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Full text of "Biblioteca del murciano o Ensayo de un diccionario biográfico y bibliográfico de la literatura en Murcia, formado, dispuesto y compilado por don José Pío Tejera y R. de Moncada"

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BIBLIOTECA DEL MURCIANO 



GARCÍA ENCISO 
Imprenta Helénica.— Pasaje de la Alhambra, 3.— Madrid.— Telé;fono 18014 



BIBLIOTECA DEL MURCIANO 



O 



EflSlYO IH M DiHiODÉ MM f 




DE LA 

LITERATURA EN MURCIA 

FORMADO, DISPUESTO Y COMPILADO 

POR 

. DON JOSÉ Pío TEJERA Y R. DE MONCADA 

OBRA PREMIADA POR LA BIBLl.OfECÁ NACIONAL EN KL COÍÍCURSO PÚBLICO DE 1896 
E IMPRESA A EXPENSAS DEL ESTADO 

XOMO II . ■ . 




MADRID* 
M C M X L I 




7H7229 






y^ 



SECCIÓN SEGUNDA 



ENSAYO DE UN CATÁLOGO DE AUTORES QUE HAN RESIDIDO Y FLORECIDO 
EN EL TERRITORIO MURCIANO DESDE LOS PRIMITIVOS TIEMPOS HASTA 

FINES DEL SIGLO XVIII 



A 



Abad (Pedro). 

Obispo de Cartagena.— De él escribe 
Pérez Bayer en sus notas a la Bihlioihe- 
ca Vetus: 

«Petrum Abad eiusdem Sedis (de Car- 
tagena) Episcopum, auctorem Constitutio- 
num editarum in Synodo Carthaginen- 
si Murciae habita XXVII. Novembris 
MCCCXXXI. In eodem códice & nume- 
ro.» (De la Biblioteca Escurialense, I. ij. 9.) 

A la verdad, ignoramos si este Pedro 
Abad citado por Bayer, y que no halla- 
mos en ninguno de los catálogos de 
Obispos de Cartagena, será don Pedro 
Barroso, llamado aquí Abad por haber 
ejercido el Priorato de Santa María de 
Guadalupe; o si tal vez sea don Pedro 
de Peñaranda, no sabiendo, como no sa- 
bemos, el año fijo en que el segundo 
sustituyó al primero en dicho Obispado, 
y constándonos únicamente: que en 1330 
estaba todavía a cargo de éste el báculo 
cartaginés, y que en 1333, empuñándo- 
lo aquél, fundaba en su Iglesia Catedral 
una Pía memoria de misas por su alma 
y las de los Reyes, a favor de su sobri- 
no Ruiz García de Peñaranda. Creemos, 
sin embargo, que el tal Abad debe ser 
uno u otro de estos dos Pedros, y más 
probablemente el segundo, quien, como 
es sabido, en el largo espacio de más de 
veinte años que gobernó la sede mur- 
ciana, tomóse siempre grande interés 



por las cosas de su Iglesia, dotándola de 
varias Ordenanzas para su gobierno eco- 
nómico y administrativo, construyendo 
la Catedral, el claustro y el coro sobre 
la antigua mezquita, y edificando en el 
campo de Lorca, para defensa contra 
los moros, una fortaleza que, por su ori- 
gen, fué llamada durante mucho tiem- 
po la torre del obispo. ¿Será, acaso, este 
Abad, el don Pedro de Toledo de que 
nos habla Cáscales, y errata de ama- 
nuense la fecha del códice? 

Véase la voz Escritura en nuestra 
Sección de Manuscritos. 

Abdala Abu Mohamad Aladel-Bila. 

Nobilísimo jeque africano del primer 
tercio del siglo xiu; descendiente de la 
egregia familia almohade de Abdelmu- 
men, imperante en aquella región; hijo 
del célebre y desdichado Abu Jacub Al- 
manzor, y hermano, por consiguiente, 
del no menos infeliz Rey de Marruecos 
Abu Jacub Almostansir-Bila, también 
conocido con el nombre de Almanzor- 
Bila. 

Alzóse primero con el reino de Mur- 
cia, cuya ciudad ocupó con el favor de 
sus numerosos partidarios; y después, 
deponiendo por mediación del Senado, 
a Abul Melic Abdel Wahid, con el im- 
perio de Marruecos, que gozó tres años, 
ocho meses y nueve días, o sea hasta su 
muerte, acaecida alevosamente en el 



4 - 



año 624 de la Hégira, o sea de Jesucris- 
to 1227. 

Fué varón tan sabio, como justiciero 
y recto Príncipe; y hallárnoslo incluido 
en el Códice de la Biblioteca Arábigo- 
Hispana Escurialense, número 1772, en 
concepto de muzlim famoso, así por la 
integridad de sus costumbres como por 
su literatura.— Mor U7n Ule integritate, 
ac litteris ornatus fuisse traditur. 

Nada, sin embargo, nos dicen de 'él 
nuestros doctos Cáscales y Lozano. Pon- 
zoa, estas dos palabras solamente: Se 
alsó en 1238 (esto es, once años des- 
' pues de muerto) con nombre de Rey otro 
moro llamado Abdalla, conocido con el 
ilustre título de Alaled... y nada más. 
Demos, pues, las gracias, si algo de esto 
sabemos, a Casiri y a Conde. 

Abdalla Ben Mohamad Ben Sahl Al- 

DHARA. 

Sabio e ilustre moro natural de Gra- 
nada, y residente en Murcia durante no 
escaso tiempo, a lo que es de inferir. 
Floreció en el segundo tercio del si- 
glo xii; fué sumamente instruido en el 
estudio y cultivo de las matemáticas, y 
mereció, por su ilustración, que el Rey 
de la España Oriental, que a la sazón lo 
era Abu Abdalla Mohamad Ben Sad, lo 
eligiese para maestro de su hijo (Abul 
Hegiag Jusef Ben Sad, sin duda). Mu- 
rió, en fin, en la referida ciudad de Mur- 
cia en 15 de Dilcadat del año de la 
Hégira 571, «dejando escritos muchos 
esclarecidos libros de ciencias matemá- 
ticas». (Murciae— 6x0.0. el códice de Al- 
coáay —praeclaris de re Mathematica 
libris relictis, obiit die 15, mensis Dil- 
cadat, anno Egirae 571). 

Nuestro Lozano no dice de este autor 

más que lo siguiente: «También otro 

, Abdalla Ben Mohamad Ben Sahl Al- 

• dhara, gran matemático, quien dejó en 

' Murcia los esclarecidos libros que te- 



nía escritos sobre esta ciencia, y fué 
sepultado en Murcia por el año 1176.» 

Abdalla Ben Solimán Aba Mohamad. 

Conocido también con el nombre de 
Ebn Hanthalla. Distinguido caballero 
árabe, natural de Granada, y residente 
en Murcia durante algunos años, en 
cuya ciudad, así como en las de Va- 
lencia, Játiva, Almería y otras estuvo, 
primeramente como viajero estudioso, 
aprendiendo muy sabias doctrinas de 
los claros maestros que la honraban, y 
más tarde en calidad de su Gobernador, 
pasando de ella, con el mismo empleo, 
a las de Ceuta y Mallorca; y hallando, 
en fin, el término de sus días en su pa- 
tria, año 1215 de Jesucristo, o sea en el 
de 612 de la Hégira, feria 7 y día 19 de 
Schaban. 

Hállase incluido en la Biblioteca Ará- 
bigo-Hispana de su ilustre paisano Ben 
Alkhathib, contenida en el Códice nú- 
mero 1668 de la Escurialense; y fué, se- 
gún Casiri, varón elocuentísimo y am- 
pliamente dotado de singular ingenio, 
erudición e inteligencia. 

Abdalla Ben Solimán Abu Mohamad 
Alansari. 

Conocido también con el mismo nom- 
bre de Ben Hanthalla. No debe confun- 
dirse, como lo hizo Fuster en su Biblio- 
teca Valenciana, con otro moro llama- 
do Mohamad Ben- Abdalla Ben Khalaf 
Alansari (1), de que en otro lugar nos 
ocupamos, por más que uno y otro se 
parezcan, así en el nombre como en mu- 
chas circunstancias de su vida. 

El de que ahora tratamos, fué nacido 
de esclarecida estirpe en Honda, de la 



(1) Este es de quien se ocupa nuestro Lozano en la pági- 
na 244 de la Disertación VII de su Bastitania, y no del 
Abdalla Ben Solimán, como dijo Fuster equivocadamente. 
El primero, según veremos, murió en Orihuela el día pre- 
cisamente en que fué entregada Murcia al poder de San 
Fernando, año de 1242. 



— 5 — 



región valenciana, y residió por algún 
tiempo en Murcia, donde ejerció, como 
asimismo en Córdoba y Sevilla, el car- 
go de Walí o Gobernador. La fecha de 
su nacimiento' corresponde al año de la 
Hégira594 (1154 de Jesucristo), feria 4 
y día 4 de Rageb, según Alcoday, o en 
el de Schaban, según enmienda Casi- 
ri (1); y la de su muerte, en Granada, 
al de 612 de la Hégira (1215 de Jesucris- 
to), feria 5 y día 4 de Rabie primera. 

Dejó escritos unos Anales Valencia- 
nos y una Biblioteca Hispana; obra de 
grande erudición según el texto del Có- 
dice Escurialense que seguimos. 

Casiri: tom. 2.°, pág. 129. = Fuster. 
Tom. 1.°, pág. XIL 

Abdelazis Ben Muza Ben Nasir. 

Nacido en África: descendiente de los 
antiguos Califas de Damasco, hijo del 
célebre Muza Ben Nasir, primer invasor 
de nuestro suelo, y él mismo conquista- 
dor de las provincias de Granada, Má- 
laga y Tadmir. 

No se no3 dice, ni sabemos que fuese 
literato. Mas por hallarse su nombre 
unido al primer monumento arábigo 
que conservamos, referente a Murcia, 
y ser éste, a nuestro entender, de no 
escasa importancia, no hemos podido 
resistir a la tentación de asignarle un 
lugar en los presentes Estudios. 

Dicho documento, como habrá podi- 
do comprenderse, no es otro que el Tra- 
tado de Capitulación, hecho entre el 
dicho árabe caudillo y nuestro insigne 
Príncipe Teodomiro Ben Gobdos (2). 

Después de escritas las precedentes 
líneas, leemos la verdadera versión del 
documento árabe, hecha por nuestro 
amigo e inteligente arabista don Joa- 



(1) «At scrlbendum Schabanl, In cujus dlem 4 Incldlt fe- 
ria 4, Caeterum dies 4 Regebi est feria 2 non autem 4 est 
mendosus habet Codicis locus.» 

(2) Cf. las versiones hechas por Casiri y por Conde. 



quín Báguena, y publicada en el núme- 
ro 1075 del periódico murciano Las Pro- 
vincias de Levante. Hela aquí: 

cEn el nombre de Allah, el Clemente, el 
Misericordioso. ¡Escritura de Abd el-Azis 
ben Muza ben Noseir para Todmir ben 
Gobdos, por la cual conviene en la paz. 
Sea esta escritura estipulación de Allah 
sobre él! ¡Salud!— No hará violencia (Abd- 
el-Azis) contra él (Teodomiro) ni contra 
ninguno de los suyos, ni contra los que le 
sucedan; no será despojado de su reino; 
no serán muertos ni cautivados; no serán 
separados de sus hijos ni de sus mujeres; 
no serán violentados en su religión; no 
serán destruidas por el fuego sus iglesias; 
no serán despojados de sus bienes por no 
convertirse (al Islam) y permanecer ínte- 
gros. Ofrece aquel con quien estipulamos 
cumplir religiosamente este pacto, y que 
será cumplido en las siete ciudades de 
Aurariola, Valentila, Alicante, Muía, Bu- 
quésaro, Gio y Zorca; que no dará acogida 
a nuestros enemigos; no moverá guerra a 
nosotros; no ocultará noticia del enemigo 
de que tenga conocimiento; que él y cada 
uno de los suyos pagarán un diñar cada 
año, cuatro almudes de trigo, cuatro de 
cebada, cuatro cántaras de vino añejo, 
cuatro de vinagre, una de miel y una de 
aceite. El siervo pagará la mitad de esto. 
Atestiguan de la verdad de esta estipula- 
ción: Otsman ben Abi Abdah el Coreixi- 
ta.— Habib ben Obaidah... ben Maisara el 
Fahraita.— Abu Caim el Hadzalita.— Fué 
escrito este convenio en la luna de Racheb 
del año 94 de la Hégira.» 

Abdelrahman Ben Mohamad Abul- 

CASSEM. 

También llamado Ben Hobaisch. Eru- 
dito y distinguido moro originario del 
reino de Valencia, y nacido, de cla- 
ra estirpe, en Almería a 15 de Rageb 
del año 504 de la Hégira. Hizo en Cór- 
doba, en brevísimo tiempo, sus estu- 
dios, terminados los cuales volvióse a 
su patria; y habiendo sido ésta debela- 
da por las cristianas huestes de Alfon- 
so VII (1147), trasladó su domicilio a 
Murcia, donde, residiendo quizás hasta 



— 6 



su muerte, enseñó públicamente, por el 
espacio de diez años, las artes de la elo- 
cuencia y la filosofía, en el Real Cole- 
gio o principal Academia de dicha ciu- 
dad. Fué también sumamente versado 
en los estudios genealógicos y en el co- 
nocimiento de antigüedades arábigas, 
logrando extender de tal manera la 
fama de su erudición en estas y otras 
materias, que, según Casiri, llegó a ser 
consultado, y aun tenido como un orácu- 
lo, por muchos doctores de su tiempo, 
asiáticos y africanos. 

Llegado, en fin, a la edad octogena- 
ria, halló el término de sus días en la 
misma ciudad de Murcia, en la feria 4 
y día 14 de Safar del año de la Hégi- 
ra 584, o sea en el de 1188 de Jesucristo, 
siendo sepultado fuera de la puerta lla- 
mada de Ben Ahmadi (1), y dejando es- 
critas varias excelentes obras, entre 
ellas una muy erudita sobre heráldica, 
con el título De Nominihus Gentilitiis 
Familiarum Hispanarum, y otra sobre 
el arte militar titulada De Disciplina 
Militari, distribuida en muchos tomos. 
Plures in tomos distributum. 

Hasta aquí el Códice Escurialense de 
Alcoday, cuyo texto debe bastar a nues- 
tro propósito. Sin embargo, no podemos 
resistir al deseo de trasladar aquí la re- 
lación que el autor de la Bastitania y 
Contestania trae a propósito del nom- 
bre del sitio que dio sepultura a nuestro 
sabio Abdelrahman, así por parecemos 
ello cosa curiosa, cuanto por hallarse 
allí incluidos los nombres de algunos 
ilustres moros murcianos. Dicho pasaje 
es como sigue: 

«... No representando esta denomina- 
ción de Puerta Murciana sino ser la del 
hijo de Ahmad, corresponde inquirir so- 
bre el moro ilustre que le transfirió su 
nombre. Hallo entre los que pisaron esta 



(1) Según nuestro Ponzoa, era la situada en tiempo de 
los árabes al final de la calle de la Trapería próximamente, 
y la misma que después se llamó Puerta del Mercado. 



comarca o nacieron en sus inmediaciones, 
esto es en Balzus, cerca de Almería, un 
Musa Ben Ahmad, otro Ahmad, hijo de 
Murcia, y vulgarmente dicho Ben Scha- 
tib (1), de raza ilustre, orador insigne, 
Poeta incomparable, Médico de profesión, 
Escritor clarísimo. Sus obras fueron poe- 
sías varias, descripciones retóricas y una 
oficina aromataria. Nació el 382 de la Hégi- 
ra, año de Christo 993. Otro Ahmad, hijo 
de Abdelmalek, que murió peleando con- 
tra Alfonso, hijo del Rey Raymundo, cer- 
ca de Albacete, Hégira 640, y de Chris- 
to 1H6.—Abu Giaphar Ahaman Ben 
Abrahhn, murciano, hijo de la Capital, o 
del Reyno. Estos y otros semejantes pue- 
den influir para rastrear el moro respeta- 
ble que comunicó apelación a esta puerta. 
Lo singular de ella es haber dado sepulcro 
a otro mahometano ilustre llamado Abdel- 
rhaman Ben Mohamad Abulcassem, na- 
tural de Almería. Este en el siglo xii, por 
el año 1147, vino a Murcia, donde fué Ca- 
thedratico ya de Rethorica, ya de Philoso- 
fia, por espacio de diez años..., etc.» 

El moderno arabista señor Pons Boig- 
nes, en su Ensayo bio-bibliográfico so- 
bre los historiadores y geógrafos ará- 
bigo-españoles trae, además, de nuestro 
sabio musulmán, las siguientes noticias: 

«Aben Hobaix fué eximio filósofo, histo 
riador y jurista: uno de los mejores tra- 
dicioneros; maestro de Aben Dihya, de 
Aben Hanthallah y otros, llegando a so- 
bresalir en todos los ramos de la ciencia, 
hasta el punto que su saber le libró del 
cautiverio, pues cuando los cristianos to- 
maron por asalto a Almería... Hobaix fué 
conducido prisionero a presencia de Al- 
fonso VII, a quien dijo lo siguiente: «Co- 
nozco tu origen y ascendencia desde He- 
racíio»; y habiendo hablado a satisfacción 
del Monarca castellano, díjole éste: «Pue- 
des partir libremente con tu familia y 
acompañamiento sin ningún peligro.» 

Bajó al sepulcro en 14 de Cafar del 584 
(1188), y su entierro fué suntuosísimo, 
recitando las preces de rúbrica el Go- 
bernador de Murcia. Sus obras deque 
tenemos noticia son: 



(1) Ben Schahid, dice Caslrl. 



- 7 - 



1. Libro de las expediciones bélicas. 

Desde la muerte de Mahoma, dedica- 
do al Príncipe Abu Yacub Yusuf . Habla 
de las rebeliones de los árabes a la 
muerte del Profeta; de la conquista de 
Siria, Egipto, Barca, Trípoli, el resto 
del África, Chipre, Trac y de la Persia. 

2. Compilación de Lacbas o sobre- 
nombres. 

La misma, sin duda, que la citada por 
nosotros con el título de Nominibus 
Geutilitiis..., etc. 

3. Dejó además escritos varios autó- 
grafos, con los cuales se proponía con- 
tinuar la Affila de Aben Pascual: estos 
escritos llegaron a manos de Aben 
Alabbar, quien los aprovechó en su 
Tecmilla.* 

Abdelrahman Ben Mohamad Ben Abde- 
LAZis Ben Ayasch. 

Clarísimo Jurisconsulto, natural de 
Zaragoza y residente en Murcia duran- 
te algunos años, en cuya ciudad, así 
como también en las de Almería y Gra- 
nada, ejerció el cargo de Gobernador, 
alcanzándole la muerte en Málaga en el 
día 10 de Gemad del año de la Hégi- 
ra 636, o sea en el de 1238 de Jesucristo. 

Hállase incluido en el Catálogo de 
Autores que constituye el Suplemento 
a la Biblioteca Hispana de Alkhathib, 
contenido en el Códice núm. 1669 de la 
Escurialense. 

Aben Ad-Dabag el Ondí. 

Véase Abul Walid Yusuf... Ben 
Fierro. 

Aben Al-Pedes. 

Véase Abul Hasán Ali Ben. Ahmed.. . 
EL An<parl 



Abraham Ben Josef Ben Tasfin Ben 
Tarcon Ben Vartanthar Abu Isac. 

Así en Casiri. Conde lo escribe: Ibra- 
him Ben Jusef Ben Tasfin Ben Tarkut 
Ben Wesiaktir. Fué, pues, hijo del fa- 
mosísimo Rey de los Almorávides Jusef 
Ben Taxfin, y de la bella Taiskat, tam- 
bién de excelsa alcurnia. 

En la Biblioteca Arábigo-Hispana de 
Abu Bakero, titulada Alphabetum, ha- 
llámosle citado como Príncipe o Walí de 
Murcia, gran protector y Mecenas de los 
literatos, poeta, él mismo, no vulgar, y 
aventajado entre todos sus iguales, por 
sus virtudes militares, debiéndose a su 
valor la conquista de la fortaleza de Alü- 
tham, y muriendo, al fin, víctima de la 
guerra, en la batalla llamada de Alivrat, 
con motivo de una expedición hecha por 
tierras de Barcelona, año de la Hégi- 
ra 508, o sea en el de 1109 de Jesucristo, 
según Conde. He aquí el texto del Có- 
dice: 

«Abrahamus Josephi Ben Tasphini Fi- 
lias, Ben Tarcon, etc. Murciae Princeps, 
matrem habuit nomine Taischat. Littera- 
rum virorum Mecaenas, Poeta quoque non 
vulgaris extitit; idemque omnes aequales 
mes bellica laude longue superávit. Enim 
vero, eodem Duce, munitissima Arx, quam 
vocant Alütham... expugnata, est; et prae- 
lium Barcinonense, alias Aliorat... dic- 
tum, anno Egirae 508 licet infelici marte» 
commissum fuit.» 

Abu Abdalla Mohamad Abdelrahman 
Allakhami. 

Valenciano: ñoreció en el año de la 
Hégira 519 (de Cristo 1125): estudió en 
Murcia, y murió en Denia: fué poeta, y 
se hallan poesías suyas en el Códice 354, 
en el cual se encuentra la historia de los 
poetas mas insignes de España intitula- 
da Munus hospitii, de Abdalla Ben Ab- 
delrehman Ebn Alabar Alcodhai, valen- 
ciano y escritor de este mismo siglo. 



Tomo I, pág. 95 de Casiri.— Fuster. 
Tomo I, págs VI y VIL 

Abu Bakero Mohamad Ben Amar Dulua- 

ZARTIN. 

Así en Casiri. Es sin duda el mismo 
que vemos citado en Conde con el solo 
nombre de Mohamad Ben Omar, y en 
los señores Dozy y Schack, con el de 
Ibn Ammar. 

Según el primero de dichos autores, 
nació nuestro Abu Bakero en el pueblo 
de Schanabos, jurisdicción de Silves, 
de española familia y humilde cuna. Su 
talento y felices disposiciones para el 
arte de la poesía, que aventajadamente 
cultivaba, hicieron esclarecido su nom- 
bre, abriéndole entrada a los más altos 
honores y dignidades, de modo tal, que 
hallándose en un principio oscurecido y 
de todo bien privado, era al poco tiem- 
po tenido y respetado casi como a un 
príncipe soberano. 

Codicioso de poder, llegóse a Almo- 
tamed Mohamad Ben Obad, a la sazón 
Rey de Sevilla, y famoso poeta, de 
quien supo granjearse grande estima- 
ción, merced a los muchos testimonios 
de su singular ingenio, dados allí en di- 
versos y repetidos certámenes poéticos. 
Hízole primero su aliado en una expe- 
dición contra Silves (no sabemos con 
qué motivo emprendida): miembro, al 
regreso, de su Consejo de Estado; Em- 
bajador después ante el Rey de Galicia 
Alfonso VI; y últimamente Gobernador 
de aquella ciudad, una vez expugnada, 

Pareciéndole, sin embargo, ser pocos 
todos estos beneficios, para llenar su 
ambición, y aspirando anhelante a la 
dignidad suprema, rompió de pronto 
amistades con su dueño, y entró del Rey 
de Murcia Scalabeo, de quien ya se juz- 
gaba, no sólo camarada, si que también 
futuro sucesor en el cetro. Después de 
ser por dicho Príncipe benignamente 



acogido, obtuvo del mismo el cargo de 
Intendente de Rentas, allá por los años, 
precisamente, en que ejercía el Waliaz- 
go de la ciudad el insigne orador y poe- 
ta Althaher. Pero tampoco entonces 
pudo estar mucho tiempo supeditado a 
este Monarca, ardiendo, como codicioso 
ardía, en vehementes ansias por obtener 
la regia púrpura; razón por la cual, 
viéndose desterrado, y después de tra- 
marle algunas secretas conspiraciones, 
bajo pretexto de que así obedecía á la 
voz de su honor, presentóle al ñn abier- 
ta y declarada guerra, dando ésta por 
resultado, al cabo de mil azares y vici- 
situdes, entre hambres, asedios, pestes, 
escaramuzas y combates, la elevación 
de nuestro héroe al trono murciano, con 
pérdida de la vida de su legítimo y des- 
dichado poseedor Abderramán Scala- 
beo, año de 1081. 

No logró, empero, el usurpador dis- 
frutar de su triunfo mucho tiempo. Mo- 
hamad Ben Obad, su antiguo amo, no 
le perdía de vista, y le asediaba conti- 
nuamente: dentro de la ciudad cundían 
los descontentos, y se multiplicaban los 
conspiradores: todo a su alrededor eran 
disturbios, revueltas y maquinaciones. 
Vióse, pues, precisado a mudar de do- 
micilio. Trasladóse entonces, mal acon- 
sejado, a la ciudad de Segura; y, dán- 
dole allí caza el Sevillano, encontróse 
de pronto reducido a estrecho encar- 
celamiento, y últimamente condenado a 
perder la cabeza. 

Tal fué el tristísimo fin de este hom- 
bre extraordinario, famoso igualmente 
por su ingenio que por su carácter tur- 
bulento; de quien nos dicen nuestros 
historiadores árabes que «jamás logró 
vivir en paz ni aun consigo mismo» (1). 
Su muerte tuvo lusfar en el año 477 de 



(1) Abu Bakero Alcoday, traducido por Casiri: Qiiemad- 
moditm ergo ipse aptid se turbuletitus, stc aliis semper in- 
fenstis fuit; ut numquam pacatus vixcrit. 



— 9 — 



la Hégira, o sea, según el cómputo de 
Casiri, en el de 1084 de Jesucristo, en la 
feria 6 de Rageb. 

Por dicho arabista sabemos también 
de este ilustre moro (con tan negros co- 
lores pintado por la ligera pluma de 
nuestro Ponzoa), que fué «un orador 
consumado, muy excelente poeta. Ge- 
neral eximio y varón de grande ingenio 
y destreza; que, en tal sentido, ocúpan- 
se de él, entre otros muchos graves his- 
toriadores, el zaragozano Abulthaher, 
el silviense Ebn Alcassem, y el cordo- 
bés Ebn Besamaco; y en fin, que dejó es- 
critas muchas y muy ingeniosas obrase; 
de las cuales hállanse efectivamente al- 
gunas incluidas en los Códices de la Es- 
curialense, números 354 y 355. 

Tal fué Abu Bakero Mohamad Ben 
Amar Dulnazartin, o Dulnazratim, que 
otros llaman.— Nuestro erudito Lozano 
trae también en su BastiUinia y Contes- 
tania traducido este artículo de Casiri; 
pero tan diestra, aunque compendiosa- 
mente, que no queremos privarnos del 
gusto de copiar aquí sus palabras: 

«Abu Bakero (dice) Portugués, hijo de 
Amar. Era hombre de habilidad y talento; 
Consejero de Estado, Embaxador, y Gene- 
ral de las tropas del Rey de Sevilla; pero 
se indispone con su amo; viene a Murcia; 
entra en servicio de este Rey; lo hace Se- 
cretario de Hacienda. Merece un destie- 
rro. Es lanzado de la Corte; corre a otros 
Príncipes; trama alianzas; regresa contra 
Murcia; su Exército la sitia; los Murcianos 
lo rechazan; se endereza contra Muía; rin- 
de su fortaleza; corta los víveres, Murcia 
padece; se rinde; entra el Tirano y se co- 
rona. La duración de su cetro fué la de 
tres años. Ni el Rey de Sevilla le permite 
vivir más. Por todas partes le da caza. El 
abandona su Murcia por Segura: aquí fué 
hecho prisionero, y transportado a Sevilla, 
donde pierde su cabeza, en 1084.» 

Abú Gálib Teman Ben GAlib. 

Dos escritores de este nombre, según 
el moderno arabista señor Pons Boignes, 



son citados por los historiadores árabes. 
En Aben Pascual, en Addabi y en Aben 
Jalikan, se habla de uno, natural de Cór- 
doba y residente en Murcia, varón de 
reputada ilustración y autor de una obra 
lexicográfica, «insigne entre las de su 
clase», sobre la cual se cuenta esta cu- 
riosa anécdota: 

«Dícese que escribió una obra lexicográ- 
fica sin igual en su género, y cuéntase que 
Mochahid, de Denia, cuando se apoderó 
de Murcia, donde se hallaba avecindado 
nuestro autor, le envió un mensaje anun- 
ciándole que le entregaría 1.000 dinares 
españoles si accedía a dedicarle la obra 
con esta leyenda... Compuesta por Teman 
Ben Gálib para Mochahid; lo que rehusó 
el filólogo, diciendo «que por todo lo del 
mundo no cargaría su conciencia con una 
mentira, pues que él no había escrito su 
libro para un solo hombre, sino para todo 
el mundo». 

Floreció en la primera mitad del si- 
glo XI. 

Abu Mohamad Alcorthobi. 

Véase Mohamad Ben Giafiar Ben 
Khalaph. 

Abulasbag Toa Ben Mohamad Alabdari 
Ebn Alvaeth. 

Poeta de mediados del siglo xii, natu- 
ral de Almería, y residente en Alkhor, 
pueblo entonces de la provincia de Mur- 
cia. Fué, según parece, escritor de algún 
talento, y hállanse poesías suyas en el 
Códice de Casiri núm. 354. 

Nuestro Lozano, sin embargo, lo hace 
natural del mismo Alkor (Campo Coy, 
según sus conjeturas); pero en verdad 
no sabemos de dónde pudo sacar seme- 
jante especie, toda vez que el texto del 
Códice Escurialense , por él alegado, 
sólo dice: «Abulasbag... Alvaeth, en Al- 
mería, loci Alkhor ad Murciam perti- 
nentis íncola, t 



10 - 



Abul Hasán Ali Ben Ahmed Ben Jalaf 
Ben Mohamad el An^ari. 

Conocido también por Aben Al Pedes. 
Aben Alabbar, según el citado arabista 
señor Pons Boignes, dice que fué uno de 
sus maestros y que el sobrenombre por 
el que se le conoce significa los dos pies. 
Que Granada fué su patria; que en Mur- 
cia hizo sus estudios en gran parte; que 
por testimonio unánime sobresalió en el 
estudio de la lengua árabe, contándose 
él mismo como uno de los tres únicos 
gramáticos de España; que murió en el 
Moharrem del 528 de la Hégira (1133), y 
que fué tanta la gente que asistió a su 
entierro, que a su empuje rompiéronse 
las andas en que era conducido el cadá- 
ver. En fin, que este célebre gramáti- 
co dejó escrito, con destino a su hijo 
Ahmed, un Barnamech o Catálogo, don- 
de constaban los nombres de sus maes- 
tros y lo que de ellos había aprendido. 
Obra que se halla comprendida entre el 
gran número de los Tratados análogos 
que cita Abu Beker Ben Jair al final de 
su obra bibliográfica. 

Abul Hosain Ben Mohamad. 

Natural de Zaragoza. Fué Secretario 
de Abul Walid Albagi, Ministro del Rey 
moro de Zaragoza, y después Juez Su- 
premo de Murcia. Murió en la batalla 
de Cutanda el año de la Hégira 512, o 
1118 de Cristo, de sesenta años de edad. 
Escribió: Obra sobre las tradiciones. 

Así en el Diccionario de Escritores 
Aragoneses de Latasa. 

Abul Walid Yusuf Ben Abdelazis Yusuf 
Ben Omar Ben Fierro. 

Conocido también por Aben Ad Da- 
bag el Ondi. Natural de Onda, donde 
nació en el año 481 de la Hégira (1088), 
y residente en Murcia. Gran conocedor 
de la tradición mahomética y de los 



hombres y vestigios de la misma, por lo 
cual fué considerado como el «término 
y coronamiento de los tradicioneros de 
España». Ejerció el ministerio de la pre- 
dicación en su país por algún tiempo y 
murió en el 546 de la Hégira, o sea de 
Jesucristo 1151. 

En Aben Jair, se habla de una com- 
posición suya de las tituladas Jihrist; y 
el mismo autor cita otro tratado rotula- 
do Obscuridades y vaguedades. En el 
Mochan y en la Tecmilla de Aben Alab- 
bar se mencionan dos obras con los títu- 
los de Clases de tradicioneros y Clases 
de los principales juriconsultos, las cua- 
les se hallan atribuidas a un Aben Ad- 
dabag, que es de suponer deba identifi- 
carse con el que forma el objeto de este 
articulito. Dsahabi le atribuye también 
un tratado sobre los nombres de los 
hafices. 

Pons Boignes: Ensayo bio-bibliogr. 
sobre los historiadores y geógrafos ará- 
bigo-españoles, pág. 220. 

Águila R (Don Nicolás de). 

Obispo de Cartagena desde 1365 a 
1371, que con seguridad sepamos. Tomó 
muy principal y activa parte en las gue- 
rras civiles entre don Pedro de Castilla 
y don Enrique de Trastamara, capita- 
neando en Murcia el partido de éste en 
unión de otros caballeros de lo más dis- 
tinguido de la ciudad, cual lo eran, por 
ejemplo, Juan Sánchez de Ayala, Ra- 
món Oller y Pero López de Ayala, con- 
tra el Concejo y demás adictos a don 
Pedro, y obligándole las numerosas en- 
conadas luchas que de aquí se siguieron 
a refugiarse en Aragón «con el traidor 
del Conde», según palabras del mismo 
Rey en carta dirigida a la ciudad de 
Murcia en 29 de abril de 1367; por todo 
lo cual le fueron confiscadas todas sus 
, rentas «de maravedís, lugares y pan», 
hasta el siguiente año de 1368, en que 



- 11 - 



volvieron a su poder, merced al triunfo 
de don Enrique. 

Murió don Nicolás de 1371 a 1372, y 
fué enterrado en la capilla de San Juan 
del Claustro de su Iglesia Catedral. 

Siguiendo el ejemplo de sus anteceso- 
res don Juan Muñoz y don Pedro de Pe- 
ñaranda, escribió en latín unas intere- 
santes Constituciones, o Fundamentum 
Ecclesiae Carthaginensis, las cuales, 
juntamente con otros documentos perte- 
necientes a este Obispado, y merced al 
cuidado del Ilustrísimo don Diego de 
Rojas y Contreras, tuvieron el honor de 
ver la luz pública en 1756 (Madrid, por 
Gabriel Ramírez), bajo el siguiente títu- 
lo: Constituciones de la Santa Iglesia de 
Carthagena, hechas por el Ilustrísimo 
señor don Nicolás de Aguilar, Obispo 
qtíe fué de dicha Santa Iglesia, año de 
1366. 

«Cura solicitamur continua (dice en la 
especie de preambulito que las precede), 
& urgemur ratione subditorum commodis 
adherere, quia dum eorum enera excuti- 
mus, & scandala removemus, in ipsorum 
quiete quiescimus, & fovemus in pace, & ut 
Ecclesia nostra Carthaginensis, felici due- 
la regimine praeservetur a noxiis, & opta- 
tis semper proficiat incrementis: Proinde 
Nos Nicolaus, Dei, & Apostolicae Sedis 
gratia, Carthaginensis Episcopus, & Capi- 
tulum ejusdem capitulariter adunati ad 
régimen ejusdem Ecclesiae, & degentium 
ineadem.nostrarumconsiderationumacies 
extendentes, de communi consensu om- 
nium, non praedecessorum nostrorum Or- 
dinationibus, & Statutis detrahendo, sed 
aliqua ambigua declarando, & aliqua prop- 
ter sui contrarietatem tollendo, ac alia de 
novo statuendo, praesentes Ordinationes, 
& Statuta in nostra Ecclesia Carthaginensi 
de caetero observandas, ad perpetuara rei 
memoriam, redigimus in iis Scriptis.» 

Ahamedo Ben Iahia Ben Ahamad Ben 
Amira Adhdhabbi. 

Natural de Córdoba, según Casiri, o 
de los Vélez, según conjeturas del insig- 



ne orientalista don Francisco Codera. 
Nuestro paisano don Joaquín Báguena, 
entendido arabista también, y a quien 
debemos todas las noticias contenidas 
en el presente artículo, opina, sin em- 
bargo, que fué murciano, o por lo me- 
nos, que en Murcia se educó, estudió, 
dispuso sus mejores obras, y terminó 
sus días. He aquí sus mismas palabras, 
tomadas de un notable y erudito artículo 
publicado en los números 1705 y 1706 
del periódico murciano Las Provincias 
de Levante: 

«Opino que Adh-Dhabbi pertenece al di- 
latado número de árabes murcianos ilus- 
tres; acaso no naciera en Murcia, pero a 
ella vínose a vivir en la tierna edad de nue- 
ve años, en ella hizo sus primeros estudios 
bajo la dirección del inteligente y laborio- 
so Mohammad ben Chafar ben Ahamed 
ben Hamid, en ella pasó la mayor parte de 
su vida, en Murcia dio sus más renombra- 
das y provechosas lecciones, y a Murcia 
dedicó, en su libro El Deseo, las mejores y 
más acabadas páginas. 

» Pasada en Murcia la más temprana pri- 
mavera de la vida, marchó Adh-Dhabbi al 
África, visitó las ciudades de Ceuta, Bujía 
y Alejandría, en donde al par que las cien- 
cias y las artes, cultivó la amistad de los 
hombres más célebres de aquel tiempo. 
Encontrándose en España, al regreso de 
este viaje, recibió una carta de su íntimo 
amigo Ismael ben Ahmed el Máafiri invi- 
tándolo a que le acompañase en un viaje 
científico que preparaba al Hichas; no 
aceptó Adh-Dhabbi a pesar de sus vehe- 
mentes deseos, cediendo a los ruegos de 
su hermana y a presentimientos íntimos 
que desgraciadamente se realizaron; su 
amigo Ismael pereció en el viaje antes de 
llegar a Hichas. 

*Tradicionista excelente, fiel, verídico, 
cronógrafo y perito en la anotación y 
vocalisación de libros, llama a Adh-Dhabbi 
su biógrafo Bedr-ed-Din de Bixtechi; y el 
cadí Abu Abd-Alláh ben Abd-el-Mélic el 
marroquí, dice que un prodigio de los ma- 
yores prodigios de Alláh, en la rapidez de 
la escritura: a instancias de uno de los güa- 
lies de su tribu, copió de viernes a viernes, 
la Mowathafi alhadits (El camino trillado 



12 - 



hacia la tradición) de Mélic ben Anas, fun- 
dador de una de las cuatro sectas ortodo- 
xas del Islam. Escribió, además, el libro 
Principio de las luces acerca de la verdad 
de las reliquias, colección de los libros de 
Al-Bojari y de Moslem: otro titulado Los 
cuarenta de los cuarenta, y por último, su 
obra maestra, el diccionario biográfico co- 
nocido con el nonbre de Deseo del que in- 
terroga acerca de Id historia de los varones 
de Al-Andalus, obra publicada en 1885 des- 
pués de tan "prolijos como penosos esfuer- 
zos de reconstrucción, por don Francisco 
Codera y Zaidin, y don Julián Ribera, hoy 
catedrático de la Universidad de Zaragoza. 
«Escribió Adh-Dhabbi su diccionario, 
sobre un libro de Al-Homaidi, que com- 
prendía las biografías de hombres ilustres 
hasta el año 450 de la Hégira, le continuó 
hasta el año 495, añadió mucho, corrigió 
parte y suplió las omisiones cometidas por 
Al-Homaidi. El único Códice que hoy exis- 
te en Europa de esta notable obra debió 
de ser escrito en el año 680 próximamente, 
y se conserva en la Biblioteca del Escorial, 
números 1673 y 1676 del catálogo de Casi- 
ri: hallábase maltratadísimo por la hume- 
dad y la polilla, desordenado, con hojas 
intercaladas y mal puestas (defecto de que 
se resiente la copia hecha para la Bibliote- 
ca Nacional, por don Pablo Elias Hodar), 
pero en 1884, los señores Ribera y Codera, 
después de una labor benedictina, consi- 
guieron ordenar las dispersas hojas ya que 
no remediar los estragos del tiempo; nu- 
merosas notas marginales en que se lee: 
así de mano del autor; Blanco en el origi- 
nal; borrada la palabra, etc., atestiguan 
que el Códice Escurialense fué cotejado 
con el autógrafo de Adh-Dhabbi, y esto ya 
es una garantía. 

»La parte murciana de Adh-Dhabbi con- 
siste en noticias referentes a Albacete y 
Elche; una ligera mención de Ello, sobre 
la que más adelante llamaré la atención, 
biografías de numerosos personages de 
Murcia, Lorca y Orihuela, con noticias re- 
ferentes a la historia de estas ciudades; y 
diversas citas y referencias a Alicante, 
Todmir, Vélez, Muía, Caravaca, Callosa, y 
otras ciudades del principado de Aurario- 
la. Esto es lo que en ciertos modos pudie- 
ra llamarse secundario: lo interesante y 
principal de esta obra, consiste en ser la 
única que nos ha trasmitido el texto ínte- 



gro del tratado de paz entre Abd-el-Azis y 
Teodomiro (que ya en otro lugar, nosotros 
dejamos copiado). 

»... Hallándose Adh-Dhabbi cierto día 
descansando a la sombra de las tapias 
de un jardín, desplomóse súbitamente el 
muro, y cayendo sobre él dejóle casi exa- 
mine: conducido a su casa falleció en la 
mañana del domingo a cinco días por an- 
dar del mes de Rabia, postrero del año 599. 
Sólo dos cosas pueden censurarse en su 
obra maestra: ciertos errores en nombres 
y fechas señalados casi todos por el anota- 
dor Aben Roxaid; y la falta de criterio 
histórico, cometida al elegir como base de 
su libro, la selección de biografías de Al- 
Homaidi.» 

Ahmad Ben Abraham Ben Mohamad Ben 
Khalat. 

Llamado también Ben Abi Seili. Na- 
tural de Granada, y domiciliado habi- 
tualmente en Murcia, según Casiri. Re- 
sidió también algún tiempo en Silves; y 
murió en el año de la Hégira 514, en 
que tuvo lugar la famosa batalla de Co- 
tanda, cerca de Daroca. 

Hallárnoslo incluido como «varón cla- 
rísimo por su mucha erudición, en la 
Biblioteca Arábigo-Hispana de Alcod- 
hai Ben Alabar, contenida en el Códice 
de la Escurialense núm. 1725, y titulada 
Alphabeíum*. 

Ahmad Ben Mohamad Ben Afif Ebn Ma- 

RIVEL. 

Natural de Córdoba, y residente al- 
gún tiempo en Lorca, ciudad que gober- 
nó en calidad de Prefecto (bajo el reina- 
do, acaso, de Hixem II), y en donde ha- 
lló el término de sus días, a 17 de Rabie 
última del año de la Hégira 420, o sea 
en el de 1029 de Jesucristo, según Casiri. 

Brilló con grande fama de virtud y 
ciencia, y hallárnoslo incluido, como au- 
tor de varias obras, en la Biblioteca 
Arábigo-Hispana, que con el título de 
Munus Chronologicum Hispanum, se 




- 13 - 



halla contenida en el Códice de la Escu- 
rialense núm. 1672. 

Dichas obras fueron: un Tratado de 
Honras fúnebres (Tractatum De Exe- 
quiis): otro, dividido en cinco partes, 
sobre el Método en la enseñanza (De 
Methodo Docendi); y una Historia de los 
Jurisconsultos Cordobeses (Historiam 
Jurisconsuliarum Cordubensium). 

Alarcón (P. José de). 

Jesuíta; residente en el Colegio de la 
Compañía de Murcia, de donde fué Rec- 
tor por los años de 1738. Conocérnosle 
como autor de una extensa y notable 
Carta dirigida desde esta ciudad a los 
Padres Superiores de la Provincia de 
Toledo, sobre la vida y virtudes del in- 
signe murciano P. Luis Ignacio Zeva- 
llos. 

Véase éste en el anterior Catálogo y 
Alarcón (P. José de), en nuestra Sección 
de Impresos en Murcia. 

Alcalá Yáñez y Rivera (Dr. Jeróni- 
mo de). 

Según Nicolás Antonio y Fernández 
Navarrete, fué natural de Segovia, don- 
de nació en 1563, de don Fernando Yá- 
ñez y doña Petronila de Rivera. Si no 
fuese porque en la portada de uno de 
sus libros se dice ser dicha ciudad el 
pueblo de su naturaleza, hubiéralo yo 
tenido por hijo de Murcia, de la cual fué 
oriundo a lo que sospecho, y en donde, 
sin duda, hubo de pasar toda la prima- 
vera de su vida y cursar, por consiguien- 
te, sus primeros estudios, fundándome 
para ello en el siguiente párrafo de la 
dedicatoria con que dirige el aludido li- 
bro al Adelantado de Murcia y Marqués 
de los Vélez, don Luis Fajardo: 

*Todos mis pasados— dice— , desde mi 
bisabuelo el Dr. Francisco Yáñez, el doc- 



tor Alonso Yáñez mi abuelo, y el Dr. Fer- 
nando Yáñez mi padre, todos sirvieron a 
sus progenitores de vuestra Excelencia, y 
fueron criados de su casa..., y últimamen- 
te, los doctores Juan Yáñez y Leandro Cor- 
vera mis hermanos, también sirvieron a 
vuestra Excelencia. > 

Ahora bien, sabemos por Polo de Me- 
dina que este Dr. Leandro Corvera, her- 
mano de nuestro Jerónimo, fué un inge- 
nio murciano, y sabemos también que 
tuvo siempre a Murcia por habitual re- 
sidencia, toda vez que servía, como an- 
tes lo había hecho su padre, al señor 
Marqués de los Vélez su Adelantado. 
Luego, o hemos de suponer que entre el 
nacimiento de Jerónimo y el de Leandro 
medió un considerable espacio de tiem- 
po, o habremos de convenir, como más 
probable, en que ambos hermanos, tan- 
to el hijo de Segovia, como el de Mur- 
cia, hubieron de vivir y pasar su juven- 
tud en esta última ciudad en compañía 
de sus padres, y hasta tanto no tener el 
primero la suficiente edad para poder 
consagrarse a los estudios mayores. No 
sabemos, pues, el fundamento que pue- 
dan tener las noticias que de él nos da 
el señor Fernández Navarrete, dicién- 
donos que estudió la lengua latina en su 
patria y que en la misma hubo de escu- 
char a San Juan de la Cruz la explica- 
ción de los himnos eclesiásticos. El doc- 
tor Alcalá nos dice terminantemente 
que su padre don Fernando Yáñez estu- 
vo al servicio del Marqués de los Vélez, 
cosa que no hubiera podido hacer desde 
Segovia; y como no es creíble que para 
venir a hacerlo en Murcia o en su pro- 
vincia se dejase en aquella ciudad solo 
a su hijo Jerónimo, otra vez venimos a 
parar en que, si durante su menor edad 
vivió éste algún tiempo al lado de sus 
hermanos y padres, forzosamente tuvo 
que hacerlo en la ciudad del Segura, y 
en la misma recibir o pulimentar su edu- 
cación primera, razón por la cual no he- 



- 14 - 



mos querido dejar de asignarle un lugar 
en el presente Ensayo. 

Llegado a la edad de elegir carrera, 
decidióse por la de Medicina, que cursó 
en Valencia y ejerció en su patria, don- 
de casó con doña María Rubión, distin- 
guida señora de la misma ciudad, y en 
donde, según parece, hubo de conquistar- 
se nuestro Doctor algún prestigio y nom- 
bradla como médico y como escritor, 
principalmente después de la publica- 
ción de su famoso Alonso, mozo de mu- 
chos amos, más generalmente conocido 
con el título de El donado hablador, me- 
diante a cuyo mérito pudo reconquistar 
el terreno perdido ante la opinión con 
otra obra suya escrita anteriormente y 
titulada Milagros de Nuestra Señora de 
la Fuencisla, que, según parece por in- 
dicación del propio autor, hubo de ser 
recibida con bastante frialdad. Final- 
mente, y contando ya sesenta y nueve 
años, o sea en el mismo en que le alcanzó 
la muerte (1632), dio a luz su última obra, 
titulada Verdades para la vida cristia- 
na, no indigna, por cierto, de estima- 
ción, y en donde descuellan los graves y 
saludables pensamientos religiosos pro- 
pios del anciano que, mirándose ya cer- 
cano al sepulcro, nada halla mejor ni 
más edificante que los consuelos inefa- 
bles de la religión. 

Su mejor obra, sin embargo, como tra- 
bajo literario, es El donado hablador, 
novela que, aunque de ningún modo 
iguala a la de Vicente Espinel, cuyo 
asunto o pensamiento imita, todavía 
puede afirmarse que no carece de al- 
gunas perfecciones bastante recomenda- 
bles, cuales son, por ejemplo, la pureza 
de estilo, el gracejo de la frase, la ama- 
ble claridad con que se refieren los he- 
chos, y las discretas reflexiones con que 
a veces se hallan sazonados. He aquí las 
noticias bibliográficas de dichas obras: 

—Milagros de Nuestra Señora de la 



Fuencisla, grandezas de su nuevo Tem- 
plo, y fiestas que en su translación se hi- 
cieron por la Ciudad de Segovia, de quien 
es Patrona, año de 1613. Por el Dr. Hie- 
ronymo de Alcalá Yáñez, Médico y Ci- 
rujano de la dicha Ciudad. Dirigido a la 
mesma Ciudad de Segovia y a su Ayun- 
tamiento. Con privilegio. En Salaman- 
ca. En la Emprenta de Antonia Ramírez, 
viuda. Año de MDCXV. (Colofón.) En 
Salamanca. En la Emprenta de Antonia 
Ramírez, viuda. Año MDCXV. 

En 8.0—180 hojas.— Signs. (-:-) A-X.— Portada.— V. en b. 
—Grabado en madera que representa a la Virgen rodea- 
da de ángeles. — Aprobación del Dr. Andrés de Morales 
Valderrama. — Tasa.— Erratas.— Privilegio al autor por 
diez afios.— Dedicatoria. — Prólogo del autor.— Versos 
laudatorios del Dr. don Gutierre, Marqués de Careaga, 
Fr. Francisco de Ortega, L. Suárez, L. Martín Gómez, 
Pedro de Valencia, y Pedro de Ledesma Contreras.— 
Texto. — Entre los poetas del certamen figura también 
nuestro Dr. Jerónimo de Alcalá. 

—Alonso mozo de muchos amos, diri- 
gido a don Luis Fajardo, Marqués de los 
Vélez y de Molina, Adelantado y Capi- 
tán general del Reino de Murcia, y Mar- 
quesado de Villena reducido a la Coro- 
na Real. Compuesto por el Dr. Jerónimo 
de Alcalá Yáñez, Médico y Cirujano, ve- 
cino y natural de la ciudad de Segovia. 
Año 1624. Con privilegio en Madrid por 
Bernardino de Guzmán. A costa de J. de ^„^ 
Vicuña Carrasquilla. wM 

En 8.°— 166 págs., con 8 más de principios.— Portada.— 
Suma del Privilegio por diez años.- Tasa, a 4 maravedís 
el pliego.— Erratas.— Versos laudatorios de Alonso de 
Ledesma, de don J. Bravo de Mendoza, del Dr. Manuel 
de los Ríos y de dofia María de Orozco y Vargas.— Dedi- 
catoria.— Prólogo al lector.— Texto.— Tabla. 

—Segunda parte de Alonso Mozo de 
muchos amos. Compuesto por el Dr. Je- 
rónimo de Alcalá Yáñez y Rivera, Médi- 
co, vecino de la Ciudad de Segovia. Di- 
rigida al Dr. don Agustín Daza, Deán 
y Canónigo de la Santa Catedral Iglesia 
de Segovia y Refrendario de su Santidad 
en las Signaturas de Gracia y de Justi- 
cia. Con privilegio. En Valladolid, por jjH 
Geronymo Morillo Impressor de la Vni- ^^ 
versidad. Año MDCXXVL (Al final): 



- 15 - 



En Valladolid. Por Gerónimo Morillo, 
impressor de la Vniversidad. Año de 
MDCXXVI. 

En 8.0—170 hojas.-Slgns. (-:-) A-V.— Portada.— V. en 
b. — Privilegio al antor por diez años. — Tasa.— Erratas. — 
Aprobación del P. Abad de los Guertos.— Dedicatoria 
suscrita por el autor.— Prólogo.— Composiciones lauda- 
torias de don Juan Bravo de Mendoza, don José de Alda- 
na, don Antonio de Zamora y Tapia, L. Juan de Quinte- 
la, L. Juan de Caxiguera, don Fernando Tello, Fr. Ma- 
tías de Sobremonte, L. Diego de Soto, Antonio Balvas 
Harona. L. D. Baltasar Serrano y Tapia, don Francisco 
Oracio de Solier, don Pedro Serrano y Tapia, Alonso de 
Ledesma, doña María de Orozco Zúniga y V'argas y Eu- 
genio Velázquez. — Texto. 

—Verdades para la vida cristiana, re- 
copiladas de los Santos y graves Auto- 
res, por el Dr. Gerónimo de Alcalá Yá- 
ñez y Rivera, médico vecino de la ciu- 
dad de Segovia. Dirigidas a la muy No- 
ble y muy Leal ciudad de Segovia, Ca- 
beza de Estremadura, y a su muy noble 
Ayuntamiento. (Escudo de armas de Se- 
govia.) Con privilegio en Valladolid por 
Gerónimo Murillo. Impressor del Rey 
nuestro Señor, y de la Santa Cruzada. 
Año 1632. 

En 4.°— 431 págs., más 15 de principios ocnpados prin- 
cipalmente por varias composiciones laudatorias, entre 
ellas, una de Alonso de Ledesma y otra de Fr. Gabriel 
Telles, Definidor general de la Orden de Nuestra Señora 
de la Merced. 

Según el señor Fernández Navarrte, 
entre las varias ediciones que se hicie- 
ron del Donado hablador, defectuosas 
todas y llenas de crasos errores, la me- 
nos mala fué la de Madrid, hecha por 
Ruiz en 1804, en dos tomitos en 8.° 

Alfonso X el Sabio (Rey Don). 

Nombre de feliz y gloriosísima memo- 
ria para todo buen español, y muy par- 
ticularmente para todo buen murciano. 
Aunque, al parecer, no residió largo 
tiempo en esta región, no podemos me- 
nos de asignarle un lugar distinguido en 
el presente Ensayo, por creer, como 
creemos, no ser posible pronunciar si- 
quiera las palabras de Literatura mur- 
ciana sin consagrar un recuerdo a tan 



insigne, esclarecido y justamente alaba- 
do Príncipe. Así también lo ha sentido 
nuestro docto amigo el señor Baquero 
Almansa en su breve y bien escrito 
opúsculo sobre la Literatura en Murcia 
hasta los Reyes Católicos, y así igual- 
mente deberán sentirlo cuantos al estu- 
dio de las murcianas letras se dediquen. 
No es factible, no, en trabajos de esta 
índole dejar de asociar el nombre de 
Murcia a la gloria inmortal de don Al- 
fonso. El la salvó, como igualmente a 
casi toda su vasta comarca, de la escla- 
vitud musulmana; él la pobló de caballe- 
ros y oficiales cristianos; él la dio escu- 
dos de armas, blasones y títulos de no- 
bleza; él echó los cimientos de sus famo- 
sos y populares Municipios; él restable- 
ció su Obispado y el culto de sus igle- 
sias, poniendo a su frente un varón doc- 
tísimo; él colmó de privilegios y mer- 
cedes a ambos Cabildos, siendo hasta 
ochenta y nueve las Cartas reales con 
que los honró y favoreció; él la dio el 
fuero de Sevilla, amplísimo en liberta- 
des, y él, en fin, por ella tuvo siempre 
tal predilección y amor, que agotado el 
raudal de sus gracias, y no teniendo 
mercedes nuevas que otorgarle, le legó 
al morir su propio cuerpo. 

Sus cabezaleros, luego, tuvieron por 
más conveniente darle sepultura en Se- 
villa contra la primera voluntad de su 
Monarca, y sólo, en consecuencia, nos 
remitieron sus entrañas, juzgando sin 
duda, y no por cierto infundadamente, 
que en el ánimo del regio testador, y 
para los efectos de testimoniar su grati- 
tud hacia la noble y perseverante lealtad 
murciana, lo mismo o más significaban 
aquéllas que su cuerpo entero; como así 
lo manifiesta él mismo bien clara y ter- 
minantemente cuando después de decir: 

«... E pues que Dios quiere que nuestras 
debdas sean complidas, pagadas e cumpli- 
das las mandas, que el nuestro cuerpo sea 



16 - 



enterrado en nuestro monesterio de Santa 
María la Real de Murcia, que es cabeza de 
este reyno, el primero lugar que Dios qui- 
so que ganásemos a servicio del, e a hon- 
rra del rey Don Fernando, et de nos, et de 
nuestra tierra; pero si los nuestros cabeza- 
leros to vieren por mejor que el nuestro 
cuerpo sea enterrado en la cibdad de Se- 
villa, o en otro logar que sea más a servi- 
cio de Dios, tenémoslo por bien, en tal 
manera que finque el monesterio sobre di- 
cho de Murcia los bienes e las posesiones 
que nos le diésemos, salvo el alcafar que 
mandamos que aya siempre el que de 
nuestro linage fuere con Derecho Rey de 
Murcia...» 

Añade: 

«... Mandamos otrosí que quando saca- 
ren el nuestro corazón para llevarlo a la 
Sancta tierra de Vltramar, segund que es 
ya dicho, e que saquen lo otro de nuestro 
cuerpo e lo lleven a enterrar al monesterio 
de Sancta María la Real de Murcia, o a do 
el nuestro cuerpo oviere a ser enterrado, 
que lo metan todo en una sepultura assi 
como si nuestro cuerpo fuese y a yazer si 
el monesterio fuere en aquel estado que lo 
nos establecemos e debemos estar; e sy 
non mandamos que fagan esto en la iglesia 
mayor de Sancta Maria de Sevilla...» 

Pero el derecho que los murcianos tie- 
nen para apropiarse, en cierto modo, la 
inmensa gloria de don Alfonso, fúndase 
en motivos aún más sólidos y trascen- 
dentales que los ya apuntados de su 
amor, fidelidad y agradecimiento mu- 
tuos. 

Educado el hijo de San Fernando allá 
en Galicia bajo los auspicios de su ilus- 
tre y virtuosa abuela doña Berenguela, 
y aficionado vivamente a las coplas y 
desires de sus amigos los trovadores de 
entonces, es cierto que desde muy joven 
hubo de consagrarse al estudio y apli- 
carse al cultivo de la poesía, demostran- 
do, con alguna felicidad, tener estro 
bastante para responder a sus inclina- 
ciones, y haciendo patente no estar des- 
provisto de las felices dotes que ador- 



naban a los más inspirados vates de su 
tiempo; mas aunque esto es evidente y 
aunque también lo sea el que por este 
medio, y trayendo a la España central 
las formas lírico-eruditas del arte culti- 
vadas en las comarcas de la Provenza, 
Cataluña y Galicia, deba ser considera- 
do como el primer poeta castellano que 
introdujo en la poesía erudita de los vul- 
gares el sentimiento lírico, hasta enton- 
ces apenas iniciado en nuestros antiguos 
poemas heroicos, es lo asimismo y debe 
tenerse por indudable, que los más altos 
vuelos de su imaginación y de su inteli- 
gencia, que las más intrépidas ascensio- 
nes de su entendimiento y de su noble 
afán por la ciencia y el saber, sólo lo- 
graron desplegarse cuando, joven aún 
en edad y fantasía, hubo de sorprender 
en Murcia en 1241 la pujante, amena y 
variada civilización musulmana: impre- 
sión fecunda y hecho interesante que 
tuvo siempre decisiva inñuencia en to- 
das sus labores científicas y literarias, 
desde las Tablas Astronómicas y la fa- 
mosa traducción del Pantcha-Tantra, 
hasta las insignes enciclopedias del Sep- 
tenario y las Partidas, como lo observa 
bien y muy fundadamente el erudito don 
José Amador de los Ríos. 

El otro título, por el que los murcia- 
nos pueden ufanarse con el nombre y 
gloría del sabio monarca, consiste en la 
particular e indudable circunstancia de 
hallarse los más preciosos y admirables 
monumentos erigidos por don Alfonso a 
la civilización y literatura españolas, 
como lo son sin duda el Libro de las 
Leyes y la Grande et General Estoria; 
de hallarse, digo, si no empegados preci- 
samente en Murcia, sí, por lo menos, en 
ella escritos o trabajados en gran parte 
de sus primeros libros. La razón es ob- 
via, por más que a la dicha especie no 
se halle inclinado nuestro ilustrado ami- 
go el señor Baquero, y aunque por alto 



- 17 



la haya pasado el citado Amador de los 
Ríos. Las Partidas se empezaron, se- 
gún declaración del mismo don Alfonso, 
en la cuiespera de Sant Johan Bautista, 
quatro annos et veynte et tres dias an- 
dados del comenzamiento del su regna- 
do», o sea a mediados de 1256, y sabido 
es que a principios de 1257 estaba el sa- 
bio legislador dentro del territorio mur- 
ciano, como lo prueban de una manera 
que no puede dar lugar a dudas las fe- 
hacientes fechas de varios de sus Privi- 
legios y Cartas reales. La Academia de 
la Historia, que no da valor ninguno a 
la erudita observación de Floranes so- 
bre que pudieron ayudar a don Alfonso 
en la redacción de su inmortal Código 
los Alcaldes mayores de Sevilla y de 
Toledo Fernad Mateos, Rodrigo Este- 
ban, Alfonso Díaz y Gonzalo Ibáñez, 
conviene, sin embargo, en que bien pudo 
ser su colaborador Jacobo Ruiz, el de las 
Leyes, y sabido es también que Maestre 
Jacobo fué uno de los primeros pobla- 
dores de Murcia (1). 

Por lo que respecta a la Grande et 
General Estoria, menos incertidumbre 
aún puede ofrecerse. Sábese de un modo 
casi evidente que la empezó el monarca 
de 1270 a 1271; y consta asimismo, por 
otros varios de sus Privilegios de indu- 
dable autenticidad, que en 1271, 72 y 73 
estaba en Murcia. Luego, o hemos de 
suponer que hubo de interrumpirla en 
sus mismos principios, para reanudarla 
en 1274 (cosa a que no puede asentirse 
fácilmente por ser bien chocante), o for- 
zosamente habremos de convenir en que 
compuso en Murcia esta obra magna, 
si no en todo^ en su mayor parte; en 
aquella parte, acaso, que de tan precioso 
monumento ha llegado hasta nosotros. 

Por manera que así como al tratar de 



(1) Cfr. Obras del maestro Jacobo de las Leyes, Juriscon- 
sulto del siglo XIII, publicadas... por Rafael de Ureña 
y Smettjaud y Adolfo Bonilla y San Martín.., Madrid, 
MCMXXIV. rN. del e.) 



otras obras de don Alfonso los eruditos 
Burriel, Marqués de Mondéjar y el pre- 
citado Amador de los Ríos, tienen el 
cuidado de indicarnos dónde fueron es- 
critas, bien hubieran podido también 
habernos dicho dónde se compuso la 
que al presente nos ocupa. La cosa no 
deja de ofrecer grande interés para los 
murcianos; y por ello, y por ser obser- 
vación escapada hasta ahora a cuantos 
han tratado de este primer sabio de la 
segunda Edad Media española, no pode- 
mos menos de hacerla constar dentro de 
nuestros modestos renglones. 

Tales son, bien que a muy grandes 
rasgos delineados, las principales cir- 
cunstancias de la vida literaria de este 
a la vez insigne y desventurado Prínci- 
pe (nacido en Toledo a 23 de noviembre 
de 1221 y muerto en Sevilla en 21 de 
abril de 1284), con relación, se entiende, 
a su leal y predilecta Murcia, a quien 
después de colmar de materiales dádi- 
vas, como dicho queda, concedió ilus- 
tres títulos y distinciones, ornándola por 
fin de nobilísimo blasón enriquecido con 
cinco coronas de oro. 

En fin, y para término del presente 
artículo, vamos a reproducir a conti- 
nuación aquellas de sus cantigas que 
dedicó a nuestra murciana Virgen de 
la Arrijaca, y que rezan del tenor si- 
guiente: 

«Esta e d'un miragre que fezo Santa Ma- 
ría por hua sa eigreia que e en a arreixaca 
de Mur^a, de como foron mouros acorda- 
dos de a destroir et nunca o acabaron.» 

A que por nos saluar 
fezo Deus tnadr' e filia, 
se esse de nos otirrar 
quer, non e maravilla. 

E d' aquest' un miragre, 
dlrel, grande, que ul 
desque mi Deus den Mur^a 
et oy' outrossl 
dlzer a muitos mouros 
que morauan ant' y 
et tljnnan a térra 
por nossa pecadilla. 



- 18 - 



A que por nos sainar 
feso Deus madr' e filia... 

D' fia elgrei' antiga, 
de que sempr' acordar 
s' yan, que ali fora 
da Reynna sen par 
dentro na arreixaca 
et yan y' orar 
genoeses, pisaos 
et outros de CeziUa. 

A que por nos sainar 
feso Deus madr' e filia... 

E dauan sas ofertas, 
et se de coragon 
aa Virgen rogauan, 
logo sa oraQon 
d' eles era oyda 
et sempre d' oqueijon 
et de mal os guardaua; 
ca o que ela fílla. 

A que por tíos sainar 
feso Deus madr' e filia... 

Por guardar e guardado; 
et porende poder 
non ouueron os mouros 
per ren de mal fazer 
en aquel logar santo 
nen de o én toller, 
macar que x' o tijnnan 
ensserrad' en sa pilla. 

A que por nos sainar 
feso Deus madt ' e filia... 

E pero multas uezes 
me rogauan porén 
que o fazer mandasse, 
■ mostrando-mi que ben 
era que o fezesse; 
depois per nuUa ren, 
macar ll'o acordaron 
non ualen hua billa. ^ 

A que por nos sainar 
feso Deus madr' e filia... 

E depois a gran tempo 
aueo outra vez 
quand' el rei d' Aragón 
Don James de gran prez 
a eigreia de Sée 
da gran mezquita fez, 
quando ss' abaron mouros 
des Mure' ata Seuilla. 

A que por nos sainar 
feso Deus madr' e filia... 

Que enton a AUama 
lie veeron pedir 
que aquela eigreia 
fezess' én destroir 
que n' arraixaca era; 
et macar consentir 



o foi él, non poderon 
nen tanger en crauilla. 

A que por nos sainar 
feso Deus madr' e filia... 

Depós aquest' afleo 
que fui a Mur^a eu 
et o mais d' arreixaca 
a Aliama mi deu, 
que tolless' a eigreia 
d' ontr' eles; mas muy greu 
me foi, caerá toda 
de nouo pintadilla. 

A que por nos saluar 
feso Deus madr' e filia... 

Porén muit' a enuidos 
enton ll'o outorguei, 
et toda a Aliama 
foi ao mouro Rei 
que o fazer mandasse; 
mas diss' él: Non farei, 
ca os que Mariame 
desama mal os trilla. 

A que por nos saluar 
feso Deus madr' e filia.. . 

Depois, quand' Aboyu(;af 
o sennor de Qalé 
passou con mui gran gente, 
aquesto verdad' e' 
que cuidaron os mouros 
por eixalc;arssa fé, 
gannar Murga per arte; 
mais sa falss' armadilla. 

A que por nos saluar 
feso Deus madr' e filia... 

Desfez a Uirgen Santa 
que os ende sacou 
que en a arreixaca 
poucos d'elles leixou; 
et a sua eigreia 
assi d'eles liurou 
ca os que mal quer ela 
ben assi es eixilla. 

A que por nos saluar 
feso Dens madr' c filia... 

E porend' a eigreia 
sua quita é ia, 
que nunca Mafomete 
poder y' auerá; 
ca a conqueren ela 
et demais conquerrá 
Espanna et Marrocos 
et Ceta et Arcilla. 

A que por nos saluar 
feso Deus madr' e filia, 
se esse de nos onrrar 
quer, non e maravilla. 



- 19 



Almeyda (Don Esteban de). 

Obispo de Cartagena, después de ha- 
ber regido las Diócesis de Astorga y 
León, desde julio de 1546 al 23 de mar- 
zo de 1563, en que bajó al sepulcro. De 
él leemos en Gil González Dávila (Tea- 
tro de la Iglesia de Murcia) los siguien- 
tes datos biográficos: 

«Don Esteran de Almeyda. Único de 
este nombre; de nación Portugués, hijo de 
don Diego Fernández de Almeyda, Prior 
de Ocrato. Pasó don Este van a Castilla con 
la Emperatriz doña Isabel; y era Obispo 
de León en el año 1546. Asistió en el Con- 
cilio de Trento, y volvió a España con cré- 
dito de muy ejemplar Prelado. El Empe- 
rador, premiando los méritos de sus virtu- 
des y vida le presentó por Obispo de la 
Santa Iglesia de Cartagena. Estando en el 
Concilio comunicó muy despacio a los Pa- 
dres Laynez y Salmerón, Religiosos de la 
Compañía de Jesús, y quedó tan pagado 
del estilo de su Religión y vida, que cuan 
do llegó a ser Obispo de Cartagena fundó 
en la ciudad de Murcia, para el bien uni 
versal de los de aquella ciudad y pueblos 
de su comarca, el Colegio de la Compañía 
de Jesús, y le dotó con larga y piadosa 
mano. Murió el Obispo en el año 1563, y 
diósele a su cuerpo sepultura en la Capilla 
Mayor de su Colegio, al lado del Evange- 
lio, en un costoso sepulcro de alabastro, 
con su estatua de lo mismo, con las cuatro 
virtudes Cardinales... y alrededor del se- 
pulcro, de figuras de alabastro, el martirio 
y hazañas del Protomártir San Estevan. 

»En la Sacristía de este Colegio está el 
Retrato verdadero de este Prelado, y en 
su pedestal tiene la memoria siguiente: 

DoMiNVS D. Stephanvs de Almeyda Car- 

THAGINENSIS EpISCOPVS HvIVS CoLLEGII 
FüNDATOR, VlR PiVS, NOBILIS, ErVDITVS, 

Magnanimvs. = Obut die XXIII. Marth, 
Anni Domini M.D.LXIII. 

Ahora bien, ignoramos si dio, como 
indudablemente debió hacerlo durante 
el largo período de su gobierno en Mur- 
cia, algunas Cartas Pastorales a sus dio- 
cesanos; pero el justo título por el que 
este Obispo tiene derecho a figurar en 



todo estudio relativo a letraá murcia- 
nas, consiste el haber formado e impre- 
so en Valencia en 1549 el antiguo y clá- 
sico Misal'de la iglesia de Cartagena, 
quien le es deudora de esta honrosa me- 
moria. 

Arce (Fray Diego de). 

Disputan los autores que de la vida de 
este venerable y respetabilísimo sujeto 
escriben, sobre el lugar de su nacimien- 
to, haciéndole unos hijo de Cuenca y 
otros de Madrid. En cuanto a mí, con- 
fieso francamente que siempre lo tuve 
por murciano, y que fué grande mi 
extrañeza, al par que mi disgusto, cuan- 
do hace ya muchos años, comenzando 
a despertarse en mí la afición a los es- 
tudios eruditos, leí por vez primera en 
los susodichos autores esta disputa, que 
en un momento y tan de repente echaba 
por tierra mis inocentes creencias. Ya 
había leído yo a Cáscales: sabía que el 
apellido de Arce, desde que ciertos ca- 
balleros que con él se adornaban vinie- 
ron de Francia con el Conde de Trasta- 
mara para ayudarle en la conquista del 
trono de Castilla, y no bien echados los 
fundamentos de sus solares en las mon- 
tañas de Burgos, esto es, desde media- 
dos del siglo XIV o principios del xv ve- 
nía sonando en Murcia; hallaba en el 
Ayuntamiento de esta ciudad, por el si- 
glo XVI, a los conocidos don Juan de 
Arce, don Luis de Arce y a otros mu- 
chos no menos distinguidos patricios 
de este apellido; hallaba igualmente en 
nuestra Catedral a los celebrados don 
.Juan de Arce, Obispo que fué de Catan- 
za; a don Francisco de Arce, Inquisidor 
general de Sicilia, Arzobispo de Paler- 
mo, y últimamente a don Nicolás de 
Arce y a don Juan de Orozco y Arce, 
Maestrescuela y Canónigo, respectiva- 
mente, de nuestra dicha Santa Iglesia; 
sabía, en fin, que todos estos y algunos 



20 - 



otros Arces más de qiie en lugar opor- 
tuno tratamos, fueron hijos de Murcia; 
y francamente, al encontrarme luego 
con un don Pedro de Arce, Canónigo 
Magistral, por los mismos tiempos, de 
la citada Iglesia de Cartagena, y a un 
su hermano don Fray Diego de Arce, 
que trabaja e imprime obras en Murcia; 
morador, durante largo tiempo, de los 
conventos de Santa Catalina del Monte 
y Real de San Francisco de dicha ciu- 
dad, fundadores ambos de la entonces 
famosa y copiosísima biblioteca del úl- 
timo de dichos monasterios, y ambos 
también iniciadores y agitadores entu- 
siastas de la traslación a la murciana 
iglesia de las reliquias de nuestros glo- 
riosos San Fulgencio y Santa Florenti- 
na, francamente, digo, que nunca se me 
ocurrió el pensar si acaso podrían no 
ser de Murcia. 

Hoy no diré que me atreva a perseve- 
rar en mis antiguas creencias, supuesto 
que en ningún fundamento positivo pue- 
den apoyarse; pero sí observaré que no 
son tampoco del todo abrumadores los 
alegados por otros en apoyo de las con- 
trarias. Así, por ejemplo, los que hacen 
a don Diego hijo de Madrid, fúndan- 
se únicamente en que en cierto soneto 
puesto al pie de no sé qué retrato de 
don Pedro, se le da a éste la filiación de 
madrileño, sacando de aquí la extraña 
consecuencia de que también su herma- 
no debió nacer en la corte (1). Y por lo 



(l) Está ya fuera de duda que, tanto Fray Diego de Arce 
como su hermano don Pedro, nacieron en Madrid. Y como 
prueba documental aduciremos el siguiente fragmento de 
una información, auténtica y coetánea: » 

<íAño 1581. — Fray Diego de Arfe, natural de Madrid. — 
Protianfa fecha en la villa de Madrid por el s."'' licenciado 
andrcs martines, clérigo, cura propio de San Migel (sic), 
por comj.'^^ del muy il.^^^ señor don martin Urdanes y 
Zenos, Helor de la Universidad de Alcalá de Henares. 

»En la villa de madrid, a treynta e vn dias del mes de 
dizienbre de mili e quinientos e ochenta y vn años, ante mj 
él presente escrlu.", estando en las casas y morada de la 
señora ysabel rrodriguez, biuda, bezlna desta dha. villa, 
madre de los dhos señores maestro arce e fray diego arge, 



que respecta a los que lo juzgan de 
Cuenca, aunque es cierto que en mejo- 
res fundamentos se apoyan, por seguir, 
como lo hacen todos, a Mártyr Rizo, 
historiador de aquella ciudad y contem- 
poráneo de nuestros don Diego y don 
Pedro, todavía me he de permitir obser- 
var, que así el citado historiador como 
el reverendo P. González, cronista ge- 
neral de toda la Orden Franciscana, 
siendo también coetáneo y aun amigo 
de nuestro don Diego, y fundándose 
nada menos que en los libros de regis- 
tros de la Universidad de Alcalá, hacen 
a éste, no sólo oráculo privado de Prín- 
cipes y Papas, si que además Obispo 
efectivo de Orense en España y Arzo- 
bispo de Salerno en Ñapóles; y sin em- 
bargo, probado está por la cronología 
de los mitrados de- aquellas diócesis, 
que todo ello es pura fábula. ¿Por qué 
no habrán podido equivocarse en lo de- 
más Mártyr Rizo, González y sus se- 
cuaces? 



el dho señor licen.*^° martinez rrescibio juramento por 
Dios nuestro señor en forma de derecho de la dha señora 
ysabel rrodriguez, madre de los dhos señores maestro Arce 
e frai diego de arce; la qual, aviendo jurado por dios nues- 
tro señor en forma de derecho, e siendo preguntada al tenor 
de las preguntas del dho interrogatorio, dixo e declaro lo 
siguiente: 

»A la primera pregunta dixo que conosgio a pedro de 
arce, que fue su marido legitimo, según borden de la santa 
madre yglesia de rroma; y esta que declara y el dho pedro 
de arce son padres legítimos de los dhos maestro Pedro de 
Arce e frai diego de arce, religiosso de la borden de señor 
san fran.'-®, contenido en la pregunta; y saue que el dho 
fray diego de arce es opositor del dho colegio de san p.° y 
san pablo de la Vniversidad de santo ylefonso de la villa 
de alcalá de henares. E ansi mjsmo sabe quel dho frai die- 
go de arce es hijo legitimo del dho su marido. Es de hedad 
de veynte e ocho años e va a veynte e nuebe. Y lo sabe este 
testigo porque se acuerda que el dho frai diego de arce, su 
hijo, nas(;io y le parió el año de cinquenta e tres. Y esto 
rresponde a la pregunta.» 

El Rector de la Universidad, en la comisión que da al 
lic.^° Andrés Martínez, cura de la parroquia de San Mi- 
guel, de Madrid, dice: «y agora el padre fray diego de arce, 
natural desa dha villa».— Fol. 153, verso. 

Biblioteca de la Academia de la Historia: Colección de in- 
formaciones hechas por 7'eligiosos de la Orden de San Fran- 
cisco para entrar en el Colegio de San Pedro y San Pablo 
de Alcalá de Henares, y algunas otras para graduarse de 
Licenciado en Teología en la Universidad de dicha ciudad. 

9 — 27 — 1 



Tomo I, fols. 159 a 178.— Signatura 
(Nota del editor.) 



E n." 20 



— 21 - 



Como quiera que fuese, propio o ex- 
traño, ello es que entre murcianos habi- 
tó durante mucho tiempo, y entre mur- 
cianos también, trabajó y publicó varias 
de sus obras, razón por la cual no hemos 
podido menos de asignarle un lugar dis- 
tinguido en los presentes Estudios. 

Por supuesto que no debemos confun- 
dirlo, como lo han hecho algunos escri- 
tores, originándose de aquí las muchas 
equivocaciones en que incurrieron, con 
otro don Diego de Arce y Reinoso, 
Obispo que fué de Plasencia y Arzobis- 
po de Salerno, por aquella misma épo- 
ca, y muy distinto, por cierto, de nues- 
tro claro P. Minorita e ilustrísimo Obis- 
po de Casano. 

Nació éste, según el común sentir de 
todos sus biógrafos, por los años de 1550 
a 1551 (1), de nobilísimos padres. Estu- 
dió en la Universidad-de Alcalá, y asis- 
tiendo un día en ella a la misión cele- 
brada por el famoso orador evangélico 
Fr. Alonso Lobo, determinóse en él la 
vocación hacia la regla Franciscana, 
cuyo hábito vistió en el convento de la 
Observancia de Murcia, según los auto- 
res de la Biografía Eclesiástica Com- 
pleta. Ya profeso, aplicáronle los Pa- 
dres a los estudios mayores «en los que 
hizo (se dice) progresos admirables, ma- 
nifestando en todos un ingenio tan vivo 
como profundo e igualmente airoso y 
desenfadado». En 1581 fué nombrado 
Colegial Mayor del insigne de San Pe- 
dro y San Pablo de la referida Univer- 
sidad. Vuelto al territorio murciano, en- 
cargáronle las Cátedras de Filosofía y 
Teología, que desempeñó los años pres- 
critos por su Instituto; y aplicándole 
después al gobierno, obtuvo varios car- 
gos, siendo uno de ellos el de Prelado 
del convento de San Francisco de Mur- 



(1) Como hemos visto por el documento inserto en la 
nota anterior, nació el año 1553. Fueron sus padres Pedro 
de Arce e Isabel Rodríguez, vecinos de Madrid. (N. del e.) 



cía, que ejerció por los años de 1593 y 
siguientes, en cuyo tiempo fué, cuando 
comisionado en unión de su hermano 
don Pedro, por nuestro venerable Obis- 
po don Sancho Dávila para el asunto de 
la traslación de las reliquias de San Ful- 
gencio y Santa Florentina, estuvieron 
ambos en Madrid, y lograron, particu- 
larmente el primero (pues don Pedro 
.cayó al poco tiempo enfermo), captarse 
la más alta estimación y el más distin- 
guido aprecio por parte del Rey don 
Felipe 11(1). 

Dicha amistad fué para el P. Arce la 
corona de su carrera. Merced a ella es- 
tuvo algunos años de Confesor y Con- 
sultor teólogo del Excmo. Sr. D. Fer- 
nando Ruiz de Castro, Conde de Lemos, 
y en virtud de ella también, o al menos 
por su recuerdo, hubo de ser presenta- 
do por la majestad de Felipe III para la 
silla de Casano, enclavada entonces, 
como es sabido, en los vastos dominios 
de la monarquía española y reino de 
Ñapóles. No podremos fijar el día en 
que entró en el gobierno pastoral de 
dicha diócesis, ni menos aquel en que 



(1) En prueba de ello, vamos a transcribir la carta que 
este monarca le dirigía en 1596, según la trae el docto cro- 
nista de la provincia de Cartagena en uno de los originales 
que constituyen el apéndice a la parte primera de dicha 
obra. Dice así: 

«Venerable devoto Religioso, amado nuestro: prosiguien- 
do las diligencias que el Emperador, mi padre y señor, que 
haya gloria, mandó hacer para que los nuevos convertidos 
del Reyno de Valencia, se instruyan en nuestra santa Fe y 
la profesen perfectamente, ha llegado el tiempo de embiar- 
les Predicadores y Confesores que les enseñen y prediquen 
la Fe y Doctrina Cristiana, y la suavidad y premio eterno 
de ella. Porque lo demás está dispuesto y prevenido como 
es menester; y conviene que sean los Religiosos de más 
perfección en letras, virtud y buen ejemplo, y con amor y 
caridad se compadezcan de ellos, y con paciencia toleren y 
venzan su rudeza y obstinación; y porque sé que los hay 
tales en vuestra Religión, os encargo que hagáis elección 
de los en quien concurran estas partes y calidades; y junta- 
mente la de limpieza en cuanto se pudiere... Y pues en este 
negocio el servicio de N. Señor, el aumento de nuestra san- 
ta Fe, la conversión y salvación de tantas almas, y el bien 
publico universal de mis Reinos; y de todo ello sois vos tan 
celoso, me prometo que en esto corresponderéis al concepto 
y estimación que tengo de vuestra persona, de que recibiré 
muy acepto servicio. Dada en Aranjuez a 13 de Marzo 
de 15%. Yo el Rey. = Franqueza Secretario.> 



- 22 



lo abandonó, por haber sido promovido 
para el de la iglesia de Tuy; pero sí nos 
consta con seguridad que sólo por el 
espacio de cinco años hubo de ejercer 
aquel alto cargo, o sea desde 1610 a 1615, 
en que hallamos citado un decreto co- 
misionando al P. Fr. Alonso de Vargas 
para dar la bienvenida a España de 
nuestro limo. D. Diego; y también que 
no llegó a sentarse en la citada sede 4e 
Tuy, por haberle atajado la muerte, 
ocurrida, según común sentir también 
de sus biógrafos, en el año de 1617. In- 
dudablemente, pues, debió vivir enfer- 
mo los dos últimos años de su exis- 
tencia. 

«Una de las mayores y más nobles em- 
presas de este ilustrísimo héroe (dice el 
precitado cronista don Pablo Manuel Or- 
tega) fué, a mi parecer, la erección de la 
abundante y selecta librería del referido 
convento de la ciudad de Murcia; de modo 
que por aquellos tiempos era sin question 
la mejor y más copiosa que avia en toda 
esta familia... Dio principio a congregar 
libros siendo Provincial, y continuó por 
todo el resto de su vida, en las circunstan- 
cias de que aviendo tenido mucha entrada 
y comunicación con muchos Príncipes, así 
eclesiásticos como seculares, y con los su- 
getos más amantes de las letras, como él 
lo era, y aver corrido muchos reynos y 
provincias, siempre fué con este cuidado; 
por cuya razón no huvo libro de qualquier 
idioma y facultad, que llegase a su noti- 
cia, que no lo traxesse o embiasse a dicha 
Biblioteca.» 

Por lo que respecta a su carácter de 
escritor, conocémoslo como orador fe- 
cundo, como teólogo distinguido y como 
literato erudito. Las obras debidas a su 
ingenio, según Wadingo, don Nicolás 
Antonio, Fr. Miguel de San José y Fray 
Juan de San Antonio, fueron: 

1.* «Miscellanea Sacra». Matriti, 
1600. 

Ibidem. Murcia, 1606, que don Nico- 
lás Antonio cita con el título que refe- 



riremos en nuestra Sección de Impresos 
en Murcia. 

2.^ «Roma la Santa o de las mejores 
que alcanzó Roma con la venida de San 
Pedro a ella, y con asentar en ella su 
silla». Ñapóles, 1601. En 4.° 

Ibidem. 2.^ edición. Ñapóles, 1615. 
En 4.° mayor. 

«Opus (dice el P. Fr, Juan de San Anto- 
nio) Apologeticum pro liberanda Urbe 
Romana a calumniis Haereticorum , in 
quo dilucide demonstrat nonnisi lividis 
Haereticorum, et iniquorum oculis Urbem 
objici inquinamentis foe datam; bonorum 
autem, et candidorum virorum libera abs- 
que pravo affectu judicantium conspectui 
apparere pulchris, piisque notis commen- 
dabilem.» 

3.^ «Discursos predicables sobre la 
salve». Cuenca, 1601. En 4.° 

El P. Ortega asegura que este tratado 
pertenece al P. Melchor de Huélamo, 
apoyándose, sin duda, en el texto de 
Marrado en su Bibliotheca Mariana; 
pero todos los bibliógrafos cuyos nom- 
bres dejamos apuntados estímanlo como 
producción de nuestro don Diego; en 
vista de lo cual sospechamos nosotros 
si acaso coincidiría éste con el citado 
P. Huélamo en dar un mismo título a 
sus Discursos. 

4.^ «Sermones de Santos>. Murcia, 
1606. En 4.° 

5.^ «Sermones de Adviento». Ibidem. 

6.^ «De la Concepción inmaculada 
de Nuestra Señora». Ibidem. 

7.* «De la Expectación del parto de 
Nuestra Señora». Ibidem. 

8.^ «Sermón de la Cruz de Christo y 
del buen Ladrón». Ibidem, 1607. En 4.° 

9.^ «Sermón de la Natividad de 
Nuestra Señora». (Sevilla ?), 1608. En 4.° 

Fué predicado en Sevilla en el referi- 
do año de 1608 ante el limo. Cardenal 
y Arzobispo don Fernando Niño de 
Guevara e impreso por su mandado, 
según se dice en la portada. 



- 23 



10.* c Panegírico de N. S. P. San 
Francisco. Sevilla, 1608. En 4.° 

Y las siguientes manuscritas, cuya 
descripción más detallada reservamos 
para el lugar correspondiente: 

11.* cAegyptus Spoliata». Obra teni- 
da en alta estimación por Wadingo. 

12.* «Epístola Apologética a los Re- 
ligiosos de la Provincia de Cartagena». 
Alabada, también, por Wadingo y por 
don Nicolás Antonio. 

13.* «De la antigüedad y provecho 
de las librerías». Publicada reciente- 
mente por el docto Profesor de la Es- 
cuela Diplomática don Toribio del 
Campillo. Madrid, Viuda de Hernando, 
1888. 

14.* «Oración latina sobre la elec- 
ción de Ministro General» (1). 

15.* «Diálogo del Pintor Christiano» . 
Obra también muy celebrada por don 
Nicolás Antonio. 

16.* «Miscellanea segunda de Ora- 
ciones hasta la Purificación». 

17.* «Advertencias al Real Consejo 
de la General Inquisición acerca del 
Catálogo y Expurgatorio de los libros 
vedados que se mandan reveer». 

Obra, en concepto del referido P. Or- 
tega, la más insigne y erudita de cuan- 
tas trabajó el fecundísimo ingenio del 
P. Arce, y en donde más cumplidamen- 
te vino a poner de manifiesto la profun- 
didad, sutileza y robustez de su inteli- 
gencia en el conocimiento de todas las 
ciencias, artes y materias en que estaba 
instruido, «arguyendo un milagro de 
erudición y universalidad en tan doctí- 
simo maestro» (2). 



(1) Arce, Didacus de: Oratio ad Paires in cotnitiis a 
Gcneralibus Seraphi religionis B. P. N. Francisci Valliso- 
leti congrégalos, quce & religiosa disciplina; integritas, 
<§• óptima ministri Generalis electio sua detur. Anno 1593. 
En 4.» 

(Biblioteca Nacional.— Colee. Usoz, n.» 94%.— Falto de 
port) 

(2) En la Biblioteca de la Academia de la Historia se 
conserva, inserto en un sermonario manuscrito, de letra 



AscHER Ben Mohamad Ben Margia Alan- 

SAREO. 

Nació en Baeza, de noble estirpe, en 
el año de la Hégira 486, y fué durante 
algún tiempo residente en Murcia, don- 
de ejerció el cargo de Gobernador, así 
como también en las ciudades de Va- 
lencia y Granada, muriendo en la de 
Játiva, año de la Hégira 569, o sea a los 
ochenta y tres años de su edad. 

Tráelo Casiri como autor de una Co- 
lección de Leyes (Canonum Collectio- 
nemj, obra ilustrada con doctas anota- 
ciones, bien que no concluida. 

Bibl. Escur. Tomo II, pág. 112. 

AsTORHC (Sor María Angela). 

Nació en Barcelona, a primeros del 
mes de septiembre de 1592, de nobles y 
virtuosos padres, que lo fueron don Cris- 
tóbal y doña Catalina Astorhc. Habien- 
do quedado huérfana a la edad de cinco 
años, encargaron sus deudos y tutores 
su educación a una buena señora de Sa- 
rria, llamada Apolonia, merced a la 
cual pudo contar bien pronto la niña 
Jerónima (que tal fué su nombre en el 
siglo) con una esmerada instrucción en 
doctrina cristiana y Sagrada Escritura, 
así como también con grandes perfec- 
ciones y habilidades propias de su sexo. 
Tuvo siempre inclinación hacia el esta- 
do religioso; pero el haberse librado mi- 
lagrosamente de una mortal enferme- 
dad de tal manera decidió su vocación, 
que a pesar de las muchas dificultades 
que le opusieron sus parientes, entró a 
la edad de once años en el Convento de 
Santa Margarita la Real de Barcelona, 
donde a la sazón se hallaba su hermana 
Isabel Astorhc. 



de fines del siglo xvi, un sermón de Fr. Diego de Arce, 
11 — 2 — 7 ... 

"*«"• 4^ •''•^• 

Cfr. García Soriano: El humanista Francisco Cáscales. 
Su vida y sus obras. Estudio biográfico, bibliográfico y cri- 
tico... Madrid, 1924. Págs. 217-224. 



24 - 



Permaneció alli trece años, según ella 
misma escribe: siete de novicia, y seis 
de profesa, ejercitándose durante este 
último período en trabajos de predica- 
ción a las religiosas, y traducción de 
algunos escritos latinos, hasta que por 
orden de su Prelado el limo, señor 
don Luis Sanz, salió, en unión de cuatro 
de sus compañeras, para la fundación 
del convento de Nuestra Señora de los 
Angeles de Zaragoza, donde, ejerciendo 
sucesivamente los cargos de Maestra de 
Novicias, Vicaria y Abadesa, residió 
treinta años, al cabo de los cuales, y ya 
contando ella con la edad de cincuenta 
y tres, salió para la fundación del de La 
Exaltación del Santísimo Sacramento 
de MM. Capuchinas de la ciudad de 
Murcia, a 2 de junio de 1645. 

Era en tal sazón su confesor el señor 
don Alejo de Bojados y Sull, a quien 
principalmente se le deben todos los 
trabajos y toda la obra de dicha funda- 
ción, y a instancias del cual, siendo In- 
quisidor Apostólico del reino de Mur- 
cia, y habiendo ya obtenido todas las 
licencias y autorizaciones necesarias, 
pudo la venerable Madre Angela, en 
unión también de otras cuatro religio- 
sas, llenar el cumplimiento de su nuevo 
cometido, tomando la posesión en el día 
de San Pedro del referido año, con el 
mismo grande aparato y solemne pom- 
pa que días antes habíase desplegado 
en su recibimiento (1). 



(l) Acerca de este episodio de su vida, escribe el P. Ze- 
vallos lo siguiente; 

«Con este plausible aparato y solemne recibimiento, fue- 
ron conducidas a la ciudad (desde Espinardo) nuestras fun- 
dadoras; y después de haber visitado sus principales San- 
tuarios, y descansado de tan penoso camino, fueron depo- 
sitadas en la Iglesia Parroquial de San Bartolomé, de 
donde con el mismo aparato y acompañamiento ilustre, 
salió una solemnísima procesión, colgadas y entoldadas 
las calles, como se acostumbra en la festividad del Corpus, 
con plausible regocijo y música: llevaba el señor Deán de 
la Santa Iglesia de Cartagena, en una rica pulida custodia, 
el Sacramento Santísimo, cerrando la procesión. Inmedia- 
tas al Palio, las cinco Madres Fundadoras, cada una por su 
antigüedad, acompañadas y servidas de las primeras seño- 



En esta nueva casa, poblada al poco 
tiempo de muchas jóvenes murcianas, 
puede decirse que la Madre fundadora 
no experimentó otra cosa que tribula- 
ciones y sinsabores; pues amén de los 
achaques propios de su edad avanzada, 
y de las muchas fatigas y trabajos ane- 
jos a la estrecha observancia de su Ins- 
tituto, todavía quiso el cielo poner a 
prueba su resignación cristiana y quila- 
tar su fe, con otras muchas aflicciones 
y calamidades. Tales fueron, por ejem- 
plo, la de la peste de 1645, en que tuvo 
la desgracia de ver atacadas del conta- 
gio a seis de sus Hijas; la de la inunda- 
ción de 1651, día de San Calixto, en que 
tuvo la Comunidad que trasladarse, 
para vivir durante un año, a la casa de 
los PP. Jesuítas llamada Santa María 
del Monte, a una legua de Murcia y en 
el sitio llamado entonces Montaña de 
las Ermitas; y la de la ruina completa 
del Convento por causa de la segunda 
inundación de 1654, y en la que segunda 
vez tuvieron las Madres que ausentarse 
y habitar en el mismo destierro has- 
ta la reediñcación del mencionado edi- 
ñcio. 

Últimamente, en 1661, habiendo que- 
dado imposibilitada por la pérdida casi 
completa de sus facultades intelectua- 
les, vióse reemplazada en el cargo de 
Superiora por la Madre Sor Francisca 
Gertrudis de Béjar; y ya en este estado 
de postración y abatimiento hubo de 
permanecer hasta el último instante de 
su vida, que terminó feliz y santamente 
en brazos del Señor, el día 2 de diciem- 
bre de 1665, a los setenta y tres de edad 



I 
I 



ras de Murcia. En esta forma llegaron a su nuevo conven- 
to, y cantado el Te Deum por la Capilla de la Catedral, 
se colocó la custodia en su templo dedicado a la Exaltación 
de este divino Sacramento; y nuestra Venerable Madre 
María Angela, como Superiora, Fundadora y primera 
Abadesa, se entregó de las llaves de la Clausura, y entró 
en ella con sus cuatro Fundadoras..., quedando con esto 
ejecutada la función y fundación de este Convento de Ma- 
dres Capuchinas, día del Apóstol San Pedro del mismo 
año de 1645.» 



- 25 - 



y veinte de la fundación de su convento 
de Murcia. 

Inmediatamente a su fallecimiento, 
comenzó a formarse un proceso canóni- 
co relativo a las virtudes y milagros de 
esta Madre, ante el Ordinario el ilustrí- 
simo señor don Mateo Legassa Boguei- 
ro. Arzobispo Obispo de Cartagena. 
Posteriormente, en épocas diversas, 
han seguido haciéndose, en este senti- 
do, investigaciones y trabajos conside- 
rables, y continúan todavía en la actua- 
lidad, aunque sin resultado alguno de- 
cisivo. 

Dejó escritos, conforme al testimonio 
de su biógrafo el P. Luis Ignacio Zeva- 
llos, los siguientes trabajos: 

I.*' «Apuntamientos y cuenta de su 
conciencia». 

Son, tal y como los poseyó don Alejo 
de Bojados, primero, y el citado P. Ze- 
vallos, después, una especie de historia 
o vida de la venerable Madre, escrita 
por ella misma, bien que «sin orden ni 
concertada distribución», en distintas 
épocas y con diversa suerte. Comenzó a 
escribirlos en el convento de Barcelona, 
siendo su confesor don Martín García, y 
aunque quemados en un principio todos 
los que fué redactando durante el tiem- 
po de este su primer padre espiritual, 
reprodújolos después por mandato del 
segundo, y juntándolos con los que pos- 
teriormente tenía escritos, guardólos to- 
dos bajo un pliego cerrado con esta ins- 
cripción: Estos papeles son de concien- 
cia, nadie los lea, sino déselos cerrados, 
como están, a mi Confesor, si Dios dis- 
pusiere de mi vida. Extraviáronse tam- 
bién éstos, y enterado de ello el referi- 
do señor Bojados, y conociendo la faci- 
lidad con que la venerable Madre sabía 
reproducirlos, impúsole, a su vez, esta 
obligación, bajo estrecha obediencia y 
formal precepto, consiguiendo de esta 
manera obtener los preciosos materia- 



les, que en manos, luego, del menciona- 
do P. Zevallos, sirvieron para componer 
la vida de esta religiosa, tan célebre en- 
tre los murcianos. Contienen algunos 
pasajes inspirados, trozos que pueden 
ponerse al lado de los mejores escritos 
místicos, y muchas noticias curiosas e 
interesantes para Murcia, 

2.° «Directorio y práctica espiritual 
para la crianza y educación de las No- 
vicias, y modernas en la Religión, con 
advertencias útiles para ser perfectas 
Religiosas». 

Ms., de doce hojas, letra original muy 
metida y menuda. No ha llegado a nues- 
tras manos, pero sabemos por el P. Ze- 
vallos, que lo poseyó, ser este tratado 
una especie de compendio de los debe- 
res y prácticas religiosas, en que deben 
ejercitarse las Novicias para su aprove- 
chamiento espiritual y perfección en la 
pureza de su vida; como asimismo el 
hallarse sembrado de útiles consejos, de 
provechosas enseñanzas y de muchos 
rasgos de elocuencia, erudición y sabi- 
duría. Dedicólo su autora a las Maestras 
de Novicias. 

3.° «Regla y Constituciones del Di- 
vino Amor, para quien las quiera obser- 
var». 

Es, como el anterior, un tratado que 
la venerable Madre dejó formado para 
enseñanza y dirección de «las almas, y 
Religiosas profesas, que desearen subir 
al ápice de la santidad, proponiendo lo 
mismo que ella practicaba como Espo- 
sa de Sangre del Divino Cordero». Con- 
tiene siete breves Reglas con otras tan- 
tas Constituciones que las declaran re- 
lativas al Llamamiento de Dios al al- 
ma; Correspondencia del alma al divi- 
no llamamiento; Entrada del alma en 
soledad y desierto al trato con Dios; De 
la mayor perfección; De lo apurado de 
la perfección; De la misma materia; y 
Del amor a las llagas del Salvador, y 



— 26 - 



caridad de su coraBÓn con que las pa- 
deció: todas ellas esmaltadas con luga- 
res apropiados de la Sagrada Escritura, 
y escritas, según asegura su comenta- 
dor, «con teología tan alta, inteligencia 
de escritura tan perfecta, fervor de es- 
píritu tan de fuego, y sabiduría tan divi- 
na, que más parece infundida de Dios 
que adquirida, más aprendida en la ora- 
ción que en los libros, y más del cielo 
que de la tierra, siendo su misma auto- 
ra la que dijo de este libro: La Regla y 
Contituciones del Divino amor, escribí 
en cuaderno aparte: La que me enseñó, 
ilustrando mi entendimiento, mi Divi- 
no Señor, con inteligencia y especial 
ilustración. i 

A.° «Admirable Inventiva para avi- 
var el amor de Christo, con el exercicio 
de las virtudes, en su santo nacimiento». 

Ms, de 27 hojas escritas de su mano 
en la Cuenta de su Conciencia. Cítala 
el P. Zevallos, sirviéndole de título a 
uno de sus capítulos, y, según él, con- 
siste toda la idea ingeniosa de esta pro- 
ducción en ofrecer al Divino Niño en su 
nacimiento una preciosa cuna de cris- 
tal, en significación de su infinita sabi- 
duría, guarnecida de oro y de esmaltes 
azules, verdes y encarnados, con todo 
el aderezo necesario, y treinta y tres es- 
meraldas, doce rubíes, cuatro pirámides 
en los cuatro ángulos y un león sobre 
la cabecera con un corderillo manso 
grabado en su pecho: todo en sentido 
simbólico y como tema y motivo a un 
sinnúmero de jaculatorias, aspiraciones, 
afectos, coloquios, peticiones, adoracio- 
nes, acciones de gracias y alabanzas al 
Reciennacido. Concluye el tratado en 
los siguientes términos: 

«Y ofrezco este espiritual donativo y 
aderezo a sus Majestades, a eterna alaban- 
za de la Trinidad Santissima, y de mi divi- 
no humanado Niño, y para exaltación de 
nuestra Santa Fe, y augmento de el Culto 
Divino, para augmento de gracia a los Jus- 



tos e impetración de ella para los Pecado- 
res, conversión de los Infieles, y alivio de 
las Benditas Almas del Purgatorio, que 
gozen de la Gloria por todos los siglos.» 

5.*' «Monte de Piedad para alivio de 
las Almas del Purgatorio.» 

Ms. de ocho hojas, formando cuader- 
no aparte en sus Apuntamientos. Está 
dedicado al Corazón amante de Christo 
en la columna, y consiste el pensamien- 
to en presentar a tan sublime modelo de 
humildad, como un sagrado asilo o Mon- 
te Piadoso, a que deben dirigirse, y en 
que deben estar depositadas todas nues- 
tras oraciones y buenas obras, «para que 
con ellas, y por los méritos de Christo 
y el Patrocinio de su bendita Madre» 
sean aliviadas las almas de las penas del 
Purgatorio. 

«El coraQon de Christo padeciendo en la 
columna (escribe la autora) es todo el amor 
y recreo de mi coraron, y el thesoro de mi 
alma, en cuyo Divino Archivo tengo, con 
todos mis actos y obras, encerradas mis 
potencias, y assí en él he fundado un Mon- 
te de Piedad a favor de las Animas Bendi- 
tas, tomándole por Depositario, Protector 
y perpetuo Conservador de este Monte 
Santissimo.» 

6.° «Devoción a las cinco llagas de 
Nuestro Señor Jesu-Christo, para impe- 
trar el Divino auxilio en tiempo de pes- 
te, enseñada a mi alma por particular 
gracia.» 

Compuesta con motivo del contagio 
que añigió a la ciudad de Murcia en el 
año 1645, y se compone de algunos sal- 
mos, antífonas y una breve oración. 

7.° En los procesos hechos después 
de su muerte se hace mención también 
de una Letanía que compuso en latín, de 
Elogios y Alabanzas a ¿a Gloriosa Vir- 
gen, y esclarecida Madre suya Santa 
Clara; la cual agradó tanto al entonces 
Arzobispo de Zaragoza, que, según se 
dice, mandó imprimirla a su costa. 

De viva voz, además, y por manda- 



27 — 



to del limo, don Gaspar Gil, tradujo 
para sus compañeras las Madres, el li- 
bro titulado Vitae Patrum; comentó y 
parafraseó el salmo 44, que empieza: 
Ernctavü cor meuní verbum bonum; y 
compuso algunas pláticas y exhortacio- 
nes espirituales «que hacía en capítulos 
y fuera de ellos para las Religiosas». 

Algunos de estos escritos fueron a 
parar, en vida de su autora, a manos del 
referido limo, don Gaspar Gil, Obis- 
po de Vique; otros a las del doctor don 
Luis Vicente Arbués, y todos luego, a 
las de don Alejo de Bojados, de quien los 
heredó, estando ya difunta la venerable 
Madre, el tantas veces citado historia- 
dor de su vida Luis Ignacio Zevallos. 

Era, pues, como acabamos de ver, la 
venerable Madre Sor María Angela, ade- 
más de una santa y ejemplar Religiosa, 
una escritora notable y fecunda. No hay 
en ella el menor asomo de afectación ni 
de amaneramiento; escribe siempre con 
la sencillez y el candor de un alma de- 
vota, que sólo trata de revelar a sus con- 
fesores los más profundos sentimientos 
de su alma; sus palabras son, pues, la 
más pura y genuína expresión de su 
conciencia; su estilo, en general templa- 
do y sencillo, sólo cobra animación y se 
torna vehemente cuando implora los 
favores del divino Esposo o refiere las 
dulzuras y arrobamientos con que le 
asiste su infinita gracia; sentimiento en 
el cual se hallan inspirados sus mejores 
trozos y sus más ardientes cláusulas. 

El P. Zevallos, en su citada histo- 
ria, nos ha trasmitido muchas de ellas, 
y las Religiosas Sor Gertrudis de Béjar, 
Sor Eulalia Gómez y Sor Teresa Gálvez, 
escribieron también algunas noticias y 
relaciones curiosas sobre su amada Aba- 
desa. He aquí el retrato que nos hacen 
de ella: 

«La venerable Madre Sor María Angela 
Astorhc (dicen) fué de estatura mediana y 



proporcionada; sus facciones todas bien 
dispuestas; su color, blanco y encarnado; 
su semblante, agraciado y hermoso; sus 
ojos de color de cielo, zarcos, grandes y 
graves; su mirar, amoroso y apacible; las 
cejas, arqueadas, pobladas y rubias, como 
lo era su pelo, y con muy gracioso entre- 
cejo; la nariz, derecha y aguileña; la boca, 
sin improporción, algo grande; los pies, 
muy pequeños; los labios, gruesos, pero 
sin fealdad; las mexillas, llenas; el cuello, 
famoso y derecho, pero no sobrado; todo 
su cuerpo lleno, pero con débiles fuerzas, 
enfermo, assí por lo sangriento de sus ri- 
gores, como por el fuego y el ardor que el 
amor de Dios refundía en su corazón, que 
la hazia desfallecer, como a la Santa Espo- 
sa; y en una palabra concluye quien a to- 
dos horas la veía y trataba, que fué un 
compuesto admirable de todas las perfec- 
ciones de naturaleza.» 

Avala (Fernán Pérez de). 
Véase Pérez de Avala. 

AzpEiTiA Sáenz de Santa María (Tlustrí- 
siMo Sr. D. José Antonio). 

Natural de Torrecilla de Cameros en 
la Diócesis de Calahorra. A los veinti- 
dós años era ya Rector de Salamanca, 
siendo después Canónigo y Arcediano 
de Segovia, Auditor de la Rota, Obispo 
de Lugo en 12 de abril de 1814, consa- 
grado en 4 de julio siguiente, y última- 
mente Obispo de Cartagena desde 1825 
a 1840. 

Conocémosle como autor de un libri- 
to de Oraciones al Sagrado Corazón de 
Jesús, y de algunas Cartas Pastorales, 
de que daremos cuenta en nuestro Ca- 
tálogo de Impresos en Murcia. 

AzpuRú Y Jiménez (Don TomAs). 

A don Félix Latassa, principalmente, 
debemos las siguientes noticias referen- 
tes a este notable escritor del reino de 
Aragón, y residente no escaso tiempo 
en la ciudad de Murcia, donde fundó 
una Academia Jurídico -Práctica, allá 



- 28 - 



por los primeros años de la segunda 
mitad del pasado siglo. 

Fué de la ilustre casa de los Señores 
de Pradilla, y nació en Zaragoza el 17 de 
septiembre de 1713, siendo bautizado en 
la Parroquia de San Pablo. Estudió en 
la Universidad de su patria, y recibió 
en la misma el grado de Doctor en am- 
bos Derechos el 13 de junio de 1734. 
Trasladado a Madrid, ejerció la aboga- 
cía con extraordinario aplauso, cupién- 
dole también el alto honor de erigir en 
dicha Corte una Academia de Jurispru- 
dencia, que inauguró en 1742, y siguió 
fomentando hasta el de 1752, en que, 
habiendo sido nombrado Canónigo Doc- 
toral de la Santa Iglesia de Murcia, 
pasó a residir a esta ciudad, donde, 
como dicho queda y en las horas que 
le dejaban libre las graves obligaciones 
de esta Prebenda, estableció en su casa 
una Academia Jurídico-Práctica, con- 
forme a la de Madrid y con el mismo 
éxito y provecho para esta Facultad. 
Después fué promovido para la Audito- 
ría de la Sacra Rota Romana por la Co- 
rona de Aragón, y obtuvo luego las dig- 
nidades de Arcipreste de Daroca, de 
Arcediano titular de la Iglesia de Pla- 
sencia, de Tesorero de la de Tarragona, 
de Consultor de la Sagrada Congrega- 
ción de Ritos, de Encargado de los ne- 
gocios de S. M. Católica en Roma, y 
últimamente, de Arzobispo de Valen- 
cia, siendo además condecorado con la 
Real y distinguida Orden de Carlos III. 
«Este Monarca (añade el señor Latassa) 
como los Sumos Pontífices Clemen- 
te XIII y XIV, con toda Roma, le mani- 



festaron en repetidas ocasiones la esti- 
mación que les había merecido. Satis- 
fizo con ventajas los graves encargos y 
comisiones que se le fiaron, y su sabi- 
duría y destreza política supieron incli- 
nar más de una vez la balanza del Go- 
bierno hacia los intereses de su Corte.» 
Murió en Roma el 7 de julio de* 1772, y 
se mandó enterrar en la Capilla de 
Nuestra Señora del Pilar de la Iglesia 
del Real Hospital de la Corona de Ara- 
gón en esta Corte, grabando sobre su 
sepulcro una inscripción, cuyo comien- 
zo es: 

D. O. M. 

Thomae Azpuru Caesaraugüstano 

In Regia Matritensi Aula Advocato 

S. Cathedral Eccl. Cartaginen 

Canónico Doct... etc. 

(Siguen los títulos y dignidades de 
que queda hecha mención.) Escribió: 

1.° «Epístola Pastoralis ad Capitu- 
lum Clerum, et Populum Ecclesiae ac 
Diócesis Valentinae. Dat. Romae extra. 
Portam Flamineam 24 junii anno 1770.» 
Romae apud Salvioni. En 4.° mayor. 

Ibidem. Valencia, por Josef y Tomás 
Ortega, 1771. En 4.° mayor, de 22 págs. 

2.° «Adhortatio ad Parrochos, et Po- 
pulum Ecclesiae, et Diocoesis Valenti- 
nae.» Romae, apud Marcum Paleari- 
num, 1771. En 4.° mayor. 

3.° «Cuatro tomos de Decisiones de 
la Rota. > En folio. 

4.° «Un grande número de tratados, 
discursos, dictámenes y alegaciones fo- 
renses, impresas en diversos tiempos.» 

5.° «Muchos papeles de fina política 
e instrucción en sus asuntos». 



B 



Bacas (Don Gregorio). 

No nos consta que sea murciano. Sólo 
sabemos que fué Catedrático de Botáni- 
ca en Cartagena desde 1787 a fines del 
siglo y que estudió las plantas de aque- 
llas cercanías, según noticia que de ello 
nos da el señor Colmeiro en su erudita 
monografía titulada La Botánica y los 
Botánicos de la península Hispano-Lu- 
sitana, por quien también sabemos es- 
cribió una apología de la Botánica con 
el siguiente título: «Oración inaugural 
pronunciada en el Jardín Botánico de 
Cartagena», que se publicó en el Memo- 
rial Literario de Madrid correspondien- 
te al mes de noviembre de 1787. 

Barroso (Don Pedro). 

Conocido más generalmente en la 
historia de la literatura española con 
los nombres de Maestre Pero Gómez 
Barroso. Obispo de Cartagena; grande 
amigo y protegido de don Sancho IV y 
de su hijo don Fernando; cultivador, 
como el primero de dichos Monarcas, 
de la escuela literaria simbólico-orien- 
tal iniciada por el Rey Sabio, y varón 
de gran inñuencia seguramente en las 
letras murcianas, así por su importan- 
cia y alta dignidad como por su saber 
profundo. 

Nació en Toledo en los primeros años, 
sin duda, del último tercio del siglo xiii, 



siendo sus padres don Fernando Barro- 
so y doña Mencía Sotomayor. Después 
de conseguidas varias mercedes de los 
referidos Príncipes, obtuvo en tiempo 
de Alfonso XI, y por su gracia, el Prio- 
rato de Santa María de Guadalupe, sien- 
do ya Cardenal, como lo era desde 1327 
por el favor del Papa Juan XXII, con el 
título de Santa Práxedes; y en el mismo 
año, indudablemente, o en el siguiente, 
fué cuando tuvo lugar su elevación a la 
silla de Cartagena, que gobernó, cuan- 
do más, hasta 1331, y aunque otra cosa 
haya escrito, siguiendo a Amador de 
los Ríos, nuestro ilustrado amigo el se- 
ñor Baquero Al mansa en su breve Es- 
tudio sobre la Literatura en Murcia, 
donde supone que Maestre Pedro Ba- 
rroso fuera exaltado a la mitra de Car- 
tagena hacia 1320, cosa imposible, por- 
que entre los Privilegios reales existen- 
tes en el Archivo de esta Catedral los 
fechados desde la Era de 1354 a 1364 
(1316 a 1326) están expedidos por el Rey 
Alfonso XI a favor del Obispo donjuán; 
constando igualmente de los mismos 
fehacientes instrumentos que en 1332 
era ya Obispo de Cartagena don Pedro 
de Peñaranda. 

Ignoramos, pues, de dónde pudo sa- 
carse el sabio autor de la Historia Cri- 
tica de la Literatura Española, que 
nuestro Obispo Barroso lo fuese ya 
en 1320; porque ni en nuestro historia- 



30 - 



dor Cáscales, ni en Gil González Dávi- 
la, ni en el Catálog-o de los Prelados de 
la Iglesia Cartaginense, formado por 
don Dieg-o de Rojas y Contreras, uno 
de los más ilustres suyos, se dice seme- 
jante cosa; ni acertamos a comprender 
tampoco cómo pudo dejar llevarse de 
este error el citado amigo nuestro, da- 
dos sus indisputables y acreditados co- 
nocimientos en la historia literaria de 
nuestro fecundo país. Quisiéramos que 
tuviese él razón y que nos equivocáse- 
mos nosotros; porque residiendo en 
Murcia, como él dice, nuestro Obispo 
Barroso, una buena parte de su vida, 
más gloria de ello nos vendría a los 
murcianos; pero la verdad ante todo, 
tratándose, como se trata, de asuntos 
históricos. 

Ni es tampoco de gran necesidad para 
los efectos que pueden sernos de litera- 
rio interés el que nuestro don Pedro 
viviera en Murcia cinco o seis años más 
o menos; pues como queda indicado, 
por su dignidad y posición elevadas, 
por sus altas dotes de imaginación y 
talento, y siendo, como sin duda lo era, 
profundamente versado en las literatu- 
ras clásicas y de los Padres, es de supo- 
ner, y aun de tenerse por seguro, que 
hubo de influir grandemente en los áni- 
mos que en su tiempo y posteriormente 
dedicábanse en la región murciana al 
cultivo de las letras. 

Sin dar al olvido sus faenas literarias, 
como es de suponerlo, dando crédito a 
la tradición corriente entre literatos, de 
que escribió mucho, el Obispo Barroso 
tomó, estando en Murcia, muy buena y 
activa parte en las guerras contra los 
moros de Granada declaradas por los 
Reyes aliados de Aragón y Castilla, 
acarreándole esto, pero sin razón justi- 
ficada, algunos disgustos y desavenen- 
cias con los entonces inquietos y rece- 
losos murcianos, siendo precisa la in- 



tervención del Monarca para reducirlos 
a la obediencia y respeto debidos a tan 
dignísimo y celoso Prelado. He aquí 
cómo Cáscales nos refiere este hecho: 

«Estando ya en gracia del Rey y bien 
avenido donjuán Manuel, don Pedro Ba- 
rroso, Obispo de Cartagena, enojado de 
ver el daño y estrago que dexaban hecho 
por el reyno de Murcia los moros que bol- 
vieron de la frontera de Valencia, se re- 
solvió animosamente a salir contra los 
moros comarcanos del reyno de Granada; 
y para poner esto en ejecución se salió 
desta ciudad a verse con don Juan Ma- 
nuel y comunicar con él este intento, ha- 
biéndolo primero hecho saber al Rey, de 
quien era con grande extremo amado. Los 
vecinos de la ciudad, que supieron que el 
Obispo comunicaba con don Juan y tenía 
tratos con él, se alborotaron de manera 
que se conjuraron a no recebirle en la ciu- 
dad y despojarle la casa y usurparle los 
bienes. Quando el buen Obispo se vio ata- 
jado hubo de darles a entender su pensa- 
miento, cómo había ido a verse con don 
Juan para hacer con él y con la gente de 
Murcia una salida contra los moros, pero 
todo esto no fué parte para sosegar los que 
siempre quedaron con sospecha y recelo, 
hasta que vinieron cartas del Rey.» 

Van dirigidas al Concejo, Alcaldes y 
Jurados de Murcia, y en una de ellas 
decía el Monarca: 

«... sabiendo vos cómo el dicho Obispo 
es mi hechura y mi merced, y de quien 
mucho fío, y por ir él a recebir a don Juan, 
o verse con él, no debéis de tener duda ni 
sospecha ninguna, pues yo no la tengo; y 
así os mando que vista esta mi carta si te- 
néis hecho algún pacto contra el dicho 
Obispo le deshagáis y no uséis del en nin- 
guna manera, ni le embarguéis la entrada 
en Murcia ni le toméis cosa alguna de sus 
bienes; antes os mando que hagáis por el 
dicho Obispo todas las cosas que os dixere 
de mi parte, que fueren de mi servicio, y 
guarda desa ciudad, y no hagáis otra cosa 
so pena de la mi merced.» 

Esto pasaba en el año de 1330. En el 
siguiente era trasladado a la silla de Si- 
güenza, pasando desde allí a la ciudad 




- 31 - 



de Aviñón, ora por llamamiento del 
venerable Benedicto XII, ora porque 
estuviese cansado de las discordias in- 
testinas de Castilla, en que tantas ve- 
ces, por su autoridad y fama de docto, 
había intervenido. Permaneció algún 
tiempo en aquella Corte accidental, 
donde fundó un convento de religiosas 
dominicas bajo la advocación de Santa 
Práxedes, «para que rogassen y pidies- 
sen a la clemencia divina misericordia 
por su alma y por las de sus amigos y 
bienhechores»; y habiéndole más tarde 
sorprendido la muerte, fué sepultado en 
dicho monasterio en 1345. 

De todas sus obras sólo han llegado a 
nuestros días el Libro de los Conseios et 
Conseieros, especie de catecismo políti- 
co, escrito por el arte de los famosos 
orientales tan en boga entonces y casi 
con el mismo propósito de originalidad 
e intención didáctica que el Libro de los 
Castigos, de don Sancho, bien que limi- 
tando su asunto a más reducida esfera, 
aunque de mayor interés en sus aplica- 
ciones relativas, no ya a la educación 
de un solo Príncipe, sino a la enseñanza 
de todos los «reyes et de todos aquellos 
que tienen estado de onra et poderío». 

El ya citado Amador de los Ríos su- 
pone que esta obra fuese fruto de la 
juventud de Maestre Pedro, escribién- 
dola cuando aún no tenía dignidad algu- 
na eclesiástica; pero de ningún modo 
podemos creerlo así, por causa de que 
la tal producción no sólo revela madu- 
rez de juicio y experiencia de mundo, 
si que también largos estudios, copia de 
saber y grandes y profundos conoci- 
mientos escriturarios de autores y poe- 
tas griegos y latinos y de Santos Padres 
y Doctores de la Iglesia. 

Él mismo nos lo declara en el prólogo 
antes de demostrárnoslo en el texto: 

«Dis un sabio (observa) que en las cosas 
del mundo ninguna non es acabada com- 



plidamente. Et yo Maestre Pero, poniendo 
los oíos del cora(;on en esta palabra del 
sabio, et demás pensando que los omes en 
este mundo, por sabios et por entendidos 
et por poderosos que seyan, non pueden 
beuir en él syn el acorro et syn conseio 
unos de otros; et otrosí parando mientes 
en yerros et grandes peligros et muchos 
dannos por malos et falsos conseios, que 
se dan unos a otros, pugné estudiar con 
gran femen fia en muchos libros, et ayun- 
té rrassones et abtoridades de sanctos et 
de sabios, et fis este libro, que se ordena, 
por cuenta de seys ques más acabada que 
otro cuento. » 

Además, y por el testimonio del histo- 
riador sobredicho, en el capítulo XVIII 
de tan peregrino libro, donde se trata 
de quiénes deben ser admitidos y quié- 
nes rechazados para el conseio de pori- 
dat, pónese entre éstos a los mancebos 
«como gente inexperta y de no maduro 
juicio». Luego si Maestre Pedro lo era 
cuando escribía esto, claro es que él 
mismo hubiera desacreditado su obra, 
cosa a que en modo alguno podemos 
asentir. 

El Libro de los Conseios et Conseie- 
ros consérvase en un precioso Códice 
de la Biblioteca Nacional, bajo la mar- 
ca Bb-82, donde se hallan también el de 
los Consejos y documentos al Rey Don 
Pedro, del Rabbi don Sem-Tob, y el 
diálogo titulado Consolación de España. 

Bautista (Fray Anselmo). 

No sabemos positivamente la patria 
de este venerable, como tampoco el año 
de su nacimiento ni el de su muerte. 
Pero sí nos consta que floreció en el 
siglo XVII, que profesó la Orden del Cís- 
ter y que residió durante algún tiempo 
en el histórico Monasterio de Santa Ma- 
ría de las Huertas, de la ciudad de Lor- 
ca, dejando escritas las siguientes obras: 

1.^ «Relación de las vidas de San 
Sixto II, San Inocencio, Santa Flora vir- 
gen y San Dionisio».— Murcia, 1624. 



- 32 - 



2.* «De los milagros de Nuestra Se- 
ñora de Loreto».— Salamanca (1621?). 

3.^ «Arte de amar a Dios».— Ibidem, 
1621; y en Zaragoza, 1633.— En 16.° 

Belluga y Moncada (Emmo. Señor Car- 
denal). 

Insigne y virtuosísimo varón, a quien 
nunca agradecerán bastante los murcia- 
nos su ardiente caridad, su santo celo, 
sus enseñanzas y sus larguezas. Su altí- 
sima importancia en la historia religio- 
sa, política y literaria de España, y muy 
en particular de Murcia, merece bien 
que en él nos detengamos un poco, oyen- 
do a este propósito lo que sobre su vida 
escribió el no menos venerable Padre 
de la Congregación del Oratorio de Mur- 
cia, después Obispo de Orihuela y Arz- 
obispo de Valencia, don Simón López, 
de quien ya nos hemos ocupado en nues- 
tro anterior Catálogo. 

«Nació don Luis Antonio Belluga Monca- 
da y Torre en la villa de Motril, del reino de 
Granada, en la Andalucía, el 30 de noviem- 
bre de 1622 (1). Fueron sus padres don Luis 



(1) He aquí su partida de bautismo tal y como reciente- 
mente la ha mandado sacar nuestro distinguido amigo el 
señor Conde de Roche, quien ha tenido la amabilidad de 
facilitárnosla para su inserción en estos Estudios. 

«Don Antonio Fiestas y Hernández, Cura propio de la 
Iglesia Mayor Parroquial de esta Ciudad, Certifico: Que en 
libro diez y seis de Bautismos de la misma, folio cinquenta 
y uno, se encuentra la siguiente Partida. | En la Ciudad de 
Motril a treinta dias del mes de noviembre de mil seis cien- 
tos sesenta y dos años. Yo el Lie.**" Diego Rodríguez de 
licencia del Lic.*^" Pérez, Cura de esta Ciudad, Bauticé a 
Luis hijo de D. Luis Belluga y de D.^ María del Castillo su 
muger. Fueron compadres D." Juan Belluga Regidor de 
esta Ciudad y familiar del Sto. Oficio, y D.^ Antonia de 
Escabias su muger, testigos Antonio Pérez, Manuel de 
Mora y Joseph de Lucena vecinos de esta Ciudad = Lic.'^^ 
Fernando Pérez = El Lic.*^° Diego Rodríguez. 

Al margen de esta Partida se encuentran las notas 
siguientes: Fué Colegial mayor en Sevilla = Canónigo 
Magistral de Zamora = Canónigo Magistral de Córdoba y 
Obispo de Cartagena y Murcia = LIc.^° Picardo. 

Fué asimismo Cardenal de la Sta. Iglesia Romana = Ju.° 
Montero, Cura. 

Creado por el S. Clemente 11 en consistorio secreto a 
nueve de noviembre de 1719. Y electo Protector de España 
por el señor Phelipe V en el año de 1726 = lÁcA° Soriano 
Cura. 

Murió S. E. en 22 de febrero de 1743 viernes al toque del 
Ave María y estuvo tres días Insepulto con maravilloso 



de Belluga Moncada y Torre y doña Ma- 
ría Francisca del Castillo López de Haro, 
ambos de las más ilustres familias de Ca- 
taluña, Castilla y Andalucía. 

»Don Luis Antonio, con dos hermanas 
que tenía, quedó huérfano muy niño, y 
bajo la tutela de una tía suya: hizo sus pri- 
meros estudios de Humanidades en su pa- 
tria, bajo la dirección de los Religiosos 
Mínimos de San Francisco de Paula. Des- 
de luego se conoció su aplicación a las 
letras, y a la Iglesia; por lo cual a los 7 años 
lo ordenó de Tonsura el señor Arzobispo 
de Granada. El 22 de diciembre de 1678 
entró en el Colegio mayor de los Santos 
Apóstoles S. Bartolomé y Santiago de esta 
ciudad, para continuar los estudios mayo- 
res de Filosofía y Teología, en los cuales 
sobresalió mucho a sus condiscípulos, y se 
distinguió en el talento para predicar, en 
aquellas tentativas que hacen los colegia- 
les según el instituto del Colegio. Llamá- 
banle sus condiscípulos, o por burla o de 
veras, el santillo: tales debían de ser sus 
costumbres aun en aquella edad tan vi- 
driosa. 

»De esta Universidad, en que ya se había 
hecho admirar su talento y aplicación, pasó 
a la de Sevilla, al Colegio mayor de Santa 
María de Jesús, el 30 de enero de 1686, y 
recibió los grados de Bachiller y de Doctor 
en Teología el 15 y el 28 de abril del mismo 
año. Pocos meses después vacó la Magis- 
tral de Córdoba, a la que se opuso y no 
obtuvo; pero dio bien a conocer sus talen- 
tos en los ejercicios literarios, como tam- 
bién en la oposición que hizo a la Magis- 
tral de Coria, cuyo Obispo quedó muy sen- 
tido porque no se le daba a sujeto tan 
benemérito, y lo animó para que fuese a 
oponerse a la Lectoral de Zamora. Con 
efecto, fué electo Canónigo Lectoral de 
esta última el 31 de enero de 1687, a los 
24 de su edad y recién ordenado de Sa- 
cerdote. 

•Aquí entabló desde luego una vida 
ejemplar, así en la asistencia al coro, como 
en lo demás de su conducta verdadera- 
mente eclesiástica. En los dos años que 
permaneció en esta Santa Iglesia, fundó la 



olor. Dijo la hora de su muerte y estuvo flexible hasta que 
lo enterraron, y ha mandado Su Santidad se le haga proce- 
so. Se enterró en San Felipe de Neri de Roma. := 

Es copia literal. Motril trece de mayo de rail ocho cientos 
ochenta y seis =» Antonio Fiestas y Hernández.» ■ 



I 



33 - 



Hermandad de Jesús, María y José, con 
doce Hermanos, él uno de ellos; y movió 
los ánimos para fundar Congregación del 
Oratorio, aunque no tuvo efecto, porque 
sus rentas no alcanzaban; y los arbitrios del 
producto de unas corridas de toros, y de 
cuatro títulos de Castilla, que le ofreció la 
Ciudad, no se acomodaban a la moral del 
nuevo canónigo; como ni tampoco la do- 
nación de una señora viuda rica, pero 
adeudada. Pague usted primero, la dijo, 
sus deudas, y entonces admitiré su manda. 
«Entretanto vacó la Lectoral de Córdo- 
ba, y aunque su Obispo de Zamora lo que- 
ría mucho, y le había hecho su visitador 
general, le mandó expresamente que pasa- 
se a oponerse a esta Prebenda. Hízolo por 
obedecer, y la obtuvo en 5 de noviembre 
de 1689. Aquí, sin más rentas ni recursos 
que su Prebenda y su fe, con muchas con- 
tradicciones, que después se convirtieron 
en aplausos y estimación, fundó la Con- 
gregación del Oratorio el 15 de septiembre 
de 1696. Hízose recibir por uno de sus Con- 
gregantes, y vivió siempre con ellos, y fué 
su Prefecto muchas veces, observando per 
fectamente el Instituto, sin faltar por eso 
en un ápice al coro y demás obligaciones 
de su Catedral en los quince años que re- 
sidió allí. 

«Habiendo llegado a oídos de Felipe V 
la fama de sus virtudes y doctrina, le nom- 
bró para el Obispado de Cartagena a los 
cuarenta años de su edad. Asustóse la hu- 
mildad del Lectoral con esta honra; y para 
que la aceptase, fué menester un mandato 
expreso de su Prelado, el Cardenal don 
Fray Pedro de Salazar, del Orden Calzado 
de la Merced, junto con el de su Confesor, 
el V. Padre Francisco de Posadas, del Or- 
den de Santo Domingo. Consagróle el 
mismo Cardenal y Obispo el 19 de abril 
de 1705, y al punto se puso en camino 
para su Diócesis, de la que tomó posesión 
en Murcia el 8 de mayo siguiente. Y abre- 
viando ceremonias y cumplimientos, co- 
menzó el ejercicio de su cargo por el buen 
orden de su Palacio, persuadido de que, 
quien no sabe gobernar su casa y familia, 
mal podrá cuidar de la Iglesia de Dios. Su 
Palacio parecía una Comunidad religiosa. 
Todas las mañanas a las siete se tocaba la 
campana para la oración, a que concurría 
toda la familia, leyendo su Ilustrísima los 
puntos de meditación por el P. Molina, o 



por el P. Rodríguez, u otro libro espiri- 
tual. Duraba la oración hasta las ocho: 
se reconciliaba, decía Misa, daba gracias 
oyendo otra, tomaba un lijero desayuno, 
cuando no ayunaba, y se retiraba al estu- 
dio hasta medio día, sin interrumpirlo, 
sino para dar audiencia a cuantos le bus- 
caban, sin negarse a nadie; pero ciñéndo- 
se a lo preciso del negocio. La comida era 
frugal, y solamente la misma que se daba 
a toda la familia, con la cual comía siem- 
pre, leyendo entretanto un page algún li- 
bro espiritual, o vidas de santos Prelados. 
Seguíase un poco de quiete y algo de re- 
poso hasta las dos. 

> A esta hora solía salir al campo o huer- 
ta, donde se entretenía con explicar la 
doctrina a los niños, y a la gente pobre, y 
dar limosnas. Retirábase temprano, y que- 
ría que todos sus familiares estuviesen 
precisamente en Palacio a las oraciones. 
Seguía su estudio, o audiencia hasta las 
ocho, que se tocaba a oración hasta las 
nueve, concluyendo con el Rosario y Le- 
tanía de nuestra Señora. Acabada la ora- 
ción volvía su Ilustrísima al estudio hasta 
cerca de las doce que tomaba una ligerísi- 
ma cena, y se recogía a descansar. Todos 
los años hacía con su familia los ejercicios 
de San Ignacio, o en su Palacio, o retirán- 
dose todos a alguna casa religiosa. Este 
tenor de vida guardó siempre sin alterar- 
lo sin gravísima necesidad. Ningún fami- 
liar había de pretender nada, siendo del 
cuidado de su Ilustrísima, el remunerar a 
cada uno, según el mérito, el talento y la 
virtud. Ninguno había de salir de casa sin 
pedir licencia; ni dejar de decir Misa to- 
dos los días los Sacerdotes: los demás co- 
mulgar dos veces a la semana, y la familia 
baja cada ocho días. Asistía siempre que 
podía a la Escuela de Cristo, predicaba en 
ella, y hacía los ejercicios de banquillo y 
demás mortificaciones. 

»En orden al cuidado de sus ovejas, re- 
solvió desde luego visitar su Obispado to- 
dos los años por tiempo de seis meses, y 
cumplir exactamente cuanto encarga so- 
bre esto el Santo Concilio de Trento. Por 
el mes de octubre de este mismo año pri- 
mero de su gobierno, había ya comenzado 
la visita, cuando se vio precisado a inte- 
rrumpirla (por la siguiente causa). 

»Las tropas imperiales, que disputaban 
a Felipe V la Corona habían penetrado 

3 



- 34 



por Barcelona y Valencia, llegaron a Ali- 
cante, y se acercaban al reino de Murcia. 
Con esta ocasión, nuestro Prelado suspen- 
de la visita, y publica luego un excelente 
manifiesto, en el cual prueba con razones 
sólidas el derecho incontestable del Mo- 
narca a la Corona de España, y la obliga- 
ción de todos sus vasallos a obedecerle y 
defenderle: exhorta igualmente a todos 
sus diocesanos a tomar las armas, para 
vengar los ultrajes que las tropas enemi- 
gas hacían a la religión en Alicante y Ori- 
huela, profanando los templos, despeda- 
zando las sagradas Imágenes, violando las 
esposas de Jesucristo y arrojando por los 
suelos a este Señor Sacramentado. Tuvo 
tan buen efecto esta pastoral, que en con- 
secuencia se alistaron más de tres mil 
hombres entre milicias y paisanaje; y po- 
niéndose a la frente su Obispo, acometie- 
ron al enemigo y le obligaron a retirarse 
con pérdida. También consiguió que se 
rindiese la plaza de Cartagena, ocupada 
de tropas inglesas, sin que se llegara al 
abance, que tenía mandado ya el Duque 
de Bervich, general de las tropas españo- 
las. Dio el Obispo cuenta al Rey de lo eje- 
cutado; quien se dio por muy servido; 
mandó se reimprimiese el Manifiesto del 
Obispo, para instrucción del pueblo, y en 
premio le nombró Virey y Capitán Gene- 
ral del reino de Valencia el 11 de julio 
de 1706, enviándole al mismo tiempo al 
Mariscal don Daniel Mahoni, con un regi- 
miento de Dragones, diciéndole: Te envío 
a militar bajo un general santo. Cuyas 
dignidades no aceptó, sino después de una 
orden expresa del Nuncio del Papa. 

»Por este tiempo quiso también Dios 
manifestar a nuestro limo, cuánto le agra- 
daba que peleare tan vigorosamente por 
la Religión y por la Patria, con la voz y 
con la pluma (que estas eran las armas que 
manejaba este general). Llorando una 
Imagen de yeso, de medio cuerpo, de 
nuestra Señora de los Dolores, que tenía 
en su casa un buen hombre, llamado Fran- 
cisco López, partido de Monteagudo, en la 
huerta de Murcia; en cuyas cercanías se 
hallaba a la sazón con sus tropas el Obispo 
general, y fué testigo, con otros infinitos, 
del sudor milagroso, repetido por tres ve- 
ces en el espacio de diez horas, los días 8 
y 9 de agosto de 1706, al mismo tiempo que 
los herejes estaban en Alicante ultrajando 



lo más santo de la religión. S. I., después 
de las diligencias convenientes, lo declaró 
milagroso, y mandó se llevase la sagrada 
Imagen a la Catedral, y se colocase en la 
capilla de San Andrés, y se guardase como 
en depósito, hasta que la Congregación 
del Oratorio, que meditaba fundar, tuviese 
Iglesia correspondiente, donde fuese colo- 
cada como titular; cuyo depósito aceptó 
formalmente el Ilustrísimo Cabildo a 25 de 
agosto de 1706; obligándose a entregarla a 
su tiempo a la Congregación, a quien el 
señor Obispo la donó, como consta del 
auto proveído por S. I. en 14 de diciem- 
bre de 1715. 

»Este suceso inñamó de nuevo el celo de 
nuestro Prelado por la Religión, y por la 
Patria, y exhortó patéticamente a las tro- 
pas y al pueblo, a juntar sus lágrimas con 
las de la Virgen, para desenojar a la Divi- 
na Justicia. Y para más bien obligar a 
Dios, ordenó que se hiciesen tres días de 
ayuno en la semana siguiente; que se ex- 
pusiese el Señor todos los días en diferen- 
tes Iglesias de la Capital, y se preparasen 
todos para confesar y comulgar dignamen- 
te. La misma orden dio para todos los 
pueblos del Obispado. El efecto fué reti- 
rarse el enemigo, y dejar libre el Obispa- 
do y al Obispo, para continuar éste en la 
visita y demás ejercicios privativos de su 
carácter, 

> Entretanto vacó el Obispado de Cór- 
doba, y se verificó la profecía que le hizo 
el Eminentísimo Salazar al despedirle para 
el Obispado de Murcia, diciéndole: Vaya 
V. S. I. y sepa que en todo será mi sucesor; 
porque luego le nombró el Rey para aque- 
lla Mitra. Pero la renunció juntamente 
con el Generalato, y aun hizo voto de no 
admitir en lo sucesivo Dignidad alguna 
que le impidiese la residencia; reserván- 
dose solamente la gracia del Rey, para 
valerse de ella en beneficio de la Iglesia y 
del Estado, como sucedió muchas veces. 
Contento con su Silla de Cartagena, sólo 
pensó en hacerse útil a los pueblos, que la 
divina Providencia le había confiado, y en 
copiar en sí las cualidades que el Apóstol 
San Pablo, y el Sagrado Concilio de Tren- 
to dicen, debe tener un Obispo. No miraba 
la Dignidad como honra, sino como car- 
ga. Había sido su vocación como la de 
Harón, y así fué también su desempeño. 

«Aplicóse todo a la santificación de sus 



35 - 



ovejas. No tenía un instante ocioso. Era su 
estrivillo ordinario decir: molino parado, 
no gana maquila. Promovía la disciplina 
eclesiástica y la reforma universal de cos- 
tumbres, no sólo con decretos particula- 
res de visita, sino también con Edictos ge- 
nerales, imponiendo penas pecuniarias o 
espirituales según la calidad de las perso- 
nas y de los excesos. Cuando su autoridad 
y sus exhortaciones no alcanzaban, acudía 
al Rey y a sus Ministros, sin dejar piedra 
por mover hasta conseguir el fin propues- 
to, una vez asegurado de que era del ser- 
vicio de Dios. Se lo comía el celo de la 
honra y gloria del Señor. Todo lo quería 
remediar, y para ello empleaba los más 
eficaces medios. De aquí tantos edictos y 
cartas pastorales contra los trajes y ador- 
nos profanos, contra bailes y comedias, 
usuras y juegos de naipes; sobre la paga 
de diezmos; sobre las confidencias testa- 
mentales; sobre la observancia de los días 
santos; sobre la reverencia en los templos 
y funciones sagradas; sobre la asistencia 
a la Misa Parroquial; sobre el abuso de los 
Oratorios privados; sobre enmascarados 
nazarenos, representaciones de Santos o 
de Misterios; sobre todas las obligaciones 
de los Curas, de los Confesores, de los 
Predicadores, y sobre la disciplina del 
clero, etc. 

»De aquí tantas fundaciones piadosas 
para perpetuar el fruto de su celo, en Co- 
legios, Seminarios, Hospicios, Hospitales; 
dotes para doncellas, limosnas para cárce- 
les, pensiones para misiones y doctrinas, 
montes de piedad, etc., que sería largo 
nombrar. Pero digamos algunas, aunque 
nos detengamos un poco. 

«Agradecida la Ciudad de Orihuela al 
servicio que la hizo rechazando de su Obis- 
pado las tropas imperiales, cedió a S. I. un 
terreno como de cuatro leguas, inculto, 
lagunoso y enfermizo. Lo desaguó, lo des- 
montó, y lo hizo fructífero con inmensos 
gastos y trabajo. En el espacio de doce 
años se emplearon en esto más de ciento 
veinte mil pesos: fundando allí tres villas 
con tres Iglesias Parroquiales, y tres Curas 
dotados competentemente. Esta es la hipo- 
teca principal de las famosas fundaciones 
siguientes (casi todas ellas en Murcia): 

»l. Una casa de niños Huérfanos y Ex- 
pósitos; la cual era antes teatro de come- 
dias, y la compró S. I. a la Ciudad, para 



convertir en ejercicio de caridad, lo qué 
era incentivo de lujuria. 

>2. Una casa de Niños Huérfanos de 
siete a doce años, para doctrinarlos y en- 
señarles oficio. 

»3. Una casa de niñas Huérfanas y ex- 
pósitas. 

»4. Otra de Niñas huérfanas de la mis- 
ma edad para enseñarlas también la doc- 
trina y labores propias de su sexo. 

»5. Un Colegio de educandas, donde 
pudiera haber hasta 160, con un Convento 
de Monjas contiguo para su educación, 
con la advocación de Nuestra Señora de 
los Dolores, bajo la regla de Nuestra Se- 
ñora de la Enseñanza: sujetas al Ordi- 
nario. 

»6. Una casa para recoger las mujeres 
escandalosas. 

»7. Un Hospicio de Albergo para reco- 
ger los pobres mendigos. 

>8. Más de treinta montes píos frumen- 
tarios para todas las ciudades, villas y lu- 
gares del Obispado de Murcia y Orihuela. 

»9. Una sala para convalecientes en el 
Hospital de San Juan de Dios, con camas 
y regalo conveniente. 

»10. El Seminario episcopal de San 
Fulgencio, fundado ya por el Ilustrísimo 
señor don Sancho Dávila en 19 de Agos- 
to de 1592, lo decoró y amplificó mucho, 
aumentando sus rentas, y dotando dos cá- 
tedras de Derecho civil y canónico, que no 
tenía. 

»11. Fundó también de nuevo el Cole- 
gio Seminario de San Isidoro, de veinte 
Teólogos los más selectos del Obispado, 
con una pieza separada de cuarenta apo- 
sentos, con menaje correspondiente, para 
que los directores del Seminario diesen 
los ejercicios a los ordenados y demás 
eclesiásticos que mandase el señor Obispo. 

»12. Otro Colegio Seminario de San 
Leandro, de veinte y cuatro infantes para 
servicio de la Catedral e instruirse en el 
canto llano y figurado. Con dotación tam- 
bién allí mismo para un Aniversario por 
su Ilustrísima; y para celebrar solemne- 
mente todos los años la octava de la Purí- 
sima Concepción, y fiesta de los Dolores 
de nuestra Señora. 

