante la estatua del Libertador, en repre- 
sentación de los estudiantes de los colegios na- 
cionales de la Capital, el día de la manifestación 
llevada á cabo en homenaje al Ministro de Fran- 
cia 461 

Cosson, Alfredo, y Fregeiro, C. L. 

Curso gradual de geografía astronómica, física, po- 
lítica, descriptiva é histórica, por Alfredo Cosson. 
Adicionada y corregida por Clemente L. Fregeiro 461 
Cosson, Alfredo. 

Compendio de geografía general para uso de los 

colegios nacionales 462 

Cosson, Alfredo. 

Trozos selectos de literatura y método de compo- 
sición literaria 462 

" Courrier de la Plata, Le ". 

Yapeyú 462 

Crichfield, George. 

The Rise and Progress of the South American Re- 

publics. In two volumes 463 

Cruchaga Tocornal, Doctor M., Ministro de Chile. 
Discurso en el banquete dado en los salones del 
Jockey Club, en homenaje al Ministro de Fran- 



- 517 - 

Pág. 

cia, con motivo de la inauguración del monumen- 
to al general San Martín en Boulogne-sur-Mer. . 463 
Cuervo, Rufino. 

Historia de la América del Sud, por Rufino Cuervo 463 
Cuesta de Chacabuco. 

Oficio del Gobernador Intendente de la Provincia 
de Cuyo al Excmo. señor Director Supremo del 

Estado 464 

Cuestas, Juan L. 

Derrota de San Martín en Cancha Rayada. Con- 
tada por un veterano de la independencia. Año 
1818. — Sublevación de los prisioneros españoles 
en San Luis 464 



Este libro se acabó de imprimir en 

Buenos Aires, en los talleres de 

la Compañía Sud- Americana 

de Billetes de Banco, 

el día 11 de Junio 

del año del Señor 

MCMX