«Asimismo más de veinticuatro dotacio- 
nes y memorias piadosas: 1. Para rezar las 
horas canónicas en las seis Parroquias de 
Yecla, Cartagena, Almansa, Albacete, 



- S6 



Hellín y San Bartolomé de Murcia . = 

2. Para diferentes escuelas gratuitas de ni- 
ños y niñas, en las ciudades de Murcia, 
Cartagena y Lorca, su huerta y campo. = 

3. Para Botica de valde a los pobres de 
Murcia y su huerta. = 4. Para aumento de 
camas en los tres Hospitales de Cartage- 
na, Lorca y Chinchilla, y socorro de en- 
carcelados en estas ciudades y en la de 
Murcia. = 5. Para rescate de cautivos, es- 
pecialmente niños, niñas y mujeres. = 
6. Ocho pensiones en dinero de 200 duca- 
dos cada una a ocho Comunidades Reli- 
giosas del Obispado, para que de cada 
una salgan todos los años dos Religiosos 
graves, doctos y celosos; los ocho a hacer 
misiones por toda la Diócesis, y en las 
galeras de Cartagena, por seis meses; y 
los otros ocho, por el mismo tiempo, a re- 
correr la huerta y campo, ermitas, luga- 
res y aldeas de todo el Obispado, catequi- 
zando a los niños e instruyendo y confe- 
sando a las pobres gentes y a los moriscos 
de la costa. = 7. Para mantener dos Padres 
en la Congregación de Villena. = 8. Para 
tres Capellanías no colativas en la Congre- 
gación de Córdoba. = 9. Para recojer e 
instruir las mujeres castigadas, ya por la 
Inquisición por hechiceras o embusteras. 
10. Para aumento de seis cátedras en la 
Universidad y Colegio mayor de Santa 
María de Jesús de Sevilla. 

«También hizo algunas fundaciones en 
su patria, Motril, cuales son: el Colegio de 
San Luis Gonzaga, el Seminario de San 
José para estudios mayores, la Colegiata 
erigida en la Parroquial, con una magnífi- 
ca Capilla dedicada a nuestra Señora de 
los Dolores, bien alhajada, y con el servi- 
cio de tres Capellanes, y un monte pío fru- 
mentario para los pobres labradores. 

»Todas estas fundaciones y memorias 
piadosas, con las constituciones y reglas 
prudentísimas, que S. I. formó para ellas, 
fueron aprobadas y confirmadas por el 
Santo Pontífice Benedicto XIV, por su 
Breve de 15 de octubre de 1741, y por el 
Rey Felipe V, bajo cuya protección las 
puso todas el Obispo para su mayor sub- 
sistencia, como también la Congregación 
de Oratorio de Murcia, de la cual es preci- 
so hablar con alguna mayor extensión, por 
haber sido ésta la predilecta de S. I, 

> Luego que vino el señor Belluga a Mur- 
cia, como tan amante del Instituto, que lo 



había fundado en Córdoba, y había sido su 
hijo, aplicó su atención a erigir la Congre- 
gación en esta ciudad. Compró sitio, fabri- 
có casa, proporcionó Iglesia, la Ermita de 
San José, compró varias posesiones en la 
huerta y campo de Murcia y Cartagena, 
para que sirviesen de dotación, hizo venir 
de la Congregación de Valencia a su Pre- 
pósito, que lo era entonces el V. P. Juan 
Bautista Verge, bien conocido por su ta- 
lento para las misiones y por aquel su li- 
brito de oro, reimpreso ya más de cincuen- 
ta veces, Meditaciones Quotidianas. Con- 
firió con él todo el negocio, y dio facultad 
a dicho Padre y a otros tres Presbíteros, 
y un Diácono, que habían ya empezado a 
practicar de antemano los ejercicios del 
Oratorio en la Ermita de San José, para 
que se juntasen, y presididos del P. Ver- 
ge, eligieren Prepósito con arreglo a las 
Constituciones. Habiéndolo ejecutado así 
el día 5 de abril de 1713, recayó la elección 
en el Prepósito de Valencia, quien no la 
admitió sino por seis meses, y en enco- 
mienda, por urgirle la vuelta a su Congre- 
gación y juzgar este tiempo bastante para 
enseñar la práctica del Instituto a los nue- 
vos Congregantes. En seguida se nombra- 
ron los demás oficios, inclusos los de los 
hermanos legos, de los cuales había dos 
solamente. Y el día 7 de abril del mismo 
año, Viernes de Dolores de nuestra Seño- 
ra, se celebró y solemnizó la fundación de 
la Congregación con Misa y Sermón, que 
predicó por mañana y tarde el nuevo Pre- 
pósito, asistiendo a todo el Ilustrísimo 
Fundador, con gran consuelo y júbilo de 
toda la ciudad. Desde entonces quedó eri- 
gida la Congregación y empezó a practi- 
car los ejercicios, y sigue constantemente. 
El siguiente año la impetró el mismo Ilus- 
trísimo Señor Fundador y Congregante, 
dos Bulas de Clemente XI, la una de con- 
firmación y aprobación con las indulgen- 
cias y gracias consiguientes, y la otra de 
comunicación de privilegios y gracias con 
la de Roma. También la hizo S. I. dona- 
ción de su Librería, que tenía en Palacio, 
de más de cuatro mil volúmenes, y de los 
cuerpos de los Santos Mártires San Celes- 
tino y San Benedicto, con sus urnas. 

«Parece increíble que tuviese fuerzas y 
dinero para atender a tantas cosas a un 
tiempo, si no se supiera su actividad para 
el trabajo, su gran capacidad para manejar 



- 37 - 



los negocios y la economía que guardaba 
en todo lo que tocaba a su persona, hasta 
vender las muías del coche. Además se 
vio concurrir con sus milagros la Provi- 
dencia, de que son buenos testigos las vi- 
llas de Yecla, Almansa, Villena y Jumilla, 
los años de la guerra y el de la langosta; 
que estos azotes, y el de la peste, quiso 
Dios que padeciese en su tiempo el Obis- 
pado; lo que fué ocasión para que resplan- 
deciese más la fe y la caridad de su Obispo. 

»Se ha dicho cuánto hizo por la reforma 
de las costumbres y de la disciplina de su 
Diócesis; pero su celo no se contentaba 
con esto. Puede decirse de él, como de 
San Pablo, que se cargó con el peso de 
todas las Iglesias. Para atajar la relajación 
de las costumbres que se iba introducien- 
do con la anchura de las opiniones mora- 
les, compuso e imprimió el año de 1717 un 
excelente libro, en el cual prueba con eru- 
dición y solidez la insubsistencia de los 
principios probabilísticos y los males que 
de su uso debían temerse en las concien- 
cias de los fieles: dice que las sumas mo- 
rales de pocos años a esta parte están todas 
atestadas de estos falsos principios, y de 
resoluciones, según ellos, perniciosísimas: 
extractó de un solo Casuista (el Padre To- 
rrecilla) 334 proposiciones; y juntamente 
con otros Obispos de España delató las 
obras, de dónde las había sacado, y las 
proposiciones al Sumo Pontífice Clemen- 
te XI pidiendo condenara unas y otras. Al 
mismo tiempo, porque tales proposiciones 
y otras semejantes no se hallaban sola- 
mente en el expresado, sino en otros mu- 
chos Sumistas, pedía se prohibiesen todos 
los que de éstos hubiese en lengua vulgar; 
y el que ninguno, sin licencia expresa del 
Papa o de la Inquisición, se atreviese a 
interpretar en adelante las proposiciones 
condenadas por la Silla Apostólica; por- 
que sucedía que muchos con ese pretexto 
o eludían la condenación o enseñaban peo- 
res relajaciones que las condenadas. 

»Para la reforma de la disciplina cristia- 
na y eclesiástica hizo repetidas instancias 
al Rey con escritos sólidos y eruditos, ma- 
nifestando a S. M. todos los abusos que 
pedían remedio, y sugiriendo las provi- 
dencias convenientes. Y tenía S. I. el con- 
suelo de encontrar siempre el corazón del 
Rey benigno para oirle, y propenso a coo- 
perar a cuanto su buen celo por la Religión 



y su fidelidad por el Monarca le proponía, 
como se vio en infinitos lances, y particu- 
larmente por aquella carta circular de 11 
de marzo de 1715 a todos los Prelados de 
España. Entonces nuestro celoso Obispo, 
lleno de júbilo, al ver la Religión y la cle- 
mencia de su Monarca, reproduciendo lo 
que había representado en 26 de marzo 
de 1708, y en otras ocasiones, le satisfizo 
en una de más de veinte pliegos, mani- 
festando ¿os males y los remedios condu- 
centes para cada uno de ellos. Acaba su 
carta insistiendo en que sobre todo excite 
S. M. a los Obispos a que celebren Conci- 
lios Provinciales y Sinodales como lo man- 
da el Tridentino, por ser el mejor medio 
de reformar la disciplina cristiana y ecle- 
siástica, mayormente interponiendo la 
real protección, para vencer los obstácu- 
los, y llevar al cabo los decretos de los 
Concilios. Con fecha de 15 de enero de 1714 
en Jorquera, había hecho otra representa- 
ción al Rey sobre que exhortase a los Obis- 
pos a las fundaciones de Seminarios y Co- 
legios para ordenandos, y para la educa- 
ción de niñas, especialmente nobles. 

>Supo S. I. que los Jansenistas difun- 
dían la voz de que los Obispos de España 
no habían recibido ni obedecido la Bula 
Unigenitus, ni podían haberlo hecho, pues- 
to que no la habían examinado; y luego 
nuestro Obispo para quitar todo pretexto 
a los enemigos de la Iglesia, y para des- 
mentirlos, junta su Cabildo y demás clero 
el día 29 de junio de 1718, y con toda so- 
lemnidad protexta que recibe dicha Bula, 
y que la venera y obedece, como si fuera 
dimanada del mismo San Pedro, o de 
Cristo. Y con la misma fecha escribe a 
Clemente XI, dándole noticia de todo, y 
asegurándole la adhesión que asi él, como 
todos los Obispos de España, han tenido 
siempre a la Silla Apostólica, cuyos decre- 
tos tocantes a la fe y costumbres, y dirigi- 
dos a la Iglesia Universal, jamás han juz- 
gado que deben examinarlos, sino obede- 
cerlos. Al mismo tiempo prueba esto con 
mucho peso de autoridad y de razón. 

» Notorio es lo que trabajó sobre que se 
declarase la omnímoda jurisdicción que 
por derecho compete al Obispado de Mur- 
cia sobre las cinco Vicarías de las Orde- 
nes Veas, Segura, Yeste, Caravaca y To- 
tana. Su fortaleza episcopal era igual a su 
celo y a su caridad. Pero un celo y una 



38 



fortaleza evangélica, regulada por la pru- 
dencia y la dulzura cristiana. Daba a Dios 
lo que es de Dios, y al César lo que es del 
César. En las muchas y gravísimas dife- 
rencias que hubo en su tiempo entre el sa- 
cerdocio y el imperio, jamás sacrificó la 
causa de Dios a los respetos humanos; 
pero esto sin ofensa délas partes interesa- 
das, antes obligándolas más cada día, y 
haciéndose más de estimar y venerar. Fué 
siempre nuestro Obispo y Cardenal el iris 
que todo lo serenaba y componía con edi- 
ficación de la Iglesia Universal. Por su 
doctrina, por su celo, por su vigor apostó- 
lico, por su caridad y desvelo por la honra 
de Dios y bien de las almas, es compara- 
ble don Luis Belluga a los Ambrosios, 
Leandros, Isidoros, Borromeos y Tomases 
de Villanueva. 

»Pero una lumbrera tan resplandeciente 
era de justica se colocase en candelero 
más alto que el de Murcia y España, para 
que sus rayos iluminasen la Iglesia toda. 
Cuando nuestro Obispo estaba más ocupa- 
do del bajo concepto de sí mismo, tenién- 
dose por incapaz de gobernar el Obispado 
de Murcia, y trazando el renunciarlo y re- 
tirarse a un convento, he aqui que le vie- 
ne la noticia de que el Jefe de la Iglesia le 
ha creado Cardenal (con el título de Santa 
Práxedes) en el Consistorio de 24 de no- 
viembre de 1719. De tantas tribulaciones 
como le ofreció Dios a este su siervo, nin- 
guna le añigió más que ésta. Jamás algún 
ambicioso hizo tantos esfuerzos para con- 
seguir honras, como los que hizo nuestro 
Obispo para eximirse del Cardenalato. El 
consultó el punto con muchos Teólogos y 
amigos, escribió al V. Padre Manuel Pa- 
dial, su antiguo confesor y condiscípulo; 
escribió al Rey, al Nuncio, a dos Cardena- 
les sus amigos, al Secretario del Papa, in- 
teresándoles a todos para que su Santidad 
lo librase de esta carga, alegando su insu- 
ficiencia, y además, el tener desde doce 
años antes hecho voto de no admitir algu- 
na dignidad ni cargo incompatible con la 
residencia. Finalmente, escribe al mismo 
Papa, esforzando sobremanera su preten- 
sión; ruega, suplica, pero todo en vano; 
cuanto más se resiste, más digno lo juzga 
Clemente XI de la dignidad conferida; le 
dispensa el voto, aunque fuese jurado, y 
le manda obedecer sin réplica, y recibir el 
Virrete Cardinalicio el 12 de marzo de 1720. 



«Aceptada la nueva dignidad, le fué pre- 
ciso pasar a la Corte para ofrecerse con 
ella a su Monarca, y darle las gracias. Con 
esta ocasión encargó el Rey al nuevo Car- 
denal que de acuerdo con el Arzobispo de 
Toledo le consultase a S. M. las reformas 
que convenía hacer en sus estados, y los 
medios más conducentes. Acordaron am- 
bos Prelados la celebración de los Con- 
cilios provinciales y sinodales; y propu- 
sieron todo lo que se debía observar. En 
consecuencia, por carta circular de 30 de 
marzo de 1721, exhortó el Rey a todos los 
Obispos del Reino a este gran negocio; y 
a nuestro Cardenal mandó S. M. se le es- 
cribiesen a su Real nombre las gracias 
por el selo christiano, y cuidadoso desve- 
lo, con que se aplicaba a una idea tan 
provechosa para el adelantamiento espi- 
ritual de estos Rey nos. Son palabras de la 
carta del Ministro, su fecha 24 de marzo 
de 1721. Con efecto, el Arzobispo de Tole- 
do, como Primado y Metropolitano, con- 
vocó el suyo Provincial para el día veinti- 
nueve de septiembre del mismo año. Aun- 
que al fin no se verificó éste, ni los otros, 
por las grandes novedades que fueron 
ocurriendo; y quizás la mayor para el 
asunto, la ausencia de nuestro Cardenal, 
que era el primer móbil de todo, y le lla- 
mó a Roma la urgencia del conclave, por 
la muerte de Clemente XI sucedida aquel 
año, el 19 de marzo. 

»Arrivó nuestro Emo. a la santa Ciudad 
con el Cardenal Borja, ocho días después 
de la elección de Inocencio XIII. Acaba- 
dos los cumplidos indispensables del nue- 
vo Papa, escogió para su habitación el 
Hospicio de San Romualdo, donde comen 
zó aquel tenor de vida, que continuó des- 
pués mientras vivió en esta santa Ciudad; 
aquí se aplicó principalmente a perfeccio- 
nar la reforma de la disciplina eclesiástica 
que dejó pendiente en España. 

»Bien pensado todo por las dos Cortes 
de Roma y Madrid, pareció camino más 
breve y menos embarazoso que el de los 
Concilios, el de una Constitución Apostó- 
lica. Convino el Papa; pidióla el Rey, ofre- 
ciendo su protección para que se observa- 
se; nombró el Pontífice una Junta de Car- 
denales en que entrase el señor Belluga; 
encargóle a éste trabajar los materiales; 
hízolo con la exactitud, brevedad y tino 
propio suyo: re viola el Em. Lamber tini; 



- 39 - 



y aprobada la Constitución por la Congre 
gación de los Cardenales, la confirmó el 
Papa, y la expidió el 13 de mayo de 1723, 
empieza: Apostolici Ministerii. Con ella se 
volvió el Emo. Belluga a España, para 
fomentar que fuese recibida y observada, 
en lo que no tuvo poco que trabajar. 

>Acaeció el siguiente año de 1724 la 
muerte de Inocencio XIII, y hubo de vol- 
ver a Roma el Emo. Belluga, para la elec- 
ción de nuevo Pontífice, la que recayó, al 
cabo de setenta y un días de Conclave, en 
el Cardenal Orsini, Benedicto XIII. 

• Pretendieron del nuevo Pontífice algu- 
nos Cabildos y Comunidades Religiosas 
de España, que se reviese la Bula Aposto- 
lici Ministerii. Nombró para ello S. S. una 
Congregación particular; y las resultas fue- 
ron, dirigir el Papa tres Breves, uno al 
Rey Católico, otro a los Obispos, y otro a 
los Cabildos, urgiendo su observancia al 
tenor de otra nueva Constitución, que em- 
pieza In supremo, de 23 de septiembre 
del mismo año, la cual incluye a la letra y 
confirma la de Inocencio XIII, y en la mis- 
ma forma se promulgó también en el pró- 
ximo Concilio Romano. 

•Viéndose precisado a estar ausente de 
su rebaño, compuesto (según su Eminen- 
cia dice en su carta de despedida con fe- 
cha de 5 de agosto de 1724) de más de 
300.000 almas, y temeroso de la cuenta que 
le habían de pedir de ellas, renunció el 
Obispado, resuelto a servir a la Iglesia 
Romana en calidad de Cardenal solamen- 
te. Bien sabéis (les dice a sus feligreses en 
la citada carta de despedida) de qué mane- 
ra me he portado con vosotros desde el pri- 
mer día, y por todo el tiempo que habité 
en vuestro país... no callé, exhorté, instruí 
de la manera que he podido... Por lo qual 
espero ser libre de la sangre de aquellos 
que hayan perecido, y sé bien que contra 
ellos serán leídas estas letras ante el Tri- 
bunal de Christo... etc. Su Eminencia es- 
cribió esta carta con lágrimas, y no se 
puede leer sin enternecerse. 

»La brevedad de este compendio no per- 
mite que refiramos una mínima parte de 
los grandes servicios que su Em. hizo a 
la Iglesia los 20 años de Cardenal; mas 
por lo que se ha dicho de su espíritu celo- 
so y de su carácter infatigle, y por lo que 
hizo en los 20 años de Obispo, se puede 
colegir alguna cosa de lo mucho que haría 



en este tiempo: bastando advertir que 
siempre fué el mismo hasta su muerte. 
Solamente quiero añadir, para mayor con- 
firmación, algunos hechos de sus últimos 
años, que indican la extensión infinita de 
su celo por la Religión. 

•Supo su Em. que Cirilo, Patriarca Ca- 
tólico de los Melchitas en Siria, se había 
refugiado en el Monte Líbano, perseguido 
del Patriarca Cismático Silvestre; y luego 
le escribió repetidas veces consolándole y 
alentándole. Y al mismo tiempo escribió 
al Embajador de Francia en Constantino- 
pla, para que le protegiese con la Puerta, 
Y al Conde Lázaro, noble Melchita, des- 
valido en Roma, lo recibió por su gentil- 
hombre, y protegió su vuelta dándole re- 
comendaciones. 

•En Alepo promovió la agregación de 
dos Congregaciones de Monges Melchi- 
tas, y la de nueve Monasterios de Monjas 
en el Monte Líbano. 

•Emprendió la reducción de los Coptos 
cismáticos de Egipto, y para ello, con un 
Abad Maronita, después Arzobispo de 
Apamea, dirigió a su Patriarca en el Cairo 
una carta afectuosísima, con muchos rega- 
los. Y al mismo efecto compuso un exce- 
lente libro contra los errores de los Euti- 
quianos. El lo hizo traducir en latín para la 
instrucción de los Misioneros, y en arábi- 
go para la de los cismáticos egipcios y 
abisinios, y que se imprimiese. De que se 
siguió escribir el Patriarca cismático al 
Papa y al Cardenal, y que el Papa Cle- 
mente XII, le dirigiese un Breve por mano 
del Guardián de Jerusalén, que pasó al 
Cairo a entregarlo. El Patriarca hizo su 
confesión de fe, aunque no como debía ser; 
por lo cual no se logró todo el efecto de- 
seado; pero se consiguió mucho. 

•También escribió al Patriarca de los 
armenios en Constantinopla, mostrándole 
cómo San Pedro Iluminador, primer Obis- 
po de los armenios, había tenido la misma 
fe que los Latinos, y que los ocho prime- 
ros Concilios de Oriente, y sus PP. incon- 
cusamente habían tenido comunión con el 
Pontífice Romano, como Vicario de Jesu- 
cristo, y cómo desde que se separaron ha- 
bían sido tenidos siempre por herejes. 
Hizo pintar una imagen de San Pedro 
Iluminador, y la envió con la carta. El Pa- 
triarca respondió a nuestro Cardenal, y le 
envió de regalo una pieza de chamelote y 



- 40 - 



dos armiños, pidiendo la bendición Ponti- 
ficia, y excusándose de no escribir al Papa 
por respeto. Estos primeros pasos daban 
esperanzas; pero murió el señor Belluga, 
y la cosa quedó así. 

»Por la relación que hizo a su Em. el 
P. Capuchino Francisco Oracio, Prefecto 
de la Misión que Clemente XI había en- 
viado al Tibet a los últimos de su Pontifi- 
cado, concibió esperanzas de la conversión 
de aquel vasto reino, y se aplicó con tesón 
a promoverla. Escribió una carta ternísi- 
ma al gran Lama (o Sacerdote supremo). 
Compuso un Catecismo dogmático, que se 
imprimió en italiano para el uso de los 
Misioneros, y en árabe para uso de todo 
el Levante, y en tibético para los Tibeta- 
nos, costeándolo todo el Cardenal, y en- 
viando allá un mancebo impresor con ca- 
racteres del país, que introdujese la pren- 
sa, para que así se propagase más bien la 
doctrina. Negoció con Clemente XII el año 
38 enviase allí nuevos Misioneros con re- 
galos y Breves para el Rey, y para el 
Lama; y exhortó al Rey Católico a que 
fomentase aquella sagrada expedición con 
cuantiosas limosnas. El año 42 tuvo su 
Em. el consuelo de haber sido bien reci- 
bida la Misión, así del Lama, como del 
Rey: dando éste y otros dos Reyes, el de 
Batgas, vecino al Tibet, y el de Battia, 
vecino al Mogol, decretos de libertad de 
Religión. 

»Ya pensaba también en la conversión 
de la Moscovia, y tenía prevenida una gran 
provisión de bálsamo de S. Nicolás de 
Bar i, a quien tienen mucha devoción aque- 
llos Cismáticos, para enviarlo a los Misio- 
neros. Pero entretanto, presintió la muer- 
te cercana, y empezó a prepararse para 
ella, dando orden a todo maravillosamen- 
te. Mandó que su cuerpo no fuese abierto; 
ni cuando lo hubiesen de lavar o vestir se 
descubriese, y que se le enterrase en la 
Iglesia de la Congregación de Roma, en la 
bóveda común de los PP. sin distinción 
alguna, y con el menor aparato posible. 

«Agrávesele el mal de orina; advirtióse 
inflamación interna, declaróse el mal por 
irremediable y ejecutivo; pero su Eminen- 
cia recibió esta noticia con alegría, excla- 
mando: Laetatus sum, etc. Pidió con mu- 
cho tiempo los Santos Sacramentos: reci- 
bió lunes el Viático, martes la Extrema 
Unción, y el Papa este día le envió su ben- 



dición. Creían todos moriría este día; pero 
fué tirando hasta el viernes, gastando estos 
días en suavísimos coloquios con Jesús y 
su Madre, repitiendo a veces el anima 
Christi, otras el Stabat Mater, y muchos 
ratos pasaba,- como S. Felipe Neri, sin 
hablar palabra, clavados los ojos extática- 
mente, y con rostro alegre en las imáge- 
nes de Cristo crucificado, o de su Madre 
Dolorosa, que tenía presentes. 

«Finalmente, llegado el viernes 22 de fe- 
brero de 1743, día dedicado a los Dolores 
de la Virgen, y en el que cayó aquel año 
la celebridad de la Cátedra de San Pedro, 
expiró su Eminencia a los 80 años, 2 meses 
y 23 días de su edad, a la hora puntual- 
mente de terminarse el ejercicio de la 
Buena Muerte en la Iglesia del Jesús, a 
que asistió siempre su Eminencia mien- 
tras vivió en Roma; circunstancias todas 
dignas de repararse. 

» Luego que se divulgó su muerte se con- 
movió toda Roma; su cuerpo se mantuvo 
expuesto tres días, y fué necesario poner- 
le guardias, para defenderlo de la piedad 
de las gentes, que le robaban los vestidos, 
le quitaban hasta los pelos de la barba, y 
le besaban, y tocaban rosarios por reli- 
quias. Las alhajas más apreciables fueron 
los silicios y disciplinas, que se encontra- 
ron en la papelera; sin otros que tenía con- 
sigo en la cama, y entregó a un grande 
confidente suyo pocos días antes de su 
muerte con mucho sigilo. El día siguiente 
se hizo el funeral en la Iglesia de San Fe- 
lipe Neri, presente el Papa con todo el Sa- 
cro Colegio, y mucha Prelatura, y gran 
pueblo, diciendo la oración fúnebre el 
P. Galeoti. Fué llorado de algunos emi- 
nentísimos Cardenales, y aun del Sumo 
Pontífice, quien mandó se hiciesen los 
procesos de su vida y virtudes heroicas. 

•Escribió muchas obras, de las cuales 
algunas se imprimieron, y muchas dejó 
manuscritas, que formarían no pocos vo- 
lúmenes. Solamente leyéndolas se puede 
venir en conocimiento de su rara piedad, 
de su celo, de su fidelidad y amor para 
con el Rey, de su prudencia, de sus pro- 
fundos conocimientos políticos y sagra- 
dos, y de su animosidad, fortaleza y labo- 
riosidad constante hasta la muerte. Puede 
llamarse, sin encarecimiento, el hombre 
de su siglo. 

»Todos los sabios, los Príncipes y los 



— 41 



Pontífices de su tiempo lo estimaron y col- 
maron de elogios. El sabio Cardenal de 
Polignat le llamaba espejo de Prelados. El 
Gentili, en carta de 7 de marzo de 1743, al 
Obispo de Tarazona, le dice: hace más fal- 
ta tmestro Cardenal que 23 que hay va- 
cantes. Luis XIV le nombraba mi Obispo, 
y jamás supo negarle cosa que le pidiese. 
El Rey de Ñapóles le honró con la Gran 
Cruz de San Genaro. Felipe V le nombra- 
ba mi Padre, nuestro amigo: le consulta- 
ba con frecuencia, atendía a sus repetidas 
representaciones, y defería por lo común 
a su dictamen, aun en los lances más ar- 
duos. Cuando el Obispo de Murcia lo hace, 
razón tendrá, respondió S. M. una vez a 
uno que vituperaba la conducta del Ilustrí- 
simo. Su hijo Luis I, en el poco tiempo 
que reinó, le concedió por consolarle, la 
gracia de que renunciase el Obispado; 
pero le hizo su Encargado cerca de la San- 
ta Sede, y Protector de España. 

> Clemente XI le llamó invicto Prelado 
de la Iglesia, ornamento y lumbrera gran- 
de de la religiosísima. Nación Española, 
luz de virtud esclarecidísima, que debía 
colocarse sobre un candelero más eminen- 
te que el de un Obispado particular, para 
que su resplandor se comunicase a la Uni- 
versal Iglesia, etc. Benedicto XIII, honor 
de España, y una gran columna de la 
Iglesia. 

•Finalmente, el sabio Pontífice Benedic 
to XIV, ensalza sobremanera su celo en 
el Breve Confirmatorio de las fundaciones 
piadosas, que dijimos, y en una carta al 
Arzobispo de Anazarbi, escrita el 19 de 
febrero de 1743, <nada, dice, podemos ne- 
gar a un Cardenal de tanto mérito, anti- 
guo amigo nuestro, y la honra del Sacro 
Colegio, para que pueda rogar por nos 
otros en el Paraíso*. Y en otra dirigida al 
Obispo de Murcia en 28 de marzo de 1743: 
*Ya habrá llegado a vuestra noticia la 
muerte del buen Cardenal Belluga. Murió 
como vivió, conviene a saber, pobre y san- 
to. Su intención siempre recta; su traba- 
jar incesable hasta la tíltima respiración; 
sus fnanos siempre abiertas para los po- 
bres: en una palabra, era el honor del Sa- 
cro Colegio. 

»E1 mismo Sumo Pontífice le compuso 
el siguiente Epitafio, que se colocó sobre 
la lápida sepulcral, erigida y costeada por 
Su Santidad: 



D, o. M. 
LUDOvico. Belluga. Hispano 

Qui 
Ex. episcopo. Carthaginensi 

INVITUS. ET RENUENS 

A. Clemente, xi. P. M. 

IN. S. R. E. CARDINALIUM. COI LEQIUM COOPTATUS 

HISPANIARUM. APUD. S. SEDEM. PROTECTOR 

JURIUM. R. ECCl.ESIAE. VlNDEX 

HOC. UNUM, CURAVIT 

UT. DEO, NON. HOMINIBUS. PLACERET. 

VIR 

APOSTÓLICO. PROPAGANDAE. FIDEI. ZELO 

FLAGRANTISSIMUS 

ECCLESIASTICAE. DISCIPLINAE. Assertor 

DE. ALIMONIA. PAUPERUM 

DE INSTITUTIONE. CLERICORUM 

DE. EDUCATIONE. JUVENTUTIS. SOLLICITUS 

COLLEGIA. SHOLAS. PÍAS. DOMOS. SEMINARIA. 

AERE. SUO. FUNDAVIT. 

BENEDICTUS. XIV. P. M. 

PERENNE. HOC. AMORIS. SUI. MONUMENTUM 

P.C. 

VIXIT, ANNOS. LXXX. MENSES II. DIES XXIIL 

OBIIT. VIII. KAL. MARTIAS. ANNO. R. S. MDCCXUII. 

Hia Ex. TESTAMENTO 

UNA. CUM. S, PHILIPPI. NERII. FILIIS 

FILIUS. IPSE. ET. CONGREGATIONIS. PROPAGATOR 

RESURRECTIONEM EXPECTAT. 

Tales fueron las circunstancias de la 
vida y principales sucesos acaecidos 
después de la muerte de este venerabi- 
lísimo y extraordinario grande hombre, 
dechado de virtudes, modelo de Prela- 
dos a la antigua raza y ejemplar espejo 
de leales y fidelísimos vasallos. Su in- 
clinación, sin embargo, más predomi- 
nante, su nota más característica, fué 
su firme adhesión a la Santa Sede y 
su profunda aversión a todo regalismo, 
siendo, bajo este punto de vista, y como 
ha observado bien el eminente publicis- 
ta moderno señor Menéndez Pelayo, 
uno de los más genuínos representan- 
tes del espíritu de oposición contra las 
doctrinas reformistas que en su tiempo 
empezaban a iniciarse en España. 

He aquí en qué forma y con cuan cris- 
tiana valentía le habla a su Rey con mo- 
tivo de varios decretos de éste prohi- 
biendo la salida de dinero para Roma y 
mandando fuesen revisadas por sus Mi- 
nistros las Bulas y Breves pontificios, 
después de haber ordenado la expulsión 



— 42 



del Nuncio de S S. de los reinos de 
España: 

«... Si por lo temporal de los Reynos pu- 
diera impedírsele su libre govierno al Vi- 
cario de Christo, poniéndole condiciones 
imposibles de practicar, como es que se 
despache lo espiritual sin concurrir con lo 
temporal, diciendo S. D. M. que es digno 
el Mercenario de su paga, y el Apóstol: 
que quien sirve a el Altar a de comer de 
el Altar, y que ninguno trabaja a expensas 
propias, era preciso decir que Christo avía 
dexado el govierno de la Iglesia en todo, 
o en parte dependiente de la voluntad de 
los Señores Reyes, conforme conveniesse 
a lo temporal de su Reyno, o condiciones 
que pusiessen. Y si por este mismo motivo 
pudieran los Reynos substraherse del go- 
vierno y obediencia de Su Santidad en 
algo, la obediencia necesaria, necessitate 
saluHs para salvarse, la huviera también 
Christo dexado dependiente de la misma 
voluntad de los Reyes, conforme convi- 
niesse a lo temporal de sus Reynos; que 
esto ya se ve, Señor, que ningún Catholi- 
co puede decirlo, como creemos mui bien 
todos los vasallos de V. M., que ni es, ni 
puede ser este el Real ánimo de V. M., y 
que si a V. M. se le huviesse representado 
seguirse esta consequencia de su Real re- 
solución, no la huviera V. M. permitido, 
pues como dice con S. Cyrillo Alexandri- 
no, el Angélico Doctor S. Thomás, la obe- 
diencia que todos los hombres, y los Re- 
yes todos quiso Christo, que le diessemos 
a su Vicario, es la misma, que se le debe 
a S. M., y assí dicen estos Santos, que de 
los hombres, y de los Reyes solos es creer, 
recibir sus mandatos, obedecer y rogar; 
como del Papa reprehender, corregir, es- 
tablecer, disponer, ligar y desatar, sin te 
ner en esto los Subditos ni los Reyes más 
que hazer, que inclinar su cabeza, y obe- 
decerle como al mismo Christo, como por 
derecho Divino, están obligados a ello...» 

«Y la razón, Señor, la tenemos aun en lo 
natural, porque como Christo constituyó a 
su Vicario por cabeza visible de su Iglesia, 
de donde se nos pudiesse comunicar en su 
govierno los espíritus de vida necessarios 
a este cuerpo místico, como dice S. León 
Papa. Assí como el cuerpo natural lo puso 
la naturaleza tan sugeto a su cabeza, que 
no quiso dependiera de los miembros el 



impedirle a ésta la comunicación de sus 
espíritus, ni substraherse éstos de recibir- 
le, sino es que éstos estuviessen obligados, 
y sugetos a ministrarle de su propia sus- 
tancia, para que ésta pudiesse comunicar- 
le sus espíritus. De la misma forma. Señor, 
sucede en este cuerpo místico, y lo mismo 
en el político, que ni a la cabeza, que los 
govierna se le puede impedir por los 
miembros el que comunique sus espíritus 
de Vida, o en lo espiritual o en lo político, 
negándole lo necessario para su conserva- 
ción; ni éstos se pueden substraher de re- 
cebir los espíritus, que los han de animar 
en todo lo que toca a su govierno político 
o espiritual, porque de otra forma no fuera 
cuerpo político, ni cuerpo místico, y con 
siguientemente les faltara la Vida o políti- 
ca, o mística, viviendo así fuera de la obe- 
diencia de su cabeza, como sucede al 
miembro, que no comunica de su substan- 
cia a la cabeza, que no recibe espíritus de 
ella, y assí perece y muere.» 

«Ni obsta. Señor, el decir, que V. M. usa 
en esta providencia del justo derecho que 
tiene a su natural defensa, y que el dinero 
que va a Roma, no pueda servir a los ene- 
migos de V. M. o ministrándoselos, o to- 
mándoselo ellos. Y que si de esta provi- 
dencia se siguen estos perjuicios en lo 
espiritual a los vasallos de V. M., y al go- 
vierno de Su Santidad, es indirectamen- 
te, y per accidens, y fuera de la intención 
de V. M., que sólo mira a su justa defensa. 
No obsta digo. Señor, lo primero, porque 
en el Reyno es preciso, consideremos dos 
representaciones distintas. Una la repre- 
sentación de cuerpo místico, en que tene- 
mos por nuestra cabeza invisible al mismo 
Christo, y por visible al Papa su Vicario. 
Otra representación de cuerpo político, en 
que tenemos a V. M. por nuestra cabeza, 
cuyas representaciones se han como si 
fueran dos personados distintos, 5'^ tan su- 
perior el uno al otro, como lo es lo sobre- 
natural (que es el fin a que mira el cuerpo 
místico) respecto de lo natural, que es a lo 
que mira el político. Por donde la repre- 
sentación de cuerpo político, que mira a 
la potestad temporal, se subordina a la re- 
presentación de cuerpo místico, que mira 
a la potestad espiritual, como lo temporal 
se subordina a lo espiritual, lo natural a lo 
sobrenatural, lo humano a lo divino, y lo 
profano a lo sagrado; de tal forma, que lo 



- 43 - 



temporal, natural, humano y profano, 
siempre ha de servir a lo espiritual, so- 
brenatural, Divino y sagrado, como los 
medios sirven al fin, no al contrario...» 

«Los buenos vasallos se entibiarán mu- 
chos en su fidelidad y amor a V. M., y los 
tibios se harán malos, o a lo menos lo pare- 
cerán, porque llebados de su zelo no po- 
drán hablar con aprobación de estas resolu- 
ciones, ni sufrir el oir hablar con tal apro- 
bación de ellas, que se quiera tratar a Su 
Santidad como no corresponde a hijos su- 
yos y al respeto debido a su sacratissima 
Persona, y representación; y todo esto se 
podrá atribuir, como ya se experimenta, a 
poco afecto a V. M. o por la malicia de algu- 
nos, que quieran hazer acto positivo de fide- 
lidad el hablar mal de Su Santidad, y zelar 
el que ninguno hable bien, o porque ay 
otros tan nimiamente supersticiosos en 
este punto de fidelidad, que todo les ofen- 
de; y todo esto entibia a los buenos, y hace 
malos a los tibios, y sirve de gran gozo a 
los malos. Y a lo menos a buenos, malos y 
tibios los confunde de tal forma, que ya no 
avrá más distintivo del bueno, que el que 
hablare mal del Papa, y bien de las pre- 
sentes determinaciones: Ni del malo, por 
el contrario, que el que hablare bien de Su 
Santidad, y mal de las determinaciones; ni 
del tibio, que el que no se metiere en ha- 
blar ni mal de uno, ni de otro, aunque a 
unos lo oiga abominar, y a otros aplaudir, 
que todo ello se experimenta ya, y la gran 
confusión, que esto trahe, y el perjuicio, 
que de todo ello resulta a V. M. es notabi- 
lissimo, principalmente en los temerosos 
de Dios, que son los mejores y más segu- 
ros vasallos, que V. M. tiene, porque su 
fidelidad no tiene otros respetos, que los 
de Dios, y cumplimiento de su obligación; 
pues son mui pocos los que tienen libertad 
para distinguir, lo que pertenece a los fue- 
ros de la más acendrada fidelidad debida 
a V. M., y a los del profundissimo respeto 
debido a la Iglesia y a su Santidad guar- 
dando el quae sunt Caesaris Caesari, et 
quae sunt Dei Deo. Y menos los que tie- 
nen aliento para despreciar estas vanas 
sospechas, que se puedan concebir de mos- 
trarse hijos verdaderísimos de la Iglesia, 
guardados los fueros de amantísimos vasa- 
llos de V. M., y en éstos será todo una 
turbación y confusión; y dexo a la Real 
consideración de V. M. lo demás que se 



puede inferir de aquí, y el perjuicio, que 
en esta sola clase, que es la que anima 
los Reynos, recibiera V. M... etc.. etc.» 

Sirvan, pues, también los preceden- 
tes párrafos como muestra del estilo de 
nuestro insigne Belluga, quien, conside- 
rado como escritor, no puede ponerse 
en duda que, con efecto, lo fué doctísi- 
mo, de vasta erudición, así en humanas 
como en sagradas letras, y, por tal con- 
cepto, no menos que por sus virtudes, 
digno de singular estimación y aplauso, 
sobre todo por lo que se refiere a su 
copiosísimo libro Contra los Trages y 
Adornos profanos; a sus Edictos y Car- 
tas pastorales referentes al mismo asun- 
to, o sobre puntos de moral, de costum- 
bres y de Disciplina eclesiástica; a su 
Manifiesto presentado a la Sagrada Con- 
gregación de Ritos en 1722 sobre el doc- 
torado y episcopado cartaginés de San 
Fulgencio; y muy especialmente, a su 
eruditísimo y bien razonado Memorial 
dirigido a la Majestad de Felipe V, So- 
bre las materias pendientes con la corte 
de Roma, donde se hallan contenidos 
los varios preciosísimos lugares que de- 
jamos trascritos. 

La mayor parte de estas obras se ha- 
llan impresas en Murcia, por lo que re- 
servamos su descripción bibliográfica 
para nuestra Sección Tercera, a que nos 
remitimos. Ahora bien, las que conoce- 
mos suyas, no estampadas en dicha ciu- 
dad son: 

«Cartas al Papa Clemente XI por el 
Cardenal de Belluga y por el Colegio de 
Maese Rodrigo de Sevilla con motivo de 
la exaltación a la púrpura de dicho Car- 
denal.— En Sevilla, por Francisco de 
Blas.— 1720. 

En fol.— 24 págs. 

«Libellus qui Sanctissimo Domino 
Nostro Innocentio XIII. Exponitur 
A'Cardinali Belluga Episcopo Cartha- 
ginensi. Super aliquibus ad Disciplinam 



44 



attinentibus, Et Quae punctualem De- 
cretorum Sancti Concilii Tridentini exe- 
cutionem respiciunt, ut amotis ómnibus, 
quae eorutn observantiam impediunt, 
in Hispaniarum Regnis exequi perfecté 
valeant, uti Episcopi desiderant (viñe- 
ta). Romae M.DCC.XXI. Ex Typogra- 
phia Galeatii Chracas, propé Sanctum 
Marcum in Via Cursús.» 

En fol.— 127 págs., más 3 hojas al principio sin nume- 
rar.— SiRns. (-i-) A-Q 2.— Portada.— V. en b.— Synopsis 
omnium, quae in hoc llbello continentur.— Texto. 

cSacra Congregatione Ritvvm Emo. 
& Rmo. D. Cardinali Barberino Ponen- 
te Hispaniarum, si ve Carthaginen. Con" 
cessionis, & approbationis Officij pro- 
prij S. Fulgentij Episcopi Carthaginen. 
Et eiusdem Dioccesis Primarij Patroni, 
cum qualitate Doctoris, sub Ritu Dupli- 
ci pro Universa Hispania. Exponvntur 
ab Eminentissimo, et Reverendissimo 
Domino Ludo vico Cardinali Belluga 
Episcopo Carthaginensi. Causam Eccle- 
siae suae promonente, fundamenta, qui- 
bus nititur petitio approbationis, & ex- 
tensionis dicti Officij cum qualitate Doc- 
toris, & satisñt Animaduersionibus R. 
P. D. Fidei Promotoris.— Romae, Typis 
Reuerendae Camerae Apostolicae 
MDCCXXII. Superiorum permissu.» 

En fol.— 50 págs.— Signs. A 2.— N.— Portada.— V. en b. 
Texto. 

Declaración de todo lo que contiene 
y enseña la Religión Catholica. Com- 
puesta en italiano por el Eminentísimo 
y Reverendísimo Señor Cardenal Bellu- 
ga, Protector de España. Para que con 
breve y fácil método puedan instruir en 
ella los PP. Misioneros que la predican 
en las naciones gentiles. Dala a luz tra- 
ducida en español el limo, señor don Jo- 
seph Alcaráz y Belluga, Obispo de Ta- 
razona, su sobrino. Y él mismo la dedi- 
ca a María Santísima de los Dolores, 
que con el título de las Lágrimas, se ve- 
nera en la Santa Iglesia Cathedral de 



Murcia. Con licencia. En Zaragoza, por 
Francisco Moreno, año 1742. 

En 8.0 

Constituciones de la insigne Iglesia 
Colegial de la Ciudad de Lorca, dis- 
puestas y ordenadas por el Em. Sr. Car- 
denal Belluga.— Madrid, 1759. 

En folio. 

Cartas (varias) al Rey Don Felipe V 
sobre asuntos de la Bula de la Santa 
Cruzada. 

Ms. en fol. existente en la Biblioteca del señor Conde 
de Roche. 

«Disertación histórica que sirve de 
explicación a algunos lugares obscuros, 
que se. encuentran en la historia, cartas, 
anegaciones, y Apología, que ha dado 
a luz el Card.í Alberoni.» 

Ms. en fol. de 14 hojas, letra de la época, y existente 
en la misma Biblioteca. 

«Carta al Rey de España, represen- 
tando a S. M. los inconvenientes de al- 
gún. « expedición. s de Guerra, fundición 
de Plata y otras cosas &c^. 

Ms. en fol. de 68 hojas y hermosa letra, su fecha: 
cDesta Corte a 19 de febrero de 1721.» Empieza: 

. «Permita V. M. a mi fidelissimo amor, 
del que tan antiguas experiencias V. M. 
tiene, el q. con mi más profundo respeto 
haga a V. M. una reuerente quanto humil- 
de representación, sobre algunos puntos 
de grauissima importancia, de q. depende 
la mayor seguridad de la conciencia de 
V, M., la conseruación y aumento de su 
Reyno, el consuelo y alivio de sus vasa- 
llos, el que V. M. sea un Monarcha glorio- 
sissimo, amado en todos sus Reynos, temi- 
do de todos los Reyes, querido de Dios, 
como hijo especial suyo, y protegido de 
su Magestad, en sí, en su Reyno, y en su 
Real prosapia..., etc.> 

Tales son las que hemos visto; pero el 
señor don Ángel del Arco y Molinero, 
en su Estudio Biográfico sobre nuestro 
Cardenal, premiado en el certamen lite- 
rario de la Prensa murciana celebrado 
el 31 de mayo de 1891, cita además, bien 
que sin darnos ningún dato bibliográfi- 
co, las siguientes: 



- 45 



— cDisertación dogmática por los de- 
rechos de la Santa Sede Apostólica, in- 
munidad eclesiástica.» 

—«Defensa de los derechos de Feli- 
pe V a la Corona de España. » 

—« Alegación canónica por la exen- 
ción del fuero laico de los Fiscales de la 
Curia Episcopal, y otros ministros.» 

—«Alegación por la facultad de los 
Obispos para dividir los Curatos y se- 
ñalar la porción congrua a los ecó- 
nomos.» 

—«Memorial sobre la declaración del 
Misterio de la Concepción de María 
Santísima, Nuestra Señora. > 

—«Epístola Dogmática ^í/ Cosmenos, 
Jacohitas, et altos schismaticos.* 

—«Carta Dogmática a la Santidad de 
Clemente XI, sobre admisión de la Bula 
Unigeniius.^ 

— «Elucidatio Unionis Eucharisticae 
assertae a Cardinali Cienfuegos.» 

— «Votos sobre varios puntos canó- 
nicos.» 

— «Vota quam plurima in causis Bea- 
tis, servorum Dei.» 

—«Vota pro concessione officiorum 
et extensiones plurium S. S. Hispa- 
niae.» 

— «Disertatio pro Officio Doctoris S. 
Isidori Archiepiscopus Hispalensis.» 

—«Disertatio Dogmática et moralis 
pro defensione jurium Sanctae Sedis.» 

— «Tractatus dogmáticos super infali- 
bilitate Summi Pontificis, independen- 
ter a Concilio Generali et de obedientia 
constitutionis unigenitus.» 

—«Tractatus de numero praedestina- 
torum.» 

— «Explicatio sacramenti Extremae- 
untionis.» 

—«Dictámenes cristiano-políticos.» 

«Las cinco últimas obras (dice) se guar- 
dan manuscritas en el Vaticano.» 

No hemos querido dejar de hacer es- 
tas citas; pero en verdad no sabemos si 



tales obras existirán realmente con es- 
tos títulos. Decimos esto, porque en el 
catálogo del señor Arco y Molinero ve- 
mos citadas las obras: «Alegación Ca- 
nónica por la jurisdicción de los Obis- 
pos de Cartagena en los lugares de las 
Ordenes militares» = «Representación 
canónica por la inmunidad de los ecle- 
siásticos, vulnerada en el sobre-precio 
de la sal» = «Memorial a la Santidad de 
Inocencio XIII para obtener la Bula 
Apostolici Ministerii, sobre la disciplina 
escolástica» = y «Disertatio pro S. Ful- 
gentio, Carthaginensis Episcopo Eccle- 
siae Doctore»; que indudablemente son 
las mismas que nosotros titulamos, por- 
que así ellas se intitulan: 

—«Memorial que ofrece a su Mag-es- 
tad el Obispo de Cartagena don Luis 
Belluga (sobre) jurisdicción espiritual y 
eclesiástica y demás derechos que le 
pertenecen en las Vicarías de Cara vaca, 
Yeste, Segura, Veas de Segura, del Or- 
den de Santiago... etc.» 

—«Memorial que da a su Magestad el 
Obispo de Cartagena don Luis Bellu- 
ga... sobre los Acrecentamientos e Im- 
puestos en la Sal. En que representa a 
su Magestad... etc.» 

— «Libellus qui Sanctissimo Domino 
Nostro Innocentio XIII. Exponitur 
A'Cardinali Belluga... Super aliquibus 
ad Disciplinam attinentibus... etc.» 

—«Sacra Congregatione Ritvm Emo. 
& Rmo. Cardinali Barberino Ponente... 
Concessionis & Approbationis Officij 
proprij S. Fulgentij... cum qualitate 
Doctoris, sub Ritu Duplici... etc.» 

Y bien pudiera suceder lo mismo con 
las demás citadas por el referido señor 
Molinero. 

Véase Belluga en nuestro Catálogo 
de Impresos en Murcia (1). 



(1) Para la blo-bibllograffa de Belluga conviene tenef en 
cuenta, además, las publicaciones modernas slgfulentes: 

Juan Oriiz del Barco [seudónimo de don Manuel Ro- 
dríguez Martin]: Vitidicación de BeHuga... San Fernando, 



46 



Beñ Abi Leili, 

Véase Ahmad Ben Abraham Ben 
MoHAMAD Ben Khalaf. 

Ben Hanthalla. 

Véase Abdalla Ben Solimán Abu 

MoHAMAD AlANSARI. 

Ben Hobaisch. 

Véase Abdelrahman Ben Mohamad 
Abulcassem. 

Bocairente (Fr. Benito de). 

Relig^ioso capuchino, natural de la 
villa de que tomó su nombre. Nació en 
3 de junio de 1736, y en 16 de diciembre 
de 1753, o sea a la edad de diecisiete 
años, vistió el hábito de Orden en el 
Convento de la Magdalena, profesando 
en el día 17 del mismo mes del siguien- 
te año. Su saber y sus virtudes hicié- 
ronle digno de desempeñar, en su reli- 
gión, los cargos de Misionero Apostóli- 
co, Secretario de Provincia y Guardián 
de los Conventos de Monóvar, Alcira y 
Murcia, residiendo en el cual compuso 
la Vida de Sor Verónica Juliani, Aba- 
desa del Monasterio de la ciudad de 
Gástelo. Falleció en Alcira, en 1779, 
siendo Guardián de aquel Monasterio. 

Escribió, además de la ya menciona- 
da, las siguientes obras: 

2.^ «Vida del Beato Fr. Bernardo de 
Corleón, Capuchino; extraída en com- 



Secclón Tipográfica del E. M. [Al fin: 1913].— 59 págs.— 4."— 
Fundaciones de Belluga, por Juan Ortis del Barco... (s. 1., 
s. 1, s. a.).— 71 págs.— 24 cm.: 4." m.^^*. 

Pedro Díaz Cassou: Serie de los obispos de Cartagena, 
Sus hechos y su tiempo. Madrid, Fortanet, 1895.-4.°. 

Alfonso Pardo y Manuel de Villbna: El Marqués de 
Rafal y el levantamiento de Orihuela en la Guerra de Su- 
cesión (1706).— 4.0. 

Joaquín Báguena: El Cardenal Belluga. Conferencia leí- 
da en el Círculo Conservador el día 16 de marzo de 1914.— 
Murcia, Imprenta de «El Tiempo, 1914.-33 págs.- 8.° m.*^^ 
Y de este mismo autor: El Cardenal Belluga. Su vida y su 
obra. Estudio preliminar de Cayetano Alcázar y Andrés 
Sobejano. [Imprenta Helénica, Madrid]— 1935. Sólo se ha 
publicado hasta ahora el volumen I. (N. del e.) 



pendió de la que escribió de los proce- 
sos formados para la Beatificación el 
P. Fr. Benito de Milán, Predicador Ca- 
puchino». En Valencia, por Benito Mon- 
fort, 1768. En 8.° 

3.^ «Vida del Siervo de Dios Fr. Ge- 
rónimo de Corleón, Religioso Lego, pro- 
feso, de los Frailes Menores Capuchi- 
nos de S. Francisco». (Traducida del 
italiano.) Madrid, 1767. En 4.° Y en Va- 
lencia, por Salvador Fauli, 1769. 

4.^ «Cuaresmal del P. Serafín de Vi- 
cenza, Capuchino; añadidos al fin de 
cada sermón algunos ejemplos pertene- 
cientes al punto que se trata, por el tra- 
ductor». Ms. en 4." 

Fuster: tom. II, pág. 93. 

Boix (Fr. Lorenzo). 

Franciscano descalzo, natural de la 
Alcudia de Carlet, donde nació en 1716* 
Tomó el hábito en el Convento de San- 
ta Ana del Monte, de la villa de Jumilla 
(Murcia), en el día 4 de mayo de 1732, 
profesando en el siguiente; y concluí- 
dos sus estudios, fué nombrado Lector 
de Artes y después de Teología. Tam- 
bién obtuvo los empleos de Custodio 
Provincial y Vicecomisario de la Pro- 
vincia de San Pedro de Alcántara de 
Granada y Murcia; y siendo últimamen- 
te Guardián del Convento de Siria, mu- 
rió en 1797, habiendo trabajado mucho 
en la obra de aquella casa, que edificó 
de nuevo, mudándola a terreno más 
sano. Escribió: 

I.*' «Sermón en las exequias de la 
Sierva de Dios María Ana Amat, natu- 
ral de la villa de Alcudia de Carlet, 
predicado en el Convento de San Pedro 
de Alcántara, de dicha villa, en 28 de 
agosto de 1769». Valencia, por Salvador 
Fauli, 1771. En 4.° 

2° «Vida de la Venerable Sierva de 
Dios María Ana Amat». Ms. en 4.*^ 

Fuster: tom. II, pág. 173. 



- 47 - 



BojADOs Y LuLL (Doii Alejo de). 

Sacerdote, natural de Barcelona, y do- 
miciliado en Murcia durante largo tiem- 
po. Floreció a mediados del siglo xvii. 
Ordenado de Presbítero, fué agraciado 
con un canonicato en la Catedral de su 
país, y corriendo luego con fama de 
hombre docto, y de Capellán celoso por 
la pureza de la fe, fué nombrado Inqui- 
sidor Apostólico del reino de Murcia, 
en cuya ciudad, como dicho queda, fun- 
dó el Convento de la Exaltación del 
Santísimo Sacramento de Madres Capu- 
chinas. 

Ignoramos los demás pormenores de 
su vida, y únicamente sabemos que es- 
cribió (durante su permanencia en Mur- 
cia) un curioso libro de Aforismos mís- 
ticos sacados de las obras de Santa Te- 
resa, impreso en dicha ciudad en 1650. 

El señor don Félix Torres Amat en 
su Diccionario de escritores catalanes 
dice que en la Biblioteca de Carmelitas 
Descalzos de Madrid se hallaba en su 
tiempo esta misma obra, impresa en 
Murcia en 1647. 

Véase Boxados y de Lull en nuestra 
Sección de Impresos en Murcia. 

Bonacasa (Fr. Bernardo). 

Religioso Dominico, natural de Bur- 
baguena, en el reino de Aragón, y resi- 
dente en Murcia desde su ingreso en la 
Orden, cuyo hábito vistió en el Real 
Convento de PP. Predicadores de dicha 
capital. Fué presentado en la facultad 
de Teología, y floreció a mediados del 
siglo xvu. Según Latassa, hubo de ob- 
tener, así en el referido convento, como 
en toda su provincia de Andalucía, «va- 
rios cargos que dieron bien a entender 
su religiosidad y literatura*, pero no 
nos dice cuáles cargos fuesen éstos. 

Por lo que respecta a su carácter de 
escritor, conocérnosle como autor de 



una obra de Teología moral y dogmáti- 
ca, que escribió residiendo en el referí- . 
do convento e imprimió en Valencia y 
Murcia, titulada ^Católica Doctrina y 
Ejercicio de las tres virtudes Teologa- 
les Fe, Esperanza y Caridad*; obra de 
bastante mérito, por cierto, y de gran 
utilidad e importancia espiritual, bien 
que algo desaliñada por su estilo exce- 
sivamente llano y poco o nada variado, 
como así lo reconocen los mismos auto- 
res de sus censuras y aprobaciones. 

«He leído y examinado con particular 
atención y cuydado (dice el P. Fr. Marco 
Antonio Pérez) la primera parte de un 
libro intitulado Catholica Doctrina... com- 
puesto por el P. Presentado Fr. Bernardo 
de Bonacasa..., y en él muestra el Autor, 
no sólo los buenos deseos que de la salud 
de las almas tiene, sino también que para 
la consecución de este fin no ha perdonado 
el trabajo de la lectura de Autores anti- 
guos y modernos, aprovechándose de los 
trabajos dellos, para con más seguridad 
bienlograr los propios. En ellos hallarán 
todos de que alimentar su espíritu; los doc- 
tos, escritura y Theología bien declarada; 
y los que no lo son, enseñanza para ser 
Christianos, dispuesta con estilo llano y 
claro...» 

He aquí su descripción bibliográfica: 

«Católica Doctrina, y Exercicio de las 
Tres Virtudes Theologales, Fe, Esperan- 
za y Charidad. Con vn Tratado de la Con- 
fessión sacramental, y dos tratados de In- 
dulgencias, y muchos discursos, vnos 
Theologicos, y otros morales y predicati- 
uos, que yran embeuidos en esto, según 
que la materia lo pidiere. Por el Padre 
Fr. Bernardo de Bonacasa, Presentado en 
S. Theologia, hijo y conuentual del Con- 
uento de Santo Domingo el Real de la 
ciudad de Murcia, Prouincia del Andalu- 
zia, y natural de la villa de Burbaguena 
Reyno de Aragón. Al Illustrissimo, y Re- 
verendissimo señor don Fr. Antonio de 
Trejo Panyagua, General que fue de toda 
la Orden del Seraphico P. S. Francisco, y 
aora Obispo de Cartagena, y del Consejo 
de su Magestad el Rey nuestro Señor Fe- 
lipe IIII y su Embaxador especial que fué 



- 48 - 



en Roma (Adornito) Con Licencia, En 
Valencia, por luán Bautista Margal, junto 
a S. Martin, 1635. (Al fin): En Valencia. 
Por luán Bautista Margal, junto a S. Mar- 
tin M.DC.XXXV. (Al pie de la portada del 
tercer volumen): En Murcia, por luán Fer- 
nández de Fuentes. Año 1643.» 

3 vols. en 4.°, a 2 colums. (Aunque el autor dice en 
sus prólogos y dedicatorias hallarse la obra dividida en 
tres partes en cuatro tomos, sospecho que no llegó a 
imprimirse el cuarto). El 1.°, de 296 págs., más 9 hojas de 
preliminares y 12 al final de tablas sin numerar.— Signs. 
§ 2—6: A— V 5.— Contiene: Portada.— V. en b.— Licen- 
cias (tres) de la Orden de Predicadores. — Aprobación de 
Fr. Marco Antonio Pérez.— Otra de Fr. Bartolomé Buy- 
sor.— Otra del M. Fr. Lamberto Novella. — Licencia del 
Dr. D. Martin Dolz.— Dedicatoria suscrita por el autor. 



Prólogo del autor al lector. — Erratas.— Texto.— Tabla 
de los capítulos y Tratados.— Tabla de las cosas que se 
tratan en esta primera parte.— Colofón. = Y el 2.°: De 
316 págs., más 7 hojas de preliminares y 18 al fin de 
tablas e índice sin numerar.— Signs. § 2—5: A— Y 5. — 
Portada. — V. en b.— Licencias (tres) de la Orden de Pre- 
dicadores.— Las mismas aprobaciones que la anterior. — 
Epístola dedicatoria suscrita por el autor al Husmo, don 
Fr. Antonio de Trejo. — Prólogo al lector. — Texto. — 
Tabla de los capítulos.— Tabla de las cosas notables, 
índice de los lugares de la Sagrada Escritura (en latín). 
Colofón. 

En cuanto al tercer volumen, reser- 
vamos su descripción bibliográfica para 
el lugar correspondiente de nuestro Ca- 
tálogo de Impresos en Murcia, y capítu- 
lo BoNACASA, al cual nos remitimos. 



c 



C AMARINO O Camarín (Lie. Pedro). 

De entre las noticias que a continua- 
ción damos, las referentes al lugar de 
su nacimiento y principales produccio- 
nes de su ing-enio, debámoslas a unos 
curiosos apuntes facilitados por el dis- 
tinguido bibliógrafo don Juan Catalina 
García al señor Conde de Roche, quien, 
a su vez, se ha servido prestárnoslos ge- 
generosamente. 

Fué el Licenciado Camarín o Cama- 
rino, que de ambos modos vémosle ci- 
tado, oriundo de Italia, natural de la 
villa de Auñón, en la Alcarria (1), y re- 
sidente, durante el bonito espacio no in- 
terrumpido de más de cuarenta y tres 
años, en la ciudad de Murcia, donde 
ejerció, desde noviembre de 1557, has- 
ta su muerte, acaecida a principios 
de 1601 (2), el cargo de Profesor de Gra- 
mática y Retórica, precediendo inme- 
diatamente en tan honroso empleo a 
nuestro insigne Cáscales, según queda 



(1) De entre las llamadas Relaciones topográficas que 
dieron a Felipe II nuestros pueblos de Castilla, en la del 
pueblo de Auñón se lee lo siguiente al hablar de los hijos 
notables de esta villa; 

€Ay otro Clérigo que se dice el Licenciado Camarín, na- 
tural de esta villa, tiene la Cátedra de Retórica en la Ciu- 
dad de Murcia, y una ración en la Iglesia de la Ciudad. Es 
persona de letras, y muy religioso, y que tiene otras mu- 
chas habilidades.» 

Relación que está fechada en 30 de noviembre de 1575. 

Nota del referido señor Catalina, que, manuscrita, tene- 
mos delante. 

(2) Camarino murió en diciembre de 1600. Cfr. García 
SoRiANO, ob, cit, pág. 29. (N. del e.) 



dicho en lugar oportuno, y siendo el 
primero de estos profesores que empe- 
zó a leer ambas asignaturas en el Cole- 
gio Seminario Conciliar de San Fulgen- 
cio por disposición del Cabildo de la 
Iglesia de Murcia (1), que era, como 
también en dicho lugar queda expresa- 
do, el que sostenía esta Cátedra con las 
rentas pertenecientes a la Prebenda de 
Preceptoría. 

Camarino, sin embargo, no disfrutó 
nunca íntegros estos emolumentos, no 
obstante el lucidísimo éxito logrado en 
sus oposiciones, y haber sido elegido 
por unanimidad de votos de los señores 
Capitulares, entre todos los opositores. 

«Administrando el Cabildo (escribe el 
doctor don Francisco López de Oliver, 
autor de la historia, que tal puede llamar- 
se, de esta antigua cátedra murciana) las 
rentas de Preceptoría desde el año de 1596, 
para pagar por sí, y sus Mayordomos los 
120 ducados de vellón a los tres Maestros 
(Ayudantes), con quien hicieron assiento 
los Diputados del Cabildo, obligándolo a 
la paga para el mayor beneficio de la pú- 



(1) El auto en que así lo ordenan el Obispo don Sancho 
Dávila y demás Capitulares, a 25 de octubre de 1594, es 
como sigue: 

«Dixeron, que aplicavan, y aplicaron la Cathedra de Gra- 
matica_y Retorica, que lee y rige el Licenciado Camarino, 
para q. de aquí en adelante se aya de leer, y lea en el Apo- 
sento de dicho Seminario; y para el estipendio del Regente 
de dicha Cathedra le aplicaban y aplicaron el Anexo, y 
parte de la Maestre Escolia según que lo tiene, y lleva el 
Licenciado Camarino; a quien se le notifique, que dentro 
del tercero dia passe a leer sus lecciones a dicho Semi- 
nario.» 



50 - 



blica enseñanza, reservó a Camarino parte 
de las rentas de la Preceptoria para su ma- 
nutención. Este, pues, por la escasez de 
cosechas del año 1598, escrivió al Ilustris- 
simo señor Obispo don Sancho Dávila, 
fundador, para que passara sus oficios con 
el Cabildo, a fin de que le permitiera el 
íntegro goze de las rentas de Preceptoria, 
pues él se obligaría a pagar los 120 duca- 
dos de los Ayudantes. Y en el Cabildo 
de 20 de febrero de 1599, se vio, con Memo- 
rial de Camarino, carta del Ilustrissimo 
señor don Sancho Dávila, su fecha en 
Yecla a 13 del mismo, pidiendo al Cabildo 
la gracia, que por su memorial pedía Ca- 
marino, siquiera por aquel año tan nece- 
sitado.» 

Hemos querido hacer esta cita para 
confirmar lo ya expuesto en otro lugar 
sobre que Cáscales fué el primero, y 
acaso el único de nuestros antiguos pre- 
ceptores de Gramática, a quien el Ca- 
bildo de Murcia quiso distinguir y agra- 
ciar con la renta entera de dicha Pre- 
benda. 

Camarino, según parece, hubo de ha- 
cerse acreedor a la protección del ilus- 
tre Obispo don Sancho, a quien vemos 
repetidas veces intercediendo por él 
ante el Cabildo, como en las ya mencio- 
nadas ocasiones, y como cuando en 1594 
quiso jubilarle «atenta su vejez y que 
avía servido mucho», bien que no pu- 
diera conseguirlo «por no acostumbrar- 
se a dar jubilaciones y resultar de ello 
algunos inconvenientes», según contes- 
tación de los señores Capitulares a la 
petición de su Prelado. También parece 
que en Murcia hubo de trabar amistad 
con algunos de los ingenios que más 
entonces la ilustraban; con el mismo 
Cáscales, sin duda, con don Pedro Gar- 
<iía Galarza, a la sazón Canónigo Magis- 
tral de la Catedral, con don Juan de la 
Sal, dignidad también de la misma Igle- 
sia, con don Diego Ramírez, y sobre 
todo con don Ginés de Rocamora, a 
quien alabó lindamente en versos lati- 



nos e italianos al principio de su Sphera 
del Universo. Murió, como insinuado 
queda, a los cuarenta y tres años y me- 
ses de su profesorado, en esta ciudad, 
día 11 de enero de 1601 (1). 

Escribió diversas y muy excelentes 
obras en prosa y verso, todas las cuales 
han quedado manuscritas, reservándo- 
nos, por ello, su descripción bibliográ- 
fica, conforme a las notas que tenemos 
presentes del referido señor Catalina, 
para nuestra Sección de Manuscritos. 
Sus títulos son: 

1.'^ «Agonismata et Triunphi Sanc- 
torum Martyrum Hispanorum in gra- 
tiam Senatus Murtiani»; auctore Cama- 
rino..., etc. (Es un verdadero Martiro- 
logio.) 

2.^ «Theatrum Sapientiae.» 

S.''^ «Polygraphia o general historia 
de todas las cosas inuentadas desdel 
principio del mudo...» Compuesto por 
el Licenciado Camarino..., etc. 

Obra de variada lección y muy erudi- 
ta, según el citado ilustre bibliógrafo, 
quien, por boca del mismo autor, dice 
haberle costado a éste muchas vigilias, 
sometiéndola después «a la censura de 
muchos hombres doctos y religiosos». 

4.^ «Soliloquios con Dios». 

5.^ «Discursos sobre la vida y muer- 
te de Cristo». 

Tratados estos últimos de materia 
mística, que van al fin de la Poligrá- 
phia. 

6.^ «Memoria histórica de San Ginés 
de la Xara». 

Varón tan estudioso, polígrafo, como 
se llama él mismo, y de tan aventajadas 
y sobresalientes prendas de erudición y 
talento, no dejaría de ejercer notabilísi- 
ma inñuencia en las letras murcianas 
durante toda la segunda mitad del si- 
glo xvi; y así, con efecto, hubo de acon- 



(1) Véase la nota precedente acerca de la fecha de la de- 
función de Camarino. 



- 51 - 



tecer, según lo dice él mismo en su ci- 
tada Polygráphia, declarándonos que 
con sus lecciones de maestro había sa- 
cado «grandes lechigadas! de hombres 
doctos en más de los treinta y seis años 
que al tiempo de componer dicha obra 
(en Murcia, como las demás que quedan 
referidas), llevaba de preceptor en dicha 
ciudad. 

Para muestra, ahora de su estilo, y 
por no reproducir la que ya nos dio el 
señor Asso con el epigrama en dísticos 
latinos titulado In Praetorem Urbanum 
mamcaíisstmum, vamos a trascribir las 
dos referidas composiciones que van al 
frente de la Sphera del Universo, de don 
Ginés de Rocamora (libro aún más raro 
que el de Asso), y que rezan al tenor si- 
guiente: 

Con siglo fu de 1' alta prouidentia 
Far el' alma inmortal del' huom terreno 
Per 11 donar 11 Ciel di gloria pieno 
Poi d' vna morte in santa penitentia 

Quindi r auiene al cor tanta eccelentia 
(Pur quato place al modo e frágil feno) 
Che cerchi con la mente, & alto senno 
Del cerchio Celestial 1' alta sapientia 

Cosí Genesio generoso angello 
(Sprezzando quá nostra visibil térra) 
Descrisserar a mente 1' alto Cielo. 

Tal che scriuendo ha fatto a dotti guerra 
Et a se stesso Athlante eccelso, e bello 
Sopra del grande Alcide, a cui s' afferra. 

CaMARINI POLIGRAPHI In LaUDEM 

AüTORis Encomastichon. 

Dedalus a Mino praeclusus carcere in alto 

Filiolum docuit Celitus iré viam, 
A Pharis doctas quoda, super astra Prometeus 

Monstrault furto scandere celsa poli. 
Architas varios cursus, Coelique meatus 

Descripsit radio sidera cuneta notans; 
Tu tamen, o Genesi nimium generóse, tullstí, 

Astronomum palmas, totaq, pucta Sophi. 
Quod si nunc magnos celebraret Graecla ludos 

Ornasset crines digna corona tuos. 

Véase Camarino en nuestra Sección 
de Manuscritos. 

Campillo Y Tarín (Don Francisco An- 
tonio). 

Poeta, natural de Teruel, donde nació 
en 1706, y residente en Murcia desde 



1755 en adelante. Estudió Humanidades 
y Filosofía en su patria, y la Jurispru- 
dencia civil y canónica en la Universi- 
dad de Huesca, recibiendo el grado de 
Doctor en ambos derechos en 1728 y 
siendo nombrado a los dos años siguien- 
tes Provisor y Vicario general de la 
diócesis de Teruel, cargo que desempe- 
ñó hasta el referido año de 1755, en que 
obtuvo plaza de Fiscal del Santo Oficio 
de la ciudad de Murcia, a la vez que la 
de Inquisidor segundo del mismo Tri- 
bunal, de donde fué promovido para el 
de Valencia, no sabemos en qué año, 
pero sí que murió, en esta última capi- 
tal, por el de 1789. Escribió: 

1.° «Epitome Actorum, et Vitae V. 
et Ilmi. D, Ciar. Memoriae D. Francis- 
ci Pérez de Prado et Cuesta, Meritiss. 
Olim Turolensium Episcopi, et Genera- 
lis Hispaniarum Inquisitoris, ac Sanctae 
Cruciatae Commissari: Elucubrata, et 
in Disthicis decantata. Cum notulis ad 
Calcem illustrata». Valencia, por Josef 
Tomás Lucas, 1756. 

En 4.° mea. mayor. Consta de 164 dísticos puros y 
elegantes. 

2.° «Povematum et Poesum D. Fran- 
cisci Antonii Campillo, et Tarin, Can. 
Turelensis, et Antiquioris Valentiae In- 
quisitoris Libri IV. Ad Nepotem D. Sal- 
vatorem Campillo et Gargallo Turolen- 
sem, et studiosoe Legum. Inventutis in 
Valentino Lyceo Rectorem. Cum pro- 
prio materiae Elencho in Calce cujus- 
que libri et membri. Accésit novissime 
Liber V. de Conditione, et actiis Turo- 
lij, cum non nulis Regis Jacobi I». Va- 
lentiae, 1778. 

Ms. en 4.° de 282 hojas, que se hallaba en la librería 
de la casa paterna del autor. 

Y Últimamente varias composiciones 
poéticas latinas, algunas de ellas de bas- 
tante y dilatada extensión, que se hallan 



- 52 - 



incorporadas a varios libros impresos 
en tiempo del autor. 
Así en la Biblipteca de Latassa. 

Campos (Don Ramón). 

Nació en la villa de Burriana, de don- 
de, siendo aún muy niño, se trasladó 
con sus padres a la de Nules, motivo 
por el que creyeron algunos era natural 
de esta villa. Poco después un tío suyo, 
llamado don José Pérez, dignidad de 
Arcediano de Chinchilla en la Catedral 
de Murcia, se lo trajo a esta ciudad, 
haciendo sus estudios en el Seminario 
Conciliar de San Fulgencio, de la mis- 
ma, de donde salió tan aprovechado, 
que, entre otros muchos opositores, 
ganó la cátedra de Teología, contando 
la edad de solos diecisiete a dieciocho 
años; y dedicándose después a la Quí- 
mica y Física, hizo oposición a la cáte- 
dra de esta ciencia en los Reales Estu- 
dios de San Isidro de Madrid. Murió en 
el primer año de la guerra de la Inde- 
pendencia, o sea en 1808, en un encuen- 
tro con los franceses, cerca de Belmon- 
te, en la Mancha. Escribió: 

1.° c Sistema de Lógica.» Madrid, 
1790. En 8.° 

Obra en que se propuso por objeto or- 
denar en un sistema sencillo todas las 
funciones del entendimiento en busca 
de la verdad, y reducir a las menos y 
más claras palabras cuanto pertenece a 
la verdadera lógica. 

2.° «La Economía reducida a princi- 
pios exactos, claros y sencillos», Ma- 
drid, imprenta de don Benito Cano, 
1797. En 8.° 

3.° «El Don de la palabra en orden 
a las lenguas y al ejercicio del pensa- 
miento, o teoría de los principios y 
efectos de todos los idiomas posibles». 
Madrid, por Gómez Fuentenegro, 1804. 
En 8.° 

Fuster: Tom. 2.", pág. 327. 



Campoy (Fr. Juan). 

No sabemos a punto fijo el pueblo o 
patria de este venerable franciscano, 
haciéndolo algunos de Alcocer y otros 
de Madrid; pero nos consta que residió 
mucho tiempo, acaso la mayor parte de 
su vida, en la provincia de Murcia. Así, 
por ejemplo, sabemos que entre los mu- 
chos honrosos cargos que se le confirie- 
ron dentro de su regla observante fue- 
ron el de Fundador del convento de Re- 
coletos de la villa de Cehegín; el de 
Guardián, luego, del Real de San Fran- 
cisco de la ciudad de Murcia, que ejer- 
ció dos trienios consecutivos, después 
de haber desempeñado la Prelacia en 
1575; y últimamente los de Definidor y 
Custodio de la provincia de Cartagena 
en 1583. Tampoco hemos podido averi- 
guar el año y lugar de su muerte, pero 
sabemos que en 1596 estaba todavía de 
Guardián en el referido convento de 
Murcia, en donde acaso hubo de pasar 
de ésta a mejor vida. 

«Fué autor (dice el de la Crónica de la 
Provincia de Cartagena) de un ms. que 
está en la librería de Santa Catalina del 
Monte; y es traducción de la obra latina 
del M. R. P. Bourchier, Inglés de nación, 
que se imprimió en París el año de 1582, y 
trata Del Martyrio que padecieron muchos 
Religiosos en Inglaterra en la persecución 
del infeliz Enrique 8. y en Belgio, por 
aquellos mismos tiempos. Pero llegando a 
la vida del limo, y Santo Mártyr Fr. Patri- 
cio Delio, Obispo Mayonense, viendo el 
R. P. Campoy, que dicho P. Bourchier 
omite todos los sucesos del Santo Mártyr, 
en esta Provincia, arrima el empleo de 
traductor, y emprende el de Autor propio, 
y pone de su misma pluma la Vida del 
Santo Obispo. > 

Camuñas (Fr. Diego). 

Nació en Alcázar de San Juan en 1632, 
de padres muy limpios y honrados, que 
lo fueron Juan García de Camuñas y 



— 53 — 



Emerencia Jiménez. Vistió el hábito de 
San Francisco en el convento de Santa 
Catalina del Monte de la ciudad de Mur- 
cia en el día 1.*' de agosto de 1652, pro- 
fesando en el mismo al año siguiente. 
Cursó allí los estudios de Filosofía y 
Teología, facultades en que salió muy 
aventajado. Trascurridos once años fué 
nombrado opositor a las cátedras de 
Artes, asignándosele para su desempe- 
ño el convento de Villanueva de los In- 
fantes en 1666, y hallándosele en el si- 
guiente otra vez en Murcia desempe- 
ñando el empleo de Lector de Teología 
en el convento de San Francisco, de di- 
cha ciudad, cuya cátedra hubo de re- 
nunciar a los pocos años, por ocuparle 
más el cargo que, en sustitución del ve- 
nerable Abengozar, obtuvo de Padre 
espiritual y Confesor del Monasterio de 
Descalzas Reales de la villa de Muía, en 
la cual permaneció hasta 1684, teniendo 
entonces ocasión de conocer y dirigir 
espiritualmente a la Venerable Madre 
Sor Juana de la Cruz, cuya vida escri- 
bió y dio a la luz pública en 1704. 

Desde el referido año de 1684 a 1699, 
en que por vez tercera lo hallamos ha- 
bitando en Murcia, obtuvo los empleos 
de Secretario General de su Provincia, 
de Padre Misionero y de Ministro Pro- 
vincial de la Familia cismontana, en 
cuyo gobierno hubo de experimentar, 
según sus biógrafos, muchos y muy 
amargos sinsabores. 

Retiróse, pues, cargado de años y fa- 
tigas a su antigua celda del convento 
de Murcia en el citado año de 1699, o 
tal vez antes, y allí permaneció ya hasta 
el año de su muerte, ocurrida en sep- 
tiembre de 1712 en el pueblo de su na- 
turaleza; todo lo cual consta de ciertas 
Relaciones sobre la vida y muerte de 
este venerable franciscano, que un tal 
Francisco Rioja, vecino de Zocuélla- 
mos, facilitó al Padre Cronista, de quien 



tomamos mucha parte de las preceden- 
tes noticias. 

Fué, según parece, el P. Camuñas 
varón instruido, muy versado en divi- 
nas letras y gran conocedor de las hu- 
manas costumbres. Como orador, sin 
embargo, no pasa de una vulgar media- 
nía; y por lo que a su estilo toca, hállase 
privado de todo adorno literario y hasta 
de buen gusto, resultando, por ende, 
extremadamente sencillo y flojo. 

A continuación ahora las noticias que 
con respecto a sus escritos nos trasmite 
el referido P. Ortega en su Crónica de 
la Provincia de Cartagena: 

«No contento el M. R. P. Camuñas (dice) 
con los trabajos y fatigas de sus Misiones, 
en medio de tan graves y tan afanosos em- 
pleos, escribió y dio a la pública luz varios 
tratados de mucha doctrina y erudición... 
El año de 1676, día primero del mes de 
julio, predicó un Sermón de Honras de la 
Ven. y Gran Sierva de Dios Sor María 
Magdalena, Religiosa Bernarda en el Mo- 
nasterio de Villa Robledo, y éste se impri- 
mió en Murcia el año 1678. El año 1699 im- 
primió en la misma ciudad de Murcia dos 
Oraciones Fúnebres Panegyricas de Ani- 
versario y Honras de la Ven. Sor Juana 
de la Cruz. El de 1704 imprimió en la ciu- 
dad de Orihuela la Vida de la misma Ven. 
Madre Sor Juana de la Cruz, fiindadora 
ilustre del Real Monasterio de Nras. Des- 
calzas de la Villa de Muía, al que tituló: 
Místico Candelero de Oro, y es libro en 
quarto. Publicó también dos tomos de Mi- 
siones en quarto, los que tituló: Clamores 
Apostólicos y Ciegos alumbrados, y se im- 
primieron en Murcia el año de 1710. Asi- 
mismo otro tomo de Doctrinas para intro- 
ducirse a las misiones, y éste se imprimió 
también en quarto en la misma ciudad el 
año de 1711.» 

El autor de la Bibliotheca Universa 
Franciscana cita además otros tres 
Sermones del P. Camuñas: uno de La 
Inmaculada Concepción de Nuestra Se- 
ñora, y los dos restantes De San Luís 
Gonsaga, y De San Francisco Javier, 
impresos estos últimos en Logroño en 



54 - 



1622. Noticia a todas luces falsísima, 
supuesto que en dicho año, como notó 
muy bien el P. Ortega, faltaban diez 
todavía para que viniese al mundo el 
P. Diego Camuñas. 

Véase el mismo en nuestro Catálogo 
de libros impresos en Murcia. 

Cantera (Don Diego de la). 

Por el autor anónimo (1) de la Biblio- 
teca Asturiana, escrita por los años 
de 1782, y citada por don Bartolomé 
José Gallardo en la suya de Libros ra- 
ros y curiosos, sabemos que este don 
Diego de la Cantera fué Colegial del 
Colegio Mayor de Oviedo y miembro 
del Consejo de Pravia, y que residió al- 
gún tiempo en Murcia, en cuya ciudad 
hallándose ejerciendo en cargo de Jues 
de Causas, escribió una obra que se im- 
primió luego en Salamanca (1589) y en 
Francfort, titulada Quaestionum cri- 
minalium practicarum volumen. En 
folio. 

Cartagena (Don Alonso de). 
Véase Santa María. 

Carrasco (P. José). 

• Jesuíta, residente en la casa de la 
Compañía, de la ciudad de Murcia, y 
Maestro de Teología en la Cátedra de 
Vísperas del Colegio de la misma por 
los primeros años del segundo tercio 
del siglo xvin. Debió ejercer también, 
por algún tiempo, el cargo de Padre es- 
piritual del Convento de Madres Agus- 
tinas de dicha ciudad, de cuya venera- 
ble Fundadora, Sor Mariana de San Si- 
meón, trazó la vida, por encargo, según 
parece, o a instancias del protector del 
mismo monasterio e Ilustrísimo Obispo 
de Cartagena don Juan Mateo López, a 
quien va dedicada. 



(1) Lo fué el canónigo Posada. 



Hablando en ella (págs. 197 y sigs.) 
de la ciudad del Segura, dice su autor: 

<Esta era la gran ciudad de Murcia, ca- 
beza de aquel Reino, emporio de comer- 
cio, letras y virtudes, Corte el día de hoy 
del Obispo de Cartagena y una de las más 
florecientes repúblicas de España. Su si- 
tuación, extremadamente agradable, es en 
un frondoso valle, a la costa meridional, 
no lejos del Mediterráneo. Por la parte 
del Poniente, hacia Levante, la baña el río 
Segura, cuyas caudalosas aguas, no sólo 
dan abasto a su población, que se extiende 
a seis mil familias, sino que pueden lla- 
marse de oro, con más razón que las are- 
nas del Tajo, por el mucho que atesoran 
los naturales con el abundante esquilmo 
de su riego. Este es el que anima un dila- 
tadísimo pensil de más de quince millas 
de longitud, que no tiene equivalente en 
toda la extensión de estos Reinos; cuya 
delicia es aún mayor que su fama; pues 
sobre un terreno sumamente fértil en to- 
das las estaciones del año, en que nunca 
cesa de la cosecha de granos, legumbres 
y hortalizas, se deja ver con gran método 
arbolado de toda especie de plantas, prin- 
cipalmente de las que sirven para el mara- 
villoso ingenio de la seda. Puede decirse 
con verdad, que todo el año es una Prima- 
vera continuada, donde no faltan las flo- 
res, ni los frutos; pero lo más primoroso de 
este pequeño paraíso, es la harraoniosa 
distribución de sus aguas, que sin ponde- 
ración es especie de maravilla el modo 
con que a tantos y tan diferentes rumbos 
se reparte. Para esto se divide el Río con 
una gran fábrica de sillería; y a poco más 
de legua y media, antes de la Ciudad, se 
toman las alturas de suerte, que por uno y 
otro lado parten tres caudalosas corrien- 
tes, que allí llaman cequias mayores; de 
éstas salen innumerables surtidores, los 
cuales van regando por todas partes, sin 
dejar un palmo de tierra; con tanta sime- 
tría, que a veces los unos corren por enci- 
ma de los otros, a beneficio de puentes, 
tablachos y compuertas, con que hasta el 
agua que revierte cae en sus vecinas cana- 
les, y encaminándose por el más hondo 
terreno en dos zanjas, vulgarmente llama- 
das azarbones, van a morir en el Río, de 
donde vuelven a salir, sin perderse una 
sola gota que no riegue o fertilice. Toda 



55 



esta deliciosa campaña está vistosamente 
entretegida de un gran número de habi- 
taciones, y algunas muy bien fabricadas 
para la recreación de sus dueños; en tan- 
to grado, que se computa el vecindario 
de la Huerta otro tanto como contiene 
el ámbito de la Ciudad; y por esto suele 
decirse, que cuenta Murcia hasta doce 
mil sus vecinos (1). Son los aires salu- 
dables, las aguas provechosas, la tempe- 
rie nada excesiva, los alimentos fáciles, y 
transcendientes los ingenios. En lo demás 
en que es común a otras Ciudades, a nin- 
guna es inferior Murcia, y muy antigua 
nobleza, crecidísimos sus mayorazgos, y 
sobresaliente su lucimiento. La Clerecía, 
y Religiosas Familias, de lo más respeto- 
so, grave y literato de España; con no vul- 
gar número de Monasterios de Vírgenes, 
entre las cuales los dos de Madres Capu- 
chinas, y Agustinas Descalzas, son tenidos 
con mucha razón por dos ilustres Relica- 
rios de Santidad. Hasta en lo material, no 
la falta el correspondiente adorno de mag- 
níficos edificios, bellos Templos a la mo- 
derna, donde luce no menos el aseo que la 
perfección: una Catedral bastante mages- 
tuosa, con algunas maravillas del arte: va- 
rias obras públicas de primorosa arquitec- 
tura, cuya grandeza pedía relación más 
difusa, de lo que permite una descripción 
casual.» 

Como habrá podido notarse por la 
precedente muestra, el P. Carrasco fué 
escritor de claro, sencillo y agradable 
estilo, circunstancia, por cierto, no muy 
común en su tiempo, y por la cual, sin 
duda, logró entrar en la Academia. 

Las obras que hasta ahora de él cono- 
cemos, son: 

1, «Oración Fúnebre, que a las Hon- 
ras del Illmo. y Rmo. señor don Thomás 
Joseph de Montes, Arzobispo, Obispo 
de Cartagena, celebradas por el Illmo. 
Cabildo de la misma Santa Iglesia, dixo 
el M. R. P, Joseph Carrasco.» En Mur- 
cia, en la Imprenta de Francisco Joseph 
López (S. A.). -En 4.» (2). 



(1) Cifra que en el día se halla más que triplicada. 

(2) Véase Carrasco (P. José) en nuestra Sección de 
Impresos en Murcia. 



2. «La Phénix de Murcia. Vida, Vir- 
tudes de la Venerable Madre Mariana 
de San Simeón, fundadora de los Con- 
ventos de Agustinas Descalzas de Al- 
mansa y Murcia.» Su Author el Padre 
Joseph Carrasco, de la Compañía de Je- 
sús, Maestro de Theología en el Colegio 
Imperial, y Académico de la Real Aca- 
demia Española, Quien la dedica al Ilus- 
trissimo y Reverendissimo señor don 
Juan Matheo López de Sáenz, dignissi- 
mo Obispo de Carthagena. En Madrid. 
Por Manuel Fernández, Impressor del 
Supremo Consejo de la Inquisición de 
la Reverenda Cámara Apostólica, y de 
las señoras de la Encarnación. Año de 
M.DCC.XLVL 

En 4.° mlla.— 488 págs., más 11 hojas de prelims., 
y 4 al final, de índice, sin numerar.— Signs: (-f) A. — 
Qqq 2.— Portada.— V. en b.— Escudo de armas del Mece- 
nas,— Dedicatoria.— Licencia de la Religión. — Aproba- 
ción del Dr. don García Montoya y Sandoval. — Licencia 
del Ordinario.— Aprobación del P. José Casani.— Licen- 
cia del Consejo. — Aprobacióu de la Real Academia. — 
Fe de Erratas. — Suma de la Tasa a ocho maravedís el 
pliego.— Texto con laminasen él intercaladas. — índice. 

Cartagena (Alonso de). 
Véase Santa María. 

Carvajal (Don Bernardino de). 
Véase López Carvajal. 

Casanova (Fr. Juan de). 

Religioso Dominico. En una Aproba- 
ción suya puesta al frente de un sermón, 
impreso en 1742, se llama él mismo Pa- 
dre Presentado, Prior, que ha sido en 
el Convento de Santo Domingo de Basa. 
Examinador Synodal del Obispado de 
Guadix, y Prior actual del Real Con- 
vento de Santo Domingo de Murcia, 
cargo que todavía ejercía en 1753, como 
puede verse consultando en nuestro Ca- 
tálogo de Impresos en Murcia, los ar- 
tículos Carrasco (P. José) y Casanova 
(Fr. Juan de).. 

Conocemos de él: 



- 56 



«Oración fúnebre Panegyrica en las 
solemnes exequias que se celebraron en 
el Convento de Madres Agustinas Des- 
calzas de la Ciudad de Murcia, a la bue- 
na memoria del Illmo, Rmo. Señor Don 
Juan Matheo López, Obispo que fué de 
dicha Ciudad y Obispado.» (Al final): 
En Murcia: Imprenta de Phelipe Díaz 
Cayuelas. 

Véase Casanova en nuestra Sección 
de Impresos en Murcia. Véase también 
Mateo López en el presente Catálogo. 

Castaño (Fr, Francisco). 

Padre Franciscano de la Provincia de 
Cartagena: floreció en el segundo tercio 
del siglo xvii; fué natural de la Mota del 
Cuervo, en la Mancha, y residió princi- 
palmente en los conventos de Tobarra, 
Cartagena, Lorca y Villarrobledo, en 
donde acaso acabó sus días, sin que ha- 
yamos podido averiguar el año de su 
muerte ni el de su nacimiento. Sólo sa- 
bemos que fué guardián de todos estos 
citados monasterios; que en 1657 con- 
fiósele el cargo de Vice-Comisario Ge- 
neral de Indias por el reverendísimo y 
distinguido P. Julián Pérez, que a la sa- 
zón ejercía el de Vicario General de 
toda la Orden Minorita; y que en 1672, 
merced a sus méritos y excelentes dis- 
posiciones para la sagrada tribuna, fué 
nombrado Predicador General; grado, 
según el decir de entonces, de grande 
estimación y no a todos asequible. 

«Fué este venerable Religioso (dice el 
autor de la Crónica de la citada Provincia), 
sujeto muy capaz para todo, pues se unían 
en él las prendas de virtuoso, prudente y 
sencillo, con la inteligencia de todas ma- 
terias y facultades, pero con especialidad 
en la Mística Teológica; por lo cual, lle- 
vando la atención de toda la Provincia, le 
ocupó en diferentes honoríficos empleos, 
manifestándolo con expresiones bien par- 
ticulares. > 



Dejó escritos unos Papeles sobre la 
Vida y virtudes de Sor María de Jesús, 
natural de Villarrobledo, que sirvieron 
luego de abundantes materiales para es- 
cribir otra más extensa de esta misma 
sierva, al diligente Párroco de aquella 
Villa, y paisano nuestro, don Blas Fran- 
co Fernández, de que en otro lugar nos 
hemos ocupado. 

Cepeda (P. Francisco de). 

Jesuíta, natural de Toledo. Entró en 
la religión en 1609, de edad de quince 
años. Fué profesor de Filosofía y de 
Sagrada Escritura, y rigió durante al- 
gún tiempo el Colegio de la Compañía 
de la ciudad de Murcia, según leemos 
en la Biblioteca Jesuítica del P. Rivade- 
neyra, continuada por Alegambe, por 
quien también sabemos haber escrito 
el dicho Cepeda unos «Comentarios al 
Eclesiástico» (Commentarius in Eccle- 
siasticum), que no se publicaron ni aca- 
bó su autor, por haberle sorprendido la 
muerte. 

CoMONTES (Don Diego de). 

Hijo de don García Alfonso de Co- 
montes y de doña Teresa Alfonso, y 
Obispo de Cartagena desde 1447 a 1462, 
en que pasó a mejor vida, siendo sepul- 
tado en la Catedral de Murcia en la ca- 
pilla que lleva su nombre. Escribió en 
latín unas extensas Constituciones o . 
Fundamentum Ecclesiae Carthaginen- 
sis, donde se contiene, entre otras va- 
rias curiosidades interesantes, la histo- 
ria de sus Obispos, desde don Fr. Pedro 
Gallego hasta él; y la relación de las 
rentas, términos, posesiones, dignidades 
y preeminencias del Obispado; Cons- 
tituciones que, juntamente con otros va- 
rios documentos pertenecientes a dicha 
Iglesia y copilados por el ilustrísimo 
don Diego de Rojas y Contreras, vieron 



— 57 - 



la luz pública en 1756 (Madrid, por don 
Gabriel Ramírez) bajo el siguiente tí- 
tulo: 

cFundamento de la Santa Iglesia, y 
de toda la Dioecesi de Carthagena, es- 
crito y ordenado por el ilustrissimo se- 
ñor don Diego de Comontes (o don Die- 
go Deza Montes), Obispo que fué de 
dicho Obispado, desde el año de 1447 
hasta el de 1458 en que murió.» 

Es, sin duda, la misma obra a que se 
refiere Gil González Dávila, dándola 
por perdida. 



Concepción (Fr. Juan de la). 

Religioso Minorita de la Regular ob- 
servancia. Hallándose morador en el 
convento de San Francisco, de Murcia, 
por los años de 1667 y sus inmediatos, 
escribió la siguiente obra de contro- 
versia: 

«Resolución Theologica, Moral y Ca- 
nónica, en que se expone el Decreto 
de la Santa Inquisición sobre privación 
de Oficios en la Orden>.— Madrid, por 
Francisco Nieto, 1668. En 4.'^. 



CH 



Chumillas (Fr. Julián). 

Conforme al testimonio de los varios 
autores que de él tratan, fué este escri- 
tor natural de la villa de la Parra, pe- 
queño pueblo de la serranía de Cuenca, 
donde nació por los años de 1626 a 1627 
próximamente. Vistió el seráfico sayal 
en el convento de Cuenca en 1644; y 
habiendo profesado en el siguiente, pu- 
siéronle a estudiar Filosofía y Teología, 
en cuyas dos materias, merced a su apli- 
cación y aventajado ingenio, salió muy 
pronto aprovechadísimo . Terminados 
sus estudios, fué nombrado opositor a la 
Cátedra de Artes e instituido en 1656 
Lector de la de Filosofía, pasó a desem- 
peñarla al convento de San Francisco, 
de Cartagena, donde permaneció cuatro 
años, al cabo de los cuales fué designa- 
do para la Cátedra de Teología en el 
convento de Murcia, «donde (dice el 
P. Ortega) continuó y finalizó su Lectu- 
ra de los doce años», o sea hasta obte- 
ner su jubilación en 1672. 

Después fué elegido sucesivamente 



Ministro Provincial y Custodio de su 
Provincia de Cartagena, Visitador lue- 
go de la de Santiago, y últimamente Co- 
misario general de Indias, acabando sus 
días en Madrid a 9 de diciembre de 16%, 
y habiendo habitado, entre Cartagena 
y Murcia, muy cerca de diez y seis 
años. 

El referido P. Ortega cita de este 
autor dos Tratados o Conclusiones «doc- 
tísimas y universales», según sus pala- 
bras; pero nada más nos dice, por don- 
de podamos conjeturar que hayan sido 
impresas. Ambas fueron, según decir 
de entonces, presididas por el autor en 
dos grandes solemnidades: las primeras 
en un Capítulo General celebrado en 
Toledo en 1682, «con grande aplauso y 
general aclamación de tan autorizado 
Congreso»; y las segundas, en otro del 
mismo género celebrado en Roma, año 
de 1688, sobre Teología escolástica, «tan 
subtiles y eruditas, que fueron la admi- 
ración de los muchos admirables inge- 
nios como allí concurrieron de todas las 
naciones». 



D 



Dávila y Toledo (Don Sancho), 

Venerabilísimo sacerdote, natural de 
Avila, donde nació en 1546, del ilustre 
señor don Sancho Dávila, Marqués de 
Velada, y de doña Juana Henríquez de 
Toledo, ambos de elevada alcurnia. Re- 
cibió, conforme a su alta clase, una 
educación brillante; y ya acabados sus 
estudios, sobresaliendo en las sagradas 
letras, y habiendo logrado un buen cré- 
dito en la república de los sabios, fué 
invitado a desempeñar una cátedra en 
la Universidad de Salamanca, de la que 
fué Rector algunos años, enseñando las 
ciencias teológicas con bastante fruto y 
gloria de su nombre. Diósele la Canon- 
jía Penitenciaria de la Iglesia de su 
patria; el Deanato, después, de la de 
Coria; y, como digno de mayores em- 
pleos, fué promovido al Obispado de 
Murcia en 1591, nueve años después al 
de Jaén, luego al de Sigüenza, y última- 
mente al de Plasencia, donde acabó sus 
días en 6 de diciembre de 1625. Tam- 
bién fué por algún tiempo confesor de 
Santa Teresa, según se desprende de 
dos cartas dirigidas por la misma a este 
Prelado; circunstancia que hace más 
y más esclarecida la memoria de su 
nombre. 

De él han hablado con grandes elo- 
gios algunos escritores murcianos, en- 
tre ellos nuestro don Alonso Cano de 



Urreta, quien en uno de los lugares de 
sus Días de Jardín dice: 

«De quien y de su sepultura (de la de 
Adán) trata divinamente en aquel su libro 
todo precioso, de la adoración de las reli- 
quias, nuestro santísimo Pastor y Obispo, 
que fué algún día, y nos le quitó la buena 
dicha de Jaén, el ilustrísimo y nobilísimo 
señor, tanto como por sangre, por letras y 
por santidad, don Sancho Dávila y Toledo. 
Parecerá encarecimiento, y es quedar cor- 
to; no ha visto nuestra lengua ni tales se- 
cretos de erudición divina, ni tal gravedad 
de sentencias santas, ni tal dulzura de es- 
tilo de oro; no sé a qué santo Doctor pue- 
da decir que ha imitado, pues puedo de- 
cir que a nacer hoy, tuvieran que admirar 
en él muchos de los Doctores. ¿Qué mila- 
gro? Apocóse la mano de Dios en los 
pasados, para no resplandecer su espíritu 
en las plumas de otros. Honraráse nuestra 
edad, en las venideras, con joya o con 
joyel tan peregrino, si bien de la nuestra 
(quitados algunos que reverencio verda- 
deramente doctos) hecha a estimar farfa- 
Uas, temo falta de la estimación justa: por- 
que perezosos coraúnmeme, y aun impo- 
sibles al trabajo, en no siendo sermones 
derechos, nacen para enterrados entre 
gusanos y polvo, los más doctos libros. 
¿Que intento las alabanzas de este gran 
varón?, pues comenzarlas es agraviarlas...» 

Según parece, hubo de ser también 
algo inclinado a la ostentación, bien que 
sin viso alguno de profano orgullo, y lo 
decimos por el siguiente curioso caso 
que trae el doctor don Alfonso Revira 



- 60 - 



y Gálvez en Elogio histórico del Beato 
Andrés Hibernón: 

«El limo. Sr. Don Sancho Dávila (dice) 
le introdujo una vez en su Oratorio de la 
Ciudad de Murcia, y manifestándole reli- 
quias insignes, pinturas delicadas, joyas y 
adornos preciosos, deseando que todo lo 
viese, nuestro Beato con su vista inclinada 
hacia la tierra: —Señor Ilustrisimo, le res- 
pondió, yo encuentro en Dios todo esto, y 
mucho más de lo que aquí se ve; estimo 
más la pobreza de mi celda que acercar- 
me adonde están todas estas preciosi- 
dades.* 

Un hombre de su valimiento, de su 
instrucción y de su literatura, no deja- 
ría de ejercer la consigniente'influencia 
en el fomento de las^ letras murcianas, 
como, con efecto, hubo de ejercerla ex- 
traordinaria y amplísima, como ningu- 
no de los Obispos sus antecesores, con 
la erección del Seminario Conciliar de 
San Fulgencio, Academia después de 
tantos y tan esclarecidos varones como 
han honrado a Murcia y aun a España. 

Cítanse, como es sabido, de don San- 
cho Dávila, las siguientes obras: 

1.^ «Los sermones que predicó en 
las quatro ciudades de su Obispado 
Jaén, Ubeda, Baeza y Anduxar en las 
obsequias de la Serenissima Reyna de 
España, doña Margarita de Austria, 
año de MDCXI».— Baeza, 1615. En 4.° 

2.^ «Vida de S. Vidal, Arcipreste y 
Martyr de Toledo».— Baeza, 1601. 

3.^ «De la Veneración que se debe a 
los cuerpos de los santos y a sus reli- 
quias, y de la singular con que se a de 
adorar el Cuerpo de Jesu-Christo Nues- 
tro Señor en el Santissimo Sacramen- 
to».— Madrid.— 1611. En fol. 

4.* «Aparición y milagros de Nues- 
tra Señora de la Cabeza» . 

5.^ «Vida de San Agustín». 

6.* «Vida de Santo Tomás». 

Inéditas estas últimas; y además la 
elegante versión que hizo del latín al 



castellano de «Los Suspiros de S. Agus- 
tín». -Madrid, 1601 y 1626. En 16." 

Pero lo más interesante de este autor, 
para los murcianos, son los Autos que 
empezó a formar en 1592 relativos a la 
erección del referido Colegio Semina- 
rio, y de los cuales vamos a permitirnos 
copiar los siguientes curiosos porme- 
nores: 

«En la muy noble, y muy leal Ciudad de 
Murcia, lunes, tres días del mes de agosto 
de mil y quinientos y noventa y dos años, 
los señores Deán y Cabildo de la Santa 
Iglesia de Cartagena, estando juntos en la 
Capilla de San Juan del Claustro, lugar 
diputado en su Cabildo Ordinario, a son 
de campana, como lo han de uso y cos- 
tumbre, celebrando y haciendo Cabildo 
Espiritual; conviene a saber: el Doctor 
don Alberto de Lisón, Deán; don Esteban 
Gil Riquelme... etc.; y estando ansí juntos, 
como Cabildo, su Señoría de don Sancho 
Dávila, Obispo de este Obispado, vino al 
dicho Cabildo, y entre otras cosas, que re- 
firió e propuso, dixo, que se pusiesse en 
execución y por la obra el Seminario con- 
forme a lo establecido y ordenado por el 
Sacro General Concilio de Trento, pues 
sabían y entendían el bien que de él havía 
de redundar a esta ciudad, y todo este 
Obispado, y que los señores Comisarios, 
que estaban nombrados para este efecto, 
que eran don Antonio de Roda, Arcedia- 
no de Lorca, don Juan de Orozco, el Li- 
cenciado Alfonso Rodríguez Navarro, Ca- 
nónigos, el Doctor Hurtado, Raci.onero, e 
Martín Ponce, Medio Racionero, y junta- 
mente con sus mercedes el señor Doctor 
Arce, Canónigo, fuesse assimismo Comis- 
sario, por haver hecho un discurso sobre 
el provecho que ha de redundar de hacer- 
se el dicho Seniinario, se juntassen con su 
Señoría, y tratassen de ello con muchas 
veras, y que el sitio, donde le parecía, que 
más cómodamente se podía hacer el dicho 
Seminario, era el Taller, con la casa de los 
Andosillas, y que se le pusiesse por nom- 
bre San Fulgencio, pues havía de ser Pa- 
trón de esta Iglesia y Obispado; y que de 
todo esto los señores Comissarios diessen 
parte a la Ciudad, para que ayudassen a 
tan buena obra: los dichos señores Deán 
y Cabildo besaron las manos y agradecie- 



- 61 - 



ron a su Señoría tan santa y tan buena 
obra, y acordaron y mandaron se pusiesse 
luego por execución, y que los señores 
Comissarios fuessen a dar razón a la Ciu- 
dad, y se haga en todo lo que su Señoría 
ordenare y mandare.» 

«Martes, quatro días de dicho mes de 
agosto del dicho año de mil y quinientos 
y noventa y dos, después de dicha Missa 
Mayor, los señores Comissarios refirieron 
cómo havían hablado a la Ciudad en el 
particular del Seminario, y que la Ciudad 
lo havía tomado a bien, y que se pusiesse 
por la obra, que de su parte ayudarían a 
ella, como todo lo susodicho consta de los 
Autos Capitulares, que sobre ello passa- 
ron, que quedan assentados en el Libro 
de ellos... > 

«En la muy noble, y muy leal ciudad de 
Murcia, a trece días del mes de agosto de 
mil y quinientos y noventa y dos años, su 
Señoría el señor don Sancho Dávila, Obis- 
po de Carthagena, del Consejo del Rey 
nuestro Señor, dixo: Que por quanto por 
los Decretos del Sacro General Concilio 
de Trento está dispuesto, que cerca de las 
Iglesias Cathedrales de cada Diócesis se 
levanten Seminarios, en que se hayan de 
recoger y estar cantidad de Mozos Cole- 
giales, que estudiando y amparando bue- 
nas costumbres, hayan de assistir al servi- 
cio del Altar; y porque esto hasta ahora 
no se ha hecho en esta Santa Iglesia, y 
Obispado, deseando su Señoría que tan 
justa y santa obra se cumpla y execute, 
como cosa tan importante al servicio de 
nuestro Señor, y bien y utilidad de esta 
Dioecesis: Por tanto, conformándose su 
Señoría con lo que por el dicho Concilio 
se manda cerca del nombramiento que ha 
de hacer de dos Canónigos de los más an- 
tiguos de su Iglesia, con cuyo acuerdo y 
consejo haya de proceder, ansí en la elec- 
ción de los Niños, que se han de criar y 
enseñar el dicho servicio, como en lo de- 
más necessario a su buena dirección y 
govierno, nombraba y nombró al señor 
don Juan de Orozco y Arce , y Licencia- 
do Alonso Rodríguez Navarro, Canónigos 
más antiguos de esta dicha Santa Iglesia, 
para el dicho efecto, a los quales su Seño 
ría manda, en virtud de santa obediencia, 
acepten la dicha elección e nombramiento, 
e firmólo su Señoría el Obispo de Cartha- 
gena. Ante mí Juan de Jumilla, Notario...» 



«En el dicho día, mes y año dichos, su 
Señoría del señor don Sancho Dávila, 
Obispo de Carthagena, del Consejo del 
Rey, continuando lo estatuido y ordenado 
por el dicho Sacro General Concilio de 
Trento, para que en todo haya cumplido 
efecto, dixo que nombraba e nombró al 
Doctor Pedro de Arce, Canónigo de esta 
Santa Iglesia, para que juntamente con el 
Canónigo, que el Cabildo de ella eligiere 
y nombrare, y los dos Clérigos, que con- 
forme al dicho Sacro Concilio de Trento, 
su Señoría, y el Clero de esta dicha Ciu- 
dad han de nombrar, assista con su Seño- 
ría al dar traza en el Edificio de dicho Se- 
minario y Colegio, y de donde se hayan 
de sacar la costa, que en él se ha de hacer, 
y señalar los salarios de los Maestros y 
Ministros, y las raciones que a éstos y a 
los Colegiales, se les han de dar para sus 
alimentos, y para todo lo demás, que con- 
venga a la hacienda, y renta del dicho Co- 
legio; y mandó que el dicho Doctor Arce 
acepte el nombramiento, y se lleve recau- 
do al dicho Cabildo, para que de su parte 
nombre el otro Canónigo, que se ha de 
nombrar para dicho efecto, y lo firmó el 
Obispo de Carthagena...» 

«E después de lo susodicho, en la dicha 
Ciudad de Murcia, en diez y ocho días de 
agosto de mil y quinientos e noventa y dos 
años, estando dentro de esta santa Iglesia 
de Carthagena, en la Capilla de Nuestra 
Señora del Socorro, que dicen del Theso- 
rero Graso, su Señoría del señor don San- 
cho Dávila, Obispo de Carthagena, del 
Consejo del Rey, nuestro Señor, e don 
Juan de Orozco y Arce... Canónigo de esta 
dicha Santa Iglesia; Miguel de Valdivies • 
so. Beneficiado; y Juan de Morales Albe- 
Uerin, Cura de San Nicolás, juntos los su- 
sodichos, su Señoría les propuso y encar- 
gó consideren y echen de ver con mucho 
cuidado, qué sitio y lugar haya cerca de 
esta dicha Santa Iglesia, que sea cómodo, 
para que en él se pueda hacer y levantar 
el Seminario, que por los Decretos del Sa- 
cro General Concilio de Trento se manda 
hacer; y haviendo tratado, y conferido cer- 
ca de la comodidad de algunas casas, y 
haviendo considerado las calidades, que 
concurren en el Taller, que esta dicha 
Santa Iglesia tiene junto a las casas, que 
dicen de los Herederos de Andosilla, ansí 
de ser aquel sitio sagrado y de la Iglesia, 



- 62 - 



como de poderse haber y comprar algunas 
de las casas circunvecinas con más como- 
didad que en otras partes, y que por las 
espaldas se puede tomar la parte que fue- 
re necessaria para ensanchar la Casa del 
Rincón, que está junto a la muralla, a la 
parte del Arenal, adonde se puede sacar 
una puerta, para que en el Invierno los 
Colegiales y Ministros del dicho Colegio, 
sin salir de él tomen el Sol,- e que por 
aquella parte pueden tener agua viva, por 
el aqueducto viejo, que antiguamente so- 
lía regar las tierras de la rinconada, cosa 
tan importante para la limpieza del dicho 
'Colegio, y que principalmente el dicho 
Seminario estará tan cerca de la Iglesia y 
Casas Episcopales, que con mucha facili- 
dad de día e noche y a qualquiera ocasión 
podrán ser visitados y requeridos por su 
Señoría, y Prelados y Capitulares, que 
son, e por tiempo fueren; y ansí unánimes 
y conformes dixeron, que el dicho sitio es 
el mejor y más cómodo que hay cerca de la 
dicha Iglesia, como también antes, havién- 
dose tratado y propuesto por su Señoría 
al dicho Cabildo, les pareció lo mesmo, y 
ansí su Señoría lo puede elegir y aprobar 
por tal, para el dicho Edificio, y su Seño- 
ría, con el dicho acuerdo, lo escogió y 
aprobó por tal, y lo firmaron. El Obispo 
de Carthagena, donjuán de Orozco..., etc.» 
«E después de lo susodicho, en la dicha 
ciudad de Murcia en veinte y un días del 
mes de agosto de este dicho año, su señoría 
del señor don Sancho Dávila, Obispo de 
Carthagena, del Consejo del Rey nuestro 
Señor, y los dichos señores don Juan de 
Orozco y Arce. . . , etc. , Cabildo de esta Santa 
Iglesia, y Clero de esta ciudad, se juntaron 
a tratar de la obra que se ha de hacer en el 
Seminario del Bienaventurado San Ful- 
gencio, que está propuesto, comenzado y 
tomada possessión en el Taller de esta San- 
ta Iglesia, y haviendo tratado de la necessi- 
dad que tiene para su ensanche, y comodi- 
dad de los Ministros y colegiales de dicho 
Colegio, de comprar las casas de los Here- 
deros de Andosilla, que están juntas al di- 
cho Seminario, todos unánimes y confor- 
mes, dixeron ser muy necessarias para la 
dicha obra, y que sin ellas no se puede ha- 
cer la casa, como se pretende, ni salir a la 
parte del Arenal, y ansí se acordó, que éste 
trate con los dichos Herederos, para que la 
vendan, y que para esto se aprecie por los 



Alarifes de esta Ciudad, para que se les 
pague lo que se les debiere, que para ello, 
siendo necessario, hacían e hicieron nom- 
bramiento de los dichos Alarifes, y dieron 
comisión al dicho señor don Juan Oroz- 
co para que solicite y procure este parti- 
cular, ansí en tratar de la dicha Copia, 
como para que se tomasse la dicha casa; y 
lo firmaron...» 

«Después de lo qual parece que han sido 
elegidos para Colegiales, que hayan de 
estar, como están, en el dicho Colegio 
Seminario, los siguientes: 

»1. Primeramente, Pedro Hernández, 
hijo de Pasqual Hernández y de Cathalina 
Sánchez, su muger, vecinos de esta Ciudad 
de Murcia. 

»2. Francisco Pérez, hijo de Antonio 
Bajón y Juana García de Amar, su muger, 
vecinos de Murcia. 

»3. Nicolás Yáñez Aznar, hijo del Li- 
cenciado Aznar, y [de] doña Ana Bobadi- 
Ua, vecinos de la Ciudad de Carthagena. 

»4. Francisco Pérez de Tudela, hijo de 
Alonso García Lozano, y de Polonia Pé- 
rez, su muger, vecinos de la ciudad de 
Lorca. / 

»5. Alonso García de Alcaraz, hijo le- 
gítimo de Alonso García Alcaraz, y Luisa 
Blázquez, su muger, vecinos de la ciudad 
de Lorca. 

»6. Juan Martínez de Lopera, hijo legíti- 
mo de Pedro Martínez Lopera, y de Juana 
Oliver, su muger, vecinos de la ciudad de 
Villena. 

»7. Alonso Galiano, hijo legítimo de 
Francisco de Galiano y de Elena Sánchez, 
su muger, vecinos de la ciudad de Chin- 
chilla. 

»8, Thomás Giner, hijo legítimo de Ju- 
sepe Giner y [de] doña Constanza Quiño- 
nes, su muger, vecinos de la ciudad de 
Carthagena. 

»9. Francisco Juan, hijo legítimo de 
Francisco Juan e Isabel de Morales, su 
muger, vecinos de Murcia. 

>10. Ginés Gómez, hijo legítimo de Die- 
go Gómez y de Cathalina Ruiz, su muger, 
vecinos de la villa de Hellín. 

»11. Fernando de Casteneda, hijo legí- 
timo de Juan de la Parra y de Isabel Ro- 
dríguez, su muger, vecinos de la villa de 
Jorquera. 

»12. Ginés Ximénez, hijo legítimo de 



- 63 



Ginés Ximénez y de Geronyma Hernán- 
dez, su muger, vecinos de Murcia, 

»Todos los quales están admitidos en el 
dicho Colegio Seminario, haviendo prece- 
dido las diligencias, e averiguaciones de 
sus limpiezas, legitimidad y buenas eos. 
tumbres, como de los Autos consta, que 
están en el Archivo del Seminario, y en fe 
de verdad lo firmé. Juan de Jumilla, No- 
tario...» 

«E después de lo susodicho, en la dicha 
ciudad de Murcia, a quince días del mes 
de septiembre de mil y quinientos y no- 
venta y dos años, su Señoría del señor don 
Sancho Dávila y Toledo... y los señores 
donjuán de Orozco y Arce..., etc., se jun- 
taron en el lugar acostumbrado... y trata- 
ron acerca del repartimiento, que se ha de 
hacer para el sustento de los Colegiales, 
que han de estar en el dicho Colegio, y 
para sus edificios y Ministros, y otros gas- 
tos entre el Estado Eclesiástico de este 
Obispado, assí Clérigos del Orden de San 
Pedro, como de las Ordenes Militares, 
Encomiendas y Fábricas de las Iglesias de 
él; y para el dicho efecto pareció ser neces- 
sario que se repartan mil 3^^ quinientos du- 
cados de la Mesa Episcopal y Capitular, y 
en los demás Clérigos, Encomiendas y Fá- 
bricas, para que de ellos se saque la dicha 
cantidad en cada un año, para el dicho sus- 
tento, edificios y gastos del dicho Colegio, 
en el Ínterin, que de los Beneficios y Prés- 
tamos, que su Señoría con el tiempo apli- 
care al dicho Colegio, se sacare y huviere 
renta bastante para dicho efecto...» 

«En la Ciudad de Murcia, a veinte y cin- 
co días del mes de octubre de mil y qui- 
nientos y noventa y quatro años, su Seño- 
ría del señor don Sancho Dávila y Toledo.. . 
y los señores donjuán de Orozco y Arce..., 
etcétera, estando juntos como lo acostum- 
bran, y haviendo tratado y conferido de 
quánto provecho sea que los Colegiales 
que en él hay e por tiempo hoviere, hayan 
de tener y tengan Maestro Preceptor, que 
les enseñe Gramática y Rethorica, para 
que con estos documentos puedan passar 
adelante con su virtud y estudios, lo qual 
se podrá hacer cómodamente aplicando al 
dicho Colegio Seminario la Cathedra, que 
esta dicha Santa Iglesia tiene de Gramáti- 
ca y Rethorica, que lee y rige el Licencia- 
do Camarino al presente; unánimes y con- 
formes, cumpliendo con lo dispuesto por 



el dicho Sacro Concilio de Trente,.., dixe- 

ron que aplicaban e incorporaban, aplica- 
ron e incorporaron al dicho Colegio Semi- 
nario la dicha Cathedra de Gramática y 
Rethorica, para que de aquí en adelante 
se haya de leer y lea en el Aposento de 
dicho Colegio Seminario; y para estipen- 
dio del Regente de dicha Cathedra seña- 
laban y señalaron, aplicaban e aplicaron el 
anexo y parte de la Maestrescolía de dicha 
Santa Iglesia, que por el Fundamento de 
ella le está señalado y apropiado a la dicha 
Cathedra, según que contiene y lleva el 
dicho Licenciado Camarino, y lo han teni- 
do y llevado sus antecessores; y para que 
de esto puedan tener fruto desde luego los 
dichos Colegiales, mandaron se le notifi- 
que al dicho Licenciado Camarino, Regen- 
te que es en la dicha Cathedra, que dentro 
de tres días se passe a leer y lea en dicho 
Colegio, y ansí lo cumpla, con apercibi- 
miento que passado el dicho término, y no 
cumpliéndolo ansí, su.Señoría le apremia- 
rá por todo rigor de derecho a que ansí lo 
haga y cumpla, o proveerá de Regente, 
que cumpla con la dicha obligación, seña- 
lándole por estipendio el dicho anexo y 
parte de la dicha Maestrescolía, y lo fir- 
maron...» 

«En la Ciudad de Murcia, a veinte y qua- 
tro días del mes de agosto de mil y qui- 
nientos y noventa y seis años, su Señoría 
del señor don Sancho Dávila y Toledo, 
Obispo de Carthagena... don Fernando 
Cueva de Valdiviesso, Chantre..., etc., es- 
tando juntos dentro del Coro de esta dicha 
Santa Iglesia..., haviendo tratado su Seño- 
ría con los demás Diputados cerca de las 
raciones que se les dan a los Colegiales 
de dicho Colegio, y aumento de ellas, y 
ansimismo de satisfacer el trabajo, que han 
tenido el Secretario del Cabildo, y Theso- 
rero del dicho Colegio en los repartimien- 
tos, que se han hecho y recogido para el 
sustento de los dichos Colegiales, y del 
salario, que se les ha de dar para los veni- 
deros, y otras cosas tocantes al dicho Cole- 
gio, unánimes procedieron y mandaron lo 
siguiente: 

»Que a los Colegiales, como hasta aquí 
se les ha dado de ración media libra de 
carnero, se les ha ahora adelante, y a 
cada uno, medio real para carnero, y dos 
libras de pan cada día. 

»Que a los dichos Colegiales se les hagan 



- 64 - 



lobas redondas, medios mantos, y becas 
verdes, sin roscas, que traygan por el 
cuello. 

»Que al Médico se le dé de salario en 
cada un año por visitar los enfermos de 
dicho Colegio, doce ducados, y corra des- 
de principios del mes de enero passado, 
atento que los ha visitado desde enton- 
ces. 

»Que a Juan Martínez, Secretario de di- 
cho Cabildo, y a Juan Guerrero, Presbyte- 
ro, Thesorero del dicho Colegio, se les dé a 
cada uno por los dos repartimientos que 
se han hecho y cobrado de la Mesa Epis- 
copal y Capitular, y del Estado Eclesiásti- 
co, veinte y quatro ducados. Y por cada 
repartimiento, que adelante hicieren y co- 
braren, se les señala de salario a cada uno 
de ellos nueve mil maravedís. 

» Y al dicho Juan Guerrero por la super- 
intendencia, que pone de su parte en el 
dicho Colegio, se le señalan de salario en 
cada un año dos njil maravedís. 

»Que se vean los papeles, que ha hecho 
el presente Notario en las Juntas, que se 
han tenido, y se le satisfaga su ocupación 
e trabajo, del señor Chantre. 

»Todo lo qual mandaron se pague por el 
dicho Juan Guerrero, Thesorero de dicho 
Colegio, y se le reciba en quenta, y lo 
firmaron... 

»E1 orden que Juan Guerrero ha de guar- 
dar en dar las Raciones al Rector (don 
Juan Gómez, primero, y después donjuán 
de la Garta) y Niños del Seminario es el 
siguiente: 

» Al Rector se le dará cada día de ración, 
una libra de carnero, tres libras de pan y 
media azumbre de vino, que montará ca- 
torce maravedís. 

»A cada uno de los niños se le dará de 
ración cada día media libra de carnero y 
dos libras de pan. 

»Para el extraordinario de la olla, y ensa- 
lada de noche, o lo que mejor le pareciere 
al Rector, se les dará cada día diez y seis 
maravedís, y para carbón doce, y para que 
guisen la comida, todo lo qual cumplirá el 
dicho Juan Guerrero, hasta tanto que el 
señor don Sancho provea otra cosa, que 
más convenga... 

»Dará el Padre Juan Guerrero a los Co- 
legiales, que entraren en el Seminario del 
señor San Fulgencio, a cada uno la ración, 
que se da a los dos antiguos; y más dará 



el Rector para el extraordinario, y acej'te, 
cada un día real y medio, y para carbón y 
leña, y seis maravedís cada un día de vino 
al cocinero, y le pagará el Rector los ade- 
rezos que haya comprado para la cocina, 
y servicio, tomando todo por cuenta, y con 
carta de pago...» 

«En veinte y quatro días de agosto de 
mil quinientos y noventa y seis años, en la 
Junta que su Señoría, y otros señores Ca- 
pitulares y Diputados del Colegio Semina- 
rio del señor San Fulgencio de esta Ciudad 
tuvieron, señalaron ración para cada cole- 
gial medio real para carnero, como parece 
de los Autos... En veinte y cinco días de 
mayo de mil quinientos y noventa y nueve 
años, se da una libra de carnero a cada 
colegial, y al Vice-Rector la ración que se 
le da al Rector, que es libra y media de 
carnero y quatro libras de pan, y medio 
real de vino; y a la Ama medio real de 
carnero, dos libras de pan, y para el gasto 
de la leña veinte y quatro maravedís cada 
día; y al familiar medio real de carne y 
dos libras de pan; y más se da a cada cole- 
gial dos libras de pan, y para el gasto ex- 
traordinario de sal, agua, especias y otras 
cosas, dos reales cada día; y firmólo su 
Señoría el Obispo de Carthagena...» 

«En la Ciudad de Murcia a catorce días 
del mes de Marzo de mil y seiscientos 
años, su Señoría del señor don Sancho 
Dávila y Toledo, Obispo de Carthagena... 
D. Fernando Cueva de Valdiviesso, Chan- 
tre... etc.; estando juntos en esta Santa 
Iglesia trataron, que el dicho Seminario y 
sus Colegiales está sin Rector, por haver- 
se despedido Juan de la Garta, Clérigo Be- 
neficiado, que lo era, y su Señoría les pro- 
puso la necessidad que hay de nombrar 
otro, que sirva el dicho cargo; y assimis- 
mo, que pues tiene ya renta suficiente el 
dicho Seminario, se le señale salario com- 
petente; pues con él se podrá nombrar 
persona, qual convenga, y que sirva con 
cuidado; y haviendo conferido assí sobre 
la dicha elección como el dicho salario, 
unánimes nombraron por tal Rector a 
Balthasar de Cepeda, Clérigo Presbytero, 
Cura de la Villa de la Cantarilla, y le 
nombraron, y señalaron de salario en cada 
un año cinquenta ducados, los cuales le 
pague el Thesorero del dicho Seminario, 
por sus Tercios, y corra el dicho Salario 
desde el día que entrare a servir el dicho 



- 65 — 



cargo, y lo firmaron... ante mí, Juan de Ju- 
milla... etc., etc.» 

Es también curiosísima la cuenta que 
en 1595 mandó el Obispo presentar al 
referido Juan Guerrero, donde se hace 
constar todas las cantidades recibidas 
para ayuda de la obra del Seminario, y 
todos los gastos mayores y de menudeo 
invertidos en la misma hasta su com- 
pleto establecimiento; pero es algo lar- 
ga, y no la copiamos por temor a la pro- 
lijidad, que, acaso, los no murcianos 
podrían llamar fastidiosa. Digamos, no 
obstante, para muestra, que entre las 
partidas del Cargo figura una de Dos 
mil quatrocientos e noventa y quatro 
maravedís de una pena que se llevó al 
Beneficiado Juan Peres por haver visto 
los Toros: y entre las de descargo otra 
de Quinientos y setenta y tres mil qua- 
trocientos y quarenta y quatro marave- 
dís, que se pagó a Sancho Lopes de 
Andosilla, y a Juan Lopes de Andosilla 
su hermano, por las Casas que tenían 
en la Colación de Santa María, que aho- 
ra son Seminario. 

Dichos Autos componen 70 páginas, 
según y como fueron impresos por or- 
den del limo. Sr. D. Diego de Rojas y 
Contreras (Madrid, 1756) de una copia 
mandada sacar por el Cardenal Belluga 
en 1720. 

Nuestro don Sancho Dávila contribu- 
yó también con grandes sumas a la fun- 
dación del convento de San Diego, de 
la misma ciudad de Murcia, y fué uno 
de los principales promotores de la tras- 
lación de las reliquias de San Fulgencio 
y Santa Florentina desde Berzocana a 
la catedral de Cartagena. 



Véase el mismo en nuestra Sección de 
Manuscritos. 

DiCASTiLLo (P. Juan de). 

Oriundo de España, y nacido en Ña- 
póles, año de 1585. Abrazó desde muy 
joven la Orden de San Ignacio de Lo- 
yola; y enseñó Filosofía y Teología en 
el colegio de la Compañía de Murcia, 
conquistándose pronto, merced a sus 
vastos conocimientos, grande y mere- 
cida reputación. Trabajó incesantemen- 
te, y en todos los países que hubo de 
recorrer, por la propagación de las cien- 
cias eclesiásticas, y murió en Ingolstad 
a 6 de marzo de 1653. 

Hablando de él Gil González Dávila 
en su Teatro Eclesiástico, afirma que 
nació en Calahorra y que fué Confesor 
del Emperador Fernando II. 

De él tenemos las siguientes obras, 
de no escaso mérito por cierto, según 
la opinión de don Nicolás Antonio: 

1.^ «De Justicia et Jure caeterisque 
virtutibus cardinalibus». Antuerpiae, 
1641. 2 tomos en folio. 

2.^ «Tractatus dúos, De Juramento, 
perjurio et adjuratione, necnon et de 
censuris et poenis ecclesiasticis». An- 
tuerpiae, 1662. Apud Jacobum Meur- 
sium. En folio. 

3.* «De Sacramentis». Ibidem, 1652. 
3 vols. en fol. 

4.^ «De Incarnatione». Ibidem, 1642. 
2 vols. en fol. 

Suponemos que algunas de éstas las 
confeccionaría, o por lo menos dispon- 
dría su autor, hallándose desempeñando 
en Murcia su cátedra de Filosofía y Di- 
vinas Letras. 



Ebn Hanthalla. 

Véase Abdalla Ben Solimán Aba 

MOHAMAD. 

Eguia (Don Pedro Antonio de). 

Natural de la ciudad de México, don- 
de nació en 14 de febrero de 1773, te- 
niendo por padres a don Pedro Antonio 
y a doña María Manuela de Ag^uilar. 
Trasladado a la Península desde sus 
más tiernos años, recibió su educación 
primera en el célebre Seminario de Ver- 
gara, donde estudió las Humanidades y 
Bellas Letras, empezando a descollar por 
su aplicación y singular brillo de su ta- 
lento. Obtenida luego una beca en el 
insigne Colegio del Sacro -monte de 
Granada, cursó en él por completo la 
Filosofía, la Teología y el Derecho Ca- 
nónico, desempeñando también los car- 
gos de Vice-Rector y Catedrático de la 
primera Facultad, y recibiendo después 
el grado de Doctor en las dos últimas, 
conferido por las Universidades de Ori- 
huela y de Granada. Ordenado de sacer- 
dote en 1797, hizo oposiciones a las Ca- 
nonjías Magistrales de Cádiz y Almería, 
yalaLectoral, después, de la Arzobispal 
de Sevilla, mereciendo en esta última 
cuatro votos de los nueve que eran los se- 
ñores Capitulares. Nombrado por elec- 
ción para una Canonjía de la insigne 
Colegiata del mismo Sacro-monte, des- 



empeñó el Rectorado y la enseñanza 
de Escritura; ganando después por opo- 
sición la Lectoral de Baza, la Magistral 
de la Colegiata de Ugijar, la Doctoral de 
Orihuela y últimamente la Magistral de 
la Santa Iglesia- de Murcia, donde resi- 
dió la mayor parte de su vida, desem- 
peñando con singular actividad y celo 
las augustas funciones de su ministerio, 
y los cargos de Subcolector de espolios, 
Director de la Real Casa de Expósitos, 
Juez Subdelegado de Cruzada, Recau- 
dador de las mandas y limosnas de los 
Santos Lugares, y Rector del ilustre Se- 
minario Conciliar de San Fulgencio, en 
el ejercicio de cuyo cargo le alcanzó la 
muerte, día 13 de mayo de 1845, siendo 
profundamente sentida de todos los 
murcianos, y aun llorada públicamente 
en versos elegiacos por algunos poetas 
de entonces (1). 

Aunque realmente don Pedro Anto- 
nio de Eguía no rayase a la altura ele- 
vadísima que nos ponderan sus amigos 
los redactores del periódico murciano 
La Lira del Táder, señores don Loren- 
zo Fernández Pastor, don Felipe Gon- 
zález del Campo y don José María 
Fernández; como orador sagrado, sin 
embargo, y a juzgar por los sermo- 
nes que de él nos quedan, no puede du- 



\ 

I 



(1) Los señores J. M. del Castillo y J. M. Gómez-Norie- 
ga en el núm. 5 de La Lira del Táder correspondiente al 18 
de mayo de 1845. 



- 67 - 



darse que debió de ser hombre de bas- 
tante competencia y de notable y mere- 
cido crédito, correcto en el estilo, eru- 
dito en la lección y profundo en los 
pensamientos. 

Ahora bien, y aunque los precitados 
redactores de La Lira del Táder, hacen 
a nuestro don Pedro Antonio Predica- 
dor de cerca de 8.000 sermones, bien que 
añadiendo que fueron pocos los que tu- 
vieron la suerte de ser escritos, por lo 
que a nosotros respecta, sólo conoce- 
mos suyos, además de los varios que 
imprimió en Murcia, Al Niño Jesús de 
Belén; en Desagravios a Jesús Sacra- 
mentado; y en Honras de la Reina 
Doña María Josefa Amalia de Sajonia; 
del Rey Luis XVIII; y del Obispo Don 
José Antonio de Aspeitia Sáens de San- 
ta María, de que en lugar oportuno nos 
ocuparemos, los dos siguientes: 

«Sermón Dogmático-Moral sobre el 
adorable Misterio de la Resurrección de 
J. C. Predicado al Rey Nuestro Señor 
en su Real Capilla con asistencia públi- 
ca de S. M. y Serenísimos Señores In- 
fantes», por el Doctor don Pedro Anto- 
nio de Eguía, Canónigo Magistral de la 
Santa Iglesia Catedral de Cartagena, 
Predicador Supernumerario de S. M. 
Etc., etc., el día 28 de marzo de 1815.— 
Madrid. MDCCCXV. Imprenta de Nú- 
ñez.— Con licencia. 

En 4.».— 38 págs.— Portada.— V. en b.— Texto. 

«Sermón Panegírico que en honor de 
la Santísima Virgen, venerada con el 
título de la Encarnación como su titular 
por las Religiosas Franciscas Descal- 
zas del Real Convento de la Ilustre, No- 
ble y Antigua Villa de Muía», dijo el 
Doctor don Pedro Antonio de Eguía, 
Canónigo Magistral de la Santa Iglesia 
de Cartagena, el día 9 de octubre de 
1842.— Orihuela: Oficina de Pedro Be- 
rruezo Puebla. Año de 1842. 

En 4.0.-22 págs.— Portada.— V. en b.— Texto. 



Véase este autor en nuestra Sección 
de Impresos en Murcia. 

Elepiane (Sor Clara de). 

Religiosa Capuchina, moradora en el 
convento de la Exaltación del Santísi- 
mo Sacramento, de la ciudad de Mur- 
cia, en donde fué Abadesa por los años 
de 1728. Conocémosla como autora de 
una bien escrita y larga Carta sobre la 
vida y muerte de la Madre Sor María 
Francisca Lucas Guill. 

Véase Elepiane en nuestro Catálogo 
de Impresos en Murcia. 

Elgueta y Vigil (Don Antonio). 

Noble caballero, natural de la villa de 
Atienza, de la provincia de Guadalaja- 
ra, y domiciliado la mayor parte de su 
vida en Murcia, donde casó en 3 de 
agosto de 1722 con doña María Mesa y 
Rocamora, dama principal, también de 
dicha ciudad. La mayor parte de su 
vida, hemos dicho, o por lo menos más 
de cuarenta años, según lo declara él 
mismo al principio de su apreciable 
obrita, de que después hablaremos. Fué 
Caballero del hábito de Santiago, cuyo 
título le fué expedido en enero de 1746, 
y Secretario del Tribunal del Santo Ofi- 
cio de su patria adoptiva, quien le es 
deudora de que en ella naciese uno de 
los más ilustres escultores modernos, 
pues que encargado una vez de cierta 
comisión en Italia, y habiendo allí tra- 
bado amistad con el escultor don Nico- 
lás Salzillo, llevóselo consigo, bajo pro- 
mesa de protección y apoyo, a la citada 
ciudad de Murcia, en donde ya estable- 
cido éste, y contraído nupcias con doña 
Isabel de Alcaraz, tuvo en ella por hijo 
al clarísimo e inspirado artista don 
Francisco Salzillo y Alcaraz, de inolvi- 
dable y felicísima memoria. 

Es interesante circunstancia de la 



68 



vida de nuestro biografiado, que debe- 
mos a su anciano sobrino don José El- 
gueta y Ruiz, bien conocido entre los 
murcianos por su ilustración y amor a 
las cosas de su patria. 

Nuestro don Antonio escribió un exce- 
lente libro referente a la cría de la seda, 
que es por cierto lo mejor que se ha es- 
crito sobre la materia, así dentro como 
fuera de España. De él dice don Braulio 
Antón Ramírez en su Diccionario de 
Bibliografía Agronómica: 

cEscribiólo el autor después de cuarenta 
años de experiencia en el arte de criar el 
gusano de la seda en la ciudad de Murcia, 
por reconocer que si bien don Gonzalo de 
las Casas trató de esta materia con mucha 
erudición, omitió sin embargo, algunas 
circunstancias que importan saber al cul- 
tivador. 

»Por la misma razón que Dios crió la 
tierra y sus frutos antes que el hombre, 
dice que comienza por tratar antes del cul- 
tivo de las moreras, que son las que sirven 
de alimento a los maravillosos gusanos. 

» Explica, por lo tanto, el modo de sacar 
la simiente de las moras blancas, que son, 
en su concepto, las que proceden de la 
morera natural y legítima, y dice que de- 
ben deshacerse con las manos en un lebri- 
llo hasta que desprendan el granito que 
constituye la semilla, y se deposite en el 
fondo de aquél. Aconseja que después de 
lavado repetidamente el grano, se seque 
a la sombra, y que bien enjuto, se conserve 
en un vaso hasta el momento de la siem- 
bra, operación que también explica cir- 
cunstanciadamente, así como la prepara- 
ción del terreno, el trasplante, los inger- 
tos, las enfermedades de las moreras, etcé- 
tera, etc. Siguiendo después el orden es- 
tablecido en la portada, describe cómo ha 
de ser la habitación de los gusanos, sus 
muebles y menaje de casa; los utensilios 
y herramientas que su gobierno requiere, 
y la manera, en fin, de cuidarlos en todos 
los períodos de su vida, desde la opera- 
ción de avivar la simiente hasta obtener 
otra nueva, con indicación de las diversas 
utilidades a que, además de las ordina- 
rias, se presta dicha industria... Es apre- 
ciable y curioso el Diccionario de voces 



que se hallaban en uso entre los criadores 
del gusano de seda del reino de Murcia.» 

Ahora bien, el libro del señor Elgue- 
ta, cuya reseña bibliográfica omite el 
señor Antón Ramírez, es: 

«Cartilla de la Agricultura de More- 
ras y Arte para la cría de la seda: sus 
reglas y varias observaciones para el 
mejor modo de practicarlas». Dividido 
en tres tratados. El I de la Cultura de 
las Moreras. El II de la Habitación para 
los gusanos. El III de la Descripción de 
estos insectos, y el modo de su cría y 
utilidades. Adornada con láminas para 
facilitar su cabal inteligencia, no sólo a 
los que se exerciten en su práctica, sino 
también a los Physicos en la investiga- 
ción de la Naturaleza. Pónese al fin un 
Diccionario, que explica los nombres y 
voces de este Arte, que se usan en este 
Reyno de Murcia. Su Autor Don Anto- 
nio de Elgueta y Vigil, Caballero del 
Orden de Santiago, Secretario del Se- 
creto de la Inquisición de Murcia, &c.— 
C.on Privilegio. En Madrid: En la Im- 
prenta de Don Gabriel Ramírez. Año 
de 1761. Se hallará en la Librería de 
Joseph Mathias Escribano, frente a las 
gradas de San Phelipe el Real. 

En 4.°— 17^págs., más 5 hojas de principios y 4 lámi- 
nas al final sin numerar.— Slgns. (^i^). A - Z 2.— Portada. 
V. en b.— Licencia del Ordinario.— Suma del privilegio, 
al autor por diez años.— Tabla.— Motivos de escribir esta 
obra. — Introducción. — Texto. 

Es una lástima, para los que en la re- 
gión murciana se dedican al cultivo y 
cría de la seda, que este libro se haya 
hecho ya relativamente raro, con tanta 
más razón cuanto que en él se hallan 
cuantos preceptos pueda necesitar el 
más escrupuloso criador de este rico 
producto. Debería, pues, reimprimirse, 
y entonces verían muchos encomiado- 
res de libros italianos y franceses de 
este género, que mucho de lo que dan 
por nuevo lo sabía ya el Secretario de 
la Inquisición de Murcia. 




- 69 



Encina y Moreno Mota (P. Diego [osé 
de la). 

Ignoramos completamente si es o no 
de Murcia o de su provincia; pero sí nos 
consta que en ella residió y floreció por 
los primeros años del siglo xviii, habien- 
do sido Colegial Teólogo y Rector des- 
pués meritísimo (que de este modo le 
hallamos varias veces citado) del céle- 
bre Colegio de la Anunciata de la Com- 
pañía de Jesús, de aquella dicha ciudad. 

Conocémosle como autor de varias 
Aprobaciones, puestas al frente de va- 
rios libros impresos en su tiempo, como 
predicador distinguido y como poeta de 
versos latinos. Debidos a su ingenio son 
los siguientes, con que celebró la fiesta, 
en Murcia, de la beatificación del vene- 
rable Juan Francisco Regis, de que en 
varios lugares de esta obra nos ocupa- 
mos. Llevan por epígrafe: Totius Ope- 
Ris Encomium, y dicen de este modo: 

«Pandite Piérides, sacratos pandite íontes 
currite Casialliae, vosque Heliconis aquae, 
dum feror astriferi per summa cacumina Pindl 
dicere magnanlml sacra trophaea virí, 
férvida bella gesit sacro sub nomine lesu, 
sic Regís, & factis nomen, & ornen habet 
Gallorum terris per mille pericula tutus, 
gentibus indixit signa decora Dei. 
lam illi tot nitidis rutilant alUria gemmis 
quot Tagus auri fluas, quot tulit Hermus opes. 
Non mons Pellenius celebris non Ínsula Paro 
Jaspida concipiunt his meliora suis 
Construit lioc Phydias, formavit Dedalus arte, 
quod Zeuxis lineis pinxit, Apeles habet, 
hos tándem dicit Francisco rite triumphos, 
CoUegij vt niteat gloria serte tul. 
Efigies pia magnorum monumenta virorum 
Franciscus curis fit modo sacratius 
illius ad longé celeras, quod preterit artes, 
verior exemplo est íactus Imago tuo. 
Nunc Ludovlce tuis crevit quoq ; gloria gemmis 
ex oré en gemmis, quae cecidere tuis 
dum acta refers, animosq ; Regis, sic pectora mulces 
vt patrem populos te celebrante collat. 
Dum canis Aonidum dulclssima cura sororum 
Regís Castallus gloria fertur aquis, 
tu RIvis similis, te omnes per flumina noruijt 
qua de Castallijs fluctibus ore refers. 
Hunc celebrare diem, hl coeunt tres ordine soles 
felix qua tantum lucet in vrbe jubat 
Non Libiae vt Sapho volitablt vestra per auras 
e doctis volucrum fama petita modis, 
sed merltum toto resonabit nomen in orbe 
& quam nunc íugitis gárrula fama vehet.» 



Enríquez (Alonso). 

Natural de Baza, pero domiciliado du- 
rante mucho tiempo en la ciudad de 
Murcia, de cuyo Ayuntamiento ejerció 
el cargo de Escribano Mayor. Fué, se- 
gún Cáscales, de noble alcurnia, como 
«descendiente legítimo, por línea mas- 
culina, de Juan Enríquez, Caballero 
Conquistador de la ciudad de Baza>; y 
tuvo por padres a don Gonzalo Enríquez 
y a doña María Pérez de Ribera. 

En 1622 publicó en Murcia el ya cita- 
do libro de Honras y Obsequias (que 
dicha ciudad) hiso al Catholico y Chris- 
tianisimo Rey Don Felipe Tercero, etc. 

Véase Enríquez en nuestra Sección 
de Impresos en Murcia. 

Espinosa (P. Antonio). 

Ignoramos el pueblo de su naturaleza, 
y sólo de él sabemos que nació en 31 de 
diciembre de 1697, abrazando la Orden 
de San Ignacio en la provincia toledana 
en 11 de octubre de 1719, y pronuncian- 
do los cuatro votos en 2 de febrero de 
1731; que fué sumamente versado en Fi- 
losofía y Artes, consiguiendo por estos 
y otros personales méritos, además del 
gobierno de aquella casa, la dirección 
del Seminario de Nobles de Madrid; y 
en fin, que residió durante algún tiem- 
po en la ciudad de Murcia, cuyo Cole- 
gio de la Compañía protegió amplia- 
mente, siéndole deudor de la mayor 
parte de sus ornamentos. Murió después 
de la expulsión de los jesuítas, no sabe- 
mos tampoco en qué año. 

Llegando a sus manos la famosa obra 
de Berruyer, y no obstante estar prohi- 
bida por la Curia Romana, tradújola al 
español con varias notas y aclaraciones; 
y habiendo obtenido las licencias nece- 
sarias y el privilegio de venderla por 
cincuenta años, él y sus herederos, dió- 
la al público con el mismo título que 



- 70 



halló en el oriírinal, o sea Historia del 
pueblo de Dios. Primera y segunda par- 
te, distribuidas en 12 y 6 tomos, respec- 
tivamente. En Madrid, por la viuda de 
Manuel Fernández, año de 1753. En 4.°. 
Comprende la primera, desde los pri- 
meros tiempos del pueblo hebreo hasta 
el nacimiento del Salvador; y la segun- 
da, desde dicho acontecimiento hasta 
su muerte, y fin de la sinagoga, termi- 
nando con las Actas íntegras de los 
Apóstoles, que ocupan los dos últimos 
tomos. 

También tradujo del francés el Com- 
pendio de la Historia de España, en 
dos tomos, de Duchesne. 

Espíritu Santo (Fr. Pedro del). 

Carmelita Descalzo; Lector de Teolo- 
gía en su Colegio de la Universidad de 
Alcalá, y residente algunos años, como 
Prior, en el Convento de Padres Tere- 
sos de la Ciudad de Murcia. Fué Predi- 
cador de gran reputación en su tiempo, 
y conocémosle como autor hasta de cua- 
renta sermones, algunos de los cuales 
dio él mismo a luz, y que después de su 
muerte publicó en un tomo un apasio- 
nado suyo, con este título: 

cSermones de Jesús, María y Joseph, 
a que se añaden otros de N. S. M. Doc- 
tora Mystica Santa Teresa de Jesús, y 
de Nuestro Mystico Padre y Doctor San 
Juan de la Cruz.» Que en todos son qua 
renta. Su autor el R. P. Fr. Pedro del 
Espíritu Santo, Religioso Carmelita Des- 



calco, Lector de Theología Expositiva, 
Mystica, y Escolástica, en su Colegio de 
la Vniversidad de Alcalá, y Prior en los 
Conventos de Cuenca, Bolarque, Ocaña, 
Toledo, Murcia y Manzanares. Los saca 
a luz el R. P. Fr. Francisco de la Encar- 
nación, Religioso de la misma Sagrada 
Familia. Y los dedica al señor don Juan 
de Goyeneche..., etc. Con Privilegio. 
En Madrid: En la Imprenta de Blas de 
Villanueva, en la calle de los Jardines, 
año de 1717. 

En fol, a 2 colums.— 427 págs., más 9 hojas de pre- 
Hms, sin numerar.— Signs. {-) et—Hhh.— Portada orla- 
da.— A la vuelta: Tabla de los Sermones que contiene 
este Libro.— Dedicatoria del Editor.— Licencia de la Or- 
den.— Aprobación del P. Maestro Antonio de Goyene- 
che.— Otra del P. M. Manuel Arias.— Licencia del Ordi- 
nario.— Censura y Parecer del P. Fr. Tomás Rincón. — 
Suma del Privilegio, por diez afios.— Fee de Erratas.— 
Tasa, a seis maravedís el pliego.— Prólogo al Lector.— 
Texto.— índice de los lugares de la Sagrada Escritura.— 
ídem de las Cosas notables. 

En la dedicatoria, dice así el referido 
editor: 

€Fué, Señor, el R. P. Fr. Pedro de el 
Espíritu Santo, Carmelita Descal(;o, vno 
de los más esclarecidos y agudos Orado- 
res, que la Vniversidad Celebérrima de 
Alcalá ha venerado en muchos siglos. Por- 
que si bien, ni la voz, ni la acción sobresa- 
lían, fué en los conceptos tan agudo, tan 
profundo en los discursos, tan raro en las 
ideas, tan singular en los assumptos, que 
era el estarle oyendo, si recreo a el enten- 
dimiento, dulcissima y apacible suspen- 
sión de los sentidos; el estilo fácil, pero 
gustosissirao; pues era nnserioyocoso, que 
sin desdezir de lo grave, que la Oratoria 
pide, tenía lo salado, que a el ánimo re- 
crea...» 



J 




Fernández Paniagua (Fr. Manuel). 

Aunque nada, que sepamos, dejó es- 
crito este virtuosísimo y docto varón, 
deber es nuestro, sin embargo, asignar- 
le un lugar distinguido en las presentes 
páginas, por razón de estar su nombre 
enlazado a uno de los hechos que, en el 
orden intelectual, han dado más días de 
brillo y auge a las letras murcianas. Nos 
referimos a la fundación del famoso Co- 
legio Seminario de la Purísima Concep- 
ción de Padres Franciscanos de la ciu- 
dad de Murcia, centro después de tantos 
y tan esclarecidos maestros y discí- 
pulos. 

El R. P. Fr. Manuel Fernández nació 
en la villa de Herencia, en La Mancha, 
de honrados y nobles padres, que lo fue- 
ron Esteban Fernández Paniagua e Isa- 
bel Sánchez del Moral. A la edad de 15 
años, y en el de 1673, entró de novicio 
en el convento de San Francisco, de 
Cuenca, profesando en el mismo al si- 
guiente año. Cursó después los estudios 
de Filosofía y Teología, dando siempre 
muestras de claro ingenio y «llevándo- 
se por ello (dice el cronista a quien 
sigo preferentemente) la atención, así 
de maestros como de condiscípulos». 
En 1684 fué nombrado Colegial Mayor 
del insigne de San Pedro y San Pablo 
de la Universidad de Alcalá, y más tar- 
de Lector de Filosofía y Teología; cá- 



tedras que desempeñó, desde 1685 a 
1700, en los conventos, principalmente 
de Nuestra Señora de las Huertas de la 
Ciudad de Lorca, y Real de San Fran- 
cisco de Murcia, de que fué asimismo 
Guardián el último año de su carrera de 
Lecturía y siguientes. Después obtuvo 
los empleos de Ministro Provincial, y 
Custodio de su Santa Provincia de Car- 
tagena; y últimamente, en 1709, fué ele- 
gido Comisario para la fundación, como 
antes lo había sido para la fábrica, del 
ya referido Colegio de la Inmaculada 
Concepción, de que tuvo asimismo la 
honra de ser su primer Rector con el 
nombre de Presidente, y en donde le 
alcanzó la muerte el 16 de febrero de 
1717, con universal sentimiento de to- 
dos los murcianos, y muy particular- 
mente de los sujetos más distinguidos 
de la ciudad, entre los cuales hubo de 
manifestarlo muy acerbo el insigne Car- 
denal Belluga, de quien refiere el P. Or- 
tega, testigo presencial de aquel suce- 
so, que al visitar al enfermo en este 
mismo día: 

«Con el conocimiento que tenia de sus 
muchas y grandes prendas, por haberle 
experimentado más que otro alguno, pues 
le sirvió... en la resolución de cuantas co- 
sas arduas se le ofrecieron, dijo a los PP. 
que le acompañaban: ¡Oh! no puede la 
Provincia de Cartagena, en un siglo criar 
otro Padre Paniagua.* 

«No puede dudarse (añade el citado ero- 



-12 - 



nista), que perdió la Provincia en este gran 
varón un sujeto de nobles esperanzas. 
Fué muy docto, no sólo en lo escolástico, 
si también en otras ciencias y facultades, 
en medio que sus muchas y graves ocupa- 
ciones, no le dejaron lugar al cultivo de 
muchas ciencias que hubiera fácilmente 
conseguido, con un mediano estudio, a 
causa de la profundidad y expedición de 
sus buenas potencias. > 

No puede ser, pues, más fidedigno el 
testimonio, por donde debamos colegir 
el mérito y relevantes cualidades del 
P. Fernández Paniagua. Empero ya 
hemos dicho la circunstancia por la que 
principalmente lo conceptuamos digno 
de ocupar un puesto distinguido en el 
presente Catálogo, habiendo sido, como 
lo fué sin duda, uno de los claros varo- 
nes que en la ciudad de Murcia más han 
contribuido al esplendor y lustre de los 
buenos estudios, mediante la susodicha 
erección del referido Colegio de la Pu- 
rísima; acontecimiento acerca del cual, 
por haber sido de tan provechosos y 
trascendentales resultados para el ade- 
lantamiento de la intelectual cultura 
murciana, nos va a ser permitido, en 
gracia a la importancia del asunto, de- 
tenernos algunos momentos, copiando 
extractado el capítulo que sobre este 
particular y bajo el título de Fundación 
del Insigne Colegio de la Inmaculada 
Concepción de la Ciudad de Murcia, 
trae el tantas veces citado P. Ortega, en 
el Libro IV de la Parte Tercera de su 
Crónica de la Provincia de Cartagena. 
Dice así: 

' «El ilustre caballero don Francisco Ruiz 
de Alarcón, Abogado de los Reales Con- 
sejos, vecino y natural de la ciudad de 
Murcia, amantísimo de las letras y de sus 
profesores..., determinó su hacienda, que 
era grande, para la fundación de este Co- 
legio, que tanto crédito ha dado, y se es- 
pera mucho mayor a esta Provincia de 
Cartagena. Era este caballero descendien- 
te de los señores de Almodóvar del Pinar, 



y tan cercano como ser biznieto de los 
ilustres señores Martín Ruiz de Alarcón, 
Caballero del Orden de Santiago y Co- 
mendador de Uclés y Mérida y de doña 
Inés Manuel de Mendoza, señores propie- 
tarios de dicha villa de Almodóvar, rama 
nobilísima de los señores Condes de Val- 
verde... Del Testamento, pues, de nuestro 
don Francisco Ruiz de Alarcón, otorgado 
en la ciudad de Murcia en 22 de octubre 
de 1619, consta, como después de diferen- 
tes llamados a su hacienda y Mayorazgo, 
lo determina todo a la fundación de dicho 
Colegio; para lo cual sienta algunas condi- 
ciones, de las cuales pondremos aquí las 
que conducen a nuestro intento y a la 
exornación y claridad de esta Historia. 

•Determina, pues, que dicha hacienda y 
Mayorazgo se aplique para fundar un Co- 
legio, en el cual haya ocho Religiosos Es- 
tudiantes Teólogos, dos Lectores de Teo- 
logía, un Rector o Guardián, y uno o dos 
Religiosos Legos para su servicio. Quiere 
que dicho Colegio tenga el título de Purí- 
sima Concepción de Nuestra Señora; que 
habiendo Religiosos naturales de la ciu- 
dad de Murcia, sean preferidos a los de- 
más como sean suficientes; y que a lo me- 
nos, haya dos naturales de dicha ciudad, 
en las circunstancias de ser igualmente 
capaces. Determina también que dicho 
Colegio sea Estudio abierto para todos los 
que quieran estudiar en él Sagrada Teolo- 
gía. Por esta fundación pide en recompen- 
sa... que todos los años al dar principio y 
finalizar el curso, se haya de celebrar en 
dicho Colegio una Misa cantada de la Pu- 
rísima Concepción, con sermón y vís- 
peras. 

»E1 año de 1654, día 19 del mes de julio, 
a causa de haber quedado dicha hacienda 
y Mayorazgo en el estado dispuesto por 
dicho fundador don Francisco Ruiz, esto 
es, por haber faltado todos los llamados, 
y recaído en dicha Obra Pía, hallándose en 
la ciudad de Cuenca el M. R. P. Fr, Pedro 
Reluz, Ministro Provincial de esta de Car- 
tagena, acompañado de los RR. PP. del 
Difinitorio, que lo eran Fr. Pedro Campo 
Lujan y Fr. Bartolomé Roldan, admitió la 
fundación del dicho Colegio en nombre de 
esta Provincia. Asimismo se dio facultad 
en forma al P. Guardián del Convento de 
la Ciudad de Murcia y a su Síndico para 
que hiciesen dicha aceptación y para todas 



- 73 - 



las demás cosas pertenecientes a la funda- 
ción del expresado Colegio (Ij... Acepta- 
ron los dichos Guardián y Síndico la fun- 
dación en debida forma; y por parecerles 
sería acertado poner en arrendamiento di- 
cha hacienda en el ínterin que se daba 
principio a la fundación material del Cole- 
gio, hicieron esta diligencia; pero en bre- 
ves años se experimentó el desacierto; 
pues por instantes se iba desapareciendo 
dicha hacienda y alhajas de que se compo- 
nía, por varios incidentes que omito... 

>En vista de esto el Patrono, que era en 
la ocasión, de dicha Pía Memoria don Fran- 
cisco Lucas Carrillo y Verástegui, entró 
una Petición en la Junta Difinitorial que 
se celebró en el Convento de la villa de 
Hellín, el 6 de mayo de 1696, representan- 
do tan lastimosa pérdida y suplicando al 
Difinitorio determinase dar principio a la 
fundación de dicho Colegio. El Ven. Difi- 
nitorio nombró por Agente de dicha fábri- 
ca al M. R. P. Fr. Manuel Fernández Pa- 
nlagua, que se hallaba en la ocasión Lec- 
tor de Teología en el Convento de la 
Ciudad de Murcia, quien aplicó su mucha 
eficacia y actividad al desempeño de este 
encargo, saliendo de él tan airoso como de 
otros muchos que después le fió la orden 
Seráfica. En continuación de las diligen- 
cias que se iban practicando para el logro 
de este fin, el M. R. P. Fr. Juan Hidalgo, 
que se hallaba Prelado Superior de esta 
Provincia, pidió al siguiente año a la No- 
bilísima Ciudad de Murcia, diese su per- 
miso y licencia para dar principio a dicha 
fundación, destinando el sitio en que se 
debía ejecutar: por causa de que dicha 
Ciudad nunca consintió que se hiciese en 
las casas de morada de dicho Fundador, 
como él lo había dexado ordenado, por 
los graves inconvenientes que advirtió la 
Ciudad... Al fin se determinó por sitio, 
para dicha fundación, el inmediato a nues- 
tro Convento, así por la parte de la huerta 
como por el de nuestra Capilla de la Con- 
cepción, en lo que vulgarmente se llama 
la carretería y Plaza de San Francisco, que 
es el mismo lugar y dilatado sitio que dio 
a nuestro dicho Convento el señor Rey 
don Sancho el Bravo el año de 1290, en 
trueque del otro que tenía nuestro antiguo 



(1) Diligencias que pasaron ante Jerónimo de la Hoz, 
Escribano del número de la ciudad de Cuenca. 



Convento (1). Esta jurídica diligencia se 
practicó el día 8 del mes de enero del refe- 
rido año de 1697, por ante Ignacio Muñoz, 
Escribano Mayor del Ayuntamiento de di- 
cha ciudad de Murcia, con vista de ojos y 
asistencia de su Corregidor y dos Caballe- 
ros Regidores, Comisarios nombrados para 
este fin. 

>Habiendo llegado el año de 1709, en que 
se hallaba ya el Colegio en estado de po- 
derse habitar, entró otra Petición en el 
Capítulo que se celebró este año en el Con- 
vento de Infantes, el Patrono, que lo era 
en la ocasión don Juan Lucas Marín y 
Roda, suplicando al Difinitorio determina- 
ra que entrasen los Religiosos a habitar 
dicho Colegio. El Ven. Difinitorio, con el 
Rmo. P. Ministro General Biezma, Presi- 
dente de dicho Capítulo, resolvió que el 
Ministro Provincial nuevo juntase el Di- 
finitorio lo más breve que pudiese, y des- 
pués de ver y admitir unas Constituciones 
que se habían hecho para su regular go- 
bierno, tomando la última resolución, nom- 
brase los Moradores. En consecuencia de 
esto, se celebró dicha Junta Difinitorial el 
día 7 de diciembre del mismo de 709, en el 
Convento de Nuestra Señora de las Huer- 
tas; y en ella se determinó poblar el Cole- 
gio, nombrando todos los sujetos que ha- 
bían de habitarle... Se puso por Presidente 
in capite al M. R. P. Fr. Manuel Fernán- 
dez Panlagua. Fueron nombrados por Lec- 
tores de Teología, los PP. Fr. Francisco 
Villajos y Fr. Ginés López (primeramente, 
y luego en reemplazo de los mismos) fueron 
puestos los PP. Fr. Miguel Budugarren y 
Fr. Bernardo Ofalón, ambos de singulares 
genios, los que se malograron por haber 
muerto luego muy mozos. El primero era 
natural de la ciudad de Cartagena, y el se- 
gundo Irlandés de nación. Los primeros 
ocho colegiales nombrados fueron los si- 
guientes: Fr. Tomás García Torrecilla, 
Fr. Matías Gómez Hidalgo, Fr. Francisco 
Romero, Fr. Andrés Gutiérrez y Fr. An- 
drés Nieto, Predicadores y Opositores que 
habían sido ya a las Cátedras de Artes; y 
los Padres Fr. José Romero, Fr. Antonio 
Alburquerque y Fr. Francisco Soria, Pre- 
dicadores V Actuantes. El dicho P. Fr. José 
Nieto no llegó a tomar la posesión de 



(1) El ocupado hoy por el Monasterio de Descalzas 
Reales de Santa Clara. 



- 74 



la Beca, y en su lugar entró el P. Fr. Pe- 
dro Moróte, Predicador y Opositor Re- 
coleto (1). 

»En esta referida Junta Difinitorial de 
las Huertas, presentó dicho Patrono del 
Colegio otra petición, en la cual suplicaba, 
que de los ocho colegiales se nombrase 
uno para que leyera a los seculares la Fi- 
losofía, pues de esto resultaba mucho in- 
terés para toda la ciudad, y crédito para 
la doctrina del Doctor subtil; exhibiendo 
al mismo tiempo una interpretación jurí- 
dica de la voluntad del Testador y Funda- 
dor, hecha por el limo, señor Obispo de 
este Obispado, para quitar todo escrúpulo. 
En vista de esta representación, y advir- 
tiendo, que desde luego se empezó a ayu- 
dar este Colegio con otras diversas limos- 
nas..., se determinó que se nombrase dicho 
Lector, pero que fuese supernumerario a 
dichos colegiales. En consecuencia de esto 
fué nombrado, con todos los privilegios 
y gracias que gozan dichos Lectores, el 
P. Fr. Diego Parra, Predicador y Opositor 
que ya había sido, a las Cátedras de la 
Provincia... (2). 

»En esta misma Congregación se deter- 
minó que para que todos los años se diese 
principio a leer la Filosofía en dicho Co- 



(1) Fray Tomás García Torrecilla fué natural de la villa 
de Calasparra; renunció la Beca sin finalizar el trienio y 
murió en el Convento de la Ciudad de Lorca en 1720. 

Fr. Matías Gómez Hidalgo fué natural de la villa de la 
Mota del Cuervo, Priorato de Uclés en la Mancha. Fué 
Guardián de VlUanueva de la Jara y del Convento de la 
Ciudad de Lorca, y murió en el de Murcia en 1742. 

Fr. Francisco Romero fué natural de VlUanueva de los 
Infantes; Colegial Mayor del de San Pedro y San Pablo de 
Alcalá; Guardián de los Conventos de la Parrilla, Belmonte 
y Alcázar, y murió en 1717. 

Fr. Andrés Gutiérrez fué natural de Val- Paraíso en el 
Obispado de Cuenca, y murió en 1743. (Véase Gutiérrez en 
este Catálogo.) 

Fr. José Romero fué natural de la villa de Infantes. Leyó 
Filosofía en Belmonte en 1713; la Teología hasta jubilarse. 
Fué Rector de este mismo Colegio; Calificador del Santo 
Oficio y Guardián del Convento de Cuenca. 

Fr. Antonio Alburquerque fué natural de la Ciudad de 
Lorca: Lector de Filosofía en Belmonte, año de 1716, y de 
Teología hasta jubilarse. Vivía aún en 1749. 

Fr. Francisco Soria fué natural de Honrubia: leyó la 
Filosofía en Infantes, año de 1713; fué de Ingenio muy aven- 
tajado; murió en el Convento de Cartagena en 1725. 

Fr. Pedro Moróte fué natural de la Ciudad de Lorca; Co- 
legial Recoleto, etc. (Véase Moróte Pérez Chuecos en 
nuestro anterior Catálogo.) 

(2) Fué natural de la villa dé Provencio en el Obispado 
de Cuenca; fué Lector de Teología hasta jubilarse, y Guar- 
dián de los conventos de Huete y Caravaca. Vivía aún 
en 1752. 



legio, fuesen nombrados dos colegiales 
que la leyesen, para la común y continua 
utilidad de los estudiantes. 

»En este estado se mantuvieron estas 
dos Cátedras, hasta una Junta Difinitorial 
que se celebró en el convento de Albace- 
te el año de 1725, en la cual se determinó 
que fuesen tres los Lectores de Filosofía 
que se nombrasen, con igual graduación, 
que es la que gozan en los conventos de la 
Provincia... En el año de 1712 se puso tam- 
bién una Cátedra de Gramática; y des- 
pués, en consideración del notable aumen- 
to de los estudiantes, ha sido preciso po- 
ner segunda. También se ha puesto Lec- 
tor tercero de Teología, otro Colegial, un 
Procurador y dos Donados; pero para 
estas plazas aumentadas, se han aplicado 
otras diferentes limosnas. Últimamente se 
ha determinado en esta Provincia, que to- 
das las Cátedras de Artes se provean en 
solos los que hubiesen sido colegiales en 
este Colegio y en el Mayor de San Pedro 
y San Pablo de Alcalá. Y como los estu- 
dios y exercicios de este Colegio son tales 
que dudo le exceda Escuela alguna en todo 
el Orbe, cuando salen a leer la Filosofía, 
son sujetos capaces de leerla con lucimien- 
to en la Universidad más célebre.» 

Fernández Quevedo (Don Pedro). 

De él no sabemos más sino que fué 
vecino de la villa de Caravaca, y que 
en 1777 presentó a la Sociedad Económi- 
ca Matritense, en concurso con otros 
varios, un opúsculo que se publicó en 
las Memorias relativas al problema pu- 
blicado por dicha Sociedad para el año 
de 1777, sobre «Cuáles son los medios de 
adelantar los pastos en un país sin per- 
judicar la labranza, contrayendo princi- 
palmente el discurso a los aprovecha- 
mientos que necesita el labrador, y dis- 
tinguiendo las diferentes clases de pas- 
tos naturales o espontáneos, los de riego 
o artificiales, los que resultan del ras- 
trojo y barbecho, y los que de cada una 
de estas tres clases convienen a las di- 
ferentes especies de ganados.» (Memo- 
rias de la Sociedad Económica Matri- 
tense, año dé 1787, tomo IIL) 



- 75 



Opúsculo del que dice don Braulio 
Antón Ramírel en su Diccionario de 
Bibliografía Agronómica: 

«Entre los 15 escritos que se presentaron 
aparece el de nuestro Fernández Queve- 
do. Es escrito bastante estimable. En él 
clasifica los pastos y determina los que 
más convienen a cada especie de ganado: 
aboga por el riego, por el desagüe de las 
tierras lagunosas, y por la concesión de 
privilegios a los labradores. Cree preferi- 
ble el ganado mular al boyal para las la- 
bores, porque cunde más el trabajo, por- 
que ni a estabulación o pienso consumen 
más las muías que ios bueyes, y porque 
no hacen tanto daño en arboledas y se- 
menteras. Opina además que las fiestas de 
excepción para no trabajar deberían redu- 
cirse a los domingos.» 

Francisco de la To billa (Fr. Lucas de 
San), 

Natural del reino de Valencia, y do- 
miciliado, durante algunos años, en la 
ciudad de Murcia, en donde, sin duda, 
hubo de escribir el único libro que de él 
conocemos. Perteneció al Orden des- 
calzo de la más estrecha observancia 
de PP. Franciscanos de la Provincia de 
San Juan Bautista de los reinos de Va- 
lencia y Murcia, y habitó, por consi- 
guiente, durante el tiempo de su per- 
manencia en esta ciudad, en la ya de- 
molida religiosísima casa de Frailes 
descalzos de San Diego, hoy convertida 
en casa de hilanderas. 

Fué el P, Tobilla tan ilustre por su 
cuna como por sus virtudes. Ejerció, 
dentro de su Provincia, el difícil cargo 
de la predicación, y logró fama, según 
Nicolás Antonio, de varón excelente en 
piedad y celo por la salvación de las 
almas. Dejó escrito, como dicho queda, 
un libro titulado: 

Joyel de la Madre de Dios. En Mur- 
cia, 1629 o en 1650, según el autor de la 
Bibliotheca Universa Franciscana, cu- 
yas palabras vamos a copiar por lo que 



servir puedan de ilustración a este bre- 
ve artículo: 

«Lucas a S. Francisco de la Tobilla 
(dice), Hispanus genere clarus, strictioris 
Observantiae Discalceatorum Provinciae 
S. Joannis fervidissimus Concionator, et 
a confessionibus Principis Philiberti Pro 
Regis Valentiae, absque peccati mortalis 
sorde (ex testimonio sui Confessarii) vita 
transacta, suae pietatis monumentum re- 
liquit, praenotatum: Monile Deiparae setn- 
per Virginis Mariae. Murciae 1650, in 12.*^ 
Hispano sermone.» 

Fuentes (Don Tomás). 

Nació en Valencia en 21 de diciembre 
de 1748. Estudió en aquella Universi- 
dad, en la que se graduó de Doctor en 
Teología. Abrazó entonces el estado 
eclesiástico, y ordenado de Diácono, 
obtuvo en el Seminario Conciliar de 
San Fulgencio, de Murcia, su famosa 
cátedra de Retórica, pasando años des- 
pués a Madrid, donde sostuvo «con mu- 
cha brillantez>, según expresión de los 
autores de la Biografía Eclesiástica, 
las oposiciones a un canonicato en San 
Isidro, para el cual salió nombrado, si 
bien no llegó a tomar posesión, por ha- 
berle sorprendido la muerte hacia el año 
de 1780. 

Dejó escritos cuatro discursos u ora- 
ciones, en latino idioma, compuestos, 
los tres primeros, y pronunciados en el 
referido Colegio Seminario, de los cua- 
les sólo dos llegaron a ver la luz pública 
en las prensas murcianas, por lo que de 
ellos volveremos a ocuparnos en el lu- 
gar correspondiente. Fué escrito y pro- 
nunciado el primero en 1776, con mo- 
tivo de haber sido nombrado Secretario 
de Estado nuestro insigne don José Mo- 
ñino, Conde de Floridablanca, y lo con- 
servaba manuscrito, según Fuster, el 
Pavorde de la Iglesia de Valencia don 
Mariano Liñán. Trata el segundo sobre 
el Uso de las humanas ciencias confor- 



76 



me a la Teología (Murcia, 1777); y el 
tercero sobre el mejor orden o Método 
perfecto en los estudios de la Teología. 
(Ibidem, 1778). 

En cuanto al último, conservábalo 
también manuscrito el referido Liñán, 
y tenía o tiene por título Thomae Fuen- 
tes oratio de praestantiá sapientiae, 
ignorándose la época y lugar en que lo 
pronunció, y sabiéndose únicamente 
por el exordio, que lo compuso algunos 
años después de haber dejado el estudio 
de las Humanidades y dedicádose al de 
la Filosofía. 

Fuster: Tom. II, pág. 527. 

Funes (Fr. José Antonio). 

Religioso del Orden de Predicadores, 
Cómo no estamos seguros de que sea 
murciano, por más que nos lo parece, 
no lo hemos incluido en el anterior Ca- 
tálogo, y sí lo hacemos en el presente. 
Floreció a mediados del siglo xviu; fué 
Lector habitual de Teología, morador 
en el Real Convento de Santo Domingo 
de Murcia, y, según parece, hubo de lo- 
grar en su tiempo alguna fama como 
orador y como maestro en su ciencia. 
He aquí lo que el aprobante de uno de 
sus sermones, don Fr. Diego Tello Laso 
de la Vega, dice a este propósito: 

«El nombre del autor basta para reco- 
mendación de el Sermón; pues es notoria 
la grande estimación que en Murcia y fue- 
ra de ella, se han adquirido sus fatigas de 
Pulpito y Cathedra.» 

Dio a la luz pública, que hasta ahora 
sepamos: 

«Lealtad testimoniada, por el distin- 
guido número de Escribanos y Procura- 
dores de la muy noble, leal y siete ve- 
ces coronada Ciudad de Murcia, a nues- 
tro Catholico Rey y señor, el señor don 
Carlos Tercero de Borbón, proclamado 
Monarcha de las Españas. Oración a su 



gloriosa Exaltación.» Con licencia en 
Murcia, por Phelipe Teruel, 1760. 

Véase el mismo autor en nuestro Ca- 
tálogo de Impresos en Murcia. 

Funes y Mendoza (Don Diego de). 

Aunque don Nicolás Antonio lo hace 
murciano, creemos que sólo pudo indu- 
cirle a ello la circunstancia de verle 
avecindado en Murcia desde principios 
del siglo XVII, no pudiendo menos nos- 
otros de atenernos, en esto, a la autori- 
dad de Latassa, que al ocuparse de este 
insigne naturalista, dice: 

«Nació en Zaragoza como a mitad del 
siglo XVI, y fué hijo de don Jaime, ciuda- 
dano de la misma, de quien trata Estevan 
en su adición al Libro del modo de proce- 
der en las Cortes de Aragón, de Blancas, 
y de que nuestro don Diego se armó Ca- 
ballero y compareció en las Cortes cele- 
bradas el año de 1585.» 

A principios del siglo xvn, como di- 
cho queda, avecindóse en Murcia, y no 
sabemos que saliese ya de esta ciudad, 
donde probablemente halló el fin de sus 
días, en tiempo que también ignoramos. 

Fué don Diego varón estudiosísimo y 
muy versado, particularmente en pun- 
tos de cosas naturales, por el cultivo de 
cuya ciencia hubo de obtener mereci- 
dos aplausos y alabanzas. 

Escribió: 

«Historia General de aves y animales, 
de Aristóteles Estagerita. > Traducida 
del latín en romance y añadida de otros 
muchos autores griegos y latinos que 
trataron deste mesmo argumento, por 
Diego de Funes y Mendoza, vecino de 
Murcia. A don Cristóbal de Avela, 
Chantre y Canónigo de la Santa Iglesia 
de Cartagena, refrendario de nuestro 
muy Santo Padre Paulo Papa V, en am- 
bas asignaturas. Valencia, 1621, por Pe- 
dro Patricio Mey, junto a S. Martín. 



~ 77 - 



A costa de Juan Bautista Marcal, im- 
pressor. 

En 4.«'-XXX + 441 págs.— Portada.— Privilegio Real, 
dado en San Lorenzo a 15 de junio de 1613. — Aprobacio- 
nes de Fr. Jerónimo Sanahuja, de Hernando de Salazar, 
de Fr. Francisco Pamane y de Hernando del Castillo.— 
Epigrama latino y tres sonetos en castellano.— Texto. 



Habla extensamente de este libro don 
Braulio Antón Ramírez en su Dicciona- 
rio de Bibliografía Agronómica. 

Véase Hidalgo (L. Martín) en nues- 
tro anterior Catálogo. 



G 



Galán (Fr. Pedro). 

Padre Franciscano de la Observante 
Provincia de Cartagena; natural de la 
Mota, en la Mancha, y domiciliado en 
Murcia no escaso tiempo. De él nos dice 
el P. Ortega, que fué «uno de los bue- 
nos ingenios de su tiempo»: Colegial 
Mayor del insigne de San Pedro y San 
Pablo de la Universidad de Alcalá, Lec- 
tor de Sagrada Teología en el Convento 
de San Francisco de la ciudad de Mur- 
cia, Guardián en los de Alcázar de San 
Juan, Cuenca y Murcia, dos veces defi- 
nidor de la citada Provincia, otra Cus- 
todio, y últimamente Vicario o Comi- 
sario de ella. Floreció en el último tercio 
del siglo XVI y primeros años del xvii, 
y dejó escritos varios sermones, algu- 
nos de los cuales fueron impresos, como 
veremos. 

Fué, efectivamente, el P. Galán inge- 
nio no vulgar, y muy apto, sobre todo, 
para las descripciones oratorias. 

Los sermones que dio a la estampa 
son: 

l.° «Sermón que predicó el P. Fray 
Pedro Galán, Lector de Theología, y 
Custodio de la provincia de Carthage- 
na, en la translación de los huessos del 
lUustrissimo Marqués de Ayamonte y 
de la Marquesa su madre, en el Capí- 
tulo que se celebró en San Francisco de 
Sevilla a 25 de Octubre de 1608». Diri- 



gido a la Illustrissima Señora Doña Ana 
de ^uniga y Sotomayor, Marquesa de 
Ayamonte, &. (S. 1. ni L) 

En 4.".— 20 págs. sin numerar.— Slgns. A-C2.— Por- 
tada.— Dedicatoria.— Texto. 

2.^ «Sermón predicado por el P. Fr. 
Pedro Galán... en la festividad de la In- 
maculada Concepción Reyna de todos 
los Santos». Cuenca, 1615. 

En 4.0 

García (Fr. Jerónimo). 

Religioso Franciscano de la Provin- 
cia de la Regular Observancia de Car- 
tagena. Ignoramos si será murciano, y 
sólo de él sabemos que ejerció los car- 
gos de Predicador, de Maestro de Cere- 
monias, y de Vicario de Coro en el Con- 
vento de San Francisco de la Ciudad 
de Murcia, habiendo florecido con algu- 
na fama de hombre docto, en el primer 
tercio del siglo xviii. 

Don Fr. Antonio Segovia y Monte- 
agudo, Doctor en Teología y Examina- 
dor Sinodal del Obispado de Cartagena, 
al censurar el libro de este autor titula- 
do Compendio de las Ceremonias que 
usan los Religiosos de San Francisco en 
esta Santa Provincia de Cartagena etc., 
hace de él el siguiente elogio: 

«... En su misma obra están centellando, 
así la erudición y noticia de las Rúbricas, 
Decretos de Congregaciones Sagradas, y 
Constituciones de la Religión, como tam- 




- 79 - 



bien su fervoroso zelo y Religiosidad, 
pues qual oficiosa abexa, que para labrar 
lo hermoso, dulce y vistoso del panal, y 
franquearlo al beneficio común, ni dexa 
ñor cuya medula no saque, ni árbol, plan- 
ta o yerva, cuyo rocío no chupe...; así pues 
el autor desta obra, sacando de los autores 
de más séquito, que sobre estos asuraptos 
han escrito las mejores flores y noticias, 
que a su deseado fin pueden cooperar, nos 
labra en este Compendio un panal tan 
vistoso, como grato al gusto; para que 
practicando sus instrucciones y documen- 
tos, logremos los espirituales frutos, que 
sin duda se siguen de su arreglada prác- 
tica.» 

También le conocemos como autor de 
una Novena a San Antonio de Padua, 
de la cual, y del ya citado compendio, 
por hallarse ambos escritos publicados 
en Murcia, nos ocuparemos más larga- 
mente en nuestro Catálogo de Impresos 
en dicha Ciudad. 

Véase García (Fr. Jerónimo) en dicha 
Sección. 

García (Fr. Manuel). 

Religioso del Orden calzado de la Tri- 
nidad, natural de San Felipe de Játiva, 
vecino de Orihuela algún tiempo, y do- 
miciliado en Murcia desde 1707 a 1722 
seguramente, o tal vez, hasta más avan- 
zada fecha. Fué Maestro en Sagrada 
Teología, varón sabio y virtuoso; y a sus 
excelentes prendas y señalados méritos 
debió el ser nombrado Calificador del 
Santo Oficio de la Inquisición en los tri- 
bunales de Valencia y Murcia; dos veces 
Ministro del Conventó de la ciudad de 
Orihuela; Examinador Sinodal, luego, 
de aquel Obispado, y después del de Car- 
tagena, no sabemos hasta cuándo, ni la 
fecha tampoco en que bajó al sepulcro. 

Citaremos de él hasta cinco produc- 
ciones, tres de ellas impresas en Mur- 
cia (Oraciones panegíricas: 1 .^ Al naci- 
miento del Príncipe de Asturias don 
Luis Fernando; 2?- A la Virgen de los 



Dolores, y 3.^ A Nuestra Señora del Re- 
medio), por lo que las reservamos para 
nuestra Sección de Impresos en dicha 
ciudad. Las restantes son: 

4.* cSermón de la lumbrera mayor, 
María, con el título de la Salud, coloca- 
da en el Setabitano Firmamento, vene- 
rada en el Templo de Santa Tecla.» Va- 
lencia, por Vicente Cabrera, 1688. En 4.° 

5.^ «Triunfos de un punto, laureles 
de un instante, en Sermón de la Con- 
cepción de la Virgen.» Valencia, en la 
Imprenta del Convento del Remedio, 
16%. 4.** Títulos, por los que desde luego 
se comprende que el autor participaba 
del mal gusto de su época. 

García de Galarza (Dr. Don Pedro). 

Natural de Bonilla, en la provincia 
de Cuenca, y avecindado algunos años 
en la ciudad de Murcia, como Canónigo 
Magistral, que fué, de la Santa Iglesia 
de Cartagena, por lo que suponemos, 
dadas su gran sabiduría y literatura, 
que debió contribuir no poco al esplen- 
dor logrado por las murcianas letras du- 
rante el gran siglo. 

De él no sabemos más que lo que nos 
dicen Gil González Dávila y Nicolás 
Antonio, a saber: que tuvo por padres a 
don Pedro García de Galarza y a doña 
Francisca Martínez de Leiva; que estu- 
dió, primero, en uno de los Colegios de 
la Universidad de Sigüenza, y luego en 
el de San Bartolomé de Salamanca, en 
donde, ya investido con la toga (22 de 
abril de 1562), y después de hacerse 
consumado filósofo, obtuvo con gran lu- 
cimiento la borla de Doctor; que fué pe- 
ritísimo en letras sagradas, y que, lle- 
gada la fama de su nombre hasta el Rey 
don Felipe U, fué elevado por éste des- 
de su dicha Canonjía de Murcia, a la 
primera dignidad sacerdotal de Coria, 
cuya Iglesia gobernó desde 1579 hasta 
su muerte, habiendo dado muchas li- 



- 80 - 



mosnas a los Conventos de su Obispa- 
do; erigido uno de Monjas en su patria, 
reedificado los Palacios Episcopales de 
Coria, Cáceres y Santa Cruz, y dejado 
varias Pías fundaciones, entre ellas la 
de una misa cantada a Nuestra Señora 
en la Iglesia de Murcia. Escribió: 

«Evangelicarum Institutionum Libri 
octo, Ad Philippum secundum Hispa- 
niarum Regem*. Authore P. Garzia Ga- 
larza Bellanensi, Doctore Theologo, pu- 
blico Salmanticae Philosopho, Episcopo 
Cauriensi. (Escudo de A. R.) Cvm pri- 
legio. Excudebat Alfonsus Gomecius 
Regis Catholici Tipographus, Mantuae 
Carpetanae, 1579. 

En 4.°.— 182 hojas, con 12 más de prellms. sin nume- 
rar.— Signs. a, A-Z.— Portada.— V. en b. —Dedicatoria 
— Prefacio. — Tasa. — Licencia al autor por esta vez. — In- 
dex.— Gaspar Santlus In laudem auctoris, Epigram- 
ma.— Hieronyml Ramiri in laudem operis, Epigram- 
ma.— Index Rerum. — Censura de Sebastián Pérez. — Pá- 
gina en b.— Texto. (Blbl. del Conde de Roche). 

La curiosidad que para nosotros ofre- 
ce este libro es el Epigrama latino que 
en su alabanza puso al frente el distin- 
guido poeta murciano don Jerónimo 
Ramírez, hermano, como dicho queda, 
de nuestro famoso Racionero y no me- 
nos docto poeta don Diego Ramírez 
Pagan. 

García Lo ais a (Fr. Juan). 

Nació en la villa del Campo de Crip- 
tana el año de 1603, según consta de 
ciertas Informaciones sobre su vida y 
costumbres, que consultó el P. Ortega, 
y que en tiempo de éste existían en el 
archivo del Convento de San Francisco, 
de la ciudad de Murcia. Fueron sus pa- 
dres Juan García, natural de Buendía, y 
María Fernández López, de la referida 
villa del Campo. Vistió el hábito fran- 
ciscano a la edad de diez y seis años en 
el precitado Convento de Murcia, pro- 
fesando, en el mismo, al siguiente año, 
o sea en 1620. Trascurridos siete, fué 



admitido como Opositor a las Cátedras 
de Artes; y en 1633 fué nombrado Lec- 
tor de Teología para el dicho Convento, 
no logrando su jubilación en tal em- 
pleo, por no sabemos qué interpolacio- 
nes ocurridas en su carrera de Lecturía, 
hasta el año de 1650. Después obtuvo 
los cargos de Definidor y Custodio de 
su Provincia de Cartagena (1652 y 1663 
respectivamente); Comisario Visitador 
de la Provincia de Andalucía (1659); 
Guardián del referido Convento de San 
Francisco de Murcia (1660); y última- 
mente, en 1666, Calificador del Santo 
Oficio de la Inquisición, y Maestro Pro- 
vincial o Prelado de la Familia de su 
Orden; muriendo a los cinco meses aún 
no cumplidos de su Provincialato, en el 
Convento de Alcázar de San Juan, y a 
los primeros días del mes de agosto. 

Hubo de ser, según parece, el P. Loai- 
sa gran devoto de la Virgen, principal- 
mente en el misterio de su inmaculada 
Concepción, a cuyo asunto, directa o 
indirectamente se refieren la mayor par- 
te de los tratados que dio a la luz públi- 
ca, y son los siguientes, conforme al 
testimonio de los PP. Fr. Juan de San 
Antonio y Fr. Pablo Manuel Ortega: 

1.° «Risa del Al va». Lovaina. 1663. 
En8.« 

Escrito en defensa o alabanza del Sol 
Veritütis del docto Fr. Pedro de Alva. 

2.° «Sermón de Peor está que esta- 
ba». Madrid. 1663-4.° 

3.° «Rosa Seraphica». 1663. Fol. 

4.° «Tratado de Derecho Canónico 
Regular». Sevilla. 1659. 4.« 

Escrito por el autor durante su per- 
manencia en Andalucía y en defensa de 
un P. Custodio de aquella provincia. 

5.° «Tratado de los servicios hechos 
a la Iglesia por la Seraphica Religión en 
el Asia y África». 

Obra manuscrita «muy dilatada», se- 
gún expresión del P. Ortega, adquirida, 



- 81 - 



que fué por el Husmo, señor Mañero 
cuando pensó continuar la Historia Se- 
ráfica del Obispo de Mantua señor Gon- 
zaga, y extraviada luego, entre otros 
innumerables manuscritos a la muerte 
de aquel mitrado. 

Son notables las siguientes palabras, 
que con motivo de los tres primeros 
tratados ya referidos de nuestro García 
de Loaisa, trae el citado cronista Orte- 
ga relativas al eruditísimo crítico y bi: 
bliógrafo don Nicolás Antonio: 

«El erudito don Nicolás Antonio en su 
Biblioteca Hispana (dice) atribuye estos 
tres tratados de Concepción, a nuestro 
doctísimo Alva. No creeré fuese el deseo 
de aumentarle glorias a este Franciscano 
Héroe, y tomara a buen partido que sin 
acrecentarle escritos le tratara los propios 
y su persona con la estimación que se 
debe, y que tanto se merece; pero a la ver- 
dad miró siempre don Nicolás Antonio al 
Rmo. Alva de malos ojos, y es que los tenía 
enfermos del original polvo de la pa- 
sión...» 

«Algunos críticos se usan que abusando 
del nombre de critica, parece que lo equi- 
vocan y toman por lo mismo que libertad, 
tomándose la que sobra para todo cuanto 
escriben. Este señor crítico, tan celebrado 
de tal, necesitaba de mucha crítica en su 
crítica; no sólo en el sentido dicho (pues 
necesitaba reformar los muchos arrojos, 
deslices y borrones de su pluma, que dexó 
caer muchos en el humilde Sa^^al Seraphi- 
co) si también en sus obras tan celebradas 
de críticas. En solos sus dos tomos de su 
Biblioteca Nova, le tengo advertidos más 
de cien puntos, faltos a la verdad, en sólo 
el recinto de esta Provincia (la de Carta- 
gena), en las materias históricas Chronoló 
gicas y Geográficas. No es esto extrañarlo, 
por ser una obra tan vasta y extensa, pero 
ni tampoco debiera extrañarlo este señor 
Crítico de las obras del doctísimo Alva, 
pues no son menos extensas y dilatadas... 
etcétera.» 

García de la Yedra (Dr. Don Juan). 

Floreció a últimos del siglo xvii y pri- 
meros del xviii, y fué Canónigo Magis- 



tral de la Catedral de Murcia, Examina- 
dor Sinodal de la Diócesis de Cartage- 
na, Juez Subdelegado de la Santa Cruza- 
da, y Gobernador, en sede vacante, de 
este Obispado, después de haber sido 
Colegial del Mayor de San Ildefonso 
de Alcalá y Catedrático de Artes y Teo- 
logía en la Cátedra de Escoto de dicha 
Universidad. He aquí las noticias que 
de su persona nos da el autor de la 
Aprobación puesta al frente del Sermón 
que abajo citamos, doctor don Bartolo- 
mé García Ocón: 

cEs también no corta dicha mía ser elo- 
giante de un Orador, cuyas eminentes y 
muchas prerrogativas, son a todos noto- 
rias, pues con ellas mismas desmiente a 
quien émulo o critico, tuviesse valor para 
afirmar, que mis cláusulas en su alabanza 
padecen el vicio de lisonja. Testigos de 
mayor excepción son esta Ciudad de Mur- 
cia, y mi Santa Iglesia; que por espacio de 
20 años continuos han desfrutado el creci" 
do caudal de su prudencia, doctrina y 
exemplo. 

»Pero aún antes se dexó admirar en el 
mundo su prudencia, que éste le imaginas- 
se hábil para exercerla. Joven era en los 
años, y ya la Universidad grande de Alca- 
lá le veneraba adulto en las costumbres.» 

Por lo que a nosotros respecta, cono- 
cemos de él, además de un sinnúmero 
de Aprobaciones puestas al frente de 
varios libros impresos en su tiempo, el 
siguiente sermón titulado: 

cAcción de Gracias, Solemnissima 
Fiesta votiva en desagravio del Santissi- 
mo Sacramento, y obsequio de María 
Santissima». En Murcia, por Mesnier. 
Año de 1712. 

Véase nuestra Sección de Impresos en 
Murcia. 

GiMiEL (Don Guillen). 

Francés de nación y Obispo de Car- 
tagena desde 1375 a 1383. De él escribe 
el señor Díaz Cassou: 

6 



«Don Guillen Gimiel, sabio, obispo, car- 
denal y legado del Papa, fué por muchos 
conceptos hombre eminente, y, como obis- 
po de Cartagena, uno de los que más han 
merecido. Y si todavía este olvido de la 
posteridad tuviera disculpa, no la tendría 
la ligereza, el error próximo a calumnia, 
con que el maestro Gil González Dávila 
afirma que no vino a España ni vio su 
iglesia, sus frutos sí; porque precisamen- 
te es uno de los o'bispos que dejaron más 
huellas, y cuya permanencia en la dióce- 
sis está más comprobada. Presidió en per- 
sona el sínodo del lunes 7 de mayo de 1375; 
con el que puede decirse que inaugura su 
episcopado; y lo cerró, casi, presidiendo 
también el sínodo del viernes 18 de abril 
de 1382; y si no hizo lo mismo en el del 
viernes 6 de abril de 1380, fué porque se 
hallaba en Alguazas, de donde no pudo 
venir a causa de grandes lluvias y desbor- 
damientos. Consiguió que el Rey ordena- 
ra al almoxarife que le rindiera cuenta y 
le pagara; fundió la primitiva campana de 
los conjuros, llamada hoy de los Moros; y 
otorgó una declaración sobre beneficios 
que no correspondía proveer al obispo 
solo, sino al obispo con su cabildo... Mu- 
rió en Aviñón, en 1348.» 

Este Obispo es también autor de unas 
Constituciones para el Gobierno de la 
Iglesia de Cartagena; Constituciones 
que todavía se conservan manuscritas 
en la Biblioteca del Escorial. 

Véase Gimiel en nuestra Sección de 
Manuscritos. 

GisBERT (Don Gregorio). 

Nació en la villa de Alcoy a 24 de 
enero de 1799. En la Universidad de 
Valencia estudió la Filosofía y Teolo- 
gía, las lenguas hebrea, griega y leyes; 
obtuvo los grados de Bachiller y Maes- 
tro en Artes, y de premio por oposi- 
ción, los de Bachiller y Doctor en Teo- 
logía. Allí mismo enseñó Filosofía cua- 
tro años. Fué Colegial del Mayor de 
Santo Tomás de Villanueva, y en el 
Colegio Conciliar de San Fulgencio, de 
Murcia, Catedrático de Teología y Vi- 



cerrector: asimismo Cura propio de la 
parroquia de San Lorenzo, de la misma 
ciudad; y en las epidemias que se pade- 
cieron en ésta los años de 1811 y 12 asis- 
tió espiritual y corporalmente, con toda 
clase de auxilios, a los contagiados, 
hasta quedar vencido y moribundo del 
mismo mal. En aquellas críticas circuns- 
tancias quedó encargado por el Ilustrísi- 
mo Prelado de la diócesis del gobierno 
eclesiástico de la ciudad y demás pue- 
blos epidemiados. Fué socio nato y Cen- 
sor de la Real Sociedad Patriótica de 
Amigos del País de Murcia. Logró un ca- 
nonicato de la Real Iglesia de San Isidro, 
de Madrid, y el Ilustrísimo señor Arzo- 
bispo de Burgos lo eligió Gobernador 
de su diócesis con aprobación de su Ma- 
jestad, en cuyo cargo sucedió al Ilustrí- 
simo señor Arzobispo de Santa Fe de 
Bogotá, que por su fallecimiento la dejó 
vacante. Después de la muerte del Ar- 
zobispo de Burgos fué reelegido por 
unanimidad de votos del Cabildo de 
aquella Iglesia Metropolitana, que en 
ello dio un testimonio clásico de que le 
había sido grata la prudencia, modera- 
ción y celo con que se había conducido 
en circunstancias sumamente críticas... 

Actualmente (1827) está en su patria 
de Catedrático de Matemáticas y Geo- 
grafía del establecimiento científico, 
que con aprobación de su Majestad ha 
eregido la Real fábrica de paños de la 
villa de Alcoy con el ñn de proporcio- 
nar a sus innumerables individuos una 
educación capaz de servir a sus ulterio- 
res adelantamientos y que los ponga al 
nivel de los conocimientos de las nacio- 
nes extranjeras. 

Ha publicado: 

1. «Vindicias de la Sagrada Biblia 
contra los tiros de la Incredulidad y su 
justificación y defensa de toda nota de 
contrariedad con la humana razón, con 
los monumentos de la historia, ciencias 



- 83 



y artes: la física, la teología, la crono- 
logía, la geografía, la astronomía, etc. 
Obra escrita en francés por M. el Ab. 
Duclot, Cura y Arcipreste que fué de la 
Diócesis de Ginebra, traducido al espa- 
ñol por un Doctor Presbítero, con las 
mejoras de que se da cuenta en la ad- 
vertencia del traductor.» Madrid, Im- 
prenta que fué de Fuentenebro. 1825 
y 26. 

Siete tomos en 8." 

El traductor y las mejoras son (aun- 
que no llevan nombre) del señor Gis- 
bert, el que ha tenido la satisfacción de 
que Dios bendijese este su trabajo por 
lo mucho que ha corrido por toda la Es- 
paña, y aun en las Américas. 

De esta traducción habla con elogio 
el señor don Tomás José González Car- 
vajal en la pág. 54 del tomo VI de Los 
libros poéticos de la Santa Biblia, con 
que tanto honor está dando a la litera- 
tura de nuestra nación. Celébrala igual- 
mente el P. M. Fr. José de Jesús Muñoz, 
Agustiniano, en la pág. 307, tomo 1.° de 
su Tratado del verdadero origen de la 
Religión.... y etc. 

2. «Catecismo histórico- dogmático- 
moral de la Religión Cristiana. Dispo- 
níale en verso para mayor aliciente e 
ilustración de los niños de ambos sexos, 
después de instruidos en el Catecismo 
Diocesano, don Timoteo Filonepión, 
Doctor en Sagrada Teología». Madrid, 
Imprenta de Vargas, 1827. En 12.° 

Es obra original del señor Gisbert. 

3. cAnti-Lucrecio del Cardenal de 
Polignac, traducido en verso español». 

Estando ya esta traducción muy ade- 
lantada, fué interrumpida por otras ocu- 
paciones a que tuvo que atender...» 

Fuster: Bibl. Valenciana. Tomo 2.°, 
págs. 452 y 53. 



Gómez Navarro (Fr. Juan). 

Religioso de la Orden de Predicado- 
res, y morador durante muchos años en 
el Real Convento de Santo Domingo de 
la ciudad de Murcia, donde ejerció el 
cargo de Lector habitual de Teología 
con gran provecho y lucimiento. Pocas 
noticias tenemos de sus escritos; pero 
según el aprobante del sermón suyo que 
abajo citamos, parece ser que hubieron 
de ser grandes y muy extendidas las ta- 
reas literarias y científicas a que duran- 
te su vida estuvo consagrado. 

Su título es: 

«El Grande, Mayor, y Máximo Nuevo 
Templo de San Salvador del Convento 
de Religiosas de Verónica...» Elogiado 
en un Panegyrico por el M. R. P. Fr. 
Juan Gómez Navarro. En Murcia, por 
Nicolás Joseph Villargordo y Alcaraz. 
En 4.° 

Véase Gómez Navarro en nuestra 
Sección Tercera. 

González (Fr. Julián). 

Natural de la provincia de Cuenca. 
Fué Lector de Filosofía, Predicador Ge- 
neral, y definidor de la Santa Provincia 
de Cartagena de la Regular observancia 
de San Francisco. Estuvo dotado de 
agudo y sutil ingenio, y de no comunes 
dotes, según el P. Ortega, para el ejer- 
cicio de la predicación, en que se hizo 
famoso. Murió en 1696, en el Convento 
de San Lorenzo de la Parrilla. 

No obstante la fama que se dice alcan- 
zó por sus sermones, no dejó publicadas 
más obras de este género que una Ora- 
ción panegírica de las llagas de San 
Francisco, impresa en Murcia en 1674, 
oración citada por el referido P. Ortega, 
y por el autor de la Biblioteca Francis- 
cana con el título que expresaremos en 
nuestra Sección de Impresos en dicha 
ciudad. 



84 - 



González (Fr. Miguel). 

Religioso Franciscano, natural, a lo 
que sospecho, o por lo menos vecino, 
durante mucho tiempo, de la ciudad de 
Murcia, y morador en el solitario Mo- 
nasterio de Santa Catalina del Monte, 
de dicha ciudad. Cítalo varias veces 
el P. Ortega, designándole siempre con 
los calificativos de docto y aventajado, 
y como autor, además, de un Memorial 
sobre las vidas de algunos Religiosos 
Minoritas de la provincia de Murcia: 
memorial manuscrito de que él se sirvió, 
en unión de otros documentos por el 
estilo, para la formación y composición 
de su famosa Crónica de la Provincia 
de Cartagena, tantas veces citada en los 
presentes estudios. He aquí sus palabras, 
tomadas del principio de la vida del ve- 
nerable Lego Franciscano, natural de 
Lorca, Fr. José García: 

«Poco días después de la muerte de este 
santo Religioso, con el deseo de que no 
pereciese la memoria de sus muchas virtu- 
des, como la de otros innumerables hijos 
de esta Provincia, tomó el trabajo de co- 
rrer gran parte de la célebre Huerta de 
Murcia y su campo, el P. Fr. Miguel Gon- 
zález, ya otras veces nombrado, y averi- 
guar muchos sucesos, que se publicaban 
dignos de perpetuarse, para la común edi- 
ficación. De resultas de estas averiguacio- 
nes y diligencias, formó él mismo un Me- 
morial, como de algunos otros Religiosos, 
según dexamos dicho, dilatándose sobra- 
damente en la formación de la vida de este 
Siervo de Dios, del que me remitió una 
copia para que yo me aprovechase de esta 
y colocase en esta Chronica.> 

El Memorial en cuestión se conserva- 
ba no ha mucho tiempo, según noticias 
que he podido inquirir, en el archivo, 
ya por completo despojado, del susodi- 
cho Monasterio de Santa Catalina. 

González Gallego (Don Arias). 

! Celoso Obispo de Cartagena desde 
1565 a 1575. 



»D. Arias González Gallego o D. Gon- 
zalo Arias Gallego, que de ambos modos 
han dado en llamarle, fué natural de Ba- 
dajoz o de Jerez de los Caballeros, y llegó 
a ser inquisidor de Aragón, Obispo de 
Gerona desde 1553, y de Cartagena desde 
18 de junio de 1565, aunque no quiso tomar 
posesión por poderes y lo hizo en persona 
al año siguiente en 19 de abril; entre su 
nombramiento y su venida, se celebró el 
auto de fe de 9 de diciembre de 1565. En 
Murcia, como en Gerona, acreditóse, más 
que de sabio, de piadoso y ejemplar. Asis- 
tió a la tercera apertura del Concilio de 
Trento, llevando de Teólogo al Dr. D. Mi- 
guel Marzo. No se celebró en tiempo de 
este Obispo más que dicho auto de fe y el 
de 8 de junio de 1567, que coincidió con 
un año de hambre... Murió en Murcia en 
28 de abril de 1575.» 

Don Pedro Díaz Cassou, autor de las 
precedentes líneas, en su erudita Serie 
de los Obispos de Cartagena, nos calla 
una interesante circunstancia de este 
Prelado; a saber: que fué el que mayor 
número de Sínodos diocesanos celebró 
en Murcia, o sea, desde 1566, consecuti- 
va y anualmente, hasta 1573: Sínodos en 
que se hallan disposiciones suyas de bas- 
tante interés, aunque aquí no copiamos 
por ser demasiado prolijas. 

Véase González Gallego en nuestra 
Sección de Manuscritos. 

Gutiérrez (Fr. Andrés). 

Por el mismo P. Ortega sabemos de 
este venerable Franciscano, que nació 
en la villa de Val-Paraíso, en el Obispa- 
do de Cuenca; que fué nombrado Lec- 
tor de Teología en 1710, cuya Cátedra 
desempeñó hasta jubilarse; que obtuvo 
después los cargos de Guardián del con- 
vento de Cuenca, de Custodio de la Pro- 
vincia de Cartagena, de Vicecomisario 
de la de Aragón, de Calificador de la 
Suprema, y de Predicador de número 
de S. M.; y en fin, que murió en el con- 
vento de San Francisco, de la ciudad de 
Murcia, en el año de 1743. Fué también, 




- 85 - 



según queda dicho en otro lugar, uno 
de los primeros ocho colegiales nombra- 
dos para la enseñanza de Filosofía y 
Artes en el Colegio de la Purísima Con- 
cepción de dicha ciudad, y autor (según 
expresión del citado cronista) de buen 
ingenio y mucha opinión en lo escho- 
lastico, pero muy ardiente, pronto de 
natural, y demasiado acre. 

«Dio a la pública luz (añade) quatro 
tomos Predicables, todos en 4.*^, por el or- 
den y en la forma siguiente: Tomo 1, titu- 
lado Sermones Varios, impreso en Valen- 
cia, año de 1735. Tomo 2, con el mismo 
título, impreso en la misma ciudad en 1736. 
Tomo 3, con el mismo título, impreso en 
la ciudad de Murcia en 1738. Y el 4.° tomo 
con el título de Quaresma, impreso en la 
misma ciudad de Murcia en 1739.» 

He aquí la descripción bibliográfica 
de los dos referidos primeros tomos que, 
por cierto, poseemos: 

c Sermones varios que a diferentes 
assumptos dispuso y predicó el M. R. 
P. Fr. Andrés Gutiérrez, Lector Jubila- 
do; Calificador de el Supremo Consejo 
de la Inquisición; Predicador de su Ma- 
gestad; Examinador Sy nodal de el Obis- 
pado de Cuenca, Padre de la Provincia 
de Aragón, Ex-Custodio, y Padre de 
esta de Cartagena de la Regular Obser- 
vancia de N. P. S. Francisco. Tomo 
Primero, Que dedica a el célebre y 
Doctiss. Colegio de la Purissima Con- 
cepción de Nuestra Señora, Casa espe- 
cial de Estudios, que tiene la Venerable 
Provincia de Cartagena, en las (sic) sie- 
te vezes coronada Ciudad de Murcia. 
Con licencia: en Valencia, por Joseph 
García, año 1735. > 

En 4.°— 419 págs. , con 22 más de principios sin nume- 
rar. — Slgns. (ó-') A-Ggg.— Portada.— Protesta del autor, 
a la vuelta.— Dedicatoria.— Prólogo al lector.— Aproba- 
ción del P. Fr. Pedro Rulz.— Licencia de la Orden.— 
Censura del P. Fr. José de Peña.— Licencia del Conse- 
jo.— Censura del P. Fr. Luis de Flandes.— Fe de Erra- 
tas. — Suma de la Tasa. — Sermones que se contienen en 
este libro.— Texto.— índices; uno de la Sagrada Escritu- 
ra, y otro de las cosas notables. 

«Sermones varios. Que Predicó El 



M. R. P. Fr. Andrés Gutiérrez, Lector 
Jubilado..., etc. (lo mismo que en la por- 
tada anterior). — Tomo Segundo, Que 
dedica, y consagra a la Reyna de los 
Angeles María, en el instante primero 
de su Concepción en gracia, primera y 
sin segunda en aquel punto, para llevar 
tras de sí a el más soberano afecto y fa- 
vorecer a los hombres sus hermanos, 
desde los passos, y alientos primitivos. 
En Valencia. En la Imprenta de Joseph 
García. Año 1736. Se hallará en la libre- 
ría de Salvador Moles.» 

En 4.°— 567 págs., con 20 más de principios sin nume- 
rar. —Signs. (-í^) A-Bbbb2. — Portada.— Protesta del 
autor, a la vuelta.— Dedicatoria. — Prólogo al lector. — 
Dictamen de los RR. PP. Fr. Miguel Marín, Fr. Francis- 
co Pagan, y Fr. Pedro Sanz.— Licencia de la Religión. — 
Aprobación del P. Fr. José Fernández.— Fe de Erra- 
tas.— Suma de la Tíisa. — Tabla de los sermones de este 
libro. — Texto. — índices; uno De Escritura, y otro de 
Cosas notables. 

Aunque impresos en Valencia ambos 
tomos, fueron compuestos y predicados 
en Murcia o su provincia, la casi la mi- 
tad de los sermones que los constituyen, 
según nos lo da a entender bien clara- 
mente los siguientes títulos con que apa- 
recen en la colección, a saber: 

En el primer tomo: 

1. «Sermón segundo. Concepción de 
Nuestra Señora, el día último del céle- 
bre Octavario, que consagra a esta Se- 
ñora, la siete vezes coronada ciudad de 
Murcia.» 

2. «Sermón Quarto de Rosario que 
se predicó en la célebre octava con que 
obsequian a María Santissima, sita en el 
Convento de N. P. Sto. Domingo de 
Cartagena.» 

3. «Sermón octavo de el Archangel 
San Miguel en su Parroquial de la ciu- 
dad de Murcia.» 

4. «Sermón Duodécimo de Santa 
Clara en el Real Monasterio de las Re- 
ligiosas de Murcia.» 

5. «Sermón Quatordécimo de San 
Antonio en Cieza.» 

6. «Sermón Quintodécimo de San 



- 86 



Luis Rey de Francia, en el Convento 
de N. P. San Francisco de Murcia. > 

7. «Sermón Sextodécimo de Santa 
Isabel Reyna de Ungría, en el Conven- 
to de N. P. San Francisco de Murcia.» 

Y en el segundo: 

8. «Sermón I. Concepción de Ma- 
ría SS.^ en la célebre Octava de la ciu- 
dad de Murcia.» 

9. «Sermón II de Rosario, que se 
predicó en la Capilla de Nuestra Seño- 
ra, sita en el Convento de nuestro Pa- 
dre Santo Domingo de Murcia, en uno 
de los días de la Octava, que consagra 
a María SS.^ su Ilustrissima Cofradía.» 

10. <Sermón III de Nuestra Señora 
de El Alcázar en la ciudad de Lorca.» 

11. «Sermón IV de la Dedicación de 
la Iglesia de los Padres de Santa Teresa 
de Cartagena...» 

12. «Sermón VIII. De Transfigura- 
ción, en el Convento de Religiosas Fran- 
ciscas de la Santa Verónica en la ciu- 
dad de Murcia.» 

13. «Sermón IX. De Calenda Vigilia 
de la Natividad de el Señor, en el Con- 
vento de Verónica de la ciudad de 
Murcia.» 

14. «Sermón XII. De San Jorge, en 
el Convento de las Religiosas de Madre 
de Dios de la ciudad de Murcia.» 

15. «Sermón XIV. De San Lorenzo 
Justiniano, en el Convento de Religio- 
sas de Madre de Dios de la ciudad de 
Murcia.» 

16. «Sermón XVI. De Nuestro Pa- 
dre San Francisco, en el Real Convento 
de Santa Clara de Murcia.» 

17. «Sermón XVII. De Santa Clara, 
en su Real Monasterio de la ciudad de 
Murcia.» 

18. «Sermón XVIII. De San Antonio 
de Padua, en la villa de Ciezar.» 

20. «Sermón XXV. De Animas, en 
la Parroquial de San Antolín de Murcia, 
con asistencia de nuestra Comunidad.» 



Fué, sin duda, el P. Gutiérrez un muy 
aceptable orador sagrado de no vulga- 
, res prendas. La tacha que le pone el 
P. Ortega, reálzale en nuestro concepto. 
Se entusiasma fervorosamente ante los 
bellos e inefables misterios de nuestra 
Religión; y enamorado de sus excelen- 
cias, exhorta a los cristianos al cumpli- 
miento de sus deberes, y amenaza con 
enérgicas y piadosamente descompues- 
tas conminaciones a los pecadores obs- 
tinados. Ama la virtud con intensidad; 
odia el vicio profundamente, y he aquí 
todo. 

Véase Gutiérrez (Fr. Andrés) en 
nuestro Catálogo de Impresos en Mur- 
cia. 

Gutiérrez DE Alique (Don Bernardo). 

No sabemos el pueblo de su naturale- 
za, pero sí que nació de 1679 a 1680, y 
que residió en Murcia más de veintio- 
cho años como Canónigo Magistral, que 
era de su Santa Iglesia Catedral y Exa- 
minador Sinodal de su Obispado; o sea, 
desde 1718, en que obtuvo aquella plaza 
ganada por oposición, hasta 1746, por 
lo menos, en que todavía estampa su 
nombre en Aprobaciones de libros; 
como en la Segunda Parte, por ejemplo, 
de la «Crónica de la Provincia de Car- 
tagena», de Fr. Pablo Manuel Ortega. 

Ahora bien, las noticias que tenemos 
de su vida literaria, tomárnoslas de un 
papel impreso (en Murcia seguramente, 
aunque carece de suscripción) (1), que 
dice de este modo: 

«Consta por títulos originales, y testi- 
monios, que el referido Doctor don Ber- 
nardo Gutiérrez de Alique tiene cuarenta 
y seis años y medio de edad, y treinta y 



(1) Su rótulo es: «Títulos, y Actos positivos del Doctor 
don Bernardo Gutiérrez de Alique, Colegial en el Mayor 
de San Ildefonso, Universidad de Alcalá, Cathedratlco de 
Vísperas de Theologia de la Universidad de Sigüenza; Ca- 
nónigo Magistral en aquella Santa Iglesia, y al presente 
Canónigo Magistral de la Santa Iglesia de Cartagena y 
Murcia.» 



- 87 - 



cuatro y medio de Estudios mayores; en 
los que ha executado los Actos positivos 
siguientes: en la forma que se expresa: 

>Fué a la Universidad de Alcalá a oir 
ciencia en el año de 1691 y en el de 1692, 
se opuso a las Becas del Colegio Artista, y 
fué electo en el de San Ambrosio de dicha 
Universidad en la Beca tercera de justicia. 

»En el discurso de tres años que estuvo 
en dicho Colegio, argüyó y defendió las 
veces que le tocaron por su turno; substen- 
tó tres veces conclusiones de Lógica, Phi- 
sica y Metaphisica; y en el último año 
substentó un Acto de toda Philosophia, y 
presidió quatro Actos públicos, a quatro 
de sus Condiscípulos, con asistencia de 
mucho número de Graduados. 

»En dicha Universidad tuvo Sabatinas 
Generales con asistencia del Señor Rector 
y Cathedraticos: tuvo asimismo vnas Con- 
clusiones públicas de toda la Philosophia 
en el Colegio de la Compañía de Jesús de 
dicha Universidad, con asistencia de todas 
las Comunidades y Colegios. 

>En el año de 1693, se graduó de Bachi- 
ller en Artes en dicha Universidad de Al- 
calá, haciendo los exercicios necessarios 
en que fué aprobado por todos los Exami- 
nadores, némine discrepante; y al fin de 
dicho año tuvo Responsiones Generales 
de toda la Philosophia, para el grado de 
Licenciado en Artes, como entonces esta- 
va prevenido por el Claustro de la Uni- 
versidad. 

»En el año de 1694 passó a la Universi- 
dad de Sigüenza, en donde fué electo Co- 
legial, en el de San Antonio de Porta-Coe- 
li, en concurrencia de cinco Opositores; 
aviendo leído dos vezes de oposición en la 
facultad de Filosophia, con puntos riguro- 
sos de 24 horas, y respondido a todos los 
argumentos de los Colegiales. 

>En ocho años que permaneció en dicho 
Colegio de San Antonio, argüyó, defendió 
y presidió diferentes Conclusiones de Phi" 
losophia y Theologia; y en la Universidad, 
y fuera de ella, en los Conventos y Cole- 
gios, argüyó en los Actos mayores las ve- 
zes que le tocó por su antigüedad, y otras 
muchas de extraordinario. 

•Substentó siete Actos mayores de 
Theologia ordenados a el grado de Doctor, 
como se previene por las Constituciones 
de dicho Colegio. 

•Regentó diferentes vezes las Cathedras 



de Lógica, Phisica y Metaphisica de dicha 
Universidad. 

»En el año de 1695 se graduó de Bachi- 
ller, Licenciado y Maestro en Artes, 
aviendo leído de oposición con término 
de 24 horas, y haziendo los demás exerci- 
cios literarios, en que fué aprobado por 
todos los Examinadores. 

»En el año de 1696 fué elegido por Ca- 
thedratico de Artes en propiedad en dicha 
Universidad. 

»En el año de 1699 se graduó de Bachi- 
ller, Licenciado y Doctor en Sagrada 
Theologia, precediendo vna lección de 
oposición de hora con término de 24 horas, 
y los demás exercicios acostumbrados. 

»En este mismo año fué electo por subs- 
tituto de la Cathedra de Prima de Theolo- 
gia, la que regentó por dos años, curn 
multitudine audientium. 

•Presidió catorce Actos mayores públi- 
cos de Theologia en dicha Universidad. 

•Fué examinador de grados, en las fa- 
cultades de Philosophia, siendo Colegial: 
assimismo hallándose actual Colegial, ob- 
tuvo el empleo de Examinador Synodal 
del Obispado con exercicio; por especial 
nominación del Ilustrissimo Señor don 
Francisco Alvarez, Obispo y Señor de 
Sigüen(;a. 

»En el año de 1706 fué promovido por 
dicho Ilustrissimo Señor Obispo de Si- 
güenga, al Sagrado Orden de Presbytero, 
y a el mismo tiempo fué aprobado por di- 
cho Señor Obispo, sin preceder examen 
para Predicador, y Confesor de dicho 
Obispado. 

•En dicho año dicho Señor Ilustrissimo 
le eligió por Visitador General de su 
Obispado; cuyo empleo no exerció, por se- 
guir el curso regular de sus oposiciones. 
•En el principio del año de 1707, passó 
a la oposición de los Curatos del Arí^obis- 
pado de Toledo, haziendo los exercicios 
Escolásticos, y morales, que se acostum- 
bran; y en concurrencia de 109 Opositores, 
fué electo por el Eminentissimo Cardenal 
Portocarrero, Cura de las Villas de San 
Mames, Pinilla y Navarredonda; y por re- 
nuncia que hizo de este Curato, le confirió 
dicho Eminentissimo el de la Villa de Sa- 
yatón. 

•En cinco años y medio que permaneció 
en dicho Curato, predicó diferentes ser- 
mones en muchos lugares del Argobispa- 



do; y en su feligresía, y otras partes hizo 
diferentes vezes Missiones por sí solo. 

»En el año de 710, se opuso a la Canon- 
gía Penitenciaria de la Santa Iglesia Ca- 
thedral de Siguenga, donde leyó de opo- 
sición con puntos rigurosos de 24 horas, 
por espacio de una hora, y argüyó por el 
de media tres vezes, a tres Coopositores; 
las dos que le tocavan por el turno de Opo- 
sitor, y la tercera de extraordinario, por 
aver enfermado de repente uno de los 
Opositores; assimismo predicó con térmi- 
no de 24 horas, por espacio de una hora; y 
en concurrencia de seis Opositores tuvo 
16 votos en la elección de dicha Canongía, 
siendo los vocales 33. 

»En el mes de septiembre de 1712, hizo 
oposición a la Canongía Magistral de Pul- 
pito, de la Santa Iglesia de Cuenca, donde 
leyó de oposición con puntos rigurosos 
de 24 horas: argüyó a sus Coopositores: y 
predicó con puntos rigurosos de 48 horas, 
según estilo de aquella Santa Iglesia, por 
espacio de una hora; y el Ilustrissimo Se- 
ñor don Miguel del Olmo y Manrique, le 
confirió el empleo de Visitador General 
de su Obispado de Cuenca. 

»Pasó a la oposición de una Beca Theolo- 
ga del Colegio Mayor de San Ildefonso 
Vniversidad de Alcalá, en que fué elegido 
por todos los votos, precediendo los exer- 
cicios acostumbrados, y tomó possesión de 
dicha Beca. 

»En el mes de julio de 1713, hizo oposi- 
ción a la Cathedra de Vísperas de Theolo- 
gia de la Universidad de Siguenga; y Ca- 
nongía Magistral anexa, de la Santa Iglesia 
Cathedral de dicha Ciudad; y aviendo leído 
quatro vezes de oposición, en la facultad 
de Theologia, por ser estilo y constitución 
de dicha Universidad: las quatro lecciones 
para la referida Cathedra y Prebenda, so- 
bre los quatro libros del Maestro de las 
Sentencias, y argüido a los Coopositores: 
con puntos rigurosos de 24 horas, fué ele- 
gido en dicha Cathedra y Prebenda. 

»En cinco años que estuvo en possessión 
de dicha Canongía Magistral y Cathedra, 
presidió diferentes Actos de Theologia pú- 
blicos en dicha Universidad a los Colegia- 
les de San Antonio, argüyó en casi todos 
los Actos de Theologia que huvo en los 
Conventos y Colegios. Como assimismo, 
confirió diferentes grados mayores, en la 
facultad de Philosophia y Theologia, con 



los demás exercicios que tocavan a el em- 
pleo de Cathedratico. 

»En los cinco años que regentó la Cathe- 
dra dictó cinco materias de Theologia a 
sus discípulos. 

»Fué Juez Synodal, y Examinador de 
dicho Obispado de Siguen^a. 

»En la Sede vacante de dicho Obispado 
fué elegido por dicha Santa Iglesia Cathe- 
dral, por Visitador General de dicho Obis- 
pado de Siguenga. 

»En el tiempo que fué Magistral de Sí- 
gnenla, y antes de serlo, predicó diferen- 
tes Sermones en las Capillas Reales de las 
Descalzas Reales, y Real de la Encarna- 
ción de Madrid. 

»En 1 de enero del año 1718, hizo oposi- 
ción a la Magistral de Pulpito de la Santa 
Iglesia de Cartagena y Murcia; y en com- 
petencia de catorce opositores, fué elegido 
por el Eminentissimo Señor Cardenal Be- 
lluga, y Cabildo, en dicha Canongía Ma- 
gistral. 

»En 8 años, que ha que está en posses- 
sión de dicha Canongía Magistral, ha predi- 
cado todos los años varios Sermones, assi 
en las Ferias regulares, como en otras fies- 
tas particulares de dicha Santa Iglesia: 
Como assimismo ha argüido por la Iglesia 
el primer argumento en los Actos mayo- 
res, de los generales, de los Conventos y 
Colegios de dicha Ciudad de Murcia. 

»Es examinador Synodal de dicho Obis- 
pado de Murcia y Juez Subdelegado de la 
Santa Cruzada.» 

Se escribía, pues, dicho Papel en 1726, 
llevando ya su autor (si es que lo fué, 
como lo sospecho, el mismo don Bernar- 
do), ocho años de residencia en Murcia, 
y veinte después lo hallamos todavía, 
como dicho queda, estampando su nom- 
bre en Aprobaciones y Censuras de li- 
bros impresos en esta ciudad, y fechadas 
en la misma. No debió, pues, ser poca 
la influencia que tan distinguido y docto 
sujeto ejerciera en las letras murcianas 
de este primer tercio del pasado siglo. 
A lo menos nos consta que su nombre 
fué altamente celebrado en público por 
algunos de sus amigos. 

Véase Pangresdor en el presente Ca- 
tálogo. 



H 



Hassan Ben Mohamad Ben Alhossam 
Alcabski. 

Noble moro del primer tercio del si- 
glo XI, natural de Córdoba, y residente 
alg-ún tiempo en Murcia, donde falleció 
en el año de la Hégira 430. 

Dio a luz una Historia de España, con 
las hazañas de sus Reyes y vidas de sus 
Jurisconsultos. (Historicam Hispaniae, 
gesta Regum, atque Jurisconsultormn 
vitas complectentem), como autor de la 
cual tráelo el docto cordobés Abulca- 
sem Ben Paskual en su cBiblioteca Ará- 
bigo-Hispana», que con el título de Mu- 
nus Chronologicum Hispanum, hállase 
incluida en el Códice de la Escurialense 
de Casiri, núm. 1672. 

Huélamo (Fr. Melchor de). 

Padre Franciscano de la Provincia, 
observante de Cartagena, y natural de 
la villa de Tarancón, del Obispado de 
Cuenca, en la Mancha. 

Nada se nos dice acerca de las cir- 
cunstancias de su juventud y primeros 
estudios, así como tampoco del lugar o 
casa donde hubo de vestir los sagrados 
hábitos y profesar en la Orden. Sólo 
leemos que habiendo terminado con 
grande aprovechamiento los cursos de 
Filosofía y Teología pasó a Méjico, en 
cuya Provincia franciscana, llamada en- 
tonces <Del Santo Evangelio», ejerció 



el oficio de la predicación durante muy 
pocos años; que pasados éstos, restituí- 
do a su patria, y de nuevo domiciliado 
en su Provincia de Cartagena, obtuvo 
en ella el empleo de Predicador y varias 
guardianías, que hubo de desempeñar, 
principalmente en pueblos y conventos 
del reino de Murcia, como lo fueron, 
además del de San Francisco de dicha 
capital, los de Veas, Iniesta, San Ginés 
de la Jara y Cartagena; y, en fin, que 
pasó de esta a mejor vida en el monas- 
terio de Cuenca, año de 1621. 

Por lo que respecta a su carácter de 
escritor, considerámosle principalmen- 
te como historiador o, si se quiere, como 
logógrafo erudito; género particular de 
literatura tan cultivado en su tiempo, 
y a que, en rigor, pertenecen casi todas 
las obras que dejó escritas, inclusas las 
que él llama predicables. 

Hállanse salpicadas de méritos no co- 
munes, de muchos trozos escogidos y 
de páginas bastante instructivas, que a 
cada paso revelan los profundos cono- 
cimientos que su autor debió de poseer, 
así de lugares teológicos y de la Santa 
Escritura, como de textos de poetas y 
escritores clásicos sagrados y profanos. 
Empero el abuso de tales facultades, o 
mejor, su empleo casi siempre extem- 
poráneo, y el sistema de prolija erudi- 
ción, venga o no a cuento, seguido con 
exceso en dichas obras (hasta el punto 



90 - 



de no atreverse, en ellas, a usar palabra, 
frase ni concepto alguno sin que antes 
no vaya autorizado con la salvaguardia 
de otro análogo o semejante de proce- 
dencia antigua), de tal modo las deslus- 
tran y oscurecen, que casi las hacen in- 
soportables de puro empalagosas. Su 
lectura, sin embargo, es útil y provecho- 
sísima, especialmente para los sacerdo- 
tes. Su estilo es también algo desigual 
y desaliñado; pero en su fondo (lo repe- 
timos) se revela siempre, al par del cris- 
tiano ingenuo y del católico ferviente, 
el hombre de vasta erudición y de no 
vulgares alcances. 

Dichas obras son, además de la Vida 
de San Ginés de la Jara, de que ya 
extensamente nos ocuparemos en nues- 
tra Sección de Impresos en Murcia, las 
siguientes: 

2.^ «Espirituales discursos y predi- 
cables consideraciones sacadas de las 
ceremonias y mysterios de la Missa». 
Cuenca, 1595, en 4.° Barcelona, 1597, 
en 4.0 Cuenca, 1600, en 4.° Ibidem, 1604, 
en 4.0 

Poseemos algunas de estas ediciones; 
pero de ellas sólo vamos a describir la 
conquense de 1600, por habernos pare- 
cido la más completa e interesante, o 
curiosa, y es como sigue: 

«Discvrsos predicables de las cere- 
monias y mysterios de la Missa del Mi- 
sal Romano, reformado según el decreto 
del Santo Concilio de Trento, por man- 
dado de nuestro muy Santo Padre Pío V, 
Pontífice Máximo. Compvesto por el 
Reverendo Padre fray Melchior de Hué- 
lamo, predicador de la Orden del Será- 
fico Padre San Francisco, de la Provin- 
cia de Carthagena, natural de la Villa 
de Tarancón, Obispado de Cuenca. 
Ahora de nuevo añadidos, corregidos y 
enmendados por el mesmo Autor... Van 
tan bien añadidas tres muy copiosas ta- 
blas. La primera, de las autoridades de 



la escriptura. La segunda, Elencho de 
sermones. La tercera, de las cosas no- 
tables. Dirigidos a Christo nuestro Se- 
ñor summo Sacerdote. Con privilegio. 
En Cuenca, en casa de Miguel Serrano 
de Vargas. Año 1600. » 

En 4.°.— 556 hojas, con 9 más de principios y finales 
sin numerar.— Signs. (^j^) A - bb 5. — Portada. — (A la 
vuelta:) Quedase irtiprimiedo los Discursos predicables 
sobre la Salve Regina, y otros tres; vno de la Natividad 
de nuestra Señora, otro de nuestro Padre San Francis- 
co, y otro de def untos, cosa curiosa y digna de ser leyda. 
Copia de varios cánones del Concilio Tridentino refe- 
rentes al asunto.— Erratas. — Tassa.— Svma del priuile- 
gio. — Licencia del RevCrendissimo y doctissimo Padre 
Fr. Matheo de Burgos.— Censura y Aprobación de los 
muy doctos Padres Fr. Diego de la Vega y Fr. Diego 
Ordóflez. — Aprobación y Censura del P. Maestro Fray 
Juan Temporal.— Dedicatoria. (Al Svmo y Jnnieso Dios 
Christo Santo Sacerdote Eterno.) —Al Christiano Lector. 
Texto. — Lista de los Autores citados en los discursos: 
son todos dosientos y cinco. — Colofón — Advertencia al 
curioso lector. (Desde la hoja 462 a la 490): «Epítome Re- 
solutorio de todo lo cotenido en los sobredichos veinte 
discvrsos predicables sobre los mysterios de la Missa. 
Compvesto por el mesmo Avtor Fray Melchior de Hué- 
lamo, de la Orden de S. Francisco, y ahora de nuevo en- 
mendado en esta vltlma impression de muchos descuy- 
dos de la passada. (Estampeta del impresor.) Con Pri- 
vilegio. En Cuenca, Impresso en Casa de Miguel Serra- 
no de Vargas»: Año 1600». — Autoridades y Lugares de la 
Sagrada Escritura citados en el libro.— Elencho y tabla 
de Sermones.— Tabla de las cosas notables. — (En las 
hojas finales sin numerar): Censura de los Padres Fray 
Joan Machín... y Fr. Pedro Ballesteros. — Licencia del 
P. Fr. Bartholomé Layn.— Aprobación y Censura de 
Alonso Escudero, de la Compañía de Jesús.— Colofón. 

No es más que una larga y minuciosa 
exposición histórica dividida en veinte 
discursos, que más bien podríamos lla- 
mar narraciones, sobre los orígenes, 
excelencias y significación de todas las 
ceremonias y actos usados en la misa. 
Hállase henchida de vasta erudición li- 
túrgica, y su lectura, como decíamos, 
es sumamente útil y provechosa para 
todo aficionado a esta clase de estudios, 
especialmente para los sacerdotes. 

3.^ «Discursos predicables sobre la 
Salve Regina.» Cuenca. (Apud Corne- 
lium Rodan), 1601. En 4.® 

Tráenlo así don Nicolás Antonio en 
su Bibliotheca Nova, y Fr. Juan de San 
Antonio en la suya Universa Francis- 
cana. Sentimos muy de veras no haber 



91 



podido hasta ahora evacuar esta cita. 
Pero ya sabemos, y no queremos repe- 
tirlo, lo que a la vuelta de la portada del 
libro anteriormente descrito nos dice 
su impresor Miguel Serrano de Vargas. 
¿Lo será éste también del tomo que al 
presente nos ocupa? ¿Serálo, acaso, Cor- 
nelio Rodan del otro de igual título ya 
mencionado, compuesto por el Obispo 
don Fr. Diego de Arce? Sospecha es 
ésta que tenemos por probable. 

En dicho volumen se hallan incorpora- 
dos, según el testimonio del segundo de 
los referidos bibliógrafos y del impresor 
Serrano, los tres discursos siguientes: 

4.^ «... De la Natividad de la Vir- 
gen.» 



5.^ «... De Nuestro Padre San Fran- 
cisco.» 

6.^ «... De Difuntos.» 

Todos tres impresos, como es consi- 
guiente, en la referida ciudad de Cuen- 
ca, por el mismo impresor y en el mis- 
mo año. 

7.^ «Historia de las personas ilustres 
en santidad, de la Provincia de Carta- 
gena, del Orden de San Francisco, desde 
el año de MD. hasta el de MDCXVII.» 
Cuenca, por Martín de la Iglesia, 1617. 
En 4.° (Bibl. Nacional). Hállase también 
incorporado en este volumen. 

8.^ «La Vida y Muerte Santa de Fray 
Martín de Carrascosa, sepultado en San 
Francisco de Cuenca.» 



Jarava (Don Fr. Pedro de). 

«Desengáñense (decía nuestro limo, don 
Diego de Arce, hablando de este venera- 
ble y docto Franciscano) que todos los que 
han sido, son y serán, en la Provincia de 
Cartagena, no pueden formar un dedo de 
N. P. Xarava.» 

Elogio que aunque acaso parezca 
ahora exageradísimo, no lo es, sin duda, 
para el tiempo en que escribía el ilustre 
Obispo de Casano. 

Cítanlo, además, y escriben de su 
vida, el P. Melchor de Huélamo en sus 
«Varones Ilustres», don Nicolás Anto- 
nio en su Biblioteca Nova, Fr. Juan de 
San Antonio en la suya Universa Fran- 
ciscana, y el P. Ortega en su Crónica 
de la Provincia de Cartagena, por to- 
dos los cuales, pero muy especialmen- 
te por el primero y último de dichos 
autores, sabemos fué el doctísimo P. Ja- 
rava natural de la ciudad de Cuenca, 
donde nació por los años de 1494, de 
una familia ilustre y bien conocida en 
aquella tierra por su grande limpieza e 
hidalguía. Muéstrannoslo aplicado, des- 
de muy niño, a los buenos estudios de 
artes y ciencias, por cuya razón, y ha- 
biendo en ellos conseguido notables ade- 
lantos, fué destinado para Colegial ma- 
yor del insigne de San Pedro y San Pa- 
blo de la Universidad de Alcalá, de 
donde salió tan consumado maestro, no 
sólo en los susodichos estudios, si que 



también en el conocimiento de las len- 
guas hebrea, griega, latina y francesa, 
que al fin hubo de ser considerado 
«como uno de los sujetos más llenamen- 
te doctos de su siglo». 

En virtud de prendas tales y de tan 
buena fama, hubo de conferírsele muy 
graves y delicados empeños, así dentro 
de su Provincia observante como en 
Italia y Francia, siendo muy dignas de 
especial mención, entre las dichas co- 
misiones que se le confiaron, la de haber 
sido elegido en Claustro pleno, por el 
célebre de la Universidad Complutense, 
para responder a las obras de Erasmo, 
y la de haber sido designado, en con- 
cepto de Consultor Teólogo, para asis- 
tir al celebérrimo Concilio de Trento, 
bien que no pudiera llevar a cabo esta 
empresa, por causa de una grave enfer- 
medad, que le sorprendió en Guadala- 
jara, y de que al fin vino a morir en el 
convento de la villa de Val verde, año 
de 1576, y a los ochenta de su edad. 

A continuación, ahora, el retrato que 
de él nos hace el P. Huélamo: 

«Su estatura (dice) fué algo más que me- 
diana; su rostro declinaba a largo, aunque 
con corta ventaja; la cabeza conservó toda 
su vida muy poblada de cabellos, y tenía 
un aspecto magestuosamente grave, res- 
pirando autoridad; de suerte que sólo el 
mirarle conciliaba respeto y causaba ve- 
neración. Jamás fué inclinado, aun siendo 
joven, a chufletas, burlas ni vagatelas, 



- 93 - 



aborreciendo con notable extremo todo 
género de doblez, ficción y lisonja; mone- 
da tan usual y corriente como falsa; antes 
bien, muy inclinado a toda ingenuidad y 
trato religiosamente grave, aunque no por 
esto profesaba entereza, retiro ni sobera 
nía. Por zeloso y vigilante que fué, princi- 
palmente en el tiempo de sus Prelacias, se 
le originaron muchos trabajos, adversida- 
des y persecuciones; las que supo como 
prudente hacer preciosas con el sufrimien- 
to y tolerancia, en lo que fué un singularí- 
simo exemplar. Consolábase refrescando y 
trayendo ordinariamente entre sus labios, 
aquella máxima: Vidua est virtus quam 
non pacientia firmat. Fué extremadamen- 
te inclinado y aplicado a la preciosissima 
tarea de los estudios, de suerte que no se 
daba instante alguno de tiempo, en que se 
le hallasen ocioso; JDorque después de ha- 
ber pagado a la naturaleza, en el sueño, un 
escasissimo tributo, ocupaba todo el tiem- 
po restante en enseñar, leer, rezar, escri- 
bir y predicar...» 

Ahora bien, aunque nada nos dicen 
estos autores con respecto a los lugares 
en que principalmente residió el P. Jara- 
va, creemos firmemente que uno de ellos 
debió de ser el Convento de San Fran- 
cisco, de la Ciudad de Murcia, y aún 
tenemos por indudable que allí debió 
componer los dos primeros tratados, de 
que más adelante haremos mención, y 
que dejó manuscritos, como todas sus 
obras. La razón es obvia: El citado 
P. Ortega, que residió algún tiempo, y 
aun escribió parte de su Crónica en el 
referido convento de la dicha Ciudad, 
nos dice expresamente que en su Libre- 
ría vio los dos mencionados tomos, ori- 
ginales y escritos de la misma mano y 
letra de este venerable y doctísimo va- 
rón; y no es de creer, que habiéndolos 
éste escrito en otro monasterio, y te- 
niendo entonces, como lo tenían, sin 
duda, a gala, estos lugares sagrados, el 
poseer para sus bibliotecas el mayor nú- 
mero de preciosidades, así de obras im- 
presas como manuscritas, pero aún más, 
con respecto a estas últimas, no es de 



creer, digo, que, poseyendo dichos dos 
tomos por derecho propio, otro cual- 
quier convento forastero consintiese en 
hacer de ellos voluntaria dejación, remi- 
tiéndolos al de Murcia, ni mucho menos 
que éste, por causa de un simple azar, 
inexplicable entonces, los adquiriese. 

Dejó, pues, trabajadas varias obras, 
todas las cuales, como dicho queda, co- 
rrieron manuscritas: 

«Pero aunque no han logrado la suerte 
(dice nuestro Cronista) de ver en la prensa 
la luz pública, con todo esto, en el aprecio 
y estimación de los doctos que las han vis- 
to, ocupan eminentissimo lugar.» 

Parece ser que, en su mayor parte, 
fueron de polémica y diatriba contra los 
luteranos y demás herejes de aquel tiem- 
po. Cítalas don Nicolás Antonio, aunque 
con algunas omisiones, por seguir dócil- 
mente a Wadingo, en sus Scriptoribus, 
y a don Luis de Rebolledo en su Histo- 
ria Ordinis Minorum, y son las mismas 
que a continuación ponemos, siguiendo 
nosotros al diligente P. Ortega, ya tan- 
tas veces citado: 

L* «Modus adolescendi in Christo.» 

Tratado, al parecer, encaminado a la 
defensa de los únicos medios y doctri- 
nas de perservar en la siempre y eterna- 
mente saludable del Redentor. 

2.^ «De reparatione Ecclesiae Late- 
ranensis.» 

En defensa, indudablemente, del po- 
der y autoridad indisputable del Supre- 
mo Jerarca de la Iglesia, contra los mal 
avenidos y descontentos cismáticos, sir- 
viéndole de motivo la apología, como 
institución evangélica, de la confesión 
y comunión sacramental. (Conservados, 
como dicho queda, ambos tratados, en 
el Real Convento de PP. Franciscanos 
de la Ciudad de Murcia.) 

3.^ «Adversus lúdeos et Luteranos.» 

4.^ «Summa Theologica.» 

Que, según don Nicolás Antonio, se 



94 - 



conservaba en su tiempo, en el Conven- 
to de San Francisco, de Cuenca. 

Jiménez (Doctor Don José). 

Natural de Hinojosa de San Vicente 
en la Diócesis de Avila. Obispo de Car- 
tagena, en Murcia, desde 1806 a 1820, 
para cuya alta dignidad fué consagra- 
do en la Iglesia del Monasterio de las 
Salesas Reales de Madrid en 10 de agos- 
to del primero de dichos años. Fué antes 
Cura Párroco de San Andrés de la ciu- 
dad de Toledo; Catedrático de Cánones 
en su Universidad, Visitador general, 
Juez de Obras pías y Canónigo de 
aquella Santa Iglesia. Según el curioso 
opusculito titulado «Fechas Murcianas» 
de nuestro ilustrado amigo señor Fuen- 
tes y Ponte, «después de comenzar en 
la ciudad de Murcia las obras de una 
Casa-Hospicio, que no pudo concluir 
por las vicisitudes políticas de la época, 
murió en el palacio Episcopal de dicha 
ciudad a 1.° de diciembre de 1820, siendo 
sepultado en el plano o crujía del Tem- 
plo Catedral, en el panteón de los seño- 
res Capitulares». 

Conocémosle como autor de varias 
Cartas Pastorales que catalogamos en 
nuestra Sección de Impresos en Murcia, 
y es la más notable la que tiene por 
objeto exhortar a sus diocesanos a la 
práctica de las buenas costumbres, con- 
forme al Decreto de Fernando VII, de 
9 de octubre de 1814. 

Para terminar este artículo no pode- 
mos menos de copiar a continuación lo 
que de este virtuosísimo Obispo nos dice 
nuestro paisano don Luis Santiago Bado 
en una nota puesta a su Égloga escrita 
con motivo de estarse construyendo en 
esta Ciudad de Murcia un Hospicio o 
Casa de Misericordia: 

«La caridad ilustrada de este digno Pre- 
lado (escribe) se manifiesta muy desde los 
principios. En su Pastoral de 29 de diciem- 



bre de 1808, dixo a sus Diocesanos, que sus 
intenciones eran emplear las rentas de su 
Mitra en establecimientos públicos, para 
tener en que ocupar las manos del pobre 
jornalero, en el tiempo en que no tienen 
trabajo, y proveher a la educación de las 
artes, y manufacturas, a los niños y jóve- 
nes desamparados. Las calamidades que 
sobrevinieron a poco tiempo de su entrada 
al Pontificado, las que por públicas son bien 
notorias a todos, así como los enormes em- 
peños que contraxo para entrar en él, le 
impidieron el cumplimiento de sus deseos 
por entonces; mas, sin embargo, de estas 
poderosas causas, y de no haber podido 
vender los frutos de su dignidad, manifes- 
tó su generosidad y beneficencia, pues en 
el año de 1807, ya subieron sus limosnas 
a 195.722 rs., continuando en los siguientes 
con una liberalidad digna de imitarse, ex- 
tendiendo sus atenciones a los pobres des- 
validos, y al socorro de las necesidades 
públicas, relevando el mérito de estos so- 
corros el haber sido en años sumamente 
calamitosos. En el año de 1810, hallándose 
en Santa Visita en la Villa de Yecla, reci- 
bió aviso de que los Franceses estaban en 
las cercanías de esta Capital, con disposi- 
ción de acometerla, y de qué se hallaba 
indefensa por falta de auxilios para soste- 
ner la tropa y paisanage que había acudi- 
do a su socorro; y sin la menor dilación, 
dio orden para que entregase su Tesorero, 
quanto tuviese y pudiese servir para de- 
fensa de la Ciudad; y con efecto, entregó 
en metálico 249.194 rs., quinientas sesenta 
fanegas de trigo, y quatrocientas quarenta 
y quatro de cebada, previniéndole, lleno 
de un verdadero zelo, vendiese hasta su 
pectoral si era necesario para libertar a 
esta Capital de su aflicción. Sus sacrificios 
para concurrir a sostener la guerra, que 
tanto nos ha afligido, fueron repetidos, 
contribuyendo con vestuarios, camisas, ca- 
potes, sábanas y otros utensilios, y creci- 
dísimas sumas en dinero, que atendidas 
circunstancias parecen increíbles. Por for- 
tuna he visto un apunte de los que se han 
llevado, para el gobierno de su Tesorería; 
y de él resulta haberle exigido para cubrir 
las cantidades que le han repartido, por la 
contribución de guerra, y la directa, un 
millón ciento veinte y quatro mil ciento 
cinquenta y tres rs., subiendo lo entregado 
en donativos voluntarios y préstamos, a un 



i 



95 - 



millón doscientos catorce mil doscientos 
ochenta y dos rs., sin incluir en estas can- 
tidades, ciento sesenta y cinco mil quaren- 
ta y quatro rs. del 30 por 100. 

>A esta triste época y crecidísimos dis- 
pendios, sobrevino la desoladora epidemia 
con que Dios afligió a esta Ciudad y parte 
de su provincia, y sin abandonar este cari- 
tativo Prelado sus limosnas ordinarias, de 
que ya queda hecha mención, entregó al 
pronto veinte mil rs. en dinero, quatro 
zurrones de quina, setecientas fanegas de 
trigo para el socorro de esta Ciudad, que 
perecía; y el resto que le quedaba en sus 
graneros de esta especie, y de cebada, para 
la subsistencia del Regimiento de Guada- 
laxara, que había quedado de guarnición.» 

Jiménez Patón (Bartolomé). 

Residente en Murcia y su territorio 
un buen espacio de tiempo, durante el 
cual, por su gran sabiduría y como in- 
signe humanista que era, debió ejercer 
sin duda no poca influencia en la cultura 
y letras murcianas. Su vida se halla es- 
crita, con presencia de muchos docu- 
mentos fehacientes, por el señor don 
Benito Maestre, quien la publicó, ilus- 
trada con un retrato del biografiado, en 
el tomo I de El Siglo Pintoresco. (Ma- 
drid, 1845.) 

Nació Patón en Almedina (Ciudad 
Real), donde recibió las aguas del bau- 
tismo en 15 de agosto de 1569: fueron 
sus padres Bartolomé Jiménez y Apolo- 
nia Hernández, y tuvo próximo paren- 
tesco con el célebre Arzobispo de Va- 
lencia Santo Tomás de Villanueva. Es- 
tudió en el Colegio Imperial de Jesuítas 
de Madrid, y después en la Universidad 
de Baeza, distinguiéndose ya por su eru- 
dición y trabajos literarios a la edad de 
veinte años. Dedicado a la profesión de 
Maestro de Humanidades, la ejerció cin- 
co años en la ciudad de Alcaraz, pasan- 
do luego de Catedrático de Elocuencia 
a Villanueva de los Infantes, donde, en 
1618, desempeñó además el empleo de 



Correo mayor de dicha villa, por gracia 
y recomendación de su amigo y discí- 
pulo el Conde de Villamediana. Fué 
también Notario de la Curia Romana, y 
más adelante, del Tribunal del Santo 
Oficio de Murcia, habitando en la cual, 
sin duda, fué cuando tuvo el gusto de 
trabar amistad con nuestro insigne Cas- 
cales, quien, como es sabido, le dedicó 
una de sus mejores y más amenas car- 
tas (1). Casó con doña Juana Hervás 
Monsalve, y en ella tuvo varios hijos, 
quedándole solamente dos de ellos, lla- 
mados Alonso y Félix. 

Apreciado de los hombres más emi- 
nentes de su tiempo, entre ellos del 
gran Lope, que le dedicó un buen elo- 
gio en su Laurel de Apolo ^ vivió Patón 
exclusivamente consagrado a la ense- 
ñanza, al estudio y a las faenas litera- 
rias, siendo además un ejemplar mode- 
lo de virtudes. Murió, en fin, en Villa- 
nueva de los Infantes, el día 3 de abril 
de 1640, y a los setenta y uno de edad. 

Por lo que respecta a sus obras, bien 
conocidas son de todos los amantes de 
la literatura española: 

1.* «El perfecto Predicador». 1612. 

2.^ «Epítome de la Ortografía latina 
y castellana». Baeza, 1614. 



(1) Le dedicó también un epigrama laudatorio, que va al 
frente, entre otras varias composiciones poéticas, de los 
famosos Proverbios morales de Heráclito de Alonso de Ba- 
rros, concordados por el Maestro Bartolomé Gitnénes Pa- 
tón. (N. del a.) 

La carta que dedicó Cáscales a Jiménez Patón es la «epís- 
tola X» de la década segunda de sus Cartas Philológicas 
(1634). Es muy breve, pero muy expresiva, familiar y afec- 
tuosa, lo que demuestra la buena amistad que unió a am* 
bos humanistas. En ella le incluye Cáscales cuarenta y 
cuatro epigramas latinos de su propia cosecha, que he tra- 
ducido en prosa castellana para mi edición de las Cartas 
Filológicas, cuyo primer tomo se publicó en 1930 en la co- 
lección de Clásicos Castellanos, de «La Lectura». Cáscales 
envió esta muestra de su ingenio a'su colega de Villanueva 
de los Infantes, con el fin de alegrar el ánimo de Patón, 
decaído y sombrío por causa de sus muchos achaques. «¡Ea, 
seftor — le dice — , anímese más y haga mala cara a los acha- 
ques... Busque v. m. ocasiones de desenfado, i divierta el 
pensamiento de cosas graves: dése a las más menudas, i aun 
nugatorias, que tienen a veces no sé qué de ruibarbo bas- 
tante a purgar de melancolías al más saturnino. Con este 
fin envío a v. m. estos Epigratnmas...* (N. del e.) 



- % - 



3.* cProverbios morales de Herácli- 
to... concordados». Baeza, 1615. 

4.^ «Discurso sobre la langosta». 
Baeza, 1619. 

5.^ «Mercurius trimegistus, sive de 
tríplice eloquentia, sacra, española, ro- 
mana». Baeza, 1621. 

6.^ «Decente colocación de la Santa 
Cruz». Cuenca, 1625. 

7.^ «Declaración de varios epigra- 
mas de Marcial». Madrid, Baeza y Cuen- 
ca, 1628 a 1630. 

8.* « Historia de la. . . ciudad de Jaén . . . 
y de algunos hijos de ella». Jaén, 1628. 

No fué Patón su autor original, y sí 
únicamente el arreglado r y adicionador 
de los borradores sobre dicha Historia, 
que el célebre viajero don Pedro Ordó- 
ñez de Ceballos le remitió a este inten- 
to en 1616, y que doce años más tarde 
publicó el humanista ilustre, dedicán- 
dola, por medio de su hijo Félix, al exi- 
mio Cardenal Cueva, primer Marqués 
de Bedmar. 

9.^ «Discurso de los tufos, copetes y 
calvas». Baeza, 1629. 

10.^ «Declaración preámbula del sal- 
mo Beati inmaculati...i. 1633. 



11.^ «Discurso del santo y loable es- 
tado de la limpieza». Granada, 1638. 

12.^ «Reforma de trajes» (comentan- 
do la obra del Arzobispo don Hernando 
de Tala vera), con un opúsculo sobre 
«El buen uso del tabaco». Baeza, 1638. 

Escribió además otras varias obras 
que han quedado inéditas, entre ellas la 
titulada Victorias del árbol sacro de la 
Cruz, y algunas composiciones poéti- 
cas, autos sacramentales y comedías 
que, en sentir del señor Barrera y Ley- 
rado, deben correr anónimas, toda vez 
que de su existencia, por más que no las 
conozcamos, no puede cabernos duda, 
después de leer las palabras que a nues- 
tro insigne humanista dirige su enco- 
míador y Mecenas don Fernando de 
Ballesteros y Saavedra al frente del ya 
citado libro de Proverbios morales, y 
son como sigue: 

«... A los veinte años de edad tenía he- 
chas muchas poesías, comedias y autos, y 
otras obras sueltas, divinas y humanas.» 

El Maestro Jiménez Patón, en fin, es 
uno de los literatos que más aprobacio- 
nes, dictámenes y censuras han puesto 
a libros de todas clases. 



L 



La Palma (P. Luis de). 

Sacerdote Jesuíta, natural de Toledo, 
donde nació en 1559, y residente en Mur- 
cia, durante larga temporada, en calidad 
de Rector del Colegio de la Compañía 
de dicha ciudad, como antes lo había 
sido de los de Alcalá de Henares y 
Madrid, conforme al testimonio del 
R. P. Rivadeneyra en su Bibliotheca 
Scriptorum Socieiatis Jesu. Fué varón 
de aventajadas cualidades, de excelente 
doctrina y de gran integridad de cos- 
tumbres. Escribió: 

1.° cHistoria de la Sagrada Passion 
del Señor, sacada de los Quatro Evan- 
gelios». Por el P. Luis de la Palma. Al- 
calá de Henares, 1624. 

En 4.0 

Ibídem.— Barcelona. Impr. de María 
Angela Martí, 1762. 

En 4.°— 2 hojs. de prelims.— 428 págs. y 2 hojs. al final, 
de tabla. 

2.° «Camino espiritual de la manera 
que lo enseña el Bienaventurado Padre 
San Ignacio en su libro de los Exerci- 
cios.» Primera parte. Por el Padre Lvis 
de la Palma. Provincial de la Compañía 
de lesvs en la Prouincia de Toledo, y 
natural de la misma Ciudad. Año (Escu- 
do de la Compañía) 1626. Con Privile- 
gio. En Alcalá. En Casa de Juan de 
Orduña, Impressor de la insigne Uni- 
versidad. 

En 4.°— 836 págs., más 24 de principios y 13 de tabla. 
Portada.— V. en b.— Privilegio. — Erratas. — Tasa.— Li- 



cencia del Provincial.— Censura de Fr. Diego de Campo. 
Dedicatoria al P. General Viteleschi.— A los Padres de 
la Compañía. -Texto.— Tabla de Capítulos. 

3.° «Practica y breve declaración del 
Camino Espiritual, como lo enseña el 
B. P. Ignacio. Fundador de la Compa- 
ñía de IHS.» Madrid, 1629. 

En 8.0 

Obra que tradujo al latín el P. Jacobo 
Dyck, y publicó en 1635 en Antuerpia, 
en Viena y en Monaco, según don Nico- 
lás Antonio. 

4.° «Carta de la Vida y muerte del 
P. Francisco de Porras.» (?), 

Tradujo, además, del latín al caste- 
llano: 

5.° «El exercicio de la muerte.» (?) 

6.° «Medico Religioso del P. Cario 
Scribano.» Madrid, 1633. 

Murió el P. La Palma en Madrid, año 
de 1641. 

Laguna (Fr. Juan). 

Religioso Franciscano de la Provincia 
de la Regular Observancia de Cartage- 
na. No sabemos de donde fuese natural, 
pero sí que habitó no escaso tiempo en 
tierra de Murcia, según se desprende de 
la portada de su curiosísimo librito que 
describimos a continuación: 

«Casos raros de Vicios y Virtudes, 
para escarmiento de pecadores, y exem- 
pío de virtuosos.» Por el R. P. Fr. Juan 
Laguna, Predicador Apostólico en los 

7 



98 - 



Obispados de Murcia, Jaén y Arzobis- 
pados de Toledo, y Valencia; y Guar- 
dián que fué del Colegio de Misioneros 
Apostólicos de la Villa de Zehegín. Sale 
a luz a devoción de un devoto. Quien lo 
dedica al Serafín Llagado nuestro Será- 
fico Patriarca San Francisco. Con li- 
cenc. Barcelona, Por Antonio Arroque.» 
(S.a.). 

En 8,°— 355 págs., más 3 hojas de prellms. y 3 págs. al 
final de Tabla, sin numerar.— Slgns. (--5^) B-Zz.— Portada. 
V. en b.— Dedicatoria.— Censura de los R. R. P. P. Fr. 
José Ludefla, Lector Jubilado... y actual Difinidor de la 
Provincia de Cartagena: y Fr. Pedro de la Pefla, Lector 
Jubilado, y Rector del Colegio de la Purísima Concep- 
ción de la Ciudad de Murcia; dada en el mismo en 27 de 
Septiembre de 1741. — Aprobación del P. Fr. Miguel En- 
rique, en Valencia a 29 de Septiembre de 1745.— Prólo- 
go.— Texto. 

Es, con efecto, una obrita de extre- 
mada rareza. Compónenla hasta treinta 
y ocho capítulos o exposiciones de doc- 
trina, moral, ilustradas con otros tantos 
ejemplos, historietas o cuentos maravi- 
llosos, ya serios, ya festivos, que avalo- 
ra el mérito de una narración sencilla y 
de un estilo agradabilísimo por su soltu- 
ra, facilidad y desembarazo. 

La RiVA (Dr. Donjuán Antonio de). 

El nombre de este varón ilustre viene 
siendo tenido ha más de un siglo en 
gran consideración y respeto por todos 
los murcianos amantes de las letras, ra- 
zón por la cual sentimos muy de veras no 
tener más noticias individuales suyas, 
que las de haber sido Colegial en el Ma- 
yor del Arzobispo de Alcalá de Hena- 
res, Profesor de Filosofía en el Semina- 
rio Conciliar de San Fulgencio de Mur- 
cia por los postreros años del pasado 
siglo y principios del presente, y Canó- 
nigo Doctoral de su Santa Iglesia Cate- 
dral, a la que hubo de prestar muchos 
y muy buenos servicios literarios, como 
asimismo a la Biblioteca del Palacio 
Episcopal de dicha ciudad, que enri- 
queció legándole casi toda su librería. 



No sabemos tampoco el año de su muer- 
te, pero sí que en 1817 aún vivía. 

Dejó trabajadas varias obras, las más 
importantes de las cuales quedaron ma- 
nuscritas, a saber: 

l.'"^ Y la más principal, fué la precio- 
sa Colección de Apuntes que formó para 
la historia de dicha Catedral; manuscri- 
to que, según creo, posee en la actuali- 
dad el ilustrado murciano don Pedro 
Berenguer, profesor del Colegio militar 
de Toledo; y Apuntes de que después 
se han valido todos cuantos han tratado 
sobre esta materia, como verbigracia, 
don Félix Ponzoa, don Ramón Baque- 
ro, don Federico Atienza, don Rodrigo 
Amador de los Ríos y otros. 

2.^ «Filosofía elemental», dividida 
en tres tomitos de Psicología, Lógica 
y Etica, respectivamente: Manuscritos 
que actualmente posen los eseñores Ruiz 
Baquerín, como herederos y sucesores 
de la casa y familia de nuestro Doctoral. 

3.^ «Historia del Santuario e Imagen 
de Ntra. Sra. de la Fuensanta»: Manus- 
crito que también poseen los referidos 
señores, y que recientemente (1892), ha 
publicado el señor Martínez Tornel en 
su «Biblioteca de El Diario de Murcia». 

4.^ Informe dado al Ilustrísimo Se- 
ñor Obispo (don Victoriano López Gon- 
zalo) sobre la dedicación o consagración 
de la Santa Iglesia Catedral de Carta- 
gena (1). 

Impreso en 4.°, de 16 págs., firmado al final por su 
autor en Murcia a 22 de diciembre de 1800. Es escrito 
interesante. 

5.^ Bautismo de los Fetos abortivos 
y extraídos por la Operación cesárea... 
(Al final): Con licencia: En la Imprenta 
de Mariano Bellido (2). 

En 4.°— 12 págs. Es también opusculito algo curioso. 



(1) No lleva titulo el opúsculo; pero nos permitimos re- 
construirlo así, en vista del asunto de que trata y la perso- 
na a quien va dirigido. 

(2) Véase La Riva en nuestra Sección de Impresos en 
Murcia. 



_ 99 _ 



Y últimamente sus Adiciones al Ca- 
tecismo de la Doctrina Cristiana del 
P. Jerónimo Ripalda, que son por las 
que, generalmente, su nombre es cono- 
cido en España, y no únicamente en 
Murcia. 

LlClNIANO. 

Es el primer varón esclarecido que 
ilustra por su sabiduría la Silla Episco- 
pal de Cartagena, y que cultiva con sin- 
gular acierto las letras dentro del terri- 
torio murciano. Nada más se sabe de él 
que lo que nos dice San Isidoro en el 
capítulo 42 de sus «Varones ilustres»: 
Licinianus - Carthaginis Sp a rta ria e 
Episcoptís, in Scripturis doctus: cujus 
quidem multas Epístolas legimus, de 
Sacramento denique Baptismi unam, 
& ad Eutropium, Abbatem (qui postea 
Valentiae Episcopus fuit) plurimas. 
Reliqua vero industriae & laboris ejus 
ad nostram notitiam minimé venertmt. 
Claruit temporibus Mauritij Angustí. 
Occubuít Constantínopoli, veneno (ut 
ferunt) extínctus ab aemulis: sed ut 
scríptum est, justus quacumque morte 
praeocupatus fuerít, anima ejus in re- 
frigerio erit. Pero por los comentarios 
que insignes escritores han hecho sobre 
este pasaje de San Isidoro, podemos 
bien, ya que no al detalle, recomponer 
a grandes rasgos la biografía de nuestro 
Obispo. 

Fuélo realmente o en efectivo de la 
Iglesia Cartaginense, y no puramente 
Titular, o sin Diócesi, como pensaron 
Morales y el Cardenal Aguirre; supues- 
to que ni San Isidoro le da el dictado de 
Corepiscopo, como se llamaban enton- 
ces los tales Titulares, ni estaba toda- 
vía Cartagena (y aunque lo estuviese, 
no lo estaba la Diócesi) en el lamenta- 
ble estado de no poder tener Prelado 
que la gobernase dentro de su propio 
recinto. Su elevación a esta dignidad 



tuvo lugar en el año de 580, según unos, 
o en el de 581, según otros. Fué, según 
parece, grande amigo del célebre Seve- 
ro, Obispo de Málaga, y es de creer 
que, residiendo en su Iglesia, hubo de 
componer y trabajar esas muchas epís- 
tolas de que nos habla el Santo Metro- 
politano de Sevilla. El P. Flórez, sin 
embargo, opina que por lo menos la di- 
rigida por estos dos Obispos al Diácono 
Epifanio hubieron de escribirla siendo 
ambos monjes o compañeros de clausu- 
ra en un monasterio hoy ignorado; y 
tiene por cierto que a esto deben aludir 
aquellas palabras de San Isidoro: Seve- 
rus... Collega & Socius Luciniani. Sus 
razones son: que no darían, como dan 
en la carta, el dictado de hermano a un 
simple Diácono, siendo ellos Obispos, 
ni podrían tampoco con comodidad jun- 
tarse a escribir, siendo de distantes Igle- 
sias. Pero ya se está viendo la nimiedad 
del argumento, sobre todo por lo que 
se refiere a la primera parte; y creemos 
que si efectivamente nuestro Liciniano 
hubiera sido monje, no lo hubiera calla- 
do San Isidoro, como no lo calla de su 
hermano Leandro, ni de ninguno de los 
varones ilustres que tuvieron esta pro- 
fesión. 

Algunos, también, lo han hecho Obis- 
po de Málaga, confundiéndole, sin duda, 
con su amigo Severo; y no ha faltado, 
tampoco, quien, como Morales, y por 
haber mal interpretado el texto de San 
Isidoro, haya supuesto que nuestro Li- 
ciniano fuese trasladado, de la de Car- 
tagena, a la Iglesia de Valencia; notable 
yerro, pues consta que murió en Cons- 
tantinopla siendo Obispo Cartaginense, 
como igualmente, que en el ejercicio 
de su dignidad hubo, con buen Pastor, 
de trabajar e interesarse en favor de su 
Iglesia con el celo y vigilancia que pe- 
dían entonces las críticas circuntancias 
porque atravesaba España, consta tam- 



100 - 



bien por la carta que dirigió al Papa San 
Gregorio pidiéndole consejos para el 
buen gobierno de su clero y diócesis. 

También, sin violencia, puede dis- 
currirse y casi tenerse por seguro, que 
escribiera a sus diocesanos algunas Car- 
tas Pastorales, ora exhortándoles a la 
pureza de costumbres y observancia del 
dogma, ora previniéndoles contra las he- 
rejías e impiedades arrianas, dándonos 
derecho a pensarlo así la expresión bien 
significativa de San Isidoro: cujus... 
multas Epístolas legimus, como igual- 
mente el decreto de destierro, de que fué 
víctima, y que sólo alcanzó según sentir 
de muchos, a aquellos Obispos que más 
se singularizaron, por su ardiente celo, 
en la predicación contra las doctrinas 
heréticas. 

Sus desvelos, pues, e interés profun- 
do por el triunfo de la fe Católica y 
exaltación de su Iglesia, fueron sin duda 
la causa de que le alcanzare el decreto 
de destierro fulminado por Leovigildo, 
por virtud del cual vióse obligado a 
abandonar su rebaño, trasladándose a 
la entonces floreciente Corte del Impe- 
rio de Oriente, que a la sazón goberna- 
ba el Emperador Mauricio, y en donde 
halló el fin de sus días, por muerte de 
veneno que, según sospechas de San Isi- 
doro, le propinaron sus émulos, en 592, 
según unos, 596, según otros, o alrede- 
dor del de 602, según siente el P. Fló- 
rez, bien que sólo fundándose en la cir- 
cunstancia de haber muerto en éste el 
referido Mauricio, y en el dicho de San 
Isidoro, de que nuestro Santo Obispo 
floreció en tiempo de este Emperador, 
dicho que, si bien resulta impropio o 
poco exacto, habiendo sobrevivido Lici- 
niano a Mauricio algunos años, y dado 
en ellos algunos escritos, puede en cam- 
bio prevalecer muy bien, habiendo muer- 
to nuestro Obispo, no ya en 596 ó 592, 
pero aun en 584, o sea tres años después 



de la exaltación de Mauricio al trono 
de Constantinopla, y en el mismo en 
que aquél salió desterrado para esta 
ciudad. No puede, no, alargarse la 
vida de Liciniano a la entrada del si- 
glo VII, como dice muy bien el sabio 
Padre; mas no por eso hallo razón para 
que no pueda acortarse unos cuantos 
años. 

Yo por mí, tengo por cierto, o a lo 
menos por muy probable, que debió mo- 
rir antes o dentro del año de 587, en que, 
como es sabido, bajó al sepulcro Leovi- 
gildo; pues de otra suerte, no me expli- 
co bien cómo pudo estarse en Constan- 
tinopla todo el tiempo que va desde esta 
fecha a la de 602, y no volvió, durante 
tan largo espacio, a su abandonada Igle- 
sia de Cartagena, como volvieron a sus 
respectivas diócesis los demás Obispos 
desterrados. Punto es éste, en que no 
paró mientes el sabio Maestro Flórez, 
o si paró, no quiso llamar sobre ello la 
atención, por haber ya negado la espe- 
cie de que San Fulgencio hubiese sido 
Obispo de Cartagena, cosa que, efecti- 
vamente, no hubiera podido ser posible, 
al sobrevivir Liciniano al año de 600, en 
que fué destruida esta ciudad por el 
furor de los godos. 

También incurre en notable inconse- 
cuencia al considerar escrita la referida 
Carta de Liciniano al Diaco Epifanio, 
en un tiempo anterior al de su Obispado 
Cartaginense; supuesto que, siendo tan 
escrupuloso, que por decir San Isidoro 
que nuestro Obispo floreció en tiempo 
del Emperador Mauricio, no quiso alar- 
garle la vida ni siquiera a un año del 
tiempo de Focas, por la misma razón 
no debiera nunca suponer escrito tan 
notable documento en fecha anterior al 
año de 582; porque de serlo (debió pen- 
sar) no vendría tampoco a resultar cier- 
to el citado dicho de San Isidoro, ha- 
biendo entonces florecido también Lic¡- 



101 - 



niano en los tiempos de Justino II o de 
Tiberio. 

Todas, pues, o la mayor parte de las 
Epístolas de Liciniano, pertenecen, in- 
dudablemente, al tiempo de su Obispa- 
do, y debió escribirlas residiendo en su 
diócesis (tal vez al lado de San Fulgen- 
cio, entonces Presbítero), toda vez que 
expresamente San Isidoro dice haberlas 
leído, lo que no hiciera fácilmente ha- 
biéndolas escrito nuestro Obispo allá 
en la Corte del Oriente griego, hasta 
donde le persiguió la envidia, y de la 
cual, que se sepa, no volvió ya a España. 

De todas ellas, y por razón de la incu- 
ria de los tiempos, sólo tres han llegado 
hasta nosotros, bajo los siguientes tí- 
tulos: 

1.^ Ad S. Gregorium Papam Urbis 
RoMAE. De libro Regularum. 

2.^ Ad Vicentium Episcopum Ebosi- 
TANAE Insular. Contra eos qui credebant 
de Coelo cecidisse in memoriam S. Pe- 
tri Romae. 

3.^ Ad Epiphanium Diaconum. In qua 
ostenditur Angelos & animas rationales 
esse spiritus, sive totius corporis ex- 
pertes. 

Todas ellas escritas en el mismo esti- 
lo didáctico, sentencioso y sobrio, sin 
dejar por eso de tener alguna elegancia, 
y en donde el autor insinuadamente 
viene a mostrársenos profundo escritu- 
rario, eminente psicólogo, sabio dogma- 
tizador y grandemente versado en la 
literatura de los PP. griegos y latinos; 
cualidades que es de presumir campea- 
rían también o acaso más ampliamente 
en las demás obras suyas que lloramos 
perdidas. 

De estas tres que nos restan, aunque 
no la mejor, es para nuestro propósito 
de mayor interés la dirigida al Papa San 
Gregorio, por pedirle en ella instruccio- 
nes para su gobierno pastoral, y demos- 
trarse con esto, que no fué, así como se 



quiere, un Corepiscopo u Obispo pura- 
mente titular, sino efectivo, y con Dió- 
cesis e Iglesia propia, razón por la cual 
hanos parecido conveniente copiarla ín- 
tegra, ilustrándola de paso con una tra- 
ducción casi literal. Dice de este modo: 

1. «Domino beatissimo Gregorio Papae 
Licinianus Episcopus (1) Librum regula- 
rum a Sanctitate tua editum, & ad nos di- 
vina gratia opi talante perlatum, tanto li- 
bentius legimus, quanto in eo spirituales 
regulas inesse cognoscimus. Quis enim 
non libentius legat, ubi jugi meditatione 
medicinam animae suae inveniat? ubi con- 
temptis hujus saeculi rebus caducis & in 
sua mutabilitate variantibus ad aeternae 
vitae stationem o cu los mentís aperiat? 
Liber hic tuus omnium est aula virtutum. 
lUic prudentia inter bonum & malum dis- 
cretionis limitera figit: illic justitia unicui- 
que suum tribuit, dum Deo animam, cor- 
pusque animae subdit. Illic fortitudo etiam 
in adversis & in prosperis reperitur semper 
aequalis, quae nec in contrariis frangitur, 
nec in prosperis exaltatur. Illic temperan- 
tia furarem libidinis frangit, discreteque 
voluptatibus modum imponit. Illic cuneta 
quae ad vitae aeternae participium perti- 
net comprehendis: & non solúm. Pastori- 
bus regulara vivendi praescribis, sed etiam 
his qui regiminis officium nullum habent, 
vivendi regulara tribuís. Habent enira Pas- 



(1) 1. El Obispo Llclnlano al señor Gregorio beatísimo 
Papa. = El libro de las Reglas escrito por tu Santidad, y 
llegado hasta nos por el favor de la divina gracia, hemos 
leído con tanto mayor gusto, cuanto que desde luego hemos 
conocido hallarse en él espirituales enseñanzas. ¿Quién no 
leerá con singular fruición aquello, donde por una medita- 
ción continua viene a encontrar la salud de su alma?, ¿dón- 
de, despreciándose las cosas del siglo, variables y caducas 
por su mutabilidad, se abren los ojos del alma a la región 
de la eterna vida? Todo este libro tuyo es una escuela de 
virtudes. Él, con prudencia, fija el límite de separación 
entre el bien y el mal: Con justicia, da a cada cual lo suyo, 
como el alma a Dios, sujeta el cuerpo al alma. Con fortale- 
za, halla iguales siempre los infortunios y las prosperida- 
des, para que ni por aquéllos nos consideremos abatidos, ni 
por éstas exaltados. Y él, con templanza, combate el furor 
de la sensualidad y pone un moderado límite a los deseos. 
En él, en ñn, abrazas todo cuanto al logro de la vida eterna 
se refiere; y el modo de vivir prescribes, no sólo a los Pre- 
lados, si que también a aquellos que ningún cargo tienen 
de gobierno. Por lo que hace a los primeros, tienen en tu 
cuarta división todas aquellas reglas que convienen a su 
oficio Pastoral: Qué vida han de observar al entrar en el 
gobierno; de qué manera y cuáles cosas han de enseñar a 
los fieles, y no elevar a demasiada altura lo que hicieren 
por su deber sacerdotal. 



102 



tores in quadripartia tua distributione qua- 
les ad hoc officium veniat; qualem vitam 
gerant cum veneriut; qualiter vel qualia 
doceant, & ne in tanto Sacerdotali culmine 
extollantur, quid agant. 

»2. Adtestantur huic eximiae doctrinae 
tuae Sancti antiqui PP. Doctores, defenso- 
res que Ecclesiae, Hilarius, Ambrosius, 
Augustinus, Gregorius Nazianzenus: hi 
omnes testimonium tibi praebent, sicut 
Apostolis praebuerunt Prophetae. Hilarius 
Sanctus dicit exponens verba. Apostoli 
Doctoris Gentium: «Ita etenim quae pro- 
.»práae disciplinae & morum sunt, ad sacer- 
»dotij, meritum utilia esse significat, si 
»etiam haec quae ad docendae ac tuendae 
»fidei scientiam necessaria sunt inter reli^ 
>qua non desint; quia non statim boni at- 
»que utilis sacerdotis est, aut tantummodo 
»innocenter agere, aut tantummodo docen- 
»ter praedicare, cum & innocens tantum 
»sibi proficiat, nisi quám doctus sit, et doc- 
»tus si doctrinam vivendo non adjuvet, 
>omnino sibi nihil prosit.» 

»3. Adtestatur huia libro Sanctus Am- 
brosius in illis libros quos fecit de Officiis. 
Adtestatur Sanctus Augustinus dicens: 
«In actione non amandus est honor in hac 
»vita sive potentia, quoniam omnia vana 
»sub solo. Sed opus ipsum quod per eum- 
»dem honorem vel potentiam fit, si recté 
>atque utiliter fit, id est, ut valeat ad eam 
»salutem subditorum, quae secundum 
»Deum est. Propter quod ait Apostolus: 
*Qui Episcopatum desiderat, opus bonum 
»desiderat. Exponere voluit quid sit Epis- 
»copus, quia nomen est operis, non hono- 
»ris: Graecum est enim, atque inde ductum 
•vocabulum, quod ille qui praeñcitur, eis 
»quibus praeficitur superintendit, curam 
»scilicet eorum gerens: Episcopus quippe 
»intentio est. Ergo Episcopum, si velimus 
» Latiné, superintendere possumus dicere. 
»Ut intelligat non se esse Episcopum, qui 
>praesse dixerit, non prodesse. Ita que ab 
»studio cognoscendae veritatis nemo pro- 
•hibetur, quod ad laudabile pertinet otium: 



2. Confirman esta eximia doctrina tuya los antiguos 
Santos PP., Doctores y defensores de la Iglesia, Hilario, 
Ambrosio, Agustín, Gregorio Nazianzeno: todos te dan de 
ello testimonio, como se lo dieron los Profetas a los Apos- 
tóles. San Hilario, exponiendo las palabras del Doctor 
Apóstol de las Gentes dice: ... 

3. Confirma este tu libro San Ambrosio en aquellos titu- 
lados De Oficios que él escribió. Confírmalo San Agustín 
diciendo: ... 



»locus vero superior, sine quo regi populos 
»non potest, etsi ita teneatur; atque admi- 
»nistretur ut decet, tamen indecenter appe- 
»titur. Quam obrem otium sanctum quaerit 
>charitas veritatis: negotium justum susci- 
»pit necessitas charitatis. Quam farcinam, 
»si nullus imponit, percipiendae atque in- 
»tuendae vacandum est veritate. Si autem 
»imponitur, suscipienda est propter chari- 
»tatis necessitatem. Sed nec sic omnimo- 
»do vesitatis delectatio deserenda est, ne 
»subtrahatur illa suavitas & opprimatur 
»ista, necessitas. (lib. 19 de Civit. Dei. 
.Cap. 19.)» 

»4. Adstestatur Gregorius Sanctus, cu- 
yus stylum sequeris, cujus exemplo deli- 
tescere cupiebas, ut pondus sacerdotii de- 
clinares, quod quale sit in toto libro tuo 
liquidé declaratur; & tamen portas quod 
metuebas. Pondus enim tuum sursum fer- 
tur, non deorsum: non quod te ad ima pre- 
mat, sed quod ad astra sustollat, dum per 
Dei gratiam & obedientiae meritum, ope- 
risque boni efficientiam, sit suave quod 
per imbecillitatem humanam videbatur 
habere gravedinem. Dicis enim ea quae 
consonat Apostolis & Apostolicis viris: pul- 
cher enim pulchra dixisti, & in his pul- 
chrum te esse óstendisti. Nolo ergo te si- 
milare indecoro pictori pulchra pingenti; 
quia spiritualis doctrina a spirituali mente 
proficiscitur. Plus plerisque aestimatur 
homo pictor, quám inanimata pictura: sed 
hoc non adsentationi aut adulationi repu- 
tes, sed veritati: quia nec me oportet men- 
tiri, nec te decet falso laudari. Ego plané 
licét foedus, & te, & omnia tua pulchra 



4. Confírmalo San Gregorio, cuyo estilo seguiste, y con 
cuyo ejemplo deseabas ponerte a cubierto en lo de evadir la 
carga de sacerdote, cuyo modo de ser tan claramente se 
manifiesta en todo tu libro. Llevas, sin embargo, lo que 
temías; pero tu carga es llevada hacia arriba y no hacia 
abajo: no te oprime hacia el suelo, sino que te eleva hasta 
los astros, habiéndose logrado, por la gracia de Dios, la 
virtud de la obediencia y la eficacia de las buenas obras, que 
sea suave lo que la ignorancia humana consideraba de 
enormidad. Las doctrinas que expones concuerdan, pues, 
con las de los Apóstoles y Apostólicos varones. Galana- 
mente has hablado, hermosas cosas has dicho, y pulcro en 
ellas has sabido ostentarte. No quiero, por eso, compararte 
al pintor desenvuelto que pinta bellezas materiales, pues tu 
hermosa doctrina, como emanada del espíritu, es también 
espiritual. En más estima, y por mayor número de personas 
es tenido el pintor, hombre, que la pintura inanimada (lo 
que no es aplicable a las tuyas por ser de diversa índole). 
No lo tomes a adulación ni a lisonja, sino a verdad; porque 
ni en mí sienta bien el mentir, ni sería decente alabarte en 
falso. Aunque privado plenamente de toda perfección, toda- 
vía puedo admirar las excelencias que se hallan así en ti, 



- 103 — 



conspexi, & memet in comparationem tui 
satis indecorum vidi. 

»5. Unde precor per gratiam Dei, quae 
inte exuberat, ut non respuas deprecan- 
tern; sed libenter doceas quae me fateor 
ignorare. Compellimur necessitate faceré' 
quod doces non fieri. Peritus enim dum 
non reperitur, qui ad officium sacerdotali 
venial, quid faciendum est nissi ut imperi- 
tus, ut ego sum, ordinetur? Jubes ut non 
ordinetur imperitus. Sed pertractet pru 
dentia tua, ne forte ad peritiam sufficiat ei 
scire Jesum Christum, & hunc crucifixum: 
si autem non sufficit, nemo erit in hoc loco, 
qui peritus esse dicatur; nemo erit utique 
sacerdos, si nisi peritus esse non debet. 
Bigamis aperta fronte resistimus, ne sacra- 
mentum utique corrumpatur. Quid si unius 
uxoris vir ante uxorem mulierem tetige- 
rit? Quid si uxorem non habuerit, & tamen 
sine mulieris tactu non fuerit? Consolare 
ergo nos stylo tuo, ut non puniamur, nec 
nostro nec alieno peccato. Valdé enim me- 
tuimus, ne per necessitatem ea faciamus 
quae non debemus. Ecce obediendum est 
praeceptis tuis, ut taliter fiat, qualiter 
Apostólica docet auctoritas: & non reperi- 
tur qualiter quaeritur: cessabit ergo fides 
quae constat ex auditu: cessabit baptismus, 
si non fuerit qui baptizet. Cessabunt illa 
Sacrosancta Mysteria, quae per sacerdotes 



como en todas tus obras; y yo mismo, en comparación tuya, 
no puedo menos de juzgarme indigno. 

5. En vista de lo cual te ruego por la gracia de Dios, que 
tanto en ti abunda, no rechaces mi súplica, antes bien, me 
enseñes de buen grado lo que confieso ignorar. Pues por 
necesidad nos vemos obligados a hacer lo que, según tú 
enseñas, no debe hacerse. Mientras no se encuentra un 
varón docto que quiera abrazar el estado de sacerdote, ¿po- 
drá el indocto ser ordenado? Encargas que no se ordene al 
ignorante; mas reflexiónalo despacio conforme a tu pruden- 
cia, no sea que tal vez baste para su pericia el saber que 
hubo un Jesucristo y que éste fué crucificado; porque si esto 
no le basta, no habrá uno en este lugar que pueda llamarse 
docto. No habrá, pues, ningún sacerdote, si no puede serlo, 
no siendo instruido. Rechazamos, sí, de un modo absoluto 
a los bigamos por no corromper el sacramento. ¿Mas qué 
haremos si el varón de una sola esposa, en vida de ella 
tocase a otra mujer? ¿Qué, si no tuviere esposa ni hubiese, 
no obstante tenido contacto con mujer? Consuélanos, pues, 
según tu estilo, a fin de que no seamos castigados, ni por 
el nuestro ni por el ajeno pecado. Porque es mucho lo que 
tememos si por virtud de la dicha necesidad estamos ha- 
ciendo lo que no debemos. Ten por seguro que serán obede. 
cidos tus preceptos, llevándose a cabo talmente y del modo 
que lo enseña la autoridad Apostólica. No sabemos ya cómo 
lamentarnos. Acabará la fe que se sostiene por la predica- 
ción. Acabará el bautismo si no hay quien bautice. Acaba- 
rán los Sacrosantos misterios que celebran y administran 
os sacerdotes. En cualquiera de ambos casos amenaza el 



fiunt & ministros. In utroque periculum 
manet; si aut talis ordinetur qui non debet, 
aut non sit qui sacra mysteria celebret vel 
ministret. 

»6. Ante paucos annos Leander Episco- 
pus Spalensis remeans de Urbe regia, vi- 
dit nos praeteriens, qui dixit nobis habere 
se Hornillas á vestra Beatitudine editas de 
libro Sancti Job. Et quia festinans pertran 
sit, minimé eas petentibus nobis ostendi. 
Postea vero scripsisti ei de trina mersione; 
in qua Epístola memorasti displicuisse vo- 
bis illud opus, sed hoc salubriori consilio 
statuisse, ut in librorum ductum eas trans- 
poneres. Habemus sané libellos sex Sanc- 
ti Hilarii Episcopi Pictaviensis, quos de 
Graeco Origenis in latinum vertit; sed 
non omnia secundúm ordinem libri Sancti 
Job exposuit. Et satis miror, hominem doc- 
tissimum & Sanctus, ut de stellis naenias 
Orígenes transferret. Mihi Sanctissime Pa- 
ter, nuUo pacto suaderi potest, ut credam 
astra casli spiritus havere rationales, quae 
ñeque cum angelis ñeque cum hominibus 
facta esse, Scriptura Sancta declarat. Dig- 
netur ergo Beatitudo vestra Opus ipsum 
de libro Sancti Job; sed & alios libros Mo- 
rales, quos fecisse te memoras in hoc libro 
Regularum, exiguitati nostrae transmitie- 
re. Tui enim sumus, tua legere delectamur. 
Optabile namque est & mihi praeclarum. 



peligro: bien porque se ordene al que no deba ser ordenado, 
bien porque no haya quien celebre y administre los Sa- 
cramentos. 

6. Ha pocos años, Leandro, Obispo Hispalense, regresan- 
do de la Ciudad Regia (Constantlnopla) nos vio a su paso 
por ésta, y nos dijo tener unas Homilías escritas por tu 
Beatitud sobre el libro del Santo Job. Mas no pudo mostrár- 
melas, aunque se lo pedimos, por tener que apresurar su 
viaje. Después le escribiste sobre las tres inmersiones (del 
Bautismo); en cuya Epístola dijiste que os sería molesto 
aquel trabajo, pero que debía estatuirse conforme al más 
sano parecer, y a fin de hacer pasar estas doctrinas, desde 
los libros a la práctica. Tenemos los seis Hbritos que San 
Hilario, Obispo Pictaviense, vertió al latín del griego Oríge- 
nes; pero no expone todas las materias conforme al orden 
del libro del Santo Job. Y me maravilla bastante que un 
hombre tan docto y santo como Orígenes, atribuya encantos 
a las estrellas. Por lo que a mí respecta. Santísimo Padre, 
de ningún modo podré persuadirme a creer que los astros 
tengan espíritus racionales; porque según declara la Sagra- 
da Escritura, no son hechos, ni como los ángeles, ni como 
los hombres. Sea, pues, dignada tu Beatitud de enviar a 
nuestra pequenez, así la misma Obra sobre el libro del 
Santo Job, como los demás libros Morales, que en este de 
las Reglas dices haber compuesto. Tuyo somos, y en la 
lectura de tus obras nos delectamos. Que es deseable, y para 
mí excelente, como dice tu Gregorio, el aprender hasta la 
última senectud. La^anta Trinidad de Dios, para enseñanza 
de su Iglesia, ¡Oh, Beatísimo Papa!, se digne conservar 
incólume tu coron», según lo deseamos. 



104 



sicut tuus Gregorium ait, usque ad ulti- 
mam discere senectutem. Incolumem co- 
ronam vestram ad erudiendam Ecclesiam 
suam Sancta Trinitas Deus conservare dig- 
netur, sicut optamus, Papa Beatissime.» 

Por lo que respecta a la parte biblio- 
gráfica de estas Epístolas, han sido pu- 
blicadas: La 1.^ por Lucas D'Achery en 
swSpicilegium, París 1665-1677, tomo 2.^, 
pág. 368. Ibideni, París, 1723, Edición 
de Martene. = Por el Cardenal de Agui- 
rre en su Collectio Máxima Concüiorum, 
Roma 1693-94, tomo 2.", pág. 427. Ibi- 
dem, Roma, 1753-54. Edición de José 
Catalano. = Y por Baluzio en su Mis- 
cellaneay Luca, 1761, Edición de Mausí, 
tomo 2.°, pág. 13. 

La 2.^ En el Luitprando ilustrado por 
don Lorenzo Ramírez de Prado, Antuer- 
pia, 1640, pág. 529. = Por el Cardenal 
de Aguirre en el lugar citado, pág. 428. 
= Y por Bivar en su Marco Máximo, 
Madrid, 1652, pág. 581. 

Y todas tres por el P. Enrique Flórez 
en su España Sagrada, tomo V. Apén- 
dice IV, págs. 421 a 435. 

Para dar ahora remate digno al pre- 
sente artículo, no podemos resistir al 
deseo de copiar a continuación las si- 
guientes galanas y elocuentes frases que 
el sabio Doctor don Marcelino Menén- 
dez .y Pelayo consagra a nuestro Santo 
Obispo en su justamente celebrada His- 
toria de los Heterodoxos Españoles: 

«De las obras de este ilustre varón (dice) 
sólo tenemos tres epístolas: la segunda y 
tercera interesan a nuestro propósito. En- 
derezada fué la segunda a Vincencio, Obis- 
po de Ibiza, que había admitido por autén- 
tica una carta a nombre de Cristo, que se 
suponía caída del cielo... La tal Carta, que 
se decía caída en Roma sobre el altar de 
San Pedro, fué recitada desde el pulpito 
por el Obispo para que llegara a conoci- 
miento de todos los fieles. Liciniano re- 
prende la necia facilidad de Vincencio en 
recibir aquel escrito, donde ni se encontra- 
ba locución elegante, ni doctrina sana. 



»De trascendencia mucho mayor es la 
epístola tercera, in qua ostenditur Angelos 
et animas rationales esse spiritus sive to- 
tius corporis expertes, dirigida al diácono 
Epifanio, y suscrita por Liciniano y Seve- 
ro, Obispo malacitano. Otro Obispo, cuyo 
nombre tuvieron la cortesía, o reverencia, 
de omitir los impugnadores, negaba la 
espiritualidad del alma racional y de los 
ángeles, aseverando que todo, fuera de 
Dios, era corpóreo... 

> Al error del ignorado Obispo oponen el 
de Cartagena y el de Málaga dos especies 
de argumentos, unos de autoridad y otros 
de razón. Me fijaré especialmente en los 
segundos. Todo cuerpo vivo, dice Licinia- 
no, consta de tres elementos: es absurdo 
decir que la sustancia del alma esté com- 
puesta de ninguno de ellos. Si el alma es 
imagen de Dios, no puede ser cuerpo. El 
alma (decían los materialistas de enton- 
ces) es corpórea, porque está contenida en 
algún lugar. Y Liciniano y Severo dan 
esta admirable respuesta: Rogárnoste que 
nos digas en qué lugar puede estar conte- 
nida el alma. Si la contiene el cuerpo, de 
mejor calidad es el cuerpo continente que 
el alma contenida. Es absurdo decir que 
el cuerpo supera en excelencia al altna; 
luego el alma es la que contiene y el cuer- 
po lo contenido. Si el alma rige y vivifica 
el cuerpo, tiene que contenerle. Y no está 
limitada por el cuerpo que contiene, a la 
manera del odre lleno de agua... Está toda 
interior, toda exterior mente, tanto en la 
parte mayor del cuerpo com.o en la menor. 
Si tocas con el dedo una extremidad del 
cuerpo, toda el alma siente. Y siendo cinco 
los sentidos corporales, ella no está dividi- 
da en los sentidos; toda oye, toda ve, toda 
huele, toda toca, toda gusta, y cuando 
mueve el cuerpo de su lugar, ella no es 
movida. Y por eso distinguimos bien tres 
naturalezas: la de Dios, que ni está en 
tieynpo ni en lugar; la del espíritu racio- 
nal, que está en tiempo, mas no en lugar; 
la de la materia, que está en lugar y en 
tiempo. Pero acaso se replicará: «El alma 
»no puede existir fuera del cuerpo; su can- 
»tidad está limitada por la de éste.» Según 
eso (prosigue Liciniano) será cada cual 
más sabio, según fuere más alto y desarro- 
llado de miembros; y vemos que sucede lo 
contrario, porque la cantidad del alm.a no 
se mide por la del cuerpo. Si el alma es de 



- 105 - 



la magnitud del cuerpo, ¿cómo siendo tan 
pequeño encierra tan grandes ideas?¿Cótno 
podernos contener en la mente las imáge- 
nes de ciudades, de montes, de ríos, de 
todas las cosas creadas del cielo y la tierra? 
¿Qué espacio hay bastante grande para el 
alma, cuando ella abarca y compendia 
tantos espacios? Pero como no es cuerpo, 
contiene de un modo no local (inlocaliter) 
todos los lugares. Si un vaso está conteni- 
do en otro vaso, el menor será el de dentro, 
el mayor el de fuera. ¿Cómo, pues, el alma, 
que tantas grandezas encierra, ha de ser 
menor que el cuerpo? Por eso afirmamos 
que el alma tiene alguna cualidad, pero 
no cantidad; y Dios, ni cantidad ni cuali- 
dad. Como el altna no es igual a Dios, 
tiene cualidad; como no es cuerpo, carece 
de cantidad. Y creemos con la santa fe 
católica, que Dios, ser incorpóreo, hizo unas 
cosas incorpóreas y otras materiales, y su- 
jeto lo irracional a lo racional, lo no inte- 
ligente a lo inteligible, lo injusto a lo justo, 
lo malo a lo bueno, lo mortal a lo inmortal. 
»¿Puede presentarse en el siglo vi una 
página de psicología, comparable a la que 
acabo de traducir fidelísimamente y a la 
letra? Tal era la doctrina antropológica 
profesada por los Padres que antonomásti- 
camente llamamos toledanos, y de la es- 
cuela de Sevilla. ¿Dónde estaban las fuen- 
tes de esas doctrinas? Liciniano y Severo 
las declaran: primero en San Agustín, que 
había definido el alma sustancia dotada 
de razón y dispuesta para gobernar el 
cuerpo; segundo y con más claridad, en el 
Obispo Mamerto Claudiano, varón docto, 
que en su libro De incorporalitate animae, 
asentó que el alma es la vida del cuerpo. 
Pero esto no eran más que gérmenes: la 
constitución de la doctrina se debe a Lici- 
niano y a Severo, como se les debe esa 
demostración clara y perentoria de la uni- 
dad y subjetividad de las sensaciones, y 
esa división admirable de los seres según 
las categorías de lugar y tiempo, de cuali- 
dad y cantidad; como se les debe, final- 
mente, la gran concepción espiritualista 
del alma continente y no contenida del 
cuerpo, especie de atmósfera racional 
en que el cuerpo vive y que dirige al 
cuerpo...» 

Nadie, en más breve espacio, ha sabi- 
do hablar mejor de nuestro venerable 



Liciniano, que el señor Menéndez y Pe- 
layo en los párrafos que dejamos tras- 
critos. 

Llinaz (Fr. Antonio). 

Las escasas noticias que han llegado 
hasta nosotros de este venerable Reli- 
gioso, debérnoslas al tantas veces men- 
cionado P. Cronista Ortega. Por él sabe- 
mos que fué hijo de la provincia de Ma- 
llorca, Lector Jubilado, Calificador del 
Santo Oficio, Padre de la Provincia de 
San Pedro y San Pablo de Mechoacán, 
y Comisario Apostólico de Misiones de 
la Orden Minorita; que floreció en el úl- 
timo tercio del siglo xvu con fama de 
predicador insigne, y que residió gran 
parte de su vida en la villa de Cehegín; 
circunstancia por la cual, y más todavía 
por la de haber sido el fundador del cé- 
lebre Colegio Seminario de Misioneros 
Apostólicos de este pueblo, cuna des- 
pués de tantos y tan gloriosos varones 
martirizados por nuestra santa fe en las 
Indias, no hemos podido menos de asig- 
narle un lugar distinguido en los pre- 
sentes Estudios. 

He aquí, para ahorrarnos de disfraces, • 
las mismas íntegras palabras que sobre 
este particular, para nosotros interesan- 
te, trae el citado Padre en su cCrónica 
de la Provincia de Cartagena> a los ca- 
pítulos XIX y XXI del libro tercero de 
la Tercera parte. 

«Este Ven. varón (dice) en sus primeros 
años de Religión pasó a la América desde 
su provincia de Mallorca, con buenos de- 
seos; pero a breves años, se entibiaron 
éstos, viniendo a parar en una vida bien 
relaxada, en cuyo tiempo le favoreció la 
Divina Misericordia con especiales auxi- 
lios y sensibles llamamientos... Esto su- 
puesto decimos, que entre otras satisfac- 
ciones que se le ocurrieron a su penitente 
espíritu y fervor, fué una, solicitar la erec- 
ción de Colegios Seminarios, cuyo princi- 
pal fin fuese el criar Predicadores Apostó- 



— 106 



lieos, para que con verdadero zelo de la 
gloria de Dios y conversión de las almas, 
pasasen al Nuevo Mundo a manifestar y 
esparcir la luz Evangélica entre aquellos 
Bárbaros, moviéndole a esto la experien- 
cia que tenía de que muchos obreros que 
pasaban a aquellas dilatadas regiones, 
adulterando su fin primero, venían a parar 
en el escollo y precipicio de intereses 
temporales. 

«Habiendo, pues, venido con este inten- 
to a España, partió a Roma a solicitar, en 
el Vicario de Christo, favor para el logro 
de sus apostólicos deseos. Halló muy be- 
nigno al Supremo Monarcha de la Iglesia, 
que a la sazón lo era N. M. S. P. Inocen- 
cio XI, y consiguió de su Santidad muy 
favorables Bulas y Apostólicos Breves. 
Entre otros muchos favores le concedió el 
que en cada una de las Seraphicas Obser- 
vantes Provincias de nuestra España, pu- 
diese, o fundar de nuevo, o admitir qual- 
quiera de los Conventos que respectiva- 
mente le ofreciesen las Provincias para 
formar un Colegio Seminario o más; los 
quales tuviesen, por único empleo las di- 
chas Apostólicas Misiones. Esta particular 
Bula, se dio en Roma, el día 28 del mes de 
junio de 1686, y con ella y otras muchas, 
en que franqueaba el Pontífice, a dichos 
Colegios, innumerables gracias y privile- 
gios, volvió muy contento el Ven. P. Lli- 
naz a España; y habiéndolas presentado al 
Ministro General de toda la Orden, que lo 
era el Rmo. P. Fr. Pedro Marín Sormano, 
y conseguido el pase, con mucho cariño y 
paternales favores, dio principio con mu- 
cha felicidad a esta grande obra. 

»En consecuencia de esto, habiendo lle- 
gado la celebración del Capítulo de esta 
Provincia (en el Convento de San Francis- 
co, de Murcia, a 27 de mayo de 1690, pre- 
sidido por el Rdo. P. Fr, Juan Albin, a la 
sazón Vicario General de toda la Orden) y 
presentando las Bulas Apostólicas: esta 
Provincia, que siempre ha procurado ser 
de las primeras en contribuir y acumular 
glorias a su santa madre la Religión Sera- 
phica, no le sufrió ni permitió su zelo, el 
ver afanado en la fundación del Colegio, a 
este Apostólico Varón; y así le ofreció 
muy gustosa y voluntaria este dicho Con- 
vento de la Villa de Cehegin. Y para obs- 
tentarse fiel coadjutora en este seraphico 
zelo, le ofreció y dio el dicho Convento no 



desnudo, sino es bien vestido y alhajado; 
mandando al Presidente, que era en la 
ocasión de dicha Casa, que sin reservar la 
más leve y más pobre alhaja, entregase a 
este Ven. y Apostólico, dicho Convento. 
En la expedición de dicho Capítulo, nom- 
bró el Rmo. P. Vicario General y Presi- 
dente de él Fr. Juan Albin, al dicho M. R, 
P. Antonio Llinaz, por Presidente in capi- 
te de dicho Colegio, para que tomase la 
posesión. También le nombró por Comisa- 
rio, para que pudiese hacer la elección de 
nuevo Guardián y Discretos de dicho Co- 
legio, según y como se contenía en los re- 
feridos Breves Apostólicos. Pasó, pues, 
este Ven. Varón a la referida Villa de 
Zehegin; y habiendo tomado la posesión 
del Convento, pasó después, en virtud de 
la referida Comisión, a hacer la elección 
del primer Guardián y Discretos (Colegia- 
les Mayores y alumnos profesos o novi- 
cios), que fué el día 8 del mes de julio del 
referido año de 1690.» 

El mismo cronista refiere además la 
noticia de algunos sermones predicados 
por el P, Llinaz en este Colegio, que 
podríamos llamar suyo, del pueblo de 
Cehegin (1). 

Lo.-xiSA (Maestre Jof re de) 

Poquísimas son las noticias que se tie- 
nen de este historiador del siglo xm. 
Rodríguez de Castro y Amador de los 
Ríos no dicen de él más, sino que fué 
Arcediano de Toledo, que gozó de gran 
nombradla en su tiempo, y que intervi- 
no en las famosas vistas de Logroño en 



(1) Son también dignas de recordación las siguientes 
cláusulas que sobre el mismo Colegio trae el P. Moróte en 
la parte primera (pág. 14) de sus Antigüedades y Blasones 
de Lorca. 

«Tiene (dice, hablando de esta villa), uno de los más fer- 
vorosos Seminarios que en España tiene la Religión Sera- 
phlca, en cuyo famoso taller, con la vigorosa observancia 
de los Estatutos Apostólicos que se guardan en tales Semi- 
narios, se han labrado, a golpes de la regular disciplina, 
varones venerables, que armados de virtudes y santas doc- 
trinas han salido como esforzados soldados de la milicia de 
Christo, publicando guerra, como sonoros clarines del 
Evangelio, contra el formidable batallón de los vicios, 
logrando en continuadas y anuales misiones, maravillosos 
triunfos en la reforma de las costumbres: Séquito del lucido 
escuadrón de las virtudes y vilipendioso exterminio de 
los vicios.» 



I 



- 107 



representación de doña Blanca, mujer 
de don Fernando de la Cerda. Nuestro 
historiador Cáscales, hablando del mis- 
mo, sólo nos dice que su padre, don Ju- 
fré de Loaisa, asistió con Alfonso X a la 
conquista de Murcia, siendo uno de sus 
primeros pobladores, y que su hermano, 
don Garci Jufré de Loaisa, fué su Ade- 
lantado mayor. 

Es, sin embarg-o, bastante para nos- 
otros, y en ello nos fundamos para aso- 
ciar su nombre al de nuestra patria; 
pues habiéndose establecido en ella su 
padre don Jofré, como uno de sus pri- 
meros pobladores, y ejerciendo además 
su hermano, en esta ciudad y reino el 
alto cargo de que queda hecho mérito, 
creemos tener razón bastante para supo- 
ner que aquí también nuestro Maestre 
Jofré habitaría algún tiempo; antes, 
acaso, de su promoción para el arcedia- 
nato de Toledo. 

Escribió en castellano una Historia de 
España, que a ruego de él mismo y del 
entonces obispo de Córdoba don Ferrán 
Gutiérrez, vertió al latín Arnaldo de 
Cremona, y que en concepto del citado 
Amador de los Ríos es la misma que 
hasta nuestros días se conserva en la Bi- 
blioteca del Escorial bajo la mea. Y-j-12, 
y cuyo título es: 

cCoronica de los nobles reys de Espan- 
na et los sus nobles fechos que ficie- 
ron: en la qual dicha coronicase contie- 
nen onze reyes de España et eso mesmo 
se contienen los fechos muy famosos 
que ficieron el Conde Fernán González 
et el Cid Ruy Días de Biuar. > 

En cuanto a la versión latina de Arnal- 
do de Cremona citada por Pedro de la 
Marca, Chiflet y Dufresne, sólo se sabe 
que en el siglo xvn existía en la librería 
que tuvo en París el Colegio Navarro. 

Después de escritas las precedentes 
líneas, nuestro docto amigo el señor 
Conde de Roche nos hace notar que al- 



gunas nobles familias murcianas se glo- 
rían de tener sangre de los ilustres Jo- 
frés o Jufrés de Loaisa, como se les en- 
tiende generalmente en Murcia; que la 
esclarecida casa de los Condes de la 
Concepción poseía no ha mucho algunos 
vínculos por este apellido y conservaba 
la casa solariega que perteneció al Ade- 
lantado y se halla en una plazuela llama- 
da cDe Jufré», cuyo edificio conserva 
todavía algunos blasones en las zapatas 
de sus ya casi destruidos artesonados. 

López (Fr. Domingo). 

Religioso Dominico en el Real de San- 
to Domingo de la ciudad de Murcia. 
Como diremos luego del P. Portillo, sólo 
conocemos a este Fr. Domingo López 
por figurar, con una composición poéti- 
ca, en la Relación que, con el título de 
«Anfiteatro Sagrado» imprimió en Cór- 
doba don Pedro Clemente Valdés, y en 
donde se describe el certamen que se ce- 
lebró en dicha ciudad, año de 1727, con 
motivo de la canonización de San Luis 
Gonzaga y San Estanislao Kostka. 

López de Carvafal (limo. Sr. Don Ber- 
nardino). 

Natural de Plasencia, donde nació en 
1455. Fué sobrino del célebre Cardenal, 
Obispo de Plasencia, don Juan de Car- 
vajal, y hermano de Garci López de 
Carvajal, Embajador en Portugal por 
los Reyes Católicos. Hizo sus primeros 
estudios en España, y pasó a continuar- 
los a Italia, en donde el susodicho Car- 
denal, su tío, hubo de encargarse de su 
dirección e instruirle en las máximas 
de la Corte romana. Versado ya en hu- 
manas y divinas letras, regresó a su pa- 
tria, donde obtuvo el Obispado de As- 
torga, después el de Badajoz, y luego el 
de Cartagena, cuya diócesis rigió sa- 
bia y discretamente por el espacio de 



- 108 - 



diez años, pasando al cabo de ellos a go- 
bernar las de Sigüenza y Plasencia. En 
1493, hallándose Prelado en Murcia, fué 
elevado por el Papa Alejandro VI, su 
antecesor en dicho Obispado, con el 
nombre de don Rodrigo de Borja, a la 
dignidad de Cardenal, nombrándole al 
propio tiempo su Legado para mantener 
la liga con el Rey de los Romanos, los 
venecianos y el Duque de Milán. Muer- 
to el Papa Alejandro, como asimismo 
su inmediato sucesor Pío III, y elevado 
al solio Pontificio Julio II, tuvo Carvajal 
con él muy serios y gravísimos alterca- 
dos, hasta el punto de presidir en Pisa 
un Conciliábulo, con el objeto, decía, 
de reformar la Iglesia en su cabeza, me- 
reciendo por ello ser depuesto como in- 
digno de la púrpura; pero arrepentido 
luego, renunciando al cisma, y prome- 
tiendo leal obediencia al Romano Pontí- 
fice, que a la sazón lo era el celebérrimo 
León X, obtuvo de éste el perdón, liber- 
tándole del encierro que le tenía puesto 
en Civitavechia, y restableciéndole en 
el goce de todos sus derechos y dignida- 
des. Fué después Obispo de Ostia, y 
murió siendo Deán del Sacro Colegio en 
16 de diciembre de 1522, según unos, 
o 23, según otros. 

Don Bernardino López de Carvajal 
estuvo, sin duda, adornado de todas 
aquellas prendas que hacen a un hombre 
sabio, prudente y consumado en los ne- 
gocios, habiendo además logrado adqui- 
rir gran fama de orador elocuente. Dejó 
escritas las siguientes obras: 

1 .^ «Orationem ad Sixtum IV et Car- 
dinalium Collegium habitam in facello 
Pontificio in die Circuncisionis Domini- 
cae MCDLXXXIV.» 

2.^ «Sermo in Commemoratione vic- 
toriae Bazensis Civitatis apud S. Jaco- 
bum Hispanorum de Urbe habitus ad 
Senatum Cardinalium die Dominica X. 
lanuarii MCDXC» . Per Rever. Dominum 



Bernardinum de Carvajal Episcopum 
Pacensem regium oratorem. 

3.^ «De eligendo Summo Pontífice 
Romano, ad Cardinalium Senatum in 
Basílica Sancti Petri Orationem anno 
MCDXCII.» 

Quare edita est (dice don Nicolás Anto- 
nio) eodent anno, uti scribit auctor Biblio- 
thecae Pontificiae. 

4.^ «Consolatoriam epistolam in Obi- 
tu Serenissimí Principis Domini Joannis 
ad Catholicos Regem, et Reginam ejus 
parentes.i 

Fechada en Roma Kal. Decembris 
MCDXCVII. 

5.* «Orationem habitam nomine Ca- 
tholicorum Regum ad Alexandrum VI. 
P. M.» 

Grandemente alabada por Marineo Si- 
culo. 

6.^ «Homilía habita Machhnae in Co- 
Uegiata Ecclesia Sancti Rumoldi Ca- 
meracensis dioecesis per Reverend in 
Christo Patrem D. Bernardinum Carva- 
jal Episcopum Tusculanum S. R. E. 
Cardinalem Sanctae Crucis in Hierusa- 
lem, Patriarcharum Hierosolymitanum, 
Apostolicum Legatum, praesente Sere- 
nissimo, atque invictissimo Domino Ma- 
ximiliano electo Imperatore semper Au- 
gusto, et illustri Domino Carolo Princi- 
pe Hispaniarum, Archiduce Austriae & 
ejus charissimo nepote, et Illustrissima 
Domina Margarita Archiducissa Aus- 
triae ejusdem Caesaris sapientissima 
filia anno salutis MDVIII. XIV Septem- 
bris in Exaltatione Sanctae Crucis. » 

El eruditísimo Doctor don Marcelino 
Menéndez y Pelayo, en su nunca bien 
celebrada Historia de los Heterodoxos 
Españoles, dedica a nuestro Cardenal, 
a quien califica de «elocuentísimo ora- 
dor» y de hombre que «escribía el latín 
con gran pureza y elegancia», las si- 
guientes frases, que copiamos por lo 



- 109 - 



que indudablemente han de servir de 
digna ilustración al presente articulito. 

«Entre los que en Italia clamaban por re- 
forma, con estar no poco necesitados de re- 
formarse a sí mismos, se cuenta un Espa- 
ñol: el ambicioso y turbulento Cardenal de 
Santa Cruz, Bernardino Carvajal, uno de 
los autores del Conciliábulo de Pisa contra 
Julio II, y bajo la protección de los france- 
ses. En tiempo de León X se apartó del 
cisma, y el día que Adriano VI hizo su en- 
trada en Roma, le dirigió las siguientes 
peticiones a modo de plan de reforma: 
I. Que acabara con la simonía, ignorancia 
y opresión de los tiempos antiguos; que 
oyera el parecer de buenos Consejeros y 
mantuviese la libertad en los votos, en los 
consejos y en la ejecución. II. Que refor- 
mara la Iglesia según los Concilios y los 
Cánones, para que no pareciera una Con- 
gregación pecadora. III. Que tratara como 
a hijos y hermanos a los Cardenales y de- 
más Prelados, ensalzándolos, honrándolos 
y no consintiendo que yaciesen en pobre- 
za. IV. Que administrase justicia por igual 
a todos, valiéndose de íntegros e incorrup- 
tibles oficiales. V. Que amparara los mo- 
nasterios en sus necesidades. VI. Que pre- 
dicase una cruzada contra los turcos y 
mandase hacer una colecta para acudir al 
socorro de Rodas. VIL Que con ayuda de 
los sufragios de los príncipes y de los pue- 
blos, acabara la Iglesia de San Pedro, co- 
mo la empezaron sus predecesores. 

•Peticiones que, en latín, se custodian 
manuscritas en la Valliceliana de Roma, 
como también manuscrita, en la del Vati- 
cano, existe su abjuración, en tiempo de 
León X, ante el Concilio de Letrán.> 

López Gonzalo (Husmo. Sr. Don Victo- 
riano). 

Natural de Terzaga, en la Diócesis de 
Sigüenza; Obispo de la Puebla de los 
Angeles, en la América desde 1774 a 
1786; de Tortosa luego desde 1786 (4 de 
agosto) a 1790, y últimamente, de Mur- 
cia desde 25 de febrero de este último 
año al 21 de noviembre de 1805, en que 
dejó de existir en la ciudad de Almansa, 
siendo sepultado en la Iglesia parroquial 
de la misma. 



Este Obispo, según Llórente en su 
Historia de la Inquisición, y lugar ci- 
tado por el Doctor D. Marcelino Menén- 
dez y Pelayo, fué acusado en 1800 de 
jansenismo por haber permitido defen- 
der en su Seminario Conciliar de San 
Fulgencio ciertas tesis sobre la aplica- 
ción del Santo Sacrificio de la Misa y 
sobre los milagros. 

«A los Calificadores (dice el referido 
Doctor) les parecieron mal, pero el Obis- 
po quedó a salvo dirigiendo en 4 de no- 
viembre de 1801 una enérgica Representa- 
ción al Inquisidor General, y echando la 
culpa de todo a los Jesuítas, según la ma- 
nía del tiempo.» 

Fué también este Obispo el que cons- 
truyó el palacio episcopal de recreo ane- 
xo al Convento de Santa Catalina del 
Monte, situado en la Sierra de Carras- 
coy a una legua de la ciudad de Murcia; 
y el que hizo donación, intervivos, a la 
fábrica mayor de su Iglesia Catedral de 
todas las alhajas del pontifical, costean- 
do además todo el antiguo frontal y gra- 
das de mármol negro para el altar 
mayor. 

Don Victoriano López Gonzalo fué 
varón muy distinguido, gran limosnero, 
hasta el punto de ser llamado por algu- 
nos cel Ángel de los pobres>; hombre 
discretísimo, de claro entendimiento, 
bien que no exento, como se ha dicho, 
de algunas preocupaciones, y bastante 
correcto en su estilo. 

De él conocemos, además de la refe- 
rida Representación al Inquisidor Gene- 
ral, algunas Cartas Pastorales, bellísi- 
mas por cierto y de gran edificación, 
sobre todo la dirigida en Murcia en 1793 
a todo el Clero de su Diócesis, y que de 
buena gana copiaríamos íntegra, si por 
ser demasiado larga, no temiésemos la 
prolijidad. 

Véase López Gonzalo en nuestra Sec- 
ción de Impresos en Murcia. 



•- lio - 



Finalmente, este Obispo es también 
autor de unos: 

«Estatutos para el Seminario Conci- 
liar de San Fulgencio de Murcia; Dis- 
puestos por el Ilustrísimo Señor...» — 
Madrid MDCCCIJI. En la Imprenta de 
la Viuda de Ibarra. Con licencia. 

En 4.0—95 págs.— Slgns. A-M 2.— Portada.— V. en b.— 
Real provisión de S. M. y señores del Consejo expedida 
en 18 de mayo de 1803, por la cual se aprueban los Estu- 
tos.— V. en b.— Texto de la Real provisión.— Texto de 
los Estatutos. 

Consta de dos partes, una referente 
al régimen interior del Establecimiento, 
y otra relativa a la parte literaria, te- 
niendo la primera 20 títulos y 6 la se- 
gunda, y concluyendo por una especie 
de Apéndice, en que se señalan los días 
en que los Seminaristas deben asistir 
a la Catedral. 

Lozano (Fr. Luis). 

Floreció en el último tercio del si- 
glo xvu y principios del xviii. Nació en 
la ciudad de Cuenca, pero tuvo casi 
siempre su habitual residencia en la de 
Murcia o en pueblos de su provincia. 
Ejerció durante algunos años el cargo 
de Vicario y primer Confesor del Mo- 
nasterio de Descalzas Reales de la Villa 
de Muía. Después fué nombrado Defi- 
nidor de la Provincia de Cartagena de 
la Regular Observancia de San Fran- 
cisco, a cuya Orden perteneció desde 
edad muy temprana; y 

«Halládose Guardián (escribe de él el 
P. Ortega) del Convento de Murcia, enfer- 
mó, llegándose a imposibilitar de servir 
dicha Guardianía, por lo cual se vio en la 
precisión de renunciarla. > 

Murió al fin en dicho Convento el 

año de 1711. 

«Aunque el R. P. Fr. Luis Lozano (aña- 
de aquel cronista) no siguió la carrera de 
las Cátedras, con todo eso fué muy versa- 
do en muchas materias, principalmente 
en las Teologías Moral y Mística. Fué 
autor de las obras siguientes: Un libro 



en 4.**, impreso en Madrid en 1699, al que 
tituló Claro Espejo de Religiosas. Otro li- 
brito en 12.°, impreso en Valencia en 1707, 
titulado: Armentario espiritual en sufra- 
gio de las Benditas Animas del Purgato- 
rio. Un Sermón de Honras por la V. y gran 
Sierva de Dios Sor Mariana de Santa Cla- 
ra, Ilustre Fundadora del Real Monaste- 
rio de Santa Clara de la Villa de Muía, 
impreso en Murcia en 1708... También 
dexó escrito un libro en folio Ms. de Theo- 
logia Moral y Regular.* 

Que dice el mismo Ortega haber vis- 
to, y cuyo paradero a poco después, se 
ignoraba. 

Lozano Parreño (Don Andrés). 

Natural de Granada, y vecino de Mur- 
cia durante largo tiempo. Floreció a me- 
diados del siglo XVIII. Fué Colegial en 
el Seminario Conciliar de San Fulgen- 
cio, de la última de dichas ciudades, y 
en ella ejerció más tarde el cargo de 
Administrador general de la Renta Real 
de aguardientes y licores, pasando lue- 
go de ésta a la de Ciudad Real, en la 
que desempeñó el oficio de Ministro 
Superior de la Santa Hermandad por el 
Estado Noble, y desde aquí a la Corte, 
donde es probable falleciese. Fué Caba- 
llero de la Espuela y Cadena de Oro, 
y Conde del Palacio Apostólico y Corte 
Lateranense. 

Estando en Madrid, y llamándose to- 
davía vecino de Murcia, según se ex- 
presa en la portada y licencias dadas 
para la impresión de su libro, escribió 
el titulado: 

«Compendio Histórico Chronológico 
Geográfico; en que se explica el Núme- 
ro de Dignidades, Canonicatos, Racio- 
nes, medias Raciones y Beneficios de 
todas las Iglesias Metropolitanas y Ca- 
thedrales de España, etc.» 

Madrid. En la oficicina de Antonio 
Pérez de Soto. Año de 1756. 

Obrita útilísima, por cierto, y que 



111 - 



supone en su autor bastante estudio y 
trabajo, como él mismo lo expresa en 
su prólogo. 

Fué también poeta, y de él es el si- 
guiente romance, que estampó al final 
del referido librito, y que copiamos para 
dar una muestra del estilo de este es- 
critor. 

Dice así: 

El Autor, a María Santissima de la 
Soledad. 

Todo el amparo, Señora, 
De mi libro en ti le libro; 
Pues eres libro en quien Dios 
Encuadernó sus prodigios. 

Si al que es Vida le ceñiste 
En tu Virgen pergamino; 
Ya el Libro eres de la Vida, 
Vida has de ser de mis libros. 

El gran Autor con la pluma 
Del Espíritu Divino, 
Sobre tu papel intacto, 
Sacó su palabra en limpio. 

Sin copia por ser tu sola; 



Sin tinta, por ser Arminio; 
Sin original obscuro, 

Y sin borrador delito. 

Libro eres de Quenta, donde 
El más estrecho juicio. 
Siempre suma lo constante; 
Pero nunca lo caído. 

Libro de memoria, siempre 
Para hacerme beneficios; 

Y en blanco; pues por ti Dios 
Mis culpas pone en olvido 

De Palma (¡o libro!) tus hojas 
En tu Concepción las miro; 
Allá en tu parto azucenas, 

Y en tu Soledad cuchillos. 
Tu exempclón es privilegio, 

Tu tasa precio infinito. 
General tu aprobación, 
Gloria el fin, Gracia el principio. 

Impressión estrellas, coma 
La luna, punto el sol mismo 
Rectas lineas, blanco margen, 
Luces letras, Cielo estilo. 

Y al fin, Concepción sin mancha 
Es el título aplaudido 
De tu libro, porque es Dios 
El concepto de tu libro. 

¡o Libro cerrado a culpas, 

Y abierto a humanos gemidos! 
Borre un rasgo de tus gracias 
Las erratas de mis vicios. 



M 



Mancebón (Fr. Juan). 

Religioso Franciscano descalzo de la 
Provincia Observante de San Juan Bau- 
tista, y natural de Orihuela, donde na- 
ció por los años de 1590 seguramente. 
Fueron sus padres Martín Mancebón y 
Jusepa Asor, dichosísimos en verdad, 
por haber tenido a este sabio y virtuoso 
hijo. Desde muy niño comenzó a mani- 
festar su decidida vocación hacia las co- 
sas piadosas, que hizo patente con actos 
de caridad, de penitencia y de recogi- 
miento impropios de su tierna edad; y 
así, no bien cumplidos quince años, y 
corriendo el de 1605, determinado, como 
lo estaba, a abrazar el estado Religioso, 
tomó el hábito en el Convento de San 
Juan de la Rivera, de Valencia, donde 
profesó para el Coro al siguiente año. 

Entrado ya en la Religión, pusiéronle 
a cursar Artes y Teología, cuyos estu- 
dios hizo, a la vez que con notable apro- 
vechamiento, con aplicación extraordi- 
naria y asiduidad pasmosa, sin dejar 
por esto de atender solícito a todos los 
demás deberes que le imponía la obe- 
diencia de su Orden, según consta por la 
referencia que de ello nos hace su dili- 
gente biógrafo Fr. Antonio Panes en su 
Crónica de la referida Provincia de San 
Juan Bautista. 

«Fué muy notable (nos dice) la inclina- 
ción que tuvo el siervo de Dios Fray Juan 
al estudio, empleando en él casi todo el día 



y la noche, por ser cómo era de poquísimo 
sueño, en tanto grado, que cursando las 
Artes y la Teología, parecía cosa prodigio- 
sa que pudiese, con lo poco que dormía, 
vivir, porque a primera noche velaba lo 
menos hasta las once; otras veces hasta 
las once y media, y otras hasta las once 
y tres cuartos, y aquel solo tiempo que 
había hasta despertar a Maitines, ese dor- 
mía muy bien, porque era muy fácil en 
tomar el sueño. Iba a Maitines, y des- 
pués de ellos tomaba luz y velaba has- 
ta el alba, y luego reposaba hasta pri- 
ma, y también a la siesta algún rato. Ma- 
nifiéstase con evidencia lo poco que po- 
día dormir, pues en el tiempo que estudió 
Teología, sin hacer falta a esta obliga- 
ción, escribió un Epitome de toda la Teo- 
logía Escolástica, otro De la vidu de los 
Santos, un Santoral triplicado de todas 
las festividades del año, un Quadragesi- 
mal quintuplicado de todas las ferias y 
Dominicas de la Quaresma, cuyo trabajo, 
aunque fuese sólo material, y no obra cas- 
tigada y limada, junto con haber de escri- 
bir sus cuadernos, estudiar sus materias, y 
acudir a los oficios de Comunidad, parece 
una cosa excesiva. » 

Por el mismo autor sabemos también 
que el P. Mancebón residió la mayor 
y más floreciente parte de su vida en 
Murcia y en Jumilla (pueblo a ocho le- 
guas de aquella ciudad), en cuyos Con- 
ventos de San Diego y Santa Ana del 
Monte, ejerció varias veces el cargo de 
Guardián, y en donde, por providencial 
aviso a lo que parece, determinóse a 
abandonar la predicación y a ocuparse 



- 113 - 



de lleno en escribir sus más importan- 
tes obras, cuales fueron, con algunos 
tratados predicables, muchos Comenta- 
rios sobre toda la Sagrada Escritura, 
que formaron en conjunto treinta y sie- 
te cuerpos o tomos, y que, en tiempo del 
referido cronista, casi contemporáneo 
del autor, se conservaban en la librería 
del susodicho Convento de Santa Ana, 
dejumilla: libros con los cuales consi- 
guió adquirir su mayor renombre y cré- 
dito. 

No dejó, sin embargo, de gozarlos 
también en el apostólico ejercicio de la 
predicación, según nos refiere el mismo 
Panes, con estas palabras: 

«Instituido Predicador, ejerció este ofi- 
cio con celo ardentísimo del bien de las al- 
mas, procurando su edificación no sólo con 
la doctrina útil y casto estilo, sino con 
ejemplo de grande aspereza y rigor en el 
tratamiento de su persona... Como caía lo 
que predicaba sobre su vida angélica y 
concepto grande que tenían todos de su 
santidad, oíanle como a un Apóstol; y este 
título le daban en Murcia. Predicó en los 
pulpitos de mayor crédito de aquel Reino 
y el de Valencia Cuaresmas continuas, y 
dos sermones algunos días. Y siendo así 
que no se desvelaba en buscar sutiles 
pensamientos, conceptos agudos ni frases 
compuestas, con el sencillo modo de decir, 
lleno de piedad y dulzura, y con los senti- 
mientos vivos de las verdades puras y 
evangélicas que predicaba, movía tanto 
los auditorios, que ordinariamente acaba- 
ban sus sermones en lágrimas. > 

Murcia fué también, de entre todas las 
ciudades que le conocieron, la que más 
supo honrarle y distinguirle, así en vida, 
como después de muerto, llegando a me- 
recer el respeto, la amistad y la confian- 
za mayores de las familias más principa- 
les, entre las cuales podemos citar las de 
los señores de Pusmarin y de Fajardo. 

«Y aunque esta aclamación y aplauso 
(continúa el dicho cronista) fué en todas 
las partes que estuvo, señalóse mucho la 
ciudad de Murcia, por haber morado allí 
mucho tiempo el siervo de Dios, con cuya 



asistencia les parecía tener un ángel que 
les guardase de toda adversidad y trabajo: 
y cuando fué preciso de haber de ausentar- 
se de aquella ciudad, no son decibles sus 
clamores, sentimientos y ansias: y estando 
en Santa Ana del Monte, era tan frecuen- 
tado aquel santuario de personas principa- 
les de Murcia, Cartagena, Orihuela y Ali- 
cante y otros lugares que iban a consolar- 
se con el siervo de Dios, que en cierta ma- 
nera vino su devoción a ser dañosa para 
aquella casa, dedicada más a la contempla- 
ción que al trato de las criaturas, por bue- 
no y decente que sea.» 

Llevando, en fin, esta noble y santa 
vida de actividad, así religiosa como in- 
telectual, y ya contando con la edad de 
setenta, años, alcanzóle la muerte en 29 
de abril de 1660, siendo morador del suso- 
dicho Convento Jumillano, y con gran- 
de y universal sentimiento por parte de 
aquellos vecinos y de todos los murcia- 
nos, que siempre le habían considerado 
como a un paisano. 

Las obras que dejó escritas, según el 
citado cronista y el autor de la Biblio- 
theca Universa Franciscana, fueron: 

l.'^ «Epitome Theologiae Scholasti- 
cae». 

2.^ «Epitome Vitae Sanctorum». 

3.^ «Sanctorale pro ómnibus festivi- 
tatibus». 

4.^ «Quadragesimalia quinque>. 

5.* «Discordias Concordes, sive Lo- 
cos communes praedicabiles». 

En 12 tomos, titulados, respectiva- 
mente: 

— «Super Genesim». 

— «Super Exodum, Números, Leviti-- 
cum, ac Deuteronomium». 

—«Super Cántica, Josué, Judices, et 
Ruth». 

—«Super IV, libros Regum, Parali- 
momenon primum, et secundum, nec- 
non super primum, et secundum, Es- 
drae, ac super Tobiam». 

—«Super Judith, Esther, et Job>. 

—«Super Psalmos>. 

8 



- Í14 - 



— «Super Librum Proverbiorum*. 

— «Super Ecclesiasten , Librum Sa- 
pientiae, et Ecclesiasticum». 

---«Super Esaiam, Jeremiam, Thre- 
nos, Earuch, Ezechielem, cum Dá- 
mele». 

—«Super duodecim Minores Prophe- 
tas, ac Machabaeorum Historiam». 

6,^ «Sermones Vi tae Christi». 

7.^ «Mariaie». 

8.^ «Sanctorale Seraphicum». 

9.^ «Octavarium Sanctoruih Aposto- 
lorum». 

10.''^ «Partem Secundam Octavarii 
Apostolici». 

11.^ «Octavarium Patriarchale». 

12.^ «Tractatum de Sanctis, et Sup- 
plementum ad Vitam Christi, Mariaie, 
Octavarium Apostolicum, Patriarchale, 
et Sanctorale Seraphicum». 

13.^ «Commune Sanctorum om- 
nium». 

«Donde trata (dice Fr. Juan de San An- 
tonio) De Communi Apostolorum, unius 
Martyris, plurium Martyrum, Confesso- 
rum, Pontificum, non Pontificum, Virgi- 
num, Viduarum, Dedicationis Ecclesiae, 
et Evangeliis in Officiis Defunctorum>. 

l'X.^ «Sermones Peregrinos». 

IS.'^ «Quadragerimalia tria con- 
tinua» . 

16.^ «Adventuale, Sanctorale, et 
Commune Sanctorum». 

17.^ «Sermones Quadragesimales 
distinctos». 

En 5 tomos, titulados el primero: 

«Quadragesima Continua». 

Y los restantes: 

«Sermones B. Virg-inis Mariae, et 
Sanctorum occurrentium in Quadrage- 
sima». 

18.^ «Dominicale totius anni». 

19.^^ «Doctrínale Christianum ves- 
pertinum». 

20.^ «Loci communes totius anni». 

21.* «Loci communes Sacrae Scrip- 



turae. Sermones Sanctorum, ac festivi- 
tatum Christi, et Mariae». 

22.* «Brevissima resolutio omnium 
materiarum moralium». 

23.* «Sanctorale totius anni aliqui- 
bus locis communibus». 

Los cuales libros, a partir de los doce 
en que se dividen las Discordias Con- 
cordes, constituyen los treinta y siete 
que, según dijimos, compuso estando 
en Murcia, y que se conservaban en la 
librería del Convento de Santa Ana del 
Monte, de Jumilla. 

«También escribió (añade el referido 
Fr. Juan de San Antonio) algunos Comen- 
tarios o capítulos sobre los Evangelistas 
San Mateo, San Marcos y San Lucas. (SS 
Matthaei, Marci, et Lucae quaedam Ca- 
pita)». 

Como se ve, el P. Mancebón fué es- 
critor bastante copioso y muy versado 
en la Sagrada Escritura y Hagiografía. 
Es curioso lo que nos cuenta su biógrafo 
sobre la manera de trabajar sus libros. 

«Dos cosas muy para notar (dice) le su- 
cedieron al siervo de Dios Fray Juan en 
estos escritos: la primera, que cuando iba 
escribiendo, si tal vez no hallaba lo nece- 
sario para proseguir la materia o discurso, 
dejaba en blanco y pasaba adelante escri- 
biendo otra cosa; y después cuando halla- 
ba cosa a propósito para aquel lugar, lle- 
naba el blanco, sin quedar nada de él ni 
tener que añadir al margen, sino tan ajus- 
tado, como si de una se hubiera escrito 
sin interrupción. La segunda cosa, mu- 
cho más admirable..., es que en aquel em- 
pleo del escribir, le asistía Dios nuestro 
Señor, no ocultándole su divina presencia, 
antes bien comunicándole continuamente 
singularísimas consolaciones». 

Lástima que no podamos hoy juzgar 
del mérito de estas sus múltiples y varia- 
das obras, que no hemos podido hallar, 
y que sin duda se hallan completamen- 
te perdidas, indicándonoslo así la cir- 
cunstancia de no hallarse en la actual 
Biblioteca Provincial de Murcia, que 



- llá- 



fué la que adquirió casi todos los libros 
del citado suprimido Convento de Santa 
Ana del Monte. 

Mancha y Rincón (Don Rafael). 

Distinguido sujeto a quien hemos te- 
nido el gusto de conocer. Nació en Cór- 
doba en 1791, y en dicha ciudad resi- 
dió hasta la caída de la Constitución 
en 1823, año en que pasó a Murcia, don- 
de ya permaneció hasta su muerte, go- 
zando de igual o de mayor prestigio 
que el que había logrado en su patria 
desde bien joven. En ella, a la edad de 
veintitrés años, o sea en 15 de febrero 
de 1814, y según noticias que debemos 
al decano de los literatos de aquella 
ciudad, don Francisco de Borja Pavón, 
fué admitido en la Academia de Cien- 
cias, Bellas Letras y Nobles Artes, la 
misma de que después fué Secretario, y 
en donde disertó, en 22 de marzo de 
1816, con un Discurso sobre las utilida- 
des que encuentra el cálculo en la Físi- 
ca; en 8 de noviembre del mismo, con 
una Memoria sobre la furia de los vien- 
tos; y en 5 de marzo de 1819, con otro 
Discurso sobre el origen de la Esfera. 

Viviendo en Murcia, fué dignísimo 
Secretario de su Instituto Provincial de 
Segunda Enseñanza; Socio de mérito y 
Censor de su Económica de Amigos del 
País; Socio de Número y Tesorero de 
su Liceo Artístico y Literario; y Vocal 
de la Comisión de Instrucción Primaria, 
habiendo desempeñado además los car- 
gos de Representante de los partícipes 
Legos en la Junta Diocesana, Co- Admi- 
nistrador de diezmos en la misma y Ad- 
ministrador de Bulas de la Provincia, 
cargos estos últimos que, sin duda, 
hubieron de proporcionarle algún dis- 
gusto, por insidias del entonces Preben- 
dado de la Catedral don Sebastián Ca- 
rrasco (1). 

(1) Véase el mismo en nuestra Sección de Impresos en 
Murcia. 



Fué también Socio honorario de las 
Reales Económicas de Valencia, Cór- 
doba, Báena y Castro; y halló, al fin, el 
término de sus días en Murcia, a la 
edad de 75 años, o sea en el de 1866, 
siendo sepultado en el cementerio viejo 
de la Puerta de Orihuela, donde todavía 
se mantiene su lápida, con esta breve 
cuanto modesta inscripción: 

D. O. M. 
Don Rafael Mancha 

Y 

Rincón 

R. I. P. 

Dejó trabajados, amén de las Diserta- 
ciones que quedan referidas, algunos 
Discursos que pronunció ante la Econó- 
mica Murciana; y además, de los dos 
siguientes opúsculos: 

1.° «Memoria sobre la Población y 
los Riegos de la Huerta». Obra que ob- 
tuvo un premio y fué publicada en di- 
cha ciudad en 1836. 

2.° <Justa Repulsa de las injurias y 
calumnias contenidas en la... Réplica 
publicada por el Prebendado don Se- 
bastián Carrasco».— Murcia, 1839. 

Véanse las voces Mancha y Junta 
Pública en nuestro Catálogo de Libros 
impresos en Murcia. 

Manrique de Lara (Don Jerónimo). 

Nobilísimo procer de esta esclarecida 
familia (1). Su acendrada virtud y reli- 



(1) Don Jerónimo, aunque pertenecía a la ilustre fami- 
lia de los condes de Paredes, era vastago ilegítimo de un 
obispo de Córdoba, y él mismo tuvo en su juventud tres 
hijos bastardos. Esto le acarreó más tarde no pocos sinsa- 
bores, pues los jesuítas lo hicieron saber al Pontífice, re- 
cusándole del cargo de visitador de sus colegios que le había 
confiado a instancia de Felipe II. (Cfr. Astrain, Historia de 
la Compañía de Jesús en su asistencia de Espatia). Don Je- 
rónimo hubo de estudiar en Alcalá de Henares, en el Cole- 
gio de Santiago o de los Manriques, que fundó el obispo 
don García Manrique de Lara, en 1550, para personas de su 
familia. El aflo 1556 ya se le daba el titulo de cmaestro», 
como vemos en la relación de Ims Fiestas con que la Vni- 
versidad de Alcalá de Henares algo los pendones por el Rey 
don Philipe nuestro señor, celebradas en abril de aquel 



116 - 



giosidad, le hizo abrazar el estado ecle- 
siástico. Siendo Inquisidor de Murcia, 
acompañó a don Juan de Austria en la 
famosísima jornada de Lepanto, y con- 
tribuyó al triunfo definitivo de las ar- 
mas españolas y total derrota de los 
turcos, en aquellos mares. Vuelto a Es- 
paña, fué promovido por Felipe II al 
Obispado de Cartagena, cuya silla go- 
bernó desde el 30 de marzo de 1583. 
Mandóle, años después, visitar la real 
Chancillería de Valladolid, y hallándo- 
se en esta visita, habiendo fallecido el 
Obispo de Avila don Pedro Temiño, el 
mismo Rey, por tenerle más cerca y po- 
der más fácilmente consultarle, trasla- 
dólo a aquella Diócesis, de la cual tomó 
posesión el 3 de junio de 1591. Ultima- 
mente, habiendo fallecido el Cardenal 
Arzobispo de Toledo don Gaspar de 
Quiroga, que a la vez ejercía el empleo 
de Inquisidor General, el mismo don 
Felipe lo eligió para este cargo, siendo 
confirmada su elección por el Papa Cle- 
mente VIII, en los primeros de mayo 
de 1595. Murió, en fin, nuestro don Je- 
rónimo, a los pocos meses de obtenida 
esta honra, en la villa de Madrid, a 1.° 
de septiembre del referido año, siendo 
sepultado en su Iglesia de Avila, en una 
capilla que él mismo empezó a cons- 
truir, y acabaron después sus albaceas, 
dedicándola a San Segundo, primer 
Obispo de aquella Diócesis. 

Ahora bien, la importancia que este 
Prelado tiene para los murcianos, con- 
siste en haber terminado y publicado a 
los pocos meses de su llegada a Murcia, 



afto. Según esta misma relación, en el certamen poético que 
hizo la Universidad con tal motivo, don Jerónimo fué pre- 
luiado por un soneto, que en el mencionado impreso se 
inserta. Demostró además su amor a la Poesía en la protec- 
ción que más tarde dispensó a Lope de Vega. Este recordó 
siempre con gran cariño a su protector. En el testamento 
que otorgó el 4 de febrero de 1627, dispuso: «Iten es mi vo- 
luntad que se digan por el limo, y Revmo. Señor don Jeró- 
nimo Manrique, obispo de Avila, que Dios tiene, cien mi- 
sas en señal que reconozco en mi muerte lo mucho que le 
debí al principio de mi vida>. (N. del e.) 



(4 de diciembre de 1583), las Sinoda- 
les que rigen, del Obispado de Carta- 
gena (1). 

Manuel (Don Juan). 

Celebérrimo personaje en la historia 
política y literaria de España: nacido en 
Escalona a 5 de mayo de 1282: hijo del 
Infante don Manuel, hermano de Alfon- 
so el Sabio, y de doña Beatriz de Sabo- 
ya, hija de Amadeo IV: casado prime- 
ramente con doña Isabel, hija del Rey 
de Mallorca, después con doña Constan- 
za, hija de don Jaime II de Aragón, y 
después con doña Blanca, hija de Fer- 
nando II de la Cerda: y bajado al sepul- 
cro a principios de 1349. 

La razón por la que tenemos el honor 
de asignarle un lugar distinguido en el 
presente Ensayo, y el derecho que los 
murcianos tienen para asociar al nom- 
bre de su patria la inmensa gloria de 
este varón famoso, pudiendo conside- 
rarle casi como a paisano, consiste en 
que dentro de nuestro territorio es don- 
de, principalmente, se realiza la intere- 
sante historia literaria y política de tan 
insigne y esclarecido procer castellano: 
Regente del reino; Señor de vastos do- 
minios (pudiendo contarse casi en pri- 
mera línea los murgitanos de Villena, 
Lorca, Cartagena, Chinchilla, Alhama, 
Jumilla, Molina, Seca y otros); caballero 
animoso, espíritu inquieto y turbulento, 
gran filósofo, eximio literato, sesudo 
moralista, y el más correcto, elegante y 
gallardo escritor del siglo xiv. 

De edad de doce años (1294), y por 
disposición del Rey don Sancho, su pri- 
mo, sucedió a su padre, el Infante don 
Manuel en el cargo de Adelantado ma- 
yor del reino de Murcia, cargo que des- 
empeñó hasta su muerte, viniendo en 



(1) Fueron impresas en Valladolid, en 1590, por Andrés 
Merchán y Claudio Bolán, en 4.° No registrado por Alco- 
cer. (N. del e.) 



117 



tan tierna edad a esta comarca, y consi- 
guiendo por la iniciativa de sus leales 
vasallos murcianos bajo su bandera 
acaudillados, una completa y feliz vic- 
toria contra las huestes sarracenas de 
Abenbucar-Ben-Zayen. 

El mismo nos refiere este hecho con 
las siguientes palabras de su Libro de 
las tres rabones: 

«Me enviara el rey allá (a Murcia) a te- 
ner la frontera contra los moros, como 
quier que era muy mogo que non auia 
doce años complidos... Et esse verano día 
de cinquagésima ouieron muy buena an- 
danza los mios vasallos con el mió pendón, 
ca vencieron un ome muy onrado que vi- 
niera por frontero a Vera e auia nombre 
Abenbucar Abengayen que era del linage 
de los reyes moros de alien mar et traya 
consigo cerca de mili caballos. Et a mi 
euiénme dexado mios vasallos en Murgia, 
ca se non atrevieron a me meter en ningún 
peligro, porque era tan mogo...» 

El Rey don Sancho le celebró mucho 
esta hazaña, haciéndole «desse camino 
mucho bien et mucha onra», y acrecen- 
tándole «grand partida de la tierra que 
del tenía>. Propúsole el matrimonio con 
la referida doña Isabel: dábale su ben- 
dición poco antes de morir, mandándo- 
lo segunda vez a Murcia (1295), y desde 
entonces, como dicho queda, tuvo siem- 
pre el adelantamiento de este reino, 
exceptuando solamente un breve espa- 
cio del tiempo de sus desavenencias con 
el Rey don Alfonso, su sobrino. Y deci- 
mos breve espacio, contra el parecer de 
algunos historiadores, porque así ello 
consta de varios instrumentos originales 
que se conservan en el archivo de la ciu- 
dad de Murcia. 

Por ellos, pues, sabemos: Que a la 
muerte de Fernando IV (1312), habien- 
do sido excluido en la tutoría del Rey 
don Alfonso, y destituido de su empleo 
por el Infante don Pedro, retírase a tie- 
rra de Murcia, y logra en breve recupe- 
rarlo por la fuerza de su brazo y la ani- 



mosidad de sus leales vasallos, como 
asi también las demás villas y lugares, 
de que le despojara la ambición del re- 
ferido Infante: Que a poco de ocupar 
Alfonso el trono de Castilla (1325), y 
con él, resentido por la omnímoda e in- 
fluyente privanza que en su ánimo ejer- 
cían los poderosos magnates Garcilaso 
de la Vega y Alvar Núñez Osorio, se 
retira segunda vez con actitud hostil a 
sus dominios de Murcia, a cuyo Conce- 
jo, no obstante, escribe el Monarca, 
manifestándole no ser por entonces su 
propósito desposeer a su tío del adelan- 
tamiento: Que en 1326 confirmado una 
veB más en el dicho Oficio, emprende 
la guerra, dentro de esta frontera, con- 
tra los moros granadinos, logrando, por 
cierto, con el auxilio siempre de sus va- 
lerosos vasallos murcianos, derrotar por 
completo el ejército del esforzado capi- 
tán Ozmin: Que si, teniendo una suerte 
análoga a la del infeliz donjuán el Tuer- 
to, por refugiarse en Murcia en 1327, y 
no acudir, como debía, al llamamiento 
del Monarca, es acusado por éste de re- 
beldía y de deservicio, llegando a escri- 
bir en 1328 a los vecinos de esta ciudad 
don Guillen de Rocafull y Pedro López 
de Ayala, le hiciesen todo el mal y daño 
posible; en 1329, sin embargo, le pide 
su ayuda como tal Adelantado (y a ello 
accede gustoso, en aras de la patria, 
nuestro don Juan Manuel) para la pro- 
secución de las guerras contra los moros 
de Granada; y en el siguiente, o sea en 
1330, escribe al Concejo y Alcaldes de 
Murcia para que no duden de la lealtad 
de su Adelantado y para que, bajo su 
mando, continúen en las referidas gue- 
rras. Y en fin, que, si en 1336, por la 
tenacidad de don Alfonso en negarse 
a devolverle su' prisionera hija doña 
Constanza, se aparta ruidosamente, se 
desnatura de su servicio y vasallaje, 
ordenando, en su consecuencia, el Mo- 



- 118 



narca al referido Concejo y Alcaldes 
(1338) hacer la más cruda guerra a los 
lugares de Alhama y Cartagena por ser 
del desnaturado; en 1340, sin embargo, 
habiéndose verificado una verdadera 
amnistía entre el Rey y el vasallo, entra 
otra vez éste en la plena posesión y dis- 
frute de todos sus derechos y dignida- 
des, que ejerce desde ahora hasta el fin 
de sus días; tomando, con su siempre 
dispuesta gente murciana, muy señala- 
da y gloriosa parte en las heroicas lu- 
chas contra los sectarios de la media 
luna, y distinguiéndose muy especial- 
mente, como ya lo había hecho en los 
últimos tiempos del Rey don Fernando 
(1309), en los sitios de Gibraltar y Al- 
geciras. 

Cáscales ha pintado con negros colo- 
res la figura de este esclarecido magna- 
te, por dar, acaso, demasiado crédito a 
papeles escritos por el espíritu de mon- 
taraz independencia de los feroces po- 
bladores murcianos de entonces: y pa- 
récenos oportuno lugar éste para hacer 
la debida rectificación. 

No fué, en verdad, nuestro don Juan 
Manuel ningún santo varón; fué, sin 
duda, un carácter altivo y revoltoso, y 
figura en primer término entre los auto- 
res de los disturbios que tan trabajada 
tenían la monarquía, y que tantas veces 
ensangrentaron los campos de Castilla 
durante el primero y principios del se- 
gundo tercio del décimo cuarto siglo: 
mas no es posible dudar de las nobles e 
hidalgas razones que para ello tuvo, así 
como tampoco de su alto pundonor y 
dignidad, después de leer estas palabras 
de su Libro de los Estados, que copia- 
mos nosotros del texto de Amador de 
los Ríos: 

«Auiendo guerra muy afincada con el 
Rey de Castiella por muchos tuertos et de 
sonras quel'auia fechos [a don Juan Ma- 
nuel], non se guardaua del: et aula el rey 



en su ayuda a los reyes de Aragón et de 
Portugal, ca era casado con su fija del Rey 
de Portugal et el rey de Aragón con su 
hermana; et non auia don Johan otra ayu- 
da, sinon a si et a sus uasallos, et aun des- 
tos sirviendoret aiendol'muchos muy ño- 
xamente, por quel fazian muchos afinca- 
mientos muy sin razón. Et quando don 
Johan se quexaua desto, dezianle los quel 
auian de consejar, que pues venie a grant 
peoría et le fazian tantos afincamientos los 
suyos, que fiziere alguna pleytesia por que 
salliese de aquella guerra. Et don Johan 
dizia que falta que ouiese emienda del mal 
que recibiera et fincase con onra que non 
lo faria, ca lo quel'pasaua con los suyos, o 
que perdía o quanto mal le uenia que todo 
era daño et perdida, mas non desonra. Et 
que ante quería sofrir todo lo ál que la 
desonra, et quél se tenia por uno de los 
. que eran para ser muertos, mas non des- 
onrados. Et lo uno por quanto lo fizo por 
guardar su onra, et lo ál porque se touo 
Dios con él, en quien él auia toda su es- 
peranza quel defendía por el derecho que 
tenía, quísolo asi que ouo paz con el rey la 
mas onrada que nunca se falla por ningu- 
na fazaña que la ouiese orne en España.» 

Palabras con que alude, como habrán 
comprendido nuestros lectores, a la paz 
de Sevilla, por la cual le fué entregada 
al cabo su inocente hija doña Constan- 
za, y casada con don Pedro, Infante de 
Portugal. 

Ahora bien; de lo expuesto en nuestro 
texto, infiérese que el temido señor de 
Villena, habiendo pasado en Murcia, o 
en el territorio murciano, una gran parte 
de su vida, aquí, por consiguiente, de- 
bió escribir muchas de sus obras, y, por 
la misma razón, ejercer no poca influen- 
cia en el desarrollo de nuestra antigua 
cultura. Que él, a su vez, fuese influido, 
como antes el Rey Sabio, por nuestra 
entonces pujante civilización musul- 
mana, es cosa que no puede ponerse en 
duda, pues, además de que por pisar el 
murciano suelo en edad de doce años, 
es de suponer que su lozana y juvenil 
fantasía cobraría vuelo en la atmósfera 



- 119 



de nuestros poetas y filósofos mahome- 
tanos, sabemos de positivo que en su 
famoso Libro de Patronio (que en Mur- 
cia, a lo que supongo con bastante fun- 
damento, hubo de empezar), al lado de 
los varios enxiemplos tomados del Ca- 
lila et Dimna, del Sendebar, y de otros 
libros indo-orientales, introdúcense 
pura y exclusivamente árabes; debido 
esto, como observa bien el ya citado 
Amador de los Ríos, a la larga perma- 
nencia del Adelantado de Murcia en 
esta frontera. También tenemos razo- 
nes en que apoyar nuestra opinión so- 
bre que en Murcia debió escribir, o por 
lo menos comenzar muchas de sus 
obras, como iremos exponiendo confor- 
me al cómputo que hacemos entre las 
fechas en que fueron trabajadas dichas 
producciones y el tiempo en que su in- 
signe autor habitaba el país murciano, 
insistiendo algo en este punto (escapado 
a la observación de los historiadores de 
nuestra literatura patria) por ser lo úni- 
co que de nuevo podemos añadir a lo 
que tantas veces y por tan sabias plu- 
mas hase ya dicho y ponderado sobre 
el talento y singulares méritos literarios 
de este varón eximio y verdaderamente 
extraordinario. 
El catálogo de sus obras es (1): 

1. Libro de los Cantares o de las 
Cantigas. 

2. Reglas del trobar. 



(1) Aunque las suponemos harto conocidas de todos, no 
podemos en modo alguno conceptuarnos eximidos del deber 
de enumerarlas en nuestro texto, bien que prescindiendo 
de su examen crítico por no repetir lo ya consignado por 
tantos y tan ilustres escritores, asi nacionales como extran- 
"jeros, que tan doctamente han tratado sobre el particular, 
mereciendo muy digna y particular mención, entre los pri- 
meros, don José Amador de los Ríos y don Pascual Gayan- 
gos, y entre los segundos Sir Jeorge Ticknor y Mr. Eladio 
Puibusque. 

Debemos también advertir que de todos estos libros, 
Uóranse hoy perdidos el de Las Cantigas, el de Las reglas 
del trobar, el de Los Sabios, el de Los engennos y el de La 
Caualleria; pero no puede dudarse de que los escribiera 
don Juan Manuel por decírnoslo él mismo en el proemio 
general de todas sus obras, y en la advertencia que precede 
al libro del Conde Lucanor. 



3. Libro de los Sabios. 

4. Libro de los engennos. 

5. Libro de la Caga. 
Donde se contiene: 

«Lo que oyó dezir al infante don Johan 
que fué muy grant cagad or et los f alconeros 
que fueron del rey don Alfonso et del in- 
fante don Manuel su padre; et lo que él en- 
tendió et acordó con los mejores caladores, 
con quien él departió muchas vegadas so- 
bre esto; et otrosí, lo que falló en la arte 
del venar que quiere dezir de la caga de 
los venados que se caga en el monte, es- 
criuiolo en este libro, segund lo acordó 
con Sancho Ximénez de Lanchares et con 
Gargy Alvarez et con Roy Ximénez de 
Mesco et con Ferrant Gómez, fijo del dicho 
Gargy Alvarez et con otros caualleros de 
Galligia que saben mucho de esta arte, et 
con otros monteros que andan en la casa 
del Rey...» 

Sólo ha llegado hasta nosotros la pri- 
mera parte, y no completa, de las dos 
de que constaba este curioso libro. 

6. Coronica abreuiada. 

Sumario o compendio de la Estoria 
d'Espanna de Alfonso el Sabio, hecho: 

«porque don Johan, su sobrino, se pagó 
mucho desta su obra et por la saber mejor, 
por que por muchas razones non podría 
fazer tal obra como el rey fizo, nin el su 
entendimiento non abandona a retener to- 
das las estorias, que son en dichas cróni- 
cas, por ende fizo poner en este libro en 
pocas razones todos los grandes fechos 
que se y contienen. Et esto fizo él, por que 
non touo por aguisado de comenzar tal 
obra et tan complida como la del rey su 
tío: antes sacó de la su obra complida una 
obra menor, et non la fizo si non para ssi, 
en que leyesse...» . 

Códice existente en la Biblioteca Na- 
cional bajo la mea. F-81. Ahora bien, es 
opinión corriente entre,eruditos que to- 
das estas obras son^fruto de la primera 
edad literaria de nuestro don Juan Ma- 
nuel, y así, en efectp,f lo confirma el 
hecho misma de haberse extraviado en 
su mayor parte; cosa, que de ninguna 



- 120 



manera, a mi sentir, hubiera aconteci- 
do, al ser escritas con fecha posterior a 
los famosos libros del Caballero y Escu- 
dero, de Los Estados y de Patronio, 
que el señor de Villena tuvo el buen 
cuidado de reunir en un Códice, y guar- 
dar, correg-ido de su puño y letra, en su 
Monasterio de Peñafiel. Luego a ser la 
opinión cierta, como sin duda parece 
serlo, seguramente debió escribirlas en 
Murcia o dentro de territorio murciano, 
si no todas, gran parte de ellas. La razón 
es muy sencilla. Por mandado de don 
Sancho, como dicho queda, y de edad 
de doce años, viene a Murcia a pelear y 
tener la frontera contra los moros de 
Vera; bendecido por el mismo Rey vuel- 
ve a Murcia en 1295; en 1297 permanece 
todavía en el país murciano, peleando 
contra los aragoneses por las villas de 
Elche, Elda y Novelda; y todavía en 
1300 lo hallamos defendiendo a Lorca 
por doña María de Molina, sin que cons- 
te que hasta 1304, o sea teniendo ya 
cumplidos veinticuatro años, saliese de 
sus dominios de Murcia. Por manera 
que, a no querer decir gratuitamente, 
que, desde la última de dichas fechas en 
adelante, es cuando comienza la prime- 
ra edad literaria del señor de Villena, 
y cuando empieza a escribir sus prime- 
ras producciones, necesariamente 
habremos de convenir en que dentro 
del suelo indicado fueron, en su mayor 
parte, elaboradas. El docto Amador de 
los Ríos citado siente, sin embargo, que 
algunas de ellas debieron ser escritas 
durante la minoridad de Alfonso XI; 
pero, aun cuando esto sea cierto, tam- 
bién lo es que en los primeros años de 
dicha minoridad, se pertrechaba en sus 
dominios de Murcia nuestro don Juan 
Manuel contra las ambiciosas sugestio- 
nes de los Infantes tutores don Juan y 
don Pedro, y que, muertos éstos, en 
1319 y aun años antes probablemente. 



volvía a encargarse de la tenencia o 
defensa de la frontera murciana, en 
donde pudo muy bien comenzar, escri- 
bir o terminar el Libro de la Casa y la 
Crónica abreviada. La verdad es que 
en lo que nos queda del primero, al des- 
cribir su autor los lugares más a propó- 
sito para la volatería en las tierras «do 
auia andado», sólo se ocupa de las co- 
marcas enclavadas en los Obispados de 
Sigüenza, Cuenca y Cartagena. 

7. Libro de la Caua Hería. 

No ha llegado, por desgracia, hasta 
nosotros; pero sí un largo análisis, suyo, 
y que por lo mismo no copiamos, hecho 
por el mismo don Juan Manuel en su 
Libro de los Estados. 

8. Libro del Cauallero et del Es- 
cudero. 

Dirigido al Infante don Juan de Ara- 
gón, Arzobispo de Toledo, y elogiado 
por su mismo autor con estas palabras, 
no desmentidas hoy por la crítica: 

<Como quier que este libro fizo don 
Johan en manera de fabliella, sabet, señor 
infante, ques muy buen libro et muy apro- 
uechoso; et de todas las razones que en él 
se contienen, son dichas por muy buenas 
palabras, et por los más fermosos latines 
que yo nunca oy dezir en libro que fuese 
fecho en romance; et poniendo declarada- 
mente et complida la razón, que quiere 
dezir, ponerlo en las menos palabras que 
puede ser.» 

(Libro de los Estados. Part. 1.^, capí- 
tulo XC.)— Consta de cincuenta y un 
capítulos distribuidos en dos partes. 

9. Libro del Infante. 

También designado con los títulos de 
Libro de los Estados, y Libro de las 
Leyes. Va asimismo dirigido al Infante 
Arzobispo de Toledo, a quien dice don 
Juan en su prólogo: 

«Segund el doloroso et triste tiempo en 
que yo lo fiz, cuydando como podría acer- 
tar en lo mejor et mas seguro, fiz este libro 
que vos envió. Et porque los ornes non 



- 121 



pueden también entender las cosas por 
otra manera como por algunas semejanzas, 
compus este libro en manera de preguntas 
et respuestas que fazian entre si un Rey et 
un Infante, su fijo, et un cauallero que crió 
al Infante, et un philosofo. Et pus nombre 
al rey Moroban, et al Infante Johás, et al 
Cauallero Turin, et al philosofo Julio. Et 
porque entiendo que la saluacion de las 
almas a de ser en ley et en estado, por 
ende convino et non puede escusarse de 
fablar alguna cosa en las leyes et en los es- 
tados. Et porque yo entiendo que segund 
la mengua del mió entendimiento et del 
mió saber, que es grant atreuimieuto o 
mengua de seso de entremeterme yo a fa- 
blar en tan altas cosas, por ende non me 
atrevi yo a publicar este libró fasta que vos 
lo viesedes. Et por esta razón vos lo eíivio, 
caso cierto que tan buen entendimiento 
vos Dios dio et tan grant letraduraavedes 
que entendredes muy bien todas las cosas 
aprouechosas et bien dichas et todas las- 
menguas que en este libro fueran...» 

Consta de dos partes, divididas, la pri- 
mera en cien capítulos, y en cincuenta 
y uno la segunda, que trata de los esta- 
dos de la cleresia, como la primera de 
los legos, y designándose el último de 
dichos capítulos con el título de Libro 
de los fraires predicadores. 

Tratemos ahora de investigar dónde 
y cuándo debieron componerse estas 
obras. Es ante todo indudable, por de- 
clararlo el mismo don Juan Manuel, 
que el libro De los Estados se escribió 
después que el del Cauallero et del Es- 
cudero, y éste antes que el de La Caua- 
llería. En el prólogo de la primera par- 
te del Libro de los Estados, dice don 
Juan al citado Arzobispo: 

«Este libro comengé luego que oue aca- 
bado el otro que vos envié del Cauallero 
et del Escudero.» 

Y al hablar luego en dicha primera 
parte de las leyes, usos y costumbres de 
la Caballería, añade: 

<mas si lo quisieredes saber complida- 
mente, fallarlo edes en los libros que fizo 



Don Johan, el uno que llaman de la Ca- 
ualleria et otro que llaman libro del Caua- 
llero et del Esctidero.» 

También es cosa fuera de toda duda 
que este último debió acabarse después 
de 1327, como asimismo nos lo da a en- 
tender su autor en el citado prólogo del 
Libro de los Estados, donde, después 
de decir: 

«Et este libro comente luego que oue 
acabado el otro... del Cauallero et del Es- 
cudero», añade: «Et tengo grant tiempo 
que lo ouiera acabado, si otros embargos 
non ouiera; mas Dios por la su piedat per- 
done en el otro mundo a las almas a quien 
me embargó que lo non podiese fazer tan 
ayna.» 

Palabras con que seguramente alude 
a su primera formal desavenencia con 
don Alfonso, ocurrida en dicho año; por- 
que ni de 1320 a 1325, en que ejercía la 
regencia del reino y tutoría del monar- 
ca, ni en 1326, en que a su servicio y en 
noble defensa de la patria, peleaba con- 
tra las huestes de Ozmín, podía temer 
nuestro don Juan, ni tuvo, con efecto, 
a nadie que le embargase. Ahora bien; 
consta, por decírnoslo también el mis- 
mo don Juan, que la dicha primera par- 
te del Libro del Infante, se acabó en 
1330 «en Pozancos, lugar del Obispo de 
Ziguenga, martes veynte et dos días de 
mayo, era de mili et trescientos et se- 
senta et ocho annos» ; y que el del Caua- 
llero et del Escudero se comenzó «se- 
yendo don Johan en Seuilla»: Pero 
consta igualmente, como dicho queda, 
que desde 1326, en que, confirmado una 
ves más en su Adelantamiento, empren- 
de la guerra contra los moros granadi- 
nos, hasta la indicada fecha de 1330, en 
que, para el mismo fin, se avista y pone 
de acuerdo con el animoso Obispo de 
Cartagena don Pero Gómez Barroso (1), 



(1) Consta asi muy cumplida y terminantemente de las 
dos cartas que desde el Real de Teva — Hardales, en la era 
de 1368 (1330; dirige el Rey don Alfonso al Concejo y Alcal- 



122 



encuéntrase nuestro Adelantado en te- 
rritorio de Murcia. Lueg-o aquí debió 
componer dichas obras, por más que en 
Pozancos terminase la primera, y aun- 
que en Sevilla empezara la segunda. El 
mismo, en el prólogo de ésta, parece 
indicárnoslo, bien que sin nombrar el 
punto donde hubo de acabarla: 

«Acaescióme ogaño, seyendo en Sevilla 
(observa) que muchas veces non podría 
dormir pensando en algunas cosas en que 
yo cuydaba que serviría a Dios muy gra- 
nadamente; mas por mis pecados non qui- 
so él tomar de mí tan grant servicio; ca si 
él algún comienzo había tomado para se 
servir de mi, fué todo por la su merced et 
su piedat, et non por ningunt mi mereci- 
miento; et lo que se agora alongó tengo 
que non fué sinon por mi pecado... Et se- 
yendo en aquel cuydado, por lo perder, 
comencé este libro..., et acábelo después 
que me partí dende. . . » i 

Ya hemos visto cómo debió ser esto 
después de 1327 y antes de 1329, en que 
seguramente se empezaba el Libro del 
Infante. Luego, a mayor abundamien- 
to, como en el tiempo intermedio es 
evidente la residencia del Señor de Vi- 
llena en Murcia, poniéndolo de mani- 
fiesto la susodicha Carta del Rey don 
Alfonso a sus vasallos don Guillen de 
Rocafull y Pero López de Ayala, veci- 
nos de dicha ciudad, resulta concluyen- 
te que aquí debió escribir este famoso y 



des de Murcia, e Inserta Cáscales en sus Discursos Históri- 
cos.— Kn la primeraleemos: «Don Alfonso, por la gracia de 
Dios, etc. Sabed que me dieron a entender que don Pedro, 
Obispo de Cartagena, quería ir a recibir a don Juan, hijo 
del Infanfe don Manuel, mi vasallo y mi Adelantado mayor 
en la frontera y reyno de Murcia, a verse con él, quando 
entrase en esa tierra yendo a mi servicio... el dicho Obispo 
es mi hechura y mí merced, y de quien mucho fío, y por ir él 
a recibir a don Juan, o a verse con él, no debéis de tener 
duda ni sospecha ninguna, pues yo no la tengo...» Y en la 
segunda: «. ..Diéronme a entender que don Pedro, Obispo 
de Cartagena, y otras Compañías de Aragón están allega- 
dos para entrar en tierra de moros por mi servicio: porque 
os mando, vista ésta, que si el Obispo y esas Compañías 
salieren contra ellos, que les acompañéis; y si don Juan, 
hijo del Infante don Manuel, se junta con el Obispo... para 
hacer mal y daño a los moros, os mando que entréis con él 
y con ellos en servicio mío...» 



justamente aplaudido libro de educa- 
ción cortesana. 

No podremos decir lo propio con res- 
pecto al Libro de la Caualleria, que sin 
duda debió ser de igual índole e inten- 
ción que el anterior; pero hablando en 
el terreno de las probabilidades, y te- 
niendo en cuenta la prodigiosa activi- 
dad y fecundo ingenio de su autor, a no 
suponer que nada escribiese desde 1326 
a 1328, no tenemos por aventurado sos- 
pechar que también escribiera esta obra 
dentro de sus dominios de Murcia. 

10. Libro del Conde Lucanor, llama- 
do también de Patronio y de los En- 
xiemplos. 

«Este libro fizo don Johan (nos dice él 
mismo en el prólogo) deseando que los 
homes feciessen en este mundo tales obras 
que les fuesen aprovechamiento de las 
honras et de las faciendas et de sus esta- 
dos, et fuesen mas allegados a la carrera 
porque pudiesen salvar las ánimas. Et 
puso en él los enxemplos mas aprovecho- 
sos que él sopo de las cosas que acaescie- 
ron, porque los homes puedan fazer esto 
que dicho es. Et será maravilla si de qual- 
quier cosa que acaesca a qualquier home, 
non fallare en este libro su semejanza que 
acaesQió a otro...> 

Consta este precioso y famosísimo li- 
bro de cuatro partes, o mejor, de dos, 
dividida la segunda en tres grandes ca- 
pítulos o secciones, y abarcando la pri- 
mera cincuenta y un enxemplos, con- 
forme al gusto simbólico-oriental, aun- 
que en algunos Códices sólo se contienen 
cuarenta y nueve, 3^^ en otros cincuenta. 

Suponemos con bastante fundamento 
que su insigne autor hubo de empezarlo 
y aun de trabajarlo en gran parte estan- 
do en sus dominios de Murcia. Escri- 
bíalo con la especial mira, sin duda, de 
que sirviera un día de nota a su hijo don 
Fernando, como lo prueba la erudita 
observación hecha por el docto Amador 
de los Ríos sobre que en el libro de los 
Castigos y Consejos, con igual fin escri- 



123 - 



to, dirigiéndose al mismo príncipe, le 
dice después de citar el capítulo II: 
c quiero creer el enxiemplo que vos pus 
en el libro que yo fiz de Patronio».— 
Don Fernando no pudo nacer hasta úl- 
timos de 1329 o principios de 1330, su- 
poniendo que naciera un año después al 
del matrimonio de su madre con nues- 
tro don Juan Manuel, quien, según nos 
dice él mismo en su Chronicon latino, 
casóse en terceras nupcias con doña 
Blanca en el mes de enero de 1329; ma- 
trimonio del cual fué primogénito el re- 
ferido don Fernando.— Luego tampoco 
empezar a componerse este libro has- 
ta 1330. Al final del mismo hay una nota 
que dice: <Et acabólo don Johan en Sal- 
merón, lunes Xij días de junio, era de 
mil et CCC et LXX et tres annos (1335) » . 
Luego un año antes, por lo menos a esta 
fecha, debió empezarse a escribir. No es 
esta obra, por su índole especial, su eru- 
dición, su madurez y su elevada inten- 
ción didáctica, de aquellas que fácil- 
mente pueden admitir otras distraccio- 
nes literarias por parte de sus autores 
al tiempo de componerlas. Y como quie- 
ra que desde 1330 a 1331 hasta antes 
de 1334 (1), hallamos a nuestro donjuán 
ocupado "en la composición de la segun- 
da parte de su Libro de los Estados, de 
grande erudición también, y no poca 
extensión, aun en aquello que ha llega- 
do hasta nosotros, no tenemos por aven- 
turado el sospechar que hasta la última 
de dichas fechas, o cuando más, hasta 
1333, no se debió dar comienzo al Libro 
de Patronio. 

Ahora bien, y aun cuando a un mismo 
tiempo se escribiesen éste y la referida 



(1) El mismo seflor Amador de los Ríos ha observado 
que en el capítulo XXXITI de la dicha segunda parte del 
Libro de los Estados se mencionan todas las órdenes mili- 
tares existentes entonces en España, excepto la de la Van- 
da establecida por don Alfonso XI en 1334, deduciendo de 
aquí muy razonada y cuerdamente que antes de esta fecha 
debió terminarse aquel libro. 



segunda parte del de Los Estados, ya 
hemos visto que en 1330 se hallaba don 
Juan Manuel en tierra de Murcia; no 
consta que hasta 1336, en que se forta- 
lece en Peñafiel desnaturalizándose del 
vasallaje del monarca, saliese, sino a 
intervalos, de tierra de Murcia. Las 
guerras y escaramuzas contra los mo- 
ros fronterizos, en que se hallaba empe- 
ñado, continuaban: y, si hemos de dar 
crédito a nuestro historiador Cáscales, 
todavía en 1334 se hallaba en tierra de 
Murcia (1). Luego, o que el Conde Lu- 
canor se empezara en esta fecha, como 
tengo por probable, ya terminado el Li- 
bro del Infante, o que lo fuese de 1330 
a 1331, siempre tendremos razón para 
decir que con bastante fundamento su- 
ponemos hubo de empezarse y aun de 
trabajarse en gran parte residiendo su 
autor insigne en tierra de Murcia. 

11. Libfo de los Castigos et Consejos 
quefiso don Johan Manuel para sufijo, 
et es llamado por otro nombre el Libro 
Infinido. 

«Teniendo que el saber (dice su autor en 
el prólogo) es la cosa por qué ome mas de- 
bía fazer, por ende asmé de componer este 



(1) Refiriéndose a este año, dice en el capítulo XII de su 
Discurso V: «No cesaba don Juan Manuel de ser quien era 
en la dura obstinación que tenía contra el Rey, y por ■m\x- 
cha.s pa.Ttes, y principalmente por ésta (por tierra de Mur- 
cia) hacía guerra a las Villas y Lugares del Rey, y los de 
Murcia estaban tan mal enojados con él por las injurias, 
agravios y daños que recebían de los suyos cada día, que 
reventaban de cólera, y si no les templara, y fuera a la 
mano tanto el Adelantado Alfonso Fernández de Saavedra, 
como prudente varón, sin duda hubieran saqueado, y abra- 
sádole sus tierras desta comarca. Y esto iba ya en tanto 
rompimiento que se salió el Adelantado desta ciudad, fin- 
giendo que le llamaba el Rey, y conjurándolos que no hi- 
ciesen nada ni se moviesen hasta su buelta, que sería muy 
presto, vióse con el Rey el Adelantado, y dióle cuenta de 
muchas cosas que esta Ciudad hacía en su servicio, y de los 
daños que ordinariamente recebía de don Juan Manuel, o 
de los suyos por su mandado. El Rey creyó esto de don 
Juan, y más que le dixeran, porque le tenía largamente 
experimentado, y díxole a Alfonso Fernández de Saavedra 
que tenía muy bien conocidos a los de Murcia, y que sin 
dárselo a entender les afloxase la rienda contra donjuán, 
y que les dexase hacer, que bien les tenia todo el daño que 
le hiciesen, pero que esto fuese permitiendo, y no mandan- 
do. En lo que se echaba de ver, que el Rey le dexaba siem- 
pre la puerta abierta a don Juan para recibirle en su gracia.» 



124 



tractado, que tracta de cosas que yo mis- 
mo proué en mí mismo et en mi fazienda 
et vi que contenió a otros, de las que fiz et 
vi fazer et me fallé en ellas bien et yo et 
los otros... Et fizlo para don Ferrando, mío 
fijo, que me rogó quel' fiziese un libro; et 
yo fiz éste para él et para los que rio saben 
mas que yo et él; ques agora, guando yo 
lo comenfé de dos años, porque sabrá por 
este libro quáles son las cosas que yo pro- 
ué et vi. Et creed por Qierto que son cosas 
prouadas et sin ninguna dubda. Et ruegol' 
et mandoF que entre las otras SQienq^ias et 
libros quel aprendiere, que aprenda este, 
et lo estudie bien, ca maravilla será si li- 
bro tan pequeño pudiere fallar, de que se 
aproueche tanto. Et porque este libro es 
de cosas que yo proué, pus en él las de 
que me acordé; et porque las que daquí 
adelante prouáre, non se a qué recudran, 
non las pude aquí poner; mas con la mer- 
ced de Dios ponerlas he como las prouáre. 
Et porque esto non se quando se acabará, 
puse nombre a este libro Enfenido, que 
quiere dezir libro sin acabamiento.» 

Consta de veintiséis capítulos, cono- 
cido el último con el nombre de Las ma- 
neras del amor. 

Ahora bien, no queremos, con respec- 
, to a este peregrino e interesante trata- 
do, repetir lo ya expresado en nuestras 
reflexiones anteriores. Téngase en cuen- 
ta que es una especie de diario escrito 
desde la primera infancia de don Fer- 
nando, o sea contando éste sólo dos 
años; diario donde el Señor de Villena 
quiso consignar sus experiencias de 
cada momento culminante: téngase en 
cuenta la fecha en que pudo nacer don 
Fernando, y las en que su ilustre padre 
se hallaba en Murcia: téngase, en fin, 
presente que en 1338 volvía a encon- 
trarse en término de dicha ciudad, pues 
no es posible dejara de acudir a la de- 
fensa de sus Villas de Cartagena, Alha- 
ma, Alcalá y Librilla, tan rudamente 
combatidas por los murcianos adictos a 
don Alfonso, y bien clara obtendremos 
la consecuencia- 
Las restantes obras de don Juan ya no 



están tan ligadas, como las anteriores, a 
la historia de las letras murcianas, por 
hallarse, como sin duda se hallan, es- 
critas después de 1340, fecha a partir de 
la cual ya no aparece en esta comarca 
el ilustre sobrino del Rey Sabio. 

12. Tractado en que se prueba por 
raBon que Sancta Marta está en cuerpo 
et alma en Parayso. 

Opúsculo breve, «pero importante 
para apreciar bajo una faz nueva el ta- 
lento y la instrucción de don Juan Ma- 
nuel». Va dirigido a Fray Remon Mas- 
quefa, a quien dice su autor en el 
preámbulo: 

*Et por ende vos digo que el otro día que 
era la fiesta de la Asumption a que llaman 
acá en Castiella Sancta María de Agosto 
mediado, oi degir a algunas personas hon- 
radas et muy letrados que algunos ponien 
dubda si era Sancta María en cuerpo et en 
alma en paraíso. Et bien vos digo que hobe 
desto muy grant pesar, et movido por este 
buen zelo dicho, como quier que entiendo 
que siendo tan pecador como yo só, et tan 
menguado de letradura et de buen enten- 
dimiento natural, que es grant atrevimien- 
to et mas mengua de entendimiento que 
•ál, et aún entendiendo que segunt el mió 
estado que me cabe mas fablar en ál que 
en esto; pero por el grand pesar que hobe 
desto que oi, pensé de dezir et fazer con- 
tra ellos según es dicho desuso que se 
debe el home haber con su señor. Et por 
ende diré las razones que yo entendiere 
porque home del mundo non debe dubdar 
que Sancta María non sea en el cielo en 
cuerpo et en alma.» 

13. Tractado que fiso don Juan Ma- 
nuel sobre las armas que fueron dadas 
a su padre el Tufante don Manuel, et 
por qué el et sus descendientes pudie- 
sen facer Caballeros non lo siendo, et 
de cómo paso la fabla que con el Rey 
don Sancho ovo ante que finase. 

14. Crónica Complida. 

Llegada indudablemente hasta nos- 
otros, bien que ignorándose cuál sea de 
las que se conservan manuscritas. 



1 



- 125 



15. Chronicon latino. 

En el tomo II de la España Sagrada 
del P. Flórez, aparece con este título: 
Istum librum fecit fieri Dominus Joan- 
nes, filius Illustrissimi Inf antis Domi- 
ni Emmanuelis, de factis principali- 
bus, quae contingerunt in regno Caste- 
llae, postquaní rex dominus Alfonsus 
ad Imperium coepit iré. 

La mayor parte de estas obras de don 
Juan Manuel llegadas hasta nosotros, y 
que dejamos apuntadas, se hallan en un 
Códice de la Biblioteca Nacional, bajo 
la marca S-34, compuesto de 223 hojas 
de pergamino y letra de últimos del si- 
glo XIV, Del Conde Lucanor, existen 
además otros varios manuscritos: uno 
en la Academia de la Historia (Est. 27, 
gr. 3., E-78); otro en la Biblioteca Na- 
cional bajo la signatura M-lOO; y otro 
en la particular del señor Conde de Pu- 
ñonrostro; todos ellos de letra del si- 
glo XV. También se han hecho varias 
ediciones de este famoso libro, a saber: 
la de Sevilla, hecha por Argote de Mo- 
lina en 1575; la de Madrid, reproducción 
de aquélla, en 1642; la de Stutgard, 1839; 
la de Berlín, 1840, traducción alemana 
hecha por Eichendorf; la de París, 1854, 
traducción francesa hecha por Puibus- 
que; y últimamente, la de Madrid, 1860 
y tomo LI de la «Biblioteca de Autores 
Españoles», donde también se contienen 
las demás obras de don Juan Manuel 
conservadas en el Códice S-34 de la Bi- 
blioteca Nacional, publicadas con un 
erudito prólogo e ilustraciones de don 
Pascual Gayangos. 

Márquez (Fr. Juan). 

Padre Franciscano, natural de Cuevas 
de Vera, en el reino de Granada. Fué 
Lector de Filosofía, y Definidor de la 
Provincia Observante de PP. Francis- 
canos de Cartagena, por la santa Reco- 
lección. Murió en el convento de su pa- 



tria en 1736, de edad muy avanzada. 
Según el P. Ortega, fué autor de un 
Sermón de Nuestro P. S. Francisco, 
impreso en Murcia en 1690. 

Martínez (Fr. José). 

Religioso Franciscano descalzo, natu- 
ral del lugar de Villamarchante: tomó 
el hábito en la Provincia de San Juan 
Bautista y convento de Valencia; cuan- 
do se separó de ésta la Custodia de San 
Pascual Bailón la primera vez, se quedó 
en ella, en la que fué muchas veces 
Guardián y Maestro de Novicios del 
Santuario de Santa Ana; también Defi- 
nidor, y dos veces cabeza superior de su 
Custodia, y como a tal se halló en el Ca- 
pítulo general de Mantua. Fué predica- 
dor célebre, haciendo no pocas conver- 
siones en los reinos de Murcia, Castilla 
la Nueva y Valencia. Murió en Villena 
por los años de 1760. 

Escribió: 

1. «Doctrina regular cristiana y mis- 
tica». 

Libro compuesto para los Novicios, 
siendo Maestro de ellos: manuscrito que 
no imprimió por su mucha humildad, 
habiendo sido rogado varias veces por 
ello. 

2. Tres tomos de Misiones: Manus- 
critos en 4.° 

3. Tres tomos de Cuaresma: Ibidem , 
en 4.° 

4. Un tomo de Panegíricos: Ibidem, 
en 4.° 

Obras que se hallaban en la Librería 
del Convento de San Francisco de Vi- 
llena. 

Fuster: Tom. 2.°, págs. 44 y 45. 

Martínez Silíceo (Don Juan). 

Como por su alto saber y profunda 
ciencia debió, sin duda, ejercer alguna 
influencia en el desarrollo de las letras 



Í26 - 



tnürcianas o en la afición a su cultivo 
durante los cinco años que gobernó la 
silla episcopal de Cartagena, no pode- 
mos menos de consagrarle algunas lí- 
neas, siquiera sean breves, en el pre- 
sente Ensayo. Nació .'por los años de 
1486 en Villagarcía de Extremadura, 
siendo sus padres Juan Martínez Gui- 
jarro y Juana Martínez Muñoz, pobres 
y honrados labradores, que hubieron de 
hacer algunos sacrificios para dedicarle 
a los estudios, en los cuales salió nota- 
blemente aventajado. Por un memorial 
suyo que tuvo presente el Maestro Gil 
González Dávila para escribir su vida, 
sabemos que a la edad de diez y ocho 
años quiso pasar a Roma y que no pudo 
hacerlo por falta de recursos, viéndose 
obligado a detenerse en Valencia, don- 
de sirvió a un buen caballero y trabó 
amistad con un Religioso Dominico lla- 
mado el Padre Pardo, con la ayuda del 
cual, y ya contando con la edad de vein- 
tiún años, marchóse a la capital de 
Francia, en cuya Universidad estudió 
primero, y logró después una Cátedra 
de Artes, siendo trasladado desde ésta 
a la de Salamanca, por los años de 1508. 
Sábese también que en esta última le fué 
encomendada una Cátedra de Filosofía 
Natural, y que, atraído Carlos V por la 
fama de su nombre y la celebridad de 
sus escritos, hubo de elegirle para el 
honroso cargo de Maestro del Príncipe 
don Felipe; educación que tuvo por re- 
compensa la Sede de Cartagena, prime- 
ro (1541), y el Arzobispado de Toledo 
más tarde (1545), recibiendo por fin la 
púrpura cardenalicia en 1556, con acom- 
pañamiento, por cierto, de extraordina- 
rias y solemnes fiestas, por ser el pri- 
mer Arzobispo hecho Cardenal. Bajó al 
sepulcro en 31 de mayo de 1557. 

«Fué Silíceo (dice el señor Picatoste en 
su Biblioteca Científica Española del si- 
glo XVI) un gran filósofo, como demostró 



en sus Comentarios a Aristóteles; un pro- 
fundo matemático y un profesor que supo 
entusiasmar a sus discípulos en favor de 
la ciencia; singular privilegio en que riva- 
lizó con él Jerónimo Muñoz. Por muchos 
años fué un título honroso en la Univer- 
sidad de París el llamarse discípulo de 
Silíceo.» 

Siendo Obispo de Cartagena, rescató 
a muchos cautivos de su diócesis, según 
el referido González Dávila, y donó a su 
Iglesia unos blandones grandes de plata, 
y un aparador de fuentes y piezas ricas 
para cuando sus Obispos dijesen Misa 
de Pontifical. 

Escribió: 

1.° «In Aristotelis Periermenias, 
Priores, Posteriores, Topia et Elen- 
chos». En fol. 

Impresa en París, según Nicolás An- 
tonio, bajo el pseudónimo del Doctor 
Pedernales. 

2.° «Arithmetica Joannis Martini Si- 
licei, theoricen praxinque luculenter 
complexa, innumeris mendarum offi- 
ciis a Thoma Rhaeto haud ita pridem 
accuratissime vindicata.» (Al fin): Ex 
Officina Simonis Colinaei sub solé áureo 
vici Lancti Joannis Bellovacencis men- 
se septembri MDXXVL— En fol. 

Es tercera edición, a la que siguió, 
según Nicolás Antonio, otra de Valen- 
cia, hecha en 1544. La primera fué la de 
París, 1514, por Simón Colineo, y la se- 
gunda, de la misma ciudad, año de 1518. 

3.° «Arte Calculatoria> . Salamanca, 
1520. -En fol. 

Traducción completamente corregida 
y enmendada de la obra que en 1498 pu- 
blicó el inglés Suisset bajo el título: 
Suiseth anglici opus aureum calcula- 
tionum. 

4.° «In Canticum Magnificat>. 

Dedicado, según González Dávila, a 
la Reina María de Inglaterra. 

5.° «loannis Martinii Silicei Archie- 



: 

^ 



- 12^ - 



piscopi Toletani de diuino nomine le- 
sus, per nome te tragram matón signifi- 
cato liber vnus. Cui accessere in oratio- 
nem dominica, salutationemq; Angeli- 
cam, Expositiones duae ab eodem 
autore nunc primum typis excussae.» 
Toleti. M.D.L. (Al fin): Toleti, Excu- 
debat loanes Ferrárius, Anno a Christo 
nato M.D.L. Idibus Nouembris. 

En 8.°— Van dedicados al Emperador Carlos V, al 
Príncipe don Felipe y a la Reina de Bohemia doña 
María. 

6.° «Pro Statuto Toletanae Ec- 
clesiae». 

Defensa hecha a favor del Estatuto 
de limpiesa que hizo e introdujo en 
aquella primada Iglesia en 1547, y fué 
confirmado por los Pontífices Paulo III 
y Paulo IV en 1550. 

7.° «Statuto de la Santa Iglesia de To- 
ledo, primada de las Españas, confirma- 
do por la Santa Silla Apostólica, y por 
los Señores Reyes: con otros recados, 
para su observancia». (Sin lugar ni año.) 

En 4.°— Portada grabada, una hoja de tabla y 39 págs. 

El referido Maestro Gil González Dá- 
vila cita además del mismo Silíceo 
otros dos Tratados, a saber: 

«Uno Sobre el Padre Nuestro, que dedi- 
có al Príncipe don Felipe, y otro en que 
prueba con dos oraciones compuestas de 
palabras que juntamente son latinas y cas- 
tellanas, que la lengua Castellana es más 
allegada a la latina que ninguna otra del 
mundo.» 

Mateo López (limo. Señor Don Juan). 

Natural de la villa de Agreda, en la 
provincia de Soria, Doctor de la Univer- 
sidad de Salamanca, Prepósito general 
de la familia de Padres Clérigos Meno- 
res, y Obispo de Cartagena desde 1742, 
en que fué consagrado por la Santidad 
de Benedicto XIV, hasta 1752, en que le 
alcanzó la muerte a los sesenta y cinco 
años de su edad. 



El día de su aniversario, celebrado etl 
la Iglesia de MM. Agustinas Descalzas 
de Murcia, donde se halla sepultado, 
pronunció en su alabanza una Oración 
Fúnebre el Prior, que por entonces era, 
del Real Convento de Santo Domingo 
de dicha ciudad. Fray Juan de Casano- 
va: sermón notable, por cierto, donde se 
apuntan los principales hechos de la 
vida de nuestro ilustre Obispo; y de él 
tomamos los siguientes párrafos: 

«Tanto se adelantaron las luces de su 
entendimiento, y los lucimientos de su es- 
tudio, que parece los tuvo desde su naci- 
miento. De solos quatro años sabía escribir 
con perfección, pues en aquella edad es- 
cribió una carta a un tío suyo, que si tuvo 
que celebrar su buena letra, tuvo mucho 
más que admirar en la nota. De solos once 
años entró en la siempre ilustre y esclare- 
cida Religión de Clérigos Menores, donde 
le recibieron aquellos Padres con gran 
gusto suyo, porque en aquella edad le 
hallaron ya consumado Grammatico y Re- 
torico.» 

«Puesto ya en la Religión, continuó los 
estudios mayores, pero con tal adelanta- 
miento, que servía de admiración aun a 
los más ancianos. De diez y nueve años le 
hallaron hábil, para que dentro de la Reli- 
gión ya tuviesse discípulos..., ya los vein- 
te y uno ya estaba graduado de doctor en 
la célebre Universidad de Salamanca.» 

«Tuvo perpetua guerra con el ocio; y 
siendo la ociosidad la madre de los vicios, 
estaría siempre en guerra con ellos. Esta 
ogeriza que tuvo con el ocio, bien se ma- 
nifestó quando en el año de Novicio, no 
pudiendo usar de los libros, por accidente 
que le acometió a los ojos, por no estar 
ocioso, se aplicó a la pintura, y de su pin- 
cel y mano existe hoy un Apostolado en- 
tero; pero aliviado de su accidente bolvió 
a los libros.» 

«A los veinte y siete años se hallaba ya 
con el cetro en las manos en el goviemo 
de su Religión... Fué primero Prelado or- 
dinario, ascendió a ser Provincial de la 
Provincia de Castilla y Aragón; de allí 
passó a ser dos veces General de su escla- 
recida familia, dispensándole para la se- 
gunda vez, los intersticios la Santidad de 



- 128 



Benedicto XIV, quien motuproprio, embió 
la dispensación al Capítulo, diciendo a 
aquellos Padres, que sería mucho de su 
agrado el que bolviessen a elegir por su 
General al Padre Juan Matheo. Assi suce- 
dió; y después a influxos e instancias del 
mismo Señor Benedicto XIV, que feliz- 
mente rige y gobierna la Iglesia, ascendió 
a la Mytra y Obispado de Cartagena. > 

«Para todos era afable, a todos oía y re- 
cibía: consolaba al triste, amparaba al des- 
valido, socorría al pobre, alentaba al tivio; 
y por último, era todo para todos, como 
de sí decía el Apóstol San Pablo. Con la 
suavidad de su trato, prudencia y destreza 
en los negocios, arrastraba las voluntades 
de todos, siendo arbitro de los corazones 
de grandes y pequeños, de Papas, de Re- 
yes y Ministros. Apoya esta verdad, la 
Carta, que en forma de Breve, despachó el 
Santissimo ya dicho a la Universidad de 
Salamanca, para que le jubilaran en su 
Cathedra de Escriptura, en la que con las 
voces más honrosas, da a entender el alto 
concepto y mucha estimación que hacía de 
nuestro insigne Prelado. Lo supone de 
alto ingenio, de gran prudencia para los 
más arduos negocios, y utilissimo a aque- 
lla Santa Sede, y para lograr su assistencia 
lo pedía Jubilado: y aun conservando el 
mismo concepto el Santissimo Benedicto, 
quando le dieron la noticia, que havía 
muerto el lUmo. Matheo, exclamó dicien- 
do: Un gran Prelado ha faltado a la 
Iglesia.* 

«No sólo arrastró su prudente y suave 
trato la Corte de Roma, si que aun estan- 
do ausente, supo llevarse la de España; 
pues sabiendo nuestro Catholico Rey don 
Phelipe V, que sería del agrado del Papa, 
y conveniencia del Illmo. Matheo la jubi- 
lación en su Cathedra, se interesó en ella 
con las expresiones del mayor aprecio. Lo 
que más bien lo manifestará el contexto de 
ella, que es como se sigue: El Rey se halla 
informado de que el Papa ha pedido a 
V. S. conceda al Padre Juan Matheo, Ge- 
neral de la Religión de los Padres Clérigos 
Menores la jubilación de la Cathedra que 
ai posee, cuya recomendación de su San- 
tidad, quiere apoyar su Magestad con la 
suya, y me ordena, ponga en noticia de 
V. S. a fin, que procedan, en la inteligen- 
cia de que oirá muy gustoso, el que V. S. 
aya hecho aquella gracia al m.encionado 



General, y estimará el aviso de estar exe- 
cutado. El Marqués de Villarias. (Villa- 
darias).» 

«En la Theologia descolló como elevado 
monte, aun en aquella edad que se podía 
considerar humilde y encogido valle. Ya 
entonces sobresalía tanto, que hacía coro 
con los más altos cedros de la sabiduría 
que se veneran en Salamanca: ya era admi- 
ración en Cathedra y en Pulpito, llevándo- 
se los aplausos en las funciones de mayor 
empeño. Assi se vio en las célebres, que 
se hicieron en Salamanca a la Canoniza- 
ción de San Pío Quinto, que escogidos, 
para el desempeño, los más sabios y vete- 
ranos de aquel Claustro, siendo tan joven, 
hizo coro con todos. ¿Pero qué digo coro? 
Léase el Novenario de Sermones, que está 
impresso; y creo que algunos sentenciarán 
por el Illmo. Señor Matheo; siendo ya en 
aquella edad monte elevado en la contem- 
plación de la sagrada ciencia, que sobre- 
salía, aun entre los de más alta estatura.» 

Como el P. Casanova calla una cir- 
cunstancia muy notable de la vida de 
nuestro Ilustrísimo, diremos nosotros, 
para concluir su biografía, que al ser 
consagrado Obispo de la Santa Iglesia 
de Cartagena en el Real Palacio de 
Roma, fué agraciado por el Papa con el 
nombramiento de Prelado asistente del 
Sacro Solio Pontificio; y también que él 
fué quien empezó la obra, terminada 
después por su sucesor don Diego de 
Rojas y Contreras, del actual magnífico 
Palacio Episcopal de Murcia, en que, 
según parece, hubo de invertir conside- 
rables sumas. Fué también particular- 
mente afecto al entonces celebérrimo 
Colegio de la Purísima, de dicha ciu- 
dad, y, sobre todo, a la Casa de Miseri- 
cordia de la misma, que dotó con el uno 
por ciento anual de todas las rentas de 
su Obispado. 

Mayorga (Don Fr. Diego de). 

Natural de la ciudad de este nombre, 
que él tomó por apellido, sustituyéndo- 
lo al suyo de Bedan, una vez entrado, a 



- 129 - 



la tierna edad de once años, en la Reli- 
gión de Franciscanos Mepores. 

Referentes a este Obispo, trae Gonzá- 
lez Dávila alg-unas especies bastante 
chocantes. En el Teatro de la Iglesia de 
Cartagena, dice: tescribi su vida en el 
Teatro de la Santa Iglesia de Plasen- 
cia, » y en el Teatro de la Iglesia de Pla- 
sencia: ^.escribí su vida en el Teatro de 
la Santa Iglesia de Cartagena, do mu- 
rió..., eto Trázala luego en el de la de 
Badajoz, y en el mismo lugar, después 
de contarnos que estudió la Filosofía en 
el Convento de San Francisco de Toro, 
leyéndola después «en muchos conven- 
tos», que fué graduado «Maestro en la 
Sagrada Teulugia, Guardián en muchos 
monasterios de su Provincia, y última- 
mente Ministro Prouincial della», dice- 
nos que sólo fué Obispo de Cartagena, 
después de haberlo sido de Badajoz, 
hasta el año de 1428, en que «fué pro- 
movido al Obispado de Plasencia, do 
murió, año 1447»; errores notables, pues 
nos consta que en 1438 hacia, en unión 
de su Cabildo de Murcia, unas Consti- 
tuciones para el gobierno de su Iglesia 
Catedral, y asimismo, por decírnoslo su 
sobrino e inmediato sucesor en la silla 
Cartaginense, que no en Plasencia, sino 
en Murcia, fué donde tuvo lugar su fa- 
llecimiento, die Martis, quae computa- 
batur XXII. Maji anni Domini millesi- 
tni quadrigentesimi, quagesimi septimi 
in nocte et requiéscit sepultus ad prae- 
sens in praedicta Ecclesia Beatae Ma- 
riae Majoris Murciae in Capella, quam 
ibifecerat, ut praefertur {\). 

Don Fr. Diego de Mayorga, según 
expresión de su citado sobrino el señor 
Comontes, fué hombre de gran ciencia 
y virtudes; y a su prudente industria 



(I) La de San Francisco y San Antonio de Padua, llama- 
da después de los Capellanes de Número, y últimamente 
convertida en Sacristía de Parroquia, dotada en un princi- 
pio por este Obispo. 



debióse el que la nueva obra de la actual 
Catedral, comenzada por el Obispo Pe- 
drosa, y suspendida luego algún tiem- 
po, volviese a tomar notabilísimo incre- 
mento, merced a la dotación que le apli- 
có de una casa y la quinta parte de los 
diezmos del Cabildo y Parroquias de 
todo el Obispado.— Homo magnaescien- 
tiae et virtutis, per cujus industriam 
circunspectam opus novum praeditae 
Ecclesiae Beatae Mariae Majoris Mur- 
ciae... multimodum reccepisse dignos- 
citur incrementum. — Fué también hom- 
bre de letras; y, según el mismo Obis- 
po, su sucesor, él también fué el prime- 
ro que innovó la regla seguida en los 
oficios divinos, componiendo, de con- 
formidad con la nueva, un misal com- 
pleto, que hasta entonces no había teni- 
do la Iglesia de Cartagena.— //^íc etiam 
tempore suo consuetudinem, sive regu- 
lam Divinorum Officiorum in eadem 
Ecclesia receptam innovavit, et eam de 
novo edidit, et juxta illam novum Mis- 
sale, completum Officium continens, 
quale antea secundum regulam istam 
Carthaginens, confectum non fuerat, e 
novo composuit. 

Fué también autor, según queda di- 
cho, y como antes lo habían sido sus 
antecesores, don Pedro de Peñaranda, 
don Nicolás de Aguilar y don Fernando 
de Pedrosa, de unas Constituciones 
hechas en unión de su Cabildo en 1438 
para el Gobierno de su Iglesia de Mur- 
cia: Constituciones que pasa en silencio 
el señor Baquero Almansa en su erudito 
«Estudio sobre la literatura en Murcia 
desde Alfonso X a los Reyes Católicos», 
sin que podamos nosotros comprender 
el motivo de esta omisión, dado que ya 
en el mismo opúsculo tuvo a bien asig- 
narles una honrosa mención a las de 
los Obispos don Pedro Abad, don Ni- 
colás de Aguilar y don Diego de Co- 
montes. 

9 



- 130 



Véase Constituciones fechas. . . , etc . , 
en nuestra Sección quinta. 



Bastante tiempo después de escrito el 
precedente artículo, Ueg^a a nuestras ma- 
nos el elegante libro de don Pedro Díaz 
Cassou titulado «Serie de los Obispos 
de Cartagena, sus hechos y su tiempo», 
donde al tratar del que nos ocupa, y ale- 
gando en su apoyo el testimonio del 
citado señor Comontes, afírmase que 
nuestro don Diego de Bedán murió en 
1442. Ignoramos cómo haya podido leer 
esta fecha el señor Díaz, porque en el 
ejemplar del Fundamentum que tene- 
mos a la vista, sólo se dice lo que ya de- 
jamos copiado, a saber: Die Martis, 
quae computabatur XXII. Maji anni 
Domini millesimi quadrigentesimi qua- 
dragesimi septimi in nocte obviit. 

Medina (Don Juan de). 

Sabio Obispo de Cartagena desde 
1495 a 1502. 

«Donjuán Ruiz, a quien llamaron de Me- 
dina, porque era natural de Medina del 
Campo, fué uno de aquellos sabios que los 
Reyes Católicos llamaban a sí, no cuidán- 
dose de si era o no ilustre la cuna, a quie- 
nes empleaban en los cargos más difíciles, 
aunque menos brillantes, y a los que en- 
cumbraban rápidamente. Así fué Medina 
sucesivamente prior de la iglesia de Me- 
dina del Campo (1480), abad, prior y canó- 
nigo de Sevilla, inquisidor (de los prime- 
ros que en Castilla hubo), arcediano de 
Almazán, del Consejo de Castilla, en 1485 
embajador en Roma con el conde de Ten- 
dilla, para atajar la guerra entre el Pontí- 
fice y el rey de Ñapóles (ya se había acre- 
ditado en otra embajada a Francia en 1478), 
virrey y gobernador de Castilla durante la 
guerra de Granada, Además, y sucesiva- 
mente, fué Obispo de Astorga, Badajoz, 
Cartagena y Segovia, y al mismo que obis- 
po de Segovia, presidente de la Chancille- 
ría de Valladolid: a tanto llegó el estudian- 
te pobre de San Bartolomé de Salamanca.» 

«Empieza este obispado después de 1494, 



en cuya fecha sigue siéndolo de Badajoz 
don Juan Ruiz, y antes de 21 de octubre 
de 1495, en cuya fecha, Alejandro VI expi- 
dió un Breve al Obispo de Cartagena don 
Juan, para cumplimiento de una bula de 
Inocencio VIII. ...En 1502 fué trasladado a 
la silla de Segovia, y en esta ciudad murió 
en 30 de enero de 1507.» 

El autor de las precedentes líneas y 
erudito escritor murciano don Pedro 
Díaz Cassou, en su «Serie de los Obis- 
pos de Cartagena», dícenos de este Pre- 
lado que fué autor de los Estatutos por 
que se regía el Tribunal del Santo Ofi- 
cio de Murcia; y así, con efecto, es de 
creerlo, supuesto que Gil González Dá- 
vila, tratando del mismo en su Teatro 
de la Iglesia de Segovia, dícenos que él 
fué «uno de los que hizieron las prime- 
ras ordenanzas que tuuo la Inquisición.» 

Miguel (Fr. Juan). 

Padre Franciscano, natural de San 
Esteban del Puerto, hijo de la Obser- 
vante Provincia de Cartagena, y mora- 
dor, durante no escaso tiempo, en los 
Conventos de Caravaca y Murcia, don- 
de desempeñó las Cátedras de Teología 
y Sagrada Escritura, recientemente ter- 
minados sus estudios mayores en el Co- 
legio de San Pedro y San Pablo, de Al- 
calá de Henares. 

Fué, según nos dice el P. Ortega, su- 
jeto de gran talento e ingenio, excelente 
predicador, notable polemista, y varón 
doctísimo, «prompto en el responder, 
profundo en el argüir, y notabilissimo 
en el dificultar», merced a cuyos méri- 
tos, nombróle su Provincia, en Congre- 
gación Capitular tenida en 17 de agosto 
de 1619, y conforme al mandato del en- 
tonces Ministro General Fr. Benigno de 
Genova, para que saliese por ella a re- 
coger todas las memorias de personas 
ilustres, y demás cosas notables que pu- 
dieran conducir a la formación de los 



^ 



- 131 - 



Anales mandados ordenar y recopilar 
por dicho diligentísimo Prelado. Ejecu- 
tólo así el docto P. Miguel, con singular 
acierto, según parece, y grande activi- 
dad, dando por resultado esta Comi- 
sión, el que a poco tiempo de llevarla 
entre manos, dejase trabajada una me- 
moria o crónica completa de dicha Pro- 
vincia: obra que, según conjeturas del 
autor de la impresa tantas veces citada 
en los presentes Estudios, debió ser la 
misma de que se aprovechó el venera- 
ble Wadingo, y se conservaba manus- 
crita en la librería del famoso Colegio 
de San Isidoro de la ciudad de Roma. 

Murió este docto Padre en el conven- 
to de Recoletos de Santa Ana, de la ciu- 
dad de Orihuela, año de 1640. 

MoHAMAD Ben Abdelrahman Algasani 
Aba Abdalla. 

Moro granadino y escritor eruditísi- 
mo. Dejó escritas dos obras: una suma- 
mente docta sobre el Origen del Nilo. 
(De Nili Origine); y otra de Filosofía 
titulada Luminum Haustus, < excelen- 
te entre muchas», según Casiri. 

Suponemos que en Murcia debió resi- 
dir algún tiempo, toda vez que por el 
testimonio del citado arabista, en esta 
ciudad fué donde halló el término de sus 
días. He aquí sus palabras: 

«Granatae ortus anno Egirae 568. interiit 
Murciae die 15 mensis Ramdani, anno 619.» 

Mohamad Ben Ahmad Ben Hassan. 

Aunque nada se nos dice con respecto 
al tiempo en que floreció este moro, per- 
tenece sin duda a una época anterior a 
la segunda mitad del siglo xm y año 656 
de la Hégira, en que sabemos falleció el 
diligente historiador Abu Bakero Alco- 
daeo, que de aquél se ocupó, bien lige- 
ramente por cierto. 

Sólo, pues, nos dice que «nació en la 



Ciudad de Jaén, y que fué profesor de 
Retórica en el pueblo de Beliena (hoy 
Villena, según Lozano), de la jurisdic- 
ción de Murcia». Noticia escasa, como 
decíamos, aunque no insignificante, an- 
tes bien, interesantísima para nosotros, 
en razón a demostrarnos la existencia, 
en dicho pueblo, de una casa de sabidu- 
ría o Academia árabe, que para su honor 
mantuvo. 

Mohamad Ben Ahmad Ben Jarbu. 

Hallámoslo incluido en el Catálogo de 
varones ilustres de Alcoday Ben Alabar, 
contenido en el Códice de la Escurialen- 
se núm. 1670, bajo la forma siguiente: 

«Mohamad... Ben Jarbu, natural de Jaén, 
y residente en el pueblo de Balas, Vélez o 
Balsa, de la jurisdicción de Lorca, donde 
enseñó Gramática y Retórica. » 

* Murió en el año de la Hégira 610, dejan- 
do escritas una excelente obra de Aritmé- 
tica y varias composiciones poéticas. (Edi- 
dit de Ayithmetica, praeclarum. opus, et 
varia carmina.)» 

Casiri: Tom. II, pág. 125. 

Mohamad Ben Giaphar Ben Hamaid Ben 
Maimón Alamavi. 

Nació en un lugar llamado Basila, no 
muy lejos de Valencia, en el año de la 
Hégira 513 (de Cristo 1119). Estudió en 
Sevilla y adquirió tanta reputación, que 
se le confirió el cargo de Presidente de 
la Curia Valentina. Murió en Murcia en 
el año de la Hégira 586 (de Cristo 1190), 
en las vísperas de la feria 7, esto es, en 
la 6.* del día 17 de Gremadi primero. 
(Casiri: Tom. II, pág. 123.) 

Por la conformidad de las fechas del 
nacimiento y muerte de este docto ára- 
be, con las del otro Mohamad Ben Gia- 
phar, que a continuación ponemos, pa- 
recen ser uno mismo, bien que citados 
por Casiri en diferentes páginas. 



~- 152- 



MOHAMAD BeN GiAPHAR BeN KhaLAPH 

Hamid. 

También llamado vulgarmente Abu 
Mohamad Alcorthobi. Nació en Valen- 
cia en el año de la Hégira 513 (de Cris- 
to 1119): varón sapientísimo, insigne 
teólogo, y célebre intérprete del Alco- 
rán: tuvo muchos discípulos y muy 
aprovechados. Escribió: 

1. Dos Comentarios a la Gramática 
del Doctor vulgo Alpharesi. 

2. Tratado de Praepositionibus Al- 
sagiagi. 

Murió en Murcia en el año de la Re- 
girá 586 (de Cristo 1190), en las vísperas 
de la feria 7, día 17 de Gremadi primero. 

Casiri: Tom. II, pág. 82. 

Mohamad Ben Mohamad Alansari. 

También apellidado Al-Zeituni. Céle- 
bre gramático y poeta, nacido en Gra- 
nada, y residente algún tiempo en Mo- 
rus o Morón, pueblecito situado, según 
Lozano, en el antiguo reino de Murcia 
y a corta distancia de la ciudad de Lor- 
ca, en donde murió, día 22 de Scheval 
del año 598 de la Hégira, o sea en el 
de 1201 de Jesucristo. 

Casiri: Bibl. Escur., tom. II, pág. 123. 
Lozano: Bastitania y Contestania, Di- 
sertaciones 2.^ y 7.^, págs. 71 y 246 res- 
pectivamente. 

Mohamad Ben Solimán Ben Abdelazis 
Alsalami. 

Cítalo el valenciano Ben Alabar en su 
Catálogo de autores ilustres, contenido 
en el tantas veces mencionado Códice 
de la Escurialense núm. 1670, en la si- 
guiente forma: 

«Mohamad... Alsalami, natural de Játi- 
va, varón eruditísimo en Aritmética y 
Geometría. Ejerció el gobierno del pueblo 
de Elche en el Reino de Murcia, donde 



murió, según se dice, en el día 23 de Rageb 
del año 612 de la Hégira.» 

Casiri: Tom. II, pág. 125. 
MoNCADA (Fr. Buenaventura de). 

Traducimos sus rasgos biográficos de 
Fray Juan de San Antonio, quien, ha- 
blando de él en su Biblioteca Francis- 
cana, dice: 

«Religioso Capuchino de la Provincia de 
Valencia. Varón de virtudes beneméritas; 
adornado con las preclaras dotes de la na- 
turaleza y de la gracia; muy notado en su 
tiempo como teólogo erudito y de felicísi- 
mo ingenio. Fué elegido por unanimidad 
de votos para Definidor y Ministro Provin- 
cial; y de tal manera, en todos sus cargos, 
hubo de portarse, que a su ejemplo y doc- 
trina, lograron muchos alzarse al pináculo 
de la ciencia. Brilló especialmente, con 
notable fama de ejemplaridad, en la ciu- 
dad de Murcia por los años de 1627 y a los 
cuarenta y seis de su edad (1). Para ins- 
trucción en el culto de la santa piedad, 
escribió y dio a la luz pública: 

\° «Sermonem de B. Teresia Virgi- 
ne».— Valentiae, 1623. 

2.*^ «Sermonem alterum de B. Isidoro 
Agrícola».— Valentiae, 1623, 

MoNREAL (Fr. Juan de). 

Franciscano Descalzo de la Provincia 
de San Pedro Alcántara, de los reinos 
de Granada y Murcia. Hallándose mo- 
rador en el Convento de San Diego de 
esta ciudad, escribió y dio a la luz pú- 
blica: 

«Vida de la V. Virgen María de la 
Xara».— Murcia, 1724.— En 4.° 

Montes (limo. Señor Don Tomás José de). 

Inmediato sucesor del Eminentísimo 
Cardenal Belluga en la silla de Cartage- 



(1) Se nos ocurre el pensar si acaso con el tClartut 
exemplaritatis notaMurciae... etc.i, empleado aqui por el 
citado bibliógrafo, quiso éste significar la muerte de nues- 
tro Fr. Buenaventura; pero no hemos querido traducirlo 
asi en el texto, porque de ningún modo el verbo Clareo, ni 
recta ni metafóricamente tiene esta acepción. 



- 133 



na, cuya Iglesia gobernó desde últimos 
de 1724 a 1741, habiendo sido antes Ca- 
nónigo y Abad del Sacro Monte de Gra- 
nada, Canónigo de la insigne Basílica 
de San Juan de Letrán, Arzobispo de 
Selencia, Prelado Doméstico asistente 
del Sacro Pontificio Solio, Consultor de 
las Sagradas Congregaciones del índi- 
ce. Ritos y General Inquisición, y Obis- 
po de Oviedo, de donde fué trasladado 
a la referida diócesis de Cartagena en 1 1 
de septiembre del primero de dichos 
años, bien que no empezara a ejercer su 
nuevo cargo hasta el 23 de diciembre 
siguiente, en que hizo su solemne entra- 
da en Murcia, prestando el acostumbra- 
do juramento en la Puerta de los Per- 
dones de su Catedral. Murió en su Pa- 
lacio episcopal de dicha ciudad en 11 de 
diciembre de 1741; y fué sepultado en el 
siguiente en el Convento de Madres Ca- 
puchinas de la misma. 

Por lo que hace a sus escritos, no más 
hasta ahora conocemos de él, que un 
Memorial (dirigido al Rey) sobre las 
controversias antiguas entre su Digni- 
dad Episcopal, y la Parte del Orden de 
Santiago en las cinco Vicarías sitas en 
su diócesi; y las nuevamente suscitadas 
en las de Caravaca y Moratalla: y al- 
gunos edictos o cartas pastorales sobre 
reforma de costumbres y enseñanza de 
Doctrina Cristiana. 

Véase Montes (Don Tomás José) en 
nuestra Sección de Impresos en Murcia. 

MoNTOYA (P. Alfonso). 

Jesuíta. Natural de Ocaña. Enseñó la 
Teología Moral con grande aplauso y 
fruto en los Colegios de Murcia y de 
Madrid. Murió en el de Salamanca, sien- 
do Vice-Provincial de la Provincia de 
Castilla, a la edad de cincuenta y seis 
años y en el de 1590. Dejó manuscrito 
un docto tratado con el título: 

De Votis Societatis. 



Moya (P. Mateo de). 

Sacerdote Jesuíta, natural de El Mo- 
ral, en Castilla la Nueva, y residente 
por algunos años en el Colegio de la 
Compañía, de la ciudad de Murcia, don- 
de enseñó Teología, después de haberlo 
hecho en los de Alcalá de Henares y 
Madrid. Estando en Alcalá, según nos 
refiere don Nicolás Antonio, puso algu- 
nos reparos a ciertos artículos sobre 
doctrina de costumbres, en los cuales se 
desviaba de las antiguas opiniones y 
rigor estricto de los Doctores de la Com- 
pañía, y como abrigase luego algunos 
escrúpulos respecto a si por ello pudiera 
relajarse el buen gobierno de su Reli- 
gión, tomando el nombre de Amadaei 
Guimenii Somarensis, compuso una 
obra, llena de satisfacciones, en defensa 
de la doctrina antigua de sus colegas, 
de la que se muestra siempre acérrimo 
partidario, y a la que tituló: 

«Adversus quorumdam expostulacio- 
nes contra nonnullas lesuitarum opinio- 
nes morales». Bambergae (Pannormi, 
según otros). Apud Nicolaum Búa. 1657. 

En 4.*— Después en Valencia, en León y en Madrid 
sucesivamente. 

Compuso además: 

«Selectas Questiones ex praecipuis 
Theologiae moralis Tractatibus. De Opi- 
nione probabili. De Religione, De Paeni- 
tentia. De alus Sacramentis. De Cen- 
suris et ex alus miscellaneas». Matriti. 
Ex Typographia Regia. 1670. 

En folio. 

Muñoz de Hinojosa (Donjuán). 

Obispo de Cartagena por los años 
de 1315 y siguientes. En las notas de 
Pérez Bayer a la Bibliotheca Vetus de 
don Nicolás Antonio, hallamos de él la 
siguiente noticia literaria: 

«loannem Episcopum Cartaginensem 
cuius extant Constitutiones in Synodo 



134 



Dioecesana Carthaginensi Murciae celé- 
brala XVI Cal. Decembris MCCCXXX. in 
Códice Escurialensi Lit. I. Plut. 11. n. 9.» 

Pero es sin duda una equivocación de 
fecha, debiendo leerse 1320 en lugar 
de 1330. La razón es porque en este año 
se hallaba todavía Obispo de Cartagena 
don Pedro Barroso, quien sucedió en 
esta dignidad a nuestro don Juan, único 
Prelado cartaginés, de este nombre, en 
todo el siglo XIV. Si el señor Baquero 
hubiera en esto parado mientes, de se- 
guro no hubiera caído en este error, des- 
apercibido por Bayer, o lo hubiese en- 
mendado, en su excelente obrita sobre 
La literatura en Murcia desde Alfon- 
sea X a los Reyes Católicos. 

Cáscales y Gil González Dávila, ha- 
blando de este Prelado, dicen que murió 
en 1315; pero es también error manifies- 
to, que sólo pudo haber nacido de con- 
fundir el año de su exaltación a la silla 
de Cartagena con el de su muerte. Y 



digo error manifiesto, porque entre los 
privilegios concedidos por Alfonso XI 
al Cabildo e Iglesia de Murcia, existen 
dos expedidos a favor de nuestro Obis- 
po donjuán, uno fechado en la era de 
1354 y otro en la de 1364, o sea en los 
años de 1316 y 1326; y en 1320, además, 
vérnosle formando un Estatuto para su 
dicha Iglesia; documentos todos que, 
originales o en copia autorizada, se con- 
servan en el Archivo de la misma, y que 
Cáscales pudo examinar. Por manera 
que, a no referirse Pérez Bayer a un don 
Juan, Obispo de Cartagena, desconocido 
hasta ahora de todos, a nuestro donjuán 
Muñoz, seguramente, es a quien debe 
atribuirse las referidas Constituciones 
hechas en 1320, o sea cinco años después 
en que lo dan por muerto los susodi- 
chos Cáscales y González Dávila. 

Véanse, en prueba de lo dicho, en 
nuestra Sección de Manuscritos las vo- 
ces Alfonso XI y Estatuto. 




N 



Naja (P. Martín de la). 

Jesuíta. «Nació en Zaragoza de fami- 
lia ilustre, el 1.° de enero de 1606. En 26 
de junio de 1625 fué admitido en aquella 
Religión, donde siguió los estudios y un 
tenor de vida de grande edificación. Su 
instrucción en las ciencias propias de su 
Instituto fué cabal y exacta, como las 
funciones que tuvo en la Oratoria Sa- 
grada, y lo mismo aconteció en las su- 
perioridades que ejerció de Rector de 
los Colegios de Calatayud y de Zarago- 
za, y de penitenciario en la Santa Casa 
de Loreto. Murió en dicho Colegio de 
Zaragoza el 5 de octubre de 1696.» 

Así en Latassa. No sabemos positiva- 
mente si el P. Naja residió algún tiem- 
po en Murcia; pero lo suponemos funda- 
dísimamente al verle publicar la prime- 
ra edición de una de sus obras en esta 
ciudad, pues no es dable creer que así 
lo hiciese no habitando en ella, o, lo que 
aún es menos verosímil, residiendo en 
Zaragoza; ciudad que, como es sabido, 
es una de las que más distinguido papel 
representan en la historia de nuestra 
Imprenta. 

Véase este autor en nuestra Sección 
de Impresos en Murcia. 

Navarro (P. Joaquín). 

Religioso de la Compañía de Jesús. 
Ignoramos si es murciano, pero sí nos 



consta que en Murcia hubo de permane- 
cer algún tiempo, regentando la Cáte- 
dra de Prima en el Colegio de San Es- 
teban, de dicha ciudad, y que floreció a 
mediados del pasado siglo con fama de 
excelente orador. 

Dio a la luz pública, que hasta ahora 
sepamos: 

1.° «Sermón, que en la solemne fies- 
ta, con que celebraron la Canonización 
de Santa Cathalina de Riccis sus Hijas, 
y Hermanas Religiosas Dominicas del 
Religiosissimo Convento de Santa Ana 
de la siete veces coronada Ciudad de 
Murcia, Predicó el Rmo. P. M. Joachin 
Navarro, de la Compañía de Jesús, Ca- 
thedratico de Prima en el Colegio de 
San Esteban de la misma Ciudad. Sa- 
canle a luz, por muestras, aunque pe- 
queñas, para las que desean dar de su 
grande afecto a la Compañía de Jesús, 
el Marqués de Beniel, don Pedro Corva- 
ri, don Alexo de Molina, don García Ba- 
rrionuevo, don Francisco Xavier de Mo- 
lina, don Diego de Molina, y don Luis 
Barrio-Nuevo.» Con licencia. En Ma- 
drid. En la Oficina de Antonio Marín. 
Año de 1748. 

En 4.°— 32 págs., más 18 hojas de principios sin nume- 
rar. Signs. ('>') B-72.— Portada.— V. en b.— Dedicatoria 
a San Ignacio de Loyola, suscrita por los editores. 
—Censura del M. R. P. Gaspar Varona.- Licencia del 
Concejo, al autor por una vez.— Aprobación del Lie. 
Don José Merino.— Licencia del Ordinario.— Aprobación 
supernumeraria del Colegio de la Concepción de la ciu- 
dad de Murcia.— Octava en alabanza de dicho Colegio. 
—Texto.— Versos laudatorios. 



- 136 - 



2.° «Sermón que en el día último de 
la Octava de Fiestas de Canonización de 
San Fidel de Sigmaringa y S. Joseph de 
Leonisa... predicó el R. P. Joachin Na- 
varro.» En Murcia: En la Imprenta de 
Nicolás Villargordo Alcaraz. (S. a.). 

En 4.° 

3° «Novena de la Protectora de Im- 
posibles Santa Rita de Casia...» Com- 
puesta por el M. R. P. M. Joaquín Na- 
varro. En Murcia, en la Imprenta de los 
Herederos de Teruel. (S. a.). 

En 8.° 

Véase este mismo autor en nuestra 
Sección de Impresos en Murcia. 

Nieves y Avendaño (Fr. José). 

Religioso Minorita de la Provincia de 
Cartagena, natural de Honrubia, donde 
nació en 1682, y morador, durante va- 
rias y largas temporadas (las postreras 
de su vida, principalmente), en el Cole- 
gio Seminario de Cehegín. 

Dedicóse, después de terminados sus 
estudios de Artes y Teología, al penoso 
y delicado ministerio de la predicación 
apostólica; y hubo de desempeñarlo con 
tan singular acierto y provechosos fru- 
tos, así en algunos lugares de su referi- 
da Provincia, como en otros varios de 
las de Madrid, la Alcarria, Andalucía y 
Valencia, que mereció muy pronto el 
ser nombrado Vice-Comisario General 
de todos los Colegios de Misiones de la 
nación española; ocasión por la cual, 
acertando a pasar de visita por el céle- 
bre de la susodicha villa de Cehegín, y 
prendándose de la hermosura, amenidad 
y quietud placentera del sitio, determi- 
nóse a trasladar allí su habitual residen- 
cia y pasar el resto de su vida. Por cau- 
sa, sin embargo, de las atenciones pro- 
pias de su empleo, vino a hallar el tér- 



mino de sus días en la ciudad de Huete, 
día 27 de enero de 1732. 

Por los discursos que hemos leído su- 
yos, y que por cierto poseemos, no juz- 
gamos aventurado decir que fué un pre- 
dicador muy digno del prestigio que 
logró alcanzar su nombre; y a ser mere- 
cida la alabanza que le dedica el P. Or- 
tega respecto a que «habíale Dios con- 
cedido las prendas que se celebran y 
pueden desearse para el Apostólico Mi- 
nisterio, en vos, accionado, selo y mo- 
ción^, casi nos atreveríamos a pensar 
que fué un orador perfecto. Dejó escri- 
tas dos obras. Primera: 

«Escuela de Christo». De que, por 
haber quedado inédita, nos ocuparemos 
en nuestra Sección de Manuscritos. 

Y segunda: 

«Platicas Doctrinales, y Discursos 
Morales, sobre todo el Texto de la Doc- 
trina Christiana. Catecismo manual, 
concionatorio de Señores Curas, y Pa- 
dres de almas». Su Autor Fr. Joseph de 
Nieves Avendaño, del Orden de N. S. 
P. S. Francisco, Hijo de la Provincia 
de Carthagena, Predicador Apostólico, 
en el Colegio de S. Antonio de la Ciu- 
dad Arcos de la Frontera, Provincia de 
Andalucía. Que en nombre de su Cole- 
gio dedica al Excelentissimo Señor Don 
Diego de Astorga y Céspedes, Arzobis- 
po de Toledo, Primado de las Españas, 
y Chanciller Mayor de Castilla, &c. Con 
Privilegio. En Madrid: Por la Viuda de 
Juan García Inf angón. Año de 1724. 

En 4.°— 524 págs., con 26 más de principios sin nume- 
rar.— Signs.: ('V) A-Kk 4.— Portada.— V. en b.— Dedi- 
catoria.— Aprobación del P. Fr. Bernardino Ximénez.— 
Otra del P. Fr. Juan Antonio de Prado.— Licencia de la 
Orden.— Censura del P. Don Isidro Antonio de Salinas. 
Licencia del Ordinario.— Aprobación del P. Fr. Juan 
Blázquez del Vareo.— Suma del privilegio, por diez años. 
Fee de Erratas.- Suma de la Tasa.— Prólogo al lector. 
Tabla de las Pláticas y Discursos, que se contienen en 
este libro.— Texto. (En los finales): cBreve Relación del 
prodigioso sudor que tuvo vna cara de Dios en estos días, 
en la yill» de Hpnrubia.»— índice de las cosas notables. 




o 



Obaidalla Ben Omar Ben Hescham Al- 
hadhrami. 

Ilustre moro de la primera mitad del 
sig-lo XII, nacido en Córdoba, y residen- 
te en Murcia por algún tiempo, en cuya 
ciudad enseñó las bellas artes de la poe- 
sía y elocuencia, haciéndolo después en 
Almería y en Marruecos, y hallando, ai 
fin, el término de sus días en Sevilla, 
año de la Hégira 550. 

Fué, seg-ún Casiri, orador y poeta cla- 
rísimo entre los más señalados, y dejó 
escritas varias obras filológicas, cuyo 
catálogo trae Alcoday Ben Alabar en su 
Códice núm. 1670 de la Biblioteca Escu- 
rialense. (Illius operum de rebus ad 
Philologiam pertinentibus nos tro in 
códice occurrit Index.) 

OcAÑA (Dr. Don Luis de). 

Natural de Orihuela, hijo del noble 
murciano don Luis de Ocaña, y avecin- 
dado en Murcia casi toda su vida. Poco 
sabemos de él, no diciéndonos Cáscales 
otra cosa, sino que fué Asesor de Bayle 
general en la ciudad de su nacimiento, 
y Familiar del Santo Oficio de la Inqui- 
sición de Murcia desde 1601 en adelante; 
que casó con doña Isabel Girona, en la 
cual hubo tres hijos; y que tuvo un plei- 
to de hidalguía, en que probó ser hijo- 
dalgo y descendiente de hijosdalgo, ga- 
nando ejecutoria de tal en 1608. 



Luego añade: 

«Después de haber sido favorecido con 
^ muchas favorables cartas de sus Magesta- 
des del Rey don Phelipe Segundo y Ter- 
cero; últimamente, el Rey nuestro Señor, 
por su Real carta de quince de diciem- 
bre del año de 1611, le ordenó y mandó 
imprimiese todos los Capítulos con que se 
arriendan sus derechos Reales, que tiene 
en la Baylia general de Origüela, y que les 
hiciese declaraciones, las guales valiesen 
por Leyes, y de allí adelante se observa- 
sen» (1). 

Ortega (Fr. Pablo Manuel de). 

Aunque no nacido este insigne Fran- 
ciscano y erudito escritor dentro de la 
región de Murcia, debe considerársele 
como a verdadero murciano, según lo 
hacemos con otros acreedores a ello, por 
muchos títulos. Aquí enseñó el P. Orte- 
ga, y tal vez aprendió, la Filosofía y las 
Artes; aquí trabajó y escribió sus apre- 
ciables obras históricas, biográficas y 
geográficas, referentes casi todas a 
asuntos de este reino; y aquí entre nos- 
otros vivió la friolera de cincuenta y 
tres años, bien que con algunas intermi- 
siones, o sea, desde 1710, en que ya se 
hallaba en esta provincia, hasta 1763, en 
que dejó de existir en su Convento de 
Muía. 



(1) Cfr. Ensayo biográfico bibliográfico de escritores de 
Alicante y su provincia, por Manuel Rico García y Adal- 
miro Montero y Pérez.— (Alicante, Reus, 1888), tomo I, pá- 
ginas 37-38. (N. del e.) 



138 - 



«Conozco a Muía (nos dice él mismo en 
su descripción de esta villa) desde el año 
de 1710, y he asistido aquí por espacio de 
30 años, aunque con algunas interpolacio- 
nes; y tengo advertido y experimentado, 
q. en aquellos primeros años havía algu- 
nas casas muy ricas, y muy pocos pobres; 
pero al presente, q. es el de 1759, quando 
esto se limpiaí(lo hacía en la misma villa 
de Muía), dudo que haya en España otro 
de tantos pobres.» 

Las interpolaciones, de que aquí ha- 
bla, refiérense, sin duda, al tiempo, que 
no fué poco, en que estuvo de morador 
en el Convento de San Francisco de 
Murcia, y también en el de Lorca. 

A él mismo también debemos parte 
de las pocas noticias que tenemos sobre 
su vida. Nació en la villa de Onrubia, 
en el Obispado de Cuenca, de honrada 
y noble familia. Leyó Artes y Filosofía 
en su referido Convento de Muía, sir- 
viéndole de texto unas doctas y bien 
trazadas Lecciones Filosóficas, funda- 
mentadas en las de Fr. Ginés de Quesa- 
da, que escribió, o mejor, dictó a su 
discípulo don Pedro Antonio Quadrado 
y Anduga, y aún se conservan manus- 
critas en poder del ilustrado musleño 
don Pedro Martínez Villalta. Obtuvo 
dos veces, por oposición, una Cátedra 
de Teología, y no la admitió por hallar- 
se entonces consagrado al trabajo de su 
célebre Crónica de la Provincia de Car- 
tagena, para cuyo fin fué nombrado 
Cronista de la misma en el Capítulo de 
su Orden de la Regular Observancia, 
celebrado el 15 de diciembre de 1731, 
dándose el grado y goce de Definidor 
en 1742. 

Viajó, según parece, el P. Ortega, al- 
gunos años, por muchos de los pueblos 
que componían esta dilatada Provincia, 
principalmente por los de Murcia, dete- 
niéndose en los más importantes, y es- 
tudiando sus monumentos, blasones, 
archivos, edificios notables, inscripcio- 



nes, medallas y demás antigüedades, al 
intento, no sólo de ilustrar su mencio- 
nada Crónica, si que también de escri- 
bir, como escribió, y aún en parte se 
conserva manuscrita, una Total Geogra- 
fía de dicha su Provincia Observante. 
He aquí lo que nos refiere a este pro- 
pósito el P. Fr. Leandro Soler en su 
Cartagena de España Ilustrada, parte 
1.% pág. 73. 

«El R. P. Fr. Pablo Manuel Ortega, Lec- 
tor de Filosofía, Ex-Difinidor y Cronista 
de la Provincia de Cartagena de la Regu- 
lar Observancia de N. P. S. Francisco, 
quien dio al público una breve Disertación 
sobre la Lápida de la Victoria, que se con- 
serva en dicha ciudad, para trabajar con 
el mayor acierto la obra, de la que da no- 
ticia en la Disertación citada, cuyo título 
es: Descripción Corogrdfica del sitio que 
ocupa la Provincia Regular de S. Fran- 
cisco de Cartagena, &c. tenía premeditado 
registrar con sus mismos ojos todo el sue- 
lo dilatado de dicha Provincia, para ente- 
rarse a toda su satisfacción de quantos mo- 
numentos de la antigüedad pudiese descu- 
brir entre ruinas y despojos del tiempo. 
Con este zelo el año de 1755, pasó a Carta- 
gena; y no dexando plaza, calles, edificios, 
ni rincón que no registrase, descubrió 
hasta 27 Lápidas: de las que da en los có- 
dices que tengo, la más ajustada y prolixa 
noticia; notando la calidad de la piedra, su 
color, magnitud, figura y sitio; estado en 
que se hallan, o bien enteras, o bien que- 
bradas y defectuosas: y sobre todo nos da 
una fidelísima copia en dicciones, cifras, 
caracteres, puntuación, y ortografía de sus 
inscripciones, descifrándolas, o ilustrán- 
dolas con su genuí na explicación al mismo 
tiempo.» 

No sabemos si el P. Ortega dejaría 
acabada esta obra magna, aunque lo 
presumimos, sobre todo por lo que res- 
pecta a toda la región murciana, su- 
puesto que en 1750, año en que terminó 
su Crónica, nos dice él mismo tener ya 
sus manuscritos en buen estado para 
ver la lus pública; y sabido es que to- 
davía sobrevivió a aquella fecha el tiem- 



139 



po de trece años, al final de los cuales 
le alcanzó la muerte en su mencionado 
Convento de Muía, como dicho queda, 
a 25 de junio de 1763 (1). 

Oigamos ahora de su propia boca las 
noticias referentes a sus producciones: 
«Tiene dadas al público (dice en la Par- 
te 3.^ de su citada Crónica) las obras si- 
g^uientes: 

1. «Una Noticia Histórica de los su- 
dores de la Santa Cara de Dios de la 
Villa de Honrubia>, impresa en octa- 
vo, y en la Ciudad de Murcia, el año 
1725. 

2. «Un tomo en quarto, impreso en 
la misma ciudad de Murcia el año 1736, 
de la Vida de la Ven. Madre y gran 
Sierva del Señor Sor Mariana de Santa 
Clara, fundadora del Real Monasterio 
de Descalzas de Santa Clara, de la Villa 
de Muía.» 

3. «La Chronica de esta Provincia, 
Parte I en folio, impresa en la misma 
ciudad, el año 1740. Parte II de la mis- 
ma Chronica, en folio, y también im- 
presa en Murcia, el año de 1746.» 

4. «Un tomo en octavo: Vida del 
Ven. P. y Doctor Subtil Fr. Juan Dun- 
sio Escoto, impreso el año de 1748, en 
la misma Ciudad. Últimamente, esta 3.^ 
Parte de la Chronica, en que se lleva 
con los sucessos de la Provincia hasta 
el año de 1750.» 

«Tiene algunas obras manuscritas en 
buen estado para ver la luz pública. 
Pero la pobreza franciscana detiene o 
impide su salida.» 

Las obras de que aquí habla, fuera 
del Tratado de Filosofía ya menciona- 



(1) Muñoz y Romero: Dice, bibligr. Hist., pág. 98. Tal 
vez dé equivocada esta fecha, en lugar de la cual deba leer- 
se 1765. Decírnoslo, porque, como más adelante se verá en 
el texto, hay autores, como Mayans y Sisear, que dan la 
referida Disertación sobre la Lápida de la Victoria, como 
publicada por el mismo P. Ortega en 1764; aunque bien 
puede ser también que se publicase después de muerto, 
hablándose, no obstante de él en la portada, como de perso- 
na viva. 



do, refiérense indudablemente a una 
sola, que el P. Ortega tituló: 

5. «Descripción Chorographica del 
sitio que ocupa la Provincia Regular de 
Carthagena de mi P. S. Francisco; en 
donde se trata de sus Ciudades, Villas 
3'^ Lugares, con todos sus Blasones, 
Tymbres, Grandezas, curiosidades, y 
demás cosas pertenecientes a una total 
Geographia.» 

Obra de que formaban parte las varias 
Descripciones históricas y geográficas, 
que se conservan manuscritas de este 
autor, sobre Cartagena, Cehegín, Muía 
y Librilla; y otras que yacen perdidas, 
como la de Murcia, por ejemplo, que 
indudablemente debió este Cronista, por 
ser la principal ciudad de todas las com- 
prendidas en dicha Regular Provincia. 
Así también lo siente el señor Muñoz y 
Romero, quien, desde luego, atribuye a 
nuestro P. Ortega una Descripción (ms.) 
sobre las antigüedades de Murcia, bien 
que no sea cierto el testimonio que alega 
en favor de la existencia de semejante 
obra. Dice hallarla citada en la pági- 
na VII del prólogo de las Tablas poéti- 
cas de Cáscales, en la edición de San- 
cha, y esto no es verdad; porque lo que 
allí se cita, o por mejor decir, a lo que 
allí se alude, es a la ya referida Diser- 
tación sobre la Lápida de la Victoria de 
Cartagena, que el P. Ortega (dice el 
prologuista) imprimió en Murcia en 
1764 (1), y de que nosotros no hacemos 
mención aparte, por pertenecer, como 
pertenece, a la Descripción o Historia 
breve de la-Ciudad de Cartagena, de que 
hablaremos en nuestra Sección de Ma- 
nuscritos. 

La susodicha Crónica de la Provincia 
de Cartagena, es, sin disputa alguna, la 
más importante de todas estas obras, y 



(1) Siempre he tenido como a verdadero autor de este 
prólogo, o por lo menos, de sus especies eruditas, al célebre 
don Gregorio Mayans y Sisear. 



- 140 



la mejor también de cuantas conocemos 
de igual género. Adolece, es verdad, 
como todas las de su clase, de pesadez 
extremada y de prolijidad enfadosa en 
muchos de sus lugares, por la minucio- 
sidad de detalles a que desciende su 
abundante y difuso texto, no solamente 
al tratar de Prelados y hombres insignes 
en virtud o sabiduría, si que también 
aun hablando de bien insignificantes 
hechos y personas; pero en cambio está 
llena de preciosas e interesantes noticias 
sobre fundaciones de Conventos, Igle- 
sias, Santuarios, Monasterios, Semina- 
rios, Bibliotecas, Colegios, etc., etc.; así 
como también, sobre la vida y obras de 
los claros varones pertenecientes al Or- 
den de Franciscanos Menores de dicha 
Regular Observancia, no faltándole tam- 
poco una acertada y oportuna crítica en 
aquellos pasajes en que lo exige la mate- 
ria. Ella es, en fin, la que mayor y más 
justa celebridad ha dado a su autor; 
quien, por su medio, prestó indudable- 
mente un gran servicio a las letras mur- 
cianas; y ella es una de las que más co- 
piosos materiales nos han proporciona- 
do a nosotros para la composición del 
presente trabajo, según habrá podido 
notarse en todo su trascurso. 

El P. Ortega, pues, uno de los escri- 
tores de fuera que más buenos servicios 
han prestado a los de dentro; que más 
se han ocupado, y con mayor cuidado, 
celo y diligencia, de nuestros hechos, de 
nuestras pasadas grandezas, de nuestras 
glorias patrias y de nuestros grandes 
hombres, dignos por algún concepto, de 
nuestro recuerdo; siendo acreedor, por 
ello, al agradecimiento y estimación de 
todos los buenos murcianos. 

Por lo que respecta ahora a las rese- 
ñas bibliográficas de sus obras, véase 
nuestro Catálogo de Impresos en Murcia. 



Ortega y Carrillo (Luis Salvador de). 

Padre Jesuíta, cuya patria ignoramos, 
sabiendo de él únicamente que fué Maes- 
tro y Predicador en el Colegio de San 
Estevan de la Compañía de Jesús de la 
ciudad de Murcia, habiendo florecido en 
el primer tercio del siglo xviii. Hallá- 
mosle alabado en el librito de festejos, 
a que más adelante nos remitimos, con 
las siguientes palabras: 

€.,. R. P. Luis Salvador de Ortega y Ca- 
rrillo, Predicador dignissimo del Colegio 
de San Estevan; y aunque se da a la estam- 
pa, quanto la atención pudo fiar a la me- 
moria, no alcanzan los moldes a estampar 
en el papel las grandes prendas de su 
acreditado talento.» 

De él conocemos una Oración Pane- 
gírica a las glorias del B. Juan Fran- 
cisco Regis, no desprovista de correcto 
lenguaje y de algunos recomendables 
méritos. 

Véase en nuestro Catálogo de Impre- 
sos en Murcia la «Relación de las sagra- 
das solemnes fiestas con que se han ce- 
lebrado en la ciudad de Murcia..., etc.». 

OsTOLAZA (Don Blas Gregorio de). 

Ignoramos el pueblo de su naturaleza, 
y sólo de él sabemos que durante los 
primeros años del presente siglo ejerció 
el cargo de Deán en la Catedral de Mur- 
cia; que fué Confesor honorario de Fer- 
nando VII y su Capellán de honor con 
los títulos de Penitenciario de la Real 
Capilla, Predicador supernumerario, y 
Caballero Comendador de la Real Orden 
de Isabel la Católica, de la Condecora- 
ción de Valenzay y de la Flor de Lis. 

Dejó escritos varios Sermones, que 
hubo de predicar, así en Murcia, como 
en Valencia, Madrid y Cádiz. De ellos 
conocemos: 

Uno sobre La Feria Quarta de la Do- 
minica de Pasión, predicado en presen- 



- 141 - 



cia de S. M. y A A. Otro De la Purísima 
Concepción, predicado por el año 15 en 
la Ig-lesia del mismo nombre de la ciu- 
dad de Murcia. Otro De San Josef, pre- 
dicado en la Catedral de dicha ciudad; 
y otro De Dolores, predicado también 
en la misma Ig^lesia. Todos cuatro im- 
presos en Murcia por los Herederos de 
Muñiz. 

También le conocemos como autor de 
una Novena al Sagrado Corazón de Je- 
súSy impresa por los mismos Herederos. 

Véase Ostolaza en nuestro Catálogo 
de Impresos en Murcia (1). 



(1) Además de las obras aquí citadas, conocemos de Os- 
tolaza las publicaciones siguientes: 

—«Sermón patriótico-moral que con motivo de una Misa 
solemne mandada celebrar... en la Iglesia de los RR. PP. 
Carmelitas de esta Ciudad, por los españoles emigrados de 
los países ocupados por el enemigo común, dixo el Doctor 
don Blas Ostolaza». — Valencia, Benito Monfort, 1811. 

Port. + 1 h. sin fol. + 64 págs. 4.° 

Desde la pág. 36 se insertan interesantísimas notas histó- 
ricas referentes a la guerra de la Independencia. 

—«Discurso que en presencia de S. M. y AA. dixo en la 
Real Capilla el domingo 3.° de Adviento el Doctor don 
Blas Ostolaza».— Madrid, Miguel de Burgos, 1814.— 31 págs. 
20 eras. 8.» mlla. 

—«Verdadera Filosofía | del Alma | o | Diario de Medita- 
ciones I para todos los dias | del mes, | Compuesto | por el 
Doct. D. Blas Ostolaza, | capellán y confesor de S. M. y de 
S. A. I el Seftor Infante Don Carlos, | a quien lo dedi- 
ca».: I En Valen(;ay a 31 de Julio | Afto de 1808— Madrid | 
Imprenta de la Compañía. | Por su Regente Juan Josef Si- 
guenza y Vera. I ISlá. 

En 8.0-XVI + 184 págs. 

—«Sermón | predicado el 21 de Diciembre | de 1814... | en 
acción de gracias por el regreso de S. M. y AA...».— Ma- 
drid [1814]. Por Don Francisco Martínez Dávila | Impresor 
de Cámara de S. M.— En 8.°— 80 págs. 

Port.— V. en bl.— Texto.— Notas relativas al Sermón. 

— «Sermón | que en la misa solemne | que á invitación 
del señor | Comandante de las Armas | el brigadier D. Ma- 
nuel Montesinos, | y demás gefes, y oñciales i de los Cuer- 
pos de la Guarnición de esta capital, | y los voluntarios 
realistas | Hizo celebrar el limo. Sr. Dean y Cabildo de 
esta I Sta. Iglesia en el dia 7 de Julio del presente, | en ac- 
ción de gracias al Todo-poderoso por el | beneficio que les 
concedió en igual dia | del año anterior en que entraron 
en I ella las tropas libertadoras de | N. Soberano el Señor 
Don Fernando 7.° | dixo | el Doctor D. Blas Ostalaza, | 
Deán de la misma Santa Iglesia». | Con licencia | En 
Orihuela: imprenta de Pedro Berruezo Puebla | Año de 
1824. 

En 4.»— 86 págs. 

Port.— V. en bl.— Texto.— Notas relativas al Sermón.— 
Composiciones poéticas en alabanza del autor. — Nota 
[final]: «Lo dan a luz el dicho Sr. Comandante gene- | ral y 
la Oficialidad de los referidos cuerpos de la no- | minada 
guarnición.» , 

(N. del e.) 



He aquí ahora un pasaje del primero 
de los precitados sermones, que trascri- 
bimos, tanto para dar una muestra del 
estilo e ideas del autor, cuanto por ha- 
bernos parecido curiosísimo, por razón 
de las especies a que se refiere. Conclu- 
ye su súplica hecha al Salvador, y des- 
pués añade dirig-iéndose al Rey: 

«No olvide V. M. las lecciones que le da 
la historia y la propia y agena experien- 
cia, teniendo presente que la bondad de 
Luis XV condujo al patíbulo a su santo 
nieto Luis XVI; que éste se hallaba ro- 
deado de agentes que lo hendían a sus 
enemigos, y que mientras que su familia 
y su vida estaban expuestas al mayor ries- 
go, sus consejeros, o tontos o malos, esta- 
ban tranquilos en su cama sin hacer nada 
por la defensa de su amo. ¡A, si en vez de 
la Cátedra Santa ocupase yo ahora otro 
lugar, cuántas cosas podría yo añadir a 
este propósito! Suplid, Dios mío, con vues- 
tro influjo lo que falta a la expresión. Di- 
sípense con tu poder a la manera del humo 
todos tus enemigos, que lo son también del 
Trono en el momento mismo que quieren 
elevarse contra vos, según anuncia vuestro 
Real Profeta. Dad luz a tanto ciego apa- 
drinador de los inicuos, colmad de bendi- 
ciones a la augusta dinastía que has esco- 
gido para instrumento de nuestra felici- 
dad. Atraed a vuestro redil a las ovejas 
extraviadas que no quieren oir la voz de 
la justicia y de la razón, para que reunidas 
todas en un solo rebaño, logren la vida 
eterna que les prometes.» 

Estas ideas del Deán Ostolaza le aca- 
rrearon una muerte desastrosa en Va- 
lencia, donde le formaron causa por 
suponerle afecto a la opinión carlista, lo 
cual dio motivo a que decretaran su 
prisión, y estando en ella se produjo un 
motín en las calles que pedía venganza 
por ciertos fusilamientos llevados a cabo 
por las fuerzas del Pretendiente: entró 
el pueblo en la cárcel, y, en represalias, 
asesinaron, en unión con otros, al des- 
dichado Sacerdote (1). 



(1) Las noticias biográficas referentes a Ostolaza se ha- 
llan dispersas en sus obras y en otras publicaciones de su 



— 142 — 



¡Triste suerte, hija de la exaltación de 
ideas y del encono de los partidos! 

Oviedo (P. Francisco de). 

Jesuíta, natural de Madrid. Abrazó el 
Instituto de San Ignacio en 1618, a la 
edad de diez y seis años, y fué Profesor 
de Teología moral en la Academia Re- 
gia de su patria, y de Teología Escolás- 
tica en el Colegio de la Compañía, de la 
Ciudad de Murcia, donde se halló ave- 
cindado algún tiempo, alcanzándole la 
muerte en 1651. 

Escribió, según leemos en la Biblio- 



época y posteriores. Cfr. Menéndez y Pelayo, Historia de 
los Heterodoxos Españoles; Mesonero Romanos, Memorias 
de un setentón; Alcalá Galiano, Recuerdos de un anciano; 
Frutos Baeza, Bosquejo histórico de Murcia, cap. XLVI; 
Baroja,yí<«M Van Halen, y las historias generales de Es- 
paña. (N. del e.) 



teca de escritores Jesuítas, del P. Riva- 
deneyra, continuada por Alegambe, y 
en don Nicolás Antonio: 

1.° clntegrum cursum Philosophi- 
cum duobus tomis». Lugduni, apud Pe- 
trum Prost. 1640. En fol. 

De los cuales comprende el primero 
las Súmulas, la Lógica y la Física, con 
los libros del Cielo y de la Generación; 
y el segundo, los libros del Alma y la 
Metafísica. 

2.° «Tractatus Scholasticos et mora- 
les respondentes Primae Secundae Sanc- 
ti Thomae». Lugduni, apud Petrum 
Prost, 1646. En fol. 

3.° «Tractatus de Fide, Spe, et Chá- 
ntate ad Secundam Secundae S. Tho- 
mae>. Lugduni, apud Philipum Borde, 
1651. 



■^^ 



Pangresdor (Daniel). 

Nada más de él sabemos sino que vi- 
vía en Murcia en tiempo del Doctor y 
Canónigo Magistral de su Santa Iglesia 
don Bernardo Gutiérrez de Alique, a 
quien le dirige los siguientes versos ce- 
lebrando su nombre en el día de su cum- 
pleaños: 

«Lectissimo Viro, | Sacrae Theolo- 
giae Doctori, Maioris | Complutensis 
Collegij Alumno, Seguntinae olim | Ec- 
clesiae; nunc vero huius almae Cartha- 
ginensis | Canónico Magistrali, ad maio- 
ra deinceps provehendo: | D. D. Ber- 
nardo I Gutiérrez Alique, | Hoc Quan- 
tulum cumque Amoris, et | gratitudinis 
argumentum, progenethliaco ] illiusdie 
concelebrando, suus Acha | tes fidelissi- 
mus I Daniel Pangresdor D. O. C. 

En tibí nostra novum profert testamen amoris 

Pleris, o magnes cordis, Alique, mei. 
Scilicet illa tul natalis concita plausu 

Percupit in laudes pangare metra tuas 
Sed negat indoctae Pindi commercia Phaebus, 

Scandereque aggressae comprlmit ipse gradum: 
Quó petis, inclamans, vecors, assuetaque voccis 

Musula, Pímplaeis nec madefacta vadis? 
Quem lentas laudare, virum sylvestris avena 

Indecet, ac nostrae vix opis istud erif. 
Sic etenim donis fulgei coelestibus ille, 

Non sat vt humanó possit ab ore cani. 
Haec Deus: illa suos pudibunda coercuit ausus 

Inceptosque finit, iussa silere, modos. 
Sed qui me vrget amor, vires superaddidit ipsi 

Edocuitque artem, quá celebrére novam. 
Quippe Sycophroniá iussit tua nomina cura 

Solvere, & implícitas quaerere saepe notas. 
Prodijt ergo sequens anagramma. Hoc excipc donu, 

Nomine compactum, proindeque grande, tuó. 



Programma. 

Dominus Doctor Don Bernardo Ali- 
que, vir vt valde sapiens, ita aequé per- 
fidelis amicus. 

Anagramma purum, servata lege dis- 
thici, praeterquamquod M diptongo af- 
fectum in programmate absque illa in 
anagrammate invenitur. 

Ipse decore micans, qualis bona nardus, odorem 
Fundit; laude pari, vt Delius isque viret. 

No tiene suscripción; pero seguramen- 
te impreso en Murcia. 

Parisani DE Haro (Don José). 

Poeta; natural de Zaragoza (según 
Latassa), donde nació, de ilustre alcur- 
nia, en 1731; y avecindado en Murcia 
durante la mayor parte de su vida. Cur- 
só Artes y Teología en la Universidad 
de su patria. Obtuvo después una Cape- 
llanía de los Reyes Viejos de Toledo, y 
últimamente una Prebenda en la Santa 
Iglesia Catedral de Murcia, que desem- 
peñó hasta el año 1784, en que bajó al 
sepulcro. Fué también Individuo de la 
Real Sociedad Económica de Amigos 
del País de Zaragoza, y cultivó siempre, 
y con singular aprovechamiento, la poe- 
sía, dándole sus composiciones su más 
gustosa ocupación. Escribió, conforme a 
las noticias que nos da el referido autor 
de las «Bibliotecas Antigua y Nueva de 
Escritores Aragoneses», las siguientes 
obras: 



- 144 - 



1.* «Descripción de las Demostra- 
ciones fervorosas y plausibles, con que 
festejó gozoso este augusto y fino pue- 
blo de Zaragoza a su soberana madre y 
protectora María Santísima del Pilar, al 
ver descubierto el sumptuoso y magní- 
fico tabernáculo de su Sagrada Capilla>. 
Zaragoza, por Josef Fort, 1765. 

En 4.» 

«Es obra poética varia (dice el autor re- 
ferido). La publicó bajo un anagrama de 
su apellido, confesándose por el más fiel 
esclavo de Nuestra Señora, y natural de 
la ciudad de Zaragoza. » 

2.^ «Fiestas que se hicieron en la 
Coronada villa de Madrid, con motivo 
del nacimiento de los dos serenísimos 
Infantes gemelos, y ajuste de paz con la 
nación británica». 
Papel poético que no vio la luz pública, 
3.^ «Glorioso parabién que recibe el 
reino de Aragón. Demostración festiva 
de su gozo por el feliz arribo a su patria 
del Excmo. Sr. D. Pedro Pablo Abarca 
de Bolea, Ximénez de Urrea, Conde de 
Aranda, y Castellflorit, Marqués de 
Torres, Vizconde de Rueda, etc.; Gran- 
de de España de primera clase, Caba- 
llero de la insigne Orden del Toisón de 
Oro, Gentilhombre de Cámara de S. M. 
con ejercicio. Capitán General de los 
Reales ejércitos y de Castilla la Nueva, 
Presidente del Supremo Consejo de Cas- 
tilla etc.; y fiel testimonio de que le re- 
conoce por uno de sus mayores tim- 
bres». Zaragoza, por Francisco More- 
no, 1769. 

En 4.° 

Es obra de octavas reales, ilustrada 
de muchas notas históricas, genealógi- 
cas y eruditas. 

4.* «Versos diferentes a varios asun- 
tos y Villancicos y Poesías devotas para 
funciones de Iglesia, que se divulgaron 
en diferentes tiempos». 

Y últimamente, otra de la misma ín- 



dole que las dos primeras, y cuya pape- 
leta bibliográfica, por ser obra referente 
a cosas de Murcia, reservamos para 
nuestro Catálogo de libros de esta espe- 
cie, al cual nos remitimos. 

Véase, pues, en dicho Catálogo, el 
artículo relativo a nuestro Parisani de 
Haro. 

Pastor (P. Carlos). 

Religioso Agustino, natural de la ciu- 
dad de Valencia. Tomó el hábito en el 
Convento de Nuestra Señora del Soco- 
rro, de aquella capital. Obtuvo el grado 
de Doctor en Teología, y se distinguió 
como orador no menos que por su doc- 
trina y virtudes. Floreció a principios 
del siglo XVIII. Desempeñó los cargos de 
Examinador Sinodal del Arzobispado de 
Zaragoza, y Definidor general de la pro- 
vincia de Aragón; habiendo sido en dos 
trienios Prior del Convento de San 
Leandro de Cartagena. Escribió un gran 
número de Sermones, de los cuales sólo 
imprimió los tres siguientes: 

1.° «Oración panegírica y evangélica 
en aplauso del ángel entre los doctores, 
Santo Tomás de Aquino > . — Barcelo- 
na, 1689. 

2.° «El sol en los elementos, la sal de 
la sabiduría, idea del fuego; la luz de las 
escuelas copiada en el aire, la ciudad de 
las letras retratada en el agua, la antor- 
cha del mundo dibujada en la tierra, 
Santo Tomás de Aquino». — Barcelo- 
na, 1690. 

3.° «Treno fúnebre con que en incon- 
solables gemidos y doloridos sollozos 
lloró el Real Convento de nuestro gran 
Padre S. Agustín de la Real Villa de 
Alcoy la muerte de nuestro Reverendí- 
simo V. P. Mtro. Fr. Pedro Molla».— 
Valencia, 1699. 



- 145 - 



Pedrosa (Don Fernando de). 

Insigne Obispo de Cartagena desde 
1384 a 1402: Corduvensis famosus in 
Sacra pagina Magister, conforme a la 
expresión de su primer biógrafo y suce- 
sor en la Sede cartaginense, don Diego 
de Comontes. Cogióle en Murcia lo más 
enconado y recio de las luchas habidas 
entre los tristemente célebres bandos de 
los Manueles y Fajardos, y aun hubo de 
tomar activa parte en ellas, por razón 
sin duda, de no poderle ser indiferente 
el partido del hijo del Conde de Cardón, 
don Juan Sánchez Manuel, quien, como 
es sabido, casó en dicha ciudad con una 
hermana de este mitrado. Las sínodos 
diocesanas por él celebradas fueron 
hasta seis, unas a los principios y otras 
en los postreros años de su gobierno; y 
él fué también quien tuvo la honra de 
poner la primera piedra (22 de enero 
de 1385, según unos, o de 1388, según 
otros (1), en la nueva obra de la Iglesia 
Catedral murciana hasta hoy existente. 
Pero las referidas enconadas luchas 
de bandería hubieron al cabo de atribu- 
lar su alma, obligándole a ausentarse 
de la ciudad y a condenarse, como áe 
condenó a sí mismo, al destierro, de re- 
greso del cual o al muy poco tiempo 
trascurrido, le alcanzó la muerte, siendo 
sepultado en la Capilla de San Jerónimo 
del ya empezado nuevo templo. Hic 
vixit multimode tribulatus propter 
vandositates pro tune urgentes, quibus 
se niiscere voluit amhulans extra me- 
thaní per témpora multa, quari exul, 
et tanden in suo regressu defunctus est 
et sepultus hic Murciae in dicto opere 
novo, in Capella, quam in capite operis 
sub invocatione Beati Hieronymi ince- 
perat, et semifactam reliquerat, ubi in 



(1) El señor Díaz Cassou en su «Serie de Obispos de Car* 
tagena», que leemos mucho tiempo después de escrito el 
presente artículo, ha probado haber ocurrido este hecho 
en 22 de enero de 1394 



térra plana jacethumiliter tumulatus. 

Don Fernando de Pedrosa fué asimis- 
mo autor de unas Constituciones para 
su Iglesia; Constituciones que también 
pasa en silencio el señor Baquero en su 
tantas veces citado apreciable cEstudio 
sobre la literatura en Murcia desde Al- 
fonso X a los Reyes Católicos». 

Véase Constituciones fechas... etc., 
en nuestra Sección de Manuscritos. 

Pérez de Avala (Fernán). 

Padre del gran Canciller de Castilla 
Pero López de Ayala, e hijo de nuestro 
Adelantado de este mismo nombre. 
Aunque nacido en Toledo en 1305, no 
es posible dejar de suponer, y aun de 
tenerse por cierto, que en Murcia se 
educó y pasó después una buena parte 
de su vida. Lo primero se infiere de que 
en 1307 ya su padre se hallaba en esta 
ciudad ejerciendo el dicho cargo en te- 
nencia por don Juan Manuel, cargo que, 
ya en esta forma, ya en propiedad, ejer- 
ció hasta su muerte; y lo segundo, de 
los siguientes datos que nos parecen 
bastante significativos. Ya hemos visto 
cómo dimos por probable que se casara 
en Murcia, o que a ella volviese recién 
casado, dada la tradición que hace mur- 
ciano a su hijo primogénito Pero López. 
Su mujer, doña Elvira de Zevallos, era 
hermana de don Diego Gutiérrez de Ze- 
vallos, y sabemos que éste se hallaba 
por aquellos tiempos, según Cáscales 
nos refiere. También nos dice él mismo 
que uno de los hijos de este Ayala, San- 
cho Pérez de Ayala, fué vecino de Mur- 
cia, y en ella se casó con doña Inés de 
Azagra. Por manera que teniendo en 
esta ciudad a padres, a hijos y a nietos, 
no es posible dejar de creer que en ella 
también nuestro Fernán Pérez habitase 
un buen espacio de tiempo. Por lo me- 
nos debemos estar, pensando racional- 
mente, a que lo hizo sin interrupción 

10 



^ 146 - 



durante su infancia y juventud, y a in- 
tervalos, luego, después de casado y en- 
trado ya en la mayor edad, como, por 
ejemplo, cuando en tiempos de Enri- 
que II, fué nombrado Adelantado ma- 
yor de este reino, y ganó a Cartagena 
por dicho Rey. 

A la muerte, sin hijos, de don Juan 
Sánchez de Salcedo (1328), Señor de 
Ayala y de los valles de Orozco, Oquen- 
do, Luyando, Urcabustaiz, Arrestarla y 
Casas de Salcedo y Zarate, como legíti- 
mos herederos suyos, hallámoslo en 
Álava peleando al lado de su mayor 
hermano Sancho Pérez, por estos esta- 
dos, de que al fin se hicieron pacíficos 
Señores tras de campal batalla, librada 
contra los de la línea ilegítima de los 
Salcedos, lugares en que sucedió, como 
único Señor, nuestro Fernán Pérez, por 
la muerte alevosa de su referido herma- 
no. Después de dichas contiendas, y co- 
rriendo el año de 1332, fué uno de los 
Ricos- hombres de Álava, que entrega- 
ron aquella (república hasta entonces 
libre) al dominio del Rey de Castilla 
don Alfonso XI, por quien fué nombra- 
do su embajador en Francia, y después 
(1349) en Aragón, según nos dice Zuri- 
ta, ad virtiendo «era un muy señalado 
caballero, y sobrino de don Pedro de 
Barroso, obispo de Sasino» y de Murcia, 
como dicho queda, desde 1326 a 1331 
o 32. Asistió con don Juan Manuel y su 
gente de Murcia a la guerra y sitio de 
Gibraltar, en que murió el héroe del Sa- 
lado; y puesto luego al servicio del Rey 
don Pedro, envióle éste en 1352 a paci- 
ficar las Encartaciones del Señorío de 
Vizcaya,, las cuales hubo de reducir, 
con su gente, al servicio del Monarca, 
obligándolas a que por apoderados sufi- 
cientes fuesen a rendírsele y prestarle 
obediencia a Valladolid. 

«Cuatro años después (escribe Floranes) 
estaba en el bando de los Grandes que se 



unieron para suplicar al Rey la reforma 
de su conducta, la separación de doña Ma- 
ría de Padilla, y la admisión y buen trata- 
miento de su propia mujer la Reina doña 
Blanca, con quien estaba muy displicente, 
al paso que encantado con la otra. Encar- 
gósele a nombre de todos la oración que 
en asunto tan delicado hizo diestra y elo- 
cuentemente a S. M. en las vistas de Teja- 
dillo a media legua de Toro, y por estos y 
otros servicios de igual buen zelo le pre- 
mió el Rey don Pedro con el señorío, juris- 
dicción y rentas del valle de Cuartango.» 

Continuó después en su servicio con 
igual solicitud; y aunque, por causa de 
sus crueldades y atropellos, hubo de 
volverle la espalda, como lo hicieron 
sus parientes de Murcia y casi todos los 
Grandes del reino, poniéndose al lado 
de don Enrique, por quien peleó en la 
batalla de Nájera, redujo a Toledo y 
ganó a Cartagena, pronto, no obstante, 
y sintiéndose, acaso, arrepentido por su 
defección, volvió al servicio y gracia 
de su antiguo dueño, de quien mereció 
en 1368 la confianza de que le enviase a 
tratar con los vizcaínos la entrega de 
aquel Señorío al Príncipe de Gales; cosa 
que al cabo no tuvo efecto por buenos 
artificios del Monarca. 

Muerto éste en Montiel al año siguien- 
te, siguió nuestro Fernán Pérez la obe- 
diencia de don Enrique, mereciendo, 
como dicho queda, le distinguiese con 
el cargo de Adelantado mayor del reino 
de Murcia, por más que no llegó a ejer- 
cerlo, habiéndose interpuesto la Reina 
doña Juana en favor de su primo el Con- 
de de Carrión, don Juan Sánchez Ma- 
nuel. Cuatro años después, y hasta el 
de 1375, hallámosle ocupado en la fun- 
dación, dentro de sus estados, del Con- 
vento de religiosas dominicas de San 
Juan de Quejana, que dotó con prodiga- 
lidad; y corriendo el de 1373, muerta ya 
su esposa, dispuso de sus bienes entre 
sus hijos, fundando mayorazgo pingüe 
de todo lo de Ayala, con Orozco y de- 



- 147 - 



más adherencias que quedan referidas, 
en cabeza de su primogénito don Pero 
López, y entrándose él de religioso en 
el Convento de Santo Domingo de Vi- 
toria, donde le alcanzó la muerte en 
1385, siendo sepultado en el sepulcro 
que él mismo se había labrado en el re- 
ferido monasterio de su fundación. 

«Don Fernán Pérez de Ayala (escribe el 
citado Floranes) edificó en su estado la 
casa fuerte de Ayala y la de Oquendo, y 
para que no hubiese línea que no ocupare, 
tuvo también la noble inclinación dé dedi 
carse al estudio de las letras. De él, dice 
Garibay, heredó el hijo ser tan propenso 
a ellas. En efecto, escribió un tratado de 
su linaje, que. en tiempo del Rey don 
Juan II llegó a manos de su nieto el ilustre 
Fernán Pérez de Guzmán, señor de Batres, 
en el cual, dice, daba origen a la casa de 
Ayala en el Infante de Aragón don Vela; 
pero no hemos tenido la suerte de que aquel 
escrito llegase a nuestros días. Sólo se nos 
conserva una idea de su cultura, erudición 
y buen gusto en la oración citada al Rey 
don Pedro, que como dije en el prólogo, 
tiene panegiristas de su mérito a los dos 
hombres más elocuentes de este siglo, los 
señores don Luis de Salazar y don Juan de 
Miranda y Oquendo, ambos del Consejo 
de S. M. El hecho mismo de haberse vali- 
do de él todos los Grandes de Castilla, 
para que hiciese por ellos aquella oración 
en una materia delicadísima, y en que era 
necesaria la quinta esencia de la retórica, 
y mucha destreza para no rozar los extre- 
mos, ni indisponer el ánimo de un Rey tan 
fácil al enojo, da a entender bastantemen- 
te la opinión de su talento. El autor anti 
guo que alega el abad de Santa Anastasia 
dice: Fué Fernán Peres de Ayala caballe- 
ro de alta guisa, muy prudente y sabio, 
de quien el Rey don Alfonso XI hiso gran 
confianza, y persuadió mucho al Rey don 
Pedro su hijo hiciese vida con la Reina 
doña Blanca su mujer y reformase sus 
costumbres. Don Antonio Suárez de Alar- 
cón, marqués de Trocifal, le aplaude uno 
de los mayores varones, más doctos y elo- 
cuentes de sus siglos, de cuyas acciones es- 
tán llenas las historias. 

»En fin, su mismo hijo el Canciller don 
Pero López de Ayala, hablando sobre el 



mismo particular, dice: «Para esto habe- 
des de saber, que don Fernán Pérez, pa- 
dre de mi el dicho Pero López, como él 
era tan grand Caballero, e tan entendido 
e mesurado en todos sus fechos, e se paga- 
ba de decir bien e apuestamente, e otrosí 
de alcanzar noticias de letras e de histo- 
rias de cosas nobles e grandes que en el 
mundo oviessen pasado, para saberlas él 
e contargelas a otros (ca por estas cosas 
dichas e las otras buenas maneras que 
Dios en él puso, acatábanlo muy bien los 
Reyes en cuyo tiempo él fué, e las gentes 
amábanle e habían sabor de venir a sus 
pláticas cuando razonaba, e escuchábanle 
ende muy atentamente) fuera siempre en 
imaginación de averiguar los fechos de 
sus pasados, e la prez e la honra que ovie- 
ran alcanzado, e quales habían ellos seido 
desde el primero, e qué cosas nobles ficie- 
ron en sus tiempos, e como los acataron 
los Reyes sus Señores, e qual estado e pa- 
rientes allegaron. E en esto gastábase él 
mucho, e costumbraba de facer tamañas 
despensas e inquisiciones varias con los 
que algo sabían de cosas pasadas e de his- 
torias de las grandes gentes... E don Fer- 
nán Pérez con la grande acucia que había 
para saber todo lo del Linage, cató (varias) 
escripturas e falló ende con otras la que 
don San Velázquez oviera fecho de su Li- 
nage en tiempos antiguos: Ca este don San 
Velázquez fuera un muy grand Caballero 
de estos de Ayala... E esta escriptura fa- 
llábase en lengua de latín, como fablaban 
entonces; e porque don San Velázquez re- 
lataba ahí complidamente de sus pasados, 
don Fernán Pérez volvióla en romance de 
su tiempo e puso hij otras cosas de suyo 
subcedidas después de don San Velázquez 
fasta sus días.» 

Un caballero de tal valer y méritos, y 
que tan buena parte de tiempo, según 
todas las probabilidades, hubo de habi- 
tar en Murcia, sin duda que alguna in- 
fluencia habría de ejercer en desarrollo 
literario; y sin duda, también, que por 
no haber parado en ello mientes, dejó 
de incluirlo nuestro docto amigo el se- 
ñor Raquero en su tantas veces citado 
cEstudio de la literatura en Murcia des- 
de Alfonso X a los Reyes Católicos>. 



- I4á - 



Ahora bien, el Tratado del linage a 
que se refiere Floranes, dándole por 
perdido, se custodia actualmente en la 
Real Academia de la Historia (Bib. Sa- 
lazar.— B. 93) y lleva este título: 

«Este es el libro del linag-e de los Se- 
ñores de Ayala, desde el primero que se 
llamó don Vela, hasta'^mí don Fernán 
Pérez que la fiz a gloria e honra de Dios 
e pro del mió linage, e para que sean 
buenos e homildes e sirvan a Dios e al 
Rey los que de mi vinieren. El qual fué 
copilado el año de la Natividad de 1371, 
corriendo la era de 1409 años» (1). 

En cuanto a la Oración dirigida al Rey 
don Pedro, he aquí su contexto: 

«Señor, los señores que aquí están, que 
han debdo en la vuestra merced, e los 
otros ricos homes e caballeros vuestros 
vassallos que aqui están, e por vuestro 
mandado vinieron aqui a vos, vos piden lo 
primero por merced, que vos los querades 
perdonar por ellos venir armados ante vos 
a estas vistas; e si assi vienen es por vues- 
tra licencia e ordenamiento, segund ge los 
enviastes mandar por una vuestra carta 
firmada de vuestro nombre, e sellada con 
vuestro sello de la poridad: ca todos los 
que aqui están vos conoscen por su Rey e 
por Señor natural, e vos desean servir. E 
entre las otras cosas en que amen vuestro 
servicio, querrían que la vuestra ordenanza 
fuese muy buena en guisa que los vuestros 
vasallos non oviesen de aver temor de 
vos. E como quier. Señor, que dice Gu- 
tiers Fernández de Toledo por vuestra 
parte, que estos Señores que aqui están, e 
muchos Ricos omes e Caballeros vuestros, 
Vasallos que andan ayuntados por el fecho 
de la Reyna Doña Blanca vuestra muger, 
que non es asi, salvo que se non tienen por 
contentos de algunos vuestros privados; 
con homil reverencia de la vuestra Real 
Magestad, Señor, a esto vos responden es- 
tos Señores asi: que verdaderamente su 
intención es pediros por merced, que la 
Reyna Doña Blanca vuestra muger sea con 
vos honrada como lo fueron las otras Rey- 
nas de Castilla, e la trayades con vusco. 



(1) Lo imprimió el mismo Salazar en las Pruebas de la 
Casa de Lar a. 



asi como vuestra muger legítima: e esto 
vos piden por merced, entendiendo que 
cumple asi a vuestro servicio. Ca, Señor, 
vos sabedes que quando vos casastes con 
la Reyna Doña Blanca vuestra muger en 
Valladolid, enviastes llamar por vuestras 
cartas a todos los que aqui son, e a otros 
grandes de vuestro Reyno, que viniesen 
donde vos erades, que queriades casar con 
la dicha Reyna; e por vuestro mandamien- 
to el día de vuestras bodas besaron la 
mano a la Reyna Doña Blanca, por su 
Reyna e su Señora, asi como vuestra mu- 
ger; e tienen que si vos. Señor, la dexas- 
tes e la mandastes después levar a Toledo, 
que todo esto fué por consejo de algunos 
que non amaban vuestro servicio; pero con 
homil reverencia de la vuestra Real Ma- 
gestad, tienen que fué esto e ordenado por 
vos querer complir vuestra voluntad, e por 
consejo de Doña María de Padilla e de sus 
parientes. E alguno de vuestros vasallos, 
a quienes non plogo, nin les paresció esto 
ser bien fecho, ovieron dende pesar por 
vos non facer lo que cumple a vuestro ser- 
vicio, e mostrastastesles grand saña, la 
qual paresció por obra luego: ca porque a 
algunos que en Valladolid eran desto 
pesó, pasastes contra ellos como la vues- 
tra merced fué; e mandastes prender a 
pocos días después, e deponer de su honra 
al Maestre de Calatrava don Juan Núñez 
de Prado, e fué después muerto en poder 
de parientes de Doña María de Padilla, e 
echastes del Reyno a don Alfonso de Al- 
burquerque e le tomastes la tierra, avien- 
do vos enviado a su fijo don Martín Gil, 
que non tenía mas que aquel fijo, en arre- 
henes que siempre guardaría vuestro ser- 
vicio, e le aviad es asegurado. E porque 
tales consejos vos dieron vuestros priva- 
dos, todos los Señores e Caballeros que 
aqui son delante vuestra merced, e los que 
aqui non son venidos, están con muy 
grand miedo de vos, e por esta razón an- 
dan arredrados de la vuestra casa. E vos. 
Señor, catad alguna buena manera como 
primeramente la Reyna vuestra muger, 
nuestra Señora sea segura, e esté con vos 
como debe segund cumple a vuestro ser- 
vicio, e a honra vuestra e suya della; otro- 
sí, como estos Señores e Caballeros sean 
seguros en vuestro Regno e en vuestra 
casa, e vos puedan servir, que ellos de 
buenamente están prestos para servir a 



- 149 — 



vos asi como deben, e como es razón, ca 
sodes nuestro Rey e nuestro Señor natu- 
ral. E, Señor, por quanto brevemente non 
se pueden facer estas cosas todas, piden 
vos por merced estos Señores e Caballe- 
ros vuestros vasallos e vuestros naturales 
que aqui están, por sí, e por todos los 
otros que son en esta demanda con ellos, 
que sea la vuestra merced de dar quatro 
Caballeros; e estos Señores darán otros 
quatro, que fablen en ello e farán relación 
a la vuestra merced de lo que acordaren 
que cumple a vuestro servicio, e pro de 
vuestros Regnos, e seguramiento dellos. 
E sobre todo esto. Señor, ordenad como 
vos ploguiere, e entendiéredes que cum- 
ple a vuestro servicio. » 

Pérez García (Fr. Julián). 

Minorita Franciscano, natural de la 
villa de Hiniesta, donde nació por los 
años de 1597 a 1598, de padres humil- 
des y honrados. Profeso, que fué, en la 
Orden, y ya terminados sus estudios 
mayores, nombráronle Lector de Filo- 
sofía, Escritura Sagrada y Teología, con 
destino a los conventos de Cuenca y 
Murcia, eligiéndole después consecuti- 
vamente, y merced a sus buenas dispo- 
siciones. Ministro, Vicario Provincial y 
Secretario o Procurador General de la 
Regla, desde 1654 a 1656. 

Merced, también, a sus relevantes mé- 
ritos, dícese que hubo de granjearse la 
amistad del Rey don Felipe IV, y una 
muy alta estimación por parte de la ve- 
nerable Madre Sor Mariana de Jesús 
Agreda, de felicísima memoria. Ejer- 
ciendo, en fin, el liltimo de dichos car- 
gos cerca de la Romana Curia: 

«Manifestó (dice el P. Ortega en su Cró- 
nica de la Provincia de Cartagena) los 
grandes talentos con que Dios le había 
enriquecido; no sólo en diferentes ejerci- 
cios literarios que se le ofrecieron presi- 
diendo algunas Conclusiones en nuestro 
Convento de Ara-Coeli, y predicando va- 
rios sermones en la Capilla Pontifical, de- 
lante del Papa (Inocencio X) y Sagrado 
Consistorio de Cardenales, sino también 



en el manejo y acertado expediente de los 
negocios gravísimos pertenecientes a la 
Religión.» 

Y más adelante: 

«Entregó su alma al Señor un Domingo, 
día cuatro del mes de Marzo de 1657, a los 
cincuenta y nueve años de su edad, un mes 
y cuatro días, siendo universal el senti- 
miento que causó su muerte en la ciudad de 
Murcia (donde) se le hizo un entierro de los 
más solemnes y de mayor concurso que se 
había experimentado en muchos años, 
asistiendo a él todas las Religiones, Clero 
y Nobleza..., predicando sus Honras el M. 
R. P. Fr. Francisco Bellisca, Maestro de la 
Religión de N. Gran P. Santo Domingo, y 
famoso Predicador... (dándosele) señalado 
sepulcro en la bóbeda de los Señoros Ri- 
quelmes, Patronos que son de la Capilla 
Ma5^or de la Iglesia de nuestro Convento 
de Murcia...» Y dejando escritos «un Me- 
morial de los Varones ilustres de esta Pro- 
vincia (la observante de Cartagena) el cual 
consta de veinte y dos hojas en cuarto, 
papel de marca mayor..., y también varias 
Oraciones que predicó en la Capilla Ponti- 
fical, algunas de las cuales se han impre- 
so, aunque no las he visto.» 

Pérez de Pareja (Fr. Esteban). 

Religioso Franciscano de Ja Provincia 
de Cartagena, natural de Villanueva de 
los Infantes; morador durante mucho 
tiempo en el Convento de San Francis- 
co, de Murcia, donde ejerció el empleo 
de Lector de Filosofía, y más tarde en 
el de Alcaraz, ciudad de que era oriun- 
do, y en que estuvo de antiguo avecin- 
dada toda su familia. Fué también Guar- 
dián de los de Cuenca y Huete, Defini- 
dor de toda su Provincia observante, 
y Examinador sinodal del Obispado de 
Cuenca; bajando al sepulcro en el con- 
vento de su patria, año 1748. Escribió: 

«Historia de la primera fundación de 
Alcaraz, y milagroso Aparecimiento de 
Nuestra Señora de Cortes...» Valen- 
cia, 1740. 

En 4.°— 428 págs., con 9 hojas raás de preliminares sin 
foliar.— Sings. (^) A— Dd3.— (falto de porUda y de al- 
gunas págs, al principio y al fin, el ejemplar que teñe- 



— 150 - 



mos a la vista).— Dedicatoria suscrita por el autor, a la 
Ciudad de Alcaraz.— Censura de los PP. Fr. Salvador 
Serón y Fr. Juan Serrano, en Murcia a 30 de mayo 
de 1740.— Licencia de la Orden.— Aprobación del P. Fr. 
Juan del Baflo.— Licencia del Consejo, al autor, por una 
vez. — Fee de Erratas.— Tasa a seis maravedís el pliego 
(53 'sin principios ni tablas).— Prólogo al lector.— Pro- 
testa del autor.— Texto.— Tabla de los capítulos.— índi- 
ce de las cosas notables. 

Formó, según parece, el P. Pérez 
esta historia durante su permanencia en 
Alcaraz; y él mismo nos entera, así de 
las causas por que hubo de escribirla, 
como de su plan y pensamiento al em- 
prender este trabajo, y que al cabo vino 
a quedar incompleto. 

Perlín (P. Juan). 

Jesuíta, natural de Madrid. Fué, se- 
gún Baena, varón de gran ingenio y 
muy versado en las lenguas griega, he- 
brea y latina, con cuyos buenos auxilios 
adquirió muy pronto grandes conoci- 
mientos en la Filosofía, la Historia, el 
Derecho y la Sagrada Teología. De esta 
última Facultad fué algún tiempo maes- 
tro y profesor en el reino del Perú, y 
pasando luego a España, enseñó tam- 
bién con éxito brillante esta ciencia y 
la Filosofía, en el Colegio de la Compa- 
ñía de Murcia, después de haberlo he- 
cho en los de las ciudades de Madrid y 
Alcalá de Henares. Pasando luego a 
Flandes, fué celebrado como profesor 
en la Academia de Colonia. La confian- 
za que dio al. Rey su suficiencia le hizo 
admitirle en la categoría de Consultor 
del Santo Oficio en los dominios espa- 
ñoles; cargo que no logró disfrutar por 
haberle sorprendido la muerte, ocurri- 
da, al volver a España,. en la ciudad de 
Dunkerque, el día 31 de octubre de 1638, 
según leemos en la Biblioteca de la Com- 
pañía de Jesús. Escribió: 

1.° «Apología scholastica, si ve con- 
troversia theologica pro Magnae Matris 
ab originali debito immunitate.» Legio- 
ni, 1630. En 4.° 



2.° «Sacrum convivium, hoc est, de 
frequentia et usu S. Eucharistiae.» Co- 
loniae, 1632. En 4.° may. 

Obras ambas sumamente edificantes 
y estimadas. 

Pero Gómez Barroso (Maestre). 
Véase Barroso (Don Pedro). 

Portillo (P. Juan Francisco). 

Jesuíta, vecino de Murcia y Padre del 
Colegio de la Compañía de esta ciudad. 
Conocémosle únicamente como autor 
de una composición poética, con la que 
tomó parte en un Certamen celebrado 
en Córdoba en 1727, con motivo de la 
canonización de San Luis Gonzaga y 
San Estanislao de Kostka, y se halla in- 
serta en la relación que de dichas fies- 
tas hizo e imprimió don Pedro Clemen- 
te Valdés en el citado año con el título 
de Anfiteatro Sagrado. 

Posada Rubín de Celis (Excmo. Sr. Don 
Antonio) (1). 

Venerable y virtuosísimo Prelado, 
quien, como el que más, contribuyó por 
su instrucción y relevantes talentos, a 
ilustrar las letras murcianas durante un 
largo y buen espacio de tiempo. Nació 
en el pueblo de Soto (Diócesis de Ovie- 
do) en 11 de febrero de 1786, de nobles 
y muy cristianos padres, que lo fueron 
don Antonio Posada y doña María Ru- 
bín de Celis. Recibió los primeros rudi- 
mentos de su educación religiosa y so- 
cial con las lecciones y consejos de los 
ilustres autores de sus días; y deseando 
sus abuelos maternos tenerle a su lado, 
lleváronle consigo a la villa de Llanes, 
donde hizo los primeros estudios de 
Gramática y Humanidades. Por su no- 



(1) En la presente biografía seguimos preferentemente a 
don Manuel Béjar, moderno autor de la vida de nuestro 
Obispo. 



— 151 — 



table aplicación, aprovechamiento y do- 
cilidad de carácter, granjeóse muy 
pronto la estimación de sus maestros y 
el cariño de sus parientes, con especiali- 
dad el de su tío don Ramón Rubín de 
Celis, prebendado de la Santa Iglesia 
Catedral de Murcia y Vicario general de 
su Obispado, quien, reconociendo las 
notables disposiciones de su sobrino, de- 
terminó llevársele consigo, a fin de darle 
una educación brillante religiosa y lite- 
raria, como en efecto lo hizo, dándole 
entrada en 1779 y cuando apenas contaba 
el niño once años de edad, en el famoso 
Seminario Conciliar de San Fulgencio, 
de Murcia, a la sazón floreciente, donde 
cursó la Filosofía, las Matemáticas, los 
idiomas francés, italiano y griego, el 
Derecho natural y de gentes, los Luga- 
res teológicos, la Teología moral y dog- 
mática y el Derecho público eclesiásti- 
co, obteniendo siempre las más sobre- 
salientes notas, y habiendo sido el 
primero que tuvo el honor de recibir 
los grados en cada una de estas ciencias 
en el referido Seminario, aprovechando 
la circunstancia de haber concedido a 
aquel establecimiento la Majestad de 
Carlos III la gracia, solicitada por el in- 
signe Ilustrísimo don Manuel Rubín de 
Celis, de poder conferir grados univer- 
sitarios. Con este motivo escribió y pro- 
nunció un elocuente discurso latino, que 
por su mucho mérito juzgaron los supe- 
riores del Seminario era digno de ser 
dado a la luz pública, y al efecto lo man- 
daron a Madrid con objeto de imprimir- 
le. Terminados sus estudios tan brillan- 
temente y a satisfacción completa de 
sus maestros (1), hizo oposición simul- 
táneamente a las dos cátedras de Teolo- 
gía y Cánones, logrando esta última por 
unanimidad de sus jueces, al mismo 



(1) Fué uno de ellos don Francisco Ramón de Moneada, 
abuelo del que escribe estas líneas, y otro el Insigne don 
Francisco Javier Romeu, de que nos ocuparemos en el 
lugar correspondiente. 



tiempo que obtenía la primera su amigo 
y condiscípulo don Ramón Campos, de 
que en otro lugar nos hemos ocupado, y 
contando ambos, como allí dicho queda, 
la corta edad de diez y siete a diez y 
ocho años. Los ejercicios que con este 
motivo hubo de practicar fueron tan so- 
bresalientes, que también esta vez los 
superiores del Colegio resolvieron remi- 
tirlos a Madrid para que se imprimiesen. 
Quedó, pues, a cargo del joven Posada 
la Cátedra de disciplina eclesiástica, 
que desempeñó con notable aceptación 
por espacio de seis años, y durante este 
tiempo opúsose también a una de las Ca- 
nonjías que quedaron vacantes en la 
Real Iglesia de San Isidro de Madrid, y 
que no obtuvo, a pesar de haber practi- 
cado sus ejercicios con extraordinario 
lucimiento, y de ser propuesto en el pri- 
mer lugar, no sólo por los examinado- 
res, sino también por la Cámara de Cas- 
tilla, en razón a no estar todavía inves- 
tido de la dignidad sacerdotal, ni contar 
la edad prescripta por los Cánones. Re- 
cibiendo, pues, una honrosa negativa, 
que en nada minoraba lo glorioso de su 
triunfo, volvió Posada a Murcia a des- 
empeñar su antigua cátedra. Poco des- 
pués le concedió S. M. una Prebenda en 
la Santa Iglesia de Cuenca, que desem- 
peñó por espacio de dos años, durante 
los cuales hizo oposición a la Canonjía 
Lectoral de Jaén, de la que desistió por 
haber vacado otra en la antedicha Real 
Iglesia de San Isidro, a la que nueva- 
mente se opuso con igual lucimiento 
que la vez primera, logrando entonces 
obtener nombramiento, y tomando po- 
sesión de dicha plaza el día 3 de noviem- 
bre de 1796. Durante su permanencia en 
este destino, fué admitido, merced a la 
fama de su sabiduría y relevantes méri- 
tos, en varias Academias e Institutos de 
Beneficencia, como en la Academia de 
Ciencias Eclesiásticas titulada de San 



152 



Isidro, y en la Asociación del Buen Pas- 
tor, de que tuvo el honor de ser uno de 
sus fundadores. 

Llegados los funestos y azarosos días 
de la invasión francesa, Posada, como 
igualmente sus compañeros, sufrieron 
toda clase de insultos y vejaciones por 
su fidelidad a la legítima causa de su 
Rey, y por sus constantes negativas en 
admitir y reconocer la autoridad del 
monarca intruso. Privado de su consig- 
nación, no contando más que con sus 
propios modestos recursos, y precisado, 
como sus dignos compañeros de desgra- 
cia, a sostener muchas veces con.su es- 
caso peculio la decencia, ya que no el 
esplendor del culto divino, en aquellos 
días «que hasta las luces llegaron a fal- 
tar en los templos». Posada no sintió 
tanto aquellas tribulaciones por su per- 
sona, sino más bien por verse en la im- 
posibilidad de socorrer a tan crecido 
número de infelices que todos los días 
acudían en demanda de auxilios que no 
podían serle suministrados. Sin embar- 
go de aquella generalmente aflictiva si- 
tuación, como la virtud y el mérito sue- 
len hallar por dondequiera protección 
y apoyo de amigos y admiradores. Po- 
sada tuvo relaciones con algunos altos 
personajes de la situación dominante, 
de los que se valió para prestar mil be- 
neficios y favores a sus amigos y com- 
patriotas, trabajando por este tiempo 
ahincadamente y poniendo en juego to- 
dos los recursos de que podía disponer 
para que no desapareciese el Seminario 
Conciliar de San Fulgencio, teatro de su 
educación científica, que estuvo próxi- 
mo a ser suprimido con motivo de un 
expediente que se formó contra el Rec- 
tor y otros individuos del mismo, a cau- 
sa de unas conclusiones en él sostenidas. 

Distinguióse, en fin, grandemente, 
durante su permanencia en San Isidro, 
por su elocuencia en el pulpito, que ilus- 



tró en varias ocasiones, y cuando termi- 
nada la guerra, Fernando VII iba de 
nuevo a ocupar el usurpado trono de 
sus mayores, y las Cortes del reino acor- 
daron conmemorar dignamente la glo- 
riosa memoria de los Mártires del Dos 
de Mayo, Posada fué encargado de pro- 
nunciar la Oración Fúnebre en las so- 
lemnes honras consagradas a aquellos 
esclarecidos ciudadanos, asesinados ale- 
vosamente por su amor a la religión, al 
trono y a la patria; oración que, por mo- 
destia de su autor, no vio nunca la luz 
pública. 

Ocurrida en 1817 la supresión de la 
Colegiata de San Isidro, fué nombrado 
Abad de la insigne Colegial exenta de 
Villaf ranea del Vierzo, que sirvió celosa 
y paternalmente por el espacio de dos 
años, durante los cuales colmó de bie- 
nes a sus encomendados, visitando to- 
das las parroquias de la Abadía, con 
pasar éstas de sesenta, y fundando en 
muchas de ellas establecimientos y es- 
cuelas de instrucción primaria para la 
educación cristiana y provecho de los 
niños. Habiendo sobrevenido los suce- 
sos políticos de 1820, y siendo, en virtud 
de ellos, suprimida la susodicha Abadía, 
el señor Posada fué consultado para una 
plaza que se hallaba vacante en el Con- 
sejo de Estado. Pero S. M. agració con 
ella al que iba propuesto en segundo lu- 
gar, y el Ministerio, entonces, deseando 
utilizar los buenos servicios y premiar 
el mérito de su patrocinado, propúsolo 
para la Sede vacante de Cartagena. Pre- 
sentólo el Rey a S. S., y el Sumo Pontí- 
fice, no obstante las dificultades que por 
aquel tiempo había para el nombramien- 
to de otros Prelados, despachó favora- 
blemente la petición, siendo preconiza- 
do el señor Posada el día 24 de septiem- 
bre de 1821. 

«Notable júbilo (añade al llegar aquí el 
señor Béjar) debió llenar en aquella oca- 



153 — 



sión el alma del virtuoso sacerdote, pues 
veía cumplidos tal yez sus únicos deseos, 
y veía con harta claridad que se los cum- 
plía la mano del Omnipotente por una de 
sus inescrutables y justísimas providen- 
cias. En efecto, iba a regir la Diócesis en 
que recibiera la educación religiosa y don- 
de obtuvo sus primeros y gloriosos triun- 
fos; para que la satisfacción fuese más 
completa, su consagración tuvo lugar en 
la Iglesia de San Isidro, donde tanto tra- 
bajara, efectuándose la solemne ceremo- 
nia el día 3 de febrero de 1822, domingo 
de sexagésima. Al tomar posesión de su 
Obispado pensó, ante todas cosas, en la 
rehabilitación de su cuna literaria, el Se- 
minario de San Fulgencio, cuyo aumento 
procuró con todo el afán que es propio de 
un corazón agradecido, como el que en su 
pecho se albergaba. Cumplido este sagra- 
do deber, y sin que descuidase los que le 
imponía su elevado ministerio, dedicóse 
exclusivamente al fomento de la Diócesis 
y a endulzar, sobre todo, las amarguras de 
los pobres, no llegando, por desgracia, a 
hacer todo el bien que su caritativa alma 
le sugería; pues la marcha de los aconte- 
cimientos lanzó sobre él un cúmulo de dis- 
gustos y penalidades. Derrocado el sis- 
tema constitucional, desencadenados los 
odios políticos y los rencores de los parti- 
dos, que desgraciadamente no reflexionan 
ni respetan al hombre justo que cumple 
sus deberes, acatando y obedeciendo al 
Gobierno constituido, el Obispo Posada, 
notado de ser afecto al sistema anterior, y 
víctima, sobre todo, de la ingratitud de un 
miserable a quien amparara y protegiera, 
y que no dudó en propalar contra él las 
más inicuas calumnias, fué insultado, per- 
seguido y puesto en el caso de no poder 
ni aun presentarse en público sin verse 
hecho blanco de los más infames dicterios. 
En este apuro, y accediendo a los ruegos 
del Nuncio de Su Santidad, Mons. Justi- 
niani, determinó pasar a Roma, donde por 
su fama era conocido y estimado. > 

No llegó, sin embargo, a la Ciudad 
Eterna; porque habiendo emprendido su 
viaje por Francia, tuvo en Aix tan be- 
névola y favorable acogida por parte 
del clero de aquella Iglesia Metropoli- 
tana, que se vio obligado a establecerse 



en ella, sirviéndola por espacio de algu- 
nos años, supliendo las vacantes que 
ocurrían por muerte o ausencia de sus 
Prelados, y llegando en cierta ocasión 
a prestarle un tan señalado y gran favor, 
como el de evitarle nada menos que un 
rompimiento con Luis Felipe y con el 
mismo Gregorio XVI. 

Sobrevino en esto la muerte de Fer- 
nando VII y la exaltación de doña Isa- 
bel II al trono de España. Comprendien- 
do, como es sabido, la Reina Goberna- 
dora en la crítica situación en que se 
hallaba colocada, entre la guerra civil, 
las exigencias de los partidos y las la- 
mentables escisiones del clero, que el 
único medio de salvación era rodearse 
de los varones más eminentes por su 
virtud y sabiduría, así en el orden polí- 
tico como en el religioso, llamó al efec- 
to, entre otros, al señor Posada, quien 
vuelto a España, y después de haber 
formado parte de la Comisión de Prela- 
dos establecida en Madrid para consul- 
tar a Su Santidad acerca de las necesi- 
dades de la Iglesia Española, al insta- 
larse luego las Cortes del Reino, fué 
nombrado por la provincia de Murcia 
para representarla como Procurador en 
aquella asamblea nacional, y en la pri- 
mera de sus sesiones celebrada, por el 
estamento de Procuradores en la casa 
de la Villa, tuvo el honor de ser, por 
unanimidad, aclamado Presidente, cuyo 
cargo desempeñó hasta que S. M. se 
dignó elevarle a la dignidad de Procer, 
como más tarde a la de Senador del 
Reino con el carácter de vitalicio. Su 
virtud, su elevado carácter y su sabidu- 
ría, le hicieron ser muy estimado de su 
Reina y altamente respetado de los hom- 
bres más eminentes de todas las opinio- 
nes y de todos los partidos. Gozó, pues, 
para decirlo de una vez, de un aprecio 
universal; y esta es la razón por la que 
siempre el antiguo seminarista y eximio 



154 — 



Obispo de Murcia, fué buscado y pro- 
puesto para los más altos destinos, sea 
cual fuere la situación política que por 
entonces dominase. 

«Vémosle, por tanto (continúa aquí su 
referido biógrafo), en 16 de setiembre 
de 1841 electo Arzobispo de Valencia; en 
7 de Marzo de 1843 presentado para la pri- 
mada de las Españas, y últimamente, en 
17 de agosto de 1847, para la dignidad de 
Patriarca de las Indias, elevado cargo al 
que van anejos los de pro-capellán y li- 
mosnero mayor de S. M., capellán mayor, 
vicario de los ejércitos de mar y tierra, y 
gran canciller de las distinguidas Ordenes 
de Carlos III y de Isabel la Católica. Fué 
preconizado para la mencionada dignidad 
en 17 de diciembre del mismo año 1847, y 
cumplió tantos y tan diferentes cargos con 
todo el cuidado, celo y esmero que reque- 
rían y que su natural deseo de hacer bien 
le aconsejaban. En los cuatro años que 
trascurrieron hasta su fallecimiento des- 
empeñó varias honrosas comisiones y de- 
licados negocios, siendo uno de ellos el 
arreglo del clero, de cuya comisión fué 
presidente, y en la que hizo muchos y muy 
importantes trabajos. Fué también fre- 
cuentemente consultado para la redacción 
de varios artículos principales del Concor- 
dato de 1851, y tuvo el consuelo y la satis- 
facción de ver terminado aquel arduo ne- 
gocio, que arreglaba de una vez las dife- 
rencias que de tiempo atrás separaban a 
la Iglesia del Estado. Finalmente, después 
de haber pasado por cuantas vicisitudes 
prósperas o adversas pueden agitar la vida 
de un hombre público, después de presen- 
ciar las continuas revoluciones que en cer- 
ca de sesenta años agitaron la Europa en- 
tera, y después de haber asistido a la pros- 
cripción de tres Pontífices distinguidos 
con el nombre de Pío, a las tribulaciones 
amargas y al triunfo glorioso de la Iglesia 
en el siglo xix, voló al seno del Señor... 
en la madrugada del día 22 de noviembre 
de 1851, siendo su cadáver públicamente 
expuesto por orden de S. M. en uno de los 
salones de su Real Palacio, y sepultado al 
día siguiente en el panteón de la Iglesia de 
Nuestra Señora de Montserrat.» 

Como escritor, el señor Posada fué 
varón instruidísimo, distinguiéndose en 



el género oratorio, y siendo su nota más 
característica su no común destreza en 
el manejo de la lengua. Como demues- 
tra en su 

«Discurso pronunciado en la Real 
Iglesia de S. Isidro de esta Corte por el 
Dr. D. Antonio de Posada Rubín de 
Celis, Canónigo de la misma, el día 20 
de noviembre de 1803 en el aniversario 
de los Militares Españoles. (Escudito 
de A. R.) Madrid. En la Imprenta Real. 
Año de 1804. 

En8.°— XXXII-76págs.,más unaal final de erratas, 
sin numerar— Signs. i^) B2-G2.— Portada.-V. en b. 
Acuerdo del Consejo de la Guerra para imprimir este 
libro. — Texto.— Notas.— Ocupan éstas un número casi 
tres veces mayor de páginas que el texto, y están llenas 
de una verdaderamente prodigiosa erudición. 

No queremos, a pesar de todo lo di- 
cho, pasar en silencio que al señor Po- 
sada, durante el primer período de su 
vida, lo tuvieron por suyo los secuaces 
del jansenismo, dando lugar a esta opi- 
nión su concurrencia a la tertulia de la 
Condesa del Montijo, doña María Fran- 
cisca Portocarrero, que, según el señor 
Menéndez Pelayo, era llamada «Conci- 
liábulo de Jansenistas», Esto pasaba 
siendo el señor Posada Canónigo de San 
Isidro; pero después puede afirmarse 
que nada se halló en él contrario a las 
ideas puras y verdaderamente católicas. 

Pozo (Fr. Alonso del). 

Fué este Religioso Franciscano natu- 
ral de la villa de Manzanares, y se crió 
en la de Alcázar de San Juan, de donde 
eran naturales y adonde pronto volvie- 
ron a residir sus padres, que lo fueron 
Alfonso del Pozo Batanero y María Ló- 
pez Romero. Nació el 27 de enero de 
1677, y tomó el hábito de la Regular 
Observancia el 12 de julio de 1693, en el 
Convento de la ciudad de Cuenca. Hi- 
ciéronle luego Lector de Filosofía, cuya 
cátedra desempeñó en el Convento de 
la ciudad de Lorca; y habiéndola finali- 



155 — 



zado el año de 1710, pasó en el siguiente 
a leer la Teología en el Real de la ciudad 
de Murcia, por el espacio no interrum- 
pido de doce años, con singular aplauso 
y provecho de sus discípulos, que le 
miraron siempre como a uno de los me- 
jores teólogos de toda la Provincia de 
Cartagena, Fué también Guardián del 
mismo convento de Murcia; y en 1726 
pusiéronlo por Rector del insigne Cole- 
gio de la Purísima Concepción de dicha 
ciudad, siendo después nombrado Defi- 
nidor de su provincia, Ministro Provin- 
cial de la misma, y últimamente Califi- 
cador del Santo Oficio en la referida 
ciudad de Murcia, donde residió siem- 
pre hasta su muerte, ocurrida el día 9 de 
octubre de 1735, hallándose morador 
del citado Colegio de la Inmaculada 
Concepción, donde, por disposición 
suya, fué sepultado en el aula de Teolo- 
gía. Escribió, conforme al testimonio 
del autor de la Biblioteca Franciscana: 

1.° cConcionem de Immaculata Vir- 
ginis Conceptione». Murciae, apud Jo- 
sephum Díaz. Anno 1720. 4.° 

2.° «Orationem funebrem in Exe- 
quiis Delphini Galliae». Murciae, Typis 
Josephi Llofrui. 1711. 4.'' 

Prado (Fr. Juan Antonio de). 

Religioso Minorita, natural de Campo 
Criptana, e hijo de Agustín López de 
Prado y de Ana Xuárez. Vistió el sayal 
seráfico en el Convento de la ciudad 
de Cuenca, en 1690, siendo aún muy 
joven; y en 1707 lo hallamos ya desem- 
peñando el cargo de Lector de Filosofía 
en el Convento de Cartagena. Tuvo des- 



pués diversos empleos dentro de su Or- 
den, los cuales desempeñó en distintos 
lugares de su Provincia Observante, 
siendo uno de ellos el de Guardián del 
Convento de San Francisco, de la ciudad 
de Murcia, que ejerció desde 1730 en 
adelante. Murió, al fin, en la referida 
Casa, el día 10 de enero de 1747. 

Tráelo el P. Ortega como autor de un 
«Sermón impreso (Cuenca, 1734?) que 
predicó en la Ciudad de Cuenca, el año 
1734, en Honras del Exano. Señor Du- 
que de Adrantes, Patriarca de las In- 
dias, y Obispo que havía sido de aquel 
Obispado». 

He aquí su descripción bibliográfica: 

«Zelo de Dios, y Amor al Próximo del 
Excmo. Señor D.Juan de Alencastre No- 
roña Saude y Sylva, Duque de Abrahan- 
tes, y de Linares, Dignissimo Obispo de 
Cuenca, Patriarcha de las Indias, que des- 
cansa en paz. Explicado en esta Oración 
Fúnebre, que en las Exequias, que cele- 
bró su Santa Iglesia Cathedral el día 14 de 
enero de este presente año de 1734, Dixo el 
R. P. Fr, Juan Antonio de Prado, Lector Ju- 
bilado, Calificador del Santo Oficio, Exami- 
nador Synodal de este Obispado, Ex-Comi- 
sario Provincial, y actual Difinidor de esta 
Provincia de Cartagena de la Regular Ob- 
servancia de Nuestro Padre San Francis- 
co. Dedicada al Ilustrissimo Señor Don Isi- 
dro Carbajal Alencastre Noroña Saude y 
Sylva, Colegial Mayor del de San Bartho- 
lomé de Salamanca, Canónigo de esta San- 
ta Iglesia, Obispo electo de Barcelona, y 
Sobrino del dicho Señor Excmo, (Sin mem- 
brete de Imprenta.)* 

En 4.°— 28 págs., más 11 hojas de prelims. sin nume- 
rar.— Signs. (^!^) A-D2.— J'ortada.— V. en b.— Dedicato- 
ria.— Aprobación del Dr. D. José Duro del Saz. -Otra 
del P. Fr. Antonio Capistrano Risso.— Licencia del Pro- 
visor, en Cuenca, 12 de febrero de 1734.— Texto,- Pro- 
testa del autor. 



R 



Rafelbuñol (Fr. José de). 

Natural del lugar de su apellido, don- 
de nació por los años de 1728, de muy 
honrados y cristianos padres, que lo 
fueron José Aparici y Rosaura Cabota. 
Vistió el sayal seráfico de Menores Ca- 
puchinos en 9 de mayo de 1743: después 
de curs.ados sus estudios mayores, fué 
Lector de Teología; pero era tal su reli- 
giosidad de espíritu, que casi toda su 
vida la pasó en ser maestro de novicios: 
de este empleo le sacó la obediencia 
para Ministro Provincial, pero concluí- 
do este cargo, volvió a su antiguo ejer- 
cicio, que desempeñó hasta su muerte, 
acaecida en el Convento de la Magdale- 
na en 1809, habiendo sido morador por 
muchos (desde 1765 a 1787 por lo menos) 
en el Convento de Capuchinos de la ciu- 
dad de Murcia. Escribió: 

1.° «Corona de María Santísima, con 
el nombre de Pastora de las almas».— 
Murcia, 1765. 

2.° «Afectos devotos para mover a 
la devoción del Santo Viacrucis».— Mur- 
cia, 1787. 

3° «Instrucción sencilla y práctica 
de un novicio capuchino, para que en el 
camino espiritual haga con seguridad y 
suavidad las jornadas de la perfección.— 
Valencia, por José y Tomás de Orga, 
1783 y 1795. En 8.° 
Véase Rafelbuñol en nuestro si- 



guiente Catálogo de Impresos en 
Murcia. 

Reinoso de AlmazAn (Fr. Alonso). 

Padre Franciscano de la Provincia de 
Cartagena, natural de la Solana, en la 
Mancha, y domiciliado, no escaso tiem- 
po, en el Real Convento de San Fran- 
cisco de Murcia, donde tuvo a su cargo 
el desempeño de las aulas de Teología 
sagrada. Fué también Lector de Filoso- 
fía, Calificador del Santo Oficio, y Defi- 
nidor de su Provincia observante, me- 
reciendo por sus buenas disposiciones 
para el pulpito, el ser nombrado Predi- 
cador de la Corte; cargo que, según pa- 
rece, hubo de desempeñar en los pos- 
treros años de su vida «con universal 
satisfacción y crédito correspondiente a 
su gran fama». 

Dejó publicados, que sepamos, los 
siguientes sermones. 

1.° «Sermón de Santo Tomás de Vi- 
llanueva, que predicó el M. R. P. Fray 
Alonso Reinoso de Almazán, Colegial 
Mayor... en el Colegio de S. Pedro y S. 
Pablo de Alcalá de Henares, Lector de 
Filosofía y Theología... etc.» Alcalá de 
Henares, 1666. En 4.° 

2.° «Sermón de la Purissima Con- 
cepción de Nra. Señora». Murcia, 1670. 
3.° «Sermón de la Santissima Trini- 
dad.» Que el autor de la Bibliotheca 
Vniversa Franciscana, Fr. Juan de San 



- 157 - 



Antonio cita (en latín) con el siguiente 
título: «Panegírico de la Santissima Tri- 
nidad, predicado en el Capítulo General 
de Franciscanos celebrado en Vallado- 
lid, año de 1670.» Cuenca, 1671. En 4° 

Rodenas (Don Tomás). 

Sacerdote, Doctor en Sagrada Teolo- 
gía, natural de la villa de Ayora y resi- 
dente, durante algún tiempo, en Murcia, 
donde ejerció el cargo de Comisario del 
Tribunal de la Santa Inquisición. Fué 
después catedrático de Retórica en la 
Universidad de Valencia, y dio en el 
ejercicio de este cargo señaladas mues- 
tras de su mucho estudio y laboriosi- 
dad. Murió en dicha ciudad, a la edad 
de ochenta y un años, y en el de 1737. 
Escribió: 

1.° cPanegyris Rhetorica soluto, et 
ligato stilo omnifariam illustrata. In 
laudem Florentissimae Scholae Valen- 
tinae Dialogi adinstar.» Valentiae, apud 
Antonium Valle, 1721. En 4.° 

2.° «Diálogo alegórico a la Santissi- 
ma Trinidad, por los tres atributos di- 
vinos de la omnipotencia, sabiduría y 
bondad.» 

Manuscrito que vio Jimeno en poder 
de un discípulo suyo, y que, según se 
nos dice, escribió su autor hallándose 
en Murcia. 

Rodríguez Montero (Fr. Juan). 

Padre Minorita, natural de Alcázar de 
San Juan, donde nació a mediados del 
siglo xvn. Fué Lector de Filosofía y 
Teología en el convento de San Fran- 
cisco, de la ciudad de Cartagena, Exa- 
minador de la Cámara Apostólica de la 
Nunciatura de España, y Sinodal, lue- 
go, del Arzobispado de Toledo. Murió 
en el convento de Huete por los años 
de 1690. 

Dejó escritos, según el P. Ortega, tun 



Sermón de Honrras de la Sra. Marque- 
sa de ¿os Veles, predicado en la ciudad 
de Huete e impreso en Madrid en 1686; 
y un Memorial (Ms.) sobre Varones ilus- 
tres de la Provincia de Cartagena, com- 
puesto en idioma latino.» 

Rojas Borja (limo. Sr. D. Francisco de). 

En realidad, los dos primeros apelli- 
dos de este insigne Arzobispo, Obispo 
de Cartagena, fueron los de Rojas y Ar- 
tes, y así le llamaron don Hipólito de 
Samper y don Juan Tamayo en su Mar- 
tirologio Hispánico, siendo Gimeno el 
primero que le llamó Rojas Borja, por 
haberse así firmado siempre nuestro don 
Francisco, siguiendo el uso de su padre, 
y al que nos atenemos. 

Nació en la ciudad de Valencia, año 
de 1604, de la clara estirpe de los Mar- 
queses de Poza, y de nobilísimos pa- 
dres, que lo fueron don Juan de Rojas 
Borja y doña Teodora Artes de Alba- 
nell. Dotado de felices disposiciones 
para los estudios, pasó a cursar los de 
Jurisprudencia y Cánones a Salamanca, 
entrando de Colegial en el del Arzobis- 
po; y hallábase todavía en el Colegio 
cuando recibió el nombramiento de 
Auditor de la Rota por los reinos de la 
Corona de Aragón, en desempeño de 
cuyo destino residió en Roma unos vein- 
te años, dedicado siempre a las funcio- 
nes propias de su cargo, siendo agracia- 
do, entretanto, con algunos Beneficios 
eclesiásticos, un Canonicato y, última- 
mente, con el Arcedianato mayor de la 
Iglesia de Valencia. Pasado dicho tiem- 
po, y de regreso a España, quiso Feli- 
pe IV, a la vez que recompensar sus 
buenos servicios, aprovecharse de sus 
conocimientos en bien de sus subditos, 
y al efecto honróle promoviéndole, en 8 
de enero de 1653, a la silla arzobispal de 
Tarragona, cuyo quebrantado gobierno, 
que, por las costumbres del clero, falta 



158 - 



de moralidad en el pueblo y descuido 
en el divino culto, venía experimentan- 
do ciertos descalabros, restableció in- 
mediatamente el nuevo Arzobispo, re- 
uniendo para ello dos Sínodos provincia- 
les, uno en el mismo año de su ingreso 
y otro en el de 1659, con cuyas pruden- 
tes y oportunas disposiciones consiguió 
atajar los males que iban contaminan- 
do a aquella Iglesia. Trascurridos diez 
años, y habiéndose estimado ser nece- 
saria su relevante prudencia para el go- 
bierno de otras diócesis, fué trasladado 
a la de Ávila, en abril de 1663, con re- 
tención del título de Arzobispo, y desde 
ésta, a la de Cartagena y Murcia, donde 
permaneció desde 1672, en que sucedió 
al limo. Sr. Don Mateo de Sagade y Bo- 
geiro, hasta 1684, en que bajó al sepul- 
cro, día 17 de julio; habiendo hecho sen- 
tir durante todo este tiempo, y a cada 
instante en todo el Obispado, la saluda- 
ble influencia de su recta administra- 
ción. 

Una de las obras debidas a su piedad 
insigne fué el Convento de Agustinas 
Descalzas de la ciudad de Murcia, que 
si no fundó, reedificólo todo, haciendo 
construir a sus expensas, además de la 
Capilla mayor de aquella Iglesia, de 
que era patrono, todas las celdas y lo- 
cutorios del Monasterio, por lo que, sin 
duda, hubo de elegirlo para tumba de 
sus venerables restos, que, efectivamen- 
te, yacen sepultados bajo las losas de 
dicha Capilla. 

Dejó escrito el siguiente libro, que fué 
impreso, según don Nicolás Antonio, a 
expensas del Doctor José Bileta, Cate- 
drático de Jurisprudencia en la Univer- 
sidad de Barcelona, a saber: 

«Decisiones Sacrae Rotae». Lugduni, 
apud Joann. Ant. Huguetam, et M. Ant. 
Ranaud, 1662. En.fol. 



Rojas y Contreras (limo. Sr. Don Die- 
go de). 

Natural de Jaén; hijo de los nobilísi- 
mos padres don Diego de Rojas Ortega 
y doña María Contreras, Marquesa de 
Villa-Nueva de Duero. Fué Colegial 
Mayor en el de Cuenca, del Hábito de 
Calatrava, como su padre y sus cuatro 
hermanos don Pedro, don José, don 
Bernardo y don Antonio de Rojas y 
Contreras; Catedrático de Decretales 
Mayores de la Real Universidad de Sa- 
lamanca; Juez Metropolitano del Arzo- 
bispado de Santiago; Fiscal y Oidor de 
Valladolid; Obispo de Calahorra; Go- 
bernador del Supremo Consejo de Cas- 
tilla, y últimamente Obispo de Cartage- 
na, cuya sede gobernó desde el 13 de 
abril de 1753, en que hizo su solemne 
entrada en Murcia y prestó el acostum- 
brado juramento en la Puerta del Per- 
dón de su templo Catedral, hasta el 10 
de noviembre de 1772, en que le alcanzó 
la muerte, siendo enterrado en la Igle- 
sia de Madres Capuchinas de dicha 
ciudad. 

Los beneficios que dispensó a la mis- 
ma, y a que ésta corresponde, contán- 
dole por uno de sus más distinguidos 
Prelados, fueron considerables y de 
gran importancia. En primer lugar, él 
fué quien construyó a sus expensas casi 
todo el magnífico palacio nuevo episco- 
pal, de que tanto Murcia se envanece, 
adornándole de rico mobiliario y pre- 
ciosas alhajas, mereciendo entre ellas 
particular mención la colección de re- 
tratos al óleo de señores Obispos de 
Cartagena sus antecesores, que él mis- 
mo mandó copiar de los pintados en las 
paredes del salón principal del palacio 
viejo; él quien fundó y estableció en el 
mismo suntuoso edificio, una Biblioteca 
pública, que hasta hoy subsiste, dotán- 
dola hasta de siete mil y pico de volú- 
menes, muchos de ellos de estimable 



- 159 - 



rareza y preciosidad; él quien erigió el 
Real Colegio de Teólogos Operarios de 
San Isidoro, laboratorio, después, de 
muchos ilustres ingenios, y que hoy (no 
sabemos con qué título) posee el Insti- 
tuto Provincial; él quien hizo de su 
Iglesia y Cabildo, un verdadero Cabil- 
do e Iglesia Catedral, aumentando sus 
canonjías, beneficios y dignidades, y 
obteniendo para ello Reales Despachos 
y Bulas Pontificias; él uno de los que 
más protegieron las letras y a sus culti- 
vadores, estimulándoles a las tareas in- 
telectuales, y sirviendo de Mecenas a 
muchos literatos murcianos de su tiem- 
po, entre los cuales, por ejemplo, pode- 
mos citar al diligente cartagenero Fray 
Leandro Soler, a quien favoreció con su 
amistad, y cuya obra de «Cartagena 
Ilustrada», o, por lo menos, gran parte 
de ella, escribió por su especial encargo: 
él, pues, quien procuró el adelanto de la 
enseñanza e ilustración pública; y él, en 
fin, quien, por tal medio, y con lo que, 
en el mismo sentido, tenía trabajado el 
inmortal Belluga, preparó el camino a 
su dignísimo sucesor don Manuel Rubín 
de Celis, para la consecución de una 
prosperidad intelectual completa en 
toda la Diócesis. 

A su iniciativa, también, y por su 
mandado, se debe la publicación de las 
Constituciones de los Obispos don Die- 
go de Comontes y don Nicolás de Agui- 
lar, con otros documentos e interesan- 
tes papeles referentes a la Iglesia de 
Cartagena; documentos que se hallan 
en dos curiosísimos tomos, cuyas por- 
tadas y demás circunstancias bibliográ- 
ficas son del tenor siguiente: «Diferen- 
tes Instrumentos, Bulas, y otros docu- 
mentos pertenecientes a la Dignidad 
Episcopal y Sta. Iglesia de Carthagena, 
y a todo su Obispado, Impressos de 
orden del Ilustrissimo Señor Don Diego 
de Roxas y Contreras, Obispo de Car- 



thagena, Cavallero del Orden de Cala- 
trava, del Consejo de su Magestad, y su 
Governador en el Real de Castilla: Para 
la noticia, y instrucción de sus Succes- 
sores, sus Provisores, y Vicarios Gene- 
rales, y de los Señores Deán, Dignida- 
des, Canónigos y Prebendados de dicha 
Santa Iglesia, y demás Iglesias de su 
Obispado, a quienes pertenezca su con- 
tenido». Parte Primera.— Con las Licen- 
cias necessarias: En Madrid: En la Ofi- 
cina de Don Gabriel Ramírez, Criado de 
la Reyna Viuda nuestra Señora, Calle 
de Atocha, frente de la Trinidad Calza- 
da. Año de 1756. 

En fol.— 129 hojas, más una de Tabla al principio, sin 
numerar.— Signs. A-Ttt.— Portada.— V. en b. — Tabla de 
lo contenido en este volumen. — Texto. 

Contiene: 

Constituciones y Fundamento de la 
Santa Iglesia de Carthagena, hechas por 
el limo. Señor D. Nicolás de Aguilar, 
Obispo de ella, año del Señor de 1366. 
(fols. 1 al 7). 

Fundamento de la Santa Iglesia, y de 
toda la Dioecesi de Carthagena, escrito 
y ordenado por el limo. Señor Don Die- 
go de Comontes, Obispo que fué de di- 
cha Dioecesi. (fols. 7 al 59.) 

Erectio Episcopatus Oriolensis ex 
parte Territorii Dioecesis Carthaginen- 
sis, y una Bula del Papa Pío IV. Año de 
1564. (fols. 59 al 64.) 

ídem otra del mismo Papa, y del 
mismo año, expedida a este fin. (fols. 
64 a 75.) 

Otra de Gregorio XIII. (fols. 75 a 81). 

Copia, bien y finalmente sacada, de 
otra que se sacó de los autos originales, 
que se principiaron el año de 1592, por 
el limo. Señor Don Sancho Dávila y 
Toledo, Obispo que fué de Carthagena, 
para la Fundación y Erección del Cole- 
gio Seminario del Señor San Fulgen- 
cio de esta Ciudad de Murcia, (fols. 81 
a 116.) 

Una Bula del Papa Gregorio XVI so- 



- 160 - 



bre Aprobación y Confirmación de cier- 
ta Concordia entre el Obispo Fr. Don 
Antonio Trejo, y el Deán y Cabildo de 
la Santa Iglesia de Carthagena en assun- 
to de Adjuntos, Visita, y Edictos para 
ella. (fols. 116 a 121.) 

Auto del Provisor de Carthagena, so- 
bre la Canonjía Preceptoria, unida al 
Seminario de San Fulgencio, por los 
Autos de Erección de dicho Seminario; 
y que antes pertenecía por el Funda- 
mento de la Iglesia a la Dignidad de 
Maestre-Escuela, para costear la ense- 
ñanza pública, (fols. 121 a 122.) 

Privilegio del Señor Rey Don Alon- 
so, en que concede los Donadíos al 
Obispo, y Iglesia de Carthagena. (fols. 
122 a 123.) 

Instrumento del nuevo Estado, que se 
dio a la Comunidad de Capellanes Ce- 
lebrantes de la Santa Iglesia Cathedral 
de Carthagena, año de 1548, por el Se- 
ñor D. Lope de Rivas, Obispo que fué 
de dicha Diócesis... etc. (fols. 123 al 129 
inclusive.) 

— «Nuevo Establecimiento, o Funda- 
mento de la Santa Iglesia Cathedral de 
Cartagena, o Instrumento de División, 
Erección, y Aumento de Dignidades, 
Canonjías, Raciones y Medias Racio- 
nes, y distribución de semanas para la 
celebración de los Divinos Oficios: Dis- 
puesto y Ordenado en el año de 1756» 
por el Ilustrissimo Señor Don Diego de 
Rojas y Contreras, Cavallero del Orden 
de Calatrava, del Consejo de S. M. y su 
Governador en el Real, y Supremo de 
Castilla, y Obispo de dicha Santa Igle- 
sia, y Obispado: Con previo consenti- 
miento del Señor Rey Don Fernando 
Sexto (que santa Gloria haya) dado en 
el año de 1754, y con posterior aproba- 
ción del Señor Rey Don Carlos Tercero 
(que Dios guarde muchos años) en el 
de 1760. Y confirmado por Bula Apostó- 
lica, obtenida a solicitud de dicho Señor 



Rey D. Carlos Tercero, de la Santidad 
del Señor Clemente XIII, felizmente 
Reynantes, en el citado año: A que se 
sigue otro Breve del mismo Señor Cle- 
mente XIII, obtenido a instancia del 
mismo Señor Rey, para suprimir las 
tres Medias Raciones nuevamente au- 
mentadas, y concordar los Pleytos, que 
en dicho Instrumento de División, y 
Bula de su Confirmación quedaron 
pendientes, sobre paga de salarios de 
Músicos, nominación de éstos, y de 
Sochantres, y sobrantes de la Preben- 
da Preceptoria unida perpetuamente al 
Seminario del Señor S. Fulgencio.— 
Con las Licencias necessarias. En Ma- 
drid, en la Oficina de Antonio Sanz, 
Impressor del Rey N. S. y su Consejo. 
Año 1761. 

En fol.— 49 hojas y una más al fin con foliación equi- 
vocada.- Signs. A-N2.— Portada.— V. en b.— Texto. 

Contiene lo mismo que se expresa en 
la portada, y le sigue inmediatamente, 
con foliación distinta, un Edicto o Carta 
Pastoral que empieza: 

Nos Don Diego de Rojas y Contreras, 
Cavallero de la Orden de Calatrava, 
por la Gracia de Dios, y de la Santa 
Sede Apostólica, Obispo de Cartagena, 
del Consejo de S. M. Governador en el 
Real, y Supremo de Castilla: otrosí Juez 
Executor, por derecho, de todas las 
Bulas, y Breves Apostólicos, en nuestro 
Obispado de Cartagena: — A nuestro 
Provisor, y Vicario General del referi- 
do nuestro Obispado: Hacemos saber, 
que el Señor Rey Don Fernando el 
Sexto... etc. (Y concluye): Dada en Ma- 
drid en las Casas de nuestra habitación 
a veinte y quatro días del mes de No- 
viembre de mil setecientos y sesen- 
ta y uno. 

En fol.— 4 hojas.— Slgns. A-A3. 

Es carta que tiene por objeto la expo- 
sición de los motivos que le indujeron 
a formar el antedicho Nuevo Establecí- 



- Í6l - 



miento o Fundamento de la Iglesia de 



Cartagena. 



Romeo (Fr. Jorge). 

Predicador general de número de la 
provincia Franciscana de la Regular 
observancia de Aragón, y Maestro de 
Novicios, según Latassa. Su genio dulce 
y nada austero lo inclinó también al es- 
tudio de la música y fué diestro orga- 
nista. El Marqués de los Vélez, don 
Pedro Fajardo, virrey a la sazón de 
Sicilia, le nombró después su Confesor, 
y con este motivo viajó por Italia, y 
residió algún tiempo en aquel citado 
reino. 

No se nos dice de dónde fué natural; 
pero por el cronista Franciscano Fray 
Félix Valles, citado por Latassa, sabe- 
mos que residió también algún tiempo 
en la provincia de Murcia y que murió 
en la villa de Muía, sin decirnos el año. 

A su fallecimiento, según el mismo 
Latassa, se le imprimieron unos: 

«Sermones Fúnebres en las repetidas 
exequias celebradas por el Excmo. Se- 
ñor Marqués de los Vélez, Virrey de 
Sicilia >.-Palermo. 1647. En 4.° 

Es, pues, de creer muriese por los 
años de 1645 a 1646. 

Romero (Fr. Lorenzo). 

Padre Franciscano de la Provincia de 
Cartagena. No tenemos más noticias 
acerca de su vida, sino que fué natural 
de la villa de la Solana, hijo de Lorente 
Romero y de María Mateos; que vistió 
el hábito y profesó en la Orden en el 
convento de Caravaca, año de 1606; y 
que debió residir, durante largos años, 
en muchos del reino de Murcia, según 
lo hace pensar fundadamente la segun- 
da de las tres siguientes obras que com- \ 
puso y dejó a su muerte inéditas. Tráen- 
las los doctos PP. Juan de San Antonio 



y Ortega en sus respectivas y tantas Ve- 
ces citadas producciones, y son: 

L^ «De Annalibus mundi et Eccle- 
siae». VIII vol. in fol.; 

«en los cuales (dice el primero de dichos 
autores) trátase abundantemente de las 
predicaciones en España de Santiago, San 
Pedro y San Pablo, de la vida y hechos de 
San Eugenio, Arzobispo de Toledo, y de 
otras cosas dignas de ser tenidas en me- 
moria por los españoles.» 

«Obra (añade el segundo) de bastante 
erudición, en estilo llano; pero a la verdad 
escrita con poca o ninguna crítica; pues 
se vale y mezcla, entre muchos autores 
verídicos y acreditados, los Chronicones 
de Flavio Dextro, Marco Máximo, el Abad 
Auberto y los demás... 

» Consérvase (concluye el citado biblió- 
grafo) en el Convento de Santa Ana de la 
ciudad de Orihuela.» 

2.^ «Descripciones de algunos Con- 
ventos de esta Provincia (la de Cartage- 
na) con las cosas más gloriosas de cada 
uno>. 

Cítala así el segundo de los referidos 
cronistas, aseverándonos fué compues- 
ta por los años de 1646 a 1647, y que de 
dichas Descripciones, sólo pudo haber 
a las manos las de los Conventos de 
Cartagena, Orihuela, Santa Catalina del 
Monte, Alcaraz, Moratalla, Muía y Vé- 
lez el Blanco; «las que están en folio, y 
algunos alcanzan a quarenta..., mere- 
ciendo crédito y fe>. 

3.^ «Descripción de la Ciudad de 
Cartagena». 

Cítala así también el referido cronis- 
ta, diciéndonos haberse escrito por los 
años de 1647, y que igualmente tuvo a 
la vista. 

Romero y Vel.4zquez (Don Ramón). 

Doctor en Medicina, que floreció en 
los principios del presente siglo. Igno- 
ramos el pueblo de su naturaleza, y 
aunque sospechamos lo fuera alguno de 

11 



- 162 - 



los de la provincia de Murcia, por no 
tener de ello noticia alguna, no lo inclui- 
mos en nuestro Catálogo de Autores 
Murcianos, haciéndolo en este de resi- 
dentes en la dicha ciudad, donde, como 
se verá por lo que se expresa en la por- 
tada del opúsculo que escribió en 1819 
y presentó en la Academia Médico-prác- 
tica de Barcelona, sobre el Contagio de 
la fiebre amarilla, es seguro habitó por 
algunos años ejerciendo su carrera pro- 
fesional, así como también que fué mé- 
dico del Ilustrísimo Señor Deán y Cabil- 
do de la Santa Iglesia de Cartagena, 
miembro de la Real Sociedad Económi- 
ca murciana de Amigos del País y Vocal 
consultor de la Junta Superior de Sani- 
dad de la provincia de Murcia.. 
El título del referido opúsculo es: 
«Memoria que sobre el contagio de la 
fiebre amarilla extendió y presentó a la 
Real Academia Médico-práctica de Bar- 
celona el Dr. D. Ramón Romero y Ve- 
lázquez, vocal consultor de la Junta Su- 
perior de Sanidad de la provincia de 
Murcia, médico del Ilustrísimo Señor 
Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Ca- 
tedral de Cartagena, socio íntimo de la 
Real Academia Médico-práctica de Bar- 
celona, y de número de la Sociedad 
murciana». Premiada con una medalla 
de oro por la propia Academia, con cuya 
aprobación la da a luz su autor.— Con 
licencia. Barcelona, Imprenta de Garri- 
ga y Aguasvivas, 1819. 

En 4.0— de 11-134 páginas. 

RoMEu (Don Francisco Javier). 

Nació en Valencia; estudió y recibió 
el grado de Doctor teólogo en esta 
Universidad. Su decidida afición a las 
Humanidades fué causa de que el señor 
Obispo de Cartagena, don Manuel Ru- 
bín de Celis, lo llamase para ocupar la 
Cátedra de Elocuencia en el Seminario 



Conciliar de San Fulgencio, de, Murcia, 
que acababa de erigir, donde enseñó 
desde primeros de enero de 1778 hasta 
fin de diciembre de 1790, sacando con 
sus lecciones excelentes discípulos, en- 
tre ellos el limo. Sr. D. Antonio Posada 
Rubín de Celis, Canónigo de San Isido- 
ro, Abad de Villaf ranea del Vierzo, y 
después Obispo de Cartagena. 

En este tiempo dijo las Oraciones la- 
tinas que es de costumbre en la apertura 
de las aulas, y mereció que aquel Prela- 
do mandase imprimir las cuatro prime- 
ras, que viviendo se recitaron. También 
trabajó muchas dedicatorias en latín, 
impresas al frente de las conclusiones 
de los actos de facultad mayor que se 
defendieron en el Seminario, y seis ora- 
ciones en castellano, que se dijeron en 
las solemnidades, así en éste como en 
la Catedral. 

Volvió a Valencia con deseos de con- 
seguir la cátedra de Retórica de esta 
Universidad, y como por el nuevo plan 
de estudios que acababa de establecerse 
para obtenerla era preciso sujetarse al 
grado de candidato, sufrió los exámenes 
correspondientes y recitar una oración 
que intituló: De didascalico discendi ge- 
nere, y se le confirió este grado; y por 
oposición logró, en 1794, la cátedra de 
Elocuencia; y en los años de 1806 y 7, 
como a tal, recitó, día de San Lucas, en 
el teatro de esta Universidad, la oración 
inaugural acostumbrada; mediando los 
mismos actos y exámenes, recibió el 
grado de Candidato de Teología, pre- 
sentando la disertación intitulada: De 
sacrorum caelihatus lege in Ecclesia re- 
tinenda; y habilitado mediante concur- 
so, fué nombrado, en 11 de octubre de 
1814, catedrático perpetuo de Teología. 

Hizo, así en Murcia como en Valen- 
cia, oposiciones a los Canonicatos va-; 
cantes; y últimamente, en 1824, me- 
diante concurso, fué promovido a una 



— 163 — 



pavordría con cátedra anexa en la Me- 
tropolitana de Valencia. Escribió: 

1. «De latinitate linguae tradendae 
praeclara et óptima ratione». Valencia, 
en la Oficina de José y Tomás de Orga, 
1780. En 4.° 

Contiene un plan de enseñanza con- 
forme a las reg-las que se usaban en el 

siglo XVI. 

2. «De philosophicis disciplinis ge- 
nerosae juventuti publicorum munerum 
cupidae, máxime accommodatis». Va- 
lencia, por el mismo, 1781. En 4.° 

Oración en que se hace ver que la só- 
lida y sana filosofía no está circunscrita 
y reducida a los estrechos límites de las 
especulaciones escolásticas, sino que 
también en los dilatados negocios pú- 
blicos y gobierno de las ciudades, pro- 
vincias y reinos. 

3. «De Phisicae experimentalis 
praestantia et utilitate>. Murcia, Im- 
prenta de la Viuda de Felipe Teruel, 
1782. En 4.° 

Donde se empeña en probar las ven- 
tajas que dimanan de la cultura de esta 
ciencia para todo género de artes y ra- 
mos del saber. 

4. «De Sacrae Oratoriae dignitate 
adserenda». Murcia, por la misma, 1783. 

Donde se manifiesta el uso que tiene 
la retórica en el ejercicio del ministerio 
de la palabra divina, con el fin de esti- 
mular a los jóvenes que aspiran al esta- 
do eclesiástico, al estudio de una cien- 
cia tan recomendable y útil. 

5. «Oraciones (seis) latinas». 

Que se conservan inéditas. Las pro- 
nunció en Murcia y Valencia, acomo- 
dándose a las circunstancias de lugar y 
tiempo. Además tiene otra latina, que 
dijo en San Isidro, de Madrid. 

Fuster: Tomo II, pág. 440. 



Ropero (Fr. Pedro). 

Fraile Franciscano, natural de la ciu- 
dad de Alcaraz. Ejerció el cargo de De- 
finidor general de la Observante Pro- 
.vincia de Cartagena, y residió durante 
algunos años en el convento de la Villa 
de Caravaca, donde acabó sus días, en- 
trados ya los primeros de la segunda 
mitad del siglo xvn. 

Fué famoso en su tiempo como orador 
elocuente, consumado teólogo y varón 
profundo en humanas y sagradas letras, 
habiendo dejado manuscrita en latino 
idioma una «Descripción del Convento 
de la ciudad de Alcaraz» , que hubo de 
trabajar por orden de cierto Capítulo 
general celebrado en Toledo en el año 
de 1645: obra citada por el P. Fr. Loren- 
zo Romero, de que en otro lugar nos 
ocupamos, con las siguientes palabras, 
muy favorables, por cierto, a la buena 
reputación que, como literato, debió go- 
zar sin duda nuestro venerable francis- 
cano: 

«Las Actas (dice) de dicho Convento, los 
héroes que de él han salido, que con su 
vida, doctrina y letras, no sólo han ilus- 
trado su Religión Seráfica, mas toda la 
Iglesia de Dios, descrive, con delgada y 
diligente pluma, el M. R. P. Fr. Pedro Ro- 
pero, en toda ciencia noticioso, Filósofo 
grande, Theologo consumadissimo, exce- 
lente orador, Predicador elocuente, en Le- 
tras de humanidad profundo, varón digno 
de toda honra, por sus canas venerable, y 
morador de dicha casa, como parece en 
un fragmento, que con este, remite al 
Rmo., en sermón latino...» 

El señor Baquero, sin embargo, no 
quiso mencionarlo en sus Hijos ilustres 
de la provincia de Albacete. 

Véase Romero (Fr. Lorenzo) en nues- 
tra Sección Segunda. 

Rosa (Fr. Alonso). 

Religioso Franciscano, natural de la 
villa de Manzanares. Fué Lector de Ar- 



- 164 - 



tes, y Doctor en la t'acultad de Teolo- 
gía. En 1712 fué nombrado Custodio ge- 
neral de su Provincia Observante de 
Cartagena, viniendo a terminar sus días 
en el convento de Alcázar de San Juan, 
año de 1721. 

Gozó en su tiempo de gran reputación 
como orador sagrado, y sábese que pre- 
dicó muchos y muy buenos sermones 
en Zaragoza y Murcia; pero se ignora 
si llegaron a imprimirse. 

Nosotros sólo le conocemos por un 
tSermón de Honras por los Serenissi- 
ptos Delphines el Señor Duque de Bor- 
goña y su Esposa la Señora María Ade- 
leída de Saboya», que predicó ante la 
Ciudad de Murcia, en su Iglesia Cate- 
dral, y fué impreso en dicha ciudad 
en 1712. 

RubIn de Celis (limo. Sr. Don Manuel), 

Obispo de Cartagena, y uno de los 
Prelados a quien, después del Cardenal 
Belluga, debe Murcia los mayores y más 
señalados beneficios, así en el orden 
material, como en el intelectual y reli- 
gioso. Nació en el Lugar de Valle de 
Cabuérniga, en el Obispado de Santan- 
der, de padres nobles y acaudalados, 
que lo fueron don Diego Rubín de Celis 
y doña Dominga Gutiérrez, a quienes 
debió una educación brillante, y una 
pingüe herencia más tarde. Hizo sus es- 
tudios de Jurisprudencia y Cánones en 
la Universidad de Valladolid, hasta ob- 
tener, como obtuvo con gran lucimien- 
to, la honrosa borla de Doctor en ambos 
Derechos. Ya ordenado de sacerdote, 
y llegada la fama de su probidad, peri- 
cia y buenas prendas, a oídos del Obispo 
de Cartagena don Juan Mateo López, 
llamóle a su lado, nombrándole su 
Coadjutor Vicario y Provisor interino, 
cargos que, en efectivo, ejerció después 
en el Obispado de Palencia, que llegó a 
regir, como Gobernador de la Mitra, por 



muerte del señor Bustamente. De aquí 
fué promovido a Juez Inquisidor de Va- 
lladolid, y ascendido, al poco tiempo, a 
su silla episcopal, siendo por entonces 
cuando hubo de desplegar todo su celo 
y firmeza de carácter en oponerse como 
inexpugnable muro y con singular de- 
nuedo, a la introducción en España de 
los libros y opúsculos de propaganda 
herética y revolucionaria que la Francia 
tenía empeño en hacer circular por toda 
Europa. Es notable circunstancia de la 
vida de este varón insigne que merece 
honrosa y particular mención digna de 
toda alabanza. 

Andaba a la sazón el Cabildo de Mur- 
cia algo dividido, dando ocasión, con 
ello, a que en el seno de esta Iglesia, y 
ya muerto su venerabilísimo Prelado 
don Diego de Rojas, cundiese la discor- 
dia y la inestabilidad, todo ello con gran 
perjuicio del culto, y escándalo del pue- 
blo. Llegó la cosa a oídos de Carlos III, 
Monarca, como sabemos todos, a la vez 
que adiestrado en el arte de elegir hom- 
bres, amantísimo de la paz y la tranqui- 
lidad; y como estuviese satisfecho de la 
prudencia y sabiduría con que el señor 
Rubín la había restablecido en Vallado- 
lid, no dudando que en Murcia conse- 
guiría otro tanto, nombróle inmediata- 
mente Obispo de Cartagena. 

Tomó a su nombre posesión del Obis- 
pado, en 4 de septiembre de 1773, el 
Canónigo don Juan José Mateos, ha- 
ciendo el señor Rubín, pasados diez y 
nueve días, su solemne entrada en Mur- 
cia, y acostumbrado juramento en la 
Puerta del Perdón de su Iglesia Ca- 
tedral. 

Sentado ya en esta nueva Sede, y des- 
pués de compuestas las diferencias del 
Cabildo con decoro y ventajas para am- 
bas partes, no pensó más el señor Rubín 
que en procurar el bienestar de sus 
diocesanos, y en la prosperidad mate- 



— 165 — 



rial y espiritual de su Obispado, ayu- 
dando a la primera con los innumera- 
bles, crecidos donativos que para nece- 
sidades y atenciones de todas clases 
hubo de dispensar con munificencia 
inagotable a particulares y corporacio- 
nes, a Iglesias y Monasterios; y consi- 
guiendo muy especialmente la segunda 
por medio del admirable plan de estu- 
dios e incremento nuevo dado por él a 
la enseñanza del murciano Colegio Ful- 
gentino, invirtiendo medio millón de 
reales en dotarle de cuantas nuevas cá- 
tedras eran necesarias para formar en 
él verdaderos Doctores, 5^ obteniendo 
para este fin del Soberano la gracia, no 
sólo de aprobación de sus cursos en to- 
das las Universidades del Reino, sino 
también el singular privilegio de poder 
conferirse grados menores para todas 
las facultades dentro del mismo Semi- 
nario: acción laudabilísima y de tras- 
cendentales resultados para las letras 
murcianas, que a ningún Obispo, antes 
de él, se le había ocurrido emprender, 
ni intentar siquiera. 

He aquí cómo nos refiere este hecho 
el P. M. Fr. Antonio Gálvez, Catedráti- 
co de Teología en el Colegio de Orihue- 
la, y uno de los mejores panegiristas de 
nuestro Obispo, en el Elogio fúnebre 
pronunciado a sus exequias el día 27 de 
septiembre de 1784, en el Convento de 
Santo Domingo de Murcia: 

«Persuadido que toda la felicidad de la 
religión y del País, la regularidad y las 
costumbres del Clero, y aun del pueblo, 
penden de las primeras impresiones de la 
mocedad, desterró los malditos planes de 
educación que ofrecen los reformadores 
de este siglo infeliz...; pero substitu}'-© en 
su lugar obras de una filosofía racional y 
christiana, donde conservando las santas 
ideas y sagradas nociones de los misterios 
y dogmas de la religión, pudiesen los jó- 
venes instruirse en los arcanos de la natu- 
raleza, sondear sus abismos, recrearse en 
los nuevos descubrimientos de los sabios, 



adquirir los conocimientos de la física, los 
problemas de la geometría, e imponerse 
en las bellas ciencias. No quiso que mane- 
jasen los pestilenciales libros de los nue- 
vos Legisladores del Norte, Jurisconsul- 
tos audaces e irreligiosos, que no recono- 
cen ningún derecho divino ni natural...; 
pero les puso en mano el Código más 
santo de la Ley eterna; esto es, las Sagra- 
das Escrituras; los Cánones de la Iglesia; 
la antigua Jurisprudencia de Roma; las 
antiguas y modernas Leyes de España, 
cuya sola inteligencia basta para formar 
un Jurista christiano consumado. No per- 
mitió que viesen ni aun de paso, ni que 
jamás abriesen esos agentes de la relaxa- 
ción, casuistas hediondos, despreciables, 
que son ya el asco de las escuelas; pero 
quiso que sus ojos estuviesen fixos en 
obras de moral justas, christianas, funda- 
das sobre el espíritu del Evangelio, las 
tradiciones de los Concilios, la autoridad 
de los Padres, y las decisiones de la Igle- 
sia. Dióles una Teología compendiosa, 
donde desterradas las antiguas puerilida- 
des y sofismas del pasado siglo; las secas, 
inútiles y estériles controversias, en que 
nada ganó la religión, y perdió infinito la 
christiana caridad, pudiesen los jóvenes 
ser, si no profundos y perfectos teólogos, 
por lo menos teólogos informados suficien- 
temente de quanto les es preciso y necesa- 
rio para saber la ciencia de su religión. A 
este fin fundó Cátedras de todas las facul- 
tades, proveyólas de honrosas y decentes 
dotaciones, conduxo hombres de todos los 
países, Maestros, a quienes fió la pública 
enseñanza encargados de buscar, sin per- 
donar fatigas, las fuentes y manantiales 
del buen gusto, de cultivar la pureza y 
hermosura del lenguaje, y que con los en- 
cantos de la poesía 5'' eloqüencia alimenta- 
sen los espíritus y enamorasen el corazón 
délos jóvenes... Hablo del Seminario de 
esta Ciudad, la obra más grande del señor 
Rubín, de quien puede llamarse no sólo el 
restaurador, sino como el padre y funda- 
dor de esta Casa, que fué el objeto de todas 
sus santas miras, el de sus complacencias 
y delicias, donde extendió tan liberalmen- 
te sus manos, donde derramó tantos teso- 
ros, para quien alcanzó del Monarca tan- 
tas gracias, tantos, tan distinguidos y hon- 
rosos privilegios; y todo con el fin, siguien- 
do el espíritu del más grande y santo de 



166 — 



los Concilios, de perpetuar en su Diócesi 
la nación santa, la gente escogida, el real 
sacerdocio de Jesucristo... Hablo del plan 
de estudios que adoptó para su régimen y 
gobierno, y del que, como él mismo decía, 
vio tantos progresos, y cogió tan abundan- 
tes frutos de piedad y sabiduría para el 
decoro de esta Iglesia y ornamento de la 
religión y patria; plan que ha merecido la 
aprobación y los aplausos de tantos sabios 
Patricios y Extrangeros.» 

Bien pudo este Monarca acceder gus- 
toso, por agradecimiento, a estas y otras 
pretensiones de nuestro insigne Obispo, 
a cuya lealtad y patriotismo, habiendo 
acudido, como al de otros muchos gene- 
rosos españoles, en demanda de auxilios 
para atención de la obstinada guerra en 
que estaba empeñado con Inglaterra, 
debió, de un solo golpe, la fineza nada 
menos que de quince mil duros, y 
de otro, la de un millón entero de 
reales. 

No faltaron en Murcia algunos espíri- 
tus apocados, que mal avenidos con tan 
extremada liberalidad, creyendo que por 
su causa podrían desatenderse otras 
más apremiantes limosnas y ser defrau- 
dados los pobres, hubieron de hacérselo 
notar así, con más o menos buena fe, a 
su Ilustrísima, quien respondió, a la vez 
que con enérgica entereza, con carita- 
tiva benignidad: «El Rey es primero 
que el pueblo, y las necesidades comu- 
nes antes que las particulares; ¡pero 
Dios hará que para nadie falte!» 

Así fué, con efecto; pues, habiendo 
obtenido al poco tiempo de este hecho, 
y siendo ya Presidente de la Real So- 
ciedad Económica de Murcia, a la sazón 
recién creada, una considerable heren- 
cia de su opulenta familia, empleóla 
casi toda, y en unión de las rentas de su 
propio caudal, en donativos y socorros 
de todas clases, haciéndose sentir bien 
pronto en todo el Obispado, pero muy 
particularmente en la ciudad de su 



asiento, los imponderables beneficios 
de su pródiga y bondadosa mano. 

Otro de sus panegiristas, el Doctor 
don Leandro Alvarez, Arcediano de Vi- 
llena, escribe también a este propósito 
en otra Oración fúnebre, pronunciada 
en sus exequias ante dicha Real Socie- 
dad Económica: 

«A pesar de hallarse tan agobiado con 
unos gastos tan crecidos, no desatendió a 
los pobres, pues sus limosnas mensuales a 
personas vergonzantes, sólo en el casco de 
Murcia ascendían a 70.000 reales, y las ex- 
traordinarias a, los mismos, a 15.000 cada 
año. En dotes de Religiosas gastó en poco 
más de dos años 78.000 rs. Sólo en un acto 
pagó en Albacete seis dotes y costeó otras 
tantas celdas y un dormitorio para la Co- 
munidad. Dio al Hospital de San Juan 
de Dios 48.000 rs.; 29.000 al Convento de 
San Francisco; 15.000 n Santa Teresa; 
16.000 a la Merced, y 55.000 de una sola vez 
al Carmen; en una palabra, no hubo Casa 
de Comunidad necesitada en su Obispado 
que no participase de su caridad. En la 
reedificación y adorno de las Parroquias 
gastó en poco más de tres años 418.556 rea- 
les... Pero adonde más brilló su caridad 
sin medida, fué en la carestía de 1781, en 
la que como Josef en Egipto abrió todos 
los graneros de la Mitra para remediar 
aquella pública calamidad, y apuradas ya 
las rentas, el Señor le proporcionó una he- 
rencia considerable, y empleó en compra 
de grano 291 .000 reales, con lo que mantu- 
vo con pan y arroz a más de 5.000 pobres 
por espacio de cuatro meses y medio... 
Todo murciano halló en él el alivio de sus 
penas desde el día que vino al Obispado 
hasta el último de su vida, que retirado en 
San Gerónimo meditando los planes y gas- 
tos que debía hacer para reedificación de 
las parroquias de San Juan y San Lorenzo, 
fué acometido de un cruel y repentino 
accidente que le privó de la vida y en- 
tregó su alma a Dios. Mas no creáis que 
con su muerte se acabaron sus pieda- 
des... Aquella alma generosa nos dejó 
una memoria de su beneficencia y amor 
al pueblo murciano... No satisfecho con 
los innumerables beneficios que su sa- 
biduría, caridad y celo apostólico había 
dispensado en vida a la Religión, al So- 



- 107 



berano, a los pobres labradores y arte- 
sanos (1), destinó 30.000 reales de renta 
perpetua a favor de la humanidad desva- 
lida y para el fomento de la prosperidad 
de este su amado y feraz Reyno de Murcia; 
15.000 para que en la Casa de Misericordia 
se recojan, alimenten y eduquen los niños 
pobres, huérfanos y desamparados; y los 
otros 15.000 para que estaReal Sociedad, en 
la que siempre depositó, con justísima ra- 
zón, su confianzay aprecio, mejorase la edu- 
cación, propagase las ciencias y las artes, 
animase la industria y adelantase la agri- 
cultura abandonada a la ignorancia y a las 
únicas y débiles fuerzas del pobre y des- 
valido colono. Este es, ilustres señores, el 
testamento y obligación sagrada que nos 
dejó nuestro inmortal Director, en cuyo 
corazón siempre encontró este Real Cuer- 
po, abrigada la misericordia y liberalidad 
para el fomento de todos los ramos que 
abraza su benéfico Instituto.» 

Retirado, con efecto, al Monasterio 
de PP. Jerónimos de San Pedro de la 
Ñora, a una legua de Murcia, en donde 
su Ilustrísima acostumbraba a pasar 
algunas temporadas, sintióse agravado 
en la cruel dolencia de hipocondría que 
ha tiempo venía padeciendo, y que al 
cabo, tras de un terrible accidente, puso 
fin a su existencia en 9 de agosto de 1784. 
Depositóse su cadáver en la Iglesia del 
citado Monasterio; y al día siguiente, 
después de celebrarse con inusitada so- 
lemnidad sus honras fúnebres en la Ca- 
tedral de Murcia, y de ser por la tarde 
conducido su cuerpo en procesión por 
varias calles de la capital, fué sepultado 
en la crujía o plano del crucero de dicho 
Templo, en el panteón propio de los se- 
ñores Capitulares, quienes acordaron 
celebrar por el alma del finado tres días 
seguidos de honras y solemnísimas exe- 
quias, que tuvieron lugar en los de 7, 8 
y 9 de octubre del expresado año. 



(1) Según el referido P. Fr, Antonio Gálvez, en el aflo 
de la dicha carestía, perdonó su Husma, a sus arrendado- 
res, de una vez 27.623 reales, y en el de la inundación 
de 1783 repartió entre los labradores la cantidad de 20.000 
reales. 



La Sociedad Económica, por su parte, 
pagó también el justo tributo debido a 
su bienhechor, acordando hacerle, como 
le hace, un aniversario perpetuo, y en- 
cargando pintar un magnífico retrato 
suyo al óleo, para sus salas de dibujo y 
con la inscripción siguiente: 

La Real Sociedad Económica de Mvr- 

CIA MANDÓ colocar 

Este Retrato De Su Generoso Socio El 

Ilmo. Sr. D. 
Manvel Rvbín DE Celis Obispo de Car- 
tagena EN SUS ESCVELAS 
Patrióticas Y de Dibvxo Para Perpetva 
Memoria De La Piadosa Mvnificencia 

Con Que Impv- 
so A Favor De ellas Y En Beneficio De 

La Enseñanza Pv- 
BLiCA Medio Millón de Reales En El 

Año De MDCCLXXXII. 
Falleció En El De 1784 a 9 De Agosto 

En Cuyo Día Se Le Hace Aniversario 

Perpetvo Por Acverdo De La Misma 

Real Sociedad Del 19 Del Dicho 

Mes y Año. 

Conocémosle como autor, además de 
las Pastorales que mencionaremos en 
nuestra Sección de Impresos en Mur- 
cia, dos de las cuales copiamos ínte- 
gras, de las dos siguientes traducciones 
del francés: 

1. «Tratado del Cáñamo >, escrito en 
francés por Mr. Marcandier, traducido 
al castellano por don Manuel Rubín de 
Celis. Van añadidos otros trataditos re- 
lativos al .lino y algodón, y un Discurso 
acerca del modo de fomentar la indus- 
tria popular en España.— Madrid, 1774, 
por Sancha. 8.° 

Antón Ramírez: Dice, de Bibliogr. 
Agronómica. 

2. «Historia de los progresos del en- 
tendimiento humano en las ciencias 
exactas y en las artes que dependen de 
ellas, a saber: la Aritmética =Algebra= 
Geometría = Astronomía = Gnomóni- 
ca = Cronología = Navegación = Ópti- 
ca = Maquinaria = Hidráulica = Acústi- 



- 168 - 



ca y Música = Geografía = Arquitectu- 
ra Civil = Arquitectura Militar = Ar- 
quitectura Naval.» Con un Compendio 
de la vida de los Autores más célebres 
que han escrito sobre estas ciencias. 
—Compuesta en francés por Monsieur 
Saverien, y traducida al castellano por 
don Manuel Rubín de Celis.— Madrid, 
en la Imprenta de don Antonio de San- 
cha. Año de 1775.— A costa de la Real 
Compañía de Impresores y Libreros del 
Rey no. 

En 4.°, de XXIV-486 págs., con 9 más al final sin 
numerar.— Signatur. b-c2; A-Rrr2.— Portada.— Dedica- 
toria del traductor al limo. Sr. D. Pedro Rodríguez 
Campomanes. — Advertencia. — Prólogo del autor.— Ta- 
bla de lo contenido en esta obra. — Erratas. — Texto. 
—Tabla de las cosas más notables que se contienen en 
este libro. 

Ruiz (Maestre Jacobo). 

Con gran vacilación y desconfianza 
vamos en el presente artículo a tratar 
de este esclarecido personaje, tan jus- 
tamente tenido en inolvidable y feliz 
memoria por todos los buenos murcia- 
nos. Las dudas que abrigamos, reñéren- 
se particularmente a una circunstancia 
muy digna de tenerse en cuenta, con 
cuya exposición queremos contestar, 
muy especialmente, a la opinión senta- 
da por nuestro ilustrado amigo el señor 
Raquero Almansa en el artículo que con 
igual título del presente, trae en su ya 
varias veces citado opúsculo sobre La 
literatura en Murcia desde Alfonso X a 
los Reyes Católicos. 

Es cierto, certísimo, que nuestro 
Maestre Jacobo (hijo o no del reino de 
Murcia, pero en ella avecindado la ma- 
yor y más interesante parte de su vida; 
Juez y Alcalde repartidor nombrado por 
el Rey Sabio para el repartimiento de 
los murcianos predios entre sus insignes 
conquistadores; fundador de una de las 
antiguas capillas de nuestra Catedral, y 
parte muy activa en los trabajos de su 
traslación desde Cartagena a. Murcia) 



reúne en sí bastantes y muy particula- 
res circunstancias para que como a mur- 
ciano le consideremos, teniendo por 
nuestros sus laureles. Empero, este 
Maestre Jacobo, que reparte y recibe 
tierras en Murcia, donde fija su residen- 
cia en unión de su esposa Juana, y en 
donde, como ella, pasando el tiempo, 
halla la muerte; que trabaja ahincada- 
mente en la susodicha traslación de 
nuestra Sede episcopal, y funda en San- 
ta María capilla para su entierro, ¿es el 
mismo Maestre o i/íc^r Jacobo, a quien 
después, por haber compuesto un tratado 
de Flores de Derecho, bautizan todos con 
los conocidos nombre y apodo de Jaco- 
bo el de las Leyes? He aquí la cuestión. 

El señor Baquero, que apenas si la 
apunta en su referido Estudio, no vaci- 
la en decidirse por la afirmativa; pero 
lo hace, a mi ver, por no haber parado 
mientes en los motivos que han podido 
tener algunos autores respetables para 
llevar al siglo xiv, y aun al xv, la época 
en que ñoreció aquel famoso maestro y 
tratadista de Derecho, como lo fueron, 
entre otros, el Licenciado Espinosa y el 
erudito Rodríguez de Castro; cosa que 
empieza ya por parecemos gravísima. 

Nuestra incertidumbre nació del si- 
guiente pasaje de Amador de los Ríos: 

«Entre ellos (dice en sus Estudios histó- 
ricos, políticos y literarios sobre los judíos 
de España, refiriéndose a los que ñorecie- 
ron en la tercera de las en que divide su 
Segundo Ensayo), merecen particularmen- 
te mencionarse don Mosséh Zarfati y don 
Jacobo Zadique de Uclés, insigne filósofo 
de aquellos tiempos... don Mosséh se dis- 
tinguió principalmente por sus estudios 
sobre la jurisprudencia, escribiendo un 
tratado con el título de Flores de Derecho, 
que se conserva afortunadamente en la 
famosa colección del Escorial. Es atribuí- 
do este Códice a otro judío llamado Jaco- 
bo de las leyes, por verse en la portada 
escrito este nombre, adjudicándosele la 
gloria de haber recopilado las referidas 



169 



Flores de Derecho... Don Jahacob Zadique 
de Uclés, coetáneo de Mosséh Zarfati, y 
como él converso, nació en la villa de 
Uclés en el segundo tercio del siglo xiv, y 
vivió muchos años, dedicándose con espe- 
cialidad a la medicina y a las ciencias mo- 
rales y filosóficas..., etc.> 

Cierto que el erudito Floranes refutó 
ya aquella especie en su origen, o sea 
contestando a Rodríguez de Castro, pro- 
bando con lujoso aparato de erudición 
y citas, que en dicho punto hubo de 
padecer lamentable equivocación este 
insigne autor de nuestra Biblioteca Ra- 
bínica. Pero es de observar que toda la 
plausible tarea de Floranes sólo va enca- 
minada a demostrarnos que las famosas 
Flores de Derecho son, con efecto, obra 
á&Jacobo el de las leyes, y no de Zarfa- 
ti, como pensaba Castro; pero sin evi- 
denciarnos de un modo concluyente que 
este Jacobo de las leyes, autor de las 
dichas Flores, sea la misma idéntica 
persona de nuestro Jacobo Ruiz, juez 
repartidor de nuestros campos y funda- 
dor de una de las capillas de nuestra 
Catedral, que es lo que era preciso ha- 
ber deniostrado. 

El mismo señor Baquero, conforme 
en un todo con el ilustre académico, 
nos refiere, en sus notas al precitado 
Estudio, que 

«Rodríguez de Castro en su Biblioteca 
española..., dice que un tal R. Mose Qarfa- 
ty, judío natural de Castilla, muy instruí- 
do en derecho en el siglo XIV, es autor de 
una obra manuscrita que hay en la Biblio- 
teca del Escorial, y lleva por título Flores 
de Derecho, copiladas por el Maestro Ja- 
cobo de las leyes... Añade que el Códice 
tiene dos dedicatorias, una de Qarfaty a 
Maestre Jacobo, y otra de éste al Infante 
don Alonso Fernández llamado el niño, 
hijo de don Alonso el Sabio, ^arfaty ofre- 
ce la obra como suya a Maestre Jacobo, y 
luego éste, como trabajada por él, a don 
Alonso; y no hay tal..., porque aunque don 
Alonso encargó las Flores a Jacobo, éste 
dio la comisión a ^rfaty, que era valido 



suyo, y ^arfaty es el verdadero autor, sin 
que Jacobo tuviese que hacer otra cosa que 
copiarlas y darlas como suyas...» (Y añade 
luego de su propia cosecha); «Floranes 
prueba perfectamente que Rodríguez de 
Castro se equivoca en esta ocasión de me- 
dio a medio, confundiendo los datos. Basta 
fijarse en los que quedan subrayados.» 

Mucho nos holgaríamos de ello por lo 
que a nuestro Jacobo Ruiz pueda inte- 
resar, y sentiríamos fuese don Rafael 
Floranes quien en esta ocasión, de me- 
dio a medio, o en sólo un extremo, se 
equivocase. Porque, sin discutir el pri- 
mer dato subrayado, con el cual están 
conformes, además del dicho Rodríguez 
de Castro, el Licenciado Espinosa, 
Amador de los Ríos y su traductor Mr, 
Magnabal, sólo sabremos decir, con res- 
pecto al dato segundo, que en tres pri- 
vilegios reales (1) dados a Murcia por el 
Rey Alfonso el Sabio «reynante en uno 
con doña Violante, su muger e sus fijos.. . 
al quatorgeno, quinceno y diez i nueve 
años de su rey nado», respectivamente, 
vemos figurar, entre los magnates que 
los confirman, a don Alonso Fernández, 
apareciendo siempre en esta bien signi- 
ficativa forma: Alfonso Fernándes, fijo 
del' Rey. Conque, o es preciso borrar 
estas palabras de los reales instrumen- 
tos en que se hallan estampadas, o hay 
que desecharlos por apócrifos, o es me- 
nester confesar que las expresiones til- 
dadas por Floranes, y subrayadas por 
el señor Baquero, no encierran dispara- 
te alguno que podamos llamar mayúscu- 
lo, arbitrario o gratuito. 

Ahora bien (y dicho esto sea con la 
prudente reserva que tan arduo punto 
requiere), ha podido suceder una cosa: 
Es indudable que nuestro Jacobo Ruiz 
era un hombre de letras, un doctor o 



(1) Uno de ellos, y el más interesante, por cierto, es 
aquel en que confirma, todas las exenciones y franquezas 
concedidas desde Sevilla a los pobladores cristianos de 
Murcia y su reino, dado en esta ciudad a 28 de abril, era 
de 1310. 



-- 170 



maestro consumado en la ciencia del 
Derecho, y que puso manos en la gran- 
de y famosa obra de las Siete Partidas 
o Libro de las Leyes, por lo que también 
pudo merecer que las gentes comenza- 
sen a distinguirlo con los nombres de 
Jacobo el de las Leyes. Trascurrido me- 
dio siglo, un varón versado también en 
Jurisprudencia, y también llamado Jaco- 
bo, compone o recopila, por encargo de 
don Alfonso Fernández, un tratado bajo 
el título de Flores de Derecho; y como el 
manuscrito tiene la desgracia (comprén- 
dase que hablamos hipotéticamente), tie- 
ne la desgracia, digo, como la han tenido 
otros muchos, de extraviarse, y en este 
estado permanecer todo el tiempo sufi- 
ciente a que las gentes diesen ya al olvi- 
do el nombre y circunstancias de su au- 
tor; al ser hallado luego (tal vez en algu- 
na copia infiel), y ver sobre su frente es- 
critos los nombres de Jacobo y de don 
Alonso, al punto, claro está, y sin me- 
terse en más indagaciones, fué atribuido 
al primitivo Jacobo, cuyo recuerdo aún 
no se había extinguido, merced a la ma- 
yor fama de su nombre, y a quien todos 
aún apellidaban /flcoéo el de las Leyes. 
Hechos análogos han tenido lugar repe- 
tidas veces en nuestra literatura españo- 
la y en todas las literaturas del mundo. 
¿Qué sucedería, por ejemplo, si nos 
tropezásemos ahora con un códice de 
letra antiquísima, o aunque fuese del 
siglo XIV, en cuya portada o frontis leyé- 
semos: Romances de Mossen Domingo, 
dirigidos al muy alto y poderoso sinnor 
Don Ferrando, fijo de Don Alonso?... 
Que todos seguramente, y por virtud no 
más de tales nombres, no conteniéndose 
en los dichos romances circunstancia al- 
guna que acusase anacronismo, se los 
atribuiríamos al amigo de San Fernando, 
conocido en nuestros anales literarios 
con el nombre y apodo de Domingo 
Abad de los Romances; y sin reparar 



que en este señor don Ferrando, lo mis- 
mo podría aludirse al Santo Conquista- 
dor de Sevilla, como al primogénito de 
don Alfonso X. 

Tal pudo acontecer, pasado el siglo xv, 
con el libro de Jacobo el de las Leyes. 
¿Pues no hemos estado por largo espacio 
de tiempo achacando al undécimo Al- 
fonso obras de Alfonso X, y a éste otras 
de Sancho IV, confundidos tan sólo por 
la identidad del nombre o por leerse en 
los códices respectivos o en las edicio- 
nes antiguas ciertas alusiones a estar 
escritas o mandadas traducir por un don 
Alfonso, «rey de Castiella, de Toledo, 
de León e del Andaluzia»? (1) Y con res- 
pecto a los modernos tiempos, ¿no se ha 
creído por muchos doctos que don Fran- 
cisco de la Torre y don Francisco de 
Quevedo eran una misma persona, tan 
sólo por ser éste Señor de la Torre de 
Juan Abad y haber publicado las obras 
del primero? En fin; ¿no se atribuido 
también al mismo Jacobo de las Leyes, 
el Ordenamiento de las Tafurerias? 

También pudo suceder, aunque lo ve- 
mos más difícil, que Maestre Jacobo es- 
cribiese en el siglo xiii unas Flores de 
Leyes, y Rabbi Jacobo, en el xiv, unas 
Flores de Derecho, de cuyo manuscrito, 
perdido ya en todo o en parte, viniesen ■ 
a parar al primero, bien por azar o por 
ignorancia de copistas, los susodichos 
principios o dedicatorias. 

Mucho dice, sin embargo, en favor de 
la opinión que asigna a nuestro Jacobo 
Ruiz la gloria del tal libro, la dedicatoria 
del Códice de Floranes: al muy noble 
sennor don Alfonso Ferrándes, fijo del 
muy noble et bien auenturado sennor 
don Fernando, por la gracia de Dios, 
rey de Castiella..., etc.; pero si el ma- 
nuscrito no es el original, el copista, 
cayendo en el error común que dejamos 



(1) Tal sucedió con la Grand Conquista de Ultramar: 
Edición de Salamanca de 1503, por Maestre Hans Giesser. 



171 



apuntado, pudo con la mejor buena fe 
del mundo, escribir aquellos aditamen- 
tos al nombre de aon Alfonso Fernán- 
dez, como hijo del Rey, en varios privi- 
leg'ios dados a la Ciudad de Murcia por 
Alfonso X, llevando ya éste más de tre- 
ce años de reinado. Y la prueba de que 
el tal parecer no encierra ningún des- 
atino, es que la misma Academia de la 
Historia, que, al publicar las Flores, 
adoptó la introducción e ilustraciones 
de Floranes, al llegar, no obstante, al 
texto del Códice, no titubeó en apartar- 
se de aquella fuente, escribiendo en su 
consecuencia: 

«Estas son las Leyes de Maestre Jacobo. 
Al muy noble sennor don Alfonso Ferran- 
dez, fijo del muy noble et bien aventurado 
sennor don Alfonso, por la gracia de Dios 
Rey de Castiella..., etc.» (1) 

En cuanto al parecido o identidad en 
espíritu y lenguaje de muchas de las 
leves de las Flores con otras de las Par- 
tidas, nada nos prueba tampoco (antes 
bien, nos mueve a seguir la opinión de 
que bien quisiéramos poder fundada- 
mente apartarnos); pues, claro está que 



(1) Por respeto a la integridad del texto de Tejera no 
hemos omitido esta larga disquisición crítica, fundada en 
meras conjeturas que han disipado recientes investigacio- 
nes. Huelgan ya tales dudas después de las pruebas y datos 
aducidos por los señores Urefta y Bonilla San Martín en su 
edición documentadísima de Vas Obras del Maestro Jacobo 
de las Leyes (Madrid, 1924), que hemos citado anteriormen- 
te. Este famoso jurisconsulto del siglo xiii, maestro de Al- 
fonso X el Sabio, y no otro, fué con toda certeza, en contra 
de las peregrinas y absurdas hipótesis de Rodríguez de 
Castro, el verdadero autor de las Flores de Derecho, del 
Doctrinal y de la Summa de los none tienpos de lospleytos. 
Su auténtico nombre era. Jacobo de Junta; oriundo proba- 
blemente de Italia. En el Becerro del repartimiento de tie- 
rras e otras mercedes a los conquistadores e pobladores del 
reyno de Murcia, fecho por el rey D. Alonso (1257-1271), 
aparece el jurisconsulto como «juez del rey» y con el nom- 
bre de fer (por Micer) o Maestro J acornó de las leyes. Cons- 
ta asimismo, del aludido Becerro, que tenía un hermano 
llamado Simón y un sobrino de nombre Puch, Pucho o 
Ducho. Por otros documentos que se refieren a su enterra- 
miento en la Catedral de Murcia, se sabe además que su ma- 
dre se llamó «doña Beatriz» y su mujer «doña Juana». Tuvo 
un hijo llamado Bonajunta, a quien dedicó el Dotrinal. 
El maestro Jacobo, que residió en Murcia gran parte de su 
vida, murió en esta ciudad el día 2 de mayo del año 1294. 
(Nota peí e.) 



siendo las susodichas Flores de Leyes 
una verdadera suma o copilación de 
«otras más ancianas», hechas, según pa- 
labras de su mismo autor, «en esta ma- 
nera que eran puestas e departidas por 
muchos libros a los sabedores»; claro 
está, digo, que en ellas no podía ni debía 
ser desatendido el famoso Código o Li- 
bro de las Leyes del sabio Alfonso, 

Como quiera que sea, es lo positivo, 
que Maestre Jacobo fué lo que se llama 
un buen literato, un distinguido juris- 
consulto; y a [ser] suyas realmente las 
referidas Flores, el primer escritor de 
Derecho en castellano. El verdadero 
pueblo de su naturaleza se ignora. Su 
patria adoptiva y lugar de residencia, 
Murcia. Su tumba, un rincón de nuestra 
Catedral, en la antigua de San Simón y 
San Judas, sobre la cual se edificó más 
tarde la magnífica Toire actual, siendo 
por tal motivo, entonces, trasladados 
sus restos, juntamente con los de su 
mujer y su hija (1521), a la capilla de la 
Encarnación, en donde todavía perma- 
necen encerrados en elegante urna de 
piedra. Dícese que hubo de lograr una 
gran longevidad, consiguiendo alargar 
su vida hasta bien entrado el siglo xiv, 
motivo por el cual, también ha podido 
confundírsele con el otro Jacobo, que, 
como ya dijimos, vivió también mu- 
chos años. 

En cuanto al mérito de las referidas 
Flores, tiénenlo indudablemente en gra- 
do no escaso. Las noventa y seis leyes 
que contienen, hállanse distribuidas en 
tres libros, compuestos de quince, nueve 
y cuatro títulos, respectivamente, y tra- 
tan: El libro primero, de los jueces, de 
los abogados y procuradores, determi- 
nándoles y haciéndoles saber el curso 
que debe seguirse en los juicios y pro- 
cesos; de las relaciones del hombre en 
sociedad, y del carácter y forma de los 
procedimientos. El segundo, de la ma- 



— 172 — 



ñera en que los jueces deben admitir 
las declaraciones y pruebas en las cau- 
sas criminales. Y el tercero, en fin, de 
todo aquello que guarda relación con el 
modo de pronunciar las sentencias, y 
de hacerlas ejecutar, sin olvidar las 
apelaciones o alzadas concedidas por la 
ley y la costumbre a las partes litigan- 
tes. He aquí, a mayor abundamiento, 
cómo el mismo autor expone su plan: 

«E sennor (habla con el Mecenas) porque 
todas las cosas son más apuestas e se en- 
tienden mas ayna por artificio de departi- 
miento dellas, partí esta vuestra obra en 
tres libros. En el primer libro se tracta 
como guardedes vuestra dinidad et vues- 
tro sennorio que es dicho en latín officio o 
iurisdicción. Et otrosí de las personas por 
que passan los pleitos et de las naturas 
dellas, et de todas las cosas que se facen 
o se deven facer ante que el pleito sea 
comentado. En el segundo libro se contie- 
ne como se comienzan los pleitos et las 
cosas que se siguen fasta que den senten- 
cia. El tercer libro tracta de las sentencias, 
como se deven dar et formar las alzadas e 
de las otras cosas que dent nascen et se 
siguen después que la sentencia es dada.» 

Después de hecho este análisis, y aun- 
que brevísimo, parécenos que no habrá 
necesidad de encarecer la importancia 
de la obra a que se refiere. Otras dos 
aun se le atribuyen a Maestre Jacobo, 
intituladas: 

1.^ Suma de los nueve tiempos de 
las causas. 

Obra legal también, que debió formar 
su autor hacia el año de 1288, según lo 
da a entender la antigua copia hallada 
por Floranes. 

2.^ La Margarita. 



Libro de cuya existencia duda, y nos 
hace dudar, el referido señor Baquero. 

«Acaso (dice) no exista, y lo que se haya 
querido designar con este título equivo- 
cado sean las Flores.* 

Si efectivamente se ha confundido en 
algún tiempo, y todavía se sigue con- 
fundiendo a Jacobo Ruiz con Jacobo Za- 
dique, acaso (añadimos a nuestra vez 
nosotros), lo que se haya querido desig- 
nar con aquel título sea el Libro de 
dichos de Sabios e filósofos e de otros 
exemplos e dotrinas muy buenas, que 
el segundo de dichos autores tradujo del 
lemosín al castellano por encargo del 
Maestre de Santiago don Lorenzo Suá- 
rez de Figueroa. Nombres parecidos 
solían aplicarse en lo antiguo a esta 
clase de libros, y no creemos resulte 
inverosímil nuestra conjetura. 

Con respecto a la participación espe- 
cial que nuestro Maestre Jacobo hubo 
de tomar en la erección del incompara- 
ble monumento de las Partidas, cosa e$ 
ya que se tiene por indudable entre los 
doctos, y nada más, por eso, tenemos 
que añadir. 

Ahora bien, y por lo que hace al tan- 
tas veces citado libro de las Flores de 
Leyes, consérvanse de él los siguientes 
Códices: tres en la Biblioteca del Esco- 
rial, uno en la Nacional, y otro, o copia 
de uno de aquéllos, en el archivo de la 
Academia de la Historia, el cual, junta- 
mente con las ilustraciones de Flora- 
nes, ha sido publicado en el tomo II del 
Memorial Histórico, páginas 137 y si- 
guientes. 

Véase Jacobo el de las Leyes en 
nuestra Sección de Manuscritos. 



Sal (Juan de la). 

Natural de Sevilla. Canónigo de la 
Santa Iglesia Catedral de Murcia duran- 
te algunos años, y por los postreros del 
siglo XVI (1). Perteneció a una familia 
ilustre por su alcurnia. Fué Obispo titu- 
lar de Bona en África y Auxiliar del Ar- 
zobispado de Sevilla, en cuyos cargos 
dejó memoria su celo por el culto y su 
buena administración. Después fué 
nombrado para Obispo de Málaga; pero 
su modestia, que era tan grande como 
su mérito, le impidió aceptar el gobier- 
no de aquella mitra. Murió en Sevilla \^ 
está enterrado en la capilla interior del 
que fué Noviciado de la Compañía. Fué 
varón de bastante instrucción, de flori- 
do ingenio y muy apreciado de sus con- 
temporáneos. 

Prueba de estas dotes que decimos. 



(1) En el afio 1592 se Imprimió en Madrid por Pedro Ma- 
drigal el poema latino De raptu Innocentis Martyris Guar- 
diensis libri sex, compuesto por el poeta y humanista mur- 
ciano Jerónimo Ramírez. El prólogo, redactado en prosa 
latina, lo escribió Juan de la Sal, «in lure civili designa- 
tus». Es de suponer que en aquella fecha ya residiese en 
Murcia. En 6 de junio de 15% el obispo y cabildo de Carta- 
gena dan poder y comisión al doctor Juan de la Sal, «cléri- 
go de esta Diócesis de Iguecella» y a Juan Ginesio, «resi- 
dente en Corte Romana», para exhibir ante ésta los autos 
de fundación del Colegio de San Fulgencio, de Murcia, y 
obtener su confirmación definitiva». En marzo de 1600, 
Juan de la Sal, canónigo de la catedral cartaginense, fué 
comisionado por su cabildo para vigilar la labor de los pre- 
ceptores de aquel Colegio. En 3 de julio de 1601, hallándose 
en Valladolid, otorga poder para la cobranza de ciertas 
rentas que poseía en Sevilla, y en septlempre de 1602 aún 
se le designa «canónigo de la Santa Iglesia de Cartagena». 
(N. del e.) 



son sus célebres Cartas al Duque de Me- 
dinasidonia, donde se contiene la rela- 
ción burlesca de las farsas y embauca- 
mientos con que el sacerdote Fr. Fran- 
cisco Méndez, tocado de la más extraña 
locura y del más grosero fanatismo, 
hubo de tener por algún tiempo en sus- 
penso a toda una población entera, 
como la de Sevilla. 

Estas cartas del Doctor don Juan de 
la Sal han sido varías veces publicadas. 
La primera en 1848 por don Adolfo de 
Castro, conforme a la copia manuscrita 
existente en la Biblioteca Colombina y 
donde sacó el original para esta edición. 
La segunda en la Biblioteca de Autores 
Españoles de Rivadeneyra y por el 
mismo don Adolfo de Castro: Tomo 
XXXVI, págs. 539 y siguientes; y la 
tercera en el tomito en 4.° de la Biblio- 
teca Clásica Española, de Daniel Corte- 
zo y Compañía (Barcelona 1884), titula- 
do: Extravagantes Opúsculos amenos 
y curio'sos de ilustres autores, págs 131 
a 159. 

Salazar (Fr. Juan). 

Nació en la villa de Vélez-Blanco, en 
1659, de padres muy honrados.y de gran 
reputación, que lo fueron don Juan Sa- 
lazar y doña Juana de Arenas, vecinos 
ambos y naturales de dicho pueblo. Vis- 
tió el hábito Franciscano en el Real 
Convento de San Francisco, de Murcia 



- 174 



(1680), donde cursó seis años Filosofía 
y Teología, pasando después, en con- 
cepto de Colegial Mayor, al célebre de 
San Pedro y San Pablo, de la Univer- 
sidad de Alcalá, y volviendo, una vez 
terminados sus estudios, y después de 
tres años de Lectura de Filosofía en 
Villanueva de los Infantes, al referido 
convento de Murcia, su espiritual pa- 
tria, donde ejerció ahora el profesorado 
de las cátedras de Teología, por espacio 
de doce años consecutivos, o sea hasta 
su jubilación. 

Obtenido este grado, eligiéronle Prior 
del dicho convento. Definidor, des- 
pués, de su Provincia de Cartagena, y 
segunda vez Guardián de la misma ob- 
servante casa, en la cual residió conti- 
nuadamente desde 1694, en que empezó 
allí a leer la ciencia teológica, hasta su 
muerte, acaecida en 1743, no sabiéndose 
que en todo este tiempo saliese de Mur- 
cia más que dos veces y para breves 
días: una para Cartagena, según nos lo 
declara él mismo en su Vida de la V. 
Madre Sor Doña Josefa de Pas. y otra 
para Roma, con motivo de cierto Capí- 
tulo que en ella había de celebrarse en 
1723 y a que él debía asistir como Defi- 
nidor General de toda la Orden, que por 
entonces era. El mismo también nos 
dice en la protexta puesta al principio 
de la citada vida de doña Josefa, Reli- 
giosa del Convento de Santa Clara de 
Murcia, que: «tuvo a su cargo su con- 
ciencia, como su Director principal cer- 
ca de veinte y ocho años^; dicho que se 
refiere al de 1733, o sea, diez antes al de 
su muerte, que, como dicho queda, tuvo 
lugar en el referido Monasterio de San 
Francisco, de Murcia, día 20 de febrero 
de 1743, y a los ochenta y ocho años 
de su edad. 

Escribió, pues, además de muchas 
Aprobaciones, Dictámenes y Censuras 
puestas al principio de infinidad de li- 



bros impresos en Murcia, Orihuela y 
Cuenca, la siguiente obra, que por cier- 
to poseemos: 

«Thesoro Escondido, Vida admirable 
de la V. Madre Sor Doña Josepha de 
Paz, Religiosa del Monasterio de Santa 
Clara de Murcia». Escrita por Fr. Juan 
Salazar, Lector Jubilado, Examinador 
Synodal de el Obispado de Cartagena, 
Ex-Provincial de la misma Provincia, y 
Ex-Difinidor General de toda la Orden 
de N. P. San Francisco. Y la dedica A 
D. Juan Suárez Dávila Galarza y Veras- 
tegui, Regidor Perpetuo de la Ciudad 
de Avila de los Cavalleros, Governador, 
y Justicia mayor de Alcázar de S.Juan, 
su Partido y Priorato, y Superintenden- 
te general de Rentas Reales, &c. Con 
Licencia, Impresso en Orihuela, por Jo- 
seph Díaz Cayuelas, Impressor de la 
Ciudad, en la calle de S. Lucía. Año 
1733. 

En 4.°— 132 págs., con 26 más de principios sin nume- 
rar.— Signs. ( /V ) A-Ff2.— Portada.— V. en b.— Dedicato- 
ria.—Censura de los RR. PP. Fr. Juan Antonio del Pra- 
do, y Fr. Antonio Segovia y Monteagudo. — Licencia de 
la Orden.— Aprobación del Dr. D. Pablo López Melén- 
dez.-Otra del R. P. M. Fr. José de Pina.— Décima acrós- 
tica (parece del autor) a la heroína de la biografía.— Li- 
cencia del Consejo, por diez años.— Fee de Erratas. — 
Tasa. — Prólogo del autor. — Protesta del mismo.— Dos 
octavas (anónimas) en elogio de Sor Doña Josefa de Paz, 
aludiendo al título de este libro. — Texto. — índice de Ca- 
pítulos.— ídem de las cosas notables. 

En la Aprobación del P. Pina leemos 
el siguiente elogio de este libro, bastan- 
te exagerado por cierto: 

«... En él hallará el más entendido vna 
amenidad de conceptos, vna abundante 
selva de discursos, vestidos todos de vn 
deleytable y agradable estilo, que con la 
pureza de la doctrina junta vna diversión 
y seriedad apacible sin molestia... El esti- 
lo con que el Rmo. Padre escribe este li- 
bro, no es aquel que llaman los vanos del 
mundo, culto y crítico, que éste más a pro- 
pósito es para intrincar y obscurecer las 
verdades, que para enseñarlas, sino es 
conforme a las leyes de la mejor retórica, 
grave, clara y elocuente... Enseña, pues, 
este docto y virtuoso Padre en su libro 



J 



175 - 



con claridad los exercicios espirituales de 
la vida perfecta. Refiere el maravilloso 
nacimiento de la V. M. Sor Doña Josepha 
de Paz, su prodigiosa vida, y su milagrosa 
muerte, exornando con discretas y doctas 
reflexiones las virtudes heroycas de la V. 
M., y con firmes y eficaces razones nos 
exorta a todos a caminar al cielo, siguien- 
do tan soberano exemplo. Y fué fortuna de 
esta muy noble y leal Ciudad de Murcia 
el lograr por su patricia vna Religiosa tan 
exemplar como la V. M. Sor Doña Josepha 
de Paz, tan dedicada al beneficio común y 
particular, espiritual y temporal de todos 
sus vezinos, como lo puede ver el curioso 
en el progreso de su prodigiosa vida: no 
ha sido menos fortuna de Murcia, el que 
aviendo sido Dios servido de llevarse para 
sí a la V. Madre, quedasse en esta Ciudad 
vn Historiador, el más calificado que pudo 
lograr vna vida tan exemplar; pues como 
dice Teopompo, según refiere Polibio, el 
mejor Historiador que puede lograr para 
su abono las azañas de vn famoso Héroe, 
es aquel que fué participante suyo en las 
peleas y testigo de sus gloriosos triun- 
fos...» 

San Miguel {Fr. Isidoro de). 

Franciscano descalzo de la Provincia 
de San Pedro Alcántara y morador por 
algún tiempo en el Convento de San 
Diego, de la ciudad de Murcia. Fué pro- 
fesor de Teología, Definidor de su Pro- 
vincia, y varón notablemente ejercita- 
do, así en la asidua lectura como en la 
meditación de la Sagrada Escritura. 
<Dió a luz (dice el autor de la Bibliothe- 
ca Franciscana) preclaras obras de in- 
genio y de doctrina, a saber: 

1.^ «Vitam V. Fr. Sebastiani de Ap- 
paricio Minoritae, de cujus Canonizatio- 
ne agitur».— Neapoli, anno 1695. Ibi- 
dem. Romae, 1699. 4.° 

2.* «Splendores veritatis, ac Divini 
amoris scintillae».— Neapoli, apud Feli- 
cem Mosca, 1698 . — Ibidem . Murciae, 
Typis Josephi Díaz, 1717. 12.° 

3.^ «Certamen Historíale Panegyri- 
cum ad honorem Beatissimae Virginis 



Mariae, ejusque fidelissimi Doctoris 
Joannis Duns Scoti Minorum Mag^s- 
tri». — Neapoli, Typis Felicis Mosca, 
1701. 8.° 

4.'^ «Observationes Genealogicae, 
Panegyricae, Mysticae, Dogmaticae, et 
Morales super caput primum Matthei». 
—Neapoli, ex nova typographia Domi- 
nici Antonii Parrino. 1704. fol. mea mr. 

5.^ «Historiam S. Michaelis Archan- 
geli». — Neapoli, per Dominicum Anto- 
nium Parrino, 1716. 16.° 

6.^ «Historiam animae, et vitae 
hominis, ab initio mundi.i 

Seis tomos en 8.° impresos, el prime- 
ro: Granatae ex typographia Sanctissi- 
mae Trinitatis, 1720; el segundo, Mur- 
ciae, apud Josephum Díaz, 1721; y los 
restantes: Granatae, 1721, 1722, 1723 
y 1723. 

7.^ «Vitam S. Petri Alcantarensis, 
adjectis Meditationibus.»— Murciae, per 
Josephum Díaz. (1723 ?) 16.° 

Sánchez (Doctor Pedro). 

Conocémosle como autor de la prime- 
ra Ordenanza que tuvo el Ayuntamien- 
to de Murcia para el gobierno de sus 
antiguos Regidores, por lo que no pode- 
mos excusarnos de trasladarla a este 
sitio, conforme a la relación de Cásca- 
les, quien de ella y del dicho su autor, 
dice en su Discurso IX, reinando don 
Enrique III: 

«Don Ruy López... dio a esta ciudad (de 
Murcia) y nombró por Corregidor de su 
Reyno y su Lugarteniente con toda la fa- 
cultad que él traía al Doctor Pedro Sán- 
chez, Oidor y Refrendario del Rey, y su 
Contador mayor. Y porque Ruy López era 
el Gobernalle de Castilla, y Privado del 
Rey a Latere, dixo a la Ciudad, que él te- 
nía que hacer en las Cortes muchas cosas 
de obligación, que se dexasen gobernar 
del Oidor Pedro Sánchez, doctísimo va- 
rón, que él tenía significado la gran con- 
fianza que el Rey hacía desta Ciudad, y 



- 176 - 



que llevaba a su cargo la recomendación 
della, y que en qualquiera acontecimien- 
to haría por ella todo su posible. Partióse 
el Adelantado, y el Oidor Pedro Sánchez, 
por el poder a él dado, y según se lo había 
comunicado Ruy López en presencia de 
los Regidores de la Ciudad, ordenó un Re- 
gimiento sacado por suertes, con redolines 
de cera en una vacía de agua; los quales 
van incorporados en este ordenamiento: 

«/« nomine Domini, amen. Estos son 
»los Regidores que han de regir en cada 
»uno de los seis años el Concejo de la muy 
•Noble Ciudad de Murcia, por Ordenanza 
»y mandado del Noble y mucho honrado 
•Don Rui López Dávalos, Camarero de 
•nuestro Señor el Rey, y su Adelantado 
•mayor del Reyno de Murcia, según que 
•les vino por suerte, elegidos por el Doc- 
•tor Pedro Sánchez, Oidor y Refrendario 
•del dicho Señor Rey. &c.» (Aquí los nom- 
•bres de los Regidores, y luego sigue): 

«Otrosí, el dicho Doctor dixo, que orde- 
•naba y ordenó por el dicho poder que te- 
•nía, que los dichos Regidores fuesen obli- 
•gados de jurar, y jurasen en forma d chi- 
nda en principio de su Regimiento, que 
•bien y lealmente usarán de los dichos Ofi- 
•cios, cada uno de ellos en su ánima, que 
•hubieren de servir, y regir el dicho Regi- 
•miento, y en servicio del dicho Señor, y 

• provecho y poblamiento de la dicha Ciu- 
»dad, y de los vecinos y moradores de ella, 
•así en general como en especial: y guar- 

• darán los privilegios, y franquezas, liber- 
•tades y buenos usos, que la dicha Ciudad 
•tiene y ha de los Reyes pasados, que Dios 
•perdone, y del dicho Señor Rey, que Dios 
•mantenga; y guardarán y cumplirán to- 
•das las otras cosas, y cada una de ellas, 
» contenidas en los juramentos que los 
•otros Regidores de los años pasados hi- 
•cieron, y guardaron, entrando en los Ofi- 
•cios del dicho Regimiento. • 

«Otrosí, que habiendo cumplido el año 
•de su Regimiento, que no usarán más de 
•él en el año siguiente, ni en ninguno de 
•los años que son por venir, hasta el año 
•que les cupiere segunda buelta a servir, 
•y regir en el dicho Regimiento. • 

«Otrosí, que habiendo cumplido de ser- 
•vir y regir los dichos Regidores de su- 
•so nombrados los sus años primeros -de la 
•dicha Ordenanza; que tornen a servir y 
•regir los nombrados del primer año de 



•los dichos seis años, en el año siguiente, 
•que entrará en el séptimo, y así de allí 
•adelante, que vaya rodando el dicho Re- 
•gimiento por todos los nombrados en la 
•dicha Ordenanza, cada uno en su año, de 
•los años que son por venir: porque la di- 
seña Ciudad sea mejor regida para el ser- 
•vicio del dicho Señor Rey, y para bien y 

• poblamiento de ella, en paz y concordia 
•de todos sus vecinos y moradores. • 

«Otrosí, que los dichos Regidores sean 
•obligados a venir y tener Concejo conti- 
•nuamente, en cada semana dos días, se- 
•gún que la dicha Ciudad lo ha por uso y 
•costumbre, conviene a saber: Martes y 
•Sábado, sin otros días, que de necesario 
•les convendrá tener Concejo: y en caso 
•que en cada uno de los Concejos, así de 

• los continuos, como de los necesarios, no 
•vinieren todos los diez 3'^ ocho Regidores 
•del dicho año enteramente, o estuviere 
•allí la mitad de ellos, o más de la mitad, 
•que vala, y sea ñrme lo que ordenaren los 
•que en el dicho Concejo estuvieren, como 
•dicho es, en uno con los otros Oficiales, 
•Jurados, Alcaldes, y Alguacil, o con qual- 
•quier de ellos, según que es acostum- 
•brado.^ 

«Otrosí, que quando alguno de los di- 
•chos Regidores nombrados en la dicha 

• Ordenanza finaren, o se fueren a vivir y 

• morar fuera de la dicha Ciudad, para es- 
•tar continuamente con su casa, muger y 
•hijos, a otro lugar de otra Jurisdición, 
•que los Feligreses de la Colación de don- 
•de ha sido Feligrés, y por quien fué pues- 
•to en el dicho Regimiento, que escojan 
•entre sí un hombre bueno de la dicha Co- 
llación, abonado y perteneciente para el 

• dicho Regimiento, y lo hagan saber a los 
•otros Regidores, que estuvieren rigiendo 
•en el dicho Concejo, y que sea por ellos 
•recibido, y le tomen el dicho juramento 
•en la forma que los otros lo hicieron, y 
•rija y sirva el dicho año que le cupiere 
•servir, según la dicha Ordenanza. • 

«Otrosí, que los dichos Regidores, y Ofi- 
•ciales, que así hubieren de servir y regir 
•el dicho Regimiento del Concejo de la 
•dicha Ciudad, sean obligados a dar cuen- 
•ta de los maravedís, y otras cosas que 

• por su mandado recibieren en el año de 
•su Regimiento de los propios del dicho 

• Concejo, y de cómo y en qué manera 
•fueron gastados los dichos maravedís: 



- 177 - 



•porque si por la dicha cuenta se halla- 
»re que deben alcance alguno de mara- 
•vedís, o de otras cosas que hubieron y 
•recibieron de los propios, y que no fue- 
•ron despedidos ni gastados en las hacien- 
•das del dicho Concejo, ni en las cosas que 
»en el dicho Concejo hubo de dar y pagar 
>a otras personas, que paguen el tal alcan- 
»ce de sus bienes, para las otras despensas 
»o haciendas que fueren por venir del di- 
»cho Concejo.» 

«Otrosí, que los dichos Regidores en el 
»año de su Regimiento, que hubieren de 
>servir, que puedan elegir, y escoger los 
•Oficiales añales, que la dicha Ciudad ha 
»por privilegios, y suele poner cada año, 
»pero que no sean de los Regidores que 
•rijan en el dicho su año; y que en la dicha 
•elección entren y hagan parte de los 4i- 
•chos Oficios añales, los Regidores que no 
•estuvieren en el dicho Regimiento en el 
•año que hubieren de ser.^ 

«La qual dicha Ordenanza el dicho Doc- 
•tor dixo, que por el poder a él dado, y 
•otorgado por el dicho Don Ruy Lópezi 
•que mandaba y mandó al dicho Concejo, 
•Regidores, Oficiales, y Hombres buenos, 
•que la guardasen, y la hiciesen guardar y 
•cumplir, según y en la manera que dicha 
•es, y en la dicha Carta de poder del dicho 
•Rui López se contiene: y que de como lo 
•decía, dixo que lo pedía por testimonio.» 

Sánchez de la Parra (Don José). 

Floreció en los últimos años corres- 
pondientes al segundo tercio del siglo 
XVIII. Fué Examinador Sinodal del 
Obispado de Cartagena, y Prepósito de 
la Congregación de Presbíteros del Ora- 
torio de San Felipe de Neri, de Murcia, 
de cuya ciudad o provincia, acaso, fué 
natural, por más que por no estar cier- 
tos de ello, no nos hayamos atrevido a 
colocarle entre los escritores mur- 
cianos. 

Fué este docto Padre un hombre la- 
borioso, e hizo un gran beneficio a su 
patria y a la sana doctrina ortodoxa, 
con la traducción de la siguiente obra, 
de Fray Daniel Concina: 

«Theologia Christiana Dogmatico- 



Morab. Compendiada en dos tomos: Su 
autor El M. R. P. Fr. Daniel Concina, 

de el Orden de Predicadores: Traduci- 
da al idioma Castellano, y añadida en 
muchas partes de las obras del mismo, 
Por el P. D. Joseph Sánchez de la Pa- 
rra, Prepósito de la Congregación de 
Presbyteros Seculares de San Phelipe 
Neri de Murcia y Examinador Sy nodal 
del Obispado de Cartagena. Pónese al 
principio una Colección de Bulas, y De- 
cretos Pontificios en Compendio; y al 
fin un Tratado de la Bula de la Santa 
Cruzada, para el uso más acomodado en 
estos Reynos. Tomo L (y IL) Con privi- 
legio. En Madrid, en la Oficina de la 
Viuda de Manuel Fernandez, Año 
de 1771. 

2 vol. en fol. a 2 colums., de VIlI-350-XXI; y 356 LV 
págs. respectivamente. Signs. B-Bbb2; y B-Yj-2. Contie- 
nen: Anteportada.— Portada.— Prólogo del Traductor.— 
Texto del tomo I.— ídem del II; con varios índices al 
final de cada uno. 

Digno es, pues, de aplauso nuestro Pa- 
dre Sánchez, así por haber vertido ga- 
lanamente al castellano qste abultado 
Compendio de Teología dogmático-mo- 
ral del P. Concina, cuanto por lo que en 
dicha obra añadió de su propio ingenio, 
que es por cierto bastante más de lo que 
su modestia aquí confiesa, como podrá 
verlo el que quiera tomarse el trabajo 
de carear la traducción con el original 
latino. 

Santa Clara (Sor Mariana de). 

De la vida de esta Religiosa, escrita 
por el P. Ortega, tomamos las siguien- 
tes noticias: 

«Nació en la ciudad de Trujillo a 17 de 
enero de 1631, de muy ilustres y linajudos 
padres, que lo fueron don Juan de Orozco 
y Carrasco, descendiente de los Marque- 
ses de Mortara, y doña María de Alarcón 
y Pizarro. Tras de una educación esmera- 
da, así en lo humano como en lo moral 
y religioso, y no contando aún la edad de 

12 



- 178 - 



trece años, tomó el hábito de monja en el 
Convento de San Antonio de su patria, 
donde, perfeccionada su educación, y tras 
currido el año del noviciado, hizo la pro- 
fesión solemne de los cuatro votos en 21 de 
. enero de 1647, siendo nombrada Maestra 
de Novicias cuatro años más tarde, y últi- 
mamente, Abadesa, en 1664; cargo que 
hubo de desempeñar varias veces, y du- 
rante el cual emprendió la reforma de su 
Convento, así en el orden espiritual como 
en el temporal, reparando y renovando 
casi toda la fábrica del edificio. Por ello, y 
por sus muchos talentos, actividad y vir- 
tudes, logró pronto captarse el respeto y 
simpatías, no sólo de sus compañeras de 
clausura, si que también de las Superioras 
de las Salesas Reales de Madrid, y de mu- 
chos sujetos de la más encumbrada distin- 
ción; tales, por ejemplo, como los señores 
Duques de Alba y Príncipe don Juan de 
Austria, por cuyas instancias, y teniendo 
determinado fundar en la provincia de 
Murcia y villa de Muía un Convento de 
Monjas de la tercera regla de Santa Clara, 
fué nombrada, de Orden superior, aquella 
Madre, para Abadesa y Fundadora del re- 
ferido monasterio, en donde residió, con 
sus compañeras de fundación (que lo fue- 
ron Sor Juana de la Cruz, su hermana, 
Sor María de San Pedro, y Sor Ana María 
de Santa Teresa), desde 1678 a 1706, en que 
acometida de un fuerte dolor de costado, 
entregó su espíritu al Señor, día 30 de di- 
ciembre, tras de una vida ejemplarísima 
de austeridad y virtudes.» 

Escribió, según parece, esta venera- 
ble Madre, su propia vida, o mejor di- 
remos, varios opúsculos, donde se con- 
tienen muchas circunstancias de su vida 
religiosa y penitente, que aún se con- 
servan en el archivo de la referida Casa. 

Santa Maeiía (Don Pablo de). 

.Conocido también con el nombre de 
don Pablo de Cartagena, por haber sido 
Obispo de esta Diócesis por los años 
de 1402 a 1414, en que fué trasladado a 
la Silla de Burgos. Profesó,, como es 
bien sabido, la religión judaica hasta el 
año 1390, y cuarenta de su edad, en 



que fué bautizado con su madre, herma- 
nos e hijos en la capilla de Santa Prá- 
xedes, de la Catedral de Burgos, su pa- 
tria, día 21 de julio del dicho año, tro- 
cando desde entonces su antiguo nom- 
bre de Solemoch Halevi, por el que 
queda apuntado, y con el que es gene- 
ralmente conocido en la Historia espa- 
ñola como varón insigne en santidad, 
erudición y literatura. 

Tales prendas, unidas a su alto presti- 
gio y señaladas dotes de gobierno, le 
abrieron la puerta a los primeros pues- 
tos de la Iglesia y del Estado; pues des- 
pués de haber ejercido el Arcedianato 
. de Treviño, 

«los Sumos Pontífices le honraron con dig- 
nidades eclesiásticas y Obispados de Car- 
tagena y Burgos, y con título de Patriarca 
de Aquileya; y con hacerle su Legado 
a-latere; y encomendarle el negocio de la 
scisma, que hubo en su tiempo, de los tres 
Pontífices. El Rey D. Henrique el III, le 
hizo su Chanciller mayor, y Consejero de 
Estado, tratando con él los negocios más 
graves del Reino; y en su muerte le enco- 
mendó la educación y institución de su 
hijo, que quedaba de veinte meses; y lo 
tocante al gobierno de su persona y casa, 
hasta llegar a los catorce años, y le nombró 
por su Testamentario, y declarador de las 
dudas que cerca de su testamento se ofre- 
ciesen. Todo lo cual hizo con tanta satisfac- 
ción de la Reina y Reyno, que fué elegido 
por uno de los Gobernadores del por el 
Infante D. Fernando, tío del Rey D. Juan 
el II: y el mismo Rey D. Juan le honró 
también, y estimó grandemente, conser- 
vándole en las mismas honras y oficios, y 
comunicándole todas las cosas que ocu- 
rrían de importancia.» (1). 

Murió nuestro don Pablo, y fué en- 
terrado en la capilla mayor del monas- 
terio de San Pablo de Burgos, en 29 de 
agosto del año 1435, y a los ochenta y 
tres de su edad, según reza el epitafio 
de su sepulcro, que trae don Nicolás 



(1) Véase Alegación en Derecho sobre si debe ser excluí 
da la familia de D. Pablo, etc., en nuestra Sección Cuarta 




- 179 - 



Antonio en el tomo II de su Bibliotheca 
Vetus, página 240 de la segunda edi- 
ción. 

Don Pablo hubo de ejercer, sin duda, 
notable influencia en el desarrollo de 
las letras murcianas, no sólo por sus 
indisputables autoridad y saber, si que 
también por el ejemplo de sus excelen- 
tes e instructivas obras, que seguramen- 
te, en su mayor parte, debió escribir en 
Murcia, como lo iremos probando (den- 
tro, por supuesto, de las más probables 
conjeturas) a la manera que lo hicimos 
al tratar de las de Alfonso el Sabio y 
de don Juan Manuel; única circunstan- 
cia por la cual podremos dar alguna 
novedad al presente artículo, como la 
dimos o intentamos darla en los ya de- 
dicados a dichos ilustres príncipes. 

Conste, ante todo, que damos por sen- 
tado, que nuestro don Pablo, por causa 
de su alta significación y graves aten- 
ciones, no debió residir en Murcia, sin 
interrupción alguna, los doce años se- 
guidos de su gobierno sobre la Iglesia 
Cartaginense; pero convengamos tam- 
bién en que, por ser la virtud y el cum- 
plimiento del deber las notas que más 
le caracterizan, es muy de suponer que 
habitara la mayor parte de este tiempo 
entre sus primeros diocesanos, tan nece- 
sitados, entonces, por sus desgraciadas 
luchas intestinas, de predicaciones y 
enseñanzas espirituales; sin que ello 
fuera obstáculo para que al propio tiem- 
po, y desde la tierra misma, cuyo cui- 
dado pastoral le estaba encomendado, 
se ocupara a veces de los negocios del 
Estado, dirigiendo los pasos del monar- 
ca, y aconsejándole en cuantas cosas le 
consultara, conforme a su acreditada 
prudencia; como así, con efecto, ños lo 
da a entender el cronista de don Juan II, 
diciéndonos: «Seyendo Obispo de Car- 
tagena, el Rey don Henrique ñaua mu- 
cho de don Pablo, y le encomendaua 



sus cosas, en lo que siempre le diera 
buenos consejos.» 

Dichas obras son: 

1.^ Additiones notabiles ad has Pos- 
tillas Nicolai de Lyra in totam Scrip- 
turam. 

2.^ De Coena Domint. 

3.^ De genealogía Jesu Christt. 

4.^ Scrutinium Scripturarum, 

Diálogo de polémica teológica, donde 
el autor combate enardecida y profusa- 
mente los errores de los judíos. 

Ahora bien; ya hemos visto que has- 
ta 1390 no abrazó nuestro don Pablo la 
religión cristiana, y sabemos que algún 
tiempo después se fué a París a estudiar 
la Teología y seguir en aquella Univer- 
sidad la carrera del Sacerdocio. Preciso 
es suponer que emplearía un regular 
número de años en terminarla, y hasta 
adquirir aquella profundidad de conoci- 
mientos escriturarios y teológicos que 
le distingue; y parece lo más natural 
que, mientras embebido en estos estu- 
dios (estudios para él completamente 
nuevos), se afanaba por lograr su fin 
apetecido, no debiera ni aun pudiera 
entregarse a otras tareas que le distra- 
jeran de las puramente escolares. No 
nos parece, pues, aventurado llevar la 
fecha en que se empezaron a escribir 
estas obras, al año de 1400 o después. 
Pero, como dicho queda, en 1402 fué 
elevado a la mitra de Cartagena; las ta- 
les obras, por sus condiciones de asunto 
y profundidad de doctrina, suponen 
gran trabajo y no escaso tiempo en me- 
ditarlas y componerlas. De la 4.* espe- 
cialmente, publicada por el docto agus- 
tino Fr. Cristóbal de Santotis, sabemos 
por confesión propia, que de ella hubo 
de tomar este ilustre Padre toda la vas- 
ta erudición bíblica con que se hizo no- 
table entre los sabios del Concilio Tri- 
dentino. Luego, aun suponiendo que 
en 1400 y aun antes, comenzara nuestro 



^ lao - 



Obispo a poner mano en dichas obras, 
es de todo punto probabilísimo, por no 
decir seguro, que en Murcia, en su ma- 
yor parte, hubo de escribirlas y termi- 
narlas. 

5.^ Suma de las Coronicas de Es- 
paña. 

Especie de Compendio, como lo indi- 
ca el título, de la Historia de España, 
desde el «departimiento de las tierras», 
hasta la elevación al trono de Aragón 
de don Fernando de Antequera. 

6.^ Edades trovadas. 

Compendio, también, de Historia Uni- 
versal, escrito en trescientas treinta y 
ocho octavas de versos duodecasílabos, 
donde se narran los principales hechos 
acaecidos en el mundo, «desde que 
Adam fvé formado» hasta el nacimiento 
de don Juan II. 

Indudablemente, la primera de estas 
dos obras debió de escribirse con ante- 
rioridad a la segunda, porque en el pró- 
logo con que don Pablo dirige ésta a la 
Reina Doña Catalina, le dice: 

«Entre otras obras que a vuestra Mages- 
tad, muy poderosa princesa e ilustrísima 
Reina e Sennora, avían seydo presenta 
das, so breve compendio de escriptura una 
copilación, cassi repertorio de algunas es- 
torias a Vuestra Alteza pensé dirigir. > 

Presentadas, pues, ambas obras a la 
referida doña Catalina, por fuerza de- 
bieron componerse antes de 1418, año 
en que esta Reina bajó al sepulcro, sien- 
do también indudable que se escribieron 
para la enseñanza de su hijo, el niño 
Rey Don Juan. Ahora bien, ya hemos 
visto que a la muerte de Enrique III 
(diciembre de 1406), quedaba aquél de 
veinte meses; y hemos leído también 
que sólo estuvo bajo la dirección insti- 
tutriz del sabio Obispo hasta la edad de 
catorce años, o sea hasta mediados de 
1419. Y como no es posible creer que 
para imponer al joven Príncipe en la 



Historia aguardara don Pablo a los últi- 
mos años de su preceptoría; siendo evi- 
dente, por otra parte, que para la con- 
fección de ambas obras, y muy espe- 
cialmente de la primera, tendría necesi- 
dad de tomarse algún tiempo, forzosa- 
mente habremos de convenir en que 
según todas las probabilidades hubo de 
terminarlas cuatro o seis años antes de 
la última de dichas fechas: y sabemos 
que hasta 1414 no fué trasladado de la 
silla de Cartagena a la de Burgos. 

De las mencionadas obras de don Pa- 
blo, han sido publicadas: las Adiciones 
a las postillas de Nicolás de Lyra, en la 
edición lugdunense de 1590 y posterio- 
res, de la Biblia Magna cum scholiis 
seu glossis diversorum: el Scrutinium 
Scripturarum, en Roma, por Udalrico 
Galo, 1470; en Mantua, por Juan Scha- 
lo, en 1475; y últimamente en Burgos, 
por Felipe de Junta, 1591, precedida de 
la vida del autor por Fr, Cristóbal de 
Santotis; y las Edades Trovadas, con 
otras composiciones de poetas del si- 
glo XV, en París, 1844, bajo la dirección 
de don Eugenio de Ochoa, quien atribu- 
yó este poema al Marqués de Santillana. 

En cuanto a los códices de las mis- 
mas, de que tenemos noticia, son: los 
dos de la Biblioteca del Escorial, signa- 
dos con las marcas h. ij. 22 y X. ij. 17; 
el de la Complutense, E. I. caj. 2, n.° 17, 
ant., y los de la Nacional, G-151 y M.- 
Y 4.*^, donde se contienen las Edades 
Trovadas: El referido de la Escurialen- 
se, h. ij. 22, donde se sigue después de 
este poema, la Suma de Coronicas; y el 
que se custodia en la Universidad de 
Valencia, en folio, escrito en pergamino 
y papel, letra del año 1461, y de 146 fo- 
jas, a dos columnas de 53 líneas, proce- 
dente del Monasterio de San Miguel de 
los Re3^es, donde se contiene el Scruti- 
nium Scripturarum: manuscrito no 
mencionado por Amador de los Ríos, ni 



- 181 - 



por Pérez Bayer en sus notas a la Biblio- 
theca Vetus. 

La Catedral de Murcia fué deudora a 
su Obispo don Pablo, a más de la crea- 
ción de cuatro racioneros, de varias 
constituciones sinodales y de ricos orna- 
mentos xie oro y seda para su guarda- 
rropía, del magnífico retablo del altar 
mayor, de estilo ojival, que empezado a 
su costa se terminó en el año de 1419, y 
fué reemplazado en 1513 por el que exis- 
tió hasta el de 1854, en que fué incendia- 
do: retablo en el cual (en el primitivo) 
tal vez existiera el escudo de armas de 
blasón de su ilustre fundador, bien así 
como se hallaba en varios lugares del 
Convento de San Pablo, de la ciudad de 
Burgos, que también fundó el mismo 
Obispo: armas de blasón que componían 
tres cuarteles; en los dos primeros de 
los cuales se hallaban sendos leones 
rampantes y negros en fondo de oro, 
como haciéndose frente uno a otro; y en 
el tercero, una flor de lis en fondo de 
sinople, y que algunos creen significar, 
por los leones el de Judea, y por el lirio 
la pureza de la Santísima Virgen, de 
cuya real familia se envanecía en des- 
cender este, por tantos títulos, egregio 
Prelado, 

Santa María (Don Alfonso de). 

Hijo del anterior; converso como él y 
sus hermanos don Gonzalo y don Alva- 
ro, en 1390; y también llamado de Car- 
tagena por razón, sin duda, del dictado 
con que don Pablo, su padre, fué algún 
tiempo designado. Llevados algunos de 
esta equívoca circunstancia, lo hacen 
también Obispo de Cartagena; pero es 
error palmario y especie destituida de 
todo fundamento, toda vez que su nom- 
bre no se halla incluido, ni debe estarlo, 
en ninguno de los antiguos Catálogos de 
Prelados ni episcopologios de esta 'dió- 



cesis. La razón es, porque el Ilustrísimo 
don Diego de Comentes, su coetáneo, y 
único que hubiera podido sucedería in- 
mediatamente, en el supuesto caso de 
que efectivamente hubiera ejercido este 
elevado cargo pastoral, no lo nombra, 
ni siquiera por incidencia, en su ya cita- 
do Fundamento de la Iglesia de Carta- 
gena, donde empieza por hacer una y no 
breve relación histórica de todos los 
Obispos de dicha silla, desde don fray 
Pedro Gallego hasta su tiempo. 

Don Juan Antonio Moreno, sin em- 
bargo, ateniéndose a los primeros pro- 
pagadores de esta especie, no tuvo in- 
conveniente en sustentarla en su prólo- 
go al Valerio de las Historias, de 1793, 
como lo han tenido Ticknor y Amador 
de los Ríos, siguiendo a Moreno, y como 
no lo tiene, siguiendo a estos tres, nues- 
tro ilustrado amigo y paisano señor Ba- 
quero Almansa en su tantas veces citado 
opúsculo sobre La Literatura en Murcia 
desde Alfonso X a los Reyes Católicos. 
No nos extraña, por disculpables moti- 
vos, que podrán comprenderse, que los 
señores Moreno y Ticknor cayesen en 
este error cronológico: algo más nos 
choca que se dejase llevar de él Amador 
de los Ríos, visitando, como visitó, nues- 
tras bibliotecas y archivos murcianos al 
tiempo de estar componiendo su cele- 
brada Historia Critica de la Literatura 
Española; pero lo que verdaderamente 
nos sorprende es que el señor Baquero, 
conociendo, como también parece cono- 
cer, el precitado Fundamentum, no 
haya reparado en la significativa omi- 
sión hecha por su autor el Obispo Co- 
montes, sobre el don Alonso de Carta- 
gena, quien, como dicho queda, hubiera 
sido el inmediato antecesor de aquél al 
haber ocupado esta silla. La letra, por 
lo demás, del referido instrumento, es 
bien terminante y expresiva. Después 
de hablarnos el señor Comontes de su 



182 



ilustre antecesor don Fernando de Pe- 
dresa, añade: 

«Post cujus obitum, ad supplicationem 
Serenissimi Domini Regis Henrici, efec- 
tus fuit Episcopus Carthaginens. Dominus 
Paulus de Santa María, natione Burgen- 
sis, & fuit in ordini undecimus... = Post 
quam quidem translationem, sic de perso- 
na ipsius Domini Pauli factam ad Bur- 
gens. Ecclesiam illico, & inmediaté efec- 
tus fuit Episcopus Carthaginens. seu de 
Ecclesiam translatus, Reverendissimus in 
Christo Pater Dominus Frater Didacus na- 
tivus de Majorga (Don Diego de Bedan)... 
& fuit Carthaginens. Episcopus in ordine 
duodécimo... apud jam dictam Civitatem 
Murciae, die Mariis, quae computabatur 
XXII Maji anni Domini millesimi quadra- 
gintesimi septimi in nocte obviit... Unde 
Nos Didacus de Cotnontes, Carthaginens. 
Episcopus jam dictus per istam viam 
translationis in ipsa Carthaginensi Eccle- 
sia succesisse dignoscimur eidem Patruo 
nostro, & per consequens ómnibus alus 
Carthaginens. Episcopis praedecessoribus 
suis, qui, ut praemissimus in eadem suc- 
cesive fuerant usque ad eum...» 

La cosa es, pues, bien clara: Trata 
aquí el señor Comentes de enterarnos 
de los Obispos que ha tenido la Iglesia 
de Cartagena desde don fray Pedro Ga- 
llego hasta él; no nombra a nuestro don 
Alonso; dícenos que sucedió a su tío don 
Diego de Mayorga; y sabemos que go- 
bernó la diócesis murciana desde 1447 a 
1458; con que, en vista de tan irrefraga- 
ble testimonio, me parece que no debe 
haber disputa sobre el particular. 

Mas, a pesar de todo, no puede caber- 
nos duda de que el famoso Obispo de 
Burgos, profundo teólogo, insigne his- 
toriador, «gran filósofo natural», cele- 
brado como «delicias de la religión y es- 
pejo de sabiduría» entre los más doctos 
Padres del Concilio de Basilea, «alegría 
de las Españas y honor de prelados», 
según expresión feliz del Pontífice Pío II; 
no puede, no, cabernos duda de que en 
Murcia hubo de residir algún tiempo, a 
partir de su regreso de Italia, o sea, des- 



de 1440; pues, como observa bien el doc- 
tísimo Amador de los Ríos, y es casi evi- 
dente, sólo en Murcia es donde pudo co- 
nocer y tratar a la familia de su predi- 
lecto discípulo don Diego Rodríguez de 
Almela, avecindada en dicha ciudad 
desde muy antiguo, y obtener la segura 
experiencia del buen natural, vocación, 
talento y felices disposiciones de su fu- 
turo paje, a la sazón casi niño. 

El motivo, sin embargo, de esta estan- 
cia del Obispo Burgense en dicha capi- 
tal, lo ignoramos por completo, bien 
que lo presumamos. Tal vez desembar- 
có en Cartagena cuando volvió de Italia, 
adonde lo llamaran las importantes aten- 
ciones del citado Concilio: teniendo en- 
tonces que pasar por Murcia en su mar- 
cha hacia Castilla, tal vez quiso conocer 
la ciudad donde su padre había perma- 
necido tan buen número de años, gober- 
nando su Iglesia, derramando los espi- 
rituales beneficios de la predicación, y 
escribiendo las principales de sus obras: 
y sorprendido, entonces, por la benigni- 
dad del clima y fertilidad del suelo de 
este país hermoso, se detuvo en él algu- 
na buena temporada, según ha acaecido 
varias veces, y lo experimentamos to- 
davía en muchos de los forasteros que lo 
han visitado. Ello es que casi podemos 
estar seguros de que nuestros antiguos 
paisanos disfrutaron, por algunos años, 
la presencia de este insigne converso, 
honor de la Iglesia y de la literatura es- 
pañolas. 

Tal es la causa por la cual no hemos 
querido privarnos del gusto de consa- 
grarle un recuerdo en el presente estu- 
dio, no dudando, como no dudamos, da- 
das las especialísimas dotes de ilustra- 
ción, propósitos civilizadores y noble 
espíritu de propaganda literaria, de que 
estaba adornado, que en este tiempo de 
su residencia en Murcia, aunque fuese 
corto, no dejaría de ejercer alguna in- 



,183 - 



fluencia en nuestra antigua cultura, y 
estando además seguros de la decisiva 
que tuvo siempre en la educación y en- 
señanza de nuestro ya citado compatri- 
cio Rodríguez de Almela. 

Con respecto a sus obras, como no 
fueron escritas en Murcia, ni por in- 
fluencias murcianas, no nos detendre- 
mos tanto en ellas como, por razones 
contrarias, lo hemos hecho al tratar de 
las de otros célebres escritores, cuyas 
vidas y escritos nos ha parecido deber 
nuestro incluir en la presente Sección. 
Séanos lícito, sin embargo, el gusto de 
citarlas brevemente, y bástenos decir 
que, como diestro nuestro Don Alfonso 
cen la gaya sciencia é en toda sotil poe- 
sía>, se señaW entre los más pulidos tro- 
vadores de la Corte de Don Juan II, en- 
tonando demres, glosas y cantos varios, 
entre los cuales sobresalen los morales 
que dedicó a su padre, y los amorosos 
consagrados a la señora Oriana: Que, 
como campeón del Renacimiento y de- 
cidido amante en promover en España 
el cultivo de los estudios clásicos, tra- 
dujo del latín a nuestro idioma los trata- 
dos De Inventione y De Senectute de 
Cicerón; las Declamationes, y los opús- 
culos De vita beata. De animi tranquil- 
litate, De Providentia Dei, De Ciernen- 
tía. De septem artihus liberalibus y De 
Fortuitis seu de Remediis fortuitorum, 
de ambos Sénecas, y otras varias de di- 
versos escritores, tales como los Prover- 
bia (Amonestamientos), De quator vir- 
tutibus. De bello, y De amicitia (De la 
amistansa y del amigo): Que, como es- 
critor ascético, trabajó el Oracional de 
Fernán Peres, el Defensorium fidei,. el 
Memoriale virtutum, vertido por él mis- 
mo al castellano, y el Tratado de la Con- 
templación mezclada con oración, tam- 
bién conocido con el título de Exposi- 
ción del Psalmo Judica me Deus: Y, en 
fin, que como Doctor y «maestro de toda 



elocuencia é de toda verísima historial, 
peroró en el Concilio de Basilea el De- 
fensorium unitatis christianae, la Alle- 
gatio pro praecedentia Regum Castellae 
prae Regibus Angliae, y las Allegatio- 
nes super Canariae insulis pro Rege 
Castellae, también vertidas por él mis- 
mo a nuestro idioma; escribiendo, por 
último, la Genealogiae Regum Hispa- 
norum, el Doctrinal de Caballeros, el 
Libro de las mujeres ilustres, en oposi- 
ción al Corvado de Boccacio, y el Cons- 
tatorium, citado por nuestro Almela en 
su Valerio, y cuyo argumento declara 
ignorar don Nicolás Antonio, 

Tales son las principales produccio- 
nes, y los rasgos que más interesarnos 
pueden de la vida de este varón clarísi- 
mo, a quien principalmente debemos el 
que en el siglo xv, en el centro de Cas- 
tilla, y entre los más distinguidos litera- 
tos de aquella Corte, sonara con tanta 
fama y crédito el nombre de un ilustre 
murciano (1). 

Simancas (Fr. Pedro de). 

Religioso Agustino, natural de Grana- 
da, donde enseñó Sagrada Escritura. 
Pasó después a Cuenca, en cuyo Con- 
vento ejerció el cargo de Prior, y últi- 
mamente a Murcia, alcanzándole el 
tiempo del ruidoso pleito seguido entre 
los PP. de su Comunidad 5^ la Ilustre 
Cofradía de Jesús Nazareno, sobre dere- 
chos de propiedad o patronato a la Er- 
mita de su nombre. Murió en esta ciu- 
dad a consecuencia del terrible contagio 
que la afligió por los años de 1648 y si- 
guientes. Escribió: 

1.° cLocum literalem pro immunita- 
te B. Virginis Mariae a peccato origina- 
li et a debito illud contrabendi». Matri- 
ti, 1640. En 8.° 

2.'^ «Carta escrita a nuestro Padre 
Inocencio X sobre la difinición de fee 



(1) Cfr. Martínez Añíbarro, Escritores de Burgos. 



- 184 - 



del artículo de la Concepción inmacula- 
da de la Virgen Nuestra Señora». Ma- 
drid, 1645. En fol. 

Soria Buitrón (Fr. Juan de). 

Padre Franciscano de la Regular ob- 
servancia de la Provincia de Cartagena, 
por la que fué nombrado su Definidor; 
hijo, por naturaleza, de San Lorenzo de 
la Parrilla, y morador, por algún tiem- 
po, en el Convento de San Francisco, de 
Murcia, donde desempeñó las cátedras 
de Artes y Teología. Floreció, con gran 
fama de docto, a mediados del siglo- 
xvii; y si, como opina bien el diligente 
P. Ortega, dicho Soria y Buitrón es el 
mismo que el citado por Fr. Juan de 
San Antonio en su Biblioteca Francisca- 
na, con el solo nombre de Fr. Juan de 
Soria, debemos considerarle como autor 
de las siguientes obras: 

1.^ «Relación histórica de un mila- 
gro de San Antonio de Padua». Orihue- 
la, por Vicente Franco, 1636. En 4.° 

2.^ «Epílogo de la vida y milagros de 
Nuestro Padre San Francisco». Cuenca, 
por Salvador Viader. 1649. En 4.° 

3.^ «Epilogus Summarum, siv^é am- 
plissimum Compendiun rerum omnium, 
quae in universis materiis Theologiae 
Moralis tractantur: primo in communi: 
secundo in particulari resvumtum ex 
Villalobos, cum aliquibusadditionibus». 
Conchae, ex officina Salvatoris Viader, 
anno 1650. En 4.<* 

— Ibídem.— Parisiis, apud Simonem 
Piget, 1656. En 8.° 

Libro grandemente alabado, según 
decir del referido Fr. Juan de San An- 
tonio, y en alta estima tenido por mu- 
chos varones doctos de aquel tiempo. 

4.^ «Tractatum Apologeticum, in 
quo dilucidé ostendi Ministrum Genera- 
lem Regularis ac strictioris observantiae 
esse legitimum successoram S. P. N. 
Francisci». 



MS., que se halla (dice el mismo bi- 
bliógrafo) en el Archivo de la Orden de 
Madrid. 

5.* «De Theologia Regulari». 

MS. también, en folio, 

«que hasta estos años pasados (decía el 
P. Ortega en 1746) se mantuvo en la libre- 
ría de nuestro Convento de la Ciudad de 
Cartagena, adonde se pasó de orden de 
un Prelado superior.» 

Tal vez (añadimos nosotros) por ha- 
berlo compuesto y trabajado su autor 
durante el tiempo de su permanencia en 
dicha casa. 

Soto (Fr. Silvestre de). 

Religioso Minorita, natural de Villa- 
nueva de los Infantes, e hijo de la Pro- 
vincia de Cartagena, por quien obtuvo 
los cargos de su Definidor y Ministro 
Provincial. Fué también Guardián en el 
Convento de Alcaraz, en el de Santa 
Catalina del Monte, y dos veces en el de 
Caravaca, por lo que inferimos, hubo 
de permanecer, durante no escaso tiem- 
po, en esta provincia y reino de Murcia. 
Floreció a mediados del siglo xvii, y 
dejó compuesta, según el testimonio del 
P. Juan de San Antonio, la: 

«Vida del venerable P. Fr. Thomás 
de San Francisco, alumno de esta mis- 
ma provincia». 

Que tal es el título con que la halla- 
mos en la Biblioteca Franciscana, sa- 
biendo también por el mismo bibliógra- 
fo, que quedó manuscrita, en folio, y 
que se conservaba, hasta su tiempo, en 
la Biblioteca del Convento de San Fran- 
cisco de Madrid, sub litt. E., núm. 37, 
fol. 125. 

Es de advertir que el dicho Fr. Tomás 
de San Francisco, cuya vida esclareció 
nuestro P. Silvestre de Soto, no es otro 
que el caballero llamado en el siglo don 
Juan Rejón de Silva, hijo de la noble fa- 
milia murciana de este apellido. 



T 



Torres (Don Pedro Anastasio de). 

Fué canónigo de la Santa Iglesia Ca- 
tedral de Cartagena por los años de 1782 
y siguientes, según nos lo dice el autor 
anónimo de la Biblioteca Asturiana que 
trae el señor Gallardo en la suya de Li- 
bros raros y curiosos, con estos tér- 
minos: 

«Don Pedro Anastasio de Torres. Actual 
canónigo de Murcia (el manuscrito de di- 
cha Biblioteca lleva la fecha de 1782). Sién- 
dolo de Oviedo, hizo por orden del señor 
D. José de Carvajal y Lancáster algunas 
apuntaciones de escrituras antiguas, con- 
cilios, pleitos, etc., que apuntaré para no- 
ticia de la historia eclesiástica de Oviedo, 
y más objetos provechosos, según la lista 
que me entregó el mismo D. Pedro firma- 
da de su mano.» 

Primeramente sacó copias de las es- 
crituras siguientes... (Y después de ci- 
tarlas refiere los siguientes trabajos de 
D. Pedro): 

1." «Un catálogo de los que fueron 
Obispos de dicha Santa Iglesia, comple- 
to, exacto, y comprobado todo con do- 
cumentos auténticos.! 

2.° «Notas al índice de los instrumen- 
tos existentes en la Secretaría del Real 
Patronato, correspondiente a dicha San- 
ta Iglesia, que remitió a'dicho D. Pedro 
de Torres el Excmo. Sr. Carvajal, Mi- 
nistro de Estado, con carta de 1.° de Ju- 
nio .de 1751, para que excusase el trabajo 
de copiarlos.» 



3.° «Ejemplares de cláusulas y alfa- 
betos de todas las diferentes letras anti- 
guas que se hallan en los privilegios y 
libros de la iglesia de Oviedo, copiados 
fielmente de sus respectivos originales, 
con perfecta imitación de los caracteres, 
para complemento de la «Poligrafía es- 
pañola». 

4.° «Razón de los libros antiguos que 
se han sacado de la librería de la iglesia 
de Oviedo, y adonde fueron, según re- 
sulta de los acuerdos capitulares.» 

5.° Notas a la lista de los libros que 
se creía existir en la santa iglesia de 
Oviedo, y remitió el mismo Sr. Carvajal 
al citado D. Pedro de Torres, en carta 
del Excmo. Sr. D. Alonso Clemente de 
Aróstegui de 18 de Diciembre de 1750.» 

6.° «Noticia de los autores que han 
tratado particularmente del Obispado 
de Oviedo.» 

1 P «Noticia de los varones ilustres 
del mismo Obispado.» 

8.° «Varias noticias de nuestros anti- 
guos maravedises, sacadas de los libros 
de dicho archivo llamados Preciosa.» 

9.° «Colección de inscripciones anti- 
guas del principado de Asturias.» 

10. «índice de los libros de la librería 
antigua de la santa iglesia de Oviedo, 
impresos y manuscritos.» 

La vasta instrucción y literatura de 
este ilustre canónigo dé nuestra santa 
Iglesia Cartaginense, hácenme tener 



186 - 



por indudable su influencia en las le- 
tras, o, por lo menos, en los literatos 
murcianos del último tercio del pasado 
siglo, razón por la cual no hemos va- 
cilado en dedicarle el precedente re- 
cuerdo. 

ToRRUBiA (P. Pedro Tomás). 

Aunque lo creemos murciano, como 
lo son otros varios Torrubias o Torru- 
bios de esta ciudad, por no estar segu- 
ros de ello, no le dimos lugar en el an- 
terior, y sí lo hacemos ahora en el pre- 
sente Catálogo. Fué el P. Torrubia, de la 
Orden de San Ignacio de Loyola; y en- 
señó Filosofía y Teología en el Colegio 
de San Esteban de Murcia, de que fué 
también predicador famoso allá por los 
años correspondientes a la mitad del si- 
glo XVIII. He aquí lo que, hablando de 
él, nos dice el Doctor D. Andrés José de 
Sedaño, Deán que fué por entonces de 
la Iglesia Catedral de Cartagena, en una 
aprobación a. uno de sus sermones: 

«Tres veces máximo, o en tres faculta- 
des Maestro, ha lucido en Murcia nuestro 
Orador famoso. Maestro sutil en Philoso- 
phia, Maestro sólido en la Theologia, cuya 
carrera empezó con el mayor aplauso y 
crédito, quando el precepto le señaló para 
la predicación..., y como Mercurio Tris- 
megisto sabe unir, y une en sus sermones 
discretos, la agudeza de Philosopho, la so- 
lidez de Theologo, y el buen gusto de Ora- 
dor; desempeñando, con tanto crédito y 
acierto, el honroso y sagrado empleo de 
Predicador, que ha merecido entre tantos 
Sabios, Doctos y Apostólicos Oradores, 
que componen este su siempre grande Co- 
legio, que, sin adulación, se le puede y 
debe aplicar aquel elogio... Todo es dulce 
miel lo que sus labios destilan, y lo que se 
percibe de la suavidad de sus voces y pa- 
labras, Y assi todos le ruegan, que repita 
predicar muchas veces, por no defraudar- 
se de el más gustoso rato de oirle.» 

Suyo es, pues, entre otros, el 
«Sermón Panegyrico Predicado en el 
primer día de la Solemnissima Octava 



de Canonización de S. Fidel de Sigma- 
ringa... y S. Joseph de Leonisa, Capu- 
chinos». En Murcia, por Nicolás Villar- 
gordo. Año 1748. En 4.°. 

Véase Torrubia en nuestro Catálogo 
de Impresos en Murcia. 

Trejo Paniagua (Don Fr. Antonio). 

Natural de Plasencia, e hijo de don 
Antonio de Trejo Monroy y de doña 
Francisca de Sande Paniagua. Estando 
en Salamanca en los principios de sus 
estudios mayores, abrazó el estado Reli 
gioso en el Convento de San Francisco 
de dicha ciudad, leyendo después Artes 
y Teología en los de León y Toledo, de 
los que también fué Guardián. Pasó lue- 
go a la Corte por Comisario general de 
Indias; y habiendo quedado vacante el 
cargo de Ministro general de la obser- 
vancia, por muerte del Padre Fr. Juan 
del Hierro, fué electo Vicario General 
de dicha Orden. Felipe III le presentó 
más tarde por Obispo de Cartagena, 
siendo consagrado por el Arzobispo de 
Tarragona don Fray Juan de Guzmán, 
en el Convento Real de la Princesa doña 
Juana de Madrid, y haciendo su solemne 
entrada en Murcia y toma de posesión 
de su Obispado en 15 de octubre de 1618. 
En el mismo partió a Roma con título 
de Embajador de su Rey, con el fin de 
intervenir cerca de la Santidad de Pau- 
lo V, para que declarase artículo de fe la 
purísima concepción de la Virgen; jor- 
nada a que le ayudó S. M. con la suma 
de ocho mil ducados, y en la que el 
Obispo hubo de conseguir del Sumo 
Pontífice el ser oído con veneración y 
apluso. Vuelto al gobierno de su Dió- 
cesis, 

«y cumpliendo (dice al llegar aquí Gon- 
zález Dávila) con el cargo de Pastor y Pa- 
dre de familias, consoló a sus ovejas con 
visitas y abundancia de limosnas. En un 
año de mucha falta de pan, sustentó cum- 



- 187 



plidamente mil y seiscientos pobres; entre 
ellos había algunos con fuerzas para poder 
trabajar, y diciéndole un caballero, que 
para qué les daba, respondió: pidenmelo 
por amor de Dios, y por atnor de Dios se 
lo doy. Si están para trabajar, eso le perte- 
ce al Corregidor y no a rhi. 

»Fundó en el trascoro de su Iglesia una 
insigne capilla dedicada a la Concepción 
de nuestra Señora, en que gastó veinte y 
cuatro mil ducados, y la dotó con renta 
muy suficiente, para que la sirvan cuatro 
capellanes. Dedicó otra capilla a San Ful- 
gencio, Obispo de Cartagena, entierro 
para los Obispos que lo fuesen de esta 
Iglesia; y para los Prebendados otro. Doró 
la Capilla mayor; defendió la inmunidad 
de su Clero en razón de tributos, con tanto 
valor y virtud, que el Consejo Real de 
Castilla llegó a conferir si sería bien pri- 
varle de las temporalidades y mandarle 
salir del reino... Vínole a llamar la muerte 
en el mes de diciembre (día 21) del año 
1635, en el cincuenta y seis de su edad, y 
diósele a su cuerpo sepultura en la Capilla 
que viviendo había fundado.» 

Escribió: 

1.° «Pro Conceptione Immaculatae 
Deiparae Virg-inis Mariae Orationes 12». 

«Quas habes (dice Marracio) apud Vva- 
ding-um in Legatione pro eadem Con- 
ceptione, Lovanij impressa, anno 1624.» 



2.° Ídem «Apologiam pro Rege Ca- 
tholico Philipo III. in Vrbe sparsit>. 

«In qua (añade el mismo Marracio) 
quod recté et Catholicé se gesserit, in 
ijs, quas apud Sedem Apostolicam adhi- 
buit, diligentijs, pro definienda Contro- 
versia Conceptionis Virg. Mariae, Pon- 
tificum decretis, Ortodoxorum Concilio- 
rum pondere, vtriusque Juris contextu, 
et túm demúm firmissimis rationibus, 
luculenter ostendit...» (1). 

Truyol (Fr. Juan Bautista). 

Religioso de la Orden de Predicado- 
res. Fué Lector de Teología, y Prior de 
los Conventos de Murcia, Chinchilla, 
Ciudad Real, Alcaraz, Almería y Gua- 
dix, y Examinador Sinodal de este Obis- 
pado, habiendo, pues, residido en la re- 
g-ión murciana nueve años por lo menos. 

Dio a la luz pública, que hasta ahora 
sepamos: 

«Sermón de la vida y virtudes de San- 
ta Cathalina de Riccis». Murcia (1747?). 

Véase Truyol en nuestro Catálogo de 
Impresos en Murcia. 



(1) Bibliotheca Mariana. 



V 



Valdivibso (Fr. Alonso de). 

Religioso Franciscano de la Provincia 
de Cartagena, y residente en Murcia du- 
rante largo tiempo, tal vez desde 1614 a 
1630, en que bajó al sepulcro. Fué natu- 
ral de Alcázar de San Juan; y entrado 
en la Religión, obtuvo varias Guardia- 
nías, entre ellas la del convento de di- 
cha ciudad de Murcia, y el cargo de De- 
finidor de la Orden, para el que fué ele- 
gido dos veces consecutivas. Fué hon- 
rado también, como otros muchos doc- 
tos varones de su tiempo, naturales o 
vecinos de esta provincia, con la amis- 
tad de su Obispo el Ilustrísimo señor 
don Fr. Antonio de Trejo, a quien dedi- 
có una larga carta escrita en respuesta 
a cierto Religioso que le había consulta- 
do sobre si admitiría una Guardianía 
que intentaban conferirle; carta notable, 
según el testimonio del P. Ortega, por 
quien también nos consta, consiguió ver 
la luz pública en las prensas murcianas, 
año de 1627, én un volumen en 4.° de 73 
páginas. Murió el R. P. Fr. Alonso de 
Valdivieso, de edad muy avanzada, en 
el Convento de San Francisco de la re- 
ferida ciudad de Murcia y año de 1630, 
según queda dicho. 

Por lo que toca a sus circunstancias 
de literato, conocémosle principalmen- 
te como orador sagrado cuyo 

«ministerio (dice el autor referido) exer- 
citó por espacio de cinquenta años con 
grande fama y opinión», 



hasta el punto de pasar {añade en otro 
lugar) 

«por uno de los mayores y ventajosissi- 
mos Predicadores de aquella edad, avién- 
dole Dios favorecido con todas aquellas 
prendas que pueden desearse en un varón 
apostólico para desempeño ilustre de las 
Evangélicas tareas.» 

Por referencia también del mismo 
cronista sabemos que, además de la so- 
bredicha Carta, dejó trabajadas «varias 
obras predicables, que quedaron manus- 
critas, por cuya ocasión se perdieron», 
llegando solamente a ver la luz pública 
(tal vez en las prensas del referido Con- 
vento de San Francisco) las dos oracio- 
nes siguientes, que hubiéramos desea- 
do, y no hemos podido consultar, por 
cuya razón habremos de resignarnos 
con citarlas casi con las mismas breves 
palabras con que las vemos mencio- 
nadas: 

1.^ «Oración funeral en Honras de 
Felipe III» (Oración en las funerales 
pompas de Felipe III, Rey de España, 
escribe el autor de la Biblioteca Fran- 
ciscana). Murcia, 1621. En 4.° 

2.^ «Oración predicada en la Synodo 
que celebró la ciudad de Murcia el año 
de 1623». En Murcia (1623?). En 4.'' 

Tales son las únicas noticicias que he- 
mos podido adquirir acerca de las obras 
de este venerable Padre, que casi po- 
dríamos llamar hijo adoptivo de Murcia, 
en donde publicó, y probablemente 



- 189 - 



hubo de componer casi todas ellas, sin- 
tiendo muy de veras nosotros el no po- 
derlas describir con toda la amplitud 
circunstanciada que hubiéramos desea- 
do y era menester. 

Valencia (Fr. Juan Francisco de). 

Religioso Capuchino, natural de dicha 
ciudad, hijo de Francisco Ximeno y de 
Josefa Sbert. Se llamó en el siglo Fran- 
cisco Ximeno: vistió el sayal de San 
Francisco en el Convento de Menores 
Capuchinos de la Magdalena, donde 
profesó, día 18 de junio de 1744, en la 
edad de diecisiete años y medio. La obe- 
diencia lo destinó al Convento de Mur- 
cia, donde murió en 1805. Escribió: 

1° € Explicación de casos reserva- 
dos...» Murcia, por la Viuda de Teruel. 
(S. a.)En8.° 

2° cTratado sobre la Oración». (S. 1., 
nom. de impr. ni a.) En 8.° 

3° «Explicación práctica de los diez 
Mandamientos». Murcia, 1793. En 8.*^ 

Obrita esta última no citada por Fus- 
ter, de quien hemos copiado las anterio- 
res noticias. 

Véase Valencia en nuestro Catálogo 
de Impresos en Murcia. 

Vargas (Fr. Alonso de). 

Nada de positivo hemos podido inqui- 
rir acerca de la patria de este venerable 
y dignísimo Minorita, callándola, como 
la callan, Wadingo, don Nicolás Anto- 
nio, y los más de los autores que de su 
vida escriben, siendo para nosotros du- 
dosa y de valor escaso la opinión de los 
que asertan fué Madrid; opinión y aser- 
to puestos ya en incertidumbre por el 
docto autor de la «Crónica de la Pro- 
vincia de Cartagena.» Sabemos, sí, mer- 
ced a tan diligente escritor, que el M. 
R. P. Alonso de Vargas, nacido a me- 
diados del siglo XVI, vistió el sayal será- 



fico, y profesó más tarde (3 de mayo 
de 1584) en el convento de San Francis- 
co de la ciudad de Murcia, después de 
haber cursado «con grandes créditos> 
las aulas, y saliendo tan aprovechado 
«en ciencias, y en ambos Derechos, que 
fué de los más famosos y bien opinados 
de su edad»; que en dicha su Provincia 
de Cartagena, obtuvo sucesivamente los 
cargos de Secretario, Definidor, Guar- 
dián, por dos veces, del referido con- 
vento de Murcia, otras dos veces Custo- 
dio, y últimamente Ministro Provincial 
de la Orden; y en fin, que hubo de dis- 
tinguirse tanto, así por su destreza en el 
ejercicio de dichos empleos, cuanto por 
la rectitud de su conducta y singulares 
dotes de entendimiento, que llegó a ser 
tenido, en concepto de todos sus herma- 
nos de religión, por uno de «sus más 
ejemplares, prudentes, zelosos, y vigi- 
lantissimos Prelados de aquel tiempo». 

El limo, señor don Fr. Antonio de 
Trejo y R. P. Fr. Benigno de Genova, 
Ministros Generales, entonces, de la 
Orden seráfica, conociendo, como cono- 
cían, las relevantes prendas del P. Var- 
gas, y teniéndole, por ellas, en suma 
estimación, confiriéronle después la im- 
portante y delicada misión de visitar to- 
das las Provincias Observantes de Es- 
paña, con el objeto de proveer lo nece- 
sario para la reforma de algunas de sus 
Constituciones; empresa, como decía- 
mos, delicadísima, y que llevó a cabo 
el P. Vargas con tan plausible mezcla de 
prudencia y energía, que hubo muy- 
pronto de hacerse acreedor a que le 
fuesen dadas las más cumplidas gracias 
por parte de aquellos dos insignes Pre- 
lados, mereciendo además ser caracte- 
rizado por el segundo de ellos con esta 
expresiva frase: Si Franciscana Religio 
quator Vargas haberet, facillima esset, 
eius reformatio. 

Otra circunstancia de la vida de este 



- 190 - 



docto Padre, la más interesante, por 
cierto, para nosotros, fué la predilec- 
ción que tuvo siempre, en los espacios 
de tiempo que le dejaban libre sus ocu- 
paciones, por habitar en los solitarios 
conventos de Nuestra Señora de las 
Huertas de Lorca, y de Santa Catalina 
del Monte de Murcia, cuya casa dotó de 
muchas preciosidades, siendo de entre 
ellas la más notable su hermosa y abun- 
dante librería, que él mismo formó y 
dispuso. 

Durante su permanencia en dicha ciu- 
dad de Murcia, en la de Lorca y en la 
de Orihuela, fué también cuando com- 
puso las obras de que más adelante ha- 
remos mención. 

Para terminar ahora estos apuntes 
biográficos, parécenos conducente a 
nuestro propósito copiar a continuación 
las significativas frases de la ya citada 
Crónica de la Provincia de Cartagena, 
en que se confirma la especie que deja- 
mos apuntada, calificándola de intere- 
sante, como lo es en realidad, para to- 
dos los murcianos. 

«Este Vener. y docto Prelado (dice) tuvo 
especial afecto y cariño al solitario Con- 
vento de Santa Catalina del Monte, adon- 
de se retiraba algunos cortos espacios de 
tiempo..., y en donde se aplicaba a diver- 
sos espirituales exercicios, con admirable 
exemplo de aquella Santa Comunidad. En 
este convento formó y dispuso una libre- 
ría tan abundante y preciosa que, aun para 
estos tiempos, se merece colocar, por la 
quantidad y qualidad de sus libros, en el 
número de las buenas o mejores de algu- 
nas Provincias; de donde yo colijo, que 
por aquellos tiempos en que se fundó, era 
de las mejores de España. Puso también 
en la Iglesia, Sacristía, claustros y otras 
oficinas, quantas alhajas buenas oy vemos, 
y son muchas: como especiales y muchas 
reliquias, pinturas excelentes, relicarios 
primorosos, y otras diferentes piezas, que 
todo pudiera ser desempeño honroso de 
un gran Príncipe. En contorno o distrito 
de este Convento, puso las Estaciones o 
Pasos del Via Crucis, que fueron los pri- 



meros de España. . . También tuvo especial 
devoción y afecto al célebre Santuario de 
N. Señora de las Huertas, adonde solía, 
asimismo, retirarse, el tiempo que podía, 
a varios exercicios...» 

Murió, en fin, el P, Vargas «de edad 
muy avanzada», según expresión del 
mismo cronista, y siendo Definidor Ge- 
neral de la Orden, en el referido con- 
vento de San Francisco de la ciudad de 
Murcia, en 18 de enero de 1625, habien- 
do concurrido a su entierro 

«innumerable gentío, con todas las perso- 
nas de distinción, y aclamándole todos por 
santo y eternamente feliz en la divina pre- 
sencia.» 

Dejó escritas varias obras, de las que 
se publicaron, conforme al testimonio 
de don Nicolás Antonio, las dos si- 
guientes: 

1.^ «Relación de las vidas y triunfos 
de los gloriosos Martyres S. Sixto Papa 
Segundo de este nombre, S. Inocencio, 
S. Flora Virgen y S. Dionysio».— Mur- 
cia, 1624. 4.« 

2.^ «Relación votiva o donaría de la 
antigüedad de la Imagen de Nuestra Se- 
ñora de las Huertas, que el Rey don 
Alonso el Sabio colocó en la Iglesia de 
Lorca».— Granada, por Francisco Hei- 
lan, 1625. 4.° 

Este libro se ha hecho ya tan raro que 
nos ha sido imposible consultarlo, aun- 
que podríamos decir que lo conocemos 
leída la descripción e historia de la Vir- 
gen de las Huertas que trae el señor Ví- 
Ualba y Coreóles en el manuscrito que 
en lugar oportuno citaremos. 

Vélez y Marín (Don Manuel). 

Natural, según Latassa, de la ciudad 
de Zaragoza, donde hizo su carrera lite- 
raria, y residente en la de Murcia, por 
haber obtenido una Canonjía en su Igle- 
sia Catedral, desde 1767 a 1788. Es- 
cribió: 




- 191 - 



1.° «Disertación histórica sobre las 
letanías antiguas de la Iglesia de Espa- 
ña. Dedicada al limo. Sr. D. Diego de 
Rojas y Contreras, Obispo de Cartage- 
na, Gobernador del Supremo Consejo 
de Castilla».— Madrid, por Diego Fer- 
nández de Arrojo, 1758. En 4.° 

2.° «Memorias de San Philastro». 

«Las cuales (añade el citado Latassa) van 
unidas con la obra antecedente y se hallan 
en ella desde la página 179, hasta su fin. 
Los censores, calificando la referida obra, 
acuerdan el mérito de su autor y su bien 
empleada instrucción. > 

Vellerino de Villalobos (Don Baltasar). 

Escritor de la segunda mitad del si- 
glo XVI, natural de Sevilla. Siendo aún 
muy joven, y obtenido, tras de larga y 
tenaz resistencia por parte de sus pa- 
dres, el permiso para embarcarse, a 
que, según parece, tuvo siempre grandí- 
sima afición, hízolo para América, de 
vuelta de la cual avecindóse en Murcia, 
donde residió por espacio de diez años, 
y en donde adquirió toda su educación 
literaria y científica, en los colegios de 
la Compañía de Jesús, de uno de los 
cuales fué Colegial Fundador, y Rector 
de otros, según nos lo declara él mismo 
en la obra que dejó manuscrita, y se 
conserva en la Biblioteca de Salamanca. 
Su título es: 

«Luz de navegantes, donde se halla- 
rán las derrotas y señas de las partes 
marítimas de las Indias, islas y tierra 
firme del Mar-Occeano. Dirigido al 
Real y Supremo Consejo de las Indias, 
por Baltasar Vellerino de Villalobos, 
presbítero. Doctor en Sacros Cánones y 
Maestro en Artes y Filosofía. 1592 años. » 

Ms. original, en folio apaisado.— 189 hojas, con planos, 
mapas y vistas de algunas ciudades y puertos. Contiene, 
además del texto, la Dedicatoria al Real Consejo de In- 
dias, y un Prólogo, del cual hemos tomado las noticias 
biográficas anteriores, y que allí se expresan del modo 
siguiente: 



«... Pues como el año de 62 yo quisiere 
pasar a las Indias en la flota general del fa- 
moso Pedro Meléndes, los tiempos fueron 
contrarios: después de haber salido de la 
barra de Sant Lucar, que la flota arribó 
cinco veces a Cadiez (sic), mis padres que 
iban en ella, viendo el principio del mal 
viaje, a,unque había dos meses que esta- 
ban embarcados, no le quisieron prose- 
guir.» 

«Desto poco que estuve embarcado, con 
la inclinación natural que tengo a la nave- 
gación, me afiancé en tal manera al arte 
de navegar, que procuré desde este tiem- 
po, en que era bien muchacho, siendo Es- 
tudiante en la Compañía de Jesús de la 
ciudad de Sevilla, donde soy natural, que 
un amigo diestro della me la comunicara; 
de donde me nació grandísimo deseo de 
navegar. Con lo cual importuné a mis pa- 
dres que me inviaran a las Indias: y no 
gustando de venir en ello, por parecerles 
que era muy mozo, yo me fui sin su licen- 
cia a buscar pasaje hasta el Puerto de San- 
ta María, donde me halló un hombre que 
mis padres habían enviado en busca mía; 
. y habiéndome vuelto a Sevilla, viendo mis 
padres la determinación con que yo les 
había desengañado de ir a Indias, se de- 
terminaron enviarme, y así pasé a la Nue- 
va España, el año de 69, en la flota general 
de D. Cristóbal de Eraso, y en la nao de 
Martín de litarte...» 

«En la ciudad de Murcia determiné pa- 
sar con mis estudios adelante, y arrímeme 
a la Compañía de Jesús, a quien toda mi 
vida he sido y soy aficionado, y en unos 
Colegios que en aquella ciudad fundó, yo 
fui Colegial fundador, Vicerrector y Rec- 
tor de algunos; y finalmente me crié y es- 
tuve entre ellos diez años, ejercitándome 
en todas letras, así divinas como humanas. > 

Así en la Biblioteca de libros raros y 
curiosos. 

Vicente Ferrer (San). 

No estuvo en Murcia mucho tiempo, 
pero la influencia que por medio de su 
ardiente y fervorosa predicación ejerció 
en la cultura y costumbres de la socie- 
dad murciana de su tiempo, fué notabi- 
lísima bajo el triple concepto religioso, 



192 — 



político y literario, razón por la cual, ya 
que omitamos su biografía, de todo el 
mundo conocida, vamos, no obstante, a 
copiar aquí aquella parte de ella relativa 
a su paso por dicha ciudad y su provin- 
cia, tal y como nos la ha conservado 
Cáscales: 

«En el año siguiente de mil y quatro- 
cientos y once, se halló en el Concejo de 
esta Ciudad el Prior de Santo Domingo de 
ella, y les dixo q,ue bien sabían que Fray 
Vicente Ferrer, Maestro en Santa Theolo- 
gia, había prometido de venir a esta Ciu- 
dad a predicar el Santo Evangelio, y a po- 
ner paz y concordia en ella, y que por 
quanto muchos hombres y mugeres, que le 
seguían de tierra en tierra, tenían recelo 
de entrar aquí, por venir de Reyno extra- 
ño, que los asegurase la Ciudad, que no re- 
cibirían mal ni daño, ni que el Alcalde de 
sacas les haría sinrazón alguna, así acerca 
de la entrada, como de la salida, y vista 
esta proposición, ordenaron los Alcaldes 
y Regidores que fuesen por Mensageros 
Juan Sánchez de Ayala y Manuel Porcel, 
juntamente con el Prior de Santo Domin- 
go, a la Villa de Origuela, donde Fray Vi- 
cente estava, para que hablasen con el di- 
cho Maestro y hiciesen sobre ello lo que 
cumpliese al servicio de Dios, y bien de 
esta Ciudad; y hecha esta diligencia. Jue- 
ves veinte y nueve días de Enero, entró en 
esta Ciudad Fray Vicente Ferrer, siendo 
recibido con gran amor y aplauso. Y por- 
que él todos los días tenía de costumbre 
decir Misa, y predicar, se le hizo ante la 
puerta del mercado un tablado muj'^ alto 
con su pulpito en que decía Misa en un Al- 
tar, que para esto se le aderezaba, y luego 
acabada la Misa, predicaba con santísimo 
fervor. De cuyas santas palabras y sermo- 
nes resultó, que las pesadumbres, revolu- 
ciones, y vandos que entre los Cavalleros 
principales y Ciudadanos había, las com- 
puso y hizo que se perdonasen unos a 
otros, así muertes de padres y hermanos, 
y de otros parientes, como otras ofensas 
e injurias; los quales perdones se hacían 
por ante Escrivano, que el dicho Fray Vi- 
cente traía con autoridad Apostólica, y 
se llamaba Leonardo García; y el mismo 
Maestro Fray Vicente se hallaba presente 
a estas Escrituras de paces. Estuvo este 



santo Varón en esta Ciudad predicando 
un mes, y resultaron muchos bienes de su 
predicación; porque fuera de haber com- 
puesto muchas enemistades, y haber al- 
canzado muchos perdones de muertes y 
agravios, convirtió muchos Moros y Judíos 
(porque había aljama de Moros y aljama 
de Judíos, aj^uí, y en todas las principales 
Ciudades de los Reynos), y especialmen- 
te convirtió algunos Rabinos, a los qua- 
les por no saber oficios, mandó esta Ciu- 
dad a instancia suya, mantener y vestir, y 
dar casas aparte fuera de la Judería. He- 
cho esto, queriéndose ir de aquí a Lebrilla, 
Alhama y Lorca a predicar, por no haber 
agua en el camino, ni lugar cerca de donde 
tomarla, mandó la Ciudad a Macian Co- 
que, Jurado Clavario, que hiciese llevar 
una carga de vino, y otra de pan a Sango- 
nera, par de la Torre de Pedro Celdran, 
para que refrescase el dicho Maestro, y la 
gente que con él iba, y que comprase cin- 
co piezas de paños burillos, para vestir a 
la gente devota que le acompañaba, y un 
Hábito cumplido y honrado para el Maes- 
tro Fray Vicente.» 

«Estúvose por allá algunos días, y por- 
que acá había tenido algunas disputas con 
los Rabinos, y le pareció que no los había 
dexado muy satisfechos, estuvo de buelta 
en esta Ciudad dentro de pocos días, y en 
el primer Sermón dixo, que como la pri- 
mera vez no tuvo tiempo para instruir a 
los Judíos, y satisfacer a las dificultades 
que le habían propuesto, bolvía entonces 
para entender de espacio en su conver- 
sión...» 

«Después de haber satisfecho a los Ju- 
díos, y convertido buena parte de ellos, y 
de Moros, últimamente dexó antes que se 
partiese, ciertas Ordenaciones, que le pa- 
reció al Santo Maestro que convenía ha- 
cerse, todas sacadas de los Decretos Canó- 
nicos, en razón de los tratos, comercios y 
conversaciones entre Christianos, Moros 
y Judíos, con penas ya pecuniarias, ya cor- 
porales, las quales fueron mandadas pre- 
gonar por toda esta Ciudad por mandado 
del Concejo, Lunes veinte y quatro días 
de Marzo de mil y quatrocientos y once 
años, y fueron publicadas y leídas todas, 
y cada parte de ellas en el mercado de di- 
cha Ciudad, hallándose en este acto las 
más gente de los vecinos y moradores de 
ella, que concurrieron a oir las santas pa- 



— 193 



labras, que el Reverendo Maestro Fray 
Vicente predicaba, a lo que fueron testi- 
gos Gonzalo Pérez Faxardo, y Alonso Sal- 
vad, y Antón Sánchez de Sanvicente, y 
otros muchos vecinos de la Ciudad. > 

Tales fueron los felicísimos resulta- 
dos de esta santa predicación. A ella, 
sobre todo, le deben las letras murcia- 
nas el alto nombre conseguido por el cé- 
lebre converso Jerónimo de Santa Fe 
(antes Jehosuah Halorqui) de que en lu- 
gar oportuno nos hemos ya ocupado, y 
que tantos días de gloria dio a su patria 
y a la teología cristiana. 

ViLLAOSLADA (Fr. José dc). 

Religioso Franciscano de la Provincia 
de Cartagena de la Regular Observan- 
cia. Siendo Predicador de la misma, y 
hallándose en Murcia, escribió y dio a 
la prensa un opúsculo titulado: 

«De la célebre indulgencia de la Por- 
ciúncula». 

Villegas (P. Bernardino de). 

Jesuíta. Natural de Oropesa, en la 
Diócesis de Avila, y morador por mu- 
cho tiempo en el Colegio de la Compa- 
ñía de Murcia, donde tuvo a su cargo la 
Cátedra de Teología. Comenzó a flore- 



cer en los primeros años del siglo xvu, 
y aún vivía en 1651. Escribió: 

1.° «Vida de Santa Lutgarda».— Ma- 
drid. Imprenta Real, 1625. En 4.° 

2° «Exercicios quotidianos espiri- 
tuales». 

Que vertidos al italiano, fueron im- 
presos en Roma, año de 1632. En 16.° 

3,° «De los favores que hace a sus 
devotos la Virgen Nuestra, Señora».— 
Valencia, por Cristóbal Garriz, 1635. 
En 16.° 

4.° «Memorial sobre la calificación 
de las Reliquias de los Santos Martyres 
de Arjona».— Baeza, 1639. Folio. 

5.° «Commentarios in Tertiam par- 
tem Summae S. Thomae, de Incarna- 
tione, et de Sacramentis> . (?) 

6." «Soliloquios divinos, por el Padre 
Bernardino de Villegas, de la Compañía 
de Jesús, Catedrático de Teología en su 
Colegio de San Esteban de Murcia, y 
Calificador del Santo Oficio. Al Excmo. 
Sr. D. Luis de Moneada Aragón y Cer- 
da, Príncipe de Paterno, Duque de Mon- 
talto, &c.»— En Madrid, por F. Sánchez 
Frexneda. Año 1632. En 12.° 

Obra que, seguramente, escribió es- 
tando en Murcia en el desempeño de su 
referida Cátedra. 



13 



z 



Zamora (Fr. Francisco). 

Varón insigne, dotado de altas y rele- 
vantes prendas, y por muchos concep- 
tos digno del singular aprecio y nombre 
de que gozó en su época, dentro de la 
Religión Franciscana, a que pertenecía. 

Nació en la ciudad de Cuenca en 1508, 
de noble y generosa estirpe, y residió 
bastantes temporadas en diversos con- 
ventos de la provincia de Murcia, prin- 
cipalmente en el famoso de Nuestra 
Señora de las Huertas, de la ciudad de 
Lorca, donde pasó los ocho postreros 
años de su vida, y en donde, sin duda, 
la hubiera terminado a no impedírselo 
la obediencia, que le obligó, pocos me- 
ses antes de su muerte, a pasar a Italia 
para asistir a cierto Capítulo general 
que había de celebrarse en Roma. Pro- 
fesó en la Orden a la tierna edad de 
quince años; y comenzó desde entonces 
a singularizarse tanto por su aplicación 
y lucimiento en los buenos estudios, que 
aún no cumplidos los veinte hallóle ya 
capaz su Provincia para confiarle la re- 
gencia de una cátedra de Artes, dándo- 
le permiso, a los veintiuno, para la pre- 
dicación de la palabra evangélica: ofi- 
cios, ambos, que desempeñó con el feliz 
acierto que era de esperar de quien tal 
precocidad de ingenio manifestaba y 
tan abundantes frutos prometía. La 
fama de su nombre llevóle luego hacia 
las esferas del gobierno, desempeñando. 



sucesivamente, los cargos de Definidor, 
Ministro Provincial, Procurador y, más 
tarde, Comisario General de la Orden 
en la Romana Curia, con el que fué 
agraciado merced a las buenas influen- 
cias de su amigo y admirador el Carde- 
nal don Rodulfo Pío de Carpí. 

«Sucedió en esta ocasión, según refiere 
uno de sus biógrafos, que habiendo solici- 
tado algunos émulos del Orden Seráfico 
el que pudiesen ser nombrados para las 
visitas, Comisarios o Visitadores extraños 
a dicha Orden, y teniendo a su favor para 
la defensa de esta especie «algunos pode- 
rosos y principales papeles en el Palacio 
Pontificio», opúsose a ella «el muy docto 
y Rmo. Zamora con singular aliento, no 
sólo en públicas y privadas disputas, si 
que también en una nerviosa y muy docta 
Apología que dio al público», poniendo en 
ella de relieve el notable agravio que «en 
esto se intentaba hacer a una Religión, 
que en defensa y servicio de la Universal 
Iglesia, estaba continuamente producien- 
do innumerables hijos, que con su sangre, 
fatigas y sudores, la habían mantenido y 
sustentado como firmissimas columnas» (1). 

Seis años pasó el P. Zamora disfru- 
tando el dicho empleo de Comisario en 
la Curia Romana, o sea hasta 1559, en 
que fué nombrado Vicario General de 
toda la Orden, con universal benepláci- 
to, al decir de sus biógrafos, y muy par- 
ticular satisfacción de todos los electo- 
res. La celebridad que consiguió ahora. 



(1; Ortega: Crón. de la Prov. de Cartag. Part. Primera, 
Lib. VIL 



--■ 195 - 



por su prudente gobierno, unida a la que 
ya, por sus dotes de consumado maes- 
tro e insig-ne polemista, tenía adquirida, 
granjeáronle el aplauso y la estimación 
de muchos altos personajes, y aun Prín- 
cipes de su tiempo, hasta el punto de 
ser elegido por el Papa Pío IV, en 1562, 
por uno de los Padres del Concilio de 
Trento, donde asistió con la honrosísi- 
ma distinción de Prefecto o Presidente 
de la Sagrada Congregación de Teólo- 
gos, y en donde, en las dos veces que 
tomó la palabra en pro de las inmunida- 
des y privilegios de las Ordenes Reli- 
giosas, 

«con universal aplauso de tantos vene- 
rables y doctissimos maestros, y notable 
crédito de la Nación española, fueron tan 
atendidos sus pareceres y tan apreciadas 
sus opiniones, como si fueran de un Padre 
de la Iglesia, y gran Doctor de los de pri- 
mera fuerza. » 

Dícese también que en atención a sus 
méritos, fué dos veces propuesto por 
Felipe II para los Obispados de Avila y 
Tuy , y que en ambas fueron dichos hono- 
res humilde y desinteresadamente rehu- 
sados por el venerable Zamora, en aten- 
ción a ser ya de su preferencia, tras de 
tantas fatigas y sinsabores, la dulce 
quietud y soledad del claustro; razón 
por la cual dícese, igualmente, que solía 
exclamar aquel Monarca: «En verdad, 
pocos varones se hallan al presente en 
en la Católica Iglesia, como Fr. Fran- 
cisco Zamora.» 

Entonces fué cuando eligió para alber- 
gue de su retiro el solitario y apacible 
convento de Nuestra Señora de las 
Huertas, de la ciudad de Lorca, que tuvo 
por morada los últimos años de su exis- 
tencia, según queda dicho, y en cuyo 
tiempo, acaso, y lugar muy apropósito 
para las tareas del espíritu, trabajó sus 
celebradas Correcciones a los Opúscu- 
los, que ya tenía recopilados, del dulcí- 



simo Doctor Seráfico San Buenaventu- 
ra. Ello es que en el tiempo en que éstos 
se imprimieron en Venecia, o sea en 
1564, ya llevaba el P. Zamora un año de 
residencia en dicho Monasterio. 

Últimamente, teniendo en 1571 que 
abandonar esta mansión, en que vivía 
contentísimo, para asistir en Roma a la 
celebración del ya citado Capítulo gene- 
ral, vióse en Pomblin (Toscana) asalta- 
do por el rigor de una maligna enferme- 
dad que le condujo al sepulcro, a los 
sesenta y tres años de su edad. 

Dejó trabajadas, según don Nicolás 
Antonio, Fr. Juan de San Antonio y 
otros, las obras siguientes: 

1.^ «Homilías in singulos versus. 
Psalmi Quinquagesimi, numero viginti 
quinqué». Venetiis (?). Confundidas, se- 
gún se dice, por el autor de la Bibliothe- 
ca Universa Franciscana, con otras del 
Zamorano Fr. Alonso de Castro. 

2.^ «Orationem in Tridentina Syno- 
do habitam Dominica secunda Quadra- 
gesimae». MDLXII. Lovanii, 1567. En 
folio. 

Ibidem.— Parisiis, 1667. Fol. 

Hállanse impresas en unión de otras 
obras del mismo, y de los Sermones que 
se predicaron«en este Concilio. 

3.* «Opuscula omnia S. Bonaventu- 
rae, tomis duobus distincta». 

Recopiladas por nuestro autor en 1563, 
a lo que sospecho, e impresas por la pri- 
mera vez en Venecia, año de 1564, y 
después en París, en 1567, según el tes- 
timonio del P. cronista Ortega, quien 
cita además, apoyándose en el texto del 
Orbe Seraphico del docto Guvernatis, 
pero sin decirnos el lugar ni año de su 
impresión, otras Oraciones del mismo 
autor, que fueron pronunciadas en 
Roma, ante la presencia del Pontífice 
Paulo IV, así como también la famosa 
Apología, de que queda hecha men- 
ción. 



m 



¿AMORA (Fr. Juan de). 

Religioso Franciscano de la Provincia 
de Cartagena y morador por algúri tiem- 
po en el Convento de la Ciudad de Lor- 
ca. Fué varón de clara inteligencia y 
buen predicador, bien que aplicado es- 
pecialmente al servicio del Coro, que 
gobernó algunos años. Escribió: 

1.*' «El Ceremonial Romano». Bur- 
gos, 1603. 4.° 

Obra que el Papa Clemente VIII man- 
dó rigiese en toda la universal Iglesia. 

2° «Calendario Perpetuo». Burgos,. 
1603. 4.° 

3.° «Kalendarium perpetuum, ad 
usum fratrum Minorum. Burgis, 1603. 8.° 

4.° «De Compensationibus».— Lug- 
duni, apud Laurentium Arnaud, 1676. 4.*^ 

Zamorano (Don Miguel). 

Así generalmente conocido en Murcia 
a causa de firmarse él siempre en sus 
escritos con la inicial Z, por más que su 
verdadero apellido o apellidos fuesen 
los de González Zamorano. Casi todos 
los murcianos aficionados a letras, tié- 
nenlo por su paisano, y confesamos, que 
nosotros mismos hemos estado gran 
tiempo en tal creencia, *en razón a que 
de él, y por más que tengamos el senti- 
miento de decirlo, no hayamos podido 
lograr noticia alguna explícita e indivi- 
dual, ni aun de sus propios nietos, a 
quienes hemos tenido el gusto de cono- 
cer y tratar. Sólo por la partida de bau- 
tismo de uno de ellos, registrada en los 
libros parroquiales de San Pedro de 
Murcia, hemos podido indagar, que fué 
natural de Vera, de la provincia de Al- 
mería, y que de ella (al parecer, tal vez 
para emprender sus primeros estudios) 
trasladóse desde muy joven a la Ciudad 
del Segura, donde casó con doña Josefa 
María Salvan, y en quien hubo a don 
Manuel y a don Rosendo González Sal- 



van y Zamorano, padre este último, con 
doña Manuela Daza, del don Pedro 
González Daza Salvan... y Zamorano, 
a quien todos los murcianos de la pre- 
sente época hemos conocido con los so- 
los nombres de Pedro Zamorano, quin- 
to, este último, de sus apellidos. 

Mas no puede cabernos duda de que 
nuestro don Miguel debió recibir, dados 
los conocimientos que demuestra, así 
en humanas y divinas letras, como en 
Historia, Geografía, antigüedades, etcé- 
tera, etc. , una educación bastante esme- 
rada, ya fuese en la patria de su natura- 
leza, o en la de su adopción; pues, no 
constando que emprendiese carrera al- 
guna facultativa, de suponer es que sin 
abandonar su nativo horizonte, o más 
bien, bajo el hermoso cielo murciano, 
adquiriese aquella no común instruc- 
ción, de que indudablemente estaba 
adornado. Y es de creer también que, 
como de más elevada posición y más 
acaudalado que sus compañeros Bado y 
Meseguer en la redacción del Correo 
Literario, a él, principalmente, se de- 
biese la iniciativa, dirección y coste de 
esta curiosísima publicación murciana. 

También nos es notoria su predilec- 
ción por los buenos libros, en virtud de 
la cual, según parece, hubo de ser due- 
ño de una escogida biblioteca. He aquí 
lo que él mismo nos insinúa sobre este 
particular: 

«El hombre que llega a internarse en el 
delicioso campo de las letras, halla en él 
todos los placeres y regocijos que dan al 
racional un realce superior. La lección in- 
cesante es necesaria para llegar a poseer 
las amenidades de la Literatura; ella ali- 
menta el ingenio, y éste, buscando y me- 
ditando, encuentra un descanso y reposo . 
No es necesario que siempre estemos le- 
yendo o escribiendo, sino es que atempe- 
remos lo uno con lo otro, en términos que 
lo que hemos leído nos aproveche para ali- 
mentar el ánimo, y después sepamos ame- 
nizar nuestros pensamientos e ideas, man- 



- 197 



dándolas al papel, con el fin de que nues- 
tros afanes y desvelos no queden sepulta- 
dos en el olvido. Nuestra mira debe ser 
semejante (si pensamos ser útiles a los de- 
más) a las abejas: ellas de las flores más 
proporcionadas sacan el suco para fabricar 
la miel, disponiendo por medio de su in 
dustria, el que tenga toda la pureza po- 
sible. 

»Los alimentos del cuerpo, no pasan a 
convertirse en los humores que lo sostie- 
nen, hasta tanto que la naturaleza pródiga, 
con todo su vigor ha hecho de ellos el uso 
para que fueron destinados, haciendo la 
perfecta cocción y digestión; y así deben 
practicar lo mismo aquellos que ponen su 
mira en recrear su ingenio, y alimentar el 
ánimo con los estudios; de ellos tengo di- 
cho en otras ocasiones que son el recreo y 
el ocio del hombre sabio; por lo que es 
necesario que la lección sea con una pro- 
funda meditación y discernimiento para 
no inculcar unas ideas con otras; pues de 
lo contrario, se sigue que vagando el en- 
tendimiento, los adelantos que se podían 
prometer, vienen a ser sólo unas produc- 
ciones inconseqüentes, que lejos de obte- 
ner por ellas algún distinguido lugar entre 
los Sabios, a veces sirven sólo de mofa y 
oprobio del autor que las produjo. 

»Es constante, que la lección de muchos 
libros sin la debida reflexión, no sirve de 
otra cosa que de formar unas ideas vagas, 
y momentáneas, sin producir otros efectos 
que halagar el ánimo por sólo aquellos 
instantes en que se leen; y así los que as- 
piran a la sabiduría, se deben proponer 
otras miras muy diversas. El hombre que 
quiere ser sabio debe señalar, y elegir dos 
o tres obras de solidez y doctrina, fijando 
en éstas su atención y estudio, a fin de 
conservarlas, y mandarlas a la memoria; 
pues la lección constante y permanente 
en ellas, es la útil y cierta; así como la va- 
ria no tiene otra utilidad que la transeún- 
te y momentánea; siendo cierto que de 
este modo conseguirá lo que desea. 

^Nuestro afán no debe ser en tener mu- 
chos libros, pues en jamás ha sido esto lo 
mejor, sino en pocos y buenos. La multi- 
tud de libros distrae el ánimo; ya unas ve- 
ces se lee en uno, ya en otro; y de aquí no 
resulta otra cosa, que lo que sucede a 
aquellos de estómago débil, que gustando 
de todos los manjares, la diversidad y va- 



riedad no les alimenta, sino antes les daña. 
Nuestro esmero debe ser siempre en leer 
Autores de reconocido mérito, y hacer de 
ellos un uso útil y constante para nuestra 
instrucción y enseñanza, sacando lo mejor 
de su lección, como lo hacía Plinio con los 
que leía, que extractaba de ellos, y anota- 
ba quantas sentencias encontraba. En ja- 
más leyó libro alguno, que no extractase 
de él algo, pues acostumbraba decir: «que 
no había libro tan malo, que no tuviese 
algo bueno... > 

Sin duda, pues, fué el señor Zamora- 
no, como dicho queda, hombre de no co- 
mún instrucción, y escritor bastante 
aventajado, según lo demuestran sus 
varias composiciones en verso y prosa 
insertas en el mencionado Correo Lite- 
rario, sobresaliendo, entre las primeras, 
algunas bellas anacreónticas, y entre 
las segundas, los artículos titulados: 
Discurso sobre el origen del año y de 
los que usaron los Antediluvianos, como 
también la diversidad de años que hubo 
entre las gentes: Los verdaderos ador- 
nos y recreos en los hombres son las le- 
tras: Quien bien vive, sufre la muerte 
quieto y tranquilo: Discurso sobre el 
honor: A las señoras mujeres: La jus- 
ticia, origen de las demás virtudes: El 
imperio de si mismo: El vulgo y la ra- 
san: Discurso sobre la ignorancia que 
se ha padecido en nuestra legislación: 
De la variedad de lenguas y su utili- 
dad: Discurso sobre los Oráculos que 
hubo entre los Gentiles e Idólatras an- 
tes de la venida de Jesucristo, y varie- 
dad de sentencias acerca de ellos. 
El señor Zamorano falleció, ya casi oc- 
togenario, en la calle de San Nicolás, 
de Murcia, en 1826, según nota que te- 
nemos a la vista, de su biznieto y nues- 
tro amigo don Rosendo Alcázar Zamo- 
rano. 



- 198 



Zapata (Don Gómez). 

Obispo de Cartagena desde 1576 a 
1583. «Don Gómez Zapata Ossorio, 
madrileño, hijo de don Juan y de doña 
Isabel, de la ilustre familia de los Con- 
des de Barajas, y hermano del Conde 
de este título, después de ser arcediano 
de Madrid y consejero de Indias, fué 
nombrado Obispo de Cuenca en 10, de 
junio de 1556, y en 1576 trasladado a 
Murcia, donde le hallamos celebrando 
sínodo en 1578. En 1574, Greg-orio XIII 
había concedido a Felipe II la facultad 
de desmembrar jurisdicciones y vender 
y comprar lugares pertenecientes al es- 
tado eclesiástico, y en 1580, y a cambio 
de Alcantarilla que se incorporó a la co- 
rona, se dio al Obispo don Gómez un 
juro que situó sobre las alcabalas de 



Cartagena, de 73,421 maravedís... Tras- 
ladado a Cuenca el Obispo don Gómez 
en enero de 1583, murió allí, bajo testa- 
mento en que repartía por igual su for- 
tuna entre los pobres de Murcia y los de 
Cuenca, y se mandaba enterrar en Ba- 
rajas, junto al sepulcro de su padre.» 

Así en la Serie de los Obispos de Car- 
tagena de don Pedro Díaz Cassou; pero 
no fué uno solo sino dos y muy impor- 
tantes Concilios provinciales los cele- 
brados en Murcia por este ilustre Prela- 
lado. Concilios o sínodos en que se 
hallan algunas disposiciones suyas de 
marcado interés, por más que aquí no 
copiemos, en razón a su prolijidad ex- 
tremada. 

Véase el mismo Prelado en nuestra 
Sección de Manuscritos. 



ÍNDICES 



índice cronológico 



Páginas 

SIGLO VI 
Liciniano 99 

SIGLO VIII 

Abdelazis Ben Muza Ben Nasir 5 

SIGLO X A XI 

Ahmad Ben Mohamad Ben Afif Ebn 
Marivel 12 

SIGLO XI 

Abu Baker o Mohamad Ben Amar 
Duluazartin . . 8 

Ascher Ben Mohamad Ben Margia 
Alansareo 23 

Hassan Ben Mohamad Ben Alhosam 
Alcabski 89 

SIGLO XI A XII 

Abraham Ben Josef Ben Tasfin Ben 

Tarcon Ben Vartanthar Abu Isac ... 7 
Abul Hosain Ben Mohamad 10 

SIGLO XII 

Abdalla Ben Mohamad Ben Sahl Al- 

dhara 4 

Abdalla Ben Solimán Abu Mohamad 

Alansari 4 

Abdelrahman Ben Mohamad Abulcas- 

sen 5 

Abu Abdalla Mohamad Abdelrahman 

Allakhami 7 

Abulasbag Isa Ben Mohamad Alabda- 

ri Ebn Alvaeth 9 

Ahmad Ben Abraham Ben Mohamad 

BenKhalat; 12 

Mohamad Ben Abdelrahman Algasani 

Aba Abdalla 131 

Mohamad JBenS^Giaphar Ben Hamaid 

Ben Maimón Alamavi 131 



Páginas 

Mohamad Ben Giaphar Ben Khalaph 

Hamid 132 

Mohamad Ben Mohamad Alansari 132 

Obaidalla Ben Omar Ben Hescham 

Alhadhrami 137 

SIGLO XIII 

Abdala Abu Mohamad AladelBila — 3 
Abdalla Ben Solimán Aba Mohamad.. 4 
Abdelrahman Ben Mohamad Ben Ab- 
delazis Ben Ayasch — 7 

Ahamedo Ben lahia Ben Ahamad Ben 

Amira Adhdhabbi 11 

Alfonso X el Sabio (Rey Don) 15 

Loaisa (Maestre Jofre de) 106 

Mohamad Ben Ahmad Ben Hassan ... 131 

Mohamad Ben Ahmad Ben Jarbu 131 

Mohamad Ben Solimán Ben Abdelazis 

Alsalami 132 

SIGLO XIV 

Abad (Pedro) 3 

Aguilar (Don Nicolás de) 10 

Barroso (Don Pedro) . 29 

Gimiel (Don Guillen) 81 

Manuel (Don Juan) 116 

Muñoz de Hinojosa (Don Juan) 133 

Pedrosa (Don Fernando de) 145 

Pérez de Ayala (Fernán) 145 

Sánchez (Doctor Pedro) 175 

SIGLO XV 

Comontes (Don Diego de) 56 

López de Carvajal (limo. Sr. Don Ber- 

nardino) 107 

Mayorga (Don Fr. Diego de) 128 

Medina (Don Juan de) . 130 

Ruiz (Maestre Jacobo) 168 



202 - 



Páginas 

Santa María (Don Pablo de) 178 

Santa María (Don Alfonso de) 181 

Vicente Ferrer (San) 191 

SIGLO XVI 

Almeyda (Don Esteban de) 19 

Camarino (Lie. Pedro) 49 

Campoy (Fr. Juan) 52 

Cantera (Don Diego de la) 54 

Dávila y Toledo (Don Sancho) 59 

Galán (Fr. Pedro) 78 

García de Galarza (Dr. Don Pedro) ... 79 

González Gallego (Don Arias) 84 

Huelamo (Fr. Melchor de) 89 

Jarava (Don Fr. Pedro de) 92 

Manrique de Lara (Don Jerónimo). . . . 115 

Martínez Silíceo (Don Juan) 125 

Montoya (P. Alfonso) 133 

Sal (Don Juan de la) 173 

Vellerino de Villalobos (Don Baltasar) 191 

Zamora (Fr. Francisco) 194 

Zapata (Don Gómez) 198 

SIGLO XVI A XVII 

Arce (Fr. Diego de) 19 

Vargas (Fr. Alonso de) 189 

SIGLO XVII 

Alcalá Yáñez y Rivera (Dr. Jerónimo 

de) 13 

Astorhc (Sor María Angela) 23 

Bautista (Fr. Anselmo) 31 

Bojados y Lull (Don Alejo de) 47 

Bonacasa (Fr. Bernardo) 47 

Camuñas (Fr. Diego) 52 

Castaño (Fr. Francisco) 56 

Cepeda (P. Francisco de) 56 

Chumillas (Fr. Julián) 58 

Concepción (Fr. Juan de la) 57 

Dicastillo (P. Juan de) 65 

Enríquez (Alonso) 69 

Francisco de la Tobilla (Fr. Lucas de 

San) 75 

Funes y Mendoza (Don Diego de) 76 

García Loaisa (Fr. Juan) 80 

González (Fr. Julián) 83 

González (Fr. Miguel) 84 

Jiménez Patón (Bartolomé) 95 

La Palma (P. Luis de) 97 

Llinaz (Fr. Antonio) 105 

Mancebón (Fr. Juan) 112 

Márquez (Fr. Juan) 125 

Miguel (Fr. Juan) 130 

Moneada (Fr. Buenaventura de) 132 



Páginas 

Moya (P. Mateo de). . • 133 

Naja (P. Martín de la) 135 

Ocaña (Dr. Don Luis de) 137 

Oviedo (P. Francisco de) 142 

Perlín (P. Juan) 150 

Reinoso de Almazán (Fr. Alonso) 156 

Rodríguez Montero (Fr. Juan) 157 

Rojas Borja (limo. Sr. Don Francisco 

de) 157 

Romeo (Fr. Jorge) 161 

Romero {Fr. Lorenzo) 161 

Ropero (Fr. Pedro) 163 

Santa Clara (Sor Mariana de) 177 

Simancas (Fr. Pedro de) 183 

Soria Buitrón (Fr. Juan de) 184 

Soto (Fr. Silvestre de) 184 

Trejo Paniagua (Don Fr. Antonio) 186 

Valdivieso (Fr. Alonso de) 188 

Villegas (P. Bernardino de) 193 

Zamora (Fr. Juan de) 196 

SIGLO XVII A XVIII 

Belluga y Moneada (Emmo. Sr. Car- 
denal) 32 

Fernández Paniagua (Fr. Manuel) — 71 

García de la Yedra (Dr. Don Juan) 81 

Gutiérrez de Alique (Don Bernardo). . 86 

Lozano (Fr. Luis) 110 

San Miguel (Fr. Isidoro de) 175 

SIGLO XVIIl 

Alarcón (P. José de) 13 

Azpuru y Jiménez (Don Tomás) 27 

Bacas (Don Gregorio) 29 

Bocairente (Fr. Benito de) 46 

Boix (Fr. Lorenzo) 46 

Campillo y Tarin (Don Francisco An- 
tonio) 51 

Campos (Don Ramón) 52 

Carrasco (P. José) 54 

Casanova ÍFr. Juan de) 55 

Elepiane (Sor Clara de) 67 

Elgueta y Vigil (Don Antonio) 67 

Encina y Moreno Mota (P. Diego José 

déla) 69 

Espinosa (P. Antonio) 69 

Espíritu Santo (Fr. Pedro del) 70 

Fernández Quevedo (Don Pedro) 74 

Fuentes (Don Tomás) 75 

Funes ^Fr. José Antonio) 76 

García (Fr. Jerónino) 78 

García (Fr. Manuel) 79 

Gómez Navarro (Fr. Juan) 83 

Gutiérrez (Fr. Andrés) 84 



- 203 - 



Páginas 

Laguna (Fr. Juan) 97 

La Riva (Dr. Don Juan Antonio de). . . 98 

López (Fr. Domingo) 107 

López Gonzalo (limo. Sr. Don Victo- 
riano) 109 

Lozano Parreño (Don Andrés) 110 

Martínez (Fr. José) 125 

Mateo López (limo. Sr. Don Juan) 127 

Monreal (Fr. Juan de) 132 

Montes (limo. Sr. Don Tomás José de) 132 

Navarro (P. Joaquín) 135 

Nieves y Avendaño (Fr. José) 136 

Ortega (Fr. Pablo Manuel de) 137 

Ortega y Carrillo (P. Luis Salvador de) 140 

Pangresdor (Daniel) 143 

Parisani de Haro (Don José) 143 

Pastor (P. Carlos) 144 

Pérez de Pareja (Fr. Esteban) 149 

Portillo (P. Juan Francisco) 150 

Pozo (Fr. Alonso del) 154 

Prado (Fr. Juan Antonio de) 155 

Rafelbuñol (Fr. José de) 156 

Rodenas (Don Tomás) 157 

Rojas y Contreras (limo. Sr. Don Die- 
go de) 158 



Páginas 

Romeu (Don Francisco Javier) 162 

Rosa (Fr. Alonso) 163 

Rubín de Celis (.limo. Sr. Don Manuel) 164 

Salazar (Fr. Juan) 173 

Sánchez de la Parra (Don José) 177 

Torres (Don Pedro Anastasio de) 185 

Torrubia (Don Pedro Tomás) 186 

Truyol (Fr. Juan Bautista) 187 

Valencia (Fr. Juan Francisco de). . . • • • 189 

Vélez y Marín (Don Manuel) 190 

Villaoslada (Fr . José de) 193 

SIGLO XVIII A XIX 

Azpeitia Sáenz de Santa María (limo. 

Sr. Don José Antonio) 27 

Eguía (Don Pedro Antonio de) 66 

Gisbert (Don Gregorio) 82 

Jiménez (Dr. Don José) 94 

Mancha y Rincón (Don Rafael) 115 

Ostolaza (Don Blas Gregorio de) 140 

Posada Rubín de Celis (Excmo. Señor 

Don Antonio) 150 

Romero y Velázquez (Don Ramón). . . 161 

Zamorano (Don Miguel González) — 196 



ÍNDICE GEOGRÁFICO 



Páginas 
ÁFRICA 

Abdala Abu Mohamad Aladel-Bila ... 3 

Abdelazis Ben Muza Ben Nasir 5 

Abraham Ben Josef Ben Tasfin Ben 

Tarcon Ben Vartanthar Abu Isac ... 7 

AGREDA 

Mateo López (limo. Sr. Don Juan) 127 

ALCARAZ 

Ropero (Fr. Pedro) 163 

ALCÁZAR DE SAN JUAN 

Camuñas (Fr. Diego) 52 

Rodríguez Montero (Fr. Juan) 157 

Valdivieso (Fr. Alonso de) 188 

ALCOY 

Gisbert (Don Gregorio) 82 

ALCUDIA DE CARLET 

Boix (Fr. Lorenzo) . . 46 

ALMEDINA 

Jiménez Patón (Bartolomé) 95 

ALMERÍA 

Abdelrahman Ben Mohamad Abulcas- 
sem 5 

Abulasbag Isa Ben Mohamad Alabdari 
Ebn Alvaeth 9 

ASTURIAS 

Torres (Don Pedro Anastasio de) 185 

ATIENZA (gUADALAJARA) 

Elgueta y Vigil (Don Antonio) 67 

AUÑÓN (alcarria) 

Camarino (Licenciado Pedro) 49 



Páginas 
ÁVILA 

Dávila y Toledo (Don Sancho) 59 

AYORA 

Rodenas (Don Tomás) 157 

BADAJOZ 

González Gallego (Don Arias) 84 

BAEZA 

Ascher Ben Mohamad Ben Margia 
Alansareo 23 

BAZA 

Enríquez (Alonso) 69 

BARCELONA 

Astorhc (Sor María Angela) . 23 

Bojados y LuU (Don Alejo de) 47 

BOCAIRENTE 

Bocairente (Fr. Benito de) 46 

BONILLA 

García de Galarza (Dr. Don Pedro) ... 79 

BURBAGUENA (aRAGÓN) 

Bonacasa (Fr. Bernardo) 47 

BURGOS 

Santa María (Don Alfonso de) 181 

Santa María (Don Pablo de) 178 

BURRIANA 

Campos (Don Ramón) 52 

CAMPO CRIPTANA 

García Loaisa (Fr. Juan) 80 

Prado (Fr. Juan Antonio de) 155 



- 206 - 



Páginas 
CO MONTES (valencia DE DONJUÁN) 

Comontes (Don Diego de) 56 

CÓRDOBA 

Ahmad Ben Mohamad Ben Afif Ebn 

Marivel 12 

Ahamedo Ben lahia Ben Ahamad Ben 

Amira Adhdhabbi 11 

Hassan Ben Mohamad Ben Alhossan 

Alcabski 189 

Mancha y Rincón (Don Rafael) 115 

Obaidalla Ben Ornar Ben Hescham 

Alhadhrami 137 

Pedrosa (Don Fernando de) 145 

CUENCA 

Arce (Fr. Diego de) 19 

González (Fr. Julián) 83 

Lozano (Fr. Luis) 110 

Zamora (Fr. Francisco) 194 

CUEVAS DE VERA 

Márquez (Fr. Juan) 125 

ESCALONA 

Manuel (Don Juan) 116 

FRANCIA 

Gimiel (Don Guillen) 81 

GRANADA 

Abdalla Ben Mohamad Ben Sahl Al- 

dhara 4 

Abdalla Ben Solimán Aba Mohamad 

Alosari 4 

Admad Ben Abraham Ben Mohamad 

Ben Khalaf 12 

Lozano Parreño (Don Andrés) 110 

Mohamad Ben Abdebrahman Algasa- 

ni Aba Abdalla 131 

Mohamad Ben Mohamad Alansari 132 

Simancas (Fr. Pedro de) 183 

HERENCIA 

Fernández Paniagua (Fr. Manuel) 71 

HINOJOSA DE SAN VICENTE 

Jiménez (Dr. Don José) 94 

JAÉN 

Mohamad Ben Ahmad Ben Hassan ... 131 

Mohamad Ben Ahmad Ben Jarbu 131 

Rojas y Contreras (limo. Sr. Don Die- 
go de) 158 



Páginas 
JÁTIVA 

Mohamad Ben Solimán Ben Abdelazis 
Alsalami 132 

MADRID 

Oviedo (P. Francisco de) 142 

Perlín (P. Juan) 150 

Zapata (Don Gómez) 198 

MANZANARES 

Pozo (Fr. Alonso del) 154 

Rosa (Fr. Alonso) 163 

MALLORCA 

Llinaz (Fr. Antonio) 105 

MAYORGA 

Mayorga (Don Fr. Diego de) 128 

MEDINA DEL CAMPO 

Medina (Don Juan de) 130 

MÉXICO 

Eguía (Don Pedro Antonio de) 66 

MONCADA 

Moneada (Fr. Buenaventura de) 132 

MOTA DEL CUERVO 

Castaño (Fr. Francisco) 56 

Galán (Fr. Pedro) 78 

MOTRIL 

Belluga y Moneada (Emmo. Sr. Carde- 
nal) 32 

ÑAPÓLES 

Dicastillo (P. Juan de) 65 

OCAÑA 

Montoya (P. Alfonso) 133 

ONDA 

Abdalla Ben Solimán Abu Mohamad 
Alansari 4 

ONRUBIA 

Ortega (Fr. Pablo Manuel de) 137 

Nieves y Avendaño (Fr. José) 136 

ORIHÜELA 

Mancebón (Fr. Juan) 112 

Ocaña (Dr. Don Luis de) 137 



207 - 



Páginas 
OROPESA 

Villegas (P. Bernardino de) 193 

OVIEDO 

Cantera (Don Diego de la) 54 

PARRA (serranía DE CUENCA) 

Chumillas (Fr. Julián) 58 

PLASENCIA 

López de Carvajal (limo. Sr. Don Ber- 
nardino) 107 

Trejo Panlagua (Don Fr. Antonio) 186 

PORTUGAL 

Abu Baker o Mohamad Ben Amar 

Duluazartin 8 

Almeyda (Don Esteban de) 19 

SAN ESTEBAN DEL PUERTO 

Miguel (Fr. Juan) 130 

SAN FELIPE DE JÁTIVA 

García (Fr. Manuel) 79 

SAN LORENZO DE LA PARRILLA 

Soria Buitrón (Fr. Juan de) 184 

SEGOVIA 

Alcalá Yáñez y Rivera (Dr. Jerónimo 
de) 13 

SEVILLA 

Sal (Don Juan de la) 173 

Vellerino de Villalobos (Don Baltasar) 191 

SOLANA (mancha) 

Reinoso de Almazán (Fr. Alonso) 156 

Romero (Fr. Lorenzo) 161 

SOTO 

Posada Rubín de Celis (Excmo. Señor 
Don Antonio) 150 

TARANCÓN 

Huélamo (Fr. Melchor de) 89 

TERUEL 

Campillo y Tarín (Don Francisco An- 
tonio) 51 

TOLEDO 

Alfonso X el Sabio (Rey Don) 15 

Barroso (Don Pedro) 29 



Páginas 

Cepeda (P. Francisco de) 56 

La Palma (P. Luis de) 97 

Pérez de Ayala (Fernán) 145 

TORRECILLA DE CAMEROS (CALAHORRA) 

Azpeitia Sáenz de Santa María (limo. 
Sr. Don José Antonio) — 27 . 

TRUJILLO 

Santa Clara (Sor Mariana de) 177 

VALENCIA 

Abu Abdalla Mohamad Abdelrahman 

Allakhami 7 

Francisco de la Tobilla (Fr. Lucas de 

San) 75 

Fuentes (Don Tomás) 75 

Mohamad Ben Giaphar Ben Hamaid 

Ben Maimón Alamavi 131 

Mohamad Ben Giaphar Ben Khalaph 

Hamid 132 

Pastor (P. Carlos) 144 

Rojas Borja (limo. Sr. Don Francisco 

de) 157 

Romeu (Don Francisco Javier) 162 

Valencia (Fr. Juan Francisco de) 189 

Vicente Ferrer (San) 191 

VAL-PARAÍSO 

Gutiérrez (Fr. Andrés) 84 

^ VALLE DE CABUÉRNIGA 

Rubín de Celis (limo. Sr. Don Ma- 
nuel) 164 

VÉLEZ-BLANCO 

Salazar (Fr. Juan) 173 

VERA 

Zámorano (Don Miguel González) 1% 

VILLAGARCÍA (EXTREMADURA) 

Martínez Silíceo (Don Juan) 125 

VILLAMARCHANTE 

Martínez (Fr. José) 125 

VILLANUEVA DE LOS INFANTES 

Pérez de Pareja (Fr. Esteban) 149 

Soto (Fr. Silvestre de) 184 

ZARAGOZA 

Abdelrahman Ben Mohamad Ben Ab- 
delazis Ben Ayasch 7 



- 208 - 



Páginas 

Abul Hosain Ben Mohamad 10 

Azpuru y Jiménez (Don Tomás) 27 

Naja (P. Martín de la) 135 

Parisani de Haro (Don José) 143 

Vélez y Marín (Don Manuel) 190 

Después de formados los precedentes 
índices, hanse incluido en el texto de 
esta Sección Segunda los autores si- 
guientes: 



Páginas 
SIGLO XI 

Abu Galib Teman Ben Galib.— Natural 
de Córdoba 9 

SIGLO XI AL XII 

Abul Hassan Ali Ben Ahmed Ben Jalaf 
Ben Mohamad El Angari.— Natural 
de Granada • 10 

Abul Walid Yusuf Ben Abdelazis Yu- 
suf Ben Omar Ben Fierro.— Natural 
de Onda 10 



SECCIÓN TERCERA 



14 



ENSAYO DE UN CATALOGO 



DE 



LIBROS IMPRESOS EN MURCIA 

DESDE LA APARICIÓN EN ELLA DE 
LA IMPRENTA HASTA FIN DE 1895 

POR 

D. JOSÉ Pío TEJERA Y R. DE MONCADA 

SEGUIDO DE UNOS 

ANALES DE LA IMPRENTA EN MURCIA 

Y NOTICIA DE SUS IMPRESORES 
POR 

D. JUSTO garcía SORIANO 



A 



1. Abellán y Gascón (Doctor Don Bar- 
tolomé). 

^ I Por Pedro Ballejo, vecino, y | Abas- 
tecedor de Maderas de Murcia, en el | 
pleito que contra él sigue D. Francisco 
Lon- I gua, Mercader que fué de dicha 
Ciudad, so- | bre que se le declare intere- 
sado en la tercera | parte de el abasto de 
Maderas. | [Al fin]: Doct. D. Bartholomé 
Abellán | y Gascón. —Con licencia. | En 
Murcia, por Nicolás Villargordo. | Año 
de 1759. 

En fol.-12 págs.— Signs. A-C. 

Bib. de la Acad. de la Hist.: Colee. Je- 
suítas, t. 184, n.° 1. 

(Adición del editor.) 

2. Acero y Abad (Don Nicolás). 

Historia | de la | M. N. y L. Villa | de [ 
Muía. I (Escudito de A. de la misma.) Por 
D. Nicolás Acero y Abad | Correspon- 
diente de las Reales Academias de la His- 
toria 1 y de la de Ciencias Morales y Polí- 
ticas. I —Murcia: | Tipografía de Rafael 
Albaladejo, | San Bartolomé, 3. | 1886. 

En 4.0-XXIV-322 págs., con dos planos 
topográficos al principio y 5 hojas al final 
sin numerar.— Signs. (-s-) 2-41.— Portada en 
papel de color.- V. en b. -Segunda porta- 
da litografiada.— V. en b.— Planos.— Dedi- 
catoria al Ayuntamiento de la villa de Muía. 
—Examen Crítico de la Historia de Muía, 
suscrito por D. Juan P. Criado y Domín- 
guez.— Ligeras indicaciones sobre la Histo- 



ria de Muía suscritas por D. Pedro Martínez 
Villalta.— Rápidas reflexiones sobre las pá- 
ginas 57, 58 y 59 de esta obra, suscritas por 
Don Julián Calvo.— Lámina grab. en mad. 
que representa la vista general de Muía. 
—Texto.— Advertencia.— Nota final. —Colo- 
cación de las láminas. (Cuatro intercaladas 
en el texto.) 

3. Acero y Abad (Don Nicolás). 

¡Tiempo perdido! | Colección de poe- 
sías I de I D. Nicolás Acero y Abad. | 
Murcia. | Tipografía de Rafael Albalade- 
jo. I San Bartolomé, 3. 1 1884. 

En 4.°— 115 págs., comenzando la numera- 
ción por el 6. — Signaturas: (-s-) 4-15.— Por- 
tada.— V. en b.— A los Lectores.— Texto. 
Contiene las composiciones tituladas: 

La luciérnaga, pasionaria y mariposa. = 
La luz. = A Dolores. = Balada. = Historia 
eterna.=La fe y la razón. =Anfriso.=Ana- 
creóntica.— ¡Viva el Rey! ¡Viva la paz!=La 
cruz de piedra.=Al Escultor catalán señor 
Aleu.=Las blancas canas. = A Ríos Rosas. = 
A D. Valentín Cerrada. =Nostalgia.=La no- 
che. =Cantares.=El arte pictórico. =Dios y 
la Ciencia.=A la Paz. — A las provincias 
inundadas.=Canciónheroico-elegiaca.=Vo- 
cate me amarum.=La Caridad. = En el ani- 
versario de la muerte de Miguel Cervantes. 
=A S. M. el Rey D. Alfonso XII.==A la me- 
moria del invicto Marqués del Duero. = 
Composición poética leída en el Teatro de 
Calderón en la función oficial del 14 de ene- 
ro de 1875, en celebridad de la entrada de 
S. M. el Rey en la Corte. =A Ayala.=Pa- 
sión de un Emir.=Fragmento.=A mi hija 
Soledad (en prosa). = A la Virgen María. 



- 214 - 



4. Acero y Abad (Don Nicolás). 

El Brigadier | Don Juan Gutiérrez | de 
la Concha, i Murcia | Tip. de Rafael Al- 
baladejo, | Plaza de S. Bartolomé, 3. 
I 1885. [Al fin]: Nicolás Acero y Abad. 

En 4.°— 13 págs. 

Port.— AI V. Dedicatoria del autor al Mar- 
qués del Duero.— Texto. 

(Artículo adicionado por el editor). 

5. Agosta y Lozano (Don Zacarías). 

Una pág-ina de Murcia. | Leyenda His- 
tórica I Por 1 Zacarías Acosta y Lozano. | 
Murcia, 1878. | Tipografía y encuadema- 
ción de El Álbum. | Santo Domingo, 5. 

En 4.°— 63 págs., más una hoja al princi- 
pio sin numerar.— Signaturas (^) 2-8. — Por- 
tada.— V. en b.— Dedicatoria suscrita por el 
autor, a la Excma. Sra. Doña Leonor Gue- 
rra.— Texto. (Desde la pdg. 49 en adelante): 
—Observaciones l que sobre la Composición 
I de Una Página de Murcia | ha hecho el | 
Sr. D. Hermenegildo Lumeras Castro. 

El asunto principal de este bellísimo 
poemita en quintillas, es la estratagema 
de que se valieron las murcianas, en los 
tiempos de la invasión musulmana, apa- 
reciendo armadas sobre los muros de la 
ciudad, para obtener una capitulación 
honrosa del ejército invasor. 

6. Acta I de la I Sesión Extraordinaria [ 
que celebró | el Ayuntamiento de Mur- 
cia I en I 13 de noviembre de 1879. | (Es- 
cudo de A. de la Ciudad.)— yínrcisi, 1879. 

I Estab. Tipográfico de la Paz. ] Zoco, 5. 

En 4.''— 16 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

Celebróse con motivo de la terrible 
inundación que consternó a Murcia y su 
huerta en dicho año; y contiene un bri- 
llante discurso de Don Pedro Díaz 
Cassou. 



7. Acta I de la Sesión Pública celebrada 
I por I la Real Sociedad Económica | de 

Amigos del País | de Murcia, | en el día 
19 de noviembre de 1863, | para la solem- 
ne distribución de premios a la ] aplica- 
ción, al inérito y a las acciones | virtuo- 
sas. I Publícase por acuerdo de dicha Cor- 
poración. I Murcia. = 1864. | Imprenta de 
Leandro y Vicente Riera: | Príncipe Al- 
fonso, 55. 

En 4.**— 44 págs. con la portada.— Signa- 
turas (-!-) 2-6.— Portada.— V. en b.— Texto. 

Contiene: Especie de preámbulo.— Distri- 
bución de premios, y una Memoria de Don 
José del Villar, Párroco que fué de Santa 
María de Murcia. 

8. Afectos de un Pecador | pidiendo mi- 
sericordia. I Respuesta de Dios | a el | Pe- 
cador arrepentido. | A expensas de un No- 
ble Devoto, deseoso | de la salvación de 
las Almas: | Y a solicitud del P. Fr. Chris- 
toval Rosel, | Religioso Franciscano Ob- 
servante, el que su 1 plica al Pecador los 
lea con la mayor re | ñexión, atención, y 
devoción, consiguien ( do pronta miseri- 
cordia de su Criador, | Redentor y Con- 
servador. I Murcia MDCCXCV. | Con li- 
cencia. En la Oficina de la Viuda ] de Te- 
ruel, Calle de la Lencería. 

En 8.^—42 págs. — Signs. {^) A2-A3.— 
Portada.— V. en b.— Estampa grab. en mad. 
que representa un Crucifijo con la Magdale- 
na a sus pies.— Texto, que lo constituye 
XXXII décimas de versos octosílabos. 

9. Afectos devotos que para mover a la 
devoción del Santo Viacrucis y Dolores 
de María Santísima compuso un Religioso 
Capuchino de la Provincia de Valencia. 
—Murcia, por Felipe Teruel. (Sin año, 
pero seguramente en el de 1787) (1). 

En 16.°. 



(1) No pudo ser este año, aunque Tejera lo diese por se- 
guro, puesto que la Viuda de Felipe Teruel imprimía ya 
cinco o seis años antes. (N. del e.) 



— 215 — 



Aunque el autor calló aquí su nombre, 
nos consta que lo fué el P. Fr. José de 
Rafelbuñol. 

10. Agenda | de Bolsillo | o | Libro de 
Memoria | diario para 1862. | Con noti- 
cias I y Guía de Murcia. | Murcia.— 1861. 
I Imprenta de Antonio Molina. 1 Calle de 
la Trapería, número 32. 

En 12.0-XLVI-112 págs., con varias al 
principip y muchas otras en el centro sin nu- 
merar.— Signs. a- 2-15.— Contiene: Portada. 
Reducciones de diversas clases de monedas 
a otras.— Relación de los pueblos y lugares 
más principales de la provincia de Murcia. 
—Un almanaque.— Hojas en blanco para los 
apuntes de memorias.— Historia compendia- 
da de Murcia.— Guía de Murcia.— índice de 
todas las calles y plazas de Murcia. 

11. Aguas minerales de Archena.— Guía 
del bañista.— Imp. de A. Molina. (S. 1. nt 
a.; pero consta que lo fué en Murcia 
en 1870.) 

Pliego en 8.° sin foliar ni signar, con 2 pá- 
ginas de portada y 5 de texto, reducido a una 
relación de noticias útiles a los bañistas. 

12. Aguilar y Briñez (Dr. Don Ber- 
nardo). 

Tymbres | de la | Exemplar Vida, | y 
Lauros | de la recomendable muerte | de 
el I V. D, Agustín | Fernández Truxillo | 
Beneficiado, y Cura Propio de la | Iglesia 
Parroquial del Señor San Juan Bautista 
de la I Ciudad de Murcia, y Hermano de 
la Santa Es | cuela de Christo de ella, | 
Proclamados | En las Sumptuosas Exe- 
quias, I que a su loable memoria se cele- 
braron en dicha Igle | sia por el Cabildo 
de Reverendos Curas, y Clero de | la re- 
ferida Santa Escuela, | Por | El Dr. D. 
Bernardo Aguilar y Briñez, | Presbytero, 
Maestro en Artes, Dr. en Sagrada Theo- 
lo I gia, y Secretario Capitular de la San- 
ta Iglesia I Cathedral de Cartagena, i De- 
dí canse I Al Exmo. Señor Conde de Moc- 



tezuma, 1 Marqués de Tenebron. 1 Con li- 
cencia: En Murcia, En casa de Felipe 
Díaz. (S. A.) 

En 4.'^— 86 págs., más 14 hoj. de prelims. 
sin foliar.— Signs. (^) A-L2.— Portada.— V. 
en b.— Dedicatoria suscrita por el autor.— 
Aprobación del Dr. D. Bernardo Gutiérrez 
de Alique.— Otra de Fr. Juan de Casanova. 
—Parecer de Fr. José Tomás Blanco.— Ro- 
mance heroico en alabanza del Sermón por 
el Dr. D, Nicolás de Molina y Guión.— Li- 
cencia del Ordinario, en 11 de abril de 1744. 
—Retrato de D. Agustín Fernández Trujillo. 
—Texto. 

13. Aguilar García Romera (Don Joa- 
quín). 

Papel apologético médico-químico en 
favor del agua llamada de la Mina [la de 
la Zarzadilla] y su mixtión con la del Caño 
de la plaza de la M. N. y L. Ciudad de 
Lorca: se defiende que de ningún modo 
es nociva a la salud pública... Dalo a la 
luz pública para desengaño de todos Don 
Joaquín Aguilar García Romera, médico 
del Real Protomedicato, de la Orden de 
N. P. S. Francisco, médico general y ve- 
cino de dicha Ciudad de Lorca, y lo dedi- 
ca al limo. Sr. D. Diego de Rojas y Con- 
treras, Obispo de Cartagena.— Impreso en 
Murcia, por Nicolás José Villargordo, año 
1758. 

Un cpequeño folleto de 61 págs.>. 

Así descrito por Cánovas Cobeño, en 
su Historia de la Ciudad de Lorca, pági- 
na 472, quien añade: 

*Está precedido de seis décimas y un so- 
neto, y como dice su autor, no está escrito 
para los vulgares, sino para los doctos; en 
efecto, para probar su tema pone multitud 
de citas en latín, de la sagrada escritura, 
santos padres, filósofos ^ médicos; cualquie- 
ra creería que hubiera fundado su opinión 
en análisis químicos, en principios de higie- 
ne y médicos, pero los que alega son tan 
simples y tan de poco valor científico, que 
dudamos mucho se dieran por convencidos 
ninguno de sus contrincantes, que eran Don 
Pedro Martínez Ulescas, D. Fernando Solen 



216 



D. Miguel León y D. Bartolomé Castillejo, 
médicos.» 

(Artículo adicionado por el editor.) 

14. Aguilar y Mendivil (L. Don Anto- 
nio de). 

>í< I Domvm Tvam Decet Sancti | tudo 
Domine in longitudinem dierum. | Can- 
tat. Eccles. | (Estampa de la Concepción 
grab. en m«rf.^— Manifestación | Ivridica 
I Sobre | El Derecho de Immunidad, y 
Sa I grado de las Iglesias y Monasterios, 
para que no se | haga extracciones violetas 
de los refugiados a ellas | por la Ivsticia 
secular, ni sus Ministros de su auto | ri- 
dad, co arrojo, y animosidad no permiti- 
da; y pa I ra q. cessen los escrúpulos, y 
perjuicios de cociecia | q. de semejates 
operaciones resultan cotra los lue | ees, 
que la executan, o permiten; y se coser- 
ve cada I jurisdicción en los términos de 
su esfera, co el am | paro de los derechos 
q. laassisten en la segura, y | recíproca co- 
rrespondecia q. se requiere para | el go- 
vierno de ambos estados. | Impresso en 
Murcia, por Vicente Llofriu. (S. A.) 

En fol.— 62 págs.— Signs. (->-) BQ.— Porta- 
da.— V. en b. — Texto suscrito al final por el 
autor, en Murcia a 2 de noviembre de 1688. 

Aguirre (Don José). 
Véase Alarcón (Don Manuel). 

15. AiME Martín (L.) 

Plan de una biblioteca universal. Estu- 
dio de los libros que pueden servir para 
la historia filosófica y literaria del género 
humano, con un catálogo de las obras se- 
lectas, escritas en todos los idiomas y 
composiciones originales de todos los 
pueblos, por L. Aime Martín.— Murcia, 
1842-43. 

En 4.0 

Así en el Dice, general de bibliogr. Es- 
pañola, de D. Dionisio Hidalgo. 



16. A la Provincia de Murcia, | sobre la 
cuestión | del Ferro-Carril al Mediterrá- 
neo. (Al final): Murcia 20 de julio de 1852. 
—Imprenta de Antonio Molina, Calle de 
la Trapería, número 48. 

En 4.°— 11 págs.— Texto inmediatamente 
después del encabezamiento que queda co- 
piado. 

17. A la gloria | del Insigne Escultor 
Murciano | D. Francisco Salzillo | y Al- 
caraz. | Y | en recuerdo del primer cente- 
nario I de su muerte | Dedica | el Ayunta- 
miento de Murcia | este Libro | formado 
con las Composiciones | leídas | en la Ve- 
lada literaria celebrada | en el Casino | la 
noche del 3 de Marzo de 1883. | Murcia, 
1883. I Imprenta de «El Diario». 

En 4.°— 64 págs.— Portada.— V. en b.— 
Proposición del Alcalde Don Eduardo Ri- 
quelme y Acuerdo tomado por el Ayunta- 
miento, sobre la publicación de esta edición. 
—Texto. 

Contiene composiciones en verso y pro- 
sa de los señores D. Antonio Arnao, José 
María García, Andrés Blanco y García, 
Virgilio Guirao, Carlos Cano, J. A. Soria- 
no Hernández, Rodolfo Caries, Tomás Ga- 
liana, José Pío Tejera, Tomás Maestre, 
María de Yarmonth, Julián La Cierva, 
Miguel Gázquez Llopis, José Martínez 
Tornel y Ricardo Sánchez Madrigal. 

18. Alarcón (P. José de). 

>i< I Carta | De el Padre Joseph de Alar- 
cón, I Rector de el Colegio de Murcia de 
la Compañía de | Jesús, a los Padres Supe- 
riores de la Provincia de | Toledo, sobre 
las virtudes, y muerte de el | Padre Luis 
Ignacio Zevallos de la misma | Compañía. 
(Título que encabeza esta notable biogra- 
fía del P. Zevallos. Su fecha al final): En 
Murcia, Junio 22, de 1738. 

En 4.^—72 págs.-Signs. A-Y2. 



217 



19. Alarcón (Don Manuel) y Otros. 

Avisos I importantes | que sobre la adul- 
teración de los I polvos de las Viboreras 
dan I a las Juntas Provincial y Muni | ci- 
pal de Sanidad de Murcia, los Facultativos 
vocales de las mis | mas | Y seg^unda edi- 
ción del Manifiesto | que circularon el cin- 
co de Agosto ante | rior, sobre la virtud 
anticolérica de aque | líos; y del método 
de administrarlos que | se publicó en diez 
y ocho del propio mes. f Murcia: | Oficina 
de D. Sebastián Hernández. (Al final): 
Murcia, Oficina de D. S. Hernández. 

En 4.0—29 págs.— Signs. (-i-) 2-7.— Portada. 
V. en b.— Texto: Dirigido al Excmo. Sr. Don 
Francisco Javier Ferraz y Tomel, y suscrito 
al ñnal en 5 de Agosto de 1834 y 19 del mis- 
mo, por Manuel Alarcón. =Vicente Cuenca. 
=José Aguirre=y Antonio Folgado. 

20. Alarcón Jiménez de Cisneros (Don 
Jerónimo Miguel). 

Novena | de María Santísima | de los 
Dolores | dispuesta para el uso | y apro- 
vechamiento espiritual de sus feligre I ses, 
por el Presbítero Don Gerónimo Mi | guel 
Alarcón Ximénez de Cisneros, Cura | pro- 
pio de la Parroquial del Arcángel | San 
Miguel de esta Ciudad | de Murcia. | Con 
licencia: | Imprenta de Bellido. | año 1828. 

En 8.°— 20 págs.— Portada.— Estampa de la 
Virgen de los Dolores a la vuelta.— Texto 
en prosa y verso. 

21. Alarcón Martínez (Lie. Don Diego). 

>j« I Alegación | luridica | ostensiva | de 
la justicia notoria, | que assiste | a D. An- 
tonio Lucas I Celdran, | Cavallero del abi- 
to de San- | tiago, y Alguacil Mayor del 
Santo Oficio | de la Inquificion de este | 
Reyno; | en el pleyto | contenido en los 
autos, I que don Juan Carrillo, y Albor- 
noz, I su Padre, en veinte y nueve de No- 
viembre del año pas- | sado mil setecien- 
tos cinquenta y dos, introduxo en el | juz- 
gado de Obras Pías de este Obispado de 



Cartagena; y | por su muerte continúa si- 
guiendo dicho Don Antonio con | su Fis- 
cal general, y el Mayordomo Fabriquero 
de la Igle- | sia Parroquial del Señor San 
Andrés de esta Ciudad | de Murcia, sobre 
el assumpto, que en este | Manifiesto se 
expressará. — Con licencia, en Murcia, por 
Phelipe Teruel, | vive en la Lencería, 
año de 1766. 

En foL— 1 h.+ 39 págs.: signs. A-K. 

Estampa de la «Imagen de N. S. de los 
Dolores», con orla de estilo rococó, grabada 
por Alagarda («Alagarda sculp. Murtig»), en 
la anteport.- Port.— V. en bl.— Texto (divi- 
dido en «hecho» y tres «partes»).— Reflexión 
sobre la pretensión del mayordomo Fabri- 
quero de la Iglesia de San Andrés. (Al fin): 
«Murcia, y Diciembre 24. de 1765.— Lie. Don 
Diego Alarcón, Martínez.» 

Opúsculo interesante para la historia lo- 
cal. Bibl. de la Acad. de la Hist.: Col. Je- 
suítas, t. 184, n.° 19. 

(Articulo adicionado por el editor.) 

22. Alarcón (Don Jerónimo). 

Sermón | que en la Solemne Función | 
celebrada | en el día diez y nueve de Ma- 
yo I de mil ochocientos catorce, | En la 
Iglesia Parroquial | del Arcángel | San 
Miguel, I de la Ciudad de Murcia, | a ex- 
pensas I del Sr. Conde de Clavijo, | para 
dar gracias a Dios por la feliz | colocación 
del Rey N. S. en el Trono | de sus Mayo- 
res I Dixo I Don Gerónimo Alarcón | Cu- 
ra Párroco de la expresada Iglesia, | y ha 
dado a luz un apasionado suyo. | Con Li- 
cencia: I Imprenta del Gobierno Militar 
Político. I A cargo de Horcajada. 

En 4.°— 37 págs.— Signs. {,->-) 2-5.— Portada. 
V. en b.— Texto. 

23. Albalate (Fr. Basilio). 

Respuesta | al Manifiesto lurídico, | es- 
crito I por el Licenciado Don Antonio de 



- 218 - 



Aguilar .Mendivil, | Provisor y Vicario 
General del Obispado | de Cartagena. 1 En 
oposición I del que escrivió el M. R. P. 
Fr. Martín de Torrecilla, Ex- | Provincial 
de la Provincia de Menores Capuchinos | 
de Castilla, Ex-Difinidor General, y Cali- 
fi I cador de la Suprema. | Sobre | el aver 
descomulgado el Ilustrissimo Señor Obis- 
po de Carta | gena al Presidente del Con- 
vento de Menores Capuchinos de la | Ciu- 
dad de Murcia, y suspendido las licencias 
de I confessar, y predicar a todos los Reli- 
giosos I de dicho Convento. (Sin suscrip- 
ción, pero seguramente en Murcia, a los 
primeros del siglo xvm.) (1). 

En foL— 107 págs.— Signs. A-Dd.— Texto 
inmediatamente después del título que que- 
da copiado, y suscrito al final por el autor. 

Es documento bastante curioso. 

24, Albarado (Don Manuel). 

Discurso I leído en la Audiencia territo- 
rial I de Albacete, | Residente en la Ciu- 
dad de Murcia | El día 2 de enero de 1837. 
I Por su Regente | el Señor Don Manuel 
de Albarado. (Escudo de A. reales.) Mur- 
cia y enero de 1837. | Oficina de D. Sebas- 
tián Hernández. 

En 4.*'— Fáltanle las hojas finales al ejem- 
plar que tenemos a la vista. 

25. Albarracín (Dr. Don Antonio). 

Sagrado Triduo, | que en obsequio | de 
la gloriosissima Virgen | Santa Gertrudis 
I la Magna | que se venera | en la Iglesia 
Parroquial | de Santa Eulalia | de la Ciu- 



(1) Hubo de Imprimirse, con toda probabilidad, en 1694, 
pues aquel mismo aflo falló el Nuncio la nulidad de la ex- 
comunión y suspensión de licencias que el obispo de Car- 
tagena impuso a Fray Leandro de Concentaina, presidente 
del convento de Capuchinos, de Murcia. Fray Basilio de 
Albalaie publicó además otro opúsculo sobre el mismo 
asunto, del que poseo un ejemplar falto de las dos hojas 
primeras, en fol. y de 60 págs.; signs. A-P.— Véase en esta 
Sección el artículo Torrecilla, Fray Martin de. 

(Nota del e.) 



dad de Murcia, | ofrece a la Santa su de- 
voto I el Doctor Don Antonio Albarracín 
I Calificador, e Inquisidor Ordinario en 
el I Tribunal del Santo Oficio de dicha 
Ciudad, I y Racionero de la Santa Iglesia 
I de Cartagena. | Murcia MDCCXCVI. 1 
En la oficina de la Viuda de Teruel | Se 
hallará este Triduo en la Sacristía de di- 
cha Parroquia. 

En 8.0—24 págs. Signs. A2-B (o-). -Porta- 
da. —V. en b.— Advertencias y noticias de 
autores que se citan.^Texto.— Gozos en ver- 
so.— Breve oración en latín. 

26. Álbum | de las Funciones celebradas 
I en el Teatro Romea de Murcia | a favor 
de los I Establecimientos de Beneficen- 
cia I de la misma | Las noches 3 y 4 de 
junio de 1876. | Murcia. | Tipografía de 
los Hijos de Nogués. | 1876. 

En 4.°— 54 págs., más 2 hoj. al final sin nu- 
merar.— Signs. 2-7. —Portada.— V. en b.— De- 
dicatoria suscrita por el Gobernador y Se- 
ñores de la Comisión a todas las Señoritas y 
Caballeros que han tomado parte en las fun- 
ciones.— V. en b.— Texto. 

Contiene: Especie de preámbulo de la Co- 
misión. = Programa de las Funciones.=jQwe- 
rer es Poder, Apropósito Cómico en un acto 
y en verso por D. Ricardo Sánchez Madri- 
gal. =Reparto de la Zarzuela «El Juramen- 
to. »=Letra Compuesta por D. Ricardo Sán- 
chez Madrigal para el Coro de introducción 
del 2." acto de la Zarzuela «El Juramento». 
=Composiciones poéticas de D. Zacarías 
Acosta, J. Martínez Tornel, Ricardo Sán- 
chez Madrigal, Antonio G. Alix, Jerónimo 
Flores, E. Serrano, y Juan García Aldeguer. 
=Revista publicada en el periódico «La Paz» 
de Murcia. =Cuenta de los productos y gas- 
tos. =Resumen de la cuenta.=Indice. 

La última de estas funciones dejó en 
Murcia bien tristes recuerdos, pues a las 
pocas horas de su celebración fué presa 
de las llamas el magnífico teatro de 
Romea. 

27. Álbum y Abanico i de la | Excelen- 
tísima Señora | Doña Leonor Guerra Al- 



- 219 



baladejo | de Pagan. | Murcia, 
fía de El Álbum. | 1877. 



Tipogra- 



En 4.**— 85 págs. para el Albura, las más 
de ellas sin foliar, y 24 para el Abanico sin 
numerar.— Signs. 1-18.— Portada.— V. en b. 
—Retrato de Doña Leonor Guerra.— Dedi- 
catoria suscrita por D. Pedro Pagan: «A mis 
queridos amigos de la Reunión Literaria.» 
—Texto del Álbum.— Texto del Abanico. 

Contiene composiciones, ya en verso, ya 
en prosa, de los señores D. Zacarías Acos- 
ta.=José Martínez Tornel.=Jerónimo Flo- 
res. =Ezequiel Diez y Sanz.=Pascual Nava- 
rro. =Agustín Abril. =Antonio García Alix. 
=Pascual Martínez Palao.=F. Serrano de la 
Pedrosa. = José Baleriola. = Ricardo Gil.= 
Emilio Castelar.=José Marín-Baldo. =:José 
Pío Tejera. =Ricardo Sánchez Madrigal. = 
Manuel Henao Muñoz. = Jesús Cencilio.= 
Francisco Pérez Echeverría. =Salvador Da- 
mato. =Víctor Valaguer.=Adolfo Terrer.= 
Manuel del Palacio. =Lorenzo Pausa. ^Fer- 
nando Alvarez.=Antonio del Val.=Antonio 
Ramírez Pagan. = Juan García Al Deguer. 
^Virgilio Guirao.=F. C.=E. Llofriu.=Juan 
José Herranz. = Hermenegildo Lumeras.— 
Napoleón Terrer.=Perico.=Juan Piqueras. 
=Gonzalo Baños. =A. Medina.=Tomás Ga- 
liana.=A M. Cañadas. =01ayo Díaz; y Ga- 
briel Baleriola. 

28. Alburquerque y Teruel (Don An- 
tonio José). 

Discurso, I y | Reflexiones Críticas, | 
hechas por el Coronel Don Antonio | Jo- 
seph Alburquerque Teruel, García | de 
Alcaraz, Quesada Leones, y Bena | vides. 
Ex- Regidor de esta Ciudad de | Lorca, y 
su Alcalde Provincial de I la Hermandad, 
Juez Privativo (por | su Magestad) de la 
Superinten | dencia de las Obras piíblicas 
de dicha | Ciudad, y conservación de la 
I Fuente del Oro. | Sobre | las Utilidades 
multiplicadas, | prometidas en la elevada 
presa, y nueva condu 1 ción de las aguas 
de la Fuente del Oro, | de la muy Noble, 
y muy Leal Ciudad de Lorca, | a quien las 
dedica. | En Murcia: En casa de Francis- 
co López Mesnier. (S. A.) 



En 4.°-39 págs.— Signs. A2 Í^.-Portada. 
—V. en b.— Dedicatoria suscrita por el autor 
«A la muy noble y muy leal Ciudad de Lor- 
ca» en 21 de diciembre de 1741.— Prólogo al 
Lector.— Texto. 

29. Alcahaz (Dr. Don Marcos Antonio). 

Por I Doña Constanza Favra laymes 
de I Junteron muger Legítima de Don 
Francisco Alcocer | Veintiquatro de la 
Ciudad de Granada, y Regidor | desta 
Ciudad de Murcia 1 En | el pleyto con D. 
Thomas Lvcas Iba | ñez, Canónigo en la 
Santa Iglesia de Cartagena | sobre | la 
svccesion del Mayorazgo que fundó Simón 
laymes de lunteron, tío de la dicha | Doña 
Constanza. (Al fin): Impreso en Murcia 
por Miguel Lorente. Año de 1662. 

En fol.— 30 hojas. -Signs. (~) B-Q.-Texto 
suscrito al final por el autor. 

Bibl. pública del Palacio Episcopal de 
Murcia. 

30. Alcaraz y Carayaca (Don Diego). 

Discurso I Histórico- Religioso | pro- 
nunciado I en esta Santa Iglesia Catedral 
I el día de la Festividad I de | San Patri- 
cio I Patrón de Murcia | por | D. Diego 
Alcaraz y Caravaca | Pbro, y Capellán de 
la Iglesia de la Purísima Concepción, Etc. 
¡ Con motivo de la función que anualmen- 
te tributa a tan glorioso Santo | el Excmo. 
Ayuntamiento de esta Capital | en acción 
de gracias | por | la ilustre Victoria de los 
Alporchones. | Murcia | Tipografía de los 
Hijos de Nogues. (S, A.) 

En 4.°— 21 págs., comenzando la numera- 
ción por el 6.— Portada.— V. en b.— Dedica- 
toria al Ayuntamiento de Murcia.— V, en b. 
—Texto. 

31. Alcober y Largo (Don Vicente). 

Compendio de la Lengua ingle.sa, en 
tres partes. 1.^ La gramática o sea un ex- 



220 



tracto del método lexicológico y herme- 
neútico fundado en la etimología, analo- 
gía y omonotopeya. 2.^ Un vocabulario de 
pronunciación figurada. 3.* Un programa 

cuestionario para los exámenes de in- 
glés; por D. Vicente Alcober y Largo, 
profesor de lenguas, miembro de la socie- 
dad asiática de París, antiguo alumno de 
la escuela especial de lenguas orientales 
de dicha Capital, autor de varias obras fi- 
lológicas, etc., etc.— Murcia, 1860. Imp. 
de A. Arques.— Madrid, lib. de Bailly-Bail- 
liére. 

En 4.°— 186 págs. 

32. Alcober y Largo (Don Vicente). 

Traducción gradual | del Italiano, I en 
cinco partes. | 1.* Traducción literal inter- 
lineal. I 2.^ Traducción gramatical y libre 
a la vista. | 3.^ Trozos en prosa. | 4.^ Diá- 
logos familiares. | 5.* Trozos en verso. | 
Con Notas. | Por | Don Vicente Alcober 
y Largo, | Profesor de Lenguas, Miembro 
de la sociedad asiática de París, anti | guo 
alumno de la escuela especial de Lenguas 
Orientales de dicha | Capital, autor de va- 
rias obras filológicas, etc., etc. | Murcia. 
— 1861. I Imprenta de Anselmo Arques. | 
Trapería, 40. 

En 4.°-398 págs.— Sings. {^) 2-50.-Porta- 
da.— V. en b.— Dedicatoria al Excmo. Sr. D. 
Modesto Lafuente. -Texto.— índice. 

Al-Deguer (Donjuán G.). 
Véase Fernández Iturralde. 

33. Alecio (P. Fr. Adriano de). 

El I Angélico. I Escrivelo con | estilo 
de poeta | lírico | el Padre Fray Adriano 

1 de Alecio. | del Orden de Predicadores | 
natural de Lima. | Ofrécelo | con afecto 
de obediente, a nuestro Reuerendissimo 
Padre Maestro | Fray Tomas Tvrco, | Ge- 



neral del Orden de nuestro Padre Santo j 
Domingo. | Con licencia, | Impresso en 
Murcia por Esteuan Liberós. | Año 
de 1645. 

En 4.°— 178 hojas.— Sing. AA-7.— Portada. 
—Licencia al autor para imprimir el libro y 
juntamente un tratadito que tiene hecho de 
las virtudes del hermano Martín de Porras, 
en Lima a 9 de julio de 1642.— Aprobación 
del P. M. Fr. Juan de Ortega.— Otra de Fr. 
Fernando de Figueroa.— Dedicatoria suscri- 
ta por el autor.— Vice prólogo— Satisfacción. 
—Cuidado del M. R. P. M. Fr. Bernardo de 
Torres... al crédito del Poema Angélico.— 
Décimas laudatorias del mismo al autor.— 
Texto. 

Bibl. del Sr. Gayangos. 

34. Alix (Don Antonio). 

Discurso Inaugural | pronunciado | el 
día primero de octubre de 1849 | en la so- 
lemne apertura | del Instituto de Segunda 
Enseñanza | de Murcia | Por | D. Antonio 
Alix. I Catedrático de Historia | (Viñeta.) 
Murcia: 1849. | Imprenta de Pablo No- 
gues. Calle de la Trapería. 

En 4.°— 17 págs., con la portada.— Portada, 
—V. en b.— Texto. 

35. Alix (Don Antonio). 

Programa | y | Breve Resumen | de los 
I Elementos de Historia, mandados ense- 
ñar en los I Institutos del Reino, con arre- 
glo al publicado | por el Gobierno en 1850. 
I Por I Don Antonio Alix, | Catedrático 
de esta Asignatura y Director | del Insti- 
tuto de Murcia. | Murcia | Imp. de José 
Caries Palacios. | 1853. 

En 8.°-224 págs., con la portada, más 2 
hojas al final sin numerar.— Signs. (^i-) 2-14. 
—Portada.— V. en b.— Texto.— índice.— 
Erratas . —Advertencia. 

Es un breve compendio de Historia Uni- 
versal, dispuesto con mucho método, y 
escrito con bastante acierto. 



— 221 



36. Alix (Don Juan). 

Discurso inaugural | del curso académi- 
co de 1850 a 51 I en el Instituto de 2.* En- 
señanza I de la ciudad de Murcia. | Leído 
I en el acto público celebrado el 1.° de oc- 
tubre de 1850, 1 por Don Juan Alix, | Ex- 
Catedrático de Geografía | del mismo es- 
tablecimiento. I (Viñetita.) \ Murcia. | Ti- 
pografía de D. José Caries Palacios, 
cuatro esquinas de S. Cristoval. | 1850. 

En 4.°— 22 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

37. Alix (Don Juan). 

Discurso. I La Medicina Vindicada | de 
las injustas e infundadas | invectivas de 
algunos I escritores | que en la primera 
sesión literaria pú | blica, celebrada por 
la Real Academia | Médica de Murcia 
en 31 de mayo de | 1816 con motivo del 
plausible día de | nuestro augusto Sobera- 
no el Señor D. | Fernando 7.° en que no 
le fué I posible verificarla | Leyó | Don 
Juan Alix, Individuo | de Mérito Literario 
de la Real | Sociedad Económica de los 
Ami I gos del País de la misma Ciudad, | 
de N.° y Censor de dicha Real | Acade- 
mia. I Con Licencia: | Murcia | Imprenta 
de Mariano Bellido. 

En 8.0— 71 págs.— Signs. a-e. — Portada.— 
Cita de Hipócrates a la vuelta.— Texto. — 
Erratas.— pág. en b. 

38. Alix (Don Juan). 

Memoria | sobre las Aguas Medicinales 
I de Archena. | Por | Don Juan Alix, In- 
dividuo I de las Reales Sociedades Econó- 
micas de Amigos del País | y Academias 
de Medicina de Madrid y Murcia, Médi- 
co I Director por S. M. de las mismas 
aguas con hono | res de la Casa Real, &c. 
&c. I Con Licencia. | En Murcia: Impren- 
ta de Bellido. I Año de 1818. 



En 4.°— 71 págs., comenzando la numera- 
ción por el 5.— Signs. (-^) 2-9.— Portada.— V. 
en b.— Dedicatoria al Iltmo. Sr. Don José 
Ximénez, Obispo de Cartagena.— V. en b.— 
Advertencias.— Texto.— Tabla analítica de 
las enfermedades sujetas a la acción de estas 
aguas. 

39. Almazán y Martín (Rafael). 

Cuadro Sinóptico de lo más importante 
de la historia de la Imprenta, por el Cajis- 
ta Rafael Almazán y Martín.— Murcia.— 
Imp. y Redacción de «El Telégrafo». 

Don Dionisio Hidalgo: Dice. gen. de bi- 
bliogr. Española. 

40. Al mérito artístico I de la Señorita | 
Doña Elisa Boldun, | y con motivo de su 
Beneficio. (Viñeta.) Murcia | 26 de junio 
de 1875. 



En 4.° — 8 págs. — Portada. 
Texto. 



V. en b.— 



Contiene cuatro composiciones poéticas 
dedicadas a esta actriz, y suscritas por las 
redacciones de los periódicos murcianos 
«La Paz», «El Noticiero» y «Las Noti- 
cias.» 

41. Alvarez (Dr. Don Leandro). 

Oración Fúnebre, | Que | en las Solem- 
nes Exequias | Celebradas | por la Real 
Sociedad Económica | de Amigos del País 
de Murcia, | en la Iglesia Parroquial de 
San Miguel, | de esta Ciudad, el día 1.° de 
diciembre de 1831, | en Sufragio del alma | 
del limo. Sr. D. Manuel Rubín de | Celis, 
Obispo que fué de esta Diócesis, | Dixo | 
el Dr. D. Leandro Alvarez, | Arcediano 
de Villena, Dignidad de | esta Santa Igle- 
sia, y Vice-Director | de dicha Real Socie- 
dad. I Con Licencia: | En Murcia: Im- 
prenta de los herederos de | Muñiz, ene- 
ro 26. 

En 4.°--22 págs.-Portada.-V. en b.— 
Texto. 



222 



42. Amoraga y Torres (Don Manuel). 

Azares | de la Peluca. | Comedia en tres 
actos y en verso | orig^inal de | D. Manuel 
Amorag-a y Torres. | Murcia; 1884. | Im- 
prenta de «El Diario.» 

En 4,°— 58 págs.— Portada. — Reparto de 
personajes a la vuelta.— Texto. 

43. Añorada (Alphonsus de). 

Sermonem de Sancto Raymundo Non- 
nato, Confessore, et Cardinal! Ordinis 
Beatae Mariae de Mercede Redemptionis 
Captivorum.— Murtiae: 1628. 

En 4.0 

Así en la Bibl. Scriptorum Societatis 
Jesu, del P. Rivadeneyra. 

44. Angelate (P. M. Cristóbal). 

Carta de edificación escrita por el M. R. 
P. M. Cristo val Angelate, Rector del Co- 
legio de la Compañía de Jesús de esta 
Ciudad de Murcia, De la Vida y muerte 
del M. R. P. M. Manuel Casnero, Prefecto 
de la Congregación de N. Señora de la 
Assunción que está en dicho Colegio. 
—En Murcia, por Jaime Mesnier, impres- 
sor y librero del S. Cardenal Belluga. 
—Calle de la Platería.— Año 1728. 

En 4.°— 31 páginas. 

45. ^ I Anual Novena | de la Sacratissi- 
ma I y Serenissima Reyna de los Cielos j 
María Santissima del Populo, ] sita en la 
Iglesia Parroquial de Se | ñora Santa Ca- 
thalina Virgen, | y Martyr de la Ciudad. | 
de Murcia, | siendo Cura actual de | ella 
el Doct. Don Juan Tho | mas Roxo. | A 
expensas de Don Juan | Thoribio, y Don 
Juan Assensio, Mayor | domos de esta 
Santa Imagen. | Impressa en Murcia, con 
con las licencias neces | sarias por Phelipe 
Teruel, vive en la | Lencería, año de 1763. 



En 8.°— 31 págs.— Portada.— V. en b.— 
Modo de hacer esta novena.— Texto. 

46. Aparicio (Fr. Juan José). 

El mejor triunfo | de España. | Drama 
en dos actos, | escrito | por el R. P. M. 
Fr. Juan Jo | sef Aparicio, Lector de Teo- 
logía en I el Convento del Real y Militar 
Or I den de Nuestra Señora de la 1 Mer- 
ced, de la Ciudad | de Murcia. | Dado a 
luz I un afecto al autor | y a sus obras. | 
Con licencia. En Murcia: Por Francisco 
Toran. (S. A.) 

En 8.'^— 62 págs. con la portada.— Signs. 
A2-D2.— Portada.— A la vuelta tres versos 
latinos del acto 4.*' de la tragedia de Séneca 
úXyxXdiáa. Hércules furetts.—\n\.er\oc\xtoTQ&: El 
General en Xefe Mons. Dupont.=El Gene- 
ral en Xefe Don Francisco Xavier Casta- 
ños.=El Teniente General Mons. Bedel. =E1 
Teniente General Don Teodoro Riding.= 
Mons. Bremond, Edecán de Dupont. = El 
Conde de Tilli, amigo del General Casta- 
ños. = Comparsa de Soldados franceses. = 
Comparsa de Soldados españoles. — La esce- 
na se actúa en los campos de Bailen, y en 
las tiendas de Campaña.— Texto. 

Tiene por objeto la victoria conseguida 
en estos campos por las armas españolas 
contra las francesas, y ofrece algún interés 
y curiosidad por virtud de dicho asunto. 

47. Aparicio (Fr. Juan José) . 

Fernando VIL Preso: | o Segunda Par* 
te I del Rey de España | en Bayona. | Es- 
cena en un acto | por el mismo autor de 
la Primera Parte: | El P. Fr. Juan José 
Aparicio, Lector de Teología | en el Con- 
vento del Real y Militar Orden de Nues- 
tra Señora de la | Merced de esta Ciudad 
de Murcia. | (Dos bustitos.) Con las licen- 
cias necesarias: | En Murcia: Por Juan Vi- 
cente Teruel. | Se hallará en casa de Don 
Josef Arfonis, junto al Hospicio de S. Je- 
rónimo, I y en la Librería de Benedito, 
calle de la Trapería. 



- 223 - 



En 4.°— XXX págs. con la portada y prin- 
cipios.— Portada.— V. en b.— Nota del edi- 
tor.— Personajes.— Texto. 

La Nota dice: 

«La Historia de Fernando VII, el más des- 
graciado, pero el más amado de todos los 
Reyes, aun no ha ofrecido su término. Este 
es solamente el que puede clasificarla, e im- 
primirla el carácter de trágica o cómica. Si 
la Historia de grandes sucesos puede ser al- 
guna vez materia digna de personalizarse so- 
bre el Teatro, creo que nunca mejor que en 
el día, en el que es justo sensibilizar todas 
las imágenes que inspiran entusiasmo pa- 
triótico. Así es que he propuesto al Autor el 
plan de dividir esta Historia en tres actos; 
de los quales éste es el segundo, reservando 
el tercero para quando la Nación Española 
logre el fastoso y plausible día del regreso 
de su amado Fernando. La primera escena, 
no menos que ésta, fué verdaderamente trá- 
gica, y aún no podemos saber cómo será al- 
gún día la tercera. ¿Será posible que el cielo 
frustre nuestras esperanzas? No lo podemos 
creer. Confiemos cada día más, que luego 
que se forme la tercera parte, todo el conjun- 
to vendrá a formar una perfecta Tragicome- 
dia. Bien hubiera podido reducirse a dos ac- 
tos el total de la Historia; pero sería necesa- 
rio azinar sucesos en la segunda, y aun así, 
acaso sería forzoso omitir algunos para con- 
servar las unidades del Drama y las reglas 
invariables del Arte. Por otra parte, en las 
circunstancias del día parece conveniente 
representar a nuestro caro Rey, aunque 
magnánimo y fuerte, en medio de los horro- 
res de la esclavitud, en que le hace gemir el 
tirano de la Francia, para inflamar más y 
más los corazones ya entusiasmados de sus 
vasallos, e inclinarlos con mayor vehemen- 
cia a volar rápidamente al campo de Marte, 
hasta librar del cautiverio la augusta perso- 
na del joven Monarca. Este es mi fin princi- 
pal en dar al público esta segunda Escena, 
que desearé tenga tan buena acogida como 
la primera. > 

Los personajes qué figuran en el acto, son: 
El Rey Don Fernando VII.=E1 Infante don 
Carlos, su hermano. =E1 Infante D. Antonio 
Pascual, su tío.=El Príncipe de Benevento, 
Talleyrand. = Samuel, Capitán Judío. = Un 
español disfrazado de mendigo. =Madama 
María Leticia, madre del Emperador de los 



Franceses. =Madama Paulina Fremont, fa- 
miliar de Talleyrand.=Damas de acompaña- 
miento del servicio de la Madre del Empera- 
dor. = Varios centinelas de la Guardia Im- 
perial, 

Es, como el dramita anterior, bastante 
curioso e interesante, por el crítico período 
histórico a que se refiere. Véase nuestro 
Catálogo de Autores Murcianos (artículo 
Aparicio), donde copiamos algunos de sus 
párrafos; sintiendo no poder hacer lo mis- 
mo con respecto a la referida primera par- 
te, por no haber logrado hasta ahora el 
consultarla, no obstante nuestras muchas 
pesquisas hechas a este fin. 

48. (Viñeta alegórica.) Apartamiento del 
alma del cuerpo. | Relación para contem- 
plar sobre la hora de la muerte, y el gran 
I dolor que siente el alma cuando se des- 
pide del cuerpo. (Al final): Reimpreso en 
Murcia 1884: Imp. de Pedro Belda, Len- 
cería, 20. 

En 4.°— 2 hojas sin numerar. — Texto inme- 
diatamente después del título que queda co- 
piado. 

Romance que empieza: 

«Oigan el clarín sonoro 
que con ecos compasivos... 

Y concluye: 

Y para que a los mortales 
esto les sirva de aviso, 
el autor muy fervoroso 
este ejemplo les ha escrito.» 

49. Apostólica y Real | Archicofradía de 
la Santísima Trinidad, | erigida canónica- 
mente en la Iglesia Parroquial | de S. Juan 
Bautista de la Ciudad de Murcia, | y ele- 
bada a esta clase por su Santidad, | en 6 de 
mayo de 1851. | Triduo | al inefable Miste- 
rio de la I Santísima Trinidad. | Año de 
1852. I (Estampita de la Trinidad.) \ Mur- 
cia.— 1859. I Imprenta de Rafael Vivanco, 
Trapería, 26. 



- 224 



En 8.<>-15 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto.— Gozos a la Santísima Trinidad, en 
versos castellanos.— Breve oración en latín. 



50. Apuntes | Sobre el Canal de Hues- 
ear. I Publicados | por Acuerdo de la So- 
ciedad Econó I mica de Murcia. | Y | Ex- 
tendidos I por una Comisión de su seno. | 
Murcia | Imprenta de Pablo Nogués. 

I 1839. 

En 4.0—22 págs.— Signs. 1-3.— Portada.— V. 
en b.— Texto. 

51. Arbiol (Fr. Antonio). 

Mystica Fundamental | de Christo Se- 
ñor I Nuestro, | Explicada por el Glorioso 
y Beato Padre | San Juan de la Cruz, | 
Doctor Mystico, Primer Descalzo, y Com- 
pañero I de la Grande, y Santa Madre Te- 
resa de Jesús en la | Fundación de la Re- 
forma. I Y el Religioso Perfecto, | Con- 
forme a los Cien Avisos y Sentencias | 
espirituales, que el mismo Beato Padre 
dexó escritas para | Religiosos y Religio- 
sas. I Se hacen oportunas advertencias en 
sus proprios lugares, para que las | Almas 
se libren de los muchos errores Mysticos, 
que en estos últimos | tiempos se han des- 
cubierto, y la Santa Iglesia | los ha conde- 
nado. I Aunque no se lean las Autoridades 
Latinas, queda | corriente la lección de 
este libro, que ofrece para el mayor bien 
de las Almas | no solo de Religiosos y Re- 
ligiosas, sino también de los Seglares | 
Fr. Antonio Arbiol, de la Regular Obser- 
vancia I de Nuestro Seráfico Padre San 
Francisco, Lector dos veces Jubilado, Vi- 
sitador Apostóli I co (que fué) de Religio- 
sos y Religiosas, en la Sta. Provincia de 
Canarias, Calificador del | Santo Oficio, 
Examinador Synodal del Arzobispado de 
Zaragoza, Padre de | las Provincias de 
Canarias, Valencia y Burgos, y Ex-Pro- 
vincial (aunque indigno, de la Santa Pro- 
vincia de Aragón)— Reimpresa por un De- 



voto y Esclavo del Inmaculado | Mariano 
Punto, en nombre del Colegio de la Inma- 
culada Concepción de | María, Hijos del 
Llagado Serafín, en Murcia. | Véanse las 
Advertencias Importantes, que se hacen | 
después del Prólogo. | Con licencia: En 
Murcia: Por Felipe Díaz Cayuelas, Im- 
pressor. Año 1743. 

En 4.°— 556 págs., más 23 hojas de prelims., 
y 8 al final de índice, sin numerar.— Signs. 
a2-c4: A-Ss4.— Portada— V. en b.— Dedicato- 
ria a Nro. Sr. Jesucristo.— Censura de Fr. 
Antonio de San Jorge.— Licencia del Ordi- 
nario—Aprobación de los PP. Fr. José Die- 
go de Lucia, y Fr. Antonio Tomás.— Licen- 
cia de la Religión.— Censura de Fr. Salvador 
Gilaberte.— Erratas. — Prólogo . —Protesta- 
ción del autor.— índice de todos los capítulos 
de este libro.— índice de los Cien Avisos y 
Sentencias espirituales.— Libros impresos 
del mismo autor.— Texto.— índice de las co- 
sas más notables. 

Todas las aprobaciones y licencias refe- 
ridas, están dadas en Zaragoza, en 1722 
y 1723. 



52. Arcaina y Rojas (L. Don Diego). 

(Estampa de Jesús con la crus acues- 
tas). Por I la Hermandad y Cofradía de | 
Nuestro Padre lesvs Nazareno, sita al pre- 
sente I en el Convento de Santo Domingo 
de la I Ciudad de Cartagena. | En | El 
Pleyto con la Hermandad de | Terceros 
de S. Francisco, sita en el Convento | de 
la Observancia de dicho Santo en la | mis- 
ma Ciudad. I Sobre | la preferencia de 
pvesto en los | entierros de Hermanos de 
ambas Hermán | dades, y sus mugeres, e 
hijos, y Pro | cessiones dellos. | Impresso 
en Murcia por Miguel Lorete, año de 1684. 

En fol.— 26 págs.— Signs. í-^) B-G.— Porta- 
da.— V. en b.— Texto.— Suscrito al final por 
el autor. 



i 



- 225 



53. Arce (Fr. Diego de). 

I. cMiscellanea primera de Oraciones 
Ecclesiasticas desde el Domingo XXIV, 
después de Pentecostés hasta la Vigilia de 
Navidad>.— Murcia.— Diego de la To- 
rre.- 1606. 

En 4.0 

II. «De la Concepción inmaculada de 
Nuestra Señora. IV. Oraciones o Trata- 
dos». —Murcia. —Diego de la Torre.— 
1606. 

En 4.° 

III. «De la Expectación del parto de 
Nuestra Señora».— Murcia.— Diego de la 
Torre.— 1606. 

En 4.0 

De estas dos obras, o por mejor decir, 
de estas últimas cinco Oraciones, opina 
el P. Ortega, siguiendo a Nicolás Antonio, 
y apoyados ambos en el silencio guardado 
sobre ellas por el venerable Wadingo, que 
han de ser las mismas que van incluidas 
en la Miscellanea ya citada; pero sin duda, 
y aunque afirmarlo no podamos, por no 
habernos sido posible averiguarlo cumpli- 
damente, hubieron de imprimirse en edi- 
ciones distintas, según nos lo dan a enten- 
der todas las Bibliografías que para ello 
hemos consultado. 

IV. «Sermones de Adviento» .—Mur- 
cia (Diego de la Torre?) 1606. 

V. «Sermones de Santos».— Murcia 
(Diego de la Torre?) 1606. Poseo estos dos 
libros encuadernados en un tomo, pero 
con tan singular desdicha que a ambos les ' 
falta la portada, y varias hojas al final y 
en el centro. El tomo sólo contiene cinco 
sermones. 

VI. De la Cruz | y el Ladrón. | Ser- 
món por Fr. Diego | de Arce Religioso de 
la I Orden de N. P. S. Franciscano, de la 
regular | observancia, hijo de la prouin- 
cia .| de Carthagena. | Hecho en ocasión 
de la elec | ción del illustrissimo don Fray 



Francisco de Sosa, | en Obispo de la San- 
ta Iglesia I de Canaria. | Dedicado al Re- 
verendissi | mo padre Fr. Pedro González 
de Mendo9a, Comis ] sario general de la 
misma Orden. | Impresso en el Conuento 
de San Francisco, | de Murcia, por Agus- 
tín Martínez. | Año 1607. 

En 4.0-69 hojas, con dos más al principio 
y una al ñnal sin numerar.— Signs. A2-S2. — 
Portada.— A la vuelta: Dedicatoria al R. P. 
Fr. Pedro González de Mendoza.— Texto.— 
Al Lector. 

Más que Sermón, podríamos llamarle 
tratado completo sobre el asunto. Su ex- 
tensión es excesiva, y creemos que, o no 
se compuso para predicarlo, o si se predi- 
có, debió adicionarse después de predica- 
do. Contiene, tal y como lo poseemos, 22 
párrafos, cada uno de los cuales viene a 
llenar de cinco a seis páginas próxima- 
mente. 

54. Arellano Marino (L. Donjuán de). 

(Estampa de Santa Teresa grab. en 
mad.)—Bonitatem, et Desciplinam, et\ 
scientiam doce me, quia mandatis tuís 
credidi. Psal. 118. | — Discvrso Legal y 
Ivridico, I Sobre si el | Abogado de Pre | 
sos de este Santo | Officio, de ve gozar de 
los privi I legios, immunidades, y esemp- 
ciones del fuero, con | cedidas a los 
Officiales, y Ministros del Santo | Officio, 
en lo civil, y criminal. | Impresso en Mur- 
cia por Miguel Lorente. Año 1679. 

En fol.— 71 hoj.— Signs. (-i-) B-Mm.— Por- 
tada.— Texto suscrito al ñnal por el autor. 

Es documento curioso. 

55. Arellano Marino (Licdo. Don Juan 
de). 

Tratado | político, y | moral de la | Ver- 
dadera Amistad | Christiana. | Dedicado 
a la I Emperatriz | y Reyna de los Ange- 
les I siempre Virgen María Santissima | 

15 



- 226 - 



Hija de Dios Padre' Madre de Dios 
Hijo I Esposa del Espíritu Santo, Tem- 
plo I y Sagrario de la Santissima | Trini- 
dad. I Sv Avthor, I El Licenciado Don 
Ivan de Arellano | Marino, Inquisidor | 
Apostólico de la Inquisición de Murcia. | 
Con privilegio. | Impresso en Mvrcia Por 
Miguel I Lorente, Año de 1684. 

En 4.0—22 hs. +542 págs.— Signs. A-Yyy.— 
Port.— V. en bl.— [Dedicatoria]: «A la Sobe- 
rana Emperatriz y Reyna de los Angeles 
María Santissima...»— Aprobación del M. R. 
P. M. Fr, loseph Corualan, en este Real Con- 
vento de N. P. San Francisco de Murcia, en 
23 de Octubre de 1683.— Licencia del Doctor 
Don Martin Alfonso Torrico de Pedrajas, en 
la Ciudad de Murcia, en 29 días del mes de 
Octubre de 1683.— Aprobación del Reveren- 
dissimo Padre Gaspar de Payneta, en el Co- 
legio de la Compañía de lesvs de Murcia, a 
seis de Diziembre de seiscientos y ochenta 
y tres.— Aprobación del M. R. P. Presentado 
Fray luán de Hamo, en este Convento de 
Santo Thomas desta Corle en veinte y tres 
de lulio de 1684 —Suma del Privilegio por 
diez años, de Antonio Zupide y Aponte, en 
Madrid a 7 de agosto de 1684.— Suma de la 
Tasa del Escribano Domingo Leal de Saave- 
dra, a 6 maravedís cada pliego, en Madrid a 
20 de Octubre de 1684.— Fee de Erratas, del 
Lie. 'Murcia de la Llana. En Madrid, a 17 de 
Octubre de 1684.— Prólogo.— índice de los 
Capítulos deste Tratado. — Introducción.— 
Texto. 

2 
Biblioteca Nacional: sign. orqoi 

(Articulo adicionado por el editor.) 



56. Arias Miravete (Fr. José). 

Náutica disciplina. Plantea la navega- 
ción del Océano por su ancho golfo en seis 
lecciones, que dedica a los que la enseñan 
Fr. Josef Arias Miravete...— Con licencia 
del Ordinario. Impreso en Murcia por Fe- 
lipe Díaz Cayuelas, año de 1748. 

En 8.0 

Biblioteca Marítima Española, de Don 
Martin Fernández de Navarrete. 



Arnáez (Don Francisco de Sales). 
Véase Juan y Vidal (Don Antonio). 

57. Arratta (Mr. Tomás). 

Recreaciones Químicas | y | Colección 
de Recetas | aplicables a la Economía Do- 
méstica y Artes, i Por el Caballero | Mr. 
Tomás Arratta, | Doctor en Medicina y 
Profesor de Química, | Alumno de Mont- 
peller. (Viñeta.) \ Botanique. | Murcia: | 
Tipografía de José Santamaría. | 1846. 

En 4.°-32 págs.— Signs. (o-) 2-4.— Porta- 
da.— V. en b.— Texto. 

58. Arróniz (Don Miguel R.). 

Crónica Oficial | de los Festejos cele- 
brados I en la I Ciudad de Murcia, | en los 
días I 24, 25, 26 y 27 de Octubre de 1862, | 
Con motivo de la Visita de | SS. MM. y 
AA. I a dicha población. | Redactada | 
por I D. Miguel R. Arroniz | (de orden y 
a espensas de la Junta Central de Feste- 
jos.) Murcia. | Imprenta de Anselmo Ar- 
ques. I Príncipe Alfonso, 40 | 1862. 

En 4.°— 101 págs. con la portada y princi- 
pios.— Signs. 2-13.— Anteportada.— V.enb. — 
Portada.— V. en b.— Dedicatoria suscrita por 
el autor a S. M. la Reyna Doña Isabel 2.^— 
Texto. 

Contiene poesías de los señores Don 
Lope Gisbert; Adolfo Terrer y Perier; 
Antonio Arnao; Pedro Díaz Cassou; Al- 
fonso García Clemencín; A. Blanc; Juan 
Saiz de Arroya!; y Jacinto García. 

El Sr. D. Miguel Rubio Arróniz, literato 
murciano de mucho mérito, se encuentra 
ya hace tiempo separado de su patria y 
dedicado a la carrera consular. 

Véase Rubio Arróniz (Miguel). 

59. Arróniz de Alarcón (Don José). 

Vara = Palo | Joco = Serio | a los Culi= 
Parlantes | del | Cólera-Morbo. | Al que 
acompañan varias observaciones, que po- 



^ 227 - 



drían I derramar alguna luz sobre el tene- 
brosísimo caos que | nos ofrece tan terri- 
ble enfermedad; como asimismo | los Re- 
medios más apropiados para prevenirla y 
curar | las que de ella fluyen naturalmen- 
te: dándose fin | a este Opúsculo con una 
Amonestación Religiosa a los | Hombres 
de Pro, dirigida a que piensen y escriban 
con I juicio sobre tan interesante mate- 
ria. I Por 1 D. José Arroniz de Alarcón, | 
ex-Catedrático, o sea más bien Catedráti- 
co suspenso de | filosofía del Seminario 
conciliar de S. Fulgencio | de esta Ciu- 
dad, al parecer | por pecado ¡ político cua- 
jado en el año 23. | Murcia: año de 1835. | 
Oficina de D. Sebastián Hernández. 

En 4.°— 72 págs.— Signs. 2-18.— Portada — 
A la vuelta citas latinas, y «Este folleto es 
propiedad del autor..., etc. — Advertencia 
del autor.— Texto.— índice.— Fe de erratas, 
de errores y aun de terquedades. 

60. Ars I veré philosophandi, | Si ve | Lo- 
gice rationalis, | verbalis, | & experi | 
mentalis. | Accedunt Excerpta Critices. | 
(Adornito con una cita de San Agtistín.) 
Superiorum permissu. | Murciae: Apud 
Philippum Teruel. (S. A.) 

En 8.°— 144 págs., más 3 hojas de prelims. 
sin numerar.— Signaturas: (-í-') B-K2.— Por* 
tada.— V. en b.— Prólogo del editor.— Prefa- 
cio del Autor (no dice quién sea).— Texto.— 
índices. 

61. Artículos Remitidos | a los Editores 
del Chismoso, 1 y por estar unos presos, y 
otros ausen | tes, los publica su apasiona- 
do por I separado. (Desde el número 4 en 
adelante): «El Redactor». | antes Artícu- 
los Remitidos. (Al final): Murcia: Impren- 
ta de la viuda de Anto | nio Santamaría e 
hijo, año 1822. 

En 8.^—111 págs. foliadas que constituyen 
los números 1 al 7 de este periódico de ideas 
exaltadas. 

Ignoramos si se publicaron más núme- 
ros; y con respecto a sus redactores, sólo 



sabemos, por testimonio del referido ChiS' 
moso^ su colega local, fué uno de ellos un 
tal Mellado, natural de Lorca y residente 
en Murcia por entonces.— En el primer 
artículo del número 2, dice 

El Redactor: 

«Enterado de los verdaderos motivos que 
ha tenido el editor del Chismoso para poner 
el artículo que titula artículos en su núme- 
ro 11, lejos de darme por sentido, me apre- 
suro también a inculcar en la misma idea que 
se propone. Yo creí que intitulando mi nú- 
mero con el epígrafe de Artículos remitidos 
a los editores del Chismoso, que por estar 
unos presos y otros ausentes, los publica su 
apasionado por separado, y principiando su 
foliatura, había dicho lo bastante para que el 
público creyese sin titubear, que no era obra 
de ellos, pero no lo fué en su concepto. Así 
que, repito ahora que son como dije, artícu- 
los remitidos, y por consiguiente que no tie- 
nen parte dichos SS; y que los contenidos 
en aquel número, en éste, y en los que sal- 
gan con el mismo nombre, son, y serán re- 
dactados por un escritor naval (novel) que 
aunque apasionado de los editores del Chis- 
moso, en quienes aprecia y admira el chiste, 
la gracia y el patriotismo, no tiene el honor 
de tratarlos. Mi intento es dar a los patriotas 
de la provincia que no tienen en sus pueblos 
imprenta, el gusto y el consuelo de que pu- 
bliquen los males que sufren, y los excesos 
de las autoridades que los oprimen; gusto y 
consuelo que les es muy debido, y que no 
debe ser exclusivo a los que residen en las 
capitales donde hay prensas y periodistas 
ilustrados e impertérritos que tomen a su 
cargo esta importante obra, como lo hacen 
en Murcia con tanta maestría como utilidad 
el Correo y sus dignos hijos. 

»Yo nada pongo mío, porque no tengo cau- 
dal; pero cuantos comunicados lleguen a mis 
manos, francos de portes, tantos redactaré 
para que los pueblos de la Provincia disfru- 
ten el incomparable beneficio de la libertad 
de la imprenta. Mientras lleguen aquellos 
habrá papel sin período fijo, en faltando: 
Laus Deo. 

»Como todo es ageno, y como carezco de 
los dones necesarios, no alcanzo mis preten- 
siones a otra cosa que a rogar al Correo 
Murciano y a toda su ilustre descendencia, 



228 - 



se penetren de que me anima un buen deseo 
como buen liberal.» 

El periódico abunda en interesantes no- 
ticias sobre las enemistades, disturbios y 
mil suertes de tropelías tenidas entre los 
partidos y hombres políticos de la provin- 
cia de Murcia en aquella época calami- 
tosa. 

62. Ascensión (M. María Rosa de la). 

Carta, | que escribe | la Madre Priora, | 
de el Convento | de Agustinas | descal- 
zas I de la Ciudad de Murcia, | a las Ma- 
dres I Prioras de los Conventos de | Her- 
mandad, I dando noticias de la Re | ligio- 
sissima Vida, y singulares exemplos | de 
virtudes de la Venerable Madre An I tonia 
de la Purificación, y pidiendo se | hagan 
los sufragios por su alma. | En Murcia: En 
casa de Francisco Joseph López Mes | 
nier, Impressor de la Ciudad de Murcia, 
junto I a Santa Quiteria. 

En 4.0-31 págs— Signs. A-D2.— Portada 
con orla.— Texto. 

Es una extensa biografía de la referida 
M. Antonia de la Purificación, natural de 
Murcia, y llamada en el siglo Doña Anto- 
nia Carcelén y Barrionuevo; biografía sus- 
crita al final por nuestra María Rosa de la 
Ascensión. 

63. AsENSio y Pobes (Don Pedro Lucas). 

Dulces I Entretenimientos | con Jesús 
Sacramentado, | en forma de Triduo. | 
Dispuestos I Por D. Pedro Lucas Asensio 
y Pobes, | Cura propio de San Lorenzo de 
esta Ciudad, | para inñamar en el Divino 
Amor los corazones | de los fieles espe- 
cialmente sus feligreses. | Se practica en 
la referida Iglesia todos los | años en los 
días de Carnestolendas. | Con Licencia. 
En Murcia: | Por los Herederos de Teruel, 
I Año 1847. 



En8.°— Mpágs.- 
la vuelta.— Texto. 



-Portada.— Advertencia a 



El dicho señor Asensio y Pobes murió 
siendo Obispo de Jaca. 

64. Asensio y Pobes (Don Pedro Lucas). 

Themata Theologica | quae | publicae 
Offert Disceptationi | D. Petrus Lucas 
Asensio et Pobes, | in ímmaculatae Con- 
ceptionis Civitatis | Murciensis Collegio 
Sacrae Theo | logiae Alumnus. , Ei auxi- 
lium praestabit | Fr. Joannes Thomas 
Arroyo, | in eodem Collegio publicus Ca- 
nonum | Moderator. | In praedicti CoUegii 
Lycaeo locus | Certamini parabitur. | Die- 
bus... 13. et... 15. (En cifras manuscritas.) 
Mensis Februarii Anni Dom. 1828, (Ador- 
nito.) Murciae: | Apud Haeredes de Te- 
ruel. I Via Lintearia. 

En 4.0 — 13 págs. — Portada.— V. en b.— 
Texto. 

65. Atíenza y Palacios (Don Federico). 

Episodio I Histórico | de Murcia. | Por 
Don Federico Atienza y Palacios. | Dedi- 
cado I a la Real Academia de la Historia. | 
Murcia. | Imprenta de José Caries. | 1862. 

En 4.0 — 15 págs.— Portada orlada y en pa- 
pel de color.— V. en b.— Hoja con el rótulo: 
«Episodio histórico de Murcia>.— Texto. 

Se refiere a las turbulencias y disturbios 
acaecidos en Murcia en los tiempos de En- 
rique III, con motivo de las banderías y 
enemistades habidas entre los Manueles y 
Fajardos de dicha ciudad, y al desastroso 
fin del Jefe de aquéllos Andrés García de 
Laza, decapitado dentro del Palacio epis- 
copal, por orden del Legado del Rey Rui 
López Dávalos. 

66. Atienza y Palacios (Don Federico). 

Guía I del | Forastero en Murcia | por | 
Don Federico Atienza y Palacios. I Mur- 
cia.— 1872. I Imprenta de Francisco Ber- 
nabeu. | Platería, 44. 



229 



En 8.°— 166 págs., comenzando la numera- 
ción por el 8, y una al final de erratas sin nu- 
merar.— Signs. (->-) 2 11.— Portada.— Prólogo 
del autor.— Texto.— Romance a Murcia de 
Don José Martínez Tornel,— Conclusión. — 
Erratas. 

67. >í< Aureola | de la | Divina Madre | o 
sea I Cánticos a la Divina Pastora. (Ador- 
nito.) i Murcia.— 1885. | Imprenta y Libre- 
ría de Pedro Belda. | Lencería, 20. 

En 16.** de 32 págs., comenzando la nume- 
ración por el 4.— Portada.— Estampa, a la 
vuelta, de la Divina Pastora.— Texto. 

No son más que una especie de villanci- 
cos para cantarlos en música a voces suel- 
tas y en coro. 

68. AUTHENAC (S. P.) 

Manual | Médico-Quirúrgico | o | Ele- 
mentos de Medicina y de Cirug'ía Prácti- 
ca, I Para el uso de los Alumnos de Medi- 
cina y Cirug'ía; de aquellos | Facultativos 
que dedicados enteramente a la práctica 
de su I profesión no pueden ocuparse en 
consultar muchos escritos, | y general- 
mente de todas las personas amantes de 
la ilustra | ción , que desean conocer la 
historia del desorden de | las funciones de 
la vida | Por S. P. Authenac | Doctor de 
la Facultad de Medicina de París, Ex-Pro- 
fesor de las | Escuelas Centrales de los 
altos Pirineos. Ex-Miembro del Jury | mé- 
dico del Departamento de Eure y Loir, 
Médico de Epi | demias, Individuo de las 
Sociedades de Medicina de París, | Mom- 
peller, Orleans, Evreux, Lieja, y Valen- 
cienes &c. I Traducido del Francés | Por 
el Doctor | Don Francisco Ramos y Luen- 
go, I Cirujano-Médico, segundo Ayudante 
del Cuerpo de Cirugía Militar | con desti- 
no al Regimiento Provincial de esta Capi- 
tal, Subdele | gado por el Tribunal del 
Proto-Medicato Supremo de | Salud públi- 
ca de la misma y su partido, Socio super | 
numerario de la Academia Médica, y de 



la I Comandancia general de esta Provin- 
cia &c. &c. I Murcia: Oficina de José San- 
tamaría, Año 1820 (y 1821). 

2 tomos en 4.°— El 1.° de 392 págs., signa- 
turas {^) 3-50; y el 2.° de págs. 397 a 530: 
signs. 52 68.— Portada.— V. en b.— Dedicato- 
ria suscrita por el traductor, al Señor Don 
José María Turlán, Segundo Cirujano de Cá- 
mara de S. M. con Exercicio &c. &c. &c. «El 
»amor y el reconocimiento me han sugerido 
»la idea de colocar al frente de esta produc- 
>ción literaria el nombre de VS. a cuyas or- 
ines estube empleado como Cirujano de la 
> División Mallorquína en la Campaña pasa- 
»da, en cuya época le fui deudor del más 
«honroso aprecio y distinguida estimación. 
»Este ensayo adquirirá un valor que mi dé- 
>bil ingenio no ha podido darle al presentar 
»en nuestro idioma una obra que desde su 
» publicación ha gozado y goza del mayor 
«concepto en toda la Francia, y el autor se 
>lisongeará de ver asociado al suyo un nom- 
»bre ya célebre, si V. S. gusta de admitir 
«éste útil testimonio de mi acendrada grati- 
>tud. Cuanto añadiese a esto no podría ex- 
» presar mejor la sinceridad del afecto con 
»que soy su más apasionado y atento servi- 
»dor Q. B. S. M.»— Prólogo del Traductor.— 
Notas al mismo.— Prólogo del autor.— Texto, 
con una misma foliación para ambos tomos. 

69. f Ave María. | Forma para rezar el 
Rosario | en la Congregación de esclavos 
del I Dulce nombre de María | Santísima 
Señora nuestra. | Murcia y octubre 1.° 
MDCCCLX. I Murcia.— 1860. | Imprenta 
de Francisco Bernabeu. | Trapería, 16. 

En 8.0-8 págs.— Portada.— Texto. 

70. Ave María. | Novena | a la más fra- 
gante rosa I del Paraíso de Dios | María 
Santísima | del Rosario | Que saca ajluz el 
Real I Convento de N. P. Santo Domingo 
de I la Ciudad de Murcia, para aumen- 
to I de su devoción. | En Murcia: Imprenta 
de los Herederos | de Teruel. (S. A.) 

En 8.°— 21 págs.— Portada.— Estampita de 
la Virgen del Rosario grab. en mad. a la 
vuelta.— Advertencia preliminar.— Texto. — 
Gozos en octavillas castellanas. 



— 230 



71. Ave María. | Novena del Glorioso | 
S.*» Blas, I Obispo de Sebaste, | Abogado 
poderoso contra accidentes | de gargan- 
ta. I Se venera en la iglesia parroquial de 
Santa | Eulalia de esta Ciudad. | (Viñeta.) 
Murcia: Imp. de Fermín Guirao, calle de 
la Pía I tería núm. 19.— Año 1855. | En la 
misma se encuentra esta y todas cuan | tas 
se busquen. 

En 8.°— 24 págs.— Portada.— Estampa del 
Santo a la vuelta.— Práctica de esta novena. 
—Texto.— Gozos al Santo.— Antífona y ora- 
ción en latín. 

72. Ave María Purísima. | Novena | a 
María Santísima, | bajo el glorioso título | 
de los I Remedios, | cuya milagrosa ima- 
gen se venera en la | Iglesia de la Merced 
de esta Ciudad | de Murcia. | Dispuesta 
por un devoto de esta divina Señora. | 
Murcia, 1875. | Imprenta y Librería de 
Pedro Belda, Lencería, 20. 

En 8.°— 16 págs.— Portada.— Estampa de 
dicha Virgen a la vuelta.— Prólogo.— Texto. 

^ 73. Ave María Purísima. | Novena | de | 
María Santísima | de los Dolores | según 
se practica por sus cordiales | devo- 
tos. I (Adornito.) Murcia, 1890. | Imprenta 
y Librería de Pedro Belda. 

En 8.°— 16 págs.— Portada.— Estampa de la 
Dolorosa a la vuelta.— Texto en prosa y 
verso. 

74. ^ Ave María Purísima. | Nove- 
na I del Glorioso Mártir | Redentor de 
Cautivos Cristianos | San Ramón Nona- 
to. ¡ Protector especial de las mujeres | 
preñadas, Abogado de los Labra | dores 
y contra la peste. (Adornito.) \ Con las 
licencias necesarias. | Murcia: 1886. | Imp. 
y Librería de Pedro Belda, Lencería, 20. 

En 8,°— 16 págs.— Portada.— Estampa, a la 
vuelta, del Santo,— Texto. 



75. AvELLÁN (Fr. Pedro). 

I. «Manual del Christiano».— Murcia, 
por Vicente Llofriu. — 169L 

En 16.° 

II. «Tratado de la perfección christia- 
na».— Murcia, por Vicente Llofriu. — 1692. 

Así en la Bibl. Universa Franciscana 
de Fr. Juan de San Antonio. 

76. Aviso para todas las mugeres de Es- 
paña. (Estampa que representa tres da- 
mas y un galán.) Relación jocosa y ver- 
dadera, I de los trájicos bazares que oca- 
sionan las mugeres | amigas de bromas y 
licores a sus pobres maridos, | sin atender 
al corto jornal que ganan, con lo demás | 
que verá el curioso lector. | Primera Par- 
te. (A la segunda hoja y bajo otra estam- 
pa): Segunda Parte | de las bromas de las 
mugeres. (Al final): Murcia.— 1881. | Im- 
prenta y Librería de Pedro Belda, | Des- 
pacho Lencería, 20. 

En 4.°— 2 hojas sin numerar. 
Texto, que empieza: 

Hoy pretende mi rudeza. 
a mi auditorio explicar 
lo que hacen las mujeres 
cuando salen a comprar,., 

Y concluye: 

Ojo alerta, caballeros, 
tomar en este dechado 
mientras merece el perdón 
el Autor, Pablo Cruzado. 

77. AzPEYTiA Sáenz de Santa María 
(limo. Señor Don José). 

Carta Pastoral | del limo. Señor | Don 
José Antonio Azpeytia | Saenz de Santa 
María, | Obispo de Cartagena, | Comuni- 
cando a sus Diocesanos | El Jubileo | con- 
cedido I PorN.SS. P.Gregorio XVI. | que 
felizmente gobierna la Iglesia. | Mur- 
cia: I Imprenta de los Herederos de Mu- 
ñiz, I Año de 1833. 

En 4.° — 12 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 



I 



B 



78. Bado (Don Luis Santiago). 

Avisos y Bien- Venida | Al Excmo. Se- 
ñor | D. Francisco Xavier Abadía, | Te- 
niente General, | Como Gefe Político de 
esta Capital. (Al final): Murcia: | Oficina 
de Mariano Bellido, | Año 1822. 

En 8.°-12 págs. 

Aunque anónimo este romance, nos 
consta hallarse escrito por el señor Bado, 
por decírnoslo así un artículo de las Va- 
riedades del número 13 de El Chismoso, 
periódico publicado en Murcia por esta 
época. He aquí su contexto, que copiamos 
íntegro por describirse en él el estado so- 
cial y político de esta ciudad durante aquel 
tristísimo período: 

Las voces de la inocencia 
Tu bien-venida proclaman. 
Haz, pues, porque no se sienta 

Y así será más sonada. 
Goza salud y buen nombre; 

Que bien podrás, si te guardas 
De cierta clase de ayudas. 
Que obran mal, entren o salgan. 

Por lo que mira a este clima 
Es feraz, goza abundancia. 
Produce buenos melones 

Y no malas calabazas. 

Si atiendes a lo abundante. 
Esta es la feliz Arabia; 
Mas tiene mucho de Egipto 
Reflexionadas sus playas. 

Es la huerta un paraíso; 
Verdad que no admite trampa. 
Puesto que un Adán se encuentra 
Entrando en cualquier barraca. 



Pero más propio sería 
Un purgatorio llamarla. 
Donde purgan los cuitados 
Las culpas que otros desvastan. 

Hay muchas frutas y flores 
Muy bellas y delicadas, 
Pero hay flores que es veneno 
Cuanto sus poros exhalan. 

La población no es pequeña, 
Plazas y calles no malas. 
Salvo el piso, pues con él, 
son aún más que condenadas. 

Tampoco están muy derechas 
Porque son de mala planta: 

Y si ellas son, y torcidas 
¿Quién bastará a enderezarlas? 

Tienen baldosa atraente, 
De fuerza tan extremada 
Que el que no va con cuidado 
Va de cabeza a besarla. 

Edificios razonables. 
Templos y torres bien altas, 

Y aunque este pueblo está hondo, 
Viento y veletas no faltan. 

Hay fábricas y no pocas, 
Tratantes de pelo y tramas. 
Tejedores que urden telas, 

Y otros que cardan marañas. 
Otros muchos hay también. 

Que hacen a pelo y a lana, 
Principal y corretaje. 
Todo se queda en la casa. 

Mas el trato y granjeria 
Que a Murcia le da más fama 
Sobre todo, es la de pieles 
De todas clases y razas. 

Este ejercicio era corto. 
Antiguamente en mi patria, 

Y aunque había menos pieles, 
Eran de mejor calaña. 



232 - 



Pero ahora está perdido, 
Pues la que no está pasada, 
Ya por un lado o por otro, 
Le sobran las cuchilladas. 

Este defecto les viene 
De estar muy mal encaladas, 
Muy pasadas de zumaque, 

Y con exceso zurradas. 
Al estilo del país 

Todos antes trabajaban, 
Pero vino un mal francés 

Y todo lo dio a la trampa. 
Por lo demás mis paisanos 

Son de bellísima pasta; 
Ellos de los más sufridos, 

Y ellas las más recatadas. 
Hay sin embargo mujeres 

Que de serlo no se jactan, 

Y que si toman estado 
Es según antigua usanza. 

Pero el rigor de la moda 
Entre la gente ilustrada, 
Según la moral del día 
El fuerte es la poligamia. 

Pues por el plan adoptado, 
Con un matrimonio basta 
Para acoplarse cincuenta, 
Supongamos verbigracia. 

Casa el Cura una, con uno. 
El uno, con otra casa, 
Casan otros con la una 

Y ármase la contradanza. 
Así a la vez bailan todos 

Sobre partes figuradas. 
Unos hacen el cedazo. 
Otros balsan, y se embalsan. 

Mas sobre todo hay en Murcia 
Algunas madres que encantan. 
Con una, dos, o tres hijas, 

Y todas ¡qué buenas almas! 

Por la mañana, aunque el cielo 
Con la tierra se juntara, 
No perdieran estas madres 
La misa, si las mataran. 

En el ínterin las niñas 
A cual más puede trabajan, 
¡Con tal afán y codicia 
Que edifican las muchachas! 

¡Qué virtud! ¡qué aplicación! 
¡Qué humildad tan acendrada! 
Su misma voluntad propia 
Es la voluntad estraña. ♦ 

De esta manera socorren 
Sus urgencias necesarias; 



La madre a su iglesia, y ellas 
Al trabajo atareadas. 

Estas y otras muchas cosas 
Directamente dimanan 
De una educación brillante. 
Asaz feliz e ilustrada. 

A ésta se le debe hoy día 
La sal, desenfado y gracia. 
Disposición y manejo 
De una cualquiera rapaza. 

A ésta, que mire con risa. 
Desprecio, mofa y chulada; 
A que a los diez no ignore 
Lo que sabe una casada. 

A ésta se debe no tengan 
Almas viles y apocadas, 

Y que vivan francamente 
Sobre su santa palabra. 

A ésta, pues, en fin se deben 
Innumerables ventajas 
Que nunca entender pudieran 
Las personas preocupadas. 

Por ejemplo, que el infierno 
Es un sueño, es un fantasma 
Inventado por los frailes 

Y toda la clerigalla. 

Que la gloria es sólo aquella 
Que acá cada cual se fragua 
En satisfacer sus gustos. 
Sin pararse en morondangas. 

Porque si hay Dios, como dicen. 
Siendo su grandeza tanta 
Cual se supone, no cuida 
De lo que aquí bajo pasa. 

Que los Misterios son cuentos; 
Que de la Trinidad Santa 
La mitología descubre 
Ser todo una gran patraña. 

Que por ella se demuestra 
Que en realidad no hubo nada 
De Encarnación, ni de Cristo, 
Ni de Virgen madre intacta. 

Así pues la juventud 
Van procurando ilustrarla 
Los filósofos del día 
Que hoy inundan nuestra patria. 

De estas sabias instrucciones 
Nace, que ciertas madamas 
Logren, perdido el pudor. 
Llamarse afilosofadas. 

Cuando salgáis a dar vueltas 
Por esas calles y plazas 
Como Juez de policía. 
Veréis cosas extremadas. 



- 233 - 



Veréis varias perimetras 
Vendiendo con petulancia 
Carne de pierna por reja, 

Y de pecho a tabla franca. 
Veréis sastres a montones 

De noche, tarde y mañana, 
Ocupados con gran prisa, 
Tan sólo en volver casacas. 

Veréis varios boticarios 
Que ha mucho no se afanaban 
Sino en formar corrosivos 
Éter, álkali, cantáridas; 

Que ya no se ocupan hoy 
Sino en hacer cataplasmas, 
Jaboncillos, anodinos, 

Y nitrate de potasa. 

Veréis también de Esculapio 
Discípulo, que si espanta 
Con su pluma, causa risa 
De verlo empuñar la espada (1). 

Veréis también, porque a Murcia 
Nada llegue a hacerle falta. 
La raza de atabaleros 
Felizmente propagada. 

Veréis el Bonnet rouge 
Del jacobino de Francia, 
Honrar hoy muchas cabezas 
Que huelen poco a cristianas. 

Estas y demás verdades, 
Gefe mío de mi alma, 
Iréis poco a poco viendo 
Que salen justificadas. 

Basta ya de bien-venida, 
De noticias y charlada. 
Mas v^yan dos palabritas 
Que en el tintero quedaban: 

Si en conociendo las cosas 
Ponéis en orden las causas. 
La vara de las virtudes 
Será el bastón con que mandas. 

Quedad con Dios, Gefe mío, 
Y Dios os dé acierto y gracia 
Para que acabéis con todos 
Los que infestan nuestra patria. 

79. Bado (Don Luis Santiago). 

Carta Familiar, | escrita | a Don Julián 
de Antón y Espeja, ! sobre el Discurso 



Apologético que por los | Teatros de Es- 
paña, peroró en una Junta | de Literatos 
de la Corte, | Por | D. L. S. 6. R. | Quien 
se la envía desde la Ciudad | de Murcia. | 
Con Licencia: | En Murcia, en la Impren- 
ta de la Viuda de Felipe Te | ruel, Calle 

31 



de la Lencería. (Su fecha): Murcia g. 
julio. 



de 



(1) Alusión sin duda al famoso murciano Palarea, que 
fué médico y general de nacionales. Su valor y pericia mi- 
litar fueron grandes: luchó como guerrillero contra los fran. 
ceses y venció luego, repetidas veces, al cabecilla carlista 
Ramón Cabrera. (N. del e.) 



En 4.«— 58 págs.— Signs. A2-G2.— Portada. 
—Citas latinas de Virgilio y Lucillo a la 
vuelta.— Texto. 

«Muy señor mío: aunque yo, por la Miseri 
cordia de Dios, no hago número entre la 
multitud de zánganos inútiles, y perjudicia- 
les de que tanto abunda nuestra común so- 
ciedad, no dejo de dar a mi persona ciertos 
pespuntes de holgazán, sacrificando algunos 
ratos al ocio; y como cada qual tiene en este 
mundo su gusto, su aprehensión y su manía, 
yo tengo, muchos tiempos hace, la de irme 
un rato los más días casa de uno u otro mer- 
cader de libros (cuya amistad cultivo), don- 
de en compañía de quatro amigos, se pasa 
el tiempo alegremente en ventilar aquellos 
asuntos particulares del día, y examinar las 
noticias, con que cada qual obsequia nuestra 
asamblea; yo, que por naturaleza tengo el 
genio algo vivillo, y muy poca paciencia 
para estar sentado mucho tiempo, me levan- 
to, ando, vuelvo, entro, salgo, tomo un libro, 
dexo otro, hasta que llega el caso de desalo- 
jar el puesto. 

»Un día, pues, amigo mío, que por adular 
mi genio, y desvanecer algún tanto cierta 
humareda que incomodaba mi espíritu, tomé 
por suerte de sobre el mostrador uno de va- 
rios libretes; me hallé en las manos un im- 
preso cuyo título a la letra es como sigue: 
Discurso apologético que por los Teatros de 
España en una Junta de Literatos de esta 
Corte peroró D. Julián de Antón y Espeja, 
en el que se hace ver qual fué la primitiva 
gentílica institución de las antiguas Come- 
dias, razones que los Santos Padres de la 
Iglesia tuvieron para declamar contra ellas: 
quan diferente es el uso de las nuestras; y 
que las bien escritas, y executadas, en lo 
moral son indiferentes, y en lo político úti- 
les y necesarias. En Madrid, por Blas Ro- 
mán, año de 1790. 

»Como el necesitado a quien la Providen- 
cia le pone, sin pensar, en la mano un gran 



- 234 - 



tesoro, y sin pararse a reconocerle por me- 
nor, procura ocultarlo precipitadamente, 
hasta que seguro de la codicia agena, le exa- 
mina, se complace, y tributa las debidas 
gracias por el consuelo recibido, así yo, ni 
más ni menos, sin aguardar más razones, 
entregué a la clausura de una de mis faltri- 
queras (quebrantada la de mi bolsillo) el re- 
ferido líbrete, cuya evolución me habilitó 
para marchar luego, a ponerme en salvo de 
la zozobra en que me había constituido, el 
corto número de ellos, que (según dixo mi 
amigo) le habían traído de esa Corte, y ser 
el único que le quedaba, el que yo acababa 
de tomar. 

>La alta idea que me hizo formar el tí.tulo 
de la obra, las circunstancias del tiempo en 
que se ha escrito, el interesante objeto a que 
conspira, la Junta de literatos en que Vm. 
la pronunció, y su prontísimo despacho en 
esta Capital, acabaron de asegurarme en 
todos los motivos de placer que retozaban 
mi espíritu, y me hicieron aligerar el paso, 
para llegar a mi casa, ansioso de disfrutar el 
gusto y consuelo que tan seguro me pro- 
ponía. 

• ¡Bendito Dios (iba diciendo entre mí) que 
ya ha llegado el día de poner silencio a la 
reñida contienda del Teatro!, gracias a la 
ilustración de estos tiempos, que después de 
tantos, en que se ha controvertido la impor- 
tante qüestión de si es o no lícita la asisten- 
cia a nuestros espectáculos teatrales, ha lle- 
gado la dichosa hora en que una docta pluma 
nos saque a paz y a salvo de tan peligrosas 
zozobras, ¡qué elogios bastarán, o Antón, a 
dar el justo mérito de que eres digno!, tú se- 
rás en mi conciencia, como un piadoso bien- 
hechor, que viéndome incierto entre dos 
caminos, has extendido tu benéfica mano a 
conducirme sin error. Ya hemos salido de 
disputas, opiniones y cuidados, y ya podre- 
mos sin la menor inquietud ir a divertirnos 
al Teatro, sin que nos quiebren la cabeza 
tanto escrupuloso rigorista. 

»Así llegué yo a mi casa, bendiciendo a 
Dios, al siglo, a Vm. y a la madre que lo 
parió; y aun no me había metido en mi quar- 
to, quando desalforjando la ropa, me puse a 
dar a mi conciencia el tapaboca que esperaba. 

>¿No ha visto Vm. , Señor Antón de mi alma, 
quando un enfermo pone en su débil labio el 
vaso de pócima, que aunque su paladar lo 
resista, no lo aparta hasta acabarlo, por no 
defraudar a su salud el alivio que quizás no 



recibiría, si dexase de agotarlo?, pues así yo 
me engullí de una sentada el prodigioso Dis- 
curso con que Vm. admiró la Junta de lite- 
ratos de esa Corte, en honra y gloria del 
Teatro, y provecho de nuestras almas. 

»Pero, amigo, vamos claros: si he de decir 
la verdad (porque a ésta jamás renuncio), yo 
no sólo no me he curado del escrupulote que 
días hace me atormenta, sino que, a pesar 
de haberme engullido todo el brevaje de su 
mezcolanza medicinal, se me ha quedado el 
estómago, con unas náuseas y eructos tan 
desapacibles e indigestos, que me tienen sin 
sosiego, y en continuo disgusto; y aunque 
yo creo que esto será en parte, más bien 
efecto de la mala disposición del humor gás- 
trico que actúa mi digestión, que no defecto 
de los simples que componen el específico 
resolutivo Discurso; no puede menos mi na- 
turalidad de manifestar a Vm., con la since- 
ridad que le es propia, así aquellas cosas 
que, por ser superiores a la pequenez de mi 
talento, confieso no las alcanzo, como las que 
por parecerme inconexas, y nada bien indi- 
cadas me repugnan; bien que tampoco sacri- 
ficaré al silencio, aquellas que me han servi- 
do de la mayor complacencia. 

»De aquí podrá resultar, que despreciando 
unos simples, alterando y modificando otros, 
quede tal vez, un compuesto que contenga 
en sí alguna utilidad; así, pues, manos a la 
obra, y vamos en nombre de Dios, tendien- 
do velas al viento, empezando a navegar por 
el párrafo primero... etc.» 

Toda ella está escrita con muy gracioso 
y chispeante estilo. 



80. Bado (Don Luis Santiago). 

Demostración | fiel | del futuro | Eclip- 
se de Sol, I que ha de suceder el día 4 de 
Junio I de este año de 1788, | Con una pun- 
tual noticia de la formación | de los Eclip- 
ses de ambos luminares, sus | causas y 
diferencias. | Formada |por Don Luis 
Santiago Bado, | Socio de Mérito de la 
Real Sociedad Eco- | nomica de Amigos 
del País de esta Ciu- | dad de Murcia, Di- 
rector de Matemáticas | en las Reales Es- 
cuelas establecidas por la | misma, y Vi- 
sitador de Rentas Reales en I el casco de 



— 235 



la referida Ciudad.— En Murcia, en la Im- 
prenta de la Viuda | de Felipe Teruel. 

En 8.°— 3 hs. sin fol. + 31 págs.— Signs. 
A-C— Port.— Al V. una cita de Ezequiel, 
cap. 32, V. 8, y otra de Santo Tomás.— Prólo- 
go.— Texto (dividido en IV puntos). 

En una nota manuscrita, de letra de la 
época (y tal vez del autor), puesta al pie 
de la pág. 31 del ejemplar que tenemos a 
la vista, dice así: «Fué general la conste- 
lación I de catarros perniciosos q.e pade- 
ció I la juventud en toda España | desde 
últimos de Diciembre has- \ ta Marzo 
de 89.» 

(Artículo adicionado por el editor.) 

81. Bado (Don Luis Santiago). 

Égloga I escrita con motivo de estarse 
cons I truyendo en esta Ciudad de Murcia, 
un I Hospicio, o Casa de Misericordia, 
para re | colección, asilo y enseñanza | de 
los pobres; | A expensas | delIl.™°S.'' Don 
Josef Ximénez, | Obispo de esta Dióce- 
sis. I En ella se describen, baxo diversas 
alegorías | con estilo pastoril, los trabajos 
que hemos su | frido en la guerra pasada, 
y los designios de | Dios, en habernos res- 
tituido a nuestro Rey, el | Señor Don Fer- 
nando VII, proveyéndonos de re | medio, 
a tantos males, por medios tan deseo | no- 
cidos, pero suficientes para confundir | a 
los impíos de nuestros días. | Por | un Sa- 
cerdote secular, amante de la Patria, | de 
la razón, y de la justicia. | Año de 1817. | 
Con licencia. | Murcia: Imprenta de Te- 
ruel. 

En 4.°-28 págs.-Signs. A-D.— Portada.— 
Versos de Virgilio a la vuelta.— Texto. 

Los interlocutores de esta curiosa pro- 
ducción poética son: Poeta, Dameto, y 
Anfriso; y aunque anónima, consta ser 
debida a la pluma de nuestro autor. 



82. Bado (Don Luis Santiago). 

El Libro a gusto de todos. | O sea | Co- 
lección I de Cartas Apologéticas | de los 
usos, costumbres y modas | del día. | Re- 
copiladas I Por D. L. S. B. I Ridiculum 
movet. acrius. \ En Murcia: | Por Juan Vi- 
cente Teruel. (S. A.) 

En 8.°— XCII págs., más 3 hoj. de prelims. 
— Signs. (-v) a-f2.— Portada.— Cita de Hora- 
cio a la vuelta.— Advertencia que puede ser- 
vir de prólogo.— Texto. 

83. Bado (Don Luis Santiago). 

. [«Elementos de Aritmética...»] 

Encabezamiento que se halla a la pági- 
na 1.^— Por desgracia carece de portada el 
ejemplar que tenemos a la vista, único que 
hemos podido consultar de esta excelente 
obra; pero seguramente se halla impresa 
en Murcia, y creo que por Bellido, a últi- 
mos del pasado siglo o a principios del 
presente (1). 

En 4.°, de 146 págs., más 5 hojas de prelims. 
sin numerar.— Sigs. (^) B-T.— ... Dedicato- 
ria «A la Real Sociedad de Amigos del País 
de la Ciudad de Murcia» suscrita, sin fecha 
alguna, por el autor.— Introducción.— Tex- 
to.- índice. 

84. Bado (Don Luis Santiago). 

Informe | que sobre el pretendido canal 
de la Villa | de Cieza, | y observaciones 
practicadas, preventivamente | sobre las 



(1) Tejera estuvo poco atinado en estas conjeturas. La 
portada de la Aritmética de Bado, transcrita puntualmen- 
te, dice así: 

Compendio Matemático ¡para el uso ¡ de las Reales Es- 
cuelas gratuitas, / establecidas / por la Real Sociedad Eco- 
nómica I de Amigos del País j de la I Ciudad de Murcia I 
Por I Don Luis Santiago Bado, ¡ de la misma Sociedad, y 
Director principal de Ma- I temáticas en las referidas Es- 
cuelas. I Tomo primero. / (Adornito de flores y frutas)/ 
Murcia: / En la Imprenta de la Viuda de Felipe Teruel: I 
Año MDCCXCIII. 

Al V. de la port. una cita latina de Plat. in leg. ap. 

Port. -)- 5 hs. -f 146 págs. -f- una, sin numerar, de Erratas, 

No podía ser Bellido el impresor, pues éste no empezó a 
imprimir en|Murcia hasta el año 1816, o poco antes. 

(Nota del e.) 



236 



márg-enes del Segura, | por acuerdo | de 
la Comisión del Heredamiento General | 
de esta Capital, | y | con el fin de facilitar 
todos los conocimientos ne | cesarlos, para 
desempeñar debidamente el examen y | 
reconocimiento que en virtud de Real Or- 
den I de S. M. I de 22 de Agosto de 1815 | 
Debe practicarse, sobre la posibilidad, o 
imposibilidad | de su execución | y | en 
virtud de Comisión especial | presentó a 
la misma | D. Luis Santiago Vado, Pres- 
bítero Beneficiado, Catedrático | de Mate- 
máticas puras por S. M. en ella, Secretario 
Super I numerario con exercicio, del San- 
to Oficio de la Inquisi | cion e Individuo de 
varios Cuerpos Científicos | Año de 1816. | 
Con licencia. | Murcia: En la Oficina de 
Teruel, 

En 4.«-35 págs.-Sins. i^) 2-4.-Portada.- 
Verso latino a la vuella.— Texto. 

Contiene, entre otras cosas curiosas, 
una breve reseña histórica de la huerta de 
Murcia, donde dice que desde el tiempo 
del historiador murciano Francisco Cas- 
cales, en que constaba dicha vega de se- 
tenta y tres mil ochocientas noventa y sie- 
te tahullaSy hasta el suyo, había tenido la 
huerta un aumento de cuarenta y ocho mil 
ciento y tres tahullas, por causa de la ex- 
tensión de los riegos. 

85. Bado (Don Luis Santiago). 

La Hora | bien, y santamente ocupada | 
en presencia | del Santísimo Sacramen- 
to. I Dispuesta ! para beneficio de los Fie- 
les I Por I D. Luis Santiago Vado I Pres- 
bítero. I Murcia: | Imprenta de Bellido. | 
Año de 1819. 

En 12.° -83 págs.-Signs. a2d3. — Porta- 
da.— V. en b.— Introducción.— Bula del Papa 
Benedicto XIV. -Texto. 

86. Bado (Don Luis Santiago). 

Las Letanías mayores. Oraciones, y 
Psalmos con que la Iglesia nuestra Madre, 



implora el auxilio del Todo Poderoso en 
el tiempo angustioso de la Guerra. Tradu- 
cidas del latín al castellano, en prosa y en 
verso, para utilidad de los que ignoran 
aquel idioma precedidas de un Prefacio, 
en que con la autenticidad de las Santas 
Escrituras se hace ver quan necesaria sea 
la Oración para alcanzar la victoria: Por 
Don Luis Santiago Bado, de la Sociedad 
de Murcia; quien la dedica a los Señores 
Curas.— Se hallará en esta Ciudad en las 
librerías de Gómez y Polo. 

Citada así en el número 156 del Correo 
Literario de Murcia, donde seguramente 
fué impresa, año de 1794. 

87. Bado (Don Luis Santiago). 

Único Remedio | de nuestros males | 
públicos y privados | Conque el Señor nos 
castiga I en estos desgraciados | tiempos. 
I Por un Sacerdote Secular. | Desolata est 
omnis térra, quia nullus est qui \ recogii 
etcorde. Jerem, c. 12. v. 11. | Con Licen- 
cia. I En Murcia: Imprenta de los Herede- 
ros de Muñiz. | Año de 1827. 

En 8.°— 56 págs.— Portada.— Nota super- 
puesta a la vuelta.— Advertencia.— Texto. 

Aunque en él calló el autor su nombre, 
nos consta hallarse escrito este apreciabi- 
lísimo opúsculo, por el mismo Don Luis 
Santiago Bado. 

88. Baleriola (Don Gabriel). 

Estudio 1 sobre 1 Sericultura | por | Ga- 
briel Baleriola. | Murcia.— 1894. | Tip. de 
Las Provincias de Levante. 

En 4.°— 213 págs., más una al principio y 
otra al final de índice sin numerar.— Porta- 
da.— Dedicatoria al Excmo. Sr. D. Antonio 
Cánovas del Castillo.— Texto —índice. 

Contiene, entre otras cosas de bastante 
mérito y utilidad, una curiosa «Bibliogra- 
fía Sericícola.» 



- 237 



89. [Bando]. 

>í< I Don Juan Antonio Guemes, | Zeba- 
llos, El Cavallero, y Extrada, Corregidor, 
y Justicia Mayor de esta Ciudad | de 
Murcia, y su Partido por su Magestad, &c. 

[Empieza:] «Hago saber, como para 
efecto de poner | en execución la Real 
Determinación de | su Magestad (que 
Dios guarde) en el i establecimiento de la 
Única Contribu- | ción...» 

[Acaba:] c...Y para | que llegue a noti- 
cia de todos, y ninguno alegue de igno- 
rancia, se I manda publicar este Vando en 
esta Ciudad, y fixan Edictos en los | sitios 
acostumbrados, y comunican a las Dipu- 
taciones, y Partidos | de la Huerta, y 
Campo de ella, para que en sus respecti- 
vas Her- I mitas se fixen también, para 
que a todos sea notorio, y ninguno | ale- 
gue ignorancia. Fecho en Murcia a nue- 
ve de enero de mil | setecientos setenta y 
uno. I Por mandado de su Señoría, | Die- 
go Antonio \ Callejas.* 

Sin pie de imprenta. 

Una hoja doble folio, apaisada, de 41 X 30 
centímetros. 

Bibl. de la Acad. de la Hist.: col. Jesuí- 
tas, t. 184, n.° 11. 

(Adición del editor.) 

90. Baños de Archena I descripción Se- 
rio-Humorística | por | Homoquidan | 
Murcia, 1867. | Imp, y Admon. de «La 
Paz». I Zoco, 5. 

En 4.0, de IV- 127 págs.-Signs. l-6.-Porta- 
da.— V. en b.— Distribución de materias.— 
Texto. 

91. Baquero Almansa (Don Andrés). 

Cartagena | Cehegín, Muía y Mur- 
cia. I Manuscritos referentes a estas po- 
blaciones I y a la primera reconquista del 
reino de Murcia, | Ahora publicados por 
I A. Baquero Almansa, | oficial del Cuer- 



po Facultativo | de Archiveros, Bibliote- 
carios y Anticuarios. | Segunda Impre- 
sión. I Madrid: | Librería de Murillo. 
Alcalá, 7. I (A la vuelta): Murcia:— Tipo- 
grafía de La Paz, Calle de Zoco, núm. 5. 
-1881. 

En 4.°— 97 págs., y una de índice al final 
sin numerar.— Signs. (-;-) 2-11.— Portada.— 
Dedicatoria del autor al Sr. D. Manuel Gon- 
zález. —Texto . —índice. 

92. Baquero Almansa (Don Andrés). 

Programa | de | Retórica y Poética. | 
Para los Alumnos de esta Asignatura | en 
el I Instituto de Murcia. | Murcia:] Im- 
prenta de «El Diario». | 1884. 

En 4.°— 18 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto suscrito al fin por el autor. 

93. Barrio (Don Andrés). 

Discurso I leído | en la solemne inaugu- 
ración del curso académico i de 1869 a 
1870, I en la Universidad Libre | de la 
Ciudad de Murcia, | por el Doctor en las 
Facultades de Teología y Cánones | Don 
Andrés Barrio. | Profesor de la facultad 
de Jurisprudencia. | Murcia.— 1869. | Im- 
prenta de Antonio Molina. | Trapería, 32. 

En 4.° mea. may.— 29 págs., comenzando la 
numeración por el 6.— Signs. (-«-) 2-4.— Ante- 
portada.— V. en b. — Portada.— V. en b.— 
Texto. 

Este señor Barrio, natural, como su 
ilustre tío, el Arzobispo de Valencia Don 
Mariano Barrio, murió siendo Deán de la 
Catedral de Murcia. 

94. Barrio Fernández (limo. Sr. Don 
Mariano). 

Carta | Pastoral | del Ilustrísimo Señor 
D. Mariano Barrio Fernández, | Obispo de 
Cartagena. | al Clero y Pueblo de su Dió- 
cesis. I Murcia | Imprenta de Pablo No- 
gués. I 1854. 



238- 



En 4.0—13 págs. -Portada. — V. en b.— 
Texto. 

Fué, como indicado queda, elevado al 
Arzobispado de Valencia, y allí murió, ya 
Cardenal, lleno de merecimientos y muy 
amado de sus diocesanos. 

95. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Carta | Pastoral | del Excmo. e limo. 
Sr. Dr. I D. Mariano Barrio Fernández, | 
Obispo de Cartagena y Murcia | Dirigi- 
da I Al Clero de su Diócesis, | Con motivo 
de la proximidad de la | Santa Cuares- 
ma. I (Adornito.) Murcia: Año 1857. | Im- 
prenta de Pablo Nogués. 

En 4.°— 12 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

96. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Carta 1 Pastoral, | Que con ocasión de 
la Santa Cuaresma y por | los motivos en 
la misma expresados, | Dirige | al Clero 
y fieles de la Diócesis | El Excmo. e limo. 
Sr. Dr. I D. Mariano Barrio Fernández, | 
Obispo de Cartagena y Murcia. | Murcia: 
1860 I Imprenta de Pablo Nogués. 

En 4.^—23 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

97. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Carta Pastoral | Que dirige | al Clero y 
Pueblo del Obispado de Cartagena, ] El 
Excmo. e Illmo. Sr. Dr. D. Mariano Ba- 
rrio Fernández, | Con motivo | de su tras- 
lación al Arzobispado | de Valencia. | 
1861. 1 (Anagrama de Jesús.) Murcia. | Im- 
prenta de Francisco Bernabeu, I Trapería, 
número 16. 

En 4.° — 16 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

98. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Carta Pastoral | que | el Excmo. e limo. 
Sr. Obispo de Cartagena | Dirige al Cle- 



ro I y Fieles de su Diócesis, | con motivo 
de la I Encíclica de Su Santidad | para 
que se hagan Rogativas por la Paz. | Mur- 
cia: Año 1859. I Imprenta de Pablo No- 
gués. 

En 4.°— 10 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

99. BARíao Fernández (Don Mariano). 

Carta Pastoral | Que | el Excmo. e limo. 
Señor | Obispo de Cartagena | Dirige | Al 
Clero y ñeles de su Diócesis | Para que se 
hagan Rogativas y Oraciones, | con el do- 
ble motivo de implorar la Pro | tección 
Divina a favor de nuestro Ejército | en la 
guerra de África, y a favor del Soberano 
Pontífice Pío IX, justamente | añigido por 
el estado alarmante en que | se halla la 
Romanía, i Murcia: Año 1859. | Imprenta 
de Pablo Nogués. 



En 4.° — 10 págs.— Portada. 
Texto. 



V. en b.- 



100. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Carta Pastoral | que el Iltmo. Señor | 
Don Mariano Barrio Fernández, | Obispo 
de Cartagena, dirige a sus Diocesanos 
anuncia | ndo el Jubileo concedido a toda 
la Cristiandad por | nuestro Stmo. Padre 
Pío IX. I (Adornito.) Murcia.— 1851. | Im- 
prenta de Antonio Molina. | Calle de la 
Trapería, número 48. 

En 4.° — 12 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. (Al final): Una lista de las Iglesias 
que en cada pueblo se han de recorrer. 

101. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Exposición I dirigida a las Cortes Cons- 
tituyentes, i por el Exmo. e limo. Sr. 
Dr. I Don Mariano Barrio Fernández, I 
Obispo de Cartagena y Murcia. | Sobre | el 
proyecto de ley de desamortización de los 
bienes 1 de la Iglesia, Beneficencia, Ins- 



239 - 



trucción Pública | etc., etc. | Mureia | Im- 
prenta de Pablo Noques. | 1855. 

En 4."— 10 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

Es una representación bastante enérgica 
y bien escrita. 

102. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Primer Sermón | Predicado | por el 
limo. Señor i Don Mariano Barrio Fer- 
nández. I Dignísimo Obispo de esta Dió- 
cesis, I En su Santa Iglesia el día 7 de 
Mayo de 1848. 1 (Adornito.) Murcia. | Im- 
prenta de Pablo Nogués. | 1848. 

En 4.°— 16 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto, 

Es como una pastoral, que tiene por 
principal objeto presentarse a sus dioce- 
sanos como su Obispo. 

103. Barrio Fernández (Don Mariano). 

Sermón | Predicado | por el Ilustrísimo 
Sr. Don Mariano | Barrio Fernández, | 
Dignísimo Obispo de esta Diócesis | en su 
Santa Iglesia | el día 10 de Setiembre de 
1848, en la solemnísima función que se 
consagra anualmente en la misma ! a su 
Patrona | María SSMA. de la Fuen-San- 
ta I (Adornito.) Murcia. | Imprenta de Pa- 
blo Nogués, C. de la Trapería. | 1848. 

En 4.°-19 págs.- Portada.- V. en b.- 
Texto. 

104. Bautista (Fr. Anselmo). 

Relación de las Vidas y Triunfos de los 
gloriosos Mártires S. Sixto Papa II deste 
nombre, S. Inocencio, Santa Flora Virgen, 
y S. Dionysio, cuios benditos cuerpos, y 
reliquias se reverencian en el altar maior 
de Santa María de las Huertas.— Murcia. 
—1624. 

En 4.0 

Así en Don Nicolás Antonio. 



105. Belando y Meléndez (Don Juan). 

El Rio Segura i y la Huerta de Mur- 
cia. I Estudio I sobre las causas de la es- 
casez de aguas: medios de | remediarlas, 
y reforma de riegos y ordenanzas, | Por | 
Don Juan Belando y Meléndez, | Agri- 
mensor y Perito Tasador de Tierras. | 
Murcia: 1878. | Tipografía de El Ál- 
bum, I Santo Domingo, 5. 

En 4.°— 76 págs., comenzando la numera- 
ción por el 10, y un croquis del río Segura al 
final. -Signs. (~')2-10.— Portada.— V. enb.— 
Dedicatoria al Excmo. Sr. Don Pedro Pagan. 
—Al Lector.— Introducción.— Texto. 

106. Belda y Borras (Don Pedro). 

Ave María Purísima, i Novena | de la 
Gloriosa | Santa Bárbara | Virgen y Már- 
tir. I Compuesta | por D. Pedro Belda y 
Borras. | (Adornito.) Murcia, 1892 | Im- 
prenta y Librería de Pedro Belda. | Len- 
cería, 20. 

En 8.°— 15 págs.— Portada.— Estampa de la 
Santa a la vuelta.— Texto.— Jaculatoria en 
verso a la Purísima Concepción. 

107. Belda y Borras (Don Pedro). 

' Ave María Purísima. | Novena | de la 
Gloriosa | Santa Úrsula | Virgen y Már- 
tir. I Compuesta | Por D. Pedro Belda y 
Borras. (Adornito.) \ Murcia.— 1892. | Im- 
prenta y Librería de Pedro Belda.— Len- 
cería, 20. 

En 8.°.— 15 págs.— Portada.— Estampa de 
la Santa a la vuelta.— Texto.— Jaculatoria en 
verso a la Purísima Concepción. 

108. Belda y Borras (Don Pedro). 

Ave María Purísima. | Novena | de la 
Soberana Reina de los cielos | María San- 
tísima I de los Desamparados, ] para im- 
plorar su protección en todas las ne | cesi- 
dades y aflicciones de esta vida. | Com- 
puesta I por D. Pedro Belda y Borras. 



— 240 — 



(Adornito.) \ Murcia:— 1872. 
de Pedro Belda, Lencería, 20. 



Imprenta 



En 8.°— 16 págs.— Portada.— Estampita, a 
la vuelta, de la Virgen de los Desampara- 
dos.— Modo de hacer esta novena.— Texto. 



109. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

A los Padres | Confessores, assi Secv | 
lares, como Regvlares de esta | nuestra 
Diócesi: Salud en Nuestro Señor | Jesv- 
Christo. (Al final): Murcia 10 de Diciem- 
bre de 1712.=Luis, Obispo de Cartagena. 

En 4.°.— 40 págs., a dos col.— Signs. A-E.— 
Texto inmediatamente después del encabe- 
zamiento que queda copiado. 

Tiene por objeto exhortar a los Confe- 
sores a que adviertan a los penitentes la 
obligación en que están de delatar los de- 
litos que tocan al Santo Oficio. 

110. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Breve Confirmatorio | de la Santidad i 
de Nuestro Señor | Benedicto XIV. | de 
las Pías Fundaciones | y Memorias insti- 
tuidas I por el Eminentissimo Señor | 
Cardenal Belluga, | para beneficio de la 
Diócesi I de Cartagena, que obtuvo. | 
Reimpresso en Murcia, por Nicolás Vi- 
llar I gordo y Alcaraz. Año de | M.DCC 
Lili. 

En fol.— 74 págs., más una hoja al princi- 
pio sin numerar. —Signs. A-T.— Portada.— 
V. en b.— Texto. 

Forman las 71 págs. primeras la con- 
firmación de la Escritura de las Pías Fun- 
daciones, otorgada por el Cardenal en 
Roma a 18 de septiembre de 1741, ante el 
Notario Don José Ignacio Romano. 



111. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Breve | Confirmatorio | de la Santidad 
de Nuestro Señor | Benedicto XIV. 1 de 
las Pías Fundaciones 1 y Memorias insti- 
tuidas I por el Eminentísimo | Señor Car- 
denal Belluga, I para beneficio de la Dió- 
cesi de Carta | gena, que obtuvo. (Viñeta 
con los atributos del pontificado.) Reim- 
preso en Murcia, por Felipe Teruel [ Año 
de 1777. 

En fol.— 75 págs., más una hoja al princi- 
pio y tres al final de índice sin numerar.— 
Signs. A-T.— Portada.— V. en b.— Texto.— 
índice. 

Forman las 73 págs. primeras la Confir- 
mación de la Escritura de dichas funda- 
ciones hecha por su Eminencia en Roma 
en el referido año de 1741. 



112. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Carta | Pastoral | Que el Em'n» y R»»" 
S*"^ I Cardenal Belluga, | Obispo de Car- 
tagena, del I Consejo de su Magestad, es- 
crive desde la Cor | te de Roma para el 
Cabildo de su Santa | Iglesia Cathedral, y 
los demás Cabildos, | y Comunidades 
Eclesiásticas, y Seculares, | y para todos 
los Fieles de su Diócesi, con | mativo de 
estar próxima a admitirse por | su Santi- 
dad, la Renuncia que tiene | hecha de su 
Obispado. I En Murcia, por Jayme Mes- 
nier, Impressor | y Librero de su Eminen- 
cia, en la calle | de la Platería. Año de 
1724. 



En 4.^—28 págs.-Signs. (-5-) B-D. 
con orla.— V. en b.— Texto. 



-Portada 



Contiene una tierna despedida a los 
murcianos con la exposición de los moti- 
vos que le obligan a renunciar el Obispa- 
do de Cartagena; una postrera exhorta- 
ción, recomendando la observancia de to- 



- 241 - 



dos sus edictos; y bastantes curiosas noti- 
cias sobre sus hechos y vicisitudes expe- 
rimentadas durante el largo tiempo de su 
episcopado. 

113. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Carta | Pastoral, qve | el Ilvst. Señor 
Doctor Don Luis | Belluga, \ por la Gra- 
cia de Dios, I y de la Santa Sede | Apos- 
tólica, I Obispo de Cartagena, | del Con- 
sejo de sv Magestad, ha | dispuesto, y 
mandado imprimir, | para sv Diócesi. | 
Murcia: Por Vicente Llofriv. | Año 1705. 

En 4.0— 140 págs.— Signs. A2-S.— Portada 
orlada.— V, en b.— Texto. 

Es una especie de compendio de disci- 
plina eclesiástica en la parte que se refiere 
a las obligaciones del estado sacerdotal. 

En el ejemplar que tenemos a la vista 
va encuadernada con otras tres que care- 
cen de portada, firmadas en 10 de diciem- 
bre de 1712, la primera; en 2 de junio de 
1715, la segunda; y sin fecha la tercera. — 
Véanse los títulos: A ¿os Padres Confeso- 
res...; Don Luis Belluga; y Viva Jesús...; 
etc. 

114. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Compendio | de la Carta Pas | toral, 
qve el Obispo de Cartagena ha escrito | a 
los Fieles de su Diócesis sobre la modera- 
ción de los trages y ador | nos, y otros 
abusos, que en ella se tocan, reducido a 
21. §§. que la | Carta contiene, sacada de 
la substancia de cada vno de ellos, para 
que I fácilmente pueda llegar a manos de 
todos, y como más breve, | ninguno se es- 
cuse de leerla. | Y se previene que en al- 
gunos §§. no sólo se compendia, lo que 
es I tos contienen, sino se reducen tam- 
bién a ellos algunas doctrinas, y | autori- 
dades, que se tocan en otros, señalando 
los números a fin de | juntar en cada §. 



todo lo que conduce a su doctrina, y mate- 
ria. I Omítense todas las citas por conte- 
nerse en la Carta, y no ser ne | cessarias 
en este Compendio: Y de las autoridades 
de los Santos Pa | dres, sólo se toman por 
la mayor brevedad algunas sentencias, o | 
cláusulas. (Al final): Impresso en Murcia, 
por Jayme Mesnier, Impressor, y Libre- 
ro, I en la Calle de la Platería. Año de 
1711. 

En 4.°-60 págs.— Signs. A-H.— Título.— 
Texto. 

115. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

y^ I Constituciones | Hechas para el Go- 
vierno 1 de todas las Dezmerias de la Dió- 
cesis, por I el Excelentissimo Señor D. 
Luis Belluga, | Obispo de este Obispado 
de Cartagena, y | Señores Deán, y Cabil- 
do, como Admi | nistradores generales, 
que son dicho Ex | celentissimo Señor 
Obispo, y Cabildo de | las rentas Dezima- 
les de este Obispado. (Al final): Murcia, 
a... del mes de... de mil setecientos... 
(Como para llenar los claros con letra 
manuscrita). 

En fol.— 11 págs.— Texto inmediatamente 
después del encabezamiento que queda co- 
piado. 

116. Belluga Y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Contra los Trages, | y Adornos Profa- 
nos, I En que de Doctrina | de la Sagrada 
Escritura, | Padres de la Iglesia, y todo 
género | de Escritores, y razones Theolo- 
gicas se con | vence su grave malicia. | 
Donde se dan Doctri | ñas importantissi- 
mas, i y Trascendentales contra todo gé | 
ñero de vicios muy útiles para Predica- 
dores, y Con I fessores, y para todos los 
Fieles. I Lo manda dar a Luz | El Emi- 
nentissimo y Revé | rendissimo Señor 
Cardenal | Belluga, Presbytero Cardenal 

16 



- 242 - 



del Tí I tulo de Santa María Transpontina, 
Obispo de I Cartag-ena su Autor. | Consá- 
grale a la Sacratissima Reyna | de los An- 
geles María Santissima de los Dolores | 
baxo cuya protección lo pone. | Con Li- 
cencia I Impresso en Murcia, por Jayme 
Mesnier, Impressor, y Li | brero de su 
Eminencia. Año de M.DCC.XXIl. 

En fol.— 855 págs., más 12 hoj. de prel. y 
36 págs. al final sin foliar.— Signs. (-5-) A- 
QIO.— Portada orlada.— V. en b.— Dedicato- 
ria.— Aprobación del limo. Sr. D. Fr. Juan 
de Montalván, Obispo de Guadix.— Privile- 
gio del Rey al autor, por diez años. — Licen- 
cia y Privilegio.— Parecer del P. Dr. Manuel 
Ignacio de la Reguera.— Licencia del Ordi- 
nario al Impresor Jaime Mesnier.— Fee de 
Erratas.— índice de los capítulos de este li- 
bro (dividido en tres partes).— Al Pío Lec- 
tor.— Texto.— Pragmática I Sanción | qve sv 
Magestad manda | observar sobre trages, y 
otras cosas...— Tasa de la Pragmática.— In- 
dex Sacrae Scriptvrae.— índice de las cosas 
que se contienen en este libro por el orden 
de los números marginales. 

117. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

qi I Copia I de vn Capítulo de | Carta 
escrita por el | Eminentissimo, y Reve- 
rendissimo Señor | Cardenal Belluga, des- 
de Roma, en fecha | de 3 de junio de este 
año de 1724. | a su Provisor Vicario Gene- 
ral del I Obispado de Cartagena. (Al fi- 
nal): Con licencia: | En Murcia, por Jay- 
me Mesnier, Impressor, y Librero | de su 
Eminencia, en la Calle de la Platería. 

En 4.°— 2 hoj. sin foliar. 

Tiene por objeto dar cuenta al Cabildo 
de la Iglesia de Cartagena de la elevación 
al Solio Pontificio del Cardenal Orsini, 
llamado en adelante Benedicto XIII. 

118. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Don Luis Belluga, | Por la Divina Mi- 
sericor | dia de la Santa Romana Iglesia 



Pres I bytero Cardenal, Obispo de Carta- 
gena, del I Consejo de su Magestad, &c. 

«Por quanto en las Visitas que hemos 
hecho en los años de mil setecientos y ocho, 
y diez y nueve, de nuestra Insigne Colegial 
de San Patricio de la Ciudad de Lorca, 
hemos reconocido la suma confusión que 
tienen las Constituciones, y Estatutos de 
aquella Iglesia; pues aunque el Señor Obis- 
po D. Gómez Zapata, a los siete de julio del 
año de mil quinientos y ochenta y vno, le 
dio 190. Constituciones, assi para lo ceremo- 
nial, como para el govierno de dicho Cabil- 
do; estas sobre aver sido muy diminutas, 
fueron sacadas a la letra, de las que se ob- 
servavan en nuestra Iglesia Cathedral: Con 
lo que no siendo adaptables todas a la Cole- 
gial, y estar las más muy confusas, ha sido 
necesario que los Señores Obispos que le 
sucedieron, y nos han precedido ayan au- 
mentado vnas y declarado otras. Como el 
Señor Obispo D. Sancho de Avila, lo hizo 
en seis de febrero del año de mil quinientos 
y noventa y cinco; y el Señor Obispo D. 
Juan de Zúñiga, en veinte y quatro de julio 
de mil seiscientos y vno; y el Señor Obispo 
D. Alonso Coloma, en veinte y siete de sep- 
tiembre de mil seiscientos y quatro; y el 
Señor Obispo D. Francisco Martínez, en 
nueve de diziembre de mil seiscientos y 
ocho; y Nos, en nuestra visita que hizimos, 
en nueve de mayo de dicho año de mil sete- 
cientos y ocho. Y naciendo de esta confusión 
y variedad de modificaciones y ampliacio- 
nes de dichas Constituciones, el que siendo 
mas de 70 las añadidas apenas se sabe lo que 
se ha de observar, y mas aviendo sido esta 
misma confusión ocasionada de que no se 
ayan puesto en limpio dichas Constitucio- 
nes, y dádose a la Estampa, para que todos 
los Canónigos y demás Ministros las tengan, 
y sepan lo que juran... Declaramos, estatui- 
mos y ordenamos, que las Constituciones, 
que perpetuamente se deben guardar en la 
Insigne Colegial de la Ciudad de Lorca, assi 
en lo ceremonial, como en el Choro, Cabil- 
dos, y todo lo perteneciente al Abad, Canó- 
nigos, y demás Ministros de aquella Iglesia, 
son las siguientes... etc» (Y siguen las Cons- 
tituciones). 

En fol.— 72 págs.— Signs. A-S.— Texto. (Al 
final): Dado en Murcia, a once de octubre 
de mil setecientos y veinte años. 



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119. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Don Luis Belluga, | Por la Divina Mise- 
ricordia I de la Santa Romana Iglesia 
Presbytero | Cardenal, Obispo de Carta- 
gena, del Consejo | de su Magestad, &c... 
(Al final): Murcia 11 Octubre 1720. 

En fol.— 10 págs.— Texto inmediatamente 
después del encabezamiento que queda co- 
piado, y se reduce a un apéndice aclaratorio 
de las anteriores Constituciones. 

120. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Don Luis Belluga, | Por la Gracia de 
Dios, y I de la Santa Sede Apostólica, 
Obispo I de Cartagena, del Consejo de sv 
Magestad, &c. | Por quanto desde nuestro 
ingreso a esta nuestra Diócesi... etc. 

En 4.°-15 págs.-Signs. A-A3. 

Carece de portada, e inmediatamente 
después del título que queda copiado, vie- 
ne el texto fechado en 2 de junio de 1715. 
Es una especie de epílogo o resumen de 
lo ordenado por el Obispo en pastorales 
anteriores, por lo que resulta este edicto 
de bastante interés y curiosidad. He aquí 
algunos de sus artículos. 

1. «Primeramente ordenamos y manda- 
mos se guarde lo mandado en todos nuestros 
edictos, que hemos sacado desde nuestro 
ingreso a esta Diócesi, y los mandados todos 
de nuestras visitas, assi los generales im- 
pressos, como los particulares de cada Pa- 
rroquia manuscritos. 

2. »Item, se guarde el Edicto, en que baxo 
precepto formal de obediencia tenemos pro- 
hibido todos los excessos en los trages, y 
adornos; conviene a saber los escotados en 
las mugeres, y que todas se cubran sus pe- 
chos, y pecheras hasta el cuello: Las man- 
gas de ángel, en que descubren sus bragos 
y que estos los cubran hasta el puño: Las 
vasquiñas cortas por delante, y que les cu- 
bran todos los baxos: Las colas, y que estas 
no excedan de dos o quatro dedos: Los peli- 



llos, y todo género de nimios afeytes, y pro- 
fanas composiciones en los tocados, trages y 
adornos, assi en hombres, como en mugeres. 

3. »Item, se guarde el Edicto, que baxo el 
mismo precepto tenemos sacado, prohibien- 
do los bayles, que llaman minués, y otros se- 
mejantes, y los bayles generales, que se vsan 
en algunos lugares; ya en lugares Sagrados, 
ya en sus cercanías, ya en las plazas, calles 
o campos; y también los bayles en las casas 
particulares a puerta abierta, en que concu- 
rren gentes estrañas, hombres y mugeres: y 
de la misma forma los bayles en las muertes 
de los niños, o recibimiento de la Santa 
Bula, que llaman velar. 

4. »Item, se guarde lo que también tene- 
mos prohibido, baxo el mismo precepto for- 
mal de obediencia, el que hombres y muge- 
res, no siendo tan propias, como muger, her- 
manas o hijas, o mugeres ancianas, no jue- 
guen juntos a los naypes, ni a otro ningún 
juego, por los graves inconvenientes, y ofen- 
sas de Dios, que estamos informados, que. 
de ellos resultan, de jugar en una misma 
mesa gente moga, hombres y mugeres jun- 
toá,' y lo que es más horroroso, aun Eclesiás- 
ticos. Y encargamos a los Padres de familia 
zelen esto mucho, como también las frecuen- 
tes visitas, en que concurren hombres y mu- 
geres, sin mucha necesidad, ocasión de mu- 
chos males, sin omitir el cercenar los vanis- 
simos gastos que se han introducido en las 
visitas, que destruyen las familias y traen 
muchas ofensas de Dios: cuydando también 
mucho y zelando en estas visitas las juntas 
de criados y criadas, de que resultan mu- 
chos males. 

5. »Item, se guarde lo que también varias 
vezes tenemos mandado, baxo el mismo pre- 
cepto formal de obediencia, y de vn ducado, 
aplicado por tercias partes, vna para la Fá- 
brica, de donde fuere el reo, otra para el de- 
lator, y otra a los Ministros que la executa- 
ren, el que los Zapateros no calcen a las mu- 
geres, de qualquier estado o condición que 
sean, y baxo el mismo precepto ninguna mu' 
ger permita ser calcada de ellos. Y de la mis- 
ma forma, el que ningún barbero las afeyte, 
ni éste lo pueda hazer. Añadiendo ahora, 
baxo el mismo precepto, que ningún sastre 
les pruebe la ropa, principalmente justillos, 
casacas, &c., ni a ninguna muger le sea lícito 
permitirlo, sino que quando mas en presen- 
cia del Sastre que lo haga otra muger, o ella 
misma: y lo cumplan dichos Barberos y Sas- 



- 244 - 



tres, baxo el mismo precepto, y pena de vn 
ducado en la misma forma. 

6. »Item, se guarde lo que baxo el mismo 
precepto formal de obediencia y pena de dos 
ducados tenemos también mandado, para 
que los novios no entren en la casa de las 
novias, ni al contrario; por las grandes ofen- 
sas de Dios, que de ello resultan, de que te- 
nemos repetidas experiencias. En los quales 
condenamos también a los Padres de la no- 
via, que permitieren que el novio entre en 
su casa. 

7. »Item, se guarde lo que en la misma 
conformidad tenemos mandado, baxo el mis- 
mo precepto formal de obediencia en nues- 
tro edicto de usuras y logros; en que decla- 
ramos ser vsura qualquier género de antici- 
pación, con calidad de que se ha de pagar, o 
en seda, o en granos, o barrilla, o otra qual- 
quier especie a precio determinado, o al pre- 
cio mas baxo que tuviere en tal tiempo, o al 
primer precio en que se vendiere la especie 
en el tiempo de la cosecha: Por experimen- 
tarse en este último medio, que el primero 
que vende es algún pobre muy necessitado, 
para sacar su cosecha; por lo que no puede 
esto ser regla para estos contratos. Y lo que 
peor es, por experimentarse, que los mismos 
que prestan suelen adelantarse a introducir 
algún vendedor de alguna corta cantidad a 
muy ínfimo precio, para cobrar a este sus 
empréstitos. Y que assi mismo declaramos 
ser logro, no solo la compra de trigo y ceva- 
da para revender, sino que en este Pais lo es 
también la compra de panizo y centeno, por 
ser especies, de que los pobres generalmen- 
te vsan para su alimento, haziendo pan de 
ellas... 

20. »Item, que qualesquier Peregrinos, 
que transitaren con mugeres, diziendo que 
son propias, y lo mismo algunos soldados, 
que suelen transitar del mismo modo, y de 
la misma forma, los que de nuevo vinieren a 
avezindarse a algún Lugar, no siendo perso- 
nas conocidas, les pidan sus fees de matri- 
monio, y a los que no las traxeren, o pare- 
cieren dudosas, los prendan, y a la muger la 
pongan en el Ínterin en alguna casa de satis- 
facción, y nos den parte... 

23. »Item, que dichos Vicarios y Curas no 
permitan en fiesta alguna enmascarados, 
como en ciertas fiestas en algunas partes 
suele practicarse, ni nazareno alguno en la 
Semana Santa cubierto el rostro, sino es que 
vaya de penitencia, ni azotado que vaya de 



gala con túnica profana, que desdiga del acto 
que van exercitando. Ni tampoco permitan 
representaciones ningunas de los Misterios 
de nuestra Redempcion, en que quieren imi- 
tarlos a lo vivo, sino es, que estas se hagan 
precisamente por Sacerdotes, y esto sin mez- 
clar representación alguna, ni en verso ni en 
prosa. Ni tampoco permitan salgan procesio- 
nes a otros lugares o Hermitas distantes, 
aunque esté el Pueblo en inteligencia de que 
son por voto, lo que ninguna es assi, y aun- 
que lo fuesse lo dispensamos, por experien- 
cias que tenemos de las indecencias con que 
estas se hazen, y las muchas ofensas de Dios, 
que en ellas se mezclan, y excesivos gastos 
de comidas, con otros muchos inconvenien- 
tes todos muy graves. Y solo puedan hazer- 
se, yendo a Hermitas muy cercanas fuera del 
Lugar donde se pueda bolver a la^de medio 
día a comer a sus casas. Ni permita tampoco, 
q. en los Altares, ni Iglesias se pongan Re- 
tratos ningunos, que no sean de Santos, ni 
Imágenes, ni pinturas profanas, y que en lu- 
gar de mover a devoción, existen a otros 
pensamientos, ni Imágenes indevotas... 

24. »Item, por lo que mira a los Eclesiás- 
ticos, y lo que en varios edictos tenemos or- 
denado y mandado en orden a su disciplina: 
Mandamos se observe y guarde todo ello in- 
violablemente. Como es el que nuestros Clé- 
rigos assi de mayores como de menores Or- 
denes, no lleven tacones de la moda en los 
zapatos, ni hebilletas, ni el pelo largo su lo 
romano; y que siempre traygan su corona 
abierta y su habito Clerical talar, sin colas en 
los manteos ni sotanas: sin que a ninguno le 
sea permitido andar de Abate de día, sino es 
en Lugares muy cortos que no pasen de cien 
vezinos; en los quales siempre indispensa- 
blemente ayan de andar con su cuello y alza- 
cuello; y lo mismo para salir al campo de 
día: permitiéndoles el que de noche traygan 
solo su cuello blanco, y su sombrero, deste- 
rrando del todo las monteras...» 

121. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Edicto, I y Breve Carta | Pastoral | Qve 
el Eminentissimo Señor | Cardenal Bellu- 
ga. I Obispo de Cartagena, del | Consejo 
de S. M. escrive desde la Corte | de Ma- 
drid, en el Real Monasterio de | San Lo- 
renzo, a los Fieles todos de su | Diócesi, 




— 245 — 



con la ocasión de las Missiones, | Rogati- 
vas, y Penitencias, que su Ma | gestad 
pide y encarga se hagan en to | dos sus 
Reynos, para aplacar la divina | ira; y que 
el Señor nos libre de la Peste, | que con 
tanto rigor prevalece en | Marsella, y sus 
cercanías. | En Murcia, por layme Mes- 
nier, Impressor | de su Eminencia, y Li- 
brero, en la Calle | de la Platería, año 
de 1720. 

En 4.°— 24 págs. a2colums.— Portada.— V. 
en b.— Texto. 



122. Belluga- y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Mandatos Generales que el Excel en- 
tissimo Señor Don Luis Belluga, Obispo 
de Cartagena, del Consejo de su Mages- 
tad... ha mandado imprimir, para todas 
las Parroquias de su Diócesi, fuera de los 
particulares manuscriptos, que dexa en 
cada una, que su Excelencia ha mandado 
se observen en esta Iglesia de... (Espacio 
como para sentar el nombre de la misma 
en letra manuscrita.) (S. L. ni A., pero 
seguramente en Murcia antes de 1715. 

En foL— 13 págs.— Signs. A-C— Texto in- 
mediatamente después del encabezamiento 
que queda copiado.— Comprende: Mandatos 
para los Cvras; para los Eclesiásticos, Para 
los Colectores de Misas, assi de Perpetuales, 
como de Testaméntales; Para los Fabrique- 
ros; y Para los Sacristanes y demás Minis- 
tros de la Iglesia. 



1 23. Belluga y Moncada (Cardenal Don 

Luis). 

Memorial | del Doctor | Don Luis Be- 
lluga I Obispo de Cartagena | al Rey | 
Phelipo Quinto | Sobre las materias pen- 
dientes con la I Corte de Roma, y expul- 
sión del Nun ! ció de Su Santidad de 
los i Reynos de España (Al final): Murcia 
a 26 de Noviembre de 1709. 



En 4.°— 295 págs., más 4 hojas de Tabla al 
principio sin numerar.— Signs. a3-A-Oo2.— 
Portada.— V. en b.— Tabla.— Texto. 

Mereció que el Rey y la Reina lo con- 
testasen cortés y afabilísimamente en lar- 
ga representación que hemos visto manus- 
crita en copia que posee nuestro amigo 
el señor Conde de Roche, que por cierto 
tiene una copiosa colección de documen- 
tos pertenecientes al gran Cardenal. 

124. Belluga y Moncada (Cardenal Don 

Luis). 

Memorial, | que ofrece | a sv Mages- 
tad I el Obispo de Cartagena ¡ Don Luis 
Belluga, I de sv Consejo. | informando el 
Real animo | de sv Magestad | de la Om- 
nímoda jurisdición | espiritual, y eclesiás- 
tica, y demás dere | chos que le pertene- 
cen en las Vicarías de Caravaca, Yes- 
te, I Segura, Veas de Segura del Orden | 
de Santiago. | al fin y en razón | de que 
informado sv Magestad de | su justicia, 
como por otro Memorial lo está del estado 
de di I chas Vicarías, se digne tenerlo pre- 
sente para el remedio de mal | tanto, y de 
tan graves conseqvencias, y que el Obis- 
po I pueda ser ayudado de su Magestad a 
reintegrarse en | la Omnímoda jurisdición, 
y derechos to | dos que le pertenecen en 
dichas Vicarías, | en que de hecho se han 
introducido | y van introduciendo los Vi- 
ca I ríos dellas. | Impresso en Murcia, por 
Jaime Mesnier, Impressor, y Librero en 
la 1 Calle de la Platería. 

En fol.— 307 págs., más 4 hojas de prel. sin 
numerar.— Signaturas A-Hhhh.— Portada.— 
V. en b.— índice de las materias que se tra- 
tan y conclusiones que se sientan en este 
informe.— Razón de los Instrumentos que 
acompañan.— Texto. 

Tiene por objeto, como se dice en la 
portada, llevar al ánimo de S. M. el dere- 
cho que al Obispo de Cartagena asistía 
sobre su omnímoda jurisdicción en las ex- 



— 246 - 



presadas Vicarías; para cuyo fin, pónese a 
contribución tal tropel de citas, hechos 
históricos, bulas de Papas y pareceres de 
canonistas, letrados e historiadores, que 
si bien revelan en su autor la inmensa 
erudición de que estaba dotado, no puede 
menos, por otra parte, de fatigar al lector. 
Al final del libro, y bajo una misma 
encuademación, hállase otro Memorial, o 
Representación del mismo Obispo a S. M., 
manifestándole sus derechos sobre diez- 
mos en las mismas Vicarías. No tiene epí- 
grafe ni portada; ocupa el texto 36 páginas. 
Es del mismo carácter e índole que el an- 
terior, no presentando diferencia alguna 
ni en el estilo ni en la contextura; y si re- 
sulta un tanto más agradable es por la 
única circunstancia de ser más breve. 
Comienza: 

«Por el memorial adjunto impresso (refi- 
riéndose al anterior) implora el Obispo de 
Cartagena la Real protección de V. M. para 
que V. M., informado de su notoria justicia 
en la pertenencia de la omnímoda jurisdicion 
privativa, que por derecho, y executorias 
ligadas con el Orden de Santiago le pertene 
ce en los Lugares todos de las quatro Vica- 
rías de Cara vaca, Yeste, Segura y Veas... 
Y porque dos de dichas executorias, assi la 
de las tres Vicarías de la Sierra de Segura, 
como la de Caravaca, no solo contienen la 
omnímoda jurisdicion privativa, que se de- 
clara pertenecer al Obispo, sino los diezmos 
también, que le pertenecen de los Feligreses 
de dichas Vicarías; y el Obispo con especial 
reñexíon omitió hazer mención en dicho Me- 
morial de dichos Diezmos...: como assimis- 
mo omitió en dicho memorial impresso refe- 
rir a V. M. el estado que hoy tienen estas 
Vicarías, los escándalos que en ellas se tole- 
ran, y los que los Vicarios han dado, assi en 
tiempo del Obispo, como de sus antecesores, 
en las violencias con que de hecho se passan 
y han passado a exercer los actos de jurisdi 
cion, que quieren; porque siendo muchos de 
ellos personas que aun viven, juzga el Obis- 
po mas propio de la moderación de un Pre- 
lado hazer separadamente este secreto infor- 
me a V. M. con instrumentos que lo justifi- 
quen, que deducirlo en un escrito publico 
impresso, no obstante que sea la práctica de 



todos los Tribunales en materia de Justicia 
expresar en semejantes escritos qualesquier 
excesos, quando estos han sido notorios y 
son conducentes, > 

Despréndese, pues, de estas palabras, 
que el segundo Informe hubo de ser im- 
preso algún tiempo después que el prime- 
ro, habiéndose elevado, en un principio, 
manuscrito a S. M. Ignoramos cuándo 
aquello pudo verificarse, y sólo sabemos 
que ambos Memoriales están fechados en 
Murcia, año de 1717; el primero a 15 de 
febrero, y el segundo a 8 de septiembre. 

125. Belluga y Moncada" (Cardenal Don 
Luis). 

Viva Jesvs. | Carta Pastoral, | Que el 
Obispo de Cartage | na, escrive a los Fie- 
les de su Diócesis, a ca | da vno en lo que 
le toca, para que todos | concurran a que 
se destierre la profanidad | en los trages, 
y varios intolerables | abusos, que aora 
nuevamente se han introducido. (Al final): 
Impressa en Murcia, por Jayme Mesnier, 
Impressor, y | Librero, en la Calle de la 
Platería, Año de 1711. 

En 4.°— 212 págs.— Signs. A-Dd.— Texto a 
continuación del encabezamiento o título 
que queda copiado. 

En confirmación de la materia de que 
trata, amontónase tal cúmulo de citas de 
la Sagrada Escritura, Santos Padres, Bu- 
las de Papas, decisiones de Concilios y 
opiniones de Teólogos y jurisconsultos, 
que la hacen prolija en extremo; razón 
por la cual vióse obligado el venerable y 
celoso Obispo a hacer de ella un compen- 
dio, que vio la luz pública en el mismo 
año, según queda apuntado. 

126. Belluga Y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

>^ I Viva Jesús. | Carta, | Que el lUus- 
trissimo Señor D. Luis | Belluga, Obispo 



247 — 



de Cartag-ena, del Consejo de su Ma | ges- 
tad, escrive a los Fieles de su Obispado, 
principal | mente a la gente sencilla, pre- 
viniéndolos del riesgo de | dar crédito 
a una falsa doctrina, y error, que en 
con I versaciones privadas, y hasta en el 
Confessonario | mismo, en esta Ciudad, y 
algunos Lugares | de la Diócesi se ha pre- 
tendido I sembrar. (Sin suscripción.) 

En 4.0-32 págs.-Signs. A-D4.— Títulc- 
Texto. 

Va dirigida a los murcianos. Contiene 
una defensa de los derechos de Felipe V 
a la Corona de España, con una refutación 
de los supuestos alegados por los partida- 
rios del Archiduque Carlos: y seguramen- 
te está impresa en Murcia, donde corrie- 
ron (en esta ciudad) las especies falsas de 
que se habla en el epígrafe que queda co- 
piado. 

127. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Viva Jesús. | Memorial, | que da a su 
Magestad | el Obispo de Cartagena D. 
Luis Belluga, | de su Consejo, | Sobre lo 
executado en la Villa de | Yecla por el 
Alcalde Mayor de dicha Villa, assi en el 
re I partimieto del Real Donativo a su 
Alguazil Fiscal Ecle | siastico que tiene 
en ella, como en la prisión que hizo ( de 
dicho Fiscal, por averse escusado de 
su I paga por gozar del | Fuero. | En que 
propone a su Magestad, y su | Real Con- 
sejo las razones que ha tenido para supli- 
car del I Cumplimiento de dos Reales Pro- 
visiones, que se le | han despachado, para 
la absolución de dicho | Alcalde Mayor, 
por el tiempo en ellas | señalado. | Y pide, 
que como Protector, que | su Magestad es 
de la inmunidad Sagrada de las Iglesias, 
y I de sus Ministros, tome con el Alcalde 
Mayor aquella providencia que se prome- 
te del Católico zelo de su Ma | gestad, 
para que la Iglesia no quede sin aquella 



cumpli I da satisfacción que corresponde 
al desprecio, y agrá | vios que de este Mi- 
nistro ha recibido en sus excesos; y man- 
de se le remitan al Obispo los Autos 
pa I ra el conocimiento de la com | peten- 
cia &c. (Al final): Datum Murciae, die | 
Octobris, anno 1710. 

En fol.— 161 págs., más una hoja al princi- 
pio, y tres al fin sin numerar.— Signs. A-T.— 
Portada con orla.— A la vuelta, citas latinas 
del libro de Esdras, y de las Le3^es de Arca- 
dio y Honorio.— Texto.— Razón dé los pun- 
tos todos que se contienen en este Informe. 

128. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Viva Jesvs. | Memorial, 1 que da a su 
Magestad | el Obispo de Cartagena, | Don 
Lvis Belluga, | de sv Consejo. | Sobre los 
Acrecimientos i e Impuestos en la Sal. | 
En qve representa a sv Magestad los | mo- 
tivos que tiene para proceder contra el 
Administra | dor general de las Salinas de 
este Reyno, por lo ¡ perjudicado, que en 
dichos acrecimientos se | halla el Clero 
Secular y Regular de su Dio | cesi, en su 
inmunidad, y libertad que debe | gozar de 
todos tributos, cargas, | impuestos, y exac- 
ciones. 1 Para que sv Magestad se digne 
man [ dar se vea esta materia, y se atien- 
da, como lo pide su | gravedad, y el Obis- 
po se promete de su Real piedad, | y Ca- 
tólico zelo. I En Murcia, por layme Mes- 
nier, Impressor, y | Librero, en la Calle 
de la Platería. (Al final): Murcia, Noviem- 
bre, 1713. 

En fol.-48 págs.— Signs. í-^) B-M.— Porta- 
da.— Citas, a la vuelta, de la Sagrada Escri- 
tura y de las Leyes de los Emperadores Ar- 
cadio y Honorio.— Texto. 

Es curiosísimo y notablemente escrito. 

129. Belluga y Moncada (Cardenal Don 
Luis). 

Viva Jesús. | Sermón, | que el Obispo 
de Cartagena, de el | Consejo de su Ma- 




248 - 



gestad, predicó en su Santa Igle | sia, el 
día vltimo de la Octava, que con su ¡ Ca- 
bildo, y assistencia de la Ciudad | se cele- 
bró I a María Santissima | de los Dolores, 
en su I Santissima Imagen de las Lágri- 
mas. I En acción de gracias, | por el Naci- 
miento de I Nuestro Serenissimo Príncipe 
el Señor | D. Luis Fernando, i Príncipe 
de Asturias. | Dedicado | a la Magestad 
Católica del Rey N. S. | D. Felipe Quin- 
to, I el Magnánimo, Rey de las Españas. [ 
Impresso | En Murcia, por Vicente Llo- 
friu, a 18 de Se | tiembre de 1707. 

En 4.^—73 págs., más 4 hojas de principios 
sin numerar.— Signs. (~) A-72.— Portada.— 
V. en b.— Dedicatoria.— Al Lector.— Texto. 

130. Belmar (Fr. Antonio). 

Novena sagrada | al Seráfico Patriarca | 
San Francisco | de Asís: | Ordenada | por 
el P. Fr. Antonio Belmar, | Predicador del 
Orden Seráfico, en su | Santa Provincia de 
Cartagena. | (Estampita del Santo.) En 
Murcia: Por los Herederos de Teruel. 
(S. A.) 

En 8.°— 16 págs. y 4 más de finales sin nu- 
merar. —Portada. — Preparación general y 
práctica de esta novena.— Texto.— Gozos en 
verso en alabanza del Santo. 

131. Bernardo (Fr. Juan de San). 

Vida y milagros de Santa Rosalía Vir- 
gen.— En Murcia, 1801. 

En8.« 

Así en el Catálogo ms. del antiguo li- 
brero murciano D. José Riera. 

132. Bertrán (limo. Sr. Don Felipe). 

Sermón, | que en alabanza | del Angéli- 
co Doctor I Santo Thomas de Aquino | 
Predicó en el Colegio | de Reverendos 
Padres Dominicos | de Madrid, | que le 
venera por su Titular, | y Patrono, | El 



Il^no Señor D. Felipe Bertrán, ¡ Obispo de 
Salamanca, Inquisidor General | en todos 
los Reinos, y Dominios de España. | Sale 
a luz I a Instancia, y Devoción de los De- 
votos del I mismo Santo. | Con Licencia. | 
Reimpreso en Murcia: en la Imprenta de 
Felipe Teruel. | Año de M.DCCLXXVII. 

En 4.^-27 págs. y una al final en blanco.— 
Sisrns. A-D.— Portada.— V. en b.— Texto. 



133. Biblioteca | de «El Diario de Mur- 
cia» I en obsequio a sus suscrito res. | Com- 
posiciones I premiadas en el Certamen | 
que I la Prensa de Murcia | celebró en las 
Fiestas del Corpus | de 1892. | Murcia. | 
1892.— Imp. de «El Diario» 1 Sociedad, 10. 

En 4.° — 40 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

Contiene las siguientes composiciones: 
El Escudo de Murcia, por Enrique Car- 
ees. =Z.a5 Murcianas^ por Juan Martínez 
Fonzoa.. = Las feas y las bonitas, por 
Eduardo de Bustamante.=jL«5/^as y las 
bonitas, por M. Perní García. =£"/ día del 
Señor, por Juan B. Pastor Aicart; la pri- 
mera en prosa y las demás en verso. 

134. Biblioteca | de «El Diario de Mur- 
cia» I en obsequio a sus suscritores. | Dis- 
cursos I y I Poesías | leídos en la Inaugura- 
ción (19 de marzo de 1892) | y | en la Vela- 
da literaria (20 del mismo) | del | Círculo 
Católico de Obreros | de Murcia. | Mur- 
cia.— 1892. I Imp. de «El Diario» | Socie- 
dad, 10. . 

En 8.0 — 62 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

Contiene Discursos de los señores don 
Mariano Palarea, D. Eduardo Martínez 
Balsalobre y D. Andrés Blanco García; y 
composiciones poéticas de D. R. Sánchez 
Madrigal, J. Tolosa Hernández, Gerardo 
Vicente Selgas, Miguel Gazque Llopis y 
Virgilio Guirao. 



249 



135. Biblioteca | de «El Diario de Mur- 
cia» I en obsequio a sus suscritores, | Me- 
morias I de la I Tienda-Asilo | de Ntra. 
Sra. de la Fuensanta | de los años | 1890-91 
y 1891-92. I Murcia.— 1893. | Imp. de «El 
Diario». | Sociedad, 10. 

En 4.<'-63 págs. - Portada. — V. en.b.— 
Texto. 

Véanse los nombres: Blanco y García 
(D. Andrés); Garles (D. Rodolfo); Díaz 
Gassou (D. Pedro); La Riva (D.Juan An- 
tonio de); Martínez Palao (D. Pascual); 
Martínez Tornel (José), y Soriano Her- 
nández (D. Juan Antonio). 

136. Biblioteca Popular Murciana. | 
Ley I del Juicio por Jurados. | seguida de 
algunos Gomentarios | a varios artículos ] 
del Gódigo Penal | para instrucción de los 
Señores Jurados. | Por A. A. | Abogado 
de este Golegio. | Murcia.— 1889. ! Tip. de 
Las Provincias de Levante. 

En 8.0—151 págs.— Signs. 2-;0. -Portada.— 
V. en b. — Advertencia.— Texto.— índice.— 
Fe de erratas. 

Es autor de este útil librito Don Agus- 
tín Abril. 



137. Biblioteca popular murciana. | Ley 
I del I Sufragio Universal | de | 26 de ju- 
nio de 1890. I Murcia.— 1890. | Tip. de Las 
Provincias de Levante. | Plaza de los 
Apóstoles, núm. 20. 

En 8.0-73 págs.-Signs. 2-5. -Portada. - 
V. en b.— Texto. 

Véanse los nombres Gano (D. Garlos); 
Garles (D. Rodolfo); y Fernández Itu- 
RRALDE (D. E.) 

138. Blanco (Fr. José Tomás). 

Oración | Encomiástica | El Honor de 
una eterna memoria, | por una memoria 
fundada al honor, y gloria | de la Mages- 



tad Divina: | Que | En el día primero del 
año, I en que se dio principio a la funda- 
ción, que hizo i de Señores Gapellanes D. 
Fernando Balthasar Artia | ga y Gamboa, 
Presbytero, para perpetuo Rezo Ecle | 
siástico del Goro, en la Iglesia de S. Juan 
Bautista. | Dixo | El M. R. P. Fr. Joseph 
Thomas Blanco, | Lector Jubilado, Exa- 
minador Synodal de este Obispado, Gali- 
ficador del Sa | nto Oficio, su Revisor Ge- 
neral de Libros, Juez Ordinario en las 
Gausas de Fe en la San I ta Inquisición, 
Visitador General de la Santa Provincia 
de Granada, Electo ca | nónicamente Go- 
missario General de la Guria Romana, y 
Ex-Provincial de esta de | Gartagena de 
la Regular Observancia de N. P. S. Fran- 
cisco. I Danla a la Prensa | los Señores 
Patrono, y Gapellanes | y la dedican | Al 
M. I. S. D. Antonio 1 Bernardo Gómez, 
Golegial Mayor del de Guenca, | Ganóni- 
go de la Santa Iglesia de Gartagena, Provi- 
sor, I Vicario General, y Gobernador del 
Obispado. I Gon licencia, en Murcia: Por 
Felipe Teruel, vive en la Lencería. 

En 4.0—16 págs., más 8 hoj. de prel. sin fo- 
liar. —Signs. a-f.=A-C2. — Portada.— V. en 
b.— Dedicatoria suscrita por los editores.— 
Parecer de los RR. PP. Lectores y Maestro 
de Estudiantes de Teología del Real Con- 
vento de San Francisco de Murcia Fr. Alon- 
so García, Fr. Blas Calderón, Fr. Manuel 
García y Fr. Joaquín Ruano.— Licencia de la 
Orden.— Aprobación del M. R. P. Presenta- 
do Fr. Salvador García Valladolid.— Licen- 
cia del Ordinario, en Murcia a 16 de febrero 
de 1765. 

139. Blanco (Fr. José Tomás). 

Oración | Encomiástica, y Gratulato- 
ria, I que en los solemnes cultos, que exe- 
cutó el I Comercio de la Nación Francesa 
de esta | Ciudad de Murcia, al Glorioso | 
San Luis | Rey de Francia, | en acción de 
gracias, | por la Real sucession del Sere- 
nissimo | Señor Delfín, | en el deseado 
nacimiento del Real Infante | Duque de 



250 - 



Borg-oña, | en el día 14 de noviembre de 
este Año de 1751. | Dixo | El M. R. P. Fr. 
Joseph Thomas Blanco, | Lector Jubilado, 
Calificador del Santo Oficio, Revisor de | 
Libros, Padre de la Santa Provincia de 
Granada, y Custo | dio actual de la de 
Cartagena, de la Regular ' Observancia 
de N. P. S. Francisco. | Sácala a luz el 
Comercio de dicha | Nación, y la dedican 
I Al Excmo. Señor Don Francisco María | 
de Villers la Faye, Conde de Vaulgrenant 
&c. (Al final): Con licencia: En Murcia, 
por Nicolás Joseph | Villargordo y Alca- 
raz, vive en la Plaza | de San Juan 
de Dios. 

En 4.°— 27 págs., con 17 hoj. más de prel. 
sin foliar.— Signs. A-D.— Portada.— V. en b. 
—Dedicatoria suscrita por D. Juan Francis- 
co Boussac y D. Joseph. Robi.— Parecer del 
Dr. D.José Cuesta y Velarde.— Aprobación 
del M. R. P. Fr. Joaquín Vicente.— Licencia 
de la Orden.— Parecer de Fr. José Pedreño, 
de Fr. Diego Sillo y de Fr. Antonio Tomás. 
—Licencia del Ordinario. — Texto.— Colofón. 

140. Blanco y García (Don Andrés). 

Biblioteca | de «El Diario de Murcia» | 
en obsequio a sus suscriptores. | El Triun- 
fo del Ave María. | Leyenda | premiada 
en público Certamen | celebrado en Ma- 
drid en 4 de diciembre | de 1892, por la 
Asociación de San Luis Gon | zaga, con 
motivo de la conmemoración del | cuarto 
centenario del descubrimiento | de Amé- 
rica. I Premio: Un magnífico reloj de oro 
con cadena del | mismo metal, regalo de 
la señora | Doña Pilar Lugoviña, viuda de 
Serra. | Autor | D. Andrés Blanco y Gar- 
cía. I Murcia.— 1892. | Imp. de «El Diario» 
I Sociedad, 10. 

En 8.° — 22 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto, en verso de variedad de metros. 

141. Blanco de Ibáñez (Felipe). 

El Ángel | del Infortunio. | Novela ori- 
ginal I de ¡ Felipe Blanco de Ibáñez. | 



Tercera Edición | nuevamente corregida. 
I Tomo I (y II y III). -Murcia.— 1875. | 
Tip. de «El Noticiero»; S. Judas, 1. 

3 vol. en 4.°— El primero de 215 págs. Sig- 
naturas (-!-) 2-20; el segundo, de 219 págs. 
Signs. (-!-) 2-14; y el tercero, de 207 págs. Sig- 
naturas (o-) 2-13. 

142. BocAiRENTE (Fr. Benito). 

Vida de la Venerable Madre Sor Veró- 
nica Juliani, Abadesa Capuchina en el 
Monasterio de la Ciudad de Gástelo, ex- 
traída en compendio de las cartas de la 
misma sierva de Dios por un devoto Reli- 
gioso de dicha Ciudad.— Murcia, por Fe- 
lipe Teruel, 1766. 

En 8.« 

Fuster: Bihl. Valenciana. 

143. N.° 1— Jueves 1.° Noviembre de 
1855 = 10 cuartos. | Boletín (Escudo de 
Armas de España.) Especial | de la Ven- 
ta de Bienes Nacionales | de la provincia 
de Murcia | Periódico Oficial de desamor- 
tización. (Al fin): Murcia. Imprenta de 
Carlos Palacios — Cuatro Esquinas de 
S. Cristóbal. 

En folio a 2 columnas. 

Publicado por primera vez en el día y 
año que quedan referidos. Después, por 
varios impresores, con el siguiente enca- 
bezamiento, que lleva en la actualidad, 
impreso por A. Sáez, y también en folio 
a 2 col. y al precio de 2 reales: Boletín 
Oficial I de Ventas de Bienes Nacionales | 
Provincia de Murcia. 



144. 2 de Julio de 1833. =Núm. 1.° a 2 
cuartos. | Boletín (Escudo de A. de Espa- 
ña grab. en mad.) Oficial | de la | Provin- 
cia de Murcia. (Al fin): Imprenta de Her- 
nández. 

En 4.°— 4 hojas. 



251 



Aunque en el prospecto anuncio se dice 
que comenzaría a publicarse el día 1.° de 
julio, como se ve, no lleg^ó a verificarse 
sino hasta el día 2, a partir del cual conti- 
nuó saliendo, en un principio, todos los 
martes, jueves y sábados de cada semana, 
ca las diez de la mañana», siendo su pri- 
mer empresario don Sebastián Hernández 
y Cerdán, habitante en la casa núm. 9 de 
la calle de la Platería, donde tenía esta- 
blecida su imprenta.— Después de aquella 
fecha hasta la actual ha tenido tantos re- 
matantes o contratistas (muchos de ellos 
en repetidas veces), como impresores ha 
habido en Murcia, usando, en su conse- 
cuencia, cada cual de su membrete, y 
dando al periódico, según las necesidades 
de las circunstancias o las condiciones 
del contrato, alguna variedad de formas, 
desde la primitiva en 4.° a renglón tirado 
y plana continuada, hasta el folio regular, 
el prolongado y el de marca doble, a 2, 3 
y 4 columnas, que es la en que, desde hace 
algunos años hasta el presente, se hace la 
publicación diaria. 

145. >í< I Boletín Oficial Eclesiástico | del 
Obispado de Cartagena. (Al fin): Impren- 
ta de Leandro y Vicente Riera. | Príncipe 
Alfonso, 55. 

En 4.0-12 hojas. 

Aunque la hoja de su anuncio, firmada 
por el Obispo Landeira, lleva la fecha de 5 
de octubre de 1864, no empezó a publicar- 
se sino hasta el 10 de febrero, viernes, de 
1865, en cuya fecha se halla el número 1.° 
del primer año, que por cierto contiene 
una pastoral de este Prelado al Deán, Cle- 
ro y fieles de su diócesis, dando la traduc- 
ción de la Encíclica de S. S. «Quanta Arra» 
con el texto latino al pie.— Comenzó la pu- 
blicación saliendo los días 10, 20 y 30 de 
cada mes, y sigue verificándose en los 1, 
10 y 20, en la misma forma y con igual ta- 
maño, sin más diferencia que la del nom- 



bre de los impresores, y. la de ser su cris- 
món, en lugar de una Cruz, una viñeta con 
los atributos o insignias episcopales. 

146. Boletín Extraordinario | de la Pro- 
vincia de Murcia | número 174 | del | Do- 
mingo 23 de Octubre de 1859. 1 Ley y Re- 
glamento I de Minería. (Escudito de A. R.) 
I Murcia. | Imprenta de Antonio Molina. | 
Trapería. 

En 4.°— 90 págs.— Signs. 2-12.— Portada.— 
V. en b.— Texto. 

147. Boletín Oficial | Extraordinario | de 
la Provincia de Murcia | del Domingo 26 
de Enero de 1845. | Ley 1 de Organización 
y Atribuciones | de los Ayuntamientos. | 
(Escudo de A. R.) Murcia | Imp. de J. C. 
Palacios, Calle de la Trapería, núm. 70 | 
Año de 1845. 

En 4.°— 23 págs.— Portada.— Diligencia del 
Gobierno Político a la vuelta.— Texto. 

148. Boletín Oficial Extraordinario | de 
la Provincia de Murcia, | del Martes 5 de 
Enero de 1856.— Número 16. | Ley de 
Remplazos, | sancionada por S. M. en 26 
de Enero de 1856. | y | mandada publicar 
por Real decreto de 30 del mismo mes. | 
(Escudito de A. R.) Murcia: | Imprenta de 
Antonio Molina. | 1856. 

En 8.° — 111 págs.— Signs. (~) 2-5, a-c— 
Portada.— V. en b.— Texto.— (En la signatu- 
ra a, y folio 75): Reglamento | para la decla- 
ración de las esenciones | aprobado por S. 
M. en 10 de Febrero i y publicado por Real 
Orden el 8 | de Marzo. 

149. BoMAiTÍN Y Avala (L. Don José). 

Por I el Doctor D. Bernardo García 
Cam I pero CoUegial Mayor de Cuenca, y 
Cathedratico de Ar | tes de la Universidad 
de Salamanca. | En el Pleyto | con el Doc- 
tor D. Francisco de Parra | Zamorano, 
Canónigo de la Santa Iglesia de Alme- 



252 - 



ría I Sobre | la prevenda magistral de es- 
criptv I ra de la Santa Iglesia de Cartage- 
na, en que salieron am | bos, al parecer, 
con igualdad de votos de la publica- 
ción I del escrutinio, que se hizo de la 
elección. | Impreso | en Murcia por Mi- 
guel Lorente. Año de 1671. 

En fol. — 134 págs.— Signs. (->-) B-Mm.— 
Portada.— V. en b.— Texto suscrito al final 
por el autor. 

Contiene, entre otras cosas, la filiación 
del referido Doctor Don Francisco de 
Parra Zamorano, probándose con muchos 
testimonios ser éste hijo de Cartagena. 

Bibl. pública del Palacio Episc. de 
Murcia. 

150. BoMAiTíN Y Ayala (Líc, Don José). 

AUegatio Ivris. | Por | el Obispo de | 

Cartagena. | Con | el Ayvntamiento | de 

la Civdad | de Mvrcia. (S. 1. s. i. s. a.) 

En fol.— 4 hs. sin num.— Signs. A2.— Tex- 
to a continuación del título. 

Empieza: cA pocos dias q llegó el Obis- 
po de Cartagena | a su Obispado, tuuo 
noticia, q en los concur- | sos q hazia en 
su Cathedral, y otras Iglesias, | coelAyun- 
tamieto de la Ciudad de Murcia, el | Pre- 
dicador hazia cortesía a la Dignidad 
Epis- I copal, y luego al Ayuntamieto con 
palabras honoríficas de | Illustre, o Illus- 
trissimo señor. . . > 

Acaba: « ...intra Sacrarij Cancellos ve- 
nisse, &c. Saluo, &c.> 

El Ayuntamiento de Murcia contestó 
con otro alegato que lleva la siguiente 
portada: 

*(Estampita de la Purísima Concep- 
ción.) Por ! la mvy noble, y mvy | Leal 
Ciudad de Murcia. | Con | la Dignidad 
Episcopal I della. | Apología de Ivre. | So- 
bre. I La venia, y cortesía qve los pre- | di- 
cadores en la Iglesia Catredal han hecho 
siempre a la | Ciudad, concurriendo a los 



actos públicos, y festiui- I dades junta- 
mente con el señor | Obispo.» 

En fol.— 13 hs. nums.— Signs. A-G. —Por- 
tada. —Al V. el texto.— Al fin, firma / *Lic. 
Don loseph Bomaytin ¡y Ayala.» 

Bibl. de la Acad. de la Hist.: Colee, de 
Jesuítas, t. 168, núms. 8 y 9. 

(Adición del editor.) 

151. BoNACASA (Fr. Bernardo de). 

Tomo I Segundo | de la Segunda | Par- 
te de la Católica Doctrina 1 y Exercicio de 
las Virtudes Teologales, | Fe, Esperanza, 
y Caridad. | Con mvchos Discvrsos, Vnos 
Teo I lógicos, y otros Morales, y predica- 
tiuos, que irán embeuidos en | esto, según 
que la materia lo pidiere. | Por el Padre 
Fr. Bernardo de Bonacasa, | Presentado 
en Santa Teología, hijo y Conventual del 
Convento de | Santo Domingo el Real de 
la Ciudad de Murcia, Provincia de Anda | 
lucía, y natural de la villa de Burbaguena, 
Reyno de Aragón. | Al Illvstrissimo Se- 
ñor el Cabildo de | Santa María de la Ciu- 
dad de Murcia, Obispado de Cartagena: 
en me | moria loable del Illvstrissimo y 
Reuerendissimo Señor Don Fray | Anto- 
nio de Trejo Panlagua, Obispo meritissi- 
mo que fué del dicho | Obispado, e Igle- 
sia, del Consejo de su Magestad el Rey | 
nuestro señor Felipe Quarto, y su Emba- 
xador es | pecial que fué en Roma. | Año 
(Adornito.) 1643. | Con privilegio. | En 
Murcia, por luán Fernández de Fuentes. 
Año 1643. 

En 4.°— 851 págs., más 17 hojas de prelimi- 
nares sin numerar.— Signs. (-í-) A-Ppppp.— 
Portada.— V. en b.— Licencia de la Orden de 
Predicadores, suscrita por Fr. Pedro Manri- 
que.— Aprobación del P. Presentado Fr. Ra- 
fael Valcárcel.— Otra del P. Presentado Fr. 
Juan Galiciano.— Otra del Dr. D. Francisco 
de Torres.— Licencia suscrita por el Licen- 
ciado D. Pedro Manso y Zúñiga.— Aproba- 
ción del P. M. Fr. Francisco Boyl.— Dedica- 
toria, suscrita por el autor, al Cabildo de la 
Iglesia de Cartagena.— Al Lector. —Suma 



- 253 - 



del privilegio, por diez años.— Tasa, a cuatro 
maravedís cada pliego.— Erratas.— V. en b. 
—Tabla de los capítulos.— Tabla de los luga- 
res de la Sagrada Escritura.— Texto. 

Es el tercero de los cuatro volúmenes 
que componen esta obra, el último de los 
cuales, como dicho queda en nuestro Ca- 
tálogo de Autores residentes en Murcia, 
creemos que no llegó a imprimirse. 

152. (Estampa que representa una ma- 
nóla bailando entre dos músicos.) Bonita 
Polka-Mazurca | titulada | De la noche a 
la mañana. (Al final): Reimpreso en Mur- 
cia:— 1884. I Imprenta y Librería de P. 
Belda. Lencería, 20. 

En 4.°— 4 págs., la última de las cuales lle- 
va por rótulo: Nueva Polka titulada Pitos y 
Flautas.— Te^to en verso de varias medidas. 

Empieza: 

«Allá en los mares 
metido estuve 
bajo del agua 
cerca de un mes, 
y he visto peces 
tan chiquititos 
como la punta 
de un alfiler. 

Y concluye: 

Así me gustan 
todas a mí, 
que sin maestro 
digan el Sí. 

Como yo pueda 
la he de llevar 
donde me enseñe 
a solfear.» 

153. BoRBóN (Cardenal Don Luis de). 

»i< I Luis de Borbón | por la Divina Mi- 
sericordia, I Presbítero Cardenal de la 
Santa Iglesia Ro | mana, del título de San- 
ta María de Scala, | Arzobispo de Toledo, 
Primado de las Espa | ñas, &c. &c. a mi 
muy amado e Ilustrísimo | Cabildo de mi 
Santa Iglesia primada: al Pre | sidente y 
Vocales de la Gobernación de mi Ar I zo- 



bispado, a mis Vicarios generales y de- 
más I Jueces eclesiásticos y Fiscales; a mis 
Visitadores | de parroquias; a los Curas 
párrocos de todas | mis feligresías; a todos 
los Sacerdotes de mi ve | nerable Clero 
Secular y Regular; a todos mis | diocesa- 
nos y habitantes en el territorio de es- 
te I mi Arzobispado: Salud en nuestro 
Señor Jesu | cristo, y mi amorosa y pasto- 
ral bendición con | las siguientes palabras 
de mi cordial afecto. (Al final): Madrid, 
Imprenta de la Compañía, y Reimpre- 
so I en Murcia, por los Herederos de Mu- 
ñiz. (1820 ?). 

En 4.0-XII págs. 

Tiene por objeto participar el juramento 
hecho por el Rey de la Constitución de 
1812, y exhortar a todos a su obediencia. 

154. BoRjA (Fr. Antonio de). 

Instrucción para los Novicios de la Re- 
ligión de N. P. S. Francisco.— Impreso en 
Toledo en 1665; y reimpreso en Murcia 
en 1672. 

Citado así por el Cronista de la Provin- 
cia de Cartagena Fr. Pablo Manuel Or- 
tega. 

BoxADOS Y DE Llull (Dr. Don Alejo). 

Véase Teresa de JesiJs (Santa) en el 
presente Catálogo. 

155. Botija (Fray Mateo). 

El Espejo de disciplina de San Buena- 
ventura con el Tratado del Aprovecha- 
miento de los religiosos. Murcia, 1625. 

Cfr. Wadingo y Nicolás Antonio. 

(A. del e.) 

156. Bozal (P. Antonio). 

Epítome I de la prodigiosa vida, | y mi- 
lagros del Santo especialmente | favoreci- 
do de Dios, mi adorado | Padre | San 



- 254 



Francisco de Assis, | Fundador glorioso 
de su I Sagrada Religión. | Loescrivió | el 
R. P. M. D. Antonio Bozal, | Monge Cis- 
terciense, Maestro del Número, | Califica- 
dor del Santo Oficio, y Ex-Abad | del Real 
Monasterio de N. Señora | de Beruela. | 
Sacanlo a luz Quatro | cordialissimos De- 
votos de dicho | Santo ] Con licencia, 
reimpresso en Murcia, por Phelipe Te- 
ruel I Vive en la Lencería, Año de 1764. 

En 8.°— 42 págs., con 7 hoj. más de preli- 
minares sin numerar.— Signs. A2-D2.— Por- 
tada.— V. en b.— Aprobación del R. P. M. 
Don Martín Benedito, fecha en el Real Mo- 
nasterio de Santa Fe a 12 de mayo de 1761.— 
Licencia de la Orden, en Zaragoza, 13 de 
mayo del mismo año.— Aprobación del Dr. 
D. Blas Matías San Juan, en Zaragoza, a 17 
del mismo mes y año.— Otra del R. P. Fr. 
Francisco Sánchez, en Zaragoza a 4 del mis- 
mo mes y año.— Octavas en alabanza del au- 
tor por D. Mariano Ligero. — Advertencia 
del autor.— Texto. 

157. Breve Diseño | de las Solemnissi- 
mas I Reales Fiestas que en la Proclama | 
ción de su Magestad el Señor | D. Fernan- 
do VL I de este nombre, ha celebra | do 
este presente año 1746. la muy No | ble, 
muy Leal, | Fidelissima, y siete ve | ees 
Coronada Ciudad de Murcia. | Donde tam- 
bién se incluye | una succinta Relación de 
las magníficas Reales | Exequias, con que 
la misma Nobilissima Ciudad 1 celebró los 
días veinte y cinco, y veinte y seis | de 
Agosto de este mismo año, la dulce me- 
moria I de su Difunto Monarcha, Phelipe 
Quinto, el Animoso. | Sacanle a luz | Los 
Señores Donjuán Francisco | Carrillo de 
Albornoz Lucas y Verastegui, Señor del | 
Palmar, y Javalies nuevo y viejo; D. Fran- 
cisco Fon I tes y Borgoñoz; D. Joseph Ro- 
camora y Rocamora, | Señor de la Buzne- 
gra; y D. Juan Sandoval y Lison, | Comi- 
ssarios nombrados por la misma Ciudad | 
a quien le dedican. (Al final): En Mur- 
cia: I En casa de Phelipe Díaz Cayuelas. 
Impressor | de la Ciudad, Año 1746. 



En 4.°— 160 págs., más 10 hojas de prelims. 
sin numerar.— Signs. (ó-) A- V2.— Portada.— 
V. en h.— (Escudo deA.de la Ciudad de Mur- 
cia.)— W . en b.— Dedicatoria suscrita por los 
referidos Comisarios.— Aprobación del M. 
R. P. Fr. Juan Ignacio Larralde.— Licencia 
suscrita por el Corregidor D. Miguel María 
de Nava y Carreño.— Aprobación del M. R. 
P. Joaquín Navarro.— Licencia del Ordina- 
rio.— Texto (en prosa y verso).— Romance 
heroico de D. Nicolás Molina y Guión en 
alabanza de la Ciudad de Murcia. 

Referentes a la misma, y como explica- 
ción de sus dictados, leemos en la Intro- 
ducción las siguientes especies: 

MURCIA 

«Siempre grande, siempre excelsa, siem- 
pre augusta, inclyta y esclarecida, de las 
más famosas y celebradas. Theatro del va- 
lor, centro de la honra, solio de la gloria: 
amena, divertida, rica y abundante: segunda 
madre de forasteros, porque las Armas rin- 
de, y ni aun disputar quiere la primacía en 
esto a su hermana mayor, tan amante y ama- 
da, correspondiente y correspondida, la gran 
Sevilla. No quiero cansarme ni cansar; no 
entrando en quenta, y de propósito olvidan- 
do, tantas otras prerrogativas suyas, grande- 
zas y excelencias gloriosamente archivadas 
en Estantes, Escritorios, o Escaparates, no 
ya de jaspes, pórtidos y bronces, mas de bri- 
llantes láminas de la Esfera Celeste tachona- 
das de estrellas y esmeraldas, con lucidos 
destellos de este fogoso Padre de las luces. 
Resuélvome a decirlo de una vez, con los re- 
nombres solos que le dan y mandan se le den 
sus Catholicos Monarcas. Estos son: 

»La muy Noble, y muy Leal, Fidelissima, 
y siete veces Coronada Ciudad de Murcia. = 
Muy Noble y muy Leal; Títulos, que dividi- 
dos, le solían dar los Señores Reyes anti* 
guos, y que juntos le dieron, y mandaron se 
le diessen los Catholicos D. Fernando y 
Doña Isabel, de esclarecida memoria. Fide- 
lissima que le dio, y también mandó se le 
diesse el Señor Rey Don Phelipe V. el ani- 
moso, que está en gloria. Sobre que descantó 
un discreto: 

»De muy noble y leal, tymbres unidos, 
a Murcia le engrandecen en tal grado, 
que no puede aun pensarlos divididos, 
el que sepa quán bien los ha juntado: 



— 255 



Pues Murcia con magnífico redoble, 
Es noble por leal, leal por noble. 

MUY NOBLE 

>Como poblada de tantas familias esclare- 
cidas, como dexó en ella el inclyto Rey Don 
layme el Primero de Aragón, quando por 
encargo de su yerno el Señor Rey Don Alon- 
so el X. llamado por excellencia el Sabio, la 
conquistó de los Mahometanos. Encareci- 
miento pareciera lo que el mismo dice en 
sus Comentarios, si otro lo dixera. Diez mil, 
dice, que fueron las que dexó para la pobla- 
ción de esta Ciudad, que llama la más gran- 
de, y más honrada de la Andalucía, sacada 
Sevilla. Las quales familias eran de la ma- 
yor nobleza de Cataluña y Aragón, Genova 
y Francia, que no dudaron, y se resolvieron 
a dexar haciendas, y aun estados, por lograr 
de la abundancia de tierra tan pingue y diver- 
tida. Otras dos mil traxo, y heredó también 
en ella dicho Señor Rey Don Alonso, de la 
primera nobleza de Galicia y León, y las dos 
Castillas: como sin recurso a Historias, aun 
particulares, consta de los libros de la po- 
blación, que Murcia conserva en sus Archi- 
vos. Cosa por cierto rara y admirable; por- 
que dudarse puede, si en todo un Reyno se 
pueden hallar tantas, y lo que más és, tan 
principales y autorizadas. Patria de Reyes 
llamó Cineas, hablando con Pirrho, Rey de 
los Epyrotas, a la Ciudad de Roma, y Patria 
de Reyes pudiera llamarse Murcia, dice su 
Chronista Francisco Cáscales, no menos ele- 
gante, que sólido y juicioso; y por eso tan 
estimado y aplaudido en el Orbe literario, 
citado y seguido de todos los Historiadores 
de fama de la Nación y fuera de ella. 

»De solas 333. nobles familias hace mención 
en la población, mas el mismo dice ser estas 
las mayores, dexando las otras dos classes, 
aunque muy grandes 3'^ estimadas. Después 
en el Nobiliario, escribiendo con los debidos 
elogios de solas 150. dice al fin dexarse 70. 
todas muy principales, sin otras muchas. Y 
lo que mas es, gran número de ellas enlaza- 
das con no pequeña parte de la grandeza de 
España, y lo que aún es mas, no pocas, que, 
o atrahen su origen de Reyes, o Casas Rea- 
les, o están con ellos entroncadas. Doce de 
ellas pudiera decir al presente; mas el res- 
peto y veneración me hacen remitir al lector 
al ya citado y alabado Francisco Cáscales en 
su Nobiliario, tan celebrado de Enrique Er- 
nesto, y otros, que escriben Nobiliarios, 



principalmente de nuestra España. De tanta 
nobleza dixo un entendido. 

«Nobleza numerosa, 
aun de regios solares heredada, 
hace a Murcia gloriosa, 
y en ambos a dos mundos celebrada; 
pues sus regios destellos 
obscurecen del sol los rayos bellos. 

MUY LEAL 

•Renombre glorioso, que se mereció des- 
de su conquista. Porque haviendose alzado 
contra su Monarca legítimo, el Señor Rey 
Don Alonso el Sabio, todas las ciudades de 
sus dominios. Murcia escrivió a Sevilla; y 
ambas Ciudades se confederaron en seguir 
la voz de dicho Señor Rey, contra su hijo Se- 
gundo Don Sancho, que se le havia revela- 
do; y solo quedaron a su devoción las dos 
ciudades, y la de Badajoz, como lo dice el 
mismo Señor Rey, dándolo por causa de los 
innumerables e inestimables privilegios, 
que concedió a Murcia, en que se puede de- 
cir boleó todos los tesoros de sus gracias, y 
en que según la disposición de su testamen- 
to, quiso y mandó se colocassen, como se co- 
locaron, y permanecen en Real Urna, su co- 
razón y sus entrañas. En tiempo del Señor 
Rey Don Pedro el Severo, en que casi todas 
las Ciudades de España anduvieron tan va- 
rias y alteradas, como se sabe, siguiendo ya 
a su Magestad, ya a su Competidor, medio 
hermano, el Señor Don Enrique; Murcia y 
Sevilla se mantuvieron siempre constantes 
en la fidelidad, reconocimiento y obediencia 
de dicho Señor Don Pedro, su legitimo se- 
ñor, como hijo legitimo del Señor Rey Don 
Alonso el XL que a Murcia remuneró con 
muchos privilegios, y los gloriosos blasones, 
que después diré. Y lo más maravilloso fué, 
que la misma lealtad, reconocimiento y obe- 
diencia, le guardaron después ambas nobi- 
lissimas Ciudades, al Señor Don Enrique, 
después de jurado, y aclamado por Rey de 
España; causa de aver concedido a Murcia 
muchos privilegios y mercedes. En tiempo 
del Señor Rey Don Juan el Segundo, avien- 
dose levantado contra su legítimo dueño 
casi todas las Ciudades del Reyno, Murcia 
escrivió también a la Ciudad de Sevilla, su 
hermana en lealtad, desde el lance passado 
del Señor Rey Don Alonso, y ambas se man- 
tuvieron leales, y constantes en su reconoci- 
miento y obediencia. En tiempo del Señor 



256 - 



Emperador Don Carlos V, de este nombre, 
y las Comunidades de Castilla, la Nobleza 
de Murcia, obligada a salir de la Ciudad por 
la violencia de los Comuneros, hizo en el lu- 
gar de la Alcantarilla aquel exemplarissimo, 
y gloriosissimo pleyto omenage, escrito sin 
duda en el cielo con caracteres de estrellas, 
de mantenerse en la obediencia y servicio 
del Señor Don Carlos. En este siglo de 1700. 
y Reynado del Señor Don Phelipe V. que no 
me cansaré de repetir está en gloria, avien- 
do tantas Ciudades, Villas y Lugares de Es- 
paña, ya de grado, ya de fuerza, prestado la 
obediencia al Señor Don Carlos, Archidu- 
que entonces de Austria, y después Empe- 
rador de Alemania; Murcia escrivió a las 
Ciudades de Sevilla, Granada, Cordova y 
Jaén, y todas ellas se mantuvieron firmes y 
constantes en la resolución de no prestarla. 
Y lo que en Murcia fué mas admirable en 
circunstancias tan críticas, como averse reti- 
rado su Magestad de la Corte, tener dentro 
de su mismo Reyno tan poderosos Exércitos 
de Tropas enemigas, que la executaban, 
para que la diesse, antes de la celebrada ba- 
talla de Almansa, tener tan cerca a Cartage- 
na, Orihuela y el Reyno de Valencia, todo 
levantado, y no esperar socorros de parte 
alguna; y lo que excede todo encarecimien- 
to, mandándole el mismo Señor Rey Don 
Phelipe diesse la obediencia a su Competi- 
dor, para que no experimentassen los rigo- 
res de la guerra tan fieles vasallos. Firme y 
constante se mantuvo siempre, siendo el 
propugnáculo de las dos Andalucías, alta y 
baxa, ayudando después tanto como ayudó, 
a la recuperación de Cartagena, Orihuela y 
Reyno de Valencia. Causa que fué de tantos 
y tan apreciables privilegios y gracias, que 
en común, y en particular, dicho Señor Rey 
le concedió, y el título que le dio de Fide- 
lissima. Y por esto un amigo dice hablando 
con ella: 

Muy leal creo Murcia 
muy leales los pechos 
de tus leales hijos, 
que nunca reconocen otro dueñp. 

A tus Reyes consagran 
su generoso aliento, 
por serle más leales 
y darle, si pudieran, más imperios. 

FIDELISSIMA 

»Porque, aunque fidelissinia es lo mismo 
que muy leal, la repetición del glorioso re- 



nombre, no ay duda ser un nuevo, evidente 
y honrosissimo testimonio de la lealtad ex- 
presada. El positivo repetido tres veces se 
sabe ser superlativo en la Francesa y otras 
lenguas. Aun en la Latina: O terque, quater- 
que beati, &c. De que se infiere, que los dos 
superlativos tnuy Leal y Fidelissima, son 
expresión de lo Leal repetido, no quatro, 
que parece lo mas, como se ha visto, sino 
seis veces distintas. 

>Y esta Lealtad seis veces expresada, e 
innumerables, o por mejor decir, siempre 
observada, ha mostrado Murcia, no solo en 
la obediencia dicha de sus Señores Reyes, 
sino es en servirlos en todos sus empeños, y 
conquistas, a costa de la sangre y vidas de 
sus hijos; y conservándoles la corona de su 
cabeza por medio de tantos, y tan gloriosos 
triunfos; plausibles y celebradissimas victo- 
rias, que pueden llamarse innumerables. 

»Mas de doscientos y cinquenta años antes 
de la conquista de la Ciudad, y Reyno de 
Granada, sucedió la entrega de la Ciudad y 
Reyno de Murcia, año de 1241. En este inter- 
medio, no pueden decirse, ni aun creerse las 
victorias que Murcia consiguió por medio de 
sus hijos de los Mahometanos Granadinos, 
en rebatos, encuentros, batallas y conquis- 
tas. La celebre del Puerto de la Olivera, cer- 
ca de Murcia, la de Vera, la del Algibe de 
los Cavalgadores, la de Huercar, la de Ove- 
ra, la de Baza, las de Xiquena, Tirieza, Velez 
el Blanco, Velez el Rubio, CuUar, Orce, Be- 
namaurel, Albox, Portaloba, Alboreas, Al- 
banchéz, y otras en dicho Reyno. La del 
Vado de Molina, tan celebrada, la de las Lo- 
mas del Azud, día, y como se creyó, por in- 
tercession del Seráfico Padre San Francisco, 
en la Vega de Murcia; y otros muchos en- 
quentros y escaramuzas. Dexando otras mu- 
chas, de Vera, otra vez, de Xugena, de Oria, 
de Cantoria, y otra vez de Overa y Xugena; 
del Puerto del Conejo, de Caravaca y otras. 
Ni puede omitirse la celebradissima de los 
Alporchones, cerca de Lorca, en día y con el 
favor del Señor San Patricio, Primado de 
Irlanda, que Murcia y Lorca celebran con 
gran solemnidad todos los años: Y Murcia le 
reconoce por su principal Patrón y Aboga- 
do. Quánto ayudó Murcia, por medio de sus 
hijos, a la Conquista de la Ciudad y Reyno 
de Granada? Quánto a su reducción después 
de la rebelión dé los Moriscos? Quántas vic- 
torias no alcanzó? La de Alhamilla, que fué 
muy señalada, la de Félix, la Ilvañez, la de 



i 



- 257 



Guezija, la de Verga, en que solos de dos 
mil Murcianos vencieron, y pusieron en ver- 
gonzosa fuga a veinte y dos mil de los Mo- 
riscos. La de Uxixar, la de los Valores Alto 
y Baxo; en gran parte de la Galera, la de Tí- 
jola, y otras muchas. 

»Viniendo a las victorias que Murcia ha 
conseguido de Reyes y Príncipes Christia- 
nos; muy insigne fué la de Cartagena, tira- 
nizada por Don Beltran de la Cueva, la de 
Lorca, apoderada de los Moros, la de Jumi- 
11a, usurpada por el Rey de Aragón. Las de 
Librilla, Alhama, y Alcalá, que hoy se llama 
la Puebla de Muía; ocupadas por Don Juan 
Manuel, Adelantado de este Reyno, dos re- 
ducciones del Marquesado de Villena, le- 
vantado por sus Marqueses, siendo tan glo- 
riosa entonces la toma de Alcaraz por solos 
los Murcianos, que supieron entrar, y colo- 
car en ella sus Vanderas. Las de Xerez de 
la Frontera, y Tarifa en Andalucía, la de 
Monte-Agudo en Aragón. En el Reyno de 
Valencia, las de Alicante, Elche, Crevillen- 
te, la Muela, Callosa, Monforte, Espechilla, 
Tebán y Gallinera, y después de estas, la de 
Orihuela, en tiempo del Señor Rey Don Pe- 
dro el Severo; Otra de Orihuela, Elche, Ali- 
cante, y otras villas de dicho Reyno, y de la 
misma Ciudad, en las Germanias, y Reyna- 
do del Señor Emperador Don Carlos V. Fi- 
nalmente, en el siglo presente, y Reynado 
del Señor Don Phelipe V. las de Orihuela, 
Alicante, y otras Villas y Lugares del Rey- 
no de Valencia, y en el suyo de Cartagena, 
como sabe el mundo. Causa de averia cele- 
brado un poeta con estos versos: 

Fidelissima a Murcia sus victorias 
siempre la aclaman, pues con zelo honroso 
su grandeza, sus dichas y sus glorias 
a su Rey consagró con tan glorioso 
ardiente anhelo, que su fiel deseo 
quisiera en cada acción darle un trofeo. 

SIETE VECES CORONADA 

»Porque aviendole dado el ya alabado Se- 
ñor Rey Don Alonso el Sabio, a quien se en- 
tregó en el fin de la Agarena Esclavitud y 
su Conquistador, por medio de su Suegro el 
Rey D. Jayme, también alabado, aviendole, 
digo, dado por blasón de su Escudo, Sello y 
Pendón, cinco Coronas, como ciñendo y 
abrazando en ella los otros quatro Reynos 
sojuzgados; el Señor Rey Don Pedro el Se- 
vero, o Justiciero, y para Murcia siempre 



amabilissimo y gracioso; en reconocimien- 
to, agradecimiento, y alguna remuneración 
de los servicios, que Murcia le avia hecho 
en las guerras de Aragón contra su Rey, y 
su medio hermano Don Henrique, le mandó 
añadiesse a las cinco ya dichas otra Corona, 
en manera que fuessen seis, que son pala- 
bras suyas. Y no contento con gracia tan in- 
estimable, le mandó después añadiesse la 
orla de Castillos y Leones, dándole por glo- 
riosa Cenefa de su Escudo las Armas prin- 
cipales, como las primitivas de nuestros Ca- 
tholicos Monarcas. Finalmente el Señor Rey 
Don Phelipe V. ya tentas veces elogiado, en 
reconocimiento de los servicios hechos por 
Murcia el año VL de este Siglo, no contento 
con el ya expresado glorioso Epyteto de Fi- 
delissima, y el Escudo que le sobreañadió 
en el centro del primero, gravados en él otro 
León, y una flor de Lys, Blasón principal de 
los Christianissimos Reyes de Francia; le 
mandó añadir otra Corona Real, como con- 
fesando, y protestando, como confesaba su 
Magestad y protestaba repetidas veces: Que 
a Murcia debia la conservación de su Coro- 
na. Razón por que se dixo: 

«Entre regios blasones 
que en premio de sus bélicas facciones 
Murcia logró, su Augusto Escudo doran 
con la copia de glorias que atesoran 
siete coronas bellas, 

brillantes como estrellas, * 

que con dorados rayos transparentes 
la ciñen con decoro, 
esmaltando su honor muy fino el oro. 
Siendo en el Orbe siempre celebrada, 
por ser la siete veces coronada.* 

158. Breve memoria de los baños de 
Fortuna.— Aguas termales a la tempera- 
tura de 48° c— Murcia, 1873: Est. tip. de 
La Paz. Zoco, 5. 

En 4.°— 14 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 



159. Breve resumen de | las glorias | de 
la Virgen | y Martyr | Sta. Librada, | Pa- 
trona | de la Santa Iglesia | Cathedral de | 
la ciudad de Siguenza, | y su Obispado. 
I con el modo de hazer su | Novena, para 
alcanzar del Señor, | por intercesión de la 

17 



- 258 - 



Santa, las | gracias que se desean. | Con 
licencia: | En Murcia, por Joseph Díaz 
Cayuelas | Impressor de la Ciudad, en 
frente | de San Francisco. Año | de 1732. 

En 8.°— 48 págs.— Signs. A2F2.— Porta- 
da.— V. en b.— Estampa de la Santa grab. en 
cobre,— Aprobación del Dr. D. Bernardo 
Gutiérrez de Alique.— Licencia del Ordina- 
rio.— Texto.— Al final: varias coplas, una 
Advertencia y una concesión de indulgen- 
cias hecha por el limo. Sr. Don Tomás José 
de Montes. 

160. Breve Resumen | de los Milagros 
obrados | Por el Glorioso ! Taumaturgo 
de Roma, | Perfectísimo modelo del esta- 
do I eclesiástico y sagrado Fundador | de 
la Congregación | del Oratorio | S. Felipe 
Neri, I como especial abogado y | protec- 
tor de los I Terremotos. | Con Licencia: | 
En Murcia: Por los Herederos de | Muñiz, 
Año de 1829. 

En 8,°— 13 págs.— Portada.— Estampa del 
Santo a la vuelta.— Texto. 

161. Brisset (H. J.) 

El Telégrafo. | Novela escrita en fran- 
cés I Por I H. J. Brisset. ! traducida por | 
J. M. P. I Murcia | 1885. 

En 4.°— 95 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

162. Briz de Albornoz (Fr. José). 

Oración Fúnebre en la muerte de la 
Excma. Sra. Doña María Engracia, Mar- 
quesa de los Vélez.— Murcia, por Miguel 
Lorente.— 1686. 

En 4.0 

Así en la Bibl. Franciscana del P. Fr. 
Juan de San Antonio. 

163. Bryan y Livermore (Excmo. e 
limo. Sr. Don Tomás). 

Carta Pastoral | del Excmo. e limo. Sr. 
I Dr. D. Tomás Bryan y Livermore | Obis- 



po de Cartagena | Sobre | la profanación 
de los días festivos. | Cuaresma de 1894. | 
Murcia. | Establecimiento tipográfico de 
La Paz. I San Cristóbal, 7. 

En 4.0 mlla.-48 págs.-Signs. (-i-) 2-6.- 
Portada.— V. en b.— Texto. 

164. Bryan y Livermore (Don Tomás). 

Carta Pastoral | del Excmo. e limo. 
Sr. Dr. I D. Tomás Bryan y Livermore | 
Obispo de Cartagena | Sobre | el Indife- 
rentismo Religioso. I Cuaresma de 1895. | 
Murcia. | Establecimiento tipográfico de 
La Paz I Calle de Zoco, núm. 9. 

En 4.0—45 págs.— Portada.— V. en b,— 
Texto. 

165. Bryan y Livermore (Don Tomás). 

Pastoral I Que con motivo de la | Santa 
Cuaresma de 1887 | Dirige a sus Diocesa- 
nos I El Excmo. e limo. Señor | Dr. D. 
Tomás Bryan y Livermore | Obispo de 
Cartagena. | (Viñetita con las insignias 
del Obispado.) Murcia: 1887— Hijos de No- 
gués. Impresores. | Príncipe Alfonso, 57. 

En 4.0 mlla.-36 págs.— Signs. {->-) 2-5.— 
Portada.— V. en b.— Texto. 

166. Bryan y Livermore (Don Tomás). 

Pastoral | que con motivo de la | Sta. ^ 
Cuaresma de 1888 | Dirige a sus Diocesa- 
nos I El Excmo. e limo. Señor | Dr. D. 
Tomas Bryan y, Livermore | Obispo de 
Cartagena. | sobre la | Masonería. (Viñeta 
con las insignias del Obispado.) \ Año 
1888. I Hijos de Nogués Impresores. | Prín- ^ 
cipe Alfonso, 57. | Murcia. ^ 

En 4.0—64 págs.-Signs. (-s-) 2-8.— Portada. 
V. en b.— Texto. 

Documento de bastante importancia y 
muy bien escrito. 



259 



Buenaventura, San. 
Véase Botija (Fray Mateo). 

167. BuENROSTRO (Fr. Juan), 

Philosophica Themata | Quae publico 
Offert Certamini i in hac Regia Murcien- 
si Domo I Praedicatorum Ordinis I Fr. 



Joannes Buenrostro. | Die... (14 en cifras 
manuscritas.) Mensis Maii. Ann. Dni 
MDCCC. 1 Sub Praesidio | P. Fr. Joachim 
María Pacheco, | Publici Praedictae Fa- 
cultatis Prof. | Murciae: | Apud Joannem 
Vicente Teruel: | Vía Lintearia. 

En 4.<'— 32 págs.-Portada.— V. en b.— 
Texto. 



c 



168. Cabanellas (Miguel). 

Memoria | sobre la vacuna | Impresa | 
para instrucción | de los Padres de Fami- 
lia I de los Reynos | de | Valencia y Mur- 
cia. I Con Licencia | En Murcia: Por la 
Viuda de | Muniz e Hijo, Año 1810. 

En 8.°— XXIV págs.— Portada.— Cita de 
Escobar a la vuelta. —Texto, suscrito al final 
por el autor. 

169. Cabanellas (Miguel). 

Reglas I para evitar en el presente 
año I la reproducción e importación de la 
Fiebre 1 Amarilla que destrozó a este País 
en el pasado, | o su propagación en el caso 
que aconteciese, | sin que el vecindario ni 
la Guarnición | tengan la menor cosa que 
temer. | Murcia: | En la Imprenta de Te- 
ruel, Año de 1812. 

En 4.*^- 41 págs., con 3 más y un Estado 
demostrativo al final, sin numerar.— Signa- 
turas (-v) B-F.— Portada.— A la vuelta, una 
cita de D. Luis Santiago Vado, y Erratas.— 
Dedicatoria, suscrita por el autor, a Don 
Juan Manuel de A-rej ula.— Prólogo y Texto. 
—Copia de una Carta.— Plan adoptado por 
la Junta parroquial de Sanidad de San An- 
drés para la más exacta limpieza..., etc. 

170. Cádiz (Fr. Diego José de). 

Dictamen del M. R. P. Fr. Diego Josef 
de Cádiz, Misionero Apostólico, sobre 
asunto de Comedias y Bayles: Fundado 



en los principios más sólidos, e infalibles 
del Evangelio, y Doctrina más pura de los 
Santos Padres, y nuestra Madre la Iglesia. 
Para desengaños de incautos, mal instruí- 
dos, o preocupados de las máximas del 
mundo.— Reimpreso en Murcia, por Ma- 
nuel Muñiz, vive en la Trapería, donde se 
hallará. 

Así anunciado en el número del Correo 
de Murcia correspondiente al 9 de no- 
viembre de 1793. 

171. Cádiz (Fr. Diego José de). 

^ I Jesús, María y Josef. | Devota No- 
vena I en honor y obsequio de la | castísi- 
ma Virgen, | Seráfica Doc | tora y extáti- 
ca Madre | Santa Teresa de Jesús. | Dis- 
puesta i con especiales considera | clones 
sobre sus heroycas virtudes con | respecto 
a la obligación que de ellas | tiene el cris- 
tiano para poder salvarse. | Escribíala | el 
P. Fr. Diego Josef de Cádiz. | Misionero 
Apostólico, del Orden de Me | ñores Ca- 
puchinos de N. S. P, S. Francis | co, de la 
Provincia de la Inmaculada Con | cepcion 
de nuestra Señora, en los | Reynos de An- 
dalucía. I Reimpresa en Murcia, a expen- 
sas de I un devoto, año de 1815. i Impren- 
ta de los Herederos de Muñiz. 

En 8.°— 104 págs., comenzando la numera- 
ción por el 5.— Signaturas (->-) B-G.— Porta- 
da,— Dos páginas en blanco.— Advertencias. 
—Texto. — Antífonas y oraciones al final, en 



I 
i 



— 261 



latín.— Tabla de las consideraciones que en 
esta novena se contienen. 

172. Cajón de Sastres. Periódico Cons- 
titucional. (Al final): Murcia: Imprenta de 
Mariano Bellido. 1822. (Desde el número 16 
en adelante): Por los Herederos de Muñiz. 

A pesar de su denominación, este perió- 
dico, que en aquella época escribían los 
señores Aguado, Samaniego, Pardo y Ba- 
rrionuevo, es de ideas y opiniones absolu- 
tistas, a que los liberales exaltados de en- 
tonces llamaban Serviles. He aquí lo que 
con referencia al mismo leemos en un ar- 
tículo de cEl Chismoso», su colega local y 
coetáneo, correspondiente al número 19: 

^Impresores. Es tan conocido ya ese pobre 
Jajón de Sastres, que ningún impresor cons- 
titucional quiere imprimirlo. El órgano de 
nndi facción rabiosa de los verdaderos /aco- 
binos, no debía imprimirse por ningún hom- 
bre de bien. El ciudadano Bellido siempre 
nos ha merecido este concepto, y yo espera- 
ba de un momento a otro que se negase a 
seguir con la impresión de un papel que tan 
descaradamente se ha propuesto extraviar 
la opinión pública de esta ciudad, seducir a 
los incautos, y desacreditar el benéfico sis- 
tema de gobierno que nos rige. Desde que 
supe a ciencia fija quiénes eran sus editores 
me convencí que su objeto no podía ser otro 
que adular servilmente a los aristócratas y 
hasta a los criados de las autoridades. En 
fin, el Cajón de Sastres es un periódico que 
hace muy poco honor a la causa de la liber- 
tad. ¿Qué extraño es, pues, que Bellido no 
haya querido imprimirlo más? Sólo en la im- 
prenta de Muñiz, en la oficina del Católico, 
tildada de servil por los amantes de la Cons- 
titución, pudo hallar acogida ese desprecia- 
ble papelucho. El Impresor Bellido puede 
congratularse que ese periódico, que debie- 
ra llamarse anticonstitucional, le haga las 
inculpaciones que se leen en el principio de 
su número 16. Los dicterios del Cajón de 
Sastres son elogios.» 

173. Calatayud (P. Pedro). 

>b I Sentencias j varias, sacadas de los 
Prophetas, | y de los Libros de la Sagrada 



Escritu I ra, para entrar predicando por 
las calles, con Crucifixo | en mano, en los 
pueblos adonde se va a Mission; y | para 
la noche en que se ha de hacer el acto de | 
Contrición por las Calles. | Las quales 
irán los Predicadores der | ramando con 
oportunidad, y las que mejor les armen | 
o tengan por más convenientes. | Pueden 
también servir para la proces I sion de 
penitencia, las que inclinaren a lo más ] 
tierno y afectuoso. | Dispónense por el 
Abecedario, en qua | tro partes, y a cada 
vna se añaden varias Saetillas, y | Com- 
minaciones, con vn Acto de Contrición, 
para quan | do se recogiere el auditorio, 
y concurso en alguna | plaza o Templo, o 
para quando se acavasse. | Dalas a Luz el 
M. R. P. Pedro Calatayud | de la Compa- 
ñía de Jesús, Maestro de Sagrada Theolo | 
gia, y Missionero Apostólico. | Y las de- 
dica al Ángel de su Guarda. I Con Licen- 
cia del Ordinario. | Impressas en Murcia, 
por Joseph Díaz Cayuelas, Impres I sor 
de la Ciudad, y de la Inquisición, Año 
1734. 

En 4.°— 44 págs., más una al final de Erra- 
tas sin numerar.— Signs. A 2 -E.— Portada 
orlada.— Estampa del Ángel de la Guarda a 
la vuelta.— Texto.— Licencia del Ordinario. 
Erratas: 

Empieza: 

«Al entrar en la puerta o calle de el Pue" 
blo donde se ha de hazer la Mission, encen- 
didos dos faroles, y armado el Crucifixo, se 
haze co él la señal de la Cruz, hechando la 
primer bendición sobre él. 

• Luego toca la campanilla el P. compañe- 
ro, y se empieza en el tercer lumen Christi: 
Moradores de N. Penitencia! Penitencia! 
Penitencia!, pues por no haverla hecho, ha 
destruido Dios Pueblos y Ciudades enteras. 

»... Sacerdote de el Altísimo! N. que me 
oyes: has llegado ya a aquel estado en que 
has perdido el hambre y apetito a la palabra 
de Dios: el pan de la Oración te fastidia, el 
rezo sin sabor, sin atención y sin jugo, la 
Missa sin devoción, ni sentimiento; tus con- 
fessiones estériles, y sin enmienda, con vn 



— 262 



hastío, y decaimiento fatal para todo lo que 
QS estudio, retiro, oración y penitencia... 

•Moradores de N. Jóvenes dados a la lu- 
xuria, mugares delicadas y sobervias, que 
vivís en el deleyte de vuestros cuerpos y 
regalo: hombres desvanecidos con ideas va- 
nas, y pensamientos de sobervia; los que 
aveis degenerado de el ser de hijos de Dios, 
y de verdaderos Christianos. Vestios de ci- 
licio, llorad con amargura vuestras culpas, 
clamad por que se perdonen, pues la ira y 
furor de el Señor os amenaza con el castigo. 

»... Aveis, o mugeres maldicientes; o blas- 
femos y juradores, aveis añlado vuestras 
lenguas, como lo haze la serpiente; al dezir 
la desgracia de la doncella, o la viuda, al 
contar el trabajo, defecto de la otra familia, 
tenéis debajo de vuestros labios el veneno 
de los áspides. 

>... Doncella alegre y desenbuelta, que 
caído el rubor y modestia de tu frente, jue- 
gas y saltas como yegua lasciva entre los 
hombres, que como vezerra inmunda de 
Efraín, andas trotando por calles, visitas, 
romerías y saraos... Joven, que por tu des- 
obediencia y malas compañías eres el cuchi- 
llo de tus Padres; hombres todo el día incli- 
nados a negocios de la tierra, vosotros tenéis 
esperanza de vivir muchos años, y moriréis 
antes de tiempo: la espada y la justicia de 
Dios, marchitará vuestros designios, y abre- 
viará vuestros días. 

»... Alerta nobles, acomodados, o ricos, ya 
es tiempo de celebrar con el llanto las mise- 
rias que os espera: en vuestro dinero escon- 
dido, y en vuestra hazienda amontonada, o 
mal ávida, os aveis grangeado la ira de Dios, 
para el día de la muerte: clama el sudor de 
el criado, o jornalero, que no acá vais de pa- 
gar, ha subido su clamor hasta los oídos de 
Dios, vanqueteais sobre la tierra, y vuestra 
vida se pasa en deleytes, en la luxuria, y re- 
galo de la carne...», etc., etc. 

Es un opusculito bastante curioso. 



174. Calderón (Fr. Blas). 

Synathroesmus Theologicus publicae 
concertationi expositus a P. Fr. Blasio 
Calderón Sacras Theologiae Lectore Mur- 
ciensi. Suppetias ferente a R. P. Fr. Jo- 
seph Marín, Lectori Jubilato, & S. Provin- 
ciae Carthaginensi? Ministro Provinciali, 



in comitiis generalibus totius Ordinis Mi- 
norum Valentiae celebratis ann Dom. 1768. 
Dicatus Pauperculo, & Humili Ecclesiam 
sustentan ti, ac ditanti, Eximí Crucís 
Amatorí... divo Francisco. Pro die 16 
Maji in Conventu perillustri S. P. N. Fran- 
cisci ejusdem Valentinae Civitatis. (Escu- 
do de la Orden.) Murtiae: apud Philippum 
Teruel. 

1 hoja de portada y 30 páginas de tex- 
to, en 4.'' 

Es una disertación indigesta. 

175. Calendario | para el | Reino de 
Murcia, | correspondiente | al año bisies- 
to de 1852. I Dispuesto en el Observatorio 
astronómico nació- | nal de Marina de la 
Ciudad de S. Fernando, con arreglo al 
meridiano de Murcia. | ... Con privilegio 
esclusivo de S. M. | Murcia: | Imprenta y 
Litografía de D. José Caries Palacios, ] 
cuatro esquinas de San Crístóval. 

En 8.° mlla. (21 cms.).— 8 hs. 

(Adición del editor). 

176. Calvo (Don Jerónimo). 

Cantos I Dedicados al nuevo y dignísi- 
mo Obispo de Cartagena, | El Excmo. e 
limo. I Sr, Dr. D. Francisco Landeira | 
y Sevilla. | Por | G. C. G. (Viñeta.) Mur- 
cia, I Imp. de J. Riera, Contraste, 6. | 1861. 



En 4.°.— 5 hoj. sin numerar.— Portada or 
lada, como todas las páginas.— Texto (sus 
crito al final por Gerónimo Calvo). 



Empieza: 

«¿Por qué del poeta el arte 
Yo he de buscar y la lira...? 
¿No basta lo que me inspira 
La voz de mi corazón?... 

Concluye: 

Pastor y Padre, de virtud y ciencias 
Astro que luce en la brillante historia. 
Donde los siglos hallarán grabada 
Su noble gloria.» 






-263 - 



177. Calvo (Julián). 

Reseña | del | Gran Órgano | de la | 
Sta. Iglesia Catedral de Cartagena | sita 
en Murcia. | Fabricado por los Señores | 
Merklin, Schütze y Compañía | Escrita 
por I Julián Calvo. | Murcia: 1891. | Esta- 
bl. Tipográfico de la Paz. | San Cris- 
tóbal, 7. 

En 4.° — 27 págs., comenzando la numera- 
ción por el 8, con dos estampas litografia- 
das que representan las dos fachadas del ór- 
gano.— Portada,— V. en b.— Dedicatoria al 
Ilustrísimo Cabildo de la Sta. Iglesia Cate- 
dral de Cartagena.— Al lector.— Texto. 

Don Julián Calvo, organista de la Cate- 
dral de Murcia, murió hace poco, dejando 
inéditos muchos escritos, con los que pro- 
yectaba formar un estudio de los artistas 
músicos murcianos. 



178. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la solemne inaugu- 
guración | del | Curso Académico de 1882 
a 1883. I En el I Instituto Provincial de se- 
gunda enseñanza de Murcia. | Por 1 D. 
José Calvo García, | Doctor en la Facul- 
tad de Filosofía y Letras, | Licenciado en 
la de Derecho civil y canónico, | Catedrá- 
tico supernumerario de la sección de Le- 
tras I y Secretario de dicho establecimien- 
to. I Murcia: | Tipografía de Anselmo Ar- 
ques. I Príncipe Alfonso, núm. 40. | 1882. 

En 4.''-133 págs.-Portada.-V. en b.- 
Texto. 

Dice, entre otras cosas: 

«El número de alumnos matriculados en 
el pasado curso asciende a 851, de los cua- 
les 221 lo fueron en enseñanza oficial, 402 en 
privada y 228 en doméstica; a cuya cifra to- 
tal debe agregarse 32 matriculados en Len- 
gua francesa, dando un resultado de 883, de 
cuyo número de matrículas 27 lo han sido de 
honor, correspondiendo 13 de ellas a la en- 
señanza oficial, otras 13 a la privada y una a 
la doméstica. Considerada la matrícula bajo 
el punto de vista de las inscripciones, resul- 



tan hechas 565 en enseñanza oficial, 942 en 
privada, 525 en doméstica y 32 en idioma 
francés, arrojando un total de 2.064. 

»... Satisfactorio ha sido también el éxito 
alcanzado en los exámenes, y demás ejerci- 
cios literarios a que se han sometido los 
alumnos. En enseñanza oficial 72 han mere- 
cido la nota de Sobresaliente, 82 la de Nota- 
ble, 125 la de Bueno, 230 la de Aprobado 
y 22 la de Suspenso. En enseñanza privada 
el número de las censuras de Sobresaliente 
ha sido de 259, el de las de Notable 167, el de 
las de Bueno 193, el de las de Aprobado 202 
y el de las de Suspenso 25. La enseñanza 
doméstica ha obtenido 73 Sobresalientes, 69 
Notables, 116 Buenos, 180 Aprobados y 33 
Suspensos. En fin en la asignatura de Fran- 
cés, ha habido 5 Sobresalientes, 2 Nota- 
bles, 9 Buenos, 10 Aprobados, y ningún Sus- 
penso, siendo el resultado total de 403 So- 
bresalientes, 320 Notables, 443 Buenos, 622 
Aprobados y 80 Suspensos. =123 han aspira- 
do al Grado de Bachiller, habiéndolo conse- 
guido 119; a saber, 9 con la censura de Sobre- 
saliente en ambos ejercicios; 13 con la mis- 
ma censura en uno y la de Aprobado en el 
otro, y 97 con la de Aprobado en ambos, 
habiendo quedado 4 Suspensos. 

»La concurrencia a los ejercicios para los 
premios ordinarios no ha desmerecido de 
la de años anteriores, habiéndose abjudi- 
cado 22 de aquéllos y 27 Menciones hono- 
ríficas.» 



179. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la solemne Inaugu- 
ración I del I Curso Académico de 1883 a 
1884. I En el I Instituto Provincial de Se- 
gunda Enseñanza de Murcia | Por | Don 
José Calvo García. | Doctor en la Facul- 
tad de Filosofía y Letras... etc. (Entera- 
mente igual que en la anterior.) — Mur- 
cia..— 1884. I Tipografía de Anselmo Ar- 
ques. I Príncipe Alfonso, núm. 40. 

En 4.0—133 págs.- Portada. -V. en b.- 
Texto. 

Dice en la parte que más interesa a nues- 
tro objeto: 

«El número de alumnos matriculados en el 
pasado curso asciende a 792, de los cuales 



264 - 



206 lo fueron en enseñanza oficial, 408 en pri- 
vada y 178 en doméstica. Descompuesta la 
matrícula, en inscripciones, resultan hechas 
572 en enseñanza oficial, 1.056 en privada y 
456 en doméstica, arrojando un total de 2.084, 
de las que 14 lo fueron de honor, correspon- 
diendo 7 a la primera de dichas enseñanzas, 
5 a la segunda y 2 a la tercera.— Si brillante 
es el estado del establecimiento por el nú- 
mero de alumnos, no lo es menos por los re- 
sultados que ofrece la enseñanza. En la ofi- 
cial 30 han merecido la nota de Sobresalien- 
te en los exámenes, 54 la de Notable, 91 la de 
Bueno, 146 la de Aprobado y 52 la de Sus- 
penso. En enseñanza privada el número de 
las censuras de Sobresaliente, ha sido de 
317, el de las de Notable de 254, el de las de 
Bueno 210, el de las de Aprobado 174, y el 
de las de Suspenso 9. La enseñanza domés- 
tica ha obtenido 33 Sobresalientes, 95 Nota- 
bles, 129 Buenos, 135 Aprobados y 19 Sus- 
pensos; siendo el resultado total de 280 So- 
bresalientes, 403 Notables, 430 Buenos, 455 
Aprobados y 60 Suspensos. = 107 alumnos 
han aspirado al grado de Bachiller, habién- 
dolo obtenido 102 calificados de la siguiente 
manera: 3 con la censura de Sobresaliente 
en ambos ejercicios; 8 con la misma censura 
en uno y la de Aprobado en el otro, y 91 con 
la de Aprobado en ambos, habiendo que- 
dado 5 Suspensos. 

»La concurrencia y los resultados en los 
ejercicios a los premios ordinarios ha supe- 
rado a los del año anterior, habiéndose ad- 
judicado 33 de aquéllos y 19 Menciones ho- 
noríficas.» 



180. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la solemne inaugu- 
ración 1 del Curso Académico de 1884 a 
1885. I En el I Instituto de Segunda Ense- 
ñanza de Murcia | Por | D. José Calvo 
García. | Doctor en la Facultad de Filoso- 
fía y Letras... etc. (Lo mismo que en la 
/)r/m^m.j— Murcia.— 1885. | Tip. de An- 
selmo Arques. | Príncipe Alfonso, núme- 
ro 40. 

En 4.°— 133 págs.— Portada. —V. en b.— 
Texto. 

Dice en la misma análoga parte: 



«El número de alumnos matriculados en el 
pasado curso asciende a 901, de los cuales 
187 lo fueron en enseñanza oficial, 563 en pri- 
vada y 151 en doméstica. Descompuesta la 
matrícula en inscripciones resultan hechas 
517 en enseñanza oficial, 1.476 en privada y 
347 en doméstica, arrojando un total de 2.367, 
de las que 26 lo fueron de honor, correspon- 
diendo 15 a la primera de dichas enseñanzas, 
10 a la segunda y 1 a la tercera... 

»... Con el brillante estado de nuestro Ins- 
tituto, por razón de su matrícula corre pareja 
el resultado de los exámenes en el último 
curso. En la enseñanza oficial 71 alumnos 
han merecido la nota de Sobresaliente, 781a 
de Notable, 128 la de Bueno, 215 la de Apro- 
bado y 17 la de Suspenso. En la privada el 
número de las censuras de Sobresaliente ha 
sido de 386, el de las de Notable de 251, el de 
las de Bueno 267, el de las de Aprobado 406 
y el de las de Suspenso 35. La enseñanza do- 
méstica ha obtenido 43 Sobresalientes, 51 
Notables, 79 Buenos, 126 Aprobados y 42 Sus- 
pensos; es decir, que habiendo sido el núme- 
ro total de exámenes 2.195, las notas de So- 
bresaliente están en una proporción de un 
23 por 100, las de Notable de 17, las de Bue- 
no de 22, las de Aprobado de 34, y tan sólo 
representan las de Suspenso un 4 por 100, 

»Los exámenes verificados en concepto de 
libres al amparo de las disposiciones del ci- 
tado R. D. de 22 de noviembre del año ante- 
rior en las dos épocas de mayo y setiembre 
han ascendido a 22, alcanzando sólo uno de 
ellos la nota de Notable, 3 la de Bueno, 12 la 
de Aprobado y 6 la de Suspenso, resultado 
poco halagüeño y que revela gran falta de 
preparación en los examinados. 

»En cuanto a los (premios) se nota un des- 
censo en relación con el curso de 1883 a 84, 
pues mientras en éste se adjudicaron 33 Pre- 
mios y 19 Menciones honoríficas, en el curso 
que ha finado sólo se han concedido 26 de 
aquéllos y 16 de éstas.» 



181. Calvo García (Don José). 



Memoria | Leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del I Curso Académico de 1885 
a 1886. I En el | Instituto Provincial de 
Segunda Enseñanza de Murcia. | Por | 
Don José Calvo García. | Doctor en la 
Facultad de Filosofía y Letras... etc. (Lo 




- 265 - 



wi5wo.^— Murcia. —1886. | Tipografía de 
Anselmo Arques. | Príncipe Alfonso, 40. 

En 4.°— 73 págs.— Portada.— V. en b — 
Texto. 

Dice en la misma análoga parte: 

«A 881 asciende el número de alumnos 
matriculados en el pasado curso, de los cua- 
les 175 lo fueron en enseñanza oficial, 569 en 
privada y 137 en doméstica. Descompuesta 
la matrícula en inscripciones resultan he- 
chas 480 en enseñanza oficial, 1.440 en priva- 
da y 336 en doméstica, formando un total de 
2.256, de las que 23 lo fueron de honor, co- 
rrespondiendo de ellas 14 a la primera de 
las referidas enseñanzas, 8 a la segunda y 1 
a la tercera. 

»Otro tanto ha sucedido con el resultado 
de los exámenes y demás actos literarios 
que coronan los trabajos de cada curso, a 
pesar de lo poco favorable de las circunstan- 
cias (las de la epidemia colérica)... Digno es, 
pues, de loa el que no haya desmerecido el 
último curso en relación con el anterior, 
como lo justifican los siguientes datos: En 
la enseñanza oficial 73 alumnos han tomado 
la nota de Sobresaliente, 68 la de Notable, 
115 la de Bueno, 176 la de Aprobado y 18 la 
de Suspenso. En la privada el número de las 
censuras de Sobresaliente que se ha otorga- 
do asciende a 330, el de las de Notable a 256, 
el de las de Bueno a 305, a 410 las de Apro- 
bado y a 18 el de Suspensos. La enseñanza 
doméstica ha sido galardonada con 33 notas 
de Sobresaliente, 44 de Notable, 67 de Bue- 
no y 83 de Aprobado, habiendo sólo 12 obte- 
nido la de Suspenso. 

»Los exámenes verificados en concepto de 
libres al amparo de las disposiciones del ci- 
tado R. D. de 22 de noviembre de 1883, en 
las tres épocas de enero, mayo y setiembre 
(octubre en el presente año), han sido 27, 
mereciendo 1 la nota de Sobresaliente, 3 la 
de Notable, 7 la de Bueno, 15 la de Aproba- 
do y 1 la de Suspenso. 

»Han aspirado ha obtener el grado de Ba- 
chiller 110 alumnos, consiguiéndolo 107; 7 de 
ellos con la nota de Sobresaliente en ambos 
ejercicios; 4 la misma censura en uno y la de 
Aprobado en el otro, y 96 la de Aprobado en 
ambos, quedando 3. Suspensos. 

>En ningún género de actos literarios se 
han dejado sentir tanto las anómalas circuns- 
tancias por que hemos atravesado como en 



los ejercicios a los premios ordinarios. Qui- 
zá no se registra ningún curso en que el nú- 
mero de los aspirantes, y por tanto el de los 
premios, haya sido tan corto. Sólo 6 han te- 
nido la constancia para proseguir sus estu- 
dios hasta los últimos días del pasado octu- 
bre, alcanzando 9 premios y 2 Menciones ho- 
noríficas.» 

182. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del 1 Curso Académico de 1886 
a 1887. I En el | Instituto Provincial de 
Segunda Enseñanza de Murcia. | Por | 
Don José Calvo García. | Doctor en la 
Facultad de Filosofía y Letras... etc. (Lo 
w/smo.j— Murcia.— 1887. | Tipografía de 
Anselmo Arques. 1 Príncipe Alfonso, 40. 

En 4.^—73 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

Dice en la misma parte análoga: 

«Derogado el citado R. D. (18 de agosto 
de 1885) por el de 5 de febrero del presente 
año sin reconocer los derechos de las hechas 
en los establecimientos asimilados, y abier- 
to en su consecuencia nuevo período de ma- 
trícula, ésta alcanzó en nuestro Instituto el 
número de alumnos que debía esperarse, 
ascendiendo el total a 819, de los cuales 198 
figuraron en enseñanza oficial, 517 en priva- 
da y 104 en doméstica.— El número total de 
inscripciones fué el de 2.052, de las cuales 
568 pertenecen a la enseñanza oficial, 1.256 a 
la privada y 219 a la doméstica, no contándo- 
se sino 9 de honor, correspondientes todas a 
la enseñanza oficial... 

>El resultado obtenido por los alumnos en 
los exámenes ha sido análogo al de años an- 
teriores. En la enseñanza oficial 63 han me- 
recido la calificación de Sobresaliente, 68 la 
de Notable, 131 la de Bueno, 243 la de Apro- 
bado y 34 la de Suspenso. En enseñanza pri- 
vada a 344 se ha otorgado la primera, a 232 
la segunda, a 248 la tercera, a 336 la cuarta y 
a 18 la última; y en enseñanza doméstica 26 
han alcanzado la de Sobresaliente, 28 la de 
Notable, 30 la de Bueno, 67 la de Aprobado 
y 19 la de Suspenso, dando un resultado 
total de 1.887 exámenes, o sean 308 menos 
que inscripciones había hechas. 

»Los exámenes verificados para dar vali- 



266 



dez académica a los estudios hechos en pri- 
vado con arreglo al R. D. de 22 de noviem- 
bre de 1883... han sido 42 entre los tres perío- 
dos de enero, mayo y setiembre, obteniendo 
los examinandos 6 notas de Sobresaliente, 6 
de Notable, 10 de Bueno, 18 de Aprobado y 
2 de Suspenso. 117 alumnos han aspirado a 
obtener el grado de Bachiller, de los cuales 
12 lo han conseguido con la nota de Sobre- 
saliente en ambos ejercicios, 6 con la misma 
censura en uno y la de Aprobado en el otro, 
95 con la de Aprobado en ambos, y 4 por ha- 
ber quedado Suspensos no han conseguido 
su propósito. 

• Los ejercicios a los premios ordinarios 
han estado en el curso último algo más con- 
curridos que en el anterior, pues se han ad- 
judicado 12 de aquéllos y 3 Menciones hono- 
ríficas...» 



183. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del I Curso Académico de 1887 a 
1888. I En el I Instituto Provincial de Se- 
gunda Enseñanza de Murcia. | Por D. José 
Calvo García. | Doctor en la Facultad de 
Filosofía y Letras... etc. {Lo mismo.)— 
Murcia 1888. | Tip. de Anselmo Arques. | 
Príncipe Alfonso, 40. 

En 4.0-73 págs. -Portada. -V. en b.- 
Texto. 

Dice así en la misma análoga parte: 

«La matrícula del curso anterior fué pró- 
ximamente igual a la de 1885 a 86, siendo 
sólo la diferencia de 22, pues mientras que 
en el curso últimamente citado alcanzó 797 
alumnos, en el que historiamos llegó a 819, 
clasificados, según la enseñanza, de la si- 
guiente manera: Enseñanza oficial, 198; pri- 
vada, 517, y doméstica, 104. El número total 
de inscripciones en que estuvieron matricu- 
lados los alumnos, ascendió a 2.115 distribui- 
das de este modo: En enseñanza oficial, 504; 
en privada, 1.383, y en doméstica, 228. 

»Las calificaciones obtenidas por los alum- 
nos que han sufrido examen, son las siguien- 
tes: Enseñanza oficial: Sobresaliente, 58; No- 
table, 90; Bueno, 133; Aprobado, 178; Suspen- 
so, 32.=Enseñanza privada: Sobresaliente, 
434; Notable, 246; Bueno, 289; Aprobado, 275; 



Suspenso, 16.=Enseñanza doméstica: Sobre- 
saliente, 35; Notable, 39; Bueno, 46; Aproba- 
do, 69; Suspenso, 28. 

»Los exámenes de alumnos libres han sido 
entre las tres épocas del curso, 83, obtenien- 
do los examinandos 4 notas de Sobresalien- 
te, 12 de Notable, 18 de Bueno, 43 de Apro- 
bado y 6 de Suspenso.— Se han conferido 111 
grados de Bachiller, 5 con la calificación de 
Sobresaliente en ambos ejercicios, 11 con la 
misma censura en uno y la de Aprobado en 
otro, y 95 con la de Aprobado en ambos, a 
los cuales hay que agregar 4 que han mere- 
cido la de Suspenso.— Se han adjudicado 18 
Premios ordinarios y 3 Menciones hono- 
ríficas.» 



184. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del I Curso Académico de 1888 a 
1889. I En el I Instituto Provincial de Se- 
gunda Enseñanza de Murcia. | Por | Don 
José Calvo García. | Doctor en la Facul- 
tad de Filosofía y Letras... etc. (Lo mis- 
mo.)— Murcia.— 1889. I Tip. de Anselmo 
Arques. | Príncipe Alfonso, 40. 

En 4.°— 74 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

Dice así en las páginas 6 y 7: 

«El número de alumnos matriculados ha 
ascendido a 821, distribuidos del siguiente 
modo: Enseñanza oficial, 244; privada, 483; 
doméstica, 88.— El número total de inscrip- 
ciones ha ascendido a 2.060, distribuidas 
igualmente entre las tres clases de enseñan- 
za en la siguiente forma: Enseñanza oficial, 
611; privada, 1.257; doméstica, 192.— Las ca- 
lificaciones obtenidas por los alumnos en 
esas inscripciones, descontadas 121, a cuyo 
examen no se han presentado voluntaria- 
mente los interesados, son las siguientes: 
Enseñanza oficial: Sobresaliente, 86; Nota- 
ble, 92; Bueno, 121; Aprobado, 244; Suspen- 
so, 31.=Enseñanza privada: Sobresaliente, 
344; Notable, 257; Bueno, 268; Aprobado, 279; 
Suspenso, 14.=Enseñanza doméstica: Sobre- 
saliente, 25; Notable, 27; Bueno, 44; Aproba- 
do, 65; Suspenso, 13. 

»La enseñanza libre ha obtenido 8 censu- 
ras de Sobresaliente, 13 de Notable, 32 de 



I 



I 



- 267 — 



Bueno, 54 de Aprobado y 12 de Suspenso, 
representativas de un total de 119 exámenes 
en los tres períodos del curso. 

»Se han conferido 92 grados de Bachiller, 
8 con la calificación de Sobresaliente en am- 
bos ejercicios, 1 con la misma censura en 
uno y la de Aprobado en otro, y 83 con la de 
Aprobado en ambos.— Y en fin, previos unos 
buenos ejercicios, se han adjudicado 20 Pre- 
mios ordinarios y 15 Menciones honorí- 
ficas...» 

185. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del I Curso Académico de 1889 
a 1890. I En el I Instituto Provincial de Se- 
gunda Enseñanza de Murcia. | Por | Don 
Tose Calvo García. | Doctor en la Facul- 
tad de Filosofía y Letras... etc. (Lo w/s- 
wo.;— Murcia.— 1890. | Tip. de Anselmo 
Arques. | Príncipe Alfonso, 40. 

En 4.°-67 pág.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

Dice así en las pág-inas 6 y 7: 

«El número total de alumnos matricula- 
dos en este Instituto en el curso último as- 
cendió a 903, distribuidos del siguiente modo 
entre las tres clases de enseñanza: 

«Enseñanza oficial, 239; privada, 5%; do- 
méstica, 68.= Y descompuestas esas cifras en 
el número de inscripciones, el total de éstas 
fué de 2.352, distribuidas igualmente entre 
las tres clases de enseñanza de la siguiente 
manera: Enseñanza oficial, 658; privada 1.551; 
doméstica 143. De ellas fueron de honor 19, 
correspondientes a igual número de pre- 
mios ordinarios concedidos en el curso de 
1887 a 88.— Los frutos alcanzados en la ense- 
ñanza, juzgados por su resultado tanto en 
exámenes como en los demás ejercicios aca- 
démicos, son los que dan a conocer las si- 
guientes cifras: Enseñanza oficial: Sobresa- 
lientes 78; Notables 75; Buenos 129; Aproba- 
dos 270; Suspensos 74.=Enseñanza privada: 
Sobresalientes 164; Notables 247; Buenos 374; 
Aprobados 554; Suspensos 141.=Enseñanza 
doméstica: Sobresalientes 13; Notables 16; 
Buenos 39; Aprobados 48; Suspensos 20.=La 
Enseñanza libre ha ofrecido 128 exámenes 
en los tres períodos del curso, siendo su re- 
sultado el siguiente: Sobresalientes 7; Nota- 



bles 15; Buenos 27; Aprobados 54; Suspen- 
sos 17. 

»...En los ejercicios para Grados de Bachi- 
ller, se observa un término medio análogo 
al de años anteriores: 111 son los que se han 
conferido, de los cuales 3 lo fueron con la 
calificación de Sobresaliente en ambos ejer- 
cicios; 8 con la misma nota en uno y la de 
Aprobado en otro; 89 con esta última en am- 
bos y 11 con la de Suspenso. 

»...En los ejercicios a premios, se nota in- 
cremento anual, habiéndose adjudicado en 
el curso último 27 Premios ordinarios y 25 
Menciones honoríficas.» 



186. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la Solemne Inaug^- 
guración | Del Curso Académico de 1890 
a 1891. i En el | Instituto Provincial de 
Segunda Enseñanza de Murcia. | Por | D. 
José Calvo García | Doctor en la Facultad 
de Filosofía y Letras... etc. (Lo mismo.) 
—Murcia— 1891. | Tip. de Anselmo Ar- 
ques. I Príncipe Alfonso, 40. 

En 4.°— 77 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

Dice así en las mismas páginas: 

«El número total de alumnos matriculados 
en este Instituto en el curso de 1889 a 90, 
ascendió a 873, distribuidos del siguiente 
modo: Enseñanza oficial 225; privada 566; 
doméstica 82.— Descompuestas esas cifras 
en el número de inscripciones, resultan 
2.263 de éstas, distribuidas igualmente entre 
las tres clases de enseñanza de la siguiente 
manera: Enseñanza oficial 602; privada 1.474; 
doméstica 187.— Los frutos alcanzados en la 
enseñanza, juzgados por su resultado, tanto 
en exámenes como en los demás ejercicios 
académicos, son los que dan a conocer los 
siguientes datos: Enseñanza oficial: Sobre- 
saliente 75; Notable 80; Bueno 133; Aproba- 
do 246; Suspenso 34.=Enseñanza privada: 
Sobresaliente 90; Notable 186; Bueno 370; 
Aprobado 636; Suspenso 193. = Enseñanza 
doméstica: Sobresaliente 7; Notable 17; Bue- 
no 39; Aprobado 81; Suspenso 29.— Los Gra- 
dos de Bachiller conferidos han sido 121, de 
los cuales 4 obtuvieron la calificación en am- 
bos ejercicios; 6 la misma censura en uno y 



268 - 



la de Aprobado en otro; y 102 esta última en 
ambos. — Por fin los ejercicios a Premios tan 
concurridos como en años anteriores, a ex- 
cepción de los del último año que, o por es- 
tar preparándose para el Grado, o por haber- 
se ya graduado, vienen por regla general 
alejados de estos certámenes. Así y todo han 
podido adjudicarse 30 Premios ordinarios 
y 10 Menciones honoríficas.» 



187. Calvo García (Don José). 

Memoria | leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del Curso Académico de 1891 a 
1892. I En el I Instituto Provincial de Se- 
gunda Enseñanza de Murcia. | Por | Don 
José Calvo García. | Doctor en la Facul- 
tad de Filosofía y Letras... etc. (Lo mis- 
mo.) Murcia.— 1892. | Tipografía de An- 
selmo Arques. | Príncipe Alfonso, 40. 

En 4.°— 71 págs. — Portada.— V. en b.— 
Texto. 

Dice así en las mismas páginas: 

«El número total de alumnos matriculados 
en este Instituto en el curso de 1890 a 91 
ascendió a 867, distribuidos del siguiente 
modo: Enseñanza oficial 207; privada 567; 
doméstica 93. — Descompuestas esas cifras 
en inscripciones arrojan un total de 2.273, 
distribuidas igualmente entre las tres clases 
de enseñanza de la siguiente manera: EÍnse- 
ñanza oficial 577; privada 1.465; doméstica 
221.— Los frutos alcanzados en la enseñanza 
juzgados por su resultado, tanto en exáme- 
nes como en los demás ejercicios académi- 
cos, son los que dan a conocer las siguientes 
cifras: Enseñanza oficial: Sobresaliente 67; 
Notable 75; Bueno 132; Aprobado 246; Sus- 
penso 36.=Enseñanza privada: Sobresalien- 
te 152; Notable 276; Bueno 389; Aprobado 
494; Suspenso 56 . = Enseñanza doméstica: 
Sobresaliente 12; Notable 18; Bueno 45; Apro- 
bado 31; Suspenso 19.— Los grados de Bachi- 
ller conferidos han sido 124, de los cuales 
obtuvo sólo uno la calificación de Sobresa- 
liente en ambos ejercicios; 2 la misma cen- 
sura en uno y la de Aprobado en otro; 102 la 
de Aprobado en ambos, y 19 la de Suspen- 
so.— A los ejercicios a premios han concu- 
rrido 25 alumnos, habiendo sido todos ellos 
dignos de galardón, aunque en grado distin- 



to, pues se han adjudicado 32 Premios y 13 
Menciones honoríficas.» 



188. Calvo García (Don José). 

Memoria | leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del Curso Académico de 1892 a 
1893 I en el I Instituto Provincial de Se- 
gunda Enseñanza de Murcia | Por | Don 
José Calvo García | Doctor en la Facultad 
de Filosofía y Letras... etc. (Lo mismo.)— 
Murcia.— 1893. | Tip. de «El Independien- 
te» 1 Hernández Amores, 5. 

En 4.° — 71 págs. — Portada. — V. en b. 
Texto. 

Dice en las mismas páginas: 

«En el año escolar que finó ayer, el núme- 
ro de alumnos matriculados ha ascendido a 
976, distribuidos entre las diversas clases de 
enseñanza del siguiente modo: Enseñanza 
oficial 202; privada 593; doméstica 89; libre 
92. Los 976 alumnos han estado matriculados 
en 2.447 inscripciones, de las que correspon- 
den a Enseñanza oficial 525, a privada 1.529, 
a doméstica 214, y a libre 179, siendo 32 de 
honor. Como resultado de los 2.312 exáme- 
nes que se han verificado, los Tribunales en. 
■ cargados de juzgarlos han podido otorgar 
las siguientes calificaciones: Enseñanza ofi- 
cial: Sobresaliente 67; Notable 87; Bueno 134; 
Aprobado 216; Suspenso 16. Enseñanza pri- 
vada: Sobresaliente 186; Notable 254; Bueno 
404; Aprobado 538; Suspenso 24. Enseñanza 
doméstica: Sobresaliente 11; Notable 16; Bue- 
no 64; Aprobado 110; Suspenso 24. Enseñan- 
za libre: Sobresaliente 3; Notable 14; Bueno 
48; Aprobado 125 y Suspenso 31... Los Gra- 
dos de Bachiller conferidos han sido 132, de 
los cuales 3 han merecido la calificación de 
Sobresaliente en ambos ejercicios; 6 la mis- 
ma censura en uno y la de Aprobado en el 
otro; 113 la de Aprobado en ambos, y 10 la 
de Suspenso.» 

También hace constar haberse distri- 
buido 32 Premios y 15 Menciones honorí- 
ficas. 



269 - 



189. Calvo García (Don José). 

Memoria | leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del I Curso Académico de 1893 a 
1894 I En el I Instituto Provincial de Se- 
gunda Enseñanza de Murcia. | Por | Don 
José Calvo García | Doctor en la Facultad 
de Filosofía y Letras... etc. (Lo mismo.) 
—Murcia. | Hijos de Nogués, Impreso- 
res I 1894. 

En 4.°— 64 págs. — Portada. — V, en b.— 
Texto. 

En la página 6 y siguientes, dice: 

«El número de alumnos matriculados en 
el último curso asciende a 982, distribuidos, 
entre las diferentes clases de enseñanza, del 
siguiente modo: Enseñanza oficial 244; pri- 
vada 538; doméstica 79; libre 121. Descom- 
puesto este número de matrículas en ins- 
cripciones, han dado un total de 2.505, de las 
cuales corresponden a Enseñanza oficial 635, 
a privada 1.436, a doméstica 151 y a libre 283. 
De ellas han sido de honor 29. Como sucede 
todos los años, el número de exámenes no 
ha sido exactamente igual al de incripciones; 
aquél sólo ha ascendido a 2.354, otorgándose 
por ellos las siguientes calificaciones: Ense- 
ñanza oficial: Sobresaliente 65, Notable 81, 
Bueno 186, Aprobado 257, Suspenso 22. En 
enseñanza privada: Sobresaliente 210, Nota- 
ble 258, Bueno 364, Aprobado 483, Suspen- 
so 20. En enseñanza doméstica: Sobresalien- 
te 7, Notable 19, Bueno 30, Aprobado 69, Sus- 
penso 16. Y en enseñanza libre: Sobresalien- 
te 5, Notable 28, Bueno 81, Aprobado 166 y 
Suspenso 22. En cuanto a los premios, es 
satisfactorio consignar que a pesar de la 
precaria situación económica del Estableci- 
miento, no permite distinguir a los premia- 
dos con alguna obra científica o literaria 
como en años anteriores, no por ello ha dis- 
minuido el número de opositores, hasta el 
punto de haberse podido adjudicar 27 Pre- 
mios y 13 Menciones honoríficas.— Los Gra- 
dos de Bachiller solicitados han sido 136, y 
de ellos, 6 han merecido la calificación de 
Sobresaliente en ambos ejercicios; 4 la mis- 
ma censura en uno y la de Aprobado en el 
otro; 121 la de Aprobado en ambos, y 5 la de 
Suspenso.» 



190. Calvo García (Don José). 

Memoria | Leída en la Solemne Inaugu- 
ración I del Curso Académico de 1894 a 
1895 I En el I Instituto Provincial de 2.^ 
Enseñanza | de Murcia. | Por | Don José 
Calvo García. | Doctor en la Facultad de 
Filosofía y Letras... etc. (Lo mismo.)— 
Murcia. ( Hijos de Nogués, Impresores. 

En 4.°— 64 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

En la parte en que trata de la materia 
de que nos vamos ocupando, dice: 

«El número de alumnos matriculados en 
el curso de 1893 a 94 asciende a 975, distribuí- 
dos entre las diferentes clases de enseñanza, 
de la siguiente manera: Enseñanza oficial 
221; privada 555; doméstica 66; libre 133.— 
Descompuesto el número de matrículas por 
alumnos en inscripciones, da un total de 
2.722, de las cuales han sido de Enseñanza 
oficial 640; privada 1.632; doméstica 164; li- 
bre 286.— El número de exámenes verifica- 
dos ha ascendido a 2.407.— Las calificaciones 
otorgadas han sido: Enseñanza oficial: So- 
bresaliente 55; Notable 90; Bueno 151; Apro- 
bado 309; Suspenso 21. Enseñanza privada: 
Sobresaliente 134; Notable 224; Bueno 454; 
Aprobado 701; Suspenso 16. Enseñanza 
doméstica: Sobresaliente 12; Notable 16; 
Bueno 36; Aprobado 71; Suspenso 11. En- 
señanza libre: Sobresaliente 20; Notable 17; 
Bueno 66; Aprobado 164; Suspenso 32.— 
Los Premios adjudicados han sido 26 y 10 las 
Menciones honoríficas.— El número de Gra- 
dos de Bachiller en el curso a que nos refe- 
rimos ha sido verdaderamente extraordina- 
rio, pues los solicitados alcanzan la cifra 
de 162, de los cuales 8 han merecido la cali- 
ficación de Sobresaliente en ambos ejerci- 
cios; 4 la misma censura en uno y la de Apro- 
bado en el otro; 146 la de Aprobado en am- 
bos, y 4 la de Suspenso.» 

191. Calvo García (Don José). 

Memoria | leída en la Solemne inaugu- 
ración I del I Curso Académico de 1895 
a 1896 I En el I Instituto Provincial de 2.* 
Enseñanza | de Murcia | Por | Don José 



270 



Calvo García | Doctor en la Facultad de 
Filosofía y Letras.. . etc. (Lo mismo exac- 
tamente que en la primera y siguientes.) 
Murcia | Hijos de Noques, Impresores. | 
1896. 

En 4.°— 62 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto. 

En la misma análoga parte, y después 
de dar cuenta de haber sido suprimida la 
enseñanza doméstica, dice: 

«Este (el número de alumnos matricula- 
dos) ascendió a 921, distribuidos entre las 
tres clases de enseñanza de la siguiente ma- 
nera: Enseñanza oficial 208; privada 601, y 
libre 112. Descompuesto el número de alum- 
nos en inscripciones, da un total de 4.836, de 
las cuales han sido de Enseñanza oficial 
1.133, de privada 3.313 y de libre 390, siendo 
31 de ellas de honor. El número de exáme- 
nes ha ascendido a 4.539, y las calificaciones 
por ellos otorgadas han sido: En enseñanza 
oficial: Sobresaliente 91, Notable 106, Bueno 
350, Aprobado 396, Suspenso 27. En ense- 
ñanza privada: Sobresaliente 310, Notable 
437, Bueno 1.052, Aprobado 1.033, Suspenso 
36; y en enseñanza libre: Sobresaliente 12, 
Notable 31, Bueno 135, Aprobado 226 y Sus- 
penso 24... Los Premios adjudicados han 
sido 31, y 6 las Menciones honoríficas, ha- 
biéndose expedido 122 Grados de Bachiller.» 

En todas estas Memorias, y después de 
esta relación que viene a terminar lo que 
constituye el discurso, sigue la del flore- 
ciente estado del Instituto, de sus ricas 
adquisiciones en aparatos, máquinas, co- 
lecciones y utensilios de todas clases, 
etcétera, etc., y la del fondo científico y 
literario de sus cátedras y de su Bibliote- 
ca, comprobándose todo ello con los co- 
rrespondientes cuadros demostrativos y 
catálogos de dichos objetos, que van si- 
guiendo la paginación. 

—Véase Guirao Navarro (Don Ángel) 
y Orts (Don José Santiago), para las Me- 
morias de los años anteriores. 



192. C AMACHO Panlagua (P. Don Pedro). 

I. Novena | del glorioso | San Cayeta- 
no I Fundador de los Clérigos | Reglares. | 
Compuesta por el P. D. Pedro | Antonio 
Camacho Pan y Agua, Clérigo | Reglar. | 
Con licencia | En Murcia: por los Herede- 
ros I de Teruel.— (S. A.) 

En 8.°— 16 págs.— Portada.— Estampa del 
Santo ala vuelta.— Texto.— Gozos al Santo. 

II. Novena | del Glorioso | S. Cayeta- 
no, I Fundador de los Clérigos Reglares. | 
Compuesta por el P. D. Pedro | Antonio 
Camacho Pan y Agua, Clérigo | Reglar. | 
(Adornito.J— Murcia.: Imp. y Librería de 
Fermín Guirao. | 1858. 

En 8.°— 16 págs.— Portada.— Estampa del 
Santo a la vuelta.— Texto.— Gozos al Santo. 

193. Camacho y Tello (L. Don Alonso 
José). 

Dictamen , | y Reflexiones | Jurídicas | 
Sobre | la Inteligencia | de las Clavsvlas 
de los I Testamentos de Doña Polonia; Y | 
Doña Melchora Cano y Xiner, Tía, | y 
Madre de Doña Michaela Caxa y Cano, 
Viuda I de Don Lucas Gómez Ortega de 
la Calle, Re | gidor perpetuo que fué de 
esta Ciudad | de Murcia; | Para la parti- 
ción de I los bienes, qve han quedado por | 
la ñn y muerte de ésta, entre Doña Catha- 
lina, I Don Joseph, y Don Juan Gómez 
Ortega | de la Calle y Caxa, | sus hijos. | 
En Murcia, por Jayme Mesnier, Impres- 
sor, y Librero 1 de su Eminencia, en la 
calle de la Platería. | Año de 1724. 

En fol.— 13 págs.— Portada con orla.- V. 
en b.— Texto, suscrito al final por el autor. 

194. Camacho y Tello (L. Don Alonso 
José). 

Informe I Jurídico, i Por D. Francisco 
Ramos | Cánovas, Presbytero, de la | Villa 
de Totana. | En el Pleyto | Que sigue con 



I 



- 271 - 



Don Ginés | Muñoz, avsente de estos Rey- 
nos. I Sobre | que se le haga colación, y 
canónica | institución de la Capellanía 
que fundó Juana Sánchez, en | la Parro- 
quial de Señor Santiago de dicha Villa. | 
En Murcia, por Jayme Mesnier, Impres- 
sor, y Librero de su Eminencia; y de | su 
Señoría llustriss. D. Thomas Joseph de 
Montes, en la Platería. (S. A.) 

En fol.— 21 págs— Signs. {^) B-E.-Porta- 
da con orla, y una estampa a la cabeza grab. 
en mad.— V. en b.— Texto, suscrito al final 
por el autor, en Murcia a 16 de septiembre 
de 1725. 



195. Camacho y Tello (L. Don Alonso 
Tose). 

Manifiesto, | y Argumentaciones Jurídi- 
cas, I que convencen | el ningún derecho | 
que assiste a D, Francisco | Vicente de 
Paz, I como marido | de D, Isabel Balcár- 
cel, I para el que pretende te | ner de Pa- 
tronato I a la Capilla | con la invocación 
del I S"^» Christo, 1 sita en la Santa Iglesia 
Ca I thedral de esta Civdad de Murcia, | y 
el de la Capellanía Fvndada | en ella por 
Don Jvan de Villa-Gomez. | Por Don 
Alonso Joseph Camacho, | Abogado de 
los Reales Consejos, y Fiscal general | de 
el Obispado de Cartagena. | En Murcia, 
por Jayme Mesnier, Impressor, y Librero 
del Señor Cardenal | Belluga; y de su Se- 
ñoría Ilustrissima D. Thomas | Joseph de 
Montes, en la calle de la Platería. (S. A.) 

En fol.— 33 págs— Signs. i^) B-H.— Porta- 
da con orla.- V. en b.— Texto. 

196. Camino Fácil i para el Cielo. | Di- 
rección Espiritual para personas de to | 
dos estados y oficios; conforme a la | ce- 
lestial Doctrina de Santa Teresa, | Místi- 
ca Doctora, y de los Santos | Padres del 
Yermo. | A espensas | de algunas perso- 
nas I deseosas del aprovechaniiento espi- 
ri I tual de las almas. I A solicitud del P. 



Fr. José García-Elval, | Ex-Misionero 
Apostólico, y actual Pre | dicador Con- 
ventual en el Convento de | N. P. S. Fran- 
cisco de Lorca. | Para distribuirlo a los 
fieles. I Se encarga un Padre nuestro y 
Ave María por el | amor de Dios. [ Reim- 
preso con licencia: | En Murcia, Imprenta 
de los Herederos de | Muñiz, Marzo 24 
de 1832. 

En 8.°— 28 págs.— Portada.— Estampa, a la 
vuelta, de un Crucifijo.- Texto. 

197. Camino Fácil | para el Cielo. | Di- 
rección Espiritual para personas de | to- 
dos estados y oficios; conforme a la | ce- 
lestial Doctrina de Santa Teresa, | Mística 
Doctora, y de los San | tos Padres del 
Yermo. | A expensas | de algunas perso- 
nas I deseosas del aprovechamiento espi- 
ritual de las almas. | Para distribuirlo a 
los fieles. I Se encarga un Padre nuestro 
y Ave María por el | amor de Dios. | Mur- 
cia. I Imprenta de los Hijos de Nogués. 

En 8.°-31 págs.-Signs. (~) 2-4.-Porta- 
da.— Estampa de Jesús en la Cruz, a la vuel- 
ta.— Texto. 

198. Campuzano (Don Joaquín Fran- 
cisco). 

La Verdad | Dirigida a las Cortes. | 
Por I Don Joaquín Francisco Campuza- 
no, I Ministro Plenipotenciario | reciente- 
mente acreditado en la Corte de Francia. 
I (Adornito.) Madrid: 1838. | Imprenta de 
D. Miguel de Burgos. | Reimpresa en 
Murcia en la de Hernández. 

En 4.°— 19 págs.— Portada.— V. en b.— 
Texto.— Notas finales. (Tres, que son): Ex- 
posición al Rey.— Carta al Príncipe de Met- 
ternich.— Carta al Conde de Ofalia. 

199. Camuñas (Fr. Diego). 

Clamores | Apostólicos, | y ciegos alum- 
brados. I Assuntos para dos missiones, | 
que escrivia en dos tomos y predicava | El 



- 272 - 



M. R. P. Fr. Diego Camvñas, Lector qve 
ha I sido de Sagrada Theologia, Secreta- 
rio General de su Religión, | Custodio y 
Provincial de la Santa Provincia de Car- 
tage I na de la Regular Observancia de 
N. S. P. S. Francisco, | Comissario Visita- 
dor de la de Andaluzia, y aora | Predica- 
dor Apostólico. I Tomo Primero. | Clamo- 
res Apostólicos. I Dedicado | a Don Juan 
Hidalgo I Saavedra, y Brochero, Syndi- 
co I (por su devoción) del Convento de 
N. P. S. Francisco, | de la Villa de Alcá- 
zar de San Juan. | Con privilegio. | En 
Murcia: Por Jayme Mesnier, Impressor y 
Librero, | en la calle de la Platería | Año 
de 1710. 

En 4.°— 355 págs., con 24 más de prel. y 15 
al final sin numerar.— Signs. A-Tt2.— Porta- 
da.— V, en b. — Dedicatoria.— Aprobación 
del P. M. Bartolomé Alcázar.- Suma del pri- 
vilegio, por diez años.— Censura de los PP. 
Fr. Juan Hidalgo y Fr. Juan Salazar.— Licen- 
cia de la Orden.— Censura del P. Fr. Alonso 
Rosique.— Licencia del Ordinario.— Tabla 
de los Sermones que se contienen en este 
primer tomo.— Fe de Erratas.— Tasa.— Tex- 
to.— índice de los Lugares de la Sagrada 
Escritura. 

Tomo Segvndo | de Mission. 1 Ciegos ] 
Alvmbrados. | Sv Avtor | El M. R. P. Fr. 
Diego Cumvñas, 1 Lector, que ha sido de 
Sagrada Theologia, Se \ cretario General 
de su Religión, Custodio y | Provincial de 
la Santa Provincia de Cartage | na de la 
Regular Observancia de N. S. P. S. | Fran- 
cisco, Comissario Visitador de la de An- 
daluzia, y aora Predicador | Apostólico. | 
Dedicado | al Ilvstrissimo y | Reveren- 
dissimo Señor D. Fr. Francisco de | S. Jo- 
seph. Obispo de Malaga, del Consejo de 
su Magestad, &c. i Con Privilegio. | En 
Murcia: Por Jayme Mesnier, Impressor y 
Librero, | en la calle de la Platería. Año 
1710. 

En 4.°— 336 págs., con 11 hojas más de 
principios y 8 de finales sin numerar.— Sig- 
naturas A-Tt2.— Portada.— V. en b.— Dedi- 



catoria.— Aprobación del P. M. Bartolomé 
Alcázar.— Suma del privilegio.— Censura de 
los PP. Fr. Juan Hidalgo, y Fr. Juan de Sa- 
lazar.— Licencia de la Orden.— Censura del 
Lie. Don Francisco de la Chica.— Licencia 
del Ordinario.— Tabla de los Sermones de 
este Segundo Tomo.— Fe de erratas.— Tasa. 
—Texto.— índice de los Lugares de la Sagra- 
da Escritura. 

200. Camuñas (Fr. Diego). 

Explicación | Clara y Compendiosa | de 
toda la I Doctrina | Christiana | Distri- 
buida en Qvarenta y seis Plá | ticas Pre- 
dicables para Missio, sobre el Symbolo 
de I la Fe, Madamietos de la Ley de Dios, 
y de nuestra | Sata Madre Iglesia, y cali- 
dades de vna buena con | fession, la señal 
de la Cruz, las Oraciones | del Pater nos- 
ter, y Ave María. | Por el M. R. P. Fr. 
Diego Camvñas, | Lector que ha sido de 
Sagrada Theologia: Ex-Secreta | rio Ge- 
neral de su Religión, Custodio y Provin- 
cial 1 de la Santa Provincia de Cartagena, 
de la Regular | Observancia de N. P. S. 
Francisco, Comissario | Visitador de la 
de Andaluzia, y aora | Predicador Apos- 
tólico. I Segvnda Impression. | Con Privi- 
legio. I En Murcia: Por Vicente Llofriu, 
Impressor en la Plaza nueva. Año de 1711. 

En 4.°— 307 págs., con 5 hojas más de prin- 
cipios y 2 de finales sin numerar.— Signatu- 
ras A-Rr.— Portada.— V. en b.— Aprobación 
del P. M. Bartolomé Alcázar.— Suma del pri- 
vilegio, por diez años.— Censura de los PP. 
Fr. Juan Hidalgo y Fr. Juan de Salazar.— 
Aprobación del P. Fr. Juan Celdrán.— Licen- 
cia del Ordinario.— Tasa.— Texto.— Tabla de 
las Pláticas. 

201. Camuñas (Fr. Diego). 

I. Oraciones Fúnebres (dos) y Panegy- 
ricas de Aniversario y Honras de la Ven. 
Sor Juana de la Cruz, Fundadora ilustre 
del Real Monasterio de Descalzas de la 
Villa de Muía. Por el M. R. P. ...—Mur- 
cia, 1699. ■ 

II. Sermón de Honras de la Ven. y 




- 273 



Gran Sierva de Dios Sor María Magdale- 
na, Relig-iosa Bernarda en el Monasterio 
de Villa Robledo... Predicado por el M. 
R. P. ... el día primero del mes de Julio de 
1676.— Murcia, 1678. 

Obras estas dos últimas que hasta ahora 
no hemos logrado ver, y que sólo conoce- 
mos de referencia. 

202. Cano (Carlos). 

Biblioteca Murciana | tomo I. —Abril de 
1886. I Carlos Cano. | Versos Alegres. | 
Dirección. | D. José Martínez, Plaza de 
D. Pedro Pon, 9. | Murcia. | Lit. e Imp. 
de A. Arroniz, Calderón de la Barca | 1886. 

En 8.°— 31 págs., y una de índice.— Porta- 
da.— V. en b.— Texto. 

Contiene las poesías tituladas: Contras- 
tes;. Me es imposible;- Contrariedad; Sin 
rodeos; Inocencia; Fábulas inórales; Por 
tanto; Desde Alhucemas; Señas mortales; 
Ayes del alma; Epigramas; Dichos. 

203. Cano Altares (Don Vicente). 

Exhorto I Político-Moral, | que el Co- 
rregidor I de la M. N. y M. L. Ciudad | de 
Murcia, | D. Vicente Cano Altares | de 
Almazán, Caballero del Orden | de San- 
tiago, Maestrante de la | Real de Ronda, 
&c. i Hace a su Pueblo, | recomendándo- 
le I los Establecimientos | de Caridad, | y 
Buen Gobierno, | que con arreglo a Rea- 
les resoluciones | se han puesto en execu- 
ción. I Murcia MDCCXCV. | En la Ofici- 
na de la Viuda de Teruel. 

En 8.0— 100 págs.-Signs. (^) B-H. -Porta- 
da.— V. en b.— Al vulgo.— Al discreto lec- 
tor.— Texto.— Nota final, que dice: «Se ha 
costeado esta impresión a favor de los Po- 
bres contenidos en la tercera clase, y se re- 
partirán los exemplares a las Juntas de Ca- 
ridad para su expedición, e inversión en los 
fines de su Instituto.» 



204. Cantero (Don Juan Antonio). 

Extracto de las principales reglas de 
aritmética.— Obra escrita para las escue- 
las elementales y superiores, por D. Juan 
Antonio Cantero, alumno pensionado por 
la Excma. Diputación provincial de Mur- 
cia, en la normal de Valencia, profesor 
superior y agrimensor aprobado por la 
Real Academia de Bellas Artes de Sevi- 
lla.— Murcia: Imp. de L. y V. Riera.— 
1857. 

En 8.^-70 páginas. 

205. Cantero Tortajada (Don Julián). 

Discurso Religioso | que en la bendi- 
ción de bandera | del Batallón | Provin- 
cial de Cuenca, | celebrada en la Santa 
Iglesia Catedral | de la Ciudad de Mur- 
cia, I el 15 de Marzo de 1845, | Dijo | su 
Capellán Párroco castrense, el Presbítero 
Don I Julián Cantero Tortajada, | quien le 
dedica a | S. M. C. Doña Isabel II. Reina 
Constitucional | de España (Q. D. G.) y 
en su alabanza, la | dirige los siguientes 
versos de Ovidio, 1 Dii tibi deut annos a 
te nam coetera sumes \ Sint modo virtuti 
témpora longa tuae. |Ovid in land. 
Germ. | (Adornito.J— Murcia.: | Imprenta 
de Pedro Soler y Rovi, Calle de Santa 
Isabel, número 6. | 1845. 

En 4.*^— 15 págs. de letra muy metida.— 
Portada.— A la vuelta cuatro versos de Ho- 
racio traducidos al castellano y una adver- 
tencia.— Texto. 

206. Cantó (Don Miguel). 

I. Discurso con el que se persuade a 
los Sacerdotes la obligación de emplearse 
en ejercicios de su ministerio.— Murcia, 
por Teruel.— 1795. 

En 8.» 

II. El verdadero Sabio.— Murcia, por 
Teruel.— 1809. 



En4.o 



18 



- 274 



III. La Ciudad sobre la Villa.— Mur- 
cia, por Teruel.— 1798. 

En 8° 

IV. Las glorias de España.— Murcia, 
por Teruel.— 1809. 

En 4.° 

Fuster: Btbl. Val. Tomo 2.°, pág. 478. 

207. Cañizares Sánchez (Don José 
María). 

Proyecto | de | Ordenanzas generales 
de Riegos | para las vegas de Caíasparra. I 
Por I D. José María Cañizares Sánchez. | 
Año 1883. I Murcia, 1883. | Imprenta de 
Juan Hernández Guijarro, | Madre de 
Dios, 19. 

En 4.O-X-90 págs.-Sígns. (^) 342.-Por- 
tada.— V. en b.— Discurso preliminar dirigi- 
do a los señores Hacendados.— Texto.— No- 
tas.— índice, 

208. Capón (Don Francisco Tomás). 

El afecto patriótico felicita al Reveren- 
dísimo P. Fr. Joaquín Compay, con moti- 
vo de su dignísimo ascenso al Generalato 
de la Religión de S. Francisco. — Murcia, 
por la Viuda de Felipe Teruel.— (S. A.) 

En 4.° 

Fuster: Bibl. Val. Tomo 2.°, pág. 182. 

209. Caraballo (Dr. Don Juan). 

Modo I de sacar en limpio | el grano de 
la verdad, | o | Verdad constante, | En 
Tres Conversaciones | Nocturnas, de 
tiempo de Pascuas, | Entre el Dr. D. Juan 
Caraballo, 1 Médico Titular que fué de las 
Villas de Vara de Rey, | Albacete, Taran- 
cón, &c. de la Ciudad de Alcaraz, | y oy 
exerce la dicha Facultad en la de Murcia; 
y el I Dr. D. Agustín Ruiz, su Discípulo, 
Médico I en la Villa de Hellín 1 Repaso | 
al Papel que salió a luz, | con nombre de 



Naturalesa Triumphante , \ y Crisol de 
Mesentericas, por el Dr. 1 D. Francisco 
Zerdán, Médico que | fué en Hellín. | Con 
licencia: En Murcia, en casa de Nicolás 
Joseph I Villargordo y Alcaraz. (S. A.) 

En 4.°— 64 págs., con 9 hojas más de preli- 
minares sin numerar. -T-Signs. {'■>') A-7.— 
Portada.— A la vuelta, citas de S. Agustín, 
San Bernardo, Santo Tomás, Tertuliano, 
Graciano y San Jerónimo.— Dedicatoria sus- 
crita por el autor a Don Pedro Fernández 
de la Reguera Sandoval y Lisón.— Dictamen 
de Don Bernardo Tamayo.— Otro de D. Mi- 
guel Delgado Lázaro y Parra, todos con fe- 
cha de 1751. — Prólogo del autor.— Soneto 
acróstico de un amigo del autor.— Proe- 
mio.— Texto. 

Véase Cerdán (Don Francisco) en nues- 
tra Sección Primera. 



210. Cara vaca. | Historia de esta Villa | 
y de la Aparición Gloriosa | de la Santa 
I Vera-Cruz | que se venera j en el Real 
Alcázar de la misma. | Por | D. M. M. Y. 
Pbro. I (Viñeta que representa la Crus.) 
Con licencia del Ordinario. | Murcia: Im- 
prenta de Pablo Nogués.=Año de 1847. 

En 4.°, XI-126 págs., más 2 de índice al fi- 
nal sin foliar.— Signs. 2-18.— Anteportada.— 
V. en b.— Portada.— V. en b.— Concesión de 
indulgencias por el limo. Sr. Patriarca de 
las Indias a los fieles cristianos que devota- 
mente lean y contemplen el aparecimiento 
de la Santa Cruz.— Lema latino.— Preámbu- 
lo.— Texto.— Sumario de las indulgencias 
concedidas a los devotos de la SSma. Vera- 
Cruz de Caravaca.— índice. 

En el Preámbulo referido dice su autor: 

«Además de la antigíiedad y blasones de 
la villa de Caravaca, y del maravilloso apa- 
recimiento de la Santa Vera-Cruz que en la 
misma se venera, muévenos a presentar este 
pequeño compendio de su historia, el inte- 
rés de que los fieles de todos los países que 
la ofrecen incesantemente sus votos, desde 
las regiones más remotas, y adoran con la 
mayor fe y devoción las reliquias y joyas 
tocadas a tan sagrado madero, tengan en un 




275 - 



solo y manual volumen los testimonios más 
veraces y exquisitos, de que hace alarde y 
se gloria esta afortunada población. > 

«Tan enlazados y unidos se hallan estos 
dos trozos de la historia de Caravaca, que 
sería una falta imperdonable la omisión del 
segundo, en cualquiera autor que diera al 
público el primero, sin asociarle el que de 
suyo ostenta una importancia tal, que no 
tiene cálculo ni medida: Por tanto, sin que 
sea visto andamos profusos en preámbulos, 
que sirven bien poco, o nada a la obra, nos 
proponemos describir sueltamente, pero con 
pureza e imparcialidad, los timbres de Ca- 
ravaca, el clima y cosas notables de la mis- 
ma; así como también los dones con que la 
naturaleza y la gracia la han favorecido, y la 
dan la nombradía de que goza en el mundo 
conocido: a esta suscinta, pero interesante 
reseña, que debe formar la primera parte de 
la obra o compendio, seguirá la relación de 
la gloriosa aparición de la Santa Vera-Cruz, 
con todas las circunstancias que la acompa- 
ííaron; principales portentos que por su vir- 
tud santísima han experimentado sus devo- 
tos, y las incontestables pruebas de que 
autentizan la fiel y jamás interrumpida tra- 
dición que por espacio de seis siglos ha ve- 
nido hasta nosotros: finalmente completare- 
mos esta segunda y última, con el catálogo 
de los que han consagrado sus desvelos y 
afanes en obsequio de tan sagrado objeto; 
destruyendo las opiniones que algunos de 
ellos sostienen sobre el día y año en que su- 
cedió el milagro; pero sin detenernos en la 
controversia, que entre los mismos se susci- 
tara, sobre si fué traída la santísima reliquia 
de Jerusalén, o en qué forma se dignó el 
Autor de la gracia establecerla en Caravaca; 
pues además de no aumentar su valor infini- 
to, y que en manera alguna se opone á la 
esencia y realidad del prodigio, sería cansar 
a los fieles, que únicamente anhelan el texto 
fundamental que alimenta su creencia y 
acendrada devoción: mas esto no obstante, 
no nos es posible pasar en silencio la impor- 
tancia que merece el constante aserto, de 
que esta soberana Cruz fué formada de aque- 
lla misma en que consumó su pasión el Re- 
dentor del mundo Jesús; pues lo prueban 
cuanto es posible, los testimonios más res- 
petables.» 

«Bajo este sencillo plan seguiremos la idea 
propuesta, sin privar por ello a los lectores 
de los elogios y preciosos dones que en to- 



dos tiempos la ha tributado y ofrece el pue- 
blo cristiano.» 

211. C A RLES (Don Rodolfo) . 

Biblioteca | de cEl Diario de Murcia» | 
en obsequio a sus suscriptores. | Cosas del 
otro Jueves | contadas en este. | Por I Ro- 
dolfo Caries. | Murcia. — 1892. | Imp. de 
«El Diario» | Sociedad, 10. 

En 8.°— 51 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

212. Garles (Don Rodolfo). 

Biblioteca Murciana. | Doce | Murcia- 
nos importantes | Bocetos del natural. | 
Por 1 Rodolfo Caries. 1 Murcia, 1878. | Ti- 
pografía y encuademación de El Álbum. | 
Santo Domingo, 5. 

En 4.°— 138 págs., comenzando la numera- 
ción por el 10.— Signs. 2-18.— Portada.— V. 
en b.— Dos palabras.— Carta de D. Zacarías 
Acosta al autor.— Texto.— índice. 

Contiene los siguientes artículos, escri- 
tos con bastante facilidad y gracejo, refe- 
rentes a otros tantos tipos murcianos: 

El Aguador. =El Animero.=El Auro- 
ro. = El Basurero. =E1 Betunero. =El Cam- 
panero. = El Hombre X. =La Mandade- 
ra. =E1 Mindango. =La que mira.=El Na- 
zareno. =E1 Sabiondo. 

213. Carnaval | de | Murcia. | 1879. | 
Murcia. | Tip. de Anselmo Arques. | Prín- 
cipe Alfonso, 40. 

En 4.°"* 16 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

Contiene extractos de las composiciones 
en prosa y verso escritas en el lenguaje de 
los httertanos de Murcia, por los señores 
Herrera, Piqueras, López, Soriano, Sán- 
chez Madrigal, y otros. La de Don Joaquín 
López, fingido Alcalde pedáneo, y bien 
conocido en Murcia por sus chistosas agfu- 
dezas, empieza de este modo: 



- 276 - 



«Caballeros: cuando veo que los hombres 
se hacen plazos buscando gente que vote al 
que quie ser deputao; cuando defiso, defiso 
que por mandar se reparten fostachones, 
pasteles, y mistelas, digo yo pa mis aden- 
tros: aquí hay anguna entrucha, y la cosa tié 
bosilis. Y digo esto, caballeros, porque son 
tantas las esazones que llevo dende que ten- 
go en mi casa la vara e la justicia que, si a 
ser posible juera, me desagenaba de ella por 
mucho menos tabía de lo que lo hizo aquel 
que vendió a su suegra, que al ser preguntao 
por uno: ¿Cuanto quié osté por ella?— «De 
osté es», le contestó. 

»Lla sabéis las destruciones que vengo 
dando tos los años, pa devitar las asnas que 
la gente borrachiza y otras Uerbas, suele co- 
meter en prejuicio de las presonas que salen 
a de vertirse ellas en estos dias de carrestu- 
liendas; también sabéis que he pidió siem- 
pre obedencia a la moral y al coigo en toas 
sus partes, castigando con juerza al que Ue- 
vao de su arbuUo y valiéndose de improqui- 
tas depresiones, sa premitio trocear po an- 
gun puesto la honra de las zagalas. Pero lo 
que no sabéis, porque tavia no lo he icho, es. 
lo que voy a icir abora, pa que veáis si hay 
presonas que debían ir a presillo a arrastrar 
una caena por sus malas dentinaciones...» 



214, Carrasco (P. José). 

La Piedra | de Daniel, 1 Oración Fúne- 
bre, I Que a las Honras ! del 111. mo. y 
R.mo. Señor Don Thomás | Joseph de 
Montes, Arzobispo-Obispo | de Cartage- 
na, celebradas por el 111. mo, | Cabildo de 
la misma Santa | Iglesia, | Dixo | El M. 
R. P. Joseph Carrasco, | de la Compañía 
de Jesús, Maestro de Vísperas del Colé | 
gio de la Ciudad de Murcia. | Dase a la 
estampa ] Por los Señores Albaceas | del 
Ill.mo. Difunto. | Y la consagran | al 
Emm.mo. y R.mo. Señor D. Luis Bellu- 
ga I y Moneada, Presbytero Cardenal de 
la Santa Romana Igle | sia, del Título de 
Santa María Transpontina, | dignissimo 
Prelado, que fué de la Iglesia | Cartagi- 
nense. I Con licencia: En Murcia, en la 
Imprenta de Francisco Joseph López, 
Plazuela de Santa Quiteña. (S. A.) 



En 4.°— 19 págs., más 7 hojas de prelims. 
sin foliar.— Signs. A. C— Portada.— V. en b. 
—Dedicatoria.— Aprobación del Dr. D. Ber- 
nardo Gutiérrez de Alique.— Obra del Padre 
Presentado Fr. Juan de Casano va.— Licencia 
del Ordinario, en Murcia a 4 de agosto de 
1742.— Texto. 



215. Carrasco (Don Sebastián). 

Réplica I a la 1 Tremebunda | Impugna- 
ción I del Sr. D. Rafael Mancha, | repre- 
sentante de los partícipes legos en la Junta 
Diocesana, Co-administrador de diezmos 
en la misma, administrador de bulas de 
esta provincia, Secretario del Instituto de 
esta capital... &c. | Escrita | porD. Sebas- 
tián Carrasco, | Prebendado 1 (Un bustito 
rodeado de una or/a.j— Murcia: Imp. de 
José Santamaría. | 1839. 

En 4.'^— 23 págs.— Portada.— A la vuelta un 
tema en latín y castellano.— Texto.— ^sía¿¿o 
mensual a estilo de las cuentas del gran Ca- 
pitán.— ^otas, finales. 

216. I. Carta | a Atanasio | por | Nico- 
lás Perenoto. | Murcia: por José Santama- 
ría, año de 1821. 

En 8.°— 16 páginas. 

II. Carta | a Atanasio 1 por | Nicolás 
Perenoto. | Segunda. | Murcia: por José 
Santamaría, año de 1821. 

En 8.°— 19 páginas. 

III. Carta | a Atanasio 1 por | Nicolás 
Perenoto. | Tercera. (A seis cuartos.) Mur- 
cia: por José Santamaría, año de 1821. | Se 
hallará en su Librería, calle de la | Plate- 
ría, núm. 25. 

En 8.°— 16 páginas. 

Son tres cartas familiares bastante cu- 
riosas, donde se refieren los varios suce- 
sos políticos que agitaron a Murcia en 
aquella época de disensiones entre los 
entonces llamados Serviles, Constitucio- 
nales y Republicanos. 



— 277 - 



217. Carta de Bienvenida ! remitida' | a | 
Josef Bonaparte | desde Murcia, | Im- 
presa después de su intempestiva | mar- 
cha I con una Posdata. | Con licencia de 
la Suprema | Junta de Gobierno. | Por 
Juan Vicente Teruel. (S. A.) 

En 8.°— XV páginas. 

Hállase escrita en lenguaje humorísti- 
co, y tiene bastante gracejo y donaire. Va 
suscrita por el pseudónimo cEl Murcia- 
no», y parece de Don Francisco Meseguer. 

218. Carta Decimanona | del | Filósofo 
Rancio. | Apología | por los Ilustrisimos 
Señores Obispos, | sacrilegamente injuria- 
dos, e impíamente | calumniados en va- 
rios impresos de Cádiz, | por haber pedi- 
do al Congreso de Cortes | el restableci- 
miento del Santo Tribunal de | la fe al 
exercicio de sus funciones. | Cádiz: Im- 
prenta de la Junta de Provincia, año 1812. | 
Reimpresa en Murcia.— En la de Teruel, 
Año de 1813. 

En 4.°— 39 págs.— Signs. 2 5. — Portada.— 
V. en b,— Texto. 

219. Cartagena (Don Alfonso de). 

Tractado que se llama el Oracional de 
Fernand Peres, porque contiene respuesta 
a algunas Cuestiones que fizo el noble ca- 
ballero Fernán Peres de Guzman al Reve- 
rendo Padre, virtuoso Perlado don Alfon- 
so de Cartagena, de buena memoria, obis- 
po de Burgos, tocantes a la fiel ^ devota 
oración ve. (Al final): A gloria | i alaban- 
za de nro. sal | uador y redentor jhu xpo. 
fue I este libro destos tres tractados | aca- 
bado en la muy noble v leal | cibdad de 
murcia | por manos de | los honrados Ga- 
briel Loys ari | nyo no | tario | v maestre 
Lope de | la roca Impressores de libros 
lu I nes a xxvj dias de marzo año | de 
mil 1 1/ cccc. Ixxxvij años. 

En fol. Letra gótica, de notable hermosura 
e idéntica en un todo a la del Valerio de las 



Estorias y Batallas Campales, de D. Diego 
Rodríguez de Almela, con cuyo último tra- 
tado va encuadernado en muchos ejempla- 
res, sin foliaturas ni reclamos; pero con las 
signaturas desde a ij. hasta I.vj,— Prólogo: 

«Cuidaba, noble varón que los civiles tra 
»bajos juntos con los cuidados domésticos, y 
»el progreso de la edad que a la vejez va en 
>vos declinando, atibiasen el vuestro deseo 
•escolástico, y el ardor de proveer vuestro 
»alto ingenio de guarniciones de sciencia. . .— 
»A1 me parece que veo en vos no menos loa- 
»ble que en vuestra juventud, o en la viril 
»edad, y aun algún tanto provecta, vos veia 
•ocupar en cuestiones y facer vuestros dul- 
»ces metros y ritimos, que coplas llamamos, 
»de diversas materias, mas eran de cosas 
•humanas, aunque estudiosas y buenas. Pero 
•agora acordades pasar a lo divino y devoto, 
• que a todo lo humano trasciende, escribien- 
•do por vuestra suave metrificatura, himnos 
•y oraciones y otras contemplaciones perte- 
•necientes a consideración del culto divino, 
•de que yo algo lei y vi leer y loar al Rey de 
•gloriosa memoria que de pocos días acá de 
•nos se partió. E demás de esto, enviastesme 
•estas vuestras Cuestiones, que todas retor- 
•nan a conoscer lo concerniente a la devota 
•oración. Lo cual yo loo, y si en algo pudie- 
•se favorescer con aquestos caballos y armas 
•que a la tal conquista responden, que son 
•ciencia y elocuencia; y pues estas en mi fa- 
•Uezen del todo, a lo menos quería vos ayu- 
•dar con espada y manto, como suelen ofre- 
•cerse los caballeros de la armada caballeria 
•a sus amigos a quien quieren valer, porque 
•estas son guarniciones que todo homne tie- 
•ne consigo o prestamente puede tener: ca 
•¿quien es el homne que non tiene espada y 
•manto, o non le puede de priesa tomar a al- 
•gun peón o escudero, si con tan grand ce- 
•leridad a su amigo cumple que le faga va- 
•lencia? E ¿qué al llamaremos en lo científico 
•espada y manto, sino aquello que muy aína 
•sin mucho estudio se puede haber? Y esto 
•es lo que la ñaqueza del ingenio luego re- 
•presenta, y lo que la lengua vulgar, que 11a- 
•mamos materna, sin mixta de elocuentes 
•palabras puede exprimir, porque en lugar 
•de sciencia sirva lo llano con buena y sana 
•intención explicado, y en lugar de elocuen- 
•cia, vengan a servir la cotidiana y común 
•manera de fablar, y sea benignamente acep- 
•tada. 

•Por ende, noble y discreto varón, si en al- 



278 - 



»gunas otras cuestiones vos respondí en len- 
»gua latina, flaca y rústicamente compuesta, 
»aun agora mas llano quiero ser, respondién- 
»dovos en nuestro romance en que fablan así 
>caballeros como homnes de pie...>, etc.= 
Letra mensajera de Fernán Pérez.— Prefa- 
cio.— Texto del Oracional dividido en 57 ca- 
pítulos y un Utílogo. 

Después y en la signatura Kl: 

«Contemplación mezclada con oración, 
compuesta en latin y tornada en lenguaje 
castellano por el reverendo padre virtuoso 
perlado D, Alfonso de Cartajena, de lauda- 
ble memoria, obispo de burgos, sobre el 
psalmo del propheta David, que comienza: 
Júzgame Dios.* 

Explica los seis versos del salmo hasta 
K8, y después, en la li: 

«Aqueste es comienzo de un tractado 
que ñzo san Johan Crisostomo, arzobispo de 
Constantinopla, el cual demuestra y conclu- 
ye que ninguna persona se daña o es daña- 
da, sino por si mesma; y el rey don Juan II 
de Castilla y de León, de muy gloriosa me- 
moria, lo envió al reverendo Padre virtuoso 
perlado don Alfonso de Cartajena, obispo de 
Burgos, para que le enviase sobre ello su de- 
claración. » 

Termina en 18, y después: 

«Coplas que fizo el noble caballero Fer- 
nand Pérez de Guzman sobre la muerte del 
reverendo Padre, virtuoso perlado D. Alfon- 
so de Cartajena, de laudable memoria, obis- 
po de Burgos, su buen amigo.» 

Empiezan: 

«Aquel Séneca espiró 
A quien yo era Lucilo, 
La facunda y alto estilo 
De España con el murió... 

Concluyen: 

El fénix de nuestra España 
Sciente y muy virtuoso 
Ya dejó la gran miseria 
Deste mundo lagrimoso. 
Pues concilio glorioso, 
De las sciencias decid: 
<¡OhJhesu Filii David 
Tú le da santo reposo.» 



Y seguidamente el membrete de los im- 
presores, que dejamos copiado. 

Bibl. del M. de Fomento. 

220. Cartilla | del | Jabonero moderno 
I para el uso de los adquirentes | de la | 
Máquina Murciana | (Viñeta.) Murcia. | 
Imp. de Riera y Rueda, Príncipe Alfonso, 
55. I 1864. 

En 4.°— 26 págs.— Portada. —V. en b.— 
Texto. 

Es opúsculo útilísimo para esta clase de 
fabricantes. 

221. Casamiento de la hija de la tía Gi- 
rula I (Estampa grotesca de una dama y 
un caballero.) Sátira Nueva | graciosa y 
entretenida, en que se declara el casa- 
mien | to que hizo Francisquito el remil- 
gado con una don | cellita de las de quin- 
ce a veinte, llamada Mariquilla | la Cara- 
colera, la hija del tío Pichirichi y de la 
tía 1 Girula, con lo demás que verá el cu- 
rioso lector. (Al final): Reimpreso en 
Murcia: Imprenta de Pedro Belda, Lence- 
ría, 20.— (S, A.) 

En 4.°— 2 hojas sin numerar.— Texto inme- 
diatamente después del título que queda co- 
piado. 

Empieza: 

«Atención, señores míos, 
atención y aquí verán 
la vida de las doncellas 
y el mal estado en que están... 

Y concluye: 

Atención, mocitos, 
mirad lo que hacéis, 
festejar las mozas 
y nunca os caséis.» 

222. Casanova (Fr. Juan de). 

^ I Jesús, María y Joseph. | Oración fú- 
nebre I Panegyrica, que en las solemnes | 
exequias, que se celebraron en el Religio- 
sissimo I Convento de Madres Agustinas 




% 



- 279 - 



Descalzas de la | Ciudad de Murcia, a la 
buena memoria del | limo, y Rmo. Señor 
Don Juan Matheo | López, Obispo, que 
fué de dicha | Ciudad, y Obispado. | Dixo 
I El dia diez y seis de octubre del año | de 
mil setecientos cincuenta y tres, el M. R. 
P. M. Fr. I Juan de Casanova, del Orden 
de Predicadores, y Prior | en el Real Con- 
vento de Santo Domingo de la | referida 
Ciudad. I La da a luz pública Don Juan 
Joseph I Matheo, Canónig^o de la Santa 
Iglesia de Carta | gena, sobrino de dicho 
limo. Señor, a cuyas | expensas se cele- 
braron dichas honras. | Y la Dedida (sic) ¡ 
A la M. N. y M. L. siete veces coronada | 
Ciudad de Murcia, en señal de su gratitud. 
{Al final): En Murcia: En la Imprenta de 
Phe I Upe Diaz Cayuelas, en el plano | de 
San Francisco. 

En 4.°— 22 págs., más 8 hojas de prel. sin 
foliar.— Signs. (->-) A-C2.— Portada.— V. en 
b.— Dedicatoria del editor.— Aprobación del 
P. Fr. José Tomás Blanco.— Licencia del Or- 
dinario, 19 de noviembre de 1753.— Escudo 
de A. del Obispo.— Texto.— Colofón. 

223, Cáscales (L. Francisco). 

AL BVEN GENIO ENCOMIEND | 
SVS DISCVRSOS HISTÓRICOS ! DE 
LA MVI NOBLE I MI LEAL I CIVDAD 

DO CO 

D. MURCIA I ELLC. FR. CÁSCALES. | 
INPRESO I E MVRCIA = CON PRIVI- 
LEGIO = AÑO DE I 1621. (Al final): EN 
MVRCIA POR LVYS BERÓS. 

En fol., a 2 colums., 458 hoj, foliadas, más 
8 de prelims. y 6 al final sin numerar.— 
Signs. (-!-) A-Rrr 4,— Portada grabada que 
representa un frontispicio arquitectónico 
(Friso sostenido por dos columnas adorna- 
das de ángeles e inscripciones latinas), en 
el centro del cual se halla el título que que- 
da copiado, sobre el retrato del autor y bajo 
el escudo de la Ciudad de Murcia.— V. en 
b.— Suma del privilegio, al autor por diez 
años.— Tasa, a cinco maravedís el pliego.— 
Aprobación del R. P. Fr. Femando del Cas- 



tillo, en Murcia a 26 de abril de 1614.— Apro- 
bación de Pedro de Valencia, en Madrid, 
a 12 de noviembre de 1614.— Erratas.— Fe de 
las mismas.— Dedicatoria a la muy noble y 
leal Ciudad de Murcia.— Otra a Don Juan 
Fajardo de Guevara.— Casa de Fajardos.— 
Texto, con varias láminas al ñnal de escudos 
de armas groseramente grabados.— Dedica- 
toria a D. Felipe de Forres. —Tabla de las 
cosas más notables. 

Es ya edición ralísima (1). 



224. Cáscales (L. Francisco). 

Al Buen Genio encomienda | sus | Dis- 
cursos Históricos I de la muy Noble y 
muy Leal. 1 Ciudad de Murcia, | El Licen- 
ciado Francisco Cáscales. | Segunda im- 
pression Añadida e ilus | trada con algu- 
nas I Notas críticas. | Año de 1775. | En 
Murcia. Por Francisco Benedito Impres- 
sor y Mercader de Libs. en la Platería. 

En fol. mlla. a 2 colums.— 556 págs., más 8 
hojas de prel. y 6 al final sin numerar.— 
Sigs. (-!-) A-Cccc— Portada grabada que re- 
presenta una orla con las mismas inscripcio- 
nes latinas que en la primera edición, y en 
el centro de la cual se halla el título que de- 
jamos copiado, también sobre el retrato del 
autor y bajo el escudo de la Ciudad de Mur- 
cia.— Dedicatoria del impresor a la Ciudad 
de Murcia.— Prólogo del mismo.— Aproba- 
ciones de Fr. Fernando del Castillo y de Pe- 
dro de Valencia.— Erratas.— Dedicatoria del 



(1) Esta primera edición de los Discursos Históricos, 
del licenciado Cáscales, tiene particularidades muy nota- 
bles y curiosas, que expuse minuciosamente en mi libro El 
humanista Francisco Cáscales: su vida y sus obras, pági- 
nas 255 a 260, adonde remito al lector, por no interpolar 
aquí una larga nota. En resumen diré, para el que no pueda 
consultar mi libro, que entre unos y otros ejemplares hay 
esenciales diferencias, siendo la más importante la omisión, 
o inclusión, de un pasaje autobiográfico en el fol. 339, con 
el obligado recorrido de líneas y alteración del texto. 

Para grabar la portada y los escudos que lleva la obra, 
el propio Cáscales hizo ir de Madrid a Murcia a un buen 
grabador, según sabemos por una carta del historiador, fe- 
chada en septiembre de 1613, que publiqué en la Introduc- 
ción a sus Cartas Filológicas, en mi edición de cClásicos 
Castellanos». El pasaje que a ello se refiere dice así: cAulen- 
do de ser, Importa la breuedad, a lo menos de q. se me traiga 
el escudo; porque e hecho venit de Madrid [a Murcia] un 
gran official de tallarlos, y los talla en bronce, en q. sale la 
estampa fina. De presente está trabajando en ellos.» 

(Nota del editor.) 



- 280 



autor a la Ciudad de Murcia.— Otra a Don 
Juan Fajardo de Guevara.— Casa de Fajar- 
dos.— Texto, con varias láminas de escudos 
de armas entre los folios 506 y 507.— Dedica- 
toria a Don Felipe de Forres.— Tabla de las 
cosas más notables. 



225. Cáscales (L. Francisco). 

I. Cartas | Philologicas. | Es a saber, 
de letras hvmanas, | Varia erudición. Ex- 
plicaciones de lugares, Lecciones | curio- 
sas, Documentos poetices, Observacio- 
nes, I ritos i costumbres, i muchas senten- 
cias I exquisitas. | Auctor el Licenciado 
Francisco Cáscales. (Escudo de Armas.) \ 
Con privilegio. | En Murcia, por Luis Ve- 
ros. En este presente año de 1634. 

En 4.0-162 hojas.-Signs. {^) A-X.-Por- 
tada.— V. en b.— Suma del privilegio, al au- 
tor por diez años. — Erratas.— Suma de la 
Tasa.— Dedicatoria, suscrita por el autor, a 
Donjuán Delgadillo Calderón.— Prólogo al 
Lector.— Tabla.— Texto. 

IL Carta del Licenciado Francisco Cas- 
cales al Apolo de España Lope de Vega 
Carpió, en defensa de las Comedias y re- 
presentación de ellas, — En Murcia por 
Antonio Santa María, año de 1790. 

Citada así en el Pantoja. Sobre Come- 
dias del limo. Señor Don Simón López. 

226. Cáscales (L. Francisco). 

Tablas | poéticas, | del Licenciado | 
Francisco Cáscales. | Dirigidas al Exce- 
lentissimo Señor Don Francisco | de Cas- 
tro, Conde de Castro, Duque de Taurisa- 
no, I Virrey, y Capitán general del | Rey- 
no de Sicilia, | Vt ex columba pax. (Una 
paloma en un ramo y una corona sobre la 
cabeza.) ita ex arte perfectio. \ Con privi- 
legio. I En Murcia, Por Luis Beros, Año 
de I M.DC.XVIL 

En 8.°— 448 págs., más 14 hojas de prelimi- 
nares sin numerar.— Signs. ('-j-) A-Ee.— Por- 
tada.— V. en b.— Suma del privilegio, al au- 
tor por diez años.— Erratas.— Tasa, a cuatro 



maravedís el pliego.— Aprobación de Juan 
Luis de la Cerda.— Dedicatoria y Soneto del 
autor . — Prólogo. — Composiciones laudato- 
rias del Licenciado Cristóbal de Mesa, Don 
Diego Saavedra, L. Bartolomé Ferrer y Don 
Francisco Faria.— Tabla.— Viñeta grab. en 
mad.— Texto. 

El Soneto de la Dedicatoria al Conde de 
Castro, dice: 

«Gloria de Taurisano, honor de Castro, 
Si desde su cortina Apolo dixo 
Tu fausto hado, que conserva fixo 
La eternidad en basa de alabastro. 

¿Podrá maligna invidia, quando el rastro 
Te siga, ni podrá Momo prolixo 
Desdorar el vellón rubio de Frixo? 
¿De tu felicidad torcer el astro? 

Si tu glorioso curso el cielo aprueba 
Y confirma voz pública lo hecho, 
¿Havrá remora humana que te impida? 

No; porque al templo del honor te lleva 
Tu excelente virtud, rumbo derecho, 
Sobre las crespas ondas desta vida. 

227. Casino de Murcia. | Programa | pa- 
ra la I Exposición de Plantas y Flores | en 
la I Feria del Corpus. | Año de 1891. -| 
Murcia | Hijos de Nogués, Impresores. | 
1891. 



En 12.°— 10 págs.— Portada. 
Texto. 



•V. en b.- 



228. Castilla (Don Francisco de). 

Teórica de virtudes en coplas de arte 
humilde con comento . — Practica de las 
virtudes de los buenos reyes de España en 
coplas de arte mayor, dirigidas al excla- 
recido Rey D. Carlos nuestro señor. (Al 
final): Acabóse este tratado en Valladolid 
a 20 dias de Diciembre del año de 1517, 
estando en aquella el católico rey D. Car- 
los, nuestro señor. A honor y gloria de 
Dios todo poderoso y de la sacratísima 
Virgen María, madre suya y señora nues- 
tra, fué impreso el presente tratado en la 
muy noble y leal ciudad de Murcia, por el 
honorable Jorge Castilla: acabóse a 20 dias 



— 281 - 



del mes de enero año de mil y D, y xviij. 
años. (Escudo y cijra del Impresor.) 

En fol., a 2 col.— Letra gótica.— Frontis.— 
Texto. 

El membrete de la «Practica», dice: 

«Practica de las virtudes de los buenos re- 
yes de España, en coplas de arte mayor; en- 
derezadas al exclarecido rey Don Carlos, 
nuestro señor.» 

Frontis.— 16 hojas a 2 col. 
La «Teórica», acaba: 

A honor y gloria de Dios todo poderoso, y 
de la sacratísima Virgen María, madre suya 
y señora nuestra, fué impreso el presente 
tratado en la muy noble y leal ciudad de 
Murcia, por el honorable Jorge Costilla. Aca- 
bóse a 4 días del mes de Agosto, año de 1518 
años. 

38 hojas. 



229. Castilla (L. Don José Antonio de). 

Por I el Capitán | D. Fernando Nvñez 
de Acosta, | vezino y lurado de esta No- 
uilissima Ciudad |de Murcia. | En | el 
pleyto con D. luán de Vrrea, | vezino de 
la Insigne Villa de | Madrid. | Impresso 
en Murcia, por Miguel Lorete. Año 1676. 

En fol.— 11 hojas sin foliar.— Signs. (-«-) B- 
E.— Portada, con una estampa de San José a 
la cabeza, grab. en mad.— V. en b.— Texto, 
suscrito al final por el autor. 



230. Castilla (L. Don José Antonio de) 
y otros. 

Memorial |en Derecho | Por la muy 
Noble, I y muy Leal Civdad de Murcia. | 
en favor de la franqueza de sus vezinos. 
I Contra | las pretensiones | de sv Adva- 
na. 1 Impresso en Murcia, por Miguel | 
Lorente, año de 1682. 

En fol.— 55 págs.— Signs. B-0.— Portada, 
con el escudo de armas de la Ciudad de Mur- 
cia a la cabeza.— Especie de introducción.— 
Texto, suscrito al final por los Licenciados 
D. Toseph Antonio de Castilla, D. Diego 



Arcayna y Roxas, D. Francisco Martínez 
Talón, Et horum Dtscipulus D. Diego de 
Montenegro Imperial. 

Es documento curioso y erudito, donde 
se citan muchos de los privilegios conce- 
didos a Murcia y sus vecinos por los anti- 
guos Reyes de Castilla. 

231. Castillo (Cristóbal del). 

Aquí se contienen doze | octavas nue- 
uas, en muy sentido estilo, a la conuer | 
sion del Pecador, y desengaño del hom- 
bre: donde | se tratan cosas de la Passion 
de N. Señor Jesu Christo | estado en la 
Cruz; Con vn famoso Romance nue | uo, 
en alabanza de la inmaculada Concepción 
de I Nuestra Señora; y al cabo lleua una 
Glossa, sobre a | quella letra, que dice: 
Todo el mundo en general. | Compuesto 
por Christoval del Castillo natural de | 
Seuilla.— Con licencia, Impresso en Mur- 
cia por I Diego la Torre, en este año de 
mil y I seyscientos y quince. 

En 4.°— 4 hojas.— Signs. A.— Portada.— 
Texto. 



232. Castillo (Cristóbal del). 

Aqvi se contiene | tres obras mvy cu- 
riosas. I La primera es vn Romance a la 
Inmaculada Concep | cion de la Virgen 
María Nuestra Señora. | La segunda | es 
otro Romance en alabanza de aquella le- 
tra tan ce | lebrada, Todo el mundo en ge- 
neral, y de su Autor. La tercera es vna 
glosa al mismo intento, | y vnas octauas. 
I Compuesto por Christoual del Castillo, 
natural de la | insigne ciudad de Seuilla. 
(Grabado en mad.).— Cotí licencia, im- 
presso en Murcia, por Diego la Torre | y 
por su original, en Seuilla, por Matías 
Clauijo. I año de 1615. 

En 4."^— 4 hojas sin signar ni foliar. 



- 282 - 



233. Castillo (Don Rafael del). 

Historia | de | Murcia y de su Reino, | 
desde los tiempos más remotos | hasta 
nuestros días, | Precedida de los Discur- 
sos Históricos I de I Cáscales, | anotados 
y continuados con arreglo a los docu | 
mentos y crónicas encontradas tanto | en 
las Bibliotecas municipales, | como en las 
particulares, | Por | Don Rafael del Casti- 
llo, I Cronista de Murcia, | Obra ilustrada 
con profusión de láminas | representando 
monumentos, armas, instrumentos, usos y 
costumbres | de los tiempos antiguos y 
modernos, | Tomo I, | Murcia. | Imprenta 
de Francisco Bernabeu, Correo Viejo, 
2. I 1868. 

En 4.« may.-XXII-329 págs.-Signs. (->-) 
2-44.— Frontis.— Portada.— V. en b.— Dedi- 
catoria al Ayuntamiento y Diputación Pro- 
vincial de Murcia.— Introducción.— Texto, 
sin concluid, por haberse interrumpido la 
publicación 

234. Castillo y Espinosa (Don José Ma- 
ría del). 

Memoria | acerca | de las aguas y baños 
Termo-minero-medicinales | de | Alhama 
de Murcia, | que comprende | la descrip- 
ción topográfica de dicha Villa; la historia 
del antiguo | establecimiento y las mejo- 
ras que ofrece en la actualidad; las 1 pro- 
piedades físico-químicas, y análisis quími- 
ca de sus aguas; | sus virtudes medicina- 
les; acción fisiológica y terapéutica | de 
ellas; modo de administrarlas, &C. &c. | 
Por I D. José M. del Castillo y Espinosa, | 
Profesor de Medicina, médico-director por 
S. M. de I las mencionadas aguas medici- 
nales &c. &c. I Murcia, 1848. | Imp, de 
José Caries Palacios, calle de la Trapería, 
núm. 70, 

En 4.°— 70 págs., comenzando la numera- 
ción por el 6.— Signs. (->-) 2-9.— Portada.— V. 
en b.— Dedicatoria «A la Ilustre Academia 
de Medicina y Cirujía de Murcia».— Intro- 
ducción.— Texto.— índice.— Erratas.— Adic- 



ción.— Fe de erratas.— Advertencia impor- 
tante (rectificando algunos datos estadísticos 
tomados de Madoz). 

El texto empieza, como se indica en la 
portada, por una descripción topográfica 
de la villa de Alhama, y de los terrenos 
que comprende su término, con expresión 
de sus productos minerales, animales y 
vegetales. 



235. Castillo y Espinosa (Don José Ma- 
ría del). 

Memoria | sobre las aguas minerales de 
la Villa de Alhama de Murcia | Dedicada 
a los Profesores de Ciencias Médicas de 
esta Provincia, | Por D. José María del 
Castillo. I Murcia.— Imp. de José Caries 
Palacios, calle de la Trapería, núm. 70. 

En 4.°— 23 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

Empieza con una ojeada histórica de es- 
tos baños, y sigue más adelante por una 
ligera reseña topográfica de la villa de 
Alhama, y una descripción del nacimien- 
to del manantial. 

236. Catálogo I de los [ cuadros que com- 
ponen la galería I de I D. José María D'Es- 
toup, I en I Diciembre de 1864. | (Adorni- 
ío.J I Murcia: | Imprenta de Leandro y 
Vicente Riera. | 1865. 

En S.**— 96 págs.— Port.— Al V.: «Adverten- 
cias».— Texto. 

(Adición del editor.) 



237. Catálogo | de la | Exposición de Be- 
llas Artes I y Retrospectiva | de las Artes 
Suntuarias, | Celebrada en Murcia en Se- 
tiembre de 1868. 1 Destinándose sus pro- 
ductos I a las obras de un Monumento a la 
Memoria de los | Artistas murcianos céle- 
bres I Murcia. — 1868. | Imprenta de J. 
Bernabeu, | Plaza del Correo- Viejo, 2. 



283 - 



En 4.0-72 págs.-Signs. {^) 2-9. -Porta- 
da. —V. en b.— Texto precedido del siguiente 
preambulito : 

«Las exposiciones retrospectivas son una 
necesidad en los tiempos modernos, porque 
al poner de manifiesto las producciones pro- 
cedentes de la actividad humana en los si- 
glos anteriores, se estimula a los que se con- 
sagran a la gloriosa carrera del arte, se paga 
un tributo de admiración por las generacio- 
nes presentes a las pasadas, y se ilustra una 
historia grabada en marmoles y bronces, 
despertando la aplicación de la juventud e 
inclinándola a lo que constituye la honra y 
la riqueza de los pueblos civilizados. 

» Otras provincias tan ricas como la nuestra 
en monumentos artísticos, han comprendido 
esta necesidad y celebrado estos grandes 
certámenes, donde al adquirir una erudición 
nada común, cuya adquisición conviene fa- 
cilitar a todos los pueblos, se reconocen, 
aprecian y admiran obras, que aun siendo 
de paisanos, nos son desconocidas, y se per- 
petua el nombre de los artistas que las eje- 
cutaron, y que fueron y son gloria de su pa- 
tria. 

»Murcia va a tener su exposición, porque 
en la carrera del arte puede figurar al lado 
de los primeros pueblos. Los que a su cele- 
bración contribuyen, al honrarse a sí mis- 
mos, honran la memoria y la fama de sus 
ilustres antecesores. 

»E1 salón principal del Contraste, edificio 
construido para sala de armas en 1604, es el 
local en que debe celebrarse la Exposición 
retrospectiva. 

•Pertenece en la actualidad a la Comisión 
Provincial de Monumentos históricos y ar- 
tísticos, que le ha cedido para la celebración 
del concurso, arreglándose conveniente- 
mente. 

»La Exposición se celebrará a beneficio 
del monumento que ha de levantarse para 
perpetuar la memoria de los artistas murcia- 
nos célebres, y se compone de los grupos si- 
guientes.» 

Signe la lista de ellos, y después el ca- 
tálogo de los objetos expuestos. 

238. Catálogo | de las obras antiguas y 
modernas | Que se hallan '| Casa de J. Rie- 
ra. I Calle del Contraste Núm. 6. Murcia | 
Depósito bibliográfico de Madrid. (Al fi- 



nal): Suplemento | al catálogo de obras 
que se hallan de venta en este estableci- 
miento.— 1867. 

En 4.*^— 35 págs. y dos hojas de suplemen- 
to.— Portada.— V. en b.— Texto. 

239. Catálogo | de los | Señores que 
componen | la Real Sociedad Económica 
de Amigos del Pais | de esta Capital | y 
de las I Señoras que forman | la Junta de 
Damas | de la misma Corporación, | Con 
espresion del número que denota | la anti- 
güedad y fecha en que fueron | nombra- 
dos. I Murcia: | Establecimiento tipográfi- 
co de A. Arques, | Príncipe Alfonso, nú- 
mero 40. I 1879. 

En 4.°— 83 págs., comenzando la numera- 
ción por el 5.— Signs. (->-) 2-16.— Anteporta- 
da.— Portada.— V. en b.— Texto. 

240. Catálogo | de | Los Socios I Que 
Componen | La Sociedad Económica de 
esta Capital, con expresión de la | clase a 
que pertenecen, dias de su admisión, y 
cargos que en la misma desempeñan. | 
(Adornito representando las artes.) Mur- 
cia, I Imprenta de D. Pablo Nogués. | 
1846. 

En fol.— 20 págs., empezando la numera- 
ción por el 6.— Signs. (~) 3-5.— Anteporta- 
da.— Portada.— V. en b.— Texto. 

241. Catálogo General | de la | Exposi- 
ción Agrícola y Minera | De | Murcia | 
Año de 1882. | Murcia: | Tipografía de An- 
selmo Arques. | Príncipe Alfonso, núme- 
ro 40. 

En 4.0—21 págs. — Portada. — V. en b.— 
Texto. 

242. Catálogo General | de los objetos 
presentados en la | Esposicion Pública | de 
Bellas Artes e Industria | de la Provincia 
de Murcia | Promovida por la Sociedad 
Económica de Amigos i del País de la Ca- 



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pital e inaugurada el 19 de | Noviembre 
último en celebridad de los días de | S. M. 
la Reina Doña Isabel II (q. D. g.)' con | 
espresion de los que han merecido pre- 
miarse I y en lo que han consistido los pre- 
mios. I (Escudo de la Sociedad.) Murcia, 
10 de Diciembre de 1851: | Imp. de José 
Caries Palacios. | Cuatro esquinas de S. 
Cristóval. 



En 4.°— 8 págs. sin foliar.— Portada, 
en b.— Texto. 



-V. 



243. Catecismo Abreviado 1 de la | Doc- 
trina Cristiana, | para preparar a los fieles 
al I examen del precepto pascual y | del 
santo Sacramento del | Matrimonio. | 
(Adornito.) Murcia, 1874: | Imp. de Pedro 
Belda. | Lencería, 20. 

En 16.°— 47 págs.— Anteportada.— Estam- 
pa, a la vuelta, de un Crucifijo.— Portada.— 
Estampa, a la vuelta, del Corazón de Jesús. — 
Texto.— Estampa de la Concepción. 

244. Cavero y Vivar (Santos). 

Disceptatio Publica | Ecclesiae Dogma- 
ta Theologiae Placita, | Historiaeque The- 
mata Complectens, | Habenda [ Ad Sane- 
tos Cavero et Vivar | Adstipulante Magis- 
tro suo I Fr. Francisco Josepho Soler, | in 
Majori SS. AA. Petri et Pauli Vniversita- 
tis Complutensis. | Quondam Toga deco- 
rato, I Et in Immaculatae Conceptionis 
Civ. Murciensis CoUegio | Modo publico 
Theologiae Moderatore. | Certamini Lo- 
cus Parabitur in dicti CoUegii Lycaeo Die- 
bus... Mensis... (Como para llenar los 
huecos con cifras manuscritas.) \ Anni 
MDCCCV. 1 (Adornito.) Cum Licenciis 
necessariis: | Murciae: Apud Joannem Vi- 
cente Teruel, Via Lintearia. 

En fol.— CCXLIV págs., más una hoja al 
principio sin numerar.— Signs. a-ppp.— Por- 
tada.— Cita de San Agustín, a la vuelta.— Es- 
pecie de prontuario de proposiciones (VII). 
—Texto. 



245. Cédula de S. M. | de tres de octubre 
de Mil I setecientos y quarenta y siete, por 
la qual manda subsis | tan, y se observen 
inviolablemente las derogaciones ante- | 
riores de las exempciones de Oficios y 
Cargas Concegiles de | los empleados en 
Rentas, a excepción de los del Tabaco: y 
declara cómo se han de entender las de 
los Ministros de Inquisición, y Cruzada, 
Syndicos de las Religiones y otros... (Al 
final): Murcia, octubre de mil setecientos 
quarenta y siete. 

En fol.— 19 págs.— Texto inmediatamente 
después del encabezamiento que queda co- 
piado. 

246. Cela de Andrade (Don Anacleto). 

Análisis de las aguas termo-minerales 
de Alhama de Murcia y consideraciones 
sobre su formación y composición. Por 
D. Anacleto Cela de Andrade.— Murcia. 
Imprenta de D. José Caries Palacios, ca- 
lle de la Trapería, núm. 70.— 1848. 

En 4.°— 19 págs.— Signs. 1-3.— Portada.— 
V. en b,— Advertencia.— Texto.— (Desde el 
final de la pág. 16 hasta la 19 contiene el aná- 
lisis que hizo el insigne médico murciano 
Don Agustín Juan y Poveda, terminando 
con este párrafo: «A pesar de todo, cualquie- 
ra, que esté al corriente de la historia de la 
química, admirará los profundos conoci- 
mientos que D. Agustín Juan estampó en 
su memoria, y verá con cierto orgullo que 
en aquella remota época existía un benemé- 
rito Español que, con una constancia ad- 
mirable, marchaba al nivel de las ciencias 
a pesar de que la cuna de éstas estaba tan 
lejana de su patria.») 

247. Censor | del Diario de Murcia, | 
Que comprehende los Siete | Primeros 
días. [Al final de cada número): Con li- 
cencia. En Murcia, en la Imprenta de la 
Viuda de Teruel. (S. A., pero seguramen- 
te en 1792). 

En 4.° 



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Muy incompleto el ejemplar que tene- 
mos a la vista. Es de los primeros perió- 
dicos publicados en Murcia, y tiene por 
objeto el anunciado en su título. Sus edi- 
tores, creemos debieron ser los Señores 
Bado y Meseguer. 

248. Cerezo y Matres (Fr. Luis).* 

I. Catecismo mahometano.— Murcia, 
por Teruel. 

En 8.0 

«Escribiólo el Autor con este título (dice 
Fuster), juntando con amenidad la solidez 
de su doctrina y el gracejo que le era natu- 
ral, para hacer ver que muchas de las máxi- 
mas con que se pretendía iniciar a los Espa- 
ñoles, estaban en contradicción con la ley de 
Jesucristo.» 

II. Elogio fúnebre, que en las exequias 
en honor del Serenissimo Señor Presiden- 
te de la Soberana Junta Central de Espa- 
ña y sus Indias, y Conde de Floridablan- 
ca D. José Moñino, celebró la Junta de 
Gobierno de Orihuela en la Catedral dia 
24 de enero de 1809.— Murcia, por Juan 
Vicente Teruel. 

Fuster: Bibl. Val.— Tomo 2.°, pág. 340. 

249. Certamen | oratorio-poético, | en el 
qual I los alumnos | de las escuelas, | que 
la muy ilustre | Ciudad de Orihuela | ins- 

. tituyó en el Colegio | de la Compañía | de 
Jesús I ponen a vista de su muy ilustre | 
Patrona el acierto que tuvo en su institu- 
ción; I y la consagran | a la misma no- 
bilissima Ciudad. | En Murcia, por Pheli- 
pe Díaz, en el Plano de San Francisco. 

Sin indicación de año; pero seguramen- 
te el de 1751, como se infiere del texto. 

En 4.°— 11 págs., incluida la port., con orla 
tipográfica.— Pág. 3 (sign. A^) [Dedicatoria] 
«A la muy insigne, y Noble Ciudad de Ori- 
huela, representada en los muy Ilustres Se 
ñores Don Antonio León, y Carvajal, Mar- 
qués de León, Capitán de Guardias Españo- 
las, y Governador de esta Ciudad:... D. 



Miguel Ángel Azor: D. Joaquín Timón D. 
loseph Valaguer: D. Pablo García, y Cues- 
ta, Secretario, y todos Patronos Nobilísimos 
de estas Escuelas».— Pág. 5 (sin marcar): Es- 
cudo de armas de Orihuela, con el lema 
«Dvx est eorvm Herodii domvs» y el Oriol 
coronado, pero sin espada o estoque. No hay 
firma del grabador. Al pie sigue la dedica- 
toria: «Muy Ilustre Señor, | Fuera ossadia 
pretender el alto patrocinio de V.S. para | 
tan pequeña obra, a no tener la disculpa, 
que sien- | do por tantos títulos toda de V. 
S... [Acaba]: Muy Ilustre Señor, | B. L. M. 
de V.S. I su mas afecto servidor, | JHS. | Vi- 
cente Emperador, | de la Compañía de Je- 
sús.— Pág. 7: Orden de la función. | Havien- 
do la Mvsica llama- 1 do la atención con sus 
armonías, dará principio al | Certamen el 
Dios Mercurio, que representará el se- | ñor 
Don Antonio Ruiz de Avalos, y Monroy, el 
qual I dando una embaxada a V.S. le pre- 
sentará su ñorida | Juventud, que saldrá a 
recibir honras de V.S. | en los siguientes | 
Certantes: | D. D. Antonio Urizar de Alda- 
ca, y Carrillo. Don loseph Guzmán. | Don 
loseph Cámara. Don Domingo Clemente. 
Don Julián Risueño. | Don Thomas Villa- 
nueva. I Los quales suplicarán a V.S. les 
mande vertir \sic\ en | Español, en los luga- 
res, que fueren más de su agrado, los | si- 
guientes I Libros | Los seis primeros Libros 
de la Eneida de Publio Virgilio | Marón, a 
excepción del Libro 4. que por motivos muy 
I justos no se lee en nuestras Escuelas... 
«Los demás autores que se traducen son: 
seis oraciones' selectas de M. Tulio Cicerón; 
Las Paradoxas de M. Tulio Cicerón; Los 4. 
primeros Libros de M. Valerio Marcial, jun- 
tos con el de los Espectáculos; Los 4. Libros 
de Odas de Q. Horacio Flaco; La Vida de 
San Juan Bautista, puesta en Elogios por el 
Padre Luis Juglar, de la Compañía de Je- 
sús; la Carta de Q. Horacio Flaco a los Piso- 
nes, sobre el Arte Poética; Todos los Diálo- 
gos de Luis Vives; Los tres primeros Libros 
de la Historia de Alexandro Magno, escrita 
por Q. Curcio.» 

[Se representó por los alumnos el c Poe- 
ma nuevo>, intitulado El Parnaso con- 
quistado, en tres actos. En los entreactos 
se leyeron versos latinos y españoles y 
ejercicios oratorios,] 

«Servirá de Theatro al Certamen Oratorio 
Poético, la Plazuela de las Aulas de la Com- 



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pañía de Jesús, y se celebrará en los días 21 
y 22 de junio de 1751, a las 6 horas de la 
tarde.» 

[Al fin]: Imprimatur. | Doct. D. Joseph 
Ximenez Lozano, | Vic. Gen. 1 [Viñeta]. 

(Adición del editor.) 

250. Certamen | de ] El Diario de Mur- 
cia I celebrado el 4 de Setiembre de 1887. | 
Composiciones premiadas. | Memorán- 
dum. I Murcia, 1887. | Imprenta de El 
Diario. | Sociedad, 10. 

En 4.°— 85 págs., comenzando la numera- 
ción por el 6.— Portada.— V. en b.— Dicta- 
men del Jurado.— Texto. 

Las composiciones premiadas son: 
Las Siete Coronas, por D. Ricardo Sán- 
chez Madrigal.— La Sexta Corona, por 
p. Javier Fuentes y Ponte. =Ca;í/6) poético 
a la Virgen de la Fuensanta, por D. Fran- 
cisco Pareja de Alarcón.=^ María San- 
tísima de la Fuensanta, por D. Virgilio 
Guirao.=jLfl Calle de los Descabezados, 
por D. José Frutos Baeza.=^ Salsillo 
(Soneto), por D. Virgilio Guirao. = Co;í- 
suelo (ídem), por D. Carlos Cano.=£'/ 
poeta a su amada, por D. Antonio Osete. 
—La mi prosa, por D. Rodolfo Caries. = 
Memoria de Instrucción pública, por Don 
Antonio Hernández Molina.' 

251. Ciscar y Ciscar (Don Gabriel). 

I. Discurso que en los Certámenes pú- 
blicos de los Oficiales que han cocluído el 
curso de estudios mayores en el Departa- 
mento de Cartagena, leyó el teniente de 
navio D. G. C. el dia 11 de febrero de 
1789.— Impreso en Murcia, en la imprenta 
de la Viuda de Felipe Teruel, año de 
1789. 

En 4.0 

II. Tratado de Aritmética, para la ins- 
trucción de los Guardia-Marinas . — Mur- 
cia, Imprenta de Muñiz.— 1795. 

En fol. 



Biblioteca Marítima Española de Don 
Martín Fernández de Navarrete. 

Clemares (Don Antonio). 
Véase Méndez (Don Emilio.) 

252. Clemencin (Carlos). 

De Re Theologica Theses, 1 Qvas | in 
Mvrciensi S. Fulgentii Seminario ] pro- 
pvgnabit I Carolus Clemencin, 1 eiusdem 
alvmnvs. | Praeside | Lie. D. Pedro Car- 
pena Diaz I Theologiae Professore. | Ha- 
bendum Certamen Die... Ivnii